diff options
| author | Roger Frank <rfrank@pglaf.org> | 2025-10-15 05:18:11 -0700 |
|---|---|---|
| committer | Roger Frank <rfrank@pglaf.org> | 2025-10-15 05:18:11 -0700 |
| commit | f70f5e5856e9b2736c9b802a41aa6e8d517fc853 (patch) | |
| tree | 99d49f0dced697320f15b033fd0a51fe57ae3e48 /2000-0.txt | |
Diffstat (limited to '2000-0.txt')
| -rw-r--r-- | 2000-0.txt | 38062 |
1 files changed, 38062 insertions, 0 deletions
diff --git a/2000-0.txt b/2000-0.txt new file mode 100644 index 0000000..c963248 --- /dev/null +++ b/2000-0.txt @@ -0,0 +1,38062 @@ +The Project Gutenberg eBook of Don Quijote, by Miguel de Cervantes Saavedra + +This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and +most other parts of the world at no cost and with almost no restrictions +whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms +of the Project Gutenberg License included with this eBook or online at +www.gutenberg.org. If you are not located in the United States, you +will have to check the laws of the country where you are located before +using this eBook. + +Title: Don Quijote + +Author: Miguel de Cervantes Saavedra + +Release Date: December, 1999 [eBook #2000] +[Most recently updated: January 2, 2020] + +Language: Spanish + +Character set encoding: UTF-8 + +Produced by: an anonymous Project Gutenberg volunteer and Joaquin Cuenca Abela + +*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK DON QUIJOTE *** + + + + +El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha + + + +por Miguel de Cervantes Saavedra + + + + + +El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha + + + +Tasa + + +Testimonio de las erratas + + +El Rey + + +Al Duque de Béjar + + +Prólogo + + +Al libro de don Quijote de la Mancha + + + +Que trata de la condición y ejercicio del famoso +hidalgo don Quijote de la Mancha + +Que trata de la primera salida que de su tierra hizo +el ingenioso don Quijote + +Donde se cuenta la graciosa manera que tuvo don +Quijote en armarse caballero + +De lo que le sucedió a nuestro caballero cuando salió +de la venta + +Donde se prosigue la narración de la desgracia de +nuestro caballero + +Del donoso y grande escrutinio que el cura y el +barbero hicieron en la librería de nuestro ingenioso hidalgo + +De la segunda salida de nuestro buen caballero don +Quijote de la Mancha + +Del buen suceso que el valeroso don Quijote tuvo en +la espantable y jamás imaginada aventura de los molinos de viento, con +otros sucesos dignos de felice recordación + +Donde se concluye y da fin a la estupenda batalla que +el gallardo vizcaíno y el valiente manchego tuvieron + +De lo que más le avino a don Quijote con el vizcaíno, y +del peligro en que se vio con una turba de yangüeses + +De lo que le sucedió a don Quijote con unos +cabreros + +De lo que contó un cabrero a los que estaban con don +Quijote + +Donde se da fin al cuento de la pastora Marcela, con +otros sucesos + +Donde se ponen los versos desesperados del difunto +pastor, con otros no esperados sucesos + +Donde se cuenta la desgraciada aventura que se topó +don Quijote en topar con unos desalmados yangüeses + +De lo que le sucedió al ingenioso hidalgo en la venta +que él imaginaba ser castillo + +Donde se prosiguen los innumerables trabajos que el +bravo don Quijote y su buen escudero Sancho Panza pasaron en la venta +que, por su mal, pensó que era castillo + +Donde se cuentan las razones que pasó Sancho Panza +con su señor Don Quijote, con otras aventuras dignas de ser +contadas + +De las discretas razones que Sancho pasaba con su +amo, y de la aventura que le sucedió con un cuerpo muerto, con otros +acontecimientos famosos + +De la jamás vista ni oída aventura que con más poco +peligro fue acabada de famoso caballero en el mundo, como la que acabó +el valeroso don Quijote de la Mancha + +Que trata de la alta aventura y rica ganancia del +yelmo de Mambrino, con otras cosas sucedidas a nuestro invencible +caballero + +De la libertad que dio don Quijote a muchos +desdichados que, mal de su grado, los llevaban donde no quisieran +ir + +De lo que le aconteció al famoso don Quijote en +Sierra Morena, que fue una de las más raras aventuras que en esta +verdadera historia se cuentan + +Donde se prosigue la aventura de la Sierra +Morena + +Que trata de las estrañas cosas que en Sierra Morena +sucedieron al valiente caballero de la Mancha, y de la imitación que +hizo a la penitencia de Beltenebros + +Donde se prosiguen las finezas que de enamorado hizo +don Quijote en Sierra Morena + +De cómo salieron con su intención el cura y el +barbero, con otras cosas dignas de que se cuenten en esta grande +historia + +Que trata de la nueva y agradable aventura que al +cura y barbero sucedió en la mesma sierra + +Que trata de la discreción de la hermosa Dorotea, +con otras cosas de mucho gusto y pasatiempo + +Que trata del gracioso artificio y orden que se tuvo +en sacar a nuestro enamorado caballero de la asperísima penitencia en +que se había puesto + +De los sabrosos razonamientos que pasaron entre don +Quijote y Sancho Panza, su escudero, con otros sucesos + +Que trata de lo que sucedió en la venta a toda la +cuadrilla de don Quijote + +Donde se cuenta la novela del Curioso +impertinente + +Donde se prosigue la novela del Curioso +impertinente + +Donde se da fin a la novela del Curioso +impertinente + +Que trata de la brava y descomunal batalla que don +Quijote tuvo con unos cueros de vino tinto, con otros raros sucesos +que en la venta le sucedieron + +Que prosigue la historia de la famosa infanta +Micomicona, con otras graciosas aventuras + +Que trata del curioso discurso que hizo don +Quijote de las armas y las letras + +Donde el cautivo cuenta su vida y sucesos + +Donde se prosigue la historia del cautivo + +Donde todavía prosigue el cautivo su suceso + +Que trata de lo que más sucedió en la venta y de +otras muchas cosas dignas de saberse + +Donde se cuenta la agradable historia del mozo de +mulas, con otros estraños acaecimientos en la venta sucedidos] + +Donde se prosiguen los inauditos sucesos de la +venta + +Donde se acaba de averiguar la duda del yelmo de +Mambrino y de la albarda, y otras aventuras sucedidas, con toda +verdad + +De la notable aventura de los cuadrilleros, y la +gran ferocidad de nuestro buen caballero don Quijote + +Del estraño modo con que fue encantado don Quijote +de la Mancha, con otros famosos sucesos + +Donde prosigue el canónigo la materia de los +libros de caballerías, con otras cosas dignas de su ingenio + +Donde se trata del discreto coloquio que Sancho +Panza tuvo con su señor don Quijote + +De las discretas altercaciones que don Quijote y el +canónigo tuvieron, con otros sucesos + +Que trata de lo que contó el cabrero a todos los que +llevaban a don Quijote + +De la pendencia que don Quijote tuvo con el cabrero, +con la rara aventura de los deceplinantes, a quien dio felice fin a +costa de su sudor + + +Segunda parte del ingenioso caballero don Quijote de la Mancha + + + +Tasa + + +Fee de erratas + + +Aprobaciones + + +Dedicatoria, al conde de Lemos + + +Prólogo al lector + + + +De lo que el cura y el barbero pasaron con don +Quijote cerca de su enfermedad + +Que trata de la notable pendencia que Sancho Panza +tuvo con la sobrina y ama de don Quijote, con otros sujetos +graciosos + +Del ridículo razonamiento que pasó entre don Quijote, +Sancho Panza y el bachiller Sansón Carrasco + +Donde Sancho Panza satisface al bachiller Sansón +Carrasco de sus dudas y preguntas, con otros sucesos dignos de saberse +y de contarse + +De la discreta y graciosa plática que pasó entre Sancho +Panza y su mujer Teresa Panza, y otros sucesos dignos de felice +recordación + +De lo que le pasó a Don Quijote con su sobrina y con +su ama, y es uno de los importantes capítulos de toda la historia + +De lo que pasó don Quijote con su escudero, con otros +sucesos famosísimos + +Donde se cuenta lo que le sucedió a don Quijote, +yendo a ver su señora Dulcinea del Toboso + +Donde se cuenta lo que en él se verá + +Donde se cuenta la industria que Sancho tuvo para +encantar a la señora Dulcinea, y de otros sucesos tan ridículos como +verdaderos + +De la estraña aventura que le sucedió al valeroso don +Quijote con el carro, o carreta, de Las Cortes de la Muerte + +De la estraña aventura que le sucedió al valeroso don +Quijote con el bravo Caballero de los Espejos + +Donde se prosigue la aventura del Caballero del +Bosque, con el discreto, nuevo y suave coloquio que pasó entre los dos +escuderos + +Donde se prosigue la aventura del Caballero del +Bosque + +Donde se cuenta y da noticia de quién era el Caballero +de los Espejos y su escudero + +De lo que sucedió a don Quijote con un discreto +caballero de la Mancha + +De donde se declaró el último punto y estremo adonde +llegó y pudo llegar el inaudito ánimo de don Quijote, con la +felicemente acabada aventura de los leones + +De lo que sucedió a don Quijote en el castillo o +casa del Caballero del Verde Gabán, con otras cosas extravagantes + +Donde se cuenta la aventura del pastor enamorado, con +otros en verdad graciosos sucesos + +Donde se cuentan las bodas de Camacho el rico, con el +suceso de Basilio el pobre + +Donde se prosiguen las bodas de Camacho, con otros +gustosos sucesos + +Donde se da cuenta de la grande aventura de la cueva +de Montesinos, que está en el corazón de la Mancha, a quien dio felice +cima el valeroso don Quijote de la Mancha + +De las admirables cosas que el estremado don +Quijote contó que había visto en la profunda cueva de Montesinos, cuya +imposibilidad y grandeza hace que se tenga esta aventura por +apócrifa + +Donde se cuentan mil zarandajas tan impertinentes +como necesarias al verdadero entendimiento desta grande historia + +Donde se apunta la aventura del rebuzno y la graciosa +del titerero, con las memorables adivinanzas del mono adivino + +Donde se prosigue la graciosa aventura del titerero, +con otras cosas en verdad harto buenas + +Donde se da cuenta quiénes eran maese Pedro y su +mono, con el mal suceso que don Quijote tuvo en la aventura del +rebuzno, que no la acabó como él quisiera y como lo tenía pensado + +De cosas que dice Benengeli que las sabrá quien le +leyere, si las lee con atención + +De la famosa aventura del barco encantado + +De lo que le avino a don Quijote con una bella +cazadora + +Que trata de muchas y grandes cosas + +De la respuesta que dio don Quijote a su +reprehensor, con otros graves y graciosos sucesos + +De la sabrosa plática que la duquesa y sus +doncellas pasaron con Sancho Panza, digna de que se lea y de que se +note + +Que cuenta de la noticia que se tuvo de cómo se +había de desencantar la sin par Dulcinea del Toboso, que es una de las +aventuras más famosas deste libro + +Donde se prosigue la noticia que tuvo don Quijote +del desencanto de Dulcinea, con otros admirables sucesos + +Donde se cuenta la estraña y jamás imaginada +aventura de la dueña Dolorida, alias de la condesa Trifaldi, con una +carta que Sancho Panza escribió a su mujer Teresa Panza + +Donde se prosigue la famosa aventura de la dueña +Dolorida + +Donde se cuenta la que dio de su mala andanza la +dueña Dolorida + +Donde la Trifaldi prosigue su estupenda y memorable +historia + +De cosas que atañen y tocan a esta aventura y a esta +memorable historia + +De la venida de Clavileño, con el fin desta dilatada +aventura + +De los consejos que dio don Quijote a Sancho Panza +antes que fuese a gobernar la ínsula, con otras cosas bien +consideradas + +De los consejos segundos que dio don Quijote a +Sancho Panza + +Cómo Sancho Panza fue llevado al gobierno, y de la +estraña aventura que en el castillo sucedió a don Quijote + +De cómo el gran Sancho Panza tomó la posesión de su +ínsula, y del modo que comenzó a gobernar + +Del temeroso espanto cencerril y gatuno que recibió +don Quijote en el discurso de los amores de la enamorada +Altisidora + +Donde se prosigue cómo se portaba Sancho Panza en +su gobierno + +De lo que le sucedió a don Quijote con doña +Rodríguez, la dueña de la duquesa, con otros acontecimientos dignos de +escritura y de memoria eterna + +De lo que le sucedió a Sancho Panza rondando su +ínsula + +Donde se declara quién fueron los encantadores y +verdugos que azotaron a la dueña y pellizcaron y arañaron a don +Quijote, con el suceso que tuvo el paje que llevó la carta a Teresa +Sancha, mujer de Sancho Panza + +Del progreso del gobierno de Sancho Panza, con otros +sucesos tales como buenos + +Donde se cuenta la aventura de la segunda dueña +Dolorida, o Angustiada, llamada por otro nombre doña Rodríguez + +Del fatigado fin y remate que tuvo el gobierno de +Sancho Panza + +Que trata de cosas tocantes a esta historia, y no a +otra alguna + +De cosas sucedidas a Sancho en el camino, y otras que +no hay más que ver + +De la descomunal y nunca vista batalla que pasó entre +don Quijote de la Mancha y el lacayo Tosilos, en la defensa de la hija +de la dueña doña Rodríguez + +Que trata de cómo don Quijote se despidió del duque, +y de lo que le sucedió con la discreta y desenvuelta Altisidora, +doncella de la duquesa + +Que trata de cómo menudearon sobre don Quijote +aventuras tantas, que no se daban vagar unas a otras + +Donde se cuenta del extraordinario suceso, que se +puede tener por aventura, que le sucedió a don Quijote + +De lo que sucedió a don Quijote yendo a Barcelona + +De lo que le sucedió a don Quijote en la entrada de +Barcelona, con otras cosas que tienen más de lo verdadero que de lo +discreto + +Que trata de la aventura de la cabeza encantada, con +otras niñerías que no pueden dejar de contarse + +De lo mal que le avino a Sancho Panza con la visita +de las galeras, y la nueva aventura de la hermosa morisca + +Que trata de la aventura que más pesadumbre dio a +don Quijote de cuantas hasta entonces le habían sucedido + +Donde se da noticia quién era el de la Blanca Luna, +con la libertad de Don Gregorio, y de otros sucesos + +Que trata de lo que verá el que lo leyere, o lo oirá +el que lo escuchare leer + +De la resolución que tomó don Quijote de hacerse +pastor y seguir la vida del campo, en tanto que se pasaba el año de su +promesa, con otros sucesos en verdad gustosos y buenos + +De la cerdosa aventura que le aconteció a don +Quijote + +Del más raro y más nuevo suceso que en todo el +discurso desta grande historia avino a don Quijote + +Que sigue al de sesenta y nueve, y trata de cosas no +escusadas para la claridad desta historia + +De lo que a don Quijote le sucedió con su escudero +Sancho yendo a su aldea + +De cómo don Quijote y Sancho llegaron a su +aldea + +De los agüeros que tuvo don Quijote al entrar de +su aldea, con otros sucesos que adornan y acreditan esta grande +historia + +De cómo don Quijote cayó malo, y del testamento que +hizo, y su muerte + + + + +El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha + +TASA + +Yo, Juan Gallo de Andrada, escribano de Cámara del Rey nuestro señor, de +los que residen en su Consejo, certifico y doy fe que, habiendo visto por +los señores dél un libro intitulado El ingenioso hidalgo de la Mancha, +compuesto por Miguel de Cervantes Saavedra, tasaron cada pliego del dicho +libro a tres maravedís y medio; el cual tiene ochenta y tres pliegos, que +al dicho precio monta el dicho libro docientos y noventa maravedís y medio, +en que se ha de vender en papel; y dieron licencia para que a este precio +se pueda vender, y mandaron que esta tasa se ponga al principio del dicho +libro, y no se pueda vender sin ella. Y, para que dello conste, di la +presente en Valladolid, a veinte días del mes de deciembre de mil y +seiscientos y cuatro años. + +Juan Gallo de Andrada. + +TESTIMONIO DE LAS ERRATAS + +Este libro no tiene cosa digna que no corresponda a su original; en +testimonio de lo haber correcto, di esta fee. En el Colegio de la Madre de +Dios de los Teólogos de la Universidad de Alcalá, en primero de diciembre +de 1604 años. + +El licenciado Francisco Murcia de la Llana. + +EL REY + +Por cuanto por parte de vos, Miguel de Cervantes, nos fue fecha relación +que habíades compuesto un libro intitulado El ingenioso hidalgo de la +Mancha, el cual os había costado mucho trabajo y era muy útil y provechoso, +nos pedistes y suplicastes os mandásemos dar licencia y facultad para le +poder imprimir, y previlegio por el tiempo que fuésemos servidos, o como la +nuestra merced fuese; lo cual visto por los del nuestro Consejo, por cuanto +en el dicho libro se hicieron las diligencias que la premática últimamente +por nos fecha sobre la impresión de los libros dispone, fue acordado que +debíamos mandar dar esta nuestra cédula para vos, en la dicha razón; y nos +tuvímoslo por bien. Por la cual, por os hacer bien y merced, os damos +licencia y facultad para que vos, o la persona que vuestro poder hubiere, y +no otra alguna, podáis imprimir el dicho libro, intitulado El ingenioso +hidalgo de la Mancha, que desuso se hace mención, en todos estos nuestros +reinos de Castilla, por tiempo y espacio de diez años, que corran y se +cuenten desde el dicho día de la data desta nuestra cédula; so pena que la +persona o personas que, sin tener vuestro poder, lo imprimiere o vendiere, +o hiciere imprimir o vender, por el mesmo caso pierda la impresión que +hiciere, con los moldes y aparejos della; y más, incurra en pena de +cincuenta mil maravedís cada vez que lo contrario hiciere. La cual dicha +pena sea la tercia parte para la persona que lo acusare, y la otra tercia +parte para nuestra Cámara, y la otra tercia parte para el juez que lo +sentenciare. Con tanto que todas las veces que hubiéredes de hacer imprimir +el dicho libro, durante el tiempo de los dichos diez años, le traigáis al +nuestro Consejo, juntamente con el original que en él fue visto, que va +rubricado cada plana y firmado al fin dél de Juan Gallo de Andrada, nuestro +Escribano de Cámara, de los que en él residen, para saber si la dicha +impresión está conforme el original; o traigáis fe en pública forma de cómo +por corretor nombrado por nuestro mandado, se vio y corrigió la dicha +impresión por el original, y se imprimió conforme a él, y quedan impresas +las erratas por él apuntadas, para cada un libro de los que así fueren +impresos, para que se tase el precio que por cada volume hubiéredes de +haber. Y mandamos al impresor que así imprimiere el dicho libro, no imprima +el principio ni el primer pliego dél, ni entregue más de un solo libro con +el original al autor, o persona a cuya costa lo imprimiere, ni otro alguno, +para efeto de la dicha correción y tasa, hasta que antes y primero el dicho +libro esté corregido y tasado por los del nuestro Consejo; y, estando +hecho, y no de otra manera, pueda imprimir el dicho principio y primer +pliego, y sucesivamente ponga esta nuestra cédula y la aprobación, tasa y +erratas, so pena de caer e incurrir en las penas contenidas en las leyes y +premáticas destos nuestros reinos. Y mandamos a los del nuestro Consejo, y +a otras cualesquier justicias dellos, guarden y cumplan esta nuestra cédula +y lo en ella contenido. Fecha en Valladolid, a veinte y seis días del mes +de setiembre de mil y seiscientos y cuatro años. + +YO, EL REY. + +Por mandado del Rey nuestro señor: + +Juan de Amezqueta. + + +AL DUQUE DE BÉJAR, + +marqués de Gibraleón, conde de Benalcázar y Bañares, vizconde de La Puebla de +Alcocer, señor de las villas de Capilla, Curiel y Burguillos + +En fe del buen acogimiento y honra que hace Vuestra Excelencia a toda +suerte de libros, como príncipe tan inclinado a favorecer las buenas artes, +mayormente las que por su nobleza no se abaten al servicio y granjerías del +vulgo, he determinado de sacar a luz al Ingenioso hidalgo don Quijote de la +Mancha, al abrigo del clarísimo nombre de Vuestra Excelencia, a quien, con +el acatamiento que debo a tanta grandeza, suplico le reciba agradablemente +en su protección, para que a su sombra, aunque desnudo de aquel precioso +ornamento de elegancia y erudición de que suelen andar vestidas las obras +que se componen en las casas de los hombres que saben, ose parecer +seguramente en el juicio de algunos que, continiéndose en los límites de su +ignorancia, suelen condenar con más rigor y menos justicia los trabajos +ajenos; que, poniendo los ojos la prudencia de Vuestra Excelencia en mi +buen deseo, fío que no desdeñará la cortedad de tan humilde servicio. + +Miguel de Cervantes Saavedra. + +PRÓLOGO + +Desocupado lector: sin juramento me podrás creer que quisiera que este +libro, como hijo del entendimiento, fuera el más hermoso, el más gallardo y +más discreto que pudiera imaginarse. Pero no he podido yo contravenir al +orden de naturaleza; que en ella cada cosa engendra su semejante. Y así, +¿qué podrá engendrar el estéril y mal cultivado ingenio mío, sino la +historia de un hijo seco, avellanado, antojadizo y lleno de pensamientos +varios y nunca imaginados de otro alguno, bien como quien se engendró en +una cárcel, donde toda incomodidad tiene su asiento y donde todo triste +ruido hace su habitación? El sosiego, el lugar apacible, la amenidad de los +campos, la serenidad de los cielos, el murmurar de las fuentes, la quietud +del espíritu son grande parte para que las musas más estériles se muestren +fecundas y ofrezcan partos al mundo que le colmen de maravilla y de +contento. Acontece tener un padre un hijo feo y sin gracia alguna, y el +amor que le tiene le pone una venda en los ojos para que no vea sus faltas, +antes las juzga por discreciones y lindezas y las cuenta a sus amigos por +agudezas y donaires. Pero yo, que, aunque parezco padre, soy padrastro de +Don Quijote, no quiero irme con la corriente del uso, ni suplicarte, casi +con las lágrimas en los ojos, como otros hacen, lector carísimo, que +perdones o disimules las faltas que en este mi hijo vieres; y ni eres su +pariente ni su amigo, y tienes tu alma en tu cuerpo y tu libre albedrío +como el más pintado, y estás en tu casa, donde eres señor della, como el +rey de sus alcabalas, y sabes lo que comúnmente se dice: que debajo de mi +manto, al rey mato. Todo lo cual te esenta y hace libre de todo respecto y +obligación; y así, puedes decir de la historia todo aquello que te +pareciere, sin temor que te calunien por el mal ni te premien por el bien +que dijeres della. + +Sólo quisiera dártela monda y desnuda, sin el ornato de prólogo, ni de la +inumerabilidad y catálogo de los acostumbrados sonetos, epigramas y elogios +que al principio de los libros suelen ponerse. Porque te sé decir que, +aunque me costó algún trabajo componerla, ninguno tuve por mayor que hacer +esta prefación que vas leyendo. Muchas veces tomé la pluma para escribille, +y muchas la dejé, por no saber lo que escribiría; y, estando una suspenso, +con el papel delante, la pluma en la oreja, el codo en el bufete y la mano +en la mejilla, pensando lo que diría, entró a deshora un amigo mío, +gracioso y bien entendido, el cual, viéndome tan imaginativo, me preguntó +la causa; y, no encubriéndosela yo, le dije que pensaba en el prólogo que +había de hacer a la historia de don Quijote, y que me tenía de suerte que +ni quería hacerle, ni menos sacar a luz las hazañas de tan noble caballero. + +— Porque, ¿cómo queréis vos que no me tenga confuso el qué dirá el antiguo +legislador que llaman vulgo cuando vea que, al cabo de tantos años como ha +que duermo en el silencio del olvido, salgo ahora, con todos mis años a +cuestas, con una leyenda seca como un esparto, ajena de invención, menguada +de estilo, pobre de concetos y falta de toda erudición y doctrina; sin +acotaciones en las márgenes y sin anotaciones en el fin del libro, como veo +que están otros libros, aunque sean fabulosos y profanos, tan llenos de +sentencias de Aristóteles, de Platón y de toda la caterva de filósofos, que +admiran a los leyentes y tienen a sus autores por hombres leídos, eruditos +y elocuentes? ¡Pues qué, cuando citan la Divina Escritura! No dirán sino +que son unos santos Tomases y otros doctores de la Iglesia; guardando en +esto un decoro tan ingenioso, que en un renglón han pintado un enamorado +destraído y en otro hacen un sermoncico cristiano, que es un contento y un +regalo oílle o leelle. De todo esto ha de carecer mi libro, porque ni tengo +qué acotar en el margen, ni qué anotar en el fin, ni menos sé qué autores +sigo en él, para ponerlos al principio, como hacen todos, por las letras +del A.B.C., comenzando en Aristóteles y acabando en Xenofonte y en Zoílo o +Zeuxis, aunque fue maldiciente el uno y pintor el otro. También ha de +carecer mi libro de sonetos al principio, a lo menos de sonetos cuyos +autores sean duques, marqueses, condes, obispos, damas o poetas +celebérrimos; aunque, si yo los pidiese a dos o tres oficiales amigos, yo +sé que me los darían, y tales, que no les igualasen los de aquellos que +tienen más nombre en nuestra España. En fin, señor y amigo mío —proseguí—, +yo determino que el señor don Quijote se quede sepultado en sus archivos en +la Mancha, hasta que el cielo depare quien le adorne de tantas cosas como +le faltan; porque yo me hallo incapaz de remediarlas, por mi insuficiencia +y pocas letras, y porque naturalmente soy poltrón y perezoso de andarme +buscando autores que digan lo que yo me sé decir sin ellos. De aquí nace la +suspensión y elevamiento, amigo, en que me hallastes; bastante causa para +ponerme en ella la que de mí habéis oído. + +Oyendo lo cual mi amigo, dándose una palmada en la frente y disparando en +una carga de risa, me dijo: + +— Por Dios, hermano, que agora me acabo de desengañar de un engaño en que he +estado todo el mucho tiempo que ha que os conozco, en el cual siempre os he +tenido por discreto y prudente en todas vuestras aciones. Pero agora veo +que estáis tan lejos de serlo como lo está el cielo de la tierra. ¿Cómo que +es posible que cosas de tan poco momento y tan fáciles de remediar puedan +tener fuerzas de suspender y absortar un ingenio tan maduro como el +vuestro, y tan hecho a romper y atropellar por otras dificultades mayores? +A la fe, esto no nace de falta de habilidad, sino de sobra de pereza y +penuria de discurso. ¿Queréis ver si es verdad lo que digo? Pues estadme +atento y veréis cómo, en un abrir y cerrar de ojos, confundo todas vuestras +dificultades y remedio todas las faltas que decís que os suspenden y +acobardan para dejar de sacar a la luz del mundo la historia de vuestro +famoso don Quijote, luz y espejo de toda la caballería andante. + +— Decid —le repliqué yo, oyendo lo que me decía—: ¿de qué modo pensáis +llenar el vacío de mi temor y reducir a claridad el caos de mi confusión? + +A lo cual él dijo: + +— Lo primero en que reparáis de los sonetos, epigramas o elogios que os +faltan para el principio, y que sean de personajes graves y de título, se +puede remediar en que vos mesmo toméis algún trabajo en hacerlos, y después +los podéis bautizar y poner el nombre que quisiéredes, ahijándolos al +Preste Juan de las Indias o al Emperador de Trapisonda, de quien yo sé que +hay noticia que fueron famosos poetas; y cuando no lo hayan sido y hubiere +algunos pedantes y bachilleres que por detrás os muerdan y murmuren desta +verdad, no se os dé dos maravedís; porque, ya que os averigüen la mentira, +no os han de cortar la mano con que lo escribistes. + +»En lo de citar en las márgenes los libros y autores de donde sacáredes las +sentencias y dichos que pusiéredes en vuestra historia, no hay más sino +hacer, de manera que venga a pelo, algunas sentencias o latines que vos +sepáis de memoria, o, a lo menos, que os cuesten poco trabajo el buscalle; +como será poner, tratando de libertad y cautiverio: + +Non bene pro toto libertas venditur auro. + +Y luego, en el margen, citar a Horacio, o a quien lo dijo. Si tratáredes +del poder de la muerte, acudir luego con: + +Pallida mors aequo pulsat pede pauperum tabernas, +Regumque turres. + +Si de la amistad y amor que Dios manda que se tenga al enemigo, entraros +luego al punto por la Escritura Divina, que lo podéis hacer con tantico de +curiosidad, y decir las palabras, por lo menos, del mismo Dios: Ego autem +dico vobis: diligite inimicos vestros. Si tratáredes de malos pensamientos, +acudid con el Evangelio: De corde exeunt cogitationes malae. Si de la +instabilidad de los amigos, ahí está Catón, que os dará su dístico: + +Donec eris felix, multos numerabis amicos, +tempora si fuerint nubila, solus eris. + +Y con estos latinicos y otros tales os tendrán siquiera por gramático, que +el serlo no es de poca honra y provecho el día de hoy. + +»En lo que toca el poner anotaciones al fin del libro, seguramente lo +podéis hacer desta manera: si nombráis algún gigante en vuestro libro, +hacelde que sea el gigante Golías, y con sólo esto, que os costará casi +nada, tenéis una grande anotación, pues podéis poner: El gigante Golías, o +Goliat, fue un filisteo a quien el pastor David mató de una gran pedrada en +el valle de Terebinto, según se cuenta en el Libro de los Reyes, en el +capítulo que vos halláredes que se escribe. Tras esto, para mostraros +hombre erudito en letras humanas y cosmógrafo, haced de modo como en +vuestra historia se nombre el río Tajo, y veréisos luego con otra famosa +anotación, poniendo: El río Tajo fue así dicho por un rey de las Españas; +tiene su nacimiento en tal lugar y muere en el mar océano, besando los +muros de la famosa ciudad de Lisboa; y es opinión que tiene las arenas de +oro, etc. Si tratáredes de ladrones, yo os diré la historia de Caco, que la +sé de coro; si de mujeres rameras, ahí está el obispo de Mondoñedo, que os +prestará a Lamia, Laida y Flora, cuya anotación os dará gran crédito; si de +crueles, Ovidio os entregará a Medea; si de encantadores y hechiceras, +Homero tiene a Calipso, y Virgilio a Circe; si de capitanes valerosos, el +mesmo Julio César os prestará a sí mismo en sus Comentarios, y Plutarco os +dará mil Alejandros. Si tratáredes de amores, con dos onzas que sepáis de +la lengua toscana, toparéis con León Hebreo, que os hincha las medidas. Y +si no queréis andaros por tierras extrañas, en vuestra casa tenéis a +Fonseca, Del amor de Dios, donde se cifra todo lo que vos y el más +ingenioso acertare a desear en tal materia. En resolución, no hay más sino +que vos procuréis nombrar estos nombres, o tocar estas historias en la +vuestra, que aquí he dicho, y dejadme a mí el cargo de poner las +anotaciones y acotaciones; que yo os voto a tal de llenaros las márgenes y +de gastar cuatro pliegos en el fin del libro. + +»Vengamos ahora a la citación de los autores que los otros libros tienen, +que en el vuestro os faltan. El remedio que esto tiene es muy fácil, porque +no habéis de hacer otra cosa que buscar un libro que los acote todos, desde +la A hasta la Z, como vos decís. Pues ese mismo abecedario pondréis vos en +vuestro libro; que, puesto que a la clara se vea la mentira, por la poca +necesidad que vos teníades de aprovecharos dellos, no importa nada; y quizá +alguno habrá tan simple, que crea que de todos os habéis aprovechado en la +simple y sencilla historia vuestra; y, cuando no sirva de otra cosa, por lo +menos servirá aquel largo catálogo de autores a dar de improviso autoridad +al libro. Y más, que no habrá quien se ponga a averiguar si los seguistes o +no los seguistes, no yéndole nada en ello. Cuanto más que, si bien caigo en +la cuenta, este vuestro libro no tiene necesidad de ninguna cosa de +aquellas que vos decís que le falta, porque todo él es una invectiva contra +los libros de caballerías, de quien nunca se acordó Aristóteles, ni dijo +nada San Basilio, ni alcanzó Cicerón; ni caen debajo de la cuenta de sus +fabulosos disparates las puntualidades de la verdad, ni las observaciones +de la astrología; ni le son de importancia las medidas geométricas, ni la +confutación de los argumentos de quien se sirve la retórica; ni tiene para +qué predicar a ninguno, mezclando lo humano con lo divino, que es un género +de mezcla de quien no se ha de vestir ningún cristiano entendimiento. Sólo +tiene que aprovecharse de la imitación en lo que fuere escribiendo; que, +cuanto ella fuere más perfecta, tanto mejor será lo que se escribiere. Y, +pues esta vuestra escritura no mira a más que a deshacer la autoridad y +cabida que en el mundo y en el vulgo tienen los libros de caballerías, no +hay para qué andéis mendigando sentencias de filósofos, consejos de la +Divina Escritura, fábulas de poetas, oraciones de retóricos, milagros de +santos, sino procurar que a la llana, con palabras significantes, honestas +y bien colocadas, salga vuestra oración y período sonoro y festivo; +pintando, en todo lo que alcanzáredes y fuere posible, vuestra intención, +dando a entender vuestros conceptos sin intricarlos y escurecerlos. +Procurad también que, leyendo vuestra historia, el melancólico se mueva a +risa, el risueño la acreciente, el simple no se enfade, el discreto se +admire de la invención, el grave no la desprecie, ni el prudente deje de +alabarla. En efecto, llevad la mira puesta a derribar la máquina mal +fundada destos caballerescos libros, aborrecidos de tantos y alabados de +muchos más; que si esto alcanzásedes, no habríades alcanzado poco. + +Con silencio grande estuve escuchando lo que mi amigo me decía, y de tal +manera se imprimieron en mí sus razones que, sin ponerlas en disputa, las +aprobé por buenas y de ellas mismas quise hacer este prólogo; en el cual +verás, lector suave, la discreción de mi amigo, la buena ventura mía en +hallar en tiempo tan necesitado tal consejero, y el alivio tuyo en hallar +tan sincera y tan sin revueltas la historia del famoso don Quijote de la +Mancha, de quien hay opinión, por todos los habitadores del distrito del +campo de Montiel, que fue el más casto enamorado y el más valiente +caballero que de muchos años a esta parte se vio en aquellos contornos. Yo +no quiero encarecerte el servicio que te hago en darte a conocer tan noble +y tan honrado caballero, pero quiero que me agradezcas el conocimiento que +tendrás del famoso Sancho Panza, su escudero, en quien, a mi parecer, te +doy cifradas todas las gracias escuderiles que en la caterva de los libros +vanos de caballerías están esparcidas. + +Y con esto, Dios te dé salud, y a mí no olvide. Vale. + +AL LIBRO DE DON QUIJOTE DE LA MANCHA + +Urganda la desconocida +Si de llegarte a los bue-, +libro, fueres con letu-, +no te dirá el boquirru- +que no pones bien los de-. +Mas si el pan no se te cue- +por ir a manos de idio-, +verás de manos a bo-, +aun no dar una en el cla-, +si bien se comen las ma- +por mostrar que son curio-. +Y, pues la expiriencia ense- +que el que a buen árbol se arri- +buena sombra le cobi-, +en Béjar tu buena estre- +un árbol real te ofre- +que da príncipes por fru-, +en el cual floreció un du- +que es nuevo Alejandro Ma-: +llega a su sombra, que a osa- +favorece la fortu-. +De un noble hidalgo manche- +contarás las aventu-, +a quien ociosas letu-, +trastornaron la cabe-: +damas, armas, caballe-, +le provocaron de mo-, +que, cual Orlando furio-, +templado a lo enamora-, +alcanzó a fuerza de bra- +a Dulcinea del Tobo-. +No indiscretos hieroglí- +estampes en el escu-, +que, cuando es todo figu-, +con ruines puntos se envi-. +Si en la dirección te humi-, + +no dirá, mofante, algu-: +''¡Qué don Álvaro de Lu-, +qué Anibal el de Carta-, +qué rey Francisco en Espa- +se queja de la Fortu-!'' +Pues al cielo no le plu- +que salieses tan ladi- +como el negro Juan Lati-, +hablar latines rehú-. +No me despuntes de agu-, +ni me alegues con filó-, +porque, torciendo la bo-, +dirá el que entiende la le-, +no un palmo de las ore-: +''¿Para qué conmigo flo-?'' +No te metas en dibu-, +ni en saber vidas aje-, +que, en lo que no va ni vie-, + +pasar de largo es cordu-. +Que suelen en caperu- +darles a los que grace-; +mas tú quémate las ce- +sólo en cobrar buena fa-; +que el que imprime neceda- +dalas a censo perpe-. +Advierte que es desati-, +siendo de vidrio el teja-, +tomar piedras en las ma- +para tirar al veci-. +Deja que el hombre de jui-, +en las obras que compo-, +se vaya con pies de plo-; +que el que saca a luz pape- +para entretener donce- +escribe a tontas y a lo-. + +AMADÍS DE GAULA A DON QUIJOTE DE LA MANCHA + +Soneto + +Tú, que imitaste la llorosa vida +que tuve, ausente y desdeñado sobre +el gran ribazo de la Peña Pobre, +de alegre a penitencia reducida; +tú, a quien los ojos dieron la bebida +de abundante licor, aunque salobre, +y alzándote la plata, estaño y cobre, +te dio la tierra en tierra la comida, +vive seguro de que eternamente, +en tanto, al menos, que en la cuarta esfera, +sus caballos aguije el rubio Apolo, +tendrás claro renombre de valiente; +tu patria será en todas la primera; +tu sabio autor, al mundo único y solo. + +DON BELIANÍS DE GRECIA A DON QUIJOTE DE LA MANCHA + +Soneto + +Rompí, corté, abollé, y dije y hice +más que en el orbe caballero andante; +fui diestro, fui valiente, fui arrogante; +mil agravios vengué, cien mil deshice. +Hazañas di a la Fama que eternice; +fui comedido y regalado amante; +fue enano para mí todo gigante, +y al duelo en cualquier punto satisfice. +Tuve a mis pies postrada la Fortuna, +y trajo del copete mi cordura +a la calva Ocasión al estricote. +Más, aunque sobre el cuerno de la luna +siempre se vio encumbrada mi ventura, +tus proezas envidio, ¡oh gran Quijote! + +LA SEÑORA ORIANA A DULCINEA DEL TOBOSO + +Soneto + +¡Oh, quién tuviera, hermosa Dulcinea, +por más comodidad y más reposo, +a Miraflores puesto en el Toboso, +y trocara sus Londres con tu aldea! +¡Oh, quién de tus deseos y librea +alma y cuerpo adornara, y del famoso +caballero que hiciste venturoso +mirara alguna desigual pelea! +¡Oh, quién tan castamente se escapara +del señor Amadís como tú hiciste +del comedido hidalgo don Quijote! +Que así envidiada fuera, y no envidiara, +y fuera alegre el tiempo que fue triste, +y gozara los gustos sin escote. + +GANDALÍN, ESCUDERO DE AMADÍS DE GAULA, A SANCHO PANZA, ESCUDERO DE DON QUIJOTE + +Soneto + +Salve, varón famoso, a quien Fortuna, +cuando en el trato escuderil te puso, +tan blanda y cuerdamente lo dispuso, +que lo pasaste sin desgracia alguna. +Ya la azada o la hoz poco repugna +al andante ejercicio; ya está en uso +la llaneza escudera, con que acuso +al soberbio que intenta hollar la luna. +Envidio a tu jumento y a tu nombre, +y a tus alforjas igualmente invidio, +que mostraron tu cuerda providencia. +Salve otra vez, ¡oh Sancho!, tan buen hombre, +que a solo tú nuestro español Ovidio +con buzcorona te hace reverencia. + +DEL DONOSO, POETA ENTREVERADO, A SANCHO PANZA Y ROCINANTE + +Soy Sancho Panza, escude- +del manchego don Quijo-. +Puse pies en polvoro-, +por vivir a lo discre-; +que el tácito Villadie- +toda su razón de esta- +cifró en una retira-, +según siente Celesti-, +libro, en mi opinión, divi- +si encubriera más lo huma-. +A Rocinante +Soy Rocinante, el famo- +bisnieto del gran Babie-. +Por pecados de flaque-, +fui a poder de un don Quijo-. +Parejas corrí a lo flo-; +mas, por uña de caba-, +no se me escapó ceba-; +que esto saqué a Lazari- +cuando, para hurtar el vi- +al ciego, le di la pa-. + +ORLANDO FURIOSO A DON QUIJOTE DE LA MANCHA + +Soneto + +Si no eres par, tampoco le has tenido: +que par pudieras ser entre mil pares; +ni puede haberle donde tú te hallares, +invito vencedor, jamás vencido. +Orlando soy, Quijote, que, perdido +por Angélica, vi remotos mares, +ofreciendo a la Fama en sus altares +aquel valor que respetó el olvido. +No puedo ser tu igual; que este decoro +se debe a tus proezas y a tu fama, +puesto que, como yo, perdiste el seso. +Mas serlo has mío, si al soberbio moro +y cita fiero domas, que hoy nos llama +iguales en amor con mal suceso. + +EL CABALLERO DEL FEBO A DON QUIJOTE DE LA MANCHA + +Soneto + +A vuestra espada no igualó la mía, +Febo español, curioso cortesano, +ni a la alta gloria de valor mi mano, +que rayo fue do nace y muere el día. +Imperios desprecié; la monarquía +que me ofreció el Oriente rojo en vano +dejé, por ver el rostro soberano +de Claridiana, aurora hermosa mía. +Améla por milagro único y raro, +y, ausente en su desgracia, el propio infierno +temió mi brazo, que domó su rabia. +Mas vos, godo Quijote, ilustre y claro, +por Dulcinea sois al mundo eterno, +y ella, por vos, famosa, honesta y sabia. + +DE SOLISDÁN A DON QUIJOTE DE LA MANCHA + +Soneto + +Maguer, señor Quijote, que sandeces +vos tengan el cerbelo derrumbado, +nunca seréis de alguno reprochado +por home de obras viles y soeces. +Serán vuesas fazañas los joeces, +pues tuertos desfaciendo habéis andado, +siendo vegadas mil apaleado +por follones cautivos y raheces. +Y si la vuesa linda Dulcinea +desaguisado contra vos comete, +ni a vuesas cuitas muestra buen talante, +en tal desmán, vueso conorte sea +que Sancho Panza fue mal alcagüete, +necio él, dura ella, y vos no amante. + +DIÁLOGO ENTRE BABIECA Y ROCINANTE + +Soneto + +B. ¿Cómo estáis, Rocinante, tan delgado? +R. Porque nunca se come, y se trabaja. +B. Pues, ¿qué es de la cebada y de la paja? +R. No me deja mi amo ni un bocado. +B. Andá, señor, que estáis muy mal criado, +pues vuestra lengua de asno al amo ultraja. +R. Asno se es de la cuna a la mortaja. +¿Queréislo ver? Miraldo enamorado. +B. ¿Es necedad amar? R. No es gran prudencia. +B. Metafísico estáis. R. Es que no como. +B. Quejaos del escudero. R. No es bastante. +¿Cómo me he de quejar en mi dolencia, +si el amo y escudero o mayordomo +son tan rocines como Rocinante? + +Primera parte del ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha + + + + +Capítulo primero. Que trata de la condición y ejercicio del famoso hidalgo +don Quijote de la Mancha + +En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho +tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, +rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, +salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lantejas los +viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres +partes de su hacienda. El resto della concluían sayo de velarte, calzas de +velludo para las fiestas, con sus pantuflos de lo mesmo, y los días de +entresemana se honraba con su vellorí de lo más fino. Tenía en su casa una +ama que pasaba de los cuarenta, y una sobrina que no llegaba a los veinte, +y un mozo de campo y plaza, que así ensillaba el rocín como tomaba la +podadera. Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años; era de +complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro, gran madrugador y amigo +de la caza. Quieren decir que tenía el sobrenombre de Quijada, o Quesada, +que en esto hay alguna diferencia en los autores que deste caso escriben; +aunque, por conjeturas verosímiles, se deja entender que se llamaba +Quejana. Pero esto importa poco a nuestro cuento; basta que en la narración +dél no se salga un punto de la verdad. + +Es, pues, de saber que este sobredicho hidalgo, los ratos que estaba +ocioso, que eran los más del año, se daba a leer libros de caballerías, con +tanta afición y gusto, que olvidó casi de todo punto el ejercicio de la +caza, y aun la administración de su hacienda. Y llegó a tanto su curiosidad +y desatino en esto, que vendió muchas hanegas de tierra de sembradura para +comprar libros de caballerías en que leer, y así, llevó a su casa todos +cuantos pudo haber dellos; y de todos, ningunos le parecían tan bien como +los que compuso el famoso Feliciano de Silva, porque la claridad de su +prosa y aquellas entricadas razones suyas le parecían de perlas, y más +cuando llegaba a leer aquellos requiebros y cartas de desafíos, donde en +muchas partes hallaba escrito: La razón de la sinrazón que a mi razón se +hace, de tal manera mi razón enflaquece, que con razón me quejo de la +vuestra fermosura. Y también cuando leía: ...los altos cielos que de +vuestra divinidad divinamente con las estrellas os fortifican, y os hacen +merecedora del merecimiento que merece la vuestra grandeza. + +Con estas razones perdía el pobre caballero el juicio, y desvelábase por +entenderlas y desentrañarles el sentido, que no se lo sacara ni las +entendiera el mesmo Aristóteles, si resucitara para sólo ello. No estaba +muy bien con las heridas que don Belianís daba y recebía, porque se +imaginaba que, por grandes maestros que le hubiesen curado, no dejaría de +tener el rostro y todo el cuerpo lleno de cicatrices y señales. Pero, con +todo, alababa en su autor aquel acabar su libro con la promesa de aquella +inacabable aventura, y muchas veces le vino deseo de tomar la pluma y dalle +fin al pie de la letra, como allí se promete; y sin duda alguna lo hiciera, +y aun saliera con ello, si otros mayores y continuos pensamientos no se lo +estorbaran. Tuvo muchas veces competencia con el cura de su lugar —que era +hombre docto, graduado en Sigüenza—, sobre cuál había sido mejor caballero: +Palmerín de Ingalaterra o Amadís de Gaula; mas maese Nicolás, barbero del +mesmo pueblo, decía que ninguno llegaba al Caballero del Febo, y que si +alguno se le podía comparar, era don Galaor, hermano de Amadís de Gaula, +porque tenía muy acomodada condición para todo; que no era caballero +melindroso, ni tan llorón como su hermano, y que en lo de la valentía no le +iba en zaga. + +En resolución, él se enfrascó tanto en su letura, que se le pasaban las +noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio; y así, +del poco dormir y del mucho leer, se le secó el celebro, de manera que vino +a perder el juicio. Llenósele la fantasía de todo aquello que leía en los +libros, así de encantamentos como de pendencias, batallas, desafíos, +heridas, requiebros, amores, tormentas y disparates imposibles; y +asentósele de tal modo en la imaginación que era verdad toda aquella +máquina de aquellas sonadas soñadas invenciones que leía, que para él no +había otra historia más cierta en el mundo. Decía él que el Cid Ruy Díaz +había sido muy buen caballero, pero que no tenía que ver con el Caballero +de la Ardiente Espada, que de sólo un revés había partido por medio dos +fieros y descomunales gigantes. Mejor estaba con Bernardo del Carpio, +porque en Roncesvalles había muerto a Roldán el encantado, valiéndose de la +industria de Hércules, cuando ahogó a Anteo, el hijo de la Tierra, entre +los brazos. Decía mucho bien del gigante Morgante, porque, con ser de +aquella generación gigantea, que todos son soberbios y descomedidos, él +solo era afable y bien criado. Pero, sobre todos, estaba bien con Reinaldos +de Montalbán, y más cuando le veía salir de su castillo y robar cuantos +topaba, y cuando en allende robó aquel ídolo de Mahoma que era todo de oro, +según dice su historia. Diera él, por dar una mano de coces al traidor de +Galalón, al ama que tenía, y aun a su sobrina de añadidura. + +En efeto, rematado ya su juicio, vino a dar en el más estraño pensamiento +que jamás dio loco en el mundo; y fue que le pareció convenible y +necesario, así para el aumento de su honra como para el servicio de su +república, hacerse caballero andante, y irse por todo el mundo con sus +armas y caballo a buscar las aventuras y a ejercitarse en todo aquello que +él había leído que los caballeros andantes se ejercitaban, deshaciendo todo +género de agravio, y poniéndose en ocasiones y peligros donde, acabándolos, +cobrase eterno nombre y fama. Imaginábase el pobre ya coronado por el valor +de su brazo, por lo menos, del imperio de Trapisonda; y así, con estos tan +agradables pensamientos, llevado del estraño gusto que en ellos sentía, se +dio priesa a poner en efeto lo que deseaba. + +Y lo primero que hizo fue limpiar unas armas que habían sido de sus +bisabuelos, que, tomadas de orín y llenas de moho, luengos siglos había que +estaban puestas y olvidadas en un rincón. Limpiólas y aderezólas lo mejor +que pudo, pero vio que tenían una gran falta, y era que no tenían celada de +encaje, sino morrión simple; mas a esto suplió su industria, porque de +cartones hizo un modo de media celada, que, encajada con el morrión, hacían +una apariencia de celada entera. Es verdad que para probar si era fuerte y +podía estar al riesgo de una cuchillada, sacó su espada y le dio dos +golpes, y con el primero y en un punto deshizo lo que había hecho en una +semana; y no dejó de parecerle mal la facilidad con que la había hecho +pedazos, y, por asegurarse deste peligro, la tornó a hacer de nuevo, +poniéndole unas barras de hierro por de dentro, de tal manera que él quedó +satisfecho de su fortaleza; y, sin querer hacer nueva experiencia della, la +diputó y tuvo por celada finísima de encaje. + +Fue luego a ver su rocín, y, aunque tenía más cuartos que un real y más +tachas que el caballo de Gonela, que tantum pellis et ossa fuit, le pareció +que ni el Bucéfalo de Alejandro ni Babieca el del Cid con él se igualaban. +Cuatro días se le pasaron en imaginar qué nombre le pondría; porque, según +se decía él a sí mesmo, no era razón que caballo de caballero tan famoso, y +tan bueno él por sí, estuviese sin nombre conocido; y ansí, procuraba +acomodársele de manera que declarase quién había sido, antes que fuese de +caballero andante, y lo que era entonces; pues estaba muy puesto en razón +que, mudando su señor estado, mudase él también el nombre, y le cobrase +famoso y de estruendo, como convenía a la nueva orden y al nuevo ejercicio +que ya profesaba. Y así, después de muchos nombres que formó, borró y +quitó, añadió, deshizo y tornó a hacer en su memoria e imaginación, al fin +le vino a llamar Rocinante: nombre, a su parecer, alto, sonoro y +significativo de lo que había sido cuando fue rocín, antes de lo que ahora +era, que era antes y primero de todos los rocines del mundo. + +Puesto nombre, y tan a su gusto, a su caballo, quiso ponérsele a sí mismo, +y en este pensamiento duró otros ocho días, y al cabo se vino a llamar don +Quijote; de donde —como queda dicho— tomaron ocasión los autores desta tan +verdadera historia que, sin duda, se debía de llamar Quijada, y no Quesada, +como otros quisieron decir. Pero, acordándose que el valeroso Amadís no +sólo se había contentado con llamarse Amadís a secas, sino que añadió el +nombre de su reino y patria, por Hepila famosa, y se llamó Amadís de Gaula, +así quiso, como buen caballero, añadir al suyo el nombre de la suya y +llamarse don Quijote de la Mancha, con que, a su parecer, declaraba muy al +vivo su linaje y patria, y la honraba con tomar el sobrenombre della. + +Limpias, pues, sus armas, hecho del morrión celada, puesto nombre a su +rocín y confirmándose a sí mismo, se dio a entender que no le faltaba otra +cosa sino buscar una dama de quien enamorarse; porque el caballero andante +sin amores era árbol sin hojas y sin fruto y cuerpo sin alma. Decíase él +a sí: + +— Si yo, por malos de mis pecados, o por mi buena suerte, me encuentro por +ahí con algún gigante, como de ordinario les acontece a los caballeros +andantes, y le derribo de un encuentro, o le parto por mitad del cuerpo, o, +finalmente, le venzo y le rindo, ¿no será bien tener a quien enviarle +presentado y que entre y se hinque de rodillas ante mi dulce señora, y diga +con voz humilde y rendido: ''Yo, señora, soy el gigante Caraculiambro, +señor de la ínsula Malindrania, a quien venció en singular batalla el +jamás como se debe alabado caballero don Quijote de la Mancha, el cual me +mandó que me presentase ante vuestra merced, para que la vuestra grandeza +disponga de mí a su talante''? + +¡Oh, cómo se holgó nuestro buen caballero cuando hubo hecho este discurso, +y más cuando halló a quien dar nombre de su dama! Y fue, a lo que se cree, +que en un lugar cerca del suyo había una moza labradora de muy buen +parecer, de quien él un tiempo anduvo enamorado, aunque, según se entiende, +ella jamás lo supo, ni le dio cata dello. Llamábase Aldonza Lorenzo, y a +ésta le pareció ser bien darle título de señora de sus pensamientos; y, +buscándole nombre que no desdijese mucho del suyo, y que tirase y se +encaminase al de princesa y gran señora, vino a llamarla Dulcinea del +Toboso, porque era natural del Toboso; nombre, a su parecer, músico y +peregrino y significativo, como todos los demás que a él y a sus cosas +había puesto. + + + + +Capítulo II. Que trata de la primera salida que de su tierra hizo el +ingenioso don Quijote + +Hechas, pues, estas prevenciones, no quiso aguardar más tiempo a poner en +efeto su pensamiento, apretándole a ello la falta que él pensaba que hacía +en el mundo su tardanza, según eran los agravios que pensaba deshacer, +tuertos que enderezar, sinrazones que emendar, y abusos que mejorar y +deudas que satisfacer. Y así, sin dar parte a persona alguna de su +intención, y sin que nadie le viese, una mañana, antes del día, que era uno +de los calurosos del mes de julio, se armó de todas sus armas, subió sobre +Rocinante, puesta su mal compuesta celada, embrazó su adarga, tomó su +lanza, y, por la puerta falsa de un corral, salió al campo con grandísimo +contento y alborozo de ver con cuánta facilidad había dado principio a su +buen deseo. Mas, apenas se vio en el campo, cuando le asaltó un pensamiento +terrible, y tal, que por poco le hiciera dejar la comenzada empresa; y fue +que le vino a la memoria que no era armado caballero, y que, conforme a ley +de caballería, ni podía ni debía tomar armas con ningún caballero; y, +puesto que lo fuera, había de llevar armas blancas, como novel caballero, +sin empresa en el escudo, hasta que por su esfuerzo la ganase. Estos +pensamientos le hicieron titubear en su propósito; mas, pudiendo más su +locura que otra razón alguna, propuso de hacerse armar caballero del +primero que topase, a imitación de otros muchos que así lo hicieron, según +él había leído en los libros que tal le tenían. En lo de las armas blancas, +pensaba limpiarlas de manera, en teniendo lugar, que lo fuesen más que un +armiño; y con esto se quietó y prosiguió su camino, sin llevar otro que +aquel que su caballo quería, creyendo que en aquello consistía la fuerza de +las aventuras. + +Yendo, pues, caminando nuestro flamante aventurero, iba hablando consigo +mesmo y diciendo: + +— ¿Quién duda sino que en los venideros tiempos, cuando salga a luz la +verdadera historia de mis famosos hechos, que el sabio que los escribiere +no ponga, cuando llegue a contar esta mi primera salidad tan de mañana, +desta manera?: «Apenas había el rubicundo Apolo tendido por la faz de la +ancha y espaciosa tierra las doradas hebras de sus hermosos cabellos, y +apenas los pequeños y pintados pajarillos con sus arpadas lenguas habían +saludado con dulce y meliflua armonía la venida de la rosada aurora, que, +dejando la blanda cama del celoso marido, por las puertas y balcones del +manchego horizonte a los mortales se mostraba, cuando el famoso caballero +don Quijote de la Mancha, dejando las ociosas plumas, subió sobre su famoso +caballo Rocinante, y comenzó a caminar por el antiguo y conocido campo de +Montiel». + +Y era la verdad que por él caminaba. Y añadió diciendo: + +— Dichosa edad, y siglo dichoso aquel adonde saldrán a luz las famosas +hazañas mías, dignas de entallarse en bronces, esculpirse en mármoles y +pintarse en tablas para memoria en lo futuro. ¡Oh tú, sabio encantador, +quienquiera que seas, a quien ha de tocar el ser coronista desta peregrina +historia, ruégote que no te olvides de mi buen Rocinante, compañero eterno +mío en todos mis caminos y carreras! + +Luego volvía diciendo, como si verdaderamente fuera enamorado: + +— ¡Oh princesa Dulcinea, señora deste cautivo corazón!, mucho agravio me +habedes fecho en despedirme y reprocharme con el riguroso afincamiento de +mandarme no parecer ante la vuestra fermosura. Plégaos, señora, de +membraros deste vuestro sujeto corazón, que tantas cuitas por vuestro amor +padece. + +Con éstos iba ensartando otros disparates, todos al modo de los que sus +libros le habían enseñado, imitando en cuanto podía su lenguaje. Con esto, +caminaba tan despacio, y el sol entraba tan apriesa y con tanto ardor, que +fuera bastante a derretirle los sesos, si algunos tuviera. + +Casi todo aquel día caminó sin acontecerle cosa que de contar fuese, de lo +cual se desesperaba, porque quisiera topar luego luego con quien hacer +experiencia del valor de su fuerte brazo. Autores hay que dicen que la +primera aventura que le avino fue la del Puerto Lápice; otros dicen que la +de los molinos de viento; pero, lo que yo he podido averiguar en este caso, +y lo que he hallado escrito en los Anales de la Mancha, es que él anduvo +todo aquel día, y, al anochecer, su rocín y él se hallaron cansados y +muertos de hambre; y que, mirando a todas partes por ver si descubriría +algún castillo o alguna majada de pastores donde recogerse y adonde pudiese +remediar su mucha hambre y necesidad, vio, no lejos del camino por donde +iba, una venta, que fue como si viera una estrella que, no a los portales, +sino a los alcázares de su redención le encaminaba. Diose priesa a caminar, +y llegó a ella a tiempo que anochecía. + +Estaban acaso a la puerta dos mujeres mozas, destas que llaman del partido, +las cuales iban a Sevilla con unos arrieros que en la venta aquella noche +acertaron a hacer jornada; y, como a nuestro aventurero todo cuanto +pensaba, veía o imaginaba le parecía ser hecho y pasar al modo de lo que +había leído, luego que vio la venta, se le representó que era un castillo +con sus cuatro torres y chapiteles de luciente plata, sin faltarle su +puente levadiza y honda cava, con todos aquellos adherentes que semejantes +castillos se pintan. Fuese llegando a la venta, que a él le parecía +castillo, y a poco trecho della detuvo las riendas a Rocinante, esperando +que algún enano se pusiese entre las almenas a dar señal con alguna +trompeta de que llegaba caballero al castillo. Pero, como vio que se +tardaban y que Rocinante se daba priesa por llegar a la caballeriza, se +llegó a la puerta de la venta, y vio a las dos destraídas mozas que allí +estaban, que a él le parecieron dos hermosas doncellas o dos graciosas +damas que delante de la puerta del castillo se estaban solazando. En esto, +sucedió acaso que un porquero que andaba recogiendo de unos rastrojos una +manada de puercos —que, sin perdón, así se llaman— tocó un cuerno, a cuya +señal ellos se recogen, y al instante se le representó a don Quijote lo que +deseaba, que era que algún enano hacía señal de su venida; y así, con +estraño contento, llegó a la venta y a las damas, las cuales, como vieron +venir un hombre de aquella suerte, armado y con lanza y adarga, llenas de +miedo, se iban a entrar en la venta; pero don Quijote, coligiendo por su +huida su miedo, alzándose la visera de papelón y descubriendo su seco y +polvoroso rostro, con gentil talante y voz reposada, les dijo: + +— No fuyan las vuestras mercedes ni teman desaguisado alguno; ca a la orden +de caballería que profeso non toca ni atañe facerle a ninguno, cuanto más a +tan altas doncellas como vuestras presencias demuestran. + +Mirábanle las mozas, y andaban con los ojos buscándole el rostro, que la +mala visera le encubría; mas, como se oyeron llamar doncellas, cosa tan +fuera de su profesión, no pudieron tener la risa, y fue de manera que don +Quijote vino a correrse y a decirles: + +— Bien parece la mesura en las fermosas, y es mucha sandez además la risa +que de leve causa procede; pero no vos lo digo porque os acuitedes ni +mostredes mal talante; que el mío non es de ál que de serviros. + +El lenguaje, no entendido de las señoras, y el mal talle de nuestro +caballero acrecentaba en ellas la risa y en él el enojo; y pasara muy +adelante si a aquel punto no saliera el ventero, hombre que, por ser muy +gordo, era muy pacífico, el cual, viendo aquella figura contrahecha, armada +de armas tan desiguales como eran la brida, lanza, adarga y coselete, no +estuvo en nada en acompañar a las doncellas en las muestras de su contento. +Mas, en efeto, temiendo la máquina de tantos pertrechos, determinó de +hablarle comedidamente; y así, le dijo: + +— Si vuestra merced, señor caballero, busca posada, amén del lecho (porque +en esta venta no hay ninguno), todo lo demás se hallará en ella en mucha +abundancia. + +Viendo don Quijote la humildad del alcaide de la fortaleza, que tal le +pareció a él el ventero y la venta, respondió: + +-Para mí, señor castellano, cualquiera cosa basta, porque +mis arreos son las armas, +mi descanso el pelear, etc. + +Pensó el huésped que el haberle llamado castellano había sido por haberle +parecido de los sanos de Castilla, aunque él era andaluz, y de los de la +playa de Sanlúcar, no menos ladrón que Caco, ni menos maleante que +estudiantado paje; y así, le respondió: + +— Según eso, las camas de vuestra merced serán duras peñas, y su dormir, +siempre velar; y siendo así, bien se puede apear, con seguridad de hallar +en esta choza ocasión y ocasiones para no dormir en todo un año, cuanto más +en una noche. + +Y, diciendo esto, fue a tener el estribo a don Quijote, el cual se apeó con +mucha dificultad y trabajo, como aquel que en todo aquel día no se había +desayunado. + +Dijo luego al huésped que le tuviese mucho cuidado de su caballo, porque +era la mejor pieza que comía pan en el mundo. Miróle el ventero, y no le +pareció tan bueno como don Quijote decía, ni aun la mitad; y, acomodándole +en la caballeriza, volvió a ver lo que su huésped mandaba, al cual estaban +desarmando las doncellas, que ya se habían reconciliado con él; las cuales, +aunque le habían quitado el peto y el espaldar, jamás supieron ni pudieron +desencajarle la gola, ni quitalle la contrahecha celada, que traía atada +con unas cintas verdes, y era menester cortarlas, por no poderse quitar los +ñudos; mas él no lo quiso consentir en ninguna manera, y así, se quedó toda +aquella noche con la celada puesta, que era la más graciosa y estraña +figura que se pudiera pensar; y, al desarmarle, como él se imaginaba que +aquellas traídas y llevadas que le desarmaban eran algunas principales +señoras y damas de aquel castillo, les dijo con mucho donaire: + +-Nunca fuera caballero +de damas tan bien servido +como fuera don Quijote +cuando de su aldea vino: +doncellas curaban dél; +princesas, del su rocino, + +o Rocinante, que éste es el nombre, señoras mías, de mi caballo, y don +Quijote de la Mancha el mío; que, puesto que no quisiera descubrirme fasta +que las fazañas fechas en vuestro servicio y pro me descubrieran, la fuerza +de acomodar al propósito presente este romance viejo de Lanzarote ha sido +causa que sepáis mi nombre antes de toda sazón; pero, tiempo vendrá en que +las vuestras señorías me manden y yo obedezca, y el valor de mi brazo +descubra el deseo que tengo de serviros. + +Las mozas, que no estaban hechas a oír semejantes retóricas, no respondían +palabra; sólo le preguntaron si quería comer alguna cosa. + +— Cualquiera yantaría yo —respondió don Quijote—, porque, a lo que entiendo, +me haría mucho al caso. + +A dicha, acertó a ser viernes aquel día, y no había en toda la venta sino +unas raciones de un pescado que en Castilla llaman abadejo, y en Andalucía +bacallao, y en otras partes curadillo, y en otras truchuela. Preguntáronle +si por ventura comería su merced truchuela, que no había otro pescado que +dalle a comer. + +— Como haya muchas truchuelas —respondió don Quijote—, podrán servir de una +trucha, porque eso se me da que me den ocho reales en sencillos que en una +pieza de a ocho. Cuanto más, que podría ser que fuesen estas truchuelas +como la ternera, que es mejor que la vaca, y el cabrito que el cabrón. +Pero, sea lo que fuere, venga luego, que el trabajo y peso de las armas no +se puede llevar sin el gobierno de las tripas. + +Pusiéronle la mesa a la puerta de la venta, por el fresco, y trújole el +huésped una porción del mal remojado y peor cocido bacallao, y un pan tan +negro y mugriento como sus armas; pero era materia de grande risa verle +comer, porque, como tenía puesta la celada y alzada la visera, no podía +poner nada en la boca con sus manos si otro no se lo daba y ponía; y ansí, +una de aquellas señoras servía deste menester. Mas, al darle de beber, no +fue posible, ni lo fuera si el ventero no horadara una caña, y puesto el un +cabo en la boca, por el otro le iba echando el vino; y todo esto lo recebía +en paciencia, a trueco de no romper las cintas de la celada. + +Estando en esto, llegó acaso a la venta un castrador de puercos; y, así +como llegó, sonó su silbato de cañas cuatro o cinco veces, con lo cual +acabó de confirmar don Quijote que estaba en algún famoso castillo, y que +le servían con música, y que el abadejo eran truchas; el pan, candeal; y +las rameras, damas; y el ventero, castellano del castillo, y con esto daba +por bien empleada su determinación y salida. Mas lo que más le fatigaba era +el no verse armado caballero, por parecerle que no se podría poner +legítimamente en aventura alguna sin recebir la orden de caballería. + + + + +Capítulo III. Donde se cuenta la graciosa manera que tuvo don Quijote en +armarse caballero + +Y así, fatigado deste pensamiento, abrevió su venteril y limitada cena; la +cual acabada, llamó al ventero, y, encerrándose con él en la caballeriza, +se hincó de rodillas ante él, diciéndole: + +— No me levantaré jamás de donde estoy, valeroso caballero, fasta que la +vuestra cortesía me otorgue un don que pedirle quiero, el cual redundará en +alabanza vuestra y en pro del género humano. + +El ventero, que vio a su huésped a sus pies y oyó semejantes razones, +estaba confuso mirándole, sin saber qué hacerse ni decirle, y porfiaba con +él que se levantase, y jamás quiso, hasta que le hubo de decir que él le +otorgaba el don que le pedía. + +— No esperaba yo menos de la gran magnificencia vuestra, señor mío +— respondió don Quijote—; y así, os digo que el don que os he pedido, y de +vuestra liberalidad me ha sido otorgado, es que mañana en aquel día me +habéis de armar caballero, y esta noche en la capilla deste vuestro +castillo velaré las armas; y mañana, como tengo dicho, se cumplirá lo que +tanto deseo, para poder, como se debe, ir por todas las cuatro partes del +mundo buscando las aventuras, en pro de los menesterosos, como está a cargo +de la caballería y de los caballeros andantes, como yo soy, cuyo deseo a +semejantes fazañas es inclinado. + +El ventero, que, como está dicho, era un poco socarrón y ya tenía algunos +barruntos de la falta de juicio de su huésped, acabó de creerlo cuando +acabó de oírle semejantes razones, y, por tener qué reír aquella noche, +determinó de seguirle el humor; y así, le dijo que andaba muy acertado en +lo que deseaba y pedía, y que tal prosupuesto era propio y natural de los +caballeros tan principales como él parecía y como su gallarda presencia +mostraba; y que él, ansimesmo, en los años de su mocedad, se había dado a +aquel honroso ejercicio, andando por diversas partes del mundo buscando sus +aventuras, sin que hubiese dejado los Percheles de Málaga, Islas de Riarán, +Compás de Sevilla, Azoguejo de Segovia, la Olivera de Valencia, Rondilla de +Granada, Playa de Sanlúcar, Potro de Córdoba y las Ventillas de Toledo y +otras diversas partes, donde había ejercitado la ligereza de sus pies, +sutileza de sus manos, haciendo muchos tuertos, recuestando muchas viudas, +deshaciendo algunas doncellas y engañando a algunos pupilos, y, finalmente, +dándose a conocer por cuantas audiencias y tribunales hay casi en toda +España; y que, a lo último, se había venido a recoger a aquel su castillo, +donde vivía con su hacienda y con las ajenas, recogiendo en él a todos los +caballeros andantes, de cualquiera calidad y condición que fuesen, sólo por +la mucha afición que les tenía y porque partiesen con él de sus haberes, en +pago de su buen deseo. + +Díjole también que en aquel su castillo no había capilla alguna donde poder +velar las armas, porque estaba derribada para hacerla de nuevo; pero que, +en caso de necesidad, él sabía que se podían velar dondequiera, y que +aquella noche las podría velar en un patio del castillo; que a la mañana, +siendo Dios servido, se harían las debidas ceremonias, de manera que él +quedase armado caballero, y tan caballero que no pudiese ser más en el +mundo. + +Preguntóle si traía dineros; respondió don Quijote que no traía blanca, +porque él nunca había leído en las historias de los caballeros andantes que +ninguno los hubiese traído. A esto dijo el ventero que se engañaba; que, +puesto caso que en las historias no se escribía, por haberles parecido a +los autores dellas que no era menester escrebir una cosa tan clara y tan +necesaria de traerse como eran dineros y camisas limpias, no por eso se +había de creer que no los trujeron; y así, tuviese por cierto y averiguado +que todos los caballeros andantes, de que tantos libros están llenos y +atestados, llevaban bien herradas las bolsas, por lo que pudiese +sucederles; y que asimismo llevaban camisas y una arqueta pequeña llena de +ungüentos para curar las heridas que recebían, porque no todas veces en los +campos y desiertos donde se combatían y salían heridos había quien los +curase, si ya no era que tenían algún sabio encantador por amigo, que luego +los socorría, trayendo por el aire, en alguna nube, alguna doncella o enano +con alguna redoma de agua de tal virtud que, en gustando alguna gota della, +luego al punto quedaban sanos de sus llagas y heridas, como si mal alguno +hubiesen tenido. Mas que, en tanto que esto no hubiese, tuvieron los +pasados caballeros por cosa acertada que sus escuderos fuesen proveídos de +dineros y de otras cosas necesarias, como eran hilas y ungüentos para +curarse; y, cuando sucedía que los tales caballeros no tenían escuderos, +que eran pocas y raras veces, ellos mesmos lo llevaban todo en unas +alforjas muy sutiles, que casi no se parecían, a las ancas del caballo, +como que era otra cosa de más importancia; porque, no siendo por ocasión +semejante, esto de llevar alforjas no fue muy admitido entre los caballeros +andantes; y por esto le daba por consejo, pues aún se lo podía mandar como +a su ahijado, que tan presto lo había de ser, que no caminase de allí +adelante sin dineros y sin las prevenciones referidas, y que vería cuán +bien se hallaba con ellas cuando menos se pensase. + +Prometióle don Quijote de hacer lo que se le aconsejaba con toda +puntualidad; y así, se dio luego orden como velase las armas en un corral +grande que a un lado de la venta estaba; y, recogiéndolas don Quijote +todas, las puso sobre una pila que junto a un pozo estaba, y, embrazando su +adarga, asió de su lanza y con gentil continente se comenzó a pasear +delante de la pila; y cuando comenzó el paseo comenzaba a cerrar la noche. + +Contó el ventero a todos cuantos estaban en la venta la locura de su +huésped, la vela de las armas y la armazón de caballería que esperaba. +Admiráronse de tan estraño género de locura y fuéronselo a mirar desde +lejos, y vieron que, con sosegado ademán, unas veces se paseaba; otras, +arrimado a su lanza, ponía los ojos en las armas, sin quitarlos por un buen +espacio dellas. Acabó de cerrar la noche, pero con tanta claridad de la +luna, que podía competir con el que se la prestaba, de manera que cuanto el +novel caballero hacía era bien visto de todos. Antojósele en esto a uno de +los arrieros que estaban en la venta ir a dar agua a su recua, y fue +menester quitar las armas de don Quijote, que estaban sobre la pila; el +cual, viéndole llegar, en voz alta le dijo: + +— ¡Oh tú, quienquiera que seas, atrevido caballero, que llegas a tocar las +armas del más valeroso andante que jamás se ciñó espada!, mira lo que haces +y no las toques, si no quieres dejar la vida en pago de tu atrevimiento. + +No se curó el arriero destas razones (y fuera mejor que se curara, porque +fuera curarse en salud); antes, trabando de las correas, las arrojó gran +trecho de sí. Lo cual visto por don Quijote, alzó los ojos al cielo, y, +puesto el pensamiento —a lo que pareció— en su señora Dulcinea, dijo: + +— Acorredme, señora mía, en esta primera afrenta que a este vuestro +avasallado pecho se le ofrece; no me desfallezca en este primero trance +vuestro favor y amparo. + +Y, diciendo estas y otras semejantes razones, soltando la adarga, alzó la +lanza a dos manos y dio con ella tan gran golpe al arriero en la cabeza, +que le derribó en el suelo, tan maltrecho que, si segundara con otro, no +tuviera necesidad de maestro que le curara. Hecho esto, recogió sus armas y +tornó a pasearse con el mismo reposo que primero. Desde allí a poco, sin +saberse lo que había pasado (porque aún estaba aturdido el arriero), llegó +otro con la mesma intención de dar agua a sus mulos; y, llegando a quitar +las armas para desembarazar la pila, sin hablar don Quijote palabra y sin +pedir favor a nadie, soltó otra vez la adarga y alzó otra vez la lanza, y, +sin hacerla pedazos, hizo más de tres la cabeza del segundo arriero, porque +se la abrió por cuatro. Al ruido acudió toda la gente de la venta, y entre +ellos el ventero. Viendo esto don Quijote, embrazó su adarga, y, puesta +mano a su espada, dijo: + +— ¡Oh señora de la fermosura, esfuerzo y vigor del debilitado corazón mío! +Ahora es tiempo que vuelvas los ojos de tu grandeza a este tu cautivo +caballero, que tamaña aventura está atendiendo. + +Con esto cobró, a su parecer, tanto ánimo, que si le acometieran todos los +arrieros del mundo, no volviera el pie atrás. Los compañeros de los +heridos, que tales los vieron, comenzaron desde lejos a llover piedras +sobre don Quijote, el cual, lo mejor que podía, se reparaba con su adarga, +y no se osaba apartar de la pila por no desamparar las armas. El ventero +daba voces que le dejasen, porque ya les había dicho como era loco, y que +por loco se libraría, aunque los matase a todos. También don Quijote las +daba, mayores, llamándolos de alevosos y traidores, y que el señor del +castillo era un follón y mal nacido caballero, pues de tal manera consentía +que se tratasen los andantes caballeros; y que si él hubiera recebido la +orden de caballería, que él le diera a entender su alevosía: + +— Pero de vosotros, soez y baja canalla, no hago caso alguno: tirad, llegad, +venid y ofendedme en cuanto pudiéredes, que vosotros veréis el pago que +lleváis de vuestra sandez y demasía. + +Decía esto con tanto brío y denuedo, que infundió un terrible temor en los +que le acometían; y, así por esto como por las persuasiones del ventero, le +dejaron de tirar, y él dejó retirar a los heridos y tornó a la vela de sus +armas con la misma quietud y sosiego que primero. + +No le parecieron bien al ventero las burlas de su huésped, y determinó +abreviar y darle la negra orden de caballería luego, antes que otra +desgracia sucediese. Y así, llegándose a él, se desculpó de la insolencia +que aquella gente baja con él había usado, sin que él supiese cosa alguna; +pero que bien castigados quedaban de su atrevimiento. Díjole como ya le +había dicho que en aquel castillo no había capilla, y para lo que restaba +de hacer tampoco era necesaria; que todo el toque de quedar armado +caballero consistía en la pescozada y en el espaldarazo, según él tenía +noticia del ceremonial de la orden, y que aquello en mitad de un campo se +podía hacer, y que ya había cumplido con lo que tocaba al velar de las +armas, que con solas dos horas de vela se cumplía, cuanto más, que él había +estado más de cuatro. Todo se lo creyó don Quijote, y dijo que él estaba +allí pronto para obedecerle, y que concluyese con la mayor brevedad que +pudiese; porque si fuese otra vez acometido y se viese armado caballero, no +pensaba dejar persona viva en el castillo, eceto aquellas que él le +mandase, a quien por su respeto dejaría. + +Advertido y medroso desto el castellano, trujo luego un libro donde +asentaba la paja y cebada que daba a los arrieros, y con un cabo de vela +que le traía un muchacho, y con las dos ya dichas doncellas, se vino adonde +don Quijote estaba, al cual mandó hincar de rodillas; y, leyendo en su +manual, como que decía alguna devota oración, en mitad de la leyenda alzó +la mano y diole sobre el cuello un buen golpe, y tras él, con su mesma +espada, un gentil espaldazaro, siempre murmurando entre dientes, como que +rezaba. Hecho esto, mandó a una de aquellas damas que le ciñese la espada, +la cual lo hizo con mucha desenvoltura y discreción, porque no fue menester +poca para no reventar de risa a cada punto de las ceremonias; pero las +proezas que ya habían visto del novel caballero les tenía la risa a raya. +Al ceñirle la espada, dijo la buena señora: + +— Dios haga a vuestra merced muy venturoso caballero y le dé ventura en +lides. + +Don Quijote le preguntó cómo se llamaba, porque él supiese de allí adelante +a quién quedaba obligado por la merced recebida; porque pensaba darle +alguna parte de la honra que alcanzase por el valor de su brazo. Ella +respondió con mucha humildad que se llamaba la Tolosa, y que era hija de un +remendón natural de Toledo que vivía a las tendillas de Sancho Bienaya, y +que dondequiera que ella estuviese le serviría y le tendría por señor. Don +Quijote le replicó que, por su amor, le hiciese merced que de allí adelante +se pusiese don y se llamase doña Tolosa. Ella se lo prometió, y la otra le +calzó la espuela, con la cual le pasó casi el mismo coloquio que con la de +la espada: preguntóle su nombre, y dijo que se llamaba la Molinera, y que +era hija de un honrado molinero de Antequera; a la cual también rogó don +Quijote que se pusiese don y se llamase doña Molinera, ofreciéndole nuevos +servicios y mercedes. + +Hechas, pues, de galope y aprisa las hasta allí nunca vistas ceremonias, no +vio la hora don Quijote de verse a caballo y salir buscando las aventuras; +y, ensillando luego a Rocinante, subió en él, y, abrazando a su huésped, le +dijo cosas tan estrañas, agradeciéndole la merced de haberle armado +caballero, que no es posible acertar a referirlas. El ventero, por verle ya +fuera de la venta, con no menos retóricas, aunque con más breves palabras, +respondió a las suyas, y, sin pedirle la costa de la posada, le dejó ir a +la buen hora. + + + + +Capítulo IV. De lo que le sucedió a nuestro caballero cuando salió de la +venta + +La del alba sería cuando don Quijote salió de la venta, tan contento, tan +gallardo, tan alborozado por verse ya armado caballero, que el gozo le +reventaba por las cinchas del caballo. Mas, viniéndole a la memoria los +consejos de su huésped cerca de las prevenciones tan necesarias que había +de llevar consigo, especial la de los dineros y camisas, determinó volver a +su casa y acomodarse de todo, y de un escudero, haciendo cuenta de recebir +a un labrador vecino suyo, que era pobre y con hijos, pero muy a propósito +para el oficio escuderil de la caballería. Con este pensamiento guió a +Rocinante hacia su aldea, el cual, casi conociendo la querencia, con tanta +gana comenzó a caminar, que parecía que no ponía los pies en el suelo. + +No había andado mucho, cuando le pareció que a su diestra mano, de la +espesura de un bosque que allí estaba, salían unas voces delicadas, como de +persona que se quejaba; y apenas las hubo oído, cuando dijo: + +— Gracias doy al cielo por la merced que me hace, pues tan presto me pone +ocasiones delante donde yo pueda cumplir con lo que debo a mi profesión, y +donde pueda coger el fruto de mis buenos deseos. Estas voces, sin duda, son +de algún menesteroso o menesterosa, que ha menester mi favor y ayuda. + +Y, volviendo las riendas, encaminó a Rocinante hacia donde le pareció que +las voces salían. Y, a pocos pasos que entró por el bosque, vio atada una +yegua a una encina, y atado en otra a un muchacho, desnudo de medio cuerpo +arriba, hasta de edad de quince años, que era el que las voces daba; y no +sin causa, porque le estaba dando con una pretina muchos azotes un labrador +de buen talle, y cada azote le acompañaba con una reprehensión y consejo. +Porque decía: + +— La lengua queda y los ojos listos. + +Y el muchacho respondía: + +— No lo haré otra vez, señor mío; por la pasión de Dios, que no lo haré otra +vez; y yo prometo de tener de aquí adelante más cuidado con el hato. + +Y, viendo don Quijote lo que pasaba, con voz airada dijo: + +— Descortés caballero, mal parece tomaros con quien defender no se puede; +subid sobre vuestro caballo y tomad vuestra lanza —que también tenía una +lanza arrimada a la encima adonde estaba arrendada la yegua—, que yo os +haré conocer ser de cobardes lo que estáis haciendo. + +El labrador, que vio sobre sí aquella figura llena de armas blandiendo la +lanza sobre su rostro, túvose por muerto, y con buenas palabras respondió: + +— Señor caballero, este muchacho que estoy castigando es un mi criado, que +me sirve de guardar una manada de ovejas que tengo en estos contornos, el +cual es tan descuidado, que cada día me falta una; y, porque castigo su +descuido, o bellaquería, dice que lo hago de miserable, por no pagalle la +soldada que le debo, y en Dios y en mi ánima que miente. + +— ¿"Miente", delante de mí, ruin villano? —dijo don Quijote—. Por el sol que +nos alumbra, que estoy por pasaros de parte a parte con esta lanza. Pagadle +luego sin más réplica; si no, por el Dios que nos rige, que os concluya y +aniquile en este punto. Desatadlo luego. + +El labrador bajó la cabeza y, sin responder palabra, desató a su criado, al +cual preguntó don Quijote que cuánto le debía su amo. Él dijo que nueve +meses, a siete reales cada mes. Hizo la cuenta don Quijote y halló que +montaban setenta y tres reales, y díjole al labrador que al momento los +desembolsase, si no quería morir por ello. Respondió el medroso villano que +para el paso en que estaba y juramento que había hecho —y aún no había +jurado nada—, que no eran tantos, porque se le habían de descontar y +recebir en cuenta tres pares de zapatos que le había dado y un real de dos +sangrías que le habían hecho estando enfermo. + +— Bien está todo eso —replicó don Quijote—, pero quédense los zapatos y las +sangrías por los azotes que sin culpa le habéis dado; que si él rompió el +cuero de los zapatos que vos pagastes, vos le habéis rompido el de su +cuerpo; y si le sacó el barbero sangre estando enfermo, vos en sanidad se +la habéis sacado; ansí que, por esta parte, no os debe nada. + +— El daño está, señor caballero, en que no tengo aquí dineros: véngase +Andrés conmigo a mi casa, que yo se los pagaré un real sobre otro. + +— ¿Irme yo con él? —dijo el muchacho—. Mas, ¡mal año! No, señor, ni por +pienso; porque, en viéndose solo, me desuelle como a un San Bartolomé. + +— No hará tal —replicó don Quijote—: basta que yo se lo mande para que me +tenga respeto; y con que él me lo jure por la ley de caballería que ha +recebido, le dejaré ir libre y aseguraré la paga. + +— Mire vuestra merced, señor, lo que dice —dijo el muchacho—, que este mi +amo no es caballero ni ha recebido orden de caballería alguna; que es Juan +Haldudo el rico, el vecino del Quintanar. + +— Importa eso poco —respondió don Quijote—, que Haldudos puede haber +caballeros; cuanto más, que cada uno es hijo de sus obras. + +— Así es verdad —dijo Andrés—; pero este mi amo, ¿de qué obras es hijo, pues +me niega mi soldada y mi sudor y trabajo? + +— No niego, hermano Andrés —respondió el labrador—; y hacedme placer de +veniros conmigo, que yo juro por todas las órdenes que de caballerías hay +en el mundo de pagaros, como tengo dicho, un real sobre otro, y aun +sahumados. + +— Del sahumerio os hago gracia —dijo don Quijote—; dádselos en reales, que +con eso me contento; y mirad que lo cumpláis como lo habéis jurado; si no, +por el mismo juramento os juro de volver a buscaros y a castigaros, y que +os tengo de hallar, aunque os escondáis más que una lagartija. Y si queréis +saber quién os manda esto, para quedar con más veras obligado a cumplirlo, +sabed que yo soy el valeroso don Quijote de la Mancha, el desfacedor de +agravios y sinrazones; y a Dios quedad, y no se os parta de las mientes lo +prometido y jurado, so pena de la pena pronunciada. + +Y, en diciendo esto, picó a su Rocinante, y en breve espacio se apartó +dellos. Siguióle el labrador con los ojos, y, cuando vio que había +traspuesto del bosque y que ya no parecía, volvióse a su criado Andrés y +díjole: + +— Venid acá, hijo mío, que os quiero pagar lo que os debo, como aquel +deshacedor de agravios me dejó mandado. + +— Eso juro yo —dijo Andrés—; y ¡cómo que andará vuestra merced acertado en +cumplir el mandamiento de aquel buen caballero, que mil años viva; que, +según es de valeroso y de buen juez, vive Roque, que si no me paga, que +vuelva y ejecute lo que dijo! + +— También lo juro yo —dijo el labrador—; pero, por lo mucho que os quiero, +quiero acrecentar la deuda por acrecentar la paga. + +Y, asiéndole del brazo, le tornó a atar a la encina, donde le dio tantos +azotes, que le dejó por muerto. + +— Llamad, señor Andrés, ahora —decía el labrador— al desfacedor de agravios, +veréis cómo no desface aquéste; aunque creo que no está acabado de hacer, +porque me viene gana de desollaros vivo, como vos temíades. + +Pero, al fin, le desató y le dio licencia que fuese a buscar su juez, para +que ejecutase la pronunciada sentencia. Andrés se partió algo mohíno, +jurando de ir a buscar al valeroso don Quijote de la Mancha y contalle +punto por punto lo que había pasado, y que se lo había de pagar con las +setenas. Pero, con todo esto, él se partió llorando y su amo se quedó +riendo. + +Y desta manera deshizo el agravio el valeroso don Quijote; el cual, +contentísimo de lo sucedido, pareciéndole que había dado felicísimo y alto +principio a sus caballerías, con gran satisfación de sí mismo iba caminando +hacia su aldea, diciendo a media voz: + +— Bien te puedes llamar dichosa sobre cuantas hoy viven en la tierra, ¡oh +sobre las bellas bella Dulcinea del Toboso!, pues te cupo en suerte tener +sujeto y rendido a toda tu voluntad e talante a un tan valiente y tan +nombrado caballero como lo es y será don Quijote de la Mancha, el cual, +como todo el mundo sabe, ayer rescibió la orden de caballería, y hoy ha +desfecho el mayor tuerto y agravio que formó la sinrazón y cometió la +crueldad: hoy quitó el látigo de la mano a aquel despiadado enemigo que tan +sin ocasión vapulaba a aquel delicado infante. + +En esto, llegó a un camino que en cuatro se dividía, y luego se le vino a +la imaginación las encrucejadas donde los caballeros andantes se ponían a +pensar cuál camino de aquéllos tomarían, y, por imitarlos, estuvo un rato +quedo; y, al cabo de haberlo muy bien pensado, soltó la rienda a Rocinante, +dejando a la voluntad del rocín la suya, el cual siguió su primer intento, +que fue el irse camino de su caballeriza. + +Y, habiendo andado como dos millas, descubrió don Quijote un grande tropel +de gente, que, como después se supo, eran unos mercaderes toledanos que +iban a comprar seda a Murcia. Eran seis, y venían con sus quitasoles, con +otros cuatro criados a caballo y tres mozos de mulas a pie. Apenas los +divisó don Quijote, cuando se imaginó ser cosa de nueva aventura; y, por +imitar en todo cuanto a él le parecía posible los pasos que había leído en +sus libros, le pareció venir allí de molde uno que pensaba hacer. Y así, +con gentil continente y denuedo, se afirmó bien en los estribos, apretó la +lanza, llegó la adarga al pecho, y, puesto en la mitad del camino, estuvo +esperando que aquellos caballeros andantes llegasen, que ya él por tales +los tenía y juzgaba; y, cuando llegaron a trecho que se pudieron ver y oír, +levantó don Quijote la voz, y con ademán arrogante dijo: + +— Todo el mundo se tenga, si todo el mundo no confiesa que no hay en el +mundo todo doncella más hermosa que la emperatriz de la Mancha, la sin par +Dulcinea del Toboso. + +Paráronse los mercaderes al son destas razones, y a ver la estraña figura +del que las decía; y, por la figura y por las razones, luego echaron de ver +la locura de su dueño; mas quisieron ver despacio en qué paraba aquella +confesión que se les pedía, y uno dellos, que era un poco burlón y muy +mucho discreto, le dijo: + +— Señor caballero, nosotros no conocemos quién sea esa buena señora que +decís; mostrádnosla: que si ella fuere de tanta hermosura como significáis, +de buena gana y sin apremio alguno confesaremos la verdad que por parte +vuestra nos es pedida. + +— Si os la mostrara —replicó don Quijote—, ¿qué hiciérades vosotros en +confesar una verdad tan notoria? La importancia está en que sin verla lo +habéis de creer, confesar, afirmar, jurar y defender; donde no, conmigo +sois en batalla, gente descomunal y soberbia. Que, ahora vengáis uno a uno, +como pide la orden de caballería, ora todos juntos, como es costumbre y +mala usanza de los de vuestra ralea, aquí os aguardo y espero, confiado en +la razón que de mi parte tengo. + +— Señor caballero —replicó el mercader—, suplico a vuestra merced, en nombre +de todos estos príncipes que aquí estamos, que, porque no encarguemos +nuestras conciencias confesando una cosa por nosotros jamás vista ni oída, +y más siendo tan en perjuicio de las emperatrices y reinas del Alcarria y +Estremadura, que vuestra merced sea servido de mostrarnos algún retrato de +esa señora, aunque sea tamaño como un grano de trigo; que por el hilo se +sacará el ovillo, y quedaremos con esto satisfechos y seguros, y vuestra +merced quedará contento y pagado; y aun creo que estamos ya tan de su parte +que, aunque su retrato nos muestre que es tuerta de un ojo y que del otro +le mana bermellón y piedra azufre, con todo eso, por complacer a vuestra +merced, diremos en su favor todo lo que quisiere. + +— No le mana, canalla infame —respondió don Quijote, encendido en cólera—; +no le mana, digo, eso que decís, sino ámbar y algalia entre algodones; y no +es tuerta ni corcovada, sino más derecha que un huso de Guadarrama. Pero +vosotros pagaréis la grande blasfemia que habéis dicho contra tamaña beldad +como es la de mi señora. + +Y, en diciendo esto, arremetió con la lanza baja contra el que lo había +dicho, con tanta furia y enojo que, si la buena suerte no hiciera que en la +mitad del camino tropezara y cayera Rocinante, lo pasara mal el atrevido +mercader. Cayó Rocinante, y fue rodando su amo una buena pieza por el +campo; y, queriéndose levantar, jamás pudo: tal embarazo le causaban la +lanza, adarga, espuelas y celada, con el peso de las antiguas armas. Y, +entretanto que pugnaba por levantarse y no podía, estaba diciendo: + +— ¡Non fuyáis, gente cobarde; gente cautiva, atended!; que no por culpa mía, +sino de mi caballo, estoy aquí tendido. + +Un mozo de mulas de los que allí venían, que no debía de ser muy bien +intencionado, oyendo decir al pobre caído tantas arrogancias, no lo pudo +sufrir sin darle la respuesta en las costillas. Y, llegándose a él, tomó la +lanza, y, después de haberla hecho pedazos, con uno dellos comenzó a dar a +nuestro don Quijote tantos palos que, a despecho y pesar de sus armas, le +molió como cibera. Dábanle voces sus amos que no le diese tanto y que le +dejase, pero estaba ya el mozo picado y no quiso dejar el juego hasta +envidar todo el resto de su cólera; y, acudiendo por los demás trozos de la +lanza, los acabó de deshacer sobre el miserable caído, que, con toda +aquella tempestad de palos que sobre él vía, no cerraba la boca, amenazando +al cielo y a la tierra, y a los malandrines, que tal le parecían. + +Cansóse el mozo, y los mercaderes siguieron su camino, llevando qué contar +en todo él del pobre apaleado. El cual, después que se vio solo, tornó a +probar si podía levantarse; pero si no lo pudo hacer cuando sano y bueno, +¿cómo lo haría molido y casi deshecho? Y aún se tenía por dichoso, +pareciéndole que aquélla era propia desgracia de caballeros andantes, y +toda la atribuía a la falta de su caballo, y no era posible levantarse, +según tenía brumado todo el cuerpo. + + + + +Capítulo V. Donde se prosigue la narración de la desgracia de nuestro +caballero + +Viendo, pues, que, en efeto, no podía menearse, acordó de acogerse a su +ordinario remedio, que era pensar en algún paso de sus libros; y trújole su +locura a la memoria aquel de Valdovinos y del marqués de Mantua, cuando +Carloto le dejó herido en la montiña, historia sabida de los niños, no +ignorada de los mozos, celebrada y aun creída de los viejos; y, con todo +esto, no más verdadera que los milagros de Mahoma. Ésta, pues, le pareció a +él que le venía de molde para el paso en que se hallaba; y así, con +muestras de grande sentimiento, se comenzó a volcar por la tierra y a decir +con debilitado aliento lo mesmo que dicen decía el herido caballero del +bosque: + +-¿Donde estás, señora mía, +que no te duele mi mal? +O no lo sabes, señora, +o eres falsa y desleal. + +Y, desta manera, fue prosiguiendo el romance hasta aquellos versos que +dicen: + +-¡Oh noble marqués de Mantua, +mi tío y señor carnal! + +Y quiso la suerte que, cuando llegó a este verso, acertó a pasar por allí +un labrador de su mesmo lugar y vecino suyo, que venía de llevar una carga +de trigo al molino; el cual, viendo aquel hombre allí tendido, se llegó a +él y le preguntó que quién era y qué mal sentía que tan tristemente se +quejaba. Don Quijote creyó, sin duda, que aquél era el marqués de Mantua, +su tío; y así, no le respondió otra cosa si no fue proseguir en su romance, +donde le daba cuenta de su desgracia y de los amores del hijo del Emperante +con su esposa, todo de la mesma manera que el romance lo canta. + +El labrador estaba admirado oyendo aquellos disparates; y, quitándole la +visera, que ya estaba hecha pedazos de los palos, le limpió el rostro, que +le tenía cubierto de polvo; y apenas le hubo limpiado, cuando le conoció y +le dijo: + +— Señor Quijana —que así se debía de llamar cuando él tenía juicio y no +había pasado de hidalgo sosegado a caballero andante—, ¿quién ha puesto a +vuestra merced desta suerte? + +Pero él seguía con su romance a cuanto le preguntaba. Viendo esto el buen +hombre, lo mejor que pudo le quitó el peto y espaldar, para ver si tenía +alguna herida; pero no vio sangre ni señal alguna. Procuró levantarle del +suelo, y no con poco trabajo le subió sobre su jumento, por parecer +caballería más sosegada. Recogió las armas, hasta las astillas de la lanza, +y liólas sobre Rocinante, al cual tomó de la rienda, y del cabestro al +asno, y se encaminó hacia su pueblo, bien pensativo de oír los disparates +que don Quijote decía; y no menos iba don Quijote, que, de puro molido y +quebrantado, no se podía tener sobre el borrico, y de cuando en cuando daba +unos suspiros que los ponía en el cielo; de modo que de nuevo obligó a que +el labrador le preguntase le dijese qué mal sentía; y no parece sino que el +diablo le traía a la memoria los cuentos acomodados a sus sucesos, porque, +en aquel punto, olvidándose de Valdovinos, se acordó del moro Abindarráez, +cuando el alcaide de Antequera, Rodrigo de Narváez, le prendió y llevó +cautivo a su alcaidía. De suerte que, cuando el labrador le volvió a +preguntar que cómo estaba y qué sentía, le respondió las mesmas palabras y +razones que el cautivo Abencerraje respondía a Rodrigo de Narváez, del +mesmo modo que él había leído la historia en La Diana, de Jorge de +Montemayor, donde se escribe; aprovechándose della tan a propósito, que el +labrador se iba dando al diablo de oír tanta máquina de necedades; por +donde conoció que su vecino estaba loco, y dábale priesa a llegar al +pueblo, por escusar el enfado que don Quijote le causaba con su larga +arenga. Al cabo de lo cual, dijo: + +— Sepa vuestra merced, señor don Rodrigo de Narváez, que esta hermosa Jarifa +que he dicho es ahora la linda Dulcinea del Toboso, por quien yo he hecho, +hago y haré los más famosos hechos de caballerías que se han visto, vean ni +verán en el mundo. + +A esto respondió el labrador: + +— Mire vuestra merced, señor, pecador de mí, que yo no soy don Rodrigo de +Narváez, ni el marqués de Mantua, sino Pedro Alonso, su vecino; ni vuestra +merced es Valdovinos, ni Abindarráez, sino el honrado hidalgo del señor +Quijana. + +— Yo sé quién soy —respondió don Quijote—; y sé que puedo ser no sólo los +que he dicho, sino todos los Doce Pares de Francia, y aun todos los Nueve +de la Fama, pues a todas las hazañas que ellos todos juntos y cada uno por +sí hicieron, se aventajarán las mías. + +En estas pláticas y en otras semejantes, llegaron al lugar a la hora que +anochecía, pero el labrador aguardó a que fuese algo más noche, porque no +viesen al molido hidalgo tan mal caballero. Llegada, pues, la hora que le +pareció, entró en el pueblo, y en la casa de don Quijote, la cual halló +toda alborotada; y estaban en ella el cura y el barbero del lugar, que eran +grandes amigos de don Quijote, que estaba diciéndoles su ama a voces: + +— ¿Qué le parece a vuestra merced, señor licenciado Pero Pérez —que así se +llamaba el cura—, de la desgracia de mi señor? Tres días ha que no parecen +él, ni el rocín, ni la adarga, ni la lanza ni las armas. ¡Desventurada de +mí!, que me doy a entender, y así es ello la verdad como nací para morir, +que estos malditos libros de caballerías que él tiene y suele leer tan de +ordinario le han vuelto el juicio; que ahora me acuerdo haberle oído decir +muchas veces, hablando entre sí, que quería hacerse caballero andante e +irse a buscar las aventuras por esos mundos. Encomendados sean a Satanás y +a Barrabás tales libros, que así han echado a perder el más delicado +entendimiento que había en toda la Mancha. + +La sobrina decía lo mesmo, y aun decía más: + +— Sepa, señor maese Nicolás —que éste era el nombre del barbero—, que muchas +veces le aconteció a mi señor tío estarse leyendo en estos desalmados +libros de desventuras dos días con sus noches, al cabo de los cuales, +arrojaba el libro de las manos, y ponía mano a la espada y andaba a +cuchilladas con las paredes; y cuando estaba muy cansado, decía que había +muerto a cuatro gigantes como cuatro torres, y el sudor que sudaba del +cansancio decía que era sangre de las feridas que había recebido en la +batalla; y bebíase luego un gran jarro de agua fría, y quedaba sano y +sosegado, diciendo que aquella agua era una preciosísima bebida que le +había traído el sabio Esquife, un grande encantador y amigo suyo. Mas yo me +tengo la culpa de todo, que no avisé a vuestras mercedes de los disparates +de mi señor tío, para que lo remediaran antes de llegar a lo que ha +llegado, y quemaran todos estos descomulgados libros, que tiene muchos, que +bien merecen ser abrasados, como si fuesen de herejes. + +— Esto digo yo también —dijo el cura—, y a fee que no se pase el día de +mañana sin que dellos no se haga acto público y sean condenados al fuego, +porque no den ocasión a quien los leyere de hacer lo que mi buen amigo debe +de haber hecho. + +Todo esto estaban oyendo el labrador y don Quijote, con que acabó de +entender el labrador la enfermedad de su vecino; y así, comenzó a decir a +voces: + +— Abran vuestras mercedes al señor Valdovinos y al señor marqués de Mantua, +que viene malferido, y al señor moro Abindarráez, que trae cautivo el +valeroso Rodrigo de Narváez, alcaide de Antequera. + +A estas voces salieron todos, y, como conocieron los unos a su amigo, las +otras a su amo y tío, que aún no se había apeado del jumento, porque no +podía, corrieron a abrazarle. Él dijo: + +— Ténganse todos, que vengo malferido por la culpa de mi caballo. Llévenme a +mi lecho y llámese, si fuere posible, a la sabia Urganda, que cure y cate +de mis feridas. + +— ¡Mirá, en hora maza —dijo a este punto el ama—, si me decía a mí bien mi +corazón del pie que cojeaba mi señor! Suba vuestra merced en buen hora, +que, sin que venga esa Hurgada, le sabremos aquí curar. ¡Malditos, digo, +sean otra vez y otras ciento estos libros de caballerías, que tal han +parado a vuestra merced! + +Lleváronle luego a la cama, y, catándole las feridas, no le hallaron +ninguna; y él dijo que todo era molimiento, por haber dado una gran caída +con Rocinante, su caballo, combatiéndose con diez jayanes, los más +desaforados y atrevidos que se pudieran fallar en gran parte de la tierra. + +— ¡Ta, ta! —dijo el cura—. ¿Jayanes hay en la danza? Para mi santiguada, que +yo los queme mañana antes que llegue la noche. + +Hiciéronle a don Quijote mil preguntas, y a ninguna quiso responder otra +cosa sino que le diesen de comer y le dejasen dormir, que era lo que más le +importaba. Hízose así, y el cura se informó muy a la larga del labrador del +modo que había hallado a don Quijote. Él se lo contó todo, con los +disparates que al hallarle y al traerle había dicho; que fue poner más +deseo en el licenciado de hacer lo que otro día hizo, que fue llamar a su +amigo el barbero maese Nicolás, con el cual se vino a casa de don Quijote, + + + + +Capítulo VI. Del donoso y grande escrutinio que el cura y el barbero +hicieron en la librería de nuestro ingenioso hidalgo + +el cual aún todavía dormía. Pidió las llaves, a la sobrina, del aposento +donde estaban los libros, autores del daño, y ella se las dio de muy buena +gana. Entraron dentro todos, y la ama con ellos, y hallaron más de cien +cuerpos de libros grandes, muy bien encuadernados, y otros pequeños; y, así +como el ama los vio, volvióse a salir del aposento con gran priesa, y tornó +luego con una escudilla de agua bendita y un hisopo, y dijo: + +— Tome vuestra merced, señor licenciado: rocíe este aposento, no esté aquí +algún encantador de los muchos que tienen estos libros, y nos encanten, en +pena de las que les queremos dar echándolos del mundo. + +Causó risa al licenciado la simplicidad del ama, y mandó al barbero que le +fuese dando de aquellos libros uno a uno, para ver de qué trataban, pues +podía ser hallar algunos que no mereciesen castigo de fuego. + +— No —dijo la sobrina—, no hay para qué perdonar a ninguno, porque todos han +sido los dañadores; mejor será arrojarlos por las ventanas al patio, y +hacer un rimero dellos y pegarles fuego; y si no, llevarlos al corral, y +allí se hará la hoguera, y no ofenderá el humo. + +Lo mismo dijo el ama: tal era la gana que las dos tenían de la muerte de +aquellos inocentes; mas el cura no vino en ello sin primero leer siquiera +los títulos. Y el primero que maese Nicolás le dio en las manos fue Los +cuatro de Amadís de Gaula, y dijo el cura: + +— Parece cosa de misterio ésta; porque, según he oído decir, este libro fue +el primero de caballerías que se imprimió en España, y todos los demás han +tomado principio y origen déste; y así, me parece que, como a dogmatizador +de una secta tan mala, le debemos, sin escusa alguna, condenar al fuego. + +— No, señor —dijo el barbero—, que también he oído decir que es el mejor de +todos los libros que de este género se han compuesto; y así, como a único +en su arte, se debe perdonar. + +— Así es verdad —dijo el cura—, y por esa razón se le otorga la vida por +ahora. Veamos esotro que está junto a él. + +— Es —dijo el barbero— las Sergas de Esplandián, hijo legítimo de Amadís de +Gaula. + +— Pues, en verdad —dijo el cura— que no le ha de valer al hijo la bondad del +padre. Tomad, señora ama: abrid esa ventana y echadle al corral, y dé +principio al montón de la hoguera que se ha de hacer. + +Hízolo así el ama con mucho contento, y el bueno de Esplandián fue volando +al corral, esperando con toda paciencia el fuego que le amenazaba. + +— Adelante —dijo el cura. + +— Este que viene —dijo el barbero— es Amadís de Grecia; y aun todos los +deste lado, a lo que creo, son del mesmo linaje de Amadís. + +— Pues vayan todos al corral —dijo el cura—; que, a trueco de quemar a la +reina Pintiquiniestra, y al pastor Darinel, y a sus églogas, y a las +endiabladas y revueltas razones de su autor, quemaré con ellos al padre que +me engendró, si anduviera en figura de caballero andante. + +— De ese parecer soy yo —dijo el barbero. + +— Y aun yo —añadió la sobrina. + +— Pues así es —dijo el ama—, vengan, y al corral con ellos. + +Diéronselos, que eran muchos, y ella ahorró la escalera y dio con ellos por +la ventana abajo. + +— ¿Quién es ese tonel? —dijo el cura. + +— Éste es —respondió el barbero— Don Olivante de Laura. + +— El autor de ese libro —dijo el cura— fue el mesmo que compuso a Jardín de +flores; y en verdad que no sepa determinar cuál de los dos libros es más +verdadero, o, por decir mejor, menos mentiroso; sólo sé decir que éste irá +al corral por disparatado y arrogante. + +— Éste que se sigue es Florimorte de Hircania —dijo el barbero. + +— ¿Ahí está el señor Florimorte? —replicó el cura—. Pues a fe que ha de +parar presto en el corral, a pesar de su estraño nacimiento y sonadas +aventuras; que no da lugar a otra cosa la dureza y sequedad de su estilo. +Al corral con él y con esotro, señora ama. + +— Que me place, señor mío —respondía ella; y con mucha alegría ejecutaba lo +que le era mandado. + +— Éste es El Caballero Platir —dijo el barbero. + +— Antiguo libro es éste —dijo el cura—, y no hallo en él cosa que merezca +venia. Acompañe a los demás sin réplica. + +Y así fue hecho. Abrióse otro libro y vieron que tenía por título El +Caballero de la Cruz. + +— Por nombre tan santo como este libro tiene, se podía perdonar su +ignorancia; mas también se suele decir: "tras la cruz está el diablo"; vaya +al fuego. + +Tomando el barbero otro libro, dijo: + +— Éste es Espejo de caballerías. + +— Ya conozco a su merced —dijo el cura—. Ahí anda el señor Reinaldos de +Montalbán con sus amigos y compañeros, más ladrones que Caco, y los doce +Pares, con el verdadero historiador Turpín; y en verdad que estoy por +condenarlos no más que a destierro perpetuo, siquiera porque tienen parte +de la invención del famoso Mateo Boyardo, de donde también tejió su tela el +cristiano poeta Ludovico Ariosto; al cual, si aquí le hallo, y que habla en +otra lengua que la suya, no le guardaré respeto alguno; pero si habla en su +idioma, le pondré sobre mi cabeza. + +— Pues yo le tengo en italiano —dijo el barbero—, mas no le entiendo. + +— Ni aun fuera bien que vos le entendiérades —respondió el cura—, y aquí le +perdonáramos al señor capitán que no le hubiera traído a España y hecho +castellano; que le quitó mucho de su natural valor, y lo mesmo harán todos +aquellos que los libros de verso quisieren volver en otra lengua: que, por +mucho cuidado que pongan y habilidad que muestren, jamás llegarán al punto +que ellos tienen en su primer nacimiento. Digo, en efeto, que este libro, y +todos los que se hallaren que tratan destas cosas de Francia, se echen y +depositen en un pozo seco, hasta que con más acuerdo se vea lo que se ha de +hacer dellos, ecetuando a un Bernardo del Carpio que anda por ahí y a otro +llamado Roncesvalles; que éstos, en llegando a mis manos, han de estar en +las del ama, y dellas en las del fuego, sin remisión alguna. + +Todo lo confirmó el barbero, y lo tuvo por bien y por cosa muy acertada, +por entender que era el cura tan buen cristiano y tan amigo de la verdad, +que no diría otra cosa por todas las del mundo. Y, abriendo otro libro, vio +que era Palmerín de Oliva, y junto a él estaba otro que se llamaba Palmerín +de Ingalaterra; lo cual visto por el licenciado, dijo: + +— Esa oliva se haga luego rajas y se queme, que aun no queden della las +cenizas; y esa palma de Ingalaterra se guarde y se conserve como a cosa +única, y se haga para ello otra caja como la que halló Alejandro en los +despojos de Dario, que la diputó para guardar en ella las obras del poeta +Homero. Este libro, señor compadre, tiene autoridad por dos cosas: la una, +porque él por sí es muy bueno, y la otra, porque es fama que le compuso un +discreto rey de Portugal. Todas las aventuras del castillo de Miraguarda +son bonísimas y de grande artificio; las razones, cortesanas y claras, que +guardan y miran el decoro del que habla con mucha propriedad y +entendimiento. Digo, pues, salvo vuestro buen parecer, señor maese Nicolás, +que éste y Amadís de Gaula queden libres del fuego, y todos los demás, sin +hacer más cala y cata, perezcan. + +— No, señor compadre —replicó el barbero—; que éste que aquí tengo es el +afamado Don Belianís. + +— Pues ése —replicó el cura—, con la segunda, tercera y cuarta parte, tienen +necesidad de un poco de ruibarbo para purgar la demasiada cólera suya, y es +menester quitarles todo aquello del castillo de la Fama y otras +impertinencias de más importancia, para lo cual se les da término +ultramarino, y como se enmendaren, así se usará con ellos de misericordia o +de justicia; y en tanto, tenedlos vos, compadre, en vuestra casa, mas no +los dejéis leer a ninguno. + +— Que me place —respondió el barbero. + +Y, sin querer cansarse más en leer libros de caballerías, mandó al ama que +tomase todos los grandes y diese con ellos en el corral. No se dijo a tonta +ni a sorda, sino a quien tenía más gana de quemallos que de echar una tela, +por grande y delgada que fuera; y, asiendo casi ocho de una vez, los arrojó +por la ventana. Por tomar muchos juntos, se le cayó uno a los pies del +barbero, que le tomó gana de ver de quién era, y vio que decía: Historia +del famoso caballero Tirante el Blanco. + +— ¡Válame Dios! —dijo el cura, dando una gran voz—. ¡Que aquí esté Tirante +el Blanco! Dádmele acá, compadre; que hago cuenta que he hallado en él un +tesoro de contento y una mina de pasatiempos. Aquí está don Quirieleisón de +Montalbán, valeroso caballero, y su hermano Tomás de Montalbán, y el +caballero Fonseca, con la batalla que el valiente de Tirante hizo con el +alano, y las agudezas de la doncella Placerdemivida, con los amores y +embustes de la viuda Reposada, y la señora Emperatriz, enamorada de +Hipólito, su escudero. Dígoos verdad, señor compadre, que, por su estilo, +es éste el mejor libro del mundo: aquí comen los caballeros, y duermen, y +mueren en sus camas, y hacen testamento antes de su muerte, con estas cosas +de que todos los demás libros deste género carecen. Con todo eso, os digo +que merecía el que le compuso, pues no hizo tantas necedades de industria, +que le echaran a galeras por todos los días de su vida. Llevadle a casa y +leedle, y veréis que es verdad cuanto dél os he dicho. + +— Así será —respondió el barbero—; pero, ¿qué haremos destos pequeños libros +que quedan? + +— Éstos —dijo el cura— no deben de ser de caballerías, sino de poesía. + +Y abriendo uno, vio que era La Diana, de Jorge de Montemayor, y dijo, +creyendo que todos los demás eran del mesmo género: + +— Éstos no merecen ser quemados, como los demás, porque no hacen ni harán el +daño que los de caballerías han hecho; que son libros de entendimiento, sin +perjuicio de tercero. + +— ¡Ay señor! —dijo la sobrina—, bien los puede vuestra merced mandar quemar, +como a los demás, porque no sería mucho que, habiendo sanado mi señor tío +de la enfermedad caballeresca, leyendo éstos, se le antojase de hacerse +pastor y andarse por los bosques y prados cantando y tañendo; y, lo que +sería peor, hacerse poeta; que, según dicen, es enfermedad incurable y +pegadiza. + +— Verdad dice esta doncella —dijo el cura—, y será bien quitarle a nuestro +amigo este tropiezo y ocasión delante. Y, pues comenzamos por La Diana de +Montemayor, soy de parecer que no se queme, sino que se le quite todo +aquello que trata de la sabia Felicia y de la agua encantada, y casi todos +los versos mayores, y quédesele en hora buena la prosa, y la honra de ser +primero en semejantes libros. + +— Éste que se sigue —dijo el barbero— es La Diana llamada segunda del +Salmantino; y éste, otro que tiene el mesmo nombre, cuyo autor es Gil Polo. + +— Pues la del Salmantino —respondió el cura—, acompañe y acreciente el +número de los condenados al corral, y la de Gil Polo se guarde como si +fuera del mesmo Apolo; y pase adelante, señor compadre, y démonos prisa, +que se va haciendo tarde. + +— Este libro es —dijo el barbero, abriendo otro— Los diez libros de Fortuna +de Amor, compuestos por Antonio de Lofraso, poeta sardo. + +— Por las órdenes que recebí —dijo el cura—, que, desde que Apolo fue Apolo, +y las musas musas, y los poetas poetas, tan gracioso ni tan disparatado +libro como ése no se ha compuesto, y que, por su camino, es el mejor y el +más único de cuantos deste género han salido a la luz del mundo; y el que +no le ha leído puede hacer cuenta que no ha leído jamás cosa de gusto. +Dádmele acá, compadre, que precio más haberle hallado que si me dieran una +sotana de raja de Florencia. + +Púsole aparte con grandísimo gusto, y el barbero prosiguió diciendo: + +— Estos que se siguen son El Pastor de Iberia, Ninfas de Henares y +Desengaños de celos. + +— Pues no hay más que hacer —dijo el cura—, sino entregarlos al brazo seglar +del ama; y no se me pregunte el porqué, que sería nunca acabar. + +— Este que viene es El Pastor de Fílida. + +— No es ése pastor —dijo el cura—, sino muy discreto cortesano; guárdese +como joya preciosa. + +— Este grande que aquí viene se intitula —dijo el barbero— Tesoro de varias +poesías. + +— Como ellas no fueran tantas —dijo el cura—, fueran más estimadas; menester +es que este libro se escarde y limpie de algunas bajezas que entre sus +grandezas tiene. Guárdese, porque su autor es amigo mío, y por respeto de +otras más heroicas y levantadas obras que ha escrito. + +— Éste es —siguió el barbero— El Cancionero de López Maldonado. + +— También el autor de ese libro —replicó el cura— es grande amigo mío, y sus +versos en su boca admiran a quien los oye; y tal es la suavidad de la voz +con que los canta, que encanta. Algo largo es en las églogas, pero nunca lo +bueno fue mucho: guárdese con los escogidos. Pero, ¿qué libro es ese que +está junto a él? + +— La Galatea, de Miguel de Cervantes —dijo el barbero. + +— Muchos años ha que es grande amigo mío ese Cervantes, y sé que es más +versado en desdichas que en versos. Su libro tiene algo de buena invención; +propone algo, y no concluye nada: es menester esperar la segunda parte que +promete; quizá con la emienda alcanzará del todo la misericordia que ahora +se le niega; y, entre tanto que esto se ve, tenedle recluso en vuestra +posada, señor compadre. + +— Que me place —respondió el barbero—. Y aquí vienen tres, todos juntos: La +Araucana, de don Alonso de Ercilla; La Austríada, de Juan Rufo, jurado de +Córdoba, y El Monserrato, de Cristóbal de Virués, poeta valenciano. + +— Todos esos tres libros —dijo el cura— son los mejores que, en verso +heroico, en lengua castellana están escritos, y pueden competir con los más +famosos de Italia: guárdense como las más ricas prendas de poesía que tiene +España. + +Cansóse el cura de ver más libros; y así, a carga cerrada, quiso que todos +los demás se quemasen; pero ya tenía abierto uno el barbero, que se llamaba +Las lágrimas de Angélica. + +— Lloráralas yo —dijo el cura en oyendo el nombre— si tal libro hubiera +mandado quemar; porque su autor fue uno de los famosos poetas del mundo, no +sólo de España, y fue felicísimo en la tradución de algunas fábulas de +Ovidio. + + + + +Capítulo VII. De la segunda salida de nuestro buen caballero don Quijote de +la Mancha + +Estando en esto, comenzó a dar voces don Quijote, diciendo: + +— Aquí, aquí, valerosos caballeros; aquí es menester mostrar la fuerza de +vuestros valerosos brazos, que los cortesanos llevan lo mejor del torneo. + +Por acudir a este ruido y estruendo, no se pasó adelante con el escrutinio +de los demás libros que quedaban; y así, se cree que fueron al fuego, sin +ser vistos ni oídos, La Carolea y León de España, con Los Hechos del +Emperador, compuestos por don Luis de Ávila, que, sin duda, debían de estar +entre los que quedaban; y quizá, si el cura los viera, no pasaran por tan +rigurosa sentencia. + +Cuando llegaron a don Quijote, ya él estaba levantado de la cama, y +proseguía en sus voces y en sus desatinos, dando cuchilladas y reveses a +todas partes, estando tan despierto como si nunca hubiera dormido. +Abrazáronse con él, y por fuerza le volvieron al lecho; y, después que hubo +sosegado un poco, volviéndose a hablar con el cura, le dijo: + +— Por cierto, señor arzobispo Turpín, que es gran mengua de los que nos +llamamos doce Pares dejar, tan sin más ni más, llevar la vitoria deste +torneo a los caballeros cortesanos, habiendo nosotros los aventureros +ganado el prez en los tres días antecedentes. + +— Calle vuestra merced, señor compadre —dijo el cura—, que Dios será servido +que la suerte se mude, y que lo que hoy se pierde se gane mañana; y atienda +vuestra merced a su salud por agora, que me parece que debe de estar +demasiadamente cansado, si ya no es que está malferido. + +— Ferido no —dijo don Quijote—, pero molido y quebrantado, no hay duda en +ello; porque aquel bastardo de don Roldán me ha molido a palos con el +tronco de una encina, y todo de envidia, porque ve que yo solo soy el +opuesto de sus valentías. Mas no me llamaría yo Reinaldos de Montalbán si, +en levantándome deste lecho, no me lo pagare, a pesar de todos sus +encantamentos; y, por agora, tráiganme de yantar, que sé que es lo que más +me hará al caso, y quédese lo del vengarme a mi cargo. + +Hiciéronlo ansí: diéronle de comer, y quedóse otra vez dormido, y ellos, +admirados de su locura. + +Aquella noche quemó y abrasó el ama cuantos libros había en el corral y en +toda la casa, y tales debieron de arder que merecían guardarse en perpetuos +archivos; mas no lo permitió su suerte y la pereza del escrutiñador; y así, +se cumplió el refrán en ellos de que pagan a las veces justos por +pecadores. + +Uno de los remedios que el cura y el barbero dieron, por entonces, para el +mal de su amigo, fue que le murasen y tapiasen el aposento de los libros, +porque cuando se levantase no los hallase —quizá quitando la causa, cesaría +el efeto—, y que dijesen que un encantador se los había llevado, y el +aposento y todo; y así fue hecho con mucha presteza. De allí a dos días se +levantó don Quijote, y lo primero que hizo fue ir a + +ver sus libros; y, como no hallaba el aposento donde le había dejado, +andaba de una en otra parte buscándole. Llegaba adonde solía tener la +puerta, y tentábala con las manos, y volvía y revolvía los ojos por todo, +sin decir palabra; pero, al cabo de una buena pieza, preguntó a su ama que +hacia qué parte estaba el aposento de sus libros. El ama, que ya estaba +bien advertida de lo que había de responder, le dijo: + +— ¿Qué aposento, o qué nada, busca vuestra merced? Ya no hay aposento ni +libros en esta casa, porque todo se lo llevó el mesmo diablo. + +— No era diablo —replicó la sobrina—, sino un encantador que vino sobre una +nube una noche, después del día que vuestra merced de aquí se partió, y, +apeándose de una sierpe en que venía caballero, entró en el aposento, y no +sé lo que se hizo dentro, que a cabo de poca pieza salió volando por el +tejado, y dejó la casa llena de humo; y, cuando acordamos a mirar lo que +dejaba hecho, no vimos libro ni aposento alguno; sólo se nos acuerda muy +bien a mí y al ama que, al tiempo del partirse aquel mal viejo, dijo en +altas voces que, por enemistad secreta que tenía al dueño de aquellos +libros y aposento, dejaba hecho el daño en aquella casa que después se +vería. Dijo también que se llamaba el sabio Muñatón. + +— Frestón diría —dijo don Quijote. + +— No sé —respondió el ama— si se llamaba Frestón o Fritón; sólo sé que acabó +en tón su nombre. + +— Así es —dijo don Quijote—; que ése es un sabio encantador, grande enemigo +mío, que me tiene ojeriza, porque sabe por sus artes y letras que tengo de +venir, andando los tiempos, a pelear en singular batalla con un caballero a +quien él favorece, y le tengo de vencer, sin que él lo pueda estorbar, y +por esto procura hacerme todos los sinsabores que puede; y mándole yo que +mal podrá él contradecir ni evitar lo que por el cielo está ordenado. + +— ¿Quién duda de eso? —dijo la sobrina—. Pero, ¿quién le mete a vuestra +merced, señor tío, en esas pendencias? ¿No será mejor estarse pacífico en +su casa y no irse por el mundo a buscar pan de trastrigo, sin considerar +que muchos van por lana y vuelven tresquilados? + +— ¡Oh sobrina mía —respondió don Quijote—, y cuán mal que estás en la +cuenta! Primero que a mí me tresquilen, tendré peladas y quitadas las +barbas a cuantos imaginaren tocarme en la punta de un solo cabello. + +No quisieron las dos replicarle más, porque vieron que se le encendía la +cólera. + +Es, pues, el caso que él estuvo quince días en casa muy sosegado, sin dar +muestras de querer segundar sus primeros devaneos, en los cuales días pasó +graciosísimos cuentos con sus dos compadres el cura y el barbero, sobre que +él decía que la cosa de que más necesidad tenía el mundo era de caballeros +andantes y de que en él se resucitase la caballería andantesca. El cura +algunas veces le contradecía y otras concedía, porque si no guardaba este +artificio, no había poder averiguarse con él. + +En este tiempo, solicitó don Quijote a un labrador vecino suyo, hombre de +bien —si es que este título se puede dar al que es pobre—, pero de muy poca +sal en la mollera. En resolución, tanto le dijo, tanto le persuadió y +prometió, que el pobre villano se determinó de salirse con él y servirle de +escudero. Decíale, entre otras cosas, don Quijote que se dispusiese a ir +con él de buena gana, porque tal vez le podía suceder aventura que ganase, +en quítame allá esas pajas, alguna ínsula, y le dejase a él por gobernador +della. Con estas promesas y otras tales, Sancho Panza, que así se llamaba +el labrador, dejó su mujer y hijos y asentó por escudero de su vecino. + +Dio luego don Quijote orden en buscar dineros; y, vendiendo una cosa y +empeñando otra, y malbaratándolas todas, llegó una razonable cantidad. +Acomodóse asimesmo de una rodela, que pidió prestada a un su amigo, y, +pertrechando su rota celada lo mejor que pudo, avisó a su escudero Sancho +del día y la hora que pensaba ponerse en camino, para que él se acomodase +de lo que viese que más le era menester. Sobre todo le encargó que llevase +alforjas; e dijo que sí llevaría, y que ansimesmo pensaba llevar un asno +que tenía muy bueno, porque él no estaba duecho a andar mucho a pie. En lo +del asno reparó un poco don Quijote, imaginando si se le acordaba si algún +caballero andante había traído escudero caballero asnalmente, pero nunca le +vino alguno a la memoria; mas, con todo esto, determinó que le llevase, con +presupuesto de acomodarle de más honrada caballería en habiendo ocasión +para ello, quitándole el caballo al primer descortés caballero que topase. +Proveyóse de camisas y de las demás cosas que él pudo, conforme al consejo +que el ventero le había dado; todo lo cual hecho y cumplido, sin despedirse +Panza de sus hijos y mujer, ni don Quijote de su ama y sobrina, una noche +se salieron del lugar sin que persona los viese; en la cual caminaron +tanto, que al amanecer se tuvieron por seguros de que no los hallarían +aunque los buscasen. + +Iba Sancho Panza sobre su jumento como un patriarca, con sus alforjas y su +bota, y con mucho deseo de verse ya gobernador de la ínsula que su amo le +había prometido. Acertó don Quijote a tomar la misma derrota y camino que +el que él había tomado en su primer viaje, que fue por el campo de Montiel, +por el cual caminaba con menos pesadumbre que la vez pasada, porque, por +ser la hora de la mañana y herirles a soslayo los rayos del sol, no les +fatigaban. Dijo en esto Sancho Panza a su amo: + +— Mire vuestra merced, señor caballero andante, que no se le olvide lo que +de la ínsula me tiene prometido; que yo la sabré gobernar, por grande que +sea. + +A lo cual le respondió don Quijote: + +— Has de saber, amigo Sancho Panza, que fue costumbre muy usada de los +caballeros andantes antiguos hacer gobernadores a sus escuderos de las +ínsulas o reinos que ganaban, y yo tengo determinado de que por mí no falte +tan agradecida usanza; antes, pienso aventajarme en ella: porque ellos +algunas veces, y quizá las más, esperaban a que sus escuderos fuesen +viejos; y, ya después de hartos de servir y de llevar malos días y peores +noches, les daban algún título de conde, o, por lo mucho, de marqués, de +algún valle o provincia de poco más a menos; pero, si tú vives y yo vivo, +bien podría ser que antes de seis días ganase yo tal reino que tuviese +otros a él adherentes, que viniesen de molde para coronarte por rey de uno +dellos. Y no lo tengas a mucho, que cosas y casos acontecen a los tales +caballeros, por modos tan nunca vistos ni pensados, que con facilidad te +podría dar aún más de lo que te prometo. + +— De esa manera —respondió Sancho Panza—, si yo fuese rey por algún milagro +de los que vuestra merced dice, por lo menos, Juana Gutiérrez, mi oíslo, +vendría a ser reina, y mis hijos infantes. + +— Pues, ¿quién lo duda? —respondió don Quijote. + +— Yo lo dudo —replicó Sancho Panza—; porque tengo para mí que, aunque +lloviese Dios reinos sobre la tierra, ninguno asentaría bien sobre la +cabeza de Mari Gutiérrez. Sepa, señor, que no vale dos maravedís para +reina; condesa le caerá mejor, y aun Dios y ayuda. + +— Encomiéndalo tú a Dios, Sancho —respondió don Quijote—, que Él dará lo que +más le convenga, pero no apoques tu ánimo tanto, que te vengas a contentar +con menos que con ser adelantado. + +— No lo haré, señor mío —respondió Sancho—; y más teniendo tan principal amo +en vuestra merced, que me sabrá dar todo aquello que me esté bien y yo +pueda llevar. + + + + +Capítulo VIII. Del buen suceso que el valeroso don Quijote tuvo en la +espantable y jamás imaginada aventura de los molinos de viento, con otros +sucesos dignos de felice recordación + +En esto, descubrieron treinta o cuarenta molinos de viento que hay en aquel +campo; y, así como don Quijote los vio, dijo a su escudero: + +— La ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertáramos a desear, +porque ves allí, amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta, o pocos +más, desaforados gigantes, con quien pienso hacer batalla y quitarles a +todos las vidas, con cuyos despojos comenzaremos a enriquecer; que ésta es +buena guerra, y es gran servicio de Dios quitar tan mala simiente de sobre +la faz de la tierra. + +— ¿Qué gigantes? —dijo Sancho Panza. + +— Aquellos que allí ves —respondió su amo— de los brazos largos, que los +suelen tener algunos de casi dos leguas. + +— Mire vuestra merced —respondió Sancho— que aquellos que allí se parecen no +son gigantes, sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son +las aspas, que, volteadas del viento, hacen andar la piedra del molino. + +— Bien parece —respondió don Quijote— que no estás cursado en esto de las +aventuras: ellos son gigantes; y si tienes miedo, quítate de ahí, y ponte +en oración en el espacio que yo voy a entrar con ellos en fiera y desigual +batalla. + +Y, diciendo esto, dio de espuelas a su caballo Rocinante, sin atender a las +voces que su escudero Sancho le daba, advirtiéndole que, sin duda alguna, +eran molinos de viento, y no gigantes, aquellos que iba a acometer. Pero él +iba tan puesto en que eran gigantes, que ni oía las voces de su escudero +Sancho ni echaba de ver, aunque estaba ya bien cerca, lo que eran; antes, +iba diciendo en voces altas: + +— Non fuyades, cobardes y viles criaturas, que un solo caballero es el que +os acomete. + +Levantóse en esto un poco de viento y las grandes aspas comenzaron a +moverse, lo cual visto por don Quijote, dijo: + +— Pues, aunque mováis más brazos que los del gigante Briareo, me lo habéis +de pagar. + +Y, en diciendo esto, y encomendándose de todo corazón a su señora Dulcinea, +pidiéndole que en tal trance le socorriese, bien cubierto de su rodela, con +la lanza en el ristre, arremetió a todo el galope de Rocinante y embistió +con el primero molino que estaba delante; y, dándole una lanzada en el +aspa, la volvió el viento con tanta furia que hizo la lanza pedazos, +llevándose tras sí al caballo y al caballero, que fue rodando muy maltrecho +por el campo. Acudió Sancho Panza a socorrerle, a todo el correr de su +asno, y cuando llegó halló que no se podía menear: tal fue el golpe que dio +con él Rocinante. + +— ¡Válame Dios! —dijo Sancho—. ¿No le dije yo a vuestra merced que mirase +bien lo que hacía, que no eran sino molinos de viento, y no lo podía +ignorar sino quien llevase otros tales en la cabeza? + +— Calla, amigo Sancho —respondió don Quijote—, que las cosas de la guerra, +más que otras, están sujetas a continua mudanza; cuanto más, que yo pienso, +y es así verdad, que aquel sabio Frestón que me robó el aposento y los +libros ha vuelto estos gigantes en molinos por quitarme la gloria de su +vencimiento: tal es la enemistad que me tiene; mas, al cabo al cabo, han de +poder poco sus malas artes contra la bondad de mi espada. + +— Dios lo haga como puede —respondió Sancho Panza. + +Y, ayudándole a levantar, tornó a subir sobre Rocinante, que medio +despaldado estaba. Y, hablando en la pasada aventura, siguieron el camino +del Puerto Lápice, porque allí decía don Quijote que no era posible dejar +de hallarse muchas y diversas aventuras, por ser lugar muy pasajero; sino +que iba muy pesaroso por haberle faltado la lanza; y, diciéndoselo a su +escudero, le dijo: + +— Yo me acuerdo haber leído que un caballero español, llamado Diego Pérez de +Vargas, habiéndosele en una batalla roto la espada, desgajó de una encina +un pesado ramo o tronco, y con él hizo tales cosas aquel día, y machacó +tantos moros, que le quedó por sobrenombre Machuca, y así él como sus +decendientes se llamaron, desde aquel día en adelante, Vargas y Machuca. +Hete dicho esto, porque de la primera encina o roble que se me depare +pienso desgajar otro tronco tal y tan bueno como aquél, que me imagino y +pienso hacer con él tales hazañas, que tú te tengas por bien afortunado de +haber merecido venir a vellas y a ser testigo de cosas que apenas podrán +ser creídas. + +— A la mano de Dios —dijo Sancho—; yo lo creo todo así como vuestra merced +lo dice; pero enderécese un poco, que parece que va de medio lado, y debe +de ser del molimiento de la caída. + +— Así es la verdad —respondió don Quijote—; y si no me quejo del dolor, es +porque no es dado a los caballeros andantes quejarse de herida alguna, +aunque se le salgan las tripas por ella. + +— Si eso es así, no tengo yo qué replicar —respondió Sancho—, pero sabe Dios +si yo me holgara que vuestra merced se quejara cuando alguna cosa le +doliera. De mí sé decir que me he de quejar del más pequeño dolor que +tenga, si ya no se entiende también con los escuderos de los caballeros +andantes eso del no quejarse. + +No se dejó de reír don Quijote de la simplicidad de su escudero; y así, le +declaró que podía muy bien quejarse, como y cuando quisiese, sin gana o con +ella; que hasta entonces no había leído cosa en contrario en la orden de +caballería. Díjole Sancho que mirase que era hora de comer. Respondióle su +amo que por entonces no le hacía menester; que comiese él cuando se le +antojase. Con esta licencia, se acomodó Sancho lo mejor que pudo sobre su +jumento, y, sacando de las alforjas lo que en ellas había puesto, iba +caminando y comiendo detrás de su amo muy de su espacio, y de cuando en +cuando empinaba la bota, con tanto gusto, que le pudiera envidiar el más +regalado bodegonero de Málaga. Y, en tanto que él iba de aquella manera +menudeando tragos, no se le acordaba de ninguna promesa que su amo le +hubiese hecho, ni tenía por ningún trabajo, sino por mucho descanso, andar +buscando las aventuras, por peligrosas que fuesen. + +En resolución, aquella noche la pasaron entre unos árboles, y del uno +dellos desgajó don Quijote un ramo seco que casi le podía servir de lanza, +y puso en él el hierro que quitó de la que se le había quebrado. Toda +aquella noche no durmió don Quijote, pensando en su señora Dulcinea, por +acomodarse a lo que había leído en sus libros, cuando los caballeros +pasaban sin dormir muchas noches en las florestas y despoblados, +entretenidos con las memorias de sus señoras. No la pasó ansí Sancho Panza, +que, como tenía el estómago lleno, y no de agua de chicoria, de un sueño se +la llevó toda; y no fueran parte para despertarle, si su amo no lo llamara, +los rayos del sol, que le daban en el rostro, ni el canto de las aves, que, +muchas y muy regocijadamente, la venida del nuevo día saludaban. Al +levantarse dio un tiento a la bota, y hallóla algo más flaca que la noche +antes; y afligiósele el corazón, por parecerle que no llevaban camino de +remediar tan presto su falta. No quiso desayunarse don Quijote, porque, +como está dicho, dio en sustentarse de sabrosas memorias. Tornaron a su +comenzado camino del Puerto Lápice, y a obra de las tres del día le +descubrieron. + +— Aquí —dijo, en viéndole, don Quijote— podemos, hermano Sancho Panza, meter +las manos hasta los codos en esto que llaman aventuras. Mas advierte que, +aunque me veas en los mayores peligros del mundo, no has de poner mano a tu +espada para defenderme, si ya no vieres que los que me ofenden es canalla y +gente baja, que en tal caso bien puedes ayudarme; pero si fueren +caballeros, en ninguna manera te es lícito ni concedido por las leyes de +caballería que me ayudes, hasta que seas armado caballero. + +— Por cierto, señor —respondió Sancho—, que vuestra merced sea muy bien +obedicido en esto; y más, que yo de mío me soy pacífico y enemigo de +meterme en ruidos ni pendencias. Bien es verdad que, en lo que tocare a +defender mi persona, no tendré mucha cuenta con esas leyes, pues las +divinas y humanas permiten que cada uno se defienda de quien quisiere +agraviarle. + +— No digo yo menos —respondió don Quijote—; pero, en esto de ayudarme contra +caballeros, has de tener a raya tus naturales ímpetus. + +— Digo que así lo haré —respondió Sancho—, y que guardaré ese preceto tan +bien como el día del domingo. + +Estando en estas razones, asomaron por el camino dos frailes de la orden de +San Benito, caballeros sobre dos dromedarios: que no eran más pequeñas dos +mulas en que venían. Traían sus antojos de camino y sus quitasoles. Detrás +dellos venía un coche, con cuatro o cinco de a caballo que le acompañaban y +dos mozos de mulas a pie. Venía en el coche, como después se supo, una +señora vizcaína, que iba a Sevilla, donde estaba su marido, que pasaba a +las Indias con un muy honroso cargo. No venían los frailes con ella, aunque +iban el mesmo camino; mas, apenas los divisó don Quijote, cuando dijo a su +escudero: + +— O yo me engaño, o ésta ha de ser la más famosa aventura que se haya visto; +porque aquellos bultos negros que allí parecen deben de ser, y son sin +duda, algunos encantadores que llevan hurtada alguna princesa en aquel +coche, y es menester deshacer este tuerto a todo mi poderío. + +— Peor será esto que los molinos de viento —dijo Sancho—. Mire, señor, que +aquéllos son frailes de San Benito, y el coche debe de ser de alguna gente +pasajera. Mire que digo que mire bien lo que hace, no sea el diablo que le +engañe. + +— Ya te he dicho, Sancho —respondió don Quijote—, que sabes poco de achaque +de aventuras; lo que yo digo es verdad, y ahora lo verás. + +Y, diciendo esto, se adelantó y se puso en la mitad del camino por donde +los frailes venían, y, en llegando tan cerca que a él le pareció que le +podrían oír lo que dijese, en alta voz dijo: + +— Gente endiablada y descomunal, dejad luego al punto las altas princesas +que en ese coche lleváis forzadas; si no, aparejaos a recebir presta +muerte, por justo castigo de vuestras malas obras. + +Detuvieron los frailes las riendas, y quedaron admirados, así de la figura +de don Quijote como de sus razones, a las cuales respondieron: + +— Señor caballero, nosotros no somos endiablados ni descomunales, sino dos +religiosos de San Benito que vamos nuestro camino, y no sabemos si en este +coche vienen, o no, ningunas forzadas princesas. + +— Para conmigo no hay palabras blandas, que ya yo os conozco, fementida +canalla —dijo don Quijote. + +Y, sin esperar más respuesta, picó a Rocinante y, la lanza baja, arremetió +contra el primero fraile, con tanta furia y denuedo que, si el fraile no se +dejara caer de la mula, él le hiciera venir al suelo mal de su grado, y aun +malferido, si no cayera muerto. El segundo religioso, que vio del modo que +trataban a su compañero, puso piernas al castillo de su buena mula, y +comenzó a correr por aquella campaña, más ligero que el mesmo viento. + +Sancho Panza, que vio en el suelo al fraile, apeándose ligeramente de su +asno, arremetió a él y le comenzó a quitar los hábitos. Llegaron en esto +dos mozos de los frailes y preguntáronle que por qué le desnudaba. +Respondióles Sancho que aquello le tocaba a él ligítimamente, como despojos +de la batalla que su señor don Quijote había ganado. Los mozos, que no +sabían de burlas, ni entendían aquello de despojos ni batallas, viendo que +ya don Quijote estaba desviado de allí, hablando con las que en el coche +venían, arremetieron con Sancho y dieron con él en el suelo; y, sin dejarle +pelo en las barbas, le molieron a coces y le dejaron tendido en el suelo +sin aliento ni sentido. Y, sin detenerse un punto, tornó a subir el fraile, +todo temeroso y acobardado y sin color en el rostro; y, cuando se vio a +caballo, picó tras su compañero, que un buen espacio de allí le estaba +aguardando, y esperando en qué paraba aquel sobresalto; y, sin querer +aguardar el fin de todo aquel comenzado suceso, siguieron su camino, +haciéndose más cruces que si llevaran al diablo a las espaldas. + +Don Quijote estaba, como se ha dicho, hablando con la señora del coche, +diciéndole: + +— La vuestra fermosura, señora mía, puede facer de su persona lo que más le +viniere en talante, porque ya la soberbia de vuestros robadores yace por el +suelo, derribada por este mi fuerte brazo; y, porque no penéis por saber el +nombre de vuestro libertador, sabed que yo me llamo don Quijote de la +Mancha, caballero andante y aventurero, y cautivo de la sin par y hermosa +doña Dulcinea del Toboso; y, en pago del beneficio que de mí habéis +recebido, no quiero otra cosa sino que volváis al Toboso, y que de mi parte +os presentéis ante esta señora y le digáis lo que por vuestra libertad he +fecho. + +Todo esto que don Quijote decía escuchaba un escudero de los que el coche +acompañaban, que era vizcaíno; el cual, viendo que no quería dejar pasar el +coche adelante, sino que decía que luego había de dar la vuelta al Toboso, +se fue para don Quijote y, asiéndole de la lanza, le dijo, en mala lengua +castellana y peor vizcaína, desta manera: + +— Anda, caballero que mal andes; por el Dios que crióme, que, si no dejas +coche, así te matas como estás ahí vizcaíno. + +Entendióle muy bien don Quijote, y con mucho sosiego le respondió: + +— Si fueras caballero, como no lo eres, ya yo hubiera castigado tu sandez y +atrevimiento, cautiva criatura. + +A lo cual replicó el vizcaíno: + +— ¿Yo no caballero? Juro a Dios tan mientes como cristiano. Si lanza +arrojas y espada sacas, ¡el agua cuán presto verás que al gato llevas! +Vizcaíno por tierra, hidalgo por mar, hidalgo por el diablo; y mientes que +mira si otra dices cosa. + +— ¡Ahora lo veredes, dijo Agrajes! —respondió don Quijote. + +Y, arrojando la lanza en el suelo, sacó su espada y embrazó su rodela, y +arremetió al vizcaíno con determinación de quitarle la vida. El vizcaíno, +que así le vio venir, aunque quisiera apearse de la mula, que, por ser de +las malas de alquiler, no había que fiar en ella, no pudo hacer otra cosa +sino sacar su espada; pero avínole bien que se halló junto al coche, de +donde pudo tomar una almohada que le sirvió de escudo, y luego se fueron el +uno para el otro, como si fueran dos mortales enemigos. La demás gente +quisiera ponerlos en paz, mas no pudo, porque decía el vizcaíno en sus mal +trabadas razones que si no le dejaban acabar su batalla, que él mismo había +de matar a su ama y a toda la gente que se lo estorbase. La señora del +coche, admirada y temerosa de lo que veía, hizo al cochero que se desviase +de allí algún poco, y desde lejos se puso a mirar la rigurosa contienda, en +el discurso de la cual dio el vizcaíno una gran cuchillada a don Quijote +encima de un hombro, por encima de la rodela, que, a dársela sin defensa, +le abriera hasta la cintura. Don Quijote, que sintió la pesadumbre de aquel +desaforado golpe, dio una gran voz, diciendo: + +— ¡Oh señora de mi alma, Dulcinea, flor de la fermosura, socorred a este +vuestro caballero, que, por satisfacer a la vuestra mucha bondad, en este +riguroso trance se halla! + +El decir esto, y el apretar la espada, y el cubrirse bien de su rodela, y +el arremeter al vizcaíno, todo fue en un tiempo, llevando determinación de +aventurarlo todo a la de un golpe solo. + +El vizcaíno, que así le vio venir contra él, bien entendió por su denuedo +su coraje, y determinó de hacer lo mesmo que don Quijote; y así, le aguardó +bien cubierto de su almohada, sin poder rodear la mula a una ni a otra +parte; que ya, de puro cansada y no hecha a semejantes niñerías, no podía +dar un paso. + +Venía, pues, como se ha dicho, don Quijote contra el cauto vizcaíno, con la +espada en alto, con determinación de abrirle por medio, y el vizcaíno le +aguardaba ansimesmo levantada la espada y aforrado con su almohada, y todos +los circunstantes estaban temerosos y colgados de lo que había de suceder +de aquellos tamaños golpes con que se amenazaban; y la señora del coche y +las demás criadas suyas estaban haciendo mil votos y ofrecimientos a todas +las imágenes y casas de devoción de España, porque Dios librase a su +escudero y a ellas de aquel tan grande peligro en que se hallaban. + +Pero está el daño de todo esto que en este punto y término deja pendiente +el autor desta historia esta batalla, disculpándose que no halló más +escrito destas hazañas de don Quijote de las que deja referidas. Bien es +verdad que el segundo autor desta obra no quiso creer que tan curiosa +historia estuviese entregada a las leyes del olvido, ni que hubiesen sido +tan poco curiosos los ingenios de la Mancha que no tuviesen en sus archivos +o en sus escritorios algunos papeles que deste famoso caballero tratasen; y +así, con esta imaginación, no se desesperó de hallar el fin desta apacible +historia, el cual, siéndole el cielo favorable, le halló del modo que se +contará en la segunda parte. + +Segunda parte del ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha + + + + +Capítulo IX. Donde se concluye y da fin a la estupenda batalla que el +gallardo vizcaíno y el valiente manchego tuvieron + +Dejamos en la primera parte desta historia al valeroso vizcaíno y al famoso +don Quijote con las espadas altas y desnudas, en guisa de descargar dos +furibundos fendientes, tales que, si en lleno se acertaban, por lo menos +se dividirían y fenderían de arriba abajo y abrirían como una granada; y +que en aquel punto tan dudoso paró y quedó destroncada tan sabrosa +historia, sin que nos diese noticia su autor dónde se podría hallar lo que +della faltaba. + +Causóme esto mucha pesadumbre, porque el gusto de haber leído tan poco se +volvía en disgusto, de pensar el mal camino que se ofrecía para hallar lo +mucho que, a mi parecer, faltaba de tan sabroso cuento. Parecióme cosa +imposible y fuera de toda buena costumbre que a tan buen caballero le +hubiese faltado algún sabio que tomara a cargo el escrebir sus nunca vistas +hazañas, cosa que no faltó a ninguno de los caballeros andantes, + +de los que dicen las gentes +que van a sus aventuras, + +porque cada uno dellos tenía uno o dos sabios, como de molde, que no +solamente escribían sus hechos, sino que pintaban sus más mínimos +pensamientos y niñerías, por más escondidas que fuesen; y no había de ser +tan desdichado tan buen caballero, que le faltase a él lo que sobró a +Platir y a otros semejantes. Y así, no podía inclinarme a creer que tan +gallarda historia hubiese quedado manca y estropeada; y echaba la culpa a +la malignidad del tiempo, devorador y consumidor de todas las cosas, el +cual, o la tenía oculta o consumida. + +Por otra parte, me parecía que, pues entre sus libros se habían hallado tan +modernos como Desengaño de celos y Ninfas y Pastores de Henares, que +también su historia debía de ser moderna; y que, ya que no estuviese +escrita, estaría en la memoria de la gente de su aldea y de las a ella +circunvecinas. Esta imaginación me traía confuso y deseoso de saber, real y +verdaderamente, toda la vida y milagros de nuestro famoso español don +Quijote de la Mancha, luz y espejo de la caballería manchega, y el primero +que en nuestra edad y en estos tan calamitosos tiempos se puso al trabajo y +ejercicio de las andantes armas, y al desfacer agravios, socorrer viudas, +amparar doncellas, de aquellas que andaban con sus azotes y palafrenes, y +con toda su virginidad a cuestas, de monte en monte y de valle en valle; +que, si no era que algún follón, o algún villano de hacha y capellina, o +algún descomunal gigante las forzaba, doncella hubo en los pasados tiempos +que, al cabo de ochenta años, que en todos ellos no durmió un día debajo de +tejado, y se fue tan entera a la sepultura como la madre que la había +parido. Digo, pues, que, por estos y otros muchos respetos, es digno +nuestro gallardo Quijote de continuas y memorables alabanzas; y aun a mí no +se me deben negar, por el trabajo y diligencia que puse en buscar el fin +desta agradable historia; aunque bien sé que si el cielo, el caso y la +fortuna no me ayudan, el mundo quedará falto y sin el pasatiempo y gusto +que bien casi dos horas podrá tener el que con atención la leyere. Pasó, +pues, el hallarla en esta manera: + +Estando yo un día en el Alcaná de Toledo, llegó un muchacho a vender unos +cartapacios y papeles viejos a un sedero; y, como yo soy aficionado a leer, +aunque sean los papeles rotos de las calles, llevado desta mi natural +inclinación, tomé un cartapacio de los que el muchacho vendía, y vile con +caracteres que conocí ser arábigos. Y, puesto que, aunque los conocía, no +los sabía leer, anduve mirando si parecía por allí algún morisco aljamiado +que los leyese; y no fue muy dificultoso hallar intérprete semejante, pues, +aunque le buscara de otra mejor y más antigua lengua, le hallara. En fin, +la suerte me deparó uno, que, diciéndole mi deseo y poniéndole el libro en +las manos, le abrió por medio, y, leyendo un poco en él, se comenzó a reír. + +Preguntéle yo que de qué se reía, y respondióme que de una cosa que tenía +aquel libro escrita en el margen por anotación. Díjele que me la dijese; y +él, sin dejar la risa, dijo: + +— Está, como he dicho, aquí en el margen escrito esto: "Esta Dulcinea del +Toboso, tantas veces en esta historia referida, dicen que tuvo la mejor +mano para salar puercos que otra mujer de toda la Mancha". + +Cuando yo oí decir "Dulcinea del Toboso", quedé atónito y suspenso, porque +luego se me representó que aquellos cartapacios contenían la historia de +don Quijote. Con esta imaginación, le di priesa que leyese el principio, y, +haciéndolo ansí, volviendo de improviso el arábigo en castellano, dijo que +decía: Historia de don Quijote de la Mancha, escrita por Cide Hamete +Benengeli, historiador arábigo. Mucha discreción fue menester para +disimular el contento que recebí cuando llegó a mis oídos el título del +libro; y, salteándosele al sedero, compré al muchacho todos los papeles y +cartapacios por medio real; que, si él tuviera discreción y supiera lo que +yo los deseaba, bien se pudiera prometer y llevar más de seis reales de la +compra. Apartéme luego con el morisco por el claustro de la iglesia mayor, +y roguéle me volviese aquellos cartapacios, todos los que trataban de don +Quijote, en lengua castellana, sin quitarles ni añadirles nada, +ofreciéndole la paga que él quisiese. Contentóse con dos arrobas de pasas y +dos fanegas de trigo, y prometió de traducirlos bien y fielmente y con +mucha brevedad. Pero yo, por facilitar más el negocio y por no dejar de la +mano tan buen hallazgo, le truje a mi casa, donde en poco más de mes y +medio la tradujo toda, del mesmo modo que aquí se refiere. + +Estaba en el primero cartapacio, pintada muy al natural, la batalla de don +Quijote con el vizcaíno, puestos en la mesma postura que la historia +cuenta, levantadas las espadas, el uno cubierto de su rodela, el otro de la +almohada, y la mula del vizcaíno tan al vivo, que estaba mostrando ser de +alquiler a tiro de ballesta. Tenía a los pies escrito el vizcaíno un título +que decía: Don Sancho de Azpetia, que, sin duda, debía de ser su nombre, y +a los pies de Rocinante estaba otro que decía: Don Quijote. Estaba +Rocinante maravillosamente pintado, tan largo y tendido, tan atenuado y +flaco, con tanto espinazo, tan hético confirmado, que mostraba bien al +descubierto con cuánta advertencia y propriedad se le había puesto el +nombre de Rocinante. Junto a él estaba Sancho Panza, que tenía del cabestro +a su asno, a los pies del cual estaba otro rétulo que decía: Sancho Zancas, +y debía de ser que tenía, a lo que mostraba la pintura, la barriga grande, +el talle corto y las zancas largas; y por esto se le debió de poner nombre +de Panza y de Zancas, que con estos dos sobrenombres le llama algunas veces +la historia. Otras algunas menudencias había que advertir, pero todas son +de poca importancia y que no hacen al caso a la verdadera relación de la +historia; que ninguna es mala como sea verdadera. + +Si a ésta se le puede poner alguna objeción cerca de su verdad, no podrá +ser otra sino haber sido su autor arábigo, siendo muy propio de los de +aquella nación ser mentirosos; aunque, por ser tan nuestros enemigos, antes +se puede entender haber quedado falto en ella que demasiado. Y ansí me +parece a mí, pues, cuando pudiera y debiera estender la pluma en las +alabanzas de tan buen caballero, parece que de industria las pasa en +silencio: cosa mal hecha y peor pensada, habiendo y debiendo ser los +historiadores puntuales, verdaderos y no nada apasionados, y que ni el +interés ni el miedo, el rancor ni la afición, no les hagan torcer del +camino de la verdad, cuya madre es la historia, émula del tiempo, depósito +de las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo presente, +advertencia de lo por venir. En ésta sé que se hallará todo lo que se +acertare a desear en la más apacible; y si algo bueno en ella faltare, para +mí tengo que fue por culpa del galgo de su autor, antes que por falta del +sujeto. En fin, su segunda parte, siguiendo la tradución, comenzaba desta +manera: + +Puestas y levantadas en alto las cortadoras espadas de los dos valerosos y +enojados combatientes, no parecía sino que estaban amenazando al cielo, a +la tierra y al abismo: tal era el denuedo y continente que tenían. Y el +primero que fue a descargar el golpe fue el colérico vizcaíno, el cual fue +dado con tanta fuerza y tanta furia que, a no volvérsele la espada en el +camino, aquel solo golpe fuera bastante para dar fin a su rigurosa +contienda y a todas las aventuras de nuestro caballero; mas la buena +suerte, que para mayores cosas le tenía guardado, torció la espada de su +contrario, de modo que, aunque le acertó en el hombro izquierdo, no le hizo +otro daño que desarmarle todo aquel lado, llevándole de camino gran parte +de la celada, con la mitad de la oreja; que todo ello con espantosa ruina +vino al suelo, dejándole muy maltrecho. + +¡Válame Dios, y quién será aquel que buenamente pueda contar ahora la rabia +que entró en el corazón de nuestro manchego, viéndose parar de aquella +manera! No se diga más, sino que fue de manera que se alzó de nuevo en los +estribos, y, apretando más la espada en las dos manos, con tal furia +descargó sobre el vizcaíno, acertándole de lleno sobre la almohada y sobre +la cabeza, que, sin ser parte tan buena defensa, como si cayera sobre él +una montaña, comenzó a echar sangre por las narices, y por la boca y por +los oídos, y a dar muestras de caer de la mula abajo, de donde cayera, sin +duda, si no se abrazara con el cuello; pero, con todo eso, sacó los pies de +los estribos y luego soltó los brazos; y la mula, espantada del terrible +golpe, dio a correr por el campo, y a pocos corcovos dio con su dueño en +tierra. + +Estábaselo con mucho sosiego mirando don Quijote, y, como lo vio caer, +saltó de su caballo y con mucha ligereza se llegó a él, y, poniéndole la +punta de la espada en los ojos, le dijo que se rindiese; si no, que le +cortaría la cabeza. Estaba el vizcaíno tan turbado que no podía responder +palabra, y él lo pasara mal, según estaba ciego don Quijote, si las señoras +del coche, que hasta entonces con gran desmayo habían mirado la pendencia, +no fueran adonde estaba y le pidieran con mucho encarecimiento les hiciese +tan gran merced y favor de perdonar la vida a aquel su escudero. A lo cual +don Quijote respondió, con mucho entono y gravedad: + +— Por cierto, fermosas señoras, yo soy muy contento de hacer lo que me +pedís; mas ha de ser con una condición y concierto, y es que este caballero +me ha de prometer de ir al lugar del Toboso y presentarse de mi parte ante +la sin par doña Dulcinea, para que ella haga dél lo que más fuere de su +voluntad. + +La temerosa y desconsolada señora, sin entrar en cuenta de lo que don +Quijote pedía, y sin preguntar quién Dulcinea fuese, le prometió que el +escudero haría todo aquello que de su parte le fuese mandado. + +— Pues en fe de esa palabra, yo no le haré más daño, puesto que me lo tenía +bien merecido. + + + + +Capítulo X. De lo que más le avino a don Quijote con el vizcaíno, y del +peligro en que se vio con una turba de yangüeses + +Ya en este tiempo se había levantado Sancho Panza, algo maltratado de los +mozos de los frailes, y había estado atento a la batalla de su señor don +Quijote, y rogaba a Dios en su corazón fuese servido de darle vitoria y que +en ella ganase alguna ínsula de donde le hiciese gobernador, como se lo +había prometido. Viendo, pues, ya acabada la pendencia, y que su amo volvía +a subir sobre Rocinante, llegó a tenerle el estribo; y antes que subiese se +hincó de rodillas delante dél, y, asiéndole de la mano, se la besó y le +dijo: + +— Sea vuestra merced servido, señor don Quijote mío, de darme el gobierno de +la ínsula que en esta rigurosa pendencia se ha ganado; que, por grande que +sea, yo me siento con fuerzas de saberla gobernar tal y tan bien como otro +que haya gobernado ínsulas en el mundo. + +A lo cual respondió don Quijote: + +— Advertid, hermano Sancho, que esta aventura y las a ésta semejantes no +son aventuras de ínsulas, sino de encrucijadas, en las cuales no se gana +otra cosa que sacar rota la cabeza o una oreja menos. Tened paciencia, que +aventuras se ofrecerán donde no solamente os pueda hacer gobernador, sino +más adelante. + +Agradecióselo mucho Sancho, y, besándole otra vez la mano y la falda de la +loriga, le ayudó a subir sobre Rocinante; y él subió sobre su asno y +comenzó a seguir a su señor, que, a paso tirado, sin despedirse ni hablar +más con las del coche, se entró por un bosque que allí junto estaba. +Seguíale Sancho a todo el trote de su jumento, pero caminaba tanto +Rocinante que, viéndose quedar atrás, le fue forzoso dar voces a su amo que +se aguardase. Hízolo así don Quijote, teniendo las riendas a Rocinante +hasta que llegase su cansado escudero, el cual, en llegando, le dijo: + +— Paréceme, señor, que sería acertado irnos a retraer a alguna iglesia; que, +según quedó maltrecho aquel con quien os combatistes, no será mucho que den +noticia del caso a la Santa Hermandad y nos prendan; y a fe que si lo +hacen, que primero que salgamos de la cárcel que nos ha de sudar el hopo. + +— Calla —dijo don Quijote—. Y ¿dónde has visto tú, o leído jamás, que +caballero andante haya sido puesto ante la justicia, por más homicidios que +hubiese cometido? + +— Yo no sé nada de omecillos —respondió Sancho—, ni en mi vida le caté a +ninguno; sólo sé que la Santa Hermandad tiene que ver con los que pelean en +el campo, y en esotro no me entremeto. + +— Pues no tengas pena, amigo —respondió don Quijote—, que yo te sacaré de +las manos de los caldeos, cuanto más de las de la Hermandad. Pero dime, por +tu vida: ¿has visto más valeroso caballero que yo en todo lo descubierto de +la tierra? ¿Has leído en historias otro que tenga ni haya tenido más brío +en acometer, más aliento en el perseverar, más destreza en el herir, ni más +maña en el derribar? + +— La verdad sea —respondió Sancho— que yo no he leído ninguna historia +jamás, porque ni sé leer ni escrebir; mas lo que osaré apostar es que más +atrevido amo que vuestra merced yo no le he servido en todos los días de mi +vida, y quiera Dios que estos atrevimientos no se paguen donde tengo +dicho. Lo que le ruego a vuestra merced es que se cure, que le va mucha +sangre de esa oreja; que aquí traigo hilas y un poco de ungüento blanco en +las alforjas. + +— Todo eso fuera bien escusado —respondió don Quijote— si a mí se me +acordara de hacer una redoma del bálsamo de Fierabrás, que con sola una +gota se ahorraran tiempo y medicinas. + +— ¿Qué redoma y qué bálsamo es ése? —dijo Sancho Panza. + +— Es un bálsamo —respondió don Quijote— de quien tengo la receta en la +memoria, con el cual no hay que tener temor a la muerte, ni hay pensar +morir de ferida alguna. Y ansí, cuando yo le haga y te le dé, no tienes más +que hacer sino que, cuando vieres que en alguna batalla me han partido por +medio del cuerpo (como muchas veces suele acontecer), bonitamente la parte +del cuerpo que hubiere caído en el suelo, y con mucha sotileza, antes que +la sangre se yele, la pondrás sobre la otra mitad que quedare en la silla, +advirtiendo de encajallo igualmente y al justo; luego me darás a beber +solos dos tragos del bálsamo que he dicho, y verásme quedar más sano que +una manzana. + +— Si eso hay —dijo Panza—, yo renuncio desde aquí el gobierno de la +prometida ínsula, y no quiero otra cosa, en pago de mis muchos y buenos +servicios, sino que vuestra merced me dé la receta de ese estremado licor; +que para mí tengo que valdrá la onza adondequiera más de a dos reales, y no +he menester yo más para pasar esta vida honrada y descansadamente. Pero es +de saber agora si tiene mucha costa el hacelle. + +— Con menos de tres reales se pueden hacer tres azumbres —respondió don +Quijote. + +— ¡Pecador de mí! —replicó Sancho—. ¿Pues a qué aguarda vuestra merced a +hacelle y a enseñármele? + +— Calla, amigo —respondió don Quijote—, que mayores secretos pienso +enseñarte y mayores mercedes hacerte; y, por agora, curémonos, que la oreja +me duele más de lo que yo quisiera. + +Sacó Sancho de las alforjas hilas y ungüento. Mas, cuando don Quijote llegó +a ver rota su celada, pensó perder el juicio, y, puesta la mano en la +espada y alzando los ojos al cielo, dijo: + +— Yo hago juramento al Criador de todas las cosas y a los santos cuatro +Evangelios, donde más largamente están escritos, de hacer la vida que hizo +el grande marqués de Mantua cuando juró de vengar la muerte de su sobrino +Valdovinos, que fue de no comer pan a manteles, ni con su mujer folgar, y +otras cosas que, aunque dellas no me acuerdo, las doy aquí por expresadas, +hasta tomar entera venganza del que tal desaguisado me fizo. + +Oyendo esto Sancho, le dijo: + +— Advierta vuestra merced, señor don Quijote, que si el caballero cumplió lo +que se le dejó ordenado de irse a presentar ante mi señora Dulcinea del +Toboso, ya habrá cumplido con lo que debía, y no merece otra pena si no +comete nuevo delito. + +— Has hablado y apuntado muy bien —respondió don Quijote—; y así, anulo el +juramento en cuanto lo que toca a tomar dél nueva venganza; pero hágole y +confírmole de nuevo de hacer la vida que he dicho, hasta tanto que quite +por fuerza otra celada tal y tan buena como ésta a algún caballero. Y no +pienses, Sancho, que así a humo de pajas hago esto, que bien tengo a quien +imitar en ello; que esto mesmo pasó, al pie de la letra, sobre el yelmo de +Mambrino, que tan caro le costó a Sacripante. + +— Que dé al diablo vuestra merced tales juramentos, señor mío —replicó +Sancho—; que son muy en daño de la salud y muy en perjuicio de la +conciencia. Si no, dígame ahora: si acaso en muchos días no topamos hombre +armado con celada, ¿qué hemos de hacer? ¿Hase de cumplir el juramento, a +despecho de tantos inconvenientes e incomodidades, como será el dormir +vestido, y el no dormir en poblado, y otras mil penitencias que contenía el +juramento de aquel loco viejo del marqués de Mantua, que vuestra merced +quiere revalidar ahora? Mire vuestra merced bien, que por todos estos +caminos no andan hombres armados, sino arrieros y carreteros, que no sólo +no traen celadas, pero quizá no las han oído nombrar en todos los días de +su vida. + +— Engáñaste en eso —dijo don Quijote—, porque no habremos estado dos horas +por estas encrucijadas, cuando veamos más armados que los que vinieron +sobre Albraca a la conquista de Angélica la Bella. + +— Alto, pues; sea ansí —dijo Sancho—, y a Dios prazga que nos suceda bien, y +que se llegue ya el tiempo de ganar esta ínsula que tan cara me cuesta, y +muérame yo luego. + +— Ya te he dicho, Sancho, que no te dé eso cuidado alguno; que, cuando +faltare ínsula, ahí está el reino de Dinamarca o el de Soliadisa, que te +vendrán como anillo al dedo; y más, que, por ser en tierra firme, te debes +más alegrar. Pero dejemos esto para su tiempo, y mira si traes algo en esas +alforjas que comamos, porque vamos luego en busca de algún castillo donde +alojemos esta noche y hagamos el bálsamo que te he dicho; porque yo te voto +a Dios que me va doliendo mucho la oreja. + +— Aquí trayo una cebolla, y un poco de queso y no sé cuántos mendrugos de +pan —dijo Sancho—, pero no son manjares que pertenecen a tan valiente +caballero como vuestra merced. + +— ¡Qué mal lo entiendes! —respondió don Quijote—. Hágote saber, Sancho, que +es honra de los caballeros andantes no comer en un mes; y, ya que coman, +sea de aquello que hallaren más a mano; y esto se te hiciera cierto si +hubieras leído tantas historias como yo; que, aunque han sido muchas, en +todas ellas no he hallado hecha relación de que los caballeros andantes +comiesen, si no era acaso y en algunos suntuosos banquetes que les hacían, +y los demás días se los pasaban en flores. Y, aunque se deja entender que +no podían pasar sin comer y sin hacer todos los otros menesteres naturales, +porque, en efeto, eran hombres como nosotros, hase de entender también que, +andando lo más del tiempo de su vida por las florestas y despoblados, y sin +cocinero, que su más ordinaria comida sería de viandas rústicas, tales como +las que tú ahora me ofreces. Así que, Sancho amigo, no te congoje lo que a +mí me da gusto. Ni querrás tú hacer mundo nuevo, ni sacar la caballería +andante de sus quicios. + +— Perdóneme vuestra merced —dijo Sancho—; que, como yo no sé leer ni +escrebir, como otra vez he dicho, no sé ni he caído en las reglas de la +profesión caballeresca; y, de aquí adelante, yo proveeré las alforjas de +todo género de fruta seca para vuestra merced, que es caballero, y para mí +las proveeré, pues no lo soy, de otras cosas volátiles y de más sustancia. + +— No digo yo, Sancho —replicó don Quijote—, que sea forzoso a los caballeros +andantes no comer otra cosa sino esas frutas que dices, sino que su más +ordinario sustento debía de ser dellas, y de algunas yerbas que hallaban +por los campos, que ellos conocían y yo también conozco. + +— Virtud es —respondió Sancho— conocer esas yerbas; que, según yo me voy +imaginando, algún día será menester usar de ese conocimiento. + +Y, sacando, en esto, lo que dijo que traía, comieron los dos en buena paz y +compaña. Pero, deseosos de buscar donde alojar aquella noche, acabaron con +mucha brevedad su pobre y seca comida. Subieron luego a caballo, y diéronse +priesa por llegar a poblado antes que anocheciese; pero faltóles el sol, y +la esperanza de alcanzar lo que deseaban, junto a unas chozas de unos +cabreros, y así, determinaron de pasarla allí; que cuanto fue de pesadumbre +para Sancho no llegar a poblado, fue de contento para su amo dormirla al +cielo descubierto, por parecerle que cada vez que esto le sucedía era hacer +un acto posesivo que facilitaba la prueba de su caballería. + + + + +Capítulo XI. De lo que le sucedió a don Quijote con unos cabreros + +Fue recogido de los cabreros con buen ánimo; y, habiendo Sancho, lo mejor +que pudo, acomodado a Rocinante y a su jumento, se fue tras el olor que +despedían de sí ciertos tasajos de cabra que hirviendo al fuego en un +caldero estaban; y, aunque él quisiera en aquel mesmo punto ver si estaban +en sazón de trasladarlos del caldero al estómago, lo dejó de hacer, porque +los cabreros los quitaron del fuego, y, tendiendo por el suelo unas pieles +de ovejas, aderezaron con mucha priesa su rústica mesa y convidaron a los +dos, con muestras de muy buena voluntad, con lo que tenían. Sentáronse a la +redonda de las pieles seis dellos, que eran los que en la majada había, +habiendo primero con groseras ceremonias rogado a don Quijote que se +sentase sobre un dornajo que vuelto del revés le pusieron. Sentóse don +Quijote, y quedábase Sancho en pie para servirle la copa, que era hecha de +cuerno. Viéndole en pie su amo, le dijo: + +— Porque veas, Sancho, el bien que en sí encierra la andante caballería, y +cuán a pique están los que en cualquiera ministerio della se ejercitan de +venir brevemente a ser honrados y estimados del mundo, quiero que aquí a mi +lado y en compañía desta buena gente te sientes, y que seas una mesma cosa +conmigo, que soy tu amo y natural señor; que comas en mi plato y bebas por +donde yo bebiere; porque de la caballería andante se puede decir lo mesmo +que del amor se dice: que todas las cosas iguala. + +— ¡Gran merced! —dijo Sancho—; pero sé decir a vuestra merced que, como yo +tuviese bien de comer, tan bien y mejor me lo comería en pie y a mis solas +como sentado a par de un emperador. Y aun, si va a decir verdad, mucho +mejor me sabe lo que como en mi rincón, sin melindres ni respetos, aunque +sea pan y cebolla, que los gallipavos de otras mesas donde me sea forzoso +mascar despacio, beber poco, limpiarme a menudo, no estornudar ni toser si +me viene gana, ni hacer otras cosas que la soledad y la libertad traen +consigo. Ansí que, señor mío, estas honras que vuestra merced quiere darme +por ser ministro y adherente de la caballería andante, como lo soy siendo +escudero de vuestra merced, conviértalas en otras cosas que me sean de más +cómodo y provecho; que éstas, aunque las doy por bien recebidas, las +renuncio para desde aquí al fin del mundo. + +— Con todo eso, te has de sentar; porque a quien se humilla, Dios le +ensalza. + +Y, asiéndole por el brazo, le forzó a que junto dél se sentase. + +No entendían los cabreros aquella jerigonza de escuderos y de caballeros +andantes, y no hacían otra cosa que comer y callar, y mirar a sus +huéspedes, que, con mucho donaire y gana, embaulaban tasajo como el puño. +Acabado el servicio de carne, tendieron sobre las zaleas gran cantidad de +bellotas avellanadas, y juntamente pusieron un medio queso, más duro que si +fuera hecho de argamasa. No estaba, en esto, ocioso el cuerno, porque +andaba a la redonda tan a menudo (ya lleno, ya vacío, como arcaduz de +noria) que con facilidad vació un zaque de dos que estaban de manifiesto. +Después que don Quijote hubo bien satisfecho su estómago, tomó un puño de +bellotas en la mano, y, mirándolas atentamente, soltó la voz a semejantes +razones: + +— Dichosa edad y siglos dichosos aquéllos a quien los antiguos pusieron +nombre de dorados, y no porque en ellos el oro, que en esta nuestra edad de +hierro tanto se estima, se alcanzase en aquella venturosa sin fatiga +alguna, sino porque entonces los que en ella vivían ignoraban estas dos +palabras de tuyo y mío. Eran en aquella santa edad todas las cosas comunes; +a nadie le era necesario, para alcanzar su ordinario sustento, tomar otro +trabajo que alzar la mano y alcanzarle de las robustas encinas, que +liberalmente les estaban convidando con su dulce y sazonado fruto. Las +claras fuentes y corrientes ríos, en magnífica abundancia, sabrosas y +transparentes aguas les ofrecían. En las quiebras de las peñas y en lo +hueco de los árboles formaban su república las solícitas y discretas +abejas, ofreciendo a cualquiera mano, sin interés alguno, la fértil cosecha +de su dulcísimo trabajo. Los valientes alcornoques despedían de sí, sin +otro artificio que el de su cortesía, sus anchas y livianas cortezas, con +que se comenzaron a cubrir las casas, sobre rústicas estacas sustentadas, +no más que para defensa de las inclemencias del cielo. Todo era paz +entonces, todo amistad, todo concordia; aún no se había atrevido la pesada +reja del corvo arado a abrir ni visitar las entrañas piadosas de nuestra +primera madre, que ella, sin ser forzada, ofrecía, por todas las partes de +su fértil y espacioso seno, lo que pudiese hartar, sustentar y deleitar a +los hijos que entonces la poseían. Entonces sí que andaban las simples y +hermosas zagalejas de valle en valle y de otero en otero, en trenza y en +cabello, sin más vestidos de aquellos que eran menester para cubrir +honestamente lo que la honestidad quiere y ha querido siempre que se cubra; +y no eran sus adornos de los que ahora se usan, a quien la púrpura de Tiro +y la por tantos modos martirizada seda encarecen, sino de algunas hojas +verdes de lampazos y yedra entretejidas, con lo que quizá iban tan pomposas +y compuestas como van agora nuestras cortesanas con las raras y peregrinas +invenciones que la curiosidad ociosa les ha mostrado. Entonces se decoraban +los concetos amorosos del alma simple y sencillamente, del mesmo modo y +manera que ella los concebía, sin buscar artificioso rodeo de palabras para +encarecerlos. No había la fraude, el engaño ni la malicia mezcládose con la +verdad y llaneza. La justicia se estaba en sus proprios términos, sin que +la osasen turbar ni ofender los del favor y los del interese, que tanto +ahora la menoscaban, turban y persiguen. La ley del encaje aún no se había +sentado en el entendimiento del juez, porque entonces no había qué juzgar, +ni quién fuese juzgado. Las doncellas y la honestidad andaban, como tengo +dicho, por dondequiera, sola y señora, sin temor que la ajena desenvoltura +y lascivo intento le menoscabasen, y su perdición nacía de su gusto y +propria voluntad. Y agora, en estos nuestros detestables siglos, no está +segura ninguna, aunque la oculte y cierre otro nuevo laberinto como el de +Creta; porque allí, por los resquicios o por el aire, con el celo de la +maldita solicitud, se les entra la amorosa pestilencia y les hace dar con +todo su recogimiento al traste. Para cuya seguridad, andando más los +tiempos y creciendo más la malicia, se instituyó la orden de los caballeros +andantes, para defender las doncellas, amparar las viudas y socorrer a los +huérfanos y a los menesterosos. Desta orden soy yo, hermanos cabreros, a +quien agradezco el gasaje y buen acogimiento que hacéis a mí y a mi +escudero; que, aunque por ley natural están todos los que viven obligados a +favorecer a los caballeros andantes, todavía, por saber que sin saber +vosotros esta obligación me acogistes y regalastes, es razón que, con la +voluntad a mí posible, os agradezca la vuestra. + +Toda esta larga arenga —que se pudiera muy bien escusar— dijo nuestro +caballero porque las bellotas que le dieron le trujeron a la memoria la +edad dorada y antojósele hacer aquel inútil razonamiento a los cabreros, +que, sin respondelle palabra, embobados y suspensos, le estuvieron +escuchando. Sancho, asimesmo, callaba y comía bellotas, y visitaba muy a +menudo el segundo zaque, que, porque se enfriase el vino, le tenían colgado +de un alcornoque. + +Más tardó en hablar don Quijote que en acabarse la cena; al fin de la cual, +uno de los cabreros dijo: + +— Para que con más veras pueda vuestra merced decir, señor caballero +andante, que le agasajamos con prompta y buena voluntad, queremos darle +solaz y contento con hacer que cante un compañero nuestro que no tardará +mucho en estar aquí; el cual es un zagal muy entendido y muy enamorado, y +que, sobre todo, sabe leer y escrebir y es músico de un rabel, que no hay +más que desear. + +Apenas había el cabrero acabado de decir esto, cuando llegó a sus oídos el +son del rabel, y de allí a poco llegó el que le tañía, que era un mozo de +hasta veinte y dos años, de muy buena gracia. Preguntáronle sus compañeros +si había cenado, y, respondiendo que sí, el que había hecho los +ofrecimientos le dijo: + +— De esa manera, Antonio, bien podrás hacernos placer de cantar un poco, +porque vea este señor huésped que tenemos quien; también por los montes y +selvas hay quien sepa de música. Hémosle dicho tus buenas habilidades, y +deseamos que las muestres y nos saques verdaderos; y así, te ruego por tu +vida que te sientes y cantes el romance de tus amores que te compuso el +beneficiado tu tío, que en el pueblo ha parecido muy bien. + +— Que me place —respondió el mozo. + +Y, sin hacerse más de rogar, se sentó en el tronco de una desmochada +encina, y, templando su rabel, de allí a poco, con muy buena gracia, +comenzó a cantar, diciendo desta manera: + +Antonio + +-Yo sé, Olalla, que me adoras, +puesto que no me lo has dicho +ni aun con los ojos siquiera, +mudas lenguas de amoríos. +Porque sé que eres sabida, +en que me quieres me afirmo; +que nunca fue desdichado +amor que fue conocido. +Bien es verdad que tal vez, +Olalla, me has dado indicio +que tienes de bronce el alma +y el blanco pecho de risco. +Mas allá entre tus reproches +y honestísimos desvíos, +tal vez la esperanza muestra +la orilla de su vestido. +Abalánzase al señuelo +mi fe, que nunca ha podido, +ni menguar por no llamado, +ni crecer por escogido. +Si el amor es cortesía, +de la que tienes colijo +que el fin de mis esperanzas +ha de ser cual imagino. +Y si son servicios parte +de hacer un pecho benigno, +algunos de los que he hecho +fortalecen mi partido. +Porque si has mirado en ello, +más de una vez habrás visto +que me he vestido en los lunes +lo que me honraba el domingo. +Como el amor y la gala +andan un mesmo camino, +en todo tiempo a tus ojos +quise mostrarme polido. +Dejo el bailar por tu causa, +ni las músicas te pinto +que has escuchado a deshoras +y al canto del gallo primo. +No cuento las alabanzas +que de tu belleza he dicho; +que, aunque verdaderas, hacen +ser yo de algunas malquisto. +Teresa del Berrocal, +yo alabándote, me dijo: +''Tal piensa que adora a un ángel, +y viene a adorar a un jimio; +merced a los muchos dijes +y a los cabellos postizos, +y a hipócritas hermosuras, +que engañan al Amor mismo''. +Desmentíla y enojóse; +volvió por ella su primo: +desafióme, y ya sabes +lo que yo hice y él hizo. +No te quiero yo a montón, +ni te pretendo y te sirvo +por lo de barraganía; +que más bueno es mi designio. +Coyundas tiene la Iglesia +que son lazadas de sirgo; +pon tú el cuello en la gamella; +verás como pongo el mío. +Donde no, desde aquí juro, +por el santo más bendito, +de no salir destas sierras +sino para capuchino. + +Con esto dio el cabrero fin a su canto; y, aunque don Quijote le rogó que +algo más cantase, no lo consintió Sancho Panza, porque estaba más para +dormir que para oír canciones. Y ansí, dijo a su amo: + +— Bien puede vuestra merced acomodarse desde luego adonde ha de posar esta +noche, que el trabajo que estos buenos hombres tienen todo el día no +permite que pasen las noches cantando. + +— Ya te entiendo, Sancho —le respondió don Quijote—; que bien se me trasluce +que las visitas del zaque piden más recompensa de sueño que de música. + +— A todos nos sabe bien, bendito sea Dios —respondió Sancho. + +— No lo niego —replicó don Quijote—, pero acomódate tú donde quisieres, que +los de mi profesión mejor parecen velando que durmiendo. Pero, con todo +esto, sería bien, Sancho, que me vuelvas a curar esta oreja, que me va +doliendo más de lo que es menester. + +Hizo Sancho lo que se le mandaba; y, viendo uno de los cabreros la herida, +le dijo que no tuviese pena, que él pondría remedio con que fácilmente se +sanase. Y, tomando algunas hojas de romero, de mucho que por allí había, +las mascó y las mezcló con un poco de sal, y, aplicándoselas a la oreja, se +la vendó muy bien, asegurándole que no había menester otra medicina; y así +fue la verdad. + + + + +Capítulo XII. De lo que contó un cabrero a los que estaban con don Quijote + +Estando en esto, llegó otro mozo de los que les traían del aldea el +bastimento, y dijo: + +— ¿Sabéis lo que pasa en el lugar, compañeros? + +— ¿Cómo lo podemos saber? —respondió uno dellos. + +— Pues sabed —prosiguió el mozo— que murió esta mañana aquel famoso pastor +estudiante llamado Grisóstomo, y se murmura que ha muerto de amores de +aquella endiablada moza de Marcela, la hija de Guillermo el rico, aquélla +que se anda en hábito de pastora por esos andurriales. + +— Por Marcela dirás —dijo uno. + +— Por ésa digo —respondió el cabrero—. Y es lo bueno, que mandó en su +testamento que le enterrasen en el campo, como si fuera moro, y que sea al +pie de la peña donde está la fuente del alcornoque; porque, según es fama, +y él dicen que lo dijo, aquel lugar es adonde él la vio la vez primera. Y +también mandó otras cosas, tales, que los abades del pueblo dicen que no se +han de cumplir, ni es bien que se cumplan, porque parecen de gentiles. A +todo lo cual responde aquel gran su amigo Ambrosio, el estudiante, que +también se vistió de pastor con él, que se ha de cumplir todo, sin faltar +nada, como lo dejó mandado Grisóstomo, y sobre esto anda el pueblo +alborotado; mas, a lo que se dice, en fin se hará lo que Ambrosio y todos +los pastores sus amigos quieren; y mañana le vienen a enterrar con gran +pompa adonde tengo dicho. Y tengo para mí que ha de ser cosa muy de ver; a +lo menos, yo no dejaré de ir a verla, si supiese no volver mañana al lugar. + +— Todos haremos lo mesmo —respondieron los cabreros—; y echaremos suertes a +quién ha de quedar a guardar las cabras de todos. + +— Bien dices, Pedro —dijo uno—; aunque no será menester usar de esa +diligencia, que yo me quedaré por todos. Y no lo atribuyas a virtud y a +poca curiosidad mía, sino a que no me deja andar el garrancho que el otro +día me pasó este pie. + +— Con todo eso, te lo agradecemos —respondió Pedro. + +Y don Quijote rogó a Pedro le dijese qué muerto era aquél y qué pastora +aquélla; a lo cual Pedro respondió que lo que sabía era que el muerto era +un hijodalgo rico, vecino de un lugar que estaba en aquellas sierras, el +cual había sido estudiante muchos años en Salamanca, al cabo de los cuales +había vuelto a su lugar, con opinión de muy sabio y muy leído. + +— «Principalmente, decían que sabía la ciencia de las estrellas, y de lo que +pasan, allá en el cielo, el sol y la luna; porque puntualmente nos decía el +cris del sol y de la luna.» + +— Eclipse se llama, amigo, que no cris, el escurecerse esos dos luminares +mayores —dijo don Quijote. + +Mas Pedro, no reparando en niñerías, prosiguió su cuento diciendo: + +— «Asimesmo adevinaba cuándo había de ser el año abundante o estil.» + +— Estéril queréis decir, amigo —dijo don Quijote. + +— Estéril o estil —respondió Pedro—, todo se sale allá. «Y digo que con esto +que decía se hicieron su padre y sus amigos, que le daban crédito, muy +ricos, porque hacían lo que él les aconsejaba, diciéndoles: ''Sembrad este +año cebada, no trigo; en éste podéis sembrar garbanzos y no cebada; el que +viene será de guilla de aceite; los tres siguientes no se cogerá gota''.» + +— Esa ciencia se llama astrología —dijo don Quijote. + +— No sé yo cómo se llama —replicó Pedro—, mas sé que todo esto sabía, y aún +más. «Finalmente, no pasaron muchos meses, después que vino de Salamanca, +cuando un día remaneció vestido de pastor, con su cayado y pellico, +habiéndose quitado los hábitos largos que como escolar traía; y juntamente +se vistió con él de pastor otro su grande amigo, llamado Ambrosio, que +había sido su compañero en los estudios. Olvidábaseme de decir como +Grisóstomo, el difunto, fue grande hombre de componer coplas; tanto, que él +hacía los villancicos para la noche del Nacimiento del Señor, y los autos +para el día de Dios, que los representaban los mozos de nuestro pueblo, y +todos decían que eran por el cabo. Cuando los del lugar vieron tan de +improviso vestidos de pastores a los dos escolares, quedaron admirados, y +no podían adivinar la causa que les había movido a hacer aquella tan +estraña mudanza. Ya en este tiempo era muerto el padre de nuestro +Grisóstomo, y él quedó heredado en mucha cantidad de hacienda, ansí en +muebles como en raíces, y en no pequeña cantidad de ganado, mayor y menor, +y en gran cantidad de dineros; de todo lo cual quedó el mozo señor +desoluto, y en verdad que todo lo merecía, que era muy buen compañero y +caritativo y amigo de los buenos, y tenía una cara como una bendición. +Después se vino a entender que el haberse mudado de traje no había sido por +otra cosa que por andarse por estos despoblados en pos de aquella pastora +Marcela que nuestro zagal nombró denantes, de la cual se había enamorado el +pobre difunto de Grisóstomo.» Y quiéroos decir agora, porque es bien que lo +sepáis, quién es esta rapaza; quizá, y aun sin quizá, no habréis oído +semejante cosa en todos los días de vuestra vida, aunque viváis más años +que sarna. + +— Decid Sarra —replicó don Quijote, no pudiendo sufrir el trocar de los +vocablos del cabrero. + +— Harto vive la sarna —respondió Pedro—; y si es, señor, que me habéis de +andar zaheriendo a cada paso los vocablos, no acabaremos en un año. + +— Perdonad, amigo —dijo don Quijote—; que por haber tanta diferencia de +sarna a Sarra os lo dije; pero vos respondistes muy bien, porque vive más +sarna que Sarra; y proseguid vuestra historia, que no os replicaré más en +nada. + +— «Digo, pues, señor mío de mi alma —dijo el cabrero—, que en nuestra aldea +hubo un labrador aún más rico que el padre de Grisóstomo, el cual se +llamaba Guillermo, y al cual dio Dios, amén de las muchas y grandes +riquezas, una hija, de cuyo parto murió su madre, que fue la más honrada +mujer que hubo en todos estos contornos. No parece sino que ahora la veo, +con aquella cara que del un cabo tenía el sol y del otro la luna; y, sobre +todo, hacendosa y amiga de los pobres, por lo que creo que debe de estar su +ánima a la hora de ahora gozando de Dios en el otro mundo. De pesar de la +muerte de tan buena mujer murió su marido Guillermo, dejando a su hija +Marcela, muchacha y rica, en poder de un tío suyo sacerdote y beneficiado +en nuestro lugar. Creció la niña con tanta belleza, que nos hacía acordar +de la de su madre, que la tuvo muy grande; y, con todo esto, se juzgaba que +le había de pasar la de la hija. Y así fue, que, cuando llegó a edad de +catorce a quince años, nadie la miraba que no bendecía a Dios, que tan +hermosa la había criado, y los más quedaban enamorados y perdidos por ella. +Guardábala su tío con mucho recato y con mucho encerramiento; pero, con +todo esto, la fama de su mucha hermosura se estendió de manera que, así por +ella como por sus muchas riquezas, no solamente de los de nuestro pueblo, +sino de los de muchas leguas a la redonda, y de los mejores dellos, era +rogado, solicitado e importunado su tío se la diese por mujer. Mas él, que +a las derechas es buen cristiano, aunque quisiera casarla luego, así como +la vía de edad, no quiso hacerlo sin su consentimiento, sin tener ojo a la +ganancia y granjería que le ofrecía el tener la hacienda de la moza, +dilatando su casamiento. Y a fe que se dijo esto en más de un corrillo en +el pueblo, en alabanza del buen sacerdote.» Que quiero que sepa, señor +andante, que en estos lugares cortos de todo se trata y de todo se murmura; +y tened para vos, como yo tengo para mí, que debía de ser demasiadamente +bueno el clérigo que obliga a sus feligreses a que digan bien dél, +especialmente en las aldeas. + +— Así es la verdad —dijo don Quijote—, y proseguid adelante, que el cuento +es muy bueno, y vos, buen Pedro, le contáis con muy buena gracia. + +— La del Señor no me falte, que es la que hace al caso. «Y en lo demás +sabréis que, aunque el tío proponía a la sobrina y le decía las calidades +de cada uno en particular, de los muchos que por mujer la pedían, rogándole +que se casase y escogiese a su gusto, jamás ella respondió otra cosa sino +que por entonces no quería casarse, y que, por ser tan muchacha, no se +sentía hábil para poder llevar la carga del matrimonio. Con estas que daba, +al parecer justas escusas, dejaba el tío de importunarla, y esperaba a que +entrase algo más en edad y ella supiese escoger compañía a su gusto. Porque +decía él, y decía muy bien, que no habían de dar los padres a sus hijos +estado contra su voluntad. Pero hételo aquí, cuando no me cato, que +remanece un día la melindrosa Marcela hecha pastora; y, sin ser parte su +tío ni todos los del pueblo, que se lo desaconsejaban, dio en irse al campo +con las demás zagalas del lugar, y dio en guardar su mesmo ganado. Y, así +como ella salió en público y su hermosura se vio al descubierto, no os +sabré buenamente decir cuántos ricos mancebos, hidalgos y labradores han +tomado el traje de Grisóstomo y la andan requebrando por esos campos. Uno +de los cuales, como ya está dicho, fue nuestro difunto, del cual decían que +la dejaba de querer, y la adoraba. Y no se piense que porque Marcela se +puso en aquella libertad y vida tan suelta y de tan poco o de ningún +recogimiento, que por eso ha dado indicio, ni por semejas, que venga en +menoscabo de su honestidad y recato; antes es tanta y tal la vigilancia con +que mira por su honra, que de cuantos la sirven y solicitan ninguno se ha +alabado, ni con verdad se podrá alabar, que le haya dado alguna pequeña +esperanza de alcanzar su deseo. Que, puesto que no huye ni se esquiva de la +compañía y conversación de los pastores, y los trata cortés y +amigablemente, en llegando a descubrirle su intención cualquiera dellos, +aunque sea tan justa y santa como la del matrimonio, los arroja de sí como +con un trabuco. Y con esta manera de condición hace más daño en esta tierra +que si por ella entrara la pestilencia; porque su afabilidad y hermosura +atrae los corazones de los que la tratan a servirla y a amarla, pero su +desdén y desengaño los conduce a términos de desesperarse; y así, no saben +qué decirle, sino llamarla a voces cruel y desagradecida, con otros títulos +a éste semejantes, que bien la calidad de su condición manifiestan. Y si +aquí estuviésedes, señor, algún día, veríades resonar estas sierras y estos +valles con los lamentos de los desengañados que la siguen. No está muy +lejos de aquí un sitio donde hay casi dos docenas de altas hayas, y no hay +ninguna que en su lisa corteza no tenga grabado y escrito el nombre de +Marcela; y encima de alguna, una corona grabada en el mesmo árbol, como si +más claramente dijera su amante que Marcela la lleva y la merece de toda la +hermosura humana. Aquí sospira un pastor, allí se queja otro; acullá se +oyen amorosas canciones, acá desesperadas endechas. Cuál hay que pasa todas +las horas de la noche sentado al pie de alguna encina o peñasco, y allí, +sin plegar los llorosos ojos, embebecido y transportado en sus +pensamientos, le halló el sol a la mañana; y cuál hay que, sin dar vado ni +tregua a sus suspiros, en mitad del ardor de la más enfadosa siesta del +verano, tendido sobre la ardiente arena, envía sus quejas al piadoso cielo. +Y déste y de aquél, y de aquéllos y de éstos, libre y desenfadadamente +triunfa la hermosa Marcela; y todos los que la conocemos estamos esperando +en qué ha de parar su altivez y quién ha de ser el dichoso que ha de venir +a domeñar condición tan terrible y gozar de hermosura tan estremada.» Por +ser todo lo que he contado tan averiguada verdad, me doy a entender que +también lo es la que nuestro zagal dijo que se decía de la causa de la +muerte de Grisóstomo. Y así, os aconsejo, señor, que no dejéis de hallaros +mañana a su entierro, que será muy de ver, porque Grisóstomo tiene muchos +amigos, y no está de este lugar a aquél donde manda enterrarse media legua. + +— En cuidado me lo tengo —dijo don Quijote—, y agradézcoos el gusto que me +habéis dado con la narración de tan sabroso cuento. + +— ¡Oh! —replicó el cabrero—, aún no sé yo la mitad de los casos sucedidos a +los amantes de Marcela, mas podría ser que mañana topásemos en el camino +algún pastor que nos los dijese. Y, por ahora, bien será que os vais a +dormir debajo de techado, porque el sereno os podría dañar la herida, +puesto que es tal la medicina que se os ha puesto, que no hay que temer de +contrario acidente. + +Sancho Panza, que ya daba al diablo el tanto hablar del cabrero, solicitó, +por su parte, que su amo se entrase a dormir en la choza de Pedro. Hízolo +así, y todo lo más de la noche se le pasó en memorias de su señora +Dulcinea, a imitación de los amantes de Marcela. Sancho Panza se acomodó +entre Rocinante y su jumento, y durmió, no como enamorado desfavorecido, +sino como hombre molido a coces. + + + + +Capítulo XIII. Donde se da fin al cuento de la pastora Marcela, con otros +sucesos + +Mas, apenas comenzó a descubrirse el día por los balcones del oriente, +cuando los cinco de los seis cabreros se levantaron y fueron a despertar a +don Quijote, y a decille si estaba todavía con propósito de ir a ver el +famoso entierro de Grisóstomo, y que ellos le harían compañía. Don Quijote, +que otra cosa no deseaba, se levantó y mandó a Sancho que ensillase y +enalbardase al momento, lo cual él hizo con mucha diligencia, y con la +mesma se pusieron luego todos en camino. Y no hubieron andado un cuarto de +legua, cuando, al cruzar de una senda, vieron venir hacia ellos hasta seis +pastores, vestidos con pellicos negros y coronadas las cabezas con +guirnaldas de ciprés y de amarga adelfa. Traía cada uno un grueso bastón de +acebo en la mano. Venían con ellos, asimesmo, dos gentiles hombres de a +caballo, muy bien aderezados de camino, con otros tres mozos de a pie que +los acompañaban. En llegándose a juntar, se saludaron cortésmente, y, +preguntándose los unos a los otros dónde iban, supieron que todos se +encaminaban al lugar del entierro; y así, comenzaron a caminar todos +juntos. + +Uno de los de a caballo, hablando con su compañero, le dijo: + +— Paréceme, señor Vivaldo, que habemos de dar por bien empleada la tardanza +que hiciéremos en ver este famoso entierro, que no podrá dejar de ser +famoso, según estos pastores nos han contado estrañezas, ansí del muerto +pastor como de la pastora homicida. + +— Así me lo parece a mí —respondió Vivaldo—; y no digo yo hacer tardanza de +un día, pero de cuatro la hiciera a trueco de verle. + +Preguntóles don Quijote qué era lo que habían oído de Marcela y de +Grisóstomo. El caminante dijo que aquella madrugada habían encontrado con +aquellos pastores, y que, por haberles visto en aquel tan triste traje, les +habían preguntado la ocasión por que iban de aquella manera; que uno dellos +se lo contó, contando la estrañeza y hermosura de una pastora llamada +Marcela, y los amores de muchos que la recuestaban, con la muerte de aquel +Grisóstomo a cuyo entierro iban. Finalmente, él contó todo lo que Pedro a +don Quijote había contado. + +Cesó esta plática y comenzóse otra, preguntando el que se llamaba Vivaldo a +don Quijote qué era la ocasión que le movía a andar armado de aquella +manera por tierra tan pacífica. A lo cual respondió don Quijote: + +— La profesión de mi ejercicio no consiente ni permite que yo ande de otra +manera. El buen paso, el regalo y el reposo, allá se inventó para los +blandos cortesanos; mas el trabajo, la inquietud y las armas sólo se +inventaron e hicieron para aquellos que el mundo llama caballeros andantes, +de los cuales yo, aunque indigno, soy el menor de todos. + +Apenas le oyeron esto, cuando todos le tuvieron por loco; y, por +averiguarlo más y ver qué género de locura era el suyo, le tornó a +preguntar Vivaldo que qué quería decir "caballeros andantes". + +— ¿No han vuestras mercedes leído —respondió don Quijote— los anales e +historias de Ingalaterra, donde se tratan las famosas fazañas del rey +Arturo, que continuamente en nuestro romance castellano llamamos el rey +Artús, de quien es tradición antigua y común en todo aquel reino de la Gran +Bretaña que este rey no murió, sino que, por arte de encantamento, se +convirtió en cuervo, y que, andando los tiempos, ha de volver a reinar y a +cobrar su reino y cetro; a cuya causa no se probará que desde aquel tiempo +a éste haya ningún inglés muerto cuervo alguno? Pues en tiempo de este buen +rey fue instituida aquella famosa orden de caballería de los caballeros de +la Tabla Redonda, y pasaron, sin faltar un punto, los amores que allí se +cuentan de don Lanzarote del Lago con la reina Ginebra, siendo medianera +dellos y sabidora aquella tan honrada dueña Quintañona, de donde nació +aquel tan sabido romance, y tan decantado en nuestra España, de: + +Nunca fuera caballero +de damas tan bien servido +como fuera Lanzarote +cuando de Bretaña vino; + +con aquel progreso tan dulce y tan suave de sus amorosos y fuertes fechos. +Pues desde entonces, de mano en mano, fue aquella orden de caballería +estendiéndose y dilatándose por muchas y diversas partes del mundo; y en +ella fueron famosos y conocidos por sus fechos el valiente Amadís de Gaula, +con todos sus hijos y nietos, hasta la quinta generación, y el valeroso +Felixmarte de Hircania, y el nunca como se debe alabado Tirante el Blanco, +y casi que en nuestros días vimos y comunicamos y oímos al invencible y +valeroso caballero don Belianís de Grecia. Esto, pues, señores, es ser +caballero andante, y la que he dicho es la orden de su caballería; en la +cual, como otra vez he dicho, yo, aunque pecador, he hecho profesión, y lo +mesmo que profesaron los caballeros referidos profeso yo. Y así, me voy por +estas soledades y despoblados buscando las aventuras, con ánimo deliberado +de ofrecer mi brazo y mi persona a la más peligrosa que la suerte me +deparare, en ayuda de los flacos y menesterosos. + +Por estas razones que dijo, acabaron de enterarse los caminantes que era +don Quijote falto de juicio, y del género de locura que lo señoreaba, de lo +cual recibieron la mesma admiración que recibían todos aquellos que de +nuevo venían en conocimiento della. Y Vivaldo, que era persona muy discreta +y de alegre condición, por pasar sin pesadumbre el poco camino que decían +que les faltaba, al llegar a la sierra del entierro, quiso darle ocasión a +que pasase más adelante con sus disparates. Y así, le dijo: + +— Paréceme, señor caballero andante, que vuestra merced ha profesado una de +las más estrechas profesiones que hay en la tierra, y tengo para mí que aun +la de los frailes cartujos no es tan estrecha. + +— Tan estrecha bien podía ser —respondió nuestro don Quijote—, pero tan +necesaria en el mundo no estoy en dos dedos de ponello en duda. Porque, si +va a decir verdad, no hace menos el soldado que pone en ejecución lo que su +capitán le manda que el mesmo capitán que se lo ordena. Quiero decir que +los religiosos, con toda paz y sosiego, piden al cielo el bien de la +tierra; pero los soldados y caballeros ponemos en ejecución lo que ellos +piden, defendiéndola con el valor de nuestros brazos y filos de nuestras +espadas; no debajo de cubierta, sino al cielo abierto, puestos por blanco +de los insufribles rayos del sol en verano y de los erizados yelos del +invierno. Así que, somos ministros de Dios en la tierra, y brazos por quien +se ejecuta en ella su justicia. Y, como las cosas de la guerra y las a +ellas tocantes y concernientes no se pueden poner en ejecución sino +sudando, afanando y trabajando, síguese que aquellos que la profesan +tienen, sin duda, mayor trabajo que aquellos que en sosegada paz y reposo +están rogando a Dios favorezca a los que poco pueden. No quiero yo decir, +ni me pasa por pensamiento, que es tan buen estado el de caballero andante +como el del encerrado religioso; sólo quiero inferir, por lo que yo +padezco, que, sin duda, es más trabajoso y más aporreado, y más hambriento +y sediento, miserable, roto y piojoso; porque no hay duda sino que los +caballeros andantes pasados pasaron mucha malaventura en el discurso de su +vida. Y si algunos subieron a ser emperadores por el valor de su brazo, a +fe que les costó buen porqué de su sangre y de su sudor; y que si a los que +a tal grado subieron les faltaran encantadores y sabios que los ayudaran, +que ellos quedaran bien defraudados de sus deseos y bien engañados de sus +esperanzas. + +— De ese parecer estoy yo —replicó el caminante—; pero una cosa, entre otras +muchas, me parece muy mal de los caballeros andantes, y es que, cuando se +ven en ocasión de acometer una grande y peligrosa aventura, en que se vee +manifiesto peligro de perder la vida, nunca en aquel instante de acometella +se acuerdan de encomendarse a Dios, como cada cristiano está obligado a +hacer en peligros semejantes; antes, se encomiendan a sus damas, con tanta +gana y devoción como si ellas fueran su Dios: cosa que me parece que huele +algo a gentilidad. + +— Señor —respondió don Quijote—, eso no puede ser menos en ninguna manera, y +caería en mal caso el caballero andante que otra cosa hiciese; que ya está +en uso y costumbre en la caballería andantesca que el caballero andante +que, al acometer algún gran fecho de armas, tuviese su señora +delante,vuelva a ella los ojos blanda y amorosamente, como que le pide con +ellos le favorezca y ampare en el dudoso trance que acomete; y aun si nadie +le oye, está obligado a decir algunas palabras entre dientes, en que de +todo corazón se le encomiende; y desto tenemos innumerables ejemplos en las +historias. Y no se ha de entender por esto que han de dejar de encomendarse +a Dios; que tiempo y lugar les queda para hacerlo en el discurso de la +obra. + +— Con todo eso —replicó el caminante—, me queda un escrúpulo, y es que +muchas veces he leído que se traban palabras entre dos andantes caballeros, +y, de una en otra, se les viene a encender la cólera, y a volver los +caballos y tomar una buena pieza del campo, y luego, sin más ni más, a todo +el correr dellos, se vuelven a encontrar; y, en mitad de la corrida, se +encomiendan a sus damas; y lo que suele suceder del encuentro es que el uno +cae por las ancas del caballo, pasado con la lanza del contrario de parte a +parte, y al otro le viene también que, a no tenerse a las crines del suyo, +no pudiera dejar de venir al suelo. Y no sé yo cómo el muerto tuvo lugar +para encomendarse a Dios en el discurso de esta tan acelerada obra. Mejor +fuera que las palabras que en la carrera gastó encomendándose a su dama las +gastara en lo que debía y estaba obligado como cristiano. Cuanto más, que +yo tengo para mí que no todos los caballeros andantes tienen damas a quien +encomendarse, porque no todos son enamorados. + +— Eso no puede ser —respondió don Quijote—: digo que no puede ser que haya +caballero andante sin dama, porque tan proprio y tan natural les es a los +tales ser enamorados como al cielo tener estrellas, y a buen seguro que no +se haya visto historia donde se halle caballero andante sin amores; y por +el mesmo caso que estuviese sin ellos, no sería tenido por legítimo +caballero, sino por bastardo, y que entró en la fortaleza de la caballería +dicha, no por la puerta, sino por las bardas, como salteador y ladrón. + +— Con todo eso —dijo el caminante—, me parece, si mal no me acuerdo, haber +leído que don Galaor, hermano del valeroso Amadís de Gaula, nunca tuvo dama +señalada a quien pudiese encomendarse; y, con todo esto, no fue tenido en +menos, y fue un muy valiente y famoso caballero. + +A lo cual respondió nuestro don Quijote: + +— Señor, una golondrina sola no hace verano. Cuanto más, que yo sé que de +secreto estaba ese caballero muy bien enamorado; fuera que, aquello de +querer a todas bien cuantas bien le parecían era condición natural, a quien +no podía ir a la mano. Pero, en resolución, averiguado está muy bien que él +tenía una sola a quien él había hecho señora de su voluntad, a la cual se +encomendaba muy a menudo y muy secretamente, porque se preció de secreto +caballero. + +— Luego, si es de esencia que todo caballero andante haya de ser enamorado +— dijo el caminante—, bien se puede creer que vuestra merced lo es, pues es +de la profesión. Y si es que vuestra merced no se precia de ser tan secreto +como don Galaor, con las veras que puedo le suplico, en nombre de toda esta +compañía y en el mío, nos diga el nombre, patria, calidad y hermosura de su +dama; que ella se tendría por dichosa de que todo el mundo sepa que es +querida y servida de un tal caballero como vuestra merced parece. + +Aquí dio un gran suspiro don Quijote, y dijo: + +— Yo no podré afirmar si la dulce mi enemiga gusta, o no, de que el mundo +sepa que yo la sirvo; sólo sé decir, respondiendo a lo que con tanto +comedimiento se me pide, que su nombre es Dulcinea; su patria, el Toboso, +un lugar de la Mancha; su calidad, por lo menos, ha de ser de princesa, +pues es reina y señora mía; su hermosura, sobrehumana, pues en ella se +vienen a hacer verdaderos todos los imposibles y quiméricos atributos de +belleza que los poetas dan a sus damas: que sus cabellos son oro, su frente +campos elíseos, sus cejas arcos del cielo, sus ojos soles, sus mejillas +rosas, sus labios corales, perlas sus dientes, alabastro su cuello, mármol +su pecho, marfil sus manos, su blancura nieve, y las partes que a la vista +humana encubrió la honestidad son tales, según yo pienso y entiendo, que +sólo la discreta consideración puede encarecerlas, y no compararlas. + +— El linaje, prosapia y alcurnia querríamos saber —replicó Vivaldo. + +A lo cual respondió don Quijote: + +— No es de los antiguos Curcios, Gayos y Cipiones romanos, ni de los +modernos Colonas y Ursinos; ni de los Moncadas y Requesenes de Cataluña, ni +menos de los Rebellas y Villanovas de Valencia; Palafoxes, Nuzas, +Rocabertis, Corellas, Lunas, Alagones, Urreas, Foces y Gurreas de Aragón; +Cerdas, Manriques, Mendozas y Guzmanes de Castilla; Alencastros, Pallas y +Meneses de Portogal; pero es de los del Toboso de la Mancha, linaje, aunque +moderno, tal, que puede dar generoso principio a las más ilustres familias +de los venideros siglos. Y no se me replique en esto, si no fuere con las +condiciones que puso Cervino al pie del trofeo de las armas de Orlando, que +decía: + +nadie las mueva +que estar no pueda con Roldán a prueba. + +— Aunque el mío es de los Cachopines de Laredo —respondió el caminante—, no +le osaré yo poner con el del Toboso de la Mancha, puesto que, para decir +verdad, semejante apellido hasta ahora no ha llegado a mis oídos. + +— ¡Como eso no habrá llegado! —replicó don Quijote. + +Con gran atención iban escuchando todos los demás la plática de los dos, y +aun hasta los mesmos cabreros y pastores conocieron la demasiada falta de +juicio de nuestro don Quijote. Sólo Sancho Panza pensaba que cuanto su amo +decía era verdad, sabiendo él quién era y habiéndole conocido desde su +nacimiento; y en lo que dudaba algo era en creer aquello de la linda +Dulcinea del Toboso, porque nunca tal nombre ni tal princesa había llegado +jamás a su noticia, aunque vivía tan cerca del Toboso. + +En estas pláticas iban, cuando vieron que, por la quiebra que dos altas +montañas hacían, bajaban hasta veinte pastores, todos con pellicos de negra +lana vestidos y coronados con guirnaldas, que, a lo que después pareció, +eran cuál de tejo y cuál de ciprés. Entre seis dellos traían unas andas, +cubiertas de mucha diversidad de flores y de ramos. Lo cual visto por uno +de los cabreros, dijo: + +— Aquellos que allí vienen son los que traen el cuerpo de Grisóstomo, y el +pie de aquella montaña es el lugar donde él mandó que le enterrasen. +Por esto se dieron priesa a llegar, y fue a tiempo que ya los que venían +habían puesto las andas en el suelo; y cuatro dellos con agudos picos +estaban cavando la sepultura a un lado de una dura peña. + +Recibiéronse los unos y los otros cortésmente; y luego don Quijote y los +que con él venían se pusieron a mirar las andas, y en ellas vieron cubierto +de flores un cuerpo muerto, vestido como pastor, de edad, al parecer, de +treinta años; y, aunque muerto, mostraba que vivo había sido de rostro +hermoso y de disposición gallarda. Alrededor dél tenía en las mesmas +andas algunos libros y muchos papeles, abiertos y cerrados. Y así los que +esto miraban, como los que abrían la sepultura, y todos los demás que allí +había, guardaban un maravilloso silencio, hasta que uno de los que al +muerto trujeron dijo a otro: + +— Mirá bien, Ambrosio, si es éste el lugar que Grisóstomo dijo, ya que +queréis que tan puntualmente se cumpla lo que dejó mandado en su +testamento. + +— Éste es —respondió Ambrosio—; que muchas veces en él me contó mi +desdichado amigo la historia de su desventura. Allí me dijo él que vio la +vez primera a aquella enemiga mortal del linaje humano, y allí fue también +donde la primera vez le declaró su pensamiento, tan honesto como enamorado, +y allí fue la última vez donde Marcela le acabó de desengañar y desdeñar, +de suerte que puso fin a la tragedia de su miserable vida. Y aquí, en +memoria de tantas desdichas, quiso él que le depositasen en las entrañas +del eterno olvido. + +Y, volviéndose a don Quijote y a los caminantes, prosiguió diciendo: + +— Ese cuerpo, señores, que con piadosos ojos estáis mirando, fue depositario +de un alma en quien el cielo puso infinita parte de sus riquezas. Ése es el +cuerpo de Grisóstomo, que fue único en el ingenio, solo en la cortesía, +estremo en la gentileza, fénix en la amistad, magnífico sin tasa, grave sin +presunción, alegre sin bajeza, y, finalmente, primero en todo lo que es ser +bueno, y sin segundo en todo lo que fue ser desdichado. Quiso bien, fue +aborrecido; adoró, fue desdeñado; rogó a una fiera, importunó a un mármol, +corrió tras el viento, dio voces a la soledad, sirvió a la ingratitud, de +quien alcanzó por premio ser despojos de la muerte en la mitad de la +carrera de su vida, a la cual dio fin una pastora a quien él procuraba +eternizar para que viviera en la memoria de las gentes, cual lo pudieran +mostrar bien esos papeles que estáis mirando, si él no me hubiera mandado +que los entregara al fuego en habiendo entregado su cuerpo a la tierra. +— De mayor rigor y crueldad usaréis vos con ellos —dijo Vivaldo— que su +mesmo dueño, pues no es justo ni acertado que se cumpla la voluntad de +quien lo que ordena va fuera de todo razonable discurso. Y no le tuviera +bueno Augusto César si consintiera que se pusiera en ejecución lo que el +divino Mantuano dejó en su testamento mandado. Ansí que, señor Ambrosio, ya +que deis el cuerpo de vuestro amigo a la tierra, no queráis dar sus +escritos al olvido; que si él ordenó como agraviado, no es bien que vos +cumpláis como indiscreto. Antes haced, dando la vida a estos papeles, que +la tenga siempre la crueldad de Marcela, para que sirva de ejemplo, en los +tiempos que están por venir, a los vivientes, para que se aparten y huyan +de caer en semejantes despeñaderos; que ya sé yo, y los que aquí venimos, +la historia deste vuestro enamorado y desesperado amigo, y sabemos la +amistad vuestra, y la ocasión de su muerte, y lo que dejó mandado al acabar +de la vida; de la cual lamentable historia se puede sacar cuánto haya sido +la crueldad de Marcela, el amor de Grisóstomo, la fe de la amistad vuestra, +con el paradero que tienen los que a rienda suelta corren por la senda que +el desvariado amor delante de los ojos les pone. Anoche supimos la muerte +de Grisóstomo, y que en este lugar había de ser enterrado; y así, de +curiosidad y de lástima, dejamos nuestro derecho viaje, y acordamos de +venir a ver con los ojos lo que tanto nos había lastimado en oíllo. Y, en +pago desta lástima y del deseo que en nosotros nació de remedialla si +pudiéramos, te rogamos, ¡oh discreto Ambrosio! (a lo menos, yo te lo +suplico de mi parte), que, dejando de abrasar estos papeles, me dejes +llevar algunos dellos. + +Y, sin aguardar que el pastor respondiese, alargó la mano y tomó algunos de +los que más cerca estaban; viendo lo cual Ambrosio, dijo: + +— Por cortesía consentiré que os quedéis, señor, con los que ya habéis +tomado; pero pensar que dejaré de abrasar los que quedan es pensamiento +vano. + +Vivaldo, que deseaba ver lo que los papeles decían, abrió luego el uno +dellos y vio que tenía por título: Canción desesperada. Oyólo Ambrosio y +dijo: + +— Ése es el último papel que escribió el desdichado; y, porque veáis, señor, +en el término que le tenían sus desventuras, leelde de modo que seáis oído; +que bien os dará lugar a ello el que se tardare en abrir la sepultura. + +— Eso haré yo de muy buena gana —dijo Vivaldo. + +Y, como todos los circunstantes tenían el mesmo deseo, se le pusieron a la +redonda; y él, leyendo en voz clara, vio que así decía: + + + + +Capítulo XIV. Donde se ponen los versos desesperados del difunto pastor, +con otros no esperados sucesos + +Canción de Grisóstomo + +Ya que quieres, cruel, que se publique, +de lengua en lengua y de una en otra gente, +del áspero rigor tuyo la fuerza, +haré que el mesmo infierno comunique +al triste pecho mío un son doliente, +con que el uso común de mi voz tuerza. +Y al par de mi deseo, que se esfuerza +a decir mi dolor y tus hazañas, +de la espantable voz irá el acento, +y en él mezcladas, por mayor tormento, +pedazos de las míseras entrañas. +Escucha, pues, y presta atento oído, +no al concertado son, sino al rüido +que de lo hondo de mi amargo pecho, +llevado de un forzoso desvarío, +por gusto mío sale y tu despecho. + +El rugir del león, del lobo fiero +el temeroso aullido, el silbo horrendo +de escamosa serpiente, el espantable +baladro de algún monstruo, el agorero +graznar de la corneja, y el estruendo +del viento contrastado en mar instable; +del ya vencido toro el implacable +bramido, y de la viuda tortolilla +el sentible arrullar; el triste canto +del envidiado búho, con el llanto +de toda la infernal negra cuadrilla, +salgan con la doliente ánima fuera, +mezclados en un son, de tal manera +que se confundan los sentidos todos, +pues la pena cruel que en mí se halla +para contalla pide nuevos modos. + +De tanta confusión no las arenas +del padre Tajo oirán los tristes ecos, +ni del famoso Betis las olivas: +que allí se esparcirán mis duras penas +en altos riscos y en profundos huecos, +con muerta lengua y con palabras vivas; +o ya en escuros valles, o en esquivas +playas, desnudas de contrato humano, +o adonde el sol jamás mostró su lumbre, +o entre la venenosa muchedumbre +de fieras que alimenta el libio llano; +que, puesto que en los páramos desiertos +los ecos roncos de mi mal, inciertos, +suenen con tu rigor tan sin segundo, +por privilegio de mis cortos hados, +serán llevados por el ancho mundo. + +Mata un desdén, atierra la paciencia, +o verdadera o falsa, una sospecha; +matan los celos con rigor más fuerte; +desconcierta la vida larga ausencia; +contra un temor de olvido no aprovecha +firme esperanza de dichosa suerte. +En todo hay cierta, inevitable muerte; +mas yo, ¡milagro nunca visto!, vivo +celoso, ausente, desdeñado y cierto +de las sospechas que me tienen muerto; +y en el olvido en quien mi fuego avivo, +y, entre tantos tormentos, nunca alcanza +mi vista a ver en sombra a la esperanza, +ni yo, desesperado, la procuro; +antes, por estremarme en mi querella, +estar sin ella eternamente juro. + +¿Puédese, por ventura, en un instante +esperar y temer, o es bien hacello, +siendo las causas del temor más ciertas? +¿Tengo, si el duro celo está delante, +de cerrar estos ojos, si he de vello +por mil heridas en el alma abiertas? +¿Quién no abrirá de par en par las puertas +a la desconfianza, cuando mira +descubierto el desdén, y las sospechas, +¡oh amarga conversión!, verdades hechas, +y la limpia verdad vuelta en mentira? +¡Oh, en el reino de amor fieros tiranos +celos, ponedme un hierro en estas manos! +Dame, desdén, una torcida soga. +Mas, ¡ay de mí!, que, con cruel vitoria, +vuestra memoria el sufrimiento ahoga. + +Yo muero, en fin; y, porque nunca espere +buen suceso en la muerte ni en la vida, +pertinaz estaré en mi fantasía. +Diré que va acertado el que bien quiere, +y que es más libre el alma más rendida +a la de amor antigua tiranía. +Diré que la enemiga siempre mía +hermosa el alma como el cuerpo tiene, +y que su olvido de mi culpa nace, +y que, en fe de los males que nos hace, +amor su imperio en justa paz mantiene. +Y, con esta opinión y un duro lazo, +acelerando el miserable plazo +a que me han conducido sus desdenes, +ofreceré a los vientos cuerpo y alma, +sin lauro o palma de futuros bienes. + +Tú, que con tantas sinrazones muestras +la razón que me fuerza a que la haga +a la cansada vida que aborrezco, +pues ya ves que te da notorias muestras +esta del corazón profunda llaga, +de cómo, alegre, a tu rigor me ofrezco, +si, por dicha, conoces que merezco +que el cielo claro de tus bellos ojos +en mi muerte se turbe, no lo hagas; +que no quiero que en nada satisfagas, +al darte de mi alma los despojos. +Antes, con risa en la ocasión funesta, +descubre que el fin mío fue tu fiesta; +mas gran simpleza es avisarte desto, +pues sé que está tu gloria conocida +en que mi vida llegue al fin tan presto. + +Venga, que es tiempo ya, del hondo abismo +Tántalo con su sed; Sísifo venga +con el peso terrible de su canto; +Ticio traya su buitre, y ansimismo +con su rueda Egïón no se detenga, +ni las hermanas que trabajan tanto; +y todos juntos su mortal quebranto +trasladen en mi pecho, y en voz baja +-si ya a un desesperado son debidas- +canten obsequias tristes, doloridas, +al cuerpo a quien se niegue aun la mortaja. +Y el portero infernal de los tres rostros, +con otras mil quimeras y mil monstros, +lleven el doloroso contrapunto; +que otra pompa mejor no me parece +que la merece un amador difunto. + +Canción desesperada, no te quejes +cuando mi triste compañía dejes; +antes, pues que la causa do naciste +con mi desdicha augmenta su ventura, +aun en la sepultura no estés triste. + +Bien les pareció, a los que escuchado habían, la canción de Grisóstomo, +puesto que el que la leyó dijo que no le parecía que conformaba con la +relación que él había oído del recato y bondad de Marcela, porque en ella +se quejaba Grisóstomo de celos, sospechas y de ausencia, todo en perjuicio +del buen crédito y buena fama de Marcela. A lo cual respondió Ambrosio, +como aquel que sabía bien los más escondidos pensamientos de su amigo: +— Para que, señor, os satisfagáis desa duda, es bien que sepáis que cuando +este desdichado escribió esta canción estaba ausente de Marcela, de quien +él se había ausentado por su voluntad, por ver si usaba con él la ausencia +de sus ordinarios fueros. Y, como al enamorado ausente no hay cosa que no +le fatigue ni temor que no le dé alcance, así le fatigaban a Grisóstomo los +celos imaginados y las sospechas temidas como si fueran verdaderas. Y con +esto queda en su punto la verdad que la fama pregona de la bondad de +Marcela; la cual, fuera de ser cruel, y un poco arrogante y un mucho +desdeñosa, la mesma envidia ni debe ni puede ponerle falta alguna. + +— Así es la verdad —respondió Vivaldo. + +Y, queriendo leer otro papel de los que había reservado del fuego, lo +estorbó una maravillosa visión —que tal parecía ella— que improvisamente se +les ofreció a los ojos; y fue que, por cima de la peña donde se cavaba la +sepultura, pareció la pastora Marcela, tan hermosa que pasaba a su fama su +hermosura. Los que hasta entonces no la habían visto la miraban con +admiración y silencio, y los que ya estaban acostumbrados a verla no +quedaron menos suspensos que los que nunca la habían visto. Mas, apenas la +hubo visto Ambrosio, cuando, con muestras de ánimo indignado, le dijo: + +— ¿Vienes a ver, por ventura, ¡oh fiero basilisco destas montañas!, si con +tu presencia vierten sangre las heridas deste miserable a quien tu crueldad +quitó la vida? ¿O vienes a ufanarte en las crueles hazañas de tu condición, +o a ver desde esa altura, como otro despiadado Nero, el incendio de su +abrasada Roma, o a pisar, arrogante, este desdichado cadáver, como la +ingrata hija al de su padre Tarquino? Dinos presto a lo que vienes, o qué +es aquello de que más gustas; que, por saber yo que los pensamientos de +Grisóstomo jamás dejaron de obedecerte en vida, haré que, aun él muerto, te +obedezcan los de todos aquellos que se llamaron sus amigos. + +— No vengo, ¡oh Ambrosio!, a ninguna cosa de las que has dicho —respondió +Marcela—, sino a volver por mí misma, y a dar a entender cuán fuera de +razón van todos aquellos que de sus penas y de la muerte de Grisóstomo me +culpan; y así, ruego a todos los que aquí estáis me estéis atentos, que no +será menester mucho tiempo ni gastar muchas palabras para persuadir una +verdad a los discretos. + +»Hízome el cielo, según vosotros decís, hermosa, y de tal manera que, sin +ser poderosos a otra cosa, a que me améis os mueve mi hermosura; y, por el +amor que me mostráis, decís, y aun queréis, que esté yo obligada a amaros. +Yo conozco, con el natural entendimiento que Dios me ha dado, que todo lo +hermoso es amable; mas no alcanzo que, por razón de ser amado, esté +obligado lo que es amado por hermoso a amar a quien le ama. Y más, que +podría acontecer que el amador de lo hermoso fuese feo, y, siendo lo feo +digno de ser aborrecido, cae muy mal el decir ''Quiérote por hermosa; hasme +de amar aunque sea feo''. Pero, puesto caso que corran igualmente las +hermosuras, no por eso han de correr iguales los deseos, que no todas +hermosuras enamoran; que algunas alegran la vista y no rinden la voluntad; +que si todas las bellezas enamorasen y rindiesen, sería un andar las +voluntades confusas y descaminadas, sin saber en cuál habían de parar; +porque, siendo infinitos los sujetos hermosos, infinitos habían de ser los +deseos. Y, según yo he oído decir, el verdadero amor no se divide, y ha de +ser voluntario, y no forzoso. Siendo esto así, como yo creo que lo es, ¿por +qué queréis que rinda mi voluntad por fuerza, obligada no más de que decís +que me queréis bien? Si no, decidme: si como el cielo me hizo hermosa me +hiciera fea, ¿fuera justo que me quejara de vosotros porque no me amábades? +Cuanto más, que habéis de considerar que yo no escogí la hermosura que +tengo; que, tal cual es, el cielo me la dio de gracia, sin yo pedilla ni +escogella. Y, así como la víbora no merece ser culpada por la ponzoña que +tiene, puesto que con ella mata, por habérsela dado naturaleza, tampoco yo +merezco ser reprehendida por ser hermosa; que la hermosura en la mujer +honesta es como el fuego apartado o como la espada aguda, que ni él quema +ni ella corta a quien a ellos no se acerca. La honra y las virtudes son +adornos del alma, sin las cuales el cuerpo, aunque lo sea, no debe de +parecer hermoso. Pues si la honestidad es una de las virtudes que al cuerpo +y al alma más adornan y hermosean, ¿por qué la ha de perder la que es amada +por hermosa, por corresponder a la intención de aquel que, por sólo su +gusto, con todas sus fuerzas e industrias procura que la pierda? + +»Yo nací libre, y para poder vivir libre escogí la soledad de los campos. +Los árboles destas montañas son mi compañía, las claras aguas destos +arroyos mis espejos; con los árboles y con las aguas comunico mis +pensamientos y hermosura. Fuego soy apartado y espada puesta lejos. A los +que he enamorado con la vista he desengañado con las palabras. Y si los +deseos se sustentan con esperanzas, no habiendo yo dado alguna a Grisóstomo +ni a otro alguno, el fin de ninguno dellos bien se puede decir que antes le +mató su porfía que mi crueldad. Y si se me hace cargo que eran honestos sus +pensamientos, y que por esto estaba obligada a corresponder a ellos, digo +que, cuando en ese mismo lugar donde ahora se cava su sepultura me +descubrió la bondad de su intención, le dije yo que la mía era vivir en +perpetua soledad, y de que sola la tierra gozase el fruto de mi +recogimiento y los despojos de mi hermosura; y si él, con todo este +desengaño, quiso porfiar contra la esperanza y navegar contra el viento, +¿qué mucho que se anegase en la mitad del golfo de su desatino? Si yo le +entretuviera, fuera falsa; si le contentara, hiciera contra mi mejor +intención y prosupuesto. Porfió desengañado, desesperó sin ser aborrecido: +¡mirad ahora si será razón que de su pena se me dé a mí la culpa! Quéjese +el engañado, desespérese aquel a quien le faltaron las prometidas +esperanzas, confíese el que yo llamare, ufánese el que yo admitiere; pero +no me llame cruel ni homicida aquel a quien yo no prometo, engaño, llamo ni +admito. + +»El cielo aún hasta ahora no ha querido que yo ame por destino, y el pensar +que tengo de amar por elección es escusado. Este general desengaño sirva a +cada uno de los que me solicitan de su particular provecho; y entiéndase, +de aquí adelante, que si alguno por mí muriere, no muere de celoso ni +desdichado, porque quien a nadie quiere, a ninguno debe dar celos; que los +desengaños no se han de tomar en cuenta de desdenes. El que me llama fiera +y basilisco, déjeme como cosa perjudicial y mala; el que me llama ingrata, +no me sirva; el que desconocida, no me conozca; quien cruel, no me siga; +que esta fiera, este basilisco, esta ingrata, esta cruel y esta +desconocida, ni los buscará, servirá, conocerá ni seguirá en ninguna +manera. Que si a Grisóstomo mató su impaciencia y arrojado deseo, ¿por qué +se ha de culpar mi honesto proceder y recato? Si yo conservo mi limpieza +con la compañía de los árboles, ¿por qué ha de querer que la pierda el que +quiere que la tenga con los hombres? Yo, como sabéis, tengo riquezas +propias y no codicio las ajenas; tengo libre condición y no gusto de +sujetarme: ni quiero ni aborrezco a nadie. No engaño a éste ni solicito +aquél, ni burlo con uno ni me entretengo con el otro. La conversación +honesta de las zagalas destas aldeas y el cuidado de mis cabras me +entretiene. Tienen mis deseos por término estas montañas, y si de aquí +salen, es a contemplar la hermosura del cielo, pasos con que camina el alma +a su morada primera. + +Y, en diciendo esto, sin querer oír respuesta alguna, volvió las espaldas y +se entró por lo más cerrado de un monte que allí cerca estaba, dejando +admirados, tanto de su discreción como de su hermosura, a todos los que +allí estaban. Y algunos dieron muestras —de aquellos que de la poderosa +flecha de los rayos de sus bellos ojos estaban heridos— de quererla seguir, +sin aprovecharse del manifiesto desengaño que habían oído. Lo cual visto +por don Quijote, pareciéndole que allí venía bien usar de su caballería, +socorriendo a las doncellas menesterosas, puesta la mano en el puño de su +espada, en altas e inteligibles voces, dijo: + +— Ninguna persona, de cualquier estado y condición que sea, se atreva a +seguir a la hermosa Marcela, so pena de caer en la furiosa indignación mía. +Ella ha mostrado con claras y suficientes razones la poca o ninguna culpa +que ha tenido en la muerte de Grisóstomo, y cuán ajena vive de condescender +con los deseos de ninguno de sus amantes, a cuya causa es justo que, en +lugar de ser seguida y perseguida, sea honrada y estimada de todos los +buenos del mundo, pues muestra que en él ella es sola la que con tan +honesta intención vive. + +O ya que fuese por las amenazas de don Quijote, o porque Ambrosio les dijo +que concluyesen con lo que a su buen amigo debían, ninguno de los pastores +se movió ni apartó de allí hasta que, acabada la sepultura y abrasados los +papeles de Grisóstomo, pusieron su cuerpo en ella, no sin muchas lágrimas +de los circunstantes. Cerraron la sepultura con una gruesa peña, en tanto +que se acababa una losa que, según Ambrosio dijo, pensaba mandar hacer, con +un epitafio que había de decir desta manera: + +Yace aquí de un amador +el mísero cuerpo helado, +que fue pastor de ganado, +perdido por desamor. +Murió a manos del rigor +de una esquiva hermosa ingrata, +con quien su imperio dilata +la tiranía de su amor. + +Luego esparcieron por cima de la sepultura muchas flores y ramos, y, dando +todos el pésame a su amigo Ambrosio, se despidieron dél. Lo mesmo hicieron +Vivaldo y su compañero, y don Quijote se despidió de sus huéspedes y de los +caminantes, los cuales le rogaron se viniese con ellos a Sevilla, por ser +lugar tan acomodado a hallar aventuras, que en cada calle y tras cada +esquina se ofrecen más que en otro alguno. Don Quijote les agradeció el +aviso y el ánimo que mostraban de hacerle merced, y dijo que por entonces +no quería ni debía ir a Sevilla, hasta que hubiese despojado todas aquellas +sierras de ladrones malandrines, de quien era fama que todas estaban +llenas. Viendo su buena determinación, no quisieron los caminantes +importunarle más, sino, tornándose a despedir de nuevo, le dejaron y +prosiguieron su camino, en el cual no les faltó de qué tratar, así de la +historia de Marcela y Grisóstomo como de las locuras de don Quijote. El +cual determinó de ir a buscar a la pastora Marcela y ofrecerle todo lo que +él podía en su servicio. Mas no le avino como él pensaba, según se cuenta +en el discurso desta verdadera historia, dando aquí fin la segunda parte. + +Tercera parte del ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha + + + + +Capítulo XV. Donde se cuenta la desgraciada aventura que se topó don +Quijote en topar con unos desalmados yangüeses + +Cuenta el sabio Cide Hamete Benengeli que, así como don Quijote se despidió +de sus huéspedes y de todos los que se hallaron al entierro del pastor +Grisóstomo, él y su escudero se entraron por el mesmo bosque donde vieron +que se había entrado la pastora Marcela; y, habiendo andado más de dos +horas por él, buscándola por todas partes sin poder hallarla, vinieron a +parar a un prado lleno de fresca yerba, junto del cual corría un arroyo +apacible y fresco; tanto, que convidó y forzó a pasar allí las horas de la +siesta, que rigurosamente comenzaba ya a entrar. + +Apeáronse don Quijote y Sancho, y, dejando al jumento y a Rocinante a sus +anchuras pacer de la mucha yerba que allí había, dieron saco a las +alforjas, y, sin cerimonia alguna, en buena paz y compañía, amo y mozo +comieron lo que en ellas hallaron. + +No se había curado Sancho de echar sueltas a Rocinante, seguro de que le +conocía por tan manso y tan poco rijoso que todas las yeguas de la dehesa +de Córdoba no le hicieran tomar mal siniestro. Ordenó, pues, la suerte, y +el diablo, que no todas veces duerme, que andaban por aquel valle paciendo +una manada de hacas galicianas de unos arrieros gallegos, de los cuales es +costumbre sestear con su recua en lugares y sitios de yerba y agua; y aquel +donde acertó a hallarse don Quijote era muy a propósito de los gallegos. +Sucedió, pues, que a Rocinante le vino en deseo de refocilarse con las +señoras facas; y saliendo, así como las olió, de su natural paso y +costumbre, sin pedir licencia a su dueño, tomó un trotico algo picadillo +y se fue a comunicar su necesidad con ellas. Mas ellas, que, a lo que +pareció, debían de tener más gana de pacer que de ál, recibiéronle con las +herraduras y con los dientes, de tal manera que, a poco espacio, se le +rompieron las cinchas y quedó, sin silla, en pelota. Pero lo que él debió +más de sentir fue que, viendo los arrieros la fuerza que a sus yeguas se +les hacía, acudieron con estacas, y tantos palos le dieron que le +derribaron malparado en el suelo. + +Ya en esto don Quijote y Sancho, que la paliza de Rocinante habían visto, +llegaban ijadeando; y dijo don Quijote a Sancho: + +— A lo que yo veo, amigo Sancho, éstos no son caballeros, sino gente soez y +de baja ralea. Dígolo porque bien me puedes ayudar a tomar la debida +venganza del agravio que delante de nuestros ojos se le ha hecho a +Rocinante. + +— ¿Qué diablos de venganza hemos de tomar —respondió Sancho—, si éstos son +más de veinte y nosotros no más de dos, y aun, quizá, nosotros sino uno y +medio? + +— Yo valgo por ciento —replicó don Quijote. + +Y, sin hacer más discursos, echó mano a su espada y arremetió a los +gallegos, y lo mesmo hizo Sancho Panza, incitado y movido del ejemplo de su +amo. Y, a las primeras, dio don Quijote una cuchillada a uno, que le abrió +un sayo de cuero de que venía vestido, con gran parte de la espalda. +Los gallegos, que se vieron maltratar de aquellos dos hombres solos, siendo +ellos tantos, acudieron a sus estacas, y, cogiendo a los dos en medio, +comenzaron a menudear sobre ellos con grande ahínco y vehemencia. Verdad es +que al segundo toque dieron con Sancho en el suelo, y lo mesmo le avino a +don Quijote, sin que le valiese su destreza y buen ánimo; y quiso su +ventura que viniese a caer a los pies de Rocinante, que aún no se había +levantado; donde se echa de ver la furia con que machacan estacas puestas +en manos rústicas y enojadas. + +Viendo, pues, los gallegos el mal recado que habían hecho, con la mayor +presteza que pudieron, cargaron su recua y siguieron su camino, dejando a +los dos aventureros de mala traza y de peor talante. + +El primero que se resintió fue Sancho Panza; y, hallándose junto a su +señor, con voz enferma y lastimada, dijo: + +— ¡Señor don Quijote! ¡Ah, señor don Quijote! + +— ¿Qué quieres, Sancho hermano? —respondió don Quijote con el mesmo tono +afeminado y doliente que Sancho. + +— Querría, si fuese posible —respondió Sancho Panza—, que vuestra merced me +diese dos tragos de aquella bebida del feo Blas, si es que la tiene vuestra +merced ahí a mano. Quizá será de provecho para los quebrantamientos de +huesos como lo es para las feridas. + +— Pues, a tenerla yo aquí, desgraciado yo, ¿qué nos faltaba? —respondió don +Quijote—. Mas yo te juro, Sancho Panza, a fe de caballero andante, que +antes que pasen dos días, si la fortuna no ordena otra cosa, la tengo de +tener en mi poder, o mal me han de andar las manos. + +— Pues, ¿en cuántos le parece a vuestra merced que podremos mover los pies? +— replicó Sancho Panza. + +— De mí sé decir —dijo el molido caballero don Quijote— que no sabré poner +término a esos días. Mas yo me tengo la culpa de todo, que no había de +poner mano a la espada contra hombres que no fuesen armados caballeros como +yo; y así, creo que, en pena de haber pasado las leyes de la caballería, ha +permitido el dios de las batallas que se me diese este castigo. Por lo +cual, Sancho Panza, conviene que estés advertido en esto que ahora te diré, +porque importa mucho a la salud de entrambos; y es que, cuando veas que +semejante canalla nos hace algún agravio, no aguardes a que yo ponga mano +al espada para ellos, porque no lo haré en ninguna manera, sino pon tú mano +a tu espada y castígalos muy a tu sabor; que si en su ayuda y defensa +acudieren caballeros, yo te sabré defender y ofendellos con todo mi poder; +que ya habrás visto por mil señales y experiencias hasta adónde se estiende +el valor de este mi fuerte brazo. + +Tal quedó de arrogante el pobre señor con el vencimiento del valiente +vizcaíno. Mas no le pareció tan bien a Sancho Panza el aviso de su amo que +dejase de responder, diciendo: + +— Señor, yo soy hombre pacífico, manso, sosegado, y sé disimilar cualquiera +injuria, porque tengo mujer y hijos que sustentar y criar. Así que, séale a +vuestra merced también aviso, pues no puede ser mandato, que en ninguna +manera pondré mano a la espada, ni contra villano ni contra caballero; y +que, desde aquí para delante de Dios, perdono cuantos agravios me han hecho +y han de hacer: ora me los haya hecho, o haga o haya de hacer, persona alta +o baja, rico o pobre, hidalgo o pechero, sin eceptar estado ni condición +alguna. + +Lo cual oído por su amo, le respondió: + +— Quisiera tener aliento para poder hablar un poco descansado, y que el +dolor que tengo en esta costilla se aplacara tanto cuanto, para darte a +entender, Panza, en el error en que estás. Ven acá, pecador; si el viento +de la fortuna, hasta ahora tan contrario, en nuestro favor se vuelve, +llevándonos las velas del deseo para que seguramente y sin contraste alguno +tomemos puerto en alguna de las ínsulas que te tengo prometida, ¿qué sería +de ti si, ganándola yo, te hiciese señor della? Pues ¿lo vendrás a +imposibilitar por no ser caballero, ni quererlo ser, ni tener valor ni +intención de vengar tus injurias y defender tu señorío? Porque has de saber +que en los reinos y provincias nuevamente conquistados nunca están tan +quietos los ánimos de sus naturales, ni tan de parte del nuevo señor que no +se tengan temor de que han de hacer alguna novedad para alterar de nuevo +las cosas, y volver, como dicen, a probar ventura; y así, es menester que +el nuevo posesor tenga entendimiento para saberse gobernar, y valor para +ofender y defenderse en cualquiera acontecimiento. + +— En este que ahora nos ha acontecido —respondió Sancho—, quisiera yo tener +ese entendimiento y ese valor que vuestra merced dice; mas yo le juro, a fe +de pobre hombre, que más estoy para bizmas que para pláticas. Mire vuestra +merced si se puede levantar, y ayudaremos a Rocinante, aunque no lo merece, +porque él fue la causa principal de todo este molimiento. Jamás tal creí de +Rocinante, que le tenía por persona casta y tan pacífica como yo. En fin, +bien dicen que es menester mucho tiempo para venir a conocer las personas, +y que no hay cosa segura en esta vida. ¿Quién dijera que tras de aquellas +tan grandes cuchilladas como vuestra merced dio a aquel desdichado +caballero andante, había de venir, por la posta y en seguimiento suyo, esta +tan grande tempestad de palos que ha descargado sobre nuestras espaldas? +— Aun las tuyas, Sancho —replicó don Quijote—, deben de estar hechas a +semejantes nublados; pero las mías, criadas entre sinabafas y holandas, +claro está que sentirán más el dolor desta desgracia. Y si no fuese porque +imagino..., ¿qué digo imagino?, sé muy cierto, que todas estas +incomodidades son muy anejas al ejercicio de las armas, aquí me dejaría +morir de puro enojo. + +A esto replicó el escudero: + +— Señor, ya que estas desgracias son de la cosecha de la caballería, dígame +vuestra merced si suceden muy a menudo, o si tienen sus tiempos limitados +en que acaecen; porque me parece a mí que a dos cosechas quedaremos +inútiles para la tercera, si Dios, por su infinita misericordia, no nos +socorre. + +— Sábete, amigo Sancho —respondió don Quijote—, que la vida de los +caballeros andantes está sujeta a mil peligros y desventuras; y, ni más ni +menos, está en potencia propincua de ser los caballeros andantes reyes y +emperadores, como lo ha mostrado la experiencia en muchos y diversos +caballeros, de cuyas historias yo tengo entera noticia. Y pudiérate contar +agora, si el dolor me diera lugar, de algunos que, sólo por el valor de su +brazo, han subido a los altos grados que he contado; y estos mesmos se +vieron antes y después en diversas calamidades y miserias. Porque el +valeroso Amadís de Gaula se vio en poder de su mortal enemigo Arcaláus el +encantador, de quien se tiene por averiguado que le dio, teniéndole +preso, más de docientos azotes con las riendas de su caballo, atado a una +coluna de un patio. Y aun hay un autor secreto, y de no poco crédito, que +dice que, habiendo cogido al Caballero del Febo con una cierta trampa que +se le hundió debajo de los pies, en un cierto castillo, y al caer, se halló +en una honda sima debajo de tierra, atado de pies y manos, y allí le +echaron una destas que llaman melecinas, de agua de nieve y arena, de lo +que llegó muy al cabo; y si no fuera socorrido en aquella gran cuita de un +sabio grande amigo suyo, lo pasara muy mal el pobre caballero. Ansí que, +bien puedo yo pasar entre tanta buena gente; que mayores afrentas son las +que éstos pasaron, que no las que ahora nosotros pasamos. Porque quiero +hacerte sabidor, Sancho, que no afrentan las heridas que se dan con los +instrumentos que acaso se hallan en las manos; y esto está en la ley del +duelo, escrito por palabras expresas: que si el zapatero da a otro con la +horma que tiene en la mano, puesto que verdaderamente es de palo, no por +eso se dirá que queda apaleado aquel a quien dio con ella. Digo esto porque +no pienses que, puesto que quedamos desta pendencia molidos, quedamos +afrentados; porque las armas que aquellos hombres traían, con que nos +machacaron, no eran otras que sus estacas, y ninguno dellos, a lo que se me +acuerda, tenía estoque, espada ni puñal. + +— No me dieron a mí lugar —respondió Sancho— a que mirase en tanto; porque, +apenas puse mano a mi tizona, cuando me santiguaron los hombros con sus +pinos, de manera que me quitaron la vista de los ojos y la fuerza de los +pies, dando conmigo adonde ahora yago, y adonde no me da pena alguna el +pensar si fue afrenta o no lo de los estacazos, como me la da el dolor de +los golpes, que me han de quedar tan impresos en la memoria como en las +espaldas. + +— Con todo eso, te hago saber, hermano Panza —replicó don Quijote—, que no +hay memoria a quien el tiempo no acabe, ni dolor que muerte no le consuma. + +— Pues, ¿qué mayor desdicha puede ser —replicó Panza— de aquella que aguarda +al tiempo que la consuma y a la muerte que la acabe? Si esta nuestra +desgracia fuera de aquellas que con un par de bizmas se curan, aun no tan +malo; pero voy viendo que no han de bastar todos los emplastos de un +hospital para ponerlas en buen término siquiera. + +— Déjate deso y saca fuerzas de flaqueza, Sancho —respondió don Quijote—, +que así haré yo, y veamos cómo está Rocinante; que, a lo que me parece, no +le ha cabido al pobre la menor parte desta desgracia. + +— No hay de qué maravillarse deso —respondió Sancho—, siendo él tan buen +caballero andante; de lo que yo me maravillo es de que mi jumento haya +quedado libre y sin costas donde nosotros salimos sin costillas. + +— Siempre deja la ventura una puerta abierta en las desdichas, para dar +remedio a ellas —dijo don Quijote—. Dígolo porque esa bestezuela podrá +suplir ahora la falta de Rocinante, llevándome a mí desde aquí a algún +castillo donde sea curado de mis feridas. Y más, que no tendré a deshonra +la tal caballería, porque me acuerdo haber leído que aquel buen viejo +Sileno, ayo y pedagogo del alegre dios de la risa, cuando entró en la +ciudad de las cien puertas iba, muy a su placer, caballero sobre un muy +hermoso asno. + +— Verdad será que él debía de ir caballero, como vuestra merced dice +— respondió Sancho—, pero hay grande diferencia del ir caballero al ir +atravesado como costal de basura. + +A lo cual respondió don Quijote: + +— Las feridas que se reciben en las batallas, antes dan honra que la quitan. +Así que, Panza amigo, no me repliques más, sino, como ya te he dicho, +levántate lo mejor que pudieres y ponme de la manera que más te agradare +encima de tu jumento, y vamos de aquí antes que la noche venga y nos saltee +en este despoblado. + +— Pues yo he oído decir a vuestra merced —dijo Panza— que es muy de +caballeros andantes el dormir en los páramos y desiertos lo más del año, y +que lo tienen a mucha ventura. + +— Eso es —dijo don Quijote— cuando no pueden más, o cuando están enamorados; +y es tan verdad esto, que ha habido caballero que se ha estado sobre una +peña, al sol y a la sombra, y a las inclemencias del cielo, dos años, sin +que lo supiese su señora. Y uno déstos fue Amadís, cuando, llamándose +Beltenebros, se alojó en la Peña Pobre, ni sé si ocho años o ocho meses, +que no estoy muy bien en la cuenta: basta que él estuvo allí haciendo +penitencia, por no sé qué sinsabor que le hizo la señora Oriana. Pero +dejemos ya esto, Sancho, y acaba, antes que suceda otra desgracia al +jumento, como a Rocinante. + +— Aun ahí sería el diablo —dijo Sancho. + +Y, despidiendo treinta ayes, y sesenta sospiros, y ciento y veinte pésetes +y reniegos de quien allí le había traído, se levantó, quedándose agobiado +en la mitad del camino, como arco turquesco, sin poder acabar de +enderezarse; y con todo este trabajo aparejó su asno, que también había +andado algo destraído con la demasiada libertad de aquel día. Levantó luego +a Rocinante, el cual, si tuviera lengua con que quejarse, a buen seguro que +Sancho ni su amo no le fueran en zaga. + +En resolución, Sancho acomodó a don Quijote sobre el asno y puso de reata a +Rocinante; y, llevando al asno de cabestro, se encaminó, poco más a menos, +hacia donde le pareció que podía estar el camino real. Y la suerte, que sus +cosas de bien en mejor iba guiando, aún no hubo andado una pequeña legua, +cuando le deparó el camino, en el cual descubrió una venta que, a pesar +suyo y gusto de don Quijote, había de ser castillo. Porfiaba Sancho que era +venta, y su amo que no, sino castillo; y tanto duró la porfía, que tuvieron +lugar, sin acabarla, de llegar a ella, en la cual Sancho se entró, sin más +averiguación, con toda su recua. + + + + +Capítulo XVI. De lo que le sucedió al ingenioso hidalgo en la venta que él +imaginaba ser castillo + +El ventero, que vio a don Quijote atravesado en el asno, preguntó a Sancho +qué mal traía. Sancho le respondió que no era nada, sino que había dado una +caída de una peña abajo, y que venía algo brumadas las costillas. Tenía el +ventero por mujer a una, no de la condición que suelen tener las de +semejante trato, porque naturalmente era caritativa y se dolía de las +calamidades de sus prójimos; y así, acudió luego a curar a don Quijote y +hizo que una hija suya, doncella, muchacha y de muy buen parecer, la +ayudase a curar a su huésped. Servía en la venta, asimesmo, una moza +asturiana, ancha de cara, llana de cogote, de nariz roma, del un ojo tuerta +y del otro no muy sana. Verdad es que la gallardía del cuerpo suplía las +demás faltas: no tenía siete palmos de los pies a la cabeza, y las +espaldas, que algún tanto le cargaban, la hacían mirar al suelo más de lo +que ella quisiera. Esta gentil moza, pues, ayudó a la doncella, y las dos +hicieron una muy mala cama a don Quijote en un camaranchón que, en otros +tiempos, daba manifiestos indicios que había servido de pajar muchos años. +En la cual también alojaba un arriero, que tenía su cama hecha un poco más +allá de la de nuestro don Quijote. Y, aunque era de las enjalmas y mantas +de sus machos, hacía mucha ventaja a la de don Quijote, que sólo contenía +cuatro mal lisas tablas, sobre dos no muy iguales bancos, y un colchón que +en lo sutil parecía colcha, lleno de bodoques, que, a no mostrar que eran +de lana por algunas roturas, al tiento, en la dureza, semejaban de +guijarro, y dos sábanas hechas de cuero de adarga, y una frazada, cuyos +hilos, si se quisieran contar, no se perdiera uno solo de la cuenta. +En esta maldita cama se acostó don Quijote, y luego la ventera y su hija le +emplastaron de arriba abajo, alumbrándoles Maritornes, que así se llamaba +la asturiana; y, como al bizmalle viese la ventera tan acardenalado a +partes a don Quijote, dijo que aquello más parecían golpes que caída. + +— No fueron golpes —dijo Sancho—, sino que la peña tenía muchos picos y +tropezones. + +Y que cada uno había hecho su cardenal. Y también le dijo: + +— Haga vuestra merced, señora, de manera que queden algunas estopas, que no +faltará quien las haya menester; que también me duelen a mí un poco los +lomos. + +— Desa manera —respondió la ventera—, también debistes vos de caer. + +— No caí —dijo Sancho Panza—, sino que del sobresalto que tomé de ver caer a +mi amo, de tal manera me duele a mí el cuerpo que me parece que me han dado +mil palos. + +— Bien podrá ser eso —dijo la doncella—; que a mí me ha acontecido muchas +veces soñar que caía de una torre abajo y que nunca acababa de llegar al +suelo, y, cuando despertaba del sueño, hallarme tan molida y quebrantada +como si verdaderamente hubiera caído. + +— Ahí está el toque, señora —respondió Sancho Panza—: que yo, sin soñar +nada, sino estando más despierto que ahora estoy, me hallo con pocos menos +cardenales que mi señor don Quijote. + +— ¿Cómo se llama este caballero? —preguntó la asturiana Maritornes. + +— Don Quijote de la Mancha —respondió Sancho Panza—, y es caballero +aventurero, y de los mejores y más fuertes que de luengos tiempos acá se +han visto en el mundo. + +— ¿Qué es caballero aventurero? —replicó la moza. + +— ¿Tan nueva sois en el mundo que no lo sabéis vos? —respondió Sancho +Panza—. Pues sabed, hermana mía, que caballero aventurero es una cosa que +en dos palabras se ve apaleado y emperador. Hoy está la más desdichada +criatura del mundo y la más menesterosa, y mañana tendría dos o tres +coronas de reinos que dar a su escudero. + +— Pues, ¿cómo vos, siéndolo deste tan buen señor —dijo la ventera—, no +tenéis, a lo que parece, siquiera algún condado? + +— Aún es temprano —respondió Sancho—, porque no ha sino un mes que andamos +buscando las aventuras, y hasta ahora no hemos topado con ninguna que lo +sea. Y tal vez hay que se busca una cosa y se halla otra. Verdad es que, si +mi señor don Quijote sana desta herida o caída y yo no quedo contrecho +della, no trocaría mis esperanzas con el mejor título de España. + +Todas estas pláticas estaba escuchando, muy atento, don Quijote, y, +sentándose en el lecho como pudo, tomando de la mano a la ventera, le dijo: + +— Creedme, fermosa señora, que os podéis llamar venturosa por haber alojado +en este vuestro castillo a mi persona, que es tal, que si yo no la alabo, +es por lo que suele decirse que la alabanza propria envilece; pero mi +escudero os dirá quién soy. Sólo os digo que tendré eternamente escrito en +mi memoria el servicio que me habedes fecho, para agradecéroslo mientras la +vida me durare; y pluguiera a los altos cielos que el amor no me tuviera +tan rendido y tan sujeto a sus leyes, y los ojos de aquella hermosa ingrata +que digo entre mis dientes; que los desta fermosa doncella fueran señores +de mi libertad. + +Confusas estaban la ventera y su hija y la buena de Maritornes oyendo las +razones del andante caballero, que así las entendían como si hablara en +griego, aunque bien alcanzaron que todas se encaminaban a ofrecimiento y +requiebros; y, como no usadas a semejante lenguaje, mirábanle y +admirábanse, y parecíales otro hombre de los que se usaban; y, +agradeciéndole con venteriles razones sus ofrecimientos, le dejaron; y la +asturiana Maritornes curó a Sancho, que no menos lo había menester que su +amo. + +Había el arriero concertado con ella que aquella noche se refocilarían +juntos, y ella le había dado su palabra de que, en estando sosegados los +huéspedes y durmiendo sus amos, le iría a buscar y satisfacerle el gusto en +cuanto le mandase. Y cuéntase desta buena moza que jamás dio semejantes +palabras que no las cumpliese, aunque las diese en un monte y sin testigo +alguno; porque presumía muy de hidalga, y no tenía por afrenta estar en +aquel ejercicio de servir en la venta, porque decía ella que desgracias y +malos sucesos la habían traído a aquel estado. + +El duro, estrecho, apocado y fementido lecho de don Quijote estaba primero +en mitad de aquel estrellado establo, y luego, junto a él, hizo el suyo +Sancho, que sólo contenía una estera de enea y una manta, que antes +mostraba ser de anjeo tundido que de lana. Sucedía a estos dos lechos el +del arriero, fabricado, como se ha dicho, de las enjalmas y todo el adorno +de los dos mejores mulos que traía, aunque eran doce, lucios, gordos y +famosos, porque era uno de los ricos arrieros de Arévalo, según lo dice el +autor desta historia, que deste arriero hace particular mención, porque le +conocía muy bien, y aun quieren decir que era algo pariente suyo. Fuera de +que Cide Mahamate Benengeli fue historiador muy curioso y muy puntual en +todas las cosas; y échase bien de ver, pues las que quedan referidas, con +ser tan mínimas y tan rateras, no las quiso pasar en silencio; de donde +podrán tomar ejemplo los historiadores graves, que nos cuentan las acciones +tan corta y sucintamente que apenas nos llegan a los labios, dejándose en +el tintero, ya por descuido, por malicia o ignorancia, lo más sustancial de +la obra. ¡Bien haya mil veces el autor de Tablante de Ricamonte, y aquel +del otro libro donde se cuenta los hechos del conde Tomillas; y con qué +puntualidad lo describen todo! + +Digo, pues, que después de haber visitado el arriero a su recua y dádole el +segundo pienso, se tendió en sus enjalmas y se dio a esperar a su +puntualísima Maritornes. Ya estaba Sancho bizmado y acostado, y, aunque +procuraba dormir, no lo consentía el dolor de sus costillas; y don Quijote, +con el dolor de las suyas, tenía los ojos abiertos como liebre. Toda la +venta estaba en silencio, y en toda ella no había otra luz que la que daba +una lámpara que colgada en medio del portal ardía. + +Esta maravillosa quietud, y los pensamientos que siempre nuestro caballero +traía de los sucesos que a cada paso se cuentan en los libros autores de su +desgracia, le trujo a la imaginación una de las estrañas locuras que +buenamente imaginarse pueden. Y fue que él se imaginó haber llegado a un +famoso castillo —que, como se ha dicho, castillos eran a su parecer todas +las ventas donde alojaba—, y que la hija del ventero lo era del señor del +castillo, la cual, vencida de su gentileza, se había enamorado dél y +prometido que aquella noche, a furto de sus padres, vendría a yacer con él +una buena pieza; y, teniendo toda esta quimera, que él se había fabricado, +por firme y valedera, se comenzó a acuitar y a pensar en el peligroso +trance en que su honestidad se había de ver, y propuso en su corazón de no +cometer alevosía a su señora Dulcinea del Toboso, aunque la mesma reina +Ginebra con su dama Quintañona se le pusiesen delante. + +Pensando, pues, en estos disparates, se llegó el tiempo y la hora —que para +él fue menguada— de la venida de la asturiana, la cual, en camisa y +descalza, cogidos los cabellos en una albanega de fustán, con tácitos y +atentados pasos, entró en el aposento donde los tres alojaban en busca del +arriero. Pero, apenas llegó a la puerta, cuando don Quijote la sintió, y, +sentándose en la cama, a pesar de sus bizmas y con dolor de sus costillas, +tendió los brazos para recebir a su fermosa doncella. La asturiana, que, +toda recogida y callando, iba con las manos delante buscando a su querido, +topó con los brazos de don Quijote, el cual la asió fuertemente de una +muñeca y, tirándola hacía sí, sin que ella osase hablar palabra, la hizo +sentar sobre la cama. Tentóle luego la camisa, y, aunque ella era de +harpillera, a él le pareció ser de finísimo y delgado cendal. Traía en las +muñecas unas cuentas de vidro, pero a él le dieron vislumbres de preciosas +perlas orientales. Los cabellos, que en alguna manera tiraban a crines, él +los marcó por hebras de lucidísimo oro de Arabia, cuyo resplandor al del +mesmo sol escurecía. Y el aliento, que, sin duda alguna, olía a ensalada +fiambre y trasnochada, a él le pareció que arrojaba de su boca un olor +suave y aromático; y, finalmente, él la pintó en su imaginación de la misma +traza y modo que lo había leído en sus libros de la otra princesa que vino +a ver el mal ferido caballero, vencida de sus amores, con todos los adornos +que aquí van puestos. Y era tanta la ceguedad del pobre hidalgo, que el +tacto, ni el aliento, ni otras cosas que traía en sí la buena doncella, no +le desengañaban, las cuales pudieran hacer vomitar a otro que no fuera +arriero; antes, le parecía que tenía entre sus brazos a la diosa de la +hermosura. Y, teniéndola bien asida, con voz amorosa y baja le comenzó a +decir: + +— Quisiera hallarme en términos, fermosa y alta señora, de poder pagar +tamaña merced como la que con la vista de vuestra gran fermosura me habedes +fecho, pero ha querido la fortuna, que no se cansa de perseguir a los +buenos, ponerme en este lecho, donde yago tan molido y quebrantado que, +aunque de mi voluntad quisiera satisfacer a la vuestra, fuera imposible. Y +más, que se añade a esta imposibilidad otra mayor, que es la prometida fe +que tengo dada a la sin par Dulcinea del Toboso, única señora de mis más +escondidos pensamientos; que si esto no hubiera de por medio, no fuera yo +tan sandio caballero que dejara pasar en blanco la venturosa ocasión en que +vuestra gran bondad me ha puesto. + +Maritornes estaba congojadísima y trasudando, de verse tan asida de don +Quijote, y, sin entender ni estar atenta a las razones que le decía, +procuraba, sin hablar palabra, desasirse. El bueno del arriero, a quien +tenían despierto sus malos deseos, desde el punto que entró su coima por la +puerta, la sintió; estuvo atentamente escuchando todo lo que don Quijote +decía, y, celoso de que la asturiana le hubiese faltado la palabra por +otro, se fue llegando más al lecho de don Quijote, y estúvose quedo hasta +ver en qué paraban aquellas razones, que él no podía entender. Pero, como +vio que la moza forcejaba por desasirse y don Quijote trabajaba por +tenella, pareciéndole mal la burla, enarboló el brazo en alto y descargó +tan terrible puñada sobre las estrechas quijadas del enamorado caballero, +que le bañó toda la boca en sangre; y, no contento con esto, se le subió +encima de las costillas, y con los pies más que de trote, se las paseó +todas de cabo a cabo. + +El lecho, que era un poco endeble y de no firmes fundamentos, no pudiendo +sufrir la añadidura del arriero, dio consigo en el suelo, a cuyo gran ruido +despertó el ventero, y luego imaginó que debían de ser pendencias de +Maritornes, porque, habiéndola llamado a voces, no respondía. Con esta +sospecha se levantó, y, encendiendo un candil, se fue hacia donde había +sentido la pelaza. La moza, viendo que su amo venía, y que era de condición +terrible, toda medrosica y alborotada, se acogió a la cama de Sancho Panza, +que aún dormía, y allí se acorrucó y se hizo un ovillo. El ventero entró +diciendo: + +— ¿Adónde estás, puta? A buen seguro que son tus cosas éstas. + +En esto, despertó Sancho, y, sintiendo aquel bulto casi encima de sí, pensó +que tenía la pesadilla, y comenzó a dar puñadas a una y otra parte, y entre +otras alcanzó con no sé cuántas a Maritornes, la cual, sentida del dolor, +echando a rodar la honestidad, dio el retorno a Sancho con tantas que, a su +despecho, le quitó el sueño; el cual, viéndose tratar de aquella manera y +sin saber de quién, alzándose como pudo, se abrazó con Maritornes, y +comenzaron entre los dos la más reñida y graciosa escaramuza del mundo. +Viendo, pues, el arriero, a la lumbre del candil del ventero, cuál andaba +su dama, dejando a don Quijote, acudió a dalle el socorro necesario. Lo +mismo hizo el ventero, pero con intención diferente, porque fue a castigar +a la moza, creyendo sin duda que ella sola era la ocasión de toda aquella +armonía. Y así como suele decirse: el gato al rato, el rato a la cuerda, la +cuerda al palo, daba el arriero a Sancho, Sancho a la moza, la moza a él, +el ventero a la moza, y todos menudeaban con tanta priesa que no se daban +punto de reposo; y fue lo bueno que al ventero se le apagó el candil, y, +como quedaron ascuras, dábanse tan sin compasión todos a bulto que, a +doquiera que ponían la mano, no dejaban cosa sana. + +Alojaba acaso aquella noche en la venta un cuadrillero de los que llaman de +la Santa Hermandad Vieja de Toledo, el cual, oyendo ansimesmo el estraño +estruendo de la pelea, asió de su media vara y de la caja de lata de sus +títulos, y entró ascuras en el aposento, diciendo: + +— ¡Ténganse a la justicia! ¡Ténganse a la Santa Hermandad! + +Y el primero con quien topó fue con el apuñeado de don Quijote, que estaba +en su derribado lecho, tendido boca arriba, sin sentido alguno, y, +echándole a tiento mano a las barbas, no cesaba de decir: + +— ¡Favor a la justicia! + +Pero, viendo que el que tenía asido no se bullía ni meneaba, se dio a +entender que estaba muerto, y que los que allí dentro estaban eran sus +matadores; y con esta sospecha reforzó la voz, diciendo: + +— ¡Ciérrese la puerta de la venta! ¡Miren no se vaya nadie, que han muerto +aquí a un hombre! + +Esta voz sobresaltó a todos, y cada cual dejó la pendencia en el grado que +le tomó la voz. Retiróse el ventero a su aposento, el arriero a sus +enjalmas, la moza a su rancho; solos los desventurados don Quijote y Sancho +no se pudieron mover de donde estaban. Soltó en esto el cuadrillero la +barba de don Quijote, y salió a buscar luz para buscar y prender los +delincuentes; mas no la halló, porque el ventero, de industria, había +muerto la lámpara cuando se retiró a su estancia, y fuele forzoso acudir a +la chimenea, donde, con mucho trabajo y tiempo, encendió el cuadrillero +otro candil. + + + + +Capítulo XVII. Donde se prosiguen los innumerables trabajos que el bravo +don Quijote y su buen escudero Sancho Panza pasaron en la venta que, por su +mal, pensó que era castillo + +Había ya vuelto en este tiempo de su parasismo don Quijote, y, con el mesmo +tono de voz con que el día antes había llamado a su escudero, cuando estaba +tendido en el val de las estacas, le comenzó a llamar, diciendo: + +— Sancho amigo, ¿duermes? ¿Duermes, amigo Sancho? + +— ¿Qué tengo de dormir, pesia a mí —respondió Sancho, lleno de pesadumbre y +de despecho—; que no parece sino que todos los diablos han andado conmigo +esta noche? + +— Puédeslo creer ansí, sin duda —respondió don Quijote—, porque, o yo sé +poco, o este castillo es encantado. Porque has de saber... Mas, esto que +ahora quiero decirte hasme de jurar que lo tendrás secreto hasta después de +mi muerte. + +— Sí juro —respondió Sancho. + +— Dígolo —replicó don Quijote—, porque soy enemigo de que se quite la honra +a nadie. + +— Digo que sí juro —tornó a decir Sancho— que lo callaré hasta después de +los días de vuestra merced, y plega a Dios que lo pueda descubrir mañana. +— ¿Tan malas obras te hago, Sancho —respondió don Quijote—, que me querrías +ver muerto con tanta brevedad? + +— No es por eso —respondió Sancho—, sino porque soy enemigo de guardar mucho +las cosas, y no querría que se me pudriesen de guardadas. + +— Sea por lo que fuere —dijo don Quijote—; que más fío de tu amor y de tu +cortesía; y así, has de saber que esta noche me ha sucedido una de las más +estrañas aventuras que yo sabré encarecer; y, por contártela en breve, +sabrás que poco ha que a mí vino la hija del señor deste castillo, que es +la más apuesta y fermosa doncella que en gran parte de la tierra se puede +hallar. ¿Qué te podría decir del adorno de su persona? ¿Qué de su gallardo +entendimiento? ¿Qué de otras cosas ocultas, que, por guardar la fe que debo +a mi señora Dulcinea del Toboso, dejaré pasar intactas y en silencio? Sólo +te quiero decir que, envidioso el cielo de tanto bien como la ventura me +había puesto en las manos, o quizá, y esto es lo más cierto, que, como +tengo dicho, es encantado este castillo, al tiempo que yo estaba con ella +en dulcísimos y amorosísimos coloquios, sin que yo la viese ni supiese por +dónde venía, vino una mano pegada a algún brazo de algún descomunal gigante +y asentóme una puñada en las quijadas, tal, que las tengo todas bañadas en +sangre; y después me molió de tal suerte que estoy peor que ayer cuando los +gallegos, que, por demasías de Rocinante, nos hicieron el agravio que +sabes. Por donde conjeturo que el tesoro de la fermosura desta doncella le +debe de guardar algún encantado moro, y no debe de ser para mí. + +— Ni para mí tampoco —respondió Sancho—, porque más de cuatrocientos moros +me han aporreado a mí, de manera que el molimiento de las estacas fue +tortas y pan pintado. Pero dígame, señor, ¿cómo llama a ésta buena y rara +aventura, habiendo quedado della cual quedamos? Aun vuestra merced menos +mal, pues tuvo en sus manos aquella incomparable fermosura que ha dicho, +pero yo, ¿qué tuve sino los mayores porrazos que pienso recebir en toda mi +vida? ¡Desdichado de mí y de la madre que me parió, que ni soy caballero +andante, ni lo pienso ser jamás, y de todas las malandanzas me cabe la +mayor parte! + +— Luego, ¿también estás tú aporreado? —respondió don Quijote. + +— ¿No le he dicho que sí, pesia a mi linaje? —dijo Sancho. + +— No tengas pena, amigo —dijo don Quijote—, que yo haré agora el bálsamo +precioso con que sanaremos en un abrir y cerrar de ojos. + +Acabó en esto de encender el candil el cuadrillero, y entró a ver el que +pensaba que era muerto; y, así como le vio entrar Sancho, viéndole venir en +camisa y con su paño de cabeza y candil en la mano, y con una muy mala +cara, preguntó a su amo: + +— Señor, ¿si será éste, a dicha, el moro encantado, que nos vuelve a +castigar, si se dejó algo en el tintero? + +— No puede ser el moro —respondió don Quijote—, porque los encantados no se +dejan ver de nadie. + +— Si no se dejan ver, déjanse sentir —dijo Sancho—; si no, díganlo mis +espaldas. + +— También lo podrían decir las mías —respondió don Quijote—, pero no es +bastante indicio ése para creer que este que se vee sea el encantado moro. +Llegó el cuadrillero, y, como los halló hablando en tan sosegada +conversación, quedó suspenso. Bien es verdad que aún don Quijote se estaba +boca arriba, sin poderse menear, de puro molido y emplastado. Llegóse a él +el cuadrillero y díjole: + +— Pues, ¿cómo va, buen hombre? + +— Hablara yo más bien criado —respondió don Quijote—, si fuera que vos. +¿Úsase en esta tierra hablar desa suerte a los caballeros andantes, +majadero? + +El cuadrillero, que se vio tratar tan mal de un hombre de tan mal parecer, +no lo pudo sufrir, y, alzando el candil con todo su aceite, dio a don +Quijote con él en la cabeza, de suerte que le dejó muy bien descalabrado; +y, como todo quedó ascuras, salióse luego; y Sancho Panza dijo: + +— Sin duda, señor, que éste es el moro encantado, y debe de guardar el +tesoro para otros, y para nosotros sólo guarda las puñadas y los +candilazos. + +— Así es —respondió don Quijote—, y no hay que hacer caso destas cosas de +encantamentos, ni hay para qué tomar cólera ni enojo con ellas; que, como +son invisibles y fantásticas, no hallaremos de quién vengarnos, aunque más +lo procuremos. Levántate, Sancho, si puedes, y llama al alcaide desta +fortaleza, y procura que se me dé un poco de aceite, vino, sal y romero +para hacer el salutífero bálsamo; que en verdad que creo que lo he bien +menester ahora, porque se me va mucha sangre de la herida que esta fantasma +me ha dado. + +Levántose Sancho con harto dolor de sus huesos, y fue ascuras donde estaba +el ventero; y, encontrándose con el cuadrillero, que estaba escuchando en +qué paraba su enemigo, le dijo: + +— Señor, quien quiera que seáis, hacednos merced y beneficio de darnos un +poco de romero, aceite, sal y vino, que es menester para curar uno de los +mejores caballeros andantes que hay en la tierra, el cual yace en aquella +cama, malferido por las manos del encantado moro que está en esta venta. +Cuando el cuadrillero tal oyó, túvole por hombre falto de seso; y, porque +ya comenzaba a amanecer, abrió la puerta de la venta, y, llamando al +ventero, le dijo lo que aquel buen hombre quería. El ventero le proveyó de +cuanto quiso, y Sancho se lo llevó a don Quijote, que estaba con las manos +en la cabeza, quejándose del dolor del candilazo, que no le había hecho más +mal que levantarle dos chichones algo crecidos, y lo que él pensaba que era +sangre no era sino sudor que sudaba con la congoja de la pasada tormenta. +En resolución, él tomó sus simples, de los cuales hizo un compuesto, +mezclándolos todos y cociéndolos un buen espacio, hasta que le pareció que +estaban en su punto. Pidió luego alguna redoma para echallo, y, como no la +hubo en la venta, se resolvió de ponello en una alcuza o aceitera de hoja +de lata, de quien el ventero le hizo grata donación. Y luego dijo sobre la +alcuza más de ochenta paternostres y otras tantas avemarías, salves y +credos, y a cada palabra acompañaba una cruz, a modo de bendición; a todo +lo cual se hallaron presentes Sancho, el ventero y cuadrillero; que ya el +arriero sosegadamente andaba entendiendo en el beneficio de sus machos. +Hecho esto, quiso él mesmo hacer luego la esperiencia de la virtud de aquel +precioso bálsamo que él se imaginaba; y así, se bebió, de lo que no pudo +caber en la alcuza y quedaba en la olla donde se había cocido, casi media +azumbre; y apenas lo acabó de beber, cuando comenzó a vomitar de manera que +no le quedó cosa en el estómago; y con las ansias y agitación del vómito le +dio un sudor copiosísimo, por lo cual mandó que le arropasen y le dejasen +solo. Hiciéronlo ansí, y quedóse dormido más de tres horas, al cabo de las +cuales despertó y se sintió aliviadísimo del cuerpo, y en tal manera mejor +de su quebrantamiento que se tuvo por sano; y verdaderamente creyó que +había acertado con el bálsamo de Fierabrás, y que con aquel remedio podía +acometer desde allí adelante, sin temor alguno, cualesquiera ruinas, +batallas y pendencias, por peligrosas que fuesen. + +Sancho Panza, que también tuvo a milagro la mejoría de su amo, le rogó que +le diese a él lo que quedaba en la olla, que no era poca cantidad. +Concedióselo don Quijote, y él, tomándola a dos manos, con buena fe y mejor +talante, se la echó a pechos, y envasó bien poco menos que su amo. Es, +pues, el caso que el estómago del pobre Sancho no debía de ser tan delicado +como el de su amo, y así, primero que vomitase, le dieron tantas ansias y +bascas, con tantos trasudores y desmayos que él pensó bien y verdaderamente +que era llegada su última hora; y, viéndose tan afligido y congojado, +maldecía el bálsamo y al ladrón que se lo había dado. Viéndole así don +Quijote, le dijo: + +— Yo creo, Sancho, que todo este mal te viene de no ser armado caballero, +porque tengo para mí que este licor no debe de aprovechar a los que no lo +son. + +— Si eso sabía vuestra merced —replicó Sancho—, ¡mal haya yo y toda mi +parentela!, ¿para qué consintió que lo gustase? + +En esto, hizo su operación el brebaje, y comenzó el pobre escudero a +desaguarse por entrambas canales, con tanta priesa que la estera de enea, +sobre quien se había vuelto a echar, ni la manta de anjeo con que se +cubría, fueron más de provecho. Sudaba y trasudaba con tales parasismos y +accidentes, que no solamente él, sino todos pensaron que se le acababa la +vida. Duróle esta borrasca y mala andanza casi dos horas, al cabo de las +cuales no quedó como su amo, sino tan molido y quebrantado que no se podía +tener. + +Pero don Quijote, que, como se ha dicho, se sintió aliviado y sano, quiso +partirse luego a buscar aventuras, pareciéndole que todo el tiempo que allí +se tardaba era quitársele al mundo y a los en él menesterosos de su favor y +amparo; y más con la seguridad y confianza que llevaba en su bálsamo. Y +así, forzado deste deseo, él mismo ensilló a Rocinante y enalbardó al +jumento de su escudero, a quien también ayudó a vestir y a subir en el +asno. Púsose luego a caballo, y, llegándose a un rincón de la venta, asió +de un lanzón que allí estaba, para que le sirviese de lanza. + +Estábanle mirando todos cuantos había en la venta, que pasaban de más de +veinte personas; mirábale también la hija del ventero, y él también no +quitaba los ojos della, y de cuando en cuando arrojaba un sospiro que +parecía que le arrancaba de lo profundo de sus entrañas, y todos pensaban +que debía de ser del dolor que sentía en las costillas; a lo menos, +pensábanlo aquellos que la noche antes le habían visto bizmar. + +Ya que estuvieron los dos a caballo, puesto a la puerta de la venta, llamó +al ventero, y con voz muy reposada y grave le dijo: + +— Muchas y muy grandes son las mercedes, señor alcaide, que en este vuestro +castillo he recebido, y quedo obligadísimo a agradecéroslas todos los días +de mi vida. Si os las puedo pagar en haceros vengado de algún soberbio que +os haya fecho algún agravio, sabed que mi oficio no es otro sino valer a +los que poco pueden, y vengar a los que reciben tuertos, y castigar +alevosías. Recorred vuestra memoria, y si halláis alguna cosa deste jaez +que encomendarme, no hay sino decilla; que yo os prometo, por la orden de +caballero que recebí, de faceros satisfecho y pagado a toda vuestra +voluntad. + +El ventero le respondió con el mesmo sosiego: + +— Señor caballero, yo no tengo necesidad de que vuestra merced me vengue +ningún agravio, porque yo sé tomar la venganza que me parece, cuando se me +hacen. Sólo he menester que vuestra merced me pague el gasto que esta noche +ha hecho en la venta, así de la paja y cebada de sus dos bestias, como de +la cena y camas. + +— Luego, ¿venta es ésta? —replicó don Quijote. + +— Y muy honrada —respondió el ventero. + +— Engañado he vivido hasta aquí —respondió don Quijote—, que en verdad que +pensé que era castillo, y no malo; pero, pues es ansí que no es castillo +sino venta, lo que se podrá hacer por agora es que perdonéis por la paga, +que yo no puedo contravenir a la orden de los caballeros andantes, de los +cuales sé cierto, sin que hasta ahora haya leído cosa en contrario, que +jamás pagaron posada ni otra cosa en venta donde estuviesen, porque se les +debe de fuero y de derecho cualquier buen acogimiento que se les hiciere, +en pago del insufrible trabajo que padecen buscando las aventuras de noche +y de día, en invierno y en verano, a pie y a caballo, con sed y con hambre, +con calor y con frío, sujetos a todas las inclemencias del cielo y a todos +los incómodos de la tierra. + +— Poco tengo yo que ver en eso —respondió el ventero—; págueseme lo que se +me debe, y dejémonos de cuentos ni de caballerías, que yo no tengo cuenta +con otra cosa que con cobrar mi hacienda. + +— Vos sois un sandio y mal hostalero —respondió don Quijote. + +Y, poniendo piernas al Rocinante y terciando su lanzón, se salió de la +venta sin que nadie le detuviese, y él, sin mirar si le seguía su escudero, +se alongó un buen trecho. + +El ventero, que le vio ir y que no le pagaba, acudió a cobrar de Sancho +Panza, el cual dijo que, pues su señor no había querido pagar, que tampoco +él pagaría; porque, siendo él escudero de caballero andante, como era, la +mesma regla y razón corría por él como por su amo en no pagar cosa alguna +en los mesones y ventas. Amohinóse mucho desto el ventero, y amenazóle que +si no le pagaba, que lo cobraría de modo que le pesase. A lo cual Sancho +respondió que, por la ley de caballería que su amo había recebido, no +pagaría un solo cornado, aunque le costase la vida; porque no había de +perder por él la buena y antigua usanza de los caballeros andantes, ni se +habían de quejar dél los escuderos de los tales que estaban por venir al +mundo, reprochándole el quebrantamiento de tan justo fuero. + +Quiso la mala suerte del desdichado Sancho que, entre la gente que estaba +en la venta, se hallasen cuatro perailes de Segovia, tres agujeros del +Potro de Córdoba y dos vecinos de la Heria de Sevilla, gente alegre, bien +intencionada, maleante y juguetona, los cuales, casi como instigados y +movidos de un mesmo espíritu, se llegaron a Sancho, y, apeándole del asno, +uno dellos entró por la manta de la cama del huésped, y, echándole en ella, +alzaron los ojos y vieron que el techo era algo más bajo de lo que habían +menester para su obra, y determinaron salirse al corral, que tenía por +límite el cielo. Y allí, puesto Sancho en mitad de la manta, comenzaron a +levantarle en alto y a holgarse con él como con perro por carnestolendas. +Las voces que el mísero manteado daba fueron tantas, que llegaron a los +oídos de su amo; el cual, determinándose a escuchar atentamente, creyó que +alguna nueva aventura le venía, hasta que claramente conoció que el que +gritaba era su escudero; y, volviendo las riendas, con un penado galope +llegó a la venta, y, hallándola cerrada, la rodeó por ver si hallaba por +donde entrar; pero no hubo llegado a las paredes del corral, que no eran +muy altas, cuando vio el mal juego que se le hacía a su escudero. Viole +bajar y subir por el aire, con tanta gracia y presteza que, si la cólera le +dejara, tengo para mí que se riera. Probó a subir desde el caballo a las +bardas, pero estaba tan molido y quebrantado que aun apearse no pudo; y +así, desde encima del caballo, comenzó a decir tantos denuestos y baldones +a los que a Sancho manteaban, que no es posible acertar a escribillos; mas +no por esto cesaban ellos de su risa y de su obra, ni el volador Sancho +dejaba sus quejas, mezcladas ya con amenazas, ya con ruegos; mas todo +aprovechaba poco, ni aprovechó, hasta que de puro cansados le dejaron. +Trujéronle allí su asno, y, subiéndole encima, le arroparon con su gabán. Y +la compasiva de Maritornes, viéndole tan fatigado, le pareció ser bien +socorrelle con un jarro de agua, y así, se le trujo del pozo, por ser más +frío. Tomóle Sancho, y llevándole a la boca, se paró a las voces que su amo +le daba, diciendo: + +— ¡Hijo Sancho, no bebas agua! ¡Hijo, no la bebas, que te matará! ¿Ves? Aquí +tengo el santísimo bálsamo —y enseñábale la alcuza del brebaje—, que con +dos gotas que dél bebas sanarás sin duda. + +A estas voces volvió Sancho los ojos, como de través, y dijo con otras +mayores: + +— ¿Por dicha hásele olvidado a vuestra merced como yo no soy caballero, o +quiere que acabe de vomitar las entrañas que me quedaron de anoche? +Guárdese su licor con todos los diablos y déjeme a mí. + +Y el acabar de decir esto y el comenzar a beber todo fue uno; mas, como al +primer trago vio que era agua, no quiso pasar adelante, y rogó a Maritornes +que se le trujese de vino, y así lo hizo ella de muy buena voluntad, y lo +pagó de su mesmo dinero; porque, en efecto, se dice della que, aunque +estaba en aquel trato, tenía unas sombras y lejos de cristiana. + +Así como bebió Sancho, dio de los carcaños a su asno, y, abriéndole la +puerta de la venta de par en par, se salió della, muy contento de no haber +pagado nada y de haber salido con su intención, aunque había sido a costa +de sus acostumbrados fiadores, que eran sus espaldas. Verdad es que el +ventero se quedó con sus alforjas en pago de lo que se le debía; mas Sancho +no las echó menos, según salió turbado. Quiso el ventero atrancar bien la +puerta así como le vio fuera, mas no lo consintieron los manteadores, que +eran gente que, aunque don Quijote fuera verdaderamente de los caballeros +andantes de la Tabla Redonda, no le estimaran en dos ardites. + + + + +Capítulo XVIII. Donde se cuentan las razones que pasó Sancho Panza con su +señor Don Quijote, con otras aventuras dignas de ser contadas + +Llegó Sancho a su amo marchito y desmayado; tanto, que no podía arrear a su +jumento. Cuando así le vio don Quijote, le dijo: + +— Ahora acabo de creer, Sancho bueno, que aquel castillo o venta, de que es +encantado sin duda; porque aquellos que tan atrozmente tomaron pasatiempo +contigo, ¿qué podían ser sino fantasmas y gente del otro mundo? Y confirmo +esto por haber visto que, cuando estaba por las bardas del corral mirando +los actos de tu triste tragedia, no me fue posible subir por ellas, ni +menos pude apearme de Rocinante, porque me debían de tener encantado; que +te juro, por la fe de quien soy, que si pudiera subir o apearme, que yo te +hiciera vengado de manera que aquellos follones y malandrines se acordaran +de la burla para siempre, aunque en ello supiera contravenir a las leyes de +la caballería, que, como ya muchas veces te he dicho, no consienten que +caballero ponga mano contra quien no lo sea, si no fuere en defensa de su +propria vida y persona, en caso de urgente y gran necesidad. + +— También me vengara yo si pudiera, fuera o no fuera armado caballero, pero +no pude; aunque tengo para mí que aquellos que se holgaron conmigo no eran +fantasmas ni hombres encantados, como vuestra merced dice, sino hombres de +carne y hueso como nosotros; y todos, según los oí nombrar cuando me +volteaban, tenían sus nombres: que el uno se llamaba Pedro Martínez, y el +otro Tenorio Hernández, y el ventero oí que se llamaba Juan Palomeque el +Zurdo. Así que, señor, el no poder saltar las bardas del corral, ni apearse +del caballo, en ál estuvo que en encantamentos. Y lo que yo saco en limpio +de todo esto es que estas aventuras que andamos buscando, al cabo al cabo, +nos han de traer a tantas desventuras que no sepamos cuál es nuestro pie +derecho. Y lo que sería mejor y más acertado, según mi poco entendimiento, +fuera el volvernos a nuestro lugar, ahora que es tiempo de la siega y de +entender en la hacienda, dejándonos de andar de Ceca en Meca y de zoca en +colodra, como dicen. + +— ¡Qué poco sabes, Sancho —respondió don Quijote—, de achaque de caballería! +Calla y ten paciencia, que día vendrá donde veas por vista de ojos cuán +honrosa cosa es andar en este ejercicio. Si no, dime: ¿qué mayor contento +puede haber en el mundo, o qué gusto puede igualarse al de vencer una +batalla y al de triunfar de su enemigo? Ninguno, sin duda alguna. + +— Así debe de ser —respondió Sancho—, puesto que yo no lo sé; sólo sé que, +después que somos caballeros andantes, o vuestra merced lo es (que yo no +hay para qué me cuente en tan honroso número), jamás hemos vencido batalla +alguna, si no fue la del vizcaíno, y aun de aquélla salió vuestra merced +con media oreja y media celada menos; que, después acá, todo ha sido palos +y más palos, puñadas y más puñadas, llevando yo de ventaja el manteamiento +y haberme sucedido por personas encantadas, de quien no puedo vengarme, +para saber hasta dónde llega el gusto del vencimiento del enemigo, como +vuestra merced dice. + +— Ésa es la pena que yo tengo y la que tú debes tener, Sancho —respondió don +Quijote—; pero, de aquí adelante, yo procuraré haber a las manos alguna +espada hecha por tal maestría, que al que la trujere consigo no le puedan +hacer ningún género de encantamentos; y aun podría ser que me deparase la +ventura aquella de Amadís, cuando se llamaba el Caballero de la Ardiente +Espada, que fue una de las mejores espadas que tuvo caballero en el mundo, +porque, fuera que tenía la virtud dicha, cortaba como una navaja, y no +había armadura, por fuerte y encantada que fuese, que se le parase delante. +— Yo soy tan venturoso —dijo Sancho— que, cuando eso fuese y vuestra merced +viniese a hallar espada semejante, sólo vendría a servir y aprovechar a los +armados caballeros, como el bálsamo; y los escuderos, que se los papen +duelos. + +— No temas eso, Sancho —dijo don Quijote—, que mejor lo hará el cielo +contigo. + +Es estos coloquios iban don Quijote y su escudero, cuando vio don Quijote +que por el camino que iban venía hacia ellos una grande y espesa polvareda; +y, en viéndola, se volvió a Sancho y le dijo: + +— Éste es el día, ¡oh Sancho!, en el cual se ha de ver el bien que me tiene +guardado mi suerte; éste es el día, digo, en que se ha de mostrar, tanto +como en otro alguno, el valor de mi brazo, y en el que tengo de hacer obras +que queden escritas en el libro de la Fama por todos los venideros siglos. +¿Ves aquella polvareda que allí se levanta, Sancho? Pues toda es cuajada de +un copiosísimo ejército que de diversas e innumerables gentes por allí +viene marchando. + +— A esa cuenta, dos deben de ser —dijo Sancho—, porque desta parte contraria +se levanta asimesmo otra semejante polvareda. + +Volvió a mirarlo don Quijote, y vio que así era la verdad; y, alegrándose +sobremanera, pensó, sin duda alguna, que eran dos ejércitos que venían a +embestirse y a encontrarse en mitad de aquella espaciosa llanura; porque +tenía a todas horas y momentos llena la fantasía de aquellas batallas, +encantamentos, sucesos, desatinos, amores, desafíos, que en los libros de +caballerías se cuentan, y todo cuanto hablaba, pensaba o hacía era +encaminado a cosas semejantes. Y la polvareda que había visto la levantaban +dos grandes manadas de ovejas y carneros que, por aquel mesmo camino, de +dos diferentes partes venían, las cuales, con el polvo, no se echaron de +ver hasta que llegaron cerca. Y con tanto ahínco afirmaba don Quijote que +eran ejércitos, que Sancho lo vino a creer y a decirle: + +— Señor, ¿pues qué hemos de hacer nosotros? + +— ¿Qué? —dijo don Quijote—: favorecer y ayudar a los menesterosos y +desvalidos. Y has de saber, Sancho, que este que viene por nuestra frente +le conduce y guía el grande emperador Alifanfarón, señor de la grande isla +Trapobana; este otro que a mis espaldas marcha es el de su enemigo, el rey +de los garamantas, Pentapolén del Arremangado Brazo, porque siempre entra +en las batallas con el brazo derecho desnudo. + +— Pues, ¿por qué se quieren tan mal estos dos señores? —preguntó Sancho. +— Quierénse mal —respondió don Quijote— porque este Alefanfarón es un +foribundo pagano y está enamorado de la hija de Pentapolín, que es una muy +fermosa y además agraciada señora, y es cristiana, y su padre no se la +quiere entregar al rey pagano si no deja primero la ley de su falso profeta +Mahoma y se vuelve a la suya. + +— ¡Para mis barbas —dijo Sancho—, si no hace muy bien Pentapolín, y que le +tengo de ayudar en cuanto pudiere! + +— En eso harás lo que debes, Sancho —dijo don Quijote—, porque, para entrar +en batallas semejantes, no se requiere ser armado caballero. + +— Bien se me alcanza eso —respondió Sancho—, pero, ¿dónde pondremos a este +asno que estemos ciertos de hallarle después de pasada la refriega? Porque +el entrar en ella en semejante caballería no creo que está en uso hasta +agora. + +— Así es verdad —dijo don Quijote—. Lo que puedes hacer dél es dejarle a sus +aventuras, ora se pierda o no, porque serán tantos los caballos que +tendremos, después que salgamos vencedores, que aun corre peligro Rocinante +no le trueque por otro. Pero estáme atento y mira, que te quiero dar cuenta +de los caballeros más principales que en estos dos ejércitos vienen. Y, +para que mejor los veas y notes, retirémonos a aquel altillo que allí se +hace, de donde se deben de descubrir los dos ejércitos. + +Hiciéronlo ansí, y pusierónse sobre una loma, desde la cual se vieran bien +las dos manadas que a don Quijote se le hicieron ejército, si las nubes del +polvo que levantaban no les turbara y cegara la vista; pero, con todo esto, +viendo en su imaginación lo que no veía ni había, con voz levantada comenzó +a decir: + +— Aquel caballero que allí ves de las armas jaldes, que trae en el escudo un +león coronado, rendido a los pies de una doncella, es el valeroso +Laurcalco, señor de la Puente de Plata; el otro de las armas de las flores +de oro, que trae en el escudo tres coronas de plata en campo azul, es el +temido Micocolembo, gran duque de Quirocia; el otro de los miembros +giganteos, que está a su derecha mano, es el nunca medroso Brandabarbarán +de Boliche, señor de las tres Arabias, que viene armado de aquel cuero de +serpiente, y tiene por escudo una puerta que, según es fama, es una de las +del templo que derribó Sansón, cuando con su muerte se vengó de sus +enemigos. Pero vuelve los ojos a estotra parte y verás delante y en la +frente destotro ejército al siempre vencedor y jamás vencido Timonel de +Carcajona, príncipe de la Nueva Vizcaya, que viene armado con las armas +partidas a cuarteles, azules, verdes, blancas y amarillas, y trae en el +escudo un gato de oro en campo leonado, con una letra que dice: Miau, que +es el principio del nombre de su dama, que, según se dice, es la sin par +Miulina, hija del duque Alfeñiquén del Algarbe; el otro, que carga y oprime +los lomos de aquella poderosa alfana, que trae las armas como nieve blancas +y el escudo blanco y sin empresa alguna, es un caballero novel, de nación +francés, llamado Pierres Papín, señor de las baronías de Utrique; el otro, +que bate las ijadas con los herrados carcaños a aquella pintada y ligera +cebra, y trae las armas de los veros azules, es el poderoso duque de +Nerbia, Espartafilardo del Bosque, que trae por empresa en el escudo una +esparraguera, con una letra en castellano que dice así: Rastrea mi suerte. +Y desta manera fue nombrando muchos caballeros del uno y del otro +escuadrón, que él se imaginaba, y a todos les dio sus armas, colores, +empresas y motes de improviso, llevado de la imaginación de su nunca vista +locura; y, sin parar, prosiguió diciendo: + +— A este escuadrón frontero forman y hacen gentes de diversas naciones: aquí +están los que bebían las dulces aguas del famoso Janto; los montuosos que +pisan los masílicos campos; los que criban el finísimo y menudo oro en la +felice Arabia; los que gozan las famosas y frescas riberas del claro +Termodonte; los que sangran por muchas y diversas vías al dorado Pactolo; +los númidas, dudosos en sus promesas; los persas, arcos y flechas famosos; +los partos, los medos, que pelean huyendo; los árabes, de mudables casas; +los citas, tan crueles como blancos; los etiopes, de horadados labios, y +otras infinitas naciones, cuyos rostros conozco y veo, aunque de los +nombres no me acuerdo. En estotro escuadrón vienen los que beben las +corrientes cristalinas del olivífero Betis; los que tersan y pulen sus +rostros con el licor del siempre rico y dorado Tajo; los que gozan las +provechosas aguas del divino Genil; los que pisan los tartesios campos, de +pastos abundantes; los que se alegran en los elíseos jerezanos prados; los +manchegos, ricos y coronados de rubias espigas; los de hierro vestidos, +reliquias antiguas de la sangre goda; los que en Pisuerga se bañan, famoso +por la mansedumbre de su corriente; los que su ganado apacientan en las +estendidas dehesas del tortuoso Guadiana, celebrado por su escondido curso; +los que tiemblan con el frío del silvoso Pirineo y con los blancos copos +del levantado Apenino; finalmente, cuantos toda la Europa en sí contiene y +encierra. + +¡Válame Dios, y cuántas provincias dijo, cuántas naciones nombró, dándole a +cada una, con maravillosa presteza, los atributos que le pertenecían, todo +absorto y empapado en lo que había leído en sus libros mentirosos! +Estaba Sancho Panza colgado de sus palabras, sin hablar ninguna, y, de +cuando en cuando, volvía la cabeza a ver si veía los caballeros y gigantes +que su amo nombraba; y, como no descubría a ninguno, le dijo: + +— Señor, encomiendo al diablo hombre, ni gigante, ni caballero de cuantos +vuestra merced dice parece por todo esto; a lo menos, yo no los veo; quizá +todo debe ser encantamento, como las fantasmas de anoche. + +— ¿Cómo dices eso? —respondió don Quijote—. ¿No oyes el relinchar de los +caballos, el tocar de los clarines, el ruido de los atambores? + +— No oigo otra cosa —respondió Sancho— sino muchos balidos de ovejas y +carneros. + +Y así era la verdad, porque ya llegaban cerca los dos rebaños. + +— El miedo que tienes —dijo don Quijote— te hace, Sancho, que ni veas ni +oyas a derechas; porque uno de los efectos del miedo es turbar los sentidos +y hacer que las cosas no parezcan lo que son; y si es que tanto temes, +retírate a una parte y déjame solo, que solo basto a dar la victoria a la +parte a quien yo diere mi ayuda. + +Y, diciendo esto, puso las espuelas a Rocinante, y, puesta la lanza en el +ristre, bajó de la costezuela como un rayo. Diole voces Sancho, diciéndole: +— ¡Vuélvase vuestra merced, señor don Quijote, que voto a Dios que son +carneros y ovejas las que va a embestir! ¡Vuélvase, desdichado del padre +que me engendró! ¿Qué locura es ésta? Mire que no hay gigante ni caballero +alguno, ni gatos, ni armas, ni escudos partidos ni enteros, ni veros azules +ni endiablados. ¿Qué es lo que hace? ¡Pecador soy yo a Dios! + +Ni por ésas volvió don Quijote; antes, en altas voces, iba diciendo: +— ¡Ea, caballeros, los que seguís y militáis debajo de las banderas del +valeroso emperador Pentapolín del Arremangado Brazo, seguidme todos: veréis +cuán fácilmente le doy venganza de su enemigo Alefanfarón de la Trapobana! +Esto diciendo, se entró por medio del escuadrón de las ovejas, y comenzó de +alanceallas con tanto coraje y denuedo como si de veras alanceara a sus +mortales enemigos. Los pastores y ganaderos que con la manada venían +dábanle voces que no hiciese aquello; pero, viendo que no aprovechaban, +desciñéronse las hondas y comenzaron a saludalle los oídos con piedras como +el puño. Don Quijote no se curaba de las piedras; antes, discurriendo a +todas partes, decía: + +— ¿Adónde estás, soberbio Alifanfuón? Vente a mí; que un caballero solo soy, +que desea, de solo a solo, probar tus fuerzas y quitarte la vida, en pena +de la que das al valeroso Pentapolín Garamanta. + +Llegó en esto una peladilla de arroyo, y, dándole en un lado, le sepultó +dos costillas en el cuerpo. Viéndose tan maltrecho, creyó sin duda que +estaba muerto o malferido, y, acordándose de su licor, sacó su alcuza y +púsosela a la boca, y comenzó a echar licor en el estómago; mas, antes que +acabase de envasar lo que a él le parecía que era bastante, llegó otra +almendra y diole en la mano y en el alcuza tan de lleno que se la hizo +pedazos, llevándole de camino tres o cuatro dientes y muelas de la boca, y +machucándole malamente dos dedos de la mano. + +Tal fue el golpe primero, y tal el segundo, que le fue forzoso al pobre +caballero dar consigo del caballo abajo. Llegáronse a él los pastores y +creyeron que le habían muerto; y así, con mucha priesa, recogieron su +ganado, y cargaron de las reses muertas, que pasaban de siete, y, sin +averiguar otra cosa, se fueron. + +Estábase todo este tiempo Sancho sobre la cuesta, mirando las locuras que +su amo hacía, y arrancábase las barbas, maldiciendo la hora y el punto en +que la fortuna se le había dado a conocer. Viéndole, pues, caído en el +suelo, y que ya los pastores se habían ido, bajó de la cuesta y llegóse a +él, y hallóle de muy mal arte, aunque no había perdido el sentido, y +díjole: + +— ¿No le decía yo, señor don Quijote, que se volviese, que los que iba a +acometer no eran ejércitos, sino manadas de carneros? + +— Como eso puede desparecer y contrahacer aquel ladrón del sabio mi enemigo. +Sábete, Sancho, que es muy fácil cosa a los tales hacernos parecer lo que +quieren, y este maligno que me persigue, envidioso de la gloria que vio que +yo había de alcanzar desta batalla, ha vuelto los escuadrones de enemigos +en manadas de ovejas. Si no, haz una cosa, Sancho, por mi vida, porque te +desengañes y veas ser verdad lo que te digo: sube en tu asno y síguelos +bonitamente, y verás cómo, en alejándose de aquí algún poco, se vuelven en +su ser primero, y, dejando de ser carneros, son hombres hechos y derechos, +como yo te los pinté primero... Pero no vayas agora, que he menester tu +favor y ayuda; llégate a mí y mira cuántas muelas y dientes me faltan, que +me parece que no me ha quedado ninguno en la boca. + +Llegóse Sancho tan cerca que casi le metía los ojos en la boca, y fue a +tiempo que ya había obrado el bálsamo en el estómago de don Quijote; y, al +tiempo que Sancho llegó a mirarle la boca, arrojó de sí, más recio que una +escopeta, cuanto dentro tenía, y dio con todo ello en las barbas del +compasivo escudero. + +— ¡Santa María! —dijo Sancho—, ¿y qué es esto que me ha sucedido? Sin duda, +este pecador está herido de muerte, pues vomita sangre por la boca. +Pero, reparando un poco más en ello, echó de ver en la color, sabor y olor, +que no era sangre, sino el bálsamo de la alcuza que él le había visto +beber; y fue tanto el asco que tomó que, revolviéndosele el estómago, +vomitó las tripas sobre su mismo señor, y quedaron entrambos como de +perlas. Acudió Sancho a su asno para sacar de las alforjas con qué +limpiarse y con qué curar a su amo; y, como no las halló, estuvo a punto de +perder el juicio. Maldíjose de nuevo, y propuso en su corazón de dejar a su +amo y volverse a su tierra, aunque perdiese el salario de lo servido y las +esperanzas del gobierno de la prometida ínsula. + +Levantóse en esto don Quijote, y, puesta la mano izquierda en la boca, +porque no se le acabasen de salir los dientes, asió con la otra las riendas +de Rocinante, que nunca se había movido de junto a su amo —tal era de leal +y bien acondicionado—, y fuese adonde su escudero estaba, de pechos sobre +su asno, con la mano en la mejilla, en guisa de hombre pensativo además. Y, +viéndole don Quijote de aquella manera, con muestras de tanta tristeza, le +dijo: + +— Sábete, Sancho, que no es un hombre más que otro si no hace más que otro. +Todas estas borrascas que nos suceden son señales de que presto ha de +serenar el tiempo y han de sucedernos bien las cosas; porque no es posible +que el mal ni el bien sean durables, y de aquí se sigue que, habiendo +durado mucho el mal, el bien está ya cerca. Así que, no debes congojarte +por las desgracias que a mí me suceden, pues a ti no te cabe parte dellas. +— ¿Cómo no? —respondió Sancho—. Por ventura, el que ayer mantearon, ¿era +otro que el hijo de mi padre? Y las alforjas que hoy me faltan, con todas +mis alhajas, ¿son de otro que del mismo? + +— ¿Que te faltan las alforjas, Sancho? —dijo don Quijote. + +— Sí que me faltan —respondió Sancho. + +— Dese modo, no tenemos qué comer hoy —replicó don Quijote. + +— Eso fuera —respondió Sancho— cuando faltaran por estos prados las yerbas +que vuestra merced dice que conoce, con que suelen suplir semejantes faltas +los tan malaventurados andantes caballeros como vuestra merced es. +— Con todo eso —respondió don Quijote—, tomara yo ahora más aína un cuartal +de pan, o una hogaza y dos cabezas de sardinas arenques, que cuantas yerbas +describe Dioscórides, aunque fuera el ilustrado por el doctor Laguna. Mas, +con todo esto, sube en tu jumento, Sancho el bueno, y vente tras mí; que +Dios, que es proveedor de todas las cosas, no nos ha de faltar, y más +andando tan en su servicio como andamos, pues no falta a los mosquitos del +aire, ni a los gusanillos de la tierra, ni a los renacuajos del agua; y es +tan piadoso que hace salir su sol sobre los buenos y los malos, y llueve +sobre los injustos y justos. + +— Más bueno era vuestra merced —dijo Sancho— para predicador que para +caballero andante. + +— De todo sabían y han de saber los caballeros andantes, Sancho —dijo don +Quijote—, porque caballero andante hubo en los pasados siglos que así se +paraba a hacer un sermón o plática, en mitad de un campo real, como si +fuera graduado por la Universidad de París; de donde se infiere que nunca +la lanza embotó la pluma, ni la pluma la lanza. + +— Ahora bien, sea así como vuestra merced dice —respondió Sancho—, vamos +ahora de aquí, y procuremos donde alojar esta noche, y quiera Dios que sea +en parte donde no haya mantas, ni manteadores, ni fantasmas, ni moros +encantados; que si los hay, daré al diablo el hato y el garabato. +— Pídeselo tú a Dios, hijo —dijo don Quijote—, y guía tú por donde +quisieres, que esta vez quiero dejar a tu eleción el alojarnos. Pero dame +acá la mano y atiéntame con el dedo, y mira bien cuántos dientes y muelas +me faltan deste lado derecho de la quijada alta, que allí siento el dolor. +Metió Sancho los dedos, y, estándole tentando, le dijo: + +— ¿Cuántas muelas solía vuestra merced tener en esta parte? + +— Cuatro —respondió don Quijote—, fuera de la cordal, todas enteras y muy +sanas. + +— Mire vuestra merced bien lo que dice, señor —respondió Sancho. + +— Digo cuatro, si no eran cinco —respondió don Quijote—, porque en toda mi +vida me han sacado diente ni muela de la boca, ni se me ha caído ni comido +de neguijón ni de reuma alguna. + +— Pues en esta parte de abajo —dijo Sancho— no tiene vuestra merced más de +dos muelas y media, y en la de arriba, ni media ni ninguna, que toda está +rasa como la palma de la mano. + +— ¡Sin ventura yo! —dijo don Quijote, oyendo las tristes nuevas que su +escudero le daba—, que más quisiera que me hubieran derribado un brazo, +como no fuera el de la espada; porque te hago saber, Sancho, que la boca +sin muelas es como molino sin piedra, y en mucho más se ha de estimar un +diente que un diamante. Mas a todo esto estamos sujetos los que profesamos +la estrecha orden de la caballería. Sube, amigo, y guía, que yo te seguiré +al paso que quisieres. + +Hízolo así Sancho, y encaminóse hacia donde le pareció que podía hallar +acogimiento, sin salir del camino real, que por allí iba muy seguido. +Yéndose, pues, poco a poco, porque el dolor de las quijadas de don Quijote +no le dejaba sosegar ni atender a darse priesa, quiso Sancho entretenelle y +divertille diciéndole alguna cosa; y, entre otras que le dijo, fue lo que +se dirá en el siguiente capítulo. + + + + +Capítulo XIX. De las discretas razones que Sancho pasaba con su amo, y de +la aventura que le sucedió con un cuerpo muerto, con otros acontecimientos +famosos + +— Paréceme, señor mío, que todas estas desventuras que estos días nos han +sucedido, sin duda alguna han sido pena del pecado cometido por vuestra +merced contra la orden de su caballería, no habiendo cumplido el juramento +que hizo de no comer pan a manteles ni con la reina folgar, con todo +aquello que a esto se sigue y vuestra merced juró de cumplir, hasta quitar +aquel almete de Malandrino, o como se llama el moro, que no me acuerdo +bien. + +— Tienes mucha razón, Sancho —dijo don Quijote—; mas, para decirte verdad, +ello se me había pasado de la memoria; y también puedes tener por cierto +que por la culpa de no habérmelo tú acordado en tiempo te sucedió aquello +de la manta; pero yo haré la enmienda, que modos hay de composición en la +orden de la caballería para todo. + +— Pues, ¿juré yo algo, por dicha? —respondió Sancho. + +— No importa que no hayas jurado —dijo don Quijote—: basta que yo entiendo +que de participantes no estás muy seguro, y, por sí o por no, no será malo +proveernos de remedio. + +— Pues si ello es así —dijo Sancho—, mire vuestra merced no se le torne a +olvidar esto, como lo del juramento; quizá les volverá la gana a las +fantasmas de solazarse otra vez conmigo, y aun con vuestra merced si le ven +tan pertinaz. + +En estas y otras pláticas les tomó la noche en mitad del camino, sin tener +ni descubrir donde aquella noche se recogiesen; y lo que no había de bueno +en ello era que perecían de hambre; que, con la falta de las alforjas, les +faltó toda la despensa y matalotaje. Y, para acabar de confirmar esta +desgracia, les sucedió una aventura que, sin artificio alguno, +verdaderamente lo parecía. Y fue que la noche cerró con alguna escuridad; +pero, con todo esto, caminaban, creyendo Sancho que, pues aquel camino era +real, a una o dos leguas, de buena razón, hallaría en él alguna venta. +Yendo, pues, desta manera, la noche escura, el escudero hambriento y el amo +con gana de comer, vieron que por el mesmo camino que iban venían hacia +ellos gran multitud de lumbres, que no parecían sino estrellas que se +movían. Pasmóse Sancho en viéndolas, y don Quijote no las tuvo todas +consigo; tiró el uno del cabestro a su asno, y el otro de las riendas a su +rocino, y estuvieron quedos, mirando atentamente lo que podía ser aquello, +y vieron que las lumbres se iban acercando a ellos, y mientras más se +llegaban, mayores parecían; a cuya vista Sancho comenzó a temblar como un +azogado, y los cabellos de la cabeza se le erizaron a don Quijote; el cual, +animándose un poco, dijo: + +— Ésta, sin duda, Sancho, debe de ser grandísima y peligrosísima aventura, +donde será necesario que yo muestre todo mi valor y esfuerzo. +— ¡Desdichado de mí! —respondió Sancho—; si acaso esta aventura fuese de +fantasmas, como me lo va pareciendo, ¿adónde habrá costillas que la sufran? +— Por más fantasmas que sean —dijo don Quijote—, no consentiré yo que te +toque en el pelo de la ropa; que si la otra vez se burlaron contigo, fue +porque no pude yo saltar las paredes del corral, pero ahora estamos en +campo raso, donde podré yo como quisiere esgremir mi espada. + +— Y si le encantan y entomecen, como la otra vez lo hicieron —dijo Sancho—, +¿qué aprovechará estar en campo abierto o no? + +— Con todo eso —replicó don Quijote—, te ruego, Sancho, que tengas buen +ánimo, que la experiencia te dará a entender el que yo tengo. + +— Sí tendré, si a Dios place —respondió Sancho. + +Y, apartándose los dos a un lado del camino, tornaron a mirar atentamente +lo que aquello de aquellas lumbres que caminaban podía ser; y de allí a muy +poco descubrieron muchos encamisados, cuya temerosa visión de todo punto +remató el ánimo de Sancho Panza, el cual comenzó a dar diente con diente, +como quien tiene frío de cuartana; y creció más el batir y dentellear +cuando distintamente vieron lo que era, porque descubrieron hasta veinte +encamisados, todos a caballo, con sus hachas encendidas en las manos; +detrás de los cuales venía una litera cubierta de luto, a la cual seguían +otros seis de a caballo, enlutados hasta los pies de las mulas; que bien +vieron que no eran caballos en el sosiego con que caminaban. Iban los +encamisados murmurando entre sí, con una voz baja y compasiva. Esta estraña +visión, a tales horas y en tal despoblado, bien bastaba para poner miedo en +el corazón de Sancho, y aun en el de su amo; y así fuera en cuanto a don +Quijote, que ya Sancho había dado al través con todo su esfuerzo. Lo +contrario le avino a su amo, al cual en aquel punto se le representó en su +imaginación al vivo que aquélla era una de las aventuras de sus libros. +Figurósele que la litera eran andas donde debía de ir algún mal ferido o +muerto caballero, cuya venganza a él solo estaba reservada; y, sin hacer +otro discurso, enristró su lanzón, púsose bien en la silla, y con gentil +brío y continente se puso en la mitad del camino por donde los encamisados +forzosamente habían de pasar, y cuando los vio cerca alzó la voz y dijo: +— Deteneos, caballeros, o quienquiera que seáis, y dadme cuenta de quién +sois, de dónde venís, adónde vais, qué es lo que en aquellas andas lleváis; +que, según las muestras, o vosotros habéis fecho, o vos han fecho, algún +desaguisado, y conviene y es menester que yo lo sepa, o bien para +castigaros del mal que fecistes, o bien para vengaros del tuerto que vos +ficieron. + +— Vamos de priesa —respondió uno de los encamisados— y está la venta lejos, +y no nos podemos detener a dar tanta cuenta como pedís. + +Y, picando la mula, pasó adelante. Sintióse desta respuesta grandemente don +Quijote, y, trabando del freno, dijo: + +— Deteneos y sed más bien criado, y dadme cuenta de lo que os he preguntado; +si no, conmigo sois todos en batalla. + +Era la mula asombradiza, y al tomarla del freno se espantó de manera que, +alzándose en los pies, dio con su dueño por las ancas en el suelo. Un mozo +que iba a pie, viendo caer al encamisado, comenzó a denostar a don Quijote, +el cual, ya encolerizado, sin esperar más, enristrando su lanzón, arremetió +a uno de los enlutados, y, mal ferido, dio con él en tierra; y, +revolviéndose por los demás, era cosa de ver con la presteza que los +acometía y desbarataba; que no parecía sino que en aquel instante le habían +nacido alas a Rocinante, según andaba de ligero y orgulloso. + +Todos los encamisados era gente medrosa y sin armas, y así, con facilidad, +en un momento dejaron la refriega y comenzaron a correr por aquel campo con +las hachas encendidas, que no parecían sino a los de las máscaras que en +noche de regocijo y fiesta corren. Los enlutados, asimesmo, revueltos y +envueltos en sus faldamentos y lobas, no se podían mover; así que, muy a su +salvo, don Quijote los apaleó a todos y les hizo dejar el sitio mal de su +grado, porque todos pensaron que aquél no era hombre, sino diablo del +infierno que les salía a quitar el cuerpo muerto que en la litera llevaban. +Todo lo miraba Sancho, admirado del ardimiento de su señor, y decía entre +sí: + +— Sin duda este mi amo es tan valiente y esforzado como él dice. + +Estaba una hacha ardiendo en el suelo, junto al primero que derribó la +mula, a cuya luz le pudo ver don Quijote; y, llegándose a él, le puso la +punta del lanzón en el rostro, diciéndole que se rindiese; si no, que le +mataría. A lo cual respondió el caído: + +— Harto rendido estoy, pues no me puedo mover, que tengo una pierna +quebrada; suplico a vuestra merced, si es caballero cristiano, que no me +mate; que cometerá un gran sacrilegio, que soy licenciado y tengo las +primeras órdenes. + +— Pues, ¿quién diablos os ha traído aquí —dijo don Quijote—, siendo hombre +de Iglesia? + +— ¿Quién, señor? —replicó el caído—: mi desventura. + +— Pues otra mayor os amenaza —dijo don Quijote—, si no me satisfacéis a todo +cuanto primero os pregunté. + +— Con facilidad será vuestra merced satisfecho —respondió el licenciado—; y +así, sabrá vuestra merced que, aunque denantes dije que yo era licenciado, +no soy sino bachiller, y llámome Alonso López; soy natural de Alcobendas; +vengo de la ciudad de Baeza con otros once sacerdotes, que son los que +huyeron con las hachas; vamos a la ciudad de Segovia acompañando un cuerpo +muerto, que va en aquella litera, que es de un caballero que murió en +Baeza, donde fue depositado; y ahora, como digo, llevábamos sus huesos a su +sepultura, que está en Segovia, de donde es natural. + +— ¿Y quién le mató? —preguntó don Quijote. + +— Dios, por medio de unas calenturas pestilentes que le dieron —respondió el +bachiller. + +— Desa suerte —dijo don Quijote—, quitado me ha Nuestro Señor del trabajo +que había de tomar en vengar su muerte si otro alguno le hubiera muerto; +pero, habiéndole muerto quien le mató, no hay sino callar y encoger los +hombros, porque lo mesmo hiciera si a mí mismo me matara. Y quiero que sepa +vuestra reverencia que yo soy un caballero de la Mancha, llamado don +Quijote, y es mi oficio y ejercicio andar por el mundo enderezando tuertos +y desfaciendo agravios. + +— No sé cómo pueda ser eso de enderezar tuertos —dijo el bachiller—, pues a +mí de derecho me habéis vuelto tuerto, dejándome una pierna quebrada, la +cual no se verá derecha en todos los días de su vida; y el agravio que en +mí habéis deshecho ha sido dejarme agraviado de manera que me quedaré +agraviado para siempre; y harta desventura ha sido topar con vos, que vais +buscando aventuras. + +— No todas las cosas —respondió don Quijote— suceden de un mismo modo. El +daño estuvo, señor bachiller Alonso López, en venir, como veníades, de +noche, vestidos con aquellas sobrepellices, con las hachas encendidas, +rezando, cubiertos de luto, que propiamente semejábades cosa mala y del +otro mundo; y así, yo no pude dejar de cumplir con mi obligación +acometiéndoos, y os acometiera aunque verdaderamente supiera que érades los +memos satanases del infierno, que por tales os juzgué y tuve siempre. +— Ya que así lo ha querido mi suerte —dijo el bachiller—, suplico a vuestra +merced, señor caballero andante (que tan mala andanza me ha dado), me ayude +a salir de debajo desta mula, que me tiene tomada una pierna entre el +estribo y la silla. + +— ¡Hablara yo para mañana! —dijo don Quijote—. Y ¿hasta cuándo aguardábades +a decirme vuestro afán? + +Dio luego voces a Sancho Panza que viniese; pero él no se curó de venir, +porque andaba ocupado desvalijando una acémila de repuesto que traían +aquellos buenos señores, bien bastecida de cosas de comer. Hizo Sancho +costal de su gabán, y, recogiendo todo lo que pudo y cupo en el talego, +cargó su jumento, y luego acudió a las voces de su amo y ayudó a sacar al +señor bachiller de la opresión de la mula; y, poniéndole encima della, le +dio la hacha, y don Quijote le dijo que siguiese la derrota de sus +compañeros, a quien de su parte pidiese perdón del agravio, que no había +sido en su mano dejar de haberle hecho. Díjole también Sancho: + +— Si acaso quisieren saber esos señores quién ha sido el valeroso que tales +los puso, diráles vuestra merced que es el famoso don Quijote de la Mancha, +que por otro nombre se llama el Caballero de la Triste Figura. + +Con esto, se fue el bachiller; y don Quijote preguntó a Sancho que qué le +había movido a llamarle el Caballero de la Triste Figura, más entonces que +nunca. + +— Yo se lo diré —respondió Sancho—: porque le he estado mirando un rato a la +luz de aquella hacha que lleva aquel malandante, y verdaderamente tiene +vuestra merced la más mala figura, de poco acá, que jamás he visto; y +débelo de haber causado, o ya el cansancio deste combate, o ya la falta de +las muelas y dientes. + +— No es eso —respondió don Quijote—, sino que el sabio, a cuyo cargo debe de +estar el escribir la historia de mis hazañas, le habrá parecido que será +bien que yo tome algún nombre apelativo, como lo tomaban todos los +caballeros pasados: cuál se llamaba el de la Ardiente Espada; cuál, el del +Unicornio; aquel, de las Doncellas; aquéste, el del Ave Fénix; el otro, el +Caballero del Grifo; estotro, el de la Muerte; y por estos nombres e +insignias eran conocidos por toda la redondez de la tierra. Y así, digo que +el sabio ya dicho te habrá puesto en la lengua y en el pensamiento ahora +que me llamases el Caballero de la Triste Figura, como pienso llamarme +desde hoy en adelante; y, para que mejor me cuadre tal nombre, determino de +hacer pintar, cuando haya lugar, en mi escudo una muy triste figura. +— No hay para qué gastar tiempo y dineros en hacer esa figura —dijo Sancho—, +sino lo que se ha de hacer es que vuestra merced descubra la suya y dé +rostro a los que le miraren; que, sin más ni más, y sin otra imagen ni +escudo, le llamarán el de la Triste Figura; y créame que le digo verdad, +porque le prometo a vuestra merced, señor, y esto sea dicho en burlas, que +le hace tan mala cara la hambre y la falta de las muelas, que, como ya +tengo dicho, se podrá muy bien escusar la triste pintura. + +Rióse don Quijote del donaire de Sancho, pero, con todo, propuso de +llamarse de aquel nombre en pudiendo pintar su escudo, o rodela, como había +imaginado. + +En esto volvió el bachiller y le dijo a don Quijote: + +— Olvidábaseme de decir que advierta vuestra merced que queda descomulgado +por haber puesto las manos violentamente en cosa sagrada: juxta illud: Si +quis suadente diabolo, etc. + +— No entiendo ese latín —respondió don Quijote—, mas yo sé bien que no puse +las manos, sino este lanzón; cuanto más, que yo no pensé que ofendía a +sacerdotes ni a cosas de la Iglesia, a quien respeto y adoro como católico +y fiel cristiano que soy, sino a fantasmas y a vestiglos del otro mundo; y, +cuando eso así fuese, en la memoria tengo lo que le pasó al Cid Ruy Díaz, +cuando quebró la silla del embajador de aquel rey delante de Su Santidad +del Papa, por lo cual lo descomulgó, y anduvo aquel día el buen Rodrigo de +Vivar como muy honrado y valiente caballero. + +En oyendo esto el bachiller, se fue, como queda dicho, sin replicarle +palabra. Quisiera don Quijote mirar si el cuerpo que venía en la litera +eran huesos o no, pero no lo consintió Sancho, diciéndole: + +— Señor, vuestra merced ha acabado esta peligrosa aventura lo más a su salvo +de todas las que yo he visto; esta gente, aunque vencida y desbaratada, +podría ser que cayese en la cuenta de que los venció sola una persona, y, +corridos y avergonzados desto, volviesen a rehacerse y a buscarnos, y nos +diesen en qué entender. El jumento está como conviene, la montaña cerca, la +hambre carga, no hay que hacer sino retirarnos con gentil compás de pies, +y, como dicen, váyase el muerto a la sepultura y el vivo a la hogaza. +Y, antecogiendo su asno, rogó a su señor que le siguiese; el cual, +pareciéndole que Sancho tenía razón, sin volverle a replicar, le siguió. Y, +a poco trecho que caminaban por entre dos montañuelas, se hallaron en un +espacioso y escondido valle, donde se apearon; y Sancho alivió el jumento, +y, tendidos sobre la verde yerba, con la salsa de su hambre, almorzaron, +comieron, merendaron y cenaron a un mesmo punto, satisfaciendo sus +estómagos con más de una fiambrera que los señores clérigos del difunto +— que pocas veces se dejan mal pasar— en la acémila de su repuesto traían. +Mas sucedióles otra desgracia, que Sancho la tuvo por la peor de todas, y +fue que no tenían vino que beber, ni aun agua que llegar a la boca; y, +acosados de la sed, dijo Sancho, viendo que el prado donde estaban estaba +colmado de verde y menuda yerba, lo que se dirá en el siguiente capítulo. + + + + +Capítulo XX. De la jamás vista ni oída aventura que con más poco peligro +fue acabada de famoso caballero en el mundo, como la que acabó el valeroso +don Quijote de la Mancha + +— No es posible, señor mío, sino que estas yerbas dan testimonio de que por +aquí cerca debe de estar alguna fuente o arroyo que estas yerbas humedece; +y así, será bien que vamos un poco más adelante, que ya toparemos donde +podamos mitigar esta terrible sed que nos fatiga, que, sin duda, causa +mayor pena que la hambre. + +Parecióle bien el consejo a don Quijote, y, tomando de la rienda a +Rocinante, y Sancho del cabestro a su asno, después de haber puesto sobre +él los relieves que de la cena quedaron, comenzaron a caminar por el prado +arriba a tiento, porque la escuridad de la noche no les dejaba ver cosa +alguna; mas, no hubieron andado docientos pasos, cuando llegó a sus oídos +un grande ruido de agua, como que de algunos grandes y levantados riscos se +despeñaba. Alegróles el ruido en gran manera, y, parándose a escuchar hacia +qué parte sonaba, oyeron a deshora otro estruendo que les aguó el contento +del agua, especialmente a Sancho, que naturalmente era medroso y de poco +ánimo. Digo que oyeron que daban unos golpes a compás, con un cierto crujir +de hierros y cadenas, que, acompañados del furioso estruendo del agua, que +pusieran pavor a cualquier otro corazón que no fuera el de don Quijote. +Era la noche, como se ha dicho, escura, y ellos acertaron a entrar entre +unos árboles altos, cuyas hojas, movidas del blando viento, hacían un +temeroso y manso ruido; de manera que la soledad, el sitio, la escuridad, +el ruido del agua con el susurro de las hojas, todo causaba horror y +espanto, y más cuando vieron que ni los golpes cesaban, ni el viento +dormía, ni la mañana llegaba; añadiéndose a todo esto el ignorar el lugar +donde se hallaban. Pero don Quijote, acompañado de su intrépido corazón, +saltó sobre Rocinante, y, embrazando su rodela, terció su lanzón y dijo: +— Sancho amigo, has de saber que yo nací, por querer del cielo, en esta +nuestra edad de hierro, para resucitar en ella la de oro, o la dorada, como +suele llamarse. Yo soy aquél para quien están guardados los peligros, las +grandes hazañas, los valerosos hechos. Yo soy, digo otra vez, quien ha de +resucitar los de la Tabla Redonda, los Doce de Francia y los Nueve de la +Fama, y el que ha de poner en olvido los Platires, los Tablantes, Olivantes +y Tirantes, los Febos y Belianises, con toda la caterva de los famosos +caballeros andantes del pasado tiempo, haciendo en este en que me hallo +tales grandezas, estrañezas y fechos de armas, que escurezcan las más +claras que ellos ficieron. Bien notas, escudero fiel y legal, las tinieblas +desta noche, su estraño silencio, el sordo y confuso estruendo destos +árboles, el temeroso ruido de aquella agua en cuya busca venimos, que +parece que se despeña y derrumba desde los altos montes de la luna, y +aquel incesable golpear que nos hiere y lastima los oídos; las cuales +cosas, todas juntas y cada una por sí, son bastantes a infundir miedo, +temor y espanto en el pecho del mesmo Marte, cuanto más en aquel que no +está acostumbrado a semejantes acontecimientos y aventuras. Pues todo esto +que yo te pinto son incentivos y despertadores de mi ánimo, que ya hace que +el corazón me reviente en el pecho, con el deseo que tiene de acometer esta +aventura, por más dificultosa que se muestra. Así que, aprieta un poco las +cinchas a Rocinante y quédate a Dios, y espérame aquí hasta tres días no +más, en los cuales, si no volviere, puedes tú volverte a nuestra aldea, y +desde allí, por hacerme merced y buena obra, irás al Toboso, donde dirás a +la incomparable señora mía Dulcinea que su cautivo caballero murió por +acometer cosas que le hiciesen digno de poder llamarse suyo. + +Cuando Sancho oyó las palabras de su amo, comenzó a llorar con la mayor +ternura del mundo y a decille: + +— Señor, yo no sé por qué quiere vuestra merced acometer esta tan temerosa +aventura: ahora es de noche, aquí no nos vee nadie, bien podemos torcer el +camino y desviarnos del peligro, aunque no bebamos en tres días; y, pues no +hay quien nos vea, menos habrá quien nos note de cobardes; cuanto más, que +yo he oído predicar al cura de nuestro lugar, que vuestra merced bien +conoce, que quien busca el peligro perece en él; así que, no es bien tentar +a Dios acometiendo tan desaforado hecho, donde no se puede escapar sino por +milagro; y basta los que ha hecho el cielo con vuestra merced en librarle +de ser manteado, como yo lo fui, y en sacarle vencedor, libre y salvo de +entre tantos enemigos como acompañaban al difunto. Y, cuando todo esto no +mueva ni ablande ese duro corazón, muévale el pensar y creer que apenas se +habrá vuestra merced apartado de aquí, cuando yo, de miedo, dé mi ánima a +quien quisiere llevarla. Yo salí de mi tierra y dejé hijos y mujer por +venir a servir a vuestra merced, creyendo valer más y no menos; pero, como +la cudicia rompe el saco, a mí me ha rasgado mis esperanzas, pues cuando +más vivas las tenía de alcanzar aquella negra y malhadada ínsula que tantas +veces vuestra merced me ha prometido, veo que, en pago y trueco della, me +quiere ahora dejar en un lugar tan apartado del trato humano. Por un solo +Dios, señor mío, que non se me faga tal desaguisado; y ya que del todo no +quiera vuestra merced desistir de acometer este fecho, dilátelo, a lo +menos, hasta la mañana; que, a lo que a mí me muestra la ciencia que +aprendí cuando era pastor, no debe de haber desde aquí al alba tres horas, +porque la boca de la Bocina está encima de la cabeza, y hace la media noche +en la línea del brazo izquierdo. + +— ¿Cómo puedes tú, Sancho —dijo don Quijote—, ver dónde hace esa línea, ni +dónde está esa boca o ese colodrillo que dices, si hace la noche tan escura +que no parece en todo el cielo estrella alguna? + +— Así es —dijo Sancho—, pero tiene el miedo muchos ojos y vee las cosas +debajo de tierra, cuanto más encima en el cielo; puesto que, por buen +discurso, bien se puede entender que hay poco de aquí al día. + +— Falte lo que faltare —respondió don Quijote—; que no se ha de decir por +mí, ahora ni en ningún tiempo, que lágrimas y ruegos me apartaron de hacer +lo que debía a estilo de caballero; y así, te ruego, Sancho, que calles; +que Dios, que me ha puesto en corazón de acometer ahora esta tan no vista y +tan temerosa aventura, tendrá cuidado de mirar por mi salud y de consolar +tu tristeza. Lo que has de hacer es apretar bien las cinchas a Rocinante y +quedarte aquí, que yo daré la vuelta presto, o vivo o muerto. + +Viendo, pues, Sancho la última resolución de su amo y cuán poco valían con +él sus lágrimas, consejos y ruegos, determinó de aprovecharse de su +industria y hacerle esperar hasta el día, si pudiese; y así, cuando +apretaba las cinchas al caballo, bonitamente y sin ser sentido, ató con el +cabestro de su asno ambos pies a Rocinante, de manera que cuando don +Quijote se quiso partir, no pudo, porque el caballo no se podía mover sino +a saltos. Viendo Sancho Panza el buen suceso de su embuste, dijo: + +— Ea, señor, que el cielo, conmovido de mis lágrimas y plegarias, ha +ordenado que no se pueda mover Rocinante; y si vos queréis porfiar, y +espolear, y dalle, será enojar a la fortuna y dar coces, como dicen, contra +el aguijón. + +Desesperábase con esto don Quijote, y, por más que ponía las piernas al +caballo, menos le podía mover; y, sin caer en la cuenta de la ligadura, +tuvo por bien de sosegarse y esperar, o a que amaneciese, o a que Rocinante +se menease, creyendo, sin duda, que aquello venía de otra parte que de la +industria de Sancho; y así, le dijo: + +— Pues así es, Sancho, que Rocinante no puede moverse, yo soy contento de +esperar a que ría el alba, aunque yo llore lo que ella tardare en venir. +— No hay que llorar —respondió Sancho—, que yo entretendré a vuestra merced +contando cuentos desde aquí al día, si ya no es que se quiere apear y +echarse a dormir un poco sobre la verde yerba, a uso de caballeros +andantes, para hallarse más descansado cuando llegue el día y punto de +acometer esta tan desemejable aventura que le espera. + +— ¿A qué llamas apear o a qué dormir? —dijo don Quijote—. ¿Soy yo, por +ventura, de aquellos caballeros que toman reposo en los peligros? Duerme +tú, que naciste para dormir, o haz lo que quisieres, que yo haré lo que +viere que más viene con mi pretensión. + +No se enoje vuestra merced, señor mío —respondió Sancho—, que no lo dije +por tanto. + +Y, llegándose a él, puso la una mano en el arzón delantero y la otra en el +otro, de modo que quedó abrazado con el muslo izquierdo de su amo, sin +osarse apartar dél un dedo: tal era el miedo que tenía a los golpes, que +todavía alternativamente sonaban. Díjole don Quijote que contase algún +cuento para entretenerle, como se lo había prometido, a lo que Sancho dijo +que sí hiciera si le dejara el temor de lo que oía. + +— Pero, con todo eso, yo me esforzaré a decir una historia que, si la +acierto a contar y no me van a la mano, es la mejor de las historias; y +estéme vuestra merced atento, que ya comienzo. «Érase que se era, el bien +que viniere para todos sea, y el mal, para quien lo fuere a buscar...» Y +advierta vuestra merced, señor mío, que el principio que los antiguos +dieron a sus consejas no fue así comoquiera, que fue una sentencia de Catón +Zonzorino, romano, que dice: "Y el mal, para quien le fuere a buscar", que +viene aquí como anillo al dedo, para que vuestra merced se esté quedo y no +vaya a buscar el mal a ninguna parte, sino que nos volvamos por otro +camino, pues nadie nos fuerza a que sigamos éste, donde tantos miedos nos +sobresaltan. + +— Sigue tu cuento, Sancho —dijo don Quijote—, y del camino que hemos de +seguir déjame a mí el cuidado. + +— «Digo, pues —prosiguió Sancho—, que en un lugar de Estremadura había un +pastor cabrerizo (quiero decir que guardaba cabras), el cual pastor o +cabrerizo, como digo, de mi cuento, se llamaba Lope Ruiz; y este Lope Ruiz +andaba enamorado de una pastora que se llamaba Torralba, la cual pastora +llamada Torralba era hija de un ganadero rico, y este ganadero rico...» +— Si desa manera cuentas tu cuento, Sancho —dijo don Quijote—, repitiendo +dos veces lo que vas diciendo, no acabarás en dos días; dilo seguidamente y +cuéntalo como hombre de entendimiento, y si no, no digas nada. + +— De la misma manera que yo lo cuento —respondió Sancho—, se cuentan en mi +tierra todas las consejas, y yo no sé contarlo de otra, ni es bien que +vuestra merced me pida que haga usos nuevos. + +— Di como quisieres —respondió don Quijote—; que, pues la suerte quiere que +no pueda dejar de escucharte, prosigue. + +— «Así que, señor mío de mi ánima —prosiguió Sancho—, que, como ya tengo +dicho, este pastor andaba enamorado de Torralba, la pastora, que era una +moza rolliza, zahareña y tiraba algo a hombruna, porque tenía unos pocos de +bigotes, que parece que ahora la veo.» + +— Luego, ¿conocístela tú? —dijo don Quijote. + +— No la conocí yo —respondió Sancho—, pero quien me contó este cuento me +dijo que era tan cierto y verdadero que podía bien, cuando lo contase a +otro, afirmar y jurar que lo había visto todo. «Así que, yendo días y +viniendo días, el diablo, que no duerme y que todo lo añasca, hizo de +manera que el amor que el pastor tenía a la pastora se volviese en omecillo +y mala voluntad; y la causa fue, según malas lenguas, una cierta cantidad +de celillos que ella le dio, tales que pasaban de la raya y llegaban a lo +vedado; y fue tanto lo que el pastor la aborreció de allí adelante que, por +no verla, se quiso ausentar de aquella tierra e irse donde sus ojos no la +viesen jamás. La Torralba, que se vio desdeñada del Lope, luego le quiso +bien, mas que nunca le había querido.» + +— Ésa es natural condición de mujeres —dijo don Quijote—: desdeñar a quien +las quiere y amar a quien las aborrece. Pasa adelante, Sancho. +— «Sucedió —dijo Sancho— que el pastor puso por obra su determinación, y, +antecogiendo sus cabras, se encaminó por los campos de Estremadura, para +pasarse a los reinos de Portugal. La Torralba, que lo supo, se fue tras él, +y seguíale a pie y descalza desde lejos, con un bordón en la mano y con +unas alforjas al cuello, donde llevaba, según es fama, un pedazo de espejo +y otro de un peine, y no sé qué botecillo de mudas para la cara; mas, +llevase lo que llevase, que yo no me quiero meter ahora en averiguallo, +sólo diré que dicen que el pastor llegó con su ganado a pasar el río +Guadiana, y en aquella sazón iba crecido y casi fuera de madre, y por la +parte que llegó no había barca ni barco, ni quien le pasase a él ni a su +ganado de la otra parte, de lo que se congojó mucho, porque veía que la +Torralba venía ya muy cerca y le había de dar mucha pesadumbre con sus +ruegos y lágrimas; mas, tanto anduvo mirando, que vio un pescador que tenía +junto a sí un barco, tan pequeño que solamente podían caber en él una +persona y una cabra; y, con todo esto, le habló y concertó con él que le +pasase a él y a trecientas cabras que llevaba. Entró el pescador en el +barco, y pasó una cabra; volvió, y pasó otra; tornó a volver, y tornó a +pasar otra.» Tenga vuestra merced cuenta en las cabras que el pescador va +pasando, porque si se pierde una de la memoria, se acabará el cuento y no +será posible contar más palabra dél. «Sigo, pues, y digo que el +desembarcadero de la otra parte estaba lleno de cieno y resbaloso, y +tardaba el pescador mucho tiempo en ir y volver. Con todo esto, volvió por +otra cabra, y otra, y otra...» + +— Haz cuenta que las pasó todas —dijo don Quijote—: no andes yendo y +viniendo desa manera, que no acabarás de pasarlas en un año. + +— ¿Cuántas han pasado hasta agora? —dijo Sancho. + +— ¡Yo qué diablos sé! —respondió don Quijote—. + +— He ahí lo que yo dije: que tuviese buena cuenta. Pues, por Dios, que se ha +acabado el cuento, que no hay pasar adelante. + +— ¿Cómo puede ser eso? —respondió don Quijote—. ¿Tan de esencia de la +historia es saber las cabras que han pasado, por estenso, que si se yerra +una del número no puedes seguir adelante con la historia? + +— No señor, en ninguna manera —respondió Sancho—; porque, así como yo +pregunté a vuestra merced que me dijese cuántas cabras habían pasado y me +respondió que no sabía, en aquel mesmo instante se me fue a mí de la +memoria cuanto me quedaba por decir, y a fe que era de mucha virtud y +contento. + +— ¿De modo —dijo don Quijote— que ya la historia es acabada? + +— Tan acabada es como mi madre —dijo Sancho. + +— Dígote de verdad —respondió don Quijote— que tú has contado una de las más +nuevas consejas, cuento o historia, que nadie pudo pensar en el mundo; y +que tal modo de contarla ni dejarla, jamás se podrá ver ni habrá visto en +toda la vida, aunque no esperaba yo otra cosa de tu buen discurso; mas no +me maravillo, pues quizá estos golpes, que no cesan, te deben de tener +turbado el entendimiento. + +— Todo puede ser —respondió Sancho—, mas yo sé que en lo de mi cuento no hay +más que decir: que allí se acaba do comienza el yerro de la cuenta del +pasaje de las cabras. + +— Acabe norabuena donde quisiere —dijo don Quijote—, y veamos si se puede +mover Rocinante. + +Tornóle a poner las piernas, y él tornó a dar saltos y a estarse quedo: +tanto estaba de bien atado. + +En esto, parece ser, o que el frío de la mañana, que ya venía, o que Sancho +hubiese cenado algunas cosas lenitivas, o que fuese cosa natural —que es lo +que más se debe creer—, a él le vino en voluntad y deseo de hacer lo que +otro no pudiera hacer por él; mas era tanto el miedo que había entrado en +su corazón, que no osaba apartarse un negro de uña de su amo. Pues pensar +de no hacer lo que tenía gana, tampoco era posible; y así, lo que hizo, por +bien de paz, fue soltar la mano derecha, que tenía asida al arzón trasero, +con la cual, bonitamente y sin rumor alguno, se soltó la lazada corrediza +con que los calzones se sostenían, sin ayuda de otra alguna, y, en +quitándosela, dieron luego abajo y se le quedaron como grillos. Tras esto, +alzó la camisa lo mejor que pudo y echó al aire entrambas posaderas, que no +eran muy pequeñas. Hecho esto —que él pensó que era lo más que tenía que +hacer para salir de aquel terrible aprieto y angustia—, le sobrevino otra +mayor, que fue que le pareció que no podía mudarse sin hacer estrépito y +ruido, y comenzó a apretar los dientes y a encoger los hombros, recogiendo +en sí el aliento todo cuanto podía; pero, con todas estas diligencias, fue +tan desdichado que, al cabo al cabo, vino a hacer un poco de ruido, bien +diferente de aquel que a él le ponía tanto miedo. Oyólo don Quijote y dijo: +— ¿Qué rumor es ése, Sancho? + +— No sé, señor —respondió él—. Alguna cosa nueva debe de ser, que las +aventuras y desventuras nunca comienzan por poco. + +Tornó otra vez a probar ventura, y sucedióle tan bien que, sin más ruido ni +alboroto que el pasado, se halló libre de la carga que tanta pesadumbre le +había dado. Mas, como don Quijote tenía el sentido del olfato tan vivo como +el de los oídos, y Sancho estaba tan junto y cosido con él que casi por +línea recta subían los vapores hacia arriba, no se pudo escusar de que +algunos no llegasen a sus narices; y, apenas hubieron llegado, cuando él +fue al socorro, apretándolas entre los dos dedos; y, con tono algo gangoso, +dijo: + +— Paréceme, Sancho, que tienes mucho miedo. + +— Sí tengo —respondió Sancho—; mas, ¿en qué lo echa de ver vuestra merced +ahora más que nunca? + +— En que ahora más que nunca hueles, y no a ámbar —respondió don Quijote. +— Bien podrá ser —dijo Sancho—, mas yo no tengo la culpa, sino vuestra +merced, que me trae a deshoras y por estos no acostumbrados pasos. +— Retírate tres o cuatro allá, amigo —dijo don Quijote (todo esto sin +quitarse los dedos de las narices)—, y desde aquí adelante ten más cuenta +con tu persona y con lo que debes a la mía; que la mucha conversación que +tengo contigo ha engendrado este menosprecio. + +— Apostaré —replicó Sancho— que piensa vuestra merced que yo he hecho de mi +persona alguna cosa que no deba. + +— Peor es meneallo, amigo Sancho —respondió don Quijote. + +En estos coloquios y otros semejantes pasaron la noche amo y mozo. Mas, +viendo Sancho que a más andar se venía la mañana, con mucho tiento desligó +a Rocinante y se ató los calzones. Como Rocinante se vio libre, aunque él +de suyo no era nada brioso, parece que se resintió, y comenzó a dar +manotadas; porque corvetas —con perdón suyo— no las sabía hacer. Viendo, +pues, don Quijote que ya Rocinante se movía, lo tuvo a buena señal, y creyó +que lo era de que acometiese aquella temerosa aventura. + +Acabó en esto de descubrirse el alba y de parecer distintamente las cosas, +y vio don Quijote que estaba entre unos árboles altos, que ellos eran +castaños, que hacen la sombra muy escura. Sintió también que el golpear no +cesaba, pero no vio quién lo podía causar; y así, sin más detenerse, hizo +sentir las espuelas a Rocinante, y, tornando a despedirse de Sancho, le +mandó que allí le aguardase tres días, a lo más largo, como ya otra vez se +lo había dicho; y que, si al cabo dellos no hubiese vuelto, tuviese por +cierto que Dios había sido servido de que en aquella peligrosa aventura se +le acabasen sus días. Tornóle a referir el recado y embajada que había de +llevar de su parte a su señora Dulcinea, y que, en lo que tocaba a la paga +de sus servicios, no tuviese pena, porque él había dejado hecho su +testamento antes que saliera de su lugar, donde se hallaría gratificado de +todo lo tocante a su salario, rata por cantidad, del tiempo que hubiese +servido; pero que si Dios le sacaba de aquel peligro sano y salvo y sin +cautela, se podía tener por muy más que cierta la prometida ínsula. + +De nuevo tornó a llorar Sancho, oyendo de nuevo las lastimeras razones de +su buen señor, y determinó de no dejarle hasta el último tránsito y fin de +aquel negocio. + +Destas lágrimas y determinación tan honrada de Sancho Panza saca el autor +desta historia que debía de ser bien nacido, y, por lo menos, cristiano +viejo. Cuyo sentimiento enterneció algo a su amo, pero no tanto que +mostrase flaqueza alguna; antes, disimulando lo mejor que pudo, comenzó a +caminar hacia la parte por donde le pareció que el ruido del agua y del +golpear venía. + +Seguíale Sancho a pie, llevando, como tenía de costumbre, del cabestro a su +jumento, perpetuo compañero de sus prósperas y adversas fortunas; y, +habiendo andado una buena pieza por entre aquellos castaños y árboles +sombríos, dieron en un pradecillo que al pie de unas altas peñas se hacía, +de las cuales se precipitaba un grandísimo golpe de agua. Al pie de las +peñas, estaban unas casas mal hechas, que más parecían ruinas de edificios +que casas, de entre las cuales advirtieron que salía el ruido y estruendo +de aquel golpear, que aún no cesaba. + +Alborotóse Rocinante con el estruendo del agua y de los golpes, y, +sosegándole don Quijote, se fue llegando poco a poco a las casas, +encomendándose de todo corazón a su señora, suplicándole que en aquella +temerosa jornada y empresa le favoreciese, y de camino se encomendaba +también a Dios, que no le olvidase. No se le quitaba Sancho del lado, el +cual alargaba cuanto podía el cuello y la vista por entre las piernas de +Rocinante, por ver si vería ya lo que tan suspenso y medroso le tenía. +Otros cien pasos serían los que anduvieron, cuando, al doblar de una punta, +pareció descubierta y patente la misma causa, sin que pudiese ser otra, de +aquel horrísono y para ellos espantable ruido, que tan suspensos y medrosos +toda la noche los había tenido. Y eran —si no lo has, ¡oh lector!, por +pesadumbre y enojo— seis mazos de batán, que con sus alternativos golpes +aquel estruendo formaban. + +Cuando don Quijote vio lo que era, enmudeció y pasmóse de arriba abajo. +Miróle Sancho, y vio que tenía la cabeza inclinada sobre el pecho, con +muestras de estar corrido. Miró también don Quijote a Sancho, y viole que +tenía los carrillos hinchados y la boca llena de risa, con evidentes +señales de querer reventar con ella, y no pudo su melanconía tanto con él +que, a la vista de Sancho, pudiese dejar de reírse; y, como vio Sancho que +su amo había comenzado, soltó la presa de manera que tuvo necesidad de +apretarse las ijadas con los puños, por no reventar riendo. Cuatro veces +sosegó, y otras tantas volvió a su risa con el mismo ímpetu que primero; de +lo cual ya se daba al diablo don Quijote, y más cuando le oyó decir, como +por modo de fisga: + +— «Has de saber, ¡oh Sancho amigo!, que yo nací, por querer del cielo, en +esta nuestra edad de hierro, para resucitar en ella la dorada, o de oro. Yo +soy aquél para quien están guardados los peligros, las hazañas grandes, los +valerosos fechos...» + +Y por aquí fue repitiendo todas o las más razones que don Quijote dijo la +vez primera que oyeron los temerosos golpes. + +Viendo, pues, don Quijote que Sancho hacía burla dél, se corrió y enojó en +tanta manera, que alzó el lanzón y le asentó dos palos, tales que, si, como +los recibió en las espaldas, los recibiera en la cabeza, quedara libre de +pagarle el salario, si no fuera a sus herederos. Viendo Sancho que sacaba +tan malas veras de sus burlas, con temor de que su amo no pasase adelante +en ellas, con mucha humildad le dijo: + +— Sosiéguese vuestra merced; que, por Dios, que me burlo. + +— Pues, porque os burláis, no me burlo yo —respondió don Quijote—. Venid +acá, señor alegre: ¿paréceos a vos que, si como éstos fueron mazos de +batán, fueran otra peligrosa aventura, no había yo mostrado el ánimo que +convenía para emprendella y acaballa? ¿Estoy yo obligado, a dicha, siendo, +como soy, caballero, a conocer y destinguir los sones y saber cuáles son de +batán o no? Y más, que podría ser, como es verdad, que no los he visto en +mi vida, como vos los habréis visto, como villano ruin que sois, criado y +nacido entre ellos. Si no, haced vos que estos seis mazos se vuelvan en +seis jayanes, y echádmelos a las barbas uno a uno, o todos juntos, y, +cuando yo no diere con todos patas arriba, haced de mí la burla que +quisiéredes. + +— No haya más, señor mío —replicó Sancho—, que yo confieso que he andado +algo risueño en demasía. Pero dígame vuestra merced, ahora que estamos en +paz (así Dios le saque de todas las aventuras que le sucedieren tan sano y +salvo como le ha sacado désta), ¿no ha sido cosa de reír, y lo es de +contar, el gran miedo que hemos tenido? A lo menos, el que yo tuve; que de +vuestra merced ya yo sé que no le conoce, ni sabe qué es temor ni espanto. +— No niego yo —respondió don Quijote— que lo que nos ha sucedido no sea cosa +digna de risa, pero no es digna de contarse; que no son todas las personas +tan discretas que sepan poner en su punto las cosas. + +— A lo menos —respondió Sancho—, supo vuestra merced poner en su punto el +lanzón, apuntándome a la cabeza, y dándome en las espaldas, gracias a Dios +y a la diligencia que puse en ladearme. Pero vaya, que todo saldrá en la +colada; que yo he oído decir: "Ése te quiere bien, que te hace llorar"; y +más, que suelen los principales señores, tras una mala palabra que dicen a +un criado, darle luego unas calzas; aunque no sé lo que le suelen dar tras +haberle dado de palos, si ya no es que los caballeros andantes dan tras +palos ínsulas o reinos en tierra firme. + +— Tal podría correr el dado —dijo don Quijote— que todo lo que dices viniese +a ser verdad; y perdona lo pasado, pues eres discreto y sabes que los +primeros movimientos no son en mano del hombre, y está advertido de aquí +adelante en una cosa, para que te abstengas y reportes en el hablar +demasiado conmigo; que en cuantos libros de caballerías he leído, que son +infinitos, jamás he hallado que ningún escudero hablase tanto con su señor +como tú con el tuyo. Y en verdad que lo tengo a gran falta, tuya y mía: +tuya, en que me estimas en poco; mía, en que no me dejo estimar en más. Sí, +que Gandalín, escudero de Amadís de Gaula, conde fue de la ínsula Firme; y +se lee dél que siempre hablaba a su señor con la gorra en la mano, +inclinada la cabeza y doblado el cuerpo more turquesco. Pues, ¿qué diremos +de Gasabal, escudero de don Galaor, que fue tan callado que, para +declararnos la excelencia de su maravilloso silencio, sola una vez se +nombra su nombre en toda aquella tan grande como verdadera historia? De +todo lo que he dicho has de inferir, Sancho, que es menester hacer +diferencia de amo a mozo, de señor a criado y de caballero a escudero. Así +que, desde hoy en adelante, nos hemos de tratar con más respeto, sin darnos +cordelejo, porque, de cualquiera manera que yo me enoje con vos, ha de ser +mal para el cántaro. Las mercedes y beneficios que yo os he prometido +llegarán a su tiempo; y si no llegaren, el salario, a lo menos, no se ha de +perder, como ya os he dicho. + +— Está bien cuanto vuestra merced dice —dijo Sancho—, pero querría yo saber, +por si acaso no llegase el tiempo de las mercedes y fuese necesario acudir +al de los salarios, cuánto ganaba un escudero de un caballero andante en +aquellos tiempos, y si se concertaban por meses, o por días, como peones de +albañir. + +— No creo yo —respondió don Quijote— que jamás los tales escuderos +estuvieron a salario, sino a merced. Y si yo ahora te le he señalado a ti +en el testamento cerrado que dejé en mi casa, fue por lo que podía suceder; +que aún no sé cómo prueba en estos tan calamitosos tiempos nuestros la +caballería, y no querría que por pocas cosas penase mi ánima en el otro +mundo. Porque quiero que sepas, Sancho, que en él no hay estado más +peligroso que el de los aventureros. + +— Así es verdad —dijo Sancho—, pues sólo el ruido de los mazos de un batán +pudo alborotar y desasosegar el corazón de un tan valeroso andante +aventurero como es vuestra merced. Mas, bien puede estar seguro que, de +aquí adelante, no despliegue mis labios para hacer donaire de las cosas de +vuestra merced, si no fuere para honrarle, como a mi amo y señor natural. +— Desa manera —replicó don Quijote—, vivirás sobre la haz de la tierra; +porque, después de a los padres, a los amos se ha de respetar como si lo +fuesen. + + + + +Capítulo XXI. Que trata de la alta aventura y rica ganancia del yelmo de +Mambrino, con otras cosas sucedidas a nuestro invencible caballero + +En esto, comenzó a llover un poco, y quisiera Sancho que se entraran en el +molino de los batanes; mas habíales cobrado tal aborrecimiento don Quijote, +por la pesada burla, que en ninguna manera quiso entrar dentro; y así, +torciendo el camino a la derecha mano, dieron en otro como el que habían +llevado el día de antes. + +De allí a poco, descubrió don Quijote un hombre a caballo, que traía en la +cabeza una cosa que relumbraba como si fuera de oro, y aún él apenas le +hubo visto, cuando se volvió a Sancho y le dijo: + +— Paréceme, Sancho, que no hay refrán que no sea verdadero, porque todos son +sentencias sacadas de la mesma experiencia, madre de las ciencias todas, +especialmente aquel que dice: "Donde una puerta se cierra, otra se abre". +Dígolo porque si anoche nos cerró la ventura la puerta de la que +buscábamos, engañándonos con los batanes, ahora nos abre de par en par +otra, para otra mejor y más cierta aventura; que si yo no acertare a entrar +por ella, mía será la culpa, sin que la pueda dar a la poca noticia de +batanes ni a la escuridad de la noche. Digo esto porque, si no me engaño, +hacia nosotros viene uno que trae en su cabeza puesto el yelmo de Mambrino, +sobre que yo hice el juramento que sabes. + +— Mire vuestra merced bien lo que dice, y mejor lo que hace —dijo Sancho—, +que no querría que fuesen otros batanes que nos acabasen de abatanar y +aporrear el sentido. + +— ¡Válate el diablo por hombre! —replicó don Quijote—. ¿Qué va de yelmo a +batanes? + +— No sé nada —respondió Sancho—; mas, a fe que si yo pudiera hablar tanto +como solía, que quizá diera tales razones que vuestra merced viera que se +engañaba en lo que dice. + +— ¿Cómo me puedo engañar en lo que digo, traidor escrupuloso? —dijo don +Quijote—. Dime, ¿no ves aquel caballero que hacia nosotros viene, sobre un +caballo rucio rodado, que trae puesto en la cabeza un yelmo de oro? +— Lo que yo veo y columbro —respondió Sancho— no es sino un hombre sobre un +asno pardo, como el mío, que trae sobre la cabeza una cosa que relumbra. +— Pues ése es el yelmo de Mambrino —dijo don Quijote—. Apártate a una parte +y déjame con él a solas: verás cuán sin hablar palabra, por ahorrar del +tiempo, concluyo esta aventura y queda por mío el yelmo que tanto he +deseado. + +— Yo me tengo en cuidado el apartarme —replicó Sancho—, mas quiera Dios, +torno a decir, que orégano sea, y no batanes. + +— Ya os he dicho, hermano, que no me mentéis, ni por pienso, más eso de los +batanes —dijo don Quijote—; que voto..., y no digo más, que os batanee el +alma. + +Calló Sancho, con temor que su amo no cumpliese el voto que le había +echado, redondo como una bola. + +Es, pues, el caso que el yelmo, y el caballo y caballero que don Quijote +veía, era esto: que en aquel contorno había dos lugares, el uno tan pequeño +que ni tenía botica ni barbero, y el otro, que estaba junto, sí; y +así, el barbero del mayor servía al menor, en el cual tuvo necesidad un +enfermo de sangrarse y otro de hacerse la barba, para lo cual venía el +barbero, y traía una bacía de azófar; y quiso la suerte que, al tiempo que +venía, comenzó a llover, y, porque no se le manchase el sombrero, que debía +de ser nuevo, se puso la bacía sobre la cabeza; y, como estaba limpia, +desde media legua relumbraba. Venía sobre un asno pardo, como Sancho dijo, +y ésta fue la ocasión que a don Quijote le pareció caballo rucio rodado, y +caballero, y yelmo de oro; que todas las cosas que veía, con mucha +facilidad las acomodaba a sus desvariadas caballerías y malandantes +pensamientos. Y cuando él vio que el pobre caballero llegaba cerca, sin +ponerse con él en razones, a todo correr de Rocinante le enristró con el +lanzón bajo, llevando intención de pasarle de parte a parte; mas cuando a +él llegaba, sin detener la furia de su carrera, le dijo: + +— ¡Defiéndete, cautiva criatura, o entriégame de tu voluntad lo que con +tanta razón se me debe! + +El barbero, que, tan sin pensarlo ni temerlo, vio venir aquella fantasma +sobre sí, no tuvo otro remedio, para poder guardarse del golpe de la lanza, +si no fue el dejarse caer del asno abajo; y no hubo tocado al suelo, cuando +se levantó más ligero que un gamo y comenzó a correr por aquel llano, que +no le alcanzara el viento. Dejóse la bacía en el suelo, con la cual se +contentó don Quijote, y dijo que el pagano había andado discreto y que +había imitado al castor, el cual, viéndose acosado de los cazadores, se +taraza y arpa con los dientes aquéllo por lo que él, por distinto natural, +sabe que es perseguido. Mandó a Sancho que alzase el yelmo, el cual, +tomándola en las manos, dijo: + +— Por Dios, que la bacía es buena y que vale un real de a ocho como un +maravedí. + +Y, dándosela a su amo, se la puso luego en la cabeza, rodeándola a una +parte y a otra, buscándole el encaje; y, como no se le hallaba, dijo: +— Sin duda que el pagano, a cuya medida se forjó primero esta famosa celada, +debía de tener grandísima cabeza, y lo peor dello es que le falta la mitad. +Cuando Sancho oyó llamar a la bacía celada, no pudo tener la risa; mas +vínosele a las mientes la cólera de su amo, y calló en la mitad della. +— ¿De qué te ríes, Sancho? —dijo don Quijote. + +— Ríome —respondió él— de considerar la gran cabeza que tenía el pagano +dueño deste almete, que no semeja sino una bacía de barbero pintiparada. +— ¿Sabes qué imagino, Sancho? Que esta famosa pieza deste encantado yelmo, +por algún estraño acidente, debió de venir a manos de quien no supo conocer +ni estimar su valor, y, sin saber lo que hacía, viéndola de oro purísimo, +debió de fundir la otra mitad para aprovecharse del precio, y de la otra +mitad hizo ésta, que parece bacía de barbero, como tú dices. Pero, sea lo +que fuere; que para mí que la conozco no hace al caso su trasmutación; que +yo la aderezaré en el primer lugar donde haya herrero, y de suerte que no +le haga ventaja, ni aun le llegue, la que hizo y forjó el dios de las +herrerías para el dios de las batallas; y, en este entretanto, la traeré +como pudiere, que más vale algo que no nada; cuanto más, que bien será +bastante para defenderme de alguna pedrada. + +— Eso será —dijo Sancho— si no se tira con honda, como se tiraron en la +pelea de los dos ejércitos, cuando le santiguaron a vuestra merced las +muelas y le rompieron el alcuza donde venía aquel benditísimo brebaje que +me hizo vomitar las asaduras.along + +— No me da mucha pena el haberle perdido, que ya sabes tú, Sancho —dijo don +Quijote—, que yo tengo la receta en la memoria. + +— También la tengo yo —respondió Sancho—, pero si yo le hiciere ni le +probare más en mi vida, aquí sea mi hora. Cuanto más, que no pienso ponerme +en ocasión de haberle menester, porque pienso guardarme con todos mis cinco +sentidos de ser ferido ni de ferir a nadie. De lo del ser otra vez +manteado, no digo nada, que semejantes desgracias mal se pueden prevenir, y +si vienen, no hay que hacer otra cosa sino encoger los hombros, detener el +aliento, cerrar los ojos y dejarse ir por donde la suerte y la manta nos +llevare. + +— Mal cristiano eres, Sancho —dijo, oyendo esto, don Quijote—, porque nunca +olvidas la injuria que una vez te han hecho; pues sábete que es de pechos +nobles y generosos no hacer caso de niñerías. ¿Qué pie sacaste cojo, qué +costilla quebrada, qué cabeza rota, para que no se te olvide aquella burla? +Que, bien apurada la cosa, burla fue y pasatiempo; que, a no entenderlo yo +ansí, ya yo hubiera vuelto allá y hubiera hecho en tu venganza más daño que +el que hicieron los griegos por la robada Elena. La cual, si fuera en este +tiempo, o mi Dulcinea fuera en aquél, pudiera estar segura que no tuviera +tanta fama de hermosa como tiene. + +Y aquí dio un sospiro, y le puso en las nubes. Y dijo Sancho: + +— Pase por burlas, pues la venganza no puede pasar en veras; pero yo sé de +qué calidad fueron las veras y las burlas, y sé también que no se me caerán +de la memoria, como nunca se quitarán de las espaldas. Pero, dejando esto +aparte, dígame vuestra merced qué haremos deste caballo rucio rodado, que +parece asno pardo, que dejó aquí desamparado aquel Martino que vuestra +merced derribó; que, según él puso los pies en polvorosa y cogió las de +Villadiego, no lleva pergenio de volver por él jamás; y ¡para mis barbas, +si no es bueno el rucio! + +— Nunca yo acostumbro —dijo don Quijote— despojar a los que venzo, ni es uso +de caballería quitarles los caballos y dejarlos a pie, si ya no fuese que +el vencedor hubiese perdido en la pendencia el suyo; que, en tal caso, +lícito es tomar el del vencido, como ganado en guerra lícita. Así que, +Sancho, deja ese caballo, o asno, o lo que tú quisieres que sea, que, como +su dueño nos vea alongados de aquí, volverá por él. + +— Dios sabe si quisiera llevarle —replicó Sancho—, o, por lo menos, trocalle +con este mío, que no me parece tan bueno. Verdaderamente que son estrechas +las leyes de caballería, pues no se estienden a dejar trocar un asno por +otro; y querría saber si podría trocar los aparejos siquiera. + +— En eso no estoy muy cierto —respondió don Quijote—; y, en caso de duda, +hasta estar mejor informado, digo que los trueques, si es que tienes dellos +necesidad estrema. + +— Tan estrema es —respondió Sancho— que si fueran para mi misma persona, no +los hubiera menester más. + +Y luego, habilitado con aquella licencia, hizo mutatio caparum y puso su +jumento a las mil lindezas, dejándole mejorado en tercio y quinto. +Hecho esto, almorzaron de las sobras del real que del acémila despojaron, +bebieron del agua del arroyo de los batanes, sin volver la cara a mirallos: +tal era el aborrecimiento que les tenían por el miedo en que les habían +puesto. + +Cortada, pues, la cólera, y aun la malenconía, subieron a caballo, y, sin +tomar determinado camino, por ser muy de caballeros andantes el no tomar +ninguno cierto, se pusieron a caminar por donde la voluntad de Rocinante +quiso, que se llevaba tras sí la de su amo, y aun la del asno, que siempre +le seguía por dondequiera que guiaba, en buen amor y compañía. Con todo +esto, volvieron al camino real y siguieron por él a la ventura, sin otro +disignio alguno. + +Yendo, pues, así caminando, dijo Sancho a su amo: + +— Señor, ¿quiere vuestra merced darme licencia que departa un poco con él? +Que, después que me puso aquel áspero mandamiento del silencio, se me han +podrido más de cuatro cosas en el estómago, y una sola que ahora tengo en +el pico de la lengua no querría que se mal lograse. + +— Dila —dijo don Quijote—, y sé breve en tus razonamientos, que ninguno hay +gustoso si es largo. + +— Digo, pues, señor —respondió Sancho—, que, de algunos días a esta parte, +he considerado cuán poco se gana y granjea de andar buscando estas +aventuras que vuestra merced busca por estos desiertos y encrucijadas de +caminos, donde, ya que se venzan y acaben las más eligrosas, no hay quien +las vea ni sepa; y así, se han de quedar en perpetuo silencio, y en +perjuicio de la intención de vuestra merced y de lo que ellas merecen. Y +así, me parece que sería mejor, salvo el mejor parecer de vuestra merced, +que nos fuésemos a servir a algún emperador, o a otro príncipe grande que +tenga alguna guerra, en cuyo servicio vuestra merced muestre el valor de su +persona, sus grandes fuerzas y mayor entendimiento; que, visto esto del +señor a quien sirviéremos, por fuerza nos ha de remunerar, a cada cual +según sus méritos, y allí no faltará quien ponga en escrito las hazañas de +vuestra merced, para perpetua memoria. De las mías no digo nada, pues no +han de salir de los límites escuderiles; aunque sé decir que, si se usa en +la caballería escribir hazañas de escuderos, que no pienso que se han de +quedar las mías entre renglones. + +— No dices mal, Sancho —respondió don Quijote—; mas, antes que se llegue a +ese término, es menester andar por el mundo, como en aprobación, buscando +las aventuras, para que, acabando algunas, se cobre nombre y fama tal que, +cuando se fuere a la corte de algún gran monarca, ya sea el caballero +conocido por sus obras; y que, apenas le hayan visto entrar los muchachos +por la puerta de la ciudad, cuando todos le sigan y rodeen, dando voces, +diciendo: ''Éste es el Caballero del Sol'', o de la Sierpe, o de otra +insignia alguna, debajo de la cual hubiere acabado grandes hazañas. ''Éste +es —dirán— el que venció en singular batalla al gigantazo Brocabruno de la +Gran Fuerza; el que desencantó al Gran Mameluco de Persia del largo +encantamento en que había estado casi novecientos años''. Así que, de mano +en mano, irán pregonando tus hechos, y luego, al alboroto de los muchachos +y de la demás gente, se parará a las fenestras de su real palacio el rey de +aquel reino, y así como vea al caballero, conociéndole por las armas o por +la empresa del escudo, forzosamente ha de decir: ''¡Ea, sus! ¡Salgan mis +caballeros, cuantos en mi corte están, a recebir a la flor de la +caballería, que allí viene!'' A cuyo mandamiento saldrán todos, y él +llegará hasta la mitad de la escalera, y le abrazará estrechísimamente, y +le dará paz besándole en el rostro; y luego le llevará por la mano al +aposento de la señora reina, adonde el caballero la hallará con la infanta, +su hija, que ha de ser una de las más fermosas y acabadas doncellas que, en +gran parte de lo descubierto de la tierra, a duras penas se pueda hallar. +Sucederá tras esto, luego en continente, que ella ponga los ojos en el +caballero y él en los della, y cada uno parezca a otro cosa más divina que +humana; y, sin saber cómo ni cómo no, han de quedar presos y enlazados en +la intricable red amorosa, y con gran cuita en sus corazones por no saber +cómo se han de fablar para descubrir sus ansias y sentimientos. Desde allí +le llevarán, sin duda, a algún cuarto del palacio, ricamente aderezado, +donde, habiéndole quitado las armas, le traerán un rico manto de escarlata +con que se cubra; y si bien pareció armado, tan bien y mejor ha de parecer +en farseto. Venida la noche, cenará con el rey, reina e infanta, donde +nunca quitará los ojos della, mirándola a furto de los circustantes, y ella +hará lo mesmo con la mesma sagacidad, porque, como tengo dicho, es muy +discreta doncella. Levantarse han las tablas, y entrará a deshora por la +puerta de la sala un feo y pequeño enano con una fermosa dueña, que, entre +dos gigantes, detrás del enano viene, con cierta aventura, hecha por un +antiquísimo sabio, que el que la acabare será tenido por el mejor caballero +del mundo. Mandará luego el rey que todos los que están presentes la +prueben, y ninguno le dará fin y cima sino el caballero huésped, en mucho +pro de su fama, de lo cual quedará contentísima la infanta, y se tendrá por +contenta y pagada además, por haber puesto y colocado sus pensamientos en +tan alta parte. Y lo bueno es que este rey, o príncipe, o lo que es, tiene +una muy reñida guerra con otro tan poderoso como él, y el caballero huésped +le pide (al cabo de algunos días que ha estado en su corte) licencia para +ir a servirle en aquella guerra dicha. Darásela el rey de muy buen talante, +y el caballero le besará cortésmente las manos por la merced que le face. Y +aquella noche se despedirá de su señora la infanta por las rejas de un +jardín, que cae en el aposento donde ella duerme, por las cuales ya otras +muchas veces la había fablado, siendo medianera y sabidora de todo una +doncella de quien la infanta mucho se fiaba. Sospirará él, desmayaráse +ella, traerá agua la doncella, acuitaráse mucho porque viene la mañana, y +no querría que fuesen descubiertos, por la honra de su señora. Finalmente, +la infanta volverá en sí y dará sus blancas manos por la reja al caballero, +el cual se las besará mil y mil veces y se las bañará en lágrimas. Quedará +concertado entre los dos del modo que se han de hacer saber sus buenos o +malos sucesos, y rogarále la princesa que se detenga lo menos que pudiere; +prometérselo ha él con muchos juramentos; tórnale a besar las manos, y +despídese con tanto sentimiento que estará poco por acabar la vida. Vase +desde allí a su aposento, échase sobre su lecho, no puede dormir del dolor +de la partida, madruga muy de mañana, vase a despedir del rey y de la reina +y de la infanta; dícenle, habiéndose despedido de los dos, que la señora +infanta está mal dispuesta y que no puede recebir visita; piensa el +caballero que es de pena de su partida, traspásasele el corazón, y falta +poco de no dar indicio manifiesto de su pena. Está la doncella medianera +delante, halo de notar todo, váselo a decir a su señora, la cual la recibe +con lágrimas y le dice que una de las mayores penas que tiene es no saber +quién sea su caballero, y si es de linaje de reyes o no; asegúrala la +doncella que no puede caber tanta cortesía, gentileza y valentía como la de +su caballero sino en subjeto real y grave; consuélase con esto la cuitada; +procura consolarse, por no dar mal indicio de sí a sus padres, y, a cabo de +dos días, sale en público. Ya se es ido el caballero: pelea en la guerra, +vence al enemigo del rey, gana muchas ciudades, triunfa de muchas batallas, +vuelve a la corte, ve a su señora por donde suele, conciértase que la pida +a su padre por mujer en pago de sus servicios. No se la quiere dar el rey, +porque no sabe quién es; pero, con todo esto, o robada o de otra cualquier +suerte que sea, la infanta viene a ser su esposa y su padre lo viene a +tener a gran ventura, porque se vino a averiguar que el tal caballero es +hijo de un valeroso rey de no sé qué reino, porque creo que no debe de +estar en el mapa. Muérese el padre, hereda la infanta, queda rey el +caballero en dos palabras. Aquí entra luego el hacer mercedes a su escudero +y a todos aquellos que le ayudaron a subir a tan alto estado: casa a su +escudero con una doncella de la infanta, que será, sin duda, la que fue +tercera en sus amores, que es hija de un duque muy principal. + +— Eso pido, y barras derechas —dijo Sancho—; a eso me atengo, porque todo, +al pie de la letra, ha de suceder por vuestra merced, llamándose el +Caballero de la Triste Figura. + +— No lo dudes, Sancho —replicó don Quijote—, porque del mesmo y por los +mesmos pasos que esto he contado suben y han subido los caballeros andantes +a ser reyes y emperadores. Sólo falta agora mirar qué rey de los cristianos +o de los paganos tenga guerra y tenga hija hermosa; pero tiempo habrá para +pensar esto, pues, como te tengo dicho, primero se ha de cobrar fama por +otras partes que se acuda a la corte. También me falta otra cosa; que, +puesto caso que se halle rey con guerra y con hija hermosa, y que yo haya +cobrado fama increíble por todo el universo, no sé yo cómo se podía hallar +que yo sea de linaje de reyes, o, por lo menos, primo segundo de emperador; +porque no me querrá el rey dar a su hija por mujer si no está primero muy +enterado en esto, aunque más lo merezcan mis famosos hechos. Así que, por +esta falta, temo perder lo que mi brazo tiene bien merecido. Bien es verdad +que yo soy hijodalgo de solar conocido, de posesión y propriedad y de +devengar quinientos sueldos; y podría ser que el sabio que escribiese mi +historia deslindase de tal manera mi parentela y decendencia, que me +hallase quinto o sesto nieto de rey. Porque te hago saber, Sancho, que hay +dos maneras de linajes en el mundo: unos que traen y derriban su +decendencia de príncipes y monarcas, a quien poco a poco el tiempo ha +deshecho, y han acabado en punta, como pirámide puesta al revés; otros +tuvieron principio de gente baja, y van subiendo de grado en grado, hasta +llegar a ser grandes señores. De manera que está la diferencia en que unos +fueron, que ya no son, y otros son, que ya no fueron; y podría ser yo +déstos que, después de averiguado, hubiese sido mi principio grande y +famoso, con lo cual se debía de contentar el rey, mi suegro, que hubiere de +ser. Y cuando no, la infanta me ha de querer de manera que, a pesar de su +padre, aunque claramente sepa que soy hijo de un azacán, me ha de admitir +por señor y por esposo; y si no, aquí entra el roballa y llevalla donde más +gusto me diere; que el tiempo o la muerte ha de acabar el enojo de sus +padres. + +— Ahí entra bien también —dijo Sancho— lo que algunos desalmados dicen: "No +pidas de grado lo que puedes tomar por fuerza"; aunque mejor cuadra decir: +"Más vale salto de mata que ruego de hombres buenos". Dígolo porque si el +señor rey, suegro de vuestra merced, no se quisiere domeñar a entregalle a +mi señora la infanta, no hay sino, como vuestra merced dice, roballa y +trasponella. Pero está el daño que, en tanto que se hagan las paces y se +goce pacíficamente el reino, el pobre escudero se podrá estar a diente en +esto de las mercedes. Si ya no es que la doncella tercera, que ha de ser su +mujer, se sale con la infanta, y él pasa con ella su mala ventura, hasta +que el cielo ordene otra cosa; porque bien podrá, creo yo, desde luego +dársela su señor por ligítima esposa. + +— Eso no hay quien la quite —dijo don Quijote. + +— Pues, como eso sea —respondió Sancho—, no hay sino encomendarnos a Dios, y +dejar correr la suerte por donde mejor lo encaminare. + +— Hágalo Dios —respondió don Quijote— como yo deseo y tú, Sancho, has +menester; y ruin sea quien por ruin se tiene. + +— Sea par Dios —dijo Sancho—, que yo cristiano viejo soy, y para ser conde +esto me basta. + +— Y aun te sobra —dijo don Quijote—; y cuando no lo fueras, no hacía nada al +caso, porque, siendo yo el rey, bien te puedo dar nobleza, sin que la +compres ni me sirvas con nada. Porque, en haciéndote conde, cátate ahí +caballero, y digan lo que dijeren; que a buena fe que te han de llamar +señoría, mal que les pese. + +— Y ¡montas que no sabría yo autorizar el litado! —dijo Sancho. +— Dictado has de decir, que no litado —dijo su amo. + +— Sea ansí —respondió Sancho Panza—. Digo que le sabría bien acomodar, +porque, por vida mía, que un tiempo fui muñidor de una cofradía, y que me +asentaba tan bien la ropa de muñidor, que decían todos que tenía presencia +para poder ser prioste de la mesma cofradía. Pues, ¿qué será cuando me +ponga un ropón ducal a cuestas, o me vista de oro y de perlas, a uso de +conde estranjero? Para mí tengo que me han de venir a ver de cien leguas. +— Bien parecerás —dijo don Quijote—, pero será menester que te rapes las +barbas a menudo; que, según las tienes de espesas, aborrascadas y mal +puestas, si no te las rapas a navaja, cada dos días por lo menos, a tiro de +escopeta se echará de ver lo que eres. + +— ¿Qué hay más —dijo Sancho—, sino tomar un barbero y tenelle asalariado en +casa? Y aun, si fuere menester, le haré que ande tras mí, como caballerizo +de grande. + +— Pues, ¿cómo sabes tú —preguntó don Quijote— que los grandes llevan detrás +de sí a sus caballerizos? + +— Yo se lo diré —respondió Sancho—: los años pasados estuve un mes en la +corte, y allí vi que, paseándose un señor muy pequeño, que decían que era +muy grande, un hombre le seguía a caballo a todas las vueltas que daba, que +no parecía sino que era su rabo. Pregunté que cómo aquel hombre no se +juntaba con el otro, sino que siempre andaba tras dél. Respondiéronme que +era su caballerizo y que era uso de los grandes llevar tras sí a los tales. +Desde entonces lo sé tan bien que nunca se me ha olvidado. + +— Digo que tienes razón —dijo don Quijote—, y que así puedes tú llevar a tu +barbero; que los usos no vinieron todos juntos, ni se inventaron a una, y +puedes ser tú el primero conde que lleve tras sí su barbero; y aun es de +más confianza el hacer la barba que ensillar un caballo. + +— Quédese eso del barbero a mi cargo —dijo Sancho—, y al de vuestra merced +se quede el procurar venir a ser rey y el hacerme conde. + +— Así será —respondió don Quijote. + +Y, alzando los ojos, vio lo que se dirá en el siguiente capítulo. + + + + +Capítulo XXII. De la libertad que dio don Quijote a muchos desdichados que, +mal de su grado, los llevaban donde no quisieran ir + +Cuenta Cide Hamete Benengeli, autor arábigo y manchego, en esta gravísima, +altisonante, mínima, dulce e imaginada historia que, después que entre el +famoso don Quijote de la Mancha y Sancho Panza, su escudero, pasaron +aquellas razones que en el fin del capítulo veinte y uno quedan referidas, +que don Quijote alzó los ojos y vio que por el camino que llevaba venían +hasta doce hombres a pie, ensartados, como cuentas, en una gran cadena de +hierro por los cuellos, y todos con esposas a las manos. Venían ansimismo +con ellos dos hombres de a caballo y dos de a pie; los de a caballo, con +escopetas de rueda, y los de a pie, con dardos y espadas; y que así como +Sancho Panza los vido, dijo: + +— Ésta es cadena de galeotes, gente forzada del rey, que va a las galeras. +— ¿Cómo gente forzada? —preguntó don Quijote—. ¿Es posible que el rey haga +fuerza a ninguna gente? + +— No digo eso —respondió Sancho—, sino que es gente que, por sus delitos, va +condenada a servir al rey en las galeras de por fuerza. + +— En resolución —replicó don Quijote—, comoquiera que ello sea, esta gente, +aunque los llevan, van de por fuerza, y no de su voluntad. + +— Así es —dijo Sancho. + +— Pues desa manera —dijo su amo—, aquí encaja la ejecución de mi oficio: +desfacer fuerzas y socorrer y acudir a los miserables. + +— Advierta vuestra merced —dijo Sancho— que la justicia, que es el mesmo +rey, no hace fuerza ni agravio a semejante gente, sino que los castiga en +pena de sus delitos. + +Llegó, en esto, la cadena de los galeotes, y don Quijote, con muy corteses +razones, pidió a los que iban en su guarda fuesen servidos de informalle y +decille la causa, o causas, por que llevan aquella gente de aquella manera. +Una de las guardas de a caballo respondió que eran galeotes, gente de Su +Majestad que iba a galeras, y que no había más que decir, ni él tenía más +que saber. + +— Con todo eso —replicó don Quijote—, querría saber de cada uno dellos en +particular la causa de su desgracia. + +Añadió a éstas otras tales y tan comedidas razones, para moverlos a que +dijesen lo que deseaba, que la otra guarda de a caballo le dijo: +— Aunque llevamos aquí el registro y la fe de las sentencias de cada uno +destos malaventurados, no es tiempo éste de detenerles a sacarlas ni a +leellas; vuestra merced llegue y se lo pregunte a ellos mesmos, que ellos +lo dirán si quisieren, que sí querrán, porque es gente que recibe gusto de +hacer y decir bellaquerías. + +Con esta licencia, que don Quijote se tomara aunque no se la dieran, se +llegó a la cadena, y al primero le preguntó que por qué pecados iba de tan +mala guisa. Él le respondió que por enamorado iba de aquella manera. +— ¿Por eso no más? —replicó don Quijote—. Pues, si por enamorados echan a +galeras, días ha que pudiera yo estar bogando en ellas. + +— No son los amores como los que vuestra merced piensa —dijo el galeote—; +que los míos fueron que quise tanto a una canasta de colar, atestada de +ropa blanca, que la abracé conmigo tan fuertemente que, a no quitármela la +justicia por fuerza, aún hasta agora no la hubiera dejado de mi voluntad. +Fue en fragante, no hubo lugar de tormento; concluyóse la causa, +acomodáronme las espaldas con ciento, y por añadidura tres precisos de +gurapas, y acabóse la obra. + +— ¿Qué son gurapas? —preguntó don Quijote. + +— Gurapas son galeras —respondió el galeote. + +El cual era un mozo de hasta edad de veinte y cuatro años, y dijo que era +natural de Piedrahíta. Lo mesmo preguntó don Quijote al segundo, el cual no +respondió palabra, según iba de triste y malencónico; mas respondió por él +el primero, y dijo: + +— Éste, señor, va por canario; digo, por músico y cantor. + +— Pues, ¿cómo —repitió don Quijote—, por músicos y cantores van también a +galeras? + +— Sí, señor —respondió el galeote—, que no hay peor cosa que cantar en el +ansia. + +— Antes, he yo oído decir —dijo don Quijote— que quien canta sus males +espanta. + +— Acá es al revés —dijo el galeote—, que quien canta una vez llora toda la +vida. + +— No lo entiendo —dijo don Quijote. + +Mas una de las guardas le dijo: + +— Señor caballero, cantar en el ansia se dice, entre esta gente non santa, +confesar en el tormento. A este pecador le dieron tormento y confesó su +delito, que era ser cuatrero, que es ser ladrón de bestias, y, por haber +confesado, le condenaron por seis años a galeras, amén de docientos azotes +que ya lleva en las espaldas. Y va siempre pensativo y triste, porque los +demás ladrones que allá quedan y aquí van le maltratan y aniquilan, y +escarnecen y tienen en poco, porque confesó y no tuvo ánimo de decir nones. +Porque dicen ellos que tantas letras tiene un no como un sí, y que harta +ventura tiene un delincuente, que está en su lengua su vida o su muerte, y +no en la de los testigos y probanzas; y para mí tengo que no van muy fuera +de camino. + +— Y yo lo entiendo así —respondió don Quijote. + +El cual, pasando al tercero, preguntó lo que a los otros; el cual, de +presto y con mucho desenfado, respondió y dijo: + +— Yo voy por cinco años a las señoras gurapas por faltarme diez ducados. +— Yo daré veinte de muy buena gana —dijo don Quijote— por libraros desa +pesadumbre. + +— Eso me parece —respondió el galeote— como quien tiene dineros en mitad del +golfo y se está muriendo de hambre, sin tener adonde comprar lo que ha +menester. Dígolo porque si a su tiempo tuviera yo esos veinte ducados que +vuestra merced ahora me ofrece, hubiera untado con ellos la péndola del +escribano y avivado el ingenio del procurador, de manera que hoy me viera +en mitad de la plaza de Zocodover, de Toledo, y no en este camino, +atraillado como galgo; pero Dios es grande: paciencia y basta. + +Pasó don Quijote al cuarto, que era un hombre de venerable rostro con una +barba blanca que le pasaba del pecho; el cual, oyéndose preguntar la causa +por que allí venía, comenzó a llorar y no respondió palabra; mas el quinto +condenado le sirvió de lengua, y dijo: + +— Este hombre honrado va por cuatro años a galeras, habiendo paseado las +acostumbradas vestido en pompa y a caballo. + +— Eso es —dijo Sancho Panza—, a lo que a mí me parece, haber salido a la +vergüenza. + +— Así es —replicó el galeote—; y la culpa por que le dieron esta pena es por +haber sido corredor de oreja, y aun de todo el cuerpo. En efecto, quiero +decir que este caballero va por alcahuete, y por tener asimesmo sus puntas +y collar de hechicero. + +— A no haberle añadido esas puntas y collar —dijo don Quijote—, por +solamente el alcahuete limpio, no merecía él ir a bogar en las galeras, +sino a mandallas y a ser general dellas; porque no es así comoquiera el +oficio de alcahuete, que es oficio de discretos y necesarísimo en la +república bien ordenada, y que no le debía ejercer sino gente muy bien +nacida; y aun había de haber veedor y examinador de los tales, como le hay +de los demás oficios, con número deputado y conocido, como corredores de +lonja; y desta manera se escusarían muchos males que se causan por andar +este oficio y ejercicio entre gente idiota y de poco entendimiento, como +son mujercillas de poco más a menos, pajecillos y truhanes de pocos años y +de poca experiencia, que, a la más necesaria ocasión y cuando es menester +dar una traza que importe, se les yelan las migas entre la boca y la mano y +no saben cuál es su mano derecha. Quisiera pasar adelante y dar las razones +por que convenía hacer elección de los que en la república habían de tener +tan necesario oficio, pero no es el lugar acomodado para ello: algún día lo +diré a quien lo pueda proveer y remediar. Sólo digo ahora que la pena que +me ha causado ver estas blancas canas y este rostro venerable en tanta +fatiga, por alcahuete, me la ha quitado el adjunto de ser hechicero; aunque +bien sé que no hay hechizos en el mundo que puedan mover y forzar la +voluntad, como algunos simples piensan; que es libre nuestro albedrío, y no +hay yerba ni encanto que le fuerce. Lo que suelen hacer algunas mujercillas +simples y algunos embusteros bellacos es algunas misturas y venenos con que +vuelven locos a los hombres, dando a entender que tienen fuerza para hacer +querer bien, siendo, como digo, cosa imposible forzar la voluntad. +— Así es —dijo el buen viejo—, y, en verdad, señor, que en lo de hechicero +que no tuve culpa; en lo de alcahuete, no lo pude negar. Pero nunca pensé +que hacía mal en ello: que toda mi intención era que todo el mundo se +holgase y viviese en paz y quietud, sin pendencias ni penas; pero no me +aprovechó nada este buen deseo para dejar de ir adonde no espero volver, +según me cargan los años y un mal de orina que llevo, que no me deja +reposar un rato. + +Y aquí tornó a su llanto, como de primero; y túvole Sancho tanta compasión, +que sacó un real de a cuatro del seno y se le dio de limosna. + +Pasó adelante don Quijote, y preguntó a otro su delito, el cual respondió +con no menos, sino con mucha más gallardía que el pasado: + +— Yo voy aquí porque me burlé demasiadamente con dos primas hermanas mías, y +con otras dos hermanas que no lo eran mías; finalmente, tanto me burlé con +todas, que resultó de la burla crecer la parentela, tan intricadamente que +no hay diablo que la declare. Probóseme todo, faltó favor, no tuve dineros, +víame a pique de perder los tragaderos, sentenciáronme a galeras por seis +años, consentí: castigo es de mi culpa; mozo soy: dure la vida, que con +ella todo se alcanza. Si vuestra merced, señor caballero, lleva alguna cosa +con que socorrer a estos pobretes, Dios se lo pagará en el cielo, y +nosotros tendremos en la tierra cuidado de rogar a Dios en nuestras +oraciones por la vida y salud de vuestra merced, que sea tan larga y tan +buena como su buena presencia merece. + +Éste iba en hábito de estudiante, y dijo una de las guardas que era muy +grande hablador y muy gentil latino. + +Tras todos éstos, venía un hombre de muy buen parecer, de edad de treinta +años, sino que al mirar metía el un ojo en el otro un poco. Venía +diferentemente atado que los demás, porque traía una cadena al pie, tan +grande que se la liaba por todo el cuerpo, y dos argollas a la garganta, la +una en la cadena, y la otra de las que llaman guardaamigo o piedeamigo, de +la cual decendían dos hierros que llegaban a la cintura, en los cuales se +asían dos esposas, donde llevaba las manos, cerradas con un grueso candado, +de manera que ni con las manos podía llegar a la boca, ni podía bajar la +cabeza a llegar a las manos. Preguntó don Quijote que cómo iba aquel hombre +con tantas prisiones más que los otros. Respondióle la guarda porque tenía +aquel solo más delitos que todos los otros juntos, y que era tan atrevido y +tan grande bellaco que, aunque le llevaban de aquella manera, no iban +seguros dél, sino que temían que se les había de huir. + +— ¿Qué delitos puede tener —dijo don Quijote—, si no han merecido más pena +que echalle a las galeras? + +— Va por diez años —replicó la guarda—, que es como muerte cevil. No se +quiera saber más, sino que este buen hombre es el famoso Ginés de +Pasamonte, que por otro nombre llaman Ginesillo de Parapilla. + +— Señor comisario —dijo entonces el galeote—, váyase poco a poco, y no +andemos ahora a deslindar nombres y sobrenombres. Ginés me llamo y no +Ginesillo, y Pasamonte es mi alcurnia, y no Parapilla, como voacé dice; y +cada uno se dé una vuelta a la redonda, y no hará poco. + +— Hable con menos tono —replicó el comisario—, señor ladrón de más de la +marca, si no quiere que le haga callar, mal que le pese. + +— Bien parece —respondió el galeote— que va el hombre como Dios es servido, +pero algún día sabrá alguno si me llamo Ginesillo de Parapilla o no. +— Pues, ¿no te llaman ansí, embustero? —dijo la guarda. + +— Sí llaman —respondió Ginés—, mas yo haré que no me lo llamen, o me las +pelaría donde yo digo entre mis dientes. Señor caballero, si tiene algo que +darnos, dénoslo ya, y vaya con Dios, que ya enfada con tanto querer saber +vidas ajenas; y si la mía quiere saber, sepa que yo soy Ginés de Pasamonte, +cuya vida está escrita por estos pulgares. + +— Dice verdad —dijo el comisario—: que él mesmo ha escrito su historia, que +no hay más, y deja empeñado el libro en la cárcel en docientos reales. +— Y le pienso quitar —dijo Ginés—, si quedara en docientos ducados. +— ¿Tan bueno es? —dijo don Quijote. + +— Es tan bueno —respondió Ginés— que mal año para Lazarillo de Tormes y para +todos cuantos de aquel género se han escrito o escribieren. Lo que le sé +decir a voacé es que trata verdades, y que son verdades tan lindas y tan +donosas que no pueden haber mentiras que se le igualen. + +— ¿Y cómo se intitula el libro? —preguntó don Quijote. + +— La vida de Ginés de Pasamonte —respondió el mismo. + +— ¿Y está acabado? —preguntó don Quijote. + +— ¿Cómo puede estar acabado —respondió él—, si aún no está acabada mi vida? +Lo que está escrito es desde mi nacimiento hasta el punto que esta última +vez me han echado en galeras. + +— Luego, ¿otra vez habéis estado en ellas? —dijo don Quijote. + +— Para servir a Dios y al rey, otra vez he estado cuatro años, y ya sé a qué +sabe el bizcocho y el corbacho —respondió Ginés—; y no me pesa mucho de ir +a ellas, porque allí tendré lugar de acabar mi libro, que me quedan muchas +cosas que decir, y en las galeras de España hay mas sosiego de aquel que +sería menester, aunque no es menester mucho más para lo que yo tengo de +escribir, porque me lo sé de coro. + +— Hábil pareces —dijo don Quijote. + +— Y desdichado —respondió Ginés—; porque siempre las desdichas persiguen al +buen ingenio. + +— Persiguen a los bellacos —dijo el comisario. + +— Ya le he dicho, señor comisario —respondió Pasamonte—, que se vaya poco a +poco, que aquellos señores no le dieron esa vara para que maltratase a los +pobretes que aquí vamos, sino para que nos guiase y llevase adonde Su +Majestad manda. Si no, ¡por vida de...! ¡Basta!, que podría ser que +saliesen algún día en la colada las manchas que se hicieron en la venta; y +todo el mundo calle, y viva bien, y hable mejor y caminemos, que ya es +mucho regodeo éste. + +Alzó la vara en alto el comisario para dar a Pasamonte en respuesta de sus +amenazas, mas don Quijote se puso en medio y le rogó que no le maltratase, +pues no era mucho que quien llevaba tan atadas las manos tuviese algún +tanto suelta la lengua. Y, volviéndose a todos los de la cadena, dijo: +— De todo cuanto me habéis dicho, hermanos carísimos, he sacado en limpio +que, aunque os han castigado por vuestras culpas, las penas que vais a +padecer no os dan mucho gusto, y que vais a ellas muy de mala gana y muy +contra vuestra voluntad; y que podría ser que el poco ánimo que aquél tuvo +en el tormento, la falta de dineros déste, el poco favor del otro y, +finalmente, el torcido juicio del juez, hubiese sido causa de vuestra +perdición y de no haber salido con la justicia que de vuestra parte +teníades. Todo lo cual se me representa a mí ahora en la memoria de manera +que me está diciendo, persuadiendo y aun forzando que muestre con vosotros +el efeto para que el cielo me arrojó al mundo, y me hizo profesar en él la +orden de caballería que profeso, y el voto que en ella hice de favorecer a +los menesterosos y opresos de los mayores. Pero, porque sé que una de las +partes de la prudencia es que lo que se puede hacer por bien no se haga por +mal, quiero rogar a estos señores guardianes y comisario sean servidos de +desataros y dejaros ir en paz, que no faltarán otros que sirvan al rey en +mejores ocasiones; porque me parece duro caso hacer esclavos a los que Dios +y naturaleza hizo libres. Cuanto más, señores guardas —añadió don Quijote—, +que estos pobres no han cometido nada contra vosotros. Allá se lo haya cada +uno con su pecado; Dios hay en el cielo, que no se descuida de castigar al +malo ni de premiar al bueno, y no es bien que los hombres honrados sean +verdugos de los otros hombres, no yéndoles nada en ello. Pido esto con esta +mansedumbre y sosiego, porque tenga, si lo cumplís, algo que agradeceros; +y, cuando de grado no lo hagáis, esta lanza y esta espada, con el valor de +mi brazo, harán que lo hagáis por fuerza. + +— ¡Donosa majadería! —respondió el comisario— ¡Bueno está el donaire con que +ha salido a cabo de rato! ¡Los forzados del rey quiere que le dejemos, como +si tuviéramos autoridad para soltarlos o él la tuviera para mandárnoslo! +Váyase vuestra merced, señor, norabuena, su camino adelante, y enderécese +ese bacín que trae en la cabeza, y no ande buscando tres pies al gato. +— ¡Vos sois el gato, y el rato, y el bellaco! —respondió don Quijote. +Y, diciendo y haciendo, arremetió con él tan presto que, sin que tuviese +lugar de ponerse en defensa, dio con él en el suelo, malherido de una +lanzada; y avínole bien, que éste era el de la escopeta. Las demás guardas +quedaron atónitas y suspensas del no esperado acontecimiento; pero, +volviendo sobre sí, pusieron mano a sus espadas los de a caballo, y los de +a pie a sus dardos, y arremetieron a don Quijote, que con mucho sosiego los +aguardaba; y, sin duda, lo pasara mal si los galeotes, viendo la ocasión +que se les ofrecía de alcanzar libertad, no la procuraran, procurando +romper la cadena donde venían ensartados. Fue la revuelta de manera que las +guardas, ya por acudir a los galeotes, que se desataban, ya por acometer a +don Quijote, que los acometía, no hicieron cosa que fuese de provecho. +Ayudó Sancho, por su parte, a la soltura de Ginés de Pasamonte, que fue el +primero que saltó en la campaña libre y desembarazado, y, arremetiendo al +comisario caído, le quitó la espada y la escopeta, con la cual, apuntando +al uno y señalando al otro, sin disparalla jamás, no quedó guarda en todo +el campo, porque se fueron huyendo, así de la escopeta de Pasamonte como de +las muchas pedradas que los ya sueltos galeotes les tiraban. +Entristecióse mucho Sancho deste suceso, porque se le representó que los +que iban huyendo habían de dar noticia del caso a la Santa Hermandad, la +cual, a campana herida, saldría a buscar los delincuentes, y así se lo dijo +a su amo, y le rogó que luego de allí se partiesen y se emboscasen en la +sierra, que estaba cerca. + +— Bien está eso —dijo don Quijote—, pero yo sé lo que ahora conviene que se +haga. + +Y, llamando a todos los galeotes, que andaban alborotados y habían +despojado al comisario hasta dejarle en cueros, se le pusieron todos a la +redonda para ver lo que les mandaba, y así les dijo: + +— De gente bien nacida es agradecer los beneficios que reciben, y uno de los +pecados que más a Dios ofende es la ingratitud. Dígolo porque ya habéis +visto, señores, con manifiesta experiencia, el que de mí habéis recebido; +en pago del cual querría, y es mi voluntad, que, cargados de esa cadena que +quité de vuestros cuellos, luego os pongáis en camino y vais a la ciudad +del Toboso, y allí os presentéis ante la señora Dulcinea del Toboso y le +digáis que su caballero, el de la Triste Figura, se le envía a encomendar, +y le contéis, punto por punto, todos los que ha tenido esta famosa aventura +hasta poneros en la deseada libertad; y, hecho esto, os podréis ir donde +quisiéredes a la buena ventura. + +Respondió por todos Ginés de Pasamonte, y dijo: + +— Lo que vuestra merced nos manda, señor y libertador nuestro, es imposible +de toda imposibilidad cumplirlo, porque no podemos ir juntos por los +caminos, sino solos y divididos, y cada uno por su parte, procurando +meterse en las entrañas de la tierra, por no ser hallado de la Santa +Hermandad, que, sin duda alguna, ha de salir en nuestra busca. Lo que +vuestra merced puede hacer, y es justo que haga, es mudar ese servicio y +montazgo de la señora Dulcinea del Toboso en alguna cantidad de avemarías y +credos, que nosotros diremos por la intención de vuestra merced; y ésta es +cosa que se podrá cumplir de noche y de día, huyendo o reposando, en paz o +en guerra; pero pensar que hemos de volver ahora a las ollas de Egipto, +digo, a tomar nuestra cadena y a ponernos en camino del Toboso, es pensar +que es ahora de noche, que aún no son las diez del día, y es pedir a +nosotros eso como pedir peras al olmo. + +— Pues ¡voto a tal! —dijo don Quijote, ya puesto en cólera—, don hijo de la +puta, don Ginesillo de Paropillo, o como os llamáis, que habéis de ir vos +solo, rabo entre piernas, con toda la cadena a cuestas. + +Pasamonte, que no era nada bien sufrido, estando ya enterado que don +Quijote no era muy cuerdo, pues tal disparate había cometido como el de +querer darles libertad, viéndose tratar de aquella manera, hizo del ojo a +los compañeros, y, apartándose aparte, comenzaron a llover tantas piedras +sobre don Quijote, que no se daba manos a cubrirse con la rodela; y el +pobre de Rocinante no hacía más caso de la espuela que si fuera hecho de +bronce. Sancho se puso tras su asno, y con él se defendía de la nube y +pedrisco que sobre entrambos llovía. No se pudo escudar tan bien don +Quijote que no le acertasen no sé cuántos guijarros en el cuerpo, con tanta +fuerza que dieron con él en el suelo; y apenas hubo caído, cuando fue sobre +él el estudiante y le quitó la bacía de la cabeza, y diole con ella tres o +cuatro golpes en las espaldas y otros tantos en la tierra, con que la hizo +pedazos. Quitáronle una ropilla que traía sobre las armas, y las medias +calzas le querían quitar si las grebas no lo estorbaran. A Sancho le +quitaron el gabán, y, dejándole en pelota, repartiendo entre sí los demás +despojos de la batalla, se fueron cada uno por su parte, con más cuidado de +escaparse de la Hermandad, que temían, que de cargarse de la cadena e ir a +presentarse ante la señora Dulcinea del Toboso. + +Solos quedaron jumento y Rocinante, Sancho y Don Quijote; el jumento, +cabizbajo y pensativo, sacudiendo de cuando en cuando las orejas, pensando +que aún no había cesado la borrasca de las piedras, que le perseguían los +oídos; Rocinante, tendido junto a su amo, que también vino al suelo de otra +pedrada; Sancho, en pelota y temeroso de la Santa Hermandad; don Quijote, +mohinísimo de verse tan malparado por los mismos a quien tanto bien había +hecho. + + + + +Capítulo XXIII. De lo que le aconteció al famoso don Quijote en Sierra +Morena, que fue una de las más raras aventuras que en esta verdadera +historia se cuentan + +Viéndose tan malparado don Quijote, dijo a su escudero: + +— Siempre, Sancho, lo he oído decir, que el hacer bien a villanos es echar +agua en la mar. Si yo hubiera creído lo que me dijiste, yo hubiera escusado +esta pesadumbre; pero ya está hecho: paciencia, y escarmentar para desde +aquí adelante. + +— Así escarmentará vuestra merced —respondió Sancho— como yo soy turco; +pero, pues dice que si me hubiera creído se hubiera escusado este daño, +créame ahora y escusará otro mayor; porque le hago saber que con la Santa +Hermandad no hay usar de caballerías, que no se le da a ella por cuantos +caballeros andantes hay dos maravedís; y sepa que ya me parece que sus +saetas me zumban por los oídos. + +— Naturalmente eres cobarde, Sancho —dijo don Quijote—, pero, porque no +digas que soy contumaz y que jamás hago lo que me aconsejas, por esta vez +quiero tomar tu consejo y apartarme de la furia que tanto temes; mas ha de +ser con una condición: que jamás, en vida ni en muerte, has de decir a +nadie que yo me retiré y aparté deste peligro de miedo, sino por complacer +a tus ruegos; que si otra cosa dijeres, mentirás en ello, y desde ahora +para entonces, y desde entonces para ahora, te desmiento, y digo que +mientes y mentirás todas las veces que lo pensares o lo dijeres. Y no me +repliques más, que en sólo pensar que me aparto y retiro de algún peligro, +especialmente déste, que parece que lleva algún es no es de sombra de +miedo, estoy ya para quedarme, y para aguardar aquí solo, no solamente a la +Santa Hermandad que dices y temes, sino a los hermanos de los doce tribus +de Israel, y a los siete Macabeos, y a Cástor y a Pólux, y aun a todos los +hermanos y hermandades que hay en el mundo. + +— Señor —respondió Sancho—, que el retirar no es huir, ni el esperar es +cordura, cuando el peligro sobrepuja a la esperanza, y de sabios es +guardarse hoy para mañana y no aventurarse todo en un día. Y sepa que, +aunque zafio y villano, todavía se me alcanza algo desto que llaman buen +gobierno; así que, no se arrepienta de haber tomado mi consejo, sino suba +en Rocinante, si puede, o si no yo le ayudaré, y sígame, que el caletre me +dice que hemos menester ahora más los pies que las manos. + +Subió don Quijote, sin replicarle más palabra, y, guiando Sancho sobre su +asno, se entraron por una parte de Sierra Morena, que allí junto estaba, +llevando Sancho intención de atravesarla toda e ir a salir al Viso, o a +Almodóvar del Campo, y esconderse algunos días por aquellas asperezas, por +no ser hallados si la Hermandad los buscase. Animóle a esto haber visto que +de la refriega de los galeotes se había escapado libre la despensa que +sobre su asno venía, cosa que la juzgó a milagro, según fue lo que llevaron +y buscaron los galeotes. + +Así como don Quijote entró por aquellas montañas, se le alegró el corazón, +pareciéndole aquellos lugares acomodados para las aventuras que buscaba. +Reducíansele a la memoria los maravillosos acaecimientos que en semejantes +soledades y asperezas habían sucedido a caballeros andantes. Iba pensando +en estas cosas, tan embebecido y trasportado en ellas que de ninguna otra +se acordaba. Ni Sancho llevaba otro cuidado —después que le pareció que +caminaba por parte segura— sino de satisfacer su estómago con los relieves +que del despojo clerical habían quedado; y así, iba tras su amo sentado a +la mujeriega sobre su jumento, sacando de un costal y embaulando en su +panza; y no se le diera por hallar otra ventura, entretanto que iba de +aquella manera, un ardite. + +En esto, alzó los ojos y vio que su amo estaba parado, procurando con la +punta del lanzón alzar no sé qué bulto que estaba caído en el suelo, por lo +cual se dio priesa a llegar a ayudarle si fuese menester; y cuando llegó +fue a tiempo que alzaba con la punta del lanzón un cojín y una maleta asida +a él, medio podridos, o podridos del todo, y deshechos; mas, pesaba tanto, +que fue necesario que Sancho se apease a tomarlos, y mandóle su amo que +viese lo que en la maleta venía. + +Hízolo con mucha presteza Sancho, y, aunque la maleta venía cerrada con una +cadena y su candado, por lo roto y podrido della vio lo que en ella había, +que eran cuatro camisas de delgada holanda y otras cosas de lienzo, no +menos curiosas que limpias, y en un pañizuelo halló un buen montoncillo de +escudos de oro; y, así como los vio, dijo: + +— ¡Bendito sea todo el cielo, que nos ha deparado una aventura que sea de +provecho! + +Y buscando más, halló un librillo de memoria, ricamente guarnecido. Éste le +pidió don Quijote, y mandóle que guardase el dinero y lo tomase para él. +Besóle las manos Sancho por la merced, y, desvalijando a la valija de su +lencería, la puso en el costal de la despensa. Todo lo cual visto por don +Quijote, dijo: + +— Paréceme, Sancho, y no es posible que sea otra cosa, que algún caminante +descaminado debió de pasar por esta sierra, y, salteándole malandrines, le +debieron de matar, y le trujeron a enterrar en esta tan escondida parte. +— No puede ser eso —respondió Sancho—, porque si fueran ladrones, no se +dejaran aquí este dinero. + +— Verdad dices —dijo don Quijote—, y así, no adivino ni doy en lo que esto +pueda ser; mas, espérate: veremos si en este librillo de memoria hay alguna +cosa escrita por donde podamos rastrear y venir en conocimiento de lo que +deseamos. + +Abrióle, y lo primero que halló en él escrito, como en borrador, aunque de +muy buena letra, fue un soneto, que, leyéndole alto porque Sancho también +lo oyese, vio que decía desta manera: + +O le falta al Amor conocimiento, + +o le sobra crueldad, o no es mi pena + +igual a la ocasión que me condena + +al género más duro de tormento. + +Pero si Amor es dios, es argumento + +que nada ignora, y es razón muy buena + +que un dios no sea cruel. Pues, ¿quién ordena + +el terrible dolor que adoro y siento? + +Si digo que sois vos, Fili, no acierto; + +que tanto mal en tanto bien no cabe, + +ni me viene del cielo esta rüina. + +Presto habré de morir, que es lo más cierto; + +que al mal de quien la causa no se sabe + +milagro es acertar la medicina. + +— Por esa trova —dijo Sancho— no se puede saber nada, si ya no es que por +ese hilo que está ahí se saque el ovillo de todo. + +— ¿Qué hilo está aquí? —dijo don Quijote. + +— Paréceme —dijo Sancho— que vuestra merced nombró ahí hilo. + +— No dije sino Fili —respondió don Quijote—, y éste, sin duda, es el nombre +de la dama de quien se queja el autor deste soneto; y a fe que debe de ser +razonable poeta, o yo sé poco del arte. + +— Luego, ¿también —dijo Sancho— se le entiende a vuestra merced de trovas? +— Y más de lo que tú piensas —respondió don Quijote—, y veráslo cuando +lleves una carta, escrita en verso de arriba abajo, a mi señora Dulcinea +del Toboso. Porque quiero que sepas, Sancho, que todos o los más caballeros +andantes de la edad pasada eran grandes trovadores y grandes músicos; que +estas dos habilidades, o gracias, por mejor decir, son anexas a los +enamorados andantes. Verdad es que las coplas de los pasados caballeros +tienen más de espíritu que de primor. + +— Lea más vuestra merced —dijo Sancho—, que ya hallará algo que nos +satisfaga. + +Volvió la hoja don Quijote y dijo: + +— Esto es prosa, y parece carta. + +— ¿Carta misiva, señor? —preguntó Sancho. + +— En el principio no parece sino de amores —respondió don Quijote. +— Pues lea vuestra merced alto —dijo Sancho—, que gusto mucho destas cosas +de amores. + +— Que me place —dijo don Quijote. + +Y, leyéndola alto, como Sancho se lo había rogado, vio que decía desta +manera: + +Tu falsa promesa y mi cierta desventura me llevan a parte donde antes +volverán a tus oídos las nuevas de mi muerte que las razones de mis quejas. +Desechásteme, ¡oh ingrata!, por quien tiene más, no por quien vale más que +yo; mas si la virtud fuera riqueza que se estimara, no envidiara yo dichas +ajenas ni llorara desdichas propias. Lo que levantó tu hermosura han +derribado tus obras: por ella entendí que eras ángel, y por ellas conozco +que eres mujer. Quédate en paz, causadora de mi guerra, y haga el cielo que +los engaños de tu esposo estén siempre encubiertos, porque tú no quedes +arrepentida de lo que heciste y yo no tome venganza de lo que no deseo. +Acabando de leer la carta, dijo don Quijote: + +— Menos por ésta que por los versos se puede sacar más de que quien la +escribió es algún desdeñado amante. + +Y, hojeando casi todo el librillo, halló otros versos y cartas, que algunos +pudo leer y otros no; pero lo que todos contenían eran quejas, lamentos, +desconfianzas, sabores y sinsabores, favores y desdenes, solenizados los +unos y llorados los otros. + +En tanto que don Quijote pasaba el libro, pasaba Sancho la maleta, sin +dejar rincón en toda ella, ni en el cojín, que no buscase, escudriñase e +inquiriese, ni costura que no deshiciese, ni vedija de lana que no +escarmenase, porque no se quedase nada por diligencia ni mal recado: tal +golosina habían despertado en él los hallados escudos, que pasaban de +ciento. Y, aunque no halló mas de lo hallado, dio por bien empleados los +vuelos de la manta, el vomitar del brebaje, las bendiciones de las estacas, +las puñadas del arriero, la falta de las alforjas, el robo del gabán y toda +la hambre, sed y cansancio que había pasado en servicio de su buen señor, +pareciéndole que estaba más que rebién pagado con la merced recebida de la +entrega del hallazgo. + +Con gran deseo quedó el Caballero de la Triste Figura de saber quién fuese +el dueño de la maleta, conjeturando, por el soneto y carta, por el dinero +en oro y por las tan buenas camisas, que debía de ser de algún principal +enamorado, a quien desdenes y malos tratamientos de su dama debían de haber +conducido a algún desesperado término. Pero, como por aquel lugar +inhabitable y escabroso no parecía persona alguna de quien poder +informarse, no se curó de más que de pasar adelante, sin llevar otro camino +que aquel que Rocinante quería, que era por donde él podía caminar, siempre +con imaginación que no podía faltar por aquellas malezas alguna estraña +aventura. + +Yendo, pues, con este pensamiento, vio que, por cima de una montañuela que +delante de los ojos se le ofrecía, iba saltando un hombre, de risco en +risco y de mata en mata, con estraña ligereza. Figurósele que iba desnudo, +la barba negra y espesa, los cabellos muchos y rabultados, los pies +descalzos y las piernas sin cosa alguna; los muslos cubrían unos calzones, +al parecer de terciopelo leonado, mas tan hechos pedazos que por muchas +partes se le descubrían las carnes. Traía la cabeza descubierta, y, aunque +pasó con la ligereza que se ha dicho, todas estas menudencias miró y notó +el Caballero de la Triste Figura; y, aunque lo procuró, no pudo seguille, +porque no era dado a la debilidad de Rocinante andar por aquellas +asperezas, y más siendo él de suyo pisacorto y flemático. Luego imaginó don +Quijote que aquél era el dueño del cojín y de la maleta, y propuso en sí de +buscalle, aunque supiese andar un año por aquellas montañas hasta hallarle; +y así, mandó a Sancho que se apease del asno y atajase por la una parte de +la montaña, que él iría por la otra y podría ser que topasen, con esta +diligencia, con aquel hombre que con tanta priesa se les había quitado de +delante. + +— No podré hacer eso —respondió Sancho—, porque, en apartándome de vuestra +merced, luego es conmigo el miedo, que me asalta con mil géneros de +sobresaltos y visiones. Y sírvale esto que digo de aviso, para que de aquí +adelante no me aparte un dedo de su presencia. + +— Así será —dijo el de la Triste Figura—, y yo estoy muy contento de que te +quieras valer de mi ánimo, el cual no te ha de faltar, aunque te falte el +ánima del cuerpo. Y vente ahora tras mí poco a poco, o como pudieres, y haz +de los ojos lanternas; rodearemos esta serrezuela: quizá toparemos con +aquel hombre que vimos, el cual, sin duda alguna, no es otro que el dueño +de nuestro hallazgo. + +A lo que Sancho respondió: + +— Harto mejor sería no buscalle, porque si le hallamos y acaso fuese el +dueño del dinero, claro está que lo tengo de restituir; y así, fuera mejor, +sin hacer esta inútil diligencia, poseerlo yo con buena fe hasta que, por +otra vía menos curiosa y diligente, pareciera su verdadero señor; y quizá +fuera a tiempo que lo hubiera gastado, y entonces el rey me hacía franco. +— Engáñaste en eso, Sancho —respondió don Quijote—; que, ya que hemos caído +en sospecha de quién es el dueño, cuasi delante, estamos obligados a +buscarle y volvérselos; y, cuando no le buscásemos, la vehemente sospecha +que tenemos de que él lo sea nos pone ya en tanta culpa como si lo fuese. +Así que, Sancho amigo, no te dé pena el buscalle, por la que a mí se me +quitará si le hallo. + +Y así, picó a Rocinante, y siguióle Sancho con su acostumbrado jumento; y, +habiendo rodeado parte de la montaña, hallaron en un arroyo, caída, muerta +y medio comida de perros y picada de grajos, una mula ensillada y +enfrenada; todo lo cual confirmó en ellos más la sospecha de que aquel que +huía era el dueño de la mula y del cojín. + +Estándola mirando, oyeron un silbo como de pastor que guardaba ganado, y a +deshora, a su siniestra mano, parecieron una buena cantidad de cabras, y +tras ellas, por cima de la montaña, pareció el cabrero que las guardaba, +que era un hombre anciano. Diole voces don Quijote, y rogóle que bajase +donde estaban. Él respondió a gritos que quién les había traído por aquel +lugar, pocas o ningunas veces pisado sino de pies de cabras o de lobos y +otras fieras que por allí andaban. Respondióle Sancho que bajase, que de +todo le darían buena cuenta. Bajó el cabrero, y, en llegando adonde don +Quijote estaba, dijo: + +— Apostaré que está mirando la mula de alquiler que está muerta en esa +hondonada. Pues a buena fe que ha ya seis meses que está en ese lugar. +Díganme: ¿han topado por ahí a su dueño? + +— No hemos topado a nadie —respondió don Quijote—, sino a un cojín y a una +maletilla que no lejos deste lugar hallamos. + +— También la hallé yo —respondió el cabrero—, mas nunca la quise alzar ni +llegar a ella, temeroso de algún desmán y de que no me la pidiesen por de +hurto; que es el diablo sotil, y debajo de los pies se levanta allombre +cosa donde tropiece y caya, sin saber cómo ni cómo no. + +— Eso mesmo es lo que yo digo —respondió Sancho—: que también la hallé yo, y +no quise llegar a ella con un tiro de piedra; allí la dejé y allí se queda +como se estaba, que no quiero perro con cencerro. + +— Decidme, buen hombre —dijo don Quijote—, ¿sabéis vos quién sea el dueño +destas prendas? + +— Lo que sabré yo decir —dijo el cabrero— es que «habrá al pie de seis +meses, poco más a menos, que llegó a una majada de pastores, que estará +como tres leguas deste lugar, un mancebo de gentil talle y apostura, +caballero sobre esa mesma mula que ahí está muerta, y con el mesmo cojín y +maleta que decís que hallastes y no tocastes. Preguntónos que cuál parte +desta sierra era la más áspera y escondida; dijímosle que era esta donde +ahora estamos; y es ansí la verdad, porque si entráis media legua más +adentro, quizá no acertaréis a salir; y estoy maravillado de cómo habéis +podido llegar aquí, porque no hay camino ni senda que a este lugar +encamine. Digo, pues, que, en oyendo nuestra respuesta el mancebo, volvió +las riendas y encaminó hacia el lugar donde le señalamos, dejándonos a +todos contentos de su buen talle, y admirados de su demanda y de la priesa +con que le víamos caminar y volverse hacia la sierra; y desde entonces +nunca más le vimos, hasta que desde allí a algunos días salió al camino a +uno de nuestros pastores, y, sin decille nada, se llegó a él y le dio +muchas puñadas y coces, y luego se fue a la borrica del hato y le quitó +cuanto pan y queso en ella traía; y, con estraña ligereza, hecho esto, se +volvió a emboscar en la sierra. Como esto supimos algunos cabreros, le +anduvimos a buscar casi dos días por lo más cerrado desta sierra, al cabo +de los cuales le hallamos metido en el hueco de un grueso y valiente +alcornoque. Salió a nosotros con mucha mansedumbre, ya roto el vestido, y +el rostro disfigurado y tostado del sol, de tal suerte que apenas le +conocíamos, sino que los vestidos, aunque rotos, con la noticia que dellos +teníamos, nos dieron a entender que era el que buscábamos. Saludónos +cortésmente, y en pocas y muy buenas razones nos dijo que no nos +maravillásemos de verle andar de aquella suerte, porque así le convenía +para cumplir cierta penitencia que por sus muchos pecados le había sido +impuesta. Rogámosle que nos dijese quién era, mas nunca lo pudimos acabar +con él. Pedímosle también que, cuando hubiese menester el sustento, sin el +cual no podía pasar, nos dijese dónde le hallaríamos, porque con mucho amor +y cuidado se lo llevaríamos; y que si esto tampoco fuese de su gusto, que, +a lo menos, saliese a pedirlo, y no a quitarlo a los pastores. Agradeció +nuestro ofrecimiento, pidió perdón de los asaltos pasados, y ofreció de +pedillo de allí adelante por amor de Dios, sin dar molestia alguna a nadie. +En cuanto lo que tocaba a la estancia de su habitación, dijo que no tenía +otra que aquella que le ofrecía la ocasión donde le tomaba la noche; y +acabó su plática con un tan tierno llanto, que bien fuéramos de piedra los +que escuchado le habíamos, si en él no le acompañáramos, considerándole +cómo le habíamos visto la vez primera, y cuál le veíamos entonces. Porque, +como tengo dicho, era un muy gentil y agraciado mancebo, y en sus corteses +y concertadas razones mostraba ser bien nacido y muy cortesana persona; +que, puesto que éramos rústicos los que le escuchábamos, su gentileza era +tanta, que bastaba a darse a conocer a la mesma rusticidad. Y, estando en +lo mejor de su plática, paró y enmudecióse; clavó los ojos en el suelo por +un buen espacio, en el cual todos estuvimos quedos y suspensos, esperando +en qué había de parar aquel embelesamiento, con no poca lástima de verlo; +porque, por lo que hacía de abrir los ojos, estar fijo mirando al suelo sin +mover pestaña gran rato, y otras veces cerrarlos, apretando los labios y +enarcando las cejas, fácilmente conocimos que algún accidente de locura le +había sobrevenido. Mas él nos dio a entender presto ser verdad lo que +pensábamos, porque se levantó con gran furia del suelo, donde se había +echado, y arremetió con el primero que halló junto a sí, con tal denuedo y +rabia que, si no se le quitáramos, le matara a puñadas y a bocados; y todo +esto hacía, diciendo: ''¡Ah, fementido Fernando! ¡Aquí, aquí me pagarás la +sinrazón que me heciste: estas manos te sacarán el corazón, donde albergan +y tienen manida todas las maldades juntas, principalmente la fraude y el +engaño!'' Y a éstas añadía otras razones, que todas se encaminaban a decir +mal de aquel Fernando y a tacharle de traidor y fementido. Quitámossele, +pues, con no poca pesadumbre, y él, sin decir más palabra, se apartó de +nosotros y se emboscó corriendo por entre estos jarales y malezas, de modo +que nos imposibilitó el seguille. Por esto conjeturamos que la locura le +venía a tiempos, y que alguno que se llamaba Fernando le debía de haber +hecho alguna mala obra, tan pesada cuanto lo mostraba el término a que le +había conducido. Todo lo cual se ha confirmado después acá con las veces, +que han sido muchas, que él ha salido al camino, unas a pedir a los +pastores le den de lo que llevan para comer y otras a quitárselo por +fuerza; porque cuando está con el accidente de la locura, aunque los +pastores se lo ofrezcan de buen grado, no lo admite, sino que lo toma a +puñadas; y cuando está en su seso, lo pide por amor de Dios, cortés y +comedidamente, y rinde por ello muchas gracias, y no con falta de lágrimas. +Y en verdad os digo, señores —prosiguió el cabrero—, que ayer determinamos +yo y cuatro zagales, los dos criados y los dos amigos míos, de buscarle +hasta tanto que le hallemos, y, después de hallado, ya por fuerza ya por +grado, le hemos de llevar a la villa de Almodóvar, que está de aquí ocho +leguas, y allí le curaremos, si es que su mal tiene cura, o sabremos quién +es cuando esté en sus seso, y si tiene parientes a quien dar noticia de su +desgracia». Esto es, señores, lo que sabré deciros de lo que me habéis +preguntado; y entended que el dueño de las prendas que hallastes es el +mesmo que vistes pasar con tanta ligereza como desnudez —que ya le había +dicho don Quijote cómo había visto pasar aquel hombre saltando por la +sierra. + +El cual quedó admirado de lo que al cabrero había oído, y quedó con más +deseo de saber quién era el desdichado loco; y propuso en sí lo mesmo que +ya tenía pensado: de buscalle por toda la montaña, sin dejar rincón ni +cueva en ella que no mirase, hasta hallarle. Pero hízolo mejor la suerte de +lo que él pensaba ni esperaba, porque en aquel mesmo instante pareció, por +entre una quebrada de una sierra que salía donde ellos estaban, el mancebo +que buscaba, el cual venía hablando entre sí cosas que no podían ser +entendidas de cerca, cuanto más de lejos. Su traje era cual se ha pintado, +sólo que, llegando cerca, vio don Quijote que un coleto hecho pedazos que +sobre sí traía era de ámbar; por donde acabó de entender que persona que +tales hábitos traía no debía de ser de ínfima calidad. + +En llegando el mancebo a ellos, les saludó con una voz desentonada y +bronca, pero con mucha cortesía. Don Quijote le volvió las saludes con no +menos comedimiento, y, apeándose de Rocinante, con gentil continente y +donaire, le fue a abrazar y le tuvo un buen espacio estrechamente entre sus +brazos, como si de luengos tiempos le hubiera conocido. El otro, a quien +podemos llamar el Roto de la Mala Figura —como a don Quijote el de la +Triste—, después de haberse dejado abrazar, le apartó un poco de sí, y, +puestas sus manos en los hombros de don Quijote, le estuvo mirando, como +que quería ver si le conocía; no menos admirado quizá de ver la figura, +talle y armas de don Quijote, que don Quijote lo estaba de verle a él. En +resolución, el primero que habló después del abrazamiento fue el Roto, y +dijo lo que se dirá adelante. + + + + +Capítulo XXIV. Donde se prosigue la aventura de la Sierra Morena + +Dice la historia que era grandísima la atención con que don Quijote +escuchaba al astroso Caballero de la Sierra, el cual, prosiguiendo su +plática, dijo: + +— Por cierto, señor, quienquiera que seáis, que yo no os conozco, yo os +agradezco las muestras y la cortesía que conmigo habéis usado; y quisiera +yo hallarme en términos que con más que la voluntad pudiera servir la que +habéis mostrado tenerme en el buen acogimiento que me habéis hecho, mas no +quiere mi suerte darme otra cosa con que corresponda a las buenas obras que +me hacen, que buenos deseos de satisfacerlas. + +— Los que yo tengo —respondió don Quijote— son de serviros; tanto, que tenía +determinado de no salir destas sierras hasta hallaros y saber de vos si el +dolor que en la estrañeza de vuestra vida mostráis tener se podía hallar +algún género de remedio; y si fuera menester buscarle, buscarle con la +diligencia posible. Y, cuando vuestra desventura fuera de aquellas que +tienen cerradas las puertas a todo género de consuelo, pensaba ayudaros a +llorarla y plañirla como mejor pudiera, que todavía es consuelo en las +desgracias hallar quien se duela dellas. Y, si es que mi buen intento +merece ser agradecido con algún género de cortesía, yo os suplico, señor, +por la mucha que veo que en vos se encierra, y juntamente os conjuro por la +cosa que en esta vida más habéis amado o amáis, que me digáis quién sois y +la causa que os ha traído a vivir y a morir entre estas soledades como +bruto animal, pues moráis entre ellos tan ajeno de vos mismo cual lo +muestra vuestro traje y persona. Y juro —añadió don Quijote—, por la orden +de caballería que recebí, aunque indigno y pecador, y por la profesión de +caballero andante, que si en esto, señor, me complacéis, de serviros con +las veras a que me obliga el ser quien soy: ora remediando vuestra +desgracia, si tiene remedio, ora ayudándoos a llorarla, como os lo he +prometido. + +El Caballero del Bosque, que de tal manera oyó hablar al de la Triste +Figura, no hacía sino mirarle, y remirarle y tornarle a mirar de arriba +abajo; y, después que le hubo bien mirado, le dijo: + +— Si tienen algo que darme a comer, por amor de Dios que me lo den; que, +después de haber comido, yo haré todo lo que se me manda, en agradecimiento +de tan buenos deseos como aquí se me han mostrado. + +Luego sacaron, Sancho de su costal y el cabrero de su zurrón, con que +satisfizo el Roto su hambre, comiendo lo que le dieron como persona +atontada, tan apriesa que no daba espacio de un bocado al otro, pues antes +los engullía que tragaba; y, en tanto que comía, ni él ni los que le +miraban hablaban palabra. Como acabó de comer, les hizo de señas que le +siguiesen, como lo hicieron, y él los llevó a un verde pradecillo que a la +vuelta de una peña poco desviada de allí estaba. En llegando a él se tendió +en el suelo, encima de la yerba, y los demás hicieron lo mismo; y todo esto +sin que ninguno hablase, hasta que el Roto, después de haberse acomodado en +su asiento, dijo: + +— Si gustáis, señores, que os diga en breves razones la inmensidad de mis +desventuras, habéisme de prometer de que con ninguna pregunta, ni otra +cosa, no interromperéis el hilo de mi triste historia; porque en el punto +que lo hagáis, en ése se quedará lo que fuere contando. + +Estas razones del Roto trujeron a la memoria a don Quijote el cuento que le +había contado su escudero, cuando no acertó el número de las cabras que +habían pasado el río y se quedó la historia pendiente. Pero, volviendo al +Roto, prosiguió diciendo: + +— Esta prevención que hago es porque querría pasar brevemente por el cuento +de mis desgracias; que el traerlas a la memoria no me sirve de otra cosa +que añadir otras de nuevo, y, mientras menos me preguntáredes, más presto +acabaré yo de decillas, puesto que no dejaré por contar cosa alguna que sea +de importancia para no satisfacer del todo a vuestro deseo. + +Don Quijote se lo prometió, en nombre de los demás, y él, con este seguro, +comenzó desta manera: + +— «Mi nombre es Cardenio; mi patria, una ciudad de las mejores desta +Andalucía; mi linaje, noble; mis padres, ricos; mi desventura, tanta que la +deben de haber llorado mis padres y sentido mi linaje, sin poderla aliviar +con su riqueza; que para remediar desdichas del cielo poco suelen valer los +bienes de fortuna. Vivía en esta mesma tierra un cielo, donde puso el amor +toda la gloria que yo acertara a desearme: tal es la hermosura de Luscinda, +doncella tan noble y tan rica como yo, pero de más ventura y de menos +firmeza de la que a mis honrados pensamientos se debía. A esta Luscinda +amé, quise y adoré desde mis tiernos y primeros años, y ella me quiso a mí +con aquella sencillez y buen ánimo que su poca edad permitía. Sabían +nuestros padres nuestros intentos, y no les pesaba dello, porque bien veían +que, cuando pasaran adelante, no podían tener otro fin que el de casarnos, +cosa que casi la concertaba la igualdad de nuestro linaje y riquezas. +Creció la edad, y con ella el amor de entrambos, que al padre de Luscinda +le pareció que por buenos respetos estaba obligado a negarme la entrada de +su casa, casi imitando en esto a los padres de aquella Tisbe tan decantada +de los poetas. Y fue esta negación añadir llama a llama y deseo a deseo, +porque, aunque pusieron silencio a las lenguas, no le pudieron poner a las +plumas, las cuales, con más libertad que las lenguas, suelen dar a entender +a quien quieren lo que en el alma está encerrado; que muchas veces la +presencia de la cosa amada turba y enmudece la intención más determinada y +la lengua más atrevida. ¡Ay cielos, y cuántos billetes le escribí! ¡Cuán +regaladas y honestas respuestas tuve! ¡Cuántas canciones compuse y cuántos +enamorados versos, donde el alma declaraba y trasladaba sus sentimientos, +pintaba sus encendidos deseos, entretenía sus memorias y recreaba su +voluntad! + +»En efeto, viéndome apurado, y que mi alma se consumía con el deseo de +verla, determiné poner por obra y acabar en un punto lo que me pareció que +más convenía para salir con mi deseado y merecido premio; y fue el +pedírsela a su padre por legítima esposa, como lo hice; a lo que él me +respondió que me agradecía la voluntad que mostraba de honralle, y de +querer honrarme con prendas suyas, pero que, siendo mi padre vivo, a él +tocaba de justo derecho hacer aquella demanda; porque, si no fuese con +mucha voluntad y gusto suyo, no era Luscinda mujer para tomarse ni darse a +hurto. + +»Yo le agradecí su buen intento, pareciéndome que llevaba razón en lo que +decía, y que mi padre vendría en ello como yo se lo dijese; y con este +intento, luego en aquel mismo instante, fui a decirle a mi padre lo que +deseaba. Y, al tiempo que entré en un aposento donde estaba, le hallé con +una carta abierta en la mano, la cual, antes que yo le dijese palabra, me +la dio y me dijo: ''Por esa carta verás, Cardenio, la voluntad que el duque +Ricardo tiene de hacerte merced''.» Este duque Ricardo, como ya vosotros, +señores, debéis de saber, es un grande de España que tiene su estado en lo +mejor desta Andalucía. «Tomé y leí la carta, la cual venía tan encarecida +que a mí mesmo me pareció mal si mi padre dejaba de cumplir lo que en ella +se le pedía, que era que me enviase luego donde él estaba; que quería que +fuese compañero, no criado, de su hijo el mayor, y que él tomaba a cargo el +ponerme en estado que correspondiese a la estimación en que me tenía. Leí +la carta y enmudecí leyéndola, y más cuando oí que mi padre me decía: ''De +aquí a dos días te partirás, Cardenio, a hacer la voluntad del duque; y da +gracias a Dios que te va abriendo camino por donde alcances lo que yo sé +que mereces''. Añadió a éstas otras razones de padre consejero. +»Llegóse el término de mi partida, hablé una noche a Luscinda, díjele todo +lo que pasaba, y lo mesmo hice a su padre, suplicándole se entretuviese +algunos días y dilatase el darle estado hasta que yo viese lo que Ricardo +me quería. Él me lo prometió y ella me lo confirmó con mil juramentos y mil +desmayos. Vine, en fin, donde el duque Ricardo estaba. Fui dél tan bien +recebido y tratado, que desde luego comenzó la envidia a hacer su oficio, +teniéndomela los criados antiguos, pareciéndoles que las muestras que el +duque daba de hacerme merced habían de ser en perjuicio suyo. Pero el que +más se holgó con mi ida fue un hijo segundo del duque, llamado Fernando, +mozo gallardo, gentilhombre, liberal y enamorado, el cual, en poco tiempo, +quiso que fuese tan su amigo, que daba que decir a todos; y, aunque el +mayor me quería bien y me hacía merced, no llegó al estremo con que don +Fernando me quería y trataba. + +»Es, pues, el caso que, como entre los amigos no hay cosa secreta que no se +comunique, y la privanza que yo tenía con don Fernando dejada de serlo por +ser amistad, todos sus pensamientos me declaraba, especialmente uno +enamorado, que le traía con un poco de desasosiego. Quería bien a una +labradora, vasalla de su padre (y ella los tenía muy ricos), y era tan +hermosa, recatada, discreta y honesta que nadie que la conocía se +determinaba en cuál destas cosas tuviese más excelencia ni más se +aventajase. Estas tan buenas partes de la hermosa labradora redujeron a tal +término los deseos de don Fernando, que se determinó, para poder alcanzarlo +y conquistar la entereza de la labradora, darle palabra de ser su esposo, +porque de otra manera era procurar lo imposible. Yo, obligado de su +amistad, con las mejores razones que supe y con los más vivos ejemplos que +pude, procuré estorbarle y apartarle de tal propósito. Pero, viendo que no +aprovechaba, determiné de decirle el caso al duque Ricardo, su padre. Mas +don Fernando, como astuto y discreto, se receló y temió desto, por +parecerle que estaba yo obligado, en vez de buen criado, no tener +encubierta cosa que tan en perjuicio de la honra de mi señor el duque +venía; y así, por divertirme y engañarme, me dijo que no hallaba otro mejor +remedio para poder apartar de la memoria la hermosura que tan sujeto le +tenía, que el ausentarse por algunos meses; y que quería que el ausencia +fuese que los dos nos viniésemos en casa de mi padre, con ocasión que +darían al duque que venía a ver y a feriar unos muy buenos caballos que en +mi ciudad había, que es madre de los mejores del mundo. + +»Apenas le oí yo decir esto, cuando, movido de mi afición, aunque su +determinación no fuera tan buena, la aprobara yo por una de las más +acertadas que se podían imaginar, por ver cuán buena ocasión y coyuntura se +me ofrecía de volver a ver a mi Luscinda. Con este pensamiento y deseo, +aprobé su parecer y esforcé su propósito, diciéndole que lo pusiese por +obra con la brevedad posible, porque, en efeto, la ausencia hacía su +oficio, a pesar de los más firmes pensamientos. Ya cuando él me vino a +decir esto, según después se supo, había gozado a la labradora con título +de esposo, y esperaba ocasión de descubrirse a su salvo, temeroso de lo que +el duque su padre haría cuando supiese su disparate. + +»Sucedió, pues, que, como el amor en los mozos, por la mayor parte, no lo +es, sino apetito, el cual, como tiene por último fin el deleite, en +llegando a alcanzarle se acaba y ha de volver atrás aquello que parecía +amor, porque no puede pasar adelante del término que le puso naturaleza, el +cual término no le puso a lo que es verdadero amor...; quiero decir que, +así como don Fernando gozó a la labradora, se le aplacaron sus deseos y se +resfriaron sus ahíncos; y si primero fingía quererse ausentar, por +remediarlos, ahora de veras procuraba irse, por no ponerlos en ejecución. +Diole el duque licencia, y mandóme que le acompañase. Venimos a mi ciudad, +recibióle mi padre como quien era; vi yo luego a Luscinda, tornaron a +vivir, aunque no habían estado muertos ni amortiguados, mis deseos, de los +cuales di cuenta, por mi mal, a don Fernando, por parecerme que, en la ley +de la mucha amistad que mostraba, no le debía encubrir nada. Alabéle la +hermosura, donaire y discreción de Luscinda de tal manera, que mis +alabanzas movieron en él los deseos de querer ver doncella de tantas buenas +partes adornada. Cumplíselos yo, por mi corta suerte, enseñándosela una +noche, a la luz de una vela, por una ventana por donde los dos solíamos +hablarnos. Viola en sayo, tal, que todas las bellezas hasta entonces por él +vistas las puso en olvido. Enmudeció, perdió el sentido, quedó absorto y, +finalmente, tan enamorado cual lo veréis en el discurso del cuento de mi +desventura. Y, para encenderle más el deseo, que a mí me celaba y al cielo +a solas descubría, quiso la fortuna que hallase un día un billete suyo +pidiéndome que la pidiese a su padre por esposa, tan discreto, tan honesto +y tan enamorado que, en leyéndolo, me dijo que en sola Luscinda se +encerraban todas las gracias de hermosura y de entendimiento que en las +demás mujeres del mundo estaban repartidas. + +»Bien es verdad que quiero confesar ahora que, puesto que yo veía con cuán +justas causas don Fernando a Luscinda alababa, me pesaba de oír aquellas +alabanzas de su boca, y comencé a temer y a recelarme dél, porque no se +pasaba momento donde no quisiese que tratásemos de Luscinda, y él movía la +plática, aunque la trujese por los cabellos; cosa que despertaba en mí un +no sé qué de celos, no porque yo temiese revés alguno de la bondad y de la +fe de Luscinda, pero, con todo eso, me hacía temer mi suerte lo mesmo que +ella me aseguraba. Procuraba siempre don Fernando leer los papeles que yo a +Luscinda enviaba y los que ella me respondía, a título que de la discreción +de los dos gustaba mucho. Acaeció, pues, que, habiéndome pedido Luscinda un +libro de caballerías en que leer, de quien era ella muy aficionada, que era +el de Amadís de Gaula...» + +No hubo bien oído don Quijote nombrar libro de caballerías, cuando dijo: +— Con que me dijera vuestra merced, al principio de su historia, que su +merced de la señora Luscinda era aficionada a libros de caballerías, no +fuera menester otra exageración para darme a entender la alteza de su +entendimiento, porque no le tuviera tan bueno como vos, señor, le habéis +pintado, si careciera del gusto de tan sabrosa leyenda: así que, para +conmigo, no es menester gastar más palabras en declararme su hermosura, +valor y entendimiento; que, con sólo haber entendido su afición, la +confirmo por la más hermosa y más discreta mujer del mundo. Y quisiera yo, +señor, que vuestra merced le hubiera enviado junto con Amadís de Gaula al +bueno de Don Rugel de Grecia, que yo sé que gustara la señora Luscinda +mucho de Daraida y Geraya, y de las discreciones del pastor Darinel y de +aquellos admirables versos de sus bucólicas, cantadas y representadas por +él con todo donaire, discreción y desenvoltura. Pero tiempo podrá venir en +que se enmiende esa falta, y no dura más en hacerse la enmienda de cuanto +quiera vuestra merced ser servido de venirse conmigo a mi aldea, que allí +le podré dar más de trecientos libros, que son el regalo de mi alma y el +entretenimiento de mi vida; aunque tengo para mí que ya no tengo ninguno, +merced a la malicia de malos y envidiosos encantadores. Y perdóneme vuestra +merced el haber contravenido a lo que prometimos de no interromper su +plática, pues, en oyendo cosas de caballerías y de caballeros andantes, así +es en mi mano dejar de hablar en ellos, como lo es en la de los rayos del +sol dejar de calentar, ni humedecer en los de la luna. Así que, perdón y +proseguir, que es lo que ahora hace más al caso. + +En tanto que don Quijote estaba diciendo lo que queda dicho, se le había +caído a Cardenio la cabeza sobre el pecho, dando muestras de estar +profundamente pensativo. Y, puesto que dos veces le dijo don Quijote que +prosiguiese su historia, ni alzaba la cabeza ni respondía palabra; pero, al +cabo de un buen espacio, la levantó y dijo: + +— No se me puede quitar del pensamiento, ni habrá quien me lo quite en el +mundo, ni quien me dé a entender otra cosa (y sería un majadero el que lo +contrario entendiese o creyese), sino que aquel bellaconazo del maestro +Elisabat estaba amancebado con la reina Madésima. + +— Eso no, ¡voto a tal! —respondió con mucha cólera don Quijote (y arrojóle, +como tenía de costumbre)—; y ésa es una muy gran malicia, o bellaquería, +por mejor decir: la reina Madásima fue muy principal señora, y no se ha de +presumir que tan alta princesa se había de amancebar con un sacapotras; y +quien lo contrario entendiere, miente como muy gran bellaco. Y yo se lo +daré a entender, a pie o a caballo, armado o desarmado, de noche o de día, +o como más gusto le diere. + +Estábale mirando Cardenio muy atentamente, al cual ya había venido el +accidente de su locura y no estaba para proseguir su historia; ni tampoco +don Quijote se la oyera, según le había disgustado lo que de Madásima le +había oído. ¡Estraño caso; que así volvió por ella como si verdaderamente +fuera su verdadera y natural señora: tal le tenían sus descomulgados +libros! Digo, pues, que, como ya Cardenio estaba loco y se oyó tratar de +mentís y de bellaco, con otros denuestos semejantes, parecióle mal la +burla, y alzó un guijarro que halló junto a sí, y dio con él en los pechos +tal golpe a don Quijote que le hizo caer de espaldas. Sancho Panza, que de +tal modo vio parar a su señor, arremetió al loco con el puño cerrado; y el +Roto le recibió de tal suerte que con una puñada dio con él a sus pies, y +luego se subió sobre él y le brumó las costillas muy a su sabor. El +cabrero, que le quiso defender, corrió el mesmo peligro. Y, después que los +tuvo a todos rendidos y molidos, los dejó y se fue, con gentil sosiego, a +emboscarse en la montaña. + +Levantóse Sancho, y, con la rabia que tenía de verse aporreado tan sin +merecerlo, acudió a tomar la venganza del cabrero, diciéndole que él tenía +la culpa de no haberles avisado que a aquel hombre le tomaba a tiempos la +locura; que, si esto supieran, hubieran estado sobre aviso para poderse +guardar. Respondió el cabrero que ya lo había dicho, y que si él no lo +había oído, que no era suya la culpa. Replicó Sancho Panza, y tornó a +replicar el cabrero, y fue el fin de las réplicas asirse de las barbas y +darse tales puñadas que, si don Quijote no los pusiera en paz, se hicieran +pedazos. Decía Sancho, asido con el cabrero: + +— Déjeme vuestra merced, señor Caballero de la Triste Figura, que en éste, +que es villano como yo y no está armado caballero, bien puedo a mi salvo +satisfacerme del agravio que me ha hecho, peleando con él mano a mano, como +hombre honrado. + +— Así es —dijo don Quijote—, pero yo sé que él no tiene ninguna culpa de lo +sucedido. + +Con esto los apaciguó, y don Quijote volvió a preguntar al cabrero si sería +posible hallar a Cardenio, porque quedaba con grandísimo deseo de saber el +fin de su historia. Díjole el cabrero lo que primero le había dicho, que +era no saber de cierto su manida; pero que, si anduviese mucho por aquellos +contornos, no dejaría de hallarle, o cuerdo o loco. + + + + +Capítulo XXV. Que trata de las estrañas cosas que en Sierra Morena +sucedieron al valiente caballero de la Mancha, y de la imitación que hizo a +la penitencia de Beltenebros + +Despidióse del cabrero don Quijote, y, subiendo otra vez sobre Rocinante, +mandó a Sancho que le siguiese, el cual lo hizo, con su jumento, de muy +mala gana. Íbanse poco a poco entrando en lo más áspero de la montaña, y +Sancho iba muerto por razonar con su amo, y deseaba que él comenzase la +plática, por no contravenir a lo que le tenía mandado; mas, no pudiendo +sufrir tanto silencio, le dijo: + +— Señor don Quijote, vuestra merced me eche su bendición y me dé licencia; +que desde aquí me quiero volver a mi casa, y a mi mujer y a mis hijos, con +los cuales, por lo menos, hablaré y departiré todo lo que quisiere; porque +querer vuestra merced que vaya con él por estas soledades, de día y de +noche, y que no le hable cuando me diere gusto es enterrarme en vida. Si ya +quisiera la suerte que los animales hablaran, como hablaban en tiempos de +Guisopete, fuera menos mal, porque departiera yo con mi jumento lo que me +viniera en gana, y con esto pasara mi mala ventura; que es recia cosa, y +que no se puede llevar en paciencia, andar buscando aventuras toda la vida +y no hallar sino coces y manteamientos, ladrillazos y puñadas, y, con todo +esto, nos hemos de coser la boca, sin osar decir lo que el hombre tiene en +su corazón, como si fuera mudo. + +— Ya te entiendo, Sancho —respondió don Quijote—: tú mueres porque te alce +el entredicho que te tengo puesto en la lengua. Dale por alzado y di lo que +quisieres, con condición que no ha de durar este alzamiento más de en +cuanto anduviéremos por estas sierras. + +— Sea ansí —dijo Sancho—: hable yo ahora, que después Dios sabe lo que será; +y, comenzando a gozar de ese salvoconduto, digo que ¿qué le iba a vuestra +merced en volver tanto por aquella reina Magimasa, o como se llama? O, ¿qué +hacía al caso que aquel abad fuese su amigo o no? Que, si vuestra merced +pasara con ello, pues no era su juez, bien creo yo que el loco pasara +adelante con su historia, y se hubieran ahorrado el golpe del guijarro, y +las coces, y aun más de seis torniscones. + +— A fe, Sancho —respondió don Quijote—, que si tú supieras, como yo lo sé, +cuán honrada y cuán principal señora era la reina Madásima, yo sé que +dijeras que tuve mucha paciencia, pues no quebré la boca por donde tales +blasfemias salieron; porque es muy gran blasfemia decir ni pensar que una +reina esté amancebada con un cirujano. La verdad del cuento es que aquel +maestro Elisabat, que el loco dijo, fue un hombre muy prudente y de muy +sanos consejos, y sirvió de ayo y de médico a la reina; pero pensar que +ella era su amiga es disparate digno de muy gran castigo. Y, porque veas +que Cardenio no supo lo que dijo, has de advertir que cuando lo dijo ya +estaba sin juicio. + +— Eso digo yo —dijo Sancho—: que no había para qué hacer cuenta de las +palabras de un loco, porque si la buena suerte no ayudara a vuestra merced +y encaminara el guijarro a la cabeza, como le encaminó al pecho, buenos +quedáramos por haber vuelto por aquella mi señora, que Dios cohonda. Pues, +¡montas que no se librara Cardenio por loco! + +— Contra cuerdos y contra locos está obligado cualquier caballero andante a +volver por la honra de las mujeres, cualesquiera que sean, cuanto más por +las reinas de tan alta guisa y pro como fue la reina Madásima, a quien yo +tengo particular afición por sus buenas partes; porque, fuera de haber sido +fermosa, además fue muy prudente y muy sufrida en sus calamidades, que las +tuvo muchas; y los consejos y compañía del maestro Elisabat le fue y le +fueron de mucho provecho y alivio para poder llevar sus trabajos con +prudencia y paciencia. Y de aquí tomó ocasión el vulgo ignorante y mal +intencionado de decir y pensar que ella era su manceba; y mienten, digo +otra vez, y mentirán otras docientas, todos los que tal pensaren y dijeren. +— Ni yo lo digo ni lo pienso —respondió Sancho—: allá se lo hayan; con su +pan se lo coman. Si fueron amancebados, o no, a Dios habrán dado la cuenta. +De mis viñas vengo, no sé nada; no soy amigo de saber vidas ajenas; que el +que compra y miente, en su bolsa lo siente. Cuanto más, que desnudo nací, +desnudo me hallo: ni pierdo ni gano; mas que lo fuesen, ¿qué me va a mí? Y +muchos piensan que hay tocinos y no hay estacas. Mas, ¿quién puede poner +puertas al campo? Cuanto más, que de Dios dijeron. + +— ¡Válame Dios —dijo don Quijote—, y qué de necedades vas, Sancho, +ensartando! ¿Qué va de lo que tratamos a los refranes que enhilas? Por tu +vida, Sancho, que calles; y de aquí adelante, entremétete en espolear a tu +asno, y deja de hacello en lo que no te importa. Y entiende con todos tus +cinco sentidos que todo cuanto yo he hecho, hago e hiciere, va muy puesto +en razón y muy conforme a las reglas de caballería, que las sé mejor que +cuantos caballeros las profesaron en el mundo. + +— Señor —respondió Sancho—, y ¿es buena regla de caballería que andemos +perdidos por estas montañas, sin senda ni camino, buscando a un loco, el +cual, después de hallado, quizá le vendrá en voluntad de acabar lo que dejó +comenzado, no de su cuento, sino de la cabeza de vuestra merced y de mis +costillas, acabándonoslas de romper de todo punto? + +— Calla, te digo otra vez, Sancho —dijo don Quijote—; porque te hago saber +que no sólo me trae por estas partes el deseo de hallar al loco, cuanto el +que tengo de hacer en ellas una hazaña con que he de ganar perpetuo nombre +y fama en todo lo descubierto de la tierra; y será tal, que he de echar con +ella el sello a todo aquello que puede hacer perfecto y famoso a un andante +caballero. + +— Y ¿es de muy gran peligro esa hazaña? —preguntó Sancho Panza. + +— No —respondió el de la Triste Figura—, puesto que de tal manera podía +correr el dado, que echásemos azar en lugar de encuentro; pero todo ha de +estar en tu diligencia. + +— ¿En mi diligencia? —dijo Sancho. + +— Sí —dijo don Quijote—, porque si vuelves presto de adonde pienso enviarte, +presto se acabará mi pena y presto comenzará mi gloria. Y, porque no es +bien que te tenga más suspenso, esperando en lo que han de parar mis +razones, quiero, Sancho, que sepas que el famoso Amadís de Gaula fue uno de +los más perfectos caballeros andantes. No he dicho bien fue uno: fue el +solo, el primero, el único, el señor de todos cuantos hubo en su tiempo en +el mundo. Mal año y mal mes para don Belianís y para todos aquellos que +dijeren que se le igualó en algo, porque se engañan, juro cierto. Digo +asimismo que, cuando algún pintor quiere salir famoso en su arte, procura +imitar los originales de los más únicos pintores que sabe; y esta mesma +regla corre por todos los más oficios o ejercicios de cuenta que sirven +para adorno de las repúblicas. Y así lo ha de hacer y hace el que quiere +alcanzar nombre de prudente y sufrido, imitando a Ulises, en cuya persona y +trabajos nos pinta Homero un retrato vivo de prudencia y de sufrimiento; +como también nos mostró Virgilio, en persona de Eneas, el valor de un hijo +piadoso y la sagacidad de un valiente y entendido capitán, no pintándolo ni +descubriéndolo como ellos fueron, sino como habían de ser, para quedar +ejemplo a los venideros hombres de sus virtudes. Desta mesma suerte, Amadís +fue el norte, el lucero, el sol de los valientes y enamorados caballeros, a +quien debemos de imitar todos aquellos que debajo de la bandera de amor y +de la caballería militamos. Siendo, pues, esto ansí, como lo es, hallo yo, +Sancho amigo, que el caballero andante que más le imitare estará más cerca +de alcanzar la perfeción de la caballería. Y una de las cosas en que más +este caballero mostró su prudencia, valor, valentía, sufrimiento, firmeza y +amor, fue cuando se retiró, desdeñado de la señora Oriana, a hacer +penitencia en la Peña Pobre, mudado su nombre en el de Beltenebros, nombre, +por cierto, significativo y proprio para la vida que él de su voluntad +había escogido. Ansí que, me es a mí más fácil imitarle en esto que no en +hender gigantes, descabezar serpientes, matar endriagos, desbaratar +ejércitos, fracasar armadas y deshacer encantamentos. Y, pues estos lugares +son tan acomodados para semejantes efectos, no hay para qué se deje pasar +la ocasión, que ahora con tanta comodidad me ofrece sus guedejas. + +— En efecto —dijo Sancho—, ¿qué es lo que vuestra merced quiere hacer en +este tan remoto lugar? + +— ¿Ya no te he dicho —respondió don Quijote— que quiero imitar a Amadís, +haciendo aquí del desesperado, del sandio y del furioso, por imitar +juntamente al valiente don Roldán, cuando halló en una fuente las señales +de que Angélica la Bella había cometido vileza con Medoro, de cuya +pesadumbre se volvió loco y arrancó los árboles, enturbió las aguas de las +claras fuentes, mató pastores, destruyó ganados, abrasó chozas, derribó +casas, arrastró yeguas y hizo otras cien mil insolencias, dignas de eterno +nombre y escritura? Y, puesto que yo no pienso imitar a Roldán, o Orlando, +o Rotolando (que todos estos tres nombres tenía), parte por parte en todas +las locuras que hizo, dijo y pensó, haré el bosquejo, como mejor pudiere, +en las que me pareciere ser más esenciales. Y podrá ser que viniese a +contentarme con sola la imitación de Amadís, que sin hacer locuras de daño, +sino de lloros y sentimientos, alcanzó tanta fama como el que más. +— Paréceme a mí —dijo Sancho— que los caballeros que lo tal ficieron fueron +provocados y tuvieron causa para hacer esas necedades y penitencias, pero +vuestra merced, ¿qué causa tiene para volverse loco? ¿Qué dama le ha +desdeñado, o qué señales ha hallado que le den a entender que la señora +Dulcinea del Toboso ha hecho alguna niñería con moro o cristiano? + +— Ahí esta el punto —respondió don Quijote— y ésa es la fineza de mi +negocio; que volverse loco un caballero andante con causa, ni grado ni +gracias: el toque está desatinar sin ocasión y dar a entender a mi dama que +si en seco hago esto, ¿qué hiciera en mojado? Cuanto más, que harta ocasión +tengo en la larga ausencia que he hecho de la siempre señora mía Dulcinea +del Toboso; que, como ya oíste decir a aquel pastor de marras, Ambrosio: +quien está ausente todos los males tiene y teme. Así que, Sancho amigo, no +gastes tiempo en aconsejarme que deje tan rara, tan felice y tan no vista +imitación. Loco soy, loco he de ser hasta tanto que tú vuelvas con la +respuesta de una carta que contigo pienso enviar a mi señora Dulcinea; y si +fuere tal cual a mi fe se le debe, acabarse ha mi sandez y mi penitencia; y +si fuere al contrario, seré loco de veras, y, siéndolo, no sentiré nada. +Ansí que, de cualquiera manera que responda, saldré del conflito y trabajo +en que me dejares, gozando el bien que me trujeres, por cuerdo, o no +sintiendo el mal que me aportares, por loco. Pero dime, Sancho, ¿traes bien +guardado el yelmo de Mambrino?; que ya vi que le alzaste del suelo cuando +aquel desagradecido le quiso hacer pedazos. Pero no pudo, donde se puede +echar de ver la fineza de su temple. + +A lo cual respondió Sancho: + +— Vive Dios, señor Caballero de la Triste Figura, que no puedo sufrir ni +llevar en paciencia algunas cosas que vuestra merced dice, y que por ellas +vengo a imaginar que todo cuanto me dice de caballerías y de alcanzar +reinos e imperios, de dar ínsulas y de hacer otras mercedes y grandezas, +como es uso de caballeros andantes, que todo debe de ser cosa de viento y +mentira, y todo pastraña, o patraña, o como lo llamáremos. Porque quien +oyere decir a vuestra merced que una bacía de barbero es el yelmo de +Mambrino, y que no salga de este error en más de cuatro días, ¿qué ha de +pensar, sino que quien tal dice y afirma debe de tener güero el juicio? La +bacía yo la llevo en el costal, toda abollada, y llévola para aderezarla en +mi casa y hacerme la barba en ella, si Dios me diere tanta gracia que algún +día me vea con mi mujer y hijos. + +— Mira, Sancho, por el mismo que denantes juraste, te juro —dijo don +Quijote— que tienes el más corto entendimiento que tiene ni tuvo escudero +en el mundo. ¿Que es posible que en cuanto ha que andas conmigo no has +echado de ver que todas las cosas de los caballeros andantes parecen +quimeras, necedades y desatinos, y que son todas hechas al revés? Y no +porque sea ello ansí, sino porque andan entre nosotros siempre una caterva +de encantadores que todas nuestras cosas mudan y truecan y les vuelven +según su gusto, y según tienen la gana de favorecernos o destruirnos; y +así, eso que a ti te parece bacía de barbero, me parece a mí el yelmo de +Mambrino, y a otro le parecerá otra cosa. Y fue rara providencia del sabio +que es de mi parte hacer que parezca bacía a todos lo que real y +verdaderamente es yelmo de Mambrino, a causa que, siendo él de tanta +estima, todo el mundo me perseguirá por quitármele; pero, como ven que no +es más de un bacín de barbero, no se curan de procuralle, como se mostró +bien en el que quiso rompelle y le dejó en el suelo sin llevarle; que a fe +que si le conociera, que nunca él le dejara. Guárdale, amigo, que por ahora +no le he menester; que antes me tengo de quitar todas estas armas y quedar +desnudo como cuando nací, si es que me da en voluntad de seguir en mi +penitencia más a Roldán que a Amadís. + +Llegaron, en estas pláticas, al pie de una alta montaña que, casi como +peñón tajado, estaba sola entre otras muchas que la rodeaban. Corría por su +falda un manso arroyuelo, y hacíase por toda su redondez un prado tan verde +y vicioso, que daba contento a los ojos que le miraban. Había por allí +muchos árboles silvestres y algunas plantas y flores, que hacían el lugar +apacible. Este sitio escogió el Caballero de la Triste Figura para hacer su +penitencia; y así, en viéndole, comenzó a decir en voz alta, como si +estuviera sin juicio: + +— Éste es el lugar, ¡oh cielos!, que diputo y escojo para llorar la +desventura en que vosotros mesmos me habéis puesto. Éste es el sitio donde +el humor de mis ojos acrecentará las aguas deste pequeño arroyo, y mis +continos y profundos sospiros moverán a la contina las hojas destos +montaraces árboles, en testimonio y señal de la pena que mi asendereado +corazón padece. ¡Oh vosotros, quienquiera que seáis, rústicos dioses que en +este inhabitable lugar tenéis vuestra morada, oíd las quejas deste +desdichado amante, a quien una luenga ausencia y unos imaginados celos han +traído a lamentarse entre estas asperezas, y a quejarse de la dura +condición de aquella ingrata y bella, término y fin de toda humana +hermosura! ¡Oh vosotras, napeas y dríadas, que tenéis por costumbre de +habitar en las espesuras de los montes, así los ligeros y lascivos sátiros, +de quien sois, aunque en vano, amadas, no perturben jamás vuestro dulce +sosiego, que me ayudéis a lamentar mi desventura, o, a lo menos, no os +canséis de oílla! ¡Oh Dulcinea del Toboso, día de mi noche, gloria de mi +pena, norte de mis caminos, estrella de mi ventura, así el cielo te la dé +buena en cuanto acertares a pedirle, que consideres el lugar y el estado a +que tu ausencia me ha conducido, y que con buen término correspondas al que +a mi fe se le debe! ¡Oh solitarios árboles, que desde hoy en adelante +habéis de hacer compañía a mi soledad, dad indicio, con el blando +movimiento de vuestras ramas, que no os desagrade mi presencia! ¡Oh tú, +escudero mío, agradable compañero en más prósperos y adversos sucesos, toma +bien en la memoria lo que aquí me verás hacer, para que lo cuentes y +recetes a la causa total de todo ello! + +Y, diciendo esto, se apeó de Rocinante, y en un momento le quitó el freno y +la silla; y, dándole una palmada en las ancas, le dijo: + +— Libertad te da el que sin ella queda, ¡oh caballo tan estremado por tus +obras cuan desdichado por tu suerte! Vete por do quisieres, que en la +frente llevas escrito que no te igualó en ligereza el Hipogrifo de Astolfo, +ni el nombrado Frontino, que tan caro le costó a Bradamante. + +Viendo esto Sancho, dijo: + +— Bien haya quien nos quitó ahora del trabajo de desenalbardar al rucio; que +a fe que no faltaran palmadicas que dalle, ni cosas que decille en su +alabanza; pero si él aquí estuviera, no consintiera yo que nadie le +desalbardara, pues no había para qué, que a él no le tocaban las generales +de enamorado ni de desesperado, pues no lo estaba su amo, que era yo, +cuando Dios quería. Y en verdad, señor Caballero de la Triste Figura, que +si es que mi partida y su locura de vuestra merced va de veras, que será +bien tornar a ensillar a Rocinante, para que supla la falta del rucio, +porque será ahorrar tiempo a mi ida y vuelta; que si la hago a pie, no sé +cuándo llegaré ni cuándo volveré, porque, en resolución, soy mal caminante. +— Digo, Sancho —respondió don Quijote—, que sea como tú quisieres, que no me +parece mal tu designio; y digo que de aquí a tres días te partirás, porque +quiero que en este tiempo veas lo que por ella hago y digo, para que se lo +digas. + +— Pues, ¿qué más tengo de ver —dijo Sancho— que lo que he visto? + +— ¡Bien estás en el cuento! —respondió don Quijote—. Ahora me falta rasgar +las vestiduras, esparcir las armas y darme de calabazadas por estas peñas, +con otras cosas deste jaez que te han de admirar. + +— Por amor de Dios —dijo Sancho—, que mire vuestra merced cómo se da esas +calabazadas; que a tal peña podrá llegar, y en tal punto, que con la +primera se acabase la máquina desta penitencia; y sería yo de parecer que, +ya que vuestra merced le parece que son aquí necesarias calabazadas y que +no se puede hacer esta obra sin ellas, se contentase, pues todo esto es +fingido y cosa contrahecha y de burla, se contentase, digo, con dárselas en +el agua, o en alguna cosa blanda, como algodón; y déjeme a mí el cargo, que +yo diré a mi señora que vuestra merced se las daba en una punta de peña más +dura que la de un diamante. + +— Yo agradezco tu buena intención, amigo Sancho —respondió don Quijote—, mas +quiérote hacer sabidor de que todas estas cosas que hago no son de burlas, +sino muy de veras; porque de otra manera, sería contravenir a las órdenes +de caballería, que nos mandan que no digamos mentira alguna, pena de +relasos, y el hacer una cosa por otra lo mesmo es que mentir. Ansí que, mis +calabazadas han de ser verdaderas, firmes y valederas, sin que lleven nada +del sofístico ni del fantástico. Y será necesario que me dejes algunas +hilas para curarme, pues que la ventura quiso que nos faltase el bálsamo +que perdimos. + +— Más fue perder el asno —respondió Sancho—, pues se perdieron en él las +hilas y todo. Y ruégole a vuestra merced que no se acuerde más de aquel +maldito brebaje; que en sólo oírle mentar se me revuelve el alma, no que el +estómago. Y más le ruego: que haga cuenta que son ya pasados los tres días +que me ha dado de término para ver las locuras que hace, que ya las doy por +vistas y por pasadas en cosa juzgada, y diré maravillas a mi señora; y +escriba la carta y despácheme luego, porque tengo gran deseo de volver a +sacar a vuestra merced deste purgatorio donde le dejo. + +— ¿Purgatorio le llamas, Sancho? —dijo don Quijote—. Mejor hicieras de +llamarle infierno, y aun peor, si hay otra cosa que lo sea. + +— Quien ha infierno —respondió Sancho—, nula es retencio, según he oído +decir. + +— No entiendo qué quiere decir retencio —dijo don Quijote. + +— Retencio es —respondió Sancho— que quien está en el infierno nunca sale +dél, ni puede. Lo cual será al revés en vuestra merced, o a mí me andarán +mal los pies, si es que llevo espuelas para avivar a Rocinante; y póngame +yo una por una en el Toboso, y delante de mi señora Dulcinea, que yo le +diré tales cosas de las necedades y locuras, que todo es uno, que vuestra +merced ha hecho y queda haciendo, que la venga a poner más blanda que un +guante, aunque la halle más dura que un alcornoque; con cuya respuesta +dulce y melificada volveré por los aires, como brujo, y sacaré a vuestra +merced deste purgatorio, que parece infierno y no lo es, pues hay esperanza +de salir dél, la cual, como tengo dicho, no la tienen de salir los que +están en el infierno, ni creo que vuestra merced dirá otra cosa. + +— Así es la verdad —dijo el de la Triste Figura—; pero, ¿qué haremos para +escribir la carta? + +— Y la libranza pollinesca también —añadió Sancho. + +— Todo irá inserto —dijo don Quijote—; y sería bueno, ya que no hay papel, +que la escribiésemos, como hacían los antiguos, en hojas de árboles, o en +unas tablitas de cera; aunque tan dificultoso será hallarse eso ahora como +el papel. Mas ya me ha venido a la memoria dónde será bien, y aun más que +bien, escribilla: que es en el librillo de memoria que fue de Cardenio; y +tú tendrás cuidado de hacerla trasladar en papel, de buena letra, en el +primer lugar que hallares, donde haya maestro de escuela de muchachos, o si +no, cualquiera sacristán te la trasladará; y no se la des a trasladar a +ningún escribano, que hacen letra procesada, que no la entenderá Satanás. +— Pues, ¿qué se ha de hacer de la firma? —dijo Sancho. + +— Nunca las cartas de Amadís se firman —respondió don Quijote. + +— Está bien —respondió Sancho—, pero la libranza forzosamente se ha de +firmar, y ésa, si se traslada, dirán que la firma es falsa y quedaréme sin +pollinos. + +— La libranza irá en el mesmo librillo firmada; que, en viéndola, mi sobrina +no pondrá dificultad en cumplilla. Y, en lo que toca a la carta de amores, +pondrás por firma: "Vuestro hasta la muerte, el Caballero de la Triste +Figura". Y hará poco al caso que vaya de mano ajena, porque, a lo que yo me +sé acordar, Dulcinea no sabe escribir ni leer, y en toda su vida ha visto +letra mía ni carta mía, porque mis amores y los suyos han sido siempre +platónicos, sin estenderse a más que a un honesto mirar. Y aun esto tan de +cuando en cuando, que osaré jurar con verdad que en doce años que ha que la +quiero más que a la lumbre destos ojos que han de comer la tierra, no la he +visto cuatro veces; y aun podrá ser que destas cuatro veces no hubiese ella +echado de ver la una que la miraba: tal es el recato y encerramiento con +que sus padres, Lorenzo Corchuelo, y su madre, Aldonza Nogales, la han +criado. + +— ¡Ta, ta! —dijo Sancho—. ¿Que la hija de Lorenzo Corchuelo es la señora +Dulcinea del Toboso, llamada por otro nombre Aldonza Lorenzo? + +— Ésa es —dijo don Quijote—, y es la que merece ser señora de todo el +universo. + +— Bien la conozco —dijo Sancho—, y sé decir que tira tan bien una barra como +el más forzudo zagal de todo el pueblo. ¡Vive el Dador, que es moza de +chapa, hecha y derecha y de pelo en pecho, y que puede sacar la barba del +lodo a cualquier caballero andante, o por andar, que la tuviere por señora! +¡Oh hideputa, qué rejo que tiene, y qué voz! Sé decir que se puso un día +encima del campanario del aldea a llamar unos zagales suyos que andaban en +un barbecho de su padre, y, aunque estaban de allí más de media legua, así +la oyeron como si estuvieran al pie de la torre. Y lo mejor que tiene es +que no es nada melindrosa, porque tiene mucho de cortesana: con todos se +burla y de todo hace mueca y donaire. Ahora digo, señor Caballero de la +Triste Figura, que no solamente puede y debe vuestra merced hacer locuras +por ella, sino que, con justo título, puede desesperarse y ahorcarse; que +nadie habrá que lo sepa que no diga que hizo demasiado de bien, puesto que +le lleve el diablo. Y querría ya verme en camino, sólo por vella; que ha +muchos días que no la veo, y debe de estar ya trocada, porque gasta mucho +la faz de las mujeres andar siempre al campo, al sol y al aire. Y confieso +a vuestra merced una verdad, señor don Quijote: que hasta aquí he estado en +una grande ignorancia; que pensaba bien y fielmente que la señora Dulcinea +debía de ser alguna princesa de quien vuestra merced estaba enamorado, o +alguna persona tal, que mereciese los ricos presentes que vuestra merced le +ha enviado: así el del vizcaíno como el de los galeotes, y otros muchos que +deben ser, según deben de ser muchas las vitorias que vuestra merced ha +ganado y ganó en el tiempo que yo aún no era su escudero. Pero, bien +considerado, ¿qué se le ha de dar a la señora Aldonza Lorenzo, digo, a la +señora Dulcinea del Toboso, de que se le vayan a hincar de rodillas delante +della los vencidos que vuestra merced le envía y ha de enviar? Porque +podría ser que, al tiempo que ellos llegasen, estuviese ella rastrillando +lino, o trillando en las eras, y ellos se corriesen de verla, y ella se +riese y enfadase del presente. + +— Ya te tengo dicho antes de agora muchas veces, Sancho —dijo don Quijote—, +que eres muy grande hablador, y que, aunque de ingenio boto, muchas veces +despuntas de agudo. Mas, para que veas cuán necio eres tú y cuán discreto +soy yo, quiero que me oyas un breve cuento. «Has de saber que una viuda +hermosa, moza, libre y rica, y, sobre todo, desenfadada, se enamoró de un +mozo motilón, rollizo y de buen tomo. Alcanzólo a saber su mayor, y un día +dijo a la buena viuda, por vía de fraternal reprehensión: ''Maravillado +estoy, señora, y no sin mucha causa, de que una mujer tan principal, tan +hermosa y tan rica como vuestra merced, se haya enamorado de un hombre tan +soez, tan bajo y tan idiota como fulano, habiendo en esta casa tantos +maestros, tantos presentados y tantos teólogos, en quien vuestra merced +pudiera escoger como entre peras, y decir: "Éste quiero, aquéste no +quiero"''. Mas ella le respondió, con mucho donaire y desenvoltura: +''Vuestra merced, señor mío, está muy engañado, y piensa muy a lo antiguo +si piensa que yo he escogido mal en fulano, por idiota que le parece, pues, +para lo que yo le quiero, tanta filosofía sabe, y más, que Aristóteles''». +Así que, Sancho, por lo que yo quiero a Dulcinea del Toboso, tanto vale +como la más alta princesa de la tierra. Sí, que no todos los poetas que +alaban damas, debajo de un nombre que ellos a su albedrío les ponen, es +verdad que las tienen. ¿Piensas tú que las Amariles, las Filis, las +Silvias, las Dianas, las Galateas, las Alidas y otras tales de que los +libros, los romances, las tiendas de los barberos, los teatros de las +comedias, están llenos, fueron verdaderamente damas de carne y hueso, y de +aquéllos que las celebran y celebraron? No, por cierto, sino que las más se +las fingen, por dar subjeto a sus versos y porque los tengan por enamorados +y por hombres que tienen valor para serlo. Y así, bástame a mí pensar y +creer que la buena de Aldonza Lorenzo es hermosa y honesta; y en lo del +linaje importa poco, que no han de ir a hacer la información dél para darle +algún hábito, y yo me hago cuenta que es la más alta princesa del mundo. +Porque has de saber, Sancho, si no lo sabes, que dos cosas solas incitan a +amar más que otras, que son la mucha hermosura y la buena fama; y estas dos +cosas se hallan consumadamente en Dulcinea, porque en ser hermosa ninguna +le iguala, y en la buena fama, pocas le llegan. Y para concluir con todo, +yo imagino que todo lo que digo es así, sin que sobre ni falte nada; y +píntola en mi imaginación como la deseo, así en la belleza como en la +principalidad, y ni la llega Elena, ni la alcanza Lucrecia, ni otra alguna +de las famosas mujeres de las edades pretéritas, griega, bárbara o latina. +Y diga cada uno lo que quisiere; que si por esto fuere reprehendido de los +ignorantes, no seré castigado de los rigurosos. + +— Digo que en todo tiene vuestra merced razón —respondió Sancho—, y que yo +soy un asno. Mas no sé yo para qué nombro asno en mi boca, pues no se ha de +mentar la soga en casa del ahorcado. Pero venga la carta, y a Dios, que me +mudo. + +Sacó el libro de memoria don Quijote, y, apartándose a una parte, con mucho +sosiego comenzó a escribir la carta; y, en acabándola, llamó a Sancho y le +dijo que se la quería leer, porque la tomase de memoria, si acaso se le +perdiese por el camino, porque de su desdicha todo se podía temer. A lo +cual respondió Sancho: + +— Escríbala vuestra merced dos o tres veces ahí en el libro y démele, que yo +le llevaré bien guardado, porque pensar que yo la he de tomar en la memoria +es disparate: que la tengo tan mala que muchas veces se me olvida cómo me +llamo. Pero, con todo eso, dígamela vuestra merced, que me holgaré mucho de +oílla, que debe de ir como de molde. + +— Escucha, que así dice —dijo don Quijote: + +Carta de don Quijote a Dulcinea del Toboso + +Soberana y alta señora: + +El ferido de punta de ausencia y el llagado de las telas del corazón, +dulcísima Dulcinea del Toboso, te envía la salud que él no tiene. Si tu +fermosura me desprecia, si tu valor no es en mi pro, si tus desdenes son en +mi afincamiento, maguer que yo sea asaz de sufrido, mal podré sostenerme en +esta cuita, que, además de ser fuerte, es muy duradera. Mi buen escudero +Sancho te dará entera relación, ¡oh bella ingrata, amada enemiga mía!, del +modo que por tu causa quedo. Si gustares de acorrerme, tuyo soy; y si no, +haz lo que te viniere en gusto; que, con acabar mi vida, habré satisfecho a +tu crueldad y a mi deseo. + +Tuyo hasta la muerte, + +El Caballero de la Triste Figura. + +— Por vida de mi padre —dijo Sancho en oyendo la carta—, que es la más alta +cosa que jamás he oído. ¡Pesia a mí, y cómo que le dice vuestra merced ahí +todo cuanto quiere, y qué bien que encaja en la firma El Caballero de la +Triste Figura! Digo de verdad que es vuestra merced el mesmo diablo, y que +no haya cosa que no sepa. + +— Todo es menester —respondió don Quijote— para el oficio que trayo. +— Ea, pues —dijo Sancho—, ponga vuestra merced en esotra vuelta la cédula de +los tres pollinos y fírmela con mucha claridad, porque la conozcan en +viéndola. + +— Que me place —dijo don Quijote. + +Y, habiéndola escrito,se la leyó; que decía ansí: + +Mandará vuestra merced, por esta primera de pollinos, señora sobrina, dar a +Sancho Panza, mi escudero, tres de los cinco que dejé en casa y están a +cargo de vuestra merced. Los cuales tres pollinos se los mando librar y +pagar por otros tantos aquí recebidos de contado, que consta, y con su +carta de pago serán bien dados. Fecha en las entrañas de Sierra Morena, a +veinte y dos de agosto deste presente año. + +— Buena está —dijo Sancho—; fírmela vuestra merced. + +— No es menester firmarla —dijo don Quijote—, sino solamente poner mi +rúbrica, que es lo mesmo que firma, y para tres asnos, y aun para +trecientos, fuera bastante. + +— Yo me confío de vuestra merced —respondió Sancho—. Déjeme, iré a ensillar +a Rocinante, y aparéjese vuestra merced a echarme su bendición, que luego +pienso partirme, sin ver las sandeces que vuestra merced ha de hacer, que +yo diré que le vi hacer tantas que no quiera más. + +— Por lo menos quiero, Sancho, y porque es menester ansí, quiero, digo, que +me veas en cueros, y hacer una o dos docenas de locuras, que las haré en +menos de media hora, porque, habiéndolas tú visto por tus ojos, puedas +jurar a tu salvo en las demás que quisieres añadir; y asegúrote que no +dirás tú tantas cuantas yo pienso hacer. + +— Por amor de Dios, señor mío, que no vea yo en cueros a vuestra merced, que +me dará mucha lástima y no podré dejar de llorar; y tengo tal la cabeza, +del llanto que anoche hice por el rucio, que no estoy para meterme en +nuevos lloros; y si es que vuestra merced gusta de que yo vea algunas +locuras, hágalas vestido, breves y las que le vinieren más a cuento. Cuanto +más, que para mí no era menester nada deso, y, como ya tengo dicho, fuera +ahorrar el camino de mi vuelta, que ha de ser con las nuevas que vuestra +merced desea y merece. Y si no, aparéjese la señora Dulcinea; que si no +responde como es razón, voto hago solene a quien puedo que le tengo de +sacar la buena respuesta del estómago a coces y a bofetones. Porque, ¿dónde +se ha de sufrir que un caballero andante, tan famoso como vuestra merced, +se vuelva loco, sin qué ni para qué, por una...? No me lo haga decir la +señora, porque por Dios que despotrique y lo eche todo a doce, aunque nunca +se venda. ¡Bonico soy yo para eso! ¡Mal me conoce! ¡Pues, a fe que si me +conociese, que me ayunase! + +— A fe, Sancho —dijo don Quijote—, que, a lo que parece, que no estás tú más +cuerdo que yo. + +— No estoy tan loco —respondió Sancho—, mas estoy más colérico. Pero, +dejando esto aparte, ¿qué es lo que ha de comer vuestra merced en tanto que +yo vuelvo? ¿Ha de salir al camino, como Cardenio, a quitárselo a los +pastores? + +— No te dé pena ese cuidado —respondió don Quijote—, porque, aunque tuviera, +no comiera otra cosa que las yerbas y frutos que este prado y estos árboles +me dieren, que la fineza de mi negocio está en no comer y en hacer otras +asperezas equivalentes. + +— A Dios, pues. Pero, ¿sabe vuestra merced qué temo? Que no tengo de acertar +a volver a este lugar donde agora le dejo, según está de escondido. +— Toma bien las señas, que yo procuraré no apartarme destos contornos —dijo +don Quijote—, y aun tendré cuidado de subirme por estos más altos riscos, +por ver si te descubro cuando vuelvas. Cuanto más, que lo más acertado +será, para que no me yerres y te pierdas, que cortes algunas retamas de las +muchas que por aquí hay y las vayas poniendo de trecho a trecho, hasta +salir a lo raso, las cuales te servirán de mojones y señales para que me +halles cuando vuelvas, a imitación del hilo del laberinto de Teseo. +— Así lo haré —respondió Sancho Panza. + +Y, cortando algunos, pidió la bendición a su señor, y, no sin muchas +lágrimas de entrambos, se despidió dél. Y, subiendo sobre Rocinante, a +quien don Quijote encomendó mucho, y que mirase por él como por su propria +persona, se puso en camino del llano, esparciendo de trecho a trecho los +ramos de la retama, como su amo se lo había aconsejado. Y así, se fue, +aunque todavía le importunaba don Quijote que le viese siquiera hacer dos +locuras. Mas no hubo andado cien pasos, cuando volvió y dijo: + +— Digo, señor, que vuestra merced ha dicho muy bien: que, para que pueda +jurar sin cargo de conciencia que le he visto hacer locuras, será bien que +vea siquiera una, aunque bien grande la he visto en la quedada de vuestra +merced. + +— ¿No te lo decía yo? —dijo don Quijote—. Espérate, Sancho, que en un credo +las haré. + +Y, desnudándose con toda priesa las calzones, quedó en carnes y en pañales, +y luego, sin más ni más, dio dos zapatetas en el aire y dos tumbas, la +cabeza abajo y los pies en alto, descubriendo cosas que, por no verlas otra +vez, volvió Sancho la rienda a Rocinante y se dio por contento y satisfecho +de que podía jurar que su amo quedaba loco. Y así, le dejaremos ir su +camino, hasta la vuelta, que fue breve. + + + + +Capítulo XXVI. Donde se prosiguen las finezas que de enamorado hizo don +Quijote en Sierra Morena + +Y, volviendo a contar lo que hizo el de la Triste Figura después que se vio +solo, dice la historia que, así como don Quijote acabó de dar las tumbas o +vueltas, de medio abajo desnudo y de medio arriba vestido, y que vio que +Sancho se había ido sin querer aguardar a ver más sandeces, se subió sobre +una punta de una alta peña y allí tornó a pensar lo que otras muchas veces +había pensado, sin haberse jamás resuelto en ello. Y era que cuál sería +mejor y le estaría más a cuento: imitar a Roldán en las locuras desaforadas +que hizo, o Amadís en las malencónicas. Y, hablando entre sí mesmo, decía: +— Si Roldán fue tan buen caballero y tan valiente como todos dicen, ¿qué +maravilla?, pues, al fin, era encantado y no le podía matar nadie si no era +metiéndole un alfiler de a blanca por la planta del pie, y él traía siempre +los zapatos con siete suelas de hierro. Aunque no le valieron tretas contra +Bernardo del Carpio, que se las entendió y le ahogó entre los brazos, en +Roncesvalles. Pero, dejando en él lo de la valentía a una parte, vengamos a +lo de perder el juicio, que es cierto que le perdió, por las señales que +halló en la fontana y por las nuevas que le dio el pastor de que Angélica +había dormido más de dos siestas con Medoro, un morillo de cabellos +enrizados y paje de Agramante; y si él entendió que esto era verdad y que +su dama le había cometido desaguisado, no hizo mucho en volverse loco. Pero +yo, ¿cómo puedo imitalle en las locuras, si no le imito en la ocasión +dellas? Porque mi Dulcinea del Toboso osaré yo jurar que no ha visto en +todos los días de su vida moro alguno, ansí como él es, en su mismo traje, +y que se está hoy como la madre que la parió; y haríale agravio manifiesto +si, imaginando otra cosa della, me volviese loco de aquel género de locura +de Roldán el furioso. Por otra parte, veo que Amadís de Gaula, sin perder +el juicio y sin hacer locuras, alcanzó tanta fama de enamorado como el que +más; porque lo que hizo, según su historia, no fue más de que, por verse +desdeñado de su señora Oriana, que le había mandado que no pareciese ante +su presencia hasta que fuese su voluntad, de que se retiró a la Peña Pobre +en compañía de un ermitaño, y allí se hartó de llorar y de encomendarse a +Dios, hasta que el cielo le acorrió, en medio de su mayor cuita y +necesidad. Y si esto es verdad, como lo es, ¿para qué quiero yo tomar +trabajo agora de desnudarme del todo, ni dar pesadumbre a estos árboles, +que no me han hecho mal alguno? Ni tengo para qué enturbiar el agua clara +destos arroyos, los cuales me han de dar de beber cuando tenga gana. Viva +la memoria de Amadís, y sea imitado de don Quijote de la Mancha en todo lo +que pudiere; del cual se dirá lo que del otro se dijo: que si no acabó +grandes cosas, murió por acometellas; y si yo no soy desechado ni desdeñado +de Dulcinea del Toboso, bástame, como ya he dicho, estar ausente della. Ea, +pues, manos a la obra: venid a mi memoria, cosas de Amadís, y enseñadme por +dónde tengo de comenzar a imitaros. Mas ya sé que lo más que él hizo fue +rezar y encomendarse a Dios; pero, ¿qué haré de rosario, que no le tengo? +En esto le vino al pensamiento cómo le haría, y fue que rasgó una gran tira +de las faldas de la camisa, que andaban colgando, y diole once ñudos, el +uno más gordo que los demás, y esto le sirvió de rosario el tiempo que allí +estuvo, donde rezó un millón de avemarías. Y lo que le fatigaba mucho era +no hallar por allí otro ermitaño que le confesase y con quien consolarse. Y +así, se entretenía paseándose por el pradecillo, escribiendo y grabando por +las cortezas de los árboles y por la menuda arena muchos versos, todos +acomodados a su tristeza, y algunos en alabanza de Dulcinea. Mas los que se +pudieron hallar enteros y que se pudiesen leer, después que a él allí le +hallaron, no fueron más que estos que aquí se siguen: + +Árboles, yerbas y plantas +que en aqueste sitio estáis, +tan altos, verdes y tantas, +si de mi mal no os holgáis, +escuchad mis quejas santas. +Mi dolor no os alborote, +aunque más terrible sea, +pues, por pagaros escote, +aquí lloró don Quijote +ausencias de Dulcinea +del Toboso. + +Es aquí el lugar adonde +el amador más leal +de su señora se esconde, +y ha venido a tanto mal +sin saber cómo o por dónde. +Tráele amor al estricote, +que es de muy mala ralea; +y así, hasta henchir un pipote, +aquí lloró don Quijote +ausencias de Dulcinea +del Toboso. + +Buscando las aventuras +por entre las duras peñas, +maldiciendo entrañas duras, +que entre riscos y entre breñas +halla el triste desventuras, +hirióle amor con su azote, +no con su blanda correa; +y, en tocándole el cogote, +aquí lloró don Quijote +ausencias de Dulcinea +del Toboso. + +No causó poca risa en los que hallaron los versos referidos el añadidura +del Toboso al nombre de Dulcinea, porque imaginaron que debió de imaginar +don Quijote que si, en nombrando a Dulcinea, no decía también del Toboso, +no se podría entender la copla; y así fue la verdad, como él después +confesó. Otros muchos escribió, pero, como se ha dicho, no se pudieron +sacar en limpio, ni enteros, más destas tres coplas. En esto, y en suspirar +y en llamar a los faunos y silvanos de aquellos bosques, a las ninfas de +los ríos, a la dolorosa y húmida Eco, que le respondiese, consolasen y +escuchasen, se entretenía, y en buscar algunas yerbas con que sustentarse +en tanto que Sancho volvía; que, si como tardó tres días, tardara tres +semanas, el Caballero de la Triste Figura quedara tan desfigurado que no le +conociera la madre que lo parió. + +Y será bien dejalle, envuelto entre sus suspiros y versos, por contar lo +que le avino a Sancho Panza en su mandadería. Y fue que, en saliendo al +camino real, se puso en busca del Toboso, y otro día llegó a la venta donde +le había sucedido la desgracia de la manta; y no la hubo bien visto, cuando +le pareció que otra vez andaba en los aires, y no quiso entrar dentro, +aunque llegó a hora que lo pudiera y debiera hacer, por ser la del comer y +llevar en deseo de gustar algo caliente; que había grandes días que todo +era fiambre. + +Esta necesidad le forzó a que llegase junto a la venta, todavía dudoso si +entraría o no. Y, estando en esto, salieron de la venta dos personas que +luego le conocieron; y dijo el uno al otro: + +— Dígame, señor licenciado, aquel del caballo, ¿no es Sancho Panza, el que +dijo el ama de nuestro aventurero que había salido con su señor por +escudero? + +— Sí es —dijo el licenciado—; y aquél es el caballo de nuestro don Quijote. +Y conociéronle tan bien como aquellos que eran el cura y el barbero de su +mismo lugar, y los que hicieron el escrutinio y acto general de los libros. +Los cuales, así como acabaron de conocer a Sancho Panza y a Rocinante, +deseosos de saber de don Quijote, se fueron a él; y el cura le llamó por su +nombre, diciéndole: + +— Amigo Sancho Panza, ¿adónde queda vuestro amo? + +Conociólos luego Sancho Panza, y determinó de encubrir el lugar y la suerte +donde y como su amo quedaba; y así, les respondió que su amo quedaba +ocupado en cierta parte y en cierta cosa que le era de mucha importancia, +la cual él no podía descubrir, por los ojos que en la cara tenía. + +— No, no —dijo el barbero—, Sancho Panza; si vos no nos decís dónde queda, +imaginaremos, como ya imaginamos, que vos le habéis muerto y robado, pues +venís encima de su caballo. En verdad que nos habéis de dar el dueño del +rocín, o sobre eso, morena. + +— No hay para qué conmigo amenazas, que yo no soy hombre que robo ni mato a +nadie: a cada uno mate su ventura, o Dios, que le hizo. Mi amo queda +haciendo penitencia en la mitad desta montaña, muy a su sabor. + +Y luego, de corrida y sin parar, les contó de la suerte que quedaba, las +aventuras que le habían sucedido y cómo llevaba la carta a la señora +Dulcinea del Toboso, que era la hija de Lorenzo Corchuelo, de quien estaba +enamorado hasta los hígados. + +Quedaron admirados los dos de lo que Sancho Panza les contaba; y, aunque ya +sabían la locura de don Quijote y el género della, siempre que la oían se +admiraban de nuevo. Pidiéronle a Sancho Panza que les enseñase la carta que +llevaba a la señora Dulcinea del Toboso. Él dijo que iba escrita en un +libro de memoria y que era orden de su señor que la hiciese trasladar en +papel en el primer lugar que llegase; a lo cual dijo el cura que se la +mostrase, que él la trasladaría de muy buena letra. Metió la mano en el +seno Sancho Panza, buscando el librillo, pero no le halló, ni le podía +hallar si le buscara hasta agora, porque se había quedado don Quijote con +él y no se le había dado, ni a él se le acordó de pedírsele. + +Cuando Sancho vio que no hallaba el libro, fuésele parando mortal el +rostro; y, tornándose a tentar todo el cuerpo muy apriesa, tornó a echar de +ver que no le hallaba; y, sin más ni más, se echó entrambos puños a las +barbas y se arrancó la mitad de ellas, y luego, apriesa y sin cesar, se dio +media docena de puñadas en el rostro y en las narices, que se las bañó +todas en sangre. Visto lo cual por el cura y el barbero, le dijeron que qué +le había sucedido, que tan mal se paraba. + +— ¿Qué me ha de suceder —respondió Sancho—, sino el haber perdido de una +mano a otra, en un estante, tres pollinos, que cada uno era como un +castillo? + +— ¿Cómo es eso? —replicó el barbero. + +— He perdido el libro de memoria —respondió Sancho—, donde venía carta para +Dulcinea y una cédula firmada de su señor, por la cual mandaba que su +sobrina me diese tres pollinos, de cuatro o cinco que estaban en casa. +Y, con esto, les contó la pérdida del rucio. Consolóle el cura, y díjole +que, en hallando a su señor, él le haría revalidar la manda y que tornase a +hacer la libranza en papel, como era uso y costumbre, porque las que se +hacían en libros de memoria jamás se acetaban ni cumplían. + +Con esto se consoló Sancho, y dijo que, como aquello fuese ansí, que no le +daba mucha pena la pérdida de la carta de Dulcinea, porque él la sabía casi +de memoria, de la cual se podría trasladar donde y cuando quisiesen. +— Decildo, Sancho, pues —dijo el barbero—, que después la trasladaremos. +Paróse Sancho Panza a rascar la cabeza para traer a la memoria la carta, y +ya se ponía sobre un pie, y ya sobre otro; unas veces miraba al suelo, +otras al cielo; y, al cabo de haberse roído la mitad de la yema de un dedo, +teniendo suspensos a los que esperaban que ya la dijese, dijo al cabo de +grandísimo rato: + +— Por Dios, señor licenciado, que los diablos lleven la cosa que de la carta +se me acuerda; aunque en el principio decía: «Alta y sobajada señora». +— No diría —dijo el barbero— sobajada, sino sobrehumana o soberana señora. +— Así es —dijo Sancho—. Luego, si mal no me acuerdo, proseguía..., si mal no +me acuerdo: «el llego y falto de sueño, y el ferido besa a vuestra merced +las manos, ingrata y muy desconocida hermosa», y no sé qué decía de salud y +de enfermedad que le enviaba, y por aquí iba escurriendo, hasta que acababa +en «Vuestro hasta la muerte, el Caballero de la Triste Figura». + +No poco gustaron los dos de ver la buena memoria de Sancho Panza, y +alabáronsela mucho, y le pidieron que dijese la carta otras dos veces, para +que ellos, ansimesmo, la tomasen de memoria para trasladalla a su tiempo. +Tornóla a decir Sancho otras tres veces, y otras tantas volvió a decir +otros tres mil disparates. Tras esto, contó asimesmo las cosas de su amo, +pero no habló palabra acerca del manteamiento que le había sucedido en +aquella venta, en la cual rehusaba entrar. Dijo también como su señor, en +trayendo que le trujese buen despacho de la señora Dulcinea del Toboso, se +había de poner en camino a procurar cómo ser emperador, o, por lo menos, +monarca; que así lo tenían concertado entre los dos, y era cosa muy fácil +venir a serlo, según era el valor de su persona y la fuerza de su brazo; y +que, en siéndolo, le había de casar a él, porque ya sería viudo, que no +podía ser menos, y le había de dar por mujer a una doncella de la +emperatriz, heredera de un rico y grande estado de tierra firme, sin +ínsulos ni ínsulas, que ya no las quería. + +Decía esto Sancho con tanto reposo, limpiándose de cuando en cuando las +narices, y con tan poco juicio, que los dos se admiraron de nuevo, +considerando cuán vehemente había sido la locura de don Quijote, pues había +llevado tras sí el juicio de aquel pobre hombre. No quisieron cansarse en +sacarle del error en que estaba, pareciéndoles que, pues no le dañaba nada +la conciencia, mejor era dejarle en él, y a ellos les sería de más gusto +oír sus necedades. Y así, le dijeron que rogase a Dios por la salud de su +señor, que cosa contingente y muy agible era venir, con el discurso del +tiempo, a ser emperador, como él decía, o, por lo menos, arzobispo, o otra +dignidad equivalente. A lo cual respondió Sancho: + +— Señores, si la fortuna rodease las cosas de manera que a mi amo le viniese +en voluntad de no ser emperador, sino de ser arzobispo, querría yo saber +agora qué suelen dar los arzobispos andantes a sus escuderos. +— Suélenles dar —respondió el cura— algún beneficio, simple o curado, o +alguna sacristanía, que les vale mucho de renta rentada, amén del pie de +altar, que se suele estimar en otro tanto. + +— Para eso será menester —replicó Sancho— que el escudero no sea casado y +que sepa ayudar a misa, por lo menos; y si esto es así, ¡desdichado de yo, +que soy casado y no sé la primera letra del ABC! ¿Qué será de mí si a mi +amo le da antojo de ser arzobispo, y no emperador, como es uso y costumbre +de los caballeros andantes? + +— No tengáis pena, Sancho amigo —dijo el barbero—, que aquí rogaremos a +vuestro amo y se lo aconsejaremos, y aun se lo pondremos en caso de +conciencia, que sea emperador y no arzobispo, porque le será más fácil, a +causa de que él es más valiente que estudiante. + +— Así me ha parecido a mí —respondió Sancho—, aunque sé decir que para todo +tiene habilidad. Lo que yo pienso hacer de mi parte es rogarle a Nuestro +Señor que le eche a aquellas partes donde él más se sirva y adonde a mí más +mercedes me haga. + +— Vos lo decís como discreto —dijo el cura— y lo haréis como buen cristiano. +Mas lo que ahora se ha de hacer es dar orden como sacar a vuestro amo de +aquella inútil penitencia que decís que queda haciendo; y, para pensar el +modo que hemos de tener, y para comer, que ya es hora, será bien nos +entremos en esta venta. + +Sancho dijo que entrasen ellos, que él esperaría allí fuera y que después +les diría la causa por que no entraba ni le convenía entrar en ella; mas +que les rogaba que le sacasen allí algo de comer que fuese cosa caliente, +y, ansimismo, cebada para Rocinante. Ellos se entraron y le dejaron, y, de +allí a poco, el barbero le sacó de comer. Después, habiendo bien pensado +entre los dos el modo que tendrían para conseguir lo que deseaban, vino el +cura en un pensamiento muy acomodado al gusto de don Quijote y para lo que +ellos querían. Y fue que dijo al barbero que lo que había pensado era que +él se vestiría en hábito de doncella andante, y que él procurase ponerse lo +mejor que pudiese como escudero, y que así irían adonde don Quijote estaba, +fingiendo ser ella una doncella afligida y menesterosa, y le pediría un +don, el cual él no podría dejársele de otorgar, como valeroso caballero +andante. Y que el don que le pensaba pedir era que se viniese con ella +donde ella le llevase, a desfacelle un agravio que un mal caballero le +tenía fecho; y que le suplicaba, ansimesmo, que no la mandase quitar su +antifaz, ni la demandase cosa de su facienda, fasta que la hubiese fecho +derecho de aquel mal caballero; y que creyese, sin duda, que don Quijote +vendría en todo cuanto le pidiese por este término; y que desta manera le +sacarían de allí y le llevarían a su lugar, donde procurarían ver si tenía +algún remedio su estraña locura. + + + + +Capítulo XXVII. De cómo salieron con su intención el cura y el barbero, con +otras cosas dignas de que se cuenten en esta grande historia + +No le pareció mal al barbero la invención del cura, sino tan bien, que +luego la pusieron por obra. Pidiéronle a la ventera una saya y unas tocas, +dejándole en prendas una sotana nueva del cura. El barbero hizo una gran +barba de una cola rucia o roja de buey, donde el ventero tenía colgado el +peine. Preguntóles la ventera que para qué le pedían aquellas cosas. El +cura le contó en breves razones la locura de don Quijote, y cómo convenía +aquel disfraz para sacarle de la montaña, donde a la sazón estaba. Cayeron +luego el ventero y la ventera en que el loco era su huésped, el del +bálsamo, y el amo del manteado escudero, y contaron al cura todo lo que con +él les había pasado, sin callar lo que tanto callaba Sancho. En resolución, +la ventera vistió al cura de modo que no había más que ver: púsole una saya +de paño, llena de fajas de terciopelo negro de un palmo en ancho, todas +acuchilladas, y unos corpiños de terciopelo verde, guarnecidos con unos +ribetes de raso blanco, que se debieron de hacer, ellos y la saya, en +tiempo del rey Wamba. No consintió el cura que le tocasen, sino púsose en +la cabeza un birretillo de lienzo colchado que llevaba para dormir de +noche, y ciñóse por la frente una liga de tafetán negro, y con otra liga +hizo un antifaz, con que se cubrió muy bien las barbas y el rostro; +encasquetóse su sombrero, que era tan grande que le podía servir de +quitasol, y, cubriéndose su herreruelo, subió en su mula a mujeriegas, y el +barbero en la suya, con su barba que le llegaba a la cintura, entre roja y +blanca, como aquella que, como se ha dicho, era hecha de la cola de un buey +barroso. + +Despidiéronse de todos, y de la buena de Maritornes, que prometió de rezar +un rosario, aunque pecadora, porque Dios les diese buen suceso en tan arduo +y tan cristiano negocio como era el que habían emprendido. + +Mas, apenas hubo salido de la venta, cuando le vino al cura un pensamiento: +que hacía mal en haberse puesto de aquella manera, por ser cosa indecente +que un sacerdote se pusiese así, aunque le fuese mucho en ello; y, +diciéndoselo al barbero, le rogó que trocasen trajes, pues era más justo +que él fuese la doncella menesterosa, y que él haría el escudero, y que así +se profanaba menos su dignidad; y que si no lo quería hacer, determinaba de +no pasar adelante, aunque a don Quijote se le llevase el diablo. + +En esto, llegó Sancho, y de ver a los dos en aquel traje no pudo tener la +risa. En efeto, el barbero vino en todo aquello que el cura quiso, y, +trocando la invención, el cura le fue informando el modo que había de tener +y las palabras que había de decir a don Quijote para moverle y forzarle a +que con él se viniese, y dejase la querencia del lugar que había escogido +para su vana penitencia. El barbero respondió que, sin que se le diese +lición, él lo pondría bien en su punto. No quiso vestirse por entonces, +hasta que estuviesen junto de donde don Quijote estaba; y así, dobló sus +vestidos, y el cura acomodó su barba, y siguieron su camino, guiándolos +Sancho Panza; el cual les fue contando lo que les aconteció con el loco que +hallaron en la sierra, encubriendo, empero, el hallazgo de la maleta y de +cuanto en ella venía; que, maguer que tonto, era un poco codicioso el +mancebo. + +Otro día llegaron al lugar donde Sancho había dejado puestas las señales de +las ramas para acertar el lugar donde había dejado a su señor; y, en +reconociéndole, les dijo como aquélla era la entrada, y que bien se podían +vestir, si era que aquello hacía al caso para la libertad de su señor; +porque ellos le habían dicho antes que el ir de aquella suerte y vestirse +de aquel modo era toda la importancia para sacar a su amo de aquella mala +vida que había escogido, y que le encargaban mucho que no dijese a su amo +quien ellos eran, ni que los conocía; y que si le preguntase, como se lo +había de preguntar, si dio la carta a Dulcinea, dijese que sí, y que, por +no saber leer, le había respondido de palabra, diciéndole que le mandaba, +so pena de la su desgracia, que luego al momento se viniese a ver con ella, +que era cosa que le importaba mucho; porque con esto y con lo que ellos +pensaban decirle tenían por cosa cierta reducirle a mejor vida, y hacer con +él que luego se pusiese en camino para ir a ser emperador o monarca; que en +lo de ser arzobispo no había de qué temer. + +Todo lo escuchó Sancho, y lo tomó muy bien en la memoria, y les agradeció +mucho la intención que tenían de aconsejar a su señor fuese emperador y no +arzobispo, porque él tenía para sí que, para hacer mercedes a sus +escuderos, más podían los emperadores que los arzobispos andantes. También +les dijo que sería bien que él fuese delante a buscarle y darle la +respuesta de su señora, que ya sería ella bastante a sacarle de aquel +lugar, sin que ellos se pusiesen en tanto trabajo. Parecióles bien lo que +Sancho Panza decía, y así, determinaron de aguardarle hasta que volviese +con las nuevas del hallazgo de su amo. + +Entróse Sancho por aquellas quebradas de la sierra, dejando a los dos en +una por donde corría un pequeño y manso arroyo, a quien hacían sombra +agradable y fresca otras peñas y algunos árboles que por allí estaban. El +calor, y el día que allí llegaron, era de los del mes de agosto, que por +aquellas partes suele ser el ardor muy grande; la hora, las tres de la +tarde: todo lo cual hacía al sitio más agradable, y que convidase a que en +él esperasen la vuelta de Sancho, como lo hicieron. + +Estando, pues, los dos allí, sosegados y a la sombra, llegó a sus oídos una +voz que, sin acompañarla son de algún otro instrumento, dulce y +regaladamente sonaba, de que no poco se admiraron, por parecerles que aquél +no era lugar donde pudiese haber quien tan bien cantase. Porque, aunque +suele decirse que por las selvas y campos se hallan pastores de voces +estremadas, más son encarecimientos de poetas que verdades; y más, cuando +advirtieron que lo que oían cantar eran versos, no de rústicos ganaderos, +sino de discretos cortesanos. Y confirmó esta verdad haber sido los versos +que oyeron éstos: + +¿Quién menoscaba mis bienes? +Desdenes. +Y ¿quién aumenta mis duelos? +Los celos. +Y ¿quién prueba mi paciencia? +Ausencia. +De ese modo, en mi dolencia +ningún remedio se alcanza, +pues me matan la esperanza +desdenes, celos y ausencia. +¿Quién me causa este dolor? +Amor. +Y ¿quién mi gloria repugna? +Fortuna. +Y ¿quién consiente en mi duelo? +El cielo +De ese modo, yo recelo +morir deste mal estraño, +pues se aumentan en mi daño, +amor, fortuna y el cielo. +¿Quién mejorará mi suerte? +La muerte. +Y el bien de amor, ¿quién le alcanza? +Mudanza. +Y sus males, ¿quién los cura? +Locura. +De ese modo, no es cordura +querer curar la pasión +cuando los remedios son +muerte, mudanza y locura. + +La hora, el tiempo, la soledad, la voz y la destreza del que cantaba causó +admiración y contento en los dos oyentes, los cuales se estuvieron quedos, +esperando si otra alguna cosa oían; pero, viendo que duraba algún tanto el +silencio, determinaron de salir a buscar el músico que con tan buena voz +cantaba. Y, queriéndolo poner en efeto, hizo la mesma voz que no se +moviesen, la cual llegó de nuevo a sus oídos, cantando este soneto: + +Soneto + +Santa amistad, que con ligeras alas, +tu apariencia quedándose en el suelo, +entre benditas almas, en el cielo, +subiste alegre a las impíreas salas, +desde allá, cuando quieres, nos señalas +la justa paz cubierta con un velo, +por quien a veces se trasluce el celo +de buenas obras que, a la fin, son malas. +Deja el cielo, ¡oh amistad!, o no permitas +que el engaño se vista tu librea, +con que destruye a la intención sincera; +que si tus apariencias no le quitas, +presto ha de verse el mundo en la pelea +de la discorde confusión primera. + +El canto se acabó con un profundo suspiro, y los dos, con atención, +volvieron a esperar si más se cantaba; pero, viendo que la música se había +vuelto en sollozos y en lastimeros ayes, acordaron de saber quién era el +triste, tan estremado en la voz como doloroso en los gemidos; y no +anduvieron mucho, cuando, al volver de una punta de una peña, vieron a un +hombre del mismo talle y figura que Sancho Panza les había pintado cuando +les contó el cuento de Cardenio; el cual hombre, cuando los vio, sin +sobresaltarse, estuvo quedo, con la cabeza inclinada sobre el pecho a guisa +de hombre pensativo, sin alzar los ojos a mirarlos más de la vez primera, +cuando de improviso llegaron. + +El cura, que era hombre bien hablado (como el que ya tenía noticia de su +desgracia, pues por las señas le había conocido), se llegó a él, y con +breves aunque muy discretas razones le rogó y persuadió que aquella tan +miserable vida dejase, porque allí no la perdiese, que era la desdicha +mayor de las desdichas. Estaba Cardenio entonces en su entero juicio, libre +de aquel furioso accidente que tan a menudo le sacaba de sí mismo; y así, +viendo a los dos en traje tan no usado de los que por aquellas soledades +andaban, no dejó de admirarse algún tanto, y más cuando oyó que le habían +hablado en su negocio como en cosa sabida —porque las razones que el cura +le dijo así lo dieron a entender—; y así, respondió desta manera: +— Bien veo yo, señores, quienquiera que seáis, que el cielo, que tiene +cuidado de socorrer a los buenos, y aun a los malos muchas veces, sin yo +merecerlo, me envía, en estos tan remotos y apartados lugares del trato +común de las gentes, algunas personas que, poniéndome delante de los ojos +con vivas y varias razones cuán sin ella ando en hacer la vida que hago, +han procurado sacarme désta a mejor parte; pero, como no saben que sé yo +que en saliendo deste daño he de caer en otro mayor, quizá me deben de +tener por hombre de flacos discursos, y aun, lo que peor sería, por de +ningún juicio. Y no sería maravilla que así fuese, porque a mí se me +trasluce que la fuerza de la imaginación de mis desgracias es tan intensa y +puede tanto en mi perdición que, sin que yo pueda ser parte a estobarlo, +vengo a quedar como piedra, falto de todo buen sentido y conocimiento; y +vengo a caer en la cuenta desta verdad, cuando algunos me dicen y muestran +señales de las cosas que he hecho en tanto que aquel terrible accidente me +señorea, y no sé más que dolerme en vano y maldecir sin provecho mi +ventura, y dar por disculpa de mis locuras el decir la causa dellas a +cuantos oírla quieren; porque, viendo los cuerdos cuál es la causa, no se +maravillarán de los efetos, y si no me dieren remedio, a lo menos no me +darán culpa, convirtiéndoseles el enojo de mi desenvoltura en lástima de +mis desgracias. Y si es que vosotros, señores, venís con la mesma intención +que otros han venido, antes que paséis adelante en vuestras discretas +persuasiones, os ruego que escuchéis el cuento, que no le tiene, de mis +desventuras; porque quizá, después de entendido, ahorraréis del trabajo que +tomaréis en consolar un mal que de todo consuelo es incapaz. + +Los dos, que no deseaban otra cosa que saber de su mesma boca la causa de +su daño, le rogaron se la contase, ofreciéndole de no hacer otra cosa de la +que él quisiese, en su remedio o consuelo; y con esto, el triste caballero +comenzó su lastimera historia, casi por las mesmas palabras y pasos que la +había contado a don Quijote y al cabrero pocos días atrás, cuando, por +ocasión del maestro Elisabat y puntualidad de don Quijote en guardar el +decoro a la caballería, se quedó el cuento imperfeto, como la historia lo +deja contado. Pero ahora quiso la buena suerte que se detuvo el accidente +de la locura y le dio lugar de contarlo hasta el fin; y así, llegando al +paso del billete que había hallado don Fernando entre el libro de Amadís de +Gaula, dijo Cardenio que le tenía bien en la memoria, y que decía desta +manera: + +«Luscinda a Cardenio + +Cada día descubro en vos valores que me obligan y fuerzan a que en más os +estime; y así, si quisiéredes sacarme desta deuda sin ejecutarme en la +honra, lo podréis muy bien hacer. Padre tengo, que os conoce y que me +quiere bien, el cual, sin forzar mi voluntad, cumplirá la que será justo +que vos tengáis, si es que me estimáis como decís y como yo creo. +— »Por este billete me moví a pedir a Luscinda por esposa, como ya os he +contado, y éste fue por quien quedó Luscinda en la opinión de don Fernando +por una de las más discretas y avisadas mujeres de su tiempo; y este +billete fue el que le puso en deseo de destruirme, antes que el mío se +efetuase. Díjele yo a don Fernando en lo que reparaba el padre de Luscinda, +que era en que mi padre se la pidiese, lo cual yo no le osaba decir, +temeroso que no vendría en ello, no porque no tuviese bien conocida la +calidad, bondad, virtud y hermosura de Luscinda, y que tenía partes +bastantes para enoblecer cualquier otro linaje de España, sino porque yo +entendía dél que deseaba que no me casase tan presto, hasta ver lo que el +duque Ricardo hacía conmigo. En resolución, le dije que no me aventuraba a +decírselo a mi padre, así por aquel inconveniente como por otros muchos que +me acobardaban, sin saber cuáles eran, sino que me parecía que lo que yo +desease jamás había de tener efeto. + +»A todo esto me respondió don Fernando que él se encargaba de hablar a mi +padre y hacer con él que hablase al de Luscinda. ¡Oh Mario ambicioso, oh +Catilina cruel, oh Sila facinoroso, oh Galalón embustero, oh Vellido +traidor, oh Julián vengativo, oh Judas codicioso! Traidor, cruel, vengativo +y embustero, ¿qué deservicios te había hecho este triste, que con tanta +llaneza te descubrió los secretos y contentos de su corazón? ¿Qué ofensa te +hice? ¿Qué palabras te dije, o qué consejos te di, que no fuesen todos +encaminados a acrecentar tu honra y tu provecho? Mas, ¿de qué me quejo?, +¡desventurado de mí!, pues es cosa cierta que cuando traen las desgracias +la corriente de las estrellas, como vienen de alto a bajo, despeñándose con +furor y con violencia, no hay fuerza en la tierra que las detenga, ni +industria humana que prevenirlas pueda. ¿Quién pudiera imaginar que don +Fernando, caballero ilustre, discreto, obligado de mis servicios, poderoso +para alcanzar lo que el deseo amoroso le pidiese dondequiera que le +ocupase, se había de enconar, como suele decirse, en tomarme a mí una sola +oveja, que aún no poseía? Pero quédense estas consideraciones aparte, como +inútiles y sin provecho, y añudemos el roto hilo de mi desdichada historia. + +»Digo, pues, que, pareciéndole a don Fernando que mi presencia le era +inconveniente para poner en ejecución su falso y mal pensamiento, determinó +de enviarme a su hermano mayor, con ocasión de pedirle unos dineros para +pagar seis caballos, que de industria, y sólo para este efeto de que me +ausentase (para poder mejor salir con su dañado intento), el mesmo día que +se ofreció hablar a mi padre los compró, y quiso que yo viniese por el +dinero. ¿Pude yo prevenir esta traición? ¿Pude, por ventura, caer en +imaginarla? No, por cierto; antes, con grandísimo gusto, me ofrecí a partir +luego, contento de la buena compra hecha. Aquella noche hablé con Luscinda, +y le dije lo que con don Fernando quedaba concertado, y que tuviese firme +esperanza de que tendrían efeto nuestros buenos y justos deseos. Ella me +dijo, tan segura como yo de la traición de don Fernando, que procurase +volver presto, porque creía que no tardaría más la conclusión de nuestras +voluntades que tardase mi padre de hablar al suyo. No sé qué se fue, que, +en acabando de decirme esto, se le llenaron los ojos de lágrimas y un nudo +se le atravesó en la garganta, que no le dejaba hablar palabra de otras +muchas que me pareció que procuraba decirme. + +»Quedé admirado deste nuevo accidente, hasta allí jamás en ella visto, +porque siempre nos hablábamos, las veces que la buena fortuna y mi +diligencia lo concedía, con todo regocijo y contento, sin mezclar en +nuestras pláticas lágrimas, suspiros, celos, sospechas o temores. Todo era +engrandecer yo mi ventura, por habérmela dado el cielo por señora: +exageraba su belleza, admirábame de su valor y entendimiento. Volvíame ella +el recambio, alabando en mí lo que, como enamorada, le parecía digno de +alabanza. Con esto, nos contábamos cien mil niñerías y acaecimientos de +nuestros vecinos y conocidos, y a lo que más se entendía mi desenvoltura +era a tomarle, casi por fuerza, una de sus bellas y blancas manos, y +llegarla a mi boca, según daba lugar la estrecheza de una baja reja que nos +dividía. Pero la noche que precedió al triste día de mi partida, ella +lloró, gimió y suspiró, y se fue, y me dejó lleno de confusión y +sobresalto, espantado de haber visto tan nuevas y tan tristes muestras de +dolor y sentimiento en Luscinda. Pero, por no destruir mis esperanzas, todo +lo atribuí a la fuerza del amor que me tenía y al dolor que suele causar la +ausencia en los que bien se quieren. + +»En fin, yo me partí triste y pensativo, llena el alma de imaginaciones y +sospechas, sin saber lo que sospechaba ni imaginaba: claros indicios que me +mostraban el triste suceso y desventura que me estaba guardada. Llegué al +lugar donde era enviado. Di las cartas al hermano de don Fernando. Fui bien +recebido, pero no bien despachado, porque me mandó aguardar, bien a mi +disgusto, ocho días, y en parte donde el duque, su padre, no me viese, +porque su hermano le escribía que le enviase cierto dinero sin su +sabiduría. Y todo fue invención del falso don Fernando, pues no le faltaban +a su hermano dineros para despacharme luego. Orden y mandato fue éste que +me puso en condición de no obedecerle, por parecerme imposible sustentar +tantos días la vida en el ausencia de Luscinda, y más, habiéndola dejado +con la tristeza que os he contado; pero, con todo esto, obedecí, como buen +criado, aunque veía que había de ser a costa de mi salud. + +»Pero, a los cuatro días que allí llegué, llegó un hombre en mi busca con +una carta, que me dio, que en el sobrescrito conocí ser de Luscinda, porque +la letra dél era suya. Abríla, temeroso y con sobresalto, creyendo que cosa +grande debía de ser la que la había movido a escribirme estando ausente, +pues presente pocas veces lo hacía. Preguntéle al hombre, antes de leerla, +quién se la había dado y el tiempo que había tardado en el camino. Díjome +que acaso, pasando por una calle de la ciudad a la hora de medio día, una +señora muy hermosa le llamó desde una ventana, los ojos llenos de lágrimas, +y que con mucha priesa le dijo: ''Hermano: si sois cristiano, como +parecéis, por amor de Dios os ruego que encaminéis luego luego esta carta +al lugar y a la persona que dice el sobrescrito, que todo es bien conocido, +y en ello haréis un gran servicio a nuestro Señor; y, para que no os falte +comodidad de poderlo hacer, tomad lo que va en este pañuelo''. ''Y, +diciendo esto, me arrojó por la ventana un pañuelo, donde venían atados +cien reales y esta sortija de oro que aquí traigo, con esa carta que os he +dado. Y luego, sin aguardar respuesta mía, se quitó de la ventana; aunque +primero vio cómo yo tomé la carta y el pañuelo, y, por señas, le dije que +haría lo que me mandaba. Y así, viéndome tan bien pagado del trabajo que +podía tomar en traérosla y conociendo por el sobrescrito que érades vos a +quien se enviaba, porque yo, señor, os conozco muy bien, y obligado +asimesmo de las lágrimas de aquella hermosa señora, determiné de no fiarme +de otra persona, sino venir yo mesmo a dárosla; y en diez y seis horas que +ha que se me dio, he hecho el camino, que sabéis que es de diez y ocho +leguas''. + +»En tanto que el agradecido y nuevo correo esto me decía, estaba yo colgado +de sus palabras, temblándome las piernas de manera que apenas podía +sostenerme. En efeto, abrí la carta y vi que contenía estas razones: +La palabra que don Fernando os dio de hablar a vuestro padre para que +hablase al mío, la ha cumplido más en su gusto que en vuestro provecho. +Sabed, señor, que él me ha pedido por esposa, y mi padre, llevado de la +ventaja que él piensa que don Fernando os hace, ha venido en lo que quiere, +con tantas veras que de aquí a dos días se ha de hacer el desposorio, tan +secreto y tan a solas, que sólo han de ser testigos los cielos y alguna +gente de casa. Cual yo quedo, imaginaldo; si os cumple venir, veldo; y si +os quiero bien o no, el suceso deste negocio os lo dará a entender. A Dios +plega que ésta llegue a vuestras manos antes que la mía se vea en condición +de juntarse con la de quien tan mal sabe guardar la fe que promete. +»Éstas, en suma, fueron las razones que la carta contenía y las que me +hicieron poner luego en camino, sin esperar otra respuesta ni otros +dineros; que bien claro conocí entonces que no la compra de los caballos, +sino la de su gusto, había movido a don Fernando a enviarme a su hermano. +El enojo que contra don Fernando concebí, junto con el temor de perder la +prenda que con tantos años de servicios y deseos tenía granjeada, me +pusieron alas, pues, casi como en vuelo, otro día me puse en mi lugar, al +punto y hora que convenía para ir a hablar a Luscinda. Entré secreto, y +dejé una mula en que venía en casa del buen hombre que me había llevado la +carta; y quiso la suerte que entonces la tuviese tan buena que hallé a +Luscinda puesta a la reja, testigo de nuestros amores. Conocióme Luscinda +luego, y conocíla yo; mas no como debía ella conocerme y yo conocerla. +Pero, ¿quién hay en el mundo que se pueda alabar que ha penetrado y sabido +el confuso pensamiento y condición mudable de una mujer? Ninguno, por +cierto. + +»Digo, pues, que, así como Luscinda me vio, me dijo: ''Cardenio, de boda +estoy vestida; ya me están aguardando en la sala don Fernando el traidor y +mi padre el codicioso, con otros testigos, que antes lo serán de mi muerte +que de mi desposorio. No te turbes, amigo, sino procura hallarte presente a +este sacrificio, el cual si no pudiere ser estorbado de mis razones, una +daga llevo escondida que podrá estorbar más determinadas fuerzas, dando fin +a mi vida y principio a que conozcas la voluntad que te he tenido y +tengo''. Yo le respondí turbado y apriesa, temeroso no me faltase lugar +para responderla: ''Hagan, señora, tus obras verdaderas tus palabras; que +si tú llevas daga para acreditarte, aquí llevo yo espada para defenderte +con ella o para matarme si la suerte nos fuere contraria''. No creo que +pudo oír todas estas razones, porque sentí que la llamaban apriesa, porque +el desposado aguardaba. Cerróse con esto la noche de mi tristeza, púsoseme +el sol de mi alegría: quedé sin luz en los ojos y sin discurso en el +entendimiento. No acertaba a entrar en su casa, ni podía moverme a parte +alguna; pero, considerando cuánto importaba mi presencia para lo que +suceder pudiese en aquel caso, me animé lo más que pude y entré en su casa. +Y, como ya sabía muy bien todas sus entradas y salidas, y más con el +alboroto que de secreto en ella andaba, nadie me echó de ver. Así que, sin +ser visto, tuve lugar de ponerme en el hueco que hacía una ventana de la +mesma sala, que con las puntas y remates de dos tapices se cubría, por +entre las cuales podía yo ver, sin ser visto, todo cuanto en la sala se +hacía. + +»¿Quién pudiera decir ahora los sobresaltos que me dio el corazón mientras +allí estuve, los pensamientos que me ocurrieron, las consideraciones que +hice?, que fueron tantas y tales, que ni se pueden decir ni aun es bien que +se digan. Basta que sepáis que el desposado entró en la sala sin otro +adorno que los mesmos vestidos ordinarios que solía. Traía por padrino a un +primo hermano de Luscinda, y en toda la sala no había persona de fuera, +sino los criados de casa. De allí a un poco, salió de una recámara +Luscinda, acompañada de su madre y de dos doncellas suyas, tan bien +aderezada y compuesta como su calidad y hermosura merecían, y como quien +era la perfeción de la gala y bizarría cortesana. No me dio lugar mi +suspensión y arrobamiento para que mirase y notase en particular lo que +traía vestido; sólo pude advertir a las colores, que eran encarnado y +blanco, y en las vislumbres que las piedras y joyas del tocado y de todo el +vestido hacían, a todo lo cual se aventajaba la belleza singular de sus +hermosos y rubios cabellos; tales que, en competencia de las preciosas +piedras y de las luces de cuatro hachas que en la sala estaban, la suya con +más resplandor a los ojos ofrecían. ¡Oh memoria, enemiga mortal de mi +descanso! ¿De qué sirve representarme ahora la incomparable belleza de +aquella adorada enemiga mía? ¿No será mejor, cruel memoria, que me acuerdes +y representes lo que entonces hizo, para que, movido de tan manifiesto +agravio, procure, ya que no la venganza, a lo menos perder la vida?» No os +canséis, señores, de oír estas digresiones que hago; que no es mi pena de +aquellas que puedan ni deban contarse sucintamente y de paso, pues cada +circunstancia suya me parece a mí que es digna de un largo discurso. + +A esto le respondió el cura que no sólo no se cansaban en oírle, sino que +les daba mucho gusto las menudencias que contaba, por ser tales, que +merecían no pasarse en silencio, y la mesma atención que lo principal del +cuento. + +— «Digo, pues —prosiguió Cardenio—, que, estando todos en la sala, entró el +cura de la perroquia, y, tomando a los dos por la mano para hacer lo que en +tal acto se requiere, al decir: ''¿Queréis, señora Luscinda, al señor don +Fernando, que está presente, por vuestro legítimo esposo, como lo manda la +Santa Madre Iglesia?'', yo saqué toda la cabeza y cuello de entre los +tapices, y con atentísimos oídos y alma turbada me puse a escuchar lo que +Luscinda respondía, esperando de su respuesta la sentencia de mi muerte o +la confirmación de mi vida. ¡Oh, quién se atreviera a salir entonces, +diciendo a voces!: ''¡Ah Luscinda, Luscinda, mira lo que haces, considera +lo que me debes, mira que eres mía y que no puedes ser de otro! Advierte +que el decir tú sí y el acabárseme la vida ha de ser todo a un punto. ¡Ah +traidor don Fernando, robador de mi gloria, muerte de mi vida! ¿Qué +quieres? ¿Qué pretendes? Considera que no puedes cristianamente llegar al +fin de tus deseos, porque Luscinda es mi esposa y yo soy su marido''. ¡Ah, +loco de mí, ahora que estoy ausente y lejos del peligro, digo que había de +hacer lo que no hice! ¡Ahora que dejé robar mi cara prenda, maldigo al +robador, de quien pudiera vengarme si tuviera corazón para ello como le +tengo para quejarme! En fin, pues fui entonces cobarde y necio, no es mucho +que muera ahora corrido, arrepentido y loco. + +»Estaba esperando el cura la respuesta de Luscinda, que se detuvo un buen +espacio en darla, y, cuando yo pensé que sacaba la daga para acreditarse, o +desataba la lengua para decir alguna verdad o desengaño que en mi provecho +redundase, oigo que dijo con voz desmayada y flaca: ''Sí quiero''; y lo +mesmo dijo don Fernando; y, dándole el anillo, quedaron en disoluble nudo +ligados. Llegó el desposado a abrazar a su esposa, y ella, poniéndose la +mano sobre el corazón, cayó desmayada en los brazos de su madre. Resta +ahora decir cuál quedé yo viendo, en el sí que había oído, burladas mis +esperanzas, falsas las palabras y promesas de Luscinda: imposibilitado de +cobrar en algún tiempo el bien que en aquel instante había perdido. Quedé +falto de consejo, desamparado, a mi parecer, de todo el cielo, hecho +enemigo de la tierra que me sustentaba, negándome el aire aliento para mis +suspiros y el agua humor para mis ojos; sólo el fuego se acrecentó de +manera que todo ardía de rabia y de celos. + +»Alborotáronse todos con el desmayo de Luscinda, y, desabrochándole su +madre el pecho para que le diese el aire, se descubrió en él un papel +cerrado, que don Fernando tomó luego y se le puso a leer a la luz de una de +las hachas; y, en acabando de leerle, se sentó en una silla y se puso la +mano en la mejilla, con muestras de hombre muy pensativo, sin acudir a los +remedios que a su esposa se hacían para que del desmayo volviese. Yo, +viendo alborotada toda la gente de casa, me aventuré a salir, ora fuese +visto o no, con determinación que si me viesen, de hacer un desatino tal, +que todo el mundo viniera a entender la justa indignación de mi pecho en el +castigo del falso don Fernando, y aun en el mudable de la desmayada +traidora. Pero mi suerte, que para mayores males, si es posible que los +haya, me debe tener guardado, ordenó que en aquel punto me sobrase el +entendimiento que después acá me ha faltado; y así, sin querer tomar +venganza de mis mayores enemigos (que, por estar tan sin pensamiento mío, +fuera fácil tomarla), quise tomarla de mi mano y ejecutar en mí la pena que +ellos merecían; y aun quizá con más rigor del que con ellos se usara si +entonces les diera muerte, pues la que se recibe repentina presto acaba la +pena; mas la que se dilata con tormentos siempre mata, sin acabar la vida. +»En fin, yo salí de aquella casa y vine a la de aquél donde había dejado la +mula; hice que me la ensillase, sin despedirme dél subí en ella, y salí de +la ciudad, sin osar, como otro Lot, volver el rostro a miralla; y cuando me +vi en el campo solo, y que la escuridad de la noche me encubría y su +silencio convidaba a quejarme, sin respeto o miedo de ser escuchado ni +conocido, solté la voz y desaté la lengua en tantas maldiciones de Luscinda +y de don Fernando, como si con ellas satisficiera el agravio que me habían +hecho. Dile títulos de cruel, de ingrata, de falsa y desagradecida; pero, +sobre todos, de codiciosa, pues la riqueza de mi enemigo la había cerrado +los ojos de la voluntad, para quitármela a mí y entregarla a aquél con +quien más liberal y franca la fortuna se había mostrado; y, en mitad de la +fuga destas maldiciones y vituperios, la desculpaba, diciendo que no era +mucho que una doncella recogida en casa de sus padres, hecha y acostumbrada +siempre a obedecerlos, hubiese querido condecender con su gusto, pues le +daban por esposo a un caballero tan principal, tan rico y tan gentil hombre +que, a no querer recebirle, se podía pensar, o que no tenía juicio, o que +en otra parte tenía la voluntad: cosa que redundaba tan en perjuicio de su +buena opinión y fama. Luego volvía diciendo que, puesto que ella dijera que +yo era su esposo, vieran ellos que no había hecho en escogerme tan mala +elección, que no la disculparan, pues antes de ofrecérseles don Fernando no +pudieran ellos mesmos acertar a desear, si con razón midiesen su deseo, +otro mejor que yo para esposo de su hija; y que bien pudiera ella, antes de +ponerse en el trance forzoso y último de dar la mano, decir que ya yo le +había dado la mía; que yo viniera y concediera con todo cuanto ella +acertara a fingir en este caso. + +»En fin, me resolví en que poco amor, poco juicio, mucha ambición y deseos +de grandezas hicieron que se olvidase de las palabras con que me había +engañado, entretenido y sustentado en mis firmes esperanzas y honestos +deseos. Con estas voces y con esta inquietud caminé lo que quedaba de +aquella noche, y di al amanecer en una entrada destas sierras, por las +cuales caminé otros tres días, sin senda ni camino alguno, hasta que vine a +parar a unos prados, que no sé a qué mano destas montañas caen, y allí +pregunté a unos ganaderos que hacia dónde era lo más áspero destas sierras. +Dijéronme que hacia esta parte. Luego me encaminé a ella, con intención de +acabar aquí la vida, y, en entrando por estas asperezas, del cansancio y de +la hambre se cayó mi mula muerta, o, lo que yo más creo, por desechar de sí +tan inútil carga como en mí llevaba. Yo quedé a pie, rendido de la +naturaleza, traspasado de hambre, sin tener, ni pensar buscar, quien me +socorriese. + +»De aquella manera estuve no sé qué tiempo, tendido en el suelo, al cabo +del cual me levanté sin hambre, y hallé junto a mí a unos cabreros, que, +sin duda, debieron ser los que mi necesidad remediaron, porque ellos me +dijeron de la manera que me habían hallado, y cómo estaba diciendo tantos +disparates y desatinos, que daba indicios claros de haber perdido el +juicio; y yo he sentido en mí, después acá, que no todas veces le tengo +cabal, sino tan desmedrado y flaco que hago mil locuras, rasgándome los +vestidos, dando voces por estas soledades, maldiciendo mi ventura y +repitiendo en vano el nombre amado de mi enemiga, sin tener otro discurso +ni intento entonces que procurar acabar la vida voceando; y cuando en mí +vuelvo, me hallo tan cansado y molido, que apenas puedo moverme. Mi más +común habitación es en el hueco de un alcornoque, capaz de cubrir este +miserable cuerpo. Los vaqueros y cabreros que andan por estas montañas, +movidos de caridad, me sustentan, poniéndome el manjar por los caminos y +por las peñas por donde entienden que acaso podré pasar y hallarlo; y así, +aunque entonces me falte el juicio, la necesidad natural me da a conocer el +mantenimiento, y despierta en mí el deseo de apetecerlo y la voluntad de +tomarlo. Otras veces me dicen ellos, cuando me encuentran con juicio, que +yo salgo a los caminos y que se lo quito por fuerza, aunque me lo den de +grado, a los pastores que vienen con ello del lugar a las majadas. +»Desta manera paso mi miserable y estrema vida, hasta que el cielo sea +servido de conducirle a su último fin, o de ponerle en mi memoria, para que +no me acuerde de la hermosura y de la traición de Luscinda y del agravio de +don Fernando; que si esto él hace sin quitarme la vida, yo volveré a mejor +discurso mis pensamientos; donde no, no hay sino rogarle que absolutamente +tenga misericordia de mi alma, que yo no siento en mí valor ni fuerzas para +sacar el cuerpo desta estrecheza en que por mi gusto he querido ponerle». +Ésta es, ¡oh señores!, la amarga historia de mi desgracia: decidme si es +tal, que pueda celebrarse con menos sentimientos que los que en mí habéis +visto; y no os canséis en persuadirme ni aconsejarme lo que la razón os +dijere que puede ser bueno para mi remedio, porque ha de aprovechar conmigo +lo que aprovecha la medicina recetada de famoso médico al enfermo que +recebir no la quiere. Yo no quiero salud sin Luscinda; y, pues ella gustó +de ser ajena, siendo, o debiendo ser, mía, guste yo de ser de la +desventura, pudiendo haber sido de la buena dicha. Ella quiso, con su +mudanza, hacer estable mi perdición; yo querré, con procurar perderme, +hacer contenta su voluntad, y será ejemplo a los por venir de que a mí solo +faltó lo que a todos los desdichados sobra, a los cuales suele ser consuelo +la imposibilidad de tenerle, y en mí es causa de mayores sentimientos y +males, porque aun pienso que no se han de acabar con la muerte. + +Aquí dio fin Cardenio a su larga plática y tan desdichada como amorosa +historia. Y, al tiempo que el cura se prevenía para decirle algunas razones +de consuelo, le suspendió una voz que llegó a sus oídos, que en lastimados +acentos oyeron que decía lo que se dirá en la cuarta parte desta narración, +que en este punto dio fin a la tercera el sabio y atentado historiador Cide +Hamete Benengeli. + +Cuarta parte del ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha + + + + +Capítulo XXVIII. Que trata de la nueva y agradable aventura que al cura y +barbero sucedió en la mesma sierra + +Felicísimos y venturosos fueron los tiempos donde se echó al mundo el +audacísimo caballero don Quijote de la Mancha, pues por haber tenido tan +honrosa determinación como fue el querer resucitar y volver al mundo la ya +perdida y casi muerta orden de la andante caballería, gozamos ahora, en +esta nuestra edad, necesitada de alegres entretenimientos, no sólo de la +dulzura de su verdadera historia, sino de los cuentos y episodios della, +que, en parte, no son menos agradables y artificiosos y verdaderos que la +misma historia; la cual, prosiguiendo su rastrillado, torcido y aspado +hilo, cuenta que, así como el cura comenzó a prevenirse para consolar a +Cardenio, lo impidió una voz que llegó a sus oídos, que, con tristes +acentos, decía desta manera: + +— ¡Ay Dios! ¿Si será posible que he ya hallado lugar que pueda servir de +escondida sepultura a la carga pesada deste cuerpo, que tan contra mi +voluntad sostengo? Sí será, si la soledad que prometen estas sierras no me +miente. ¡Ay, desdichada, y cuán más agradable compañía harán estos riscos y +malezas a mi intención, pues me darán lugar para que con quejas comunique +mi desgracia al cielo, que no la de ningún hombre humano, pues no hay +ninguno en la tierra de quien se pueda esperar consejo en las dudas, alivio +en las quejas, ni remedio en los males! + +Todas estas razones oyeron y percibieron el cura y los que con él estaban, +y por parecerles, como ello era, que allí junto las decían, se levantaron a +buscar el dueño, y no hubieron andado veinte pasos, cuando detrás de un +peñasco vieron, sentado al pie de un fresno, a un mozo vestido como +labrador, al cual, por tener inclinado el rostro, a causa de que se lavaba +los pies en el arroyo que por allí corría, no se le pudieron ver por +entonces. Y ellos llegaron con tanto silencio que dél no fueron sentidos, +ni él estaba a otra cosa atento que a lavarse los pies, que eran tales, que +no parecían sino dos pedazos de blanco cristal que entre las otras piedras +del arroyo se habían nacido. Suspendióles la blancura y belleza de los +pies, pareciéndoles que no estaban hechos a pisar terrones, ni a andar tras +el arado y los bueyes, como mostraba el hábito de su dueño; y así, viendo +que no habían sido sentidos, el cura, que iba delante, hizo señas a los +otros dos que se agazapasen o escondiesen detrás de unos pedazos de peña +que allí había, y así lo hicieron todos, mirando con atención lo que el +mozo hacía; el cual traía puesto un capotillo pardo de dos haldas, muy +ceñido al cuerpo con una toalla blanca. Traía, ansimesmo, unos calzones y +polainas de paño pardo, y en la cabeza una montera parda. Tenía las +polainas levantadas hasta la mitad de la pierna, que, sin duda alguna, de +blanco alabastro parecía. Acabóse de lavar los hermosos pies, y luego, con +un paño de tocar, que sacó debajo de la montera, se los limpió; y, al +querer quitársele, alzó el rostro, y tuvieron lugar los que mirándole +estaban de ver una hermosura incomparable; tal, que Cardenio dijo al cura, +con voz baja: + +— Ésta, ya que no es Luscinda, no es persona humana, sino divina. + +El mozo se quitó la montera, y, sacudiendo la cabeza a una y a otra parte, +se comenzaron a descoger y desparcir unos cabellos, que pudieran los del +sol tenerles envidia. Con esto conocieron que el que parecía labrador era +mujer, y delicada, y aun la más hermosa que hasta entonces los ojos de los +dos habían visto, y aun los de Cardenio, si no hubieran mirado y conocido a +Luscinda; que después afirmó que sola la belleza de Luscinda podía +contender con aquélla. Los luengos y rubios cabellos no sólo le cubrieron +las espaldas, mas toda en torno la escondieron debajo de ellos; que si no +eran los pies, ninguna otra cosa de su cuerpo se parecía: tales y tantos +eran. En esto, les sirvió de peine unas manos, que si los pies en el agua +habían parecido pedazos de cristal, las manos en los cabellos semejaban +pedazos de apretada nieve; todo lo cual, en más admiración y en más deseo +de saber quién era ponía a los tres que la miraban. + +Por esto determinaron de mostrarse, y, al movimiento que hicieron de +ponerse en pie, la hermosa moza alzó la cabeza, y, apartándose los cabellos +de delante de los ojos con entrambas manos, miró los que el ruido hacían; y +apenas los hubo visto, cuando se levantó en pie, y, sin aguardar a calzarse +ni a recoger los cabellos, asió con mucha presteza un bulto, como de ropa, +que junto a sí tenía, y quiso ponerse en huida, llena de turbación y +sobresalto; mas no hubo dado seis pasos cuando, no pudiendo sufrir los +delicados pies la aspereza de las piedras, dio consigo en el suelo. Lo cual +visto por los tres, salieron a ella, y el cura fue el primero que le dijo: +— Deteneos, señora, quienquiera que seáis, que los que aquí veis sólo tienen +intención de serviros. No hay para qué os pongáis en tan impertinente +huida, porque ni vuestros pies lo podrán sufrir ni nosotros consentir. +A todo esto, ella no respondía palabra, atónita y confusa. Llegaron, pues, +a ella, y, asiéndola por la mano el cura, prosiguió diciendo: + +— Lo que vuestro traje, señora, nos niega, vuestros cabellos nos descubren: +señales claras que no deben de ser de poco momento las causas que han +disfrazado vuestra belleza en hábito tan indigno, y traídola a tanta +soledad como es ésta, en la cual ha sido ventura el hallaros, si no para +dar remedio a vuestros males, a lo menos para darles consejo, pues ningún +mal puede fatigar tanto, ni llegar tan al estremo de serlo, mientras no +acaba la vida, que rehúya de no escuchar siquiera el consejo que con buena +intención se le da al que lo padece. Así que, señora mía, o señor mío, o lo +que vos quisierdes ser, perded el sobresalto que nuestra vista os ha +causado y contadnos vuestra buena o mala suerte; que en nosotros juntos, o +en cada uno, hallaréis quien os ayude a sentir vuestras desgracias. + +En tanto que el cura decía estas razones, estaba la disfrazada moza como +embelesada, mirándolos a todos, sin mover labio ni decir palabra alguna: +bien así como rústico aldeano que de improviso se le muestran cosas raras y +dél jamás vistas. Mas, volviendo el cura a decirle otras razones al mesmo +efeto encaminadas, dando ella un profundo suspiro, rompió el silencio y +dijo: + +— Pues que la soledad destas sierras no ha sido parte para encubrirme, ni la +soltura de mis descompuestos cabellos no ha permitido que sea mentirosa mi +lengua, en balde sería fingir yo de nuevo ahora lo que, si se me creyese, +sería más por cortesía que por otra razón alguna. Presupuesto esto, digo, +señores, que os agradezco el ofrecimiento que me habéis hecho, el cual me +ha puesto en obligación de satisfaceros en todo lo que me habéis pedido, +puesto que temo que la relación que os hiciere de mis desdichas os ha de +causar, al par de la compasión, la pesadumbre, porque no habéis de hallar +remedio para remediarlas ni consuelo para entretenerlas. Pero, con todo +esto, porque no ande vacilando mi honra en vuestras intenciones, habiéndome +ya conocido por mujer y viéndome moza, sola y en este traje, cosas todas +juntas, y cada una por sí, que pueden echar por tierra cualquier honesto +crédito, os habré de decir lo que quisiera callar si pudiera. + +Todo esto dijo sin parar la que tan hermosa mujer parecía, con tan suelta +lengua, con voz tan suave, que no menos les admiró su discreción que su +hermosura. Y, tornándole a hacer nuevos ofrecimientos y nuevos ruegos para +que lo prometido cumpliese, ella, sin hacerse más de rogar, calzándose con +toda honestidad y recogiendo sus cabellos, se acomodó en el asiento de una +piedra, y, puestos los tres alrededor della, haciéndose fuerza por detener +algunas lágrimas que a los ojos se le venían, con voz reposada y clara, +comenzó la historia de su vida desta manera: + +— «En esta Andalucía hay un lugar de quien toma título un duque, que le hace +uno de los que llaman grandes en España. Éste tiene dos hijos: el mayor, +heredero de su estado, y, al parecer, de sus buenas costumbres; y el menor, +no sé yo de qué sea heredero, sino de las traiciones de Vellido y de los +embustes de Galalón. Deste señor son vasallos mis padres, humildes en +linaje, pero tan ricos que si los bienes de su naturaleza igualaran a los +de su fortuna, ni ellos tuvieran más que desear ni yo temiera verme en la +desdicha en que me veo; porque quizá nace mi poca ventura de la que no +tuvieron ellos en no haber nacido ilustres. Bien es verdad que no son tan +bajos que puedan afrentarse de su estado, ni tan altos que a mí me quiten +la imaginación que tengo de que de su humildad viene mi desgracia. Ellos, +en fin, son labradores, gente llana, sin mezcla de alguna raza mal sonante, +y, como suele decirse, cristianos viejos ranciosos; pero tan ricos que su +riqueza y magnífico trato les va poco a poco adquiriendo nombre de +hidalgos, y aun de caballeros. Puesto que de la mayor riqueza y nobleza que +ellos se preciaban era de tenerme a mí por hija; y, así por no tener otra +ni otro que los heredase como por ser padres, y aficionados, yo era una de +las más regaladas hijas que padres jamás regalaron. Era el espejo en que se +miraban, el báculo de su vejez, y el sujeto a quien encaminaban, +midiéndolos con el cielo, todos sus deseos; de los cuales, por ser ellos +tan buenos, los míos no salían un punto. Y del mismo modo que yo era señora +de sus ánimos, ansí lo era de su hacienda: por mí se recebían y despedían +los criados; la razón y cuenta de lo que se sembraba y cogía pasaba por mi +mano; los molinos de aceite, los lagares de vino, el número del ganado +mayor y menor, el de las colmenas. Finalmente, de todo aquello que un tan +rico labrador como mi padre puede tener y tiene, tenía yo la cuenta, y era +la mayordoma y señora, con tanta solicitud mía y con tanto gusto suyo, que +buenamente no acertaré a encarecerlo. Los ratos que del día me quedaban, +después de haber dado lo que convenía a los mayorales, a capataces y a +otros jornaleros, los entretenía en ejercicios que son a las doncellas tan +lícitos como necesarios, como son los que ofrece la aguja y la almohadilla, +y la rueca muchas veces; y si alguna, por recrear el ánimo, estos +ejercicios dejaba, me acogía al entretenimiento de leer algún libro devoto, +o a tocar una arpa, porque la experiencia me mostraba que la música compone +los ánimos descompuestos y alivia los trabajos que nacen del espíritu. +»Ésta, pues, era la vida que yo tenía en casa de mis padres, la cual, si +tan particularmente he contado, no ha sido por ostentación ni por dar a +entender que soy rica, sino porque se advierta cuán sin culpa me he venido +de aquel buen estado que he dicho al infelice en que ahora me hallo. Es, +pues, el caso que, pasando mi vida en tantas ocupaciones y en un +encerramiento tal que al de un monesterio pudiera compararse, sin ser +vista, a mi parecer, de otra persona alguna que de los criados de casa, +porque los días que iba a misa era tan de mañana, y tan acompañada de mi +madre y de otras criadas, y yo tan cubierta y recatada que apenas vían mis +ojos más tierra de aquella donde ponía los pies; y, con todo esto, los del +amor, o los de la ociosidad, por mejor decir, a quien los de lince no +pueden igualarse, me vieron, puestos en la solicitud de don Fernando, que +éste es el nombre del hijo menor del duque que os he contado». + +No hubo bien nombrado a don Fernando la que el cuento contaba, cuando a +Cardenio se le mudó la color del rostro, y comenzó a trasudar, con tan +grande alteración que el cura y el barbero, que miraron en ello, temieron +que le venía aquel accidente de locura que habían oído decir que de cuando +en cuando le venía. Mas Cardenio no hizo otra cosa que trasudar y estarse +quedo, mirando de hito en hito a la labradora, imaginando quién ella era; +la cual, sin advertir en los movimientos de Cardenio, prosiguió su +historia, diciendo: + +— «Y no me hubieron bien visto cuando, según él dijo después, quedó tan +preso de mis amores cuanto lo dieron bien a entender sus demostraciones. +Mas, por acabar presto con el cuento, que no le tiene, de mis desdichas, +quiero pasar en silencio las diligencias que don Fernando hizo para +declararme su voluntad. Sobornó toda la gente de mi casa, dio y ofreció +dádivas y mercedes a mis parientes. Los días eran todos de fiesta y de +regocijo en mi calle; las noches no dejaban dormir a nadie las músicas. Los +billetes que, sin saber cómo, a mis manos venían, eran infinitos, llenos de +enamoradas razones y ofrecimientos, con menos letras que promesas y +juramentos. Todo lo cual no sólo no me ablandaba, pero me endurecía de +manera como si fuera mi mortal enemigo, y que todas las obras que para +reducirme a su voluntad hacía, las hiciera para el efeto contrario; no +porque a mí me pareciese mal la gentileza de don Fernando, ni que tuviese a +demasía sus solicitudes; porque me daba un no sé qué de contento verme tan +querida y estimada de un tan principal caballero, y no me pesaba ver en sus +papeles mis alabanzas: que en esto, por feas que seamos las mujeres, me +parece a mí que siempre nos da gusto el oír que nos llaman hermosas. +»Pero a todo esto se opone mi honestidad y los consejos continuos que mis +padres me daban, que ya muy al descubierto sabían la voluntad de don +Fernando, porque ya a él no se le daba nada de que todo el mundo la +supiese. Decíanme mis padres que en sola mi virtud y bondad dejaban y +depositaban su honra y fama, y que considerase la desigualdad que había +entre mí y don Fernando, y que por aquí echaría de ver que sus +pensamientos, aunque él dijese otra cosa, mas se encaminaban a su gusto que +a mi provecho; y que si yo quisiese poner en alguna manera algún +inconveniente para que él se dejase de su injusta pretensión, que ellos me +casarían luego con quien yo más gustase: así de los más principales de +nuestro lugar como de todos los circunvecinos, pues todo se podía esperar +de su mucha hacienda y de mi buena fama. Con estos ciertos prometimientos, +y con la verdad que ellos me decían, fortificaba yo mi entereza, y jamás +quise responder a don Fernando palabra que le pudiese mostrar, aunque de +muy lejos, esperanza de alcanzar su deseo. + +»Todos estos recatos míos, que él debía de tener por desdenes, debieron de +ser causa de avivar más su lascivo apetito, que este nombre quiero dar a la +voluntad que me mostraba; la cual, si ella fuera como debía, no la +supiérades vosotros ahora, porque hubiera faltado la ocasión de decírosla. +Finalmente, don Fernando supo que mis padres andaban por darme estado, por +quitalle a él la esperanza de poseerme, o, a lo menos, porque yo tuviese +más guardas para guardarme; y esta nueva o sospecha fue causa para que +hiciese lo que ahora oiréis. Y fue que una noche, estando yo en mi aposento +con sola la compañía de una doncella que me servía, teniendo bien cerradas +las puertas, por temor que, por descuido, mi honestidad no se viese en +peligro, sin saber ni imaginar cómo, en medio destos recatos y +prevenciones, y en la soledad deste silencio y encierro, me le hallé +delante, cuya vista me turbó de manera que me quitó la de mis ojos y me +enmudeció la lengua; y así, no fui poderosa de dar voces, ni aun él creo +que me las dejara dar, porque luego se llegó a mí, y, tomándome entre sus +brazos (porque yo, como digo, no tuve fuerzas para defenderme, según estaba +turbada), comenzó a decirme tales razones, que no sé cómo es posible que +tenga tanta habilidad la mentira que las sepa componer de modo que parezcan +tan verdaderas. Hacía el traidor que sus lágrimas acreditasen sus palabras +y los suspiros su intención. Yo, pobrecilla, sola entre los míos, mal +ejercitada en casos semejantes, comencé, no sé en qué modo, a tener por +verdaderas tantas falsedades, pero no de suerte que me moviesen a compasión +menos que buena sus lágrimas y suspiros. + +»Y así, pasándoseme aquel sobresalto primero, torné algún tanto a cobrar +mis perdidos espíritus, y con más ánimo del que pensé que pudiera tener, le +dije: ''Si como estoy, señor, en tus brazos, estuviera entre los de un león +fiero y el librarme dellos se me asegurara con que hiciera, o dijera, cosa +que fuera en perjuicio de mi honestidad, así fuera posible hacella o +decilla como es posible dejar de haber sido lo que fue. Así que, si tú +tienes ceñido mi cuerpo con tus brazos, yo tengo atada mi alma con mis +buenos deseos, que son tan diferentes de los tuyos como lo verás si con +hacerme fuerza quisieres pasar adelante en ellos. Tu vasalla soy, pero no +tu esclava; ni tiene ni debe tener imperio la nobleza de tu sangre para +deshonrar y tener en poco la humildad de la mía; y en tanto me estimo yo, +villana y labradora, como tú, señor y caballero. Conmigo no han de ser de +ningún efecto tus fuerzas, ni han de tener valor tus riquezas, ni tus +palabras han de poder engañarme, ni tus suspiros y lágrimas enternecerme. +Si alguna de todas estas cosas que he dicho viera yo en el que mis padres +me dieran por esposo, a su voluntad se ajustara la mía, y mi voluntad de la +suya no saliera; de modo que, como quedara con honra, aunque quedara sin +gusto, de grado te entregara lo que tú, señor, ahora con tanta fuerza +procuras. Todo esto he dicho porque no es pensar que de mí alcance cosa +alguna el que no fuere mi ligítimo esposo''. ''Si no reparas más que en +eso, bellísima Dorotea —(que éste es el nombre desta desdichada), dijo el +desleal caballero—, ves: aquí te doy la mano de serlo tuyo, y sean testigos +desta verdad los cielos, a quien ninguna cosa se asconde, y esta imagen de +Nuestra Señora que aquí tienes''.» + +Cuando Cardenio le oyó decir que se llamaba Dorotea, tornó de nuevo a sus +sobresaltos y acabó de confirmar por verdadera su primera opinión; pero no +quiso interromper el cuento, por ver en qué venía a parar lo que él ya casi +sabía; sólo dijo: + +— ¿Que Dorotea es tu nombre, señora? Otra he oído yo decir del mesmo, que +quizá corre parejas con tus desdichas. Pasa adelante, que tiempo vendrá en +que te diga cosas que te espanten en el mesmo grado que te lastimen. +Reparó Dorotea en las razones de Cardenio y en su estraño y desastrado +traje, y rogóle que si alguna cosa de su hacienda sabía, se la dijese +luego; porque si algo le había dejado bueno la fortuna, era el ánimo que +tenía para sufrir cualquier desastre que le sobreviniese, segura de que, a +su parecer, ninguno podía llegar que el que tenía acrecentase un punto. +— No le perdiera yo, señora —respondió Cardenio—, en decirte lo que pienso, +si fuera verdad lo que imagino; y hasta ahora no se pierde coyuntura, ni a +ti te importa nada el saberlo. + +— Sea lo que fuere —respondió Dorotea—, «lo que en mi cuento pasa fue que, +tomando don Fernando una imagen que en aquel aposento estaba, la puso por +testigo de nuestro desposorio. Con palabras eficacísimas y juramentos +estraordinarios, me dio la palabra de ser mi marido, puesto que, antes que +acabase de decirlas, le dije que mirase bien lo que hacía y que considerase +el enojo que su padre había de recebir de verle casado con una villana +vasalla suya; que no le cegase mi hermosura, tal cual era, pues no era +bastante para hallar en ella disculpa de su yerro, y que si algún bien me +quería hacer, por el amor que me tenía, fuese dejar correr mi suerte a lo +igual de lo que mi calidad podía, porque nunca los tan desiguales +casamientos se gozan ni duran mucho en aquel gusto con que se comienzan. +»Todas estas razones que aquí he dicho le dije, y otras muchas de que no me +acuerdo, pero no fueron parte para que él dejase de seguir su intento, bien +ansí como el que no piensa pagar, que, al concertar de la barata, no repara +en inconvenientes. Yo, a esta sazón, hice un breve discurso conmigo, y me +dije a mí mesma: ''Sí, que no seré yo la primera que por vía de matrimonio +haya subido de humilde a grande estado, ni será don Fernando el primero a +quien hermosura, o ciega afición, que es lo más cierto, haya hecho tomar +compañía desigual a su grandeza. Pues si no hago ni mundo ni uso nuevo, +bien es acudir a esta honra que la suerte me ofrece, puesto que en éste no +dure más la voluntad que me muestra de cuanto dure el cumplimiento de su +deseo; que, en fin, para con Dios seré su esposa. Y si quiero con desdenes +despedille, en término le veo que, no usando el que debe, usará el de la +fuerza y vendré a quedar deshonrada y sin disculpa de la culpa que me podía +dar el que no supiere cuán sin ella he venido a este punto. Porque, ¿qué +razones serán bastantes para persuadir a mis padres, y a otros, que este +caballero entró en mi aposento sin consentimiento mío?'' + +»Todas estas demandas y respuestas revolví yo en un instante en la +imaginación; y, sobre todo, me comenzaron a hacer fuerza y a inclinarme a +lo que fue, sin yo pensarlo, mi perdición: los juramentos de don Fernando, +los testigos que ponía, las lágrimas que derramaba, y, finalmente, su +dispusición y gentileza, que, acompañada con tantas muestras de verdadero +amor, pudieran rendir a otro tan libre y recatado corazón como el mío. +Llamé a mi criada, para que en la tierra acompañase a los testigos del +cielo; tornó don Fernando a reiterar y confirmar sus juramentos; añadió a +los primeros nuevos santos por testigos; echóse mil futuras maldiciones, si +no cumpliese lo que me prometía; volvió a humedecer sus ojos y a acrecentar +sus suspiros; apretóme más entre sus brazos, de los cuales jamás me había +dejado; y con esto, y con volverse a salir del aposento mi doncella, yo +dejé de serlo y él acabó de ser traidor y fementido. + +»El día que sucedió a la noche de mi desgracia se venía aun no tan apriesa +como yo pienso que don Fernando deseaba, porque, después de cumplido +aquello que el apetito pide, el mayor gusto que puede venir es apartarse de +donde le alcanzaron. Digo esto porque don Fernando dio priesa por partirse +de mí, y, por industria de mi doncella, que era la misma que allí le había +traído, antes que amaneciese se vio en la calle. Y, al despedirse de mí, +aunque no con tanto ahínco y vehemencia como cuando vino, me dijo que +estuviese segura de su fe y de ser firmes y verdaderos sus juramentos; y, +para más confirmación de su palabra, sacó un rico anillo del dedo y lo puso +en el mío. En efecto, él se fue y yo quedé ni sé si triste o alegre; esto +sé bien decir: que quedé confusa y pensativa, y casi fuera de mí con el +nuevo acaecimiento, y no tuve ánimo, o no se me acordó, de reñir a mi +doncella por la traición cometida de encerrar a don Fernando en mi mismo +aposento, porque aún no me determinaba si era bien o mal el que me había +sucedido. Díjele, al partir, a don Fernando que por el mesmo camino de +aquélla podía verme otras noches, pues ya era suya, hasta que, cuando él +quisiese, aquel hecho se publicase. Pero no vino otra alguna, si no fue la +siguiente, ni yo pude verle en la calle ni en la iglesia en más de un mes; +que en vano me cansé en solicitallo, puesto que supe que estaba en la villa +y que los más días iba a caza, ejercicio de que él era muy aficionado. +»Estos días y estas horas bien sé yo que para mí fueron aciagos y +menguadas, y bien sé que comencé a dudar en ellos, y aun a descreer de la +fe de don Fernando; y sé también que mi doncella oyó entonces las palabras +que en reprehensión de su atrevimiento antes no había oído; y sé que me fue +forzoso tener cuenta con mis lágrimas y con la compostura de mi rostro, por +no dar ocasión a que mis padres me preguntasen que de qué andaba +descontenta y me obligasen a buscar mentiras que decilles. Pero todo esto +se acabó en un punto, llegándose uno donde se atropellaron respectos y se +acabaron los honrados discursos, y adonde se perdió la paciencia y salieron +a plaza mis secretos pensamientos. Y esto fue porque, de allí a pocos días, +se dijo en el lugar como en una ciudad allí cerca se había casado don +Fernando con una doncella hermosísima en todo estremo, y de muy principales +padres, aunque no tan rica que, por la dote, pudiera aspirar a tan noble +casamiento. Díjose que se llamaba Luscinda, con otras cosas que en sus +desposorios sucedieron dignas de admiración.» + +Oyó Cardenio el nombre de Luscinda, y no hizo otra cosa que encoger los +hombros, morderse los labios, enarcar las cejas y dejar de allí a poco caer +por sus ojos dos fuentes de lágrimas. Mas no por esto dejó Dorotea de +seguir su cuento, diciendo: + +— «Llegó esta triste nueva a mis oídos, y, en lugar de helárseme el corazón +en oílla, fue tanta la cólera y rabia que se encendió en él, que faltó poco +para no salirme por las calles dando voces, publicando la alevosía y +traición que se me había hecho. Mas templóse esta furia por entonces con +pensar de poner aquella mesma noche por obra lo que puse: que fue ponerme +en este hábito, que me dio uno de los que llaman zagales en casa de los +labradores, que era criado de mi padre, al cual descubrí toda mi +desventura, y le rogué me acompañase hasta la ciudad donde entendí que mi +enemigo estaba. Él, después que hubo reprehendido mi atrevimiento y afeado +mi determinación, viéndome resuelta en mi parecer, se ofreció a tenerme +compañía, como él dijo, hasta el cabo del mundo. Luego, al momento, encerré +en una almohada de lienzo un vestido de mujer, y algunas joyas y dineros, +por lo que podía suceder. Y en el silencio de aquella noche, sin dar cuenta +a mi traidora doncella, salí de mi casa, acompañada de mi criado y de +muchas imaginaciones, y me puse en camino de la ciudad a pie, llevada en +vuelo del deseo de llegar, ya que no a estorbar lo que tenía por hecho, a +lo menos a decir a don Fernando me dijese con qué alma lo había hecho. +»Llegué en dos días y medio donde quería, y, en entrando por la ciudad, +pregunté por la casa de los padres de Luscinda, y al primero a quien hice +la pregunta me respondió más de lo que yo quisiera oír. Díjome la casa y +todo lo que había sucedido en el desposorio de su hija, cosa tan pública en +la ciudad, que se hace en corrillos para contarla por toda ella. Díjome que +la noche que don Fernando se desposó con Luscinda, después de haber ella +dado el sí de ser su esposa, le había tomado un recio desmayo, y que, +llegando su esposo a desabrocharle el pecho para que le diese el aire, le +halló un papel escrito de la misma letra de Luscinda, en que decía y +declaraba que ella no podía ser esposa de don Fernando, porque lo era de +Cardenio, que, a lo que el hombre me dijo, era un caballero muy principal +de la mesma ciudad; y que si había dado el sí a don Fernando, fue por no +salir de la obediencia de sus padres. En resolución, tales razones dijo que +contenía el papel, que daba a entender que ella había tenido intención de +matarse en acabándose de desposar, y daba allí las razones por que se había +quitado la vida. Todo lo cual dicen que confirmó una daga que le hallaron +no sé en qué parte de sus vestidos. Todo lo cual visto por don Fernando, +pareciéndole que Luscinda le había burlado y escarnecido y tenido en poco, +arremetió a ella, antes que de su desmayo volviese, y con la misma daga que +le hallaron la quiso dar de puñaladas; y lo hiciera si sus padres y los que +se hallaron presentes no se lo estorbaran. Dijeron más: que luego se +ausentó don Fernando, y que Luscinda no había vuelto de su parasismo hasta +otro día, que contó a sus padres cómo ella era verdadera esposa de aquel +Cardenio que he dicho. Supe más: que el Cardenio, según decían, se halló +presente en los desposorios, y que, en viéndola desposada, lo cual él jamás +pensó, se salió de la ciudad desesperado, dejándole primero escrita una +carta, donde daba a entender el agravio que Luscinda le había hecho, y de +cómo él se iba adonde gentes no le viesen. + +»Esto todo era público y notorio en toda la ciudad, y todos hablaban dello; +y más hablaron cuando supieron que Luscinda había faltado de casa de sus +padres y de la ciudad, pues no la hallaron en toda ella, de que perdían el +juicio sus padres y no sabían qué medio se tomar para hallarla. Esto que +supe puso en bando mis esperanzas, y tuve por mejor no haber hallado a don +Fernando, que no hallarle casado, pareciéndome que aún no estaba del todo +cerrada la puerta a mi remedio, dándome yo a entender que podría ser que el +cielo hubiese puesto aquel impedimento en el segundo matrimonio, por +atraerle a conocer lo que al primero debía, y a caer en la cuenta de que +era cristiano y que estaba más obligado a su alma que a los respetos +humanos. Todas estas cosas revolvía en mi fantasía, y me consolaba sin +tener consuelo, fingiendo unas esperanzas largas y desmayadas, para +entretener la vida, que ya aborrezco. + +»Estando, pues, en la ciudad, sin saber qué hacerme, pues a don Fernando no +hallaba, llegó a mis oídos un público pregón, donde se prometía grande +hallazgo a quien me hallase, dando las señas de la edad y del mesmo traje +que traía; y oí decir que se decía que me había sacado de casa de mis +padres el mozo que conmigo vino, cosa que me llegó al alma, por ver cuán de +caída andaba mi crédito, pues no bastaba perderle con mi venida, sino +añadir el con quién, siendo subjeto tan bajo y tan indigno de mis buenos +pensamientos. Al punto que oí el pregón, me salí de la ciudad con mi +criado, que ya comenzaba a dar muestras de titubear en la fe que de +fidelidad me tenía prometida, y aquella noche nos entramos por lo espeso +desta montaña, con el miedo de no ser hallados. Pero, como suele decirse +que un mal llama a otro, y que el fin de una desgracia suele ser principio +de otra mayor, así me sucedió a mí, porque mi buen criado, hasta entonces +fiel y seguro, así como me vio en esta soledad, incitado de su mesma +bellaquería antes que de mi hermosura, quiso aprovecharse de la ocasión +que, a su parecer, estos yermos le ofrecían; y, con poca vergüenza y menos +temor de Dios ni respeto mío, me requirió de amores; y, viendo que yo con +feas y justas palabras respondía a las desvergüenzas de sus propósitos, +dejó aparte los ruegos, de quien primero pensó aprovecharse, y comenzó a +usar de la fuerza. Pero el justo cielo, que pocas o ningunas veces deja de +mirar y favorecer a las justas intenciones, favoreció las mías, de manera +que con mis pocas fuerzas, y con poco trabajo, di con él por un +derrumbadero, donde le dejé, ni sé si muerto o si vivo; y luego, con más +ligereza que mi sobresalto y cansancio pedían, me entré por estas montañas, +sin llevar otro pensamiento ni otro disignio que esconderme en ellas y huir +de mi padre y de aquellos que de su parte me andaban buscando. + +»Con este deseo, ha no sé cuántos meses que entré en ellas, donde hallé un +ganadero que me llevó por su criado a un lugar que está en las entrañas +desta sierra, al cual he servido de zagal todo este tiempo, procurando +estar siempre en el campo por encubrir estos cabellos que ahora, tan si +pensarlo, me han descubierto. Pero toda mi industria y toda mi solicitud +fue y ha sido de ningún provecho, pues mi amo vino en conocimiento de que +yo no era varón, y nació en él el mesmo mal pensamiento que en mi criado; +y, como no siempre la fortuna con los trabajos da los remedios, no hallé +derrumbadero ni barranco de donde despeñar y despenar al amo, como le hallé +para el criado; y así, tuve por menor inconveniente dejalle y asconderme de +nuevo entre estas asperezas que probar con él mis fuerzas o mis disculpas. +Digo, pues, que me torné a emboscar, y a buscar donde sin impedimento +alguno pudiese con suspiros y lágrimas rogar al cielo se duela de mi +desventura y me dé industria y favor para salir della, o para dejar la vida +entre estas soledades, sin que quede memoria desta triste, que tan sin +culpa suya habrá dado materia para que de ella se hable y murmure en la +suya y en las ajenas tierras.» + + + + +Capítulo XXIX. Que trata de la discreción de la hermosa Dorotea, con otras +cosas de mucho gusto y pasatiempo + +— Esta es, señores, la verdadera historia de mi tragedia: mirad y juzgad +ahora si los suspiros que escuchastes, las palabras que oístes y las +lágrimas que de mis ojos salían, tenían ocasión bastante para mostrarse en +mayor abundancia; y, considerada la calidad de mi desgracia, veréis que +será en vano el consuelo, pues es imposible el remedio della. Sólo os ruego +(lo que con facilidad podréis y debéis hacer) que me aconsejéis dónde podré +pasar la vida sin que me acabe el temor y sobresalto que tengo de ser +hallada de los que me buscan; que, aunque sé que el mucho amor que mis +padres me tienen me asegura que seré dellos bien recebida, es tanta la +vergüenza que me ocupa sólo el pensar que, no como ellos pensaban, tengo de +parecer a su presencia, que tengo por mejor desterrarme para siempre de ser +vista que no verles el rostro, con pensamiento que ellos miran el mío ajeno +de la honestidad que de mí se debían de tener prometida. + +Calló en diciendo esto, y el rostro se le cubrió de un color que mostró +bien claro el sentimiento y vergüenza del alma. En las suyas sintieron los +que escuchado la habían tanta lástima como admiración de su desgracia; y, +aunque luego quisiera el cura consolarla y aconsejarla, tomó primero la +mano Cardenio, diciendo: + +— En fin, señora, que tú eres la hermosa Dorotea, la hija única del rico +Clenardo. + +Admirada quedó Dorotea cuando oyó el nombre de su padre, y de ver cuán de +poco era el que le nombraba, porque ya se ha dicho de la mala manera que +Cardenio estaba vestido; y así, le dijo: + +— Y ¿quién sois vos, hermano, que así sabéis el nombre de mi padre? Porque +yo, hasta ahora, si mal no me acuerdo, en todo el discurso del cuento de mi +desdicha no le he nombrado. + +— Soy —respondió Cardenio— aquel sin ventura que, según vos, señora, habéis +dicho, Luscinda dijo que era su esposa. Soy el desdichado Cardenio, a quien +el mal término de aquel que a vos os ha puesto en el que estáis me ha +traído a que me veáis cual me veis: roto, desnudo, falto de todo humano +consuelo y, lo que es peor de todo, falto de juicio, pues no le tengo sino +cuando al cielo se le antoja dármele por algún breve espacio. Yo, Teodora, +soy el que me hallé presente a las sinrazones de don Fernando, y el que +aguardó oír el sí que de ser su esposa pronunció Luscinda. Yo soy el que no +tuvo ánimo para ver en qué paraba su desmayo, ni lo que resultaba del papel +que le fue hallado en el pecho, porque no tuvo el alma sufrimiento para ver +tantas desventuras juntas; y así, dejé la casa y la paciencia, y una carta +que dejé a un huésped mío, a quien rogué que en manos de Luscinda la +pusiese, y víneme a estas soledades, con intención de acabar en ellas la +vida, que desde aquel punto aborrecí como mortal enemiga mía. Mas no ha +querido la suerte quitármela, contentándose con quitarme el juicio, quizá +por guardarme para la buena ventura que he tenido en hallaros; pues, siendo +verdad, como creo que lo es, lo que aquí habéis contado, aún podría ser que +a entrambos nos tuviese el cielo guardado mejor suceso en nuestros +desastres que nosotros pensamos. Porque, presupuesto que Luscinda no puede +casarse con don Fernando, por ser mía, ni don Fernando con ella, por ser +vuestro, y haberlo ella tan manifiestamente declarado, bien podemos esperar +que el cielo nos restituya lo que es nuestro, pues está todavía en ser, y +no se ha enajenado ni deshecho. Y, pues este consuelo tenemos, nacido no de +muy remota esperanza, ni fundado en desvariadas imaginaciones, suplícoos, +señora, que toméis otra resolución en vuestros honrados pensamientos, pues +yo la pienso tomar en los míos, acomodándoos a esperar mejor fortuna; que +yo os juro, por la fe de caballero y de cristiano, de no desampararos hasta +veros en poder de don Fernando, y que, cuando con razones no le pudiere +atraer a que conozca lo que os debe, de usar entonces la libertad que me +concede el ser caballero, y poder con justo título desafialle, en razón de +la sinrazón que os hace, sin acordarme de mis agravios, cuya venganza +dejaré al cielo por acudir en la tierra a los vuestros. + +Con lo que Cardenio dijo se acabó de admirar Dorotea, y, por no saber qué +gracias volver a tan grandes ofrecimientos, quiso tomarle los pies para +besárselos; mas no lo consintió Cardenio, y el licenciado respondió por +entrambos, y aprobó el buen discurso de Cardenio, y, sobre todo, les rogó, +aconsejó y persuadió que se fuesen con él a su aldea, donde se podrían +reparar de las cosas que les faltaban, y que allí se daría orden cómo +buscar a don Fernando, o cómo llevar a Dorotea a sus padres, o hacer lo que +más les pareciese conveniente. Cardenio y Dorotea se lo agradecieron, y +acetaron la merced que se les ofrecía. El barbero, que a todo había estado +suspenso y callado, hizo también su buena plática y se ofreció con no menos +voluntad que el cura a todo aquello que fuese bueno para servirles. +Contó asimesmo con brevedad la causa que allí los había traído, con la +estrañeza de la locura de don Quijote, y cómo aguardaban a su escudero, que +había ido a buscalle. Vínosele a la memoria a Cardenio, como por sueños, la +pendencia que con don Quijote había tenido y contóla a los demás, mas no +supo decir por qué causa fue su quistión. + +En esto, oyeron voces, y conocieron que el que las daba era Sancho Panza, +que, por no haberlos hallado en el lugar donde los dejó, los llamaba a +voces. Saliéronle al encuentro, y, preguntándole por don Quijote, les dijo +cómo le había hallado desnudo en camisa, flaco, amarillo y muerto de +hambre, y suspirando por su señora Dulcinea; y que, puesto que le había +dicho que ella le mandaba que saliese de aquel lugar y se fuese al del +Toboso, donde le quedaba esperando, había respondido que estaba determinado +de no parecer ante su fermosura fasta que hobiese fecho fazañas que le +ficiesen digno de su gracia. Y que si aquello pasaba adelante, corría +peligro de no venir a ser emperador, como estaba obligado, ni aun +arzobispo, que era lo menos que podía ser. Por eso, que mirasen lo que se +había de hacer para sacarle de allí. + +El licenciado le respondió que no tuviese pena, que ellos le sacarían de +allí, mal que le pesase. Contó luego a Cardenio y a Dorotea lo que tenían +pensado para remedio de don Quijote, a lo menos para llevarle a su casa. A +lo cual dijo Dorotea que ella haría la doncella menesterosa mejor que el +barbero, y más, que tenía allí vestidos con que hacerlo al natural, y que +la dejasen el cargo de saber representar todo aquello que fuese menester +para llevar adelante su intento, porque ella había leído muchos libros de +caballerías y sabía bien el estilo que tenían las doncellas cuitadas cuando +pedían sus dones a los andantes caballeros. + +— Pues no es menester más —dijo el cura— sino que luego se ponga por obra; +que, sin duda, la buena suerte se muestra en favor nuestro, pues, tan sin +pensarlo, a vosotros, señores, se os ha comenzado a abrir puerta para +vuestro remedio y a nosotros se nos ha facilitado la que habíamos menester. +Sacó luego Dorotea de su almohada una saya entera de cierta telilla rica y +una mantellina de otra vistosa tela verde, y de una cajita un collar y +otras joyas, con que en un instante se adornó de manera que una rica y gran +señora parecía. Todo aquello, y más, dijo que había sacado de su casa para +lo que se ofreciese, y que hasta entonces no se le había ofrecido ocasión +de habello menester. A todos contentó en estremo su mucha gracia, donaire y +hermosura, y confirmaron a don Fernando por de poco conocimiento, pues +tanta belleza desechaba. + +Pero el que más se admiró fue Sancho Panza, por parecerle —como era así +verdad— que en todos los días de su vida había visto tan hermosa criatura; +y así, preguntó al cura con grande ahínco le dijese quién era aquella tan +fermosa señora, y qué era lo que buscaba por aquellos andurriales. +— Esta hermosa señora —respondió el cura—, Sancho hermano, es, como quien no +dice nada, es la heredera por línea recta de varón del gran reino de +Micomicón, la cual viene en busca de vuestro amo a pedirle un don, el cual +es que le desfaga un tuerto o agravio que un mal gigante le tiene fecho; y, +a la fama que de buen caballero vuestro amo tiene por todo lo descubierto, +de Guinea ha venido a buscarle esta princesa. + +— Dichosa buscada y dichoso hallazgo —dijo a esta sazón Sancho Panza—, y más +si mi amo es tan venturoso que desfaga ese agravio y enderece ese tuerto, +matando a ese hideputa dese gigante que vuestra merced dice; que sí matará +si él le encuentra, si ya no fuese fantasma, que contra las fantasmas no +tiene mi señor poder alguno. Pero una cosa quiero suplicar a vuestra +merced, entre otras, señor licenciado, y es que, porque a mi amo no le tome +gana de ser arzobispo, que es lo que yo temo, que vuestra merced le +aconseje que se case luego con esta princesa, y así quedará imposibilitado +de recebir órdenes arzobispales y vendrá con facilidad a su imperio y yo al +fin de mis deseos; que yo he mirado bien en ello y hallo por mi cuenta que +no me está bien que mi amo sea arzobispo, porque yo soy inútil para la +Iglesia, pues soy casado, y andarme ahora a traer dispensaciones para poder +tener renta por la Iglesia, teniendo, como tengo, mujer y hijos, sería +nunca acabar. Así que, señor, todo el toque está en que mi amo se case +luego con esta señora, que hasta ahora no sé su gracia, y así, no la llamo +por su nombre. + +— Llámase —respondió el cura— la princesa Micomicona, porque, llamándose su +reino Micomicón, claro está que ella se ha de llamar así. + +— No hay duda en eso —respondió Sancho—, que yo he visto a muchos tomar el +apellido y alcurnia del lugar donde nacieron, llamándose Pedro de Alcalá, +Juan de Úbeda y Diego de Valladolid; y esto mesmo se debe de usar allá en +Guinea: tomar las reinas los nombres de sus reinos. + +— Así debe de ser —dijo el cura—; y en lo del casarse vuestro amo, yo haré +en ello todos mis poderíos. + +Con lo que quedó tan contento Sancho cuanto el cura admirado de su +simplicidad, y de ver cuán encajados tenía en la fantasía los mesmos +disparates que su amo, pues sin alguna duda se daba a entender que había de +venir a ser emperador. + +Ya, en esto, se había puesto Dorotea sobre la mula del cura y el barbero se +había acomodado al rostro la barba de la cola de buey, y dijeron a Sancho +que los guiase adonde don Quijote estaba; al cual advirtieron que no dijese +que conocía al licenciado ni al barbero, porque en no conocerlos consistía +todo el toque de venir a ser emperador su amo; puesto que ni el cura ni +Cardenio quisieron ir con ellos, porque no se le acordase a don Quijote la +pendencia que con Cardenio había tenido, y el cura porque no era menester +por entonces su presencia. Y así, los dejaron ir delante, y ellos los +fueron siguiendo a pie, poco a poco. No dejó de avisar el cura lo que había +de hacer Dorotea; a lo que ella dijo que descuidasen, que todo se haría, +sin faltar punto, como lo pedían y pintaban los libros de caballerías. +Tres cuartos de legua habrían andado, cuando descubrieron a don Quijote +entre unas intricadas peñas, ya vestido, aunque no armado; y, así como +Dorotea le vio y fue informada de Sancho que aquél era don Quijote, dio del +azote a su palafrén, siguiéndole el bien barbado barbero. Y, en llegando +junto a él, el escudero se arrojó de la mula y fue a tomar en los brazos a +Dorotea, la cual, apeándose con grande desenvoltura, se fue a hincar de +rodillas ante las de don Quijote; y, aunque él pugnaba por levantarla, +ella, sin levantarse, le fabló en esta guisa: + +— De aquí no me levantaré, ¡oh valeroso y esforzado caballero!, fasta que la +vuestra bondad y cortesía me otorgue un don, el cual redundará en honra y +prez de vuestra persona, y en pro de la más desconsolada y agraviada +doncella que el sol ha visto. Y si es que el valor de vuestro fuerte brazo +corresponde a la voz de vuestra inmortal fama, obligado estáis a favorecer +a la sin ventura que de tan lueñes tierras viene, al olor de vuestro famoso +nombre, buscándoos para remedio de sus desdichas. + +— No os responderé palabra, fermosa señora —respondió don Quijote—, ni oiré +más cosa de vuestra facienda, fasta que os levantéis de tierra. + +— No me levantaré, señor —respondió la afligida doncella—, si primero, por +la vuestra cortesía, no me es otorgado el don que pido. + +— Yo vos le otorgo y concedo —respondió don Quijote—, como no se haya de +cumplir en daño o mengua de mi rey, de mi patria y de aquella que de mi +corazón y libertad tiene la llave. + +— No será en daño ni en mengua de los que decís, mi buen señor —replicó la +dolorosa doncella. + +Y, estando en esto, se llegó Sancho Panza al oído de su señor y muy pasito +le dijo: + +— Bien puede vuestra merced, señor, concederle el don que pide, que no es +cosa de nada: sólo es matar a un gigantazo, y esta que lo pide es la alta +princesa Micomicona, reina del gran reino Micomicón de Etiopía. + +— Sea quien fuere —respondió don Quijote—, que yo haré lo que soy obligado y +lo que me dicta mi conciencia, conforme a lo que profesado tengo. + +Y, volviéndose a la doncella, dijo: + +— La vuestra gran fermosura se levante, que yo le otorgo el don que pedirme +quisiere. + +— Pues el que pido es —dijo la doncella— que la vuestra magnánima persona se +venga luego conmigo donde yo le llevare, y me prometa que no se ha de +entremeter en otra aventura ni demanda alguna hasta darme venganza de un +traidor que, contra todo derecho divino y humano, me tiene usurpado mi +reino. + +— Digo que así lo otorgo —respondió don Quijote—, y así podéis, señora, +desde hoy más, desechar la malenconía que os fatiga y hacer que cobre +nuevos bríos y fuerzas vuestra desmayada esperanza; que, con el ayuda de +Dios y la de mi brazo, vos os veréis presto restituida en vuestro reino y +sentada en la silla de vuestro antiguo y grande estado, a pesar y a +despecho de los follones que contradecirlo quisieren. Y manos a labor, que +en la tardanza dicen que suele estar el peligro. + +La menesterosa doncella pugnó, con mucha porfía, por besarle las manos, mas +don Quijote, que en todo era comedido y cortés caballero, jamás lo +consintió; antes, la hizo levantar y la abrazó con mucha cortesía y +comedimiento, y mandó a Sancho que requiriese las cinchas a Rocinante y le +armase luego al punto. Sancho descolgó las armas, que, como trofeo, de un +árbol estaban pendientes, y, requiriendo las cinchas, en un punto armó a su +señor; el cual, viéndose armado, dijo: + +— Vamos de aquí, en el nombre de Dios, a favorecer esta gran señora. +Estábase el barbero aún de rodillas, teniendo gran cuenta de disimular la +risa y de que no se le cayese la barba, con cuya caída quizá quedaran todos +sin conseguir su buena intención; y, viendo que ya el don estaba concedido +y con la diligencia que don Quijote se alistaba para ir a cumplirle, se +levantó y tomó de la otra mano a su señora, y entre los dos la subieron en +la mula. Luego subió don Quijote sobre Rocinante, y el barbero se acomodó +en su cabalgadura, quedándose Sancho a pie, donde de nuevo se le renovó la +pérdida del rucio, con la falta que entonces le hacía; mas todo lo llevaba +con gusto, por parecerle que ya su señor estaba puesto en camino, y muy a +pique, de ser emperador; porque sin duda alguna pensaba que se había de +casar con aquella princesa, y ser, por lo menos, rey de Micomicón. Sólo le +daba pesadumbre el pensar que aquel reino era en tierra de negros, y que la +gente que por sus vasallos le diesen habían de ser todos negros; a lo cual +hizo luego en su imaginación un buen remedio, y díjose a sí mismo: +— ¿Qué se me da a mí que mis vasallos sean negros? ¿Habrá más que cargar con +ellos y traerlos a España, donde los podré vender, y adonde me los pagarán +de contado, de cuyo dinero podré comprar algún título o algún oficio con +que vivir descansado todos los días de mi vida? ¡No, sino dormíos, y no +tengáis ingenio ni habilidad para disponer de las cosas y para vender +treinta o diez mil vasallos en dácame esas pajas! Par Dios que los he de +volar, chico con grande, o como pudiere, y que, por negros que sean, los he +de volver blancos o amarillos. ¡Llegaos, que me mamo el dedo! + +Con esto, andaba tan solícito y tan contento que se le olvidaba la +pesadumbre de caminar a pie. + +Todo esto miraban de entre unas breñas Cardenio y el cura, y no sabían qué +hacerse para juntarse con ellos; pero el cura, que era gran tracista, +imaginó luego lo que harían para conseguir lo que deseaban; y fue que con +unas tijeras que traía en un estuche quitó con mucha presteza la barba a +Cardenio, y vistióle un capotillo pardo que él traía y diole un herreruelo +negro, y él se quedó en calzas y en jubón; y quedó tan otro de lo que antes +parecía Cardenio, que él mesmo no se conociera, aunque a un espejo se +mirara. Hecho esto, puesto ya que los otros habían pasado adelante en tanto +que ellos se disfrazaron, con facilidad salieron al camino real antes que +ellos, porque las malezas y malos pasos de aquellos lugares no concedían +que anduviesen tanto los de a caballo como los de a pie. En efeto, ellos se +pusieron en el llano, a la salida de la sierra, y, así como salió della don +Quijote y sus camaradas, el cura se le puso a mirar muy de espacio, dando +señales de que le iba reconociendo; y, al cabo de haberle una buena pieza +estado mirando, se fue a él abiertos los brazos y diciendo a voces: +— Para bien sea hallado el espejo de la caballería, el mi buen compatriote +don Quijote de la Mancha, la flor y la nata de la gentileza, el amparo y +remedio de los menesterosos, la quintaesencia de los caballeros andantes. +Y, diciendo esto, tenía abrazado por la rodilla de la pierna izquierda a +don Quijote; el cual, espantado de lo que veía y oía decir y hacer aquel +hombre, se le puso a mirar con atención, y, al fin, le conoció y quedó como +espantado de verle, y hizo grande fuerza por apearse; mas el cura no lo +consintió, por lo cual don Quijote decía: + +— Déjeme vuestra merced, señor licenciado, que no es razón que yo esté a +caballo, y una tan reverenda persona como vuestra merced esté a pie. +— Eso no consentiré yo en ningún modo —dijo el cura—: estése la vuestra +grandeza a caballo, pues estando a caballo acaba las mayores fazañas y +aventuras que en nuestra edad se han visto; que a mí, aunque indigno +sacerdote, bastaráme subir en las ancas de una destas mulas destos señores +que con vuestra merced caminan, si no lo han por enojo. Y aun haré cuenta +que voy caballero sobre el caballo Pegaso, o sobre la cebra o alfana en que +cabalgaba aquel famoso moro Muzaraque, que aún hasta ahora yace encantado +en la gran cuesta Zulema, que dista poco de la gran Compluto. + +— Aún no caía yo en tanto, mi señor licenciado —respondió don Quijote—; y yo +sé que mi señora la princesa será servida, por mi amor, de mandar a su +escudero dé a vuestra merced la silla de su mula, que él podrá acomodarse +en las ancas, si es que ella las sufre. + +— Sí sufre, a lo que yo creo —respondió la princesa—; y también sé que no +será menester mandárselo al señor mi escudero, que él es tan cortés y tan +cortesano que no consentirá que una persona eclesiástica vaya a pie, +pudiendo ir a caballo. + +— Así es —respondió el barbero. + +Y, apeándose en un punto, convidó al cura con la silla, y él la tomó sin +hacerse mucho de rogar. Y fue el mal que al subir a las ancas el barbero, +la mula, que, en efeto, era de alquiler, que para decir que era mala esto +basta, alzó un poco los cuartos traseros y dio dos coces en el aire, que, a +darlas en el pecho de maese Nicolás, o en la cabeza, él diera al diablo la +venida por don Quijote. Con todo eso, le sobresaltaron de manera que cayó +en el suelo, con tan poco cuidado de las barbas, que se le cayeron en el +suelo; y, como se vio sin ellas, no tuvo otro remedio sino acudir a +cubrirse el rostro con ambas manos y a quejarse que le habían derribado las +muelas. Don Quijote, como vio todo aquel mazo de barbas, sin quijadas y sin +sangre, lejos del rostro del escudero caído, dijo: + +— ¡Vive Dios, que es gran milagro éste! ¡Las barbas le ha derribado y +arrancado del rostro, como si las quitaran aposta! + +El cura, que vio el peligro que corría su invención de ser descubierta, +acudió luego a las barbas y fuese con ellas adonde yacía maese Nicolás, +dando aún voces todavía, y de un golpe, llegándole la cabeza a su pecho, se +las puso, murmurando sobre él unas palabras, que dijo que era cierto +ensalmo apropiado para pegar barbas, como lo verían; y, cuando se las tuvo +puestas, se apartó, y quedó el escudero tan bien barbado y tan sano como de +antes, de que se admiró don Quijote sobremanera, y rogó al cura que cuando +tuviese lugar le enseñase aquel ensalmo; que él entendía que su virtud a +más que pegar barbas se debía de estender, pues estaba claro que de donde +las barbas se quitasen había de quedar la carne llagada y maltrecha, y que, +pues todo lo sanaba, a más que barbas aprovechaba. + +— Así es —dijo el cura, y prometió de enseñársele en la primera ocasión. +Concertáronse que por entonces subiese el cura, y a trechos se fuesen los +tres mudando, hasta que llegasen a la venta, que estaría hasta dos leguas +de allí. Puestos los tres a caballo, es a saber, don Quijote, la princesa y +el cura, y los tres a pie, Cardenio, el barbero y Sancho Panza, don Quijote +dijo a la doncella: + +— Vuestra grandeza, señora mía, guíe por donde más gusto le diere. + +Y, antes que ella respondiese, dijo el licenciado: + +— ¿Hacia qué reino quiere guiar la vuestra señoría? ¿Es, por ventura, hacia +el de Micomicón?; que sí debe de ser, o yo sé poco de reinos. + +Ella, que estaba bien en todo, entendió que había de responder que sí; y +así, dijo: + +— Sí, señor, hacia ese reino es mi camino. + +— Si así es —dijo el cura—, por la mitad de mi pueblo hemos de pasar, y de +allí tomará vuestra merced la derrota de Cartagena, donde se podrá embarcar +con la buena ventura; y si hay viento próspero, mar tranquilo y sin +borrasca, en poco menos de nueve años se podrá estar a vista de la gran +laguna Meona, digo, Meótides, que está poco más de cien jornadas más acá +del reino de vuestra grandeza. + +— Vuestra merced está engañado, señor mío —dijo ella—, porque no ha dos años +que yo partí dél, y en verdad que nunca tuve buen tiempo, y, con todo eso, +he llegado a ver lo que tanto deseaba, que es al señor don Quijote de la +Mancha, cuyas nuevas llegaron a mis oídos así como puse los pies en España, +y ellas me movieron a buscarle, para encomendarme en su cortesía y fiar mi +justicia del valor de su invencible brazo. + +— No más: cesen mis alabanzas —dijo a esta sazón don Quijote—, porque soy +enemigo de todo género de adulación; y, aunque ésta no lo sea, todavía +ofenden mis castas orejas semejantes pláticas. Lo que yo sé decir, señora +mía, que ora tenga valor o no, el que tuviere o no tuviere se ha de emplear +en vuestro servicio hasta perder la vida; y así, dejando esto para su +tiempo, ruego al señor licenciado me diga qué es la causa que le ha traído +por estas partes, tan solo, y tan sin criados, y tan a la ligera, que me +pone espanto. + +— A eso yo responderé con brevedad —respondió el cura—, porque sabrá vuestra +merced, señor don Quijote, que yo y maese Nicolás, nuestro amigo y nuestro +barbero, íbamos a Sevilla a cobrar cierto dinero que un pariente mío que ha +muchos años que pasó a Indias me había enviado, y no tan pocos que no pasan +de sesenta mil pesos ensayados, que es otro que tal; y, pasando ayer por +estos lugares, nos salieron al encuentro cuatro salteadores y nos quitaron +hasta las barbas; y de modo nos las quitaron, que le convino al barbero +ponérselas postizas; y aun a este mancebo que aquí va —señalando a +Cardenio— le pusieron como de nuevo. Y es lo bueno que es pública fama por +todos estos contornos que los que nos saltearon son de unos galeotes que +dicen que libertó, casi en este mesmo sitio, un hombre tan valiente que, a +pesar del comisario y de las guardas, los soltó a todos; y, sin duda +alguna, él debía de estar fuera de juicio, o debe de ser tan grande bellaco +como ellos, o algún hombre sin alma y sin conciencia, pues quiso soltar al +lobo entre las ovejas, a la raposa entre las gallinas, a la mosca entre la +miel; quiso defraudar la justicia, ir contra su rey y señor natural, pues +fue contra sus justos mandamientos. Quiso, digo, quitar a las galeras sus +pies, poner en alboroto a la Santa Hermandad, que había muchos años que +reposaba; quiso, finalmente, hacer un hecho por donde se pierda su alma y +no se gane su cuerpo. + +Habíales contado Sancho al cura y al barbero la aventura de los galeotes, +que acabó su amo con tanta gloria suya, y por esto cargaba la mano el cura +refiriéndola, por ver lo que hacía o decía don Quijote; al cual se le +mudaba la color a cada palabra, y no osaba decir que él había sido el +libertador de aquella buena gente. + +— Éstos, pues —dijo el cura—, fueron los que nos robaron; que Dios, por su +misericordia, se lo perdone al que no los dejó llevar al debido suplicio. + + + + +Capítulo XXX. Que trata del gracioso artificio y orden que se tuvo en sacar +a nuestro enamorado caballero de la asperísima penitencia en que se había +puesto + +No hubo bien acabado el cura, cuando Sancho dijo: + +— Pues mía fe, señor licenciado, el que hizo esa fazaña fue mi amo, y no +porque yo no le dije antes y le avisé que mirase lo que hacía, y que era +pecado darles libertad, porque todos iban allí por grandísimos bellacos. +— ¡Majadero! —dijo a esta sazón don Quijote—, a los caballeros andantes no +les toca ni atañe averiguar si los afligidos, encadenados y opresos que +encuentran por los caminos van de aquella manera, o están en aquella +angustia, por sus culpas o por sus gracias; sólo le toca ayudarles como a +menesterosos, poniendo los ojos en sus penas y no en sus bellaquerías. Yo +topé un rosario y sarta de gente mohína y desdichada, y hice con ellos lo +que mi religión me pide, y lo demás allá se avenga; y a quien mal le ha +parecido, salvo la santa dignidad del señor licenciado y su honrada +persona, digo que sabe poco de achaque de caballería, y que miente como un +hideputa y mal nacido; y esto le haré conocer con mi espada, donde más +largamente se contiene. + +Y esto dijo afirmándose en los estribos y calándose el morrión; porque la +bacía de barbero, que a su cuenta era el yelmo de Mambrino, llevaba colgado +del arzón delantero, hasta adobarla del mal tratamiento que la hicieron los +galeotes. + +Dorotea, que era discreta y de gran donaire, como quien ya sabía el +menguado humor de don Quijote y que todos hacían burla dél, sino Sancho +Panza, no quiso ser para menos, y, viéndole tan enojado, le dijo: +— Señor caballero, miémbresele a la vuestra merced el don que me tiene +prometido, y que, conforme a él, no puede entremeterse en otra aventura, +por urgente que sea; sosiegue vuestra merced el pecho, que si el señor +licenciado supiera que por ese invicto brazo habían sido librados los +galeotes, él se diera tres puntos en la boca, y aun se mordiera tres veces +la lengua, antes que haber dicho palabra que en despecho de vuestra merced +redundara. + +— Eso juro yo bien —dijo el cura—, y aun me hubiera quitado un bigote. +— Yo callaré, señora mía —dijo don Quijote—, y reprimiré la justa cólera que +ya en mi pecho se había levantado, y iré quieto y pacífico hasta tanto que +os cumpla el don prometido; pero, en pago deste buen deseo, os suplico me +digáis, si no se os hace de mal, cuál es la vuestra cuita y cuántas, +quiénes y cuáles son las personas de quien os tengo de dar debida, +satisfecha y entera venganza. + +— Eso haré yo de gana —respondió Dorotea—, si es que no os enfadan oír +lástimas y desgracias. + +— No enfadará, señora mía —respondió don Quijote. + +A lo que respondió Dorotea: + +— Pues así es, esténme vuestras mercedes atentos. + +No hubo ella dicho esto, cuando Cardenio y el barbero se le pusieron al +lado, deseosos de ver cómo fingía su historia la discreta Dorotea; y lo +mismo hizo Sancho, que tan engañado iba con ella como su amo. Y ella, +después de haberse puesto bien en la silla y prevenídose con toser y hacer +otros ademanes, con mucho donaire, comenzó a decir desta manera: +— «Primeramente, quiero que vuestras mercedes sepan, señores míos, que a mí +me llaman...» + +Y detúvose aquí un poco, porque se le olvidó el nombre que el cura le había +puesto; pero él acudió al remedio, porque entendió en lo que reparaba, y +dijo: + +— No es maravilla, señora mía, que la vuestra grandeza se turbe y empache +contando sus desventuras, que ellas suelen ser tales, que muchas veces +quitan la memoria a los que maltratan, de tal manera que aun de sus mesmos +nombres no se les acuerda, como han hecho con vuestra gran señoría, que se +ha olvidado que se llama la princesa Micomicona, legítima heredera del gran +reino Micomicón; y con este apuntamiento puede la vuestra grandeza reducir +ahora fácilmente a su lastimada memoria todo aquello que contar quisiere. +— Así es la verdad —respondió la doncella—, y desde aquí adelante creo que +no será menester apuntarme nada, que yo saldré a buen puerto con mi +verdadera historia. «La cual es que el rey mi padre, que se llama Tinacrio +el Sabidor, fue muy docto en esto que llaman el arte mágica, y alcanzó por +su ciencia que mi madre, que se llamaba la reina Jaramilla, había de morir +primero que él, y que de allí a poco tiempo él también había de pasar desta +vida y yo había de quedar huérfana de padre y madre. Pero decía él que no +le fatigaba tanto esto cuanto le ponía en confusión saber, por cosa muy +cierta, que un descomunal gigante, señor de una grande ínsula, que casi +alinda con nuestro reino, llamado Pandafilando de la Fosca Vista (porque es +cosa averiguada que, aunque tiene los ojos en su lugar y derechos, siempre +mira al revés, como si fuese bizco, y esto lo hace él de maligno y por +poner miedo y espanto a los que mira); digo que supo que este gigante, en +sabiendo mi orfandad, había de pasar con gran poderío sobre mi reino y me +lo había de quitar todo, sin dejarme una pequeña aldea donde me recogiese; +pero que podía escusar toda esta ruina y desgracia si yo me quisiese casar +con él; mas, a lo que él entendía, jamás pensaba que me vendría a mí en +voluntad de hacer tan desigual casamiento; y dijo en esto la pura verdad, +porque jamás me ha pasado por el pensamiento casarme con aquel gigante, +pero ni con otro alguno, por grande y desaforado que fuese. Dijo también mi +padre que, después que él fuese muerto y viese yo que Pandafilando +comenzaba a pasar sobre mi reino, que no aguardase a ponerme en defensa, +porque sería destruirme, sino que libremente le dejase desembarazado el +reino, si quería escusar la muerte y total destruición de mis buenos y +leales vasallos, porque no había de ser posible defenderme de la endiablada +fuerza del gigante; sino que luego, con algunos de los míos, me pusiese en +camino de las Españas, donde hallaría el remedio de mis males hallando a un +caballero andante, cuya fama en este tiempo se estendería por todo este +reino, el cual se había de llamar, si mal no me acuerdo, don Azote o don +Gigote.» + +— Don Quijote diría, señora —dijo a esta sazón Sancho Panza—, o, por otro +nombre, el Caballero de la Triste Figura. + +— Así es la verdad —dijo Dorotea—. «Dijo más: que había de ser alto de +cuerpo, seco de rostro, y que en el lado derecho, debajo del hombro +izquierdo, o por allí junto, había de tener un lunar pardo con ciertos +cabellos a manera de cerdas.» + +En oyendo esto don Quijote, dijo a su escudero: + +— Ten aquí, Sancho, hijo, ayúdame a desnudar, que quiero ver si soy el +caballero que aquel sabio rey dejó profetizado. + +— Pues, ¿para qué quiere vuestra merced desnudarse? —dijo Dorotea. +— Para ver si tengo ese lunar que vuestro padre dijo —respondió don Quijote. +— No hay para qué desnudarse —dijo Sancho—, que yo sé que tiene vuestra +merced un lunar desas señas en la mitad del espinazo, que es señal de ser +hombre fuerte. + +— Eso basta —dijo Dorotea—, porque con los amigos no se ha de mirar en pocas +cosas, y que esté en el hombro o que esté en el espinazo, importa poco; +basta que haya lunar, y esté donde estuviere, pues todo es una mesma carne; +y, sin duda, acertó mi buen padre en todo, y yo he acertado en encomendarme +al señor don Quijote, que él es por quien mi padre dijo, pues las señales +del rostro vienen con las de la buena fama que este caballero tiene no sólo +en España, pero en toda la Mancha, pues apenas me hube desembarcado en +Osuna, cuando oí decir tantas hazañas suyas, que luego me dio el alma que +era el mesmo que venía a buscar. + +— Pues, ¿cómo se desembarcó vuestra merced en Osuna, señora mía —preguntó +don Quijote—, si no es puerto de mar? + +Mas, antes que Dorotea respondiese, tomó el cura la mano y dijo: + +— Debe de querer decir la señora princesa que, después que desembarcó en +Málaga, la primera parte donde oyó nuevas de vuestra merced fue en Osuna. +— Eso quise decir —dijo Dorotea. + +— Y esto lleva camino —dijo el cura—, y prosiga vuestra majestad adelante. +— No hay que proseguir —respondió Dorotea—, sino que, finalmente, mi suerte +ha sido tan buena en hallar al señor don Quijote, que ya me cuento y tengo +por reina y señora de todo mi reino, pues él, por su cortesía y +magnificencia, me ha prometido el don de irse conmigo dondequiera que yo le +llevare, que no será a otra parte que a ponerle delante de Pandafilando de +la Fosca Vista, para que le mate y me restituya lo que tan contra razón me +tiene usurpado: que todo esto ha de suceder a pedir de boca, pues así lo +dejó profetizado Tinacrio el Sabidor, mi buen padre; el cual también dejó +dicho y escrito en letras caldeas, o griegas, que yo no las sé leer, que si +este caballero de la profecía, después de haber degollado al gigante, +quisiese casarse conmigo, que yo me otorgase luego sin réplica alguna por +su legítima esposa, y le diese la posesión de mi reino, junto con la de mi +persona. + +— ¿Qué te parece, Sancho amigo? —dijo a este punto don Quijote—. ¿No oyes lo +que pasa? ¿No te lo dije yo? Mira si tenemos ya reino que mandar y reina +con quien casar. + +— ¡Eso juro yo —dijo Sancho— para el puto que no se casare en abriendo el +gaznatico al señor Pandahilado! Pues, ¡monta que es mala la reina! ¡Así se +me vuelvan las pulgas de la cama! + +Y, diciendo esto, dio dos zapatetas en el aire, con muestras de grandísimo +contento, y luego fue a tomar las riendas de la mula de Dorotea, y, +haciéndola detener, se hincó de rodillas ante ella, suplicándole le diese +las manos para besárselas, en señal que la recibía por su reina y señora. +¿Quién no había de reír de los circustantes, viendo la locura del amo y la +simplicidad del criado? En efecto, Dorotea se las dio, y le prometió de +hacerle gran señor en su reino, cuando el cielo le hiciese tanto bien que +se lo dejase cobrar y gozar. Agradecióselo Sancho con tales palabras que +renovó la risa en todos. + +— Ésta, señores —prosiguió Dorotea—, es mi historia: sólo resta por deciros +que de cuanta gente de acompañamiento saqué de mi reino no me ha quedado +sino sólo este buen barbado escudero, porque todos se anegaron en una gran +borrasca que tuvimos a vista del puerto, y él y yo salimos en dos tablas a +tierra, como por milagro; y así, es todo milagro y misterio el discurso de +mi vida, como lo habréis notado. Y si en alguna cosa he andado demasiada, o +no tan acertada como debiera, echad la culpa a lo que el señor licenciado +dijo al principio de mi cuento: que los trabajos continuos y +extraordinarios quitan la memoria al que los padece. + +— Ésa no me quitarán a mí, ¡oh alta y valerosa señora! —dijo don Quijote—, +cuantos yo pasare en serviros, por grandes y no vistos que sean; y así, de +nuevo confirmo el don que os he prometido, y juro de ir con vos al cabo del +mundo, hasta verme con el fiero enemigo vuestro, a quien pienso, con el +ayuda de Dios y de mi brazo, tajar la cabeza soberbia con los filos +desta... no quiero decir buena espada, merced a Ginés de Pasamonte, que me +llevó la mía. + +Esto dijo entre dientes, y prosiguió diciendo: + +— Y después de habérsela tajado y puéstoos en pacífica posesión de vuestro +estado, quedará a vuestra voluntad hacer de vuestra persona lo que más en +talante os viniere; porque, mientras que yo tuviere ocupada la memoria y +cautiva la voluntad, perdido el entendimiento, a aquella..., y no digo más, +no es posible que yo arrostre, ni por pienso, el casarme, aunque fuese con +el ave fénix. + +Parecióle tan mal a Sancho lo que últimamente su amo dijo acerca de no +querer casarse, que, con grande enojo, alzando la voz, dijo: + +— Voto a mí, y juro a mí, que no tiene vuestra merced, señor don Quijote, +cabal juicio. Pues, ¿cómo es posible que pone vuestra merced en duda el +casarse con tan alta princesa como aquésta? ¿Piensa que le ha de ofrecer la +fortuna, tras cada cantillo, semejante ventura como la que ahora se le +ofrece? ¿Es, por dicha, más hermosa mi señora Dulcinea? No, por cierto, ni +aun con la mitad, y aun estoy por decir que no llega a su zapato de la que +está delante. Así, noramala alcanzaré yo el condado que espero, si vuestra +merced se anda a pedir cotufas en el golfo. Cásese, cásese luego, +encomiéndole yo a Satanás, y tome ese reino que se le viene a las manos de +vobis, vobis, y, en siendo rey, hágame marqués o adelantado, y luego, +siquiera se lo lleve el diablo todo. + +Don Quijote, que tales blasfemias oyó decir contra su señora Dulcinea, no +lo pudo sufrir, y, alzando el lanzón, sin hablalle palabra a Sancho y sin +decirle esta boca es mía, le dio tales dos palos que dio con él en tierra; +y si no fuera porque Dorotea le dio voces que no le diera más, sin duda le +quitara allí la vida. + +— ¿Pensáis —le dijo a cabo de rato—, villano ruin, que ha de haber lugar +siempre para ponerme la mano en la horcajadura, y que todo ha de ser errar +vos y perdonaros yo? Pues no lo penséis, bellaco descomulgado, que sin duda +lo estás, pues has puesto lengua en la sin par Dulcinea. ¿Y no sabéis vos, +gañán, faquín, belitre, que si no fuese por el valor que ella infunde en mi +brazo, que no le tendría yo para matar una pulga? Decid, socarrón de lengua +viperina, ¿y quién pensáis que ha ganado este reino y cortado la cabeza a +este gigante, y héchoos a vos marqués, que todo esto doy ya por hecho y por +cosa pasada en cosa juzgada, si no es el valor de Dulcinea, tomando a mi +brazo por instrumento de sus hazañas? Ella pelea en mí, y vence en mí, y yo +vivo y respiro en ella, y tengo vida y ser. ¡Oh hideputa bellaco, y cómo +sois desagradecido: que os veis levantado del polvo de la tierra a ser +señor de título, y correspondéis a tan buena obra con decir mal de quien os +la hizo! + +No estaba tan maltrecho Sancho que no oyese todo cuanto su amo le decía, y, +levantándose con un poco de presteza, se fue a poner detrás del palafrén de +Dorotea, y desde allí dijo a su amo: + +— Dígame, señor: si vuestra merced tiene determinado de no casarse con esta +gran princesa, claro está que no será el reino suyo; y, no siéndolo, ¿qué +mercedes me puede hacer? Esto es de lo que yo me quejo; cásese vuestra +merced una por una con esta reina, ahora que la tenemos aquí como llovida +del cielo, y después puede volverse con mi señora Dulcinea; que reyes debe +de haber habido en el mundo que hayan sido amancebados. En lo de la +hermosura no me entremeto; que, en verdad, si va a decirla, que entrambas +me parecen bien, puesto que yo nunca he visto a la señora Dulcinea. +— ¿Cómo que no la has visto, traidor blasfemo? —dijo don Quijote—. Pues, ¿no +acabas de traerme ahora un recado de su parte? + +— Digo que no la he visto tan despacio —dijo Sancho— que pueda haber notado +particularmente su hermosura y sus buenas partes punto por punto; pero así, +a bulto, me parece bien. + +— Ahora te disculpo —dijo don Quijote—, y perdóname el enojo que te he dado, +que los primeros movimientos no son en manos de los hombres. + +— Ya yo lo veo —respondió Sancho—; y así, en mí la gana de hablar siempre es +primero movimiento, y no puedo dejar de decir, por una vez siquiera, lo que +me viene a la lengua. + +— Con todo eso —dijo don Quijote—, mira, Sancho, lo que hablas, porque +tantas veces va el cantarillo a la fuente..., y no te digo más. + +— Ahora bien —respondió Sancho—, Dios está en el cielo, que ve las trampas, +y será juez de quién hace más mal: yo en no hablar bien, o vuestra merced +en obrallo. + +— No haya más —dijo Dorotea—: corred, Sancho, y besad la mano a vuestro +señor, y pedilde perdón, y de aquí adelante andad más atentado en vuestras +alabanzas y vituperios, y no digáis mal de aquesa señora Tobosa, a quien yo +no conozco si no es para servilla, y tened confianza en Dios, que no os ha +de faltar un estado donde viváis como un príncipe. + +Fue Sancho cabizbajo y pidió la mano a su señor, y él se la dio con +reposado continente; y, después que se la hubo besado, le echó la +bendición, y dijo a Sancho que se adelantasen un poco, que tenía que +preguntalle y que departir con él cosas de mucha importancia. Hízolo así +Sancho y apartáronse los dos algo adelante, y díjole don Quijote: +— Después que veniste, no he tenido lugar ni espacio para preguntarte muchas +cosas de particularidad acerca de la embajada que llevaste y de la +respuesta que trujiste; y ahora, pues la fortuna nos ha concedido tiempo y +lugar, no me niegues tú la ventura que puedes darme con tan buenas nuevas. +— Pregunte vuestra merced lo que quisiere —respondió Sancho—, que a todo +daré tan buena salida como tuve la entrada. Pero suplico a vuestra merced, +señor mío, que no sea de aquí adelante tan vengativo. + +— ¿Por qué lo dices, Sancho? —dijo don Quijote. + +— Dígolo —respondió— porque estos palos de agora más fueron por la pendencia +que entre los dos trabó el diablo la otra noche, que por lo que dije contra +mi señora Dulcinea, a quien amo y reverencio como a una reliquia, aunque en +ella no lo haya, sólo por ser cosa de vuestra merced. + +— No tornes a esas pláticas, Sancho, por tu vida —dijo don Quijote—, que me +dan pesadumbre; ya te perdoné entonces, y bien sabes tú que suele decirse: +a pecado nuevo, penitencia nueva. + +En tanto que los dos iban en estas pláticas, dijo el cura a Dorotea que +había andado muy discreta, así en el cuento como en la brevedad dél, y en +la similitud que tuvo con los de los libros de caballerías. Ella dijo que +muchos ratos se había entretenido en leellos, pero que no sabía ella dónde +eran las provincias ni puertos de mar, y que así había dicho a tiento que +se había desembarcado en Osuna. + +— Yo lo entendí así —dijo el cura—, y por eso acudí luego a decir lo que +dije, con que se acomodó todo. Pero, ¿no es cosa estraña ver con cuánta +facilidad cree este desventurado hidalgo todas estas invenciones y +mentiras, sólo porque llevan el estilo y modo de las necedades de sus +libros? + +— Sí es —dijo Cardenio—, y tan rara y nunca vista, que yo no sé si queriendo +inventarla y fabricarla mentirosamente, hubiera tan agudo ingenio que +pudiera dar en ella. + +— Pues otra cosa hay en ello —dijo el cura—: que fuera de las simplicidades +que este buen hidalgo dice tocantes a su locura, si le tratan de otras +cosas, discurre con bonísimas razones y muestra tener un entendimiento +claro y apacible en todo. De manera que, como no le toquen en sus +caballerías, no habrá nadie que le juzgue sino por de muy buen +entendimiento. + +En tanto que ellos iban en esta conversación, prosiguió don Quijote con la +suya y dijo a Sancho: + +— Echemos, Panza amigo, pelillos a la mar en esto de nuestras pendencias, y +dime ahora, sin tener cuenta con enojo ni rencor alguno: ¿Dónde, cómo y +cuándo hallaste a Dulcinea? ¿Qué hacía? ¿Qué le dijiste? ¿Qué te respondió? +¿Qué rostro hizo cuando leía mi carta? ¿Quién te la trasladó? Y todo +aquello que vieres que en este caso es digno de saberse, de preguntarse y +satisfacerse, sin que añadas o mientas por darme gusto, ni menos te acortes +por no quitármele. + +— Señor —respondió Sancho—, si va a decir la verdad, la carta no me la +trasladó nadie, porque yo no llevé carta alguna. + +— Así es como tú dices —dijo don Quijote—, porque el librillo de memoria +donde yo la escribí le hallé en mi poder a cabo de dos días de tu partida, +lo cual me causó grandísima pena, por no saber lo que habías tú de hacer +cuando te vieses sin carta, y creí siempre que te volvieras desde el lugar +donde la echaras menos. + +— Así fuera —respondió Sancho—, si no la hubiera yo tomado en la memoria +cuando vuestra merced me la leyó, de manera que se la dije a un sacristán, +que me la trasladó del entendimiento, tan punto por punto, que dijo que en +todos los días de su vida, aunque había leído muchas cartas de descomunión, +no había visto ni leído tan linda carta como aquélla. + +— Y ¿tiénesla todavía en la memoria, Sancho? —dijo don Quijote. + +— No, señor —respondió Sancho—, porque después que la di, como vi que no +había de ser de más provecho, di en olvidalla. Y si algo se me acuerda, es +aquello del sobajada, digo, del soberana señora, y lo último: Vuestro hasta +la muerte, el Caballero de la Triste Figura. Y, en medio destas dos cosas, +le puse más de trecientas almas, y vidas, y ojos míos. + + + + +Capítulo XXXI. De los sabrosos razonamientos que pasaron entre don Quijote +y Sancho Panza, su escudero, con otros sucesos + +— Todo eso no me descontenta; prosigue adelante —dijo don Quijote—. +Llegaste, ¿y qué hacía aquella reina de la hermosura? A buen seguro que la +hallaste ensartando perlas, o bordando alguna empresa con oro de cañutillo +para este su cautivo caballero. + +— No la hallé —respondió Sancho— sino ahechando dos hanegas de trigo en un +corral de su casa. + +— Pues haz cuenta —dijo don Quijote— que los granos de aquel trigo eran +granos de perlas, tocados de sus manos. Y si miraste, amigo, el trigo ¿era +candeal, o trechel? + +— No era sino rubión —respondió Sancho. + +— Pues yo te aseguro —dijo don Quijote— que, ahechado por sus manos, hizo +pan candeal, sin duda alguna. Pero pasa adelante: cuando le diste mi carta, +¿besóla? ¿Púsosela sobre la cabeza? ¿Hizo alguna ceremonia digna de tal +carta, o qué hizo? + +— Cuando yo se la iba a dar —respondió Sancho—, ella estaba en la fuga del +meneo de una buena parte de trigo que tenía en la criba, y díjome: ''Poned, +amigo, esa carta sobre aquel costal, que no la puedo leer hasta que acabe +de acribar todo lo que aquí está''. + +— ¡Discreta señora! —dijo don Quijote—. Eso debió de ser por leerla despacio +y recrearse con ella. Adelante, Sancho: y, en tanto que estaba en su +menester, ¿qué coloquios pasó contigo? ¿Qué te preguntó de mí? Y tú, ¿qué +le respondiste? Acaba, cuéntamelo todo; no se te quede en el tintero una +mínima. + +— Ella no me preguntó nada —dijo Sancho—, mas yo le dije de la manera que +vuestra merced, por su servicio, quedaba haciendo penitencia, desnudo de la +cintura arriba, metido entre estas sierras como si fuera salvaje, durmiendo +en el suelo, sin comer pan a manteles ni sin peinarse la barba, llorando y +maldiciendo su fortuna. + +— En decir que maldecía mi fortuna dijiste mal —dijo don Quijote—, porque +antes la bendigo y bendeciré todos los días de mi vida, por haberme hecho +digno de merecer amar tan alta señora como Dulcinea del Toboso. + +— Tan alta es —respondió Sancho—, que a buena fe que me lleva a mí más de un +coto. + +— Pues, ¿cómo, Sancho? —dijo don Quijote—. ¿Haste medido tú con ella? +— Medíme en esta manera —respondió Sancho—: que, llegándole a ayudar a poner +un costal de trigo sobre un jumento, llegamos tan juntos que eché de ver +que me llevaba más de un gran palmo. + +— Pues ¡es verdad —replicó don Quijote— que no acompaña esa grandeza y la +adorna con mil millones y gracias del alma! Pero no me negarás, Sancho, una +cosa: cuando llegaste junto a ella, ¿no sentiste un olor sabeo, una +fragancia aromática, y un no sé qué de bueno, que yo no acierto a dalle +nombre? Digo, ¿un tuho o tufo como si estuvieras en la tienda de algún +curioso guantero? + +— Lo que sé decir —dijo Sancho— es que sentí un olorcillo algo hombruno; y +debía de ser que ella, con el mucho ejercicio, estaba sudada y algo +correosa. + +— No sería eso —respondió don Quijote—, sino que tú debías de estar +romadizado, o te debiste de oler a ti mismo; porque yo sé bien a lo que +huele aquella rosa entre espinas, aquel lirio del campo, aquel ámbar +desleído. + +— Todo puede ser —respondió Sancho—, que muchas veces sale de mí aquel olor +que entonces me pareció que salía de su merced de la señora Dulcinea; pero +no hay de qué maravillarse, que un diablo parece a otro. + +— Y bien —prosiguió don Quijote—, he aquí que acabó de limpiar su trigo y de +enviallo al molino. ¿Qué hizo cuando leyó la carta? + +— La carta —dijo Sancho— no la leyó, porque dijo que no sabía leer ni +escribir; antes, la rasgó y la hizo menudas piezas, diciendo que no la +quería dar a leer a nadie, porque no se supiesen en el lugar sus secretos, +y que bastaba lo que yo le había dicho de palabra acerca del amor que +vuestra merced le tenía y de la penitencia extraordinaria que por su causa +quedaba haciendo. Y, finalmente, me dijo que dijese a vuestra merced que le +besaba las manos, y que allí quedaba con más deseo de verle que de +escribirle; y que, así, le suplicaba y mandaba que, vista la presente, +saliese de aquellos matorrales y se dejase de hacer disparates, y se +pusiese luego luego en camino del Toboso, si otra cosa de más importancia +no le sucediese, porque tenía gran deseo de ver a vuestra merced. Rióse +mucho cuando le dije como se llamaba vuestra merced el Caballero de la +Triste Figura. Preguntéle si había ido allá el vizcaíno de marras; díjome +que sí, y que era un hombre muy de bien. También le pregunté por los +galeotes, mas díjome que no había visto hasta entonces alguno. + +— Todo va bien hasta agora —dijo don Quijote—. Pero dime: ¿qué joya fue la +que te dio, al despedirte, por las nuevas que de mí le llevaste? Porque es +usada y antigua costumbre entre los caballeros y damas andantes dar a los +escuderos, doncellas o enanos que les llevan nuevas, de sus damas a ellos, +a ellas de sus andantes, alguna rica joya en albricias, en agradecimiento +de su recado. + +— Bien puede eso ser así, y yo la tengo por buena usanza; pero eso debió de +ser en los tiempos pasados, que ahora sólo se debe de acostumbrar a dar un +pedazo de pan y queso, que esto fue lo que me dio mi señora Dulcinea, por +las bardas de un corral, cuando della me despedí; y aun, por más señas, era +el queso ovejuno. + +— Es liberal en estremo —dijo don Quijote—, y si no te dio joya de oro, sin +duda debió de ser porque no la tendría allí a la mano para dártela; pero +buenas son mangas después de Pascua: yo la veré, y se satisfará todo. +¿Sabes de qué estoy maravillado, Sancho? De que me parece que fuiste y +veniste por los aires, pues poco más de tres días has tardado en ir y venir +desde aquí al Toboso, habiendo de aquí allá más de treinta leguas; por lo +cual me doy a entender que aquel sabio nigromante que tiene cuenta con mis +cosas y es mi amigo (porque por fuerza le hay, y le ha de haber, so pena +que yo no sería buen caballero andante); digo que este tal te debió de +ayudar a caminar, sin que tú lo sintieses; que hay sabio déstos que coge a +un caballero andante durmiendo en su cama, y, sin saber cómo o en qué +manera, amanece otro día más de mil leguas de donde anocheció. Y si no +fuese por esto, no se podrían socorrer en sus peligros los caballeros +andantes unos a otros, como se socorren a cada paso. Que acaece estar uno +peleando en las sierras de Armenia con algún endriago, o con algún fiero +vestiglo, o con otro caballero, donde lleva lo peor de la batalla y está ya +a punto de muerte, y cuando no os me cato, asoma por acullá, encima de una +nube, o sobre un carro de fuego, otro caballero amigo suyo, que poco antes +se hallaba en Ingalaterra, que le favorece y libra de la muerte, y a la +noche se halla en su posada, cenando muy a su sabor; y suele haber de la +una a la otra parte dos o tres mil leguas. Y todo esto se hace por +industria y sabiduría destos sabios encantadores que tienen cuidado destos +valerosos caballeros. Así que, amigo Sancho, no se me hace dificultoso +creer que en tan breve tiempo hayas ido y venido desde este lugar al del +Toboso, pues, como tengo dicho, algún sabio amigo te debió de llevar en +volandillas, sin que tú lo sintieses. + +— Así sería —dijo Sancho—; porque a buena fe que andaba Rocinante como si +fuera asno de gitano con azogue en los oídos. + +— Y ¡cómo si llevaba azogue! —dijo don Quijote—, y aun una legión de +demonios, que es gente que camina y hace caminar, sin cansarse, todo +aquello que se les antoja. Pero, dejando esto aparte, ¿qué te parece a ti +que debo yo de hacer ahora cerca de lo que mi señora me manda que la vaya a +ver?; que, aunque yo veo que estoy obligado a cumplir su mandamiento, véome +también imposibilitado del don que he prometido a la princesa que con +nosotros viene, y fuérzame la ley de caballería a cumplir mi palabra antes +que mi gusto. Por una parte, me acosa y fatiga el deseo de ver a mi señora; +por otra, me incita y llama la prometida fe y la gloria que he de alcanzar +en esta empresa. Pero lo que pienso hacer será caminar apriesa y llegar +presto donde está este gigante, y, en llegando, le cortaré la cabeza, y +pondré a la princesa pacíficamente en su estado, y al punto daré la vuelta +a ver a la luz que mis sentidos alumbra, a la cual daré tales disculpas que +ella venga a tener por buena mi tardanza, pues verá que todo redunda en +aumento de su gloria y fama, pues cuanta yo he alcanzado, alcanzo y +alcanzare por las armas en esta vida, toda me viene del favor que ella me +da y de ser yo suyo. + +— ¡Ay —dijo Sancho—, y cómo está vuestra merced lastimado de esos cascos! +Pues dígame, señor: ¿piensa vuestra merced caminar este camino en balde, y +dejar pasar y perder un tan rico y tan principal casamiento como éste, +donde le dan en dote un reino, que a buena verdad que he oído decir que +tiene más de veinte mil leguas de contorno, y que es abundantísimo de todas +las cosas que son necesarias para el sustento de la vida humana, y que es +mayor que Portugal y que Castilla juntos? Calle, por amor de Dios, y tenga +vergüenza de lo que ha dicho, y tome mi consejo, y perdóneme, y cásese +luego en el primer lugar que haya cura; y si no, ahí está nuestro +licenciado, que lo hará de perlas. Y advierta que ya tengo edad para dar +consejos, y que este que le doy le viene de molde, y que más vale pájaro en +mano que buitre volando, porque quien bien tiene y mal escoge, por bien que +se enoja no se venga. + +— Mira, Sancho —respondió don Quijote—: si el consejo que me das de que me +case es porque sea luego rey, en matando al gigante, y tenga cómodo para +hacerte mercedes y darte lo prometido, hágote saber que sin casarme podré +cumplir tu deseo muy fácilmente, porque yo sacaré de adahala, antes de +entrar en la batalla, que, saliendo vencedor della, ya que no me case, me +han de dar una parte del reino, para que la pueda dar a quien yo quisiere; +y, en dándomela, ¿a quién quieres tú que la dé sino a ti? + +— Eso está claro —respondió Sancho—, pero mire vuestra merced que la escoja +hacia la marina, porque, si no me contentare la vivienda, pueda embarcar +mis negros vasallos y hacer dellos lo que ya he dicho. Y vuestra merced no +se cure de ir por agora a ver a mi señora Dulcinea, sino váyase a matar al +gigante, y concluyamos este negocio; que por Dios que se me asienta que ha +de ser de mucha honra y de mucho provecho. + +— Dígote, Sancho —dijo don Quijote—, que estás en lo cierto, y que habré de +tomar tu consejo en cuanto el ir antes con la princesa que a ver a +Dulcinea. Y avísote que no digas nada a nadie, ni a los que con nosotros +vienen, de lo que aquí hemos departido y tratado; que, pues Dulcinea es tan +recatada que no quiere que se sepan sus pensamientos, no será bien que yo, +ni otro por mí, los descubra. + +— Pues si eso es así —dijo Sancho—, ¿cómo hace vuestra merced que todos los +que vence por su brazo se vayan a presentar ante mi señora Dulcinea, siendo +esto firma de su nombre que la quiere bien y que es su enamorado? Y, siendo +forzoso que los que fueren se han de ir a hincar de finojos ante su +presencia, y decir que van de parte de vuestra merced a dalle la +obediencia, ¿cómo se pueden encubrir los pensamientos de entrambos? +— ¡Oh, qué necio y qué simple que eres! —dijo don Quijote—. ¿Tú no ves, +Sancho, que eso todo redunda en su mayor ensalzamiento? Porque has de saber +que en este nuestro estilo de caballería es gran honra tener una dama +muchos caballeros andantes que la sirvan, sin que se estiendan más sus +pensamientos que a servilla, por sólo ser ella quien es, sin esperar otro +premio de sus muchos y buenos deseos, sino que ella se contente de +acetarlos por sus caballeros. + +— Con esa manera de amor —dijo Sancho— he oído yo predicar que se ha de amar +a Nuestro Señor, por sí solo, sin que nos mueva esperanza de gloria o temor +de pena. Aunque yo le querría amar y servir por lo que pudiese. +— ¡Válate el diablo por villano —dijo don Quijote—, y qué de discreciones +dices a las veces! No parece sino que has estudiado. + +— Pues a fe mía que no sé leer —respondió Sancho. + +En esto, les dio voces maese Nicolás que esperasen un poco, que querían +detenerse a beber en una fontecilla que allí estaba. Detúvose don Quijote, +con no poco gusto de Sancho, que ya estaba cansado de mentir tanto y temía +no le cogiese su amo a palabras; porque, puesto que él sabía que Dulcinea +era una labradora del Toboso, no la había visto en toda su vida. +Habíase en este tiempo vestido Cardenio los vestidos que Dorotea traía +cuando la hallaron, que, aunque no eran muy buenos, hacían mucha ventaja a +los que dejaba. Apeáronse junto a la fuente, y con lo que el cura se +acomodó en la venta satisficieron, aunque poco, la mucha hambre que todos +traían. + +Estando en esto, acertó a pasar por allí un muchacho que iba de camino, el +cual, poniéndose a mirar con mucha atención a los que en la fuente estaban, +de allí a poco arremetió a don Quijote, y, abrazándole por las piernas, +comenzó a llorar muy de propósito, diciendo: + +— ¡Ay, señor mío! ¿No me conoce vuestra merced? Pues míreme bien, que yo soy +aquel mozo Andrés que quitó vuestra merced de la encina donde estaba atado. +Reconocióle don Quijote, y, asiéndole por la mano, se volvió a los que allí +estaban y dijo: + +— Porque vean vuestras mercedes cuán de importancia es haber caballeros +andantes en el mundo, que desfagan los tuertos y agravios que en él se +hacen por los insolentes y malos hombres que en él viven, sepan vuestras +mercedes que los días pasados, pasando yo por un bosque, oí unos gritos y +unas voces muy lastimosas, como de persona afligida y menesterosa; acudí +luego, llevado de mi obligación, hacia la parte donde me pareció que las +lamentables voces sonaban, y hallé atado a una encina a este muchacho que +ahora está delante (de lo que me huelgo en el alma, porque será testigo que +no me dejará mentir en nada); digo que estaba atado a la encina, desnudo +del medio cuerpo arriba, y estábale abriendo a azotes con las riendas de +una yegua un villano, que después supe que era amo suyo; y, así como yo le +vi, le pregunté la causa de tan atroz vapulamiento; respondió el zafio que +le azotaba porque era su criado, y que ciertos descuidos que tenía nacían +más de ladrón que de simple; a lo cual este niño dijo: ''Señor, no me azota +sino porque le pido mi salario''. El amo replicó no sé qué arengas y +disculpas, las cuales, aunque de mí fueron oídas, no fueron admitidas. En +resolución, yo le hice desatar, y tomé juramento al villano de que le +llevaría consigo y le pagaría un real sobre otro, y aun sahumados. ¿No es +verdad todo esto, hijo Andrés? ¿No notaste con cuánto imperio se lo mandé, +y con cuánta humildad prometió de hacer todo cuanto yo le impuse, y +notifiqué y quise? Responde; no te turbes ni dudes en nada: di lo que pasó +a estos señores, porque se vea y considere ser del provecho que digo haber +caballeros andantes por los caminos. + +— Todo lo que vuestra merced ha dicho es mucha verdad —respondió el +muchacho—, pero el fin del negocio sucedió muy al revés de lo que vuestra +merced se imagina. + +— ¿Cómo al revés? —replicó don Quijote—; luego, ¿no te pagó el villano? +— No sólo no me pagó —respondió el muchacho—, pero, así como vuestra merced +traspuso del bosque y quedamos solos, me volvió a atar a la mesma encina, y +me dio de nuevo tantos azotes que quedé hecho un San Bartolomé desollado; +y, a cada azote que me daba, me decía un donaire y chufeta acerca de hacer +burla de vuestra merced, que, a no sentir yo tanto dolor, me riera de lo +que decía. En efeto: él me paró tal, que hasta ahora he estado curándome en +un hospital del mal que el mal villano entonces me hizo. De todo lo cual +tiene vuestra merced la culpa, porque si se fuera su camino adelante y no +viniera donde no le llamaban, ni se entremetiera en negocios ajenos, mi amo +se contentara con darme una o dos docenas de azotes, y luego me soltara y +pagara cuanto me debía. Mas, como vuestra merced le deshonró tan sin +propósito y le dijo tantas villanías, encendiósele la cólera, y, como no la +pudo vengar en vuestra merced, cuando se vio solo descargó sobre mí el +nublado, de modo que me parece que no seré más hombre en toda mi vida. +— El daño estuvo —dijo don Quijote— en irme yo de allí; que no me había de +ir hasta dejarte pagado, porque bien debía yo de saber, por luengas +experiencias, que no hay villano que guarde palabra que tiene, si él vee +que no le está bien guardalla. Pero ya te acuerdas, Andrés, que yo juré que +si no te pagaba, que había de ir a buscarle, y que le había de hallar, +aunque se escondiese en el vientre de la ballena. + +— Así es la verdad —dijo Andrés—, pero no aprovechó nada. + +— Ahora verás si aprovecha —dijo don Quijote. + +Y, diciendo esto, se levantó muy apriesa y mandó a Sancho que enfrenase a +Rocinante, que estaba paciendo en tanto que ellos comían. + +Preguntóle Dorotea qué era lo que hacer quería. Él le respondió que quería +ir a buscar al villano y castigalle de tan mal término, y hacer pagado a +Andrés hasta el último maravedí, a despecho y pesar de cuantos villanos +hubiese en el mundo. A lo que ella respondió que advirtiese que no podía, +conforme al don prometido, entremeterse en ninguna empresa hasta acabar la +suya; y que, pues esto sabía él mejor que otro alguno, que sosegase el +pecho hasta la vuelta de su reino. + +— Así es verdad —respondió don Quijote—, y es forzoso que Andrés tenga +paciencia hasta la vuelta, como vos, señora, decís; que yo le torno a jurar +y a prometer de nuevo de no parar hasta hacerle vengado y pagado. + +— No me creo desos juramentos —dijo Andrés—; más quisiera tener agora con +qué llegar a Sevilla que todas las venganzas del mundo: déme, si tiene ahí, +algo que coma y lleve, y quédese con Dios su merced y todos los caballeros +andantes; que tan bien andantes sean ellos para consigo como lo han sido +para conmigo. + +Sacó de su repuesto Sancho un pedazo de pan y otro de queso, y, dándoselo +al mozo, le dijo: + +— Tomá, hermano Andrés, que a todos nos alcanza parte de vuestra desgracia. +— Pues, ¿qué parte os alcanza a vos? —preguntó Andrés. + +— Esta parte de queso y pan que os doy —respondió Sancho—, que Dios sabe si +me ha de hacer falta o no; porque os hago saber, amigo, que los escuderos +de los caballeros andantes estamos sujetos a mucha hambre y a mala ventura, +y aun a otras cosas que se sienten mejor que se dicen. + +Andrés asió de su pan y queso, y, viendo que nadie le daba otra cosa, abajó +su cabeza y tomó el camino en las manos, como suele decirse. Bien es verdad +que, al partirse, dijo a don Quijote: + +— Por amor de Dios, señor caballero andante, que si otra vez me encontrare, +aunque vea que me hacen pedazos, no me socorra ni ayude, sino déjeme con mi +desgracia; que no será tanta, que no sea mayor la que me vendrá de su ayuda +de vuestra merced, a quien Dios maldiga, y a todos cuantos caballeros +andantes han nacido en el mundo. + +Íbase a levantar don Quijote para castigalle, mas él se puso a correr de +modo que ninguno se atrevió a seguille. Quedó corridísimo don Quijote del +cuento de Andrés, y fue menester que los demás tuviesen mucha cuenta con no +reírse, por no acaballe de correr del todo. + + + + +Capítulo XXXII. Que trata de lo que sucedió en la venta a toda la cuadrilla +de don Quijote + +Acabóse la buena comida, ensillaron luego, y, sin que les sucediese cosa +digna de contar, llegaron otro día a la venta, espanto y asombro de Sancho +Panza; y, aunque él quisiera no entrar en ella, no lo pudo huir. La +ventera, ventero, su hija y Maritornes, que vieron venir a don Quijote y a +Sancho, les salieron a recebir con muestras de mucha alegría, y él las +recibió con grave continente y aplauso, y díjoles que le aderezasen otro +mejor lecho que la vez pasada; a lo cual le respondió la huéspeda que como +la pagase mejor que la otra vez, que ella se la daría de príncipes. Don +Quijote dijo que sí haría, y así, le aderezaron uno razonable en el mismo +caramanchón de marras, y él se acostó luego, porque venía muy quebrantado y +falto de juicio. + +No se hubo bien encerrado, cuando la huéspeda arremetió al barbero, y, +asiéndole de la barba, dijo: + +— Para mi santiguada, que no se ha aún de aprovechar más de mi rabo para su +barba, y que me ha de volver mi cola; que anda lo de mi marido por esos +suelos, que es vergüenza; digo, el peine, que solía yo colgar de mi buena +cola. + +No se la quería dar el barbero, aunque ella más tiraba, hasta que el +licenciado le dijo que se la diese, que ya no era menester más usar de +aquella industria, sino que se descubriese y mostrase en su misma forma, y +dijese a don Quijote que cuando le despojaron los ladrones galeotes se +habían venido a aquella venta huyendo; y que si preguntase por el escudero +de la princesa, le dirían que ella le había enviado adelante a dar aviso a +los de su reino como ella iba y llevaba consigo el libertador de todos. Con +esto, dio de buena gana la cola a la ventera el barbero, y asimismo le +volvieron todos los adherentes que había prestado para la libertad de don +Quijote. Espantáronse todos los de la venta de la hermosura de Dorotea, y +aun del buen talle del zagal Cardenio. Hizo el cura que les aderezasen de +comer de lo que en la venta hubiese, y el huésped, con esperanza de mejor +paga, con diligencia les aderezó una razonable comida; y a todo esto dormía +don Quijote, y fueron de parecer de no despertalle, porque más provecho le +haría por entonces el dormir que el comer. + +Trataron sobre comida, estando delante el ventero, su mujer, su hija, +Maritornes, todos los pasajeros, de la estraña locura de don Quijote y del +modo que le habían hallado. La huéspeda les contó lo que con él y con el +arriero les había acontecido, y, mirando si acaso estaba allí Sancho, como +no le viese, contó todo lo de su manteamiento, de que no poco gusto +recibieron. Y, como el cura dijese que los libros de caballerías que don +Quijote había leído le habían vuelto el juicio, dijo el ventero: + +— No sé yo cómo puede ser eso; que en verdad que, a lo que yo entiendo, no +hay mejor letrado en el mundo, y que tengo ahí dos o tres dellos, con otros +papeles, que verdaderamente me han dado la vida, no sólo a mí, sino a otros +muchos. Porque, cuando es tiempo de la siega, se recogen aquí, las fiestas, +muchos segadores, y siempre hay algunos que saben leer, el cual coge uno +destos libros en las manos, y rodeámonos dél más de treinta, y estámosle +escuchando con tanto gusto que nos quita mil canas; a lo menos, de mí sé +decir que cuando oyo decir aquellos furibundos y terribles golpes que los +caballeros pegan, que me toma gana de hacer otro tanto, y que querría estar +oyéndolos noches y días. + +— Y yo ni más ni menos —dijo la ventera—, porque nunca tengo buen rato en mi +casa sino aquel que vos estáis escuchando leer: que estáis tan embobado, +que no os acordáis de reñir por entonces. + +— Así es la verdad —dijo Maritornes—, y a buena fe que yo también gusto +mucho de oír aquellas cosas, que son muy lindas; y más, cuando cuentan que +se está la otra señora debajo de unos naranjos abrazada con su caballero, y +que les está una dueña haciéndoles la guarda, muerta de envidia y con mucho +sobresalto. Digo que todo esto es cosa de mieles. + +— Y a vos ¿qué os parece, señora doncella? —dijo el cura, hablando con la +hija del ventero. + +— No sé, señor, en mi ánima —respondió ella—; también yo lo escucho, y en +verdad que, aunque no lo entiendo, que recibo gusto en oíllo; pero no gusto +yo de los golpes de que mi padre gusta, sino de las lamentaciones que los +caballeros hacen cuando están ausentes de sus señoras: que en verdad que +algunas veces me hacen llorar de compasión que les tengo. + +— Luego, ¿bien las remediárades vos, señora doncella —dijo Dorotea—, si por +vos lloraran? + +— No sé lo que me hiciera —respondió la moza—; sólo sé que hay algunas +señoras de aquéllas tan crueles, que las llaman sus caballeros tigres y +leones y otras mil inmundicias. Y, ¡Jesús!, yo no sé qué gente es aquélla +tan desalmada y tan sin conciencia, que por no mirar a un hombre honrado, +le dejan que se muera, o que se vuelva loco. Yo no sé para qué es tanto +melindre: si lo hacen de honradas, cásense con ellos, que ellos no desean +otra cosa. + +— Calla, niña —dijo la ventera—, que parece que sabes mucho destas cosas, y +no está bien a las doncellas saber ni hablar tanto. + +— Como me lo pregunta este señor —respondió ella—, no pude dejar de +respondelle. + +— Ahora bien —dijo el cura—, traedme, señor huésped, aquesos libros, que los +quiero ver. + +— Que me place —respondió él. + +Y, entrando en su aposento, sacó dél una maletilla vieja, cerrada con una +cadenilla, y, abriéndola, halló en ella tres libros grandes y unos papeles +de muy buena letra, escritos de mano. El primer libro que abrió vio que era +Don Cirongilio de Tracia; y el otro, de Felixmarte de Hircania; y el otro, +la Historia del Gran Capitán Gonzalo Hernández de Córdoba, con la vida de +Diego García de Paredes. Así como el cura leyó los dos títulos primeros, +volvió el rostro al barbero y dijo: + +— Falta nos hacen aquí ahora el ama de mi amigo y su sobrina. + +— No hacen —respondió el barbero—, que también sé yo llevallos al corral o a +la chimenea; que en verdad que hay muy buen fuego en ella. + +— Luego, ¿quiere vuestra merced quemar más libros? —dijo el ventero. +— No más —dijo el cura— que estos dos: el de Don Cirongilio y el de +Felixmarte. + +— Pues, ¿por ventura —dijo el ventero— mis libros son herejes o flemáticos, +que los quiere quemar? + +— Cismáticos queréis decir, amigo —dijo el barbero—, que no flemáticos. + +— Así es —replicó el ventero—; mas si alguno quiere quemar, sea ese del Gran +Capitán y dese Diego García, que antes dejaré quemar un hijo que dejar +quemar ninguno desotros. + +— Hermano mío —dijo el cura—, estos dos libros son mentirosos y están llenos +de disparates y devaneos; y este del Gran Capitán es historia verdadera, y +tiene los hechos de Gonzalo Hernández de Córdoba, el cual, por sus muchas y +grandes hazañas, mereció ser llamado de todo el mundo Gran Capitán, +renombre famoso y claro, y dél sólo merecido. Y este Diego García de +Paredes fue un principal caballero, natural de la ciudad de Trujillo, en +Estremadura, valentísimo soldado, y de tantas fuerzas naturales que detenía +con un dedo una rueda de molino en la mitad de su furia; y, puesto con un +montante en la entrada de una puente, detuvo a todo un innumerable +ejército, que no pasase por ella; y hizo otras tales cosas que, como si él +las cuenta y las escribe él asimismo, con la modestia de caballero y de +coronista propio, las escribiera otro, libre y desapasionado, pusieran en +su olvido las de los Hétores, Aquiles y Roldanes. + +— ¡Tomaos con mi padre! —dijo el dicho ventero—. ¡Mirad de qué se espanta: +de detener una rueda de molino! Por Dios, ahora había vuestra merced de +leer lo que hizo Felixmarte de Hircania, que de un revés solo partió cinco +gigantes por la cintura, como si fueran hechos de habas, como los +frailecicos que hacen los niños. Y otra vez arremetió con un grandísimo y +poderosísimo ejército, donde llevó más de un millón y seiscientos mil +soldados, todos armados desde el pie hasta la cabeza, y los desbarató a +todos, como si fueran manadas de ovejas. Pues, ¿qué me dirán del bueno de +don Cirongilio de Tracia, que fue tan valiente y animoso como se verá en el +libro, donde cuenta que, navegando por un río, le salió de la mitad del +agua una serpiente de fuego, y él, así como la vio, se arrojó sobre ella, y +se puso a horcajadas encima de sus escamosas espaldas, y le apretó con +ambas manos la garganta, con tanta fuerza que, viendo la serpiente que la +iba ahogando, no tuvo otro remedio sino dejarse ir a lo hondo del río, +llevándose tras sí al caballero, que nunca la quiso soltar? Y, cuando +llegaron allá bajo, se halló en unos palacios y en unos jardines tan lindos +que era maravilla; y luego la sierpe se volvió en un viejo anciano, que le +dijo tantas de cosas que no hay más que oír. Calle, señor, que si oyese +esto, se volvería loco de placer. ¡Dos higas para el Gran Capitán y para +ese Diego García que dice! + +Oyendo esto Dorotea, dijo callando a Cardenio: + +— Poco le falta a nuestro huésped para hacer la segunda parte de don +Quijote. + +— Así me parece a mí —respondió Cardenio—, porque, según da indicio, él +tiene por cierto que todo lo que estos libros cuentan pasó ni más ni menos +que lo escriben, y no le harán creer otra cosa frailes descalzos. +— Mirad, hermano —tornó a decir el cura—, que no hubo en el mundo Felixmarte +de Hircania, ni don Cirongilio de Tracia, ni otros caballeros semejantes +que los libros de caballerías cuentan, porque todo es compostura y ficción +de ingenios ociosos, que los compusieron para el efeto que vos decís de +entretener el tiempo, como lo entretienen leyéndolos vuestros segadores; +porque realmente os juro que nunca tales caballeros fueron en el mundo, ni +tales hazañas ni disparates acontecieron en él. + +— ¡A otro perro con ese hueso! —respondió el ventero—. ¡Como si yo no +supiese cuántas son cinco y adónde me aprieta el zapato! No piense vuestra +merced darme papilla, porque por Dios que no soy nada blanco. ¡Bueno es que +quiera darme vuestra merced a entender que todo aquello que estos buenos +libros dicen sea disparates y mentiras, estando impreso con licencia de los +señores del Consejo Real, como si ellos fueran gente que habían de dejar +imprimir tanta mentira junta, y tantas batallas y tantos encantamentos que +quitan el juicio! + +— Ya os he dicho, amigo —replicó el cura—, que esto se hace para entretener +nuestros ociosos pensamientos; y, así como se consiente en las repúblicas +bien concertadas que haya juegos de ajedrez, de pelota y de trucos, para +entretener a algunos que ni tienen, ni deben, ni pueden trabajar, así se +consiente imprimir y que haya tales libros, creyendo, como es verdad, que +no ha de haber alguno tan ignorante que tenga por historia verdadera +ninguna destos libros. Y si me fuera lícito agora, y el auditorio lo +requiriera, yo dijera cosas acerca de lo que han de tener los libros de +caballerías para ser buenos, que quizá fueran de provecho y aun de gusto +para algunos; pero yo espero que vendrá tiempo en que lo pueda comunicar +con quien pueda remediallo, y en este entretanto creed, señor ventero, lo +que os he dicho, y tomad vuestros libros, y allá os avenid con sus verdades +o mentiras, y buen provecho os hagan, y quiera Dios que no cojeéis del pie +que cojea vuestro huésped don Quijote. + +— Eso no —respondió el ventero—, que no seré yo tan loco que me haga +caballero andante: que bien veo que ahora no se usa lo que se usaba en +aquel tiempo, cuando se dice que andaban por el mundo estos famosos +caballeros. + +A la mitad desta plática se halló Sancho presente, y quedó muy confuso y +pensativo de lo que había oído decir que ahora no se usaban caballeros +andantes, y que todos los libros de caballerías eran necedades y mentiras, +y propuso en su corazón de esperar en lo que paraba aquel viaje de su amo, +y que si no salía con la felicidad que él pensaba, determinaba de dejalle y +volverse con su mujer y sus hijos a su acostumbrado trabajo. + +Llevábase la maleta y los libros el ventero, mas el cura le dijo: +— Esperad, que quiero ver qué papeles son esos que de tan buena letra están +escritos. + +Sacólos el huésped, y, dándoselos a leer, vio hasta obra de ocho pliegos +escritos de mano, y al principio tenían un título grande que decía: Novela +del curioso impertinente. Leyó el cura para sí tres o cuatro renglones y +dijo: + +— Cierto que no me parece mal el título desta novela, y que me viene +voluntad de leella toda. + +A lo que respondió el ventero: + +— Pues bien puede leella su reverencia, porque le hago saber que algunos +huéspedes que aquí la han leído les ha contentado mucho, y me la han pedido +con muchas veras; mas yo no se la he querido dar, pensando volvérsela a +quien aquí dejó esta maleta olvidada con estos libros y esos papeles; que +bien puede ser que vuelva su dueño por aquí algún tiempo, y, aunque sé que +me han de hacer falta los libros, a fe que se los he de volver: que, aunque +ventero, todavía soy cristiano. + +— Vos tenéis mucha razón, amigo —dijo el cura—, mas, con todo eso, si la +novela me contenta, me la habéis de dejar trasladar. + +— De muy buena gana —respondió el ventero. + +Mientras los dos esto decían, había tomado Cardenio la novela y comenzado a +leer en ella; y, pareciéndole lo mismo que al cura, le rogó que la leyese +de modo que todos la oyesen. + +— Sí leyera —dijo el cura—, si no fuera mejor gastar este tiempo en dormir +que en leer. + +— Harto reposo será para mí —dijo Dorotea— entretener el tiempo oyendo algún +cuento, pues aún no tengo el espíritu tan sosegado que me conceda dormir +cuando fuera razón. + +— Pues desa manera —dijo el cura—, quiero leerla, por curiosidad siquiera; +quizá tendrá alguna de gusto. + +Acudió maese Nicolás a rogarle lo mesmo, y Sancho también; lo cual visto +del cura, y entendiendo que a todos daría gusto y él le recibiría, dijo: +— Pues así es, esténme todos atentos, que la novela comienza desta manera: + + + + +Capítulo XXXIII. Donde se cuenta la novela del Curioso impertinente + +«En Florencia, ciudad rica y famosa de Italia, en la provincia que llaman +Toscana, vivían Anselmo y Lotario, dos caballeros ricos y principales, y +tan amigos que, por excelencia y antonomasia, de todos los que los conocían +los dos amigos eran llamados. Eran solteros, mozos de una misma edad y de +unas mismas costumbres; todo lo cual era bastante causa a que los dos con +recíproca amistad se correspondiesen. Bien es verdad que el Anselmo era +algo más inclinado a los pasatiempos amorosos que el Lotario, al cual +llevaban tras sí los de la caza; pero, cuando se ofrecía, dejaba Anselmo de +acudir a sus gustos por seguir los de Lotario, y Lotario dejaba los suyos +por acudir a los de Anselmo; y, desta manera, andaban tan a una sus +voluntades, que no había concertado reloj que así lo anduviese. +»Andaba Anselmo perdido de amores de una doncella principal y hermosa de la +misma ciudad, hija de tan buenos padres y tan buena ella por sí, que se +determinó, con el parecer de su amigo Lotario, sin el cual ninguna cosa +hacía, de pedilla por esposa a sus padres, y así lo puso en ejecución; y el +que llevó la embajada fue Lotario, y el que concluyó el negocio tan a gusto +de su amigo, que en breve tiempo se vio puesto en la posesión que deseaba, +y Camila tan contenta de haber alcanzado a Anselmo por esposo, que no +cesaba de dar gracias al cielo, y a Lotario, por cuyo medio tanto bien le +había venido. + +»Los primeros días, como todos los de boda suelen ser alegres, continuó +Lotario, como solía, la casa de su amigo Anselmo, procurando honralle, +festejalle y regocijalle con todo aquello que a él le fue posible; pero, +acabadas las bodas y sosegada ya la frecuencia de las visitas y parabienes, +comenzó Lotario a descuidarse con cuidado de las idas en casa de Anselmo, +por parecerle a él —como es razón que parezca a todos los que fueren +discretos— que no se han de visitar ni continuar las casas de los amigos +casados de la misma manera que cuando eran solteros; porque, aunque la +buena y verdadera amistad no puede ni debe de ser sospechosa en nada, con +todo esto, es tan delicada la honra del casado, que parece que se puede +ofender aun de los mesmos hermanos, cuanto más de los amigos. + +»Notó Anselmo la remisión de Lotario, y formó dél quejas grandes, +diciéndole que si él supiera que el casarse había de ser parte para no +comunicalle como solía, que jamás lo hubiera hecho, y que si, por la buena +correspondencia que los dos tenían mientras él fue soltero, habían +alcanzado tan dulce nombre como el de ser llamados los dos amigos, que no +permitiese, por querer hacer del circunspecto, sin otra ocasión alguna, +que tan famoso y tan agradable nombre se perdiese; y que así, le suplicaba, +si era lícito que tal término de hablar se usase entre ellos, que volviese +a ser señor de su casa, y a entrar y salir en ella como de antes, +asegurándole que su esposa Camila no tenía otro gusto ni otra voluntad que +la que él quería que tuviese, y que, por haber sabido ella con cuántas +veras los dos se amaban, estaba confusa de ver en él tanta esquiveza. +»A todas estas y otras muchas razones que Anselmo dijo a Lotario para +persuadille volviese como solía a su casa, respondió Lotario con tanta +prudencia, discreción y aviso, que Anselmo quedó satisfecho de la buena +intención de su amigo, y quedaron de concierto que dos días en la semana y +las fiestas fuese Lotario a comer con él; y, aunque esto quedó así +concertado entre los dos, propuso Lotario de no hacer más de aquello que +viese que más convenía a la honra de su amigo, cuyo crédito estimaba en +más que el suyo proprio. Decía él, y decía bien, que el casado a quien el +cielo había concedido mujer hermosa, tanto cuidado había de tener qué +amigos llevaba a su casa como en mirar con qué amigas su mujer conversaba, +porque lo que no se hace ni concierta en las plazas, ni en los templos, ni +en las fiestas públicas, ni estaciones —cosas que no todas veces las han de +negar los maridos a sus mujeres—, se concierta y facilita en casa de la +amiga o la parienta de quien más satisfación se tiene. + +»También decía Lotario que tenían necesidad los casados de tener cada uno +algún amigo que le advirtiese de los descuidos que en su proceder hiciese, +porque suele acontecer que con el mucho amor que el marido a la mujer +tiene, o no le advierte o no le dice, por no enojalla, que haga o deje de +hacer algunas cosas, que el hacellas o no, le sería de honra o de +vituperio; de lo cual, siendo del amigo advertido, fácilmente pondría +remedio en todo. Pero, ¿dónde se hallará amigo tan discreto y tan leal y +verdadero como aquí Lotario le pide? No lo sé yo, por cierto; sólo Lotario +era éste, que con toda solicitud y advertimiento miraba por la honra de su +amigo y procuraba dezmar, frisar y acortar los días del concierto del ir a +su casa, porque no pareciese mal al vulgo ocioso y a los ojos vagabundos y +maliciosos la entrada de un mozo rico, gentilhombre y bien nacido, y de las +buenas partes que él pensaba que tenía, en la casa de una mujer tan hermosa +como Camila; que, puesto que su bondad y valor podía poner freno a toda +maldiciente lengua, todavía no quería poner en duda su crédito ni el de su +amigo, y por esto los más de los días del concierto los ocupaba y +entretenía en otras cosas, que él daba a entender ser inexcusables. Así +que, en quejas del uno y disculpas del otro se pasaban muchos ratos y +partes del día. + +»Sucedió, pues, que uno que los dos se andaban paseando por un prado fuera +de la ciudad, Anselmo dijo a Lotario las semejantes razones: +»—Pensabas, amigo Lotario, que a las mercedes que Dios me ha hecho en +hacerme hijo de tales padres como fueron los míos y al darme, no con mano +escasa, los bienes, así los que llaman de naturaleza como los de fortuna, +no puedo yo corresponder con agradecimiento que llegue al bien recebido, y +sobre al que me hizo en darme a ti por amigo y a Camila por mujer propria: +dos prendas que las estimo, si no en el grado que debo, en el que puedo. +Pues con todas estas partes, que suelen ser el todo con que los hombres +suelen y pueden vivir contentos, vivo yo el más despechado y el más +desabrido hombre de todo el universo mundo; porque no sé qué días a esta +parte me fatiga y aprieta un deseo tan estraño, y tan fuera del uso común +de otros, que yo me maravillo de mí mismo, y me culpo y me riño a solas, y +procuro callarlo y encubrirlo de mis proprios pensamientos; y así me ha +sido posible salir con este secreto como si de industria procurara decillo +a todo el mundo. Y, pues que, en efeto, él ha de salir a plaza,quiero que +sea en la del archivo de tu secreto, confiado que, con él y con la +diligencia que pondrás, como mi amigo verdadero, en remediarme, yo me veré +presto libre de la angustia que me causa, y llegará mi alegría por tu +solicitud al grado que ha llegado mi descontento por mi locura. +»Suspenso tenían a Lotario las razones de Anselmo, y no sabía en qué había +de parar tan larga prevención o preámbulo; y, aunque iba revolviendo en su +imaginación qué deseo podría ser aquel que a su amigo tanto fatigaba, dio +siempre muy lejos del blanco de la verdad; y, por salir presto de la agonía +que le causaba aquella suspensión, le dijo que hacía notorio agravio a su +mucha amistad en andar buscando rodeos para decirle sus más encubiertos +pensamientos, pues tenía cierto que se podía prometer dél, o ya consejos +para entretenellos, o ya remedio para cumplillos. + +»—Así es la verdad —respondió Anselmo—, y con esa confianza te hago saber, +amigo Lotario, que el deseo que me fatiga es pensar si Camila, mi esposa, +es tan buena y tan perfeta como yo pienso; y no puedo enterarme en esta +verdad, si no es probándola de manera que la prueba manifieste los quilates +de su bondad, como el fuego muestra los del oro. Porque yo tengo para mí, +¡oh amigo!, que no es una mujer más buena de cuanto es o no es solicitada, +y que aquella sola es fuerte que no se dobla a las promesas, a las dádivas, +a las lágrimas y a las continuas importunidades de los solícitos amantes. +Porque, ¿qué hay que agradecer —decía él— que una mujer sea buena, si nadie +le dice que sea mala? ¿Qué mucho que esté recogida y temerosa la que no le +dan ocasión para que se suelte, y la que sabe que tiene marido que, en +cogiéndola en la primera desenvoltura, la ha de quitar la vida? Ansí que, +la que es buena por temor, o por falta de lugar, yo no la quiero tener en +aquella estima en que tendré a la solicitada y perseguida que salió con la +corona del vencimiento. De modo que, por estas razones y por otras muchas +que te pudiera decir para acreditar y fortalecer la opinión que tengo, +deseo que Camila, mi esposa, pase por estas dificultades y se acrisole y +quilate en el fuego de verse requerida y solicitada, y de quien tenga valor +para poner en ella sus deseos; y si ella sale, como creo que saldrá, con la +palma desta batalla, tendré yo por sin igual mi ventura; podré yo decir que +está colmo el vacío de mis deseos; diré que me cupo en suerte la mujer +fuerte, de quien el Sabio dice que ¿quién la hallará? Y, cuando esto suceda +al revés de lo que pienso, con el gusto de ver que acerté en mi opinión, +llevaré sin pena la que de razón podrá causarme mi tan costosa experiencia. +Y, prosupuesto que ninguna cosa de cuantas me dijeres en contra de mi deseo +ha de ser de algún provecho para dejar de ponerle por la obra, quiero, ¡oh +amigo Lotario!, que te dispongas a ser el instrumento que labre aquesta +obra de mi gusto; que yo te daré lugar para que lo hagas, sin faltarte todo +aquello que yo viere ser necesario para solicitar a una mujer honesta, +honrada, recogida y desinteresada. Y muéveme, entre otras cosas, a fiar de +ti esta tan ardua empresa, el ver que si de ti es vencida Camila, no ha de +llegar el vencimiento a todo trance y rigor, sino a sólo a tener por hecho +lo que se ha de hacer, por buen respeto; y así, no quedaré yo ofendido más +de con el deseo, y mi injuria quedará escondida en la virtud de tu +silencio, que bien sé que en lo que me tocare ha de ser eterno como el de +la muerte. Así que, si quieres que yo tenga vida que pueda decir que lo es, +desde luego has de entrar en esta amorosa batalla, no tibia ni +perezosamente, sino con el ahínco y diligencia que mi deseo pide, y con la +confianza que nuestra amistad me asegura. + +»Éstas fueron las razones que Anselmo dijo a Lotario, a todas las cuales +estuvo tan atento, que si no fueron las que quedan escritas que le dijo, no +desplegó sus labios hasta que hubo acabado; y, viendo que no decía más, +después que le estuvo mirando un buen espacio, como si mirara otra cosa que +jamás hubiera visto, que le causara admiración y espanto, le dijo: +»—No me puedo persuadir, ¡oh amigo Anselmo!, a que no sean burlas las cosas +que me has dicho; que, a pensar que de veras las decías, no consintiera que +tan adelante pasaras, porque con no escucharte previniera tu larga arenga. +Sin duda imagino, o que no me conoces, o que yo no te conozco. Pero no; que +bien sé que eres Anselmo, y tú sabes que yo soy Lotario; el daño está en +que yo pienso que no eres el Anselmo que solías, y tú debes de haber +pensado que tampoco yo soy el Lotario que debía ser, porque las cosas que +me has dicho, ni son de aquel Anselmo mi amigo, ni las que me pides se han +de pedir a aquel Lotario que tú conoces; porque los buenos amigos han de +probar a sus amigos y valerse dellos, como dijo un poeta, usque ad aras; +que quiso decir que no se habían de valer de su amistad en cosas que fuesen +contra Dios. Pues, si esto sintió un gentil de la amistad, ¿cuánto mejor es +que lo sienta el cristiano, que sabe que por ninguna humana ha de perder la +amistad divina? Y cuando el amigo tirase tanto la barra que pusiese aparte +los respetos del cielo por acudir a los de su amigo, no ha de ser por cosas +ligeras y de poco momento, sino por aquellas en que vaya la honra y la vida +de su amigo. Pues dime tú ahora, Anselmo: ¿cuál destas dos cosas tienes en +peligro para que yo me aventure a complacerte y a hacer una cosa tan +detestable como me pides? Ninguna, por cierto; antes, me pides, según yo +entiendo, que procure y solicite quitarte la honra y la vida, y quitármela +a mí juntamente. Porque si yo he de procurar quitarte la honra, claro está +que te quito la vida, pues el hombre sin honra peor es que un muerto; y, +siendo yo el instrumento, como tú quieres que lo sea, de tanto mal tuyo, +¿no vengo a quedar deshonrado, y, por el mesmo consiguiente, sin vida? +Escucha, amigo Anselmo, y ten paciencia de no responderme hasta que acabe +de decirte lo que se me ofreciere acerca de lo que te ha pedido tu deseo; +que tiempo quedará para que tú me repliques y yo te escuche. + +»—Que me place —dijo Anselmo—: di lo que quisieres. + +»Y Lotario prosiguió diciendo: + +»—Paréceme, ¡oh Anselmo!, que tienes tú ahora el ingenio como el que +siempre tienen los moros, a los cuales no se les puede dar a entender el +error de su secta con las acotaciones de la Santa Escritura, ni con razones +que consistan en especulación del entendimiento, ni que vayan fundadas en +artículos de fe, sino que les han de traer ejemplos palpables, fáciles, +intelegibles, demonstrativos, indubitables, con demostraciones matemáticas +que no se pueden negar, como cuando dicen: "Si de dos partes iguales +quitamos partes iguales, las que quedan también son iguales"; y, cuando +esto no entiendan de palabra, como, en efeto, no lo entienden, háseles de +mostrar con las manos y ponérselo delante de los ojos, y, aun con todo +esto, no basta nadie con ellos a persuadirles las verdades de mi sacra +religión. Y este mesmo término y modo me convendrá usar contigo, porque el +deseo que en ti ha nacido va tan descaminado y tan fuera de todo aquello +que tenga sombra de razonable, que me parece que ha de ser tiempo gastado +el que ocupare en darte a entender tu simplicidad, que por ahora no le +quiero dar otro nombre, y aun estoy por dejarte en tu desatino, en pena de +tu mal deseo; mas no me deja usar deste rigor la amistad que te tengo, la +cual no consiente que te deje puesto en tan manifiesto peligro de perderte. +Y, porque claro lo veas, dime, Anselmo: ¿tú no me has dicho que tengo de +solicitar a una retirada, persuadir a una honesta, ofrecer a una +desinteresada, servir a una prudente? Sí que me lo has dicho. Pues si tú +sabes que tienes mujer retirada, honesta, desinteresada y prudente, ¿qué +buscas? Y si piensas que de todos mis asaltos ha de salir vencedora, como +saldrá sin duda, ¿qué mejores títulos piensas darle después que los que +ahora tiene, o qué será más después de lo que es ahora? O es que tú no la +tienes por la que dices, o tú no sabes lo que pides. Si no la tienes por lo +que dices, ¿para qué quieres probarla, sino, como a mala, hacer della lo +que más te viniere en gusto? Mas si es tan buena como crees, impertinente +cosa será hacer experiencia de la mesma verdad, pues, después de hecha, se +ha de quedar con la estimación que primero tenía. Así que, es razón +concluyente que el intentar las cosas de las cuales antes nos puede suceder +daño que provecho es de juicios sin discurso y temerarios, y más cuando +quieren intentar aquellas a que no son forzados ni compelidos, y que de muy +lejos traen descubierto que el intentarlas es manifiesta locura. Las cosas +dificultosas se intentan por Dios, o por el mundo, o por entrambos a dos: +las que se acometen por Dios son las que acometieron los santos, +acometiendo a vivir vida de ángeles en cuerpos humanos; las que se acometen +por respeto del mundo son las de aquellos que pasan tanta infinidad de +agua, tanta diversidad de climas, tanta estrañeza de gentes, por adquirir +estos que llaman bienes de fortuna. Y las que se intentan por Dios y por el +mundo juntamente son aquellas de los valerosos soldados, que apenas veen en +el contrario muro abierto tanto espacio cuanto es el que pudo hacer una +redonda bala de artillería, cuando, puesto aparte todo temor, sin hacer +discurso ni advertir al manifiesto peligro que les amenaza, llevados en +vuelo de las alas del deseo de volver por su fe, por su nación y por su +rey, se arrojan intrépidamente por la mitad de mil contrapuestas muertes +que los esperan. Estas cosas son las que suelen intentarse, y es honra, +gloria y provecho intentarlas, aunque tan llenas de inconvenientes y +peligros. Pero la que tú dices que quieres intentar y poner por obra, ni te +ha de alcanzar gloria de Dios, bienes de la fortuna, ni fama con los +hombres; porque, puesto que salgas con ella como deseas, no has de quedar +ni más ufano, ni más rico, ni más honrado que estás ahora; y si no sales, +te has de ver en la mayor miseria que imaginarse pueda, porque no te ha de +aprovechar pensar entonces que no sabe nadie la desgracia que te ha +sucedido, porque bastará para afligirte y deshacerte que la sepas tú mesmo. +Y, para confirmación desta verdad, te quiero decir una estancia que hizo el +famoso poeta Luis Tansilo, en el fin de su primera parte de Las lágrimas de +San Pedro, que dice así: + +Crece el dolor y crece la vergüenza +en Pedro, cuando el día se ha mostrado; +y, aunque allí no ve a nadie, se avergüenza +de sí mesmo, por ver que había pecado: +que a un magnánimo pecho a haber vergüenza +no sólo ha de moverle el ser mirado; +que de sí se avergüenza cuando yerra, +si bien otro no vee que cielo y tierra. + +Así que, no escusarás con el secreto tu dolor; antes, tendrás que llorar +contino, si no lágrimas de los ojos, lágrimas de sangre del corazón, como +las lloraba aquel simple doctor que nuestro poeta nos cuenta que hizo la +prueba del vaso, que, con mejor discurso, se escusó de hacerla el prudente +Reinaldos; que, puesto que aquello sea ficción poética, tiene en sí +encerrados secretos morales dignos de ser advertidos y entendidos e +imitados. Cuanto más que, con lo que ahora pienso decirte, acabarás de +venir en conocimiento del grande error que quieres cometer. Dime, Anselmo, +si el cielo, o la suerte buena, te hubiera hecho señor y legítimo posesor +de un finísimo diamante, de cuya bondad y quilates estuviesen satisfechos +cuantos lapidarios le viesen, y que todos a una voz y de común parecer +dijesen que llegaba en quilates, bondad y fineza a cuanto se podía estender +la naturaleza de tal piedra, y tú mesmo lo creyeses así, sin saber otra +cosa en contrario, ¿sería justo que te viniese en deseo de tomar aquel +diamante, y ponerle entre un ayunque y un martillo, y allí, a pura fuerza +de golpes y brazos, probar si es tan duro y tan fino como dicen? Y más, si +lo pusieses por obra; que, puesto caso que la piedra hiciese resistencia a +tan necia prueba, no por eso se le añadiría más valor ni más fama; y si se +rompiese, cosa que podría ser, ¿no se perdería todo? Sí, por cierto, +dejando a su dueño en estimación de que todos le tengan por simple. Pues +haz cuenta, Anselmo amigo, que Camila es fínisimo diamante, así en tu +estimación como en la ajena, y que no es razón ponerla en contingencia de +que se quiebre, pues, aunque se quede con su entereza, no puede subir a más +valor del que ahora tiene; y si faltase y no resistiese, considera desde +ahora cuál quedarías sin ella, y con cuánta razón te podrías quejar de ti +mesmo, por haber sido causa de su perdición y la tuya. Mira que no hay joya +en el mundo que tanto valga como la mujer casta y honrada, y que todo el +honor de las mujeres consiste en la opinión buena que dellas se tiene; y, +pues la de tu esposa es tal que llega al estremo de bondad que sabes, ¿para +qué quieres poner esta verdad en duda? Mira, amigo, que la mujer es animal +imperfecto, y que no se le han de poner embarazos donde tropiece y caiga, +sino quitárselos y despejalle el camino de cualquier inconveniente, para +que sin pesadumbre corra ligera a alcanzar la perfeción que le falta, que +consiste en el ser virtuosa. Cuentan los naturales que el arminio es un +animalejo que tiene una piel blanquísima, y que cuando quieren cazarle, los +cazadores usan deste artificio: que, sabiendo las partes por donde suele +pasar y acudir, las atajan con lodo, y después, ojeándole, le encaminan +hacia aquel lugar, y así como el arminio llega al lodo, se está quedo y se +deja prender y cautivar, a trueco de no pasar por el cieno y perder y +ensuciar su blancura, que la estima en más que la libertad y la vida. La +honesta y casta mujer es arminio, y es más que nieve blanca y limpia la +virtud de la honestidad; y el que quisiere que no la pierda, antes la +guarde y conserve, ha de usar de otro estilo diferente que con el arminio +se tiene, porque no le han de poner delante el cieno de los regalos y +servicios de los importunos amantes, porque quizá, y aun sin quizá, no +tiene tanta virtud y fuerza natural que pueda por sí mesma atropellar y +pasar por aquellos embarazos, y es necesario quitárselos y ponerle delante +la limpieza de la virtud y la belleza que encierra en sí la buena fama. Es +asimesmo la buena mujer como espejo de cristal luciente y claro; pero está +sujeto a empañarse y escurecerse con cualquiera aliento que le toque. Hase +de usar con la honesta mujer el estilo que con las reliquias: adorarlas y +no tocarlas. Hase de guardar y estimar la mujer buena como se guarda y +estima un hermoso jardín que está lleno de flores y rosas, cuyo dueño no +consiente que nadie le pasee ni manosee; basta que desde lejos, y por entre +las verjas de hierro, gocen de su fragrancia y hermosura. Finalmente, +quiero decirte unos versos que se me han venido a la memoria, que los oí en +una comedia moderna, que me parece que hacen al propósito de lo que vamos +tratando. Aconsejaba un prudente viejo a otro, padre de una doncella, que +la recogiese, guardase y encerrase, y entre otras razones, le dijo éstas: + +Es de vidrio la mujer; +pero no se ha de probar +si se puede o no quebrar, +porque todo podría ser. +Y es más fácil el quebrarse, +y no es cordura ponerse +a peligro de romperse +lo que no puede soldarse. +Y en esta opinión estén +todos, y en razón la fundo: +que si hay Dánaes en el mundo, +hay pluvias de oro también. + +Cuanto hasta aquí te he dicho, ¡oh Anselmo!, ha sido por lo que a ti te +toca; y ahora es bien que se oiga algo de lo que a mí me conviene; y si +fuere largo, perdóname, que todo lo requiere el laberinto donde te has +entrado y de donde quieres que yo te saque. Tú me tienes por amigo y +quieres quitarme la honra, cosa que es contra toda amistad; y aun no sólo +pretendes esto, sino que procuras que yo te la quite a ti. Que me la +quieres quitar a mí está claro, pues, cuando Camila vea que yo la solicito, +como me pides, cierto está que me ha de tener por hombre sin honra y mal +mirado, pues intento y hago una cosa tan fuera de aquello que el ser quien +soy y tu amistad me obliga. De que quieres que te la quite a ti no hay +duda, porque, viendo Camila que yo la solicito, ha de pensar que yo he +visto en ella alguna liviandad que me dio atrevimiento a descubrirle mi mal +deseo; y, teniéndose por deshonrada, te toca a ti, como a cosa suya, su +mesma deshonra. Y de aquí nace lo que comúnmente se platica: que el marido +de la mujer adúltera, puesto que él no lo sepa ni haya dado ocasión para +que su mujer no sea la que debe, ni haya sido en su mano, ni en su descuido +y poco recato estorbar su desgracia, con todo, le llaman y le nombran con +nombre de vituperio y bajo; y en cierta manera le miran, los que la maldad +de su mujer saben, con ojos de menosprecio, en cambio de mirarle con los de +lástima, viendo que no por su culpa, sino por el gusto de su mala +compañera, está en aquella desventura. Pero quiérote decir la causa por que +con justa razón es deshonrado el marido de la mujer mala, aunque él no sepa +que lo es, ni tenga culpa, ni haya sido parte, ni dado ocasión, para que +ella lo sea. Y no te canses de oírme, que todo ha de redundar en tu +provecho. Cuando Dios crió a nuestro primero padre en el Paraíso terrenal, +dice la Divina Escritura que infundió Dios sueño en Adán, y que, estando +durmiendo, le sacó una costilla del lado siniestro, de la cual formó a +nuestra madre Eva; y, así como Adán despertó y la miró, dijo: ''Ésta es +carne de mi carne y hueso de mis huesos''. Y Dios dijo: ''Por ésta dejará +el hombre a su padre y madre, y serán dos en una carne misma''. Y entonces +fue instituido el divino sacramento del matrimonio, con tales lazos que +sola la muerte puede desatarlos. Y tiene tanta fuerza y virtud este +milagroso sacramento, que hace que dos diferentes personas sean una mesma +carne; y aún hace más en los buenos casados, que, aunque tienen dos almas, +no tienen más de una voluntad. Y de aquí viene que, como la carne de la +esposa sea una mesma con la del esposo, las manchas que en ella caen, o los +defectos que se procura, redundan en la carne del marido, aunque él no haya +dado, como queda dicho, ocasión para aquel daño. Porque, así como el dolor +del pie o de cualquier miembro del cuerpo humano le siente todo el cuerpo, +por ser todo de una carne mesma, y la cabeza siente el daño del tobillo, +sin que ella se le haya causado, así el marido es participante de la +deshonra de la mujer, por ser una mesma cosa con ella. Y como las honras y +deshonras del mundo sean todas y nazcan de carne y sangre, y las de la +mujer mala sean deste género, es forzoso que al marido le quepa parte +dellas, y sea tenido por deshonrado sin que él lo sepa. Mira, pues, ¡oh +Anselmo!, al peligro que te pones en querer turbar el sosiego en que tu +buena esposa vive. Mira por cuán vana e impertinente curiosidad quieres +revolver los humores que ahora están sosegados en el pecho de tu casta +esposa. Advierte que lo que aventuras a ganar es poco, y que lo que +perderás será tanto que lo dejaré en su punto, porque me faltan palabras +para encarecerlo. Pero si todo cuanto he dicho no basta a moverte de tu mal +propósito, bien puedes buscar otro instrumento de tu deshonra y desventura, +que yo no pienso serlo, aunque por ello pierda tu amistad, que es la mayor +pérdida que imaginar puedo. + +»Calló, en diciendo esto, el virtuoso y prudente Lotario, y Anselmo quedó +tan confuso y pensativo que por un buen espacio no le pudo responder +palabra; pero, en fin, le dijo: + +»—Con la atención que has visto he escuchado, Lotario amigo, cuanto has +querido decirme, y en tus razones, ejemplos y comparaciones he visto la +mucha discreción que tienes y el estremo de la verdadera amistad que +alcanzas; y ansimesmo veo y confieso que si no sigo tu parecer y me voy +tras el mío, voy huyendo del bien y corriendo tras el mal. Prosupuesto +esto, has de considerar que yo padezco ahora la enfermedad que suelen tener +algunas mujeres, que se les antoja comer tierra, yeso, carbón y otras cosas +peores, aun asquerosas para mirarse, cuanto más para comerse; así que, es +menester usar de algún artificio para que yo sane, y esto se podía hacer +con facilidad, sólo con que comiences, aunque tibia y fingidamente, a +solicitar a Camila, la cual no ha de ser tan tierna que a los primeros +encuentros dé con su honestidad por tierra; y con solo este principio +quedaré contento y tú habrás cumplido con lo que debes a nuestra amistad, +no solamente dándome la vida, sino persuadiéndome de no verme sin honra. Y +estás obligado a hacer esto por una razón sola; y es que, estando yo, como +estoy, determinado de poner en plática esta prueba, no has tú de consentir +que yo dé cuenta de mi desatino a otra persona, con que pondría en aventura +el honor que tú procuras que no pierda; y, cuando el tuyo no esté en el +punto que debe en la intención de Camila en tanto que la solicitares, +importa poco o nada, pues con brevedad, viendo en ella la entereza que +esperamos, le podrás decir la pura verdad de nuestro artificio, con que +volverá tu crédito al ser primero. Y, pues tan poco aventuras y tanto +contento me puedes dar aventurándote, no lo dejes de hacer, aunque más +inconvenientes se te pongan delante, pues, como ya he dicho, con sólo que +comiences daré por concluida la causa. + +»Viendo Lotario la resoluta voluntad de Anselmo, y no sabiendo qué más +ejemplos traerle ni qué más razones mostrarle para que no la siguiese, y +viendo que le amenazaba que daría a otro cuenta de su mal deseo, por evitar +mayor mal, determinó de contentarle y hacer lo que le pedía, con propósito +e intención de guiar aquel negocio de modo que, sin alterar los +pensamientos de Camila, quedase Anselmo satisfecho; y así, le respondió que +no comunicase su pensamiento con otro alguno, que él tomaba a su cargo +aquella empresa, la cual comenzaría cuando a él le diese más gusto. +Abrazóle Anselmo tierna y amorosamente, y agradecióle su ofrecimiento, como +si alguna grande merced le hubiera hecho; y quedaron de acuerdo entre los +dos que desde otro día siguiente se comenzase la obra; que él le daría +lugar y tiempo como a sus solas pudiese hablar a Camila, y asimesmo le +daría dineros y joyas que darla y que ofrecerla. Aconsejóle que le diese +músicas, que escribiese versos en su alabanza, y que, cuando él no quisiese +tomar trabajo de hacerlos, él mesmo los haría. A todo se ofreció Lotario, +bien con diferente intención que Anselmo pensaba. + +»Y con este acuerdo se volvieron a casa de Anselmo, donde hallaron a Camila +con ansia y cuidado, esperando a su esposo, porque aquel día tardaba en +venir más de lo acostumbrado. + +»Fuese Lotario a su casa, y Anselmo quedó en la suya, tan contento como +Lotario fue pensativo, no sabiendo qué traza dar para salir bien de aquel +impertinente negocio. Pero aquella noche pensó el modo que tendría para +engañar a Anselmo, sin ofender a Camila; y otro día vino a comer con su +amigo, y fue bien recebido de Camila, la cual le recebía y regalaba con +mucha voluntad, por entender la buena que su esposo le tenía. +»Acabaron de comer, levantaron los manteles y Anselmo dijo a Lotario que se +quedase allí con Camila, en tanto que él iba a un negocio forzoso, que +dentro de hora y media volvería. Rogóle Camila que no se fuese y Lotario se +ofreció a hacerle compañía, más nada aprovechó con Anselmo; antes, +importunó a Lotario que se quedase y le aguardase, porque tenía que tratar +con él una cosa de mucha importancia. Dijo también a Camila que no dejase +solo a Lotario en tanto que él volviese. En efeto, él supo tan bien fingir +la necesidad, o necedad, de su ausencia, que nadie pudiera entender que era +fingida. Fuese Anselmo, y quedaron solos a la mesa Camila y Lotario, porque +la demás gente de casa toda se había ido a comer. Viose Lotario puesto en +la estacada que su amigo deseaba y con el enemigo delante, que pudiera +vencer con sola su hermosura a un escuadrón de caballeros armados: mirad si +era razón que le temiera Lotario. + +»Pero lo que hizo fue poner el codo sobre el brazo de la silla y la mano +abierta en la mejilla, y, pidiendo perdón a Camila del mal comedimiento, +dijo que quería reposar un poco en tanto que Anselmo volvía. Camila le +respondió que mejor reposaría en el estrado que en la silla, y así, le rogó +se entrase a dormir en él. No quiso Lotario, y allí se quedó dormido hasta +que volvió Anselmo, el cual, como halló a Camila en su aposento y a Lotario +durmiendo, creyó que, como se había tardado tanto, ya habrían tenido los +dos lugar para hablar, y aun para dormir, y no vio la hora en que Lotario +despertase, para volverse con él fuera y preguntarle de su ventura. +»Todo le sucedió como él quiso: Lotario despertó, y luego salieron los dos +de casa, y así, le preguntó lo que deseaba, y le respondió Lotario que no +le había parecido ser bien que la primera vez se descubriese del todo; y +así, no había hecho otra cosa que alabar a Camila de hermosa, diciéndole +que en toda la ciudad no se trataba de otra cosa que de su hermosura y +discreción, y que éste le había parecido buen principio para entrar ganando +la voluntad, y disponiéndola a que otra vez le escuchase con gusto, usando +en esto del artificio que el demonio usa cuando quiere engañar a alguno que +está puesto en atalaya de mirar por sí: que se transforma en ángel de luz, +siéndolo él de tinieblas, y, poniéndole delante apariencias buenas, al cabo +descubre quién es y sale con su intención, si a los principios no es +descubierto su engaño. Todo esto le contentó mucho a Anselmo, y dijo que +cada día daría el mesmo lugar, aunque no saliese de casa, porque en ella se +ocuparía en cosas que Camila no pudiese venir en conocimiento de su +artificio. + +»Sucedió, pues, que se pasaron muchos días que, sin decir Lotario palabra a +Camila, respondía a Anselmo que la hablaba y jamás podía sacar della una +pequeña muestra de venir en ninguna cosa que mala fuese, ni aun dar una +señal de sombra de esperanza; antes, decía que le amenazaba que si de aquel +mal pensamiento no se quitaba, que lo había de decir a su esposo. +»—Bien está —dijo Anselmo—. Hasta aquí ha resistido Camila a las palabras; +es menester ver cómo resiste a las obras: yo os daré mañana dos mil escudos +de oro para que se los ofrezcáis, y aun se los deis, y otros tantos para +que compréis joyas con que cebarla; que las mujeres suelen ser aficionadas, +y más si son hermosas, por más castas que sean, a esto de traerse bien y +andar galanas; y si ella resiste a esta tentación, yo quedaré satisfecho y +no os daré más pesadumbre. + +»Lotario respondió que ya que había comenzado, que él llevaría hasta el fin +aquella empresa, puesto que entendía salir della cansado y vencido. Otro +día recibió los cuatro mil escudos, y con ellos cuatro mil confusiones, +porque no sabía qué decirse para mentir de nuevo; pero, en efeto, determinó +de decirle que Camila estaba tan entera a las dádivas y promesas como a las +palabras, y que no había para qué cansarse más, porque todo el tiempo se +gastaba en balde. + +»Pero la suerte, que las cosas guiaba de otra manera, ordenó que, habiendo +dejado Anselmo solos a Lotario y a Camila, como otras veces solía, él se +encerró en un aposento y por los agujeros de la cerradura estuvo mirando y +escuchando lo que los dos trataban, y vio que en más de media hora Lotario +no habló palabra a Camila, ni se la hablara si allí estuviera un siglo, y +cayó en la cuenta de que cuanto su amigo le había dicho de las respuestas +de Camila todo era ficción y mentira. Y, para ver si esto era ansí, salió +del aposento, y, llamando a Lotario aparte, le preguntó qué nuevas había y +de qué temple estaba Camila. Lotario le respondió que no pensaba más darle +puntada en aquel negocio, porque respondía tan áspera y desabridamente, que +no tendría ánimo para volver a decirle cosa alguna. + +»—¡Ah! —dijo Anselmo—, Lotario, Lotario, y cuán mal correspondes a lo que +me debes y a lo mucho que de ti confío! Ahora te he estado mirando por el +lugar que concede la entrada desta llave, y he visto que no has dicho +palabra a Camila, por donde me doy a entender que aun las primeras le +tienes por decir; y si esto es así, como sin duda lo es, ¿para qué me +engañas, o por qué quieres quitarme con tu industria los medios que yo +podría hallar para conseguir mi deseo? + +»No dijo más Anselmo, pero bastó lo que había dicho para dejar corrido y +confuso a Lotario; el cual, casi como tomando por punto de honra el haber +sido hallado en mentira, juró a Anselmo que desde aquel momento tomaba tan +a su cargo el contentalle y no mentille, cual lo vería si con curiosidad lo +espiaba; cuanto más, que no sería menester usar de ninguna diligencia, +porque la que él pensaba poner en satisfacelle le quitaría de toda +sospecha. Creyóle Anselmo, y para dalle comodidad más segura y menos +sobresaltada, determinó de hacer ausencia de su casa por ocho días, yéndose +a la de un amigo suyo, que estaba en una aldea, no lejos de la ciudad, con +el cual amigo concertó que le enviase a llamar con muchas veras, para tener +ocasión con Camila de su partida. + +»¡Desdichado y mal advertido de ti, Anselmo! ¿Qué es lo que haces? ¿Qué es +lo que trazas? ¿Qué es lo que ordenas? Mira que haces contra ti mismo, +trazando tu deshonra y ordenando tu perdición. Buena es tu esposa Camila, +quieta y sosegadamente la posees, nadie sobresalta tu gusto, sus +pensamientos no salen de las paredes de su casa, tú eres su cielo en la +tierra, el blanco de sus deseos, el cumplimiento de sus gustos y la medida +por donde mide su voluntad, ajustándola en todo con la tuya y con la del +cielo. Pues si la mina de su honor, hermosura, honestidad y recogimiento te +da sin ningún trabajo toda la riqueza que tiene y tú puedes desear, ¿para +qué quieres ahondar la tierra y buscar nuevas vetas de nuevo y nunca visto +tesoro, poniéndote a peligro que toda venga abajo, pues, en fin, se +sustenta sobre los débiles arrimos de su flaca naturaleza? Mira que el que +busca lo imposible es justo que lo posible se le niegue, como lo dijo mejor +un poeta, diciendo: + +Busco en la muerte la vida, +salud en la enfermedad, +en la prisión libertad, +en lo cerrado salida +y en el traidor lealtad. +Pero mi suerte, de quien +jamás espero algún bien, +con el cielo ha estatuido +que, pues lo imposible pido, +lo posible aun no me den. + +»Fuese otro día Anselmo a la aldea, dejando dicho a Camila que el tiempo +que él estuviese ausente vendría Lotario a mirar por su casa y a comer con +ella; que tuviese cuidado de tratalle como a su mesma persona. Afligióse +Camila, como mujer discreta y honrada, de la orden que su marido le dejaba, +y díjole que advirtiese que no estaba bien que nadie, él ausente, ocupase +la silla de su mesa, y que si lo hacía por no tener confianza que ella +sabría gobernar su casa, que probase por aquella vez, y vería por +experiencia como para mayores cuidados era bastante. Anselmo le replicó que +aquél era su gusto, y que no tenía más que hacer que bajar la cabeza y +obedecelle. Camila dijo que ansí lo haría, aunque contra su voluntad. +»Partióse Anselmo, y otro día vino a su casa Lotario, donde fue rescebido +de Camila con amoroso y honesto acogimiento; la cual jamás se puso en parte +donde Lotario la viese a solas, porque siempre andaba rodeada de sus +criados y criadas, especialmente de una doncella suya, llamada Leonela, a +quien ella mucho quería, por haberse criado desde niñas las dos juntas en +casa de los padres de Camila, y cuando se casó con Anselmo la trujo +consigo. + +»En los tres días primeros nunca Lotario le dijo nada, aunque pudiera, +cuando se levantaban los manteles y la gente se iba a comer con mucha +priesa, porque así se lo tenía mandado Camila. Y aun tenía orden Leonela +que comiese primero que Camila, y que de su lado jamás se quitase; mas +ella, que en otras cosas de su gusto tenía puesto el pensamiento y había +menester aquellas horas y aquel lugar para ocuparle en sus contentos, no +cumplía todas veces el mandamiento de su señora; antes, los dejaba solos, +como si aquello le hubieran mandado. Mas la honesta presencia de Camila, la +gravedad de su rostro, la compostura de su persona era tanta, que ponía +freno a la lengua de Lotario. + +»Pero el provecho que las muchas virtudes de Camila hicieron, poniendo +silencio en la lengua de Lotario, redundó más en daño de los dos, porque si +la lengua callaba, el pensamiento discurría y tenía lugar de contemplar, +parte por parte, todos los estremos de bondad y de hermosura que Camila +tenía, bastantes a enamorar una estatua de mármol, no que un corazón de +carne. + +»Mirábala Lotario en el lugar y espacio que había de hablarla, y +consideraba cuán digna era de ser amada; y esta consideración comenzó poco +a poco a dar asaltos a los respectos que a Anselmo tenía, y mil veces quiso +ausentarse de la ciudad y irse donde jamás Anselmo le viese a él, ni él +viese a Camila; mas ya le hacía impedimento y detenía el gusto que hallaba +en mirarla. Hacíase fuerza y peleaba consigo mismo por desechar y no sentir +el contento que le llevaba a mirar a Camila. Culpábase a solas de su +desatino, llamábase mal amigo y aun mal cristiano; hacía discursos y +comparaciones entre él y Anselmo, y todos paraban en decir que más había +sido la locura y confianza de Anselmo que su poca fidelidad, y que si así +tuviera disculpa para con Dios como para con los hombres de lo que pensaba +hacer, que no temiera pena por su culpa. + +»En efecto, la hermosura y la bondad de Camila, juntamente con la ocasión +que el ignorante marido le había puesto en las manos, dieron con la lealtad +de Lotario en tierra. Y, sin mirar a otra cosa que aquella a que su gusto +le inclinaba, al cabo de tres días de la ausencia de Anselmo, en los cuales +estuvo en continua batalla por resistir a sus deseos, comenzó a requebrar a +Camila, con tanta turbación y con tan amorosas razones que Camila quedó +suspensa, y no hizo otra cosa que levantarse de donde estaba y entrarse a +su aposento, sin respondelle palabra alguna. Mas no por esta sequedad se +desmayó en Lotario la esperanza, que siempre nace juntamente con el amor; +antes, tuvo en más a Camila. La cual, habiendo visto en Lotario lo que +jamás pensara, no sabía qué hacerse. Y, pareciéndole no ser cosa segura ni +bien hecha darle ocasión ni lugar a que otra vez la hablase, determinó de +enviar aquella mesma noche, como lo hizo, a un criado suyo con un billete a +Anselmo, donde le escribió estas razones: + + + + +Capítulo XXXIV. Donde se prosigue la novela del Curioso impertinente + +»Así como suele decirse que parece mal el ejército sin su general y el +castillo sin su castellano, digo yo que parece muy peor la mujer casada y +moza sin su marido, cuando justísimas ocasiones no lo impiden. Yo me hallo +tan mal sin vos, y tan imposibilitada de no poder sufrir esta ausencia, que +si presto no venís, me habré de ir a entretener en casa de mis padres, +aunque deje sin guarda la vuestra; porque la que me dejastes, si es que +quedó con tal título, creo que mira más por su gusto que por lo que a vos +os toca; y, pues sois discreto, no tengo más que deciros, ni aun es bien +que más os diga. + +»Esta carta recibió Anselmo, y entendió por ella que Lotario había ya +comenzado la empresa, y que Camila debía de haber respondido como él +deseaba; y, alegre sobremanera de tales nuevas, respondió a Camila, de +palabra, que no hiciese mudamiento de su casa en modo ninguno, porque él +volvería con mucha brevedad. Admirada quedó Camila de la respuesta de +Anselmo, que la puso en más confusión que primero, porque ni se atrevía a +estar en su casa, ni menos irse a la de sus padres; porque en la quedada +corría peligro su honestidad, y en la ida iba contra el mandamiento de su +esposo. + +»En fin, se resolvió en lo que le estuvo peor, que fue en el quedarse, con +determinación de no huir la presencia de Lotario, por no dar que decir a +sus criados; y ya le pesaba de haber escrito lo que escribió a su esposo, +temerosa de que no pensase que Lotario había visto en ella alguna +desenvoltura que le hubiese movido a no guardalle el decoro que debía. +Pero, fiada en su bondad, se fió en Dios y en su buen pensamiento, con que +pensaba resistir callando a todo aquello que Lotario decirle quisiese, sin +dar más cuenta a su marido, por no ponerle en alguna pendencia y trabajo. Y +aun andaba buscando manera como disculpar a Lotario con Anselmo, cuando le +preguntase la ocasión que le había movido a escribirle aquel papel. Con +estos pensamientos, más honrados que acertados ni provechosos, estuvo otro +día escuchando a Lotario, el cual cargó la mano de manera que comenzó a +titubear la firmeza de Camila, y su honestidad tuvo harto que hacer en +acudir a los ojos, para que no diesen muestra de alguna amorosa compasión +que las lágrimas y las razones de Lotario en su pecho habían despertado. +Todo esto notaba Lotario, y todo le encendía. + +»Finalmente, a él le pareció que era menester, en el espacio y lugar que +daba la ausencia de Anselmo, apretar el cerco a aquella fortaleza. Y así, +acometió a su presunción con las alabanzas de su hermosura, porque no hay +cosa que más presto rinda y allane las encastilladas torres de la vanidad +de las hermosas que la mesma vanidad, puesta en las lenguas de la +adulación. En efecto, él, con toda diligencia, minó la roca de su entereza, +con tales pertrechos que, aunque Camila fuera toda de bronce, viniera al +suelo. Lloró, rogó, ofreció, aduló, porfió, y fingió Lotario con tantos +sentimientos, con muestras de tantas veras, que dio al través con el recato +de Camila y vino a triunfar de lo que menos se pensaba y más deseaba. +»Rindióse Camila, Camila se rindió; pero, ¿qué mucho, si la amistad de +Lotario no quedó en pie? Ejemplo claro que nos muestra que sólo se vence la +pasión amorosa con huilla, y que nadie se ha de poner a brazos con tan +poderoso enemigo, porque es menester fuerzas divinas para vencer las suyas +humanas. Sólo supo Leonela la flaqueza de su señora, porque no se la +pudieron encubrir los dos malos amigos y nuevos amantes. No quiso Lotario +decir a Camila la pretensión de Anselmo, ni que él le había dado lugar para +llegar a aquel punto, porque no tuviese en menos su amor y pensase que así, +acaso y sin pensar, y no de propósito, la había solicitado. + +»Volvió de allí a pocos días Anselmo a su casa, y no echó de ver lo que +faltaba en ella, que era lo que en menos tenía y más estimaba. Fuese luego +a ver a Lotario, y hallóle en su casa; abrazáronse los dos, y el uno +preguntó por las nuevas de su vida o de su muerte. + +»—Las nuevas que te podré dar, ¡oh amigo Anselmo! —dijo Lotario—, son de +que tienes una mujer que dignamente puede ser ejemplo y corona de todas las +mujeres buenas. Las palabras que le he dicho se las ha llevado el aire, los +ofrecimientos se han tenido en poco, las dádivas no se han admitido, de +algunas lágrimas fingidas mías se ha hecho burla notable. En resolución, +así como Camila es cifra de toda belleza, es archivo donde asiste la +honestidad y vive el comedimiento y el recato, y todas las virtudes que +pueden hacer loable y bien afortunada a una honrada mujer. Vuelve a tomar +tus dineros, amigo, que aquí los tengo, sin haber tenido necesidad de tocar +a ellos; que la entereza de Camila no se rinde a cosas tan bajas como son +dádivas ni promesas. Conténtate, Anselmo, y no quieras hacer más pruebas de +las hechas; y, pues a pie enjuto has pasado el mar de las dificultades y +sospechas que de las mujeres suelen y pueden tenerse, no quieras entrar de +nuevo en el profundo piélago de nuevos inconvenientes, ni quieras hacer +experiencia con otro piloto de la bondad y fortaleza del navío que el cielo +te dio en suerte para que en él pasases la mar deste mundo, sino haz cuenta +que estás ya en seguro puerto, y aférrate con las áncoras de la buena +consideración, y déjate estar hasta que te vengan a pedir la deuda que no +hay hidalguía humana que de pagarla se escuse. + +»Contentísimo quedó Anselmo de las razones de Lotario, y así se las creyó +como si fueran dichas por algún oráculo. Pero, con todo eso, le rogó que no +dejase la empresa, aunque no fuese más de por curiosidad y entretenimiento, +aunque no se aprovechase de allí adelante de tan ahincadas diligencias como +hasta entonces; y que sólo quería que le escribiese algunos versos en su +alabanza, debajo del nombre de Clori, porque él le daría a entender a +Camila que andaba enamorado de una dama, a quien le había puesto aquel +nombre por poder celebrarla con el decoro que a su honestidad se le debía; +y que, cuando Lotario no quisiera tomar trabajo de escribir los versos, que +él los haría. + +»—No será menester eso —dijo Lotario—, pues no me son tan enemigas las +musas que algunos ratos del año no me visiten. Dile tú a Camila lo que has +dicho del fingimiento de mis amores, que los versos yo los haré; si no tan +buenos como el subjeto merece, serán, por lo menos, los mejores que yo +pudiere. + +»Quedaron deste acuerdo el impertinente y el traidor amigo; y, vuelto +Anselmo a su casa, preguntó a Camila lo que ella ya se maravillaba que no +se lo hubiese preguntado: que fue que le dijese la ocasión por que le había +escrito el papel que le envió. Camila le respondió que le había parecido +que Lotario la miraba un poco más desenvueltamente que cuando él estaba en +casa; pero que ya estaba desengañada y creía que había sido imaginación +suya, porque ya Lotario huía de vella y de estar con ella a solas. Díjole +Anselmo que bien podía estar segura de aquella sospecha, porque él sabía +que Lotario andaba enamorado de una doncella principal de la ciudad, a +quien él celebraba debajo del nombre de Clori, y que, aunque no lo +estuviera, no había que temer de la verdad de Lotario y de la mucha amistad +de entrambos. Y, a no estar avisada Camila de Lotario de que eran fingidos +aquellos amores de Clori, y que él se lo había dicho a Anselmo por poder +ocuparse algunos ratos en las mismas alabanzas de Camila, ella, sin duda, +cayera en la desesperada red de los celos; mas, por estar ya advertida, +pasó aquel sobresalto sin pesadumbre. + +»Otro día, estando los tres sobre mesa, rogó Anselmo a Lotario dijese +alguna cosa de las que había compuesto a su amada Clori; que, pues Camila +no la conocía, seguramente podía decir lo que quisiese. + +»—Aunque la conociera —respondió Lotario—, no encubriera yo nada, porque +cuando algún amante loa a su dama de hermosa y la nota de cruel, ningún +oprobrio hace a su buen crédito. Pero, sea lo que fuere, lo que sé decir, +que ayer hice un soneto a la ingratitud desta Clori, que dice ansí: +Soneto + +En el silencio de la noche, cuando +ocupa el dulce sueño a los mortales, +la pobre cuenta de mis ricos males +estoy al cielo y a mi Clori dando. +Y, al tiempo cuando el sol se va mostrando +por las rosadas puertas orientales, +con suspiros y acentos desiguales, +voy la antigua querella renovando. +Y cuando el sol, de su estrellado asiento, +derechos rayos a la tierra envía, +el llanto crece y doblo los gemidos. +Vuelve la noche, y vuelvo al triste cuento, +y siempre hallo, en mi mortal porfía, +al cielo, sordo; a Clori, sin oídos. + +»Bien le pareció el soneto a Camila, pero mejor a Anselmo, pues le alabó, y +dijo que era demasiadamente cruel la dama que a tan claras verdades no +correspondía. A lo que dijo Camila: + +»—Luego, ¿todo aquello que los poetas enamorados dicen es verdad? + +»—En cuanto poetas, no la dicen —respondió Lotario—; mas, en cuanto +enamorados, siempre quedan tan cortos como verdaderos. + +»—No hay duda deso —replicó Anselmo, todo por apoyar y acreditar los +pensamientos de Lotario con Camila, tan descuidada del artificio de Anselmo +como ya enamorada de Lotario. + +»Y así, con el gusto que de sus cosas tenía, y más, teniendo por entendido +que sus deseos y escritos a ella se encaminaban, y que ella era la +verdadera Clori, le rogó que si otro soneto o otros versos sabía, los +dijese: + +»—Sí sé —respondió Lotario—, pero no creo que es tan bueno como el primero, +o, por mejor decir, menos malo. Y podréislo bien juzgar, pues es éste: + +Soneto + +Yo sé que muero; y si no soy creído, +es más cierto el morir, como es más cierto +verme a tus pies, ¡oh bella ingrata!, muerto, +antes que de adorarte arrepentido. +Podré yo verme en la región de olvido, +de vida y gloria y de favor desierto, +y allí verse podrá en mi pecho abierto +cómo tu hermoso rostro está esculpido. +Que esta reliquia guardo para el duro +trance que me amenaza mi porfía, +que en tu mismo rigor se fortalece. +¡Ay de aquel que navega, el cielo escuro, +por mar no usado y peligrosa vía, +adonde norte o puerto no se ofrece! + +»También alabó este segundo soneto Anselmo, como había hecho el primero, y +desta manera iba añadiendo eslabón a eslabón a la cadena con que se +enlazaba y trababa su deshonra, pues cuando más Lotario le deshonraba, +entonces le decía que estaba más honrado; y, con esto, todos los escalones +que Camila bajaba hacia el centro de su menosprecio, los subía, en la +opinión de su marido, hacia la cumbre de la virtud y de su buena fama. +»Sucedió en esto que, hallándose una vez, entre otras, sola Camila con su +doncella, le dijo: + +»—Corrida estoy, amiga Leonela, de ver en cuán poco he sabido estimarme, +pues siquiera no hice que con el tiempo comprara Lotario la entera posesión +que le di tan presto de mi voluntad. Temo que ha de estimar mi presteza o +ligereza, sin que eche de ver la fuerza que él me hizo para no poder +resistirle. + +»—No te dé pena eso, señora mía —respondió Leonela—, que no está la monta, +ni es causa para menguar la estimación, darse lo que se da presto, si, en +efecto, lo que se da es bueno, y ello por sí digno de estimarse. Y aun +suele decirse que el que luego da, da dos veces. + +»—También se suele decir —dijo Camila— que lo que cuesta poco se estima en +menos. + +»—No corre por ti esa razón —respondió Leonela—, porque el amor, según he +oído decir, unas veces vuela y otras anda, con éste corre y con aquél va +despacio, a unos entibia y a otros abrasa, a unos hiere y a otros mata, en +un mesmo punto comienza la carrera de sus deseos y en aquel mesmo punto la +acaba y concluye, por la mañana suele poner el cerco a una fortaleza y a la +noche la tiene rendida, porque no hay fuerza que le resista. Y, siendo así, +¿de qué te espantas, o de qué temes, si lo mismo debe de haber acontecido a +Lotario, habiendo tomado el amor por instrumento de rendirnos la ausencia +de mi señor? Y era forzoso que en ella se concluyese lo que el amor tenía +determinado, sin dar tiempo al tiempo para que Anselmo le tuviese de +volver, y con su presencia quedase imperfecta la obra. Porque el amor no +tiene otro mejor ministro para ejecutar lo que desea que es la ocasión: de +la ocasión se sirve en todos sus hechos, principalmente en los principios. +Todo esto sé yo muy bien, más de experiencia que de oídas, y algún día te +lo diré, señora, que yo también soy de carne y de sangre moza. Cuanto más, +señora Camila, que no te entregaste ni diste tan luego, que primero no +hubieses visto en los ojos, en los suspiros, en las razones y en las +promesas y dádivas de Lotario toda su alma, viendo en ella y en sus +virtudes cuán digno era Lotario de ser amado. Pues si esto es ansí, no te +asalten la imaginación esos escrupulosos y melindrosos pensamientos, sino +asegúrate que Lotario te estima como tú le estimas a él, y vive con +contento y satisfación de que, ya que caíste en el lazo amoroso, es el que +te aprieta de valor y de estima. Y que no sólo tiene las cuatro eses que +dicen que han de tener los buenos enamorados, sino todo un ABC entero: si +no, escúchame y verás como te le digo de coro. Él es, según yo veo y a mí +me parece, agradecido, bueno, caballero, dadivoso, enamorado, firme, +gallardo, honrado, ilustre, leal, mozo, noble, onesto, principal, +quantioso, rico, y las eses que dicen; y luego, tácito, verdadero. La X no +le cuadra, porque es letra áspera; la Y ya está dicha; la Z, zelador de tu +honra. + +»Rióse Camila del ABC de su doncella, y túvola por más plática en las cosas +de amor que ella decía; y así lo confesó ella, descubriendo a Camila como +trataba amores con un mancebo bien nacido, de la mesma ciudad; de lo cual +se turbó Camila, temiendo que era aquél camino por donde su honra podía +correr riesgo. Apuróla si pasaban sus pláticas a más que serlo. Ella, con +poca vergüenza y mucha desenvoltura, le respondió que sí pasaban; porque es +cosa ya cierta que los descuidos de las señoras quitan la vergüenza a las +criadas, las cuales, cuando ven a las amas echar traspiés, no se les da +nada a ellas de cojear, ni de que lo sepan. + +»No pudo hacer otra cosa Camila sino rogar a Leonela no dijese nada de su +hecho al que decía ser su amante, y que tratase sus cosas con secreto, +porque no viniesen a noticia de Anselmo ni de Lotario. Leonela respondió +que así lo haría, mas cumpliólo de manera que hizo cierto el temor de +Camila de que por ella había de perder su crédito. Porque la deshonesta y +atrevida Leonela, después que vio que el proceder de su ama no era el que +solía, atrevióse a entrar y poner dentro de casa a su amante, confiada que, +aunque su señora le viese, no había de osar descubrille; que este daño +acarrean, entre otros, los pecados de las señoras: que se hacen esclavas de +sus mesmas criadas y se obligan a encubrirles sus deshonestidades y +vilezas, como aconteció con Camila; que, aunque vio una y muchas veces que +su Leonela estaba con su galán en un aposento de su casa, no sólo no la +osaba reñir, mas dábale lugar a que lo encerrase, y quitábale todos los +estorbos, para que no fuese visto de su marido. + +»Pero no los pudo quitar que Lotario no le viese una vez salir, al romper +del alba; el cual, sin conocer quién era, pensó primero que debía de ser +alguna fantasma; mas, cuando le vio caminar, embozarse y encubrirse con +cuidado y recato, cayó de su simple pensamiento y dio en otro, que fuera la +perdición de todos si Camila no lo remediara. Pensó Lotario que aquel +hombre que había visto salir tan a deshora de casa de Anselmo no había +entrado en ella por Leonela, ni aun se acordó si Leonela era en el mundo; +sólo creyó que Camila, de la misma manera que había sido fácil y ligera con +él, lo era para otro; que estas añadiduras trae consigo la maldad de la +mujer mala: que pierde el crédito de su honra con el mesmo a quien se +entregó rogada y persuadida, y cree que con mayor facilidad se entrega a +otros, y da infalible crédito a cualquiera sospecha que desto le venga. Y +no parece sino que le faltó a Lotario en este punto todo su buen +entendimiento, y se le fueron de la memoria todos sus advertidos discursos, +pues, sin hacer alguno que bueno fuese, ni aun razonable, sin más ni más, +antes que Anselmo se levantase, impaciente y ciego de la celosa rabia que +las entrañas le roía, muriendo por vengarse de Camila, que en ninguna cosa +le había ofendido, se fue a Anselmo y le dijo: + +»—Sábete, Anselmo, que ha muchos días que he andado peleando conmigo mesmo, +haciéndome fuerza a no decirte lo que ya no es posible ni justo que más te +encubra. Sábete que la fortaleza de Camila está ya rendida y sujeta a todo +aquello que yo quisiere hacer della; y si he tardado en descubrirte esta +verdad, ha sido por ver si era algún liviano antojo suyo, o si lo hacía por +probarme y ver si eran con propósito firme tratados los amores que, con tu +licencia, con ella he comenzado. Creí, ansimismo, que ella, si fuera la que +debía y la que entrambos pensábamos, ya te hubiera dado cuenta de mi +solicitud, pero, habiendo visto que se tarda, conozco que son verdaderas +las promesas que me ha dado de que, cuando otra vez hagas ausencia de tu +casa, me hablará en la recámara, donde está el repuesto de tus alhajas —y +era la verdad, que allí le solía hablar Camila—; y no quiero que +precipitosamente corras a hacer alguna venganza, pues no está aún cometido +el pecado sino con pensamiento, y podría ser que, desde éste hasta el +tiempo de ponerle por obra, se mudase el de Camila y naciese en su lugar el +arrepentimiento. Y así, ya que, en todo o en parte, has seguido siempre mis +consejos, sigue y guarda uno que ahora te diré, para que sin engaño y con +medroso advertimento te satisfagas de aquello que más vieres que te +convenga. Finge que te ausentas por dos o tres días, como otras veces +sueles, y haz de manera que te quedes escondido en tu recámara, pues los +tapices que allí hay y otras cosas con que te puedas encubrir te ofrecen +mucha comodidad, y entonces verás por tus mismos ojos, y yo por los míos, +lo que Camila quiere; y si fuere la maldad que se puede temer antes que +esperar, con silencio, sagacidad y discreción podrás ser el verdugo de tu +agravio. + +»Absorto, suspenso y admirado quedó Anselmo con las razones de Lotario, +porque le cogieron en tiempo donde menos las esperaba oír, porque ya tenía +a Camila por vencedora de los fingidos asaltos de Lotario y comenzaba a +gozar la gloria del vencimiento. Callando estuvo por un buen espacio, +mirando al suelo sin mover pestaña, y al cabo dijo: + +»—Tú lo has hecho, Lotario, como yo esperaba de tu amistad; en todo he de +seguir tu consejo: haz lo que quisieres y guarda aquel secreto que ves que +conviene en caso tan no pensado. + +»Prometióselo Lotario, y, en apartándose dél, se arrepintió totalmente de +cuanto le había dicho, viendo cuán neciamente había andado, pues pudiera él +vengarse de Camila, y no por camino tan cruel y tan deshonrado. Maldecía su +entendimiento, afeaba su ligera determinación, y no sabía qué medio tomarse +para deshacer lo hecho, o para dalle alguna razonable salida. Al fin, +acordó de dar cuenta de todo a Camila; y, como no faltaba lugar para +poderlo hacer, aquel mismo día la halló sola, y ella, así como vio que le +podía hablar, le dijo. + +»—Sabed, amigo Lotario, que tengo una pena en el corazón que me le aprieta +de suerte que parece que quiere reventar en el pecho, y ha de ser maravilla +si no lo hace, pues ha llegado la desvergüenza de Leonela a tanto, que cada +noche encierra a un galán suyo en esta casa y se está con él hasta el día, +tan a costa de mi crédito cuanto le quedará campo abierto de juzgarlo al +que le viere salir a horas tan inusitadas de mi casa. Y lo que me fatiga es +que no la puedo castigar ni reñir: que el ser ella secretario de nuestros +tratos me ha puesto un freno en la boca para callar los suyos, y temo que +de aquí ha de nacer algún mal suceso. + +»Al principio que Camila esto decía creyó Lotario que era artificio para +desmentille que el hombre que había visto salir era de Leonela, y no suyo; +pero, viéndola llorar y afligirse, y pedirle remedio, vino a creer la +verdad, y, en creyéndola, acabó de estar confuso y arrepentido del todo. +Pero, con todo esto, respondió a Camila que no tuviese pena, que él +ordenaría remedio para atajar la insolencia de Leonela. Díjole asimismo lo +que, instigado de la furiosa rabia de los celos, había dicho a Anselmo, y +cómo estaba concertado de esconderse en la recámara, para ver desde allí a +la clara la poca lealtad que ella le guardaba. Pidióle perdón desta locura, +y consejo para poder remedialla y salir bien de tan revuelto laberinto como +su mal discurso le había puesto. + +»Espantada quedó Camila de oír lo que Lotario le decía, y con mucho enojo y +muchas y discretas razones le riñó y afeó su mal pensamiento y la simple y +mala determinación que había tenido. Pero, como naturalmente tiene la mujer +ingenio presto para el bien y para el mal más que el varón, puesto que le +va faltando cuando de propósito se pone a hacer discursos, luego al +instante halló Camila el modo de remediar tan al parecer inremediable +negocio, y dijo a Lotario que procurase que otro día se escondiese Anselmo +donde decía, porque ella pensaba sacar de su escondimiento comodidad para +que desde allí en adelante los dos se gozasen sin sobresalto alguno; y, sin +declararle del todo su pensamiento, le advirtió que tuviese cuidado que, en +estando Anselmo escondido, él viniese cuando Leonela le llamase, y que a +cuanto ella le dijese le respondiese como respondiera aunque no supiera que +Anselmo le escuchaba. Porfió Lotario que le acabase de declarar su +intención, porque con más seguridad y aviso guardase todo lo que viese ser +necesario. + +»—Digo —dijo Camila— que no hay más que guardar, si no fuere responderme +como yo os preguntare (no queriendo Camila darle antes cuenta de lo que +pensaba hacer, temerosa que no quisiese seguir el parecer que a ella tan +bueno le parecía, y siguiese o buscase otros que no podrían ser tan +buenos). + +»Con esto, se fue Lotario; y Anselmo, otro día, con la escusa de ir aquella +aldea de su amigo, se partió y volvió a esconderse: que lo pudo hacer con +comodidad, porque de industria se la dieron Camila y Leonela. +»Escondido, pues, Anselmo, con aquel sobresalto que se puede imaginar que +tendría el que esperaba ver por sus ojos hacer notomía de las entrañas de +su honra, íbase a pique de perder el sumo bien que él pensaba que tenía en +su querida Camila. Seguras ya y ciertas Camila y Leonela que Anselmo estaba +escondido, entraron en la recámara; y apenas hubo puesto los pies en ella +Camilia, cuando, dando un grande suspiro, dijo: + +»—¡Ay, Leonela amiga! ¿No sería mejor que, antes que llegase a poner en +ejecución lo que no quiero que sepas, porque no procures estorbarlo, que +tomases la daga de Anselmo, que te he pedido, y pasases con ella este +infame pecho mío? Pero no hagas tal, que no será razón que yo lleve la pena +de la ajena culpa. Primero quiero saber qué es lo que vieron en mí los +atrevidos y deshonestos ojos de Lotario que fuese causa de darle +atrevimiento a descubrirme un tan mal deseo como es el que me ha +descubierto, en desprecio de su amigo y en deshonra mía. Ponte, Leonela, a +esa ventana y llámale, que, sin duda alguna, él debe de estar en la calle, +esperando poner en efeto su mala intención. Pero primero se pondrá la cruel +cuanto honrada mía. + +»—¡Ay, señora mía! —respondió la sagaz y advertida Leonela—, y ¿qué es lo +que quieres hacer con esta daga? ¿Quieres por ventura quitarte la vida o +quitársela a Lotario? Que cualquiera destas cosas que quieras ha de +redundar en pérdida de tu crédito y fama. Mejor es que disimules tu +agravio, y no des lugar a que este mal hombre entre ahora en esta casa y +nos halle solas. Mira, señora, que somos flacas mujeres, y él es hombre y +determinado; y, como viene con aquel mal propósito, ciego y apasionado, +quizá antes que tú pongas en ejecución el tuyo, hará él lo que te estaría +más mal que quitarte la vida. ¡Mal haya mi señor Anselmo, que tanto mal ha +querido dar a este desuellacaras en su casa! Y ya, señora, que le mates, +como yo pienso que quieres hacer, ¿qué hemos de hacer dél después de +muerto? + +»—¿Qué, amiga? —respondió Camila—: dejarémosle para que Anselmo le +entierre, pues será justo que tenga por descanso el trabajo que tomare en +poner debajo de la tierra su misma infamia. Llámale, acaba, que todo el +tiempo que tardo en tomar la debida venganza de mi agravio parece que +ofendo a la lealtad que a mi esposo debo. + +»Todo esto escuchaba Anselmo, y, a cada palabra que Camila decía, se le +mudaban los pensamientos; mas, cuando entendió que estaba resuelta en matar +a Lotario, quiso salir y descubrirse, porque tal cosa no se hiciese; pero +detúvole el deseo de ver en qué paraba tanta gallardía y honesta +resolución, con propósito de salir a tiempo que la estorbase. + +»Tomóle en esto a Camila un fuerte desmayo, y, arrojándose encima de una +cama que allí estaba, comenzó Leonela a llorar muy amargamente y a decir: +»—¡Ay, desdichada de mí si fuese tan sin ventura que se me muriese aquí +entre mis brazos la flor de la honestidad del mundo, la corona de las +buenas mujeres, el ejemplo de la castidad...! + +»Con otras cosas a éstas semejantes, que ninguno la escuchara que no la +tuviera por la más lastimada y leal doncella del mundo, y a su señora por +otra nueva y perseguida Penélope. Poco tardó en volver de su desmayo +Camila; y, al volver en sí, dijo: + +»—¿Por qué no vas, Leonela, a llamar al más leal amigo de amigo que vio el +sol o cubrió la noche? Acaba, corre, aguija, camina, no se esfogue con la +tardanza el fuego de la cólera que tengo, y se pase en amenazas y +maldiciones la justa venganza que espero. + +»—Ya voy a llamarle, señora mía —dijo Leonela—, mas hasme de dar primero +esa daga, porque no hagas cosa, en tanto que falto, que dejes con ella que +llorar toda la vida a todos los que bien te quieren. + +»—Ve segura, Leonela amiga, que no haré —respondió Camila—; porque, ya que +sea atrevida y simple a tu parecer en volver por mi honra, no lo he de ser +tanto como aquella Lucrecia de quien dicen que se mató sin haber cometido +error alguno, y sin haber muerto primero a quien tuvo la causa de su +desgracia. Yo moriré, si muero, pero ha de ser vengada y satisfecha del que +me ha dado ocasión de venir a este lugar a llorar sus atrevimientos, +nacidos tan sin culpa mía. + +»Mucho se hizo de rogar Leonela antes que saliese a llamar a Lotario, pero, +en fin, salió; y, entre tanto que volvía, quedó Camilia diciendo, como que +hablaba consigo misma: + +»—¡Válame Dios! ¿No fuera más acertado haber despedido a Lotario, como +otras muchas veces lo he hecho, que no ponerle en condición, como ya le he +puesto, que me tenga por deshonesta y mala, siquiera este tiempo que he de +tardar en desengañarle? Mejor fuera, sin duda; pero no quedara yo vengada, +ni la honra de mi marido satisfecha, si tan a manos lavadas y tan a paso +llano se volviera a salir de donde sus malos pensamientos le entraron. +Pague el traidor con la vida lo que intentó con tan lascivo deseo: sepa el +mundo, si acaso llegare a saberlo, de que Camila no sólo guardó la lealtad +a su esposo, sino que le dio venganza del que se atrevió a ofendelle. Mas, +con todo, creo que fuera mejor dar cuenta desto a Anselmo, pero ya se la +apunté a dar en la carta que le escribí al aldea, y creo que el no acudir +él al remedio del daño que allí le señalé, debió de ser que, de puro bueno +y confiado, no quiso ni pudo creer que en el pecho de su tan firme amigo +pudiese caber género de pensamiento que contra su honra fuese; ni aun yo lo +creí después, por muchos días, ni lo creyera jamás, si su insolencia no +llegara a tanto, que las manifiestas dádivas y las largas promesas y las +continuas lágrimas no me lo manifestaran. Mas, ¿para qué hago yo ahora +estos discursos? ¿Tiene, por ventura, una resulución gallarda necesidad de +consejo alguno? No, por cierto. ¡Afuera, pues, traidores; aquí, venganzas! +¡Entre el falso, venga, llegue, muera y acabe, y suceda lo que sucediere! +Limpia entré en poder del que el cielo me dio por mío, limpia he de salir +dél; y, cuando mucho, saldré bañada en mi casta sangre, y en la impura del +más falso amigo que vio la amistad en el mundo. + +»Y, diciendo esto, se paseaba por la sala con la daga desenvainada, dando +tan desconcertados y desaforados pasos, y haciendo tales ademanes, que no +parecía sino que le faltaba el juicio, y que no era mujer delicada, sino un +rufián desesperado. + +»Todo lo miraba Anselmo, cubierto detrás de unos tapices donde se había +escondido, y de todo se admiraba, y ya le parecía que lo que había visto y +oído era bastante satisfación para mayores sospechas; y ya quisiera que la +prueba de venir Lotario faltara, temeroso de algún mal repentino suceso. Y, +estando ya para manifestarse y salir, para abrazar y desengañar a su +esposa, se detuvo porque vio que Leonela volvía con Lotario de la mano; y, +así como Camila le vio, haciendo con la daga en el suelo una gran raya +delante della, le dijo: + +»—Lotario, advierte lo que te digo: si a dicha te atrevieres a pasar desta +raya que ves, ni aun llegar a ella, en el punto que viere que lo intentas, +en ese mismo me pasaré el pecho con esta daga que en las manos tengo. Y, +antes que a esto me respondas palabra, quiero que otras algunas me +escuches; que después responderás lo que más te agradare. Lo primero, +quiero, Lotario, que me digas si conoces a Anselmo, mi marido, y en qué +opinión le tienes; y lo segundo, quiero saber también si me conoces a mí. +Respóndeme a esto, y no te turbes, ni pienses mucho lo que has de +responder, pues no son dificultades las que te pregunto. + +»No era tan ignorante Lotario que, desde el primer punto que Camila le dijo +que hiciese esconder a Anselmo, no hubiese dado en la cuenta de lo que ella +pensaba hacer; y así, correspondió con su intención tan discretamente, y +tan a tiempo, que hicieran los dos pasar aquella mentira por más que cierta +verdad; y así, respondió a Camila desta manera: + +»—No pensé yo, hermosa Camila, que me llamabas para preguntarme cosas tan +fuera de la intención con que yo aquí vengo. Si lo haces por dilatarme la +prometida merced, desde más lejos pudieras entretenerla, porque tanto más +fatiga el bien deseado cuanto la esperanza está más cerca de poseello; +pero, porque no digas que no respondo a tus preguntas, digo que conozco a +tu esposo Anselmo, y nos conocemos los dos desde nuestros más tiernos años; +y no quiero decir lo que tú tan bien sabes de nuestra amistad, por no me +hacer testigo del agravio que el amor hace que le haga, poderosa disculpa +de mayores yerros. A ti te conozco y tengo en la misma posesión que él te +tiene; que, a no ser así, por menos prendas que las tuyas no había yo de ir +contra lo que debo a ser quien soy y contra las santas leyes de la +verdadera amistad, ahora por tan poderoso enemigo como el amor por mí +rompidas y violadas. + +»—Si eso confiesas —respondió Camila—, enemigo mortal de todo aquello que +justamente merece ser amado, ¿con qué rostro osas parecer ante quien sabes +que es el espejo donde se mira aquel en quien tú te debieras mirar, para +que vieras con cuán poca ocasión le agravias? Pero ya cayo, ¡ay, desdichada +de mí!, en la cuenta de quién te ha hecho tener tan poca con lo que a ti +mismo debes, que debe de haber sido alguna desenvoltura mía, que no quiero +llamarla deshonestidad, pues no habrá procedido de deliberada +determinación, sino de algún descuido de los que las mujeres que piensan +que no tienen de quién recatarse suelen hacer inadvertidamente. Si no, +dime: ¿cuándo, ¡oh traidor!, respondí a tus ruegos con alguna palabra o +señal que pudiese despertar en ti alguna sombra de esperanza de cumplir tus +infames deseos? ¿Cuándo tus amorosas palabras no fueron deshechas y +reprehendidas de las mías con rigor y con aspereza? ¿Cuándo tus muchas +promesas y mayores dádivas fueron de mí creídas, ni admitidas? Pero, por +parecerme que alguno no puede perseverar en el intento amoroso luengo +tiempo, si no es sustentado de alguna esperanza, quiero atribuirme a mí la +culpa de tu impertinencia, pues, sin duda, algún descuido mío ha sustentado +tanto tiempo tu cuidado; y así, quiero castigarme y darme la pena que tu +culpa merece. Y, porque vieses que, siendo conmigo tan inhumana, no era +posible dejar de serlo contigo, quise traerte a ser testigo del sacrificio +que pienso hacer a la ofendida honra de mi tan honrado marido, agraviado de +ti con el mayor cuidado que te ha sido posible, y de mí también con el poco +recato que he tenido del huir la ocasión, si alguna te di, para favorecer y +canonizar tus malas intenciones. Torno a decir que la sospecha que tengo +que algún descuido mío engendró en ti tan desvariados pensamientos es la +que más me fatiga, y la que yo más deseo castigar con mis propias manos, +porque, castigándome otro verdugo, quizá sería más pública mi culpa; pero, +antes que esto haga, quiero matar muriendo, y llevar conmigo quien me acabe +de satisfacer el deseo de la venganza que espero y tengo, viendo allá, +dondequiera que fuere, la pena que da la justicia desinteresada y que no se +dobla al que en términos tan desesperados me ha puesto. + +»Y, diciendo estas razones, con una increíble fuerza y ligereza arremetió a +Lotario con la daga desenvainada, con tales muestras de querer enclavársela +en el pecho, que casi él estuvo en duda si aquellas demostraciones eran +falsas o verdaderas, porque le fue forzoso valerse de su industria y de su +fuerza para estorbar que Camila no le diese. La cual tan vivamente fingía +aquel estraño embuste y fealdad que, por dalle color de verdad, la quiso +matizar con su misma sangre; porque, viendo que no podía haber a Lotario, o +fingiendo que no podía, dijo: + +»—Pues la suerte no quiere satisfacer del todo mi tan justo deseo, a lo +menos, no será tan poderosa que, en parte, me quite que no le satisfaga. +Y, haciendo fuerza para soltar la mano de la daga, que Lotario la tenía +asida, la sacó, y, guiando su punta por parte que pudiese herir no +profundamente, se la entró y escondió por más arriba de la islilla del lado +izquierdo, junto al hombro, y luego se dejó caer en el suelo, como +desmayada. + +»Estaban Leonela y Lotario suspensos y atónitos de tal suceso, y todavía +dudaban de la verdad de aquel hecho, viendo a Camila tendida en tierra y +bañada en su sangre. Acudió Lotario con mucha presteza, despavorido y sin +aliento, a sacar la daga, y, en ver la pequeña herida, salió del temor que +hasta entonces tenía, y de nuevo se admiró de la sagacidad, prudencia y +mucha discreción de la hermosa Camila; y, por acudir con lo que a él le +tocaba, comenzó a hacer una larga y triste lamentación sobre el cuerpo de +Camila, como si estuviera difunta, echándose muchas maldiciones, no sólo a +él, sino al que había sido causa de habelle puesto en aquel término. Y, +como sabía que le escuchaba su amigo Anselmo, decía cosas que el que le +oyera le tuviera mucha más lástima que a Camila, aunque por muerta la +juzgara. + +»Leonela la tomó en brazos y la puso en el lecho, suplicando a Lotario +fuese a buscar quien secretamente a Camila curase; pedíale asimismo consejo +y parecer de lo que dirían a Anselmo de aquella herida de su señora, si +acaso viniese antes que estuviese sana. Él respondió que dijesen lo que +quisiesen, que él no estaba para dar consejo que de provecho fuese; sólo le +dijo que procurase tomarle la sangre, porque él se iba adonde gentes no le +viesen. Y, con muestras de mucho dolor y sentimiento, se salió de casa; y, +cuando se vio solo y en parte donde nadie le veía, no cesaba de hacerse +cruces, maravillándose de la industria de Camila y de los ademanes tan +proprios de Leonela. Consideraba cuán enterado había de quedar Anselmo de +que tenía por mujer a una segunda Porcia, y deseaba verse con él para +celebrar los dos la mentira y la verdad más disimulada que jamás pudiera +imaginarse. + +»Leonela tomó, como se ha dicho, la sangre a su señora, que no era más de +aquello que bastó para acreditar su embuste; y, lavando con un poco de vino +la herida, se la ató lo mejor que supo, diciendo tales razones, en tanto +que la curaba, que, aunque no hubieran precedido otras, bastaran a hacer +creer a Anselmo que tenía en Camila un simulacro de la honestidad. +»Juntáronse a las palabras de Leonela otras de Camila, llamándose cobarde y +de poco ánimo, pues le había faltado al tiempo que fuera más necesario +tenerle, para quitarse la vida, que tan aborrecida tenía. Pedía consejo a +su doncella si daría, o no, todo aquel suceso a su querido esposo; la cual +le dijo que no se lo dijese, porque le pondría en obligación de vengarse de +Lotario, lo cual no podría ser sin mucho riesgo suyo, y que la buena mujer +estaba obligada a no dar ocasión a su marido a que riñese, sino a quitalle +todas aquellas que le fuese posible. + +»Respondió Camila que le parecía muy bien su parecer y que ella le +seguiría; pero que en todo caso convenía buscar qué decir a Anselmo de la +causa de aquella herida, que él no podría dejar de ver; a lo que Leonela +respondía que ella, ni aun burlando, no sabía mentir. + +»—Pues yo, hermana —replicó Camila—, ¿qué tengo de saber, que no me +atreveré a forjar ni sustentar una mentira, si me fuese en ello la vida? Y +si es que no hemos de saber dar salida a esto, mejor será decirle la verdad +desnuda, que no que nos alcance en mentirosa cuenta. + +»—No tengas pena, señora: de aquí a mañana —respondió Leonela— yo pensaré +qué le digamos, y quizá que, por ser la herida donde es, la podrás +encubrir sin que él la vea, y el cielo será servido de favorecer a nuestros +tan justos y tan honrados pensamientos. Sosiégate, señora mía, y procura +sosegar tu alteración, porque mi señor no te halle sobresaltada, y lo demás +déjalo a mi cargo, y al de Dios, que siempre acude a los buenos deseos. +»Atentísimo había estado Anselmo a escuchar y a ver representar la tragedia +de la muerte de su honra; la cual con tan estraños y eficaces afectos la +representaron los personajes della, que pareció que se habían transformado +en la misma verdad de lo que fingían. Deseaba mucho la noche, y el tener +lugar para salir de su casa, y ir a verse con su buen amigo Lotario, +congratulándose con él de la margarita preciosa que había hallado en el +desengaño de la bondad de su esposa. Tuvieron cuidado las dos de darle +lugar y comodidad a que saliese, y él, sin perdella, salió y luego fue a +buscar a Lotario, el cual hallado, no se puede buenamente contar los +abrazos que le dio, las cosas que de su contento le dijo, las alabanzas que +dio a Camila. Todo lo cual escuchó Lotario sin poder dar muestras de alguna +alegría, porque se le representaba a la memoria cuán engañado estaba su +amigo y cuán injustamente él le agraviaba. Y, aunque Anselmo veía que +Lotario no se alegraba, creía ser la causa por haber dejado a Camila herida +y haber él sido la causa; y así, entre otras razones, le dijo que no +tuviese pena del suceso de Camila, porque, sin duda, la herida era ligera, +pues quedaban de concierto de encubrírsela a él; y que, según esto, no +había de qué temer, sino que de allí adelante se gozase y alegrase con él, +pues por su industria y medio él se veía levantado a la más alta felicidad +que acertara desearse, y quería que no fuesen otros sus entretenimientos +que en hacer versos en alabanza de Camila, que la hiciesen eterna en la +memoria de los siglos venideros. Lotario alabó su buena determinación y +dijo que él, por su parte, ayudaría a levantar tan ilustre edificio. +»Con esto quedó Anselmo el hombre más sabrosamente engañado que pudo haber +en el mundo: él mismo llevó por la mano a su casa, creyendo que llevaba el +instrumento de su gloria, toda la perdición de su fama. Recebíale Camila +con rostro, al parecer, torcido, aunque con alma risueña. Duró este engaño +algunos días, hasta que, al cabo de pocos meses, volvió Fortuna su rueda y +salió a plaza la maldad con tanto artificio hasta allí cubierta, y a +Anselmo le costó la vida su impertinente curiosidad.» + + + + +Capítulo XXXV. Donde se da fin a la novela del Curioso impertinente + +Poco más quedaba por leer de la novela, cuando del caramanchón donde +reposaba don Quijote salió Sancho Panza todo alborotado, diciendo a voces: + +— Acudid, señores, presto y socorred a mi señor, que anda envuelto en la más +reñida y trabada batalla que mis ojos han visto. ¡Vive Dios, que ha dado +una cuchillada al gigante enemigo de la señora princesa Micomicona, que le +ha tajado la cabeza, cercen a cercen, como si fuera un nabo! + +— ¿Qué dices, hermano? —dijo el cura, dejando de leer lo que de la novela +quedaba—. ¿Estáis en vos, Sancho? ¿Cómo diablos puede ser eso que decís, +estando el gigante dos mil leguas de aquí? + +En esto, oyeron un gran ruido en el aposento, y que don Quijote decía a +voces: + +— ¡Tente, ladrón, malandrín, follón, que aquí te tengo, y no te ha de valer +tu cimitarra! + +Y parecía que daba grandes cuchilladas por las paredes. Y dijo Sancho: + +— No tienen que pararse a escuchar, sino entren a despartir la pelea, o a +ayudar a mi amo; aunque ya no será menester, porque, sin duda alguna, el +gigante está ya muerto, y dando cuenta a Dios de su pasada y mala vida, que +yo vi correr la sangre por el suelo, y la cabeza cortada y caída a un lado, +que es tamaña como un gran cuero de vino. + +— Que me maten —dijo a esta sazón el ventero— si don Quijote, o don diablo, +no ha dado alguna cuchillada en alguno de los cueros de vino tinto que a su +cabecera estaban llenos, y el vino derramado debe de ser lo que le parece +sangre a este buen hombre. + +Y, con esto, entró en el aposento, y todos tras él, y hallaron a don +Quijote en el más estraño traje del mundo: estaba en camisa, la cual no era +tan cumplida que por delante le acabase de cubrir los muslos, y por detrás +tenía seis dedos menos; las piernas eran muy largas y flacas, llenas de +vello y no nada limpias; tenía en la cabeza un bonetillo colorado, +grasiento, que era del ventero; en el brazo izquierdo tenía revuelta la +manta de la cama, con quien tenía ojeriza Sancho, y él se sabía bien el +porqué; y en la derecha, desenvainada la espada, con la cual daba +cuchilladas a todas partes, diciendo palabras como si verdaderamente +estuviera peleando con algún gigante. Y es lo bueno que no tenía los ojos +abiertos, porque estaba durmiendo y soñando que estaba en batalla con el +gigante; que fue tan intensa la imaginación de la aventura que iba a +fenecer, que le hizo soñar que ya había llegado al reino de Micomicón, y +que ya estaba en la pelea con su enemigo. Y había dado tantas cuchilladas +en los cueros, creyendo que las daba en el gigante, que todo el aposento +estaba lleno de vino; lo cual visto por el ventero, tomó tanto enojo que +arremetió con don Quijote, y a puño cerrado le comenzó a dar tantos golpes +que si Cardenio y el cura no se le quitaran, él acabara la guerra del +gigante; y, con todo aquello, no despertaba el pobre caballero, hasta que +el barbero trujo un gran caldero de agua fría del pozo y se le echó por +todo el cuerpo de golpe, con lo cual despertó don Quijote; mas no con tanto +acuerdo que echase de ver de la manera que estaba. + +Dorotea, que vio cuán corta y sotilmente estaba vestido, no quiso entrar a +ver la batalla de su ayudador y de su contrario. + +Andaba Sancho buscando la cabeza del gigante por todo el suelo, y, como no +la hallaba, dijo: + +— Ya yo sé que todo lo desta casa es encantamento; que la otra vez, en este +mesmo lugar donde ahora me hallo, me dieron muchos mojicones y porrazos, +sin saber quién me los daba, y nunca pude ver a nadie; y ahora no parece +por aquí esta cabeza que vi cortar por mis mismísimos ojos, y la sangre +corría del cuerpo como de una fuente. + +— ¿Qué sangre ni qué fuente dices, enemigo de Dios y de sus santos? —dijo el +ventero—. ¿No vees, ladrón, que la sangre y la fuente no es otra cosa que +estos cueros que aquí están horadados y el vino tinto que nada en este +aposento, que nadando vea yo el alma en los infiernos de quien los horadó? +— No sé nada —respondió Sancho—; sólo sé que vendré a ser tan desdichado +que, por no hallar esta cabeza, se me ha de deshacer mi condado como la sal +en el agua. + +Y estaba peor Sancho despierto que su amo durmiendo: tal le tenían las +promesas que su amo le había hecho. El ventero se desesperaba de ver la +flema del escudero y el maleficio del señor, y juraba que no había de ser +como la vez pasada, que se le fueron sin pagar; y que ahora no le habían de +valer los previlegios de su caballería para dejar de pagar lo uno y lo +otro, aun hasta lo que pudiesen costar las botanas que se habían de echar a +los rotos cueros. + +Tenía el cura de las manos a don Quijote, el cual, creyendo que ya había +acabado la aventura, y que se hallaba delante de la princesa Micomicona, se +hincó de rodillas delante del cura, diciendo: + +— Bien puede la vuestra grandeza, alta y famosa señora, vivir, de hoy más, +segura que le pueda hacer mal esta mal nacida criatura; y yo también, de +hoy más, soy quito de la palabra que os di, pues, con el ayuda del alto +Dios y con el favor de aquella por quien yo vivo y respiro, tan bien la he +cumplido. + +— ¿No lo dije yo? —dijo oyendo esto Sancho—. Sí que no estaba yo borracho: +¡mirad si tiene puesto ya en sal mi amo al gigante! ¡Ciertos son los toros: +mi condado está de molde! + +¿Quién no había de reír con los disparates de los dos, amo y mozo? Todos +reían sino el ventero, que se daba a Satanás. Pero, en fin, tanto hicieron +el barbero, Cardenio y el cura que, con no poco trabajo, dieron con don +Quijote en la cama, el cual se quedó dormido, con muestras de grandísimo +cansancio. Dejáronle dormir, y saliéronse al portal de la venta a consolar +a Sancho Panza de no haber hallado la cabeza del gigante; aunque más +tuvieron que hacer en aplacar al ventero, que estaba desesperado por la +repentina muerte de sus cueros. Y la ventera decía en voz y en grito: +— En mal punto y en hora menguada entró en mi casa este caballero andante, +que nunca mis ojos le hubieran visto, que tan caro me cuesta. La vez pasada +se fue con el costo de una noche, de cena, cama, paja y cebada, para él y +para su escudero, y un rocín y un jumento, diciendo que era caballero +aventurero (que mala ventura le dé Dios a él y a cuantos aventureros hay en +el mundo) y que por esto no estaba obligado a pagar nada, que así estaba +escrito en los aranceles de la caballería andantesca. Y ahora, por su +respeto, vino estotro señor y me llevó mi cola, y hámela vuelto con más de +dos cuartillos de daño, toda pelada, que no puede servir para lo que la +quiere mi marido. Y, por fin y remate de todo, romperme mis cueros y +derramarme mi vino; que derramada le vea yo su sangre. ¡Pues no se piense; +que, por los huesos de mi padre y por el siglo de mi madre, si no me lo han +de pagar un cuarto sobre otro, o no me llamaría yo como me llamo ni sería +hija de quien soy! + +Estas y otras razones tales decía la ventera con grande enojo, y ayudábala +su buena criada Maritornes. La hija callaba, y de cuando en cuando se +sonreía. El cura lo sosegó todo, prometiendo de satisfacerles su pérdida lo +mejor que pudiese, así de los cueros como del vino, y principalmente del +menoscabo de la cola, de quien tanta cuenta hacían. Dorotea consoló a +Sancho Panza diciéndole que cada y cuando que pareciese haber sido verdad +que su amo hubiese descabezado al gigante, le prometía, en viéndose +pacífica en su reino, de darle el mejor condado que en él hubiese. +Consolóse con esto Sancho, y aseguró a la princesa que tuviese por cierto +que él había visto la cabeza del gigante, y que, por más señas, tenía una +barba que le llegaba a la cintura; y que si no parecía, era porque todo +cuanto en aquella casa pasaba era por vía de encantamento, como él lo había +probado otra vez que había posado en ella. Dorotea dijo que así lo creía, y +que no tuviese pena, que todo se haría bien y sucedería a pedir de boca. +Sosegados todos, el cura quiso acabar de leer la novela, porque vio que +faltaba poco. Cardenio, Dorotea y todos los demás le rogaron la acabase. +Él, que a todos quiso dar gusto, y por el que él tenía de leerla, prosiguió +el cuento, que así decía: + +«Sucedió, pues, que, por la satisfación que Anselmo tenía de la bondad de +Camila, vivía una vida contenta y descuidada, y Camila, de industria, hacía +mal rostro a Lotario, porque Anselmo entendiese al revés de la voluntad que +le tenía; y, para más confirmación de su hecho, pidió licencia Lotario para +no venir a su casa, pues claramente se mostraba la pesadumbre que con su +vista Camila recebía; mas el engañado Anselmo le dijo que en ninguna manera +tal hiciese. Y, desta manera, por mil maneras era Anselmo el fabricador de +su deshonra, creyendo que lo era de su gusto. + +»En esto, el que tenía Leonela de verse cualificada, no de con sus amores, +llegó a tanto que, sin mirar a otra cosa, se iba tras él a suelta rienda, +fiada en que su señora la encubría, y aun la advertía del modo que con poco +recelo pudiese ponerle en ejecución. En fin, una noche sintió Anselmo pasos +en el aposento de Leonela, y, queriendo entrar a ver quién los daba, sintió +que le detenían la puerta, cosa que le puso más voluntad de abrirla; y +tanta fuerza hizo, que la abrió, y entró dentro a tiempo que vio que un +hombre saltaba por la ventana a la calle; y, acudiendo con presteza a +alcanzarle o conocerle, no pudo conseguir lo uno ni lo otro, porque Leonela +se abrazó con él, diciéndole: + +»—Sosiégate, señor mío, y no te alborotes, ni sigas al que de aquí saltó; +es cosa mía, y tanto, que es mi esposo. + +»No lo quiso creer Anselmo; antes, ciego de enojo, sacó la daga y quiso +herir a Leonela, diciéndole que le dijese la verdad, si no, que la mataría. +Ella, con el miedo, sin saber lo que se decía, le dijo: + +»—No me mates, señor, que yo te diré cosas de más importancia de las que +puedes imaginar. + +»—Dilas luego —dijo Anselmo—; si no, muerta eres. + +»—Por ahora será imposible —dijo Leonela—, según estoy de turbada; déjame +hasta mañana, que entonces sabrás de mí lo que te ha de admirar; y está +seguro que el que saltó por esta ventana es un mancebo desta ciudad, que me +ha dado la mano de ser mi esposo. + +»Sosegóse con esto Anselmo y quiso aguardar el término que se le pedía, +porque no pensaba oír cosa que contra Camila fuese, por estar de su bondad +tan satisfecho y seguro; y así, se salió del aposento y dejó encerrada en +él a Leonela, diciéndole que de allí no saldría hasta que le dijese lo que +tenía que decirle. + +»Fue luego a ver a Camila y a decirle, como le dijo, todo aquello que con +su doncella le había pasado, y la palabra que le había dado de decirle +grandes cosas y de importancia. Si se turbó Camila o no, no hay para qué +decirlo, porque fue tanto el temor que cobró, creyendo verdaderamente —y +era de creer— que Leonela había de decir a Anselmo todo lo que sabía de su +poca fe, que no tuvo ánimo para esperar si su sospecha salía falsa o no. Y +aquella mesma noche, cuando le pareció que Anselmo dormía, juntó las +mejores joyas que tenía y algunos dineros, y, sin ser de nadie sentida, +salió de casa y se fue a la de Lotario, a quien contó lo que pasaba, y le +pidió que la pusiese en cobro, o que se ausentasen los dos donde de Anselmo +pudiesen estar seguros. La confusión en que Camila puso a Lotario fue tal, +que no le sabía responder palabra, ni menos sabía resolverse en lo que +haría. + +»En fin, acordó de llevar a Camila a un monesterio, en quien era priora una +su hermana. Consintió Camila en ello, y, con la presteza que el caso pedía, +la llevó Lotario y la dejó en el monesterio, y él, ansimesmo, se ausentó +luego de la ciudad, sin dar parte a nadie de su ausencia. + +»Cuando amaneció, sin echar de ver Anselmo que Camila faltaba de su lado, +con el deseo que tenía de saber lo que Leonela quería decirle, se levantó y +fue adonde la había dejado encerrada. Abrió y entró en el aposento, pero no +halló en él a Leonela: sólo halló puestas unas sábanas añudadas a la +ventana, indicio y señal que por allí se había descolgado e ido. Volvió +luego muy triste a decírselo a Camila, y, no hallándola en la cama ni en +toda la casa, quedó asombrado.Preguntó a los criados de casa por ella, pero +nadie le supo dar razón de lo que pedía. + +»Acertó acaso, andando a buscar a Camila, que vio sus cofres abiertos y que +dellos faltaban las más de sus joyas, y con esto acabó de caer en la cuenta +de su desgracia, y en que no era Leonela la causa de su desventura. Y, ansí +como estaba, sin acabarse de vestir, triste y pensativo, fue a dar cuenta +de su desdicha a su amigo Lotario. Mas, cuando no le halló, y sus criados +le dijeron que aquella noche había faltado de casa y había llevado consigo +todos los dineros que tenía, pensó perder el juicio. Y, para acabar de +concluir con todo, volviéndose a su casa, no halló en ella ninguno de +cuantos criados ni criadas tenía, sino la casa desierta y sola. + +»No sabía qué pensar, qué decir, ni qué hacer, y poco a poco se le iba +volviendo el juicio. Contemplábase y mirábase en un instante sin mujer, sin +amigo y sin criados; desamparado, a su parecer, del cielo que le cubría, y +sobre todo sin honra, porque en la falta de Camila vio su perdición. + +»Resolvióse, en fin, a cabo de una gran pieza, de irse a la aldea de su +amigo, donde había estado cuando dio lugar a que se maquinase toda aquella +desventura. Cerró las puertas de su casa, subió a caballo, y con desmayado +aliento se puso en camino; y, apenas hubo andado la mitad, cuando, acosado +de sus pensamientos, le fue forzoso apearse y arrendar su caballo a un +árbol, a cuyo tronco se dejó caer, dando tiernos y dolorosos suspiros, y +allí se estuvo hasta casi que anochecía; y aquella hora vio que venía un +hombre a caballo de la ciudad, y, después de haberle saludado, le preguntó +qué nuevas había en Florencia. El ciudadano respondió: + +»—Las más estrañas que muchos días ha se han oído en ella; porque se dice +públicamente que Lotario, aquel grande amigo de Anselmo el rico, que vivía +a San Juan, se llevó esta noche a Camila, mujer de Anselmo, el cual tampoco +parece. Todo esto ha dicho una criada de Camila, que anoche la halló el +gobernador descolgándose con una sábana por las ventanas de la casa de +Anselmo. En efeto, no sé puntualmente cómo pasó el negocio; sólo sé que +toda la ciudad está admirada deste suceso, porque no se podía esperar tal +hecho de la mucha y familiar amistad de los dos, que dicen que era tanta, +que los llamaban los dos amigos. + +»—¿Sábese, por ventura —dijo Anselmo—, el camino que llevan Lotario y +Camila? + +»—Ni por pienso —dijo el ciudadano—, puesto que el gobernador ha usado de +mucha diligencia en buscarlos + +»—A Dios vais, señor —dijo Anselmo. + +»—Con Él quedéis —respondió el ciudadano, y fuese. + +»Con tan desdichadas nuevas, casi casi llegó a términos Anselmo, no sólo de +perder el juicio, sino de acabar la vida. Levantóse como pudo y llegó a +casa de su amigo, que aún no sabía su desgracia; mas, como le vio llegar +amarillo, consumido y seco, entendió que de algún grave mal venía fatigado. +Pidió luego Anselmo que le acostasen, y que le diesen aderezo de escribir. +Hízose así, y dejáronle acostado y solo, porque él así lo quiso, y aun que +le cerrasen la puerta. Viéndose, pues, solo, comenzó a cargar tanto la +imaginación de su desventura, que claramente conoció que se le iba acabando +la vida; y así, ordenó de dejar noticia de la causa de su estraña muerte; +y, comenzando a escribir, antes que acabase de poner todo lo que quería, le +faltó el aliento y dejó la vida en las manos del dolor que le causó su +curiosidad impertinente. + +»Viendo el señor de casa que era ya tarde y que Anselmo no llamaba, acordó +de entrar a saber si pasaba adelante su indisposición, y hallóle tendido +boca abajo, la mitad del cuerpo en la cama y la otra mitad sobre el bufete, +sobre el cual estaba con el papel escrito y abierto, y él tenía aún la +pluma en la mano. Llegóse el huésped a él, habiéndole llamado primero; y, +trabándole por la mano, viendo que no le respondía y hallándole frío, vio +que estaba muerto. Admiróse y congojóse en gran manera, y llamó a la gente +de casa para que viesen la desgracia a Anselmo sucedida; y, finalmente, +leyó el papel, que conoció que de su mesma mano estaba escrito, el cual +contenía estas razones: + +Un necio e impertinente deseo me quitó la vida. Si las nuevas de mi muerte +llegaren a los oídos de Camila, sepa que yo la perdono, porque no estaba +ella obligada a hacer milagros, ni yo tenía necesidad de querer que ella +los hiciese; y, pues yo fui el fabricador de mi deshonra, no hay para +qué... + +»Hasta aquí escribió Anselmo, por donde se echó de ver que en aquel punto, +sin poder acabar la razón, se le acabó la vida. Otro día dio aviso su amigo +a los parientes de Anselmo de su muerte, los cuales ya sabían su desgracia, +y el monesterio donde Camila estaba, casi en el término de acompañar a su +esposo en aquel forzoso viaje, no por las nuevas del muerto esposo, mas por +las que supo del ausente amigo. Dícese que, aunque se vio viuda, no quiso +salir del monesterio, ni, menos, hacer profesión de monja, hasta que, no de +allí a muchos días, le vinieron nuevas que Lotario había muerto en una +batalla que en aquel tiempo dio monsiur de Lautrec al Gran Capitán Gonzalo +Fernández de Córdoba en el reino de Nápoles, donde había ido a parar el +tarde arrepentido amigo; lo cual sabido por Camila, hizo profesión, y acabó +en breves días la vida a las rigurosas manos de tristezas y melancolías. +Éste fue el fin que tuvieron todos, nacido de un tan desatinado principio.» + +— Bien —dijo el cura— me parece esta novela, pero no me puedo persuadir que +esto sea verdad; y si es fingido, fingió mal el autor, porque no se puede +imaginar que haya marido tan necio que quiera hacer tan costosa experiencia +como Anselmo. Si este caso se pusiera entre un galán y una dama, pudiérase +llevar, pero entre marido y mujer, algo tiene del imposible; y, en lo que +toca al modo de contarle, no me descontenta. + + + + +Capítulo XXXVI. Que trata de la brava y descomunal batalla que don Quijote +tuvo con unos cueros de vino tinto, con otros raros sucesos que en la venta +le sucedieron + +Estando en esto, el ventero, que estaba a la puerta de la venta, dijo: + +— Esta que viene es una hermosa tropa de huéspedes: si ellos paran aquí, +gaudeamus tenemos. + +— ¿Qué gente es? —dijo Cardenio. + +— Cuatro hombres —respondió el ventero— vienen a caballo, a la jineta, con +lanzas y adargas, y todos con antifaces negros; y junto con ellos viene una +mujer vestida de blanco, en un sillón, ansimesmo cubierto el rostro, y +otros dos mozos de a pie. + +— ¿Vienen muy cerca? —preguntó el cura. + +— Tan cerca —respondió el ventero—, que ya llegan. + +Oyendo esto Dorotea, se cubrió el rostro, y Cardenio se entró en el +aposento de don Quijote; y casi no habían tenido lugar para esto, cuando +entraron en la venta todos los que el ventero había dicho; y, apeándose los +cuatro de a caballo, que de muy gentil talle y disposición eran, fueron a +apear a la mujer que en el sillón venía; y, tomándola uno dellos en sus +brazos, la sentó en una silla que estaba a la entrada del aposento donde +Cardenio se había escondido. En todo este tiempo, ni ella ni ellos se +habían quitado los antifaces, ni hablado palabra alguna; sólo que, al +sentarse la mujer en la silla, dio un profundo suspiro y dejó caer los +brazos, como persona enferma y desmayada. Los mozos de a pie llevaron los +caballos a la caballeriza. + +Viendo esto el cura, deseoso de saber qué gente era aquella que con tal +traje y tal silencio estaba, se fue donde estaban los mozos, y a uno dellos +le preguntó lo que ya deseaba; el cual le respondió: + +— Pardiez, señor, yo no sabré deciros qué gente sea ésta; sólo sé que +muestra ser muy principal, especialmente aquel que llegó a tomar en sus +brazos a aquella señora que habéis visto; y esto dígolo porque todos los +demás le tienen respeto, y no se hace otra cosa más de la que él ordena y +manda. + +— Y la señora, ¿quién es? —preguntó el cura. + +— Tampoco sabré decir eso —respondió el mozo—, porque en todo el camino no +la he visto el rostro; suspirar sí la he oído muchas veces, y dar unos +gemidos que parece que con cada uno dellos quiere dar el alma. Y no es de +maravillar que no sepamos más de lo que habemos dicho, porque mi compañero +y yo no ha más de dos días que los acompañamos; porque, habiéndolos +encontrado en el camino, nos rogaron y persuadieron que viniésemos con +ellos hasta el Andalucía, ofreciéndose a pagárnoslo muy bien. + +— ¿Y habéis oído nombrar a alguno dellos? —preguntó el cura. + +— No, por cierto —respondió el mozo—, porque todos caminan con tanto +silencio que es maravilla, porque no se oye entre ellos otra cosa que los +suspiros y sollozos de la pobre señora, que nos mueven a lástima; y sin +duda tenemos creído que ella va forzada dondequiera que va, y, según se +puede colegir por su hábito, ella es monja, o va a serlo, que es lo más +cierto, y quizá porque no le debe de nacer de voluntad el monjío, va +triste, como parece. + +— Todo podría ser —dijo el cura. + +Y, dejándolos, se volvió adonde estaba Dorotea, la cual, como había oído +suspirar a la embozada, movida de natural compasión, se llegó a ella y le +dijo: + +— ¿Qué mal sentís, señora mía? Mirad si es alguno de quien las mujeres +suelen tener uso y experiencia de curarle, que de mi parte os ofrezco una +buena voluntad de serviros. + +A todo esto callaba la lastimada señora; y, aunque Dorotea tornó con +mayores ofrecimientos, todavía se estaba en su silencio, hasta que llegó el +caballero embozado que dijo el mozo que los demás obedecían, y dijo a +Dorotea: + +— No os canséis, señora, en ofrecer nada a esa mujer, porque tiene por +costumbre de no agradecer cosa que por ella se hace, ni procuréis que os +responda, si no queréis oír alguna mentira de su boca. + +— Jamás la dije —dijo a esta sazón la que hasta allí había estado callando—; +antes, por ser tan verdadera y tan sin trazas mentirosas, me veo ahora en +tanta desventura; y desto vos mesmo quiero que seáis el testigo, pues mi +pura verdad os hace a vos ser falso y mentiroso. + +Oyó estas razones Cardenio bien clara y distintamente, como quien estaba +tan junto de quien las decía que sola la puerta del aposento de don Quijote +estaba en medio; y, así como las oyó, dando una gran voz dijo: + +— ¡Válgame Dios! ¿Qué es esto que oigo? ¿Qué voz es esta que ha llegado a +mis oídos? + +Volvió la cabeza a estos gritos aquella señora, toda sobresaltada, y, no +viendo quién las daba, se levantó en pie y fuese a entrar en el aposento; +lo cual visto por el caballero, la detuvo, sin dejarla mover un paso. A +ella, con la turbación y desasosiego, se le cayó el tafetán con que traía +cubierto el rostro, y descubrió una hermosura incomparable y un rostro +milagroso, aunque descolorido y asombrado, porque con los ojos andaba +rodeando todos los lugares donde alcanzaba con la vista, con tanto ahínco, +que parecía persona fuera de juicio; cuyas señales, sin saber por qué las +hacía, pusieron gran lástima en Dorotea y en cuantos la miraban. Teníala el +caballero fuertemente asida por las espaldas, y, por estar tan ocupado en +tenerla, no pudo acudir a alzarse el embozo, que se le caía, como, en +efeto, se le cayó del todo; y, alzando los ojos Dorotea, que abrazada con +la señora estaba, vio que el que abrazada ansimesmo la tenía era su esposo +don Fernando; y, apenas le hubo conocido, cuando, arrojando de lo íntimo de +sus entrañas un luengo y tristísimo ''¡ay!'', se dejó caer de espaldas +desmayada; y, a no hallarse allí junto el barbero, que la recogió en los +brazos, ella diera consigo en el suelo. + +Acudió luego el cura a quitarle el embozo, para echarle agua en el rostro, +y así como la descubrió la conoció don Fernando, que era el que estaba +abrazado con la otra, y quedó como muerto en verla; pero no porque dejase, +con todo esto, de tener a Luscinda, que era la que procuraba soltarse de +sus brazos; la cual había conocido en el suspiro a Cardenio, y él la había +conocido a ella. Oyó asimesmo Cardenio el ¡ay! que dio Dorotea cuando se +cayó desmayada, y, creyendo que era su Luscinda, salió del aposento +despavorido, y lo primero que vio fue a don Fernando, que tenía abrazada a +Luscinda. También don Fernando conoció luego a Cardenio; y todos tres, +Luscinda, Cardenio y Dorotea, quedaron mudos y suspensos, casi sin saber lo +que les había acontecido. + +Callaban todos y mirábanse todos: Dorotea a don Fernando, don Fernando a +Cardenio, Cardenio a Luscinda y Luscinda a Cardenio. Mas quien primero +rompió el silencio fue Luscinda, hablando a don Fernando desta manera: + +— Dejadme, señor don Fernando, por lo que debéis a ser quien sois, ya que +por otro respeto no lo hagáis; dejadme llegar al muro de quien yo soy +yedra, al arrimo de quien no me han podido apartar vuestras +importunaciones, vuestras amenazas, vuestras promesas ni vuestras dádivas. +Notad cómo el cielo, por desusados y a nosotros encubiertos caminos, me ha +puesto a mi verdadero esposo delante. Y bien sabéis por mil costosas +experiencias que sola la muerte fuera bastante para borrarle de mi memoria. +Sean, pues, parte tan claros desengaños para que volváis, ya que no podáis +hacer otra cosa, el amor en rabia, la voluntad en despecho, y acabadme con +él la vida; que, como yo la rinda delante de mi buen esposo, la daré por +bien empleada: quizá con mi muerte quedará satisfecho de la fe que le +mantuve hasta el último trance de la vida. + +Había en este entretanto vuelto Dorotea en sí, y había estado escuchando +todas las razones que Luscinda dijo, por las cuales vino en conocimiento de +quién ella era; que, viendo que don Fernando aún no la dejaba de los +brazos, ni respondía a sus razones, esforzándose lo más que pudo, se +levantó y se fue a hincar de rodillas a sus pies; y, derramando mucha +cantidad de hermosas y lastimeras lágrimas, así le comenzó a decir: + +— Si ya no es, señor mío, que los rayos deste sol que en tus brazos +eclipsado tienes te quitan y ofuscan los de tus ojos, ya habrás echado de +ver que la que a tus pies está arrodillada es la sin ventura, hasta que tú +quieras, y la desdichada Dorotea. Yo soy aquella labradora humilde a quien +tú, por tu bondad o por tu gusto, quisiste levantar a la alteza de poder +llamarse tuya. Soy la que, encerrada en los límites de la honestidad, vivió +vida contenta hasta que, a las voces de tus importunidades, y, al parecer, +justos y amorosos sentimientos, abrió las puertas de su recato y te entregó +las llaves de su libertad: dádiva de ti tan mal agradecida, cual lo muestra +bien claro haber sido forzoso hallarme en el lugar donde me hallas, y verte +yo a ti de la manera que te veo. Pero, con todo esto, no querría que cayese +en tu imaginación pensar que he venido aquí con pasos de mi deshonra, +habiéndome traído sólo los del dolor y sentimiento de verme de ti olvidada. +Tú quisiste que yo fuese tuya, y quisístelo de manera que, aunque ahora +quieras que no lo sea, no será posible que tú dejes de ser mío. Mira, señor +mío, que puede ser recompensa a la hermosura y nobleza por quien me dejas +la incomparable voluntad que te tengo. Tú no puedes ser de la hermosa +Luscinda, porque eres mío, ni ella puede ser tuya, porque es de Cardenio; y +más fácil te será, si en ello miras, reducir tu voluntad a querer a quien +te adora, que no encaminar la que te aborrece a que bien te quiera. Tú +solicitaste mi descuido, tú rogaste a mi entereza, tú no ignoraste mi +calidad, tú sabes bien de la manera que me entregué a toda tu voluntad: no +te queda lugar ni acogida de llamarte a engaño. Y si esto es así, como lo +es, y tú eres tan cristiano como caballero, ¿por qué por tantos rodeos +dilatas de hacerme venturosa en los fines, como me heciste en los +principios? Y si no me quieres por la que soy, que soy tu verdadera y +legítima esposa, quiéreme, a lo menos, y admíteme por tu esclava; que, como +yo esté en tu poder, me tendré por dichosa y bien afortunada. No permitas, +con dejarme y desampararme, que se hagan y junten corrillos en mi deshonra; +no des tan mala vejez a mis padres, pues no lo merecen los leales servicios +que, como buenos vasallos, a los tuyos siempre han hecho. Y si te parece +que has de aniquilar tu sangre por mezclarla con la mía, considera que +pocas o ninguna nobleza hay en el mundo que no haya corrido por este +camino, y que la que se toma de las mujeres no es la que hace al caso en +las ilustres decendencias; cuanto más, que la verdadera nobleza consiste en +la virtud, y si ésta a ti te falta, negándome lo que tan justamente me +debes, yo quedaré con más ventajas de noble que las que tú tienes. En fin, +señor, lo que últimamente te digo es que, quieras o no quieras, yo soy tu +esposa: testigos son tus palabras, que no han ni deben ser mentirosas, si +ya es que te precias de aquello por que me desprecias; testigo será la +firma que hiciste, y testigo el cielo, a quien tú llamaste por testigo de +lo que me prometías. Y, cuando todo esto falte, tu misma conciencia no ha +de faltar de dar voces callando en mitad de tus alegrías, volviendo por +esta verdad que te he dicho y turbando tus mejores gustos y contentos. + +Estas y otras razones dijo la lastimada Dorotea, con tanto sentimiento y +lágrimas, que los mismos que acompañaban a don Fernando, y cuantos +presentes estaban, la acompañaron en ellas. Escuchóla don Fernando sin +replicalle palabra, hasta que ella dio fin a las suyas y principio a tantos +sollozos y suspiros, que bien había de ser corazón de bronce el que con +muestras de tanto dolor no se enterneciera. Mirándola estaba Luscinda, no +menos lastimada de su sentimiento que admirada de su mucha discreción y +hermosura; y, aunque quisiera llegarse a ella y decirle algunas palabras de +consuelo, no la dejaban los brazos de don Fernando, que apretada la tenían. +El cual, lleno de confusión y espanto, al cabo de un buen espacio que +atentamente estuvo mirando a Dorotea, abrió los brazos y, dejando libre a +Luscinda, dijo: + +— Venciste, hermosa Dorotea, venciste; porque no es posible tener ánimo para +negar tantas verdades juntas. + +Con el desmayo que Luscinda había tenido, así como la dejó don Fernando, +iba a caer en el suelo; mas, hallándose Cardenio allí junto, que a las +espaldas de don Fernando se había puesto porque no le conociese, +prosupuesto todo temor y aventurando a todo riesgo, acudió a sostener a +Luscinda, y, cogiéndola entre sus brazos, le dijo: + +— Si el piadoso cielo gusta y quiere que ya tengas algún descanso, leal, +firme y hermosa señora mía, en ninguna parte creo yo que le tendrás más +seguro que en estos brazos que ahora te reciben, y otro tiempo te +recibieron, cuando la fortuna quiso que pudiese llamarte mía. + +A estas razones, puso Luscinda en Cardenio los ojos, y, habiendo comenzado +a conocerle, primero por la voz, y asegurándose que él era con la vista, +casi fuera de sentido y sin tener cuenta a ningún honesto respeto, le echó +los brazos al cuello, y, juntando su rostro con el de Cardenio, le dijo: + +— Vos sí, señor mío, sois el verdadero dueño desta vuestra captiva, aunque +más lo impida la contraria suerte, y, aunque más amenazas le hagan a esta +vida que en la vuestra se sustenta. + +Estraño espectáculo fue éste para don Fernando y para todos los +circunstantes, admirándose de tan no visto suceso. Parecióle a Dorotea que +don Fernando había perdido la color del rostro y que hacía ademán de querer +vengarse de Cardenio, porque le vio encaminar la mano a ponella en la +espada; y, así como lo pensó, con no vista presteza se abrazó con él por +las rodillas, besándoselas y teniéndole apretado, que no le dejaba mover, +y, sin cesar un punto de sus lágrimas, le decía: + +— ¿Qué es lo que piensas hacer, único refugio mío, en este tan impensado +trance? Tú tienes a tus pies a tu esposa, y la que quieres que lo sea está +en los brazos de su marido. Mira si te estará bien o te será posible +deshacer lo que el cielo ha hecho, o si te convendrá querer levantar a +igualar a ti mismo a la que, pospuesto todo inconveniente, confirmada en su +verdad y firmeza, delante de tus ojos tiene los suyos, bañados de licor +amoroso el rostro y pecho de su verdadero esposo. Por quien Dios es te +ruego, y por quien tú eres te suplico, que este tan notorio desengaño no +sólo no acreciente tu ira, sino que la mengüe en tal manera, que con +quietud y sosiego permitas que estos dos amantes le tengan, sin +impedimiento tuyo, todo el tiempo que el cielo quisiere concedérsele; y en +esto mostrarás la generosidad de tu ilustre y noble pecho, y verá el mundo +que tiene contigo más fuerza la razón que el apetito. + +En tanto que esto decía Dorotea, aunque Cardenio tenía abrazada a Luscinda, +no quitaba los ojos de don Fernando, con determinación de que, si le viese +hacer algún movimiento en su perjuicio, procurar defenderse y ofender como +mejor pudiese a todos aquellos que en su daño se mostrasen, aunque le +costase la vida. Pero a esta sazón acudieron los amigos de don Fernando, y +el cura y el barbero, que a todo habían estado presentes, sin que faltase +el bueno de Sancho Panza, y todos rodeaban a don Fernando, suplicándole +tuviese por bien de mirar las lágrimas de Dorotea; y que, siendo verdad, +como sin duda ellos creían que lo era, lo que en sus razones había dicho, +que no permitiese quedase defraudada de sus tan justas esperanzas. Que +considerase que, no acaso, como parecía, sino con particular providencia +del cielo, se habían todos juntado en lugar donde menos ninguno pensaba; y +que advirtiese —dijo el cura— que sola la muerte podía apartar a Luscinda +de Cardenio; y, aunque los dividiesen filos de alguna espada, ellos +tendrían por felicísima su muerte; y que en los lazos inremediables era +suma cordura, forzándose y venciéndose a sí mismo, mostrar un generoso +pecho, permitiendo que por sola su voluntad los dos gozasen el bien que el +cielo ya les había concedido; que pusiese los ojos ansimesmo en la beldad +de Dorotea, y vería que pocas o ninguna se le podían igualar, cuanto más +hacerle ventaja, y que juntase a su hermosura su humildad y el estremo del +amor que le tenía; y, sobre todo, advirtiese que si se preciaba de +caballero y de cristiano, que no podía hacer otra cosa que cumplille la +palabra dada, y que, cumpliéndosela, cumpliría con Dios y satisfaría a las +gentes discretas, las cuales saben y conocen que es prerrogativa de la +hermosura, aunque esté en sujeto humilde, como se acompañe con la +honestidad, poder levantarse e igualarse a cualquiera alteza, sin nota de +menoscabo del que la levanta e iguala a sí mismo; y, cuando se cumplen las +fuertes leyes del gusto, como en ello no intervenga pecado, no debe de ser +culpado el que las sigue. + +En efeto, a estas razones añadieron todos otras, tales y tantas, que el +valeroso pecho de don Fernando (en fin, como alimentado con ilustre sangre) +se ablandó y se dejó vencer de la verdad, que él no pudiera negar aunque +quisiera; y la señal que dio de haberse rendido y entregado al buen parecer +que se le había propuesto fue abajarse y abrazar a Dorotea, diciéndole: + +— Levantaos, señora mía, que no es justo que esté arrodillada a mis pies la +que yo tengo en mi alma; y si hasta aquí no he dado muestras de lo que +digo, quizá ha sido por orden del cielo, para que, viendo yo en vos la fe +con que me amáis, os sepa estimar en lo que merecéis. Lo que os ruego es +que no me reprehendáis mi mal término y mi mucho descuido, pues la misma +ocasión y fuerza que me movió para acetaros por mía, esa misma me impelió +para procurar no ser vuestro. Y que esto sea verdad, volved y mirad los +ojos de la ya contenta Luscinda, y en ellos hallaréis disculpa de todos mis +yerros; y, pues ella halló y alcanzó lo que deseaba, y yo he hallado en vos +lo que me cumple, viva ella segura y contenta luengos y felices años con su +Cardenio, que yo rogaré al cielo que me los deje vivir con mi Dorotea. + +Y, diciendo esto, la tornó a abrazar y a juntar su rostro con el suyo, con +tan tierno sentimiento, que le fue necesario tener gran cuenta con que las +lágrimas no acabasen de dar indubitables señas de su amor y +arrepentimiento. No lo hicieron así las de Luscinda y Cardenio, y aun las +de casi todos los que allí presentes estaban, porque comenzaron a derramar +tantas, los unos de contento proprio y los otros del ajeno, que no parecía +sino que algún grave y mal caso a todos había sucedido. Hasta Sancho Panza +lloraba, aunque después dijo que no lloraba él sino por ver que Dorotea no +era, como él pensaba, la reina Micomicona, de quien él tantas mercedes +esperaba. Duró algún espacio, junto con el llanto, la admiración en todos, +y luego Cardenio y Luscinda se fueron a poner de rodillas ante don +Fernando, dándole gracias de la merced que les había hecho con tan corteses +razones, que don Fernando no sabía qué responderles; y así, los levantó y +abrazó con muestras de mucho amor y de mucha cortesía. + +Preguntó luego a Dorotea le dijese cómo había venido a aquel lugar tan +lejos del suyo. Ella, con breves y discretas razones, contó todo lo que +antes había contado a Cardenio, de lo cual gustó tanto don Fernando y los +que con él venían, que quisieran que durara el cuento más tiempo: tanta era +la gracia con que Dorotea contaba sus desventuras. Y, así como hubo +acabado, dijo don Fernando lo que en la ciudad le había acontecido después +que halló el papel en el seno de Luscinda, donde declaraba ser esposa de +Cardenio y no poderlo ser suya. Dijo que la quiso matar, y lo hiciera si de +sus padres no fuera impedido; y que así, se salió de su casa, despechado y +corrido, con determinación de vengarse con más comodidad; y que otro día +supo como Luscinda había faltado de casa de sus padres, sin que nadie +supiese decir dónde se había ido, y que, en resolución, al cabo de algunos +meses vino a saber como estaba en un monesterio, con voluntad de quedarse +en él toda la vida, si no la pudiese pasar con Cardenio; y que, así como lo +supo, escogiendo para su compañía aquellos tres caballeros, vino al lugar +donde estaba, a la cual no había querido hablar, temeroso que, en sabiendo +que él estaba allí, había de haber más guarda en el monesterio; y así, +aguardando un día a que la portería estuviese abierta, dejó a los dos a la +guarda de la puerta, y él, con otro, habían entrado en el monesterio +buscando a Luscinda, la cual hallaron en el claustro hablando con una +monja; y, arrebatándola, sin darle lugar a otra cosa, se habían venido con +ella a un lugar donde se acomodaron de aquello que hubieron menester para +traella. Todo lo cual habían podido hacer bien a su salvo, por estar el +monesterio en el campo, buen trecho fuera del pueblo. Dijo que, así como +Luscinda se vio en su poder, perdió todos los sentidos; y que, después de +vuelta en sí, no había hecho otra cosa sino llorar y suspirar, sin hablar +palabra alguna; y que así, acompañados de silencio y de lágrimas, habían +llegado a aquella venta, que para él era haber llegado al cielo, donde se +rematan y tienen fin todas las desventuras de la tierra. + + + + +Capítulo XXXVII. Que prosigue la historia de la famosa infanta Micomicona, +con otras graciosas aventuras + +Todo esto escuchaba Sancho, no con poco dolor de su ánima, viendo que se +le desparecían e iban en humo las esperanzas de su ditado, y que la linda +princesa Micomicona se le había vuelto en Dorotea, y el gigante en don +Fernando, y su amo se estaba durmiendo a sueño suelto, bien descuidado de +todo lo sucedido. No se podía asegurar Dorotea si era soñado el bien que +poseía. Cardenio estaba en el mismo pensamiento, y el de Luscinda corría +por la misma cuenta. Don Fernando daba gracias al cielo por la merced +recebida y haberle sacado de aquel intricado laberinto, donde se hallaba +tan a pique de perder el crédito y el alma; y, finalmente, cuantos en la +venta estaban, estaban contentos y gozosos del buen suceso que habían +tenido tan trabados y desesperados negocios. + +Todo lo ponía en su punto el cura, como discreto, y a cada uno daba el +parabién del bien alcanzado; pero quien más jubilaba y se contentaba era la +ventera, por la promesa que Cardenio y el cura le habían hecho de pagalle +todos los daños e intereses que por cuenta de don Quijote le hubiesen +venido. Sólo Sancho, como ya se ha dicho, era el afligido, el desventurado +y el triste; y así, con malencónico semblante, entró a su amo, el cual +acababa de despertar, a quien dijo: + +— Bien puede vuestra merced, señor Triste Figura, dormir todo lo que +quisiere, sin cuidado de matar a ningún gigante, ni de volver a la princesa +su reino: que ya todo está hecho y concluido. + +— Eso creo yo bien —respondió don Quijote—, porque he tenido con el gigante +la más descomunal y desaforada batalla que pienso tener en todos los días +de mi vida; y de un revés, ¡zas!, le derribé la cabeza en el suelo, y fue +tanta la sangre que le salió, que los arroyos corrían por la tierra como si +fueran de agua. + +— Como si fueran de vino tinto, pudiera vuestra merced decir mejor +— respondió Sancho—, porque quiero que sepa vuestra merced, si es que no lo +sabe, que el gigante muerto es un cuero horadado, y la sangre, seis arrobas +de vino tinto que encerraba en su vientre; y la cabeza cortada es la puta +que me parió, y llévelo todo Satanás. + +— Y ¿qué es lo que dices, loco? —replicó don Quijote—. ¿Estás en tu seso? + +— Levántese vuestra merced —dijo Sancho—, y verá el buen recado que ha +hecho, y lo que tenemos que pagar; y verá a la reina convertida en una dama +particular, llamada Dorotea, con otros sucesos que, si cae en ellos, le han +de admirar. + +— No me maravillaría de nada deso —replicó don Quijote—, porque, si bien te +acuerdas, la otra vez que aquí estuvimos te dije yo que todo cuanto aquí +sucedía eran cosas de encantamento, y no sería mucho que ahora fuese lo +mesmo. + +— Todo lo creyera yo —respondió Sancho—, si también mi manteamiento fuera +cosa dese jaez, mas no lo fue, sino real y verdaderamente; y vi yo que el +ventero que aquí está hoy día tenía del un cabo de la manta, y me empujaba +hacia el cielo con mucho donaire y brío, y con tanta risa como fuerza; y +donde interviene conocerse las personas, tengo para mí, aunque simple y +pecador, que no hay encantamento alguno, sino mucho molimiento y mucha mala +ventura. + +— Ahora bien, Dios lo remediará —dijo don Quijote—. Dame de vestir y déjame +salir allá fuera, que quiero ver los sucesos y transformaciones que dices. + +Diole de vestir Sancho, y, en el entretanto que se vestía, contó el cura a +don Fernando y a los demás las locuras de don Quijote, y del artificio que +habían usado para sacarle de la Peña Pobre, donde él se imaginaba estar por +desdenes de su señora. Contóles asimismo casi todas las aventuras que +Sancho había contado, de que no poco se admiraron y rieron, por parecerles +lo que a todos parecía: ser el más estraño género de locura que podía caber +en pensamiento desparatado. Dijo más el cura: que, pues ya el buen suceso +de la señora Dorotea impidía pasar con su disignio adelante, que era +menester inventar y hallar otro para poderle llevar a su tierra. Ofrecióse +Cardenio de proseguir lo comenzado, y que Luscinda haría y representaría la +persona de Dorotea. + +— No —dijo don Fernando—, no ha de ser así: que yo quiero que Dorotea +prosiga su invención; que, como no sea muy lejos de aquí el lugar deste +buen caballero, yo holgaré de que se procure su remedio. + +— No está más de dos jornadas de aquí. + +— Pues, aunque estuviera más, gustara yo de caminallas, a trueco de hacer +tan buena obra. + +Salió, en esto, don Quijote, armado de todos sus pertrechos, con el yelmo, +aunque abollado, de Mambrino en la cabeza, embrazado de su rodela y +arrimado a su tronco o lanzón. Suspendió a don Fernando y a los demás la +estraña presencia de don Quijote, viendo su rostro de media legua de +andadura, seco y amarillo, la desigualdad de sus armas y su mesurado +continente, y estuvieron callando hasta ver lo que él decía, el cual, con +mucha gravedad y reposo, puestos los ojos en la hermosa Dorotea, dijo: + +— Estoy informado, hermosa señora, deste mi escudero que la vuestra grandeza +se ha aniquilado, y vuestro ser se ha deshecho, porque de reina y gran +señora que solíades ser os habéis vuelto en una particular doncella. Si +esto ha sido por orden del rey nigromante de vuestro padre, temeroso que yo +no os diese la necesaria y debida ayuda, digo que no supo ni sabe de la +misa la media, y que fue poco versado en las historias caballerescas, +porque si él las hubiera leído y pasado tan atentamente y con tanto espacio +como yo las pasé y leí, hallara a cada paso cómo otros caballeros de menor +fama que la mía habían acabado cosas más dificultosas, no siéndolo mucho +matar a un gigantillo, por arrogante que sea; porque no ha muchas horas que +yo me vi con él, y... quiero callar, porque no me digan que miento; pero el +tiempo, descubridor de todas las cosas, lo dirá cuando menos lo pensemos. + +— Vístesos vos con dos cueros, que no con un gigante —dijo a esta sazón el +ventero. + +Al cual mandó don Fernando que callase y no interrumpiese la plática de don +Quijote en ninguna manera; y don Quijote prosiguió diciendo: + +— Digo, en fin, alta y desheredada señora, que si por la causa que he dicho +vuestro padre ha hecho este metamorfóseos en vuestra persona, que no le +deis crédito alguno, porque no hay ningún peligro en la tierra por quien no +se abra camino mi espada, con la cual, poniendo la cabeza de vuestro +enemigo en tierra, os pondré a vos la corona de la vuestra en la cabeza en +breves días. + +No dijo más don Quijote, y esperó a que la princesa le respondiese, la +cual, como ya sabía la determinación de don Fernando de que se prosiguiese +adelante en el engaño hasta llevar a su tierra a don Quijote, con mucho +donaire y gravedad, le respondió: + +— Quienquiera que os dijo, valeroso caballero de la Triste Figura, que yo me +había mudado y trocado de mi ser, no os dijo lo cierto, porque la misma que +ayer fui me soy hoy. Verdad es que alguna mudanza han hecho en mí ciertos +acaecimientos de buena ventura, que me la han dado la mejor que yo pudiera +desearme, pero no por eso he dejado de ser la que antes y de tener los +mesmos pensamientos de valerme del valor de vuestro valeroso e invenerable +brazo que siempre he tenido. Así que, señor mío, vuestra bondad vuelva la +honra al padre que me engendró, y téngale por hombre advertido y prudente, +pues con su ciencia halló camino tan fácil y tan verdadero para remediar mi +desgracia; que yo creo que si por vos, señor, no fuera, jamás acertara a +tener la ventura que tengo; y en esto digo tanta verdad como son buenos +testigos della los más destos señores que están presentes. Lo que resta es +que mañana nos pongamos en camino, porque ya hoy se podrá hacer poca +jornada, y en lo demás del buen suceso que espero, lo dejaré a Dios y al +valor de vuestro pecho. + +Esto dijo la discreta Dorotea, y, en oyéndolo don Quijote, se volvió a +Sancho, y, con muestras de mucho enojo, le dijo: + +— Ahora te digo, Sanchuelo, que eres el mayor bellacuelo que hay en España. +Dime, ladrón vagamundo, ¿no me acabaste de decir ahora que esta princesa se +había vuelto en una doncella que se llamaba Dorotea, y que la cabeza que +entiendo que corté a un gigante era la puta que te parió, con otros +disparates que me pusieron en la mayor confusión que jamás he estado en +todos los días de mi vida? ¡Voto... —y miró al cielo y apretó los dientes— +que estoy por hacer un estrago en ti, que ponga sal en la mollera a todos +cuantos mentirosos escuderos hubiere de caballeros andantes, de aquí +adelante, en el mundo! + +— Vuestra merced se sosiegue, señor mío —respondió Sancho—, que bien podría +ser que yo me hubiese engañado en lo que toca a la mutación de la señora +princesa Micomicona; pero, en lo que toca a la cabeza del gigante, o, a lo +menos, a la horadación de los cueros y a lo de ser vino tinto la sangre, no +me engaño, ¡vive Dios!, porque los cueros allí están heridos, a la cabecera +del lecho de vuestra merced, y el vino tinto tiene hecho un lago el +aposento; y si no, al freír de los huevos lo verá; quiero decir que lo verá +cuando aquí su merced del señor ventero le pida el menoscabo de todo. De lo +demás, de que la señora reina se esté como se estaba, me regocijo en el +alma, porque me va mi parte, como a cada hijo de vecino. + +— Ahora yo te digo, Sancho —dijo don Quijote—, que eres un mentecato; y +perdóname, y basta. + +— Basta —dijo don Fernando—, y no se hable más en esto; y, pues la señora +princesa dice que se camine mañana, porque ya hoy es tarde, hágase así, y +esta noche la podremos pasar en buena conversación hasta el venidero día, +donde todos acompañaremos al señor don Quijote, porque queremos ser +testigos de las valerosas e inauditas hazañas que ha de hacer en el +discurso desta grande empresa que a su cargo lleva. + +— Yo soy el que tengo de serviros y acompañaros —respondió don Quijote—, y +agradezco mucho la merced que se me hace y la buena opinión que de mí se +tiene, la cual procuraré que salga verdadera, o me costará la vida, y aun +más, si más costarme puede. + +Muchas palabras de comedimiento y muchos ofrecimientos pasaron entre don +Quijote y don Fernando; pero a todo puso silencio un pasajero que en +aquella sazón entró en la venta, el cual en su traje mostraba ser cristiano +recién venido de tierra de moros, porque venía vestido con una casaca de +paño azul, corta de faldas, con medias mangas y sin cuello; los calzones +eran asimismo de lienzo azul, con bonete de la misma color; traía unos +borceguíes datilados y un alfanje morisco, puesto en un tahelí que le +atravesaba el pecho. Entró luego tras él, encima de un jumento, una mujer a +la morisca vestida, cubierto el rostro con una toca en la cabeza; traía un +bonetillo de brocado, y vestida una almalafa, que desde los hombros a los +pies la cubría. Era el hombre de robusto y agraciado talle, de edad de poco +más de cuarenta años, algo moreno de rostro, largo de bigotes y la barba +muy bien puesta. En resolución, él mostraba en su apostura que si estuviera +bien vestido, le juzgaran por persona de calidad y bien nacida. + +Pidió, en entrando, un aposento, y, como le dijeron que en la venta no le +había, mostró recebir pesadumbre; y, llegándose a la que en el traje +parecía mora, la apeó en sus brazos. Luscinda, Dorotea, la ventera, su hija +y Maritornes, llevadas del nuevo y para ellas nunca visto traje, rodearon a +la mora, y Dorotea, que siempre fue agraciada, comedida y discreta, +pareciéndole que así ella como el que la traía se congojaban por la falta +del aposento, le dijo: + +— No os dé mucha pena, señora mía, la incomodidad de regalo que aquí falta, +pues es proprio de ventas no hallarse en ellas; pero, con todo esto, si +gustáredes de pasar con nosotras —señalando a Luscinda—, quizá en el +discurso de este camino habréis hallado otros no tan buenos acogimientos. + +No respondió nada a esto la embozada, ni hizo otra cosa que levantarse de +donde sentado se había, y, puestas entrambas manos cruzadas sobre el pecho, +inclinada la cabeza, dobló el cuerpo en señal de que lo agradecía. Por su +silencio imaginaron que, sin duda alguna, debía de ser mora, y que no sabía +hablar cristiano. Llegó, en esto, el cautivo, que entendiendo en otra cosa +hasta entonces había estado, y, viendo que todas tenían cercada a la que +con él venía, y que ella a cuanto le decían callaba, dijo: + +— Señoras mías, esta doncella apenas entiende mi lengua, ni sabe hablar otra +ninguna sino conforme a su tierra, y por esto no debe de haber respondido, +ni responde, a lo que se le ha preguntado. + +— No se le pregunta otra cosa ninguna —respondió Luscinda— sino ofrecelle +por esta noche nuestra compañía y parte del lugar donde nos acomodáremos, +donde se le hará el regalo que la comodidad ofreciere, con la voluntad que +obliga a servir a todos los estranjeros que dello tuvieren necesidad, +especialmente siendo mujer a quien se sirve. + +— Por ella y por mí —respondió el captivo— os beso, señora mía, las manos, y +estimo mucho y en lo que es razón la merced ofrecida; que en tal ocasión, y +de tales personas como vuestro parecer muestra, bien se echa de ver que ha +de ser muy grande. + +— Decidme, señor —dijo Dorotea—: ¿esta señora es cristiana o mora? Porque el +traje y el silencio nos hace pensar que es lo que no querríamos que fuese. + +— Mora es en el traje y en el cuerpo, pero en el alma es muy grande +cristiana, porque tiene grandísimos deseos de serlo. + +— Luego, ¿no es baptizada? —replicó Luscinda. + +— No ha habido lugar para ello —respondió el captivo— después que salió de +Argel, su patria y tierra, y hasta agora no se ha visto en peligro de +muerte tan cercana que obligase a baptizalla sin que supiese primero todas +las ceremonias que nuestra Madre la Santa Iglesia manda; pero Dios será +servido que presto se bautice con la decencia que la calidad de su persona +merece, que es más de lo que muestra su hábito y el mío. + +Con estas razones puso gana en todos los que escuchándole estaban de +saber quién fuese la mora y el captivo, pero nadie se lo quiso preguntar +por entonces, por ver que aquella sazón era más para procurarles descanso +que para preguntarles sus vidas. Dorotea la tomó por la mano y la llevó a +sentar junto a sí, y le rogó que se quitase el embozo. Ella miró al +cautivo, como si le preguntara le dijese lo que decían y lo que ella haría. +Él, en lengua arábiga, le dijo que le pedían se quitase el embozo, y que lo +hiciese; y así, se lo quitó, y descubrió un rostro tan hermoso que Dorotea +la tuvo por más hermosa que a Luscinda, y Luscinda por más hermosa que a +Dorotea, y todos los circustantes conocieron que si alguno se podría +igualar al de las dos, era el de la mora, y aun hubo algunos que le +aventajaron en alguna cosa. Y, como la hermosura tenga prerrogativa y +gracia de reconciliar los ánimos y atraer las voluntades, luego se +rindieron todos al deseo de servir y acariciar a la hermosa mora. + +Preguntó don Fernando al captivo cómo se llamaba la mora, el cual respondió +que lela Zoraida; y, así como esto oyó, ella entendió lo que le habían +preguntado al cristiano, y dijo con mucha priesa, llena de congoja y +donaire: + +— ¡No, no Zoraida: María, María! —dando a entender que se llamaba María y no +Zoraida. + +Estas palabras, el grande afecto con que la mora las dijo, hicieron +derramar más de una lágrima a algunos de los que la escucharon, +especialmente a las mujeres, que de su naturaleza son tiernas y compasivas. +Abrazóla Luscinda con mucho amor, diciéndole: + +— Sí, sí: María, María. + +A lo cual respondió la mora: + +— ¡Sí, sí: María; Zoraida macange! —que quiere decir no. + +Ya en esto llegaba la noche, y, por orden de los que venían con don +Fernando, había el ventero puesto diligencia y cuidado en aderezarles de +cenar lo mejor que a él le fue posible. Llegada, pues, la hora, sentáronse +todos a una larga mesa, como de tinelo, porque no la había redonda ni +cuadrada en la venta, y dieron la cabecera y principal asiento, puesto que +él lo rehusaba, a don Quijote, el cual quiso que estuviese a su lado la +señora Micomicona, pues él era su aguardador. Luego se sentaron Luscinda y +Zoraida, y frontero dellas don Fernando y Cardenio, y luego el cautivo y +los demás caballeros, y, al lado de las señoras, el cura y el barbero. Y +así, cenaron con mucho contento, y acrecentóseles más viendo que, dejando +de comer don Quijote, movido de otro semejante espíritu que el que le movió +a hablar tanto como habló cuando cenó con los cabreros, comenzó a decir: + +— Verdaderamente, si bien se considera, señores míos, grandes e inauditas +cosas ven los que profesan la orden de la andante caballería. Si no, ¿cuál +de los vivientes habrá en el mundo que ahora por la puerta deste castillo +entrara, y de la suerte que estamos nos viere, que juzgue y crea que +nosotros somos quien somos? ¿Quién podrá decir que esta señora que está a +mi lado es la gran reina que todos sabemos, y que yo soy aquel Caballero de +la Triste Figura que anda por ahí en boca de la fama? Ahora no hay que +dudar, sino que esta arte y ejercicio excede a todas aquellas y aquellos +que los hombres inventaron, y tanto más se ha de tener en estima cuanto a +más peligros está sujeto. Quítenseme delante los que dijeren que las letras +hacen ventaja a las armas, que les diré, y sean quien se fueren, que no +saben lo que dicen. Porque la razón que los tales suelen decir, y a lo que +ellos más se atienen, es que los trabajos del espíritu exceden a los del +cuerpo, y que las armas sólo con el cuerpo se ejercitan, como si fuese su +ejercicio oficio de ganapanes, para el cual no es menester más de buenas +fuerzas; o como si en esto que llamamos armas los que las profesamos no se +encerrasen los actos de la fortaleza, los cuales piden para ejecutallos +mucho entendimiento; o como si no trabajase el ánimo del guerrero que tiene +a su cargo un ejército, o la defensa de una ciudad sitiada, así con el +espíritu como con el cuerpo. Si no, véase si se alcanza con las fuerzas +corporales a saber y conjeturar el intento del enemigo, los disignios, las +estratagemas, las dificultades, el prevenir los daños que se temen; que +todas estas cosas son acciones del entendimiento, en quien no tiene parte +alguna el cuerpo. Siendo pues ansí, que las armas requieren espíritu, como +las letras, veamos ahora cuál de los dos espíritus, el del letrado o el del +guerrero, trabaja más. Y esto se vendrá a conocer por el fin y paradero a +que cada uno se encamina, porque aquella intención se ha de estimar en más +que tiene por objeto más noble fin. Es el fin y paradero de las letras..., +y no hablo ahora de las divinas, que tienen por blanco llevar y encaminar +las almas al cielo, que a un fin tan sin fin como éste ninguno otro se le +puede igualar; hablo de las letras humanas, que es su fin poner en su punto +la justicia distributiva y dar a cada uno lo que es suyo, entender y hacer +que las buenas leyes se guarden. Fin, por cierto, generoso y alto y digno +de grande alabanza, pero no de tanta como merece aquel a que las armas +atienden, las cuales tienen por objeto y fin la paz, que es el mayor bien +que los hombres pueden desear en esta vida. Y así, las primeras buenas +nuevas que tuvo el mundo y tuvieron los hombres fueron las que dieron los +ángeles la noche que fue nuestro día, cuando cantaron en los aires: +''Gloria sea en las alturas, y paz en la tierra, a los hombres de buena +voluntad''; y a la salutación que el mejor maestro de la tierra y del cielo +enseñó a sus allegados y favoridos, fue decirles que cuando entrasen en +alguna casa, dijesen: ''Paz sea en esta casa''; y otras muchas veces les +dijo: ''Mi paz os doy, mi paz os dejo: paz sea con vosotros'', bien como +joya y prenda dada y dejada de tal mano; joya que sin ella, en la tierra ni +en el cielo puede haber bien alguno. Esta paz es el verdadero fin de la +guerra, que lo mesmo es decir armas que guerra. Prosupuesta, pues, esta +verdad, que el fin de la guerra es la paz, y que en esto hace ventaja al +fin de las letras, vengamos ahora a los trabajos del cuerpo del letrado y a +los del profesor de las armas, y véase cuáles son mayores. + +De tal manera, y por tan buenos términos, iba prosiguiendo en su plática +don Quijote que obligó a que, por entonces, ninguno de los que escuchándole +estaban le tuviese por loco; antes, como todos los más eran caballeros, a +quien son anejas las armas, le escuchaban de muy buena gana; y él prosiguió +diciendo: + +— Digo, pues, que los trabajos del estudiante son éstos: principalmente +pobreza (no porque todos sean pobres, sino por poner este caso en todo el +estremo que pueda ser); y, en haber dicho que padece pobreza, me parece que +no había que decir más de su mala ventura, porque quien es pobre no tiene +cosa buena. Esta pobreza la padece por sus partes, ya en hambre, ya en +frío, ya en desnudez, ya en todo junto; pero, con todo eso, no es tanta que +no coma, aunque sea un poco más tarde de lo que se usa, aunque sea de las +sobras de los ricos; que es la mayor miseria del estudiante éste que entre +ellos llaman andar a la sopa; y no les falta algún ajeno brasero o +chimenea, que, si no callenta, a lo menos entibie su frío, y, en fin, la +noche duermen debajo de cubierta. No quiero llegar a otras menudencias, +conviene a saber, de la falta de camisas y no sobra de zapatos, la raridad +y poco pelo del vestido, ni aquel ahitarse con tanto gusto, cuando la buena +suerte les depara algún banquete. Por este camino que he pintado, áspero y +dificultoso, tropezando aquí, cayendo allí, levantándose acullá, tornando a +caer acá, llegan al grado que desean; el cual alcanzado, a muchos hemos +visto que, habiendo pasado por estas Sirtes y por estas Scilas y Caribdis, +como llevados en vuelo de la favorable fortuna, digo que los hemos visto +mandar y gobernar el mundo desde una silla, trocada su hambre en hartura, +su frío en refrigerio, su desnudez en galas, y su dormir en una estera en +reposar en holandas y damascos: premio justamente merecido de su virtud. +Pero, contrapuestos y comparados sus trabajos con los del mílite guerrero, +se quedan muy atrás en todo, como ahora diré. + + + + +Capítulo XXXVIII. Que trata del curioso discurso que hizo don Quijote de +las armas y las letras + +Prosiguiendo don Quijote, dijo: + +— Pues comenzamos en el estudiante por la pobreza y sus partes, veamos si es +más rico el soldado. Y veremos que no hay ninguno más pobre en la misma +pobreza, porque está atenido a la miseria de su paga, que viene o tarde o +nunca, o a lo que garbeare por sus manos, con notable peligro de su vida y +de su conciencia. Y a veces suele ser su desnudez tanta, que un coleto +acuchillado le sirve de gala y de camisa, y en la mitad del invierno se +suele reparar de las inclemencias del cielo, estando en la campaña rasa, +con sólo el aliento de su boca, que, como sale de lugar vacío, tengo por +averiguado que debe de salir frío, contra toda naturaleza. Pues esperad que +espere que llegue la noche, para restaurarse de todas estas incomodidades, +en la cama que le aguarda, la cual, si no es por su culpa, jamás pecará de +estrecha; que bien puede medir en la tierra los pies que quisiere, y +revolverse en ella a su sabor, sin temor que se le encojan las sábanas. +Lléguese, pues, a todo esto, el día y la hora de recebir el grado de su +ejercicio; lléguese un día de batalla, que allí le pondrán la borla en la +cabeza, hecha de hilas, para curarle algún balazo, que quizá le habrá +pasado las sienes, o le dejará estropeado de brazo o pierna. Y, cuando esto +no suceda, sino que el cielo piadoso le guarde y conserve sano y vivo, +podrá ser que se quede en la mesma pobreza que antes estaba, y que sea +menester que suceda uno y otro rencuentro, una y otra batalla, y que de +todas salga vencedor, para medrar en algo; pero estos milagros vense raras +veces. Pero, decidme, señores, si habéis mirado en ello: ¿cuán menos son +los premiados por la guerra que los que han perecido en ella? Sin duda, +habéis de responder que no tienen comparación, ni se pueden reducir a +cuenta los muertos, y que se podrán contar los premiados vivos con tres +letras de guarismo. Todo esto es al revés en los letrados; porque, de +faldas, que no quiero decir de mangas, todos tienen en qué entretenerse. +Así que, aunque es mayor el trabajo del soldado, es mucho menor el premio. +Pero a esto se puede responder que es más fácil premiar a dos mil letrados +que a treinta mil soldados, porque a aquéllos se premian con darles +oficios, que por fuerza se han de dar a los de su profesión, y a éstos no +se pueden premiar sino con la mesma hacienda del señor a quien sirven; y +esta imposibilidad fortifica más la razón que tengo. Pero dejemos esto +aparte, que es laberinto de muy dificultosa salida, sino volvamos a la +preeminencia de las armas contra las letras, materia que hasta ahora está +por averiguar, según son las razones que cada una de su parte alega. Y, +entre las que he dicho, dicen las letras que sin ellas no se podrían +sustentar las armas, porque la guerra también tiene sus leyes y está sujeta +a ellas, y que las leyes caen debajo de lo que son letras y letrados. A +esto responden las armas que las leyes no se podrán sustentar sin ellas, +porque con las armas se defienden las repúblicas, se conservan los reinos, +se guardan las ciudades, se aseguran los caminos, se despejan los mares de +cosarios; y, finalmente, si por ellas no fuese, las repúblicas, los reinos, +las monarquías, las ciudades, los caminos de mar y tierra estarían sujetos +al rigor y a la confusión que trae consigo la guerra el tiempo que dura y +tiene licencia de usar de sus previlegios y de sus fuerzas. Y es razón +averiguada que aquello que más cuesta se estima y debe de estimar en más. +Alcanzar alguno a ser eminente en letras le cuesta tiempo, vigilias, +hambre, desnudez, váguidos de cabeza, indigestiones de estómago, y otras +cosas a éstas adherentes, que, en parte, ya las tengo referidas; mas llegar +uno por sus términos a ser buen soldado le cuesta todo lo que a el +estudiante, en tanto mayor grado que no tiene comparación, porque a cada +paso está a pique de perder la vida. Y ¿qué temor de necesidad y pobreza +puede llegar ni fatigar al estudiante, que llegue al que tiene un soldado, +que, hallándose cercado en alguna fuerza, y estando de posta, o guarda, en +algún revellín o caballero, siente que los enemigos están minando hacia la +parte donde él está, y no puede apartarse de allí por ningún caso, ni huir +el peligro que de tan cerca le amenaza? Sólo lo que puede hacer es dar +noticia a su capitán de lo que pasa, para que lo remedie con alguna +contramina, y él estarse quedo, temiendo y esperando cuándo improvisamente +ha de subir a las nubes sin alas y bajar al profundo sin su voluntad. Y si +éste parece pequeño peligro, veamos si le iguala o hace ventajas el de +embestirse dos galeras por las proas en mitad del mar espacioso, las cuales +enclavijadas y trabadas, no le queda al soldado más espacio del que concede +dos pies de tabla del espolón; y, con todo esto, viendo que tiene delante +de sí tantos ministros de la muerte que le amenazan cuantos cañones de +artillería se asestan de la parte contraria, que no distan de su cuerpo una +lanza, y viendo que al primer descuido de los pies iría a visitar los +profundos senos de Neptuno; y, con todo esto, con intrépido corazón, +llevado de la honra que le incita, se pone a ser blanco de tanta +arcabucería, y procura pasar por tan estrecho paso al bajel contrario. Y lo +que más es de admirar: que apenas uno ha caído donde no se podrá levantar +hasta la fin del mundo, cuando otro ocupa su mesmo lugar; y si éste también +cae en el mar, que como a enemigo le aguarda, otro y otro le sucede, sin +dar tiempo al tiempo de sus muertes: valentía y atrevimiento el mayor que +se puede hallar en todos los trances de la guerra. Bien hayan aquellos +benditos siglos que carecieron de la espantable furia de aquestos +endemoniados instrumentos de la artillería, a cuyo inventor tengo para mí +que en el infierno se le está dando el premio de su diabólica invención, +con la cual dio causa que un infame y cobarde brazo quite la vida a un +valeroso caballero, y que, sin saber cómo o por dónde, en la mitad del +coraje y brío que enciende y anima a los valientes pechos, llega una +desmandada bala, disparada de quien quizá huyó y se espantó del resplandor +que hizo el fuego al disparar de la maldita máquina, y corta y acaba en un +instante los pensamientos y vida de quien la merecía gozar luengos siglos. +Y así, considerando esto, estoy por decir que en el alma me pesa de haber +tomado este ejercicio de caballero andante en edad tan detestable como es +esta en que ahora vivimos; porque, aunque a mí ningún peligro me pone +miedo, todavía me pone recelo pensar si la pólvora y el estaño me han de +quitar la ocasión de hacerme famoso y conocido por el valor de mi brazo y +filos de mi espada, por todo lo descubierto de la tierra. Pero haga el +cielo lo que fuere servido, que tanto seré más estimado, si salgo con lo +que pretendo, cuanto a mayores peligros me he puesto que se pusieron los +caballeros andantes de los pasados siglos. + +Todo este largo preámbulo dijo don Quijote, en tanto que los demás cenaban, +olvidándose de llevar bocado a la boca, puesto que algunas veces le había +dicho Sancho Panza que cenase, que después habría lugar para decir todo lo +que quisiese. En los que escuchado le habían sobrevino nueva lástima de ver +que hombre que, al parecer, tenía buen entendimiento y buen discurso en +todas las cosas que trataba, le hubiese perdido tan rematadamente, en +tratándole de su negra y pizmienta caballería. El cura le dijo que tenía +mucha razón en todo cuanto había dicho en favor de las armas, y que él, +aunque letrado y graduado, estaba de su mesmo parecer. + +Acabaron de cenar, levantaron los manteles, y, en tanto que la ventera, su +hija y Maritornes aderezaban el camaranchón de don Quijote de la Mancha, +donde habían determinado que aquella noche las mujeres solas en él se +recogiesen, don Fernando rogó al cautivo les contase el discurso de su +vida, porque no podría ser sino que fuese peregrino y gustoso, según las +muestras que había comenzado a dar, viniendo en compañía de Zoraida. A lo +cual respondió el cautivo que de muy buena gana haría lo que se le mandaba, +y que sólo temía que el cuento no había de ser tal, que les diese el gusto +que él deseaba; pero que, con todo eso, por no faltar en obedecelle, le +contaría. El cura y todos los demás se lo agradecieron, y de nuevo se lo +rogaron; y él, viéndose rogar de tantos, dijo que no eran menester ruegos +adonde el mandar tenía tanta fuerza. + +— Y así, estén vuestras mercedes atentos, y oirán un discurso verdadero, a +quien podría ser que no llegasen los mentirosos que con curioso y pensado +artificio suelen componerse. + +Con esto que dijo, hizo que todos se acomodasen y le prestasen un grande +silencio; y él, viendo que ya callaban y esperaban lo que decir quisiese, +con voz agradable y reposada, comenzó a decir desta manera: + + + + +Capítulo XXXIX. Donde el cautivo cuenta su vida y sucesos + +— «En un lugar de las Montañas de León tuvo principio mi linaje, con quien +fue más agradecida y liberal la naturaleza que la fortuna, aunque, en la +estrecheza de aquellos pueblos, todavía alcanzaba mi padre fama de rico, y +verdaderamente lo fuera si así se diera maña a conservar su hacienda como +se la daba en gastalla. Y la condición que tenía de ser liberal y gastador +le procedió de haber sido soldado los años de su joventud, que es escuela +la soldadesca donde el mezquino se hace franco, y el franco, pródigo; y si +algunos soldados se hallan miserables, son como monstruos, que se ven raras +veces. Pasaba mi padre los términos de la liberalidad, y rayaba en los de +ser pródigo: cosa que no le es de ningún provecho al hombre casado, y que +tiene hijos que le han de suceder en el nombre y en el ser. Los que mi +padre tenía eran tres, todos varones y todos de edad de poder elegir +estado. Viendo, pues, mi padre que, según él decía, no podía irse a la mano +contra su condición, quiso privarse del instrumento y causa que le hacía +gastador y dadivoso, que fue privarse de la hacienda, sin la cual el mismo +Alejandro pareciera estrecho. + +»Y así, llamándonos un día a todos tres a solas en un aposento, nos dijo +unas razones semejantes a las que ahora diré: ''Hijos, para deciros que os +quiero bien, basta saber y decir que sois mis hijos; y, para entender que +os quiero mal, basta saber que no me voy a la mano en lo que toca a +conservar vuestra hacienda. Pues, para que entendáis desde aquí adelante +que os quiero como padre, y que no os quiero destruir como padrastro, +quiero hacer una cosa con vosotros que ha muchos días que la tengo pensada +y con madura consideración dispuesta. Vosotros estáis ya en edad de tomar +estado, o, a lo menos, de elegir ejercicio, tal que, cuando mayores, os +honre y aproveche. Y lo que he pensado es hacer de mi hacienda cuatro +partes: las tres os daré a vosotros, a cada uno lo que le tocare, sin +exceder en cosa alguna, y con la otra me quedaré yo para vivir y +sustentarme los días que el cielo fuere servido de darme de vida. Pero +querría que, después que cada uno tuviese en su poder la parte que le toca +de su hacienda, siguiese uno de los caminos que le diré. Hay un refrán en +nuestra España, a mi parecer muy verdadero, como todos lo son, por ser +sentencias breves sacadas de la luenga y discreta experiencia; y el que yo +digo dice: "Iglesia, o mar, o casa real", como si más claramente dijera: +"Quien quisiere valer y ser rico, siga o la Iglesia, o navegue, ejercitando +el arte de la mercancía, o entre a servir a los reyes en sus casas"; porque +dicen: "Más vale migaja de rey que merced de señor". Digo esto porque +querría, y es mi voluntad, que uno de vosotros siguiese las letras, el otro +la mercancía, y el otro sirviese al rey en la guerra, pues es dificultoso +entrar a servirle en su casa; que, ya que la guerra no dé muchas riquezas, +suele dar mucho valor y mucha fama. Dentro de ocho días, os daré toda +vuestra parte en dineros, sin defraudaros en un ardite, como lo veréis por +la obra. Decidme ahora si queréis seguir mi parecer y consejo en lo que os +he propuesto''. Y, mandándome a mí, por ser el mayor, que respondiese, +después de haberle dicho que no se deshiciese de la hacienda, sino que +gastase todo lo que fuese su voluntad, que nosotros éramos mozos para saber +ganarla, vine a concluir en que cumpliría su gusto, y que el mío era seguir +el ejercicio de las armas, sirviendo en él a Dios y a mi rey. El segundo +hermano hizo los mesmos ofrecimientos, y escogió el irse a las Indias, +llevando empleada la hacienda que le cupiese. El menor, y, a lo que yo +creo, el más discreto, dijo que quería seguir la Iglesia, o irse a acabar +sus comenzados estudios a Salamanca. Así como acabamos de concordarnos y +escoger nuestros ejercicios, mi padre nos abrazó a todos, y, con la +brevedad que dijo, puso por obra cuanto nos había prometido; y, dando a +cada uno su parte, que, a lo que se me acuerda, fueron cada tres mil +ducados, en dineros (porque un nuestro tío compró toda la hacienda y la +pagó de contado, porque no saliese del tronco de la casa), en un mesmo día +nos despedimos todos tres de nuestro buen padre; y, en aquel mesmo, +pareciéndome a mí ser inhumanidad que mi padre quedase viejo y con tan poca +hacienda, hice con él que de mis tres mil tomase los dos mil ducados, +porque a mí me bastaba el resto para acomodarme de lo que había menester un +soldado. Mis dos hermanos, movidos de mi ejemplo, cada uno le dio mil +ducados: de modo que a mi padre le quedaron cuatro mil en dineros, y más +tres mil, que, a lo que parece, valía la hacienda que le cupo, que no quiso +vender, sino quedarse con ella en raíces. Digo, en fin, que nos despedimos +dél y de aquel nuestro tío que he dicho, no sin mucho sentimiento y +lágrimas de todos, encargándonos que les hiciésemos saber, todas las veces +que hubiese comodidad para ello, de nuestros sucesos, prósperos o adversos. +Prometímosselo, y, abrazándonos y echándonos su bendición, el uno tomó el +viaje de Salamanca, el otro de Sevilla y yo el de Alicante, adonde tuve +nuevas que había una nave ginovesa que cargaba allí lana para Génova. + +»Éste hará veinte y dos años que salí de casa de mi padre, y en todos +ellos, puesto que he escrito algunas cartas, no he sabido dél ni de mis +hermanos nueva alguna. Y lo que en este discurso de tiempo he pasado lo +diré brevemente. Embarquéme en Alicante, llegué con próspero viaje a +Génova, fui desde allí a Milán, donde me acomodé de armas y de algunas +galas de soldado, de donde quise ir a asentar mi plaza al Piamonte; y, +estando ya de camino para Alejandría de la Palla, tuve nuevas que el gran +duque de Alba pasaba a Flandes. Mudé propósito, fuime con él, servíle en +las jornadas que hizo, halléme en la muerte de los condes de Eguemón y de +Hornos, alcancé a ser alférez de un famoso capitán de Guadalajara, llamado +Diego de Urbina; y, a cabo de algún tiempo que llegué a Flandes, se tuvo +nuevas de la liga que la Santidad del Papa Pío Quinto, de felice +recordación, había hecho con Venecia y con España, contra el enemigo común, +que es el Turco; el cual, en aquel mesmo tiempo, había ganado con su armada +la famosa isla de Chipre, que estaba debajo del dominio del veneciano: y +pérdida lamentable y desdichada. Súpose cierto que venía por general desta +liga el serenísimo don Juan de Austria, hermano natural de nuestro buen rey +don Felipe. Divulgóse el grandísimo aparato de guerra que se hacía. Todo lo +cual me incitó y conmovió el ánimo y el deseo de verme en la jornada que se +esperaba; y, aunque tenía barruntos, y casi promesas ciertas, de que en la +primera ocasión que se ofreciese sería promovido a capitán, lo quise dejar +todo y venirme, como me vine, a Italia. Y quiso mi buena suerte que el +señor don Juan de Austria acababa de llegar a Génova, que pasaba a Nápoles +a juntarse con la armada de Venecia, como después lo hizo en Mecina. + +»Digo, en fin, que yo me hallé en aquella felicísima jornada, ya hecho +capitán de infantería, a cuyo honroso cargo me subió mi buena suerte, más +que mis merecimientos. Y aquel día, que fue para la cristiandad tan +dichoso, porque en él se desengañó el mundo y todas las naciones del error +en que estaban, creyendo que los turcos eran invencibles por la mar: en +aquel día, digo, donde quedó el orgullo y soberbia otomana quebrantada, +entre tantos venturosos como allí hubo (porque más ventura tuvieron los +cristianos que allí murieron que los que vivos y vencedores quedaron), yo +solo fui el desdichado, pues, en cambio de que pudiera esperar, si fuera en +los romanos siglos, alguna naval corona, me vi aquella noche que siguió a +tan famoso día con cadenas a los pies y esposas a las manos. + +»Y fue desta suerte: que, habiendo el Uchalí, rey de Argel, atrevido y +venturoso cosario, embestido y rendido la capitana de Malta, que solos tres +caballeros quedaron vivos en ella, y éstos malheridos, acudió la capitana +de Juan Andrea a socorrella, en la cual yo iba con mi compañía; y, haciendo +lo que debía en ocasión semejante, salté en la galera contraria, la cual, +desviándose de la que la había embestido, estorbó que mis soldados me +siguiesen, y así, me hallé solo entre mis enemigos, a quien no pude +resistir, por ser tantos; en fin, me rindieron lleno de heridas. Y, como ya +habréis, señores, oído decir que el Uchalí se salvó con toda su escuadra, +vine yo a quedar cautivo en su poder, y solo fui el triste entre tantos +alegres y el cautivo entre tantos libres; porque fueron quince mil +cristianos los que aquel día alcanzaron la deseada libertad, que todos +venían al remo en la turquesca armada. + +»Lleváronme a Costantinopla, donde el Gran Turco Selim hizo general de la +mar a mi amo, porque había hecho su deber en la batalla, habiendo llevado +por muestra de su valor el estandarte de la religión de Malta. Halléme el +segundo año, que fue el de setenta y dos, en Navarino, bogando en la +capitana de los tres fanales. Vi y noté la ocasión que allí se perdió de no +coger en el puerto toda el armada turquesca, porque todos los leventes y +jenízaros que en ella venían tuvieron por cierto que les habían de embestir +dentro del mesmo puerto, y tenían a punto su ropa y pasamaques, que son sus +zapatos, para huirse luego por tierra, sin esperar ser combatidos: tanto +era el miedo que habían cobrado a nuestra armada. Pero el cielo lo ordenó +de otra manera, no por culpa ni descuido del general que a los nuestros +regía, sino por los pecados de la cristiandad, y porque quiere y permite +Dios que tengamos siempre verdugos que nos castiguen. + +»En efeto, el Uchalí se recogió a Modón, que es una isla que está junto a +Navarino, y, echando la gente en tierra, fortificó la boca del puerto, y +estúvose quedo hasta que el señor don Juan se volvió. En este viaje se tomó +la galera que se llamaba La Presa, de quien era capitán un hijo de aquel +famoso cosario Barbarroja. Tomóla la capitana de Nápoles, llamada La Loba, +regida por aquel rayo de la guerra, por el padre de los soldados, por aquel +venturoso y jamás vencido capitán don Álvaro de Bazán, marqués de Santa +Cruz. Y no quiero dejar de decir lo que sucedió en la presa de La Presa. +Era tan cruel el hijo de Barbarroja, y trataba tan mal a sus cautivos, que, +así como los que venían al remo vieron que la galera Loba les iba entrando +y que los alcanzaba, soltaron todos a un tiempo los remos, y asieron de su +capitán, que estaba sobre el estanterol gritando que bogasen apriesa, y +pasándole de banco en banco, de popa a proa, le dieron bocados, que a poco +más que pasó del árbol ya había pasado su ánima al infierno: tal era, como +he dicho, la crueldad con que los trataba y el odio que ellos le tenían. + +»Volvimos a Constantinopla, y el año siguiente, que fue el de setenta y +tres, se supo en ella cómo el señor don Juan había ganado a Túnez, y +quitado aquel reino a los turcos y puesto en posesión dél a Muley Hamet, +cortando las esperanzas que de volver a reinar en él tenía Muley Hamida, el +moro más cruel y más valiente que tuvo el mundo. Sintió mucho esta pérdida +el Gran Turco, y, usando de la sagacidad que todos los de su casa tienen, +hizo paz con venecianos, que mucho más que él la deseaban; y el año +siguiente de setenta y cuatro acometió a la Goleta y al fuerte que junto a +Túnez había dejado medio levantado el señor don Juan. En todos estos +trances andaba yo al remo, sin esperanza de libertad alguna; a lo menos, no +esperaba tenerla por rescate, porque tenía determinado de no escribir las +nuevas de mi desgracia a mi padre. + +»Perdióse, en fin, la Goleta; perdióse el fuerte, sobre las cuales plazas +hubo de soldados turcos, pagados, setenta y cinco mil, y de moros, y +alárabes de toda la Africa, más de cuatrocientos mil, acompañado este tan +gran número de gente con tantas municiones y pertrechos de guerra, y con +tantos gastadores, que con las manos y a puñados de tierra pudieran cubrir +la Goleta y el fuerte. Perdióse primero la Goleta, tenida hasta entonces +por inexpugnable; y no se perdió por culpa de sus defensores, los cuales +hicieron en su defensa todo aquello que debían y podían, sino porque la +experiencia mostró la facilidad con que se podían levantar trincheas en +aquella desierta arena, porque a dos palmos se hallaba agua, y los turcos +no la hallaron a dos varas; y así, con muchos sacos de arena levantaron las +trincheas tan altas que sobrepujaban las murallas de la fuerza; y, +tirándoles a caballero, ninguno podía parar, ni asistir a la defensa. Fue +común opinión que no se habían de encerrar los nuestros en la Goleta, sino +esperar en campaña al desembarcadero; y los que esto dicen hablan de lejos +y con poca experiencia de casos semejantes, porque si en la Goleta y en el +fuerte apenas había siete mil soldados, ¿cómo podía tan poco número, aunque +más esforzados fuesen, salir a la campaña y quedar en las fuerzas, contra +tanto como era el de los enemigos?; y ¿cómo es posible dejar de perderse +fuerza que no es socorrida, y más cuando la cercan enemigos muchos y +porfiados, y en su mesma tierra? Pero a muchos les pareció, y así me +pareció a mí, que fue particular gracia y merced que el cielo hizo a España +en permitir que se asolase aquella oficina y capa de maldades, y aquella +gomia o esponja y polilla de la infinidad de dineros que allí sin provecho +se gastaban, sin servir de otra cosa que de conservar la memoria de haberla +ganado la felicísima del invictísimo Carlos Quinto; como si fuera menester +para hacerla eterna, como lo es y será, que aquellas piedras la +sustentaran. + +»Perdióse también el fuerte; pero fuéronle ganando los turcos palmo a +palmo, porque los soldados que lo defendían pelearon tan valerosa y +fuertemente, que pasaron de veinte y cinco mil enemigos los que mataron en +veinte y dos asaltos generales que les dieron. Ninguno cautivaron sano de +trecientos que quedaron vivos, señal cierta y clara de su esfuerzo y valor, +y de lo bien que se habían defendido y guardado sus plazas. Rindióse a +partido un pequeño fuerte o torre que estaba en mitad del estaño, a cargo +de don Juan Zanoguera, caballero valenciano y famoso soldado. Cautivaron a +don Pedro Puertocarrero, general de la Goleta, el cual hizo cuanto fue +posible por defender su fuerza; y sintió tanto el haberla perdido que de +pesar murió en el camino de Constantinopla, donde le llevaban cautivo. +Cautivaron ansimesmo al general del fuerte, que se llamaba Gabrio +Cervellón, caballero milanés, grande ingeniero y valentísimo soldado. +Murieron en estas dos fuerzas muchas personas de cuenta, de las cuales fue +una Pagán de Oria, caballero del hábito de San Juan, de condición generoso, +como lo mostró la summa liberalidad que usó con su hermano, el famoso Juan +de Andrea de Oria; y lo que más hizo lastimosa su muerte fue haber muerto a +manos de unos alárabes de quien se fió, viendo ya perdido el fuerte, que se +ofrecieron de llevarle en hábito de moro a Tabarca, que es un portezuelo o +casa que en aquellas riberas tienen los ginoveses que se ejercitan en la +pesquería del coral; los cuales alárabes le cortaron la cabeza y se la +trujeron al general de la armada turquesca, el cual cumplió con ellos +nuestro refrán castellano: "Que aunque la traición aplace, el traidor se +aborrece"; y así, se dice que mandó el general ahorcar a los que le +trujeron el presente, porque no se le habían traído vivo. + +»Entre los cristianos que en el fuerte se perdieron, fue uno llamado don +Pedro de Aguilar, natural no sé de qué lugar del Andalucía, el cual había +sido alférez en el fuerte, soldado de mucha cuenta y de raro entendimiento: +especialmente tenía particular gracia en lo que llaman poesía. Dígolo +porque su suerte le trujo a mi galera y a mi banco, y a ser esclavo de mi +mesmo patrón; y, antes que nos partiésemos de aquel puerto, hizo este +caballero dos sonetos, a manera de epitafios, el uno a la Goleta y el otro +al fuerte. Y en verdad que los tengo de decir, porque los sé de memoria y +creo que antes causarán gusto que pesadumbre.» + +En el punto que el cautivo nombró a don Pedro de Aguilar, don Fernando miró +a sus camaradas, y todos tres se sonrieron; y, cuando llegó a decir de los +sonetos, dijo el uno: + +— Antes que vuestra merced pase adelante, le suplico me diga qué se hizo ese +don Pedro de Aguilar que ha dicho. + +— Lo que sé es —respondió el cautivo— que, al cabo de dos años que estuvo en +Constantinopla, se huyó en traje de arnaúte con un griego espía, y no sé si +vino en libertad, puesto que creo que sí, porque de allí a un año vi yo al +griego en Constantinopla, y no le pude preguntar el suceso de aquel viaje. + +— Pues lo fue —respondió el caballero—, porque ese don Pedro es mi hermano, +y está ahora en nuestro lugar, bueno y rico, casado y con tres hijos. + +— Gracias sean dadas a Dios —dijo el cautivo— por tantas mercedes como le +hizo; porque no hay en la tierra, conforme mi parecer, contento que se +iguale a alcanzar la libertad perdida. + +— Y más —replicó el caballero—, que yo sé los sonetos que mi hermano hizo. + +— Dígalos, pues, vuestra merced —dijo el cautivo—, que los sabrá decir mejor +que yo. + +— Que me place —respondió el caballero—; y el de la Goleta decía así: + + + + +Capítulo XL. Donde se prosigue la historia del cautivo + +Soneto + +Almas dichosas que del mortal velo +libres y esentas, por el bien que obrastes, +desde la baja tierra os levantastes +a lo más alto y lo mejor del cielo, +y, ardiendo en ira y en honroso celo, +de los cuerpos la fuerza ejercitastes, +que en propia y sangre ajena colorastes +el mar vecino y arenoso suelo; +primero que el valor faltó la vida +en los cansados brazos, que, muriendo, +con ser vencidos, llevan la vitoria. +Y esta vuestra mortal, triste caída +entre el muro y el hierro, os va adquiriendo +fama que el mundo os da, y el cielo gloria. + +— Desa mesma manera le sé yo —dijo el cautivo. + +— Pues el del fuerte, si mal no me acuerdo —dijo el caballero—, dice así: + +Soneto + +De entre esta tierra estéril, derribada, +destos terrones por el suelo echados, +las almas santas de tres mil soldados +subieron vivas a mejor morada, +siendo primero, en vano, ejercitada +la fuerza de sus brazos esforzados, +hasta que, al fin, de pocos y cansados, +dieron la vida al filo de la espada. +Y éste es el suelo que continuo ha sido +de mil memorias lamentables lleno +en los pasados siglos y presentes. +Mas no más justas de su duro seno +habrán al claro cielo almas subido, +ni aun él sostuvo cuerpos tan valientes. + +No parecieron mal los sonetos, y el cautivo se alegró con las nuevas que de +su camarada le dieron; y, prosiguiendo su cuento, dijo: + +— «Rendidos, pues, la Goleta y el fuerte, los turcos dieron orden en +desmantelar la Goleta, porque el fuerte quedó tal, que no hubo qué poner +por tierra, y para hacerlo con más brevedad y menos trabajo, la minaron por +tres partes; pero con ninguna se pudo volar lo que parecía menos fuerte, +que eran las murallas viejas; y todo aquello que había quedado en pie de la +fortificación nueva que había hecho el Fratín, con mucha facilidad vino a +tierra. En resolución, la armada volvió a Constantinopla, triunfante y +vencedora: y de allí a pocos meses murió mi amo el Uchalí, al cual llamaban +Uchalí Fartax, que quiere decir, en lengua turquesca, el renegado tiñoso, +porque lo era; y es costumbre entre los turcos ponerse nombres de alguna +falta que tengan, o de alguna virtud que en ellos haya. Y esto es porque no +hay entre ellos sino cuatro apellidos de linajes, que decienden de la casa +Otomana, y los demás, como tengo dicho, toman nombre y apellido ya de las +tachas del cuerpo y ya de las virtudes del ánimo. Y este Tiñoso bogó el +remo, siendo esclavo del Gran Señor, catorce años, y a más de los treinta y +cuatro de sus edad renegó, de despecho de que un turco, estando al remo, +le dio un bofetón, y por poderse vengar dejó su fe; y fue tanto su valor +que, sin subir por los torpes medios y caminos que los más privados del +Gran Turco suben, vino a ser rey de Argel, y después, a ser general de la +mar, que es el tercero cargo que hay en aquel señorío. Era calabrés de +nación, y moralmente fue un hombre de bien, y trataba con mucha humanidad a +sus cautivos, que llegó a tener tres mil, los cuales, después de su muerte, +se repartieron, como él lo dejó en su testamento, entre el Gran Señor (que +también es hijo heredero de cuantos mueren, y entra a la parte con los más +hijos que deja el difunto) y entre sus renegados; y yo cupe a un renegado +veneciano que, siendo grumete de una nave, le cautivó el Uchalí, y le quiso +tanto, que fue uno de los más regalados garzones suyos, y él vino a ser el +más cruel renegado que jamás se ha visto. Llamábase Azán Agá, y llegó a ser +muy rico, y a ser rey de Argel; con el cual yo vine de Constantinopla, algo +contento, por estar tan cerca de España, no porque pensase escribir a nadie +el desdichado suceso mío, sino por ver si me era más favorable la suerte en +Argel que en Constantinopla, donde ya había probado mil maneras de huirme, +y ninguna tuvo sazón ni ventura; y pensaba en Argel buscar otros medios de +alcanzar lo que tanto deseaba, porque jamás me desamparó la esperanza de +tener libertad; y cuando en lo que fabricaba, pensaba y ponía por obra no +correspondía el suceso a la intención, luego, sin abandonarme, fingía y +buscaba otra esperanza que me sustentase, aunque fuese débil y flaca. + +»Con esto entretenía la vida, encerrado en una prisión o casa que los +turcos llaman baño, donde encierran los cautivos cristianos, así los que +son del rey como de algunos particulares; y los que llaman del almacén, que +es como decir cautivos del concejo, que sirven a la ciudad en las obras +públicas que hace y en otros oficios, y estos tales cautivos tienen muy +dificultosa su libertad, que, como son del común y no tienen amo +particular, no hay con quien tratar su rescate, aunque le tengan. En estos +baños, como tengo dicho, suelen llevar a sus cautivos algunos particulares +del pueblo, principalmente cuando son de rescate, porque allí los tienen +holgados y seguros hasta que venga su rescate. También los cautivos del rey +que son de rescate no salen al trabajo con la demás chusma, si no es cuando +se tarda su rescate; que entonces, por hacerles que escriban por él con más +ahínco, les hacen trabajar y ir por leña con los demás, que es un no +pequeño trabajo. + +»Yo, pues, era uno de los de rescate; que, como se supo que era capitán, +puesto que dije mi poca posibilidad y falta de hacienda, no aprovechó nada +para que no me pusiesen en el número de los caballeros y gente de rescate. +Pusiéronme una cadena, más por señal de rescate que por guardarme con ella; +y así, pasaba la vida en aquel baño, con otros muchos caballeros y gente +principal, señalados y tenidos por de rescate. Y, aunque la hambre y +desnudez pudiera fatigarnos a veces, y aun casi siempre, ninguna cosa nos +fatigaba tanto como oír y ver, a cada paso, las jamás vistas ni oídas +crueldades que mi amo usaba con los cristianos. Cada día ahorcaba el suyo, +empalaba a éste, desorejaba aquél; y esto, por tan poca ocasión, y tan sin +ella, que los turcos conocían que lo hacía no más de por hacerlo, y por ser +natural condición suya ser homicida de todo el género humano. Sólo libró +bien con él un soldado español, llamado tal de Saavedra, el cual, con haber +hecho cosas que quedarán en la memoria de aquellas gentes por muchos años, +y todas por alcanzar libertad, jamás le dio palo, ni se lo mandó dar, ni le +dijo mala palabra; y, por la menor cosa de muchas que hizo, temíamos todos +que había de ser empalado, y así lo temió él más de una vez; y si no fuera +porque el tiempo no da lugar, yo dijera ahora algo de lo que este soldado +hizo, que fuera parte para entreteneros y admiraros harto mejor que con el +cuento de mi historia. + +»Digo, pues, que encima del patio de nuestra prisión caían las ventanas de +la casa de un moro rico y principal, las cuales, como de ordinario son las +de los moros, más eran agujeros que ventanas, y aun éstas se cubrían con +celosías muy espesas y apretadas. Acaeció, pues, que un día, estando en un +terrado de nuestra prisión con otros tres compañeros, haciendo pruebas de +saltar con las cadenas, por entretener el tiempo, estando solos, porque +todos los demás cristianos habían salido a trabajar, alcé acaso los ojos y +vi que por aquellas cerradas ventanillas que he dicho parecía una caña, y +al remate della puesto un lienzo atado, y la caña se estaba blandeando y +moviéndose, casi como si hiciera señas que llegásemos a tomarla. Miramos en +ello, y uno de los que conmigo estaban fue a ponerse debajo de la caña, por +ver si la soltaban, o lo que hacían; pero, así como llegó, alzaron la caña +y la movieron a los dos lados, como si dijeran no con la cabeza. Volvióse +el cristiano, y tornáronla a bajar y hacer los mesmos movimientos que +primero. Fue otro de mis compañeros, y sucedióle lo mesmo que al primero. +Finalmente, fue el tercero y avínole lo que al primero y al segundo. Viendo +yo esto, no quise dejar de probar la suerte, y, así como llegué a ponerme +debajo de la caña, la dejaron caer, y dio a mis pies dentro del baño. Acudí +luego a desatar el lienzo, en el cual vi un nudo, y dentro dél venían diez +cianíis, que son unas monedas de oro bajo que usan los moros, que cada una +vale diez reales de los nuestros. Si me holgué con el hallazgo, no hay para +qué decirlo, pues fue tanto el contento como la admiración de pensar de +donde podía venirnos aquel bien, especialmente a mí, pues las muestras de +no haber querido soltar la caña sino a mí claro decían que a mí se hacía la +merced. Tomé mi buen dinero, quebré la caña, volvíme al terradillo, miré la +ventana, y vi que por ella salía una muy blanca mano, que la abrían y +cerraban muy apriesa. Con esto entendimos, o imaginamos, que alguna mujer +que en aquella casa vivía nos debía de haber hecho aquel beneficio; y, en +señal de que lo agradecíamos, hecimos zalemas a uso de moros, inclinando la +cabeza, doblando el cuerpo y poniendo los brazos sobre el pecho. De allí a +poco sacaron por la mesma ventana una pequeña cruz hecha de cañas, y luego +la volvieron a entrar. Esta señal nos confirmó en que alguna cristiana +debía de estar cautiva en aquella casa, y era la que el bien nos hacía; +pero la blancura de la mano, y las ajorcas que en ella vimos, nos deshizo +este pensamiento, puesto que imaginamos que debía de ser cristiana +renegada, a quien de ordinario suelen tomar por legítimas mujeres sus +mesmos amos, y aun lo tienen a ventura, porque las estiman en más que las +de su nación. + +»En todos nuestros discursos dimos muy lejos de la verdad del caso; y así, +todo nuestro entretenimiento desde allí adelante era mirar y tener por +norte a la ventana donde nos había aparecido la estrella de la caña; pero +bien se pasaron quince días en que no la vimos, ni la mano tampoco, ni otra +señal alguna. Y, aunque en este tiempo procuramos con toda solicitud saber +quién en aquella casa vivía, y si había en ella alguna cristiana renegada, +jamás hubo quien nos dijese otra cosa, sino que allí vivía un moro +principal y rico, llamado Agi Morato, alcaide que había sido de La Pata, +que es oficio entre ellos de mucha calidad. Mas, cuando más descuidados +estábamos de que por allí habían de llover más cianíis, vimos a deshora +parecer la caña, y otro lienzo en ella, con otro nudo más crecido; y esto +fue a tiempo que estaba el baño, como la vez pasada, solo y sin gente. +Hecimos la acostumbrada prueba, yendo cada uno primero que yo, de los +mismos tres que estábamos, pero a ninguno se rindió la caña sino a mí, +porque, en llegando yo, la dejaron caer. Desaté el nudo, y hallé cuarenta +escudos de oro españoles y un papel escrito en arábigo, y al cabo de lo +escrito hecha una grande cruz. Besé la cruz, tomé los escudos, volvíme al +terrado, hecimos todos nuestras zalemas, tornó a parecer la mano, hice +señas que leería el papel, cerraron la ventana. Quedamos todos confusos y +alegres con lo sucedido; y, como ninguno de nosotros no entendía el +arábigo, era grande el deseo que teníamos de entender lo que el papel +contenía, y mayor la dificultad de buscar quien lo leyese. + +»En fin, yo me determiné de fiarme de un renegado, natural de Murcia, que +se había dado por grande amigo mío, y puesto prendas entre los dos, que le +obligaban a guardar el secreto que le encargase; porque suelen algunos +renegados, cuando tienen intención de volverse a tierra de cristianos, +traer consigo algunas firmas de cautivos principales, en que dan fe, en la +forma que pueden, como el tal renegado es hombre de bien, y que siempre ha +hecho bien a cristianos, y que lleva deseo de huirse en la primera ocasión +que se le ofrezca. Algunos hay que procuran estas fees con buena intención, +otros se sirven dellas acaso y de industria: que, viniendo a robar a tierra +de cristianos, si a dicha se pierden o los cautivan, sacan sus firmas y +dicen que por aquellos papeles se verá el propósito con que venían, el cual +era de quedarse en tierra de cristianos, y que por eso venían en corso con +los demás turcos. Con esto se escapan de aquel primer ímpetu, y se +reconcilian con la Iglesia, sin que se les haga daño; y, cuando veen la +suya, se vuelven a Berbería a ser lo que antes eran. Otros hay que usan +destos papeles, y los procuran, con buen intento, y se quedan en tierra de +cristianos. + +»Pues uno de los renegados que he dicho era este mi amigo, el cual tenía +firmas de todas nuestras camaradas, donde le acreditábamos cuanto era +posible; y si los moros le hallaran estos papeles, le quemaran vivo. Supe +que sabía muy bien arábigo, y no solamente hablarlo, sino escribirlo; pero, +antes que del todo me declarase con él, le dije que me leyese aquel papel, +que acaso me había hallado en un agujero de mi rancho. Abrióle, y estuvo un +buen espacio mirándole y construyéndole, murmurando entre los dientes. +Preguntéle si lo entendía; díjome que muy bien, y, que si quería que me lo +declarase palabra por palabra, que le diese tinta y pluma, porque mejor lo +hiciese. Dímosle luego lo que pedía, y él poco a poco lo fue traduciendo; +y, en acabando, dijo: ''Todo lo que va aquí en romance, sin faltar letra, +es lo que contiene este papel morisco; y hase de advertir que adonde dice +Lela Marién quiere decir Nuestra Señora la Virgen María''. + +»Leímos el papel, y decía así: + +Cuando yo era niña, tenía mi padre una esclava, la cual en mi lengua me +mostró la zalá cristianesca, y me dijo muchas cosas de Lela Marién. La +cristiana murió, y yo sé que no fue al fuego, sino con Alá, porque después +la vi dos veces, y me dijo que me fuese a tierra de cristianos a ver a Lela +Marién, que me quería mucho. No sé yo cómo vaya: muchos cristianos he visto +por esta ventana, y ninguno me ha parecido caballero sino tú. Yo soy muy +hermosa y muchacha, y tengo muchos dineros que llevar conmigo: mira tú si +puedes hacer cómo nos vamos, y serás allá mi marido, si quisieres, y si no +quisieres, no se me dará nada, que Lela Marién me dará con quien me case. +Yo escribí esto; mira a quién lo das a leer: no te fíes de ningún moro, +porque son todos marfuces. Desto tengo mucha pena: que quisiera que no te +descubrieras a nadie, porque si mi padre lo sabe, me echará luego en un +pozo, y me cubrirá de piedras. En la caña pondré un hilo: ata allí la +respuesta; y si no tienes quien te escriba arábigo, dímelo por señas, que +Lela Marién hará que te entienda. Ella y Alá te guarden, y esa cruz que yo +beso muchas veces; que así me lo mandó la cautiva. + +»Mirad, señores, si era razón que las razones deste papel nos admirasen y +alegrasen. Y así, lo uno y lo otro fue de manera que el renegado entendió +que no acaso se había hallado aquel papel, sino que realmente a alguno de +nosotros se había escrito; y así, nos rogó que si era verdad lo que +sospechaba, que nos fiásemos dél y se lo dijésemos, que él aventuraría su +vida por nuestra libertad. Y, diciendo esto, sacó del pecho un crucifijo de +metal, y con muchas lágrimas juró por el Dios que aquella imagen +representaba, en quien él, aunque pecador y malo, bien y fielmente creía, +de guardarnos lealtad y secreto en todo cuanto quisiésemos descubrirle, +porque le parecía, y casi adevinaba que, por medio de aquella que aquel +papel había escrito, había él y todos nosotros de tener libertad, y verse +él en lo que tanto deseaba, que era reducirse al gremio de la Santa +Iglesia, su madre, de quien como miembro podrido estaba dividido y apartado +por su ignorancia y pecado. + +»Con tantas lágrimas y con muestras de tanto arrepentimiento dijo esto el +renegado, que todos de un mesmo parecer consentimos, y venimos en +declararle la verdad del caso; y así, le dimos cuenta de todo, sin +encubrirle nada. Mostrámosle la ventanilla por donde parecía la caña, y él +marcó desde allí la casa, y quedó de tener especial y gran cuidado de +informarse quién en ella vivía. Acordamos, ansimesmo, que sería bien +responder al billete de la mora; y, como teníamos quien lo supiese hacer, +luego al momento el renegado escribió las razones que yo le fui notando, +que puntualmente fueron las que diré, porque de todos los puntos +sustanciales que en este suceso me acontecieron, ninguno se me ha ido de la +memoria, ni aun se me irá en tanto que tuviere vida. + +»En efeto, lo que a la mora se le respondió fue esto: + +El verdadero Alá te guarde, señora mía, y aquella bendita Marién, que es la +verdadera madre de Dios y es la que te ha puesto en corazón que te vayas a +tierra de cristianos, porque te quiere bien. Ruégale tú que se sirva de +darte a entender cómo podrás poner por obra lo que te manda, que ella es +tan buena que sí hará. De mi parte y de la de todos estos cristianos que +están conmigo, te ofrezco de hacer por ti todo lo que pudiéremos, hasta +morir. No dejes de escribirme y avisarme lo que pensares hacer, que yo te +responderé siempre; que el grande Alá nos ha dado un cristiano cautivo que +sabe hablar y escribir tu lengua tan bien como lo verás por este papel. Así +que, sin tener miedo, nos puedes avisar de todo lo que quisieres. A lo que +dices que si fueres a tierra de cristianos, que has de ser mi mujer, yo te +lo prometo como buen cristiano; y sabe que los cristianos cumplen lo que +prometen mejor que los moros. Alá y Marién, su madre, sean en tu guarda, +señora mía. + +»Escrito y cerrado este papel, aguardé dos días a que estuviese el baño +solo, como solía, y luego salí al paso acostumbrado del terradillo, por ver +si la caña parecía, que no tardó mucho en asomar. Así como la vi, aunque no +podía ver quién la ponía, mostré el papel, como dando a entender que +pusiesen el hilo, pero ya venía puesto en la caña, al cual até el papel, y +de allí a poco tornó a parecer nuestra estrella, con la blanca bandera de +paz del atadillo. Dejáronla caer, y alcé yo, y hallé en el paño, en toda +suerte de moneda de plata y de oro, más de cincuenta escudos, los cuales +cincuenta veces más doblaron nuestro contento y confirmaron la esperanza de +tener libertad. + +»Aquella misma noche volvió nuestro renegado, y nos dijo que había sabido +que en aquella casa vivía el mesmo moro que a nosotros nos habían dicho que +se llamaba Agi Morato, riquísimo por todo estremo, el cual tenía una sola +hija, heredera de toda su hacienda, y que era común opinión en toda la +ciudad ser la más hermosa mujer de la Berbería; y que muchos de los +virreyes que allí venían la habían pedido por mujer, y que ella nunca se +había querido casar; y que también supo que tuvo una cristiana cautiva, que +ya se había muerto; todo lo cual concertaba con lo que venía en el papel. +Entramos luego en consejo con el renegado, en qué orden se tendría para +sacar a la mora y venirnos todos a tierra de cristianos, y, en fin, se +acordó por entonces que esperásemos el aviso segundo de Zoraida, que así se +llamaba la que ahora quiere llamarse María; porque bien vimos que ella, y +no otra alguna era la que había de dar medio a todas aquellas dificultades. +Después que quedamos en esto, dijo el renegado que no tuviésemos pena, que +él perdería la vida o nos pondría en libertad. + +»Cuatro días estuvo el baño con gente, que fue ocasión que cuatro días +tardase en parecer la caña; al cabo de los cuales, en la acostumbrada +soledad del baño, pareció con el lienzo tan preñado, que un felicísimo +parto prometía. Inclinóse a mí la caña y el lienzo, hallé en él otro papel +y cien escudos de oro, sin otra moneda alguna. Estaba allí el renegado, +dímosle a leer el papel dentro de nuestro rancho, el cual dijo que así +decía: + +Yo no sé, mi señor, cómo dar orden que nos vamos a España, ni Lela Marién +me lo ha dicho, aunque yo se lo he preguntado. Lo que se podrá hacer es que +yo os daré por esta ventana muchísimos dineros de oro: rescataos vos con +ellos y vuestros amigos, y vaya uno en tierra de cristianos, y compre allá +una barca y vuelva por los demás; y a mí me hallarán en el jardín de mi +padre, que está a la puerta de Babazón, junto a la marina, donde tengo de +estar todo este verano con mi padre y con mis criados. De allí, de noche, +me podréis sacar sin miedo y llevarme a la barca; y mira que has de ser mi +marido, porque si no, yo pediré a Marién que te castigue. Si no te fías de +nadie que vaya por la barca, rescátate tú y ve, que yo sé que volverás +mejor que otro, pues eres caballero y cristiano. Procura saber el jardín, y +cuando te pasees por ahí sabré que está solo el baño, y te daré mucho +dinero. Alá te guarde, señor mío. + +»Esto decía y contenía el segundo papel. Lo cual visto por todos, cada uno +se ofreció a querer ser el rescatado, y prometió de ir y volver con toda +puntualidad, y también yo me ofrecí a lo mismo; a todo lo cual se opuso el +renegado, diciendo que en ninguna manera consentiría que ninguno saliese de +libertad hasta que fuesen todos juntos, porque la experiencia le había +mostrado cuán mal cumplían los libres las palabras que daban en el +cautiverio; porque muchas veces habían usado de aquel remedio algunos +principales cautivos, rescatando a uno que fuese a Valencia, o Mallorca, +con dineros para poder armar una barca y volver por los que le habían +rescatado, y nunca habían vuelto; porque la libertad alcanzada y el temor +de no volver a perderla les borraba de la memoria todas las obligaciones +del mundo. Y, en confirmación de la verdad que nos decía, nos contó +brevemente un caso que casi en aquella mesma sazón había acaecido a unos +caballeros cristianos, el más estraño que jamás sucedió en aquellas partes, +donde a cada paso suceden cosas de grande espanto y de admiración. + +»En efecto, él vino a decir que lo que se podía y debía hacer era que el +dinero que se había de dar para rescatar al cristiano, que se le diese a él +para comprar allí en Argel una barca, con achaque de hacerse mercader y +tratante en Tetuán y en aquella costa; y que, siendo él señor de la barca, +fácilmente se daría traza para sacarlos del baño y embarcarlos a todos. +Cuanto más, que si la mora, como ella decía, daba dineros para rescatarlos +a todos, que, estando libres, era facilísima cosa aun embarcarse en la +mitad del día; y que la dificultad que se ofrecía mayor era que los moros +no consienten que renegado alguno compre ni tenga barca, si no es bajel +grande para ir en corso, porque se temen que el que compra barca, +principalmente si es español, no la quiere sino para irse a tierra de +cristianos; pero que él facilitaría este inconveniente con hacer que un +moro tagarino fuese a la parte con él en la compañía de la barca y en la +ganancia de las mercancías, y con esta sombra él vendría a ser señor de la +barca, con que daba por acabado todo lo demás. + +»Y, puesto que a mí y a mis camaradas nos había parecido mejor lo de enviar +por la barca a Mallorca, como la mora decía, no osamos contradecirle, +temerosos que, si no hacíamos lo que él decía, nos había de descubrir y +poner a peligro de perder las vidas, si descubriese el trato de Zoraida, +por cuya vida diéramos todos las nuestras. Y así, determinamos de ponernos +en las manos de Dios y en las del renegado, y en aquel mismo punto se le +respondió a Zoraida, diciéndole que haríamos todo cuanto nos aconsejaba, +porque lo había advertido tan bien como si Lela Marién se lo hubiera dicho, +y que en ella sola estaba dilatar aquel negocio, o ponello luego por obra. +Ofrecímele de nuevo de ser su esposo, y, con esto, otro día que acaeció a +estar solo el baño, en diversas veces, con la caña y el paño, nos dio dos +mil escudos de oro, y un papel donde decía que el primer jumá, que es el +viernes, se iba al jardín de su padre, y que antes que se fuese nos daría +más dinero, y que si aquello no bastase, que se lo avisásemos, que nos +daría cuanto le pidiésemos: que su padre tenía tantos, que no lo echaría +menos, cuanto más, que ella tenía la llaves de todo. + +»Dimos luego quinientos escudos al renegado para comprar la barca; con +ochocientos me rescaté yo, dando el dinero a un mercader valenciano que a +la sazón se hallaba en Argel, el cual me rescató del rey, tomándome sobre +su palabra, dándola de que con el primer bajel que viniese de Valencia +pagaría mi rescate; porque si luego diera el dinero, fuera dar sospechas al +rey que había muchos días que mi rescate estaba en Argel, y que el +mercader, por sus granjerías, lo había callado. Finalmente, mi amo era tan +caviloso que en ninguna manera me atreví a que luego se desembolsase el +dinero. El jueves antes del viernes que la hermosa Zoraida se había de ir +al jardín, nos dio otros mil escudos y nos avisó de su partida, rogándome +que, si me rescatase, supiese luego el jardín de su padre, y que en todo +caso buscase ocasión de ir allá y verla. Respondíle en breves palabras que +así lo haría, y que tuviese cuidado de encomendarnos a Lela Marién, con +todas aquellas oraciones que la cautiva le había enseñado. + +»Hecho esto, dieron orden en que los tres compañeros nuestros se +rescatasen, por facilitar la salida del baño, y porque, viéndome a mí +rescatado, y a ellos no, pues había dinero, no se alborotasen y les +persuadiese el diablo que hiciesen alguna cosa en perjuicio de Zoraida; +que, puesto que el ser ellos quien eran me podía asegurar deste temor, con +todo eso, no quise poner el negocio en aventura, y así, los hice rescatar +por la misma orden que yo me rescaté, entregando todo el dinero al +mercader, para que, con certeza y seguridad, pudiese hacer la fianza; al +cual nunca descubrimos nuestro trato y secreto, por el peligro que había. + + + + +Capítulo XLI. Donde todavía prosigue el cautivo su suceso + +»No se pasaron quince días, cuando ya nuestro renegado tenía comprada una +muy buena barca, capaz de más de treinta personas: y, para asegurar su +hecho y dalle color, quiso hacer, como hizo, un viaje a un lugar que se +llamaba Sargel, que está treinta leguas de Argel hacia la parte de Orán, en +el cual hay mucha contratación de higos pasos. Dos o tres veces hizo este +viaje, en compañía del tagarino que había dicho. Tagarinos llaman en +Berbería a los moros de Aragón, y a los de Granada, mudéjares; y en el +reino de Fez llaman a los mudéjares elches, los cuales son la gente de +quien aquel rey más se sirve en la guerra. + +»Digo, pues, que cada vez que pasaba con su barca daba fondo en una caleta +que estaba no dos tiros de ballesta del jardín donde Zoraida esperaba; y +allí, muy de propósito, se ponía el renegado con los morillos que bogaban +el remo, o ya a hacer la zalá, o a como por ensayarse de burlas a lo que +pensaba hacer de veras; y así, se iba al jardín de Zoraida y le pedía +fruta, y su padre se la daba sin conocelle; y, aunque él quisiera hablar a +Zoraida, como él después me dijo, y decille que él era el que por orden mía +le había de llevar a tierra de cristianos, que estuviese contenta y segura, +nunca le fue posible, porque las moras no se dejan ver de ningún moro ni +turco, si no es que su marido o su padre se lo manden. De cristianos +cautivos se dejan tratar y comunicar, aun más de aquello que sería +razonable; y a mí me hubiera pesado que él la hubiera hablado, que quizá la +alborotara, viendo que su negocio andaba en boca de renegados. Pero Dios, +que lo ordenaba de otra manera, no dio lugar al buen deseo que nuestro +renegado tenía; el cual, viendo cuán seguramente iba y venía a Sargel, y +que daba fondo cuando y como y adonde quería, y que el tagarino, su +compañero, no tenía más voluntad de lo que la suya ordenaba, y que yo +estaba ya rescatado, y que sólo faltaba buscar algunos cristianos que +bogasen el remo, me dijo que mirase yo cuáles quería traer conmigo, fuera +de los rescatados, y que los tuviese hablados para el primer viernes, donde +tenía determinado que fuese nuestra partida. Viendo esto, hablé a doce +españoles, todos valientes hombres del remo, y de aquellos que más +libremente podían salir de la ciudad; y no fue poco hallar tantos en +aquella coyuntura, porque estaban veinte bajeles en corso, y se habían +llevado toda la gente de remo, y éstos no se hallaran, si no fuera que su +amo se quedó aquel verano sin ir en corso, a acabar una galeota que tenía +en astillero. A los cuales no les dije otra cosa, sino que el primer +viernes en la tarde se saliesen uno a uno, disimuladamente, y se fuesen la +vuelta del jardín de Agi Morato, y que allí me aguardasen hasta que yo +fuese. A cada uno di este aviso de por sí, con orden que, aunque allí +viesen a otros cristianos, no les dijesen sino que yo les había mandado +esperar en aquel lugar. + +»Hecha esta diligencia, me faltaba hacer otra, que era la que más me +convenía: y era la de avisar a Zoraida en el punto que estaban los +negocios, para que estuviese apercebida y sobre aviso, que no se +sobresaltase si de improviso la asaltásemos antes del tiempo que ella podía +imaginar que la barca de cristianos podía volver. Y así, determiné de ir al +jardín y ver si podría hablarla; y, con ocasión de coger algunas yerbas, un +día, antes de mi partida, fui allá, y la primera persona con quién encontré +fue con su padre, el cual me dijo, en lengua que en toda la Berbería, y aun +en Costantinopla, se halla entre cautivos y moros, que ni es morisca, ni +castellana, ni de otra nación alguna, sino una mezcla de todas las lenguas +con la cual todos nos entendemos; digo, pues, que en esta manera de +lenguaje me preguntó que qué buscaba en aquel su jardín, y de quién era. +Respondíle que era esclavo de Arnaúte Mamí (y esto, porque sabía yo por muy +cierto que era un grandísimo amigo suyo), y que buscaba de todas yerbas, +para hacer ensalada. Preguntóme, por el consiguiente, si era hombre de +rescate o no, y que cuánto pedía mi amo por mí. Estando en todas estas +preguntas y respuestas, salió de la casa del jardín la bella Zoraida, la +cual ya había mucho que me había visto; y, como las moras en ninguna manera +hacen melindre de mostrarse a los cristianos, ni tampoco se esquivan, como +ya he dicho, no se le dio nada de venir adonde su padre conmigo estaba; +antes, luego cuando su padre vio que venía, y de espacio, la llamó y mandó +que llegase. + +»Demasiada cosa sería decir yo agora la mucha hermosura, la gentileza, el +gallardo y rico adorno con que mi querida Zoraida se mostró a mis ojos: +sólo diré que más perlas pendían de su hermosísimo cuello, orejas y +cabellos, que cabellos tenía en la cabeza. En las gargantas de los sus +pies, que descubiertas, a su usanza, traía, traía dos carcajes (que así se +llamaban las manillas o ajorcas de los pies en morisco) de purísimo oro, +con tantos diamantes engastados, que ella me dijo después que su padre los +estimaba en diez mil doblas, y las que traía en las muñecas de las manos +valían otro tanto. Las perlas eran en gran cantidad y muy buenas, porque la +mayor gala y bizarría de las moras es adornarse de ricas perlas y aljófar, +y así, hay más perlas y aljófar entre moros que entre todas las demás +naciones; y el padre de Zoraida tenía fama de tener muchas y de las mejores +que en Argel había, y de tener asimismo más de docientos mil escudos +españoles, de todo lo cual era señora esta que ahora lo es mía. Si con todo +este adorno podía venir entonces hermosa, o no, por las reliquias que le +han quedado en tantos trabajos se podrá conjeturar cuál debía de ser en las +prosperidades. Porque ya se sabe que la hermosura de algunas mujeres tiene +días y sazones, y requiere accidentes para diminuirse o acrecentarse; y es +natural cosa que las pasiones del ánimo la levanten o abajen, puesto que +las más veces la destruyen. + +»Digo, en fin, que entonces llegó en todo estremo aderezada y en todo +estremo hermosa, o, a lo menos, a mí me pareció serlo la más que hasta +entonces había visto; y con esto, viendo las obligaciones en que me había +puesto, me parecía que tenía delante de mí una deidad del cielo, venida a +la tierra para mi gusto y para mi remedio. Así como ella llegó, le dijo su +padre en su lengua como yo era cautivo de su amigo Arnaúte Mamí, y que +venía a buscar ensalada. Ella tomó la mano, y en aquella mezcla de lenguas +que tengo dicho me preguntó si era caballero y qué era la causa que no me +rescataba. Yo le respondí que ya estaba rescatado, y que en el precio podía +echar de ver en lo que mi amo me estimaba, pues había dado por mí mil y +quinientos zoltanís. A lo cual ella respondió: ''En verdad que si tú fueras +de mi padre, que yo hiciera que no te diera él por otros dos tantos, porque +vosotros, cristianos, siempre mentís en cuanto decís, y os hacéis pobres +por engañar a los moros''. ''Bien podría ser eso, señora —le respondí—, mas +en verdad que yo la he tratado con mi amo, y la trato y la trataré con +cuantas personas hay en el mundo''. ''Y ¿cuándo te vas?'', dijo Zoraida. +''Mañana, creo yo —dije—, porque está aquí un bajel de Francia que se hace +mañana a la vela, y pienso irme en él''. ''¿No es mejor —replicó Zoraida—, +esperar a que vengan bajeles de España, y irte con ellos, que no con los de +Francia, que no son vuestros amigos?'' ''No —respondí yo—, aunque si como +hay nuevas que viene ya un bajel de España, es verdad, todavía yo le +aguardaré, puesto que es más cierto el partirme mañana; porque el deseo que +tengo de verme en mi tierra, y con las personas que bien quiero, es tanto +que no me dejará esperar otra comodidad, si se tarda, por mejor que sea''. +''Debes de ser, sin duda, casado en tu tierra —dijo Zoraida—, y por eso +deseas ir a verte con tu mujer''. ''No soy —respondí yo— casado, mas tengo +dada la palabra de casarme en llegando allá''. ''Y ¿es hermosa la dama a +quien se la diste?'', dijo Zoraida. ''Tan hermosa es —respondí yo— que para +encarecella y decirte la verdad, te parece a ti mucho''. Desto se riyó muy +de veras su padre, y dijo: ''Gualá, cristiano, que debe de ser muy hermosa +si se parece a mi hija, que es la más hermosa de todo este reino. Si no, +mírala bien, y verás cómo te digo verdad''. Servíanos de intérprete a las +más de estas palabras y razones el padre de Zoraida, como más ladino; que, +aunque ella hablaba la bastarda lengua que, como he dicho, allí se usa, más +declaraba su intención por señas que por palabras. + +»Estando en estas y otras muchas razones, llegó un moro corriendo, y dijo, +a grandes voces, que por las bardas o paredes del jardín habían saltado +cuatro turcos, y andaban cogiendo la fruta, aunque no estaba madura. +Sobresaltóse el viejo, y lo mesmo hizo Zoraida, porque es común y casi +natural el miedo que los moros a los turcos tienen, especialmente a los +soldados, los cuales son tan insolentes y tienen tanto imperio sobre los +moros que a ellos están sujetos, que los tratan peor que si fuesen esclavos +suyos. Digo, pues, que dijo su padre a Zoraida: ''Hija, retírate a la casa +y enciérrate, en tanto que yo voy a hablar a estos canes; y tú, cristiano, +busca tus yerbas, y vete en buen hora, y llévete Alá con bien a tu +tierra''. Yo me incliné, y él se fue a buscar los turcos, dejándome solo +con Zoraida, que comenzó a dar muestras de irse donde su padre la había +mandado. Pero, apenas él se encubrió con los árboles del jardín, cuando +ella, volviéndose a mí, llenos los ojos de lágrimas, me dijo: ''Ámexi, +cristiano, ámexi''; que quiere decir: "¿Vaste, cristiano, vaste?" Yo la +respondí: ''Señora, sí, pero no en ninguna manera sin ti: el primero jumá +me aguarda, y no te sobresaltes cuando nos veas; que sin duda alguna iremos +a tierra de cristianos''. + +»Yo le dije esto de manera que ella me entendió muy bien a todas las +razones que entrambos pasamos; y, echándome un brazo al cuello, con +desmayados pasos comenzó a caminar hacia la casa; y quiso la suerte, que +pudiera ser muy mala si el cielo no lo ordenara de otra manera, que, yendo +los dos de la manera y postura que os he contado, con un brazo al cuello, +su padre, que ya volvía de hacer ir a los turcos, nos vio de la suerte y +manera que íbamos, y nosotros vimos que él nos había visto; pero Zoraida, +advertida y discreta, no quiso quitar el brazo de mi cuello, antes se llegó +más a mí y puso su cabeza sobre mi pecho, doblando un poco las rodillas, +dando claras señales y muestras que se desmayaba, y yo, ansimismo, di a +entender que la sostenía contra mi voluntad. Su padre llegó corriendo +adonde estábamos, y, viendo a su hija de aquella manera, le preguntó que +qué tenía; pero, como ella no le respondiese, dijo su padre: ''Sin duda +alguna que con el sobresalto de la entrada de estos canes se ha +desmayado''. Y, quitándola del mío, la arrimó a su pecho; y ella, dando un +suspiro y aún no enjutos los ojos de lágrimas, volvió a decir: ''Ámexi, +cristiano, ámexi'': "Vete, cristiano, vete". A lo que su padre respondió: +''No importa, hija, que el cristiano se vaya, que ningún mal te ha hecho, y +los turcos ya son idos. No te sobresalte cosa alguna, pues ninguna hay que +pueda darte pesadumbre, pues, como ya te he dicho, los turcos, a mi ruego, +se volvieron por donde entraron''. ''Ellos, señor, la sobresaltaron, como +has dicho —dije yo a su padre—; mas, pues ella dice que yo me vaya, no la +quiero dar pesadumbre: quédate en paz, y, con tu licencia, volveré, si +fuere menester, por yerbas a este jardín; que, según dice mi amo, en +ninguno las hay mejores para ensalada que en él''. ''Todas las que +quisieres podrás volver —respondió Agi Morato—, que mi hija no dice esto +porque tú ni ninguno de los cristianos la enojaban, sino que, por decir que +los turcos se fuesen, dijo que tú te fueses, o porque ya era hora que +buscases tus yerbas''. + +»Con esto, me despedí al punto de entrambos; y ella, arrancándosele el +alma, al parecer, se fue con su padre; y yo, con achaque de buscar las +yerbas, rodeé muy bien y a mi placer todo el jardín: miré bien las entradas +y salidas, y la fortaleza de la casa, y la comodidad que se podía ofrecer +para facilitar todo nuestro negocio. Hecho esto, me vine y di cuenta de +cuanto había pasado al renegado y a mis compañeros; y ya no veía la hora de +verme gozar sin sobresalto del bien que en la hermosa y bella Zoraida la +suerte me ofrecía. + +»En fin, el tiempo se pasó, y se llegó el día y plazo de nosotros tan +deseado; y, siguiendo todos el orden y parecer que, con discreta +consideración y largo discurso, muchas veces habíamos dado, tuvimos el buen +suceso que deseábamos; porque el viernes que se siguió al día que yo con +Zoraida hablé en el jardín, nuestro renegado, al anochecer, dio fondo con +la barca casi frontero de donde la hermosísima Zoraida estaba. Ya los +cristianos que habían de bogar el remo estaban prevenidos y escondidos por +diversas partes de todos aquellos alrededores. Todos estaban suspensos y +alborozados, aguardándome, deseosos ya de embestir con el bajel que a los +ojos tenían; porque ellos no sabían el concierto del renegado, sino que +pensaban que a fuerza de brazos habían de haber y ganar la libertad, +quitando la vida a los moros que dentro de la barca estaban. + +»Sucedió, pues, que, así como yo me mostré y mis compañeros, todos los +demás escondidos que nos vieron se vinieron llegando a nosotros. Esto era +ya a tiempo que la ciudad estaba ya cerrada, y por toda aquella campaña +ninguna persona parecía. Como estuvimos juntos, dudamos si sería mejor ir +primero por Zoraida, o rendir primero a los moros bagarinos que bogaban el +remo en la barca. Y, estando en esta duda, llegó a nosotros nuestro +renegado diciéndonos que en qué nos deteníamos, que ya era hora, y que +todos sus moros estaban descuidados, y los más dellos durmiendo. Dijímosle +en lo que reparábamos, y él dijo que lo que más importaba era rendir +primero el bajel, que se podía hacer con grandísima facilidad y sin peligro +alguno, y que luego podíamos ir por Zoraida. Pareciónos bien a todos lo que +decía, y así, sin detenernos más, haciendo él la guía, llegamos al bajel, +y, saltando él dentro primero, metió mano a un alfanje, y dijo en morisco: +''Ninguno de vosotros se mueva de aquí, si no quiere que le cueste la +vida''. Ya, a este tiempo, habían entrado dentro casi todos los cristianos. +Los moros, que eran de poco ánimo, viendo hablar de aquella manera a su +arráez, quedáronse espantados, y sin ninguno de todos ellos echar mano a +las armas, que pocas o casi ningunas tenían, se dejaron, sin hablar alguna +palabra, maniatar de los cristianos, los cuales con mucha presteza lo +hicieron, amenazando a los moros que si alzaban por alguna vía o manera la +voz, que luego al punto los pasarían todos a cuchillo. + +»Hecho ya esto, quedándose en guardia dellos la mitad de los nuestros, los +que quedábamos, haciéndonos asimismo el renegado la guía, fuimos al jardín +de Agi Morato, y quiso la buena suerte que, llegando a abrir la puerta, se +abrió con tanta facilidad como si cerrada no estuviera; y así, con gran +quietud y silencio, llegamos a la casa sin ser sentidos de nadie. Estaba la +bellísima Zoraida aguardándonos a una ventana, y, así como sintió gente, +preguntó con voz baja si éramos nizarani, como si dijera o preguntara si +éramos cristianos. Yo le respondí que sí, y que bajase. Cuando ella me +conoció, no se detuvo un punto, porque, sin responderme palabra, bajó en un +instante, abrió la puerta y mostróse a todos tan hermosa y ricamente +vestida que no lo acierto a encarecer. Luego que yo la vi, le tomé una +mano y la comencé a besar, y el renegado hizo lo mismo, y mis dos +camaradas; y los demás, que el caso no sabían, hicieron lo que vieron que +nosotros hacíamos, que no parecía sino que le dábamos las gracias y la +reconocíamos por señora de nuestra libertad. El renegado le dijo en lengua +morisca si estaba su padre en el jardín. Ella respondió que sí y que +dormía. ''Pues será menester despertalle —replicó el renegado—, y +llevárnosle con nosotros, y todo aquello que tiene de valor este hermoso +jardín.'' ''No —dijo ella—, a mi padre no se ha de tocar en ningún modo, y +en esta casa no hay otra cosa que lo que yo llevo, que es tanto, que bien +habrá para que todos quedéis ricos y contentos; y esperaros un poco y lo +veréis''. Y, diciendo esto, se volvió a entrar, diciendo que muy presto +volvería; que nos estuviésemos quedos, sin hacer ningún ruido. Preguntéle +al renegado lo que con ella había pasado, el cual me lo contó, a quien yo +dije que en ninguna cosa se había de hacer más de lo que Zoraida quisiese; +la cual ya que volvía cargada con un cofrecillo lleno de escudos de oro, +tantos, que apenas lo podía sustentar, quiso la mala suerte que su padre +despertase en el ínterin y sintiese el ruido que andaba en el jardín; y, +asomándose a la ventana, luego conoció que todos los que en él estaban eran +cristianos; y, dando muchas, grandes y desaforadas voces, comenzó a decir +en arábigo: ''¡Cristianos, cristianos! ¡Ladrones, ladrones!''; por los +cuales gritos nos vimos todos puestos en grandísima y temerosa confusión. +Pero el renegado, viendo el peligro en que estábamos, y lo mucho que le +importaba salir con aquella empresa antes de ser sentido, con grandísima +presteza, subió donde Agi Morato estaba, y juntamente con él fueron algunos +de nosotros; que yo no osé desamparar a la Zoraida, que como desmayada se +había dejado caer en mis brazos. En resolución, los que subieron se dieron +tan buena maña que en un momento bajaron con Agi Morato, trayéndole atadas +las manos y puesto un pañizuelo en la boca, que no le dejaba hablar +palabra, amenazándole que el hablarla le había de costar la vida. Cuando su +hija le vio, se cubrió los ojos por no verle, y su padre quedó espantado, +ignorando cuán de su voluntad se había puesto en nuestras manos. Mas, +entonces siendo más necesarios los pies, con diligencia y presteza nos +pusimos en la barca; que ya los que en ella habían quedado nos esperaban, +temerosos de algún mal suceso nuestro. + +»Apenas serían dos horas pasadas de la noche, cuando ya estábamos todos en +la barca, en la cual se le quitó al padre de Zoraida la atadura de las +manos y el paño de la boca; pero tornóle a decir el renegado que no hablase +palabra, que le quitarían la vida. Él, como vio allí a su hija, comenzó a +suspirar ternísimamente, y más cuando vio que yo estrechamente la tenía +abrazada, y que ella sin defender, quejarse ni esquivarse, se estaba queda; +pero, con todo esto, callaba, porque no pusiesen en efeto las muchas +amenazas que el renegado le hacía. Viéndose, pues, Zoraida ya en la barca, +y que queríamos dar los remos al agua, y viendo allí a su padre y a los +demás moros que atados estaban, le dijo al renegado que me dijese le +hiciese merced de soltar a aquellos moros y de dar libertad a su padre, +porque antes se arrojaría en la mar que ver delante de sus ojos y por causa +suya llevar cautivo a un padre que tanto la había querido. El renegado me +lo dijo; y yo respondí que era muy contento; pero él respondió que no +convenía, a causa que, si allí los dejaban apellidarían luego la tierra y +alborotarían la ciudad, y serían causa que saliesen a buscallos con algunas +fragatas ligeras, y les tomasen la tierra y la mar, de manera que no +pudiésemos escaparnos; que lo que se podría hacer era darles libertad en +llegando a la primera tierra de cristianos. En este parecer venimos todos, +y Zoraida, a quien se le dio cuenta, con las causas que nos movían a no +hacer luego lo que quería, también se satisfizo; y luego, con regocijado +silencio y alegre diligencia, cada uno de nuestros valientes remeros tomó +su remo, y comenzamos, encomendándonos a Dios de todo corazón, a navegar la +vuelta de las islas de Mallorca, que es la tierra de cristianos más cerca. + +»Pero, a causa de soplar un poco el viento tramontana y estar la mar algo +picada, no fue posible seguir la derrota de Mallorca, y fuenos forzoso +dejarnos ir tierra a tierra la vuelta de Orán, no sin mucha pesadumbre +nuestra, por no ser descubiertos del lugar de Sargel, que en aquella costa +cae sesenta millas de Argel. Y, asimismo, temíamos encontrar por aquel +paraje alguna galeota de las que de ordinario vienen con mercancía de +Tetuán, aunque cada uno por sí, y todos juntos, presumíamos de que, si se +encontraba galeota de mercancía, como no fuese de las que andan en corso, +que no sólo no nos perderíamos, mas que tomaríamos bajel donde con más +seguridad pudiésemos acabar nuestro viaje. Iba Zoraida, en tanto que se +navegaba, puesta la cabeza entre mis manos, por no ver a su padre, y sentía +yo que iba llamando a Lela Marién que nos ayudase. + +»Bien habríamos navegado treinta millas, cuando nos amaneció, como tres +tiros de arcabuz desviados de tierra, toda la cual vimos desierta y sin +nadie que nos descubriese; pero, con todo eso, nos fuimos a fuerza de +brazos entrando un poco en la mar, que ya estaba algo más sosegada; y, +habiendo entrado casi dos leguas, diose orden que se bogase a cuarteles en +tanto que comíamos algo, que iba bien proveída la barca, puesto que los que +bogaban dijeron que no era aquél tiempo de tomar reposo alguno, que les +diesen de comer los que no bogaban, que ellos no querían soltar los remos +de las manos en manera alguna. Hízose ansí, y en esto comenzó a soplar un +viento largo, que nos obligó a hacer luego vela y a dejar el remo, y +enderezar a Orán, por no ser posible poder hacer otro viaje. Todo se hizo +con muchísima presteza; y así, a la vela, navegamos por más de ocho millas +por hora, sin llevar otro temor alguno sino el de encontrar con bajel que +de corso fuese. + +»Dimos de comer a los moros bagarinos, y el renegado les consoló +diciéndoles como no iban cautivos, que en la primera ocasión les darían +libertad. Lo mismo se le dijo al padre de Zoraida, el cual respondió: +''Cualquiera otra cosa pudiera yo esperar y creer de vuestra liberalidad y +buen término, ¡oh cristianos!, mas el darme libertad, no me tengáis por tan +simple que lo imagine; que nunca os pusistes vosotros al peligro de +quitármela para volverla tan liberalmente, especialmente sabiendo quién soy +yo, y el interese que se os puede seguir de dármela; el cual interese, si +le queréis poner nombre, desde aquí os ofrezco todo aquello que quisiéredes +por mí y por esa desdichada hija mía, o si no, por ella sola, que es la +mayor y la mejor parte de mi alma''. En diciendo esto, comenzó a llorar tan +amargamente que a todos nos movió a compasión, y forzó a Zoraida que le +mirase; la cual, viéndole llorar, así se enterneció que se levantó de mis +pies y fue a abrazar a su padre, y, juntando su rostro con el suyo, +comenzaron los dos tan tierno llanto que muchos de los que allí íbamos le +acompañamos en él. Pero, cuando su padre la vio adornada de fiesta y con +tantas joyas sobre sí, le dijo en su lengua: ''¿Qué es esto, hija, que ayer +al anochecer, antes que nos sucediese esta terrible desgracia en que nos +vemos, te vi con tus ordinarios y caseros vestidos, y agora, sin que hayas +tenido tiempo de vestirte y sin haberte dado alguna nueva alegre de +solenizalle con adornarte y pulirte, te veo compuesta con los mejores +vestidos que yo supe y pude darte cuando nos fue la ventura más favorable? +Respóndeme a esto, que me tiene más suspenso y admirado que la misma +desgracia en que me hallo''. + +»Todo lo que el moro decía a su hija nos lo declaraba el renegado, y ella +no le respondía palabra. Pero, cuando él vio a un lado de la barca el +cofrecillo donde ella solía tener sus joyas, el cual sabía él bien que le +había dejado en Argel, y no traídole al jardín, quedó más confuso, y +preguntóle que cómo aquel cofre había venido a nuestras manos, y qué era lo +que venía dentro. A lo cual el renegado, sin aguardar que Zoraida le +respondiese, le respondió: ''No te canses, señor, en preguntar a Zoraida, +tu hija, tantas cosas, porque con una que yo te responda te satisfaré a +todas; y así, quiero que sepas que ella es cristiana, y es la que ha sido +la lima de nuestras cadenas y la libertad de nuestro cautiverio; ella va +aquí de su voluntad, tan contenta, a lo que yo imagino, de verse en este +estado, como el que sale de las tinieblas a la luz, de la muerte a la vida +y de la pena a la gloria''. ''¿Es verdad lo que éste dice, hija?'', dijo el +moro. ''Así es'', respondió Zoraida. ''¿Que, en efeto —replicó el viejo—, +tú eres cristiana, y la que ha puesto a su padre en poder de sus +enemigos?'' A lo cual respondió Zoraida: ''La que es cristiana yo soy, pero +no la que te ha puesto en este punto, porque nunca mi deseo se estendió a +dejarte ni a hacerte mal, sino a hacerme a mí bien''. ''Y ¿qué bien es el +que te has hecho, hija?'' ''Eso —respondió ella— pregúntaselo tú a Lela +Marién, que ella te lo sabrá decir mejor que no yo''. + +»Apenas hubo oído esto el moro, cuando, con una increíble presteza, se +arrojó de cabeza en la mar, donde sin ninguna duda se ahogara, si el +vestido largo y embarazoso que traía no le entretuviera un poco sobre el +agua. Dio voces Zoraida que le sacasen, y así, acudimos luego todos, y, +asiéndole de la almalafa, le sacamos medio ahogado y sin sentido, de que +recibió tanta pena Zoraida que, como si fuera ya muerto, hacía sobre él un +tierno y doloroso llanto. Volvímosle boca abajo, volvió mucha agua, tornó +en sí al cabo de dos horas, en las cuales, habiéndose trocado el viento, +nos convino volver hacia tierra, y hacer fuerza de remos, por no embestir +en ella; mas quiso nuestra buena suerte que llegamos a una cala que se hace +al lado de un pequeño promontorio o cabo que de los moros es llamado el de +La Cava Rumía, que en nuestra lengua quiere decir La mala mujer cristiana; +y es tradición entre los moros que en aquel lugar está enterrada la Cava, +por quien se perdió España, porque cava en su lengua quiere decir mujer +mala, y rumía, cristiana; y aun tienen por mal agüero llegar allí a dar +fondo cuando la necesidad les fuerza a ello, porque nunca le dan sin ella; +puesto que para nosotros no fue abrigo de mala mujer, sino puerto seguro de +nuestro remedio, según andaba alterada la mar. + +»Pusimos nuestras centinelas en tierra, y no dejamos jamás los remos de la +mano; comimos de lo que el renegado había proveído, y rogamos a Dios y a +Nuestra Señora, de todo nuestro corazón, que nos ayudase y favoreciese para +que felicemente diésemos fin a tan dichoso principio. Diose orden, a +suplicación de Zoraida, como echásemos en tierra a su padre y a todos los +demás moros que allí atados venían, porque no le bastaba el ánimo, ni lo +podían sufrir sus blandas entrañas, ver delante de sus ojos atado a su +padre y aquellos de su tierra presos. Prometímosle de hacerlo así al tiempo +de la partida, pues no corría peligro el dejallos en aquel lugar, que era +despoblado. No fueron tan vanas nuestras oraciones que no fuesen oídas del +cielo; que, en nuestro favor, luego volvió el viento, tranquilo el mar, +convidándonos a que tornásemos alegres a proseguir nuestro comenzado viaje. + +»Viendo esto, desatamos a los moros, y uno a uno los pusimos en tierra, de +lo que ellos se quedaron admirados; pero, llegando a desembarcar al padre +de Zoraida, que ya estaba en todo su acuerdo, dijo: ''¿Por qué pensáis, +cristianos, que esta mala hembra huelga de que me deis libertad? ¿Pensáis +que es por piedad que de mí tiene? No, por cierto, sino que lo hace por el +estorbo que le dará mi presencia cuando quiera poner en ejecución sus malos +deseos; ni penséis que la ha movido a mudar religión entender ella que la +vuestra a la nuestra se aventaja, sino el saber que en vuestra tierra se +usa la deshonestidad más libremente que en la nuestra''. Y, volviéndose a +Zoraida, teniéndole yo y otro cristiano de entrambos brazos asido, porque +algún desatino no hiciese, le dijo: ''¡Oh infame moza y mal aconsejada +muchacha! ¿Adónde vas, ciega y desatinada, en poder destos perros, +naturales enemigos nuestros? ¡Maldita sea la hora en que yo te engendré, y +malditos sean los regalos y deleites en que te he criado!'' Pero, viendo yo +que llevaba término de no acabar tan presto, di priesa a ponelle en tierra, +y desde allí, a voces, prosiguió en sus maldiciones y lamentos, rogando a +Mahoma rogase a Alá que nos destruyese, confundiese y acabase; y cuando, +por habernos hecho a la vela, no podimos oír sus palabras, vimos sus obras, +que eran arrancarse las barbas, mesarse los cabellos y arrastrarse por el +suelo; mas una vez esforzó la voz de tal manera que podimos entender que +decía: ''¡Vuelve, amada hija, vuelve a tierra, que todo te lo perdono; +entrega a esos hombres ese dinero, que ya es suyo, y vuelve a consolar a +este triste padre tuyo, que en esta desierta arena dejará la vida, si tú le +dejas!'' Todo lo cual escuchaba Zoraida, y todo lo sentía y lloraba, y no +supo decirle ni respondelle palabra, sino: ''Plega a Alá, padre mío, que +Lela Marién, que ha sido la causa de que yo sea cristiana, ella te consuele +en tu tristeza. Alá sabe bien que no pude hacer otra cosa de la que he +hecho, y que estos cristianos no deben nada a mi voluntad, pues, aunque +quisiera no venir con ellos y quedarme en mi casa, me fuera imposible, +según la priesa que me daba mi alma a poner por obra ésta que a mí me +parece tan buena como tú, padre amado, la juzgas por mala''. Esto dijo, a +tiempo que ni su padre la oía, ni nosotros ya le veíamos; y así, consolando +yo a Zoraida, atendimos todos a nuestro viaje, el cual nos le facilitaba el +proprio viento, de tal manera que bien tuvimos por cierto de vernos otro +día al amanecer en las riberas de España. + +»Mas, como pocas veces, o nunca, viene el bien puro y sencillo, sin ser +acompañado o seguido de algún mal que le turbe o sobresalte, quiso nuestra +ventura, o quizá las maldiciones que el moro a su hija había echado, que +siempre se han de temer de cualquier padre que sean; quiso, digo, que +estando ya engolfados y siendo ya casi pasadas tres horas de la noche, +yendo con la vela tendida de alto baja, frenillados los remos, porque el +próspero viento nos quitaba del trabajo de haberlos menester, con la luz de +la luna, que claramente resplandecía, vimos cerca de nosotros un bajel +redondo, que, con todas las velas tendidas, llevando un poco a orza el +timón, delante de nosotros atravesaba; y esto tan cerca, que nos fue +forzoso amainar por no embestirle, y ellos, asimesmo, hicieron fuerza de +timón para darnos lugar que pasásemos. + +»Habíanse puesto a bordo del bajel a preguntarnos quién éramos, y adónde +navegábamos, y de dónde veníamos; pero, por preguntarnos esto en lengua +francesa, dijo nuestro renegado: ''Ninguno responda; porque éstos, sin +duda, son cosarios franceses, que hacen a toda ropa''. Por este +advertimiento, ninguno respondió palabra; y, habiendo pasado un poco +delante, que ya el bajel quedaba sotavento, de improviso soltaron dos +piezas de artillería, y, a lo que parecía, ambas venían con cadenas, porque +con una cortaron nuestro árbol por medio, y dieron con él y con la vela en +la mar; y al momento, disparando otra pieza, vino a dar la bala en mitad de +nuestra barca, de modo que la abrió toda, sin hacer otro mal alguno; pero, +como nosotros nos vimos ir a fondo, comenzamos todos a grandes voces a +pedir socorro y a rogar a los del bajel que nos acogiesen, porque nos +anegábamos. Amainaron entonces, y, echando el esquife o barca a la mar, +entraron en él hasta doce franceses bien armados, con sus arcabuces y +cuerdas encendidas, y así llegaron junto al nuestro; y, viendo cuán pocos +éramos y cómo el bajel se hundía, nos recogieron, diciendo que, por haber +usado de la descortesía de no respondelles, nos había sucedido aquello. +Nuestro renegado tomó el cofre de las riquezas de Zoraida, y dio con él en +la mar, sin que ninguno echase de ver en lo que hacía. En resolución, todos +pasamos con los franceses, los cuales, después de haberse informado de todo +aquello que de nosotros saber quisieron, como si fueran nuestros capitales +enemigos, nos despojaron de todo cuanto teníamos, y a Zoraida le quitaron +hasta los carcajes que traía en los pies. Pero no me daba a mí tanta +pesadumbre la que a Zoraida daban, como me la daba el temor que tenía de +que habían de pasar del quitar de las riquísimas y preciosísimas joyas al +quitar de la joya que más valía y ella más estimaba. Pero los deseos de +aquella gente no se estienden a más que al dinero, y desto jamás se vee +harta su codicia; lo cual entonces llegó a tanto, que aun hasta los +vestidos de cautivos nos quitaran si de algún provecho les fueran. Y hubo +parecer entre ellos de que a todos nos arrojasen a la mar envueltos en una +vela, porque tenían intención de tratar en algunos puertos de España con +nombre de que eran bretones, y si nos llevaban vivos, serían castigados, +siendo descubierto su hurto. Mas el capitán, que era el que había despojado +a mi querida Zoraida, dijo que él se contentaba con la presa que tenía, y +que no quería tocar en ningún puerto de España, sino pasar el estrecho de +Gibraltar de noche, o como pudiese, y irse a la Rochela, de donde había +salido; y así, tomaron por acuerdo de darnos el esquife de su navío, y todo +lo necesario para la corta navegación que nos quedaba, como lo hicieron +otra día, ya a vista de tierra de España, con la cual vista, todas nuestras +pesadumbres y pobrezas se nos olvidaron de todo punto, como si no hubieran +pasado por nosotros: tanto es el gusto de alcanzar la libertad perdida. + +»Cerca de mediodía podría ser cuando nos echaron en la barca, dándonos dos +barriles de agua y algún bizcocho; y el capitán, movido no sé de qué +misericordia, al embarcarse la hermosísima Zoraida, le dio hasta cuarenta +escudos de oro, y no consintió que le quitasen sus soldados estos mesmos +vestidos que ahora tiene puestos. Entramos en el bajel; dímosles las +gracias por el bien que nos hacían, mostrándonos más agradecidos que +quejosos; ellos se hicieron a lo largo, siguiendo la derrota del estrecho; +nosotros, sin mirar a otro norte que a la tierra que se nos mostraba +delante, nos dimos tanta priesa a bogar que al poner del sol estábamos tan +cerca que bien pudiéramos, a nuestro parecer, llegar antes que fuera muy +noche; pero, por no parecer en aquella noche la luna y el cielo mostrarse +escuro, y por ignorar el paraje en que estábamos, no nos pareció cosa +segura embestir en tierra, como a muchos de nosotros les parecía, diciendo +que diésemos en ella, aunque fuese en unas peñas y lejos de poblado, porque +así aseguraríamos el temor que de razón se debía tener que por allí +anduviesen bajeles de cosarios de Tetuán, los cuales anochecen en Berbería +y amanecen en las costas de España, y hacen de ordinario presa, y se +vuelven a dormir a sus casas. Pero, de los contrarios pareceres, el que se +tomó fue que nos llegásemos poco a poco, y que si el sosiego del mar lo +concediese, desembarcásemos donde pudiésemos. + +»Hízose así, y poco antes de la media noche sería cuando llegamos al pie de +una disformísima y alta montaña, no tan junto al mar que no concediese un +poco de espacio para poder desembarcar cómodamente. Embestimos en la arena, +salimos a tierra, besamos el suelo, y, con lágrimas de muy alegrísimo +contento, dimos todos gracias a Dios, Señor Nuestro, por el bien tan +incomparable que nos había hecho. Sacamos de la barca los bastimentos que +tenía, tirámosla en tierra, y subímonos un grandísimo trecho en la montaña, +porque aún allí estábamos, y aún no podíamos asegurar el pecho, ni +acabábamos de creer que era tierra de cristianos la que ya nos sostenía. +Amaneció más tarde, a mi parecer, de lo que quisiéramos. Acabamos de +subir toda la montaña, por ver si desde allí algún poblado se descubría, o +algunas cabañas de pastores; pero, aunque más tendimos la vista, ni +poblado, ni persona, ni senda, ni camino descubrimos. Con todo esto, +determinamos de entrarnos la tierra adentro, pues no podría ser menos sino +que presto descubriésemos quien nos diese noticia della. Pero lo que a mí +más me fatigaba era el ver ir a pie a Zoraida por aquellas asperezas, que, +puesto que alguna vez la puse sobre mis hombros, más le cansaba a ella mi +cansancio que la reposaba su reposo; y así, nunca más quiso que yo aquel +trabajo tomase; y, con mucha paciencia y muestras de alegría, llevándola yo +siempre de la mano, poco menos de un cuarto de legua debíamos de haber +andado, cuando llegó a nuestros oídos el son de una pequeña esquila, señal +clara que por allí cerca había ganado; y, mirando todos con atención si +alguno se parecía, vimos al pie de un alcornoque un pastor mozo, que con +grande reposo y descuido estaba labrando un palo con un cuchillo. Dimos +voces, y él, alzando la cabeza, se puso ligeramente en pie, y, a lo que +después supimos, los primeros que a la vista se le ofrecieron fueron el +renegado y Zoraida, y, como él los vio en hábito de moros, pensó que todos +los de la Berbería estaban sobre él; y, metiéndose con estraña ligereza por +el bosque adelante, comenzó a dar los mayores gritos del mundo diciendo: +''¡Moros, moros hay en la tierra! ¡Moros, moros! ¡Arma, arma!'' + +»Con estas voces quedamos todos confusos, y no sabíamos qué hacernos; pero, +considerando que las voces del pastor habían de alborotar la tierra, y que +la caballería de la costa había de venir luego a ver lo que era, acordamos +que el renegado se desnudase las ropas del turco y se vistiese un +gilecuelco o casaca de cautivo que uno de nosotros le dio luego, aunque se +quedó en camisa; y así, encomendándonos a Dios, fuimos por el mismo camino +que vimos que el pastor llevaba, esperando siempre cuándo había de dar +sobre nosotros la caballería de la costa. Y no nos engañó nuestro +pensamiento, porque, aún no habrían pasado dos horas cuando, habiendo ya +salido de aquellas malezas a un llano, descubrimos hasta cincuenta +caballeros, que con gran ligereza, corriendo a media rienda, a nosotros se +venían, y así como los vimos, nos estuvimos quedos aguardándolos; pero, +como ellos llegaron y vieron, en lugar de los moros que buscaban, tanto +pobre cristiano, quedaron confusos, y uno dellos nos preguntó si éramos +nosotros acaso la ocasión por que un pastor había apellidado al arma. +''Sí'', dije yo; y, queriendo comenzar a decirle mi suceso, y de dónde +veníamos y quién éramos, uno de los cristianos que con nosotros venían +conoció al jinete que nos había hecho la pregunta, y dijo, sin dejarme a mí +decir más palabra: ''¡Gracias sean dadas a Dios, señores, que a tan buena +parte nos ha conducido!, porque, si yo no me engaño, la tierra que pisamos +es la de Vélez Málaga, si ya los años de mi cautiverio no me han quitado de +la memoria el acordarme que vos, señor, que nos preguntáis quién somos, +sois Pedro de Bustamante, tío mío''. Apenas hubo dicho esto el cristiano +cautivo, cuando el jinete se arrojó del caballo y vino a abrazar al mozo, +diciéndole: ''Sobrino de mi alma y de mi vida, ya te conozco, y ya te he +llorado por muerto yo, y mi hermana, tu madre, y todos los tuyos, que aún +viven; y Dios ha sido servido de darles vida para que gocen el placer de +verte: ya sabíamos que estabas en Argel, y por las señales y muestras de +tus vestidos, y la de todos los desta compañía, comprehendo que habéis +tenido milagrosa libertad''. ''Así es —respondió el mozo—, y tiempo nos +quedará para contároslo todo''. + +»Luego que los jinetes entendieron que éramos cristianos cautivos, se +apearon de sus caballos, y cada uno nos convidaba con el suyo para +llevarnos a la ciudad de Vélez Málaga, que legua y media de allí estaba. +Algunos dellos volvieron a llevar la barca a la ciudad, diciéndoles dónde +la habíamos dejado; otros nos subieron a las ancas, y Zoraida fue en las +del caballo del tío del cristiano. Saliónos a recebir todo el pueblo, que +ya de alguno que se había adelantado sabían la nueva de nuestra venida. No +se admiraban de ver cautivos libres, ni moros cautivos, porque toda la +gente de aquella costa está hecha a ver a los unos y a los otros; pero +admirábanse de la hermosura de Zoraida, la cual en aquel instante y sazón +estaba en su punto, ansí con el cansancio del camino como con la alegría de +verse ya en tierra de cristianos, sin sobresalto de perderse; y esto le +había sacado al rostro tales colores que, si no es que la afición entonces +me engañaba, osaré decir que más hermosa criatura no había en el mundo; a +lo menos, que yo la hubiese visto. + +»Fuimos derechos a la iglesia, a dar gracias a Dios por la merced recebida; +y, así como en ella entró Zoraida, dijo que allí había rostros que se +parecían a los de Lela Marién. Dijímosle que eran imágines suyas, y como +mejor se pudo le dio el renegado a entender lo que significaban, para que +ella las adorase como si verdaderamente fueran cada una dellas la misma +Lela Marién que la había hablado. Ella, que tiene buen entendimiento y un +natural fácil y claro, entendió luego cuanto acerca de las imágenes se le +dijo. Desde allí nos llevaron y repartieron a todos en diferentes casas del +pueblo; pero al renegado, Zoraida y a mí nos llevó el cristiano que vino +con nosotros, y en casa de sus padres, que medianamente eran acomodados de +los bienes de fortuna, y nos regalaron con tanto amor como a su mismo hijo. + +»Seis días estuvimos en Vélez, al cabo de los cuales el renegado, hecha su +información de cuanto le convenía, se fue a la ciudad de Granada, a +reducirse por medio de la Santa Inquisición al gremio santísimo de la +Iglesia; los demás cristianos libertados se fueron cada uno donde mejor le +pareció; solos quedamos Zoraida y yo, con solos los escudos que la cortesía +del francés le dio a Zoraida, de los cuales compré este animal en que ella +viene; y, sirviéndola yo hasta agora de padre y escudero, y no de esposo, +vamos con intención de ver si mi padre es vivo, o si alguno de mis hermanos +ha tenido más próspera ventura que la mía, puesto que, por haberme hecho el +cielo compañero de Zoraida, me parece que ninguna otra suerte me pudiera +venir, por buena que fuera, que más la estimara. La paciencia con que +Zoraida lleva las incomodidades que la pobreza trae consigo, y el deseo que +muestra tener de verse ya cristiana es tanto y tal, que me admira y me +mueve a servirla todo el tiempo de mi vida, puesto que el gusto que tengo +de verme suyo y de que ella sea mía me lo turba y deshace no saber si +hallaré en mi tierra algún rincón donde recogella, y si habrán hecho el +tiempo y la muerte tal mudanza en la hacienda y vida de mi padre y hermanos +que apenas halle quien me conozca, si ellos faltan.» No tengo más, señores, +que deciros de mi historia; la cual, si es agradable y peregrina, júzguenlo +vuestros buenos entendimientos; que de mí sé decir que quisiera habérosla +contado más brevemente, puesto que el temor de enfadaros más de cuatro +circustancias me ha quitado de la lengua. + + + + +Capítulo XLII. Que trata de lo que más sucedió en la venta y de otras +muchas cosas dignas de saberse + +Calló, en diciendo esto, el cautivo, a quien don Fernando dijo: + +— Por cierto, señor capitán, el modo con que habéis contado este estraño +suceso ha sido tal, que iguala a la novedad y estrañeza del mesmo caso. +Todo es peregrino y raro, y lleno de accidentes que maravillan y suspenden +a quien los oye; y es de tal manera el gusto que hemos recebido en +escuchalle, que, aunque nos hallara el día de mañana entretenidos en el +mesmo cuento, holgáramos que de nuevo se comenzara. + +Y, en diciendo esto, don Fernando y todos los demás se le ofrecieron, con +todo lo a ellos posible para servirle, con palabras y razones tan amorosas +y tan verdaderas que el capitán se tuvo por bien satisfecho de sus +voluntades. Especialmente, le ofreció don Fernando que si quería volverse +con él, que él haría que el marqués, su hermano, fuese padrino del bautismo +de Zoraida, y que él, por su parte, le acomodaría de manera que pudiese +entrar en su tierra con el autoridad y cómodo que a su persona se debía. +Todo lo agradeció cortesísimamente el cautivo, pero no quiso acetar ninguno +de sus liberales ofrecimientos. + +En esto, llegaba ya la noche, y, al cerrar della, llegó a la venta un +coche, con algunos hombres de a caballo. Pidieron posada; a quien la +ventera respondió que no había en toda la venta un palmo desocupado. + +— Pues, aunque eso sea —dijo uno de los de a caballo que habían entrado—, no +ha de faltar para el señor oidor que aquí viene. + +A este nombre se turbó la güéspeda, y dijo: + +— Señor, lo que en ello hay es que no tengo camas: si es que su merced del +señor oidor la trae, que sí debe de traer, entre en buen hora, que yo y mi +marido nos saldremos de nuestro aposento por acomodar a su merced. + +— Sea en buen hora —dijo el escudero. + +Pero, a este tiempo, ya había salido del coche un hombre, que en el traje +mostró luego el oficio y cargo que tenía, porque la ropa luenga, con las +mangas arrocadas, que vestía, mostraron ser oidor, como su criado había +dicho. Traía de la mano a una doncella, al parecer de hasta diez y seis +años, vestida de camino, tan bizarra, tan hermosa y tan gallarda que a +todos puso en admiración su vista; de suerte que, a no haber visto a +Dorotea y a Luscinda y Zoraida, que en la venta estaban, creyeran que otra +tal hermosura como la desta doncella difícilmente pudiera hallarse. Hallóse +don Quijote al entrar del oidor y de la doncella, y, así como le vio, dijo: + +— Seguramente puede vuestra merced entrar y espaciarse en este castillo, +que, aunque es estrecho y mal acomodado, no hay estrecheza ni incomodidad +en el mundo que no dé lugar a las armas y a las letras, y más si las armas +y letras traen por guía y adalid a la fermosura, como la traen las letras +de vuestra merced en esta fermosa doncella, a quien deben no sólo abrirse y +manifestarse los castillos, sino apartarse los riscos, y devidirse y +abajarse las montañas, para dalle acogida. Entre vuestra merced, digo, en +este paraíso, que aquí hallará estrellas y soles que acompañen el cielo que +vuestra merced trae consigo; aquí hallará las armas en su punto y la +hermosura en su estremo. + +Admirado quedó el oidor del razonamiento de don Quijote, a quien se puso a +mirar muy de propósito, y no menos le admiraba su talle que sus palabras; +y, sin hallar ningunas con que respondelle, se tornó a admirar de nuevo +cuando vio delante de sí a Luscinda, Dorotea y a Zoraida, que, a las nuevas +de los nuevos güéspedes y a las que la ventera les había dado de la +hermosura de la doncella, habían venido a verla y a recebirla. Pero don +Fernando, Cardenio y el cura le hicieron más llanos y más cortesanos +ofrecimientos. En efecto, el señor oidor entró confuso, así de lo que veía +como de lo que escuchaba, y las hermosas de la venta dieron la bienllegada +a la hermosa doncella. + +En resolución, bien echó de ver el oidor que era gente principal toda la +que allí estaba; pero el talle, visaje y la apostura de don Quijote le +desatinaba; y, habiendo pasado entre todos corteses ofrecimientos y +tanteado la comodidad de la venta, se ordenó lo que antes estaba ordenado: +que todas las mujeres se entrasen en el camaranchón ya referido, y que los +hombres se quedasen fuera, como en su guarda. Y así, fue contento el oidor +que su hija, que era la doncella, se fuese con aquellas señoras, lo que +ella hizo de muy buena gana. Y con parte de la estrecha cama del ventero, y +con la mitad de la que el oidor traía, se acomodaron aquella noche mejor de +lo que pensaban. + +El cautivo, que, desde el punto que vio al oidor, le dio saltos el corazón +y barruntos de que aquél era su hermano, preguntó a uno de los criados que +con él venían que cómo se llamaba y si sabía de qué tierra era. El criado +le respondió que se llamaba el licenciado Juan Pérez de Viedma, y que había +oído decir que era de un lugar de las montañas de León. Con esta relación y +con lo que él había visto se acabó de confirmar de que aquél era su +hermano, que había seguido las letras por consejo de su padre; y, +alborotado y contento, llamando aparte a don Fernando, a Cardenio y al +cura, les contó lo que pasaba, certificándoles que aquel oidor era su +hermano. Habíale dicho también el criado como iba proveído por oidor a las +Indias, en la Audiencia de Méjico. Supo también como aquella doncella era +su hija, de cuyo parto había muerto su madre, y que él había quedado muy +rico con el dote que con la hija se le quedó en casa. Pidióles consejo qué +modo tendría para descubrirse, o para conocer primero si, después de +descubierto, su hermano, por verle pobre, se afrentaba o le recebía con +buenas entrañas. + +— Déjeseme a mí el hacer esa experiencia —dijo el cura—; cuanto más, que no +hay pensar sino que vos, señor capitán, seréis muy bien recebido; porque el +valor y prudencia que en su buen parecer descubre vuestro hermano no da +indicios de ser arrogante ni desconocido, ni que no ha de saber poner los +casos de la fortuna en su punto. + +— Con todo eso —dijo el capitán— yo querría, no de improviso, sino por +rodeos, dármele a conocer. + +— Ya os digo —respondió el cura— que yo lo trazaré de modo que todos +quedemos satisfechos. + +Ya, en esto, estaba aderezada la cena, y todos se sentaron a la mesa, eceto +el cautivo y las señoras, que cenaron de por sí en su aposento. En la mitad +de la cena dijo el cura: + +— Del mesmo nombre de vuestra merced, señor oidor, tuve yo una camarada en +Costantinopla, donde estuve cautivo algunos años; la cual camarada era uno +de los valientes soldados y capitanes que había en toda la infantería +española, pero tanto cuanto tenía de esforzado y valeroso lo tenía de +desdichado. + +— Y ¿cómo se llamaba ese capitán, señor mío? —preguntó el oidor. + +— Llamábase —respondió el cura— Ruy Pérez de Viedma, y era natural de un +lugar de las montañas de León, el cual me contó un caso que a su padre +con sus hermanos le había sucedido, que, a no contármelo un hombre tan +verdadero como él, lo tuviera por conseja de aquellas que las viejas +cuentan el invierno al fuego. Porque me dijo que su padre había dividido su +hacienda entre tres hijos que tenía, y les había dado ciertos consejos, +mejores que los de Catón. Y sé yo decir que el que él escogió de venir a la +guerra le había sucedido tan bien que en pocos años, por su valor y +esfuerzo, sin otro brazo que el de su mucha virtud, subió a ser capitán de +infantería, y a verse en camino y predicamento de ser presto maestre de +campo. Pero fuele la fortuna contraria, pues donde la pudiera esperar y +tener buena, allí la perdió, con perder la libertad en la felicísima +jornada donde tantos la cobraron, que fue en la batalla de Lepanto. Yo la +perdí en la Goleta, y después, por diferentes sucesos, nos hallamos +camaradas en Costantinopla. Desde allí vino a Argel, donde sé que le +sucedió uno de los más estraños casos que en el mundo han sucedido. + +De aquí fue prosiguiendo el cura, y, con brevedad sucinta, contó lo que con +Zoraida a su hermano había sucedido; a todo lo cual estaba tan atento el +oidor, que ninguna vez había sido tan oidor como entonces. Sólo llegó el +cura al punto de cuando los franceses despojaron a los cristianos que en la +barca venían, y la pobreza y necesidad en que su camarada y la hermosa mora +habían quedado; de los cuales no había sabido en qué habían parado, ni si +habían llegado a España, o llevádolos los franceses a Francia. + +Todo lo que el cura decía estaba escuchando, algo de allí desviado, el +capitán, y notaba todos los movimientos que su hermano hacía; el cual, +viendo que ya el cura había llegado al fin de su cuento, dando un grande +suspiro y llenándosele los ojos de agua, dijo: + +— ¡Oh, señor, si supiésedes las nuevas que me habéis contado, y cómo me +tocan tan en parte que me es forzoso dar muestras dello con estas lágrimas +que, contra toda mi discreción y recato, me salen por los ojos! Ese capitán +tan valeroso que decís es mi mayor hermano, el cual, como más fuerte y de +más altos pensamientos que yo ni otro hermano menor mío, escogió el honroso +y digno ejercicio de la guerra, que fue uno de los tres caminos que nuestro +padre nos propuso, según os dijo vuestra camarada en la conseja que, a +vuestro parecer, le oístes. Yo seguí el de las letras, en las cuales Dios y +mi diligencia me han puesto en el grado que me veis. Mi menor hermano está +en el Pirú, tan rico que con lo que ha enviado a mi padre y a mí ha +satisfecho bien la parte que él se llevó, y aun dado a las manos de mi +padre con que poder hartar su liberalidad natural; y yo, ansimesmo, he +podido con más decencia y autoridad tratarme en mis estudios y llegar al +puesto en que me veo. Vive aún mi padre, muriendo con el deseo de saber de +su hijo mayor, y pide a Dios con continuas oraciones no cierre la muerte +sus ojos hasta que él vea con vida a los de su hijo; del cual me maravillo, +siendo tan discreto, cómo en tantos trabajos y afliciones, o prósperos +sucesos, se haya descuidado de dar noticia de sí a su padre; que si él lo +supiera, o alguno de nosotros, no tuviera necesidad de aguardar al milagro +de la caña para alcanzar su rescate. Pero de lo que yo agora me temo es de +pensar si aquellos franceses le habrán dado libertad, o le habrán muerto +por encubrir su hurto. Esto todo será que yo prosiga mi viaje, no con aquel +contento con que le comencé, sino con toda melancolía y tristeza. ¡Oh buen +hermano mío, y quién supiera agora dónde estabas; que yo te fuera a buscar +y a librar de tus trabajos, aunque fuera a costa de los míos! ¡Oh, quién +llevara nuevas a nuestro viejo padre de que tenías vida, aunque estuvieras +en las mazmorras más escondidas de Berbería; que de allí te sacaran sus +riquezas, las de mi hermano y las mías! ¡Oh Zoraida hermosa y liberal, +quién pudiera pagar el bien que a un hermano hiciste!; ¡quién pudiera +hallarse al renacer de tu alma, y a las bodas, que tanto gusto a todos nos +dieran! + +Estas y otras semejantes palabras decía el oidor, lleno de tanta compasión +con las nuevas que de su hermano le habían dado, que todos los que le oían +le acompañaban en dar muestras del sentimiento que tenían de su lástima. + +Viendo, pues, el cura que tan bien había salido con su intención y con lo +que deseaba el capitán, no quiso tenerlos a todos más tiempo tristes, y +así, se levantó de la mesa, y, entrando donde estaba Zoraida, la tomó por +la mano, y tras ella se vinieron Luscinda, Dorotea y la hija del oidor. +Estaba esperando el capitán a ver lo que el cura quería hacer, que fue que, +tomándole a él asimesmo de la otra mano, con entrambos a dos se fue donde +el oidor y los demás caballeros estaban, y dijo: + +— Cesen, señor oidor, vuestras lágrimas, y cólmese vuestro deseo de todo el +bien que acertare a desearse, pues tenéis delante a vuestro buen hermano y +a vuestra buena cuñada. Éste que aquí veis es el capitán Viedma, y ésta, la +hermosa mora que tanto bien le hizo. Los franceses que os dije los pusieron +en la estrecheza que veis, para que vos mostréis la liberalidad de vuestro +buen pecho. + +Acudió el capitán a abrazar a su hermano, y él le puso ambas manos en los +pechos por mirarle algo más apartado; mas, cuando le acabó de conocer, le +abrazó tan estrechamente, derramando tan tiernas lágrimas de contento,que +los más de los que presentes estaban le hubieron de acompañar en ellas. Las +palabras que entrambos hermanos se dijeron, los sentimientos que mostraron, +apenas creo que pueden pensarse, cuanto más escribirse. Allí, en breves +razones, se dieron cuenta de sus sucesos; allí mostraron puesta en su punto +la buena amistad de dos hermanos; allí abrazó el oidor a Zoraida; allí la +ofreció su hacienda; allí hizo que la abrazase su hija; allí la cristiana +hermosa y la mora hermosísima renovaron las lágrimas de todos. + +Allí don Quijote estaba atento, sin hablar palabra, considerando estos tan +estraños sucesos, atribuyéndolos todos a quimeras de la andante caballería. +Allí concertaron que el capitán y Zoraida se volviesen con su hermano a +Sevilla y avisasen a su padre de su hallazgo y libertad, para que, como +pudiese, viniese a hallarse en las bodas y bautismo de Zoraida, por no le +ser al oidor posible dejar el camino que llevaba, a causa de tener nuevas +que de allí a un mes partía la flota de Sevilla a la Nueva España, y +fuérale de grande incomodidad perder el viaje. + +En resolución, todos quedaron contentos y alegres del buen suceso del +cautivo; y, como ya la noche iba casi en las dos partes de su jornada, +acordaron de recogerse y reposar lo que de ella les quedaba. Don Quijote se +ofreció a hacer la guardia del castillo, porque de algún gigante o otro mal +andante follón no fuesen acometidos, codiciosos del gran tesoro de +hermosura que en aquel castillo se encerraba. Agradeciéronselo los que le +conocían, y dieron al oidor cuenta del humor estraño de don Quijote, de que +no poco gusto recibió. + +Sólo Sancho Panza se desesperaba con la tardanza del recogimiento, y sólo +él se acomodó mejor que todos, echándose sobre los aparejos de su jumento, +que le costaron tan caros como adelante se dirá. + +Recogidas, pues, las damas en su estancia, y los demás acomodádose como +menos mal pudieron, don Quijote se salió fuera de la venta a hacer la +centinela del castillo, como lo había prometido. + +Sucedió, pues, que faltando poco por venir el alba, llegó a los oídos de +las damas una voz tan entonada y tan buena, que les obligó a que todas le +prestasen atento oído, especialmente Dorotea, que despierta estaba, a cuyo +lado dormía doña Clara de Viedma, que ansí se llamaba la hija del oidor. +Nadie podía imaginar quién era la persona que tan bien cantaba, y era una +voz sola, sin que la acompañase instrumento alguno. Unas veces les parecía +que cantaban en el patio; otras, que en la caballeriza; y, estando en esta +confusión muy atentas, llegó a la puerta del aposento Cardenio y dijo: + +— Quien no duerme, escuche; que oirán una voz de un mozo de mulas, que de +tal manera canta que encanta. + +— Ya lo oímos, señor —respondió Dorotea. + +Y, con esto, se fue Cardenio; y Dorotea, poniendo toda la atención posible, +entendió que lo que se cantaba era esto: + + + + +Capítulo XLIII. Donde se cuenta la agradable historia del mozo de mulas, +con otros estraños acaecimientos en la venta sucedidos] + +-Marinero soy de amor, +y en su piélago profundo +navego sin esperanza +de llegar a puerto alguno. +Siguiendo voy a una estrella +que desde lejos descubro, +más bella y resplandeciente +que cuantas vio Palinuro. +Yo no sé adónde me guía, +y así, navego confuso, +el alma a mirarla atenta, +cuidadosa y con descuido. +Recatos impertinentes, +honestidad contra el uso, +son nubes que me la encubren +cuando más verla procuro. +¡Oh clara y luciente estrella, +en cuya lumbre me apuro!; +al punto que te me encubras, +será de mi muerte el punto. + +Llegando el que cantaba a este punto, le pareció a Dorotea que no sería +bien que dejase Clara de oír una tan buena voz; y así, moviéndola a una y a +otra parte, la despertó diciéndole: + +— Perdóname, niña, que te despierto, pues lo hago porque gustes de oír la +mejor voz que quizá habrás oído en toda tu vida. + +Clara despertó toda soñolienta, y de la primera vez no entendió lo que +Dorotea le decía; y, volviéndoselo a preguntar, ella se lo volvió a decir, +por lo cual estuvo atenta Clara. Pero, apenas hubo oído dos versos que el +que cantaba iba prosiguiendo, cuando le tomó un temblor tan estraño como si +de algún grave accidente de cuartana estuviera enferma, y, abrazándose +estrechamente con Teodora, le dijo: + +— ¡Ay señora de mi alma y de mi vida!, ¿para qué me despertastes?; que el +mayor bien que la fortuna me podía hacer por ahora era tenerme cerrados los +ojos y los oídos, para no ver ni oír a ese desdichado músico. + +— ¿Qué es lo que dices, niña?; mira que dicen que el que canta es un mozo de +mulas. + +— No es sino señor de lugares —respondió Clara—, y el que le tiene en mi +alma con tanta seguridad que si él no quiere dejalle, no le será quitado +eternamente. + +Admirada quedó Dorotea de las sentidas razones de la muchacha, pareciéndole +que se aventajaban en mucho a la discreción que sus pocos años prometían; y +así, le dijo: + +— Habláis de modo, señora Clara, que no puedo entenderos: declaraos más y +decidme qué es lo que decís de alma y de lugares, y deste músico, cuya voz +tan inquieta os tiene. Pero no me digáis nada por ahora, que no quiero +perder, por acudir a vuestro sobresalto, el gusto que recibo de oír al que +canta; que me parece que con nuevos versos y nuevo tono torna a su canto. + +— Sea en buen hora —respondió Clara. + +Y, por no oílle, se tapó con las manos entrambos oídos, de lo que también +se admiró Dorotea; la cual, estando atenta a lo que se cantaba, vio que +proseguían en esta manera: + +-Dulce esperanza mía, +que, rompiendo imposibles y malezas, +sigues firme la vía +que tú mesma te finges y aderezas: +no te desmaye el verte +a cada paso junto al de tu muerte. +No alcanzan perezosos +honrados triunfos ni vitoria alguna, +ni pueden ser dichosos +los que, no contrastando a la fortuna, +entregan, desvalidos, +al ocio blando todos los sentidos. +Que amor sus glorias venda +caras, es gran razón, y es trato justo, +pues no hay más rica prenda +que la que se quilata por su gusto; +y es cosa manifiesta +que no es de estima lo que poco cuesta. +Amorosas porfías +tal vez alcanzan imposibles cosas; +y ansí, aunque con las mías +sigo de amor las más dificultosas, +no por eso recelo +de no alcanzar desde la tierra el cielo. + +Aquí dio fin la voz, y principio a nuevos sollozos Clara. Todo lo cual +encendía el deseo de Dorotea, que deseaba saber la causa de tan suave canto +y de tan triste lloro. Y así, le volvió a preguntar qué era lo que le +quería decir denantes. Entonces Clara, temerosa de que Luscinda no la +oyese, abrazando estrechamente a Dorotea, puso su boca tan junto del oído +de Dorotea, que seguramente podía hablar sin ser de otro sentida, y así le +dijo: + +— Este que canta, señora mía, es un hijo de un caballero natural del reino +de Aragón, señor de dos lugares, el cual vivía frontero de la casa de mi +padre en la Corte; y, aunque mi padre tenía las ventanas de su casa con +lienzos en el invierno y celosías en el verano, yo no sé lo que fue, ni lo +que no, que este caballero, que andaba al estudio, me vio, ni sé si en la +iglesia o en otra parte. Finalmente, él se enamoró de mí, y me lo dio a +entender desde las ventanas de su casa con tantas señas y con tantas +lágrimas, que yo le hube de creer, y aun querer, sin saber lo que me +quería. Entre las señas que me hacía, era una de juntarse la una mano con +la otra, dándome a entender que se casaría conmigo; y, aunque yo me +holgaría mucho de que ansí fuera, como sola y sin madre, no sabía con quién +comunicallo, y así, lo dejé estar sin dalle otro favor si no era, cuando +estaba mi padre fuera de casa y el suyo también, alzar un poco el lienzo o +la celosía y dejarme ver toda, de lo que él hacía tanta fiesta, que daba +señales de volverse loco. Llegóse en esto el tiempo de la partida de mi +padre, la cual él supo, y no de mí, pues nunca pude decírselo. Cayó malo, a +lo que yo entiendo, de pesadumbre; y así, el día que nos partimos nunca +pude verle para despedirme dél, siquiera con los ojos. Pero, a cabo de dos +días que caminábamos, al entrar de una posada, en un lugar una jornada de +aquí, le vi a la puerta del mesón, puesto en hábito de mozo de mulas, tan +al natural que si yo no le trujera tan retratado en mi alma fuera imposible +conocelle. Conocíle, admiréme y alegréme; él me miró a hurto de mi padre, +de quien él siempre se esconde cuando atraviesa por delante de mí en los +caminos y en las posadas do llegamos; y, como yo sé quién es, y considero +que por amor de mí viene a pie y con tanto trabajo, muérome de pesadumbre, +y adonde él pone los pies pongo yo los ojos. No sé con qué intención viene, +ni cómo ha podido escaparse de su padre, que le quiere estraordinariamente, +porque no tiene otro heredero, y porque él lo merece, como lo verá vuestra +merced cuando le vea. Y más le sé decir: que todo aquello que canta lo saca +de su cabeza; que he oído decir que es muy gran estudiante y poeta. Y hay +más: que cada vez que le veo o le oigo cantar, tiemblo toda y me +sobresalto, temerosa de que mi padre le conozca y venga en conocimiento de +nuestros deseos. En mi vida le he hablado palabra, y, con todo eso, le +quiero de manera que no he de poder vivir sin él. Esto es, señora mía, todo +lo que os puedo decir deste músico, cuya voz tanto os ha contentado; que en +sola ella echaréis bien de ver que no es mozo de mulas, como decís, sino +señor de almas y lugares, como yo os he dicho. + +— No digáis más, señora doña Clara —dijo a esta sazón Dorotea, y esto, +besándola mil veces—; no digáis más, digo, y esperad que venga el nuevo +día, que yo espero en Dios de encaminar de manera vuestros negocios, que +tengan el felice fin que tan honestos principios merecen. + +— ¡Ay señora! —dijo doña Clara—, ¿qué fin se puede esperar, si su padre es +tan principal y tan rico que le parecerá que aun yo no puedo ser criada de +su hijo, cuanto más esposa? Pues casarme yo a hurto de mi padre, no lo haré +por cuanto hay en el mundo. No querría sino que este mozo se volviese y me +dejase; quizá con no velle y con la gran distancia del camino que llevamos +se me aliviaría la pena que ahora llevo, aunque sé decir que este remedio +que me imagino me ha de aprovechar bien poco. No sé qué diablos ha sido +esto, ni por dónde se ha entrado este amor que le tengo, siendo yo tan +muchacha y él tan muchacho, que en verdad que creo que somos de una edad +mesma, y que yo no tengo cumplidos diez y seis años; que para el día de San +Miguel que vendrá dice mi padre que los cumplo. + +No pudo dejar de reírse Dorotea, oyendo cuán como niña hablaba doña Clara, +a quien dijo: + +— Reposemos, señora, lo poco que creo queda de la noche, y amanecerá Dios y +medraremos, o mal me andarán las manos. + +Sosegáronse con esto, y en toda la venta se guardaba un grande silencio; +solamente no dormían la hija de la ventera y Maritornes, su criada, las +cuales, como ya sabían el humor de que pecaba don Quijote, y que estaba +fuera de la venta armado y a caballo haciendo la guarda, determinaron las +dos de hacelle alguna burla, o, a lo menos, de pasar un poco el tiempo +oyéndole sus disparates. + +Es, pues, el caso que en toda la venta no había ventana que saliese al +campo, sino un agujero de un pajar, por donde echaban la paja por defuera. +A este agujero se pusieron las dos semidoncellas, y vieron que don Quijote +estaba a caballo, recostado sobre su lanzón, dando de cuando en cuando tan +dolientes y profundos suspiros que parecía, que con cada uno se le +arrancaba el alma. Y asimesmo oyeron que decía con voz blanda, regalada y +amorosa: + +— ¡Oh mi señora Dulcinea del Toboso, estremo de toda hermosura, fin y remate +de la discreción, archivo del mejor donaire, depósito de la honestidad, y, +ultimadamente, idea de todo lo provechoso, honesto y deleitable que hay en +el mundo! Y ¿qué fará agora la tu merced? ¿Si tendrás por ventura las +mientes en tu cautivo caballero, que a tantos peligros, por sólo servirte, +de su voluntad ha querido ponerse? Dame tú nuevas della, ¡oh luminaria de +las tres caras! Quizá con envidia de la suya la estás ahora mirando; que, o +paseándose por alguna galería de sus suntuosos palacios, o ya puesta de +pechos sobre algún balcón, está considerando cómo, salva su honestidad y +grandeza, ha de amansar la tormenta que por ella este mi cuitado corazón +padece, qué gloria ha de dar a mis penas, qué sosiego a mi cuidado y, +finalmente, qué vida a mi muerte y qué premio a mis servicios. Y tú, sol, +que ya debes de estar apriesa ensillando tus caballos, por madrugar y salir +a ver a mi señora, así como la veas, suplícote que de mi parte la saludes; +pero guárdate que al verla y saludarla no le des paz en el rostro, que +tendré más celos de ti que tú los tuviste de aquella ligera ingrata que +tanto te hizo sudar y correr por los llanos de Tesalia, o por las riberas +de Peneo, que no me acuerdo bien por dónde corriste entonces celoso y +enamorado. + +A este punto llegaba entonces don Quijote en su tan lastimero +razonamiento, cuando la hija de la ventera le comenzó a cecear y a +decirle: + +— Señor mío, lléguese acá la vuestra merced si es servido. + +A cuyas señas y voz volvió don Quijote la cabeza, y vio, a la luz de la +luna, que entonces estaba en toda su claridad, cómo le llamaban del agujero +que a él le pareció ventana, y aun con rejas doradas, como conviene que las +tengan tan ricos castillos como él se imaginaba que era aquella venta; y +luego en el instante se le representó en su loca imaginación que otra vez, +como la pasada, la doncella fermosa, hija de la señora de aquel castillo, +vencida de su amor, tornaba a solicitarle; y con este pensamiento, por no +mostrarse descortés y desagradecido, volvió las riendas a Rocinante y se +llegó al agujero, y, así como vio a las dos mozas, dijo: + +— Lástima os tengo, fermosa señora, de que hayades puesto vuestras amorosas +mientes en parte donde no es posible corresponderos conforme merece vuestro +gran valor y gentileza; de lo que no debéis dar culpa a este miserable +andante caballero, a quien tiene amor imposibilitado de poder entregar su +voluntad a otra que aquella que, en el punto que sus ojos la vieron, la +hizo señora absoluta de su alma. Perdonadme, buena señora, y recogeos en +vuestro aposento, y no queráis, con significarme más vuestros deseos, que +yo me muestre más desagradecido; y si del amor que me tenéis halláis en mí +otra cosa con que satisfaceros, que el mismo amor no sea, pedídmela; que yo +os juro, por aquella ausente enemiga dulce mía, de dárosla en continente, +si bien me pidiésedes una guedeja de los cabellos de Medusa, que eran todos +culebras, o ya los mesmos rayos del sol encerrados en una redoma. + +— No ha menester nada deso mi señora, señor caballero —dijo a este punto +Maritornes. + +— Pues, ¿qué ha menester, discreta dueña, vuestra señora? —respondió don +Quijote. + +— Sola una de vuestras hermosas manos —dijo Maritornes—, por poder deshogar +con ella el gran deseo que a este agujero la ha traído, tan a peligro de su +honor que si su señor padre la hubiera sentido, la menor tajada della fuera +la oreja. + +— ¡Ya quisiera yo ver eso! —respondió don Quijote—; pero él se guardará bien +deso, si ya no quiere hacer el más desastrado fin que padre hizo en el +mundo, por haber puesto las manos en los delicados miembros de su enamorada +hija. + +Parecióle a Maritornes que sin duda don Quijote daría la mano que le habían +pedido, y, proponiendo en su pensamiento lo que había de hacer, se bajó del +agujero y se fue a la caballeriza, donde tomó el cabestro del jumento de +Sancho Panza, y con mucha presteza se volvió a su agujero, a tiempo que don +Quijote se había puesto de pies sobre la silla de Rocinante, por alcanzar a +la ventana enrejada, donde se imaginaba estar la ferida doncella; y, al +darle la mano, dijo: + +— Tomad, señora, esa mano, o, por mejor decir, ese verdugo de los +malhechores del mundo; tomad esa mano, digo, a quien no ha tocado otra de +mujer alguna, ni aun la de aquella que tiene entera posesión de todo mi +cuerpo. No os la doy para que la beséis, sino para que miréis la contestura +de sus nervios, la trabazón de sus músculos, la anchura y espaciosidad de +sus venas; de donde sacaréis qué tal debe de ser la fuerza del brazo que +tal mano tiene. + +— Ahora lo veremos —dijo Maritornes. + +Y, haciendo una lazada corrediza al cabestro, se la echó a la muñeca, y, +bajándose del agujero, ató lo que quedaba al cerrojo de la puerta del pajar +muy fuertemente. Don Quijote, que sintió la aspereza del cordel en su +muñeca, dijo: + +— Más parece que vuestra merced me ralla que no que me regala la mano; no la +tratéis tan mal, pues ella no tiene la culpa del mal que mi voluntad os +hace, ni es bien que en tan poca parte venguéis el todo de vuestro enojo. +Mirad que quien quiere bien no se venga tan mal. + +Pero todas estas razones de don Quijote ya no las escuchaba nadie, porque, +así como Maritornes le ató, ella y la otra se fueron, muertas de risa, y le +dejaron asido de manera que fue imposible soltarse. + +Estaba, pues, como se ha dicho, de pies sobre Rocinante, metido todo el +brazo por el agujero y atado de la muñeca, y al cerrojo de la puerta, con +grandísimo temor y cuidado, que si Rocinante se desviaba a un cabo o a +otro, había de quedar colgado del brazo; y así, no osaba hacer movimiento +alguno, puesto que de la paciencia y quietud de Rocinante bien se podía +esperar que estaría sin moverse un siglo entero. + +En resolución, viéndose don Quijote atado, y que ya las damas se habían +ido, se dio a imaginar que todo aquello se hacía por vía de encantamento, +como la vez pasada, cuando en aquel mesmo castillo le molió aquel moro +encantado del arriero; y maldecía entre sí su poca discreción y discurso, +pues, habiendo salido tan mal la vez primera de aquel castillo, se había +aventurado a entrar en él la segunda, siendo advertimiento de caballeros +andantes que, cuando han probado una aventura y no salido bien con ella, es +señal que no está para ellos guardada, sino para otros; y así, no tienen +necesidad de probarla segunda vez. Con todo esto, tiraba de su brazo, por +ver si podía soltarse; mas él estaba tan bien asido, que todas sus pruebas +fueron en vano. Bien es verdad que tiraba con tiento, porque Rocinante no +se moviese; y, aunque él quisiera sentarse y ponerse en la silla, no podía +sino estar en pie, o arrancarse la mano. + +Allí fue el desear de la espada de Amadís, contra quien no tenía fuerza de +encantamento alguno; allí fue el maldecir de su fortuna; allí fue el +exagerar la falta que haría en el mundo su presencia el tiempo que allí +estuviese encantado, que sin duda alguna se había creído que lo estaba; +allí el acordarse de nuevo de su querida Dulcinea del Toboso; allí fue el +llamar a su buen escudero Sancho Panza, que, sepultado en sueño y tendido +sobre el albarda de su jumento, no se acordaba en aquel instante de la +madre que lo había parido; allí llamó a los sabios Lirgandeo y Alquife, que +le ayudasen; allí invocó a su buena amiga Urganda, que le socorriese, y, +finalmente, allí le tomó la mañana, tan desesperado y confuso que bramaba +como un toro; porque no esperaba él que con el día se remediara su cuita, +porque la tenía por eterna, teniéndose por encantado. Y hacíale creer esto +ver que Rocinante poco ni mucho se movía, y creía que de aquella suerte, +sin comer ni beber ni dormir, habían de estar él y su caballo, hasta que +aquel mal influjo de las estrellas se pasase, o hasta que otro más sabio +encantador le desencantase. + +Pero engañóse mucho en su creencia, porque, apenas comenzó a amanecer, +cuando llegaron a la venta cuatro hombres de a caballo, muy bien puestos y +aderezados, con sus escopetas sobre los arzones. Llamaron a la puerta de la +venta, que aún estaba cerrada, con grandes golpes; lo cual, visto por don +Quijote desde donde aún no dejaba de hacer la centinela, con voz arrogante +y alta dijo: + +— Caballeros, o escuderos, o quienquiera que seáis: no tenéis para qué +llamar a las puertas deste castillo; que asaz de claro está que a tales +horas, o los que están dentro duermen, o no tienen por costumbre de abrirse +las fortalezas hasta que el sol esté tendido por todo el suelo. Desviaos +afuera, y esperad que aclare el día, y entonces veremos si será justo o no +que os abran. + +— ¿Qué diablos de fortaleza o castillo es éste —dijo uno—, para obligarnos a +guardar esas ceremonias? Si sois el ventero, mandad que nos abran, que +somos caminantes que no queremos más de dar cebada a nuestras cabalgaduras +y pasar adelante, porque vamos de priesa. + +— ¿Paréceos, caballeros, que tengo yo talle de ventero? —respondió don +Quijote. + +— No sé de qué tenéis talle —respondió el otro—, pero sé que decís +disparates en llamar castillo a esta venta. + +— Castillo es —replicó don Quijote—, y aun de los mejores de toda esta +provincia; y gente tiene dentro que ha tenido cetro en la mano y corona en +la cabeza. + +— Mejor fuera al revés —dijo el caminante—: el cetro en la cabeza y la +corona en la mano. Y será, si a mano viene, que debe de estar dentro alguna +compañía de representantes, de los cuales es tener a menudo esas coronas y +cetros que decís, porque en una venta tan pequeña, y adonde se guarda tanto +silencio como ésta, no creo yo que se alojan personas dignas de corona y +cetro. + +— Sabéis poco del mundo —replicó don Quijote—, pues ignoráis los casos que +suelen acontecer en la caballería andante. + +Cansábanse los compañeros que con el preguntante venían del coloquio que +con don Quijote pasaba, y así, tornaron a llamar con grande furia; y fue de +modo que el ventero despertó, y aun todos cuantos en la venta estaban; y +así, se levantó a preguntar quién llamaba. Sucedió en este tiempo que una +de las cabalgaduras en que venían los cuatro que llamaban se llegó a oler a +Rocinante, que, melancólico y triste, con las orejas caídas, sostenía sin +moverse a su estirado señor; y como, en fin, era de carne, aunque parecía +de leño, no pudo dejar de resentirse y tornar a oler a quien le llegaba a +hacer caricias; y así, no se hubo movido tanto cuanto, cuando se desviaron +los juntos pies de don Quijote, y, resbalando de la silla, dieran con él en +el suelo, a no quedar colgado del brazo: cosa que le causó tanto dolor que +creyó o que la muñeca le cortaban, o que el brazo se le arrancaba; porque +él quedó tan cerca del suelo que con los estremos de las puntas de los pies +besaba la tierra, que era en su perjuicio, porque, como sentía lo poco que +le faltaba para poner las plantas en la tierra, fatigábase y estirábase +cuanto podía por alcanzar al suelo: bien así como los que están en el +tormento de la garrucha, puestos a toca, no toca, que ellos mesmos son +causa de acrecentar su dolor, con el ahínco que ponen en estirarse, +engañados de la esperanza que se les representa, que con poco más que se +estiren llegarán al suelo. + + + + +Capítulo XLIV. Donde se prosiguen los inauditos sucesos de la venta + +En efeto, fueron tantas las voces que don Quijote dio, que, abriendo de +presto las puertas de la venta, salió el ventero, despavorido, a ver quién +tales gritos daba, y los que estaban fuera hicieron lo mesmo. Maritornes, +que ya había despertado a las mismas voces, imaginando lo que podía ser, se +fue al pajar y desató, sin que nadie lo viese, el cabestro que a don +Quijote sostenía, y él dio luego en el suelo, a vista del ventero y de los +caminantes, que, llegándose a él, le preguntaron qué tenía, que tales voces +daba. Él, sin responder palabra, se quitó el cordel de la muñeca, y, +levantándose en pie, subió sobre Rocinante, embrazó su adarga, enristró su +lanzón, y, tomando buena parte del campo, volvió a medio galope, diciendo: + +— Cualquiera que dijere que yo he sido con justo título encantado, como mi +señora la princesa Micomicona me dé licencia para ello, yo le desmiento, le +rieto y desafío a singular batalla. + +Admirados se quedaron los nuevos caminantes de las palabras de don Quijote, +pero el ventero les quitó de aquella admiración, diciéndoles que era don +Quijote, y que no había que hacer caso dél, porque estaba fuera de juicio. + +Preguntáronle al ventero si acaso había llegado a aquella venta un muchacho +de hasta edad de quince años, que venía vestido como mozo de mulas, de +tales y tales señas, dando las mesmas que traía el amante de doña Clara. El +ventero respondió que había tanta gente en la venta, que no había echado de +ver en el que preguntaban. Pero, habiendo visto uno dellos el coche donde +había venido el oidor, dijo: + +— Aquí debe de estar sin duda, porque éste es el coche que él dicen que +sigue; quédese uno de nosotros a la puerta y entren los demás a buscarle; y +aun sería bien que uno de nosotros rodease toda la venta, porque no se +fuese por las bardas de los corrales. + +— Así se hará —respondió uno dellos. + +Y, entrándose los dos dentro, uno se quedó a la puerta y el otro se fue a +rodear la venta; todo lo cual veía el ventero, y no sabía atinar para qué +se hacían aquellas diligencias, puesto que bien creyó que buscaban aquel +mozo cuyas señas le habían dado. + +Ya a esta sazón aclaraba el día; y, así por esto como por el ruido que don +Quijote había hecho, estaban todos despiertos y se levantaban, +especialmente doña Clara y Dorotea, que la una con sobresalto de tener tan +cerca a su amante, y la otra con el deseo de verle, habían podido dormir +bien mal aquella noche. Don Quijote, que vio que ninguno de los cuatro +caminantes hacía caso dél, ni le respondían a su demanda, moría y rabiaba +de despecho y saña; y si él hallara en las ordenanzas de su caballería que +lícitamente podía el caballero andante tomar y emprender otra empresa, +habiendo dado su palabra y fe de no ponerse en ninguna hasta acabar la que +había prometido, él embistiera con todos, y les hiciera responder mal de su +grado. Pero, por parecerle no convenirle ni estarle bien comenzar nueva +empresa hasta poner a Micomicona en su reino, hubo de callar y estarse +quedo, esperando a ver en qué paraban las diligencias de aquellos +caminantes; uno de los cuales halló al mancebo que buscaba, durmiendo al +lado de un mozo de mulas, bien descuidado de que nadie ni le buscase, ni +menos de que le hallase. El hombre le trabó del brazo y le dijo: + +— Por cierto, señor don Luis, que responde bien a quien vos sois el hábito +que tenéis, y que dice bien la cama en que os hallo al regalo con que +vuestra madre os crió. + +Limpióse el mozo los soñolientos ojos y miró de espacio al que le tenía +asido, y luego conoció que era criado de su padre, de que recibió tal +sobresalto, que no acertó o no pudo hablarle palabra por un buen espacio. Y +el criado prosiguió diciendo: + +— Aquí no hay que hacer otra cosa, señor don Luis, sino prestar paciencia y +dar la vuelta a casa, si ya vuestra merced no gusta que su padre y mi señor +la dé al otro mundo, porque no se puede esperar otra cosa de la pena con +que queda por vuestra ausencia. + +— Pues, ¿cómo supo mi padre —dijo don Luis— que yo venía este camino y en +este traje? + +— Un estudiante —respondió el criado— a quien distes cuenta de vuestros +pensamientos fue el que lo descubrió, movido a lástima de las que vio que +hacía vuestro padre al punto que os echó de menos; y así, despachó a cuatro +de sus criados en vuestra busca, y todos estamos aquí a vuestro servicio, +más contentos de lo que imaginar se puede, por el buen despacho con que +tornaremos, llevándoos a los ojos que tanto os quieren. + +— Eso será como yo quisiere, o como el cielo lo ordenare —respondió don +Luis. + +— ¿Qué habéis de querer, o qué ha de ordenar el cielo, fuera de consentir en +volveros?; porque no ha de ser posible otra cosa. + +Todas estas razones que entre los dos pasaban oyó el mozo de mulas junto a +quien don Luis estaba; y, levantándose de allí, fue a decir lo que pasaba a +don Fernando y a Cardenio, y a los demás, que ya vestido se habían; a los +cuales dijo cómo aquel hombre llamaba de don a aquel muchacho, y las +razones que pasaban, y cómo le quería volver a casa de su padre, y el mozo +no quería. Y con esto, y con lo que dél sabían de la buena voz que el cielo +le había dado, vinieron todos en gran deseo de saber más particularmente +quién era, y aun de ayudarle si alguna fuerza le quisiesen hacer; y así, se +fueron hacia la parte donde aún estaba hablando y porfiando con su criado. + +Salía en esto Dorotea de su aposento, y tras ella doña Clara, toda turbada; +y, llamando Dorotea a Cardenio aparte, le contó en breves razones la +historia del músico y de doña Clara, a quien él también dijo lo que pasaba +de la venida a buscarle los criados de su padre, y no se lo dijo tan +callando que lo dejase de oír Clara; de lo que quedó tan fuera de sí que, +si Dorotea no llegara a tenerla, diera consigo en el suelo. Cardenio dijo a +Dorotea que se volviesen al aposento, que él procuraría poner remedio en +todo, y ellas lo hicieron. + +Ya estaban todos los cuatro que venían a buscar a don Luis dentro de la +venta y rodeados dél, persuadiéndole que luego, sin detenerse un punto, +volviese a consolar a su padre. Él respondió que en ninguna manera lo podía +hacer hasta dar fin a un negocio en que le iba la vida, la honra y el alma. +Apretáronle entonces los criados, diciéndole que en ningún modo volverían +sin él, y que le llevarían, quisiese o no quisiese. + +— Eso no haréis vosotros —replicó don Luis—, si no es llevándome muerto; +aunque, de cualquiera manera que me llevéis, será llevarme sin vida. + +Ya a esta sazón habían acudido a la porfía todos los más que en la venta +estaban, especialmente Cardenio, don Fernando, sus camaradas, el oidor, el +cura, el barbero y don Quijote, que ya le pareció que no había necesidad de +guardar más el castillo. Cardenio, como ya sabía la historia del mozo, +preguntó a los que llevarle querían que qué les movía a querer llevar +contra su voluntad aquel muchacho. + +— Muévenos —respondió uno de los cuatro— dar la vida a su padre, que por la +ausencia deste caballero queda a peligro de perderla. + +A esto dijo don Luis: + +— No hay para qué se dé cuenta aquí de mis cosas: yo soy libre, y volveré si +me diere gusto, y si no, ninguno de vosotros me ha de hacer fuerza. + +— Harásela a vuestra merced la razón —respondió el hombre—; y, cuando ella + +no bastare con vuestra merced, bastará con nosotros para hacer a lo que +venimos y lo que somos obligados. + +— Sepamos qué es esto de raíz —dijo a este tiempo el oidor. + +Pero el hombre, que lo conoció, como vecino de su casa, respondió: + +— ¿No conoce vuestra merced, señor oidor, a este caballero, que es el hijo +de su vecino, el cual se ha ausentado de casa de su padre en el hábito tan +indecente a su calidad como vuestra merced puede ver? + +Miróle entonces el oidor más atentamente y conocióle; y, abrazándole, dijo: + +— ¿Qué niñerías son éstas, señor don Luis, o qué causas tan poderosas, que +os hayan movido a venir desta manera, y en este traje, que dice tan mal con +la calidad vuestra? + +Al mozo se le vinieron las lágrimas a los ojos, y no pudo responder +palabra. El oidor dijo a los cuatro que se sosegasen, que todo se haría +bien; y, tomando por la mano a don Luis, le apartó a una parte y le +preguntó qué venida había sido aquélla. + +Y, en tanto que le hacía esta y otras preguntas, oyeron grandes voces a la +puerta de la venta, y era la causa dellas que dos huéspedes que aquella +noche habían alojado en ella, viendo a toda la gente ocupada en saber lo +que los cuatro buscaban, habían intentado a irse sin pagar lo que debían; +mas el ventero, que atendía más a su negocio que a los ajenos, les asió al +salir de la puerta y pidió su paga, y les afeó su mala intención con tales +palabras, que les movió a que le respondiesen con los puños; y así, le +comenzaron a dar tal mano, que el pobre ventero tuvo necesidad de dar voces +y pedir socorro. La ventera y su hija no vieron a otro más desocupado para +poder socorrerle que a don Quijote, a quien la hija de la ventera dijo: + +— Socorra vuestra merced, señor caballero, por la virtud que Dios le dio, a +mi pobre padre, que dos malos hombres le están moliendo como a cibera. + +A lo cual respondió don Quijote, muy de espacio y con mucha flema: + +— Fermosa doncella, no ha lugar por ahora vuestra petición, porque estoy +impedido de entremeterme en otra aventura en tanto que no diere cima a una +en que mi palabra me ha puesto. Mas lo que yo podré hacer por serviros es +lo que ahora diré: corred y decid a vuestro padre que se entretenga en esa +batalla lo mejor que pudiere, y que no se deje vencer en ningún modo, en +tanto que yo pido licencia a la princesa Micomicona para poder socorrerle +en su cuita; que si ella me la da, tened por cierto que yo le sacaré della. + +— ¡Pecadora de mí! —dijo a esto Maritornes, que estaba delante—: primero que +vuestra merced alcance esa licencia que dice, estará ya mi señor en el otro +mundo. + +— Dadme vos, señora, que yo alcance la licencia que digo —respondió don +Quijote—; que, como yo la tenga, poco hará al caso que él esté en el otro +mundo; que de allí le sacaré a pesar del mismo mundo que lo contradiga; o, +por lo menos, os daré tal venganza de los que allá le hubieren enviado, que +quedéis más que medianamente satisfechas. + +Y sin decir más se fue a poner de hinojos ante Dorotea, pidiéndole con +palabras caballerescas y andantescas que la su grandeza fuese servida de +darle licencia de acorrer y socorrer al castellano de aquel castillo, que +estaba puesto en una grave mengua. La princesa se la dio de buen talante, y +él luego, embrazando su adarga y poniendo mano a su espada, acudió a la +puerta de la venta, adonde aún todavía traían los dos huéspedes a mal traer +al ventero; pero, así como llegó, embazó y se estuvo quedo, aunque +Maritornes y la ventera le decían que en qué se detenía, que socorriese a +su señor y marido. + +— Deténgome —dijo don Quijote— porque no me es lícito poner mano a la espada +contra gente escuderil; pero llamadme aquí a mi escudero Sancho, que a él +toca y atañe esta defensa y venganza. + +Esto pasaba en la puerta de la venta, y en ella andaban las puñadas y +mojicones muy en su punto, todo en daño del ventero y en rabia de +Maritornes, la ventera y su hija, que se desesperaban de ver la cobardía de +don Quijote, y de lo mal que lo pasaba su marido, señor y padre. + +Pero dejémosle aquí, que no faltará quien le socorra, o si no, sufra y +calle el que se atreve a más de a lo que sus fuerzas le prometen, y +volvámonos atrás cincuenta pasos, a ver qué fue lo que don Luis respondió +al oidor, que le dejamos aparte, preguntándole la causa de su venida a pie +y de tan vil traje vestido. A lo cual el mozo, asiéndole fuertemente de las +manos, como en señal de que algún gran dolor le apretaba el corazón, y +derramando lágrimas en grande abundancia, le dijo: + +— Señor mío, yo no sé deciros otra cosa sino que desde el punto que quiso el +cielo y facilitó nuestra vecindad que yo viese a mi señora doña Clara, hija +vuestra y señora mía, desde aquel instante la hice dueño de mi voluntad; y +si la vuestra, verdadero señor y padre mío, no lo impide, en este mesmo día +ha de ser mi esposa. Por ella dejé la casa de mi padre, y por ella me puse +en este traje, para seguirla dondequiera que fuese, como la saeta al +blanco, o como el marinero al norte. Ella no sabe de mis deseos más de lo +que ha podido entender de algunas veces que desde lejos ha visto llorar mis +ojos. Ya, señor, sabéis la riqueza y la nobleza de mis padres, y como yo +soy su único heredero: si os parece que éstas son partes para que os +aventuréis a hacerme en todo venturoso, recebidme luego por vuestro hijo; +que si mi padre, llevado de otros disignios suyos, no gustare deste bien +que yo supe buscarme, más fuerza tiene el tiempo para deshacer y mudar las +cosas que las humanas voluntades. + +Calló, en diciendo esto, el enamorado mancebo, y el oidor quedó en oírle +suspenso, confuso y admirado, así de haber oído el modo y la discreción con +que don Luis le había descubierto su pensamiento, como de verse en punto +que no sabía el que poder tomar en tan repentino y no esperado negocio; y +así, no respondió otra cosa sino que se sosegase por entonces, y +entretuviese a sus criados, que por aquel día no le volviesen, porque se +tuviese tiempo para considerar lo que mejor a todos estuviese. Besóle las +manos por fuerza don Luis, y aun se las bañó con lágrimas, cosa que pudiera +enternecer un corazón de mármol, no sólo el del oidor, que, como discreto, +ya había conocido cuán bien le estaba a su hija aquel matrimonio; puesto +que, si fuera posible, lo quisiera efetuar con voluntad del padre de don +Luis, del cual sabía que pretendía hacer de título a su hijo. + +Ya a esta sazón estaban en paz los huéspedes con el ventero, pues, por +persuasión y buenas razones de don Quijote, más que por amenazas, le habían +pagado todo lo que él quiso, y los criados de don Luis aguardaban el fin de +la plática del oidor y la resolución de su amo, cuando el demonio, que no +duerme, ordenó que en aquel mesmo punto entró en la venta el barbero a +quien don Quijote quitó el yelmo de Mambrino y Sancho Panza los aparejos +del asno, que trocó con los del suyo; el cual barbero, llevando su jumento +a la caballeriza, vio a Sancho Panza que estaba aderezando no sé qué de la +albarda, y así como la vio la conoció, y se atrevió a arremeter a Sancho, +diciendo: + +— ¡Ah don ladrón, que aquí os tengo! ¡Venga mi bacía y mi albarda, con todos +mis aparejos que me robastes! + +Sancho, que se vio acometer tan de improviso y oyó los vituperios que le +decían, con la una mano asió de la albarda, y con la otra dio un mojicón al +barbero que le bañó los dientes en sangre; pero no por esto dejó el barbero +la presa que tenía hecha en el albarda; antes, alzó la voz de tal manera +que todos los de la venta acudieron al ruido y pendencia, y decía: + +— ¡Aquí del rey y de la justicia, que, sobre cobrar mi hacienda, me quiere +matar este ladrón salteador de caminos! + +— Mentís —respondió Sancho—, que yo no soy salteador de caminos; que en +buena guerra ganó mi señor don Quijote estos despojos. + +Ya estaba don Quijote delante, con mucho contento de ver cuán bien se +defendía y ofendía su escudero, y túvole desde allí adelante por hombre de +pro, y propuso en su corazón de armalle caballero en la primera ocasión que +se le ofreciese, por parecerle que sería en él bien empleada la orden de la +caballería. Entre otras cosas que el barbero decía en el discurso de la +pendencia, vino a decir: + +— Señores, así esta albarda es mía como la muerte que debo a Dios, y así la +conozco como si la hubiera parido; y ahí está mi asno en el establo, que no +me dejará mentir; si no, pruébensela, y si no le viniere pintiparada, yo +quedaré por infame. Y hay más: que el mismo día que ella se me quitó, me +quitaron también una bacía de azófar nueva, que no se había estrenado, que +era señora de un escudo. + +Aquí no se pudo contener don Quijote sin responder: y, poniéndose entre los +dos y apartándoles, depositando la albarda en el suelo, que la tuviese de +manifiesto hasta que la verdad se aclarase, dijo: + +— ¡Porque vean vuestras mercedes clara y manifiestamente el error en que +está este buen escudero, pues llama bacía a lo que fue, es y será yelmo de +Mambrino, el cual se lo quité yo en buena guerra, y me hice señor dél con +ligítima y lícita posesión! En lo del albarda no me entremeto, que lo que +en ello sabré decir es que mi escudero Sancho me pidió licencia para quitar +los jaeces del caballo deste vencido cobarde, y con ellos adornar el suyo; +yo se la di, y él los tomó, y, de haberse convertido de jaez en albarda, no +sabré dar otra razón si no es la ordinaria: que como esas transformaciones +se ven en los sucesos de la caballería; para confirmación de lo cual, +corre, Sancho hijo, y saca aquí el yelmo que este buen hombre dice ser +bacía. + +— ¡Pardiez, señor —dijo Sancho—, si no tenemos otra prueba de nuestra +intención que la que vuestra merced dice, tan bacía es el yelmo de Malino +como el jaez deste buen hombre albarda! + +— Haz lo que te mando —replicó don Quijote—, que no todas las cosas deste +castillo han de ser guiadas por encantamento. + +Sancho fue a do estaba la bacía y la trujo; y, así como don Quijote la vio, +la tomó en las manos y dijo: + +— Miren vuestras mercedes con qué cara podía decir este escudero que ésta es +bacía, y no el yelmo que yo he dicho; y juro por la orden de caballería que +profeso que este yelmo fue el mismo que yo le quité, sin haber añadido en +él ni quitado cosa alguna. + +— En eso no hay duda —dijo a esta sazón Sancho—, porque desde que mi señor +le ganó hasta agora no ha hecho con él más de una batalla, cuando libró a +los sin ventura encadenados; y si no fuera por este baciyelmo, no lo pasara +entonces muy bien, porque hubo asaz de pedradas en aquel trance. + + + + +Capítulo XLV. Donde se acaba de averiguar la duda del yelmo de Mambrino y +de la albarda, y otras aventuras sucedidas, con toda verdad + +— ¿Qué les parece a vuestras mercedes, señores —dijo el barbero—, de lo que +afirman estos gentiles hombres, pues aún porfían que ésta no es bacía, +sino yelmo? + +— Y quien lo contrario dijere —dijo don Quijote—, le haré yo conocer que +miente, si fuere caballero, y si escudero, que remiente mil veces. + +Nuestro barbero, que a todo estaba presente, como tenía tan bien conocido +el humor de don Quijote, quiso esforzar su desatino y llevar adelante la +burla para que todos riesen, y dijo, hablando con el otro barbero: + +— Señor barbero, o quien sois, sabed que yo también soy de vuestro oficio, y +tengo más ha de veinte años carta de examen, y conozco muy bien de todos +los instrumentos de la barbería, sin que le falte uno; y ni más ni menos +fui un tiempo en mi mocedad soldado, y sé también qué es yelmo, y qué es +morrión, y celada de encaje, y otras cosas tocantes a la milicia, digo, a +los géneros de armas de los soldados; y digo, salvo mejor parecer, +remitiéndome siempre al mejor entendimiento, que esta pieza que está aquí +delante y que este buen señor tiene en las manos, no sólo no es bacía de +barbero, pero está tan lejos de serlo como está lejos lo blanco de lo negro +y la verdad de la mentira; también digo que éste, aunque es yelmo, no es +yelmo entero. + +— No, por cierto —dijo don Quijote—, porque le falta la mitad, que es la +babera. + +— Así es —dijo el cura, que ya había entendido la intención de su amigo el +barbero. + +Y lo mismo confirmó Cardenio, don Fernando y sus camaradas; y aun el oidor, +si no estuviera tan pensativo con el negocio de don Luis, ayudara, por su +parte, a la burla; pero las veras de lo que pensaba le tenían tan suspenso, +que poco o nada atendía a aquellos donaires. + +— ¡Válame Dios! —dijo a esta sazón el barbero burlado—; ¿que es posible que +tanta gente honrada diga que ésta no es bacía, sino yelmo? Cosa parece ésta +que puede poner en admiración a toda una Universidad, por discreta que sea. +Basta: si es que esta bacía es yelmo, también debe de ser esta albarda jaez +de caballo, como este señor ha dicho. + +— A mí albarda me parece —dijo don Quijote—, pero ya he dicho que en eso no +me entremeto. + +— De que sea albarda o jaez —dijo el cura— no está en más de decirlo el +señor don Quijote; que en estas cosas de la caballería todos estos señores +y yo le damos la ventaja. + +— Por Dios, señores míos —dijo don Quijote—, que son tantas y tan estrañas +las cosas que en este castillo, en dos veces que en él he alojado, me han +sucedido, que no me atreva a decir afirmativamente ninguna cosa de lo que +acerca de lo que en él se contiene se preguntare, porque imagino que cuanto +en él se trata va por vía de encantamento. La primera vez me fatigó mucho +un moro encantado que en él hay, y a Sancho no le fue muy bien con otros +sus secuaces; y anoche estuve colgado deste brazo casi dos horas, sin saber +cómo ni cómo no vine a caer en aquella desgracia. Así que, ponerme yo agora +en cosa de tanta confusión a dar mi parecer, será caer en juicio temerario. +En lo que toca a lo que dicen que ésta es bacía, y no yelmo, ya yo tengo +respondido; pero, en lo de declarar si ésa es albarda o jaez, no me atrevo +a dar sentencia difinitiva: sólo lo dejo al buen parecer de vuestras +mercedes. Quizá por no ser armados caballeros, como yo lo soy, no tendrán +que ver con vuestras mercedes los encantamentos deste lugar, y tendrán los +entendimientos libres, y podrán juzgar de las cosas deste castillo como +ellas son real y verdaderamente, y no como a mí me parecían. + +— No hay duda —respondió a esto don Fernando—, sino que el señor don Quijote +ha dicho muy bien hoy que a nosotros toca la difinición deste caso; y, +porque vaya con más fundamento, yo tomaré en secreto los votos destos +señores, y de lo que resultare daré entera y clara noticia. + +Para aquellos que la tenían del humor de don Quijote, era todo esto materia +de grandísima risa; pero, para los que le ignoraban, les parecía el mayor +disparate del mundo, especialmente a los cuatro criados de don Luis, y a +don Luis ni más ni menos, y a otros tres pasajeros que acaso habían llegado +a la venta, que tenían parecer de ser cuadrilleros, como, en efeto, lo +eran. Pero el que más se desesperaba era el barbero, cuya bacía, allí +delante de sus ojos, se le había vuelto en yelmo de Mambrino, y cuya +albarda pensaba sin duda alguna que se le había de volver en jaez rico de +caballo; y los unos y los otros se reían de ver cómo andaba don Fernando +tomando los votos de unos en otros, hablándolos al oído para que en secreto +declarasen si era albarda o jaez aquella joya sobre quien tanto se había +peleado. Y, después que hubo tomado los votos de aquellos que a don Quijote +conocían, dijo en alta voz: + +— El caso es, buen hombre, que ya yo estoy cansado de tomar tantos +pareceres, porque veo que a ninguno pregunto lo que deseo saber que no me +diga que es disparate el decir que ésta sea albarda de jumento, sino jaez +de caballo, y aun de caballo castizo; y así, habréis de tener paciencia, +porque, a vuestro pesar y al de vuestro asno, éste es jaez y no albarda, y +vos habéis alegado y probado muy mal de vuestra parte. + +— No la tenga yo en el cielo —dijo el sobrebarbero— si todos vuestras +mercedes no se engañan, y que así parezca mi ánima ante Dios como ella me +parece a mí albarda, y no jaez; pero allá van leyes..., etcétera; y no digo +más; y en verdad que no estoy borracho: que no me he desayunado, si de +pecar no. + +No menos causaban risa las necedades que decía el barbero que los +disparates de don Quijote, el cual a esta sazón dijo: + +— Aquí no hay más que hacer, sino que cada uno tome lo que es suyo, y a +quien Dios se la dio, San Pedro se la bendiga. + +Uno de los cuatro dijo: + +— Si ya no es que esto sea burla pesada, no me puedo persuadir que hombres +de tan buen entendimiento como son, o parecen, todos los que aquí están, se +atrevan a decir y afirmar que ésta no es bacía, ni aquélla albarda; mas, +como veo que lo afirman y lo dicen, me doy a entender que no carece de +misterio el porfiar una cosa tan contraria de lo que nos muestra la misma +verdad y la misma experiencia; porque, ¡voto a tal! —y arrojóle redondo—, +que no me den a mí a entender cuantos hoy viven en el mundo al revés de que +ésta no sea bacía de barbero y ésta albarda de asno. + +— Bien podría ser de borrica —dijo el cura. + +— Tanto monta —dijo el criado—, que el caso no consiste en eso, sino en si +es o no es albarda, como vuestras mercedes dicen. + +Oyendo esto uno de los cuadrilleros que habían entrado, que había oído la +pendencia y quistión, lleno de cólera y de enfado, dijo: + +— Tan albarda es como mi padre; y el que otra cosa ha dicho o dijere debe de +estar hecho uva. + +— Mentís como bellaco villano —respondió don Quijote. + +Y, alzando el lanzón, que nunca le dejaba de las manos, le iba a descargar +tal golpe sobre la cabeza, que, a no desviarse el cuadrillero, se le dejara +allí tendido. El lanzón se hizo pedazos en el suelo, y los demás +cuadrilleros, que vieron tratar mal a su compañero, alzaron la voz pidiendo +favor a la Santa Hermandad. + +El ventero, que era de la cuadrilla, entró al punto por su varilla y por su +espada, y se puso al lado de sus compañeros; los criados de don Luis +rodearon a don Luis, porque con el alboroto no se les fuese; el barbero, +viendo la casa revuelta, tornó a asir de su albarda, y lo mismo hizo +Sancho; don Quijote puso mano a su espada y arremetió a los cuadrilleros. +Don Luis daba voces a sus criados que le dejasen a él y acorriesen a don +Quijote, y a Cardenio, y a don Fernando, que todos favorecían a don +Quijote. El cura daba voces, la ventera gritaba, su hija se afligía, +Maritornes lloraba, Dorotea estaba confusa, Luscinda suspensa y doña Clara +desmayada. El barbero aporreaba a Sancho, Sancho molía al barbero; don +Luis, a quien un criado suyo se atrevió a asirle del brazo porque no se +fuese, le dio una puñada que le bañó los dientes en sangre; el oidor le +defendía, don Fernando tenía debajo de sus pies a un cuadrillero, +midiéndole el cuerpo con ellos muy a su sabor. El ventero tornó a reforzar +la voz, pidiendo favor a la Santa Hermandad: de modo que toda la venta era +llantos, voces, gritos, confusiones, temores, sobresaltos, desgracias, +cuchilladas, mojicones, palos, coces y efusión de sangre. Y, en la mitad +deste caos, máquina y laberinto de cosas, se le representó en la memoria de +don Quijote que se veía metido de hoz y de coz en la discordia del campo de +Agramante; y así dijo, con voz que atronaba la venta: + +— ¡Ténganse todos; todos envainen; todos se sosieguen; óiganme todos, si +todos quieren quedar con vida! + +A cuya gran voz, todos se pararon, y él prosiguió diciendo: + +— ¿No os dije yo, señores, que este castillo era encantado, y que alguna +región de demonios debe de habitar en él? En confirmación de lo cual, +quiero que veáis por vuestros ojos cómo se ha pasado aquí y trasladado +entre nosotros la discordia del campo de Agramante. Mirad cómo allí se +pelea por la espada, aquí por el caballo, acullá por el águila, acá por el +yelmo, y todos peleamos, y todos no nos entendemos. Venga, pues, vuestra +merced, señor oidor, y vuestra merced, señor cura, y el uno sirva de rey +Agramante, y el otro de rey Sobrino, y pónganos en paz; porque por Dios +Todopoderoso que es gran bellaquería que tanta gente principal como aquí +estamos se mate por causas tan livianas. + +Los cuadrilleros, que no entendían el frasis de don Quijote, y se veían +malparados de don Fernando, Cardenio y sus camaradas, no querían sosegarse; +el barbero sí, porque en la pendencia tenía deshechas las barbas y el +albarda; Sancho, a la más mínima voz de su amo, obedeció como buen criado; +los cuatro criados de don Luis también se estuvieron quedos, viendo cuán +poco les iba en no estarlo. Sólo el ventero porfiaba que se habían de +castigar las insolencias de aquel loco, que a cada paso le alborotaba la +venta. Finalmente, el rumor se apaciguó por entonces, la albarda se quedó +por jaez hasta el día del juicio, y la bacía por yelmo y la venta por +castillo en la imaginación de don Quijote. + +Puestos, pues, ya en sosiego, y hechos amigos todos a persuasión del oidor +y del cura, volvieron los criados de don Luis a porfiarle que al momento se +viniese con ellos; y, en tanto que él con ellos se avenía, el oidor +comunicó con don Fernando, Cardenio y el cura qué debía hacer en aquel +caso, contándoseles con las razones que don Luis le había dicho. En fin, +fue acordado que don Fernando dijese a los criados de don Luis quién él era +y cómo era su gusto que don Luis se fuese con él al Andalucía, donde de su +hermano el marqués sería estimado como el valor de don Luis merecía; porque +desta manera se sabía de la intención de don Luis que no volvería por +aquella vez a los ojos de su padre, si le hiciesen pedazos. Entendida, +pues, de los cuatro la calidad de don Fernando y la intención de don Luis, +determinaron entre ellos que los tres se volviesen a contar lo que pasaba a +su padre, y el otro se quedase a servir a don Luis, y a no dejalle hasta +que ellos volviesen por él, o viese lo que su padre les ordenaba. + +Desta manera se apaciguó aquella máquina de pendencias, por la autoridad de +Agramante y prudencia del rey Sobrino; pero, viéndose el enemigo de la +concordia y el émulo de la paz menospreciado y burlado, y el poco fruto que +había granjeado de haberlos puesto a todos en tan confuso laberinto, acordó +de probar otra vez la mano, resucitando nuevas pendencias y desasosiegos. + +Es, pues, el caso que los cuadrilleros se sosegaron, por haber entreoído la +calidad de los que con ellos se habían combatido, y se retiraron de la +pendencia, por parecerles que, de cualquiera manera que sucediese, habían +de llevar lo peor de la batalla; pero uno dellos, que fue el que fue molido +y pateado por don Fernando, le vino a la memoria que, entre algunos +mandamientos que traía para prender a algunos delincuentes, traía uno +contra don Quijote, a quien la Santa Hermandad había mandado prender, por +la libertad que dio a los galeotes, y como Sancho, con mucha razón, había +temido. + +Imaginando, pues, esto, quiso certificarse si las señas que de don Quijote +traía venían bien, y, sacando del seno un pergamino, topó con el que +buscaba; y, poniéndosele a leer de espacio, porque no era buen lector, a +cada palabra que leía ponía los ojos en don Quijote, y iba cotejando las +señas del mandamiento con el rostro de don Quijote, y halló que, sin duda +alguna, era el que el mandamiento rezaba. Y, apenas se hubo certificado, +cuando, recogiendo su pergamino, en la izquierda tomó el mandamiento, y con +la derecha asió a don Quijote del cuello fuertemente, que no le dejaba +alentar, y a grandes voces decía: + +— ¡Favor a la Santa Hermandad! Y, para que se vea que lo pido de veras, +léase este mandamiento, donde se contiene que se prenda a este salteador de +caminos. + +Tomó el mandamiento el cura, y vio como era verdad cuanto el cuadrillero +decía, y cómo convenía con las señas con don Quijote; el cual, viéndose +tratar mal de aquel villano malandrín, puesta la cólera en su punto y +crujiéndole los huesos de su cuerpo, como mejor pudo él, asió al +cuadrillero con entrambas manos de la garganta, que, a no ser socorrido de +sus compañeros, allí dejara la vida antes que don Quijote la presa. El +ventero, que por fuerza había de favorecer a los de su oficio, acudió luego +a dalle favor. La ventera, que vio de nuevo a su marido en pendencias, de +nuevo alzó la voz, cuyo tenor le llevaron luego Maritornes y su hija, +pidiendo favor al cielo y a los que allí estaban. Sancho dijo, viendo lo +que pasaba: + +— ¡Vive el Señor, que es verdad cuanto mi amo dice de los encantos deste +castillo, pues no es posible vivir una hora con quietud en él! + +Don Fernando despartió al cuadrillero y a don Quijote, y, con gusto de +entrambos, les desenclavijó las manos, que el uno en el collar del sayo del +uno, y el otro en la garganta del otro, bien asidas tenían; pero no por +esto cesaban los cuadrilleros de pedir su preso, y que les ayudasen a +dársele atado y entregado a toda su voluntad, porque así convenía al +servicio del rey y de la Santa Hermandad, de cuya parte de nuevo les pedían +socorro y favor para hacer aquella prisión de aquel robador y salteador de +sendas y de carreras. Reíase de oír decir estas razones don Quijote; y, con +mucho sosiego, dijo: + +— Venid acá, gente soez y malnacida: ¿saltear de caminos llamáis al dar +libertad a los encadenados, soltar los presos, acorrer a los miserables, +alzar los caídos, remediar los menesterosos? ¡Ah gente infame, digna por +vuestro bajo y vil entendimiento que el cielo no os comunique el valor que +se encierra en la caballería andante, ni os dé a entender el pecado e +ignorancia en que estáis en no reverenciar la sombra, cuanto más la +asistencia, de cualquier caballero andante! Venid acá, ladrones en +cuadrilla, que no cuadrilleros, salteadores de caminos con licencia de la +Santa Hermandad; decidme: ¿quién fue el ignorante que firmó mandamiento de +prisión contra un tal caballero como yo soy? ¿Quién el que ignoró que son +esentos de todo judicial fuero los caballeros andantes, y que su ley es su +espada; sus fueros, sus bríos; sus premáticas, su voluntad? ¿Quién fue el +mentecato, vuelvo a decir, que no sabe que no hay secutoria de hidalgo con +tantas preeminencias, ni esenciones, como la que adquiere un caballero +andante el día que se arma caballero y se entrega al duro ejercicio de la +caballería? ¿Qué caballero andante pagó pecho, alcabala, chapín de la +reina, moneda forera, portazgo ni barca? ¿Qué sastre le llevó hechura de +vestido que le hiciese? ¿Qué castellano le acogió en su castillo que le +hiciese pagar el escote? ¿Qué rey no le asentó a su mesa? ¿Qué doncella no +se le aficionó y se le entregó rendida, a todo su talante y voluntad? Y, +finalmente, ¿qué caballero andante ha habido, hay ni habrá en el mundo, que +no tenga bríos para dar él solo cuatrocientos palos a cuatrocientos +cuadrilleros que se le pongan delante? + + + + +Capítulo XLVI. De la notable aventura de los cuadrilleros, y la gran +ferocidad de nuestro buen caballero don Quijote + +En tanto que don Quijote esto decía, estaba persuadiendo el cura a los +cuadrilleros como don Quijote era falto de juicio, como lo veían por sus +obras y por sus palabras, y que no tenían para qué llevar aquel negocio +adelante, pues, aunque le prendiesen y llevasen, luego le habían de dejar +por loco; a lo que respondió el del mandamiento que a él no tocaba juzgar +de la locura de don Quijote, sino hacer lo que por su mayor le era mandado, +y que una vez preso, siquiera le soltasen trecientas. + +— Con todo eso —dijo el cura—, por esta vez no le habéis de llevar, ni aun +él dejará llevarse, a lo que yo entiendo. + +En efeto, tanto les supo el cura decir, y tantas locuras supo don Quijote +hacer, que más locos fueran que no él los cuadrilleros si no conocieran la +falta de don Quijote; y así, tuvieron por bien de apaciguarse, y aun de ser +medianeros de hacer las paces entre el barbero y Sancho Panza, que todavía +asistían con gran rancor a su pendencia. Finalmente, ellos, como miembros +de justicia, mediaron la causa y fueron árbitros della, de tal modo que +ambas partes quedaron, si no del todo contentas, a lo menos en algo +satisfechas, porque se trocaron las albardas, y no las cinchas y jáquimas; +y en lo que tocaba a lo del yelmo de Mambrino, el cura, a socapa y sin que +don Quijote lo entendiese, le dio por la bacía ocho reales, y el barbero le +hizo una cédula del recibo y de no llamarse a engaño por entonces, ni por +siempre jamás amén. + +Sosegadas, pues, estas dos pendencias, que eran las más principales y de +más tomo, restaba que los criados de don Luis se contentasen de volver los +tres, y que el uno quedase para acompañarle donde don Fernando le quería +llevar; y, como ya la buena suerte y mejor fortuna había comenzado a romper +lanzas y a facilitar dificultades en favor de los amantes de la venta y de +los valientes della, quiso llevarlo al cabo y dar a todo felice suceso, +porque los criados se contentaron de cuanto don Luis quería; de que recibió +tanto contento doña Clara, que ninguno en aquella sazón la mirara al rostro +que no conociera el regocijo de su alma. + +Zoraida, aunque no entendía bien todos los sucesos que había visto, se +entristecía y alegraba a bulto, conforme veía y notaba los semblantes a +cada uno, especialmente de su español, en quien tenía siempre puestos los +ojos y traía colgada el alma. El ventero, a quien no se le pasó por alto +la dádiva y recompensa que el cura había hecho al barbero, pidió el escote +de don Quijote, con el menoscabo de sus cueros y falta de vino, jurando que +no saldría de la venta Rocinante, ni el jumento de Sancho, sin que se le +pagase primero hasta el último ardite. Todo lo apaciguó el cura, y lo pagó +don Fernando, puesto que el oidor, de muy buena voluntad, había también +ofrecido la paga; y de tal manera quedaron todos en paz y sosiego, que ya +no parecía la venta la discordia del campo de Agramante, como don Quijote +había dicho, sino la misma paz y quietud del tiempo de Otaviano; de todo lo +cual fue común opinión que se debían dar las gracias a la buena intención y +mucha elocuencia del señor cura y a la incomparable liberalidad de don +Fernando. + +Viéndose, pues, don Quijote libre y desembarazado de tantas pendencias, así +de su escudero como suyas, le pareció que sería bien seguir su comenzado +viaje y dar fin a aquella grande aventura para que había sido llamado y +escogido; y así, con resoluta determinación se fue a poner de hinojos ante +Dorotea, la cual no le consintió que hablase palabra hasta que se +levantase; y él, por obedecella, se puso en pie y le dijo: + +— Es común proverbio, fermosa señora, que la diligencia es madre de la buena +ventura, y en muchas y graves cosas ha mostrado la experiencia que la +solicitud del negociante trae a buen fin el pleito dudoso; pero en ningunas +cosas se muestra más esta verdad que en las de la guerra, adonde la +celeridad y presteza previene los discursos del enemigo, y alcanza la +vitoria antes que el contrario se ponga en defensa. Todo esto digo, alta y +preciosa señora, porque me parece que la estada nuestra en este castillo ya +es sin provecho, y podría sernos de tanto daño que lo echásemos de ver +algún día; porque, ¿quién sabe si por ocultas espías y diligentes habrá +sabido ya vuestro enemigo el gigante de que yo voy a destruille?; y, +dándole lugar el tiempo, se fortificase en algún inexpugnable castillo o +fortaleza contra quien valiesen poco mis diligencias y la fuerza de mi +incansable brazo. Así que, señora mía, prevengamos, como tengo dicho, con +nuestra diligencia sus designios, y partámonos luego a la buena ventura; +que no está más de tenerla vuestra grandeza como desea, de cuanto yo tarde +de verme con vuestro contrario. + +Calló y no dijo más don Quijote, y esperó con mucho sosiego la respuesta de +la fermosa infanta; la cual, con ademán señoril y acomodado al estilo de +don Quijote, le respondió desta manera: + +— Yo os agradezco, señor caballero, el deseo que mostráis tener de +favorecerme en mi gran cuita, bien así como caballero, a quien es anejo y +concerniente favorecer los huérfanos y menesterosos; y quiera el cielo que +el vuestro y mi deseo se cumplan, para que veáis que hay agradecidas +mujeres en el mundo. Y en lo de mi partida, sea luego; que yo no tengo más +voluntad que la vuestra: disponed vos de mí a toda vuestra guisa y talante; +que la que una vez os entregó la defensa de su persona y puso en vuestras +manos la restauración de sus señoríos no ha de querer ir contra lo que la +vuestra prudencia ordenare. + +— A la mano de Dios —dijo don Quijote—; pues así es que una señora se me +humilla, no quiero yo perder la ocasión de levantalla y ponella en su +heredado trono. La partida sea luego, porque me va poniendo espuelas al +deseo y al camino lo que suele decirse que en la tardanza está el peligro. +Y, pues no ha criado el cielo, ni visto el infierno, ninguno que me espante +ni acobarde, ensilla, Sancho, a Rocinante, y apareja tu jumento y el +palafrén de la reina, y despidámonos del castellano y destos señores, y +vamos de aquí luego al punto. + +Sancho, que a todo estaba presente, dijo, meneando la cabeza a una parte y +a otra: + +— ¡Ay señor, señor, y cómo hay más mal en el aldegüela que se suena, con +perdón sea dicho de las tocadas honradas! + +— ¿Qué mal puede haber en ninguna aldea, ni en todas las ciudades del mundo, +que pueda sonarse en menoscabo mío, villano? + +— Si vuestra merced se enoja —respondió Sancho—, yo callaré, y dejaré de +decir lo que soy obligado como buen escudero, y como debe un buen criado +decir a su señor. + +— Di lo que quisieres —replicó don Quijote—, como tus palabras no se +encaminen a ponerme miedo; que si tú le tienes, haces como quien eres, y si +yo no le tengo, hago como quien soy. + +— No es eso, ¡pecador fui yo a Dios! —respondió Sancho—, sino que yo tengo +por cierto y por averiguado que esta señora que se dice ser reina del gran +reino Micomicón no lo es más que mi madre; porque, a ser lo que ella dice, +no se anduviera hocicando con alguno de los que están en la rueda, a vuelta +de cabeza y a cada traspuesta. + +Paróse colorada con las razones de Sancho Dorotea, porque era verdad que su +esposo don Fernando, alguna vez, a hurto de otros ojos, había cogido con +los labios parte del premio que merecían sus deseos (lo cual había visto +Sancho, y pareciéndole que aquella desenvoltura más era de dama cortesana +que de reina de tan gran reino), y no pudo ni quiso responder palabra a +Sancho, sino dejóle proseguir en su plática, y él fue diciendo: + +— Esto digo, señor, porque, si al cabo de haber andado caminos y carreras, y +pasado malas noches y peores días, ha de venir a coger el fruto de nuestros +trabajos el que se está holgando en esta venta, no hay para qué darme +priesa a que ensille a Rocinante, albarde el jumento y aderece al palafrén, +pues será mejor que nos estemos quedos, y cada puta hile, y comamos. + +¡Oh, válame Dios, y cuán grande que fue el enojo que recibió don Quijote, +oyendo las descompuestas palabras de su escudero! Digo que fue tanto, que, +con voz atropellada y tartamuda lengua, lanzando vivo fuego por los ojos, +dijo: + +— ¡Oh bellaco villano, mal mirado, descompuesto, ignorante, infacundo, +deslenguado, atrevido, murmurador y maldiciente! ¿Tales palabras has osado +decir en mi presencia y en la destas ínclitas señoras, y tales +deshonestidades y atrevimientos osaste poner en tu confusa imaginación? +¡Vete de mi presencia, monstruo de naturaleza, depositario de mentiras, +almario de embustes, silo de bellaquerías, inventor de maldades, publicador +de sandeces, enemigo del decoro que se debe a las reales personas! ¡Vete; +no parezcas delante de mí, so pena de mi ira! + +Y, diciendo esto, enarcó las cejas, hinchó los carrillos, miró a todas +partes, y dio con el pie derecho una gran patada en el suelo, señales todas +de la ira que encerraba en sus entrañas. A cuyas palabras y furibundos +ademanes quedó Sancho tan encogido y medroso, que se holgara que en aquel +instante se abriera debajo de sus pies la tierra y le tragara. Y no supo +qué hacerse, sino volver las espaldas y quitarse de la enojada presencia de +su señor. Pero la discreta Dorotea, que tan entendido tenía ya el humor de +don Quijote, dijo, para templarle la ira: + +— No os despechéis, señor Caballero de la Triste Figura, de las sandeces que +vuestro buen escudero ha dicho, porque quizá no las debe de decir sin +ocasión, ni de su buen entendimiento y cristiana conciencia se puede +sospechar que levante testimonio a nadie; y así, se ha de creer, sin poner +duda en ello, que, como en este castillo, según vos, señor caballero, +decís, todas las cosas van y suceden por modo de encantamento, podría ser, +digo, que Sancho hubiese visto por esta diabólica vía lo que él dice que +vio, tan en ofensa de mi honestidad. + +— Por el omnipotente Dios juro —dijo a esta sazón don Quijote—, que la +vuestra grandeza ha dado en el punto, y que alguna mala visión se le puso +delante a este pecador de Sancho, que le hizo ver lo que fuera imposible +verse de otro modo que por el de encantos no fuera; que sé yo bien de la +bondad e inocencia deste desdichado, que no sabe levantar testimonios a +nadie. + +— Ansí es y ansí será —dijo don Fernando—; por lo cual debe vuestra merced, +señor don Quijote, perdonalle y reducille al gremio de su gracia, sicut +erat in principio, antes que las tales visiones le sacasen de juicio. + +Don Quijote respondió que él le perdonaba, y el cura fue por Sancho, el +cual vino muy humilde, y, hincándose de rodillas, pidió la mano a su amo; y +él se la dio, y, después de habérsela dejado besar, le echó la bendición, +diciendo: + +— Agora acabarás de conocer, Sancho hijo, ser verdad lo que yo otras muchas +veces te he dicho de que todas las cosas deste castillo son hechas por vía +de encantamento. + +— Así lo creo yo —dijo Sancho—, excepto aquello de la manta, que realmente +sucedió por vía ordinaria. + +— No lo creas —respondió don Quijote—; que si así fuera, yo te vengara +entonces, y aun agora; pero ni entonces ni agora pude ni vi en quién tomar +venganza de tu agravio. + +Desearon saber todos qué era aquello de la manta, y el ventero lo contó, +punto por punto: la volatería de Sancho Panza, de que no poco se rieron +todos; y de que no menos se corriera Sancho, si de nuevo no le asegurara su +amo que era encantamento; puesto que jamás llegó la sandez de Sancho a +tanto, que creyese no ser verdad pura y averiguada, sin mezcla de engaño +alguno, lo de haber sido manteado por personas de carne y hueso, y no por +fantasmas soñadas ni imaginadas, como su señor lo creía y lo afirmaba. + +Dos días eran ya pasados los que había que toda aquella ilustre compañía +estaba en la venta; y, pareciéndoles que ya era tiempo de partirse, dieron +orden para que, sin ponerse al trabajo de volver Dorotea y don Fernando con +don Quijote a su aldea, con la invención de la libertad de la reina +Micomicona, pudiesen el cura y el barbero llevársele, como deseaban, y +procurar la cura de su locura en su tierra. Y lo que ordenaron fue que se +concertaron con un carretero de bueyes que acaso acertó a pasar por allí, +para que lo llevase en esta forma: hicieron una como jaula de palos +enrejados, capaz que pudiese en ella caber holgadamente don Quijote; y +luego don Fernando y sus camaradas, con los criados de don Luis y los +cuadrilleros, juntamente con el ventero, todos por orden y parecer del +cura, se cubrieron los rostros y se disfrazaron, quién de una manera y +quién de otra, de modo que a don Quijote le pareciese ser otra gente de la +que en aquel castillo había visto. + +Hecho esto, con grandísimo silencio se entraron adonde él estaba durmiendo +y descansando de las pasadas refriegas. Llegáronse a él, que libre y seguro +de tal acontecimiento dormía, y, asiéndole fuertemente, le ataron muy bien +las manos y los pies, de modo que, cuando él despertó con sobresalto, no +pudo menearse, ni hacer otra cosa más que admirarse y suspenderse de ver +delante de sí tan estraños visajes; y luego dio en la cuenta de lo que su +continua y desvariada imaginación le representaba, y se creyó que todas +aquellas figuras eran fantasmas de aquel encantado castillo, y que, sin +duda alguna, ya estaba encantado, pues no se podía menear ni defender: todo +a punto como había pensado que sucedería el cura, trazador desta máquina. +Sólo Sancho, de todos los presentes, estaba en su mesmo juicio y en su +mesma figura; el cual, aunque le faltaba bien poco para tener la mesma +enfermedad de su amo, no dejó de conocer quién eran todas aquellas +contrahechas figuras; mas no osó descoser su boca, hasta ver en qué paraba +aquel asalto y prisión de su amo, el cual tampoco hablaba palabra, +atendiendo a ver el paradero de su desgracia; que fue que, trayendo allí la +jaula, le encerraron dentro, y le clavaron los maderos tan fuertemente que +no se pudieran romper a dos tirones. + +Tomáronle luego en hombros, y, al salir del aposento, se oyó una voz +temerosa, todo cuanto la supo formar el barbero, no el del albarda, sino el +otro, que decía: + +— ¡Oh Caballero de la Triste Figura!, no te dé afincamiento la prisión en +que vas, porque así conviene para acabar más presto la aventura en que tu +gran esfuerzo te puso; la cual se acabará cuando el furibundo león manchado +con la blanca paloma tobosina yoguieren en uno, ya después de +humilladas las altas cervices al blando yugo matrimoñesco; de cuyo inaudito +consorcio saldrán a la luz del orbe los bravos cachorros, que imitarán las +rumpantes garras del valeroso padre. Y esto será antes que el seguidor de +la fugitiva ninfa faga dos vegadas la visita de las lucientes imágines con +su rápido y natural curso. Y tú, ¡oh, el más noble y obediente escudero que +tuvo espada en cinta, barbas en rostro y olfato en las narices!, no te +desmaye ni descontente ver llevar ansí delante de tus ojos mesmos a la flor +de la caballería andante; que presto, si al plasmador del mundo le place, +te verás tan alto y tan sublimado que no te conozcas, y no saldrán +defraudadas las promesas que te ha fecho tu buen señor. Y asegúrote, de +parte de la sabia Mentironiana, que tu salario te sea pagado, como lo verás +por la obra; y sigue las pisadas del valeroso y encantado caballero, que +conviene que vayas donde paréis entrambos. Y, porque no me es lícito decir +otra cosa, a Dios quedad, que yo me vuelvo adonde yo me sé. + +Y, al acabar de la profecía, alzó la voz de punto, y diminuyóla después, +con tan tierno acento, que aun los sabidores de la burla estuvieron por +creer que era verdad lo que oían. + +Quedó don Quijote consolado con la escuchada profecía, porque luego coligió +de todo en todo la significación de ella; y vio que le prometían el verse +ayuntados en santo y debido matrimonio con su querida Dulcinea del Toboso, +de cuyo felice vientre saldrían los cachorros, que eran sus hijos, para +gloria perpetua de la Mancha. Y, creyendo esto bien y firmemente, alzó la +voz, y, dando un gran suspiro, dijo: + +— ¡Oh tú, quienquiera que seas, que tanto bien me has pronosticado!, ruégote +que pidas de mi parte al sabio encantador que mis cosas tiene a cargo, que +no me deje perecer en esta prisión donde agora me llevan, hasta ver +cumplidas tan alegres e incomparables promesas como son las que aquí se me +han hecho; que, como esto sea, tendré por gloria las penas de mi cárcel, y +por alivio estas cadenas que me ciñen, y no por duro campo de batalla este +lecho en que me acuestan, sino por cama blanda y tálamo dichoso. Y, en lo +que toca a la consolación de Sancho Panza, mi escudero, yo confío de su +bondad y buen proceder que no me dejará en buena ni en mala suerte; porque, +cuando no suceda, por la suya o por mi corta ventura, el poderle yo dar la +ínsula, o otra cosa equivalente que le tengo prometida, por lo menos su +salario no podrá perderse; que en mi testamento, que ya está hecho, dejo +declarado lo que se le ha de dar, no conforme a sus muchos y buenos +servicios, sino a la posibilidad mía. + +Sancho Panza se le inclinó con mucho comedimiento, y le besó entrambas las +manos, porque la una no pudiera, por estar atadas entrambas. + +Luego tomaron la jaula en hombros aquellas visiones, y la acomodaron en el +carro de los bueyes. + + + + +Capítulo XLVII. Del estraño modo con que fue encantado don Quijote de la +Mancha, con otros famosos sucesos + +Cuando don Quijote se vio de aquella manera enjaulado y encima del carro, +dijo: + +— Muchas y muy graves historias he yo leído de caballeros andantes, pero +jamás he leído, ni visto, ni oído, que a los caballeros encantados los +lleven desta manera y con el espacio que prometen estos perezosos y tardíos +animales; porque siempre los suelen llevar por los aires, con estraña +ligereza, encerrados en alguna parda y escura nube, o en algún carro de +fuego, o ya sobre algún hipogrifo o otra bestia semejante; pero que me +lleven a mí agora sobre un carro de bueyes, ¡vive Dios que me pone en +confusión! Pero quizá la caballería y los encantos destos nuestros tiempos +deben de seguir otro camino que siguieron los antiguos. Y también podría +ser que, como yo soy nuevo caballero en el mundo, y el primero que ha +resucitado el ya olvidado ejercicio de la caballería aventurera, también +nuevamente se hayan inventado otros géneros de encantamentos y otros modos +de llevar a los encantados. ¿Qué te parece desto, Sancho hijo? + +— No sé yo lo que me parece —respondió Sancho—, por no ser tan leído como +vuestra merced en las escrituras andantes; pero, con todo eso, osaría +afirmar y jurar que estas visiones que por aquí andan, que no son del todo +católicas. + +— ¿Católicas? ¡Mi padre! —respondió don Quijote—. ¿Cómo han de ser católicas +si son todos demonios que han tomado cuerpos fantásticos para venir a hacer +esto y a ponerme en este estado? Y si quieres ver esta verdad, tócalos y +pálpalos, y verás como no tienen cuerpo sino de aire, y como no consiste +más de en la apariencia. + +— Par Dios, señor —replicó Sancho—, ya yo los he tocado; y este diablo que +aquí anda tan solícito es rollizo de carnes, y tiene otra propiedad muy +diferente de la que yo he oído decir que tienen los demonios; porque, según +se dice, todos huelen a piedra azufre y a otros malos olores; pero éste +huele a ámbar de media legua. + +Decía esto Sancho por don Fernando, que, como tan señor, debía de oler a lo +que Sancho decía. + +— No te maravilles deso, Sancho amigo —respondió don Quijote—, porque te +hago saber que los diablos saben mucho, y, puesto que traigan olores +consigo, ellos no huelen nada, porque son espíritus, y si huelen, no pueden +oler cosas buenas, sino malas y hidiondas. Y la razón es que como ellos, +dondequiera que están, traen el infierno consigo, y no pueden recebir +género de alivio alguno en sus tormentos, y el buen olor sea cosa que +deleita y contenta, no es posible que ellos huelan cosa buena. Y si a ti te +parece que ese demonio que dices huele a ámbar, o tú te engañas, o él +quiere engañarte con hacer que no le tengas por demonio. + +Todos estos coloquios pasaron entre amo y criado; y, temiendo don Fernando +y Cardenio que Sancho no viniese a caer del todo en la cuenta de su +invención, a quien andaba ya muy en los alcances, determinaron de abreviar +con la partida; y, llamando aparte al ventero, le ordenaron que ensillase a +Rocinante y enalbardase el jumento de Sancho; el cual lo hizo con mucha +presteza. + +Ya en esto, el cura se había concertado con los cuadrilleros que le +acompañasen hasta su lugar, dándoles un tanto cada día. Colgó Cardenio del +arzón de la silla de Rocinante, del un cabo la adarga y del otro la bacía, +y por señas mandó a Sancho que subiese en su asno y tomase de las riendas +a Rocinante, y puso a los dos lados del carro a los dos cuadrilleros con +sus escopetas. Pero, antes que se moviese el carro, salió la ventera, su +hija y Maritornes a despedirse de don Quijote, fingiendo que lloraban de +dolor de su desgracia; a quien don Quijote dijo: + +— No lloréis, mis buenas señoras, que todas estas desdichas son anexas a los +que profesan lo que yo profeso; y si estas calamidades no me acontecieran, +no me tuviera yo por famoso caballero andante; porque a los caballeros de +poco nombre y fama nunca les suceden semejantes casos, porque no hay en el +mundo quien se acuerde dellos. A los valerosos sí, que tienen envidiosos de +su virtud y valentía a muchos príncipes y a muchos otros caballeros, que +procuran por malas vías destruir a los buenos. Pero, con todo eso, la +virtud es tan poderosa que, por sí sola, a pesar de toda la nigromancia que +supo su primer inventor, Zoroastes, saldrá vencedora de todo trance, y dará +de sí luz en el mundo, como la da el sol en el cielo. Perdonadme, fermosas +damas, si algún desaguisado, por descuido mío, os he fecho, que, de +voluntad y a sabiendas, jamás le di a nadie; y rogad a Dios me saque destas +prisiones, donde algún mal intencionado encantador me ha puesto; que si de +ellas me veo libre, no se me caerá de la memoria las mercedes que en este +castillo me habedes fecho, para gratificallas, servillas y recompensallas +como ellas merecen. + +En tanto que las damas del castillo esto pasaban con don Quijote, el cura y +el barbero se despidieron de don Fernando y sus camaradas, y del capitán y +de su hermano y todas aquellas contentas señoras, especialmente de Dorotea +y Luscinda. Todos se abrazaron y quedaron de darse noticia de sus sucesos, +diciendo don Fernando al cura dónde había de escribirle para avisarle en lo +que paraba don Quijote, asegurándole que no habría cosa que más gusto le +diese que saberlo; y que él, asimesmo, le avisaría de todo aquello que él +viese que podría darle gusto, así de su casamiento como del bautismo de +Zoraida, y suceso de don Luis, y vuelta de Luscinda a su casa. El cura +ofreció de hacer cuanto se le mandaba, con toda puntualidad. Tornaron a +abrazarse otra vez, y otra vez tornaron a nuevos ofrecimientos. + +El ventero se llegó al cura y le dio unos papeles, diciéndole que los había +hallado en un aforro de la maleta donde se halló la Novela del curioso +impertinente, y que, pues su dueño no había vuelto más por allí, que se los +llevase todos; que, pues él no sabía leer, no los quería. El cura se lo +agradeció, y, abriéndolos luego, vio que al principio de lo escrito decía: +Novela de Rinconete y Cortadillo, por donde entendió ser alguna novela y +coligió que, pues la del Curioso impertinente había sido buena, que también +lo sería aquélla, pues podría ser fuesen todas de un mesmo autor; y así, la +guardó, con prosupuesto de leerla cuando tuviese comodidad. + +Subió a caballo, y también su amigo el barbero, con sus antifaces, porque +no fuesen luego conocidos de don Quijote, y pusiéronse a caminar tras el +carro. Y la orden que llevaban era ésta: iba primero el carro, guiándole su +dueño; a los dos lados iban los cuadrilleros, como se ha dicho, con sus +escopetas; seguía luego Sancho Panza sobre su asno, llevando de rienda a +Rocinante. Detrás de todo esto iban el cura y el barbero sobre sus +poderosas mulas, cubiertos los rostros, como se ha dicho, con grave y +reposado continente, no caminando más de lo que permitía el paso tardo de +los bueyes. Don Quijote iba sentado en la jaula, las manos atadas, tendidos +los pies, y arrimado a las verjas, con tanto silencio y tanta paciencia +como si no fuera hombre de carne, sino estatua de piedra. + +Y así, con aquel espacio y silencio caminaron hasta dos leguas, que +llegaron a un valle, donde le pareció al boyero ser lugar acomodado para +reposar y dar pasto a los bueyes; y, comunicándolo con el cura, fue de +parecer el barbero que caminasen un poco más, porque él sabía, detrás de un +recuesto que cerca de allí se mostraba, había un valle de más yerba y mucho +mejor que aquel donde parar querían. Tomóse el parecer del barbero, y así, +tornaron a proseguir su camino. + +En esto, volvió el cura el rostro, y vio que a sus espaldas venían hasta +seis o siete hombres de a caballo, bien puestos y aderezados, de los cuales +fueron presto alcanzados, porque caminaban no con la flema y reposo de los +bueyes, sino como quien iba sobre mulas de canónigos y con deseo de llegar +presto a sestear a la venta, que menos de una legua de allí se parecía. +Llegaron los diligentes a los perezosos y saludáronse cortésmente; y uno de +los que venían, que, en resolución, era canónigo de Toledo y señor de los +demás que le acompañaban, viendo la concertada procesión del carro, +cuadrilleros, Sancho, Rocinante, cura y barbero, y más a don Quijote, +enjaulado y aprisionado, no pudo dejar de preguntar qué significaba llevar +aquel hombre de aquella manera; aunque ya se había dado a entender, viendo +las insignias de los cuadrilleros, que debía de ser algún facinoroso +salteador, o otro delincuente cuyo castigo tocase a la Santa Hermandad. Uno +de los cuadrilleros, a quien fue hecha la pregunta, respondió ansí: + +— Señor, lo que significa ir este caballero desta manera, dígalo él, porque +nosotros no lo sabemos. + +Oyó don Quijote la plática, y dijo: + +— ¿Por dicha vuestras mercedes, señores caballeros, son versados y perictos +en esto de la caballería andante? Porque si lo son, comunicaré con ellos +mis desgracias, y si no, no hay para qué me canse en decillas. + +Y, a este tiempo, habían ya llegado el cura y el barbero, viendo que los +caminantes estaban en pláticas con don Quijote de la Mancha, para responder +de modo que no fuese descubierto su artificio. + +El canónigo, a lo que don Quijote dijo, respondió: + +— En verdad, hermano, que sé más de libros de caballerías que de las Súmulas +de Villalpando. Ansí que, si no está más que en esto, seguramente podéis +comunicar conmigo lo que quisiéredes. + +— A la mano de Dios —replicó don Quijote—. Pues así es, quiero, señor +caballero, que sepades que yo voy encantado en esta jaula, por envidia y +fraude de malos encantadores; que la virtud más es perseguida de los malos +que amada de los buenos. Caballero andante soy, y no de aquellos de cuyos +nombres jamás la Fama se acordó para eternizarlos en su memoria, sino de +aquellos que, a despecho y pesar de la mesma envidia, y de cuantos magos +crió Persia, bracmanes la India, ginosofistas la Etiopía, ha de poner su +nombre en el templo de la inmortalidad para que sirva de ejemplo y dechado +en los venideros siglos, donde los caballeros andantes vean los pasos que +han de seguir, si quisieren llegar a la cumbre y alteza honrosa de las +armas. + +— Dice verdad el señor don Quijote de la Mancha —dijo a esta sazón el cura—; +que él va encantado en esta carreta, no por sus culpas y pecados, sino por +la mala intención de aquellos a quien la virtud enfada y la valentía enoja. +Éste es, señor, el Caballero de la Triste Figura, si ya le oístes nombrar +en algún tiempo, cuyas valerosas hazañas y grandes hechos serán escritas +en bronces duros y en eternos mármoles, por más que se canse la envidia en +escurecerlos y la malicia en ocultarlos. + +Cuando el canónigo oyó hablar al preso y al libre en semejante estilo, +estuvo por hacerse la cruz, de admirado, y no podía saber lo que le había +acontencido; y en la mesma admiración cayeron todos los que con él venían. +En esto, Sancho Panza, que se había acercado a oír la plática, para +adobarlo todo, dijo: + +— Ahora, señores, quiéranme bien o quiéranme mal por lo que dijere, el caso +de ello es que así va encantado mi señor don Quijote como mi madre; él +tiene su entero juicio, él come y bebe y hace sus necesidades como los +demás hombres, y como las hacía ayer, antes que le enjaulasen. Siendo esto +ansí, ¿cómo quieren hacerme a mí entender que va encantado? Pues yo he oído +decir a muchas personas que los encantados ni comen, ni duermen, ni hablan, +y mi amo, si no le van a la mano, hablará más que treinta procuradores. + +Y, volviéndose a mirar al cura, prosiguió diciendo: + +— ¡Ah señor cura, señor cura! ¿Pensaba vuestra merced que no le conozco, y +pensará que yo no calo y adivino adónde se encaminan estos nuevos +encantamentos? Pues sepa que le conozco, por más que se encubra el rostro, +y sepa que le entiendo, por más que disimule sus embustes. En fin, donde +reina la envidia no puede vivir la virtud, ni adonde hay escaseza la +liberalidad. !Mal haya el diablo!; que, si por su reverencia no fuera, ésta +fuera ya la hora que mi señor estuviera casado con la infanta Micomicona, y +yo fuera conde, por lo menos, pues no se podía esperar otra cosa, así de la +bondad de mi señor el de la Triste Figura como de la grandeza de mis +servicios. Pero ya veo que es verdad lo que se dice por ahí: que la rueda +de la Fortuna anda más lista que una rueda de molino, y que los que ayer +estaban en pinganitos hoy están por el suelo. De mis hijos y de mi mujer me +pesa, pues cuando podían y debían esperar ver entrar a su padre por sus +puertas hecho gobernador o visorrey de alguna ínsula o reino, le verán +entrar hecho mozo de caballos. Todo esto que he dicho, señor cura, no es +más de por encarecer a su paternidad haga conciencia del mal tratamiento +que a mi señor se le hace, y mire bien no le pida Dios en la otra vida esta +prisión de mi amo, y se le haga cargo de todos aquellos socorros y bienes +que mi señor don Quijote deja de hacer en este tiempo que está preso. + +— ¡Adóbame esos candiles! —dijo a este punto el barbero—. ¿También vos, +Sancho, sois de la cofradía de vuestro amo? ¡Vive el Señor, que voy viendo +que le habéis de tener compañía en la jaula, y que habéis de quedar tan +encantado como él, por lo que os toca de su humor y de su caballería! En +mal punto os empreñastes de sus promesas, y en mal hora se os entró en los +cascos la ínsula que tanto deseáis. + +— Yo no estoy preñado de nadie —respondió Sancho—, ni soy hombre que me +dejaría empreñar, del rey que fuese; y, aunque pobre, soy cristiano viejo, +y no debo nada a nadie; y si ínsulas deseo, otros desean otras cosas +peores; y cada uno es hijo de sus obras; y, debajo de ser hombre, puedo +venir a ser papa, cuanto más gobernador de una ínsula, y más pudiendo ganar +tantas mi señor que le falte a quien dallas. Vuestra merced mire cómo +habla, señor barbero; que no es todo hacer barbas, y algo va de Pedro a +Pedro. Dígolo porque todos nos conocemos, y a mí no se me ha de echar dado +falso. Y en esto del encanto de mi amo, Dios sabe la verdad; y quédese +aquí, porque es peor meneallo. + +No quiso responder el barbero a Sancho, porque no descubriese con sus +simplicidades lo que él y el cura tanto procuraban encubrir; y, por este +mesmo temor, había el cura dicho al canónigo que caminasen un poco delante: +que él le diría el misterio del enjaulado, con otras cosas que le diesen +gusto. Hízolo así el canónigo, y adelantóse con sus criados y con él: +estuvo atento a todo aquello que decirle quiso de la condición, vida, +locura y costumbres de don Quijote, contándole brevemente el principio y +causa de su desvarío, y todo el progreso de sus sucesos, hasta haberlo +puesto en aquella jaula, y el disignio que llevaban de llevarle a su +tierra, para ver si por algún medio hallaban remedio a su locura. +Admiráronse de nuevo los criados y el canónigo de oír la peregrina historia +de don Quijote, y, en acabándola de oír, dijo: + +— Verdaderamente, señor cura, yo hallo por mi cuenta que son perjudiciales +en la república estos que llaman libros de caballerías; y, aunque he leído, +llevado de un ocioso y falso gusto, casi el principio de todos los más que +hay impresos, jamás me he podido acomodar a leer ninguno del principio al +cabo, porque me parece que, cuál más, cuál menos, todos ellos son una mesma +cosa, y no tiene más éste que aquél, ni estotro que el otro. Y, según a mí +me parece, este género de escritura y composición cae debajo de aquel de +las fábulas que llaman milesias, que son cuentos disparatados, que atienden +solamente a deleitar, y no a enseñar: al contrario de lo que hacen las +fábulas apólogas, que deleitan y enseñan juntamente. Y, puesto que el +principal intento de semejantes libros sea el deleitar, no sé yo cómo +puedan conseguirle, yendo llenos de tantos y tan desaforados disparates; +que el deleite que en el alma se concibe ha de ser de la hermosura y +concordancia que vee o contempla en las cosas que la vista o la imaginación +le ponen delante; y toda cosa que tiene en sí fealdad y descompostura no +nos puede causar contento alguno. Pues, ¿qué hermosura puede haber, o qué +proporción de partes con el todo y del todo con las partes, en un libro o +fábula donde un mozo de diez y seis años da una cuchillada a un gigante +como una torre, y le divide en dos mitades, como si fuera de alfeñique; y +que, cuando nos quieren pintar una batalla, después de haber dicho que hay +de la parte de los enemigos un millón de competientes, como sea contra +ellos el señor del libro, forzosamente, mal que nos pese, habemos de +entender que el tal caballero alcanzó la vitoria por solo el valor de su +fuerte brazo? Pues, ¿qué diremos de la facilidad con que una reina o +emperatriz heredera se conduce en los brazos de un andante y no conocido +caballero? ¿Qué ingenio, si no es del todo bárbaro e inculto, podrá +contentarse leyendo que una gran torre llena de caballeros va por la mar +adelante, como nave con próspero viento, y hoy anochece en Lombardía, y +mañana amanezca en tierras del Preste Juan de las Indias, o en otras que ni +las descubrió Tolomeo ni las vio Marco Polo? Y, si a esto se me respondiese +que los que tales libros componen los escriben como cosas de mentira, y que +así, no están obligados a mirar en delicadezas ni verdades, responderles +hía yo que tanto la mentira es mejor cuanto más parece verdadera, y tanto +más agrada cuanto tiene más de lo dudoso y posible. Hanse de casar las +fábulas mentirosas con el entendimiento de los que las leyeren, +escribiéndose de suerte que, facilitando los imposibles, allanando las +grandezas, suspendiendo los ánimos, admiren, suspendan, alborocen y +entretengan, de modo que anden a un mismo paso la admiración y la alegría +juntas; y todas estas cosas no podrá hacer el que huyere de la +verisimilitud y de la imitación, en quien consiste la perfeción de lo que +se escribe. No he visto ningún libro de caballerías que haga un cuerpo de +fábula entero con todos sus miembros, de manera que el medio corresponda al +principio, y el fin al principio y al medio; sino que los componen con +tantos miembros, que más parece que llevan intención a formar una quimera o +un monstruo que a hacer una figura proporcionada. Fuera desto, son en el +estilo duros; en las hazañas, increíbles; en los amores, lascivos; en las +cortesías, mal mirados; largos en las batallas, necios en las razones, +disparatados en los viajes, y, finalmente, ajenos de todo discreto +artificio, y por esto dignos de ser desterrados de la república cristiana, +como a gente inútil. + +El cura le estuvo escuchando con grande atención, y parecióle hombre de +buen entendimiento, y que tenía razón en cuanto decía; y así, le dijo que, +por ser él de su mesma opinión y tener ojeriza a los libros de caballerías, +había quemado todos los de don Quijote, que eran muchos. Y contóle el +escrutinio que dellos había hecho, y los que había condenado al fuego y +dejado con vida, de que no poco se rió el canónigo, y dijo que, con todo +cuanto mal había dicho de tales libros, hallaba en ellos una cosa buena: +que era el sujeto que ofrecían para que un buen entendimiento pudiese +mostrarse en ellos, porque daban largo y espacioso campo por donde sin +empacho alguno pudiese correr la pluma, descubriendo naufragios, tormentas, +rencuentros y batallas; pintando un capitán valeroso con todas las partes +que para ser tal se requieren, mostrándose prudente previniendo las +astucias de sus enemigos, y elocuente orador persuadiendo o disuadiendo a +sus soldados, maduro en el consejo, presto en lo determinado, tan valiente +en el esperar como en el acometer; pintando ora un lamentable y trágico +suceso, ahora un alegre y no pensado acontecimiento; allí una hermosísima +dama, honesta, discreta y recatada; aquí un caballero cristiano, valiente y +comedido; acullá un desaforado bárbaro fanfarrón; acá un príncipe cortés, +valeroso y bien mirado; representando bondad y lealtad de vasallos, +grandezas y mercedes de señores. Ya puede mostrarse astrólogo, ya +cosmógrafo excelente, ya músico, ya inteligente en las materias de estado, +y tal vez le vendrá ocasión de mostrarse nigromante, si quisiere. Puede +mostrar las astucias de Ulixes, la piedad de Eneas, la valentía de Aquiles, +las desgracias de Héctor, las traiciones de Sinón, la amistad de Eurialio, +la liberalidad de Alejandro, el valor de César, la clemencia y verdad de +Trajano, la fidelidad de Zopiro, la prudencia de Catón; y, finalmente, +todas aquellas acciones que pueden hacer perfecto a un varón ilustre, ahora +poniéndolas en uno solo, ahora dividiéndolas en muchos. + +— Y, siendo esto hecho con apacibilidad de estilo y con ingeniosa invención, +que tire lo más que fuere posible a la verdad, sin duda compondrá una tela +de varios y hermosos lazos tejida, que, después de acabada, tal perfeción y +hermosura muestre, que consiga el fin mejor que se pretende en los +escritos, que es enseñar y deleitar juntamente, como ya tengo dicho. Porque +la escritura desatada destos libros da lugar a que el autor pueda mostrarse +épico, lírico, trágico, cómico, con todas aquellas partes que encierran en +sí las dulcísimas y agradables ciencias de la poesía y de la oratoria; que +la épica también puede escrebirse en prosa como en verso. + + + + +Capítulo XLVIII. Donde prosigue el canónigo la materia de los libros de +caballerías, con otras cosas dignas de su ingenio + +— Así es como vuestra merced dice, señor canónigo —dijo el cura—, y por esta +causa son más dignos de reprehensión los que hasta aquí han compuesto +semejantes libros sin tener advertencia a ningún buen discurso, ni al arte +y reglas por donde pudieran guiarse y hacerse famosos en prosa, como lo son +en verso los dos príncipes de la poesía griega y latina. + +— Yo, a lo menos —replicó el canónigo—, he tenido cierta tentación de hacer +un libro de caballerías, guardando en él todos los puntos que he +significado; y si he de confesar la verdad, tengo escritas más de cien +hojas. Y para hacer la experiencia de si correspondían a mi estimación, las +he comunicado con hombres apasionados desta leyenda, dotos y discretos, y +con otros ignorantes, que sólo atienden al gusto de oír disparates, y de +todos he hallado una agradable aprobación; pero, con todo esto, no he +proseguido adelante, así por parecerme que hago cosa ajena de mi profesión, +como por ver que es más el número de los simples que de los prudentes; y +que, puesto que es mejor ser loado de los pocos sabios que burlado de los +muchos necios, no quiero sujetarme al confuso juicio del desvanecido vulgo, +a quien por la mayor parte toca leer semejantes libros. Pero lo que más me +le quitó de las manos, y aun del pensamiento, de acabarle, fue un argumento +que hice conmigo mesmo, sacado de las comedias que ahora se representa, +diciendo: ''Si estas que ahora se usan, así las imaginadas como las de +historia, todas o las más son conocidos disparates y cosas que no llevan +pies ni cabeza, y, con todo eso, el vulgo las oye con gusto, y las tiene y +las aprueba por buenas, estando tan lejos de serlo, y los autores que las +componen y los actores que las representan dicen que así han de ser, porque +así las quiere el vulgo, y no de otra manera; y que las que llevan traza y +siguen la fábula como el arte pide, no sirven sino para cuatro discretos +que las entienden, y todos los demás se quedan ayunos de entender su +artificio, y que a ellos les está mejor ganar de comer con los muchos, que +no opinión con los pocos, deste modo vendrá a ser un libro, al cabo de +haberme quemado las cejas por guardar los preceptos referidos, y vendré a +ser el sastre del cantillo''. Y, aunque algunas veces he procurado +persuadir a los actores que se engañan en tener la opinión que tienen, y +que más gente atraerán y más fama cobrarán representando comedias que hagan +el arte que no con las disparatadas, y están tan asidos y encorporados en +su parecer, que no hay razón ni evidencia que dél los saque. Acuérdome que +un día dije a uno destos pertinaces: ''Decidme, ¿no os acordáis que ha +pocos años que se representaron en España tres tragedias que compuso un +famoso poeta destos reinos, las cuales fueron tales, que admiraron, +alegraron y suspendieron a todos cuantos las oyeron, así simples como +prudentes, así del vulgo como de los escogidos, y dieron más dineros a los +representantes ellas tres solas que treinta de las mejores que después acá +se han hecho?'' ''Sin duda —respondió el autor que digo—, que debe de decir +vuestra merced por La Isabela, La Filis y La Alejandra''. ''Por ésas digo +— le repliqué yo—; y mirad si guardaban bien los preceptos del arte, y si +por guardarlos dejaron de parecer lo que eran y de agradar a todo el mundo. +Así que no está la falta en el vulgo, que pide disparates, sino en aquellos +que no saben representar otra cosa. Sí, que no fue disparate La ingratitud +vengada, ni le tuvo La Numancia, ni se le halló en la del Mercader amante, +ni menos en La enemiga favorable, ni en otras algunas que de algunos +entendidos poetas han sido compuestas, para fama y renombre suyo, y para +ganancia de los que las han representado''. Y otras cosas añadí a éstas, +con que, a mi parecer, le dejé algo confuso, pero no satisfecho ni +convencido para sacarle de su errado pensamiento. + +— En materia ha tocado vuestra merced, señor canónigo —dijo a esta sazón el +cura—, que ha despertado en mí un antiguo rancor que tengo con las comedias +que agora se usan, tal, que iguala al que tengo con los libros de +caballerías; porque, habiendo de ser la comedia, según le parece a Tulio, +espejo de la vida humana, ejemplo de las costumbres y imagen de la verdad, +las que ahora se representan son espejos de disparates, ejemplos de +necedades e imágenes de lascivia. Porque, ¿qué mayor disparate puede ser en +el sujeto que tratamos que salir un niño en mantillas en la primera cena +del primer acto, y en la segunda salir ya hecho hombre barbado? Y ¿qué +mayor que pintarnos un viejo valiente y un mozo cobarde, un lacayo +rectórico, un paje consejero, un rey ganapán y una princesa fregona? ¿Qué +diré, pues, de la observancia que guardan en los tiempos en que pueden o +podían suceder las acciones que representan, sino que he visto comedia que +la primera jornada comenzó en Europa, la segunda en Asia, la tercera se +acabó en Africa, y ansí fuera de cuatro jornadas, la cuarta acababa en +América, y así se hubiera hecho en todas las cuatro partes del mundo? Y si +es que la imitación es lo principal que ha de tener la comedia, ¿cómo es +posible que satisfaga a ningún mediano entendimiento que, fingiendo una +acción que pasa en tiempo del rey Pepino y Carlomagno, el mismo que en ella +hace la persona principal le atribuyan que fue el emperador Heraclio, que +entró con la Cruz en Jerusalén, y el que ganó la Casa Santa, como Godofre +de Bullón, habiendo infinitos años de lo uno a lo otro; y fundándose la +comedia sobre cosa fingida, atribuirle verdades de historia, y mezclarle +pedazos de otras sucedidas a diferentes personas y tiempos, y esto, no con +trazas verisímiles, sino con patentes errores de todo punto inexcusables? Y +es lo malo que hay ignorantes que digan que esto es lo perfecto, y que lo +demás es buscar gullurías. Pues, ¿qué si venimos a las comedias divinas?: +¡qué de milagros falsos fingen en ellas, qué de cosas apócrifas y mal +entendidas, atribuyendo a un santo los milagros de otro! Y aun en las +humanas se atreven a hacer milagros, sin más respeto ni consideración que +parecerles que allí estará bien el tal milagro y apariencia, como ellos +llaman, para que gente ignorante se admire y venga a la comedia; que todo +esto es en perjuicio de la verdad y en menoscabo de las historias, y aun en +oprobrio de los ingenios españoles; porque los estranjeros, que con mucha +puntualidad guardan las leyes de la comedia, nos tienen por bárbaros e +ignorantes, viendo los absurdos y disparates de las que hacemos. Y no sería +bastante disculpa desto decir que el principal intento que las repúblicas +bien ordenadas tienen, permitiendo que se hagan públicas comedias, es para +entretener la comunidad con alguna honesta recreación, y divertirla a veces +de los malos humores que suele engendrar la ociosidad; y que, pues éste se +consigue con cualquier comedia, buena o mala, no hay para qué poner leyes, +ni estrechar a los que las componen y representan a que las hagan como +debían hacerse, pues, como he dicho, con cualquiera se consigue lo que con +ellas se pretende. A lo cual respondería yo que este fin se conseguiría +mucho mejor, sin comparación alguna, con las comedias buenas que con las no +tales; porque, de haber oído la comedia artificiosa y bien ordenada, +saldría el oyente alegre con las burlas, enseñado con las veras, admirado +de los sucesos, discreto con las razones, advertido con los embustes, sagaz +con los ejemplos, airado contra el vicio y enamorado de la virtud; que +todos estos afectos ha de despertar la buena comedia en el ánimo del que la +escuchare, por rústico y torpe que sea; y de toda imposibilidad es +imposible dejar de alegrar y entretener, satisfacer y contentar, la comedia +que todas estas partes tuviere mucho más que aquella que careciere dellas, +como por la mayor parte carecen estas que de ordinario agora se +representan. Y no tienen la culpa desto los poetas que las componen, porque +algunos hay dellos que conocen muy bien en lo que yerran, y saben +estremadamente lo que deben hacer; pero, como las comedias se han hecho +mercadería vendible, dicen, y dicen verdad, que los representantes no se +las comprarían si no fuesen de aquel jaez; y así, el poeta procura +acomodarse con lo que el representante que le ha de pagar su obra le pide. +Y que esto sea verdad véase por muchas e infinitas comedias que ha +compuesto un felicísimo ingenio destos reinos, con tanta gala, con tanto +donaire, con tan elegante verso, con tan buenas razones, con tan graves +sentencias y, finalmente, tan llenas de elocución y alteza de estilo, que +tiene lleno el mundo de su fama. Y, por querer acomodarse al gusto de los +representantes, no han llegado todas, como han llegado algunas, al punto de +la perfección que requieren. Otros las componen tan sin mirar lo que hacen, +que después de representadas tienen necesidad los recitantes de huirse y +ausentarse, temerosos de ser castigados, como lo han sido muchas veces, por +haber representado cosas en perjuicio de algunos reyes y en deshonra de +algunos linajes. Y todos estos inconvinientes cesarían, y aun otros muchos +más que no digo, con que hubiese en la Corte una persona inteligente y +discreta que examinase todas las comedias antes que se representasen (no +sólo aquellas que se hiciesen en la Corte, sino todas las que se quisiesen +representar en España), sin la cual aprobación, sello y firma, ninguna +justicia en su lugar dejase representar comedia alguna; y, desta manera, +los comediantes tendrían cuidado de enviar las comedias a la Corte, y con +seguridad podrían representallas, y aquellos que las componen mirarían con +más cuidado y estudio lo que hacían, temorosos de haber de pasar sus obras +por el riguroso examen de quien lo entiende; y desta manera se harían +buenas comedias y se conseguiría felicísimamente lo que en ellas se +pretende: así el entretenimiento del pueblo, como la opinión de los +ingenios de España, el interés y seguridad de los recitantes y el ahorro +del cuidado de castigallos. Y si diese cargo a otro, o a este mismo, que +examinase los libros de caballerías que de nuevo se compusiesen, sin duda +podrían salir algunos con la perfección que vuestra merced ha dicho, +enriqueciendo nuestra lengua del agradable y precioso tesoro de la +elocuencia, dando ocasión que los libros viejos se escureciesen a la luz de +los nuevos que saliesen, para honesto pasatiempo, no solamente de los +ociosos, sino de los más ocupados; pues no es posible que esté continuo el +arco armado, ni la condición y flaqueza humana se pueda sustentar sin +alguna lícita recreación. + +A este punto de su coloquio llegaban el canónigo y el cura, cuando, +adelantándose el barbero, llegó a ellos, y dijo al cura: + +— Aquí, señor licenciado, es el lugar que yo dije que era bueno para que, +sesteando nosotros, tuviesen los bueyes fresco y abundoso pasto. + +— Así me lo parece a mí —respondió el cura. + +Y, diciéndole al canónigo lo que pensaba hacer, él también quiso quedarse +con ellos, convidado del sitio de un hermoso valle que a la vista se les +ofrecía. Y, así por gozar dél como de la conversación del cura, de quien ya +iba aficionado, y por saber más por menudo las hazañas de don Quijote, +mandó a algunos de sus criados que se fuesen a la venta, que no lejos de +allí estaba, y trujesen della lo que hubiese de comer, para todos, porque +él determinaba de sestear en aquel lugar aquella tarde; a lo cual uno de +sus criados respondió que el acémila del repuesto, que ya debía de estar en +la venta, traía recado bastante para no obligar a no tomar de la venta más +que cebada. + +— Pues así es —dijo el canónigo—, llévense allá todas las cabalgaduras, y +haced volver la acémila. + +En tanto que esto pasaba, viendo Sancho que podía hablar a su amo sin la +continua asistencia del cura y el barbero, que tenía por sospechosos, se +llegó a la jaula donde iba su amo, y le dijo: + +— Señor, para descargo de mi conciencia, le quiero decir lo que pasa cerca +de su encantamento; y es que aquestos dos que vienen aquí cubiertos los +rostros son el cura de nuestro lugar y el barbero; y imagino han dado esta +traza de llevalle desta manera, de pura envidia que tienen como vuestra +merced se les adelanta en hacer famosos hechos. Presupuesta, pues, esta +verdad, síguese que no va encantado, sino embaído y tonto. Para prueba de +lo cual le quiero preguntar una cosa; y si me responde como creo que me ha +de responder, tocará con la mano este engaño y verá como no va encantado, +sino trastornado el juicio. + +— Pregunta lo que quisieres, hijo Sancho —respondió don Quijote—, que yo te +satisfaré y responderé a toda tu voluntad. Y en lo que dices que aquellos +que allí van y vienen con nosotros son el cura y el barbero, nuestros +compatriotos y conocidos, bien podrá ser que parezca que son ellos mesmos; +pero que lo sean realmente y en efeto, eso no lo creas en ninguna manera. +Lo que has de creer y entender es que si ellos se les parecen, como dices, +debe de ser que los que me han encantado habrán tomado esa apariencia y +semejanza; porque es fácil a los encantadores tomar la figura que se les +antoja, y habrán tomado las destos nuestros amigos, para darte a ti ocasión +de que pienses lo que piensas, y ponerte en un laberinto de imaginaciones, +que no aciertes a salir dél, aunque tuvieses la soga de Teseo. Y también lo +habrán hecho para que yo vacile en mi entendimiento, y no sepa atinar de +dónde me viene este daño; porque si, por una parte, tú me dices que me +acompañan el barbero y el cura de nuestro pueblo, y, por otra, yo me veo +enjaulado, y sé de mí que fuerzas humanas, como no fueran sobrenaturales, +no fueran bastantes para enjaularme, ¿qué quieres que diga o piense sino +que la manera de mi encantamento excede a cuantas yo he leído en todas +las historias que tratan de caballeros andantes que han sido encantados? +Ansí que, bien puedes darte paz y sosiego en esto de creer que son los que +dices, porque así son ellos como yo soy turco. Y, en lo que toca a querer +preguntarme algo, di, que yo te responderé, aunque me preguntes de aquí a +mañana. + +— ¡Válame Nuestra Señora! —respondió Sancho, dando una gran voz—. Y ¿es +posible que sea vuestra merced tan duro de celebro, y tan falto de meollo, +que no eche de ver que es pura verdad la que le digo, y que en esta su +prisión y desgracia tiene más parte la malicia que el encanto? Pero, pues +así es, yo le quiero probar evidentemente como no va encantado. Si no, +dígame, así Dios le saque desta tormenta, y así se vea en los brazos de mi +señora Dulcinea cuando menos se piense... + +— Acaba de conjurarme —dijo don Quijote—, y pregunta lo que quisieres; que +ya te he dicho que te responderé con toda puntualidad. + +— Eso pido —replicó Sancho—; y lo que quiero saber es que me diga, sin +añadir ni quitar cosa ninguna, sino con toda verdad, como se espera que la +han de decir y la dicen todos aquellos que profesan las armas, como vuestra +merced las profesa, debajo de título de caballeros andantes... + +— Digo que no mentiré en cosa alguna —respondió don Quijote—. Acaba ya de +preguntar, que en verdad que me cansas con tantas salvas, plegarias y +prevenciones, Sancho. + +— Digo que yo estoy seguro de la bondad y verdad de mi amo; y así, porque +hace al caso a nuestro cuento, pregunto, hablando con acatamiento, si acaso +después que vuestra merced va enjaulado y, a su parecer, encantado en esta +jaula, le ha venido gana y voluntad de hacer aguas mayores o menores, como +suele decirse. + +— No entiendo eso de hacer aguas, Sancho; aclárate más, si quieres que te +responda derechamente. + +— ¿Es posible que no entiende vuestra merced de hacer aguas menores o +mayores? Pues en la escuela destetan a los muchachos con ello. Pues sepa +que quiero decir si le ha venido gana de hacer lo que no se escusa. + +— ¡Ya, ya te entiendo, Sancho! Y muchas veces; y aun agora la tengo. ¡Sácame +deste peligro, que no anda todo limpio! + + + + +Capítulo XLIX. Donde se trata del discreto coloquio que Sancho Panza tuvo +con su señor don Quijote + +— ¡Ah —dijo Sancho—; cogido le tengo! Esto es lo que yo deseaba saber, como +al alma y como a la vida. Venga acá, señor: ¿podría negar lo que comúnmente +suele decirse por ahí cuando una persona está de mala voluntad: "No sé qué +tiene fulano, que ni come, ni bebe, ni duerme, ni responde a propósito a lo +que le preguntan, que no parece sino que está encantado"? De donde se viene +a sacar que los que no comen, ni beben, ni duermen, ni hacen las obras +naturales que yo digo, estos tales están encantados; pero no aquellos que +tienen la gana que vuestra merced tiene y que bebe cuando se lo dan, y come +cuando lo tiene, y responde a todo aquello que le preguntan. + +— Verdad dices, Sancho —respondió don Quijote—, pero ya te he dicho que hay +muchas maneras de encantamentos, y podría ser que con el tiempo se hubiesen +mudado de unos en otros, y que agora se use que los encantados hagan todo +lo que yo hago, aunque antes no lo hacían. De manera que contra el uso de +los tiempos no hay que argüir ni de qué hacer consecuencias. Yo sé y tengo +para mí que voy encantado, y esto me basta para la seguridad de mi +conciencia; que la formaría muy grande si yo pensase que no estaba +encantado y me dejase estar en esta jaula, perezoso y cobarde, defraudando +el socorro que podría dar a muchos menesterosos y necesitados que de mi +ayuda y amparo deben tener a la hora de ahora precisa y estrema necesidad. + +— Pues, con todo eso —replicó Sancho—, digo que, para mayor abundancia y +satisfación, sería bien que vuestra merced probase a salir desta cárcel, +que yo me obligo con todo mi poder a facilitarlo, y aun a sacarle della, y +probase de nuevo a subir sobre su buen Rocinante, que también parece que va +encantado, según va de malencólico y triste; y, hecho esto, probásemos otra +vez la suerte de buscar más aventuras; y si no nos sucediese bien, tiempo +nos queda para volvernos a la jaula, en la cual prometo, a ley de buen y +leal escudero, de encerrarme juntamente con vuestra merced, si acaso fuere +vuestra merced tan desdichado, o yo tan simple, que no acierte a salir con +lo que digo. + +— Yo soy contento de hacer lo que dices, Sancho hermano —replicó don +Quijote—; y cuando tú veas coyuntura de poner en obra mi libertad, yo te +obedeceré en todo y por todo; pero tú, Sancho, verás como te engañas en el +conocimiento de mi desgracia. + +En estas pláticas se entretuvieron el caballero andante y el mal andante +escudero, hasta que llegaron donde, ya apeados, los aguardaban el cura, el +canónigo y el barbero. Desunció luego los bueyes de la carreta el boyero, y +dejólos andar a sus anchuras por aquel verde y apacible sitio, cuya +frescura convidaba a quererla gozar, no a las personas tan encantadas como +don Quijote, sino a los tan advertidos y discretos como su escudero; el +cual rogó al cura que permitiese que su señor saliese por un rato de la +jaula, porque si no le dejaban salir, no iría tan limpia aquella prisión +como requiría la decencia de un tal caballero como su amo. Entendióle el +cura, y dijo que de muy buena gana haría lo que le pedía si no temiera que, +en viéndose su señor en libertad, había de hacer de las suyas, y irse donde +jamás gentes le viesen. + +— Yo le fío de la fuga —respondió Sancho. + +— Y yo y todo —dijo el canónigo—; y más si él me da la palabra, como +caballero, de no apartarse de nosotros hasta que sea nuestra voluntad. + +— Sí doy —respondió don Quijote, que todo lo estaba escuchando—; cuanto más, +que el que está encantado, como yo, no tiene libertad para hacer de su +persona lo que quisiere, porque el que le encantó le puede hacer que no se +mueva de un lugar en tres siglos; y si hubiere huido, le hará volver en +volandas. —Y que, pues esto era así, bien podían soltalle, y más, siendo +tan en provecho de todos; y del no soltalle les protestaba que no podía +dejar de fatigalles el olfato, si de allí no se desviaban. + +Tomóle la mano el canónigo, aunque las tenía atadas, y, debajo de su buena +fe y palabra, le desenjaularon, de que él se alegró infinito y en grande +manera de verse fuera de la jaula. Y lo primero que hizo fue estirarse todo +el cuerpo, y luego se fue donde estaba Rocinante, y, dándole dos palmadas +en las ancas, dijo: + +— Aún espero en Dios y en su bendita Madre, flor y espejo de los caballos, +que presto nos hemos de ver los dos cual deseamos; tú, con tu señor a +cuestas; y yo, encima de ti, ejercitando el oficio para que Dios me echó al +mundo. + +Y, diciendo esto, don Quijote se apartó con Sancho en remota parte, de +donde vino más aliviado y con más deseos de poner en obra lo que su +escudero ordenase. + +Mirábalo el canónigo, y admirábase de ver la estrañeza de su grande locura, +y de que, en cuanto hablaba y respondía, mostraba tener bonísimo +entendimiento: solamente venía a perder los estribos, como otras veces se +ha dicho, en tratándole de caballería. Y así, movido de compasión, después +de haberse sentado todos en la verde yerba, para esperar el repuesto del +canónigo, le dijo: + +— ¿Es posible, señor hidalgo, que haya podido tanto con vuestra merced la +amarga y ociosa letura de los libros de caballerías, que le hayan vuelto el +juicio de modo que venga a creer que va encantado, con otras cosas deste +jaez, tan lejos de ser verdaderas como lo está la mesma mentira de la +verdad? Y ¿cómo es posible que haya entendimiento humano que se dé a +entender que ha habido en el mundo aquella infinidad de Amadises, y aquella +turbamulta de tanto famoso caballero, tanto emperador de Trapisonda, tanto +Felixmarte de Hircania, tanto palafrén, tanta doncella andante, tantas +sierpes, tantos endriagos, tantos gigantes, tantas inauditas aventuras, +tanto género de encantamentos, tantas batallas, tantos desaforados +encuentros, tanta bizarría de trajes, tantas princesas enamoradas, tantos +escuderos condes, tantos enanos graciosos, tanto billete, tanto requiebro, +tantas mujeres valientes; y, finalmente, tantos y tan disparatados casos +como los libros de caballerías contienen? De mí sé decir que, cuando los +leo, en tanto que no pongo la imaginación en pensar que son todos mentira y +liviandad, me dan algún contento; pero, cuando caigo en la cuenta de lo que +son, doy con el mejor dellos en la pared, y aun diera con él en el fuego si +cerca o presente le tuviera, bien como a merecedores de tal pena, por ser +falsos y embusteros, y fuera del trato que pide la común naturaleza, y como +a inventores de nuevas sectas y de nuevo modo de vida, y como a quien da +ocasión que el vulgo ignorante venga a creer y a tener por verdaderas +tantas necedades como contienen. Y aun tienen tanto atrevimiento, que se +atreven a turbar los ingenios de los discretos y bien nacidos hidalgos, +como se echa bien de ver por lo que con vuestra merced han hecho, pues le +han traído a términos que sea forzoso encerrarle en una jaula, y traerle +sobre un carro de bueyes, como quien trae o lleva algún león o algún tigre, +de lugar en lugar, para ganar con él dejando que le vean. ¡Ea, señor don +Quijote, duélase de sí mismo, y redúzgase al gremio de la discreción, y +sepa usar de la mucha que el cielo fue servido de darle, empleando el +felicísimo talento de su ingenio en otra letura que redunde en +aprovechamiento de su conciencia y en aumento de su honra! Y si todavía, +llevado de su natural inclinación, quisiere leer libros de hazañas y de +caballerías, lea en la Sacra Escritura el de los Jueces; que allí hallará +verdades grandiosas y hechos tan verdaderos como valientes. Un Viriato tuvo +Lusitania; un César, Roma; un Anibal, Cartago; un Alejandro, Grecia; un +conde Fernán González, Castilla; un Cid, Valencia; un Gonzalo Fernández, +Andalucía; un Diego García de Paredes, Estremadura; un Garci Pérez de +Vargas, Jerez; un Garcilaso, Toledo; un don Manuel de León, Sevilla, cuya +leción de sus valerosos hechos puede entretener, enseñar, deleitar y +admirar a los más altos ingenios que los leyeren. Ésta sí será letura digna +del buen entendimiento de vuestra merced, señor don Quijote mío, de la cual +saldrá erudito en la historia, enamorado de la virtud, enseñado en la +bondad, mejorado en las costumbres, valiente sin temeridad, osado sin +cobardía, y todo esto, para honra de Dios, provecho suyo y fama de la +Mancha; do, según he sabido, trae vuestra merced su principio y origen. + +Atentísimamente estuvo don Quijote escuchando las razones del canónigo; y, +cuando vio que ya había puesto fin a ellas, después de haberle estado un +buen espacio mirando, le dijo: + +— Paréceme, señor hidalgo, que la plática de vuestra merced se ha encaminado +a querer darme a entender que no ha habido caballeros andantes en el mundo, +y que todos los libros de caballerías son falsos, mentirosos, dañadores e +inútiles para la república; y que yo he hecho mal en leerlos, y peor en +creerlos, y más mal en imitarlos, habiéndome puesto a seguir la durísima +profesión de la caballería andante, que ellos enseñan, negándome que no ha +habido en el mundo Amadises, ni de Gaula ni de Grecia, ni todos los otros +caballeros de que las escrituras están llenas. + +— Todo es al pie de la letra como vuestra merced lo va relatando —dijo a +está sazón el canónigo. + +A lo cual respondió don Quijote: + +— Añadió también vuestra merced, diciendo que me habían hecho mucho daño +tales libros, pues me habían vuelto el juicio y puéstome en una jaula, y +que me sería mejor hacer la enmienda y mudar de letura, leyendo otros más +verdaderos y que mejor deleitan y enseñan. + +— Así es —dijo el canónigo. + +— Pues yo —replicó don Quijote— hallo por mi cuenta que el sin juicio y el +encantado es vuestra merced, pues se ha puesto a decir tantas blasfemias +contra una cosa tan recebida en el mundo, y tenida por tan verdadera, que +el que la negase, como vuestra merced la niega, merecía la mesma pena que +vuestra merced dice que da a los libros cuando los lee y le enfadan. Porque +querer dar a entender a nadie que Amadís no fue en el mundo, ni todos los +otros caballeros aventureros de que están colmadas las historias, será +querer persuadir que el sol no alumbra, ni el yelo enfría, ni la tierra +sustenta; porque, ¿qué ingenio puede haber en el mundo que pueda persuadir +a otro que no fue verdad lo de la infanta Floripes y Guy de Borgoña, y lo +de Fierabrás con la puente de Mantible, que sucedió en el tiempo de +Carlomagno; que voto a tal que es tanta verdad como es ahora de día? Y si +es mentira, también lo debe de ser que no hubo Héctor, ni Aquiles, ni la +guerra de Troya, ni los Doce Pares de Francia, ni el rey Artús de +Ingalaterra, que anda hasta ahora convertido en cuervo y le esperan en su +reino por momentos. Y también se atreverán a decir que es mentirosa la +historia de Guarino Mezquino, y la de la demanda del Santo Grial, y que son +apócrifos los amores de don Tristán y la reina Iseo, como los de Ginebra y +Lanzarote, habiendo personas que casi se acuerdan de haber visto a la dueña +Quintañona, que fue la mejor escanciadora de vino que tuvo la Gran Bretaña. +Y es esto tan ansí, que me acuerdo yo que me decía una mi agüela de partes +de mi padre, cuando veía alguna dueña con tocas reverendas: ''Aquélla, +nieto, se parece a la dueña Quintañona''; de donde arguyo yo que la debió +de conocer ella o, por lo menos, debió de alcanzar a ver algún retrato +suyo. Pues, ¿quién podrá negar no ser verdadera la historia de Pierres y la +linda Magalona, pues aun hasta hoy día se vee en la armería de los reyes la +clavija con que volvía al caballo de madera, sobre quien iba el valiente +Pierres por los aires, que es un poco mayor que un timón de carreta? Y +junto a la clavija está la silla de Babieca, y en Roncesvalles está el +cuerno de Roldán, tamaño como una grande viga: de donde se infiere que hubo +Doce Pares, que hubo Pierres, que hubo Cides, y otros caballeros +semejantes, + +déstos que dicen las gentes +que a sus aventuras van. + +Si no, díganme también que no es verdad que fue caballero andante el +valiente lusitano Juan de Merlo, que fue a Borgoña y se combatió en la +ciudad de Ras con el famoso señor de Charní, llamado mosén Pierres, y +después, en la ciudad de Basilea, con mosén Enrique de Remestán, saliendo +de entrambas empresas vencedor y lleno de honrosa fama; y las aventuras y +desafíos que también acabaron en Borgoña los valientes españoles Pedro +Barba y Gutierre Quijada (de cuya alcurnia yo deciendo por línea recta de +varón), venciendo a los hijos del conde de San Polo. Niéguenme, asimesmo, +que no fue a buscar las aventuras a Alemania don Fernando de Guevara, donde +se combatió con micer Jorge, caballero de la casa del duque de Austria; +digan que fueron burla las justas de Suero de Quiñones, del Paso; las +empresas de mosén Luis de Falces contra don Gonzalo de Guzmán, caballero +castellano, con otras muchas hazañas hechas por caballeros cristianos, +déstos y de los reinos estranjeros, tan auténticas y verdaderas, que torno +a decir que el que las negase carecería de toda razón y buen discurso. + +Admirado quedó el canónigo de oír la mezcla que don Quijote hacía de +verdades y mentiras, y de ver la noticia que tenía de todas aquellas cosas +tocantes y concernientes a los hechos de su andante caballería; y así, le +respondió: + +— No puedo yo negar, señor don Quijote, que no sea verdad algo de lo que +vuestra merced ha dicho, especialmente en lo que toca a los caballeros +andantes españoles; y, asimesmo, quiero conceder que hubo Doce Pares de +Francia, pero no quiero creer que hicieron todas aquellas cosas que el +arzobispo Turpín dellos escribe; porque la verdad dello es que fueron +caballeros escogidos por los reyes de Francia, a quien llamaron pares por +ser todos iguales en valor, en calidad y en valentía; a lo menos, si no lo +eran, era razón que lo fuesen y era como una religión de las que ahora se +usan de Santiago o de Calatrava, que se presupone que los que la profesan +han de ser, o deben ser, caballeros valerosos, valientes y bien nacidos; y, +como ahora dicen caballero de San Juan, o de Alcántara, decían en aquel +tiempo caballero de los Doce Pares, porque no fueron doce iguales los que +para esta religión militar se escogieron. En lo de que hubo Cid no hay +duda, ni menos Bernardo del Carpio, pero de que hicieron las hazañas que +dicen, creo que la hay muy grande. En lo otro de la clavija que vuestra +merced dice del conde Pierres, y que está junto a la silla de Babieca en la +armería de los reyes, confieso mi pecado; que soy tan ignorante, o tan +corto de vista, que, aunque he visto la silla, no he echado de ver la +clavija, y más siendo tan grande como vuestra merced ha dicho. + +— Pues allí está, sin duda alguna —replicó don Quijote—; y, por más señas, +dicen que está metida en una funda de vaqueta, porque no se tome de moho. + +— Todo puede ser —respondió el canónigo—; pero, por las órdenes que recebí, +que no me acuerdo haberla visto. Mas, puesto que conceda que está allí, no +por eso me obligo a creer las historias de tantos Amadises, ni las de tanta +turbamulta de caballeros como por ahí nos cuentan; ni es razón que un +hombre como vuestra merced, tan honrado y de tan buenas partes, y dotado de +tan buen entendimiento, se dé a entender que son verdaderas tantas y tan +estrañas locuras como las que están escritas en los disparatados libros de +caballerías. + + + + +Capítulo L. De las discretas altercaciones que don Quijote y el canónigo +tuvieron, con otros sucesos + +— ¡Bueno está eso! —respondió don Quijote—. Los libros que están impresos +con licencia de los reyes y con aprobación de aquellos a quien se +remitieron, y que con gusto general son leídos y celebrados de los grandes +y de los chicos, de los pobres y de los ricos, de los letrados e +ignorantes, de los plebeyos y caballeros, finalmente, de todo género de +personas, de cualquier estado y condición que sean, ¿habían de ser +mentira?; y más llevando tanta apariencia de verdad, pues nos cuentan el +padre, la madre, la patria, los parientes, la edad, el lugar y las hazañas, +punto por punto y día por día, que el tal caballero hizo, o caballeros +hicieron. Calle vuestra merced, no diga tal blasfemia (y créame que le +aconsejo en esto lo que debe de hacer como discreto), sino léalos, y verá +el gusto que recibe de su leyenda. Si no, dígame: ¿hay mayor contento que +ver, como si dijésemos: aquí ahora se muestra delante de nosotros un gran +lago de pez hirviendo a borbollones, y que andan nadando y cruzando por él +muchas serpientes, culebras y lagartos, y otros muchos géneros de animales +feroces y espantables, y que del medio del lago sale una voz tristísima que +dice: ''Tú, caballero, quienquiera que seas, que el temeroso lago estás +mirando, si quieres alcanzar el bien que debajo destas negras aguas se +encubre, muestra el valor de tu fuerte pecho y arrójate en mitad de su +negro y encendido licor; porque si así no lo haces, no serás digno de ver +las altas maravillas que en sí encierran y contienen los siete castillos de +las siete fadas que debajo desta negregura yacen?'' ¿Y que, apenas el +caballero no ha acabado de oír la voz temerosa, cuando, sin entrar más en +cuentas consigo, sin ponerse a considerar el peligro a que se pone, y aun +sin despojarse de la pesadumbre de sus fuertes armas, encomendándose a Dios +y a su señora, se arroja en mitad del bullente lago, y, cuando no se cata +ni sabe dónde ha de parar, se halla entre unos floridos campos, con quien +los Elíseos no tienen que ver en ninguna cosa? Allí le parece que el cielo +es más transparente, y que el sol luce con claridad más nueva; ofrécesele a +los ojos una apacible floresta de tan verdes y frondosos árboles compuesta, +que alegra a la vista su verdura, y entretiene los oídos el dulce y no +aprendido canto de los pequeños, infinitos y pintados pajarillos que por +los intricados ramos van cruzando. Aquí descubre un arroyuelo, cuyas +frescas aguas, que líquidos cristales parecen, corren sobre menudas arenas +y blancas pedrezuelas, que oro cernido y puras perlas semejan; acullá vee +una artificiosa fuente de jaspe variado y de liso mármol compuesta; acá vee +otra a lo brutesco adornada, adonde las menudas conchas de las almejas, con +las torcidas casas blancas y amarillas del caracol, puestas con orden +desordenada, mezclados entre ellas pedazos de cristal luciente y de +contrahechas esmeraldas, hacen una variada labor, de manera que el arte, +imitando a la naturaleza, parece que allí la vence. Acullá de improviso se +le descubre un fuerte castillo o vistoso alcázar, cuyas murallas son de +macizo oro, las almenas de diamantes, las puertas de jacintos; finalmente, +él es de tan admirable compostura que, con ser la materia de que está +formado no menos que de diamantes, de carbuncos, de rubíes, de perlas, de +oro y de esmeraldas, es de más estimación su hechura. Y ¿hay más que ver, +después de haber visto esto, que ver salir por la puerta del castillo un +buen número de doncellas, cuyos galanos y vistosos trajes, si yo me pusiese +ahora a decirlos como las historias nos los cuentan, sería nunca acabar; y +tomar luego la que parecía principal de todas por la mano al atrevido +caballero que se arrojó en el ferviente lago, y llevarle, sin hablarle +palabra, dentro del rico alcázar o castillo, y hacerle desnudar como su +madre le parió, y bañarle con templadas aguas, y luego untarle todo con +olorosos ungüentos, y vestirle una camisa de cendal delgadísimo, toda +olorosa y perfumada, y acudir otra doncella y echarle un mantón sobre los +hombros, que, por lo menos menos, dicen que suele valer una ciudad, y aun +más? ¿Qué es ver, pues, cuando nos cuentan que, tras todo esto, le llevan a +otra sala, donde halla puestas las mesas, con tanto concierto, que queda +suspenso y admirado?; ¿qué, el verle echar agua a manos, toda de ámbar y de +olorosas flores distilada?; ¿qué, el hacerle sentar sobre una silla de +marfil?; ¿qué, verle servir todas las doncellas, guardando un maravilloso +silencio?; ¿qué, el traerle tanta diferencia de manjares, tan sabrosamente +guisados, que no sabe el apetito a cuál deba de alargar la mano? ¿Cuál será +oír la música que en tanto que come suena, sin saberse quién la canta ni +adónde suena? ¿Y, después de la comida acabada y las mesas alzadas, +quedarse el caballero recostado sobre la silla, y quizá mondándose los +dientes, como es costumbre, entrar a deshora por la puerta de la sala otra +mucho más hermosa doncella que ninguna de las primeras, y sentarse al lado +del caballero, y comenzar a darle cuenta de qué castillo es aquél, y de +cómo ella está encantada en él, con otras cosas que suspenden al caballero +y admiran a los leyentes que van leyendo su historia? No quiero alargarme +más en esto, pues dello se puede colegir que cualquiera parte que se lea, +de cualquiera historia de caballero andante, ha de causar gusto y maravilla +a cualquiera que la leyere. Y vuestra merced créame, y, como otra vez le he +dicho, lea estos libros, y verá cómo le destierran la melancolía que +tuviere, y le mejoran la condición, si acaso la tiene mala. De mí sé decir +que, después que soy caballero andante, soy valiente, comedido, liberal, +bien criado, generoso, cortés, atrevido, blando, paciente, sufridor de +trabajos, de prisiones, de encantos; y, aunque ha tan poco que me vi +encerrado en una jaula, como loco, pienso, por el valor de mi brazo, +favoreciéndome el cielo y no me siendo contraria la fortuna, en pocos días +verme rey de algún reino, adonde pueda mostrar el agradecimiento y +liberalidad que mi pecho encierra. Que, mía fe, señor, el pobre está +inhabilitado de poder mostrar la virtud de liberalidad con ninguno, aunque +en sumo grado la posea; y el agradecimiento que sólo consiste en el deseo +es cosa muerta, como es muerta la fe sin obras. Por esto querría que la +fortuna me ofreciese presto alguna ocasión donde me hiciese emperador, por +mostrar mi pecho haciendo bien a mis amigos, especialmente a este pobre de +Sancho Panza, mi escudero, que es el mejor hombre del mundo, y querría +darle un condado que le tengo muchos días ha prometido, sino que temo que +no ha de tener habilidad para gobernar su estado. + +Casi estas últimas palabras oyó Sancho a su amo, a quien dijo: + +— Trabaje vuestra merced, señor don Quijote, en darme ese condado, tan +prometido de vuestra merced como de mí esperado, que yo le prometo que no +me falte a mí habilidad para gobernarle; y, cuando me faltare, yo he oído +decir que hay hombres en el mundo que toman en arrendamiento los estados de +los señores, y les dan un tanto cada año, y ellos se tienen cuidado del +gobierno, y el señor se está a pierna tendida, gozando de la renta que le +dan, sin curarse de otra cosa; + +y así haré yo, y no repararé en tanto más cuanto, sino que luego me +desistiré de todo, y me gozaré mi renta como un duque, y allá se lo hayan. + +— Eso, hermano Sancho —dijo el canónigo—, entiéndese en cuanto al gozar la +renta; empero, al administrar justicia, ha de atender el señor del estado, +y aquí entra la habilidad y buen juicio, y principalmente la buena +intención de acertar; que si ésta falta en los principios, siempre irán +errados los medios y los fines; y así suele Dios ayudar al buen deseo del +simple como desfavorecer al malo del discreto. + +— No sé esas filosofías —respondió Sancho Panza—; mas sólo sé que tan presto +tuviese yo el condado como sabría regirle; que tanta alma tengo yo como +otro, y tanto cuerpo como el que más, y tan rey sería yo de mi estado como +cada uno del suyo; y, siéndolo, haría lo que quisiese; y, haciendo lo que +quisiese, haría mi gusto; y, haciendo mi gusto, estaría contento; y, en +estando uno contento, no tiene más que desear; y, no teniendo más que +desear, acabóse; y el estado venga, y a Dios y veámonos, como dijo un ciego +a otro. + +— No son malas filosofías ésas, como tú dices, Sancho; pero, con todo eso, +hay mucho que decir sobre esta materia de condados. + +A lo cual replicó don Quijote: + +— Yo no sé que haya más que decir; sólo me guío por el ejemplo que me da el +grande Amadís de Gaula, que hizo a su escudero conde de la Ínsula Firme; y +así, puedo yo, sin escrúpulo de conciencia, hacer conde a Sancho Panza, que +es uno de los mejores escuderos que caballero andante ha tenido. + +Admirado quedó el canónigo de los concertados disparates que don Quijote +había dicho, del modo con que había pintado la aventura del Caballero del +Lago, de la impresión que en él habían hecho las pensadas mentiras de los +libros que había leído; y, finalmente, le admiraba la necedad de Sancho, +que con tanto ahínco deseaba alcanzar el condado que su amo le había +prometido. + +Ya en esto, volvían los criados del canónigo, que a la venta habían ido por +la acémila del repuesto, y, haciendo mesa de una alhombra y de la verde +yerba del prado, a la sombra de unos árboles se sentaron, y comieron allí, +porque el boyero no perdiese la comodidad de aquel sitio, como queda dicho. +Y, estando comiendo, a deshora oyeron un recio estruendo y un son de +esquila, que por entre unas zarzas y espesas matas que allí junto estaban +sonaba, y al mesmo instante vieron salir de entre aquellas malezas una +hermosa cabra, toda la piel manchada de negro, blanco y pardo. Tras ella +venía un cabrero dándole voces, y diciéndole palabras a su uso, para que se +detuviese, o al rebaño volviese. La fugitiva cabra, temerosa y despavorida, +se vino a la gente, como a favorecerse della, y allí se detuvo. Llegó el +cabrero, y, asiéndola de los cuernos, como si fuera capaz de discurso y +entendimiento, le dijo: + +— ¡Ah cerrera, cerrera, Manchada, Manchada, y cómo andáis vos estos días de +pie cojo! ¿Qué lobos os espantan, hija? ¿No me diréis qué es esto, hermosa? +Mas ¡qué puede ser sino que sois hembra, y no podéis estar sosegada; que +mal haya vuestra condición, y la de todas aquellas a quien imitáis! Volved, +volved, amiga; que si no tan contenta, a lo menos, estaréis más segura en +vuestro aprisco, o con vuestras compañeras; que si vos que las habéis de +guardar y encaminar andáis tan sin guía y tan descaminada, ¿en qué podrán +parar ellas? + +Contento dieron las palabras del cabrero a los que las oyeron, +especialmente al canónigo, que le dijo: + +— Por vida vuestra, hermano, que os soseguéis un poco y no os acuciéis en +volver tan presto esa cabra a su rebaño; que, pues ella es hembra, como vos +decís, ha de seguir su natural distinto, por más que vos os pongáis a +estorbarlo. Tomad este bocado y bebed una vez, con que templaréis la +cólera, y en tanto, descansará la cabra. + +Y el decir esto y el darle con la punta del cuchillo los lomos de un conejo +fiambre, todo fue uno. Tomólo y agradeciólo el cabrero; bebió y sosegóse, y +luego dijo: + +— No querría que por haber yo hablado con esta alimaña tan en seso, me +tuviesen vuestras mercedes por hombre simple; que en verdad que no carecen +de misterio las palabras que le dije. Rústico soy, pero no tanto que no +entienda cómo se ha de tratar con los hombres y con las bestias. + +— Eso creo yo muy bien —dijo el cura—, que ya yo sé de esperiencia que los +montes crían letrados y las cabañas de los pastores encierran filósofos. + +— A lo menos, señor —replicó el cabrero—, acogen hombres escarmentados; y +para que creáis esta verdad y la toquéis con la mano, aunque parezca que +sin ser rogado me convido, si no os enfadáis dello y queréis, señores, un +breve espacio prestarme oído atento, os contaré una verdad que acredite lo +que ese señor (señalando al cura) ha dicho, y la mía. + +A esto respondió don Quijote: + +— Por ver que tiene este caso un no sé qué de sombra de aventura de +caballería, yo, por mi parte, os oiré, hermano, de muy buena gana, y así lo +harán todos estos señores, por lo mucho que tienen de discretos y de ser +amigos de curiosas novedades que suspendan, alegren y entretengan los +sentidos, como, sin duda, pienso que lo ha de hacer vuestro cuento. +Comenzad, pues, amigo, que todos escucharemos. + +— Saco la mía —dijo Sancho—; que yo a aquel arroyo me voy con esta empanada, +donde pienso hartarme por tres días; porque he oído decir a mi señor don +Quijote que el escudero de caballero andante ha de comer, cuando se le +ofreciere, hasta no poder más, a causa que se les suele ofrecer entrar +acaso por una selva tan intricada que no aciertan a salir della en seis +días; y si el hombre no va harto, o bien proveídas las alforjas, allí se +podrá quedar, como muchas veces se queda, hecho carne momia. + +— Tú estás en lo cierto, Sancho —dijo don Quijote—: vete adonde quisieres, y +come lo que pudieres; que yo ya estoy satisfecho, y sólo me falta dar al +alma su refacción, como se la daré escuchando el cuento deste buen hombre. + +— Así las daremos todos a las nuestras —dijo el canónigo. + +Y luego, rogó al cabrero que diese principio a lo que prometido había. El +cabrero dio dos palmadas sobre el lomo a la cabra, que por los cuernos +tenía, diciéndole: + +— Recuéstate junto a mí, Manchada, que tiempo nos queda para volver a +nuestro apero. + +Parece que lo entendió la cabra, porque, en sentándose su dueño, se tendió +ella junto a él con mucho sosiego, y, mirándole al rostro, daba a entender +que estaba atenta a lo que el cabrero iba diciendo, el cual comenzó su +historia desta manera: + + + + +Capítulo LI. Que trata de lo que contó el cabrero a todos los que llevaban +a don Quijote + +— «Tres leguas deste valle está una aldea que, aunque pequeña, es de las más +ricas que hay en todos estos contornos; en la cual había un labrador muy +honrado, y tanto, que, aunque es anexo al ser rico el ser honrado, más lo +era él por la virtud que tenía que por la riqueza que alcanzaba. Mas lo que +le hacía más dichoso, según él decía, era tener una hija de tan estremada +hermosura, rara discreción, donaire y virtud, que el que la conocía y la +miraba se admiraba de ver las estremadas partes con que el cielo y la +naturaleza la habían enriquecido. Siendo niña fue hermosa, y siempre fue +creciendo en belleza, y en la edad de diez y seis años fue hermosísima. La +fama de su belleza se comenzó a estender por todas las circunvecinas +aldeas, ¿qué digo yo por las circunvecinas no más, si se estendió a las +apartadas ciudades, y aun se entró por las salas de los reyes, y por los +oídos de todo género de gente; que, como a cosa rara, o como a imagen de +milagros, de todas partes a verla venían? Guardábala su padre, y guardábase +ella; que no hay candados, guardas ni cerraduras que mejor guarden a una +doncella que las del recato proprio. + +»La riqueza del padre y la belleza de la hija movieron a muchos, así del +pueblo como forasteros, a que por mujer se la pidiesen; mas él, como a +quien tocaba disponer de tan rica joya, andaba confuso, sin saber +determinarse a quién la entregaría de los infinitos que le importunaban. Y, +entre los muchos que tan buen deseo tenían, fui yo uno, a quien dieron +muchas y grandes esperanzas de buen suceso conocer que el padre conocía +quien yo era, el ser natural del mismo pueblo, limpio en sangre, en la edad +floreciente, en la hacienda muy rico y en el ingenio no menos acabado. Con +todas estas mismas partes la pidió también otro del mismo pueblo, que fue +causa de suspender y poner en balanza la voluntad del padre, a quien +parecía que con cualquiera de nosotros estaba su hija bien empleada; y, por +salir desta confusión, determinó decírselo a Leandra, que así se llama la +rica que en miseria me tiene puesto, advirtiendo que, pues los dos éramos +iguales, era bien dejar a la voluntad de su querida hija el escoger a su +gusto: cosa digna de imitar de todos los padres que a sus hijos quieren +poner en estado: no digo yo que los dejen escoger en cosas ruines y malas, +sino que se las propongan buenas, y de las buenas, que escojan a su gusto. +No sé yo el que tuvo Leandra; sólo sé que el padre nos entretuvo a +entrambos con la poca edad de su hija y con palabras generales, que ni le +obligaban, ni nos desobligaba tampoco. Llámase mi competidor Anselmo, y yo +Eugenio, porque vais con noticia de los nombres de las personas que en esta +tragedia se contienen, cuyo fin aún está pendiente; pero bien se deja +entender que será desastrado. + +»En esta sazón, vino a nuestro pueblo un Vicente de la Rosa, hijo de un +pobre labrador del mismo lugar; el cual Vicente venía de las Italias, y de +otras diversas partes, de ser soldado. Llevóle de nuestro lugar, siendo +muchacho de hasta doce años, un capitán que con su compañía por allí acertó +a pasar, y volvió el mozo de allí a otros doce, vestido a la soldadesca, +pintado con mil colores, lleno de mil dijes de cristal y sutiles cadenas de +acero. Hoy se ponía una gala y mañana otra; pero todas sutiles, pintadas, +de poco peso y menos tomo. La gente labradora, que de suyo es maliciosa, y +dándole el ocio lugar es la misma malicia, lo notó, y contó punto por punto +sus galas y preseas, y halló que los vestidos eran tres, de diferentes +colores, con sus ligas y medias; pero él hacía tantos guisados e +invenciones dellas, que si no se los contaran, hubiera quien jurara que +había hecho muestra de más de diez pares de vestidos y de más de veinte +plumajes. Y no parezca impertinencia y demasía esto que de los vestidos voy +contando, porque ellos hacen una buena parte en esta historia. + +»Sentábase en un poyo que debajo de un gran álamo está en nuestra plaza, y +allí nos tenía a todos la boca abierta, pendientes de las hazañas que nos +iba contando. No había tierra en todo el orbe que no hubiese visto, ni +batalla donde no se hubiese hallado; había muerto más moros que tiene +Marruecos y Túnez, y entrado en más singulares desafíos, según él decía, +que Gante y Luna, Diego García de Paredes y otros mil que nombraba; y de +todos había salido con vitoria, sin que le hubiesen derramado una sola gota +de sangre. Por otra parte, mostraba señales de heridas que, aunque no se +divisaban, nos hacía entender que eran arcabuzazos dados en diferentes +rencuentros y faciones. Finalmente, con una no vista arrogancia, llamaba de +vos a sus iguales y a los mismos que le conocían, y decía que su padre era +su brazo, su linaje, sus obras, y que debajo de ser soldado, al mismo rey +no debía nada. Añadiósele a estas arrogancias ser un poco músico y tocar +una guitarra a lo rasgado, de manera que decían algunos que la hacía +hablar; pero no pararon aquí sus gracias, que también la tenía de poeta, y +así, de cada niñería que pasaba en el pueblo, componía un romance de legua +y media de escritura. + +»Este soldado, pues, que aquí he pintado, este Vicente de la Rosa, este +bravo, este galán, este músico, este poeta fue visto y mirado muchas veces +de Leandra, desde una ventana de su casa que tenía la vista a la plaza. +Enamoróla el oropel de sus vistosos trajes, encantáronla sus romances, que +de cada uno que componía daba veinte traslados, llegaron a sus oídos las +hazañas que él de sí mismo había referido, y, finalmente, que así el diablo +lo debía de tener ordenado, ella se vino a enamorar dél, antes que en él +naciese presunción de solicitalla. Y, como en los casos de amor no hay +ninguno que con más facilidad se cumpla que aquel que tiene de su parte el +deseo de la dama, con facilidad se concertaron Leandra y Vicente; y, +primero que alguno de sus muchos pretendientes cayesen en la cuenta de su +deseo, ya ella le tenía cumplido, habiendo dejado la casa de su querido y +amado padre, que madre no la tiene, y ausentádose de la aldea con el +soldado, que salió con más triunfo desta empresa que de todas las muchas +que él se aplicaba. + +»Admiró el suceso a toda el aldea, y aun a todos los que dél noticia +tuvieron; yo quedé suspenso, Anselmo, atónito, el padre triste, sus +parientes afrentados, solícita la justicia, los cuadrilleros listos; +tomáronse los caminos, escudriñáronse los bosques y cuanto había, y, al +cabo de tres días, hallaron a la antojadiza Leandra en una cueva de un +monte, desnuda en camisa, sin muchos dineros y preciosísimas joyas que de +su casa había sacado. Volviéronla a la presencia del lastimado padre; +preguntáronle su desgracia; confesó sin apremio que Vicente de la Roca la +había engañado, y debajo de su palabra de ser su esposo la persuadió que +dejase la casa de su padre; que él la llevaría a la más rica y más viciosa +ciudad que había en todo el universo mundo, que era Nápoles; y que ella, +mal advertida y peor engañada, le había creído; y, robando a su padre, se +le entregó la misma noche que había faltado; y que él la llevó a un áspero +monte, y la encerró en aquella cueva donde la habían hallado. Contó también +como el soldado, sin quitalle su honor, le robó cuanto tenía, y la dejó en +aquella cueva y se fue: suceso que de nuevo puso en admiración a todos. + +»Duro se nos hizo de creer la continencia del mozo, pero ella lo afirmó con +tantas veras, que fueron parte para que el desconsolado padre se consolase, +no haciendo cuenta de las riquezas que le llevaban, pues le habían dejado a +su hija con la joya que, si una vez se pierde, no deja esperanza de que +jamás se cobre. El mismo día que pareció Leandra la despareció su padre de +nuestros ojos, y la llevó a encerrar en un monesterio de una villa que está +aquí cerca, esperando que el tiempo gaste alguna parte de la mala opinión +en que su hija se puso. Los pocos años de Leandra sirvieron de disculpa de +su culpa, a lo menos con aquellos que no les iba algún interés en que ella +fuese mala o buena; pero los que conocían su discreción y mucho +entendimiento no atribuyeron a ignorancia su pecado, sino a su desenvoltura +y a la natural inclinación de las mujeres, que, por la mayor parte, suele +ser desatinada y mal compuesta. + +»Encerrada Leandra, quedaron los ojos de Anselmo ciegos, a lo menos sin +tener cosa que mirar que contento le diese; los míos en tinieblas, sin luz +que a ninguna cosa de gusto les encaminase; con la ausencia de Leandra, +crecía nuestra tristeza, apocábase nuestra paciencia, maldecíamos las galas +del soldado y abominábamos del poco recato del padre de Leandra. +Finalmente, Anselmo y yo nos concertamos de dejar el aldea y venirnos a +este valle, donde él, apacentando una gran cantidad de ovejas suyas +proprias, y yo un numeroso rebaño de cabras, también mías, pasamos la vida +entre los árboles, dando vado a nuestras pasiones, o cantando juntos +alabanzas o vituperios de la hermosa Leandra, o suspirando solos y a solas +comunicando con el cielo nuestras querellas. + +»A imitación nuestra, otros muchos de los pretendientes de Leandra se han +venido a estos ásperos montes, usando el mismo ejercicio nuestro; y son +tantos, que parece que este sitio se ha convertido en la pastoral Arcadia, +según está colmo de pastores y de apriscos, y no hay parte en él donde no +se oiga el nombre de la hermosa Leandra. Éste la maldice y la llama +antojadiza, varia y deshonesta; aquél la condena por fácil y ligera; tal la +absuelve y perdona, y tal la justicia y vitupera; uno celebra su hermosura, +otro reniega de su condición, y, en fin, todos la deshonran, y todos la +adoran, y de todos se estiende a tanto la locura, que hay quien se queje de +desdén sin haberla jamás hablado, y aun quien se lamente y sienta la +rabiosa enfermedad de los celos, que ella jamás dio a nadie; porque, como +ya tengo dicho, antes se supo su pecado que su deseo. No hay hueco de peña, +ni margen de arroyo, ni sombra de árbol que no esté ocupada de algún pastor +que sus desventuras a los aires cuente; el eco repite el nombre de Leandra +dondequiera que pueda formarse: Leandra resuenan los montes, Leandra +murmuran los arroyos, y Leandra nos tiene a todos suspensos y encantados, +esperando sin esperanza y temiendo sin saber de qué tememos. Entre estos +disparatados, el que muestra que menos y más juicio tiene es mi competidor +Anselmo, el cual, teniendo tantas otras cosas de que quejarse, sólo se +queja de ausencia; y al son de un rabel, que admirablemente toca, con +versos donde muestra su buen entendimiento, cantando se queja. Yo sigo otro +camino más fácil, y a mi parecer el más acertado, que es decir mal de la +ligereza de las mujeres, de su inconstancia, de su doble trato, de sus +promesas muertas, de su fe rompida, y, finalmente, del poco discurso que +tienen en saber colocar sus pensamientos e intenciones que tienen.» Y ésta +fue la ocasión, señores, de las palabras y razones que dije a esta cabra +cuando aquí llegué; que por ser hembra la tengo en poco, aunque es la mejor +de todo mi apero. Ésta es la historia que prometí contaros; si he sido en +el contarla prolijo, no seré en serviros corto: cerca de aquí tengo mi +majada, y en ella tengo fresca leche y muy sabrosísimo queso, con otras +varias y sazonadas frutas, no menos a la vista que al gusto agradables. + + + + +Capítulo LII. De la pendencia que don Quijote tuvo con el cabrero, con la +rara aventura de los deceplinantes, a quien dio felice fin a costa de su +sudor + +General gusto causó el cuento del cabrero a todos los que escuchado le +habían; especialmente le recibió el canónigo, que con estraña curiosidad +notó la manera con que le había contado, tan lejos de parecer rústico +cabrero cuan cerca de mostrarse discreto cortesano; y así, dijo que había +dicho muy bien el cura en decir que los montes criaban letrados. Todos se +ofrecieron a Eugenio; pero el que más se mostró liberal en esto fue don +Quijote, que le dijo: + +— Por cierto, hermano cabrero, que si yo me hallara posibilitado de poder +comenzar alguna aventura, que luego luego me pusiera en camino porque vos +la tuviérades buena; que yo sacara del monesterio, donde, sin duda alguna, +debe de estar contra su voluntad, a Leandra, a pesar de la abadesa y de +cuantos quisieran estorbarlo, y os la pusiera en vuestras manos, para que +hiciérades della a toda vuestra voluntad y talante, guardando, pero, las +leyes de la caballería, que mandan que a ninguna doncella se le sea fecho +desaguisado alguno; aunque yo espero en Dios Nuestro Señor que no ha de +poder tanto la fuerza de un encantador malicioso, que no pueda más la de +otro encantador mejor intencionado, y para entonces os prometo mi favor y +ayuda, como me obliga mi profesión, que no es otra si no es favorecer a los +desvalidos y menesterosos. + +Miróle el cabrero, y, como vio a don Quijote de tan mal pelaje y catadura, +admiróse y preguntó al barbero, que cerca de sí tenía: + +— Señor, ¿quién es este hombre, que tal talle tiene y de tal manera habla? + +— ¿Quién ha de ser —respondió el barbero— sino el famoso don Quijote de la +Mancha, desfacedor de agravios, enderezador de tuertos, el amparo de las +doncellas, el asombro de los gigantes y el vencedor de las batallas? + +— Eso me semeja —respondió el cabrero— a lo que se lee en los libros de +caballeros andantes, que hacían todo eso que de este hombre vuestra merced +dice; puesto que para mí tengo, o que vuestra merced se burla, o que este +gentil hombre debe de tener vacíos los aposentos de la cabeza. + +— Sois un grandísimo bellaco —dijo a esta sazón don Quijote—; y vos sois el +vacío y el menguado, que yo estoy más lleno que jamás lo estuvo la muy +hideputa puta que os parió. + +Y, diciendo y haciendo, arrebató de un pan que junto a sí tenía, y dio con +él al cabrero en todo el rostro, con tanta furia, que le remachó las +narices; mas el cabrero, que no sabía de burlas, viendo con cuántas veras +le maltrataban, sin tener respeto a la alhombra, ni a los manteles, ni a +todos aquellos que comiendo estaban, saltó sobre don Quijote, y, asiéndole +del cuello con entrambas manos, no dudara de ahogalle, si Sancho Panza no +llegara en aquel punto, y le asiera por las espaldas y diera con él encima +de la mesa, quebrando platos, rompiendo tazas y derramando y esparciendo +cuanto en ella estaba. Don Quijote, que se vio libre, acudió a subirse +sobre el cabrero; el cual, lleno de sangre el rostro, molido a coces de +Sancho, andaba buscando a gatas algún cuchillo de la mesa para hacer alguna +sanguinolenta venganza, pero estorbábanselo el canónigo y el cura; mas el +barbero hizo de suerte que el cabrero cogió debajo de sí a don Quijote, +sobre el cual llovió tanto número de mojicones, que del rostro del pobre +caballero llovía tanta sangre como del suyo. + +Reventaban de risa el canónigo y el cura, saltaban los cuadrilleros de +gozo, zuzaban los unos y los otros, como hacen a los perros cuando en +pendencia están trabados; sólo Sancho Panza se desesperaba, porque no se +podía desasir de un criado del canónigo, que le estorbaba que a su amo no +ayudase. + +En resolución, estando todos en regocijo y fiesta, sino los dos aporreantes +que se carpían, oyeron el son de una trompeta, tan triste que les hizo +volver los rostros hacia donde les pareció que sonaba; pero el que más se +alborotó de oírle fue don Quijote, el cual, aunque estaba debajo del +cabrero, harto contra su voluntad y más que medianamente molido, le dijo: + +— Hermano demonio, que no es posible que dejes de serlo, pues has tenido +valor y fuerzas para sujetar las mías, ruégote que hagamos treguas, no más +de por una hora; porque el doloroso son de aquella trompeta que a nuestros +oídos llega me parece que a alguna nueva aventura me llama. + +El cabrero, que ya estaba cansado de moler y ser molido, le dejó luego, y +don Quijote se puso en pie, volviendo asimismo el rostro adonde el son se +oía, y vio a deshora que por un recuesto bajaban muchos hombres vestidos de +blanco, a modo de diciplinantes. + +Era el caso que aquel año habían las nubes negado su rocío a la tierra, y +por todos los lugares de aquella comarca se hacían procesiones, rogativas y +diciplinas, pidiendo a Dios abriese las manos de su misericordia y les +lloviese; y para este efecto la gente de una aldea que allí junto estaba +venía en procesión a una devota ermita que en un recuesto de aquel valle +había. + +Don Quijote, que vio los estraños trajes de los diciplinantes, sin pasarle +por la memoria las muchas veces que los había de haber visto, se imaginó +que era cosa de aventura, y que a él solo tocaba, como a caballero andante, +el acometerla; y confirmóle más esta imaginación pensar que una imagen que +traían cubierta de luto fuese alguna principal señora que llevaban por +fuerza aquellos follones y descomedidos malandrines; y, como esto le cayó +en las mientes, con gran ligereza arremetió a Rocinante, que paciendo +andaba, quitándole del arzón el freno y el adarga, y en un punto le +enfrenó, y, pidiendo a Sancho su espada, subió sobre Rocinante y embrazó su +adarga, y dijo en alta voz a todos los que presentes estaban: + +— Agora, valerosa compañía, veredes cuánto importa que haya en el mundo +caballeros que profesen la orden de la andante caballería; agora digo que +veredes, en la libertad de aquella buena señora que allí va cautiva, si se +han de estimar los caballeros andantes. + +Y, en diciendo esto, apretó los muslos a Rocinante, porque espuelas no las +tenía, y, a todo galope, porque carrera tirada no se lee en toda esta +verdadera historia que jamás la diese Rocinante, se fue a encontrar con los +diciplinantes, bien que fueran el cura y el canónigo y barbero a detenelle; +mas no les fue posible, ni menos le detuvieron las voces que Sancho le +daba, diciendo: + +— ¿Adónde va, señor don Quijote? ¿Qué demonios lleva en el pecho, que le +incitan a ir contra nuestra fe católica? Advierta, mal haya yo, que aquélla +es procesión de diciplinantes, y que aquella señora que llevan sobre la +peana es la imagen benditísima de la Virgen sin mancilla; mire, señor, lo +que hace, que por esta vez se puede decir que no es lo que sabe. + +Fatigóse en vano Sancho, porque su amo iba tan puesto en llegar a los +ensabanados y en librar a la señora enlutada, que no oyó palabra; y, aunque +la oyera, no volviera, si el rey se lo mandara. Llegó, pues, a la +procesión, y paró a Rocinante, que ya llevaba deseo de quietarse un poco, +y, con turbada y ronca voz, dijo: + +— Vosotros, que, quizá por no ser buenos, os encubrís los rostros, atended y +escuchad lo que deciros quiero. + +Los primeros que se detuvieron fueron los que la imagen llevaban; y uno de +los cuatro clérigos que cantaban las ledanías, viendo la estraña catadura +de don Quijote, la flaqueza de Rocinante y otras circunstancias de risa que +notó y descubrió en don Quijote, le respondió diciendo: + +— Señor hermano, si nos quiere decir algo, dígalo presto, porque se van +estos hermanos abriendo las carnes, y no podemos, ni es razón que nos +detengamos a oír cosa alguna, si ya no es tan breve que en dos palabras se +diga. + +— En una lo diré —replicó don Quijote—, y es ésta: que luego al punto dejéis +libre a esa hermosa señora, cuyas lágrimas y triste semblante dan claras +muestras que la lleváis contra su voluntad y que algún notorio desaguisado +le habedes fecho; y yo, que nací en el mundo para desfacer semejantes +agravios, no consentiré que un solo paso adelante pase sin darle la deseada +libertad que merece. + +En estas razones, cayeron todos los que las oyeron que don Quijote debía de +ser algún hombre loco, y tomáronse a reír muy de gana; cuya risa fue poner +pólvora a la cólera de don Quijote, porque, sin decir más palabra, sacando +la espada, arremetió a las andas. Uno de aquellos que las llevaban, dejando +la carga a sus compañeros, salió al encuentro de don Quijote, enarbolando +una horquilla o bastón con que sustentaba las andas en tanto que +descansaba; y, recibiendo en ella una gran cuchillada que le tiró don +Quijote, con que se la hizo dos partes, con el último tercio, que le quedó +en la mano, dio tal golpe a don Quijote encima de un hombro, por el mismo +lado de la espada, que no pudo cubrir el adarga contra villana fuerza, que +el pobre don Quijote vino al suelo muy mal parado. + +Sancho Panza, que jadeando le iba a los alcances, viéndole caído, dio voces +a su moledor que no le diese otro palo, porque era un pobre caballero +encantado, que no había hecho mal a nadie en todos los días de su vida. +Mas, lo que detuvo al villano no fueron las voces de Sancho, sino el ver +que don Quijote no bullía pie ni mano; y así, creyendo que le había muerto, +con priesa se alzó la túnica a la cinta, y dio a huir por la campaña como +un gamo. + +Ya en esto llegaron todos los de la compañía de don Quijote adonde él +estaba; y más los de la procesión, que los vieron venir corriendo, y con +ellos los cuadrilleros con sus ballestas, temieron algún mal suceso, y +hiciéronse todos un remolino alrededor de la imagen; y, alzados los +capirotes, empuñando las diciplinas, y los clérigos los ciriales, esperaban +el asalto con determinación de defenderse, y aun ofender, si pudiesen, a +sus acometedores; pero la fortuna lo hizo mejor que se pensaba, porque +Sancho no hizo otra cosa que arrojarse sobre el cuerpo de su señor, +haciendo sobre él el más doloroso y risueño llanto del mundo, creyendo que +estaba muerto. + +El cura fue conocido de otro cura que en la procesión venía, cuyo +conocimiento puso en sosiego el concebido temor de los dos escuadrones. El +primer cura dio al segundo, en dos razones, cuenta de quién era don +Quijote, y así él como toda la turba de los diciplinantes fueron a ver si +estaba muerto el pobre caballero, y oyeron que Sancho Panza, con lágrimas +en los ojos, decía: + +— ¡Oh flor de la caballería, que con solo un garrotazo acabaste la carrera +de tus tan bien gastados años! ¡Oh honra de tu linaje, honor y gloria de +toda la Mancha, y aun de todo el mundo, el cual, faltando tú en él, quedará +lleno de malhechores, sin temor de ser castigados de sus malas fechorías! +¡Oh liberal sobre todos los Alejandros, pues por solos ocho meses de +servicio me tenías dada la mejor ínsula que el mar ciñe y rodea! ¡Oh +humilde con los soberbios y arrogante con los humildes, acometedor de +peligros, sufridor de afrentas, enamorado sin causa, imitador de los +buenos, azote de los malos, enemigo de los ruines, en fin, caballero +andante, que es todo lo que decir se puede! + +Con las voces y gemidos de Sancho revivió don Quijote, y la primer palabra +que dijo fue: + +— El que de vos vive ausente, dulcísima Dulcinea, a mayores miserias que +éstas está sujeto. Ayúdame, Sancho amigo, a ponerme sobre el carro +encantado, que ya no estoy para oprimir la silla de Rocinante, porque tengo +todo este hombro hecho pedazos. + +— Eso haré yo de muy buena gana, señor mío —respondió Sancho—, y volvamos a +mi aldea en compañía destos señores, que su bien desean, y allí daremos +orden de hacer otra salida que nos sea de más provecho y fama. + +— Bien dices, Sancho —respondió don Quijote—, y será gran prudencia dejar +pasar el mal influjo de las estrellas que agora corre. + +El canónigo y el cura y barbero le dijeron que haría muy bien en hacer lo +que decía; y así, habiendo recebido grande gusto de las simplicidades de +Sancho Panza, pusieron a don Quijote en el carro, como antes venía. La +procesión volvió a ordenarse y a proseguir su camino; el cabrero se +despidió de todos; los cuadrilleros no quisieron pasar adelante, y el cura +les pagó lo que se les debía. El canónigo pidió al cura le avisase el +suceso de don Quijote, si sanaba de su locura o si proseguía en ella, y con +esto tomó licencia para seguir su viaje. En fin, todos se dividieron y +apartaron, quedando solos el cura y barbero, don Quijote y Panza, y el +bueno de Rocinante, que a todo lo que había visto estaba con tanta +paciencia como su amo. + +El boyero unció sus bueyes y acomodó a don Quijote sobre un haz de heno, y +con su acostumbrada flema siguió el camino que el cura quiso, y a cabo de +seis días llegaron a la aldea de don Quijote, adonde entraron en la mitad +del día, que acertó a ser domingo, y la gente estaba toda en la plaza, por +mitad de la cual atravesó el carro de don Quijote. Acudieron todos a ver lo +que en el carro venía, y, cuando conocieron a su compatrioto, quedaron +maravillados, y un muchacho acudió corriendo a dar las nuevas a su ama y a +su sobrina de que su tío y su señor venía flaco y amarillo, y tendido sobre +un montón de heno y sobre un carro de bueyes. Cosa de lástima fue oír los +gritos que las dos buenas señoras alzaron, las bofetadas que se dieron, las +maldiciones que de nuevo echaron a los malditos libros de caballerías; todo +lo cual se renovó cuando vieron entrar a don Quijote por sus puertas. + +A las nuevas desta venida de don Quijote, acudió la mujer de Sancho Panza, +que ya había sabido que había ido con él sirviéndole de escudero, y, así +como vio a Sancho, lo primero que le preguntó fue que si venía bueno el +asno. Sancho respondió que venía mejor que su amo. + +— Gracias sean dadas a Dios —replicó ella—, que tanto bien me ha hecho; pero +contadme agora, amigo: ¿qué bien habéis sacado de vuestras escuderías?, +¿qué saboyana me traes a mí?, ¿qué zapaticos a vuestros hijos? + +— No traigo nada deso —dijo Sancho—, mujer mía, aunque traigo otras cosas de +más momento y consideración. + +— Deso recibo yo mucho gusto —respondió la mujer—; mostradme esas cosas de +más consideración y más momento, amigo mío, que las quiero ver, para que se +me alegre este corazón, que tan triste y descontento ha estado en todos los +siglos de vuestra ausencia. + +— En casa os las mostraré, mujer —dijo Panza—, y por agora estad contenta, +que, siendo Dios servido de que otra vez salgamos en viaje a buscar +aventuras, vos me veréis presto conde o gobernador de una ínsula, y no de +las de por ahí, sino la mejor que pueda hallarse. + +— Quiéralo así el cielo, marido mío; que bien lo habemos menester. Mas, +decidme: ¿qué es eso de ínsulas, que no lo entiendo? + +— No es la miel para la boca del asno —respondió Sancho—; a su tiempo lo +verás, mujer, y aun te admirarás de oírte llamar Señoría de todos tus +vasallos. + +— ¿Qué es lo que decís, Sancho, de señorías, ínsulas y vasallos? —respondió +Juana Panza, que así se llamaba la mujer de Sancho, aunque no eran +parientes, sino porque se usa en la Mancha tomar las mujeres el apellido de +sus maridos. + +— No te acucies, Juana, por saber todo esto tan apriesa; basta que te digo +verdad, y cose la boca. Sólo te sabré decir, así de paso, que no hay cosa +más gustosa en el mundo que ser un hombre honrado escudero de un caballero +andante buscador de aventuras. Bien es verdad que las más que se hallan no +salen tan a gusto como el hombre querría, porque de ciento que se +encuentran, las noventa y nueve suelen salir aviesas y torcidas. Sélo yo de +expiriencia, porque de algunas he salido manteado, y de otras molido; pero, +con todo eso, es linda cosa esperar los sucesos atravesando montes, +escudriñando selvas, pisando peñas, visitando castillos, alojando en ventas +a toda discreción, sin pagar, ofrecido sea al diablo, el maravedí. + +Todas estas pláticas pasaron entre Sancho Panza y Juana Panza, su mujer, en +tanto que el ama y sobrina de don Quijote le recibieron, y le desnudaron, y +le tendieron en su antiguo lecho. Mirábalas él con ojos atravesados, y no +acababa de entender en qué parte estaba. El cura encargó a la sobrina +tuviese gran cuenta con regalar a su tío, y que estuviesen alerta de que +otra vez no se les escapase, contando lo que había sido menester para +traelle a su casa. Aquí alzaron las dos de nuevo los gritos al cielo; allí +se renovaron las maldiciones de los libros de caballerías, allí pidieron al +cielo que confundiese en el centro del abismo a los autores de tantas +mentiras y disparates. Finalmente, ellas quedaron confusas y temerosas de +que se habían de ver sin su amo y tío en el mesmo punto que tuviese alguna +mejoría; y sí fue como ellas se lo imaginaron. + +Pero el autor desta historia, puesto que con curiosidad y diligencia ha +buscado los hechos que don Quijote hizo en su tercera salida, no ha podido +hallar noticia de ellas, a lo menos por escrituras auténticas; sólo la fama +ha guardado, en las memorias de la Mancha, que don Quijote, la tercera vez +que salió de su casa, fue a Zaragoza, donde se halló en unas famosas justas +que en aquella ciudad hicieron, y allí le pasaron cosas dignas de su valor +y buen entendimiento. Ni de su fin y acabamiento pudo alcanzar cosa alguna, +ni la alcanzara ni supiera si la buena suerte no le deparara un antiguo +médico que tenía en su poder una caja de plomo, que, según él dijo, se +había hallado en los cimientos derribados de una antigua ermita que se +renovaba; en la cual caja se habían hallado unos pergaminos escritos con +letras góticas, pero en versos castellanos, que contenían muchas de sus +hazañas y daban noticia de la hermosura de Dulcinea del Toboso, de la +figura de Rocinante, de la fidelidad de Sancho Panza y de la sepultura del +mesmo don Quijote, con diferentes epitafios y elogios de su vida y +costumbres. + +Y los que se pudieron leer y sacar en limpio fueron los que aquí pone el +fidedigno autor desta nueva y jamás vista historia. El cual autor no pide a +los que la leyeren, en premio del inmenso trabajo que le costó inquerir y +buscar todos los archivos manchegos, por sacarla a luz, sino que le den el +mesmo crédito que suelen dar los discretos a los libros de caballerías, que +tan validos andan en el mundo; que con esto se tendrá por bien pagado y +satisfecho, y se animará a sacar y buscar otras, si no tan verdaderas, a lo +menos de tanta invención y pasatiempo. + +Las palabras primeras que estaban escritas en el pergamino que se halló en +la caja de plomo eran éstas: + +LOS ACADÉMICOS DE LA ARGAMASILLA, +LUGAR DE LA MANCHA, +EN VIDA Y MUERTE DEL VALEROSO +DON QUIJOTE DE LA MANCHA, + +HOC SCRIPSERUNT: + +EL MONICONGO, ACADÉMICO DE LA ARGAMASILLA, +A LA SEPULTURA DE DON QUIJOTE + +Epitafio + +El calvatrueno que adornó a la Mancha +de más despojos que Jasón decreta; +el jüicio que tuvo la veleta +aguda donde fuera mejor ancha, +el brazo que su fuerza tanto ensancha, +que llegó del Catay hasta Gaeta, +la musa más horrenda y más discreta +que grabó versos en la broncínea plancha, +el que a cola dejó los Amadises, +y en muy poquito a Galaores tuvo, +estribando en su amor y bizarría, +el que hizo callar los Belianises, +aquel que en Rocinante errando anduvo, +yace debajo desta losa fría. + +DEL PANIAGUADO, ACADÉMICO DE LA ARGAMASILLA, + +In laudem Dulcineae del Toboso + +Soneto + +Esta que veis de rostro amondongado, +alta de pechos y ademán brioso, +es Dulcinea, reina del Toboso, +de quien fue el gran Quijote aficionado. +Pisó por ella el uno y otro lado +de la gran Sierra Negra, y el famoso +campo de Montïel, hasta el herboso +llano de Aranjüez, a pie y cansado. +Culpa de Rocinante, ¡oh dura estrella!, +que esta manchega dama, y este invito +andante caballero, en tiernos años, +ella dejó, muriendo, de ser bella; +y él, aunque queda en mármores escrito, +no pudo huir de amor, iras y engaños. + +DEL CAPRICHOSO, DISCRETÍSIMO ACADÉMICO DE LA ARGAMASILLA, +EN LOOR DE ROCINANTE, CABALLO DE DON QUIJOTE DE LA MANCHA + +Soneto + +En el soberbio trono diamantino +que con sangrientas plantas huella Marte, +frenético, el Manchego su estandarte +tremola con esfuerzo peregrino. +Cuelga las armas y el acero fino +con que destroza, asuela, raja y parte: +¡nuevas proezas!, pero inventa el arte +un nuevo estilo al nuevo paladino. +Y si de su Amadís se precia Gaula, +por cuyos bravos descendientes Grecia +triunfó mil veces y su fama ensancha, +hoy a Quijote le corona el aula +do Belona preside, y dél se precia, +más que Grecia ni Gaula, la alta Mancha. +Nunca sus glorias el olvido mancha, +pues hasta Rocinante, en ser gallardo, +excede a Brilladoro y a Bayardo. + +DEL BURLADOR, ACADÉMICO ARGAMASILLESCO, +A SANCHO PANZA + +Soneto + +Sancho Panza es asqueste, en cuerpo chico, +Pero grande en valor: ¡milagro extraño! +Escudero el más simple y sin engaño +Que tuvo el mundo, os juro y certifico. +De ser conde no estuvo en un tantico, +Si no se conjuraran en su daño +Insolencias y agravios del tacaño +Siglo, que aun no perdonan á un borrico. +Sobre él anduvo (con perdón se miente) +Este manso escudero, tras el manso +Caballo Rocinante y tras su dueño. +¡Oh vanas esperanzas de la gente! +¡Cómo pasais con prometer descanso, +Y al fin parais en sombra, en humo, en sueño! + +DEL CACHIDIABLO, ACADÉMICO DE LA ARGAMASILLA, +EN LA SEPULTURA DE DON QUIJOTE + +Epitafio + +Aquí yace el caballero, +bien molido y mal andante, +a quien llevó Rocinante +por uno y otro sendero. +Sancho Panza el majadero +yace también junto a él, +escudero el más fïel +que vio el trato de escudero. + +DEL TIQUITOC, ACADÉMICO DE LA ARGAMASILLA, +EN LA SEPULTURA DE DULCINEA DEL TOBOSO + +Epitafio + +Reposa aquí Dulcinea; +y, aunque de carnes rolliza, +la volvió en polvo y ceniza +la muerte espantable y fea. +Fue de castiza ralea, +y tuvo asomos de dama; +del gran Quijote fue llama, +y fue gloria de su aldea. + +Éstos fueron los versos que se pudieron leer; los demás, por estar +carcomida la letra, se entregaron a un académico para que por conjeturas +los declarase. Tiénese noticia que lo ha hecho, a costa de muchas vigilias +y mucho trabajo, y que tiene intención de sacallos a luz, con esperanza de +la tercera salida de don Quijote. + +Forsi altro canterà con miglior plectio. + +Finis + + + +Segunda parte del ingenioso caballero don Quijote de la Mancha + +TASA + +Yo, Hernando de Vallejo, escribano de Cámara del Rey nuestro señor, de los +que residen en su Consejo, doy fe que, habiéndose visto por los señores dél +un libro que compuso Miguel de Cervantes Saavedra, intitulado Don Quijote +de la Mancha, Segunda parte, que con licencia de Su Majestad fue impreso, +le tasaron a cuatro maravedís cada pliego en papel, el cual tiene setenta y +tres pliegos, que al dicho respeto suma y monta docientos y noventa y dos +maravedís, y mandaron que esta tasa se ponga al principio de cada volumen +del dicho libro, para que se sepa y entienda lo que por él se ha de pedir y +llevar, sin que se exceda en ello en manera alguna, como consta y parece +por el auto y decreto original sobre ello dado, y que queda en mi poder, +a que me refiero; y de mandamiento de los dichos señores del Consejo y de +pedimiento de la parte del dicho Miguel de Cervantes, di esta fee en +Madrid, a veinte y uno días del mes de otubre del mil y seiscientos y +quince años. + +Hernando de Vallejo. + +FEE DE ERRATAS + +Vi este libro intitulado Segunda parte de don Quijote de la Mancha, +compuesto por Miguel de Cervantes Saavedra, y no hay en él cosa digna de +notar que no corresponda a su original. Dada en Madrid, a veinte y uno de +otubre, mil y seiscientos y quince. + +El licenciado Francisco Murcia de la Llana. + +APROBACIONES + +APROBACIÓN + +Por comisión y mandado de los señores del Consejo, he hecho ver el libro +contenido en este memorial: no contiene cosa contra la fe ni buenas +costumbres, antes es libro de mucho entretenimiento lícito, mezclado de +mucha filosofía moral; puédesele dar licencia para imprimirle. En Madrid, a +cinco de noviembre de mil seiscientos y quince. + +Doctor Gutierre de Cetina. + +APROBACIÓN + +Por comisión y mandado de los señores del Consejo, he visto la Segunda +parte de don Quijote de la Mancha, por Miguel de Cervantes Saavedra: no +contiene cosa contra nuestra santa fe católica, ni buenas costumbres, +antes, muchas de honesta recreación y apacible divertimiento, que los +antiguos juzgaron convenientes a sus repúblicas, pues aun en la severa de +los lacedemonios levantaron estatua a la risa, y los de Tesalia la +dedicaron fiestas, como lo dice Pausanias, referido de Bosio, libro II De +signis Ecclesiae, cap. 10, alentando ánimos marchitos y espíritus +melancólicos, de que se acordó Tulio en el primero De legibus, y el poeta +diciendo: + +Interpone tuis interdum gaudia curis, + +lo cual hace el autor mezclando las veras a las burlas, lo dulce a lo +provechoso y lo moral a lo faceto, disimulando en el cebo del donaire el +anzuelo de la reprehensión, y cumpliendo con el acertado asunto en que +pretende la expulsión de los libros de caballerías, pues con su buena +diligencia mañosamente alimpiando de su contagiosa dolencia a estos reinos, +es obra muy digna de su grande ingenio, honra y lustre de nuestra nación, +admiración y invidia de las estrañas. Éste es mi parecer, salvo etc. En +Madrid, a 17 de marzo de 1615. + +El maestro Josef de Valdivielso. + +APROBACIÓN + +Por comisión del señor doctor Gutierre de Cetina, vicario general desta +villa de Madrid, corte de Su Majestad, he visto este libro de la Segunda +parte del ingenioso caballero don Quijote de la Mancha, por Miguel de +Cervantes Saavedra, y no hallo en él cosa indigna de un cristiano celo, ni +que disuene de la decencia debida a buen ejemplo, ni virtudes morales; +antes, mucha erudición y aprovechamiento, así en la continencia de su bien +seguido asunto para extirpar los vanos y mentirosos libros de caballerías, +cuyo contagio había cundido más de lo que fuera justo, como en la lisura +del lenguaje castellano, no adulterado con enfadosa y estudiada afectación, +vicio con razón aborrecido de hombres cuerdos; y en la correción de vicios +que generalmente toca, ocasionado de sus agudos discursos, guarda con tanta +cordura las leyes de reprehensión cristiana, que aquel que fuere tocado de +la enfermedad que pretende curar, en lo dulce y sabroso de sus medicinas +gustosamente habrá bebido, cuando menos lo imagine, sin empacho ni asco +alguno, lo provechoso de la detestación de su vicio, con que se hallará, +que es lo más difícil de conseguirse, gustoso y reprehendido. Ha habido +muchos que, por no haber sabido templar ni mezclar a propósito lo útil con +lo dulce, han dado con todo su molesto trabajo en tierra, pues no pudiendo +imitar a Diógenes en lo filósofo y docto, atrevida, por no decir licenciosa +y desalumbradamente, le pretenden imitar en lo cínico, entregándose a +maldicientes, inventando casos que no pasaron, para hacer capaz al vicio +que tocan de su áspera reprehensión, y por ventura descubren caminos para +seguirle, hasta entonces ignorados, con que vienen a quedar, si no +reprehensores, a lo menos maestros dél. Hácense odiosos a los bien +entendidos, con el pueblo pierden el crédito, si alguno tuvieron, para +admitir sus escritos y los vicios que arrojada e imprudentemente quisieren +corregir en muy peor estado que antes, que no todas las postemas a un mismo +tiempo están dispuestas para admitir las recetas o cauterios; antes, +algunos mucho mejor reciben las blandas y suaves medicinas, con cuya +aplicación, el atentado y docto médico consigue el fin de resolverlas, +término que muchas veces es mejor que no el que se alcanza con el rigor del +hierro. Bien diferente han sentido de los escritos de Miguel de +Cervantes, así nuestra nación como las estrañas, pues como a milagro desean +ver el autor de libros que con general aplauso, así por su decoro y +decencia como por la suavidad y blandura de sus discursos, han recebido +España, Francia, Italia, Alemania y Flandes. Certifico con verdad que en +veinte y cinco de febrero deste año de seiscientos y quince, habiendo ido +el ilustrísimo señor don Bernardo de Sandoval y Rojas, cardenal arzobispo +de Toledo, mi señor, a pagar la visita que a Su Ilustrísima hizo el +embajador de Francia, que vino a tratar cosas tocantes a los casamientos de +sus príncipes y los de España, muchos caballeros franceses, de los que +vinieron acompañando al embajador, tan corteses como entendidos y amigos de +buenas letras, se llegaron a mí y a otros capellanes del cardenal mi señor, +deseosos de saber qué libros de ingenio andaban más validos; y, tocando +acaso en éste que yo estaba censurando, apenas oyeron el nombre de Miguel +de Cervantes, cuando se comenzaron a hacer lenguas, encareciendo la +estimación en que, así en Francia como en los reinos sus confinantes, se +tenían sus obras: la Galatea, que alguno dellos tiene casi de memoria la +primera parte désta, y las Novelas. Fueron tantos sus encarecimientos, +que me ofrecí llevarles que viesen el autor dellas, que estimaron con mil +demostraciones de vivos deseos. Preguntáronme muy por menor su edad, su +profesión, calidad y cantidad. Halléme obligado a decir que era viejo, +soldado, hidalgo y pobre, a que uno respondió estas formales palabras: +''Pues, ¿a tal hombre no le tiene España muy rico y sustentado del erario +público?'' Acudió otro de aquellos caballeros con este pensamiento y con +mucha agudeza, y dijo: ''Si necesidad le ha de obligar a escribir, plega a +Dios que nunca tenga abundancia, para que con sus obras, siendo él pobre, +haga rico a todo el mundo''. Bien creo que está, para censura, un poco +larga; alguno dirá que toca los límites de lisonjero elogio; mas la verdad +de lo que cortamente digo deshace en el crítico la sospecha y en mí el +cuidado; además que el día de hoy no se lisonjea a quien no tiene con qué +cebar el pico del adulador, que, aunque afectuosa y falsamente dice de +burlas, pretende ser remunerado de veras. En Madrid, a veinte y siete de +febrero de mil y seiscientos y quince. + +El licenciado Márquez Torres. + +PRIVILEGIO + +Por cuanto por parte de vos, Miguel de Cervantes Saavedra, nos fue fecha +relación que habíades compuesto la Segunda parte de don Quijote de la +Mancha, de la cual hacíades presentación, y, por ser libro de historia +agradable y honesta, y haberos costado mucho trabajo y estudio, nos +suplicastes os mandásemos dar licencia para le poder imprimir y privilegio +por veinte años, o como la nuestra merced fuese; lo cual visto por los del +nuestro Consejo, por cuanto en el dicho libro se hizo la diligencia que la +premática por nos sobre ello fecha dispone, fue acordado que debíamos +mandar dar esta nuestra cédula en la dicha razón, y nos tuvímoslo por bien. +Por la cual vos damos licencia y facultad para que, por tiempo y espacio de +diez años, cumplidos primeros siguientes, que corran y se cuenten desde el +día de la fecha de esta nuestra cédula en adelante, vos, o la persona que +para ello vuestro poder hobiere, y no otra alguna, podáis imprimir y vender +el dicho libro que desuso se hace mención; y por la presente damos licencia +y facultad a cualquier impresor de nuestros reinos que nombráredes para que +durante el dicho tiempo le pueda imprimir por el original que en el nuestro +Consejo se vio, que va rubricado y firmado al fin de Hernando de Vallejo, +nuestro escribano de Cámara, y uno de los que en él residen, con que antes +y primero que se venda lo traigáis ante ellos, juntamente con el dicho +original, para que se vea si la dicha impresión está conforme a él, o +traigáis fe en pública forma cómo, por corretor por nos nombrado, se vio y +corrigió la dicha impresión por el dicho original, y más al dicho impresor +que ansí imprimiere el dicho libro no imprima el principio y primer pliego +dél, ni entregue más de un solo libro con el original al autor y persona a +cuya costa lo imprimiere, ni a otra alguna, para efecto de la dicha +correción y tasa, hasta que antes y primero el dicho libro esté corregido y +tasado por los del nuestro Consejo, y estando hecho, y no de otra manera, +pueda imprimir el dicho principio y primer pliego, en el cual imediatamente +ponga esta nuestra licencia y la aprobación, tasa y erratas, ni lo podáis +vender ni vendáis vos ni otra persona alguna, hasta que esté el dicho libro +en la forma susodicha, so pena de caer e incurrir en las penas contenidas +en la dicha premática y leyes de nuestros reinos que sobre ello disponen; y +más, que durante el dicho tiempo persona alguna sin vuestra licencia no le +pueda imprimir ni vender, so pena que el que lo imprimiere y vendiere haya +perdido y pierda cualesquiera libros, moldes y aparejos que dél tuviere, y +más incurra en pena de cincuenta mil maravedís por cada vez que lo +contrario hiciere, de la cual dicha pena sea la tercia parte para nuestra +Cámara, y la otra tercia parte para el juez que lo sentenciare, y la otra +tercia parte par el que lo denunciare; y más a los del nuestro Consejo, +presidentes, oidores de las nuestras Audiencias, alcaldes, alguaciles de la +nuestra Casa y Corte y Chancillerías, y a otras cualesquiera justicias de +todas las ciudades, villas y lugares de los nuestros reinos y señoríos, y a +cada uno en su juridición, ansí a los que agora son como a los que serán de +aquí adelante, que vos guarden y cumplan esta nuestra cédula y merced, que +ansí vos hacemos, y contra ella no vayan ni pasen en manera alguna, so pena +de la nuestra merced y de diez mil maravedís para la nuestra Cámara. Dada +en Madrid, a treinta días del mes de marzo de mil y seiscientos y quince +años. + +YO, EL REY. + +Por mandado del Rey nuestro señor: + +Pedro de Contreras. + +PRÓLOGO AL LECTOR + +¡Válame Dios, y con cuánta gana debes de estar esperando ahora, lector +ilustre, o quier plebeyo, este prólogo, creyendo hallar en él venganzas, +riñas y vituperios del autor del segundo Don Quijote; digo de aquel que +dicen que se engendró en Tordesillas y nació en Tarragona! Pues en verdad +que no te he dar este contento; que, puesto que los agravios despiertan la +cólera en los más humildes pechos, en el mío ha de padecer excepción esta +regla. Quisieras tú que lo diera del asno, del mentecato y del atrevido, +pero no me pasa por el pensamiento: castíguele su pecado, con su pan se lo +coma y allá se lo haya. Lo que no he podido dejar de sentir es que me note +de viejo y de manco, como si hubiera sido en mi mano haber detenido el +tiempo, que no pasase por mí, o si mi manquedad hubiera nacido en alguna +taberna, sino en la más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los +presentes, ni esperan ver los venideros. Si mis heridas no resplandecen en +los ojos de quien las mira, son estimadas, a lo menos, en la estimación de +los que saben dónde se cobraron; que el soldado más bien parece muerto en +la batalla que libre en la fuga; y es esto en mí de manera, que si ahora me +propusieran y facilitaran un imposible, quisiera antes haberme hallado en +aquella facción prodigiosa que sano ahora de mis heridas sin haberme +hallado en ella. Las que el soldado muestra en el rostro y en los pechos, +estrellas son que guían a los demás al cielo de la honra, y al de desear la +justa alabanza; y hase de advertir que no se escribe con las canas, sino +con el entendimiento, el cual suele mejorarse con los años. + +He sentido también que me llame invidioso, y que, como a ignorante, me +describa qué cosa sea la invidia; que, en realidad de verdad, de dos que +hay, yo no conozco sino a la santa, a la noble y bien intencionada; y, +siendo esto así, como lo es, no tengo yo de perseguir a ningún sacerdote, y +más si tiene por añadidura ser familiar del Santo Oficio; y si él lo dijo +por quien parece que lo dijo, engañóse de todo en todo: que del tal adoro +el ingenio, admiro las obras y la ocupación continua y virtuosa. Pero, en +efecto, le agradezco a este señor autor el decir que mis novelas son más +satíricas que ejemplares, pero que son buenas; y no lo pudieran ser si no +tuvieran de todo. + +Paréceme que me dices que ando muy limitado y que me contengo mucho en los +términos de mi modestia, sabiendo que no se ha añadir aflición al afligido, +y que la que debe de tener este señor sin duda es grande, pues no osa +parecer a campo abierto y al cielo claro, encubriendo su nombre, fingiendo +su patria, como si hubiera hecho alguna traición de lesa majestad. Si, por +ventura, llegares a conocerle, dile de mi parte que no me tengo por +agraviado: que bien sé lo que son tentaciones del demonio, y que una de las +mayores es ponerle a un hombre en el entendimiento que puede componer y +imprimir un libro, con que gane tanta fama como dineros, y tantos dineros +cuanta fama; y, para confirmación desto, quiero que en tu buen donaire y +gracia le cuentes este cuento: + +«Había en Sevilla un loco que dio en el más gracioso disparate y tema que +dio loco en el mundo. Y fue que hizo un cañuto de caña puntiagudo en el +fin, y, en cogiendo algún perro en la calle, o en cualquiera otra parte, +con el un pie le cogía el suyo, y el otro le alzaba con la mano, y como +mejor podía le acomodaba el cañuto en la parte que, soplándole, le ponía +redondo como una pelota; y, en teniéndolo desta suerte, le daba dos +palmaditas en la barriga, y le soltaba, diciendo a los circunstantes, que +siempre eran muchos: ''¿Pensarán vuestras mercedes ahora que es poco +trabajo hinchar un perro?''» + +¿Pensará vuestra merced ahora que es poco trabajo hacer un libro? + +Y si este cuento no le cuadrare, dirásle, lector amigo, éste, que también +es de loco y de perro: + +«Había en Córdoba otro loco, que tenía por costumbre de traer encima de la +cabeza un pedazo de losa de mármol, o un canto no muy liviano, y, en +topando algún perro descuidado, se le ponía junto, y a plomo dejaba caer +sobre él el peso. Amohinábase el perro, y, dando ladridos y aullidos, no +paraba en tres calles. Sucedió, pues, que, entre los perros que descargó la +carga, fue uno un perro de un bonetero, a quien quería mucho su dueño. Bajó +el canto, diole en la cabeza, alzó el grito el molido perro, violo y +sintiólo su amo, asió de una vara de medir, y salió al loco y no le dejó +hueso sano; y cada palo que le daba decía: ''Perro ladrón, ¿a mi podenco? +¿No viste, cruel, que era podenco mi perro?'' Y, repitiéndole el nombre de +podenco muchas veces, envió al loco hecho una alheña. Escarmentó el loco y +retiróse, y en más de un mes no salió a la plaza; al cabo del cual tiempo, +volvió con su invención y con más carga. Llegábase donde estaba el perro, +y, mirándole muy bien de hito en hito, y sin querer ni atreverse a +descargar la piedra, decía: ''Este es podenco: ¡guarda!'' En efeto, todos +cuantos perros topaba, aunque fuesen alanos, o gozques, decía que eran +podencos; y así, no soltó más el canto.» + +Quizá de esta suerte le podrá acontecer a este historiador: que no se +atreverá a soltar más la presa de su ingenio en libros que, en siendo +malos, son más duros que las peñas. + +Dile también que de la amenaza que me hace, que me ha de quitar la ganancia +con su libro, no se me da un ardite, que, acomodándome al entremés famoso +de La Perendenga, le respondo que me viva el Veinte y cuatro, mi señor, y +Cristo con todos. Viva el gran conde de Lemos, cuya cristiandad y +liberalidad, bien conocida, contra todos los golpes de mi corta fortuna me +tiene en pie, y vívame la suma caridad del ilustrísimo de Toledo, don +Bernardo de Sandoval y Rojas, y siquiera no haya emprentas en el mundo, y +siquiera se impriman contra mí más libros que tienen letras las Coplas de +Mingo Revulgo. Estos dos príncipes, sin que los solicite adulación mía ni +otro género de aplauso, por sola su bondad, han tomado a su cargo el +hacerme merced y favorecerme; en lo que me tengo por más dichoso y más rico +que si la fortuna por camino ordinario me hubiera puesto en su cumbre. La +honra puédela tener el pobre, pero no el vicioso; la pobreza puede anublar +a la nobleza, pero no escurecerla del todo; pero, como la virtud dé alguna +luz de sí, aunque sea por los inconvenientes y resquicios de la estrecheza, +viene a ser estimada de los altos y nobles espíritus, y, por el +consiguiente, favorecida. + +Y no le digas más, ni yo quiero decirte más a ti, sino advertirte que +consideres que esta segunda parte de Don Quijote que te ofrezco es cortada +del mismo artífice y del mesmo paño que la primera, y que en ella te doy a +don Quijote dilatado, y, finalmente, muerto y sepultado, porque ninguno se +atreva a levantarle nuevos testimonios, pues bastan los pasados y basta +también que un hombre honrado haya dado noticia destas discretas locuras, +sin querer de nuevo entrarse en ellas: que la abundancia de las cosas, +aunque sean buenas, hace que no se estimen, y la carestía, aun de las +malas, se estima en algo. Olvídaseme de decirte que esperes el Persiles, +que ya estoy acabando, y la segunda parte de Galatea. + +DEDICATORIA, AL CONDE DE LEMOS + +Enviando a Vuestra Excelencia los días pasados mis comedias, antes impresas +que representadas, si bien me acuerdo, dije que don Quijote quedaba +calzadas las espuelas para ir a besar las manos a Vuestra Excelencia; y +ahora digo que se las ha calzado y se ha puesto en camino, y si él allá +llega, me parece que habré hecho algún servicio a Vuestra Excelencia, +porque es mucha la priesa que de infinitas partes me dan a que le envíe +para quitar el hámago y la náusea que ha causado otro don Quijote, que, con +nombre de segunda parte, se ha disfrazado y corrido por el orbe; y el que +más ha mostrado desearle ha sido el grande emperador de la China, pues en +lengua chinesca habrá un mes que me escribió una carta con un propio, +pidiéndome, o, por mejor decir, suplicándome se le enviase, porque quería +fundar un colegio donde se leyese la lengua castellana, y quería que el +libro que se leyese fuese el de la historia de don Quijote. Juntamente con +esto, me decía que fuese yo a ser el rector del tal colegio. + +Preguntéle al portador si Su Majestad le había dado para mí alguna ayuda de +costa. Respondióme que ni por pensamiento. ''Pues, hermano —le respondí +yo—, vos os podéis volver a vuestra China a las diez, o a las veinte, o a +las que venís despachado, porque yo no estoy con salud para ponerme en tan +largo viaje; además que, sobre estar enfermo, estoy muy sin dineros, y +emperador por emperador, y monarca por monarca, en Nápoles tengo al grande +conde de Lemos, que, sin tantos titulillos de colegios ni rectorías, me +sustenta, me ampara y hace más merced que la que yo acierto a desear''. + +Con esto le despedí, y con esto me despido, ofreciendo a Vuestra Excelencia +los Trabajos de Persiles y Sigismunda, libro a quien daré fin dentro de +cuatro meses, Deo volente; el cual ha de ser o el más malo o el mejor que +en nuestra lengua se haya compuesto, quiero decir de los de +entretenimiento; y digo que me arrepiento de haber dicho el más malo, +porque, según la opinión de mis amigos, ha de llegar al estremo de bondad +posible. + +Venga Vuestra Excelencia con la salud que es deseado; que ya estará +Persiles para besarle las manos, y yo los pies, como criado que soy de +Vuestra Excelencia. De Madrid, último de otubre de mil seiscientos y +quince. + +Criado de Vuestra Excelencia, + +Miguel de Cervantes Saavedra. + + + + +Capítulo Primero. De lo que el cura y el barbero pasaron con don Quijote +cerca de su enfermedad + +Cuenta Cide Hamete Benengeli, en la segunda parte desta historia y tercera +salida de don Quijote, que el cura y el barbero se estuvieron casi un mes +sin verle, por no renovarle y traerle a la memoria las cosas pasadas; pero +no por esto dejaron de visitar a su sobrina y a su ama, encargándolas +tuviesen cuenta con regalarle, dándole a comer cosas confortativas y +apropiadas para el corazón y el celebro, de donde procedía, según buen +discurso, toda su mala ventura. Las cuales dijeron que así lo hacían, y lo +harían, con la voluntad y cuidado posible, porque echaban de ver que su +señor por momentos iba dando muestras de estar en su entero juicio; de lo +cual recibieron los dos gran contento, por parecerles que habían acertado +en haberle traído encantado en el carro de los bueyes, como se contó en la +primera parte desta tan grande como puntual historia, en su último +capítulo. Y así, determinaron de visitarle y hacer esperiencia de su +mejoría, aunque tenían casi por imposible que la tuviese, y acordaron de no +tocarle en ningún punto de la andante caballería, por no ponerse a peligro +de descoser los de la herida, que tan tiernos estaban. + +Visitáronle, en fin, y halláronle sentado en la cama, vestida una almilla +de bayeta verde, con un bonete colorado toledano; y estaba tan seco y +amojamado, que no parecía sino hecho de carne momia. Fueron dél muy bien +recebidos, preguntáronle por su salud, y él dio cuenta de sí y de ella con +mucho juicio y con muy elegantes palabras; y en el discurso de su plática +vinieron a tratar en esto que llaman razón de estado y modos de gobierno, +enmendando este abuso y condenando aquél, reformando una costumbre y +desterrando otra, haciéndose cada uno de los tres un nuevo legislador, un +Licurgo moderno o un Solón flamante; y de tal manera renovaron la +república, que no pareció sino que la habían puesto en una fragua, y sacado +otra de la que pusieron; y habló don Quijote con tanta discreción en todas +las materias que se tocaron, que los dos esaminadores creyeron +indubitadamente que estaba del todo bueno y en su entero juicio. + +Halláronse presentes a la plática la sobrina y ama, y no se hartaban de dar +gracias a Dios de ver a su señor con tan buen entendimiento; pero el cura, +mudando el propósito primero, que era de no tocarle en cosa de caballerías, +quiso hacer de todo en todo esperiencia si la sanidad de don Quijote era +falsa o verdadera, y así, de lance en lance, vino a contar algunas nuevas +que habían venido de la corte; y, entre otras, dijo que se tenía por cierto +que el Turco bajaba con una poderosa armada, y que no se sabía su designio, +ni adónde había de descargar tan gran nublado; y, con este temor, con que +casi cada año nos toca arma, estaba puesta en ella toda la cristiandad, y +Su Majestad había hecho proveer las costas de Nápoles y Sicilia y la isla +de Malta. A esto respondió don Quijote: + +— Su Majestad ha hecho como prudentísimo guerrero en proveer sus estados con +tiempo, porque no le halle desapercebido el enemigo; pero si se tomara mi +consejo, aconsejárale yo que usara de una prevención, de la cual Su +Majestad la hora de agora debe estar muy ajeno de pensar en ella. + +Apenas oyó esto el cura, cuando dijo entre sí: + +— ¡Dios te tenga de su mano, pobre don Quijote: que me parece que te +despeñas de la alta cumbre de tu locura hasta el profundo abismo de tu +simplicidad! + +Mas el barbero, que ya había dado en el mesmo pensamiento que el cura, +preguntó a don Quijote cuál era la advertencia de la prevención que decía +era bien se hiciese; quizá podría ser tal, que se pusiese en la lista de +los muchos advertimientos impertinentes que se suelen dar a los príncipes. + +— El mío, señor rapador —dijo don Quijote—, no será impertinente, sino +perteneciente. + +— No lo digo por tanto —replicó el barbero—, sino porque tiene mostrado la +esperiencia que todos o los más arbitrios que se dan a Su Majestad, o son +imposibles, o disparatados, o en daño del rey o del reino. + +— Pues el mío —respondió don Quijote— ni es imposible ni disparatado, sino +el más fácil, el más justo y el más mañero y breve que puede caber en +pensamiento de arbitrante alguno. + +— Ya tarda en decirle vuestra merced, señor don Quijote —dijo el cura. + +— No querría —dijo don Quijote— que le dijese yo aquí agora, y amaneciese +mañana en los oídos de los señores consejeros, y se llevase otro las +gracias y el premio de mi trabajo. + +— Por mí —dijo el barbero—, doy la palabra, para aquí y para delante de +Dios, de no decir lo que vuestra merced dijere a rey ni a roque, ni a +hombre terrenal, juramento que aprendí del romance del cura que en el +prefacio avisó al rey del ladrón que le había robado las cien doblas y la +su mula la andariega. + +— No sé historias —dijo don Quijote—, pero sé que es bueno ese juramento, en +fee de que sé que es hombre de bien el señor barbero. + +— Cuando no lo fuera —dijo el cura—, yo le abono y salgo por él, que en este +caso no hablará más que un mudo, so pena de pagar lo juzgado y sentenciado. + +— Y a vuestra merced, ¿quién le fía, señor cura? —dijo don Quijote. + +— Mi profesión —respondió el cura—, que es de guardar secreto. + +— ¡Cuerpo de tal! —dijo a esta sazón don Quijote—. ¿Hay más, sino mandar Su +Majestad por público pregón que se junten en la corte para un día señalado +todos los caballeros andantes que vagan por España; que, aunque no viniesen +sino media docena, tal podría venir entre ellos, que solo bastase a +destruir toda la potestad del Turco? Esténme vuestras mercedes atentos, y +vayan conmigo. ¿Por ventura es cosa nueva deshacer un solo caballero +andante un ejército de docientos mil hombres, como si todos juntos tuvieran +una sola garganta, o fueran hechos de alfenique? Si no, díganme: ¿cuántas +historias están llenas destas maravillas? ¡Había, en hora mala para mí, que +no quiero decir para otro, de vivir hoy el famoso don Belianís, o alguno de +los del inumerable linaje de Amadís de Gaula; que si alguno déstos hoy +viviera y con el Turco se afrontara, a fee que no le arrendara la ganancia! +Pero Dios mirará por su pueblo, y deparará alguno que, si no tan bravo como +los pasados andantes caballeros, a lo menos no les será inferior en el +ánimo; y Dios me entiende, y no digo más. + +— ¡Ay! —dijo a este punto la sobrina—; ¡que me maten si no quiere mi señor +volver a ser caballero andante! + +A lo que dijo don Quijote: + +— Caballero andante he de morir, y baje o suba el Turco cuando él quisiere y +cuan poderosamente pudiere; que otra vez digo que Dios me entiende. + +A esta sazón dijo el barbero: + +— Suplico a vuestras mercedes que se me dé licencia para contar un cuento +breve que sucedió en Sevilla, que, por venir aquí como de molde, me da gana +de contarle. + +Dio la licencia don Quijote, y el cura y los demás le prestaron atención, y +él comenzó desta manera: + +— «En la casa de los locos de Sevilla estaba un hombre a quien sus parientes +habían puesto allí por falto de juicio. Era graduado en cánones por Osuna, +pero, aunque lo fuera por Salamanca, según opinión de muchos, no dejara de +ser loco. Este tal graduado, al cabo de algunos años de recogimiento, se +dio a entender que estaba cuerdo y en su entero juicio, y con esta +imaginación escribió al arzobispo, suplicándole encarecidamente y con muy +concertadas razones le mandase sacar de aquella miseria en que vivía, pues +por la misericordia de Dios había ya cobrado el juicio perdido; pero que +sus parientes, por gozar de la parte de su hacienda, le tenían allí, y, a +pesar de la verdad, querían que fuese loco hasta la muerte. + +»El arzobispo, persuadido de muchos billetes concertados y discretos, mandó +a un capellán suyo se informase del retor de la casa si era verdad lo que +aquel licenciado le escribía, y que asimesmo hablase con el loco, y que si +le pareciese que tenía juicio, le sacase y pusiese en libertad. Hízolo así +el capellán, y el retor le dijo que aquel hombre aún se estaba loco: que, +puesto que hablaba muchas veces como persona de grande entendimiento, al +cabo disparaba con tantas necedades, que en muchas y en grandes igualaban a +sus primeras discreciones, como se podía hacer la esperiencia hablándole. +Quiso hacerla el capellán, y, poniéndole con el loco, habló con él una hora +y más, y en todo aquel tiempo jamás el loco dijo razón torcida ni +disparatada; antes, habló tan atentadamente, que el capellán fue forzado a +creer que el loco estaba cuerdo; y entre otras cosas que el loco le dijo +fue que el retor le tenía ojeriza, por no perder los regalos que sus +parientes le hacían porque dijese que aún estaba loco, y con lúcidos +intervalos; y que el mayor contrario que en su desgracia tenía era su mucha +hacienda, pues, por gozar della sus enemigos, ponían dolo y dudaban de la +merced que Nuestro Señor le había hecho en volverle de bestia en hombre. +Finalmente, él habló de manera que hizo sospechoso al retor, codiciosos y +desalmados a sus parientes, y a él tan discreto que el capellán se +determinó a llevársele consigo a que el arzobispo le viese y tocase con la +mano la verdad de aquel negocio. + +»Con esta buena fee, el buen capellán pidió al retor mandase dar los +vestidos con que allí había entrado el licenciado; volvió a decir el retor +que mirase lo que hacía, porque, sin duda alguna, el licenciado aún se +estaba loco. No sirvieron de nada para con el capellán las prevenciones y +advertimientos del retor para que dejase de llevarle; obedeció el retor, +viendo ser orden del arzobispo; pusieron al licenciado sus vestidos, que +eran nuevos y decentes, y, como él se vio vestido de cuerdo y desnudo de +loco, suplicó al capellán que por caridad le diese licencia para ir a +despedirse de sus compañeros los locos. El capellán dijo que él le quería +acompañar y ver los locos que en la casa había. Subieron, en efeto, y con +ellos algunos que se hallaron presentes; y, llegado el licenciado a una +jaula adonde estaba un loco furioso, aunque entonces sosegado y quieto, le +dijo: ''Hermano mío, mire si me manda algo, que me voy a mi casa; que ya +Dios ha sido servido, por su infinita bondad y misericordia, sin yo +merecerlo, de volverme mi juicio: ya estoy sano y cuerdo; que acerca del +poder de Dios ninguna cosa es imposible. Tenga grande esperanza y confianza +en Él, que, pues a mí me ha vuelto a mi primero estado, también le volverá +a él si en Él confía. Yo tendré cuidado de enviarle algunos regalos que +coma, y cómalos en todo caso, que le hago saber que imagino, como quien ha +pasado por ello, que todas nuestras locuras proceden de tener los estómagos +vacíos y los celebros llenos de aire. Esfuércese, esfuércese, que el +descaecimiento en los infortunios apoca la salud y acarrea la muerte''. + +»Todas estas razones del licenciado escuchó otro loco que estaba en otra +jaula, frontero de la del furioso, y, levantándose de una estera vieja +donde estaba echado y desnudo en cueros, preguntó a grandes voces quién era +el que se iba sano y cuerdo. El licenciado respondió: ''Yo soy, hermano, el +que me voy; que ya no tengo necesidad de estar más aquí, por lo que doy +infinitas gracias a los cielos, que tan grande merced me han hecho''. +''Mirad lo que decís, licenciado, no os engañe el diablo —replicó el loco—; +sosegad el pie, y estaos quedito en vuestra casa, y ahorraréis la vuelta''. +''Yo sé que estoy bueno —replicó el licenciado—, y no habrá para qué tornar +a andar estaciones''. ''¿Vos bueno? —dijo el loco—: agora bien, ello dirá; +andad con Dios, pero yo os voto a Júpiter, cuya majestad yo represento en +la tierra, que por solo este pecado que hoy comete Sevilla, en sacaros +desta casa y en teneros por cuerdo, tengo de hacer un tal castigo en ella, +que quede memoria dél por todos los siglos del los siglos, amén. ¿No sabes +tú, licenciadillo menguado, que lo podré hacer, pues, como digo, soy +Júpiter Tonante, que tengo en mis manos los rayos abrasadores con que puedo +y suelo amenazar y destruir el mundo? Pero con sola una cosa quiero +castigar a este ignorante pueblo, y es con no llover en él ni en todo su +distrito y contorno por tres enteros años, que se han de contar desde el +día y punto en que ha sido hecha esta amenaza en adelante. ¿Tú libre, tú +sano, tú cuerdo, y yo loco, y yo enfermo, y yo atado...? Así pienso llover +como pensar ahorcarme''. + +»A las voces y a las razones del loco estuvieron los circustantes atentos, +pero nuestro licenciado, volviéndose a nuestro capellán y asiéndole de las +manos, le dijo: ''No tenga vuestra merced pena, señor mío, ni haga caso de +lo que este loco ha dicho, que si él es Júpiter y no quisiere llover, yo, +que soy Neptuno, el padre y el dios de las aguas, lloveré todas las veces +que se me antojare y fuere menester''. A lo que respondió el capellán: +''Con todo eso, señor Neptuno, no será bien enojar al señor Júpiter: +vuestra merced se quede en su casa, que otro día, cuando haya más comodidad +y más espacio, volveremos por vuestra merced''. Rióse el retor y los +presentes, por cuya risa se medio corrió el capellán; desnudaron al +licenciado, quedóse en casa y acabóse el cuento.» + +— Pues, ¿éste es el cuento, señor barbero —dijo don Quijote—, que, por venir +aquí como de molde, no podía dejar de contarle? ¡Ah, señor rapista, señor +rapista, y cuán ciego es aquel que no vee por tela de cedazo! Y ¿es posible +que vuestra merced no sabe que las comparaciones que se hacen de ingenio a +ingenio, de valor a valor, de hermosura a hermosura y de linaje a linaje +son siempre odiosas y mal recebidas? Yo, señor barbero, no soy Neptuno, el +dios de las aguas, ni procuro que nadie me tenga por discreto no lo siendo; +sólo me fatigo por dar a entender al mundo en el error en que está en no +renovar en sí el felicísimo tiempo donde campeaba la orden de la andante +caballería. Pero no es merecedora la depravada edad nuestra de gozar tanto +bien como el que gozaron las edades donde los andantes caballeros tomaron a +su cargo y echaron sobre sus espaldas la defensa de los reinos, el amparo +de las doncellas, el socorro de los huérfanos y pupilos, el castigo de los +soberbios y el premio de los humildes. Los más de los caballeros que agora +se usan, antes les crujen los damascos, los brocados y otras ricas telas de +que se visten, que la malla con que se arman; ya no hay caballero que +duerma en los campos, sujeto al rigor del cielo, armado de todas armas +desde los pies a la cabeza; y ya no hay quien, sin sacar los pies de los +estribos, arrimado a su lanza, sólo procure descabezar, como dicen, el +sueño, como lo hacían los caballeros andantes. Ya no hay ninguno que, +saliendo deste bosque, entre en aquella montaña, y de allí pise una estéril +y desierta playa del mar, las más veces proceloso y alterado, y, hallando +en ella y en su orilla un pequeño batel sin remos, vela, mástil ni jarcia +alguna, con intrépido corazón se arroje en él, entregándose a las +implacables olas del mar profundo, que ya le suben al cielo y ya le bajan +al abismo; y él, puesto el pecho a la incontrastable borrasca, cuando menos +se cata, se halla tres mil y más leguas distante del lugar donde se +embarcó, y, saltando en tierra remota y no conocida, le suceden cosas +dignas de estar escritas, no en pergaminos, sino en bronces. Mas agora, ya +triunfa la pereza de la diligencia, la ociosidad del trabajo, el vicio de +la virtud, la arrogancia de la valentía y la teórica de la práctica de las +armas, que sólo vivieron y resplandecieron en las edades del oro y en los +andantes caballeros. Si no, díganme: ¿quién más honesto y más valiente que +el famoso Amadís de Gaula?; ¿quién más discreto que Palmerín de +Inglaterra?; ¿quién más acomodado y manual que Tirante el Blanco?; ¿quién +más galán que Lisuarte de Grecia?; ¿quién más acuchillado ni acuchillador +que don Belianís?; ¿quién más intrépido que Perión de Gaula, o quién más +acometedor de peligros que Felixmarte de Hircania, o quién más sincero que +Esplandián?; ¿quién mas arrojado que don Cirongilio de Tracia?; ¿quién más +bravo que Rodamonte?; ¿quién más prudente que el rey Sobrino?; ¿quién más +atrevido que Reinaldos?; ¿quién más invencible que Roldán?; y ¿quién más +gallardo y más cortés que Rugero, de quien decienden hoy los duques de +Ferrara, según Turpín en su Cosmografía? Todos estos caballeros, y otros +muchos que pudiera decir, señor cura, fueron caballeros andantes, luz y +gloria de la caballería. Déstos, o tales como éstos, quisiera yo que fueran +los de mi arbitrio, que, a serlo, Su Majestad se hallara bien servido y +ahorrara de mucho gasto, y el Turco se quedara pelando las barbas, y con +esto, no quiero quedar en mi casa, pues no me saca el capellán della; y si +su Júpiter, como ha dicho el barbero, no lloviere, aquí estoy yo, que +lloveré cuando se me antojare. Digo esto porque sepa el señor Bacía que le +entiendo. + +— En verdad, señor don Quijote —dijo el barbero—, que no lo dije por tanto, +y así me ayude Dios como fue buena mi intención, y que no debe vuestra +merced sentirse. + +— Si puedo sentirme o no —respondió don Quijote—, yo me lo sé. + +A esto dijo el cura: + +— Aun bien que yo casi no he hablado palabra hasta ahora, y no quisiera +quedar con un escrúpulo que me roe y escarba la conciencia, nacido de lo +que aquí el señor don Quijote ha dicho. + +— Para otras cosas más —respondió don Quijote— tiene licencia el señor cura; +y así, puede decir su escrúpulo, porque no es de gusto andar con la +conciencia escrupulosa. + +— Pues con ese beneplácito —respondió el cura—, digo que mi escrúpulo es que +no me puedo persuadir en ninguna manera a que toda la caterva de caballeros +andantes que vuestra merced, señor don Quijote, ha referido, hayan sido +real y verdaderamente personas de carne y hueso en el mundo; antes, imagino +que todo es ficción, fábula y mentira, y sueños contados por hombres +despiertos, o, por mejor decir, medio dormidos. + +— Ése es otro error —respondió don Quijote— en que han caído muchos, que no +creen que haya habido tales caballeros en el mundo; y yo muchas veces, +con diversas gentes y ocasiones, he procurado sacar a la luz de la verdad +este casi común engaño; pero algunas veces no he salido con mi intención, y +otras sí, sustentándola sobre los hombros de la verdad; la cual verdad es +tan cierta, que estoy por decir que con mis propios ojos vi a Amadís de +Gaula, que era un hombre alto de cuerpo, blanco de rostro, bien puesto de +barba, aunque negra, de vista entre blanda y rigurosa, corto de razones, +tardo en airarse y presto en deponer la ira; y del modo que he delineado a +Amadís pudiera, a mi parecer, pintar y descubrir todos cuantos caballeros +andantes andan en las historias en el orbe, que, por la aprehensión que +tengo de que fueron como sus historias cuentan, y por las hazañas que +hicieron y condiciones que tuvieron, se pueden sacar por buena filosofía +sus faciones, sus colores y estaturas. + +— ¿Que tan grande le parece a vuestra merced, mi señor don Quijote —preguntó +el barbero—, debía de ser el gigante Morgante? + +— En esto de gigantes —respondió don Quijote— hay diferentes opiniones, si +los ha habido o no en el mundo; pero la Santa Escritura, que no puede +faltar un átomo en la verdad, nos muestra que los hubo, contándonos la +historia de aquel filisteazo de Golías, que tenía siete codos y medio de +altura, que es una desmesurada grandeza. También en la isla de Sicilia se +han hallado canillas y espaldas tan grandes, que su grandeza manifiesta que +fueron gigantes sus dueños, y tan grandes como grandes torres; que la +geometría saca esta verdad de duda. Pero, con todo esto, no sabré decir con +certidumbre qué tamaño tuviese Morgante, aunque imagino que no debió de ser +muy alto; y muéveme a ser deste parecer hallar en la historia donde se hace +mención particular de sus hazañas que muchas veces dormía debajo de +techado; y, pues hallaba casa donde cupiese, claro está que no era +desmesurada su grandeza. + +— Así es —dijo el cura. + +El cual, gustando de oírle decir tan grandes disparates, le preguntó que +qué sentía acerca de los rostros de Reinaldos de Montalbán y de don Roldán, +y de los demás Doce Pares de Francia, pues todos habían sido caballeros +andantes. + +— De Reinaldos —respondió don Quijote— me atrevo a decir que era ancho de +rostro, de color bermejo, los ojos bailadores y algo saltados, puntoso y +colérico en demasía, amigo de ladrones y de gente perdida. De Roldán, o +Rotolando, o Orlando, que con todos estos nombres le nombran las historias, +soy de parecer y me afirmo que fue de mediana estatura, ancho de espaldas, +algo estevado, moreno de rostro y barbitaheño, velloso en el cuerpo y de +vista amenazadora; corto de razones, pero muy comedido y bien criado. + +— Si no fue Roldán más gentilhombre que vuestra merced ha dicho —replicó el +cura—, no fue maravilla que la señora Angélica la Bella le desdeñase y +dejase por la gala, brío y donaire que debía de tener el morillo +barbiponiente a quien ella se entregó; y anduvo discreta de adamar antes la +blandura de Medoro que la aspereza de Roldán. + +— Esa Angélica —respondió don Quijote—, señor cura, fue una doncella +destraída, andariega y algo antojadiza, y tan lleno dejó el mundo de sus +impertinencias como de la fama de su hermosura: despreció mil señores, mil +valientes y mil discretos, y contentóse con un pajecillo barbilucio, sin +otra hacienda ni nombre que el que le pudo dar de agradecido la amistad que +guardó a su amigo. El gran cantor de su belleza, el famoso Ariosto, por no +atreverse, o por no querer cantar lo que a esta señora le sucedió después +de su ruin entrego, que no debieron ser cosas demasiadamente honestas, la +dejó donde dijo: + +Y como del Catay recibió el cetro, + +quizá otro cantará con mejor plectro. + +Y, sin duda, que esto fue como profecía; que los poetas también se llaman +vates, que quiere decir adivinos. Véese esta verdad clara, porque, después +acá, un famoso poeta andaluz lloró y cantó sus lágrimas, y otro famoso y +único poeta castellano cantó su hermosura. + +— Dígame, señor don Quijote —dijo a esta sazón el barbero—, ¿no ha habido +algún poeta que haya hecho alguna sátira a esa señora Angélica, entre +tantos como la han alabado? + +— Bien creo yo —respondió don Quijote— que si Sacripante o Roldán fueran +poetas, que ya me hubieran jabonado a la doncella; porque es propio y +natural de los poetas desdeñados y no admitidos de sus damas fingidas —o +fingidas, en efeto, de aquéllos a quien ellos escogieron por señoras de sus +pensamientos—, vengarse con sátiras y libelos (venganza, por cierto, +indigna de pechos generosos), pero hasta agora no ha llegado a mi noticia +ningún verso infamatorio contra la señora Angélica, que trujo revuelto el +mundo. + +— ¡Milagro! —dijo el cura. + +Y, en esto, oyeron que la ama y la sobrina, que ya habían dejado la +conversación, daban grandes voces en el patio, y acudieron todos al ruido. + + + + +Capítulo II. Que trata de la notable pendencia que Sancho Panza tuvo con la +sobrina y ama de don Quijote, con otros sujetos graciosos + +Cuenta la historia que las voces que oyeron don Quijote, el cura y el +barbero eran de la sobrina y ama, que las daban diciendo a Sancho Panza, +que pugnaba por entrar a ver a don Quijote, y ellas le defendían la puerta: + +— ¿Qué quiere este mostrenco en esta casa? Idos a la vuestra, hermano, que +vos sois, y no otro, el que destrae y sonsaca a mi señor, y le lleva por +esos andurriales. + +A lo que Sancho respondió: + +— Ama de Satanás, el sonsacado, y el destraído, y el llevado por esos +andurriales soy yo, que no tu amo; él me llevó por esos mundos, y vosotras +os engañáis en la mitad del justo precio: él me sacó de mi casa con +engañifas, prometiéndome una ínsula, que hasta agora la espero. + +— Malas ínsulas te ahoguen —respondió la sobrina—, Sancho maldito. Y ¿qué +son ínsulas? ¿Es alguna cosa de comer, golosazo, comilón, que tú eres? + +— No es de comer —replicó Sancho—, sino de gobernar y regir mejor que cuatro +ciudades y que cuatro alcaldes de corte. + +— Con todo eso —dijo el ama—, no entraréis acá, saco de maldades y costal de +malicias. Id a gobernar vuestra casa y a labrar vuestros pegujares, y +dejaos de pretender ínsulas ni ínsulos. + +Grande gusto recebían el cura y el barbero de oír el coloquio de los tres; +pero don Quijote, temeroso que Sancho se descosiese y desbuchase algún +montón de maliciosas necedades, y tocase en puntos que no le estarían bien +a su crédito, le llamó, y hizo a las dos que callasen y le dejasen entrar. +Entró Sancho, y el cura y el barbero se despidieron de don Quijote, de cuya +salud desesperaron, viendo cuán puesto estaba en sus desvariados +pensamientos, y cuán embebido en la simplicidad de sus malandantes +caballerías; y así, dijo el cura al barbero: + +— Vos veréis, compadre, cómo, cuando menos lo pensemos, nuestro hidalgo sale +otra vez a volar la ribera. + +No pongo yo duda en eso —respondió el barbero—, pero no me maravillo tanto +de la locura del caballero como de la simplicidad del escudero, que tan +creído tiene aquello de la ínsula, que creo que no se lo sacarán del casco +cuantos desengaños pueden imaginarse. + +— Dios los remedie —dijo el cura—, y estemos a la mira: veremos en lo que +para esta máquina de disparates de tal caballero y de tal escudero, que +parece que los forjaron a los dos en una mesma turquesa, y que las locuras +del señor, sin las necedades del criado, no valían un ardite. + +— Así es —dijo el barbero—, y holgara mucho saber qué tratarán ahora los +dos. + +— Yo seguro —respondió el cura— que la sobrina o el ama nos lo cuenta +después, que no son de condición que dejarán de escucharlo. + +En tanto, don Quijote se encerró con Sancho en su aposento; y, estando +solos, le dijo: + +— Mucho me pesa, Sancho, que hayas dicho y digas que yo fui el que te saqué +de tus casillas, sabiendo que yo no me quedé en mis casas: juntos salimos, +juntos fuimos y juntos peregrinamos; una misma fortuna y una misma suerte +ha corrido por los dos: si a ti te mantearon una vez, a mí me han molido +ciento, y esto es lo que te llevo de ventaja. + +— Eso estaba puesto en razón —respondió Sancho—, porque, según vuestra +merced dice, más anejas son a los caballeros andantes las desgracias que a +sus escuderos. + +— Engáñaste, Sancho —dijo don Quijote—; según aquello, quando caput +dolet..., etcétera. + +— No entiendo otra lengua que la mía —respondió Sancho. + +— Quiero decir —dijo don Quijote— que, cuando la cabeza duele, todos los +miembros duelen; y así, siendo yo tu amo y señor, soy tu cabeza, y tú mi +parte, pues eres mi criado; y, por esta razón, el mal que a mí me toca, o +tocare, a ti te ha de doler, y a mí el tuyo. + +— Así había de ser —dijo Sancho—, pero cuando a mí me manteaban como a +miembro, se estaba mi cabeza detrás de las bardas, mirándome volar por los +aires, sin sentir dolor alguno; y, pues los miembros están obligados a +dolerse del mal de la cabeza, había de estar obligada ella a dolerse +dellos. + +— ¿Querrás tú decir agora, Sancho —respondió don Quijote—, que no me dolía +yo cuando a ti te manteaban? Y si lo dices, no lo digas, ni lo pienses; +pues más dolor sentía yo entonces en mi espíritu que tú en tu cuerpo. Pero +dejemos esto aparte por agora, que tiempo habrá donde lo ponderemos y +pongamos en su punto, y dime, Sancho amigo: ¿qué es lo que dicen de mí por +ese lugar? ¿En qué opinión me tiene el vulgo, en qué los hidalgos y en qué +los caballeros? ¿Qué dicen de mi valentía, qué de mis hazañas y qué de mi +cortesía? ¿Qué se platica del asumpto que he tomado de resucitar y volver +al mundo la ya olvidada orden caballeresca? Finalmente, quiero, Sancho, me +digas lo que acerca desto ha llegado a tus oídos; y esto me has de decir +sin añadir al bien ni quitar al mal cosa alguna, que de los vasallos leales +es decir la verdad a sus señores en su ser y figura propia, sin que la +adulación la acreciente o otro vano respeto la disminuya; y quiero que +sepas, Sancho, que si a los oídos de los príncipes llegase la verdad +desnuda, sin los vestidos de la lisonja, otros siglos correrían, otras +edades serían tenidas por más de hierro que la nuestra, que entiendo que, +de las que ahora se usan, es la dorada. Sírvate este advertimiento, Sancho, +para que discreta y bienintencionadamente pongas en mis oídos la verdad de +las cosas que supieres de lo que te he preguntado. + +— Eso haré yo de muy buena gana, señor mío —respondió Sancho—, con condición +que vuestra merced no se ha de enojar de lo que dijere, pues quiere que lo +diga en cueros, sin vestirlo de otras ropas de aquellas con que llegaron a +mi noticia. + +— En ninguna manera me enojaré —respondió don Quijote—. Bien puedes, Sancho, +hablar libremente y sin rodeo alguno. + +— Pues lo primero que digo —dijo—, es que el vulgo tiene a vuestra merced +por grandísimo loco, y a mí por no menos mentecato. Los hidalgos dicen que, +no conteniéndose vuestra merced en los límites de la hidalguía, se ha +puesto don y se ha arremetido a caballero con cuatro cepas y dos yugadas de +tierra y con un trapo atrás y otro adelante. Dicen los caballeros que no +querrían que los hidalgos se opusiesen a ellos, especialmente aquellos +hidalgos escuderiles que dan humo a los zapatos y toman los puntos de las +medias negras con seda verde. + +— Eso —dijo don Quijote— no tiene que ver conmigo, pues ando siempre bien +vestido, y jamás remendado; roto, bien podría ser; y el roto, más de las +armas que del tiempo. + +— En lo que toca —prosiguió Sancho— a la valentía, cortesía, hazañas y +asumpto de vuestra merced, hay diferentes opiniones; unos dicen: "loco, +pero gracioso"; otros, "valiente, pero desgraciado"; otros, "cortés, pero +impertinente"; y por aquí van discurriendo en tantas cosas, que ni a +vuestra merced ni a mí nos dejan hueso sano. + +— Mira, Sancho —dijo don Quijote—: dondequiera que está la virtud en +eminente grado, es perseguida. Pocos o ninguno de los famosos varones que +pasaron dejó de ser calumniado de la malicia. Julio César, animosísimo, +prudentísimo y valentísimo capitán, fue notado de ambicioso y algún tanto +no limpio, ni en sus vestidos ni en sus costumbres. Alejandro, a quien sus +hazañas le alcanzaron el renombre de Magno, dicen dél que tuvo sus ciertos +puntos de borracho. De Hércules, el de los muchos trabajos, se cuenta que +fue lascivo y muelle. De don Galaor, hermano de Amadís de Gaula, se murmura +que fue más que demasiadamente rijoso; y de su hermano, que fue llorón. Así +que, ¡oh Sancho!, entre las tantas calumnias de buenos, bien pueden pasar +las mías, como no sean más de las que has dicho. + +— ¡Ahí está el toque, cuerpo de mi padre! —replicó Sancho. + +— Pues, ¿hay más? —preguntó don Quijote. + +— Aún la cola falta por desollar —dijo Sancho—. Lo de hasta aquí son tortas +y pan pintado; mas si vuestra merced quiere saber todo lo que hay acerca de +las caloñas que le ponen, yo le traeré aquí luego al momento quien se las +diga todas, sin que les falte una meaja; que anoche llegó el hijo de +Bartolomé Carrasco, que viene de estudiar de Salamanca, hecho bachiller, y, +yéndole yo a dar la bienvenida, me dijo que andaba ya en libros la historia +de vuestra merced, con nombre del Ingenioso Hidalgo don Quijote de la +Mancha; y dice que me mientan a mí en ella con mi mesmo nombre de Sancho +Panza, y a la señora Dulcinea del Toboso, con otras cosas que pasamos +nosotros a solas, que me hice cruces de espantado cómo las pudo saber el +historiador que las escribió. + +— Yo te aseguro, Sancho —dijo don Quijote—, que debe de ser algún sabio +encantador el autor de nuestra historia; que a los tales no se les encubre +nada de lo que quieren escribir. + +— Y ¡cómo —dijo Sancho— si era sabio y encantador, pues (según dice el +bachiller Sansón Carrasco, que así se llama el que dicho tengo) que el +autor de la historia se llama Cide Hamete Berenjena! + +— Ese nombre es de moro —respondió don Quijote. + +— Así será —respondió Sancho—, porque por la mayor parte he oído decir que +los moros son amigos de berenjenas. + +— Tú debes, Sancho —dijo don Quijote—, errarte en el sobrenombre de ese +Cide, que en arábigo quiere decir señor. + +— Bien podría ser —replicó Sancho—, mas, si vuestra merced gusta que yo le +haga venir aquí, iré por él en volandas. + +— Harásme mucho placer, amigo —dijo don Quijote—, que me tiene suspenso lo +que me has dicho, y no comeré bocado que bien me sepa hasta ser informado +de todo. + +— Pues yo voy por él —respondió Sancho. + +Y, dejando a su señor, se fue a buscar al bachiller, con el cual volvió de +allí a poco espacio, y entre los tres pasaron un graciosísimo coloquio. + + + + +Capítulo III. Del ridículo razonamiento que pasó entre don Quijote, Sancho +Panza y el bachiller Sansón Carrasco + +Pensativo además quedó don Quijote, esperando al bachiller Carrasco, de +quien esperaba oír las nuevas de sí mismo puestas en libro, como había +dicho Sancho; y no se podía persuadir a que tal historia hubiese, pues aún +no estaba enjuta en la cuchilla de su espada la sangre de los enemigos que +había muerto, y ya querían que anduviesen en estampa sus altas caballerías. +Con todo eso, imaginó que algún sabio, o ya amigo o enemigo, por arte de +encantamento las habrá dado a la estampa: si amigo, para engrandecerlas y +levantarlas sobre las más señaladas de caballero andante; si enemigo, para +aniquilarlas y ponerlas debajo de las más viles que de algún vil escudero +se hubiesen escrito, puesto —decía entre sí— que nunca hazañas de escuderos +se escribieron; y cuando fuese verdad que la tal historia hubiese, siendo +de caballero andante, por fuerza había de ser grandílocua, alta, insigne, +magnífica y verdadera. + +Con esto se consoló algún tanto, pero desconsolóle pensar que su autor era +moro, según aquel nombre de Cide; y de los moros no se podía esperar verdad +alguna, porque todos son embelecadores, falsarios y quimeristas. Temíase no +hubiese tratado sus amores con alguna indecencia, que redundase en +menoscabo y perjuicio de la honestidad de su señora Dulcinea del Toboso; +deseaba que hubiese declarado su fidelidad y el decoro que siempre la había +guardado, menospreciando reinas, emperatrices y doncellas de todas +calidades, teniendo a raya los ímpetus de los naturales movimientos; y así, +envuelto y revuelto en estas y otras muchas imaginaciones, le hallaron +Sancho y Carrasco, a quien don Quijote recibió con mucha cortesía. + +Era el bachiller, aunque se llamaba Sansón, no muy grande de cuerpo, aunque +muy gran socarrón, de color macilenta, pero de muy buen entendimiento; +tendría hasta veinte y cuatro años, carirredondo, de nariz chata y de +boca grande, señales todas de ser de condición maliciosa y amigo de +donaires y de burlas, como lo mostró en viendo a don Quijote, poniéndose +delante dél de rodillas, diciéndole: + +— Déme vuestra grandeza las manos, señor don Quijote de la Mancha; que, por +el hábito de San Pedro que visto, aunque no tengo otras órdenes que las +cuatro primeras, que es vuestra merced uno de los más famosos caballeros +andantes que ha habido, ni aun habrá, en toda la redondez de la tierra. +Bien haya Cide Hamete Benengeli, que la historia de vuestras grandezas dejó +escritas, y rebién haya el curioso que tuvo cuidado de hacerlas traducir de +arábigo en nuestro vulgar castellano, para universal entretenimiento de las +gentes. + +Hízole levantar don Quijote, y dijo: + +— Desa manera, ¿verdad es que hay historia mía, y que fue moro y sabio el +que la compuso? + +— Es tan verdad, señor —dijo Sansón—, que tengo para mí que el día de hoy +están impresos más de doce mil libros de la tal historia; si no, dígalo +Portugal, Barcelona y Valencia, donde se han impreso; y aun hay fama que se +está imprimiendo en Amberes, y a mí se me trasluce que no ha de haber +nación ni lengua donde no se traduzga. + +— Una de las cosas —dijo a esta sazón don Quijote— que más debe de dar +contento a un hombre virtuoso y eminente es verse, viviendo, andar con buen +nombre por las lenguas de las gentes, impreso y en estampa. Dije con buen +nombre porque, siendo al contrario, ninguna muerte se le igualará. + +— Si por buena fama y si por buen nombre va —dijo el bachiller—, solo +vuestra merced lleva la palma a todos los caballeros andantes; porque el +moro en su lengua y el cristiano en la suya tuvieron cuidado de pintarnos +muy al vivo la gallardía de vuestra merced, el ánimo grande en acometer los +peligros, la paciencia en las adversidades y el sufrimiento, así en las +desgracias como en las heridas, la honestidad y continencia en los amores +tan platónicos de vuestra merced y de mi señora doña Dulcinea del Toboso. + +— Nunca —dijo a este punto Sancho Panza— he oído llamar con don a mi señora +Dulcinea, sino solamente la señora Dulcinea del Toboso, y ya en esto anda +errada la historia. + +— No es objeción de importancia ésa —respondió Carrasco. + +— No, por cierto —respondió don Quijote—; pero dígame vuestra merced, señor +bachiller: ¿qué hazañas mías son las que más se ponderan en esa historia? + +— En eso —respondió el bachiller—, hay diferentes opiniones, como hay +diferentes gustos: unos se atienen a la aventura de los molinos de viento, +que a vuestra merced le parecieron Briareos y gigantes; otros, a la de los +batanes; éste, a la descripción de los dos ejércitos, que después +parecieron ser dos manadas de carneros; aquél encarece la del muerto que +llevaban a enterrar a Segovia; uno dice que a todas se aventaja la de la +libertad de los galeotes; otro, que ninguna iguala a la de los dos gigantes +benitos, con la pendencia del valeroso vizcaíno. + +— Dígame, señor bachiller —dijo a esta sazón Sancho—: ¿entra ahí la aventura +de los yangüeses, cuando a nuestro buen Rocinante se le antojó pedir +cotufas en el golfo? + +— No se le quedó nada —respondió Sansón— al sabio en el tintero: todo lo +dice y todo lo apunta, hasta lo de las cabriolas que el buen Sancho hizo en +la manta. + +— En la manta no hice yo cabriolas —respondió Sancho—; en el aire sí, y aun +más de las que yo quisiera. + +— A lo que yo imagino —dijo don Quijote—, no hay historia humana en el mundo +que no tenga sus altibajos, especialmente las que tratan de caballerías, +las cuales nunca pueden estar llenas de prósperos sucesos. + +— Con todo eso —respondió el bachiller—, dicen algunos que han leído la +historia que se holgaran se les hubiera olvidado a los autores della +algunos de los infinitos palos que en diferentes encuentros dieron al señor +don Quijote. + +— Ahí entra la verdad de la historia —dijo Sancho. + +— También pudieran callarlos por equidad —dijo don Quijote—, pues las +acciones que ni mudan ni alteran la verdad de la historia no hay para qué +escribirlas, si han de redundar en menosprecio del señor de la historia. A +fee que no fue tan piadoso Eneas como Virgilio le pinta, ni tan prudente +Ulises como le describe Homero. + +— Así es —replicó Sansón—, pero uno es escribir como poeta y otro como +historiador: el poeta puede contar, o cantar las cosas, no como fueron, +sino como debían ser; y el historiador las ha de escribir, no como debían +ser, sino como fueron, sin añadir ni quitar a la verdad cosa alguna. + +— Pues si es que se anda a decir verdades ese señor moro —dijo Sancho—, a +buen seguro que entre los palos de mi señor se hallen los míos; porque +nunca a su merced le tomaron la medida de las espaldas que no me la tomasen +a mí de todo el cuerpo; pero no hay de qué maravillarme, pues, como dice el +mismo señor mío, del dolor de la cabeza han de participar los miembros. + +— Socarrón sois, Sancho —respondió don Quijote—. A fee que no os falta +memoria cuando vos queréis tenerla. + +— Cuando yo quisiese olvidarme de los garrotazos que me han dado —dijo +Sancho—, no lo consentirán los cardenales, que aún se están frescos en las +costillas. + +— Callad, Sancho —dijo don Quijote—, y no interrumpáis al señor bachiller, a +quien suplico pase adelante en decirme lo que se dice de mí en la referida +historia. + +— Y de mí —dijo Sancho—, que también dicen que soy yo uno de los principales +presonajes della. + +— Personajes que no presonajes, Sancho amigo —dijo Sansón. + +— ¿Otro reprochador de voquibles tenemos? —dijo Sancho—. Pues ándense a eso, +y no acabaremos en toda la vida. + +— Mala me la dé Dios, Sancho —respondió el bachiller—, si no sois vos la +segunda persona de la historia; y que hay tal, que precia más oíros hablar +a vos que al más pintado de toda ella, puesto que también hay quien diga +que anduvistes demasiadamente de crédulo en creer que podía ser verdad el +gobierno de aquella ínsula, ofrecida por el señor don Quijote, que está +presente. + +— Aún hay sol en las bardas —dijo don Quijote—, y, mientras más fuere +entrando en edad Sancho, con la esperiencia que dan los años, estará más +idóneo y más hábil para ser gobernador que no está agora. + +— Por Dios, señor —dijo Sancho—, la isla que yo no gobernase con los años +que tengo, no la gobernaré con los años de Matusalén. El daño está en que +la dicha ínsula se entretiene, no sé dónde, y no en faltarme a mí el +caletre para gobernarla. + +— Encomendadlo a Dios, Sancho —dijo don Quijote—, que todo se hará bien, y +quizá mejor de lo que vos pensáis; que no se mueve la hoja en el árbol sin +la voluntad de Dios. + +— Así es verdad —dijo Sansón—, que si Dios quiere, no le faltarán a Sancho +mil islas que gobernar, cuanto más una. + +— Gobernador he visto por ahí —dijo Sancho— que, a mi parecer, no llegan a +la suela de mi zapato, y, con todo eso, los llaman señoría, y se sirven con +plata. + +— Ésos no son gobernadores de ínsulas —replicó Sansón—, sino de otros +gobiernos más manuales; que los que gobiernan ínsulas, por lo menos han de +saber gramática. + +— Con la grama bien me avendría yo —dijo Sancho—, pero con la tica, ni me +tiro ni me pago, porque no la entiendo. Pero, dejando esto del gobierno en +las manos de Dios, que me eche a las partes donde más de mí se sirva, digo, +señor bachiller Sansón Carrasco, que infinitamente me ha dado gusto que el +autor de la historia haya hablado de mí de manera que no enfadan las cosas +que de mí se cuentan; que a fe de buen escudero que si hubiera dicho de mí +cosas que no fueran muy de cristiano viejo, como soy, que nos habían de oír +los sordos. + +— Eso fuera hacer milagros —respondió Sansón. + +— Milagros o no milagros —dijo Sancho—, cada uno mire cómo habla o cómo +escribe de las presonas, y no ponga a troche moche lo primero que le viene +al magín. + +— Una de las tachas que ponen a la tal historia —dijo el bachiller— es que +su autor puso en ella una novela intitulada El curioso impertinente; no por +mala ni por mal razonada, sino por no ser de aquel lugar, ni tiene que ver +con la historia de su merced del señor don Quijote. + +— Yo apostaré —replicó Sancho— que ha mezclado el hideperro berzas con +capachos. + +— Ahora digo —dijo don Quijote— que no ha sido sabio el autor de mi +historia, sino algún ignorante hablador, que, a tiento y sin algún +discurso, se puso a escribirla, salga lo que saliere, como hacía Orbaneja, +el pintor de Úbeda, al cual preguntándole qué pintaba, respondió: ''Lo que +saliere''. Tal vez pintaba un gallo, de tal suerte y tan mal parecido, que +era menester que con letras góticas escribiese junto a él: "Éste es gallo". +Y así debe de ser de mi historia, que tendrá necesidad de comento para +entenderla. + +— Eso no —respondió Sansón—, porque es tan clara, que no hay cosa que +dificultar en ella: los niños la manosean, los mozos la leen, los hombres +la entienden y los viejos la celebran; y, finalmente, es tan trillada y tan +leída y tan sabida de todo género de gentes, que, apenas han visto algún +rocín flaco, cuando dicen: "allí va Rocinante". Y los que más se han dado a +su letura son los pajes: no hay antecámara de señor donde no se halle un +Don Quijote: unos le toman si otros le dejan; éstos le embisten y aquéllos +le piden. Finalmente, la tal historia es del más gustoso y menos +perjudicial entretenimiento que hasta agora se haya visto, porque en toda +ella no se descubre, ni por semejas, una palabra deshonesta ni un +pensamiento menos que católico. + +— A escribir de otra suerte —dijo don Quijote—, no fuera escribir verdades, +sino mentiras; y los historiadores que de mentiras se valen habían de ser +quemados, como los que hacen moneda falsa; y no sé yo qué le movió al autor +a valerse de novelas y cuentos ajenos, habiendo tanto que escribir en los +míos: sin duda se debió de atener al refrán: "De paja y de heno...", +etcétera. Pues en verdad que en sólo manifestar mis pensamientos, mis +sospiros, mis lágrimas, mis buenos deseos y mis acometimientos pudiera +hacer un volumen mayor, o tan grande que el que pueden hacer todas las +obras del Tostado. En efeto, lo que yo alcanzo, señor bachiller, es que +para componer historias y libros, de cualquier suerte que sean, es menester +un gran juicio y un maduro entendimiento. Decir gracias y escribir donaires +es de grandes ingenios: la más discreta figura de la comedia es la del +bobo, porque no lo ha de ser el que quiere dar a entender que es simple. La +historia es como cosa sagrada; porque ha de ser verdadera, y donde está la +verdad está Dios, en cuanto a verdad; pero, no obstante esto, hay algunos +que así componen y arrojan libros de sí como si fuesen buñuelos. + +— No hay libro tan malo —dijo el bachiller— que no tenga algo bueno. + +— No hay duda en eso —replicó don Quijote—; pero muchas veces acontece que +los que tenían méritamente granjeada y alcanzada gran fama por sus +escritos, en dándolos a la estampa, la perdieron del todo, o la +menoscabaron en algo. + +— La causa deso es —dijo Sansón— que, como las obras impresas se miran +despacio, fácilmente se veen sus faltas, y tanto más se escudriñan cuanto +es mayor la fama del que las compuso. Los hombres famosos por sus ingenios, +los grandes poetas, los ilustres historiadores, siempre, o las más veces, +son envidiados de aquellos que tienen por gusto y por particular +entretenimiento juzgar los escritos ajenos, sin haber dado algunos propios +a la luz del mundo. + +— Eso no es de maravillar —dijo don Quijote—, porque muchos teólogos hay que +no son buenos para el púlpito, y son bonísimos para conocer las faltas o +sobras de los que predican. + +— Todo eso es así, señor don Quijote —dijo Carrasco—, pero quisiera yo que +los tales censuradores fueran más misericordiosos y menos escrupulosos, sin +atenerse a los átomos del sol clarísimo de la obra de que murmuran; que si +aliquando bonus dormitat Homerus, consideren lo mucho que estuvo despierto, +por dar la luz de su obra con la menos sombra que pudiese; y quizá podría +ser que lo que a ellos les parece mal fuesen lunares, que a las veces +acrecientan la hermosura del rostro que los tiene; y así, digo que es +grandísimo el riesgo a que se pone el que imprime un libro, siendo de toda +imposibilidad imposible componerle tal, que satisfaga y contente a todos +los que le leyeren. + +— El que de mí trata —dijo don Quijote—, a pocos habrá contentado. + +— Antes es al revés; que, como de stultorum infinitus est numerus, infinitos +son los que han gustado de la tal historia; y algunos han puesto falta y +dolo en la memoria del autor, pues se le olvida de contar quién fue el +ladrón que hurtó el rucio a Sancho, que allí no se declara, y sólo se +infiere de lo escrito que se le hurtaron, y de allí a poco le vemos a +caballo sobre el mesmo jumento, sin haber parecido. También dicen que se le +olvidó poner lo que Sancho hizo de aquellos cien escudos que halló en la +maleta en Sierra Morena, que nunca más los nombra, y hay muchos que desean +saber qué hizo dellos, o en qué los gastó, que es uno de los puntos +sustanciales que faltan en la obra. + +— Sancho respondió: + +— Yo, señor Sansón, no estoy ahora para ponerme en cuentas ni cuentos; que +me ha tomado un desmayo de estómago, que si no le reparo con dos tragos de +lo añejo, me pondrá en la espina de Santa Lucía. En casa lo tengo, mi oíslo +me aguarda; en acabando de comer, daré la vuelta, y satisfaré a vuestra +merced y a todo el mundo de lo que preguntar quisieren, así de la pérdida +del jumento como del gasto de los cien escudos. + +Y, sin esperar respuesta ni decir otra palabra, se fue a su casa. + +Don Quijote pidió y rogó al bachiller se quedase a hacer penitencia con él. +Tuvo el bachiller el envite: quedóse, añadióse al ordinaro un par de +pichones, tratóse en la mesa de caballerías, siguióle el humor Carrasco, +acabóse el banquete, durmieron la siesta, volvió Sancho y renovóse la +plática pasada. + + + + +Capítulo IV. Donde Sancho Panza satisface al bachiller Sansón Carrasco de +sus dudas y preguntas, con otros sucesos dignos de saberse y de contarse + +Volvió Sancho a casa de don Quijote, y, volviendo al pasado razonamiento, +dijo: + +— A lo que el señor Sansón dijo que se deseaba saber quién, o cómo, o cuándo +se me hurtó el jumento, respondiendo digo que la noche misma que, huyendo +de la Santa Hermandad, nos entramos en Sierra Morena, después de la +aventura sin ventura de los galeotes y de la del difunto que llevaban a +Segovia, mi señor y yo nos metimos entre una espesura, adonde mi señor +arrimado a su lanza, y yo sobre mi rucio, molidos y cansados de las pasadas +refriegas, nos pusimos a dormir como si fuera sobre cuatro colchones de +pluma; especialmente yo dormí con tan pesado sueño, que quienquiera que fue +tuvo lugar de llegar y suspenderme sobre cuatro estacas que puso a los +cuatro lados de la albarda, de manera que me dejó a caballo sobre ella, y +me sacó debajo de mí al rucio, sin que yo lo sintiese. + +— Eso es cosa fácil, y no acontecimiento nuevo, que lo mesmo le sucedió a +Sacripante cuando, estando en el cerco de Albraca, con esa misma invención +le sacó el caballo de entre las piernas aquel famoso ladrón llamado +Brunelo. + +— Amaneció —prosiguió Sancho—, y, apenas me hube estremecido, cuando, +faltando las estacas, di conmigo en el suelo una gran caída; miré por el +jumento, y no le vi; acudiéronme lágrimas a los ojos, y hice una +lamentación, que si no la puso el autor de nuestra historia, puede hacer +cuenta que no puso cosa buena. Al cabo de no sé cuántos días, viniendo con +la señora princesa Micomicona, conocí mi asno, y que venía sobre él en +hábito de gitano aquel Ginés de Pasamonte, aquel embustero y grandísimo +maleador que quitamos mi señor y yo de la cadena. + +— No está en eso el yerro —replicó Sansón—, sino en que, antes de haber +parecido el jumento, dice el autor que iba a caballo Sancho en el mesmo +rucio. + +— A eso —dijo Sancho—, no sé qué responder, sino que el historiador se +engañó, o ya sería descuido del impresor. + +— Así es, sin duda —dijo Sansón—; pero, ¿qué se hicieron los cien escudos?; +¿deshiciéronse? + +Respondió Sancho: + +— Yo los gasté en pro de mi persona y de la de mi mujer, y de mis hijos, y +ellos han sido causa de que mi mujer lleve en paciencia los caminos y +carreras que he andado sirviendo a mi señor don Quijote; que si, al cabo de +tanto tiempo, volviera sin blanca y sin el jumento a mi casa, negra ventura +me esperaba; y si hay más que saber de mí, aquí estoy, que responderé al +mismo rey en presona, y nadie tiene para qué meterse en si truje o no +truje, si gasté o no gasté; que si los palos que me dieron en estos viajes +se hubieran de pagar a dinero, aunque no se tasaran sino a cuatro maravedís +cada uno, en otros cien escudos no había para pagarme la mitad; y cada uno +meta la mano en su pecho, y no se ponga a juzgar lo blanco por negro y lo +negro por blanco; que cada uno es como Dios le hizo, y aun peor muchas +veces. + +— Yo tendré cuidado —dijo Carrasco— de acusar al autor de la historia que si +otra vez la imprimiere, no se le olvide esto que el buen Sancho ha dicho, +que será realzarla un buen coto más de lo que ella se está. + +— ¿Hay otra cosa que enmendar en esa leyenda, señor bachiller? —preguntó don +Quijote. + +— Sí debe de haber —respondió él—, pero ninguna debe de ser de la +importancia de las ya referidas. + +— Y por ventura —dijo don Quijote—, ¿promete el autor segunda parte? + +— Sí promete —respondió Sansón—, pero dice que no ha hallado ni sabe quién +la tiene, y así, estamos en duda si saldrá o no; y así por esto como porque +algunos dicen: "Nunca segundas partes fueron buenas", y otros: "De las +cosas de don Quijote bastan las escritas", se duda que no ha de haber +segunda parte; aunque algunos que son más joviales que saturninos dicen: +"Vengan más quijotadas: embista don Quijote y hable Sancho Panza, y sea lo +que fuere, que con eso nos contentamos". + +— Y ¿a qué se atiene el autor? + +— A que —respondió Sansón—, en hallando que halle la historia, que él va +buscando con extraordinarias diligencias, la dará luego a la estampa, +llevado más del interés que de darla se le sigue que de otra alabanza +alguna. + +A lo que dijo Sancho: + +— ¿Al dinero y al interés mira el autor? Maravilla será que acierte, porque +no hará sino harbar, harbar, como sastre en vísperas de pascuas, y las +obras que se hacen apriesa nunca se acaban con la perfeción que requieren. +Atienda ese señor moro, o lo que es, a mirar lo que hace; que yo y mi señor +le daremos tanto ripio a la mano en materia de aventuras y de sucesos +diferentes, que pueda componer no sólo segunda parte, sino ciento. Debe de +pensar el buen hombre, sin duda, que nos dormimos aquí en las pajas; pues +ténganos el pie al herrar, y verá del que cosqueamos. Lo que yo sé decir es +que si mi señor tomase mi consejo, ya habíamos de estar en esas campañas +deshaciendo agravios y enderezando tuertos, como es uso y costumbre de los +buenos andantes caballeros. + +No había bien acabado de decir estas razones Sancho, cuando llegaron a sus +oídos relinchos de Rocinante; los cuales relinchos tomó don Quijote por +felicísimo agüero, y determinó de hacer de allí a tres o cuatro días otra +salida; y, declarando su intento al bachiller, le pidió consejo por qué +parte comenzaría su jornada; el cual le respondió que era su parecer que +fuese al reino de Aragón y a la ciudad de Zaragoza, adonde, de allí a pocos +días, se habían de hacer unas solenísimas justas por la fiesta de San +Jorge, en las cuales podría ganar fama sobre todos los caballeros +aragoneses, que sería ganarla sobre todos los del mundo. Alabóle ser +honradísima y valentísima su determinación, y advirtióle que anduviese más +atentado en acometer los peligros, a causa que su vida no era suya, sino de +todos aquellos que le habían de menester para que los amparase y socorriese +en sus desventuras. + +— Deso es lo que yo reniego, señor Sansón —dijo a este punto Sancho—, que +así acomete mi señor a cien hombres armados como un muchacho goloso a media +docena de badeas. ¡Cuerpo del mundo, señor bachiller! Sí, que tiempos hay +de acometer y tiempos de retirar; sí, no ha de ser todo "¡Santiago, y +cierra, España!" Y más, que yo he oído decir, y creo que a mi señor mismo, +si mal no me acuerdo, que en los estremos de cobarde y de temerario está el +medio de la valentía; y si esto es así, no quiero que huya sin tener para +qué, ni que acometa cuando la demasía pide otra cosa. Pero, sobre todo, +aviso a mi señor que si me ha de llevar consigo, ha de ser con condición +que él se lo ha de batallar todo, y que yo no he de estar obligado a otra +cosa que a mirar por su persona en lo que tocare a su limpieza y a su +regalo; que en esto yo le bailaré el agua delante; pero pensar que tengo de +poner mano a la espada, aunque sea contra villanos malandrines de hacha y +capellina, es pensar en lo escusado. Yo, señor Sansón, no pienso granjear +fama de valiente, sino del mejor y más leal escudero que jamás sirvió a +caballero andante; y si mi señor don Quijote, obligado de mis muchos y +buenos servicios, quisiere darme alguna ínsula de las muchas que su merced +dice que se ha de topar por ahí, recibiré mucha merced en ello; y cuando no +me la diere, nacido soy, y no ha de vivir el hombre en hoto de otro sino de +Dios; y más, que tan bien, y aun quizá mejor, me sabrá el pan desgobernado +que siendo gobernador; y ¿sé yo por ventura si en esos gobiernos me tiene +aparejada el diablo alguna zancadilla donde tropiece y caiga y me haga las +muelas? Sancho nací, y Sancho pienso morir; pero si con todo esto, de +buenas a buenas, sin mucha solicitud y sin mucho riesgo, me deparase el +cielo alguna ínsula, o otra cosa semejante, no soy tan necio que la +desechase; que también se dice: "Cuando te dieren la vaquilla, corre con la +soguilla"; y "Cuando viene el bien, mételo en tu casa". + +— Vos, hermano Sancho —dijo Carrasco—, habéis hablado como un catedrático; +pero, con todo eso, confiad en Dios y en el señor don Quijote, que os ha de +dar un reino, no que una ínsula. + +— Tanto es lo de más como lo de menos —respondió Sancho—; aunque sé decir al +señor Carrasco que no echara mi señor el reino que me diera en saco roto, +que yo he tomado el pulso a mí mismo, y me hallo con salud para regir +reinos y gobernar ínsulas, y esto ya otras veces lo he dicho a mi señor. + +— Mirad, Sancho —dijo Sansón—, que los oficios mudan las costumbres, y +podría ser que viéndoos gobernador no conociésedes a la madre que os parió. + +— Eso allá se ha de entender —respondió Sancho— con los que nacieron en las +malvas, y no con los que tienen sobre el alma cuatro dedos de enjundia de +cristianos viejos, como yo los tengo. ¡No, sino llegaos a mi condición, que +sabrá usar de desagradecimiento con alguno! + +— Dios lo haga —dijo don Quijote—, y ello dirá cuando el gobierno venga; que +ya me parece que le trayo entre los ojos. + +Dicho esto, rogó al bachiller que, si era poeta, le hiciese merced de +componerle unos versos que tratasen de la despedida que pensaba hacer de su +señora Dulcinea del Toboso, y que advirtiese que en el principio de cada +verso había de poner una letra de su nombre, de manera que al fin de los +versos, juntando las primeras letras, se leyese: Dulcinea del Toboso. + +El bachiller respondió que, puesto que él no era de los famosos poetas que +había en España, que decían que no eran sino tres y medio, que no dejaría +de componer los tales metros, aunque hallaba una dificultad grande en su +composición, a causa que las letras que contenían el nombre eran diez y +siete; y que si hacía cuatro castellanas de a cuatro versos, sobrara una +letra; y si de a cinco, a quien llaman décimas o redondillas, faltaban tres +letras; pero, con todo eso, procuraría embeber una letra lo mejor que +pudiese, de manera que en las cuatro castellanas se incluyese el nombre de +Dulcinea del Toboso. + +— Ha de ser así en todo caso —dijo don Quijote—; que si allí no va el nombre +patente y de manifiesto, no hay mujer que crea que para ella se hicieron +los metros. + +Quedaron en esto y en que la partida sería de allí a ocho días. Encargó don +Quijote al bachiller la tuviese secreta, especialmente al cura y a maese +Nicolás, y a su sobrina y al ama, porque no estorbasen su honrada y +valerosa determinación. Todo lo prometió Carrasco. Con esto se despidió, +encargando a don Quijote que de todos sus buenos o malos sucesos le +avisase, habiendo comodidad; y así, se despidieron, y Sancho fue a poner en +orden lo necesario para su jornada. + + + + +Capítulo V. De la discreta y graciosa plática que pasó entre Sancho Panza y +su mujer Teresa Panza, y otros sucesos dignos de felice recordación + +(Llegando a escribir el traductor desta historia este quinto capítulo, dice +que le tiene por apócrifo, porque en él habla Sancho Panza con otro estilo +del que se podía prometer de su corto ingenio, y dice cosas tan sutiles, +que no tiene por posible que él las supiese; pero que no quiso dejar de +traducirlo, por cumplir con lo que a su oficio debía; y así, prosiguió +diciendo:) + +Llegó Sancho a su casa tan regocijado y alegre, que su mujer conoció su +alegría a tiro de ballesta; tanto, que la obligó a preguntarle: + +— ¿Qué traés, Sancho amigo, que tan alegre venís? + +A lo que él respondió: + +— Mujer mía, si Dios quisiera, bien me holgara yo de no estar tan contento +como muestro. + +— No os entiendo, marido —replicó ella—, y no sé qué queréis decir en eso de +que os holgáredes, si Dios quisiera, de no estar contento; que, maguer +tonta, no sé yo quién recibe gusto de no tenerle. + +— Mirad, Teresa —respondió Sancho—: yo estoy alegre porque tengo determinado +de volver a servir a mi amo don Quijote, el cual quiere la vez tercera +salir a buscar las aventuras; y yo vuelvo a salir con él, porque lo quiere +así mi necesidad, junto con la esperanza, que me alegra, de pensar si podré +hallar otros cien escudos como los ya gastados, puesto que me entristece el +haberme de apartar de ti y de mis hijos; y si Dios quisiera darme de comer +a pie enjuto y en mi casa, sin traerme por vericuetos y encrucijadas, pues +lo podía hacer a poca costa y no más de quererlo, claro está que mi alegría +fuera más firme y valedera, pues que la que tengo va mezclada con la +tristeza del dejarte; así que, dije bien que holgara, si Dios quisiera, de +no estar contento. + +— Mirad, Sancho —replicó Teresa—: después que os hicistes miembro de +caballero andante habláis de tan rodeada manera, que no hay quien os +entienda. + +— Basta que me entienda Dios, mujer —respondió Sancho—, que Él es el +entendedor de todas las cosas, y quédese esto aquí; y advertid, hermana, +que os conviene tener cuenta estos tres días con el rucio, de manera que +esté para armas tomar: dobladle los piensos, requerid la albarda y las +demás jarcias, porque no vamos a bodas, sino a rodear el mundo, y a tener +dares y tomares con gigantes, con endriagos y con vestiglos, y a oír +silbos, rugidos, bramidos y baladros; y aun todo esto fuera flores de +cantueso si no tuviéramos que entender con yangüeses y con moros +encantados. + +— Bien creo yo, marido —replicó Teresa—, que los escuderos andantes no comen +el pan de balde; y así, quedaré rogando a Nuestro Señor os saque presto de +tanta mala ventura. + +— Yo os digo, mujer —respondió Sancho—, que si no pensase antes de mucho +tiempo verme gobernador de una ínsula, aquí me caería muerto. + +— Eso no, marido mío —dijo Teresa—: viva la gallina, aunque sea con su +pepita; vivid vos, y llévese el diablo cuantos gobiernos hay en el mundo; +sin gobierno salistes del vientre de vuestra madre, sin gobierno habéis +vivido hasta ahora, y sin gobierno os iréis, o os llevarán, a la sepultura +cuando Dios fuere servido. Como ésos hay en el mundo que viven sin +gobierno, y no por eso dejan de vivir y de ser contados en el número de las +gentes. La mejor salsa del mundo es la hambre; y como ésta no falta a los +pobres, siempre comen con gusto. Pero mirad, Sancho: si por ventura os +viéredes con algún gobierno, no os olvidéis de mí y de vuestros hijos. +Advertid que Sanchico tiene ya quince años cabales, y es razón que vaya a +la escuela, si es que su tío el abad le ha de dejar hecho de la Iglesia. +Mirad también que Mari Sancha, vuestra hija, no se morirá si la casamos; +que me va dando barruntos que desea tanto tener marido como vos deseáis +veros con gobierno; y, en fin en fin, mejor parece la hija mal casada que +bien abarraganada. + +— A buena fe —respondió Sancho— que si Dios me llega a tener algo qué de +gobierno, que tengo de casar, mujer mía, a Mari Sancha tan altamente que no +la alcancen sino con llamarla señora. + +— Eso no, Sancho —respondió Teresa—: casadla con su igual, que es lo más +acertado; que si de los zuecos la sacáis a chapines, y de saya parda de +catorceno a verdugado y saboyanas de seda, y de una Marica y un tú a una +doña tal y señoría, no se ha de hallar la mochacha, y a cada paso ha de +caer en mil faltas, descubriendo la hilaza de su tela basta y grosera. + +— Calla, boba —dijo Sancho—, que todo será usarlo dos o tres años; que +después le vendrá el señorío y la gravedad como de molde; y cuando no, ¿qué +importa? Séase ella señoría, y venga lo que viniere. + +— Medíos, Sancho, con vuestro estado —respondió Teresa—; no os queráis alzar +a mayores, y advertid al refrán que dice: "Al hijo de tu vecino, límpiale +las narices y métele en tu casa". ¡Por cierto, que sería gentil cosa casar +a nuestra María con un condazo, o con caballerote que, cuando se le +antojase, la pusiese como nueva, llamándola de villana, hija del +destripaterrones y de la pelarruecas! ¡No en mis días, marido! ¡Para eso, +por cierto, he criado yo a mi hija! Traed vos dineros, Sancho, y el casarla +dejadlo a mi cargo; que ahí está Lope Tocho, el hijo de Juan Tocho, mozo +rollizo y sano, y que le conocemos, y sé que no mira de mal ojo a la +mochacha; y con éste, que es nuestro igual, estará bien casada, y le +tendremos siempre a nuestros ojos, y seremos todos unos, padres y hijos, +nietos y yernos, y andará la paz y la bendición de Dios entre todos +nosotros; y no casármela vos ahora en esas cortes y en esos palacios +grandes, adonde ni a ella la entiendan, ni ella se entienda. + +— Ven acá, bestia y mujer de Barrabás —replicó Sancho—: ¿por qué quieres tú +ahora, sin qué ni para qué, estorbarme que no case a mi hija con quien me +dé nietos que se llamen señoría? Mira, Teresa: siempre he oído decir a mis +mayores que el que no sabe gozar de la ventura cuando le viene, que no se +debe quejar si se le pasa. Y no sería bien que ahora, que está llamando a +nuestra puerta, se la cerremos; dejémonos llevar deste viento favorable que +nos sopla. + +(Por este modo de hablar, y por lo que más abajo dice Sancho, dijo el +tradutor desta historia que tenía por apócrifo este capítulo.) + +— ¿No te parece, animalia —prosiguió Sancho—, que será bien dar con mi +cuerpo en algún gobierno provechoso que nos saque el pie del lodo? Y cásese +a Mari Sancha con quien yo quisiere, y verás cómo te llaman a ti doña +Teresa Panza, y te sientas en la iglesia sobre alcatifa, almohadas y +arambeles, a pesar y despecho de las hidalgas del pueblo. ¡No, sino estaos +siempre en un ser, sin crecer ni menguar, como figura de paramento! Y en +esto no hablemos más, que Sanchica ha de ser condesa, aunque tú más me +digas. + +— ¿Veis cuanto decís, marido? —respondió Teresa—. Pues, con todo eso, temo +que este condado de mi hija ha de ser su perdición. Vos haced lo que +quisiéredes, ora la hagáis duquesa o princesa, pero séos decir que no será +ello con voluntad ni consentimiento mío. Siempre, hermano, fui amiga de la +igualdad, y no puedo ver entonos sin fundamentos. Teresa me pusieron en el +bautismo, nombre mondo y escueto, sin añadiduras ni cortapisas, ni +arrequives de dones ni donas; Cascajo se llamó mi padre, y a mí, por ser +vuestra mujer, me llaman Teresa Panza, que a buena razón me habían de +llamar Teresa Cascajo. Pero allá van reyes do quieren leyes, y con este +nombre me contento, sin que me le pongan un don encima, que pese tanto que +no le pueda llevar, y no quiero dar que decir a los que me vieren andar +vestida a lo condesil o a lo de gobernadora, que luego dirán: ''¡Mirad qué +entonada va la pazpuerca!; ayer no se hartaba de estirar de un copo de +estopa, y iba a misa cubierta la cabeza con la falda de la saya, en lugar +de manto, y ya hoy va con verdugado, con broches y con entono, como si no +la conociésemos''. Si Dios me guarda mis siete, o mis cinco sentidos, o los +que tengo, no pienso dar ocasión de verme en tal aprieto. Vos, hermano, +idos a ser gobierno o ínsulo, y entonaos a vuestro gusto; que mi hija ni +yo, por el siglo de mi madre, que no nos hemos de mudar un paso de nuestra +aldea: la mujer honrada, la pierna quebrada, y en casa; y la doncella +honesta, el hacer algo es su fiesta. Idos con vuestro don Quijote a +vuestras aventuras, y dejadnos a nosotras con nuestras malas venturas, que +Dios nos las mejorará como seamos buenas; y yo no sé, por cierto, quién le +puso a él don, que no tuvieron sus padres ni sus agüelos. + +— Ahora digo —replicó Sancho— que tienes algún familiar en ese cuerpo. +¡Válate Dios, la mujer, y qué de cosas has ensartado unas en otras, sin +tener pies ni cabeza! ¿Qué tiene que ver el Cascajo, los broches, los +refranes y el entono con lo que yo digo? Ven acá, mentecata e ignorante +(que así te puedo llamar, pues no entiendes mis razones y vas huyendo de la +dicha): si yo dijera que mi hija se arrojara de una torre abajo, o que se +fuera por esos mundos, como se quiso ir la infanta doña Urraca, tenías +razón de no venir con mi gusto; pero si en dos paletas, y en menos de un +abrir y cerrar de ojos, te la chanto un don y una señoría a cuestas, y te +la saco de los rastrojos, y te la pongo en toldo y en peana, y en un +estrado de más almohadas de velludo que tuvieron moros en su linaje los +Almohadas de Marruecos, ¿por qué no has de consentir y querer lo que yo +quiero? + +— ¿Sabéis por qué, marido? —respondió Teresa—; por el refrán que dice: +"¡Quien te cubre, te descubre!" Por el pobre todos pasan los ojos como de +corrida, y en el rico los detienen; y si el tal rico fue un tiempo pobre, +allí es el murmurar y el maldecir, y el peor perseverar de los +maldicientes, que los hay por esas calles a montones, como enjambres de +abejas. + +— Mira, Teresa —respondió Sancho—, y escucha lo que agora quiero decirte; +quizá no lo habrás oído en todos los días de tu vida, y yo agora no hablo +de mío; que todo lo que pienso decir son sentencias del padre predicador +que la Cuaresma pasada predicó en este pueblo, el cual, si mal no me +acuerdo, dijo que todas las cosas presentes que los ojos están mirando se +presentan, están y asisten en nuestra memoria mucho mejor y con más +vehemencia que las cosas pasadas. + +(Todas estas razones que aquí va diciendo Sancho son las segundas por quien +dice el tradutor que tiene por apócrifo este capítulo, que exceden a la +capacidad de Sancho. El cual prosiguió diciendo:) + +— De donde nace que, cuando vemos alguna persona bien aderezada, y con ricos +vestidos compuesta, y con pompa de criados, parece que por fuerza nos mueve +y convida a que la tengamos respeto, puesto que la memoria en aquel +instante nos represente alguna bajeza en que vimos a la tal persona; la +cual inominia, ahora sea de pobreza o de linaje, como ya pasó, no es, y +sólo es lo que vemos presente. Y si éste a quien la fortuna sacó del +borrador de su bajeza (que por estas mesmas razones lo dijo el padre) a la +alteza de su prosperidad, fuere bien criado, liberal y cortés con todos, y +no se pusiere en cuentos con aquellos que por antigüedad son nobles, ten +por cierto, Teresa, que no habrá quien se acuerde de lo que fue, sino que +reverencien lo que es, si no fueren los invidiosos, de quien ninguna +próspera fortuna está segura. + +— Yo no os entiendo, marido —replicó Teresa—: haced lo que quisiéredes, y no +me quebréis más la cabeza con vuestras arengas y retóricas. Y si estáis +revuelto en hacer lo que decís... + +— Resuelto has de decir, mujer —dijo Sancho—, y no revuelto. + +— No os pongáis a disputar, marido, conmigo —respondió Teresa—. Yo hablo +como Dios es servido, y no me meto en más dibujos; y digo que si estáis +porfiando en tener gobierno, que llevéis con vos a vuestro hijo Sancho, +para que desde agora le enseñéis a tener gobierno, que bien es que los +hijos hereden y aprendan los oficios de sus padres. + +— En teniendo gobierno —dijo Sancho—, enviaré por él por la posta, y te +enviaré dineros, que no me faltarán, pues nunca falta quien se los preste a +los gobernadores cuando no los tienen; y vístele de modo que disimule lo +que es y parezca lo que ha de ser. + +— Enviad vos dinero —dijo Teresa—, que yo os lo vistiré como un palmito. + +— En efecto, quedamos de acuerdo —dijo Sancho— de que ha de ser condesa +nuestra hija. + +— El día que yo la viere condesa —respondió Teresa—, ése haré cuenta que la +entierro, pero otra vez os digo que hagáis lo que os diere gusto, que con +esta carga nacemos las mujeres, de estar obedientes a sus maridos, aunque +sean unos porros. + +Y, en esto, comenzó a llorar tan de veras como si ya viera muerta y +enterrada a Sanchica. Sancho la consoló diciéndole que, ya que la hubiese +de hacer condesa, la haría todo lo más tarde que ser pudiese. Con esto se +acabó su plática, y Sancho volvió a ver a don Quijote para dar orden en su +partida. + + + + +Capítulo VI. De lo que le pasó a Don Quijote con su sobrina y con su ama, y +es uno de los importantes capítulos de toda la historia + +En tanto que Sancho Panza y su mujer Teresa Cascajo pasaron la impertinente +referida plática, no estaban ociosas la sobrina y el ama de don Quijote, +que por mil señales iban coligiendo que su tío y señor quería desgarrarse +la vez tercera, y volver al ejercicio de su, para ellas, mal andante +caballería: procuraban por todas las vías posibles apartarle de tan mal +pensamiento, pero todo era predicar en desierto y majar en hierro frío. Con +todo esto, entre otras muchas razones que con él pasaron, le dijo el ama: + +— En verdad, señor mío, que si vuesa merced no afirma el pie llano y se está +quedo en su casa, y se deja de andar por los montes y por los valles como +ánima en pena, buscando esas que dicen que se llaman aventuras, a quien yo +llamo desdichas, que me tengo de quejar en voz y en grita a Dios y al rey, +que pongan remedio en ello. + +A lo que respondió don Quijote: + +— Ama, lo que Dios responderá a tus quejas yo no lo sé, ni lo que ha de +responder Su Majestad tampoco, y sólo sé que si yo fuera rey, me escusara +de responder a tanta infinidad de memoriales impertinentes como cada día le +dan; que uno de los mayores trabajos que los reyes tienen, entre otros +muchos, es el estar obligados a escuchar a todos y a responder a todos; y +así, no querría yo que cosas mías le diesen pesadumbre. + +A lo que dijo el ama: + +— Díganos, señor: en la corte de Su Majestad, ¿no hay caballeros? + +— Sí —respondió don Quijote—, y muchos; y es razón que los haya, para adorno +de la grandeza de los príncipes y para ostentación de la majestad real. + +— Pues, ¿no sería vuesa merced —replicó ella— uno de los que a pie quedo +sirviesen a su rey y señor, estándose en la corte? + +— Mira, amiga —respondió don Quijote—: no todos los caballeros pueden ser +cortesanos, ni todos los cortesanos pueden ni deben ser caballeros +andantes: de todos ha de haber en el mundo; y, aunque todos seamos +caballeros, va mucha diferencia de los unos a los otros; porque los +cortesanos, sin salir de sus aposentos ni de los umbrales de la corte, se +pasean por todo el mundo, mirando un mapa, sin costarles blanca, ni padecer +calor ni frío, hambre ni sed; pero nosotros, los caballeros andantes +verdaderos, al sol, al frío, al aire, a las inclemencias del cielo, de +noche y de día, a pie y a caballo, medimos toda la tierra con nuestros +mismos pies; y no solamente conocemos los enemigos pintados, sino en su +mismo ser, y en todo trance y en toda ocasión los acometemos, sin mirar en +niñerías, ni en las leyes de los desafíos; si lleva, o no lleva, más corta +la lanza, o la espada; si trae sobre sí reliquias, o algún engaño +encubierto; si se ha de partir y hacer tajadas el sol, o no, con otras +ceremonias deste jaez, que se usan en los desafíos particulares de persona +a persona, que tú no sabes y yo sí. Y has de saber más: que el buen +caballero andante, aunque vea diez gigantes que con las cabezas no sólo +tocan, sino pasan las nubes, y que a cada uno le sirven de piernas dos +grandísimas torres, y que los brazos semejan árboles de gruesos y poderosos +navíos, y cada ojo como una gran rueda de molino y más ardiendo que un +horno de vidrio, no le han de espantar en manera alguna; antes con gentil +continente y con intrépido corazón los ha de acometer y embestir, y, si +fuere posible, vencerlos y desbaratarlos en un pequeño instante, aunque +viniesen armados de unas conchas de un cierto pescado que dicen que son más +duras que si fuesen de diamantes, y en lugar de espadas trujesen cuchillos +tajantes de damasquino acero, o porras ferradas con puntas asimismo de +acero, como yo las he visto más de dos veces. Todo esto he dicho, ama mía, +porque veas la diferencia que hay de unos caballeros a otros; y sería razón +que no hubiese príncipe que no estimase en más esta segunda, o, por mejor +decir, primera especie de caballeros andantes, que, según leemos en sus +historias, tal ha habido entre ellos que ha sido la salud no sólo de un +reino, sino de muchos. + +— ¡Ah, señor mío! —dijo a esta sazón la sobrina—; advierta vuestra merced +que todo eso que dice de los caballeros andantes es fábula y mentira, y sus +historias, ya que no las quemasen, merecían que a cada una se le echase un +sambenito, o alguna señal en que fuese conocida por infame y por gastadora +de las buenas costumbres. + +— Por el Dios que me sustenta —dijo don Quijote—, que si no fueras mi +sobrina derechamente, como hija de mi misma hermana, que había de hacer un +tal castigo en ti, por la blasfemia que has dicho, que sonara por todo el +mundo. ¿Cómo que es posible que una rapaza que apenas sabe menear doce +palillos de randas se atreva a poner lengua y a censurar las historias de +los caballeros andantes? ¿Qué dijera el señor Amadís si lo tal oyera? Pero +a buen seguro que él te perdonara, porque fue el más humilde y cortés +caballero de su tiempo, y, demás, grande amparador de las doncellas; mas, +tal te pudiera haber oído que no te fuera bien dello, que no todos son +corteses ni bien mirados: algunos hay follones y descomedidos. Ni todos los +que se llaman caballeros lo son de todo en todo: que unos son de oro, otros +de alquimia, y todos parecen caballeros, pero no todos pueden estar al +toque de la piedra de la verdad. Hombres bajos hay que revientan por +parecer caballeros, y caballeros altos hay que parece que aposta mueren por +parecer hombres bajos; aquéllos se llevantan o con la ambición o con la +virtud, éstos se abajan o con la flojedad o con el vicio; y es menester +aprovecharnos del conocimiento discreto para distinguir estas dos maneras +de caballeros, tan parecidos en los nombres y tan distantes en las +acciones. + +— ¡Válame Dios! —dijo la sobrina—. ¡Que sepa vuestra merced tanto, señor +tío, que, si fuese menester en una necesidad, podría subir en un púlpito e +irse a predicar por esas calles, y que, con todo esto, dé en una ceguera +tan grande y en una sandez tan conocida, que se dé a entender que es +valiente, siendo viejo, que tiene fuerzas, estando enfermo, y que endereza +tuertos, estando por la edad agobiado, y, sobre todo, que es caballero, no +lo siendo; porque, aunque lo puedan ser los hidalgos, no lo son los pobres! + +— Tienes mucha razón, sobrina, en lo que dices —respondió don Quijote—, y +cosas te pudiera yo decir cerca de los linajes, que te admiraran; pero, por +no mezclar lo divino con lo humano, no las digo. Mirad, amigas: a cuatro +suertes de linajes, y estadme atentas, se pueden reducir todos los que hay +en el mundo, que son éstas: unos, que tuvieron principios humildes, y se +fueron estendiendo y dilatando hasta llegar a una suma grandeza; otros, que +tuvieron principios grandes, y los fueron conservando y los conservan y +mantienen en el ser que comenzaron; otros, que, aunque tuvieron principios +grandes, acabaron en punta, como pirámide, habiendo diminuido y aniquilado +su principio hasta parar en nonada, como lo es la punta de la pirámide, que +respeto de su basa o asiento no es nada; otros hay, y éstos son los más, +que ni tuvieron principio bueno ni razonable medio, y así tendrán el fin, +sin nombre, como el linaje de la gente plebeya y ordinaria. De los +primeros, que tuvieron principio humilde y subieron a la grandeza que agora +conservan, te sirva de ejemplo la Casa Otomana, que, de un humilde y bajo +pastor que le dio principio, está en la cumbre que le vemos. Del segundo +linaje, que tuvo principio en grandeza y la conserva sin aumentarla, serán +ejemplo muchos príncipes que por herencia lo son, y se conservan en ella, +sin aumentarla ni diminuirla, conteniéndose en los límites de sus estados +pacíficamente. De los que comenzaron grandes y acabaron en punta hay +millares de ejemplos, porque todos los Faraones y Tolomeos de Egipto, los +Césares de Roma, con toda la caterva, si es que se le puede dar este +nombre, de infinitos príncipes, monarcas, señores, medos, asirios, persas, +griegos y bárbaros, todos estos linajes y señoríos han acabado en punta y +en nonada, así ellos como los que les dieron principio, pues no será +posible hallar agora ninguno de sus decendientes, y si le hallásemos, sería +en bajo y humilde estado. Del linaje plebeyo no tengo qué decir, sino que +sirve sólo de acrecentar el número de los que viven, sin que merezcan otra +fama ni otro elogio sus grandezas. De todo lo dicho quiero que infiráis, +bobas mías, que es grande la confusión que hay entre los linajes, y que +solos aquéllos parecen grandes y ilustres que lo muestran en la virtud, y +en la riqueza y liberalidad de sus dueños. Dije virtudes, riquezas y +liberalidades, porque el grande que fuere vicioso será vicioso grande, y el +rico no liberal será un avaro mendigo; que al poseedor de las riquezas no +le hace dichoso el tenerlas, sino el gastarlas, y no el gastarlas +comoquiera, sino el saberlas bien gastar. Al caballero pobre no le queda +otro camino para mostrar que es caballero sino el de la virtud, siendo +afable, bien criado, cortés y comedido, y oficioso; no soberbio, no +arrogante, no murmurador, y, sobre todo, caritativo; que con dos maravedís +que con ánimo alegre dé al pobre se mostrará tan liberal como el que a +campana herida da limosna, y no habrá quien le vea adornado de las +referidas virtudes que, aunque no le conozca, deje de juzgarle y tenerle +por de buena casta, y el no serlo sería milagro; y siempre la alabanza fue +premio de la virtud, y los virtuosos no pueden dejar de ser alabados. Dos +caminos hay, hijas, por donde pueden ir los hombres a llegar a ser ricos y +honrados: el uno es el de las letras; otro, el de las armas. Yo tengo más +armas que letras, y nací, según me inclino a las armas, debajo de la +influencia del planeta Marte; así que, casi me es forzoso seguir por su +camino, y por él tengo de ir a pesar de todo el mundo, y será en balde +cansaros en persuadirme a que no quiera yo lo que los cielos quieren, la +fortuna ordena y la razón pide, y, sobre todo, mi voluntad desea. Pues con +saber, como sé, los innumerables trabajos que son anejos al andante +caballería, sé también los infinitos bienes que se alcanzan con ella; y sé +que la senda de la virtud es muy estrecha, y el camino del vicio, ancho y +espacioso; y sé que sus fines y paraderos son diferentes, porque el del +vicio, dilatado y espacioso, acaba en la muerte, y el de la virtud, angosto +y trabajoso, acaba en vida, y no en vida que se acaba, sino en la que no +tendrá fin; y sé, como dice el gran poeta castellano nuestro, que + +Por estas asperezas se camina + +de la inmortalidad al alto asiento, + +do nunca arriba quien de allí declina. + +— ¡Ay, desdichada de mí —dijo la sobrina—, que también mi señor es poeta!. +Todo lo sabe, todo lo alcanza: yo apostaré que si quisiera ser albañil, que +supiera fabricar una casa como una jaula. + +Yo te prometo, sobrina —respondió don Quijote—, que si estos pensamientos +caballerescos no me llevasen tras sí todos los sentidos, que no habría cosa +que yo no hiciese, ni curiosidad que no saliese de mis manos, especialmente +jaulas y palillos de dientes. + +A este tiempo, llamaron a la puerta, y, preguntando quién llamaba, +respondió Sancho Panza que él era; y, apenas le hubo conocido el ama, +cuando corrió a esconderse por no verle: tanto le aborrecía. Abrióle la +sobrina, salió a recebirle con los brazos abiertos su señor don Quijote, y +encerráronse los dos en su aposento, donde tuvieron otro coloquio, que no +le hace ventaja el pasado. + + + + +Capítulo VII. De lo que pasó don Quijote con su escudero, con otros +sucesos famosísimos + +Apenas vio el ama que Sancho Panza se encerraba con su señor, cuando dio en +la cuenta de sus tratos; y, imaginando que de aquella consulta había de +salir la resolución de su tercera salida y tomando su manto, toda llena de +congoja y pesadumbre, se fue a buscar al bachiller Sansón Carrasco, +pareciéndole que, por ser bien hablado y amigo fresco de su señor, le +podría persuadir a que dejase tan desvariado propósito. + +Hallóle paseándose por el patio de su casa, y, viéndole, se dejó caer ante +sus pies, trasudando y congojosa. Cuando la vio Carrasco con muestras tan +doloridas y sobresaltadas, le dijo: + +— ¿Qué es esto, señora ama? ¿Qué le ha acontecido, que parece que se le +quiere arrancar el alma? + +— No es nada, señor Sansón mío, sino que mi amo se sale; ¡sálese sin duda! + +— Y ¿por dónde se sale, señora? —preguntó Sansón—. ¿Hásele roto alguna parte +de su cuerpo? + +— No se sale —respondió ella—, sino por la puerta de su locura. Quiero +decir, señor bachiller de mi ánima, que quiere salir otra vez, que con ésta +será la tercera, a buscar por ese mundo lo que él llama venturas, que yo no +puedo entender cómo les da este nombre. La vez primera nos le volvieron +atravesado sobre un jumento, molido a palos. La segunda vino en un carro de +bueyes, metido y encerrado en una jaula, adonde él se daba a entender que +estaba encantado; y venía tal el triste, que no le conociera la madre que +le parió: flaco, amarillo, los ojos hundidos en los últimos camaranchones +del celebro, que, para haberle de volver algún tanto en sí, gasté más de +seiscientos huevos, como lo sabe Dios y todo el mundo, y mis gallinas, que +no me dejaran mentir. + +— Eso creo yo muy bien —respondió el bachiller—; que ellas son tan buenas, +tan gordas y tan bien criadas, que no dirán una cosa por otra, si +reventasen. En efecto, señora ama: ¿no hay otra cosa, ni ha sucedido otro +desmán alguno, sino el que se teme que quiere hacer el señor don Quijote? + +— No, señor —respondió ella. + +— Pues no tenga pena —respondió el bachiller—, sino váyase en hora buena a +su casa, y téngame aderezado de almorzar alguna cosa caliente, y, de +camino, vaya rezando la oración de Santa Apolonia si es que la sabe, que yo +iré luego allá, y verá maravillas. + +— ¡Cuitada de mí! —replicó el ama—; ¿la oración de Santa Apolonia dice +vuestra merced que rece?: eso fuera si mi amo lo hubiera de las muelas, +pero no lo ha sino de los cascos. + +— Yo sé lo que digo, señora ama: váyase y no se ponga a disputar conmigo, +pues sabe que soy bachiller por Salamanca, que no hay más que bachillear +— respondió Carrasco. + +Y con esto, se fue el ama, y el bachiller fue luego a buscar al cura, a +comunicar con él lo que se dirá a su tiempo. + +En el que estuvieron encerrados don Quijote y Sancho, pasaron las razones +que con mucha puntualidad y verdadera relación cuenta la historia. + +Dijo Sancho a su amo: + +— Señor, ya yo tengo relucida a mi mujer a que me deje ir con vuestra merced +adonde quisiere llevarme. + +— Reducida has de decir, Sancho —dijo don Quijote—, que no relucida. + +— Una o dos veces —respondió Sancho—, si mal no me acuerdo, he suplicado a +vuestra merced que no me emiende los vocablos, si es que entiende lo que +quiero decir en ellos, y que, cuando no los entienda, diga: ''Sancho, o +diablo, no te entiendo''; y si yo no me declarare, entonces podrá +emendarme; que yo soy tan fócil... + +— No te entiendo, Sancho —dijo luego don Quijote—, pues no sé qué quiere +decir soy tan fócil. + +— Tan fócil quiere decir —respondió Sancho— soy tan así. + +— Menos te entiendo agora —replicó don Quijote. + +— Pues si no me puede entender —respondió Sancho—, no sé cómo lo diga: no sé +más, y Dios sea conmigo. + +— Ya, ya caigo —respondió don Quijote— en ello: tú quieres decir que eres +tan dócil, blando y mañero que tomarás lo que yo te dijere, y pasarás por +lo que te enseñare. + +— Apostaré yo —dijo Sancho— que desde el emprincipio me caló y me entendió, +sino que quiso turbarme por oírme decir otras docientas patochadas. + +— Podrá ser —replicó don Quijote—. Y, en efecto, ¿qué dice Teresa? + +— Teresa dice —dijo Sancho— que ate bien mi dedo con vuestra merced, y que +hablen cartas y callen barbas, porque quien destaja no baraja, pues más +vale un toma que dos te daré. Y yo digo que el consejo de la mujer es poco, +y el que no le toma es loco. + +— Y yo lo digo también —respondió don Quijote—. Decid, Sancho amigo; pasá +adelante, que habláis hoy de perlas. + +— Es el caso —replicó Sancho— que, como vuestra merced mejor sabe, todos +estamos sujetos a la muerte, y que hoy somos y mañana no, y que tan presto +se va el cordero como el carnero, y que nadie puede prometerse en este +mundo más horas de vida de las que Dios quisiere darle, porque la muerte es +sorda, y, cuando llega a llamar a las puertas de nuestra vida, siempre va +depriesa y no la harán detener ni ruegos, ni fuerzas, ni ceptros, ni +mitras, según es pública voz y fama, y según nos lo dicen por esos +púlpitos. + +— Todo eso es verdad —dijo don Quijote—, pero no sé dónde vas a parar. + +— Voy a parar —dijo Sancho— en que vuesa merced me señale salario conocido +de lo que me ha de dar cada mes el tiempo que le sirviere, y que el tal +salario se me pague de su hacienda; que no quiero estar a mercedes, que +llegan tarde, o mal, o nunca; con lo mío me ayude Dios. En fin, yo quiero +saber lo que gano, poco o mucho que sea, que sobre un huevo pone la +gallina, y muchos pocos hacen un mucho, y mientras se gana algo no se +pierde nada. Verdad sea que si sucediese, lo cual ni lo creo ni lo espero, +que vuesa merced me diese la ínsula que me tiene prometida, no soy tan +ingrato, ni llevo las cosas tan por los cabos, que no querré que se aprecie +lo que montare la renta de la tal ínsula, y se descuente de mi salario gata +por cantidad. + +— Sancho amigo —respondió don Quijote—, a las veces, tan buena suele ser una +gata como una rata. + +— Ya entiendo —dijo Sancho—: yo apostaré que había de decir rata, y no gata; +pero no importa nada, pues vuesa merced me ha entendido. + +— Y tan entendido —respondió don Quijote— que he penetrado lo último de tus +pensamientos, y sé al blanco que tiras con las inumerables saetas de tus +refranes. Mira, Sancho: yo bien te señalaría salario, si hubiera hallado en +alguna de las historias de los caballeros andantes ejemplo que me +descubriese y mostrase, por algún pequeño resquicio, qué es lo que solían +ganar cada mes, o cada año; pero yo he leído todas o las más de sus +historias, y no me acuerdo haber leído que ningún caballero andante haya +señalado conocido salario a su escudero. Sólo sé que todos servían a +merced, y que, cuando menos se lo pensaban, si a sus señores les había +corrido bien la suerte, se hallaban premiados con una ínsula, o con otra +cosa equivalente, y, por lo menos, quedaban con título y señoría. Si con +estas esperanzas y aditamentos vos, Sancho, gustáis de volver a servirme, +sea en buena hora: que pensar que yo he de sacar de sus términos y quicios +la antigua usanza de la caballería andante es pensar en lo escusado. Así +que, Sancho mío, volveos a vuestra casa, y declarad a vuestra Teresa mi +intención; y si ella gustare y vos gustáredes de estar a merced conmigo, +bene quidem; y si no, tan amigos como de antes; que si al palomar no le +falta cebo, no le faltarán palomas. Y advertid, hijo, que vale más buena +esperanza que ruin posesión, y buena queja que mala paga. Hablo de esta +manera, Sancho, por daros a entender que también como vos sé yo arrojar +refranes como llovidos. Y, finalmente, quiero decir, y os digo, que si no +queréis venir a merced conmigo y correr la suerte que yo corriere, que Dios +quede con vos y os haga un santo; que a mí no me faltarán escuderos más +obedientes, más solícitos, y no tan empachados ni tan habladores como vos. + +Cuando Sancho oyó la firme resolución de su amo se le anubló el cielo y se +le cayeron las alas del corazón, porque tenía creído que su señor no se +iría sin él por todos los haberes del mundo; y así, estando suspenso y +pensativo, entró Sansón Carrasco y la sobrina, deseosos de oír con qué +razones persuadía a su señor que no tornarse a buscar las aventuras. Llegó +Sansón, socarrón famoso, y, abrazándole como la vez primera y con voz +levantada, le dijo: + +— ¡Oh flor de la andante caballería; oh luz resplandeciente de las armas; oh +honor y espejo de la nación española! Plega a Dios todopoderoso, donde más +largamente se contiene, que la persona o personas que pusieren impedimento +y estorbaren tu tercera salida, que no la hallen en el laberinto de sus +deseos, ni jamás se les cumpla lo que mal desearen. + +Y, volviéndose al ama, le dijo: + +— Bien puede la señora ama no rezar más la oración de Santa Apolonia, que yo +sé que es determinación precisa de las esferas que el señor don Quijote +vuelva a ejecutar sus altos y nuevos pensamientos, y yo encargaría mucho mi +conciencia si no intimase y persuadiese a este caballero que no tenga más +tiempo encogida y detenida la fuerza de su valeroso brazo y la bondad de su +ánimo valentísimo, porque defrauda con su tardanza el derecho de los +tuertos, el amparo de los huérfanos, la honra de las doncellas, el favor de +las viudas y el arrimo de las casadas, y otras cosas deste jaez, que tocan, +atañen, dependen y son anejas a la orden de la caballería andante. ¡Ea, +señor don Quijote mío, hermoso y bravo, antes hoy que mañana se ponga +vuestra merced y su grandeza en camino; y si alguna cosa faltare para +ponerle en ejecución, aquí estoy yo para suplirla con mi persona y +hacienda; y si fuere necesidad servir a tu magnificencia de escudero, lo +tendré a felicísima ventura! + +A esta sazón, dijo don Quijote, volviéndose a Sancho: + +— ¿No te dije yo, Sancho, que me habían de sobrar escuderos? Mira quién se +ofrece a serlo, sino el inaudito bachiller Sansón Carrasco, perpetuo +trastulo y regocijador de los patios de las escuelas salmanticenses, sano +de su persona, ágil de sus miembros, callado, sufridor así del calor como +del frío, así de la hambre como de la sed, con todas aquellas partes que se +requieren para ser escudero de un caballero andante. Pero no permita el +cielo que, por seguir mi gusto, desjarrete y quiebre la coluna de las +letras y el vaso de las ciencias, y tronque la palma eminente de las buenas +y liberales artes. Quédese el nuevo Sansón en su patria, y, honrándola, +honre juntamente las canas de sus ancianos padres; que yo con cualquier +escudero estaré contento, ya que Sancho no se digna de venir conmigo. + +— Sí digno —respondió Sancho, enternecido y llenos de lágrimas los ojos; y +prosiguió—: No se dirá por mí, señor mío: el pan comido y la compañía +deshecha; sí, que no vengo yo de alguna alcurnia desagradecida, que ya sabe +todo el mundo, y especialmente mi pueblo, quién fueron los Panzas, de quien +yo deciendo, y más, que tengo conocido y calado por muchas buenas obras, y +por más buenas palabras, el deseo que vuestra merced tiene de hacerme +merced; y si me he puesto en cuentas de tanto más cuanto acerca de mi +salario, ha sido por complacer a mi mujer; la cual, cuando toma la mano a +persuadir una cosa, no hay mazo que tanto apriete los aros de una cuba como +ella aprieta a que se haga lo que quiere; pero, en efeto, el hombre ha de +ser hombre, y la mujer, mujer; y, pues yo soy hombre dondequiera, que no lo +puedo negar, también lo quiero ser en mi casa, pese a quien pesare; y así, +no hay más que hacer, sino que vuestra merced ordene su testamento con su +codicilo, en modo que no se pueda revolcar, y pongámonos luego en camino, +porque no padezca el alma del señor Sansón, que dice que su conciencia le +lita que persuada a vuestra merced a salir vez tercera por ese mundo; y yo +de nuevo me ofrezco a servir a vuestra merced fiel y legalmente, tan bien y +mejor que cuantos escuderos han servido a caballeros andantes en los +pasados y presentes tiempos. + +Admirado quedó el bachiller de oír el término y modo de hablar de Sancho +Panza; que, puesto que había leído la primera historia de su señor, nunca +creyó que era tan gracioso como allí le pintan; pero, oyéndole decir ahora +testamento y codicilo que no se pueda revolcar, en lugar de testamento y +codicilo que no se pueda revocar, creyó todo lo que dél había leído, y +confirmólo por uno de los más solenes mentecatos de nuestros siglos; y dijo +entre sí que tales dos locos como amo y mozo no se habrían visto en el +mundo. + +Finalmente, don Quijote y Sancho se abrazaron y quedaron amigos, y con +parecer y beneplácito del gran Carrasco, que por entonces era su oráculo, +se ordenó que de allí a tres días fuese su partida; en los cuales habría +lugar de aderezar lo necesario para el viaje, y de buscar una celada de +encaje, que en todas maneras dijo don Quijote que la había de llevar. +Ofreciósela Sansón, porque sabía no se la negaría un amigo suyo que la +tenía, puesto que estaba más escura por el orín y el moho que clara y +limpia por el terso acero. + +Las maldiciones que las dos, ama y sobrina, echaron al bachiller no +tuvieron cuento: mesaron sus cabellos, arañaron sus rostros, y, al modo de +las endechaderas que se usaban, lamentaban la partida como si fuera la +muerte de su señor. El designo que tuvo Sansón, para persuadirle a que otra +vez saliese, fue hacer lo que adelante cuenta la historia, todo por consejo +del cura y del barbero, con quien él antes lo había comunicado. + +En resolución, en aquellos tres días don Quijote y Sancho se acomodaron de +lo que les pareció convenirles; y, habiendo aplacado Sancho a su mujer, y +don Quijote a su sobrina y a su ama, al anochecer, sin que nadie lo viese, +sino el bachiller, que quiso acompañarles media legua del lugar, se +pusieron en camino del Toboso: don Quijote sobre su buen Rocinante, y +Sancho sobre su antiguo rucio, proveídas las alforjas de cosas tocantes a +la bucólica, y la bolsa de dineros que le dio don Quijote para lo que se +ofreciese. Abrazóle Sansón, y suplicóle le avisase de su buena o mala +suerte, para alegrarse con ésta o entristecerse con aquélla, como las leyes +de su amistad pedían. Prometióselo don Quijote, dio Sansón la vuelta a su +lugar, y los dos tomaron la de la gran ciudad del Toboso. + + + + +Capítulo VIII. Donde se cuenta lo que le sucedió a don Quijote, yendo a ver +su señora Dulcinea del Toboso + +''¡Bendito sea el poderoso Alá! —dice Hamete Benengeli al comienzo deste +octavo capítulo—. ¡Bendito sea Alá!'', repite tres veces; y dice que da +estas bendiciones por ver que tiene ya en campaña a don Quijote y a Sancho, +y que los letores de su agradable historia pueden hacer cuenta que desde +este punto comienzan las hazañas y donaires de don Quijote y de su +escudero; persuádeles que se les olviden las pasadas caballerías del +ingenioso hidalgo, y pongan los ojos en las que están por venir, que desde +agora en el camino del Toboso comienzan, como las otras comenzaron en los +campos de Montiel, y no es mucho lo que pide para tanto como él promete; y +así prosigue diciendo: + +Solos quedaron don Quijote y Sancho, y, apenas se hubo apartado Sansón, +cuando comenzó a relinchar Rocinante y a sospirar el rucio, que de +entrambos, caballero y escudero, fue tenido a buena señal y por felicísimo +agüero; aunque, si se ha de contar la verdad, más fueron los sospiros y +rebuznos del rucio que los relinchos del rocín, de donde coligió Sancho que +su ventura había de sobrepujar y ponerse encima de la de su señor, +fundándose no sé si en astrología judiciaria que él se sabía, puesto que la +historia no lo declara; sólo le oyeron decir que, cuando tropezaba o caía, +se holgara no haber salido de casa, porque del tropezar o caer no se sacaba +otra cosa sino el zapato roto o las costillas quebradas; y, aunque tonto, +no andaba en esto muy fuera de camino. Díjole don Quijote: + +— Sancho amigo, la noche se nos va entrando a más andar, y con más escuridad +de la que habíamos menester para alcanzar a ver con el día al Toboso, +adonde tengo determinado de ir antes que en otra aventura me ponga, y allí +tomaré la bendición y buena licencia de la sin par Dulcinea, con la cual +licencia pienso y tengo por cierto de acabar y dar felice cima a toda +peligrosa aventura, porque ninguna cosa desta vida hace más valientes a los +caballeros andantes que verse favorecidos de sus damas. + +— Yo así lo creo —respondió Sancho—; pero tengo por dificultoso que vuestra +merced pueda hablarla ni verse con ella, en parte, a lo menos, que pueda +recebir su bendición, si ya no se la echa desde las bardas del corral, por +donde yo la vi la vez primera, cuando le llevé la carta donde iban las +nuevas de las sandeces y locuras que vuestra merced quedaba haciendo en el +corazón de Sierra Morena. + +— ¿Bardas de corral se te antojaron aquéllas, Sancho —dijo don Quijote—, +adonde o por donde viste aquella jamás bastantemente alabada gentileza y +hermosura? No debían de ser sino galerías o corredores, o lonjas, o como +las llaman, de ricos y reales palacios. + +— Todo pudo ser —respondió Sancho—, pero a mí bardas me parecieron, si no es +que soy falto de memoria. + +— Con todo eso, vamos allá, Sancho —replicó don Quijote—, que como yo la +vea, eso se me da que sea por bardas que por ventanas, o por resquicios, o +verjas de jardines; que cualquier rayo que del sol de su belleza llegue a +mis ojos alumbrará mi entendimiento y fortalecerá mi corazón, de modo que +quede único y sin igual en la discreción y en la valentía. + +— Pues en verdad, señor —respondió Sancho—, que cuando yo vi ese sol de la +señora Dulcinea del Toboso, que no estaba tan claro, que pudiese echar de +sí rayos algunos, y debió de ser que, como su merced estaba ahechando aquel +trigo que dije, el mucho polvo que sacaba se le puso como nube ante el +rostro y se le escureció. + +— ¡Que todavía das, Sancho —dijo don Quijote—, en decir, en pensar, en creer +y en porfiar que mi señora Dulcinea ahechaba trigo, siendo eso un menester +y ejercicio que va desviado de todo lo que hacen y deben hacer las personas +principales que están constituidas y guardadas para otros ejercicios y +entretenimientos, que muestran a tiro de ballesta su principalidad...! Mal +se te acuerdan a ti, ¡oh Sancho!, aquellos versos de nuestro poeta donde +nos pinta las labores que hacían allá en sus moradas de cristal aquellas +cuatro ninfas que del Tajo amado sacaron las cabezas, y se sentaron a +labrar en el prado verde aquellas ricas telas que allí el ingenioso poeta +nos describe, que todas eran de oro, sirgo y perlas contestas y tejidas. Y +desta manera debía de ser el de mi señora cuando tú la viste; sino que la +envidia que algún mal encantador debe de tener a mis cosas, todas las que +me han de dar gusto trueca y vuelve en diferentes figuras que ellas tienen; +y así, temo que, en aquella historia que dicen que anda impresa de mis +hazañas, si por ventura ha sido su autor algún sabio mi enemigo, habrá +puesto unas cosas por otras, mezclando con una verdad mil mentiras, +divertiéndose a contar otras acciones fuera de lo que requiere la +continuación de una verdadera historia. ¡Oh envidia, raíz de infinitos +males y carcoma de las virtudes! Todos los vicios, Sancho, traen un no sé +qué de deleite consigo, pero el de la envidia no trae sino disgustos, +rancores y rabias. + +— Eso es lo que yo digo también —respondió Sancho—, y pienso que en esa +leyenda o historia que nos dijo el bachiller Carrasco que de nosotros había +visto debe de andar mi honra a coche acá, cinchado, y, como dicen, al +estricote, aquí y allí, barriendo las calles. Pues, a fe de bueno, que no +he dicho yo mal de ningún encantador, ni tengo tantos bienes que pueda ser +envidiado; bien es verdad que soy algo malicioso, y que tengo mis ciertos +asomos de bellaco, pero todo lo cubre y tapa la gran capa de la simpleza +mía, siempre natural y nunca artificiosa. Y cuando otra cosa no tuviese +sino el creer, como siempre creo, firme y verdaderamente en Dios y en todo +aquello que tiene y cree la Santa Iglesia Católica Romana, y el ser enemigo +mortal, como lo soy, de los judíos, debían los historiadores tener +misericordia de mí y tratarme bien en sus escritos. Pero digan lo que +quisieren; que desnudo nací, desnudo me hallo: ni pierdo ni gano; aunque, +por verme puesto en libros y andar por ese mundo de mano en mano, no se me +da un higo que digan de mí todo lo que quisieren. + +— Eso me parece, Sancho —dijo don Quijote—, a lo que sucedió a un famoso +poeta destos tiempos, el cual, habiendo hecho una maliciosa sátira contra +todas las damas cortesanas, no puso ni nombró en ella a una dama que se +podía dudar si lo era o no; la cual, viendo que no estaba en la lista de +las demás, se quejó al poeta, diciéndole que qué había visto en ella para +no ponerla en el número de las otras, y que alargase la sátira, y la +pusiese en el ensanche; si no, que mirase para lo que había nacido. Hízolo +así el poeta, y púsola cual no digan dueñas, y ella quedó satisfecha, por +verse con fama, aunque infame. También viene con esto lo que cuentan de +aquel pastor que puso fuego y abrasó el templo famoso de Diana, contado por +una de las siete maravillas del mundo, sólo porque quedase vivo su nombre +en los siglos venideros; y, aunque se mandó que nadie le nombrase, ni +hiciese por palabra o por escrito mención de su nombre, porque no +consiguiese el fin de su deseo, todavía se supo que se llamaba Eróstrato. +También alude a esto lo que sucedió al grande emperador Carlo Quinto con un +caballero en Roma. Quiso ver el emperador aquel famoso templo de la +Rotunda, que en la antigüedad se llamó el templo de todos los dioses, y +ahora, con mejor vocación, se llama de todos los santos, y es el edificio +que más entero ha quedado de los que alzó la gentilidad en Roma, y es el +que más conserva la fama de la grandiosidad y magnificencia de sus +fundadores: él es de hechura de una media naranja, grandísimo en estremo, +y está muy claro, sin entrarle otra luz que la que le concede una ventana, +o, por mejor decir, claraboya redonda que está en su cima, desde la cual +mirando el emperador el edificio, estaba con él y a su lado un caballero +romano, declarándole los primores y sutilezas de aquella gran máquina y +memorable arquitetura; y, habiéndose quitado de la claraboya, dijo al +emperador: ''Mil veces, Sacra Majestad, me vino deseo de abrazarme con +vuestra Majestad y arrojarme de aquella claraboya abajo, por dejar de mí +fama eterna en el mundo''. ''Yo os agradezco —respondió el emperador— el no +haber puesto tan mal pensamiento en efeto, y de aquí adelante no os pondré +yo en ocasión que volváis a hacer prueba de vuestra lealtad; y así, os +mando que jamás me habléis, ni estéis donde yo estuviere''. Y, tras estas +palabras, le hizo una gran merced. Quiero decir, Sancho, que el deseo de +alcanzar fama es activo en gran manera. ¿Quién piensas tú que arrojó a +Horacio del puente abajo, armado de todas armas, en la profundidad del +Tibre? ¿Quién abrasó el brazo y la mano a Mucio? ¿Quién impelió a Curcio a +lanzarse en la profunda sima ardiente que apareció en la mitad de Roma? +¿Quién, contra todos los agüeros que en contra se le habían mostrado, hizo +pasar el Rubicón a César? Y, con ejemplos más modernos, ¿quién barrenó los +navíos y dejó en seco y aislados los valerosos españoles guiados por el +cortesísimo Cortés en el Nuevo Mundo? Todas estas y otras grandes y +diferentes hazañas son, fueron y serán obras de la fama, que los mortales +desean como premios y parte de la inmortalidad que sus famosos hechos +merecen, puesto que los cristianos, católicos y andantes caballeros más +habemos de atender a la gloria de los siglos venideros, que es eterna en +las regiones etéreas y celestes, que a la vanidad de la fama que en este +presente y acabable siglo se alcanza; la cual fama, por mucho que dure, en +fin se ha de acabar con el mesmo mundo, que tiene su fin señalado. Así, ¡oh +Sancho!, que nuestras obras no han de salir del límite que nos tiene puesto +la religión cristiana, que profesamos. Hemos de matar en los gigantes a la +soberbia; a la envidia, en la generosidad y buen pecho; a la ira, en el +reposado continente y quietud del ánimo; a la gula y al sueño, en el poco +comer que comemos y en el mucho velar que velamos; a la lujuria y lascivia, +en la lealtad que guardamos a las que hemos hecho señoras de nuestros +pensamientos; a la pereza, con andar por todas las partes del mundo, +buscando las ocasiones que nos puedan hacer y hagan, sobre cristianos, +famosos caballeros. Ves aquí, Sancho, los medios por donde se alcanzan los +estremos de alabanzas que consigo trae la buena fama. + +— Todo lo que vuestra merced hasta aquí me ha dicho —dijo Sancho— lo he +entendido muy bien, pero, con todo eso, querría que vuestra merced me +sorbiese una duda que agora en este punto me ha venido a la memoria. + +— Asolviese quieres decir, Sancho —dijo don Quijote—. Di en buen hora, que +yo responderé lo que supiere. + +— Dígame, señor —prosiguió Sancho—: esos Julios o Agostos, y todos esos +caballeros hazañosos que ha dicho, que ya son muertos, ¿dónde están agora? + +— Los gentiles —respondió don Quijote— sin duda están en el infierno; los +cristianos, si fueron buenos cristianos, o están en el purgatorio o en el +cielo. + +— Está bien —dijo Sancho—, pero sepamos ahora: esas sepulturas donde están +los cuerpos desos señorazos, ¿tienen delante de sí lámparas de plata, o +están adornadas las paredes de sus capillas de muletas, de mortajas, de +cabelleras, de piernas y de ojos de cera? Y si desto no, ¿de qué están +adornadas? + +A lo que respondió don Quijote: + +— Los sepulcros de los gentiles fueron por la mayor parte suntuosos templos: +las cenizas del cuerpo de Julio César se pusieron sobre una pirámide de +piedra de desmesurada grandeza, a quien hoy llaman en Roma La aguja de San +Pedro; al emperador Adriano le sirvió de sepultura un castillo tan grande +como una buena aldea, a quien llamaron Moles Hadriani, que agora es el +castillo de Santángel en Roma; la reina Artemisa sepultó a su marido +Mausoleo en un sepulcro que se tuvo por una de las siete maravillas del +mundo; pero ninguna destas sepulturas ni otras muchas que tuvieron los +gentiles se adornaron con mortajas ni con otras ofrendas y señales que +mostrasen ser santos los que en ellas estaban sepultados. + +— A eso voy —replicó Sancho—. Y dígame agora: ¿cuál es más: resucitar a un +muerto, o matar a un gigante? + +— La respuesta está en la mano —respondió don Quijote—: más es resucitar a +un muerto. + +— Cogido le tengo —dijo Sancho—: luego la fama del que resucita muertos, da +vista a los ciegos, endereza los cojos y da salud a los enfermos, y delante +de sus sepulturas arden lámparas, y están llenas sus capillas de gentes +devotas que de rodillas adoran sus reliquias, mejor fama será, para este y +para el otro siglo, que la que dejaron y dejaren cuantos emperadores +gentiles y caballeros andantes ha habido en el mundo. + +— También confieso esa verdad —respondió don Quijote. + +— Pues esta fama, estas gracias, estas prerrogativas, como llaman a esto +— respondió Sancho—, tienen los cuerpos y las reliquias de los santos que, +con aprobación y licencia de nuestra santa madre Iglesia, tienen lámparas, +velas, mortajas, muletas, pinturas, cabelleras, ojos, piernas, con que +aumentan la devoción y engrandecen su cristiana fama. Los cuerpos de los +santos o sus reliquias llevan los reyes sobre sus hombros, besan los +pedazos de sus huesos, adornan y enriquecen con ellos sus oratorios y sus +más preciados altares... + +— ¿Qué quieres que infiera, Sancho, de todo lo que has dicho? —dijo don +Quijote. + +— Quiero decir —dijo Sancho— que nos demos a ser santos, y alcanzaremos más +brevemente la buena fama que pretendemos; y advierta, señor, que ayer o +antes de ayer, que, según ha poco se puede decir desta manera, canonizaron +o beatificaron dos frailecitos descalzos, cuyas cadenas de hierro con que +ceñían y atormentaban sus cuerpos se tiene ahora a gran ventura el besarlas +y tocarlas, y están en más veneración que está, según dije, la espada de +Roldán en la armería del rey, nuestro señor, que Dios guarde. Así que, +señor mío, más vale ser humilde frailecito, de cualquier orden que sea, +que valiente y andante caballero; mas alcanzan con Dios dos docenas de +diciplinas que dos mil lanzadas, ora las den a gigantes, ora a vestiglos o +a endrigos. + +— Todo eso es así —respondió don Quijote—, pero no todos podemos ser +frailes, y muchos son los caminos por donde lleva Dios a los suyos al +cielo: religión es la caballería; caballeros santos hay en la gloria. + +— Sí —respondió Sancho—, pero yo he oído decir que hay más frailes en el +cielo que caballeros andantes. + +— Eso es —respondió don Quijote— porque es mayor el número de los religiosos +que el de los caballeros. + +— Muchos son los andantes —dijo Sancho. + +— Muchos —respondió don Quijote—, pero pocos los que merecen nombre de +caballeros. + +En estas y otras semejantes pláticas se les pasó aquella noche y el día +siguiente, sin acontecerles cosa que de contar fuese, de que no poco le +pesó a don Quijote. En fin, otro día, al anochecer, descubrieron la gran +ciudad del Toboso, con cuya vista se le alegraron los espíritus a don +Quijote y se le entristecieron a Sancho, porque no sabía la casa de +Dulcinea, ni en su vida la había visto, como no la había visto su señor; de +modo que el uno por verla, y el otro por no haberla visto, estaban +alborotados, y no imaginaba Sancho qué había de hacer cuando su dueño le +enviase al Toboso. Finalmente, ordenó don Quijote entrar en la ciudad +entrada la noche, y, en tanto que la hora se llegaba, se quedaron entre +unas encinas que cerca del Toboso estaban, y, llegado el determinado punto, +entraron en la ciudad, donde les sucedió cosas que a cosas llegan. + + + + +Capítulo IX. Donde se cuenta lo que en él se verá + +Media noche era por filo, poco más a menos, cuando don Quijote y Sancho +dejaron el monte y entraron en el Toboso. Estaba el pueblo en un sosegado +silencio, porque todos sus vecinos dormían y reposaban a pierna tendida, +como suele decirse. Era la noche entreclara, puesto que quisiera Sancho que +fuera del todo escura, por hallar en su escuridad disculpa de su sandez. No +se oía en todo el lugar sino ladridos de perros, que atronaban los oídos de +don Quijote y turbaban el corazón de Sancho. De cuando en cuando, rebuznaba +un jumento, gruñían puercos, mayaban gatos, cuyas voces, de diferentes +sonidos, se aumentaban con el silencio de la noche, todo lo cual tuvo el +enamorado caballero a mal agüero; pero, con todo esto, dijo a Sancho: + +— Sancho, hijo, guía al palacio de Dulcinea: quizá podrá ser que la hallemos +despierta. + +— ¿A qué palacio tengo de guiar, cuerpo del sol —respondió Sancho—, que en +el que yo vi a su grandeza no era sino casa muy pequeña? + +— Debía de estar retirada, entonces —respondió don Quijote—, en algún +pequeño apartamiento de su alcázar, solazándose a solas con sus doncellas, +como es uso y costumbre de las altas señoras y princesas. + +— Señor —dijo Sancho—, ya que vuestra merced quiere, a pesar mío, que sea +alcázar la casa de mi señora Dulcinea, ¿es hora ésta por ventura de hallar +la puerta abierta? Y ¿será bien que demos aldabazos para que nos oyan y nos +abran, metiendo en alboroto y rumor toda la gente? ¿Vamos por dicha a +llamar a la casa de nuestras mancebas, como hacen los abarraganados, que +llegan, y llaman, y entran a cualquier hora, por tarde que sea? + +— Hallemos primero una por una el alcázar —replicó don Quijote—, que +entonces yo te diré, Sancho, lo que será bien que hagamos. Y advierte, +Sancho, que yo veo poco, o que aquel bulto grande y sombra que desde aquí +se descubre la debe de hacer el palacio de Dulcinea. + +— Pues guíe vuestra merced —respondió Sancho—: quizá será así; aunque yo lo +veré con los ojos y lo tocaré con las manos, y así lo creeré yo como creer +que es ahora de día. + +Guió don Quijote, y, habiendo andado como docientos pasos, dio con el bulto +que hacía la sombra, y vio una gran torre, y luego conoció que el tal +edificio no era alcázar, sino la iglesia principal del pueblo. Y dijo: + +— Con la iglesia hemos dado, Sancho. + +— Ya lo veo —respondió Sancho—; y plega a Dios que no demos con nuestra +sepultura, que no es buena señal andar por los cimenterios a tales horas, y +más, habiendo yo dicho a vuestra merced, si mal no me acuerdo, que la +casa desta señora ha de estar en una callejuela sin salida. + +— ¡Maldito seas de Dios, mentecato! —dijo don Quijote—. ¿Adónde has tú +hallado que los alcázares y palacios reales estén edificados en callejuelas +sin salida? + +— Señor —respondió Sancho—, en cada tierra su uso: quizá se usa aquí en el +Toboso edificar en callejuelas los palacios y edificios grandes; y así, +suplico a vuestra merced me deje buscar por estas calles o callejuelas que +se me ofrecen: podría ser que en algún rincón topase con ese alcázar, que +le vea yo comido de perros, que así nos trae corridos y asendereados. + +— Habla con respeto, Sancho, de las cosas de mi señora —dijo don Quijote—, y +tengamos la fiesta en paz, y no arrojemos la soga tras el caldero. + +— Yo me reportaré —respondió Sancho—; pero, ¿con qué paciencia podré llevar +que quiera vuestra merced que de sola una vez que vi la casa de nuestra +ama, la haya de saber siempre y hallarla a media noche, no hallándola +vuestra merced, que la debe de haber visto millares de veces? + +— Tú me harás desesperar, Sancho —dijo don Quijote—. Ven acá, hereje: ¿no te +he dicho mil veces que en todos los días de mi vida no he visto a la sin +par Dulcinea, ni jamás atravesé los umbrales de su palacio, y que sólo +estoy enamorado de oídas y de la gran fama que tiene de hermosa y discreta? + +— Ahora lo oigo —respondió Sancho—; y digo que, pues vuestra merced no la ha +visto, ni yo tampoco... + +— Eso no puede ser —replicó don Quijote—; que, por lo menos, ya me has dicho +tú que la viste ahechando trigo, cuando me trujiste la respuesta de la +carta que le envié contigo. + +— No se atenga a eso, señor —respondió Sancho—, porque le hago saber que +también fue de oídas la vista y la respuesta que le truje; porque, así sé +yo quién es la señora Dulcinea como dar un puño en el cielo. + +— Sancho, Sancho —respondió don Quijote—, tiempos hay de burlar, y tiempos +donde caen y parecen mal las burlas. No porque yo diga que ni he visto ni +hablado a la señora de mi alma has tú de decir también que ni la has +hablado ni visto, siendo tan al revés como sabes. + +Estando los dos en estas pláticas, vieron que venía a pasar por donde +estaban uno con dos mulas, que, por el ruido que hacía el arado, que +arrastraba por el suelo, juzgaron que debía de ser labrador, que habría +madrugado antes del día a ir a su labranza; y así fue la verdad. Venía el +labrador cantando aquel romance que dicen: + +Mala la hubistes, franceses, + +en esa de Roncesvalles. + +— Que me maten, Sancho —dijo, en oyéndole, don Quijote—, si nos ha de +suceder cosa buena esta noche. ¿No oyes lo que viene cantando ese villano? + +— Sí oigo —respondió Sancho—; pero, ¿qué hace a nuestro propósito la caza de +Roncesvalles? Así pudiera cantar el romance de Calaínos, que todo fuera uno +para sucedernos bien o mal en nuestro negocio. + +Llegó, en esto, el labrador, a quien don Quijote preguntó: + +— ¿Sabréisme decir, buen amigo, que buena ventura os dé Dios, dónde son por +aquí los palacios de la sin par princesa doña Dulcinea del Toboso? + +— Señor —respondió el mozo—, yo soy forastero y ha pocos días que estoy en +este pueblo, sirviendo a un labrador rico en la labranza del campo; en esa +casa frontera viven el cura y el sacristán del lugar; entrambos, o +cualquier dellos, sabrá dar a vuestra merced razón desa señora princesa, +porque tienen la lista de todos los vecinos del Toboso; aunque para mí +tengo que en todo él no vive princesa alguna; muchas señoras, sí, +principales, que cada una en su casa puede ser princesa. + +— Pues entre ésas —dijo don Quijote— debe de estar, amigo, ésta por quien te +pregunto. + +— Podría ser —respondió el mozo—; y adiós, que ya viene el alba. + +Y, dando a sus mulas, no atendió a más preguntas. Sancho, que vio suspenso +a su señor y asaz mal contento, le dijo: + +— Señor, ya se viene a más andar el día, y no será acertado dejar que nos +halle el sol en la calle; mejor será que nos salgamos fuera de la ciudad, y +que vuestra merced se embosque en alguna floresta aquí cercana, y yo +volveré de día, y no dejaré ostugo en todo este lugar donde no busque la +casa, alcázar o palacio de mi señora, y asaz sería de desdichado si no le +hallase; y, hallándole, hablaré con su merced, y le diré dónde y cómo queda +vuestra merced esperando que le dé orden y traza para verla, sin menoscabo +de su honra y fama. + +— Has dicho, Sancho —dijo don Quijote—, mil sentencias encerradas en el +círculo de breves palabras: el consejo que ahora me has dado le apetezco y +recibo de bonísima gana. Ven, hijo, y vamos a buscar donde me embosque, que +tú volverás, como dices, a buscar, a ver y hablar a mi señora, de cuya +discreción y cortesía espero más que milagrosos favores. + +Rabiaba Sancho por sacar a su amo del pueblo, porque no averiguase la +mentira de la respuesta que de parte de Dulcinea le había llevado a Sierra +Morena; y así, dio priesa a la salida, que fue luego, y a dos millas del +lugar hallaron una floresta o bosque, donde don Quijote se emboscó en tanto +que Sancho volvía a la ciudad a hablar a Dulcinea; en cuya embajada le +sucedieron cosas que piden nueva atención y nuevo crédito. + + + + +Capítulo X. Donde se cuenta la industria que Sancho tuvo para encantar a la +señora Dulcinea, y de otros sucesos tan ridículos como verdaderos + +Llegando el autor desta grande historia a contar lo que en este capítulo +cuenta, dice que quisiera pasarle en silencio, temeroso de que no había de +ser creído, porque las locuras de don Quijote llegaron aquí al término y +raya de las mayores que pueden imaginarse, y aun pasaron dos tiros de +ballesta más allá de las mayores. Finalmente, aunque con este miedo y +recelo, las escribió de la misma manera que él las hizo, sin añadir ni +quitar a la historia un átomo de la verdad, sin dársele nada por las +objeciones que podían ponerle de mentiroso. Y tuvo razón, porque la verdad +adelgaza y no quiebra, y siempre anda sobre la mentira como el aceite sobre +el agua. + +Y así, prosiguiendo su historia, dice que, así como don Quijote se emboscó +en la floresta, encinar o selva junto al gran Toboso, mandó a Sancho volver +a la ciudad, y que no volviese a su presencia sin haber primero hablado de +su parte a su señora, pidiéndola fuese servida de dejarse ver de su cautivo +caballero, y se dignase de echarle su bendición, para que pudiese esperar +por ella felicísimos sucesos de todos sus acometimientos y dificultosas +empresas. Encargóse Sancho de hacerlo así como se le mandaba, y de traerle +tan buena respuesta como le trujo la vez primera. + +— Anda, hijo —replicó don Quijote—, y no te turbes cuando te vieres ante la +luz del sol de hermosura que vas a buscar. ¡Dichoso tú sobre todos los +escuderos del mundo! Ten memoria, y no se te pase della cómo te recibe: si +muda las colores el tiempo que la estuvieres dando mi embajada; si se +desasosiega y turba oyendo mi nombre; si no cabe en la almohada, si acaso +la hallas sentada en el estrado rico de su autoridad; y si está en pie, +mírala si se pone ahora sobre el uno, ahora sobre el otro pie; si te repite +la respuesta que te diere dos o tres veces; si la muda de blanda en áspera, +de aceda en amorosa; si levanta la mano al cabello para componerle, aunque +no esté desordenado; finalmente, hijo, mira todas sus acciones y +movimientos; porque si tú me los relatares como ellos fueron, sacaré yo lo +que ella tiene escondido en lo secreto de su corazón acerca de lo que al +fecho de mis amores toca; que has de saber, Sancho, si no lo sabes, que +entre los amantes, las acciones y movimientos exteriores que muestran, +cuando de sus amores se trata, son certísimos correos que traen las nuevas +de lo que allá en lo interior del alma pasa. Ve, amigo, y guíete otra mejor +ventura que la mía, y vuélvate otro mejor suceso del que yo quedo temiendo +y esperando en esta amarga soledad en que me dejas. + +— Yo iré y volveré presto —dijo Sancho—; y ensanche vuestra merced, señor +mío, ese corazoncillo, que le debe de tener agora no mayor que una +avellana, y considere que se suele decir que buen corazón quebranta mala +ventura, y que donde no hay tocinos, no hay estacas; y también se dice: +donde no piensa, salta la liebre. Dígolo porque si esta noche no hallamos +los palacios o alcázares de mi señora, agora que es de día los pienso +hallar, cuando menos los piense, y hallados, déjenme a mí con ella. + +— Por cierto, Sancho —dijo don Quijote—, que siempre traes tus refranes tan +a pelo de lo que tratamos cuanto me dé Dios mejor ventura en lo que deseo. + +Esto dicho, volvió Sancho las espaldas y vareó su rucio, y don Quijote se +quedó a caballo, descansando sobre los estribos y sobre el arrimo de su +lanza, lleno de tristes y confusas imaginaciones, donde le dejaremos, +yéndonos con Sancho Panza, que no menos confuso y pensativo se apartó de su +señor que él quedaba; y tanto, que, apenas hubo salido del bosque, cuando, +volviendo la cabeza y viendo que don Quijote no parecía, se apeó del +jumento, y, sentándose al pie de un árbol, comenzó a hablar consigo mesmo y +a decirse: + +— Sepamos agora, Sancho hermano, adónde va vuesa merced. ¿Va a buscar algún +jumento que se le haya perdido? ''No, por cierto''. Pues, ¿qué va a buscar? +''Voy a buscar, como quien no dice nada, a una princesa, y en ella al sol +de la hermosura y a todo el cielo junto''. Y ¿adónde pensáis hallar eso que +decís, Sancho? ''¿Adónde? En la gran ciudad del Toboso''. Y bien: ¿y de +parte de quién la vais a buscar? ''De parte del famoso caballero don +Quijote de la Mancha, que desface los tuertos, y da de comer al que ha sed, +y de beber al que ha hambre''. Todo eso está muy bien. Y ¿sabéis su casa, +Sancho? ''Mi amo dice que han de ser unos reales palacios o unos soberbios +alcázares''. Y ¿habéisla visto algún día por ventura? ''Ni yo ni mi amo la +habemos visto jamás''. Y ¿paréceos que fuera acertado y bien hecho que si +los del Toboso supiesen que estáis vos aquí con intención de ir a +sonsacarles sus princesas y a desasosegarles sus damas, viniesen y os +moliesen las costillas a puros palos, y no os dejasen hueso sano? ''En +verdad que tendrían mucha razón, cuando no considerasen que soy mandado, y +que mensajero sois, amigo, no merecéis culpa, non''. No os fiéis en eso, +Sancho, porque la gente manchega es tan colérica como honrada, y no +consiente cosquillas de nadie. Vive Dios que si os huele, que os mando mala +ventura. ''¡Oxte, puto! ¡Allá darás, rayo! ¡No, sino ándeme yo buscando +tres pies al gato por el gusto ajeno! Y más, que así será buscar a Dulcinea +por el Toboso como a Marica por Rávena, o al bachiller en Salamanca. ¡El +diablo, el diablo me ha metido a mí en esto, que otro no!'' + +Este soliloquio pasó consigo Sancho, y lo que sacó dél fue que volvió a +decirse: + +— Ahora bien, todas las cosas tienen remedio, si no es la muerte, debajo de +cuyo yugo hemos de pasar todos, mal que nos pese, al acabar de la vida. +Este mi amo, por mil señales, he visto que es un loco de atar, y aun +también yo no le quedo en zaga, pues soy más mentecato que él, pues le sigo +y le sirvo, si es verdadero el refrán que dice: "Dime con quién andas, +decirte he quién eres", y el otro de "No con quien naces, sino con quien +paces". Siendo, pues, loco, como lo es, y de locura que las más veces toma +unas cosas por otras, y juzga lo blanco por negro y lo negro por blanco, +como se pareció cuando dijo que los molinos de viento eran gigantes, y las +mulas de los religiosos dromedarios, y las manadas de carneros ejércitos de +enemigos, y otras muchas cosas a este tono, no será muy difícil hacerle +creer que una labradora, la primera que me topare por aquí, es la señora +Dulcinea; y, cuando él no lo crea, juraré yo; y si él jurare, tornaré yo a +jurar; y si porfiare, porfiaré yo más, y de manera que tengo de tener la +mía siempre sobre el hito, venga lo que viniere. Quizá con esta porfía +acabaré con él que no me envíe otra vez a semejantes mensajerías, viendo +cuán mal recado le traigo dellas, o quizá pensará, como yo imagino, que +algún mal encantador de estos que él dice que le quieren mal la habrá +mudado la figura por hacerle mal y daño. + +Con esto que pensó Sancho Panza quedó sosegado su espíritu, y tuvo por bien +acabado su negocio, y deteniéndose allí hasta la tarde, por dar lugar a que +don Quijote pensase que le había tenido para ir y volver del Toboso; y +sucedióle todo tan bien que, cuando se levantó para subir en el rucio, vio +que del Toboso hacia donde él estaba venían tres labradoras sobre tres +pollinos, o pollinas, que el autor no lo declara, aunque más se puede creer +que eran borricas, por ser ordinaria caballería de las aldeanas; pero, como +no va mucho en esto, no hay para qué detenernos en averiguarlo. En +resolución: así como Sancho vio a las labradoras, a paso tirado volvió a +buscar a su señor don Quijote, y hallóle suspirando y diciendo mil amorosas +lamentaciones. Como don Quijote le vio, le dijo: + +— ¿Qué hay, Sancho amigo? ¿Podré señalar este día con piedra blanca, o con +negra? + +— Mejor será —respondió Sancho— que vuesa merced le señale con almagre, como +rétulos de cátedras, porque le echen bien de ver los que le vieren. + +— De ese modo —replicó don Quijote—, buenas nuevas traes. + +— Tan buenas —respondió Sancho—, que no tiene más que hacer vuesa merced +sino picar a Rocinante y salir a lo raso a ver a la señora Dulcinea del +Toboso, que con otras dos doncellas suyas viene a ver a vuesa merced. + +— ¡Santo Dios! ¿Qué es lo que dices, Sancho amigo? —dijo don Quijote—. Mira +no me engañes, ni quieras con falsas alegrías alegrar mis verdaderas +tristezas. + +— ¿Qué sacaría yo de engañar a vuesa merced —respondió Sancho—, y más +estando tan cerca de descubrir mi verdad? Pique, señor, y venga, y verá +venir a la princesa, nuestra ama, vestida y adornada, en fin, como quien +ella es. Sus doncellas y ella todas son una ascua de oro, todas mazorcas de +perlas, todas son diamantes, todas rubíes, todas telas de brocado de más de +diez altos; los cabellos, sueltos por las espaldas, que son otros tantos +rayos del sol que andan jugando con el viento; y, sobre todo, vienen a +caballo sobre tres cananeas remendadas, que no hay más que ver. + +— Hacaneas querrás decir, Sancho. + +— Poca diferencia hay —respondió Sancho— de cananeas a hacaneas; pero, +vengan sobre lo que vinieren, ellas vienen las más galanas señoras que se +puedan desear, especialmente la princesa Dulcinea, mi señora, que pasma los +sentidos. + +— Vamos, Sancho hijo —respondió don Quijote—; y, en albricias destas no +esperadas como buenas nuevas, te mando el mejor despojo que ganare en la +primera aventura que tuviere, y si esto no te contenta, te mando las crías +que este año me dieren las tres yeguas mías, que tú sabes que quedan para +parir en el prado concejil de nuestro pueblo. + +— A las crías me atengo —respondió Sancho—, porque de ser buenos los +despojos de la primera aventura no está muy cierto. + +Ya en esto salieron de la selva, y descubrieron cerca a las tres aldeanas. +Tendió don Quijote los ojos por todo el camino del Toboso, y como no vio +sino a las tres labradoras, turbóse todo, y preguntó a Sancho si las había +dejado fuera de la ciudad. + +— ¿Cómo fuera de la ciudad? —respondió—. ¿Por ventura tiene vuesa merced los +ojos en el colodrillo, que no vee que son éstas, las que aquí vienen, +resplandecientes como el mismo sol a mediodía? + +— Yo no veo, Sancho —dijo don Quijote—, sino a tres labradoras sobre tres +borricos. + +— ¡Agora me libre Dios del diablo! —respondió Sancho—. Y ¿es posible que +tres hacaneas, o como se llaman, blancas como el ampo de la nieve, le +parezcan a vuesa merced borricos? ¡Vive el Señor, que me pele estas barbas +si tal fuese verdad! + +— Pues yo te digo, Sancho amigo —dijo don Quijote—, que es tan verdad que +son borricos, o borricas, como yo soy don Quijote y tú Sancho Panza; a lo +menos, a mí tales me parecen. + +— Calle, señor —dijo Sancho—, no diga la tal palabra, sino despabile esos +ojos, y venga a hacer reverencia a la señora de sus pensamientos, que ya +llega cerca. + +Y, diciendo esto, se adelantó a recebir a las tres aldeanas; y, apeándose +del rucio, tuvo del cabestro al jumento de una de las tres labradoras, y, +hincando ambas rodillas en el suelo, dijo: + +— Reina y princesa y duquesa de la hermosura, vuestra altivez y grandeza sea +servida de recebir en su gracia y buen talente al cautivo caballero +vuestro, que allí está hecho piedra mármol, todo turbado y sin pulsos de +verse ante vuestra magnífica presencia. Yo soy Sancho Panza, su escudero, y +él es el asendereado caballero don Quijote de la Mancha, llamado por otro +nombre el Caballero de la Triste Figura. + +A esta sazón, ya se había puesto don Quijote de hinojos junto a Sancho, y +miraba con ojos desencajados y vista turbada a la que Sancho llamaba reina +y señora, y, como no descubría en ella sino una moza aldeana, y no de muy +buen rostro, porque era carirredonda y chata, estaba suspenso y admirado, +sin osar desplegar los labios. Las labradoras estaban asimismo atónitas, +viendo aquellos dos hombres tan diferentes hincados de rodillas, que no +dejaban pasar adelante a su compañera; pero, rompiendo el silencio la +detenida, toda desgraciada y mohína, dijo: + +— Apártense nora en tal del camino, y déjenmos pasar, que vamos de priesa. + +A lo que respondió Sancho: + +— ¡Oh princesa y señora universal del Toboso! ¿Cómo vuestro magnánimo +corazón no se enternece viendo arrodillado ante vuestra sublimada presencia +a la coluna y sustento de la andante caballería? + +Oyendo lo cual, otra de las dos dijo: + +— Mas, ¡jo, que te estrego, burra de mi suegro! ¡Mirad con qué se vienen los +señoritos ahora a hacer burla de las aldeanas, como si aquí no supiésemos +echar pullas como ellos! Vayan su camino, e déjenmos hacer el nueso, y +serles ha sano. + +— Levántate, Sancho —dijo a este punto don Quijote—, que ya veo que la +Fortuna, de mi mal no harta, tiene tomados los caminos todos por donde +pueda venir algún contento a esta ánima mezquina que tengo en las carnes. Y +tú, ¡oh estremo del valor que puede desearse, término de la humana +gentileza, único remedio deste afligido corazón que te adora!, ya que el +maligno encantador me persigue, y ha puesto nubes y cataratas en mis ojos, +y para sólo ellos y no para otros ha mudado y transformado tu sin igual +hermosura y rostro en el de una labradora pobre, si ya también el mío no le +ha cambiado en el de algún vestiglo, para hacerle aborrecible a tus ojos, +no dejes de mirarme blanda y amorosamente, echando de ver en esta sumisión +y arrodillamiento que a tu contrahecha hermosura hago, la humildad con que +mi alma te adora. + +— ¡Tomá que mi agüelo! —respondió la aldeana—. ¡Amiguita soy yo de oír +resquebrajos! Apártense y déjenmos ir, y agradecérselo hemos. + +Apartóse Sancho y dejóla ir, contentísimo de haber salido bien de su +enredo. + +Apenas se vio libre la aldeana que había hecho la figura de Dulcinea, +cuando, picando a su cananea con un aguijón que en un palo traía, dio a +correr por el prado adelante. Y, como la borrica sentía la punta del +aguijón, que le fatigaba más de lo ordinario, comenzó a dar corcovos, de +manera que dio con la señora Dulcinea en tierra; lo cual visto por don +Quijote, acudió a levantarla, y Sancho a componer y cinchar el albarda, que +también vino a la barriga de la pollina. Acomodada, pues, la albarda, y +quiriendo don Quijote levantar a su encantada señora en los brazos sobre la +jumenta, la señora, levantándose del suelo, le quitó de aquel trabajo, +porque, haciéndose algún tanto atrás, tomó una corridica, y, puestas ambas +manos sobre las ancas de la pollina, dio con su cuerpo, más ligero que un +halcón, sobre la albarda, y quedó a horcajadas, como si fuera hombre; y +entonces dijo Sancho: + +— ¡Vive Roque, que es la señora nuestra ama más ligera que un acotán, y que +puede enseñar a subir a la jineta al más diestro cordobés o mejicano! El +arzón trasero de la silla pasó de un salto, y sin espuelas hace correr la +hacanea como una cebra. Y no le van en zaga sus doncellas; que todas corren +como el viento. + +Y así era la verdad, porque, en viéndose a caballo Dulcinea, todas picaron +tras ella y dispararon a correr, sin volver la cabeza atrás por espacio de +más de media legua. Siguiólas don Quijote con la vista, y, cuando vio que +no parecían, volviéndose a Sancho, le dijo: + +— Sancho, ¿qué te parece cuán malquisto soy de encantadores? Y mira hasta +dónde se estiende su malicia y la ojeriza que me tienen, pues me han +querido privar del contento que pudiera darme ver en su ser a mi señora. En +efecto, yo nací para ejemplo de desdichados, y para ser blanco y terrero +donde tomen la mira y asiesten las flechas de la mala fortuna. Y has +también de advertir, Sancho, que no se contentaron estos traidores de haber +vuelto y transformado a mi Dulcinea, sino que la transformaron y volvieron +en una figura tan baja y tan fea como la de aquella aldeana, y juntamente +le quitaron lo que es tan suyo de las principales señoras, que es el buen +olor, por andar siempre entre ámbares y entre flores. Porque te hago saber, +Sancho, que cuando llegé a subir a Dulcinea sobre su hacanea, según tú +dices, que a mí me pareció borrica, me dio un olor de ajos crudos, que me +encalabrinó y atosigó el alma. + +— ¡Oh canalla! —gritó a esta sazón Sancho— ¡Oh encantadores aciagos y +malintencionados, y quién os viera a todos ensartados por las agallas, como +sardinas en lercha! Mucho sabéis, mucho podéis y mucho más hacéis. Bastaros +debiera, bellacos, haber mudado las perlas de los ojos de mi señora en +agallas alcornoqueñas, y sus cabellos de oro purísimo en cerdas de cola de +buey bermejo, y, finalmente, todas sus faciones de buenas en malas, sin que +le tocárades en el olor; que por él siquiera sacáramos lo que estaba +encubierto debajo de aquella fea corteza; aunque, para decir verdad, nunca +yo vi su fealdad, sino su hermosura, a la cual subía de punto y quilates un +lunar que tenía sobre el labio derecho, a manera de bigote, con siete o +ocho cabellos rubios como hebras de oro y largos de más de un palmo. + +— A ese lunar —dijo don Quijote—, según la correspondencia que tienen entre +sí los del rostro con los del cuerpo, ha de tener otro Dulcinea en la tabla +del muslo que corresponde al lado donde tiene el del rostro, pero muy +luengos para lunares son pelos de la grandeza que has significado. + +— Pues yo sé decir a vuestra merced —respondió Sancho— que le parecían allí +como nacidos. + +— Yo lo creo, amigo —replicó don Quijote—, porque ninguna cosa puso la +naturaleza en Dulcinea que no fuese perfecta y bien acabada; y así, si +tuviera cien lunares como el que dices, en ella no fueran lunares, sino +lunas y estrellas resplandecientes. Pero dime, Sancho: aquella que a mí me +pareció albarda, que tú aderezaste, ¿era silla rasa o sillón? + +— No era —respondió Sancho— sino silla a la jineta, con una cubierta de +campo que vale la mitad de un reino, según es de rica. + +— ¡Y que no viese yo todo eso, Sancho! —dijo don Quijote—. Ahora torno a +decir, y diré mil veces, que soy el más desdichado de los hombres. + +Harto tenía que hacer el socarrón de Sancho en disimular la risa, oyendo +las sandeces de su amo, tan delicadamente engañado. Finalmente, después de +otras muchas razones que entre los dos pasaron, volvieron a subir en sus +bestias, y siguieron el camino de Zaragoza, adonde pensaban llegar a tiempo +que pudiesen hallarse en unas solenes fiestas que en aquella insigne ciudad +cada año suelen hacerse. Pero, antes que allá llegasen, les sucedieron +cosas que, por muchas, grandes y nuevas, merecen ser escritas y leídas, +como se verá adelante. + + + + +Capítulo XI. De la estraña aventura que le sucedió al valeroso don Quijote +con el carro, o carreta, de Las Cortes de la Muerte + +Pensativo además iba don Quijote por su camino adelante, considerando la +mala burla que le habían hecho los encantadores, volviendo a su señora +Dulcinea en la mala figura de la aldeana, y no imaginaba qué remedio +tendría para volverla a su ser primero; y estos pensamientos le llevaban +tan fuera de sí, que, sin sentirlo, soltó las riendas a Rocinante, el cual, +sintiendo la libertad que se le daba, a cada paso se detenía a pacer la +verde yerba de que aquellos campos abundaban. De su embelesamiento le +volvió Sancho Panza, diciéndole: + +— Señor, las tristezas no se hicieron para las bestias, sino para los +hombres; pero si los hombres las sienten demasiado, se vuelven bestias: +vuestra merced se reporte, y vuelva en sí, y coja las riendas a Rocinante, +y avive y despierte, y muestre aquella gallardía que conviene que tengan +los caballeros andantes. ¿Qué diablos es esto? ¿Qué descaecimiento es éste? +¿Estamos aquí, o en Francia? Mas que se lleve Satanás a cuantas Dulcineas +hay en el mundo, pues vale más la salud de un solo caballero andante que +todos los encantos y transformaciones de la tierra. + +— Calla, Sancho —respondió don Quijote con voz no muy desmayada—; calla, +digo, y no digas blasfemias contra aquella encantada señora, que de su +desgracia y desventura yo solo tengo la culpa: de la invidia que me tienen +los malos ha nacido su mala andanza. + +— Así lo digo yo —respondió Sancho—: quien la vido y la vee ahora, ¿cuál es +el corazón que no llora? + +— Eso puedes tú decir bien, Sancho —replicó don Quijote—, pues la viste en +la entereza cabal de su hermosura, que el encanto no se estendió a turbarte +la vista ni a encubrirte su belleza: contra mí solo y contra mis ojos se +endereza la fuerza de su veneno. Mas, con todo esto, he caído, Sancho, en +una cosa, y es que me pintaste mal su hermosura, porque, si mal no me +acuerdo, dijiste que tenía los ojos de perlas, y los ojos que parecen de +perlas antes son de besugo que de dama; y, a lo que yo creo, los de +Dulcinea deben ser de verdes esmeraldas, rasgados, con dos celestiales +arcos que les sirven de cejas; y esas perlas quítalas de los ojos y pásalas +a los dientes, que sin duda te trocaste, Sancho, tomando los ojos por los +dientes. + +— Todo puede ser —respondió Sancho—, porque también me turbó a mí su +hermosura como a vuesa merced su fealdad. Pero encomendémoslo todo a Dios, +que Él es el sabidor de las cosas que han de suceder en este valle de +lágrimas, en este mal mundo que tenemos, donde apenas se halla cosa que +esté sin mezcla de maldad, embuste y bellaquería. De una cosa me pesa, +señor mío, más que de otras; que es pensar qué medio se ha de tener cuando +vuesa merced venza a algún gigante o otro caballero, y le mande que se vaya +a presentar ante la hermosura de la señora Dulcinea: ¿adónde la ha de +hallar este pobre gigante, o este pobre y mísero caballero vencido? +Paréceme que los veo andar por el Toboso hechos unos bausanes, buscando a +mi señora Dulcinea, y, aunque la encuentren en mitad de la calle, no la +conocerán más que a mi padre. + +— Quizá, Sancho —respondió don Quijote—, no se estenderá el encantamento a +quitar el conocimiento de Dulcinea a los vencidos y presentados gigantes y +caballeros; y, en uno o dos de los primeros que yo venza y le envíe, +haremos la experiencia si la ven o no, mandándoles que vuelvan a darme +relación de lo que acerca desto les hubiere sucedido. + +— Digo, señor —replicó Sancho—, que me ha parecido bien lo que vuesa merced +ha dicho, y que con ese artificio vendremos en conocimiento de lo que +deseamos; y si es que ella a solo vuesa merced se encubre, la desgracia más +será de vuesa merced que suya; pero, como la señora Dulcinea tenga salud y +contento, nosotros por acá nos avendremos y lo pasaremos lo mejor que +pudiéremos, buscando nuestras aventuras y dejando al tiempo que haga de las +suyas, que él es el mejor médico destas y de otras mayores enfermedades. + +Responder quería don Quijote a Sancho Panza, pero estorbóselo una carreta +que salió al través del camino, cargada de los más diversos y estraños +personajes y figuras que pudieron imaginarse. El que guiaba las mulas y +servía de carretero era un feo demonio. Venía la carreta descubierta al +cielo abierto, sin toldo ni zarzo. La primera figura que se ofreció a los +ojos de don Quijote fue la de la misma Muerte, con rostro humano; junto a +ella venía un ángel con unas grandes y pintadas alas; al un lado estaba un +emperador con una corona, al parecer de oro, en la cabeza; a los pies de la +Muerte estaba el dios que llaman Cupido, sin venda en los ojos, pero con su +arco, carcaj y saetas. Venía también un caballero armado de punta en +blanco, excepto que no traía morrión, ni celada, sino un sombrero lleno de +plumas de diversas colores; con éstas venían otras personas de diferentes +trajes y rostros. Todo lo cual visto de improviso, en alguna manera +alborotó a don Quijote y puso miedo en el corazón de Sancho; mas luego se +alegró don Quijote, creyendo que se le ofrecía alguna nueva y peligrosa +aventura, y con este pensamiento, y con ánimo dispuesto de acometer +cualquier peligro, se puso delante de la carreta, y, con voz alta y +amenazadora, dijo: + +— Carretero, cochero, o diablo, o lo que eres, no tardes en decirme quién +eres, a dó vas y quién es la gente que llevas en tu carricoche, que más +parece la barca de Carón que carreta de las que se usan. + +A lo cual, mansamente, deteniendo el Diablo la carreta, respondió: + +— Señor, nosotros somos recitantes de la compañía de Angulo el Malo; hemos +hecho en un lugar que está detrás de aquella loma, esta mañana, que es la +octava del Corpus, el auto de Las Cortes de la Muerte, y hémosle de hacer +esta tarde en aquel lugar que desde aquí se parece; y, por estar tan cerca +y escusar el trabajo de desnudarnos y volvernos a vestir, nos vamos +vestidos con los mesmos vestidos que representamos. Aquel mancebo va de +Muerte; el otro, de Ángel; aquella mujer, que es la del autor, va de Reina; +el otro, de Soldado; aquél, de Emperador, y yo, de Demonio, y soy una de +las principales figuras del auto, porque hago en esta compañía los primeros +papeles. Si otra cosa vuestra merced desea saber de nosotros, pregúntemelo, +que yo le sabré responder con toda puntualidad; que, como soy demonio, todo +se me alcanza. + +— Por la fe de caballero andante —respondió don Quijote—, que, así como vi +este carro, imaginé que alguna grande aventura se me ofrecía; y ahora digo +que es menester tocar las apariencias con la mano para dar lugar al +desengaño. Andad con Dios, buena gente, y haced vuestra fiesta, y mirad si +mandáis algo en que pueda seros de provecho, que lo haré con buen ánimo y +buen talante, porque desde mochacho fui aficionado a la carátula, y en mi +mocedad se me iban los ojos tras la farándula. + +Estando en estas pláticas, quiso la suerte que llegase uno de la compañía, +que venía vestido de bojiganga, con muchos cascabeles, y en la punta de un +palo traía tres vejigas de vaca hinchadas; el cual moharracho, llegándose a +don Quijote, comenzó a esgrimir el palo y a sacudir el suelo con las +vejigas, y a dar grandes saltos, sonando los cascabeles, cuya mala visión +así alborotó a Rocinante, que, sin ser poderoso a detenerle don Quijote, +tomando el freno entre los dientes, dio a correr por el campo con más +ligereza que jamás prometieron los huesos de su notomía. Sancho, que +consideró el peligro en que iba su amo de ser derribado, saltó del rucio, +y a toda priesa fue a valerle; pero, cuando a él llegó, ya estaba en +tierra, y junto a él, Rocinante, que, con su amo, vino al suelo: ordinario +fin y paradero de las lozanías de Rocinante y de sus atrevimientos. + +Mas, apenas hubo dejado su caballería Sancho por acudir a don Quijote, +cuando el demonio bailador de las vejigas saltó sobre el rucio, y, +sacudiéndole con ellas, el miedo y ruido, más que el dolor de los golpes, +le hizo volar por la campaña hacia el lugar donde iban a hacer la fiesta. +Miraba Sancho la carrera de su rucio y la caída de su amo, y no sabía a +cuál de las dos necesidades acudiría primero; pero, en efecto, como buen +escudero y como buen criado, pudo más con él el amor de su señor que el +cariño de su jumento, puesto que cada vez que veía levantar las vejigas en +el aire y caer sobre las ancas de su rucio eran para él tártagos y sustos +de muerte, y antes quisiera que aquellos golpes se los dieran a él en las +niñas de los ojos que en el más mínimo pelo de la cola de su asno. Con esta +perpleja tribulación llegó donde estaba don Quijote, harto más maltrecho de +lo que él quisiera, y, ayudándole a subir sobre Rocinante, le dijo: + +— Señor, el Diablo se ha llevado al rucio. + +— ¿Qué diablo? —preguntó don Quijote. + +— El de las vejigas —respondió Sancho. + +— Pues yo le cobraré —replicó don Quijote—, si bien se encerrase con él en +los más hondos y escuros calabozos del infierno. Sígueme, Sancho, que la +carreta va despacio, y con las mulas della satisfaré la pérdida del rucio. + +— No hay para qué hacer esa diligencia, señor —respondió Sancho—: vuestra +merced temple su cólera, que, según me parece, ya el Diablo ha dejado el +rucio, y vuelve a la querencia. + +Y así era la verdad; porque, habiendo caído el Diablo con el rucio, por +imitar a don Quijote y a Rocinante, el Diablo se fue a pie al pueblo, y el +jumento se volvió a su amo. + +— Con todo eso —dijo don Quijote—, será bien castigar el descomedimiento de +aquel demonio en alguno de los de la carreta, aunque sea el mesmo +emperador. + +— Quítesele a vuestra merced eso de la imaginación —replicó Sancho—, y tome +mi consejo, que es que nunca se tome con farsantes, que es gente +favorecida. Recitante he visto yo estar preso por dos muertes y salir +libre y sin costas. Sepa vuesa merced que, como son gentes alegres y de +placer, todos los favorecen, todos los amparan, ayudan y estiman, y más +siendo de aquellos de las compañías reales y de título, que todos, o los +más, en sus trajes y compostura parecen unos príncipes. + +— Pues con todo —respondió don Quijote—, no se me ha de ir el demonio +farsante alabando, aunque le favorezca todo el género humano. + +Y, diciendo esto, volvió a la carreta, que ya estaba bien cerca del pueblo. +Iba dando voces, diciendo: + +— Deteneos, esperad, turba alegre y regocijada, que os quiero dar a entender +cómo se han de tratar los jumentos y alimañas que sirven de caballería a +los escuderos de los caballeros andantes. + +Tan altos eran los gritos de don Quijote, que los oyeron y entendieron los +de la carreta; y, juzgando por las palabras la intención del que las decía, +en un instante saltó la Muerte de la carreta, y tras ella, el Emperador, el +Diablo carretero y el Ángel, sin quedarse la Reina ni el dios Cupido; y +todos se cargaron de piedras y se pusieron en ala, esperando recebir a don +Quijote en las puntas de sus guijarros. Don Quijote, que los vio puestos en +tan gallardo escuadrón, los brazos levantados con ademán de despedir +poderosamente las piedras, detuvo las riendas a Rocinante y púsose a pensar +de qué modo los acometería con menos peligro de su persona. En esto que se +detuvo, llegó Sancho, y, viéndole en talle de acometer al bien formado +escuadrón, le dijo: + +— Asaz de locura sería intentar tal empresa: considere vuesa merced, señor +mío, que para sopa de arroyo y tente bonete, no hay arma defensiva en el +mundo, si no es embutirse y encerrarse en una campana de bronce; y también +se ha de considerar que es más temeridad que valentía acometer un hombre +solo a un ejército donde está la Muerte, y pelean en persona emperadores, y +a quien ayudan los buenos y los malos ángeles; y si esta consideración no +le mueve a estarse quedo, muévale saber de cierto que, entre todos los que +allí están, aunque parecen reyes, príncipes y emperadores, no hay ningún +caballero andante. + +— Ahora sí —dijo don Quijote— has dado, Sancho, en el punto que puede y debe +mudarme de mi ya determinado intento. Yo no puedo ni debo sacar la espada, +como otras veces muchas te he dicho, contra quien no fuere armado +caballero. A ti, Sancho, toca, si quieres tomar la venganza del agravio que +a tu rucio se le ha hecho, que yo desde aquí te ayudaré con voces y +advertimientos saludables. + +— No hay para qué, señor —respondió Sancho—, tomar venganza de nadie, pues +no es de buenos cristianos tomarla de los agravios; cuanto más, que yo +acabaré con mi asno que ponga su ofensa en las manos de mi voluntad, la +cual es de vivir pacíficamente los días que los cielos me dieren de vida. + +— Pues ésa es tu determinación —replicó don Quijote—, Sancho bueno, Sancho +discreto, Sancho cristiano y Sancho sincero, dejemos estas fantasmas y +volvamos a buscar mejores y más calificadas aventuras; que yo veo esta +tierra de talle, que no han de faltar en ella muchas y muy milagrosas. + +Volvió las riendas luego, Sancho fue a tomar su rucio, la Muerte con todo +su escuadrón volante volvieron a su carreta y prosiguieron su viaje, y este +felice fin tuvo la temerosa aventura de la carreta de la Muerte, gracias +sean dadas al saludable consejo que Sancho Panza dio a su amo; al cual, el +día siguiente, le sucedió otra con un enamorado y andante caballero, de no +menos suspensión que la pasada. + + + + +Capítulo XII. De la estraña aventura que le sucedió al valeroso don +Quijote con el bravo Caballero de los Espejos + +La noche que siguió al día del rencuentro de la Muerte la pasaron don +Quijote y su escudero debajo de unos altos y sombrosos árboles, habiendo, a +persuasión de Sancho, comido don Quijote de lo que venía en el repuesto del +rucio, y entre la cena dijo Sancho a su señor: + +— Señor, ¡qué tonto hubiera andado yo si hubiera escogido en albricias los +despojos de la primera aventura que vuestra merced acabara, antes que las +crías de las tres yeguas! En efecto, en efecto, más vale pájaro en mano que +buitre volando. + +— Todavía —respondió don Quijote—, si tú, Sancho, me dejaras acometer, como +yo quería, te hubieran cabido en despojos, por lo menos, la corona de oro +de la Emperatriz y las pintadas alas de Cupido, que yo se las quitara al +redropelo y te las pusiera en las manos. + +— Nunca los cetros y coronas de los emperadores farsantes —respondió +Sancho Panza— fueron de oro puro, sino de oropel o hoja de lata. + +— Así es verdad —replicó don Quijote—, porque no fuera acertado que los +atavíos de la comedia fueran finos, sino fingidos y aparentes, como lo es +la mesma comedia, con la cual quiero, Sancho, que estés bien, teniéndola en +tu gracia, y por el mismo consiguiente a los que las representan y a los +que las componen, porque todos son instrumentos de hacer un gran bien a la +república, poniéndonos un espejo a cada paso delante, donde se veen al vivo +las acciones de la vida humana, y ninguna comparación hay que más al vivo +nos represente lo que somos y lo que habemos de ser como la comedia y los +comediantes. Si no, dime: ¿no has visto tú representar alguna comedia +adonde se introducen reyes, emperadores y pontífices, caballeros, damas y +otros diversos personajes? Uno hace el rufián, otro el embustero, éste el +mercader, aquél el soldado, otro el simple discreto, otro el enamorado +simple; y, acabada la comedia y desnudándose de los vestidos della, quedan +todos los recitantes iguales. + +— Sí he visto —respondió Sancho. + +— Pues lo mesmo —dijo don Quijote— acontece en la comedia y trato deste +mundo, donde unos hacen los emperadores, otros los pontífices, y, +finalmente, todas cuantas figuras se pueden introducir en una comedia; +pero, en llegando al fin, que es cuando se acaba la vida, a todos les quita +la muerte las ropas que los diferenciaban, y quedan iguales en la +sepultura. + +— ¡Brava comparación! —dijo Sancho—, aunque no tan nueva que yo no la haya +oído muchas y diversas veces, como aquella del juego del ajedrez, que, +mientras dura el juego, cada pieza tiene su particular oficio; y, en +acabándose el juego, todas se mezclan, juntan y barajan, y dan con ellas en +una bolsa, que es como dar con la vida en la sepultura. + +— Cada día, Sancho —dijo don Quijote—, te vas haciendo menos simple y más +discreto. + +— Sí, que algo se me ha de pegar de la discreción de vuestra merced +— respondió Sancho—; que las tierras que de suyo son estériles y secas, +estercolándolas y cultivándolas, vienen a dar buenos frutos: quiero decir +que la conversación de vuestra merced ha sido el estiércol que sobre la +estéril tierra de mi seco ingenio ha caído; la cultivación, el tiempo que +ha que le sirvo y comunico; y con esto espero de dar frutos de mí que sean +de bendición, tales, que no desdigan ni deslicen de los senderos de la +buena crianza que vuesa merced ha hecho en el agostado entendimiento mío. + +Rióse don Quijote de las afectadas razones de Sancho, y parecióle ser +verdad lo que decía de su emienda, porque de cuando en cuando hablaba de +manera que le admiraba; puesto que todas o las más veces que Sancho quería +hablar de oposición y a lo cortesano, acababa su razón con despeñarse del +monte de su simplicidad al profundo de su ignorancia; y en lo que él se +mostraba más elegante y memorioso era en traer refranes, viniesen o no +viniesen a pelo de lo que trataba, como se habrá visto y se habrá notado en +el discurso desta historia. + +En estas y en otras pláticas se les pasó gran parte de la noche, y a Sancho +le vino en voluntad de dejar caer las compuertas de los ojos, como él decía +cuando quería dormir, y, desaliñando al rucio, le dio pasto abundoso y +libre. No quitó la silla a Rocinante, por ser expreso mandamiento de su +señor que, en el tiempo que anduviesen en campaña, o no durmiesen debajo de +techado, no desaliñase a Rocinante: antigua usanza establecida y guardada +de los andantes caballeros, quitar el freno y colgarle del arzón de la +silla; pero, ¿quitar la silla al caballo?, ¡guarda!; y así lo hizo Sancho, +y le dio la misma libertad que al rucio, cuya amistad dél y de Rocinante +fue tan única y tan trabada, que hay fama, por tradición de padres a hijos, +que el autor desta verdadera historia hizo particulares capítulos della; +mas que, por guardar la decencia y decoro que a tan heroica historia se +debe, no los puso en ella, puesto que algunas veces se descuida deste su +prosupuesto, y escribe que, así como las dos bestias se juntaban, acudían a +rascarse el uno al otro, y que, después de cansados y satisfechos, cruzaba +Rocinante el pescuezo sobre el cuello del rucio (que le sobraba de la otra +parte más de media vara), y, mirando los dos atentamente al suelo, se +solían estar de aquella manera tres días; a lo menos, todo el tiempo que +les dejaban, o no les compelía la hambre a buscar sustento. + +Digo que dicen que dejó el autor escrito que los había comparado en la +amistad a la que tuvieron Niso y Euríalo, y Pílades y Orestes; y si esto es +así, se podía echar de ver, para universal admiración, cuán firme debió ser +la amistad destos dos pacíficos animales, y para confusión de los hombres, +que tan mal saben guardarse amistad los unos a los otros. Por esto se dijo: + +No hay amigo para amigo: + +las cañas se vuelven lanzas; + +y el otro que cantó: + +De amigo a amigo la chinche, etc. + +Y no le parezca a alguno que anduvo el autor algo fuera de camino en haber +comparado la amistad destos animales a la de los hombres, que de las +bestias han recebido muchos advertimientos los hombres y aprendido muchas +cosas de importancia, como son: de las cigüeñas, el cristel; de los perros, +el vómito y el agradecimiento; de las grullas, la vigilancia; de las +hormigas, la providencia; de los elefantes, la honestidad, y la lealtad, +del caballo. + +Finalmente, Sancho se quedó dormido al pie de un alcornoque, y don Quijote +dormitando al de una robusta encina; pero, poco espacio de tiempo había +pasado, cuando le despertó un ruido que sintió a sus espaldas, y, +levantándose con sobresalto, se puso a mirar y a escuchar de dónde el ruido +procedía, y vio que eran dos hombres a caballo, y que el uno, dejándose +derribar de la silla, dijo al otro: + +— Apéate, amigo, y quita los frenos a los caballos, que, a mi parecer, este +sitio abunda de yerba para ellos, y del silencio y soledad que han menester +mis amorosos pensamientos. + +El decir esto y el tenderse en el suelo todo fue a un mesmo tiempo; y, al +arrojarse, hicieron ruido las armas de que venía armado, manifiesta señal +por donde conoció don Quijote que debía de ser caballero andante; y, +llegándose a Sancho, que dormía, le trabó del brazo, y con no pequeño +trabajo le volvió en su acuerdo, y con voz baja le dijo: + +— Hermano Sancho, aventura tenemos. + +— Dios nos la dé buena —respondió Sancho—; y ¿adónde está, señor mío, su +merced de esa señora aventura? + +— ¿Adónde, Sancho? —replicó don Quijote—; vuelve los ojos y mira, y verás +allí tendido un andante caballero, que, a lo que a mí se me trasluce, no +debe de estar demasiadamente alegre, porque le vi arrojar del caballo y +tenderse en el suelo con algunas muestras de despecho, y al caer le +crujieron las armas. + +— Pues ¿en qué halla vuesa merced —dijo Sancho— que ésta sea aventura? + +— No quiero yo decir —respondió don Quijote— que ésta sea aventura del todo, +sino principio della; que por aquí se comienzan las aventuras. Pero +escucha, que, a lo que parece, templando está un laúd o vigüela, y, según +escupe y se desembaraza el pecho, debe de prepararse para cantar algo. + +— A buena fe que es así —respondió Sancho—, y que debe de ser caballero +enamorado. + +— No hay ninguno de los andantes que no lo sea —dijo don Quijote—. Y +escuchémosle, que por el hilo sacaremos el ovillo de sus pensamientos, si +es que canta; que de la abundancia del corazón habla la lengua. + +Replicar quería Sancho a su amo, pero la voz del Caballero del Bosque, que +no era muy mala mi muy buena, lo estorbó; y, estando los dos atónitos, +oyeron que lo que cantó fue este soneto: + +— Dadme, señora, un término que siga, +conforme a vuestra voluntad cortado; +que será de la mía así estimado, +que por jamás un punto dél desdiga. +Si gustáis que callando mi fatiga +muera, contadme ya por acabado: +si queréis que os la cuente en desusado +modo, haré que el mesmo amor la diga. +A prueba de contrarios estoy hecho, +de blanda cera y de diamante duro, +y a las leyes de amor el ama ajusto. +Blando cual es, o fuerte, ofrezco el pecho: +entallad o imprimid lo que os dé gusto, +que de guardarlo eternamente juro. + +Con un ¡ay!, arrancado, al parecer, de lo íntimo de su corazón, dio fin a +su canto el Caballero del Bosque, y, de allí a un poco, con voz doliente y +lastimada, dijo: + +— ¡Oh la más hermosa y la más ingrata mujer del orbe! ¿Cómo que será +posible, serenísima Casildea de Vandalia, que has de consentir que se +consuma y acabe en continuas peregrinaciones y en ásperos y duros trabajos +este tu cautivo caballero? ¿No basta ya que he hecho que te confiesen por +la más hermosa del mundo todos los caballeros de Navarra, todos los +leoneses, todos los tartesios, todos los castellanos, y, finalmente, todos +los caballeros de la Mancha? + +— Eso no —dijo a esta sazón don Quijote—, que yo soy de la Mancha y nunca +tal he confesado, ni podía ni debía confesar una cosa tan perjudicial a la +belleza de mi señora; y este tal caballero ya vees tú, Sancho, que +desvaría. Pero, escuchemos: quizá se declarará más. + +— Si hará —replicó Sancho—, que término lleva de quejarse un mes arreo. + +Pero no fue así, porque, habiendo entreoído el Caballero del Bosque que +hablaban cerca dél, sin pasar adelante en su lamentación, se puso en pie, y +dijo con voz sonora y comedida: + +— ¿Quién va allá? ¿Qué gente? ¿Es por ventura de la del número de los +contentos, o la del de los afligidos? + +— De los afligidos —respondió don Quijote. + +— Pues lléguese a mí —respondió el del Bosque—, y hará cuenta que se llega +a la mesma tristeza y a la aflición mesma. + +Don Quijote, que se vio responder tan tierna y comedidamente, se llegó a +él, y Sancho ni más ni menos. + +El caballero lamentador asió a don Quijote del brazo, diciendo: + +— Sentaos aquí, señor caballero, que para entender que lo sois, y de los que +profesan la andante caballería, bástame el haberos hallado en este lugar, +donde la soledad y el sereno os hacen compañía, naturales lechos y propias +estancias de los caballeros andantes. + +A lo que respondió don Quijote: + +— Caballero soy, y de la profesión que decís; y, aunque en mi alma tienen su +propio asiento las tristezas, las desgracias y las desventuras, no por eso +se ha ahuyentado della la compasión que tengo de las ajenas desdichas. De +lo que contaste poco ha, colegí que las vuestras son enamoradas, quiero +decir, del amor que tenéis a aquella hermosa ingrata que en vuestras +lamentaciones nombrastes. + +Ya cuando esto pasaban estaban sentados juntos sobre la dura tierra, en +buena paz y compañía, como si al romper del día no se hubieran de romper +las cabezas. + +— Por ventura, señor caballero —preguntó el del Bosque a don Quijote—, ¿sois +enamorado? + +— Por desventura lo soy —respondió don Quijote—; aunque los daños que nacen +de los bien colocados pensamientos, antes se deben tener por gracias que +por desdichas. + +— Así es la verdad —replicó el del Bosque—, si no nos turbasen la razón y el +entendimiento los desdenes, que, siendo muchos, parecen venganzas. + +— Nunca fui desdeñado de mi señora —respondió don Quijote. + +— No, por cierto —dijo Sancho, que allí junto estaba—, porque es mi señora +como una borrega mansa: es más blanda que una manteca. + +— ¿Es vuestro escudero éste? —preguntó el del Bosque. + +— Sí es —respondió don Quijote. + +— Nunca he visto yo escudero —replicó el del Bosque— que se atreva a hablar +donde habla su señor; a lo menos, ahí está ese mío, que es tan grande como +su padre, y no se probará que haya desplegado el labio donde yo hablo. + +— Pues a fe —dijo Sancho—, que he hablado yo, y puedo hablar delante de otro +tan..., y aun quédese aquí, que es peor meneallo. + +El escudero del Bosque asió por el brazo a Sancho, diciéndole: + +— Vámonos los dos donde podamos hablar escuderilmente todo cuanto +quisiéremos, y dejemos a estos señores amos nuestros que se den de las +astas, contándose las historias de sus amores; que a buen seguro que les ha +de coger el día en ellas y no las han de haber acabado. + +— Sea en buena hora —dijo Sancho—; y yo le diré a vuestra merced quién soy, +para que vea si puedo entrar en docena con los más hablantes escuderos. + +Con esto se apartaron los dos escuderos, entre los cuales pasó un tan +gracioso coloquio como fue grave el que pasó entre sus señores. + + + + +Capítulo XIII. Donde se prosigue la aventura del Caballero del Bosque, con +el discreto, nuevo y suave coloquio que pasó entre los dos escuderos + +Divididos estaban caballeros y escuderos: éstos contándose sus vidas, y +aquéllos sus amores; pero la historia cuenta primero el razonamiento de los +mozos y luego prosigue el de los amos; y así, dice que, apartándose un poco +dellos, el del Bosque dijo a Sancho: + +— Trabajosa vida es la que pasamos y vivimos, señor mío, estos que somos +escuderos de caballeros andantes: en verdad que comemos el pan en el sudor +de nuestros rostros, que es una de las maldiciones que echó Dios a nuestros +primeros padres. + +— También se puede decir —añadió Sancho— que lo comemos en el yelo de +nuestros cuerpos; porque, ¿quién más calor y más frío que los miserables +escuderos de la andante caballería? Y aun menos mal si comiéramos, pues los +duelos, con pan son menos; pero tal vez hay que se nos pasa un día y dos +sin desayunarnos, si no es del viento que sopla. + +— Todo eso se puede llevar y conllevar —dijo el del Bosque—, con la +esperanza que tenemos del premio; porque si demasiadamente no es +desgraciado el caballero andante a quien un escudero sirve, por lo menos, a +pocos lances se verá premiado con un hermoso gobierno de cualque ínsula, o +con un condado de buen parecer. + +Yo —replicó Sancho— ya he dicho a mi amo que me contento con el gobierno de +alguna ínsula; y él es tan noble y tan liberal, que me le ha prometido +muchas y diversas veces. + +Yo —dijo el del Bosque—, con un canonicato quedaré satisfecho de mis +servicios, y ya me le tiene mandado mi amo, y ¡qué tal! + +— Debe de ser —dijo Sancho— su amo de vuesa merced caballero a lo +eclesiástico, y podrá hacer esas mercedes a sus buenos escuderos; pero el +mío es meramente lego, aunque yo me acuerdo cuando le querían aconsejar +personas discretas, aunque, a mi parecer mal intencionadas, que procurase +ser arzobispo; pero él no quiso sino ser emperador, y yo estaba entonces +temblando si le venía en voluntad de ser de la Iglesia, por no hallarme +suficiente de tener beneficios por ella; porque le hago saber a vuesa +merced que, aunque parezco hombre, soy una bestia para ser de la Iglesia. + +— Pues en verdad que lo yerra vuesa merced —dijo el del Bosque—, a causa que +los gobiernos insulanos no son todos de buena data. Algunos hay torcidos, +algunos pobres, algunos malencónicos, y finalmente, el más erguido y bien +dispuesto trae consigo una pesada carga de pensamientos y de incomodidades, +que pone sobre sus hombros el desdichado que le cupo en suerte. Harto mejor +sería que los que profesamos esta maldita servidumbre nos retirásemos a +nuestras casas, y allí nos entretuviésemos en ejercicios más suaves, como +si dijésemos, cazando o pescando; que, ¿qué escudero hay tan pobre en el +mundo, a quien le falte un rocín, y un par de galgos, y una caña de pescar, +con que entretenerse en su aldea? + +— A mí no me falta nada deso —respondió Sancho—: verdad es que no tengo +rocín, pero tengo un asno que vale dos veces más que el caballo de mi amo. +Mala pascua me dé Dios, y sea la primera que viniere, si le trocara por él, +aunque me diesen cuatro fanegas de cebada encima. A burla tendrá vuesa +merced el valor de mi rucio, que rucio es el color de mi jumento. Pues +galgos no me habían de faltar, habiéndolos sobrados en mi pueblo; y más, +que entonces es la caza más gustosa cuando se hace a costa ajena. + +— Real y verdaderamente —respondió el del Bosque—, señor escudero, que tengo +propuesto y determinado de dejar estas borracherías destos caballeros, y +retirarme a mi aldea, y criar mis hijitos, que tengo tres como tres +orientales perlas. + +— Dos tengo yo —dijo Sancho—, que se pueden presentar al Papa en persona, +especialmente una muchacha a quien crío para condesa, si Dios fuere +servido, aunque a pesar de su madre. + +— Y ¿qué edad tiene esa señora que se cría para condesa? —preguntó el del +Bosque. + +— Quince años, dos más a menos —respondió Sancho—, pero es tan grande como +una lanza, y tan fresca como una mañana de abril, y tiene una fuerza de un +ganapán. + +— Partes son ésas —respondió el del Bosque— no sólo para ser condesa, sino +para ser ninfa del verde bosque. ¡Oh hideputa, puta, y qué rejo debe de +tener la bellaca! + +A lo que respondió Sancho, algo mohíno: + +— Ni ella es puta, ni lo fue su madre, ni lo será ninguna de las dos, Dios +quiriendo, mientras yo viviere. Y háblese más comedidamente, que, para +haberse criado vuesa merced entre caballeros andantes, que son la mesma +cortesía, no me parecen muy concertadas esas palabras. + +— ¡Oh, qué mal se le entiende a vuesa merced —replicó el del Bosque— de +achaque de alabanzas, señor escudero! ¿Cómo y no sabe que cuando algún +caballero da una buena lanzada al toro en la plaza, o cuando alguna persona +hace alguna cosa bien hecha, suele decir el vulgo: "¡Oh hideputa, puto, y +qué bien que lo ha hecho!?" Y aquello que parece vituperio, en aquel +término, es alabanza notable; y renegad vos, señor, de los hijos o hijas +que no hacen obras que merezcan se les den a sus padres loores semejantes. + +— Sí reniego —respondió Sancho—, y dese modo y por esa misma razón podía +echar vuestra merced a mí y hijos y a mi mujer toda una putería encima, +porque todo cuanto hacen y dicen son estremos dignos de semejantes +alabanzas, y para volverlos a ver ruego yo a Dios me saque de pecado +mortal, que lo mesmo será si me saca deste peligroso oficio de escudero, en +el cual he incurrido segunda vez, cebado y engañado de una bolsa con cien +ducados que me hallé un día en el corazón de Sierra Morena, y el diablo me +pone ante los ojos aquí, allí, acá no, sino acullá, un talego lleno de +doblones, que me parece que a cada paso le toco con la mano, y me abrazo +con él, y lo llevo a mi casa, y echo censos, y fundo rentas, y vivo como un +príncipe; y el rato que en esto pienso se me hacen fáciles y llevaderos +cuantos trabajos padezco con este mentecato de mi amo, de quien sé que +tiene más de loco que de caballero. + +— Por eso —respondió el del Bosque— dicen que la codicia rompe el saco; y si +va a tratar dellos, no hay otro mayor en el mundo que mi amo, porque es de +aquellos que dicen: "Cuidados ajenos matan al asno"; pues, porque cobre +otro caballero el juicio que ha perdido, se hace el loco, y anda buscando +lo que no sé si después de hallado le ha de salir a los hocicos. + +— Y ¿es enamorado, por dicha? + +— Sí —dijo el del Bosque—: de una tal Casildea de Vandalia, la más cruda y +la más asada señora que en todo el orbe puede hallarse; pero no cojea del +pie de la crudeza, que otros mayores embustes le gruñen en las entrañas, y +ello dirá antes de muchas horas. + +— No hay camino tan llano —replicó Sancho— que no tenga algún tropezón o +barranco; en otras casas cuecen habas, y en la mía, a calderadas; más +acompañados y paniaguados debe de tener la locura que la discreción. Mas si +es verdad lo que comúnmente se dice, que el tener compañeros en los +trabajos suele servir de alivio en ellos, con vuestra merced podré +consolarme, pues sirve a otro amo tan tonto como el mío. + +— Tonto, pero valiente —respondió el del Bosque—, y más bellaco que tonto y +que valiente. + +— Eso no es el mío —respondió Sancho—: digo, que no tiene nada de bellaco; +antes tiene una alma como un cántaro: no sabe hacer mal a nadie, sino bien +a todos, ni tiene malicia alguna: un niño le hará entender que es de noche +en la mitad del día; y por esta sencillez le quiero como a las telas de mi +corazón, y no me amaño a dejarle, por más disparates que haga. + +— Con todo eso, hermano y señor —dijo el del Bosque—, si el ciego guía al +ciego, ambos van a peligro de caer en el hoyo. Mejor es retirarnos con buen +compás de pies, y volvernos a nuestras querencias; que los que buscan +aventuras no siempre las hallan buenas. + +Escupía Sancho a menudo, al parecer, un cierto género de saliva pegajosa y +algo seca; lo cual visto y notado por el caritativo bosqueril escudero, +dijo: + +— Paréceme que de lo que hemos hablado se nos pegan al paladar las lenguas; +pero yo traigo un despegador pendiente del arzón de mi caballo, que es tal +como bueno. + +Y, levantándose, volvió desde allí a un poco con una gran bota de vino y +una empanada de media vara; y no es encarecimiento, porque era de un conejo +albar, tan grande que Sancho, al tocarla, entendió ser de algún cabrón, no +que de cabrito; lo cual visto por Sancho, dijo: + +— Y ¿esto trae vuestra merced consigo, señor? + +— Pues, ¿qué se pensaba? —respondió el otro—. ¿Soy yo por ventura algún +escudero de agua y lana? Mejor repuesto traigo yo en las ancas de mi +caballo que lleva consigo cuando va de camino un general. + +Comió Sancho sin hacerse de rogar, y tragaba a escuras bocados de nudos de +suelta. Y dijo: + +— Vuestra merced sí que es escudero fiel y legal, moliente y corriente, +magnífico y grande, como lo muestra este banquete, que si no ha venido aquí +por arte de encantamento, parécelo, a lo menos; y no como yo, mezquino y +malaventurado, que sólo traigo en mis alforjas un poco de queso, tan duro +que pueden descalabrar con ello a un gigante, a quien hacen compañía cuatro +docenas de algarrobas y otras tantas de avellanas y nueces, mercedes a la +estrecheza de mi dueño, y a la opinión que tiene y orden que guarda de que +los caballeros andantes no se han de mantener y sustentar sino con frutas +secas y con las yerbas del campo. + +— Por mi fe, hermano —replicó el del Bosque—, que yo no tengo hecho el +estómago a tagarninas, ni a piruétanos, ni a raíces de los montes. Allá se +lo hayan con sus opiniones y leyes caballerescas nuestros amos, y coman lo +que ellos mandaren. Fiambreras traigo, y esta bota colgando del arzón de la +silla, por sí o por no; y es tan devota mía y quiérola tanto, que pocos +ratos se pasan sin que la dé mil besos y mil abrazos. + +Y, diciendo esto, se la puso en las manos a Sancho, el cual, empinándola, +puesta a la boca, estuvo mirando las estrellas un cuarto de hora, y, en +acabando de beber, dejó caer la cabeza a un lado, y, dando un gran suspiro, +dijo: + +— ¡Oh hideputa bellaco, y cómo es católico! + +— ¿Veis ahí —dijo el del Bosque, en oyendo el hideputa de Sancho—, cómo +habéis alabado este vino llamándole hideputa? + +— Digo —respondió Sancho—, que confieso que conozco que no es deshonra +llamar hijo de puta a nadie, cuando cae debajo del entendimiento de +alabarle. Pero dígame, señor, por el siglo de lo que más quiere: ¿este vino +es de Ciudad Real? + +— ¡Bravo mojón! —respondió el del Bosque—. En verdad que no es de otra +parte, y que tiene algunos años de ancianidad. + +— ¡A mí con eso! —dijo Sancho—. No toméis menos, sino que se me fuera a mí +por alto dar alcance a su conocimiento. ¿No será bueno, señor escudero, que +tenga yo un instinto tan grande y tan natural, en esto de conocer vinos, +que, en dándome a oler cualquiera, acierto la patria, el linaje, el sabor, +y la dura, y las vueltas que ha de dar, con todas las circunstancias al +vino atañederas? Pero no hay de qué maravillarse, si tuve en mi linaje por +parte de mi padre los dos más excelentes mojones que en luengos años +conoció la Mancha; para prueba de lo cual les sucedió lo que ahora diré: +«Diéronles a los dos a probar del vino de una cuba, pidiéndoles su parecer +del estado, cualidad, bondad o malicia del vino. El uno lo probó con la +punta de la lengua, el otro no hizo más de llegarlo a las narices. El +primero dijo que aquel vino sabía a hierro, el segundo dijo que más sabía a +cordobán. El dueño dijo que la cuba estaba limpia, y que el tal vino no +tenía adobo alguno por donde hubiese tomado sabor de hierro ni de cordobán. +Con todo eso, los dos famosos mojones se afirmaron en lo que habían dicho. +Anduvo el tiempo, vendióse el vino, y al limpiar de la cuba hallaron en +ella una llave pequeña, pendiente de una correa de cordobán.» Porque vea +vuestra merced si quien viene desta ralea podrá dar su parecer en +semejantes causas. + +— Por eso digo —dijo el del Bosque— que nos dejemos de andar buscando +aventuras; y, pues tenemos hogazas, no busquemos tortas, y volvámonos a +nuestras chozas, que allí nos hallará Dios, si Él quiere. + +— Hasta que mi amo llegue a Zaragoza, le serviré; que después todos nos +entenderemos. + +Finalmente, tanto hablaron y tanto bebieron los dos buenos escuderos, que +tuvo necesidad el sueño de atarles las lenguas y templarles la sed, que +quitársela fuera imposible; y así, asidos entrambos de la ya casi vacía +bota, con los bocados a medio mascar en la boca, se quedaron dormidos, +donde los dejaremos por ahora, por contar lo que el Caballero del Bosque +pasó con el de la Triste Figura. + + + + +Capítulo XIV. Donde se prosigue la aventura del Caballero del Bosque + +Entre muchas razones que pasaron don Quijote y el Caballero de la Selva, +dice la historia que el del Bosque dijo a don Quijote: + +— Finalmente, señor caballero, quiero que sepáis que mi destino, o, por +mejor decir, mi elección, me trujo a enamorar de la sin par Casildea de +Vandalia. Llámola sin par porque no le tiene, así en la grandeza del cuerpo +como en el estremo del estado y de la hermosura. Esta tal Casildea, pues, +que voy contando, pagó mis buenos pensamientos y comedidos deseos con +hacerme ocupar, como su madrina a Hércules, en muchos y diversos peligros, +prometiéndome al fin de cada uno que en el fin del otro llegaría el de mi +esperanza; pero así se han ido eslabonando mis trabajos, que no tienen +cuento, ni yo sé cuál ha de ser el último que dé principio al cumplimiento +de mis buenos deseos. Una vez me mandó que fuese a desafiar a aquella +famosa giganta de Sevilla llamada la Giralda, que es tan valiente y fuerte +como hecha de bronce, y, sin mudarse de un lugar, es la más movible y +voltaria mujer del mundo. Llegué, vila, y vencíla, y hícela estar queda y a +raya, porque en más de una semana no soplaron sino vientos nortes. Vez +también hubo que me mandó fuese a tomar en peso las antiguas piedras de los +valientes Toros de Guisando, empresa más para encomendarse a ganapanes que +a caballeros. Otra vez me mandó que me precipitase y sumiese en la sima de +Cabra, peligro inaudito y temeroso, y que le trujese particular relación de +lo que en aquella escura profundidad se encierra. Detuve el movimiento a la +Giralda, pesé los Toros de Guisando, despeñéme en la sima y saqué a luz lo +escondido de su abismo, y mis esperanzas, muertas que muertas, y sus +mandamientos y desdenes, vivos que vivos. En resolución, últimamente me ha +mandado que discurra por todas las provincias de España y haga confesar a +todos los andantes caballeros que por ellas vagaren que ella sola es la más +aventajada en hermosura de cuantas hoy viven, y que yo soy el más valiente +y el más bien enamorado caballero del orbe; en cuya demanda he andado ya la +mayor parte de España, y en ella he vencido muchos caballeros que se han +atrevido a contradecirme. Pero de lo que yo más me precio y ufano es de +haber vencido, en singular batalla, a aquel tan famoso caballero don +Quijote de la Mancha, y héchole confesar que es más hermosa mi Casildea que +su Dulcinea; y en solo este vencimiento hago cuenta que he vencido todos +los caballeros del mundo, porque el tal don Quijote que digo los ha vencido +a todos; y, habiéndole yo vencido a él, su gloria, su fama y su honra se ha +transferido y pasado a mi persona; + +y tanto el vencedor es más honrado, + +cuanto más el vencido es reputado; + +así que, ya corren por mi cuenta y son mías las inumerables hazañas del ya +referido don Quijote. + +Admirado quedó don Quijote de oír al Caballero del Bosque, y estuvo mil +veces por decirle que mentía, y ya tuvo el mentís en el pico de la lengua; +pero reportóse lo mejor que pudo, por hacerle confesar por su propia boca +su mentira; y así, sosegadamente le dijo: + +— De que vuesa merced, señor caballero, haya vencido a los más caballeros +andantes de España, y aun de todo el mundo, no digo nada; pero de que haya +vencido a don Quijote de la Mancha, póngolo en duda. Podría ser que fuese +otro que le pareciese, aunque hay pocos que le parezcan. + +— ¿Cómo no? —replicó el del Bosque—. Por el cielo que nos cubre, que peleé +con don Quijote, y le vencí y rendí; y es un hombre alto de cuerpo, seco de +rostro, estirado y avellanado de miembros, entrecano, la nariz aguileña y +algo corva, de bigotes grandes, negros y caídos. Campea debajo del nombre +del Caballero de la Triste Figura, y trae por escudero a un labrador +llamado Sancho Panza; oprime el lomo y rige el freno de un famoso caballo +llamado Rocinante, y, finalmente, tiene por señora de su voluntad a una tal +Dulcinea del Toboso, llamada un tiempo Aldonza Lorenzo; como la mía, que, +por llamarse Casilda y ser de la Andalucía, yo la llamo Casildea de +Vandalia. Si todas estas señas no bastan para acreditar mi verdad, aquí +está mi espada, que la hará dar crédito a la mesma incredulidad. + +— Sosegaos, señor caballero —dijo don Quijote—, y escuchad lo que decir os +quiero. Habéis de saber que ese don Quijote que decís es el mayor amigo que +en este mundo tengo, y tanto, que podré decir que le tengo en lugar de mi +misma persona, y que por las señas que dél me habéis dado, tan puntuales y +ciertas, no puedo pensar sino que sea el mismo que habéis vencido. Por otra +parte, veo con los ojos y toco con las manos no ser posible ser el mesmo, +si ya no fuese que como él tiene muchos enemigos encantadores, +especialmente uno que de ordinario le persigue, no haya alguno dellos +tomado su figura para dejarse vencer, por defraudarle de la fama que sus +altas caballerías le tienen granjeada y adquirida por todo lo descubierto +de la tierra. Y, para confirmación desto, quiero también que sepáis que los +tales encantadores sus contrarios no ha más de dos días que transformaron +la figura y persona de la hermosa Dulcinea del Toboso en una aldeana soez y +baja, y desta manera habrán transformado a don Quijote; y si todo esto no +basta para enteraros en esta verdad que digo, aquí está el mesmo don +Quijote, que la sustentará con sus armas a pie, o a caballo, o de +cualquiera suerte que os agradare. + +Y, diciendo esto, se levantó en pie y se empuñó en la espada, esperando qué +resolución tomaría el Caballero del Bosque; el cual, con voz asimismo +sosegada, respondió y dijo: + +— Al buen pagador no le duelen prendas: el que una vez, señor don Quijote, +pudo venceros transformado, bien podrá tener esperanza de rendiros en +vuestro propio ser. Mas, porque no es bien que los caballeros hagan sus +fechos de armas ascuras, como los salteadores y rufianes, esperemos el día, +para que el sol vea nuestras obras. Y ha de ser condición de nuestra +batalla que el vencido ha de quedar a la voluntad del vencedor, para que +haga dél todo lo que quisiere, con tal que sea decente a caballero lo que +se le ordenare. + +— Soy más que contento desa condición y convenencia —respondió don Quijote. + +Y, en diciendo esto, se fueron donde estaban sus escuderos, y los hallaron +roncando y en la misma forma que estaban cuando les salteó el sueño. +Despertáronlos y mandáronles que tuviesen a punto los caballos, porque, en +saliendo el sol, habían de hacer los dos una sangrienta, singular y +desigual batalla; a cuyas nuevas quedó Sancho atónito y pasmado, temeroso +de la salud de su amo, por las valentías que había oído decir del suyo al +escudero del Bosque; pero, sin hablar palabra, se fueron los dos escuderos +a buscar su ganado, que ya todos tres caballos y el rucio se habían olido, +y estaban todos juntos. + +En el camino dijo el del Bosque a Sancho: + +— Ha de saber, hermano, que tienen por costumbre los peleantes de la +Andalucía, cuando son padrinos de alguna pendencia, no estarse ociosos mano +sobre mano en tanto que sus ahijados riñen. Dígolo porque esté advertido +que mientras nuestros dueños riñeren, nosotros también hemos de pelear y +hacernos astillas. + +— Esa costumbre, señor escudero —respondió Sancho—, allá puede correr y +pasar con los rufianes y peleantes que dice, pero con los escuderos de los +caballeros andantes, ni por pienso. A lo menos, yo no he oído decir a mi +amo semejante costumbre, y sabe de memoria todas las ordenanzas de la +andante caballería. Cuanto más, que yo quiero que sea verdad y ordenanza +expresa el pelear los escuderos en tanto que sus señores pelean; pero yo no +quiero cumplirla, sino pagar la pena que estuviere puesta a los tales +pacíficos escuderos, que yo aseguro que no pase de dos libras de cera, y +más quiero pagar las tales libras, que sé que me costarán menos que las +hilas que podré gastar en curarme la cabeza, que ya me la cuento por +partida y dividida en dos partes. Hay más: que me imposibilita el reñir el +no tener espada, pues en mi vida me la puse. + +— Para eso sé yo un buen remedio —dijo el del Bosque—: yo traigo aquí dos +talegas de lienzo, de un mesmo tamaño: tomaréis vos la una, y yo la otra, y +riñiremos a talegazos, con armas iguales. + +— Desa manera, sea en buena hora —respondió Sancho—, porque antes servirá la +tal pelea de despolvorearnos que de herirnos. + +— No ha de ser así —replicó el otro—, porque se han de echar dentro de las +talegas, porque no se las lleve el aire, media docena de guijarros lindos y +pelados, que pesen tanto los unos como los otros, y desta manera nos +podremos atalegar sin hacernos mal ni daño. + +— ¡Mirad, cuerpo de mi padre —respondió Sancho—, qué martas cebollinas, o +qué copos de algodón cardado pone en las talegas, para no quedar molidos +los cascos y hechos alheña los huesos! Pero, aunque se llenaran de capullos +de seda, sepa, señor mío, que no he de pelear: peleen nuestros amos, y allá +se lo hayan, y bebamos y vivamos nosotros, que el tiempo tiene cuidado de +quitarnos las vidas, sin que andemos buscando apetites para que se acaben +antes de llegar su sazón y término y que se cayan de maduras. + +— Con todo —replicó el del Bosque—, hemos de pelear siquiera media hora. + +— Eso no —respondió Sancho—: no seré yo tan descortés ni tan desagradecido, +que con quien he comido y he bebido trabe cuestión alguna, por mínima que +sea; cuanto más que, estando sin cólera y sin enojo, ¿quién diablos se ha +de amañar a reñir a secas? + +— Para eso —dijo el del Bosque— yo daré un suficiente remedio: y es que, +antes que comencemos la pelea, yo me llegaré bonitamente a vuestra merced +y le daré tres o cuatro bofetadas, que dé con él a mis pies, con las cuales +le haré despertar la cólera, aunque esté con más sueño que un lirón. + +— Contra ese corte sé yo otro —respondió Sancho—, que no le va en zaga: +cogeré yo un garrote, y, antes que vuestra merced llegue a despertarme la +cólera, haré yo dormir a garrotazos de tal suerte la suya, que no despierte +si no fuere en el otro mundo, en el cual se sabe que no soy yo hombre que +me dejo manosear el rostro de nadie; y cada uno mire por el virote, aunque +lo más acertado sería dejar dormir su cólera a cada uno, que no sabe nadie +el alma de nadie, y tal suele venir por lana que vuelve tresquilado; y Dios +bendijo la paz y maldijo las riñas, porque si un gato acosado, encerrado y +apretado se vuelve en león, yo, que soy hombre, Dios sabe en lo que podré +volverme; y así, desde ahora intimo a vuestra merced, señor escudero, que +corra por su cuenta todo el mal y daño que de nuestra pendencia resultare. + +— Está bien —replicó el del Bosque—. Amanecerá Dios y medraremos. + +En esto, ya comenzaban a gorjear en los árboles mil suertes de pintados +pajarillos, y en sus diversos y alegres cantos parecía que daban la +norabuena y saludaban a la fresca aurora, que ya por las puertas y balcones +del oriente iba descubriendo la hermosura de su rostro, sacudiendo de sus +cabellos un número infinito de líquidas perlas, en cuyo suave licor +bañándose las yerbas, parecía asimesmo que ellas brotaban y llovían +blanco y menudo aljófar; los sauces destilaban maná sabroso, reíanse las +fuentes, murmuraban los arroyos, alegrábanse las selvas y enriquecíanse los +prados con su venida. Mas, apenas dio lugar la claridad del día para ver y +diferenciar las cosas, cuando la primera que se ofreció a los ojos de +Sancho Panza fue la nariz del escudero del Bosque, que era tan grande que +casi le hacía sombra a todo el cuerpo. Cuéntase, en efecto, que era de +demasiada grandeza, corva en la mitad y toda llena de verrugas, de color +amoratado, como de berenjena; bajábale dos dedos más abajo de la boca; cuya +grandeza, color, verrugas y encorvamiento así le afeaban el rostro, que, en +viéndole Sancho, comenzó a herir de pie y de mano, como niño con alferecía, +y propuso en su corazón de dejarse dar docientas bofetadas antes que +despertar la cólera para reñir con aquel vestiglo. + +Don Quijote miró a su contendor, y hallóle ya puesta y calada la celada, de +modo que no le pudo ver el rostro, pero notó que era hombre membrudo, y no +muy alto de cuerpo. Sobre las armas traía una sobrevista o casaca de una +tela, al parecer, de oro finísimo, sembradas por ella muchas lunas pequeñas +de resplandecientes espejos, que le hacían en grandísima manera galán y +vistoso; volábanle sobre la celada grande cantidad de plumas verdes, +amarillas y blancas; la lanza, que tenía arrimada a un árbol, era +grandísima y gruesa, y de un hierro acerado de más de un palmo. + +Todo lo miró y todo lo notó don Quijote, y juzgó de lo visto y mirado que +el ya dicho caballero debía de ser de grandes fuerzas; pero no por eso +temió, como Sancho Panza; antes, con gentil denuedo, dijo al Caballero de +los Espejos: + +— Si la mucha gana de pelear, señor caballero, no os gasta la cortesía, por +ella os pido que alcéis la visera un poco, porque yo vea si la gallardía de +vuestro rostro responde a la de vuestra disposición. + +— O vencido o vencedor que salgáis desta empresa, señor caballero —respondió +el de los Espejos—, os quedará tiempo y espacio demasiado para verme; y si +ahora no satisfago a vuestro deseo, es por parecerme que hago notable +agravio a la hermosa Casildea de Vandalia en dilatar el tiempo que tardare +en alzarme la visera, sin haceros confesar lo que ya sabéis que pretendo. + +— Pues, en tanto que subimos a caballo —dijo don Quijote—, bien podéis +decirme si soy yo aquel don Quijote que dijistes haber vencido. + +— A eso vos respondemos —dijo el de los Espejos— que parecéis, como se +parece un huevo a otro, al mismo caballero que yo vencí; pero, según vos +decís que le persiguen encantadores, no osaré afirmar si sois el contenido +o no. + +— Eso me basta a mí —respondió don Quijote— para que crea vuestro engaño; +empero, para sacaros dél de todo punto, vengan nuestros caballos; que, en +menos tiempo que el que tardárades en alzaros la visera, si Dios, si mi +señora y mi brazo me valen, veré yo vuestro rostro, y vos veréis que no soy +yo el vencido don Quijote que pensáis. + +Con esto, acortando razones, subieron a caballo, y don Quijote volvió las +riendas a Rocinante para tomar lo que convenía del campo, para volver a +encontrar a su contrario, y lo mesmo hizo el de los Espejos. Pero, no se +había apartado don Quijote veinte pasos, cuando se oyó llamar del de los +Espejos, y, partiendo los dos el camino, el de los Espejos le dijo: + +— Advertid, señor caballero, que la condición de nuestra batalla es que el +vencido, como otra vez he dicho, ha de quedar a discreción del vencedor. + +— Ya la sé —respondió don Quijote—; con tal que lo que se le impusiere y +mandare al vencido han de ser cosas que no salgan de los límites de la +caballería. + +— Así se entiende —respondió el de los Espejos. + +Ofreciéronsele en esto a la vista de don Quijote las estrañas narices del +escudero, y no se admiró menos de verlas que Sancho; tanto, que le juzgó +por algún monstro, o por hombre nuevo y de aquellos que no se usan en el +mundo. Sancho, que vio partir a su amo para tomar carrera, no quiso quedar +solo con el narigudo, temiendo que con solo un pasagonzalo con aquellas +narices en las suyas sería acabada la pendencia suya, quedando del golpe, o +del miedo, tendido en el suelo, y fuese tras su amo, asido a una acción de +Rocinante; y, cuando le pareció que ya era tiempo que volviese, le dijo: + +— Suplico a vuesa merced, señor mío, que antes que vuelva a encontrarse me +ayude a subir sobre aquel alcornoque, de donde podré ver más a mi sabor, +mejor que desde el suelo, el gallardo encuentro que vuesa merced ha de +hacer con este caballero. + +— Antes creo, Sancho —dijo don Quijote—, que te quieres encaramar y subir en +andamio por ver sin peligro los toros. + +— La verdad que diga —respondió Sancho—, las desaforadas narices de aquel +escudero me tienen atónito y lleno de espanto, y no me atrevo a estar junto +a él. + +— Ellas son tales —dijo don Quijote—, que, a no ser yo quien soy, también me +asombraran; y así, ven: ayudarte he a subir donde dices. + +En lo que se detuvo don Quijote en que Sancho subiese en el alcornoque, +tomó el de los Espejos del campo lo que le pareció necesario; y, creyendo +que lo mismo habría hecho don Quijote, sin esperar son de trompeta ni otra +señal que los avisase, volvió las riendas a su caballo —que no era más +ligero ni de mejor parecer que Rocinante—, y, a todo su correr, que era un +mediano trote, iba a encontrar a su enemigo; pero, viéndole ocupado en la +subida de Sancho, detuvo las riendas y paróse en la mitad de la carrera, de +lo que el caballo quedó agradecidísimo, a causa que ya no podía moverse. +Don Quijote, que le pareció que ya su enemigo venía volando, arrimó +reciamente las espuelas a las trasijadas ijadas de Rocinante, y le hizo +aguijar de manera, que cuenta la historia que esta sola vez se conoció +haber corrido algo, porque todas las demás siempre fueron trotes +declarados; y con esta no vista furia llegó donde el de los Espejos estaba +hincando a su caballo las espuelas hasta los botones, sin que le pudiese +mover un solo dedo del lugar donde había hecho estanco de su carrera. + +En esta buena sazón y coyuntura halló don Quijote a su contrario embarazado +con su caballo y ocupado con su lanza, que nunca, o no acertó, o no tuvo +lugar de ponerla en ristre. Don Quijote, que no miraba en estos +inconvenientes, a salvamano y sin peligro alguno, encontró al de los +Espejos con tanta fuerza, que mal de su grado le hizo venir al suelo por +las ancas del caballo, dando tal caída, que, sin mover pie ni mano, dio +señales de que estaba muerto. + +Apenas le vio caído Sancho, cuando se deslizó del alcornoque y a toda +priesa vino donde su señor estaba, el cual, apeándose de Rocinante, fue +sobre el de los Espejos, y, quitándole las lazadas del yelmo para ver si +era muerto y para que le diese el aire si acaso estaba vivo; y vio... +¿Quién podrá decir lo que vio, sin causar admiración, maravilla y espanto a +los que lo oyeren? Vio, dice la historia, el rostro mesmo, la misma figura, +el mesmo aspecto, la misma fisonomía, la mesma efigie, la pespetiva mesma +del bachiller Sansón Carrasco; y, así como la vio, en altas voces dijo: + +— ¡Acude, Sancho, y mira lo que has de ver y no lo has creer! ¡Aguija, hijo, +y advierte lo que puede la magia, lo que pueden los hechiceros y los +encantadores! + +Llegó Sancho, y, como vio el rostro del bachiller Carrasco, comenzó a +hacerse mil cruces y a santiguarse otras tantas. En todo esto, no daba +muestras de estar vivo el derribado caballero, y Sancho dijo a don Quijote: + +— Soy de parecer, señor mío, que, por sí o por no, vuesa merced hinque y +meta la espada por la boca a este que parece el bachiller Sansón Carrasco; +quizá matará en él a alguno de sus enemigos los encantadores. + +— No dices mal —dijo don Quijote—, porque de los enemigos, los menos. + +Y, sacando la espada para poner en efecto el aviso y consejo de Sancho, +llegó el escudero del de los Espejos, ya sin las narices que tan feo le +habían hecho, y a grandes voces dijo: + +— Mire vuesa merced lo que hace, señor don Quijote, que ese que tiene a los +pies es el bachiller Sansón Carrasco, su amigo, y yo soy su escudero. + +Y, viéndole Sancho sin aquella fealdad primera, le dijo: + +— ¿Y las narices? + +A lo que él respondió: + +— Aquí las tengo, en la faldriquera. + +Y, echando mano a la derecha, sacó unas narices de pasta y barniz, de +máscara, de la manifatura que quedan delineadas. Y, mirándole más y más +Sancho, con voz admirativa y grande, dijo: + +— ¡Santa María, y valme! ¿Éste no es Tomé Cecial, mi vecino y mi compadre? + +— Y ¡cómo si lo soy! —respondió el ya desnarigado escudero—: Tomé Cecial +soy, compadre y amigo Sancho Panza, y luego os diré los arcaduces, embustes +y enredos por donde soy aquí venido; y en tanto, pedid y suplicad al señor +vuestro amo que no toque, maltrate, hiera ni mate al caballero de los +Espejos, que a sus pies tiene, porque sin duda alguna es el atrevido y mal +aconsejado del bachiller Sansón Carrasco, nuestro compatrioto. + +En esto, volvió en sí el de los Espejos, lo cual visto por don Quijote, le +puso la punta desnuda de su espada encima del rostro, y le dijo: + +— Muerto sois, caballero, si no confesáis que la sin par Dulcinea del Toboso +se aventaja en belleza a vuestra Casildea de Vandalia; y demás de esto +habéis de prometer, si de esta contienda y caída quedárades con vida, de ir +a la ciudad del Toboso y presentaros en su presencia de mi parte, para que +haga de vos lo que más en voluntad le viniere; y si os dejare en la +vuestra, asimismo habéis de volver a buscarme, que el rastro de mis hazañas +os servirá de guía que os traiga donde yo estuviere, y a decirme lo que con +ella hubiéredes pasado; condiciones que, conforme a las que pusimos antes +de nuestra batalla, no salen de los términos de la andante caballería. + +— Confieso —dijo el caído caballero— que vale más el zapato descosido y +sucio de la señora Dulcinea del Toboso que las barbas mal peinadas, aunque +limpias, de Casildea, y prometo de ir y volver de su presencia a la +vuestra, y daros entera y particular cuenta de lo que me pedís. + +— También habéis de confesar y creer —añadió don Quijote— que aquel +caballero que vencistes no fue ni pudo ser don Quijote de la Mancha, sino +otro que se le parecía, como yo confieso y creo que vos, aunque parecéis el +bachiller Sansón Carrasco, no lo sois, sino otro que le parece, y que en su +figura aquí me le han puesto mis enemigos, para que detenga y temple el +ímpetu de mi cólera, y para que use blandamente de la gloria del +vencimiento. + +— Todo lo confieso, juzgo y siento como vos lo creéis, juzgáis y sentís +— respondió el derrengado caballero—. Dejadme levantar, os ruego, si es que +lo permite el golpe de mi caída, que asaz maltrecho me tiene. + +Ayudóle a levantar don Quijote y Tomé Cecial, su escudero, del cual no +apartaba los ojos Sancho, preguntándole cosas cuyas respuestas le daban +manifiestas señales de que verdaderamente era el Tomé Cecial que decía; mas +la aprehensión que en Sancho había hecho lo que su amo dijo, de que los +encantadores habían mudado la figura del Caballero de los Espejos en la del +bachiller Carrasco, no le dejaba dar crédito a la verdad que con los ojos +estaba mirando. Finalmente, se quedaron con este engaño amo y mozo, y el de +los Espejos y su escudero, mohínos y malandantes, se apartaron de don +Quijote y Sancho, con intención de buscar algún lugar donde bizmarle y +entablarle las costillas. Don Quijote y Sancho volvieron a proseguir su +camino de Zaragoza, donde los deja la historia, por dar cuenta de quién era +el Caballero de los Espejos y su narigante escudero. + + + + +Capítulo XV. Donde se cuenta y da noticia de quién era el Caballero de los +Espejos y su escudero + +En estremo contento, ufano y vanaglorioso iba don Quijote por haber +alcanzado vitoria de tan valiente caballero como él se imaginaba que era el +de los Espejos, de cuya caballeresca palabra esperaba saber si el +encantamento de su señora pasaba adelante, pues era forzoso que el tal +vencido caballero volviese, so pena de no serlo, a darle razón de lo que +con ella le hubiese sucedido. Pero uno pensaba don Quijote y otro el de los +Espejos, puesto que por entonces no era otro su pensamiento sino buscar +donde bizmarse, como se ha dicho. + +Dice, pues, la historia que cuando el bachiller Sansón Carrasco aconsejó a +don Quijote que volviese a proseguir sus dejadas caballerías, fue por haber +entrado primero en bureo con el cura y el barbero sobre qué medio se podría +tomar para reducir a don Quijote a que se estuviese en su casa quieto y +sosegado, sin que le alborotasen sus mal buscadas aventuras; de cuyo +consejo salió, por voto común de todos y parecer particular de Carrasco, +que dejasen salir a don Quijote, pues el detenerle parecía imposible, y que +Sansón le saliese al camino como caballero andante, y trabase batalla con +él, pues no faltaría sobre qué, y le venciese, teniéndolo por cosa fácil, y +que fuese pacto y concierto que el vencido quedase a merced del vencedor; y +así vencido don Quijote, le había de mandar el bachiller caballero se +volviese a su pueblo y casa, y no saliese della en dos años, o hasta tanto +que por él le fuese mandado otra cosa; lo cual era claro que don Quijote +vencido cumpliría indubitablemente, por no contravenir y faltar a las leyes +de la caballería, y podría ser que en el tiempo de su reclusión se le +olvidasen sus vanidades, o se diese lugar de buscar a su locura algún +conveniente remedio. + +Aceptólo Carrasco, y ofreciósele por escudero Tomé Cecial, compadre y +vecino de Sancho Panza, hombre alegre y de lucios cascos. Armóse Sansón +como queda referido y Tomé Cecial acomodó sobre sus naturales narices las +falsas y de máscara ya dichas, porque no fuese conocido de su compadre +cuando se viesen; y así, siguieron el mismo viaje que llevaba don Quijote, +y llegaron casi a hallarse en la aventura del carro de la Muerte. Y, +finalmente, dieron con ellos en el bosque, donde les sucedió todo lo que el +prudente ha leído; y si no fuera por los pensamientos extraordinarios de +don Quijote, que se dio a entender que el bachiller no era el bachiller, el +señor bachiller quedara imposibilitado para siempre de graduarse de +licenciado, por no haber hallado nidos donde pensó hallar pájaros. + +Tomé Cecial, que vio cuán mal había logrado sus deseos y el mal paradero +que había tenido su camino, dijo al bachiller: + +— Por cierto, señor Sansón Carrasco, que tenemos nuestro merecido: con +facilidad se piensa y se acomete una empresa, pero con dificultad las más +veces se sale della. Don Quijote loco, nosotros cuerdos: él se va sano y +riendo, vuesa merced queda molido y triste. Sepamos, pues, ahora, cuál es +más loco: ¿el que lo es por no poder menos, o el que lo es por su voluntad? + +A lo que respondió Sansón: + +— La diferencia que hay entre esos dos locos es que el que lo es por fuerza +lo será siempre, y el que lo es de grado lo dejará de ser cuando quisiere. + +— Pues así es —dijo Tomé Cecial—, yo fui por mi voluntad loco cuando quise +hacerme escudero de vuestra merced, y por la misma quiero dejar de serlo y +volverme a mi casa. + +— Eso os cumple —respondió Sansón—, porque pensar que yo he de volver a la +mía, hasta haber molido a palos a don Quijote, es pensar en lo escusado; y +no me llevará ahora a buscarle el deseo de que cobre su juicio, sino el de +la venganza; que el dolor grande de mis costillas no me deja hacer más +piadosos discursos. + +En esto fueron razonando los dos, hasta que llegaron a un pueblo donde fue +ventura hallar un algebrista, con quien se curó el Sansón desgraciado. Tomé +Cecial se volvió y le dejó, y él quedó imaginando su venganza; y la +historia vuelve a hablar dél a su tiempo, por no dejar de regocijarse ahora +con don Quijote. + + + + +Capítulo XVI. De lo que sucedió a don Quijote con un discreto caballero de +la Mancha + +Con la alegría, contento y ufanidad que se ha dicho, seguía don Quijote su +jornada, imaginándose por la pasada vitoria ser el caballero andante más +valiente que tenía en aquella edad el mundo; daba por acabadas y a felice +fin conducidas cuantas aventuras pudiesen sucederle de allí adelante; tenía +en poco a los encantos y a los encantadores; no se acordaba de los +inumerables palos que en el discurso de sus caballerías le habían dado, ni +de la pedrada que le derribó la mitad de los dientes, ni del +desagradecimiento de los galeotes, ni del atrevimiento y lluvia de estacas +de los yangüeses. Finalmente, decía entre sí que si él hallara arte, modo o +manera como desencantar a su señora Dulcinea, no invidiara a la mayor +ventura que alcanzó o pudo alcanzar el más venturoso caballero andante de +los pasados siglos. En estas imaginaciones iba todo ocupado, cuando Sancho +le dijo: + +— ¿No es bueno, señor, que aun todavía traigo entre los ojos las desaforadas +narices, y mayores de marca, de mi compadre Tomé Cecial? + +— Y ¿crees tú, Sancho, por ventura, que el Caballero de los Espejos era el +bachiller Carrasco; y su escudero, Tomé Cecial, tu compadre? + +— No sé qué me diga a eso —respondió Sancho—; sólo sé que las señas que me +dio de mi casa, mujer y hijos no me las podría dar otro que él mesmo; y la +cara, quitadas las narices, era la misma de Tomé Cecial, como yo se la he +visto muchas veces en mi pueblo y pared en medio de mi misma casa; y el +tono de la habla era todo uno. + +— Estemos a razón, Sancho —replicó don Quijote—. Ven acá: ¿en qué +consideración puede caber que el bachiller Sansón Carrasco viniese como +caballero andante, armado de armas ofensivas y defensivas, a pelear +conmigo? ¿He sido yo su enemigo por ventura? ¿Hele dado yo jamás ocasión +para tenerme ojeriza? ¿Soy yo su rival, o hace él profesión de las armas, +para tener invidia a la fama que yo por ellas he ganado? + +— Pues, ¿qué diremos, señor —respondió Sancho—, a esto de parecerse tanto +aquel caballero, sea el que se fuere, al bachiller Carrasco, y su escudero +a Tomé Cecial, mi compadre? Y si ello es encantamento, como vuestra merced +ha dicho, ¿no había en el mundo otros dos a quien se parecieran? + +— Todo es artificio y traza —respondió don Quijote— de los malignos magos +que me persiguen, los cuales, anteviendo que yo había de quedar vencedor en +la contienda, se previnieron de que el caballero vencido mostrase el rostro +de mi amigo el bachiller, porque la amistad que le tengo se pusiese entre +los filos de mi espada y el rigor de mi brazo, y templase la justa ira de +mi corazón, y desta manera quedase con vida el que con embelecos y falsías +procuraba quitarme la mía. Para prueba de lo cual ya sabes, ¡oh Sancho!, +por experiencia que no te dejará mentir ni engañar, cuán fácil sea a los +encantadores mudar unos rostros en otros, haciendo de lo hermoso feo y de +lo feo hermoso, pues no ha dos días que viste por tus mismos ojos la +hermosura y gallardía de la sin par Dulcinea en toda su entereza y natural +conformidad, y yo la vi en la fealdad y bajeza de una zafia labradora, con +cataratas en los ojos y con mal olor en la boca; y más, que el perverso +encantador que se atrevió a hacer una transformación tan mala no es mucho +que haya hecho la de Sansón Carrasco y la de tu compadre, por quitarme la +gloria del vencimiento de las manos. Pero, con todo esto, me consuelo; +porque, en fin, en cualquiera figura que haya sido, he quedado vencedor de +mi enemigo. + +— Dios sabe la verdad de todo —respondió Sancho. + +Y como él sabía que la transformación de Dulcinea había sido traza y +embeleco suyo, no le satisfacían las quimeras de su amo; pero no le quiso +replicar, por no decir alguna palabra que descubriese su embuste. + +En estas razones estaban cuando los alcanzó un hombre que detrás dellos por +el mismo camino venía sobre una muy hermosa yegua tordilla, vestido un +gabán de paño fino verde, jironado de terciopelo leonado, con una montera +del mismo terciopelo; el aderezo de la yegua era de campo y de la jineta, +asimismo de morado y verde. Traía un alfanje morisco pendiente de un ancho +tahalí de verde y oro, y los borceguíes eran de la labor del tahalí; las +espuelas no eran doradas, sino dadas con un barniz verde, tan tersas y +bruñidas que, por hacer labor con todo el vestido, parecían mejor que si +fuera de oro puro. Cuando llegó a ellos, el caminante los saludó +cortésmente, y, picando a la yegua, se pasaba de largo; pero don Quijote le +dijo: + +— Señor galán, si es que vuestra merced lleva el camino que nosotros y no +importa el darse priesa, merced recibiría en que nos fuésemos juntos. + +— En verdad —respondió el de la yegua— que no me pasara tan de largo, si no +fuera por temor que con la compañía de mi yegua no se alborotara ese +caballo. + +— Bien puede, señor —respondió a esta sazón Sancho—, bien puede tener las +riendas a su yegua, porque nuestro caballo es el más honesto y bien mirado +del mundo: jamás en semejantes ocasiones ha hecho vileza alguna, y una vez +que se desmandó a hacerla la lastamos mi señor y yo con las setenas. Digo +otra vez que puede vuestra merced detenerse, si quisiere; que, aunque se la +den entre dos platos, a buen seguro que el caballo no la arrostre. + +Detuvo la rienda el caminante, admirándose de la apostura y rostro de don +Quijote, el cual iba sin celada, que la llevaba Sancho como maleta en el +arzón delantero de la albarda del rucio; y si mucho miraba el de lo verde a +don Quijote, mucho más miraba don Quijote al de lo verde, pareciéndole +hombre de chapa. La edad mostraba ser de cincuenta años; las canas, pocas, +y el rostro, aguileño; la vista, entre alegre y grave; finalmente, en el +traje y apostura daba a entender ser hombre de buenas prendas. + +Lo que juzgó de don Quijote de la Mancha el de lo verde fue que semejante +manera ni parecer de hombre no le había visto jamás: admiróle la longura de +su caballo, la grandeza de su cuerpo, la flaqueza y amarillez de su rostro, +sus armas, su ademán y compostura: figura y retrato no visto por luengos +tiempos atrás en aquella tierra. Notó bien don Quijote la atención con que +el caminante le miraba, y leyóle en la suspensión su deseo; y, como era tan +cortés y tan amigo de dar gusto a todos, antes que le preguntase nada, le +salió al camino, diciéndole: + +— Esta figura que vuesa merced en mí ha visto, por ser tan nueva y tan fuera +de las que comúnmente se usan, no me maravillaría yo de que le hubiese +maravillado; pero dejará vuesa merced de estarlo cuando le diga, como le +digo, que soy caballero + +destos que dicen las gentes + +que a sus aventuras van. + +Salí de mi patria, empeñé mi hacienda, dejé mi regalo, y entreguéme en los +brazos de la Fortuna, que me llevasen donde más fuese servida. Quise +resucitar la ya muerta andante caballería, y ha muchos días que, tropezando +aquí, cayendo allí, despeñándome acá y levantándome acullá, he cumplido +gran parte de mi deseo, socorriendo viudas, amparando doncellas y +favoreciendo casadas, huérfanos y pupilos, propio y natural oficio de +caballeros andantes; y así, por mis valerosas, muchas y cristianas hazañas +he merecido andar ya en estampa en casi todas o las más naciones del mundo. +Treinta mil volúmenes se han impreso de mi historia, y lleva camino de +imprimirse treinta mil veces de millares, si el cielo no lo remedia. +Finalmente, por encerrarlo todo en breves palabras, o en una sola, digo que +yo soy don Quijote de la Mancha, por otro nombre llamado el Caballero de la +Triste Figura; y, puesto que las propias alabanzas envilecen, esme forzoso +decir yo tal vez las mías, y esto se entiende cuando no se halla presente +quien las diga; así que, señor gentilhombre, ni este caballo, esta lanza, +ni este escudo, ni escudero, ni todas juntas estas armas, ni la amarillez +de mi rostro, ni mi atenuada flaqueza, os podrá admirar de aquí adelante, +habiendo ya sabido quién soy y la profesión que hago. + +Calló en diciendo esto don Quijote, y el de lo verde, según se tardaba en +responderle, parecía que no acertaba a hacerlo; pero de allí a buen espacio +le dijo: + +— Acertastes, señor caballero, a conocer por mi suspensión mi deseo; pero no +habéis acertado a quitarme la maravilla que en mí causa el haberos visto; +que, puesto que, como vos, señor, decís, que el saber ya quién sois me lo +podría quitar, no ha sido así; antes, agora que lo sé, quedo más suspenso y +maravillado. ¿Cómo y es posible que hay hoy caballeros andantes en el +mundo, y que hay historias impresas de verdaderas caballerías? No me puedo +persuadir que haya hoy en la tierra quien favorezca viudas, ampare +doncellas, ni honre casadas, ni socorra huérfanos, y no lo creyera si en +vuesa merced no lo hubiera visto con mis ojos. ¡Bendito sea el cielo!, que +con esa historia, que vuesa merced dice que está impresa, de sus altas y +verdaderas caballerías, se habrán puesto en olvido las innumerables de los +fingidos caballeros andantes, de que estaba lleno el mundo, tan en daño de +las buenas costumbres y tan en perjuicio y descrédito de las buenas +historias. + +— Hay mucho que decir —respondió don Quijote— en razón de si son fingidas, o +no, las historias de los andantes caballeros. + +— Pues, ¿hay quien dude —respondió el Verde— que no son falsas las tales +historias? + +— Yo lo dudo —respondió don Quijote—, y quédese esto aquí; que si nuestra +jornada dura, espero en Dios de dar a entender a vuesa merced que ha hecho +mal en irse con la corriente de los que tienen por cierto que no son +verdaderas. + +Desta última razón de don Quijote tomó barruntos el caminante de que don +Quijote debía de ser algún mentecato, y aguardaba que con otras lo +confirmase; pero, antes que se divertiesen en otros razonamientos, don +Quijote le rogó le dijese quién era, pues él le había dado parte de su +condición y de su vida. A lo que respondió el del Verde Gabán: + +— Yo, señor Caballero de la Triste Figura, soy un hidalgo natural de un +lugar donde iremos a comer hoy, si Dios fuere servido. Soy más que +medianamente rico y es mi nombre don Diego de Miranda; paso la vida con mi +mujer, y con mis hijos, y con mis amigos; mis ejercicios son el de la caza +y pesca, pero no mantengo ni halcón ni galgos, sino algún perdigón manso, o +algún hurón atrevido. Tengo hasta seis docenas de libros, cuáles de romance +y cuáles de latín, de historia algunos y de devoción otros; los de +caballerías aún no han entrado por los umbrales de mis puertas. Hojeo más +los que son profanos que los devotos, como sean de honesto entretenimiento, +que deleiten con el lenguaje y admiren y suspendan con la invención, puesto +que déstos hay muy pocos en España. Alguna vez como con mis vecinos y +amigos, y muchas veces los convido; son mis convites limpios y aseados, y +no nada escasos; ni gusto de murmurar, ni consiento que delante de mí se +murmure; no escudriño las vidas ajenas, ni soy lince de los hechos de los +otros; oigo misa cada día; reparto de mis bienes con los pobres, sin hacer +alarde de las buenas obras, por no dar entrada en mi corazón a la +hipocresía y vanagloria, enemigos que blandamente se apoderan del corazón +más recatado; procuro poner en paz los que sé que están desavenidos; soy +devoto de nuestra Señora, y confío siempre en la misericordia infinita de +Dios nuestro Señor. + +Atentísimo estuvo Sancho a la relación de la vida y entretenimientos del +hidalgo; y, pareciéndole buena y santa y que quien la hacía debía de hacer +milagros, se arrojó del rucio, y con gran priesa le fue a asir del estribo +derecho, y con devoto corazón y casi lágrimas le besó los pies una y muchas +veces. Visto lo cual por el hidalgo, le preguntó: + +— ¿Qué hacéis, hermano? ¿Qué besos son éstos? + +— Déjenme besar —respondió Sancho—, porque me parece vuesa merced el primer +santo a la jineta que he visto en todos los días de mi vida. + +— No soy santo —respondió el hidalgo—, sino gran pecador; vos sí, hermano, +que debéis de ser bueno, como vuestra simplicidad lo muestra. + +Volvió Sancho a cobrar la albarda, habiendo sacado a plaza la risa de la +profunda malencolía de su amo y causado nueva admiración a don Diego. +Preguntóle don Quijote que cuántos hijos tenía, y díjole que una de las +cosas en que ponían el sumo bien los antiguos filósofos, que carecieron del +verdadero conocimiento de Dios, fue en los bienes de la naturaleza, en los +de la fortuna, en tener muchos amigos y en tener muchos y buenos hijos. + +— Yo, señor don Quijote —respondió el hidalgo—, tengo un hijo, que, a no +tenerle, quizá me juzgara por más dichoso de lo que soy; y no porque él sea +malo, sino porque no es tan bueno como yo quisiera. Será de edad de diez y +ocho años: los seis ha estado en Salamanca, aprendiendo las lenguas latina +y griega; y, cuando quise que pasase a estudiar otras ciencias, halléle tan +embebido en la de la poesía, si es que se puede llamar ciencia, que no es +posible hacerle arrostrar la de las leyes, que yo quisiera que estudiara, +ni de la reina de todas, la teología. Quisiera yo que fuera corona de su +linaje, pues vivimos en siglo donde nuestros reyes premian altamente las +virtuosas y buenas letras; porque letras sin virtud son perlas en el +muladar. Todo el día se le pasa en averiguar si dijo bien o mal Homero en +tal verso de la Ilíada; si Marcial anduvo deshonesto, o no, en tal +epigrama; si se han de entender de una manera o otra tales y tales versos +de Virgilio. En fin, todas sus conversaciones son con los libros de los +referidos poetas, y con los de Horacio, Persio, Juvenal y Tibulo; que de +los modernos romancistas no hace mucha cuenta; y, con todo el mal cariño +que muestra tener a la poesía de romance, le tiene agora desvanecidos los +pensamientos el hacer una glosa a cuatro versos que le han enviado de +Salamanca, y pienso que son de justa literaria. + +A todo lo cual respondió don Quijote: + +— Los hijos, señor, son pedazos de las entrañas de sus padres, y así, se han +de querer, o buenos o malos que sean, como se quieren las almas que nos dan +vida; a los padres toca el encaminarlos desde pequeños por los pasos de la +virtud, de la buena crianza y de las buenas y cristianas costumbres, para +que cuando grandes sean báculo de la vejez de sus padres y gloria de su +posteridad; y en lo de forzarles que estudien esta o aquella ciencia no lo +tengo por acertado, aunque el persuadirles no será dañoso; y cuando no se +ha de estudiar para pane lucrando, siendo tan venturoso el estudiante que +le dio el cielo padres que se lo dejen, sería yo de parecer que le dejen +seguir aquella ciencia a que más le vieren inclinado; y, aunque la de la +poesía es menos útil que deleitable, no es de aquellas que suelen deshonrar +a quien las posee. La poesía, señor hidalgo, a mi parecer, es como una +doncella tierna y de poca edad, y en todo estremo hermosa, a quien tienen +cuidado de enriquecer, pulir y adornar otras muchas doncellas, que son +todas las otras ciencias, y ella se ha de servir de todas, y todas se han +de autorizar con ella; pero esta tal doncella no quiere ser manoseada, ni +traída por las calles, ni publicada por las esquinas de las plazas ni por +los rincones de los palacios. Ella es hecha de una alquimia de tal virtud, +que quien la sabe tratar la volverá en oro purísimo de inestimable precio; +hala de tener, el que la tuviere, a raya, no dejándola correr en torpes +sátiras ni en desalmados sonetos; no ha de ser vendible en ninguna manera, +si ya no fuere en poemas heroicos, en lamentables tragedias, o en comedias +alegres y artificiosas; no se ha de dejar tratar de los truhanes, ni del +ignorante vulgo, incapaz de conocer ni estimar los tesoros que en ella se +encierran. Y no penséis, señor, que yo llamo aquí vulgo solamente a la +gente plebeya y humilde; que todo aquel que no sabe, aunque sea señor y +príncipe, puede y debe entrar en número de vulgo. Y así, el que con los +requisitos que he dicho tratare y tuviere a la poesía, será famoso y +estimado su nombre en todas las naciones políticas del mundo. Y a lo que +decís, señor, que vuestro hijo no estima mucho la poesía de romance, doyme +a entender que no anda muy acertado en ello, y la razón es ésta: el grande +Homero no escribió en latín, porque era griego, ni Virgilio no escribió en +griego, porque era latino. En resolución, todos los poetas antiguos +escribieron en la lengua que mamaron en la leche, y no fueron a buscar las +estranjeras para declarar la alteza de sus conceptos. Y, siendo esto así, +razón sería se estendiese esta costumbre por todas las naciones, y que no +se desestimase el poeta alemán porque escribe en su lengua, ni el +castellano, ni aun el vizcaíno, que escribe en la suya. Pero vuestro hijo, +a lo que yo, señor, imagino, no debe de estar mal con la poesía de romance, +sino con los poetas que son meros romancistas, sin saber otras lenguas ni +otras ciencias que adornen y despierten y ayuden a su natural impulso; y +aun en esto puede haber yerro; porque, según es opinión verdadera, el poeta +nace: quieren decir que del vientre de su madre el poeta natural sale +poeta; y, con aquella inclinación que le dio el cielo, sin más estudio ni +artificio, compone cosas, que hace verdadero al que dijo: est Deus in +nobis..., etcétera. También digo que el natural poeta que se ayudare del +arte será mucho mejor y se aventajará al poeta que sólo por saber el arte +quisiere serlo; la razón es porque el arte no se aventaja a la naturaleza, +sino perficiónala; así que, mezcladas la naturaleza y el arte, y el arte +con la naturaleza, sacarán un perfetísimo poeta. Sea, pues, la conclusión +de mi plática, señor hidalgo, que vuesa merced deje caminar a su hijo por +donde su estrella le llama; que, siendo él tan buen estudiante como debe de +ser, y habiendo ya subido felicemente el primer escalón de las esencias, +que es el de las lenguas, con ellas por sí mesmo subirá a la cumbre de las +letras humanas, las cuales tan bien parecen en un caballero de capa y +espada, y así le adornan, honran y engrandecen, como las mitras a los +obispos, o como las garnachas a los peritos jurisconsultos. Riña vuesa +merced a su hijo si hiciere sátiras que perjudiquen las honras ajenas, y +castíguele, y rómpaselas, pero si hiciere sermones al modo de Horacio, +donde reprehenda los vicios en general, como tan elegantemente él lo hizo, +alábele: porque lícito es al poeta escribir contra la invidia, y decir en +sus versos mal de los invidiosos, y así de los otros vicios, con que no +señale persona alguna; pero hay poetas que, a trueco de decir una malicia, +se pondrán a peligro que los destierren a las islas de Ponto. Si el poeta +fuere casto en sus costumbres, lo será también en sus versos; la pluma es +lengua del alma: cuales fueren los conceptos que en ella se engendraren, +tales serán sus escritos; y cuando los reyes y príncipes veen la milagrosa +ciencia de la poesía en sujetos prudentes, virtuosos y graves, los honran, +los estiman y los enriquecen, y aun los coronan con las hojas del árbol a +quien no ofende el rayo, como en señal que no han de ser ofendidos de nadie +los que con tales coronas veen honrados y adornadas sus sienes. + +Admirado quedó el del Verde Gabán del razonamiento de don Quijote, y tanto, +que fue perdiendo de la opinión que con él tenía, de ser mentecato. Pero, a +la mitad desta plática, Sancho, por no ser muy de su gusto, se había +desviado del camino a pedir un poco de leche a unos pastores que allí junto +estaban ordeñando unas ovejas; y, en esto, ya volvía a renovar la plática +el hidalgo, satisfecho en estremo de la discreción y buen discurso de don +Quijote, cuando, alzando don Quijote la cabeza, vio que por el camino por +donde ellos iban venía un carro lleno de banderas reales; y, creyendo que +debía de ser alguna nueva aventura, a grandes voces llamó a Sancho que +viniese a darle la celada. El cual Sancho, oyéndose llamar, dejó a los +pastores, y a toda priesa picó al rucio, y llegó donde su amo estaba, a +quien sucedió una espantosa y desatinada aventura. + + + + +Capítulo XVII. De donde se declaró el último punto y estremo adonde llegó y +pudo llegar el inaudito ánimo de don Quijote, con la felicemente acabada +aventura de los leones + +Cuenta la historia que cuando don Quijote daba voces a Sancho que le +trujese el yelmo, estaba él comprando unos requesones que los pastores le +vendían; y, acosado de la mucha priesa de su amo, no supo qué hacer dellos, +ni en qué traerlos, y, por no perderlos, que ya los tenía pagados, acordó +de echarlos en la celada de su señor, y con este buen recado volvió a ver +lo que le quería; el cual, en llegando, le dijo: + +— Dame, amigo, esa celada; que yo sé poco de aventuras, o lo que allí +descubro es alguna que me ha de necesitar, y me necesita, a tomar mis +armas. + +El del Verde Gabán, que esto oyó, tendió la vista por todas partes, y no +descubrió otra cosa que un carro que hacia ellos venía, con dos o tres +banderas pequeñas, que le dieron a entender que el tal carro debía de traer +moneda de Su Majestad, y así se lo dijo a don Quijote; pero él no le dio +crédito, siempre creyendo y pensando que todo lo que le sucediese habían de +ser aventuras y más aventuras, y así, respondió al hidalgo: + +— Hombre apercebido, medio combatido: no se pierde nada en que yo me +aperciba, que sé por experiencia que tengo enemigos visibles e invisibles, +y no sé cuándo, ni adónde, ni en qué tiempo, ni en qué figuras me han de +acometer. + +Y, volviéndose a Sancho, le pidió la celada; el cual, como no tuvo lugar de +sacar los requesones, le fue forzoso dársela como estaba. Tomóla don +Quijote, y, sin que echase de ver lo que dentro venía, con toda priesa se +la encajó en la cabeza; y, como los requesones se apretaron y exprimieron, +comenzó a correr el suero por todo el rostro y barbas de don Quijote, de lo +que recibió tal susto, que dijo a Sancho: + +— ¿Qué será esto, Sancho, que parece que se me ablandan los cascos, o se me +derriten los sesos, o que sudo de los pies a la cabeza? Y si es que sudo, +en verdad que no es de miedo; sin duda creo que es terrible la aventura que +agora quiere sucederme. Dame, si tienes, con que me limpie, que el copioso +sudor me ciega los ojos. + +Calló Sancho y diole un paño, y dio con él gracias a Dios de que su señor +no hubiese caído en el caso. Limpióse don Quijote y quitóse la celada por +ver qué cosa era la que, a su parecer, le enfriaba la cabeza, y, viendo +aquellas gachas blancas dentro de la celada, las llegó a las narices, y en +oliéndolas dijo: + +— Por vida de mi señora Dulcinea del Toboso, que son requesones los que aquí +me has puesto, traidor, bergante y mal mirado escudero. + +A lo que, con gran flema y disimulación, respondió Sancho: + +— Si son requesones, démelos vuesa merced, que yo me los comeré... Pero +cómalos el diablo, que debió de ser el que ahí los puso. ¿Yo había de tener +atrevimiento de ensuciar el yelmo de vuesa merced? ¡Hallado le habéis el +atrevido! A la fe, señor, a lo que Dios me da a entender, también debo yo +de tener encantadores que me persiguen como a hechura y miembro de vuesa +merced, y habrán puesto ahí esa inmundicia para mover a cólera su paciencia +y hacer que me muela, como suele, las costillas. Pues en verdad que esta +vez han dado salto en vago, que yo confío en el buen discurso de mi señor, +que habrá considerado que ni yo tengo requesones, ni leche, ni otra cosa +que lo valga, y que si la tuviera, antes la pusiera en mi estómago que en +la celada. + +— Todo puede ser —dijo don Quijote. + +Y todo lo miraba el hidalgo, y de todo se admiraba, especialmente cuando, +después de haberse limpiado don Quijote cabeza, rostro y barbas y celada, +se la encajó; y, afirmándose bien en los estribos, requiriendo la espada y +asiendo la lanza, dijo: + +— Ahora, venga lo que veniere, que aquí estoy con ánimo de tomarme con el +mesmo Satanás en persona. + +Llegó en esto el carro de las banderas, en el cual no venía otra gente que +el carretero, en las mulas, y un hombre sentado en la delantera. Púsose don +Quijote delante y dijo: + +— ¿Adónde vais, hermanos? ¿Qué carro es éste, qué lleváis en él y qué +banderas son aquéstas? + +A lo que respondió el carretero: + +— El carro es mío; lo que va en él son dos bravos leones enjaulados, que el +general de Orán envía a la corte, presentados a Su Majestad; las banderas +son del rey nuestro señor, en señal que aquí va cosa suya. + +— Y ¿son grandes los leones? —preguntó don Quijote. + +— Tan grandes —respondió el hombre que iba a la puerta del carro—, que no +han pasado mayores, ni tan grandes, de Africa a España jamás; y yo soy el +leonero, y he pasado otros, pero como éstos, ninguno. Son hembra y macho; +el macho va en esta jaula primera, y la hembra en la de atrás; y ahora van +hambrientos porque no han comido hoy; y así, vuesa merced se desvíe, que es +menester llegar presto donde les demos de comer. + +A lo que dijo don Quijote, sonriéndose un poco: + +— ¿Leoncitos a mí? ¿A mí leoncitos, y a tales horas? Pues, ¡por Dios que han +de ver esos señores que acá los envían si soy yo hombre que se espanta de +leones! Apeaos, buen hombre, y, pues sois el leonero, abrid esas jaulas y +echadme esas bestias fuera, que en mitad desta campaña les daré a conocer +quién es don Quijote de la Mancha, a despecho y pesar de los encantadores +que a mí los envían. + +— ¡Ta, ta! —dijo a esta sazón entre sí el hidalgo—, dado ha señal de quién +es nuestro buen caballero: los requesones, sin duda, le han ablandado los +cascos y madurado los sesos. + +Llegóse en esto a él Sancho y díjole: + +— Señor, por quien Dios es, que vuesa merced haga de manera que mi señor don +Quijote no se tome con estos leones, que si se toma, aquí nos han de hacer +pedazos a todos. + +— Pues, ¿tan loco es vuestro amo —respondió el hidalgo—, que teméis, y +creéis que se ha de tomar con tan fieros animales? + +— No es loco —respondió Sancho—, sino atrevido. + +— Yo haré que no lo sea —replicó el hidalgo. + +Y, llegándose a don Quijote, que estaba dando priesa al leonero que abriese +las jaulas, le dijo: + +— Señor caballero, los caballeros andantes han de acometer las aventuras que +prometen esperanza de salir bien dellas, y no aquellas que de en todo la +quitan; porque la valentía que se entra en la juridición de la temeridad, +más tiene de locura que de fortaleza. Cuanto más, que estos leones no +vienen contra vuesa merced, ni lo sueñan: van presentados a Su Majestad, y +no será bien detenerlos ni impedirles su viaje. + +— Váyase vuesa merced, señor hidalgo —respondió don Quijote—, a entender con +su perdigón manso y con su hurón atrevido, y deje a cada uno hacer su +oficio. Éste es el mío, y yo sé si vienen a mí, o no, estos señores leones. + +Y, volviéndose al leonero, le dijo: + +— ¡Voto a tal, don bellaco, que si no abrís luego luego las jaulas, que con +esta lanza os he de coser con el carro! + +El carretero, que vio la determinación de aquella armada fantasía, le dijo: + +— Señor mío, vuestra merced sea servido, por caridad, dejarme desuncir las +mulas y ponerme en salvo con ellas antes que se desenvainen los leones, +porque si me las matan, quedaré rematado para toda mi vida; que no tengo +otra hacienda sino este carro y estas mulas. + +— ¡Oh hombre de poca fe! —respondió don Quijote—, apéate y desunce, y haz lo +que quisieres, que presto verás que trabajaste en vano y que pudieras +ahorrar desta diligencia. + +Apeóse el carretero y desunció a gran priesa, y el leonero dijo a grandes +voces: + +— Séanme testigos cuantos aquí están cómo contra mi voluntad y forzado abro +las jaulas y suelto los leones, y de que protesto a este señor que todo el +mal y daño que estas bestias hicieren corra y vaya por su cuenta, con más +mis salarios y derechos. Vuestras mercedes, señores, se pongan en cobro +antes que abra, que yo seguro estoy que no me han de hacer daño. + +Otra vez le persuadió el hidalgo que no hiciese locura semejante, que era +tentar a Dios acometer tal disparate. A lo que respondió don Quijote que él +sabía lo que hacía. Respondióle el hidalgo que lo mirase bien, que él +entendía que se engañaba. + +— Ahora, señor —replicó don Quijote—, si vuesa merced no quiere ser oyente +desta que a su parecer ha de ser tragedia, pique la tordilla y póngase en +salvo. + +Oído lo cual por Sancho, con lágrimas en los ojos le suplicó desistiese de +tal empresa, en cuya comparación habían sido tortas y pan pintado la de los +molinos de viento y la temerosa de los batanes, y, finalmente, todas las +hazañas que había acometido en todo el discurso de su vida. + +— Mire, señor —decía Sancho—, que aquí no hay encanto ni cosa que lo valga; +que yo he visto por entre las verjas y resquicios de la jaula una uña de +león verdadero, y saco por ella que el tal león, cuya debe de ser la tal +uña, es mayor que una montaña. + +— El miedo, a lo menos —respondió don Quijote—, te le hará parecer mayor +que la mitad del mundo. Retírate, Sancho, y déjame; y si aquí muriere, ya +sabes nuestro antiguo concierto: acudirás a Dulcinea, y no te digo más. + +A éstas añadió otras razones, con que quitó las esperanzas de que no había +de dejar de proseguir su desvariado intento. Quisiera el del Verde Gabán +oponérsele, pero viose desigual en las armas, y no le pareció cordura +tomarse con un loco, que ya se lo había parecido de todo punto don Quijote; +el cual, volviendo a dar priesa al leonero y a reiterar las amenazas, dio +ocasión al hidalgo a que picase la yegua, y Sancho al rucio, y el carretero +a sus mulas, procurando todos apartarse del carro lo más que pudiesen, +antes que los leones se desembanastasen. + +Lloraba Sancho la muerte de su señor, que aquella vez sin duda creía que +llegaba en las garras de los leones; maldecía su ventura, y llamaba +menguada la hora en que le vino al pensamiento volver a servirle; pero no +por llorar y lamentarse dejaba de aporrear al rucio para que se alejase del +carro. Viendo, pues, el leonero que ya los que iban huyendo estaban bien +desviados, tornó a requerir y a intimar a don Quijote lo que ya le había +requerido e intimado, el cual respondió que lo oía, y que no se curase de +más intimaciones y requirimientos, que todo sería de poco fruto, y que se +diese priesa. + +En el espacio que tardó el leonero en abrir la jaula primera, estuvo +considerando don Quijote si sería bien hacer la batalla antes a pie que a +caballo; y, en fin, se determinó de hacerla a pie, temiendo que Rocinante +se espantaría con la vista de los leones. Por esto saltó del caballo, +arrojó la lanza y embrazó el escudo, y, desenvainando la espada, paso ante +paso, con maravilloso denuedo y corazón valiente, se fue a poner delante +del carro, encomendándose a Dios de todo corazón, y luego a su señora +Dulcinea. + +Y es de saber que, llegando a este paso, el autor de esta verdadera +historia exclama y dice: ''¡Oh fuerte y, sobre todo encarecimiento, animoso +don Quijote de la Mancha, espejo donde se pueden mirar todos los valientes +del mundo, segundo y nuevo don Manuel de León, que fue gloria y honra de +los españoles caballeros! ¿Con qué palabras contaré esta tan espantosa +hazaña, o con qué razones la haré creíble a los siglos venideros, o qué +alabanzas habrá que no te convengan y cuadren, aunque sean hipérboles sobre +todos los hipérboles? Tú a pie, tú solo, tú intrépido, tú magnánimo, con +sola una espada, y no de las del perrillo cortadoras, con un escudo no de +muy luciente y limpio acero, estás aguardando y atendiendo los dos más +fieros leones que jamás criaron las africanas selvas. Tus mismos hechos +sean los que te alaben, valeroso manchego, que yo los dejo aquí en su punto +por faltarme palabras con que encarecerlos''. + +Aquí cesó la referida exclamación del autor, y pasó adelante, anudando el +hilo de la historia, diciendo que, visto el leonero ya puesto en postura a +don Quijote, y que no podía dejar de soltar al león macho, so pena de caer +en la desgracia del indignado y atrevido caballero, abrió de par en par la +primera jaula, donde estaba, como se ha dicho, el león, el cual pareció de +grandeza extraordinaria y de espantable y fea catadura. Lo primero que hizo +fue revolverse en la jaula, donde venía echado, y tender la garra, y +desperezarse todo; abrió luego la boca y bostezó muy despacio, y, con casi +dos palmos de lengua que sacó fuera, se despolvoreó los ojos y se lavó el +rostro; hecho esto, sacó la cabeza fuera de la jaula y miró a todas partes +con los ojos hechos brasas, vista y ademán para poner espanto a la misma +temeridad. Sólo don Quijote lo miraba atentamente, deseando que saltase ya +del carro y viniese con él a las manos, entre las cuales pensaba hacerle +pedazos. + +Hasta aquí llegó el estremo de su jamás vista locura. Pero el generoso +león, más comedido que arrogante, no haciendo caso de niñerías, ni de +bravatas, después de haber mirado a una y otra parte, como se ha dicho, +volvió las espaldas y enseñó sus traseras partes a don Quijote, y con gran +flema y remanso se volvió a echar en la jaula. Viendo lo cual don Quijote, +mandó al leonero que le diese de palos y le irritase para echarle fuera. + +— Eso no haré yo —respondió el leonero—, porque si yo le instigo, el primero +a quien hará pedazos será a mí mismo. Vuesa merced, señor caballero, se +contente con lo hecho, que es todo lo que puede decirse en género de +valentía, y no quiera tentar segunda fortuna. El león tiene abierta la +puerta: en su mano está salir, o no salir; pero, pues no ha salido hasta +ahora, no saldrá en todo el día. La grandeza del corazón de vuesa merced ya +está bien declarada: ningún bravo peleante, según a mí se me alcanza, está +obligado a más que a desafiar a su enemigo y esperarle en campaña; y si el +contrario no acude, en él se queda la infamia, y el esperante gana la +corona del vencimiento. + +— Así es verdad —respondió don Quijote—: cierra, amigo, la puerta, y dame +por testimonio, en la mejor forma que pudieres, lo que aquí me has visto +hacer; conviene a saber: cómo tú abriste al león, yo le esperé, él no +salió; volvíle a esperar, volvió a no salir y volvióse acostar. No debo +más, y encantos afuera, y Dios ayude a la razón y a la verdad, y a la +verdadera caballería; y cierra, como he dicho, en tanto que hago señas a +los huidos y ausentes, para que sepan de tu boca esta hazaña. + +Hízolo así el leonero, y don Quijote, poniendo en la punta de la lanza el +lienzo con que se había limpiado el rostro de la lluvia de los requesones, +comenzó a llamar a los que no dejaban de huir ni de volver la cabeza a cada +paso, todos en tropa y antecogidos del hidalgo; pero, alcanzando Sancho a +ver la señal del blanco paño, dijo: + +— Que me maten si mi señor no ha vencido a las fieras bestias, pues nos +llama. + +Detuviéronse todos, y conocieron que el que hacía las señas era don +Quijote; y, perdiendo alguna parte del miedo, poco a poco se vinieron +acercando hasta donde claramente oyeron las voces de don Quijote, que los +llamaba. Finalmente, volvieron al carro, y, en llegando, dijo don Quijote +al carretero: + +— Volved, hermano, a uncir vuestras mulas y a proseguir vuestro viaje; y tú, +Sancho, dale dos escudos de oro, para él y para el leonero, en recompensa +de lo que por mí se han detenido. + +— Ésos daré yo de muy buena gana —respondió Sancho—; pero, ¿qué se han hecho +los leones? ¿Son muertos, o vivos? + +Entonces el leonero, menudamente y por sus pausas, contó el fin de la +contienda, exagerando, como él mejor pudo y supo, el valor de don Quijote, +de cuya vista el león, acobardado, no quiso ni osó salir de la jaula, +puesto que había tenido un buen espacio abierta la puerta de la jaula; y +que, por haber él dicho a aquel caballero que era tentar a Dios irritar al +león para que por fuerza saliese, como él quería que se irritase, mal de su +grado y contra toda su voluntad, había permitido que la puerta se cerrase. + +— ¿Qué te parece desto, Sancho? —dijo don Quijote—. ¿Hay encantos que valgan +contra la verdadera valentía? Bien podrán los encantadores quitarme la +ventura, pero el esfuerzo y el ánimo, será imposible. + +Dio los escudos Sancho, unció el carretero, besó las manos el leonero a don +Quijote por la merced recebida, y prometióle de contar aquella valerosa +hazaña al mismo rey, cuando en la corte se viese. + +— Pues, si acaso Su Majestad preguntare quién la hizo, diréisle que el +Caballero de los Leones, que de aquí adelante quiero que en éste se +trueque, cambie, vuelva y mude el que hasta aquí he tenido del Caballero de +la Triste Figura; y en esto sigo la antigua usanza de los andantes +caballeros, que se mudaban los nombres cuando querían, o cuando les venía a +cuento. + +Siguió su camino el carro, y don Quijote, Sancho y el del Verde Gabán +prosiguieron el suyo. + +En todo este tiempo no había hablado palabra don Diego de Miranda, todo +atento a mirar y a notar los hechos y palabras de don Quijote, pareciéndole +que era un cuerdo loco y un loco que tiraba a cuerdo. No había aún llegado +a su noticia la primera parte de su historia; que si la hubiera leído, +cesara la admiración en que lo ponían sus hechos y sus palabras, pues ya +supiera el género de su locura; pero, como no la sabía, ya le tenía por +cuerdo y ya por loco, porque lo que hablaba era concertado, elegante y bien +dicho, y lo que hacía, disparatado, temerario y tonto. Y decía entre sí: + +— ¿Qué más locura puede ser que ponerse la celada llena de requesones y +darse a entender que le ablandaban los cascos los encantadores? Y ¿qué +mayor temeridad y disparate que querer pelear por fuerza con leones? + +Destas imaginaciones y deste soliloquio le sacó don Quijote, diciéndole: + +— ¿Quién duda, señor don Diego de Miranda, que vuestra merced no me tenga en +su opinión por un hombre disparatado y loco? Y no sería mucho que así +fuese, porque mis obras no pueden dar testimonio de otra cosa. Pues, con +todo esto, quiero que vuestra merced advierta que no soy tan loco ni tan +menguado como debo de haberle parecido. Bien parece un gallardo caballero, +a los ojos de su rey, en la mitad de una gran plaza, dar una lanzada con +felice suceso a un bravo toro; bien parece un caballero, armado de +resplandecientes armas, pasar la tela en alegres justas delante de las +damas, y bien parecen todos aquellos caballeros que en ejercicios +militares, o que lo parezcan, entretienen y alegran, y, si se puede decir, +honran las cortes de sus príncipes; pero sobre todos éstos parece mejor un +caballero andante, que por los desiertos, por las soledades, por las +encrucijadas, por las selvas y por los montes anda buscando peligrosas +aventuras, con intención de darles dichosa y bien afortunada cima, sólo por +alcanzar gloriosa fama y duradera. Mejor parece, digo, un caballero +andante, socorriendo a una viuda en algún despoblado, que un cortesano +caballero, requebrando a una doncella en las ciudades. Todos los caballeros +tienen sus particulares ejercicios: sirva a las damas el cortesano; +autorice la corte de su rey con libreas; sustente los caballeros pobres con +el espléndido plato de su mesa; concierte justas, mantenga torneos y +muéstrese grande, liberal y magnífico, y buen cristiano, sobre todo, y +desta manera cumplirá con sus precisas obligaciones. Pero el andante +caballero busque los rincones del mundo; éntrese en los más intricados +laberintos; acometa a cada paso lo imposible; resista en los páramos +despoblados los ardientes rayos del sol en la mitad del verano, y en el +invierno la dura inclemencia de los vientos y de los yelos; no le asombren +leones, ni le espanten vestiglos, ni atemoricen endriagos; que buscar +éstos, acometer aquéllos y vencerlos a todos son sus principales y +verdaderos ejercicios. Yo, pues, como me cupo en suerte ser uno del número +de la andante caballería, no puedo dejar de acometer todo aquello que a mí +me pareciere que cae debajo de la juridición de mis ejercicios; y así, el +acometer los leones que ahora acometí derechamente me tocaba, puesto que +conocí ser temeridad esorbitante, porque bien sé lo que es valentía, que es +una virtud que está puesta entre dos estremos viciosos, como son la +cobardía y la temeridad; pero menos mal será que el que es valiente toque y +suba al punto de temerario, que no que baje y toque en el punto de cobarde; +que así como es más fácil venir el pródigo a ser liberal que al avaro, así +es más fácil dar el temerario en verdadero valiente que no el cobarde subir +a la verdadera valentía; y, en esto de acometer aventuras, créame vuesa +merced, señor don Diego, que antes se ha de perder por carta de más que de +menos, porque mejor suena en las orejas de los que lo oyen "el tal +caballero es temerario y atrevido" que no "el tal caballero es tímido y +cobarde". + +— Digo, señor don Quijote —respondió don Diego—, que todo lo que vuesa +merced ha dicho y hecho va nivelado con el fiel de la misma razón, y que +entiendo que si las ordenanzas y leyes de la caballería andante se +perdiesen, se hallarían en el pecho de vuesa merced como en su mismo +depósito y archivo. Y démonos priesa, que se hace tarde, y lleguemos a mi +aldea y casa, donde descansará vuestra merced del pasado trabajo, que si no +ha sido del cuerpo, ha sido del espíritu, que suele tal vez redundar en +cansancio del cuerpo. + +— Tengo el ofrecimiento a gran favor y merced, señor don Diego— respondió +don Quijote. + +Y, picando más de lo que hasta entonces, serían como las dos de la tarde +cuando llegaron a la aldea y a la casa de don Diego, a quien don Quijote +llamaba el Caballero del Verde Gabán. + + + + +Capítulo XVIII. De lo que sucedió a don Quijote en el castillo o casa del +Caballero del Verde Gabán, con otras cosas extravagantes + +Halló don Quijote ser la casa de don Diego de Miranda ancha como de aldea; +las armas, empero, aunque de piedra tosca, encima de la puerta de la calle; +la bodega, en el patio; la cueva, en el portal, y muchas tinajas a la +redonda, que, por ser del Toboso, le renovaron las memorias de su encantada +y transformada Dulcinea; y sospirando, y sin mirar lo que decía, ni delante +de quién estaba, dijo: + +— ¡Oh dulces prendas, por mi mal halladas, + +dulces y alegres cuando Dios quería! + +¡Oh tobosescas tinajas, que me habéis traído a la memoria la dulce prenda +de mi mayor amargura! + +Oyóle decir esto el estudiante poeta, hijo de don Diego, que con su madre +había salido a recebirle, y madre y hijo quedaron suspensos de ver la +estraña figura de don Quijote; el cual, apeándose de Rocinante, fue con +mucha cortesía a pedirle las manos para besárselas, y don Diego dijo: + +— Recebid, señora, con vuestro sólito agrado al señor don Quijote de la +Mancha, que es el que tenéis delante, andante caballero y el más valiente y +el más discreto que tiene el mundo. + +La señora, que doña Cristina se llamaba, le recibió con muestras de mucho +amor y de mucha cortesía, y don Quijote se le ofreció con asaz de discretas +y comedidas razones. Casi los mismos comedimientos pasó con el estudiante, +que, en oyéndole hablar don Quijote, le tuvo por discreto y agudo. + +Aquí pinta el autor todas las circunstancias de la casa de don Diego, +pintándonos en ellas lo que contiene una casa de un caballero labrador y +rico; pero al traductor desta historia le pareció pasar estas y otras +semejantes menudencias en silencio, porque no venían bien con el propósito +principal de la historia, la cual más tiene su fuerza en la verdad que en +las frías digresiones. + +Entraron a don Quijote en una sala, desarmóle Sancho, quedó en valones y en +jubón de camuza, todo bisunto con la mugre de las armas: el cuello era +valona a lo estudiantil, sin almidón y sin randas; los borceguíes eran +datilados, y encerados los zapatos. Ciñóse su buena espada, que pendía de +un tahalí de lobos marinos; que es opinión que muchos años fue enfermo de +los riñones; cubrióse un herreruelo de buen paño pardo; pero antes de todo, +con cinco calderos, o seis, de agua, que en la cantidad de los calderos hay +alguna diferencia, se lavó la cabeza y rostro, y todavía se quedó el agua +de color de suero, merced a la golosina de Sancho y a la compra de sus +negros requesones, que tan blanco pusieron a su amo. Con los referidos +atavíos, y con gentil donaire y gallardía, salió don Quijote a otra sala, +donde el estudiante le estaba esperando para entretenerle en tanto que las +mesas se ponían; que, por la venida de tan noble huésped, quería la señora +doña Cristina mostrar que sabía y podía regalar a los que a su casa +llegasen. + +En tanto que don Quijote se estuvo desarmando, tuvo lugar don Lorenzo, que +así se llamaba el hijo de don Diego, de decir a su padre: + +— ¿Quién diremos, señor, que es este caballero que vuesa merced nos ha +traído a casa? Que el nombre, la figura, y el decir que es caballero +andante, a mí y a mi madre nos tiene suspensos. + +— No sé lo que te diga, hijo —respondió don Diego—; sólo te sabré decir que +le he visto hacer cosas del mayor loco del mundo, y decir razones tan +discretas que borran y deshacen sus hechos: háblale tú, y toma el pulso a +lo que sabe, y, pues eres discreto, juzga de su discreción o tontería lo +que más puesto en razón estuviere; aunque, para decir verdad, antes le +tengo por loco que por cuerdo. + +Con esto, se fue don Lorenzo a entretener a don Quijote, como queda dicho, +y, entre otras pláticas que los dos pasaron, dijo don Quijote a don +Lorenzo: + +— El señor don Diego de Miranda, padre de vuesa merced, me ha dado noticia +de la rara habilidad y sutil ingenio que vuestra merced tiene, y, sobre +todo, que es vuesa merced un gran poeta. + +— Poeta, bien podrá ser —respondió don Lorenzo—, pero grande, ni por +pensamiento. Verdad es que yo soy algún tanto aficionado a la poesía y a +leer los buenos poetas, pero no de manera que se me pueda dar el nombre de +grande que mi padre dice. + +— No me parece mal esa humildad —respondió don Quijote—, porque no hay poeta +que no sea arrogante y piense de sí que es el mayor poeta del mundo. + +— No hay regla sin excepción —respondió don Lorenzo—, y alguno habrá que lo +sea y no lo piense. + +— Pocos —respondió don Quijote—; pero dígame vuesa merced: ¿qué versos son +los que agora trae entre manos, que me ha dicho el señor su padre que le +traen algo inquieto y pensativo? Y si es alguna glosa, a mí se me entiende +algo de achaque de glosas, y holgaría saberlos; y si es que son de justa +literaria, procure vuestra merced llevar el segundo premio, que el primero +siempre se lleva el favor o la gran calidad de la persona, el segundo se le +lleva la mera justicia, y el tercero viene a ser segundo, y el primero, a +esta cuenta, será el tercero, al modo de las licencias que se dan en las +universidades; pero, con todo esto, gran personaje es el nombre de primero. + +— Hasta ahora —dijo entre sí don Lorenzo—, no os podré yo juzgar por loco; +vamos adelante. + +Y díjole: + +— Paréceme que vuesa merced ha cursado las escuelas: ¿qué ciencias ha oído? + +— La de la caballería andante —respondió don Quijote—, que es tan buena como +la de la poesía, y aun dos deditos más. + +— No sé qué ciencia sea ésa —replicó don Lorenzo—, y hasta ahora no ha +llegado a mi noticia. + +— Es una ciencia —replicó don Quijote— que encierra en sí todas o las más +ciencias del mundo, a causa que el que la profesa ha de ser jurisperito, y +saber las leyes de la justicia distributiva y comutativa, para dar a cada +uno lo que es suyo y lo que le conviene; ha de ser teólogo, para saber dar +razón de la cristiana ley que profesa, clara y distintamente, adondequiera +que le fuere pedido; ha de ser médico y principalmente herbolario, para +conocer en mitad de los despoblados y desiertos las yerbas que tienen +virtud de sanar las heridas, que no ha de andar el caballero andante a cada +triquete buscando quien se las cure; ha de ser astrólogo, para conocer por +las estrellas cuántas horas son pasadas de la noche, y en qué parte y en +qué clima del mundo se halla; ha de saber las matemáticas, porque a cada +paso se le ofrecerá tener necesidad dellas; y, dejando aparte que ha de +estar adornado de todas las virtudes teologales y cardinales, decendiendo a +otras menudencias, digo que ha de saber nadar como dicen que nadaba el peje +Nicolás o Nicolao; ha de saber herrar un caballo y aderezar la silla y el +freno; y, volviendo a lo de arriba, ha de guardar la fe a Dios y a su dama; +ha de ser casto en los pensamientos, honesto en las palabras, liberal en +las obras, valiente en los hechos, sufrido en los trabajos, caritativo con +los menesterosos, y, finalmente, mantenedor de la verdad, aunque le cueste +la vida el defenderla. De todas estas grandes y mínimas partes se compone +un buen caballero andante; porque vea vuesa merced, señor don Lorenzo, si +es ciencia mocosa lo que aprende el caballero que la estudia y la profesa, +y si se puede igualar a las más estiradas que en los ginasios y escuelas se +enseñan. + +— Si eso es así —replicó don Lorenzo—, yo digo que se aventaja esa ciencia a +todas. + +— ¿Cómo si es así? —respondió don Quijote. + +Lo que yo quiero decir —dijo don Lorenzo— es que dudo que haya habido, ni +que los hay ahora, caballeros andantes y adornados de virtudes tantas. + +— Muchas veces he dicho lo que vuelvo a decir ahora —respondió don Quijote—: +que la mayor parte de la gente del mundo está de parecer de que no ha +habido en él caballeros andantes; y, por parecerme a mí que si el cielo +milagrosamente no les da a entender la verdad de que los hubo y de que los +hay, cualquier trabajo que se tome ha de ser en vano, como muchas veces me +lo ha mostrado la experiencia, no quiero detenerme agora en sacar a vuesa +merced del error que con los muchos tiene; lo que pienso hacer es el rogar +al cielo le saque dél, y le dé a entender cuán provechosos y cuán +necesarios fueron al mundo los caballeros andantes en los pasados siglos, y +cuán útiles fueran en el presente si se usaran; pero triunfan ahora, por +pecados de las gentes, la pereza, la ociosidad, la gula y el regalo. + +— Escapado se nos ha nuestro huésped —dijo a esta sazón entre sí don +Lorenzo—, pero, con todo eso, él es loco bizarro, y yo sería mentecato +flojo si así no lo creyese. + +Aquí dieron fin a su plática, porque los llamaron a comer. Preguntó don +Diego a su hijo qué había sacado en limpio del ingenio del huésped. A lo +que él respondió: + +— No le sacarán del borrador de su locura cuantos médicos y buenos +escribanos tiene el mundo: él es un entreverado loco, lleno de lúcidos +intervalos. + +Fuéronse a comer, y la comida fue tal como don Diego había dicho en el +camino que la solía dar a sus convidados: limpia, abundante y sabrosa; pero +de lo que más se contentó don Quijote fue del maravilloso silencio que en +toda la casa había, que semejaba un monasterio de cartujos. Levantados, +pues, los manteles, y dadas gracias a Dios y agua a las manos, don +Quijote pidió ahincadamente a don Lorenzo dijese los versos de la justa +literaria; a lo que él respondió que, por no parecer de aquellos poetas que +cuando les ruegan digan sus versos los niegan y cuando no se los piden los +vomitan,... + +— ...yo diré mi glosa, de la cual no espero premio alguno, que sólo por +ejercitar el ingenio la he hecho. + +— Un amigo y discreto —respondió don Quijote— era de parecer que no se había +de cansar nadie en glosar versos; y la razón, decía él, era que jamás la +glosa podía llegar al texto, y que muchas o las más veces iba la glosa +fuera de la intención y propósito de lo que pedía lo que se glosaba; y más, +que las leyes de la glosa eran demasiadamente estrechas: que no sufrían +interrogantes, ni dijo, ni diré, ni hacer nombres de verbos, ni mudar el +sentido, con otras ataduras y estrechezas con que van atados los que +glosan, como vuestra merced debe de saber. + +— Verdaderamente, señor don Quijote —dijo don Lorenzo—, que deseo coger a +vuestra merced en un mal latín continuado, y no puedo, porque se me desliza +de entre las manos como anguila. + +— No entiendo —respondió don Quijote— lo que vuestra merced dice ni quiere +decir en eso del deslizarme. + +— Yo me daré a entender —respondió don Lorenzo—; y por ahora esté vuesa +merced atento a los versos glosados y a la glosa, que dicen desta manera: + +¡Si mi fue tornase a es, +sin esperar más será, +o viniese el tiempo ya +de lo que será después...! + +Glosa + +Al fin, como todo pasa, +se pasó el bien que me dio +Fortuna, un tiempo no escasa, +y nunca me le volvió, +ni abundante, ni por tasa. +Siglos ha ya que me vees, +Fortuna, puesto a tus pies; +vuélveme a ser venturoso, +que será mi ser dichoso +si mi fue tornase a es. +No quiero otro gusto o gloria, +otra palma o vencimiento, +otro triunfo, otra vitoria, +sino volver al contento +que es pesar en mi memoria. +Si tú me vuelves allá, +Fortuna, templado está +todo el rigor de mi fuego, +y más si este bien es luego, +sin esperar más será. +Cosas imposibles pido, +pues volver el tiempo a ser +después que una vez ha sido, +no hay en la tierra poder +que a tanto se haya estendido. +Corre el tiempo, vuela y va +ligero, y no volverá, +y erraría el que pidiese, +o que el tiempo ya se fuese, +o volviese el tiempo ya. +Vivo en perpleja vida, +ya esperando, ya temiendo: +es muerte muy conocida, +y es mucho mejor muriendo +buscar al dolor salida. +A mí me fuera interés +acabar, mas no lo es, +pues, con discurso mejor, +me da la vida el temor +de lo que será después. + +En acabando de decir su glosa don Lorenzo, se levantó en pie don Quijote, +y, en voz levantada, que parecía grito, asiendo con su mano la derecha de +don Lorenzo, dijo: + +— ¡Viven los cielos donde más altos están, mancebo generoso, que sois el +mejor poeta del orbe, y que merecéis estar laureado, no por Chipre ni por +Gaeta, como dijo un poeta, que Dios perdone, sino por las academias de +Atenas, si hoy vivieran, y por las que hoy viven de París, Bolonia y +Salamanca! Plega al cielo que los jueces que os quitaren el premio primero, +Febo los asaetee y las Musas jamás atraviesen los umbrales de sus casas. +Decidme, señor, si sois servido, algunos versos mayores, que quiero tomar +de todo en todo el pulso a vuestro admirable ingenio. + +¿No es bueno que dicen que se holgó don Lorenzo de verse alabar de don +Quijote, aunque le tenía por loco? ¡Oh fuerza de la adulación, a cuánto te +estiendes, y cuán dilatados límites son los de tu juridición agradable! +Esta verdad acreditó don Lorenzo, pues concedió con la demanda y deseo de +don Quijote, diciéndole este soneto a la fábula o historia de Píramo y +Tisbe: + +Soneto + +El muro rompe la doncella hermosa +que de Píramo abrió el gallardo pecho: +parte el Amor de Chipre, y va derecho +a ver la quiebra estrecha y prodigiosa. +Habla el silencio allí, porque no osa +la voz entrar por tan estrecho estrecho; +las almas sí, que amor suele de hecho +facilitar la más difícil cosa. +Salió el deseo de compás, y el paso +de la imprudente virgen solicita +por su gusto su muerte; ved qué historia: +que a entrambos en un punto, ¡oh estraño caso!, +los mata, los encubre y resucita +una espada, un sepulcro, una memoria. + +— ¡Bendito sea Dios! —dijo don Quijote habiendo oído el soneto a don +Lorenzo—, que entre los infinitos poetas consumidos que hay, he visto un +consumado poeta, como lo es vuesa merced, señor mío; que así me lo da a +entender el artificio deste soneto. + +Cuatro días estuvo don Quijote regaladísimo en la casa de don Diego, al +cabo de los cuales le pidió licencia para irse, diciéndole que le agradecía +la merced y buen tratamiento que en su casa había recebido; pero que, por +no parecer bien que los caballeros andantes se den muchas horas a ocio y al +regalo, se quería ir a cumplir con su oficio, buscando las aventuras, de +quien tenía noticia que aquella tierra abundaba, donde esperaba entretener +el tiempo hasta que llegase el día de las justas de Zaragoza, que era el de +su derecha derrota; y que primero había de entrar en la cueva de +Montesinos, de quien tantas y tan admirables cosas en aquellos contornos se +contaban, sabiendo e inquiriendo asimismo el nacimiento y verdaderos +manantiales de las siete lagunas llamadas comúnmente de Ruidera. + +Don Diego y su hijo le alabaron su honrosa determinación, y le dijeron que +tomase de su casa y de su hacienda todo lo que en grado le viniese, que le +servirían con la voluntad posible; que a ello les obligaba el valor de su +persona y la honrosa profesión suya. + +Llegóse, en fin, el día de su partida, tan alegre para don Quijote como +triste y aciago para Sancho Panza, que se hallaba muy bien con la +abundancia de la casa de don Diego, y rehusaba de volver a la hambre que se +usa en las florestas, despoblados, y a la estrecheza de sus mal proveídas +alforjas. Con todo esto, las llenó y colmó de lo más necesario que le +pareció; y al despedirse dijo don Quijote a don Lorenzo: + +— No sé si he dicho a vuesa merced otra vez, y si lo he dicho lo vuelvo a +decir, que cuando vuesa merced quisiere ahorrar caminos y trabajos para +llegar a la inacesible cumbre del templo de la Fama, no tiene que hacer +otra cosa sino dejar a una parte la senda de la poesía, algo estrecha, y +tomar la estrechísima de la andante caballería, bastante para hacerle +emperador en daca las pajas. + +Con estas razones acabó don Quijote de cerrar el proceso de su locura, y +más con las que añadió, diciendo: + +— Sabe Dios si quisiera llevar conmigo al señor don Lorenzo, para enseñarle +cómo se han de perdonar los sujetos, y supeditar y acocear los soberbios, +virtudes anejas a la profesión que yo profeso; pero, pues no lo pide su +poca edad, ni lo querrán consentir sus loables ejercicios, sólo me contento +con advertirle a vuesa merced que, siendo poeta, podrá ser famoso si se +guía más por el parecer ajeno que por el propio, porque no hay padre ni +madre a quien sus hijos le parezcan feos, y en los que lo son del +entendimiento corre más este engaño. + +De nuevo se admiraron padre y hijo de las entremetidas razones de don +Quijote, ya discretas y ya disparatadas, y del tema y tesón que llevaba de +acudir de todo en todo a la busca de sus desventuradas aventuras, que las +tenía por fin y blanco de sus deseos. Reiteráronse los ofrecimientos y +comedimientos, y, con la buena licencia de la señora del castillo, don +Quijote y Sancho, sobre Rocinante y el rucio, se partieron. + + + + +Capítulo XIX. Donde se cuenta la aventura del pastor enamorado, con otros +en verdad graciosos sucesos + +Poco trecho se había alongado don Quijote del lugar de don Diego, cuando +encontró con dos como clérigos o como estudiantes y con dos labradores que +sobre cuatro bestias asnales venían caballeros. El uno de los estudiantes +traía, como en portamanteo, en un lienzo de bocací verde envuelto, al +parecer, un poco de grana blanca y dos pares de medias de cordellate; el +otro no traía otra cosa que dos espadas negras de esgrima, nuevas, y con +sus zapatillas. Los labradores traían otras cosas, que daban indicio y +señal que venían de alguna villa grande, donde las habían comprado, y las +llevaban a su aldea; y así estudiantes como labradores cayeron en la misma +admiración en que caían todos aquellos que la vez primera veían a don +Quijote, y morían por saber qué hombre fuese aquél tan fuera del uso de los +otros hombres. + +Saludóles don Quijote, y, después de saber el camino que llevaban, que era +el mesmo que él hacía, les ofreció su compañía, y les pidió detuviesen el +paso, porque caminaban más sus pollinas que su caballo; y, para obligarlos, +en breves razones les dijo quién era, y su oficio y profesión, que era de +caballero andante que iba a buscar las aventuras por todas las partes del +mundo. Díjoles que se llamaba de nombre propio don Quijote de la Mancha, y +por el apelativo, el Caballero de los Leones. Todo esto para los labradores +era hablarles en griego o en jerigonza, pero no para los estudiantes, que +luego entendieron la flaqueza del celebro de don Quijote; pero, con todo +eso, le miraban con admiración y con respecto, y uno dellos le dijo: + +— Si vuestra merced, señor caballero, no lleva camino determinado, como no +le suelen llevar los que buscan las aventuras, vuesa merced se venga con +nosotros: verá una de las mejores bodas y más ricas que hasta el día de hoy +se habrán celebrado en la Mancha, ni en otras muchas leguas a la redonda. + +Preguntóle don Quijote si eran de algún príncipe, que así las ponderaba. + +— No son —respondió el estudiante— sino de un labrador y una labradora: él, +el más rico de toda esta tierra; y ella, la más hermosa que han visto los +hombres. El aparato con que se han de hacer es estraordinario y nuevo, +porque se han de celebrar en un prado que está junto al pueblo de la novia, +a quien por excelencia llaman Quiteria la hermosa, y el desposado se llama +Camacho el rico; ella de edad de diez y ocho años, y él de veinte y dos; +ambos para en uno, aunque algunos curiosos que tienen de memoria los +linajes de todo el mundo quieren decir que el de la hermosa Quiteria se +aventaja al de Camacho; pero ya no se mira en esto, que las riquezas son +poderosas de soldar muchas quiebras. En efecto, el tal Camacho es liberal y +hásele antojado de enramar y cubrir todo el prado por arriba, de tal suerte +que el sol se ha de ver en trabajo si quiere entrar a visitar las yerbas +verdes de que está cubierto el suelo. Tiene asimesmo maheridas danzas, así +de espadas como de cascabel menudo, que hay en su pueblo quien los repique +y sacuda por estremo; de zapateadores no digo nada, que es un juicio los +que tiene muñidos; pero ninguna de las cosas referidas ni otras muchas que +he dejado de referir ha de hacer más memorables estas bodas, sino las que +imagino que hará en ellas el despechado Basilio. Es este Basilio un zagal +vecino del mesmo lugar de Quiteria, el cual tenía su casa pared y medio de +la de los padres de Quiteria, de donde tomó ocasión el amor de renovar al +mundo los ya olvidados amores de Píramo y Tisbe, porque Basilio se enamoró +de Quiteria desde sus tiernos y primeros años, y ella fue correspondiendo a +su deseo con mil honestos favores, tanto, que se contaban por +entretenimiento en el pueblo los amores de los dos niños Basilio y +Quiteria. Fue creciendo la edad, y acordó el padre de Quiteria de estorbar +a Basilio la ordinaria entrada que en su casa tenía; y, por quitarse de +andar receloso y lleno de sospechas, ordenó de casar a su hija con el rico +Camacho, no pareciéndole ser bien casarla con Basilio, que no tenía tantos +bienes de fortuna como de naturaleza; pues si va a decir las verdades sin +invidia, él es el más ágil mancebo que conocemos: gran tirador de barra, +luchador estremado y gran jugador de pelota; corre como un gamo, salta más +que una cabra y birla a los bolos como por encantamento; canta como una +calandria, y toca una guitarra, que la hace hablar, y, sobre todo, juega +una espada como el más pintado. + +— Por esa sola gracia —dijo a esta sazón don Quijote—, merecía ese mancebo +no sólo casarse con la hermosa Quiteria, sino con la mesma reina Ginebra, +si fuera hoy viva, a pesar de Lanzarote y de todos aquellos que estorbarlo +quisieran. + +— ¡A mi mujer con eso! —dijo Sancho Panza, que hasta entonces había ido +callando y escuchando—, la cual no quiere sino que cada uno case con su +igual, ateniéndose al refrán que dicen "cada oveja con su pareja". Lo que +yo quisiera es que ese buen Basilio, que ya me le voy aficionando, se +casara con esa señora Quiteria; que buen siglo hayan y buen poso, iba a +decir al revés, los que estorban que se casen los que bien se quieren. + +— Si todos los que bien se quieren se hubiesen de casar —dijo don Quijote—, +quitaríase la eleción y juridición a los padres de casar sus hijos con +quien y cuando deben; y si a la voluntad de las hijas quedase escoger los +maridos, tal habría que escogiese al criado de su padre, y tal al que vio +pasar por la calle, a su parecer, bizarro y entonado, aunque fuese un +desbaratado espadachín; que el amor y la afición con facilidad ciegan los +ojos del entendimiento, tan necesarios para escoger estado, y el del +matrimonio está muy a peligro de errarse, y es menester gran tiento y +particular favor del cielo para acertarle. Quiere hacer uno un viaje largo, +y si es prudente, antes de ponerse en camino busca alguna compañía segura y +apacible con quien acompañarse; pues, ¿por qué no hará lo mesmo el que ha +de caminar toda la vida, hasta el paradero de la muerte, y más si la +compañía le ha de acompañar en la cama, en la mesa y en todas partes, como +es la de la mujer con su marido? La de la propia mujer no es mercaduría que +una vez comprada se vuelve, o se trueca o cambia, porque es accidente +inseparable, que dura lo que dura la vida: es un lazo que si una vez le +echáis al cuello, se vuelve en el nudo gordiano, que si no le corta la +guadaña de la muerte, no hay desatarle. Muchas más cosas pudiera decir en +esta materia, si no lo estorbara el deseo que tengo de saber si le queda +más que decir al señor licenciado acerca de la historia de Basilio. + +A lo que respondió el estudiante bachiller, o licenciado, como le llamó don +Quijote, que: + +— De todo no me queda más que decir sino que desde el punto que Basilio supo +que la hermosa Quiteria se casaba con Camacho el rico, nunca más le han +visto reír ni hablar razón concertada, y siempre anda pensativo y triste, +hablando entre sí mismo, con que da ciertas y claras señales de que se le +ha vuelto el juicio: come poco y duerme poco, y lo que come son frutas, y +en lo que duerme, si duerme, es en el campo, sobre la dura tierra, como +animal bruto; mira de cuando en cuando al cielo, y otras veces clava los +ojos en la tierra, con tal embelesamiento, que no parece sino estatua +vestida que el aire le mueve la ropa. En fin, él da tales muestras de tener +apasionado el corazón, que tememos todos los que le conocemos que el dar el +sí mañana la hermosa Quiteria ha de ser la sentencia de su muerte. + +— Dios lo hará mejor —dijo Sancho—; que Dios, que da la llaga, da la +medicina; nadie sabe lo que está por venir: de aquí a mañana muchas horas +hay, y en una, y aun en un momento, se cae la casa; yo he visto llover y +hacer sol, todo a un mesmo punto; tal se acuesta sano la noche, que no se +puede mover otro día. Y díganme, ¿por ventura habrá quien se alabe que +tiene echado un clavo a la rodaja de la Fortuna? No, por cierto; y entre el +sí y el no de la mujer no me atrevería yo a poner una punta de alfiler, +porque no cabría. Denme a mí que Quiteria quiera de buen corazón y de buena +voluntad a Basilio, que yo le daré a él un saco de buena ventura: que el +amor, según yo he oído decir, mira con unos antojos que hacen parecer oro +al cobre, a la pobreza riqueza, y a las lagañas perlas. + +— ¿Adónde vas a parar, Sancho, que seas maldito? —dijo don Quijote—; que +cuando comienzas a ensartar refranes y cuentos, no te puede esperar sino el +mesmo Judas, que te lleve. Dime, animal, ¿qué sabes tú de clavos, ni de +rodajas, ni de otra cosa ninguna? + +— ¡Oh! Pues si no me entienden —respondió Sancho—, no es maravilla que mis +sentencias sean tenidas por disparates. Pero no importa: yo me entiendo, y +sé que no he dicho muchas necedades en lo que he dicho; sino que vuesa +merced, señor mío, siempre es friscal de mis dichos, y aun de mis hechos. + +— Fiscal has de decir —dijo don Quijote—, que no friscal, prevaricador del +buen lenguaje, que Dios te confunda. + +— No se apunte vuestra merced conmigo —respondió Sancho—, pues sabe que no +me he criado en la Corte, ni he estudiado en Salamanca, para saber si añado +o quito alguna letra a mis vocablos. Sí, que, ¡válgame Dios!, no hay para +qué obligar al sayagués a que hable como el toledano, y toledanos puede +haber que no las corten en el aire en esto del hablar polido. + +— Así es —dijo el licenciado—, porque no pueden hablar tan bien los que se +crían en las Tenerías y en Zocodover como los que se pasean casi todo el +día por el claustro de la Iglesia Mayor, y todos son toledanos. El lenguaje +puro, el propio, el elegante y claro, está en los discretos cortesanos, +aunque hayan nacido en Majalahonda: dije discretos porque hay muchos que no +lo son, y la discreción es la gramática del buen lenguaje, que se acompaña +con el uso. Yo, señores, por mis pecados, he estudiado Cánones en +Salamanca, y pícome algún tanto de decir mi razón con palabras claras, +llanas y significantes. + +— Si no os picáredes más de saber más menear las negras que lleváis que la +lengua —dijo el otro estudiante—, vos llevárades el primero en licencias, +como llevastes cola. + +— Mirad, bachiller —respondió el licenciado—: vos estáis en la más errada +opinión del mundo acerca de la destreza de la espada, teniéndola por vana. + +— Para mí no es opinión, sino verdad asentada —replicó Corchuelo—; y si +queréis que os lo muestre con la experiencia, espadas traéis, comodidad +hay, yo pulsos y fuerzas tengo, que acompañadas de mi ánimo, que no es +poco, os harán confesar que yo no me engaño. Apeaos, y usad de vuestro +compás de pies, de vuestros círculos y vuestros ángulos y ciencia; que yo +espero de haceros ver estrellas a mediodía con mi destreza moderna y zafia, +en quien espero, después de Dios, que está por nacer hombre que me haga +volver las espaldas, y que no le hay en el mundo a quien yo no le haga +perder tierra. + +— En eso de volver, o no, las espaldas no me meto —replico el diestro—; +aunque podría ser que en la parte donde la vez primera clavásedes el pie, +allí os abriesen la sepultura: quiero decir que allí quedásedes muerto por +la despreciada destreza. + +— Ahora se verá —respondió Corchuelo. + +Y, apeándose con gran presteza de su jumento, tiró con furia de una de las +espadas que llevaba el licenciado en el suyo. + +— No ha de ser así —dijo a este instante don Quijote—, que yo quiero ser el +maestro desta esgrima, y el juez desta muchas veces no averiguada cuestión. + +Y, apeándose de Rocinante y asiendo de su lanza, se puso en la mitad del +camino, a tiempo que ya el licenciado, con gentil donaire de cuerpo y +compás de pies, se iba contra Corchuelo, que contra él se vino, lanzando, +como decirse suele, fuego por los ojos. Los otros dos labradores del +acompañamiento, sin apearse de sus pollinas, sirvieron de aspetatores en la +mortal tragedia. Las cuchilladas, estocadas, altibajos, reveses y mandobles +que tiraba Corchuelo eran sin número, más espesas que hígado y más menudas +que granizo. Arremetía como un león irritado, pero salíale al encuentro un +tapaboca de la zapatilla de la espada del licenciado, que en mitad de su +furia le detenía, y se la hacía besar como si fuera reliquia, aunque no con +tanta devoción como las reliquias deben y suelen besarse. + +Finalmente, el licenciado le contó a estocadas todos los botones de una +media sotanilla que traía vestida, haciéndole tiras los faldamentos, como +colas de pulpo; derribóle el sombrero dos veces, y cansóle de manera que de +despecho, cólera y rabia asió la espada por la empuñadura, y arrojóla por +el aire con tanta fuerza, que uno de los labradores asistentes, que era +escribano, que fue por ella, dio después por testimonio que la alongó de sí +casi tres cuartos de legua; el cual testimonio sirve y ha servido para que +se conozca y vea con toda verdad cómo la fuerza es vencida del arte. + +Sentóse cansado Corchuelo, y llegándose a él Sancho, le dijo: + +— Mía fe, señor bachiller, si vuesa merced toma mi consejo, de aquí adelante +no ha de desafiar a nadie a esgrimir, sino a luchar o a tirar la barra, +pues tiene edad y fuerzas para ello; que destos a quien llaman diestros he +oído decir que meten una punta de una espada por el ojo de una aguja. + +— Yo me contento —respondió Corchuelo— de haber caído de mi burra, y de que +me haya mostrado la experiencia la verdad, de quien tan lejos estaba. + +Y, levantándose, abrazó al licenciado, y quedaron más amigos que de antes, +y no queriendo esperar al escribano, que había ido por la espada, por +parecerle que tardaría mucho; y así, determinaron seguir, por llegar +temprano a la aldea de Quiteria, de donde todos eran. + +En lo que faltaba del camino, les fue contando el licenciado las +excelencias de la espada, con tantas razones demostrativas y con tantas +figuras y demostraciones matemáticas, que todos quedaron enterados de la +bondad de la ciencia, y Corchuelo reducido de su pertinacia. + +Era anochecido, pero antes que llegasen les pareció a todos que estaba +delante del pueblo un cielo lleno de inumerables y resplandecientes +estrellas. Oyeron, asimismo, confusos y suaves sonidos de diversos +instrumentos, como de flautas, tamborinos, salterios, albogues, panderos y +sonajas; y cuando llegaron cerca vieron que los árboles de una enramada, +que a mano habían puesto a la entrada del pueblo, estaban todos llenos de +luminarias, a quien no ofendía el viento, que entonces no soplaba sino tan +manso que no tenía fuerza para mover las hojas de los árboles. Los músicos +eran los regocijadores de la boda, que en diversas cuadrillas por aquel +agradable sitio andaban, unos bailando, y otros cantando, y otros tocando +la diversidad de los referidos instrumentos. En efecto, no parecía sino que +por todo aquel prado andaba corriendo la alegría y saltando el contento. + +Otros muchos andaban ocupados en levantar andamios, de donde con comodidad +pudiesen ver otro día las representaciones y danzas que se habían de hacer +en aquel lugar dedicado para solenizar las bodas del rico Camacho y las +exequias de Basilio. No quiso entrar en el lugar don Quijote, aunque se lo +pidieron así el labrador como el bachiller; pero él dio por disculpa, +bastantísima a su parecer, ser costumbre de los caballeros andantes dormir +por los campos y florestas antes que en los poblados, aunque fuese debajo +de dorados techos; y con esto, se desvió un poco del camino, bien contra la +voluntad de Sancho, viniéndosele a la memoria el buen alojamiento que había +tenido en el castillo o casa de don Diego. + + + + +Capítulo XX. Donde se cuentan las bodas de Camacho el rico, con el suceso +de Basilio el pobre + +Apenas la blanca aurora había dado lugar a que el luciente Febo, con el +ardor de sus calientes rayos, las líquidas perlas de sus cabellos de oro +enjugase, cuando don Quijote, sacudiendo la pereza de sus miembros, se puso +en pie y llamó a su escudero Sancho, que aún todavía roncaba; lo cual visto +por don Quijote, antes que le despertase, le dijo: + +— ¡Oh tú, bienaventurado sobre cuantos viven sobre la haz de la tierra, pues +sin tener invidia ni ser invidiado, duermes con sosegado espíritu, ni te +persiguen encantadores, ni sobresaltan encantamentos! Duerme, digo otra +vez, y lo diré otras ciento, sin que te tengan en contina vigilia celos de +tu dama, ni te desvelen pensamientos de pagar deudas que debas, ni de lo +que has de hacer para comer otro día tú y tu pequeña y angustiada familia. +Ni la ambición te inquieta, ni la pompa vana del mundo te fatiga, pues los +límites de tus deseos no se estienden a más que a pensar tu jumento; que el +de tu persona sobre mis hombros le tienes puesto: contrapeso y carga que +puso la naturaleza y la costumbre a los señores. Duerme el criado, y está +velando el señor, pensando cómo le ha de sustentar, mejorar y hacer +mercedes. La congoja de ver que el cielo se hace de bronce sin acudir a la +tierra con el conveniente rocío no aflige al criado, sino al señor, que ha +de sustentar en la esterilidad y hambre al que le sirvió en la fertilidad y +abundancia. + +A todo esto no respondió Sancho, porque dormía, ni despertara tan presto si +don Quijote con el cuento de la lanza no le hiciere volver en sí. Despertó, +en fin, soñoliento y perezoso, y, volviendo el rostro a todas partes, dijo: + +— De la parte desta enramada, si no me engaño, sale un tufo y olor harto más +de torreznos asados que de juncos y tomillos: bodas que por tales olores +comienzan, para mi santiguada que deben de ser abundantes y generosas. + +— Acaba, glotón —dijo don Quijote—; ven, iremos a ver estos desposorios, por +ver lo que hace el desdeñado Basilio. + +— Mas que haga lo que quisiere —respondió Sancho—: no fuera él pobre y +casárase con Quiteria. ¿No hay más sino tener un cuarto y querer alzarse +por las nubes? A la fe, señor, yo soy de parecer que el pobre debe de +contentarse con lo que hallare, y no pedir cotufas en el golfo. Yo apostaré +un brazo que puede Camacho envolver en reales a Basilio; y si esto es así, +como debe de ser, bien boba fuera Quiteria en desechar las galas y las +joyas que le debe de haber dado, y le puede dar Camacho, por escoger el +tirar de la barra y el jugar de la negra de Basilio. Sobre un buen tiro de +barra o sobre una gentil treta de espada no dan un cuartillo de vino en la +taberna. Habilidades y gracias que no son vendibles, mas que las tenga el +conde Dirlos; pero, cuando las tales gracias caen sobre quien tiene buen +dinero, tal sea mi vida como ellas parecen. Sobre un buen cimiento se puede +levantar un buen edificio, y el mejor cimiento y zanja del mundo es el +dinero. + +— Por quien Dios es, Sancho —dijo a esta sazón don Quijote—, que concluyas +con tu arenga; que tengo para mí que si te dejasen seguir en las que a cada +paso comienzas, no te quedaría tiempo para comer ni para dormir, que todo +le gastarías en hablar. + +— Si vuestra merced tuviera buena memoria —replicó Sancho—, debiérase +acordar de los capítulos de nuestro concierto antes que esta última vez +saliésemos de casa: uno dellos fue que me había de dejar hablar todo +aquello que quisiese, con que no fuese contra el prójimo ni contra la +autoridad de vuesa merced; y hasta agora me parece que no he contravenido +contra el tal capítulo. + +— Yo no me acuerdo, Sancho —respondió don Quijote—, del tal capítulo; y, +puesto que sea así, quiero que calles y vengas, que ya los instrumentos que +anoche oímos vuelven a alegrar los valles, y sin duda los desposorios se +celebrarán en el frescor de la mañana, y no en el calor de la tarde. + +Hizo Sancho lo que su señor le mandaba, y, poniendo la silla a Rocinante y +la albarda al rucio, subieron los dos, y paso ante paso se fueron entrando +por la enramada. + +Lo primero que se le ofreció a la vista de Sancho fue, espetado en un +asador de un olmo entero, un entero novillo; y en el fuego donde se había +de asar ardía un mediano monte de leña, y seis ollas que alrededor de la +hoguera estaban no se habían hecho en la común turquesa de las demás ollas, +porque eran seis medias tinajas, que cada una cabía un rastro de carne: así +embebían y encerraban en sí carneros enteros, sin echarse de ver, como si +fueran palominos; las liebres ya sin pellejo y las gallinas sin pluma que +estaban colgadas por los árboles para sepultarlas en las ollas no tenían +número; los pájaros y caza de diversos géneros eran infinitos, colgados de +los árboles para que el aire los enfriase. + +Contó Sancho más de sesenta zaques de más de a dos arrobas cada uno, y +todos llenos, según después pareció, de generosos vinos; así había rimeros +de pan blanquísimo, como los suele haber de montones de trigo en las eras; +los quesos, puestos como ladrillos enrejados, formaban una muralla, y dos +calderas de aceite, mayores que las de un tinte, servían de freír cosas de +masa, que con dos valientes palas las sacaban fritas y las zabullían en +otra caldera de preparada miel que allí junto estaba. + +Los cocineros y cocineras pasaban de cincuenta: todos limpios, todos +diligentes y todos contentos. En el dilatado vientre del novillo estaban +doce tiernos y pequeños lechones, que, cosidos por encima, servían de darle +sabor y enternecerle. Las especias de diversas suertes no parecía haberlas +comprado por libras, sino por arrobas, y todas estaban de manifiesto en una +grande arca. Finalmente, el aparato de la boda era rústico, pero tan +abundante que podía sustentar a un ejército. + +Todo lo miraba Sancho Panza, y todo lo contemplaba, y de todo se +aficionaba: primero le cautivaron y rindieron el deseo las ollas, de quién +él tomara de bonísima gana un mediano puchero; luego le aficionaron la +voluntad los zaques; y, últimamente, las frutas de sartén, si es que se +podían llamar sartenes las tan orondas calderas; y así, sin poderlo sufrir +ni ser en su mano hacer otra cosa, se llegó a uno de los solícitos +cocineros, y, con corteses y hambrientas razones, le rogó le dejase mojar +un mendrugo de pan en una de aquellas ollas. A lo que el cocinero +respondió: + +— Hermano, este día no es de aquellos sobre quien tiene juridición la +hambre, merced al rico Camacho. Apeaos y mirad si hay por ahí un cucharón, +y espumad una gallina o dos, y buen provecho os hagan. + +— No veo ninguno —respondió Sancho. + +— Esperad —dijo el cocinero—. ¡Pecador de mí, y qué melindroso y para poco +debéis de ser! + +Y, diciendo esto, asió de un caldero, y, encajándole en una de las medias +tinajas, sacó en él tres gallinas y dos gansos, y dijo a Sancho: + +— Comed, amigo, y desayunaos con esta espuma, en tanto que se llega la hora +del yantar. + +— No tengo en qué echarla —respondió Sancho. + +— Pues llevaos —dijo el cocinero— la cuchara y todo, que la riqueza y el +contento de Camacho todo lo suple. + +En tanto, pues, que esto pasaba Sancho, estaba don Quijote mirando cómo, +por una parte de la enramada, entraban hasta doce labradores sobre doce +hermosísimas yeguas, con ricos y vistosos jaeces de campo y con muchos +cascabeles en los petrales, y todos vestidos de regocijo y fiestas; los +cuales, en concertado tropel, corrieron no una, sino muchas carreras por el +prado, con regocijada algazara y grita, diciendo: + +— ¡Vivan Camacho y Quiteria: él tan rico como ella hermosa, y ella la más +hermosa del mundo! + +Oyendo lo cual don Quijote, dijo entre sí: + +— Bien parece que éstos no han visto a mi Dulcinea del Toboso, que si la +hubieran visto, ellos se fueran a la mano en las alabanzas desta su +Quiteria. + +De allí a poco comenzaron a entrar por diversas partes de la enramada +muchas y diferentes danzas, entre las cuales venía una de espadas, de hasta +veinte y cuatro zagales de gallardo parecer y brío, todos vestidos de +delgado y blanquísimo lienzo, con sus paños de tocar, labrados de varias +colores de fina seda; y al que los guiaba, que era un ligero mancebo, +preguntó uno de los de las yeguas si se había herido alguno de los +danzantes. + +— Por ahora, bendito sea Dios, no se ha herido nadie: todos vamos sanos. + +Y luego comenzó a enredarse con los demás compañeros, con tantas vueltas y +con tanta destreza que, aunque don Quijote estaba hecho a ver semejantes +danzas, ninguna le había parecido tan bien como aquélla. + +También le pareció bien otra que entró de doncellas hermosísimas, tan mozas +que, al parecer, ninguna bajaba de catorce ni llegaba a diez y ocho años, +vestidas todas de palmilla verde, los cabellos parte tranzados y parte +sueltos, pero todos tan rubios, que con los del sol podían tener +competencia, sobre los cuales traían guirnaldas de jazmines, rosas, +amaranto y madreselva compuestas. Guiábalas un venerable viejo y una +anciana matrona, pero más ligeros y sueltos que sus años prometían. +Hacíales el son una gaita zamorana, y ellas, llevando en los rostros y en +los ojos a la honestidad y en los pies a la ligereza, se mostraban las +mejores bailadoras del mundo. + +Tras ésta entró otra danza de artificio y de las que llaman habladas. Era +de ocho ninfas, repartidas en dos hileras: de la una hilera era guía el +dios Cupido, y de la otra, el Interés; aquél, adornado de alas, arco, +aljaba y saetas; éste, vestido de ricas y diversas colores de oro y seda. +Las ninfas que al Amor seguían traían a las espaldas, en pargamino blanco y +letras grandes, escritos sus nombres: poesía era el título de la primera, +el de la segunda discreción, el de la tercera buen linaje, el de la cuarta +valentía; del modo mesmo venían señaladas las que al Interés seguían: decía +liberalidad el título de la primera, dádiva el de la segunda, tesoro el de +la tercera y el de la cuarta posesión pacífica. Delante de todos venía un +castillo de madera, a quien tiraban cuatro salvajes, todos vestidos de +yedra y de cáñamo teñido de verde, tan al natural, que por poco espantaran +a Sancho. En la frontera del castillo y en todas cuatro partes de sus +cuadros traía escrito: castillo del buen recato. Hacíanles el son cuatro +diestros tañedores de tamboril y flauta. + +Comenzaba la danza Cupido, y, habiendo hecho dos mudanzas, alzaba los ojos +y flechaba el arco contra una doncella que se ponía entre las almenas del +castillo, a la cual desta suerte dijo: + +-Yo soy el dios poderoso +en el aire y en la tierra +y en el ancho mar undoso, +y en cuanto el abismo encierra +en su báratro espantoso. +Nunca conocí qué es miedo; +todo cuanto quiero puedo, +aunque quiera lo imposible, +y en todo lo que es posible +mando, quito, pongo y vedo. + +Acabó la copla, disparó una flecha por lo alto del castillo y retiróse a +su puesto. Salió luego el Interés, y hizo otras dos mudanzas; callaron los +tamborinos, y él dijo: + +-Soy quien puede más que Amor, +y es Amor el que me guía; +soy de la estirpe mejor +que el cielo en la tierra cría, +más conocida y mayor. +Soy el Interés, en quien +pocos suelen obrar bien, +y obrar sin mí es gran milagro; +y cual soy te me consagro, +por siempre jamás, amén. + +Retiróse el Interés, y hízose adelante la Poesía; la cual, después de haber +hecho sus mudanzas como los demás, puestos los ojos en la doncella del +castillo, dijo: + +-En dulcísimos conceptos, +la dulcísima Poesía, +altos, graves y discretos, +señora, el alma te envía +envuelta entre mil sonetos. +Si acaso no te importuna +mi porfía, tu fortuna, +de otras muchas invidiada, +será por mí levantada +sobre el cerco de la luna. + +Desvióse la Poesía, y de la parte del Interés salió la Liberalidad, y, +después de hechas sus mudanzas, dijo: + +-Llaman Liberalidad +al dar que el estremo huye +de la prodigalidad, +y del contrario, que arguye +tibia y floja voluntad. +Mas yo, por te engrandecer, +de hoy más, pródiga he de ser; +que, aunque es vicio, es vicio honrado +y de pecho enamorado, +que en el dar se echa de ver. + +Deste modo salieron y se retiraron todas las dos figuras de las dos +escuadras, y cada uno hizo sus mudanzas y dijo sus versos, algunos +elegantes y algunos ridículos, y sólo tomó de memoria don Quijote —que la +tenía grande— los ya referidos; y luego se mezclaron todos, haciendo y +deshaciendo lazos con gentil donaire y desenvoltura; y cuando pasaba el +Amor por delante del castillo, disparaba por alto sus flechas, pero el +Interés quebraba en él alcancías doradas. + +Finalmente, después de haber bailado un buen espacio, el Interés sacó un +bolsón, que le formaba el pellejo de un gran gato romano, que parecía estar +lleno de dineros, y, arrojándole al castillo, con el golpe se desencajaron +las tablas y se cayeron, dejando a la doncella descubierta y sin defensa +alguna. Llegó el Interés con las figuras de su valía, y, echándola una gran +cadena de oro al cuello, mostraron prenderla, rendirla y cautivarla; lo +cual visto por el Amor y sus valedores, hicieron ademán de quitársela; y +todas las demostraciones que hacían eran al son de los tamborinos, bailando +y danzando concertadamente. Pusiéronlos en paz los salvajes, los cuales con +mucha presteza volvieron a armar y a encajar las tablas del castillo, y la +doncella se encerró en él como de nuevo, y con esto se acabó la danza con +gran contento de los que la miraban. + +Preguntó don Quijote a una de las ninfas que quién la había compuesto y +ordenado. Respondióle que un beneficiado de aquel pueblo, que tenía gentil +caletre para semejantes invenciones. + +— Yo apostaré —dijo don Quijote— que debe de ser más amigo de Camacho que de +Basilio el tal bachiller o beneficiado, y que debe de tener más de satírico +que de vísperas: ¡bien ha encajado en la danza las habilidades de Basilio y +las riquezas de Camacho! + +Sancho Panza, que lo escuchaba todo, dijo: + +— El rey es mi gallo: a Camacho me atengo. + +— En fin —dijo don Quijote—, bien se parece, Sancho, que eres villano y de +aquéllos que dicen: "¡Viva quien vence!" + +— No sé de los que soy —respondió Sancho—, pero bien sé que nunca de ollas +de Basilio sacaré yo tan elegante espuma como es esta que he sacado de las +de Camacho. + +Y enseñóle el caldero lleno de gansos y de gallinas, y, asiendo de una, +comenzó a comer con mucho donaire y gana, y dijo: + +— ¡A la barba de las habilidades de Basilio!, que tanto vales cuanto tienes, +y tanto tienes cuanto vales. Dos linajes solos hay en el mundo, como decía +una agüela mía, que son el tener y el no tener, aunque ella al del tener se +atenía; y el día de hoy, mi señor don Quijote, antes se toma el pulso al +haber que al saber: un asno cubierto de oro parece mejor que un caballo +enalbardado. Así que vuelvo a decir que a Camacho me atengo, de cuyas ollas +son abundantes espumas gansos y gallinas, liebres y conejos; y de las de +Basilio serán, si viene a mano, y aunque no venga sino al pie, aguachirle. + +— ¿Has acabado tu arenga, Sancho? —dijo don Quijote. + +— Habréla acabado —respondió Sancho—, porque veo que vuestra merced recibe +pesadumbre con ella; que si esto no se pusiera de por medio, obra había +cortada para tres días. + +— Plega a Dios, Sancho —replicó don Quijote—, que yo te vea mudo antes que +me muera. + +— Al paso que llevamos —respondió Sancho—, antes que vuestra merced se muera +estaré yo mascando barro, y entonces podrá ser que esté tan mudo que no +hable palabra hasta la fin del mundo, o, por lo menos, hasta el día del +Juicio. + +— Aunque eso así suceda, ¡oh Sancho! —respondió don Quijote—, nunca llegará +tu silencio a do ha llegado lo que has hablado, hablas y tienes de hablar +en tu vida; y más, que está muy puesto en razón natural que primero llegue +el día de mi muerte que el de la tuya; y así, jamás pienso verte mudo, ni +aun cuando estés bebiendo o durmiendo, que es lo que puedo encarecer. + +— A buena fe, señor —respondió Sancho—, que no hay que fiar en la +descarnada, digo, en la muerte, la cual también come cordero como carnero; +y a nuestro cura he oído decir que con igual pie pisaba las altas torres de +los reyes como las humildes chozas de los pobres. Tiene esta señora más de +poder que de melindre: no es nada asquerosa, de todo come y a todo hace, y +de toda suerte de gentes, edades y preeminencias hinche sus alforjas. No es +segador que duerme las siestas, que a todas horas siega, y corta así la +seca como la verde yerba; y no parece que masca, sino que engulle y traga +cuanto se le pone delante, porque tiene hambre canina, que nunca se harta; +y, aunque no tiene barriga, da a entender que está hidrópica y sedienta de +beber solas las vidas de cuantos viven, como quien se bebe un jarro de agua +fría. + +— No más, Sancho —dijo a este punto don Quijote—. Tente en buenas, y no te +dejes caer; que en verdad que lo que has dicho de la muerte por tus +rústicos términos es lo que pudiera decir un buen predicador. Dígote, +Sancho que si como tienes buen natural y discreción, pudieras tomar un +púlpito en la mano y irte por ese mundo predicando lindezas... + +— Bien predica quien bien vive —respondió Sancho—, y yo no sé otras +tologías. + +— Ni las has menester —dijo don Quijote—; pero yo no acabo de entender ni +alcanzar cómo, siendo el principio de la sabiduría el temor de Dios, tú, +que temes más a un lagarto que a Él, sabes tanto. + +— Juzgue vuesa merced, señor, de sus caballerías —respondió Sancho—, y no se +meta en juzgar de los temores o valentías ajenas, que tan gentil temeroso +soy yo de Dios como cada hijo de vecino; y déjeme vuestra merced despabilar +esta espuma, que lo demás todas son palabras ociosas, de que nos han de +pedir cuenta en la otra vida. + +Y, diciendo esto, comenzó de nuevo a dar asalto a su caldero, con tan +buenos alientos que despertó los de don Quijote, y sin duda le ayudara, si +no lo impidiera lo que es fuerza se diga adelante. + + + + +Capítulo XXI. Donde se prosiguen las bodas de Camacho, con otros gustosos +sucesos + +Cuando estaban don Quijote y Sancho en las razones referidas en el capítulo +antecedente, se oyeron grandes voces y gran ruido, y dábanlas y causábanle +los de las yeguas, que con larga carrera y grita iban a recebir a los +novios, que, rodeados de mil géneros de instrumentos y de invenciones, +venían acompañados del cura, y de la parentela de entrambos, y de toda la +gente más lucida de los lugares circunvecinos, todos vestidos de fiesta. Y +como Sancho vio a la novia, dijo: + +— A buena fe que no viene vestida de labradora, sino de garrida palaciega. +¡Pardiez, que según diviso, que las patenas que había de traer son ricos +corales, y la palmilla verde de Cuenca es terciopelo de treinta pelos! ¡Y +montas que la guarnición es de tiras de lienzo, blanca!, ¡voto a mí que es +de raso!; pues, ¡tomadme las manos, adornadas con sortijas de azabache!: no +medre yo si no son anillos de oro, y muy de oro, y empedrados con pelras +blancas como una cuajada, que cada una debe de valer un ojo de la cara. ¡Oh +hideputa, y qué cabellos; que, si no son postizos, no los he visto mas +luengos ni más rubios en toda mi vida! ¡No, sino ponedla tacha en el brío y +en el talle, y no la comparéis a una palma que se mueve cargada de racimos +de dátiles, que lo mesmo parecen los dijes que trae pendientes de los +cabellos y de la garganta! Juro en mi ánima que ella es una chapada moza, y +que puede pasar por los bancos de Flandes. + +Rióse don Quijote de las rústicas alabanzas de Sancho Panza; parecióle que, +fuera de su señora Dulcinea del Toboso, no había visto mujer más hermosa +jamás. Venía la hermosa Quiteria algo descolorida, y debía de ser de la +mala noche que siempre pasan las novias en componerse para el día venidero +de sus bodas. Íbanse acercando a un teatro que a un lado del prado estaba, +adornado de alfombras y ramos, adonde se habían de hacer los desposorios, y +de donde habían de mirar las danzas y las invenciones; y, a la sazón que +llegaban al puesto, oyeron a sus espaldas grandes voces, y una que decía: + +— Esperaos un poco, gente tan inconsiderada como presurosa. + +A cuyas voces y palabras todos volvieron la cabeza, y vieron que las daba +un hombre vestido, al parecer, de un sayo negro, jironado de carmesí a +llamas. Venía coronado —como se vio luego— con una corona de funesto +ciprés; en las manos traía un bastón grande. En llegando más cerca, fue +conocido de todos por el gallardo Basilio, y todos estuvieron suspensos, +esperando en qué habían de parar sus voces y sus palabras, temiendo algún +mal suceso de su venida en sazón semejante. + +Llegó, en fin, cansado y sin aliento, y, puesto delante de los desposados, +hincando el bastón en el suelo, que tenía el cuento de una punta de acero, +mudada la color, puestos los ojos en Quiteria, con voz tremente y ronca, +estas razones dijo: + +— Bien sabes, desconocida Quiteria, que conforme a la santa ley que +profesamos, que viviendo yo, tú no puedes tomar esposo; y juntamente no +ignoras que, por esperar yo que el tiempo y mi diligencia mejorasen los +bienes de mi fortuna, no he querido dejar de guardar el decoro que a tu +honra convenía; pero tú, echando a las espaldas todas las obligaciones que +debes a mi buen deseo, quieres hacer señor de lo que es mío a otro, cuyas +riquezas le sirven no sólo de buena fortuna, sino de bonísima ventura. Y +para que la tenga colmada, y no como yo pienso que la merece, sino como se +la quieren dar los cielos, yo, por mis manos, desharé el imposible o el +inconveniente que puede estorbársela, quitándome a mí de por medio. ¡Viva, +viva el rico Camacho con la ingrata Quiteria largos y felices siglos, y +muera, muera el pobre Basilio, cuya pobreza cortó las alas de su dicha y le +puso en la sepultura! + +Y, diciendo esto, asió del bastón que tenía hincado en el suelo, y, +quedándose la mitad dél en la tierra, mostró que servía de vaina a un +mediano estoque que en él se ocultaba; y, puesta la que se podía llamar +empuñadura en el suelo, con ligero desenfado y determinado propósito se +arrojó sobre él, y en un punto mostró la punta sangrienta a las espaldas, +con la mitad del acerada cuchilla, quedando el triste bañado en su sangre y +tendido en el suelo, de sus mismas armas traspasado. + +Acudieron luego sus amigos a favorecerle, condolidos de su miseria y +lastimosa desgracia; y, dejando don Quijote a Rocinante, acudió a +favorecerle y le tomó en sus brazos, y halló que aún no había espirado. +Quisiéronle sacar el estoque, pero el cura, que estaba presente, fue de +parecer que no se le sacasen antes de confesarle, porque el sacársele y el +espirar sería todo a un tiempo. Pero, volviendo un poco en sí Basilio, con +voz doliente y desmayada dijo: + +— Si quisieses, cruel Quiteria, darme en este último y forzoso trance la +mano de esposa, aún pensaría que mi temeridad tendría desculpa, pues en +ella alcancé el bien de ser tuyo. + +El cura, oyendo lo cual, le dijo que atendiese a la salud del alma antes +que a los gustos del cuerpo, y que pidiese muy de veras a Dios perdón de +sus pecados y de su desesperada determinación. A lo cual replicó Basilio +que en ninguna manera se confesaría si primero Quiteria no le daba la mano +de ser su esposa: que aquel contento le adobaría la voluntad y le daría +aliento para confesarse. + +En oyendo don Quijote la petición del herido, en altas voces dijo que +Basilio pedía una cosa muy justa y puesta en razón, y además, muy hacedera, +y que el señor Camacho quedaría tan honrado recibiendo a la señora Quiteria +viuda del valeroso Basilio como si la recibiera del lado de su padre: + +— Aquí no ha de haber más de un sí, que no tenga otro efecto que el +pronunciarle, pues el tálamo de estas bodas ha de ser la sepultura. + +Todo lo oía Camacho, y todo le tenía suspenso y confuso, sin saber qué +hacer ni qué decir; pero las voces de los amigos de Basilio fueron tantas, +pidiéndole que consintiese que Quiteria le diese la mano de esposa, porque +su alma no se perdiese, partiendo desesperado desta vida, que le movieron, +y aun forzaron, a decir que si Quiteria quería dársela, que él se +contentaba, pues todo era dilatar por un momento el cumplimiento de sus +deseos. + +Luego acudieron todos a Quiteria, y unos con ruegos, y otros con lágrimas, +y otros con eficaces razones, la persuadían que diese la mano al pobre +Basilio; y ella, más dura que un mármol y más sesga que una estatua, +mostraba que ni sabía ni podía, ni quería responder palabra; ni la +respondiera si el cura no la dijera que se determinase presto en lo que +había de hacer, porque tenía Basilio ya el alma en los dientes, y no daba +lugar a esperar inresolutas determinaciones. + +Entonces la hermosa Quiteria, sin responder palabra alguna, turbada, al +parecer triste y pesarosa, llegó donde Basilio estaba, ya los ojos vueltos, +el aliento corto y apresurado, murmurando entre los dientes el nombre de +Quiteria, dando muestras de morir como gentil, y no como cristiano. Llegó, +en fin, Quiteria, y, puesta de rodillas, le pidió la mano por señas, y no +por palabras. Desencajó los ojos Basilio, y, mirándola atentamente, le +dijo: + +— ¡Oh Quiteria, que has venido a ser piadosa a tiempo cuando tu piedad ha de +servir de cuchillo que me acabe de quitar la vida, pues ya no tengo fuerzas +para llevar la gloria que me das en escogerme por tuyo, ni para suspender +el dolor que tan apriesa me va cubriendo los ojos con la espantosa sombra +de la muerte! Lo que te suplico es, ¡oh fatal estrella mía!, que la mano +que me pides y quieres darme no sea por cumplimiento, ni para engañarme de +nuevo, sino que confieses y digas que, sin hacer fuerza a tu voluntad, me +la entregas y me la das como a tu legítimo esposo; pues no es razón que en +un trance como éste me engañes, ni uses de fingimientos con quien tantas +verdades ha tratado contigo. + +Entre estas razones, se desmayaba, de modo que todos los presentes pensaban +que cada desmayo se había de llevar el alma consigo. Quiteria, toda honesta +y toda vergonzosa, asiendo con su derecha mano la de Basilio, le dijo: + +— Ninguna fuerza fuera bastante a torcer mi voluntad; y así, con la más +libre que tengo te doy la mano de legítima esposa, y recibo la tuya, si es +que me la das de tu libre albedrío, sin que la turbe ni contraste la +calamidad en que tu discurso acelerado te ha puesto. + +— Sí doy —respondió Basilio—, no turbado ni confuso, sino con el claro +entendimiento que el cielo quiso darme; y así, me doy y me entrego por tu +esposo. + +— Y yo por tu esposa —respondió Quiteria—, ahora vivas largos años, ahora te +lleven de mis brazos a la sepultura. + +— Para estar tan herido este mancebo —dijo a este punto Sancho Panza—, mucho +habla; háganle que se deje de requiebros y que atienda a su alma, que, a mi +parecer, más la tiene en la lengua que en los dientes. + +Estando, pues, asidos de las manos Basilio y Quiteria, el cura, tierno y +lloroso, los echó la bendición y pidió al cielo diese buen poso al alma del +nuevo desposado; el cual, así como recibió la bendición, con presta +ligereza se levantó en pie, y con no vista desenvoltura se sacó el estoque, +a quien servía de vaina su cuerpo. + +Quedaron todos los circunstantes admirados, y algunos dellos, más simples +que curiosos, en altas voces, comenzaron a decir: + +— ¡Milagro, milagro! + +Pero Basilio replicó: + +— ¡No "milagro, milagro", sino industria, industria! + +El cura, desatentado y atónito, acudió con ambas manos a tentar la herida, +y halló que la cuchilla había pasado, no por la carne y costillas de +Basilio, sino por un cañón hueco de hierro que, lleno de sangre, en aquel +lugar bien acomodado tenía; preparada la sangre, según después se supo, de +modo que no se helase. + +Finalmente, el cura y Camacho, con todos los más circunstantes, se tuvieron +por burlados y escarnidos. La esposa no dio muestras de pesarle de la +burla; antes, oyendo decir que aquel casamiento, por haber sido engañoso, +no había de ser valedero, dijo que ella le confirmaba de nuevo; de lo cual +coligieron todos que de consentimiento y sabiduría de los dos se había +trazado aquel caso, de lo que quedó Camacho y sus valedores tan corridos +que remitieron su venganza a las manos, y, desenvainando muchas espadas, +arremetieron a Basilio, en cuyo favor en un instante se desenvainaron casi +otras tantas. Y, tomando la delantera a caballo don Quijote, con la lanza +sobre el brazo y bien cubierto de su escudo, se hacía dar lugar de todos. +Sancho, a quien jamás pluguieron ni solazaron semejantes fechurías, se +acogió a las tinajas, donde había sacado su agradable espuma, pareciéndole +aquel lugar como sagrado, que había de ser tenido en respeto. Don Quijote, +a grandes voces, decía: + +— Teneos, señores, teneos, que no es razón toméis venganza de los agravios +que el amor nos hace; y advertid que el amor y la guerra son una misma +cosa, y así como en la guerra es cosa lícita y acostumbrada usar de ardides +y estratagemas para vencer al enemigo, así en las contiendas y competencias +amorosas se tienen por buenos los embustes y marañas que se hacen para +conseguir el fin que se desea, como no sean en menoscabo y deshonra de la +cosa amada. Quiteria era de Basilio, y Basilio de Quiteria, por justa y +favorable disposición de los cielos. Camacho es rico, y podrá comprar su +gusto cuando, donde y como quisiere. Basilio no tiene más desta oveja, y no +se la ha de quitar alguno, por poderoso que sea; que a los dos que Dios +junta no podrá separar el hombre; y el que lo intentare, primero ha de +pasar por la punta desta lanza. + +Y, en esto, la blandió tan fuerte y tan diestramente, que puso pavor en +todos los que no le conocían, y tan intensamente se fijó en la imaginación +de Camacho el desdén de Quiteria, que se la borró de la memoria en un +instante; y así, tuvieron lugar con él las persuasiones del cura, que era +varón prudente y bien intencionado, con las cuales quedó Camacho y los de +su parcialidad pacíficos y sosegados; en señal de lo cual volvieron las +espadas a sus lugares, culpando más a la facilidad de Quiteria que a la +industria de Basilio; haciendo discurso Camacho que si Quiteria quería bien +a Basilio doncella, también le quisiera casada, y que debía de dar gracias +al cielo, más por habérsela quitado que por habérsela dado. + +Consolado, pues, y pacífico Camacho y los de su mesnada, todos los de la de +Basilio se sosegaron, y el rico Camacho, por mostrar que no sentía la +burla, ni la estimaba en nada, quiso que las fiestas pasasen adelante como +si realmente se desposara; pero no quisieron asistir a ellas Basilio ni su +esposa ni secuaces; y así, se fueron a la aldea de Basilio, que también los +pobres virtuosos y discretos tienen quien los siga, honre y ampare, como +los ricos tienen quien los lisonjee y acompañe. + +Llevarónse consigo a don Quijote, estimándole por hombre de valor y de pelo +en pecho. A sólo Sancho se le escureció el alma, por verse imposibilitado +de aguardar la espléndida comida y fiestas de Camacho, que duraron hasta la +noche; y así, asenderado y triste, siguió a su señor, que con la cuadrilla +de Basilio iba, y así se dejó atrás las ollas de Egipto, aunque las llevaba +en el alma, cuya ya casi consumida y acabada espuma, que en el caldero +llevaba, le representaba la gloria y la abundancia del bien que perdía; y +así, congojado y pensativo, aunque sin hambre, sin apearse del rucio, +siguió las huellas de Rocinante. + + + + +Capítulo XXII. Donde se da cuenta de la grande aventura de la cueva de +Montesinos, que está en el corazón de la Mancha, a quien dio felice cima el +valeroso don Quijote de la Mancha + +Grandes fueron y muchos los regalos que los desposados hicieron a don +Quijote, obligados de las muestras que había dado defendiendo su causa, y +al par de la valentía le graduaron la discreción, teniéndole por un Cid en +las armas y por un Cicerón en la elocuencia. El buen Sancho se refociló +tres días a costa de los novios, de los cuales se supo que no fue traza +comunicada con la hermosa Quiteria el herirse fingidamente, sino industria +de Basilio, esperando della el mesmo suceso que se había visto; bien es +verdad que confesó que había dado parte de su pensamiento a algunos de sus +amigos, para que al tiempo necesario favoreciesen su intención y abonasen +su engaño. + +— No se pueden ni deben llamar engaños —dijo don Quijote— los que ponen la +mira en virtuosos fines. + +Y que el de casarse los enamorados era el fin de más excelencia, +advirtiendo que el mayor contrario que el amor tiene es la hambre y la +continua necesidad, porque el amor es todo alegría, regocijo y contento, y +más cuando el amante está en posesión de la cosa amada, contra quien son +enemigos opuestos y declarados la necesidad y la pobreza; y que todo esto +decía con intención de que se dejase el señor Basilio de ejercitar las +habilidades que sabe, que, aunque le daban fama, no le daban dineros, y que +atendiese a granjear hacienda por medios lícitos e industriosos, que nunca +faltan a los prudentes y aplicados. + +— El pobre honrado, si es que puede ser honrado el pobre, tiene prenda en +tener mujer hermosa, que, cuando se la quitan, le quitan la honra y se la +matan. La mujer hermosa y honrada, cuyo marido es pobre, merece ser +coronada con laureles y palmas de vencimiento y triunfo. La hermosura, por +sí sola, atrae las voluntades de cuantos la miran y conocen, y como a +señuelo gustoso se le abaten las águilas reales y los pájaros altaneros; +pero si a la tal hermosura se le junta la necesidad y la estrecheza, +también la embisten los cuervos, los milanos y las otras aves de rapiña; y +la que está a tantos encuentros firme bien merece llamarse corona de su +marido. Mirad, discreto Basilio —añadió don Quijote—: opinión fue de no sé +qué sabio que no había en todo el mundo sino una sola mujer buena, y daba +por consejo que cada uno pensase y creyese que aquella sola buena era la +suya, y así viviría contento. Yo no soy casado, ni hasta agora me ha venido +en pensamiento serlo; y, con todo esto, me atrevería a dar consejo al que +me lo pidiese del modo que había de buscar la mujer con quien se quisiese +casar. Lo primero, le aconsejaría que mirase más a la fama que a la +hacienda, porque la buena mujer no alcanza la buena fama solamente con ser +buena, sino con parecerlo; que mucho más dañan a las honras de las mujeres +las desenvolturas y libertades públicas que las maldades secretas. Si traes +buena mujer a tu casa, fácil cosa sería conservarla, y aun mejorarla, en +aquella bondad; pero si la traes mala, en trabajo te pondrá el enmendarla: +que no es muy hacedero pasar de un estremo a otro. Yo no digo que sea +imposible, pero téngolo por dificultoso. + +Oía todo esto Sancho, y dijo entre sí: + +— Este mi amo, cuando yo hablo cosas de meollo y de sustancia suele decir +que podría yo tomar un púlpito en las manos y irme por ese mundo adelante +predicando lindezas; y yo digo dél que cuando comienza a enhilar sentencias +y a dar consejos, no sólo puede tomar púlpito en las manos, sino dos en +cada dedo, y andarse por esas plazas a ¿qué quieres boca? ¡Válate el diablo +por caballero andante, que tantas cosas sabes! Yo pensaba en mi ánima que +sólo podía saber aquello que tocaba a sus caballerías, pero no hay cosa +donde no pique y deje de meter su cucharada. + +Murmuraba esto algo Sancho, y entreoyóle su señor, y preguntóle: + +— ¿Qué murmuras, Sancho? + +— No digo nada, ni murmuro de nada —respondió Sancho—; sólo estaba diciendo +entre mí que quisiera haber oído lo que vuesa merced aquí ha dicho antes +que me casara, que quizá dijera yo agora: "El buey suelto bien se lame". + +— ¿Tan mala es tu Teresa, Sancho? —dijo don Quijote. + +— No es muy mala —respondió Sancho—, pero no es muy buena; a lo menos, no es +tan buena como yo quisiera. + +— Mal haces, Sancho —dijo don Quijote—, en decir mal de tu mujer, que, en +efecto, es madre de tus hijos. + +— No nos debemos nada —respondió Sancho—, que también ella dice mal de mí +cuando se le antoja, especialmente cuando está celosa, que entonces súfrala +el mesmo Satanás. + +Finalmente, tres días estuvieron con los novios, donde fueron regalados y +servidos como cuerpos de rey. Pidió don Quijote al diestro licenciado le +diese una guía que le encaminase a la cueva de Montesinos, porque tenía +gran deseo de entrar en ella y ver a ojos vistas si eran verdaderas las +maravillas que de ella se decían por todos aquellos contornos. El +licenciado le dijo que le daría a un primo suyo, famoso estudiante y muy +aficionado a leer libros de caballerías, el cual con mucha voluntad le +pondría a la boca de la mesma cueva, y le enseñaría las lagunas de Ruidera, +famosas ansimismo en toda la Mancha, y aun en toda España; y díjole que +llevaría con él gustoso entretenimiento, a causa que era mozo que sabía +hacer libros para imprimir y para dirigirlos a príncipes. Finalmente, el +primo vino con una pollina preñada, cuya albarda cubría un gayado tapete o +arpillera. Ensilló Sancho a Rocinante y aderezó al rucio, proveyó sus +alforjas, a las cuales acompañaron las del primo, asimismo bien proveídas, +y, encomendándose a Dios y despediéndose de todos, se pusieron en camino, +tomando la derrota de la famosa cueva de Montesinos. + +En el camino preguntó don Quijote al primo de qué género y calidad eran sus +ejercicios, su profesión y estudios; a lo que él respondió que su +profesión era ser humanista; sus ejercicios y estudios, componer libros +para dar a la estampa, todos de gran provecho y no menos entretenimiento +para la república; que el uno se intitulaba el de las libreas, donde pinta +setecientas y tres libreas, con sus colores, motes y cifras, de donde +podían sacar y tomar las que quisiesen en tiempo de fiestas y regocijos los +caballeros cortesanos, sin andarlas mendigando de nadie, ni lambicando, +como dicen, el cerbelo, por sacarlas conformes a sus deseos e intenciones. + +— Porque doy al celoso, al desdeñado, al olvidado y al ausente las que les +convienen, que les vendrán más justas que pecadoras. Otro libro tengo +también, a quien he de llamar Metamorfóseos, o Ovidio español, de invención +nueva y rara; porque en él, imitando a Ovidio a lo burlesco, pinto quién +fue la Giralda de Sevilla y el Ángel de la Madalena, quién el Caño de +Vecinguerra, de Córdoba, quiénes los Toros de Guisando, la Sierra Morena, +las fuentes de Leganitos y Lavapiés, en Madrid, no olvidándome de la del +Piojo, de la del Caño Dorado y de la Priora; y esto, con sus alegorías, +metáforas y translaciones, de modo que alegran, suspenden y enseñan a un +mismo punto. Otro libro tengo, que le llamo Suplemento a Virgilio Polidoro, +que trata de la invención de las cosas, que es de grande erudición y +estudio, a causa que las cosas que se dejó de decir Polidoro de gran +sustancia, las averiguo yo, y las declaro por gentil estilo. Olvidósele a +Virgilio de declararnos quién fue el primero que tuvo catarro en el mundo, +y el primero que tomó las unciones para curarse del morbo gálico, y yo lo +declaro al pie de la letra, y lo autorizo con más de veinte y cinco +autores: porque vea vuesa merced si he trabajado bien y si ha de ser útil +el tal libro a todo el mundo. + +Sancho, que había estado muy atento a la narración del primo, le dijo: + +— Dígame, señor, así Dios le dé buena manderecha en la impresión de sus +libros: ¿sabríame decir, que sí sabrá, pues todo lo sabe, quién fue el +primero que se rascó en la cabeza, que yo para mí tengo que debió de ser +nuestro padre Adán? + +— Sí sería —respondió el primo—, porque Adán no hay duda sino que tuvo +cabeza y cabellos; y, siendo esto así, y siendo el primer hombre del mundo, +alguna vez se rascaría. + +— Así lo creo yo —respondió Sancho—; pero dígame ahora: ¿quién fue el primer +volteador del mundo? + +— En verdad, hermano —respondió el primo—, que no me sabré determinar por +ahora, hasta que lo estudie. Yo lo estudiaré, en volviendo adonde tengo mis +libros, y yo os satisfaré cuando otra vez nos veamos, que no ha de ser ésta +la postrera. + +— Pues mire, señor —replicó Sancho—, no tome trabajo en esto, que ahora he +caído en la cuenta de lo que le he preguntado. Sepa que el primer volteador +del mundo fue Lucifer, cuando le echaron o arrojaron del cielo, que vino +volteando hasta los abismos. + +— Tienes razón, amigo —dijo el primo. + +Y dijo don Quijote: + +— Esa pregunta y respuesta no es tuya, Sancho: a alguno las has oído decir. + +— Calle, señor —replicó Sancho—, que a buena fe que si me doy a preguntar y +a responder, que no acabe de aquí a mañana. Sí, que para preguntar +necedades y responder disparates no he menester yo andar buscando ayuda de +vecinos. + +— Más has dicho, Sancho, de lo que sabes —dijo don Quijote—; que hay algunos +que se cansan en saber y averiguar cosas que, después de sabidas y +averiguadas, no importan un ardite al entendimiento ni a la memoria. + +En estas y otras gustosas pláticas se les pasó aquel día, y a la noche se +albergaron en una pequeña aldea, adonde el primo dijo a don Quijote que +desde allí a la cueva de Montesinos no había más de dos leguas, y que si +llevaba determinado de entrar en ella, era menester proverse de sogas, para +atarse y descolgarse en su profundidad. + +Don Quijote dijo que, aunque llegase al abismo, había de ver dónde paraba; +y así, compraron casi cien brazas de soga, y otro día, a las dos de la +tarde, llegaron a la cueva, cuya boca es espaciosa y ancha, pero llena de +cambroneras y cabrahígos, de zarzas y malezas, tan espesas y intricadas, +que de todo en todo la ciegan y encubren. En viéndola, se apearon el primo, +Sancho y don Quijote, al cual los dos le ataron luego fortísimamente con +las sogas; y, en tanto que le fajaban y ceñían, le dijo Sancho: + +— Mire vuestra merced, señor mío, lo que hace: no se quiera sepultar en +vida, ni se ponga adonde parezca frasco que le ponen a enfriar en algún +pozo. Sí, que a vuestra merced no le toca ni atañe ser el escudriñador +desta que debe de ser peor que mazmorra. + +— Ata y calla —respondió don Quijote—, que tal empresa como aquésta, Sancho +amigo, para mí estaba guardada. + +Y entonces dijo la guía: + +— Suplico a vuesa merced, señor don Quijote, que mire bien y especule con +cien ojos lo que hay allá dentro: quizá habrá cosas que las ponga yo en el +libro de mis Transformaciones. + +— En manos está el pandero que le sabrá bien tañer —respondió Sancho Panza. + +Dicho esto y acabada la ligadura de don Quijote —que no fue sobre el arnés, +sino sobre el jubón de armar—, dijo don Quijote: + +— Inadvertidos hemos andado en no habernos proveído de algún esquilón +pequeño, que fuera atado junto a mí en esta mesma soga, con cuyo sonido se +entendiera que todavía bajaba y estaba vivo; pero, pues ya no es posible, a +la mano de Dios, que me guíe. + +Y luego se hincó de rodillas y hizo una oración en voz baja al cielo, +pidiendo a Dios le ayudase y le diese buen suceso en aquella, al parecer, +peligrosa y nueva aventura, y en voz alta dijo luego: + +— ¡Oh señora de mis acciones y movimientos, clarísima y sin par Dulcinea del +Toboso! Si es posible que lleguen a tus oídos las plegarias y rogaciones +deste tu venturoso amante, por tu inaudita belleza te ruego las escuches, +que no son otras que rogarte no me niegues tu favor y amparo, ahora que +tanto le he menester. Yo voy a despeñarme, a empozarme y a hundirme en el +abismo que aquí se me representa, sólo porque conozca el mundo que si tú me +favoreces, no habrá imposible a quien yo no acometa y acabe. + +Y, en diciendo esto, se acercó a la sima; vio no ser posible descolgarse, +ni hacer lugar a la entrada, si no era a fuerza de brazos, o a cuchilladas, +y así, poniendo mano a la espada, comenzó a derribar y a cortar de aquellas +malezas que a la boca de la cueva estaban, por cuyo ruido y estruendo +salieron por ella una infinidad de grandísimos cuervos y grajos, tan +espesos y con tanta priesa, que dieron con don Quijote en el suelo; y si él +fuera tan agorero como católico cristiano, lo tuviera a mala señal y +escusara de encerrarse en lugar semejante. + +Finalmente se levantó, y, viendo que no salían más cuervos ni otras aves +noturnas, como fueron murciélagos, que asimismo entre los cuervos salieron, +dándole soga el primo y Sancho, se dejó calar al fondo de la caverna +espantosa; y, al entrar, echándole Sancho su bendición y haciendo sobre él +mil cruces, dijo: + +— ¡Dios te guíe y la Peña de Francia, junto con la Trinidad de Gaeta, flor, +nata y espuma de los caballeros andantes! ¡Allá vas, valentón del mundo, +corazón de acero, brazos de bronce! ¡Dios te guíe, otra vez, y te vuelva +libre, sano y sin cautela a la luz desta vida, que dejas por enterrarte en +esta escuridad que buscas! + +Casi las mismas plegarias y deprecaciones hizo el primo. + +Iba don Quijote dando voces que le diesen soga y más soga, y ellos se la +daban poco a poco; y cuando las voces, que acanaladas por la cueva salían, +dejaron de oírse, ya ellos tenían descolgadas las cien brazas de soga, y +fueron de parecer de volver a subir a don Quijote, pues no le podían dar +más cuerda. Con todo eso, se detuvieron como media hora, al cabo del cual +espacio volvieron a recoger la soga con mucha facilidad y sin peso alguno, +señal que les hizo imaginar que don Quijote se quedaba dentro; y, +creyéndolo así, Sancho lloraba amargamente y tiraba con mucha priesa por +desengañarse, pero, llegando, a su parecer, a poco más de las ochenta +brazas, sintieron peso, de que en estremo se alegraron. Finalmente, a las +diez vieron distintamente a don Quijote, a quien dio voces Sancho, +diciéndole: + +— Sea vuestra merced muy bien vuelto, señor mío, que ya pensábamos que se +quedaba allá para casta. + +Pero no respondía palabra don Quijote; y, sacándole del todo, vieron que +traía cerrados los ojos, con muestras de estar dormido. Tendiéronle en el +suelo y desliáronle, y con todo esto no despertaba; pero tanto le volvieron +y revolvieron, sacudieron y menearon, que al cabo de un buen espacio volvió +en sí, desperezándose, bien como si de algún grave y profundo sueño +despertara; y, mirando a una y otra parte, como espantado, dijo: + +— Dios os lo perdone, amigos; que me habéis quitado de la más sabrosa y +agradable vida y vista que ningún humano ha visto ni pasado. En efecto, +ahora acabo de conocer que todos los contentos desta vida pasan como sombra +y sueño, o se marchitan como la flor del campo. ¡Oh desdichado Montesinos! +¡Oh mal ferido Durandarte! ¡Oh sin ventura Belerma! ¡Oh lloroso Guadiana, y +vosotras sin dicha ijas de Ruidera, que mostráis en vuestras aguas las que +lloraron vuestros hermosos ojos! + +Escuchaban el primo y Sancho las palabras de don Quijote, que las decía +como si con dolor inmenso las sacara de las entrañas. Suplicáronle les +diese a entender lo que decía, y les dijese lo que en aquel infierno había +visto. + +— ¿Infierno le llamáis? —dijo don Quijote—; pues no le llaméis ansí, porque +no lo merece, como luego veréis. + +Pidió que le diesen algo de comer, que traía grandísima hambre. Tendieron +la arpillera del primo sobre la verde yerba, acudieron a la despensa de sus +alforjas, y, sentados todos tres en buen amor y compaña, merendaron y +cenaron, todo junto. Levantada la arpillera, dijo don Quijote de la Mancha: + +— No se levante nadie, y estadme, hijos, todos atentos. + + + + +Capítulo XXIII. De las admirables cosas que el estremado don Quijote contó +que había visto en la profunda cueva de Montesinos, cuya imposibilidad y +grandeza hace que se tenga esta aventura por apócrifa + +Las cuatro de la tarde serían cuando el sol, entre nubes cubierto, con luz +escasa y templados rayos, dio lugar a don Quijote para que, sin calor y +pesadumbre, contase a sus dos clarísimos oyentes lo que en la cueva de +Montesinos había visto. Y comenzó en el modo siguiente: + +— A obra de doce o catorce estados de la profundidad desta mazmorra, a la +derecha mano, se hace una concavidad y espacio capaz de poder caber en ella +un gran carro con sus mulas. Éntrale una pequeña luz por unos resquicios o +agujeros, que lejos le responden, abiertos en la superficie de la tierra. +Esta concavidad y espacio vi yo a tiempo cuando ya iba cansado y mohíno de +verme, pendiente y colgado de la soga, caminar por aquella escura región +abajo, sin llevar cierto ni determinado camino; y así, determiné entrarme +en ella y descansar un poco. Di voces, pidiéndoos que no descolgásedes más +soga hasta que yo os lo dijese, pero no debistes de oírme. Fui recogiendo +la soga que enviábades, y, haciendo della una rosca o rimero, me senté +sobre él, pensativo además, considerando lo que hacer debía para calar al +fondo, no teniendo quién me sustentase; y, estando en este pensamiento y +confusión, de repente y sin procurarlo, me salteó un sueño profundísimo; y, +cuando menos lo pensaba, sin saber cómo ni cómo no, desperté dél y me hallé +en la mitad del más bello, ameno y deleitoso prado que puede criar la +naturaleza ni imaginar la más discreta imaginación humana. Despabilé los +ojos, limpiémelos, y vi que no dormía, sino que realmente estaba despierto; +con todo esto, me tenté la cabeza y los pechos, por certificarme si era yo +mismo el que allí estaba, o alguna fantasma vana y contrahecha; pero el +tacto, el sentimiento, los discursos concertados que entre mí hacía, me +certificaron que yo era allí entonces el que soy aquí ahora. Ofrecióseme +luego a la vista un real y suntuoso palacio o alcázar, cuyos muros y +paredes parecían de transparente y claro cristal fabricados; del cual +abriéndose dos grandes puertas, vi que por ellas salía y hacía mí se venía +un venerable anciano, vestido con un capuz de bayeta morada, que por el +suelo le arrastraba: ceñíale los hombros y los pechos una beca de colegial, +de raso verde; cubríale la cabeza una gorra milanesa negra, y la barba, +canísima, le pasaba de la cintura; no traía arma ninguna, sino un rosario +de cuentas en la mano, mayores que medianas nueces, y los dieces asimismo +como huevos medianos de avestruz; el continente, el paso, la gravedad y la +anchísima presencia, cada cosa de por sí y todas juntas, me suspendieron y +admiraron. Llegóse a mí, y lo primero que hizo fue abrazarme estrechamente, +y luego decirme: ''Luengos tiempos ha, valeroso caballero don Quijote de la +Mancha, que los que estamos en estas soledades encantados esperamos verte, +para que des noticia al mundo de lo que encierra y cubre la profunda cueva +por donde has entrado, llamada la cueva de Montesinos: hazaña sólo guardada +para ser acometida de tu invencible corazón y de tu ánimo stupendo. Ven +conmigo, señor clarísimo, que te quiero mostrar las maravillas que este +transparente alcázar solapa, de quien yo soy alcaide y guarda mayor +perpetua, porque soy el mismo Montesinos, de quien la cueva toma nombre''. +Apenas me dijo que era Montesinos, cuando le pregunté si fue verdad lo que +en el mundo de acá arriba se contaba: que él había sacado de la mitad del +pecho, con una pequeña daga, el corazón de su grande amigo Durandarte y +llevádole a la Señora Belerma, como él se lo mandó al punto de su muerte. +Respondióme que en todo decían verdad, sino en la daga, porque no fue daga, +ni pequeña, sino un puñal buido, más agudo que una lezna. + +— Debía de ser —dijo a este punto Sancho— el tal puñal de Ramón de Hoces, el +sevillano. + +— No sé —prosiguió don Quijote—, pero no sería dese puñalero, porque Ramón +de Hoces fue ayer, y lo de Roncesvalles, donde aconteció esta desgracia, ha +muchos años; y esta averiguación no es de importancia, ni turba ni altera +la verdad y contesto de la historia. + +— Así es —respondió el primo—; prosiga vuestra merced, señor don Quijote, +que le escucho con el mayor gusto del mundo. + +— No con menor lo cuento yo —respondió don Quijote—; y así, digo que el +venerable Montesinos me metió en el cristalino palacio, donde en una sala +baja, fresquísima sobremodo y toda de alabastro, estaba un sepulcro de +mármol, con gran maestría fabricado, sobre el cual vi a un caballero +tendido de largo a largo, no de bronce, ni de mármol, ni de jaspe hecho, +como los suele haber en otros sepulcros, sino de pura carne y de puros +huesos. Tenía la mano derecha (que, a mi parecer, es algo peluda y nervosa, +señal de tener muchas fuerzas su dueño) puesta sobre el lado del corazón, +y, antes que preguntase nada a Montesinos, viéndome suspenso mirando al del +sepulcro, me dijo: ''Éste es mi amigo Durandarte, flor y espejo de los +caballeros enamorados y valientes de su tiempo; tiénele aquí encantado, +como me tiene a mí y a otros muchos y muchas, Merlín, aquel francés +encantador que dicen que fue hijo del diablo; y lo que yo creo es que no +fue hijo del diablo, sino que supo, como dicen, un punto más que el diablo. +El cómo o para qué nos encantó nadie lo sabe, y ello dirá andando los +tiempos, que no están muy lejos, según imagino. Lo que a mí me admira es +que sé, tan cierto como ahora es de día, que Durandarte acabó los de su +vida en mis brazos, y que después de muerto le saqué el corazón con mis +propias manos; y en verdad que debía de pesar dos libras, porque, según los +naturales, el que tiene mayor corazón es dotado de mayor valentía del que +le tiene pequeño. Pues siendo esto así, y que realmente murió este +caballero, ¿cómo ahora se queja y sospira de cuando en cuando, como si +estuviese vivo?'' Esto dicho, el mísero Durandarte, dando una gran voz, +dijo: + +''¡Oh, mi primo Montesinos! +Lo postrero que os rogaba, +que cuando yo fuere muerto, +y mi ánima arrancada, +que llevéis mi corazón +adonde Belerma estaba, +sacándomele del pecho, +ya con puñal, ya con daga.'' + +Oyendo lo cual el venerable Montesinos, se puso de rodillas ante el +lastimado caballero, y, con lágrimas en los ojos, le dijo: ''Ya, señor +Durandarte, carísimo primo mío, ya hice lo que me mandastes en el aciago +día de nuestra pérdida: yo os saqué el corazón lo mejor que pude, sin que +os dejase una mínima parte en el pecho; yo le limpié con un pañizuelo de +puntas; yo partí con él de carrera para Francia, habiéndoos primero puesto +en el seno de la tierra, con tantas lágrimas, que fueron bastantes a +lavarme las manos y limpiarme con ellas la sangre que tenían, de haberos +andado en las entrañas; y, por más señas, primo de mi alma, en el primero +lugar que topé, saliendo de Roncesvalles, eché un poco de sal en vuestro +corazón, porque no oliese mal, y fuese, si no fresco, a lo menos amojamado, +a la presencia de la señora Belerma; la cual, con vos, y conmigo, y con +Guadiana, vuestro escudero, y con la dueña Ruidera y sus siete hijas y dos +sobrinas, y con otros muchos de vuestros conocidos y amigos, nos tiene aquí +encantados el sabio Merlín ha muchos años; y, aunque pasan de quinientos, +no se ha muerto ninguno de nosotros: solamente faltan Ruidera y sus hijas y +sobrinas, las cuales llorando, por compasión que debió de tener Merlín +dellas, las convirtió en otras tantas lagunas, que ahora, en el mundo de +los vivos y en la provincia de la Mancha, las llaman las lagunas de +Ruidera; las siete son de los reyes de España, y las dos sobrinas, de los +caballeros de una orden santísima, que llaman de San Juan. Guadiana, +vuestro escudero, plañendo asimesmo vuestra desgracia, fue convertido en un +río llamado de su mesmo nombre; el cual, cuando llegó a la superficie de la +tierra y vio el sol del otro cielo, fue tanto el pesar que sintió de ver +que os dejaba, que se sumergió en las entrañas de la tierra; pero, como no +es posible dejar de acudir a su natural corriente, de cuando en cuando sale +y se muestra donde el sol y las gentes le vean. Vanle administrando de sus +aguas las referidas lagunas, con las cuales y con otras muchas que se +llegan, entra pomposo y grande en Portugal. Pero, con todo esto, por +dondequiera que va muestra su tristeza y melancolía, y no se precia de +criar en sus aguas peces regalados y de estima, sino burdos y desabridos, +bien diferentes de los del Tajo dorado; y esto que agora os digo, ¡oh primo +mío!, os lo he dicho muchas veces; y, como no me respondéis, imagino que no +me dais crédito, o no me oís, de lo que yo recibo tanta pena cual Dios lo +sabe. Unas nuevas os quiero dar ahora, las cuales, ya que no sirvan de +alivio a vuestro dolor, no os le aumentarán en ninguna manera. Sabed que +tenéis aquí en vuestra presencia, y abrid los ojos y veréislo, aquel gran +caballero de quien tantas cosas tiene profetizadas el sabio Merlín, aquel +don Quijote de la Mancha, digo, que de nuevo y con mayores ventajas que en +los pasados siglos ha resucitado en los presentes la ya olvidada andante +caballería, por cuyo medio y favor podría ser que nosotros fuésemos +desencantados; que las grandes hazañas para los grandes hombres están +guardadas''. ''Y cuando así no sea —respondió el lastimado Durandarte con +voz desmayada y baja—, cuando así no sea, ¡oh primo!, digo, paciencia y +barajar''. Y, volviéndose de lado, tornó a su acostumbrado silencio, sin +hablar más palabra. Oyéronse en esto grandes alaridos y llantos, +acompañados de profundos gemidos y angustiados sollozos; volví la cabeza, y +vi por las paredes de cristal que por otra sala pasaba una procesión de dos +hileras de hermosísimas doncellas, todas vestidas de luto, con turbantes +blancos sobre las cabezas, al modo turquesco. Al cabo y fin de las hileras +venía una señora, que en la gravedad lo parecía, asimismo vestida de negro, +con tocas blancas tan tendidas y largas, que besaban la tierra. Su turbante +era mayor dos veces que el mayor de alguna de las otras; era cejijunta y la +nariz algo chata; la boca grande, pero colorados los labios; los dientes, +que tal vez los descubría, mostraban ser ralos y no bien puestos, aunque +eran blancos como unas peladas almendras; traía en las manos un lienzo +delgado, y entre él, a lo que pude divisar, un corazón de carne momia, +según venía seco y amojamado. Díjome Montesinos como toda aquella gente de +la procesión eran sirvientes de Durandarte y de Belerma, que allí con sus +dos señores estaban encantados, y que la última, que traía el corazón entre +el lienzo y en las manos, era la señora Belerma, la cual con sus doncellas +cuatro días en la semana hacían aquella procesión y cantaban, o, por mejor +decir, lloraban endechas sobre el cuerpo y sobre el lastimado corazón de su +primo; y que si me había parecido algo fea, o no tan hermosa como tenía la +fama, era la causa las malas noches y peores días que en aquel encantamento +pasaba, como lo podía ver en sus grandes ojeras y en su color quebradiza. +''Y no toma ocasión su amarillez y sus ojeras de estar con el mal mensil, +ordinario en las mujeres, porque ha muchos meses, y aun años, que no le +tiene ni asoma por sus puertas, sino del dolor que siente su corazón por el +que de contino tiene en las manos, que le renueva y trae a la memoria la +desgracia de su mal logrado amante; que si esto no fuera, apenas la +igualara en hermosura, donaire y brío la gran Dulcinea del Toboso, tan +celebrada en todos estos contornos, y aun en todo el mundo''. ''¡Cepos +quedos! —dije yo entonces—, señor don Montesinos: cuente vuesa merced su +historia como debe, que ya sabe que toda comparación es odiosa, y así, no +hay para qué comparar a nadie con nadie. La sin par Dulcinea del Toboso es +quien es, y la señora doña Belerma es quien es, y quien ha sido, y quédese +aquí''. A lo que él me respondió: ''Señor don Quijote, perdóneme vuesa +merced, que yo confieso que anduve mal, y no dije bien en decir que apenas +igualara la señora Dulcinea a la señora Belerma, pues me bastaba a mí haber +entendido, por no sé qué barruntos, que vuesa merced es su caballero, para +que me mordiera la lengua antes de compararla sino con el mismo cielo''. +Con esta satisfación que me dio el gran Montesinos se quietó mi corazón del +sobresalto que recebí en oír que a mi señora la comparaban con Belerma. + +— Y aun me maravillo yo —dijo Sancho— de cómo vuestra merced no se subió +sobre el vejote, y le molió a coces todos los huesos, y le peló las barbas, +sin dejarle pelo en ellas. + +— No, Sancho amigo —respondió don Quijote—, no me estaba a mí bien hacer +eso, porque estamos todos obligados a tener respeto a los ancianos, aunque +no sean caballeros, y principalmente a los que lo son y están encantados; +yo sé bien que no nos quedamos a deber nada en otras muchas demandas y +respuestas que entre los dos pasamos. + +A esta sazón dijo el primo: + +— Yo no sé, señor don Quijote, cómo vuestra merced en tan poco espacio de +tiempo como ha que está allá bajo, haya visto tantas cosas y hablado y +respondido tanto. + +— ¿Cuánto ha que bajé? —preguntó don Quijote. + +— Poco más de una hora —respondió Sancho. + +— Eso no puede ser —replicó don Quijote—, porque allá me anocheció y +amaneció, y tornó a anochecer y amanecer tres veces; de modo que, a mi +cuenta, tres días he estado en aquellas partes remotas y escondidas a la +vista nuestra. + +— Verdad debe de decir mi señor —dijo Sancho—, que, como todas las cosas que +le han sucedido son por encantamento, quizá lo que a nosotros nos parece un +hora, debe de parecer allá tres días con sus noches. + +— Así será —respondió don Quijote. + +— Y ¿ha comido vuestra merced en todo este tiempo, señor mío? —preguntó el +primo. + +— No me he desayunado de bocado —respondió don Quijote—, ni aun he tenido +hambre, ni por pensamiento. + +— Y los encantados, ¿comen? —dijo el primo. + +— No comen —respondió don Quijote—, ni tienen escrementos mayores; aunque es +opinión que les crecen las uñas, las barbas y los cabellos. + +— ¿Y duermen, por ventura, los encantados, señor? —preguntó Sancho. + +— No, por cierto —respondió don Quijote—; a lo menos, en estos tres días que +yo he estado con ellos, ninguno ha pegado el ojo, ni yo tampoco. + +— Aquí encaja bien el refrán —dijo Sancho— de dime con quién andas, decirte +he quién eres: ándase vuestra merced con encantados ayunos y vigilantes, +mirad si es mucho que ni coma ni duerma mientras con ellos anduviere. Pero +perdóneme vuestra merced, señor mío, si le digo que de todo cuanto aquí ha +dicho, lléveme Dios, que iba a decir el diablo, si le creo cosa alguna. + +— ¿Cómo no? —dijo el primo—, pues ¿había de mentir el señor don Quijote, +que, aunque quisiera, no ha tenido lugar para componer e imaginar tanto +millón de mentiras? + +— Yo no creo que mi señor miente —respondió Sancho. + +— Si no, ¿qué crees? —le preguntó don Quijote. + +— Creo —respondió Sancho— que aquel Merlín, o aquellos encantadores que +encantaron a toda la chusma que vuestra merced dice que ha visto y +comunicado allá bajo, le encajaron en el magín o la memoria toda esa +máquina que nos ha contado, y todo aquello que por contar le queda. + +— Todo eso pudiera ser, Sancho —replicó don Quijote—, pero no es así, porque +lo que he contado lo vi por mis propios ojos y lo toqué con mis mismas +manos. Pero, ¿qué dirás cuando te diga yo ahora cómo, entre otras infinitas +cosas y maravillas que me mostró Montesinos, las cuales despacio y a sus +tiempos te las iré contando en el discurso de nuestro viaje, por no ser +todas deste lugar, me mostró tres labradoras que por aquellos amenísimos +campos iban saltando y brincando como cabras; y, apenas las hube visto, +cuando conocí ser la una la sin par Dulcinea del Toboso, y las otras dos +aquellas mismas labradoras que venían con ella, que hablamos a la salida +del Toboso? Pregunté a Montesinos si las conocía, respondióme que no, pero +que él imaginaba que debían de ser algunas señoras principales encantadas, +que pocos días había que en aquellos prados habían parecido; y que no me +maravillase desto, porque allí estaban otras muchas señoras de los pasados +y presentes siglos, encantadas en diferentes y estrañas figuras, entre las +cuales conocía él a la reina Ginebra y su dueña Quintañona, escanciando el +vino a Lanzarote, + +cuando de Bretaña vino. + +Cuando Sancho Panza oyó decir esto a su amo, pensó perder el juicio, o +morirse de risa; que, como él sabía la verdad del fingido encanto de +Dulcinea, de quien él había sido el encantador y el levantador de tal +testimonio, acabó de conocer indubitablemente que su señor estaba fuera de +juicio y loco de todo punto; y así, le dijo: + +— En mala coyuntura y en peor sazón y en aciago día bajó vuestra merced, +caro patrón mío, al otro mundo, y en mal punto se encontró con el señor +Montesinos, que tal nos le ha vuelto. Bien se estaba vuestra merced acá +arriba con su entero juicio, tal cual Dios se le había dado, hablando +sentencias y dando consejos a cada paso, y no agora, contando los mayores +disparates que pueden imaginarse. + +— Como te conozco, Sancho —respondió don Quijote—, no hago caso de tus +palabras. + +— Ni yo tampoco de las de vuestra merced —replicó Sancho—, siquiera me +hiera, siquiera me mate por las que le he dicho, o por las que le pienso +decir si en las suyas no se corrige y enmienda. Pero dígame vuestra merced, +ahora que estamos en paz: ¿cómo o en qué conoció a la señora nuestra ama? Y +si la habló, ¿qué dijo, y qué le respondió? + +— Conocíla —respondió don Quijote— en que trae los mesmos vestidos que traía +cuando tú me le mostraste. Habléla, pero no me respondió palabra; antes, me +volvió las espaldas, y se fue huyendo con tanta priesa, que no la alcanzara +una jara. Quise seguirla, y lo hiciera, si no me aconsejara Montesinos que +no me cansase en ello, porque sería en balde, y más porque se llegaba la +hora donde me convenía volver a salir de la sima. Díjome asimesmo que, +andando el tiempo, se me daría aviso cómo habían de ser desencantados él, y +Belerma y Durandarte, con todos los que allí estaban; pero lo que más pena +me dio, de las que allí vi y noté, fue que, estándome diciendo Montesinos +estas razones, se llegó a mí por un lado, sin que yo la viese venir, una de +las dos compañeras de la sin ventura Dulcinea, y, llenos los ojos de +lágrimas, con turbada y baja voz, me dijo: ''Mi señora Dulcinea del Toboso +besa a vuestra merced las manos, y suplica a vuestra merced se la haga de +hacerla saber cómo está; y que, por estar en una gran necesidad, asimismo +suplica a vuestra merced, cuan encarecidamente puede, sea servido de +prestarle sobre este faldellín que aquí traigo, de cotonía, nuevo, media +docena de reales, o los que vuestra merced tuviere, que ella da su palabra +de volvérselos con mucha brevedad''. Suspendióme y admiróme el tal recado, +y, volviéndome al señor Montesinos, le pregunté: ''¿Es posible, señor +Montesinos, que los encantados principales padecen necesidad?'' A lo que él +me respondió: ''Créame vuestra merced, señor don Quijote de la Mancha, que +ésta que llaman necesidad adondequiera se usa, y por todo se estiende, y a +todos alcanza, y aun hasta los encantados no perdona; y, pues la señora +Dulcinea del Toboso envía a pedir esos seis reales, y la prenda es buena, +según parece, no hay sino dárselos; que, sin duda, debe de estar puesta en +algún grande aprieto''. ''Prenda, no la tomaré yo —le respondí—, ni menos +le daré lo que pide, porque no tengo sino solos cuatro reales''; los cuales +le di (que fueron los que tú, Sancho, me diste el otro día para dar limosna +a los pobres que topase por los caminos), y le dije: ''Decid, amiga mía, a +vuesa señora que a mí me pesa en el alma de sus trabajos, y que quisiera +ser un Fúcar para remediarlos; y que le hago saber que yo no puedo ni debo +tener salud careciendo de su agradable vista y discreta conversación, y que +le suplico, cuan encarecidamente puedo, sea servida su merced de dejarse +ver y tratar deste su cautivo servidor y asendereado caballero. Diréisle +también que, cuando menos se lo piense, oirá decir como yo he hecho un +juramento y voto, a modo de aquel que hizo el marqués de Mantua, de vengar +a su sobrino Baldovinos, cuando le halló para espirar en mitad de la +montiña, que fue de no comer pan a manteles, con las otras zarandajas que +allí añadió, hasta vengarle; y así le haré yo de no sosegar, y de andar las +siete partidas del mundo, con más puntualidad que las anduvo el infante don +Pedro de Portugal, hasta desencantarla''. ''Todo eso, y más, debe vuestra +merced a mi señora'', me respondió la doncella. Y, tomando los cuatro +reales, en lugar de hacerme una reverencia, hizo una cabriola, que se +levantó dos varas de medir en el aire. + +— ¡Oh santo Dios! —dijo a este tiempo dando una gran voz Sancho—. ¿Es +posible que tal hay en el mundo, y que tengan en él tanta fuerza los +encantadores y encantamentos, que hayan trocado el buen juicio de mi señor +en una tan disparatada locura? ¡Oh señor, señor, por quien Dios es, que +vuestra merced mire por sí y vuelva por su honra, y no dé crédito a esas +vaciedades que le tienen menguado y descabalado el sentido! + +— Como me quieres bien, Sancho, hablas desa manera —dijo don Quijote—; y, +como no estás experimentado en las cosas del mundo, todas las cosas que +tienen algo de dificultad te parecen imposibles; pero andará el tiempo, +como otra vez he dicho, y yo te contaré algunas de las que allá abajo he +visto, que te harán creer las que aquí he contado, cuya verdad ni admite +réplica ni disputa. + + + + +Capítulo XXIV. Donde se cuentan mil zarandajas tan impertinentes como +necesarias al verdadero entendimiento desta grande historia + +Dice el que tradujo esta grande historia del original, de la que escribió +su primer autor Cide Hamete Benengeli, que, llegando al capítulo de la +aventura de la cueva de Montesinos, en el margen dél estaban escritas, de +mano del mesmo Hamete, estas mismas razones: + +''No me puedo dar a entender, ni me puedo persuadir, que al valeroso don +Quijote le pasase puntualmente todo lo que en el antecedente capítulo queda +escrito: la razón es que todas las aventuras hasta aquí sucedidas han sido +contingibles y verisímiles, pero ésta desta cueva no le hallo entrada +alguna para tenerla por verdadera, por ir tan fuera de los términos +razonables. Pues pensar yo que don Quijote mintiese, siendo el más +verdadero hidalgo y el más noble caballero de sus tiempos, no es posible; +que no dijera él una mentira si le asaetearan. Por otra parte, considero +que él la contó y la dijo con todas las circunstancias dichas, y que no +pudo fabricar en tan breve espacio tan gran máquina de disparates; y si +esta aventura parece apócrifa, yo no tengo la culpa; y así, sin afirmarla +por falsa o verdadera, la escribo. Tú, letor, pues eres prudente, juzga lo +que te pareciere, que yo no debo ni puedo más; puesto que se tiene por +cierto que al tiempo de su fin y muerte dicen que se retrató della, y dijo +que él la había inventado, por parecerle que convenía y cuadraba bien con +las aventuras que había leído en sus historias''. + +Y luego prosigue, diciendo: + +Espantóse el primo, así del atrevimiento de Sancho Panza como de la +paciencia de su amo, y juzgó que del contento que tenía de haber visto a su +señora Dulcinea del Toboso, aunque encantada, le nacía aquella condición +blanda que entonces mostraba; porque, si así no fuera, palabras y razones +le dijo Sancho, que merecían molerle a palos; porque realmente le pareció +que había andado atrevidillo con su señor, a quien le dijo: + +— Yo, señor don Quijote de la Mancha, doy por bien empleadísima la jornada +que con vuestra merced he hecho, porque en ella he granjeado cuatro cosas. +La primera, haber conocido a vuestra merced, que lo tengo a gran felicidad. +La segunda, haber sabido lo que se encierra en esta cueva de Montesinos, +con las mutaciones de Guadiana y de las lagunas de Ruidera, que me servirán +para el Ovidio español que traigo entre manos. La tercera, entender la +antigüedad de los naipes, que, por lo menos, ya se usaban en tiempo del +emperador Carlomagno, según puede colegirse de las palabras que vuesa +merced dice que dijo Durandarte, cuando, al cabo de aquel grande espacio +que estuvo hablando con él Montesinos, él despertó diciendo: ''Paciencia y +barajar''; y esta razón y modo de hablar no la pudo aprender encantado, +sino cuando no lo estaba, en Francia y en tiempo del referido emperador +Carlomagno. Y esta averiguación me viene pintiparada para el otro libro que +voy componiendo , que es Suplemento de Virgilio Polidoro, en la invención +de las antigüedades; y creo que en el suyo no se acordó de poner la de los +naipes, como la pondré yo ahora, que será de mucha importancia, y más +alegando autor tan grave y tan verdadero como es el señor Durandarte. La +cuarta es haber sabido con certidumbre el nacimiento del río Guadiana, +hasta ahora ignorado de las gentes. + +— Vuestra merced tiene razón —dijo don Quijote—, pero querría yo saber, ya +que Dios le haga merced de que se le dé licencia para imprimir esos sus +libros, que lo dudo, a quién piensa dirigirlos. + +— Señores y grandes hay en España a quien puedan dirigirse —dijo el primo. + +— No muchos —respondió don Quijote—; y no porque no lo merezcan, sino que no +quieren admitirlos, por no obligarse a la satisfación que parece se debe al +trabajo y cortesía de sus autores. Un príncipe conozco yo que puede suplir +la falta de los demás, con tantas ventajas que, si me atreviere a decirlas, +quizá despertara la invidia en más de cuatro generosos pechos; pero quédese +esto aquí para otro tiempo más cómodo, y vamos a buscar adonde recogernos +esta noche. + +— No lejos de aquí —respondió el primo— está una ermita, donde hace su +habitación un ermitaño, que dicen ha sido soldado, y está en opinión de ser +un buen cristiano, y muy discreto y caritativo además. Junto con la ermita +tiene una pequeña casa, que él ha labrado a su costa; pero, con todo, +aunque chica, es capaz de recibir huéspedes. + +— ¿Tiene por ventura gallinas el tal ermitaño? —preguntó Sancho. + +— Pocos ermitaños están sin ellas —respondió don Quijote—, porque no son los +que agora se usan como aquellos de los desiertos de Egipto, que se vestían +de hojas de palma y comían raíces de la tierra. Y no se entienda que por +decir bien de aquéllos no lo digo de aquéstos, sino que quiero decir que al +rigor y estrecheza de entonces no llegan las penitencias de los de agora; +pero no por esto dejan de ser todos buenos; a lo menos, yo por buenos los +juzgo; y, cuando todo corra turbio, menos mal hace el hipócrita que se +finge bueno que el público pecador. + +Estando en esto, vieron que hacia donde ellos estaban venía un hombre a +pie, caminando apriesa, y dando varazos a un macho que venía cargado de +lanzas y de alabardas. Cuando llegó a ellos, los saludó y pasó de largo. +Don Quijote le dijo: + +— Buen hombre, deteneos, que parece que vais con más diligencia que ese +macho ha menester. + +— No me puedo detener, señor —respondió el hombre—, porque las armas que +veis que aquí llevo han de servir mañana; y así, me es forzoso el no +detenerme, y a Dios. Pero si quisiéredes saber para qué las llevo, en la +venta que está más arriba de la ermita pienso alojar esta noche; y si es +que hacéis este mesmo camino, allí me hallaréis, donde os contaré +maravillas. Y a Dios otra vez. + +Y de tal manera aguijó el macho, que no tuvo lugar don Quijote de +preguntarle qué maravillas eran las que pensaba decirles; y, como él era +algo curioso y siempre le fatigaban deseos de saber cosas nuevas, ordenó +que al momento se partiesen y fuesen a pasar la noche en la venta, sin +tocar en la ermita, donde quisiera el primo que se quedaran. + +Hízose así, subieron a caballo, y siguieron todos tres el derecho camino de +la venta, a la cual llegaron un poco antes de anochecer. Dijo el primo a +don Quijote que llegasen a ella a beber un trago. Apenas oyó esto Sancho +Panza, cuando encaminó el rucio a la ermita, y lo mismo hicieron don +Quijote y el primo; pero la mala suerte de Sancho parece que ordenó que el +ermitaño no estuviese en casa; que así se lo dijo una sotaermitaño que en +la ermita hallaron. Pidiéronle de lo caro; respondió que su señor no lo +tenía, pero que si querían agua barata, que se la daría de muy buena gana. + +— Si yo la tuviera de agua —respondió Sancho—, pozos hay en el camino, +donde la hubiera satisfecho. ¡Ah bodas de Camacho y abundancia de la casa +de don Diego, y cuántas veces os tengo de echar menos! + +Con esto, dejaron la ermita y picaron hacia la venta; y a poco trecho +toparon un mancebito, que delante dellos iba caminando no con mucha priesa; +y así, le alcanzaron. Llevaba la espada sobre el hombro, y en ella puesto +un bulto o envoltorio, al parecer de sus vestidos; que, al parecer, debían +de ser los calzones o greguescos, y herreruelo, y alguna camisa, porque +traía puesta una ropilla de terciopelo con algunas vislumbres de raso, y la +camisa, de fuera; las medias eran de seda, y los zapatos cuadrados, a uso +de corte; la edad llegaría a diez y ocho o diez y nueve años; alegre de +rostro, y, al parecer, ágil de su persona. Iba cantando seguidillas, para +entretener el trabajo del camino. Cuando llegaron a él, acababa de cantar +una, que el primo tomó de memoria, que dicen que decía: + +A la guerra me lleva +mi necesidad; +si tuviera dineros, +no fuera, en verdad. + +El primero que le habló fue don Quijote, diciéndole: + +— Muy a la ligera camina vuesa merced, señor galán. Y ¿adónde bueno? +Sepamos, si es que gusta decirlo. + +A lo que el mozo respondió: + +— El caminar tan a la ligera lo causa el calor y la pobreza, y el adónde voy +es a la guerra. + +— ¿Cómo la pobreza? —preguntó don Quijote—; que por el calor bien puede ser. + +— Señor —replicó el mancebo—, yo llevo en este envoltorio unos greguescos de +terciopelo, compañeros desta ropilla; si los gasto en el camino, no me +podré honrar con ellos en la ciudad, y no tengo con qué comprar otros; y, +así por esto como por orearme, voy desta manera, hasta alcanzar unas +compañías de infantería que no están doce leguas de aquí, donde asentaré mi +plaza, y no faltarán bagajes en que caminar de allí adelante hasta el +embarcadero, que dicen ha de ser en Cartagena. Y más quiero tener por amo y +por señor al rey, y servirle en la guerra, que no a un pelón en la corte. + +— Y ¿lleva vuesa merced alguna ventaja por ventura? —preguntó el primo. + +— Si yo hubiera servido a algún grande de España, o algún principal +personaje —respondió el mozo—, a buen seguro que yo la llevara, que eso +tiene el servir a los buenos: que del tinelo suelen salir a ser alférez o +capitanes, o con algún buen entretenimiento; pero yo, desventurado, serví +siempre a catarriberas y a gente advenediza, de ración y quitación tan +mísera y atenuada, que en pagar el almidonar un cuello se consumía la mitad +della; y sería tenido a milagro que un paje aventurero alcanzase alguna +siquiera razonable ventura. + +— Y dígame, por su vida, amigo —preguntó don Quijote—: ¿es posible que en +los años que sirvió no ha podido alcanzar alguna librea? + +— Dos me han dado —respondió el paje—; pero, así como el que se sale de +alguna religión antes de profesar le quitan el hábito y le vuelven sus +vestidos, así me volvían a mí los míos mis amos, que, acabados los negocios +a que venían a la corte, se volvían a sus casas y recogían las libreas que +por sola ostentación habían dado. + +— Notable espilorchería, como dice el italiano —dijo don Quijote—; pero, con +todo eso, tenga a felice ventura el haber salido de la corte con tan buena +intención como lleva; porque no hay otra cosa en la tierra más honrada ni +de más provecho que servir a Dios, primeramente, y luego, a su rey y señor +natural, especialmente en el ejercicio de las armas, por las cuales se +alcanzan, si no más riquezas, a lo menos, más honra que por las letras, +como yo tengo dicho muchas veces; que, puesto que han fundado más +mayorazgos las letras que las armas, todavía llevan un no sé qué los de las +armas a los de las letras, con un sí sé qué de esplendor que se halla en +ellos, que los aventaja a todos. Y esto que ahora le quiero decir llévelo +en la memoria, que le será de mucho provecho y alivio en sus trabajos; y es +que, aparte la imaginación de los sucesos adversos que le podrán venir, que +el peor de todos es la muerte, y como ésta sea buena, el mejor de todos es +el morir. Preguntáronle a Julio César, aquel valeroso emperador romano, +cuál era la mejor muerte; respondió que la impensada, la de repente y no +prevista; y, aunque respondió como gentil y ajeno del conocimiento del +verdadero Dios, con todo eso, dijo bien, para ahorrarse del sentimiento +humano; que, puesto caso que os maten en la primera facción y refriega, o +ya de un tiro de artillería, o volado de una mina, ¿qué importa? Todo es +morir, y acabóse la obra; y, según Terencio, más bien parece el soldado +muerto en la batalla que vivo y salvo en la huida; y tanto alcanza de fama +el buen soldado cuanto tiene de obediencia a sus capitanes y a los que +mandarle pueden. Y advertid, hijo, que al soldado mejor le está el oler a +pólvora que algalia, y que si la vejez os coge en este honroso ejercicio, +aunque sea lleno de heridas y estropeado o cojo, a lo menos no os podrá +coger sin honra, y tal, que no os la podrá menoscabar la pobreza; cuanto +más, que ya se va dando orden cómo se entretengan y remedien los soldados +viejos y estropeados, porque no es bien que se haga con ellos lo que suelen +hacer los que ahorran y dan libertad a sus negros cuando ya son viejos y no +pueden servir, y, echándolos de casa con título de libres, los hacen +esclavos de la hambre, de quien no piensan ahorrarse sino con la muerte. Y +por ahora no os quiero decir más, sino que subáis a las ancas deste mi +caballo hasta la venta, y allí cenaréis conmigo, y por la mañana seguiréis +el camino, que os le dé Dios tan bueno como vuestros deseos merecen. + +El paje no aceptó el convite de las ancas, aunque sí el de cenar con él en +la venta; y, a esta sazón, dicen que dijo Sancho entre sí: + +— ¡Válate Dios por señor! Y ¿es posible que hombre que sabe decir tales, +tantas y tan buenas cosas como aquí ha dicho, diga que ha visto los +disparates imposibles que cuenta de la cueva de Montesinos? Ahora bien, +ello dirá. + +Y en esto, llegaron a la venta, a tiempo que anochecía, y no sin gusto de +Sancho, por ver que su señor la juzgó por verdadera venta, y no por +castillo, como solía. No hubieron bien entrado, cuando don Quijote preguntó +al ventero por el hombre de las lanzas y alabardas; el cual le respondió +que en la caballeriza estaba acomodando el macho. Lo mismo hicieron de sus +jumentos el primo y Sancho, dando a Rocinante el mejor pesebre y el mejor +lugar de la caballeriza. + + + + +Capítulo XXV. Donde se apunta la aventura del rebuzno y la graciosa del +titerero, con las memorables adivinanzas del mono adivino + +No se le cocía el pan a don Quijote, como suele decirse, hasta oír y saber +las maravillas prometidas del hombre condutor de las armas. Fuele a buscar +donde el ventero le había dicho que estaba, y hallóle, y díjole que en todo +caso le dijese luego lo que le había de decir después, acerca de lo que le +había preguntado en el camino. El hombre le respondió: + +— Más despacio, y no en pie, se ha de tomar el cuento de mis maravillas: +déjeme vuestra merced, señor bueno, acabar de dar recado a mi bestia, que +yo le diré cosas que le admiren. + +— No quede por eso —respondió don Quijote—, que yo os ayudaré a todo. + +Y así lo hizo, ahechándole la cebada y limpiando el pesebre, humildad que +obligó al hombre a contarle con buena voluntad lo que le pedía; y, +sentándose en un poyo y don Quijote junto a él, teniendo por senado y +auditorio al primo, al paje, a Sancho Panza y al ventero, comenzó a decir +desta manera: + +— «Sabrán vuesas mercedes que en un lugar que está cuatro leguas y media +desta venta sucedió que a un regidor dél, por industria y engaño de una +muchacha criada suya, y esto es largo de contar, le faltó un asno, y, +aunque el tal regidor hizo las diligencias posibles por hallarle, no fue +posible. Quince días serían pasados, según es pública voz y fama,— que el +asno faltaba, cuando, estando en la plaza el regidor perdidoso, otro +regidor del mismo pueblo le dijo: ''Dadme albricias, compadre, que vuestro +jumento ha parecido''. ''Yo os las mando y buenas, compadre —respondió el +otro—, pero sepamos dónde ha parecido''. ''En el monte —respondió el +hallador—, le vi esta mañana, sin albarda y sin aparejo alguno, y tan flaco +que era una compasión miralle. Quísele antecoger delante de mí y traérosle, +pero está ya tan montaraz y tan huraño, que, cuando llegé a él, se fue +huyendo y se entró en lo más escondido del monte. Si queréis que volvamos +los dos a buscarle, dejadme poner esta borrica en mi casa, que luego +vuelvo''. ''Mucho placer me haréis —dijo el del jumento—, e yo procuraré +pagároslo en la mesma moneda''. Con estas circunstancias todas, y de la +mesma manera que yo lo voy contando, lo cuentan todos aquellos que están +enterados en la verdad deste caso. En resolución, los dos regidores, a pie +y mano a mano, se fueron al monte, y, llegando al lugar y sitio donde +pensaron hallar el asno, no le hallaron, ni pareció por todos aquellos +contornos, aunque más le buscaron. Viendo, pues, que no parecía, dijo el +regidor que le había visto al otro: ''Mirad, compadre: una traza me ha +venido al pensamiento, con la cual sin duda alguna podremos descubrir este +animal, aunque esté metido en las entrañas de la tierra, no que del monte; +y es que yo sé rebuznar maravillosamente; y si vos sabéis algún tanto, dad +el hecho por concluido''. ''¿Algún tanto decís, compadre? —dijo el otro—; +por Dios, que no dé la ventaja a nadie, ni aun a los mesmos asnos''. +''Ahora lo veremos —respondió el regidor segundo—, porque tengo determinado +que os vais vos por una parte del monte y yo por otra, de modo que le +rodeemos y andemos todo, y de trecho en trecho rebuznaréis vos y rebuznaré +yo, y no podrá ser menos sino que el asno nos oya y nos responda, si es que +está en el monte''. A lo que respondió el dueño del jumento: ''Digo, +compadre, que la traza es excelente y digna de vuestro gran ingenio''. Y, +dividiéndose los dos según el acuerdo, sucedió que casi a un mesmo tiempo +rebuznaron, y cada uno engañado del rebuzno del otro, acudieron a buscarse, +pensando que ya el jumento había parecido; y, en viéndose, dijo el +perdidoso: ''¿Es posible, compadre, que no fue mi asno el que rebuznó?'' +''No fue, sino yo'', respondió el otro. ''Ahora digo —dijo el dueño—, que +de vos a un asno, compadre, no hay alguna diferencia, en cuanto toca al +rebuznar, porque en mi vida he visto ni oído cosa más propia''. ''Esas +alabanzas y encarecimiento —respondió el de la traza—, mejor os atañen y +tocan a vos que a mí, compadre; que por el Dios que me crió que podéis dar +dos rebuznos de ventaja al mayor y más perito rebuznador del mundo; porque +el sonido que tenéis es alto; lo sostenido de la voz, a su tiempo y compás; +los dejos, muchos y apresurados, y, en resolución, yo me doy por vencido y +os rindo la palma y doy la bandera desta rara habilidad''. ''Ahora digo +— respondió el dueño—, que me tendré y estimaré en más de aquí adelante, y +pensaré que sé alguna cosa, pues tengo alguna gracia; que, puesto que +pensara que rebuznaba bien, nunca entendí que llegaba el estremo que +decís''. ''También diré yo ahora —respondió el segundo— que hay raras +habilidades perdidas en el mundo, y que son mal empleadas en aquellos que +no saben aprovecharse dellas''. ''Las nuestras —respondió el dueño—, si no +es en casos semejantes como el que traemos entre manos, no nos pueden +servir en otros, y aun en éste plega a Dios que nos sean de provecho''. +Esto dicho, se tornaron a dividir y a volver a sus rebuznos, y a cada paso +se engañaban y volvían a juntarse, hasta que se dieron por contraseño que, +para entender que eran ellos, y no el asno, rebuznasen dos veces, una tras +otra. Con esto, doblando a cada paso los rebuznos, rodearon todo el monte +sin que el perdido jumento respondiese, ni aun por señas. Mas, ¿cómo había +de responder el pobre y mal logrado, si le hallaron en lo más escondido del +bosque, comido de lobos? Y, en viéndole, dijo su dueño: ''Ya me maravillaba +yo de que él no respondía, pues a no estar muerto, él rebuznara si nos +oyera, o no fuera asno; pero, a trueco de haberos oído rebuznar con tanta +gracia, compadre, doy por bien empleado el trabajo que he tenido en +buscarle, aunque le he hallado muerto''. ''En buena mano está, compadre +— respondió el otro—, pues si bien canta el abad, no le va en zaga el +monacillo''. Con esto, desconsolados y roncos, se volvieron a su aldea, +adonde contaron a sus amigos, vecinos y conocidos cuanto les había +acontecido en la busca del asno, exagerando el uno la gracia del otro en el +rebuznar; todo lo cual se supo y se estendió por los lugares circunvecinos. +Y el diablo, que no duerme, como es amigo de sembrar y derramar rencillas y +discordia por doquiera, levantando caramillos en el viento y grandes +quimeras de nonada, ordenó e hizo que las gentes de los otros pueblos, en +viendo a alguno de nuestra aldea, rebuznase, como dándoles en rostro con el +rebuzno de nuestros regidores. Dieron en ello los muchachos, que fue dar en +manos y en bocas de todos los demonios del infierno, y fue cundiendo el +rebuzno de en uno en otro pueblo, de manera que son conocidos los naturales +del pueblo del rebuzno, como son conocidos y diferenciados los negros de +los blancos; y ha llegado a tanto la desgracia desta burla, que muchas +veces con mano armada y formado escuadrón han salido contra los burladores +los burlados a darse la batalla, sin poderlo remediar rey ni roque, ni +temor ni vergüenza. Yo creo que mañana o esotro día han de salir en campaña +los de mi pueblo, que son los del rebuzno, contra otro lugar que está a dos +leguas del nuestro, que es uno de los que más nos persiguen: y, por salir +bien apercebidos, llevo compradas estas lanzas y alabardas que habéis +visto.» Y éstas son las maravillas que dije que os había de contar, y si no +os lo han parecido, no sé otras. + +Y con esto dio fin a su plática el buen hombre; y, en esto, entró por la +puerta de la venta un hombre todo vestido de camuza, medias, greguescos y +jubón, y con voz levantada dijo: + +— Señor huésped, ¿hay posada? Que viene aquí el mono adivino y el retablo de +la libertad de Melisendra. + +— ¡Cuerpo de tal —dijo el ventero—, que aquí está el señor mase Pedro! Buena +noche se nos apareja. + +Olvidábaseme de decir como el tal mase Pedro traía cubierto el ojo +izquierdo, y casi medio carrillo, con un parche de tafetán verde, señal que +todo aquel lado debía de estar enfermo; y el ventero prosiguió, diciendo: + +— Sea bien venido vuestra merced, señor mase Pedro. ¿Adónde está el mono y +el retablo, que no los veo? + +— Ya llegan cerca —respondió el todo camuza—, sino que yo me he adelantado, +a saber si hay posada. + +— Al mismo duque de Alba se la quitara para dársela al señor mase Pedro +— respondió el ventero—; llegue el mono y el retablo, que gente hay esta +noche en la venta que pagará el verle y las habilidades del mono. + +— Sea en buen hora —respondió el del parche—, que yo moderaré el precio, y +con sola la costa me daré por bien pagado; y yo vuelvo a hacer que camine +la carreta donde viene el mono y el retablo. + +Y luego se volvió a salir de la venta. + +Preguntó luego don Quijote al ventero qué mase Pedro era aquél, y qué +retablo y qué mono traía. A lo que respondió el ventero: + +— Éste es un famoso titerero, que ha muchos días que anda por esta Mancha de +Aragón enseñando un retablo de Melisendra, libertada por el famoso don +Gaiferos, que es una de las mejores y más bien representadas historias que +de muchos años a esta parte en este reino se han visto. Trae asimismo +consigo un mono de la más rara habilidad que se vio entre monos, ni se +imaginó entre hombres, porque si le preguntan algo, está atento a lo que le +preguntan y luego salta sobre los hombros de su amo, y, llegándosele al +oído, le dice la respuesta de lo que le preguntan, y maese Pedro la declara +luego; y de las cosas pasadas dice mucho más que de las que están por +venir; y, aunque no todas veces acierta en todas, en las más no yerra, de +modo que nos hace creer que tiene el diablo en el cuerpo. Dos reales lleva +por cada pregunta, si es que el mono responde; quiero decir, si responde el +amo por él, después de haberle hablado al oído; y así, se cree que el tal +maese Pedro esta riquísimo; y es hombre galante, como dicen en Italia y bon +compaño, y dase la mejor vida del mundo; habla más que seis y bebe más que +doce, todo a costa de su lengua y de su mono y de su retablo. + +En esto, volvió maese Pedro, y en una carreta venía el retablo, y el mono, +grande y sin cola, con las posaderas de fieltro, pero no de mala cara; y, +apenas le vio don Quijote, cuando le preguntó: + +— Dígame vuestra merced, señor adivino: ¿qué peje pillamo? ¿Qué ha de ser de +nosotros?. Y vea aquí mis dos reales. + +Y mandó a Sancho que se los diese a maese Pedro, el cual respondió por el +mono, y dijo: + +— Señor, este animal no responde ni da noticia de las cosas que están por +venir; de las pasadas sabe algo, y de las presentes, algún tanto. + +— ¡Voto a Rus —dijo Sancho—, no dé yo un ardite porque me digan lo que por +mí ha pasado!; porque, ¿quién lo puede saber mejor que yo mesmo? Y pagar yo +porque me digan lo que sé, sería una gran necedad; pero, pues sabe las +cosas presentes, he aquí mis dos reales, y dígame el señor monísimo qué +hace ahora mi mujer Teresa Panza, y en qué se entretiene. + +No quiso tomar maese Pedro el dinero, diciendo: + +— No quiero recebir adelantados los premios, sin que hayan precedido los +servicios. + +Y, dando con la mano derecha dos golpes sobre el hombro izquierdo, en un +brinco se le puso el mono en él, y, llegando la boca al oído, daba diente +con diente muy apriesa; y, habiendo hecho este ademán por espacio de un +credo, de otro brinco se puso en el suelo, y al punto, con grandísima +priesa, se fue maese Pedro a poner de rodillas ante don Quijote, y, +abrazándole las piernas, dijo: + +— Estas piernas abrazo, bien así como si abrazara las dos colunas de +Hércules, ¡oh resucitador insigne de la ya puesta en olvido andante +caballería!; ¡oh no jamás como se debe alabado caballero don Quijote de la +Mancha, ánimo de los desmayados, arrimo de los que van a caer, brazo de los +caídos, báculo y consuelo de todos los desdichados! + +Quedó pasmado don Quijote, absorto Sancho, suspenso el primo, atónito el +paje, abobado el del rebuzno, confuso el ventero, y, finalmente, espantados +todos los que oyeron las razones del titerero, el cual prosiguió diciendo: + +— Y tú, ¡oh buen Sancho Panza!, el mejor escudero y del mejor caballero del +mundo, alégrate, que tu buena mujer Teresa está buena, y ésta es la hora en +que ella está rastrillando una libra de lino, y, por más señas, tiene a su +lado izquierdo un jarro desbocado que cabe un buen porqué de vino, con que +se entretiene en su trabajo. + +— Eso creo yo muy bien —respondió Sancho—, porque es ella una +bienaventurada, y, a no ser celosa, no la trocara yo por la giganta +Andandona, que, según mi señor, fue una mujer muy cabal y muy de pro; y es +mi Teresa de aquellas que no se dejan mal pasar, aunque sea a costa de sus +herederos. + +— Ahora digo —dijo a esta sazón don Quijote—, que el que lee mucho y anda +mucho, vee mucho y sabe mucho. Digo esto porque, ¿qué persuasión fuera +bastante para persuadirme que hay monos en el mundo que adivinen, como lo +he visto ahora por mis propios ojos? Porque yo soy el mesmo don Quijote de +la Mancha que este buen animal ha dicho, puesto que se ha estendido algún +tanto en mis alabanzas; pero comoquiera que yo me sea, doy gracias al +cielo, que me dotó de un ánimo blando y compasivo, inclinado siempre a +hacer bien a todos, y mal a ninguno. + +— Si yo tuviera dineros —dijo el paje—, preguntara al señor mono qué me ha +de suceder en la peregrinación que llevo. + +A lo que respondió maese Pedro, que ya se había levantado de los pies de +don Quijote: + +— Ya he dicho que esta bestezuela no responde a lo por venir; que si +respondiera, no importara no haber dineros; que, por servicio del señor don +Quijote, que está presente, dejara yo todos los intereses del mundo. Y +agora, porque se lo debo, y por darle gusto, quiero armar mi retablo y dar +placer a cuantos están en la venta, sin paga alguna. + +Oyendo lo cual el ventero, alegre sobremanera, señaló el lugar donde se +podía poner el retablo, que en un punto fue hecho. + +Don Quijote no estaba muy contento con las adivinanzas del mono, por +parecerle no ser a propósito que un mono adivinase, ni las de por venir, ni +las pasadas cosas; y así, en tanto que maese Pedro acomodaba el retablo, se +retiró don Quijote con Sancho a un rincón de la caballeriza, donde, sin ser +oídos de nadie, le dijo: + +— Mira, Sancho, yo he considerado bien la estraña habilidad deste mono, y +hallo por mi cuenta que sin duda este maese Pedro, su amo, debe de tener +hecho pacto, tácito o espreso, con el demonio. + +— Si el patio es espeso y del demonio —dijo Sancho—, sin duda debe de ser +muy sucio patio; pero, ¿de qué provecho le es al tal maese Pedro tener esos +patios? + +— No me entiendes, Sancho: no quiero decir sino que debe de tener hecho +algún concierto con el demonio de que infunda esa habilidad en el mono, con +que gane de comer, y después que esté rico le dará su alma, que es lo que +este universal enemigo pretende. Y háceme creer esto el ver que el mono no +responde sino a las cosas pasadas o presentes, y la sabiduría del diablo no +se puede estender a más, que las por venir no las sabe si no es por +conjeturas, y no todas veces; que a solo Dios está reservado conocer los +tiempos y los momentos, y para Él no hay pasado ni porvenir, que todo es +presente. Y, siendo esto así, como lo es, está claro que este mono habla +con el estilo del diablo; y estoy maravillado cómo no le han acusado al +Santo Oficio, y examinádole y sacádole de cuajo en virtud de quién adivina; +porque cierto está que este mono no es astrólogo, ni su amo ni él alzan, ni +saben alzar, estas figuras que llaman judiciarias, que tanto ahora se usan +en España, que no hay mujercilla, ni paje, ni zapatero de viejo que no +presuma de alzar una figura, como si fuera una sota de naipes del suelo, +echando a perder con sus mentiras e ignorancias la verdad maravillosa de la +ciencia. De una señora sé yo que preguntó a uno destos figureros que si una +perrilla de falda pequeña, que tenía, si se empreñaría y pariría, y cuántos +y de qué color serían los perros que pariese. A lo que el señor judiciario, +después de haber alzado la figura, respondió que la perrica se empreñaría, +y pariría tres perricos, el uno verde, el otro encarnado y el otro de +mezcla, con tal condición que la tal perra se cubriese entre las once y +doce del día, o de la noche, y que fuese en lunes o en sábado; y lo que +sucedió fue que de allí a dos días se moría la perra de ahíta, y el señor +levantador quedó acreditado en el lugar por acertadísimo judiciario, como +lo quedan todos o los más levantadores. + +— Con todo eso, querría —dijo Sancho— que vuestra merced dijese a maese +Pedro preguntase a su mono si es verdad lo que a vuestra merced le pasó en +la cueva de Montesinos; que yo para mí tengo, con perdón de vuestra merced, +que todo fue embeleco y mentira, o por lo menos, cosas soñadas. + +— Todo podría ser —respondió don Quijote—, pero yo haré lo que me aconsejas, +puesto que me ha de quedar un no sé qué de escrúpulo. + +Estando en esto, llegó maese Pedro a buscar a don Quijote y decirle que ya +estaba en orden el retablo; que su merced viniese a verle, porque lo +merecía. Don Quijote le comunicó su pensamiento, y le rogó preguntase luego +a su mono le dijese si ciertas cosas que había pasado en la cueva de +Montesinos habían sido soñadas o verdaderas; porque a él le parecía que +tenían de todo. A lo que maese Pedro, sin responder palabra, volvió a traer +el mono, y, puesto delante de don Quijote y de Sancho, dijo: + +— Mirad, señor mono, que este caballero quiere saber si ciertas cosas que le +pasaron en una cueva llamada de Montesinos, si fueron falsas o verdaderas. + +Y, haciéndole la acostumbrada señal, el mono se le subió en el hombro +izquierdo, y, hablándole, al parecer, en el oído, dijo luego maese Pedro: + +— El mono dice que parte de las cosas que vuesa merced vio, o pasó, en la +dicha cueva son falsas, y parte verisímiles; y que esto es lo que sabe, y +no otra cosa, en cuanto a esta pregunta; y que si vuesa merced quisiere +saber más, que el viernes venidero responderá a todo lo que se le +preguntare, que por ahora se le ha acabado la virtud, que no le vendrá +hasta el viernes, como dicho tiene. + +— ¿No lo decía yo —dijo Sancho—, que no se me podía asentar que todo lo que +vuesa merced, señor mío, ha dicho de los acontecimientos de la cueva era +verdad, ni aun la mitad? + +— Los sucesos lo dirán, Sancho —respondió don Quijote—; que el tiempo, +descubridor de todas las cosas, no se deja ninguna que no las saque a la +luz del sol, aunque esté escondida en los senos de la tierra. Y, por hora, +baste esto, y vámonos a ver el retablo del buen maese Pedro, que para mí +tengo que debe de tener alguna novedad. + +— ¿Cómo alguna? —respondió maese Pedro—: sesenta mil encierra en sí este mi +retablo; dígole a vuesa merced, mi señor don Quijote, que es una de las +cosas más de ver que hoy tiene el mundo, y operibus credite, et non verbis; +y manos a labor, que se hace tarde y tenemos mucho que hacer y que decir y +que mostrar. + +Obedeciéronle don Quijote y Sancho, y vinieron donde ya estaba el retablo +puesto y descubierto, lleno por todas partes de candelillas de cera +encendidas, que le hacían vistoso y resplandeciente. En llegando, se metió +maese Pedro dentro dél, que era el que había de manejar las figuras del +artificio, y fuera se puso un muchacho, criado del maese Pedro, para servir +de intérprete y declarador de los misterios del tal retablo: tenía una +varilla en la mano, con que señalaba las figuras que salían. + +Puestos, pues, todos cuantos había en la venta, y algunos en pie, frontero +del retablo, y acomodados don Quijote, Sancho, el paje y el primo en los +mejores lugares, el trujamán comenzó a decir lo que oirá y verá el que le +oyere o viere el capítulo siguiente. + + + + +Capítulo XXVI. Donde se prosigue la graciosa aventura del titerero, con +otras cosas en verdad harto buenas + +Callaron todos, tirios y troyanos; quiero decir, pendientes estaban todos +los que el retablo miraban de la boca del declarador de sus maravillas, +cuando se oyeron sonar en el retablo cantidad de atabales y trompetas, y +dispararse mucha artillería, cuyo rumor pasó en tiempo breve, y luego alzó +la voz el muchacho, y dijo: + +— Esta verdadera historia que aquí a vuesas mercedes se representa es sacada +al pie de la letra de las corónicas francesas y de los romances españoles +que andan en boca de las gentes, y de los muchachos, por esas calles. Trata +de la libertad que dio el señor don Gaiferos a su esposa Melisendra, que +estaba cautiva en España, en poder de moros, en la ciudad de Sansueña, que +así se llamaba entonces la que hoy se llama Zaragoza; y vean vuesas +mercedes allí cómo está jugando a las tablas don Gaiferos, según aquello +que se canta: + +Jugando está a las tablas don Gaiferos, +que ya de Melisendra está olvidado. + +Y aquel personaje que allí asoma, con corona en la cabeza y ceptro en las +manos, es el emperador Carlomagno, padre putativo de la tal Melisendra, el +cual, mohíno de ver el ocio y descuido de su yerno, le sale a reñir; y +adviertan con la vehemencia y ahínco que le riñe, que no parece sino que le +quiere dar con el ceptro media docena de coscorrones, y aun hay autores que +dicen que se los dio, y muy bien dados; y, después de haberle dicho muchas +cosas acerca del peligro que corría su honra en no procurar la libertad de +su esposa, dicen que le dijo: + +"Harto os he dicho: miradlo". + +Miren vuestras mercedes también cómo el emperador vuelve las espaldas y +deja despechado a don Gaiferos, el cual ya ven como arroja, impaciente de +la cólera, lejos de sí el tablero y las tablas, y pide apriesa las armas, y +a don Roldán, su primo, pide prestada su espada Durindana, y cómo don +Roldán no se la quiere prestar, ofreciéndole su compañía en la difícil +empresa en que se pone; pero el valeroso enojado no lo quiere aceptar; +antes, dice que él solo es bastante para sacar a su esposa, si bien +estuviese metida en el más hondo centro de la tierra; y, con esto, se entra +a armar, para ponerse luego en camino. Vuelvan vuestras mercedes los ojos a +aquella torre que allí parece, que se presupone que es una de las torres +del alcázar de Zaragoza, que ahora llaman la Aljafería; y aquella dama que +en aquel balcón parece, vestida a lo moro, es la sin par Melisendra, que +desde allí muchas veces se ponía a mirar el camino de Francia, y, puesta la +imaginación en París y en su esposo, se consolaba en su cautiverio. Miren +también un nuevo caso que ahora sucede, quizá no visto jamás. ¿No veen +aquel moro que callandico y pasito a paso, puesto el dedo en la boca, se +llega por las espaldas de Melisendra? Pues miren cómo la da un beso en +mitad de los labios, y la priesa que ella se da a escupir, y a limpiárselos +con la blanca manga de su camisa, y cómo se lamenta, y se arranca de pesar +sus hermosos cabellos, como si ellos tuvieran la culpa del maleficio. Miren +también cómo aquel grave moro que está en aquellos corredores es el rey +Marsilio de Sansueña; el cual, por haber visto la insolencia del moro, +puesto que era un pariente y gran privado suyo, le mandó luego prender, y +que le den docientos azotes, llevándole por las calles acostumbradas de la +ciudad, + +con chilladores delante +y envaramiento detrás; + +y veis aquí donde salen a ejecutar la sentencia, aun bien apenas no +habiendo sido puesta en ejecución la culpa; porque entre moros no hay +"traslado a la parte", ni "a prueba y estése", como entre nosotros. + +— Niño, niño —dijo con voz alta a esta sazón don Quijote—, seguid vuestra +historia línea recta, y no os metáis en las curvas o transversales; que, +para sacar una verdad en limpio, menester son muchas pruebas y repruebas. + +También dijo maese Pedro desde dentro: + +— Muchacho, no te metas en dibujos, sino haz lo que ese señor te manda, que +será lo más acertado; sigue tu canto llano, y no te metas en contrapuntos, +que se suelen quebrar de sotiles. + +— Yo lo haré así —respondió el muchacho; y prosiguió, diciendo—: Esta figura +que aquí parece a caballo, cubierta con una capa gascona, es la mesma de +don Gaiferos, a quien su esposa, ya vengada del atrevimiento del enamorado +moro, con mejor y más sosegado semblante, se ha puesto a los miradores de +la torre, y habla con su esposo, creyendo que es algún pasajero, con quien +pasó todas aquellas razones y coloquios de aquel romance que dicen: + +Caballero, si a Francia ides, +por Gaiferos preguntad; + +las cuales no digo yo ahora, porque de la prolijidad se suele engendrar el +fastidio; basta ver cómo don Gaiferos se descubre, y que por los ademanes +alegres que Melisendra hace se nos da a entender que ella le ha conocido, y +más ahora que veemos se descuelga del balcón, para ponerse en las ancas del +caballo de su buen esposo. Mas, ¡ay, sin ventura!, que se le ha asido una +punta del faldellín de uno de los hierros del balcón, y está pendiente en +el aire, sin poder llegar al suelo. Pero veis cómo el piadoso cielo socorre +en las mayores necesidades, pues llega don Gaiferos, y, sin mirar si se +rasgará o no el rico faldellín, ase della, y mal su grado la hace bajar al +suelo, y luego, de un brinco, la pone sobre las ancas de su caballo, a +horcajadas como hombre, y la manda que se tenga fuertemente y le eche los +brazos por las espaldas, de modo que los cruce en el pecho, porque no se +caiga, a causa que no estaba la señora Melisendra acostumbrada a semejantes +caballerías. Veis también cómo los relinchos del caballo dan señales que va +contento con la valiente y hermosa carga que lleva en su señor y en su +señora. Veis cómo vuelven las espaldas y salen de la ciudad, y alegres y +regocijados toman de París la vía. ¡Vais en paz, oh par sin par de +verdaderos amantes! ¡Lleguéis a salvamento a vuestra deseada patria, sin +que la fortuna ponga estorbo en vuestro felice viaje! ¡Los ojos de vuestros +amigos y parientes os vean gozar en paz tranquila los días, que los de +Néstor sean, que os quedan de la vida! + +Aquí alzó otra vez la voz maese Pedro, y dijo: + +— Llaneza, muchacho; no te encumbres, que toda afectación es mala. + +No respondió nada el intérprete; antes, prosiguió, diciendo: + +— No faltaron algunos ociosos ojos, que lo suelen ver todo, que no viesen la +bajada y la subida de Melisendra, de quien dieron noticia al rey Marsilio, +el cual mandó luego tocar al arma; y miren con qué priesa, que ya la ciudad +se hunde con el son de las campanas que en todas las torres de las +mezquitas suenan. + +— ¡Eso no! —dijo a esta sazón don Quijote—: en esto de las campanas anda muy +impropio maese Pedro, porque entre moros no se usan campanas, sino +atabales, y un género de dulzainas que parecen nuestras chirimías; y esto +de sonar campanas en Sansueña sin duda que es un gran disparate. + +Lo cual oído por maese Pedro, cesó el tocar y dijo: + +— No mire vuesa merced en niñerías, señor don Quijote, ni quiera llevar las +cosas tan por el cabo que no se le halle. ¿No se representan por ahí, casi +de ordinario, mil comedias llenas de mil impropiedades y disparates, y, con +todo eso, corren felicísimamente su carrera, y se escuchan no sólo con +aplauso, sino con admiración y todo? Prosigue, muchacho, y deja decir; que, +como yo llene mi talego, si quiere represente más impropiedades que tiene +átomos el sol. + +— Así es la verdad —replicó don Quijote. + +Y el muchacho dijo: + +— Miren cuánta y cuán lucida caballería sale de la ciudad en siguimiento de +los dos católicos amantes, cuántas trompetas que suenan, cuántas dulzainas +que tocan y cuántos atabales y atambores que retumban. Témome que los han +de alcanzar, y los han de volver atados a la cola de su mismo caballo, que +sería un horrendo espetáculo. + +Viendo y oyendo, pues, tanta morisma y tanto estruendo don Quijote, +parecióle ser bien dar ayuda a los que huían; y, levantándose en pie, en +voz alta, dijo: + +— No consentiré yo en mis días y en mi presencia se le haga superchería a +tan famoso caballero y a tan atrevido enamorado como don Gaiferos. +¡Deteneos, mal nacida canalla; no le sigáis ni persigáis; si no, conmigo +sois en la batalla! + +Y, diciendo y haciendo, desenvainó la espada, y de un brinco se puso junto +al retablo, y, con acelerada y nunca vista furia, comenzó a llover +cuchilladas sobre la titerera morisma, derribando a unos, descabezando a +otros, estropeando a éste, destrozando a aquél, y, entre otros muchos, tiró +un altibajo tal, que si maese Pedro no se abaja, se encoge y agazapa, le +cercenara la cabeza con más facilidad que si fuera hecha de masa de +mazapán. Daba voces maese Pedro, diciendo: + +— Deténgase vuesa merced, señor don Quijote, y advierta que estos que +derriba, destroza y mata no son verdaderos moros, sino unas figurillas de +pasta. ¡Mire, pecador de mí, que me destruye y echa a perder toda mi +hacienda! + +Mas no por esto dejaba de menudear don Quijote cuchilladas, mandobles, +tajos y reveses como llovidos. Finalmente, en menos de dos credos dio con +todo el retablo en el suelo, hechas pedazos y desmenuzadas todas sus +jarcias y figuras: el rey Marsilio, mal herido, y el emperador Carlomagno, +partida la corona y la cabeza en dos partes. Alborotóse el senado de los +oyentes, huyóse el mono por los tejados de la ventana, temió el primo, +acobardóse el paje, y hasta el mesmo Sancho Panza tuvo pavor grandísimo, +porque, como él juró después de pasada la borrasca, jamás había visto a su +señor con tan desatinada cólera. Hecho, pues, el general destrozo del +retablo, sosegóse un poco don Quijote y dijo: + +— Quisiera yo tener aquí delante en este punto todos aquellos que no creen, +ni quieren creer, de cuánto provecho sean en el mundo los caballeros +andantes: miren, si no me hallara yo aquí presente, qué fuera del buen don +Gaiferos y de la hermosa Melisendra; a buen seguro que ésta fuera ya la +hora que los hubieran alcanzado estos canes, y les hubieran hecho algún +desaguisado. En resolución, ¡viva la andante caballería sobre cuantas cosas +hoy viven en la tierra! + +— ¡Vivan en hora buena —dijo a esta sazón con voz enfermiza maese Pedro—, y +muera yo, pues soy tan desdichado que puedo decir con el rey don Rodrigo: + +Ayer fui señor de España... +y hoy no tengo una almena +que pueda decir que es mía! + +No ha media hora, ni aun un mediano momento, que me vi señor de reyes y de +emperadores, llenas mis caballerizas y mis cofres y sacos de infinitos +caballos y de innumerables galas, y agora me veo desolado y abatido, pobre +y mendigo, y, sobre todo, sin mi mono, que a fe que primero que le vuelva a +mi poder me han de sudar los dientes; y todo por la furia mal considerada +deste señor caballero, de quien se dice que ampara pupilos, y endereza +tuertos, y hace otras obras caritativas; y en mí solo ha venido a +faltar su intención generosa, que sean benditos y alabados los cielos, allá +donde tienen más levantados sus asientos. En fin, el Caballero de la Triste +Figura había de ser aquel que había de desfigurar las mías. + +Enternecióse Sancho Panza con las razones de maese Pedro, y díjole: + +— No llores, maese Pedro, ni te lamentes, que me quiebras el corazón; porque +te hago saber que es mi señor don Quijote tan católico y escrupuloso +cristiano, que si él cae en la cuenta de que te ha hecho algún agravio, te +lo sabrá y te lo querrá pagar y satisfacer con muchas ventajas. + +— Con que me pagase el señor don Quijote alguna parte de las hechuras que me +ha deshecho, quedaría contento, y su merced aseguraría su conciencia, +porque no se puede salvar quien tiene lo ajeno contra la voluntad de su +dueño y no lo restituye. + +— Así es —dijo don Quijote—, pero hasta ahora yo no sé que tenga nada +vuestro, maese Pedro. + +— ¿Cómo no? —respondió maese Pedro—; y estas reliquias que están por este +duro y estéril suelo, ¿quién las esparció y aniquiló, sino la fuerza +invencible dese poderoso brazo?, y ¿cúyos eran sus cuerpos sino míos?, y +¿con quién me sustentaba yo sino con ellos? + +— Ahora acabo de creer —dijo a este punto don Quijote— lo que otras muchas +veces he creído: que estos encantadores que me persiguen no hacen sino +ponerme las figuras como ellas son delante de los ojos, y luego me las +mudan y truecan en las que ellos quieren. Real y verdaderamente os digo, +señores que me oís, que a mí me pareció todo lo que aquí ha pasado que +pasaba al pie de la letra: que Melisendra era Melisendra, don Gaiferos don +Gaiferos, Marsilio Marsilio, y Carlomagno Carlomagno: por eso se me alteró +la cólera, y, por cumplir con mi profesión de caballero andante, quise dar +ayuda y favor a los que huían, y con este buen propósito hice lo que habéis +visto; si me ha salido al revés, no es culpa mía, sino de los malos que me +persiguen; y, con todo esto, deste mi yerro, aunque no ha procedido de +malicia, quiero yo mismo condenarme en costas: vea maese Pedro lo que +quiere por las figuras deshechas, que yo me ofrezco a pagárselo luego, en +buena y corriente moneda castellana. + +Inclinósele maese Pedro, diciéndole: + +— No esperaba yo menos de la inaudita cristiandad del valeroso don Quijote +de la Mancha, verdadero socorredor y amparo de todos los necesitados y +menesterosos vagamundos; y aquí el señor ventero y el gran Sancho serán +medianeros y apreciadores, entre vuesa merced y mí, de lo que valen o +podían valer las ya deshechas figuras. + +El ventero y Sancho dijeron que así lo harían, y luego maese Pedro alzó del +suelo, con la cabeza menos, al rey Marsilio de Zaragoza, y dijo: + +— Ya se vee cuán imposible es volver a este rey a su ser primero; y así, me +parece, salvo mejor juicio, que se me dé por su muerte, fin y acabamiento +cuatro reales y medio. + +— ¡Adelante! —dijo don Quijote. + +— Pues por esta abertura de arriba abajo —prosiguió maese Pedro, tomando en +las manos al partido emperador Carlomagno—, no sería mucho que pidiese yo +cinco reales y un cuartillo. + +— No es poco —dijo Sancho. + +— Ni mucho —replicó el ventero—; médiese la partida y señálensele cinco +reales. + +— Dénsele todos cinco y cuartillo —dijo don Quijote—, que no está en un +cuartillo más a menos la monta desta notable desgracia; y acabe presto +maese Pedro, que se hace hora de cenar, y yo tengo ciertos barruntos de +hambre. + +— Por esta figura —dijo maese Pedro— que está sin narices y un ojo menos, +que es de la hermosa Melisendra, quiero, y me pongo en lo justo, dos reales +y doce maravedís. + +— Aun ahí sería el diablo —dijo don Quijote—, si ya no estuviese Melisendra +con su esposo, por lo menos, en la raya de Francia; porque el caballo en +que iban, a mí me pareció que antes volaba que corría; y así, no hay para +qué venderme a mí el gato por liebre, presentándome aquí a Melisendra +desnarigada, estando la otra, si viene a mano, ahora holgándose en Francia +con su esposo a pierna tendida. Ayude Dios con lo suyo a cada uno, señor +maese Pedro, y caminemos todos con pie llano y con intención sana. Y +prosiga. + +Maese Pedro, que vio que don Quijote izquierdeaba y que volvía a su +primer tema, no quiso que se le escapase; y así, le dijo: + +— Ésta no debe de ser Melisendra, sino alguna de las doncellas que la +servían; y así, con sesenta maravedís que me den por ella quedaré contento +y bien pagado. + +Desta manera fue poniendo precio a otras muchas destrozadas figuras, que +después los moderaron los dos jueces árbitros, con satisfación de las +partes, que llegaron a cuarenta reales y tres cuartillos; y, además desto, +que luego lo desembolsó Sancho, pidió maese Pedro dos reales por el trabajo +de tomar el mono. + +— Dáselos, Sancho —dijo don Quijote—, no para tomar el mono, sino la mona; y +docientos diera yo ahora en albricias a quien me dijera con certidumbre que +la señora doña Melisendra y el señor don Gaiferos estaban ya en Francia y +entre los suyos. + +— Ninguno nos lo podrá decir mejor que mi mono —dijo maese Pedro—, pero no +habrá diablo que ahora le tome; aunque imagino que el cariño y la hambre le +han de forzar a que me busque esta noche, y amanecerá Dios y verémonos. + +En resolución, la borrasca del retablo se acabó y todos cenaron en paz y en +buena compañía, a costa de don Quijote, que era liberal en todo estremo. + +Antes que amaneciese, se fue el que llevaba las lanzas y las alabardas, y +ya después de amanecido, se vinieron a despedir de don Quijote el primo y +el paje: el uno, para volverse a su tierra; y el otro, a proseguir su +camino, para ayuda del cual le dio don Quijote una docena de reales. Maese +Pedro no quiso volver a entrar en más dimes ni diretes con don Quijote, a +quien él conocía muy bien, y así, madrugó antes que el sol, y, cogiendo las +reliquias de su retablo y a su mono, se fue también a buscar sus aventuras. +El ventero, que no conocía a don Quijote, tan admirado le tenían sus +locuras como su liberalidad. Finalmente, Sancho le pagó muy bien, por orden +de su señor, y, despidiéndose dél, casi a las ocho del día dejaron la venta +y se pusieron en camino, donde los dejaremos ir; que así conviene para dar +lugar a contar otras cosas pertenecientes a la declaración desta famosa +historia. + + + + +Capítulo XXVII. Donde se da cuenta quiénes eran maese Pedro y su mono, con +el mal suceso que don Quijote tuvo en la aventura del rebuzno, que no la +acabó como él quisiera y como lo tenía pensado + +Entra Cide Hamete, coronista desta grande historia, con estas palabras en +este capítulo: ''Juro como católico cristiano...''; a lo que su traductor +dice que el jurar Cide Hamete como católico cristiano, siendo él moro, como +sin duda lo era, no quiso decir otra cosa sino que, así como el católico +cristiano cuando jura, jura, o debe jurar, verdad, y decirla en lo que +dijere, así él la decía, como si jurara como cristiano católico, en lo que +quería escribir de don Quijote, especialmente en decir quién era maese +Pedro, y quién el mono adivino que traía admirados todos aquellos pueblos +con sus adivinanzas. + +Dice, pues, que bien se acordará, el que hubiere leído la primera parte +desta historia, de aquel Ginés de Pasamonte, a quien, entre otros galeotes, +dio libertad don Quijote en Sierra Morena, beneficio que después le fue mal +agradecido y peor pagado de aquella gente maligna y mal acostumbrada. Este +Ginés de Pasamonte, a quien don Quijote llamaba Ginesillo de Parapilla, fue +el que hurtó a Sancho Panza el rucio; que, por no haberse puesto el cómo ni +el cuándo en la primera parte, por culpa de los impresores, ha dado en qué +entender a muchos, que atribuían a poca memoria del autor la falta de +emprenta. Pero, en resolución, Ginés le hurtó, estando sobre él durmiendo +Sancho Panza, usando de la traza y modo que usó Brunelo cuando, estando +Sacripante sobre Albraca, le sacó el caballo de entre las piernas, y +después le cobró Sancho, como se ha contado. Este Ginés, pues, temeroso de +no ser hallado de la justicia, que le buscaba para castigarle de sus +infinitas bellaquerías y delitos, que fueron tantos y tales, que él mismo +compuso un gran volumen contándolos, determinó pasarse al reino de Aragón y +cubrirse el ojo izquierdo, acomodándose al oficio de titerero; que esto y +el jugar de manos lo sabía hacer por estremo. + +Sucedió, pues, que de unos cristianos ya libres que venían de Berbería +compró aquel mono, a quien enseñó que, en haciéndole cierta señal, se le +subiese en el hombro y le murmurase, o lo pareciese, al oído. Hecho esto, +antes que entrase en el lugar donde entraba con su retablo y mono, se +informaba en el lugar más cercano, o de quien él mejor podía, qué cosas +particulares hubiesen sucedido en el tal lugar, y a qué personas; y, +llevándolas bien en la memoria, lo primero que hacía era mostrar su +retablo, el cual unas veces era de una historia, y otras de otra; pero +todas alegres y regocijadas y conocidas. Acabada la muestra, proponía las +habilidades de su mono, diciendo al pueblo que adivinaba todo lo pasado y +lo presente; pero que en lo de por venir no se daba maña. Por la respuesta +de cada pregunta pedía dos reales, y de algunas hacía barato, según tomaba +el pulso a los preguntantes; y como tal vez llegaba a las casas de quien él +sabía los sucesos de los que en ella moraban, aunque no le preguntasen nada +por no pagarle, él hacía la seña al mono, y luego decía que le había dicho +tal y tal cosa, que venía de molde con lo sucedido. Con esto cobraba +crédito inefable, y andábanse todos tras él. Otras veces, como era tan +discreto, respondía de manera que las respuestas venían bien con las +preguntas; y, como nadie le apuraba ni apretaba a que dijese cómo adevinaba +su mono, a todos hacía monas, y llenaba sus esqueros. + +Así como entró en la venta, conoció a don Quijote y a Sancho, por cuyo +conocimiento le fue fácil poner en admiración a don Quijote y a Sancho +Panza, y a todos los que en ella estaban; pero hubiérale de costar caro si +don Quijote bajara un poco más la mano cuando cortó la cabeza al rey +Marsilio y destruyó toda su caballería, como queda dicho en el antecedente +capítulo. + +Esto es lo que hay que decir de maese Pedro y de su mono. + +Y, volviendo a don Quijote de la Mancha, digo que, después de haber salido +de la venta, determinó de ver primero las riberas del río Ebro y todos +aquellos contornos, antes de entrar en la ciudad de Zaragoza, pues le daba +tiempo para todo el mucho que faltaba desde allí a las justas. Con esta +intención siguió su camino, por el cual anduvo dos días sin acontecerle +cosa digna de ponerse en escritura, hasta que al tercero, al subir de una +loma, oyó un gran rumor de atambores, de trompetas y arcabuces. Al +principio pensó que algún tercio de soldados pasaba por aquella parte, y +por verlos picó a Rocinante y subió la loma arriba; y cuando estuvo en la +cumbre, vio al pie della, a su parecer, más de docientos hombres armados de +diferentes suertes de armas, como si dijésemos lanzones, ballestas, +partesanas, alabardas y picas, y algunos arcabuces, y muchas rodelas. Bajó +del recuesto y acercóse al escuadrón, tanto, que distintamente vio las +banderas, juzgó de las colores y notó las empresas que en ellas traían, +especialmente una que en un estandarte o jirón de raso blanco venía, en el +cual estaba pintado muy al vivo un asno como un pequeño sardesco, la cabeza +levantada, la boca abierta y la lengua de fuera, en acto y postura como si +estuviera rebuznando; alrededor dél estaban escritos de letras grandes +estos dos versos: + +No rebuznaron en balde +el uno y el otro alcalde. + +Por esta insignia sacó don Quijote que aquella gente debía de ser del +pueblo del rebuzno, y así se lo dijo a Sancho, declarándole lo que en el +estandarte venía escrito. Díjole también que el que les había dado noticia +de aquel caso se había errado en decir que dos regidores habían sido los +que rebuznaron; pero que, según los versos del estandarte, no habían sido +sino alcaldes. A lo que respondió Sancho Panza: + +— Señor, en eso no hay que reparar, que bien puede ser que los regidores que +entonces rebuznaron viniesen con el tiempo a ser alcaldes de su pueblo, y +así, se pueden llamar con entrambos títulos; cuanto más, que no hace al +caso a la verdad de la historia ser los rebuznadores alcaldes o regidores, +como ellos una por una hayan rebuznado; porque tan a pique está de rebuznar +un alcalde como un regidor. + +Finalmente, conocieron y supieron como el pueblo corrido salía a pelear con +otro que le corría más de lo justo y de lo que se debía a la buena +vecindad. + +Fuese llegando a ellos don Quijote, no con poca pesadumbre de Sancho, que +nunca fue amigo de hallarse en semejantes jornadas. Los del escuadrón le +recogieron en medio, creyendo que era alguno de los de su parcialidad. Don +Quijote, alzando la visera, con gentil brío y continente, llegó hasta el +estandarte del asno, y allí se le pusieron alrededor todos los más +principales del ejército, por verle, admirados con la admiración +acostumbrada en que caían todos aquellos que la vez primera le miraban. Don +Quijote, que los vio tan atentos a mirarle, sin que ninguno le hablase ni +le preguntase nada, quiso aprovecharse de aquel silencio, y, rompiendo el +suyo, alzó la voz y dijo: + +— Buenos señores, cuan encarecidamente puedo, os suplico que no interrumpáis +un razonamiento que quiero haceros, hasta que veáis que os disgusta y +enfada; que si esto sucede, con la más mínima señal que me hagáis pondré un +sello en mi boca y echaré una mordaza a mi lengua. + +Todos le dijeron que dijese lo que quisiese, que de buena gana le +escucharían. Don Quijote, con esta licencia, prosiguió diciendo: + +Yo, señores míos, soy caballero andante, cuyo ejercicio es el de las armas, +y cuya profesión la de favorecer a los necesitados de favor y acudir a los +menesterosos. Días ha que he sabido vuestra desgracia y la causa que os +mueve a tomar las armas a cada paso, para vengaros de vuestros enemigos; y, +habiendo discurrido una y muchas veces en mi entendimiento sobre vuestro +negocio, hallo, según las leyes del duelo, que estáis engañados en teneros +por afrentados, porque ningún particular puede afrentar a un pueblo entero, +si no es retándole de traidor por junto, porque no sabe en particular quién +cometió la traición por que le reta. Ejemplo desto tenemos en don Diego +Ordóñez de Lara, que retó a todo el pueblo zamorano, porque ignoraba que +solo Vellido Dolfos había cometido la traición de matar a su rey; y así, +retó a todos, y a todos tocaba la venganza y la respuesta; aunque bien es +verdad que el señor don Diego anduvo algo demasiado, y aun pasó muy +adelante de los límites del reto, porque no tenía para qué retar a los +muertos, a las aguas, ni a los panes, ni a los que estaban por nacer, ni a +las otras menudencias que allí se declaran; pero, ¡vaya!, pues cuando la +cólera sale de madre, no tiene la lengua padre, ayo ni freno que la +corrija. Siendo, pues, esto así, que uno solo no puede afrentar a reino, +provincia, ciudad, república ni pueblo entero, queda en limpio que no hay +para qué salir a la venganza del reto de la tal afrenta, pues no lo es; +porque, ¡bueno sería que se matasen a cada paso los del pueblo de la Reloja +con quien se lo llama, ni los cazoleros, berenjeneros, ballenatos, +jaboneros, ni los de otros nombres y apellidos que andan por ahí en boca de +los muchachos y de gente de poco más a menos! ¡Bueno sería, por cierto, que +todos estos insignes pueblos se corriesen y vengasen, y anduviesen contino +hechas las espadas sacabuches a cualquier pendencia, por pequeña que fuese! +No, no, ni Dios lo permita o quiera. Los varones prudentes, las repúblicas +bien concertadas, por cuatro cosas han de tomar las armas y desenvainar las +espadas, y poner a riesgo sus personas, vidas y haciendas: la primera, por +defender la fe católica; la segunda, por defender su vida, que es de ley +natural y divina; la tercera, en defensa de su honra, de su familia y +hacienda; la cuarta, en servicio de su rey, en la guerra justa; y si le +quisiéremos añadir la quinta, que se puede contar por segunda, es en +defensa de su patria. A estas cinco causas, como capitales, se pueden +agregar algunas otras que sean justas y razonables, y que obliguen a tomar +las armas; pero tomarlas por niñerías y por cosas que antes son de risa y +pasatiempo que de afrenta, parece que quien las toma carece de todo +razonable discurso; cuanto más, que el tomar venganza injusta, que justa no +puede haber alguna que lo sea, va derechamente contra la santa ley que +profesamos, en la cual se nos manda que hagamos bien a nuestros enemigos y +que amemos a los que nos aborrecen; mandamiento que, aunque parece algo +dificultoso de cumplir, no lo es sino para aquellos que tienen menos de +Dios que del mundo, y más de carne que de espíritu; porque Jesucristo, Dios +y hombre verdadero, que nunca mintió, ni pudo ni puede mentir, siendo +legislador nuestro, dijo que su yugo era suave y su carga liviana; y así, +no nos había de mandar cosa que fuese imposible el cumplirla. Así que, mis +señores, vuesas mercedes están obligados por leyes divinas y humanas a +sosegarse. + +— El diablo me lleve —dijo a esta sazón Sancho entre sí— si este mi amo no +es tólogo; y si no lo es, que lo parece como un güevo a otro. + +Tomó un poco de aliento don Quijote, y, viendo que todavía le prestaban +silencio, quiso pasar adelante en su plática, como pasara ni no se pusiere +en medio la agudeza de Sancho, el cual, viendo que su amo se detenía, tomó +la mano por él, diciendo: + +— Mi señor don Quijote de la Mancha, que un tiempo se llamó el Caballero de +la Triste Figura y ahora se llama el Caballero de los Leones, es un hidalgo +muy atentado, que sabe latín y romance como un bachiller, y en todo cuanto +trata y aconseja procede como muy buen soldado, y tiene todas las leyes y +ordenanzas de lo que llaman el duelo en la uña; y así, no hay más que hacer +sino dejarse llevar por lo que él dijere, y sobre mí si lo erraren; cuanto +más, que ello se está dicho que es necedad correrse por sólo oír un +rebuzno, que yo me acuerdo, cuando muchacho, que rebuznaba cada y cuando +que se me antojaba, sin que nadie me fuese a la mano, y con tanta gracia y +propiedad que, en rebuznando yo, rebuznaban todos los asnos del pueblo, y +no por eso dejaba de ser hijo de mis padres, que eran honradísimos; y, +aunque por esta habilidad era invidiado de más de cuatro de los estirados +de mi pueblo, no se me daba dos ardites. Y, porque se vea que digo verdad, +esperen y escuchen, que esta ciencia es como la del nadar: que, una vez +aprendida, nunca se olvida. + +Y luego, puesta la mano en las narices, comenzó a rebuznar tan reciamente, +que todos los cercanos valles retumbaron. Pero uno de los que estaban junto +a él, creyendo que hacía burla dellos, alzó un varapalo que en la mano +tenía, y diole tal golpe con él, que, sin ser poderoso a otra cosa, dio con +Sancho Panza en el suelo. Don Quijote, que vio tan malparado a Sancho, +arremetió al que le había dado, con la lanza sobre mano, pero fueron tantos +los que se pusieron en medio, que no fue posible vengarle; antes, viendo +que llovía sobre él un nublado de piedras, y que le amenazaban mil +encaradas ballestas y no menos cantidad de arcabuces, volvió las riendas a +Rocinante, y a todo lo que su galope pudo, se salió de entre ellos, +encomendándose de todo corazón a Dios, que de aquel peligro le librase, +temiendo a cada paso no le entrase alguna bala por las espaldas y le +saliese al pecho; y a cada punto recogía el aliento, por ver si le faltaba. + +Pero los del escuadrón se contentaron con verle huir, sin tirarle. A Sancho +le pusieron sobre su jumento, apenas vuelto en sí, y le dejaron ir tras su +amo, no porque él tuviese sentido para regirle; pero el rucio siguió las +huellas de Rocinante, sin el cual no se hallaba un punto. Alongado, pues, +don Quijote buen trecho, volvió la cabeza y vio que Sancho venía, y +atendióle, viendo que ninguno le seguía. + +Los del escuadrón se estuvieron allí hasta la noche, y, por no haber salido +a la batalla sus contrarios, se volvieron a su pueblo, regocijados y +alegres; y si ellos supieran la costumbre antigua de los griegos, +levantaran en aquel lugar y sitio un trofeo. + + + + +Capítulo XXVIII. De cosas que dice Benengeli que las sabrá quien le leyere, +si las lee con atención + +Cuando el valiente huye, la superchería está descubierta, y es de varones +prudentes guardarse para mejor ocasión. Esta verdad se verificó en don +Quijote, el cual, dando lugar a la furia del pueblo y a las malas +intenciones de aquel indignado escuadrón, puso pies en polvorosa, y, sin +acordarse de Sancho ni del peligro en que le dejaba, se apartó tanto cuanto +le pareció que bastaba para estar seguro. Seguíale Sancho, atravesado en su +jumento, como queda referido. Llegó, en fin, ya vuelto en su acuerdo, y al +llegar, se dejó caer del rucio a los pies de Rocinante, todo ansioso, todo +molido y todo apaleado. Apeóse don Quijote para catarle las feridas; pero, +como le hallase sano de los pies a la cabeza, con asaz cólera le dijo: + +— ¡Tan en hora mala supistes vos rebuznar, Sancho! Y ¿dónde hallastes vos +ser bueno el nombrar la soga en casa del ahorcado? A música de rebuznos, +¿qué contrapunto se había de llevar sino de varapalos? Y dad gracias a +Dios, Sancho, que ya que os santiguaron con un palo, no os hicieron el per +signum crucis con un alfanje. + +— No estoy para responder —respondió Sancho—, porque me parece que hablo por +las espaldas. Subamos y apartémonos de aquí, que yo pondré silencio en mis +rebuznos, pero no en dejar de decir que los caballeros andantes huyen, y +dejan a sus buenos escuderos molidos como alheña, o como cibera, en poder +de sus enemigos. + +— No huye el que se retira —respondió don Quijote—, porque has de saber, +Sancho, que la valentía que no se funda sobre la basa de la prudencia se +llama temeridad, y las hazañas del temerario más se atribuyen a la buena +fortuna que a su ánimo. Y así, yo confieso que me he retirado, pero no +huido; y en esto he imitado a muchos valientes, que se han guardado para +tiempos mejores, y desto están las historias llenas, las cuales, por no +serte a ti de provecho ni a mí de gusto, no te las refiero ahora. + +En esto, ya estaba a caballo Sancho, ayudado de don Quijote, el cual +asimismo subió en Rocinante, y poco a poco se fueron a emboscar en una +alameda que hasta un cuarto de legua de allí se parecía. De cuando en +cuando daba Sancho unos ayes profundísimos y unos gemidos dolorosos; y, +preguntándole don Quijote la causa de tan amargo sentimiento, respondió +que, desde la punta del espinazo hasta la nuca del celebro, le dolía de +manera que le sacaba de sentido. + +— La causa dese dolor debe de ser, sin duda —dijo don Quijote—, que, como +era el palo con que te dieron largo y tendido, te cogió todas las espaldas, +donde entran todas esas partes que te duelen; y si más te cogiera, más te +doliera. + +— ¡Por Dios —dijo Sancho—, que vuesa merced me ha sacado de una gran duda, y +que me la ha declarado por lindos términos! ¡Cuerpo de mí! ¿Tan encubierta +estaba la causa de mi dolor que ha sido menester decirme que me duele todo +todo aquello que alcanzó el palo? Si me dolieran los tobillos, aún pudiera +ser que se anduviera adivinando el porqué me dolían, pero dolerme lo que me +molieron no es mucho adivinar. A la fe, señor nuestro amo, el mal ajeno de +pelo cuelga, y cada día voy descubriendo tierra de lo poco que puedo +esperar de la compañía que con vuestra merced tengo; porque si esta vez me +ha dejado apalear, otra y otras ciento volveremos a los manteamientos de +marras y a otras muchacherías, que si ahora me han salido a las espaldas, +después me saldrán a los ojos. Harto mejor haría yo, sino que soy un +bárbaro, y no haré nada que bueno sea en toda mi vida; harto mejor haría +yo, vuelvo a decir, en volverme a mi casa, y a mi mujer, y a mis hijos, y +sustentarla y criarlos con lo que Dios fue servido de darme, y no andarme +tras vuesa merced por caminos sin camino y por sendas y carreras que no las +tienen, bebiendo mal y comiendo peor. Pues, ¡tomadme el dormir! Contad, +hermano escudero, siete pies de tierra, y si quisiéredes más, tomad otros +tantos, que en vuestra mano está escudillar, y tendeos a todo vuestro buen +talante; que quemado vea yo y hecho polvos al primero que dio puntada en la +andante caballería, o, a lo menos, al primero que quiso ser escudero de +tales tontos como debieron ser todos los caballeros andantes pasados. De +los presentes no digo nada, que, por ser vuestra merced uno dellos, los +tengo respeto, y porque sé que sabe vuesa merced un punto más que el diablo +en cuanto habla y en cuanto piensa. + +— Haría yo una buena apuesta con vos, Sancho —dijo don Quijote—: que ahora +que vais hablando sin que nadie os vaya a la mano, que no os duele nada en +todo vuestro cuerpo. Hablad, hijo mío, todo aquello que os viniere al +pensamiento y a la boca; que, a trueco de que a vos no os duela nada, +tendré yo por gusto el enfado que me dan vuestras impertinencias. Y si +tanto deseáis volveros a vuestra casa con vuestra mujer y hijos, no permita +Dios que yo os lo impida; dineros tenéis míos: mirad cuánto ha que esta +tercera vez salimos de nuestro pueblo, y mirad lo que podéis y debéis ganar +cada mes, y pagaos de vuestra mano. + +— Cuando yo servía —respondió Sancho— a Tomé Carrasco, el padre del +bachiller Sansón Carrasco, que vuestra merced bien conoce, dos ducados +ganaba cada mes, amén de la comida; con vuestra merced no sé lo que puedo +ganar, puesto que sé que tiene más trabajo el escudero del caballero +andante que el que sirve a un labrador; que, en resolución, los que +servimos a labradores, por mucho que trabajemos de día, por mal que suceda, +a la noche cenamos olla y dormimos en cama, en la cual no he dormido +después que ha que sirvo a vuestra merced. Si no ha sido el tiempo breve +que estuvimos en casa de don Diego de Miranda, y la jira que tuve con la +espuma que saqué de las ollas de Camacho, y lo que comí y bebí y dormí en +casa de Basilio, todo el otro tiempo he dormido en la dura tierra, al cielo +abierto, sujeto a lo que dicen inclemencias del cielo, sustentándome con +rajas de queso y mendrugos de pan, y bebiendo aguas, ya de arroyos, ya de +fuentes, de las que encontramos por esos andurriales donde andamos. + +— Confieso —dijo don Quijote— que todo lo que dices, Sancho, sea verdad. +¿Cuánto parece que os debo dar más de lo que os daba Tomé Carrasco? + +— A mi parecer —dijo Sancho—, con dos reales más que vuestra merced añadiese +cada mes me tendría por bien pagado. Esto es cuanto al salario de mi +trabajo; pero, en cuanto a satisfacerme a la palabra y promesa que vuestra +merced me tiene hecha de darme el gobierno de una ínsula, sería justo que +se me añadiesen otros seis reales, que por todos serían treinta. + +— Está muy bien —replicó don Quijote—; y, conforme al salario que vos os +habéis señalado, 23 días ha que salimos de nuestro pueblo: contad, Sancho, +rata por cantidad, y mirad lo que os debo, y pagaos, como os tengo dicho, +de vuestra mano. + +— ¡Oh, cuerpo de mí! —dijo Sancho—, que va vuestra merced muy errado en esta +cuenta, porque en lo de la promesa de la ínsula se ha de contar desde el +día que vuestra merced me la prometió hasta la presente hora en que +estamos. + +— Pues, ¿qué tanto ha, Sancho, que os la prometí? —dijo don Quijote. + +— Si yo mal no me acuerdo —respondió Sancho—, debe de haber más de veinte +años, tres días más a menos. + +Diose don Quijote una gran palmada en la frente, y comenzó a reír muy de +gana, y dijo: + +— Pues no anduve yo en Sierra Morena, ni en todo el discurso de nuestras +salidas, sino dos meses apenas, y ¿dices, Sancho, que ha veinte años que te +prometí la ínsula? Ahora digo que quieres que se consuman en tus salarios +el dinero que tienes mío; y si esto es así, y tú gustas dello, desde aquí +te lo doy, y buen provecho te haga; que, a trueco de verme sin tan mal +escudero, holgaréme de quedarme pobre y sin blanca. Pero dime, prevaricador +de las ordenanzas escuderiles de la andante caballería, ¿dónde has visto +tú, o leído, que ningún escudero de caballero andante se haya puesto con su +señor en tanto más cuánto me habéis de dar cada mes porque os sirva? +Éntrate, éntrate, malandrín, follón y vestiglo, que todo lo pareces; +éntrate, digo, por el mare magnum de sus historias, y si hallares que algún +escudero haya dicho, ni pensado, lo que aquí has dicho, quiero que me le +claves en la frente, y, por añadidura, me hagas cuatro mamonas selladas en +mi rostro. Vuelve las riendas, o el cabestro, al rucio, y vuélvete a tu +casa, porque un solo paso desde aquí no has de pasar más adelante conmigo. +¡Oh pan mal conocido! ¡Oh promesas mal colocadas! ¡Oh hombre que tiene más +de bestia que de persona! ¿Ahora, cuando yo pensaba ponerte en estado, y +tal, que a pesar de tu mujer te llamaran señoría, te despides? ¿Ahora te +vas, cuando yo venía con intención firme y valedera de hacerte señor de la +mejor ínsula del mundo? En fin, como tú has dicho otras veces, no es la +miel... etc. Asno eres, y asno has de ser, y en asno has de parar cuando se +te acabe el curso de la vida; que para mí tengo que antes llegará ella a su +último término que tú caigas y des en la cuenta de que eres bestia. + +Miraba Sancho a don Quijote de en hito en hito, en tanto que los tales +vituperios le decía, y compungióse de manera que le vinieron las lágrimas a +los ojos, y con voz dolorida y enferma le dijo: + +— Señor mío, yo confieso que para ser del todo asno no me falta más de la +cola; si vuestra merced quiere ponérmela, yo la daré por bien puesta, y le +serviré como jumento todos los días que me quedan de mi vida. Vuestra +merced me perdone y se duela de mi mocedad, y advierta que sé poco, y que +si hablo mucho, más procede de enfermedad que de malicia; mas, quien yerra +y se enmienda, a Dios se encomienda. + +— Maravillárame yo, Sancho, si no mezclaras algún refrancico en tu coloquio. +Ahora bien, yo te perdono, con que te emiendes, y con que no te muestres de +aquí adelante tan amigo de tu interés, sino que procures ensanchar el +corazón, y te alientes y animes a esperar el cumplimiento de mis promesas, +que, aunque se tarda, no se imposibilita. + +Sancho respondió que sí haría, aunque sacase fuerzas de flaqueza. + +Con esto, se metieron en la alameda, y don Quijote se acomodó al pie de un +olmo, y Sancho al de una haya; que estos tales árboles y otros sus +semejantes siempre tienen pies, y no manos. Sancho pasó la noche +penosamente, porque el varapalo se hacía más sentir con el sereno. Don +Quijote la pasó en sus continuas memorias; pero, con todo eso, dieron los +ojos al sueño, y al salir del alba siguieron su camino buscando las riberas +del famoso Ebro, donde les sucedió lo que se contará en el capítulo +venidero. + + + + +Capítulo XXIX. De la famosa aventura del barco encantado + +Por sus pasos contados y por contar, dos días después que salieron de la +alameda, llegaron don Quijote y Sancho al río Ebro, y el verle fue de gran +gusto a don Quijote, porque contempló y miró en él la amenidad de sus +riberas, la claridad de sus aguas, el sosiego de su curso y la abundancia +de sus líquidos cristales, cuya alegre vista renovó en su memoria mil +amorosos pensamientos. Especialmente fue y vino en lo que había visto en la +cueva de Montesinos; que, puesto que el mono de maese Pedro le había dicho +que parte de aquellas cosas eran verdad y parte mentira, él se atenía más a +las verdaderas que a las mentirosas, bien al revés de Sancho, que todas las +tenía por la mesma mentira. + +Yendo, pues, desta manera, se le ofreció a la vista un pequeño barco sin +remos ni otras jarcias algunas, que estaba atado en la orilla a un tronco +de un árbol que en la ribera estaba. Miró don Quijote a todas partes, y no +vio persona alguna; y luego, sin más ni más, se apeó de Rocinante y mandó a +Sancho que lo mesmo hiciese del rucio, y que a entrambas bestias las atase +muy bien, juntas, al tronco de un álamo o sauce que allí estaba. Preguntóle +Sancho la causa de aquel súbito apeamiento y de aquel ligamiento. Respondió +don Quijote: + +— Has de saber, Sancho, que este barco que aquí está, derechamente y sin +poder ser otra cosa en contrario, me está llamando y convidando a que entre +en él, y vaya en él a dar socorro a algún caballero, o a otra necesitada y +principal persona, que debe de estar puesta en alguna grande cuita, porque +éste es estilo de los libros de las historias caballerescas y de los +encantadores que en ellas se entremeten y platican: cuando algún caballero +está puesto en algún trabajo, que no puede ser librado dél sino por la mano +de otro caballero, puesto que estén distantes el uno del otro dos o tres +mil leguas, y aun más, o le arrebatan en una nube o le deparan un barco +donde se entre, y en menos de un abrir y cerrar de ojos le llevan, o por +los aires, o por la mar, donde quieren y adonde es menester su ayuda; así +que, ¡oh Sancho!, este barco está puesto aquí para el mesmo efecto; y esto +es tan verdad como es ahora de día; y antes que éste se pase, ata juntos al +rucio y a Rocinante, y a la mano de Dios, que nos guíe, que no dejaré de +embarcarme si me lo pidiesen frailes descalzos. + +— Pues así es —respondió Sancho—, y vuestra merced quiere dar a cada paso en +estos que no sé si los llame disparates, no hay sino obedecer y bajar la +cabeza, atendiendo al refrán "haz lo que tu amo te manda, y siéntate con él +a la mesa"; pero, con todo esto, por lo que toca al descargo de mi +conciencia, quiero advertir a vuestra merced que a mí me parece que este +tal barco no es de los encantados, sino de algunos pescadores deste río, +porque en él se pescan las mejores sabogas del mundo. + +Esto decía, mientras ataba las bestias, Sancho, dejándolas a la proteción y +amparo de los encantadores, con harto dolor de su ánima. Don Quijote le +dijo que no tuviese pena del desamparo de aquellos animales, que el que los +llevaría a ellos por tan longincuos caminos y regiones tendría cuenta de +sustentarlos. + +— No entiendo eso de logicuos —dijo Sancho—, ni he oído tal vocablo en todos +los días de mi vida. + +— Longincuos —respondió don Quijote— quiere decir apartados; y no es +maravilla que no lo entiendas, que no estás tú obligado a saber latín, como +algunos que presumen que lo saben, y lo ignoran. + +— Ya están atados —replicó Sancho—. ¿Qué hemos de hacer ahora? + +— ¿Qué? —respondió don Quijote—. Santiguarnos y levar ferro; quiero decir, +embarcarnos y cortar la amarra con que este barco está atado. + +Y, dando un salto en él, siguiéndole Sancho, cortó el cordel, y el barco se +fue apartando poco a poco de la ribera; y cuando Sancho se vio obra de dos +varas dentro del río, comenzó a temblar, temiendo su perdición; pero +ninguna cosa le dio más pena que el oír roznar al rucio y el ver que +Rocinante pugnaba por desatarse, y díjole a su señor: + +— El rucio rebuzna, condolido de nuestra ausencia, y Rocinante procura +ponerse en libertad para arrojarse tras nosotros. ¡Oh carísimos amigos, +quedaos en paz, y la locura que nos aparta de vosotros, convertida en +desengaño, nos vuelva a vuestra presencia! + +Y, en esto, comenzó a llorar tan amargamente que don Quijote, mohíno y +colérico, le dijo: + +— ¿De qué temes, cobarde criatura? ¿De qué lloras, corazón de mantequillas? +¿Quién te persigue, o quién te acosa, ánimo de ratón casero, o qué te +falta, menesteroso en la mitad de las entrañas de la abundancia? ¿Por dicha +vas caminando a pie y descalzo por las montañas rifeas, sino sentado en una +tabla, como un archiduque, por el sesgo curso deste agradable río, de donde +en breve espacio saldremos al mar dilatado? Pero ya habemos de haber +salido, y caminado, por lo menos, setecientas o ochocientas leguas; y si yo +tuviera aquí un astrolabio con que tomar la altura del polo, yo te dijera +las que hemos caminado; aunque, o yo sé poco, o ya hemos pasado, o +pasaremos presto, por la línea equinocial, que divide y corta los dos +contrapuestos polos en igual distancia. + +— Y cuando lleguemos a esa leña que vuestra merced dice —preguntó Sancho—, +¿cuánto habremos caminado? + +— Mucho —replicó don Quijote—, porque de trecientos y sesenta grados que +contiene el globo, del agua y de la tierra, según el cómputo de Ptolomeo, +que fue el mayor cosmógrafo que se sabe, la mitad habremos caminado, +llegando a la línea que he dicho. + +— Por Dios —dijo Sancho—, que vuesa merced me trae por testigo de lo que +dice a una gentil persona, puto y gafo, con la añadidura de meón, o meo, o +no sé cómo. + +Rióse don Quijote de la interpretación que Sancho había dado al nombre y al +cómputo y cuenta del cosmógrafo Ptolomeo, y díjole: + +— Sabrás, Sancho, que los españoles y los que se embarcan en Cádiz para ir a +las Indias Orientales, una de las señales que tienen para entender que han +pasado la línea equinocial que te he dicho es que a todos los que van en el +navío se les mueren los piojos, sin que les quede ninguno, ni en todo el +bajel le hallarán, si le pesan a oro; y así, puedes, Sancho, pasear una +mano por un muslo, y si topares cosa viva, saldremos desta duda; y si no, +pasado habemos. + +— Yo no creo nada deso —respondió Sancho—, pero, con todo, haré lo que vuesa +merced me manda, aunque no sé para qué hay necesidad de hacer esas +experiencias, pues yo veo con mis mismos ojos que no nos habemos apartado +de la ribera cinco varas, ni hemos decantado de donde están las alemañas +dos varas, porque allí están Rocinante y el rucio en el propio lugar do los +dejamos; y tomada la mira, como yo la tomo ahora, voto a tal que no nos +movemos ni andamos al paso de una hormiga. + +— Haz, Sancho, la averiguación que te he dicho, y no te cures de otra, que +tú no sabes qué cosa sean coluros, líneas, paralelos, zodíacos, clíticas, +polos, solsticios, equinocios, planetas, signos, puntos, medidas, de que se +compone la esfera celeste y terrestre; que si todas estas cosas supieras, o +parte dellas, vieras claramente qué de paralelos hemos cortado, qué de +signos visto y qué de imágines hemos dejado atrás y vamos dejando ahora. Y +tórnote a decir que te tientes y pesques, que yo para mí tengo que estás +más limpio que un pliego de papel liso y blanco. + +Tentóse Sancho, y, llegando con la mano bonitamente y con tiento hacia la +corva izquierda, alzó la cabeza y miró a su amo, y dijo: + +— O la experiencia es falsa, o no hemos llegado adonde vuesa merced dice, ni +con muchas leguas. + +— Pues ¿qué? —preguntó don Quijote—, ¿has topado algo? + +— ¡Y aun algos! —respondió Sancho. + +Y, sacudiéndose los dedos, se lavó toda la mano en el río, por el cual +sosegadamente se deslizaba el barco por mitad de la corriente, sin que le +moviese alguna inteligencia secreta, ni algún encantador escondido, sino el +mismo curso del agua, blando entonces y suave. + +En esto, descubrieron unas grandes aceñas que en la mitad del río estaban; +y apenas las hubo visto don Quijote, cuando con voz alta dijo a Sancho: + +— ¿Vees? Allí, ¡oh amigo!, se descubre la ciudad, castillo o fortaleza donde +debe de estar algún caballero oprimido, o alguna reina, infanta o princesa +malparada, para cuyo socorro soy aquí traído. + +— ¿Qué diablos de ciudad, fortaleza o castillo dice vuesa merced, señor? +— dijo Sancho—. ¿No echa de ver que aquéllas son aceñas que están en el río, +donde se muele el trigo? + +— Calla, Sancho —dijo don Quijote—; que, aunque parecen aceñas, no lo son; y +ya te he dicho que todas las cosas trastruecan y mudan de su ser natural +los encantos. No quiero decir que las mudan de en uno en otro ser +realmente, sino que lo parece, como lo mostró la experiencia en la +transformación de Dulcinea, único refugio de mis esperanzas. + +En esto, el barco, entrado en la mitad de la corriente del río, comenzó a +caminar no tan lentamente como hasta allí. Los molineros de las aceñas, que +vieron venir aquel barco por el río, y que se iba a embocar por el raudal +de las ruedas, salieron con presteza muchos dellos con varas largas a +detenerle, y, como salían enharinados, y cubiertos los rostros y los +vestidos del polvo de la harina, representaban una mala vista. Daban voces +grandes, diciendo: + +— ¡Demonios de hombres! ¿Dónde vais? ¿Venís desesperados? ¿Qué queréis, +ahogaros y haceros pedazos en estas ruedas? + +— ¿No te dije yo, Sancho —dijo a esta sazón don Quijote—, que habíamos +llegado donde he de mostrar a dó llega el valor de mi brazo? Mira qué de +malandrines y follones me salen al encuentro, mira cuántos vestiglos se me +oponen, mira cuántas feas cataduras nos hacen cocos... Pues ¡ahora lo +veréis, bellacos! + +Y, puesto en pie en el barco, con grandes voces comenzó a amenazar a los +molineros, diciéndoles: + +— Canalla malvada y peor aconsejada, dejad en su libertad y libre albedrío a +la persona que en esa vuestra fortaleza o prisión tenéis oprimida, alta o +baja, de cualquiera suerte o calidad que sea, que yo soy don Quijote de la +Mancha, llamado el Caballero de los Leones por otro nombre, a quien está +reservada por orden de los altos cielos el dar fin felice a esta aventura. + +Y, diciendo esto, echó mano a su espada y comenzó a esgrimirla en el aire +contra los molineros; los cuales, oyendo y no entendiendo aquellas +sandeces, se pusieron con sus varas a detener el barco, que ya iba entrando +en el raudal y canal de las ruedas. + +Púsose Sancho de rodillas, pidiendo devotamente al cielo le librase de tan +manifiesto peligro, como lo hizo, por la industria y presteza de los +molineros, que, oponiéndose con sus palos al barco, le detuvieron, pero no +de manera que dejasen de trastornar el barco y dar con don Quijote y con +Sancho al través en el agua; pero vínole bien a don Quijote, que sabía +nadar como un ganso, aunque el peso de las armas le llevó al fondo dos +veces; y si no fuera por los molineros, que se arrojaron al agua y los +sacaron como en peso a entrambos, allí había sido Troya para los dos. + +Puestos, pues, en tierra, más mojados que muertos de sed, Sancho, puesto de +rodillas, las manos juntas y los ojos clavados al cielo, pidió a Dios con +una larga y devota plegaria le librase de allí adelante de los atrevidos +deseos y acometimientos de su señor. + +Llegaron en esto los pescadores dueños del barco, a quien habían hecho +pedazos las ruedas de las aceñas; y, viéndole roto, acometieron a desnudar +a Sancho, y a pedir a don Quijote se lo pagase; el cual, con gran sosiego, +como si no hubiera pasado nada por él, dijo a los molineros y pescadores +que él pagaría el barco de bonísima gana, con condición que le diesen libre +y sin cautela a la persona o personas que en aquel su castillo estaban +oprimidas. + +— ¿Qué personas o qué castillo dice —respondió uno de los molineros—, hombre +sin juicio? ¿Quiéreste llevar por ventura las que vienen a moler trigo a +estas aceñas? + +— ¡Basta! —dijo entre sí don Quijote—. Aquí será predicar en desierto +querer reducir a esta canalla a que por ruegos haga virtud alguna. Y en +esta aventura se deben de haber encontrado dos valientes encantadores, y el +uno estorba lo que el otro intenta: el uno me deparó el barco, y el otro +dio conmigo al través. Dios lo remedie, que todo este mundo es máquinas y +trazas, contrarias unas de otras. Yo no puedo más. + +Y, alzando la voz, prosiguió diciendo, y mirando a las aceñas: + +— Amigos, cualesquiera que seáis, que en esa prisión quedáis encerrados, +perdonadme; que, por mi desgracia y por la vuestra, yo no os puedo sacar de +vuestra cuita. Para otro caballero debe de estar guardada y reservada esta +aventura. + +En diciendo esto, se concertó con los pescadores, y pagó por el barco +cincuenta reales, que los dio Sancho de muy mala gana, diciendo: + +— A dos barcadas como éstas, daremos con todo el caudal al fondo. + +Los pescadores y molineros estaban admirados, mirando aquellas dos figuras +tan fuera del uso, al parecer, de los otros hombres, y no acababan de +entender a dó se encaminaban las razones y preguntas que don Quijote les +decía; y, teniéndolos por locos, les dejaron y se recogieron a sus aceñas, +y los pescadores a sus ranchos. Volvieron a sus bestias, y a ser bestias, +don Quijote y Sancho, y este fin tuvo la aventura del encantado barco. + + + + +Capítulo XXX. De lo que le avino a don Quijote con una bella cazadora + +Asaz melancólicos y de mal talante llegaron a sus animales caballero y +escudero, especialmente Sancho, a quien llegaba al alma llegar al caudal +del dinero, pareciéndole que todo lo que dél se quitaba era quitárselo a +él de las niñas de sus ojos. Finalmente, sin hablarse palabra, se pusieron +a caballo y se apartaron del famoso río, don Quijote sepultado en los +pensamientos de sus amores, y Sancho en los de su acrecentamiento, que por +entonces le parecía que estaba bien lejos de tenerle; porque, maguer era +tonto, bien se le alcanzaba que las acciones de su amo, todas o las más, +eran disparates, y buscaba ocasión de que, sin entrar en cuentas ni en +despedimientos con su señor, un día se desgarrase y se fuese a su casa. +Pero la fortuna ordenó las cosas muy al revés de lo que él temía. + +Sucedió, pues, que otro día, al poner del sol y al salir de una selva, +tendió don Quijote la vista por un verde prado, y en lo último dél vio +gente, y, llegándose cerca, conoció que eran cazadores de altanería. +Llegóse más, y entre ellos vio una gallarda señora sobre un palafrén o +hacanea blanquísima, adornada de guarniciones verdes y con un sillón de +plata. Venía la señora asimismo vestida de verde, tan bizarra y ricamente +que la misma bizarría venía transformada en ella. En la mano izquierda +traía un azor, señal que dio a entender a don Quijote ser aquélla alguna +gran señora, que debía serlo de todos aquellos cazadores, como era la +verdad; y así, dijo a Sancho: + +— Corre, hijo Sancho, y di a aquella señora del palafrén y del azor que yo, +el Caballero de los Leones, besa las manos a su gran fermosura, y que si su +grandeza me da licencia, se las iré a besar, y a servirla en cuanto mis +fuerzas pudieren y su alteza me mandare. Y mira, Sancho, cómo hablas, y ten +cuenta de no encajar algún refrán de los tuyos en tu embajada. + +— ¡Hallado os le habéis el encajador! —respondió Sancho—. ¡A mí con eso! +¡Sí, que no es ésta la vez primera que he llevado embajadas a altas y +crecidas señoras en esta vida! + +— Si no fue la que llevaste a la señora Dulcinea —replicó don Quijote—, yo +no sé que hayas llevado otra, a lo menos en mi poder. + +— Así es verdad —respondió Sancho—, pero al buen pagador no le duelen +prendas, y en casa llena presto se guisa la cena; quiero decir que a mí no +hay que decirme ni advertirme de nada, que para todo tengo y de todo se me +alcanza un poco. + +— Yo lo creo, Sancho —dijo don Quijote—; ve en buena hora, y Dios te guíe. + +Partió Sancho de carrera, sacando de su paso al rucio, y llegó donde la +bella cazadora estaba, y, apeándose, puesto ante ella de hinojos, le dijo: + +— Hermosa señora, aquel caballero que allí se parece, llamado el Caballero +de los Leones, es mi amo, y yo soy un escudero suyo, a quien llaman en su +casa Sancho Panza. Este tal Caballero de los Leones, que no ha mucho que se +llamaba el de la Triste Figura, envía por mí a decir a vuestra grandeza sea +servida de darle licencia para que, con su propósito y beneplácito y +consentimiento, él venga a poner en obra su deseo, que no es otro, según él +dice y yo pienso, que de servir a vuestra encumbrada altanería y fermosura; +que en dársela vuestra señoría hará cosa que redunde en su pro, y él +recibirá señaladísima merced y contento. + +— Por cierto, buen escudero —respondió la señora—, vos habéis dado la +embajada vuestra con todas aquellas circunstancias que las tales embajadas +piden. Levantaos del suelo, que escudero de tan gran caballero como es el +de la Triste Figura, de quien ya tenemos acá mucha noticia, no es justo que +esté de hinojos; levantaos, amigo, y decid a vuestro señor que venga mucho +en hora buena a servirse de mí y del duque mi marido, en una casa de placer +que aquí tenemos. + +Levantóse Sancho admirado, así de la hermosura de la buena señora como de +su mucha crianza y cortesía, y más de lo que le había dicho que tenía +noticia de su señor el Caballero de la Triste Figura, y que si no le +había llamado el de los Leones, debía de ser por habérsele puesto tan +nuevamente. Preguntóle la duquesa, cuyo título aún no se sabe: + +— Decidme, hermano escudero: este vuestro señor, ¿no es uno de quien anda +impresa una historia que se llama del ingenioso hidalgo don Quijote de la +Mancha, que tiene por señora de su alma a una tal Dulcinea del Toboso? + +— El mesmo es, señora —respondió Sancho—; y aquel escudero suyo que anda, o +debe de andar, en la tal historia, a quien llaman Sancho Panza, soy yo, si +no es que me trocaron en la cuna; quiero decir, que me trocaron en la +estampa. + +— De todo eso me huelgo yo mucho —dijo la duquesa—. Id, hermano Panza, y +decid a vuestro señor que él sea el bien llegado y el bien venido a mis +estados, y que ninguna cosa me pudiera venir que más contento me diera. + +Sancho, con esta tan agradable respuesta, con grandísimo gusto volvió a su +amo, a quien contó todo lo que la gran señora le había dicho, levantando +con sus rústicos términos a los cielos su mucha fermosura, su gran donaire +y cortesía. Don Quijote se gallardeó en la silla, púsose bien en los +estribos, acomodóse la visera, arremetió a Rocinante, y con gentil denuedo +fue a besar las manos a la duquesa; la cual, haciendo llamar al duque, su +marido, le contó, en tanto que don Quijote llegaba, toda la embajada suya; +y los dos, por haber leído la primera parte desta historia y haber +entendido por ella el disparatado humor de don Quijote, con grandísimo +gusto y con deseo de conocerle le atendían, con prosupuesto de seguirle el +humor y conceder con él en cuanto les dijese, tratándole como a caballero +andante los días que con ellos se detuviese, con todas las ceremonias +acostumbradas en los libros de caballerías, que ellos habían leído, y aun +les eran muy aficionados. + +En esto, llegó don Quijote, alzada la visera; y, dando muestras de apearse, +acudió Sancho a tenerle el estribo; pero fue tan desgraciado que, al +apearse del rucio, se le asió un pie en una soga del albarda, de tal modo +que no fue posible desenredarle, antes quedó colgado dél, con la boca y los +pechos en el suelo. Don Quijote, que no tenía en costumbre apearse sin que +le tuviesen el estribo, pensando que ya Sancho había llegado a tenérsele, +descargó de golpe el cuerpo, y llevóse tras sí la silla de Rocinante, que +debía de estar mal cinchado, y la silla y él vinieron al suelo, no sin +vergüenza suya y de muchas maldiciones que entre dientes echó al desdichado +de Sancho, que aún todavía tenía el pie en la corma. + +El duque mandó a sus cazadores que acudiesen al caballero y al escudero, +los cuales levantaron a don Quijote maltrecho de la caída, y, renqueando y +como pudo, fue a hincar las rodillas ante los dos señores; pero el duque no +lo consintió en ninguna manera, antes, apeándose de su caballo, fue a +abrazar a don Quijote, diciéndole: + +— A mí me pesa, señor Caballero de la Triste Figura, que la primera que +vuesa merced ha hecho en mi tierra haya sido tan mala como se ha visto; +pero descuidos de escuderos suelen ser causa de otros peores sucesos. + +— El que yo he tenido en veros, valeroso príncipe —respondió don Quijote—, +es imposible ser malo, aunque mi caída no parara hasta el profundo de los +abismos, pues de allí me levantara y me sacara la gloria de haberos visto. +Mi escudero, que Dios maldiga, mejor desata la lengua para decir malicias +que ata y cincha una silla para que esté firme; pero, comoquiera que yo me +halle, caído o levantado, a pie o a caballo, siempre estaré al servicio +vuestro y al de mi señora la duquesa, digna consorte vuestra, y digna +señora de la hermosura y universal princesa de la cortesía. + +— ¡Pasito, mi señor don Quijote de la Mancha! —dijo el duque—, que adonde +está mi señora doña Dulcinea del Toboso no es razón que se alaben otras +fermosuras. + +Ya estaba a esta sazón libre Sancho Panza del lazo, y, hallándose allí +cerca, antes que su amo respondiese, dijo: + +— No se puede negar, sino afirmar, que es muy hermosa mi señora Dulcinea del +Toboso, pero donde menos se piensa se levanta la liebre; que yo he oído +decir que esto que llaman naturaleza es como un alcaller que hace vasos de +barro, y el que hace un vaso hermoso también puede hacer dos, y tres y +ciento; dígolo porque mi señora la duquesa a fee que no va en zaga a mi ama +la señora Dulcinea del Toboso. + +Volvióse don Quijote a la duquesa y dijo: + +— Vuestra grandeza imagine que no tuvo caballero andante en el mundo +escudero más hablador ni más gracioso del que yo tengo, y él me sacará +verdadero si algunos días quisiere vuestra gran celsitud servirse de mí. + +A lo que respondió la duquesa: + +— De que Sancho el bueno sea gracioso lo estimo yo en mucho, porque es señal +que es discreto; que las gracias y los donaires, señor don Quijote, como +vuesa merced bien sabe, no asientan sobre ingenios torpes; y, pues el buen +Sancho es gracioso y donairoso, desde aquí le confirmo por discreto. + +— Y hablador —añadió don Quijote. + +— Tanto que mejor —dijo el duque—, porque muchas gracias no se pueden decir +con pocas palabras. Y, porque no se nos vaya el tiempo en ellas, venga el +gran Caballero de la Triste Figura... + +— De los Leones ha de decir vuestra alteza —dijo Sancho—, que ya no hay +Triste Figura, ni figuro. + +— Sea el de los Leones —prosiguió el duque—. Digo que venga el señor +Caballero de los Leones a un castillo mío que está aquí cerca, donde se le +hará el acogimiento que a tan alta persona se debe justamente, y el que yo +y la duquesa solemos hacer a todos los caballeros andantes que a él llegan. + +Ya en esto, Sancho había aderezado y cinchado bien la silla a Rocinante; y, +subiendo en él don Quijote, y el duque en un hermoso caballo, pusieron a la +duquesa en medio y encaminaron al castillo. Mandó la duquesa a Sancho que +fuese junto a ella, porque gustaba infinito de oír sus discreciones. No se +hizo de rogar Sancho, y entretejióse entre los tres, y hizo cuarto en la +conversación, con gran gusto de la duquesa y del duque, que tuvieron a gran +ventura acoger en su castillo tal caballero andante y tal escudero andado. + + + + +Capítulo XXXI. Que trata de muchas y grandes cosas + +Suma era la alegría que llevaba consigo Sancho, viéndose, a su parecer, en +privanza con la duquesa, porque se le figuraba que había de hallar en su +castillo lo que en la casa de don Diego y en la de Basilio, siempre +aficionado a la buena vida; y así, tomaba la ocasión por la melena en esto +del regalarse cada y cuando que se le ofrecía. + +Cuenta, pues, la historia, que antes que a la casa de placer o castillo +llegasen, se adelantó el duque y dio orden a todos sus criados del modo que +habían de tratar a don Quijote; el cual, como llegó con la duquesa a las +puertas del castillo, al instante salieron dél dos lacayos o palafreneros, +vestidos hasta en pies de unas ropas que llaman de levantar, de finísimo +raso carmesí, y, cogiendo a don Quijote en brazos, sin ser oído ni visto, +le dijeron: + +— Vaya la vuestra grandeza a apear a mi señora la duquesa. + +Don Quijote lo hizo, y hubo grandes comedimientos entre los dos sobre el +caso; pero, en efecto, venció la porfía de la duquesa, y no quiso decender +o bajar del palafrén sino en los brazos del duque, diciendo que no se +hallaba digna de dar a tan gran caballero tan inútil carga. En fin, salió +el duque a apearla; y al entrar en un gran patio, llegaron dos hermosas +doncellas y echaron sobre los hombros a don Quijote un gran manto de +finísima escarlata, y en un instante se coronaron todos los corredores del +patio de criados y criadas de aquellos señores, diciendo a grandes voces: + +— ¡Bien sea venido la flor y la nata de los caballeros andantes! + +Y todos, o los más, derramaban pomos de aguas olorosas sobre don Quijote y +sobre los duques, de todo lo cual se admiraba don Quijote; y aquél fue el +primer día que de todo en todo conoció y creyó ser caballero andante +verdadero, y no fantástico, viéndose tratar del mesmo modo que él había +leído se trataban los tales caballeros en los pasados siglos. + +Sancho, desamparando al rucio, se cosió con la duquesa y se entró en el +castillo; y, remordiéndole la conciencia de que dejaba al jumento solo, se +llegó a una reverenda dueña, que con otras a recebir a la duquesa había +salido, y con voz baja le dijo: + +— Señora González, o como es su gracia de vuesa merced... + +— Doña Rodríguez de Grijalba me llamo —respondió la dueña—. ¿Qué es lo que +mandáis, hermano? + +A lo que respondió Sancho: + +— Querría que vuesa merced me la hiciese de salir a la puerta del castillo, +donde hallará un asno rucio mío; vuesa merced sea servida de mandarle +poner, o ponerle, en la caballeriza, porque el pobrecito es un poco +medroso, y no se hallará a estar solo en ninguna de las maneras. + +— Si tan discreto es el amo como el mozo —respondió la dueña—, ¡medradas +estamos! Andad, hermano, mucho de enhoramala para vos y para quien acá os +trujo, y tened cuenta con vuestro jumento, que las dueñas desta casa no +estamos acostumbradas a semejantes haciendas. + +— Pues en verdad —respondió Sancho— que he oído yo decir a mi señor, que es +zahorí de las historias, contando aquella de Lanzarote, + +cuando de Bretaña vino, +que damas curaban dél, +y dueñas del su rocino; + +y que en el particular de mi asno, que no le trocara yo con el rocín del +señor Lanzarote. + +— Hermano, si sois juglar —replicó la dueña—, guardad vuestras gracias para +donde lo parezcan y se os paguen, que de mi no podréis llevar sino una +higa. + +— ¡Aun bien —respondió Sancho— que será bien madura, pues no perderá vuesa +merced la quínola de sus años por punto menos! + +— Hijo de puta —dijo la dueña, toda ya encendida en cólera—, si soy vieja o +no, a Dios daré la cuenta, que no a vos, bellaco, harto de ajos. + +Y esto dijo en voz tan alta, que lo oyó la duquesa; y, volviendo y viendo a +la dueña tan alborotada y tan encarnizados los ojos, le preguntó con quién +las había. + +— Aquí las he —respondió la dueña— con este buen hombre, que me ha pedido +encarecidamente que vaya a poner en la caballeriza a un asno suyo que está +a la puerta del castillo, trayéndome por ejemplo que así lo hicieron no sé +dónde, que unas damas curaron a un tal Lanzarote, y unas dueñas a su +rocino, y, sobre todo, por buen término me ha llamado vieja. + +— Eso tuviera yo por afrenta —respondió la duquesa—, más que cuantas +pudieran decirme. + +Y, hablando con Sancho, le dijo: + +— Advertid, Sancho amigo, que doña Rodríguez es muy moza, y que aquellas +tocas más las trae por autoridad y por la usanza que por los años. + +— Malos sean los que me quedan por vivir —respondió Sancho—, si lo dije por +tanto; sólo lo dije porque es tan grande el cariño que tengo a mi jumento, +que me pareció que no podía encomendarle a persona más caritativa que a la +señora doña Rodríguez. + +Don Quijote, que todo lo oía, le dijo: + +— ¿Pláticas son éstas, Sancho, para este lugar? + +— Señor —respondió Sancho—, cada uno ha de hablar de su menester dondequiera +que estuviere; aquí se me acordó del rucio, y aquí hablé dél; y si en la +caballeriza se me acordara, allí hablara. + +A lo que dijo el duque: + +— Sancho está muy en lo cierto, y no hay que culparle en nada; al rucio se +le dará recado a pedir de boca, y descuide Sancho, que se le tratará como a +su mesma persona. + +Con estos razonamientos, gustosos a todos sino a don Quijote, llegaron a lo +alto y entraron a don Quijote en una sala adornada de telas riquísimas de +oro y de brocado; seis doncellas le desarmaron y sirvieron de pajes, todas +industriadas y advertidas del duque y de la duquesa de lo que habían de +hacer, y de cómo habían de tratar a don Quijote, para que imaginase y viese +que le trataban como caballero andante. Quedó don Quijote, después de +desarmado, en sus estrechos greguescos y en su jubón de camuza, seco, alto, +tendido, con las quijadas, que por de dentro se besaba la una con la otra; +figura que, a no tener cuenta las doncellas que le servían con disimular la +risa —que fue una de las precisas órdenes que sus señores les habían dado—, +reventaran riendo. + +Pidiéronle que se dejase desnudar para una camisa, pero nunca lo consintió, +diciendo que la honestidad parecía tan bien en los caballeros andantes como +la valentía. Con todo, dijo que diesen la camisa a Sancho, y, encerrándose +con él en una cuadra donde estaba un rico lecho, se desnudó y vistió la +camisa; y, viéndose solo con Sancho, le dijo: + +— Dime, truhán moderno y majadero antiguo: ¿parécete bien deshonrar y +afrentar a una dueña tan veneranda y tan digna de respeto como aquélla? +¿Tiempos eran aquéllos para acordarte del rucio, o señores son éstos para +dejar mal pasar a las bestias, tratando tan elegantemente a sus dueños? Por +quien Dios es, Sancho, que te reportes, y que no descubras la hilaza de +manera que caigan en la cuenta de que eres de villana y grosera tela +tejido. Mira, pecador de ti, que en tanto más es tenido el señor cuanto +tiene más honrados y bien nacidos criados, y que una de las ventajas +mayores que llevan los príncipes a los demás hombres es que se sirven de +criados tan buenos como ellos. ¿No adviertes, angustiado de ti, y +malaventurado de mí, que si veen que tú eres un grosero villano, o un +mentecato gracioso, pensarán que yo soy algún echacuervos, o algún +caballero de mohatra? No, no, Sancho amigo, huye, huye destos +inconvinientes, que quien tropieza en hablador y en gracioso, al primer +puntapié cae y da en truhán desgraciado. Enfrena la lengua, considera y +rumia las palabras antes que te salgan de la boca, y advierte que hemos +llegado a parte donde, con el favor de Dios y valor de mi brazo, hemos de +salir mejorados en tercio y quinto en fama y en hacienda. + +Sancho le prometió con muchas veras de coserse la boca, o morderse la +lengua, antes de hablar palabra que no fuese muy a propósito y bien +considerada, como él se lo mandaba, y que descuidase acerca de lo tal, que +nunca por él se descubriría quién ellos eran. + +Vistióse don Quijote, púsose su tahalí con su espada, echóse el mantón de +escarlata a cuestas, púsose una montera de raso verde que las doncellas le +dieron, y con este adorno salió a la gran sala, adonde halló a las +doncellas puestas en ala, tantas a una parte como a otra, y todas con +aderezo de darle aguamanos, la cual le dieron con muchas reverencias y +ceremonias. + +Luego llegaron doce pajes con el maestresala, para llevarle a comer, que ya +los señores le aguardaban. Cogiéronle en medio, y, lleno de pompa y +majestad, le llevaron a otra sala, donde estaba puesta una rica mesa con +solos cuatro servicios. La duquesa y el duque salieron a la puerta de la +sala a recebirle, y con ellos un grave eclesiástico, destos que gobiernan +las casas de los príncipes; destos que, como no nacen príncipes, no +aciertan a enseñar cómo lo han de ser los que lo son; destos que quieren +que la grandeza de los grandes se mida con la estrecheza de sus ánimos; +destos que, queriendo mostrar a los que ellos gobiernan a ser limitados, +les hacen ser miserables; destos tales, digo que debía de ser el grave +religioso que con los duques salió a recebir a don Quijote. Hiciéronse mil +corteses comedimientos, y, finalmente, cogiendo a don Quijote en medio, se +fueron a sentar a la mesa. + +Convidó el duque a don Quijote con la cabecera de la mesa, y aunque él lo +rehusó, las importunaciones del duque fueron tantas que la hubo de tomar. +El eclesiástico se sentó frontero, y el duque y la duquesa a los dos lados. + +A todo estaba presente Sancho, embobado y atónito de ver la honra que a su +señor aquellos príncipes le hacían; y, viendo las muchas ceremonias y +ruegos que pasaron entre el duque y don Quijote para hacerle sentar a la +cabecera de la mesa, dijo: + +— Si sus mercedes me dan licencia, les contaré un cuento que pasó en mi +pueblo acerca desto de los asientos. + +Apenas hubo dicho esto Sancho, cuando don Quijote tembló, creyendo sin duda +alguna que había de decir alguna necedad. Miróle Sancho y entendióle, y +dijo: + +— No tema vuesa merced, señor mío, que yo me desmande, ni que diga cosa que +no venga muy a pelo, que no se me han olvidado los consejos que poco ha +vuesa merced me dio sobre el hablar mucho o poco, o bien o mal. + +— Yo no me acuerdo de nada, Sancho —respondió don Quijote—; di lo que +quisieres, como lo digas presto. + +— Pues lo que quiero decir —dijo Sancho— es tan verdad, que mi señor don +Quijote, que está presente, no me dejará mentir. + +— Por mí —replicó don Quijote—, miente tú, Sancho, cuanto quisieres, que yo +no te iré a la mano, pero mira lo que vas a decir. + +— Tan mirado y remirado lo tengo, que a buen salvo está el que repica, como +se verá por la obra. + +— Bien será —dijo don Quijote— que vuestras grandezas manden echar de aquí a +este tonto, que dirá mil patochadas. + +— Por vida del duque —dijo la duquesa—, que no se ha de apartar de mí Sancho +un punto: quiérole yo mucho, porque sé que es muy discreto. + +— Discretos días —dijo Sancho— viva vuestra santidad por el buen crédito que +de mí tiene, aunque en mí no lo haya. Y el cuento que quiero decir es éste: +«Convidó un hidalgo de mi pueblo, muy rico y principal, porque venía de los +Álamos de Medina del Campo, que casó con doña Mencía de Quiñones, que fue +hija de don Alonso de Marañón, caballero del hábito de Santiago, que se +ahogó en la Herradura, por quien hubo aquella pendencia años ha en nuestro +lugar, que, a lo que entiendo, mi señor don Quijote se halló en ella, de +donde salió herido Tomasillo el Travieso, el hijo de Balbastro el +herrero...» ¿No es verdad todo esto, señor nuestro amo? Dígalo, por su +vida, porque estos señores no me tengan por algún hablador mentiroso. + +— Hasta ahora —dijo el eclesiástico—, más os tengo por hablador que por +mentiroso, pero de aquí adelante no sé por lo que os tendré. + +— Tú das tantos testigos, Sancho, y tantas señas, que no puedo dejar de +decir que debes de decir verdad. Pasa adelante y acorta el cuento, porque +llevas camino de no acabar en dos días. + +— No ha de acortar tal —dijo la duquesa—, por hacerme a mí placer; antes, le +ha de contar de la manera que le sabe, aunque no le acabe en seis días; que +si tantos fuesen, serían para mí los mejores que hubiese llevado en mi +vida. + +— «Digo, pues, señores míos —prosiguió Sancho—, que este tal hidalgo, que yo +conozco como a mis manos, porque no hay de mi casa a la suya un tiro de +ballesta, convidó un labrador pobre, pero honrado.» + +— Adelante, hermano —dijo a esta sazón el religioso—, que camino lleváis de +no parar con vuestro cuento hasta el otro mundo. + +— A menos de la mitad pararé, si Dios fuere servido —respondió Sancho—. «Y +así, digo que, llegando el tal labrador a casa del dicho hidalgo +convidador, que buen poso haya su ánima, que ya es muerto, y por más señas +dicen que hizo una muerte de un ángel, que yo no me hallé presente, que +había ido por aquel tiempo a segar a Tembleque...» + +— Por vida vuestra, hijo, que volváis presto de Tembleque, y que, sin +enterrar al hidalgo, si no queréis hacer más exequias, acabéis vuestro +cuento. + +— «Es, pues, el caso —replicó Sancho— que, estando los dos para asentarse a +la mesa, que parece que ahora los veo más que nunca...» + +Gran gusto recebían los duques del disgusto que mostraba tomar el buen +religioso de la dilación y pausas con que Sancho contaba su cuento, y don +Quijote se estaba consumiendo en cólera y en rabia. + +— «Digo, así —dijo Sancho—, que, estando, como he dicho, los dos para +sentarse a la mesa, el labrador porfiaba con el hidalgo que tomase la +cabecera de la mesa, y el hidalgo porfiaba también que el labrador la +tomase, porque en su casa se había de hacer lo que él mandase; pero el +labrador, que presumía de cortés y bien criado, jamás quiso, hasta que el +hidalgo, mohíno, poniéndole ambas manos sobre los hombros, le hizo sentar +por fuerza, diciéndole: ''Sentaos, majagranzas, que adondequiera que yo me +siente será vuestra cabecera''.» Y éste es el cuento, y en verdad que creo +que no ha sido aquí traído fuera de propósito. + +Púsose don Quijote de mil colores, que sobre lo moreno le jaspeaban y se le +parecían; los señores disimularon la risa, porque don Quijote no acabase de +correrse, habiendo entendido la malicia de Sancho; y, por mudar de plática +y hacer que Sancho no prosiguiese con otros disparates, preguntó la duquesa +a don Quijote que qué nuevas tenía de la señora Dulcinea, y que si le había +enviado aquellos días algunos presentes de gigantes o malandrines, pues no +podía dejar de haber vencido muchos. A lo que don Quijote respondió: + +— Señora mía, mis desgracias, aunque tuvieron principio, nunca tendrán fin. +Gigantes he vencido, y follones y malandrines le he enviado, pero ¿adónde +la habían de hallar, si está encantada y vuelta en la más fea labradora que +imaginar se puede? + +— No sé —dijo Sancho Panza—, a mí me parece la más hermosa criatura del +mundo; a lo menos, en la ligereza y en el brincar bien sé yo que no dará +ella la ventaja a un volteador; a buena fe, señora duquesa, así salta desde +el suelo sobre una borrica como si fuera un gato. + +— ¿Habéisla visto vos encantada, Sancho? —preguntó el duque. + +— Y ¡cómo si la he visto! —respondió Sancho—. Pues, ¿quién diablos sino yo +fue el primero que cayó en el achaque del encantorio? ¡Tan encantada está +como mi padre! + +El eclesiástico, que oyó decir de gigantes, de follones y de encantos, cayó +en la cuenta de que aquél debía de ser don Quijote de la Mancha, cuya +historia leía el duque de ordinario, y él se lo había reprehendido muchas +veces, diciéndole que era disparate leer tales disparates; y, enterándose +ser verdad lo que sospechaba, con mucha cólera, hablando con el duque, le +dijo: + +— Vuestra Excelencia, señor mío, tiene que dar cuenta a Nuestro Señor de lo +que hace este buen hombre. Este don Quijote, o don Tonto, o como se llama, +imagino yo que no debe de ser tan mentecato como Vuestra Excelencia quiere +que sea, dándole ocasiones a la mano para que lleve adelante sus sandeces y +vaciedades. + +Y, volviendo la plática a don Quijote, le dijo: + +— Y a vos, alma de cántaro, ¿quién os ha encajado en el celebro que sois +caballero andante y que vencéis gigantes y prendéis malandrines? Andad en +hora buena, y en tal se os diga: volveos a vuestra casa, y criad vuestros +hijos, si los tenéis, y curad de vuestra hacienda, y dejad de andar vagando +por el mundo, papando viento y dando que reír a cuantos os conocen y no +conocen. ¿En dónde, nora tal, habéis vos hallado que hubo ni hay ahora +caballeros andantes? ¿Dónde hay gigantes en España, o malandrines en la +Mancha, ni Dulcineas encantadas, ni toda la caterva de las simplicidades +que de vos se cuentan? + +Atento estuvo don Quijote a las razones de aquel venerable varón, y, viendo +que ya callaba, sin guardar respeto a los duques, con semblante airado y +alborotado rostro, se puso en pie y dijo... + +Pero esta respuesta capítulo por sí merece. + + + + +Capítulo XXXII. De la respuesta que dio don Quijote a su reprehensor, con +otros graves y graciosos sucesos + +Levantado, pues, en pie don Quijote, temblando de los pies a la cabeza como +azogado, con presurosa y turbada lengua, dijo: + +— El lugar donde estoy, y la presencia ante quien me hallo y el respeto que +siempre tuve y tengo al estado que vuesa merced profesa tienen y atan las +manos de mi justo enojo; y, así por lo que he dicho como por saber que +saben todos que las armas de los togados son las mesmas que las de la +mujer, que son la lengua, entraré con la mía en igual batalla con vuesa +merced, de quien se debía esperar antes buenos consejos que infames +vituperios. Las reprehensiones santas y bien intencionadas otras +circunstancias requieren y otros puntos piden: a lo menos, el haberme +reprehendido en público y tan ásperamente ha pasado todos los límites de la +buena reprehensión, pues las primeras mejor asientan sobre la blandura que +sobre la aspereza, y no es bien que, sin tener conocimiento del pecado que +se reprehende, llamar al pecador, sin más ni más, mentecato y tonto. Si no, +dígame vuesa merced: ¿por cuál de las mentecaterías que en mí ha visto me +condena y vitupera, y me manda que me vaya a mi casa a tener cuenta en el +gobierno della y de mi mujer y de mis hijos, sin saber si la tengo o los +tengo? ¿No hay más sino a troche moche entrarse por las casas ajenas a +gobernar sus dueños, y, habiéndose criado algunos en la estrecheza de algún +pupilaje, sin haber visto más mundo que el que puede contenerse en veinte o +treinta leguas de distrito, meterse de rondón a dar leyes a la caballería y +a juzgar de los caballeros andantes? ¿Por ventura es asumpto vano o es +tiempo mal gastado el que se gasta en vagar por el mundo, no buscando los +regalos dél, sino las asperezas por donde los buenos suben al asiento de la +inmortalidad? Si me tuvieran por tonto los caballeros, los magníficos, los +generosos, los altamente nacidos, tuviéralo por afrenta inreparable; pero +de que me tengan por sandio los estudiantes, que nunca entraron ni pisaron +las sendas de la caballería, no se me da un ardite: caballero soy y +caballero he de morir si place al Altísimo. Unos van por el ancho campo de +la ambición soberbia; otros, por el de la adulación servil y baja; otros, +por el de la hipocresía engañosa, y algunos, por el de la verdadera +religión; pero yo, inclinado de mi estrella, voy por la angosta senda de la +caballería andante, por cuyo ejercicio desprecio la hacienda, pero no la +honra. Yo he satisfecho agravios, enderezado tuertos, castigado +insolencias, vencido gigantes y atropellado vestiglos; yo soy enamorado, no +más de porque es forzoso que los caballeros andantes lo sean; y, siéndolo, +no soy de los enamorados viciosos, sino de los platónicos continentes. Mis +intenciones siempre las enderezo a buenos fines, que son de hacer bien a +todos y mal a ninguno; si el que esto entiende, si el que esto obra, si el +que desto trata merece ser llamado bobo, díganlo vuestras grandezas, duque +y duquesa excelentes. + +— ¡Bien, por Dios! —dijo Sancho—. No diga más vuestra merced, señor y amo +mío, en su abono, porque no hay más que decir, ni más que pensar, ni más +que perseverar en el mundo. Y más, que, negando este señor, como ha negado, +que no ha habido en el mundo, ni los hay, caballeros andantes, ¿qué mucho +que no sepa ninguna de las cosas que ha dicho? + +— ¿Por ventura —dijo el eclesiástico— sois vos, hermano, aquel Sancho Panza +que dicen, a quien vuestro amo tiene prometida una ínsula? + +— Sí soy —respondió Sancho—; y soy quien la merece tan bien como otro +cualquiera; soy quien "júntate a los buenos y serás uno dellos", y soy yo +de aquellos "no con quien naces, sino con quien paces", y de los "quien a +buen árbol se arrima, buena sombra le cobija". Yo me he arrimado a buen +señor, y ha muchos meses que ando en su compañía, y he de ser otro como él, +Dios queriendo; y viva él y viva yo: que ni a él le faltarán imperios que +mandar ni a mí ínsulas que gobernar. + +— No, por cierto, Sancho amigo —dijo a esta sazón el duque—, que yo, en +nombre del señor don Quijote, os mando el gobierno de una que tengo de +nones, de no pequeña calidad. + +— Híncate de rodillas, Sancho —dijo don Quijote—, y besa los pies a Su +Excelencia por la merced que te ha hecho. + +Hízolo así Sancho; lo cual visto por el eclesiástico, se levantó de la +mesa, mohíno además, diciendo: + +— Por el hábito que tengo, que estoy por decir que es tan sandio Vuestra +Excelencia como estos pecadores. ¡Mirad si no han de ser ellos locos, pues +los cuerdos canonizan sus locuras! Quédese Vuestra Excelencia con ellos; +que, en tanto que estuvieren en casa, me estaré yo en la mía, y me escusaré +de reprehender lo que no puedo remediar. + +Y, sin decir más ni comer más, se fue, sin que fuesen parte a detenerle los +ruegos de los duques; aunque el duque no le dijo mucho, impedido de la risa +que su impertinente cólera le había causado. Acabó de reír y dijo a don +Quijote: + +— Vuesa merced, señor Caballero de los Leones, ha respondido por sí tan +altamente que no le queda cosa por satisfacer deste que, aunque parece +agravio, no lo es en ninguna manera; porque, así como no agravian las +mujeres, no agravian los eclesiásticos, como vuesa merced mejor sabe. + +— Así es —respondió don Quijote—, y la causa es que el que no puede ser +agraviado no puede agraviar a nadie. Las mujeres, los niños y los +eclesiásticos, como no pueden defenderse, aunque sean ofendidos, no pueden +ser afrentados; porque entre el agravio y la afrenta hay esta diferencia, +como mejor Vuestra Excelencia sabe: la afrenta viene de parte de quien la +puede hacer, y la hace y la sustenta; el agravio puede venir de cualquier +parte, sin que afrente. Sea ejemplo: está uno en la calle descuidado, +llegan diez con mano armada, y, dándole de palos, pone mano a la espada y +hace su deber, pero la muchedumbre de los contrarios se le opone, y no le +deja salir con su intención, que es de vengarse; este tal queda agraviado, +pero no afrentado. Y lo mesmo confirmará otro ejemplo: está uno vuelto de +espaldas, llega otro y dale de palos, y en dándoselos huye y no espera, y +el otro le sigue y no alcanza; este que recibió los palos, recibió agravio, +mas no afrenta, porque la afrenta ha de ser sustentada. Si el que le dio +los palos, aunque se los dio a hurtacordel, pusiera mano a su espada y se +estuviera quedo, haciendo rostro a su enemigo, quedara el apaleado +agraviado y afrentado juntamente: agraviado, porque le dieron a traición; +afrentado, porque el que le dio sustentó lo que había hecho, sin volver las +espaldas y a pie quedo. Y así, según las leyes del maldito duelo, yo puedo +estar agraviado, mas no afrentado; porque los niños no sienten, ni las +mujeres, ni pueden huir, ni tienen para qué esperar, y lo mesmo los +constituidos en la sacra religión, porque estos tres géneros de gente +carecen de armas ofensivas y defensivas; y así, aunque naturalmente estén +obligados a defenderse, no lo están para ofender a nadie. Y, aunque poco ha +dije que yo podía estar agraviado, agora digo que no, en ninguna manera, +porque quien no puede recebir afrenta, menos la puede dar; por las cuales +razones yo no debo sentir, ni siento, las que aquel buen hombre me ha +dicho; sólo quisiera que esperara algún poco, para darle a entender en el +error en que está en pensar y decir que no ha habido, ni los hay, +caballeros andantes en el mundo; que si lo tal oyera Amadís, o uno de los +infinitos de su linaje, yo sé que no le fuera bien a su merced. + +— Eso juro yo bien —dijo Sancho—: cuchillada le hubieran dado que le +abrieran de arriba abajo como una granada, o como a un melón muy maduro. +¡Bonitos eran ellos para sufrir semejantes cosquillas! Para mi santiguada, +que tengo por cierto que si Reinaldos de Montalbán hubiera oído estas +razones al hombrecito, tapaboca le hubiera dado que no hablara más en tres +años. ¡No, sino tomárase con ellos y viera cómo escapaba de sus manos! + +Perecía de risa la duquesa en oyendo hablar a Sancho, y en su opinión le +tenía por más gracioso y por más loco que a su amo; y muchos hubo en aquel +tiempo que fueron deste mismo parecer. Finalmente, don Quijote se sosegó, y +la comida se acabó, y, en levantando los manteles, llegaron cuatro +doncellas, la una con una fuente de plata, y la otra con un aguamanil, +asimismo de plata, y la otra con dos blanquísimas y riquísimas toallas al +hombro, y la cuarta descubiertos los brazos hasta la mitad, y en sus +blancas manos —que sin duda eran blancas— una redonda pella de jabón +napolitano. Llegó la de la fuente, y con gentil donaire y desenvoltura +encajó la fuente debajo de la barba de don Quijote; el cual, sin hablar +palabra, admirado de semejante ceremonia, creyendo que debía ser usanza de +aquella tierra en lugar de las manos lavar las barbas, y así tendió la suya +todo cuanto pudo, y al mismo punto comenzó a llover el aguamanil, y la +doncella del jabón le manoseó las barbas con mucha priesa, levantando copos +de nieve, que no eran menos blancas las jabonaduras, no sólo por las +barbas, mas por todo el rostro y por los ojos del obediente caballero, +tanto, que se los hicieron cerrar por fuerza. + +El duque y la duquesa, que de nada desto eran sabidores, estaban esperando +en qué había de parar tan extraordinario lavatorio. La doncella barbera, +cuando le tuvo con un palmo de jabonadura, fingió que se le había acabado +el agua, y mandó a la del aguamanil fuese por ella, que el señor don +Quijote esperaría. Hízolo así, y quedó don Quijote con la más estraña +figura y más para hacer reír que se pudiera imaginar. + +Mirábanle todos los que presentes estaban, que eran muchos, y como le veían +con media vara de cuello, más que medianamente moreno, los ojos cerrados y +las barbas llenas de jabón, fue gran maravilla y mucha discreción poder +disimular la risa; las doncellas de la burla tenían los ojos bajos, sin +osar mirar a sus señores; a ellos les retozaba la cólera y la risa en el +cuerpo, y no sabían a qué acudir: o a castigar el atrevimiento de las +muchachas, o darles premio por el gusto que recibían de ver a don Quijote +de aquella suerte. + +Finalmente, la doncella del aguamanil vino, y acabaron de lavar a don +Quijote, y luego la que traía las toallas le limpió y le enjugó muy +reposadamente; y, haciéndole todas cuatro a la par una grande y profunda +inclinación y reverencia, se querían ir; pero el duque, porque don Quijote +no cayese en la burla, llamó a la doncella de la fuente, diciéndole: + +— Venid y lavadme a mí, y mirad que no se os acabe el agua. + +La muchacha, aguda y diligente, llegó y puso la fuente al duque como a don +Quijote, y, dándose prisa, le lavaron y jabonaron muy bien, y, dejándole +enjuto y limpio, haciendo reverencias se fueron. Después se supo que había +jurado el duque que si a él no le lavaran como a don Quijote, había de +castigar su desenvoltura, lo cual habían enmendado discretamente con +haberle a él jabonado. + +Estaba atento Sancho a las ceremonias de aquel lavatorio, y dijo entre sí: + +— ¡Válame Dios! ¿Si será también usanza en esta tierra lavar las barbas a +los escuderos como a los caballeros? Porque, en Dios y en mi ánima que lo +he bien menester, y aun que si me las rapasen a navaja, lo tendría a más +beneficio. + +— ¿Qué decís entre vos, Sancho? —preguntó la duquesa. + +— Digo, señora —respondió él—, que en las cortes de los otros príncipes +siempre he oído decir que en levantando los manteles dan agua a las manos, +pero no lejía a las barbas; y que por eso es bueno vivir mucho, por ver +mucho; aunque también dicen que el que larga vida vive mucho mal ha de +pasar, puesto que pasar por un lavatorio de éstos antes es gusto que +trabajo. + +— No tengáis pena, amigo Sancho —dijo la duquesa—, que yo haré que mis +doncellas os laven, y aun os metan en colada, si fuere menester. + +— Con las barbas me contento —respondió Sancho—, por ahora a lo menos, que +andando el tiempo, Dios dijo lo que será. + +— Mirad, maestresala —dijo la duquesa—, lo que el buen Sancho pide, y +cumplidle su voluntad al pie de la letra. + +El maestresala respondió que en todo sería servido el señor Sancho, y con +esto se fue a comer, y llevó consigo a Sancho, quedándose a la mesa los +duques y don Quijote, hablando en muchas y diversas cosas; pero todas +tocantes al ejercicio de las armas y de la andante caballería. + +La duquesa rogó a don Quijote que le delinease y describiese, pues parecía +tener felice memoria, la hermosura y facciones de la señora Dulcinea del +Toboso; que, según lo que la fama pregonaba de su belleza, tenía por +entendido que debía de ser la más bella criatura del orbe, y aun de toda la +Mancha. Sospiró don Quijote, oyendo lo que la duquesa le mandaba, y dijo: + +— Si yo pudiera sacar mi corazón y ponerle ante los ojos de vuestra +grandeza, aquí, sobre esta mesa y en un plato, quitara el trabajo a mi +lengua de decir lo que apenas se puede pensar, porque Vuestra Excelencia la +viera en él toda retratada; pero, ¿para qué es ponerme yo ahora a delinear +y describir punto por punto y parte por parte la hermosura de la sin par +Dulcinea, siendo carga digna de otros hombros que de los míos, empresa en +quien se debían ocupar los pinceles de Parrasio, de Timantes y de Apeles, y +los buriles de Lisipo, para pintarla y grabarla en tablas, en mármoles y en +bronces, y la retórica ciceroniana y demostina para alabarla? + +— ¿Qué quiere decir demostina, señor don Quijote —preguntó la duquesa—, que +es vocablo que no le he oído en todos los días de mi vida? + +— Retórica demostina —respondió don Quijote— es lo mismo que decir retórica +de Demóstenes, como ciceroniana, de Cicerón, que fueron los dos mayores +retóricos del mundo. + +— Así es —dijo el duque—, y habéis andado deslumbrada en la tal pregunta. +Pero, con todo eso, nos daría gran gusto el señor don Quijote si nos la +pintase; que a buen seguro que, aunque sea en rasguño y bosquejo, que ella +salga tal, que la tengan invidia las más hermosas. + +— Sí hiciera, por cierto —respondió don Quijote—, si no me la hubiera +borrado de la idea la desgracia que poco ha que le sucedió, que es tal, que +más estoy para llorarla que para describirla; porque habrán de saber +vuestras grandezas que, yendo los días pasados a besarle las manos, y a +recebir su bendición, beneplácito y licencia para esta tercera salida, +hallé otra de la que buscaba: halléla encantada y convertida de princesa en +labradora, de hermosa en fea, de ángel en diablo, de olorosa en pestífera, +de bien hablada en rústica, de reposada en brincadora, de luz en tinieblas, +y, finalmente, de Dulcinea del Toboso en una villana de Sayago. + +— ¡Válame Dios! —dando una gran voz, dijo a este instante el duque—. ¿Quién +ha sido el que tanto mal ha hecho al mundo? ¿Quién ha quitado dél la +belleza que le alegraba, el donaire que le entretenía y la honestidad que +le acreditaba? + +— ¿Quién? —respondió don Quijote—. ¿Quién puede ser sino algún maligno +encantador de los muchos invidiosos que me persiguen? Esta raza maldita, +nacida en el mundo para escurecer y aniquilar las hazañas de los buenos, y +para dar luz y levantar los fechos de los malos. Perseguido me han +encantadores, encantadores me persiguen y encantadores me persiguirán hasta +dar conmigo y con mis altas caballerías en el profundo abismo del olvido; y +en aquella parte me dañan y hieren donde veen que más lo siento, porque +quitarle a un caballero andante su dama es quitarle los ojos con que mira, +y el sol con que se alumbra, y el sustento con que se mantiene. Otras +muchas veces lo he dicho, y ahora lo vuelvo a decir: que el caballero +andante sin dama es como el árbol sin hojas, el edificio sin cimiento y la +sombra sin cuerpo de quien se cause. + +— No hay más que decir —dijo la duquesa—; pero si, con todo eso, hemos de +dar crédito a la historia que del señor don Quijote de pocos días a esta +parte ha salido a la luz del mundo, con general aplauso de las gentes, +della se colige, si mal no me acuerdo, que nunca vuesa merced ha visto a la +señora Dulcinea, y que esta tal señora no es en el mundo, sino que es dama +fantástica, que vuesa merced la engendró y parió en su entendimiento, y la +pintó con todas aquellas gracias y perfeciones que quiso. + +— En eso hay mucho que decir —respondió don Quijote—. Dios sabe si hay +Dulcinea o no en el mundo, o si es fantástica o no es fantástica; y éstas +no son de las cosas cuya averiguación se ha de llevar hasta el cabo. Ni yo +engendré ni parí a mi señora, puesto que la contemplo como conviene que sea +una dama que contenga en sí las partes que puedan hacerla famosa en todas +las del mundo, como son: hermosa, sin tacha, grave sin soberbia, amorosa +con honestidad, agradecida por cortés, cortés por bien criada, y, +finalmente, alta por linaje, a causa que sobre la buena sangre resplandece +y campea la hermosura con más grados de perfeción que en las hermosas +humildemente nacidas. + +— Así es —dijo el duque—; pero hame de dar licencia el señor don Quijote +para que diga lo que me fuerza a decir la historia que de sus hazañas he +leído, de donde se infiere que, puesto que se conceda que hay Dulcinea, en +el Toboso o fuera dél, y que sea hermosa en el sumo grado que vuesa merced +nos la pinta, en lo de la alteza del linaje no corre parejas con las +Orianas, con las Alastrajareas, con las Madásimas, ni con otras deste jaez, +de quien están llenas las historias que vuesa merced bien sabe. + +— A eso puedo decir —respondió don Quijote— que Dulcinea es hija de sus +obras, y que las virtudes adoban la sangre, y que en más se ha de estimar y +tener un humilde virtuoso que un vicioso levantado; cuanto más, que +Dulcinea tiene un jirón que la puede llevar a ser reina de corona y ceptro; +que el merecimiento de una mujer hermosa y virtuosa a hacer mayores +milagros se estiende, y, aunque no formalmente, virtualmente tiene en sí +encerradas mayores venturas. + +— Digo, señor don Quijote —dijo la duquesa—, que en todo cuanto vuestra +merced dice va con pie de plomo, y, como suele decirse, con la sonda en la +mano; y que yo desde aquí adelante creeré y haré creer a todos los de mi +casa, y aun al duque mi señor, si fuere menester, que hay Dulcinea en el +Toboso, y que vive hoy día, y es hermosa, y principalmente nacida y +merecedora que un tal caballero como es el señor don Quijote la sirva; que +es lo más que puedo ni sé encarecer. Pero no puedo dejar de formar un +escrúpulo, y tener algún no sé qué de ojeriza contra Sancho Panza: el +escrúpulo es que dice la historia referida que el tal Sancho Panza halló a +la tal señora Dulcinea, cuando de parte de vuestra merced le llevó una +epístola, ahechando un costal de trigo, y, por más señas, dice que era +rubión: cosa que me hace dudar en la alteza de su linaje. + +A lo que respondió don Quijote: + +— Señora mía, sabrá la vuestra grandeza que todas o las más cosas que a mí +me suceden van fuera de los términos ordinarios de las que a los otros +caballeros andantes acontecen, o ya sean encaminadas por el querer +inescrutable de los hados, o ya vengan encaminadas por la malicia de algún +encantador invidioso; y, como es cosa ya averiguada que todos o los más +caballeros andantes y famosos, uno tenga gracia de no poder ser encantado, +otro de ser de tan impenetrables carnes que no pueda ser herido, como lo +fue el famoso Roldán, uno de los doce Pares de Francia, de quien se cuenta +que no podía ser ferido sino por la planta del pie izquierdo, y que esto +había de ser con la punta de un alfiler gordo, y no con otra suerte de arma +alguna; y así, cuando Bernardo del Carpio le mató en Roncesvalles, viendo +que no le podía llagar con fierro, le levantó del suelo entre los brazos y +le ahogó, acordándose entonces de la muerte que dio Hércules a Anteón, +aquel feroz gigante que decían ser hijo de la Tierra. Quiero inferir de lo +dicho, que podría ser que yo tuviese alguna gracia déstas, no del no +poder ser ferido, porque muchas veces la experiencia me ha mostrado que soy +de carnes blandas y no nada impenetrables, ni la de no poder ser encantado, +que ya me he visto metido en una jaula, donde todo el mundo no fuera +poderoso a encerrarme, si no fuera a fuerzas de encantamentos; pero, pues +de aquél me libré, quiero creer que no ha de haber otro alguno que me +empezca; y así, viendo estos encantadores que con mi persona no pueden usar +de sus malas mañas, vénganse en las cosas que más quiero, y quieren +quitarme la vida maltratando la de Dulcinea, por quien yo vivo; y así, creo +que, cuando mi escudero le llevó mi embajada, se la convirtieron en villana +y ocupada en tan bajo ejercicio como es el de ahechar trigo; pero ya tengo +yo dicho que aquel trigo ni era rubión ni trigo, sino granos de perlas +orientales; y para prueba desta verdad quiero decir a vuestras magnitudes +cómo, viniendo poco ha por el Toboso, jamás pude hallar los palacios de +Dulcinea; y que otro día, habiéndola visto Sancho, mi escudero, en su mesma +figura, que es la más bella del orbe, a mí me pareció una labradora tosca y +fea, y no nada bien razonada, siendo la discreción del mundo; y, pues yo no +estoy encantado, ni lo puedo estar, según buen discurso, ella es la +encantada, la ofendida y la mudada, trocada y trastrocada, y en ella se han +vengado de mí mis enemigos, y por ella viviré yo en perpetuas lágrimas, +hasta verla en su prístino estado. Todo esto he dicho para que nadie repare +en lo que Sancho dijo del cernido ni del ahecho de Dulcinea; que, pues a mí +me la mudaron, no es maravilla que a él se la cambiasen. Dulcinea es +principal y bien nacida, y de los hidalgos linajes que hay en el Toboso, +que son muchos, antiguos y muy buenos, a buen seguro que no le cabe poca +parte a la sin par Dulcinea, por quien su lugar será famoso y nombrado en +los venideros siglos, como lo ha sido Troya por Elena, y España por la +Cava, aunque con mejor título y fama. Por otra parte, quiero que entiendan +vuestras señorías que Sancho Panza es uno de los más graciosos escuderos +que jamás sirvió a caballero andante; tiene a veces unas simplicidades tan +agudas, que el pensar si es simple o agudo causa no pequeño contento; tiene +malicias que le condenan por bellaco, y descuidos que le confirman por +bobo; duda de todo y créelo todo; cuando pienso que se va a despeñar de +tonto, sale con unas discreciones, que le levantan al cielo. Finalmente, yo +no le trocaría con otro escudero, aunque me diesen de añadidura una ciudad; +y así, estoy en duda si será bien enviarle al gobierno de quien vuestra +grandeza le ha hecho merced; aunque veo en él una cierta aptitud para esto +de gobernar, que atusándole tantico el entendimiento, se saldría con +cualquiera gobierno, como el rey con sus alcabalas; y más, que ya por +muchas experiencias sabemos que no es menester ni mucha habilidad ni muchas +letras para ser uno gobernador, pues hay por ahí ciento que apenas saber +leer, y gobiernan como unos girifaltes; el toque está en que tengan buena +intención y deseen acertar en todo; que nunca les faltará quien les +aconseje y encamine en lo que han de hacer, como los gobernadores +caballeros y no letrados, que sentencian con asesor. Aconsejaríale yo que +ni tome cohecho, ni pierda derecho, y otras cosillas que me quedan en el +estómago, que saldrán a su tiempo, para utilidad de Sancho y provecho de la +ínsula que gobernare. + +A este punto llegaban de su coloquio el duque, la duquesa y don Quijote, +cuando oyeron muchas voces y gran rumor de gente en el palacio; y a deshora +entró Sancho en la sala, todo asustado, con un cernadero por babador, y +tras él muchos mozos, o, por mejor decir, pícaros de cocina y otra gente +menuda, y uno venía con un artesoncillo de agua, que en la color y poca +limpieza mostraba ser de fregar; seguíale y perseguíale el de la artesa, y +procuraba con toda solicitud ponérsela y encajársela debajo de las barbas, +y otro pícaro mostraba querérselas lavar. + +— ¿Qué es esto, hermanos? —preguntó la duquesa—. ¿Qué es esto? ¿Qué queréis +a ese buen hombre? ¿Cómo y no consideráis que está electo gobernador? + +A lo que respondió el pícaro barbero: + +— No quiere este señor dejarse lavar, como es usanza, y como se la lavó el +duque mi señor y el señor su amo. + +— Sí quiero —respondió Sancho con mucha cólera—, pero querría que fuese con +toallas más limpias, con lejía mas clara y con manos no tan sucias; que no +hay tanta diferencia de mí a mi amo, que a él le laven con agua de ángeles +y a mí con lejía de diablos. Las usanzas de las tierras y de los palacios +de los príncipes tanto son buenas cuanto no dan pesadumbre, pero la +costumbre del lavatorio que aquí se usa peor es que de diciplinantes. Yo +estoy limpio de barbas y no tengo necesidad de semejantes refrigerios; y el +que se llegare a lavarme ni a tocarme a un pelo de la cabeza, digo, de mi +barba, hablando con el debido acatamiento, le daré tal puñada que le deje +el puño engastado en los cascos; que estas tales ceremonias y jabonaduras +más parecen burlas que gasajos de huéspedes. + +Perecida de risa estaba la duquesa, viendo la cólera y oyendo las razones +de Sancho, pero no dio mucho gusto a don Quijote verle tan mal adeliñado +con la jaspeada toalla, y tan rodeado de tantos entretenidos de cocina; y +así, haciendo una profunda reverencia a los duques, como que les pedía +licencia para hablar, con voz reposada dijo a la canalla: + +— ¡Hola, señores caballeros! Vuesas mercedes dejen al mancebo, y vuélvanse +por donde vinieron, o por otra parte si se les antojare, que mi escudero es +limpio tanto como otro, y esas artesillas son para él estrechas y penantes +búcaros. Tomen mi consejo y déjenle, porque ni él ni yo sabemos de achaque +de burlas. + +Cogióle la razón de la boca Sancho, y prosiguió diciendo: + +— ¡No, sino lléguense a hacer burla del mostrenco, que así lo sufriré como +ahora es de noche! Traigan aquí un peine, o lo que quisieren, y almohácenme +estas barbas, y si sacaren dellas cosa que ofenda a la limpieza, que me +trasquilen a cruces. + +A esta sazón, sin dejar la risa, dijo la duquesa: + +— Sancho Panza tiene razón en todo cuanto ha dicho, y la tendrá en todo +cuanto dijere: él es limpio, y, como él dice, no tiene necesidad de +lavarse; y si nuestra usanza no le contenta, su alma en su palma, cuanto +más, que vosotros, ministros de la limpieza, habéis andado demasiadamente +de remisos y descuidados, y no sé si diga atrevidos, a traer a tal +personaje y a tales barbas, en lugar de fuentes y aguamaniles de oro puro y +de alemanas toallas, artesillas y dornajos de palo y rodillas de +aparadores. Pero, en fin, sois malos y mal nacidos, y no podéis dejar, como +malandrines que sois, de mostrar la ojeriza que tenéis con los escuderos de +los andantes caballeros. + +Creyeron los apicarados ministros, y aun el maestresala, que venía con +ellos, que la duquesa hablaba de veras; y así, quitaron el cernadero del +pecho de Sancho, y todos confusos y casi corridos se fueron y le dejaron; +el cual, viéndose fuera de aquel, a su parecer, sumo peligro, se fue a +hincar de rodillas ante la duquesa y dijo: + +— De grandes señoras, grandes mercedes se esperan; esta que la vuestra +merced hoy me ha fecho no puede pagarse con menos, si no es con desear +verme armado caballero andante, para ocuparme todos los días de mi vida en +servir a tan alta señora. Labrador soy, Sancho Panza me llamo, casado soy, +hijos tengo y de escudero sirvo: si con alguna destas cosas puedo servir a +vuestra grandeza, menos tardaré yo en obedecer que vuestra señoría en +mandar. + +— Bien parece, Sancho —respondió la duquesa—, que habéis aprendido a ser +cortés en la escuela de la misma cortesía; bien parece, quiero decir, que +os habéis criado a los pechos del señor don Quijote, que debe de ser la +nata de los comedimientos y la flor de las ceremonias, o cirimonias, como +vos decís. Bien haya tal señor y tal criado: el uno, por norte de la +andante caballería; y el otro, por estrella de la escuderil fidelidad. +Levantaos, Sancho amigo, que yo satisfaré vuestras cortesías con hacer que +el duque mi señor, lo más presto que pudiere, os cumpla la merced prometida +del gobierno. + +Con esto cesó la plática, y don Quijote se fue a reposar la siesta, y la +duquesa pidió a Sancho que, si no tenía mucha gana de dormir, viniese a +pasar la tarde con ella y con sus doncellas en una muy fresca sala. Sancho +respondió que, aunque era verdad que tenía por costumbre dormir cuatro o +cinco horas las siestas del verano, que, por servir a su bondad, él +procuraría con todas sus fuerzas no dormir aquel día ninguna, y vendría +obediente a su mandado, y fuese. El duque dio nuevas órdenes como se +tratase a don Quijote como a caballero andante, sin salir un punto del +estilo como cuentan que se trataban los antiguos caballeros. + + + + +Capítulo XXXIII. De la sabrosa plática que la duquesa y sus doncellas +pasaron con Sancho Panza, digna de que se lea y de que se note + +Cuenta, pues, la historia, que Sancho no durmió aquella siesta, sino que, +por cumplir su palabra, vino en comiendo a ver a la duquesa; la cual, con +el gusto que tenía de oírle, le hizo sentar junto a sí en una silla baja, +aunque Sancho, de puro bien criado, no quería sentarse; pero la duquesa le +dijo que se sentase como gobernador y hablase como escudero, puesto que por +entrambas cosas merecía el mismo escaño del Cid Ruy Díaz Campeador. + +Encogió Sancho los hombros, obedeció y sentóse, y todas las doncellas y +dueñas de la duquesa la rodearon, atentas, con grandísimo silencio, a +escuchar lo que diría; pero la duquesa fue la que habló primero, diciendo: + +— Ahora que estamos solos, y que aquí no nos oye nadie, querría yo que el +señor gobernador me asolviese ciertas dudas que tengo, nacidas de la +historia que del gran don Quijote anda ya impresa; una de las cuales dudas +es que, pues el buen Sancho nunca vio a Dulcinea, digo, a la señora +Dulcinea del Toboso, ni le llevó la carta del señor don Quijote, porque se +quedó en el libro de memoria en Sierra Morena, cómo se atrevió a fingir la +respuesta, y aquello de que la halló ahechando trigo, siendo todo burla y +mentira, y tan en daño de la buena opinión de la sin par Dulcinea, y todas +que no vienen bien con la calidad y fidelidad de los buenos escuderos. + +A estas razones, sin responder con alguna, se levantó Sancho de la silla, +y, con pasos quedos, el cuerpo agobiado y el dedo puesto sobre los labios, +anduvo por toda la sala levantando los doseles; y luego, esto hecho, se +volvió a sentar y dijo: + +— Ahora, señora mía, que he visto que no nos escucha nadie de solapa, fuera +de los circunstantes, sin temor ni sobresalto responderé a lo que se me ha +preguntado, y a todo aquello que se me preguntare; y lo primero que digo es +que yo tengo a mi señor don Quijote por loco rematado, puesto que algunas +veces dice cosas que, a mi parecer, y aun de todos aquellos que le +escuchan, son tan discretas y por tan buen carril encaminadas, que el mesmo +Satanás no las podría decir mejores; pero, con todo esto, verdaderamente y +sin escrúpulo, a mí se me ha asentado que es un mentecato. Pues, como yo +tengo esto en el magín, me atrevo a hacerle creer lo que no lleva pies ni +cabeza, como fue aquello de la respuesta de la carta, y lo de habrá seis o +ocho días, que aún no está en historia; conviene a saber: lo del encanto de +mi señora doña Dulcinea, que le he dado a entender que está encantada, no +siendo más verdad que por los cerros de Úbeda. + +Rogóle la duquesa que le contase aquel encantamento o burla, y Sancho se lo +contó todo del mesmo modo que había pasado, de que no poco gusto recibieron +los oyentes; y, prosiguiendo en su plática, dijo la duquesa: + +— De lo que el buen Sancho me ha contado me anda brincando un escrúpulo en +el alma y un cierto susurro llega a mis oídos, que me dice: ''Pues don +Quijote de la Mancha es loco, menguado y mentecato, y Sancho Panza su +escudero lo conoce, y, con todo eso, le sirve y le sigue y va atenido a las +vanas promesas suyas, sin duda alguna debe de ser él más loco y tonto que +su amo; y, siendo esto así, como lo es, mal contado te será, señora +duquesa, si al tal Sancho Panza le das ínsula que gobierne, porque el que +no sabe gobernarse a sí, ¿cómo sabrá gobernar a otros?'' + +— Par Dios, señora —dijo Sancho—, que ese escrúpulo viene con parto derecho; +pero dígale vuesa merced que hable claro, o como quisiere, que yo conozco +que dice verdad: que si yo fuera discreto, días ha que había de haber +dejado a mi amo. Pero ésta fue mi suerte, y ésta mi malandanza; no puedo +más, seguirle tengo: somos de un mismo lugar, he comido su pan, quiérole +bien, es agradecido, diome sus pollinos, y, sobre todo, yo soy fiel; y así, +es imposible que nos pueda apartar otro suceso que el de la pala y azadón. +Y si vuestra altanería no quisiere que se me dé el prometido gobierno, de +menos me hizo Dios, y podría ser que el no dármele redundase en pro de mi +conciencia; que, maguera tonto, se me entiende aquel refrán de ''por su mal +le nacieron alas a la hormiga''; y aun podría ser que se fuese más aína +Sancho escudero al cielo, que no Sancho gobernador. Tan buen pan hacen aquí +como en Francia; y de noche todos los gatos son pardos, y asaz de +desdichada es la persona que a las dos de la tarde no se ha desayunado; y +no hay estómago que sea un palmo mayor que otro, el cual se puede llenar, +como suele decirse, de paja y de heno; y las avecitas del campo tienen a +Dios por su proveedor y despensero; y más calientan cuatro varas de paño de +Cuenca que otras cuatro de límiste de Segovia; y al dejar este mundo y +meternos la tierra adentro, por tan estrecha senda va el príncipe como el +jornalero, y no ocupa más pies de tierra el cuerpo del Papa que el del +sacristán, aunque sea más alto el uno que el otro; que al entrar en el hoyo +todos nos ajustamos y encogemos, o nos hacen ajustar y encoger, mal que nos +pese y a buenas noches. Y torno a decir que si vuestra señoría no me +quisiere dar la ínsula por tonto, yo sabré no dárseme nada por discreto; y +yo he oído decir que detrás de la cruz está el diablo, y que no es oro todo +lo que reluce, y que de entre los bueyes, arados y coyundas sacaron al +labrador Wamba para ser rey de España, y de entre los brocados, pasatiempos +y riquezas sacaron a Rodrigo para ser comido de culebras, si es que las +trovas de los romances antiguos no mienten. + +— Y ¡cómo que no mienten! —dijo a esta sazón doña Rodríguez la dueña, que +era una de las escuchantes—: que un romance hay que dice que metieron al +rey Rodrigo, vivo vivo, en una tumba llena de sapos, culebras y lagartos, y +que de allí a dos días dijo el rey desde dentro de la tumba, con voz +doliente y baja: + +Ya me comen, ya me comen + +por do más pecado había; + +y, según esto, mucha razón tiene este señor en decir que quiere más ser más +labrador que rey, si le han de comer sabandijas. + +No pudo la duquesa tener la risa, oyendo la simplicidad de su dueña, ni +dejó de admirarse en oír las razones y refranes de Sancho, a quien dijo: + +— Ya sabe el buen Sancho que lo que una vez promete un caballero procura +cumplirlo, aunque le cueste la vida. El duque, mi señor y marido, aunque no +es de los andantes, no por eso deja de ser caballero, y así, cumplirá la +palabra de la prometida ínsula, a pesar de la invidia y de la malicia del +mundo. Esté Sancho de buen ánimo, que cuando menos lo piense se verá +sentado en la silla de su ínsula y en la de su estado, y empuñará su +gobierno, que con otro de brocado de tres altos lo deseche. Lo que yo le +encargo es que mire cómo gobierna sus vasallos, advirtiendo que todos son +leales y bien nacidos. + +— Eso de gobernarlos bien —respondió Sancho— no hay para qué encargármelo, +porque yo soy caritativo de mío y tengo compasión de los pobres; y a quien +cuece y amasa, no le hurtes hogaza; y para mi santiguada que no me han de +echar dado falso; soy perro viejo, y entiendo todo tus, tus, y sé +despabilarme a sus tiempos, y no consiento que me anden musarañas ante los +ojos, porque sé dónde me aprieta el zapato: dígolo porque los buenos +tendrán conmigo mano y concavidad, y los malos, ni pie ni entrada. Y +paréceme a mí que en esto de los gobiernos todo es comenzar, y podría ser +que a quince días de gobernador me comiese las manos tras el oficio y +supiese más dél que de la labor del campo, en que me he criado. + +— Vos tenéis razón razón, Sancho —dijo la duquesa—, que nadie nace enseñado, +y de los hombres se hacen los obispos, que no de las piedras. Pero, +volviendo a la plática que poco ha tratábamos del encanto de la señora +Dulcinea, tengo por cosa cierta y más que averiguada que aquella +imaginación que Sancho tuvo de burlar a su señor y darle a entender que la +labradora era Dulcinea, y que si su señor no la conocía debía de ser por +estar encantada, toda fue invención de alguno de los encantadores que al +señor don Quijote persiguen; porque real y verdaderamente yo sé de buena +parte que la villana que dio el brinco sobre la pollina era y es Dulcinea +del Toboso, y que el buen Sancho, pensando ser el engañador, es el +engañado; y no hay poner más duda en esta verdad que en las cosas que nunca +vimos; y sepa el señor Sancho Panza que también tenemos acá encantadores +que nos quieren bien, y nos dicen lo que pasa por el mundo, pura y +sencillamente, sin enredos ni máquinas; y créame Sancho que la villana +brincadora era y es Dulcinea del Toboso, que está encantada como la madre +que la parió; y cuando menos nos pensemos, la habemos de ver en su propia +figura, y entonces saldrá Sancho del engaño en que vive. + +— Bien puede ser todo eso —dijo Sancho Panza—; y agora quiero creer lo que +mi amo cuenta de lo que vio en la cueva de Montesinos, donde dice que vio a +la señora Dulcinea del Toboso en el mesmo traje y hábito que yo dije que la +había visto cuando la encanté por solo mi gusto; y todo debió de ser al +revés, como vuesa merced, señora mía, dice, porque de mi ruin ingenio no se +puede ni debe presumir que fabricase en un instante tan agudo embuste, ni +creo yo que mi amo es tan loco que con tan flaca y magra persuasión como la +mía creyese una cosa tan fuera de todo término. Pero, señora, no por esto +será bien que vuestra bondad me tenga por malévolo, pues no está obligado +un porro como yo a taladrar los pensamientos y malicias de los pésimos +encantadores: yo fingí aquello por escaparme de las riñas de mi señor don +Quijote, y no con intención de ofenderle; y si ha salido al revés, Dios +está en el cielo, que juzga los corazones. + +— Así es la verdad —dijo la duquesa—; pero dígame agora, Sancho, qué es esto +que dice de la cueva de Montesinos, que gustaría saberlo. + +Entonces Sancho Panza le contó punto por punto lo que queda dicho acerca de +la tal aventura. Oyendo lo cual la duquesa, dijo: + +— Deste suceso se puede inferir que, pues el gran don Quijote dice que vio +allí a la mesma labradora que Sancho vio a la salida del Toboso, sin duda +es Dulcinea, y que andan por aquí los encantadores muy listos y +demasiadamente curiosos. + +— Eso digo yo —dijo Sancho Panza—, que si mi señora Dulcinea del Toboso está +encantada, su daño; que yo no me tengo de tomar, yo, con los enemigos de mi +amo, que deben de ser muchos y malos. Verdad sea que la que yo vi fue una +labradora, y por labradora la tuve, y por tal labradora la juzgué; y si +aquélla era Dulcinea, no ha de estar a mi cuenta, ni ha de correr por mí, o +sobre ello, morena. No, sino ándense a cada triquete conmigo a dime y +direte, "Sancho lo dijo, Sancho lo hizo, Sancho tornó y Sancho volvió", +como si Sancho fuese algún quienquiera, y no fuese el mismo Sancho Panza, +el que anda ya en libros por ese mundo adelante, según me dijo Sansón +Carrasco, que, por lo menos, es persona bachillerada por Salamanca, y los +tales no pueden mentir si no es cuando se les antoja o les viene muy a +cuento; así que, no hay para qué nadie se tome conmigo, y pues que tengo +buena fama, y, según oí decir a mi señor, que más vale el buen nombre que +las muchas riquezas, encájenme ese gobierno y verán maravillas; que quien +ha sido buen escudero será buen gobernador. + +— Todo cuanto aquí ha dicho el buen Sancho —dijo la duquesa— son sentencias +catonianas, o, por lo menos, sacadas de las mesmas entrañas del mismo +Micael Verino, florentibus occidit annis. En fin, en fin, hablando a su +modo, debajo de mala capa suele haber buen bebedor. + +— En verdad, señora —respondió Sancho—, que en mi vida he bebido de malicia; +con sed bien podría ser, porque no tengo nada de hipócrita: bebo cuando +tengo gana, y cuando no la tengo y cuando me lo dan, por no parecer o +melindroso o malcriado; que a un brindis de un amigo, ¿qué corazón ha de +haber tan de mármol que no haga la razón? Pero, aunque las calzo, no las +ensucio; cuanto más, que los escuderos de los caballeros andantes, casi de +ordinario beben agua, porque siempre andan por florestas, selvas y prados, +montañas y riscos, sin hallar una misericordia de vino, si dan por ella un +ojo. + +— Yo lo creo así —respondió la duquesa—. Y por ahora, váyase Sancho a +reposar, que después hablaremos más largo y daremos orden como vaya presto +a encajarse, como él dice, aquel gobierno. + +De nuevo le besó las manos Sancho a la duquesa, y le suplicó le hiciese +merced de que se tuviese buena cuenta con su rucio, porque era la lumbre de +sus ojos. + +— ¿Qué rucio es éste? —preguntó la duquesa. + +— Mi asno —respondió Sancho—, que por no nombrarle con este nombre, le suelo +llamar el rucio; y a esta señora dueña le rogué, cuando entré en este +castillo, tuviese cuenta con él, y azoróse de manera como si la hubiera +dicho que era fea o vieja, debiendo ser más propio y natural de las dueñas +pensar jumentos que autorizar las salas. ¡Oh, válame Dios, y cuán mal +estaba con estas señoras un hidalgo de mi lugar! + +— Sería algún villano —dijo doña Rodríguez, la dueña—, que si él fuera +hidalgo y bien nacido, él las pusiera sobre el cuerno de la luna. + +— Agora bien —dijo la duquesa—, no haya más: calle doña Rodríguez y +sosiéguese el señor Panza, y quédese a mi cargo el regalo del rucio; que, +por ser alhaja de Sancho, le pondré yo sobre las niñas de mis ojos. + +— En la caballeriza basta que esté —respondió Sancho—, que sobre las niñas +de los ojos de vuestra grandeza ni él ni yo somos dignos de estar sólo un +momento, y así lo consintiría yo como darme de puñaladas; que, aunque dice +mi señor que en las cortesías antes se ha de perder por carta de más que de +menos, en las jumentiles y así niñas se ha de ir con el compás en la mano y +con medido término. + +— Llévele —dijo la duquesa— Sancho al gobierno, y allá le podrá regalar como +quisiere, y aun jubilarle del trabajo. + +— No piense vuesa merced, señora duquesa, que ha dicho mucho —dijo Sancho—; +que yo he visto ir más de dos asnos a los gobiernos, y que llevase yo el +mío no sería cosa nueva. + +Las razones de Sancho renovaron en la duquesa la risa y el contento; y, +enviándole a reposar, ella fue a dar cuenta al duque de lo que con él había +pasado, y entre los dos dieron traza y orden de hacer una burla a don +Quijote que fuese famosa y viniese bien con el estilo caballeresco, en el +cual le hicieron muchas, tan propias y discretas, que son las mejores +aventuras que en esta grande historia se contienen. + + + + +Capítulo XXXIV. Que cuenta de la noticia que se tuvo de cómo se había de +desencantar la sin par Dulcinea del Toboso, que es una de las aventuras más +famosas deste libro + +Grande era el gusto que recebían el duque y la duquesa de la conversación +de don Quijote y de la de Sancho Panza; y, confirmándose en la intención +que tenían de hacerles algunas burlas que llevasen vislumbres y apariencias +de aventuras, tomaron motivo de la que don Quijote ya les había contado de +la cueva de Montesinos, para hacerle una que fuese famosa (pero de lo que +más la duquesa se admiraba era que la simplicidad de Sancho fuese tanta que +hubiese venido a creer ser verdad infalible que Dulcinea del Toboso +estuviese encantada, habiendo sido él mesmo el encantador y el embustero de +aquel negocio); y así, habiendo dado orden a sus criados de todo lo que +habían de hacer, de allí a seis días le llevaron a caza de montería, con +tanto aparato de monteros y cazadores como pudiera llevar un rey coronado. +Diéronle a don Quijote un vestido de monte y a Sancho otro verde, de +finísimo paño; pero don Quijote no se le quiso poner, diciendo que otro día +había de volver al duro ejercicio de las armas y que no podía llevar +consigo guardarropas ni reposterías. Sancho sí tomó el que le dieron, con +intención de venderle en la primera ocasión que pudiese. + +Llegado, pues, el esperado día, armóse don Quijote, vistióse Sancho, y, +encima de su rucio, que no le quiso dejar aunque le daban un caballo, se +metió entre la tropa de los monteros. La duquesa salió bizarramente +aderezada, y don Quijote, de puro cortés y comedido, tomó la rienda de su +palafrén, aunque el duque no quería consentirlo, y, finalmente, llegaron a +un bosque que entre dos altísimas montañas estaba, donde, tomados los +puestos, paranzas y veredas, y repartida la gente por diferentes puestos, +se comenzó la caza con grande estruendo, grita y vocería, de manera que +unos a otros no podían oírse, así por el ladrido de los perros como por el +son de las bocinas. + +Apeóse la duquesa, y, con un agudo venablo en las manos, se puso en un +puesto por donde ella sabía que solían venir algunos jabalíes. Apeóse +asimismo el duque y don Quijote, y pusiéronse a sus lados; Sancho se puso +detrás de todos, sin apearse del rucio, a quien no osara desamparar, porque +no le sucediese algún desmán. Y, apenas habían sentado el pie y puesto en +ala con otros muchos criados suyos, cuando, acosado de los perros y seguido +de los cazadores, vieron que hacia ellos venía un desmesurado jabalí, +crujiendo dientes y colmillos y arrojando espuma por la boca; y en +viéndole, embrazando su escudo y puesta mano a su espada, se adelantó a +recebirle don Quijote. Lo mesmo hizo el duque con su venablo; pero a todos +se adelantara la duquesa, si el duque no se lo estorbara. Sólo Sancho, en +viendo al valiente animal, desamparó al rucio y dio a correr cuanto pudo, +y, procurando subirse sobre una alta encina, no fue posible; antes, estando +ya a la mitad dél, asido de una rama, pugnando subir a la cima, fue tan +corto de ventura y tan desgraciado, que se desgajó la rama, y, al venir al +suelo, se quedó en el aire, asido de un gancho de la encina, sin poder +llegar al suelo. Y, viéndose así, y que el sayo verde se le rasgaba, y +pareciéndole que si aquel fiero animal allí allegaba le podía alcanzar, +comenzó a dar tantos gritos y a pedir socorro con tanto ahínco, que todos +los que le oían y no le veían creyeron que estaba entre los dientes de +alguna fiera. + +Finalmente, el colmilludo jabalí quedó atravesado de las cuchillas de +muchos venablos que se le pusieron delante; y, volviendo la cabeza don +Quijote a los gritos de Sancho, que ya por ellos le había conocido, viole +pendiente de la encina y la cabeza abajo, y al rucio junto a él, que no le +desamparó en su calamidad; y dice Cide Hamete que pocas veces vio a Sancho +Panza sin ver al rucio, ni al rucio sin ver a Sancho: tal era la amistad y +buena fe que entre los dos se guardaban. + +Llegó don Quijote y descolgó a Sancho; el cual, viéndose libre y en el +suelo, miró lo desgarrado del sayo de monte, y pesóle en el alma; que pensó +que tenía en el vestido un mayorazgo. En esto, atravesaron al jabalí +poderoso sobre una acémila, y, cubriéndole con matas de romero y con ramas +de mirto, le llevaron, como en señal de vitoriosos despojos, a unas grandes +tiendas de campaña que en la mitad del bosque estaban puestas, donde +hallaron las mesas en orden y la comida aderezada, tan sumptuosa y grande, +que se echaba bien de ver en ella la grandeza y magnificencia de quien la +daba. Sancho, mostrando las llagas a la duquesa de su roto vestido, dijo: + +— Si esta caza fuera de liebres o de pajarillos, seguro estuviera mi sayo de +verse en este estremo. Yo no sé qué gusto se recibe de esperar a un animal +que, si os alcanza con un colmillo, os puede quitar la vida; yo me acuerdo +haber oído cantar un romance antiguo que dice: + +De los osos seas comido, +como Favila el nombrado. + +— Ése fue un rey godo —dijo don Quijote—, que, yendo a caza de montería, le +comió un oso. + +— Eso es lo que yo digo —respondió Sancho—: que no querría yo que los +príncipes y los reyes se pusiesen en semejantes peligros, a trueco de un +gusto que parece que no le había de ser, pues consiste en matar a un animal +que no ha cometido delito alguno. + +— Antes os engañáis, Sancho —respondió el duque—, porque el ejercicio de la +caza de monte es el más conveniente y necesario para los reyes y príncipes +que otro alguno. La caza es una imagen de la guerra: hay en ella +estratagemas, astucias, insidias para vencer a su salvo al enemigo; +padécense en ella fríos grandísimos y calores intolerables; menoscábase el +ocio y el sueño, corrobóranse las fuerzas, agilítanse los miembros del que +la usa, y, en resolución, es ejercicio que se puede hacer sin perjuicio de +nadie y con gusto de muchos; y lo mejor que él tiene es que no es para +todos, como lo es el de los otros géneros de caza, excepto el de la +volatería, que también es sólo para reyes y grandes señores. Así que, ¡oh +Sancho!, mudad de opinión, y, cuando seáis gobernador, ocupaos en la caza y +veréis como os vale un pan por ciento. + +— Eso no —respondió Sancho—: el buen gobernador, la pierna quebrada y en +casa. ¡Bueno sería que viniesen los negociantes a buscarle fatigados y él +estuviese en el monte holgándose! ¡Así enhoramala andaría el gobierno! Mía +fe, señor, la caza y los pasatiempos más han de ser para los holgazanes que +para los gobernadores. En lo que yo pienso entretenerme es en jugar al +triunfo envidado las pascuas, y a los bolos los domingos y fiestas; que +esas cazas ni cazos no dicen con mi condición ni hacen con mi conciencia. + +— Plega a Dios, Sancho, que así sea, porque del dicho al hecho hay gran +trecho. + +— Haya lo que hubiere —replicó Sancho—, que al buen pagador no le duelen +prendas, y más vale al que Dios ayuda que al que mucho madruga, y tripas +llevan pies, que no pies a tripas; quiero decir que si Dios me ayuda, y yo +hago lo que debo con buena intención, sin duda que gobernaré mejor que un +gerifalte. ¡No, sino pónganme el dedo en la boca y verán si aprieto o no! + +— ¡Maldito seas de Dios y de todos sus santos, Sancho maldito —dijo don +Quijote—, y cuándo será el día, como otras muchas veces he dicho, donde yo +te vea hablar sin refranes una razón corriente y concertada! Vuestras +grandezas dejen a este tonto, señores míos, que les molerá las almas, no +sólo puestas entre dos, sino entre dos mil refranes, traídos tan a sazón y +tan a tiempo cuanto le dé Dios a él la salud, o a mí si los querría +escuchar. + +— Los refranes de Sancho Panza —dijo la duquesa—, puesto que son más que los +del Comendador Griego, no por eso son en menos de estimar, por la brevedad +de las sentencias. De mí sé decir que me dan más gusto que otros, aunque +sean mejor traídos y con más sazón acomodados. + +Con estos y otros entretenidos razonamientos, salieron de la tienda al +bosque, y en requerir algunas paranzas, y presto, se les pasó el día y se +les vino la noche, y no tan clara ni tan sesga como la sazón del tiempo +pedía, que era en la mitad del verano; pero un cierto claroescuro que trujo +consigo ayudó mucho a la intención de los duques; y, así como comenzó a +anochecer, un poco más adelante del crepúsculo, a deshora pareció que todo +el bosque por todas cuatro partes se ardía, y luego se oyeron por aquí y +por allí, y por acá y por acullá, infinitas cornetas y otros instrumentos +de guerra, como de muchas tropas de caballería que por el bosque pasaba. La +luz del fuego, el son de los bélicos instrumentos, casi cegaron y atronaron +los ojos y los oídos de los circunstantes, y aun de todos los que en el +bosque estaban. Luego se oyeron infinitos lelilíes, al uso de moros cuando +entran en las batallas, sonaron trompetas y clarines, retumbaron tambores, +resonaron pífaros, casi todos a un tiempo, tan contino y tan apriesa, que +no tuviera sentido el que no quedara sin él al son confuso de tantos +intrumentos. Pasmóse el duque, suspendióse la duquesa, admiróse don +Quijote, tembló Sancho Panza, y, finalmente, aun hasta los mesmos sabidores +de la causa se espantaron. Con el temor les cogió el silencio, y un +postillón que en traje de demonio les pasó por delante, tocando en voz de +corneta un hueco y desmesurado cuerno, que un ronco y espantoso son +despedía. + +— ¡Hola, hermano correo! —dijo el duque—, ¿quién sois, adónde vais, y qué +gente de guerra es la que por este bosque parece que atraviesa? + +A lo que respondió el correo con voz horrísona y desenfadada: + +— Yo soy el Diablo; voy a buscar a don Quijote de la Mancha; la gente que +por aquí viene son seis tropas de encantadores, que sobre un carro +triunfante traen a la sin par Dulcinea del Toboso. Encantada viene con el +gallardo francés Montesinos, a dar orden a don Quijote de cómo ha de ser +desencantada la tal señora. + +— Si vos fuérades diablo, como decís y como vuestra figura muestra, ya +hubiérades conocido al tal caballero don Quijote de la Mancha, pues le +tenéis delante. + +— En Dios y en mi conciencia —respondió el Diablo— que no miraba en ello, +porque traigo en tantas cosas divertidos los pensamientos, que de la +principal a que venía se me olvidaba. + +— Sin duda —dijo Sancho— que este demonio debe de ser hombre de bien y buen +cristiano, porque, a no serlo, no jurara en Dios y en mi conciencia. Ahora +yo tengo para mí que aun en el mesmo infierno debe de haber buena gente. + +Luego el Demonio, sin apearse, encaminando la vista a don Quijote, dijo: + +— A ti, el Caballero de los Leones (que entre las garras dellos te vea yo), +me envía el desgraciado pero valiente caballero Montesinos, mandándome que +de su parte te diga que le esperes en el mismo lugar que te topare, a causa +que trae consigo a la que llaman Dulcinea del Toboso, con orden de darte la +que es menester para desencantarla. Y, por no ser para más mi venida, no ha +de ser más mi estada: los demonios como yo queden contigo, y los ángeles +buenos con estos señores. + +Y, en diciendo esto, tocó el desaforado cuerno, y volvió las espaldas y +fuese, sin esperar respuesta de ninguno. + +Renovóse la admiración en todos, especialmente en Sancho y don Quijote: en +Sancho, en ver que, a despecho de la verdad, querían que estuviese +encantada Dulcinea; en don Quijote, por no poder asegurarse si era verdad o +no lo que le había pasado en la cueva de Montesinos. Y, estando elevado en +estos pensamientos, el duque le dijo: + +— ¿Piensa vuestra merced esperar, señor don Quijote? + +— Pues ¿no? —respondió él—. Aquí esperaré intrépido y fuerte, si me viniese +a embestir todo el infierno. + +— Pues si yo veo otro diablo y oigo otro cuerno como el pasado, así esperaré +yo aquí como en Flandes —dijo Sancho. + +En esto, se cerró más la noche, y comenzaron a discurrir muchas luces por +el bosque, bien así como discurren por el cielo las exhalaciones secas de +la tierra, que parecen a nuestra vista estrellas que corren. Oyóse asimismo +un espantoso ruido, al modo de aquel que se causa de las ruedas macizas que +suelen traer los carros de bueyes, de cuyo chirrío áspero y continuado se +dice que huyen los lobos y los osos, si los hay por donde pasan. Añadióse a +toda esta tempestad otra que las aumentó todas, que fue que parecía +verdaderamente que a las cuatro partes del bosque se estaban dando a un +mismo tiempo cuatro rencuentros o batallas, porque allí sonaba el duro +estruendo de espantosa artillería, acullá se disparaban infinitas +escopetas, cerca casi sonaban las voces de los combatientes, lejos se +reiteraban los lililíes agarenos. + +Finalmente, las cornetas, los cuernos, las bocinas, los clarines, las +trompetas, los tambores, la artillería, los arcabuces, y, sobre todo, el +temeroso ruido de los carros, formaban todos juntos un son tan confuso y +tan horrendo, que fue menester que don Quijote se valiese de todo su +corazón para sufrirle; pero el de Sancho vino a tierra, y dio con él +desmayado en las faldas de la duquesa, la cual le recibió en ellas, y a +gran priesa mandó que le echasen agua en el rostro. Hízose así, y él volvió +en su acuerdo, a tiempo que ya un carro de las rechinantes ruedas llegaba a +aquel puesto. + +Tirábanle cuatro perezosos bueyes, todos cubiertos de paramentos negros; en +cada cuerno traían atada y encendida una grande hacha de cera, y encima del +carro venía hecho un asiento alto, sobre el cual venía sentado un venerable +viejo, con una barba más blanca que la mesma nieve, y tan luenga que le +pasaba de la cintura; su vestidura era una ropa larga de negro bocací, que, +por venir el carro lleno de infinitas luces, se podía bien divisar y +discernir todo lo que en él venía. Guiábanle dos feos demonios vestidos del +mesmo bocací, con tan feos rostros, que Sancho, habiéndolos visto una vez, +cerró los ojos por no verlos otra. Llegando, pues, el carro a igualar al +puesto, se levantó de su alto asiento el viejo venerable, y, puesto en pie, +dando una gran voz, dijo: + +— Yo soy el sabio Lirgandeo. + +Y pasó el carro adelante, sin hablar más palabra. Tras éste pasó otro carro +de la misma manera, con otro viejo entronizado; el cual, haciendo que el +carro se detuviese, con voz no menos grave que el otro, dijo: + +— Yo soy el sabio Alquife, el grande amigo de Urganda la Desconocida. + +Y pasó adelante. + +Luego, por el mismo continente, llegó otro carro; pero el que venía sentado +en el trono no era viejo como los demás, sino hombrón robusto y de mala +catadura, el cual, al llegar, levantándose en pie, como los otros, dijo con +voz más ronca y más endiablada: + +— Yo soy Arcaláus el encantador, enemigo mortal de Amadís de Gaula y de toda +su parentela. + +Y pasó adelante. Poco desviados de allí hicieron alto estos tres carros, y +cesó el enfadoso ruido de sus ruedas, y luego se oyó otro, no ruido, sino +un son de una suave y concertada música formado, con que Sancho se alegró, +y lo tuvo a buena señal; y así, dijo a la duquesa, de quien un punto ni un +paso se apartaba: + +— Señora, donde hay música no puede haber cosa mala. + +— Tampoco donde hay luces y claridad —respondió la duquesa. + +A lo que replicó Sancho: + +— Luz da el fuego y claridad las hogueras, como lo vemos en las que nos +cercan, y bien podría ser que nos abrasasen, pero la música siempre es +indicio de regocijos y de fiestas. + +— Ello dirá —dijo don Quijote, que todo lo escuchaba. + +Y dijo bien, como se muestra en el capítulo siguiente. + + + + +Capítulo XXXV. Donde se prosigue la noticia que tuvo don Quijote del +desencanto de Dulcinea, con otros admirables sucesos + +Al compás de la agradable música vieron que hacia ellos venía un carro de +los que llaman triunfales tirado de seis mulas pardas, encubertadas, +empero, de lienzo blanco, y sobre cada una venía un diciplinante de luz, +asimesmo vestido de blanco, con una hacha de cera grande encendida en la +mano. Era el carro dos veces, y aun tres, mayor que los pasados, y los +lados, y encima dél, ocupaban doce otros diciplinantes albos como la nieve, +todos con sus hachas encendidas, vista que admiraba y espantaba juntamente; +y en un levantado trono venía sentada una ninfa, vestida de mil velos de +tela de plata, brillando por todos ellos infinitas hojas de argentería de +oro, que la hacían, si no rica, a lo menos vistosamente vestida. Traía el +rostro cubierto con un transparente y delicado cendal, de modo que, sin +impedirlo sus lizos, por entre ellos se descubría un hermosísimo rostro de +doncella, y las muchas luces daban lugar para distinguir la belleza y los +años, que, al parecer, no llegaban a veinte ni bajaban de diez y siete. + +Junto a ella venía una figura vestida de una ropa de las que llaman +rozagantes, hasta los pies, cubierta la cabeza con un velo negro; pero, al +punto que llegó el carro a estar frente a frente de los duques y de don +Quijote, cesó la música de las chirimías, y luego la de las arpas y laúdes +que en el carro sonaban; y, levantándose en pie la figura de la ropa, la +apartó a entrambos lados, y, quitándose el velo del rostro, descubrió +patentemente ser la mesma figura de la muerte, descarnada y fea, de que don +Quijote recibió pesadumbre y Sancho miedo, y los duques hicieron algún +sentimiento temeroso. Alzada y puesta en pie esta muerte viva, con voz algo +dormida y con lengua no muy despierta, comenzó a decir desta manera: + +-Yo soy Merlín, aquel que las historias +dicen que tuve por mi padre al diablo +(mentira autorizada de los tiempos), +príncipe de la Mágica y monarca +y archivo de la ciencia zoroástrica, +émulo a las edades y a los siglos +que solapar pretenden las hazañas +de los andantes bravos caballeros +a quien yo tuve y tengo gran cariño. +Y, puesto que es de los encantadores, +de los magos o mágicos contino +dura la condición, áspera y fuerte, +la mía es tierna, blanda y amorosa, +y amiga de hacer bien a todas gentes. +En las cavernas lóbregas de Dite, +donde estaba mi alma entretenida +en formar ciertos rombos y caráteres, +llegó la voz doliente de la bella +y sin par Dulcinea del Toboso. +Supe su encantamento y su desgracia, +y su trasformación de gentil dama +en rústica aldeana; condolíme, +y, encerrando mi espíritu en el hueco +desta espantosa y fiera notomía, +después de haber revuelto cien mil libros +desta mi ciencia endemoniada y torpe, +vengo a dar el remedio que conviene +a tamaño dolor, a mal tamaño. +¡Oh tú, gloria y honor de cuantos visten +las túnicas de acero y de diamante, +luz y farol, sendero, norte y guía +de aquellos que, dejando el torpe sueño +y las ociosas plumas, se acomodan +a usar el ejercicio intolerable +de las sangrientas y pesadas armas! +A ti digo ¡oh varón, como se debe +por jamás alabado!, a ti, valiente +juntamente y discreto don Quijote, +de la Mancha esplendor, de España estrella, +que para recobrar su estado primo +la sin par Dulcinea del Toboso, +es menester que Sancho, tu escudero, +se dé tres mil azotes y trecientos +en ambas sus valientes posaderas, +al aire descubiertas, y de modo +que le escuezan, le amarguen y le enfaden. +Y en esto se resuelven todos cuantos +de su desgracia han sido los autores, +y a esto es mi venida, mis señores. + +— ¡Voto a tal! —dijo a esta sazón Sancho—. No digo yo tres mil azotes, pero +así me daré yo tres como tres puñaladas. ¡Válate el diablo por modo de +desencantar! ¡Yo no sé qué tienen que ver mis posas con los encantos! ¡Par +Dios que si el señor Merlín no ha hallado otra manera como desencantar a la +señora Dulcinea del Toboso, encantada se podrá ir a la sepultura! + +— Tomaros he yo —dijo don Quijote—, don villano, harto de ajos, y amarraros +he a un árbol, desnudo como vuestra madre os parió; y no digo yo tres mil y +trecientos, sino seis mil y seiscientos azotes os daré, tan bien pegados +que no se os caigan a tres mil y trecientos tirones. Y no me repliquéis +palabra, que os arrancaré el alma. + +Oyendo lo cual Merlín, dijo: + +— No ha de ser así, porque los azotes que ha de recebir el buen Sancho han +de ser por su voluntad, y no por fuerza, y en el tiempo que él quisiere; +que no se le pone término señalado; pero permítesele que si él quisiere +redemir su vejación por la mitad de este vapulamiento, puede dejar que se +los dé ajena mano, aunque sea algo pesada. + +— Ni ajena, ni propia, ni pesada, ni por pesar —replicó Sancho—: a mí no me +ha de tocar alguna mano. ¿Parí yo, por ventura, a la señora Dulcinea del +Toboso, para que paguen mis posas lo que pecaron sus ojos? El señor mi amo +sí, que es parte suya, pues la llama a cada paso mi vida, mi alma, sustento +y arrimo suyo, se puede y debe azotar por ella y hacer todas las +diligencias necesarias para su desencanto; pero, ¿azotarme yo...? +¡Abernuncio! + +Apenas acabó de decir esto Sancho, cuando, levantándose en pie la argentada +ninfa que junto al espíritu de Merlín venía, quitándose el sutil velo del +rostro, le descubrió tal, que a todos pareció mas que demasiadamente +hermoso, y, con un desenfado varonil y con una voz no muy adamada, hablando +derechamente con Sancho Panza, dijo: + +— ¡Oh malaventurado escudero, alma de cántaro, corazón de alcornoque, de +entrañas guijeñas y apedernaladas! Si te mandaran, ladrón desuellacaras, +que te arrojaras de una alta torre al suelo; si te pidieran, enemigo del +género humano, que te comieras una docena de sapos, dos de lagartos y tres +de culebras; si te persuadieran a que mataras a tu mujer y a tus hijos con +algún truculento y agudo alfanje, no fuera maravilla que te mostraras +melindroso y esquivo; pero hacer caso de tres mil y trecientos azotes, que +no hay niño de la doctrina, por ruin que sea, que no se los lleve cada mes, +admira, adarva, espanta a todas las entrañas piadosas de los que lo +escuchan, y aun las de todos aquellos que lo vinieren a saber con el +discurso del tiempo. Pon, ¡oh miserable y endurecido animal!, pon, digo, +esos tus ojos de machuelo espantadizo en las niñas destos míos, comparados +a rutilantes estrellas, y veráslos llorar hilo a hilo y madeja a madeja, +haciendo surcos, carreras y sendas por los hermosos campos de mis mejillas. +Muévate, socarrón y malintencionado monstro, que la edad tan florida mía, +que aún se está todavía en el diez y... de los años, pues tengo diez y +nueve y no llego a veinte, se consume y marchita debajo de la corteza de +una rústica labradora; y si ahora no lo parezco, es merced particular que +me ha hecho el señor Merlín, que está presente, sólo porque te enternezca +mi belleza; que las lágrimas de una afligida hermosura vuelven en algodón +los riscos, y los tigres en ovejas. Date, date en esas carnazas, bestión +indómito, y saca de harón ese brío, que a sólo comer y más comer te +inclina, y pon en libertad la lisura de mis carnes, la mansedumbre de mi +condición y la belleza de mi faz; y si por mí no quieres ablandarte ni +reducirte a algún razonable término, hazlo por ese pobre caballero que a tu +lado tienes; por tu amo, digo, de quien estoy viendo el alma, que la tiene +atravesada en la garganta, no diez dedos de los labios, que no espera sino +tu rígida o blanda repuesta, o para salirse por la boca, o para volverse al +estómago. + +Tentóse, oyendo esto, la garganta don Quijote y dijo, volviéndose al duque: + +— Por Dios, señor, que Dulcinea ha dicho la verdad, que aquí tengo el alma +atravesada en la garganta, como una nuez de ballesta. + +— ¿Qué decís vos a esto, Sancho? —preguntó la duquesa. + +— Digo, señora —respondió Sancho—, lo que tengo dicho: que de los azotes, +abernuncio. + +— Abrenuncio habéis de decir, Sancho, y no como decís —dijo el duque. + +— Déjeme vuestra grandeza —respondió Sancho—, que no estoy agora para mirar +en sotilezas ni en letras más a menos; porque me tienen tan turbado estos +azotes que me han de dar, o me tengo de dar, que no sé lo que me digo, ni +lo que me hago. Pero querría yo saber de la señora mi señora doña Dulcina +del Toboso adónde aprendió el modo de rogar que tiene: viene a pedirme que +me abra las carnes a azotes, y llámame alma de cántaro y bestión indómito, +con una tiramira de malos nombres, que el diablo los sufra. ¿Por ventura +son mis carnes de bronce, o vame a mí algo en que se desencante o no? ¿Qué +canasta de ropa blanca, de camisas, de tocadores y de escarpines, anque +no los gasto, trae delante de sí para ablandarme, sino un vituperio y otro, +sabiendo aquel refrán que dicen por ahí, que un asno cargado de oro sube +ligero por una montaña, y que dádivas quebrantan peñas, y a Dios rogando y +con el mazo dando, y que más vale un "toma" que dos "te daré"? Pues el +señor mi amo, que había de traerme la mano por el cerro y halagarme para +que yo me hiciese de lana y de algodón cardado, dice que si me coge me +amarrará desnudo a un árbol y me doblará la parada de los azotes; y habían +de considerar estos lastimados señores que no solamente piden que se azote +un escudero, sino un gobernador; como quien dice: "bebe con guindas". +Aprendan, aprendan mucho de enhoramala a saber rogar, y a saber pedir, y a +tener crianza, que no son todos los tiempos unos, ni están los hombres +siempre de un buen humor. Estoy yo ahora reventando de pena por ver mi sayo +verde roto, y vienen a pedirme que me azote de mi voluntad, estando ella +tan ajena dello como de volverme cacique. + +— Pues en verdad, amigo Sancho —dijo el duque—, que si no os ablandáis más +que una breva madura, que no habéis de empuñar el gobierno. ¡Bueno sería +que yo enviase a mis insulanos un gobernador cruel, de entrañas +pedernalinas, que no se doblega a las lágrimas de las afligidas doncellas, +ni a los ruegos de discretos, imperiosos y antiguos encantadores y sabios! +En resolución, Sancho, o vos habéis de ser azotado, o os han de azotar, o +no habéis de ser gobernador. + +— Señor —respondió Sancho—, ¿no se me darían dos días de término para pensar +lo que me está mejor? + +— No, en ninguna manera —dijo Merlín—; aquí, en este instante y en este +lugar, ha de quedar asentado lo que ha de ser deste negocio, o Dulcinea +volverá a la cueva de Montesinos y a su prístino estado de labradora, o ya, +en el ser que está, será llevada a los Elíseos Campos, donde estará +esperando se cumpla el número del vápulo. + +— Ea, buen Sancho —dijo la duquesa—, buen ánimo y buena correspondencia al +pan que habéis comido del señor don Quijote, a quien todos debemos servir y +agradar, por su buena condición y por sus altas caballerías. Dad el sí, +hijo, desta azotaina, y váyase el diablo para diablo y el temor para +mezquino; que un buen corazón quebranta mala ventura, como vos bien sabéis. + +A estas razones respondió con éstas disparatadas Sancho, que, hablando con +Merlín, le preguntó: + +— Dígame vuesa merced, señor Merlín: cuando llegó aquí el diablo correo y +dio a mi amo un recado del señor Montesinos, mandándole de su parte que le +esperase aquí, porque venía a dar orden de que la señora doña Dulcinea del +Toboso se desencantase, y hasta agora no hemos visto a Montesinos, ni a sus +semejas. + +A lo cual respondió Merlín: + +— El Diablo, amigo Sancho, es un ignorante y un grandísimo bellaco: yo le +envié en busca de vuestro amo, pero no con recado de Montesinos, sino mío, +porque Montesinos se está en su cueva entendiendo, o, por mejor decir, +esperando su desencanto, que aún le falta la cola por desollar. Si os debe +algo, o tenéis alguna cosa que negociar con él, yo os lo traeré y pondré +donde vos más quisiéredes. Y, por agora, acabad de dar el sí desta +diciplina, y creedme que os será de mucho provecho, así para el alma como +para el cuerpo: para el alma, por la caridad con que la haréis; para el +cuerpo, porque yo sé que sois de complexión sanguínea, y no os podrá hacer +daño sacaros un poco de sangre. + +— Muchos médicos hay en el mundo: hasta los encantadores son médicos +— replicó Sancho—; pero, pues todos me lo dicen, aunque yo no me lo veo, +digo que soy contento de darme los tres mil y trecientos azotes, con +condición que me los tengo de dar cada y cuando que yo quisiere, sin que se +me ponga tasa en los días ni en el tiempo; y yo procuraré salir de la deuda +lo más presto que sea posible, porque goce el mundo de la hermosura de la +señora doña Dulcinea del Toboso, pues, según parece, al revés de lo que yo +pensaba, en efecto es hermosa. Ha de ser también condición que no he de +estar obligado a sacarme sangre con la diciplina, y que si algunos azotes +fueren de mosqueo, se me han de tomar en cuenta. Iten, que si me errare en +el número, el señor Merlín, pues lo sabe todo, ha de tener cuidado de +contarlos y de avisarme los que me faltan o los que me sobran. + +— De las sobras no habrá que avisar —respondió Merlín—, porque, llegando al +cabal número, luego quedará de improviso desencantada la señora Dulcinea, y +vendrá a buscar, como agradecida, al buen Sancho, y a darle gracias, y aun +premios, por la buena obra. Así que no hay de qué tener escrúpulo de las +sobras ni de las faltas, ni el cielo permita que yo engañe a nadie, aunque +sea en un pelo de la cabeza. + +— ¡Ea, pues, a la mano de Dios! —dijo Sancho—. Yo consiento en mi mala +ventura; digo que yo acepto la penitencia con las condiciones apuntadas. + +Apenas dijo estas últimas palabras Sancho, cuando volvió a sonar la música +de las chirimías y se volvieron a disparar infinitos arcabuces, y don +Quijote se colgó del cuello de Sancho, dándole mil besos en la frente y en +las mejillas. La duquesa y el duque y todos los circunstantes dieron +muestras de haber recebido grandísimo contento, y el carro comenzó a +caminar; y, al pasar, la hermosa Dulcinea inclinó la cabeza a los duques y +hizo una gran reverencia a Sancho. + +Y ya, en esto, se venía a más andar el alba, alegre y risueña: las +florecillas de los campos se descollaban y erguían, y los líquidos +cristales de los arroyuelos, murmurando por entre blancas y pardas guijas, +iban a dar tributo a los ríos que los esperaban. La tierra alegre, el cielo +claro, el aire limpio, la luz serena, cada uno por sí y todos juntos, daban +manifiestas señales que el día, que al aurora venía pisando las faldas, +había de ser sereno y claro. Y, satisfechos los duques de la caza y de +haber conseguido su intención tan discreta y felicemente, se volvieron a su +castillo, con prosupuesto de segundar en sus burlas, que para ellos no +había veras que más gusto les diesen. + + + + +Capítulo XXXVI. Donde se cuenta la estraña y jamás imaginada aventura de la +dueña Dolorida, alias de la condesa Trifaldi, con una carta que Sancho +Panza escribió a su mujer Teresa Panza + +Tenía un mayordomo el duque de muy burlesco y desenfadado ingenio, el cual +hizo la figura de Merlín y acomodó todo el aparato de la aventura pasada, +compuso los versos y hizo que un paje hiciese a Dulcinea. Finalmente, con +intervención de sus señores, ordenó otra del más gracioso y estraño +artificio que puede imaginarse. + +Preguntó la duquesa a Sancho otro día si había comenzado la tarea de la +penitencia que había de hacer por el desencanto de Dulcinea. Dijo que sí, +y que aquella noche se había dado cinco azotes. Preguntóle la duquesa que +con qué se los había dado. Respondió que con la mano. + +— Eso —replicó la duquesa— más es darse de palmadas que de azotes. Yo tengo +para mí que el sabio Merlín no estará contento con tanta blandura; menester +será que el buen Sancho haga alguna diciplina de abrojos, o de las de +canelones, que se dejen sentir; porque la letra con sangre entra, y no se +ha de dar tan barata la libertad de una tan gran señora como lo es Dulcinea +por tan poco precio; y advierta Sancho que las obras de caridad que se +hacen tibia y flojamente no tienen mérito ni valen nada. + +A lo que respondió Sancho: + +— Déme vuestra señoría alguna diciplina o ramal conveniente, que yo me daré +con él como no me duela demasiado, porque hago saber a vuesa merced que, +aunque soy rústico, mis carnes tienen más de algodón que de esparto, y no +será bien que yo me descríe por el provecho ajeno. + +— Sea en buena hora —respondió la duquesa—: yo os daré mañana una diciplina +que os venga muy al justo y se acomode con la ternura de vuestras carnes, +como si fueran sus hermanas propias. + +A lo que dijo Sancho: + +— Sepa vuestra alteza, señora mía de mi ánima, que yo tengo escrita una +carta a mi mujer Teresa Panza, dándole cuenta de todo lo que me ha sucedido +después que me aparté della; aquí la tengo en el seno, que no le falta más +de ponerle el sobreescrito; querría que vuestra discreción la leyese, +porque me parece que va conforme a lo de gobernador, digo, al modo que +deben de escribir los gobernadores. + +— ¿Y quién la notó? —preguntó la duquesa. + +— ¿Quién la había de notar sino yo, pecador de mí? —respondió Sancho. + +— ¿Y escribístesla vos? —dijo la duquesa. + +— Ni por pienso —respondió Sancho—, porque yo no sé leer ni escribir, puesto +que sé firmar. + +— Veámosla —dijo la duquesa—, que a buen seguro que vos mostréis en ella la +calidad y suficiencia de vuestro ingenio. + +Sacó Sancho una carta abierta del seno, y, tomándola la duquesa, vio que +decía desta manera: + +Carta de Sancho Panza a Teresa Panza, su mujer + +Si buenos azotes me daban, bien caballero me iba; si buen gobierno me +tengo, buenos azotes me cuesta. Esto no lo entenderás tú, Teresa mía, por +ahora; otra vez lo sabrás. Has de saber, Teresa, que tengo determinado que +andes en coche, que es lo que hace al caso, porque todo otro andar es andar +a gatas. Mujer de un gobernador eres, ¡mira si te roerá nadie los zancajos! +Ahí te envío un vestido verde de cazador, que me dio mi señora la duquesa; +acomódale en modo que sirva de saya y cuerpos a nuestra hija. Don Quijote, +mi amo, según he oído decir en esta tierra, es un loco cuerdo y un +mentecato gracioso, y que yo no le voy en zaga. Hemos estado en la cueva de +Montesinos, y el sabio Merlín ha echado mano de mí para el desencanto de +Dulcinea del Toboso, que por allá se llama Aldonza Lorenzo: con tres mil y +trecientos azotes, menos cinco, que me he de dar, quedará desencantada como +la madre que la parió. No dirás desto nada a nadie, porque pon lo tuyo en +concejo, y unos dirán que es blanco y otros que es negro. De aquí a pocos +días me partiré al gobierno, adonde voy con grandísimo deseo de hacer +dineros, porque me han dicho que todos los gobernadores nuevos van con este +mesmo deseo; tomaréle el pulso, y avisaréte si has de venir a estar conmigo +o no. El rucio está bueno, y se te encomienda mucho; y no le pienso dejar, +aunque me llevaran a ser Gran Turco. La duquesa mi señora te besa mil veces +las manos; vuélvele el retorno con dos mil, que no hay cosa que menos +cueste ni valga más barata, según dice mi amo, que los buenos +comedimientos. No ha sido Dios servido de depararme otra maleta con otros +cien escudos, como la de marras, pero no te dé pena, Teresa mía, que en +salvo está el que repica, y todo saldrá en la colada del gobierno; sino que +me ha dado gran pena que me dicen que si una vez le pruebo, que me tengo de +comer las manos tras él; y si así fuese, no me costaría muy barato, aunque +los estropeados y mancos ya se tienen su calonjía en la limosna que piden; +así que, por una vía o por otra, tú has de ser rica, de buena ventura. Dios +te la dé, como puede, y a mí me guarde para servirte. Deste castillo, a +veinte de julio de 1614. + +Tu marido el gobernador, + +Sancho Panza. + +En acabando la duquesa de leer la carta, dijo a Sancho: + +— En dos cosas anda un poco descaminado el buen gobernador: la una, en decir +o dar a entender que este gobierno se le han dado por los azotes que se ha +de dar, sabiendo él, que no lo puede negar, que cuando el duque, mi señor, +se le prometió, no se soñaba haber azotes en el mundo; la otra es que se +muestra en ella muy codicioso, y no querría que orégano fuese, porque la +codicia rompe el saco, y el gobernador codicioso hace la justicia +desgobernada. + +— Yo no lo digo por tanto, señora —respondió Sancho—; y si a vuesa merced le +parece que la tal carta no va como ha de ir, no hay sino rasgarla y hacer +otra nueva, y podría ser que fuese peor si me lo dejan a mi caletre. + +— No, no —replicó la duquesa—, buena está ésta, y quiero que el duque la +vea. + +Con esto se fueron a un jardín, donde habían de comer aquel día. Mostró la +duquesa la carta de Sancho al duque, de que recibió grandísimo contento. +Comieron, y después de alzado los manteles, y después de haberse +entretenido un buen espacio con la sabrosa conversación de Sancho, a +deshora se oyó el son tristísimo de un pífaro y el de un ronco y +destemplado tambor. Todos mostraron alborotarse con la confusa, marcial y +triste armonía, especialmente don Quijote, que no cabía en su asiento de +puro alborotado; de Sancho no hay que decir sino que el miedo le llevó a su +acostumbrado refugio, que era el lado o faldas de la duquesa, porque real y +verdaderamente el son que se escuchaba era tristísimo y malencólico. + +Y, estando todos así suspensos, vieron entrar por el jardín adelante dos +hombres vestidos de luto, tan luego y tendido que les arrastraba por el +suelo; éstos venían tocando dos grandes tambores, asimismo cubiertos de +negro. A su lado venía el pífaro, negro y pizmiento como los demás. Seguía +a los tres un personaje de cuerpo agigantado, amantado, no que vestido, con +una negrísima loba, cuya falda era asimismo desaforada de grande. Por +encima de la loba le ceñía y atravesaba un ancho tahelí, también negro, de +quien pendía un desmesurado alfanje de guarniciones y vaina negra. Venía +cubierto el rostro con un trasparente velo negro, por quien se entreparecía +una longísima barba, blanca como la nieve. Movía el paso al son de los +tambores con mucha gravedad y reposo. En fin, su grandeza, su contoneo, su +negrura y su acompañamiento pudiera y pudo suspender a todos aquellos que +sin conocerle le miraron. + +Llegó, pues, con el espacio y prosopopeya referida a hincarse de rodillas +ante el duque, que en pie, con los demás que allí estaban, le atendía; pero +el duque en ninguna manera le consintió hablar hasta que se levantase. +Hízolo así el espantajo prodigioso, y, puesto en pie, alzó el antifaz del +rostro y hizo patente la más horrenda, la más larga, la más blanca y más +poblada barba que hasta entonces humanos ojos habían visto, y luego +desencajó y arrancó del ancho y dilatado pecho una voz grave y sonora, y, +poniendo los ojos en el duque, dijo: + +— Altísimo y poderoso señor, a mí me llaman Trifaldín el de la Barba Blanca; +soy escudero de la condesa Trifaldi, por otro nombre llamada la Dueña +Dolorida, de parte de la cual traigo a vuestra grandeza una embajada, y es +que la vuestra magnificencia sea servida de darla facultad y licencia para +entrar a decirle su cuita, que es una de las más nuevas y más admirables +que el más cuitado pensamiento del orbe pueda haber pensado. Y primero +quiere saber si está en este vuestro castillo el valeroso y jamás vencido +caballero don Quijote de la Mancha, en cuya busca viene a pie y sin +desayunarse desde el reino de Candaya hasta este vuestro estado, cosa que +se puede y debe tener a milagro o a fuerza de encantamento. Ella queda a la +puerta desta fortaleza o casa de campo, y no aguarda para entrar sino +vuestro beneplácito. Dije. + +Y tosió luego y manoseóse la barba de arriba abajo con entrambas manos, y +con mucho sosiego estuvo atendiendo la respuesta del duque, que fue: + +— Ya, buen escudero Trifaldín de la Blanca Barba, ha muchos días que tenemos +noticia de la desgracia de mi señora la condesa Trifaldi, a quien los +encantadores la hacen llamar la Dueña Dolorida; bien podéis, estupendo +escudero, decirle que entre y que aquí está el valiente caballero don +Quijote de la Mancha, de cuya condición generosa puede prometerse con +seguridad todo amparo y toda ayuda; y asimismo le podréis decir de mi parte +que si mi favor le fuere necesario, no le ha de faltar, pues ya me tiene +obligado a dársele el ser caballero, a quien es anejo y concerniente +favorecer a toda suerte de mujeres, en especial a las dueñas viudas, +menoscabadas y doloridas, cual lo debe estar su señoría. + +Oyendo lo cual Trifaldín, inclinó la rodilla hasta el suelo, y, haciendo al +pífaro y tambores señal que tocasen, al mismo son y al mismo paso que había +entrado, se volvió a salir del jardín, dejando a todos admirados de su +presencia y compostura. Y, volviéndose el duque a don Quijote, le dijo: + +— En fin, famoso caballero, no pueden las tinieblas de malicia ni de la +ignorancia encubrir y escurecer la luz del valor y de la virtud. Digo esto +porque apenas ha seis días que la vuestra bondad está en este castillo, +cuando ya os vienen a buscar de lueñas y apartadas tierras, y no en +carrozas ni en dromedarios, sino a pie y en ayunas; los tristes, los +afligidos, confiados que han de hallar en ese fortísimo brazo el remedio de +sus cuitas y trabajos, merced a vuestras grandes hazañas, que corren y +rodean todo lo descubierto de la tierra. + +— Quisiera yo, señor duque —respondió don Quijote—, que estuviera aquí +presente aquel bendito religioso que a la mesa el otro día mostró tener tan +mal talante y tan mala ojeriza contra los caballeros andantes, para que +viera por vista de ojos si los tales caballeros son necesarios en el mundo: +tocara, por lo menos, con la mano que los extraordinariamente afligidos y +desconsolados, en casos grandes y en desdichas inormes no van a buscar su +remedio a las casas de los letrados, ni a la de los sacristanes de las +aldeas, ni al caballero que nunca ha acertado a salir de los términos de su +lugar, ni al perezoso cortesano que antes busca nuevas para referirlas y +contarlas, que procura hacer obras y hazañas para que otros las cuenten y +las escriban; el remedio de las cuitas, el socorro de las necesidades, el +amparo de las doncellas, el consuelo de las viudas, en ninguna suerte de +personas se halla mejor que en los caballeros andantes, y de serlo yo doy +infinitas gracias al cielo, y doy por muy bien empleado cualquier desmán y +trabajo que en este tan honroso ejercicio pueda sucederme. Venga esta dueña +y pida lo que quisiere, que yo le libraré su remedio en la fuerza de mi +brazo y en la intrépida resolución de mi animoso espíritu. + + + + +Capítulo XXXVII. Donde se prosigue la famosa aventura de la dueña Dolorida + +En estremo se holgaron el duque y la duquesa de ver cuán bien iba +respondiendo a su intención don Quijote, y a esta sazón dijo Sancho: + +— No querría yo que esta señora dueña pusiese algún tropiezo a la promesa de +mi gobierno, porque yo he oído decir a un boticario toledano que hablaba +como un silguero que donde interviniesen dueñas no podía suceder cosa +buena. ¡Válame Dios, y qué mal estaba con ellas el tal boticario! De lo que +yo saco que, pues todas las dueñas son enfadosas e impertinentes, de +cualquiera calidad y condición que sean, ¿qué serán las que son doloridas, +como han dicho que es esta condesa Tres Faldas, o Tres Colas?; que en mi +tierra faldas y colas, colas y faldas, todo es uno. + +— Calla, Sancho amigo —dijo don Quijote—, que, pues esta señora dueña de tan +lueñes tierras viene a buscarme, no debe ser de aquellas que el boticario +tenía en su número, cuanto más que ésta es condesa, y cuando las condesas +sirven de dueñas, será sirviendo a reinas y a emperatrices, que en sus +casas son señorísimas que se sirven de otras dueñas. + +A esto respondió doña Rodríguez, que se halló presente: + +— Dueñas tiene mi señora la duquesa en su servicio, que pudieran ser +condesas si la fortuna quisiera, pero allá van leyes do quieren reyes; y +nadie diga mal de las dueñas, y más de las antiguas y doncellas; que, +aunque yo no lo soy, bien se me alcanza y se me trasluce la ventaja que +hace una dueña doncella a una dueña viuda; y quien a nosotras trasquiló, +las tijeras le quedaron en la mano. + +— Con todo eso —replicó Sancho—, hay tanto que trasquilar en las dueñas, +según mi barbero, cuanto será mejor no menear el arroz, aunque se pegue. + +— Siempre los escuderos —respondió doña Rodríguez— son enemigos nuestros; +que, como son duendes de las antesalas y nos veen a cada paso, los ratos +que no rezan, que son muchos, los gastan en murmurar de nosotras, +desenterrándonos los huesos y enterrándonos la fama. Pues mándoles yo a los +leños movibles, que, mal que les pese, hemos de vivir en el mundo, y en las +casas principales, aunque muramos de hambre y cubramos con un negro monjil +nuestras delicadas o no delicadas carnes, como quien cubre o tapa un +muladar con un tapiz en día de procesión. A fe que si me fuera dado, y el +tiempo lo pidiera, que yo diera a entender, no sólo a los presentes, sino a +todo el mundo, cómo no hay virtud que no se encierre en una dueña. + +— Yo creo —dijo la duquesa— que mi buena doña Rodríguez tiene razón, y muy +grande; pero conviene que aguarde tiempo para volver por sí y por las demás +dueñas, para confundir la mala opinión de aquel mal boticario, y +desarraigar la que tiene en su pecho el gran Sancho Panza. + +A lo que Sancho respondió: + +— Después que tengo humos de gobernador se me han quitado los váguidos de +escudero, y no se me da por cuantas dueñas hay un cabrahígo. + +Adelante pasaran con el coloquio dueñesco, si no oyeran que el pífaro y los +tambores volvían a sonar, por donde entendieron que la dueña Dolorida +entraba. Preguntó la duquesa al duque si sería bien ir a recebirla, pues +era condesa y persona principal. + +— Por lo que tiene de condesa —respondió Sancho, antes que el duque +respondiese—, bien estoy en que vuestras grandezas salgan a recebirla; pero +por lo de dueña, soy de parecer que no se muevan un paso. + +— ¿Quién te mete a ti en esto, Sancho? —dijo don Quijote. + +— ¿Quién, señor? —respondió Sancho—. Yo me meto, que puedo meterme, como +escudero que ha aprendido los términos de la cortesía en la escuela de +vuesa merced, que es el más cortés y bien criado caballero que hay en toda +la cortesanía; y en estas cosas, según he oído decir a vuesa merced, tanto +se pierde por carta de más como por carta de menos; y al buen entendedor, +pocas palabras. + +— Así es, como Sancho dice —dijo el duque—: veremos el talle de la condesa, +y por él tantearemos la cortesía que se le debe. + +En esto, entraron los tambores y el pífaro, como la vez primera. + +Y aquí, con este breve capítulo, dio fin el autor, y comenzó el otro, +siguiendo la mesma aventura, que es una de las más notables de la historia. + + + + +Capítulo XXXVIII. Donde se cuenta la que dio de su mala andanza la dueña +Dolorida + +Detrás de los tristes músicos comenzaron a entrar por el jardín adelante +hasta cantidad de doce dueñas, repartidas en dos hileras, todas vestidas de +unos monjiles anchos, al parecer, de anascote batanado, con unas tocas +blancas de delgado canequí, tan luengas que sólo el ribete del monjil +descubrían. Tras ellas venía la condesa Trifaldi, a quien traía de la mano +el escudero Trifaldín de la Blanca Barba, vestida de finísima y negra +bayeta por frisar, que, a venir frisada, descubriera cada grano del grandor +de un garbanzo de los buenos de Martos. La cola, o falda, o como llamarla +quisieren, era de tres puntas, las cuales se sustentaban en las manos de +tres pajes, asimesmo vestidos de luto, haciendo una vistosa y matemática +figura con aquellos tres ángulos acutos que las tres puntas formaban, por +lo cual cayeron todos los que la falda puntiaguda miraron que por ella se +debía llamar la condesa Trifaldi, como si dijésemos la condesa de las Tres +Faldas; y así dice Benengeli que fue verdad, y que de su propio apellido se +llama la condesa Lobuna, a causa que se criaban en su condado muchos lobos, +y que si como eran lobos fueran zorras, la llamaran la condesa Zorruna, por +ser costumbre en aquellas partes tomar los señores la denominación de sus +nombres de la cosa o cosas en que más sus estados abundan; empero esta +condesa, por favorecer la novedad de su falda, dejó el Lobuna y tomó el +Trifaldi. + +Venían las doce dueñas y la señora a paso de procesión, cubiertos los +rostros con unos velos negros y no trasparentes como el de Trifaldín, sino +tan apretados que ninguna cosa se traslucían. + +Así como acabó de parecer el dueñesco escuadrón, el duque, la duquesa y don +Quijote se pusieron en pie, y todos aquellos que la espaciosa procesión +miraban. Pararon las doce dueñas y hicieron calle, por medio de la cual la +Dolorida se adelantó, sin dejarla de la mano Trifaldín, viendo lo cual el +duque, la duquesa y don Quijote, se adelantaron obra de doce pasos a +recebirla. Ella, puesta las rodillas en el suelo, con voz antes basta y +ronca que sutil y dilicada, dijo: + +— Vuestras grandezas sean servidas de no hacer tanta cortesía a este su +criado; digo, a esta su criada, porque, según soy de dolorida, no acertaré +a responder a lo que debo, a causa que mi estraña y jamás vista desdicha me +ha llevado el entendimiento no sé adónde, y debe de ser muy lejos, pues +cuanto más le busco menos le hallo. + +— Sin él estaría —respondió el duque—, señora condesa, el que no descubriese +por vuestra persona vuestro valor, el cual, sin más ver, es merecedor de +toda la nata de la cortesía y de toda la flor de las bien criadas +ceremonias. + +Y, levantándola de la mano, la llevó a asentar en una silla junto a la +duquesa, la cual la recibió asimismo con mucho comedimiento. + +Don Quijote callaba, y Sancho andaba muerto por ver el rostro de la +Trifaldi y de alguna de sus muchas dueñas, pero no fue posible hasta que +ellas de su grado y voluntad se descubrieron. + +Sosegados todos y puestos en silencio, estaban esperando quién le había de +romper, y fue la dueña Dolorida con estas palabras: + +— Confiada estoy, señor poderosísimo, hermosísima señora y discretísimos +circunstantes, que ha de hallar mi cuitísima en vuestros valerosísimos +pechos acogimiento no menos plácido que generoso y doloroso, porque ella es +tal, que es bastante a enternecer los mármoles, y a ablandar los diamantes, +y a molificar los aceros de los más endurecidos corazones del mundo; pero, +antes que salga a la plaza de vuestros oídos, por no decir orejas, quisiera +que me hicieran sabidora si está en este gremio, corro y compañía el +acendradísimo caballero don Quijote de la Manchísima y su escuderísimo +Panza. + +— El Panza —antes que otro respondiese, dijo Sancho— aquí esta, y el don +Quijotísimo asimismo; y así, podréis, dolorosísima dueñísima, decir lo que +quisieridísimis, que todos estamos prontos y aparejadísimos a ser vuestros +servidorísimos. + +En esto se levantó don Quijote, y, encaminando sus razones a la Dolorida +dueña, dijo: + +— Si vuestras cuitas, angustiada señora, se pueden prometer alguna esperanza +de remedio por algún valor o fuerzas de algún andante caballero, aquí están +las mías, que, aunque flacas y breves, todas se emplearán en vuestro +servicio. Yo soy don Quijote de la Mancha, cuyo asumpto es acudir a toda +suerte de menesterosos, y, siendo esto así, como lo es, no habéis menester, +señora, captar benevolencias ni buscar preámbulos, sino, a la llana y sin +rodeos, decir vuestros males, que oídos os escuchan que sabrán, si no +remediarlos, dolerse dellos. + +Oyendo lo cual, la Dolorida dueña hizo señal de querer arrojarse a los pies +de don Quijote, y aun se arrojó, y, pugnando por abrazárselos, decía: + +— Ante estos pies y piernas me arrojo, ¡oh caballero invicto!, por ser los +que son basas y colunas de la andante caballería; estos pies quiero besar, +de cuyos pasos pende y cuelga todo el remedio de mi desgracia, ¡oh valeroso +andante, cuyas verdaderas fazañas dejan atrás y escurecen las fabulosas de +los Amadises, Esplandianes y Belianises! + +Y, dejando a don Quijote, se volvió a Sancho Panza, y, asiéndole de las +manos, le dijo: + +— ¡Oh tú, el más leal escudero que jamás sirvió a caballero andante en los +presentes ni en los pasados siglos, más luengo en bondad que la barba de +Trifaldín, mi acompañador, que está presente!, bien puedes preciarte que en +servir al gran don Quijote sirves en cifra a toda la caterva de caballeros +que han tratado las armas en el mundo. Conjúrote, por lo que debes a tu +bondad fidelísima, me seas buen intercesor con tu dueño, para que luego +favorezca a esta humilísima y desdichadísima condesa. + +A lo que respondió Sancho: + +— De que sea mi bondad, señoría mía, tan larga y grande como la barba de +vuestro escudero, a mí me hace muy poco al caso; barbada y con bigotes +tenga yo mi alma cuando desta vida vaya, que es lo que importa, que de las +barbas de acá poco o nada me curo; pero, sin esas socaliñas ni plegarias, +yo rogaré a mi amo, que sé que me quiere bien, y más agora que me ha +menester para cierto negocio, que favorezca y ayude a vuesa merced en todo +lo que pudiere. Vuesa merced desembaúle su cuita y cuéntenosla, y deje +hacer, que todos nos entenderemos. + +Reventaban de risa con estas cosas los duques, como aquellos que habían +tomado el pulso a la tal aventura, y alababan entre sí la agudeza y +disimulación de la Trifaldi, la cual, volviéndose a sentar, dijo: + +— «Del famoso reino de Candaya, que cae entre la gran Trapobana y el mar del +Sur, dos leguas más allá del cabo Comorín, fue señora la reina doña +Maguncia, viuda del rey Archipiela, su señor y marido, de cuyo matrimonio +tuvieron y procrearon a la infanta Antonomasia, heredera del reino, la cual +dicha infanta Antonomasia se crió y creció debajo de mi tutela y doctrina, +por ser yo la más antigua y la más principal dueña de su madre. Sucedió, +pues, que, yendo días y viniendo días, la niña Antonomasia llegó a edad de +catorce años, con tan gran perfeción de hermosura, que no la pudo subir más +de punto la naturaleza. ¡Pues digamos agora que la discreción era mocosa! +Así era discreta como bella, y era la más bella del mundo, y lo es, si ya +los hados invidiosos y las parcas endurecidas no la han cortado la estambre +de la vida. Pero no habrán, que no han de permitir los cielos que se haga +tanto mal a la tierra como sería llevarse en agraz el racimo del más +hermoso veduño del suelo. De esta hermosura, y no como se debe encarecida +de mi torpe lengua, se enamoró un número infinito de príncipes, así +naturales como estranjeros, entre los cuales osó levantar los pensamientos +al cielo de tanta belleza un caballero particular que en la corte estaba, +confiado en su mocedad y en su bizarría, y en sus muchas habilidades y +gracias, y facilidad y felicidad de ingenio; porque hago saber a vuestras +grandezas, si no lo tienen por enojo, que tocaba una guitarra que la hacía +hablar, y más que era poeta y gran bailarín, y sabía hacer una jaula de +pájaros, que solamente a hacerlas pudiera ganar la vida cuando se viera en +estrema necesidad, que todas estas partes y gracias son bastantes a +derribar una montaña, no que una delicada doncella. Pero toda su gentileza +y buen donaire y todas sus gracias y habilidades fueran poca o ninguna +parte para rendir la fortaleza de mi niña, si el ladrón desuellacaras no +usara del remedio de rendirme a mí primero. Primero quiso el malandrín y +desalmado vagamundo granjearme la voluntad y cohecharme el gusto, para que +yo, mal alcaide, le entregase las llaves de la fortaleza que guardaba. En +resolución: él me aduló el entendimiento y me rindió la voluntad con no sé +qué dijes y brincos que me dio, pero lo que más me hizo postrar y dar +conmigo por el suelo fueron unas coplas que le oí cantar una noche desde +una reja que caía a una callejuela donde él estaba, que, si mal no me +acuerdo, decían: + +De la dulce mi enemiga +nace un mal que al alma hiere, +y, por más tormento, quiere +que se sienta y no se diga. + +Parecióme la trova de perlas, y su voz de almíbar, y después acá, digo, +desde entonces, viendo el mal en que caí por estos y otros semejantes +versos, he considerado que de las buenas y concertadas repúblicas se habían +de desterrar los poetas, como aconsejaba Platón, a lo menos, los lascivos, +porque escriben unas coplas, no como las del marqués de Mantua, que +entretienen y hacen llorar los niños y a las mujeres, sino unas agudezas +que, a modo de blandas espinas, os atraviesan el alma, y como rayos os +hieren en ella, dejando sano el vestido. Y otra vez cantó: + +Ven, muerte, tan escondida +que no te sienta venir, +porque el placer del morir +no me torne a dar la vida. + +Y deste jaez otras coplitas y estrambotes, que cantados encantan y escritos +suspenden. Pues, ¿qué cuando se humillan a componer un género de verso que +en Candaya se usaba entonces, a quien ellos llamaban seguidillas? Allí era +el brincar de las almas, el retozar de la risa, el desasosiego de los +cuerpos y, finalmente, el azogue de todos los sentidos. Y así, digo, +señores míos, que los tales trovadores con justo título los debían +desterrar a las islas de los Lagartos. Pero no tienen ellos la culpa, sino +los simples que los alaban y las bobas que los creen; y si yo fuera la +buena dueña que debía, no me habían de mover sus trasnochados conceptos, ni +había de creer ser verdad aquel decir: "Vivo muriendo, ardo en el yelo, +tiemblo en el fuego, espero sin esperanza, pártome y quédome", con otros +imposibles desta ralea, de que están sus escritos llenos. Pues, ¿qué cuando +prometen el fénix de Arabia, la corona de Aridiana, los caballos del Sol, +del Sur las perlas, de Tíbar el oro y de Pancaya el bálsamo? Aquí es donde +ellos alargan más la pluma, como les cuesta poco prometer lo que jamás +piensan ni pueden cumplir. Pero, ¿dónde me divierto? ¡Ay de mí, desdichada! +¿Qué locura o qué desatino me lleva a contar las ajenas faltas, teniendo +tanto que decir de las mías? ¡Ay de mí, otra vez, sin ventura!, que no me +rindieron los versos, sino mi simplicidad; no me ablandaron las músicas, +sino mi liviandad: mi mucha ignorancia y mi poco advertimiento abrieron el +camino y desembarazaron la senda a los pasos de don Clavijo, que éste es el +nombre del referido caballero; y así, siendo yo la medianera, él se halló +una y muy muchas veces en la estancia de la por mí, y no por él, engañada +Antonomasia, debajo del título de verdadero esposo; que, aunque pecadora, +no consintiera que sin ser su marido la llegara a la vira de la suela de +sus zapatillas. ¡No, no, eso no: el matrimonio ha de ir adelante en +cualquier negocio destos que por mí se tratare! Solamente hubo un daño en +este negocio, que fue el de la desigualdad, por ser don Clavijo un +caballero particular, y la infanta Antonomasia heredera, como ya he dicho, +del reino. Algunos días estuvo encubierta y solapada en la sagacidad de mi +recato esta maraña, hasta que me pareció que la iba descubriendo a más +andar no sé qué hinchazón del vientre de Antonomasia, cuyo temor nos hizo +entrar en bureo a los tres, y salió dél que, antes que se saliese a luz el +mal recado, don Clavijo pidiese ante el vicario por su mujer a Antonomasia, +en fe de una cédula que de ser su esposa la infanta le había hecho, notada +por mi ingenio, con tanta fuerza, que las de Sansón no pudieran romperla. +Hiciéronse las diligencias, vio el vicario la cédula, tomó el tal vicario +la confesión a la señora, confesó de plano, mandóla depositar en casa de un +alguacil de corte muy honrado...» + +A esta sazón, dijo Sancho: + +— También en Candaya hay alguaciles de corte, poetas y seguidillas, por lo +que puedo jurar que imagino que todo el mundo es uno. Pero dése vuesa +merced priesa, señora Trifaldi, que es tarde y ya me muero por saber el fin +desta tan larga historia. + +— Sí haré —respondió la condesa. + + + + +Capítulo XXXIX. Donde la Trifaldi prosigue su estupenda y memorable +historia + +De cualquiera palabra que Sancho decía, la duquesa gustaba tanto como se +desesperaba don Quijote; y, mandándole que callase, la Dolorida prosiguió +diciendo: + +— «En fin, al cabo de muchas demandas y respuestas, como la infanta se +estaba siempre en sus trece, sin salir ni variar de la primera declaración, +el vicario sentenció en favor de don Clavijo, y se la entregó por su +legítima esposa, de lo que recibió tanto enojo la reina doña Maguncia, +madre de la infanta Antonomasia, que dentro de tres días la enterramos.» + +— Debió de morir, sin duda —dijo Sancho. + +— ¡Claro está! —respondió Trifaldín—, que en Candaya no se entierran las +personas vivas, sino las muertas. + +— Ya se ha visto, señor escudero —replicó Sancho—, enterrar un desmayado +creyendo ser muerto, y parecíame a mí que estaba la reina Maguncia obligada +a desmayarse antes que a morirse; que con la vida muchas cosas se remedian, +y no fue tan grande el disparate de la infanta que obligase a sentirle +tanto. Cuando se hubiera casado esa señora con algún paje suyo, o con otro +criado de su casa, como han hecho otras muchas, según he oído decir, fuera +el daño sin remedio; pero el haberse casado con un caballero tan +gentilhombre y tan entendido como aquí nos le han pintado, en verdad en +verdad que, aunque fue necedad, no fue tan grande como se piensa; porque, +según las reglas de mi señor, que está presente y no me dejará mentir, así +como se hacen de los hombres letrados los obispos, se pueden hacer de los +caballeros, y más si son andantes, los reyes y los emperadores. + +— Razón tienes, Sancho —dijo don Quijote—, porque un caballero andante, como +tenga dos dedos de ventura, está en potencia propincua de ser el mayor +señor del mundo. Pero, pase adelante la señora Dolorida, que a mí se me +trasluce que le falta por contar lo amargo desta hasta aquí dulce historia. + +— Y ¡cómo si queda lo amargo! —respondió la condesa—, y tan amargo que en su +comparación son dulces las tueras y sabrosas las adelfas. «Muerta, pues, la +reina, y no desmayada, la enterramos; y, apenas la cubrimos con la tierra +y apenas le dimos el último vale, cuando, + +quis talia fando temperet a lachrymis?, + +puesto sobre un caballo de madera, pareció encima de la sepultura de la +reina el gigante Malambruno, primo cormano de Maguncia, que junto con ser +cruel era encantador, el cual con sus artes, en venganza de la muerte de su +cormana, y por castigo del atrevimiento de don Clavijo, y por despecho de +la demasía de Antonomasia, los dejó encantados sobre la mesma sepultura: a +ella, convertida en una jimia de bronce, y a él, en un espantoso cocodrilo +de un metal no conocido, y entre los dos está un padrón, asimismo de metal, +y en él escritas en lengua siríaca unas letras que, habiéndose declarado en +la candayesca, y ahora en la castellana, encierran esta sentencia: "No +cobrarán su primera forma estos dos atrevidos amantes hasta que el valeroso +manchego venga conmigo a las manos en singular batalla, que para solo su +gran valor guardan los hados esta nunca vista aventura". Hecho esto, sacó +de la vaina un ancho y desmesurado alfanje, y, asiéndome a mí por los +cabellos, hizo finta de querer segarme la gola y cortarme cercen la cabeza. +Turbéme, pegóseme la voz a la garganta, quedé mohína en todo estremo, pero, +con todo, me esforcé lo más que pude, y, con voz tembladora y doliente, le +dije tantas y tales cosas, que le hicieron suspender la ejecución de tan +riguroso castigo. Finalmente, hizo traer ante sí todas las dueñas de +palacio, que fueron estas que están presentes, y, después de haber +exagerado nuestra culpa y vituperado las condiciones de las dueñas, sus +malas mañas y peores trazas, y cargando a todas la culpa que yo sola tenía, +dijo que no quería con pena capital castigarnos, sino con otras penas +dilatadas, que nos diesen una muerte civil y continua; y, en aquel mismo +momento y punto que acabó de decir esto, sentimos todas que se nos abrían +los poros de la cara, y que por toda ella nos punzaban como con puntas de +agujas. Acudimos luego con las manos a los rostros, y hallámonos de la +manera que ahora veréis.» + +Y luego la Dolorida y las demás dueñas alzaron los antifaces con que +cubiertas venían, y descubrieron los rostros, todos poblados de barbas, +cuáles rubias, cuáles negras, cuáles blancas y cuáles albarrazadas, de cuya +vista mostraron quedar admirados el duque y la duquesa, pasmados don +Quijote y Sancho, y atónitos todos los presentes. + +Y la Trifaldi prosiguió: + +— «Desta manera nos castigó aquel follón y malintencionado de Malambruno, +cubriendo la blandura y morbidez de nuestros rostros con la aspereza destas +cerdas, que pluguiera al cielo que antes con su desmesurado alfanje nos +hubiera derribado las testas, que no que nos asombrara la luz de nuestras +caras con esta borra que nos cubre; porque si entramos en cuenta, señores +míos (y esto que voy a decir agora lo quisiera decir hechos mis ojos +fuentes, pero la consideración de nuestra desgracia, y los mares que hasta +aquí han llovido, los tienen sin humor y secos como aristas, y así, lo diré +sin lágrimas), digo, pues, que ¿adónde podrá ir una dueña con barbas? ¿Qué +padre o qué madre se dolerá della? ¿Quién la dará ayuda? Pues, aun cuando +tiene la tez lisa y el rostro martirizado con mil suertes de menjurjes y +mudas, apenas halla quien bien la quiera, ¿qué hará cuando descubra hecho +un bosque su rostro? ¡Oh dueñas y compañeras mías, en desdichado punto +nacimos, en hora menguada nuestros padres nos engendraron!» + +Y, diciendo esto, dio muestras de desmayarse. + + + + +Capítulo XL. De cosas que atañen y tocan a esta aventura y a esta +memorable historia + +Real y verdaderamente, todos los que gustan de semejantes historias como +ésta deben de mostrarse agradecidos a Cide Hamete, su autor primero, por la +curiosidad que tuvo en contarnos las semínimas della, sin dejar cosa, por +menuda que fuese, que no la sacase a luz distintamente: pinta los +pensamientos, descubre las imaginaciones, responde a las tácitas, aclara +las dudas, resuelve los argumentos; finalmente, los átomos del más curioso +deseo manifiesta. ¡Oh autor celebérrimo! ¡Oh don Quijote dichoso! ¡Oh +Dulcinea famosa! ¡Oh Sancho Panza gracioso! Todos juntos y cada uno de por +sí viváis siglos infinitos, para gusto y general pasatiempo de los +vivientes. + +Dice, pues, la historia que, así como Sancho vio desmayada a la Dolorida, +dijo: + +— Por la fe de hombre de bien, juro, y por el siglo de todos mis pasados los +Panzas, que jamás he oído ni visto, ni mi amo me ha contado, ni en su +pensamiento ha cabido, semejante aventura como ésta. Válgate mil satanases, +por no maldecirte por encantador y gigante, Malambruno; y ¿no hallaste otro +género de castigo que dar a estas pecadoras sino el de barbarlas? ¿Cómo y +no fuera mejor, y a ellas les estuviera más a cuento, quitarles la mitad de +las narices de medio arriba, aunque hablaran gangoso, que no ponerles +barbas? Apostaré yo que no tienen hacienda para pagar a quien las rape. + +— Así es la verdad, señor —respondió una de las doce—, que no tenemos +hacienda para mondarnos; y así, hemos tomado algunas de nosotras por +remedio ahorrativo de usar de unos pegotes o parches pegajosos, y +aplicándolos a los rostros, y tirando de golpe, quedamos rasas y lisas como +fondo de mortero de piedra; que, puesto que hay en Candaya mujeres que +andan de casa en casa a quitar el vello y a pulir las cejas y hacer otros +menjurjes tocantes a mujeres, nosotras las dueñas de mi señora por jamás +quisimos admitirlas, porque las más oliscan a terceras, habiendo dejado de +ser primas; y si por el señor don Quijote no somos remediadas, con barbas +nos llevarán a la sepultura. + +— Yo me pelaría las mías —dijo don Quijote— en tierra de moros, si no +remediase las vuestras. + +A este punto, volvió de su desmayo la Trifaldi y dijo: + +— El retintín desa promesa, valeroso caballero, en medio de mi desmayo llegó +a mis oídos, y ha sido parte para que yo dél vuelva y cobre todos mis +sentidos; y así, de nuevo os suplico, andante ínclito y señor indomable, +vuestra graciosa promesa se convierta en obra. + +— Por mí no quedará —respondió don Quijote—: ved, señora, qué es lo que +tengo de hacer, que el ánimo está muy pronto para serviros. + +— Es el caso —respondió la Dolorida —que desde aquí al reino de Candaya, si +se va por tierra, hay cinco mil leguas, dos más a menos; pero si se va por +el aire y por la línea recta, hay tres mil y docientas y veinte y siete. Es +también de saber que Malambruno me dijo que cuando la suerte me deparase al +caballero nuestro libertador, que él le enviaría una cabalgadura harto +mejor y con menos malicias que las que son de retorno, porque ha de ser +aquel mesmo caballo de madera sobre quien llevó el valeroso Pierres robada +a la linda Magalona, el cual caballo se rige por una clavija que tiene en +la frente, que le sirve de freno, y vuela por el aire con tanta ligereza +que parece que los mesmos diablos le llevan. Este tal caballo, según es +tradición antigua, fue compuesto por aquel sabio Merlín; prestósele a +Pierres, que era su amigo, con el cual hizo grandes viajes, y robó, como se +ha dicho, a la linda Magalona, llevándola a las ancas por el aire, dejando +embobados a cuantos desde la tierra los miraban; y no le prestaba sino a +quien él quería, o mejor se lo pagaba; y desde el gran Pierres hasta +ahora no sabemos que haya subido alguno en él. De allí le ha sacado +Malambruno con sus artes, y le tiene en su poder, y se sirve dél en sus +viajes, que los hace por momentos, por diversas partes del mundo, y hoy +está aquí y mañana en Francia y otro día en Potosí; y es lo bueno que el +tal caballo ni come, ni duerme ni gasta herraduras, y lleva un portante por +los aires, sin tener alas, que el que lleva encima puede llevar una taza +llena de agua en la mano sin que se le derrame gota, según camina llano y +reposado; por lo cual la linda Magalona se holgaba mucho de andar caballera +en él. + +A esto dijo Sancho: + +— Para andar reposado y llano, mi rucio, puesto que no anda por los aires; +pero por la tierra, yo le cutiré con cuantos portantes hay en el mundo. + +Riéronse todos, y la Dolorida prosiguió: + +— Y este tal caballo, si es que Malambruno quiere dar fin a nuestra +desgracia, antes que sea media hora entrada la noche, estará en nuestra +presencia, porque él me significó que la señal que me daría por donde yo +entendiese que había hallado el caballero que buscaba, sería enviarme el +caballo, donde fuese con comodidad y presteza. + +— Y ¿cuántos caben en ese caballo? —preguntó Sancho. + +La Dolorida respondió: + +— Dos personas: la una en la silla y la otra en las ancas; y, por la mayor +parte, estas tales dos personas son caballero y escudero, cuando falta +alguna robada doncella. + +— Querría yo saber, señora Dolorida —dijo Sancho—, qué nombre tiene ese +caballo. + +— El nombre —respondió la Dolorida— no es como el caballo de Belorofonte, +que se llamaba Pegaso, ni como el del Magno Alejandro, llamado Bucéfalo, ni +como el del furioso Orlando, cuyo nombre fue Brilladoro, ni menos Bayarte, +que fue el de Reinaldos de Montalbán, ni Frontino, como el de Rugero, ni +Bootes ni Peritoa, como dicen que se llaman los del Sol, ni tampoco se +llama Orelia, como el caballo en que el desdichado Rodrigo, último rey de +los godos, entró en la batalla donde perdió la vida y el reino. + +— Yo apostaré —dijo Sancho— que, pues no le han dado ninguno desos famosos +nombres de caballos tan conocidos, que tampoco le habrán dado el de mi amo, +Rocinante, que en ser propio excede a todos los que se han nombrado. + +— Así es —respondió la barbada condesa—, pero todavía le cuadra mucho, +porque se llama Clavileño el Alígero, cuyo nombre conviene con el ser de +leño, y con la clavija que trae en la frente, y con la ligereza con que +camina; y así, en cuanto al nombre, bien puede competir con el famoso +Rocinante. + +— No me descontenta el nombre —replicó Sancho—, pero ¿con qué freno o con +qué jáquima se gobierna? + +— Ya he dicho —respondió la Trifaldi— que con la clavija, que, volviéndola a +una parte o a otra, el caballero que va encima le hace caminar como quiere, +o ya por los aires, o ya rastreando y casi barriendo la tierra, o por el +medio, que es el que se busca y se ha de tener en todas las acciones bien +ordenadas. + +— Ya lo querría ver —respondió Sancho—, pero pensar que tengo de subir en +él, ni en la silla ni en las ancas, es pedir peras al olmo. ¡Bueno es que +apenas puedo tenerme en mi rucio, y sobre un albarda más blanda que la +mesma seda, y querrían ahora que me tuviese en unas ancas de tabla, sin +cojín ni almohada alguna! Pardiez, yo no me pienso moler por quitar las +barbas a nadie: cada cual se rape como más le viniere a cuento, que yo no +pienso acompañar a mi señor en tan largo viaje. Cuanto más, que yo no debo +de hacer al caso para el rapamiento destas barbas como lo soy para el +desencanto de mi señora Dulcinea. + +— Sí sois, amigo —respondió la Trifaldi—, y tanto, que, sin vuestra +presencia, entiendo que no haremos nada. + +— ¡Aquí del rey! —dijo Sancho—: ¿qué tienen que ver los escuderos con las +aventuras de sus señores? ¿Hanse de llevar ellos la fama de las que acaban, +y hemos de llevar nosotros el trabajo? ¡Cuerpo de mí! Aun si dijesen los +historiadores: "El tal caballero acabó la tal y tal aventura, pero con +ayuda de fulano, su escudero, sin el cual fuera imposible el acabarla". +Pero, ¡que escriban a secas: "Don Paralipomenón de las Tres Estrellas acabó +la aventura de los seis vestiglos", sin nombrar la persona de su +escudero, que se halló presente a todo, como si no fuera en el mundo! +Ahora, señores, vuelvo a decir que mi señor se puede ir solo, y buen +provecho le haga, que yo me quedaré aquí, en compañía de la duquesa mi +señora, y podría ser que cuando volviese hallase mejorada la causa de la +señora Dulcinea en tercio y quinto; porque pienso, en los ratos ociosos y +desocupados, darme una tanda de azotes que no me la cubra pelo. + +— Con todo eso, le habéis de acompañar si fuere necesario, buen Sancho, +porque os lo rogarán buenos; que no han de quedar por vuestro inútil temor +tan poblados los rostros destas señoras; que, cierto, sería mal caso. + +— ¡Aquí del rey otra vez! —replicó Sancho—. Cuando esta caridad se hiciera +por algunas doncellas recogidas, o por algunas niñas de la doctrina, +pudiera el hombre aventurarse a cualquier trabajo, pero que lo sufra por +quitar las barbas a dueñas, ¡mal año! Mas que las viese yo a todas con +barbas, desde la mayor hasta la menor, y de la más melindrosa hasta la más +repulgada. + +— Mal estáis con las dueñas, Sancho amigo —dijo la duquesa—: mucho os vais +tras la opinión del boticario toledano. Pues a fe que no tenéis razón; que +dueñas hay en mi casa que pueden ser ejemplo de dueñas, que aquí está mi +doña Rodríguez, que no me dejará decir otra cosa. + +— Mas que la diga vuestra excelencia —dijo Rodríguez—, que Dios sabe la +verdad de todo, y buenas o malas, barbadas o lampiñas que seamos las +dueñas, también nos parió nuestra madre como a las otras mujeres; y, pues +Dios nos echó en el mundo, Él sabe para qué, y a su misericordia me atengo, +y no a las barbas de nadie. + +— Ahora bien, señora Rodríguez —dijo don Quijote—, y señora Trifaldi y +compañía, yo espero en el cielo que mirará con buenos ojos vuestras cuitas, +que Sancho hará lo que yo le mandare, ya viniese Clavileño y ya me viese +con Malambruno; que yo sé que no habría navaja que con más facilidad rapase +a vuestras mercedes como mi espada raparía de los hombros la cabeza de +Malambruno; que Dios sufre a los malos, pero no para siempre. + +— ¡Ay! —dijo a esta sazón la Dolorida—, con benignos ojos miren a vuestra +grandeza, valeroso caballero, todas las estrellas de las regiones celestes, +e infundan en vuestro ánimo toda prosperidad y valentía para ser escudo y +amparo del vituperoso y abatido género dueñesco, abominado de boticarios, +murmurado de escuderos y socaliñado de pajes; que mal haya la bellaca que +en la flor de su edad no se metió primero a ser monja que a dueña. +¡Desdichadas de nosotras las dueñas, que, aunque vengamos por línea recta, +de varón en varón, del mismo Héctor el troyano, no dejaran de echaros un +vos nuestras señoras, si pensasen por ello ser reinas! ¡Oh gigante +Malambruno, que, aunque eres encantador, eres certísimo en tus promesas!, +envíanos ya al sin par Clavileño, para que nuestra desdicha se acabe, que +si entra el calor y estas nuestras barbas duran, ¡guay de nuestra ventura! + +Dijo esto con tanto sentimiento la Trifaldi, que sacó las lágrimas de los +ojos de todos los circunstantes, y aun arrasó los de Sancho, y propuso en +su corazón de acompañar a su señor hasta las últimas partes del mundo, si +es que en ello consistiese quitar la lana de aquellos venerables rostros. + + + + +Capítulo XLI. De la venida de Clavileño, con el fin desta dilatada aventura + +Llegó en esto la noche, y con ella el punto determinado en que el famoso +caballo Clavileño viniese, cuya tardanza fatigaba ya a don Quijote, +pareciéndole que, pues Malambruno se detenía en enviarle, o que él no era +el caballero para quien estaba guardada aquella aventura, o que Malambruno +no osaba venir con él a singular batalla. Pero veis aquí cuando a deshora +entraron por el jardín cuatro salvajes, vestidos todos de verde yedra, que +sobre sus hombros traían un gran caballo de madera. Pusiéronle de pies en +el suelo, y uno de los salvajes dijo: + +— Suba sobre esta máquina el que tuviere ánimo para ello. + +— Aquí —dijo Sancho— yo no subo, porque ni tengo ánimo ni soy caballero. + +Y el salvaje prosiguió diciendo: + +— Y ocupe las ancas el escudero, si es que lo tiene, y fíese del valeroso +Malambruno, que si no fuere de su espada, de ninguna otra, ni de otra +malicia, será ofendido; y no hay más que torcer esta clavija que sobre el +cuello trae puesta, que él los llevará por los aires adonde los atiende +Malambruno; pero, porque la alteza y sublimidad del camino no les cause +váguidos, se han de cubrir los ojos hasta que el caballo relinche, que será +señal de haber dado fin a su viaje. + +Esto dicho, dejando a Clavileño, con gentil continente se volvieron por +donde habían venido. La Dolorida, así como vio al caballo, casi con +lágrimas dijo a don Quijote: + +— Valeroso caballero, las promesas de Malambruno han sido ciertas: el +caballo está en casa, nuestras barbas crecen, y cada una de nosotras y con +cada pelo dellas te suplicamos nos rapes y tundas, pues no está en más sino +en que subas en él con tu escudero y des felice principio a vuestro nuevo +viaje. + +— Eso haré yo, señora condesa Trifaldi, de muy buen grado y de mejor +talante, sin ponerme a tomar cojín, ni calzarme espuelas, por no detenerme: +tanta es la gana que tengo de veros a vos, señora, y a todas estas dueñas +rasas y mondas. + +— Eso no haré yo —dijo Sancho—, ni de malo ni de buen talante, en ninguna +manera; y si es que este rapamiento no se puede hacer sin que yo suba a las +ancas, bien puede buscar mi señor otro escudero que le acompañe, y estas +señoras otro modo de alisarse los rostros; que yo no soy brujo, para gustar +de andar por los aires. Y ¿qué dirán mis insulanos cuando sepan que su +gobernador se anda paseando por los vientos? Y otra cosa más: que habiendo +tres mil y tantas leguas de aquí a Candaya, si el caballo se cansa o el +gigante se enoja, tardaremos en dar la vuelta media docena de años, y ya ni +habrá ínsula ni ínsulos en el mundo que me conozan; y, pues se dice +comúnmente que en la tardanza va el peligro, y que cuando te dieren la +vaquilla acudas con la soguilla, perdónenme las barbas destas señoras, que +bien se está San Pedro en Roma; quiero decir que bien me estoy en esta +casa, donde tanta merced se me hace y de cuyo dueño tan gran bien espero +como es verme gobernador. + +A lo que el duque dijo: + +— Sancho amigo, la ínsula que yo os he prometido no es movible ni fugitiva: +raíces tiene tan hondas, echadas en los abismos de la tierra, que no la +arrancarán ni mudarán de donde está a tres tirones; y, pues vos sabéis que +sé yo que no hay ninguno género de oficio destos de mayor cantía que no se +granjee con alguna suerte de cohecho, cuál más, cuál menos, el que yo +quiero llevar por este gobierno es que vais con vuestro señor don Quijote a +dar cima y cabo a esta memorable aventura; que ahora volváis sobre +Clavileño con la brevedad que su ligereza promete, ora la contraria fortuna +os traiga y vuelva a pie, hecho romero, de mesón en mesón y de venta en +venta, siempre que volviéredes hallaréis vuestra ínsula donde la dejáis, y +a vuestros insulanos con el mesmo deseo de recebiros por su gobernador que +siempre han tenido, y mi voluntad será la mesma; y no pongáis duda en esta +verdad, señor Sancho, que sería hacer notorio agravio al deseo que de +serviros tengo. + +— No más, señor —dijo Sancho—: yo soy un pobre escudero y no puedo llevar a +cuestas tantas cortesías; suba mi amo, tápenme estos ojos y encomiéndenme a +Dios, y avísenme si cuando vamos por esas altanerías podré encomendarme a +Nuestro Señor o invocar los ángeles que me favorezcan. + +A lo que respondió Trifaldi: + +— Sancho, bien podéis encomendaros a Dios o a quien quisiéredes, que +Malambruno, aunque es encantador, es cristiano, y hace sus encantamentos +con mucha sagacidad y con mucho tiento, sin meterse con nadie. + +— ¡Ea, pues —dijo Sancho—, Dios me ayude y la Santísima Trinidad de Gaeta! + +— Desde la memorable aventura de los batanes —dijo don Quijote—, nunca he +visto a Sancho con tanto temor como ahora, y si yo fuera tan agorero como +otros, su pusilanimidad me hiciera algunas cosquillas en el ánimo. Pero +llegaos aquí, Sancho, que con licencia destos señores os quiero hablar +aparte dos palabras. + +Y, apartando a Sancho entre unos árboles del jardín y asiéndole ambas las +manos, le dijo: + +— Ya vees, Sancho hermano, el largo viaje que nos espera, y que sabe Dios +cuándo volveremos dél, ni la comodidad y espacio que nos darán los +negocios; así, querría que ahora te retirases en tu aposento, como que vas +a buscar alguna cosa necesaria para el camino, y, en un daca las pajas, +te dieses, a buena cuenta de los tres mil y trecientos azotes a que estás +obligado, siquiera quinientos, que dados te los tendrás, que el comenzar +las cosas es tenerlas medio acabadas. + +— ¡Par Dios —dijo Sancho—, que vuestra merced debe de ser menguado! Esto es +como aquello que dicen: "¡en priesa me vees y doncellez me demandas!" +¿Ahora que tengo de ir sentado en una tabla rasa, quiere vuestra merced que +me lastime las posas? En verdad en verdad que no tiene vuestra merced +razón. Vamos ahora a rapar estas dueñas, que a la vuelta yo le prometo a +vuestra merced, como quien soy, de darme tanta priesa a salir de mi +obligación, que vuestra merced se contente, y no le digo más. + +Y don Quijote respondió: + +— Pues con esa promesa, buen Sancho, voy consolado, y creo que la cumplirás, +porque, en efecto, aunque tonto, eres hombre verídico. + +— No soy verde, sino moreno —dijo Sancho—, pero aunque fuera de mezcla, +cumpliera mi palabra. + +Y con esto se volvieron a subir en Clavileño, y al subir dijo don Quijote: + +— Tapaos, Sancho, y subid, Sancho, que quien de tan lueñes tierras envía por +nosotros no será para engañarnos, por la poca gloria que le puede redundar +de engañar a quien dél se fía; y, puesto que todo sucediese al revés de lo +que imagino, la gloria de haber emprendido esta hazaña no la podrá +escurecer malicia alguna. + +— Vamos, señor —dijo Sancho—, que las barbas y lágrimas destas señoras las +tengo clavadas en el corazón, y no comeré bocado que bien me sepa hasta +verlas en su primera lisura. Suba vuesa merced y tápese primero, que si yo +tengo de ir a las ancas, claro está que primero sube el de la silla. + +— Así es la verdad —replicó don Quijote. + +Y, sacando un pañuelo de la faldriquera, pidió a la Dolorida que le +cubriese muy bien los ojos, y, habiéndoselos cubierto, se volvió a +descubrir y dijo: + +— Si mal no me acuerdo, yo he leído en Virgilio aquello del Paladión de +Troya, que fue un caballo de madera que los griegos presentaron a la diosa +Palas, el cual iba preñado de caballeros armados, que después fueron la +total ruina de Troya; y así, será bien ver primero lo que Clavileño trae en +su estómago. + +— No hay para qué —dijo la Dolorida—, que yo le fío y sé que Malambruno no +tiene nada de malicioso ni de traidor; vuesa merced, señor don Quijote, +suba sin pavor alguno, y a mi daño si alguno le sucediere. + +Parecióle a don Quijote que cualquiera cosa que replicase acerca de su +seguridad sería poner en detrimento su valentía; y así, sin más altercar, +subió sobre Clavileño y le tentó la clavija, que fácilmente se rodeaba; y, +como no tenía estribos y le colgaban las piernas, no parecía sino figura de +tapiz flamenco pintada o tejida en algún romano triunfo. De mal talante y +poco a poco llegó a subir Sancho, y, acomodándose lo mejor que pudo en las +ancas, las halló algo duras y no nada blandas, y pidió al duque que, si +fuese posible, le acomodasen de algún cojín o de alguna almohada, aunque +fuese del estrado de su señora la duquesa, o del lecho de algún paje, +porque las ancas de aquel caballo más parecían de mármol que de leño. + +A esto dijo la Trifaldi que ningún jaez ni ningún género de adorno sufría +sobre sí Clavileño; que lo que podía hacer era ponerse a mujeriegas, y que +así no sentiría tanto la dureza. Hízolo así Sancho, y, diciendo ''a Dios'', +se dejó vendar los ojos, y, ya después de vendados, se volvió a descubrir, +y, mirando a todos los del jardín tiernamente y con lágrimas, dijo que le +ayudasen en aquel trance con sendos paternostres y sendas avemarías, porque +Dios deparase quien por ellos los dijese cuando en semejantes trances se +viesen. A lo que dijo don Quijote: + +— Ladrón, ¿estás puesto en la horca por ventura, o en el último término de +la vida, para usar de semejantes plegarias? ¿No estás, desalmada y cobarde +criatura, en el mismo lugar que ocupó la linda Magalona, del cual decendió, +no a la sepultura, sino a ser reina de Francia, si no mienten las +historias? Y yo, que voy a tu lado, ¿no puedo ponerme al del valeroso +Pierres, que oprimió este mismo lugar que yo ahora oprimo? Cúbrete, +cúbrete, animal descorazonado, y no te salga a la boca el temor que tienes, +a lo menos en presencia mía. + +— Tápenme —respondió Sancho—; y, pues no quieren que me encomiende a Dios ni +que sea encomendado, ¿qué mucho que tema no ande por aquí alguna región de +diablos que den con nosotros en Peralvillo? + +Cubriéronse, y, sintiendo don Quijote que estaba como había de estar, tentó +la clavija, y, apenas hubo puesto los dedos en ella, cuando todas las +dueñas y cuantos estaban presentes levantaron las voces, diciendo: + +— ¡Dios te guíe, valeroso caballero! + +— ¡Dios sea contigo, escudero intrépido! + +— ¡Ya, ya vais por esos aires, rompiéndolos con más velocidad que una saeta! + +— ¡Ya comenzáis a suspender y admirar a cuantos desde la tierra os están +mirando! + +— ¡Tente, valeroso Sancho, que te bamboleas! ¡Mira no cayas, que será peor +tu caída que la del atrevido mozo que quiso regir el carro del Sol, su +padre! + +Oyó Sancho las voces, y, apretándose con su amo y ciñiéndole con los +brazos, le dijo: + +— Señor, ¿cómo dicen éstos que vamos tan altos, si alcanzan acá sus voces, y +no parecen sino que están aquí hablando junto a nosotros? + +— No repares en eso, Sancho, que, como estas cosas y estas volaterías van +fuera de los cursos ordinarios, de mil leguas verás y oirás lo que +quisieres. Y no me aprietes tanto, que me derribas; y en verdad que no sé +de qué te turbas ni te espantas, que osaré jurar que en todos los días de +mi vida he subido en cabalgadura de paso más llano: no parece sino que no +nos movemos de un lugar. Destierra, amigo, el miedo, que, en efecto, la +cosa va como ha de ir y el viento llevamos en popa. + +— Así es la verdad —respondió Sancho—, que por este lado me da un viento tan +recio, que parece que con mil fuelles me están soplando. + +Y así era ello, que unos grandes fuelles le estaban haciendo aire: tan bien +trazada estaba la tal aventura por el duque y la duquesa y su mayordomo, +que no le faltó requisito que la dejase de hacer perfecta. + +Sintiéndose, pues, soplar don Quijote, dijo: + +— Sin duda alguna, Sancho, que ya debemos de llegar a la segunda región del +aire, adonde se engendra el granizo, las nieves; los truenos, los +relámpagos y los rayos se engendran en la tercera región, y si es que desta +manera vamos subiendo, presto daremos en la región del fuego, y no sé yo +cómo templar esta clavija para que no subamos donde nos abrasemos. + +En esto, con unas estopas ligeras de encenderse y apagarse, desde lejos, +pendientes de una caña, les calentaban los rostros. Sancho, que sintió el +calor, dijo: + +— Que me maten si no estamos ya en el lugar del fuego, o bien cerca, porque +una gran parte de mi barba se me ha chamuscado, y estoy, señor, por +descubrirme y ver en qué parte estamos. + +— No hagas tal —respondió don Quijote—, y acuérdate del verdadero cuento del +licenciado Torralba, a quien llevaron los diablos en volandas por el aire, +caballero en una caña, cerrados los ojos, y en doce horas llegó a Roma, y +se apeó en Torre de Nona, que es una calle de la ciudad, y vio todo el +fracaso y asalto y muerte de Borbón, y por la mañana ya estaba de vuelta en +Madrid, donde dio cuenta de todo lo que había visto; el cual asimismo dijo +que cuando iba por el aire le mandó el diablo que abriese los ojos, y los +abrió, y se vio tan cerca, a su parecer, del cuerpo de la luna, que la +pudiera asir con la mano, y que no osó mirar a la tierra por no +desvanecerse. Así que, Sancho, no hay para qué descubrirnos; que, el que +nos lleva a cargo, él dará cuenta de nosotros, y quizá vamos tomando puntas +y subiendo en alto para dejarnos caer de una sobre el reino de Candaya, +como hace el sacre o neblí sobre la garza para cogerla, por más que se +remonte; y, aunque nos parece que no ha media hora que nos partimos del +jardín, creéme que debemos de haber hecho gran camino. + +— No sé lo que es —respondió Sancho Panza—, sólo sé decir que si la señora +Magallanes o Magalona se contentó destas ancas, que no debía de ser muy +tierna de carnes. + +Todas estas pláticas de los dos valientes oían el duque y la duquesa y los +del jardín, de que recibían estraordinario contento; y, queriendo dar +remate a la estraña y bien fabricada aventura, por la cola de Clavileño le +pegaron fuego con unas estopas, y al punto, por estar el caballo lleno de +cohetes tronadores, voló por los aires, con estraño ruido, y dio con don +Quijote y con Sancho Panza en el suelo, medio chamuscados. + +En este tiempo ya se habían desparecido del jardín todo el barbado +escuadrón de las dueñas y la Trifaldi y todo, y los del jardín quedaron +como desmayados, tendidos por el suelo. Don Quijote y Sancho se levantaron +maltrechos, y, mirando a todas partes, quedaron atónitos de verse en el +mesmo jardín de donde habían partido y de ver tendido por tierra tanto +número de gente; y creció más su admiración cuando a un lado del jardín +vieron hincada una gran lanza en el suelo y pendiente della y de dos +cordones de seda verde un pergamino liso y blanco, en el cual, con grandes +letras de oro, estaba escrito lo siguiente: + +El ínclito caballero don Quijote de la Mancha feneció y acabó la aventura +de la condesa Trifaldi, por otro nombre llamada la dueña Dolorida, y +compañía, con sólo intentarla. + +Malambruno se da por contento y satisfecho a toda su voluntad, y las barbas +de las dueñas ya quedan lisas y mondas, y los reyes don Clavijo y +Antonomasia en su prístino estado. Y, cuando se cumpliere el escuderil +vápulo, la blanca paloma se verá libre de los pestíferos girifaltes que la +persiguen, y en brazos de su querido arrullador; que así está ordenado por +el sabio Merlín, protoencantador de los encantadores. + +Habiendo, pues, don Quijote leído las letras del pergamino, claro entendió +que del desencanto de Dulcinea hablaban; y, dando muchas gracias al cielo +de que con tan poco peligro hubiese acabado tan gran fecho, reduciendo a su +pasada tez los rostros de las venerables dueñas, que ya no parecían, se fue +adonde el duque y la duquesa aún no habían vuelto en sí, y, trabando de la +mano al duque, le dijo: + +— ¡Ea, buen señor, buen ánimo; buen ánimo, que todo es nada! La aventura es +ya acabada sin daño de barras, como lo muestra claro el escrito que en +aquel padrón está puesto. + +El duque, poco a poco, y como quien de un pesado sueño recuerda, fue +volviendo en sí, y por el mismo tenor la duquesa y todos los que por el +jardín estaban caídos, con tales muestras de maravilla y espanto, que casi +se podían dar a entender haberles acontecido de veras lo que tan bien +sabían fingir de burlas. Leyó el duque el cartel con los ojos medio +cerrados, y luego, con los brazos abiertos, fue a abrazar a don Quijote, +diciéndole ser el más buen caballero que en ningún siglo se hubiese visto. + +Sancho andaba mirando por la Dolorida, por ver qué rostro tenía sin las +barbas, y si era tan hermosa sin ellas como su gallarda disposición +prometía, pero dijéronle que, así como Clavileño bajó ardiendo por los +aires y dio en el suelo, todo el escuadrón de las dueñas, con la Trifaldi, +había desaparecido, y que ya iban rapadas y sin cañones. Preguntó la +duquesa a Sancho que cómo le había ido en aquel largo viaje. A lo cual +Sancho respondió: + +— Yo, señora, sentí que íbamos, según mi señor me dijo, volando por la +región del fuego, y quise descubrirme un poco los ojos, pero mi amo, a +quien pedí licencia para descubrirme, no la consintió; mas yo, que tengo no +sé qué briznas de curioso y de desear saber lo que se me estorba y impide, +bonitamente y sin que nadie lo viese, por junto a las narices aparté tanto +cuanto el pañizuelo que me tapaba los ojos, y por allí miré hacia la +tierra, y parecióme que toda ella no era mayor que un grano de mostaza, y +los hombres que andaban sobre ella, poco mayores que avellanas; porque se +vea cuán altos debíamos de ir entonces. + +A esto dijo la duquesa: + +— Sancho amigo, mirad lo que decís, que, a lo que parece, vos no vistes la +tierra, sino los hombres que andaban sobre ella; y está claro que si la +tierra os pareció como un grano de mostaza, y cada hombre como una +avellana, un hombre solo había de cubrir toda la tierra. + +— Así es verdad —respondió Sancho—, pero, con todo eso, la descubrí por un +ladito, y la vi toda. + +— Mirad, Sancho —dijo la duquesa—, que por un ladito no se vee el todo de lo +que se mira. + +— Yo no sé esas miradas —replicó Sancho—: sólo sé que será bien que vuestra +señoría entienda que, pues volábamos por encantamento, por encantamento +podía yo ver toda la tierra y todos los hombres por doquiera que los +mirara; y si esto no se me cree, tampoco creerá vuestra merced cómo, +descubriéndome por junto a las cejas, me vi tan junto al cielo que no había +de mí a él palmo y medio, y por lo que puedo jurar, señora mía, que es muy +grande además. Y sucedió que íbamos por parte donde están las siete +cabrillas; y en Dios y en mi ánima que, como yo en mi niñez fui en mi +tierra cabrerizo, que así como las vi, ¡me dio una gana de entretenerme con +ellas un rato...! Y si no le cumpliera me parece que reventara. Vengo, +pues, y tomo, y ¿qué hago? Sin decir nada a nadie, ni a mi señor tampoco, +bonita y pasitamente me apeé de Clavileño, y me entretuve con las +cabrillas, que son como unos alhelíes y como unas flores, casi tres cuartos +de hora, y Clavileño no se movió de un lugar, ni pasó adelante. + +— Y, en tanto que el buen Sancho se entretenía con las cabras —preguntó el +duque—, ¿en qué se entretenía el señor don Quijote? + +A lo que don Quijote respondió: + +— Como todas estas cosas y estos tales sucesos van fuera del orden natural, +no es mucho que Sancho diga lo que dice. De mí sé decir que ni me descubrí +por alto ni por bajo, ni vi el cielo ni la tierra, ni la mar ni las arenas. +Bien es verdad que sentí que pasaba por la región del aire, y aun que +tocaba a la del fuego; pero que pasásemos de allí no lo puedo creer, pues, +estando la región del fuego entre el cielo de la luna y la última región +del aire, no podíamos llegar al cielo donde están las siete cabrillas que +Sancho dice, sin abrasarnos; y, pues no nos asuramos, o Sancho miente o +Sancho sueña. + +— Ni miento ni sueño —respondió Sancho—: si no, pregúntenme las señas de las +tales cabras, y por ellas verán si digo verdad o no. + +— Dígalas, pues, Sancho —dijo la duquesa. + +— Son —respondió Sancho— las dos verdes, las dos encarnadas, las dos azules, +y la una de mezcla. + +— Nueva manera de cabras es ésa —dijo el duque—, y por esta nuestra región +del suelo no se usan tales colores; digo, cabras de tales colores. + +— Bien claro está eso —dijo Sancho—; sí, que diferencia ha de haber de las +cabras del cielo a las del suelo. + +— Decidme, Sancho —preguntó el duque—: ¿vistes allá en entre esas cabras +algún cabrón? + +— No, señor —respondió Sancho—, pero oí decir que ninguno pasaba de los +cuernos de la luna. + +No quisieron preguntarle más de su viaje, porque les pareció que llevaba +Sancho hilo de pasearse por todos los cielos, y dar nuevas de cuanto allá +pasaba, sin haberse movido del jardín. + +En resolución, éste fue el fin de la aventura de la dueña Dolorida, que dio +que reír a los duques, no sólo aquel tiempo, sino el de toda su vida, y que +contar a Sancho siglos, si los viviera; y, llegándose don Quijote a Sancho, +al oído le dijo: + +— Sancho, pues vos queréis que se os crea lo que habéis visto en el cielo, +yo quiero que vos me creáis a mí lo que vi en la cueva de Montesinos; y no +os digo más. + + + + +Capítulo XLII. De los consejos que dio don Quijote a Sancho Panza antes que +fuese a gobernar la ínsula, con otras cosas bien consideradas + +Con el felice y gracioso suceso de la aventura de la Dolorida, quedaron tan +contentos los duques, que determinaron pasar con las burlas adelante, +viendo el acomodado sujeto que tenían para que se tuviesen por veras; y +así, habiendo dado la traza y órdenes que sus criados y sus vasallos habían +de guardar con Sancho en el gobierno de la ínsula prometida, otro día, que +fue el que sucedió al vuelo de Clavileño, dijo el duque a Sancho que se +adeliñase y compusiese para ir a ser gobernador, que ya sus insulanos le +estaban esperando como el agua de mayo. Sancho se le humilló y le dijo: + +— Después que bajé del cielo, y después que desde su alta cumbre miré la +tierra y la vi tan pequeña, se templó en parte en mí la gana que tenía tan +grande de ser gobernador; porque, ¿qué grandeza es mandar en un grano de +mostaza, o qué dignidad o imperio el gobernar a media docena de hombres +tamaños como avellanas, que, a mi parecer, no había más en toda la tierra? +Si vuestra señoría fuese servido de darme una tantica parte del cielo, +aunque no fuese más de media legua, la tomaría de mejor gana que la mayor +ínsula del mundo. + +— Mirad, amigo Sancho —respondió el duque—: yo no puedo dar parte del cielo +a nadie, aunque no sea mayor que una uña, que a solo Dios están reservadas +esas mercedes y gracias. Lo que puedo dar os doy, que es una ínsula hecha y +derecha, redonda y bien proporcionada, y sobremanera fértil y abundosa, +donde si vos os sabéis dar maña, podéis con las riquezas de la tierra +granjear las del cielo. + +— Ahora bien —respondió Sancho—, venga esa ínsula, que yo pugnaré por ser +tal gobernador que, a pesar de bellacos, me vaya al cielo; y esto no es por +codicia que yo tenga de salir de mis casillas ni de levantarme a mayores, +sino por el deseo que tengo de probar a qué sabe el ser gobernador. + +— Si una vez lo probáis, Sancho —dijo el duque—, comeros heis las manos tras +el gobierno, por ser dulcísima cosa el mandar y ser obedecido. A buen +seguro que cuando vuestro dueño llegue a ser emperador, que lo será sin +duda, según van encaminadas sus cosas, que no se lo arranquen comoquiera, y +que le duela y le pese en la mitad del alma del tiempo que hubiere dejado +de serlo. + +— Señor —replicó Sancho—, yo imagino que es bueno mandar, aunque sea a un +hato de ganado. + +— Con vos me entierren, Sancho, que sabéis de todo —respondió el duque—, y +yo espero que seréis tal gobernador como vuestro juicio promete, y quédese +esto aquí y advertid que mañana en ese mesmo día habéis de ir al gobierno +de la ínsula, y esta tarde os acomodarán del traje conveniente que habéis +de llevar y de todas las cosas necesarias a vuestra partida. + +— Vístanme —dijo Sancho— como quisieren, que de cualquier manera que vaya +vestido seré Sancho Panza. + +— Así es verdad —dijo el duque—, pero los trajes se han de acomodar con el +oficio o dignidad que se profesa, que no sería bien que un jurisperito se +vistiese como soldado, ni un soldado como un sacerdote. Vos, Sancho, iréis +vestido parte de letrado y parte de capitán, porque en la ínsula que os doy +tanto son menester las armas como las letras, y las letras como las armas. + +— Letras —respondió Sancho—, pocas tengo, porque aún no sé el A, B, C; pero +bástame tener el Christus en la memoria para ser buen gobernador. De las +armas manejaré las que me dieren, hasta caer, y Dios delante. + +— Con tan buena memoria —dijo el duque—, no podrá Sancho errar en nada. + +En esto llegó don Quijote, y, sabiendo lo que pasaba y la celeridad con que +Sancho se había de partir a su gobierno, con licencia del duque le tomó por +la mano y se fue con él a su estancia, con intención de aconsejarle cómo se +había de haber en su oficio. + +Entrados, pues, en su aposento, cerró tras sí la puerta, y hizo casi por +fuerza que Sancho se sentase junto a él, y con reposada voz le dijo: + +— Infinitas gracias doy al cielo, Sancho amigo, de que, antes y primero que +yo haya encontrado con alguna buena dicha, te haya salido a ti a recebir y +a encontrar la buena ventura. Yo, que en mi buena suerte te tenía librada +la paga de tus servicios, me veo en los principios de aventajarme, y tú, +antes de tiempo, contra la ley del razonable discurso, te vees premiado de +tus deseos. Otros cohechan, importunan, solicitan, madrugan, ruegan, +porfían, y no alcanzan lo que pretenden; y llega otro, y sin saber cómo ni +cómo no, se halla con el cargo y oficio que otros muchos pretendieron; y +aquí entra y encaja bien el decir que hay buena y mala fortuna en las +pretensiones. Tú, que para mí, sin duda alguna, eres un porro, sin madrugar +ni trasnochar y sin hacer diligencia alguna, con solo el aliento que te ha +tocado de la andante caballería, sin más ni más te vees gobernador de una +ínsula, como quien no dice nada. Todo esto digo, ¡oh Sancho!, para que no +atribuyas a tus merecimientos la merced recebida, sino que des gracias al +cielo, que dispone suavemente las cosas, y después las darás a la grandeza +que en sí encierra la profesión de la caballería andante. Dispuesto, pues, +el corazón a creer lo que te he dicho, está, ¡oh hijo!, atento a este tu +Catón, que quiere aconsejarte y ser norte y guía que te encamine y saque a +seguro puerto deste mar proceloso donde vas a engolfarte; que los oficios y +grandes cargos no son otra cosa sino un golfo profundo de confusiones. +Primeramente, ¡oh hijo!, has de temer a Dios, porque en el temerle está la +sabiduría, y siendo sabio no podrás errar en nada. Lo segundo, has de poner +los ojos en quien eres, procurando conocerte a ti mismo, que es el más +difícil conocimiento que puede imaginarse. Del conocerte saldrá el no +hincharte como la rana que quiso igualarse con el buey, que si esto haces, +vendrá a ser feos pies de la rueda de tu locura la consideración de haber +guardado puercos en tu tierra. + +— Así es la verdad —respondió Sancho—, pero fue cuando muchacho; pero +después, algo hombrecillo, gansos fueron los que guardé, que no puercos; +pero esto paréceme a mí que no hace al caso, que no todos los que gobiernan +vienen de casta de reyes. + +— Así es verdad —replicó don Quijote—, por lo cual los no de principios +nobles deben acompañar la gravedad del cargo que ejercitan con una blanda +suavidad que, guiada por la prudencia, los libre de la murmuración +maliciosa, de quien no hay estado que se escape. Haz gala, Sancho, de la +humildad de tu linaje, y no te desprecies de decir que vienes de +labradores; porque, viendo que no te corres, ninguno se pondrá a correrte; +y préciate más de ser humilde virtuoso que pecador soberbio. Inumerables +son aquellos que, de baja estirpe nacidos, han subido a la suma dignidad +pontificia e imperatoria; y desta verdad te pudiera traer tantos ejemplos, +que te cansaran. Mira, Sancho: si tomas por medio a la virtud, y te precias +de hacer hechos virtuosos, no hay para qué tener envidia a los que los +tienen de príncipes y señores, porque la sangre se hereda y la virtud se +aquista, y la virtud vale por sí sola lo que la sangre no vale. Siendo esto +así, como lo es, que si acaso viniere a verte cuando estés en tu ínsula +alguno de tus parientes, no le deseches ni le afrentes; antes le has de +acoger, agasajar y regalar, que con esto satisfarás al cielo, que gusta que +nadie se desprecie de lo que él hizo, y corresponderás a lo que debes a la +naturaleza bien concertada. Si trujeres a tu mujer contigo (porque no es +bien que los que asisten a gobiernos de mucho tiempo estén sin las +propias), enséñala, doctrínala y desbástala de su natural rudeza, porque +todo lo que suele adquirir un gobernador discreto suele perder y derramar +una mujer rústica y tonta. Si acaso enviudares, cosa que puede suceder, y +con el cargo mejorares de consorte, no la tomes tal, que te sirva de +anzuelo y de caña de pescar, y del no quiero de tu capilla, porque en +verdad te digo que de todo aquello que la mujer del juez recibiere ha de +dar cuenta el marido en la residencia universal, donde pagará con el cuatro +tanto en la muerte las partidas de que no se hubiere hecho cargo en la +vida. Nunca te guíes por la ley del encaje, que suele tener mucha cabida +con los ignorantes que presumen de agudos. Hallen en ti más compasión las +lágrimas del pobre, pero no más justicia, que las informaciones del rico. +Procura descubrir la verdad por entre las promesas y dádivas del rico, como +por entre los sollozos e importunidades del pobre. Cuando pudiere y debiere +tener lugar la equidad, no cargues todo el rigor de la ley al delincuente, +que no es mejor la fama del juez riguroso que la del compasivo. Si acaso +doblares la vara de la justicia, no sea con el peso de la dádiva, sino con +el de la misericordia. Cuando te sucediere juzgar algún pleito de algún tu +enemigo, aparta las mientes de tu injuria y ponlas en la verdad del caso. +No te ciegue la pasión propia en la causa ajena, que los yerros que en ella +hicieres, las más veces, serán sin remedio; y si le tuvieren, será a costa +de tu crédito, y aun de tu hacienda. Si alguna mujer hermosa veniere a +pedirte justicia, quita los ojos de sus lágrimas y tus oídos de sus +gemidos, y considera de espacio la sustancia de lo que pide, si no quieres +que se anegue tu razón en su llanto y tu bondad en sus suspiros. Al que has +de castigar con obras no trates mal con palabras, pues le basta al +desdichado la pena del suplicio, sin la añadidura de las malas razones. Al +culpado que cayere debajo de tu juridición considérale hombre miserable, +sujeto a las condiciones de la depravada naturaleza nuestra, y en todo +cuanto fuere de tu parte, sin hacer agravio a la contraria, muéstratele +piadoso y clemente, porque, aunque los atributos de Dios todos son iguales, +más resplandece y campea a nuestro ver el de la misericordia que el de la +justicia. Si estos preceptos y estas reglas sigues, Sancho, serán luengos +tus días, tu fama será eterna, tus premios colmados, tu felicidad +indecible, casarás tus hijos como quisieres, títulos tendrán ellos y tus +nietos, vivirás en paz y beneplácito de las gentes, y en los últimos pasos +de la vida te alcanzará el de la muerte, en vejez suave y madura, y +cerrarán tus ojos las tiernas y delicadas manos de tus terceros netezuelos. +Esto que hasta aquí te he dicho son documentos que han de adornar tu alma; +escucha ahora los que han de servir para adorno del cuerpo. + + + + +Capítulo XLIII. De los consejos segundos que dio don Quijote a Sancho Panza + +¿Quién oyera el pasado razonamiento de don Quijote que no le tuviera por +persona muy cuerda y mejor intencionada? Pero, como muchas veces en el +progreso desta grande historia queda dicho, solamente disparaba en +tocándole en la caballería, y en los demás discursos mostraba tener claro y +desenfadado entendimiento, de manera que a cada paso desacreditaban sus +obras su juicio, y su juicio sus obras; pero en ésta destos segundos +documentos que dio a Sancho, mostró tener gran donaire, y puso su +discreción y su locura en un levantado punto. + +Atentísimamente le escuchaba Sancho, y procuraba conservar en la memoria +sus consejos, como quien pensaba guardarlos y salir por ellos a buen parto +de la preñez de su gobierno. Prosiguió, pues, don Quijote, y dijo: + +— En lo que toca a cómo has de gobernar tu persona y casa, Sancho, lo +primero que te encargo es que seas limpio, y que te cortes las uñas, sin +dejarlas crecer, como algunos hacen, a quien su ignorancia les ha dado a +entender que las uñas largas les hermosean las manos, como si aquel +escremento y añadidura que se dejan de cortar fuese uña, siendo antes +garras de cernícalo lagartijero: puerco y extraordinario abuso. No andes, +Sancho, desceñido y flojo, que el vestido descompuesto da indicios de ánimo +desmazalado, si ya la descompostura y flojedad no cae debajo de +socarronería, como se juzgó en la de Julio César. Toma con discreción el +pulso a lo que pudiere valer tu oficio, y si sufriere que des librea a tus +criados, dásela honesta y provechosa más que vistosa y bizarra, y repártela +entre tus criados y los pobres: quiero decir que si has de vestir seis +pajes, viste tres y otros tres pobres, y así tendrás pajes para el cielo y +para el suelo; y este nuevo modo de dar librea no la alcanzan los +vanagloriosos. No comas ajos ni cebollas, porque no saquen por el olor tu +villanería. Anda despacio; habla con reposo, pero no de manera que parezca +que te escuchas a ti mismo, que toda afectación es mala. Come poco y cena +más poco, que la salud de todo el cuerpo se fragua en la oficina del +estómago. Sé templado en el beber, considerando que el vino demasiado ni +guarda secreto ni cumple palabra. Ten cuenta, Sancho, de no mascar a dos +carrillos, ni de erutar delante de nadie. + +— Eso de erutar no entiendo —dijo Sancho. + +Y don Quijote le dijo: + +— Erutar, Sancho, quiere decir regoldar, y éste es uno de los más torpes +vocablos que tiene la lengua castellana, aunque es muy sinificativo; y así, +la gente curiosa se ha acogido al latín, y al regoldar dice erutar, y a los +regüeldos, erutaciones; y, cuando algunos no entienden estos términos, +importa poco, que el uso los irá introduciendo con el tiempo, que con +facilidad se entiendan; y esto es enriquecer la lengua, sobre quien tiene +poder el vulgo y el uso. + +— En verdad, señor —dijo Sancho—, que uno de los consejos y avisos que +pienso llevar en la memoria ha de ser el de no regoldar, porque lo suelo +hacer muy a menudo. + +— Erutar, Sancho, que no regoldar —dijo don Quijote. + +— Erutar diré de aquí adelante —respondió Sancho—, y a fee que no se me +olvide. + +— También, Sancho, no has de mezclar en tus pláticas la muchedumbre de +refranes que sueles; que, puesto que los refranes son sentencias breves, +muchas veces los traes tan por los cabellos, que más parecen disparates que +sentencias. + +— Eso Dios lo puede remediar —respondió Sancho—, porque sé más refranes que +un libro, y viénenseme tantos juntos a la boca cuando hablo, que riñen por +salir unos con otros, pero la lengua va arrojando los primeros que +encuentra, aunque no vengan a pelo. Mas yo tendré cuenta de aquí adelante +de decir los que convengan a la gravedad de mi cargo, que en casa llena +presto se guisa la cena, y quien destaja no baraja, y a buen salvo está el +que repica, y el dar y el tener seso ha menester. + +— ¡Eso sí, Sancho! —dijo don Quijote—: ¡encaja, ensarta, enhila refranes, +que nadie te va a la mano! ¡Castígame mi madre, y yo trómpogelas! Estoyte +diciendo que escuses refranes, y en un instante has echado aquí una letanía +dellos, que así cuadran con lo que vamos tratando como por los cerros de +Úbeda. Mira, Sancho, no te digo yo que parece mal un refrán traído a +propósito, pero cargar y ensartar refranes a troche moche hace la plática +desmayada y baja. Cuando subieres a caballo, no vayas echando el cuerpo +sobre el arzón postrero, ni lleves las piernas tiesas y tiradas y desviadas +de la barriga del caballo, ni tampoco vayas tan flojo que parezca que vas +sobre el rucio: que el andar a caballo a unos hace caballeros; a otros, +caballerizos. Sea moderado tu sueño, que el que no madruga con el sol, no +goza del día; y advierte, ¡oh Sancho!, que la diligencia es madre de la +buena ventura, y la pereza, su contraria, jamás llegó al término que pide +un buen deseo. Este último consejo que ahora darte quiero, puesto que no +sirva para adorno del cuerpo, quiero que le lleves muy en la memoria, que +creo que no te será de menos provecho que los que hasta aquí te he dado; y +es que jamás te pongas a disputar de linajes, a lo menos, comparándolos +entre sí, pues, por fuerza, en los que se comparan uno ha de ser el mejor, +y del que abatieres serás aborrecido, y del que levantares en ninguna +manera premiado. Tu vestido será calza entera, ropilla larga, herreruelo un +poco más largo; greguescos, ni por pienso, que no les están bien ni a los +caballeros ni a los gobernadores. Por ahora, esto se me ha ofrecido, +Sancho, que aconsejarte; andará el tiempo, y, según las ocasiones, así +serán mis documentos, como tú tengas cuidado de avisarme el estado en que +te hallares. + +— Señor —respondió Sancho—, bien veo que todo cuanto vuestra merced me ha +dicho son cosas buenas, santas y provechosas, pero ¿de qué han de servir, +si de ninguna me acuerdo? Verdad sea que aquello de no dejarme crecer las +uñas y de casarme otra vez, si se ofreciere, no se me pasará del magín, +pero esotros badulaques y enredos y revoltillos, no se me acuerda ni +acordará más dellos que de las nubes de antaño, y así, será menester que se +me den por escrito, que, puesto que no sé leer ni escribir, yo se los daré +a mi confesor para que me los encaje y recapacite cuando fuere menester. + +— ¡Ah, pecador de mí —respondió don Quijote—, y qué mal parece en los +gobernadores el no saber leer ni escribir!; porque has de saber, ¡oh +Sancho!, que no saber un hombre leer, o ser zurdo, arguye una de dos cosas: +o que fue hijo de padres demasiado de humildes y bajos, o él tan travieso +y malo que no pudo entrar en el buen uso ni la buena doctrina. Gran falta +es la que llevas contigo, y así, querría que aprendieses a firmar siquiera. + +— Bien sé firmar mi nombre —respondió Sancho—, que cuando fui prioste en mi +lugar, aprendí a hacer unas letras como de marca de fardo, que decían que +decía mi nombre; cuanto más, que fingiré que tengo tullida la mano derecha, +y haré que firme otro por mí; que para todo hay remedio, si no es para la +muerte; y, teniendo yo el mando y el palo, haré lo que quisiere; cuanto +más, que el que tiene el padre alcalde... Y, siendo yo gobernador, que es +más que ser alcalde, ¡llegaos, que la dejan ver! No, sino popen y +calóñenme, que vendrán por lana y volverán trasquilados; y a quien Dios +quiere bien, la casa le sabe; y las necedades del rico por sentencias pasan +en el mundo; y, siéndolo yo, siendo gobernador y juntamente liberal, como +lo pienso ser, no habrá falta que se me parezca. No, sino haceos miel, y +paparos han moscas; tanto vales cuanto tienes, decía una mi agüela, y del +hombre arraigado no te verás vengado. + +— ¡Oh, maldito seas de Dios, Sancho! —dijo a esta sazón don Quijote—. +¡Sesenta mil satanases te lleven a ti y a tus refranes! Una hora ha que los +estás ensartando y dándome con cada uno tragos de tormento. Yo te aseguro +que estos refranes te han de llevar un día a la horca; por ellos te han de +quitar el gobierno tus vasallos, o ha de haber entre ellos comunidades. +Dime, ¿dónde los hallas, ignorante, o cómo los aplicas, mentecato, que para +decir yo uno y aplicarle bien, sudo y trabajo como si cavase? + +— Por Dios, señor nuestro amo —replicó Sancho—, que vuesa merced se queja de +bien pocas cosas. ¿A qué diablos se pudre de que yo me sirva de mi +hacienda, que ninguna otra tengo, ni otro caudal alguno, sino refranes y +más refranes? Y ahora se me ofrecen cuatro que venían aquí pintiparados, o +como peras en tabaque, pero no los diré, porque al buen callar llaman +Sancho. + +— Ese Sancho no eres tú —dijo don Quijote—, porque no sólo no eres buen +callar, sino mal hablar y mal porfiar; y, con todo eso, querría saber qué +cuatro refranes te ocurrían ahora a la memoria que venían aquí a propósito, +que yo ando recorriendo la mía, que la tengo buena, y ninguno se me ofrece. + +— ¿Qué mejores —dijo Sancho— que "entre dos muelas cordales nunca pongas tus +pulgares", y "a idos de mi casa y qué queréis con mi mujer, no hay +responder", y "si da el cántaro en la piedra o la piedra en el cántaro, mal +para el cántaro", todos los cuales vienen a pelo? Que nadie se tome con su +gobernador ni con el que le manda, porque saldrá lastimado, como el que +pone el dedo entre dos muelas cordales, y aunque no sean cordales, como +sean muelas, no importa; y a lo que dijere el gobernador no hay que +replicar, como al "salíos de mi casa y qué queréis con mi mujer". Pues lo +de la piedra en el cántaro un ciego lo verá. Así que, es menester que el +que vee la mota en el ojo ajeno, vea la viga en el suyo, porque no se diga +por él: "espantóse la muerta de la degollada", y vuestra merced sabe bien +que más sabe el necio en su casa que el cuerdo en la ajena. + +— Eso no, Sancho —respondió don Quijote—, que el necio en su casa ni en la +ajena sabe nada, a causa que sobre el aumento de la necedad no asienta +ningún discreto edificio. Y dejemos esto aquí, Sancho, que si mal +gobernares, tuya será la culpa, y mía la vergüenza; mas consuélome que he +hecho lo que debía en aconsejarte con las veras y con la discreción a mí +posible: con esto salgo de mi obligación y de mi promesa. Dios te guíe, +Sancho, y te gobierne en tu gobierno, y a mí me saque del escrúpulo que me +queda que has de dar con toda la ínsula patas arriba, cosa que pudiera yo +escusar con descubrir al duque quién eres, diciéndole que toda esa gordura +y esa personilla que tienes no es otra cosa que un costal lleno de refranes +y de malicias. + +— Señor —replicó Sancho—, si a vuestra merced le parece que no soy de pro +para este gobierno, desde aquí le suelto, que más quiero un solo negro de +la uña de mi alma que a todo mi cuerpo; y así me sustentaré Sancho a secas +con pan y cebolla, como gobernador con perdices y capones; y más que, +mientras se duerme, todos son iguales, los grandes y los menores, los +pobres y los ricos; y si vuestra merced mira en ello, verá que sólo vuestra +merced me ha puesto en esto de gobernar: que yo no sé más de gobiernos de +ínsulas que un buitre; y si se imagina que por ser gobernador me ha de +llevar el diablo, más me quiero ir Sancho al cielo que gobernador al +infierno. + +— Por Dios, Sancho —dijo don Quijote—, que, por solas estas últimas razones +que has dicho, juzgo que mereces ser gobernador de mil ínsulas: buen +natural tienes, sin el cual no hay ciencia que valga; encomiéndate a Dios, +y procura no errar en la primera intención; quiero decir que siempre tengas +intento y firme propósito de acertar en cuantos negocios te ocurrieren, +porque siempre favorece el cielo los buenos deseos. Y vámonos a comer, que +creo que ya estos señores nos aguardan. + + + + +Capítulo XLIV. Cómo Sancho Panza fue llevado al gobierno, y de la estraña +aventura que en el castillo sucedió a don Quijote + +Dicen que en el propio original desta historia se lee que, llegando Cide +Hamete a escribir este capítulo, no le tradujo su intérprete como él le +había escrito, que fue un modo de queja que tuvo el moro de sí mismo, por +haber tomado entre manos una historia tan seca y tan limitada como esta de +don Quijote, por parecerle que siempre había de hablar dél y de Sancho, sin +osar estenderse a otras digresiones y episodios más graves y más +entretenidos; y decía que el ir siempre atenido el entendimiento, la mano y +la pluma a escribir de un solo sujeto y hablar por las bocas de pocas +personas era un trabajo incomportable, cuyo fruto no redundaba en el de su +autor, y que, por huir deste inconveniente, había usado en la primera parte +del artificio de algunas novelas, como fueron la del Curioso impertinente y +la del Capitán cautivo, que están como separadas de la historia, puesto que +las demás que allí se cuentan son casos sucedidos al mismo don Quijote, que +no podían dejar de escribirse. También pensó, como él dice, que muchos, +llevados de la atención que piden las hazañas de don Quijote, no la darían +a las novelas, y pasarían por ellas, o con priesa o con enfado, sin +advertir la gala y artificio que en sí contienen, el cual se mostrara bien +al descubierto cuando, por sí solas, sin arrimarse a las locuras de don +Quijote ni a las sandeces de Sancho, salieran a luz. Y así, en esta segunda +parte no quiso ingerir novelas sueltas ni pegadizas, sino algunos episodios +que lo pareciesen, nacidos de los mesmos sucesos que la verdad ofrece; y +aun éstos, limitadamente y con solas las palabras que bastan a +declararlos; y, pues se contiene y cierra en los estrechos límites de la +narración, teniendo habilidad, suficiencia y entendimiento para tratar del +universo todo, pide no se desprecie su trabajo, y se le den alabanzas, no +por lo que escribe, sino por lo que ha dejado de escribir. + +Y luego prosigue la historia diciendo que, en acabando de comer don +Quijote, el día que dio los consejos a Sancho, aquella tarde se los dio +escritos, para que él buscase quien se los leyese; pero, apenas se los hubo +dado, cuando se le cayeron y vinieron a manos del duque, que los comunicó +con la duquesa, y los dos se admiraron de nuevo de la locura y del ingenio +de don Quijote; y así, llevando adelante sus burlas, aquella tarde enviaron +a Sancho con mucho acompañamiento al lugar que para él había de ser ínsula. + +Acaeció, pues, que el que le llevaba a cargo era un mayordomo del duque, +muy discreto y muy gracioso —que no puede haber gracia donde no hay +discreción—, el cual había hecho la persona de la condesa Trifaldi, con el +donaire que queda referido; y con esto, y con ir industriado de sus +señores de cómo se había de haber con Sancho, salió con su intento +maravillosamente. Digo, pues, que acaeció que, así como Sancho vio al tal +mayordomo, se le figuró en su rostro el mesmo de la Trifaldi, y, +volviéndose a su señor, le dijo: + +— Señor, o a mí me ha de llevar el diablo de aquí de donde estoy, en justo +y en creyente, o vuestra merced me ha de confesar que el rostro deste +mayordomo del duque, que aquí está, es el mesmo de la Dolorida. + +Miró don Quijote atentamente al mayordomo, y, habiéndole mirado, dijo a +Sancho: + +— No hay para qué te lleve el diablo, Sancho, ni en justo ni en creyente, +que no sé lo que quieres decir; que el rostro de la Dolorida es el del +mayordomo, pero no por eso el mayordomo es la Dolorida; que, a serlo, +implicaría contradición muy grande, y no es tiempo ahora de hacer estas +averiguaciones, que sería entrarnos en intricados laberintos. Créeme, +amigo, que es menester rogar a Nuestro Señor muy de veras que nos libre a +los dos de malos hechiceros y de malos encantadores. + +— No es burla, señor —replicó Sancho—, sino que denantes le oí hablar, y no +pareció sino que la voz de la Trifaldi me sonaba en los oídos. Ahora bien, +yo callaré, pero no dejaré de andar advertido de aquí adelante, a ver si +descubre otra señal que confirme o desfaga mi sospecha. + +— Así lo has de hacer, Sancho —dijo don Quijote—, y darásme aviso de todo lo +que en este caso descubrieres y de todo aquello que en el gobierno te +sucediere. + +Salió, en fin, Sancho, acompañado de mucha gente, vestido a lo letrado, y +encima un gabán muy ancho de chamelote de aguas leonado, con una montera de +lo mesmo, sobre un macho a la jineta, y detrás dél, por orden del duque, +iba el rucio con jaeces y ornamentos jumentiles de seda y flamantes. Volvía +Sancho la cabeza de cuando en cuando a mirar a su asno, con cuya compañía +iba tan contento que no se trocara con el emperador de Alemaña. + +Al despedirse de los duques, les besó las manos, y tomó la bendición de su +señor, que se la dio con lágrimas, y Sancho la recibió con pucheritos. + +Deja, lector amable, ir en paz y en hora buena al buen Sancho, y espera dos +fanegas de risa, que te ha de causar el saber cómo se portó en su cargo, y, +en tanto, atiende a saber lo que le pasó a su amo aquella noche; que si con +ello no rieres, por lo menos desplegarás los labios con risa de jimia, +porque los sucesos de don Quijote, o se han de celebrar con admiración, o +con risa. + +Cuéntase, pues, que, apenas se hubo partido Sancho, cuando don Quijote +sintió su soledad; y si le fuera posible revocarle la comisión y quitarle +el gobierno, lo hiciera. Conoció la duquesa su melancolía, y preguntóle que +de qué estaba triste; que si era por la ausencia de Sancho, que escuderos, +dueñas y doncellas había en su casa que le servirían muy a satisfación de +su deseo. + +— Verdad es, señora mía —respondió don Quijote—, que siento la ausencia de +Sancho, pero no es ésa la causa principal que me hace parecer que estoy +triste, y, de los muchos ofrecimientos que vuestra excelencia me hace, +solamente acepto y escojo el de la voluntad con que se me hacen, y, en lo +demás, suplico a Vuestra Excelencia que dentro de mi aposento consienta y +permita que yo solo sea el que me sirva. + +— En verdad —dijo la duquesa—, señor don Quijote, que no ha de ser así: que +le han de servir cuatro doncellas de las mías, hermosas como unas flores. + +— Para mí —respondió don Quijote— no serán ellas como flores, sino como +espinas que me puncen el alma. Así entrarán ellas en mi aposento, ni cosa +que lo parezca, como volar. Si es que vuestra grandeza quiere llevar +adelante el hacerme merced sin yo merecerla, déjeme que yo me las haya +conmigo, y que yo me sirva de mis puertas adentro, que yo ponga una muralla +en medio de mis deseos y de mi honestidad; y no quiero perder esta +costumbre por la liberalidad que vuestra alteza quiere mostrar conmigo. Y, +en resolución, antes dormiré vestido que consentir que nadie me desnude. + +— No más, no más, señor don Quijote —replicó la duquesa—. Por mí digo que +daré orden que ni aun una mosca entre en su estancia, no que una doncella; +no soy yo persona, que por mí se ha de descabalar la decencia del señor don +Quijote; que, según se me ha traslucido, la que más campea entre sus muchas +virtudes es la de la honestidad. Desnúdese vuesa merced y vístase a sus +solas y a su modo, como y cuando quisiere, que no habrá quien lo impida, +pues dentro de su aposento hallará los vasos necesarios al menester del que +duerme a puerta cerrada, porque ninguna natural necesidad le obligue a que +la abra. Viva mil siglos la gran Dulcinea del Toboso, y sea su nombre +estendido por toda la redondez de la tierra, pues mereció ser amada de tan +valiente y tan honesto caballero, y los benignos cielos infundan en el +corazón de Sancho Panza, nuestro gobernador, un deseo de acabar presto sus +diciplinas, para que vuelva a gozar el mundo de la belleza de tan gran +señora. + +A lo cual dijo don Quijote: + +— Vuestra altitud ha hablado como quien es, que en la boca de las buenas +señoras no ha de haber ninguna que sea mala; y más venturosa y más conocida +será en el mundo Dulcinea por haberla alabado vuestra grandeza, que por +todas las alabanzas que puedan darle los más elocuentes de la tierra. + +— Agora bien, señor don Quijote —replicó la duquesa—, la hora de cenar se +llega, y el duque debe de esperar: venga vuesa merced y cenemos, y +acostaráse temprano, que el viaje que ayer hizo de Candaya no fue tan corto +que no haya causado algún molimiento. + +— No siento ninguno, señora —respondió don Quijote—, porque osaré jurar a +Vuestra Excelencia que en mi vida he subido sobre bestia más reposada ni de +mejor paso que Clavileño; y no sé yo qué le pudo mover a Malambruno para +deshacerse de tan ligera y tan gentil cabalgadura, y abrasarla así, sin más +ni más. + +— A eso se puede imaginar —respondió la duquesa— que, arrepentido del mal +que había hecho a la Trifaldi y compañía, y a otras personas, y de las +maldades que como hechicero y encantador debía de haber cometido, quiso +concluir con todos los instrumentos de su oficio, y, como a principal y que +más le traía desasosegado, vagando de tierra en tierra, abrasó a Clavileño; +que con sus abrasadas cenizas y con el trofeo del cartel queda eterno el +valor del gran don Quijote de la Mancha. + +De nuevo nuevas gracias dio don Quijote a la duquesa, y, en cenando, don +Quijote se retiró en su aposento solo, sin consentir que nadie entrase con +él a servirle: tanto se temía de encontrar ocasiones que le moviesen o +forzasen a perder el honesto decoro que a su señora Dulcinea guardaba, +siempre puesta en la imaginación la bondad de Amadís, flor y espejo de los +andantes caballeros. Cerró tras sí la puerta, y a la luz de dos velas de +cera se desnudó, y al descalzarse —¡oh desgracia indigna de tal persona!— +se le soltaron, no suspiros, ni otra cosa, que desacreditasen la limpieza +de su policía, sino hasta dos docenas de puntos de una media, que quedó +hecha celosía. Afligióse en estremo el buen señor, y diera él por tener +allí un adarme de seda verde una onza de plata; digo seda verde porque las +medias eran verdes. + +Aquí exclamó Benengeli, y, escribiendo, dijo ''¡Oh pobreza, pobreza! ¡No sé +yo con qué razón se movió aquel gran poeta cordobés a llamarte + +dádiva santa desagradecida! + +Yo, aunque moro, bien sé, por la comunicación que he tenido con cristianos, +que la santidad consiste en la caridad, humildad, fee, obediencia y +pobreza; pero, con todo eso, digo que ha de tener mucho de Dios el que se +viniere a contentar con ser pobre, si no es de aquel modo de pobreza de +quien dice uno de sus mayores santos: "Tened todas las cosas como si no las +tuviésedes"; y a esto llaman pobreza de espíritu; pero tú, segunda pobreza, +que eres de la que yo hablo, ¿por qué quieres estrellarte con los hidalgos +y bien nacidos más que con la otra gente? ¿Por qué los obligas a dar +pantalia a los zapatos, y a que los botones de sus ropillas unos sean de +seda, otros de cerdas, y otros de vidro? ¿Por qué sus cuellos, por la mayor +parte, han de ser siempre escarolados, y no abiertos con molde?'' Y en esto +se echará de ver que es antiguo el uso del almidón y de los cuellos +abiertos. Y prosiguió: ''¡Miserable del bien nacido que va dando pistos a +su honra, comiendo mal y a puerta cerrada, haciendo hipócrita al palillo de +dientes con que sale a la calle después de no haber comido cosa que le +obligue a limpiárselos! ¡Miserable de aquel, digo, que tiene la honra +espantadiza, y piensa que desde una legua se le descubre el remiendo del +zapato, el trasudor del sombrero, la hilaza del herreruelo y la hambre de +su estómago!'' + +Todo esto se le renovó a don Quijote en la soltura de sus puntos, pero +consolóse con ver que Sancho le había dejado unas botas de camino, que +pensó ponerse otro día. Finalmente, él se recostó pensativo y pesaroso, así +de la falta que Sancho le hacía como de la inreparable desgracia de sus +medias, a quien tomara los puntos, aunque fuera con seda de otra color, que +es una de las mayores señales de miseria que un hidalgo puede dar en el +discurso de su prolija estrecheza. Mató las velas; hacía calor y no podía +dormir; levantóse del lecho y abrió un poco la ventana de una reja que daba +sobre un hermoso jardín, y, al abrirla, sintió y oyó que andaba y hablaba +gente en el jardín. Púsose a escuchar atentamente. Levantaron la voz los de +abajo, tanto, que pudo oír estas razones: + +— No me porfíes, ¡oh Emerencia!, que cante, pues sabes que, desde el punto +que este forastero entró en este castillo y mis ojos le miraron, yo no sé +cantar, sino llorar; cuanto más, que el sueño de mi señora tiene más de +ligero que de pesado, y no querría que nos hallase aquí por todo el tesoro +del mundo. Y, puesto caso que durmiese y no despertase, en vano sería mi +canto si duerme y no despierta para oírle este nuevo Eneas, que ha llegado +a mis regiones para dejarme escarnida. + +— No des en eso, Altisidora amiga —respondieron—, que sin duda la duquesa y +cuantos hay en esa casa duermen, si no es el señor de tu corazón y el +despertador de tu alma, porque ahora sentí que abría la ventana de la reja +de su estancia, y sin duda debe de estar despierto; canta, lastimada mía, +en tono bajo y suave al son de tu arpa, y, cuando la duquesa nos sienta, le +echaremos la culpa al calor que hace. + +— No está en eso el punto, ¡oh Emerencia! —respondió la Altisidora—, sino en +que no querría que mi canto descubriese mi corazón y fuese juzgada de los +que no tienen noticia de las fuerzas poderosas de amor por doncella +antojadiza y liviana. Pero venga lo que viniere, que más vale vergüenza en +cara que mancilla en corazón. + +Y, en esto, sintió tocar una arpa suavísimamente. Oyendo lo cual, quedó don +Quijote pasmado, porque en aquel instante se le vinieron a la memoria las +infinitas aventuras semejantes a aquélla, de ventanas, rejas y jardines, +músicas, requiebros y desvanecimientos que en los sus desvanecidos libros +de caballerías había leído. Luego imaginó que alguna doncella de la duquesa +estaba dél enamorada, y que la honestidad la forzaba a tener secreta su +voluntad; temió no le rindiese, y propuso en su pensamiento el no dejarse +vencer; y, encomendándose de todo buen ánimo y buen talante a su señora +Dulcinea del Toboso, determinó de escuchar la música; y, para dar a +entender que allí estaba, dio un fingido estornudo, de que no poco se +alegraron las doncellas, que otra cosa no deseaban sino que don Quijote las +oyese. Recorrida, pues, y afinada la arpa, Altisidora dio principio a este +romance: + +-¡Oh, tú, que estás en tu lecho, +entre sábanas de holanda, +durmiendo a pierna tendida +de la noche a la mañana, +caballero el más valiente +que ha producido la Mancha, +más honesto y más bendito +que el oro fino de Arabia! +Oye a una triste doncella, +bien crecida y mal lograda, +que en la luz de tus dos soles +se siente abrasar el alma. +Tú buscas tus aventuras, +y ajenas desdichas hallas; +das las feridas, y niegas +el remedio de sanarlas. +Dime, valeroso joven, +que Dios prospere tus ansias, +si te criaste en la Libia, +o en las montañas de Jaca; +si sierpes te dieron leche; +si, a dicha, fueron tus amas +la aspereza de las selvas +y el horror de las montañas. +Muy bien puede Dulcinea, +doncella rolliza y sana, +preciarse de que ha rendido +a una tigre y fiera brava. +Por esto será famosa +desde Henares a Jarama, +desde el Tajo a Manzanares, +desde Pisuerga hasta Arlanza. +Trocáreme yo por ella, +y diera encima una saya +de las más gayadas mías, +que de oro le adornan franjas. +¡Oh, quién se viera en tus brazos, +o si no, junto a tu cama, +rascándote la cabeza +y matándote la caspa! +Mucho pido, y no soy digna +de merced tan señalada: +los pies quisiera traerte, +que a una humilde esto le basta. +¡Oh, qué de cofias te diera, +qué de escarpines de plata, +qué de calzas de damasco, +qué de herreruelos de holanda! +¡Qué de finísimas perlas, +cada cual como una agalla, +que, a no tener compañeras, +Las solas fueran llamadas! +No mires de tu Tarpeya +este incendio que me abrasa, +Nerón manchego del mundo, +ni le avives con tu saña. +Niña soy, pulcela tierna, +mi edad de quince no pasa: +catorce tengo y tres meses, +te juro en Dios y en mi ánima. +No soy renca, ni soy coja, +ni tengo nada de manca; +los cabellos, como lirios, +que, en pie, por el suelo arrastran. +Y, aunque es mi boca aguileña +y la nariz algo chata, +ser mis dientes de topacios +mi belleza al cielo ensalza. +Mi voz, ya ves, si me escuchas, +que a la que es más dulce iguala, +y soy de disposición +algo menos que mediana. +Estas y otras gracias mías, +son despojos de tu aljaba; +desta casa soy doncella, +y Altisidora me llaman. + +Aquí dio fin el canto de la malferida Altisidora, y comenzó el asombro del +requirido don Quijote, el cual, dando un gran suspiro, dijo entre sí: + +— ¡Que tengo de ser tan desdichado andante, que no ha de haber doncella que +me mire que de mí no se enamore...! ¡Que tenga de ser tan corta de ventura +la sin par Dulcinea del Toboso, que no la han de dejar a solas gozar de la +incomparable firmeza mía...! ¿Qué la queréis, reinas? ¿A qué la perseguís, +emperatrices? ¿Para qué la acosáis, doncellas de a catorce a quince años? +Dejad, dejad a la miserable que triunfe, se goce y ufane con la suerte que +Amor quiso darle en rendirle mi corazón y entregarle mi alma. Mirad, +caterva enamorada, que para sola Dulcinea soy de masa y de alfenique, y +para todas las demás soy de pedernal; para ella soy miel, y para vosotras +acíbar; para mí sola Dulcinea es la hermosa, la discreta, la honesta, la +gallarda y la bien nacida, y las demás, las feas, las necias, las livianas +y las de peor linaje; para ser yo suyo, y no de otra alguna, me arrojó la +naturaleza al mundo. Llore o cante Altisidora; desespérese Madama, por +quien me aporrearon en el castillo del moro encantado, que yo tengo de ser +de Dulcinea, cocido o asado, limpio, bien criado y honesto, a pesar de +todas las potestades hechiceras de la tierra. + +Y, con esto, cerró de golpe la ventana, y, despechado y pesaroso, como si +le hubiera acontecido alguna gran desgracia, se acostó en su lecho, donde +le dejaremos por ahora, porque nos está llamando el gran Sancho Panza, que +quiere dar principio a su famoso gobierno. + + + + +Capítulo XLV. De cómo el gran Sancho Panza tomó la posesión de su ínsula, y +del modo que comenzó a gobernar + +¡Oh perpetuo descubridor de los antípodas, hacha del mundo, ojo del cielo, +meneo dulce de las cantimploras, Timbrio aquí, Febo allí, tirador acá, +médico acullá, padre de la Poesía, inventor de la Música: tú que siempre +sales, y, aunque lo parece, nunca te pones! A ti digo, ¡oh sol, con cuya +ayuda el hombre engendra al hombre!; a ti digo que me favorezcas, y +alumbres la escuridad de mi ingenio, para que pueda discurrir por sus +puntos en la narración del gobierno del gran Sancho Panza; que sin ti, yo +me siento tibio, desmazalado y confuso. + +Digo, pues, que con todo su acompañamiento llegó Sancho a un lugar de hasta +mil vecinos, que era de los mejores que el duque tenía. Diéronle a entender +que se llamaba la ínsula Barataria, o ya porque el lugar se llamaba +Baratario, o ya por el barato con que se le había dado el gobierno. Al +llegar a las puertas de la villa, que era cercada, salió el regimiento del +pueblo a recebirle; tocaron las campanas, y todos los vecinos dieron +muestras de general alegría, y con mucha pompa le llevaron a la iglesia +mayor a dar gracias a Dios, y luego, con algunas ridículas ceremonias, le +entregaron las llaves del pueblo, y le admitieron por perpetuo gobernador +de la ínsula Barataria. + +El traje, las barbas, la gordura y pequeñez del nuevo gobernador tenía +admirada a toda la gente que el busilis del cuento no sabía, y aun a todos +los que lo sabían, que eran muchos. Finalmente, en sacándole de la iglesia, +le llevaron a la silla del juzgado y le sentaron en ella; y el mayordomo +del duque le dijo: + +— Es costumbre antigua en esta ínsula, señor gobernador, que el que viene a +tomar posesión desta famosa ínsula está obligado a responder a una pregunta +que se le hiciere, que sea algo intricada y dificultosa, de cuya respuesta +el pueblo toma y toca el pulso del ingenio de su nuevo gobernador; y así, o +se alegra o se entristece con su venida. + +En tanto que el mayordomo decía esto a Sancho, estaba él mirando unas +grandes y muchas letras que en la pared frontera de su silla estaban +escritas; y, como él no sabía leer, preguntó que qué eran aquellas pinturas +que en aquella pared estaban. Fuele respondido: + +— Señor, allí esta escrito y notado el día en que Vuestra Señoría tomó +posesión desta ínsula, y dice el epitafio: Hoy día, a tantos de tal mes y +de tal año, tomó la posesión desta ínsula el señor don Sancho Panza, que +muchos años la goce. + +— Y ¿a quién llaman don Sancho Panza? —preguntó Sancho. + +— A vuestra señoría —respondió el mayordomo—, que en esta ínsula no ha +entrado otro Panza sino el que está sentado en esa silla. + +— Pues advertid, hermano —dijo Sancho—, que yo no tengo don, ni en todo mi +linaje le ha habido: Sancho Panza me llaman a secas, y Sancho se llamó mi +padre, y Sancho mi agüelo, y todos fueron Panzas, sin añadiduras de dones +ni donas; y yo imagino que en esta ínsula debe de haber más dones que +piedras; pero basta: Dios me entiende, y podrá ser que, si el gobierno me +dura cuatro días, yo escardaré estos dones, que, por la muchedumbre, deben +de enfadar como los mosquitos. Pase adelante con su pregunta el señor +mayordomo, que yo responderé lo mejor que supiere, ora se entristezca o no +se entristezca el pueblo. + +A este instante entraron en el juzgado dos hombres, el uno vestido de +labrador y el otro de sastre, porque traía unas tijeras en la mano, y el +sastre dijo: + +— Señor gobernador, yo y este hombre labrador venimos ante vuestra merced en +razón que este buen hombre llegó a mi tienda ayer (que yo, con perdón de +los presentes, soy sastre examinado, que Dios sea bendito), y, poniéndome +un pedazo de paño en las manos, me preguntó: ''Señor, ¿habría en esto +paño harto para hacerme una caperuza?'' Yo, tanteando el paño, le respondí +que sí; él debióse de imaginar, a lo que yo imagino, e imaginé bien, que +sin duda yo le quería hurtar alguna parte del paño, fundándose en su +malicia y en la mala opinión de los sastres, y replicóme que mirase si +habría para dos; adivinéle el pensamiento y díjele que sí; y él, caballero +en su dañada y primera intención, fue añadiendo caperuzas, y yo añadiendo +síes, hasta que llegamos a cinco caperuzas, y ahora en este punto acaba de +venir por ellas: yo se las doy, y no me quiere pagar la hechura, antes me +pide que le pague o vuelva su paño. + +— ¿Es todo esto así, hermano? —preguntó Sancho. + +— Sí, señor —respondió el hombre—, pero hágale vuestra merced que muestre +las cinco caperuzas que me ha hecho. + +— De buena gana —respondió el sastre. + +Y, sacando encontinente la mano debajo del herreruelo, mostró en ella cinco +caperuzas puestas en las cinco cabezas de los dedos de la mano, y dijo: + +— He aquí las cinco caperuzas que este buen hombre me pide, y en Dios y en +mi conciencia que no me ha quedado nada del paño, y yo daré la obra a vista +de veedores del oficio. + +Todos los presentes se rieron de la multitud de las caperuzas y del nuevo +pleito. Sancho se puso a considerar un poco, y dijo: + +— Paréceme que en este pleito no ha de haber largas dilaciones, sino juzgar +luego a juicio de buen varón; y así, yo doy por sentencia que el sastre +pierda las hechuras, y el labrador el paño, y las caperuzas se lleven a los +presos de la cárcel, y no haya más. + +Si la sentencia pasada de la bolsa del ganadero movió a admiración a los +circunstantes, ésta les provocó a risa; pero, en fin, se hizo lo que mandó +el gobernador; ante el cual se presentaron dos hombres ancianos; el uno +traía una cañaheja por báculo, y el sin báculo dijo: + +— Señor, a este buen hombre le presté días ha diez escudos de oro en oro, +por hacerle placer y buena obra, con condición que me los volviese cuando +se los pidiese; pasáronse muchos días sin pedírselos, por no ponerle en +mayor necesidad de volvérmelos que la que él tenía cuando yo se los presté; +pero, por parecerme que se descuidaba en la paga, se los he pedido una y +muchas veces, y no solamente no me los vuelve, pero me los niega y dice que +nunca tales diez escudos le presté, y que si se los presté, que ya me los +ha vuelto. Yo no tengo testigos ni del prestado ni de la vuelta, porque no +me los ha vuelto; querría que vuestra merced le tomase juramento, y si +jurare que me los ha vuelto, yo se los perdono para aquí y para delante de +Dios. + +— ¿Qué decís vos a esto, buen viejo del báculo? —dijo Sancho. + +A lo que dijo el viejo: + +— Yo, señor, confieso que me los prestó, y baje vuestra merced esa vara; y, +pues él lo deja en mi juramento, yo juraré como se los he vuelto y pagado +real y verdaderamente. + +Bajó el gobernador la vara, y, en tanto, el viejo del báculo dio el báculo +al otro viejo, que se le tuviese en tanto que juraba, como si le embarazara +mucho, y luego puso la mano en la cruz de la vara, diciendo que era verdad +que se le habían prestado aquellos diez escudos que se le pedían; pero que +él se los había vuelto de su mano a la suya, y que por no caer en ello se +los volvía a pedir por momentos. Viendo lo cual el gran gobernador, +preguntó al acreedor qué respondía a lo que decía su contrario; y dijo que +sin duda alguna su deudor debía de decir verdad, porque le tenía por hombre +de bien y buen cristiano, y que a él se le debía de haber olvidado el cómo +y cuándo se los había vuelto, y que desde allí en adelante jamás le pidiría +nada. Tornó a tomar su báculo el deudor, y, bajando la cabeza, se salió del +juzgado. Visto lo cual Sancho, y que sin más ni más se iba, y viendo +también la paciencia del demandante, inclinó la cabeza sobre el pecho, y, +poniéndose el índice de la mano derecha sobre las cejas y las narices, +estuvo como pensativo un pequeño espacio, y luego alzó la cabeza y mandó +que le llamasen al viejo del báculo, que ya se había ido. Trujéronsele, y, +en viéndole Sancho, le dijo: + +— Dadme, buen hombre, ese báculo, que le he menester. + +— De muy buena gana —respondió el viejo—: hele aquí, señor. + +Y púsosele en la mano. Tomóle Sancho, y, dándosele al otro viejo, le dijo: + +— Andad con Dios, que ya vais pagado. + +— ¿Yo, señor? —respondió el viejo—. Pues, ¿vale esta cañaheja diez escudos +de oro? + +— Sí —dijo el gobernador—; o si no, yo soy el mayor porro del mundo. Y ahora +se verá si tengo yo caletre para gobernar todo un reino. + +Y mandó que allí, delante de todos, se rompiese y abriese la caña. Hízose +así, y en el corazón della hallaron diez escudos en oro. Quedaron todos +admirados, y tuvieron a su gobernador por un nuevo Salomón. + +Preguntáronle de dónde había colegido que en aquella cañaheja estaban +aquellos diez escudos, y respondió que de haberle visto dar el viejo que +juraba, a su contrario, aquel báculo, en tanto que hacía el juramento, y +jurar que se los había dado real y verdaderamente, y que, en acabando de +jurar, le tornó a pedir el báculo, le vino a la imaginación que dentro dél +estaba la paga de lo que pedían. De donde se podía colegir que los que +gobiernan, aunque sean unos tontos, tal vez los encamina Dios en sus +juicios; y más, que él había oído contar otro caso como aquél al cura de su +lugar, y que él tenía tan gran memoria, que, a no olvidársele todo aquello +de que quería acordarse, no hubiera tal memoria en toda la ínsula. +Finalmente, el un viejo corrido y el otro pagado, se fueron, y los +presentes quedaron admirados, y el que escribía las palabras, hechos y +movimientos de Sancho no acababa de determinarse si le tendría y pondría +por tonto o por discreto. + +Luego, acabado este pleito, entró en el juzgado una mujer asida fuertemente +de un hombre vestido de ganadero rico, la cual venía dando grandes voces, +diciendo: + +— ¡Justicia, señor gobernador, justicia, y si no la hallo en la tierra, la +iré a buscar al cielo! Señor gobernador de mi ánima, este mal hombre me ha +cogido en la mitad dese campo, y se ha aprovechado de mi cuerpo como si +fuera trapo mal lavado, y, ¡desdichada de mí!, me ha llevado lo que yo +tenía guardado más de veinte y tres años ha, defendiéndolo de moros y +cristianos, de naturales y estranjeros; y yo, siempre dura como un +alcornoque, conservándome entera como la salamanquesa en el fuego, o como +la lana entre las zarzas, para que este buen hombre llegase ahora con sus +manos limpias a manosearme. + +— Aun eso está por averiguar: si tiene limpias o no las manos este galán +— dijo Sancho. + +Y, volviéndose al hombre, le dijo qué decía y respondía a la querella de +aquella mujer. El cual, todo turbado, respondió: + +— Señores, yo soy un pobre ganadero de ganado de cerda, y esta mañana salía +deste lugar de vender, con perdón sea dicho, cuatro puercos, que me +llevaron de alcabalas y socaliñas poco menos de lo que ellos valían; +volvíame a mi aldea, topé en el camino a esta buena dueña, y el diablo, que +todo lo añasca y todo lo cuece, hizo que yogásemos juntos; paguéle lo +soficiente, y ella, mal contenta, asió de mí, y no me ha dejado hasta +traerme a este puesto. Dice que la forcé, y miente, para el juramento que +hago o pienso hacer; y ésta es toda la verdad, sin faltar meaja. + +Entonces el gobernador le preguntó si traía consigo algún dinero en plata; +él dijo que hasta veinte ducados tenía en el seno, en una bolsa de cuero. +Mandó que la sacase y se la entregase, así como estaba, a la querellante; +él lo hizo temblando; tomóla la mujer, y, haciendo mil zalemas a todos y +rogando a Dios por la vida y salud del señor gobernador, que así miraba por +las huérfanas menesterosas y doncellas; y con esto se salió del juzgado, +llevando la bolsa asida con entrambas manos, aunque primero miró si era de +plata la moneda que llevaba dentro. + +Apenas salió, cuando Sancho dijo al ganadero, que ya se le saltaban las +lágrimas, y los ojos y el corazón se iban tras su bolsa: + +— Buen hombre, id tras aquella mujer y quitadle la bolsa, aunque no quiera, +y volved aquí con ella. + +Y no lo dijo a tonto ni a sordo, porque luego partió como un rayo y fue a +lo que se le mandaba. Todos los presentes estaban suspensos, esperando el +fin de aquel pleito, y de allí a poco volvieron el hombre y la mujer más +asidos y aferrados que la vez primera: ella la saya levantada y en el +regazo puesta la bolsa, y el hombre pugnando por quitársela; mas no era +posible, según la mujer la defendía, la cual daba voces diciendo: + +— ¡Justicia de Dios y del mundo! Mire vuestra merced, señor gobernador, la +poca vergüenza y el poco temor deste desalmado, que, en mitad de poblado y +en mitad de la calle, me ha querido quitar la bolsa que vuestra merced +mandó darme. + +— Y ¿háosla quitado? —preguntó el gobernador. + +— ¿Cómo quitar? —respondió la mujer—. Antes me dejara yo quitar la vida que +me quiten la bolsa. ¡Bonita es la niña! ¡Otros gatos me han de echar a las +barbas, que no este desventurado y asqueroso! ¡Tenazas y martillos, mazos y +escoplos no serán bastantes a sacármela de las uñas, ni aun garras de +leones: antes el ánima de en mitad en mitad de las carnes! + +— Ella tiene razón —dijo el hombre—, y yo me doy por rendido y sin fuerzas, +y confieso que las mías no son bastantes para quitársela, y déjola. + +Entonces el gobernador dijo a la mujer: + +— Mostrad, honrada y valiente, esa bolsa. + +Ella se la dio luego, y el gobernador se la volvió al hombre, y dijo a la +esforzada y no forzada: + +— Hermana mía, si el mismo aliento y valor que habéis mostrado para defender +esta bolsa le mostrárades, y aun la mitad menos, para defender vuestro +cuerpo, las fuerzas de Hércules no os hicieran fuerza. Andad con Dios, y +mucho de enhoramala, y no paréis en toda esta ínsula ni en seis leguas a la +redonda, so pena de docientos azotes. ¡Andad luego digo, churrillera, +desvergonzada y embaidora! + +Espantóse la mujer y fuese cabizbaja y mal contenta, y el gobernador dijo +al hombre: + +— Buen hombre, andad con Dios a vuestro lugar con vuestro dinero, y de aquí +adelante, si no le queréis perder, procurad que no os venga en voluntad de +yogar con nadie. + +El hombre le dio las gracias lo peor que supo, y fuese, y los circunstantes +quedaron admirados de nuevo de los juicios y sentencias de su nuevo +gobernador. Todo lo cual, notado de su coronista, fue luego escrito al +duque, que con gran deseo lo estaba esperando. + +Y quédese aquí el buen Sancho, que es mucha la priesa que nos da su amo, +alborozado con la música de Altisidora. + + + + +Capítulo XLVI. Del temeroso espanto cencerril y gatuno que recibió don +Quijote en el discurso de los amores de la enamorada Altisidora + +Dejamos al gran don Quijote envuelto en los pensamientos que le habían +causado la música de la enamorada doncella Altisidora. Acostóse con ellos, +y, como si fueran pulgas, no le dejaron dormir ni sosegar un punto, y +juntábansele los que le faltaban de sus medias; pero, como es ligero el +tiempo, y no hay barranco que le detenga, corrió caballero en las horas, y +con mucha presteza llegó la de la mañana. Lo cual visto por don Quijote, +dejó las blandas plumas, y, no nada perezoso, se vistió su acamuzado +vestido y se calzó sus botas de camino, por encubrir la desgracia de sus +medias; arrojóse encima su mantón de escarlata y púsose en la cabeza una +montera de terciopelo verde, guarnecida de pasamanos de plata; colgó el +tahelí de sus hombros con su buena y tajadora espada, asió un gran rosario +que consigo contino traía, y con gran prosopopeya y contoneo salió a la +antesala, donde el duque y la duquesa estaban ya vestidos y como +esperándole; y, al pasar por una galería, estaban aposta esperándole +Altisidora y la otra doncella su amiga, y, así como Altisidora vio a don +Quijote, fingió desmayarse, y su amiga la recogió en sus faldas, y con gran +presteza la iba a desabrochar el pecho. Don Quijote, que lo vio, llegándose +a ellas, dijo: + +— Ya sé yo de qué proceden estos accidentes. + +— No sé yo de qué —respondió la amiga—, porque Altisidora es la doncella más +sana de toda esta casa, y yo nunca la he sentido un ¡ay! en cuanto ha que +la conozco, que mal hayan cuantos caballeros andantes hay en el mundo, si +es que todos son desagradecidos. Váyase vuesa merced, señor don Quijote, +que no volverá en sí esta pobre niña en tanto que vuesa merced aquí +estuviere. + +A lo que respondió don Quijote: + +— Haga vuesa merced, señora, que se me ponga un laúd esta noche en mi +aposento, que yo consolaré lo mejor que pudiere a esta lastimada doncella; +que en los principios amorosos los desengaños prestos suelen ser remedios +calificados. + +Y con esto se fue, porque no fuese notado de los que allí le viesen. No se +hubo bien apartado, cuando, volviendo en sí la desmayada Altisidora, dijo a +su compañera: + +— Menester será que se le ponga el laúd, que sin duda don Quijote quiere +darnos música, y no será mala, siendo suya. + +Fueron luego a dar cuenta a la duquesa de lo que pasaba y del laúd que +pedía don Quijote, y ella, alegre sobremodo, concertó con el duque y con +sus doncellas de hacerle una burla que fuese más risueña que dañosa, y con +mucho contento esperaban la noche, que se vino tan apriesa como se había +venido el día, el cual pasaron los duques en sabrosas pláticas con don +Quijote. Y la duquesa aquel día real y verdaderamente despachó a un paje +suyo, que había hecho en la selva la figura encantada de Dulcinea, a Teresa +Panza, con la carta de su marido Sancho Panza, y con el lío de ropa que +había dejado para que se le enviase, encargándole le trujese buena +relación de todo lo que con ella pasase. + +Hecho esto, y llegadas las once horas de la noche, halló don Quijote una +vihuela en su aposento; templóla, abrió la reja, y sintió que andaba gente +en el jardín; y, habiendo recorrido los trastes de la vihuela y afinándola +lo mejor que supo, escupió y remondóse el pecho, y luego, con una voz +ronquilla, aunque entonada, cantó el siguiente romance, que él mismo aquel +día había compuesto: + +-Suelen las fuerzas de amor +sacar de quicio a las almas, +tomando por instrumento +la ociosidad descuidada. +Suele el coser y el labrar, +y el estar siempre ocupada, +ser antídoto al veneno +de las amorosas ansias. +Las doncellas recogidas +que aspiran a ser casadas, +la honestidad es la dote +y voz de sus alabanzas. +Los andantes caballeros, +y los que en la corte andan, +requiébranse con las libres, +con las honestas se casan. +Hay amores de levante, +que entre huéspedes se tratan, +que llegan presto al poniente, +porque en el partirse acaban. +El amor recién venido, +que hoy llegó y se va mañana, +las imágines no deja +bien impresas en el alma. +Pintura sobre pintura +ni se muestra ni señala; +y do hay primera belleza, +la segunda no hace baza. +Dulcinea del Toboso +del alma en la tabla rasa +tengo pintada de modo +que es imposible borrarla. +La firmeza en los amantes +es la parte más preciada, +por quien hace amor milagros, +y asimesmo los levanta. + +Aquí llegaba don Quijote de su canto, a quien estaban escuchando el duque y +la duquesa, Altisidora y casi toda la gente del castillo, cuando de +improviso, desde encima de un corredor que sobre la reja de don Quijote a +plomo caía, descolgaron un cordel donde venían más de cien cencerros +asidos, y luego, tras ellos, derramaron un gran saco de gatos, que asimismo +traían cencerros menores atados a las colas. Fue tan grande el ruido de los +cencerros y el mayar de los gatos, que, aunque los duques habían sido +inventores de la burla, todavía les sobresaltó; y, temeroso, don Quijote +quedó pasmado. Y quiso la suerte que dos o tres gatos se entraron por la +reja de su estancia, y, dando de una parte a otra, parecía que una región +de diablos andaba en ella. Apagaron las velas que en el aposento ardían, y +andaban buscando por do escaparse. El descolgar y subir del cordel de los +grandes cencerros no cesaba; la mayor parte de la gente del castillo, que +no sabía la verdad del caso, estaba suspensa y admirada. + +Levantóse don Quijote en pie, y, poniendo mano a la espada, comenzó a tirar +estocadas por la reja y a decir a grandes voces: + +— ¡Afuera, malignos encantadores! ¡Afuera, canalla hechiceresca, que yo soy +don Quijote de la Mancha, contra quien no valen ni tienen fuerza vuestras +malas intenciones! + +Y, volviéndose a los gatos que andaban por el aposento, les tiró muchas +cuchilladas; ellos acudieron a la reja, y por allí se salieron, aunque uno, +viéndose tan acosado de las cuchilladas de don Quijote, le saltó al rostro +y le asió de las narices con las uñas y los dientes, por cuyo dolor don +Quijote comenzó a dar los mayores gritos que pudo. Oyendo lo cual el duque +y la duquesa, y considerando lo que podía ser, con mucha presteza acudieron +a su estancia, y, abriendo con llave maestra, vieron al pobre caballero +pugnando con todas sus fuerzas por arrancar el gato de su rostro. Entraron +con luces y vieron la desigual pelea; acudió el duque a despartirla, y don +Quijote dijo a voces: + +— ¡No me le quite nadie! ¡Déjenme mano a mano con este demonio, con este +hechicero, con este encantador, que yo le daré a entender de mí a él quién +es don Quijote de la Mancha! + +Pero el gato, no curándose destas amenazas, gruñía y apretaba. Mas, en fin, +el duque se le desarraigó y le echó por la reja. + +Quedó don Quijote acribado el rostro y no muy sanas las narices, aunque muy +despechado porque no le habían dejado fenecer la batalla que tan trabada +tenía con aquel malandrín encantador. Hicieron traer aceite de Aparicio, y +la misma Altisidora, con sus blanquísimas manos, le puso unas vendas por +todo lo herido; y, al ponérselas, con voz baja le dijo: + +— Todas estas malandanzas te suceden, empedernido caballero, por el pecado +de tu dureza y pertinacia; y plega a Dios que se le olvide a Sancho tu +escudero el azotarse, porque nunca salga de su encanto esta tan amada tuya +Dulcinea, ni tú lo goces, ni llegues a tálamo con ella, a lo menos viviendo +yo, que te adoro. + +A todo esto no respondió don Quijote otra palabra si no fue dar un profundo +suspiro, y luego se tendió en su lecho, agradeciendo a los duques la +merced, no porque él tenía temor de aquella canalla gatesca, encantadora y +cencerruna, sino porque había conocido la buena intención con que habían +venido a socorrerle. Los duques le dejaron sosegar, y se fueron, pesarosos +del mal suceso de la burla; que no creyeron que tan pesada y costosa le +saliera a don Quijote aquella aventura, que le costó cinco días de +encerramiento y de cama, donde le sucedió otra aventura más gustosa que la +pasada, la cual no quiere su historiador contar ahora, por acudir a Sancho +Panza, que andaba muy solícito y muy gracioso en su gobierno. + + + + +Capítulo XLVII. Donde se prosigue cómo se portaba Sancho Panza en su +gobierno + +Cuenta la historia que desde el juzgado llevaron a Sancho Panza a un +suntuoso palacio, adonde en una gran sala estaba puesta una real y +limpísima mesa; y, así como Sancho entró en la sala, sonaron chirimías, y +salieron cuatro pajes a darle aguamanos, que Sancho recibió con mucha +gravedad. + +Cesó la música, sentóse Sancho a la cabecera de la mesa, porque no había +más de aquel asiento, y no otro servicio en toda ella. Púsose a su lado en +pie un personaje, que después mostró ser médico, con una varilla de ballena +en la mano. Levantaron una riquísima y blanca toalla con que estaban +cubiertas las frutas y mucha diversidad de platos de diversos manjares; uno +que parecía estudiante echó la bendición, y un paje puso un babador randado +a Sancho; otro que hacía el oficio de maestresala, llegó un plato de fruta +delante; pero, apenas hubo comido un bocado, cuando el de la varilla +tocando con ella en el plato, se le quitaron de delante con grandísima +celeridad; pero el maestresala le llegó otro de otro manjar. Iba a probarle +Sancho; pero, antes que llegase a él ni le gustase, ya la varilla había +tocado en él, y un paje alzádole con tanta presteza como el de la fruta. +Visto lo cual por Sancho, quedó suspenso, y, mirando a todos, preguntó si +se había de comer aquella comida como juego de maesecoral. A lo cual +respondió el de la vara: + +— No se ha de comer, señor gobernador, sino como es uso y costumbre en las +otras ínsulas donde hay gobernadores. Yo, señor, soy médico, y estoy +asalariado en esta ínsula para serlo de los gobernadores della, y miro por +su salud mucho más que por la mía, estudiando de noche y de día, y +tanteando la complexión del gobernador, para acertar a curarle cuando +cayere enfermo; y lo principal que hago es asistir a sus comidas y cenas, y +a dejarle comer de lo que me parece que le conviene, y a quitarle lo que +imagino que le ha de hacer daño y ser nocivo al estómago; y así, mandé +quitar el plato de la fruta, por ser demasiadamente húmeda, y el plato del +otro manjar también le mandé quitar, por ser demasiadamente caliente y +tener muchas especies, que acrecientan la sed; y el que mucho bebe mata y +consume el húmedo radical, donde consiste la vida. + +— Desa manera, aquel plato de perdices que están allí asadas, y, a mi +parecer, bien sazonadas, no me harán algún daño. + +A lo que el médico respondió: + +— Ésas no comerá el señor gobernador en tanto que yo tuviere vida. + +— Pues, ¿por qué? —dijo Sancho. + +Y el médico respondió: + +— Porque nuestro maestro Hipócrates, norte y luz de la medicina, en un +aforismo suyo, dice: Omnis saturatio mala, perdices autem pessima. Quiere +decir: "Toda hartazga es mala; pero la de las perdices, malísima". + +— Si eso es así —dijo Sancho—, vea el señor doctor de cuantos manjares hay +en esta mesa cuál me hará más provecho y cuál menos daño, y déjeme comer +dél sin que me le apalee; porque, por vida del gobernador, y así Dios me le +deje gozar, que me muero de hambre, y el negarme la comida, aunque le pese +al señor doctor y él más me diga, antes será quitarme la vida que +aumentármela. + +— Vuestra merced tiene razón, señor gobernador —respondió el médico—; y así, +es mi parecer que vuestra merced no coma de aquellos conejos guisados que +allí están, porque es manjar peliagudo. De aquella ternera, si no fuera +asada y en adobo, aún se pudiera probar, pero no hay para qué. + +Y Sancho dijo: + +— Aquel platonazo que está más adelante vahando me parece que es olla +podrida, que por la diversidad de cosas que en las tales ollas podridas +hay, no podré dejar de topar con alguna que me sea de gusto y de provecho. + +— Absit! —dijo el médico—. Vaya lejos de nosotros tan mal pensamiento: no +hay cosa en el mundo de peor mantenimiento que una olla podrida. Allá las +ollas podridas para los canónigos, o para los retores de colegios, o para +las bodas labradorescas, y déjennos libres las mesas de los gobernadores, +donde ha de asistir todo primor y toda atildadura; y la razón es porque +siempre y a doquiera y de quienquiera son más estimadas las medicinas +simples que las compuestas, porque en las simples no se puede errar y en +las compuestas sí, alterando la cantidad de las cosas de que son +compuestas; mas lo que yo sé que ha de comer el señor gobernador ahora, +para conservar su salud y corroborarla, es un ciento de cañutillos de +suplicaciones y unas tajadicas subtiles de carne de membrillo, que le +asienten el estómago y le ayuden a la digestión. + +Oyendo esto Sancho, se arrimó sobre el espaldar de la silla y miró de hito +en hito al tal médico, y con voz grave le preguntó cómo se llamaba y dónde +había estudiado. A lo que él respondió: + +— Yo, señor gobernador, me llamo el doctor Pedro Recio de Agüero, y soy +natural de un lugar llamado Tirteafuera, que está entre Caracuel y +Almodóvar del Campo, a la mano derecha, y tengo el grado de doctor por la +universidad de Osuna. + +A lo que respondió Sancho, todo encendido en cólera: + +— Pues, señor doctor Pedro Recio de Mal Agüero, natural de Tirteafuera, +lugar que está a la derecha mano como vamos de Caracuel a Almodóvar del +Campo, graduado en Osuna, quíteseme luego delante, si no, voto al sol que +tome un garrote y que a garrotazos, comenzando por él, no me ha de quedar +médico en toda la ínsula, a lo menos de aquellos que yo entienda que son +ignorantes; que a los médicos sabios, prudentes y discretos los pondré +sobre mi cabeza y los honraré como a personas divinas. Y vuelvo a decir que +se me vaya, Pedro Recio, de aquí; si no, tomaré esta silla donde estoy +sentado y se la estrellaré en la cabeza; y pídanmelo en residencia, que yo +me descargaré con decir que hice servicio a Dios en matar a un mal médico, +verdugo de la república. Y denme de comer, o si no, tómense su gobierno, +que oficio que no da de comer a su dueño no vale dos habas. + +Alborotóse el doctor, viendo tan colérico al gobernador, y quiso hacer +tirteafuera de la sala, sino que en aquel instante sonó una corneta de +posta en la calle, y, asomándose el maestresala a la ventana, volvió +diciendo: + +— Correo viene del duque mi señor; algún despacho debe de traer de +importancia. + +Entró el correo sudando y asustado, y, sacando un pliego del seno, le puso +en las manos del gobernador, y Sancho le puso en las del mayordomo, a quien +mandó leyese el sobreescrito, que decía así: A don Sancho Panza, gobernador +de la ínsula Barataria, en su propia mano o en las de su secretario. Oyendo +lo cual, Sancho dijo: + +— ¿Quién es aquí mi secretario? + +Y uno de los que presentes estaban respondió: + +— Yo, señor, porque sé leer y escribir, y soy vizcaíno. + +— Con esa añadidura —dijo Sancho—, bien podéis ser secretario del mismo +emperador. Abrid ese pliego, y mirad lo que dice. + +Hízolo así el recién nacido secretario, y, habiendo leído lo que decía, +dijo que era negocio para tratarle a solas. Mandó Sancho despejar la sala, +y que no quedasen en ella sino el mayordomo y el maestresala, y los demás y +el médico se fueron; y luego el secretario leyó la carta, que así decía: + +A mi noticia ha llegado, señor don Sancho Panza, que unos enemigos míos y +desa ínsula la han de dar un asalto furioso, no sé qué noche; conviene +velar y estar alerta, porque no le tomen desapercebido. Sé también, por +espías verdaderas, que han entrado en ese lugar cuatro personas disfrazadas +para quitaros la vida, porque se temen de vuestro ingenio; abrid el ojo, y +mirad quién llega a hablaros, y no comáis de cosa que os presentaren. Yo +tendré cuidado de socorreros si os viéredes en trabajo, y en todo haréis +como se espera de vuestro entendimiento. Deste lugar, a 16 de agosto, a las +cuatro de la mañana. + +Vuestro amigo, + +El Duque. + +Quedó atónito Sancho, y mostraron quedarlo asimismo los circunstantes; y, +volviéndose al mayordomo, le dijo: + +— Lo que agora se ha de hacer, y ha de ser luego, es meter en un calabozo al +doctor Recio; porque si alguno me ha de matar, ha de ser él, y de muerte +adminícula y pésima, como es la de la hambre. + +— También —dijo el maestresala— me parece a mí que vuesa merced no coma de +todo lo que está en esta mesa, porque lo han presentado unas monjas, y, +como suele decirse, detrás de la cruz está el diablo. + +— No lo niego —respondió Sancho—, y por ahora denme un pedazo de pan y obra +de cuatro libras de uvas, que en ellas no podrá venir veneno; porque, en +efecto, no puedo pasar sin comer, y si es que hemos de estar prontos para +estas batallas que nos amenazan, menester será estar bien mantenidos, +porque tripas llevan corazón, que no corazón tripas. Y vos, secretario, +responded al duque mi señor y decidle que se cumplirá lo que manda como lo +manda, sin faltar punto; y daréis de mi parte un besamanos a mi señora la +duquesa, y que le suplico no se le olvide de enviar con un propio mi carta +y mi lío a mi mujer Teresa Panza, que en ello recibiré mucha merced, y +tendré cuidado de servirla con todo lo que mis fuerzas alcanzaren; y de +camino podéis encajar un besamanos a mi señor don Quijote de la Mancha, +porque vea que soy pan agradecido; y vos, como buen secretario y como buen +vizcaíno, podéis añadir todo lo que quisiéredes y más viniere a cuento. Y +álcense estos manteles, y denme a mí de comer, que yo me avendré con +cuantas espías y matadores y encantadores vinieren sobre mí y sobre mi +ínsula. + +En esto entró un paje, y dijo: + +— Aquí está un labrador negociante que quiere hablar a Vuestra Señoría en un +negocio, según él dice, de mucha importancia. + +— Estraño caso es éste —dijo Sancho— destos negociantes. ¿Es posible que +sean tan necios, que no echen de ver que semejantes horas como éstas no son +en las que han de venir a negociar? ¿Por ventura los que gobernamos, los +que somos jueces, no somos hombres de carne y de hueso, y que es menester +que nos dejen descansar el tiempo que la necesidad pide, sino que quieren +que seamos hechos de piedra marmol? Por Dios y en mi conciencia que si me +dura el gobierno (que no durará, según se me trasluce), que yo ponga en +pretina a más de un negociante. Agora decid a ese buen hombre que entre; +pero adviértase primero no sea alguno de los espías, o matador mío. + +— No, señor —respondió el paje—, porque parece una alma de cántaro, y yo sé +poco, o él es tan bueno como el buen pan. + +— No hay que temer —dijo el mayordomo—, que aquí estamos todos. + +— ¿Sería posible —dijo Sancho—, maestresala, que agora que no está aquí el +doctor Pedro Recio, que comiese yo alguna cosa de peso y de sustancia, +aunque fuese un pedazo de pan y una cebolla? + +— Esta noche, a la cena, se satisfará la falta de la comida, y quedará +Vuestra Señoría satisfecho y pagado —dijo el maestresala. + +— Dios lo haga —respondió Sancho. + +Y, en esto, entró el labrador, que era de muy buena presencia, y de mil +leguas se le echaba de ver que era bueno y buena alma. Lo primero que dijo +fue: + +— ¿Quién es aquí el señor gobernador? + +— ¿Quién ha de ser —respondió el secretario—, sino el que está sentado en la +silla? + +— Humíllome, pues, a su presencia —dijo el labrador. + +Y, poniéndose de rodillas, le pidió la mano para besársela. Negósela +Sancho, y mandó que se levantase y dijese lo que quisiese. Hízolo así el +labrador, y luego dijo: + +— Yo, señor, soy labrador, natural de Miguel Turra, un lugar que está dos +leguas de Ciudad Real. + +— ¡Otro Tirteafuera tenemos! —dijo Sancho—. Decid, hermano, que lo que yo os +sé decir es que sé muy bien a Miguel Turra, y que no está muy lejos de mi +pueblo. + +— Es, pues, el caso, señor —prosiguió el labrador—, que yo, por la +misericordia de Dios, soy casado en paz y en haz de la Santa Iglesia +Católica Romana; tengo dos hijos estudiantes que el menor estudia para +bachiller y el mayor para licenciado; soy viudo, porque se murió mi mujer, +o, por mejor decir, me la mató un mal médico, que la purgó estando preñada, +y si Dios fuera servido que saliera a luz el parto, y fuera hijo, yo le +pusiere a estudiar para doctor, porque no tuviera invidia a sus hermanos el +bachiller y el licenciado. + +— De modo —dijo Sancho— que si vuestra mujer no se hubiera muerto, o la +hubieran muerto, vos no fuérades agora viudo. + +— No, señor, en ninguna manera —respondió el labrador. + +— ¡Medrados estamos! —replicó Sancho—. Adelante, hermano, que es hora de +dormir más que de negociar. + +— Digo, pues —dijo el labrador—, que este mi hijo que ha de ser bachiller se +enamoró en el mesmo pueblo de una doncella llamada Clara Perlerina, hija de +Andrés Perlerino, labrador riquísimo; y este nombre de Perlerines no les +viene de abolengo ni otra alcurnia, sino porque todos los deste linaje son +perláticos, y por mejorar el nombre los llaman Perlerines; aunque, si va +decir la verdad, la doncella es como una perla oriental, y, mirada por el +lado derecho, parece una flor del campo; por el izquierdo no tanto, porque +le falta aquel ojo, que se le saltó de viruelas; y, aunque los hoyos del +rostro son muchos y grandes, dicen los que la quieren bien que aquéllos no +son hoyos, sino sepulturas donde se sepultan las almas de sus amantes. Es +tan limpia que, por no ensuciar la cara, trae las narices, como dicen, +arremangadas, que no parece sino que van huyendo de la boca; y, con todo +esto, parece bien por estremo, porque tiene la boca grande, y, a no +faltarle diez o doce dientes y muelas, pudiera pasar y echar raya entre las +más bien formadas. De los labios no tengo qué decir, porque son tan sutiles +y delicados que, si se usaran aspar labios, pudieran hacer dellos una +madeja; pero, como tienen diferente color de la que en los labios se usa +comúnmente, parecen milagrosos, porque son jaspeados de azul y verde y +aberenjenado; y perdóneme el señor gobernador si por tan menudo voy +pintando las partes de la que al fin al fin ha de ser mi hija, que la +quiero bien y no me parece mal. + +— Pintad lo que quisiéredes —dijo Sancho—, que yo me voy recreando en la +pintura, y si hubiera comido, no hubiera mejor postre para mí que vuestro +retrato. + +— Eso tengo yo por servir —respondió el labrador—, pero tiempo vendrá en que +seamos, si ahora no somos. Y digo, señor, que si pudiera pintar su +gentileza y la altura de su cuerpo, fuera cosa de admiración; pero no puede +ser, a causa de que ella está agobiada y encogida, y tiene las rodillas con +la boca, y, con todo eso, se echa bien de ver que si se pudiera levantar, +diera con la cabeza en el techo; y ya ella hubiera dado la mano de esposa a +mi bachiller, sino que no la puede estender, que está añudada; y, con todo, +en las uñas largas y acanaladas se muestra su bondad y buena hechura. + +— Está bien —dijo Sancho—, y haced cuenta, hermano, que ya la habéis pintado +de los pies a la cabeza. ¿Qué es lo que queréis ahora? Y venid al punto sin +rodeos ni callejuelas, ni retazos ni añadiduras. + +— Querría, señor —respondió el labrador—, que vuestra merced me hiciese +merced de darme una carta de favor para mi consuegro, suplicándole sea +servido de que este casamiento se haga, pues no somos desiguales en los +bienes de fortuna, ni en los de la naturaleza; porque, para decir la +verdad, señor gobernador, mi hijo es endemoniado, y no hay día que tres o +cuatro veces no le atormenten los malignos espíritus; y de haber caído una +vez en el fuego, tiene el rostro arrugado como pergamino, y los ojos algo +llorosos y manantiales; pero tiene una condición de un ángel, y si no es +que se aporrea y se da de puñadas él mesmo a sí mesmo, fuera un bendito. + +— ¿Queréis otra cosa, buen hombre? —replicó Sancho. + +— Otra cosa querría —dijo el labrador—, sino que no me atrevo a decirlo; +pero vaya, que, en fin, no se me ha de podrir en el pecho, pegue o no +pegue. Digo, señor, que querría que vuesa merced me diese trecientos o +seiscientos ducados para ayuda a la dote de mi bachiller; digo para ayuda +de poner su casa, porque, en fin, han de vivir por sí, sin estar sujetos a +las impertinencias de los suegros. + +— Mirad si queréis otra cosa —dijo Sancho—, y no la dejéis de decir por +empacho ni por vergüenza. + +— No, por cierto —respondió el labrador. + +Y, apenas dijo esto, cuando, levantándose en pie el gobernador, asió de la +silla en que estaba sentado y dijo: + +— ¡Voto a tal, don patán rústico y mal mirado, que si no os apartáis y +ascondéis luego de mi presencia, que con esta silla os rompa y abra la +cabeza! Hideputa bellaco, pintor del mesmo demonio, ¿y a estas horas te +vienes a pedirme seiscientos ducados?; y ¿dónde los tengo yo, hediondo?; y +¿por qué te los había de dar, aunque los tuviera, socarrón y mentecato?; y +¿qué se me da a mí de Miguel Turra, ni de todo el linaje de los Perlerines? +¡Va de mí, digo; si no, por vida del duque mi señor, que haga lo que tengo +dicho! Tú no debes de ser de Miguel Turra, sino algún socarrón que, para +tentarme, te ha enviado aquí el infierno. Dime, desalmado, aún no ha día y +medio que tengo el gobierno, y ¿ya quieres que tenga seiscientos ducados? + +Hizo de señas el maestresala al labrador que se saliese de la sala, el cual +lo hizo cabizbajo y, al parecer, temeroso de que el gobernador no ejecutase +su cólera, que el bellacón supo hacer muy bien su oficio. + +Pero dejemos con su cólera a Sancho, y ándese la paz en el corro, y +volvamos a don Quijote, que le dejamos vendado el rostro y curado de las +gatescas heridas, de las cuales no sanó en ocho días, en uno de los cuales +le sucedió lo que Cide Hamete promete de contar con la puntualidad y +verdad que suele contar las cosas desta historia, por mínimas que sean. + + + + +Capítulo XLVIII. De lo que le sucedió a don Quijote con doña Rodríguez, la +dueña de la duquesa, con otros acontecimientos dignos de escritura y de +memoria eterna + +Además estaba mohíno y malencólico el mal ferido don Quijote, vendado el +rostro y señalado, no por la mano de Dios, sino por las uñas de un gato, +desdichas anejas a la andante caballería. Seis días estuvo sin salir en +público, en una noche de las cuales, estando despierto y desvelado, +pensando en sus desgracias y en el perseguimiento de Altisidora, sintió que +con una llave abrían la puerta de su aposento, y luego imaginó que la +enamorada doncella venía para sobresaltar su honestidad y ponerle en +condición de faltar a la fee que guardar debía a su señora Dulcinea del +Toboso. + +— No —dijo creyendo a su imaginación, y esto, con voz que pudiera ser oída—; +no ha de ser parte la mayor hermosura de la tierra para que yo deje de +adorar la que tengo grabada y estampada en la mitad de mi corazón y en lo +más escondido de mis entrañas, ora estés, señora mía, transformada en +cebolluda labradora, ora en ninfa del dorado Tajo, tejiendo telas de oro y +sirgo compuestas, ora te tenga Merlín, o Montesinos, donde ellos quisieren; +que, adondequiera eres mía, y adoquiera he sido yo, y he de ser, tuyo. + +El acabar estas razones y el abrir de la puerta fue todo uno. Púsose en pie +sobre la cama, envuelto de arriba abajo en una colcha de raso amarillo, una +galocha en la cabeza, y el rostro y los bigotes vendados: el rostro, por +los aruños; los bigotes, porque no se le desmayasen y cayesen; en el cual +traje parecía la más extraordinaria fantasma que se pudiera pensar. + +Clavó los ojos en la puerta, y, cuando esperaba ver entrar por ella a la +rendida y lastimada Altisidora, vio entrar a una reverendísima dueña con +unas tocas blancas repulgadas y luengas, tanto, que la cubrían y enmantaban +desde los pies a la cabeza. Entre los dedos de la mano izquierda traía una +media vela encendida, y con la derecha se hacía sombra, porque no le diese +la luz en los ojos, a quien cubrían unos muy grandes antojos. Venía pisando +quedito, y movía los pies blandamente. + +Miróla don Quijote desde su atalaya, y cuando vio su adeliño y notó su +silencio, pensó que alguna bruja o maga venía en aquel traje a hacer en él +alguna mala fechuría, y comenzó a santiguarse con mucha priesa. Fuese +llegando la visión, y, cuando llegó a la mitad del aposento, alzó los ojos +y vio la priesa con que se estaba haciendo cruces don Quijote; y si él +quedó medroso en ver tal figura, ella quedó espantada en ver la suya, +porque, así como le vio tan alto y tan amarillo, con la colcha y con las +vendas, que le desfiguraban, dio una gran voz, diciendo: + +— ¡Jesús! ¿Qué es lo que veo? + +Y con el sobresalto se le cayó la vela de las manos; y, viéndose a escuras, +volvió las espaldas para irse, y con el miedo tropezó en sus faldas y dio +consigo una gran caída. Don Quijote, temeroso, comenzó a decir: + +— Conjúrote, fantasma, o lo que eres, que me digas quién eres, y que me +digas qué es lo que de mí quieres. Si eres alma en pena, dímelo, que yo +haré por ti todo cuanto mis fuerzas alcanzaren, porque soy católico +cristiano y amigo de hacer bien a todo el mundo; que para esto tomé la +orden de la caballería andante que profeso, cuyo ejercicio aun hasta hacer +bien a las ánimas de purgatorio se estiende. + +La brumada dueña, que oyó conjurarse, por su temor coligió el de don +Quijote, y con voz afligida y baja le respondió: + +— Señor don Quijote, si es que acaso vuestra merced es don Quijote, yo no +soy fantasma, ni visión, ni alma de purgatorio, como vuestra merced debe de +haber pensado, sino doña Rodríguez, la dueña de honor de mi señora la +duquesa, que, con una necesidad de aquellas que vuestra merced suele +remediar, a vuestra merced vengo. + +— Dígame, señora doña Rodríguez —dijo don Quijote—: ¿por ventura viene +vuestra merced a hacer alguna tercería? Porque le hago saber que no soy de +provecho para nadie, merced a la sin par belleza de mi señora Dulcinea del +Toboso. Digo, en fin, señora doña Rodríguez, que, como vuestra merced salve +y deje a una parte todo recado amoroso, puede volver a encender su vela, y +vuelva, y departiremos de todo lo que más mandare y más en gusto le +viniere, salvando, como digo, todo incitativo melindre. + +— ¿Yo recado de nadie, señor mío? —respondió la dueña—. Mal me conoce +vuestra merced; sí, que aún no estoy en edad tan prolongada que me acoja a +semejantes niñerías, pues, Dios loado, mi alma me tengo en las carnes, y +todos mis dientes y muelas en la boca, amén de unos pocos que me han +usurpado unos catarros, que en esta tierra de Aragón son tan ordinarios. +Pero espéreme vuestra merced un poco; saldré a encender mi vela, y volveré +en un instante a contar mis cuitas, como a remediador de todas las del +mundo. + +Y, sin esperar respuesta, se salió del aposento, donde quedó don Quijote +sosegado y pensativo esperándola; pero luego le sobrevinieron mil +pensamientos acerca de aquella nueva aventura, y parecíale ser mal hecho y +peor pensado ponerse en peligro de romper a su señora la fee prometida, y +decíase a sí mismo: + +— ¿Quién sabe si el diablo, que es sutil y mañoso, querrá engañarme agora +con una dueña, lo que no ha podido con emperatrices, reinas, duquesas, +marquesas ni condesas? Que yo he oído decir muchas veces y a muchos +discretos que, si él puede, antes os la dará roma que aguileña. Y ¿quién +sabe si esta soledad, esta ocasión y este silencio despertará mis deseos +que duermen, y harán que al cabo de mis años venga a caer donde nunca he +tropezado? Y, en casos semejantes, mejor es huir que esperar la batalla. +Pero yo no debo de estar en mi juicio, pues tales disparates digo y pienso; +que no es posible que una dueña toquiblanca, larga y antojuna pueda mover +ni levantar pensamiento lascivo en el más desalmado pecho del mundo. ¿Por +ventura hay dueña en la tierra que tenga buenas carnes? ¿Por ventura hay +dueña en el orbe que deje de ser impertinente, fruncida y melindrosa? +¡Afuera, pues, caterva dueñesca, inútil para ningún humano regalo! ¡Oh, +cuán bien hacía aquella señora de quien se dice que tenía dos dueñas de +bulto con sus antojos y almohadillas al cabo de su estrado, como que +estaban labrando, y tanto le servían para la autoridad de la sala aquellas +estatuas como las dueñas verdaderas! + +Y, diciendo esto, se arrojó del lecho, con intención de cerrar la puerta y +no dejar entrar a la señora Rodríguez; mas, cuando la llegó a cerrar, ya la +señora Rodríguez volvía, encendida una vela de cera blanca, y cuando ella +vio a don Quijote de más cerca, envuelto en la colcha, con las vendas, +galocha o becoquín, temió de nuevo, y, retirándose atrás como dos pasos, +dijo: + +— ¿Estamos seguras, señor caballero? Porque no tengo a muy honesta señal +haberse vuesa merced levantado de su lecho. + +— Eso mesmo es bien que yo pregunte, señora —respondió don Quijote—; y así, +pregunto si estaré yo seguro de ser acometido y forzado. + +— ¿De quién o a quién pedís, señor caballero, esa seguridad? —respondió la +dueña. + +— A vos y de vos la pido —replicó don Quijote—, porque ni yo soy de mármol +ni vos de bronce, ni ahora son las diez del día, sino media noche, y aun un +poco más, según imagino, y en una estancia más cerrada y secreta que lo +debió de ser la cueva donde el traidor y atrevido Eneas gozó a la hermosa y +piadosa Dido. Pero dadme, señora, la mano, que yo no quiero otra seguridad +mayor que la de mi continencia y recato, y la que ofrecen esas +reverendísimas tocas. + +Y, diciendo esto, besó su derecha mano, y le asió de la suya, que ella le +dio con las mesmas ceremonias. + +Aquí hace Cide Hamete un paréntesis, y dice que por Mahoma que diera, por +ver ir a los dos así asidos y trabados desde la puerta al lecho, la mejor +almalafa de dos que tenía. + +Entróse, en fin, don Quijote en su lecho, y quedóse doña Rodríguez sentada +en una silla, algo desviada de la cama, no quitándose los antojos ni la +vela. Don Quijote se acorrucó y se cubrió todo, no dejando más de el rostro +descubierto; y, habiéndose los dos sosegado, el primero que rompió el +silencio fue don Quijote, diciendo: + +— Puede vuesa merced ahora, mi señora doña Rodríguez, descoserse y desbuchar +todo aquello que tiene dentro de su cuitado corazón y lastimadas entrañas, +que será de mí escuchada con castos oídos, y socorrida con piadosas obras. + +— Así lo creo yo —respondió la dueña—, que de la gentil y agradable +presencia de vuesa merced no se podía esperar sino tan cristiana respuesta. +«Es, pues, el caso, señor don Quijote, que, aunque vuesa merced me vee +sentada en esta silla y en la mitad del reino de Aragón, y en hábito de +dueña aniquilada y asendereada, soy natural de las Asturias de Oviedo, y de +linaje que atraviesan por él muchos de los mejores de aquella provincia; +pero mi corta suerte y el descuido de mis padres, que empobrecieron antes +de tiempo, sin saber cómo ni cómo no, me trujeron a la corte, a Madrid, +donde por bien de paz y por escusar mayores desventuras, mis padres me +acomodaron a servir de doncella de labor a una principal señora; y quiero +hacer sabidor a vuesa merced que en hacer vainillas y labor blanca ninguna +me ha echado el pie adelante en toda la vida. Mis padres me dejaron +sirviendo y se volvieron a su tierra, y de allí a pocos años se debieron de +ir al cielo, porque eran además buenos y católicos cristianos. Quedé +huérfana, y atenida al miserable salario y a las angustiadas mercedes que +a las tales criadas se suele dar en palacio; y, en este tiempo, sin que +diese yo ocasión a ello, se enamoró de mi un escudero de casa, hombre ya en +días, barbudo y apersonado, y, sobre todo, hidalgo como el rey, porque era +montañés. No tratamos tan secretamente nuestros amores que no viniesen a +noticia de mi señora, la cual, por escusar dimes y diretes, nos casó en paz +y en haz de la Santa Madre Iglesia Católica Romana, de cuyo matrimonio +nació una hija para rematar con mi ventura, si alguna tenía; no porque yo +muriese del parto, que le tuve derecho y en sazón, sino porque desde allí a +poco murió mi esposo de un cierto espanto que tuvo, que, a tener ahora +lugar para contarle, yo sé que vuestra merced se admirara.» + +Y, en esto, comenzó a llorar tiernamente, y dijo: + +— Perdóneme vuestra merced, señor don Quijote, que no va más en mi mano, +porque todas las veces que me acuerdo de mi mal logrado se me arrasan los +ojos de lágrimas. ¡Válame Dios, y con qué autoridad llevaba a mi señora a +las ancas de una poderosa mula, negra como el mismo azabache! Que entonces +no se usaban coches ni sillas, como agora dicen que se usan, y las señoras +iban a las ancas de sus escuderos. Esto, a lo menos, no puedo dejar de +contarlo, porque se note la crianza y puntualidad de mi buen marido. «Al +entrar de la calle de Santiago, en Madrid, que es algo estrecha, venía a +salir por ella un alcalde de corte con dos alguaciles delante, y, así como +mi buen escudero le vio, volvió las riendas a la mula, dando señal de +volver a acompañarle. Mi señora, que iba a las ancas, con voz baja le +decía: ''—¿Qué hacéis, desventurado? ¿No veis que voy aquí?'' El alcalde, +de comedido, detuvo la rienda al caballo y díjole: ''—Seguid, señor, +vuestro camino, que yo soy el que debo acompañar a mi señora doña +Casilda'', que así era el nombre de mi ama. Todavía porfiaba mi marido, con +la gorra en la mano, a querer ir acompañando al alcalde, viendo lo cual mi +señora, llena de cólera y enojo, sacó un alfiler gordo, o creo que un +punzón, del estuche, y clavósele por los lomos, de manera que mi marido dio +una gran voz y torció el cuerpo, de suerte que dio con su señora en el +suelo. Acudieron dos lacayos suyos a levantarla, y lo mismo hizo el alcalde +y los alguaciles; alborotóse la Puerta de Guadalajara, digo, la gente +baldía que en ella estaba; vínose a pie mi ama, y mi marido acudió en casa +de un barbero diciendo que llevaba pasadas de parte a parte las entrañas. +Divulgóse la cortesía de mi esposo, tanto, que los muchachos le corrían por +las calles, y por esto y porque él era algún tanto corto de vista, mi +señora la duquesa le despidió, de cuyo pesar, sin duda alguna, tengo para +mí que se le causó el mal de la muerte. Quedé yo viuda y desamparada, y con +hija a cuestas, que iba creciendo en hermosura como la espuma de la mar. +Finalmente, como yo tuviese fama de gran labrandera, mi señora la duquesa, +que estaba recién casada con el duque mi señor, quiso traerme consigo a +este reino de Aragón y a mi hija ni más ni menos, adonde, yendo días y +viniendo días, creció mi hija, y con ella todo el donaire del mundo: canta +como una calandria, danza como el pensamiento, baila como una perdida, lee +y escribe como un maestro de escuela, y cuenta como un avariento. De su +limpieza no digo nada: que el agua que corre no es más limpia, y debe de +tener agora, si mal no me acuerdo, diez y seis años, cinco meses y tres +días, uno más a menos. En resolución: de esta mi muchacha se enamoró un +hijo de un labrador riquísimo que está en una aldea del duque mi señor, no +muy lejos de aquí. En efecto, no sé cómo ni cómo no, ellos se juntaron, y, +debajo de la palabra de ser su esposo, burló a mi hija, y no se la quiere +cumplir; y, aunque el duque mi señor lo sabe, porque yo me he quejado a él, +no una, sino muchas veces, y pedídole mande que el tal labrador se case con +mi hija, hace orejas de mercader y apenas quiere oírme; y es la causa que, +como el padre del burlador es tan rico y le presta dineros, y le sale por +fiador de sus trampas por momentos, no le quiere descontentar ni dar +pesadumbre en ningún modo.» Querría, pues, señor mío, que vuesa merced +tomase a cargo el deshacer este agravio, o ya por ruegos, o ya por armas, +pues, según todo el mundo dice, vuesa merced nació en él para deshacerlos y +para enderezar los tuertos y amparar los miserables; y póngasele a vuesa +merced por delante la orfandad de mi hija, su gentileza, su mocedad, con +todas las buenas partes que he dicho que tiene; que en Dios y en mi +conciencia que de cuantas doncellas tiene mi señora, que no hay ninguna que +llegue a la suela de su zapato, y que una que llaman Altisidora, que es la +que tienen por más desenvuelta y gallarda, puesta en comparación de mi +hija, no la llega con dos leguas. Porque quiero que sepa vuesa merced, +señor mío, que no es todo oro lo que reluce; porque esta Altisidorilla +tiene más de presunción que de hermosura, y más de desenvuelta que de +recogida, además que no está muy sana: que tiene un cierto allento cansado, +que no hay sufrir el estar junto a ella un momento. Y aun mi señora la +duquesa... Quiero callar, que se suele decir que las paredes tienen oídos. + +— ¿Qué tiene mi señora la duquesa, por vida mía, señora doña Rodríguez? +— preguntó don Quijote. + +— Con ese conjuro —respondió la dueña—, no puedo dejar de responder a lo que +se me pregunta con toda verdad. ¿Vee vuesa merced, señor don Quijote, la +hermosura de mi señora la duquesa, aquella tez de rostro, que no parece +sino de una espada acicalada y tersa, aquellas dos mejillas de leche y de +carmín, que en la una tiene el sol y en la otra la luna, y aquella +gallardía con que va pisando y aun despreciando el suelo, que no parece +sino que va derramando salud donde pasa? Pues sepa vuesa merced que lo +puede agradecer, primero, a Dios, y luego, a dos fuentes que tiene en las +dos piernas, por donde se desagua todo el mal humor de quien dicen los +médicos que está llena. + +— ¡Santa María! —dijo don Quijote—. Y ¿es posible que mi señora la duquesa +tenga tales desaguaderos? No lo creyera si me lo dijeran frailes descalzos; +pero, pues la señora doña Rodríguez lo dice, debe de ser así. Pero tales +fuentes, y en tales lugares, no deben de manar humor, sino ámbar líquido. +Verdaderamente que ahora acabo de creer que esto de hacerse fuentes debe de +ser cosa importante para salud. + +Apenas acabó don Quijote de decir esta razón, cuando con un gran golpe +abrieron las puertas del aposento, y del sobresalto del golpe se le cayó a +doña Rodríguez la vela de la mano, y quedó la estancia como boca de lobo, +como suele decirse. Luego sintió la pobre dueña que la asían de la garganta +con dos manos, tan fuertemente que no la dejaban gañir, y que otra persona, +con mucha presteza, sin hablar palabra, le alzaba las faldas, y con una, al +parecer, chinela, le comenzó a dar tantos azotes, que era una compasión; y, +aunque don Quijote se la tenía, no se meneaba del lecho, y no sabía qué +podía ser aquello, y estábase quedo y callando, y aun temiendo no viniese +por él la tanda y tunda azotesca. Y no fue vano su temor, porque, en +dejando molida a la dueña los callados verdugos (la cual no osaba +quejarse), acudieron a don Quijote, y, desenvolviéndole de la sábana y de +la colcha, le pellizcaron tan a menudo y tan reciamente, que no pudo dejar +de defenderse a puñadas, y todo esto en silencio admirable. Duró la batalla +casi media hora; saliéronse las fantasmas, recogió doña Rodríguez sus +faldas, y, gimiendo su desgracia, se salió por la puerta afuera, sin decir +palabra a don Quijote, el cual, doloroso y pellizcado, confuso y pensativo, +se quedó solo, donde le dejaremos deseoso de saber quién había sido el +perverso encantador que tal le había puesto. Pero ello se dirá a su tiempo, +que Sancho Panza nos llama, y el buen concierto de la historia lo pide. + + + + +Capítulo XLIX. De lo que le sucedió a Sancho Panza rondando su ínsula + +Dejamos al gran gobernador enojado y mohíno con el labrador pintor y +socarrón, el cual, industriado del mayordomo, y el mayordomo del duque, se +burlaban de Sancho; pero él se las tenía tiesas a todos, maguera tonto, +bronco y rollizo, y dijo a los que con él estaban, y al doctor Pedro Recio, +que, como se acabó el secreto de la carta del duque, había vuelto a entrar +en la sala: + +— Ahora verdaderamente que entiendo que los jueces y gobernadores deben de +ser, o han de ser, de bronce, para no sentir las importunidades de los +negociantes, que a todas horas y a todos tiempos quieren que los escuchen y +despachen, atendiendo sólo a su negocio, venga lo que viniere; y si el +pobre del juez no los escucha y despacha, o porque no puede o porque no es +aquél el tiempo diputado para darles audiencia, luego les maldicen y +murmuran, y les roen los huesos, y aun les deslindan los linajes. +Negociante necio, negociante mentecato, no te apresures; espera sazón y +coyuntura para negociar: no vengas a la hora del comer ni a la del dormir, +que los jueces son de carne y de hueso y han de dar a la naturaleza lo que +naturalmente les pide, si no es yo, que no le doy de comer a la mía, merced +al señor doctor Pedro Recio Tirteafuera, que está delante, que quiere que +muera de hambre, y afirma que esta muerte es vida, que así se la dé Dios a +él y a todos los de su ralea: digo, a la de los malos médicos, que la de +los buenos, palmas y lauros merecen. + +Todos los que conocían a Sancho Panza se admiraban, oyéndole hablar tan +elegantemente, y no sabían a qué atribuirlo, sino a que los oficios y +cargos graves, o adoban o entorpecen los entendimientos. Finalmente, el +doctor Pedro Recio Agüero de Tirteafuera prometió de darle de cenar aquella +noche, aunque excediese de todos los aforismos de Hipócrates. Con esto +quedó contento el gobernador, y esperaba con grande ansia llegase la noche +y la hora de cenar; y, aunque el tiempo, al parecer suyo, se estaba quedo, +sin moverse de un lugar, todavía se llegó por él el tanto deseado, donde +le dieron de cenar un salpicón de vaca con cebolla, y unas manos cocidas de +ternera algo entrada en días. Entregóse en todo con más gusto que si le +hubieran dado francolines de Milán, faisanes de Roma, ternera de Sorrento, +perdices de Morón, o gansos de Lavajos; y, entre la cena, volviéndose al +doctor, le dijo: + +— Mirad, señor doctor: de aquí adelante no os curéis de darme a comer cosas +regaladas ni manjares esquisitos, porque será sacar a mi estómago de sus +quicios, el cual está acostumbrado a cabra, a vaca, a tocino, a cecina, a +nabos y a cebollas; y, si acaso le dan otros manjares de palacio, los +recibe con melindre, y algunas veces con asco. Lo que el maestresala puede +hacer es traerme estas que llaman ollas podridas, que mientras más podridas +son, mejor huelen, y en ellas puede embaular y encerrar todo lo que él +quisiere, como sea de comer, que yo se lo agradeceré y se lo pagaré algún +día; y no se burle nadie conmigo, porque o somos o no somos: vivamos todos +y comamos en buena paz compaña, pues, cuando Dios amanece, para todos +amanece. Yo gobernaré esta ínsula sin perdonar derecho ni llevar cohecho, y +todo el mundo traiga el ojo alerta y mire por el virote, porque les hago +saber que el diablo está en Cantillana, y que, si me dan ocasión, han de +ver maravillas. No, sino haceos miel, y comeros han moscas. + +— Por cierto, señor gobernador —dijo el maestresala—, que vuesa merced tiene +mucha razón en cuanto ha dicho, y que yo ofrezco en nombre de todos los +insulanos desta ínsula que han de servir a vuestra merced con toda +puntualidad, amor y benevolencia, porque el suave modo de gobernar que en +estos principios vuesa merced ha dado no les da lugar de hacer ni de pensar +cosa que en deservicio de vuesa merced redunde. + +— Yo lo creo —respondió Sancho—, y serían ellos unos necios si otra cosa +hiciesen o pensasen. Y vuelvo a decir que se tenga cuenta con mi sustento y +con el de mi rucio, que es lo que en este negocio importa y hace más al +caso; y, en siendo hora, vamos a rondar, que es mi intención limpiar esta +ínsula de todo género de inmundicia y de gente vagamunda, holgazanes, y mal +entretenida; porque quiero que sepáis, amigos, que la gente baldía y +perezosa es en la república lo mesmo que los zánganos en las colmenas, que +se comen la miel que las trabajadoras abejas hacen. Pienso favorecer a los +labradores, guardar sus preeminencias a los hidalgos, premiar los virtuosos +y, sobre todo, tener respeto a la religión y a la honra de los religiosos. +¿Qué os parece desto, amigos? ¿Digo algo, o quiébrome la cabeza? + +— Dice tanto vuesa merced, señor gobernador —dijo el mayordomo—, que estoy +admirado de ver que un hombre tan sin letras como vuesa merced, que, a lo +que creo, no tiene ninguna, diga tales y tantas cosas llenas de sentencias +y de avisos, tan fuera de todo aquello que del ingenio de vuesa merced +esperaban los que nos enviaron y los que aquí venimos. Cada día se veen +cosas nuevas en el mundo: las burlas se vuelven en veras y los burladores +se hallan burlados. + +Llegó la noche, y cenó el gobernador, con licencia del señor doctor Recio. +Aderezáronse de ronda; salió con el mayordomo, secretario y maestresala, y +el coronista que tenía cuidado de poner en memoria sus hechos, y alguaciles +y escribanos, tantos que podían formar un mediano escuadrón. Iba Sancho en +medio, con su vara, que no había más que ver, y pocas calles andadas del +lugar, sintieron ruido de cuchilladas; acudieron allá, y hallaron que eran +dos solos hombres los que reñían, los cuales, viendo venir a la justicia, +se estuvieron quedos; y el uno dellos dijo: + +— ¡Aquí de Dios y del rey! ¿Cómo y que se ha de sufrir que roben en poblado +en este pueblo, y que salga a saltear en él en la mitad de las calles? + +— Sosegaos, hombre de bien —dijo Sancho—, y contadme qué es la causa desta +pendencia, que yo soy el gobernador. + +El otro contrario dijo: + +— Señor gobernador, yo la diré con toda brevedad. Vuestra merced sabrá que +este gentilhombre acaba de ganar ahora en esta casa de juego que está aquí +frontero más de mil reales, y sabe Dios cómo; y, hallándome yo presente, +juzgué más de una suerte dudosa en su favor, contra todo aquello que me +dictaba la conciencia; alzóse con la ganancia, y, cuando esperaba que me +había de dar algún escudo, por lo menos, de barato, como es uso y costumbre +darle a los hombres principales como yo, que estamos asistentes para bien y +mal pasar, y para apoyar sinrazones y evitar pendencias, él embolsó su +dinero y se salió de la casa. Yo vine despechado tras él, y con buenas y +corteses palabras le he pedido que me diese siquiera ocho reales, pues sabe +que yo soy hombre honrado y que no tengo oficio ni beneficio, porque mis +padres no me le enseñaron ni me le dejaron, y el socarrón, que no es más +ladrón que Caco, ni más fullero que Andradilla, no quería darme más de +cuatro reales; ¡porque vea vuestra merced, señor gobernador, qué poca +vergüenza y qué poca conciencia! Pero a fee que, si vuesa merced no +llegara, que yo le hiciera vomitar la ganancia, y que había de saber con +cuántas entraba la romana. + +— ¿Qué decís vos a esto? —preguntó Sancho. + +Y el otro respondió que era verdad cuanto su contrario decía, y no había +querido darle más de cuatro reales porque se los daba muchas veces; y los +que esperan barato han de ser comedidos y tomar con rostro alegre lo que +les dieren, sin ponerse en cuentas con los gananciosos, si ya no supiesen +de cierto que son fulleros y que lo que ganan es mal ganado; y que, para +señal que él era hombre de bien y no ladrón, como decía, ninguna había +mayor que el no haberle querido dar nada; que siempre los fulleros son +tributarios de los mirones que los conocen. + +— Así es —dijo el mayordomo—. Vea vuestra merced, señor gobernador, qué es +lo que se ha de hacer destos hombres. + +— Lo que se ha de hacer es esto —respondió Sancho—: vos, ganancioso, bueno, +o malo, o indiferente, dad luego a este vuestro acuchillador cien reales, y +más, habéis de desembolsar treinta para los pobres de la cárcel; y vos, que +no tenéis oficio ni beneficio y andáis de nones en esta ínsula, tomad luego +esos cien reales, y mañana en todo el día salid desta ínsula desterrado por +diez años, so pena, si lo quebrantáredes, los cumpláis en la otra vida, +colgándoos yo de una picota, o, a lo menos, el verdugo por mi mandado; y +ninguno me replique, que le asentaré la mano. + +Desembolsó el uno, recibió el otro, éste se salió de la ínsula, y aquél se +fue a su casa, y el gobernador quedó diciendo: + +— Ahora, yo podré poco, o quitaré estas casas de juego, que a mí se me +trasluce que son muy perjudiciales. + +— Ésta, a lo menos —dijo un escribano—, no la podrá vuesa merced quitar, +porque la tiene un gran personaje, y más es sin comparación lo que él +pierde al año que lo que saca de los naipes. Contra otros garitos de menor +cantía podrá vuestra merced mostrar su poder, que son los que más daño +hacen y más insolencias encubren; que en las casas de los caballeros +principales y de los señores no se atreven los famosos fulleros a usar de +sus tretas; y, pues el vicio del juego se ha vuelto en ejercicio común, +mejor es que se juegue en casas principales que no en la de algún oficial, +donde cogen a un desdichado de media noche abajo y le desuellan vivo. + +— Agora, escribano —dijo Sancho—, yo sé que hay mucho que decir en eso. + +Y, en esto, llegó un corchete que traía asido a un mozo, y dijo: + +— Señor gobernador, este mancebo venía hacia nosotros, y, así como columbró +la justicia, volvió las espaldas y comenzó a correr como un gamo, señal que +debe de ser algún delincuente. Yo partí tras él, y, si no fuera porque +tropezó y cayó, no le alcanzara jamás. + +— ¿Por qué huías, hombre? —preguntó Sancho. + +A lo que el mozo respondió: + +— Señor, por escusar de responder a las muchas preguntas que las justicias +hacen. + +— ¿Qué oficio tienes? + +— Tejedor. + +— ¿Y qué tejes? + +— Hierros de lanzas, con licencia buena de vuestra merced. + +— ¿Graciosico me sois? ¿De chocarrero os picáis? ¡Está bien! Y ¿adónde +íbades ahora? + +— Señor, a tomar el aire. + +— Y ¿adónde se toma el aire en esta ínsula? + +— Adonde sopla. + +— ¡Bueno: respondéis muy a propósito! Discreto sois, mancebo; pero haced +cuenta que yo soy el aire, y que os soplo en popa, y os encamino a la +cárcel. ¡Asilde, hola, y llevadle, que yo haré que duerma allí sin aire +esta noche! + +— ¡Par Dios —dijo el mozo—, así me haga vuestra merced dormir en la cárcel +como hacerme rey! + +— Pues, ¿por qué no te haré yo dormir en la cárcel? —respondió Sancho—. ¿No +tengo yo poder para prenderte y soltarte cada y cuando que quisiere? + +— Por más poder que vuestra merced tenga —dijo el mozo—, no será bastante +para hacerme dormir en la cárcel. + +— ¿Cómo que no? —replicó Sancho—. Llevalde luego donde verá por sus ojos el +desengaño, aunque más el alcaide quiera usar con él de su interesal +liberalidad; que yo le pondré pena de dos mil ducados si te deja salir un +paso de la cárcel. + +— Todo eso es cosa de risa —respondió el mozo—. El caso es que no me harán +dormir en la cárcel cuantos hoy viven. + +— Dime, demonio —dijo Sancho—, ¿tienes algún ángel que te saque y que te +quite los grillos que te pienso mandar echar? + +— Ahora, señor gobernador —respondió el mozo con muy buen donaire—, estemos +a razón y vengamos al punto. Prosuponga vuestra merced que me manda llevar +a la cárcel, y que en ella me echan grillos y cadenas, y que me meten en un +calabozo, y se le ponen al alcaide graves penas si me deja salir, y que él +lo cumple como se le manda; con todo esto, si yo no quiero dormir, y +estarme despierto toda la noche, sin pegar pestaña, ¿será vuestra merced +bastante con todo su poder para hacerme dormir, si yo no quiero? + +— No, por cierto —dijo el secretario—, y el hombre ha salido con su +intención. + +— De modo —dijo Sancho— que no dejaréis de dormir por otra cosa que por +vuestra voluntad, y no por contravenir a la mía. + +— No, señor —dijo el mozo—, ni por pienso. + +— Pues andad con Dios —dijo Sancho—; idos a dormir a vuestra casa, y Dios os +dé buen sueño, que yo no quiero quitárosle; pero aconséjoos que de aquí +adelante no os burléis con la justicia, porque toparéis con alguna que os +dé con la burla en los cascos. + +Fuese el mozo, y el gobernador prosiguió con su ronda, y de allí a poco +vinieron dos corchetes que traían a un hombre asido, y dijeron: + +— Señor gobernador, este que parece hombre no lo es, sino mujer, y no fea, +que viene vestida en hábito de hombre. + +Llegáronle a los ojos dos o tres lanternas, a cuyas luces descubrieron un +rostro de una mujer, al parecer, de diez y seis o pocos más años, recogidos +los cabellos con una redecilla de oro y seda verde, hermosa como mil +perlas. Miráronla de arriba abajo, y vieron que venía con unas medias de +seda encarnada, con ligas de tafetán blanco y rapacejos de oro y aljófar; +los greguescos eran verdes, de tela de oro, y una saltaembarca o ropilla de +lo mesmo, suelta, debajo de la cual traía un jubón de tela finísima de oro +y blanco, y los zapatos eran blancos y de hombre. No traía espada ceñida, +sino una riquísima daga, y en los dedos, muchos y muy buenos anillos. +Finalmente, la moza parecía bien a todos, y ninguno la conoció de cuantos +la vieron, y los naturales del lugar dijeron que no podían pensar quién +fuese, y los consabidores de las burlas que se habían de hacer a Sancho +fueron los que más se admiraron, porque aquel suceso y hallazgo no venía +ordenado por ellos; y así, estaban dudosos, esperando en qué pararía el +caso. + +Sancho quedó pasmado de la hermosura de la moza, y preguntóle quién era, +adónde iba y qué ocasión le había movido para vestirse en aquel hábito. +Ella, puestos los ojos en tierra con honestísima vergüenza, respondió: + +— No puedo, señor, decir tan en público lo que tanto me importaba fuera +secreto; una cosa quiero que se entienda: que no soy ladrón ni persona +facinorosa, sino una doncella desdichada a quien la fuerza de unos celos ha +hecho romper el decoro que a la honestidad se debe. + +Oyendo esto el mayordomo, dijo a Sancho: + +— Haga, señor gobernador, apartar la gente, porque esta señora con menos +empacho pueda decir lo que quisiere. + +Mandólo así el gobernador; apartáronse todos, si no fueron el mayordomo, +maestresala y el secretario. Viéndose, pues, solos, la doncella prosiguió +diciendo: + +— «Yo, señores, soy hija de Pedro Pérez Mazorca, arrendador de las lanas +deste lugar, el cual suele muchas veces ir en casa de mi padre.» + +— Eso no lleva camino —dijo el mayordomo—, señora, porque yo conozco muy +bien a Pedro Pérez y sé que no tiene hijo ninguno, ni varón ni hembra; y +más, que decís que es vuestro padre, y luego añadís que suele ir muchas +veces en casa de vuestro padre. + +— Ya yo había dado en ello —dijo Sancho. + +— Ahora, señores, yo estoy turbada, y no sé lo que me digo —respondió la +doncella—; pero la verdad es que yo soy hija de Diego de la Llana, que +todos vuesas mercedes deben de conocer. + +— Aún eso lleva camino —respondió el mayordomo—, que yo conozco a Diego de +la Llana, y sé que es un hidalgo principal y rico, y que tiene un hijo y +una hija, y que después que enviudó no ha habido nadie en todo este lugar +que pueda decir que ha visto el rostro de su hija; que la tiene tan +encerrada que no da lugar al sol que la vea; y, con todo esto, la fama dice +que es en estremo hermosa. + +— Así es la verdad —respondió la doncella—, y esa hija soy yo; si la fama +miente o no en mi hermosura ya os habréis, señores, desengañado, pues me +habéis visto. + +Y, en esto, comenzó a llorar tiernamente; viendo lo cual el secretario, se +llegó al oído del maestresala y le dijo muy paso: + +— Sin duda alguna que a esta pobre doncella le debe de haber sucedido algo +de importancia, pues en tal traje, y a tales horas, y siendo tan principal, +anda fuera de su casa. + +— No hay dudar en eso —respondió el maestresala—; y más, que esa sospecha la +confirman sus lágrimas. + +Sancho la consoló con las mejores razones que él supo, y le pidió que sin +temor alguno les dijese lo que le había sucedido; que todos procurarían +remediarlo con muchas veras y por todas las vías posibles. + +— «Es el caso, señores —respondió ella—, que mi padre me ha tenido encerrada +diez años ha, que son los mismos que a mi madre come la tierra. En casa +dicen misa en un rico oratorio, y yo en todo este tiempo no he visto que el +sol del cielo de día, y la luna y las estrellas de noche, ni sé qué son +calles, plazas, ni templos, ni aun hombres, fuera de mi padre y de un +hermano mío, y de Pedro Pérez el arrendador, que, por entrar de ordinario +en mi casa, se me antojó decir que era mi padre, por no declarar el mío. +Este encerramiento y este negarme el salir de casa, siquiera a la iglesia, +ha muchos días y meses que me trae muy desconsolada; quisiera yo ver el +mundo, o, a lo menos, el pueblo donde nací, pareciéndome que este deseo no +iba contra el buen decoro que las doncellas principales deben guardar a sí +mesmas. Cuando oía decir que corrían toros y jugaban cañas, y se +representaban comedias, preguntaba a mi hermano, que es un año menor que +yo, que me dijese qué cosas eran aquéllas y otras muchas que yo no he +visto; él me lo declaraba por los mejores modos que sabía, pero todo era +encenderme más el deseo de verlo. Finalmente, por abreviar el cuento de mi +perdición, digo que yo rogué y pedí a mi hermano, que nunca tal pidiera ni +tal rogara...» + +Y tornó a renovar el llanto. El mayordomo le dijo: + +— Prosiga vuestra merced, señora, y acabe de decirnos lo que le ha sucedido, +que nos tienen a todos suspensos sus palabras y sus lágrimas. + +— Pocas me quedan por decir —respondió la doncella—, aunque muchas lágrimas +sí que llorar, porque los mal colocados deseos no pueden traer consigo +otros descuentos que los semejantes. + +Habíase sentado en el alma del maestresala la belleza de la doncella, y +llegó otra vez su lanterna para verla de nuevo; y parecióle que no eran +lágrimas las que lloraba, sino aljófar o rocío de los prados, y aun las +subía de punto y las llegaba a perlas orientales, y estaba deseando que su +desgracia no fuese tanta como daban a entender los indicios de su llanto y +de sus suspiros. Desesperábase el gobernador de la tardanza que tenía la +moza en dilatar su historia, y díjole que acabase de tenerlos más +suspensos, que era tarde y faltaba mucho que andar del pueblo. Ella, entre +interrotos sollozos y mal formados suspiros, dijo: + +— «No es otra mi desgracia, ni mi infortunio es otro sino que yo rogué a mi +hermano que me vistiese en hábitos de hombre con uno de sus vestidos y que +me sacase una noche a ver todo el pueblo, cuando nuestro padre durmiese; +él, importunado de mis ruegos, condecendió con mi deseo, y, poniéndome este +vestido y él vestiéndose de otro mío, que le está como nacido, porque él no +tiene pelo de barba y no parece sino una doncella hermosísima, esta noche, +debe de haber una hora, poco más o menos, nos salimos de casa; y, guiados +de nuestro mozo y desbaratado discurso, hemos rodeado todo el pueblo, y +cuando queríamos volver a casa, vimos venir un gran tropel de gente, y mi +hermano me dijo: ''Hermana, ésta debe de ser la ronda: aligera los pies y +pon alas en ellos, y vente tras mí corriendo, porque no nos conozcan, que +nos será mal contado''. Y, diciendo esto, volvió las espaldas y comenzó, no +digo a correr, sino a volar; yo, a menos de seis pasos, caí, con el +sobresalto, y entonces llegó el ministro de la justicia que me trujo ante +vuestras mercedes, adonde, por mala y antojadiza, me veo avergonzada ante +tanta gente.» + +— ¿En efecto, señora —dijo Sancho—, no os ha sucedido otro desmán alguno, ni +celos, como vos al principio de vuestro cuento dijistes, no os sacaron de +vuestra casa? + +— No me ha sucedido nada, ni me sacaron celos, sino sólo el deseo de ver +mundo, que no se estendía a más que a ver las calles de este lugar. + +Y acabó de confirmar ser verdad lo que la doncella decía llegar los +corchetes con su hermano preso, a quien alcanzó uno dellos cuando se huyó +de su hermana. No traía sino un faldellín rico y una mantellina de damasco +azul con pasamanos de oro fino, la cabeza sin toca ni con otra cosa +adornada que con sus mesmos cabellos, que eran sortijas de oro, según eran +rubios y enrizados. Apartáronse con el gobernador, mayordomo y maestresala, +y, sin que lo oyese su hermana, le preguntaron cómo venía en aquel traje, y +él, con no menos vergüenza y empacho, contó lo mesmo que su hermana había +contado, de que recibió gran gusto el enamorado maestresala. Pero el +gobernador les dijo: + +— Por cierto, señores, que ésta ha sido una gran rapacería, y para contar +esta necedad y atrevimiento no eran menester tantas largas, ni tantas +lágrimas y suspiros; que con decir: ''Somos fulano y fulana, que nos +salimos a espaciar de casa de nuestros padres con esta invención, sólo por +curiosidad, sin otro designio alguno'', se acabara el cuento, y no +gemidicos, y lloramicos, y darle. + +— Así es la verdad —respondió la doncella—, pero sepan vuesas mercedes que +la turbación que he tenido ha sido tanta, que no me ha dejado guardar el +término que debía. + +— No se ha perdido nada —respondió Sancho—. Vamos, y dejaremos a vuesas +mercedes en casa de su padre; quizá no los habrá echado menos. Y, de aquí +adelante, no se muestren tan niños, ni tan deseosos de ver mundo, que la +doncella honrada, la pierna quebrada, y en casa; y la mujer y la gallina, +por andar se pierden aína; y la que es deseosa de ver, también tiene deseo +de ser vista. No digo más. + +El mancebo agradeció al gobernador la merced que quería hacerles de +volverlos a su casa, y así, se encaminaron hacia ella, que no estaba muy +lejos de allí. Llegaron, pues, y, tirando el hermano una china a una reja, +al momento bajó una criada, que los estaba esperando, y les abrió la +puerta, y ellos se entraron, dejando a todos admirados, así de su gentileza +y hermosura como del deseo que tenían de ver mundo, de noche y sin salir +del lugar; pero todo lo atribuyeron a su poca edad. + +Quedó el maestresala traspasado su corazón, y propuso de luego otro día +pedírsela por mujer a su padre, teniendo por cierto que no se la negaría, +por ser él criado del duque; y aun a Sancho le vinieron deseos y barruntos +de casar al mozo con Sanchica, su hija, y determinó de ponerlo en plática a +su tiempo, dándose a entender que a una hija de un gobernador ningún marido +se le podía negar. + +Con esto, se acabó la ronda de aquella noche, y de allí a dos días el +gobierno, con que se destroncaron y borraron todos sus designios, como se +verá adelante. + + + + +Capítulo L. Donde se declara quién fueron los encantadores y verdugos que +azotaron a la dueña y pellizcaron y arañaron a don Quijote, con el suceso +que tuvo el paje que llevó la carta a Teresa Sancha, mujer de Sancho Panza + +Dice Cide Hamete, puntualísimo escudriñador de los átomos desta verdadera +historia, que al tiempo que doña Rodríguez salió de su aposento para ir a +la estancia de don Quijote, otra dueña que con ella dormía lo sintió, y +que, como todas las dueñas son amigas de saber, entender y oler, se fue +tras ella, con tanto silencio, que la buena Rodríguez no lo echó de ver; y, +así como la dueña la vio entrar en la estancia de don Quijote, porque no +faltase en ella la general costumbre que todas las dueñas tienen de ser +chismosas, al momento lo fue a poner en pico a su señora la duquesa, de +cómo doña Rodríguez quedaba en el aposento de don Quijote. + +La duquesa se lo dijo al duque, y le pidió licencia para que ella y +Altisidora viniesen a ver lo que aquella dueña quería con don Quijote; el +duque se la dio, y las dos, con gran tiento y sosiego, paso ante paso, +llegaron a ponerse junto a la puerta del aposento, y tan cerca, que oían +todo lo que dentro hablaban; y, cuando oyó la duquesa que Rodríguez había +echado en la calle el Aranjuez de sus fuentes, no lo pudo sufrir, ni menos +Altisidora; y así, llenas de cólera y deseosas de venganza, entraron de +golpe en el aposento, y acrebillaron a don Quijote y vapularon a la dueña +del modo que queda contado; porque las afrentas que van derechas contra la +hermosura y presunción de las mujeres, despierta en ellas en gran manera la +ira y enciende el deseo de vengarse. + +Contó la duquesa al duque lo que le había pasado, de lo que se holgó mucho, +y la duquesa, prosiguiendo con su intención de burlarse y recibir +pasatiempo con don Quijote, despachó al paje que había hecho la figura de +Dulcinea en el concierto de su desencanto —que tenía bien olvidado Sancho +Panza con la ocupación de su gobierno— a Teresa Panza, su mujer, con la +carta de su marido, y con otra suya, y con una gran sarta de corales ricos +presentados. + +Dice, pues, la historia, que el paje era muy discreto y agudo, y, con deseo +de servir a sus señores, partió de muy buena gana al lugar de Sancho; y, +antes de entrar en él, vio en un arroyo estar lavando cantidad de mujeres, +a quien preguntó si le sabrían decir si en aquel lugar vivía una mujer +llamada Teresa Panza, mujer de un cierto Sancho Panza, escudero de un +caballero llamado don Quijote de la Mancha, a cuya pregunta se levantó en +pie una mozuela que estaba lavando, y dijo: + +— Esa Teresa Panza es mi madre, y ese tal Sancho, mi señor padre, y el tal +caballero, nuestro amo. + +— Pues venid, doncella —dijo el paje—, y mostradme a vuestra madre, porque +le traigo una carta y un presente del tal vuestro padre. + +— Eso haré yo de muy buena gana, señor mío —respondió la moza, que mostraba +ser de edad de catorce años, poco más a menos. + +Y, dejando la ropa que lavaba a otra compañera, sin tocarse ni calzarse, +que estaba en piernas y desgreñada, saltó delante de la cabalgadura del +paje, y dijo: + +— Venga vuesa merced, que a la entrada del pueblo está nuestra casa, y mi +madre en ella, con harta pena por no haber sabido muchos días ha de mi +señor padre. + +— Pues yo se las llevo tan buenas —dijo el paje— que tiene que dar bien +gracias a Dios por ellas. + +Finalmente, saltando, corriendo y brincando, llegó al pueblo la muchacha, +y, antes de entrar en su casa, dijo a voces desde la puerta: + +— Salga, madre Teresa, salga, salga, que viene aquí un señor que trae cartas +y otras cosas de mi buen padre. + +A cuyas voces salió Teresa Panza, su madre, hilando un copo de estopa, con +una saya parda. Parecía, según era de corta, que se la habían cortado por +vergonzoso lugar, con un corpezuelo asimismo pardo y una camisa de pechos. +No era muy vieja, aunque mostraba pasar de los cuarenta, pero fuerte, +tiesa, nervuda y avellanada; la cual, viendo a su hija, y al paje a +caballo, le dijo: + +— ¿Qué es esto, niña? ¿Qué señor es éste? + +— Es un servidor de mi señora doña Teresa Panza —respondió el paje. + +Y, diciendo y haciendo, se arrojó del caballo y se fue con mucha humildad a +poner de hinojos ante la señora Teresa, diciendo: + +— Déme vuestra merced sus manos, mi señora doña Teresa, bien así como mujer +legítima y particular del señor don Sancho Panza, gobernador propio de la +ínsula Barataria. + +— ¡Ay, señor mío, quítese de ahí; no haga eso —respondió Teresa—, que yo no +soy nada palaciega, sino una pobre labradora, hija de un estripaterrones y +mujer de un escudero andante, y no de gobernador alguno! + +— Vuesa merced —respondió el paje— es mujer dignísima de un gobernador +archidignísimo; y, para prueba desta verdad, reciba vuesa merced esta carta +y este presente. + +Y sacó al instante de la faldriquera una sarta de corales con estremos de +oro, y se la echó al cuello y dijo: + +— Esta carta es del señor gobernador, y otra que traigo y estos corales son +de mi señora la duquesa, que a vuestra merced me envía. + +Quedó pasmada Teresa, y su hija ni más ni menos, y la muchacha dijo: + +— Que me maten si no anda por aquí nuestro señor amo don Quijote, que debe +de haber dado a padre el gobierno o condado que tantas veces le había +prometido. + +— Así es la verdad —respondió el paje—: que, por respeto del señor don +Quijote, es ahora el señor Sancho gobernador de la ínsula Barataria, como +se verá por esta carta. + +— Léamela vuesa merced, señor gentilhombre —dijo Teresa—, porque, aunque yo +sé hilar, no sé leer migaja. + +— Ni yo tampoco —añadió Sanchica—; pero espérenme aquí, que yo iré a llamar +quien la lea, ora sea el cura mesmo, o el bachiller Sansón Carrasco, que +vendrán de muy buena gana, por saber nuevas de mi padre. + +— No hay para qué se llame a nadie, que yo no sé hilar, pero sé leer, y la +leeré. + +Y así, se la leyó toda, que, por quedar ya referida, no se pone aquí; y +luego sacó otra de la duquesa, que decía desta manera: + +Amiga Teresa: + +Las buenas partes de la bondad y del ingenio de vuestro marido Sancho me +movieron y obligaron a pedir a mi marido el duque le diese un gobierno de +una ínsula, de muchas que tiene. Tengo noticia que gobierna como un +girifalte, de lo que yo estoy muy contenta, y el duque mi señor, por el +consiguiente; por lo que doy muchas gracias al cielo de no haberme engañado +en haberle escogido para el tal gobierno; porque quiero que sepa la señora +Teresa que con dificultad se halla un buen gobernador en el mundo, y tal me +haga a mí Dios como Sancho gobierna. + +Ahí le envío, querida mía, una sarta de corales con estremos de oro; yo me +holgara que fuera de perlas orientales, pero quien te da el hueso, no te +querría ver muerta: tiempo vendrá en que nos conozcamos y nos comuniquemos, +y Dios sabe lo que será. Encomiéndeme a Sanchica, su hija, y dígale de mi +parte que se apareje, que la tengo de casar altamente cuando menos lo +piense. + +Dícenme que en ese lugar hay bellotas gordas: envíeme hasta dos docenas, +que las estimaré en mucho, por ser de su mano, y escríbame largo, +avisándome de su salud y de su bienestar; y si hubiere menester alguna +cosa, no tiene que hacer más que boquear: que su boca será medida, y Dios +me la guarde. Deste lugar. + +Su amiga, que bien la quiere, + +La Duquesa. + +— ¡Ay —dijo Teresa en oyendo la carta—, y qué buena y qué llana y qué +humilde señora! Con estas tales señoras me entierren a mí, y no las +hidalgas que en este pueblo se usan, que piensan que por ser hidalgas no +las ha de tocar el viento, y van a la iglesia con tanta fantasía como si +fuesen las mesmas reinas, que no parece sino que tienen a deshonra el mirar +a una labradora; y veis aquí donde esta buena señora, con ser duquesa, me +llama amiga, y me trata como si fuera su igual, que igual la vea yo con el +más alto campanario que hay en la Mancha. Y, en lo que toca a las bellotas, +señor mío, yo le enviaré a su señoría un celemín, que por gordas las pueden +venir a ver a la mira y a la maravilla. Y por ahora, Sanchica, atiende a +que se regale este señor: pon en orden este caballo, y saca de la +caballeriza güevos, y corta tocino adunia, y démosle de comer como a un +príncipe, que las buenas nuevas que nos ha traído y la buena cara que él +tiene lo merece todo; y, en tanto, saldré yo a dar a mis vecinas las nuevas +de nuestro contento, y al padre cura y a maese Nicolás el barbero, que tan +amigos son y han sido de tu padre. + +— Sí haré, madre —respondió Sanchica—; pero mire que me ha de dar la mitad +desa sarta; que no tengo yo por tan boba a mi señora la duquesa, que se la +había de enviar a ella toda. + +— Todo es para ti, hija —respondió Teresa—, pero déjamela traer algunos +días al cuello, que verdaderamente parece que me alegra el corazón. + +— También se alegrarán —dijo el paje— cuando vean el lío que viene en este +portamanteo, que es un vestido de paño finísimo que el gobernador sólo un +día llevó a caza, el cual todo le envía para la señora Sanchica. + +— Que me viva él mil años —respondió Sanchica—, y el que lo trae, ni más ni +menos, y aun dos mil, si fuere necesidad. + +Salióse en esto Teresa fuera de casa, con las cartas, y con la sarta al +cuello, y iba tañendo en las cartas como si fuera en un pandero; y, +encontrándose acaso con el cura y Sansón Carrasco, comenzó a bailar y a +decir: + +— ¡A fee que agora que no hay pariente pobre! ¡Gobiernito tenemos! ¡No, sino +tómese conmigo la más pintada hidalga, que yo la pondré como nueva! + +— ¿Qué es esto, Teresa Panza? ¿Qué locuras son éstas, y qué papeles son +ésos? + +— No es otra la locura sino que éstas son cartas de duquesas y de +gobernadores, y estos que traigo al cuello son corales finos; las avemarías +y los padres nuestros son de oro de martillo, y yo soy gobernadora. + +— De Dios en ayuso, no os entendemos, Teresa, ni sabemos lo que os decís. + +— Ahí lo podrán ver ellos —respondió Teresa. + +Y dioles las cartas. Leyólas el cura de modo que las oyó Sansón Carrasco, y +Sansón y el cura se miraron el uno al otro, como admirados de lo que habían +leído; y preguntó el bachiller quién había traído aquellas cartas. +Respondió Teresa que se viniesen con ella a su casa y verían el mensajero, +que era un mancebo como un pino de oro, y que le traía otro presente que +valía más de tanto. Quitóle el cura los corales del cuello, y mirólos y +remirólos, y, certificándose que eran finos, tornó a admirarse de nuevo, y +dijo: + +— Por el hábito que tengo, que no sé qué me diga ni qué me piense de estas +cartas y destos presentes: por una parte, veo y toco la fineza de estos +corales, y por otra, leo que una duquesa envía a pedir dos docenas de +bellotas. + +— ¡Aderézame esas medidas! —dijo entonces Carrasco—. Agora bien, vamos a ver +al portador deste pliego, que dél nos informaremos de las dificultades que +se nos ofrecen. + +Hiciéronlo así, y volvióse Teresa con ellos. Hallaron al paje cribando un +poco de cebada para su cabalgadura, y a Sanchica cortando un torrezno para +empedrarle con güevos y dar de comer al paje, cuya presencia y buen adorno +contentó mucho a los dos; y, después de haberle saludado cortésmente, y él +a ellos, le preguntó Sansón les dijese nuevas así de don Quijote como de +Sancho Panza; que, puesto que habían leído las cartas de Sancho y de la +señora duquesa, todavía estaban confusos y no acababan de atinar qué sería +aquello del gobierno de Sancho, y más de una ínsula, siendo todas o las más +que hay en el mar Mediterráneo de Su Majestad. A lo que el paje respondió: + +— De que el señor Sancho Panza sea gobernador, no hay que dudar en ello; de +que sea ínsula o no la que gobierna, en eso no me entremeto, pero basta que +sea un lugar de más de mil vecinos; y, en cuanto a lo de las bellotas, digo +que mi señora la duquesa es tan llana y tan humilde, que no —decía él— +enviar a pedir bellotas a una labradora, pero que le acontecía enviar a +pedir un peine prestado a una vecina suya. Porque quiero que sepan vuestras +mercedes que las señoras de Aragón, aunque son tan principales, no son tan +puntuosas y levantadas como las señoras castellanas; con más llaneza tratan +con las gentes. + +Estando en la mitad destas pláticas, saltó Sanchica con un halda de güevos, +y preguntó al paje: + +— Dígame, señor: ¿mi señor padre trae por ventura calzas atacadas después +que es gobernador? + +— No he mirado en ello —respondió el paje—, pero sí debe de traer. + +— ¡Ay Dios mío —replicó Sanchica—, y que será de ver a mi padre con +pedorreras! ¿No es bueno sino que desde que nací tengo deseo de ver a mi +padre con calzas atacadas? + +— Como con esas cosas le verá vuestra merced si vive —respondió el paje—. +Par Dios, términos lleva de caminar con papahígo, con solos dos meses que +le dure el gobierno. + +Bien echaron de ver el cura y el bachiller que el paje hablaba +socarronamente, pero la fineza de los corales y el vestido de caza que +Sancho enviaba lo deshacía todo; que ya Teresa les había mostrado el +vestido. Y no dejaron de reírse del deseo de Sanchica, y más cuando Teresa +dijo: + +— Señor cura, eche cata por ahí si hay alguien que vaya a Madrid, o a +Toledo, para que me compre un verdugado redondo, hecho y derecho, y sea al +uso y de los mejores que hubiere; que en verdad en verdad que tengo de +honrar el gobierno de mi marido en cuanto yo pudiere, y aun que si me +enojo, me tengo de ir a esa corte, y echar un coche, como todas; que la que +tiene marido gobernador muy bien le puede traer y sustentar. + +— Y ¡cómo, madre! —dijo Sanchica—. Pluguiese a Dios que fuese antes hoy que +mañana, aunque dijesen los que me viesen ir sentada con mi señora madre en +aquel coche: ''¡Mirad la tal por cual, hija del harto de ajos, y cómo va +sentada y tendida en el coche, como si fuera una papesa!'' Pero pisen ellos +los lodos, y ándeme yo en mi coche, levantados los pies del suelo. ¡Mal +año y mal mes para cuantos murmuradores hay en el mundo, y ándeme yo +caliente, y ríase la gente! ¿Digo bien, madre mía? + +— Y ¡cómo que dices bien, hija! —respondió Teresa—. Y todas estas venturas, +y aun mayores, me las tiene profetizadas mi buen Sancho, y verás tú, hija, +cómo no para hasta hacerme condesa: que todo es comenzar a ser venturosas; +y, como yo he oído decir muchas veces a tu buen padre, que así como lo es +tuyo lo es de los refranes, cuando te dieren la vaquilla, corre con +soguilla: cuando te dieren un gobierno, cógele; cuando te dieren un +condado, agárrale, y cuando te hicieren tus, tus, con alguna buena dádiva, +envásala. ¡No, sino dormíos, y no respondáis a las venturas y buenas dichas +que están llamando a la puerta de vuestra casa! + +— Y ¿qué se me da a mí —añadió Sanchica— que diga el que quisiere cuando me +vea entonada y fantasiosa: "Viose el perro en bragas de cerro...", y lo +demás? + +Oyendo lo cual el cura, dijo: + +— Yo no puedo creer sino que todos los deste linaje de los Panzas nacieron +cada uno con un costal de refranes en el cuerpo: ninguno dellos he visto +que no los derrame a todas horas y en todas las pláticas que tienen. + +— Así es la verdad —dijo el paje—, que el señor gobernador Sancho a cada +paso los dice, y, aunque muchos no vienen a propósito, todavía dan gusto, y +mi señora la duquesa y el duque los celebran mucho. + +— ¿Que todavía se afirma vuestra merced, señor mío —dijo el bachiller—, ser +verdad esto del gobierno de Sancho, y de que hay duquesa en el mundo que le +envíe presentes y le escriba? Porque nosotros, aunque tocamos los presentes +y hemos leído las cartas, no lo creemos, y pensamos que ésta es una de las +cosas de don Quijote, nuestro compatrioto, que todas piensa que son hechas +por encantamento; y así, estoy por decir que quiero tocar y palpar a +vuestra merced, por ver si es embajador fantástico o hombre de carne y +hueso. + +— Señores, yo no sé más de mí —respondió el paje— sino que soy embajador +verdadero, y que el señor Sancho Panza es gobernador efectivo, y que mis +señores duque y duquesa pueden dar, y han dado, el tal gobierno; y que he +oído decir que en él se porta valentísimamente el tal Sancho Panza; si en +esto hay encantamento o no, vuestras mercedes lo disputen allá entre ellos, +que yo no sé otra cosa, para el juramento que hago, que es por vida de mis +padres, que los tengo vivos y los amo y los quiero mucho. + +— Bien podrá ello ser así —replicó el bachiller—, pero dubitat Augustinus. + +— Dude quien dudare —respondió el paje—, la verdad es la que he dicho, y +esta que ha de andar siempre sobre la mentira,como el aceite sobre el agua; +y si no, operibus credite, et non verbis: véngase alguno de vuesas mercedes +conmigo, y verán con los ojos lo que no creen por los oídos. + +— Esa ida a mí toca —dijo Sanchica—: lléveme vuestra merced, señor, a las +ancas de su rocín, que yo iré de muy buena gana a ver a mi señor padre. + +— Las hijas de los gobernadores no han de ir solas por los caminos, sino +acompañadas de carrozas y literas y de gran número de sirvientes. + +— Par Dios —respondió Sancha—, tan bién me vaya yo sobre una pollina como +sobre un coche. ¡Hallado la habéis la melindrosa! + +— Calla, mochacha —dijo Teresa—, que no sabes lo que te dices, y este señor +está en lo cierto: que tal el tiempo, tal el tiento; cuando Sancho, Sancha, +y cuando gobernador, señora, y no sé si diga algo. + +— Más dice la señora Teresa de lo que piensa —dijo el paje—; y denme de +comer y despáchenme luego, porque pienso volverme esta tarde. + +A lo que dijo el cura: + +— Vuestra merced se vendrá a hacer penitencia conmigo, que la señora Teresa +más tiene voluntad que alhajas para servir a tan buen huésped. + +Rehusólo el paje; pero, en efecto, lo hubo de conceder por su mejora, y el +cura le llevó consigo de buena gana, por tener lugar de preguntarle de +espacio por don Quijote y sus hazañas. + +El bachiller se ofreció de escribir las cartas a Teresa de la respuesta, +pero ella no quiso que el bachiller se metiese en sus cosas, que le tenía +por algo burlón; y así, dio un bollo y dos huevos a un monacillo que sabía +escribir, el cual le escribió dos cartas, una para su marido y otra para la +duquesa, notadas de su mismo caletre, que no son las peores que en esta +grande historia se ponen, como se verá adelante. + + + + +Capítulo LI. Del progreso del gobierno de Sancho Panza, con otros sucesos +tales como buenos + +Amaneció el día que se siguió a la noche de la ronda del gobernador, la +cual el maestresala pasó sin dormir, ocupado el pensamiento en el rostro, +brío y belleza de la disfrazada doncella; y el mayordomo ocupó lo que della +faltaba en escribir a sus señores lo que Sancho Panza hacía y decía, tan +admirado de sus hechos como de sus dichos: porque andaban mezcladas sus +palabras y sus acciones, con asomos discretos y tontos. + +Levantóse, en fin, el señor gobernador, y, por orden del doctor Pedro +Recio, le hicieron desayunar con un poco de conserva y cuatro tragos de +agua fría, cosa que la trocara Sancho con un pedazo de pan y un racimo de +uvas; pero, viendo que aquello era más fuerza que voluntad, pasó por ello, +con harto dolor de su alma y fatiga de su estómago, haciéndole creer Pedro +Recio que los manjares pocos y delicados avivaban el ingenio, que era lo +que más convenía a las personas constituidas en mandos y en oficios graves, +donde se han de aprovechar no tanto de las fuerzas corporales como de las +del entendimiento. + +Con esta sofistería padecía hambre Sancho, y tal, que en su secreto +maldecía el gobierno y aun a quien se le había dado; pero, con su hambre y +con su conserva, se puso a juzgar aquel día, y lo primero que se le ofreció +fue una pregunta que un forastero le hizo, estando presentes a todo el +mayordomo y los demás acólitos, que fue: + +— Señor, un caudaloso río dividía dos términos de un mismo señorío (y esté +vuestra merced atento, porque el caso es de importancia y algo +dificultoso). Digo, pues, que sobre este río estaba una puente, y al cabo +della, una horca y una como casa de audiencia, en la cual de ordinario +había cuatro jueces que juzgaban la ley que puso el dueño del río, de la +puente y del señorío, que era en esta forma: "Si alguno pasare por esta +puente de una parte a otra, ha de jurar primero adónde y a qué va; y si +jurare verdad, déjenle pasar; y si dijere mentira, muera por ello ahorcado +en la horca que allí se muestra, sin remisión alguna". Sabida esta ley y la +rigurosa condición della, pasaban muchos, y luego en lo que juraban se +echaba de ver que decían verdad, y los jueces los dejaban pasar +libremente. Sucedió, pues, que, tomando juramento a un hombre, juró y dijo +que para el juramento que hacía, que iba a morir en aquella horca que allí +estaba, y no a otra cosa. Repararon los jueces en el juramento y dijeron: +''Si a este hombre le dejamos pasar libremente, mintió en su juramento, y, +conforme a la ley, debe morir; y si le ahorcamos, él juró que iba a morir +en aquella horca, y, habiendo jurado verdad, por la misma ley debe ser +libre''. Pídese a vuesa merced, señor gobernador, qué harán los jueces del +tal hombre; que aun hasta agora están dudosos y suspensos. Y, habiendo +tenido noticia del agudo y elevado entendimiento de vuestra merced, me +enviaron a mí a que suplicase a vuestra merced de su parte diese su parecer +en tan intricado y dudoso caso. + +A lo que respondió Sancho: + +— Por cierto que esos señores jueces que a mí os envían lo pudieran haber +escusado, porque yo soy un hombre que tengo más de mostrenco que de agudo; +pero, con todo eso, repetidme otra vez el negocio de modo que yo le +entienda: quizá podría ser que diese en el hito. + +Volvió otra y otra vez el preguntante a referir lo que primero había dicho, +y Sancho dijo: + +— A mi parecer, este negocio en dos paletas le declararé yo, y es así: el +tal hombre jura que va a morir en la horca, y si muere en ella, juró +verdad, y por la ley puesta merece ser libre y que pase la puente; y si no +le ahorcan, juró mentira, y por la misma ley merece que le ahorquen. + +— Así es como el señor gobernador dice —dijo el mensajero—; y cuanto a la +entereza y entendimiento del caso, no hay más que pedir ni que dudar. + +— Digo yo, pues, agora —replicó Sancho— que deste hombre aquella parte que +juró verdad la dejen pasar, y la que dijo mentira la ahorquen, y desta +manera se cumplirá al pie de la letra la condición del pasaje. + +— Pues, señor gobernador —replicó el preguntador—, será necesario que el tal +hombre se divida en partes, en mentirosa y verdadera; y si se divide, por +fuerza ha de morir, y así no se consigue cosa alguna de lo que la ley pide, +y es de necesidad espresa que se cumpla con ella. + +— Venid acá, señor buen hombre —respondió Sancho—; este pasajero que decís, +o yo soy un porro, o él tiene la misma razón para morir que para vivir y +pasar la puente; porque si la verdad le salva, la mentira le condena +igualmente; y, siendo esto así, como lo es, soy de parecer que digáis a +esos señores que a mí os enviaron que, pues están en un fil las razones de +condenarle o asolverle, que le dejen pasar libremente, pues siempre es +alabado más el hacer bien que mal, y esto lo diera firmado de mi nombre, si +supiera firmar; y yo en este caso no he hablado de mío, sino que se me vino +a la memoria un precepto, entre otros muchos que me dio mi amo don Quijote +la noche antes que viniese a ser gobernador desta ínsula: que fue que, +cuando la justicia estuviese en duda, me decantase y acogiese a la +misericordia; y ha querido Dios que agora se me acordase, por venir en este +caso como de molde. + +Así es —respondió el mayordomo—, y tengo para mí que el mismo Licurgo, que +dio leyes a los lacedemonios, no pudiera dar mejor sentencia que la que el +gran Panza ha dado. Y acábese con esto la audiencia desta mañana, y yo daré +orden como el señor gobernador coma muy a su gusto. + +— Eso pido, y barras derechas —dijo Sancho—: denme de comer, y lluevan casos +y dudas sobre mí, que yo las despabilaré en el aire. + +Cumplió su palabra el mayordomo, pareciéndole ser cargo de conciencia matar +de hambre a tan discreto gobernador; y más, que pensaba concluir con él +aquella misma noche haciéndole la burla última que traía en comisión de +hacerle. + +Sucedió, pues, que, habiendo comido aquel día contra las reglas y aforismos +del doctor Tirteafuera, al levantar de los manteles, entró un correo con +una carta de don Quijote para el gobernador. Mandó Sancho al secretario que +la leyese para sí, y que si no viniese en ella alguna cosa digna de +secreto, la leyese en voz alta. Hízolo así el secretario, y, repasándola +primero, dijo: + +— Bien se puede leer en voz alta, que lo que el señor don Quijote escribe a +vuestra merced merece estar estampado y escrito con letras de oro, y dice +así: + +Carta de don Quijote de la Mancha a Sancho Panza, gobernador de la ínsula +Barataria + +Cuando esperaba oír nuevas de tus descuidos e impertinencias, Sancho amigo, +las oí de tus discreciones, de que di por ello gracias particulares al +cielo, el cual del estiércol sabe levantar los pobres, y de los tontos +hacer discretos. Dícenme que gobiernas como si fueses hombre, y que eres +hombre como si fueses bestia, según es la humildad con que te tratas; y +quiero que adviertas, Sancho, que muchas veces conviene y es necesario, por +la autoridad del oficio, ir contra la humildad del corazón; porque el buen +adorno de la persona que está puesta en graves cargos ha de ser conforme a +lo que ellos piden, y no a la medida de lo que su humilde condición le +inclina. Vístete bien, que un palo compuesto no parece palo. No digo que +traigas dijes ni galas, ni que siendo juez te vistas como soldado, sino que +te adornes con el hábito que tu oficio requiere, con tal que sea limpio y +bien compuesto. + +Para ganar la voluntad del pueblo que gobiernas, entre otras has de hacer +dos cosas: la una, ser bien criado con todos, aunque esto ya otra vez te lo +he dicho; y la otra, procurar la abundancia de los mantenimientos; que no +hay cosa que más fatigue el corazón de los pobres que la hambre y la +carestía. + +No hagas muchas pragmáticas; y si las hicieres, procura que sean buenas, y, +sobre todo, que se guarden y cumplan; que las pragmáticas que no se +guardan, lo mismo es que si no lo fuesen; antes dan a entender que el +príncipe que tuvo discreción y autoridad para hacerlas, no tuvo valor para +hacer que se guardasen; y las leyes que atemorizan y no se ejecutan, vienen +a ser como la viga, rey de las ranas: que al principio las espantó, y con +el tiempo la menospreciaron y se subieron sobre ella. + +Sé padre de las virtudes y padrastro de los vicios. No seas siempre +riguroso, ni siempre blando, y escoge el medio entre estos dos estremos, +que en esto está el punto de la discreción. Visita las cárceles, las +carnicerías y las plazas, que la presencia del gobernador en lugares tales +es de mucha importancia: consuela a los presos, que esperan la brevedad de +su despacho; es coco a los carniceros, que por entonces igualan los pesos, +y es espantajo a las placeras, por la misma razón. No te muestres, aunque +por ventura lo seas —lo cual yo no creo—, codicioso, mujeriego ni glotón; +porque, en sabiendo el pueblo y los que te tratan tu inclinación +determinada, por allí te darán batería, hasta derribarte en el profundo de +la perdición. + +Mira y remira, pasa y repasa los consejos y documentos que te di por +escrito antes que de aquí partieses a tu gobierno, y verás como hallas en +ellos, si los guardas, una ayuda de costa que te sobrelleve los trabajos y +dificultades que a cada paso a los gobernadores se les ofrecen. Escribe a +tus señores y muéstrateles agradecido, que la ingratitud es hija de la +soberbia, y uno de los mayores pecados que se sabe, y la persona que es +agradecida a los que bien le han hecho, da indicio que también lo será a +Dios, que tantos bienes le hizo y de contino le hace. + +La señora duquesa despachó un propio con tu vestido y otro presente a tu +mujer Teresa Panza; por momentos esperamos respuesta. + +Yo he estado un poco mal dispuesto de un cierto gateamiento que me sucedió +no muy a cuento de mis narices; pero no fue nada, que si hay encantadores +que me maltraten, también los hay que me defiendan. + +Avísame si el mayordomo que está contigo tuvo que ver en las acciones de la +Trifaldi, como tú sospechaste, y de todo lo que te sucediere me irás dando +aviso, pues es tan corto el camino; cuanto más, que yo pienso dejar presto +esta vida ociosa en que estoy, pues no nací para ella. + +Un negocio se me ha ofrecido, que creo que me ha de poner en desgracia +destos señores; pero, aunque se me da mucho, no se me da nada, pues, en fin +en fin, tengo de cumplir antes con mi profesión que con su gusto, conforme +a lo que suele decirse: amicus Plato, sed magis amica veritas. Dígote este +latín porque me doy a entender que, después que eres gobernador, lo habrás +aprendido. Y a Dios, el cual te guarde de que ninguno te tenga lástima. + +Tu amigo, + +Don Quijote de la Mancha. + +Oyó Sancho la carta con mucha atención, y fue celebrada y tenida por +discreta de los que la oyeron; y luego Sancho se levantó de la mesa, y, +llamando al secretario, se encerró con él en su estancia, y, sin dilatarlo +más, quiso responder luego a su señor don Quijote, y dijo al secretario +que, sin añadir ni quitar cosa alguna, fuese escribiendo lo que él le +dijese, y así lo hizo; y la carta de la respuesta fue del tenor siguiente: + +Carta de Sancho Panza a don Quijote de la Mancha + +La ocupación de mis negocios es tan grande que no tengo lugar para rascarme +la cabeza, ni aun para cortarme las uñas; y así, las traigo tan crecidas +cual Dios lo remedie. Digo esto, señor mío de mi alma, porque vuesa merced +no se espante si hasta agora no he dado aviso de mi bien o mal estar en +este gobierno, en el cual tengo más hambre que cuando andábamos los dos por +las selvas y por los despoblados. + +Escribióme el duque, mi señor, el otro día, dándome aviso que habían +entrado en esta ínsula ciertas espías para matarme, y hasta agora yo no he +descubierto otra que un cierto doctor que está en este lugar asalariado +para matar a cuantos gobernadores aquí vinieren: llámase el doctor Pedro +Recio, y es natural de Tirteafuera: ¡porque vea vuesa merced qué nombre +para no temer que he de morir a sus manos! Este tal doctor dice él mismo de +sí mismo que él no cura las enfermedades cuando las hay, sino que las +previene, para que no vengan; y las medecinas que usa son dieta y más +dieta, hasta poner la persona en los huesos mondos, como si no fuese mayor +mal la flaqueza que la calentura. Finalmente, él me va matando de hambre, y +yo me voy muriendo de despecho, pues cuando pensé venir a este gobierno a +comer caliente y a beber frío, y a recrear el cuerpo entre sábanas de +holanda, sobre colchones de pluma, he venido a hacer penitencia, como si +fuera ermitaño; y, como no la hago de mi voluntad, pienso que, al cabo al +cabo, me ha de llevar el diablo. + +Hasta agora no he tocado derecho ni llevado cohecho, y no puedo pensar en +qué va esto; porque aquí me han dicho que los gobernadores que a esta +ínsula suelen venir, antes de entrar en ella, o les han dado o les han +prestado los del pueblo muchos dineros, y que ésta es ordinaria usanza en +los demás que van a gobiernos, no solamente en éste. + +Anoche, andando de ronda, topé una muy hermosa doncella en traje de varón y +un hermano suyo en hábito de mujer; de la moza se enamoró mi maestresala, y +la escogió en su imaginación para su mujer, según él ha dicho, y yo escogí +al mozo para mi yerno; hoy los dos pondremos en plática nuestros +pensamientos con el padre de entrambos, que es un tal Diego de la Llana, +hidalgo y cristiano viejo cuanto se quiere. + +Yo visito las plazas, como vuestra merced me lo aconseja, y ayer hallé una +tendera que vendía avellanas nuevas, y averigüéle que había mezclado con +una hanega de avellanas nuevas otra de viejas, vanas y podridas; apliquélas +todas para los niños de la doctrina, que las sabrían bien distinguir, y +sentenciéla que por quince días no entrase en la plaza. Hanme dicho que lo +hice valerosamente; lo que sé decir a vuestra merced es que es fama en este +pueblo que no hay gente más mala que las placeras, porque todas son +desvergonzadas, desalmadas y atrevidas, y yo así lo creo, por las que he +visto en otros pueblos. + +De que mi señora la duquesa haya escrito a mi mujer Teresa Panza y +enviádole el presente que vuestra merced dice, estoy muy satisfecho, y +procuraré de mostrarme agradecido a su tiempo: bésele vuestra merced las +manos de mi parte, diciendo que digo yo que no lo ha echado en saco roto, +como lo verá por la obra. + +No querría que vuestra merced tuviese trabacuentas de disgusto con esos mis +señores, porque si vuestra merced se enoja con ellos, claro está que ha de +redundar en mi daño, y no será bien que, pues se me da a mí por consejo que +sea agradecido, que vuestra merced no lo sea con quien tantas mercedes le +tiene hechas y con tanto regalo ha sido tratado en su castillo. + +Aquello del gateado no entiendo, pero imagino que debe de ser alguna de las +malas fechorías que con vuestra merced suelen usar los malos encantadores; +yo lo sabré cuando nos veamos. + +Quisiera enviarle a vuestra merced alguna cosa, pero no sé qué envíe, si no +es algunos cañutos de jeringas, que para con vejigas los hacen en esta +ínsula muy curiosos; aunque si me dura el oficio, yo buscaré qué enviar de +haldas o de mangas. + +Si me escribiere mi mujer Teresa Panza, pague vuestra merced el porte y +envíeme la carta,que tengo grandísimo deseo de saber del estado de mi casa, +de mi mujer y de mis hijos. Y con esto, Dios libre a vuestra merced de mal +intencionados encantadores, y a mí me saque con bien y en paz deste +gobierno, que lo dudo, porque le pienso dejar con la vida, según me trata +el doctor Pedro Recio. + +Criado de vuestra merced, + +Sancho Panza, el Gobernador. + +Cerró la carta el secretario y despachó luego al correo; y, juntándose los +burladores de Sancho, dieron orden entre sí cómo despacharle del gobierno; +y aquella tarde la pasó Sancho en hacer algunas ordenanzas tocantes al buen +gobierno de la que él imaginaba ser ínsula, y ordenó que no hubiese +regatones de los bastimentos en la república, y que pudiesen meter en ella +vino de las partes que quisiesen, con aditamento que declarasen el lugar de +donde era, para ponerle el precio según su estimación, bondad y fama, y el +que lo aguase o le mudase el nombre, perdiese la vida por ello. + +Moderó el precio de todo calzado, principalmente el de los zapatos, por +parecerle que corría con exorbitancia; puso tasa en los salarios de los +criados, que caminaban a rienda suelta por el camino del interese; puso +gravísimas penas a los que cantasen cantares lascivos y descompuestos, ni +de noche ni de día. Ordenó que ningún ciego cantase milagro en coplas si no +trujese testimonio auténtico de ser verdadero, por parecerle que los más +que los ciegos cantan son fingidos, en perjuicio de los verdaderos. + +Hizo y creó un alguacil de pobres, no para que los persiguiese, sino para +que los examinase si lo eran, porque a la sombra de la manquedad fingida y +de la llaga falsa andan los brazos ladrones y la salud borracha. En +resolución: él ordenó cosas tan buenas que hasta hoy se guardan en aquel +lugar, y se nombran Las constituciones del gran gobernador Sancho Panza. + + + + +Capítulo LII. Donde se cuenta la aventura de la segunda dueña Dolorida, o +Angustiada, llamada por otro nombre doña Rodríguez + +Cuenta Cide Hamete que estando ya don Quijote sano de sus aruños, le +pareció que la vida que en aquel castillo tenía era contra toda la orden de +caballería que profesaba, y así, determinó de pedir licencia a los duques +para partirse a Zaragoza, cuyas fiestas llegaban cerca, adonde pensaba +ganar el arnés que en las tales fiestas se conquista. + +Y, estando un día a la mesa con los duques, y comenzando a poner en obra su +intención y pedir la licencia, veis aquí a deshora entrar por la puerta de +la gran sala dos mujeres, como después pareció, cubiertas de luto de los +pies a la cabeza, y la una dellas, llegándose a don Quijote, se le echó a +los pies tendida de largo a largo, la boca cosida con los pies de don +Quijote, y daba unos gemidos tan tristes, tan profundos y tan dolorosos, +que puso en confusión a todos los que la oían y miraban; y, aunque los +duques pensaron que sería alguna burla que sus criados querían hacer a don +Quijote, todavía, viendo con el ahínco que la mujer suspiraba, gemía y +lloraba, los tuvo dudosos y suspensos, hasta que don Quijote, compasivo, la +levantó del suelo y hizo que se descubriese y quitase el manto de sobre la +faz llorosa. + +Ella lo hizo así, y mostró ser lo que jamás se pudiera pensar, porque +descubrió el rostro de doña Rodríguez, la dueña de casa, y la otra enlutada +era su hija, la burlada del hijo del labrador rico. Admiráronse todos +aquellos que la conocían, y más los duques que ninguno; que, puesto que la +tenían por boba y de buena pasta, no por tanto que viniese a hacer locuras. +Finalmente, doña Rodríguez, volviéndose a los señores, les dijo: + +— Vuesas excelencias sean servidos de darme licencia que yo departa un poco +con este caballero, porque así conviene para salir con bien del negocio en +que me ha puesto el atrevimiento de un mal intencionado villano. + +El duque dijo que él se la daba, y que departiese con el señor don Quijote +cuanto le viniese en deseo. Ella, enderezando la voz y el rostro a don +Quijote, dijo: + +— Días ha, valeroso caballero, que os tengo dada cuenta de la sinrazón y +alevosía que un mal labrador tiene fecha a mi muy querida y amada fija, que +es esta desdichada que aquí está presente, y vos me habedes prometido de +volver por ella, enderezándole el tuerto que le tienen fecho, y agora ha +llegado a mi noticia que os queredes partir deste castillo, en busca de las +buenas venturas que Dios os depare; y así, querría que, antes que os +escurriésedes por esos caminos, desafiásedes a este rústico indómito, y le +hiciésedes que se casase con mi hija, en cumplimiento de la palabra que le +dio de ser su esposo, antes y primero que yogase con ella; porque pensar +que el duque mi señor me ha de hacer justicia es pedir peras al olmo, por +la ocasión que ya a vuesa merced en puridad tengo declarada. Y con esto, +Nuestro Señor dé a vuesa merced mucha salud, y a nosotras no nos desampare. + +A cuyas razones respondió don Quijote, con mucha gravedad y prosopopeya: + +— Buena dueña, templad vuestras lágrimas, o, por mejor decir, enjugadlas y +ahorrad de vuestros suspiros, que yo tomo a mi cargo el remedio de vuestra +hija, a la cual le hubiera estado mejor no haber sido tan fácil en creer +promesas de enamorados, las cuales, por la mayor parte, son ligeras de +prometer y muy pesadas de cumplir; y así, con licencia del duque mi señor, +yo me partiré luego en busca dese desalmado mancebo, y le hallaré, y le +desafiaré, y le mataré cada y cuando que se escusare de cumplir la +prometida palabra; que el principal asumpto de mi profesión es perdonar a +los humildes y castigar a los soberbios; quiero decir: acorrer a los +miserables y destruir a los rigurosos. + +— No es menester —respondió el duque— que vuesa merced se ponga en trabajo +de buscar al rústico de quien esta buena dueña se queja, ni es menester +tampoco que vuesa merced me pida a mí licencia para desafiarle; que yo le +doy por desafiado, y tomo a mi cargo de hacerle saber este desafío, y que +le acete, y venga a responder por sí a este mi castillo, donde a entrambos +daré campo seguro, guardando todas las condiciones que en tales actos +suelen y deben guardarse, guardando igualmente su justicia a cada uno, como +están obligados a guardarla todos aquellos príncipes que dan campo franco a +los que se combaten en los términos de sus señoríos. + +— Pues con ese seguro y con buena licencia de vuestra grandeza —replicó don +Quijote—, desde aquí digo que por esta vez renuncio a mi hidalguía, y me +allano y ajusto con la llaneza del dañador, y me hago igual con él, +habilitándole para poder combatir conmigo; y así, aunque ausente, le +desafío y repto, en razón de que hizo mal en defraudar a esta pobre, que +fue doncella y ya por su culpa no lo es, y que le ha de cumplir la palabra +que le dio de ser su legítimo esposo, o morir en la demanda. + +Y luego, descalzándose un guante, le arrojó en mitad de la sala, y el duque +le alzó, diciendo que, como ya había dicho, él acetaba el tal desafío en +nombre de su vasallo, y señalaba el plazo de allí a seis días; y el campo, +en la plaza de aquel castillo; y las armas, las acostumbradas de los +caballeros: lanza y escudo, y arnés tranzado, con todas las demás piezas, +sin engaño, superchería o superstición alguna, examinadas y vistas por los +jueces del campo. + +— Pero, ante todas cosas, es menester que esta buena dueña y esta mala +doncella pongan el derecho de su justicia en manos del señor don Quijote; +que de otra manera no se hará nada, ni llegará a debida ejecución el tal +desafío. + +— Yo sí pongo —respondió la dueña. + +— Y yo también —añadió la hija, toda llorosa y toda vergonzosa y de mal +talante. + +Tomado, pues, este apuntamiento, y habiendo imaginado el duque lo que había +de hacer en el caso, las enlutadas se fueron, y ordenó la duquesa que de +allí adelante no las tratasen como a sus criadas, sino como a señoras +aventureras que venían a pedir justicia a su casa; y así, les dieron cuarto +aparte y las sirvieron como a forasteras, no sin espanto de las demás +criadas, que no sabían en qué había de parar la sandez y desenvoltura de +doña Rodríguez y de su malandante hija. + +Estando en esto, para acabar de regocijar la fiesta y dar buen fin a la +comida, veis aquí donde entró por la sala el paje que llevó las cartas y +presentes a Teresa Panza, mujer del gobernador Sancho Panza, de cuya +llegada recibieron gran contento los duques, deseosos de saber lo que le +había sucedido en su viaje; y, preguntándoselo, respondió el paje que no lo +podía decir tan en público ni con breves palabras: que sus excelencias +fuesen servidos de dejarlo para a solas, y que entretanto se entretuviesen +con aquellas cartas. Y, sacando dos cartas, las puso en manos de la +duquesa. La una decía en el sobreescrito: Carta para mi señora la duquesa +tal, de no sé dónde, y la otra: A mi marido Sancho Panza, gobernador de la +ínsula Barataria, que Dios prospere más años que a mí. No se le cocía el +pan, como suele decirse, a la duquesa hasta leer su carta, y abriéndola y +leído para sí, y viendo que la podía leer en voz alta para que el duque y +los circunstantes la oyesen, leyó desta manera: + +Carta de Teresa Panza a la Duquesa + +Mucho contento me dio, señora mía, la carta que vuesa grandeza me escribió, +que en verdad que la tenía bien deseada. La sarta de corales es muy buena, +y el vestido de caza de mi marido no le va en zaga. De que vuestra señoría +haya hecho gobernador a Sancho, mi consorte, ha recebido mucho gusto todo +este lugar, puesto que no hay quien lo crea, principalmente el cura, y mase +Nicolás el barbero, y Sansón Carrasco el bachiller; pero a mí no se me da +nada; que, como ello sea así, como lo es, diga cada uno lo que quisiere; +aunque, si va a decir verdad, a no venir los corales y el vestido, tampoco +yo lo creyera, porque en este pueblo todos tienen a mi marido por un porro, +y que, sacado de gobernar un hato de cabras, no pueden imaginar para qué +gobierno pueda ser bueno. Dios lo haga, y lo encamine como vee que lo han +menester sus hijos. + +Yo, señora de mi alma, estoy determinada, con licencia de vuesa merced, de +meter este buen día en mi casa, yéndome a la corte a tenderme en un coche, +para quebrar los ojos a mil envidiosos que ya tengo; y así, suplico a vuesa +excelencia mande a mi marido me envíe algún dinerillo, y que sea algo qué, +porque en la corte son los gastos grandes: que el pan vale a real, y la +carne, la libra, a treinta maravedís, que es un juicio; y si quisiere que +no vaya, que me lo avise con tiempo, porque me están bullendo los pies por +ponerme en camino; que me dicen mis amigas y mis vecinas que, si yo y mi +hija andamos orondas y pomposas en la corte, vendrá a ser conocido mi +marido por mí más que yo por él, siendo forzoso que pregunten muchos: +''—¿Quién son estas señoras deste coche?'' Y un criado mío responder: ''—La +mujer y la hija de Sancho Panza, gobernador de la ínsula Barataria''; y +desta manera será conocido Sancho, y yo seré estimada, y a Roma por todo. + +Pésame, cuanto pesarme puede, que este año no se han cogido bellotas en +este pueblo; con todo eso, envío a vuesa alteza hasta medio celemín, que +una a una las fui yo a coger y a escoger al monte, y no las hallé más +mayores; yo quisiera que fueran como huevos de avestruz. + +No se le olvide a vuestra pomposidad de escribirme, que yo tendré cuidado +de la respuesta, avisando de mi salud y de todo lo que hubiere que avisar +deste lugar, donde quedo rogando a Nuestro Señor guarde a vuestra grandeza, +y a mí no olvide. Sancha, mi hija, y mi hijo besan a vuestra merced las +manos. + +La que tiene más deseo de ver a vuestra señoría que de escribirla, su +criada, + +Teresa Panza. + +Grande fue el gusto que todos recibieron de oír la carta de Teresa Panza, +principalmente los duques, y la duquesa pidió parecer a don Quijote si +sería bien abrir la carta que venía para el gobernador, que imaginaba debía +de ser bonísima. Don Quijote dijo que él la abriría por darles gusto, y así +lo hizo, y vio que decía desta manera: + +Carta de Teresa Panza a Sancho Panza su marido + +Tu carta recibí, Sancho mío de mi alma, y yo te prometo y juro como +católica cristiana que no faltaron dos dedos para volverme loca de +contento. Mira, hermano: cuando yo llegué a oír que eres gobernador, me +pensé allí caer muerta de puro gozo, que ya sabes tú que dicen que así mata +la alegría súbita como el dolor grande. A Sanchica, tu hija, se le fueron +las aguas sin sentirlo, de puro contento. El vestido que me enviaste tenía +delante, y los corales que me envió mi señora la duquesa al cuello, y las +cartas en las manos, y el portador dellas allí presente, y, con todo eso, +creía y pensaba que era todo sueño lo que veía y lo que tocaba; porque, +¿quién podía pensar que un pastor de cabras había de venir a ser gobernador +de ínsulas? Ya sabes tú, amigo, que decía mi madre que era menester vivir +mucho para ver mucho: dígolo porque pienso ver más si vivo más; porque no +pienso parar hasta verte arrendador o alcabalero, que son oficios que, +aunque lleva el diablo a quien mal los usa, en fin en fin, siempre tienen y +manejan dineros. Mi señora la duquesa te dirá el deseo que tengo de ir a la +corte; mírate en ello, y avísame de tu gusto, que yo procuraré honrarte en +ella andando en coche. + +El cura, el barbero, el bachiller y aun el sacristán no pueden creer que +eres gobernador, y dicen que todo es embeleco, o cosas de encantamento, +como son todas las de don Quijote tu amo; y dice Sansón que ha de ir a +buscarte y a sacarte el gobierno de la cabeza, y a don Quijote la locura de +los cascos; yo no hago sino reírme, y mirar mi sarta, y dar traza del +vestido que tengo de hacer del tuyo a nuestra hija. + +Unas bellotas envié a mi señora la duquesa; yo quisiera que fueran de oro. +Envíame tú algunas sartas de perlas, si se usan en esa ínsula. + +Las nuevas deste lugar son que la Berrueca casó a su hija con un pintor de +mala mano, que llegó a este pueblo a pintar lo que saliese; mandóle el +Concejo pintar las armas de Su Majestad sobre las puertas del Ayuntamiento, +pidió dos ducados, diéronselos adelantados, trabajó ocho días, al cabo de +los cuales no pintó nada, y dijo que no acertaba a pintar tantas baratijas; +volvió el dinero, y, con todo eso, se casó a título de buen oficial; verdad +es que ya ha dejado el pincel y tomado el azada, y va al campo como +gentilhombre. El hijo de Pedro de Lobo se ha ordenado de grados y corona, +con intención de hacerse clérigo; súpolo Minguilla, la nieta de Mingo +Silvato, y hale puesto demanda de que la tiene dada palabra de casamiento; +malas lenguas quieren decir que ha estado encinta dél, pero él lo niega a +pies juntillas. + +Hogaño no hay aceitunas, ni se halla una gota de vinagre en todo este +pueblo. Por aquí pasó una compañía de soldados; lleváronse de camino tres +mozas deste pueblo; no te quiero decir quién son: quizá volverán, y no +faltará quien las tome por mujeres, con sus tachas buenas o malas. + +Sanchica hace puntas de randas; gana cada día ocho maravedís horros, que +los va echando en una alcancía para ayuda a su ajuar; pero ahora que es +hija de un gobernador, tú le darás la dote sin que ella lo trabaje. La +fuente de la plaza se secó; un rayo cayó en la picota, y allí me las den +todas. + +Espero respuesta désta y la resolución de mi ida a la corte; y, con esto, +Dios te me guarde más años que a mí o tantos, porque no querría dejarte sin +mí en este mundo. + +Tu mujer, + +Teresa Panza. + +Las cartas fueron solenizadas, reídas, estimadas y admiradas; y, para +acabar de echar el sello, llegó el correo, el que traía la que Sancho +enviaba a don Quijote, que asimesmo se leyó públicamente, la cual puso en +duda la sandez del gobernador. + +Retiróse la duquesa, para saber del paje lo que le había sucedido en el +lugar de Sancho, el cual se lo contó muy por estenso, sin dejar +circunstancia que no refiriese; diole las bellotas, y más un queso que +Teresa le dio, por ser muy bueno, que se aventajaba a los de Tronchón +Recibiólo la duquesa con grandísimo gusto, con el cual la dejaremos, por +contar el fin que tuvo el gobierno del gran Sancho Panza, flor y espejo de +todos los insulanos gobernadores. + + + + +Capítulo LIII. Del fatigado fin y remate que tuvo el gobierno de Sancho +Panza + +''Pensar que en esta vida las cosas della han de durar siempre en un estado +es pensar en lo escusado; antes parece que ella anda todo en redondo, digo, +a la redonda: la primavera sigue al verano, el verano al estío, el estío al +otoño, y el otoño al invierno, y el invierno a la primavera, y así torna a +andarse el tiempo con esta rueda continua; sola la vida humana corre a su +fin ligera más que el tiempo, sin esperar renovarse si no es en la otra, +que no tiene términos que la limiten''. Esto dice Cide Hamete, filósofo +mahomético; porque esto de entender la ligereza e instabilidad de la vida +presente, y de la duración de la eterna que se espera, muchos sin lumbre de +fe, sino con la luz natural, lo han entendido; pero aquí, nuestro autor lo +dice por la presteza con que se acabó, se consumió, se deshizo, se fue como +en sombra y humo el gobierno de Sancho. + +El cual, estando la séptima noche de los días de su gobierno en su cama, no +harto de pan ni de vino, sino de juzgar y dar pareceres y de hacer +estatutos y pragmáticas, cuando el sueño, a despecho y pesar de la hambre, +le comenzaba a cerrar los párpados, oyó tan gran ruido de campanas y de +voces, que no parecía sino que toda la ínsula se hundía. Sentóse en la +cama, y estuvo atento y escuchando, por ver si daba en la cuenta de lo que +podía ser la causa de tan grande alboroto; pero no sólo no lo supo, pero, +añadiéndose al ruido de voces y campanas el de infinitas trompetas y +atambores, quedó más confuso y lleno de temor y espanto; y, levantándose en +pie, se puso unas chinelas, por la humedad del suelo, y, sin ponerse +sobrerropa de levantar, ni cosa que se pareciese, salió a la puerta de su +aposento, a tiempo cuando vio venir por unos corredores más de veinte +personas con hachas encendidas en las manos y con las espadas +desenvainadas, gritando todos a grandes voces: + +— ¡Arma, arma, señor gobernador, arma!; que han entrado infinitos enemigos +en la ínsula, y somos perdidos si vuestra industria y valor no nos socorre. + +Con este ruido, furia y alboroto llegaron donde Sancho estaba, atónito y +embelesado de lo que oía y veía; y, cuando llegaron a él, uno le dijo: + +— ¡Ármese luego vuestra señoría, si no quiere perderse y que toda esta +ínsula se pierda! + +— ¿Qué me tengo de armar —respondió Sancho—, ni qué sé yo de armas ni de +socorros? Estas cosas mejor será dejarlas para mi amo don Quijote, que en +dos paletas las despachará y pondrá en cobro; que yo, pecador fui a Dios, +no se me entiende nada destas priesas. + +— ¡Ah, señor gobernador! —dijo otro—. ¿Qué relente es ése? Ármese vuesa +merced, que aquí le traemos armas ofensivas y defensivas, y salga a esa +plaza, y sea nuestra guía y nuestro capitán, pues de derecho le toca el +serlo, siendo nuestro gobernador. + +— Ármenme norabuena —replicó Sancho. + +Y al momento le trujeron dos paveses, que venían proveídos dellos, y le +pusieron encima de la camisa, sin dejarle tomar otro vestido, un pavés +delante y otro detrás, y, por unas concavidades que traían hechas, le +sacaron los brazos, y le liaron muy bien con unos cordeles, de modo que +quedó emparedado y entablado, derecho como un huso, sin poder doblar las +rodillas ni menearse un solo paso. Pusiéronle en las manos una lanza, a la +cual se arrimó para poder tenerse en pie. Cuando así le tuvieron, le +dijeron que caminase, y los guiase y animase a todos; que, siendo él su +norte, su lanterna y su lucero, tendrían buen fin sus negocios. + +— ¿Cómo tengo de caminar, desventurado yo —respondió Sancho—, que no puedo +jugar las choquezuelas de las rodillas, porque me lo impiden estas tablas +que tan cosidas tengo con mis carnes? Lo que han de hacer es llevarme en +brazos y ponerme, atravesado o en pie, en algún postigo, que yo le +guardaré, o con esta lanza o con mi cuerpo. + +— Ande, señor gobernador —dijo otro—, que más el miedo que las tablas le +impiden el paso; acabe y menéese, que es tarde, y los enemigos crecen, y +las voces se aumentan y el peligro carga. + +Por cuyas persuasiones y vituperios probó el pobre gobernador a moverse, y +fue dar consigo en el suelo tan gran golpe, que pensó que se había hecho +pedazos. Quedó como galápago encerrado y cubierto con sus conchas, o como +medio tocino metido entre dos artesas, o bien así como barca que da al +través en la arena; y no por verle caído aquella gente burladora le +tuvieron compasión alguna; antes, apagando las antorchas, tornaron a +reforzar las voces, y a reiterar el ¡arma! con tan gran priesa, pasando por +encima del pobre Sancho, dándole infinitas cuchilladas sobre los paveses, +que si él no se recogiera y encogiera, metiendo la cabeza entre los +paveses, lo pasara muy mal el pobre gobernador, el cual, en aquella +estrecheza recogido, sudaba y trasudaba, y de todo corazón se encomendaba a +Dios que de aquel peligro le sacase. + +Unos tropezaban en él, otros caían, y tal hubo que se puso encima un buen +espacio, y desde allí, como desde atalaya, gobernaba los ejércitos, y a +grandes voces decía: + +— ¡Aquí de los nuestros, que por esta parte cargan más los enemigos! ¡Aquel +portillo se guarde, aquella puerta se cierre, aquellas escalas se tranquen! +¡Vengan alcancías, pez y resina en calderas de aceite ardiendo! +¡Trinchéense las calles con colchones! + +En fin, él nombraba con todo ahínco todas las baratijas e instrumentos y +pertrechos de guerra con que suele defenderse el asalto de una ciudad, y el +molido Sancho, que lo escuchaba y sufría todo, decía entre sí: + +— ¡Oh, si mi Señor fuese servido que se acabase ya de perder esta ínsula, y +me viese yo o muerto o fuera desta grande angustia! + +Oyó el cielo su petición, y, cuando menos lo esperaba, oyó voces que +decían: + +— ¡Vitoria, vitoria! ¡Los enemigos van de vencida! ¡Ea, señor gobernador, +levántese vuesa merced y venga a gozar del vencimiento y a repartir los +despojos que se han tomado a los enemigos, por el valor dese invencible +brazo! + +— Levántenme —dijo con voz doliente el dolorido Sancho. + +Ayudáronle a levantar, y, puesto en pie, dijo: + +— El enemigo que yo hubiere vencido quiero que me le claven en la frente. Yo +no quiero repartir despojos de enemigos, sino pedir y suplicar a algún +amigo, si es que le tengo, que me dé un trago de vino, que me seco, y me +enjugue este sudor, que me hago agua. + +Limpiáronle, trujéronle el vino, desliáronle los paveses, sentóse sobre su +lecho y desmayóse del temor, del sobresalto y del trabajo. Ya les pesaba a +los de la burla de habérsela hecho tan pesada; pero el haber vuelto en sí +Sancho les templó la pena que les había dado su desmayo. Preguntó qué hora +era, respondiéronle que ya amanecía. Calló, y, sin decir otra cosa, comenzó +a vestirse, todo sepultado en silencio, y todos le miraban y esperaban en +qué había de parar la priesa con que se vestía. Vistióse, en fin, y poco a +poco, porque estaba molido y no podía ir mucho a mucho, se fue a la +caballeriza, siguiéndole todos los que allí se hallaban, y, llegándose al +rucio, le abrazó y le dio un beso de paz en la frente, y, no sin lágrimas +en los ojos, le dijo: + +— Venid vos acá, compañero mío y amigo mío, y conllevador de mis trabajos y +miserias: cuando yo me avenía con vos y no tenía otros pensamientos que los +que me daban los cuidados de remendar vuestros aparejos y de sustentar +vuestro corpezuelo, dichosas eran mis horas, mis días y mis años; pero, +después que os dejé y me subí sobre las torres de la ambición y de la +soberbia, se me han entrado por el alma adentro mil miserias, mil trabajos +y cuatro mil desasosiegos. + +Y, en tanto que estas razones iba diciendo, iba asimesmo enalbardando el +asno, sin que nadie nada le dijese. Enalbardado, pues, el rucio, con gran +pena y pesar subió sobre él, y, encaminando sus palabras y razones al +mayordomo, al secretario, al maestresala y a Pedro Recio el doctor, y a +otros muchos que allí presentes estaban, dijo: + +— Abrid camino, señores míos, y dejadme volver a mi antigua libertad; +dejadme que vaya a buscar la vida pasada, para que me resucite de esta +muerte presente. Yo no nací para ser gobernador, ni para defender ínsulas +ni ciudades de los enemigos que quisieren acometerlas. Mejor se me entiende +a mí de arar y cavar, podar y ensarmentar las viñas, que de dar leyes ni de +defender provincias ni reinos. Bien se está San Pedro en Roma: quiero +decir, que bien se está cada uno usando el oficio para que fue nacido. +Mejor me está a mí una hoz en la mano que un cetro de gobernador; más +quiero hartarme de gazpachos que estar sujeto a la miseria de un médico +impertinente que me mate de hambre; y más quiero recostarme a la sombra de +una encina en el verano y arroparme con un zamarro de dos pelos en el +invierno, en mi libertad, que acostarme con la sujeción del gobierno entre +sábanas de holanda y vestirme de martas cebollinas. Vuestras mercedes se +queden con Dios, y digan al duque mi señor que, desnudo nací, desnudo me +hallo: ni pierdo ni gano; quiero decir, que sin blanca entré en este +gobierno y sin ella salgo, bien al revés de como suelen salir los +gobernadores de otras ínsulas. Y apártense: déjenme ir, que me voy a +bizmar; que creo que tengo brumadas todas las costillas, merced a los +enemigos que esta noche se han paseado sobre mí. + +— No ha de ser así, señor gobernador —dijo el doctor Recio—, que yo le daré +a vuesa merced una bebida contra caídas y molimientos, que luego le vuelva +en su prístina entereza y vigor; y, en lo de la comida, yo prometo a vuesa +merced de enmendarme, dejándole comer abundantemente de todo aquello que +quisiere. + +— ¡Tarde piache! —respondió Sancho—. Así dejaré de irme como volverme turco. +No son estas burlas para dos veces. Por Dios que así me quede en éste, ni +admita otro gobierno, aunque me le diesen entre dos platos, como volar al +cielo sin alas. Yo soy del linaje de los Panzas, que todos son testarudos, +y si una vez dicen nones, nones han de ser, aunque sean pares, a pesar de +todo el mundo. Quédense en esta caballeriza las alas de la hormiga, que me +levantaron en el aire para que me comiesen vencejos y otros pájaros, y +volvámonos a andar por el suelo con pie llano, que, si no le adornaren +zapatos picados de cordobán, no le faltarán alpargatas toscas de cuerda. +Cada oveja con su pareja, y nadie tienda más la pierna de cuanto fuere +larga la sábana; y déjenme pasar, que se me hace tarde. + +A lo que el mayordomo dijo: + +— Señor gobernador, de muy buena gana dejáramos ir a vuesa merced, puesto +que nos pesará mucho de perderle, que su ingenio y su cristiano proceder +obligan a desearle; pero ya se sabe que todo gobernador está obligado, +antes que se ausente de la parte donde ha gobernado, dar primero +residencia: déla vuesa merced de los diez días que ha que tiene el +gobierno, y váyase a la paz de Dios. + +— Nadie me la puede pedir —respondió Sancho—, si no es quien ordenare el +duque mi señor; yo voy a verme con él, y a él se la daré de molde; cuanto +más que, saliendo yo desnudo, como salgo, no es menester otra señal para +dar a entender que he gobernado como un ángel. + +— Par Dios que tiene razón el gran Sancho —dijo el doctor Recio—, y que soy +de parecer que le dejemos ir, porque el duque ha de gustar infinito de +verle. + +Todos vinieron en ello, y le dejaron ir, ofreciéndole primero compañía y +todo aquello que quisiese para el regalo de su persona y para la comodidad +de su viaje. Sancho dijo que no quería más de un poco de cebada para el +rucio y medio queso y medio pan para él; que, pues el camino era tan corto, +no había menester mayor ni mejor repostería. Abrazáronle todos, y él, +llorando, abrazó a todos, y los dejó admirados, así de sus razones como de +su determinación tan resoluta y tan discreta. + + + + +Capítulo LIV. Que trata de cosas tocantes a esta historia, y no a otra +alguna + +Resolviéronse el duque y la duquesa de que el desafío que don Quijote hizo +a su vasallo, por la causa ya referida, pasase adelante; y, puesto que el +mozo estaba en Flandes, adonde se había ido huyendo, por no tener por +suegra a doña Rodríguez, ordenaron de poner en su lugar a un lacayo gascón, +que se llamaba Tosilos, industriándole primero muy bien de todo lo que +había de hacer. + +De allí a dos días dijo el duque a don Quijote como desde allí a cuatro +vendría su contrario, y se presentaría en el campo, armado como caballero, +y sustentaría como la doncella mentía por mitad de la barba, y aun por toda +la barba entera, si se afirmaba que él le hubiese dado palabra de +casamiento. Don Quijote recibió mucho gusto con las tales nuevas, y se +prometió a sí mismo de hacer maravillas en el caso, y tuvo a gran ventura +habérsele ofrecido ocasión donde aquellos señores pudiesen ver hasta dónde +se estendía el valor de su poderoso brazo; y así, con alborozo y contento, +esperaba los cuatro días, que se le iban haciendo, a la cuenta de su deseo, +cuatrocientos siglos. + +Dejémoslos pasar nosotros, como dejamos pasar otras cosas, y vamos a +acompañar a Sancho, que entre alegre y triste venía caminando sobre el +rucio a buscar a su amo, cuya compañía le agradaba más que ser gobernador +de todas las ínsulas del mundo. + +Sucedió, pues, que, no habiéndose alongado mucho de la ínsula del su +gobierno —que él nunca se puso a averiguar si era ínsula, ciudad, villa o +lugar la que gobernaba—, vio que por el camino por donde él iba venían seis +peregrinos con sus bordones, de estos estranjeros que piden la limosna +cantando, los cuales, en llegando a él, se pusieron en ala, y, levantando +las voces todos juntos, comenzaron a cantar en su lengua lo que Sancho no +pudo entender, si no fue una palabra que claramente pronunciaba limosna, +por donde entendió que era limosna la que en su canto pedían; y como él, +según dice Cide Hamete, era caritativo además, sacó de sus alforjas medio +pan y medio queso, de que venía proveído, y dióselo, diciéndoles por señas +que no tenía otra cosa que darles. Ellos lo recibieron de muy buena gana, y +dijeron: + +— ¡Guelte! ¡Guelte! + +— No entiendo —respondió Sancho— qué es lo que me pedís, buena gente. + +Entonces uno de ellos sacó una bolsa del seno y mostrósela a Sancho, por +donde entendió que le pedían dineros; y él, poniéndose el dedo pulgar en la +garganta y estendiendo la mano arriba, les dio a entender que no tenía +ostugo de moneda, y, picando al rucio, rompió por ellos; y, al pasar, +habiéndole estado mirando uno dellos con mucha atención, arremetió a él, +echándole los brazos por la cintura; en voz alta y muy castellana, dijo: + +— ¡Válame Dios! ¿Qué es lo que veo? ¿Es posible que tengo en mis brazos al +mi caro amigo, al mi buen vecino Sancho Panza? Sí tengo, sin duda, porque +yo ni duermo, ni estoy ahora borracho. + +Admiróse Sancho de verse nombrar por su nombre y de verse abrazar del +estranjero peregrino, y, después de haberle estado mirando sin hablar +palabra, con mucha atención, nunca pudo conocerle; pero, viendo su +suspensión el peregrino, le dijo: + +— ¿Cómo, y es posible, Sancho Panza hermano, que no conoces a tu vecino +Ricote el morisco, tendero de tu lugar? + +Entonces Sancho le miró con más atención y comenzó a rafigurarle, y , +finalmente, le vino a conocer de todo punto, y, sin apearse del jumento, le +echó los brazos al cuello, y le dijo: + +— ¿Quién diablos te había de conocer, Ricote, en ese traje de moharracho que +traes? Dime: ¿quién te ha hecho franchote, y cómo tienes atrevimiento de +volver a España, donde si te cogen y conocen tendrás harta mala ventura? + +— Si tú no me descubres, Sancho —respondió el peregrino—, seguro estoy que +en este traje no habrá nadie que me conozca; y apartémonos del camino a +aquella alameda que allí parece, donde quieren comer y reposar mis +compañeros, y allí comerás con ellos, que son muy apacible gente. Yo tendré +lugar de contarte lo que me ha sucedido después que me partí de nuestro +lugar, por obedecer el bando de Su Majestad, que con tanto rigor a los +desdichados de mi nación amenazaba, según oíste. + +Hízolo así Sancho, y, hablando Ricote a los demás peregrinos, se apartaron +a la alameda que se parecía, bien desviados del camino real. Arrojaron los +bordones, quitáronse las mucetas o esclavinas y quedaron en pelota, y todos +ellos eran mozos y muy gentileshombres, excepto Ricote, que ya era hombre +entrado en años. Todos traían alforjas, y todas, según pareció, venían bien +proveídas, a lo menos, de cosas incitativas y que llaman a la sed de dos +leguas. + +Tendiéronse en el suelo, y, haciendo manteles de las yerbas, pusieron sobre +ellas pan, sal, cuchillos, nueces, rajas de queso, huesos mondos de jamón, +que si no se dejaban mascar, no defendían el ser chupados. Pusieron +asimismo un manjar negro que dicen que se llama cavial, y es hecho de +huevos de pescados, gran despertador de la colambre. No faltaron aceitunas, +aunque secas y sin adobo alguno, pero sabrosas y entretenidas. Pero lo que +más campeó en el campo de aquel banquete fueron seis botas de vino, que +cada uno sacó la suya de su alforja; hasta el buen Ricote, que se había +transformado de morisco en alemán o en tudesco, sacó la suya, que en +grandeza podía competir con las cinco. + +Comenzaron a comer con grandísimo gusto y muy de espacio, saboreándose con +cada bocado, que le tomaban con la punta del cuchillo, y muy poquito de +cada cosa, y luego, al punto, todos a una, levantaron los brazos y las +botas en el aire; puestas las bocas en su boca, clavados los ojos en el +cielo, no parecía sino que ponían en él la puntería; y desta manera, +meneando las cabezas a un lado y a otro, señales que acreditaban el gusto +que recebían, se estuvieron un buen espacio, trasegando en sus estómagos +las entrañas de las vasijas. + +Todo lo miraba Sancho, y de ninguna cosa se dolía; antes, por cumplir con +el refrán, que él muy bien sabía, de "cuando a Roma fueres, haz como +vieres", pidió a Ricote la bota, y tomó su puntería como los demás, y no +con menos gusto que ellos. + +Cuatro veces dieron lugar las botas para ser empinadas; pero la quinta no +fue posible, porque ya estaban más enjutas y secas que un esparto, cosa que +puso mustia la alegría que hasta allí habían mostrado. De cuando en cuando, +juntaba alguno su mano derecha con la de Sancho, y decía: + +— Español y tudesqui, tuto uno: bon compaño. + +Y Sancho respondía: Bon compaño, jura Di! + +Y disparaba con una risa que le duraba un hora, sin acordarse entonces de +nada de lo que le había sucedido en su gobierno; porque sobre el rato y +tiempo cuando se come y bebe, poca jurisdición suelen tener los cuidados. +Finalmente, el acabársele el vino fue principio de un sueño que dio a +todos, quedándose dormidos sobre las mismas mesas y manteles; solos Ricote +y Sancho quedaron alerta, porque habían comido más y bebido menos; y, +apartando Ricote a Sancho, se sentaron al pie de una haya, dejando a los +peregrinos sepultados en dulce sueño; y Ricote, sin tropezar nada en su +lengua morisca, en la pura castellana le dijo las siguientes razones: + +— «Bien sabes, ¡oh Sancho Panza, vecino y amigo mío!, como el pregón y bando +que Su Majestad mandó publicar contra los de mi nación puso terror y +espanto en todos nosotros; a lo menos, en mí le puso de suerte que me +parece que antes del tiempo que se nos concedía para que hiciésemos +ausencia de España, ya tenía el rigor de la pena ejecutado en mi persona y +en la de mis hijos. Ordené, pues, a mi parecer como prudente, bien así como +el que sabe que para tal tiempo le han de quitar la casa donde vive y se +provee de otra donde mudarse; ordené, digo, de salir yo solo, sin mi +familia, de mi pueblo, y ir a buscar donde llevarla con comodidad y sin la +priesa con que los demás salieron; porque bien vi, y vieron todos nuestros +ancianos, que aquellos pregones no eran sólo amenazas, como algunos decían, +sino verdaderas leyes, que se habían de poner en ejecución a su determinado +tiempo; y forzábame a creer esta verdad saber yo los ruines y disparatados +intentos que los nuestros tenían, y tales, que me parece que fue +inspiración divina la que movió a Su Majestad a poner en efecto tan +gallarda resolución, no porque todos fuésemos culpados, que algunos había +cristianos firmes y verdaderos; pero eran tan pocos que no se podían oponer +a los que no lo eran, y no era bien criar la sierpe en el seno, teniendo +los enemigos dentro de casa. Finalmente, con justa razón fuimos castigados +con la pena del destierro, blanda y suave al parecer de algunos, pero al +nuestro, la más terrible que se nos podía dar. Doquiera que estamos +lloramos por España, que, en fin, nacimos en ella y es nuestra patria +natural; en ninguna parte hallamos el acogimiento que nuestra desventura +desea, y en Berbería, y en todas las partes de África, donde esperábamos +ser recebidos, acogidos y regalados, allí es donde más nos ofenden y +maltratan. No hemos conocido el bien hasta que le hemos perdido; y es el +deseo tan grande, que casi todos tenemos de volver a España, que los más de +aquellos, y son muchos, que saben la lengua como yo, se vuelven a ella, y +dejan allá sus mujeres y sus hijos desamparados: tanto es el amor que la +tienen; y agora conozco y experimento lo que suele decirse: que es dulce el +amor de la patria. Salí, como digo, de nuestro pueblo, entré en Francia, y, +aunque allí nos hacían buen acogimiento, quise verlo todo. Pasé a Italia y +llegué a Alemania, y allí me pareció que se podía vivir con más libertad, +porque sus habitadores no miran en muchas delicadezas: cada uno vive como +quiere, porque en la mayor parte della se vive con libertad de conciencia. +Dejé tomada casa en un pueblo junto a Augusta; juntéme con estos +peregrinos, que tienen por costumbre de venir a España muchos dellos, cada +año, a visitar los santuarios della, que los tienen por sus Indias, y por +certísima granjería y conocida ganancia. Ándanla casi toda, y no hay pueblo +ninguno de donde no salgan comidos y bebidos, como suele decirse, y con un +real, por lo menos, en dineros, y al cabo de su viaje salen con más de cien +escudos de sobra que, trocados en oro, o ya en el hueco de los bordones, o +entre los remiendos de las esclavinas, o con la industria que ellos pueden, +los sacan del reino y los pasan a sus tierras, a pesar de las guardas de +los puestos y puertos donde se registran. Ahora es mi intención, Sancho, +sacar el tesoro que dejé enterrado, que por estar fuera del pueblo lo podré +hacer sin peligro y escribir o pasar desde Valencia a mi hija y a mi mujer, +que sé que está en Argel, y dar traza como traerlas a algún puerto de +Francia, y desde allí llevarlas a Alemania, donde esperaremos lo que Dios +quisiere hacer de nosotros; que, en resolución, Sancho, yo sé cierto que la +Ricota mi hija y Francisca Ricota, mi mujer, son católicas cristianas, y, +aunque yo no lo soy tanto, todavía tengo más de cristiano que de moro, y +ruego siempre a Dios me abra los ojos del entendimiento y me dé a conocer +cómo le tengo de servir. Y lo que me tiene admirado es no saber por qué se +fue mi mujer y mi hija antes a Berbería que a Francia, adonde podía vivir +como cristiana.» + +A lo que respondió Sancho: + +— Mira, Ricote, eso no debió estar en su mano, porque las llevó Juan +Tiopieyo, el hermano de tu mujer; y, como debe de ser fino moro, fuese a lo +más bien parado, y séte decir otra cosa: que creo que vas en balde a buscar +lo que dejaste encerrado; porque tuvimos nuevas que habían quitado a tu +cuñado y tu mujer muchas perlas y mucho dinero en oro que llevaban por +registrar. + +— Bien puede ser eso —replicó Ricote—, pero yo sé, Sancho, que no tocaron a +mi encierro, porque yo no les descubrí dónde estaba, temeroso de algún +desmán; y así, si tú, Sancho, quieres venir conmigo y ayudarme a sacarlo y +a encubrirlo, yo te daré docientos escudos, con que podrás remediar tus +necesidades, que ya sabes que sé yo que las tienes muchas. + +— Yo lo hiciera —respondió Sancho—, pero no soy nada codicioso; que, a +serlo, un oficio dejé yo esta mañana de las manos, donde pudiera hacer las +paredes de mi casa de oro, y comer antes de seis meses en platos de plata; +y, así por esto como por parecerme haría traición a mi rey en dar favor a +sus enemigos, no fuera contigo, si como me prometes docientos escudos, me +dieras aquí de contado cuatrocientos. + +— Y ¿qué oficio es el que has dejado, Sancho? —preguntó Ricote. + +— He dejado de ser gobernador de una ínsula —respondió Sancho—, y tal, que a +buena fee que no hallen otra como ella a tres tirones. + +— ¿Y dónde está esa ínsula? —preguntó Ricote. + +— ¿Adónde? —respondió Sancho—. Dos leguas de aquí, y se llama la ínsula +Barataria. + +— Calla, Sancho —dijo Ricote—, que las ínsulas están allá dentro de la mar; +que no hay ínsulas en la tierra firme. + +— ¿Cómo no? —replicó Sancho—. Dígote, Ricote amigo, que esta mañana me partí +della, y ayer estuve en ella gobernando a mi placer, como un sagitario; +pero, con todo eso, la he dejado, por parecerme oficio peligroso el de los +gobernadores. + +— Y ¿qué has ganado en el gobierno? —preguntó Ricote. + +— He ganado —respondió Sancho— el haber conocido que no soy bueno para +gobernar, si no es un hato de ganado, y que las riquezas que se ganan en +los tales gobiernos son a costa de perder el descanso y el sueño, y aun el +sustento; porque en las ínsulas deben de comer poco los gobernadores, +especialmente si tienen médicos que miren por su salud. + +— Yo no te entiendo, Sancho —dijo Ricote—, pero paréceme que todo lo que +dices es disparate; que, ¿quién te había de dar a ti ínsulas que +gobernases? ¿Faltaban hombres en el mundo más hábiles para gobernadores que +tú eres? Calla, Sancho, y vuelve en ti, y mira si quieres venir conmigo, +como te he dicho, a ayudarme a sacar el tesoro que dejé escondido; que en +verdad que es tanto, que se puede llamar tesoro, y te daré con que vivas, +como te he dicho. + +— Ya te he dicho, Ricote —replicó Sancho—, que no quiero; conténtate que por +mí no serás descubierto, y prosigue en buena hora tu camino, y déjame +seguir el mío; que yo sé que lo bien ganado se pierde, y lo malo, ello y su +dueño. + +— No quiero porfiar, Sancho —dijo Ricote—, pero dime: ¿hallástete en nuestro +lugar, cuando se partió dél mi mujer, mi hija y mi cuñado? + +— Sí hallé —respondió Sancho—, y séte decir que salió tu hija tan hermosa +que salieron a verla cuantos había en el pueblo, y todos decían que era la +más bella criatura del mundo. Iba llorando y abrazaba a todas sus amigas y +conocidas, y a cuantos llegaban a verla, y a todos pedía la encomendasen a +Dios y a Nuestra Señora su madre; y esto, con tanto sentimiento, que a mí +me hizo llorar, que no suelo ser muy llorón. Y a fee que muchos tuvieron +deseo de esconderla y salir a quitársela en el camino; pero el miedo de ir +contra el mandado del rey los detuvo. Principalmente se mostró más +apasionado don Pedro Gregorio, aquel mancebo mayorazgo rico que tú conoces, +que dicen que la quería mucho, y después que ella se partió, nunca más él +ha parecido en nuestro lugar, y todos pensamos que iba tras ella para +robarla; pero hasta ahora no se ha sabido nada. + +— Siempre tuve yo mala sospecha —dijo Ricote— de que ese caballero adamaba a +mi hija; pero, fiado en el valor de mi Ricota, nunca me dio pesadumbre el +saber que la quería bien; que ya habrás oído decir, Sancho, que las +moriscas pocas o ninguna vez se mezclaron por amores con cristianos viejos, +y mi hija, que, a lo que yo creo, atendía a ser más cristiana que +enamorada, no se curaría de las solicitudes de ese señor mayorazgo. + +— Dios lo haga —replicó Sancho—, que a entrambos les estaría mal. Y déjame +partir de aquí, Ricote amigo, que quiero llegar esta noche adonde está mi +señor don Quijote. + +— Dios vaya contigo, Sancho hermano, que ya mis compañeros se rebullen, y +también es hora que prosigamos nuestro camino. + +Y luego se abrazaron los dos, y Sancho subió en su rucio, y Ricote se +arrimó a su bordón, y se apartaron. + + + + +Capítulo LV. De cosas sucedidas a Sancho en el camino, y otras que no hay +más que ver + +El haberse detenido Sancho con Ricote no le dio lugar a que aquel día +llegase al castillo del duque, puesto que llegó media legua dél, donde le +tomó la noche, algo escura y cerrada; pero, como era verano, no le dio +mucha pesadumbre; y así, se apartó del camino con intención de esperar la +mañana; y quiso su corta y desventurada suerte que, buscando lugar donde +mejor acomodarse, cayeron él y el rucio en una honda y escurísima sima que +entre unos edificios muy antiguos estaba, y al tiempo del caer, se +encomendó a Dios de todo corazón, pensando que no había de parar hasta el +profundo de los abismos. Y no fue así, porque a poco más de tres estados +dio fondo el rucio, y él se halló encima dél, sin haber recebido lisión ni +daño alguno. + +Tentóse todo el cuerpo, y recogió el aliento, por ver si estaba sano o +agujereado por alguna parte; y, viéndose bueno, entero y católico de salud, +no se hartaba de dar gracias a Dios Nuestro Señor de la merced que le había +hecho, porque sin duda pensó que estaba hecho mil pedazos. Tentó asimismo +con las manos por las paredes de la sima, por ver si sería posible salir +della sin ayuda de nadie; pero todas las halló rasas y sin asidero alguno, +de lo que Sancho se congojó mucho, especialmente cuando oyó que el rucio se +quejaba tierna y dolorosamente; y no era mucho, ni se lamentaba de vicio, +que, a la verdad, no estaba muy bien parado. + +— ¡Ay —dijo entonces Sancho Panza—, y cuán no pensados sucesos suelen +suceder a cada paso a los que viven en este miserable mundo! ¿Quién dijera +que el que ayer se vio entronizado gobernador de una ínsula, mandando a sus +sirvientes y a sus vasallos, hoy se había de ver sepultado en una sima, sin +haber persona alguna que le remedie, ni criado ni vasallo que acuda a su +socorro? Aquí habremos de perecer de hambre yo y mi jumento, si ya no nos +morimos antes, él de molido y quebrantado, y yo de pesaroso. A lo menos, no +seré yo tan venturoso como lo fue mi señor don Quijote de la Mancha cuando +decendió y bajó a la cueva de aquel encantado Montesinos, donde halló quien +le regalase mejor que en su casa, que no parece sino que se fue a mesa +puesta y a cama hecha. Allí vio él visiones hermosas y apacibles, y yo veré +aquí, a lo que creo, sapos y culebras. ¡Desdichado de mí, y en qué han +parado mis locuras y fantasías! De aquí sacarán mis huesos, cuando el cielo +sea servido que me descubran, mondos, blancos y raídos, y los de mi buen +rucio con ellos, por donde quizá se echará de ver quién somos, a lo menos +de los que tuvieren noticia que nunca Sancho Panza se apartó de su asno, ni +su asno de Sancho Panza. Otra vez digo: ¡miserables de nosotros, que no ha +querido nuestra corta suerte que muriésemos en nuestra patria y entre los +nuestros, donde ya que no hallara remedio nuestra desgracia, no faltara +quien dello se doliera, y en la hora última de nuestro pasamiento nos +cerrara los ojos! ¡Oh compañero y amigo mío, qué mal pago te he dado de tus +buenos servicios! Perdóname y pide a la fortuna, en el mejor modo que +supieres, que nos saque deste miserable trabajo en que estamos puestos los +dos; que yo prometo de ponerte una corona de laurel en la cabeza, que no +parezcas sino un laureado poeta, y de darte los piensos doblados. + +Desta manera se lamentaba Sancho Panza, y su jumento le escuchaba sin +responderle palabra alguna: tal era el aprieto y angustia en que el pobre +se hallaba. Finalmente, habiendo pasado toda aquella noche en miserables +quejas y lamentaciones, vino el día, con cuya claridad y resplandor vio +Sancho que era imposible de toda imposibilidad salir de aquel pozo sin ser +ayudado, y comenzó a lamentarse y dar voces, por ver si alguno le oía; pero +todas sus voces eran dadas en desierto, pues por todos aquellos contornos +no había persona que pudiese escucharle, y entonces se acabó de dar por +muerto. + +Estaba el rucio boca arriba, y Sancho Panza le acomodó de modo que le puso +en pie, que apenas se podía tener; y, sacando de las alforjas, que también +habían corrido la mesma fortuna de la caída, un pedazo de pan, lo dio a su +jumento, que no le supo mal, y díjole Sancho, como si lo entendiera: + +— Todos los duelos con pan son buenos. + +En esto, descubrió a un lado de la sima un agujero, capaz de caber por él +una persona, si se agobiaba y encogía. Acudió a él Sancho Panza, y, +agazapándose, se entró por él y vio que por de dentro era espacioso y +largo, y púdolo ver, porque por lo que se podía llamar techo entraba un +rayo de sol que lo descubría todo. Vio también que se dilataba y alargaba +por otra concavidad espaciosa; viendo lo cual, volvió a salir adonde estaba +el jumento, y con una piedra comenzó a desmoronar la tierra del agujero, de +modo que en poco espacio hizo lugar donde con facilidad pudiese entrar el +asno, como lo hizo; y, cogiéndole del cabestro, comenzó a caminar por +aquella gruta adelante, por ver si hallaba alguna salida por otra parte. A +veces iba a escuras, y a veces sin luz, pero ninguna vez sin miedo. + +— ¡Válame Dios todopoderoso! —decía entre sí—. Esta que para mí es +desventura, mejor fuera para aventura de mi amo don Quijote. Él sí que +tuviera estas profundidades y mazmorras por jardines floridos y por +palacios de Galiana, y esperara salir de esta escuridad y estrecheza a +algún florido prado; pero yo, sin ventura, falto de consejo y menoscabado +de ánimo, a cada paso pienso que debajo de los pies de improviso se ha de +abrir otra sima más profunda que la otra, que acabe de tragarme. ¡Bien +vengas mal, si vienes solo! + +Desta manera y con estos pensamientos le pareció que habría caminado poco +más de media legua, al cabo de la cual descubrió una confusa claridad, que +pareció ser ya de día, y que por alguna parte entraba, que daba indicio de +tener fin abierto aquel, para él, camino de la otra vida. + +Aquí le deja Cide Hamete Benengeli, y vuelve a tratar de don Quijote, +que, alborozado y contento, esperaba el plazo de la batalla que había de +hacer con el robador de la honra de la hija de doña Rodríguez, a quien +pensaba enderezar el tuerto y desaguisado que malamente le tenían fecho. + +Sucedió, pues, que, saliéndose una mañana a imponerse y ensayarse en lo que +había de hacer en el trance en que otro día pensaba verse, dando un repelón +o arremetida a Rocinante, llegó a poner los pies tan junto a una cueva, +que, a no tirarle fuertemente las riendas, fuera imposible no caer en ella. +En fin, le detuvo y no cayó, y, llegándose algo más cerca, sin apearse, +miró aquella hondura; y, estándola mirando, oyó grandes voces dentro; y, +escuchando atentamente, pudo percebir y entender que el que las daba decía: + +— ¡Ah de arriba! ¿Hay algún cristiano que me escuche, o algún caballero +caritativo que se duela de un pecador enterrado en vida, o un desdichado +desgobernado gobernador? + +Parecióle a don Quijote que oía la voz de Sancho Panza, de que quedó +suspenso y asombrado, y, levantando la voz todo lo que pudo, dijo: + +— ¿Quién está allá bajo? ¿Quién se queja? + +— ¿Quién puede estar aquí, o quién se ha de quejar —respondieron—, sino el +asendereado de Sancho Panza, gobernador, por sus pecados y por su mala +andanza, de la ínsula Barataria, escudero que fue del famoso caballero don +Quijote de la Mancha? + +Oyendo lo cual don Quijote, se le dobló la admiración y se le acrecentó el +pasmo, viniéndosele al pensamiento que Sancho Panza debía de ser muerto, y +que estaba allí penando su alma, y llevado desta imaginación dijo: + +— Conjúrote por todo aquello que puedo conjurarte como católico cristiano, +que me digas quién eres; y si eres alma en pena, dime qué quieres que haga +por ti; que, pues es mi profesión favorecer y acorrer a los necesitados +deste mundo, también lo seré para acorrer y ayudar a los menesterosos del +otro mundo, que no pueden ayudarse por sí propios. + +— Desa manera —respondieron—, vuestra merced que me habla debe de ser mi +señor don Quijote de la Mancha, y aun en el órgano de la voz no es otro, +sin duda. + +— Don Quijote soy —replicó don Quijote—, el que profeso socorrer y ayudar en +sus necesidades a los vivos y a los muertos. Por eso dime quién eres, que +me tienes atónito; porque si eres mi escudero Sancho Panza, y te has +muerto, como no te hayan llevado los diablos, y, por la misericordia de +Dios, estés en el purgatorio, sufragios tiene nuestra Santa Madre la +Iglesia Católica Romana bastantes a sacarte de las penas en que estás, y +yo, que lo solicitaré con ella, por mi parte, con cuanto mi hacienda +alcanzare; por eso, acaba de declararte y dime quién eres. + +— ¡Voto a tal! —respondieron—, y por el nacimiento de quien vuesa merced +quisiere, juro, señor don Quijote de la Mancha, que yo soy su escudero +Sancho Panza, y que nunca me he muerto en todos los días de mi vida; sino +que, habiendo dejado mi gobierno por cosas y causas que es menester más +espacio para decirlas, anoche caí en esta sima donde yago, el rucio +conmigo, que no me dejará mentir, pues, por más señas, está aquí conmigo. + +Y hay más: que no parece sino que el jumento entendió lo que Sancho dijo, +porque al momento comenzó a rebuznar, tan recio, que toda la cueva +retumbaba. + +— ¡Famoso testigo! —dijo don Quijote—. El rebuzno conozco como si le +pariera, y tu voz oigo, Sancho mío. Espérame; iré al castillo del duque, +que está aquí cerca, y traeré quien te saque desta sima, donde tus pecados +te deben de haber puesto. + +— Vaya vuesa merced —dijo Sancho—, y vuelva presto, por un solo Dios, que ya +no lo puedo llevar el estar aquí sepultado en vida, y me estoy muriendo de +miedo. + +Dejóle don Quijote, y fue al castillo a contar a los duques el suceso de +Sancho Panza, de que no poco se maravillaron, aunque bien entendieron que +debía de haber caído por la correspondencia de aquella gruta que de tiempos +inmemoriales estaba allí hecha; pero no podían pensar cómo había dejado el +gobierno sin tener ellos aviso de su venida. Finalmente, como dicen, +llevaron sogas y maromas; y, a costa de mucha gente y de mucho trabajo, +sacaron al rucio y a Sancho Panza de aquellas tinieblas a la luz del sol. +Viole un estudiante, y dijo: + +— Desta manera habían de salir de sus gobiernos todos los malos +gobernadores, como sale este pecador del profundo del abismo: muerto de +hambre, descolorido, y sin blanca, a lo que yo creo. + +Oyólo Sancho, y dijo: + +— Ocho días o diez ha, hermano murmurador, que entré a gobernar la ínsula +que me dieron, en los cuales no me vi harto de pan siquiera un hora; en +ellos me han perseguido médicos, y enemigos me han brumado los güesos; ni +he tenido lugar de hacer cohechos, ni de cobrar derechos; y, siendo esto +así, como lo es, no merecía yo, a mi parecer, salir de esta manera; pero el +hombre pone y Dios dispone, y Dios sabe lo mejor y lo que le está bien a +cada uno; y cual el tiempo, tal el tiento; y nadie diga "desta agua no +beberé", que adonde se piensa que hay tocinos, no hay estacas; y Dios me +entiende, y basta, y no digo más, aunque pudiera. + +— No te enojes, Sancho, ni recibas pesadumbre de lo que oyeres, que será +nunca acabar: ven tú con segura conciencia, y digan lo que dijeren; y es +querer atar las lenguas de los maldicientes lo mesmo que querer poner +puertas al campo. Si el gobernador sale rico de su gobierno, dicen dél que +ha sido un ladrón, y si sale pobre, que ha sido un para poco y un +mentecato. + +— A buen seguro —respondió Sancho— que por esta vez antes me han de tener +por tonto que por ladrón. + +En estas pláticas llegaron, rodeados de muchachos y de otra mucha gente, al +castillo, adonde en unos corredores estaban ya el duque y la duquesa +esperando a don Quijote y a Sancho, el cual no quiso subir a ver al duque +sin que primero no hubiese acomodado al rucio en la caballeriza, porque +decía que había pasado muy mala noche en la posada; y luego subió a ver a +sus señores, ante los cuales, puesto de rodillas, dijo: + +— Yo, señores, porque lo quiso así vuestra grandeza, sin ningún merecimiento +mío, fui a gobernar vuestra ínsula Barataria, en la cual entré desnudo, y +desnudo me hallo: ni pierdo, ni gano. Si he gobernado bien o mal, testigos +he tenido delante, que dirán lo que quisieren. He declarado dudas, +sentenciado pleitos, siempre muerto de hambre, por haberlo querido así el +doctor Pedro Recio, natural de Tirteafuera, médico insulano y +gobernadoresco. Acometiéronnos enemigos de noche, y, habiéndonos puesto en +grande aprieto, dicen los de la ínsula que salieron libres y con vitoria +por el valor de mi brazo, que tal salud les dé Dios como ellos dicen +verdad. En resolución, en este tiempo yo he tanteado las cargas que trae +consigo, y las obligaciones, el gobernar, y he hallado por mi cuenta que no +las podrán llevar mis hombros, ni son peso de mis costillas, ni flechas de +mi aljaba; y así, antes que diese conmigo al través el gobierno, he querido +yo dar con el gobierno al través, y ayer de mañana dejé la ínsula como la +hallé: con las mismas calles, casas y tejados que tenía cuando entré en +ella. No he pedido prestado a nadie, ni metídome en granjerías; y, aunque +pensaba hacer algunas ordenanzas provechosas, no hice ninguna, temeroso que +no se habían de guardar: que es lo mesmo hacerlas que no hacerlas. Salí, +como digo, de la ínsula sin otro acompañamiento que el de mi rucio; caí en +una sima, víneme por ella adelante, hasta que, esta mañana, con la luz del +sol, vi la salida, pero no tan fácil que, a no depararme el cielo a mi +señor don Quijote, allí me quedara hasta la fin del mundo. Así que, mis +señores duque y duquesa, aquí está vuestro gobernador Sancho Panza, que ha +granjeado en solos diez días que ha tenido el gobierno a conocer que no se +le ha de dar nada por ser gobernador, no que de una ínsula, sino de todo el +mundo; y, con este presupuesto, besando a vuestras mercedes los pies, +imitando al juego de los muchachos, que dicen "Salta tú, y dámela tú", doy +un salto del gobierno, y me paso al servicio de mi señor don Quijote; que, +en fin, en él, aunque como el pan con sobresalto, hártome, a lo menos, y +para mí, como yo esté harto, eso me hace que sea de zanahorias que de +perdices. + +Con esto dio fin a su larga plática Sancho, temiendo siempre don Quijote +que había de decir en ella millares de disparates; y, cuando le vio acabar +con tan pocos, dio en su corazón gracias al cielo, y el duque abrazó a +Sancho, y le dijo que le pesaba en el alma de que hubiese dejado tan presto +el gobierno; pero que él haría de suerte que se le diese en su estado otro +oficio de menos carga y de más provecho. Abrazóle la duquesa asimismo, y +mandó que le regalasen, porque daba señales de venir mal molido y peor +parado. + + + + +Capítulo LVI. De la descomunal y nunca vista batalla que pasó entre don +Quijote de la Mancha y el lacayo Tosilos, en la defensa de la hija de la +dueña doña Rodríguez + +No quedaron arrepentidos los duques de la burla hecha a Sancho Panza del +gobierno que le dieron; y más, que aquel mismo día vino su mayordomo, y les +contó punto por punto, todas casi, las palabras y acciones que Sancho había +dicho y hecho en aquellos días, y finalmente les encareció el asalto de la +ínsula, y el miedo de Sancho, y su salida, de que no pequeño gusto +recibieron. + +Después desto, cuenta la historia que se llegó el día de la batalla +aplazada, y, habiendo el duque una y muy muchas veces advertido a su lacayo +Tosilos cómo se había de avenir con don Quijote para vencerle sin matarle +ni herirle, ordenó que se quitasen los hierros a las lanzas, diciendo a don +Quijote que no permitía la cristiandad, de que él se preciaba, que aquella +batalla fuese con tanto riesgo y peligro de las vidas, y que se contentase +con que le daba campo franco en su tierra, puesto que iba contra el decreto +del Santo Concilio, que prohíbe los tales desafíos, y no quisiese llevar +por todo rigor aquel trance tan fuerte. + +Don Quijote dijo que Su Excelencia dispusiese las cosas de aquel negocio +como más fuese servido; que él le obedecería en todo. Llegado, pues, el +temeroso día, y habiendo mandado el duque que delante de la plaza del +castillo se hiciese un espacioso cadahalso, donde estuviesen los jueces del +campo y las dueñas, madre y hija, demandantes, había acudido de todos los +lugares y aldeas circunvecinas infinita gente, a ver la novedad de aquella +batalla; que nunca otra tal no habían visto, ni oído decir en aquella +tierra los que vivían ni los que habían muerto. + +El primero que entró en el campo y estacada fue el maestro de las +ceremonias, que tanteó el campo, y le paseó todo, porque en él no hubiese +algún engaño, ni cosa encubierta donde se tropezase y cayese; luego +entraron las dueñas y se sentaron en sus asientos, cubiertas con los mantos +hasta los ojos y aun hasta los pechos, con muestras de no pequeño +sentimiento. Presente don Quijote en la estacada, de allí a poco, +acompañado de muchas trompetas, asomó por una parte de la plaza, sobre un +poderoso caballo, hundiéndola toda, el grande lacayo Tosilos, calada la +visera y todo encambronado, con unas fuertes y lucientes armas. El caballo +mostraba ser frisón, ancho y de color tordillo; de cada mano y pie le +pendía una arroba de lana. + +Venía el valeroso combatiente bien informado del duque su señor de cómo se +había de portar con el valeroso don Quijote de la Mancha, advertido que en +ninguna manera le matase, sino que procurase huir el primer encuentro por +escusar el peligro de su muerte, que estaba cierto si de lleno en lleno le +encontrase. Paseó la plaza, y, llegando donde las dueñas estaban, se puso +algún tanto a mirar a la que por esposo le pedía. Llamó el maese de campo a +don Quijote, que ya se había presentado en la plaza, y junto con Tosilos +habló a las dueñas, preguntándoles si consentían que volviese por su +derecho don Quijote de la Mancha. Ellas dijeron que sí, y que todo lo que +en aquel caso hiciese lo daban por bien hecho, por firme y por valedero. + +Ya en este tiempo estaban el duque y la duquesa puestos en una galería que +caía sobre la estacada, toda la cual estaba coronada de infinita gente, que +esperaba ver el riguroso trance nunca visto. Fue condición de los +combatientes que si don Quijote vencía, su contrario se había de casar con +la hija de doña Rodríguez; y si él fuese vencido, quedaba libre su +contendor de la palabra que se le pedía, sin dar otra satisfación alguna. + +Partióles el maestro de las ceremonias el sol, y puso a los dos cada uno en +el puesto donde habían de estar. Sonaron los atambores, llenó el aire el +son de las trompetas, temblaba debajo de los pies la tierra; estaban +suspensos los corazones de la mirante turba, temiendo unos y esperando +otros el bueno o el mal suceso de aquel caso. Finalmente, don Quijote, +encomendándose de todo su corazón a Dios Nuestro Señor y a la señora +Dulcinea del Toboso, estaba aguardando que se le diese señal precisa de la +arremetida; empero, nuestro lacayo tenía diferentes pensamientos: no +pensaba él sino en lo que agora diré: + +Parece ser que, cuando estuvo mirando a su enemiga, le pareció la más +hermosa mujer que había visto en toda su vida, y el niño ceguezuelo, a +quien suelen llamar de ordinario Amor por esas calles, no quiso perder la +ocasión que se le ofreció de triunfar de una alma lacayuna y ponerla en la +lista de sus trofeos; y así, llegándose a él bonitamente, sin que nadie le +viese, le envasó al pobre lacayo una flecha de dos varas por el lado +izquierdo, y le pasó el corazón de parte a parte; y púdolo hacer bien al +seguro, porque el Amor es invisible, y entra y sale por do quiere, sin que +nadie le pida cuenta de sus hechos. + +Digo, pues, que, cuando dieron la señal de la arremetida, estaba nuestro +lacayo transportado, pensando en la hermosura de la que ya había hecho +señora de su libertad, y así, no atendió al son de la trompeta, como hizo +don Quijote, que, apenas la hubo oído, cuando arremetió, y, a todo el +correr que permitía Rocinante, partió contra su enemigo; y, viéndole partir +su buen escudero Sancho, dijo a grandes voces: + +— ¡Dios te guíe, nata y flor de los andantes caballeros! ¡Dios te dé la +vitoria, pues llevas la razón de tu parte! + +Y, aunque Tosilos vio venir contra sí a don Quijote, no se movió un paso de +su puesto; antes, con grandes voces, llamó al maese de campo, el cual +venido a ver lo que quería, le dijo: + +— Señor, ¿esta batalla no se hace porque yo me case, o no me case, con +aquella señora? + +— Así es —le fue respondido. + +— Pues yo —dijo el lacayo— soy temeroso de mi conciencia, y pondríala en +gran cargo si pasase adelante en esta batalla; y así, digo que yo me doy +por vencido y que quiero casarme luego con aquella señora. + +Quedó admirado el maese de campo de las razones de Tosilos; y, como era uno +de los sabidores de la máquina de aquel caso, no le supo responder palabra. +Detúvose don Quijote en la mitad de su carrera, viendo que su enemigo no +le acometía. El duque no sabía la ocasión porque no se pasaba adelante en +la batalla, pero el maese de campo le fue a declarar lo que Tosilos decía, +de lo que quedó suspenso y colérico en estremo. + +En tanto que esto pasaba, Tosilos se llegó adonde doña Rodríguez estaba, y +dijo a grandes voces: + +— Yo, señora, quiero casarme con vuestra hija, y no quiero alcanzar por +pleitos ni contiendas lo que puedo alcanzar por paz y sin peligro de la +muerte. + +Oyó esto el valeroso don Quijote, y dijo: + +— Pues esto así es, yo quedo libre y suelto de mi promesa: cásense en hora +buena, y, pues Dios Nuestro Señor se la dio, San Pedro se la bendiga. + +El duque había bajado a la plaza del castillo, y, llegándose a Tosilos, le +dijo: + +— ¿Es verdad, caballero, que os dais por vencido, y que, instigado de +vuestra temerosa conciencia, os queréis casar con esta doncella? + +— Sí, señor —respondió Tosilos. + +— Él hace muy bien —dijo a esta sazón Sancho Panza—, porque lo que has de +dar al mur, dalo al gato, y sacarte ha de cuidado. + +Íbase Tosilos desenlazando la celada, y rogaba que apriesa le ayudasen, +porque le iban faltando los espíritus del aliento, y no podía verse +encerrado tanto tiempo en la estrecheza de aquel aposento. Quitáronsela +apriesa, y quedó descubierto y patente su rostro de lacayo. Viendo lo cual +doña Rodríguez y su hija, dando grandes voces, dijeron: + +— ¡Éste es engaño, engaño es éste! ¡A Tosilos, el lacayo del duque mi señor, +nos han puesto en lugar de mi verdadero esposo! ¡Justicia de Dios y del +Rey, de tanta malicia, por no decir bellaquería! + +— No vos acuitéis, señoras —dijo don Quijote—, que ni ésta es malicia ni es +bellaquería; y si la es, y no ha sido la causa el duque, sino los malos +encantadores que me persiguen, los cuales, invidiosos de que yo alcanzase +la gloria deste vencimiento, han convertido el rostro de vuestro esposo en +el de este que decís que es lacayo del duque. Tomad mi consejo, y, a pesar +de la malicia de mis enemigos, casaos con él, que sin duda es el mismo que +vos deseáis alcanzar por esposo. + +El duque, que esto oyó, estuvo por romper en risa toda su cólera, y dijo: + +— Son tan extraordinarias las cosas que suceden al señor don Quijote que +estoy por creer que este mi lacayo no lo es; pero usemos deste ardid y +maña: dilatemos el casamiento quince días, si quieren, y tengamos encerrado +a este personaje que nos tiene dudosos, en los cuales podría ser que +volviese a su prístina figura; que no ha de durar tanto el rancor que los +encantadores tienen al señor don Quijote, y más, yéndoles tan poco en usar +estos embelecos y transformaciones. + +— ¡Oh señor! —dijo Sancho—, que ya tienen estos malandrines por uso y +costumbre de mudar las cosas, de unas en otras, que tocan a mi amo. Un +caballero que venció los días pasados, llamado el de los Espejos, le +volvieron en la figura del bachiller Sansón Carrasco, natural de nuestro +pueblo y grande amigo nuestro, y a mi señora Dulcinea del Toboso la han +vuelto en una rústica labradora; y así, imagino que este lacayo ha de morir +y vivir lacayo todos los días de su vida. + +A lo que dijo la hija de Rodríguez: + +— Séase quien fuere este que me pide por esposa, que yo se lo agradezco; que +más quiero ser mujer legítima de un lacayo que no amiga y burlada de un +caballero, puesto que el que a mí me burló no lo es. + +En resolución, todos estos cuentos y sucesos pararon en que Tosilos se +recogiese, hasta ver en qué paraba su transformación; aclamaron todos la +vitoria por don Quijote, y los más quedaron tristes y melancólicos de ver +que no se habían hecho pedazos los tan esperados combatientes, bien así +como los mochachos quedan tristes cuando no sale el ahorcado que esperan, +porque le ha perdonado, o la parte, o la justicia. Fuese la gente, +volviéronse el duque y don Quijote al castillo, encerraron a Tosilos, +quedaron doña Rodríguez y su hija contentísimas de ver que, por una vía o +por otra, aquel caso había de parar en casamiento, y Tosilos no esperaba +menos. + + + + +Capítulo LVII. Que trata de cómo don Quijote se despidió del duque, y de lo +que le sucedió con la discreta y desenvuelta Altisidora, doncella de la +duquesa + +Ya le pareció a don Quijote que era bien salir de tanta ociosidad como la +que en aquel castillo tenía; que se imaginaba ser grande la falta que su +persona hacía en dejarse estar encerrado y perezoso entre los infinitos +regalos y deleites que como a caballero andante aquellos señores le hacían, +y parecíale que había de dar cuenta estrecha al cielo de aquella ociosidad +y encerramiento; y así, pidió un día licencia a los duques para partirse. +Diéronsela, con muestras de que en gran manera les pesaba de que los +dejase. Dio la duquesa las cartas de su mujer a Sancho Panza, el cual lloró +con ellas, y dijo: + +— ¿Quién pensara que esperanzas tan grandes como las que en el pecho de mi +mujer Teresa Panza engendraron las nuevas de mi gobierno habían de parar en +volverme yo agora a las arrastradas aventuras de mi amo don Quijote de la +Mancha? Con todo esto, me contento de ver que mi Teresa correspondió a ser +quien es, enviando las bellotas a la duquesa; que, a no habérselas enviado, +quedando yo pesaroso, me mostrara ella desagradecida. Lo que me consuela es +que esta dádiva no se le puede dar nombre de cohecho, porque ya tenía yo el +gobierno cuando ella las envió, y está puesto en razón que los que reciben +algún beneficio, aunque sea con niñerías, se muestren agradecidos. En +efecto, yo entré desnudo en el gobierno y salgo desnudo dél; y así, podré +decir con segura conciencia, que no es poco: "Desnudo nací, desnudo me +hallo: ni pierdo ni gano". + +Esto pasaba entre sí Sancho el día de la partida; y, saliendo don Quijote, +habiéndose despedido la noche antes de los duques, una mañana se presentó +armado en la plaza del castillo. Mirábanle de los corredores toda la gente +del castillo, y asimismo los duques salieron a verle. Estaba Sancho sobre +su rucio, con sus alforjas, maleta y repuesto, contentísimo, porque el +mayordomo del duque, el que fue la Trifaldi, le había dado un bolsico con +docientos escudos de oro, para suplir los menesteres del camino, y esto aún +no lo sabía don Quijote. + +Estando, como queda dicho, mirándole todos, a deshora, entre las otras +dueñas y doncellas de la duquesa, que le miraban, alzó la voz la +desenvuelta y discreta Altisidora, y en son lastimero dijo: + +-Escucha, mal caballero; +detén un poco las riendas; +no fatigues las ijadas +de tu mal regida bestia. +Mira, falso, que no huyas +de alguna serpiente fiera, +sino de una corderilla +que está muy lejos de oveja. +Tú has burlado, monstruo horrendo, +la más hermosa doncella +que Dïana vio en sus montes, +que Venus miró en sus selvas. +Cruel Vireno, fugitivo Eneas, +Barrabás te acompañe; allá te avengas. +Tú llevas, ¡llevar impío!, +en las garras de tus cerras +las entrañas de una humilde, +como enamorada, tierna. +Llévaste tres tocadores, +y unas ligas, de unas piernas +que al mármol puro se igualan +en lisas, blancas y negras. +Llévaste dos mil suspiros, +que, a ser de fuego, pudieran +abrasar a dos mil Troyas, +si dos mil Troyas hubiera. +Cruel Vireno, fugitivo Eneas, +Barrabás te acompañe; allá te avengas. +De ese Sancho, tu escudero, +las entrañas sean tan tercas +y tan duras, que no salga +de su encanto Dulcinea. +De la culpa que tú tienes +lleve la triste la pena; +que justos por pecadores +tal vez pagan en mi tierra. +Tus más finas aventuras +en desventuras se vuelvan, +en sueños tus pasatiempos, +en olvidos tus firmezas. +Cruel Vireno, fugitivo Eneas, +Barrabás te acompañe; allá te avengas. +Seas tenido por falso +desde Sevilla a Marchena, +desde Granada hasta Loja, +de Londres a Inglaterra. +Si jugares al reinado, +los cientos, o la primera, +los reyes huyan de ti; +ases ni sietes no veas. +Si te cortares los callos, +sangre las heridas viertan, +y quédente los raigones +si te sacares las muelas. +Cruel Vireno, fugitivo Eneas, +Barrabás te acompañe; allá te avengas. + +En tanto que, de la suerte que se ha dicho, se quejaba la lastimada +Altisidora, la estuvo mirando don Quijote, y, sin responderla palabra, +volviendo el rostro a Sancho, le dijo: + +— Por el siglo de tus pasados, Sancho mío, te conjuro que me digas una +verdad. Dime, ¿llevas por ventura los tres tocadores y las ligas que esta +enamorada doncella dice? + +A lo que Sancho respondió: + +— Los tres tocadores sí llevo; pero las ligas, como por los cerros de Úbeda. + +Quedó la duquesa admirada de la desenvoltura de Altisidora, que, aunque la +tenía por atrevida, graciosa y desenvuelta, no en grado que se atreviera a +semejantes desenvolturas; y, como no estaba advertida desta burla, creció +más su admiración. El duque quiso reforzar el donaire, y dijo: + +— No me parece bien, señor caballero, que, habiendo recebido en este mi +castillo el buen acogimiento que en él se os ha hecho, os hayáis atrevido a +llevaros tres tocadores, por lo menos, si por lo más las ligas de mi +doncella; indicios son de mal pecho y muestras que no corresponden a +vuestra fama. Volvedle las ligas; si no, yo os desafío a mortal batalla, +sin tener temor que malandrines encantadores me vuelvan ni muden el rostro, +como han hecho en el de Tosilos mi lacayo, el que entró con vos en batalla. + +— No quiera Dios —respondió don Quijote— que yo desenvaine mi espada contra +vuestra ilustrísima persona, de quien tantas mercedes he recebido; los +tocadores volveré, porque dice Sancho que los tiene; las ligas es +imposible, porque ni yo las he recebido ni él tampoco; y si esta vuestra +doncella quisiere mirar sus escondrijos, a buen seguro que las halle. Yo, +señor duque, jamás he sido ladrón, ni lo pienso ser en toda mi vida, como +Dios no me deje de su mano. Esta doncella habla, como ella dice, como +enamorada, de lo que yo no le tengo culpa; y así, no tengo de qué pedirle +perdón ni a ella ni a Vuestra Excelencia, a quien suplico me tenga en mejor +opinión, y me dé de nuevo licencia para seguir mi camino. + +— Déosle Dios tan bueno —dijo la duquesa—, señor don Quijote, que siempre +oigamos buenas nuevas de vuestras fechurías. Y andad con Dios; que, +mientras más os detenéis, más aumentáis el fuego en los pechos de las +doncellas que os miran; y a la mía yo la castigaré de modo, que de aquí +adelante no se desmande con la vista ni con las palabras. + +— Una no más quiero que me escuches, ¡oh valeroso don Quijote! —dijo +entonces Altisidora—; y es que te pido perdón del latrocinio de las ligas, +porque, en Dios y en mi ánima que las tengo puestas, y he caído en el +descuido del que yendo sobre el asno, le buscaba. + +— ¿No lo dije yo? —dijo Sancho—. ¡Bonico soy yo para encubrir hurtos! Pues, +a quererlos hacer, de paleta me había venido la ocasión en mi gobierno. + +Abajó la cabeza don Quijote y hizo reverencia a los duques y a todos los +circunstantes, y, volviendo las riendas a Rocinante, siguiéndole Sancho +sobre el rucio, se salió del castillo, enderezando su camino a Zaragoza. + + + + +Capítulo LVIII. Que trata de cómo menudearon sobre don Quijote aventuras +tantas, que no se daban vagar unas a otras + +Cuando don Quijote se vio en la campaña rasa, libre y desembarazado de los +requiebros de Altisidora, le pareció que estaba en su centro, y que los +espíritus se le renovaban para proseguir de nuevo el asumpto de sus +caballerías, y, volviéndose a Sancho, le dijo: + +— La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres +dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la +tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede +y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor +mal que puede venir a los hombres. Digo esto, Sancho, porque bien has visto +el regalo, la abundancia que en este castillo que dejamos hemos tenido; +pues en metad de aquellos banquetes sazonados y de aquellas bebidas de +nieve, me parecía a mí que estaba metido entre las estrechezas de la +hambre, porque no lo gozaba con la libertad que lo gozara si fueran míos; +que las obligaciones de las recompensas de los beneficios y mercedes +recebidas son ataduras que no dejan campear al ánimo libre. ¡Venturoso +aquél a quien el cielo dio un pedazo de pan, sin que le quede obligación de +agradecerlo a otro que al mismo cielo! + +— Con todo eso —dijo Sancho— que vuesa merced me ha dicho, no es bien que se +quede sin agradecimiento de nuestra parte docientos escudos de oro que en +una bolsilla me dio el mayordomo del duque, que como píctima y confortativo +la llevo puesta sobre el corazón, para lo que se ofreciere; que no siempre +hemos de hallar castillos donde nos regalen, que tal vez toparemos con +algunas ventas donde nos apaleen. + +En estos y otros razonamientos iban los andantes, caballero y escudero, +cuando vieron, habiendo andado poco más de una legua, que encima de la +yerba de un pradillo verde, encima de sus capas, estaban comiendo hasta una +docena de hombres, vestidos de labradores. Junto a sí tenían unas como +sábanas blancas, con que cubrían alguna cosa que debajo estaba; estaban +empinadas y tendidas, y de trecho a trecho puestas. Llegó don Quijote a los +que comían, y, saludándolos primero cortésmente, les preguntó que qué era +lo que aquellos lienzos cubrían. Uno dellos le respondió: + +— Señor, debajo destos lienzos están unas imágines de relieve y entabladura +que han de servir en un retablo que hacemos en nuestra aldea; llevámoslas +cubiertas, porque no se desfloren, y en hombros, porque no se quiebren. + +— Si sois servidos —respondió don Quijote—, holgaría de verlas, pues +imágines que con tanto recato se llevan, sin duda deben de ser buenas. + +— Y ¡cómo si lo son! —dijo otro—. Si no, dígalo lo que cuesta: que en verdad +que no hay ninguna que no esté en más de cincuenta ducados; y, porque vea +vuestra merced esta verdad, espere vuestra merced, y verla ha por vista de +ojos. + +Y, levantándose, dejó de comer y fue a quitar la cubierta de la primera +imagen, que mostró ser la de San Jorge puesto a caballo, con una serpiente +enroscada a los pies y la lanza atravesada por la boca, con la fiereza que +suele pintarse. Toda la imagen parecía una ascua de oro, como suele +decirse. Viéndola don Quijote, dijo: + +— Este caballero fue uno de los mejores andantes que tuvo la milicia divina: +llamóse don San Jorge, y fue además defendedor de doncellas. Veamos esta +otra. + +Descubrióla el hombre, y pareció ser la de San Martín puesto a caballo, que +partía la capa con el pobre; y, apenas la hubo visto don Quijote, cuando +dijo: + +— Este caballero también fue de los aventureros cristianos, y creo que fue +más liberal que valiente, como lo puedes echar de ver, Sancho, en que está +partiendo la capa con el pobre y le da la mitad; y sin duda debía de ser +entonces invierno, que, si no, él se la diera toda, según era de +caritativo. + +— No debió de ser eso —dijo Sancho—, sino que se debió de atener al refrán +que dicen: que para dar y tener, seso es menester. + +Rióse don Quijote y pidió que quitasen otro lienzo, debajo del cual se +descubrió la imagen del Patrón de las Españas a caballo, la espada +ensangrentada, atropellando moros y pisando cabezas; y, en viéndola, dijo +don Quijote: + +— Éste sí que es caballero, y de las escuadras de Cristo; éste se llama don +San Diego Matamoros, uno de los más valientes santos y caballeros que tuvo +el mundo y tiene agora el cielo. + +Luego descubrieron otro lienzo, y pareció que encubría la caída de San +Pablo del caballo abajo, con todas las circunstancias que en el retablo de +su conversión suelen pintarse. Cuando le vido tan al vivo, que dijeran que +Cristo le hablaba y Pablo respondía. + +— Éste —dijo don Quijote— fue el mayor enemigo que tuvo la Iglesia de Dios +Nuestro Señor en su tiempo, y el mayor defensor suyo que tendrá jamás: +caballero andante por la vida, y santo a pie quedo por la muerte, +trabajador incansable en la viña del Señor, doctor de las gentes, a quien +sirvieron de escuelas los cielos y de catedrático y maestro que le enseñase +el mismo Jesucristo. + +No había más imágines, y así, mandó don Quijote que las volviesen a cubrir, +y dijo a los que las llevaban: + +— Por buen agüero he tenido, hermanos, haber visto lo que he visto, porque +estos santos y caballeros profesaron lo que yo profeso, que es el ejercicio +de las armas; sino que la diferencia que hay entre mí y ellos es que ellos +fueron santos y pelearon a lo divino, y yo soy pecador y peleo a lo humano. +Ellos conquistaron el cielo a fuerza de brazos, porque el cielo padece +fuerza, y yo hasta agora no sé lo que conquisto a fuerza de mis trabajos; +pero si mi Dulcinea del Toboso saliese de los que padece, mejorándose mi +ventura y adobándoseme el juicio, podría ser que encaminase mis pasos por +mejor camino del que llevo. + +— Dios lo oiga y el pecado sea sordo —dijo Sancho a esta ocasión. + +Admiráronse los hombres, así de la figura como de las razones de don +Quijote, sin entender la mitad de lo que en ellas decir quería. Acabaron de +comer, cargaron con sus imágines, y, despidiéndose de don Quijote, +siguieron su viaje. + +Quedó Sancho de nuevo como si jamás hubiera conocido a su señor, admirado +de lo que sabía, pareciéndole que no debía de haber historia en el mundo ni +suceso que no lo tuviese cifrado en la uña y clavado en la memoria, y +díjole: + +— En verdad, señor nuestramo, que si esto que nos ha sucedido hoy se puede +llamar aventura, ella ha sido de las más suaves y dulces que en todo el +discurso de nuestra peregrinación nos ha sucedido: della habemos salido sin +palos y sobresalto alguno, ni hemos echado mano a las espadas, ni hemos +batido la tierra con los cuerpos, ni quedamos hambrientos. Bendito sea +Dios, que tal me ha dejado ver con mis propios ojos. + +— Tú dices bien, Sancho —dijo don Quijote—, pero has de advertir que no +todos los tiempos son unos, ni corren de una misma suerte, y esto que el +vulgo suele llamar comúnmente agüeros, que no se fundan sobre natural razón +alguna, del que es discreto han de ser tenidos y juzgar por buenos +acontecimientos. Levántase uno destos agoreros por la mañana, sale de su +casa, encuéntrase con un fraile de la orden del bienaventurado San +Francisco, y, como si hubiera encontrado con un grifo, vuelve las espaldas +y vuélvese a su casa. Derrámasele al otro Mendoza la sal encima de la mesa, +y derrámasele a él la melancolía por el corazón, como si estuviese obligada +la naturaleza a dar señales de las venideras desgracias con cosas tan de +poco momento como las referidas. El discreto y cristiano no ha de andar en +puntillos con lo que quiere hacer el cielo. Llega Cipión a África, tropieza +en saltando en tierra, tiénenlo por mal agüero sus soldados; pero él, +abrazándose con el suelo, dijo: ''No te me podrás huir, África, porque te +tengo asida y entre mis brazos''. Así que, Sancho, el haber encontrado con +estas imágines ha sido para mí felicísimo acontecimiento. + +— Yo así lo creo —respondió Sancho—, y querría que vuestra merced me dijese +qué es la causa por que dicen los españoles cuando quieren dar alguna +batalla, invocando aquel San Diego Matamoros: "¡Santiago, y cierra, +España!" ¿Está por ventura España abierta, y de modo que es menester +cerrarla, o qué ceremonia es ésta? + +— Simplicísimo eres, Sancho —respondió don Quijote—; y mira que este gran +caballero de la cruz bermeja háselo dado Dios a España por patrón y amparo +suyo, especialmente en los rigurosos trances que con los moros los +españoles han tenido; y así, le invocan y llaman como a defensor suyo en +todas las batallas que acometen, y muchas veces le han visto visiblemente +en ellas, derribando, atropellando, destruyendo y matando los agarenos +escuadrones; y desta verdad te pudiera traer muchos ejemplos que en las +verdaderas historias españolas se cuentan. + +Mudó Sancho plática, y dijo a su amo: + +— Maravillado estoy, señor, de la desenvoltura de Altisidora, la doncella de +la duquesa: bravamente la debe de tener herida y traspasada aquel que +llaman Amor, que dicen que es un rapaz ceguezuelo que, con estar lagañoso, +o, por mejor decir, sin vista, si toma por blanco un corazón, por pequeño +que sea, le acierta y traspasa de parte a parte con sus flechas. He oído +decir también que en la vergüenza y recato de las doncellas se despuntan y +embotan las amorosas saetas, pero en esta Altisidora más parece que se +aguzan que despuntan. + +— Advierte, Sancho —dijo don Quijote—, que el amor ni mira respetos ni +guarda términos de razón en sus discursos, y tiene la misma condición que +la muerte: que así acomete los altos alcázares de los reyes como las +humildes chozas de los pastores, y cuando toma entera posesión de una alma, +lo primero que hace es quitarle el temor y la vergüenza; y así, sin ella +declaró Altisidora sus deseos, que engendraron en mi pecho antes confusión +que lástima. + +— ¡Crueldad notoria! —dijo Sancho—. ¡Desagradecimiento inaudito! Yo de mí sé +decir que me rindiera y avasallara la más mínima razón amorosa suya. +¡Hideputa, y qué corazón de mármol, qué entrañas de bronce y qué alma de +argamasa! Pero no puedo pensar qué es lo que vio esta doncella en vuestra +merced que así la rindiese y avasallase: qué gala, qué brío, qué donaire, +qué rostro, que cada cosa por sí déstas, o todas juntas, le enamoraron; que +en verdad en verdad que muchas veces me paro a mirar a vuestra merced desde +la punta del pie hasta el último cabello de la cabeza, y que veo más cosas +para espantar que para enamorar; y, habiendo yo también oído decir que la +hermosura es la primera y principal parte que enamora, no teniendo vuestra +merced ninguna, no sé yo de qué se enamoró la pobre. + +— Advierte, Sancho —respondió don Quijote—, que hay dos maneras de +hermosura: una del alma y otra del cuerpo; la del alma campea y se muestra +en el entendimiento, en la honestidad, en el buen proceder, en la +liberalidad y en la buena crianza, y todas estas partes caben y pueden +estar en un hombre feo; y cuando se pone la mira en esta hermosura, y no en +la del cuerpo, suele nacer el amor con ímpetu y con ventajas. Yo, Sancho, +bien veo que no soy hermoso, pero también conozco que no soy disforme; y +bástale a un hombre de bien no ser monstruo para ser bien querido, como +tenga los dotes del alma que te he dicho. + +En estas razones y pláticas se iban entrando por una selva que fuera del +camino estaba, y a deshora, sin pensar en ello, se halló don Quijote +enredado entre unas redes de hilo verde, que desde unos árboles a otros +estaban tendidas; y, sin poder imaginar qué pudiese ser aquello, dijo a +Sancho: + +— Paréceme, Sancho, que esto destas redes debe de ser una de las más nuevas +aventuras que pueda imaginar. Que me maten si los encantadores que me +persiguen no quieren enredarme en ellas y detener mi camino, como en +venganza de la riguridad que con Altisidora he tenido. Pues mándoles yo +que, aunque estas redes, si como son hechas de hilo verde fueran de +durísimos diamantes, o más fuertes que aquélla con que el celoso dios de +los herreros enredó a Venus y a Marte, así la rompiera como si fuera de +juncos marinos o de hilachas de algodón. + +Y, queriendo pasar adelante y romperlo todo, al improviso se le ofrecieron +delante, saliendo de entre unos árboles, dos hermosísimas pastoras; a lo +menos, vestidas como pastoras, sino que los pellicos y sayas eran de fino +brocado, digo, que las sayas eran riquísimos faldellines de tabí de oro. +Traían los cabellos sueltos por las espaldas, que en rubios podían competir +con los rayos del mismo sol; los cuales se coronaban con dos guirnaldas de +verde laurel y de rojo amaranto tejidas. La edad, al parecer, ni bajaba de +los quince ni pasaba de los diez y ocho. + +Vista fue ésta que admiró a Sancho, suspendió a don Quijote, hizo parar al +sol en su carrera para verlas, y tuvo en maravilloso silencio a todos +cuatro. En fin, quien primero habló fue una de las dos zagalas, que dijo a +don Quijote: + +— Detened, señor caballero, el paso, y no rompáis las redes, que no para +daño vuestro, sino para nuestro pasatiempo, ahí están tendidas; y, porque +sé que nos habéis de preguntar para qué se han puesto y quién somos, os lo +quiero decir en breves palabras. En una aldea que está hasta dos leguas de +aquí, donde hay mucha gente principal y muchos hidalgos y ricos, entre +muchos amigos y parientes se concertó que con sus hijos, mujeres y hijas, +vecinos, amigos y parientes, nos viniésemos a holgar a este sitio, que es +uno de los más agradables de todos estos contornos, formando entre todos +una nueva y pastoril Arcadia, vistiéndonos las doncellas de zagalas y los +mancebos de pastores. Traemos estudiadas dos églogas, una del famoso poeta +Garcilaso, y otra del excelentísimo Camoes, en su misma lengua +portuguesa, las cuales hasta agora no hemos representado. Ayer fue el +primero día que aquí llegamos; tenemos entre estos ramos plantadas algunas +tiendas, que dicen se llaman de campaña, en el margen de un abundoso arroyo +que todos estos prados fertiliza; tendimos la noche pasada estas redes de +estos árboles para engañar los simples pajarillos, que, ojeados con nuestro +ruido, vinieren a dar en ellas. Si gustáis, señor, de ser nuestro huésped, +seréis agasajado liberal y cortésmente; porque por agora en este sitio no +ha de entrar la pesadumbre ni la melancolía. + +Calló y no dijo más. A lo que respondió don Quijote: + +— Por cierto, hermosísima señora, que no debió de quedar más suspenso ni +admirado Anteón cuando vio al improviso bañarse en las aguas a Diana, como +yo he quedado atónito en ver vuestra belleza. Alabo el asumpto de vuestros +entretenimientos, y el de vuestros ofrecimientos agradezco; y, si os puedo +servir, con seguridad de ser obedecidas me lo podéis mandar; porque no es +ésta la profesión mía, sino de mostrarme agradecido y bienhechor con todo +género de gente, en especial con la principal que vuestras personas +representa; y, si como estas redes, que deben de ocupar algún pequeño +espacio, ocuparan toda la redondez de la tierra, buscara yo nuevos mundos +por do pasar sin romperlas; y porque deis algún crédito a esta mi +exageración, ved que os lo promete, por lo menos, don Quijote de la Mancha, +si es que ha llegado a vuestros oídos este nombre. + +— ¡Ay, amiga de mi alma —dijo entonces la otra zagala—, y qué ventura tan +grande nos ha sucedido! ¿Ves este señor que tenemos delante? Pues hágote +saber que es el más valiente, y el más enamorado, y el más comedido que +tiene el mundo, si no es que nos miente y nos engaña una historia que de +sus hazañas anda impresa y yo he leído. Yo apostaré que este buen hombre +que viene consigo es un tal Sancho Panza, su escudero, a cuyas gracias no +hay ningunas que se le igualen. + +— Así es la verdad —dijo Sancho—: que yo soy ese gracioso y ese escudero que +vuestra merced dice, y este señor es mi amo, el mismo don Quijote de la +Mancha historiado y referido. + +— ¡Ay! —dijo la otra—. Supliquémosle, amiga, que se quede; que nuestros +padres y nuestros hermanos gustarán infinito dello, que también he oído yo +decir de su valor y de sus gracias lo mismo que tú me has dicho, y, sobre +todo, dicen dél que es el más firme y más leal enamorado que se sabe, y que +su dama es una tal Dulcinea del Toboso, a quien en toda España la dan la +palma de la hermosura. + +— Con razón se la dan —dijo don Quijote—, si ya no lo pone en duda vuestra +sin igual belleza. No os canséis, señoras, en detenerme, porque las +precisas obligaciones de mi profesión no me dejan reposar en ningún cabo. + +Llegó, en esto, adonde los cuatro estaban un hermano de una de las dos +pastoras, vestido asimismo de pastor, con la riqueza y galas que a las de +las zagalas correspondía; contáronle ellas que el que con ellas estaba era +el valeroso don Quijote de la Mancha, y el otro, su escudero Sancho, de +quien tenía él ya noticia, por haber leído su historia. Ofreciósele el +gallardo pastor, pidióle que se viniese con él a sus tiendas; húbolo de +conceder don Quijote, y así lo hizo. + +Llegó, en esto, el ojeo, llenáronse las redes de pajarillos diferentes que, +engañados de la color de las redes, caían en el peligro de que iban +huyendo. Juntáronse en aquel sitio más de treinta personas, todas +bizarramente de pastores y pastoras vestidas, y en un instante quedaron +enteradas de quiénes eran don Quijote y su escudero, de que no poco +contento recibieron, porque ya tenían dél noticia por su historia. +Acudieron a las tiendas, hallaron las mesas puestas, ricas, abundantes y +limpias; honraron a don Quijote dándole el primer lugar en ellas; mirábanle +todos, y admirábanse de verle. + +Finalmente, alzados los manteles, con gran reposo alzó don Quijote la voz, +y dijo: + +— Entre los pecados mayores que los hombres cometen, aunque algunos dicen +que es la soberbia, yo digo que es el desagradecimiento, ateniéndome a lo +que suele decirse: que de los desagradecidos está lleno el infierno. Este +pecado, en cuanto me ha sido posible, he procurado yo huir desde el +instante que tuve uso de razón; y si no puedo pagar las buenas obras que me +hacen con otras obras, pongo en su lugar los deseos de hacerlas, y cuando +éstos no bastan, las publico; porque quien dice y publica las buenas obras +que recibe, también las recompensara con otras, si pudiera; porque, por la +mayor parte, los que reciben son inferiores a los que dan; y así, es Dios +sobre todos, porque es dador sobre todos y no pueden corresponder las +dádivas del hombre a las de Dios con igualdad, por infinita distancia; y +esta estrecheza y cortedad, en cierto modo, la suple el agradecimiento. Yo, +pues, agradecido a la merced que aquí se me ha hecho, no pudiendo +corresponder a la misma medida, conteniéndome en los estrechos límites de +mi poderío, ofrezco lo que puedo y lo que tengo de mi cosecha; y así, digo +que sustentaré dos días naturales en metad de ese camino real que va a +Zaragoza, que estas señoras zagalas contrahechas que aquí están son las más +hermosas doncellas y más corteses que hay en el mundo, excetado sólo a la +sin par Dulcinea del Toboso, única señora de mis pensamientos, con paz sea +dicho de cuantos y cuantas me escuchan. + +Oyendo lo cual, Sancho, que con grande atención le había estado escuchando, +dando una gran voz, dijo: + +— ¿Es posible que haya en el mundo personas que se atrevan a decir y a jurar +que este mi señor es loco? Digan vuestras mercedes, señores pastores: ¿hay +cura de aldea, por discreto y por estudiante que sea, que pueda decir lo +que mi amo ha dicho, ni hay caballero andante, por más fama que tenga de +valiente, que pueda ofrecer lo que mi amo aquí ha ofrecido? + +Volvióse don Quijote a Sancho, y, encendido el rostro y colérico, le dijo: + +— ¿Es posible, ¡oh Sancho!, que haya en todo el orbe alguna persona que diga +que no eres tonto, aforrado de lo mismo, con no sé qué ribetes de malicioso +y de bellaco? ¿Quién te mete a ti en mis cosas, y en averiguar si soy +discreto o majadero? Calla y no me repliques, sino ensilla, si está +desensillado Rocinante: vamos a poner en efecto mi ofrecimiento, que, con +la razón que va de mi parte, puedes dar por vencidos a todos cuantos +quisieren contradecirla. + +Y, con gran furia y muestras de enojo, se levantó de la silla, dejando +admirados a los circunstantes, haciéndoles dudar si le podían tener por +loco o por cuerdo. Finalmente, habiéndole persuadido que no se pusiese en +tal demanda, que ellos daban por bien conocida su agradecida voluntad y que +no eran menester nuevas demostraciones para conocer su ánimo valeroso, pues +bastaban las que en la historia de sus hechos se referían, con todo esto, +salió don Quijote con su intención; y, puesto sobre Rocinante, embrazando +su escudo y tomando su lanza, se puso en la mitad de un real camino que no +lejos del verde prado estaba. Siguióle Sancho sobre su rucio, con toda la +gente del pastoral rebaño, deseosos de ver en qué paraba su arrogante y +nunca visto ofrecimiento. + +Puesto, pues, don Quijote en mitad del camino —como os he dicho—, hirió el +aire con semejantes palabras: + +— ¡Oh vosotros, pasajeros y viandantes, caballeros, escuderos, gente de a +pie y de a caballo que por este camino pasáis, o habéis de pasar en estos +dos días siguientes! Sabed que don Quijote de la Mancha, caballero andante, +está aquí puesto para defender que a todas las hermosuras y cortesías del +mundo exceden las que se encierran en las ninfas habitadoras destos prados +y bosques, dejando a un lado a la señora de mi alma Dulcinea del Toboso. +Por eso, el que fuere de parecer contrario, acuda, que aquí le espero. + +Dos veces repitió estas mismas razones, y dos veces no fueron oídas de +ningún aventurero; pero la suerte, que sus cosas iba encaminando de mejor +en mejor, ordenó que de allí a poco se descubriese por el camino +muchedumbre de hombres de a caballo, y muchos dellos con lanzas en las +manos, caminando todos apiñados, de tropel y a gran priesa. No los hubieron +bien visto los que con don Quijote estaban, cuando, volviendo las espaldas, +se apartaron bien lejos del camino, porque conocieron que si esperaban les +podía suceder algún peligro; sólo don Quijote, con intrépido corazón, se +estuvo quedo, y Sancho Panza se escudó con las ancas de Rocinante. + +Llegó el tropel de los lanceros, y uno dellos, que venía más delante, a +grandes voces comenzó a decir a don Quijote: + +— ¡Apártate, hombre del diablo, del camino, que te harán pedazos estos +toros! + +— ¡Ea, canalla —respondió don Quijote—, para mí no hay toros que valgan, +aunque sean de los más bravos que cría Jarama en sus riberas! Confesad, +malandrines, así a carga cerrada, que es verdad lo que yo aquí he +publicado; si no, conmigo sois en batalla. + +No tuvo lugar de responder el vaquero, ni don Quijote le tuvo de desviarse, +aunque quisiera; y así, el tropel de los toros bravos y el de los mansos +cabestros, con la multitud de los vaqueros y otras gentes que a encerrar +los llevaban a un lugar donde otro día habían de correrse, pasaron sobre +don Quijote, y sobre Sancho, Rocinante y el rucio, dando con todos ellos en +tierra, echándole a rodar por el suelo. Quedó molido Sancho, espantado don +Quijote, aporreado el rucio y no muy católico Rocinante; pero, en fin, se +levantaron todos, y don Quijote, a gran priesa, tropezando aquí y cayendo +allí, comenzó a correr tras la vacada, diciendo a voces: + +— ¡Deteneos y esperad, canalla malandrina, que un solo caballero os espera, +el cual no tiene condición ni es de parecer de los que dicen que al enemigo +que huye, hacerle la puente de plata! + +Pero no por eso se detuvieron los apresurados corredores, ni hicieron más +caso de sus amenazas que de las nubes de antaño. Detúvole el cansancio a +don Quijote, y, más enojado que vengado, se sentó en el camino, esperando a +que Sancho, Rocinante y el rucio llegasen. Llegaron, volvieron a subir amo +y mozo, y, sin volver a despedirse de la Arcadia fingida o contrahecha, y +con más vergüenza que gusto, siguieron su camino. + + + + +Capítulo LIX. Donde se cuenta del extraordinario suceso, que se puede +tener por aventura, que le sucedió a don Quijote + +Al polvo y al cansancio que don Quijote y Sancho sacaron del +descomedimiento de los toros, socorrió una fuente clara y limpia que entre +una fresca arboleda hallaron, en el margen de la cual, dejando libres, sin +jáquima y freno, al rucio y a Rocinante, los dos asendereados amo y mozo se +sentaron. Acudió Sancho a la repostería de su alforjas, y dellas sacó de lo +que él solía llamar condumio; enjuagóse la boca, lavóse don Quijote el +rostro, con cuyo refrigerio cobraron aliento los espíritus desalentados. No +comía don Quijote, de puro pesaroso, ni Sancho no osaba tocar a los +manjares que delante tenía, de puro comedido, y esperaba a que su señor +hiciese la salva; pero, viendo que, llevado de sus imaginaciones, no se +acordaba de llevar el pan a la boca, no abrió la suya, y, atropellando por +todo género de crianza, comenzó a embaular en el estómago el pan y queso +que se le ofrecía. + +— Come, Sancho amigo —dijo don Quijote—, sustenta la vida, que más que a mí +te importa, y déjame morir a mí a manos de mis pensamientos y a fuerzas de +mis desgracias. Yo, Sancho, nací para vivir muriendo, y tú para morir +comiendo; y, porque veas que te digo verdad en esto, considérame impreso en +historias, famoso en las armas, comedido en mis acciones, respetado de +príncipes, solicitado de doncellas; al cabo al cabo, cuando esperaba +palmas, triunfos y coronas, granjeadas y merecidas por mis valerosas +hazañas, me he visto esta mañana pisado y acoceado y molido de los pies de +animales inmundos y soeces. Esta consideración me embota los dientes, +entorpece las muelas, y entomece las manos, y quita de todo en todo la +gana del comer, de manera que pienso dejarme morir de hambre: muerte la más +cruel de las muertes. + +— Desa manera —dijo Sancho, sin dejar de mascar apriesa— no aprobará vuestra +merced aquel refrán que dicen: "muera Marta, y muera harta". Yo, a lo +menos, no pienso matarme a mí mismo; antes pienso hacer como el zapatero, +que tira el cuero con los dientes hasta que le hace llegar donde él quiere; +yo tiraré mi vida comiendo hasta que llegue al fin que le tiene determinado +el cielo; y sepa, señor, que no hay mayor locura que la que toca en querer +desesperarse como vuestra merced, y créame, y después de comido, échese a +dormir un poco sobre los colchones verdes destas yerbas, y verá como cuando +despierte se halla algo más aliviado. + +Hízolo así don Quijote, pareciéndole que las razones de Sancho más eran de +filósofo que de mentecato, y díjole: + +— Si tú, ¡oh Sancho!, quisieses hacer por mí lo que yo ahora te diré, serían +mis alivios más ciertos y mis pesadumbres no tan grandes; y es que, +mientras yo duermo, obedeciendo tus consejos, tú te desviases un poco lejos +de aquí, y con las riendas de Rocinante, echando al aire tus carnes, te +dieses trecientos o cuatrocientos azotes a buena cuenta de los tres mil y +tantos que te has de dar por el desencanto de Dulcinea; que es lástima no +pequeña que aquella pobre señora esté encantada por tu descuido y +negligencia. + +— Hay mucho que decir en eso —dijo Sancho—. Durmamos, por ahora, entrambos, +y después, Dios dijo lo que será. Sepa vuestra merced que esto de azotarse +un hombre a sangre fría es cosa recia, y más si caen los azotes sobre un +cuerpo mal sustentado y peor comido: tenga paciencia mi señora Dulcinea, +que, cuando menos se cate, me verá hecho una criba, de azotes; y hasta la +muerte, todo es vida; quiero decir que aún yo la tengo, junto con el deseo +de cumplir con lo que he prometido. + +Agradeciéndoselo don Quijote, comió algo, y Sancho mucho, y echáronse a +dormir entrambos, dejando a su albedrío y sin orden alguna pacer del +abundosa yerba de que aquel prado estaba lleno a los dos continuos +compañeros y amigos Rocinante y el rucio. Despertaron algo tarde, volvieron +a subir y a seguir su camino, dándose priesa para llegar a una venta que, +al parecer, una legua de allí se descubría. Digo que era venta porque don +Quijote la llamó así, fuera del uso que tenía de llamar a todas las ventas +castillos. + +Llegaron, pues, a ella; preguntaron al huésped si había posada. Fueles +respondido que sí, con toda la comodidad y regalo que pudiera hallar en +Zaragoza. Apeáronse y recogió Sancho su repostería en un aposento, de quien +el huésped le dio la llave; llevó las bestias a la caballeriza, echóles sus +piensos, salió a ver lo que don Quijote, que estaba sentado sobre un poyo, +le mandaba, dando particulares gracias al cielo de que a su amo no le +hubiese parecido castillo aquella venta. + +Llegóse la hora del cenar; recogiéronse a su estancia; preguntó Sancho al +huésped que qué tenía para darles de cenar. A lo que el huésped respondió +que su boca sería medida; y así, que pidiese lo que quisiese: que de las +pajaricas del aire, de las aves de la tierra y de los pescados del mar +estaba proveída aquella venta. + +— No es menester tanto —respondió Sancho—, que con un par de pollos que nos +asen tendremos lo suficiente, porque mi señor es delicado y come poco, y yo +no soy tragantón en demasía. + +Respondióle el huésped que no tenía pollos, porque los milanos los tenían +asolados. + +— Pues mande el señor huésped —dijo Sancho— asar una polla que sea tierna. + +— ¿Polla? ¡Mi padre! —respondió el huésped—. En verdad en verdad que envié +ayer a la ciudad a vender más de cincuenta; pero, fuera de pollas, pida +vuestra merced lo que quisiere. + +— Desa manera —dijo Sancho—, no faltará ternera o cabrito. + +— En casa, por ahora —respondió el huésped—, no lo hay, porque se ha +acabado; pero la semana que viene lo habrá de sobra. + +— ¡Medrados estamos con eso! —respondió Sancho—. Yo pondré que se vienen a +resumirse todas estas faltas en las sobras que debe de haber de tocino y +huevos. + +— ¡Por Dios —respondió el huésped—, que es gentil relente el que mi huésped +tiene!, pues hele dicho que ni tengo pollas ni gallinas, y ¿quiere que +tenga huevos? Discurra, si quisiere, por otras delicadezas, y déjese de +pedir gallinas. + +— Resolvámonos, cuerpo de mí —dijo Sancho—, y dígame finalmente lo que +tiene, y déjese de discurrimientos, señor huésped. + +Dijo el ventero: + +— Lo que real y verdaderamente tengo son dos uñas de vaca que parecen manos +de ternera, o dos manos de ternera que parecen uñas de vaca; están cocidas +con sus garbanzos, cebollas y tocino, y la hora de ahora están diciendo: +''¡Coméme! ¡Coméme!'' + +— Por mías las marco desde aquí —dijo Sancho—; y nadie las toque, que yo las +pagaré mejor que otro, porque para mí ninguna otra cosa pudiera esperar de +más gusto, y no se me daría nada que fuesen manos, como fuesen uñas. + +— Nadie las tocará —dijo el ventero—, porque otros huéspedes que tengo, de +puro principales, traen consigo cocinero, despensero y repostería. + +— Si por principales va —dijo Sancho—, ninguno más que mi amo; pero el +oficio que él trae no permite despensas ni botillerías: ahí nos tendemos en +mitad de un prado y nos hartamos de bellotas o de nísperos. + +Esta fue la plática que Sancho tuvo con el ventero, sin querer Sancho pasar +adelante en responderle; que ya le había preguntado qué oficio o qué +ejercicio era el de su amo. + +Llegóse, pues, la hora del cenar, recogióse a su estancia don Quijote, +trujo el huésped la olla, así como estaba, y sentóse a cenar muy de +propósito. Parece ser que en otro aposento que junto al de don Quijote +estaba, que no le dividía más que un sutil tabique, oyó decir don Quijote: + +— Por vida de vuestra merced, señor don Jerónimo, que en tanto que trae la +cena leamos otro capítulo de la segunda parte de Don Quijote de la Mancha. + +Apenas oyó su nombre don Quijote, cuando se puso en pie, y con oído alerto +escuchó lo que dél trataban, y oyó que el tal don Jerónimo referido +respondió: + +— ¿Para qué quiere vuestra merced, señor don Juan, que leamos estos +disparates? Y el que hubiere leído la primera parte de la historia de don +Quijote de la Mancha no es posible que pueda tener gusto en leer esta +segunda. + +— Con todo eso —dijo el don Juan—, será bien leerla, pues no hay libro tan +malo que no tenga alguna cosa buena. Lo que a mí en éste más desplace es +que pinta a don Quijote ya desenamorado de Dulcinea del Toboso. + +Oyendo lo cual don Quijote, lleno de ira y de despecho, alzó la voz y dijo: + +— Quienquiera que dijere que don Quijote de la Mancha ha olvidado, ni puede +olvidar, a Dulcinea del Toboso, yo le haré entender con armas iguales que +va muy lejos de la verdad; porque la sin par Dulcinea del Toboso ni puede +ser olvidada, ni en don Quijote puede caber olvido: su blasón es la +firmeza, y su profesión, el guardarla con suavidad y sin hacerse fuerza +alguna. + +— ¿Quién es el que nos responde? —respondieron del otro aposento. + +— ¿Quién ha de ser —respondió Sancho— sino el mismo don Quijote de la +Mancha, que hará bueno cuanto ha dicho, y aun cuanto dijere?; que al buen +pagador no le duelen prendas. + +Apenas hubo dicho esto Sancho, cuando entraron por la puerta de su aposento +dos caballeros, que tales lo parecían, y uno dellos echando los brazos al +cuello de don Quijote, le dijo: + +— Ni vuestra presencia puede desmentir vuestro nombre, ni vuestro nombre +puede no acreditar vuestra presencia: sin duda, vos, señor, sois el +verdadero don Quijote de la Mancha, norte y lucero de la andante +caballería, a despecho y pesar del que ha querido usurpar vuestro nombre y +aniquilar vuestras hazañas, como lo ha hecho el autor deste libro que aquí +os entrego. + +Y, poniéndole un libro en las manos, que traía su compañero, le tomó don +Quijote, y, sin responder palabra, comenzó a hojearle, y de allí a un poco +se le volvió, diciendo: + +— En esto poco que he visto he hallado tres cosas en este autor dignas de +reprehensión. La primera es algunas palabras que he leído en el prólogo; la +otra, que el lenguaje es aragonés, porque tal vez escribe sin artículos, y +la tercera, que más le confirma por ignorante, es que yerra y se desvía de +la verdad en lo más principal de la historia; porque aquí dice que la mujer +de Sancho Panza mi escudero se llama Mari Gutiérrez, y no llama tal, sino +Teresa Panza; y quien en esta parte tan principal yerra, bien se podrá +temer que yerra en todas las demás de la historia. + +A esto dijo Sancho: + +— ¡Donosa cosa de historiador! ¡Por cierto, bien debe de estar en el cuento +de nuestros sucesos, pues llama a Teresa Panza, mi mujer, Mari Gutiérrez! +Torne a tomar el libro, señor, y mire si ando yo por ahí y si me ha mudado +el nombre. + +— Por lo que he oído hablar, amigo —dijo don Jerónimo—, sin duda debéis de +ser Sancho Panza, el escudero del señor don Quijote. + +— Sí soy —respondió Sancho—, y me precio dello. + +— Pues a fe —dijo el caballero— que no os trata este autor moderno con la +limpieza que en vuestra persona se muestra: píntaos comedor, y simple, y no +nada gracioso, y muy otro del Sancho que en la primera parte de la historia +de vuestro amo se describe. + +— Dios se lo perdone —dijo Sancho—. Dejárame en mi rincón, sin acordarse de +mí, porque quien las sabe las tañe, y bien se está San Pedro en Roma. + +Los dos caballeros pidieron a don Quijote se pasase a su estancia a cenar +con ellos, que bien sabían que en aquella venta no había cosas +pertenecientes para su persona. Don Quijote, que siempre fue comedido, +condecenció con su demanda y cenó con ellos; quedóse Sancho con la olla con +mero mixto imperio; sentóse en cabecera de mesa, y con él el ventero, que +no menos que Sancho estaba de sus manos y de sus uñas aficionado. + +En el discurso de la cena preguntó don Juan a don Quijote qué nuevas tenía +de la señora Dulcinea del Toboso: si se había casado, si estaba parida o +preñada, o si, estando en su entereza, se acordaba —guardando su honestidad +y buen decoro— de los amorosos pensamientos del señor don Quijote. A lo que +él respondió: + +— Dulcinea se está entera, y mis pensamientos, más firmes que nunca; las +correspondencias, en su sequedad antigua; su hermosura, en la de una soez +labradora transformada. + +Y luego les fue contando punto por punto el encanto de la señora Dulcinea, +y lo que le había sucedido en la cueva de Montesinos, con la orden que el +sabio Merlín le había dado para desencantarla, que fue la de los azotes de +Sancho. + +Sumo fue el contento que los dos caballeros recibieron de oír contar a don +Quijote los estraños sucesos de su historia, y así quedaron admirados de +sus disparates como del elegante modo con que los contaba. Aquí le tenían +por discreto, y allí se les deslizaba por mentecato, sin saber determinarse +qué grado le darían entre la discreción y la locura. + +Acabó de cenar Sancho, y, dejando hecho equis al ventero, se pasó a la +estancia de su amo; y, en entrando, dijo: + +— Que me maten, señores, si el autor deste libro que vuesas mercedes tienen +quiere que no comamos buenas migas juntos; yo querría que, ya que me llama +comilón, como vuesas mercedes dicen, no me llamase también borracho. + +— Sí llama —dijo don Jerónimo—, pero no me acuerdo en qué manera, aunque sé +que son malsonantes las razones, y además, mentirosas, según yo echo de ver +en la fisonomía del buen Sancho que está presente. + +— Créanme vuesas mercedes —dijo Sancho— que el Sancho y el don Quijote desa +historia deben de ser otros que los que andan en aquella que compuso Cide +Hamete Benengeli, que somos nosotros: mi amo, valiente, discreto y +enamorado; y yo, simple gracioso, y no comedor ni borracho. + +— Yo así lo creo —dijo don Juan—; y si fuera posible, se había de mandar que +ninguno fuera osado a tratar de las cosas del gran don Quijote, si no fuese +Cide Hamete, su primer autor, bien así como mandó Alejandro que ninguno +fuese osado a retratarle sino Apeles. + +— Retráteme el que quisiere —dijo don Quijote—, pero no me maltrate; que +muchas veces suele caerse la paciencia cuando la cargan de injurias. + +— Ninguna —dijo don Juan— se le puede hacer al señor don Quijote de quien él +no se pueda vengar, si no la repara en el escudo de su paciencia, que, a mi +parecer, es fuerte y grande. + +En estas y otras pláticas se pasó gran parte de la noche; y, aunque don +Juan quisiera que don Quijote leyera más del libro, por ver lo que +discantaba, no lo pudieron acabar con él, diciendo que él lo daba por leído +y lo confirmaba por todo necio, y que no quería, si acaso llegase a noticia +de su autor que le había tenido en sus manos, se alegrase con pensar que le +había leído; pues de las cosas obscenas y torpes, los pensamientos se han +de apartar, cuanto más los ojos. Preguntáronle que adónde llevaba +determinado su viaje. Respondió que a Zaragoza, a hallarse en las justas +del arnés, que en aquella ciudad suelen hacerse todos los años. Díjole +don Juan que aquella nueva historia contaba como don Quijote, sea quien +se quisiere, se había hallado en ella en una sortija, falta de invención, +pobre de letras, pobrísima de libreas, aunque rica de simplicidades. + +— Por el mismo caso —respondió don Quijote—, no pondré los pies en Zaragoza, +y así sacaré a la plaza del mundo la mentira dese historiador moderno, y +echarán de ver las gentes como yo no soy el don Quijote que él dice. + +— Hará muy bien —dijo don Jerónimo—; y otras justas hay en Barcelona, donde +podrá el señor don Quijote mostrar su valor. + +— Así lo pienso hacer —dijo don Quijote—; y vuesas mercedes me den licencia, +pues ya es hora para irme al lecho, y me tengan y pongan en el número de +sus mayores amigos y servidores. + +— Y a mí también —dijo Sancho—: quizá seré bueno para algo. + +Con esto se despidieron, y don Quijote y Sancho se retiraron a su aposento, +dejando a don Juan y a don Jerónimo admirados de ver la mezcla que había +hecho de su discreción y de su locura; y verdaderamente creyeron que éstos +eran los verdaderos don Quijote y Sancho, y no los que describía su autor +aragonés. + +Madrugó don Quijote, y, dando golpes al tabique del otro aposento, se +despidió de sus huéspedes. Pagó Sancho al ventero magníficamente, y +aconsejóle que alabase menos la provisión de su venta, o la tuviese más +proveída. + + + + +Capítulo LX. De lo que sucedió a don Quijote yendo a Barcelona + +Era fresca la mañana, y daba muestras de serlo asimesmo el día en que don +Quijote salió de la venta, informándose primero cuál era el más derecho +camino para ir a Barcelona sin tocar en Zaragoza: tal era el deseo que +tenía de sacar mentiroso aquel nuevo historiador que tanto decían que le +vituperaba. + +Sucedió, pues, que en más de seis días no le sucedió cosa digna de ponerse +en escritura, al cabo de los cuales, yendo fuera de camino, le tomó la +noche entre unas espesas encinas o alcornoques; que en esto no guarda la +puntualidad Cide Hamete que en otras cosas suele. + +Apeáronse de sus bestias amo y mozo, y, acomodándose a los troncos de los +árboles, Sancho, que había merendado aquel día, se dejó entrar de rondón +por las puertas del sueño; pero don Quijote, a quien desvelaban sus +imaginaciones mucho más que la hambre, no podía pegar sus ojos; antes iba y +venía con el pensamiento por mil géneros de lugares. Ya le parecía hallarse +en la cueva de Montesinos; ya ver brincar y subir sobre su pollina a la +convertida en labradora Dulcinea; ya que le sonaban en los oídos las +palabras del sabio Merlín que le referían las condiciones y diligencias que +se habían de hacer y tener en el desencanto de Dulcinea. Desesperábase de +ver la flojedad y caridad poca de Sancho su escudero, pues, a lo que creía, +solos cinco azotes se había dado, número desigual y pequeño para los +infinitos que le faltaban; y desto recibió tanta pesadumbre y enojo, que +hizo este discurso: + +— Si nudo gordiano cortó el Magno Alejandro, diciendo: ''Tanto monta cortar +como desatar'', y no por eso dejó de ser universal señor de toda la Asia, +ni más ni menos podría suceder ahora en el desencanto de Dulcinea, si yo +azotase a Sancho a pesar suyo; que si la condición deste remedio está en +que Sancho reciba los tres mil y tantos azotes, ¿qué se me da a mí que se +los dé él, o que se los dé otro, pues la sustancia está en que él los +reciba, lleguen por do llegaren? + +Con esta imaginación se llegó a Sancho, habiendo primero tomado las riendas +de Rocinante, y acomodádolas en modo que pudiese azotarle con ellas, +comenzóle a quitar las cintas, que es opinión que no tenía más que la +delantera, en que se sustentaban los greguescos; pero, apenas hubo llegado, +cuando Sancho despertó en todo su acuerdo, y dijo: + +— ¿Qué es esto? ¿Quién me toca y desencinta? + +— Yo soy —respondió don Quijote—, que vengo a suplir tus faltas y a remediar +mis trabajos: véngote a azotar, Sancho, y a descargar, en parte, la deuda a +que te obligaste. Dulcinea perece; tú vives en descuido; yo muero deseando; +y así, desatácate por tu voluntad, que la mía es de darte en esta soledad, +por lo menos, dos mil azotes. + +— Eso no —dijo Sancho—; vuesa merced se esté quedo; si no, por Dios +verdadero que nos han de oír los sordos. Los azotes a que yo me obligué han +de ser voluntarios, y no por fuerza, y ahora no tengo gana de azotarme; +basta que doy a vuesa merced mi palabra de vapularme y mosquearme cuando en +voluntad me viniere. + +— No hay dejarlo a tu cortesía, Sancho —dijo don Quijote—, porque eres duro +de corazón, y, aunque villano, blando de carnes. + +Y así, procuraba y pugnaba por desenlazarle. Viendo lo cual Sancho Panza, +se puso en pie, y, arremetiendo a su amo, se abrazó con él a brazo partido, +y, echándole una zancadilla, dio con él en el suelo boca arriba; púsole +la rodilla derecha sobre el pecho, y con las manos le tenía las manos, de +modo que ni le dejaba rodear ni alentar. Don Quijote le decía: + +— ¿Cómo, traidor? ¿Contra tu amo y señor natural te desmandas? ¿Con quien te +da su pan te atreves? + +— Ni quito rey, ni pongo rey —respondió Sancho—, sino ayúdome a mí, que soy +mi señor. Vuesa merced me prometa que se estará quedo, y no tratará de +azotarme por agora, que yo le dejaré libre y desembarazado; donde no, + +Aquí morirás, traidor, + +enemigo de doña Sancha. + +Prometióselo don Quijote, y juró por vida de sus pensamientos no tocarle en +el pelo de la ropa, y que dejaría en toda su voluntad y albedrío el +azotarse cuando quisiese. + +Levantóse Sancho, y desvióse de aquel lugar un buen espacio; y, yendo a +arrimarse a otro árbol, sintió que le tocaban en la cabeza, y, alzando las +manos, topó con dos pies de persona, con zapatos y calzas. Tembló de miedo; +acudió a otro árbol, y sucedióle lo mesmo. Dio voces llamando a don Quijote +que le favoreciese. Hízolo así don Quijote, y, preguntándole qué le había +sucedido y de qué tenía miedo, le respondió Sancho que todos aquellos +árboles estaban llenos de pies y de piernas humanas. Tentólos don Quijote, +y cayó luego en la cuenta de lo que podía ser, y díjole a Sancho: + +— No tienes de qué tener miedo, porque estos pies y piernas que tientas y no +vees, sin duda son de algunos forajidos y bandoleros que en estos árboles +están ahorcados; que por aquí los suele ahorcar la justicia cuando los +coge, de veinte en veinte y de treinta en treinta; por donde me doy a +entender que debo de estar cerca de Barcelona. + +Y así era la verdad como él lo había imaginado. + +Al parecer alzaron los ojos, y vieron los racimos de aquellos árboles, que +eran cuerpos de bandoleros. Ya, en esto, amanecía, y si los muertos los +habían espantado, no menos los atribularon más de cuarenta bandoleros vivos +que de improviso les rodearon, diciéndoles en lengua catalana que +estuviesen quedos, y se detuviesen, hasta que llegase su capitán. + +Hallóse don Quijote a pie, su caballo sin freno, su lanza arrimada a un +árbol, y, finalmente, sin defensa alguna; y así, tuvo por bien de cruzar +las manos e inclinar la cabeza, guardándose para mejor sazón y coyuntura. + +Acudieron los bandoleros a espulgar al rucio, y a no dejarle ninguna cosa +de cuantas en las alforjas y la maleta traía; y avínole bien a Sancho que +en una ventrera que tenía ceñida venían los escudos del duque y los que +habían sacado de su tierra, y, con todo eso, aquella buena gente le +escardara y le mirara hasta lo que entre el cuero y la carne tuviera +escondido, si no llegara en aquella sazón su capitán, el cual mostró ser de +hasta edad de treinta y cuatro años, robusto, más que de mediana +proporción, de mirar grave y color morena. Venía sobre un poderoso caballo, +vestida la acerada cota, y con cuatro pistoletes —que en aquella tierra se +llaman pedreñales— a los lados. Vio que sus escuderos, que así llaman a los +que andan en aquel ejercicio, iban a despojar a Sancho Panza; mandóles que +no lo hiciesen, y fue luego obedecido; y así se escapó la ventrera. +Admiróle ver lanza arrimada al árbol, escudo en el suelo, y a don Quijote +armado y pensativo, con la más triste y melancólica figura que pudiera +formar la misma tristeza. Llegóse a él diciéndole: + +— No estéis tan triste, buen hombre, porque no habéis caído en las manos de +algún cruel Osiris, sino en las de Roque Guinart, que tienen más de +compasivas que de rigurosas. + +— No es mi tristeza —respondió don Quijote— haber caído en tu poder, ¡oh +valeroso Roque, cuya fama no hay límites en la tierra que la encierren!, +sino por haber sido tal mi descuido, que me hayan cogido tus soldados sin +el freno, estando yo obligado, según la orden de la andante caballería, que +profeso, a vivir contino alerta, siendo a todas horas centinela de mí +mismo; porque te hago saber, ¡oh gran Roque!, que si me hallaran sobre mi +caballo, con mi lanza y con mi escudo, no les fuera muy fácil rendirme, +porque yo soy don Quijote de la Mancha, aquel que de sus hazañas tiene +lleno todo el orbe. + +Luego Roque Guinart conoció que la enfermedad de don Quijote tocaba más en +locura que en valentía, y, aunque algunas veces le había oído nombrar, +nunca tuvo por verdad sus hechos, ni se pudo persuadir a que semejante +humor reinase en corazón de hombre; y holgóse en estremo de haberle +encontrado, para tocar de cerca lo que de lejos dél había oído; y así, le +dijo: + +— Valeroso caballero, no os despechéis ni tengáis a siniestra fortuna ésta +en que os halláis, que podía ser que en estos tropiezos vuestra torcida +suerte se enderezase; que el cielo, por estraños y nunca vistos rodeos, de +los hombres no imaginados, suele levantar los caídos y enriquecer los +pobres. + +Ya le iba a dar las gracias don Quijote, cuando sintieron a sus espaldas un +ruido como de tropel de caballos, y no era sino un solo, sobre el cual +venía a toda furia un mancebo, al parecer de hasta veinte años, vestido de +damasco verde, con pasamanos de oro, greguescos y saltaembarca, con +sombrero terciado, a la valona, botas enceradas y justas, espuelas, daga y +espada doradas, una escopeta pequeña en las manos y dos pistolas a los +lados. Al ruido volvió Roque la cabeza y vio esta hermosa figura, la cual, +en llegando a él, dijo: + +— En tu busca venía, ¡oh valeroso Roque!, para hallar en ti, si no remedio, +a lo menos alivio en mi desdicha; y, por no tenerte suspenso, porque sé que +no me has conocido, quiero decirte quién soy: y soy Claudia Jerónima, hija +de Simón Forte, tu singular amigo y enemigo particular de Clauquel +Torrellas, que asimismo lo es tuyo, por ser uno de los de tu contrario +bando; y ya sabes que este Torrellas tiene un hijo que don Vicente +Torrellas se llama, o, a lo menos, se llamaba no ha dos horas. Éste, pues, +por abreviar el cuento de mi desventura, te diré en breves palabras la que +me ha causado. Viome, requebróme, escuchéle, enamoréme, a hurto de mi +padre; porque no hay mujer, por retirada que esté y recatada que sea, a +quien no le sobre tiempo para poner en ejecución y efecto sus atropellados +deseos. Finalmente, él me prometió de ser mi esposo, y yo le di la palabra +de ser suya, sin que en obras pasásemos adelante. Supe ayer que, olvidado +de lo que me debía, se casaba con otra, y que esta mañana iba a desposarse, +nueva que me turbó el sentido y acabó la paciencia; y, por no estar mi +padre en el lugar, le tuve yo de ponerme en el traje que vees, y +apresurando el paso a este caballo, alcancé a don Vicente obra de una legua +de aquí; y, sin ponerme a dar quejas ni a oír disculpas, le disparé estas +escopetas, y, por añadidura, estas dos pistolas; y, a lo que creo, le debí +de encerrar más de dos balas en el cuerpo, abriéndole puertas por donde +envuelta en su sangre saliese mi honra. Allí le dejo entre sus criados, que +no osaron ni pudieron ponerse en su defensa. Vengo a buscarte para que me +pases a Francia, donde tengo parientes con quien viva, y asimesmo a rogarte +defiendas a mi padre, porque los muchos de don Vicente no se atrevan a +tomar en él desaforada venganza. + +Roque, admirado de la gallardía, bizarría, buen talle y suceso de la +hermosa Claudia, le dijo: + +— Ven, señora, y vamos a ver si es muerto tu enemigo, que después veremos lo +que más te importare. + +Don Quijote, que estaba escuchando atentamente lo que Claudia había dicho y +lo que Roque Guinart respondió, dijo: + +— No tiene nadie para qué tomar trabajo en defender a esta señora, que lo +tomo yo a mi cargo: denme mi caballo y mis armas, y espérenme aquí, que yo +iré a buscar a ese caballero, y, muerto o vivo, le haré cumplir la palabra +prometida a tanta belleza. + +— Nadie dude de esto —dijo Sancho—, porque mi señor tiene muy buena mano +para casamentero, pues no ha muchos días que hizo casar a otro que también +negaba a otra doncella su palabra; y si no fuera porque los encantadores +que le persiguen le mudaron su verdadera figura en la de un lacayo, ésta +fuera la hora que ya la tal doncella no lo fuera. + +Roque, que atendía más a pensar en el suceso de la hermosa Claudia que en +las razones de amo y mozo, no las entendió; y, mandando a sus escuderos que +volviesen a Sancho todo cuanto le habían quitado del rucio, mandándoles +asimesmo que se retirasen a la parte donde aquella noche habían estado +alojados, y luego se partió con Claudia a toda priesa a buscar al herido, o +muerto, don Vicente. Llegaron al lugar donde le encontró Claudia, y no +hallaron en él sino recién derramada sangre; pero, tendiendo la vista por +todas partes, descubrieron por un recuesto arriba alguna gente, y diéronse +a entender, como era la verdad, que debía ser don Vicente, a quien sus +criados, o muerto o vivo, llevaban, o para curarle, o para enterrarle; +diéronse priesa a alcanzarlos, que, como iban de espacio, con facilidad lo +hicieron. + +Hallaron a don Vicente en los brazos de sus criados, a quien con cansada y +debilitada voz rogaba que le dejasen allí morir, porque el dolor de las +heridas no consentía que más adelante pasase. + +Arrojáronse de los caballos Claudia y Roque, llegáronse a él, temieron los +criados la presencia de Roque, y Claudia se turbó en ver la de don Vicente; +y así, entre enternecida y rigurosa, se llegó a él, y asiéndole de las +manos, le dijo: + +— Si tú me dieras éstas, conforme a nuestro concierto, nunca tú te vieras en +este paso. + +Abrió los casi cerrados ojos el herido caballero, y, conociendo a Claudia, +le dijo: + +— Bien veo, hermosa y engañada señora, que tú has sido la que me has muerto: +pena no merecida ni debida a mis deseos, con los cuales, ni con mis obras, +jamás quise ni supe ofenderte. + +— Luego, ¿no es verdad —dijo Claudia— que ibas esta mañana a desposarte con +Leonora, la hija del rico Balvastro? + +— No, por cierto —respondió don Vicente—; mi mala fortuna te debió de llevar +estas nuevas, para que, celosa, me quitases la vida, la cual, pues la dejo +en tus manos y en tus brazos, tengo mi suerte por venturosa. Y, para +asegurarte desta verdad, aprieta la mano y recíbeme por esposo, si +quisieres, que no tengo otra mayor satisfación que darte del agravio que +piensas que de mí has recebido. + +Apretóle la mano Claudia, y apretósele a ella el corazón, de manera que +sobre la sangre y pecho de don Vicente se quedó desmayada, y a él le tomó +un mortal parasismo. Confuso estaba Roque, y no sabía qué hacerse. +Acudieron los criados a buscar agua que echarles en los rostros, y +trujéronla, con que se los bañaron. Volvió de su desmayo Claudia, pero no +de su parasismo don Vicente, porque se le acabó la vida. Visto lo cual de +Claudia, habiéndose enterado que ya su dulce esposo no vivía, rompió los +aires con suspiros, hirió los cielos con quejas, maltrató sus cabellos, +entregándolos al viento, afeó su rostro con sus propias manos, con todas +las muestras de dolor y sentimiento que de un lastimado pecho pudieran +imaginarse. + +— ¡Oh cruel e inconsiderada mujer —decía—, con qué facilidad te moviste a +poner en ejecución tan mal pensamiento! ¡Oh fuerza rabiosa de los celos, a +qué desesperado fin conducís a quien os da acogida en su pecho! ¡Oh esposo +mío, cuya desdichada suerte, por ser prenda mía, te ha llevado del tálamo a +la sepultura! + +Tales y tan tristes eran las quejas de Claudia, que sacaron las lágrimas de +los ojos de Roque, no acostumbrados a verterlas en ninguna ocasión. +Lloraban los criados, desmayábase a cada paso Claudia, y todo aquel +circuito parecía campo de tristeza y lugar de desgracia. Finalmente, Roque +Guinart ordenó a los criados de don Vicente que llevasen su cuerpo al lugar +de su padre, que estaba allí cerca, para que le diesen sepultura. Claudia +dijo a Roque que querría irse a un monasterio donde era abadesa una tía +suya, en el cual pensaba acabar la vida, de otro mejor esposo y más eterno +acompañada. Alabóle Roque su buen propósito, ofreciósele de acompañarla +hasta donde quisiese, y de defender a su padre de los parientes y de todo +el mundo, si ofenderle quisiese. No quiso su compañía Claudia, en ninguna +manera, y, agradeciendo sus ofrecimientos con las mejores razones que supo, +se despedió dél llorando. Los criados de don Vicente llevaron su cuerpo, y +Roque se volvió a los suyos, y este fin tuvieron los amores de Claudia +Jerónima. Pero, ¿qué mucho, si tejieron la trama de su lamentable historia +las fuerzas invencibles y rigurosas de los celos? + +Halló Roque Guinart a sus escuderos en la parte donde les había ordenado, y +a don Quijote entre ellos, sobre Rocinante, haciéndoles una plática en que +les persuadía dejasen aquel modo de vivir tan peligroso, así para el alma +como para el cuerpo; pero, como los más eran gascones, gente rústica y +desbaratada, no les entraba bien la plática de don Quijote. Llegado que fue +Roque, preguntó a Sancho Panza si le habían vuelto y restituido las alhajas +y preseas que los suyos del rucio le habían quitado. Sancho respondió que +sí, sino que le faltaban tres tocadores, que valían tres ciudades. + +— ¿Qué es lo que dices, hombre? —dijo uno de los presentes—, que yo los +tengo, y no valen tres reales. + +— Así es —dijo don Quijote—, pero estímalos mi escudero en lo que ha dicho, +por habérmelos dado quien me los dio. + +Mandóselos volver al punto Roque Guinart, y, mandando poner los suyos en +ala, mandó traer allí delante todos los vestidos, joyas, y dineros, y todo +aquello que desde la última repartición habían robado; y, haciendo +brevemente el tanteo, volviendo lo no repartible y reduciéndolo a dineros, +lo repartió por toda su compañía, con tanta legalidad y prudencia que no +pasó un punto ni defraudó nada de la justicia distributiva. Hecho esto, con +lo cual todos quedaron contentos, satisfechos y pagados, dijo Roque a don +Quijote: + +— Si no se guardase esta puntualidad con éstos, no se podría vivir con +ellos. + +A lo que dijo Sancho: + +— Según lo que aquí he visto, es tan buena la justicia, que es necesaria que +se use aun entre los mesmos ladrones. + +Oyólo un escudero, y enarboló el mocho de un arcabuz, con el cual, sin +duda, le abriera la cabeza a Sancho, si Roque Guinart no le diera voces que +se detuviese. Pasmóse Sancho, y propuso de no descoser los labios en tanto +que entre aquella gente estuviese. + +Llegó, en esto, uno o algunos de aquellos escuderos que estaban puestos por +centinelas por los caminos para ver la gente que por ellos venía y dar +aviso a su mayor de lo que pasaba, y éste dijo: + +— Señor, no lejos de aquí, por el camino que va a Barcelona, viene un gran +tropel de gente. + +A lo que respondió Roque: + +— ¿Has echado de ver si son de los que nos buscan, o de los que nosotros +buscamos? + +— No, sino de los que buscamos —respondió el escudero. + +— Pues salid todos —replicó Roque—, y traédmelos aquí luego, sin que se os +escape ninguno. + +Hiciéronlo así, y, quedándose solos don Quijote, Sancho y Roque, aguardaron +a ver lo que los escuderos traían; y, en este entretanto, dijo Roque a don +Quijote: + +— Nueva manera de vida le debe de parecer al señor don Quijote la nuestra, +nuevas aventuras, nuevos sucesos, y todos peligrosos; y no me maravillo que +así le parezca, porque realmente le confieso que no hay modo de vivir más +inquieto ni más sobresaltado que el nuestro. A mí me han puesto en él no sé +qué deseos de venganza, que tienen fuerza de turbar los más sosegados +corazones; yo, de mi natural, soy compasivo y bien intencionado; pero, como +tengo dicho, el querer vengarme de un agravio que se me hizo, así da con +todas mis buenas inclinaciones en tierra, que persevero en este estado, a +despecho y pesar de lo que entiendo; y, como un abismo llama a otro y un +pecado a otro pecado, hanse eslabonado las venganzas de manera que no sólo +las mías, pero las ajenas tomo a mi cargo; pero Dios es servido de que, +aunque me veo en la mitad del laberinto de mis confusiones, no pierdo la +esperanza de salir dél a puerto seguro. + +Admirado quedó don Quijote de oír hablar a Roque tan buenas y concertadas +razones, porque él se pensaba que, entre los de oficios semejantes de +robar, matar y saltear no podía haber alguno que tuviese buen discurso, y +respondióle: + +— Señor Roque, el principio de la salud está en conocer la enfermedad y en +querer tomar el enfermo las medicinas que el médico le ordena: vuestra +merced está enfermo, conoce su dolencia, y el cielo, o Dios, por mejor +decir, que es nuestro médico, le aplicará medicinas que le sanen, las +cuales suelen sanar poco a poco y no de repente y por milagro; y más, que +los pecadores discretos están más cerca de enmendarse que los simples; y, +pues vuestra merced ha mostrado en sus razones su prudencia, no hay sino +tener buen ánimo y esperar mejoría de la enfermedad de su conciencia; y si +vuestra merced quiere ahorrar camino y ponerse con facilidad en el de su +salvación, véngase conmigo, que yo le enseñaré a ser caballero andante, +donde se pasan tantos trabajos y desventuras que, tomándolas por +penitencia, en dos paletas le pondrán en el cielo. + +Rióse Roque del consejo de don Quijote, a quien, mudando plática, contó el +trágico suceso de Claudia Jerónima, de que le pesó en estremo a Sancho, que +no le había parecido mal la belleza, desenvoltura y brío de la moza. + +Llegaron, en esto, los escuderos de la presa, trayendo consigo dos +caballeros a caballo, y dos peregrinos a pie, y un coche de mujeres con +hasta seis criados, que a pie y a caballo las acompañaban, con otros dos +mozos de mulas que los caballeros traían. Cogiéronlos los escuderos en +medio, guardando vencidos y vencedores gran silencio, esperando a que el +gran Roque Guinart hablase, el cual preguntó a los caballeros que quién +eran y adónde iban, y qué dinero llevaban. Uno dellos le respondió: + +— Señor, nosotros somos dos capitanes de infantería española; tenemos +nuestras compañías en Nápoles y vamos a embarcarnos en cuatro galeras, que +dicen están en Barcelona con orden de pasar a Sicilia; llevamos hasta +docientos o trecientos escudos, con que, a nuestro parecer, vamos ricos y +contentos, pues la estrecheza ordinaria de los soldados no permite mayores +tesoros. + +Preguntó Roque a los peregrinos lo mesmo que a los capitanes; fuele +respondido que iban a embarcarse para pasar a Roma, y que entre entrambos +podían llevar hasta sesenta reales. Quiso saber también quién iba en el +coche, y adónde, y el dinero que llevaban; y uno de los de a caballo dijo: + +— Mi señora doña Guiomar de Quiñones, mujer del regente de la Vicaría de +Nápoles, con una hija pequeña, una doncella y una dueña, son las que van en +el coche; acompañámosla seis criados, y los dineros son seiscientos +escudos. + +— De modo —dijo Roque Guinart—, que ya tenemos aquí novecientos escudos y +sesenta reales; mis soldados deben de ser hasta sesenta; mírese a cómo le +cabe a cada uno, porque yo soy mal contador. + +Oyendo decir esto los salteadores, levantaron la voz, diciendo: + +— ¡Viva Roque Guinart muchos años, a pesar de los lladres que su perdición +procuran! + +Mostraron afligirse los capitanes, entristecióse la señora regenta, y no se +holgaron nada los peregrinos, viendo la confiscación de sus bienes. Túvolos +así un rato suspensos Roque, pero no quiso que pasase adelante su tristeza, +que ya se podía conocer a tiro de arcabuz, y, volviéndose a los capitanes, +dijo: + +— Vuesas mercedes, señores capitanes, por cortesía, sean servidos de +prestarme sesenta escudos, y la señora regenta ochenta, para contentar +esta escuadra que me acompaña, porque el abad, de lo que canta yanta, y +luego puédense ir su camino libre y desembarazadamente, con un salvoconduto +que yo les daré, para que, si toparen otras de algunas escuadras mías que +tengo divididas por estos contornos, no les hagan daño; que no es mi +intención de agraviar a soldados ni a mujer alguna, especialmente a las que +son principales. + +Infinitas y bien dichas fueron las razones con que los capitanes +agradecieron a Roque su cortesía y liberalidad, que, por tal la tuvieron, +en dejarles su mismo dinero. La señora doña Guiomar de Quiñones se quiso +arrojar del coche para besar los pies y las manos del gran Roque, pero él +no lo consintió en ninguna manera; antes le pidió perdón del agravio que le +hacía, forzado de cumplir con las obligaciones precisas de su mal oficio. +Mandó la señora regenta a un criado suyo diese luego los ochenta escudos +que le habían repartido, y ya los capitanes habían desembolsado los +sesenta. Iban los peregrinos a dar toda su miseria, pero Roque les dijo que +se estuviesen quedos, y volviéndose a los suyos, les dijo: + +— Destos escudos dos tocan a cada uno, y sobran veinte: los diez se den a +estos peregrinos, y los otros diez a este buen escudero, porque pueda decir +bien de esta aventura. + +Y, trayéndole aderezo de escribir, de que siempre andaba proveído, Roque +les dio por escrito un salvoconduto para los mayorales de sus escuadras, y, +despidiéndose dellos, los dejó ir libres, y admirados de su nobleza, de su +gallarda disposición y estraño proceder, teniéndole más por un Alejandro +Magno que por ladrón conocido. Uno de los escuderos dijo en su lengua +gascona y catalana: + +— Este nuestro capitán más es para frade que para bandolero: si de aquí +adelante quisiere mostrarse liberal séalo con su hacienda y no con la +nuestra. + +No lo dijo tan paso el desventurado que dejase de oírlo Roque, el cual, +echando mano a la espada, le abrió la cabeza casi en dos partes, +diciéndole: + +— Desta manera castigo yo a los deslenguados y atrevidos. + +Pasmáronse todos, y ninguno le osó decir palabra: tanta era la obediencia +que le tenían. + +Apartóse Roque a una parte y escribió una carta a un su amigo, a Barcelona, +dándole aviso como estaba consigo el famoso don Quijote de la Mancha, aquel +caballero andante de quien tantas cosas se decían; y que le hacía saber que +era el más gracioso y el más entendido hombre del mundo, y que de allí a +cuatro días, que era el de San Juan Bautista, se le pondría en mitad de la +playa de la ciudad, armado de todas sus armas, sobre Rocinante, su caballo, +y a su escudero Sancho sobre un asno, y que diese noticia desto a sus +amigos los Niarros, para que con él se solazasen; que él quisiera que +carecieran deste gusto los Cadells, sus contrarios, pero que esto era +imposible, a causa que las locuras y discreciones de don Quijote y los +donaires de su escudero Sancho Panza no podían dejar de dar gusto general a +todo el mundo. Despachó estas cartas con uno de sus escuderos, que, mudando +el traje de bandolero en el de un labrador, entró en Barcelona y la dio a +quien iba. + + + + +Capítulo LXI. De lo que le sucedió a don Quijote en la entrada de +Barcelona, con otras cosas que tienen más de lo verdadero que de lo +discreto + +Tres días y tres noches estuvo don Quijote con Roque, y si estuviera +trecientos años, no le faltara qué mirar y admirar en el modo de su vida: +aquí amanecían, acullá comían; unas veces huían, sin saber de quién, y +otras esperaban, sin saber a quién. Dormían en pie, interrompiendo el +sueño, mudándose de un lugar a otro. Todo era poner espías, escuchar +centinelas, soplar las cuerdas de los arcabuces, aunque traían pocos, +porque todos se servían de pedreñales. Roque pasaba las noches apartado de +los suyos, en partes y lugares donde ellos no pudiesen saber dónde estaba; +porque los muchos bandos que el visorrey de Barcelona había echado sobre su +vida le traían inquieto y temeroso, y no se osaba fiar de ninguno, temiendo +que los mismos suyos, o le habían de matar, o entregar a la justicia: vida, +por cierto, miserable y enfadosa. + +En fin, por caminos desusados, por atajos y sendas encubiertas, partieron +Roque, don Quijote y Sancho con otros seis escuderos a Barcelona. Llegaron +a su playa la víspera de San Juan en la noche, y, abrazando Roque a don +Quijote y a Sancho, a quien dio los diez escudos prometidos, que hasta +entonces no se los había dado, los dejó, con mil ofrecimientos que de la +una a la otra parte se hicieron. + +Volvióse Roque; quedóse don Quijote esperando el día, así, a caballo, como +estaba, y no tardó mucho cuando comenzó a descubrirse por los balcones del +Oriente la faz de la blanca aurora, alegrando las yerbas y las flores, en +lugar de alegrar el oído; aunque al mesmo instante alegraron también el +oído el son de muchas chirimías y atabales, ruido de cascabeles, ''¡trapa, +trapa, aparta, aparta!'' de corredores, que, al parecer, de la ciudad +salían. Dio lugar la aurora al sol, que, un rostro mayor que el de una +rodela, por el más bajo horizonte, poco a poco, se iba levantando. + +Tendieron don Quijote y Sancho la vista por todas partes: vieron el mar, +hasta entonces dellos no visto; parecióles espaciosísimo y largo, harto más +que las lagunas de Ruidera, que en la Mancha habían visto; vieron las +galeras que estaban en la playa, las cuales, abatiendo las tiendas, se +descubrieron llenas de flámulas y gallardetes, que tremolaban al viento y +besaban y barrían el agua; dentro sonaban clarines, trompetas y chirimías, +que cerca y lejos llenaban el aire de suaves y belicosos acentos. +Comenzaron a moverse y a hacer modo de escaramuza por las sosegadas aguas, +correspondiéndoles casi al mismo modo infinitos caballeros que de la ciudad +sobre hermosos caballos y con vistosas libreas salían. Los soldados de las +galeras disparaban infinita artillería, a quien respondían los que estaban +en las murallas y fuertes de la ciudad, y la artillería gruesa con +espantoso estruendo rompía los vientos, a quien respondían los cañones de +crujía de las galeras. El mar alegre, la tierra jocunda, el aire claro, +sólo tal vez turbio del humo de la artillería, parece que iba infundiendo y +engendrando gusto súbito en todas las gentes. + +No podía imaginar Sancho cómo pudiesen tener tantos pies aquellos bultos +que por el mar se movían. En esto, llegaron corriendo, con grita, lililíes +y algazara, los de las libreas adonde don Quijote suspenso y atónito +estaba, y uno dellos, que era el avisado de Roque, dijo en alta voz a don +Quijote: + +— Bien sea venido a nuestra ciudad el espejo, el farol, la estrella y el +norte de toda la caballería andante, donde más largamente se contiene. Bien +sea venido, digo, el valeroso don Quijote de la Mancha: no el falso, no el +ficticio, no el apócrifo que en falsas historias estos días nos han +mostrado, sino el verdadero, el legal y el fiel que nos describió Cide +Hamete Benengeli, flor de los historiadores. + +No respondió don Quijote palabra, ni los caballeros esperaron a que la +respondiese, sino, volviéndose y revolviéndose con los demás que los +seguían, comenzaron a hacer un revuelto caracol al derredor de don Quijote; +el cual, volviéndose a Sancho, dijo: + +— Éstos bien nos han conocido: yo apostaré que han leído nuestra historia y +aun la del aragonés recién impresa. + +Volvió otra vez el caballero que habló a don Quijote, y díjole: + +— Vuesa merced, señor don Quijote, se venga con nosotros, que todos somos +sus servidores y grandes amigos de Roque Guinart. + +A lo que don Quijote respondió: + +— Si cortesías engendran cortesías, la vuestra, señor caballero, es hija o +parienta muy cercana de las del gran Roque. Llevadme do quisiéredes, que yo +no tendré otra voluntad que la vuestra, y más si la queréis ocupar en +vuestro servicio. + +Con palabras no menos comedidas que éstas le respondió el caballero, y, +encerrándole todos en medio, al son de las chirimías y de los atabales, se +encaminaron con él a la ciudad, al entrar de la cual, el malo, que todo lo +malo ordena, y los muchachos, que son más malos que el malo, dos dellos +traviesos y atrevidos se entraron por toda la gente, y, alzando el uno de +la cola del rucio y el otro la de Rocinante, les pusieron y encajaron +sendos manojos de aliagas. Sintieron los pobres animales las nuevas +espuelas, y, apretando las colas, aumentaron su disgusto, de manera que, +dando mil corcovos, dieron con sus dueños en tierra. Don Quijote, corrido y +afrentado, acudió a quitar el plumaje de la cola de su matalote, y Sancho, +el de su rucio. Quisieran los que guiaban a don Quijote castigar el +atrevimiento de los muchachos, y no fue posible, porque se encerraron entre +más de otros mil que los seguían. + +Volvieron a subir don Quijote y Sancho; con el mismo aplauso y música +llegaron a la casa de su guía, que era grande y principal, en fin, como de +caballero rico; donde le dejaremos por agora, porque así lo quiere Cide +Hamete. + + + + +Capítulo LXII. Que trata de la aventura de la cabeza encantada, con otras +niñerías que no pueden dejar de contarse + +Don Antonio Moreno se llamaba el huésped de don Quijote, caballero rico y +discreto, y amigo de holgarse a lo honesto y afable, el cual, viendo en su +casa a don Quijote, andaba buscando modos como, sin su perjuicio, sacase a +plaza sus locuras; porque no son burlas las que duelen, ni hay pasatiempos +que valgan si son con daño de tercero. Lo primero que hizo fue hacer +desarmar a don Quijote y sacarle a vistas con aquel su estrecho y acamuzado +vestido —como ya otras veces le hemos descrito y pintado— a un balcón que +salía a una calle de las más principales de la ciudad, a vista de las +gentes y de los muchachos, que como a mona le miraban. Corrieron de nuevo +delante dél los de las libreas, como si para él solo, no para alegrar aquel +festivo día, se las hubieran puesto; y Sancho estaba contentísimo, por +parecerle que se había hallado, sin saber cómo ni cómo no, otras bodas de +Camacho, otra casa como la de don Diego de Miranda y otro castillo como el +del duque. + +Comieron aquel día con don Antonio algunos de sus amigos, honrando todos y +tratando a don Quijote como a caballero andante, de lo cual, hueco y +pomposo, no cabía en sí de contento. Los donaires de Sancho fueron tantos, +que de su boca andaban como colgados todos los criados de casa y todos +cuantos le oían. Estando a la mesa, dijo don Antonio a Sancho: + +— Acá tenemos noticia, buen Sancho, que sois tan amigo de manjar blanco y de +albondiguillas, que, si os sobran, las guardáis en el seno para el otro +día. + +— No, señor, no es así —respondió Sancho—, porque tengo más de limpio que de +goloso, y mi señor don Quijote, que está delante, sabe bien que con un puño +de bellotas, o de nueces, nos solemos pasar entrambos ocho días. Verdad es +que si tal vez me sucede que me den la vaquilla, corro con la soguilla; +quiero decir que como lo que me dan, y uso de los tiempos como los hallo; y +quienquiera que hubiere dicho que yo soy comedor aventajado y no limpio, +téngase por dicho que no acierta; y de otra manera dijera esto si no mirara +a las barbas honradas que están a la mesa. + +— Por cierto —dijo don Quijote—, que la parsimonia y limpieza con que Sancho +come se puede escribir y grabar en láminas de bronce, para que quede en +memoria eterna de los siglos venideros. Verdad es que, cuando él tiene +hambre, parece algo tragón, porque come apriesa y masca a dos carrillos; +pero la limpieza siempre la tiene en su punto, y en el tiempo que fue +gobernador aprendió a comer a lo melindroso: tanto, que comía con tenedor +las uvas y aun los granos de la granada. + +— ¡Cómo! —dijo don Antonio—. ¿Gobernador ha sido Sancho? + +— Sí —respondió Sancho—, y de una ínsula llamada la Barataria. Diez días la +goberné a pedir de boca; en ellos perdí el sosiego, y aprendí a despreciar +todos los gobiernos del mundo; salí huyendo della, caí en una cueva, donde +me tuve por muerto, de la cual salí vivo por milagro. + +Contó don Quijote por menudo todo el suceso del gobierno de Sancho, con que +dio gran gusto a los oyentes. + +Levantados los manteles, y tomando don Antonio por la mano a don Quijote, +se entró con él en un apartado aposento, en el cual no había otra cosa de +adorno que una mesa, al parecer de jaspe, que sobre un pie de lo mesmo se +sostenía, sobre la cual estaba puesta, al modo de las cabezas de los +emperadores romanos, de los pechos arriba, una que semejaba ser de bronce. +Paseóse don Antonio con don Quijote por todo el aposento, rodeando muchas +veces la mesa, después de lo cual dijo: + +— Agora, señor don Quijote, que estoy enterado que no nos oye y escucha +alguno, y está cerrada la puerta, quiero contar a vuestra merced una de las +más raras aventuras, o, por mejor decir, novedades que imaginarse pueden, +con condición que lo que a vuestra merced dijere lo ha de depositar en los +últimos retretes del secreto. + +— Así lo juro —respondió don Quijote—, y aun le echaré una losa encima, para +más seguridad; porque quiero que sepa vuestra merced, señor don Antonio +— que ya sabía su nombre—, que está hablando con quien, aunque tiene oídos +para oír, no tiene lengua para hablar; así que, con seguridad puede vuestra +merced trasladar lo que tiene en su pecho en el mío y hacer cuenta que lo +ha arrojado en los abismos del silencio. + +— En fee de esa promesa —respondió don Antonio—, quiero poner a vuestra +merced en admiración con lo que viere y oyere, y darme a mí algún alivio de +la pena que me causa no tener con quien comunicar mis secretos, que no son +para fiarse de todos. + +Suspenso estaba don Quijote, esperando en qué habían de parar tantas +prevenciones. En esto, tomándole la mano don Antonio, se la paseó por la +cabeza de bronce y por toda la mesa, y por el pie de jaspe sobre que se +sostenía, y luego dijo: + +— Esta cabeza, señor don Quijote, ha sido hecha y fabricada por uno de los +mayores encantadores y hechiceros que ha tenido el mundo, que creo era +polaco de nación y dicípulo del famoso Escotillo, de quien tantas +maravillas se cuentan; el cual estuvo aquí en mi casa, y por precio de mil +escudos que le di, labró esta cabeza, que tiene propiedad y virtud de +responder a cuantas cosas al oído le preguntaren. Guardó rumbos, pintó +carácteres, observó astros, miró puntos, y, finalmente, la sacó con la +perfeción que veremos mañana, porque los viernes está muda, y hoy, que lo +es, nos ha de hacer esperar hasta mañana. En este tiempo podrá vuestra +merced prevenirse de lo que querrá preguntar, que por esperiencia sé que +dice verdad en cuanto responde. + +Admirado quedó don Quijote de la virtud y propiedad de la cabeza, y estuvo +por no creer a don Antonio; pero, por ver cuán poco tiempo había para hacer +la experiencia, no quiso decirle otra cosa sino que le agradecía el haberle +descubierto tan gran secreto. Salieron del aposento, cerró la puerta don +Antonio con llave, y fuéronse a la sala, donde los demás caballeros +estaban. En este tiempo les había contado Sancho muchas de las aventuras y +sucesos que a su amo habían acontecido. + +Aquella tarde sacaron a pasear a don Quijote, no armado, sino de rúa, +vestido un balandrán de paño leonado, que pudiera hacer sudar en aquel +tiempo al mismo yelo. Ordenaron con sus criados que entretuviesen a Sancho +de modo que no le dejasen salir de casa. Iba don Quijote, no sobre +Rocinante, sino sobre un gran macho de paso llano, y muy bien aderezado. +Pusiéronle el balandrán, y en las espaldas, sin que lo viese, le cosieron +un pargamino, donde le escribieron con letras grandes: Éste es don Quijote +de la Mancha. En comenzando el paseo, llevaba el rétulo los ojos de cuantos +venían a verle, y como leían: Éste es don Quijote de la Mancha, admirábase +don Quijote de ver que cuantos le miraban le nombraban y conocían; y, +volviéndose a don Antonio, que iba a su lado, le dijo: + +— Grande es la prerrogativa que encierra en sí la andante caballería, pues +hace conocido y famoso al que la profesa por todos los términos de la +tierra; si no, mire vuestra merced, señor don Antonio, que hasta los +muchachos desta ciudad, sin nunca haberme visto, me conocen. + +— Así es, señor don Quijote —respondió don Antonio—, que, así como el fuego +no puede estar escondido y encerrado, la virtud no puede dejar de ser +conocida, y la que se alcanza por la profesión de las armas resplandece y +campea sobre todas las otras. + +Acaeció, pues, que, yendo don Quijote con el aplauso que se ha dicho, un +castellano que leyó el rétulo de las espaldas, alzó la voz, diciendo: + +— ¡Válgate el diablo por don Quijote de la Mancha! ¿Cómo que hasta aquí has +llegado, sin haberte muerto los infinitos palos que tienes a cuestas? Tu +eres loco, y si lo fueras a solas y dentro de las puertas de tu locura, +fuera menos mal; pero tienes propiedad de volver locos y mentecatos a +cuantos te tratan y comunican; si no, mírenlo por estos señores que te +acompañan. Vuélvete, mentecato, a tu casa, y mira por tu hacienda, por tu +mujer y tus hijos, y déjate destas vaciedades que te carcomen el seso y te +desnatan el entendimiento. + +— Hermano —dijo don Antonio—, seguid vuestro camino, y no deis consejos a +quien no os los pide. El señor don Quijote de la Mancha es muy cuerdo, y +nosotros, que le acompañamos, no somos necios; la virtud se ha de honrar +dondequiera que se hallare, y andad en hora mala, y no os metáis donde no +os llaman. + +— Pardiez, vuesa merced tiene razón —respondió el castellano—, que aconsejar +a este buen hombre es dar coces contra el aguijón; pero, con todo eso, me +da muy gran lástima que el buen ingenio que dicen que tiene en todas las +cosas este mentecato se le desagüe por la canal de su andante caballería; y +la enhoramala que vuesa merced dijo, sea para mí y para todos mis +descendientes si de hoy más, aunque viviese más años que Matusalén, diere +consejo a nadie, aunque me lo pida. + +Apartóse el consejero; siguió adelante el paseo; pero fue tanta la priesa +que los muchachos y toda la gente tenía leyendo el rétulo, que se le hubo +de quitar don Antonio, como que le quitaba otra cosa. + +Llegó la noche, volviéronse a casa; hubo sarao de damas, porque la mujer de +don Antonio, que era una señora principal y alegre, hermosa y discreta, +convidó a otras sus amigas a que viniesen a honrar a su huésped y a gustar +de sus nunca vistas locuras. Vinieron algunas, cenóse espléndidamente y +comenzóse el sarao casi a las diez de la noche. Entre las damas había dos +de gusto pícaro y burlonas, y, con ser muy honestas, eran algo +descompuestas, por dar lugar que las burlas alegrasen sin enfado. Éstas +dieron tanta priesa en sacar a danzar a don Quijote, que le molieron, no +sólo el cuerpo, pero el ánima. Era cosa de ver la figura de don Quijote, +largo, tendido, flaco, amarillo, estrecho en el vestido, desairado, y, +sobre todo, no nada ligero. Requebrábanle como a hurto las damiselas, y él, +también como a hurto, las desdeñaba; pero, viéndose apretar de requiebros, +alzó la voz y dijo: + +— Fugite, partes adversae!: dejadme en mi sosiego, pensamientos mal venidos. +Allá os avenid, señoras, con vuestros deseos, que la que es reina de los +míos, la sin par Dulcinea del Toboso, no consiente que ningunos otros que +los suyos me avasallen y rindan. + +Y, diciendo esto, se sentó en mitad de la sala, en el suelo, molido y +quebrantado de tan bailador ejercicio. Hizo don Antonio que le llevasen en +peso a su lecho, y el primero que asió dél fue Sancho, diciéndole: + +— ¡Nora en tal, señor nuestro amo, lo habéis bailado! ¿Pensáis que todos los +valientes son danzadores y todos los andantes caballeros bailarines? Digo +que si lo pensáis, que estáis engañado; hombre hay que se atreverá a matar +a un gigante antes que hacer una cabriola. Si hubiérades de zapatear, yo +supliera vuestra falta, que zapateo como un girifalte; pero en lo del +danzar, no doy puntada. + +Con estas y otras razones dio que reír Sancho a los del sarao, y dio con su +amo en la cama, arropándole para que sudase la frialdad de su baile. + +Otro día le pareció a don Antonio ser bien hacer la experiencia de la +cabeza encantada, y con don Quijote, Sancho y otros dos amigos, con las dos +señoras que habían molido a don Quijote en el baile, que aquella propia +noche se habían quedado con la mujer de don Antonio, se encerró en la +estancia donde estaba la cabeza. Contóles la propiedad que tenía, +encargóles el secreto y díjoles que aquél era el primero día donde se había +de probar la virtud de la tal cabeza encantada; y si no eran los dos amigos +de don Antonio, ninguna otra persona sabía el busilis del encanto, y aun si +don Antonio no se le hubiera descubierto primero a sus amigos, también +ellos cayeran en la admiración en que los demás cayeron, sin ser posible +otra cosa: con tal traza y tal orden estaba fabricada. + +El primero que se llegó al oído de la cabeza fue el mismo don Antonio, y +díjole en voz sumisa, pero no tanto que de todos no fuese entendida: + +— Dime, cabeza, por la virtud que en ti se encierra: ¿qué pensamientos tengo +yo agora? + +Y la cabeza le respondió, sin mover los labios, con voz clara y distinta, +de modo que fue de todos entendida, esta razón: + +— Yo no juzgo de pensamientos. + +Oyendo lo cual, todos quedaron atónitos, y más viendo que en todo el +aposento ni al derredor de la mesa no había persona humana que responder +pudiese. + +— ¿Cuántos estamos aquí? —tornó a preguntar don Antonio. + +Y fuele respondido por el propio tenor, paso: + +— Estáis tú y tu mujer, con dos amigos tuyos, y dos amigas della, y un +caballero famoso llamado don Quijote de la Mancha, y un su escudero que +Sancho Panza tiene por nombre. + +¡Aquí sí que fue el admirarse de nuevo, aquí sí que fue el erizarse los +cabellos a todos de puro espanto! Y, apartándose don Antonio de la cabeza, +dijo: + +— Esto me basta para darme a entender que no fui engañado del que te me +vendió, ¡cabeza sabia, cabeza habladora, cabeza respondona y admirable +cabeza! Llegue otro y pregúntele lo que quisiere. + +Y, como las mujeres de ordinario son presurosas y amigas de saber, la +primera que se llegó fue una de las dos amigas de la mujer de don Antonio, +y lo que le preguntó fue: + +— Dime, cabeza, ¿qué haré yo para ser muy hermosa? + +Y fuele respondido: + +— Sé muy honesta. + +— No te pregunto más —dijo la preguntanta. + +Llegó luego la compañera, y dijo: + +— Querría saber, cabeza, si mi marido me quiere bien, o no. + +Y respondiéronle: + +— Mira las obras que te hace, y echarlo has de ver. + +Apartóse la casada diciendo: + +— Esta respuesta no tenía necesidad de pregunta, porque, en efecto, las +obras que se hacen declaran la voluntad que tiene el que las hace. + +Luego llegó uno de los dos amigos de don Antonio, y preguntóle: + +— ¿Quién soy yo? + +Y fuele respondido: + +— Tú lo sabes. + +— No te pregunto eso —respondió el caballero—, sino que me digas si me +conoces tú. + +— Sí conozco —le respondieron—, que eres don Pedro Noriz. + +— No quiero saber más, pues esto basta para entender, ¡oh cabeza!, que lo +sabes todo. + +Y, apartándose, llegó el otro amigo y preguntóle: + +— Dime, cabeza, ¿qué deseos tiene mi hijo el mayorazgo? + +— Ya yo he dicho —le respondieron— que yo no juzgo de deseos, pero, con todo +eso, te sé decir que los que tu hijo tiene son de enterrarte. + +— Eso es —dijo el caballero—: lo que veo por los ojos, con el dedo lo +señalo. + +Y no preguntó más. Llegóse la mujer de don Antonio, y dijo: + +— Yo no sé, cabeza, qué preguntarte; sólo querría saber de ti si gozaré +muchos años de buen marido. + +Y respondiéronle: + +— Sí gozarás, porque su salud y su templanza en el vivir prometen muchos +años de vida, la cual muchos suelen acortar por su destemplanza. + +Llegóse luego don Quijote, y dijo: + +— Dime tú, el que respondes: ¿fue verdad o fue sueño lo que yo cuento que me +pasó en la cueva de Montesinos? ¿Serán ciertos los azotes de Sancho mi +escudero? ¿Tendrá efeto el desencanto de Dulcinea? + +— A lo de la cueva —respondieron— hay mucho que decir: de todo tiene; los +azotes de Sancho irán de espacio, el desencanto de Dulcinea llegará a +debida ejecución. + +— No quiero saber más —dijo don Quijote—; que como yo vea a Dulcinea +desencantada, haré cuenta que vienen de golpe todas las venturas que +acertare a desear. + +El último preguntante fue Sancho, y lo que preguntó fue: + +— ¿Por ventura, cabeza, tendré otro gobierno? ¿Saldré de la estrecheza de +escudero? ¿Volveré a ver a mi mujer y a mis hijos? + +A lo que le respondieron: + +— Gobernarás en tu casa; y si vuelves a ella, verás a tu mujer y a tus +hijos; y, dejando de servir, dejarás de ser escudero. + +— ¡Bueno, par Dios! —dijo Sancho Panza—. Esto yo me lo dijera: no dijera más +el profeta Perogrullo. + +— Bestia —dijo don Quijote—, ¿qué quieres que te respondan? ¿No basta que +las respuestas que esta cabeza ha dado correspondan a lo que se le +pregunta? + +— Sí basta —respondió Sancho—, pero quisiera yo que se declarara más y me +dijera más. + +Con esto se acabaron las preguntas y las respuestas, pero no se acabó la +admiración en que todos quedaron, excepto los dos amigos de don Antonio, +que el caso sabían. El cual quiso Cide Hamete Benengeli declarar luego, por +no tener suspenso al mundo, creyendo que algún hechicero y extraordinario +misterio en la tal cabeza se encerraba; y así, dice que don Antonio Moreno, +a imitación de otra cabeza que vio en Madrid, fabricada por un estampero, +hizo ésta en su casa, para entretenerse y suspender a los ignorantes; y la +fábrica era de esta suerte: la tabla de la mesa era de palo, pintada y +barnizada como jaspe, y el pie sobre que se sostenía era de lo mesmo, con +cuatro garras de águila que dél salían, para mayor firmeza del peso. La +cabeza, que parecía medalla y figura de emperador romano, y de color de +bronce, estaba toda hueca, y ni más ni menos la tabla de la mesa, en que se +encajaba tan justamente, que ninguna señal de juntura se parecía. El pie de +la tabla era ansimesmo hueco, que respondía a la garganta y pechos de la +cabeza, y todo esto venía a responder a otro aposento que debajo de la +estancia de la cabeza estaba. Por todo este hueco de pie, mesa, garganta y +pechos de la medalla y figura referida se encaminaba un cañón de hoja de +lata, muy justo, que de nadie podía ser visto. En el aposento de abajo +correspondiente al de arriba se ponía el que había de responder, pegada la +boca con el mesmo cañón, de modo que, a modo de cerbatana, iba la voz de +arriba abajo y de abajo arriba, en palabras articuladas y claras; y de esta +manera no era posible conocer el embuste. Un sobrino de don Antonio, +estudiante agudo y discreto, fue el respondiente; el cual, estando avisado +de su señor tío de los que habían de entrar con él en aquel día en el +aposento de la cabeza, le fue fácil responder con presteza y puntualidad a +la primera pregunta; a las demás respondió por conjeturas, y, como +discreto, discretamente. Y dice más Cide Hamete: que hasta diez o doce días +duró esta maravillosa máquina; pero que, divulgándose por la ciudad que don +Antonio tenía en su casa una cabeza encantada, que a cuantos le preguntaban +respondía, temiendo no llegase a los oídos de las despiertas centinelas de +nuestra Fe, habiendo declarado el caso a los señores inquisidores, le +mandaron que lo deshiciese y no pasase más adelante, porque el vulgo +ignorante no se escandalizase; pero en la opinión de don Quijote y de +Sancho Panza, la cabeza quedó por encantada y por respondona, más a +satisfación de don Quijote que de Sancho. + +Los caballeros de la ciudad, por complacer a don Antonio y por agasajar a +don Quijote y dar lugar a que descubriese sus sandeces, ordenaron de correr +sortija de allí a seis días; que no tuvo efecto por la ocasión que se dirá +adelante. Diole gana a don Quijote de pasear la ciudad a la llana y a pie, +temiendo que, si iba a caballo, le habían de perseguir los mochachos, y +así, él y Sancho, con otros dos criados que don Antonio le dio, salieron a +pasearse. + +Sucedió, pues, que, yendo por una calle, alzó los ojos don Quijote, y vio +escrito sobre una puerta, con letras muy grandes: Aquí se imprimen libros; +de lo que se contentó mucho, porque hasta entonces no había visto emprenta +alguna, y deseaba saber cómo fuese. Entró dentro, con todo su +acompañamiento, y vio tirar en una parte, corregir en otra, componer en +ésta, enmendar en aquélla, y, finalmente, toda aquella máquina que en las +emprentas grandes se muestra. Llegábase don Quijote a un cajón y preguntaba +qué era aquéllo que allí se hacía; dábanle cuenta los oficiales, admirábase +y pasaba adelante. Llegó en otras a uno, y preguntóle qué era lo que hacía. +El oficial le respondió: + +— Señor, este caballero que aquí está —y enseñóle a un hombre de muy buen +talle y parecer y de alguna gravedad— ha traducido un libro toscano en +nuestra lengua castellana, y estoyle yo componiendo, para darle a la +estampa. + +— ¿Qué título tiene el libro? —preguntó don Quijote. + +— A lo que el autor respondió: + +— Señor, el libro, en toscano, se llama Le bagatele. + +— Y ¿qué responde le bagatele en nuestro castellano? —preguntó don Quijote. + +— Le bagatele —dijo el autor— es como si en castellano dijésemos los +juguetes; y, aunque este libro es en el nombre humilde, contiene y +encierra en sí cosas muy buenas y sustanciales. + +— Yo —dijo don Quijote— sé algún tanto de el toscano, y me precio de cantar +algunas estancias del Ariosto. Pero dígame vuesa merced, señor mío, y no +digo esto porque quiero examinar el ingenio de vuestra merced, sino por +curiosidad no más: ¿ha hallado en su escritura alguna vez nombrar piñata? + +— Sí, muchas veces —respondió el autor. + +— Y ¿cómo la traduce vuestra merced en castellano? —preguntó don Quijote. + +— ¿Cómo la había de traducir —replicó el autor—, sino diciendo olla? + +— ¡Cuerpo de tal —dijo don Quijote—, y qué adelante está vuesa merced en el +toscano idioma! Yo apostaré una buena apuesta que adonde diga en el toscano +piache, dice vuesa merced en el castellano place; y adonde diga più, dice +más, y el su declara con arriba, y el giù con abajo. + +— Sí declaro, por cierto —dijo el autor—, porque ésas son sus propias +correspondencias. + +— Osaré yo jurar —dijo don Quijote— que no es vuesa merced conocido en el +mundo, enemigo siempre de premiar los floridos ingenios ni los loables +trabajos. ¡Qué de habilidades hay perdidas por ahí! ¡Qué de ingenios +arrinconados! ¡Qué de virtudes menospreciadas! Pero, con todo esto, me +parece que el traducir de una lengua en otra, como no sea de las reinas de +las lenguas, griega y latina, es como quien mira los tapices flamencos por +el revés, que, aunque se veen las figuras, son llenas de hilos que las +escurecen, y no se veen con la lisura y tez de la haz; y el traducir de +lenguas fáciles, ni arguye ingenio ni elocución, como no le arguye el que +traslada ni el que copia un papel de otro papel. Y no por esto quiero +inferir que no sea loable este ejercicio del traducir; porque en otras +cosas peores se podría ocupar el hombre, y que menos provecho le trujesen. +Fuera desta cuenta van los dos famosos traductores: el uno, el doctor +Cristóbal de Figueroa, en su Pastor Fido, y el otro, don Juan de Jáurigui, +en su Aminta, donde felizmente ponen en duda cuál es la tradución o cuál el +original. Pero dígame vuestra merced: este libro, ¿imprímese por su cuenta, +o tiene ya vendido el privilegio a algún librero? + +— Por mi cuenta lo imprimo —respondió el autor—, y pienso ganar mil ducados, +por lo menos, con esta primera impresión, que ha de ser de dos mil cuerpos, +y se han de despachar a seis reales cada uno, en daca las pajas. + +— ¡Bien está vuesa merced en la cuenta! —respondió don Quijote—. Bien parece +que no sabe las entradas y salidas de los impresores, y las +correspondencias que hay de unos a otros; yo le prometo que, cuando se vea +cargado de dos mil cuerpos de libros, vea tan molido su cuerpo, que se +espante, y más si el libro es un poco avieso y no nada picante. + +— Pues, ¿qué? —dijo el autor—. ¿Quiere vuesa merced que se lo dé a un +librero, que me dé por el privilegio tres maravedís, y aún piensa que me +hace merced en dármelos? Yo no imprimo mis libros para alcanzar fama en el +mundo, que ya en él soy conocido por mis obras: provecho quiero, que sin él +no vale un cuatrín la buena fama. + +— Dios le dé a vuesa merced buena manderecha —respondió don Quijote. + +Y pasó adelante a otro cajón, donde vio que estaban corrigiendo un pliego +de un libro que se intitulaba Luz del alma; y,en viéndole, dijo: + +— Estos tales libros, aunque hay muchos deste género, son los que se deben +imprimir, porque son muchos los pecadores que se usan, y son menester +infinitas luces para tantos desalumbrados. + +Pasó adelante y vio que asimesmo estaban corrigiendo otro libro; y, +preguntando su título, le respondieron que se llamaba la Segunda parte del +Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha, compuesta por un tal vecino de +Tordesillas. + +— Ya yo tengo noticia deste libro —dijo don Quijote—, y en verdad y en mi +conciencia que pensé que ya estaba quemado y hecho polvos, por +impertinente; pero su San Martín se le llegará, como a cada puerco, que las +historias fingidas tanto tienen de buenas y de deleitables cuanto se llegan +a la verdad o la semejanza della, y las verdaderas tanto son mejores cuanto +son más verdaderas. + +Y, diciendo esto, con muestras de algún despecho, se salió de la emprenta. +Y aquel mesmo día ordenó don Antonio de llevarle a ver las galeras que en +la playa estaban, de que Sancho se regocijó mucho, a causa que en su vida +las había visto. Avisó don Antonio al cuatralbo de las galeras como aquella +tarde había de llevar a verlas a su huésped el famoso don Quijote de la +Mancha, de quien ya el cuatralbo y todos los vecinos de la ciudad tenían +noticia; y lo que le sucedió en ellas se dirá en el siguiente capítulo. + + + + +Capítulo LXIII. De lo mal que le avino a Sancho Panza con la visita de las +galeras, y la nueva aventura de la hermosa morisca + +Grandes eran los discursos que don Quijote hacía sobre la respuesta de la +encantada cabeza, sin que ninguno dellos diese en el embuste, y todos +paraban con la promesa, que él tuvo por cierto, del desencanto de Dulcinea. +Allí iba y venía, y se alegraba entre sí mismo, creyendo que había de ver +presto su cumplimiento; y Sancho, aunque aborrecía el ser gobernador, como +queda dicho, todavía deseaba volver a mandar y a ser obedecido; que esta +mala ventura trae consigo el mando, aunque sea de burlas. + +En resolución, aquella tarde don Antonio Moreno, su huésped, y sus dos +amigos, con don Quijote y Sancho, fueron a las galeras. El cuatralbo, que +estaba avisado de su buena venida, por ver a los dos tan famosos Quijote y +Sancho, apenas llegaron a la marina, cuando todas las galeras abatieron +tienda, y sonaron las chirimías; arrojaron luego el esquife al agua, +cubierto de ricos tapetes y de almohadas de terciopelo carmesí, y, en +poniendo que puso los pies en él don Quijote, disparó la capitana el cañón +de crujía, y las otras galeras hicieron lo mesmo, y, al subir don Quijote +por la escala derecha, toda la chusma le saludó como es usanza cuando una +persona principal entra en la galera, diciendo: ''¡Hu, hu, hu!'' tres +veces. Diole la mano el general, que con este nombre le llamaremos, que era +un principal caballero valenciano; abrazó a don Quijote, diciéndole: + +— Este día señalaré yo con piedra blanca, por ser uno de los mejores que +pienso llevar en mi vida, habiendo visto al señor don Quijote de la Mancha: +tiempo y señal que nos muestra que en él se encierra y cifra todo el valor +del andante caballería. + +Con otras no menos corteses razones le respondió don Quijote, alegre +sobremanera de verse tratar tan a lo señor. Entraron todos en la popa, que +estaba muy bien aderezada, y sentáronse por los bandines, pasóse el cómitre +en crujía, y dio señal con el pito que la chusma hiciese fuera ropa, que se +hizo en un instante. Sancho, que vio tanta gente en cueros, quedó pasmado, +y más cuando vio hacer tienda con tanta priesa, que a él le pareció que +todos los diablos andaban allí trabajando; pero esto todo fueron tortas y +pan pintado para lo que ahora diré. Estaba Sancho sentado sobre el +estanterol, junto al espalder de la mano derecha, el cual ya avisado de lo +que había de hacer, asió de Sancho, y, levantándole en los brazos, toda la +chusma puesta en pie y alerta, comenzando de la derecha banda, le fue dando +y volteando sobre los brazos de la chusma de banco en banco, con tanta +priesa, que el pobre Sancho perdió la vista de los ojos, y sin duda pensó +que los mismos demonios le llevaban, y no pararon con él hasta volverle por +la siniestra banda y ponerle en la popa. Quedó el pobre molido, y jadeando, +y trasudando, sin poder imaginar qué fue lo que sucedido le había. + +Don Quijote, que vio el vuelo sin alas de Sancho, preguntó al general si +eran ceremonias aquéllas que se usaban con los primeros que entraban en las +galeras; porque si acaso lo fuese, él, que no tenía intención de profesar +en ellas, no quería hacer semejantes ejercicios, y que votaba a Dios que, +si alguno llegaba a asirle para voltearle, que le había de sacar el alma a +puntillazos; y, diciendo esto, se levantó en pie y empuñó la espada. + +A este instante abatieron tienda, y con grandísimo ruido dejaron caer la +entena de alto abajo. Pensó Sancho que el cielo se desencajaba de sus +quicios y venía a dar sobre su cabeza; y, agobiándola, lleno de miedo, la +puso entre las piernas. No las tuvo todas consigo don Quijote; que también +se estremeció y encogió de hombros y perdió la color del rostro. La chusma +izó la entena con la misma priesa y ruido que la habían amainado, y todo +esto, callando, como si no tuvieran voz ni aliento. Hizo señal el cómitre +que zarpasen el ferro, y, saltando en mitad de la crujía con el corbacho o +rebenque, comenzó a mosquear las espaldas de la chusma, y a largarse poco a +poco a la mar. Cuando Sancho vio a una moverse tantos pies colorados, que +tales pensó él que eran los remos, dijo entre sí: + +— Éstas sí son verdaderamente cosas encantadas, y no las que mi amo dice. +¿Qué han hecho estos desdichados, que ansí los azotan, y cómo este hombre +solo, que anda por aquí silbando, tiene atrevimiento para azotar a tanta +gente? Ahora yo digo que éste es infierno, o, por lo menos, el purgatorio. + +Don Quijote, que vio la atención con que Sancho miraba lo que pasaba, le +dijo: + +— ¡Ah Sancho amigo, y con qué brevedad y cuán a poca costa os podíades vos, +si quisiésedes, desnudar de medio cuerpo arriba, y poneros entre estos +señores, y acabar con el desencanto de Dulcinea! Pues con la miseria y pena +de tantos, no sentiríades vos mucho la vuestra; y más, que podría ser que +el sabio Merlín tomase en cuenta cada azote déstos, por ser dados de buena +mano, por diez de los que vos finalmente os habéis de dar. + +Preguntar quería el general qué azotes eran aquéllos, o qué desencanto de +Dulcinea, cuando dijo el marinero: + +— Señal hace Monjuí de que hay bajel de remos en la costa por la banda del +poniente. + +Esto oído, saltó el general en la crujía, y dijo: + +— ¡Ea hijos, no se nos vaya! Algún bergantín de cosarios de Argel debe de +ser éste que la atalaya nos señala. + +Llegáronse luego las otras tres galeras a la capitana, a saber lo que se +les ordenaba. Mandó el general que las dos saliesen a la mar, y él con la +otra iría tierra a tierra, porque ansí el bajel no se les escaparía. Apretó +la chusma los remos, impeliendo las galeras con tanta furia, que parecía +que volaban. Las que salieron a la mar, a obra de dos millas descubrieron +un bajel, que con la vista le marcaron por de hasta catorce o quince +bancos, y así era la verdad; el cual bajel, cuando descubrió las galeras, +se puso en caza, con intención y esperanza de escaparse por su ligereza; +pero avínole mal, porque la galera capitana era de los más ligeros bajeles +que en la mar navegaban, y así le fue entrando, que claramente los del +bergantín conocieron que no podían escaparse; y así, el arráez quisiera que +dejaran los remos y se entregaran, por no irritar a enojo al capitán que +nuestras galeras regía. Pero la suerte, que de otra manera lo guiaba, +ordenó que, ya que la capitana llegaba tan cerca que podían los del bajel +oír las voces que desde ella les decían que se rindiesen, dos toraquís, que +es como decir dos turcos borrachos, que en el bergantín venían con estos +doce, dispararon dos escopetas, con que dieron muerte a dos soldados que +sobre nuestras arrumbadas venían. Viendo lo cual, juró el general de no +dejar con vida a todos cuantos en el bajel tomase, y, llegando a embestir +con toda furia, se le escapó por debajo de la palamenta. Pasó la galera +adelante un buen trecho; los del bajel se vieron perdidos, hicieron vela en +tanto que la galera volvía, y de nuevo, a vela y a remo, se pusieron en +caza; pero no les aprovechó su diligencia tanto como les dañó su +atrevimiento, porque, alcanzándoles la capitana a poco más de media milla, +les echó la palamenta encima y los cogió vivos a todos. + +Llegaron en esto las otras dos galeras, y todas cuatro con la presa +volvieron a la playa, donde infinita gente los estaba esperando, deseosos +de ver lo que traían. Dio fondo el general cerca de tierra, y conoció que +estaba en la marina el virrey de la ciudad. Mandó echar el esquife para +traerle, y mandó amainar la entena para ahorcar luego luego al arráez y a +los demás turcos que en el bajel había cogido, que serían hasta treinta y +seis personas, todos gallardos, y los más, escopeteros turcos. Preguntó el +general quién era el arráez del bergantín y fuele respondido por uno de los +cautivos, en lengua castellana, que después pareció ser renegado español: + +— Este mancebo, señor, que aquí vees es nuestro arráez. + +Y mostróle uno de los más bellos y gallardos mozos que pudiera pintar la +humana imaginación. La edad, al parecer, no llegaba a veinte años. +Preguntóle el general: + +— Dime, mal aconsejado perro, ¿quién te movió a matarme mis soldados, pues +veías ser imposible el escaparte? ¿Ese respeto se guarda a las capitanas? +¿No sabes tú que no es valentía la temeridad? Las esperanzas dudosas han de +hacer a los hombres atrevidos, pero no temerarios. + +Responder quería el arráez; pero no pudo el general, por entonces, oír la +respuesta, por acudir a recebir al virrey, que ya entraba en la galera, con +el cual entraron algunos de sus criados y algunas personas del pueblo. + +— ¡Buena ha estado la caza, señor general! —dijo el virrey. + +— Y tan buena —respondió el general— cual la verá Vuestra Excelencia agora +colgada de esta entena. + +— ¿Cómo ansí? —replicó el virrey. + +— Porque me han muerto —respondió el general—, contra toda ley y contra toda +razón y usanza de guerra, dos soldados de los mejores que en estas galeras +venían, y yo he jurado de ahorcar a cuantos he cautivado, principalmente a +este mozo, que es el arráez del bergantín. + +Y enseñóle al que ya tenía atadas las manos y echado el cordel a la +garganta, esperando la muerte. + +Miróle el virrey, y, viéndole tan hermoso, y tan gallardo, y tan humilde, +dándole en aquel instante una carta de recomendación su hermosura, le vino +deseo de escusar su muerte; y así, le preguntó: + +— Dime, arráez, ¿eres turco de nación, o moro, o renegado? + +A lo cual el mozo respondió, en lengua asimesmo castellana: + +— Ni soy turco de nación, ni moro, ni renegado. + +— Pues, ¿qué eres? —replicó el virrey. + +— Mujer cristiana —respondió el mancebo. + +— ¿Mujer y cristiana, y en tal traje y en tales pasos? Más es cosa para +admirarla que para creerla. + +— Suspended —dijo el mozo—, ¡oh señores!, la ejecución de mi muerte, que no +se perderá mucho en que se dilate vuestra venganza en tanto que yo os +cuente mi vida. + +¿Quién fuera el de corazón tan duro que con estas razones no se ablandara, +o, a lo menos, hasta oír las que el triste y lastimado mancebo decir +quería? El general le dijo que dijese lo que quisiese, pero que no esperase +alcanzar perdón de su conocida culpa. Con esta licencia, el mozo comenzó a +decir desta manera: + +— «De aquella nación más desdichada que prudente, sobre quien ha llovido +estos días un mar de desgracias, nací yo, de moriscos padres engendrada. En +la corriente de su desventura fui yo por dos tíos míos llevada a Berbería, +sin que me aprovechase decir que era cristiana, como, en efecto, lo soy, y +no de las fingidas ni aparentes, sino de las verdaderas y católicas. No me +valió, con los que tenían a cargo nuestro miserable destierro, decir esta +verdad, ni mis tíos quisieron creerla; antes la tuvieron por mentira y por +invención para quedarme en la tierra donde había nacido, y así, por fuerza +más que por grado, me trujeron consigo. Tuve una madre cristiana y un padre +discreto y cristiano, ni más ni menos; mamé la fe católica en la leche; +criéme con buenas costumbres; ni en la lengua ni en ellas jamás, a mi +parecer, di señales de ser morisca. Al par y al paso destas virtudes, que +yo creo que lo son, creció mi hermosura, si es que tengo alguna; y, aunque +mi recato y mi encerramiento fue mucho, no debió de ser tanto que no +tuviese lugar de verme un mancebo caballero, llamado don Gaspar Gregorio, +hijo mayorazgo de un caballero que junto a nuestro lugar otro suyo tiene. +Cómo me vio, cómo nos hablamos, cómo se vio perdido por mí y cómo yo no muy +ganada por él, sería largo de contar, y más en tiempo que estoy temiendo +que, entre la lengua y la garganta, se ha de atravesar el riguroso cordel +que me amenaza; y así, sólo diré cómo en nuestro destierro quiso +acompañarme don Gregorio. Mezclóse con los moriscos que de otros lugares +salieron, porque sabía muy bien la lengua, y en el viaje se hizo amigo de +dos tíos míos que consigo me traían; porque mi padre, prudente y prevenido, +así como oyó el primer bando de nuestro destierro, se salió del lugar y se +fue a buscar alguno en los reinos estraños que nos acogiese. Dejó +encerradas y enterradas, en una parte de quien yo sola tengo noticia, +muchas perlas y piedras de gran valor, con algunos dineros en cruzados y +doblones de oro. Mandóme que no tocase al tesoro que dejaba en ninguna +manera, si acaso antes que él volviese nos desterraban. Hícelo así, y con +mis tíos, como tengo dicho, y otros parientes y allegados pasamos a +Berbería; y el lugar donde hicimos asiento fue en Argel, como si le +hiciéramos en el mismo infierno. Tuvo noticia el rey de mi hermosura, y la +fama se la dio de mis riquezas, que, en parte, fue ventura mía. Llamóme +ante sí, preguntóme de qué parte de España era y qué dineros y qué joyas +traía. Díjele el lugar, y que las joyas y dineros quedaban en él +enterrados, pero que con facilidad se podrían cobrar si yo misma volviese +por ellos. Todo esto le dije, temerosa de que no le cegase mi hermosura, +sino su codicia. Estando conmigo en estas pláticas, le llegaron a decir +cómo venía conmigo uno de los más gallardos y hermosos mancebos que se +podía imaginar. Luego entendí que lo decían por don Gaspar Gregorio, cuya +belleza se deja atrás las mayores que encarecer se pueden. Turbéme, +considerando el peligro que don Gregorio corría, porque entre aquellos +bárbaros turcos en más se tiene y estima un mochacho o mancebo hermoso que +una mujer, por bellísima que sea. Mandó luego el rey que se le trujesen +allí delante para verle, y preguntóme si era verdad lo que de aquel mozo le +decían. Entonces yo, casi como prevenida del cielo, le dije que sí era; +pero que le hacía saber que no era varón, sino mujer como yo, y que le +suplicaba me la dejase ir a vestir en su natural traje, para que de todo en +todo mostrase su belleza y con menos empacho pareciese ante su presencia. +Díjome que fuese en buena hora, y que otro día hablaríamos en el modo que +se podía tener para que yo volviese a España a sacar el escondido tesoro. +Hablé con don Gaspar, contéle el peligro que corría el mostrar ser hombre; +vestíle de mora, y aquella mesma tarde le truje a la presencia del rey, el +cual, en viéndole, quedó admirado y hizo disignio de guardarla para hacer +presente della al Gran Señor; y, por huir del peligro que en el serrallo de +sus mujeres podía tener y temer de sí mismo, la mandó poner en casa de unas +principales moras que la guardasen y la sirviesen, adonde le llevaron +luego. Lo que los dos sentimos (que no puedo negar que no le quiero) se +deje a la consideración de los que se apartan si bien se quieren. Dio luego +traza el rey de que yo volviese a España en este bergantín y que me +acompañasen dos turcos de nación, que fueron los que mataron vuestros +soldados. Vino también conmigo este renegado español —señalando al que +había hablado primero—, del cual sé yo bien que es cristiano encubierto y +que viene con más deseo de quedarse en España que de volver a Berbería; la +demás chusma del bergantín son moros y turcos, que no sirven de más que de +bogar al remo. Los dos turcos, codiciosos e insolentes, sin guardar el +orden que traíamos de que a mí y a este renegado en la primer parte de +España, en hábito de cristianos, de que venimos proveídos, nos echasen en +tierra, primero quisieron barrer esta costa y hacer alguna presa, si +pudiesen, temiendo que si primero nos echaban en tierra, por algún acidente +que a los dos nos sucediese, podríamos descubrir que quedaba el bergantín +en la mar, y si acaso hubiese galeras por esta costa, los tomasen. Anoche +descubrimos esta playa, y, sin tener noticia destas cuatro galeras, +fuimos descubiertos, y nos ha sucedido lo que habéis visto. En resolución: +don Gregorio queda en hábito de mujer entre mujeres, con manifiesto peligro +de perderse, y yo me veo atadas las manos, esperando, o, por mejor decir, +temiendo perder la vida, que ya me cansa.» Éste es, señores, el fin de mi +lamentable historia, tan verdadera como desdichada; lo que os ruego es que +me dejéis morir como cristiana, pues, como ya he dicho, en ninguna cosa he +sido culpante de la culpa en que los de mi nación han caído. + +Y luego calló, preñados los ojos de tiernas lágrimas, a quien acompañaron +muchas de los que presentes estaban. El virrey, tierno y compasivo, sin +hablarle palabra, se llegó a ella y le quitó con sus manos el cordel que +las hermosas de la mora ligaba. + +En tanto, pues, que la morisca cristiana su peregrina historia trataba, +tuvo clavados los ojos en ella un anciano peregrino que entró en la galera +cuando entró el virrey; y, apenas dio fin a su plática la morisca, cuando +él se arrojó a sus pies, y, abrazado dellos, con interrumpidas palabras de +mil sollozos y suspiros, le dijo: + +— ¡Oh Ana Félix, desdichada hija mía! Yo soy tu padre Ricote, que volvía a +buscarte por no poder vivir sin ti, que eres mi alma. + +A cuyas palabras abrió los ojos Sancho, y alzó la cabeza (que inclinada +tenía, pensando en la desgracia de su paseo), y, mirando al peregrino, +conoció ser el mismo Ricote que topó el día que salió de su gobierno, y +confirmóse que aquélla era su hija, la cual, ya desatada, abrazó a su +padre, mezclando sus lágrimas con las suyas; el cual dijo al general y al +virrey: + +— Ésta, señores, es mi hija, más desdichada en sus sucesos que en su nombre. +Ana Félix se llama, con el sobrenombre de Ricote, famosa tanto por su +hermosura como por mi riqueza. Yo salí de mi patria a buscar en reinos +estraños quien nos albergase y recogiese, y, habiéndole hallado en +Alemania, volví en este hábito de peregrino, en compañía de otros alemanes, +a buscar mi hija y a desenterrar muchas riquezas que dejé escondidas. No +hallé a mi hija; hallé el tesoro, que conmigo traigo, y agora, por el +estraño rodeo que habéis visto, he hallado el tesoro que más me enriquece, +que es a mi querida hija. Si nuestra poca culpa y sus lágrimas y las mías, +por la integridad de vuestra justicia, pueden abrir puertas a la +misericordia, usadla con nosotros, que jamás tuvimos pensamiento de +ofenderos, ni convenimos en ningún modo con la intención de los nuestros, +que justamente han sido desterrados. + +Entonces dijo Sancho: + +— Bien conozco a Ricote, y sé que es verdad lo que dice en cuanto a ser Ana +Félix su hija; que en esotras zarandajas de ir y venir, tener buena o mala +intención, no me entremeto. + +Admirados del estraño caso todos los presentes, el general dijo: + +— Una por una vuestras lágrimas no me dejarán cumplir mi juramento: vivid, +hermosa Ana Félix, los años de vida que os tiene determinados el cielo, y +lleven la pena de su culpa los insolentes y atrevidos que la cometieron. + +Y mandó luego ahorcar de la entena a los dos turcos que a sus dos soldados +habían muerto; pero el virrey le pidió encarecidamente no los ahorcase, +pues más locura que valentía había sido la suya. Hizo el general lo que el +virrey le pedía, porque no se ejecutan bien las venganzas a sangre helada. +Procuraron luego dar traza de sacar a don Gaspar Gregorio del peligro en +que quedaba. Ofreció Ricote para ello más de dos mil ducados que en perlas +y en joyas tenía. Diéronse muchos medios, pero ninguno fue tal como el que +dio el renegado español que se ha dicho, el cual se ofreció de volver a +Argel en algún barco pequeño, de hasta seis bancos, armado de remeros +cristianos, porque él sabía dónde, cómo y cuándo podía y debía desembarcar, +y asimismo no ignoraba la casa donde don Gaspar quedaba. Dudaron el general +y el virrey el fiarse del renegado, ni confiar de los cristianos que habían +de bogar el remo; fióle Ana Félix, y Ricote, su padre, dijo que salía a dar +el rescate de los cristianos, si acaso se perdiesen. + +Firmados, pues, en este parecer, se desembarcó el virrey, y don Antonio +Moreno se llevó consigo a la morisca y a su padre, encargándole el virrey +que los regalase y acariciase cuanto le fuese posible; que de su parte le +ofrecía lo que en su casa hubiese para su regalo. Tanta fue la benevolencia +y caridad que la hermosura de Ana Félix infundió en su pecho. + + + + +Capítulo LXIV. Que trata de la aventura que más pesadumbre dio a don +Quijote de cuantas hasta entonces le habían sucedido + +La mujer de don Antonio Moreno cuenta la historia que recibió grandísimo +contento de ver a Ana Félix en su casa. Recibióla con mucho agrado, así +enamorada de su belleza como de su discreción, porque en lo uno y en lo +otro era estremada la morisca, y toda la gente de la ciudad, como a campana +tañida, venían a verla. + +Dijo don Quijote a don Antonio que el parecer que habían tomado en la +libertad de don Gregorio no era bueno, porque tenía más de peligroso que de +conveniente, y que sería mejor que le pusiesen a él en Berbería con sus +armas y caballo; que él le sacaría a pesar de toda la morisma, como había +hecho don Gaiferos a su esposa Melisendra. + +— Advierta vuesa merced —dijo Sancho, oyendo esto— que el señor don Gaiferos +sacó a sus esposa de tierra firme y la llevó a Francia por tierra firme; +pero aquí, si acaso sacamos a don Gregorio, no tenemos por dónde traerle a +España, pues está la mar en medio. + +— Para todo hay remedio, si no es para la muerte —respondió don Quijote—; +pues, llegando el barco a la marina, nos podremos embarcar en él, aunque +todo el mundo lo impida. + +— Muy bien lo pinta y facilita vuestra merced —dijo Sancho—, pero del dicho +al hecho hay gran trecho, y yo me atengo al renegado, que me parece muy +hombre de bien y de muy buenas entrañas. + +Don Antonio dijo que si el renegado no saliese bien del caso, se tomaría el +espediente de que el gran don Quijote pasase en Berbería. + +De allí a dos días partió el renegado en un ligero barco de seis remos por +banda, armado de valentísima chusma; y de allí a otros dos se partieron las +galeras a Levante, habiendo pedido el general al visorrey fuese servido de +avisarle de lo que sucediese en la libertad de don Gregorio y en el caso de +Ana Félix; quedó el visorrey de hacerlo así como se lo pedía. + +Y una mañana, saliendo don Quijote a pasearse por la playa armado de todas +sus armas, porque, como muchas veces decía, ellas eran sus arreos, y su +descanso el pelear, y no se hallaba sin ellas un punto, vio venir hacía él +un caballero, armado asimismo de punta en blanco, que en el escudo traía +pintada una luna resplandeciente; el cual, llegándose a trecho que podía +ser oído, en altas voces, encaminando sus razones a don Quijote, dijo: + +— Insigne caballero y jamás como se debe alabado don Quijote de la Mancha, +yo soy el Caballero de la Blanca Luna, cuyas inauditas hazañas quizá te le +habrán traído a la memoria. Vengo a contender contigo y a probar la fuerza +de tus brazos, en razón de hacerte conocer y confesar que mi dama, sea +quien fuere, es sin comparación más hermosa que tu Dulcinea del Toboso; la +cual verdad si tú la confiesas de llano en llano, escusarás tu muerte y el +trabajo que yo he de tomar en dártela; y si tú peleares y yo te venciere, +no quiero otra satisfación sino que, dejando las armas y absteniéndote de +buscar aventuras, te recojas y retires a tu lugar por tiempo de un año, +donde has de vivir sin echar mano a la espada, en paz tranquila y en +provechoso sosiego, porque así conviene al aumento de tu hacienda y a la +salvación de tu alma; y si tú me vencieres, quedará a tu discreción mi +cabeza, y serán tuyos los despojos de mis armas y caballo, y pasará a la +tuya la fama de mis hazañas. Mira lo que te está mejor, y respóndeme luego, +porque hoy todo el día traigo de término para despachar este negocio. + +Don Quijote quedó suspenso y atónito, así de la arrogancia del Caballero de +la Blanca Luna como de la causa por que le desafiaba; y con reposo y ademán +severo le respondió: + +— Caballero de la Blanca Luna, cuyas hazañas hasta agora no han llegado a mi +noticia, yo osaré jurar que jamás habéis visto a la ilustre Dulcinea; que +si visto la hubiérades, yo sé que procurárades no poneros en esta demanda, +porque su vista os desengañara de que no ha habido ni puede haber belleza +que con la suya comparar se pueda; y así, no diciéndoos que mentís, sino +que no acertáis en lo propuesto, con las condiciones que habéis referido, +aceto vuestro desafío, y luego, porque no se pase el día que traéis +determinado; y sólo exceto de las condiciones la de que se pase a mí la +fama de vuestras hazañas, porque no sé cuáles ni qué tales sean: con las +mías me contento, tales cuales ellas son. Tomad, pues, la parte del campo +que quisiéredes, que yo haré lo mesmo, y a quien Dios se la diere, San +Pedro se la bendiga. + +Habían descubierto de la ciudad al Caballero de la Blanca Luna, y díchoselo +al visorrey que estaba hablando con don Quijote de la Mancha. El visorrey, +creyendo sería alguna nueva aventura fabricada por don Antonio Moreno, o +por otro algún caballero de la ciudad, salió luego a la playa con don +Antonio y con otros muchos caballeros que le acompañaban, a tiempo cuando +don Quijote volvía las riendas a Rocinante para tomar del campo lo +necesario. + +Viendo, pues, el visorrey que daban los dos señales de volverse a +encontrar, se puso en medio, preguntándoles qué era la causa que les movía +a hacer tan de improviso batalla. El Caballero de la Blanca Luna respondió +que era precedencia de hermosura, y en breves razones le dijo las mismas +que había dicho a don Quijote, con la acetación de las condiciones del +desafío hechas por entrambas partes. Llegóse el visorrey a don Antonio, y +preguntóle paso si sabía quién era el tal Caballero de la Blanca Luna, o si +era alguna burla que querían hacer a don Quijote. Don Antonio le respondió +que ni sabía quién era, ni si era de burlas ni de veras el tal desafío. +Esta respuesta tuvo perplejo al visorrey en si les dejaría o no pasar +adelante en la batalla; pero, no pudiéndose persuadir a que fuese sino +burla, se apartó diciendo: + +— Señores caballeros, si aquí no hay otro remedio sino confesar o morir, y +el señor don Quijote está en sus trece y vuestra merced el de la Blanca +Luna en sus catorce, a la mano de Dios, y dense. + +Agradeció el de la Blanca Luna con corteses y discretas razones al visorrey +la licencia que se les daba, y don Quijote hizo lo mesmo; el cual, +encomendándose al cielo de todo corazón y a su Dulcinea —como tenía de +costumbre al comenzar de las batallas que se le ofrecían—, tornó a tomar +otro poco más del campo, porque vio que su contrario hacía lo mesmo, y, sin +tocar trompeta ni otro instrumento bélico que les diese señal de arremeter, +volvieron entrambos a un mesmo punto las riendas a sus caballos; y, como +era más ligero el de la Blanca Luna, llegó a don Quijote a dos tercios +andados de la carrera, y allí le encontró con tan poderosa fuerza, sin +tocarle con la lanza (que la levantó, al parecer, de propósito), que dio +con Rocinante y con don Quijote por el suelo una peligrosa caída. Fue luego +sobre él, y, poniéndole la lanza sobre la visera, le dijo: + +— Vencido sois, caballero, y aun muerto, si no confesáis las condiciones de +nuestro desafío. + +Don Quijote, molido y aturdido, sin alzarse la visera, como si hablara +dentro de una tumba, con voz debilitada y enferma, dijo: + +— Dulcinea del Toboso es la más hermosa mujer del mundo, y yo el más +desdichado caballero de la tierra, y no es bien que mi flaqueza defraude +esta verdad. Aprieta, caballero, la lanza, y quítame la vida, pues me has +quitado la honra. + +— Eso no haré yo, por cierto —dijo el de la Blanca Luna—: viva, viva en su +entereza la fama de la hermosura de la señora Dulcinea del Toboso, que sólo +me contento con que el gran don Quijote se retire a su lugar un año, o +hasta el tiempo que por mí le fuere mandado, como concertamos antes de +entrar en esta batalla. + +Todo esto oyeron el visorrey y don Antonio, con otros muchos que allí +estaban, y oyeron asimismo que don Quijote respondió que como no le pidiese +cosa que fuese en perjuicio de Dulcinea, todo lo demás cumpliría como +caballero puntual y verdadero. + +Hecha esta confesión, volvió las riendas el de la Blanca Luna, y, haciendo +mesura con la cabeza al visorrey, a medio galope se entró en la ciudad. + +Mandó el visorrey a don Antonio que fuese tras él, y que en todas maneras +supiese quién era. Levantaron a don Quijote, descubriéronle el rostro y +halláronle sin color y trasudando. Rocinante, de puro malparado, no se pudo +mover por entonces. Sancho, todo triste, todo apesarado, no sabía qué +decirse ni qué hacerse: parecíale que todo aquel suceso pasaba en sueños y +que toda aquella máquina era cosa de encantamento. Veía a su señor rendido +y obligado a no tomar armas en un año; imaginaba la luz de la gloria de sus +hazañas escurecida, las esperanzas de sus nuevas promesas deshechas, como +se deshace el humo con el viento. Temía si quedaría o no contrecho +Rocinante, o deslocado su amo; que no fuera poca ventura si deslocado +quedara. Finalmente, con una silla de manos, que mandó traer el visorrey, +le llevaron a la ciudad, y el visorrey se volvió también a ella, con deseo +de saber quién fuese el Caballero de la Blanca Luna, que de tan mal talante +había dejado a don Quijote. + + + + +Capítulo LXV. Donde se da noticia quién era el de la Blanca Luna, con la +libertad de Don Gregorio, y de otros sucesos + +Siguió don Antonio Moreno al Caballero de la Blanca Luna, y siguiéronle +también, y aun persiguiéronle, muchos muchachos, hasta que le cerraron en +un mesón dentro de la ciudad. Entró el don Antonio con deseo de conocerle; +salió un escudero a recebirle y a desarmarle; encerróse en una sala baja, y +con él don Antonio, que no se le cocía el pan hasta saber quién fuese. +Viendo, pues, el de la Blanca Luna que aquel caballero no le dejaba, le +dijo: + +— Bien sé, señor, a lo que venís, que es a saber quién soy; y, porque no hay +para qué negároslo, en tanto que este mi criado me desarma os lo diré, sin +faltar un punto a la verdad del caso. Sabed, señor, que a mí me llaman el +bachiller Sansón Carrasco; soy del mesmo lugar de don Quijote de la Mancha, +cuya locura y sandez mueve a que le tengamos lástima todos cuantos le +conocemos, y entre los que más se la han tenido he sido yo; y, creyendo que +está su salud en su reposo y en que se esté en su tierra y en su casa, di +traza para hacerle estar en ella; y así, habrá tres meses que le salí al +camino como caballero andante, llamándome el Caballero de los Espejos, con +intención de pelear con él y vencerle, sin hacerle daño, poniendo por +condición de nuestra pelea que el vencido quedase a discreción del +vencedor; y lo que yo pensaba pedirle, porque ya le juzgaba por vencido, +era que se volviese a su lugar y que no saliese dél en todo un año, en el +cual tiempo podría ser curado; pero la suerte lo ordenó de otra manera, +porque él me venció a mí y me derribó del caballo, y así, no tuvo efecto mi +pensamiento: él prosiguió su camino, y yo me volví, vencido, corrido y +molido de la caída, que fue además peligrosa; pero no por esto se me quitó +el deseo de volver a buscarle y a vencerle, como hoy se ha visto. Y como él +es tan puntual en guardar las órdenes de la andante caballería, sin duda +alguna guardará la que le he dado, en cumplimiento de su palabra. Esto es, +señor, lo que pasa, sin que tenga que deciros otra cosa alguna; suplícoos +no me descubráis ni le digáis a don Quijote quién soy, porque tengan efecto +los buenos pensamientos míos y vuelva a cobrar su juicio un hombre que le +tiene bonísimo, como le dejen las sandeces de la caballería. + +— ¡Oh señor —dijo don Antonio—, Dios os perdone el agravio que habéis hecho +a todo el mundo en querer volver cuerdo al más gracioso loco que hay en él! +¿No veis, señor, que no podrá llegar el provecho que cause la cordura de +don Quijote a lo que llega el gusto que da con sus desvaríos? Pero yo +imagino que toda la industria del señor bachiller no ha de ser parte para +volver cuerdo a un hombre tan rematadamente loco; y si no fuese contra +caridad, diría que nunca sane don Quijote, porque con su salud, no +solamente perdemos sus gracias, sino las de Sancho Panza, su escudero, que +cualquiera dellas puede volver a alegrar a la misma melancolía. Con todo +esto, callaré, y no le diré nada, por ver si salgo verdadero en sospechar +que no ha de tener efecto la diligencia hecha por el señor Carrasco. + +El cual respondió que ya una por una estaba en buen punto aquel negocio, de +quien esperaba feliz suceso. Y, habiéndose ofrecido don Antonio de hacer lo +que más le mandase, se despidió dél; y, hecho liar sus armas sobre un +macho, luego al mismo punto, sobre el caballo con que entró en la batalla, +se salió de la ciudad aquel mismo día y se volvió a su patria, sin +sucederle cosa que obligue a contarla en esta verdadera historia. + +Contó don Antonio al visorrey todo lo que Carrasco le había contado, de lo +que el visorrey no recibió mucho gusto, porque en el recogimiento de don +Quijote se perdía el que podían tener todos aquellos que de sus locuras +tuviesen noticia. + +Seis días estuvo don Quijote en el lecho, marrido, triste, pensativo y mal +acondicionado, yendo y viniendo con la imaginación en el desdichado suceso +de su vencimiento. Consolábale Sancho, y, entre otras razones, le dijo: + +— Señor mío, alce vuestra merced la cabeza y alégrese, si puede, y dé +gracias al cielo que, ya que le derribó en la tierra, no salió con alguna +costilla quebrada; y, pues sabe que donde las dan las toman, y que no +siempre hay tocinos donde hay estacas, dé una higa al médico, pues no le ha +menester para que le cure en esta enfermedad: volvámonos a nuestra casa y +dejémonos de andar buscando aventuras por tierras y lugares que no sabemos; +y, si bien se considera, yo soy aquí el más perdidoso, aunque es vuestra +merced el más mal parado. Yo, que dejé con el gobierno los deseos de ser +más gobernador, no dejé la gana de ser conde, que jamás tendrá efecto si +vuesa merced deja de ser rey, dejando el ejercicio de su caballería; y así, +vienen a volverse en humo mis esperanzas. + +— Calla, Sancho, pues ves que mi reclusión y retirada no ha de pasar de un +año; que luego volveré a mis honrados ejercicios, y no me ha de faltar +reino que gane y algún condado que darte. + +— Dios lo oiga —dijo Sancho—, y el pecado sea sordo, que siempre he oído +decir que más vale buena esperanza que ruin posesión. + +En esto estaban cuando entró don Antonio, diciendo con muestras de +grandísimo contento: + +— ¡Albricias, señor don Quijote, que don Gregorio y el renegado que fue por +él está en la playa! ¿Qué digo en la playa? Ya está en casa del visorrey, y +será aquí al momento. + +Alegróse algún tanto don Quijote, y dijo: + +— En verdad que estoy por decir que me holgara que hubiera sucedido todo al +revés, porque me obligara a pasar en Berbería, donde con la fuerza de mi +brazo diera libertad no sólo a don Gregorio, sino a cuantos cristianos +cautivos hay en Berbería. Pero, ¿qué digo, miserable? ¿No soy yo el +vencido? ¿No soy yo el derribado? ¿No soy yo el que no puede tomar arma en +un año? Pues, ¿qué prometo? ¿De qué me alabo, si antes me conviene usar de +la rueca que de la espada? + +— Déjese deso, señor —dijo Sancho—: viva la gallina, aunque con su pepita, +que hoy por ti y mañana por mí; y en estas cosas de encuentros y porrazos +no hay tomarles tiento alguno, pues el que hoy cae puede levantarse +mañana, si no es que se quiere estar en la cama; quiero decir que se deje +desmayar, sin cobrar nuevos bríos para nuevas pendencias. Y levántese +vuestra merced agora para recebir a don Gregorio, que me parece que anda la +gente alborotada, y ya debe de estar en casa. + +Y así era la verdad; porque, habiendo ya dado cuenta don Gregorio y el +renegado al visorrey de su ida y vuelta, deseoso don Gregorio de ver a Ana +Félix, vino con el renegado a casa de don Antonio; y, aunque don Gregorio, +cuando le sacaron de Argel, fue con hábitos de mujer, en el barco los trocó +por los de un cautivo que salió consigo; pero en cualquiera que viniera, +mostrara ser persona para ser codiciada, servida y estimada, porque era +hermoso sobremanera, y la edad, al parecer, de diez y siete o diez y ocho +años. Ricote y su hija salieron a recebirle: el padre con lágrimas y la +hija con honestidad. No se abrazaron unos a otros, porque donde hay mucho +amor no suele haber demasiada desenvoltura. Las dos bellezas juntas de don +Gregorio y Ana Félix admiraron en particular a todos juntos los que +presentes estaban. El silencio fue allí el que habló por los dos amantes, y +los ojos fueron las lenguas que descubrieron sus alegres y honestos +pensamientos. + +Contó el renegado la industria y medio que tuvo para sacar a don Gregorio; +contó don Gregorio los peligros y aprietos en que se había visto con las +mujeres con quien había quedado, no con largo razonamiento, sino con breves +palabras, donde mostró que su discreción se adelantaba a sus años. +Finalmente, Ricote pagó y satisfizo liberalmente así al renegado como a los +que habían bogado al remo. Reincorporóse y redújose el renegado con la +Iglesia, y, de miembro podrido, volvió limpio y sano con la penitencia y el +arrepentimiento. + +De allí a dos días trató el visorrey con don Antonio qué modo tendrían para +que Ana Félix y su padre quedasen en España, pareciéndoles no ser de +inconveniente alguno que quedasen en ella hija tan cristiana y padre, al +parecer, tan bien intencionado. Don Antonio se ofreció venir a la corte a +negociarlo, donde había de venir forzosamente a otros negocios, dando a +entender que en ella, por medio del favor y de las dádivas, muchas cosas +dificultosas se acaban. + +— No —dijo Ricote, que se halló presente a esta plática— hay que esperar en +favores ni en dádivas, porque con el gran don Bernardino de Velasco, conde +de Salazar, a quien dio Su Majestad cargo de nuestra expulsión, no valen +ruegos, no promesas, no dádivas, no lástimas; porque, aunque es verdad que +él mezcla la misericordia con la justicia, como él vee que todo el cuerpo +de nuestra nación está contaminado y podrido, usa con él antes del cauterio +que abrasa que del ungüento que molifica; y así, con prudencia, con +sagacidad, con diligencia y con miedos que pone, ha llevado sobre sus +fuertes hombros a debida ejecución el peso desta gran máquina, sin que +nuestras industrias, estratagemas, solicitudes y fraudes hayan podido +deslumbrar sus ojos de Argos, que contino tiene alerta, porque no se le +quede ni encubra ninguno de los nuestros, que, como raíz escondida, que con +el tiempo venga después a brotar, y a echar frutos venenosos en España, ya +limpia, ya desembarazada de los temores en que nuestra muchedumbre la +tenía. ¡Heroica resolución del gran Filipo Tercero, y inaudita prudencia en +haberla encargado al tal don Bernardino de Velasco! + +— Una por una, yo haré, puesto allá, las diligencias posibles, y haga el +cielo lo que más fuere servido —dijo don Antonio—. Don Gregorio se irá +conmigo a consolar la pena que sus padres deben tener por su ausencia; Ana +Félix se quedará con mi mujer en mi casa, o en un monasterio, y yo sé que +el señor visorrey gustará se quede en la suya el buen Ricote, hasta ver +cómo yo negocio. + +El visorrey consintió en todo lo propuesto, pero don Gregorio, sabiendo lo +que pasaba, dijo que en ninguna manera podía ni quería dejar a doña Ana +Félix; pero, teniendo intención de ver a sus padres, y de dar traza de +volver por ella, vino en el decretado concierto. Quedóse Ana Félix con la +mujer de don Antonio, y Ricote en casa del visorrey. + +Llegóse el día de la partida de don Antonio, y el de don Quijote y Sancho, +que fue de allí a otros dos; que la caída no le concedió que más presto se +pusiese en camino. Hubo lágrimas, hubo suspiros, desmayos y sollozos al +despedirse don Gregorio de Ana Félix. Ofrecióle Ricote a don Gregorio mil +escudos, si los quería; pero él no tomó ninguno, sino solos cinco que le +prestó don Antonio, prometiendo la paga dellos en la corte. Con esto, se +partieron los dos, y don Quijote y Sancho después, como se ha dicho: don +Quijote desarmado y de camino, Sancho a pie, por ir el rucio cargado con +las armas. + + + + +Capítulo LXVI. Que trata de lo que verá el que lo leyere, o lo oirá el que +lo escuchare leer + +Al salir de Barcelona, volvió don Quijote a mirar el sitio donde había +caído, y dijo: + +— ¡Aquí fue Troya! ¡Aquí mi desdicha, y no mi cobardía, se llevó mis +alcanzadas glorias; aquí usó la fortuna conmigo de sus vueltas y revueltas; +aquí se escurecieron mis hazañas; aquí, finalmente, cayó mi ventura para +jamás levantarse! + +Oyendo lo cual Sancho, dijo: + +— Tan de valientes corazones es, señor mío, tener sufrimiento en las +desgracias como alegría en las prosperidades; y esto lo juzgo por mí mismo, +que si cuando era gobernador estaba alegre, agora que soy escudero de a +pie, no estoy triste; porque he oído decir que esta que llaman por ahí +Fortuna es una mujer borracha y antojadiza, y, sobre todo, ciega, y así, no +vee lo que hace, ni sabe a quién derriba, ni a quién ensalza. + +— Muy filósofo estás, Sancho —respondió don Quijote—, muy a lo discreto +hablas: no sé quién te lo enseña. Lo que te sé decir es que no hay fortuna +en el mundo, ni las cosas que en él suceden, buenas o malas que sean, +vienen acaso, sino por particular providencia de los cielos, y de aquí +viene lo que suele decirse: que cada uno es artífice de su ventura. Yo lo +he sido de la mía, pero no con la prudencia necesaria, y así, me han salido +al gallarín mis presunciones; pues debiera pensar que al poderoso grandor +del caballo del de la Blanca Luna no podía resistir la flaqueza de +Rocinante. Atrevíme en fin, hice lo que puede, derribáronme, y, aunque +perdí la honra, no perdí, ni puedo perder, la virtud de cumplir mi palabra. +Cuando era caballero andante, atrevido y valiente, con mis obras y con mis +manos acreditaba mis hechos; y agora, cuando soy escudero pedestre, +acreditaré mis palabras cumpliendo la que di de mi promesa. Camina, pues, +amigo Sancho, y vamos a tener en nuestra tierra el año del noviciado, con +cuyo encerramiento cobraremos virtud nueva para volver al nunca de mí +olvidado ejercicio de las armas. + +— Señor —respondió Sancho—, no es cosa tan gustosa el caminar a pie, que me +mueva e incite a hacer grandes jornadas. Dejemos estas armas colgadas de +algún árbol, en lugar de un ahorcado, y, ocupando yo las espaldas del +rucio, levantados los pies del suelo, haremos las jornadas como vuestra +merced las pidiere y midiere; que pensar que tengo de caminar a pie y +hacerlas grandes es pensar en lo escusado. + +— Bien has dicho, Sancho —respondió don Quijote—: cuélguense mis armas por +trofeo, y al pie dellas, o alrededor dellas, grabaremos en los árboles lo +que en el trofeo de las armas de Roldán estaba escrito: + +Nadie las mueva + +que estar no pueda con Roldán a prueba. + +— Todo eso me parece de perlas —respondió Sancho—; y, si no fuera por la +falta que para el camino nos había de hacer Rocinante, también fuera bien +dejarle colgado. + +— ¡Pues ni él ni las armas —replicó don Quijote— quiero que se ahorquen, +porque no se diga que a buen servicio, mal galardón! + +— Muy bien dice vuestra merced —respondió Sancho—, porque, según opinión de +discretos, la culpa del asno no se ha de echar a la albarda; y, pues deste +suceso vuestra merced tiene la culpa, castíguese a sí mesmo, y no revienten +sus iras por las ya rotas y sangrientas armas, ni por las mansedumbres de +Rocinante, ni por la blandura de mis pies, queriendo que caminen más de lo +justo. + +En estas razones y pláticas se les pasó todo aquel día, y aun otros cuatro, +sin sucederles cosa que estorbase su camino; y al quinto día, a la entrada +de un lugar, hallaron a la puerta de un mesón mucha gente, que, por ser +fiesta, se estaba allí solazando. Cuando llegaba a ellos don Quijote, un +labrador alzó la voz diciendo: + +— Alguno destos dos señores que aquí vienen, que no conocen las partes, dirá +lo que se ha de hacer en nuestra apuesta. + +— Sí diré, por cierto —respondió don Quijote—, con toda rectitud, si es que +alcanzo a entenderla. + +— «Es, pues, el caso —dijo el labrador—, señor bueno, que un vecino deste +lugar, tan gordo que pesa once arrobas, desafió a correr a otro su vecino, +que no pesa más que cinco. Fue la condición que habían de correr una +carrera de cien pasos con pesos iguales; y, habiéndole preguntado al +desafiador cómo se había de igualar el peso, dijo que el desafiado, que +pesa cinco arrobas, se pusiese seis de hierro a cuestas, y así se +igualarían las once arrobas del flaco con las once del gordo.» + +— Eso no —dijo a esta sazón Sancho, antes que don Quijote respondiese—. Y a +mí, que ha pocos días que salí de ser gobernador y juez, como todo el mundo +sabe, toca averiguar estas dudas y dar parecer en todo pleito. + +— Responde en buen hora —dijo don Quijote—, Sancho amigo, que yo no estoy +para dar migas a un gato, según traigo alborotado y trastornado el juicio. + +Con esta licencia, dijo Sancho a los labradores, que estaban muchos +alrededor dél la boca abierta, esperando la sentencia de la suya: + +— Hermanos, lo que el gordo pide no lleva camino, ni tiene sombra de +justicia alguna; porque si es verdad lo que se dice, que el desafiado puede +escoger las armas, no es bien que éste las escoja tales que le impidan ni +estorben el salir vencedor; y así, es mi parecer que el gordo desafiador se +escamonde, monde, entresaque, pula y atilde, y saque seis arrobas de sus +carnes, de aquí o de allí de su cuerpo, como mejor le pareciere y +estuviere; y desta manera, quedando en cinco arrobas de peso, se igualará y +ajustará con las cinco de su contrario, y así podrán correr igualmente. + +— ¡Voto a tal —dijo un labrador que escuchó la sentencia de Sancho— que este +señor ha hablado como un bendito y sentenciado como un canónigo! Pero a +buen seguro que no ha de querer quitarse el gordo una onza de sus carnes, +cuanto más seis arrobas. + +— Lo mejor es que no corran —respondió otro—, porque el flaco no se muela +con el peso, ni el gordo se descarne; y échese la mitad de la apuesta en +vino, y llevemos estos señores a la taberna de lo caro, y sobre mí la capa +cuando llueva. + +— Yo, señores —respondió don Quijote—, os lo agradezco, pero no puedo +detenerme un punto, porque pensamientos y sucesos tristes me hacen parecer +descortés y caminar más que de paso. + +Y así, dando de las espuelas a Rocinante, pasó adelante, dejándolos +admirados de haber visto y notado así su estraña figura como la discreción +de su criado, que por tal juzgaron a Sancho. Y otro de los labradores dijo: + +— Si el criado es tan discreto, ¡cuál debe de ser el amo! Yo apostaré que si +van a estudiar a Salamanca, que a un tris han de venir a ser alcaldes de +corte; que todo es burla, sino estudiar y más estudiar, y tener favor y +ventura; y cuando menos se piensa el hombre, se halla con una vara en la +mano o con una mitra en la cabeza. + +Aquella noche la pasaron amo y mozo en mitad del campo, al cielo raso y +descubierto; y otro día, siguiendo su camino, vieron que hacia ellos venía +un hombre de a pie, con unas alforjas al cuello y una azcona o chuzo en la +mano, propio talle de correo de a pie; el cual, como llegó junto a don +Quijote, adelantó el paso, y medio corriendo llegó a él, y, abrazándole por +el muslo derecho, que no alcanzaba a más, le dijo, con muestras de mucha +alegría: + +— ¡Oh mi señor don Quijote de la Mancha, y qué gran contento ha de llegar al +corazón de mi señor el duque cuando sepa que vuestra merced vuelve a su +castillo, que todavía se está en él con mi señora la duquesa! + +— No os conozco, amigo —respondió don Quijote—, ni sé quién sois, si vos no +me lo decís. + +— Yo, señor don Quijote —respondió el correo—, soy Tosilos, el lacayo del +duque mi señor, que no quise pelear con vuestra merced sobre el casamiento +de la hija de doña Rodríguez. + +— ¡Válame Dios! —dijo don Quijote—. ¿Es posible que sois vos el que los +encantadores mis enemigos transformaron en ese lacayo que decís, por +defraudarme de la honra de aquella batalla? + +— Calle, señor bueno —replicó el cartero—, que no hubo encanto alguno ni +mudanza de rostro ninguna: tan lacayo Tosilos entré en la estacada como +Tosilos lacayo salí della. Yo pensé casarme sin pelear, por haberme +parecido bien la moza, pero sucedióme al revés mi pensamiento, pues, así +como vuestra merced se partió de nuestro castillo, el duque mi señor me +hizo dar cien palos por haber contravenido a las ordenanzas que me tenía +dadas antes de entrar en la batalla, y todo ha parado en que la muchacha es +ya monja, y doña Rodríguez se ha vuelto a Castilla, y yo voy ahora a +Barcelona, a llevar un pliego de cartas al virrey, que le envía mi amo. Si +vuestra merced quiere un traguito, aunque caliente, puro, aquí llevo una +calabaza llena de lo caro, con no sé cuántas rajitas de queso de Tronchón, +que servirán de llamativo y despertador de la sed, si acaso está durmiendo. + +— Quiero el envite —dijo Sancho—, y échese el resto de la cortesía, y +escancie el buen Tosilos, a despecho y pesar de cuantos encantadores hay en +las Indias. + +— En fin —dijo don Quijote—, tú eres, Sancho, el mayor glotón del mundo y el +mayor ignorante de la tierra, pues no te persuades que este correo es +encantado, y este Tosilos contrahecho. Quédate con él y hártate, que yo me +iré adelante poco a poco, esperándote a que vengas. + +Rióse el lacayo, desenvainó su calabaza, desalforjó sus rajas, y, sacando +un panecillo, él y Sancho se sentaron sobre la yerba verde, y en buena paz +compaña despabilaron y dieron fondo con todo el repuesto de las alforjas, +con tan buenos alientos, que lamieron el pliego de las cartas, sólo porque +olía a queso. Dijo Tosilos a Sancho: + +— Sin duda este tu amo, Sancho amigo, debe de ser un loco. + +— ¿Cómo debe? —respondió Sancho—. No debe nada a nadie, que todo lo paga, y +más cuando la moneda es locura. Bien lo veo yo, y bien se lo digo a él; +pero, ¿qué aprovecha? Y más agora que va rematado, porque va vencido del +Caballero de la Blanca Luna. + +Rogóle Tosilos le contase lo que le había sucedido, pero Sancho le +respondió que era descortesía dejar que su amo le esperase; que otro día, +si se encontrasen, habría lugar par ello. Y, levantándose, después de +haberse sacudido el sayo y las migajas de las barbas, antecogió al rucio, +y, diciendo ''a Dios'', dejó a Tosilos y alcanzó a su amo, que a la sombra +de un árbol le estaba esperando. + + + + +Capítulo LXVII. De la resolución que tomó don Quijote de hacerse pastor y +seguir la vida del campo, en tanto que se pasaba el año de su promesa, con +otros sucesos en verdad gustosos y buenos + +Si muchos pensamientos fatigaban a don Quijote antes de ser derribado, +muchos más le fatigaron después de caído. A la sombra del árbol estaba, +como se ha dicho, y allí, como moscas a la miel, le acudían y picaban +pensamientos: unos iban al desencanto de Dulcinea y otros a la vida que +había de hacer en su forzosa retirada. Llegó Sancho y alabóle la liberal +condición del lacayo Tosilos. + +— ¿Es posible —le dijo don Quijote— que todavía, ¡oh Sancho!, pienses que +aquél sea verdadero lacayo? Parece que se te ha ido de las mientes haber +visto a Dulcinea convertida y transformada en labradora, y al Caballero de +los Espejos en el bachiller Carrasco, obras todas de los encantadores que +me persiguen. Pero dime agora: ¿preguntaste a ese Tosilos que dices qué ha +hecho Dios de Altisidora: si ha llorado mi ausencia, o si ha dejado ya en +las manos del olvido los enamorados pensamientos que en mi presencia la +fatigaban? + +— No eran —respondió Sancho— los que yo tenía tales que me diesen lugar a +preguntar boberías. ¡Cuerpo de mí!, señor, ¿está vuestra merced ahora en +términos de inquirir pensamientos ajenos, especialmente amorosos? + +— Mira, Sancho —dijo don Quijote—, mucha diferencia hay de las obras que se +hacen por amor a las que se hacen por agradecimiento. Bien puede ser que un +caballero sea desamorado, pero no puede ser, hablando en todo rigor, que +sea desagradecido. Quísome bien, al parecer, Altisidora; diome los tres +tocadores que sabes, lloró en mi partida, maldíjome, vituperóme, quejóse, a +despecho de la vergüenza, públicamente: señales todas de que me adoraba, +que las iras de los amantes suelen parar en maldiciones. Yo no tuve +esperanzas que darle, ni tesoros que ofrecerle, porque las mías las tengo +entregadas a Dulcinea, y los tesoros de los caballeros andantes son, como +los de los duendes, aparentes y falsos, y sólo puedo darle estos acuerdos +que della tengo, sin perjuicio, pero, de los que tengo de Dulcinea, a quien +tú agravias con la remisión que tienes en azotarte y en castigar esas +carnes, que vea yo comidas de lobos, que quieren guardarse antes para los +gusanos que para el remedio de aquella pobre señora. + +— Señor —respondió Sancho—, si va a decir la verdad, yo no me puedo +persuadir que los azotes de mis posaderas tengan que ver con los +desencantos de los encantados, que es como si dijésemos: "Si os duele la +cabeza, untaos las rodillas". A lo menos, yo osaré jurar que en cuantas +historias vuesa merced ha leído que tratan de la andante caballería no ha +visto algún desencantado por azotes; pero, por sí o por no, yo me los daré, +cuando tenga gana y el tiempo me dé comodidad para castigarme. + +— Dios lo haga —respondió don Quijote—, y los cielos te den gracia para que +caigas en la cuenta y en la obligación que te corre de ayudar a mi señora, +que lo es tuya, pues tú eres mío. + +En estas pláticas iban siguiendo su camino, cuando llegaron al mesmo sitio +y lugar donde fueron atropellados de los toros. Reconocióle don Quijote; +dijo a Sancho: + +— Éste es el prado donde topamos a las bizarras pastoras y gallardos +pastores que en él querían renovar e imitar a la pastoral Arcadia, +pensamiento tan nuevo como discreto, a cuya imitación, si es que a ti te +parece bien, querría, ¡oh Sancho!, que nos convirtiésemos en pastores, +siquiera el tiempo que tengo de estar recogido. Yo compraré algunas ovejas, +y todas las demás cosas que al pastoral ejercicio son necesarias, y +llamándome yo el pastor Quijotiz, y tú el pastor Pancino, nos andaremos por +los montes, por las selvas y por los prados, cantando aquí, endechando +allí, bebiendo de los líquidos cristales de las fuentes, o ya de los +limpios arroyuelos, o de los caudalosos ríos. Daránnos con abundantísima +mano de su dulcísimo fruto las encinas, asiento los troncos de los +durísimos alcornoques, sombra los sauces, olor las rosas, alfombras de mil +colores matizadas los estendidos prados, aliento el aire claro y puro, luz +la luna y las estrellas, a pesar de la escuridad de la noche, gusto el +canto, alegría el lloro, Apolo versos, el amor conceptos, con que podremos +hacernos eternos y famosos, no sólo en los presentes, sino en los venideros +siglos. + +— Pardiez —dijo Sancho—, que me ha cuadrado, y aun esquinado, tal género de +vida; y más, que no la ha de haber aún bien visto el bachiller Sansón +Carrasco y maese Nicolás el barbero, cuando la han de querer seguir, y +hacerse pastores con nosotros; y aun quiera Dios no le venga en voluntad al +cura de entrar también en el aprisco, según es de alegre y amigo de +holgarse. + +— Tú has dicho muy bien —dijo don Quijote—; y podrá llamarse el bachiller +Sansón Carrasco, si entra en el pastoral gremio, como entrará sin duda, el +pastor Sansonino, o ya el pastor Carrascón; el barbero Nicolás se podrá +llamar Miculoso, como ya el antiguo Boscán se llamó Nemoroso; al cura no sé +qué nombre le pongamos, si no es algún derivativo de su nombre, llamándole +el pastor Curiambro. Las pastoras de quien hemos de ser amantes, como entre +peras podremos escoger sus nombres; y, pues el de mi señora cuadra así al +de pastora como al de princesa, no hay para qué cansarme en buscar otro que +mejor le venga; tú, Sancho, pondrás a la tuya el que quisieres. + +— No pienso —respondió Sancho— ponerle otro alguno sino el de Teresona, que +le vendrá bien con su gordura y con el propio que tiene, pues se llama +Teresa; y más, que, celebrándola yo en mis versos, vengo a descubrir mis +castos deseos, pues no ando a buscar pan de trastrigo por las casas ajenas. +El cura no será bien que tenga pastora, por dar buen ejemplo; y si quisiere +el bachiller tenerla, su alma en su palma. + +— ¡Válame Dios —dijo don Quijote—, y qué vida nos hemos de dar, Sancho +amigo! ¡Qué de churumbelas han de llegar a nuestros oídos, qué de gaitas +zamoranas, qué tamborines, y qué de sonajas, y qué de rabeles! Pues, ¡qué +si destas diferencias de músicas resuena la de los albogues! Allí se verá +casi todos los instrumentos pastorales. + +— ¿Qué son albogues —preguntó Sancho—, que ni los he oído nombrar, ni los he +visto en toda mi vida? + +— Albogues son —respondió don Quijote— unas chapas a modo de candeleros de +azófar, que, dando una con otra por lo vacío y hueco, hace un son, si no +muy agradable ni armónico, no descontenta, y viene bien con la rusticidad +de la gaita y del tamborín; y este nombre albogues es morisco, como lo son +todos aquellos que en nuestra lengua castellana comienzan en al, conviene a +saber: almohaza, almorzar, alhombra, alguacil, alhucema, almacén, alcancía, +y otros semejantes, que deben ser pocos más; y solos tres tiene nuestra +lengua que son moriscos y acaban en i, y son: borceguí, zaquizamí y +maravedí. Alhelí y alfaquí, tanto por el al primero como por el i en que +acaban, son conocidos por arábigos. Esto te he dicho, de paso, por +habérmelo reducido a la memoria la ocasión de haber nombrado albogues; y +hanos de ayudar mucho al parecer en perfeción este ejercicio el ser yo +algún tanto poeta, como tú sabes, y el serlo también en estremo el +bachiller Sansón Carrasco. Del cura no digo nada; pero yo apostaré que debe +de tener sus puntas y collares de poeta; y que las tenga también maese +Nicolás, no dudo en ello, porque todos, o los más, son guitarristas y +copleros. Yo me quejaré de ausencia; tú te alabarás de firme enamorado; el +pastor Carrascón, de desdeñado; y el cura Curiambro, de lo que él más puede +servirse, y así, andará la cosa que no haya más que desear. + +A lo que respondió Sancho: + +— Yo soy, señor, tan desgraciado que temo no ha de llegar el día en que en +tal ejercicio me vea. ¡Oh, qué polidas cuchares tengo de hacer cuando +pastor me vea! ¡Qué de migas, qué de natas, qué de guirnaldas y qué de +zarandajas pastoriles, que, puesto que no me granjeen fama de discreto, no +dejarán de granjearme la de ingenioso! Sanchica mi hija nos llevará la +comida al hato. Pero, ¡guarda!, que es de buen parecer, y hay pastores más +maliciosos que simples, y no querría que fuese por lana y volviese +trasquilada; y también suelen andar los amores y los no buenos deseos por +los campos como por las ciudades, y por las pastorales chozas como por los +reales palacios, y, quitada la causa se quita el pecado; y ojos que no +veen, corazón que no quiebra; y más vale salto de mata que ruego de hombres +buenos. + +— No más refranes, Sancho —dijo don Quijote—, pues cualquiera de los que has +dicho basta para dar a entender tu pensamiento; y muchas veces te he +aconsejado que no seas tan pródigo en refranes y que te vayas a la mano en +decirlos; pero paréceme que es predicar en desierto, y "castígame mi madre, +y yo trómpogelas". + +— Paréceme —respondió Sancho— que vuesa merced es como lo que dicen: "Dijo +la sartén a la caldera: Quítate allá ojinegra". Estáme reprehendiendo que +no diga yo refranes, y ensártalos vuesa merced de dos en dos. + +— Mira, Sancho —respondió don Quijote—: yo traigo los refranes a propósito, +y vienen cuando los digo como anillo en el dedo; pero tráeslos tan por los +cabellos, que los arrastras, y no los guías; y si no me acuerdo mal, otra +vez te he dicho que los refranes son sentencias breves, sacadas de la +experiencia y especulación de nuestros antiguos sabios; y el refrán que no +viene a propósito, antes es disparate que sentencia. Pero dejémonos desto, +y, pues ya viene la noche, retirémonos del camino real algún trecho, donde +pasaremos esta noche, y Dios sabe lo que será mañana. + +Retiráronse, cenaron tarde y mal, bien contra la voluntad de Sancho, a +quien se le representaban las estrechezas de la andante caballería usadas +en las selvas y en los montes, si bien tal vez la abundancia se mostraba en +los castillos y casas, así de don Diego de Miranda como en las bodas del +rico Camacho, y de don Antonio Moreno; pero consideraba no ser posible ser +siempre de día ni siempre de noche, y así, pasó aquélla durmiendo, y su amo +velando. + + + + +Capítulo LXVIII. De la cerdosa aventura que le aconteció a don Quijote + +Era la noche algo escura, puesto que la luna estaba en el cielo, pero no en +parte que pudiese ser vista: que tal vez la señora Diana se va a pasear a +los antípodas, y deja los montes negros y los valles escuros. Cumplió don +Quijote con la naturaleza durmiendo el primer sueño, sin dar lugar al +segundo; bien al revés de Sancho, que nunca tuvo segundo, porque le duraba +el sueño desde la noche hasta la mañana, en que se mostraba su buena +complexión y pocos cuidados. Los de don Quijote le desvelaron de manera que +despertó a Sancho y le dijo: + +— Maravillado estoy, Sancho, de la libertad de tu condición: yo imagino que +eres hecho de mármol, o de duro bronce, en quien no cabe movimiento ni +sentimiento alguno. Yo velo cuando tú duermes, yo lloro cuando cantas, yo +me desmayo de ayuno cuanto tú estás perezoso y desalentado de puro harto. +De buenos criados es conllevar las penas de sus señores y sentir sus +sentimientos, por el bien parecer siquiera. Mira la serenidad desta noche, +la soledad en que estamos, que nos convida a entremeter alguna vigilia +entre nuestro sueño. Levántate, por tu vida, y desvíate algún trecho de +aquí, y con buen ánimo y denuedo agradecido date trecientos o cuatrocientos +azotes a buena cuenta de los del desencanto de Dulcinea; y esto rogando te +lo suplico, que no quiero venir contigo a los brazos, como la otra vez, +porque sé que los tienes pesados. Después que te hayas dado, pasaremos lo +que resta de la noche cantando, yo mi ausencia y tú tu firmeza, dando desde +agora principio al ejercicio pastoral que hemos de tener en nuestra aldea. + +— Señor —respondió Sancho—, no soy yo religioso para que desde la mitad de +mi sueño me levante y me dicipline, ni menos me parece que del estremo del +dolor de los azotes se pueda pasar al de la música. Vuesa merced me deje +dormir y no me apriete en lo del azotarme; que me hará hacer juramento de +no tocarme jamás al pelo del sayo, no que al de mis carnes. + +— ¡Oh alma endurecida! ¡Oh escudero sin piedad! ¡Oh pan mal empleado y +mercedes mal consideradas las que te he hecho y pienso de hacerte! Por mí +te has visto gobernador, y por mí te vees con esperanzas propincuas de ser +conde, o tener otro título equivalente, y no tardará el cumplimiento de +ellas más de cuanto tarde en pasar este año; que yo post tenebras spero +lucem. + +— No entiendo eso —replico Sancho—; sólo entiendo que, en tanto que duermo, +ni tengo temor, ni esperanza, ni trabajo ni gloria; y bien haya el que +inventó el sueño, capa que cubre todos los humanos pensamientos, manjar que +quita la hambre, agua que ahuyenta la sed, fuego que calienta el frío, frío +que templa el ardor, y, finalmente, moneda general con que todas las cosas +se compran, balanza y peso que iguala al pastor con el rey y al simple con +el discreto. Sola una cosa tiene mala el sueño, según he oído decir, y es +que se parece a la muerte, pues de un dormido a un muerto hay muy poca +diferencia. + +— Nunca te he oído hablar, Sancho —dijo don Quijote—, tan elegantemente como +ahora, por donde vengo a conocer ser verdad el refrán que tú algunas veces +sueles decir: "No con quien naces, sino con quien paces". + +— ¡Ah, pesia tal —replicó Sancho—, señor nuestro amo! No soy yo ahora el que +ensarta refranes, que también a vuestra merced se le caen de la boca de dos +en dos mejor que a mí, sino que debe de haber entre los míos y los suyos +esta diferencia: que los de vuestra merced vendrán a tiempo y los míos a +deshora; pero, en efecto, todos son refranes. + +En esto estaban, cuando sintieron un sordo estruendo y un áspero ruido, que +por todos aquellos valles se estendía. Levantóse en pie don Quijote y puso +mano a la espada, y Sancho se agazapó debajo del rucio, poniéndose a los +lados el lío de las armas, y la albarda de su jumento, tan temblando de +miedo como alborotado don Quijote. De punto en punto iba creciendo el +ruido, y, llegándose cerca a los dos temerosos; a lo menos, al uno, que al +otro, ya se sabe su valentía. + +Es, pues, el caso que llevaban unos hombres a vender a una feria más de +seiscientos puercos, con los cuales caminaban a aquellas horas, y era tanto +el ruido que llevaban y el gruñir y el bufar, que ensordecieron los oídos +de don Quijote y de Sancho, que no advirtieron lo que ser podía. Llegó de +tropel la estendida y gruñidora piara, y, sin tener respeto a la autoridad +de don Quijote, ni a la de Sancho, pasaron por cima de los dos, deshaciendo +las trincheas de Sancho, y derribando no sólo a don Quijote, sino llevando +por añadidura a Rocinante. El tropel, el gruñir, la presteza con que +llegaron los animales inmundos, puso en confusión y por el suelo a la +albarda, a las armas, al rucio, a Rocinante, a Sancho y a don Quijote. + +Levantóse Sancho como mejor pudo, y pidió a su amo la espada, diciéndole +que quería matar media docena de aquellos señores y descomedidos puercos, +que ya había conocido que lo eran. Don Quijote le dijo: + +— Déjalos estar, amigo, que esta afrenta es pena de mi pecado, y justo +castigo del cielo es que a un caballero andante vencido le coman adivas, y +le piquen avispas y le hollen puercos. + +— También debe de ser castigo del cielo —respondió Sancho— que a los +escuderos de los caballeros vencidos los puncen moscas, los coman piojos y +les embista la hambre. Si los escuderos fuéramos hijos de los caballeros a +quien servimos, o parientes suyos muy cercanos, no fuera mucho que nos +alcanzara la pena de sus culpas hasta la cuarta generación; pero, ¿qué +tienen que ver los Panzas con los Quijotes? Ahora bien: tornémonos a +acomodar y durmamos lo poco que queda de la noche, y amanecerá Dios y +medraremos. + +— Duerme tú, Sancho —respondió don Quijote—, que naciste para dormir; que +yo, que nací para velar, en el tiempo que falta de aquí al día, daré rienda +a mis pensamientos, y los desfogaré en un madrigalete, que, sin que tú lo +sepas, anoche compuse en la memoria. + +— A mí me parece —respondió Sancho— que los pensamientos que dan lugar a +hacer coplas no deben de ser muchos. Vuesa merced coplee cuanto quisiere, +que yo dormiré cuanto pudiere. + +Y luego, tomando en el suelo cuanto quiso, se acurrucó y durmió a sueño +suelto, sin que fianzas, ni deudas, ni dolor alguno se lo estorbase. Don +Quijote, arrimado a un tronco de una haya o de un alcornoque —que Cide +Hamete Benengeli no distingue el árbol que era—, al son de sus mesmos +suspiros, cantó de esta suerte: + +-Amor, cuando yo pienso +en el mal que me das, terrible y fuerte, +voy corriendo a la muerte, +pensando así acabar mi mal inmenso; +mas, en llegando al paso +que es puerto en este mar de mi tormento, +tanta alegría siento, +que la vida se esfuerza y no le paso. +Así el vivir me mata, +que la muerte me torna a dar la vida. +¡Oh condición no oída, +la que conmigo muerte y vida trata! + +Cada verso déstos acompañaba con muchos suspiros y no pocas lágrimas, bien +como aquél cuyo corazón tenía traspasado con el dolor del vencimiento y con +la ausencia de Dulcinea. + +Llegóse en esto el día, dio el sol con sus rayos en los ojos a Sancho, +despertó y esperezóse, sacudiéndose y estirándose los perezosos miembros; +miró el destrozo que habían hecho los puercos en su repostería, y maldijo +la piara y aun más adelante. Finalmente, volvieron los dos a su comenzado +camino, y al declinar de la tarde vieron que hacia ellos venían hasta diez +hombres de a caballo y cuatro o cinco de a pie. Sobresaltóse el corazón +de don Quijote y azoróse el de Sancho, porque la gente que se les llegaba +traía lanzas y adargas y venía muy a punto de guerra. Volvióse don Quijote +a Sancho, y díjole: + +— Si yo pudiera, Sancho, ejercitar mis armas, y mi promesa no me hubiera +atado los brazos, esta máquina que sobre nosotros viene la tuviera yo por +tortas y pan pintado, pero podría ser fuese otra cosa de la que tememos. + +Llegaron, en esto, los de a caballo, y arbolando las lanzas, sin hablar +palabra alguna rodearon a don Quijote y se las pusieron a las espaldas y +pechos, amenazándole de muerte. Uno de los de a pie, puesto un dedo en la +boca, en señal de que callase, asió del freno de Rocinante y le sacó del +camino; y los demás de a pie, antecogiendo a Sancho y al rucio, guardando +todos maravilloso silencio, siguieron los pasos del que llevaba a don +Quijote, el cual dos o tres veces quiso preguntar adónde le llevaban o qué +querían; pero, apenas comenzaba a mover los labios, cuando se los iban a +cerrar con los hierros de las lanzas; y a Sancho le acontecía lo mismo, +porque, apenas daba muestras de hablar, cuando uno de los de a pie, con un +aguijón, le punzaba, y al rucio ni más ni menos como si hablar quisiera. +Cerró la noche, apresuraron el paso, creció en los dos presos el miedo, y +más cuando oyeron que de cuando en cuando les decían: + +— ¡Caminad, trogloditas! + +— ¡Callad, bárbaros! + +— ¡Pagad, antropófagos! + +— ¡No os quejéis, scitas, ni abráis los ojos, Polifemos matadores, leones +carniceros! + +Y otros nombres semejantes a éstos, con que atormentaban los oídos de los +miserables amo y mozo. Sancho iba diciendo entre sí: + +— ¿Nosotros tortolitas? ¿Nosotros barberos ni estropajos? ¿Nosotros +perritas, a quien dicen cita, cita? No me contentan nada estos nombres: a +mal viento va esta parva; todo el mal nos viene junto, como al perro los +palos, y ¡ojalá parase en ellos lo que amenaza esta aventura tan +desventurada! + +Iba don Quijote embelesado, sin poder atinar con cuantos discursos hacía +qué serían aquellos nombres llenos de vituperios que les ponían, de los +cuales sacaba en limpio no esperar ningún bien y temer mucho mal. Llegaron, +en esto, un hora casi de la noche, a un castillo, que bien conoció don +Quijote que era el del duque, donde había poco que habían estado. + +— ¡Váleme Dios! —dijo, así como conoció la estancia— y ¿qué será esto? Sí +que en esta casa todo es cortesía y buen comedimiento, pero para los +vencidos el bien se vuelve en mal y el mal en peor. + +Entraron al patio principal del castillo, y viéronle aderezado y puesto de +manera que les acrecentó la admiración y les dobló el miedo, como se verá +en el siguiente capítulo. + + + + +Capítulo LXIX. Del más raro y más nuevo suceso que en todo el discurso +desta grande historia avino a don Quijote + +Apeáronse los de a caballo, y, junto con los de a pie, tomando en peso y +arrebatadamente a Sancho y a don Quijote, los entraron en el patio, +alrededor del cual ardían casi cien hachas, puestas en sus blandones, y, +por los corredores del patio, más de quinientas luminarias; de modo que, a +pesar de la noche, que se mostraba algo escura, no se echaba de ver la +falta del día. En medio del patio se levantaba un túmulo como dos varas del +suelo, cubierto todo con un grandísimo dosel de terciopelo negro, alrededor +del cual, por sus gradas, ardían velas de cera blanca sobre más de cien +candeleros de plata; encima del cual túmulo se mostraba un cuerpo muerto de +una tan hermosa doncella, que hacía parecer con su hermosura hermosa a la +misma muerte. Tenía la cabeza sobre una almohada de brocado, coronada con +una guirnalda de diversas y odoríferas flores tejida, las manos cruzadas +sobre el pecho, y, entre ellas, un ramo de amarilla y vencedora palma. + +A un lado del patio estaba puesto un teatro, y en dos sillas sentados dos +personajes, que, por tener coronas en la cabeza y ceptros en las manos, +daban señales de ser algunos reyes, ya verdaderos o ya fingidos. Al lado +deste teatro, adonde se subía por algunas gradas, estaban otras dos sillas, +sobre las cuales los que trujeron los presos sentaron a don Quijote y a +Sancho, todo esto callando y dándoles a entender con señales a los dos que +asimismo callasen; pero, sin que se lo señalaran, callaron ellos, porque la +admiración de lo que estaban mirando les tenía atadas las lenguas. + +Subieron, en esto, al teatro, con mucho acompañamiento, dos principales +personajes, que luego fueron conocidos de don Quijote ser el duque y la +duquesa, sus huéspedes, los cuales se sentaron en dos riquísimas sillas, +junto a los dos que parecían reyes. ¿Quién no se había de admirar con esto, +añadiéndose a ello haber conocido don Quijote que el cuerpo muerto que +estaba sobre el túmulo era el de la hermosa Altisidora? + +Al subir el duque y la duquesa en el teatro, se levantaron don Quijote y +Sancho y les hicieron una profunda humillación, y los duques hicieron lo +mesmo, inclinando algún tanto las cabezas. + +Salió, en esto, de través un ministro, y, llegándose a Sancho, le echó una +ropa de bocací negro encima, toda pintada con llamas de fuego, y, +quitándole la caperuza, le puso en la cabeza una coroza, al modo de las que +sacan los penitenciados por el Santo Oficio; y díjole al oído que no +descosiese los labios, porque le echarían una mordaza, o le quitarían la +vida. Mirábase Sancho de arriba abajo, veíase ardiendo en llamas, pero como +no le quemaban, no las estimaba en dos ardites. Quitóse la coroza, viola +pintada de diablos, volviósela a poner, diciendo entre sí: + +— Aún bien, que ni ellas me abrasan ni ellos me llevan. + +Mirábale también don Quijote, y, aunque el temor le tenía suspensos los +sentidos, no dejó de reírse de ver la figura de Sancho. Comenzó, en esto, a +salir, al parecer, debajo del túmulo un son sumiso y agradable de flautas, +que, por no ser impedido de alguna humana voz, porque en aquel sitio el +mesmo silencio guardaba silencio a sí mismo, se mostraba blando y amoroso. +Luego hizo de sí improvisa muestra, junto a la almohada del, al parecer, +cadáver, un hermoso mancebo vestido a lo romano, que, al son de una arpa, +que él mismo tocaba, cantó con suavísima y clara voz estas dos estancias: + +-En tanto que en sí vuelve Altisidora, +muerta por la crueldad de don Quijote, +y en tanto que en la corte encantadora +se vistieren las damas de picote, +y en tanto que a sus dueñas mi señora +vistiere de bayeta y de anascote, +cantaré su belleza y su desgracia, +con mejor plectro que el cantor de Tracia. +Y aun no se me figura que me toca +aqueste oficio solamente en vida; +mas, con la lengua muerta y fría en la boca, +pienso mover la voz a ti debida. +Libre mi alma de su estrecha roca, +por el estigio lago conducida, +celebrándote irá, y aquel sonido +hará parar las aguas del olvido. + +— No más —dijo a esta sazón uno de los dos que parecían reyes—: no más, +cantor divino; que sería proceder en infinito representarnos ahora la +muerte y las gracias de la sin par Altisidora, no muerta, como el mundo +ignorante piensa, sino viva en las lenguas de la Fama, y en la pena que +para volverla a la perdida luz ha de pasar Sancho Panza, que está presente; +y así, ¡oh tú, Radamanto, que conmigo juzgas en las cavernas lóbregas de +Lite!, pues sabes todo aquello que en los inescrutables hados está +determinado acerca de volver en sí esta doncella, dilo y decláralo luego, +porque no se nos dilate el bien que con su nueva vuelta esperamos. + +Apenas hubo dicho esto Minos, juez y compañero de Radamanto, cuando, +levantándose en pie Radamanto, dijo: + +— ¡Ea, ministros de esta casa, altos y bajos, grandes y chicos, acudid unos +tras otros y sellad el rostro de Sancho con veinte y cuatro mamonas, y doce +pellizcos y seis alfilerazos en brazos y lomos, que en esta ceremonia +consiste la salud de Altisidora! + +Oyendo lo cual Sancho Panza, rompió el silencio, y dijo: + +— ¡Voto a tal, así me deje yo sellar el rostro ni manosearme la cara como +volverme moro! ¡Cuerpo de mí! ¿Qué tiene que ver manosearme el rostro con +la resurreción desta doncella? Regostóse la vieja a los bledos. Encantan a +Dulcinea, y azótanme para que se desencante; muérese Altisidora de males +que Dios quiso darle, y hanla de resucitar hacerme a mí veinte y cuatro +mamonas, y acribarme el cuerpo a alfilerazos y acardenalarme los brazos a +pellizcos. ¡Esas burlas, a un cuñado, que yo soy perro viejo, y no hay +conmigo tus, tus! + +— ¡Morirás! —dijo en alta voz Radamanto—. Ablándate, tigre; humíllate, +Nembrot soberbio, y sufre y calla, pues no te piden imposibles. Y no te +metas en averiguar las dificultades deste negocio: mamonado has de ser, +acrebillado te has de ver, pellizcado has de gemir. ¡Ea, digo, ministros, +cumplid mi mandamiento; si no, por la fe de hombre de bien, que habéis de +ver para lo que nacistes! + +Parecieron, en esto, que por el patio venían, hasta seis dueñas en +procesión, una tras otra, las cuatro con antojos, y todas levantadas las +manos derechas en alto, con cuatro dedos de muñecas de fuera, para hacer +las manos más largas, como ahora se usa. No las hubo visto Sancho, cuando, +bramando como un toro, dijo: + +— Bien podré yo dejarme manosear de todo el mundo, pero consentir que me +toquen dueñas, ¡eso no! Gatéenme el rostro, como hicieron a mi amo en este +mesmo castillo; traspásenme el cuerpo con puntas de dagas buidas; +atenácenme los brazos con tenazas de fuego, que yo lo llevaré en paciencia, +o serviré a estos señores; pero que me toquen dueñas no lo consentiré, si +me llevase el diablo. + +Rompió también el silencio don Quijote, diciendo a Sancho: + +— Ten paciencia, hijo, y da gusto a estos señores, y muchas gracias al cielo +por haber puesto tal virtud en tu persona, que con el martirio della +desencantes los encantados y resucites los muertos. + +Ya estaban las dueñas cerca de Sancho, cuando él, más blando y más +persuadido, poniéndose bien en la silla, dio rostro y barba a la primera, +la cual la hizo una mamona muy bien sellada, y luego una gran reverencia. + +— ¡Menos cortesía; menos mudas, señora dueña —dijo Sancho—; que por Dios que +traéis las manos oliendo a vinagrillo! + +Finalmente, todas las dueñas le sellaron, y otra mucha gente de casa le +pellizcaron; pero lo que él no pudo sufrir fue el punzamiento de los +alfileres; y así, se levantó de la silla, al parecer mohíno, y, asiendo de +una hacha encendida que junto a él estaba, dio tras las dueñas, y tras +todos su verdugos, diciendo: + +— ¡Afuera, ministros infernales, que no soy yo de bronce, para no sentir tan +extraordinarios martirios! + +En esto, Altisidora, que debía de estar cansada por haber estado tanto +tiempo supina, se volvió de un lado; visto lo cual por los circunstantes, +casi todos a una voz dijeron: + +— ¡Viva es Altisidora! ¡Altisidora vive! + +Mandó Radamanto a Sancho que depusiese la ira, pues ya se había alcanzado +el intento que se procuraba. + +Así como don Quijote vio rebullir a Altisidora, se fue a poner de rodillas +delante de Sancho, diciéndole: + +— Agora es tiempo, hijo de mis entrañas, no que escudero mío, que te des +algunos de los azotes que estás obligado a dar por el desencanto de +Dulcinea. Ahora, digo, que es el tiempo donde tienes sazonada la virtud, y +con eficacia de obrar el bien que de ti se espera. + +A lo que respondió Sancho: + +— Esto me parece argado sobre argado, y no miel sobre hojuelas. Bueno sería +que tras pellizcos, mamonas y alfilerazos viniesen ahora los azotes. No +tienen más que hacer sino tomar una gran piedra, y atármela al cuello, y +dar conmigo en un pozo, de lo que a mí no pesaría mucho, si es que para +curar los males ajenos tengo yo de ser la vaca de la boda. Déjenme; si no, +por Dios que lo arroje y lo eche todo a trece, aunque no se venda. + +Ya en esto, se había sentado en el túmulo Altisidora, y al mismo instante +sonaron las chirimías, a quien acompañaron las flautas y las voces de +todos, que aclamaban: + +— ¡Viva Altisidora! ¡Altisidora viva! + +Levantáronse los duques y los reyes Minos y Radamanto, y todos juntos, con +don Quijote y Sancho, fueron a recebir a Altisidora y a bajarla del túmulo; +la cual, haciendo de la desmayada, se inclinó a los duques y a los reyes, +y, mirando de través a don Quijote, le dijo: + +— Dios te lo perdone, desamorado caballero, pues por tu crueldad he estado +en el otro mundo, a mi parecer, más de mil años; y a ti, ¡oh el más +compasivo escudero que contiene el orbe!, te agradezco la vida que poseo. +Dispón desde hoy más, amigo Sancho, de seis camisas mías que te mando para +que hagas otras seis para ti; y, si no son todas sanas, a lo menos son +todas limpias. + +Besóle por ello las manos Sancho, con la coroza en la mano y las rodillas +en el suelo. Mandó el duque que se la quitasen, y le volviesen su caperuza, +y le pusiesen el sayo, y le quitasen la ropa de las llamas. Suplicó Sancho +al duque que le dejasen la ropa y mitra, que las quería llevar a su tierra, +por señal y memoria de aquel nunca visto suceso. La duquesa respondió que +sí dejarían, que ya sabía él cuán grande amiga suya era. Mandó el duque +despejar el patio, y que todos se recogiesen a sus estancias, y que a don +Quijote y a Sancho los llevasen a las que ellos ya se sabían. + + + + +Capítulo LXX. Que sigue al de sesenta y nueve, y trata de cosas no +escusadas para la claridad desta historia + +Durmió Sancho aquella noche en una carriola, en el mesmo aposento de don +Quijote, cosa que él quisiera escusarla, si pudiera, porque bien sabía que +su amo no le había de dejar dormir a preguntas y a respuestas, y no se +hallaba en disposición de hablar mucho, porque los dolores de los martirios +pasados los tenía presentes, y no le dejaban libre la lengua, y viniérale +más a cuento dormir en una choza solo, que no en aquella rica estancia +acompañado. Salióle su temor tan verdadero y su sospecha tan cierta, que, +apenas hubo entrado su señor en el lecho, cuando dijo: + +— ¿Qué te parece, Sancho, del suceso desta noche? Grande y poderosa es la +fuerza del desdén desamorado, como por tus mismos ojos has visto muerta a +Altisidora, no con otras saetas, ni con otra espada, ni con otro +instrumento bélico, ni con venenos mortíferos, sino con la consideración +del rigor y el desdén con que yo siempre la he tratado. + +— Muriérase ella en hora buena cuanto quisiera y como quisiera —respondió +Sancho—, y dejárame a mí en mi casa, pues ni yo la enamoré ni la desdeñé en +mi vida. Yo no sé ni puedo pensar cómo sea que la salud de Altisidora, +doncella más antojadiza que discreta, tenga que ver, como otra vez he +dicho, con los martirios de Sancho Panza. Agora sí que vengo a conocer +clara y distintamente que hay encantadores y encantos en el mundo, de quien +Dios me libre, pues yo no me sé librar; con todo esto, suplico a vuestra +merced me deje dormir y no me pregunte más, si no quiere que me arroje por +una ventana abajo. + +— Duerme, Sancho amigo —respondió don Quijote—, si es que te dan lugar los +alfilerazos y pellizcos recebidos, y las mamonas hechas. + +— Ningún dolor —replicó Sancho— llegó a la afrenta de las mamonas, no por +otra cosa que por habérmelas hecho dueña, que confundidas sean; y torno a +suplicar a vuesa merced me deje dormir, porque el sueño es alivio de las +miserias de los que las tienen despiertas. + +Sea así —dijo don Quijote—, y Dios te acompañe. + +Durmiéronse los dos, y en este tiempo quiso escribir y dar cuenta Cide +Hamete, autor desta grande historia, qué les movió a los duques a levantar +el edificio de la máquina referida. Y dice que, no habiéndosele olvidado al +bachiller Sansón Carrasco cuando el Caballero de los Espejos fue vencido y +derribado por don Quijote, cuyo vencimiento y caída borró y deshizo todos +sus designios, quiso volver a probar la mano, esperando mejor suceso que el +pasado; y así, informándose del paje que llevó la carta y presente a Teresa +Panza, mujer de Sancho, adónde don Quijote quedaba, buscó nuevas armas y +caballo, y puso en el escudo la blanca luna, llevándolo todo sobre un +macho, a quien guiaba un labrador, y no Tomé Cecial, su antiguo escudero, +porque no fuese conocido de Sancho ni de don Quijote. + +Llegó, pues, al castillo del duque, que le informó el camino y derrota que +don Quijote llevaba, con intento de hallarse en las justas de Zaragoza. +Díjole asimismo las burlas que le había hecho con la traza del desencanto +de Dulcinea, que había de ser a costa de las posaderas de Sancho. En fin, +dio cuenta de la burla que Sancho había hecho a su amo, dándole a entender +que Dulcinea estaba encantada y transformada en labradora, y cómo la +duquesa su mujer había dado a entender a Sancho que él era el que se +engañaba, porque verdaderamente estaba encantada Dulcinea; de que no poco +se rió y admiró el bachiller, considerando la agudeza y simplicidad de +Sancho, como del estremo de la locura de don Quijote. + +Pidióle el duque que si le hallase, y le venciese o no, se volviese por +allí a darle cuenta del suceso. Hízolo así el bachiller; partióse en su +busca, no le halló en Zaragoza, pasó adelante y sucedióle lo que queda +referido. + +Volvióse por el castillo del duque y contóselo todo, con las condiciones de +la batalla, y que ya don Quijote volvía a cumplir, como buen caballero +andante, la palabra de retirarse un año en su aldea, en el cual tiempo +podía ser, dijo el bachiller, que sanase de su locura; que ésta era la +intención que le había movido a hacer aquellas transformaciones, por ser +cosa de lástima que un hidalgo tan bien entendido como don Quijote fuese +loco. Con esto, se despidió del duque, y se volvió a su lugar, esperando en +él a don Quijote, que tras él venía. + +De aquí tomó ocasión el duque de hacerle aquella burla: tanto era lo que +gustaba de las cosas de Sancho y de don Quijote; y haciendo tomar los +caminos cerca y lejos del castillo por todas las partes que imaginó que +podría volver don Quijote, con muchos criados suyos de a pie y de a +caballo, para que por fuerza o de grado le trujesen al castillo, si le +hallasen. Halláronle, dieron aviso al duque, el cual, ya prevenido de todo +lo que había de hacer, así como tuvo noticia de su llegada, mandó encender +las hachas y las luminarias del patio y poner a Altisidora sobre el túmulo, +con todos los aparatos que se han contado, tan al vivo, y tan bien hechos, +que de la verdad a ellos había bien poca diferencia. + +Y dice más Cide Hamete: que tiene para sí ser tan locos los burladores como +los burlados, y que no estaban los duques dos dedos de parecer tontos, pues +tanto ahínco ponían en burlarse de dos tontos. + +Los cuales, el uno durmiendo a sueño suelto, y el otro velando a +pensamientos desatados, les tomó el día y la gana de levantarse; que las +ociosas plumas, ni vencido ni vencedor, jamás dieron gusto a don Quijote. + +Altisidora —en la opinión de don Quijote, vuelta de muerte a vida—, +siguiendo el humor de sus señores, coronada con la misma guirnalda que en +el túmulo tenía, y vestida una tunicela de tafetán blanco, sembrada de +flores de oro, y sueltos los cabellos por las espaldas, arrimada a un +báculo de negro y finísimo ébano, entró en el aposento de don Quijote, con +cuya presencia turbado y confuso, se encogió y cubrió casi todo con las +sábanas y colchas de la cama, muda la lengua, sin que acertase a hacerle +cortesía ninguna. Sentóse Altisidora en una silla, junto a su cabecera, y, +después de haber dado un gran suspiro, con voz tierna y debilitada le dijo: + +— Cuando las mujeres principales y las recatadas doncellas atropellan por la +honra, y dan licencia a la lengua que rompa por todo inconveniente, dando +noticia en público de los secretos que su corazón encierra, en estrecho +término se hallan. Yo, señor don Quijote de la Mancha, soy una déstas, +apretada, vencida y enamorada; pero, con todo esto, sufrida y honesta; +tanto que, por serlo tanto, reventó mi alma por mi silencio y perdí la +vida. Dos días ha que con la consideración del rigor con que me has +tratado, + +¡Oh más duro que mármol a mis quejas, + +empedernido caballero!, he estado muerta, o, a lo menos, juzgada por tal de +los que me han visto; y si no fuera porque el Amor, condoliéndose de mí, +depositó mi remedio en los martirios deste buen escudero, allá me quedara +en el otro mundo. + +— Bien pudiera el Amor —dijo Sancho— depositarlos en los de mi asno, que yo +se lo agradeciera. Pero dígame, señora, así el cielo la acomode con otro +más blando amante que mi amo: ¿qué es lo que vio en el otro mundo? ¿Qué hay +en el infierno? Porque quien muere desesperado, por fuerza ha de tener +aquel paradero. + +— La verdad que os diga —respondió Altisidora—, yo no debí de morir del +todo, pues no entré en el infierno; que, si allá entrara, una por una no +pudiera salir dél, aunque quisiera. La verdad es que llegué a la puerta, +adonde estaban jugando hasta una docena de diablos a la pelota, todos en +calzas y en jubón, con valonas guarnecidas con puntas de randas flamencas, +y con unas vueltas de lo mismo, que les servían de puños, con cuatro dedos +de brazo de fuera, porque pareciesen las manos más largas, en las cuales +tenían unas palas de fuego; y lo que más me admiró fue que les servían, en +lugar de pelotas, libros, al parecer, llenos de viento y de borra, cosa +maravillosa y nueva; pero esto no me admiró tanto como el ver que, siendo +natural de los jugadores el alegrarse los gananciosos y entristecerse los +que pierden, allí en aquel juego todos gruñían, todos regañaban y todos se +maldecían. + +— Eso no es maravilla —respondió Sancho—, porque los diablos, jueguen o no +jueguen, nunca pueden estar contentos, ganen o no ganen. + +— Así debe de ser —respondió Altisidora—; mas hay otra cosa que también me +admira, quiero decir me admiró entonces, y fue que al primer voleo no +quedaba pelota en pie, ni de provecho para servir otra vez; y así, +menudeaban libros nuevos y viejos, que era una maravilla. A uno dellos, +nuevo, flamante y bien encuadernado, le dieron un papirotazo que le sacaron +las tripas y le esparcieron las hojas. Dijo un diablo a otro: ''Mirad qué +libro es ése''. Y el diablo le respondió: ''Ésta es la Segunda parte de la +historia de don Quijote de la Mancha, no compuesta por Cide Hamete, su +primer autor, sino por un aragonés, que él dice ser natural de +Tordesillas''. ''Quitádmele de ahí —respondió el otro diablo—, y metedle en +los abismos del infierno: no le vean más mis ojos''. ''¿Tan malo es?'', +respondió el otro. ''Tan malo —replicó el primero—, que si de propósito yo +mismo me pusiera a hacerle peor, no acertara''. Prosiguieron su juego, +peloteando otros libros, y yo, por haber oído nombrar a don Quijote, a +quien tanto adamo y quiero, procuré que se me quedase en la memoria esta +visión. + +— Visión debió de ser, sin duda —dijo don Quijote—, porque no hay otro yo en +el mundo, y ya esa historia anda por acá de mano en mano, pero no para en +ninguna, porque todos la dan del pie. Yo no me he alterado en oír que ando +como cuerpo fantástico por las tinieblas del abismo, ni por la claridad de +la tierra, porque no soy aquel de quien esa historia trata. Si ella fuere +buena, fiel y verdadera, tendrá siglos de vida; pero si fuere mala, de su +parto a la sepultura no será muy largo el camino. + +Iba Altisidora a proseguir en quejarse de don Quijote, cuando le dijo don +Quijote: + +— Muchas veces os he dicho, señora, que a mí me pesa de que hayáis colocado +en mí vuestros pensamientos, pues de los míos antes pueden ser agradecidos +que remediados; yo nací para ser de Dulcinea del Toboso, y los hados, si +los hubiera, me dedicaron para ella; y pensar que otra alguna hermosura ha +de ocupar el lugar que en mi alma tiene es pensar lo imposible. Suficiente +desengaño es éste para que os retiréis en los límites de vuestra +honestidad, pues nadie se puede obligar a lo imposible. + +Oyendo lo cual Altisidora, mostrando enojarse y alterarse, le dijo: + +— ¡Vive el Señor, don bacallao, alma de almirez, cuesco de dátil, más terco +y duro que villano rogado cuando tiene la suya sobre el hito, que si +arremeto a vos, que os tengo de sacar los ojos! ¿Pensáis por ventura, don +vencido y don molido a palos, que yo me he muerto por vos? Todo lo que +habéis visto esta noche ha sido fingido; que no soy yo mujer que por +semejantes camellos había de dejar que me doliese un negro de la uña, +cuanto más morirme. + +— Eso creo yo muy bien —dijo Sancho—, que esto del morirse los enamorados es +cosa de risa: bien lo pueden ellos decir, pero hacer, créalo Judas. + +Estando en estas pláticas, entró el músico, cantor y poeta que había +cantado las dos ya referidas estancias, el cual, haciendo una gran +reverencia a don Quijote, dijo: + +— Vuestra merced, señor caballero, me cuente y tenga en el número de sus +mayores servidores, porque ha muchos días que le soy muy aficionado, así +por su fama como por sus hazañas. + +Don Quijote le respondió: + +— Vuestra merced me diga quién es, porque mi cortesía responda a sus +merecimientos. + +El mozo respondió que era el músico y panegírico de la noche antes. + +— Por cierto —replicó don Quijote—, que vuestra merced tiene estremada voz, +pero lo que cantó no me parece que fue muy a propósito; porque, ¿qué tienen +que ver las estancias de Garcilaso con la muerte desta señora? + +— No se maraville vuestra merced deso —respondió el músico—, que ya entre +los intonsos poetas de nuestra edad se usa que cada uno escriba como +quisiere, y hurte de quien quisiere, venga o no venga a pelo de su intento, +y ya no hay necedad que canten o escriban que no se atribuya a licencia +poética. + +Responder quisiera don Quijote, pero estorbáronlo el duque y la duquesa, +que entraron a verle, entre los cuales pasaron una larga y dulce plática, +en la cual dijo Sancho tantos donaires y tantas malicias, que dejaron de +nuevo admirados a los duques, así con su simplicidad como con su agudeza. +Don Quijote les suplicó le diesen licencia para partirse aquel mismo día, +pues a los vencidos caballeros, como él, más les convenía habitar una +zahúrda que no reales palacios. Diéronsela de muy buena gana, y la duquesa +le preguntó si quedaba en su gracia Altisidora. Él le respondió: + +— Señora mía, sepa Vuestra Señoría que todo el mal desta doncella nace de +ociosidad, cuyo remedio es la ocupación honesta y continua. Ella me ha +dicho aquí que se usan randas en el infierno; y, pues ella las debe de +saber hacer, no las deje de la mano, que, ocupada en menear los palillos, +no se menearán en su imaginación la imagen o imágines de lo que bien +quiere; y ésta es la verdad, éste mi parecer y éste es mi consejo. + +— Y el mío —añadió Sancho—, pues no he visto en toda mi vida randera que por +amor se haya muerto; que las doncellas ocupadas más ponen sus pensamientos +en acabar sus tareas que en pensar en sus amores. Por mí lo digo, pues, +mientras estoy cavando, no me acuerdo de mi oíslo; digo, de mi Teresa +Panza, a quien quiero más que a las pestañas de mis ojos. + +— Vos decís muy bien, Sancho —dijo la duquesa—, y yo haré que mi Altisidora +se ocupe de aquí adelante en hacer alguna labor blanca, que la sabe hacer +por estremo. + +— No hay para qué, señora —respondió Altisidora—, usar dese remedio, pues la +consideración de las crueldades que conmigo ha usado este malandrín +mostrenco me le borrarán de la memoria sin otro artificio alguno. Y, con +licencia de vuestra grandeza, me quiero quitar de aquí, por no ver delante +de mis ojos ya no su triste figura, sino su fea y abominable catadura. + +— Eso me parece —dijo el duque— a lo que suele decirse: + +Porque aquel que dice injurias, +cerca está de perdonar. + +Hizo Altisidora muestra de limpiarse las lágrimas con un pañuelo, y, +haciendo reverencia a sus señores, se salió del aposento. + +— Mándote yo —dijo Sancho—, pobre doncella, mándote, digo, mala ventura, +pues las has habido con una alma de esparto y con un corazón de encina. ¡A +fee que si las hubieras conmigo, que otro gallo te cantara! + +Acabóse la plática, vistióse don Quijote, comió con los duques, y partióse +aquella tarde. + + + + +Capítulo LXXI. De lo que a don Quijote le sucedió con su escudero Sancho +yendo a su aldea + +Iba el vencido y asendereado don Quijote pensativo además por una parte, +y muy alegre por otra. Causaba su tristeza el vencimiento; y la alegría, el +considerar en la virtud de Sancho, como lo había mostrado en la resurreción +de Altisidora, aunque con algún escrúpulo se persuadía a que la enamorada +doncella fuese muerta de veras. No iba nada Sancho alegre, porque le +entristecía ver que Altisidora no le había cumplido la palabra de darle las +camisas; y, yendo y viniendo en esto, dijo a su amo: + +— En verdad, señor, que soy el más desgraciado médico que se debe de hallar +en el mundo, en el cual hay físicos que, con matar al enfermo que curan, +quieren ser pagados de su trabajo, que no es otro sino firmar una cedulilla +de algunas medicinas, que no las hace él, sino el boticario, y cátalo +cantusado; y a mí, que la salud ajena me cuesta gotas de sangre, mamonas, +pellizcos, alfilerazos y azotes, no me dan un ardite. Pues yo les voto a +tal que si me traen a las manos otro algún enfermo, que, antes que le cure, +me han de untar las mías; que el abad de donde canta yanta, y no quiero +creer que me haya dado el cielo la virtud que tengo para que yo la +comunique con otros de bóbilis, bóbilis. + +— Tú tienes razón, Sancho amigo —respondió don Quijote—, y halo hecho muy +mal Altisidora en no haberte dado las prometidas camisas; y, puesto que tu +virtud es gratis data, que no te ha costado estudio alguno, más que estudio +es recebir martirios en tu persona. De mí te sé decir que si quisieras paga +por los azotes del desencanto de Dulcinea, ya te la hubiera dado tal como +buena; pero no sé si vendrá bien con la cura la paga, y no querría que +impidiese el premio a la medicina. Con todo eso, me parece que no se +perderá nada en probarlo: mira, Sancho, el que quieres, y azótate luego, y +págate de contado y de tu propia mano, pues tienes dineros míos. + +A cuyos ofrecimientos abrió Sancho los ojos y las orejas de un palmo, y dio +consentimiento en su corazón a azotarse de buena gana; y dijo a su amo: + +— Agora bien, señor, yo quiero disponerme a dar gusto a vuestra merced en lo +que desea, con provecho mío; que el amor de mis hijos y de mi mujer me hace +que me muestre interesado. Dígame vuestra merced: ¿cuánto me dará por cada +azote que me diere? + +— Si yo te hubiera de pagar, Sancho —respondió don Quijote—, conforme lo que +merece la grandeza y calidad deste remedio, el tesoro de Venecia, las minas +del Potosí fueran poco para pagarte; toma tú el tiento a lo que llevas mío, +y pon el precio a cada azote. + +— Ellos —respondió Sancho— son tres mil y trecientos y tantos; de ellos me +he dado hasta cinco: quedan los demás; entren entre los tantos estos cinco, +y vengamos a los tres mil y trecientos, que a cuartillo cada uno, que no +llevaré menos si todo el mundo me lo mandase, montan tres mil y trecientos +cuartillos, que son los tres mil, mil y quinientos medios reales, que hacen +setecientos y cincuenta reales; y los trecientos hacen ciento y cincuenta +medios reales, que vienen a hacer setenta y cinco reales, que, juntándose a +los setecientos y cincuenta, son por todos ochocientos y veinte y cinco +reales. Éstos desfalcaré yo de los que tengo de vuestra merced, y entraré +en mi casa rico y contento, aunque bien azotado; porque no se toman +truchas..., y no digo más. + +— ¡Oh Sancho bendito! ¡Oh Sancho amable —respondió don Quijote—, y cuán +obligados hemos de quedar Dulcinea y yo a servirte todos los días que el +cielo nos diere de vida! Si ella vuelve al ser perdido, que no es posible +sino que vuelva, su desdicha habrá sido dicha, y mi vencimiento, felicísimo +triunfo. Y mira, Sancho, cuándo quieres comenzar la diciplina, que porque +la abrevies te añado cien reales. + +— ¿Cuándo? —replicó Sancho—. Esta noche, sin falta. Procure vuestra merced +que la tengamos en el campo, al cielo abierto, que yo me abriré mis carnes. + +Llegó la noche, esperada de don Quijote con la mayor ansia del mundo, +pareciéndole que las ruedas del carro de Apolo se habían quebrado, y que el +día se alargaba más de lo acostumbrado, bien así como acontece a los +enamorados, que jamás ajustan la cuenta de sus deseos. Finalmente, se +entraron entre unos amenos árboles que poco desviados del camino estaban, +donde, dejando vacías la silla y albarda de Rocinante y el rucio, se +tendieron sobre la verde yerba y cenaron del repuesto de Sancho; el cual, +haciendo del cabestro y de la jáquima del rucio un poderoso y flexible +azote, se retiró hasta veinte pasos de su amo, entre unas hayas. Don +Quijote, que le vio ir con denuedo y con brío, le dijo: + +— Mira, amigo, que no te hagas pedazos; da lugar que unos azotes aguarden a +otros; no quieras apresurarte tanto en la carrera, que en la mitad della te +falte el aliento; quiero decir que no te des tan recio que te falte la vida +antes de llegar al número deseado. Y, porque no pierdas por carta de más ni +de menos, yo estaré desde aparte contando por este mi rosario los azotes +que te dieres. Favorézcate el cielo conforme tu buena intención merece. + +— Al buen pagador no le duelen prendas —respondió Sancho—: yo pienso darme +de manera que, sin matarme, me duela; que en esto debe de consistir la +sustancia deste milagro. + +Desnudóse luego de medio cuerpo arriba, y, arrebatando el cordel, comenzó a +darse, y comenzó don Quijote a contar los azotes. + +Hasta seis o ocho se habría dado Sancho, cuando le pareció ser pesada la +burla y muy barato el precio della, y, deteniéndose un poco, dijo a su amo +que se llamaba a engaño, porque merecía cada azote de aquéllos ser pagado a +medio real, no que a cuartillo. + +— Prosigue, Sancho amigo, y no desmayes —le dijo don Quijote—, que yo doblo +la parada del precio. + +— Dese modo —dijo Sancho—, ¡a la mano de Dios, y lluevan azotes! + +Pero el socarrón dejó de dárselos en las espaldas, y daba en los árboles, +con unos suspiros de cuando en cuando, que parecía que con cada uno dellos +se le arrancaba el alma. Tierna la de don Quijote, temeroso de que no se le +acabase la vida, y no consiguiese su deseo por la imprudencia de Sancho, le +dijo: + +— Por tu vida, amigo, que se quede en este punto este negocio, que me parece +muy áspera esta medicina, y será bien dar tiempo al tiempo; que no se ganó +Zamora en un hora. Más de mil azotes, si yo no he contado mal, te has dado: +bastan por agora; que el asno, hablando a lo grosero, sufre la carga, mas +no la sobrecarga. + +— No, no, señor —respondió Sancho—, no se ha de decir por mí: "a dineros +pagados, brazos quebrados". Apártese vuestra merced otro poco y déjeme dar +otros mil azotes siquiera, que a dos levadas déstas habremos cumplido con +esta partida, y aún nos sobrará ropa. + +— Pues tú te hallas con tan buena disposición —dijo don Quijote—, el cielo +te ayude, y pégate, que yo me aparto. + +Volvió Sancho a su tarea con tanto denuedo, que ya había quitado las +cortezas a muchos árboles: tal era la riguridad con que se azotaba; y, +alzando una vez la voz, y dando un desaforado azote en una haya, dijo: + +— ¡Aquí morirás, Sansón, y cuantos con él son! + +Acudió don Quijote luego al son de la lastimada voz y del golpe del +riguroso azote, y, asiendo del torcido cabestro que le servía de corbacho a +Sancho, le dijo: + +— No permita la suerte, Sancho amigo, que por el gusto mío pierdas tú la +vida, que ha de servir para sustentar a tu mujer y a tus hijos: espere +Dulcinea mejor coyuntura, que yo me contendré en los límites de la +esperanza propincua, y esperaré que cobres fuerzas nuevas, para que se +concluya este negocio a gusto de todos. + +— Pues vuestra merced, señor mío, lo quiere así —respondió Sancho—, sea en +buena hora, y écheme su ferreruelo sobre estas espaldas, que estoy sudando +y no querría resfriarme; que los nuevos diciplinantes corren este peligro. + +Hízolo así don Quijote, y, quedándose en pelota, abrigó a Sancho, el cual +se durmió hasta que le despertó el sol, y luego volvieron a proseguir su +camino, a quien dieron fin, por entonces, en un lugar que tres leguas de +allí estaba. Apeáronse en un mesón, que por tal le reconoció don Quijote, y +no por castillo de cava honda, torres, rastrillos y puente levadiza; que, +después que le vencieron, con más juicio en todas las cosas discurría, como +agora se dirá. Alojáronle en una sala baja, a quien servían de guadameciles +unas sargas viejas pintadas, como se usan en las aldeas. En una dellas +estaba pintada de malísima mano el robo de Elena, cuando el atrevido +huésped se la llevó a Menalao, y en otra estaba la historia de Dido y de +Eneas, ella sobre una alta torre, como que hacía señas con una media sábana +al fugitivo huésped, que por el mar, sobre una fragata o bergantín, se iba +huyendo. + +Notó en las dos historias que Elena no iba de muy mala gana, porque se reía +a socapa y a lo socarrón; pero la hermosa Dido mostraba verter lágrimas del +tamaño de nueces por los ojos. Viendo lo cual don Quijote, dijo: + +— Estas dos señoras fueron desdichadísimas, por no haber nacido en esta +edad, y yo sobre todos desdichado en no haber nacido en la suya: encontrara +a aquestos señores, ni fuera abrasada Troya, ni Cartago destruida, pues con +sólo que yo matara a Paris se escusaran tantas desgracias. + +— Yo apostaré —dijo Sancho— que antes de mucho tiempo no ha de haber +bodegón, venta ni mesón, o tienda de barbero, donde no ande pintada la +historia de nuestras hazañas. Pero querría yo que la pintasen manos de otro +mejor pintor que el que ha pintado a éstas. + +— Tienes razón, Sancho —dijo don Quijote—, porque este pintor es como +Orbaneja, un pintor que estaba en Úbeda; que, cuando le preguntaban qué +pintaba, respondía: ''Lo que saliere''; y si por ventura pintaba un gallo, +escribía debajo: "Éste es gallo", porque no pensasen que era zorra. Desta +manera me parece a mí, Sancho, que debe de ser el pintor o escritor, que +todo es uno, que sacó a luz la historia deste nuevo don Quijote que ha +salido: que pintó o escribió lo que saliere; o habrá sido como un poeta que +andaba los años pasados en la corte, llamado Mauleón, el cual respondía de +repente a cuanto le preguntaban; y, preguntándole uno que qué quería decir +Deum de Deo, respondió: ''Dé donde diere''. Pero, dejando esto aparte, dime +si piensas, Sancho, darte otra tanda esta noche, y si quieres que sea +debajo de techado, o al cielo abierto. + +— Pardiez, señor —respondió Sancho—, que para lo que yo pienso darme, eso se +me da en casa que en el campo; pero, con todo eso, querría que fuese entre +árboles, que parece que me acompañan y me ayudan a llevar mi trabajo +maravillosamente. + +— Pues no ha de ser así, Sancho amigo —respondió don Quijote—, sino que para +que tomes fuerzas, lo hemos de guardar para nuestra aldea, que, a lo más +tarde, llegaremos allá después de mañana. + +Sancho respondió que hiciese su gusto, pero que él quisiera concluir con +brevedad aquel negocio a sangre caliente y cuando estaba picado el molino, +porque en la tardanza suele estar muchas veces el peligro; y a Dios rogando +y con el mazo dando, y que más valía un "toma" que dos "te daré", y el +pájaro en la mano que el buitre volando. + +— No más refranes, Sancho, por un solo Dios —dijo don Quijote—, que parece +que te vuelves al sicut erat; habla a lo llano, a lo liso, a lo no +intricado, como muchas veces te he dicho, y verás como te vale un pan por +ciento. + +— No sé qué mala ventura es esta mía —respondió Sancho—, que no sé decir +razón sin refrán, ni refrán que no me parezca razón; pero yo me enmendaré, +si pudiere. + +Y, con esto, cesó por entonces su plática. + + + + +Capítulo LXXII. De cómo don Quijote y Sancho llegaron a su aldea + +Todo aquel día, esperando la noche, estuvieron en aquel lugar y mesón don +Quijote y Sancho: el uno, para acabar en la campaña rasa la tanda de su +diciplina, y el otro, para ver el fin della, en el cual consistía el de su +deseo. Llegó en esto al mesón un caminante a caballo, con tres o cuatro +criados, uno de los cuales dijo al que el señor dellos parecía: + +— Aquí puede vuestra merced, señor don Álvaro Tarfe, pasar hoy la siesta: la +posada parece limpia y fresca. + +Oyendo esto don Quijote, le dijo a Sancho: + +— Mira, Sancho: cuando yo hojeé aquel libro de la segunda parte de mi +historia, me parece que de pasada topé allí este nombre de don Álvaro +Tarfe. + +— Bien podrá ser —respondió Sancho—. Dejémosle apear, que después se lo +preguntaremos. + +El caballero se apeó, y, frontero del aposento de don Quijote, la huéspeda +le dio una sala baja, enjaezada con otras pintadas sargas, como las que +tenía la estancia de don Quijote. Púsose el recién venido caballero a lo de +verano, y, saliéndose al portal del mesón, que era espacioso y fresco, por +el cual se paseaba don Quijote, le preguntó: + +— ¿Adónde bueno camina vuestra merced, señor gentilhombre? + +Y don Quijote le respondió: + +— A una aldea que está aquí cerca, de donde soy natural. Y vuestra merced, +¿dónde camina? + +— Yo, señor —respondió el caballero—, voy a Granada, que es mi patria. + +— ¡Y buena patria! —replicó don Quijote—. Pero, dígame vuestra merced, por +cortesía, su nombre, porque me parece que me ha de importar saberlo más de +lo que buenamente podré decir. + +— Mi nombre es don Álvaro Tarfe —respondió el huésped. + +A lo que replicó don Quijote: + +— Sin duda alguna pienso que vuestra merced debe de ser aquel don Álvaro +Tarfe que anda impreso en la Segunda parte de la historia de don Quijote de +la Mancha, recién impresa y dada a la luz del mundo por un autor moderno. + +— El mismo soy —respondió el caballero—, y el tal don Quijote, sujeto +principal de la tal historia, fue grandísimo amigo mío, y yo fui el que le +sacó de su tierra, o, a lo menos, le moví a que viniese a unas justas que +se hacían en Zaragoza, adonde yo iba; y, en verdad en verdad que le hice +muchas amistades, y que le quité de que no le palmease las espaldas el +verdugo, por ser demasiadamente atrevido. + +— Y, dígame vuestra merced, señor don Álvaro, ¿parezco yo en algo a ese tal +don Quijote que vuestra merced dice? + +— No, por cierto —respondió el huésped—: en ninguna manera. + +— Y ese don Quijote —dijo el nuestro—, ¿traía consigo a un escudero llamado +Sancho Panza? + +— Sí traía —respondió don Álvaro—; y, aunque tenía fama de muy gracioso, +nunca le oí decir gracia que la tuviese. + +— Eso creo yo muy bien —dijo a esta sazón Sancho—, porque el decir gracias +no es para todos, y ese Sancho que vuestra merced dice, señor gentilhombre, +debe de ser algún grandísimo bellaco, frión y ladrón juntamente, que el +verdadero Sancho Panza soy yo, que tengo más gracias que llovidas; y si no, +haga vuestra merced la experiencia, y ándese tras de mí, por los menos un +año, y verá que se me caen a cada paso, y tales y tantas que, sin saber yo +las más veces lo que me digo, hago reír a cuantos me escuchan; y el +verdadero don Quijote de la Mancha, el famoso, el valiente y el discreto, +el enamorado, el desfacedor de agravios, el tutor de pupilos y huérfanos, +el amparo de las viudas, el matador de las doncellas, el que tiene por +única señora a la sin par Dulcinea del Toboso, es este señor que está +presente, que es mi amo; todo cualquier otro don Quijote y cualquier otro +Sancho Panza es burlería y cosa de sueño. + +— ¡Por Dios que lo creo! —respondió don Álvaro—, porque más gracias habéis +dicho vos, amigo, en cuatro razones que habéis hablado, que el otro Sancho +Panza en cuantas yo le oí hablar, que fueron muchas. Más tenía de comilón +que de bien hablado, y más de tonto que de gracioso, y tengo por sin duda +que los encantadores que persiguen a don Quijote el bueno han querido +perseguirme a mí con don Quijote el malo. Pero no sé qué me diga; que osaré +yo jurar que le dejo metido en la casa del Nuncio, en Toledo, para que le +curen, y agora remanece aquí otro don Quijote, aunque bien diferente del +mío. + +— Yo —dijo don Quijote— no sé si soy bueno, pero sé decir que no soy el +malo; para prueba de lo cual quiero que sepa vuesa merced, mi señor don +Álvaro Tarfe, que en todos los días de mi vida no he estado en Zaragoza; +antes, por haberme dicho que ese don Quijote fantástico se había hallado en +las justas desa ciudad, no quise yo entrar en ella, por sacar a las barbas +del mundo su mentira; y así, me pasé de claro a Barcelona, archivo de la +cortesía, albergue de los estranjeros, hospital de los pobres, patria de +los valientes, venganza de los ofendidos y correspondencia grata de firmes +amistades, y, en sitio y en belleza, única. Y, aunque los sucesos que en +ella me han sucedido no son de mucho gusto, sino de mucha pesadumbre, los +llevo sin ella, sólo por haberla visto. Finalmente, señor don Álvaro Tarfe, +yo soy don Quijote de la Mancha, el mismo que dice la fama, y no ese +desventurado que ha querido usurpar mi nombre y honrarse con mis +pensamientos. A vuestra merced suplico, por lo que debe a ser caballero, +sea servido de hacer una declaración ante el alcalde deste lugar, de que +vuestra merced no me ha visto en todos los días de su vida hasta agora, y +de que yo no soy el don Quijote impreso en la segunda parte, ni este Sancho +Panza mi escudero es aquél que vuestra merced conoció. + +— Eso haré yo de muy buena gana —respondió don Álvaro—, puesto que cause +admiración ver dos don Quijotes y dos Sanchos a un mismo tiempo, tan +conformes en los nombres como diferentes en las acciones; y vuelvo a decir +y me afirmo que no he visto lo que he visto, ni ha pasado por mí lo que ha +pasado. + +— Sin duda —dijo Sancho— que vuestra merced debe de estar encantado, como +mi señora Dulcinea del Toboso, y pluguiera al cielo que estuviera su +desencanto de vuestra merced en darme otros tres mil y tantos azotes como +me doy por ella, que yo me los diera sin interés alguno. + +— No entiendo eso de azotes —dijo don Álvaro. + +Y Sancho le respondió que era largo de contar, pero que él se lo contaría +si acaso iban un mesmo camino. + +Llegóse en esto la hora de comer; comieron juntos don Quijote y don Álvaro. +Entró acaso el alcalde del pueblo en el mesón, con un escribano, ante el +cual alcalde pidió don Quijote, por una petición, de que a su derecho +convenía de que don Álvaro Tarfe, aquel caballero que allí estaba presente, +declarase ante su merced como no conocía a don Quijote de la Mancha, que +asimismo estaba allí presente, y que no era aquél que andaba impreso en una +historia intitulada: Segunda parte de don Quijote de la Mancha, compuesta +por un tal de Avellaneda, natural de Tordesillas. Finalmente, el alcalde +proveyó jurídicamente; la declaración se hizo con todas las fuerzas que en +tales casos debían hacerse, con lo que quedaron don Quijote y Sancho muy +alegres, como si les importara mucho semejante declaración y no mostrara +claro la diferencia de los dos don Quijotes y la de los dos Sanchos sus +obras y sus palabras. Muchas de cortesías y ofrecimientos pasaron entre don +Álvaro y don Quijote, en las cuales mostró el gran manchego su discreción, +de modo que desengañó a don Álvaro Tarfe del error en que estaba; el cual +se dio a entender que debía de estar encantado, pues tocaba con la mano dos +tan contrarios don Quijotes. + +Llegó la tarde, partiéronse de aquel lugar, y a obra de media legua se +apartaban dos caminos diferentes, el uno que guiaba a la aldea de don +Quijote, y el otro el que había de llevar don Álvaro. En este poco espacio +le contó don Quijote la desgracia de su vencimiento y el encanto y el +remedio de Dulcinea, que todo puso en nueva admiración a don Álvaro, el +cual, abrazando a don Quijote y a Sancho, siguió su camino, y don Quijote +el suyo, que aquella noche la pasó entre otros árboles, por dar lugar a +Sancho de cumplir su penitencia, que la cumplió del mismo modo que la +pasada noche, a costa de las cortezas de las hayas, harto más que de sus +espaldas, que las guardó tanto, que no pudieran quitar los azotes una +mosca, aunque la tuviera encima. + +No perdió el engañado don Quijote un solo golpe de la cuenta, y halló que +con los de la noche pasada era tres mil y veinte y nueve. Parece que había +madrugado el sol a ver el sacrificio, con cuya luz volvieron a proseguir su +camino, tratando entre los dos del engaño de don Álvaro y de cuán bien +acordado había sido tomar su declaración ante la justicia, y tan +auténticamente. + +Aquel día y aquella noche caminaron sin sucederles cosa digna de contarse, +si no fue que en ella acabó Sancho su tarea, de que quedó don Quijote +contento sobremodo, y esperaba el día, por ver si en el camino topaba ya +desencantada a Dulcinea su señora; y, siguiendo su camino, no topaba mujer +ninguna que no iba a reconocer si era Dulcinea del Toboso, teniendo por +infalible no poder mentir las promesas de Merlín. + +Con estos pensamientos y deseos subieron una cuesta arriba, desde la cual +descubrieron su aldea, la cual, vista de Sancho, se hincó de rodillas y +dijo: + +— Abre los ojos, deseada patria, y mira que vuelve a ti Sancho Panza, tu +hijo, si no muy rico, muy bien azotado. Abre los brazos y recibe también tu +hijo don Quijote, que si viene vencido de los brazos ajenos, viene vencedor +de sí mismo; que, según él me ha dicho, es el mayor vencimiento que +desearse puede. Dineros llevo, porque si buenos azotes me daban, bien +caballero me iba. + +— Déjate desas sandeces —dijo don Quijote—, y vamos con pie derecho a entrar +en nuestro lugar, donde daremos vado a nuestras imaginaciones, y la traza +que en la pastoral vida pensamos ejercitar. + +Con esto, bajaron de la cuesta y se fueron a su pueblo. + + + + +Capítulo LXXIII. De los agüeros que tuvo don Quijote al entrar de su aldea, +con otros sucesos que adornan y acreditan esta grande historia + +A la entrada del cual, según dice Cide Hamete, vio don Quijote que en las +eras del lugar estaban riñendo dos mochachos, y el uno dijo al otro: + +— No te canses Periquillo, que no la has de ver en todos los días de tu +vida. + +Oyólo don Quijote, y dijo a Sancho: + +— ¿No adviertes, amigo, lo que aquel mochacho ha dicho: ''no la has de ver +en todos los días de tu vida''? + +— Pues bien, ¿qué importa —respondió Sancho— que haya dicho eso el mochacho? + +— ¿Qué? —replicó don Quijote—. ¿No vees tú que, aplicando aquella palabra a +mi intención, quiere significar que no tengo de ver más a Dulcinea? + +Queríale responder Sancho, cuando se lo estorbó ver que por aquella campaña +venía huyendo una liebre, seguida de muchos galgos y cazadores, la cual, +temerosa, se vino a recoger y a agazapar debajo de los pies del rucio. +Cogióla Sancho a mano salva y presentósela a don Quijote, el cual estaba +diciendo: + +— Malum signum! Malum signum! Liebre huye, galgos la siguen: ¡Dulcinea no +parece! + +— Estraño es vuesa merced —dijo Sancho—. Presupongamos que esta liebre es +Dulcinea del Toboso y estos galgos que la persiguen son los malandrines +encantadores que la transformaron en labradora: ella huye, yo la cojo y la +pongo en poder de vuesa merced, que la tiene en sus brazos y la regala: +¿qué mala señal es ésta, ni qué mal agüero se puede tomar de aquí? + +Los dos mochachos de la pendencia se llegaron a ver la liebre, y al uno +dellos preguntó Sancho que por qué reñían. Y fuele respondido por el que +había dicho ''no la verás más en toda tu vida'', que él había tomado al +otro mochacho una jaula de grillos, la cual no pensaba volvérsela en toda +su vida. Sacó Sancho cuatro cuartos de la faltriquera y dióselos al +mochacho por la jaula, y púsosela en las manos a don Quijote, diciendo: + +— He aquí, señor, rompidos y desbaratados estos agüeros, que no tienen que +ver más con nuestros sucesos, según que yo imagino, aunque tonto, que con +las nubes de antaño. Y si no me acuerdo mal, he oído decir al cura de +nuestro pueblo que no es de personas cristianas ni discretas mirar en estas +niñerías; y aun vuesa merced mismo me lo dijo los días pasados, dándome a +entender que eran tontos todos aquellos cristianos que miraban en agüeros. +Y no es menester hacer hincapié en esto, sino pasemos adelante y entremos +en nuestra aldea. + +Llegaron los cazadores, pidieron su liebre, y diósela don Quijote; pasaron +adelante, y, a la entrada del pueblo, toparon en un pradecillo rezando al +cura y al bachiller Carrasco. Y es de saber que Sancho Panza había echado +sobre el rucio y sobre el lío de las armas, para que sirviese de repostero, +la túnica de bocací, pintada de llamas de fuego que le vistieron en el +castillo del duque la noche que volvió en sí Altisidora. Acomodóle también +la coroza en la cabeza, que fue la más nueva transformación y adorno con +que se vio jamás jumento en el mundo. + +Fueron luego conocidos los dos del cura y del bachiller, que se vinieron a +ellos con los brazos abiertos. Apeóse don Quijote y abrazólos +estrechamente; y los mochachos, que son linces no escusados, divisaron la +coroza del jumento y acudieron a verle, y decían unos a otros: + +— Venid, mochachos, y veréis el asno de Sancho Panza más galán que Mingo, y +la bestia de don Quijote más flaca hoy que el primer día. + +Finalmente, rodeados de mochachos y acompañados del cura y del bachiller, +entraron en el pueblo, y se fueron a casa de don Quijote, y hallaron a la +puerta della al ama y a su sobrina, a quien ya habían llegado las nuevas de +su venida. Ni más ni menos se las habían dado a Teresa Panza, mujer de +Sancho, la cual, desgreñada y medio desnuda, trayendo de la mano a +Sanchica, su hija, acudió a ver a su marido; y, viéndole no tan bien +adeliñado como ella se pensaba que había de estar un gobernador, le dijo: + +— ¿Cómo venís así, marido mío, que me parece que venís a pie y despeado, y +más traéis semejanza de desgobernado que de gobernador? + +— Calla, Teresa —respondió Sancho—, que muchas veces donde hay estacas no +hay tocinos, y vámonos a nuestra casa, que allá oirás maravillas. Dineros +traigo, que es lo que importa, ganados por mi industria y sin daño de +nadie. + +— Traed vos dinero, mi buen marido —dijo Teresa—, y sean ganados por aquí o +por allí, que, comoquiera que los hayáis ganado, no habréis hecho usanza +nueva en el mundo. + +Abrazó Sanchica a su padre, y preguntóle si traía algo, que le estaba +esperando como el agua de mayo; y, asiéndole de un lado del cinto, y su +mujer de la mano, tirando su hija al rucio, se fueron a su casa, dejando a +don Quijote en la suya, en poder de su sobrina y de su ama, y en compañía +del cura y del bachiller. + +Don Quijote, sin guardar términos ni horas, en aquel mismo punto se apartó +a solas con el bachiller y el cura, y en breves razones les contó su +vencimiento, y la obligación en que había quedado de no salir de su aldea +en un año, la cual pensaba guardar al pie de la letra, sin traspasarla en +un átomo, bien así como caballero andante, obligado por la puntualidad y +orden de la andante caballería, y que tenía pensado de hacerse aquel año +pastor, y entretenerse en la soledad de los campos, donde a rienda suelta +podía dar vado a sus amorosos pensamientos, ejercitándose en el pastoral y +virtuoso ejercicio; y que les suplicaba, si no tenían mucho que hacer y no +estaban impedidos en negocios más importantes, quisiesen ser sus +compañeros; que él compraría ovejas y ganado suficiente que les diese +nombre de pastores; y que les hacía saber que lo más principal de aquel +negocio estaba hecho, porque les tenía puestos los nombres, que les +vendrían como de molde. Díjole el cura que los dijese. Respondió don +Quijote que él se había de llamar el pastor Quijotiz; y el bachiller, el +pastor Carrascón; y el cura, el pastor Curambro; y Sancho Panza, el pastor +Pancino. + +Pasmáronse todos de ver la nueva locura de don Quijote; pero, porque no se +les fuese otra vez del pueblo a sus caballerías, esperando que en aquel año +podría ser curado, concedieron con su nueva intención, y aprobaron por +discreta su locura, ofreciéndosele por compañeros en su ejercicio. + +— Y más —dijo Sansón Carrasco—, que, como ya todo el mundo sabe, yo soy +celebérrimo poeta y a cada paso compondré versos pastoriles, o cortesanos, +o como más me viniere a cuento, para que nos entretengamos por esos +andurriales donde habemos de andar; y lo que más es menester, señores míos, +es que cada uno escoja el nombre de la pastora que piensa celebrar en sus +versos, y que no dejemos árbol, por duro que sea, donde no la retule y +grabe su nombre, como es uso y costumbre de los enamorados pastores. + +— Eso está de molde —respondió don Quijote—, puesto que yo estoy libre de +buscar nombre de pastora fingida, pues está ahí la sin par Dulcinea del +Toboso, gloria de estas riberas, adorno de estos prados, sustento de la +hermosura, nata de los donaires, y, finalmente, sujeto sobre quien puede +asentar bien toda alabanza, por hipérbole que sea. + +— Así es verdad —dijo el cura—, pero nosotros buscaremos por ahí pastoras +mañeruelas, que si no nos cuadraren, nos esquinen. + +A lo que añadió Sansón Carrasco: + +— Y cuando faltaren, darémosles los nombres de las estampadas e impresas, +de quien está lleno el mundo: Fílidas, Amarilis, Dianas, Fléridas, +Galateas y Belisardas; que, pues las venden en las plazas, bien las podemos +comprar nosotros y tenerlas por nuestras. Si mi dama, o, por mejor decir, +mi pastora, por ventura se llamare Ana, la celebraré debajo del nombre de +Anarda; y si Francisca, la llamaré yo Francenia; y si Lucía, Lucinda, que +todo se sale allá; y Sancho Panza, si es que ha de entrar en esta cofadría, +podrá celebrar a su mujer Teresa Panza con nombre de Teresaina. + +Rióse don Quijote de la aplicación del nombre, y el cura le alabó infinito +su honesta y honrada resolución, y se ofreció de nuevo a hacerle compañía +todo el tiempo que le vacase de atender a sus forzosas obligaciones. Con +esto, se despidieron dél, y le rogaron y aconsejaron tuviese cuenta con su +salud, con regalarse lo que fuese bueno. + +Quiso la suerte que su sobrina y el ama oyeron la plática de los tres; y, +así como se fueron, se entraron entrambas con don Quijote, y la sobrina le +dijo: + +— ¿Qué es esto, señor tío? ¿Ahora que pensábamos nosotras que vuestra merced +volvía a reducirse en su casa, y pasar en ella una vida quieta y honrada, +se quiere meter en nuevos laberintos, haciéndose + +Pastorcillo, tú que vienes, +pastorcico, tú que vas? + +Pues en verdad que está ya duro el alcacel para zampoñas. + +A lo que añadió el ama: + +Y ¿podrá vuestra merced pasar en el campo las siestas del verano, los +serenos del invierno, el aullido de los lobos? No, por cierto, que éste es +ejercicio y oficio de hombres robustos, curtidos y criados para tal +ministerio casi desde las fajas y mantillas. Aun, mal por mal, mejor es ser +caballero andante que pastor. Mire, señor, tome mi consejo, que no se le +doy sobre estar harta de pan y vino, sino en ayunas, y sobre cincuenta años +que tengo de edad: estése en su casa, atienda a su hacienda, confiese a +menudo, favorezca a los pobres, y sobre mi ánima si mal le fuere. + +— Callad, hijas —les respondió don Quijote—, que yo sé bien lo que me +cumple. Llevadme al lecho, que me parece que no estoy muy bueno, y tened +por cierto que, ahora sea caballero andante o pastor por andar, no dejaré +siempre de acudir a lo que hubiéredes menester, como lo veréis por la obra. + +Y las buenas hijas —que lo eran sin duda ama y sobrina— le llevaron a la +cama, donde le dieron de comer y regalaron lo posible. + + + + +Capítulo LXXIV. De cómo don Quijote cayó malo, y del testamento que hizo, y +su muerte + +Como las cosas humanas no sean eternas, yendo siempre en declinación de sus +principios hasta llegar a su último fin, especialmente las vidas de los +hombres, y como la de don Quijote no tuviese privilegio del cielo para +detener el curso de la suya, llegó su fin y acabamiento cuando él menos lo +pensaba; porque, o ya fuese de la melancolía que le causaba el verse +vencido, o ya por la disposición del cielo, que así lo ordenaba, se le +arraigó una calentura que le tuvo seis días en la cama, en los cuales fue +visitado muchas veces del cura, del bachiller y del barbero, sus amigos, +sin quitársele de la cabecera Sancho Panza, su buen escudero. + +Éstos, creyendo que la pesadumbre de verse vencido y de no ver cumplido su +deseo en la libertad y desencanto de Dulcinea le tenía de aquella suerte, +por todas las vías posibles procuraban alegrarle, diciéndole el bachiller +que se animase y levantase, para comenzar su pastoral ejercicio, para el +cual tenía ya compuesta una écloga, que mal año para cuantas Sanazaro había +compuesto, y que ya tenía comprados de su propio dinero dos famosos perros +para guardar el ganado: el uno llamado Barcino, y el otro Butrón, que se +los había vendido un ganadero del Quintanar. Pero no por esto dejaba don +Quijote sus tristezas. + +Llamaron sus amigos al médico, tomóle el pulso, y no le contentó mucho, y +dijo que, por sí o por no, atendiese a la salud de su alma, porque la del +cuerpo corría peligro. Oyólo don Quijote con ánimo sosegado, pero no lo +oyeron así su ama, su sobrina y su escudero, los cuales comenzaron a llorar +tiernamente, como si ya le tuvieran muerto delante. Fue el parecer del +médico que melancolías y desabrimientos le acababan. Rogó don Quijote que +le dejasen solo, porque quería dormir un poco. Hiciéronlo así y durmió de +un tirón, como dicen, más de seis horas; tanto, que pensaron el ama y la +sobrina que se había de quedar en el sueño. Despertó al cabo del tiempo +dicho, y, dando una gran voz, dijo: + +— ¡Bendito sea el poderoso Dios, que tanto bien me ha hecho! En fin, sus +misericordias no tienen límite, ni las abrevian ni impiden los pecados de +los hombres. + +Estuvo atenta la sobrina a las razones del tío, y pareciéronle más +concertadas que él solía decirlas, a lo menos, en aquella enfermedad, y +preguntóle: + +— ¿Qué es lo que vuestra merced dice, señor? ¿Tenemos algo de nuevo? ¿Qué +misericordias son éstas, o qué pecados de los hombres? + +— Las misericordias —respondió don Quijote—, sobrina, son las que en este +instante ha usado Dios conmigo, a quien, como dije, no las impiden mis +pecados. Yo tengo juicio ya, libre y claro, sin las sombras caliginosas de +la ignorancia, que sobre él me pusieron mi amarga y continua leyenda de los +detestables libros de las caballerías. Ya conozco sus disparates y sus +embelecos, y no me pesa sino que este desengaño ha llegado tan tarde, que +no me deja tiempo para hacer alguna recompensa, leyendo otros que sean luz +del alma. Yo me siento, sobrina, a punto de muerte; querría hacerla de tal +modo, que diese a entender que no había sido mi vida tan mala que dejase +renombre de loco, que, puesto que lo he sido, no querría confirmar esta +verdad en mi muerte. Llámame, amiga, a mis buenos amigos: el cura, al +bachiller Sansón Carrasco y a maese Nicolás, el barbero, que quiero +confesarme y hacer mi testamento. + +Pero de este trabajo se escusó la sobrina con la entrada de los tres. +Apenas los vio don Quijote, cuando dijo: + +— Dadme albricias, buenos señores, de que ya yo no soy don Quijote de la +Mancha, sino Alonso Quijano, a quien mis costumbres me dieron renombre de +Bueno. Ya soy enemigo de Amadís de Gaula y de toda la infinita caterva de +su linaje, ya me son odiosas todas las historias profanas del andante +caballería, ya conozco mi necedad y el peligro en que me pusieron haberlas +leído, ya, por misericordia de Dios, escarmentando en cabeza propia, las +abomino. + +Cuando esto le oyeron decir los tres, creyeron, sin duda, que alguna nueva +locura le había tomado. Y Sansón le dijo: + +— ¿Ahora, señor don Quijote, que tenemos nueva que está desencantada la +señora Dulcinea, sale vuestra merced con eso? Y ¿agora que estamos tan a +pique de ser pastores, para pasar cantando la vida, como unos príncipes, +quiere vuesa merced hacerse ermitaño? Calle, por su vida, vuelva en sí, y +déjese de cuentos. + +— Los de hasta aquí —replicó don Quijote—, que han sido verdaderos en mi +daño, los ha de volver mi muerte, con ayuda del cielo, en mi provecho. Yo, +señores, siento que me voy muriendo a toda priesa; déjense burlas aparte, y +traíganme un confesor que me confiese y un escribano que haga mi +testamento, que en tales trances como éste no se ha de burlar el hombre con +el alma; y así, suplico que, en tanto que el señor cura me confiesa, vayan +por el escribano. + +Miráronse unos a otros, admirados de las razones de don Quijote, y, aunque +en duda, le quisieron creer; y una de las señales por donde conjeturaron se +moría fue el haber vuelto con tanta facilidad de loco a cuerdo, porque a +las ya dichas razones añadió otras muchas tan bien dichas, tan cristianas y +con tanto concierto, que del todo les vino a quitar la duda, y a creer que +estaba cuerdo. + +Hizo salir la gente el cura, y quedóse solo con él, y confesóle. + +El bachiller fue por el escribano, y de allí a poco volvió con él y con +Sancho Panza; el cual Sancho, que ya sabía por nuevas del bachiller en qué +estado estaba su señor, hallando a la ama y a la sobrina llorosas, comenzó +a hacer pucheros y a derramar lágrimas. Acabóse la confesión, y salió el +cura, diciendo: + +— Verdaderamente se muere, y verdaderamente está cuerdo Alonso Quijano el +Bueno; bien podemos entrar para que haga su testamento. + +Estas nuevas dieron un terrible empujón a los ojos preñados de ama, sobrina +y de Sancho Panza, su buen escudero, de tal manera, que los hizo reventar +las lágrimas de los ojos y mil profundos suspiros del pecho; porque, +verdaderamente, como alguna vez se ha dicho, en tanto que don Quijote fue +Alonso Quijano el Bueno, a secas, y en tanto que fue don Quijote de la +Mancha, fue siempre de apacible condición y de agradable trato, y por esto +no sólo era bien querido de los de su casa, sino de todos cuantos le +conocían. + +Entró el escribano con los demás, y, después de haber hecho la cabeza del +testamento y ordenado su alma don Quijote, con todas aquellas +circunstancias cristianas que se requieren, llegando a las mandas, dijo: + +— Ítem, es mi voluntad que de ciertos dineros que Sancho Panza, a quien en +mi locura hice mi escudero, tiene, que, porque ha habido entre él y mí +ciertas cuentas, y dares y tomares, quiero que no se le haga cargo dellos, +ni se le pida cuenta alguna, sino que si sobrare alguno, después de haberse +pagado de lo que le debo, el restante sea suyo, que será bien poco, y buen +provecho le haga; y, si como estando yo loco fui parte para darle el +gobierno de la ínsula, pudiera agora, estando cuerdo, darle el de un reino, +se le diera, porque la sencillez de su condición y fidelidad de su trato lo +merece. + +Y, volviéndose a Sancho, le dijo: + +— Perdóname, amigo, de la ocasión que te he dado de parecer loco como yo, +haciéndote caer en el error en que yo he caído, de que hubo y hay +caballeros andantes en el mundo. + +— ¡Ay! —respondió Sancho, llorando—: no se muera vuestra merced, señor mío, +sino tome mi consejo y viva muchos años, porque la mayor locura que puede +hacer un hombre en esta vida es dejarse morir, sin más ni más, sin que +nadie le mate, ni otras manos le acaben que las de la melancolía. Mire no +sea perezoso, sino levántese desa cama, y vámonos al campo vestidos de +pastores, como tenemos concertado: quizá tras de alguna mata hallaremos a +la señora doña Dulcinea desencantada, que no haya más que ver. Si es que se +muere de pesar de verse vencido, écheme a mí la culpa, diciendo que por +haber yo cinchado mal a Rocinante le derribaron; cuanto más, que vuestra +merced habrá visto en sus libros de caballerías ser cosa ordinaria +derribarse unos caballeros a otros, y el que es vencido hoy ser vencedor +mañana. + +— Así es —dijo Sansón—, y el buen Sancho Panza está muy en la verdad destos +casos. + +— Señores —dijo don Quijote—, vámonos poco a poco, pues ya en los nidos de +antaño no hay pájaros hogaño: yo fui loco, y ya soy cuerdo; fui don Quijote +de la Mancha, y soy agora, como he dicho, Alonso Quijano el Bueno. Pueda +con vuestras mercedes mi arrepentimiento y mi verdad volverme a la +estimación que de mí se tenía, y prosiga adelante el señor escribano. + +»Ítem, mando toda mi hacienda, a puerta cerrada, a Antonia Quijana, mi +sobrina, que está presente, habiendo sacado primero de lo más bien parado +della lo que fuere menester para cumplir las mandas que dejo hechas; y la +primera satisfación que se haga quiero que sea pagar el salario que debo +del tiempo que mi ama me ha servido, y más veinte ducados para un vestido. +Dejo por mis albaceas al señor cura y al señor bachiller Sansón Carrasco, +que están presentes. + +»Ítem, es mi voluntad que si Antonia Quijana, mi sobrina, quisiere casarse, +se case con hombre de quien primero se haya hecho información que no sabe +qué cosas sean libros de caballerías; y, en caso que se averiguare que lo +sabe, y, con todo eso, mi sobrina quisiere casarse con él, y se casare, +pierda todo lo que le he mandado, lo cual puedan mis albaceas distribuir en +obras pías a su voluntad. + +»Ítem, suplico a los dichos señores mis albaceas que si la buena suerte les +trujere a conocer al autor que dicen que compuso una historia que anda por +ahí con el título de Segunda parte de las hazañas de don Quijote de la +Mancha, de mi parte le pidan, cuan encarecidamente ser pueda, perdone la +ocasión que sin yo pensarlo le di de haber escrito tantos y tan grandes +disparates como en ella escribe, porque parto desta vida con escrúpulo de +haberle dado motivo para escribirlos. + +Cerró con esto el testamento, y, tomándole un desmayo, se tendió de largo a +largo en la cama. Alborotáronse todos y acudieron a su remedio, y en tres +días que vivió después deste donde hizo el testamento, se desmayaba muy a +menudo. Andaba la casa alborotada; pero, con todo, comía la sobrina, +brindaba el ama, y se regocijaba Sancho Panza; que esto del heredar algo +borra o templa en el heredero la memoria de la pena que es razón que deje +el muerto. + +En fin, llegó el último de don Quijote, después de recebidos todos los +sacramentos, y después de haber abominado con muchas y eficaces razones de +los libros de caballerías. Hallóse el escribano presente, y dijo que nunca +había leído en ningún libro de caballerías que algún caballero andante +hubiese muerto en su lecho tan sosegadamente y tan cristiano como don +Quijote; el cual, entre compasiones y lágrimas de los que allí se hallaron, +dio su espíritu: quiero decir que se murió. + +Viendo lo cual el cura, pidió al escribano le diese por testimonio como +Alonso Quijano el Bueno, llamado comúnmente don Quijote de la Mancha, había +pasado desta presente vida y muerto naturalmente; y que el tal testimonio +pedía para quitar la ocasión de algún otro autor que Cide Hamete Benengeli +le resucitase falsamente, y hiciese inacabables historias de sus hazañas. + +Este fin tuvo el Ingenioso Hidalgo de la Mancha, cuyo lugar no quiso poner +Cide Hamete puntualmente, por dejar que todas las villas y lugares de la +Mancha contendiesen entre sí por ahijársele y tenérsele por suyo, como +contendieron las siete ciudades de Grecia por Homero. + +Déjanse de poner aquí los llantos de Sancho, sobrina y ama de don Quijote, +los nuevos epitafios de su sepultura, aunque Sansón Carrasco le puso éste: + +Yace aquí el Hidalgo fuerte +que a tanto estremo llegó +de valiente, que se advierte +que la muerte no triunfó +de su vida con su muerte. +Tuvo a todo el mundo en poco; +fue el espantajo y el coco +del mundo, en tal coyuntura, +que acreditó su ventura +morir cuerdo y vivir loco. + +Y el prudentísimo Cide Hamete dijo a su pluma: + +— Aquí quedarás, colgada desta espetera y deste hilo de alambre, ni sé si +bien cortada o mal tajada péñola mía, adonde vivirás luengos siglos, si +presuntuosos y malandrines historiadores no te descuelgan para profanarte. +Pero, antes que a ti lleguen, les puedes advertir, y decirles en el mejor +modo que pudieres: + +''¡Tate, tate, folloncicos! +De ninguno sea tocada; +porque esta impresa, buen rey, +para mí estaba guardada. + +Para mí sola nació don Quijote, y yo para él; él supo obrar y yo escribir; +solos los dos somos para en uno, a despecho y pesar del escritor fingido y +tordesillesco que se atrevió, o se ha de atrever, a escribir con pluma de +avestruz grosera y mal deliñada las hazañas de mi valeroso caballero, +porque no es carga de sus hombros ni asunto de su resfriado ingenio; a +quien advertirás, si acaso llegas a conocerle, que deje reposar en la +sepultura los cansados y ya podridos huesos de don Quijote, y no le quiera +llevar, contra todos los fueros de la muerte, a Castilla la Vieja, +haciéndole salir de la fuesa donde real y verdaderamente yace tendido de +largo a largo, imposibilitado de hacer tercera jornada y salida nueva; que, +para hacer burla de tantas como hicieron tantos andantes caballeros, bastan +las dos que él hizo, tan a gusto y beneplácito de las gentes a cuya noticia +llegaron, así en éstos como en los estraños reinos''. Y con esto cumplirás +con tu cristiana profesión, aconsejando bien a quien mal te quiere, y yo +quedaré satisfecho y ufano de haber sido el primero que gozó el fruto de +sus escritos enteramente, como deseaba, pues no ha sido otro mi deseo que +poner en aborrecimiento de los hombres las fingidas y disparatadas +historias de los libros de caballerías, que, por las de mi verdadero don +Quijote, van ya tropezando, y han de caer del todo, sin duda alguna. Vale. + +Fin + + + + +*** END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK DON QUIJOTE *** + +***** This file should be named 2000-0.txt or 2000-0.zip ***** +This and all associated files of various formats will be found in: + https://www.gutenberg.org/2/0/0/2000/ + +Updated editions will replace the previous one--the old editions will +be renamed. + +Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright +law means that no one owns a United States copyright in these works, +so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the United +States without permission and without paying copyright +royalties. Special rules, set forth in the General Terms of Use part +of this license, apply to copying and distributing Project +Gutenberg-tm electronic works to protect the PROJECT GUTENBERG-tm +concept and trademark. Project Gutenberg is a registered trademark, +and may not be used if you charge for the eBooks, unless you receive +specific permission. If you do not charge anything for copies of this +eBook, complying with the rules is very easy. You may use this eBook +for nearly any purpose such as creation of derivative works, reports, +performances and research. They may be modified and printed and given +away--you may do practically ANYTHING in the United States with eBooks +not protected by U.S. copyright law. Redistribution is subject to the +trademark license, especially commercial redistribution. + +START: FULL LICENSE + +THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE +PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK + +To protect the Project Gutenberg-tm mission of promoting the free +distribution of electronic works, by using or distributing this work +(or any other work associated in any way with the phrase "Project +Gutenberg"), you agree to comply with all the terms of the Full +Project Gutenberg-tm License available with this file or online at +www.gutenberg.org/license. + +Section 1. General Terms of Use and Redistributing Project +Gutenberg-tm electronic works + +1.A. By reading or using any part of this Project Gutenberg-tm +electronic work, you indicate that you have read, understand, agree to +and accept all the terms of this license and intellectual property +(trademark/copyright) agreement. If you do not agree to abide by all +the terms of this agreement, you must cease using and return or +destroy all copies of Project Gutenberg-tm electronic works in your +possession. If you paid a fee for obtaining a copy of or access to a +Project Gutenberg-tm electronic work and you do not agree to be bound +by the terms of this agreement, you may obtain a refund from the +person or entity to whom you paid the fee as set forth in paragraph +1.E.8. + +1.B. "Project Gutenberg" is a registered trademark. It may only be +used on or associated in any way with an electronic work by people who +agree to be bound by the terms of this agreement. There are a few +things that you can do with most Project Gutenberg-tm electronic works +even without complying with the full terms of this agreement. See +paragraph 1.C below. There are a lot of things you can do with Project +Gutenberg-tm electronic works if you follow the terms of this +agreement and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm +electronic works. See paragraph 1.E below. + +1.C. The Project Gutenberg Literary Archive Foundation ("the +Foundation" or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection +of Project Gutenberg-tm electronic works. Nearly all the individual +works in the collection are in the public domain in the United +States. If an individual work is unprotected by copyright law in the +United States and you are located in the United States, we do not +claim a right to prevent you from copying, distributing, performing, +displaying or creating derivative works based on the work as long as +all references to Project Gutenberg are removed. Of course, we hope +that you will support the Project Gutenberg-tm mission of promoting +free access to electronic works by freely sharing Project Gutenberg-tm +works in compliance with the terms of this agreement for keeping the +Project Gutenberg-tm name associated with the work. You can easily +comply with the terms of this agreement by keeping this work in the +same format with its attached full Project Gutenberg-tm License when +you share it without charge with others. + +1.D. The copyright laws of the place where you are located also govern +what you can do with this work. Copyright laws in most countries are +in a constant state of change. If you are outside the United States, +check the laws of your country in addition to the terms of this +agreement before downloading, copying, displaying, performing, +distributing or creating derivative works based on this work or any +other Project Gutenberg-tm work. The Foundation makes no +representations concerning the copyright status of any work in any +country outside the United States. + +1.E. Unless you have removed all references to Project Gutenberg: + +1.E.1. The following sentence, with active links to, or other +immediate access to, the full Project Gutenberg-tm License must appear +prominently whenever any copy of a Project Gutenberg-tm work (any work +on which the phrase "Project Gutenberg" appears, or with which the +phrase "Project Gutenberg" is associated) is accessed, displayed, +performed, viewed, copied or distributed: + + This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and + most other parts of the world at no cost and with almost no + restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it + under the terms of the Project Gutenberg License included with this + eBook or online at www.gutenberg.org. If you are not located in the + United States, you will have to check the laws of the country where + you are located before using this eBook. + +1.E.2. If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is +derived from texts not protected by U.S. copyright law (does not +contain a notice indicating that it is posted with permission of the +copyright holder), the work can be copied and distributed to anyone in +the United States without paying any fees or charges. If you are +redistributing or providing access to a work with the phrase "Project +Gutenberg" associated with or appearing on the work, you must comply +either with the requirements of paragraphs 1.E.1 through 1.E.7 or +obtain permission for the use of the work and the Project Gutenberg-tm +trademark as set forth in paragraphs 1.E.8 or 1.E.9. + +1.E.3. If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is posted +with the permission of the copyright holder, your use and distribution +must comply with both paragraphs 1.E.1 through 1.E.7 and any +additional terms imposed by the copyright holder. Additional terms +will be linked to the Project Gutenberg-tm License for all works +posted with the permission of the copyright holder found at the +beginning of this work. + +1.E.4. Do not unlink or detach or remove the full Project Gutenberg-tm +License terms from this work, or any files containing a part of this +work or any other work associated with Project Gutenberg-tm. + +1.E.5. Do not copy, display, perform, distribute or redistribute this +electronic work, or any part of this electronic work, without +prominently displaying the sentence set forth in paragraph 1.E.1 with +active links or immediate access to the full terms of the Project +Gutenberg-tm License. + +1.E.6. You may convert to and distribute this work in any binary, +compressed, marked up, nonproprietary or proprietary form, including +any word processing or hypertext form. However, if you provide access +to or distribute copies of a Project Gutenberg-tm work in a format +other than "Plain Vanilla ASCII" or other format used in the official +version posted on the official Project Gutenberg-tm web site +(www.gutenberg.org), you must, at no additional cost, fee or expense +to the user, provide a copy, a means of exporting a copy, or a means +of obtaining a copy upon request, of the work in its original "Plain +Vanilla ASCII" or other form. Any alternate format must include the +full Project Gutenberg-tm License as specified in paragraph 1.E.1. + +1.E.7. Do not charge a fee for access to, viewing, displaying, +performing, copying or distributing any Project Gutenberg-tm works +unless you comply with paragraph 1.E.8 or 1.E.9. + +1.E.8. You may charge a reasonable fee for copies of or providing +access to or distributing Project Gutenberg-tm electronic works +provided that + +* You pay a royalty fee of 20% of the gross profits you derive from + the use of Project Gutenberg-tm works calculated using the method + you already use to calculate your applicable taxes. The fee is owed + to the owner of the Project Gutenberg-tm trademark, but he has + agreed to donate royalties under this paragraph to the Project + Gutenberg Literary Archive Foundation. Royalty payments must be paid + within 60 days following each date on which you prepare (or are + legally required to prepare) your periodic tax returns. Royalty + payments should be clearly marked as such and sent to the Project + Gutenberg Literary Archive Foundation at the address specified in + Section 4, "Information about donations to the Project Gutenberg + Literary Archive Foundation." + +* You provide a full refund of any money paid by a user who notifies + you in writing (or by e-mail) within 30 days of receipt that s/he + does not agree to the terms of the full Project Gutenberg-tm + License. You must require such a user to return or destroy all + copies of the works possessed in a physical medium and discontinue + all use of and all access to other copies of Project Gutenberg-tm + works. + +* You provide, in accordance with paragraph 1.F.3, a full refund of + any money paid for a work or a replacement copy, if a defect in the + electronic work is discovered and reported to you within 90 days of + receipt of the work. + +* You comply with all other terms of this agreement for free + distribution of Project Gutenberg-tm works. + +1.E.9. If you wish to charge a fee or distribute a Project +Gutenberg-tm electronic work or group of works on different terms than +are set forth in this agreement, you must obtain permission in writing +from both the Project Gutenberg Literary Archive Foundation and The +Project Gutenberg Trademark LLC, the owner of the Project Gutenberg-tm +trademark. Contact the Foundation as set forth in Section 3 below. + +1.F. + +1.F.1. Project Gutenberg volunteers and employees expend considerable +effort to identify, do copyright research on, transcribe and proofread +works not protected by U.S. copyright law in creating the Project +Gutenberg-tm collection. Despite these efforts, Project Gutenberg-tm +electronic works, and the medium on which they may be stored, may +contain "Defects," such as, but not limited to, incomplete, inaccurate +or corrupt data, transcription errors, a copyright or other +intellectual property infringement, a defective or damaged disk or +other medium, a computer virus, or computer codes that damage or +cannot be read by your equipment. + +1.F.2. LIMITED WARRANTY, DISCLAIMER OF DAMAGES - Except for the "Right +of Replacement or Refund" described in paragraph 1.F.3, the Project +Gutenberg Literary Archive Foundation, the owner of the Project +Gutenberg-tm trademark, and any other party distributing a Project +Gutenberg-tm electronic work under this agreement, disclaim all +liability to you for damages, costs and expenses, including legal +fees. YOU AGREE THAT YOU HAVE NO REMEDIES FOR NEGLIGENCE, STRICT +LIABILITY, BREACH OF WARRANTY OR BREACH OF CONTRACT EXCEPT THOSE +PROVIDED IN PARAGRAPH 1.F.3. YOU AGREE THAT THE FOUNDATION, THE +TRADEMARK OWNER, AND ANY DISTRIBUTOR UNDER THIS AGREEMENT WILL NOT BE +LIABLE TO YOU FOR ACTUAL, DIRECT, INDIRECT, CONSEQUENTIAL, PUNITIVE OR +INCIDENTAL DAMAGES EVEN IF YOU GIVE NOTICE OF THE POSSIBILITY OF SUCH +DAMAGE. + +1.F.3. LIMITED RIGHT OF REPLACEMENT OR REFUND - If you discover a +defect in this electronic work within 90 days of receiving it, you can +receive a refund of the money (if any) you paid for it by sending a +written explanation to the person you received the work from. If you +received the work on a physical medium, you must return the medium +with your written explanation. The person or entity that provided you +with the defective work may elect to provide a replacement copy in +lieu of a refund. If you received the work electronically, the person +or entity providing it to you may choose to give you a second +opportunity to receive the work electronically in lieu of a refund. If +the second copy is also defective, you may demand a refund in writing +without further opportunities to fix the problem. + +1.F.4. Except for the limited right of replacement or refund set forth +in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS', WITH NO +OTHER WARRANTIES OF ANY KIND, EXPRESS OR IMPLIED, INCLUDING BUT NOT +LIMITED TO WARRANTIES OF MERCHANTABILITY OR FITNESS FOR ANY PURPOSE. + +1.F.5. Some states do not allow disclaimers of certain implied +warranties or the exclusion or limitation of certain types of +damages. If any disclaimer or limitation set forth in this agreement +violates the law of the state applicable to this agreement, the +agreement shall be interpreted to make the maximum disclaimer or +limitation permitted by the applicable state law. The invalidity or +unenforceability of any provision of this agreement shall not void the +remaining provisions. + +1.F.6. INDEMNITY - You agree to indemnify and hold the Foundation, the +trademark owner, any agent or employee of the Foundation, anyone +providing copies of Project Gutenberg-tm electronic works in +accordance with this agreement, and any volunteers associated with the +production, promotion and distribution of Project Gutenberg-tm +electronic works, harmless from all liability, costs and expenses, +including legal fees, that arise directly or indirectly from any of +the following which you do or cause to occur: (a) distribution of this +or any Project Gutenberg-tm work, (b) alteration, modification, or +additions or deletions to any Project Gutenberg-tm work, and (c) any +Defect you cause. + +Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm + +Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of +electronic works in formats readable by the widest variety of +computers including obsolete, old, middle-aged and new computers. It +exists because of the efforts of hundreds of volunteers and donations +from people in all walks of life. + +Volunteers and financial support to provide volunteers with the +assistance they need are critical to reaching Project Gutenberg-tm's +goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will +remain freely available for generations to come. In 2001, the Project +Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure +and permanent future for Project Gutenberg-tm and future +generations. To learn more about the Project Gutenberg Literary +Archive Foundation and how your efforts and donations can help, see +Sections 3 and 4 and the Foundation information page at +www.gutenberg.org + +Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary +Archive Foundation + +The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit +501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the +state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal +Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification +number is 64-6221541. Contributions to the Project Gutenberg Literary +Archive Foundation are tax deductible to the full extent permitted by +U.S. federal laws and your state's laws. + +The Foundation's principal office is in Fairbanks, Alaska, with the +mailing address: PO Box 750175, Fairbanks, AK 99775, but its +volunteers and employees are scattered throughout numerous +locations. Its business office is located at 809 North 1500 West, Salt +Lake City, UT 84116, (801) 596-1887. Email contact links and up to +date contact information can be found at the Foundation's web site and +official page at www.gutenberg.org/contact + +For additional contact information: + + Dr. Gregory B. Newby + Chief Executive and Director + gbnewby@pglaf.org + +Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg +Literary Archive Foundation + +Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide +spread public support and donations to carry out its mission of +increasing the number of public domain and licensed works that can be +freely distributed in machine readable form accessible by the widest +array of equipment including outdated equipment. Many small donations +($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt +status with the IRS. + +The Foundation is committed to complying with the laws regulating +charities and charitable donations in all 50 states of the United +States. Compliance requirements are not uniform and it takes a +considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up +with these requirements. We do not solicit donations in locations +where we have not received written confirmation of compliance. To SEND +DONATIONS or determine the status of compliance for any particular +state visit www.gutenberg.org/donate + +While we cannot and do not solicit contributions from states where we +have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition +against accepting unsolicited donations from donors in such states who +approach us with offers to donate. + +International donations are gratefully accepted, but we cannot make +any statements concerning tax treatment of donations received from +outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff. + +Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation +methods and addresses. Donations are accepted in a number of other +ways including checks, online payments and credit card donations. To +donate, please visit: www.gutenberg.org/donate + +Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic works. + +Professor Michael S. Hart was the originator of the Project +Gutenberg-tm concept of a library of electronic works that could be +freely shared with anyone. For forty years, he produced and +distributed Project Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of +volunteer support. + +Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed +editions, all of which are confirmed as not protected by copyright in +the U.S. unless a copyright notice is included. Thus, we do not +necessarily keep eBooks in compliance with any particular paper +edition. + +Most people start at our Web site which has the main PG search +facility: www.gutenberg.org + +This Web site includes information about Project Gutenberg-tm, +including how to make donations to the Project Gutenberg Literary +Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to +subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks. + + |
