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+The Project Gutenberg EBook of Amistad funesta, by José Martí
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
+
+
+Title: Amistad funesta
+ Novela
+
+Author: José Martí
+
+Release Date: April 14, 2006 [EBook #18166]
+
+Language: Spanish
+
+Character set encoding: ISO-8859-1
+
+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK AMISTAD FUNESTA ***
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+Produced by Chuck Greif and La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes
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+ Amistad funesta
+
+ _Novela_
+
+ José Martí
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+
+ Introducción, por Gonzalo de Quesada
+
+Sea su novela _Amistad funesta_ el décimo volumen de las obras del
+Maestro.
+
+Es milagro que ella, como casi todo lo que escribió, no se haya perdido.
+Se publicó en 1885, en varias entregas, en _El Latino Americano_,
+periódico bimensual, de vida efímera--órgano de la Compañía Hecktograph,
+de New York--que no se encuentra hoy en biblioteca pública alguna.
+Además, no apareció con el nombre de su autor sino con el seudónimo de
+«Adelaida Ral», y esto hubiera hecho aun más difícil su hallazgo.
+
+Afortunadamente, un día en que arreglábamos papeles en su modesta
+oficina de trabajo, en 120 Front Street--convertida, en aquel entonces,
+en centro del Partido Revolucionario Cubano y redacción y administración
+de _Patria_--di con unas páginas sueltas de _El Latino Americano_,
+aquí y allá corregidas por Martí, y exclamé al revisarlas: «¿Qué es esto
+Maestro?» «Nada--contestome cariñosamente--recuerdos de épocas de luchas y
+tristezas; pero guárdelas para otra ocasión. En este momento debemos
+solo pensar en la obra magna, la única digna; la de hacer la
+independencia».
+
+En efecto; esta novela vio la luz a raíz de fracasados intentos para
+levantar en armas, de nuevo, a nuestra tierra, intentos que no apoyó
+Martí estimando que el plan no era suficiente ni el momento oportuno;
+brotó de su pluma cuando--en desacuerdo con los caudillos
+prestigiosos, únicos capaces, con sus espadas heroicas y legendarias, de
+despertar el alma guerrera cubana--parecía oscurecido, para siempre, en
+la política; fue engendrada en horas de la mayor penuria, en las que, no
+obstante, rechazando las tentaciones de la riqueza y sin otra guía que
+su conciencia ni otro consuelo que su inquebrantable fe en la Libertad,
+sus principios no capitularon.
+
+A una miseria por palabra se pagó este trabajo, elevado de pensamiento,
+galano de estilo, con enseñanzas--como todo lo suyo--para sus
+compatriotas; con algo de su propia existencia.
+
+No sé que el Maestro, en otras ocasiones, cultivase este ramo literario;
+pero su traducción de _Called back_, de Hugh Conway--por la cual una casa
+editora le concedió, como gran generosidad, cien pesos--, luego con
+brillante vestidura y el nombre de _Misterio_ vendida por millares, y la
+versión suya, que talmente parece un original, amorosa y admirable, de
+_Ramona_ de Hellen Hunt Jackson--buscada en vano en las librerías--, son
+prueba evidente de que a haber dispuesto de oportunidad y sosiego para
+ello, hubiera, también, triunfado en la Novela. No le faltaban elementos
+por su conocimiento de la realidad del mundo y sus pasiones, anhelos y
+torturas; le sobraba fantasía para hacerla resaltar; espléndido lenguaje
+con que exponerla.
+
+Ni sus versos, ni parte de su correspondencia, ni sus artículos de
+doctrina y de propaganda, ni sus pensamientos ni su biografía he
+olvidado; pero cumpliendo con lo principal que él nos enseñó--el servicio
+de Cuba--poco se ha podido terminar y solamente ha habido tiempo para
+este volumen--y reunir los homenajes a su memoria que van en el mismo
+prenda de que aquí, en los lejanos montes de Turingia, donde aun vibran
+entre pinos seculares las liras de Goethe, Schiller y Wieland, ¡pienso
+en él y en la patria!
+
+Oberhof, 4 de julio de 1911.
+
+ Gonzalo de Quesada
+
+
+
+
+ José Martí, por Miguel Tedín
+
+ _La Nación_, Buenos Aires, diciembre 1.º de 1909
+
+
+A principios del año 1888 llegué a Nueva York en cumplimiento de una
+misión profesional, y una de mis primeras diligencias fue [ir] a buscar
+a Martí cuyas correspondencias a _La Nación_ me habían impresionado
+vivamente, revelándome un talento superior y un alma eminentemente
+americana. Encontrele en su despacho del consulado oriental en Front
+Street, una de las antiguas calles de la gran metrópoli y apenas llamé a
+la puerta se adelantó a recibirme diciéndome: ¿Es usted el señor Tedín?
+(un amigo común le había anticipado la visita), a la vez que me extendía
+ambas manos con tal efusión de franqueza y sinceridad, que ese apretón
+selló entre ambos una amistad que solo la muerte del gran ciudadano ha
+podido cortar.
+
+Era Martí de mediana estatura, cabellera negra y abundante que rodeaba
+una frente amplia y bombeada, ojos negros de mirada dulce y penetrante,
+tez blanca pálida, como son generalmente los cubanos, bigote negro y
+crespo y un óvalo perfecto redondeaba su fisonomía armoniosa y vivaz. En
+su cuerpo delgado predominaba el temperamento nervioso, que hacía
+rápidos todos sus movimientos y sus manos finas y alargadas revelaban al
+hombre culto consagrado a las tareas intelectuales. Llevaba como único
+adorno en uno de sus dedos un anillo de plata en el cual estaba grabada
+la palabra «Cuba».
+
+Cubrían los muros de su despacho estanterías de pino blanco, algunas de
+las cuales él mismo construyó, y en los pocos espacios libres que ellas
+dejaban colgaban retratos de los héroes de la revolución cubana que
+terminó con la paz del Zanjón, y entre los de varios literatos ocupaba
+lugar preferente el de Víctor Hugo.
+
+Constituían su biblioteca, en primer término, las publicaciones que se
+hacían en la América latina, cuyo progreso intelectual seguía con
+avidez, habiendo escrito juicios sobre muchas de ellas; pero tampoco
+faltaban los de la literatura norteamericana, cuya lengua conocía
+profundamente, aunque no fuera inclinado a hablarla. Su mesa de trabajo,
+sumamente sencilla, estaba siempre repleta de papeles que formaban sus
+numerosos trabajos de correspondencia para los periódicos de Cuba,
+Méjico, Guatemala, Argentina, y las revistas que bajo su dirección se
+publicaban en Nueva York, aparte de los documentos oficiales de su
+consulado. El único ornamento de ella era un tosco anillo de hierro que
+tuvo de grillete durante su prisión en la isla de Cuba, cuando aun era
+un niño, por causa de sus ideas liberales y que le fue regalado por su
+señora madre después de su deportación a España, para que le sirviera de
+amuleto en su peregrinación por la libertad de su patria.
+
+En aquel modesto despacho mantuvo por muchos años el fuego sagrado de la
+independencia cubana, sin que por un momento les hicieran desfallecer ni
+las disidencias entre sus propios amigos, muchos de los cuales creían
+utópica la revolución, ni el espectáculo de las fortunas que se
+acumulaban a su alrededor por todos los que consagraban su inteligencia
+y su autoridad a los negocios comerciales.
+
+Allí llegaban y eran cordialmente recibidos no solo los sudamericanos
+que deseaban un consejero honrado para orientarse en los caminos de la
+vida americana, sino todos los cubanos interesados en la política de su
+país. Allí conoció a Estrada Palma, que a la sazón ganaba su vida
+manteniendo un pensionado de enseñanza en el estado de Nueva Jersey, y a
+muchos otros después actuaron en la revolución. A todos recibía con los
+brazos y el corazón abiertos y para todos tenía no solo las hermosas
+palabras, sino la ayuda de su experiencia y aun de sus modestos
+recursos.
+
+Su fisonomía moral se caracterizaba por la más absoluta honestidad en
+todos los actos de su vida y por el mayor desprendimiento de sus propios
+intereses en favor del ideal a que había consagrado su existencia, la
+libertad de Cuba. Su espíritu eminentemente altruista, se asociaba a
+todos los dolores ajenos y a ellos llevaba el consuelo de su palabra
+inspirada; lo mismo compartía las alegrías de sus amigos. Su alma
+sensible y delicada sufría con las asperezas del alma yanqui, y nunca
+pudo fundirse en los moldes de ambición en que esta está vaciada.
+Recibió ofertas halagadoras para que pusiera su talento de escritor al
+servicio de intereses comerciales; pero jamás quiso desnaturalizar su
+pluma que solo debía servir para unir a la familia latinoamericana y
+para luchar por la libertad. Prefirió ser pobre con decoro (palabra que
+se encuentra en casi todos sus escritos) antes que sacrificar sus
+convicciones ni su tiempo a tareas menos nobles que aquella en que se
+había empeñado.
+
+Poseía un raro talento de asimilación y de generalización que le
+permitía abordar con brillo y con criterio sólido todos los problemas
+que en el orden político o sociológico entrañan el desenvolvimiento de
+las naciones y su memoria privilegiada le permitía recordar todo cuanto
+había pasado por el crisol de su inteligencia. Era raro hablarle de un
+libro recientemente publicado que él no lo conociera y sobre el cual
+pudiera expresar su propio juicio; así como conocía a todos los hombres
+que habían desempeñado un papel prominente en la vida de las naciones
+latinoamericanas.
+
+Su palabra era suave, fluida, límpida como su pensamiento, sin
+afectación ni rebuscamiento, y producía el encanto de una fuente
+cristalina que desciende en su curso halagando los sentidos. Cuántas
+veces en los días festivos, solíamos atravesar el río Hudson e
+internarnos en las hermosas arboledas de las Palisades o recorríamos las
+avenidas del Parque Central, y allí transcurrían insensiblemente las
+horas, bajo la influencia de su palabra sana y amena que hacía olvidar
+el bullicio de la metrópoli. Su oratoria sólida y rica en imágenes
+brillantes se derramaba como raudales de perlas y de flores, y su
+auditorio quedaba siempre cautivado por el encanto de ella. Recuerdo que
+en una conferencia que dio sobre Guatemala, con el propósito de reunir y
+vincular a los latinos residentes en Nueva York, tomó como tema las
+flores y los pájaros que adornaban el sombrero de una señorita allí
+presente, y sobre él hizo la pintura más hermosa que jamás haya leído de
+la naturaleza y de la sociedad centroamericana.
+
+La impresión que a todos nos produjo fue la de hacer olvidar que nos
+hallábamos bajo un cielo gris y helado, creyéndonos transportados a los
+trópicos, y solo volví a la realidad de nuestra existencia cuando sentí
+un «_hurry up_», pronunciado con áspero acento sajón por dos jóvenes que
+pasaban a mi lado.
+
+Era un trabajador infatigable y desde el alba que empezaba su labor con
+la lectura de los diarios hasta altas horas de la noche y a veces hasta
+la nueva aurora que solía sorprenderlo cuando, como él decía, se hallaba
+engolosinado por algún estudio en que ponía toda su alma para
+transmitirla a los lectores que el obligado por las visitas de sus
+amigos a quienes recibía con solícito cariño.
+
+Y no eran solo los trabajos literarios que ocupaban sus horas. Las
+dividía entre estos y las conferencias que daba a los cubanos pobres, en
+las que se esforzaba para vincular al elemento de color, con los de las
+clases superiores, porque unos y otros debían servir para preparar la
+revolución cubana que era el objeto de su permanencia en Estados Unidos.
+
+A pesar de los largos años que allí vivió, nunca pudo identificarse con
+la vida americana, porque su espíritu generoso y desinteresado era
+refractario a los procedimientos egoístas que constituyen el fondo del
+carácter de ese pueblo. Desconfiaba con las tendencias imperialistas de
+esa nación y creía que abrigaba propósitos absorbentes, contra los
+cuales las repúblicas latinas debieran estar prevenidas. Méjico, decía,
+solo ha podido evitar nuevas desmembraciones merced a una política
+hábil, en que sin resistir directamente, ha evitado la invasión de
+intereses americanos. Consideraba la conferencia monetaria
+internacional, iniciada por Blaine y a la que él fue delegado por el
+Uruguay, y yo lo fui por la Argentina, más como el medio de favorecer
+los intereses de los Estados Unidos platistas, que el de estrechar los
+vínculos de todas las naciones de América. Carece, pues, completamente
+de fundamento la versión de un escritor franco-argentino, de que Martí
+fuera partidario de la anexión de Cuba a los Estados Unidos, cuando, por
+el contrario, veía en ellos un peligro para la independencia. Creo, sin
+embargo, que sus temores eran infundados a este respecto, como lo ha
+demostrado la conducta de aquella nación, para terminar la guerra y
+establecer el gobierno propio de la isla y estoy convencido de que no
+tienen ambiciones de predominio sobre la América latina. Mr. Elihu Root
+me dijo durante su visita a esta capital, que los Estados Unidos nunca
+anexionarían a Cuba y tengo la más absoluta confianza en la sinceridad
+de este gran estadista americano.
+
+Los últimos años de la vida de Martí en Nueva York me son poco
+conocidos. Su última carta me revelaba un estado moral deprimido por el
+exceso del trabajo, que había creado en su organismo una excitación
+nerviosa. «Tengo horror a la tinta, me decía, y desearía huir a los
+bosques, aunque me crecieran las barbas verdes, para no ver papeles ni
+sentir las fealdades de las gentes». Pasaron algunos años, durante los
+cuales solo tuve noticias de él por intermedio de un amigo, cuando un
+día recibí un telegrama en que me decía: «deberes ineludibles me llaman
+a mi patria y necesito su ayuda, mándeme por cable quinientos dólares».
+Mi situación en aquel momento era difícil y me fue imposible ayudarlo.
+Tengo, pues, el remordimiento de no haber contribuido con esa suma a la
+independencia de Cuba, puesto que en esos días salía Martí de Nueva York
+para reunirse con el general Máximo Gómez e invadir la isla, iniciando
+la nueva insurrección que dio por resultado la terminación del dominio
+español.
+
+La noticia de su muerte en los primeros combates librados entre cubanos
+y españoles me produjo hondo pesar. Consideraba a Martí uno de los
+hombres de más talento que me había sido dado tratar y su muerte
+representaba no solo una pérdida irreparable para Cuba, de la que habría
+sido uno de sus preclaros presidentes, sino para la América latina toda,
+pues desaparecía el escritor genial en quien el fuego de la solidaridad
+americana brillaba con resplandores que iluminaban ambos continentes.
+
+
+
+
+ José Martí, por Román Vélez
+
+ _Notas de Arte_ (Colombia), agosto 15 de 1910
+
+
+Le conocí y traté en New York el año de 1891.
+
+Me consagró su amistad. La amistad es la única rosa que no tiene
+espinas. La única fuente arrulladora que no tiene lodo.
+
+Fui su amigo--en el trajín social--de pocos meses.
+
+Soy su amigo perdurable por el recuerdo y la memoria.
+
+Su recuerdo es para mí un ariete, relámpago que cruza las soledades de
+mi cerebro, viento agitado en mi calma abrumadora, águila que
+despierta--en horas de abatimiento--a picotazos mi alma.
+
+Fui, con varios condiscípulos, expresamente a conocerle. Habitaba casa
+humilde y vivía modestamente.
+
+Enamorado yo de sus escritos, deslumbrada mi juventud por aquel vuelo de
+cóndores de su prosa soberana, entré a aquel Areópago con el pensamiento
+en las nubes y el corazón en los labios.
+
+Eran días tétricos para los colombianos residentes en New York, días en
+que un desdichado compatriota, al frente de un puesto distinguido, había
+llevado a sus gavetas joyas que no eran suyas.
+
+Fue ese el tópico obligado, y Martí me decía: «los suramericanos
+enviamos trozos humanos putrefactos para que estos países los escarben y
+examinen, mandamos el rostro ensangrentado de la Patria para que estos
+países lo abofeteen».
+
+Sobre Cuba exclamaba:
+
+«Estoy desorientado y triste, pero con la mirada siempre fija en la
+cumbre inaccesible.
+
+»En mi tierra no hay más que dos hombres: Gómez y Maceo, y una bandera:
+yo.
+
+»A ellos los tienen como visionarios y a mí me consideran loco. Nos han
+dejado solos.
+
+»Aquí, en los momentos de angustia, en esos días lóbregos en que en vano
+lucho y brego con los hombres y las cosas, al trasladar al papel mis
+pobres pensamientos, no me explico, no comprendo cómo no se transforma
+en Vesubio mi cabeza ni se convierte mi pluma en bayoneta.
+
+»Ustedes, los colombianos, tienen aun esperanzas de redención: allí hay
+vida, hay savia, hay esplendor.
+
+Nosotros no tenemos nada.
+
+»Cuba es una tumba muy grande que guarda un cadáver más grande que ella:
+la raza india muerta.
+
+»Esa raza me alienta, y la máxima de Bolívar me conforta:
+'¡Venceremos!'».
+
+Calló, inclinó la cabeza meditabundo, me pareció escuchar el ruido
+estruendoso de las armas en la manigua, y comprendí que aquel hombre era
+algo más que tribuno, algo más que genio: ¡era la Libertad!
+
+La América latina ha sido escasa en mentes colosales. El genio, como el
+célebre arbusto parlante de Sumatra, no se ha dado en América sino muy
+de tarde en tarde.
+
+Ha habido ilustraciones altas y macizas, pensadores vastos y profundos,
+prosistas, oradores y poetas de palabra de oro y alas luminosas; pero el
+genio auténtico, la cabeza batida por aquilones y coronada de rayos, la
+lengua de fuego que realza y purifica cuanto toca, la pluma gigante que
+vierte a raudales la ternura, la ciencia y la filosofía... esos, han
+sido muy raros en América.
+
+Genio Montalvo; genio José Martí.
+
+El primero con una sombra: el arcaísmo; el segundo, sin sombras y sin
+manchas.
+
+La estulticia de las muchedumbres, el espíritu fácil al aplauso de
+nuestra raza, la lisonja desmesurada de los gacetilleros, el coro vacuo
+y frívolo de las mediocridades, han hecho aparecer en ocasiones como
+lumbreras a seres que apenas han tocado los primeros peldaños de la
+gloria.
+
+Entes grandes y pomposos--como la encina de Lebes--, pero huecos.
+
+Árboles corpulentos de espléndido ramaje, pero torcidos e inclinados a
+la tierra.
+
+Hoy la serie de pensadores es como una serie de montañas, pero sin
+cumbres que sobresalgan, sin picos que se despidan de las otras.
+
+La constante difusión de las luces, el espíritu incansable e
+investigador del siglo, la rapidez y la facilidad en las comunicaciones,
+la escuela, el libro, la prensa y la tribuna, han eliminado esas
+eminencias, cúspides de la humanidad.
+
+Con la abundancia de las colinas han desaparecido los Himalayas.
+
+Con la dilatación ha resultado el aplanamiento, con el ensanche se ha
+perdido la altitud.
+
+El peñón abrupto es arena rutilante.
+
+El nido es colmena.
+
+La altura es extensión.
+
+La cima ha sido cubierta por la arboleda en marcha: no se ven más que
+árboles.
+
+La roca altísima ha sido invadida por el mar: no se ven más que olas.
+
+Hoy es plaza lo que ayer fue torre, lago lo que fue atalaya, cielo
+inconmensurable lo que fue astro esplendoroso.
+
+«Las cumbres se han deshecho en llanuras, las llanuras son cumbres.
+
+»Son muchos los poetas secundarios, escasos los poetas eminentes
+solitarios.
+
+»El genio va pasando de individual a colectivo.
+
+»El hombre pierde en beneficio de los hombres.
+
+»Se diluyen, se expanden las cualidades de los privilegiados a la masa».
+
+Las golondrinas se han elevado y los cometas han descendido.
+
+Las legiones han subido y Júpiter ha bajado.
+
+El mérito de Martí consistió precisamente en eso: haber dado sombra a
+tantas grandezas.
+
+En época, en que la ciencia es ambiente y el talento multitud, él fue
+Argos impoluto, gigante, solo, y ¡único!
+
+Todo tiene en la naturaleza su punto culminante, su nota dominadora, su
+faz grave y severa: la selva, el roble centenario; el océano, la ola
+inmensa de cresta arrebolada; el desierto, el león hirsuto y arrogante;
+y la sociedad, el genio.
+
+¡Y genio fue José Martí!
+
+Murió a los 42 años y es asombrosa su labor política y literaria.
+
+A la edad en que otros comienzan a ascender, ya él traía guirnaldas del
+Olimpo.
+
+En un mismo día, y en ocasiones en una misma hora, escribía un discurso,
+redactaba una carta, pergeñaba una revista, otorgaba una clase, leía un
+libro, hojeaba un folleto, traducía una fábula, hablaba de cosas fútiles
+con su familia y de cosas lisonjeras con sus amigos.
+
+Tenía el don de contorcerse y dividirse, la cualidad de la
+centuplicación.
+
+Un caso de polizoísmo.
+
+Trabajaba en una casa de comercio, colaboraba en varias sociedades y
+_magazines_, sostenía incansable correspondencia con sus adictos,
+enseñaba a los desgraciados, meditaba, discutía, exaltaba a los
+pusilánimes, asaeteaba a los cobardes, confortaba a los sufridos, se
+erguía ante los poderosos, lloraba con los indigentes; tenía un báculo
+para cada caída, una esperanza para cada lacería, un bálsamo para cada
+dolor, una rosa para cada beldad, un pensamiento dulce para cada
+párvulo, y aun le quedaba tiempo para ser rendido y galante con la
+esposa y cariñoso y afable con los hijos.
+
+Séneca, Aristóteles, Corneille, Bacon, Montaigne, Joubert, Massillón,
+San Agustín, Rousseau, Voltaire, Shakespeare, Juvenal, toda una legión,
+se agitaba, bullía, vibraba en aquel cerebro poderoso, hecho para los
+torneos y las epopeyas, para las recias batallas y las hondas
+lucubraciones.
+
+En sus manos eran a diario: el _Tratado de la Naturaleza_ de
+Malebranche, _Los Pensamientos_ de Marco Aurelio, la _Historia de
+España_ de Mariana, los _Epigramas_ de Marcial, las endechas de
+Massinger, el _Capital_ de Marx, las elegías de Propercio, los _Ensayos_
+de Macaulay, las _Observaciones_ de Llorente, el _Catecismo_ de Lutero,
+todo le era familiar, conocido, íntimo, y consideraba los periódicos
+como soldados y los libros como hermanos.
+
+Para él todas las mujeres eran santas, todos los hombres buenos, todos
+los guerreros dignos, todos los oficios nobles, todas las cosas bellas.
+
+El reptil, a sus ojos, se convertía en ave; el barro en oro; el erizo en
+flor; el espectro en ángel.
+
+Su voluntad era granito; su espíritu, llama.
+
+Unía, a la calma de Massena, el arrojo de Murat.
+
+Aunaba, al candor de Carlos Dickens, la precisión de Víctor Hugo.
+
+Odiaba el estilo misoneico y la poesía macróstica.
+
+Admiraba más a Martos que a Castelar.
+
+Para sus compañeros y admiradores era inofensivo como la malva; para sus
+enemigos, venenoso como el quedec.
+
+Polígloto, enciclopédico, polílogo.
+
+En aquellos, atardeceres mincosos de la gran Metrópoli, en que Martí
+solía pasearse por las alamedas de Green Wood, ¡quién iba a imaginarse
+que de aquella mano tan sencilla pendía un mundo, que tras aquella
+cabeza silenciosa iba una bandada de águilas libertadoras!
+
+Su erudición, pasma. Si todos van contra él, él va contra todos. Tiene
+del ala y del hacha. De la roca y del torrente. De la hoja y del rayo.
+Ensalza, y va hasta lo infinito; derriba, y llega hasta el abismo.
+Cuando alaba encumbra; cuando analiza, despedaza. Su palabra, ora corre
+mansa, ora retumba; sus verbos, ora se deslizan, ora estallan. Algo como
+un trueno avanza por entre sus frases calológicas. Se siente calor de
+nube y rodar de cañones. Esculpe de una plumada; retrata de un brochazo.
+Tiene arranques sublimes en que parece que la tierra se levanta o el
+cielo se desploma. Tiene voces que gimen, términos que gritan, giros que
+rimbomban. Se escucha vuelo de pájaros y fuego de fusilería. Su dibujo
+es línea recta; su corte, el del diamante. Es paleta y es cincel. Es
+terso y es hondo. Palpita y regolfa. Su ritmo es una nave que se aleja;
+su dialéctica, escuadra que combate. Por entre la malla de su prosa hay
+pueblos que se hunden, ejércitos que se destrozan, mares que se
+revuelcan, bosques que caminan. Es raso y es acero. Es guzla y es
+clarín. Es halago y es centella. Escribe versos que enamoran, filípicas
+que entusiasman, libros que glorifican. Es diminuto y es excelso.
+Sencillo y complicado. Es león y paloma. Oruga y colibrí. A veces se
+detiene, como ante un precipicio; a veces corre veloz, como una
+locomotora. Mezcla lo alto y lo bajo, lo noble y lo ruin, la mariposa y
+el estiércol, la mirla y el escarabajo, el dicterio y la canción.
+
+Todo sale embellecido y purificado de aquella péñola incomparable,
+péñola que hoy bendice todo un pueblo, y es lumbre de la humanidad.
+
+Su vida fue un himno permanente a todos los derechos, eterna protesta a
+todas las iniquidades.
+
+Fue mentor augusto, patriota insigne.
+
+Fue principio y resumen. Alfa y Omega. Sacerdote y apóstol. Mecenas y
+Catón. Sufrió, amó, creó. Conoció lo pasado, vislumbró lo porvenir. Fue
+artista, gladiador, vidente. Se echó un mundo a la espalda y con él se
+le vio, radioso y fatigado, camino de la inmortalidad. Ante los
+obstáculos se duplicaba; ante los imposibles, no cedía. Enérgico,
+rápido, tenaz. Si nublado, se alzaba; si torrente, se sumergía. Para él
+era pira la existencia, átomo el universo, minutos las edades. Limpiaba,
+talaba, esclarecía. Hacía surgir proclamas de los muertos, lanzas de las
+tumbas, auroras de los antros, escuadrones de las piedras. Brotaba
+chispas su espada; relámpagos, su pensamiento.
+
+Dominó, coronó, ascendió.
+
+Y al caer, rota la frente, en un charco de sangre, hubo irrupción de
+llamas en el cielo, aglomeración de palmas en la tierra, condensación de
+recuerdos y sentimientos en el corazón de los americanos.
+
+Para llorar a Martí no son suficientes las lágrimas de todos los hombres
+ni el grito clamoroso de todos los siglos.
+
+¡Santa memoria de Martí, bendita seas!
+
+
+
+
+ Martí
+
+ Discurso pronunciado por el Doctor José Antonio González Lanuza
+
+ _En la Cámara de representantes de Cuba el 19 de mayo de 1910_
+
+
+Señor Presidente y señores Representantes:
+
+Cuantos aquí nos congregamos, hacemos memoria, sin duda, de una sesión
+análoga a esta--igual a esta diría mejor--en el año precedente. El
+entonces designado para hablar de Martí, fue el señor Miguel Viondi, y
+los que aquí estamos y estábamos aquella tarde, recordamos cuán
+gratamente nos entretuvo; dando a su disertación el interés de la
+relativa novedad, única a que puede aspirarse cuando del Padre de
+nuestra Patria se trata hoy entre nosotros. Colocado se encontraba el
+señor Viondi en ventajosas condiciones para ello: amigo íntimo de Martí,
+lo había tratado durante largo tiempo y de la manera más estrecha y
+podía referirnos rasgos, de esos que parecen insignificantes, pero que
+mejor que ninguna otra cosa indican el temperamento y la condición
+peculiar de un personaje. Refiriéndonos historias de esa clase, podía
+entretenernos con algo nuevo que no supiéramos los demás, que pudiera
+servir para rectificar algún juicio de detalle y para confirmar, como no
+podía, menos de resultar confirmado, el juicio que en conjunto
+formáramos todos de antemano del hombre insigne cuyo nombre invocamos en
+estos instantes.
+
+En cambio, el que se ha designado para que lleve la palabra en el día de
+hoy, y de él os hable, se encuentra en condiciones más desventajosas,
+porque no tuvo la dicha de conocerlo, ni de vista; y porque de él sabe
+lo que sabemos todos; y de él no puede decir otra cosa que lo que está
+en la mente y en el corazón de todos. No era posible que en Cuba se
+ignorara quién fue Martí, cuál fue su obra y cuál su representación
+entre nosotros. Desde los más humildes--desde el punto de vista de la
+inteligencia--hasta los que pueden decirse próceres de esa inteligencia,
+muchos han hablado entre nosotros de aquel que por antonomasia se ha
+llamado el Maestro. Historia de su vida, antecedentes de su carrera
+política, antecedentes de la agitación que organizara y todos los
+detalles relativos a su participación en el movimiento revolucionario
+que definitivamente independizó a Cuba, son, para cuantos aquí estamos,
+cosas sabidas; e igualmente son sabidas por todos los cubanos. En tal
+concepto, al que no pueda referir algún aspecto de la vida personal de
+aquel gran cubano, a un auditorio distinguido como este, se le coloca en
+una situación verdaderamente difícil cuando se le hace hablar de Martí.
+El tema es atractivo, es simpático, y porque siempre ha sido tema
+atractivo y simpático, muchos lo han tratado, muchos lo han
+desarrollado. El terreno, de tal modo, está espigado por completo; y yo
+he de recomendarme a la benevolencia de ustedes para que con esa
+benevolencia se me perdone todo lo que en mi discurso no puede menos de
+ser una repetición.
+
+Pudiéramos dividir en tres partes, no iguales, cierta mente, un discurso
+como el que debo pronunciar en el día de hoy: en una se puede hablar de
+la vida de Martí; en otra, de su carácter y de los rasgos prominentes
+del mismo; en la tercera, de su obra. Digo que no pueden ser iguales,
+porque acaso algo pueda decirse más extensamente, con un relativo aire
+de novedad de la segunda y de la tercera; de la primera, imposible.
+Hacer aquí un resumen de su existencia, de todos conocida, sería hacer
+perder tiempo a los señores que me escuchan. Su infancia; su juventud,
+pobre y agitada, mucho más que su infancia; su amor al estudio; las
+deficiencias de sus medios económicos; la consagración de toda su vida
+al logro de un ideal; su paso por España, sus pasos en Cuba, su
+residencia en las repúblicas de la América latina, su residencia en los
+Estados Unidos; son cosas de todos conocidas. Su participación en el
+movimiento revolucionario, su agitación en las emigraciones cubanas, su
+recorrido por todos los países en los cuales creyó que podía encontrar
+un eco simpático al pensamiento revolucionario y su dedicación absoluta
+y definitiva a dar cuerpo a ese pensamiento y a su ensueño, ¿qué son
+sino una cosa que está en la memoria y en el corazón de todos nosotros y
+que no necesita ser repetida, que no debe ser repetida, porque la
+repetición no sería ciertamente excusable, sería incuestionablemente
+vana y presuntuosa?
+
+No hablemos, por consiguiente, de su vida. De ella, lo que parece
+destacarse de una manera marcada, es esto sobre lo cual necesariamente
+habré de volver, porque fue rasgo típico de su temperamento. Fue una
+vida dirigida, como la aguja magnética, hacia una sola dirección; y
+todas las vicisitudes y agitaciones de aquella existencia, realmente
+tormentosa, vinieron al cabo a culminar en un mismo punto y en el
+sentido de una sola vía, por la que se encaminaron en definitiva sus
+pasos. Donde quiera que encontró cualquier oficio por el cual trató de
+librar su subsistencia, la adopción de ese oficio no tuvo más objeto
+sino el de lograr que fuera posible ir viviendo, para que al par que su
+vida se prolongara, se realizase la obra que se había impuesto. La tarea
+que desde sus tiempos de muy joven concibió en su espíritu, despertó en
+el mismo el propósito de consagrarse a ella, y de hecho, posteriormente,
+su vida fue, en cuanto a esa tarea, una definitiva consagración.
+Naturalmente, en un hombre obsedido por esa misión, que debió creer que
+providencialmente le estaba impuesta, y luego veremos por qué lo digo,
+no era posible que se produjera un rumbo normal, tranquilo y constante
+en la existencia. Dado el hecho de imponerse a sí mismo semejante
+misión, todo lo que no fuera el cumplimiento de ella, tenía que ser
+accesorio para él y accidental. Era preciso vivir; no tenía fortuna y
+era preciso buscar el pan de todos los días. Un hombre de inteligencia
+suficiente para haber abrazado cualquiera de esas profesiones, que si no
+francamente lucrativas, permiten por lo menos vivir con comodidad, no se
+podía ocupar de ninguna de ellas. Teniendo título de Abogado, no le fue
+dable ejercer la profesión. Para ello hubiera tenido que radicar en un
+mismo punto, que vivir en Cuba, y en Cuba española, que someterse a la
+mirada recelosa de la policía española, que prescindir de todo lo que él
+entendía que constituía su destino. Era preciso que librara la
+subsistencia con oficios que le permitieran al propio tiempo viajar,
+moverse de acá para allá, preparar el movimiento revolucionario en
+definitiva. Y tan es así, que una especie de visión, de destino
+providencial le animaba, que contra el parecer de la inmensa mayoría de
+sus conciudadanos, contra el parecer casi unánime de ellos, entendió que
+estaban maduros los tiempos, cuando todo el mundo pensaba que su
+tentativa habría de abortar como extraña aventura de dementes.
+
+A veces sucede esto, y ha sucedido en muchas ocasiones en la historia de
+la humanidad: no son precisamente los hombres de mayor reposo en el
+carácter y más serena cultura mental los que han decidido a las
+multitudes a obrar, los que han lanzado a los pueblos por el camino de
+su destino verdadero. Para eso se ha necesitado casi siempre una
+obsesión pasional y la impulsión que naturalmente se produce en virtud
+de ella; comunicar a las multitudes el fuego que a nosotros abrasa y
+hacerles realizar lo que ellas no pensaron que debieran realizar; aun
+muchas veces contra la voluntad general, adivinando cuál es el estado de
+la subconciencia, el deseo íntimo y verdadero de una agrupación de
+hombres, para llevarlos a que ejecuten lo que quisieran ejecutar, pero
+lo que no se atreven siquiera a pensar en ejecutar. De aquí el que fiel
+a su destino, Martí viviera como corresponsal de periódicos, moviéndose
+de acá para allá, remitiendo correspondencias a un diario denominado _El
+Partido Liberal_ y después a _La Nación_ de Buenos Aires, ganándose su
+subsistencia modestísimamente de este modo, a fin de girar por el mundo,
+aunando voluntades aquí como allí, reuniendo fondos, procurando contar
+con la colaboración de los que podían ponerse al frente del movimiento,
+y no desmayando nunca ante ningún desastre, ni ante ningún desengaño.
+¿Para qué dar detalles? Esta fue invariablemente su vida. Los accidentes
+de la misma no harían sino presentar diversas facetas de esto que he
+indicado como su conjunto general.
+
+Discurrir ahora acerca de su temperamento y de su carácter, de su papel
+y de su misión en la obra revolucionaria cubana, tiene para mí también
+un relativo inconveniente. Hace poco más de un año, cuando, en la
+próxima ciudad de Matanzas se inauguraba, por iniciativa de un hombre a
+quien vi entonces por última vez, el doctor Ramón Miranda, un artístico
+monumento en honor de Martí, el doctor, que a ello me había comprometido
+de antemano, me llevó a dicha ciudad a hacer uso de la palabra en la
+ceremonia de inauguración. Entonces, refiriéndome en un breve discurso
+dicho en la plaza pública, y que por ello no podía ser ni largo, ni
+reposado, ni serenamente meditado, a aquello que para mí constituía
+carácter típico y saliente de Martí, señalaba estas dos circunstancias
+que no diré que sean absolutamente exclusivas de él, pero que en
+realidad son en él más prominentes que en ningún hombre que haya podido
+vivir una vida análoga a la suya y que se haya impuesto una misión como
+la que él se impuso.
+
+En primer lugar, un hombre que movía a los demás a pelear, que encendía
+en su patria la hoguera de la lucha tremenda, que condenaba a sus
+hermanos a pasar por la crisis de un terrible martirio, estaba al propio
+tiempo animado de un amor sin límites a la humanidad y de una
+benevolencia para todos los humanos, por malignos que fuesen o por
+errados que estuvieran; entre otros, y tal vez principalmente, para los
+que consideraba sus enemigos. Y además hubo en él rasgo peculiar de su
+tarea y de su esfuerzo: de todos los hombres que han podido determinar a
+una colectividad, grande o pequeña, a realizar una obra común, un
+propósito general, quizás él sea el que representa en esa obra común una
+parte más grande por razón de su esfuerzo individual. Martí, en efecto,
+fue el determinante principalísimo de la revolución cubana. El pueblo
+cubano, en aquel tiempo, y cuantos vivimos en aquella época lo sabemos,
+no quería en su mayoría al menos, la revolución. El Gobierno de España
+nos había dejado entrever una mejor condición política, sin sacudidas ni
+agitaciones violentas. Tan cierto es que aquello hubiera podido contener
+la obra revolucionaria que, como se ha dicho después y repetido muchas
+veces, la actitud que tomó el Gobierno español por la iniciativa del
+Ministro Maura contuvo un poco a Martí. Le pareció que su ideal y su
+tarea corrían peligro si aquellas reformas políticas se implantaban en
+Cuba de buena fe y eran generalmente aceptadas por el pueblo cubano, en
+virtud de lo cual él ya no tendría ambiente adecuado para poner por obra
+sus propósitos. Fue la obcecación de los políticos españoles, de acá y
+de allá, la que se levantó como una barrera ante el Ministro que acabo
+de indicar y dejó el terreno aun más preparado que antes lo estaba para
+que pudiera fructificar la semilla. No obstante, el Gobierno español,
+volvió, como todos sabemos, a la idea de reformas políticas. El plan del
+señor Maura se desechó; pero se planteó otro nuevo, que llevó el nombre
+de Abarzuza; y aun cuando la generalidad entre nosotros creyó que se iba
+a obtener menos de lo prometido, la mayoría se resignaba a obtener
+aquello, a cambio de no tener delante de sí el fantasma de ninguna
+agitación, de ninguna revolución, de ninguna lucha. Yo recuerdo que no
+ya entre los elementos españoles, sino aun entre los elementos cubanos,
+y muy cubanos, y muy probados, pero que no se encontraban en la
+conspiración que estallaba en aquellos instantes, fue un efecto terrible
+el que produjeron los primeros movimientos. He tratado a algunos,
+emigrados de la guerra de los diez años, de aquellos que desde su
+principio marcharon a los Estados Unidos o a algunas de las Repúblicas
+Hispanoamericanas, que consideraron un acto de locura el que se iniciaba
+en aquellos días. Creyeron que todo lo que se había adelantado, en 17
+años de predicación pacífica, por el Partido Autonomista, iba a ser
+irremediablemente perdido; y un amigo particular mío, que se hallaba en
+Madrid cuando los primeros sucesos estallaron, que salió de España muy
+poco después y regresó a Cuba, hubo de declararme que en una entrevista
+que tuvo pocos días antes de embarcarse con el famoso tribuno español
+don Emilio Castelar, este le significó que en Cuba, se había cometido un
+acto de demencia irreparable, y que los que lo cometían y los que no lo
+cometían, en virtud de irremediable consecuencia de la solidaridad,
+verían perturbado el sistema político de Cuba, ya que aquellos sucesos
+lo harían volver mucho más atrás de donde se encontraba en el momento en
+que se iniciaron los primeros esbozos de un plan de reformas. Y esa idea
+de don Emilio Castelar era la idea que aquí tengan todos los que no
+estaban, diré mejor, los que no estábamos comprendidos en la
+conspiración; porque a pesar del papel que yo posteriormente pude
+desempeñar, modesto y obscuro, en el movimiento revolucionario, he de
+declararlo sinceramente, y nunca he pretendido lo contrario, en la
+conspiración inicial no estuve comprendido ni iniciado; hasta el punto
+de que, no sospechando que yo podía ser capaz de semejante cosa, el
+señor Juan Gualberto Gómez, a pesar de haber llevado su defensa ante la
+Audiencia de la Habana cuando se le procesó por la publicación de un
+artículo titulado «Por qué somos separatistas», jamás contó conmigo y
+aun hubo de decirme, ya en Ceuta, donde nos encontramos, que él se
+hubiera dirigido a mí si hubiese sabido que yo era susceptible de ser
+inyectado con semejante virus; a lo que le contesté que quizás, en
+aquellos momentos, no hubiera sido yo susceptible de recibir, con fruto,
+la inyección.
+
+En tales condiciones se encontraba la población de Cuba cuando Martí
+empezó la obra revolucionaria. Es verdad que, como él decía, en el suelo
+no se advertían los brotes primeros de la planta, pero él sintió lo que
+pasaba en el subsuelo, y en el subsuelo estaba ya preparada la semilla;
+prueba cómo ella fructifera. Aun los más ajenos al movimiento inicial,
+se sintieron (y aquí también puedo decir, nos sentimos) inmediatamente
+arrastrados por él; de tal manera que aun antes de que la invasión de
+las provincias occidentales diera grave y decisiva importancia al guante
+arrojado al Gobierno de España, ya habíamos sentido muchos, que veíamos
+venir la ola arrolladora, que lo peor que podía suceder a los nacidos en
+Cuba sería que ese Gobierno de España aplastara militarmente a la
+revolución; y aun algunos, sin creer que aquella revolución podía tener
+un éxito, mucho menos cercano; sin pensar que en el período
+relativamente corto de tres años se triunfara; pensaron que era
+necesario un movimiento general para prestar auxilios a dicha
+revolución, procurando al menos colocar el pleito en condiciones de
+transacción que a España resultara irremediable; primera victoria, que
+había de ser victoria definitiva, un poco más tarde, de Martí ya muerto,
+sobre nuestros corazones.
+
+Era, indudablemente, un hombre extraordinario el que llegó a producir en
+un pueblo, pequeño o grande, eso poco importa, fenómeno como el que
+acabo de indicar. Decíales a ustedes hace poco que había en realidad en
+su vida toda algo que indica que él se consideraba providencialmente
+destinado a semejante misión. Esa impresión, mucho tiempo después de
+muerto él, la recibí directamente por unos renglones suyos, y en la obra
+de menos importancia de todas aquellas que ha publicado el señor Gonzalo
+de Quesada, piadoso recolector de sus escritos; en una que se titula _La
+Edad de Oro_ y que es un volumen que contiene los trabajos que insertara
+Martí en cuatro o cinco números, muy pocos, de una revista que publicó,
+dedicada a los niños, y de la que él era el director y el redactor casi
+único. En uno de esos artículos, que se encuentra al principio, el que
+se denomina «Tres Héroes», Martí habla a los niños, en sencillo
+lenguaje, de Bolívar, de Hidalgo y de San Martín; y refiriéndose al
+primero, escribe estas palabras que voy a permitirme leeros y en las que
+entiendo que hay incuestionable, inconscientemente, y en síntesis, un
+poco de autorretrato:
+
+ «Bolívar era pequeño de cuerpo. Los ojos le relampagueaban, y las
+ palabras se le salían de los labios. Parecía como si estuviera esperando
+ siempre la hora de montar a caballo. Era su país, su país oprimido, que
+ le pesaba en el corazón, y no le dejaba vivir en paz. La América entera
+ estaba como despertando. Un hombre solo no vale nunca más que un pueblo
+ entero; pero hay hombres que no se cansan, cuando su pueblo se cansa, y
+ que se deciden a la guerra antes que los pueblos, porque no tienen que
+ consultar a nadie más que a sí mismos, y los pueblos tienen muchos
+ hombres, y no pueden consultarse tan pronto. Ese fue el mérito de
+ Bolívar, que no se cansó de pelear por la libertad de Venezuela, cuando
+ parecía que Venezuela se cansaba. Lo habían derrotado los españoles: lo
+ habían echado del país. Él se fue a una isla, a ver a su tierra de
+ cerca, a pensar en su tierra».
+
+Cuando esto leí hace poco más de un año, poco antes de que el señor
+Viondi pronunciara aquí el discurso del año anterior, me pareció que en
+estas palabras Martí se retrataba a sí mismo. No era él de aventajada
+estatura, era más bien pequeño de cuerpo (acaso fuera de la propia
+estatura de Bolívar); era nervioso también, como a Bolívar pintara; sus
+ojos, todos los que lo conocieron lo dicen, relampagueaban; las palabras
+asimismo se salían de sus labios; y cuando su pueblo se había cansado de
+pelear, él no se había cansado del propósito de iniciar una nueva lucha;
+él había decidido la guerra solo, porque solo a sí mismo se consultaba;
+no necesitaba consultar a su pueblo y le parecía también muy difícil
+consultar la opinión de muchos. Y tan había decidido la guerra él solo,
+que a los jefes principales de aquella lucha, a los generales Máximo
+Gómez y Antonio Maceo, los fue a buscar; y lo que no habían decidido
+ellos, él hubo de decidirlo y fue él solo, él quien sacó de su inacción
+a tales hombres y en la aventura los embarcó. Cuando escribía tales
+palabras de Bolívar, es probable que pensara en sí mismo; es probable
+que no quisiera establecer una franca comparación, cosa que su propia
+modestia había de vedarle; pero yo dudo de que nadie que lo haya
+conocido, de que nadie que, aun sin conocerlo, haya oído hablar de él
+tanto como lo hemos oído nosotros todos, deje de encontrar su propio
+espíritu, su propio temperamento, la condensación de su carácter y de su
+historia, en esas líneas en que él trataba de pintar a los niños al que
+fue el Libertador de la América, Central y Meridional.
+
+Aquel otro rasgo del que hablara hace poco ya se señalaba en los
+momentos mismos en que la lucha tenía comienzo. Parecía a Martí que
+debía dirigirse, no para conquistarlos en conquista imposible y absurda
+(no hay un solo renglón en el documento a que voy a referirme en que tal
+propósito aparezca), hasta a los propios soldados españoles que estaban
+en Cuba; y en una especie de alocución y manifiesto que de antemano
+publicara, les decía que era su adversario y enemigo, pero que no sentía
+por ellos odio de ninguna especie. No los llamaba para convidarlos a la
+deserción, no; les advertía el noble propósito de la lucha; y antes de
+comenzarla, él, el más débil, el que solo contaba con su esfuerzo, el
+que bien se daba cuenta de lo áspera y difícil que iba a resultar, en el
+momento en que el encono es más natural en el espíritu del hombre,
+proclamaba un ideal de fraternidad para con el adversario y de antemano
+quería asegurar para un mañana más o menos incierto, pero en el cual él
+tenía mucha fe, un programa de perdón, de ausencia total de rencores, de
+olvido de la lucha misma.
+
+Y en efecto, ese espíritu que dominaba a toda su tentativa
+revolucionaria, se vio reproducido en el momento de la victoria al final
+de la guerra de Cuba. Y aun cuando en ello me repita, quiero consignar
+una cosa que consignara también allá en Matanzas, en la oportunidad a
+que antes me refería. Colaboradores entrambos enemigos en que tal fuera
+el resultado de la revolución y de su triunfo, no solo los cubanos no
+tuvimos, salvo alguna que otra manifestación aislada, que nunca pudo
+traducirse en hechos, el propósito vindicativo de las ofensas pasadas,
+sino que tampoco dieron los españoles muestras de despecho o de
+inconformidad con los hechos consumados, y dándose cuenta oportuna de la
+situación la aceptaron acaso con reservas mentales, pero con reservas
+que tuvieron la discreción de no exteriorizar jamás; y así nunca,
+manifestaron expresa y públicamente, ni aun durante el tiempo intermedio
+de la Intervención primera, que, contentos con tal fracaso de la
+Revolución vencedora, ellos deseaban que no triunfaran sus ideales
+definitivos. De este modo, y con la discreción de un lado y del otro, se
+ha podido lograr que la República, ni antes ni después de constituida,
+se mirara por esos hombres como una condición de cosas en la cual la
+vida era para ellos imposible, y tanto los unos como los otros, los que
+habían triunfado con el auxilio americano, y los que habían sido
+vencidos por las fuerzas unidas de cubanos y americanos; aceptaron como
+cosa definitiva el nuevo orden político, cooperando todos a mantenerlo,
+cada cual como ha querido, como ha podido o como ha debido.
+
+Ese amor de Martí para todo lo humano, hasta el punto de que pudo tomar
+como lema de su existencia aquel verso famoso de Terencio, pues que nada
+que fuera humano, en efecto, le era extraño, se manifiesta muy
+principalmente hacia los pobres, hacia los humildes, hacia los débiles.
+Martí se abría muy fácilmente camino en el corazón de ellos. Cuando en
+compañía del que fue primer Presidente de nuestra República, ya
+constituida en definitiva y reconocida por todas las naciones, don Tomás
+Estrada Palma, en los últimos tiempos de la revolución, en la época en
+que en el puerto de la Habana voló el acorazado americano «Maine», hice
+yo un viaje a Tampa y Cayo Hueso, esto llamó profundamente mi atención.
+En las casas más pobres había uno o más retratos de Martí. No se
+contentaban generalmente con tener uno solo. Si lo tenían pequeño
+buscaban uno más grande y conservaban el pequeño para trasladarlo a otra
+habitación. Si lo tenían de busto, querían tenerlo también de cuerpo
+entero. Si lo tenían a él solo, querían otro en que Martí estuviese
+fotografiado en compañía de algún amigo. Y en todas las casas, por
+humildes que fueran, se encontraba su imagen repetida, no una sola vez.
+Así la veía uno por todos lados; la veía en el exterior de los edificios
+como en el interior de los mismos; en la sala en donde se recibía al
+huésped como en las habitaciones privadas; en los talleres de
+tabaquería, en número bastante considerable, hasta el punto de haber
+podido yo contar seis retratos en un mismo taller. Y en todas partes le
+hablaban a uno de Martí. Y había gentes que se sabían de memoria el
+primer discurso que dijo en Cayo Hueso; y no había reunión política en
+que alguien no se encargara de recitarlos, como la obertura obligada de
+la función de que se trataba; y las palabras de él, lo que había dicho,
+lo que había indicado en las conversaciones particulares, el consuelo
+que había prodigado a los infelices, a los desvalidos, a los tristes se
+repetían diariamente; y no vivía uno en aquel lugar y en aquella época
+sin ver su imagen por donde quiera, sin oír repetir sus palabras y sus
+ideas por todas partes; hasta el punto de que era difícil sustraerse a
+la ilusión de que estaba vivo; ¡ciertamente mucho más vivo entonces que
+cuando real y efectivamente vivía!
+
+Otro de sus caracteres (cuantos lo conocieron han podido dar de esto un
+testimonio constante) fue la elevación de su mente, su perenne altura
+mental. Tengo entendido que, cualquiera que fuese la bondad de su
+carácter, cualquiera la facilidad con que se le podían acercar, altos o
+bajos, quienes desearan abordarlo, no fue, sin embargo, un hombre
+alegre. No podía serlo, puesto que tenía la obsesión de una triste idea,
+la idea de una misión dura y difícil, no solo para él, sino también para
+sus compatriotas. Aquel amante de la humanidad iba, en efecto, a ser
+causa de que se derramara sangre. Su misión no se podía realizar si no a
+costa de sangre y de lágrimas; y un hombre que tenía en el corazón tan
+abundante piedad para todos los hombres, condenado a realizar obra
+semejante, no podía ser jovial, no podía abundar en él la alegría. Por
+consiguiente no era dado a tomar en broma familiar las cosas que a
+veces, a los demás, a los que vivimos reducidos a un nivel normal
+humano, nos proporcionan esa frívola, pero grata impresión que hace
+reír. No tenía, no podía tener lo que un amigo mío suele llamar «el
+sentido cómico de los acontecimientos». Y así a veces, ante cosas
+verdaderamente cómicas, su espíritu encontraba siempre un aspecto sobre
+el cual se podía discutir seriamente, abandonando la broma, como algo
+incompatible con su temperamento, y contemplando tan solo el lado serio
+y elevado a que la cosa misma pudiera prestarse.
+
+Mi compañero de trabajo y mi íntimo amigo Pablo Desvernine, me ha
+referido lo siguiente, que presenciara él una tarde, en el bufete del
+señor Viondi, en donde se encontraba Martí. En aquella época el Liceo de
+la Habana se hallaba establecido en la Calzada de la Reina. Era antes de
+la revolución, durante un breve paso de Martí por Cuba; no solo antes de
+que el movimiento revolucionario estallara, sino también antes de
+aquella, para muchos aun no claramente conocida, aparición de Antonio
+Maceo en La Habana. Y resultó ser que llegó al bufete del señor Viondi
+un empleado suyo, un hombre sencillo y bueno, pero sin gran cultura, y
+declaró, en medio de la mayor jovialidad, que el doctor José Antonio
+Cortina disertaría aquella noche en el susodicho Liceo acerca de «un
+inglés» que pretendía que el hombre descendía del mono. Martí se indignó
+en medio de la risa general. Comenzó por advertir a aquel pobre hombre
+estupefacto que no volviera nunca a expresarse en ese tono de semejante
+inglés. «Ese hombre de quien usted habla, le dijo, se llama Carlos
+Darwin, y su frente es la ladera de una montaña»; y continuó disertando
+en este tono por diez minutos, hasta que sus amigos le interrumpieron
+para hacerle comprender lo perdido e inútil de aquella disertación.
+
+En ese estado de excitación mental y con su espíritu en ese plano
+intelectual y moral, se encontraba constantemente. Como hombre que se
+halla obsedido por una idea, como acabo de decir, realmente triste, la
+de lanzar a sus hermanos a la guerra, le era imposible la risa ruidosa y
+la franca alegría. En efecto, si es cierto que su papel en la iniciativa
+y en el desarrollo de la revolución fue individualmente tan decisivo
+como he podido indicar (y creo que de ello no cabe duda); si se estima
+que todo lo que se hizo posteriormente no fue más que consecuencia de su
+energía, de su acción individual; cuantos murieron, murieron, entre
+otras cosas, y principalmente porque él los lanzó a la muerte, porque a
+ella los mandó; y aun así, cuantas viudas, cuantos huérfanos lloraron,
+derramaron lágrimas por él; cuantos aquí se arruinaron, y cuantas
+propiedades se destruyeron, y cuantos escombros se amontonaron sobre
+nuestros campos, y cuanto humo tiñó la pureza de nuestro cielo, fueron
+ruina, y destrucción, y escombros, y humo que a él pueden referirse como
+a su causa. Todo eso fue realmente obra suya. Y hubiera podido pasarse
+un balance de pro y de contra, de cargo y de data, de debe y de haber,
+para saber cuál era su saldo, si no hubiera él comprendido la triste
+tarea que se impusiera y decretado que ella reclamaba su propio
+sacrificio. Y en efecto, tanto como el que más, mucho más que otros
+revolucionarios de su índole, no tan solo entendió que debía lanzar a su
+pueblo a una lucha desesperada, sino que comenzó por lanzarse con él; y
+aun creo que pensó que, inmolándose en holocausto voluntario, debía
+morir a las puertas mismas de la revolución.
+
+¿Quién podrá, por consiguiente, tomarle cuenta de la sangre que se
+derramó, de las lágrimas que se vertieron, de todo lo que pudo suponer
+aquella lucha postrera de la actual generación cubana, cuando él fue la
+primera víctima, prestándose a su propia inmolación? De ese modo,
+redimió todo lo que pudiera pensarse que hubo de sombrío en su obra,
+aceptando para él, espontáneamente, la parte más sombría. Ya antes había
+hecho un sacrificio prolongado, que no había sido cruento, pero que
+había sido tan duro, por lo menos, como aquel que hiciera en el momento
+de morir. Como dije antes, todos los halagos de la existencia fueron
+cosas por él renunciadas. La estabilidad de la residencia en un punto
+determinado; los lazos establecidos, cada día más firmes, y que hubieran
+sido sin duda lazos de fervoroso afecto respecto de un hombre que tan
+fácilmente cautivaba el corazón de los otros; la posibilidad de una
+posición económica relativamente holgada, que para ello tenía aptitudes,
+condiciones, simpatía, relaciones e inteligencia bastantes, aunque tal
+vez no el carácter que se necesita para estas apacibles empresas, un
+tanto vulgares; todo esto lo renunció, momento tras momento, un día tras
+otro de su vida. No tuvo ni siquiera, por mucho tiempo, los placeres del
+propio hogar. Errante siempre, de acá para allá; en la propia España, en
+Cuba solo de paso, en los Estados Unidos, en las tierras todas de la
+América latina; lo principal de su existencia fue preparar y hacer
+estallar la revolución cubana. Todo lo demás que hizo fue perfectamente
+secundario en su vida. Esta fue, pues, una vida de constantes
+sacrificios. Por eso, con toda razón, en una conferencia que pronunciara
+en 1894, sobre él, en New York, en la Sociedad Literaria
+Hispanoamericana, de la cual Martí fue Presidente y fundador, terminaba
+el señor Enrique José Varona declarando que su carrera podía
+sintetizarse «en la palabra gloriosa que pone un nimbo resplandeciente
+en torno de unos cuantos grandes nombres, en la que inmortaliza a los
+Prometeos, clavados en su roca, y a los Cristos, clavados en su cruz, la
+palabra Sacrificio».
+
+En ello, señores, no hizo Martí más que seguir aquella vieja tradición
+de sus mayores; de nuestros mayores, sería mejor decir; ya que la firme
+decisión del sacrificio había de ser la única arma de bastante temple
+para proporcionar a los cubanos la victoria, remota y casi inasequible.
+Cuando se recuerdan los días preliminares del conflicto, se comprende
+que todo el que pensara, ya exaltado por la pasión patriótica o sin esa
+exaltación y contemplando el espectáculo desde fuera, en que Cuba iba a
+luchar contra España, en que una revolución no bien organizada iba a
+lanzar el guante a un Estado organizado y con recursos, no podría nunca
+concebir que los revolucionarios aspiraran a un éxito militar decisivo y
+rápido. Aquella guerra, para resultar, tenía que prolongarse. Se tenía
+el ejemplo de los diez años de martirio anterior, y aquellos diez años
+de combate habían producido el efecto de que la riqueza se escapara al
+pueblo cubano y pasara a otras manos, de que no quedara más que un
+residuo de su anterior preponderancia económica. Empeñar una nueva lucha
+era consumar la ruina completa, porque aquella debilidad frente a
+aquella fuerza (fuerza y debilidad son siempre relativas) no podía
+aspirar a ninguna probabilidad de triunfo, sino mediante una
+perseverancia constante en el sacrificio.
+
+Algunas veces, en medio del combate, la posición respectiva de los
+adversarios se exageraba por unos y por otros; y de aquí que la
+revolución tropezara con algunos inconvenientes propios de la
+exageración natural de sus cronistas. Recuerdo, por ejemplo, que el
+general Máximo Gómez penetró un día en la ciudad de Santa Clara, y
+estuvo durante algunas horas en la ciudad, y se surtió y surtió a sus
+tropas de calzado y víveres, y ocupó ropas y municiones, y armamentos, y
+caballos, y medicinas; y al fin tuvo que marcharse, porque no podía
+sostenerse a pie firme, en tal lugar, contra las tropas españolas. Dado
+lo que era la guerra de los cubanos contra España, aquella era, para tal
+guerra, una brillante operación militar; pero si realmente se le
+anunciaba al mundo, como se le anunció, que el Ejército cubano se había
+apoderado de Santa Clara, de la capital de la provincia central de la
+isla y que allí se había hecho fuerte contra las tropas españolas, la
+noticia tenía el inconveniente de su exagerada importancia; y cuando se
+supo después lo que había pasado realmente, la cosa pareció pequeña,
+precisamente en virtud de su exageración; y el resultado fue que los
+periódicos franceses, más tarde, cuando recibían algunas noticias por
+nuestro conducto ponían delante de ellas, con letra bastardilla,
+«_Source Cubaine_», para dar a entender que todo aquello era sospechoso
+de exageración, si no de mentira.
+
+Por eso, y antes de hoy lo he dicho, nuestra grandeza verdadera ha
+estado en el tesón del sacrificio. De todos aquellos que han abrigado
+ese empeño del sacrificio para conseguir la realización de un ideal,
+ninguno lo ha hecho con más firmeza y más altura y más decisión que
+Martí; muchos han sido inferiores, ciertamente, a él en este terreno.
+Por eso creo que el señor Varona tenía razón cuando afirmaba que aquella
+palabra era la síntesis más cabal de toda su existencia: en el tiempo de
+su vida, haciéndola penosa, mirándolo todo como secundario, salvo aquel
+propósito fundamental y esencial de todos sus días, uno tras otros; y
+después, al iniciarse la lucha, lanzándose frente al enemigo, buscando
+la muerte y encontrándola al fin; ¡él no fue más que un sacrificado
+consciente y espontáneo, desde el primer momento hasta el último!
+
+Nosotros somos los herederos de esa obra suya, como de otras obras que
+se han unido a la de él en una tarea común; y una herencia como esta, no
+es lícito aceptarla a beneficio de inventario: sus herederos deben
+aceptarla sin ninguna especie de restricción, con las ventajas y con los
+inconvenientes, con los bienes y con las cargas. Por eso yo, que he
+pasado muchas veces como un pesimista, solo porque he visto acaso de un
+modo más claro, y he tenido un tanto más de atrevimiento para decirlo en
+alta voz, lo que había entre nosotros de inconveniente y de malo, me he
+dado a mí mismo una, si se quiere, inmodesta satisfacción, declarándome,
+cuando otros me llamaban pesimista, un optimista fundamental. Hasta tal
+punto, que un amigo que me conoce me reprochaba una vez diciéndome que
+la lectura de los sucesos pasados iba a producir en mi espíritu una
+peculiar atonía, porque cualesquiera que fueran nuestros males, hojeando
+un libro de Historia, de cualquier pueblo, de cualquier época,
+encontraba en sus páginas el relato de una situación infinitamente peor.
+Y es verdad, señores Representantes. Recuerdo que leyendo una vez en la
+colección de monografías históricas publicada bajo la dirección del
+profesor Oncken, de Berlín, una _Historia del Islamismo en Oriente y
+Occidente_, encontré un pasaje en que el autor habla de los Emiratos
+independientes que surgieron de la primera invasión mogola, en el Asia
+Menor y en Armenia. Hubo una serie sucesiva de años en que toda aquella
+historia tuvo una trágica monotonía desesperante: degüellos de
+poblaciones enteras, incendios y saqueos de ciudades, exterminio de sus
+habitantes sin perdón ni aun para niños ni ancianos, lucha incesante de
+los pueblos entre sí y contra los invasores comunes; tales son las
+simétricas y feroces alternativas de aquella historia. Esta no tiene más
+sucesos que referir que esos que he indicado; y el autor del libro
+declaraba que para no repetir hasta la náusea hechos exactamente iguales
+y horrorosos, iba a limitarse a decir que aquello duró hasta el año
+tantos y a dar la lista de los soberanos que reinaron en todo ese
+tiempo. Y yo, al leerlo, pensaba: «¡Todavía los turcos encuentran
+armenios que degollar!»; y recordaba con cuánta razón, aunque el
+consuelo aparezca, viniendo del diablo, Mefistófeles adoctrinaba a
+Fausto diciéndole: «En vano un día tras otro amontono torbellinos,
+huracanes, incendios, volcanes y lluvias; extirpo al hombre, creo
+extirparlo, de la superficie de la Tierra; ¡pero no lo logro en
+definitiva, porque aquella maldecida simiente de Adán, jamás perece y
+siempre germinal, siempre brota, en ancho río, una sangre vigorosa y
+nueva!».
+
+Ese debe ser, ciertamente, nuestro consuelo. Ahora, para experimentar en
+toda su intensidad este consuelo, es preciso hacer un esfuerzo por
+llegar a una determinada altura moral y mental; porque es preciso darnos
+cuenta de que ese renacimiento y ese bienestar que mañana nos esperan,
+tal vez no los gozaremos nosotros; los gozarán tan solo los que vengan
+detrás de nuestra generación. ¿Qué importa? Nosotros somos en Cuba la
+generación que consiguió realizar la libertad. ¿No es esto bastante
+premio para nuestro esfuerzo? ¡Si no nos ha sido posible, si no nos ha
+de ser posible llegar también a conseguir la felicidad, pensemos que
+esta será sin duda el premio de una generación posterior: el nuestro lo
+tenemos ya, lo hemos conseguido!
+
+¿No somos felices en el presente? Hagamos todo lo que hacerse quepa para
+serlo en el futuro; y si llegamos a perder la esperanza de serlo
+nosotros mismos, hagamos todo lo posible porque lo sean nuestros hijos.
+¿Qué mejor recompensa para el esfuerzo de nuestros mayores, para el
+esfuerzo definitivo que nosotros hicimos? Vivamos, por consiguiente,
+persuadidos de esa idea, vivamos perfectamente compenetrados de que la
+generación que nos precediera fue mucho más desgraciada, mucho más
+sacrificada que la nuestra. Luchó más tiempo que nosotros. Los que la
+componían se arruinaron por completo, siendo ricos; sufrieron lo
+indecible, habiendo nacido felices; y en medio del vigor de la humana
+fortaleza, a la mitad del camino de la vida, tristemente se desangraron
+y murieron; ¡y no tuvieron la compensación que nosotros hemos tenido, la
+de ver tremolando sobre el suelo de su patria la bandera de sus
+ilusiones y de sus ensueños!
+
+Si nosotros lo conseguimos, si al fin pudimos lograrlo y convertirlo en
+una realidad, ¿por qué pedir más? Siempre me he dicho esto a mí mismo, y
+realmente no he pedido mucho más. Creo, sí, que cuanto haga el hombre
+por señalar a sus compatriotas las deficiencias del presente en que
+vive, es bueno y es saludable; pero debe hacerlo serenamente y sin ira,
+cumpliendo con su deber de heredero de herencia semejante con tesón y
+energía, pero sin desesperarse nunca; comprendiendo que el mal es humano
+y que de él no se podrá jamás desligar la humanidad. Porque hay que
+tener en cuenta que el hombre, considerado como colectividad, progresa
+solo muy lentamente y adelanta de una manera análoga a aquella empleada
+para cumplir su voto por un conde francés que, en la Edad Media, hizo el
+juramento de marchar a Tierra Santa caminando cuatro pasos hacia
+adelante y tres hacia atrás; de manera que andando siete pasos tan solo
+adelantaba uno. No marcha más rápidamente la humanidad. Al contrario,
+aun me parece que marcha con mayor lentitud; pero adelanta al fin, y eso
+es lo único que podemos pedir al Destino. Así el mañana será ciertamente
+mejor que el presente; y nosotros habremos sido dignos herederos de
+nuestros causantes si vivimos considerando el estado actual de cosas no
+como algo definitivo, que debe satisfacernos, sino como algo transitorio
+que tenemos necesidad de mejorar. Si estimamos que las condiciones
+políticas del presente no son buenas, comprendamos que todo lo que en
+ellas nos parezca malo ha de ser cosa modificable y mejorable; y cada
+cual desde su punto de vista, harmonizando cuanto quepa su interés
+personal con el interés colectivo, haga todo lo que pueda para conseguir
+ese mejoramiento.
+
+En suma, si pasajeros del momento presente, tenemos por lo menos la
+aspiración ideal de considerarnos ciudadanos definitivos de una ciudad
+más perfecta, que está aun por fundar, y trabajamos para fundarla, ¿qué
+nos impedirá ser más felices, como premio de tal esfuerzo en el futuro?
+Y así pudiera terminar estas reflexiones con que he entretenido la
+atención vuestra, repitiendo, aunque para alterarle un tanto su sentido,
+una frase que se contiene en la epístola de San Pablo a los hebreos: «No
+tenemos aquí por cierto una residencia duradera, permanente; es una
+residencia futura, una ciudad futura, la que debemos buscar». «_Non
+habemus hic manentem civitatem_ 2, _sed futuram inquirimus_!».
+
+
+
+
+ Martí, por Federico Uhrbach
+
+ _El Fígaro_, noviembre 30 de 1910
+
+
+ Martí
+
+ _Ante su mármol_
+
+Para Manuel Sanguily, grande de corazón y pensamiento.
+
+ Alma, escuda con la malla milagrosa de la rima
+ el dolor y el desaliento que florecen en tu sima
+ cuando evoca la tristeza la visión de la contienda,
+ y fecundo rompa el brote vigoroso del ensueño
+ con la gloria fulgurante del audaz y heroico empeño 5
+ y el fugaz deslumbramiento de la trágica leyenda.
+
+ Sí en la niebla del recuerdo melancólica perdura
+ desolada la memoria que en un vuelo de amargura
+ reconstruye la sangrienta florescencia de tu duelo,
+ no perturbe de tu llanto la corriente inagotable 10
+ la salmodia del tributo que se eleva inmensurable
+ de la patria, en la piadosa gracia cándida de un vuelo.
+
+ Si inextinto el sedimento doloroso de la brega
+ engañosos espejismos simulando dulce entrega
+ fingen, alma, a tu miseria formular consolaciones, 15
+ rinde el plácido reclamo de sagrada tregua, el triste
+ cavilar en la tragedia de tus lágrimas, y asiste
+ con tu lauro al homenaje de exaltar consagraciones.
+
+ ¡Cuán radiante en la lejana perspectiva del pasado,
+ como lampo que emergiera de las ondas de un nublado 20
+ se destaca luminosa de la pálida penumbra,
+ la apostólica figura del vidente mensajero
+ del amor y la justicia, con su rostro de lucero
+ y el hechizo de su genio que encadena y que deslumbra!
+
+ De la gloria a los destellos la romántica silueta 25
+ del creyente que adunaba sus lirismos de poeta
+ con la viva llamarada de sus trágicos lirismos,
+ resplandece como un astro que las almas ilumina
+ con el fuego milagroso de su bíblica doctrina,
+ como un rayo de la aurora diafaniza los abismos. 30
+
+ Soñador de rara estirpe de sublimes soñadores
+ que persiguen la anhelada redención de los dolores,
+ heredad fosca y estéril de los seres infelices,
+ fue su vida inmaculada de fecundas enseñanzas,
+ en los tristes vencimientos alentar las esperanzas 35
+ y en las bregas afanosas restañar las cicatrices.
+
+ Prisionero que en la sombra perdió el alba de la vida,
+ desterrado que en la playa de región desconocida
+ inició su apostolado domeñando adversidades,
+ al templar el alma al soplo de rebeldes embriagueces 40
+ prendió el sol que disipara las profundas lobregueces
+ que opusieran a su empeño las humanas tempestades.
+
+ Las estancias cadenciosas de sus trémulos poemas
+ guardan bálsamos y mieles, no los fieros anatemas
+ forjan lanzas aceradas en la urdimbre de su estrofa, 45
+ y en la gama de su verso melancólico y flexible
+ hay, si hiere, un dulce ruego de perdón indefinible,
+ y un espíritu doliente y amoroso si apostrofa.
+
+ Incansable peregrino de un errante y largo viaje,
+ fue llevando por las rutas de su audaz peregrinaje 50
+ en la alforja de sus sueños su dolor de clima en clima,
+ su dolor que fue acicate, voz nostálgica de aliento,
+ al lanzar, transfigurado, su profético lamento
+ en la breña de la pampa y en la nieve de la cima.
+
+ Con su influjo persuasivo de amoroso misionero, 55
+ anunció la buena nueva prodigando en el sendero
+ de su gracia luminosa floraciones tempraneras,
+ y simula en la grandeza de su inmenso simbolismo
+ un radiante Nazareno de exaltado iluminismo
+ de un Jordán próvido y nuevo predicando en las riberas. 60
+
+ De su voz al suave encanto de sutiles inflexiones
+ la piedad acariciaba los heridos corazones
+ como un trémolo de liras, como un trémolo de auroras,
+ y el fulgor ultraterrestre que irradió en clarividencias,
+ fulguró como la estrella que orientaba las conciencias 65
+ a las márgenes lustrales de las iras redentoras.
+
+ Paladín de una cruzada de gloriosos caballeros
+ que oficiaron por la patria con la cruz de sus aceros,
+ ofreciose en holocausto como símbolo y proclama,
+ y cayó como una torre que alevoso el rayo asedia, 70
+ reflejando en la pupila la visión de la tragedia
+ y prendiendo un meteoro del zodiaco de la fama.
+
+
+
+
+ «Martí: su vida y su obra»
+
+ por Néstor Carbonell
+
+_Oración pronunciada el día 23 de febrero de 1911, en el Ateneo de La
+Habana_
+
+
+Señoras y señores: o mis buenos amigos y buenos compañeros, Jesús
+Castellanos y Max Henríquez Ureña, entusiastas organizadores de estas
+hermosas lides del pensamiento, me hicieron el honor de invitarme para
+que consumiera un turno en ellas, consulté la mente, y no hallé tema que
+me subyugara: consulté luego el corazón, y hallé, José Martí. Con este
+amado nombre por bandera y por escudo, escalo esta tribuna. Pero yo no
+vengo aquí como juez a juzgar su personalidad, ni como crítico a
+analizar su obra letra luego difundir por los aires el juicio que lo
+rebaje o enaltezca. No es ese mi propósito: quede tarea tan difícil como
+ingrata, para quien tenga más ambición que la mía y menos temor de su
+saber y su persona. Yo vengo aquí, sin más autoridad que la del limpio
+corazón enamorado de lo sublime, a rememorar, siquiera sea brevemente,
+la vida meritísima y gloriosa, la vida llena de infinitas ternuras y
+cruentos martirios de ese enorme soñador melancólico, caballero de todas
+las justicias, que sufrió por la patria al través de los años de su
+existencia, cuanto hombre puede sufrir, y cayó desplomado de su corcel
+de guerra, para no levantarse jamás, como un Aquiles de poema, en la
+trágica hermosura del combate, peleando como simple soldado por la
+libertad, en un luminoso mediodía de mayo.... Yo vengo aquí a recordar
+sus doctrinas, su bello y magnífico ideal: la República con todos y para
+el bien de todos, la República de «ojos abiertos» y sin secretos, la
+República equitativa y trabajadora, ancha y generosa, altar de sus hijos
+y no pedestal de ellos, la República cuya primera Ley fuera el amor y el
+respeto mutuo de todos los derechos del hombre, la República culta, con
+los libros de aprender al lado de la mesa de ganar el pan, la República
+con su templo orlado de héroes, la República sin camarillas, sin
+misterios y sin calumnias, ¡la República! y no la mayordomía espantada o
+la hacienda lúgubre de privilegios y monopolios irritantes; la República
+justa y real en donde fuera un hecho el reconocimiento y la práctica de
+las libertades verdaderas. Yo vengo aquí, hoy que crece en nuestro suelo
+el manzanillo enfermo del pesimismo, y en que diríase que se está
+pudriendo y desmigajando por momentos el alma nacional, a evocar su
+memoria sagrada, y al evocarla, a pedir a vosotros todos--y en vosotros a
+todos mis conciudadanos--, menos política aleve, menos intriga sutil,
+menos ambiciones, menos complicidades, menos emboscadas tenebrosas: y
+más piedad para los yerros y ofensas, y más respeto para todos los
+preceptos constitucionales, y más rectitud para rechazar a los que sean
+capaces de invitar al deshonor y al crimen, y más pureza para defender
+los principios patrios, y más voluntad para no codearse con los viles, y
+más valor para sacarlos por el cuello y ponerlos adonde el sol los queme
+y los destruya.... Yo vengo aquí, a rendir el tributo infeliz de mis
+palabras, al literato insigne, al poeta sincero, al orador maravilloso,
+al hombre tierno y sonoro, grande y bueno, que despertó en mi alma, ya
+con las armonías incomparables de su joyante prosa, ya con los trinos
+melodiosos de sus versos, ya con el himno triunfal de su voz
+pitonisaria, el amor inextinguible por la Libertad y la Belleza; al
+hombre cuya cabeza ya está hueca, cuyos labios ya están mudos, cuya mano
+está ya deshecha, al apóstol y al mártir que reposa para siempre en la
+almohada eterna y en el inmortal silencio.... Vengo aquí, en fin,
+trémulo y reverente, como hijo agradecido y amoroso, a ofrendarle mis
+pobres flores, mis flores descoloridas y sin perfume, mis pobres flores
+que acaso manos traidoras arrebaten y despedacen, atendiendo al dolor
+que en algunos vivos proporciona la glorificación de aquellos muertos
+cuyas virtudes no saben; o no quieren imitar.... Sí, porque es triste
+cosa, pero es lo cierto; todo aquel que posee una cualidad
+extraordinaria, lástima, sin más que eso, al que no tiene ninguna: no
+hay bien de uno que no traiga la tristeza de otro; no se rinde homenaje
+a un muerto que no vaya acompañado por malignas lágrimas o malignas
+sonrisas. El mundo rebosa de gentes que sufren con todo triunfo ajeno y
+quisieran ir por él con una pica derribando cuanto les sobresale: y de
+gentes parasitarias que se ríen de todo lo que no comprenden. Pero...
+desprecio para ellos los envidiosos y desdeñosos de oficio, ¡lástima de
+sus humanas envolturas tan vilmente rebajadas! Aunque, quién sabe si por
+ello son más grandes los grandes de la tierra, los que han pasado sin
+doblar las rodillas por el mundo. Ellos son la espuma que salpica la
+barca y también la ola que la lleva a seguro puerto; la nube que oculta
+la estrella y también la sombra que la hace resaltar; el puñal que hiere
+y que envenena y la mano que venda y que restaura; el chiste raquítico
+que rebaja y la oda resonante que eleva y dignifica; la multitud que
+recrimina y aplasta y el pueblo que corona y premia; los gusanos que
+destruyen el cadáver y las flores que crecen sobre las sepulturas. Ellos
+son la consagración: no hay gloria completa sin el beso de una hermosa y
+sin la mordedura de un malvado; nadie puede llamarse francamente
+triunfador si no ha sentido posarse sobre su frente tiernas miradas de
+mujeres y crueles y sarcásticas miradas de hombres... ¡Ah! quién diera a
+mis palabras la pujanza de águilas bravías o potros cerriles, para
+pregonar con ellas a despecho de afilados dientes y rastreros silbidos,
+y no ya por la isla infeliz, sino bajo todos los techos del mundo, el
+genio y la bondad del divino maestro. Pero mis palabras, débiles
+mariposas, apenas si podrán en su vuelo llegar hasta vosotros, y apenas
+si podrán expresar el sobrenatural trastorno que de mí se ha apoderado,
+desde que sé, porque lo he prometido, que es deber mío rememorar su vida
+llena de sacrificios y perdones, recordar sus doctrinas bañadas de fe y
+amor, decir algo que sea de su literatura y poesía originales, rendir mi
+homenaje de admiración y de cariño entrañable al hombre sin tacha, a
+pesar de fealdades e impurezas de la tierra, al hombre dulce y amable,
+que es hoy, al cabo de quince larguísimos años de desaparecido, luz
+serena y deleitosa en mi cerebro, ternura y bondad y alas en mi
+corazón... ¡Su vida! ¿Y podrá el pensamiento desbordado seguirla en su
+carrera de gloria y de dolor? ¿Podrá la palabra humana, humo y cáscara,
+y vestidura tantas veces de las más bajas pasiones, relatar tanta
+grandeza como encierra su vida? Nació José Martí en cuna humilde, en La
+Habana, el 28 de enero de 1853, en la casa marcada con el n.º 102 de la
+calle de Paula. Nació en plena corrupción colonial, cuando era Cuba
+mártir, el vertedero de todo lo podrido, el refugio de todos los
+estorbos, de todos los hambrientos y desocupados de España, cuando era
+nuestra tierra, el criadero de una milicia viciosa y enfermiza, robada a
+la Agricultura y a la Industria de su país; cuando era esta ciudad,
+jardín de América hoy, corral blando y holgado de Capitanes Generales
+infecundos, logreros e imperiosos; cuando la bandera roja y gualda
+flotaba sobre nuestra casa y a su sombra los cubanos estaban condenados
+a perpetua cobardía y los españoles autorizados para enriquecerse y
+engordar sus vicios insolentes; cuando el criollo moría en la miseria y
+el peninsular paseaba satisfecho en el carruaje comprado con el oro que
+manaba del crimen; cuando había más cárceles que escuelas, y el látigo
+infamante chasqueaba sobre las espaldas de los hombres de una raza tan
+necesitada de justicia como la nuestra; cuando el cubano que no se
+sometía a servir de celestino al pisaverde madrileño que lo solicitara,
+iba a purgar su osadía en el presidio; cuando el talento de los nativos
+dormía echado bajo la bota del déspota ceñudo, y la capa torera sobre
+los hombros y la cinta de hule en el sombrero, eran los únicos
+pasaportes de honor y las únicas cédulas de vida, verdaderas. Entonces
+nació Martí. Fue su padre don Mariano, español, y Sargento cumplido del
+Ejército; y su madre, doña Leonor Pérez, hija de Canarias. El sábado 12
+de febrero del mismo año en que naciera, fue bautizado en la iglesia del
+Santo Ángel Custodio por el presbítero don Tomás Sala y Figuerola. Al
+nacer Martí su padre desempeñaba el cargo de Celador de Policía, o lo
+que es lo mismo, tenía título sobrado para matar o encarcelar a los que
+no creyera fieles a la _madre patria_. Pero don Mariano era un hombre
+honrado aunque de escasa inteligencia y maneras rudas y despóticas.
+Cuando Martí tenía un año de nacido, lo llevaron a España a donde fueron
+sus padres a visitar unos parientes. Cerca de diez meses estuvieron por
+Valencia, al cabo de los cuales regresaron a La Habana, continuando don
+Mariano en el desempeño de su antiguo destino. Los padres, pues, de
+Martí, españoles, lo educaban en el amor a España y en la sumisión más
+absoluta a su Gobierno. Y la aspiración más ardiente de ellos era el ver
+algún día a su «Pepe»--así lo llamaban--empleado en la misma faena
+policiaca que el viejo. Pero aunque el hombre no viene al mundo hecho,
+sino que se hace y se moldea al calor de los acontecimientos, Martí,
+rebelde desde niño a freno y reclusiones, fue como esos robles vigorosos
+que levantan su copa robusta a pesar de la enredadera que los envuelva y
+de los gusanos que lo roan. Verdad que Martí fue un genio, y los genios
+como los volcanes traen sus entrañas hechas: ellos mismos se tejen el
+amor y se acrisolan la capacidad. Se nace rey como se nace esclavo, pero
+quien lo nace no se da cuenta de ello hasta que no manda y es obedecido,
+o hasta que no lo mandan y obedece. Martí, dijérase que trajo al nacer
+la infinita comprensión del porvenir. En él se realizó el milagro: de un
+huevo de paloma nació un águila; en el áspero huerto creció el lirio
+perfumador....
+
+En una escuela de barrio, de la que contaba él que no podía olvidarse,
+porque a su maestro le debía que sus orejas estuvieran más separadas de
+la cara que lo regular, aprendió las primeras letras. De allí salió a
+los nueve años para el colegio «San Anacleto», que en aquel entonces
+dirigía en esta capital el culto educador Rafael Sixto Casado. Y fue en
+este colegio donde comenzó a sobresalir, siendo el primero en las clases
+y el ganador de todos los premios; donde comenzó a mostrar que no era
+aire lo que traía en la cabeza sino pensamiento y acción. De esa niñez
+suya, estudiosa, contaba Fermín Valdés Domínguez y cuenta todavía el
+doctor Eduardo F. Plá, sus condiscípulos dichosos en las aulas felices,
+rasgos asombrosos de inteligencia y de carácter. Y fue de ese colegio de
+donde su padre, creyéndolo ya bastante ilustrado lo sacó para emplearlo
+de Escribiente en la Celaduría. Y acaso si se hubiera sepultado allí y
+se hubiera malogrado el grande hombre, si Francisco Arazoza, un buen
+amigo de don Mariano, a espaldas de este, no le hubiera dado dinero para
+matricularse en el Instituto de Segunda Enseñanza, y lo hubiera alentado
+para que siguiera en sus estudios. Estos los tuvo que abandonar, empero,
+meses después, hostigado por el autor de sus días que no estimaba
+necesario para desempeñar su empleo, ni para aspirar al de Celador,
+saber más de lo que él ya sabía. Sin embargo, el ansia de ilustrarse lo
+llevó más tarde, cuando solo contaba catorce primaveras, al plantel de
+educación, «San Pablo», colegio de Segunda Enseñanza que fundó y dirigió
+en aquel tiempo, el culto y valiente poeta Rafael María de Mendive. En
+él se ganó el cariño y la estimación de su Director y estrechó la
+amistad con Fermín Valdés Domínguez, quien le abrió su casa acomodada,
+le prestó sus libros y le colmó de sincero afecto. De los más dulces
+tiempos de su vida fueron esos: y del solaz de ellos, del gozo de ellos,
+vino a sacarlo, sacudiéndole las más recónditas fibras del corazón, el
+grito de independencia lanzado en Yara, en la madrugada heroica del 10
+de octubre de 1868, por el varón ilustre, por el caudillo insigne, por
+Carlos Manuel de Céspedes. Días después redujeron a prisión, en el
+Castillo del Príncipe, a Rafael María de Mendive, más tarde deportado a
+Santander: y cuentan que Martí, ansioso de ver a su amado maestro, se
+fue al Gobierno, y sin más recomendación que su persona, consiguió un
+pase para poderlo visitar: y allí iba él diariamente, al calabozo del
+cubano prisionero, a llevarle el consuelo de su agradecimiento y su
+ternura. El toque de clarín de Yara, primero, haciendo vibrar su joven
+alma de patriota, la prisión de su viejo amigo, los sucesos de
+Villanueva, y otros desmanes y abusos cometidos por el Gobierno de
+España en Cuba, fueron seguramente los que fijaron en su mente la divina
+idea de libertad y la necesidad de conquistarla. Fue entonces como su
+despertar glorioso. Fue entonces acaso que se juró en secreto a ella y
+celebró sus bodas con la patria: fue entonces que recibió esa
+consagración del dolor que sublima el alma y señala cumbres desconocidas
+al pensamiento....
+
+Cuando Mendive salió para España a cumplir condena, Martí, a quien la
+existencia se le quedó por esa causa como sin luz y sin guía y sin
+amparo, empleose, con el fin de ayudar a su padre, siempre gruñón y
+descontento de él, en el escritorio de don Cristóbal Madan, antiguo
+amigo del bardo desterrado. A su vez, Martí seguía sus estudios en el
+Instituto de Segunda Enseñanza. Y cuentan que en las horas que mediaban
+de clase a clase, se reunía un grupo de estudiantes para hablar de
+política: y que era siempre Martí, el que más hablaba y con más
+entusiasmo, de los problemas de la patria, y que daba gusto oír de sus
+labios infantiles, sentencias y frases hermosas, como de adulto hecho ya
+a manejar los tiempos y a crearlos: como de hombre hecho a clamar, a
+desatar batallas y a desplegar victorias.... En esa misma época, y como
+Domingo Dulce, Capitán General de la Isla, decretara la libertad de
+imprenta, comenzó Martí a publicar en compañía de Valdés Domínguez un
+periódico titulado _El Diablo Cojuelo_, al mismo tiempo que dirigía _La
+Patria Libre_, siendo este último el periódico donde publicó por vez
+primera su poema «Abdala», canto brioso y fulgurante de levantado
+espíritu patriótico. Para él fue un día de júbilo casi celestial, un día
+de esos en que el sol parece como que retoza en las almas, aquel en que
+vio publicado sus versos. Mas, poco le duró este contentamiento, pues
+cuando llegó a su casa mostrando su producción, los padres, que no
+estaban de acuerdo con esos juegos de la fantasía y viriles arranques de
+cubanismo, lo castigaron severamente. Otros han tenido los besos de los
+padres como el aplauso primero a sus demostraciones de hombría, de saber
+y de talento: Martí no; Martí no tuvo en el hogar más que áspera voz,
+seca riña, cruel amenaza, injusta reprensión de la mano como única
+recompensa a sus precoces anhelos de gloria y honores....
+
+Y llegó el momento aciago en que había de sufrir el primer castigo, en
+que había de comenzar a descender la cuesta de la vida, por amar a su
+patria, ser hombre, y negarse al serrallo. Corría el año de 1869. Era el
+4 de octubre. Acusados por unos voluntarios, Eusebio Valdés Domínguez,
+hermano de Fermín, Manuel Sellén y Atanasio Fortier, del _enorme delito_
+de haberse burlado de ellos al pasar de regreso de una gran parada, por
+la casa de la familia de Valdés Domínguez, vinieron, ya entrada la
+noche, a prenderlos. Con ese motivo efectuaron un registro en la casa ya
+citada, ansiosos, seguramente, aquellos forajidos, de hallar algo que
+sancionara la matanza. En el registro llevado a cabo, encontraron, entre
+otras cosas, una carta cuyo sobre estaba todavía sin cerrar, y que
+habían escrito y firmado Martí y Fermín Valdés Domínguez, para
+mandársela a un condiscípulo de ellos que había cometido la mala acción
+de apuntarse como oficial de un regimiento, siendo criollo, para ir a
+combatir a sus hermanos que en esos momentos bregaban y sangraban por
+conquistar para ellos y para todos, casa libre y justa. La breve carta,
+escrita por Martí, estaba redactada en estos términos: «Señor Carlos de
+Castro y de Castro: (así se llamaba el traidor) Compañero: ¿Has soñado
+tú alguna vez con la gloria de los apóstatas? ¿Sabes tú cómo se
+castigaba en la antigüedad la apostasía? Esperamos que un discípulo de
+Rafael María de Mendive, no dejará sin contestación esta carta». Este
+hecho determinó la prisión de Martí y de Fermín Valdés Domínguez, siendo
+ambos juzgados en consejo de guerra. Ante el Tribunal fueron llamados
+los dos. Valdés Domínguez, primero, declaró que él había sido el autor
+de la carta y de las dos firmas. Pero cuando Martí fue interrogado,
+jadeante y como si llevara en el pecho una montaña, se acercó a los
+jueces, y afirmó con enérgica y vibrante voz que él si era el único y
+verdadero autor de la carta citada. Y para corroborar de manera
+elocuente su aserto, formuló duros ataques contra la dominación
+española, su tiránica política y sus hombres nulos e infames. Este fue
+el primer discurso de Martí y la primera demostración pública de su
+talento y su carácter irreductibles. Hay hombres que vienen al mundo
+como los huracanes y las avalanchas, purificando y retumbando desde que
+nacen. Así Martí. Diez y seis años contaba entonces, «el bozo en flor y
+el pájaro en el alma» y España quiso matarlo. El Fiscal pidió para él la
+pena última y para Fermín Valdés Domínguez diez años de presidio. Pero
+el fallo fue: seis años de prisión para Martí y uno para su camarada de
+infortunios e ideales. Y Martí fue a presidio. Lo que allí sufrió él, lo
+dijo en páginas que todavía gotean sangre, en su folleto «El presidio
+político en Cuba» y en el que exclamaba: «Dante no estuvo en presidio.
+Si hubiera sentido desplomarse sobre su cerebro las bóvedas oscuras de
+aquel tormento de la vida, hubiera desistido de pintar su infierno. Lo
+hubiera copiado y lo hubiera pintado mejor. Si existiera el Dios
+providente, y lo hubiera visto, con una mano se habría cubierto el
+rostro y con la otra habría hecho rodar al abismo aquella negación de
+Dios». Y fue luego deportado a Isla de Pinos y más tarde enviado a
+España en calidad de deportado. Para ella embarcó el 15 de enero de
+1871. Momentos antes de salir le escribía a su benefactor señor Mendive:
+«De aquí a dos horas embarco desterrado para España. Mucho he sufrido,
+pero tengo la convicción de que he sabido sufrir. Y si he tenido fuerzas
+para tanto, y si me siento con fuerzas para ser verdaderamente un
+hombre, solo a usted lo debo y de usted y solo de usted es cuanto de
+bueno y cariñoso tengo. Diga usted a Micaela que si he tenido muchas
+imprudencias, la bondad con que las disculpa me hace quererla más. Y a
+Paulina y a Pepe y a Alfredo, y a todos mi afecto. Muchísimos abrazos a
+Mario: y de usted toda el alma de su hijo y discípulo». Así escribía a
+su viejo amigo, poco antes de salir para el destierro, poco antes de
+abandonar su patria y su hogar y sus libros el mancebo estupendo que
+había de ser más tarde el Libertador de su pueblo, y el que le arrancara
+su última presa en América a la hambrienta monarquía española.
+
+A España llegó Martí, apesadumbrado, pobre, comido de pesar el corazón.
+A causa del grillete que había llevado se le formó un tumor del cual lo
+operaran dos veces y las dos sin éxito. Primeramente vivió en Madrid del
+escaso producto de unas clases que daba a los niños de don Leandro
+Álvarez Torrijo y a los de la Viuda del General Ravenet. Vivía, como es
+de suponerse, miserablemente. Viviendo así se lo encontró, cuando fue
+deportado a España por los sucesos del 27 de noviembre de 1871, Fermín
+Valdés Domínguez, su amigo, o más bien, su hermano. Y como Valdés
+Domínguez llevaba en la bolsa, oro bastante, se instalaron juntos en
+amplias habitaciones, bien situadas. Y Martí comenzó una nueva
+existencia. Mejoró de salud, se le animaron los ojos tristes, y de nuevo
+emprendió sus estudios. En esa época y no obstante estudiar sin
+descanso, el tiempo no le faltaba para escribir folletos, para
+pronunciar discursos desde la tribuna de la logia «Armonía», para hacer
+versos, y para hablar con sus paisanos de las enfermedades de la patria
+y de sus curas posibles y necesarias. Una noche en que para tratar sobre
+el asesinato de los Estudiantes de Medicina, se reunieron los cubanos
+allí residentes, Martí habló: y recuerda uno que estuvo en aquella
+reunión memorable, que fue su discurso relampagueante, encendido,
+arrebatador; y recuerda también, que sucedió esa noche una cosa
+sobrenatural. Colgando de la pared, sobre la tribuna, había una mapa de
+Cuba, y cuando Martí, lleno del más tierno lirismo hacía una invocación
+a su patria llorosa y rodeada de cadenas, cuando la concurrencia,
+suspensa de su palabra, temblaba de emoción, el mapa cayó como una
+corona sobre su cabeza. ¡Fue como si su tierra toda entera, respondiera
+a su llama miento! Y cuando la proclamación de la República en
+España--golondrina fugaz como un suspiro--, Martí puso en manos de
+Estanislao Figueras, un largo escrito abogando por la independencia de
+Cuba. Y cuando los federales en sesión solemne celebrada en la Academia
+de jurisprudencia, quisieron hacer declarar a los cubanos de Madrid que
+se contentaban con la República federal española, Martí, allí presente,
+se opuso a ello, y en un debate que lo mantuvo en pie siete horas, echó
+por el suelo esos propósitos. Martí se opuso también a la creación en
+Madrid de un Casino Cubano. Por eso y por otros rasgos más, fue a sus
+pocos años, y en plena Corte de España, como el verbo y el alma de su
+pueblo atormentado y miserable....
+
+Debido a que Fermín Valdés Domínguez enfermó gravemente y los médicos le
+recomendaron que cambiara de aires, pasaron Martí y él a Zaragoza en
+donde apenas llegados, se ganaron el afecto y la estimación de los hijos
+de aquel noble pedazo de España. Los _insurrectos_ los llamaban en
+Aragón, pero los llamaban así, sin ira y sin odio. Martí en Zaragoza lo
+fue todo, el orador en las reuniones, el escritor en los periódicos, el
+poeta siempre. En una velada organizada para recoger fondos con que
+aliviar la miseria de las viudas y huérfanos de los bravos que
+sucumbieron por defender el honor que un rey criminal quiso asesinarles,
+Martí pronunció una oración bellísima, y el señor Leopoldo Burón recitó
+unos versos, también suyos, alusivos al acto. En Zaragoza obtuvo Martí,
+el grado de doctor en Derecho a título de suficiencia, y el de doctor en
+Filosofía y Letras, a pesar de la marcada oposición del claustro de
+aquella Universidad carlista. Así, a puro esfuerzo, entre flaquezas e
+impulsos, entre dentelladas y sonrisas, sin morder el mérito ajeno,
+caminando siempre del lado de los pobres, y sin andar de pedigüeño por
+entre bastidores y escaleras, se hizo hombre, ¡grande hombre!, el niño
+bondadoso del hogar infeliz, el sufrido presidiario de las canteras de
+Medina, el joven enfermizo y desterrado de la península ibera, nuestro
+José Martí....
+
+Y con sus títulos de Abogado y doctor en Filosofía y Letras, dejó la
+nación hispana, en 1873, y se fue a visitar a París, Londres y otras
+importantes ciudades de Europa, siguiendo luego viaje a México, en donde
+le esperaban, ansiosos de abrazarlos, sus padres y hermanas. En México,
+tierra ancha y generosa en la que los cubanos han hallado siempre
+alegría y calor de propio hogar, lo recibieron con marcadas
+demostraciones de aprecio. A poco de estar Martí entre los mexicanos,
+era altamente conocido y admirado como periodista, profesor, dramaturgo,
+orador y poeta. Durante los cuatro años que en esa República permaneció,
+fue Director de _La Revista Universal_, la cual se escribía a veces
+desde el fondo hasta las gacetillas; conferencista en el _Liceo Hidalgo_
+y en otras Sociedades; autor dramático en los principales teatros. Los
+trabajadores de Chihuahua lo nombraron Diputado al Congreso de Obreros y
+el Gobierno lo colmó de atenciones a cada instante. Martí, sin el grande
+amor por su patria, hubiera sido en México, como en cualquier otro país,
+conductor de conciencias. Pero la estrella heráldica que lo llevó a
+morir entre el humo y el fragor de la metralla, le seguía como un
+lamento y como el grito de una madre: de ahí que ese hombre que pudo ser
+monte coronado de flores, viviera por mucho tiempo, errante y vagabundo,
+sin plantar su tienda, fija la mirada en la isla hermosa, donde no había
+justicia sin soborno, ni honor sin castigo, ni pan sin mancha.
+
+En México, trémulo de femenil pasión y llena el alma como siempre, del
+ansia de morir a caballo, peleando por su país, escribió él, aquella
+composición suya, titulada «Patria y mujer»; composición que expresa
+bien, la grandeza de su alma, arrullada por suspiros de amor y agitada
+por gritos desesperados de deber. Lleno de ternura el corazón y poblada
+la mente de trágicas visiones, escribió sin duda esa valiente poesía de
+la que yo recuerdo estas estrofas:
+
+ suspiro del amor, cual si cupiera,
+ triste la patria, pensamiento alguno
+ que al patrio suelo en lágrimas no fuera.
+. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
+
+ »Y ¿con qué corazón, mujer sencilla,
+ esperas tú que mi dolor te quiera?
+ Podrá encender tu beso mi mejilla,
+ pero lejos de aquí, mi alma me espera.
+. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
+
+ »Miente mi labio si se acerca al tuyo,
+ mienten mis ojos si de amor te miran;
+ de mujeril amor mis fuerzas huyo:
+ en incorpórea agitación se inspiran.
+
+ »Amo yo más el árbol que sombrea
+ la tumba incierta del guerrero hermano,
+ que ese nido de perlas que hermosea
+ blonda más débil que tu amor liviano.
+. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
+
+ »Sus cuerdas una la robusta lira,
+ y el corazón sus átomos perdidos:
+ a un solo amor mi corazón aspira,
+ para un solo guarda latidos.
+. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
+
+ »Este cuerpo gentil rebosa vida,
+ y cada árbol allá cobija un muerto:
+ a todo goce esta mujer convida,
+ a toda soledad aquel desierto.
+. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
+
+ »No habla de amor mi corazón que late:
+ cuando en mi corazón hay un latido,
+ es que me anuncia que en algún combate
+ un héroe de la patria ha perecido».
+. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
+
+De la tierra del padre Hidalgo, el cura heroico, pasó a principios de
+1877, a Guatemala, deteniéndose antes en La Habana, a recoger unas
+cartas de presentación para distintas personalidades del Gobierno de
+aquella República. Allí, apenas sacudido el polvo del camino, fue
+nombrado Catedrático de Derecho Político, y Director de la _Revista
+Guatemalteca_. Allí escribió, a petición del Gobierno, un drama
+histórico en cuatro actos y en versos, y también allí, una angelical
+alma de niña, sintió por él la más purísima de las pasiones. Era una
+distinguida señorita, hija de un General ilustre de aquel país, que lo
+amó locamente. Y dicen que Martí sufría como de un crimen, al tener que
+mostrarse indiferente ante aquel amor primaveral. Pero él cuando fue a
+Guatemala, ya estaba comprometido en México con Carmen Zayas Bazán, a
+quien hizo luego su esposa y es hoy su viuda respetada: por eso no amó
+Martí aquella criatura tan tierna y talentosa. Martí salió a México de
+nuevo a contraer matrimonio, y volvió casado a Guatemala. Y dicen que la
+pobre enamorada murió entonces de dolor, del dulce mal de sentir
+demasiado las ingratitudes de la vida. Martí, años después, pensando sin
+duda en esa historia romántica que estremeció su existencia, escribió
+estos divinos versos de ternura y melancolía:
+
+ «Quiero a la sombra de un ala,
+ contar este cuento en flor:
+ la niña de Guatemala,
+ la que se murió de amor.
+
+ »Eran de lirio los ramos,
+ y las orlas de reseda
+ y de jazmín: la enterramos
+ en una caja de seda...
+
+ »Ella dio al desmemoriado
+ una almohadilla de olor;
+ él volvió, volvió casado:
+ ella se murió de amor.
+
+ »Iban cargándola en andas
+ Obispos y Embajadores:
+ detrás iba el pueblo en tandas,
+ todo cargado de flores
+
+ »...Ella, por volverlo a ver,
+ salió a verlo al mirador:
+ él volvió con su mujer;
+ ella se murió de amor.
+
+ »Como de bronce candente
+ al beso de despedida
+ era su frente, ¡la frente
+ que más he amado en mi vida!
+
+ »...Se entró de tarde en el río,
+ la sacó muerta el doctor;
+ dicen que murió de frío:
+ yo sé que murió de amor.
+
+ »Allí, en la bóveda helada,
+ la pusieron en dos bancos:
+ besé su mano afilada,
+ besé sus zapatos blancos.
+
+ »Callado, al oscurecer,
+ me llamó el enterrador:
+ ¡Nunca más he vuelto a ver
+ a la que murió de amor!».
+
+Otras pasiones inspiró Martí, a otras mujeres, pero acaso ninguna tan
+pura y tan hermosa como esa que inspiró a la niña de Guatemala, la de
+las manos de lirios y la frente purísima: luz y música hecha carne.... Y
+cuando de orden del señor Ministro de la Guerra se le quitó la dirección
+de la Escuela Normal de aquel país, a su amigo y paisano José María
+Izaguirre, renunció puestos y honores y vino a Cuba, ya firmada la paz
+del Zanjón, en 1878. La Habana lo recibió afectuosamente. Primero se
+puso a trabajar como abogado, aunque sin jurar su título, en los bufetes
+de don Nicolás Azcárate y Miguel Viondi, dándose luego a conocer de sus
+paisanos como orador, en notables discursos y conferencias pronunciadas
+en el Liceo de Guanabacoa, y en un brindis que hizo en un banquete
+celebrado en honor del genial periodista Adolfo Márquez Sterling. Cuatro
+fueron las veces que habló Martí en el Liceo de Guanabacoa. La primera
+sobre el realismo en el Arte; la segunda sobre su amigo, el poeta
+Alfredo Torroella, en que arrancó lágrimas; la tercera sobre los dramas
+de don José Echegaray, y la cuarta, sobre el insigne violinista Díaz
+Albertini. A esta última asistió el General Blanco, Capitán General de
+la Isla entonces, y notables personalidades cubanas y peninsulares. Y
+dice Miguel Viondi que Martí habló de tal manera, de patria y libertad,
+que el General Blanco se retiró de la fiesta diciendo al señor Azcárate:
+«quiero no recordar lo que yo he oído y que no concebí nunca se dijera
+delante de mí, representante del Gobierno Español: voy a pensar que
+Martí es un loco...». Y añadió: «pero un loco peligroso». A pesar del
+trabajo excesivo y de su dedicación a la literatura, Martí no dejó un
+día de conspirar desde que llegó a La Habana. Su casa era un centro de
+conspiración y un templo de arte: allí se reunían tan pronto, hombres de
+armas y acción, para hablar de guerra, como se reunían hombres de saber
+y pensamiento para hablar de «suspiros y risas, colores y notas». Más
+tarde, el mismo general Blanco, creyéndolo--como era la verdad--complicado
+en aquel conato de revolución de 1879, le pidió que hiciera pública
+protesta de adhesión al Gobierno de España, a lo que él indignado
+contestó: «Martí no es de la raza de los vendibles». Y fue nuevamente
+deportado a España, de donde se fugó al poco tiempo, pasando a París y
+de allí a New York, lugar en que siguió conspirando, conspiración que
+culminó con aquel desembarco en Cuba de Calixto García, el glorioso
+General de la frente horadada. Y cuando él vio el fracaso de aquella
+intentona y palpó la dolorosa realidad, se fue a Caracas, la ciudad de
+Bolívar, y allí agrupó en torno suyo numerosos admiradores y amigos. En
+Caracas dio clases de oratoria a una juventud valiosa. Varias veces a la
+semana y por espacio de dos horas, vibró su voz elocuente en mitad de
+sus alumnos que lo escuchaban maravillados. Y consignó uno de aquellos,
+que «en una de las sesiones oratorias, le sirvió de tema el pueblo de
+Israel, y con lenguaje expresivo y sublime enarró las maravillas de
+aquel pueblo excepcional»: que no era posible decir cosas más hermosas y
+poéticas, pero «que cuando el orador se consideró en la cumbre del monte
+Nebo y presentó al pueblo israelita y a Moisés contemplando la tierra
+prometida, su elocuencia fue nueva, sorprendente, y lo sublime parecía
+poco ante aquel espíritu transfigurado por el pudor cuasi divino de las
+ideas». Fue en Venezuela que dijo, hablando de la independencia de
+América: «El poema de 1810 está incompleto y yo quise escribir su última
+estrofa». Luego Martí, no pudiendo amoldarse a las exigencias del
+Gobierno de aquella República, del cual era entonces Presidente el
+general Guzmán Blanco, salió de allí, despidiéndose en una carta
+bellísima de los venezolanos que amó. A esa carta pertenece este
+párrafo: «Muy hidalgos corazones he sentido latir en esta tierra;
+vehementemente pago sus cariños; sus goces, me serán recreo; sus
+esperanzas plácemes; sus penas, angustias; cuando se tienen los ojos
+fijos en lo alto, ni zarzas ni guijarros distraen al viajero en su
+camino: los ideales enérgicos y las consagraciones fervientes no se
+merman en un ánimo sincero por las contrariedades de la vida. De América
+soy hijo: a ella me debo. Y de la América, a cuya revelación,
+sacudimiento y fundación urgente me consagro, esta es la cuna; ni hay
+para labios dulces copa amarga ni el áspid muerde en pechos varoniles;
+ni de su cuna reniegan sus hijos fieles. Deme Venezuela en qué servirla:
+ella tiene en mí un hijo». De Venezuela pasó, de nuevo, llena el alma de
+tristezas y emociones viriles, a la Babel moderna de los rubios
+mocetones y las nevadas inclementes: a New York, a esa ciudad de las
+ansias, de las regatas, de los afanes, de las prisas, a ese horno
+colosal donde se sazona el egoísmo y se pierden entre espirales de humo
+y ruidos de maquinarias, los besos y las lágrimas....
+
+Triste, apesadumbrado, como un náufrago que después de clamar en vano en
+la noche vacía y negra, arriba a playa desconocida, así llegó Martí
+nuevamente a New York. Pero tuvo un consuelo, una medicina que de los
+más graves males cura al hombre: las ternuras y cuida dos de su esposa
+que allí lo esperaba y los besos de su amado chiquitín, el hoy coronel
+de nuestro Ejército. Sacudió sus lágrimas calladas, escondió sus penas
+hondas, y comenzó a trabajar en la tierra hostil y ajena. El conocer a
+los hombres, tanto como los conocía, lo hizo superior a todas las
+pasiones: de ahí que pudo, entre gentes que miden, que desdeñan, que
+empujan, que desprecian, que viven con el apetito desmesuradamente
+abierto, pasear su amable cultura y oceánica bondad, y sacar a puerto y
+con honra, su divina existencia. Veamos cómo se abrió paso en el pueblo
+áspero y extraño. No era él de los soberbios que se impacientan porque
+no le conocen el talento, aprisa, ni de los pobres de espíritu que
+porque los visite el dolor, languidecen y desmayan o se despedazan el
+cráneo; sino de los de enérgica voluntad y firme intento: de los que
+vencen. Las alturas se han hecho para subirlas: en lo más elevado de
+ellas, crece, casi siempre, el laurel que da sombra a toda la vida. Él
+lo sabía, y se sentía con la fuerza inquieta y seductora de los que
+poseen la capacidad de mirar desde lo alto. Martí fue en New York, y en
+el período de diez años, dependiente de una casa de comercio en la cual
+llevaba los libros de contabilidad y contestaba la correspondencia;
+redactor de _El Sun_, el gran diario americano; corresponsal de varios
+periódicos de la América Latina, para los cuales escribía kilométricas
+epístolas, verdaderos estudios filosóficos y literarios de asuntos y
+hombres de los Estados Unidos; traductor de la casa editora «Appleton»;
+redactor de _La América_, y el _Economista Americano_, Director de _La
+Edad de Oro_, revista exclusivamente para niños, a los que amaba
+entrañablemente; profesor en «La Liga», la Sociedad de los necesitados
+de cariño y hambrientos de sabiduría; representante de tres naciones,
+Uruguay, Paraguay y la Argentina, en la gran plaza norteamericana; y
+alma en pie siempre, para responder a todo llamamiento cubano, bien
+fuera para remediar miserias o para mitigar dolores. Jamás pasó una
+fiesta del patriotismo, de recordación gloriosa, sin que él tomara
+parte. Año tras año, cada diez de octubre, aniversario glorioso de aquel
+día sublime, Martí dejaba oír su pintoresco, brillante y enérgico
+lenguaje, «flores tristes y lanzas enlutadas» que él depositaba a los
+pies de los héroes muertos. En el sudor y la fatiga del trabajo vivía,
+pero consagrado a Cuba, a desenterrar su epopeya de luz y a añadirle y
+hacerla entender, a los que parecían no querer entenderla: y a la
+América nuestra entera, a su América enferma. En 1883, invitado para
+tomar parte en la grandiosa fiesta con que los representantes de las
+Repúblicas latinoamericanas, en New York, habían de conmemorar el
+Centenario del nacimiento de Bolívar, Martí asistió a ella, y habló y
+derramó a raudales, en legiones de primorosas frases, los productos de
+su genio. Y terminó con estas palabras: «¡Brindo por los pueblos libres
+y por los pueblos tristes!» ¡Siempre pensando en Cuba! En la «Sociedad
+Literaria Hispano Americana», de la cual era Presidente, el alma toda,
+fueron innumerables las veces que hizo Martí resonar su palabra
+portentosa. Allí Martí habló sobre México, sobre Centro América, sobre
+Venezuela, sobre Bolívar. Hablando de Bolívar dijo, entre otras muchas
+cosas grandilocuentes: «¡Oh no! En calma no se puede hablar de aquel que
+no vivió jamás en ella: ¡de Bolívar se puede hablar con una montaña por
+tribuna, o entre relámpagos y rayos, o con un manojo de pueblos libres
+en el puño y la tiranía descabezada a los pies!». Sobre Espadero habló,
+el de «El Canto del Esclavo», «el que aprisionó en sus notas, como en
+red de cristal fino, los espíritus dolientes, que velan y demandan desde
+el éter fulguroso y trémulo del cielo americano»; sobre Heredia, nuestro
+gran Heredia: y donde al hablar de ese divino poeta, tuvo un arranque de
+patriótico ardimiento en que exclamó: «Si entre los cubanos vivos no hay
+tropa bastante para el honor ¿qué hacen en la playa los caracoles que no
+llaman a guerra a los indios muertos? ¿Qué hacen las palmas que gimen
+estériles en vez de mandar? ¿Qué hacen los montes que no se juntan
+faldas contra faldas, y cierran el paso a los que persiguen, a los
+héroes?». Y siempre, y en todos los casos, la patria salía por sus
+labios a relucir, altiva y llorosa, como una tórtola gemidora que
+abrigara un cóndor bravío....
+
+Pero injustos o malvados--que siempre ha de haber injustos o malvados
+cerca de todo grande hombre--, lo tacharon una vez de mal cubano, en
+1885, cuando él se opuso a los trabajos emprendidos por algunos jefes de
+la revolución del 68 para llevar una guerra nueva a Cuba, por creerla
+incompleta y parcial, y por estimar que con ella solo se lograría
+alarmar y ensangrentar inútilmente el país, en vez de asegurarle su
+entusiasmo y confianza para cuando se pudiera llevar a la isla la guerra
+pujante, digna y definitiva. De una carta en que hacía referencia a su
+oposición a ese movimiento revolucionario y al silencio en que se
+mantuvo por un espacio de tiempo, es este párrafo: «Crear una rebelión
+de palabras en momentos en que todo silencio sería poco para la acción,
+y toda la acción es poca, ni me hubiera parecido digno de mí, ni mi
+pueblo sensato lo hubiera soportado. Ya yo me preparaba a emprender
+camino ¡quién sabe a qué y hasta dónde!, en servicio activo de una
+empresa, y cuando creí que el patriotismo me vedaba emprenderlo, ¡qué
+tristeza, qué tristeza moral de la que nunca podré ya reponerme! ¿Cómo
+serviré yo mejor a mi tierra? me pregunte: Yo jamás me pregunto otra
+cosa; y me respondí de esta manera: Ahogando todos tus ímpetus;
+sacrifica las esperanzas de toda tu vida; hazte a un lado en esta hora
+posible del triunfo, antes de autorizar lo que creas funesto; mantente
+atado, en esta hora de obrar, antes de obrar mal, antes de servir mal a
+tu tierra so pretexto de servirla bien. Y sin oponerme a los planes de
+nadie, ni levantar yo planes por mí mismo, me he quedado en el silencio,
+significando con él que no se debe poner mano sobre la paz y la vida de
+un pueblo sino con un espíritu de generosidad, casi divino, en que los
+que se sacrifican por él, garanticen de antemano, con actos y palabras,
+el explícito intento de poner la tierra que se liberta en manos de sus
+hijos, en vez de poner como harán los malvados, sus propias manos, en
+ella, so capa de triunfadores. La independencia de un pueblo consiste en
+el respeto que los deberes públicos demuestre a cada uno de sus hijos.
+En la hora de la victoria solo fructifican las semillas que se siembran
+en la hora de la guerra. Un pueblo antes de ser llamado a guerra tiene
+que saber tras de qué va, y adónde va, y qué le ha de venir después. Tan
+ultrajados hemos vivido los cubanos, que en mí es locura el deseo, y
+roca la determinación de ver guiadas las cosas de mi tierra de manera
+que se respete como a persona sagrada la persona de cada cubano, y se
+reconozca que en las cosas del país no hay más voluntad que la que
+exprese el país, ni ha de pensarse en más interés que en el suyo». Una
+noche de conmemoración gloriosa, en ese tiempo, al ir a ocupar Martí la
+tribuna, el auditorio pidió con marcadas muestras de hostilidad, que
+hablara otro antes que él, otro que era _patriota_. Y Martí tomó asiento
+y escuchó tranquilo, de labios pálidos de cólera, alusiones injustas; y
+cuando fue a la tribuna él, y el público esperaba que se desatara en
+denuestos, que vaciara su ira sobre cuantos le eran contrarios, fueron
+sus palabras como voces de perdón. Sus palabras llevaban el desquite:
+parecía como si con un manojo de lirios azotara las frentes de los
+pecadores: sus anatemas eran alfileres con alas.... Esa noche triunfó y
+ya más nunca dejó de ser el triunfador. En todo demostraba Martí las
+extraordinarias condiciones que lo sacaron por encima de los demás
+hombres... ¿No lo dijo él? «Si los hombres nutren con sus manos
+prácticas lo que tienen de fieras, yo haré con las mías por nutrirles lo
+que tienen de palomas». Y así era, ministerio purísimo de amor y de
+ternura, brazos de par en par abiertos para todos los hombres....
+
+Fue en ese tiempo, durante esos años, que Martí mostró con más pujanza
+la largueza de sus conocimientos y la infinita anchura de su genio.
+Filósofo, poeta, economista, diplomático, políglota, periodista, orador,
+legista, estadista, de todo se mostró Martí entonces, en aquel hervidero
+de pasiones e intereses. Allí se le veía tan pronto en la tribuna,
+predicando, como se le veía en el periódico, en el informe, en la
+revista literaria, en la traducción, en el libro de versos. Allí publicó
+él su _Ismaelillo_, un primoroso y pequeño volumen de composiciones
+breves; en las que su alma de padre, salta y brinca y chispea, entre los
+cabellos rubios y los pies ligeros de su hijo. Y también _Versos
+sencillos_, en el que cada estrofa, responde a un estado de espíritu, y
+en el que como él decía: «a veces ruge el mar, y revienta la ola, en la
+noche negra, contra la roca del castillo ensangrentado; y a veces
+susurra la abeja, merodeando entre las flores».
+
+De _Ismaelillo_ es este primoroso juguete:
+
+ Sé de brazos robustos,
+ blandos, fragantes;
+ y sé que cuando envuelven
+ el cuello frágil,
+ mi cuerpo, como rosa
+ besada, se abre,
+ y en su propio perfume
+ lánguido exhálase.
+
+ Ricas en sangre nueva
+ las sienes laten;
+ mueven las rojas plumas
+ internas aves;
+ sobre la piel, curtida
+ de humanos aires,
+ mariposas inquietas
+ sus alas baten;
+ ¡savia de rosa enciende
+ las muertas carnes!
+
+ Y yo doy los redondos
+ brazos fragantes,
+ por dos brazos menudos
+ que halarme saben,
+ y a mi pálido cuello
+ recios colgarse,
+ y de místicos lirios
+ collar labrarme.
+ ¡Lejos de mí por siempre
+ brazos fragantes!
+
+Y este otro:
+
+ Por las mañanas
+ mi pequeñuelo
+ me despertaba
+ con un gran beso.
+
+ Puesto a horcajadas
+ sobre mi pecho,
+ bridas forjaba
+ con mis cabellos.
+
+ Ebrio él de gozo,
+ de gozo yo ebrio,
+ me espoleaba
+ mi caballero:
+ ¡qué suave espuela
+ sus dos pies frescos!
+ ¡Cómo reía
+ mi jinetuelo!
+
+ ¡Y yo besaba
+ sus pies pequeños,
+ dos pies que caben
+ en solo un beso!
+
+Y este, que es como un suspiro hondo:
+
+ Qué me das ¿Chipre?
+ Yo no lo quiero:
+ ni rey de bolsa
+ ni posaderos
+ tienen del vino
+ que yo deseo;
+ ni es de cristales
+ de cristaleros
+ la dulce copa
+ en que lo bebo.
+
+ Mas está ausente
+ ni despensero,
+ y de otro vino
+ yo nunca bebo.
+
+Y estas estrofas sueltas cogidas al azar de los _Versos sencillos_:
+
+ Yo sé bien que cuando el mundo
+ cede, lívido, al descanso,
+ sobre el silencio profundo
+ murmura el arroyo manso.
+
+ Con los pobres de la tierra
+ quiero yo mi suerte echar:
+ el arroyo de la sierra
+ me complace más que el mar.
+
+ Busca el Obispo de España
+ pilares para su altar:
+ ¡en mi templo, en la montaña,
+ el álamo es el altar!
+
+ Si ves un monte de espumas
+ es mi verso lo que ves:
+ mi verso es un monte, y es
+ un abanico de plumas.
+
+ Amo la tierra florida,
+ musulmana o española
+ donde rompió su corola
+ la poca flor de mi vida.
+
+ ¡Arpa soy, salterio soy
+ donde vibra el Universo;
+ vengo del sol, y al soy voy;
+ soy el amor: soy el verso!
+
+ No me pongan en lo oscuro
+ a morir como un traidor:
+ ¡yo soy bueno, y como bueno
+ moriré de cara al sol!
+
+ Hay montes, y hay que subir
+ los montes altos: ¡después
+ veremos alma, quién es
+ quién te me ha puesto a morir!
+
+ Cultivo una rosa blanca,
+ en julio como en enero
+ para el amigo sincero
+ que me da su mano franca.
+
+ Y para el cruel que me arranca
+ el corazón con que vivo,
+ cardo ni oruga cultivo:
+ cultivo la rosa blanca.
+
+ Yo quiero cuando me muera,
+ sin patria, pero sin amo,
+ tener en mi tumba un ramo
+ de flores y una bandera.
+
+Y cuando el destino le ofrecía el goce de una existencia bella,
+sosegada, cómoda; cuando su talento reconocido y su grandeza de
+espíritu, le daban asiento firme entre los que ya podían echarse a
+descansar, formó con su vida una flor, y la puso a los pies de la
+patria. Era el año 1891, y era el mes de octubre. Anunciado que en una
+velada, patrocinada por el club «Los Independientes» de New York, que
+había de celebrarse en recordación de los héroes del 10 de octubre de
+1868, tomaría parte principal Martí, quien desempeñaba el cargo de
+Cónsul General de la Argentina, Uruguay y Paraguay en dicha ciudad, el
+Ministro de España protestó ante los respectivos Gobiernos, y él, con un
+desprendimiento asombroso, renunció a sus cargos diciendo: «¡Antes que
+todo cubano!». Hay hombres que suben, como suben las zarzas y las
+piedras que tienen en su cúspide las montañas: otros son montañas y las
+coronan flores y las visitan víboras. Martí fue de esos. Hombre montaña
+desde la cual se puede ver pasar hoy y se verá mejor, a medida que los
+años vayan limándola, toda el alma compleja y revuelta de esa época de
+creación y amargura. El hecho de renunciar a todo bienestar por Cuba,
+hizo resonar su nombre como un trueno, en donde quiera que había
+cubanos. Martí, si perdió con ese acto, el gusto y el regalo de su vida,
+ganó en prestigio entre sus compatriotas, para los cuales fue desde
+entonces, antorcha encendida de patriotismo, brazo infatigable, el
+_pensamiento a caballo_ como lo llamó un ilustre hombre americano, el
+altar más hermoso y más puro de las libertades cubanas.
+
+Martí supo conquistar gloria: y cuando la conquistó, no la puso a precio
+en mercadería, ni se puso a vivir de ella en ocio cobarde, sino que se
+consagró a sembrar con sus manos, la buena semilla republicana entre sus
+compatriotas emigrados.... Así, cuando días después de este hermoso
+hecho, fue invitado por el Presidente del Club «Ignacio Agramonte» de
+Tampa--la ciudad levantada a puro esfuerzo por los cubanos
+proscriptos--para que tomara participación en una fiesta
+político-literaria que dicho Club había de celebrar, él respondió
+aceptando; y vencidas algunas dificultades, el 25 de noviembre de 1891,
+a la una de la madrugada, bajo una lluvia tenaz, arribó jubiloso a la
+estación, henchida de cabezas, de aquel pueblo de hombres libres que lo
+amaba ya sin conocerlo y que fue, por el sino misterioso de las cosas,
+cuna de la gloriosa revolución del 95 que sacó a la vida libre nuestra
+nacionalidad. A la siguiente noche, día 26, Martí dejó oír su palabra
+sedosa y centelleante en aquel Liceo histórico, que yo añoro ahora
+entristecido, y me veo niño, llena el alma de ilusiones, escuchando
+exaltado al pie de la tribuna, los tiernísimos acentos de su voz
+incomparable. Lo que allí dijo Martí no hay frases que lo abarquen. «Por
+Cuba y para Cuba» tituló él su discurso, y por ella y para ella fue
+cuanto su palabra, a veces impetuosa, a veces desgarradora, expresó. Su
+discurso fue todo amor, todo esperanza, todo verdad. Señaló todos los
+males que podrían la tierra de sus amores, los escollos con que se había
+de tropezar y la manera de vencerlos. Habló de los egoístas y los
+miedosos y los críticos que siempre le salen al encuentro a toda obra
+cuando esta se halla en los sudores de la creación, y dijo: «¿Pero qué
+le hemos de hacer? ¡Sin los gusanos que fabrican la tierra no podrían
+hacerse palacios suntuosos! En la verdad hay que entrar con la camisa al
+codo como entra en la res el carnicero. Todo lo verdadero es santo,
+aunque no huela a clavellina. Todo tiene la entraña fea y sangrienta; es
+fango en las artesas, el oro puro en que el artista talla luego sus
+joyas maravillosas; de lo fétido de la vida, saca almíbar la fruta y
+colores la flor: nace el hombre del dolor y la tiniebla del seno
+maternal, y del alarido y el desgarramiento sublime; ¡y las fuerzas
+magníficas y corrientes de fuego que en el horno del sol se precipitan y
+confunden, no parecen de lejos, a los ojos humanos sino manchas!».
+Hablando de los peligros que podían hacer desfallecer y cejar al cubano
+en su afán de libertad, decía entre otras cosas: «¿O nos ha de echar
+atrás el miedo a las tribulaciones de la guerra, azuzado por gente
+impura que está a paga del Gobierno español, el miedo a andar descalzo,
+que es un modo de andar ya, muy común en Cuba, porque entre los ladrones
+y los que los ayudan, ya no tiene en Cuba zapatos más que los cómplices
+y los ladrones?». Los pechos todos vibraron de entusiasmo y de cariño al
+escucharlo, y el alma de todos, como una marejada, lo envolvió y llenó
+de una titánica alegría. ¡Él vio sin duda en aquella noche radiosa, en
+aquella noche memorable, al terminar su oración, a su pobre patria
+llorosa, entre convites y villanías, de barragana y flor marchita por el
+mundo, y vio también, alucinado por el estruendo de los aplausos y los
+vítores, a caballo el ejército de la Libertad, echándose sobre los
+palacios podridos donde se cobijaban las almas de coleta y sotana,
+símbolos de la secular dominación de España....
+
+A la siguiente noche, 27 de noviembre, habló sobre el asesinato de los
+estudiantes del 71, y su discurso fue una joya, una flor que no se
+secará nunca sobre la tumba de los ocho adolescentes. Y el 28 del mismo
+mes, salió de nuevo para New York, en donde a los pocos días recibió un
+ejemplar del periódico _El Yara_, de Cayo Hueso, que dirigía el
+irreductible cubano José Dolores Poyo, y en el que se expresaba
+vivamente el deseo de que les hiciera una visita. Con este motivo, Martí
+le escribió el 25 de diciembre del mismo año, una carta a Poyo, en la
+que le daba las gracias por haberle adivinado sus deseos de visitar a
+los cubanos del peñón rebelde. En esa carta le decía entre otras cosas:
+«¿Pero cómo ir al Cayo de mi propia voluntad como pedigüeño de fama que
+va a buscarse amigos, o como solicitante, cuando quien ha de ir en mí,
+es un hombre de sencillez y de ternura, que tiembla de pensar que sus
+hermanos pudieran caer en la política engañosa y autoritaria de las
+malas Repúblicas? Es tan dulce obedecer el mandato de los compatriotas,
+como es indecoroso solicitarlo. Es mi sueño que cada cubano sea hombre
+político enteramente libre, como entiendo que el cubano del Cayo es, y
+obre en todos sus actos, por su simpatía juiciosa y su elección
+independiente, sin que le venga de fuera de sí, el influjo dañino de
+algún interés disimulado. Pues aunque se muera uno del deseo de entrar
+en la casa querida, ¿qué derecho tiene a presentarse de huésped intimo,
+a donde no lo llaman? Mejor pasar por seco--aunque se esté saliendo de
+cariño tierno el corazón--, que pasar por lisonjeador, o buscador, o
+entrometido, que faltar con una visita meramente personal al respeto que
+debo a la independencia y libre creación de los cubanos. Pero mándenme,
+y ya verán cuán viejo era mi deseo de apretar esas manos fundadoras». En
+Cayo Hueso hubo indecisión sobre si debía o no llamársele. Pero por fin,
+y por acuerdo del Club «Patria y Libertad», se le llamó. Martí salió
+enseguida para Cayo Hueso, siendo acompañado en su viaje, desde Tampa,
+por representantes de los Clubs «Ignacio Agramonte», y «La Liga
+Patriótica». El 25 de diciembre llegó, mal de salud, al Cayo. No
+obstante, habló varias ocasiones, arrebatando al auditorio, hasta que
+ya, verdaderamente enfermo, le prohibieron los médicos que saliera de su
+habitación. En cama estuvo doce días, al cabo de los cuales, un tanto
+restablecido, se levantó y visitó, uno por uno, todos los talleres,
+predicando la fe patriótica. Más tarde, en una reunión a que citó y a la
+que asistieron varios jefes de la guerra del 68, se expuso la idea de
+organizar bajo una sola, bandera a los cubanos emigrados. Martí recogió
+esa idea y redactó entonces, ese monumento de amor y de concordia que se
+llama: «Bases del Partido Revolucionario Cubano». De regreso de Cayo
+Hueso pasó por Tampa, siendo aprobadas en esta ciudad las referidas
+bases, siguiendo a New York, en donde lo esperaba un gran pesar: la
+carta denostadora que el General Enrique Collazo, por error o ceguedad
+del momento, le escribiera desde La Habana, y que firmaron con él, otras
+distinguidas personalidades de la revolución. A esa carta contestó Martí
+con otra que es como un blando arroyo de aguas puras que llevara en su
+corriente la hoja de una espada. Refiriéndose a los ataques personales
+que se le hicieron escribió: «Y ahora señor Collazo, ¿qué le diré de mi
+persona? Si mi vida me defiende nada puedo alegar que me ampare más que
+ella. Y si mi vida me acusa, nada podré decir que la abone. Defiéndame
+mi vida. Queme usted la lengua señor Collazo, a quien le haya dicho que
+serví yo a la madre patria. Queme usted la lengua a quien le haya dicho
+que serví de algún modo, o pedí puesto alguno, al partido liberal. Creo
+señor Collazo, que ha dado a mi tierra, desde que conocí la dulzura de
+su amor, cuanto hombre puede dar. Creo que he puesto a sus pies muchas
+veces fortuna y honores. Creo que no me falta el valor necesario para
+morir en su defensa». Este incidente quedó satisfactoriamente arreglado
+para ambos servidores de la patria, polvo hoy uno y luz en el recuerdo,
+y reliquia viva el otro, escapada al peligro del naufragio y de la
+muerte....
+
+A la sazón, por todas las emigraciones iban siendo conocidas y aceptadas
+las «Bases del Partido Revolucionario Cubano»: y el diario de abril de
+1892--aniversario de aquel otro 10 de abril de Guáimaro--, quedó
+proclamado este y nombrado Martí, por el cómputo de votos de todos los
+emigrados, Delegado, cargo que llevaba en sí la suprema dirección de los
+trabajos de esa gigantesca corporación, que fue casa, tribuna y
+trinchera de las libertades cubanas en el exterior....
+
+Desde el momento en que asumió Martí ese cargo, comenzó la labor más
+extraordinaria que pueda imaginarse la mente humana. De New York, pasó a
+Costa Rica, a entrevistarse con los generales Antonio y José Maceo, y
+Flor Crombet, de los cuales tuvo la aprobación más calurosa por los
+trabajos emprendidos. En Costa Rica habló y fundó Clubs, pasando luego
+por segunda vez a México en donde despertó el entusiasmo patriótico de
+los cubanos. El 15 de septiembre de 1892, le dirigió una carta al
+general Máximo Gómez, invitándolo a que aceptara la investidura de
+encargado supremo del ramo de la guerra, a que «ayudara a organizar
+dentro y fuera de la isla, el Ejército Libertador que había de poner a
+Cuba, y a Puerto Rico con ella, en condiciones de realizar con métodos
+ejecutivos y espíritu republicano su deseo manifiesto y legítimo de
+independencia». En dicha carta invitaba al generalísimo, a ese nuevo
+sacrificio, en momentos en que no tenía más remuneración que
+ofrecerle--según sus palabras--«que el placer del sacrificio y la
+ingratitud probable de los hombres»; invitación a la que el general
+Gómez contestó aceptando, en noble y generosa carta, y a la que Martí
+correspondió, yendo a visitarlo en Santo Domingo, la República hermana
+por la gloria y el martirio. De Santo Domingo emprendió Martí una
+excursión por todos los pueblos de la Unión Americana y algunos de
+América Latina, volviendo a New York. Allí su vida era un vértigo. Se
+escribía _Patria_, el periódico que fundó, junto con el «Partido
+Revolucionario», contestaba una numerosa correspondencia, fundaba clubs,
+escribía artículos de propaganda, en inglés, para periódicos de
+Filadelfia y New York, y pronunciaba discursos. Relámpagos parecía tener
+aquel hombre por músculos, tal era la prisa en que vivía. Increíble
+parece que aquel cuerpo flaco y endeble, encerrara dentro de sí espíritu
+tan gigantesco y tan fuerte, hecho a golpes de zarpas y a caricias de
+ala, capaz de abrir surcos y levantar cimientos y capaz, de poemizar el
+dolor e idealizar el martirio; apto para abrigar una tempestad y para
+echarse todo entero en el cáliz de un jazmín....
+
+En 1893, la intentona de Purnio y su fracaso le quebrantaron la salud.
+Pero no por eso se echó como débil mujerzuela a llorar tristezas, sino
+que después de publicar un manifiesto de levantado espíritu patriótico,
+continuó, con más bríos si cabe, la tarea enorme de hacer patria, tarea
+que fue sobre sus hombros una cruz, semejante a la que llevara, a través
+de su calle de Amargura, el Cristo dulce y bueno de los cristianos.
+Igualmente que los sucesos de Purnio, muestra evidente de la inquietud
+que ya reinaba en la isla mártir, los pronunciamientos de Lajas y
+Ranchuelo, en 1894, lo magullaron hondamente. Pero, incansable, a cada
+golpe se levantaba más potente. A fines de ese mismo año fue que,
+teniéndolo ya todo dispuesto para la lucha, escribió a Eduardo H. Gato,
+el cubano rico del Cayo, una carta, que es un poema de dolor, pidiéndole
+$5000 y otra a José María Izaguirre, cubano rico de New Orleans,
+pidiéndole cantidad parecida. De la carta a Gato son estas frases: «Todo
+minuto me es preciso para ajustar la obra de afuera con la del país. ¿Y
+me habré de echar por esas calles, despedazado y con náuseas de muerte,
+vendiendo con mis súplicas desesperadas nuestra hora de secreto, cuando
+usted con este gran favor, puede darme el medio de bastar a todo con
+holgura, y de cubrir con mi serenidad los movimientos?». «Si le escribo
+más me parece que le ofendo. Usted es hombre capaz de grandeza: esta es
+su ocasión. ¿Le prestaría a un negociante $5000 y no a su Cuba? Deme una
+razón más de tener orgullo de ser cubano». Y de la carta a Izaguirre
+este es el final: «¿Me lastimará usted mi fe? ¿Y en vano habré salido su
+fiador? Porque lo garanticé desde el principio como si hubiéramos
+hablado de esto y tuviera autoridad de usted para su oferta. ¿No me la
+da su vida y nuestra amistad? Le saluda la casa y quiero que me quiera
+por haber tenido esta certeza de usted, no en la hora de la gloria, sino
+en la del sacrificio. Yo voy a morir, si es que en mí queda ya mucho de
+vivo. Me matarán de bala, o de maldades. Pero me queda el placer de que
+hombres como usted me hayan amado. No sé decirle adiós. Sírvame como si
+nunca más debiera volverme a ver». Y esos cubanos respondieron
+mandándole lo que él les pedía. ¡Y cómo no! ¿Se podía negar, se podía
+decir que no, a quien pedía de ese modo, resplandeciente de limpieza y
+de angustia? Dispuesto todo para emprender la empresa definitiva,
+recorrió por última vez las emigraciones, y cuando se detuvo en un
+puerto de la Florida, en enero de 1895, ya todo lo tenía preparado para
+caer sobre su tierra a bandera desplegada. Tres barcos, «Amadís»,
+«Lagonda» y «Baracoa», cargados de armas y pertrechos ya estaban para
+salir de Fernandina, cuando las Autoridades de aquella ciudad, los
+detuvieron. La traición de un miserable, que estará mientras viva, libre
+de todo, menos del remordimiento, vendió su poderoso plan. Entonces sí
+que sufrió Martí lo indecible. Imagínenselo triste, rabioso,
+colérico--¡colérico él, Dios mío!--viendo acaso en el espanto y horror de
+sus ojos desmesuradamente abiertos, descender sobre su patria como un
+sudario de muerte, y sobre su corazón como una mano de hierro....
+
+Perseguido por los Agentes españoles salió de Fernandina y llegó a New
+York. Allí le volvió la vida: ¡podía salvar parte de las armas
+apresadas! Y el 29 de enero escribió la orden de levantamiento para los
+jefes de la revolución en Cuba, y el 31 salió en compañía de los
+generales María Rodríguez y Collazo para Santo Domingo, con el fin de
+unirse allí con Máximo Gómez. Se detuvo en Cabo Haitiano, en donde pasó
+varias semanas de verdadera zozobra, rodeado de malvados e impotentes.
+Allí fue a moverle con furia, el espíritu, la noticia del levantamiento
+del 24 de febrero, la noticia de que ya en su tierra se peleaba,
+cumpliendo órdenes suyas, por el decoro y la libertad. Esto lo animó y
+desesperó más. Después de ese momento ni el sueño ni el descanso le
+hicieron falta: vivía en una constante actividad. Así vio pasar todo el
+mes de marzo y llegar abril, y sin poder embarcarse para las playas
+amadas, donde ya se moría como él sabría morir. El 25 de marzo, ya en
+vísperas de viaje, en el _pórtico_ del _gran deber_, le escribió a su
+amigo, el dominicano y poeta y escritor, Federico Henríquez Carvajal,
+una carta que alguien ha llamado su testamento político, y de la cual
+vienen a mi mente estos conceptos que debía grabar todo cubano en lo más
+puro y bueno de sus entrañas: «Yo evoqué la guerra: mi responsabilidad
+comienza con ella, en vez de acabar. Para mí la patria no será nunca
+triunfo, sino agonía y deber. Ya arde la sangre. Ahora hay que dar
+respeto y sentido humano y amable al sacrificio; hay que hacer viable e
+inexpugnable la guerra; si ella me manda, conforme a mi deseo único
+quedarme, me quedo en ella; si me manda, clavándome el alma, irme lejos
+de los que mueren como yo sabría morir, también tendré ese valor. Quien
+piensa en sí no ama a la patria; y está el mal de los pueblos, por más
+que a veces se lo disimulen sutilmente, en los estorbos o prisas que el
+interés de sus representantes ponen en el curso natural de los sucesos.
+De mí espere la deposición absoluta y continua. Yo alzaré el mundo. Pero
+mi único deseo sería pegarme allí, al último tronco, al último peleador:
+morir callado. Para mí ya es hora. Pero aun puedo servir a este único
+corazón de nuestras Repúblicas. Las Antillas libres salvarán la
+independencia de nuestra América y el honor ya dudoso y lastimado de la
+América inglesa, y acaso acelerarán y fijarán el equilibrio del mundo.
+Vea lo que hacemos, usted con sus canas juveniles y yo a rastras con mi
+corazón roto. Yo obedezco, y aun diré que acato como superior
+disposición y como Ley americana, la necesidad feliz de partir, al
+amparo de Santo Domingo, para la guerra de libertad de Cuba. Hagamos por
+sobre la mar, a sangre y a cariño, lo que por el fondo de la mar hace la
+cordillera de fuego andino». En esta carta dejó Martí mucho de su alma
+llena del himno glorioso de la naturaleza y de la íntima majestad de lo
+divino. Pero donde puso todo el corazón rebosante de ternura y amor, fue
+en la carta última, que le escribió a su anciana madre, entonces aquí,
+al lado de los que se sentaban a la mesa del jerez y de la manzanilla a
+comer el plato del robo y de la villanía. Oíd esa carta: «Madre mía: Hoy
+25 de marzo, en vísperas de un largo viaje, estoy pensando en usted. Yo
+sin cesar pienso en usted. Usted se duele en la cólera de su amor del
+sacrificio de mi vida: y ¿por qué nací de usted con una vida que ama el
+sacrificio? Palabras, no puedo. El deber de un hombre está allí donde es
+más útil. Pero conmigo va siempre, en mi creciente y necesaria agonía,
+el recuerdo de mi madre. Abrace a mis hermanas y a sus compañeros. Ojalá
+pueda algún día verlos a todos a mi alrededor, contentos de mí. Y
+entonces sí que cuidaré yo de usted con mimo y con orgullo. Ahora
+bendígame, y crea que jamás saldrá de mi corazón obra sin piedad y sin
+limpieza. La bendición». ¡Yo no sé que se pueda decir más y de manera
+más genial en tan pocas palabras! Si Martí no hubiera escrito más que
+esta carta, por ella solo tendría asiento perdurable entre los hombres
+que saben lo que es un adiós, lo que es desafiar la muerte, ¡y lo que
+una madre significa!...
+
+Y llegó por fin el momento feliz, término de todas sus angustias,
+satisfacción de todos sus anhelos. Después de publicar el grandioso
+manifiesto de «Montecristi» de despachar el barco expedicionario para
+Maceo, de vencer cuantas dificultades le salieron al camino, se embarcó,
+en unión de cinco compañeros, Máximo Gómez, Paquito Borrero, Ángel
+Guerra, César Salas y Marcos del Rosario, en un vapor alemán que había
+llegado de paso a Cabo Haitiano, y que según la promesa de su Capitán a
+Martí, los conduciría cerca de las costas de Cuba y les cedería un bote
+para llegar a tierra. Oíd el relato, hecho a tajos, de esa odisea
+milagrosa. Era el 10 de abril, día glorioso dos veces en los anales de
+la historia cubana, cuando se echaron al mar esos hombres magníficos; y
+el 11, a pocas millas de la costa, detiene el vapor que los conducía su
+marcha, bajan la escala, echan al agua uno de sus botes y en él se
+instalan los seis expedicionarios «con gran carga de parque y un saco
+con queso y galletas». Y a las seis horas de remar, bajo un cielo negro
+y tenebroso, arrullado por olas alborotadas, caen sigilosos sobre la
+costa de Cuba, llenos de una dicha superior al peligro que habían
+corrido y que habían de correr. Ya en tierra, cargados como bestias,
+subieron los espinares y pasaron las ciénegas y cruzaron ríos crecidos y
+subieron cumbres, hasta que dieron con la guerrilla baracoana de Félix
+Ruenes «hombre de consejo y moderación» como lo llamó Martí, y a quien
+la gloria le crece ya sobre la sepultura. Oigamos las impresiones
+primeras de Martí, en los campos de Cuba libre: «Hasta hoy no me he
+sentido hombre. He vivido avergonzado y arrastrando la cadena de mi
+patria, toda mi vida. La divina claridad del alma aligera mi cuerpo.
+Este reposo y bienestar explican la constancia y el júbilo con que los
+hombres se ofrecen al sacrificio». «Es muy grande mi felicidad: sin
+ilusión alguna de mis sentidos ni pensamiento excesivo en mí propio, ni
+alegría egoísta y pueril, puedo decir que llegué al fin, a mi plena
+naturaleza; y que el honor que en mis paisanos vea, en la naturaleza que
+nuestro valor nos da derecho, me embriaga la dicha con dulce embriaguez.
+Solo la luz es comparable a mi felicidad». Cerca, de la costa
+permanecieron Martí y sus compañeros hasta el día 16 que salieron con
+dirección a la jurisdicción de Guantánamo. Los españoles, sabedores de
+la llegada de los expedicionarios y de que rondaban por esos lugares, le
+salieron al encuentro en número de cuatrocientos hombres. Y el día 27,
+por suerte, estando ya Martí y los suyos con las fuerzas de Garzón y
+Mariano Sánchez y José Maceo que asumió el mando de todas, fueron
+atacados por el enemigo. De este encuentro contaba Martí: «Me siento
+puro y leve, y siento en mí algo como la paz de un niño. ¿Por qué me
+vuelvo a acordar ahora de la larga marcha, para mí la primera marcha de
+batalla que siguió al combate victorioso con que nos recibió el valiente
+y sencillo José Maceo? Porque fue muy bella y quisiera que ustedes la
+hubieran visto conmigo. ¿O tenía el cielo balcones y los seres que me
+son queridos estaban asomados a uno de ellos? A la mañana veníamos, aun
+los pocos de la expedición de Baracoa, los seis y los que se nos fueron
+uniendo, revueltos por el monte de espinas y con la mano al arma,
+esperando por cada vereda al enemigo. Retumba de repente el tiroteo como
+a pocos pasos de nosotros, y el fuego es de dos horas. Los nuestros han
+vencido. Cien cubanos bisoños han apagado treinta hombres de la columna
+entera de Guantánamo: trescientos teníamos, pero solo pelearon cien;
+ellos se van pueblo adentro, deshechos, ensangrentados, con los muertos
+en brazos, regando las armas. En el camino mismo del combate nos
+esperaban cubanos triunfadores: se echan de los caballos abajo; nos
+abrazan y nos vitorean; nos suben a caballo y nos calzan las espuelas;
+¿cómo no me inspira horror la mancha de sangre que hay en el camino? ¿ni
+la sangre a medio secar de una cabeza que ya está enterrada, en la
+cartera que le puso de almohada un jinete nuestro?». «Ya duerme el
+campamento: al pie de un árbol grande iré luego a dormir, junto al
+machete y el revólver, y de almohada mi capa de hule: ahora, abro el
+jolongo y saco de él la medicina para los heridos. ¡Qué cariñosas las
+estrellas... a las tres de la madrugada! A las cinco abiertos los
+ojos...». «A cada momento alzo la pluma, o dejo el taburete y el corte
+de palma en que escribo, para adivinarle a un doliente la maluquera,
+porque de piedad o casualidad se me han juntado en el bagaje más
+remedios que ropa, y no para mí que no estuve más sano nunca. Y ello es
+que tengo acierto, y ya me he ganado mi poco de reputación, sin más que
+saber como está hecho el cuerpo humano, y haber traído conmigo el
+milagro del iodo. Y el del cariño, que es otro milagro; en el que ando
+con tacto, y con rienda severa, no vaya la humanidad a parecer
+vergonzosa adulación, aunque es rara la claridad del alma, y como finura
+en el sentir que embellece, por entre palabras pícaras, y disputas y
+fritos y guisos, esta vida de campamento». Hasta aquí de sus cartas.
+Triunfal fue la marcha de Martí por los campos de Cuba libre: por donde
+quiera que pasaba iba dejando--como dicen que proclamaba José Maceo--,
+_vergüenza y alegría_. Más de diez veces les habló Martí a fuerzas
+cubanas en guerra y siempre les dejó la mente en alto y el alma
+contenta. ¡Todavía viven algunos de los que oyeron a caballo y con la
+mano a la cintura su elocuencia arrebatadora: todavía viven algunos de
+los que le vieron sin cansancio y sin fatiga andando con el rifle al
+hombro por las montañas agrias, por los pedregales ásperos, por los ríos
+creídos, por las ciénegas espantables.
+
+Y llega el 19 de mayo, el día aciago, el día tremendo. El sol lucía en
+el zenit. Martí y Masó estaban acampados en Vuelta Grande cuando llegó
+el General Gómez y fue como un jubileo el campamento. Masó y Martí y
+Máximo Gómez le hablaron a las fuerzas y fueron vitoreados y aclamados.
+A poco avisan las avanzadas que estaban cerca de Dos Ríos la proximidad
+del enemigo. De Vuelta Grande a Dos Ríos había poco más de una legua.
+Los soldados cubanos, entusiasmados por las arengas que acababan de oír,
+a vuelo de caballo se ponen frente a los contrarios. En breves momentos
+el combate se generaliza; la atmósfera se preña de humo y olor a
+pólvora; el aire es épico. Entonces es que Martí, desmadejado el
+cabello, los ojos fúlgidos y relampagueantes, el pecho henchido de
+orgullo, enardecido, arrebatado, impaciente por el sacrificio e inquieto
+por la emulación, invita a la carga a su ayudante Ángel la Guardia--aquel
+fiero aguilucho caído en Victoria de las Tunas--, aviva con las espuelas
+su noble bruto, y gozoso como un niño que ha crecido un palmo, y como si
+hubiera alcanzado a ver, reducido a la pequeñez de un montón de carne
+humana, todo el Gobierno de rencores, de insultos, de envidias, de
+mezquindades, de ambiciones, de la oligarquía esquilmadora que le vejaba
+su tierra, se echa sobre los rifles enemigos y cae acribillado a
+balazos, con la limpieza y majestad de un Dios, del brazo de la muerte
+que es inmortal, y coronado por la fulgente claridad del martirio y de
+la gloria.... Así terminó, así se obscureció para siempre, la lámpara
+pura y serena de aquel gran cerebro, «dictador de genio»; así dejó de
+latir aquel gran corazón, profesor de virtudes; así, entre chocar de
+aceros y estampidos de fusilería, pasó el gran Apóstol a ser huésped
+eterno de la suprema luz. Allí, en los campos de Dos Ríos, campos ya
+para siempre memorables, se apagó aquel astro inmenso que parecía
+inmortal; allí cayó peleando por la independencia de su patria,
+arremetiendo contra los defensores de la tiranía, la cabeza imperial
+descubierta y nutrida de leyendas y de asombros, con el alma en el aire,
+el batallador infatigable que fue para los cubanos, con sus racimos de
+palabras y sus manantiales de ternuras, como otra isla sonora y
+espiritual.... Allí, a aquellos campos, en silencio, que recogieron su
+última mirada y su último suspiro y que supieron también del primer
+grito de desolación y de angustia que arrancó a los suyos su caída; allí
+debieran ir en legiones los cubanos vivos, a purificarse y a lavarse de
+sus culpas y pecados. Allí, a aquellos campos donde entregó su vida el
+héroe más puro y grande del poema de hierro de nuestras guerras de
+independencia, debieran ir los que ahora, olvidados de todo lo que no
+sea su personal interés, ponen la patria de cabalgadura y de látigo la
+gloria que conquistaron en su defensa; los _prácticos_ eternos que no
+piensan ni por un momento en la gloria de morir peleando por la libertad
+y sí en lo cómodo de vivir, aunque sea de rodillas, a los pies de los
+amos del momento; los que no saben que hay algo más triste que ser
+esclavo, y es mostrar que no se es digno de ser libre... ¿Y se perderá
+entre los cubanos el recuerdo de existencia tan pura, tan meritísima y
+ejemplar? ¿Será tanta nuestra pequeñez, que ocupados en buscar la
+comodidad y el gusto y el regalo personal, no miremos que se nos puede
+caer la casa de todos, la obra santa que él coronó a costa de su sangre?
+¿Será todo chiste, ira, medro? Inspirémonos en él, y depongamos nuestros
+agravios y nuestras inquinas: amémonos los unos a los otros, y clavemos
+en lo más firme y alto de nuestra tierra la bandera de nuestra
+nacionalidad. Y vigilemos para que de su triángulo rojo no se salga
+jamás la estrella solitaria, ni para hundirse en la nada, ni para dar su
+brillo, entonces más sola que nunca, entre el montón de estrellas del
+pabellón americano....
+
+Hasta aquí de su vida; de su obra hablaré en otra ocasión.
+
+Y ahora, Maestro y Padre, escucha: el niño aquel que en la emigración te
+siguió febril, enamorado de tu bondad y tu talento, el niño aquel que
+por serlo, no te acompañó en la hora de tu muerte, se ha hecho hombre y
+te es fiel, y de las semillas de amor que tú le dejaste caer en el
+pecho, esto es el fruto. Tu memoria lo fortalece como una esperanza,
+como un faro lo guía, como un ala lo levanta. Y si es verdad que la vida
+humana no es toda la vida, si es verdad que después de ella hay otra
+existencia superior, ordena, que él no quiere para sí mayor gloria que
+la de obedecer a tu mandato. Él no se cansa de predicar tus doctrinas ni
+de continuar, a la medida de sus fuerzas, tu obra de ensanchamiento y de
+reparación universal. Tus libros, que ahora mismo Gonzalo de Quesada, tu
+buen Gonzalo, publica para reverenciarte, constituyen su Biblia. Y todas
+las noches, al poner la cabeza sobre la almohada libre, piensa en ti, y
+murmura agitado como por un temblor de héroe: Maestro ¡gloria a ti!
+Padre, bendito seas....
+
+ * * * * *
+
+
+
+
+ Amistad funesta
+
+ Novela
+
+
+
+
+ Capítulo I
+
+
+Una frondosa magnolia, podada por el jardinero de la casa con manos
+demasiado académicas, cubría aquel domingo por la mañana con su sombra a
+los familiares de la casa de Lucía Jerez. Las grandes flores blancas de
+la magnolia, plenamente abiertas en sus ramas de hojas delgadas y
+puntiagudas, no parecían, bajo aquel cielo claro y en el patio de
+aquella casa amable, las flores del árbol, sino las del día, ¡esas
+flores inmensas e inmaculadas, que se imaginan cuando se ama mucho! El
+alma humana tiene una gran necesidad de blancura. Desde que lo blanco se
+oscurece, la desdicha empieza. La práctica y conciencia de todas las
+virtudes, la posesión de las mejores cualidades, la arrogancia de los
+más nobles sacrificios, no bastan a consolar el alma de un solo
+extravío.
+
+Eran hermosas de ver, en aquel domingo, en el cielo fulgente, la luz
+azul, y por entre los corredores de columnas de mármol, la magnolia
+elegante, entre las ramas verdes, las grandes flores blancas y en sus
+mecedoras de mimbre, adornadas con lazos de cinta, aquellas tres amigas,
+en sus vestidos de mayo: Adela, delgada y locuaz, con un ramo de rosas
+Jacqueminot al lado izquierdo de su traje de seda crema; Ana, ya próxima
+a morir, prendida sobre el corazón enfermo, en su vestido de muselina
+blanca, una flor azul sujeta con unas hebras de trigo; y Lucía, robusta
+y profunda, que no llevaba flores en su vestido de seda carmesí, «porque
+no se conocía aun en los jardines la flor que a ella le gustaba: ¡la
+flor negra!».
+
+Las amigas cambiaban vivazmente sus impresiones de domingo. Venían de
+misa; de sonreír en el atrio de la catedral a sus parientes y conocidos;
+de pasear por las calles limpias, esmaltadas de sol, como flores
+desatadas sobre una bandeja de plata con dibujos de oro. Sus amigas,
+desde las ventanas de sus casas grandes y antiguas, las habían saludado
+al pasar. No había mancebo elegante en la ciudad que no estuviese aquel
+mediodía por las esquinas de la calle de la Victoria. La ciudad, en esas
+mañanas de domingo, parece una desposada. En las puertas, abiertas de
+par en par, como si en ese día no se temiesen enemigos, esperan a los
+dueños los criados, vestidos de limpio. Las familias, que apenas se han
+visto en la semana, se reúnen a la salida de la iglesia para ir a
+saludar a la madre ciega, a la hermana enferma, al padre achacoso. Los
+viejos ese día se remozan. Los veteranos andan con la cabeza más
+erguida, muy luciente el chaleco blanco, muy bruñido el puño del bastón.
+Los empleados parecen magistrados. A los artesanos, con su mejor
+chaqueta de terciopelo, sus pantalones de dril muy planchado y su
+sombrerín de castor fino, da gozo verlos. Los indios, en verdad,
+descalzos y mugrientos, en medio de tanta limpieza y luz, parecen
+llagas. Pero la procesión lujosa de madres fragantes y niñas galanas
+continúa, sembrando sonrisas por las aceras de la calle animada; y los
+pobres indios, que la cruzan a veces, parecen gusanos prendidos a
+trechos en una guirnalda. En vez de las carretas de comercio o de las
+arrias de mercaderías, llenan las calles, tirados por caballos altivos,
+carruajes lucientes. Los carruajes mismos, parece que van contentos, y
+como de victoria. Los pobres mismos, parecen ricos. Hay una quietud
+magna y una alegría casta. En las casas todo es algazara. Los nietos
+¡qué ir a la puerta, y aturdir al portero, impacientes por lo que la
+abuela tarda! Los maridos ¡qué celos de la misa, que se les lleva, con
+sus mujeres queridas, la luz de la mañana! La abuela, ¡cómo viene
+cargada de chucherías para los nietos, de los juguetes que fue reuniendo
+en la semana para traerlos a la gente menor hoy domingo, de los
+mazapanes recién hechos que acaba de comprar en la dulcería francesa, de
+los caprichos de comer que su hija prefería cuando soltera, qué carruaje
+el de la abuela, que nunca se vacía! Y en la casa de Lucía Jerez no se
+sabía si había más flores en la magnolia, o en las almas.
+
+Sobre un costurero abierto, donde Ana al ver entrar a sus amigas puso
+sus enseres de coser y los ajuares de niño que regalaba a la Casa de
+Expósitos, habían dejado caer Adela y Lucía sus sombreros de paja, con
+cintas semejantes a sus trajes, revueltas como cervatillos que retozan.
+¡Dice mucho, y cosas muy traviesas, un sombrero que ha estado una hora
+en la cabeza de una señorita! Se le puede interrogar, seguro de que
+responde: ¡de algún elegante caballero, y de más de uno, se sabe que ha
+robado a hurtadillas una flor de un sombrero, o ha besado sus cintas
+largamente, con un beso entrañable y religioso! El sombrero de Adela era
+ligero y un tanto extravagante, como de niña que es capaz de enamorarse
+de un tenor de ópera: el de Lucía era un sombrero arrogante y
+amenazador; se salían por el borde del costurero las cintas carmesíes,
+enroscadas sobre el sombrero de Adela como una boa sobre una tórtola:
+del fondo de seda negro, por los reflejos de un rayo de sol que filtraba
+oscilando por una rama de la magnolia, parecían salir llamas.
+
+Estaban las tres amigas en aquella pura edad en que los caracteres
+todavía no se definen: ¡ay, en esos mercados es donde suelen los jóvenes
+generosos, que van en busca de pájaros azules, atar su vida a lindos
+vasos de carne que a poco tiempo, a los primeros calores fuertes de la
+vida, enseñan la zorra astuta, la culebra venenosa, el gato frío e
+impasible que les mora en el alma!
+
+La mecedora de Ana no se movía, tal como apenas en sus labios pálidos la
+afable sonrisa: se buscaban con los ojos las violetas en su falda, como
+si siempre debiera estar llena de ellas. Adela no sin esfuerzo se
+mantenía en su mecedora, que unas veces estaba cerca de Ana, otras de
+Lucía, y vacía las más. La mecedora de Lucía, más echada hacia adelante
+que hacia atrás, cambiaba de súbito de posición, como obediente a un
+gesto enérgico y contenido de su dueña.
+
+--Juan no viene: ¡te digo que Juan no viene!
+
+--¿Por qué, Lucía, si sabes que si no viene te da pena?
+
+--¿Y no te pareció Pedro Real muy arrogante? Mira, mi Ana, dame el
+secreto que tú tienes para que te quiera todo el mundo: porque ese
+caballero, es necesario que me quiera.
+
+En un reloj de bronce labrado, embutido en un ancho plato de porcelana
+de ramos azules, dieron las dos.
+
+--Lo ves, Ana, lo ves; ya Juan no viene--y se levantó Lucía; fue a uno de
+los jarrones de mármol colocados entre cada dos columnas, de las que de
+un lado y otro adornaban el sombreado patio; arrancó sin piedad de su
+tallo lustroso una camelia blanca, y volvió silenciosa a su mecedora,
+royéndole las hojas con los dientes.
+
+--Juan viene siempre, Lucía.
+
+Asomó en este momento por la verja dorada que dividía el zaguán de la
+antesala que se abría al patio, un hombre joven, vestido de negro, de
+quien se despedían con respeto y ternura uno de mayor edad, de ojos
+benignos y poblada barba, y un caballero entrado en largos años, triste,
+como quien ha vivido mucho, que retenía con visible placer la mano del
+joven entre las suyas:
+
+--Juan, ¿por qué nació usted en esta tierra?
+
+--Para honrarla si puedo, don Miguel, tanto como usted la ha honrado.
+
+Fue la emoción visible en el rostro del viejo; y aun no había
+desaparecido del zaguán, de brazo del de la buena barba, cuando Lucía,
+demudado el rostro y temblándole en las pestañas las lágrimas, estaba en
+pie, erguida con singular firmeza, junto a la verja dorada, y decía,
+clavando en Juan sus dos ojos imperiosos y negros:
+
+--Juan, ¿por qué no habías venido?
+
+Adela estaba prendiendo en aquel momento en sus cabellos rubios un
+jazmín del Cabo.
+
+Ana cosía un lazo azul a una gorrita de recién nacido, para la Casa de
+Expósitos.
+
+--Fui a rogar--respondió Juan sonriendo dulcemente--, que no apremiasen por
+la renta de este mes a la señora del Valle.
+
+--¿A la madre de Sol? ¿de Sol del Valle?
+
+Y pensando en la niña de la pobre viuda, que no había salido aun del
+colegio, donde la tenía por merced la Directora, se entró Lucía, sin
+volver ni bajar la cabeza, por las habitaciones interiores, en tanto que
+Juan, que amaba a quien lo amaba, la seguía con los ojos tristemente.
+
+ * * * * *
+
+Juan Jerez era noble criatura. Rico por sus padres, vivía sin el
+encogimiento egoísta que desluce tanto a un hombre joven, mas sin
+aquella angustiosa abundancia, siempre menor que los gastos y apetitos
+de sus dueños, con que los ricuelos de poco sentido malgastan en empleos
+estúpidos, a que llaman placeres, la hacienda de sus mayores. De sí
+propio, y con asiduo trabajo, se había ido creando una numerosa
+clientela de abogado, en cuya engañosa profesión, entre nosotros
+perniciosamente esparcida, le hicieron entrar, más que su voluntad, dada
+a más activas y generosas labores, los deseos de su padre, que en la
+defensa de casos limpios de comercio había acrecentado el haber que
+aportó al matrimonio su esposa. Y así Juan Jerez, a quien la Naturaleza
+había puesto aquella coraza de luz con que reviste a los amigos de los
+hombres, vino, por esas preocupaciones legendarias que desfloran y
+tuercen la vida de las generaciones nuevas en nuestros países, a pasar,
+entre lances de curia que a veces le hacían sentir ansias y vuelcos, los
+años más hermosos de una juventud sazonada e impaciente, que veía en las
+desigualdades de la fortuna, en la miseria de los infelices, en los
+esfuerzos estériles de una minoría viciada por crear pueblos sanos y
+fecundos, de soledades tan ricas como desiertas, de poblaciones
+cuantiosas de indios míseros, objeto más digno que las controversias
+forenses del esfuerzo y calor de un corazón noble y viril.
+
+Llevaba Juan Jerez en el rostro pálido, la nostalgia de la acción, la
+luminosa enfermedad de las almas grandes, reducida por los deberes
+corrientes o las imposiciones del azar a oficios pequeños; y en los ojos
+llevaba como una desolación, que solo cuando hacía un gran bien, o
+trabajaba en pro de un gran objeto, se le trocaba, como un rayo de sol
+que entra en una tumba, en centelleante júbilo. No se le dijera entonces
+un abogado de estos tiempos, sino uno de aquellos trovadores que sabían
+tallarse, hartos ya de sus propias canciones, en el mango de su guzla la
+empuñadura de una espada. El fervor de los cruzados encendía en aquellos
+breves instantes de heroica dicha su alma buena; y su deleite, que le
+inundaba de una luz parecida a la de los astros, era solo comparable a
+la vasta amargura con que reconocía, a poco que en el mundo no
+encuentran auxilio, sino cuando convienen a algún interés que las vicia,
+las obras de pureza. Era de la raza selecta de los que no trabajan para
+el éxito, sino contra él. Nunca, en esos pequeños pueblos nuestros donde
+los hombres se encorvan tanto, ni a cambio de provechos ni de
+vanaglorias cedió Juan un ápice de lo que creía sagrado en él, que era
+su juicio de hombre y su deber de no ponerlo con ligereza o por paga al
+servicio de ideas o personas injustas; sino que veía Juan su
+inteligencia como una investidura sacerdotal, que se ha de tener siempre
+de manera que no noten en ella la más pequeña mácula los feligreses; y
+se sentía Juan, allá en sus determinaciones de noble mozo, como un
+sacerdote de todos los hombres, que uno a uno tenía que ir dándoles
+perpetua cuenta, como si fuesen sus dueños, del buen uso de su
+investidura.
+
+Y cuando veía que, como entre nosotros sucede con frecuencia, un hombre
+joven, de palabra llameante y talento privilegiado, alquilaba por la
+paga o por el puesto aquella insignia divina que Juan creía ver en toda
+superior inteligencia, volvía los ojos sobre sí como llamas que le
+quemaban, tal como si viera que el ministro de un culto, por pagarse la
+bebida o el juego, vendiese las imágenes de sus dioses. Estos soldados
+mercenarios de la inteligencia lo tachaban por eso de hipócrita, lo que
+aumentaba la palidez de Juan Jerez, sin arrancar de sus labios una
+queja. Y otros decían, con más razón aparente--aunque no en el caso de
+él--, que aquella entereza de carácter no era grandemente meritoria en
+quien, rico desde la cuna, no había tenido que bregar por abrirse
+camino, como tantos de nuestros jóvenes pobres, en pueblos donde por
+viejas tradiciones coloniales se da a los hombres una educación
+literaria, y aun esta descosida e incompleta, que no halla luego natural
+empleo en nuestros países despoblados y rudimentarios, exuberantes, sin
+embargo, en fuerzas vivas, hoy desaprovechadas o trabajadas apenas,
+cuando para hacer prósperas a nuestras tierras y dignos a nuestros
+hombres no habría más que educarlos de manera que pudiesen sacar
+provecho del suelo providísimo en que nacen. A manejar la lengua hablada
+y escrita les enseñan, como único modo de vivir, en pueblos en que las
+artes delicadas que nacen del cultivo del idioma no tienen el número
+suficiente, no ya de consumidores, de apreciadores siquiera, que
+recompensen, con el precio justo de estos trabajos exquisitos, la labor
+intelectual de nuestros espíritus privilegiados. De modo que, como con
+el cultivo de la inteligencia vienen los gustos costosos, tan naturales
+en los hispanoamericanos como el color sonrosado en las mejillas de una
+niña quinceña; como en las tierras calientes y floridas, se despierta
+temprano el amor, que quiere casa, y lo mejor que haya en la ebanistería
+para amueblarla, y la seda más joyante y la pedrería más rica para que a
+todos maraville y encele su dueña; como la ciudad, infecunda en nuestros
+países nuevos, retiene en sus redes suntuosas a los que fuera de ella no
+saben ganar el pan, ni en ella tienen cómo ganarlo, a pesar de sus
+talentos, bien así como un pasmoso cincelador de espadas de taza, que
+sabría poblar éstas de castellanas de larga amazona desmayadas en brazos
+de guerreros fuertes, y otras sutiles lindezas en plata y en oro, no
+halla empleo en un villorrio de gente labriega, que vive en paz, o al
+puñal o a los puños remite el término de sus contiendas; como con
+nuestras cabezas hispanoamericanas, cargadas de ideas de Europa y
+Norteamérica, somos en nuestros propios países a manera de frutos sin
+mercado, cual las excrecencias de la tierra, que le pesan y estorban, y
+no como su natural florecimiento, sucede que los poseedores de la
+inteligencia, estéril entre nosotros por su mala dirección, y
+necesitados para subsistir de hacerla fecunda, la dedican con exceso
+exclusivo a los combates políticos, cuando más nobles, produciendo así
+un desequilibrio entre el país escaso y su política sobrada, o,
+apremiados por las urgencias de la vida, sirven al gobernante fuerte que
+les paga y corrompe, o trabajan por volcarle cuando, molestado aquel por
+nuevos menesterosos, les retira la paga abundante de sus funestos
+servicios. De estas pesadumbres públicas venían hablando el de la barba
+larga, el anciano de rostro triste, y Juan Jerez, cuando este, ligado
+desde niño por amores a su prima Lucía, se entró por el zaguán de
+baldosas de mármol pulido espaciosas y blancas como sus pensamientos.
+
+ * * * * *
+
+La bondad es la flor de la fuerza. Aquel Juan brioso, que andaba siempre
+escondido en las ocasiones de fama y alarde, pero visible apenas se
+sabía de una prerrogativa de la patria desconocida o del decoro y
+albedrío de algún hombre hollados; aquel batallador temible y áspero, a
+quien jamás se atrevieron a llegar, avergonzadas de antemano, las
+ofertas y seducciones corruptoras a que otros vociferantes de temple
+venal habían prestado oídos; aquel que llevaba siempre en el rostro
+pálido y enjuto como el resplandor de una luz alta y desconocida, y en
+los ojos el centelleo de la hoja de una espada; aquel que no veía
+desdicha sin que creyese deber suyo remediarla, y se miraba como un
+delincuente cada vez que no podía poner remedio a una desdicha; aquel
+amantísimo corazón, que sobre todo desamparo vaciaba su piedad
+inagotable, y sobre toda humildad, energía o hermosura prodigaba
+apasionadamente su amor, había cedido, en su vida de libros y
+abstracciones, a la dulce necesidad, tantas veces funesta, de apretar
+sobre su corazón una manecita blanca. La de esta o la de aquella le
+importaban poco; y él, en la mujer, veía más el símbolo de las
+hermosuras ideadas que un ser real.
+
+Lo que en el mundo corre con nombre de buenas fortunas, y no son, por lo
+común, de una parte o de otra, más que odiosas vilezas, habían salido,
+una que otra vez, al camino de aquel joven rico a cuyo rostro venía, de
+los adentros del alma, la irresistible belleza de un noble espíritu.
+Pero esas buenas fortunas, que en el primer instante llenan el corazón
+de los efluvios trastornadores de la primavera, y dan al hombre la
+autoridad confiada de quien posee y conquista; esos amoríos de ocasión,
+miel en el borde, hiel en el fondo, que se pagan con la moneda más
+valiosa y más cara, la de la propia limpieza; esos amores irregulares y
+sobresaltados, elegante disfraz de bajos apetitos, que se aceptan por
+desocupación o vanidad, y roen luego la vida, como úlceras, solo
+lograron en el ánimo de Juan Jerez despertar el asombro de que, so
+pretexto o nombre de cariño, vivan hombres y mujeres, sin caer muertos
+de odio a sí mismos, en medio de tan torpes liviandades. Y no cedía a
+ellas, porque la repulsión que le inspiraba, cualesquiera que fuesen sus
+gracias, una mujer que cerca de la mesa de trabajo de su esposo o junto
+a la cuna de su hijo no temblaba de ofrecerlas, era mayor que las
+penosas satisfacciones que la complicidad con una amante liviana produce
+a un hombre honrado.
+
+Era la de Juan Jerez una de aquellas almas infelices que solo pueden
+hacer lo grande y amar lo puro. Poeta genuino, que sacaba de los
+espectáculos que veía en sí mismo, y de los dolores y sorpresas de su
+espíritu, unos versos extraños, adoloridos y profundos, que parecían
+dagas arrancadas de su propio pecho, padecía de esa necesidad de la
+belleza que como un marchamo ardiente, señala a los escogidos del canto.
+Aquella razón serena, que los problemas sociales o las pasiones comunes
+no oscurecían nunca, se le ofuscaba hasta hacerle llegar a la
+prodigalidad de sí mismo, en virtud de un inmoderado agradecimiento.
+Había en aquel carácter una extraña y violenta necesidad del martirio, y
+si por la superioridad de su alma le era difícil hallar compañeros que
+se la estimaran y animasen, él, necesitado de darse, que en su bien
+propio para nada se quería, y se veía a sí mismo como una propiedad de
+los demás que guardaba él en depósito, se daba como un esclavo a cuantos
+parecían amarle y entender su delicadeza o desear su bien.
+
+ * * * * *
+
+Lucía, como una flor que el sol encorva sobre su tallo débil cuando
+esplende en todo su fuego el mediodía; que como toda naturaleza
+subyugadora necesitaba ser subyugada; que de un modo confuso e
+impaciente, y sin aquel orden y humildad que revelan la fuerza
+verdadera, amaba lo extraordinario y poderoso, y gustaba de los caballos
+desalados, de los ascensos por la montaña, de las noches de tempestad y
+de los troncos abatidos; Lucía, que, niña aun, cuando parecía que la
+sobremesa de personas mayores en los gratos almuerzos de domingo debía
+fatigarle, olvidaba los juegos de su edad, y el coger las flores del
+jardín, y el ver andar en parejas por el agua clara de la fuente los
+pececillos de plata y de oro, y el peinar las plumas blandas de su
+último sombrero, por escuchar, hundida en su silla, con los ojos
+brillantes y abiertos, aquellas aladas palabras, grandes como águilas,
+que Juan reprimía siempre delante de gente extraña o común, pero dejaba
+salir a caudales de sus labios, como lanzas adornadas de cintas y de
+flores, apenas se sentía, cual pájaro perseguido en su nido caliente,
+entre almas buenas que le escuchaban con amor; Lucía, en quien un deseo
+se clavaba como en los peces se clavan los anzuelos, y de tener que
+renunciar a algún deseo, quedaba rota y sangrando, como cuando el
+anzuelo se le retira queda la carne del pez; Lucía que, con su
+encarnizado pensamiento, había poblado el cielo que miraba, y los
+florales cuyas hojas gustaba de quebrar, y las paredes de la casa en que
+lo escribía con lápices de colores, y el pavimento a que con los brazos
+caídos sobre los de su mecedora solía quedarse mirando largamente; de
+aquel nombre adorado de Juan Jerez, que en todas partes por donde miraba
+le resplandecía, porque ella lo fijaba en todas partes con su voluntad y
+su mirada como los obreros de la fábrica de Eibar, en España, embuten
+los hilos de plata y de oro sobre la lámina negra del hierro esmerilado;
+Lucía, que cuando veía entrar a Juan, sentía resonar en su pecho unas
+como arpas que tuviesen alas, y abrirse en el aire, grandes como soles,
+unas rosas azules, ribeteadas de negro, y cada vez que lo veía salir, le
+tendía con desdén la mano fría, colérica de que se fuese, y no podía
+hablarle, porque se le llenaban de lágrimas los ojos; Lucía, en quien
+las flores de la edad escondían la lava candente que como las vetas de
+metales preciosos en las minas le culebreaban en el pecho; Lucía, que
+padecía de amarle, y le amaba irrevocablemente, y era bella a los ojos
+de Juan Jerez, puesto que era pura, sintió una noche, una noche de su
+santo, en que antes de salir para el teatro se abandonaba a sus
+pensamientos con una mano puesta sobre el mármol del espejo, que Juan
+Jerez, lisonjeado por aquella magnífica tristeza, daba un beso, largo y
+blando, en su otra mano. Toda la habitación le pareció a Lucía llena de
+flores; del cristal del espejo creyó ver salir llamas; cerró los ojos,
+como se cierran siempre en todo instante de dicha suprema, tal como si
+la felicidad tuviese también su pudor, y para que no cayese en tierra,
+los mismos brazos de Juan tuvieron delicadamente que servir de apoyo a
+aquel cuerpo envuelto en tules blancos, de que en aquella hora de
+nacimiento parecía brotar luz. Pero Juan aquella noche se acostó triste,
+y Lucía misma, que amaneció junto a la ventana en su vestido de tules,
+abrigados los hombros en una aérea nube azul, se sentía, aromada como un
+vaso de perfumes, pero seria y recelosa....
+
+ * * * * *
+
+--Ana mía, Ana mía, aquí está Pedro Real. ¡Míralo qué arrogante!
+
+--Arrodíllate, Adela: arrodíllate ahora mismo--le respondió dulcemente
+Ana, volviendo a ella su hermosa cabeza de ondulantes cabellos
+castaños--; mientras que Juan, que venía de hacer paces con Lucía
+refugiada en la antesala, salía a la verja del zaguán a recibir al amigo
+de la casa.
+
+Adela se arrodilló, cruzados los brazos sobre las rodillas de Ana; y Ana
+hizo como que le vendaba los labios con una cinta azul, y le dijo al
+oído, como quien ciñe un escudo o ampara de un golpe, estas palabras:
+
+--Una niña honesta no deja conocer que le gusta un calavera, hasta que no
+haya recibido de él tantas muestras de respeto, que nadie pueda dudar
+que no la solicita para su juguete.
+
+Adela se levantó riendo, y puestos los ojos, entre curiosos y burlones,
+en el galán caballero, que del brazo de Juan venía hacia ellas, los
+esperó de pie al lado de Ana, que con su serio continente, nunca duro,
+parecía querer atenuar en favor de Adela misma, su excesiva viveza.
+Pedro, aturdido y más amigo de las mariposas que de las tórtolas, saludó
+a Adela primero.
+
+Ana retuvo un instante en su mano delgada la de Pedro, y con aquellos
+derechos de señora casada que da a las jóvenes la cercanía de la muerte.
+
+--Aquí--le dijo--, Pedro: aquí toda esta tarde a mi lado--¡Quién sabe si,
+enfrente de aquella hermosa figura de hombre joven, no le pesaba a la
+pobre Ana, a pesar de su alma de sacerdotisa, dejar la vida! ¡Quién sabe
+si quería solo evitar que la movible Adela, revoloteando en torno de
+aquella luz de belleza, se lastimase las alas!
+
+Porque aquella Ana era tal que, por donde ella iba, resplandecía. Y
+aunque brillase el sol, como por encima de la gran magnolia estaba
+brillando aquella tarde, alrededor de Ana se veía una claridad de
+estrella. Corrían arroyos dulces por los corazones cuando estaba en
+presencia de ella. Si cantaba, con una voz que se esparcía por los
+adentros del alma, como la luz de la mañana por los campos verdes,
+dejaba en el espíritu una grata intranquilidad, como de quien ha
+entrevisto, puesto por un momento fuera del mundo, aquellas musicales
+claridades que solo en las horas de hacer bien, o de tratar a quien lo
+hace, distingue entre sus propias nieblas el alma. Y cuando hablaba
+aquella dulce Ana, purificaba.
+
+Pedro era bueno, y comenzó a alabarle, no el rostro, iluminado ya por
+aquella luz de muerte que atrae a las almas superiores y aterra a las
+almas vulgares, sino el ajuar de niño a que estaba poniendo Ana las
+últimas cintas. Pero ya no era ella sola la que cosía, y armaba lazos, y
+los probaba en diferentes lados del gorro de recién nacido: Adela
+súbitamente se había convertido en una gran trabajadora. Ya no saltaba
+de un lugar a otro, como cuando juntas conversaban hacía un rato ella,
+Ana y Lucía, sino que había puesto su silla muy junto a la de Ana. Y
+ella también, iba a estar sentada al lado de Ana toda la tarde. En sus
+mejillas pálidas, había dos puntos encendidos que ganaban en viveza a
+las cintas del gorro, y realzaban la mirada impaciente de sus ojos
+brillantes y atrevidos. Se le desprendía el cabello inquieto, como si
+quisiese, libre de redes, soltarse en ondas libres por la espalda. En
+los movimientos nerviosos de su cabeza, dos o tres hojas de la rosa
+encarnada que llevaba prendida en el peinado, cayeron al suelo. Pedro
+las veía caer. Adela, locuaz y voluble, ya andaba en la canastilla, ya
+revolvía en la falda de Ana los adornos del gorro, ya cogía como útil el
+que acababa de desechar con un mohín de impaciencia, ya sacudía y erguía
+un momento la ligera cabeza, fina y rebelde, como la de un potro
+indómito. Sobre las losas de mármol blanco se destacaban, como gotas de
+sangre, las hojas de rosa.
+
+Se hablaba de aquellas cosas banales de que conversan en estas tertulias
+de domingo, la gente joven de nuestros países. El tenor, ¡oh el tenor!
+había estado admirable. Ella se moría por las voces del tenor. Es un
+papel encantador el de Francisco I. Pero la señora de Ramírez, ¡cómo
+había tenido el valor de ir vestida con los colores del partido que
+fusiló a su esposo!, es verdad que se casa con un coronel del partido
+contrario, que firmó como auditor en el proceso del señor Ramírez. Es
+muy buen mozo el coronel, es muy buen mozo. Pero la señora Ramírez ha
+gastado mucho, ya no es tan rica como antes; tuvo a siete bordadoras
+empleadas un mes en bordarle de oro el vestido de terciopelo negro que
+llevó a _Rigoletto_, era muy pesado el vestido. ¡Oh! ¿Y Teresa Luz?
+lindísima, Teresa Luz: bueno, la boca, sí, la boca no es perfecta, los
+labios son demasiado finos; ¡ah, los ojos! bueno, los ojos son un poco
+fríos, no calientan, no penetran: pero qué vaguedad tan dulce; hacen
+pensar en las espumas de la mar. Y, ¡cómo persigue a María Vargas ese
+caballerete que ha venido de París, con sus versos copiados de François
+Coppee, y su política de alquiler, que vino, sirviendo a la oposición y
+ya está poco menos que con el Gobierno! El padre de María Vargas va a
+ser Ministro y él quiere ser diputado. Elegante sí es. El peinado es
+ridículo, con la raya en mitad de la cabeza y la frente escondida bajo
+las ondas. Ni a las mujeres está bien eso de cubrirse la frente, donde
+está la luz del rostro. Que el cabello la sombree un poco con sus ondas
+naturales; pero ¿a qué cubrir la frente, espejo donde los amantes se
+asoman a ver su propia alma, tabla de mármol blanco donde se firman las
+promesas puras, nido de las manos lastimadas en los afanes de la vida?
+Cuando se padece mucho, no se desea un beso en los labios sino en la
+frente. Y ese mismo poetín lo dijo muy bien el otro día en sus versos «A
+una niña muerta», era algo así como esto: las rosas del alma suben a las
+mejillas; las estrellas del alma, a la frente. Hay algo de tenebroso y
+de inquietante en esas frentes cubiertas. No, Adela, no, a usted le está
+encantadora esa selva de ricitos: así pintaban en los cuadros de antes a
+los cupidos revoloteando sobre la frente de las diosas. No, Adela, no le
+hagas caso: esas frentes cubiertas, me dan miedo. Es que ya se piensan
+unas cosas, que las mujeres se cubren la frente de miedo de que se las
+vean. Oh, no, Ana: ¿qué han de pensar ustedes más que jazmines y
+claveles? Pues que no, Pedro: rompa usted las frentes, y verá dentro, en
+unos tiestitos que parecen bocas abiertas, unas plantas secas, que dan
+unas florecitas redondas y amarillas. Y Ana iba así ennobleciendo la
+conversación, porque Dios le había dado el privilegio de las flores: el
+de perfumar. Adela, silenciosa hacía un momento, alzó la cabeza y
+mantuvo algún tiempo los ojos fijos delante de sí, viendo como el perfil
+céltico de Pedro, con su hermosa barba negra, se destacaba, a la luz
+sana de la tarde, sobre el zócalo de mármol que revestía una de las
+anchas columnas del corredor de la casa. Bajó la cabeza, y a este
+movimiento, se desprendió de ella la rosa encarnada, que cayó
+deshaciéndose a los pies de Pedro.
+
+ * * * * *
+
+Juan y Lucía aparecieron por el corredor, ella como arrepentida y
+sumisa, él como siempre, sereno y bondadoso. Hermosa era la pareja, tal
+como se venían lentamente acercando al grupo de sus amigas en el patio.
+Altos los dos, Lucía, más de lo que sentaba a sus años y sexo, Juan, de
+aquella elevada estatura, realzada por las proporciones de las formas,
+que en sí misma lleva algo de espíritu, y parece dispuesta por la
+naturaleza al heroísmo y al triunfo. Y allá, en la penumbra del
+corredor, como un rayo de luz diese sobre el rostro de Juan, y de su
+brazo, aunque un poco a su zaga, venía Lucía, en la frente de él, vasta
+y blanca, parecía que se abría una rosa de plata: y de la de Lucía se
+veían solo, en la sombra oscura del rostro, sus dos ojos llameantes,
+como dos amenazas.
+
+--Está Ana imprudente--dijo Juan con su voz de caricia--: ¿cómo no tiene
+miedo a este aire del crepúsculo?
+
+--¡Pero si es ya el mío natural, Juan querido! Vamos, Pedro: deme el
+brazo.
+
+--Pero pronto, Pedro, que esta es la hora en que los aromas suben de las
+flores, y si no la haces presa, se nos escapa.
+
+--¡Este Juan bueno! ¿No es verdad, Juan, que Lucía es una loca? Ya Adela
+y Pedro me están al lado cuchicheando, de apetito. Vamos, pues, que a
+esta hora la gente dichosa tiene deseo de tomar el chocolate.
+
+El chocolate fragante les esperaba, servido en una mesa de ónix, en la
+linda antesala. Era aquel un capricho de domingo. Gustan siempre los
+jóvenes de lo desordenado e imprevisto. En el comedor, con dos
+caballeros de edad, discutía las cosas públicas el buen tío de Lucía y
+Ana, caballero de gorro de seda y pantuflas bordadas. La abuelita de la
+casa, la madre del señor tío, no salía ya de su alcoba, donde recordaba
+y rezaba.
+
+ * * * * *
+
+La antesala era linda y pequeña, como que se tiene que ser pequeño para
+ser lindo. De unos tulipanes de cristal trenzado, suspendidos en un ramo
+del techo por un tubo oculto entre hojas de tulipán simuladas en bronce,
+caía sobre la mesa de ónix la claridad anaranjada y suave de la lámpara
+de luz eléctrica incandescente. No había más asientos que pequeñas
+mecedoras de Viena, de rejilla menuda y madera negra. El pavimento de
+mosaico de colores tenues que, como el de los atrios de Pompeya, tenía
+la inscripción «Salve» en el umbral, estaba lleno de banquetas
+revueltas, como de habitación en que se vive: porque las habitaciones se
+han de tener lindas, no para enseñarlas, por vanidad, a las visitas,
+sino para vivir en ellas. Mejora y alivia el contacto constante de lo
+bello. Todo en la tierra, en estos tiempos negros, tiende a rebajar el
+alma, todo, libros y cuadros, negocios y afectos, ¡aun en nuestros
+países azules! Conviene tener siempre delante de los ojos, alrededor,
+ornando las paredes, animando los rincones donde se refugia la sombra,
+objetos bellos, que la coloreen y la disipen.
+
+Linda era la antesala, pintado el techo con los bordes de guirnaldas de
+flores silvestres, las paredes cubiertas, en sus marcos de roble liso
+dorado, de cuadros de Madrazo y de Nittis, de Fortuny y de Pasini,
+grabados en Goupil; de dos en dos estaban colgados los cuadros, y entre
+cada dos grupos de ellos, un estantillo de ébano, lleno de libros, no
+más ancho que los cuadros, ni más alto ni bajo que el grupo. En la mitad
+del testero que daba frente a la puerta del corredor, una esbelta
+columna de mármol negro sustentaba un aéreo busto de la Mignon de
+Goethe, en mármol blanco, a cuyos pies, en un gran vaso de porcelana de
+Tokio, de ramazones azules, Ana ponía siempre mazos de jazmines y de
+lirios. Una vez la traviesa Adela había colgado al cuello de Mignon una
+guirnalda de claveles encarnados. En este testero no había libros, ni
+cuadros que no fuesen grabados de episodios de la vida de la triste
+niña, y distribuidos como un halo en la pared en derredor del busto. Y
+en las esquinas de la habitación, en caballetes negros, sin ornamentos
+dorados, ostentaban su rica encuadernación cuatro grandes volúmenes: _El
+Cuervo_ de Edgar Poe, el Cuervo desgarrador y fatídico, con láminas de
+Gustavo Doré, que se llevan la mente por los espacios vagos en alas de
+caballos sin freno: el _Rubaiyat_ el poema persa, el poema del vino
+moderado y las rosas frescas, con los dibujos apodícticos del
+norteamericano Elihu Vedder; un rico ejemplar manuscrito, empastado en
+seda lila, de _Las Noches_, de Alfredo de Musset; y un _Wilhelm Meister_
+el libro de Mignon, cuya pasta original, recargada de arabescos
+insignificantes, había hecho reemplazar Juan, en París, por una de
+tafilete negro mate embutido con piedras preciosas: topacios tan claros
+como el alma de la niña, turquesas, azules como sus ojos; no esmeraldas,
+porque no hubo en aquella vaporosa vida; ópalos, como sus sueños; y un
+rubí grande y saliente, como su corazón hinchado y roto. En aquel
+singular regalo a Lucía, gastó Juan sus ganancias de un año. Por los
+bajos de la pared, y a manera de sillas, había, en trípodes de ébano,
+pequeños vasos chinos, de colores suaves, con mucho amarillo y escaso
+rojo. Las paredes, pintadas al óleo, con guirnaldas de flores, eran
+blancas. Causaba aquella antesala, en cuyo arreglo influyó Juan, una
+impresión de fe y de luz.
+
+ * * * * *
+
+Y allí se sentaron los cinco jóvenes, a gustar en sus tazas de coco el
+rico chocolate de la casa, que en hacerlo fragante era famosa. No tenía
+mucho azúcar, ni era espeso. ¡Para gente mayor, el chocolate espeso!
+Adela, caprichosa, pedía para sí la taza que tuviese más espuma.
+
+--Esta, Adela--le dijo Juan, poniendo ante ella, antes de sentarse, una de
+las tazas de coco negro, en la que la espuma hervía tornasolada.
+
+--¡Malvado!--le dijo Adela, mientras que todos reían--; ¡me has dado la de
+la ardilla!
+
+Eran unas tazas, extrañas también, en que Juan, amigo de cosas, patrias,
+había sabido hacer que el artífice combinara la novedad y el arte. Las
+tazas eran de esos coquillos negros de óvalo perfecto, que los indígenas
+realzan con caprichosas labores y leyendas, sumisas éstas como su
+condición, y aquellas pomposas, atrevidas y extrañas, muy llenas de alas
+y de serpientes, recuerdos tenaces de un arte original y desconocido que
+la conquista hundió en la tierra, a botes de lanza. Y estos coquillos
+negros estaban muy pulidos por dentro, y en todo su exterior trabajados
+en relieve sutil como encaje. Cada taza descansaba en una trípode de
+plata, formada por un atributo de algún ave o fiera de América, y las
+dos asas eran dos preciosas miniaturas, en plata también, del animal
+simbolizado en la trípode. En tres colas de ardilla se asentaba la taza
+de Adela, y a su chocolate se asomaban las dos ardillas, como a un mar
+de nueces. Dos quetzales altivos, dos quetzales de cola de tres plumas,
+larga la del centro como una flecha verde, se asían a los bordes de la
+taza de Ana: ¡el quetzal noble, que cuando cae cautivo o ve rota la
+pluma larga de su cola, muere! Las asas de la taza de Lucía eran dos
+pumas elásticos y fieros, en la opuesta colocación dedos enemigos que se
+acechan: descansaba sobre tres garras de puma, el león americano. Dos
+águilas eran las asas de la de Juan; y la de Pedro, la del buen mozo
+Pedro, dos monos capuchinos.
+
+ * * * * *
+
+Juan quería a Pedro, como los espíritus fuertes quieren a los débiles, y
+como, a modo de nota de color o de grano de locura, quiere, cual forma
+suavísima del pecado, la gente que no es ligera a la que lo es.
+
+Los hombres austeros tienen en la compañía momentánea de esos pisaverdes
+alocados el mismo género de placer que las damas de familia que asisten
+de tapadillo a un baile de máscaras. Hay cierto espíritu de
+independencia en el pecado, que lo hace simpático cuando no es excesivo.
+Pocas son por el mundo las criaturas que, hallándose con las encías
+provistas de dientes, se deciden a no morder, o reconocen que hay un
+placer más profundo que el de hincar los dientes, y es no usarlos. Pues,
+¿para qué es la dentadura, se dicen los más; sobre todo cuando la tienen
+buena, sino para lucirla, y triturar los manjares que se lleguen a la
+boca? Y Pedro era de los que lucían la dentadura.
+
+Incapaz, tal vez, de causar mal en conciencia, el daño estaba en que él
+no sabía cuando causaba mal, o en que, siendo la satisfacción de un
+deseo, él no veía en ella mal alguno, sino que toda hermosura, por
+serlo, le parecía de él, y en su propia belleza, la belleza funesta de
+un hombre perezoso y adocenado, veía como un título natural, título de
+león, sobre los bienes de la tierra, y el mayor de ellos, que son sus
+bellas criaturas. Pedro tenía en los ojos aquel inquieto centelleo que
+subyuga y convida: en actos y palabras, la insolente firmeza que da la
+costumbre de la victoria, y en su misma arrogancia tal olvido de que la
+tenía, que era la mayor perfección y el más temible encanto de ella.
+
+Viajero afortunado; con el caudal ya corto de su madre, por tierras de
+afuera, perdió en ellas, donde son pecadillos las que a nosotros nos
+parecen con justicia infamias, aquel delicado concepto de la mujer sin
+el que, por grandes esfuerzos que haga luego la mente, no le es lícito
+gozar, puesto que no le es lícito creer en el amor de la más limpia
+criatura. Todos aquellos placeres que no vienen derechamente y en razón
+de los afectos legítimos, aunque sean champaña de la vanidad, son acíbar
+de la memoria. Eso en los más honrados, que en los que no lo son, de
+tanto andar entre frutas estrujadas, llegan a enviciarse los ojos de
+manera que no tienen más arte ni placer que los de estrujar frutas. Solo
+Ana, de cuantas jóvenes había conocido a su vuelta de las malas tierras
+de afuera, le había inspirado, aun antes de su enfermedad, un respeto
+que en sus horas de reposo solía trocarse en un pensamiento persistente
+y blando. Pero Ana se iba al cielo: Ana, que jamás hubiera puesto a
+aquel turbulento mancebo de señor de su alma apacible, como un palacio
+de nácar; pero que, por esa fatal perversión que atrae a los espíritus
+desemejantes, no había visto sin un doloroso interés y una turbación
+primaveral, aquella rica hermosura de hombre, airosa y firme, puesta por
+la naturaleza como vestidura a un alma escasa, tal como suelen algunos
+cantantes transportar a inefables deliquios y etéreas esferas a sus
+oyentes, con la expresión en notas querellosas y cristalinas, blancas
+como las palomas o agudas como puñales, de pasiones que sus espíritus
+burdos son incapaces de entender ni de sentir. ¿Quién no ha visto romper
+en actos y palabras brutales contra su delicada mujer a un tenor que
+acababa de cantar, con sobrehumano poder, el «Spirto Gentil» de la
+_Favorita_? Tal la hermosura sobre las almas escasas.
+
+Y Juan, por aquella seguridad de los caracteres incorruptibles, por
+aquella benignidad de los espíritus superiores, por aquella afición a lo
+pintoresco de las imaginaciones poéticas, y por lazos de niño, que no se
+rompen sin gran dolor del corazón, Juan quería a Pedro.
+
+Hablaban de las últimas modas, de que en París se rehabilita el color
+verde, de que en París, decía Pedro, nada más se vive.
+
+--Pues yo no--decía Ana--. Cuando Lucía sea ya señora formal, adonde vamos
+los tres es a Italia y a España: ¿verdad, Juan?
+
+--Verdad, Ana. Adonde la Naturaleza es bella y el arte ha sido perfecto.
+A Granada, donde el hombre logró lo que no ha logrado en pueblo alguno
+de la tierra: cincelar en las piedras sus sueños; a Nápoles, donde el
+alma se siente contenta, como si hubiera llegado a su término. ¿Tú no
+querrás, Lucía?
+
+--Yo no quiero que tú veas nada, Juan. Yo te haré en ese cuarto la
+Alhambra, y en este patio Nápoles; y tapiaré las puertas, ¡y así
+viajaremos!
+
+Rieron todos; pero Adela ya había echado camino de París, quién sabe con
+qué compañero, los deseos alegres. Ella quería saberlo todo, no de
+aquella tranquila vida interior y regalada, al calor de la estufa,
+leyendo libros buenos, después de curiosear discretamente por entre las
+novedades francesas, y estudiar con empeño tanta riqueza artística como
+París encierra; sino la vida teatral y nerviosa, la vida de museo que en
+París generalmente se vive, siempre en pie, siempre cansado, siempre
+adolorido; la vida de las heroínas de teatro, de las gentes que se
+enseñan, damas que enloquecen, de los nababs que deslumbran con el
+pródigo empleo de su fortuna.
+
+Y mientras que Juan, generoso, dando suelta al espíritu impaciente,
+sacaba ante los ojos de Lucía, para que se le fuese aquietando el
+carácter, y se preparaba a acompañarle por el viaje de la existencia,
+las interioridades luminosas de su alma peculiar y excelsa, y decía
+cosas que, por la nobleza que enseñaban o la felicidad que prometían,
+hacían asomar lágrimas de ternura y de piedad a los ojos de Ana-Adela y
+Pedro, en plena Francia, iban y venían, como del brazo, por bosques y
+bulevares. «La Judic ya no se viste con Worth. La mano de la Judic es la
+más bonita de París. En las carreras es donde se lucen los mejores
+vestidos. ¡Qué linda estaría Adela, en el pescante de un coche de
+carreras, con un vestido de tila muy suave, adornado con pasamanería de
+plata! ¡Ah, y con un guía como Pedro, que conocía tan bien la ciudad,
+qué pronto no se estaría al corriente de todo! ¡Allí no se vive con
+estas trabas de aquí, donde todo es malo! La mujer es aquí una esclava
+disfrazada: allí es donde es la reina. Eso es París ahora: el reinado de
+la mujer. Acá, todo es pecado: si se sale, si se entra, si se da el
+brazo a un amigo, si se lee un libro ameno. ¡Pero esa es una falta de
+respeto, eso es ir contra las obras de la naturaleza! ¿Porque una flor
+nace en un vaso de Sevres, se la ha de privar del aire y de la luz?
+¿Porque la mujer nace más hermosa que el hombre, se le ha de oprimir el
+pensamiento, y so pretexto de un recato gazmoño, obligarla a que viva,
+escondiendo sus impresiones, como un ladrón esconde su tesoro en una
+cueva? Es preciso, Adelita, es preciso. Las mujeres más lindas de París
+son las sudamericanas. ¡Oh, no habría en París otra tan chispeante como
+ella!».
+
+--Vea, Pedro--interrumpió a este punto Ana, con aquella sonrisa suya que
+hacía más eficaces sus reproches--, déjeme quieta a Adela. Usted sabe que
+yo pinto, ¿verdad?
+
+--Pinta unos cuadritos que parecen música; todos llenos de una luz que
+sube; con muchos ángeles y serafines. ¿Por qué no nos enseñas el último,
+Ana mía? Es lindísimo, Pedro, y sumamente extraño.
+
+--¡Adela, Adela!
+
+--De veras que es muy extraño. Es como en una esquina de jardín y el
+ciclo es claro, muy claro y muy lindo. Un joven... muy buen mozo...
+vestido con un traje gris muy elegante, se mira las manos asombrado.
+Acaba de romper un lirio, que ha caído a sus pies, y le han quedado las
+manos manchadas de sangre.
+
+--¿Qué le parece, Pedro, de mi cuadro?
+
+--Un éxito seguro. Yo conocí en París a un pintor de México, un Manuel
+Ocaranza, que hacía cosas como esas.
+
+--Entre los caballeros que rompen o manchan lirios quisiera yo que
+tuviese éxito mi cuadro. ¡Quién pintara de veras, y no hiciera esos
+borrones míos! Pedro: borrón y todo, en cuanto me ponga mejor, voy a
+hacer una copia para usted.
+
+--¡Para mí! Juan, ¿por qué no es este el tiempo en que no era mal visto
+que los caballeros besasen la mano a las damas?
+
+--Para usted, pero a condición de que lo ponga en un lugar tan visible
+que por todas partes le salte a los ojos. Y ¿por qué estamos hablando
+ahora de mis obras maestras? ¡Ah! porque usted me le hablaba a Adela
+mucho de París. ¡Otro cuadro voy a empezar en cuanto me ponga buena!
+Sobre una colina voy a pintar un monstruo sentado. Pondré la luna en
+cenit, para que caiga de lleno sobre el lomo del monstruo, y me permita
+simular con líneas de luz en las partes salientes los edificios de París
+más famosos. Y mientras la luna le acaricia el lomo, y se ve por el
+contraste del perfil luminoso toda la negrura de su cuerpo, el monstruo,
+con cabeza de mujer, estará devorando rosas. Allá por un rincón se verán
+jóvenes flacas y desmelenadas que huyen, con las túnicas rotas,
+levantando las manos al cielo.
+
+--Lucía--dijo Juan reprimiendo mal las lágrimas, al oído de su prima,
+siempre absorta--: ¡y que esta pobre Ana se nos muera!
+
+Pedro no hallaba palabras oportunas, sino aquella confusión y malestar
+que la gente dada a la frivolidad y el gozo experimenta en la compañía
+íntima de una de esas criaturas que pasan por la tierra, a manera de
+visión, extinguiéndose plácidamente, con la feliz capacidad de adivinar
+las cosas puras, sobrehumanas, y la hermosa indignación por la batalla
+de apetitos feroces en que se consume, la tierra.
+
+--De fieras, yo conozco dos clases--decía una vez Ana--: una se viste de
+pieles, devora animales, y anda sobre garras; otra se viste de trajes
+elegantes, come animales y almas y anda sobre una sombrilla o un bastón.
+No somos más que fieras reformadas.
+
+Aquella Ana, cuando estaba en la intimidad, solía decir de estas cosas
+singulares. ¿Dónde había sufrido tanto la pobre niña salida apenas del
+círculo de su casa venturosa, que así había aprendido a conocer y
+perdonar? ¿Se vive antes de vivir? ¿O las estrellas, ganosas de hacer un
+viaje de recreo por la tierra, suelen por algún tiempo alojarse en un
+cuerpo humano? ¡Ay! por eso duran tan poco los cuerpos en que se alojan
+las estrellas.
+
+ * * * * *
+
+--¿Conque Ana pinta, y _La Revista de Artes_ está buscando cuadros de
+autores del país que dar a conocer, y este Juan pecador no ha hecho ya
+publicar esas maravillas en _La Revista_?
+
+--Esta Ana nuestra, Pedro, se nos enoja de que la queramos sacar a luz.
+Ella no quiere que se vean sus cuadros hasta que no los juzgue bastante
+acabados para resistir la crítica. Pero la verdad es, Ana, que Pedro
+Real tiene razón.
+
+--¿Razón, Pedro Real?--dijo Ana con una risa cristalina, de madre
+generosa--. No, Juan. Es verdad que las cosas de arte que no son
+absolutamente necesarias, no deben hacerse sino cuando se pueden hacer
+enteramente bien, y estas cosas que yo hago, que veo vivas y claras en
+lo hondo de mi mente, y con tal realidad que me parece que las palpo, me
+quedan luego en la tela tan contrahechas y duras que creo que mis
+visiones me van a castigar, y me regañan, y toman mis pinceles de la
+caja, y a mí de una oreja, y me llevan delante del cuadro para que vea
+cómo borran coléricas la mala pintura que hice de ellas. Y luego, ¿qué
+he de saber yo, sin más dibujo que el que me enseñó el señor Mazuchellí,
+ni más colores que estos tan pálidos que saco de mí misma?
+
+Seguía Lucía con ojos inquietos la fisonomía de Juan, profundamente
+interesado en lo que, en uno de esos momentos de explicación de sí
+mismos que gustan de tener los que llevan algo en sí y se sienten morir,
+iba diciendo Ana. ¡Qué Juan aquel, que la tenía al lado, y pensaba en
+otra cosa! Ana, sí, Ana era muy buena; pero ¿qué derecho tenía Juan a
+olvidarse tanto de Lucía, y estando a su lado, poner tanta atención en
+las rarezas de Ana? Cuando ella estaba a su lado, ella debía ser su
+único pensamiento. Y apretaba sus labios; se le encendían de pronto,
+como de un vuelco de la sangre las mejillas; enrollaba nerviosamente en
+el dedo índice de la mano izquierda un finísimo pañuelo de batista y
+encaje. Y lo enrolló tanto y tanto, y lo desenrollaba con tal violencia,
+que yendo rápidamente de una mano a la otra, el lindo pañuelo parecía
+una víbora, una de esas víboras blancas que se ven en la costa yucateca.
+
+--Pero no es por eso por lo que no enseño yo a nadie mis cuadritos--siguió
+Ana--; sino porque cuando los estoy pintando, me alegro o me entristezco
+como una loca, sin saber por qué: salto de contento, yo que no puedo
+saltar ya mucho, cuando creo que con un rasgo de pincel le he dado a
+unos ojos, o a la tórtola viuda que pinté el mes pasado, la expresión
+que yo quería; y si pinto una desdicha, me parece que es de veras, y me
+paso horas enteras mirándola, o me enojo conmigo misma si es de aquellas
+que yo no puedo remediar, como en esas dos telitas mías que tú conoces,
+Juan, _La madre sin hijo_ y el hombre que se muere en un sillón, mirando
+en la chimenea el fuego apagado: _El hombre sin amor_. No se ría, Pedro,
+de esta colección de extravagancias. Ni diga que estos asuntos son para
+personas mayores; las enfermas son como unas viejitas, y tienen derecho
+a esos atrevimientos.
+
+--Pero, ¿cómo--le dijo Pedro subyugado--, no han de tener sus cuadros todo
+el encanto y el color de ópalo de su alma?
+
+--¡Oh! ¡oh! a lisonja llaman: vea que ya no es de buen gusto ser
+lisonjero. La lisonja en la conversación, Pedro, es ya como la Arcadia
+en la pintura: ¡cosa de principiantes!
+
+--Pero, ¿por qué decías, puso aquí Juan, que no querías exhibir tus
+cuadros?
+
+--Porque como desde que los imagino hasta que los acabo voy poniendo en
+ellos tanto de mi alma, al fin ya no llegan a ser telas, sino mi alma
+misma, y me da vergüenza de que me la vean, y me parece que he pecado
+con atreverme a asuntos que están mejor para nube que para colores, y
+como solo yo sé cuánta paloma arrulla, y cuánta violeta se abre, y
+cuánta estrella lucen lo que pinto; como yo sola siento cómo me duele el
+corazón, o se me llena todo el pecho de lágrimas o me laten las sienes,
+como si me las azotasen alas, cuando estoy pintando; como nadie más que
+yo sabe que esos pedazos de lienzo, por desdichados que me salgan, son
+pedazos de entrañas mías en que he puesto con mi mejor voluntad lo mejor
+que hay en mí, ¡me da como una soberbia de pensar que si los enseño en
+público, uno de esos críticos sabios o cabalierines presuntuosos me
+diga, por lucir un nombre recién aprendido de pintor extranjero, o una
+linda frase, que esto que yo hago es de Chaplin o de Lefevre, o a mi
+cuadrito _Flores vivas_, que he descargado sobre él una escopeta llena
+de colores! ¿Te acuerdas? ¡como si no supiera yo que cada flor de
+aquellas es una persona que yo conozco, y no hubiera yo estudiado tres o
+cuatro personas de un mismo carácter, antes de simbolizar el carácter en
+una flor; como si no supiese yo quién es aquella rosa roja, altiva, con
+sombras negras, que se levanta por sobre todas las demás en su tallo sin
+hojas, y aquella otra flor azul que mira al cielo como si fuese a
+hacerse pájaro y a tender a él las alas, y aquel aguinaldo lindo que
+trepa humildemente, como un niño castigado, por el tallo de la rosa
+roja. ¡Malos! ¡escopeta cargada de colores!
+
+--Ana: yo sí que te recogería a ti, con tu raíz, como una flor, y en
+aquel gran vaso indio que hay en mi mesa de escribir, te tendría
+perpetuamente, para que nunca se me desconsolase el alma.
+
+--Juan--dijo Lucía, como a la vez conteniéndose y levantándose--: ¿quieres
+venir a oír el «M'odi tu» que me trajiste el sábado? ¡No lo has oído
+todavía!
+
+--¡Ah! y a propósito, no saben ustedes--dijo Pedro como poniéndose ya en
+pie para despedirse--, que la cabeza ideal que ha publicado en su último
+número _La Revista de Artes_....
+
+--¿Qué cabeza?--preguntó Lucía--¿una que parece de una virgen de Rafael,
+pero con ojos americanos, con un talle que parece el cáliz de un lirio?
+
+--Esa misma, Lucía: pues no es una cabeza ideal, sino la de una niña que
+va a salir la semana que viene del colegio, y dicen que es un pasmo de
+hermosura: es la cabeza de Leonor del Valle.
+
+Se puso en pie Lucía con un movimiento que pareció un salto; y Juan alzó
+del suelo, para devolvérselo, el pañuelo, roto.
+
+ * * * * *
+
+
+
+
+ Capítulo II
+
+
+Como veinte años antes de la historia que vamos narrando, llegaron a la
+ciudad donde sucedió, un caballero de mediana edad y su esposa, nacidos
+ambos en España, de donde, en fuerza de cierta indómita condición del
+honrado don Manuel del Valle, que le hizo mal mirado de las gentes del
+poder como cabecilla y vocero de las ideas liberales, decidió al fin
+salir el señor don Manuel; no tanto porque no le bastase al Sustento su
+humilde mesa de abogado de provincia, cuanto porque siempre tenía, por
+moverse o por estarse quedo, al guindilla, como llaman allá al policía,
+encima; y porque, a consecuencia de querer la libertad limpia y para
+buenos fines, se quedó con tan pocos amigos entre los mismos que
+parecían defenderla, y lo miraban como a un celador enojoso, que esto
+más le ayudó a determinar, de un golpe de cabeza, venir a «las
+Repúblicas de América», imaginando, que donde no había reina liviana, no
+habría gente oprimida, ni aquella trabilla de cortesanos perezosos y
+aduladores, que a don Manuel le parecían vergüenza rematada de su
+especie, y, por ser hombre él, como un pecado propio.
+
+Era de no acabar de oírle, y tenerle que rogar que se calmase, cuando
+con aquel lenguaje pintoresco y desembarazado recordaba, no sin su buena
+cerrazón de truenos y relámpagos y unas amenazas grandes como torres,
+los bellacos oficios de tal o de cual marquesa, que auxiliando ligerezas
+ajenas querían hacer, por lo comunes, menos culpables las propias; o tal
+historia de un capitán de guardias, que pareció bien en la corte con su
+ruda belleza de montañés y su cabello abundante y alborotado, y apenas
+entrevió su buena fortuna tomó prestados unos dineros, con que
+enrizarse, en lo del peluquero la cabellera, y en lo del sastre vestir
+de paño bueno, y en lo del calzador comprarse unos botitos, con que
+estar galán en la hora en que debía ir a palacio, donde al volver el
+capitán con estas donosuras, pareció tan feo y presumido que en poco
+estuvo que perdiese algo más que la capitanía. Y de unas jiras, o
+fiestas de campo, hablaba de tal manera don Manuel, así como de ciertas
+cenas en la fonda de un francés, que cuando contaba de ellas no podía
+estar sentado; y daba con el puño sobre la mesa que le andaba cerca,
+como para acentuar las palabras, y arreciaban los truenos, y abría
+cuantas ventanas o puertas hallaba a mano. Se desfiguraba el buen
+caballero español, de santa ira, la cual, como apenado luego de haberle
+dado riendas en tierra que al fin no era la suya, venía siempre a parar
+en que don Manuel tocase en la guitarra que se había traído cuando el
+viaje, con una ternura que solía humedecer los ojos suyos y los ajenos,
+unas serenatas de su propia música, que más que de la rondalla aragonesa
+que le servía como de arranque y _ritornello_, tenía de desesperada
+canción de amores de un trovador muerto de ellos por la dama de un duro
+castellano, en un castillo, allá tras de los mares, que el trovador no
+había de ver jamás.
+
+En esos días la linda doña Andrea, cuyas largas trenzas de color castaño
+eran la envidia de cuantas se las conocían, extremaba unas pocas
+habilidades de cocina, que se trajo de España, adivinando que
+complacería con ellas más tarde a su marido. Y cuando en el cuarto de
+los libros, que en verdad era la sala de la casa, centelleaba don
+Manuel, sacudiéndose más que echándose sobre uno y otro hombro
+alternativamente los cabos de la capa que so pretexto de frío se quitaba
+raras veces, era fijo que andaba entrando y saliendo por la cocina, con
+su cuerpo elegante y modesto, la buena señora doña Andrea, poniendo mano
+en un pisto manchego, o aderezando unas farinetas de Salamanca que a
+escondidas había pedido a sus parientes en España, o preparando, con más
+voluntad que arte, un arroz con chorizo, de cuyos primores, que acababan
+de calmar las iras del republicano, jamás dijo mal don Manuel del Valle,
+aun cuando en sus adentros reconociese que algo se había quemado allí, o
+sufrido accidente mayor: o los chorizos, o el arroz, o entrambos. ¡Fuera
+de la patria, si piedras negras se reciben de ella, de las piedras
+negras parece que sale luz de astro!
+
+Era de acero fino don Manuel, y tan honrado, que nunca, por muchos que
+fueran sus apuros, puso su inteligencia y saber, ni excesivos ni
+escasos, al servicio de tantos poderosos e intrigantes como andan por el
+mundo, quienes suelen estar prontos a sacar de agonía a las gentes de
+talento menesterosas, con tal que éstas se presten a ayudar con sus
+habilidades el éxito de las tramas con que aquellos promueven y
+sustentan su fortuna: de tal modo que, si se va a ver, está hoy viviendo
+la gente con tantas mañas, que es ya hasta de mal gusto ser honrado.
+
+En este diario y en aquel, no bien puso el pie en el país, escribió el
+señor Valle con mano ejercitada, aunque un tanto febril y descompuesta,
+sus azotainas contra las monarquías y vilezas que engendra, y sus
+himnos, encendidos como cantos de batalla, en loor de la libertad, de
+que «los campos nuevos y los altos montes y los anchos ríos de esta
+linda América, parecen natural sustento».
+
+Mas a poco de esto, hacía veinticinco años a la fecha de nuestra
+historia tales cosas iba viendo nuestro señor don Manuel que volvió a
+tomar la capa, que por inútil había colgado en el rincón más hondo del
+armario, y cada día se fue callando más, y escribiendo menos, y
+arrebujándose mejor en ella, hasta que guardó las plumas, y muy apegado
+ya a la clemente temperatura del país y al dulce trato de sus hijos para
+pensar en abandonarlo, determinó abrir escuela; si bien no introdujo en
+el arte de enseñar, por no ser aun este muy sabido tampoco en España,
+novedad alguna que acomodase mejor a la educación de los
+hispanoamericanos fáciles y ardientes, que los torpes métodos en uso,
+ello es que con su Iturzaeta y su Aritmética de Krüger y su Dibujo
+Lineal, y unas encendidas lecciones de Historia, de que salía bufando y
+escapando Felipe Segundo como comido de llamas, el señor Valle sacó una
+generación de discípulos, un tanto románticos y dados a lo maravilloso,
+pero que fueron a su tiempo mancebos de honor y enemigos tenaces de los
+gobiernos tiránicos. Tanto que hubo vez en que, por cosas como las de
+poner en su lugar a Felipe Segundo, estuvo a punto el señor don Manuel
+de ir, con su capa y su cuaderno de Iturzaeta, a dar en manos de los
+guindillas americanos «en estas mismísimas Repúblicas de América». A la
+fecha de nuestra historia, hacía ya unos veinticinco años de esto.
+
+Tan casero era don Manuel, que apenas pasaba año sin que los discípulos
+tuviesen ocasión de celebrar, cuál con una gallina, cuál con un par de
+pichones, cuál con un pavo, la presencia de un nuevo ornamento vivo de
+la casa.
+
+--Y ¿qué ha sido, don Manuel? ¿Algún Aristogitón que haya de librar a la
+patria del tirano?
+
+--¡Calle usted, paisano, calle usted; un malakoff más!--Malakoff, llamaban
+entonces, por la torre famosa en la guerra de Crimea, a lo que en llano
+se ha llamado siempre miriñaque o crinolina.
+
+Y don Manuel quería mucho a sus hijos, y se prometía vivir cuanto
+pudiese para ellos; pero le andaba desde hacía algún tiempo por el lado
+izquierdo del pecho un carcominillo que le molestaba de verdad, como una
+cestita de llamas que estuviera allí encendida, de día y de noche, y no
+se apagase nunca. Y como cuando la cestita le quemaba con más fuerza
+sentía él un poco paralizado el brazo del corazón, y todo el cuerpo
+vibrante como las cuerdas de un violín, y después de eso le venían de
+pronto unos apetitos de llorar y una necesidad de tenderse por tierra,
+que le ponían muy triste, aquel buen don Manuel no veía sin susto cómo
+le iban naciendo tantos hijos, que en el caso de su muerte habían de ser
+más un estorbo que una ayuda para «esa pobre Andrea, que es mujer muy
+señora y bonaza, pero ¡para poco, para poco!».
+
+ * * * * *
+
+Cinco hijas llegó a tener don Manuel del Valle, mas antes de ellas le
+había nacido un hijo, que desde niño empezó a dar señales de ser alma de
+pro. Tenía gustos raros y bravura desmedida, no tanto para lidiar con
+sus compañeros, aunque no rehuía la lidia en casos necesarios, como para
+afrontar situaciones difíciles, que requerían algo más que la fiereza de
+la sangre o la presteza de los puños. Una vez, con unos cuantos
+compañeros suyos, publicó en el colegio un periodiquín manuscrito, y por
+supuesto revolucionario, contra cierto pedante profesor que prohibía a
+sus alumnos argumentarles sobre los puntos que les enseñaba; y como un
+colegial aficionado al lápiz pintase de pavo real a este maestrazo, en
+una lámina repartida con el periodiquín, y don Manuel, en vista de la
+queja del pavo real, amenazara en sala plena con expulsar del colegio en
+consejo de disciplina al autor de la descortesía, aunque fuese su propio
+hijo, el gentil Manuelillo, digno primogénito del egregio varón, quiso
+quitar de sus compañeros toda culpa, y echarla entera sobre sí; y
+levantándose de su asiento, dijo, con gran perplejidad del pobre don
+Manuel, y murmullos de admiración de la asamblea:
+
+--Pues, señor Director: yo solo he sido.
+
+Y pasaba las noches en claro, luego que se le extinguía la vela escasa
+que le daban, leyendo a la luz de la luna. O echaba a caminar, con las
+_Empresas_ de Saavedra Fajardo bajo el brazo, por las calles umbrosas de
+la Alameda, y creyéndose a veces nueva encarnación de las grandes
+figuras de la historia, cuyos gérmenes le parecía sentir en sí, y otras
+desesperando de hacer cosa que pudiera igualarlo a ellas, rompía a
+llorar, de desesperación y de ternura. O se iba de noche a la orilla de
+la mar, a que le salpicasen el rostro las gotas frescas que saltaban del
+agua salada al reventar contra las rocas.
+
+Leía cuanto libro le caía a la mano. Montaba en cuanto caballo veía a su
+alcance: y mejor si lo hallaba en pelo; y si había que saltar una cerca
+mejor. En una noche se aprendía los libros que en todo el año escolar no
+podían a veces dominar sus compañeros; y aunque la Historia Natural y la
+Universal y cuanto añadiese algo útil a su saber y le estimulase el
+juicio y la verba, eran sus materias preferidas, a pocas ojeadas
+penetraba el sentido de la más negra lección de Álgebra, tanto que su
+maestro, un ingeniero muy mentado y brusco, le ofreció enseñarle, en
+premio de su aplicación, la manera de calcular lo infinitésimo.
+
+Escribía Manuelillo, en semejanza de lo que estaba en boga entonces,
+unas letrillas y artículos de costumbres que ya mostraban a un enamorado
+de la buena lengua; pero a poco se soltó por natural empuje, con vuelos
+suyos propios, y empezó a enderezar a los gobernantes que no dirigen
+honradamente a sus pueblos, unas odas tan a lo pindárico, y recibidas
+con tal favor entre la gente estudiantesca, que en una revuelta que
+tramaron contra el Gobierno unos patricios que andaban muy solos, pues
+llevaban consigo la buena doctrina, fue hecho preso don Manuelillo,
+quien en verdad tenía en la sangre el microbio sedicioso; y bien que
+tuvieron que empeñarse los amigos pudientes de don Manuel para que en
+gracia de su edad saliese libre el Pindarito, a quien su padre,
+riñéndole con los labios, en que le temblaban los bigotes, como los
+árboles cuando va a caer la lluvia, y aprobándole con el corazón, envió
+a seguir, en lo que cometió grandísimo error, estudios de Derecho en la
+Universidad de Salamanca, más desfavorecida que otras de España, y no
+muy gloriosa ahora, pero donde tenía la angustiada doña Andrea los
+buenos parientes que le enviaban las farinetas.
+
+Se fue el de las odas en un bergantín que había venido cargado de vinos
+de Cádiz; y sentadito en la popa del barco, fijaba en la costa de su
+patria los ojos anegados de tan triste manera, que a pesar del águila
+nueva que llevaba en el alma, le parecía que iba todo muerto y sin
+capacidad de resurrección y que era él como un árbol prendido a aquella
+costa por las raíces, al que el buque llevaba atado por las ramas
+pujando mar afuera, de modo que sin raíces se quedaba el árbol, si
+lograba arrancarlo de la costa la fuerza del buque, y moría: o como el
+tronco no podía resistir aquella tirantez, se quebraría al fin, y moría
+también; pero lo que don Manuelillo veía claro, era que moría de todos
+modos. Lo cual, ¡ay! fue verdad, cuatro años más tarde, cuando de
+Salamanca había hallado aquel niño manera de pasar, como ayo en la casa
+de un conde carlista, a estudiar a Madrid. Se murió de unas fiebres
+enemigas, que le empezaron con grandes aturdimientos de cabeza, y unas
+visiones dolorosas y tenaces que él mismo describía en su cama revuelta,
+de delirante, con palabras fogosas y desencajadas, que parecían una caja
+de joyas rotas; y sobre todo, una visión que tenía siempre delante de
+los ojos, y creía que se le venía encima, y le echaba un aire encendido
+en la frente, y se iba de mal humor, y se volvía a él de lejos,
+llamándole con muchos brazos: la visión de una palma en llamas. En su
+tierra, las llanuras que rodeaban la ciudad estaban cubiertas de palmas.
+
+ * * * * *
+
+No murió don Manuel del pesar de que hubiese muerto su hijo, aunque bien
+pudo ser; sino que dos años antes, y sin que Manuelillo lo supiese, se
+sentó un día en su sillón, muy envuelto en su capa, y con la guitarra al
+lado, como si sintiese en el alma unas muy dulces músicas, a la vez que
+un frescor húmedo y sabroso, que no era el de todos los días, sino mucho
+más grato. Doña Andrea estaba sentada en una banqueta a sus pies, y, lo
+miraba con los ojos secos, y crecidos, y le tenía las manos. Dos hijas
+lloraban abrazadas en un rincón: la mayor, más valiente, le acariciaba
+con la mano los cabellos, o lo entretenía con frases zalameras, mientras
+le preparaba una bebida; de pronto, desasiéndose bruscamente de las
+manos de doña Andrea, abrió don Manuel los brazos y los labios como
+buscando aire; los cerró violentamente alrededor de la cabeza de doña
+Andrea, a quien besó en la frente con un beso frenético; se irguió como
+si quisiera levantarse, con los brazos al cielo; cayó sobre el respaldo
+del asiento, estremeciéndosele el cuerpo horrendamente, como cuando en
+tormenta furiosa un barco arrebatado sacude la cadena que lo sujeta al
+muelle; se le llenó de sangre todo el rostro, como si en lo interior del
+cuerpo se le hubiese roto el vaso que la guarda y distribuye; y blanco,
+y sonriendo, con la mano casualmente caída sobre el mango de su
+guitarra, quedó muerto. Pero nunca se lo quiso decir doña Andrea a
+Manuelillo, a quien contaban que el padre no escribía porque sufría de
+reumatismo en las manos, para que no le entrase el miedo por las
+angustias de la casa, y quisiese venir a socorrerlas, interrumpiendo
+antes de tiempo sus estudios. Y era también que doña Andrea conocía que
+su pobre hijo había nacido comido de aquellas ansias de redención y
+evangélica quijotería que le habían enfermado el corazón al padre, y
+acelerado su muerte, y como en la tierra en que vivían había tanto que
+redimir, y tanta cosa cautiva que libertar, y tanto entuerto que poner
+derecho, veía la buena Madre, con espanto, la hora de que su hijo
+volviese a su patria, cuya hora, en su pensar, sería la del sacrificio
+de Manuelillo.
+
+--¡Ay!--decía doña Andrea--, una vez que un amigo, de la casa le hablaba
+con esperanzas del porvenir del hijo. Él será infeliz, y nos hará aun
+más infelices sin quererlo. Él quiere mucho a los demás, y muy poco a sí
+mismo. Él no sabe hacer víctimas, sino serlo. Afortunadamente, aunque de
+todos modos, por desdicha de doña Andrea, Manuelillo había partido de la
+tierra antes de volver a ver la suya propia, ¡detrás de la palma
+encendida!
+
+¿Quién que ve un vaso roto, o un edificio en ruina, o una palma caída,
+no piensa en las viudas? A don Manuel no le habían bastado las fuerzas,
+y en tierra extraña esto había sido mucho, más que para ir cubriendo
+decorosamente con los productos de su trabajo las necesidades
+domésticas. Ya el ayudar a Manuelillo a mantenerse en España le había
+puesto en muy grandes apuros.
+
+Estos tiempos nuestros están desquiciados, y con el derrumbe de las
+antiguas vallas sociales y las finezas de la educación, ha venido a
+crearse una nueva y vastísima clase de aristócratas de la inteligencia,
+con todas las necesidades de parecer y gustos ricos que de ella vienen,
+sin que haya habido tiempo aun, en lo rápido del vuelco, para que el
+cambio en la organización y repartimiento de las fortunas corresponda a
+la brusca alteración en las relaciones sociales, producidas por las
+libertades políticas y la vulgarización de los conocimientos. Una
+hacienda ordenada es el fondo de la felicidad universal. Y búsquese en
+los pueblos, en las casas, en el amor mismo más acendrado y seguro, la
+causa de tantos trastornos y rupturas, que los oscurecen y afean, cuando
+no son causa del apartamiento, o de la muerte, que es otra forma de él:
+la hacienda es el estómago de la felicidad. Maridos, amantes, personas
+que aun tenéis que vivir y anheláis prosperar: ¡organizad bien vuestra
+hacienda!
+
+De este desequilibrio, casi universal hoy, padecía la casa de don
+Manuel, obligado con sus medios de hombre pobre a mantenerse, aunque sin
+ostentación ni despilfarro, como caballero rico. ¿Ni quién se niega, si
+los quiere bien, a que sus hijos brillantes e inteligentes, aprendan
+esas cosas de arte, el dibujar, el pintar, el tocar piano, que alegran
+tanto la casa, y elevan, si son bien comprendidas y caen en buena
+tierra, el carácter de quien las posee, esas cosas de arte que apenas
+hace un siglo eran todavía propiedad casi exclusiva de reinas y
+princesas? ¿Quién que ve a sus pequeñines finos y delicados, en virtud
+de esa aristocracia del espíritu que en estos tiempos nuevos han
+sustituido a la aristocracia degenerada de la sangre, no gusta de
+vestirlos de linda manera, en acuerdo con el propio buen gusto
+cultivado, que no se contenta con falsificaciones y bellaquerías, y de
+modo que el vestir complete y revele la distinción del alma de los
+queridos niños? Uno, padrazo ya, con el corazón estremecido y la frente
+arrugada, se contenta con un traje negro bien cepillado y sin manchas,
+con el cual, y una cara honrada, se está bien y se es bien recibido en
+todas partes; pero, ¡para la mujer, a quien hemos hecho sufrir tanto!
+¡para los hijos, que nos vuelven locos y ambiciosos, y nos ponen en el
+corazón la embriaguez del vino, y en las manos el arma de los
+conquistadores! ¡para ellos, oh, para ellos, todo nos parece poco!
+
+De manera que, cuando don Manuel murió, solo había en la casa los
+objetos de su uso y adorno, en que no dejaba de adivinarse más el buen
+gusto que la holgura, los libros de don Manuel, que miraba la madre como
+pensamientos vivos de su esposo, que debían guardarse íntegros a su hijo
+ausente, y los enseres de la escuela, que un ayudante de don Manuel, que
+apenas le vio muerto se alzó con la mayor parte de sus discípulos, halló
+manera de comprar a la viuda, abandonada así por el que en conciencia
+debió continuar ayudándola, en una suma corta, la mayor, sin embargo,
+que después de la muerte de don Manuel se vio nunca en aquella pobre
+casa. Hacen pensar en las viudas las palmas caídas.
+
+Este o aquel amigo, es verdad, querían saber de vez en cuando qué tal le
+iba yendo a la pobre señora. ¡Oh! se interesaban mucho por su suerte. Ya
+ella sabía: en cuanto le ocurriese algo no tenía más que mandar. Para
+cualquier cosa, para cualquier cosa estaban a su disposición. Y venían
+en visita solemne, en día de fiesta, cuando suponían que había gente en
+la casa; y se iban haciendo muchas cortesías, como si con la ceremonia
+de ellas quisiesen hacer olvidar la mayor intimidad que podría
+obligarlos a prestar un servicio más activo. Da espanto ver cuán sola se
+queda una casa en que ha entrado la desgracia: da deseos de morir.
+
+¿Qué se haría doña Andrea, con tantas hijas, dos de ellas ya crecidas;
+con el hijo en España, aunque ya el noble mozo había prohibido, aun
+suponiendo a su padre vivo, que le enviasen dinero? ¿qué se haría con
+sus hijas pequeñas, que eran, las tres, por lo modestas y unidas, la
+gala del colegio; con Leonor, la última flor de sus entrañas, la que las
+gentes detenían en la calle para mirarla a su placer, asombradas de su
+hermosura? ¿qué se haría doña Andrea? Así, cortado el tronco, se secan
+las ramas del árbol, un tiempo verdes, abandonadas sobre la tierra.
+¡Pero los libros de don Manuel no! esos no se tocaban: nada más que a
+sacudirlos, en la piececita que les destinó en la casa pobrísima que
+tomó luego, permitía la señora que entrasen una vez al mes. O cuando,
+ciertos domingos, las demás niñas iban a casa de alguna conocida a pasar
+la tarde, doña Andrea se entraba sola en la habitación, con Leonor de la
+mano, y allí a la sombra de aquellos tomos, sentada en el sillón en que
+murió su marido, se abandonaba a conversaciones mentales, que parecían
+hacerle gran bien, porque salía de ellas en un estado de silenciosa
+majestad, y como más clara de rostro y levantada de estatura; de tal
+modo que las hijas cuando volvían de su visita, conocían siempre, por la
+mayor blandura en los ademanes, y expresión de dolorosa felicidad de su
+rostro, si doña Andrea había estado en el cuarto de los libros. Nunca
+Leonor parecía fatigada de acompañar a su madre en aquellas entrevistas:
+sino que, aunque ya para entonces tenía sus diez años, se sentaba en la
+falda de su madre, apretada en su regazo o abrazada a su cuello, o se
+echaba a sus pies, reclinando en sus rodillas la cabeza, con cuyos
+cabellos finos jugaba la viuda, distraída. De vez en cuando, pocas
+vedes, la cogía doña Andrea en un brusco movimiento en sus brazos, y
+besando con locura la cabeza de la niña rompía en amarguísimos sollozos.
+Leonor, silenciosamente, humedecía en todo este tiempo la mano de su
+madre con sus besos.
+
+ * * * * *
+
+De España se trajo pocas cosas don Manuel, y doña Andrea menos, que era
+de familia hidalga y pobre. Y todo, poco a poco, para atender a las
+necesidades de la casa, fue saliendo de ella: hasta unas perlas
+margaritas que había llevado de América a Salamanca un tío, abuelo de
+doña Andrea, y un aguacate de esmeralda de la misma procedencia, que
+recibió de sus padres como regalo de matrimonio; hasta unas cucharas y
+vasos de plata que se estrenaron cuando se casó la madre de don Manuel,
+y este solía enseñar con orgullo a sus amigos americanos, para probar en
+sus horas de desconfianza de la libertad, cuánto más sólidos eran los
+tiempos, cosas y artífices de antaño.
+
+Y todas las maravillas de la casa fueron cayendo en manos de inclementes
+compradores; una escena autógrafa de _El Delincuente Honrado_ de
+Jovellanos; una colección de monedas romanas y árabes de Zaragoza, de
+las cuales las árabes estimulaban la fantasía y avivaban las miradas de
+Manuelillo cada vez que el padre le permitía curiosear en ellas; una
+carta de doña Juana la Loca, que nunca fue loca, a menos que amar bien
+no sea locura, y en cuya carta, escrita de manos del secretario
+Passamonte, se dicen cosas tan dignas y tan tiernas que dejaban
+enamorados de la reina a los que las leían, y dulcemente conmovidas las
+entrañas.
+
+Así se fueron otras dos joyas que don Manuel había estimado mucho, y
+mostraba con la fruición de un goloso que se complace traviesamente en
+hacer gustar a sus amigos un plato cuya receta está decidido a no
+dejarles conocer jamás: un estudio en madera de la cabeza de San
+Francisco, de Alonso Cano, y un dibujo de Goya, con lápiz rojo, dulce
+como una cabeza del mismo Rafael.
+
+Con las cucharas de plata se pagó un mes la casa; la esmeralda dio para
+tres meses; con las monedas fueron ayudándose medio año. Un
+desvergonzado compró la cabeza, en un día de angustia, en cinco pesos.
+Un tanto se auxiliaban con unos cuantos pesos que, muy mal cobrados y
+muy regañados, ganaban doña Andrea y las hijas mayores enseñando a
+algunas niñas pequeñas del barrio pobre donde habían ido a refugiarse en
+su penuria. Pero el dibujo de Goya, ese si se vendió bien. Ese, él solo,
+produjo tanto como las margaritas y las cucharas de plata, y el
+aguacate. El dibujo de Goya, única prenda que no se arrepintió doña
+Andrea de haber vendido, porque le trajo un amigo, lo compró Juan Jerez;
+Juan Jerez que cuando murió en Madrid Manuelillo, y la madre extremada
+por los gastos en que la puso una enfermedad grave de su niña Leonor, se
+halló un día pensando con espanto en que era necesario venderlos, compró
+los libros a doña Andrea, mas no se los llevó consigo, sino que se los
+dejó a ella «porque él no tenía donde ponerlos, y cuando los necesitase,
+ya se los pediría». Muy ruin tiene que ser el mundo, y doña Andrea sabía
+de sobra que suele ser ruin, para que ese día no hubiese satisfecho su
+impulso de besar a Juan la mano.
+
+Pero Juan, joven rico y de padres y amistades que no hacían suponer que
+buscase esposa en aquella casa desamparada y humilde, comprendió que no
+debía ser visita de ella, donde ya eran alegría de los ojos y del
+corazón, más por lo honestas que por lo lindas, las dos niñas mayores, y
+muy distraído el pensamiento en cosas de la mayor alteza, y muy fino y
+generoso, y muy sujeto ya por el agradecimiento del amor que le mostraba
+a su prima Lucía, ni visitaba frecuentemente la casa de doña Andrea, ni
+hacía alarde de no visitarla, como que le llevó su propio médico cuando
+la enfermedad de Leonor, y volvió cuando la venta de los libros, y
+cuando sabía alguna aflicción de la señora, que con su influjo, el no
+con su dinero que solía escasearle, podía tener remedio.
+
+ * * * * *
+
+Lo que, como un lirio de noche en una habitación oscura, tuvo en medio
+de todas estas agonías iluminada el alma de doña Andrea, y le aseguró en
+su creencia bondadosa en la nobleza de la especie humana, fue que, ya
+porque en realidad le apenase la suerte de la viuda, ya porque creyera
+que había de parecer mal, siendo como el don Manuel bien querido, y
+maestro como ella, que permitieran la salida de sus hijas del colegio
+por falta de paga, la directora del Instituto de la Merced, el más
+famoso y rico del país, hizo un día, en un hermoso coche, una visita,
+que fue muy sonada, a casa de doña Andrea, y allí le dijo
+magnánimamente, cosa que enseguida vociferó y celebró mucho la prensa,
+que las tres niñas recibirían en su colegio, si ella no lo mandaba de
+otro modo, toda su educación, como externas, sin gasto alguno. Aquella
+vez sí que doña Andrea, sin los miramientos que en el caso de Juan
+habían más tarde de impedírselo, cubrió de besos la mano de la
+directora, quien la trató con una hermosa bondad pontificia, y como una
+mujer inmaculada trata a una culpable, tras de lo cual se volvió muy
+oronda a su colegio, en su arrogante coche.
+
+Es verdad que las niñas no decían a doña Andrea que, aunque no las había
+en el colegio más aplicadas que ellas, ni que llevaran los vestiditos
+más blancos y bien cuidados, ni que, en la clase y recreo mostrasen
+mayor compostura, los vales a fin de semana, y los primeros puestos en
+las competencias, y los premios en los exámenes, no eran nunca para
+ellas; los regaños, sí. Cuando la niña del ministro había derramado un
+tintero, de seguro que no había sido la niña del ministro, ¿cómo había
+de ser la hija del ministro? había sido una de las tres niñas del Valle.
+La hija de Mr. Floripond, el poderoso banquero, la fea, la huesuda, la
+descuidada, la envidiosa Iselda, había escondido, donde no pudiese ser
+hallado, su caja de lápices de dibujar: por supuesto, la caja no
+aparecía: «¡Allí todas las niñas tenían dinero para comprar sus cajas!
+¡las únicas que no tenían dinero allí eran las tres del Valle!» y las
+registraban, a las pobrecitas, que se dejaban registrar con la cara
+llena de lágrimas, y los brazos en cruz, cuando por fortuna la niña de
+otro banquero, menos rico que Mr. Floripond, dijo que había visto a
+Iselda poner la caja de lápices en la bolsa de Leonor. Pero tan buenas,
+y serviciales fueron, tan apretaditas se sentaban siempre las tres, sin
+jugar, o jugando entre sí, en la hora de recreo; con tal mansedumbre
+obedecían los mandatos más destemplados e injustos; con tal sumisión,
+por el amor de su madre, soportaban aquellos rigores, que las ayudantes
+del colegio, solas y desamparadas ellas mismas, comenzaron a tratarlas
+con alguna ternura, a encomendarles la copia de las listas de la clase,
+a darles a afilar sus lápices, a distinguirlas con esos pequeños favores
+de los maestros que ponen tan orondos a los niños, y que las tres hijas
+de del Valle recompensaban con una premura en el servirlos y una
+modestia y gracia tal, que les ganaba las almas más duras. Esta
+bondadosa disposición de las ayudantes subió de punto cuando la
+directora, que no tenía hijos, y era aun una muy bella mujer, dio
+muestras de aficionarse tan especialmente a Leonor, que algunas tardes
+la dejaba a comer a su mesa, enviándola luego a doña Andrea con un
+afectuoso recado; y un domingo la sacó a pasear en su carruaje,
+complaciéndose visiblemente aquel día en responder con su mejor sonrisa
+a todos los saludos.
+
+Porque los que poseen una buena condición, si bien la persiguen
+implacablemente en los demás cuando por causa de la posición o edad de
+estos, teman que lleguen a ser rivales, se complacen, por el contrario,
+por una especie de prolongación de egoísmo y por una fuerza de atracción
+que parece incontrastable y de naturaleza divina, en reconocer y
+proclamar en otros la condición que ellos mismos poseen, cuando no puede
+llegar a estorbarles.
+
+Se aman y admiran a sí propios en los que, fuera ya de este peligro de
+rivalidad, tienen las mismas condiciones de ellos. Los miran como una
+renovación de sí mismos, como un consuelo de sus facultades que decaen,
+como si se viesen aun a sí propios tales como son aquellas criaturas
+nuevas, y no como ya van siendo ellos. Y las atraen a sí, y las retienen
+a su lado, como si quisiesen fijar, para que no se les escapase, la
+condición que ya sienten que los abandona. Hay, además, gran motivo de
+orgullo en oír celebrar la especie de mérito por que uno se distingue.
+
+Verdad es que no había tampoco mejor manera de llamar la atención sobre
+sí que llevar cerca a Leonor. ¡Qué mirada, que parecía una plegaria!
+¡Qué óvalo el del rostro, más perfecto y puro! ¡Qué cutis, que parecía
+que daba luz! ¡Qué encanto en toda ella, y qué armonía! De noche doña
+Andrea, que como a la menor de sus hijas la tuvo siempre en su lecho, no
+bien la veía dormida, la descubría para verla mejor; le apartaba los
+cabellos de la frente y se los alzaba por detrás para mirarle el cuello,
+le tomaba las manos, como podía tomar dos tórtolas, y se las besaba
+cuidadosamente; le acariciaba los pies, y se los cubría a lentos besos.
+
+Alfombra hubiera querido ser doña Andrea, para que su hija no se
+lastimase nunca los pies, y para que anduviese sobre ella. Alfombra,
+cinta para su cuello, agua, aire, todo lo que ella tocase y necesitase
+para vivir, como si no tuviese otras hijas, quería ser para ella doña
+Andrea. Solía Leonor despertarse cuando su madre estaba contemplándola
+de esta manera; y entreabriendo dichosamente los ojos amantes y
+atrayéndola a sí con sus brazos, se dormía otra vez, con la cabeza de su
+madre entre ellos; de su madre que apenas dormía.
+
+¡Cómo no padecería la pobre señora cuando la directora del colegio,
+estando ya Leonor en sus trece años, la vino a ver, como quien hace un
+gran servicio, y en verdad para el porvenir de Leonor lo era, para que
+lo permitiese retener a Leonor en el colegio como alumna interna! En el
+primer instante, doña Andrea se sintió caer al suelo, y, sin palabras,
+se quedó mirando a la directora fijamente, como a una enemiga. De
+pensarlo no más, ya le pareció que le habían sacado el corazón del
+pecho.
+
+Balbuceó las gracias. La directora entendió que aceptaba.
+
+--Leonor, doña Andrea, está destinada por su hermosura a llamar la
+atención de una manera extraordinaria. Es niña todavía, y ya ve usted
+cómo anda por la ciudad la fama de su belleza. Usted comprende que a mí
+me es más costoso tenerla en el colegio como a interna; pero creo de mi
+deber, por cariño a usted y al señor don Manuel, acabar mi obra.
+
+Y la madre parecía que quería adelantar una objeción; y la mujer
+hermosa, que en realidad, en fuerza de la plácida beldad de Leonor,
+había concebido por ella un tierno afecto, decía precipitadamente estas
+buenas razones, que la madre veía lucir delante de sí, como puñales
+encendidos.
+
+--Porque usted ve, doña Andrea, que la posición de Leonor en el mundo, va
+a ser sumamente delicada. La situación a que están ustedes reducidas las
+obliga a vivir apartadas de la sociedad, y en una esfera en que, por su
+misma distinción natural y por la educación que está recibiendo, no
+puede encontrar marido proporcionado para ella. Acabando de educarse en
+mi colegio como interna, se rozará mucho más, en estos tres años, con
+las niñas más elegantes y ricas de la ciudad, que se harán sus amigas
+íntimas; yo misma iré cuidando especialmente de favorecer aquellas
+amistades que le puedan convenir más cuando salga al mundo, y le ayuden
+a mantenerse en una esfera a que de otro modo, sin más que su belleza,
+en la posición en que ustedes están, no podría llegar nunca. Hermosa e
+inteligente como es, y moviéndose en buenos círculos, será mucho más
+fácil que inspire el respeto de jóvenes que de otro modo la perseguirían
+sin respetarla, y encuentre acaso entre ellos el marido que la haga
+venturosa. ¡Me espanta, doña Andrea--dijo la directora que observaba el
+efecto de sus palabras en la pobre madre--, me espanta pensar en la
+suerte que correría Leonor, tan hermosa como va a ser, en el desamparo
+en que tienen ustedes que vivir, sobre todo si llegase usted a faltarle!
+Piense usted en que necesitamos protegerla de su misma hermosura.
+
+Y la directora, ya apiadada del gran dolor reflejado en las facciones de
+doña Andrea, que no tenía fuerzas para abrir los labios, ya deseosa de
+alcanzar con halagos su anhelo, había tomado las manos de doña Andrea, y
+se las acariciaba bondadosamente.
+
+Entró Leonor en este instante, y en el punto de verla, fue como si los
+torrentes de llanto apretados por la agonía se saliesen al fin de sus
+ojos; no dijo palabras, sino inolvidables sollozos; y se lanzó al
+encuentro de su hija, y se abrazó con ella estrechísimamente.
+
+--Yo no iré, mamá, yo no iré--le decía Leonor al oído--, sin que lo oyese
+la directora; aunque ya Leonor le había dicho a esta que, si quería doña
+Andrea, ella quería ir.
+
+A los pocos momentos doña Andrea, pálida, sentada ya junto a Leonor, a
+quien tenía de la mano, pudo por fin hablar. ¡Porque era ceder a cuanto
+le quedaba de don Manuel, a aquellas noches queridas suyas de silencio,
+en que su alma, a solas con su amargura y con su niña, recordaba y
+vivía; porque conforme se había ido apartando de todo, en sus hijas, y
+en Leonor, como un símbolo de todas ellas, se había refugiado, con la
+tenacidad de las almas sencillas que no tienen fuerza más que para amor;
+porque dar a Leonor era como dar todas las luces y todas las rosas de la
+vida!
+
+Por fin pudo hablar, y con una voz opaca y baja, como de quien habla de
+muy lejos, dijo:
+
+--Bueno, señora, bueno. Y Dios le pagará su buena intención. Leonor se
+quedará en el colegio.
+
+Y ya hemos visto en los comienzos de esta historia que estaba Leonor a
+punto de salir de él.
+
+ * * * * *
+
+
+
+
+ Capítulo III
+
+
+¿De qué ha de estar hablando toda la ciudad, sino de Sol del Valle? Era
+como la mañana que sigue al día en que se ha revelado un orador
+poderoso. Era como el amanecer de un drama nuevo. Era esa conmoción
+inevitable que, a pesar de su vulgaridad ingénita, experimentan los
+hombres cuando aparece súbitamente ante ellos alguna cualidad suprema.
+Después se coligan todos, en silencio primero, abiertamente luego, y dan
+sobre lo que admiraron. Se irritan de haber sido sorprendidos. Se
+encolerizan sordamente, por ver en otro la condición que no poseen. Y
+mientras más inteligencia tengan para comprender su importancia, más la
+abominan, y al infeliz que la alberga. Al principio, por no parecer
+envidiosos, hacen como que la acatan: y, como que es de fuertes no
+temer, ponen un empeño desmedido en alabar al mismo a quien envidian,
+pero poco a poco, y sin decirse nada, reunidos por el encono común, van
+agrupándose, cuchicheando, haciéndose revelaciones. Se ha exagerado.
+Bien mirado, no es lo que se decía. Ya se ha visto eso mismo. Esos ojos
+no deben ser suyos. De seguro que se recorta la boca con carmín. La
+línea de la espalda no es bastante pura. No, no es bastante pura. Parece
+como que hay una verruga en la espalda. No es verruga, es lobanillo. No
+es lobanillo, es joroba. Y acaba la gente por tener la joroba en los
+ojos, de tal modo que llega de veras a verla en la espalda, ¡porque la
+lleva en sí! Ea; eso es fijo: los hombres no perdonan jamás a aquellos a
+quienes se han visto obligados a admirar.
+
+Pero allá, en un rincón del pecho, duerme como un portero soñoliento la
+necesidad de la grandeza. Es fama que, para dar al champaña su
+fragancia, destilan en cada botella, por un procedimiento desconocido,
+tres gotas de un licor misterioso. Así la necesidad de la grandeza, como
+esas tres gotas exquisitas, está en el fondo del alma. Duerme como si
+nunca hubiese de despertar, ¡oh, suele dormir mucho! ¡oh, hay almas en
+que el portero no despierta nunca! Tiene el sueño pesado, en cosas de
+grandeza, y sobre todo en estos tiempos, el alma humana. Mil
+duendecillos, de figuras repugnantes, manos de araña, vientre hinchado,
+boca encendida, de doble hilera de dientes, ojos redondos y libidinosos,
+giran constantemente alrededor de portero dormido, y le echan en los
+oídos jugo de adormideras, y se lo dan a respirar, y se lo untan en las
+sienes, y con pinceles muy delicados le humedecen las palmas de las
+manos, y se les encuclillan sobre las piernas, y se sientan sobre el
+respaldo del sillón, mirando hostilmente a todos lados, para que nadie
+se acerque a despertar al portero: ¡mucho suele dormir la grandeza en el
+alma humana! Pero cuando despierta, y abre los brazos, al primer
+movimiento pone en fuga a la banda de duendecillos de vientre hinchado.
+Y el alma entonces se esfuerza en ser noble, avergonzada de tanto tiempo
+de no haberlo sido. Solo que los duendecillos están escondidos detrás de
+las puertas, y cuando les vuelve a picar el hambre, porque se han jurado
+comerse al portero poco a poco, empiezan a dejar escapar otra vez el
+aroma de las adormideras, que a manera de cendales espesos va turbando
+los ojos y velando la frente del portero vencido; y no ha pasado mucho
+tiempo desde que puso a los duendes en fuga, cuando ya vuelven estos en
+confusión, se descuelgan de las ventanas, se dejan caer por las hojas de
+las puertas, salen de bajo las losas descompuestas del piso, y abriendo
+las grandes bocas en una risa que no suena, se le suben agilísimamente
+por las piernas y brazos, y uno se le para en un hombro, y otro se le
+sienta en un brazo, y todos agitan en alto, con un ruido de rata que
+roe, las adormideras. Tal es el sueño del alma humana.
+
+¿De qué ha de estar hablando toda la ciudad, sino de Sol del Valle?
+
+De ella, porque hablan de la fiesta de anoche: de ella, porque la fiesta
+alcanzó inesperadamente, a influjo de aquella niña ayer desconocida, una
+elevación y entusiasmo que ni los mismos que contribuyeron a ello
+volverían a alcanzar jamás. Tal como suelen los astros juntarse en el
+cielo, ¡ay! para chocar y deshacerse casi siempre, así, con no mejor
+destino, suelen encontrarse en la tierra, como se encontraron anoche, el
+genio, y ese otro genio, la hermosura.
+
+ * * * * *
+
+De fama singular había venido precedido a la ciudad el pianista húngaro
+Keleffy. Rico de nacimiento, y enriquecido aun más por su arte, no
+viajaba, como otros, en busca de fortuna. Viajaba porque estaba lleno de
+águilas, que le comían el cuerpo, y querían espacio ancho, y se ahogaban
+en la prisión de la ciudad. Viajaba porque casó con una mujer a quien
+creyó amar, y la halló luego como una copa sorda, en que las armonías de
+su alma no encontraban eco, de lo que le vino postración tan grande que
+ni fuerzas tenía aquel músico-atleta, para mover las manos sobre el
+piano: hasta que lo tomó un amigo leal del brazo, y le dijo «Cúrate», y
+lo llevó a un bosque, y lo trajo luego al mar, cuyas músicas se le
+entraron por el alma medio muerta, se quedaron en ella, sentadas y con
+la cabeza alta, como leones que husmean el desierto, y salieron al fin
+de nuevo al mundo en unas fantasías arrebatadas que en el barco que lo
+llevaba por los mares improvisaba Keleffy, las que eran tales, que si se
+cerraban los ojos cuando se las oía, parecía que se levantaban por el
+aire, agrandándose conforme subían, unas estrellas muy radiosas, sobre
+un cielo de un negro hondo y temible, y otras veces, como que en las
+nubes de colores ligeros iban dibujándose unas como guirnaldas de flores
+silvestres, de un azul muy puro, de que colgaban unos cestos de luz:
+¿qué es la música sino la compañera y guía del espíritu en su viaje por
+los espacios? Los que tienen ojos en el alma, han visto eso que hacían
+ver las fantasías que en el mar improvisaba Keleffy: otros hay, que no
+ven, por lo que niegan muy orondos que lo que ellos no han visto, otros
+lo vean. Es seguro que un topo no ha podido jamás concebir un águila.
+
+Keleffy viajaba por América, porque le habían dicho que en nuestro cielo
+del Sur lucen los astros como no lucen en ninguna otra parte del cielo,
+y porque le hablaban de unas flores nuestras, grandes como cabeza de
+mujer y blancas como la leche, que crecen en los países del Atlántico, y
+de unas anchas hojas que se crían en nuestra costa exuberante, y
+arrancan de la madre tierra y se tienden voluptuosamente sobre ella,
+como los brazos de una divinidad vestida de esmeraldas, que llamasen,
+perennemente abiertas, a los que no tienen miedo de amar los misterios y
+las diosas.
+
+Y aquel dolor de vivir sin cariño, y sin derecho para inspirarlo ni
+aceptarlo, puesto que estaba ligado a una mujer a quien no amaba; aquel
+dolor que no dormía, ni tenía paces, ni le quería salir del pecho, y le
+tenía la fantasía como apretada por serpientes, lo que daba a todo su
+música un aire de combate y tortura que solía privarla del equilibrio y
+proporción armoniosa que las obras durables de arte necesitan; aquel
+dolor, en un espíritu hermoso que, en la especie de peste amatoria que
+está enllagando el mundo en los pueblos antiguos, había salvado, como
+una paloma herida, un apego ardentísimo a lo casto; aquel dolor, que a
+veces con las manos crispadas se buscaba el triste músico por sobre el
+corazón, como para arrancárselo de raíz, aunque se tuviera que arrancar
+el corazón con él; aquel dolor no le dejaba punto de reposo, le hacía
+parecer a las veces extravagante y huraño, y aunque por la suavidad de
+su mirada y el ardor de su discurso se atrajese desde el primer
+instante, como un domador de oficio, la voluntad de los que le veían,
+poco a poco sentía él que en aquellos afectos iba entrando la sorda
+hostilidad con que los espíritus comunes persiguen a los hombres de alma
+superior, y aquella especie de miedo, si no de terror, con que los
+hombres, famélicos de goces, huyen, como de un apestado, de quien, bajo
+la pesadumbre de un infortunio, ni sabe dar alegrías, ni tiene el ánimo
+dispuesto a compartirlas.
+
+ * * * * *
+
+Ya en la ciudad de nuestro cuento, cuya gente acomodada había ido toda,
+y en más de una ocasión, de viaje por Europa, donde apenas había casa
+sin piano, y, lo que es mejor, sin quien tocase en él con natural buen
+gusto, tenía Keleffy numerosos y ardientes amigos; tanto entre los
+músicos sesudos, por el arte exquisito de sus composiciones, como entre
+la gente joven y sensible, por la melodiosa tristeza de sus romanzas. De
+modo que cuando se supo que Keleffy venía, y no como un artista que se
+exhibe sino como un hombre que padece, determinó la sociedad elegante
+recibirle con una hermosísima fiesta, que quisieron fuese como la más
+bella que se hubiera visto en la ciudad, ya porque del talento de
+Keleffy se decían maravillas, ya porque esta buena ciudad de nuestro
+cuento no quería ser menos que otras de América, donde el pianista había
+sido ruidosamente agasajado.
+
+En la «casa de mármol» dispusieron que se celebrase la gran fiesta: con
+un tapiz rojo cubrieron las anchas escaleras; los rincones, ya en las
+salas, ya en los patios, los llenaron de palmas; en cada descanso de la
+escalera central había un enorme vaso chino lleno de plantas de camelia
+en flor; todo un saloncito, el de recibir, fue colgado de seda amarilla;
+de higares ocultos por cortinas venía un ruido de fuentes. Cuando se
+entraba en el salón, en aquella noche fresca de la primavera, con todos
+los balcones abiertos a la noche, con tanta hermosa mujer vestida de
+telas ligeras de colores suaves, con tanto abanico de plumas, muy de
+moda entonces, moviéndose pausadamente, y con aquel vago rumor de fiesta
+que comienza, parecía que se entraba en un enorme cesto de alas. La tapa
+del piano, levantado para dar mayor sonoridad a las notas, parecía, como
+dominándolas a todas, una gran ala negra.
+
+Keleffy, que discernía la suma de verdadero afecto mezclada en aquella
+fiesta de la curiosidad y sentía desde su llegada a América como si
+constantemente estuviesen encendidos en su alma dos grandes ojos negros;
+Keleffy a quien fue dulce no hallar casa, donde sus últimos dolores,
+vaciados en sus romanzas y nocturnos, no hubiesen encontrado manos
+tiernas y amigas, que se las devolvían a sus propios oídos como
+atenuados y en camino de consuelo, porque «en Europa se toca--decía
+Keleffy--, pero aquí se acaricia el piano»; Keleffy, que no notaba
+desacuerdo entre el casto modo con que quería él su magnífico arte, y
+aquella fiesta discreta y generosa, en que se sentía el concurso como
+penetrado de respeto, en la esfera inquieta y deleitosa de lo
+extraordinario; Keleffy, aunque de una manera apesarada y melancólica, y
+más de quien se aleja que de quien llega, tocó en el piano de madera
+negra, que bajo sus manos parecía a veces salterio, flauta a veces, y a
+veces órgano, algunas de sus delicadas composiciones, no aquellas en que
+se hubiera dicho que el mar subía en montes y caía roto en cristales, o
+que braceaba un hombre con un toro, y le hendía el testuz, y le doblaba
+las piernas, y lo echaba por tierra, sino aquellas otras flexibles
+fantasías que, a tener color, hubieran sido pálidas, y a ser cosas
+visibles, hubiesen parecido un paisaje de crepúsculo.
+
+ * * * * *
+
+En esto, se oyó en todo el salón un rumor súbito, semejante al que en
+días de fiestas nacionales se oye en la muchedumbre de las plazas cuando
+rompe en un ramo de estrellas en el aire un fuego de artificio. ¡Ya se
+sabía que en el Instituto de la Merced había una niña muy bella! que era
+Sol del Valle; ¡pero no se sabía que era tan bella! Y fue al piano;
+porque ella era la discípula querida del Instituto y ninguna como ella
+entendía aquella plegaria de Keleffy, «¡Oh, madre mía», y la tocó,
+trémula al principio, olvidada después en su música y por esto más
+bella; y cuando se levantó del piano, el rumor fue de asombro ante la
+hermosura de la niña, no ante el talento de la pianista, no común por
+otra parte; y Keleffy la miraba, como si con ella se fuese ya una parte
+de él; y, al verla andar, la concurrencia aplaudía, como si la música no
+hubiera cesado, o como si se sintiese favorecida por la visita de un ser
+de esferas superiores, u orgullosa de ser gente humana, cuando había
+entre los seres humanos tan grande hermosura.
+
+¿Cómo era? ¡Quién lo supo mejor que Keleffy! La miró, la miró con ojos
+desesperados y avarientos. Era como una copa de nácar, en quien nadie
+hubiese aun puesto los labios. Tenía esa hermosura de la aurora, que
+arroba y ennoblece. Una palma de luz era. Keleffy no la hablaba, sino la
+veía. La niña, cuando se sentó al lado de la directora, casi rompió en
+lágrimas. La revelación, la primera sensación del propio poder, lisonjea
+y asusta. Se tuvo miedo la niña, y aunque muy contenta de sí, halagada
+por aquel rumor como si le rozasen la frente con muy blandas plumas, se
+sintió sola y en riesgo, y buscó con los ojos, en una mirada de angustia
+a doña Andrea, ¡ay! a doña Andrea que, conforme iban pasando los años,
+se hundía en sí misma, para ver mejor a don Manuel, de tal manera que
+ya, si sonreía siempre, apenas hablaba. Se conversaba apresuradamente.
+Todos los ojos estaban sobre ella. ¿Quién es? ¿Quién es? Las mujeres no
+la celebraban, se erguían en sus asientos para verla; movían rápidamente
+el abanico, cuchicheaban a su sombra con su compañera; se volvían a
+mirarla otra vez. Los hombres, sentían en sí como una rienda rota; y
+algunos, como un ala. Hablaban con desusada animación. Se juntaban en
+corrillos. La median con los ojos. Ya la veían de su brazo ostentándola
+en el salón, y le estrechaban el talle en el baile ardiente y atrevido;
+ya meditaban la frase encomiástica con que habían de deslumbrar al ser
+presentados a ella. «¿Conque esa es Sol del Valle?». «¿En qué casas
+visita?». «¿Va a casa de Lucía Jerez?». «Juan Jerez es amigo de la
+señora». «Allí está Juan Jerez; que nos presente». «Yo soy amigo de la
+directora: vamos». «¿Quién nos presentará a ella?». ¡Pobre niña! Su
+alcoba no la vio nunca como la dejaron aquellos curiosos. No es para la
+mayor parte de los hombres una obra santa, y una copa de espíritu la
+hermosura; sino una manzana apetitosa. Si hubiera un lente que
+permitiese a las mujeres ver, tales como les pasean por el cráneo los
+pensamientos de los hombres, y lo que les anda en el corazón, los
+querrían mucho menos.
+
+Pero no era un hombre, no, el que con más insistencia, y un cierto
+encono mezclado ya de amor, miraba a Sol del Valle, y con dificultad
+contenía el llanto que se le venía a mares a los ojos, abiertos, en los
+que se movían los párpados apenas. La conocía en aquel momento, y ya la
+amaba y la odiaba. La quería como a una hermana; ¡qué misterios de estas
+naturalezas bravías e iracundas! y la odiaba con un aborrecimiento
+irresistible y trágico. Y cuando un caballero apuesto y cortés, que
+saludaba mucha gente a su paso, se acercó, por lo mismo que vivía en
+esfera social más alta, más que a saludar, a proteger a Sol del Valle,
+cuando Juan Jerez llegó al fin al lado de la niña, y Lucía Jerez, que
+era quien de aquella manera la miraba, los vio juntos, cerró los ojos,
+inclinó la cabeza sobre el hombro como quien se muere; se le puso todo
+el rostro amarillo; y solo al cabo de algún tiempo, al influjo del aire
+que agitaban sus compañeras con los abanicos, volvió a abrir los ojos,
+que parecían turbios, como si hubiera cruzado por su pensamiento un ave
+negra.
+
+Y Keleffy en aquellos instantes tenía subyugada y muda a la
+concurrencia. Allí sus esperanzas puras de otros tiempos; sus agonías de
+esposo triste; el desorden de una mente que se escapa; el mar sereno
+luego; la flora toda americana, ardiente y rica; el encogimiento sombrío
+del alma infeliz ante la naturaleza hermosa; una como invasión de luz
+que encendiese la atmósfera, y penetrase por los rincones más negros de
+la tierra, y a través de las ondas de la mar, a sus cuevas de azul y
+corales; una como águila herida, con una llaga en el pecho que parecía
+una rosa, huyendo, a grandes golpes de ala, cielo arriba, con gritos
+desesperados y estridentes. Así, como un espíritu que se despide, tocó
+Keleffy el piano. Jamás pudo tanto, ni nadie le oyó así segunda vez.
+Para Sol era aquella fantasía; para Sol, a quien ni volvería a ver
+nunca, ni dejaría de ver jamás. Solo los que persiguen en vano la
+pureza, saben lo que regocija y exalta el hallarla. Solo los que mueren
+de amor a la hermosura entienden cómo, sin vil pensamiento, ya a punto
+de decir adiós para siempre a la ciudad amiga, tocó aquella noche en el
+piano Keleffy. Pero tocó de tal manera que, aun para la gente inculta,
+es todavía aquel un momento inolvidable. «Nos llevaba como un
+triunfador», decía un cronista al día siguiente, «sujetos a su carro.
+¿Adónde íbamos? nadie lo sabía. Ya era un rayo que daba sobre un monte,
+como el acero de un gigante sobre el castillo donde supone a su dama
+encantada; ya un león con alas, que iba de nube en nube; ya un sol
+virgen que de un bosque temido, como de un nido de serpientes, se
+levanta; ya un recodo de selva nunca vista, donde los árboles no tenían
+hojas, sino flores; ya un pino colosal que, con estruendo de gemidos, se
+quebraba; era una grande alma que se abría. Mucho se había hecho admirar
+el apasionado húngaro en el comienzo de la fiesta; mas, aquella
+arrebatadora fantasía, aquel desborde de notas; ora plañideras, ora
+terribles, que parecían la historia de una vida, aquella, que fue su
+última pieza de la noche, porque nadie después de ella osó pedirle más,
+vino tan inmediatamente después de la aparición de la señorita Sol del
+Valle, orgullo desde hoy de la ciudad que todos reconocimos en la
+improvisación maravillosa del pianista el influjo que en él, como en
+cuantos anoche la vieron, con su vestido blanco y su aureola de
+inocencia, ejerció la pasmosa hermosura de la niña. Nace bien esta
+beldad extraordinaria, con el genio a sus plantas».
+
+ * * * * *
+
+Dos amigas están sentadas a la sombra de la magnolia, nuestra antigua
+conocida. En un sillón está sentada Lucía. Otras sillas de mimbre
+esperan a sus dueñas, que andan preparando dulces por los adentros de la
+casa, o con Ana, que no está bien hoy. Está muy pálida. No se espera
+gente de afuera aquella tarde; Juan Jerez no está en la ciudad: fue el
+viernes a defender en el tribunal de un pueblo vecino los derechos de
+unos indios a sus tierras, y aun no ha vuelto. Lucía hubiera estado más
+triste, si no hubiera tenido a su amiga a su lado. Juan no puede venir.
+Ferrocarril no hay hoy. A caballo, es muy lejos. A los pies de Lucía, en
+una banqueta, con los brazos cruzados sobre las rodillas de la niña,
+¿quién es la que está sentada, y la mira con largas miradas, que se
+entran por el alma como reinas hermosas que van a buscar en ella su
+aposento, y a quedarse en ella; y la deja jugar con su cabeza, cuya
+cabellera castaña destrenza y revuelve, y alisa luego hacia arriba con
+mucho cuidado, de modo que se le vea el noble cuello? A los pies de
+Lucía está Sol del Valle.
+
+ * * * * *
+
+Desde la noche de la fiesta de Keleffy, Lucía y Sol se han visto muchas
+veces. ¿De conocerla, cómo había de librarse, en estas ciudades nuestras
+en que todo el mundo se conoce? Aquella misma noche, y no fue Juan por
+cierto, Lucía, muy adulada por la directora del Instituto de la Merced,
+de donde había salido tres años antes, se vio en brazos de Sol, que la
+miraba llena de esperanza y ternura. Se levantó la directora y llevó a
+Sol de la mano a donde Lucía estaba, taciturna. Las vio venir, y se echó
+atrás.
+
+--¡Vienen a mí, a mí!--se dijo.
+
+--Lucía, aquí te traigo una amiga, para que te la pongas en el corazón, y
+me la cuides como cosa de tu casa. En tus manos la puedo dejar: tú no
+eres envidiosa.
+
+Y a Sol se le encendía el rostro, sin saber qué decir, y a Lucía se le
+desvanecía el color, buscando en balde fuerzas con que mover la mano y
+abrir los labios en una sonrisa.
+
+--Pero esto no ha de ser así, no.
+
+Y la directora puso el brazo de Sol en el de Lucía, y acompañadas de
+miradas celosas, se refugió por algunos momentos con ellas en un balcón,
+cuya baranda de granito estaba oculta bajo una enredadera florecida de
+rosas salomónicas. El balcón era grande y solemne; la noche, ya muy
+entrada, y el cielo, cariñoso y locuaz, como se pone en nuestros países
+cuando el aire está claro, y parece como que platican y se hacen visitas
+las estrellas.
+
+--Y ante todo, Lucía y Sol, dense un beso.
+
+--Mira, Lucía--dijo la directora juntando en sus manos las de las los
+niñas y hablando como si no estuviese Sol con ellas, quien se sentía las
+mejillas ardientes, y el pecho apretado con lo que la maestra iba
+diciendo, tanto, que por un instante vio el cielo todo negro, y como que
+desde su casita la estaba llamando doña Andrea--. Mira, Lucía, tú sabes
+cómo entra en la vida Sol del Valle, como lo sabe todo el mundo. Su
+padre se ha muerto. Su madre está en la mayor pobreza. Yo, que la quiero
+como a una hija, he procurado educarla para que se salve del peligro de
+ser hermosa siendo tan pobre.
+
+Sintió Lucía en aquel instante como si la mano de Sol le temblase en la
+suya, y hubiese hecho un movimiento por retirarla y ponerse en pie.
+
+--Señora....
+
+--No, no, Lucía. La que va a ser mujer de Juan Jerez....
+
+La sombra de una de las cortinas de la enredadera, que flotaba al
+influjo del aire, escondió en este instante el rostro de Sol.
+
+--... merece que yo ponga en sus manos, para que me la enseñe al mundo a
+su lado y me la proteja, la joya de la casa con que ha sido Juan Jerez
+tan bueno.
+
+Aquí la cortina flotante de la enredadera cubrió con su sombra el rostro
+de Lucía.
+
+--Juan....
+
+--Juan ha sido muy bueno--dijo como con cierta prisa voluntaria la
+directora--. Él apenas conoce a Sol, porque ha ido muy poco a casa de
+doña Andrea; pero como es tan generoso, se alegrará de que tú ampares a
+esta niña, con el respeto de tu casa, de los que, porque la verán
+desvalida....
+
+Más blanco que su vestido pudo verse en este momento, el rostro de Sol.
+
+--... querrán faltarle al respeto. Ya Sol ha acabado su colegio; pero
+para que mi obra no quede incompleta, voy a dejarla en él como
+profesora, y así ayudará a su madre a llevar los gastos de la casa, y le
+hemos tomado ya a doña Andrea una casita mejor, cerca del Instituto. Yo
+espero--añadió la señora gravemente, y como si las estrellas no
+estuviesen brillando en el cielo--, que Sol será una buena maestra. Yo,
+Lucía, no podré llevarla a todas partes, porque ya he dejado de ser
+joven, y los cuidados del colegio me lo impiden; pero quiero que tú
+hagas mis veces, y ya lo sabes--dijo con una ligera emoción en la voz
+dando un beso en la mejilla de Lucía--, cuídamela. Que sientan que el que
+no pueda llegar hasta ti, no puede llegar hasta ella. Cuando haya una
+fiesta, llévala. Ella se vestirá siempre linda, porque yo la he enseñado
+a hacérselo todo y es maestra en coser. Convídala a tu casa, para que
+nadie tenga reparo en convidarla a la suya: que el que entra en tu casa
+puede entrar en todas partes. Sol es tan bonita como agradecida.
+
+--Sí, sí, señora--interrumpió Lucía que en sus mejillas propias estaba
+sintiendo la palidez de las de Sol--. Yo la llevaré conmigo. Yo sí, yo
+sí, ahora mismo la presentaré a todas mis amigas. Iremos juntas la
+Semana Santa. No me digas que no, Sol. Iremos al teatro siempre juntas.
+
+Y el cariño le iba creciendo con las palabras, que decía
+amontonadamente, como si tuviese prisa por olvidarse de algo, o quisiese
+vengarse de sí misma.
+
+--Bueno, vamos entonces, que yo veo que la gente curiosea porque estamos
+cuchicheando tanto tiempo. Vamos.
+
+Sol no hablaba. Lucía, como que quería defenderla de la directora, que
+entraba ya en el salón con su paso pomposo.
+
+--Enseguida, señora, enseguida. Entre usted y detrás vamos nosotras. Voy
+a coger dos rosas de esta enredadera: esta para Sol--y se la prendió con
+mucha ternura, mirándola amorosamente en los ojos--; esta, que es la
+menos bonita, para mí.
+
+--¡Oh, usted es tan buena!
+
+--¿Usted? No, Sol, yo soy tu hermana. No hagas caso de lo que dice la
+directora. Yo te querré siempre como una hermana--y abrió los brazos, y
+apretó en ellos a Sol, a la que llevaba sin miedo, prestísimamente.
+
+--¡Oh!--dijo Sol de pronto ahogando un grito. Y se llevó la mano al seno,
+y la sacó con la punta de los dedos roja. Era que al abrazarla Lucía, se
+le clavó en el seno una espina de la rosa.
+
+Con su propio pañuelo secó Lucía la sangre, y de brazo las dos entraron
+en la sala. Lucía también estaba hermosa.
+
+ * * * * *
+
+--¿Cómo entenderte, Lucía?--decía Juan a su prima unos quince días después
+de la noche de la fiesta, con una intención severa en las palabras que
+él con Lucía nunca había usado--. Desde hace unos quince días, espera,
+creo que me acuerdo, desde la noche de Keleffy, te encuentro tan
+injusta, que a veces, creo que no me quieres.
+
+--¡Juan! ¡Juan!
+
+--Bueno, Lucía: tú sí me quieres. Pero ¿qué te hago yo que explique esas
+durezas tuyas de carácter, para mí que vengo a ti como viene el sediento
+a un vaso de ternuras? Más cariño no puedes desear. Pensar, yo sí pienso
+en todo lo más difícil y atrevido; pero querer, Lucía, yo no quiero más
+que a ti. Yo he vivido poco; pero tengo miedo de vivir y sé lo que es,
+porque veo a los vivos. Me parece que todos están manchados, y en cuanto
+alcanzan a ver un hombre puro empiezan a correrle detrás para llenarle
+la túnica de manchas. La verdad es que yo, que quiero mucho a los
+hombres, vivo huyendo de ellos. Siento a veces una melancolía dolorosa.
+¿Qué me falta? La fortuna me ha tratado bien. Mis padres me viven. Me es
+permitido ser bueno. Y además, te tengo--le dijo tomándola, cariñosamente
+de la mano que Lucía le abandonó como apenada y absorta.
+
+--Te tengo, y de ti me vienen, y en ti busco, las fuerzas frescas que
+necesito para que el corazón no se me espante y debilite. Cada vez que
+me asomo a los hombres, me echo atrás como si viera un abismo; pero de
+cada vez que vengo a verte, saco un brío para batallar y un poder de
+perdón que hacen que nada me parezca difícil para que yo lo acometa. No
+te rías, Lucía; pero es la verdad. ¿Tú has leído unos versos de
+Longfellow que se llaman «Excelsior»? Un joven, en una tempestad de
+nieve, sube por un puerto pobre, montaña arriba, con una bandera en la
+mano que dice: «Excelsior». No te sonrías: yo sé que sabes tú latín:
+«¡Más alto!». Un anciano le dice que no vaya adelante, que el torrente
+ruge abajo y la tempestad ¡se viene encima: «¡Más alto!». Una joven
+linda, ¡no tan linda como tú!, le dice: «Descansa la cabeza fatigada en
+mi seno». Y al joven se le humedecen los ojos azules, pero aparta de sí
+a la enamorada y le dice: «¡Más alto!».
+
+--¡Ah no! pero tú no me apartarás a mí de ti. Yo te quito la bandera de
+las manos. Tú te quedas conmigo. ¡Yo soy lo más alto!
+
+--No, Lucía: los dos juntos llevaremos la bandera. Yo te tomo para todo
+el viaje. Mira que, como soy bueno, no voy a ser feliz. ¡No te me
+canses!--y le besó la mano.
+
+Lucía le acariciaba con los ojos la cabeza.
+
+--Y el joven al fin siguió adelante: y los monjes lo hallaron muerto al
+día siguiente, medio sepultado en la nieve; pero con la mano asida a la
+bandera, que decía: «¡Más alto!». Pues bien, Lucía: cuando no te me
+pones majadera, cuando no me haces lo que ayer, que me miraste de frente
+como con odio y te burlaste de mí y de mi bondad, y sin saberlo llegaste
+hasta dudar de mi honradez, cuando no te me vuelves loca como ayer, me
+parece cuando salgo de aquí, que me brilla en las manos la bandera. Y
+veo a todo el mundo pequeño, y a mí como un gigante dichoso. Y siento
+mayor necesidad, una vehemente necesidad de amar y perdonar a todo el
+mundo. En la mujer, Lucía, como que es la hermosura mayor que se conoce,
+creemos los poetas hallar como un perfume natural todas las excelencias
+del espíritu; por eso los poetas se apegan con tal ardor a las mujeres a
+quienes aman, sobre todo a la primera a quien quieren de veras, que no
+es casi nunca la primera a quien han creído querer, por eso cuando creen
+que algún acto pueril o inconsiderado las desfigura, o imaginan ellos
+alguna frivolidad o impureza, se ponen fuera de sí, y sienten unos
+dolores mortales, y tratan a su amante con la indignación con que se
+trata a los ladrones y a los traidores, porque como en su mente las
+hicieran depositarias de todas las grandezas y claridades que apetecen,
+cuando creen ver que no las tienen, les parece que han estado
+usurpándoles y engañándoles con maldad refinada, y creen que se
+derrumban como un monte roto, por la tierra, y mueren aunque sigan
+viviendo, abrazados a las hojas caídas de su rosa blanca. Los poetas de
+raza mueren. Los poetas segundones, los tenientes y alféreces; de la
+poesía, los poetas falsificados, siguen su camino por el mundo besando
+en venganza cuantos labios se les ofrecen, con los suyos, rojos y
+húmedos en lo que se ve, ¡pero en lo que no se ve tintos de veneno!
+Vamos, Lucía, me estás poniendo hoy muy hablador. Tú ves, no lo puedo
+evitar. Si me oyeran otras gentes, dirían que era un pedante. Tú no lo
+dices, ¿verdad? Es que en cuanto estoy algún tiempo cerca de ti, de ti
+que nadie ha manchado, de ti en quien nadie ha puesto los labios
+impuros, de ti en quien mido yo como la carne de todas mis ideas y como
+una almohada de estrellas donde reclino, cuando nadie me ve, la cabeza
+cansada, estas cosas extrañas, Lucía, me vienen a los labios tan
+naturalmente que lo falso sería no recordarlas. Por fuera me suelen
+acusar de que soy rebuscado y exagerado, y tú habrás notado que ya yo
+hablo muy poco. ¿Qué culpa tengo yo de que sea así mi naturaleza, y de
+que al influjo de tu cariño enseñe todas sus flores?
+
+Y le besó las dos manos, como pudiera un niño haber besado dos tórtolas.
+
+Así, aunque no parezca cierto, suelen hablar y sentir algunos seres
+«vivos y efectivos», como dicen las lápidas de los nichos en que están
+enterrados los oficiales militares muertos en el servicio de la corona
+española. Así exactamente, y sin quitar ni poner ápice, era como sentía
+y hablaba Juan Jerez.
+
+ * * * * *
+
+--Tú me perdonas, Juan--dijo Lucía antes de que hubieran pasado algunos
+momentos, bajos los ojos y la voz, como pecador contrito que pide
+humildemente la absolución de su pecado--. Juan yo no sé que es, ni sé
+para qué te quiero, aunque si sé que te quiero por lo mismo que vivo, y
+que si no te quisiera no viviría. Y mira, Juan, te miento; ahora mismo
+te estoy mintiendo, yo creo que no sé por qué te quiero, pero debo
+saberlo muy bien, sin notarlo yo, porque sé por qué pueden quererte los
+demás. Y como si te conocen, han de quererte como yo te quiero, ¡no me
+regañes Juan! ¡yo no quisiera que tú conocieses a nadie! ¡Yo te querría
+mudo, yo te querría ciego: así no me verías más que a mí, que le
+cerraría el paso a todo el mundo, y estaría siempre ahí, y como dentro
+de ti, a tus pies donde quisiera estar ahora! ¿Tú me perdonas, Juan?
+Luego, yo no soy soberbia, y no creo que yo solo soy hermosa: ¡tú dices
+que yo soy hermosa! yo sé que fuera de mí hay muchas cosas y muchas
+personas bellas y grandes; yo sé que no están en mí todas las hermosuras
+de la tierra, y como a ti te caben en el alma todas, y eres tan bueno
+que te he visto recoger las flores pisadas en las calles y ponerlas con
+mucho cuidado donde nadie las pise, creo, Juan, que yo no te basto, que
+cualquier cosa o persona hermosa, te gustaría tanto como yo, y odio un
+libro si lo lees, y un amigo si lo vas a ver, y una mujer si dicen que
+es bella y puedes verla tú. Quisiera reunir yo en mí misma todas las
+bellezas del mundo, y que nadie más que yo tuviera hermosura alguna
+sobre la tierra. Porque te quiero, Juan, lo odio todo. Y yo no soy mala,
+Juan; yo me avergüenzo de eso, y luego me entran remordimientos, y
+besaría los pies de los que un momento antes quería no ver vivos, y de
+mi sangre les daría para que viviesen si se muriesen; ¡pero hay
+instantes, Juan, en que odio a todas las cosas, a todos los hombres y a
+todas las mujeres! ¡Oh, a todas las mujeres! Cuando no estás a mi lado,
+y pienso en alguien que pueda agradar tus ojos u ocupar tu pensamiento,
+creémelo, Juan; ¡ni sé lo que veo, ni sé qué es lo que me posee, pero me
+das horror, Juan y te aborrezco entonces, y odio tus mismas cualidades,
+y te las echo en cara, como ayer, para ver si llegas tú a odiarlas, y a
+no ser tan bueno, y si así no te quieren! Eso es, Juan, no es más que
+eso. A veces, y te lo diré a ti solo, sufro tanto que me tiendo en el
+suelo en mi cuarto, cuando no me ven, como una muerta. Necesito sentir
+en las sienes mucho tiempo el frío del mármol. Me levanto, como si
+estuviera por dentro toda despedazada. Me muero de una envidia enorme
+por todo lo que tú puedas querer y lo que pueda quererte. Yo no sé si
+eso es malo, Juan: ¿tú me perdonas?
+
+La magnolia, nuestra antigua conocida oyó, a las últimas luces de la
+tarde, el final de esta conversación congojosa.
+
+ * * * * *
+
+Lindo es el montecito que domina por el Este a la ciudad, donde a brazo
+partido lucharon antaño, macana contra lanza y carne contra hierro, el
+jefe de los indios y el jefe de los castellanos, y de barranco en
+barranco abrazados, matándose y admirándose iban cayendo, hasta que al
+fin, ya exhausto, e hiriéndose con su propia macana la cabeza, cayó el
+indio a los pies del español, que se levantó la visera, dejando ver el
+rostro bañado en sangre, y besó al indio muerto en la mano. Luego, como
+que era recio de subir, le escogieron para sus penitencias los devotos,
+y es fama que por su falda pedregosa subían de rodillas en lo más fuerte
+del sol, los penitentes, contando el rosario.
+
+Vinieron gentes nuevas, y como que el monte es corto y de forma bella, y
+desde él se ve a la ciudad, con sus casas bajas, de patios de arbolado,
+como una gran cesta de esmeraldas y ópalos, limpiaron de piedras y
+yerbajos la tierra que, bien abonada, no resultó ingrata; y de la mejor
+parte del monte hicieron un jardín que entre los pueblos de América no
+tiene rival, puesto que no es uno de esos jardinuelos de flores
+enclenques, y arbustos podados, con trocitos de césped entre enverjados
+de alambre, que más que cosa alguna dan idea de esclavitud y artificio,
+y de los que con desagrado se aparta la gente buena y discreta; sino uno
+como bosque de nuestras tierras, con nuestras propias y grandes flores y
+nuestros árboles frutales, dispuestos con tal arte que están allí con
+gracia y abandono, y en grupos irregulares y como poco cuidados, de tal
+manera que no parece que aquellos bambúes, plátanos y naranjos han sido
+llevados allí por las manos de jardinero, ni aquellos lirios de agua,
+puestos como en montón que bordan el estrecho arroyo cargado de aguas
+secas, fueron allí trasplantados como en realidad fueron: antes bien,
+parece que todo aquello floreció allí de suyo y con libre albedrío, de
+modo que allí el alma se goza y comunica sin temor, y no bien hay en la
+ciudad una persona feliz, ya necesita ir a decírselo al montecito que
+nunca se ve solo, ni de día ni de noche.
+
+Por allí, en la tarde en que vamos caminando, halló Pedro Real razón
+para encontrarse a caballo, el cual dejó en la cumbre, mientras que,
+golpeándose con el latiguillo los botines, se perdía, sin recordar el
+cuadro de Ana, por la calle de los lirios. Por allí, y sin saber por
+cierto que Pedro andaba cerca, acababa Adela, con tres amigas suyas, que
+estrenaban unos sombreros de paja crema adornados con lilas, de bajar
+del carruaje, que en la cumbre, con los caballos, esperaba. Por allí,
+sin que lo supiese Adela tampoco, aunque sí lo sabía Pedro, andaban
+lentamente, con las dos niñas menores, Sol y doña Andrea: doña Andrea,
+que desde que el colegio le devolvió a su Sol y podía a su sabor recrear
+los ojos, con cierto pesar de verle el alma un poco blanda y perezosa,
+en aquella niña suya de «cutis tan trasparente--decía ella--como una nube
+que vi una vez, en París, en un medio punto de Murillo», andaba siempre
+hablando consigo en voz baja, como si rezase; y otras regañaba por todo,
+ella que no regañaba antes jamás, pues lo que quería en realidad, sin
+atreverse, era regañar a Sol, de quien se encendía en celos y en miedos,
+cada vez que oía preparativos de fiesta o de paseo, que por cierto no
+eran muchos, pero sobrados ya para que temiese con justicia doña Andrea
+por su tesoro. Ni con el mayor bienestar que con el sueldo de Sol en el
+colegio había entrado en la casa, se contentaba doña Andrea; y a veces
+se dio la gran injusticia de que aquella hermosura que ella tanto
+mimaba, y que desde la infancia de la niña cuidaba ella y favorecía, se
+la echase en cara como un pecado, que le llevó un día a prorrumpir en
+este curiosísimo despropósito, que a algunas personas pareció tan
+gracioso como cuerdo: «Si Manuel viviera, tú no serías tan hermosa».
+Enojábase, doña Andrea, cuando oía, allá por la hora en que Sol volvía
+con una criada anciana del colegio, la pisada atrevida del caballo de
+cierto caballero que ella muy especialmente aborrecía; y si Sol hubiese
+mostrado, que nunca lo mostró, deseos de ver la arrogante cabalgadura,
+fuera de una vez que se asomó sonriendo y no descontenta, a verla pasar
+detrás de sus persianas, es seguro que por allí hubieran encontrado
+salida las amarguras de doña Andrea, que miraba a aquel gallardísimo
+galán, a Pedro Real, como a abominable enemigo. Ni a galán alguno
+hubiera soportado doña Andrea, cuyos pesares aumentaba la certidumbre de
+que aquel que ella hubiera querido por tenerlo muy en el alma, que
+poseyese a su Sol, no sería de Sol nunca, por lo alto que estaba, y
+porque era ya de otra. Mas aquella mansísima señora se estremecía cuando
+pensaba que, por parecer proporcionados en la gran hermosura externa,
+pudiesen algún día acercarse en amores aquel catador de labios
+encendidos y aquella copa de vino nuevo. Sentía fuerzas viriles doña
+Andrea, y determinación de emplearlas, cada vez que el caballo de Pedro
+Real piafaba sobre los adoquines de la calle. ¡Como si los cuerpos
+enseñasen el alma que llevan dentro! Una vez, en una habitación recamada
+de nácar, se encontró refugiado a un bandido. Da horror asomarse a
+muchos hombres inteligentes y bellos. Se sale huyendo, como de una
+madriguera. Y ya se sabía por toda la ciudad, con envidia de muchas
+locuelas, que tras de Sol del Valle había echado Pedro Real todos sus
+deseos, sus ojos melodiosos, su varonil figura, sus caballos
+caracoleadores, sus ímpetus de enamorado de leyenda. Y lo despótico de
+la afición se le conocía en que, bruscamente, y como si no hubiera
+estado perturbando con vislumbres de amor sus almas nuevas, cesó de
+decir gallardías, a afectar desdenes a aquellas que más de cerca le
+tuvieron desde su llegada de París, ya porque de público se las señalase
+como las conquistas más apetecidas, ya porque lo picante de su trato le
+diese fácil ocasión para aquellas conversaciones salpimentadas que son
+muy de uso entre aquellos de nuestros caballeros jóvenes que han visto
+tierras, y suplen con lo atrevido del discurso la escasez de la gracia y
+el intelecto. La conversación con las damas ha de ser de plata fina, y
+trabajada en filigrana leve, como la trabajan en Génova y México.
+
+En ser visto donde Sol del Valle había de verlo, ponía Pedro Real el
+mayor cuidado; en que no se la viera sin que se le viese a él; si al
+teatro, bajo el palco a que fue Sol, que fue el de la directora, y no
+más que dos veces, estaba la luneta de Pedro; si en Semana Santa, por
+donde Sol iba con Lucía y Adela, Pedro, sin piedad por Adela, aparecía.
+Decirle, nada le había dicho. Ni escribirle. Ni nadie afectaba, al
+saludarla en público, encogimiento y moderación mayores. Y parecía más
+arrogante, porque no iba tan pulido. Ni le decía, ni le escribía; pero
+quería llenarle el aire de él. A la salida del teatro, la segunda noche
+que fue a él Sol, ofrecía un pequeñuelo de sombrero de pita y pies
+descalzos un ramo de camelias color de rosa, que eran allí muy
+apreciadas y caras. Y en el punto en que salió Sol, y con rapidez tal
+que pareció a todos cosa artística, tomó el ramo Pedro Real, lo deshizo
+de modo que las camelias cayeron al suelo, casi a los pies de Sol, y
+dijo, como si no quisiera ser oído más que del amigo que tenía al lado:
+«Puesto que no es de quien debe ser, que no sea de nadie». Y como la
+fantasía que la hermosura de Sol arrancó a Keleffy era ya a manera de
+leyenda en la ciudad, Pedro Real, con tacto y profundidad mayores de los
+que pudieran suponérsele, compró, para que nadie volviese a tocar en él,
+el piano en que habían tocado aquella noche Sol y Keleffy.
+
+ * * * * *
+
+Sonaban por la ciudad alegremente las chirimías, los pífanos y los
+tambores. Los balcones de la calle de la Victoria eran cestos de rosas,
+con todas las damas y niñas de la ciudad asomadas a ellos. Por cada
+bocacalle entraba en la de la Victoria, con su banda de tamborines a la
+cabeza, una compañía de milicianos. Unos llevaban pantalón blanco de
+dril, con casaquín de lana perla, cruzado el pecho de anchas correas
+blancas, con asta plateada. Otros iban de blanco y rojo, blanco el
+pantalón, la casaca roja. Iban otros más de ciudadanos, y aunque menos
+brillantes, más viriles: llevaban un pantalón de azul oscuro y uno como
+gabán corto y justo, cerrado con doble hilera de botones de oro por
+delante: el sombrero era de fieltro negro de alas anchas, con un delgado
+cordón de oro, que caía con dos bellotas a la espalda. En las esquinas
+iban las compañías tomando puesto. ¡Qué conmovedoras las banderas rotas!
+¡Qué arrogantes, y como sacerdotes, los que las llevaban! Parecían altos
+aunque no lo fueran. No parecían bien, cerca de aquellos pabellones
+desgarrados, los banderines de seda y flores de oro en que con letras de
+realce iban bordados los números de las compañías. ¡Qué correr
+desalados, el de los muchachos por las calles! Verdad que hasta los
+hombres mayores, periódico en mano y bastón al aire, corrían. A algunos,
+se les saltaban las lágrimas. Parecía como que de adentro empujaba
+alguien a las gentes. Cuando una banda sonaba a distancia, como si
+estuviera yéndose, los muchachos, aun los más crecidos, corrían tras
+ella, con la cara angustiada, como si se les fuera la vida. Y los más
+pequeños, cruzando de un lado para otro, mirados desde los balcones,
+parecían los granos sueltos de un racimo de uvas. Las nueve serían de la
+mañana, y el cielo estaba alegre, como si le pareciese bien lo que
+sucedía en la tierra. Era el día del año señalado para llevar flores a
+las tumbas de los soldados muertos en defensa de la independencia de la
+patria. Entre compañía y compañía, iban carros enormes en la procesión,
+tirados por caballos blancos, y henchidos de tiestos de flores. Allá en
+el cementerio había, sobre cada tumba, clavada una bandera.
+
+¿Qué caballerín, de los elegantes de la ciudad, no estaba aquella
+mañana, con un ramo de flores en el ojal, saludando a las damas y niñas
+desde su caballo? Los estudiantes, no, esos no estaban por las calles,
+aunque en los balcones tenían a sus hermanas y a sus novias: los
+estudiantes estaban en la procesión, vestidos de negro, y entre
+admirados y envidiosos de los muertos a quienes iban a visitar, porque
+estos, al fin, ya habían muerto en defensa de su patria, pero ellos
+todavía no: y saludaban a sus hermanas y novias en los balcones, como si
+se despidieran de ellas. Los estudiantes fueron en masa a honrar a los
+muertos. Los estudiantes que son el baluarte de la Libertad, y su
+ejército más firme. Las universidades parecen inútiles, pero de allí
+salen los mártires y los apóstoles. Y en aquella ciudad ¿quién no sabía
+que cuando había una libertad en peligro, un periódico en amenaza, una
+urna de sufragio en riesgo, los estudiantes se reunían, vestidos como
+para fiesta, y descubiertas las cabezas y cogidos del brazo, se iban por
+las calles pidiendo justicia; o daban tinta a las prensas en un sótano,
+e imprimían lo que no podían decir; se reunían en la antigua Alameda,
+cuando en las cátedras querían quebrarles los maestros el decoro, y de
+un tronco hacían silla para el mejor de entre ellos, que nombraban
+catedrático, y al amor de los árboles, por entre cuyas ramas parecía el
+cielo como un sutil bordado, sentado sobre los libros decía con gran
+entusiasmo sus lecciones; o en silencio, y desafiando la muerte, pálidos
+como ángeles, juntos como hermanos, entraban por la calle que iba a la
+casa pública en que habían de depositar sus votos, una vez que el
+Gobierno no quería que votaran más que sus secuaces, y fueron cayendo
+uno a uno, sin echarse atrás, los unos sobre los otros, atravesados
+pechos y cabezas por las balas, que en descargas nutridas desataban
+sobre ellos los soldados? Aquel día quedó en salvo por maravilla Juan
+Jerez, porque un tío de Pedro Real desvió el fusil de un soldado que le
+apuntaba. Por eso, cuando los estudiantes pasaban en la procesión,
+vestidos de negro, con una flor amarilla en el ojal, los pañuelos de
+todos los balcones soltábanse al viento, y los hombres se quitaban los
+sombreros en la calle, como cuando pasaban las banderas; y solían las
+niñas desprenderse del pecho, y echar sobre los estudiantes, sus ramos
+de rosas.
+
+En un balcón, con sus dos hermanas mayores y la directora, estaba Sol
+del Valle. En otro, con un vestido que la hacía parecer como una imagen
+de plata, una linda imagen pagana, estaba Adela. Más allá, donde Sol y
+Adela podían verlas, ocupaba un ancho balcón, amparado del sol por un
+toldo de lona, Lucía con varias personas de la familia de su madre, y
+Ana. En una silla de manos habían traído a Ana hasta la casa. Muy mala
+estaba, sin que ella misma lo supiese bien; estaba muy mala. Pero ella
+quería ver, «con su derecho de artista, aquella fiesta de los colores; a
+la tierra le faltaba ahora color, ¿verdad, Juan? Mira, si no, como todo
+el mundo se viste de negro. Quiero oír música, Lucía: quiero oír mucha
+música. Quiero ver las banderas al viento». Y allí estaba en el ancho
+balcón, vestida de blanco, muy abrigada, como si hubiese mucho frío,
+mirando avariciosamente, como si temiera no volver a ver lo que veía, y
+sintiendo como dentro del pecho, porque no se las viesen, le estaban
+cayendo las lágrimas.
+
+Lucía distinguió a Sol, y miró si estaba en el balcón, o dentro, Juan
+Jerez. Sol, no bien vio a Lucía, no quitó de ella los ojos, para que
+supiese que estaba allí, y cuando le pareció que Lucía la estaba viendo,
+la saludó cariñosamente con la mano, a la vez que con la sonrisa y con
+los ojos. Prefería ella que Lucía la mirase, a que la miraran los
+jóvenes mejor conocidos en la ciudad, que siempre hallaban manera de
+detenerse más de lo natural frente a su balcón. A Pedro Real, pagó con
+un movimiento de cabeza, su humilde saludo, cuando pasó a caballo; y no
+lo vio con pena, ni con afecto que debiera afligir a doña Andrea, todo
+lo cual vio Adela desde su balcón, aunque estaba de espaldas. Pero Lucía
+se había entrado por el alma de Sol, desde la noche en que le pareció
+sentir goce cuando se clavó en su seno la espina de la rosa. Lucía,
+ardiente y despótica, sumisa a veces como una enamorada, rígida y
+frenética enseguida sin causa aparente, y bella entonces como una rosa
+roja, ejercía, por lo mismo que no lo deseaba, un poderoso influjo en el
+espíritu de Sol, tímido y nuevo. Era Sol como para que la llevasen en la
+vida de la mano, más preparada por la Naturaleza para que la quisiesen
+que para querer, feliz por ver que lo eran los que tenía cerca de sí,
+pero no por especial generosidad, sino por cierta incapacidad suya de
+ser ni muy venturosa ni muy desdichada. Tenía el encanto de las rosas
+blancas. Un dueño le era preciso, y Lucía fue su dueña.
+
+Lucía había ido a verla; a buscarla en su coche para que paseasen
+juntas; a que fuese a su casa a que la conociera Ana; y Ana la quiso
+retratar; pero Lucía no quiso «porque ahora Ana estaba fatigada, y la
+retrataría cuando estuviese más fuerte», lo que, puesto que Lucía lo
+decía, no pareció mal a Sol. Lucía fue a vestirla una de las noches que
+iba Sol al teatro, y no fue ella: ¿por qué no iría ella? Juan Jerez
+tampoco fue esa noche; y por cierto que esa vez Lucía le llevó, para que
+lo luciese, un collar de perlas: «A mí no me lo conocen, Sol: yo nunca
+me pongo perlas»; pero doña Andrea, que ya había comenzado a dar
+muestras de una brusquedad y entereza desusadas, tomó a Lucía por las
+dos manos con que estaba ofreciendo el collar a Sol, que no veía mucho
+pecado en llevarlo, y mirando a la amiga de su hija en los ojos, y
+apretando sus manos con cariño a la vez que con firmeza, le dijo con
+acento que dejaba pocas dudas: «No, mi niña, no», lo que Lucía entendió
+muy bien, y quedó como olvidado el collar de perlas. A la mañana
+siguiente, a la hora de que Sol fuese a sus clases, fue Lucía a buscarla
+para que diesen una vuelta en el coche por cerca del colegio, y le
+preguntó con ahínco sobresaltado y doloroso, que a quién vio, que quién
+subió a su palco, que a quién llamó la atención, que dónde estaba Pedro
+Real: «¡Oh! Pedro Real, tan buen mozo; ¿no te gusta Pedro Real? Yo creo
+que Pedro Real llamaría la atención en todas partes. Has visto cómo
+desde que te conoce no se ocupa de nadie Pedro Real»; pero pronto acabó
+de hablar de esto Lucía. Quién estaba en el teatro, no le importaba
+mucho saberlo: Juan no había estado; pero ¿a la salida quién estaba? ¿no
+recuerdas quién estaba a la salida? ¿Estaba...? y no acababa de
+preguntar quién había estado. Ni sabía Sol por quién le preguntaba. No:
+Sol no había visto a nadie. Iba muy contenta. La directora la había
+tratado con mucho cariño. Sí, Pedro Real había estado; pero no a
+saludarla: nadie había subido a saludarla. La habían mirado mucho.
+Decían que el cónsul francés había dicho una cosa muy bonita de ella.
+Pero al salir, no, no vio a nadie. Sol quería llegar pronto, porque se
+había quedado triste doña Andrea. Y al llegar en esta conversación al
+colegio, Lucía besó a Sol con tanta frialdad, que la niña se detuvo un
+momento mirándola con ojos dolorosos, que no apearon el ceño de su
+amiga. Y de pronto, por muchos días, cesó Lucía de verla. Sol se había
+afligido, y doña Andrea no; aunque la ponía orgullosa que le quisiesen a
+su hija; pero Lucía no: ella no veía nunca con gusto a Lucía. Un día
+antes de la procesión Lucía había vuelto a la casa de Sol. Que la
+perdonase. Que Ana estaba muy sola. Que Sol estaba más linda que nunca.
+«Mira, mañana te mandaré la camelia más linda que tenga en casa. Yo no
+te digo que vengas a mi balcón, porque.... Yo sé que tú vas al balcón de
+la directora. Pero mira, vas a estar lindísima; ponte la camelia en la
+cabeza, a la derecha, para que yo pueda vértela desde mi balcón». Y le
+tomó las manos, y se las besó; y conforme conversaba con Sol, se pasaba
+suavemente la mano de ella por su mejilla; y cuando le dijo adiós, la
+miraba como si supiera que corría algún peligro, y le avisase de él, y
+cuando fue hacia el coche, ya se le iban desbordando las lágrimas.
+
+--¡Allí está, allí está!--dijo como involuntariamente, y reprimiéndose
+enseguida que lo había dicho, una de las hermanas de Sol, la mayor, la
+que no era bella, la que no tenía más que dos ojos muy negros y
+acariciadores, expresivos y dulces como los de la llama, el animal que
+muere cuando le hablan con rudeza.
+
+--¿Quién?
+
+--No, no era nadie: Juan Jerez, en el balcón de Lucía.
+
+--Sí, ya lo veo. Lucía está mirando para acá--y se desprendió, y volvió a
+prender, para que Lucía lo notase, y supiera que pensaba en ella--.
+Hermanita--dijo de pronto Sol en voz baja--; hermanita, ¿no te parece que
+Juan Jerez es muy bueno? Yo quisiera verlo más. Nunca lo he visto cuando
+he ido a casa de Lucía. Yo no sé qué tiene, pero me parece mejor que
+todos los demás. ¿Tú crees que él querrá mucho a Lucía?
+
+Hermanita no quería decir nada, hacía como que no oía.
+
+--Juan Jerez iba antes algunas veces a casa, antes de que yo saliese del
+colegio; ¿verdad? Cuéntame, tú que lo conoces. Yo sé que él se va a
+casar con Lucía, aunque ella no me habla de él nunca; pero a mí me gusta
+hablar de él. A Lucía no me atrevo a preguntarle, como ella no me
+dice... Él ha sido muy bueno con mamá, ¿no? ¡La directora lo quiere
+tanto! Mira, allí vuelve a pasar Pedro Real: ¡es buen mozo de veras!
+pero yo le hallo unos ojos extraños, no son tan dulces como los de Juan.
+No sé; pero el único que me dijo algo la noche de Keleffy, que no se me
+ha olvidado, fue Juan Jerez.
+
+Hermanita no decía palabra. Se le habían puesto los ojos muy negros y
+grandes como para contener algo que se salía a ellos.
+
+Ella, que no miraba hacia el balcón, sentía que Juan Jerez había tenido
+puesta buen tiempo su mirada larga y bondadosa en Sol. Juan, que
+acariciaba los mármoles, que seguía por las calles a los niños descalzos
+hasta que sabía donde vivían, que levantaba del suelo las flores
+pisadas, si no lo veían, y les peinaba los pétalos, y las ponía donde no
+pudiesen pisarlas más. De la misma manera, y con aquel deleite honrado
+que produce en un espíritu fino la contemplación de la hermosura, había
+Juan mirado a Sol largamente.
+
+Lucía no estaba allí entonces. ¡Pobre Ana! Cuando ya iban pasando los
+últimos soldados, palideció, se le cubrió el rostro de sudor, cerró los
+ojos, y cayó sobre sus rodillas. La llevaron cargada para adentro, a
+volverle el sentido. Parecía una santa, vestida de blanco, con su cara
+amarilla. Lucía no se apartaba de su lado; Ana había vuelto en sí; Lucía
+había mirado ya muchas veces a la puerta, como preguntándose dónde
+estaría Juan. «¿En el balcón? ¡Que no esté en el balcón!». Y aun
+desmayada Ana, por poco no le abandona la mano.
+
+--¡Vete, vete con Juan!--le dijo Ana, apenas abrió los ojos, y le notó el
+trastorno; y con la mano y la sonrisa la echaba hacia la puerta
+suavemente.
+
+--Bueno, bueno, vengo enseguida.
+
+Y fue al balcón derechamente.
+
+--¡Juan!
+
+--¿Y Ana? ¿Cómo está Ana?
+
+El balcón de la directora estaba ya vacío.
+
+--Ya está bien: ya está bien. ¡Yo no sabía dónde tú estabas!
+
+ * * * * *
+
+Y volvemos ahora al pie de la magnolia, cuando ya llevaba días de
+sucedido todo esto, y Sol estaba en una banqueta a los pies de Lucía,
+sentada en un sillón de hierro. Ana, con sus caprichos de madre, había
+querido que le llevasen aquel domingo a Sol. «¡Es tan buena, Lucía! Tú
+no tienes que tenerle miedo: tú también eres hermosa. Mira: yo veo a las
+personas hermosas como si fueran sagradas. Cuando son malas no: me
+parecen vasos japoneses llenos de fango; pero mientras son buenas, no te
+rías, me parece, cuando estoy delante de ellas, que soy un monaguillo y
+que le estoy alzando la cogulla, como en la misa, a un sacerdote. Vamos,
+tráeme a Sol; ¿pero es de veras que Juan no viene hoy?».
+
+--¡Es de veras! Sí, sí; ahora mismo voy, y te traigo a Sol.
+
+Sol vino, y otras amigas de Ana, mas no Adela. Vivía ya Ana en un sillón
+de enfermo, porque andar le era penoso, y reclinarse no podía. Ya, como
+las tardes cuando se está yendo la luz, tenía el rostro a la vez claro y
+confuso, y todo él como bañado de una dulce bondad. Ni deseos tenía,
+porque de la tierra deseó poco mientras estuvo en ella, y lo que Ana le
+hubiera pedido a la tierra, de seguro que en ella no estaba, y tal vez
+estaría fuera de ella. Ni sentía Ana la muerte, porque no le parecía a
+ella que fuese muerte aquello que dentro de sí sentía crecientemente, y
+era como una ascensión. Cosas muy lindas debía ver, conforme se iba
+muriendo, sin saber que las veía, porque se le reflejaban en el rostro.
+La frente la tenía como de cera, alta y bruñida, y hundidas las paredes
+de las sienes. Aquellos ojos eran una plegaria. Tenía fina la nariz,
+como una línea. Los labios violados y secos, eran como una fuente de
+perdón. No decía sino caridades. Sola, sí, no quería estar ella. Tampoco
+se quiere estar solo cuando se va a entrar en un viaje: tampoco, cuando
+se está en las cercanías de la boda. Es lo desconocido, y se le teme. Se
+busca la compañía de los que nos aman. Y más que con otras se había
+encariñado Ana, en su enfermedad, con Sol, cuya perfecta hermosura lo
+era más, si cabe, por aquel inocente abandono que de todo interés y
+pensamiento de sí tenía la niña. Y Ana estaba mejor cuando tenía a Sol
+cogida de la mano, en cuyas horas Lucía, sentada cerca de ellas, era
+buena.
+
+Dormía Ana en aquellos momentos, cuando en el patio hablaban Lucía y
+Sol. Hablaban del colegio, que había dado su examen en aquella semana, y
+dejaba a Sol libre durante dos meses: y a Sol no le gustaba mucho
+enseñar, no, «pero sí me gusta: ¿no ves que así no pasa mamá apuros?
+¡Mamá!». Y Sol contaba a Lucía, sin ver que a esta al oírlo se le
+arrugaba el ceño, cómo inquietaban a doña Andrea los cuidados de Pedro
+Real, de que no hablaba la señora, porque la niña no se fijase más en
+él; pero ella no, ella no pensaba en eso.
+
+--No, ¿por qué no?
+
+--No sé: yo no pienso todavía en eso; me gusta, sí, me gusta verle pasear
+la calle y cuidarse de mí; pero más me gusta venir acá, o que tú vayas a
+verme, y estar con Ana y contigo. Luego, Pedro Real me da miedo. Cuando
+me mira, no me parece que me quiere a mí. Yo no sé explicarlo, pero es
+como si quisiera en mí otra cosa que no soy yo misma. Porque a mí me
+parece, ¡anda, Lucía, tú puedes decirme de eso! a mí me parece que
+cuando un hombre nos quiere, debemos como vernos en sus ojos, así como
+si estuviéramos en ellos, y dos veces que he visto de cerca a Pedro
+Real, pues no me ha parecido encontrarme en sus ojos. ¿No es, verdad,
+Lucía, que cuando a uno lo quieren le sucede a uno eso?
+
+En la mano de Lucía se encogió de pronto el cabello de Sol con que
+jugaba.
+
+--¡Ay! me haces daño.
+
+--¿Quieres que vayamos a ver cómo está Ana?
+
+Y ya se estaba poniendo en pie para ir a verla, y arreglándose Sol los
+cabellos, aquellos cabellos suyos finos, de color castaño con reflejos
+dorados, cuando a un tiempo se oyeron dos diversos ruidos: uno en el
+cuarto de Ana, como de mucha gente que se moviera y hablara
+agitadamente, otro a la puerta de la calle, donde, con aire
+desembarazado, saltaba un hombre opuesto, de una mula de camino.
+
+--¡Juan!--murmuró Lucía, poniéndose más blanca que las camelias.
+
+--¿Juan Jerez?--dijo Sol alegrándosele el rostro, y acabando
+apresuradamente de sujetarse las trenzas.
+
+Lucía, en pie y ceñuda, y con los ojos puestos sobre Sol, a quien
+turbaba aquel silencio, aguardó apoyada en la silla de hierro, a Juan
+que, reparando apenas en Sol, venía hacía su prima con las manos
+tendidas.
+
+--Señorita Sol, ¿qué me le ha hecho a mi Lucía? ¿Por qué no sales a
+recibirme? ¿para castigarme porque por verte hoy he andado veintidós
+leguas en mula?
+
+A Lucía se le veían temblar los labios imperceptiblemente, y como crecer
+los ojos. Su mano se sacudía entre las de Juan, que la miraba con
+asombro.
+
+Sol hacía como que sobre una mesita un poco alejada arreglaba las flores
+de un vaso.
+
+--Lucía, ¿qué tienes?
+
+--¡Sol, Lucía, vengan!--dijo acercándose a ellas una de sus amigas que
+salía del cuarto de Ana precipitadamente--. Ah, Juan, que bueno que esté
+aquí. Ve, Lucía, ve, yo creo que Ana se muere.
+
+--¡Ana!
+
+--Sí, mande enseguida por el médico.
+
+Saltó Juan en la mula, y echó a escape. Sol ya estaba al lado de Ana,
+Lucía miró muy despacio a la puerta de la calle, miró con ira a aquella
+por donde había entrado Sol, y se quedó unos momentos de pie, sola en el
+patio, los dos brazos caídos, y apretados a los costados, fijos los ojos
+delante de sí tenazmente. Y echó a andar hacia el cuarto de Ana después
+de haber mirado a su alrededor a todos los lados, como si temiese.
+
+ * * * * *
+
+¡Al campo! ¡al campo! Todos van al campo. Todos, sí, todos. Adela y
+Pedro Real, Lucía y Juan, y Ana y Sol. Y, por supuesto, las personas
+mayores que por no influir directamente en los sucesos de esta narración
+no figuran en ella. ¡Al campo todos!
+
+El médico llegó aquel domingo en momentos en que Ana abría los ojos, que
+a Sol arrodillada al borde de su cama fue lo primero que vieron.
+
+--¡Ah, tú, Sol!--y Sol le pasaba la mano por la frente, y le apartaba de
+ella los cabellos húmedos.
+
+Lucía arreglaba las almohadas de manera que Ana pudiera estar como
+sentada. Sus amigas todas rodeaban la cama, y Ana, sin fuerzas aun para
+hablar, les pagaba sus miradas de angustia con otras de reconocimiento.
+Parecía que era dichosa. Sol quiso retirar la mano con que tenía asida
+la de Ana; pero Ana la retuvo.
+
+--¿Qué ha sido, eh, qué ha sido? Sentí como si todo un edificio se
+hubiese derrumbado dentro de mí. Ya, ya pasó. Ya estoy bien. Y se le
+cayó la cabeza al otro lado de las almohadas.
+
+El médico la halló de esta manera, le puso el oído sobre el corazón,
+abrió de par en par la ventana y las puertas, y aconsejó que solo
+quedase junto a ella la persona que ella desease.
+
+Ana, que parecía no oír, abrió los ojos, como si el aire le hubiese
+hecho bien, y dijo:
+
+--Juan ha llegado, Lucía.
+
+--¿Cómo sabes?
+
+--Vete con Juan, Lucía. Sol, tú te quedas.
+
+Miró Sol a Lucía, como preguntándole; a Lucía, que estaba en pie al lado
+de la cama, duros los labios y los brazos caídos.
+
+Juan llamaba a la puerta en este instante, y el médico lo entró en el
+cuarto, de la mano.
+
+--Venga a decirme si no es locura pensar que corre riesgo esta linda
+niña--y con los ojos, desdecía el médico sus palabras--. Pero es
+indispensable que la enfermita vea el campo. Es indispensable. No me
+pregunte usted qué remedio necesita--dijo el médico clavando los ojos en
+Juan--. Mucho reposo, mucho aire limpio, mucho olor de árboles.
+Llévenmela donde haya calor, estos tiempos húmedos pueden hacerle mucho
+daño. Si mañana mismo pueden ustedes disponer el viaje, sea mañana
+mismo. Pero, niña, no se me vaya a ir sola. Lleve gente que la quiera, y
+que la arrope bien por las mañanitas y por las tardes. ¿Y esta
+señorita?--añadió volviéndose a Sol--. Y creo que usted se me pone buena
+si lleva consigo a esta señorita.
+
+--Oh, sí, Sol va conmigo; ¿no, Juan?
+
+--Por supuesto--dijo Juan vivamente, pensando con placer en que así se
+regocijaría Ana, cuya afición a Sol le era ya conocida, y se daría una
+prueba de estimación a la pobre viuda--: por supuesto que la llevamos. Va
+a ser una gala de los ojos ver ir por un caminito de rosales que yo me
+sé, cogidas del brazo, a Sol, Ana y Lucía. Lucía, mañana nos vamos. Sol,
+voy ahora a su casa a pedirle permiso a doña Andrea. ¿Te parece, Lucía
+que invitemos a Adela y a Pedro Real? ¡Upa, Ana, upa! Allá tengo unos
+inditos en el pueblo que te van a dar asunto para un cuadro delicioso.
+¿Vamos, doctor?--acarició Juan una mano de Ana, besó la de Lucía, con un
+beso que la regañaba dulcemente y salió al corredor, hablando como muy
+contento, con el médico.
+
+Ana llamó a Lucía con una mirada, y así que la tuvo cerca de sí, sin
+decir palabra, y sonriendo felizmente, trajo sobre su seno con un
+esfuerzo las manos de Lucía y de Sol, que estaban cada una a un lado de
+ella, y paseando sus ojos por sobre sus cabezas, como conversándoles,
+retuvo largo tiempo unidas las manos de ambas niñas bajo las suyas.
+
+Y Sol miró a Lucía de tan linda manera, que no bien Ana se quedó como
+dormida, se acercó Lucía a Sol, la tomó por el talle cariñosamente, y
+una vez en su cuarto, empezó a vaciar con ademanes casi febriles sus
+cajas y gavetas.
+
+--Todo, todo, todo es para ti--y Sol quería hablar, y ella no la dejaba--.
+Mira, pruébate este sombrero. Yo nunca me lo he puesto. Pruébatelo,
+pruébatelo. Y este, y este otro. Esos tres son tuyos. Sí, sí, no me
+digas que no. Mira, trajes: uno, dos, tres. Este es el más bonito para
+ti. ¿Oyes? Yo quiero mucho a Pedro Real. Yo quiero que tú quieras a
+Pedro Real. Que te vea muy bonita. Que te vean siempre más bonita que
+yo. Pero óyeme, a Juan no me lo quieras. Tú déjame a Juan para mí sola.
+Enójalo. Trátalo mal. Yo no quiero que tú seas su amiga. ¡No, no me
+digas nada! sí, es chanza, sí, es chanza. ¿Ves? Este vestido malva sí te
+va a estar bien. A ver, qué bien hace con tu pelo castaño. ¿Ves? Es muy
+nuevo. Tiene el corpiño como un cáliz de flor, un poco recto; no como
+esos de ahora, que parecen una copa de champaña: muy delgados en la
+cintura, y muy anchos en los hombros. La saya es lisa; no tiene
+tableados ni pliegues; cae con el peso de la seda hasta los pies. ¿Ves?
+a mí me está muy corta. A ti te estará bien. Es un poco ancha, a lo
+Watteau. ¡Mi pastorcita! ¡mi pastorcita! Yo nunca me la he puesto. ¿Tú
+sabes? A mí no me gustan los colores claros. ¡Ah! mira: aquí tienes--y
+escondía algo con las dos manos cerradas detrás de su espalda--, aquí
+tienes, y no te lo vas a quitar nunca, aunque se nos enoje doña Andrea.
+Cierra los ojos.
+
+Los cerró Sol venturosa de verse tan querida por su amiga, y cuando los
+abrió, se vio en el brazo, e hizo por quitarse con un gesto que Lucía le
+detuvo, un brazalete de cuatro aros de perlas margaritas.
+
+--Sí, sí, es muy rico; pero yo quiero que tú lo tengas. No: nada, nada
+que me digas: ¿ves? yo tengo aquí otro, de perlas negras. ¡Y nunca,
+nunca te lo quites! Yo quiero ser muy buena--y la tomó de las dos manos,
+y la besó en las dos mejillas apasionadamente--. ¡Ven, vamos a ver a Ana!
+
+Y salieron del cuarto, cogidas del talle.
+
+¡Al campo, al campo! Doña Andrea no sabe que va Pedro Real; que si lo
+supiese, no dejaría ir a Sol: aunque a Juan ¿qué le negaría ella? ¡A
+Juan! Ese, ese era el que ella hubiera querido para Sol. «Bueno, Juan:
+que no salga al sol mucho». Juan preguntó en vano por la hermana mayor,
+por Hermanita. Ella estaba en la casa cuando entró él; pero ahora no:
+estará en casa de alguna vecina. ¡No, Hermanita estaba allí; estaba en
+el comedor, detrás de las persianas! Ella veía a quien no la veía.
+«¡Cierra los ojos, Hermanita, no veas a lo que no debes ver!». Y cuando
+Juan salió, las persianas se entornaron, como unos ojos que se cierran.
+
+¡Al campo, al campo! Cuatro mulas tiran del carruaje, con collares de
+plata y cencerro, porque Ana vaya alegre: y las mulas llevan atadas en
+el anca izquierda unas grandes moñas rojas, que lucen bien sobre su piel
+negra. El cochero es Pedro Real, que lleva al lado a Adela, en la
+imperial, Juan y Lucía, adentro, con la gente mayor, que es muy
+respetable, pero no nos hace falta para el curso de la novela, Ana
+sentada entre almohadas, muy mejor con el gozo del viaje, con su
+cuaderno de apuntes en la falda, para copiar lo que le guste del camino,
+que ya le perece que está buena, y Sol a su lado, con un vestido de
+sedilla color de ópalo, tranquila y resplandeciente como una estrella.
+
+Pedro Real se mordió el bigote rizado cuando vio que no iba a ser Sol su
+compañera en el pescante. Y con Adela iba muy cortés. Pero ¿Ana no
+necesitaría nada? Juan, ¿irá Ana bien? Deberíamos bajar. ¡Voy a bajar un
+momento, a ver si Ana va bien! Bajó muchos momentos. Y las mulas, aunque
+diestras, más de una vez se iban un poco del camino, como si no
+estuviese bastante puesto en ellas el pensamiento del cochero.
+
+Era como de seis leguas el camino, y todo él a un lado y otro de tan
+frondosa vegetación que no había manera de tener los ojos sino en
+constante regalo y movimiento. Porque allá al fondo era un bosque de
+cocoteros, o una hilera de palmas lejanas que iba a dar en la garganta
+de dos montes; ya era, al borde mismo del camino, una pendiente llena de
+flores azules y amarillas que remataba en un río de espumas blancas,
+nutrido con las aguas de la sierra, o eran ya a la distancia, imponentes
+como dos mensajes de la tierra al cielo, dos volcanes dormidos, a cuya
+falda serpeada por arroyuelos de agua blanca viva y traviesa, se
+recogían, como siervos azotados a los pies de sus dueños, las ciudades
+antiguas, desdentadas y rotas, en cuyos balcones de hierro labrado,
+mantenidos como por milagro sin paredes que los sustentasen sobre las
+puertas de piedra, crecían en hilos que llegaban hasta el suelo copiosas
+enredaderas de ipomea. De una iglesia que tuvo los techos pintados, y
+dorados de oro fino de lo más viejo de América los capiteles de los
+pilares, quedaba en pie, como una concha clavada en tierra por el borde,
+el fondo del altar mayor, cobijado por una media bóveda: un bosquecillo
+había crecido al amor del altar; la pared interior, cubierta de musgo,
+le daba desde lejos apariencia de cueva formidable; y era cosa común y
+sumamente grata ver salir de entre los pedruscos florecidos, al menor
+ruido de gente o de carruajes, una bandada de palomas. Otra iglesia, de
+que no había quedado en pie más que el crucero, tenía el domo
+completamente verde, y las paredes de un lado rosadas y negras, como los
+bordes de una herida. Y por el suelo no podía ponerse el pie sin que
+saltase un arroyo.
+
+Llegaron a los volcanes; pasaron por las ciudades antiguas: más allá
+iban; y no se detuvieron. Lucía, a la sombra de su quitasol rojo, se
+sentía como la señora de toda aquella natural grandeza, y como si el
+mundo entero, de que tenía a los ojos hermosa pintura, no hubiera sido
+fabricado más que para cantar con sus múltiples lenguas los amores de
+Lucía Jerez y de su primo. Y se veía ella misma lo interior del cráneo
+como si estuviese lleno de todas aquellas flores: lo que le sucedía
+siempre que estaba sola, con Juan Jerez al lado. Adela y Pedro hablaban
+de formalísimos sucesos, que tenían la virtud de poner a Adela
+contemplativa y silenciosa, dando a Pedro ocasión para ir callado buena
+parte del camino, lo cual aprovechaba él en celebrar consigo mismo
+animados coloquios: y a cada instante era aquello de: «Juan, ¿cómo
+estará Ana? Bajaré un instante, a ver si se le ofrece algo a Ana». Y
+Lucía reía, y daba por cosa cierta que, aunque Sol era niña recatada, ya
+le había dicho que Pedro Real le parecía muy bien, y se la veía que le
+llevaba en el alma: lo que a Juan no parecía un feliz suceso, aunque
+prudentemente lo callaba. Adentro del carruaje, la dichosa Sol era toda
+exclamaciones: jamás, jamás, en su vida de huérfana pobre, había visto
+Sol correr los ríos, vestirse a los bosques fuertes de campanillas
+moradas y azules, y verdear y florecer los campos. De un color de rosa
+de coral se le teñían las mejillas, y el ónix de México no tuvo nunca
+mayor transparencia que la tez fina de Sol, en aquella mañana de ventura
+en la naturaleza. ¡Ay! la buena Ana sonreía mucho, pero había olvidado
+levantar de su falda el cuaderno de notas.
+
+ * * * * *
+
+Y de pronto sonaron unas músicas; se oscureció el camino como por una
+sombra grata, y refrenaron las mulas el paso, con gran ruido de hebillas
+y cencerros. De un salto estaba Pedro a la portezuela del carruaje, al
+lado de Sol, preguntándole a Ana qué se le ofrecía. Pero aquí bajaron
+todos, y Sol misma, que se volvió pronto al carruaje, para acompañar a
+Ana, y animarla a tomar del breve almuerzo que los demás, sentados en
+torno de una mesa rústica, gustaban con vehemente apetito, sazonado por
+chistes que el piadoso Juan encabezaba y atraía, porque los oyese Ana
+desde su asiento en el coche, traído a este propósito cerca de la mesa.
+
+Allí, en las tazas de güiro posadas en trípodes de bejuco recién cortado
+de las cercanías, hervía la leche que, a juzgar por lo fragante y
+espumosa, acababa de salir de la vaca de Durham que asomó su cabeza
+pacífica por uno de los claros de la enredadera. Porque era aquel lugar
+un lindo parador, techado y emparrado de verdura, puesto allí por los
+dueños de la finca, para que los visitantes hiciesen de veras, al llegar
+de la ciudad, su almuerzo a la manera campesina. Allí el queso, que
+manaba la leche al ser cortado, y sabía ricamente con las tortas de maíz
+humeantes que servía la indita de saya azul, envueltas en paños blancos.
+Allí unos huevos duros, o blanquillos, que venían recostados, cada uno
+en su taza de güiro, sobre unas yerbas de grata fragancia, que olían
+como flores. Allí, en la cáscara misma del coco recién partido en dos,
+la leche de la fruta, con una cucharilla de coco labrado que la
+desprendía de sus tazas naturales. Y mientras duraba el almuerzo, unos
+indios, descalzos y en sus trajes de lona, puestos en tierra sus
+sombreros de palma, tocaban, bajo otro paradorcillo más lejano,
+dispuesto para ellos, unos aires muy suaves de música de cuerda, que
+blandamente templada por el aire matinal y la enredadera espesa, llegaba
+a nuestros alegres caminantes como una caricia. Adela solo reía
+forzadamente. Violencia tenía que hacerse Sol para no palmotear en el
+carruaje. Muy feamente arrugó el ceño Lucía una vez que se acercó Juan a
+la portezuela del lado de Ana, y habló con ella, haciéndola reír, unos
+minutos: y en cuanto oyó reír a Sol, dejó Lucía su asiento, y se fue
+ella también a la portezuela. ¡Ea! ¡Ea! ya tocan diana, que es el toque
+de bienvenida y adiós, los indios habilidosos. La indita de saya azul da
+a gustar a la vaca mirona una de las tazas de coco abandonadas. Al
+pescante van Pedro y Adela: Lucía, menos contenta, a la imperial con
+Juan. Ya la casa de la finca, toda blanca, de techo encarnado, se ve a
+poca distancia. Ana ya va muy pálida; y las mulas, al olor del pesebre,
+vuelan camino arriba, bajo la bóveda de espesos almendros que llenan la
+avenida con sus hojas redondas y sus verdes frutas.
+
+ * * * * *
+
+Mucha, mucha alegría. Lucía también estaba alegre, aunque no estaba Juan
+allí. Porque no estaba Juan: el pleito de los indios, aunque aquellos
+eran días de receso en tribunales como en escuelas, le había obligado a
+volver al pueblecito, si no quería que un gamonal del lugar, que tenía
+grandes amigos en el Gobierno, hurtase con una razón u otra a los indios
+la tierra que la energía de Juan había logrado al fin les fuese punto
+menos que reconocida en el pleito. Los indios habían salido de la
+iglesia con su música, el domingo antes, apenas se supo que Juan no
+esperaría el tren del día siguiente: y cuando le trajeron a Juan la
+mula, vio que la habían adornado toda con estrellas y flores de palma, y
+que todo el pueblo se venía tras él, y muchos querían acompañarle hasta
+la ciudad. Una viejita, que venía apoyada en su palo, le trajo un
+escapulario de la Virgen, y una guapa muchacha, con un hijo a la espalda
+y otro en brazos, llegó con su marido, que era un bello mancebo, a la
+cabeza de la mula, puso al indito en alto para que le diese la mano al
+«caballero bueno»; y muchos venían con jarras de miel cubiertas con
+estera bien atada, u otras ofrendas, como si pudiesen dar para tanto las
+ancas de la caballería, muy oronda de toda aquella fiesta; y otro
+viejito, el padre del lugar, mi señor don Mariano, que jamás había
+bebido de licor alguno, aunque él mismo trabajaba el de sus plantíos
+propios, llegó, apoyado en sus dos hijos, que eran también como
+senadores del pueblo, y con los brazos en alto desde que pudo divisar a
+Juan, y como si hubiera al cabo visto la luz que había esperado en vano
+toda su vida: «Abrazarlo--decía--. ¡Déjenme abrazarlo! ¡Señor, todito este
+pueblo lo quiere como a su hijo!». De modo que Juan, a quien había
+conmovido aquellos cariños, dejó la finca, dos días después de haber
+llegado a ella, no bien supo que los indios, a pesar de su esfuerzo,
+corrían peligro de que se les quitase de las manos la posesión temporal
+que, en espera de la definitiva, había Juan obtenido que el juez les
+acordase--el juez, que había recibido el día anterior de regalo del
+gamonal un caballo muy fino.
+
+ * * * * *
+
+Mucha, mucha alegría. Lucía misma, que en los dos días que estuvo allí
+Juan le dio ocasión de extrañeza con unos cambios bruscos de disposición
+que él no podía explicarse, por ser mayores y menos racionales que los
+que ya él le conocía, estaba ahora como quien vuelve de una enfermedad.
+
+Era la casa toda de los visitantes, por no estar en ella entonces sus
+dueños, que eran como de la familia de Juan Pedro, al anochecer, salía
+de caza, porque era el tiempo de la de los conejos, por allí
+abundantísimos. De los que traía muertos en el zurrón no hablaba nunca,
+porque Ana no se lo había de perdonar, por haber todavía en este mundo
+almas sencillas que no hallan placer en que se mate, a la entrada misma
+de la cueva donde tiene a su compañera y a su prole, a los pobres
+animales que han salido a descubrir, para mudarse de casa, algún rincón
+del bosque rico en yerbas.
+
+Pero los conejos, de puro astutos, suelen caer en las manos del cazador;
+porque no bien sienten ruido, se hacen los muertos, como para que no los
+delate el ruido de la fuga, y cierran los ojos, cual si con esto cerrase
+el cazador los suyos, quien hace por su parte como que no ve, y echada
+hacia la espalda la escopeta, por no alarmar al conejo que suele
+conocerla, se va, mirando a otro lado, sobre la cama del conejo, hasta
+que de un buen salto le pone el pie encima y así lo coge vivo: una vez
+cogió tres, muy manso el uno, de un color de humo, que fue para Ana:
+otro era blanco, al cual halló manera de atarle una cinta azul al
+cuello, con que lo regaló a Sol; y a Lucía trajo otro, que parecía un
+rey cautivo, de un castaño muy duro, y de unos ojos fieros que nunca se
+cerraban, tanto que a los dos días, en que no quiso comer, bajó por
+primera vez las orejas que había tenido enhiestas, mordió la cadenilla
+que lo sujetaba, y con ella en los dientes quedó muerto.
+
+ * * * * *
+
+Paseos, había pocos. Sin Ana, ¿quién había de hacerlos? Con ella no se
+podía. Ni Sol dejaba a Ana de buena voluntad; ni Lucía hubiera salido a
+goce alguno cuando no estaba Juan con ella. Adela, sí, había trabado
+amistades con una gruesa india que tenía ciertos privilegios en la casa
+de la finca, y vivía en otra cercana, donde pasaba Adela buena parte del
+día, platicando de las costumbres de aquella gente con la resuelta
+Petrona Revolorio: «y no crea la señorita que le converso por servicio,
+sino porque le he cobrado afición». Era mujer robusta y de muy buen
+andar, aunque esto lo hacía sobre unos pies tan pequeños que no había
+modo de que Petrona llegara a ver a «sus niños» sin que le pidieran que
+los enseñase, lo cual ella hacía como quien no lo quiere hacer, sobre
+todo cuando estaba delante el niño Pedro. Las manos corrían parejas con
+los pies, tanto que algunas veces las niñas se las pedían y acariciaban;
+llevaba una simple saya de listado, y un camisolín de muselina
+transparente, que le ceñía los hombros y le dejaba desnudos los hermosos
+brazos y la alta garganta. Era el rostro de facciones graciosas y
+menudas, de tal modo que la boca, medio abierta en el centro y recogida
+en dos hoyuelos a los lados, no era en todo más grande que sus ojos. La
+naricilla, corta y un tanto redonda y vuelta en el extremo, era una
+picardía. Tenía la frente estrecha, y de ella hacia atrás, en dos bandas
+no muy lisas, el cabello negro, que en dos trenzas copiosas, veteadas de
+una cinta roja, llevaba recogida en cerquillo, como una corona, sobre lo
+alto de la cabeza. Un chal de listado tenía siempre puesto y caído sobre
+un hombro; y no había quien, cuando remataba una frase que le parecía
+intencionada, se echase por la espalda con más brío el chal de listado.
+Luego echaba a correr, riendo y hablando en una jerga que quería ser muy
+culta y ciudadana; y se iba a preparar a la niña Ana, lo cual hacía muy
+bien, unos tamales de dulce de coco y un chocolatillo claro, que era lo
+que con más gusto tomaba, por lo limpio y lo nuevo, nuestra linda
+enferma. Y mientras Ana los gustaba, Petrona Revolorio, con el chal
+cruzado, se sentaba a sus pies «no por servicio, sino porque le había
+cobrado afición» y le hacía cuentos.
+
+¿El alba, sin que Petrona Revolorio estuviese a la puerta del cuarto de
+la niña Ana con su cesta de flores, que ella misma quería ponerle en el
+vaso y ver con sus propios ojos, cómo seguía la niña? «¡Mi niñita:
+mírenla que galana está hoy!; se lo voy a decir al niño Pedro que nos dé
+un baile de convite a las señoras, y vamos a sacarla a bailar con el
+niño Pedro. ¡Y él sí que es galán también, el niño Pedro! Mire, mi
+niñita: no le traigo de esos jazminotes blancos, porque los de acá
+huelen muy fuerte; pero aquí le pongo, en este vaso azul, esos jazmines
+de San Juan, que acá se dan todo el año y huelen muy bien de noche. Con
+que, mi niñita, prepárese para el baile, y que le voy a prestar un chal
+de seda encarnada que yo tengo, que me la va a poner más linda que la
+misma niña Sol. ¡Cómo está que se muere el niño Pedro por la niña Sol!
+Pero yo no sé qué tiene la niña Adela, que está como aburrida. ¿Quiere
+mi niñita los tamales hoy de coco, o de carnecita fresca? Ayer maté un
+cochito, que está de lo más blando: era el cochito rosado, ¡y la carne
+está como merengue! ¡Jesús, mi niñita, no me diga eso! Si yo me muero
+por servirla: mire que yo soy como las tacitas de coco, que dicen en
+letras muy guapas: 'yo sirvo a mi dueña'. Voy a poner la puerta de mi
+casa llena de tiestos de flores, y a alquilar a los músicos, el día que
+mi niñita vaya a verme. ¡Y, eso que yo no se lo hago a nadie: porque no
+lo hago por servicio, sino porque le he cobrado mucha afición!».
+
+ * * * * *
+
+Y Pedro, como que con la ausencia de Juan venía a ser el caballero
+servidor de las cuatro niñas, ¿qué había de hacer sino estarlas
+sirviendo, y mucho mejor cuando no estaba cerca Adela, y mejor aun
+cuando no estaba junto a Ana, que no ponía buenos ojos cuando miraba a
+la vez a Sol y a Pedro, y mejor que nunca cuando por algún acaso Lucía y
+Sol estaban solas? Y siempre entonces tenía Lucía algo que hacer, ir de
+puntillas a ver si seguía durmiendo Ana, ver si habían puesto de beber a
+los pajaritos azules, preguntar si habían traído la leche fresca que
+debía tomar Ana al despertarse: siempre tenía Lucía, cuando Pedro y Sol
+podían quedarse solos, alguna cosa que hacer.
+
+Era el lugar de conversación un colgadizo espacioso, de tablilla bruñida
+el pavimento: la baranda--como toda la casa, de madera--abierta en tres
+lados para las tres escalerillas que llevaban al jardín que había al
+frente de la casa. Estaba el colgadizo siempre en sombra, porque lo
+vestía de verdor una enredadera copiosísima, esmaltada de trecho en
+trecho por unos ramos de florecitas rojas. Colgaban del techo pintado el
+fresco de unas caprichosas guirnaldas de hojas y flores como las de la
+enredadera, unos cestos de alambre cubiertos de cera roja, que les hacía
+parecer de coral, todos llenos de florecillas naturales, brillantes y
+pequeñas, y a menudo adornados con las hebras de una parásita que crecía
+sobre los árboles viejos de la finca, y era, por su verde blancuzco y
+por crecer en hilos, como las canas de aquella arboleda. En los tramos
+de pared, entre las ventanas interiores, realzadas con unas líneas de
+vivo encarnado, había unos grandes estudios de flores en madera, pintada
+con los colores naturales por los artistas del país, con propiedad muy
+grande: dos de los cuadros eran de magnolia, la una casi abierta, y con
+cierta hermosura de emperatriz; la otra aun cerrada en su propia rama: y
+otros dos cuadros eran de las flores pomposas del marpacífico, con sus
+hojas de rojo encendido, agrupadas de modo que realzase su natural
+tamaño y hermosura.
+
+Y allí, a la suave sombra, contaba Pedro maravillas y glorias europeas a
+Ana, que le oía con cariño--a Adela, que hacía como si no le
+interesasen--, a Lucía, que pensaba con amorosa cólera en Juan, en Juan,
+que no debía venir, porque estaba allí Sol, en Juan, que debía venir
+puesto que estaba Lucía--y a Sol contaba también aquellas historias,
+quien sin desagrado ni emoción las escuchaba y con sus hábitos de niña
+huérfana, azorada a veces de la súbita rudeza que templaba Lucía luego
+con arrebatos afectuosos, solo se sentía dueña de sí cerca de quien la
+necesitaba, y ni con Adela, que parecía esquivarla, ni con la misma
+Lucía, aunque esto le pesaba mucho, tenía ya la naturalidad y abandono
+que con Ana, con Ana a quien aquellos aires perfumados y calurosos
+habían vuelto, si no el color al rostro, cierta facilidad a los
+movimientos y unos como asomos de vida.
+
+Hallaba Pedro con asombro que el atrevimiento desvergonzado y
+celebración excesiva a que se reduce, casi siempre pagado deprisa y con
+usura por las mujeres, todo el arte misterioso de los enamoradores, no
+le eran posibles ante aquella niña recién salida del colegio, que con
+franca sencillez, y mirándole en los ojos sin temor, decía en alto como
+materia de general conversación lo que con más privado propósito dejaba
+Pedro llegar discretamente a su oído. Era la niña de tal hermosura que
+llevaba consigo, y de sí misma, la majestad que la defiende; y lo usual
+iba siendo que cuando Lucía encontraba modo de ir a ver si los pajaritos
+azules tenían agua, o si había llegado la leche fresca, no mudarse la
+conversación entre Sol y Pedro, abierta por lo demás y no muy amena, del
+asunto en que se estaba antes de que Lucía fuera a ver los pájaros. Ni
+había cosa que a Lucía pusiese en mayor enojo que hallarlos conversando,
+cuando volvía, de la caza de ayer, del jabalí en preparación, de las
+fiestas de cacería en los castillos señoriales de Europa, de la pobre
+Ana, de los tamales de Petrona Revolorio. Y Pedro, de otras mujeres tan
+temido, era con la mayor tranquilidad puesto por Sol, ya a que le leyese
+la _Amalia_ de Mármol o la _María_ de Jorge Isaacs, que de la ciudad les
+habían enviado, ya, para unos cobertores de mesa que estaba bordando a
+la directora, a que devanase el estambre.
+
+ * * * * *
+
+--Sí, sí, hoy estaba muy hermosa. Dime, tú, espejo: ¿la querrá Juan? ¿la
+querrá Juan? ¿Por qué no soy como ella? Me rasgaría las carnes: me
+abriría con las uñas las mejillas. Cara imbécil, ¿por qué no soy como
+ella? Hoy estaba muy hermosa. Se le veía la sangre y se le sentía el
+perfume por debajo de la muselina blanca.
+
+Y se sentaba Lucía, sola en su cuarto en una silla sin espaldar, sin
+quitarse los vestidos, ya a más de medianoche, y a poco rato se
+levantaba, se miraba otra vez al espejo, y se sentaba nuevamente, la
+cara entre las manos, los codos en las rodillas. Luego rompía a
+hablarse:
+
+--Yo me veo, sí, yo me veo. ¿Qué es lo que tengo, que me parezco fea a mí
+misma? Y yo no lo soy, pero lo estoy siendo. Juan lo ha de ver; Juan ha
+de ver que estoy siendo fea. ¡Ay! ¡por qué tengo este miedo! ¿Quién es
+mejor que Juan en todo el mundo? ¿Cómo no me ha de querer él a mí, si él
+quiere a todo el que lo quiere? ¿quién, quién lo quiere a él más que yo?
+Yo me echaría a sus pies. Yo le besaría siempre las manos. Yo le tendría
+siempre la cabeza apretada sobre mi corazón. ¡Y esto ni se puede decir,
+esto que yo quisiera hacer! Si yo pudiera hacer esto, él sentiría todo
+lo que yo lo quiero, y no podría querer a más nadie. ¡Sol! ¡Sol! ¿quién
+es Sol para quererlo como yo lo quiero? ¡Juan!... ¡Juan!...
+
+Y conteniendo la voz se iba hacia la ventana abierta, y tendía las manos
+como sin querer, llamando a Juan a quien acababa de escribir sin decirle
+que viniese.
+
+Empujó violentamente las dos hojas de la ventana, y arrodillándose de
+repente junto a ella, sacó afuera, como a que el aire se la humedeciese,
+la cabeza; y la tuvo apoyada algún tiempo sobre el marco, sin que le
+molestase aquella almohada de madera.
+
+--¡No puede ser! ¡no puede ser!--dijo levantándose de pronto--: Juan va a
+quererla. Lo conozco cada vez que la mira. Se sonríe, con un cariño que
+me vuelve loca. Se le ve, se le ve que tiene placer en mirarla. Y luego
+¡esa imbécil es tan buena! No es mentira, no: es buena. ¿Yo misma, yo
+misma no la quiero? ¡Sí, la quiero, y la odio! ¿Qué sé yo qué es lo que
+me pasa por la cabeza? ¡Juan, Juan, ven pronto; Juan, Juan, no vengas!
+
+¿Cómo no ha de quererla Juan?--decía la infeliz, entre golpes de
+lágrimas, a los pocos momentos, siendo aquel llanto de Lucía extraño,
+porque no venía a raudal y de seguida, aliviando a la que lloraba, sino
+a borbotones e intervalos, sofocándola y exaltándola, parecido al agua
+que baja, tropezando entre peñas, por los torrentes--. ¿Cómo no ha de
+quererla Juan, si no hay quien ame lo hermoso más que él, y la Virgen de
+la Piedad no es tan hermosa como ella? Juan.... Juan...--decía en voz
+baja, como para que Juan viniese sin que nadie lo viera--; ¡sin que Sol
+lo viera!
+
+Y si viene... y si la mira... ¡yo, no puedo soportar que la mire!... ¡ni
+que la mire siquiera! Y si está aquí un mes, dos meses. Y si ella no
+quiere a Pedro Real, porque no lo quiere, y Ana le dice que no lo
+quiera. Y ella va a querer a Juan ¿cómo no va a quererlo? ¿Quién no lo
+quiere desde que lo ve? Ana lo hubiera querido, si no supiese que ya él
+me quería a mí; ¡porque Ana es buena! Adela lo quiso como una loca; yo
+bien lo vi, pero él no puede querer a Adela. Y Sol ¿por qué no lo ha de
+querer? Ella es pobre; él es muy rico. Ella verá que Juan la mira. ¿Qué
+marido mejor puede tener ella que Juan? Y me lo quitará, me lo quitará
+si quiere. Yo he visto que me lo quiere quitar. Yo veo como se queda
+oyéndole cuando habla; así me quedaba yo oyéndole cuando era niña. Yo
+veo que cuando él sale, ella alza la cabeza para seguirle viendo. ¡Y van
+a estar aquí un mes, dos meses! ella siempre con Ana, todos con Ana
+siempre. Él recreando los ojos en toda su hermosura. Yo, callada a su
+lado, con los labios llenos de horrores que no digo, odiosa y fiera.
+Esto no ha de ser, no ha de ser, no ha de ser. O Sol se va, o yo me iré.
+Pero ¿cómo me he de ir yo?; ¡que me lo robe alguien si puede!--y abrió
+los brazos en la mitad del cuarto, como desafiando, y le cayó por las
+espaldas desatada la cabellera negra.
+
+¡Que no se sienten juntos: que yo no lo vea!
+
+Y con los labios apoyados sobre el puño cerrado, quedó dormida en un
+sillón cerca de la ventana, sombreándole extrañamente el rostro, al
+agitarse movida por el aire, la cabellera negra.
+
+¿A quién vio la mañana siguiente Lucía, sentado en el colgadizo, con Sol
+y con Ana? Venía con paso lento, y como si no hubiera querido venir.
+
+--¡No le diga, no le diga!...--a Sol que se levantaba como para avisarle.
+
+Venía Lucía con paso lento, y Ana y Sol, que conocían las habitaciones
+de la casa, sabían que era ella quien venía. Volvió Sol a su asiento.
+Juan hizo como que hablaba muy animadamente con Ana y con ella. Lucía
+llegó a la puerta. Los vio sentados juntos, y como que no la veían.
+Tembló toda. ¿Entra? ¿Sale? ¡Juan! ¡allí Juan! ¡Juan así! Se clavó los
+dientes en el labio, y los dejó clavados en él. Volvió la espalda, se
+entró por el corredor que iba a su habitación; a Sol que fue corriendo
+detrás de ella: «¡Vete! ¡vete!», y entró en su cuarto, cerrando tras de
+sí con llave la puerta.
+
+¡A Juan que, suponiéndola apenada, no bien acabó con cuanta prisa pudo
+su empeño en el pueblo de los indios volvió a la ciudad, y de allí,
+aprovechando la noche por sorprender a Lucía con la luz de la mañana,
+emprendió sin descansar el camino de la finca a caballo y de prisa! ¡A
+Juan, que con amores muy altos en el alma, consentía, por aquella piedad
+suya que era la mayor parte de su amor, en atar sus águilas al cabello
+de aquella criatura, no tanto por lo que la amaba él, sin que por eso
+dejase de amarla, sino por lo que lo amaba ella! ¡A Juan que, puestos en
+las nubes del cielo y en los sacrificios de la tierra sus mejores
+cariños, no dejaba, sin embargo, por aquella excelente condición suya,
+de hacer, pensar u omitir cosa con que él pudiera creer que sería
+agradable a su prima Lucía, aunque no tuviese él placer en ella! ¡A Juan
+que, joven como era, sentía, por cierto anuncio del dolor que más parece
+recuerdo de él, como si fuera ya persona muy trabajada y vivida, quienes
+a las mujeres, sobre todo en la juventud, parecían encantadores
+enfermos! ¡A Juan, que se sentía crecer bajo del pecho, a pesar de lo
+mozo de sus años, unas como barbas blancas muy crecidas, y aquellos
+cariños pacíficos y paternales que son los únicos que a las barbas
+blancas convienen! ¡A Juan, que tenía de su virtud idea tan exaltada
+como la mujer más pudorosa, y entendía que eran tan graves como las
+culpas groseras los adulterios del pensamiento!
+
+¡A Juan, porque, ya después de aquellas cartas extrañas que Lucía le
+había escrito a la finca sin hablarle de su vuelta, recibirlo de aquel
+modo, con aquella mirada, con aquella explosión de cólera, con aquel
+desdén! ¿Pues cuándo había cesado de pensar Juan, cuándo, que aquel
+cariño que con tanta ternura prodigaba, sin fatiga ni traición, sobre su
+prima, era como una concesión de él, como un agradecimiento de él, como
+una tentativa, a lo sumo, de asir en cuerpo y ver con los ojos de la
+carne las ideas de rostro confuso y vestidura de perlas, que cogidas del
+brazo y con las alas tendidas, le vagaban en giros majestuosos por los
+espacios de su mente? Pues sin el alma tierna y fina que de propia
+voluntad suya había supuesto, como natural esencia de un cuerpo de
+mujer, en su prima Lucía, ¿qué venía a ser Lucía? ¿Qué hombre, que lo
+sea, ama a una mujer más que por el espíritu puro que supone en ella, o
+por el que cree ver en sus acciones, y con el que le alivia y levanta el
+suyo de sus tropiezos y espantos en la vida? Pues una mujer sin ternura
+¿qué es sino un vaso de carne, aunque lo hubiese moldeado Cellini,
+repleto de veneno? Así, en un día, dejan de amar los hombres a la mujer
+a quien quisieron entrañablemente, cuando un acto claro e inesperado les
+revela que en aquella alma no existen la dulzura y superioridad con que
+la invistió su fantasía.
+
+--Estará enferma Lucía. Ana--dile que la saludaré luego--. Voy a ver a
+Pedro Real. Sol, gracias por lo buena que es usted con Ana. Usted tiene
+ya fama de hermosa, pero yo le voy a dar fama de buena.
+
+Lucía oyó esto, que hizo que le zumbasen las sienes y le pareciese que
+caía por tierra: Lucía, que sin ruido había abierto la puerta de su
+cuarto, y había venido hasta la de la sala, para oír lo que hablaban, en
+puntillas.
+
+ * * * * *
+
+Violentos fueron, a partir de entonces, los días en la finca. Ni Ana
+misma sabía, puesto que tenía a Sol constantemente a su lado, qué
+causaba la ira de Lucía. Esta cesó cuando Juan, tomándola a la tarde de
+la mano, la llevó, mientras que Pedro y Adela buscaban flores de saúco
+para Ana, a la sombra de un camino de rosales que daba al saucal, y
+donde había de trecho en trecho unos bancos de piedra, y al lado unos
+atriles, de piedra también, como para poner un libro. En la mirada y en
+la voz se conocía a Juan que algo se le había roto en lo interior, y le
+causaba pena; pero con voz consoladora persuadía a Lucía quien, con
+pretextos fútiles, que no acertaba Juan a entender ni excusar, ocultaba
+la razón verdadera de su ira, que ella a la vez quería que Juan
+adivinase y no supiese: «¡porque si no lo es, y se lo digo, tal vez sea!
+Y no lo es, no, yo creo ahora que no lo es; pero si no sabe lo que es
+¿cómo me va a perdonar?». Y airada ya contra Juan irrevocablemente, como
+si las nubes que pasan por el cielo del amor fueran sus lienzos
+funerarios, se levantaron como si hubieran hecho las paces, pero sin
+alegría.
+
+Pusiéronse en esto los días tan lluviosos, que ni Pedro iba a casa, ni
+Adela a la de la Revolorio, ni podía Ana salir al colgadizo, ni Sol y
+Lucía, sino estar cerca de ella; ni Juan, fuera de sus horas de leer,
+que le fatigaban ahora que no estaba contento, tenía modo de estar
+alejado de la casa. Ni había con justicia para Juan placer más grato,
+ahora que en Lucía había entrevisto aquel espíritu seco y altanero, que
+estar cerca de Ana, cuyo espíritu puro con la vecindad de la muerte se
+esclarecía y afinaba. Y se asombraba Juan, con razón, de haber pasado,
+libre aun, cerca de aquella criatura que se desvanecía, sin rendirle el
+alma. Esta misma contemplación del espíritu de Ana, cuya cabalidad y
+belleza entonces más que nunca le absorbían, le apartaron del riesgo, en
+otra ocasión acaso inevitable, de observar en cuán grata manera iban
+unidas en Sol, sin extraordinario vuelo de intelecto, la belleza y la
+ternura.
+
+Con Lucía, no había paces. Lo que no penetraba Ana, ¿cómo lo había de
+entender Sol? En vano, Sol, aunque ya asustadiza, aprovechando los
+momentos en que Ana estaba acompañada de Juan o de Pedro y Adela, se iba
+en busca de Lucía, que hallaba ahora siempre modo de tener largos
+quehaceres en su cuarto, en el que un día entró Sol casi a la fuerza, y
+vio a Lucía tan descompuesta que no le pareció que era ella, sino otra
+en su lugar: en el talle un jirón, los ojos como quemados y encendidos,
+el rostro todo como de quien hubiese llorado.
+
+Y ese día Lucía y Juan estaban en paz: ni permitía Juan, por parecerle
+como indecoro suyo, aquel llevar y traer de cóleras, que le sacaban el
+alma de la fecunda paz a que por la excelencia de su virtud tenía
+derecho. Pero ese día, como que Ana se fatigase visiblemente de hablar,
+y Adela y Pedro estuviesen ensayando al piano una pieza nueva para Ana,
+Juan, un tanto airado con Lucía que se le mostraba dura, habló con Sol
+muy largamente, y se animó en ello, al ver el interés con que la enferma
+oía de labios de Juan la historia de Mignon, y a propósito de ella, la
+vida de Goethe. No era esta para muy aplaudida, del lado de que Juan la
+encaminaba entonces, y tan hermosas cosas fue diciendo, con aquel
+arrebatado lenguaje suyo, que se le encendía y le rebosaba en cuanto
+sentía cerca de sí almas puras, que Pedro y Adela, ya un tanto
+reconciliados, vinieron discretamente a oír aquel nuevo género de
+música, no señalada por el artificio de la composición ni pedantesca
+pompa, sino que con los ricos colores de la naturaleza salía a caudales
+de un espíritu ingenuo, a modo de confesiones oprimidas. Lucía se
+levantaba, se mostraba muy solícita para Ana, interrumpía a Juan
+melosamente. Salía como con despecho. Entraba como ya iracunda. Se
+sentaba, como si quisiera domarse. «Sol, ¿habrán puesto agua a los
+pájaros?». Y Sol fue, y habían puesto agua. «Sol, ¿habrán traído la
+leche fresca para Ana?». Y Sol fue, y habían traído la leche fresca para
+Ana. Hasta que, al fin, salió Lucía, y no volvió más: Sol la halló
+luego, con los ojos secos y el talle desgarrado.
+
+Y aquello crecía. Hoy era una dureza para Sol. Otra mañana. A la tarde
+otra mayor. La niña, por Ana y por Juan, no las decía. Juan, apenas
+bajaba. Lucía, con grandes esfuerzos, lograba apenas, convertido en odio
+aparente todo el cariño que por Juan sentía, disimularlo de modo que no
+fuese apercibido. ¿Quién había de achacar a Sol tanta mudanza, a Sol
+cuya pacífica belleza en el campo se completaba y esparcía, pues era
+como si la vertiese en torno suyo, y por donde ella anduviese fueran,
+como sus sombras, la fuerza y la energía? ¿A Sol, que sobre todos
+levantaba sus ojos limpios, grandes y sencillos, sin que en alguno se
+detuviesen más que en otro; con Lucía, siempre tierna; para Ana, una
+hermanita; con Pedro, jovial y buena; con Juan, como agradecida y
+respetuosa? Pero ese era su pecado: sus ojos grandes, limpios y
+sencillos, que cada vez que se levantaban, ya sobre Juan, ya sobre otros
+donde Juan pudiese verlos, se entraban como garfios envenenados por el
+corazón celoso de Lucía; y aquella hermosura suya, serena y decorosa,
+que sin encanto no se podía ver, como la de una noche clara.
+
+ * * * * *
+
+Hasta que una noche:
+
+--No, Sol, no: quédate aquí.
+
+--¿Ana, adónde vas? ¿Qué tienes, Ana? ¿Salir tú del cuarto a estas horas?
+¡Ana! ¡Ana!
+
+--Déjame, niña, déjame. Hoy, yo tengo fuerzas. Llévame hasta la mitad del
+corredor.
+
+--¿Del corredor?
+
+--Sí: voy al cuarto de Lucía.
+
+--Pues bueno, yo te llevo.
+
+--No, mi niña, no--se sentó un momento, con Sol a sus pies, le abrazó la
+cabeza, y la besó en la frente. Nada le dijo, porque nada debía decirle.
+Y se levantó, del brazo de ella.
+
+--Es que sé lo que tiene triste a Lucía. Déjame ir. De ningún modo vayas.
+Es por el bien de todos.
+
+Fue, tocó, entró.
+
+--¡Ana!
+
+Ana, casi lívida y tendiendo los brazos para no caer en tierra, estaba
+de pie, en la puerta del cuarto oscuro, vestida de blanco.
+
+--Cierra, cierra.
+
+Se habló mucho, se oyeron gemidos, como de un pecho que se vacía, se
+lloró mucho.
+
+Allá a la madrugada, la puerta se abría, Lucía quería ir con Ana.
+
+--No, no, quiero llevarte; ¿cómo has de ir sola si no puedes tenerte en
+pie? Sol estará despierta todavía. Yo quiero ver a Sol ahora mismo.
+
+--¡Loca! ¡Hasta cuándo eres buena, loca! A Juan, sí, en cuanto lo veas
+mañana, que será delante de mí, bésale la mano a Juan. A Sol, que no
+sepa nunca lo que te ha pasado por la mente. Vamos: acompáñame hasta la
+mitad del corredor.
+
+--¡Mi Ana, madrecita mía, mi madrecita!
+
+Y lloró Lucía aquella mañana, como se llora cuando se es dichoso.
+
+ * * * * *
+
+¡Fiesta, fiesta! El médico lo ha dicho; el médico, que vino desde la
+ciudad a ver a la enferma, y halló que pensaba bien Petrona Revolorio.
+¡Fiesta de flores para Ana!
+
+¡Todos los músicos de las cercanías! ¡Telegramas a los sinsontes!
+¡Recados a los amarillos! ¡Mensajeros por toda la comarca, a que venga
+toda la canora pajarería! Ana, ya se sabe de Ana: ¡Aquí no está bien, y
+debe ir adonde está bien! Pero es buena idea esa de Petrona Revolorio, y
+la enferma quiere que se dé un baile que haga famosa la finca. Petrona,
+por supuesto, no estará en la sala, ni ese es el baile que debía dar el
+niño Pedro Real; pero ella estará donde la pueda ver su niñita Ana, y
+mandarle todo lo que necesite, porque «ella baila con ver bailar, y lo
+que hace no lo hace por servicio, sino porque ha cobrado mucha afición».
+Ya está tan contenta como si fuese la señora. Tiene un jarrón de China,
+que hubo quién sabe en qué lances, y ya lo trajo, para que adorne la
+fiesta; pero quiere que esté donde lo vea la niña Ana.
+
+¡Ahora sí que ha empezado la temporada en la finca! Andar, bien, andar,
+Ana no puede; pero Petrona la acompaña mucho y Sol, siempre que van Juan
+y Lucía a pasear por la hacienda, porque entonces ¡qué casualidad!
+entonces siempre necesita Ana de Sol.
+
+El médico vino, después de aquella noche. El baile lo quiere Ana para
+sacudir los espíritus, para expulsar de las almas suspicaces la pena
+pasada, para que con el roce solitario no se enconen heridas aun
+abiertas, para que viendo a Lucía tierna y afable, torne de nuevo la
+seguridad en el alma de Juan alarmado, para que Lucía vea frente a
+frente a Sol en la hora de un triunfo, y como Ana le hablará antes a
+Juan, Lucía no tiemble. ¡Ana se va, y ya lo sabe!: ella no quiere el
+baile para sí, sino para otros.
+
+ * * * * *
+
+¡Qué semana, la semana del baile! Pedro ha ido a la ciudad. Lucía quiso
+por un momento que fuera Juan, hasta que la miró Ana.
+
+--¡Oh, no, Juan! tú no te vayas.
+
+Una tristeza había en los ojos de Juan Jerez, que acaso ya nada haría
+desaparecer: la tristeza de cuando en lo interior hay algo roto, alguna
+creencia muerta, alguna visión ausente, algún ala caída. Mas se notó en
+los ojos de Juan una dulce mirada, y no como de que se alegraba él por
+sí, sino por placer de ver tierna a Lucía. ¡Son tan desventurados los
+que no son tiernos!
+
+De la ciudad vendría lo mejor; para eso iba Pedro. ¿Quién no quería
+alegrar a Ana? Y ver a Sol del Valle, que estaba ahora más hermosa que
+nunca ¿quién no querría? Carruajes, los tenían casi todos los amigos de
+la casa. El camino, salvo el tramo de las ciudades antiguas, era llano.
+Allí habría caballerías para ayuda o repuesto. Cerca de la casa, como a
+dos cuadras de ella, aderezaron para caballerizas dos grandes caserones
+de madera, construidos años atrás para experimentos de una industria que
+al fin no dio fruto. Pedro, antes de salir, había encargado que por
+todas las calles del jardín que había frente a la casa, pusieran unas
+columnas, como media vara más altas que un hombre, que habían de estar
+todas forradas de aquella parásita del bosque, sembrada acá y allá de
+flores azules; y sobre los capiteles, se pondrían unos elegantes cestos,
+vestidos de guías de enredadera y llenos de rosas. Las luces vendrían de
+donde no se viesen, ya en el jardín, ya en la casa; y estaba en camino
+Mr. Sherman, el americano de la luz eléctrica, para que la hubiese bien
+viva y abundante: los globos se esconderían entre cestos de rosas. De
+jazmines, margaritas y lirios iban a vestirle a Ana, sin que ella lo
+supiese, el sillón en que debía sentarse en la fiesta. Con una hoja de
+palma, puesta a un lado de los marcos y encorvada en ondulación graciosa
+por la punta en el otro, vistieron los indios todas las puertas y
+ventanas, y hubo modo de añadir a las enredaderas del colgadizo, otras
+parecidas por un buen trecho a ambos lados de las tres entradas, en cada
+uno de cuyos peldaños, como por toda esquina visible del colgadizo o de
+las salas, pusieron grandes vasos japoneses y chinos con plantas
+americanas. En las paredes del salón como desusada maravilla, colgó Juan
+cuatro platos castellanos, de los que los conquistadores españoles
+embutían en las torres. Era por dentro la casa blanca, como por fuera, y
+toda ella, salvo el colgadizo, tenía el piso cubierto por una alfombra
+espesa como de un negro dorado, que no llegaba nunca a negro, con
+dibujos menudos y fantásticos, de los que el del ancho borde no era el
+menos rico, rescatando la gravedad y monotonía que le hubiera venido sin
+ellos de aquella masa de color oscuro.
+
+ * * * * *
+
+¡Gentes, carruajes, caballos! Pedro y Juan jinetean sin cesar toda la
+tarde, de la casa al parador, y de este a aquella. En las ciudades
+antiguas donde aun hay alegres posadas, y cierto indio que sabe francés,
+han comido casi todos los invitados. A las ocho de la noche empieza el
+baile. Toda la noche ha de durar. Al alba, el desayuno va a ser en el
+parador. ¡Oh qué tamales, de las especies más diversas, tiene dispuestos
+Petrona Revolorio! esta tarde, cuando los hizo, se puso el chal de seda.
+Ana no ha visto su sillón de flores. ¿Adónde ha de estar Adela, sino por
+el jardín correteando, enseñando cuanto sabe, a la cabeza de un tropel
+de flores, de flores de ojos negros?
+
+¿Y Lucía? Lucía está en el cuarto de Ana, vistiendo ella misma a Sol.
+Ella, se vestirá luego. ¡A Sol, primero! Mírala, Ana, mírala. Yo me
+muero de celos. ¿Ves? el brazo en encajes. Tomo; ¡te lo beso! ¡Qué bueno
+es querer! Dime, Ana, aquí está el brazo, y aquí está la pulsera de
+perlas: ¿cuáles son las perlas? Y ¿de qué iba vestida Sol? De muselina;
+de una muselina de un blanco un poco oscuro y transparente, el seno
+abierto apenas, dejando ver la garganta sin adorno; y la falda casi
+oculta por unos encajes muy finos de Malines que de su madre tenía Ana.
+
+--Y la cabeza ¿cómo te vas a peinar por fin? Yo misma quiero peinarte.
+
+--No, Lucía, yo no quiero. No vas a tener tiempo. Ahora voy a ayudarte
+yo. Yo no voy a peinarme. Mira; me recojo el cabello, así como lo tengo
+siempre, y me pongo ¿te acuerdas? como en el día de la procesión, me
+pongo una camelia.
+
+Y Lucía, como alocada, hacía que no la oía. Le deshacía el peinado, le
+recogía el cabello a la manera que decía. «¿Así? ¿No? Un poco más alto,
+que no te cubra el cuello. ¡Ah! ¿y las camelias?... ¿Esas son? ¡Qué
+lindas son! ¡qué lindas son!». Y la segunda vez dijo esto más despacio y
+lentamente como si las fuerzas le faltaran y se le fuera el alma en
+ello.
+
+--¿De veras que te gustan tanto? ¿Qué flores te vas a poner tú?
+
+Lucía, como confusa:
+
+--Tú sabes: yo nunca me pongo flores.
+
+--Bueno: pues si es verdad que ya no estás enojada conmigo, ¿qué te hice
+yo para que te pusieras enojada? si es verdad que ya no estas enojada,
+ponte hoy mis camelias.
+
+--¡Yo, camelias!
+
+--Sí, mis camelias. Mira, aquí están; yo misma te las llevo a tu cuarto.
+¿Quieres?
+
+¡Oh! si se pusiera toda aquella hermosura de Sol la que se pusiese tus
+camelias. ¿Quién, quién llegaría nunca a ser tan hermosa como Sol? ¡Qué
+lindas, qué lindas, son esas camelias! «Pero tú, ¿qué flores te vas a
+poner?».
+
+--Yo, mira: Petrona me trajo unas margaritas esta mañana, estas
+margaritas.
+
+ * * * * *
+
+¡Gentes, caballos, carruajes! Las cinco, las seis, las siete. Ya está
+lleno de gente el colgadizo.
+
+Caballeros y niñas vienen ya del brazo, de las habitaciones interiores.
+Carruajes y caballos se detienen a la puerta del fondo, de la que por un
+corredor alfombrado, con grabados sencillos adornadas las paredes, se va
+a la vez a los cuartos interiores que abren a un lado y a otro, y a la
+sala. Ya desde él, al apearse del carruaje, se ve a la entrada de la
+sala, donde hay un doble recodo para poner dos otomanas, como si hubiese
+allí ahora un bosquecillo de palmas y flores. En un cuarto dejan las
+señoras sus abrigos y enseres, y pasan a otro a reparar del viaje sus
+vestidos o a cambiarlos algunas por los que han enviado de antemano. A
+otro cuarto entran a aliñarse y dejar sus armas los que han venido a
+caballo. Una panoplia de armas indias, clavada a un lado de la puerta de
+los caballeros, les indica su cuarto. Un gran lazo de cintas de colores
+y un abanico de plumas medio abierto sobre la pared, revelan a las
+señoras los suyos.
+
+Ya suenan gratas músicas, que los indios de aquellas cercanías,
+colocados en los extremos del colgadizo, arrancan a sus instrumentos de
+cuerdas. Del jardín vienen los concurrentes; del cuarto de las señoras
+salen; Ana llega del brazo de Juan. «Juan, ¿quién ha sido? ¿para mí ese
+sillón de flores?». No la rodean mucho; se sabe que no deben hablarle. Y
+¿Lucía que no viene? Ella vendrá enseguida. ¿Y Sol? ¿Dónde está Sol?
+Dicen que llega. Los jóvenes se precipitan a la puerta. No viene aun. Se
+está inquieto. Se valsa. Sol viene al fin: viene, sin haberla visto, de
+llamar al cuarto de Lucía. «¡Voy! ¡Ya estoy!». Así responde Lucía de
+adentro con una voz ahogada. No oye Sol los cumplimientos que le dicen:
+no ve la sala que se encorva a su paso; no sabe que la escultura no dio
+mejor modelo que su cabeza adornada de margaritas, no nota que, sin ser
+alta, todas parecen bajas cerca de ella. Camina como quien va lanzando
+claridades, hacia Juan camina:
+
+--Juan ¡Lucía no quiere abrirme! Yo creo que le pasa algo. La criada me
+dice que se ha vestido tres o cuatro veces, y ha vuelto a desvestirse, y
+a despeinarse, y se ha echado sobre la cama, desesperada, lastimándose
+la cara y llorando. Después despidió a la criada, y se quedó vistiéndose
+sola. ¡Juan! ¡vaya a ver qué tiene!
+
+En este instante, estaban Juan y Sol, de pie en medio de la sala, y
+otras parejas, pasando, en espera de que rompiese el baile, alrededor de
+ellos.
+
+--¡Allí viene! ¡allí viene!--dijo Juan, que tenía a Sol del brazo,
+señalando hacia el fondo del corredor, por donde a lo lejos venía al fin
+Lucía. Lucía, todo de negro. A punto que pasaba por frente a la puerta
+del cuarto de vestir, interrumpiendo el paso a un indio, que sacaba en
+las manos cuidadosamente, por orden que le había dado Juan, una cesta
+cargada de armas, vio, viniendo hacia ella del brazo, solos, en pleno
+luz de plata, en mitad del bosquecillo de flores que había a la entrada
+de la sala, a Juan y a Sol, a la hermosísima pareja. Se afirmó sobre sus
+pies como si se clavase en el piso. «¡Espera! ¡Espera!», dijo al indio.
+Dejó a Juan y a Sol adelantarse un poco por el corredor estrecho, y
+cuando les tenía como a unos doce pasos de distancia, de una terrible
+sacudida de la cabeza desató sobre su espalda la cabellera: «¡Cállate,
+cállate!», le dijo al indio, mientras haciendo como que miraba adentro,
+ponía la mano tremenda en la cesta; y cuando Sol se desprendía del brazo
+de Juan y venía a ella con los brazos abiertos....
+
+¡Fuego! Y con un tiro en la mitad del pecho, vaciló Sol, palpando el
+aire con las manos, como una paloma que aletea, y a los pies de Juan
+horrorizado, cayó muerta.
+
+--¡Jesús! ¡Jesús! ¡Jesús!--y retorciéndose y desgarrándose los vestidos,
+Lucía se echó en el suelo, y se arrastró hasta Sol de rodillas, y se
+mesaba los cabellos con las manos quemadas, y besaba a Juan los pies; a
+Juan, a quien Pedro Real, para que no cayese, sostenía en su brazo.
+¡Para Sol, para Sol, aun después de muerta, todos los cuidados! ¡Todos
+sobre ella! ¡Todos queriendo darle su vida! ¡El corredor lleno de
+mujeres que lloraban! ¡A ella, nadie se acercaba a ella!
+
+--¡Jesús, Jesús!--entró Lucía por la puerta del cuarto de vestir de las
+señoras, huyendo, hasta que dio en la sala, por donde Ana cruzaba medio
+muerta, de los brazos de Adela y de Petrona Revolorio, y exhalando un
+alarido, cayó, sintiendo un beso, entre los brazos de Ana.
+
+
+
+
+
+
+End of the Project Gutenberg EBook of Amistad funesta, by José Martí
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK AMISTAD FUNESTA ***
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+ The Project Gutenberg eBook of Amistad Funesta, by José Martí
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+The Project Gutenberg EBook of Amistad funesta, by José Martí
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+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
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+with this eBook or online at www.gutenberg.org
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+
+Title: Amistad funesta
+ Novela
+
+Author: José Martí
+
+Release Date: April 14, 2006 [EBook #18166]
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+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK AMISTAD FUNESTA ***
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+Produced by Chuck Greif and La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes
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+<h1>Amistad funesta</h1>
+
+<h3><i>Novela</i></h3>
+
+<h1>Jos&eacute; Mart&iacute;</h1>
+<hr style="width: 65%;" />
+
+<p><a name="table" id="table"></a></p>
+<table summary="table">
+<tr><td>
+<a href="#Introduccion"><b>Introducci&oacute;n por Gonzalo de Quesada</b></a><br />
+<a href="#Jose_Marti_a"><b>Jos&eacute; Mart&iacute; por Miguel Ted&iacute;n</b></a><br />
+<a href="#Jose_Marti_b"><b>Jos&eacute; Mart&iacute; por Rom&aacute;n V&eacute;lez</b></a><br />
+<a href="#Marti_a"><b>Mart&iacute;: Discurso pronunciado por el Doctor Jos&eacute; Antonio Gonz&aacute;lez Lanuza</b></a><br />
+<a href="#Marti_b"><b>Mart&iacute; por Federico Uhrbach</b></a><br />
+<a href="#Marti_su_vida_y_su_obra"><b>&laquo;Mart&iacute;: su vida y su obra&raquo;</b></a><br /><br /><br />
+<a href="#Capitulo_I"><b>Cap&iacute;tulo I</b></a><br />
+<a href="#Capitulo_II"><b>Cap&iacute;tulo II</b></a><br />
+<a href="#Capitulo_III"><b>Cap&iacute;tulo III</b></a><br />
+</td></tr>
+</table>
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="Introduccion" id="Introduccion"></a><a href="#table">Introducci&oacute;n</a></h2>
+
+<h3><a href="#table">por Gonzalo de Quesada</a></h3>
+
+<p>Sea su novela <i>Amistad funesta</i> el d&eacute;cimo volumen de las obras del
+Maestro.</p>
+
+<p>Es milagro que ella, como casi todo lo que escribi&oacute;, no se haya perdido.
+Se public&oacute; en 1885, en varias entregas, en <i>El Latino Americano</i>,
+peri&oacute;dico bimensual, de vida ef&iacute;mera&mdash;&oacute;rgano de la Compa&ntilde;&iacute;a Hecktograph,
+de New York&mdash;que no se encuentra hoy en biblioteca p&uacute;blica alguna.
+Adem&aacute;s, no apareci&oacute; con el nombre de su autor sino con el seud&oacute;nimo de
+&laquo;Adelaida Ral&raquo;, y esto hubiera hecho aun m&aacute;s dif&iacute;cil su hallazgo.</p>
+
+<p>Afortunadamente, un d&iacute;a en que arregl&aacute;bamos papeles en su modesta
+oficina de trabajo, en 120 Front Street&mdash;convertida, en aquel entonces,
+en centro del Partido Revolucionario Cubano y redacci&oacute;n y administraci&oacute;n
+de <i>Patria</i>&mdash;di con unas p&aacute;ginas sueltas de <i>El Latino Americano</i>,
+aqu&iacute; y all&aacute; corregidas por Mart&iacute;, y exclam&eacute; al revisarlas: &laquo;&iquest;Qu&eacute; es esto
+Maestro?&raquo; &laquo;Nada&mdash;contestome cari&ntilde;osamente&mdash;recuerdos de &eacute;pocas de luchas y
+tristezas; pero gu&aacute;rdelas para otra ocasi&oacute;n. En este momento debemos
+solo pensar en la obra magna, la &uacute;nica digna; la de hacer la
+independencia&raquo;.</p>
+
+<p>En efecto; esta novela vio la luz a ra&iacute;z de fracasados intentos para
+levantar en armas, de nuevo, a nuestra tierra, intentos que no apoy&oacute;
+Mart&iacute; estimando que el plan no era suficiente ni el momento oportuno;
+brot&oacute; de su pluma cuando&mdash;en desacuerdo con los caudillos
+prestigiosos, &uacute;nicos capaces, con sus espadas heroicas y legendarias, de
+despertar el alma guerrera cubana&mdash;parec&iacute;a oscurecido, para siempre, en
+la pol&iacute;tica; fue engendrada en horas de la mayor penuria, en las que, no
+obstante, rechazando las tentaciones de la riqueza y sin otra gu&iacute;a que
+su conciencia ni otro consuelo que su inquebrantable fe en la Libertad,
+sus principios no capitularon.</p>
+
+<p>A una miseria por palabra se pag&oacute; este trabajo, elevado de pensamiento,
+galano de estilo, con ense&ntilde;anzas&mdash;como todo lo suyo&mdash;para sus
+compatriotas; con algo de su propia existencia.</p>
+
+<p>No s&eacute; que el Maestro, en otras ocasiones, cultivase este ramo literario;
+pero su traducci&oacute;n de <i>Called back</i>, de Hugh Conway&mdash;por la cual una casa
+editora le concedi&oacute;, como gran generosidad, cien pesos&mdash;, luego con
+brillante vestidura y el nombre de <i>Misterio</i> vendida por millares, y la
+versi&oacute;n suya, que talmente parece un original, amorosa y admirable, de
+<i>Ramona</i> de Hellen Hunt Jackson&mdash;buscada en vano en las librer&iacute;as&mdash;, son
+prueba evidente de que a haber dispuesto de oportunidad y sosiego para
+ello, hubiera, tambi&eacute;n, triunfado en la Novela. No le faltaban elementos
+por su conocimiento de la realidad del mundo y sus pasiones, anhelos y
+torturas; le sobraba fantas&iacute;a para hacerla resaltar; espl&eacute;ndido lenguaje
+con que exponerla.</p>
+
+<p>Ni sus versos, ni parte de su correspondencia, ni sus art&iacute;culos de
+doctrina y de propaganda, ni sus pensamientos ni su biograf&iacute;a he
+olvidado; pero cumpliendo con lo principal que &eacute;l nos ense&ntilde;&oacute;&mdash;el servicio
+de Cuba&mdash;poco se ha podido terminar y solamente ha habido tiempo para
+este volumen&mdash;y reunir los homenajes a su memoria que van en el mismo
+prenda de que aqu&iacute;, en los lejanos montes de Turingia, donde aun vibran
+entre pinos seculares las liras de Goethe, Schiller y Wieland, &iexcl;pienso
+en &eacute;l y en la patria!</p>
+
+<p>Oberhof, 4 de julio de 1911.</p>
+
+<p class="derecha">Gonzalo de Quesada</p>
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="Jose_Marti_a" id="Jose_Marti_a"></a><a href="#table">Jos&eacute; Mart&iacute;</a></h2>
+
+<h3><a href="#table">por Miguel Ted&iacute;n</a></h3>
+
+<p class="derecha"><i>La Naci&oacute;n</i>, Buenos Aires, diciembre 1.&ordm; de 1909</p>
+
+
+<p>A principios del a&ntilde;o 1888 llegu&eacute; a Nueva York en cumplimiento de una
+misi&oacute;n profesional, y una de mis primeras diligencias fue [ir] a buscar
+a Mart&iacute; cuyas correspondencias a <i>La Naci&oacute;n</i> me hab&iacute;an impresionado
+vivamente, revel&aacute;ndome un talento superior y un alma eminentemente
+americana. Encontrele en su despacho del consulado oriental en Front
+Street, una de las antiguas calles de la gran metr&oacute;poli y apenas llam&eacute; a
+la puerta se adelant&oacute; a recibirme dici&eacute;ndome: &iquest;Es usted el se&ntilde;or Ted&iacute;n?
+(un amigo com&uacute;n le hab&iacute;a anticipado la visita), a la vez que me extend&iacute;a
+ambas manos con tal efusi&oacute;n de franqueza y sinceridad, que ese apret&oacute;n
+sell&oacute; entre ambos una amistad que solo la muerte del gran ciudadano ha
+podido cortar.</p>
+
+<p>Era Mart&iacute; de mediana estatura, cabellera negra y abundante que rodeaba
+una frente amplia y bombeada, ojos negros de mirada dulce y penetrante,
+tez blanca p&aacute;lida, como son generalmente los cubanos, bigote negro y
+crespo y un &oacute;valo perfecto redondeaba su fisonom&iacute;a armoniosa y vivaz. En
+su cuerpo delgado predominaba el temperamento nervioso, que hac&iacute;a
+r&aacute;pidos todos sus movimientos y sus manos finas y alargadas revelaban al
+hombre culto consagrado a las tareas intelectuales. Llevaba como &uacute;nico
+adorno en uno de sus dedos un anillo de plata en el cual estaba grabada
+la palabra &laquo;Cuba&raquo;.</p>
+
+<p>Cubr&iacute;an los muros de su despacho estanter&iacute;as de pino blanco, algunas de
+las cuales &eacute;l mismo construy&oacute;, y en los pocos espacios libres que ellas
+dejaban colgaban retratos de los h&eacute;roes de la revoluci&oacute;n cubana que
+termin&oacute; con la paz del Zanj&oacute;n, y entre los de varios literatos ocupaba
+lugar preferente el de V&iacute;ctor Hugo.</p>
+
+<p>Constitu&iacute;an su biblioteca, en primer t&eacute;rmino, las publicaciones que se
+hac&iacute;an en la Am&eacute;rica latina, cuyo progreso intelectual segu&iacute;a con
+avidez, habiendo escrito juicios sobre muchas de ellas; pero tampoco
+faltaban los de la literatura norteamericana, cuya lengua conoc&iacute;a
+profundamente, aunque no fuera inclinado a hablarla. Su mesa de trabajo,
+sumamente sencilla, estaba siempre repleta de papeles que formaban sus
+numerosos trabajos de correspondencia para los peri&oacute;dicos de Cuba,
+M&eacute;jico, Guatemala, Argentina, y las revistas que bajo su direcci&oacute;n se
+publicaban en Nueva York, aparte de los documentos oficiales de su
+consulado. El &uacute;nico ornamento de ella era un tosco anillo de hierro que
+tuvo de grillete durante su prisi&oacute;n en la isla de Cuba, cuando aun era
+un ni&ntilde;o, por causa de sus ideas liberales y que le fue regalado por su
+se&ntilde;ora madre despu&eacute;s de su deportaci&oacute;n a Espa&ntilde;a, para que le sirviera de
+amuleto en su peregrinaci&oacute;n por la libertad de su patria.</p>
+
+<p>En aquel modesto despacho mantuvo por muchos a&ntilde;os el fuego sagrado de la
+independencia cubana, sin que por un momento les hicieran desfallecer ni
+las disidencias entre sus propios amigos, muchos de los cuales cre&iacute;an
+ut&oacute;pica la revoluci&oacute;n, ni el espect&aacute;culo de las fortunas que se
+acumulaban a su alrededor por todos los que consagraban su inteligencia
+y su autoridad a los negocios comerciales.</p>
+
+<p>All&iacute; llegaban y eran cordialmente recibidos no solo los sudamericanos
+que deseaban un consejero honrado para orientarse en los caminos de la
+vida americana, sino todos los cubanos interesados en la pol&iacute;tica de su
+pa&iacute;s. All&iacute; conoci&oacute; a Estrada Palma, que a la saz&oacute;n ganaba su vida
+manteniendo un pensionado de ense&ntilde;anza en el estado de Nueva Jersey, y a
+muchos otros despu&eacute;s actuaron en la revoluci&oacute;n. A todos recib&iacute;a con los
+brazos y el coraz&oacute;n abiertos y para todos ten&iacute;a no solo las hermosas
+palabras, sino la ayuda de su experiencia y aun de sus modestos
+recursos.</p>
+
+<p>Su fisonom&iacute;a moral se caracterizaba por la m&aacute;s absoluta honestidad en
+todos los actos de su vida y por el mayor desprendimiento de sus propios
+intereses en favor del ideal a que hab&iacute;a consagrado su existencia, la
+libertad de Cuba. Su esp&iacute;ritu eminentemente altruista, se asociaba a
+todos los dolores ajenos y a ellos llevaba el consuelo de su palabra
+inspirada; lo mismo compart&iacute;a las alegr&iacute;as de sus amigos. Su alma
+sensible y delicada sufr&iacute;a con las asperezas del alma yanqui, y nunca
+pudo fundirse en los moldes de ambici&oacute;n en que esta est&aacute; vaciada.
+Recibi&oacute; ofertas halagadoras para que pusiera su talento de escritor al
+servicio de intereses comerciales; pero jam&aacute;s quiso desnaturalizar su
+pluma que solo deb&iacute;a servir para unir a la familia latinoamericana y
+para luchar por la libertad. Prefiri&oacute; ser pobre con decoro (palabra que
+se encuentra en casi todos sus escritos) antes que sacrificar sus
+convicciones ni su tiempo a tareas menos nobles que aquella en que se
+hab&iacute;a empe&ntilde;ado.</p>
+
+<p>Pose&iacute;a un raro talento de asimilaci&oacute;n y de generalizaci&oacute;n que le
+permit&iacute;a abordar con brillo y con criterio s&oacute;lido todos los problemas
+que en el orden pol&iacute;tico o sociol&oacute;gico entra&ntilde;an el desenvolvimiento de
+las naciones y su memoria privilegiada le permit&iacute;a recordar todo cuanto
+hab&iacute;a pasado por el crisol de su inteligencia. Era raro hablarle de un
+libro recientemente publicado que &eacute;l no lo conociera y sobre el cual
+pudiera expresar su propio juicio; as&iacute; como conoc&iacute;a a todos los hombres
+que hab&iacute;an desempe&ntilde;ado un papel prominente en la vida de las naciones
+latinoamericanas.</p>
+
+<p>Su palabra era suave, fluida, l&iacute;mpida como su pensamiento, sin
+afectaci&oacute;n ni rebuscamiento, y produc&iacute;a el encanto de una fuente
+cristalina que desciende en su curso halagando los sentidos. Cu&aacute;ntas
+veces en los d&iacute;as festivos, sol&iacute;amos atravesar el r&iacute;o Hudson e
+internarnos en las hermosas arboledas de las Palisades o recorr&iacute;amos las
+avenidas del Parque Central, y all&iacute; transcurr&iacute;an insensiblemente las
+horas, bajo la influencia de su palabra sana y amena que hac&iacute;a olvidar
+el bullicio de la metr&oacute;poli. Su oratoria s&oacute;lida y rica en im&aacute;genes
+brillantes se derramaba como raudales de perlas y de flores, y su
+auditorio quedaba siempre cautivado por el encanto de ella. Recuerdo que
+en una conferencia que dio sobre Guatemala, con el prop&oacute;sito de reunir y
+vincular a los latinos residentes en Nueva York, tom&oacute; como tema las
+flores y los p&aacute;jaros que adornaban el sombrero de una se&ntilde;orita all&iacute;
+presente, y sobre &eacute;l hizo la pintura m&aacute;s hermosa que jam&aacute;s haya le&iacute;do de
+la naturaleza y de la sociedad centroamericana.</p>
+
+<p>La impresi&oacute;n que a todos nos produjo fue la de hacer olvidar que nos
+hall&aacute;bamos bajo un cielo gris y helado, crey&eacute;ndonos transportados a los
+tr&oacute;picos, y solo volv&iacute; a la realidad de nuestra existencia cuando sent&iacute;
+un &laquo;<i>hurry up</i>&raquo;, pronunciado con &aacute;spero acento saj&oacute;n por dos j&oacute;venes que
+pasaban a mi lado.</p>
+
+<p>Era un trabajador infatigable y desde el alba que empezaba su labor con
+la lectura de los diarios hasta altas horas de la noche y a veces hasta
+la nueva aurora que sol&iacute;a sorprenderlo cuando, como &eacute;l dec&iacute;a, se hallaba
+engolosinado por alg&uacute;n estudio en que pon&iacute;a toda su alma para
+transmitirla a los lectores que el obligado por las visitas de sus
+amigos a quienes recib&iacute;a con sol&iacute;cito cari&ntilde;o.</p>
+
+<p>Y no eran solo los trabajos literarios que ocupaban sus horas. Las
+divid&iacute;a entre estos y las conferencias que daba a los cubanos pobres, en
+las que se esforzaba para vincular al elemento de color, con los de las
+clases superiores, porque unos y otros deb&iacute;an servir para preparar la
+revoluci&oacute;n cubana que era el objeto de su permanencia en Estados Unidos.</p>
+
+<p>A pesar de los largos a&ntilde;os que all&iacute; vivi&oacute;, nunca pudo identificarse con
+la vida americana, porque su esp&iacute;ritu generoso y desinteresado era
+refractario a los procedimientos ego&iacute;stas que constituyen el fondo del
+car&aacute;cter de ese pueblo. Desconfiaba con las tendencias imperialistas de
+esa naci&oacute;n y cre&iacute;a que abrigaba prop&oacute;sitos absorbentes, contra los
+cuales las rep&uacute;blicas latinas debieran estar prevenidas. M&eacute;jico, dec&iacute;a,
+solo ha podido evitar nuevas desmembraciones merced a una pol&iacute;tica
+h&aacute;bil, en que sin resistir directamente, ha evitado la invasi&oacute;n de
+intereses americanos. Consideraba la conferencia monetaria
+internacional, iniciada por Blaine y a la que &eacute;l fue delegado por el
+Uruguay, y yo lo fui por la Argentina, m&aacute;s como el medio de favorecer
+los intereses de los Estados Unidos platistas, que el de estrechar los
+v&iacute;nculos de todas las naciones de Am&eacute;rica. Carece, pues, completamente
+de fundamento la versi&oacute;n de un escritor franco-argentino, de que Mart&iacute;
+fuera partidario de la anexi&oacute;n de Cuba a los Estados Unidos, cuando, por
+el contrario, ve&iacute;a en ellos un peligro para la independencia. Creo, sin
+embargo, que sus temores eran infundados a este respecto, como lo ha
+demostrado la conducta de aquella naci&oacute;n, para terminar la guerra y
+establecer el gobierno propio de la isla y estoy convencido de que no
+tienen ambiciones de predominio sobre la Am&eacute;rica latina. Mr. Elihu Root
+me dijo durante su visita a esta capital, que los Estados Unidos nunca
+anexionar&iacute;an a Cuba y tengo la m&aacute;s absoluta confianza en la sinceridad
+de este gran estadista americano.</p>
+
+<p>Los &uacute;ltimos a&ntilde;os de la vida de Mart&iacute; en Nueva York me son poco
+conocidos. Su &uacute;ltima carta me revelaba un estado moral deprimido por el
+exceso del trabajo, que hab&iacute;a creado en su organismo una excitaci&oacute;n
+nerviosa. &laquo;Tengo horror a la tinta, me dec&iacute;a, y desear&iacute;a huir a los
+bosques, aunque me crecieran las barbas verdes, para no ver papeles ni
+sentir las fealdades de las gentes&raquo;. Pasaron algunos a&ntilde;os, durante los
+cuales solo tuve noticias de &eacute;l por intermedio de un amigo, cuando un
+d&iacute;a recib&iacute; un telegrama en que me dec&iacute;a: &laquo;deberes ineludibles me llaman
+a mi patria y necesito su ayuda, m&aacute;ndeme por cable quinientos d&oacute;lares&raquo;.
+Mi situaci&oacute;n en aquel momento era dif&iacute;cil y me fue imposible ayudarlo.
+Tengo, pues, el remordimiento de no haber contribuido con esa suma a la
+independencia de Cuba, puesto que en esos d&iacute;as sal&iacute;a Mart&iacute; de Nueva York
+para reunirse con el general M&aacute;ximo G&oacute;mez e invadir la isla, iniciando
+la nueva insurrecci&oacute;n que dio por resultado la terminaci&oacute;n del dominio
+espa&ntilde;ol.</p>
+
+<p>La noticia de su muerte en los primeros combates librados entre cubanos
+y espa&ntilde;oles me produjo hondo pesar. Consideraba a Mart&iacute; uno de los
+hombres de m&aacute;s talento que me hab&iacute;a sido dado tratar y su muerte
+representaba no solo una p&eacute;rdida irreparable para Cuba, de la que habr&iacute;a
+sido uno de sus preclaros presidentes, sino para la Am&eacute;rica latina toda,
+pues desaparec&iacute;a el escritor genial en quien el fuego de la solidaridad
+americana brillaba con resplandores que iluminaban ambos continentes.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="Jose_Marti_b" id="Jose_Marti_b"></a><a href="#table">Jos&eacute; Mart&iacute;</a></h2>
+
+<h3><a href="#table">por Rom&aacute;n V&eacute;lez</a></h3>
+
+<p class="derecha"><i>Notas de Arte</i> (Colombia), agosto 15 de 1910</p>
+
+
+<p>Le conoc&iacute; y trat&eacute; en New York el a&ntilde;o de 1891.</p>
+
+<p>Me consagr&oacute; su amistad. La amistad es la &uacute;nica rosa que no tiene
+espinas. La &uacute;nica fuente arrulladora que no tiene lodo.</p>
+
+<p>Fui su amigo&mdash;en el traj&iacute;n social&mdash;de pocos meses.</p>
+
+<p>Soy su amigo perdurable por el recuerdo y la memoria.</p>
+
+<p>Su recuerdo es para m&iacute; un ariete, rel&aacute;mpago que cruza las soledades de
+mi cerebro, viento agitado en mi calma abrumadora, &aacute;guila que
+despierta&mdash;en horas de abatimiento&mdash;a picotazos mi alma.</p>
+
+<p>Fui, con varios condisc&iacute;pulos, expresamente a conocerle. Habitaba casa
+humilde y viv&iacute;a modestamente.</p>
+
+<p>Enamorado yo de sus escritos, deslumbrada mi juventud por aquel vuelo de
+c&oacute;ndores de su prosa soberana, entr&eacute; a aquel Are&oacute;pago con el pensamiento
+en las nubes y el coraz&oacute;n en los labios.</p>
+
+<p>Eran d&iacute;as t&eacute;tricos para los colombianos residentes en New York, d&iacute;as en
+que un desdichado compatriota, al frente de un puesto distinguido, hab&iacute;a
+llevado a sus gavetas joyas que no eran suyas.</p>
+
+<p>Fue ese el t&oacute;pico obligado, y Mart&iacute; me dec&iacute;a: &laquo;los suramericanos
+enviamos trozos humanos putrefactos para que estos pa&iacute;ses los escarben y
+examinen, mandamos el rostro ensangrentado de la Patria para que estos
+pa&iacute;ses lo abofeteen&raquo;.</p>
+
+<p>Sobre Cuba exclamaba:</p>
+
+<p>&laquo;Estoy desorientado y triste, pero con la mirada siempre fija en la
+cumbre inaccesible.</p>
+
+<p>&raquo;En mi tierra no hay m&aacute;s que dos hombres: G&oacute;mez y Maceo, y una bandera:
+yo.</p>
+
+<p>&raquo;A ellos los tienen como visionarios y a m&iacute; me consideran loco. Nos han
+dejado solos.</p>
+
+<p>&raquo;Aqu&iacute;, en los momentos de angustia, en esos d&iacute;as l&oacute;bregos en que en vano
+lucho y brego con los hombres y las cosas, al trasladar al papel mis
+pobres pensamientos, no me explico, no comprendo c&oacute;mo no se transforma
+en Vesubio mi cabeza ni se convierte mi pluma en bayoneta.</p>
+
+<p>&raquo;Ustedes, los colombianos, tienen aun esperanzas de redenci&oacute;n: all&iacute; hay
+vida, hay savia, hay esplendor.</p>
+
+<p>Nosotros no tenemos nada.</p>
+
+<p>&raquo;Cuba es una tumba muy grande que guarda un cad&aacute;ver m&aacute;s grande que ella:
+la raza india muerta.</p>
+
+<p>&raquo;Esa raza me alienta, y la m&aacute;xima de Bol&iacute;var me conforta:
+'&iexcl;Venceremos!'&raquo;.</p>
+
+<p>Call&oacute;, inclin&oacute; la cabeza meditabundo, me pareci&oacute; escuchar el ruido
+estruendoso de las armas en la manigua, y comprend&iacute; que aquel hombre era
+algo m&aacute;s que tribuno, algo m&aacute;s que genio: &iexcl;era la Libertad!</p>
+
+<p>La Am&eacute;rica latina ha sido escasa en mentes colosales. El genio, como el
+c&eacute;lebre arbusto parlante de Sumatra, no se ha dado en Am&eacute;rica sino muy
+de tarde en tarde.</p>
+
+<p>Ha habido ilustraciones altas y macizas, pensadores vastos y profundos,
+prosistas, oradores y poetas de palabra de oro y alas luminosas; pero el
+genio aut&eacute;ntico, la cabeza batida por aquilones y coronada de rayos, la
+lengua de fuego que realza y purifica cuanto toca, la pluma gigante que
+vierte a raudales la ternura, la ciencia y la filosof&iacute;a... esos, han
+sido muy raros en Am&eacute;rica.</p>
+
+<p>Genio Montalvo; genio Jos&eacute; Mart&iacute;.</p>
+
+<p>El primero con una sombra: el arca&iacute;smo; el segundo, sin sombras y sin
+manchas.</p>
+
+<p>La estulticia de las muchedumbres, el esp&iacute;ritu f&aacute;cil al aplauso de
+nuestra raza, la lisonja desmesurada de los gacetilleros, el coro vacuo
+y fr&iacute;volo de las mediocridades, han hecho aparecer en ocasiones como
+lumbreras a seres que apenas han tocado los primeros pelda&ntilde;os de la
+gloria.</p>
+
+<p>Entes grandes y pomposos&mdash;como la encina de Lebes&mdash;, pero huecos.</p>
+
+<p>&Aacute;rboles corpulentos de espl&eacute;ndido ramaje, pero torcidos e inclinados a
+la tierra.</p>
+
+<p>Hoy la serie de pensadores es como una serie de monta&ntilde;as, pero sin
+cumbres que sobresalgan, sin picos que se despidan de las otras.</p>
+
+<p>La constante difusi&oacute;n de las luces, el esp&iacute;ritu incansable e
+investigador del siglo, la rapidez y la facilidad en las comunicaciones,
+la escuela, el libro, la prensa y la tribuna, han eliminado esas
+eminencias, c&uacute;spides de la humanidad.</p>
+
+<p>Con la abundancia de las colinas han desaparecido los Himalayas.</p>
+
+<p>Con la dilataci&oacute;n ha resultado el aplanamiento, con el ensanche se ha
+perdido la altitud.</p>
+
+<p>El pe&ntilde;&oacute;n abrupto es arena rutilante.</p>
+
+<p>El nido es colmena.</p>
+
+<p>La altura es extensi&oacute;n.</p>
+
+<p>La cima ha sido cubierta por la arboleda en marcha: no se ven m&aacute;s que
+&aacute;rboles.</p>
+
+<p>La roca alt&iacute;sima ha sido invadida por el mar: no se ven m&aacute;s que olas.</p>
+
+<p>Hoy es plaza lo que ayer fue torre, lago lo que fue atalaya, cielo
+inconmensurable lo que fue astro esplendoroso.</p>
+
+<p>&laquo;Las cumbres se han deshecho en llanuras, las llanuras son cumbres.</p>
+
+<p>&raquo;Son muchos los poetas secundarios, escasos los poetas eminentes
+solitarios.</p>
+
+<p>&raquo;El genio va pasando de individual a colectivo.</p>
+
+<p>&raquo;El hombre pierde en beneficio de los hombres.</p>
+
+<p>&raquo;Se diluyen, se expanden las cualidades de los privilegiados a la masa&raquo;.</p>
+
+<p>Las golondrinas se han elevado y los cometas han descendido.</p>
+
+<p>Las legiones han subido y J&uacute;piter ha bajado.</p>
+
+<p>El m&eacute;rito de Mart&iacute; consisti&oacute; precisamente en eso: haber dado sombra a
+tantas grandezas.</p>
+
+<p>En &eacute;poca, en que la ciencia es ambiente y el talento multitud, &eacute;l fue
+Argos impoluto, gigante, solo, y &iexcl;&uacute;nico!</p>
+
+<p>Todo tiene en la naturaleza su punto culminante, su nota dominadora, su
+faz grave y severa: la selva, el roble centenario; el oc&eacute;ano, la ola
+inmensa de cresta arrebolada; el desierto, el le&oacute;n hirsuto y arrogante;
+y la sociedad, el genio.</p>
+
+<p>&iexcl;Y genio fue Jos&eacute; Mart&iacute;!</p>
+
+<p>Muri&oacute; a los 42 a&ntilde;os y es asombrosa su labor pol&iacute;tica y literaria.</p>
+
+<p>A la edad en que otros comienzan a ascender, ya &eacute;l tra&iacute;a guirnaldas del
+Olimpo.</p>
+
+<p>En un mismo d&iacute;a, y en ocasiones en una misma hora, escrib&iacute;a un discurso,
+redactaba una carta, perge&ntilde;aba una revista, otorgaba una clase, le&iacute;a un
+libro, hojeaba un folleto, traduc&iacute;a una f&aacute;bula, hablaba de cosas f&uacute;tiles
+con su familia y de cosas lisonjeras con sus amigos.</p>
+
+<p>Ten&iacute;a el don de contorcerse y dividirse, la cualidad de la
+centuplicaci&oacute;n.</p>
+
+<p>Un caso de polizo&iacute;smo.</p>
+
+<p>Trabajaba en una casa de comercio, colaboraba en varias sociedades y
+<i>magazines</i>, sosten&iacute;a incansable correspondencia con sus adictos,
+ense&ntilde;aba a los desgraciados, meditaba, discut&iacute;a, exaltaba a los
+pusil&aacute;nimes, asaeteaba a los cobardes, confortaba a los sufridos, se
+ergu&iacute;a ante los poderosos, lloraba con los indigentes; ten&iacute;a un b&aacute;culo
+para cada ca&iacute;da, una esperanza para cada lacer&iacute;a, un b&aacute;lsamo para cada
+dolor, una rosa para cada beldad, un pensamiento dulce para cada
+p&aacute;rvulo, y aun le quedaba tiempo para ser rendido y galante con la
+esposa y cari&ntilde;oso y afable con los hijos.</p>
+
+<p>S&eacute;neca, Arist&oacute;teles, Corneille, Bacon, Montaigne, Joubert, Massill&oacute;n,
+San Agust&iacute;n, Rousseau, Voltaire, Shakespeare, Juvenal, toda una legi&oacute;n,
+se agitaba, bull&iacute;a, vibraba en aquel cerebro poderoso, hecho para los
+torneos y las epopeyas, para las recias batallas y las hondas
+lucubraciones.</p>
+
+<p>En sus manos eran a diario: el <i>Tratado de la Naturaleza</i> de
+Malebranche, <i>Los Pensamientos</i> de Marco Aurelio, la <i>Historia de
+Espa&ntilde;a</i> de Mariana, los <i>Epigramas</i> de Marcial, las endechas de
+Massinger, el <i>Capital</i> de Marx, las eleg&iacute;as de Propercio, los <i>Ensayos</i>
+de Macaulay, las <i>Observaciones</i> de Llorente, el <i>Catecismo</i> de Lutero,
+todo le era familiar, conocido, &iacute;ntimo, y consideraba los peri&oacute;dicos
+como soldados y los libros como hermanos.</p>
+
+<p>Para &eacute;l todas las mujeres eran santas, todos los hombres buenos, todos
+los guerreros dignos, todos los oficios nobles, todas las cosas bellas.</p>
+
+<p>El reptil, a sus ojos, se convert&iacute;a en ave; el barro en oro; el erizo en
+flor; el espectro en &aacute;ngel.</p>
+
+<p>Su voluntad era granito; su esp&iacute;ritu, llama.</p>
+
+<p>Un&iacute;a, a la calma de Massena, el arrojo de Murat.</p>
+
+<p>Aunaba, al candor de Carlos Dickens, la precisi&oacute;n de V&iacute;ctor Hugo.</p>
+
+<p>Odiaba el estilo misoneico y la poes&iacute;a macr&oacute;stica.</p>
+
+<p>Admiraba m&aacute;s a Martos que a Castelar.</p>
+
+<p>Para sus compa&ntilde;eros y admiradores era inofensivo como la malva; para sus
+enemigos, venenoso como el quedec.</p>
+
+<p>Pol&iacute;gloto, enciclop&eacute;dico, pol&iacute;logo.</p>
+
+<p>En aquellos, atardeceres mincosos de la gran Metr&oacute;poli, en que Mart&iacute;
+sol&iacute;a pasearse por las alamedas de Green Wood, &iexcl;qui&eacute;n iba a imaginarse
+que de aquella mano tan sencilla pend&iacute;a un mundo, que tras aquella
+cabeza silenciosa iba una bandada de &aacute;guilas libertadoras!</p>
+
+<p>Su erudici&oacute;n, pasma. Si todos van contra &eacute;l, &eacute;l va contra todos. Tiene
+del ala y del hacha. De la roca y del torrente. De la hoja y del rayo.
+Ensalza, y va hasta lo infinito; derriba, y llega hasta el abismo.
+Cuando alaba encumbra; cuando analiza, despedaza. Su palabra, ora corre
+mansa, ora retumba; sus verbos, ora se deslizan, ora estallan. Algo como
+un trueno avanza por entre sus frases calol&oacute;gicas. Se siente calor de
+nube y rodar de ca&ntilde;ones. Esculpe de una plumada; retrata de un brochazo.
+Tiene arranques sublimes en que parece que la tierra se levanta o el
+cielo se desploma. Tiene voces que gimen, t&eacute;rminos que gritan, giros que
+rimbomban. Se escucha vuelo de p&aacute;jaros y fuego de fusiler&iacute;a. Su dibujo
+es l&iacute;nea recta; su corte, el del diamante. Es paleta y es cincel. Es
+terso y es hondo. Palpita y regolfa. Su ritmo es una nave que se aleja;
+su dial&eacute;ctica, escuadra que combate. Por entre la malla de su prosa hay
+pueblos que se hunden, ej&eacute;rcitos que se destrozan, mares que se
+revuelcan, bosques que caminan. Es raso y es acero. Es guzla y es
+clar&iacute;n. Es halago y es centella. Escribe versos que enamoran, fil&iacute;picas
+que entusiasman, libros que glorifican. Es diminuto y es excelso.
+Sencillo y complicado. Es le&oacute;n y paloma. Oruga y colibr&iacute;. A veces se
+detiene, como ante un precipicio; a veces corre veloz, como una
+locomotora. Mezcla lo alto y lo bajo, lo noble y lo ruin, la mariposa y
+el esti&eacute;rcol, la mirla y el escarabajo, el dicterio y la canci&oacute;n.</p>
+
+<p>Todo sale embellecido y purificado de aquella p&eacute;&ntilde;ola incomparable,
+p&eacute;&ntilde;ola que hoy bendice todo un pueblo, y es lumbre de la humanidad.</p>
+
+<p>Su vida fue un himno permanente a todos los derechos, eterna protesta a
+todas las iniquidades.</p>
+
+<p>Fue mentor augusto, patriota insigne.</p>
+
+<p>Fue principio y resumen. Alfa y Omega. Sacerdote y ap&oacute;stol. Mecenas y
+Cat&oacute;n. Sufri&oacute;, am&oacute;, cre&oacute;. Conoci&oacute; lo pasado, vislumbr&oacute; lo porvenir. Fue
+artista, gladiador, vidente. Se ech&oacute; un mundo a la espalda y con &eacute;l se
+le vio, radioso y fatigado, camino de la inmortalidad. Ante los
+obst&aacute;culos se duplicaba; ante los imposibles, no ced&iacute;a. En&eacute;rgico,
+r&aacute;pido, tenaz. Si nublado, se alzaba; si torrente, se sumerg&iacute;a. Para &eacute;l
+era pira la existencia, &aacute;tomo el universo, minutos las edades. Limpiaba,
+talaba, esclarec&iacute;a. Hac&iacute;a surgir proclamas de los muertos, lanzas de las
+tumbas, auroras de los antros, escuadrones de las piedras. Brotaba
+chispas su espada; rel&aacute;mpagos, su pensamiento.</p>
+
+<p>Domin&oacute;, coron&oacute;, ascendi&oacute;.</p>
+
+<p>Y al caer, rota la frente, en un charco de sangre, hubo irrupci&oacute;n de
+llamas en el cielo, aglomeraci&oacute;n de palmas en la tierra, condensaci&oacute;n de
+recuerdos y sentimientos en el coraz&oacute;n de los americanos.</p>
+
+<p>Para llorar a Mart&iacute; no son suficientes las l&aacute;grimas de todos los hombres
+ni el grito clamoroso de todos los siglos.</p>
+
+<p>&iexcl;Santa memoria de Mart&iacute;, bendita seas!</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="Marti_a" id="Marti_a"></a><a href="#table">Mart&iacute;</a></h2>
+
+<h3><a href="#table">Discurso pronunciado por el Doctor Jos&eacute; Antonio Gonz&aacute;lez Lanuza</a></h3>
+
+<p class="derecha"><i>En la C&aacute;mara de representantes de Cuba el 19 de mayo de 1910</i></p>
+
+
+<p>Se&ntilde;or Presidente y se&ntilde;ores Representantes:</p>
+
+<p>Cuantos aqu&iacute; nos congregamos, hacemos memoria, sin duda, de una sesi&oacute;n
+an&aacute;loga a esta&mdash;igual a esta dir&iacute;a mejor&mdash;en el a&ntilde;o precedente. El
+entonces designado para hablar de Mart&iacute;, fue el se&ntilde;or Miguel Viondi, y
+los que aqu&iacute; estamos y est&aacute;bamos aquella tarde, recordamos cu&aacute;n
+gratamente nos entretuvo; dando a su disertaci&oacute;n el inter&eacute;s de la
+relativa novedad, &uacute;nica a que puede aspirarse cuando del Padre de
+nuestra Patria se trata hoy entre nosotros. Colocado se encontraba el
+se&ntilde;or Viondi en ventajosas condiciones para ello: amigo &iacute;ntimo de Mart&iacute;,
+lo hab&iacute;a tratado durante largo tiempo y de la manera m&aacute;s estrecha y
+pod&iacute;a referirnos rasgos, de esos que parecen insignificantes, pero que
+mejor que ninguna otra cosa indican el temperamento y la condici&oacute;n
+peculiar de un personaje. Refiri&eacute;ndonos historias de esa clase, pod&iacute;a
+entretenernos con algo nuevo que no supi&eacute;ramos los dem&aacute;s, que pudiera
+servir para rectificar alg&uacute;n juicio de detalle y para confirmar, como no
+pod&iacute;a, menos de resultar confirmado, el juicio que en conjunto
+form&aacute;ramos todos de antemano del hombre insigne cuyo nombre invocamos en
+estos instantes.</p>
+
+<p>En cambio, el que se ha designado para que lleve la palabra en el d&iacute;a de
+hoy, y de &eacute;l os hable, se encuentra en condiciones m&aacute;s desventajosas,
+porque no tuvo la dicha de conocerlo, ni de vista; y porque de &eacute;l sabe
+lo que sabemos todos; y de &eacute;l no puede decir otra cosa que lo que est&aacute;
+en la mente y en el coraz&oacute;n de todos. No era posible que en Cuba se
+ignorara qui&eacute;n fue Mart&iacute;, cu&aacute;l fue su obra y cu&aacute;l su representaci&oacute;n
+entre nosotros. Desde los m&aacute;s humildes&mdash;desde el punto de vista de la
+inteligencia&mdash;hasta los que pueden decirse pr&oacute;ceres de esa inteligencia,
+muchos han hablado entre nosotros de aquel que por antonomasia se ha
+llamado el Maestro. Historia de su vida, antecedentes de su carrera
+pol&iacute;tica, antecedentes de la agitaci&oacute;n que organizara y todos los
+detalles relativos a su participaci&oacute;n en el movimiento revolucionario
+que definitivamente independiz&oacute; a Cuba, son, para cuantos aqu&iacute; estamos,
+cosas sabidas; e igualmente son sabidas por todos los cubanos. En tal
+concepto, al que no pueda referir alg&uacute;n aspecto de la vida personal de
+aquel gran cubano, a un auditorio distinguido como este, se le coloca en
+una situaci&oacute;n verdaderamente dif&iacute;cil cuando se le hace hablar de Mart&iacute;.
+El tema es atractivo, es simp&aacute;tico, y porque siempre ha sido tema
+atractivo y simp&aacute;tico, muchos lo han tratado, muchos lo han
+desarrollado. El terreno, de tal modo, est&aacute; espigado por completo; y yo
+he de recomendarme a la benevolencia de ustedes para que con esa
+benevolencia se me perdone todo lo que en mi discurso no puede menos de
+ser una repetici&oacute;n.</p>
+
+<p>Pudi&eacute;ramos dividir en tres partes, no iguales, cierta mente, un discurso
+como el que debo pronunciar en el d&iacute;a de hoy: en una se puede hablar de
+la vida de Mart&iacute;; en otra, de su car&aacute;cter y de los rasgos prominentes
+del mismo; en la tercera, de su obra. Digo que no pueden ser iguales,
+porque acaso algo pueda decirse m&aacute;s extensamente, con un relativo aire
+de novedad de la segunda y de la tercera; de la primera, imposible.
+Hacer aqu&iacute; un resumen de su existencia, de todos conocida, ser&iacute;a hacer
+perder tiempo a los se&ntilde;ores que me escuchan. Su infancia; su juventud,
+pobre y agitada, mucho m&aacute;s que su infancia; su amor al estudio; las
+deficiencias de sus medios econ&oacute;micos; la consagraci&oacute;n de toda su vida
+al logro de un ideal; su paso por Espa&ntilde;a, sus pasos en Cuba, su
+residencia en las rep&uacute;blicas de la Am&eacute;rica latina, su residencia en los
+Estados Unidos; son cosas de todos conocidas. Su participaci&oacute;n en el
+movimiento revolucionario, su agitaci&oacute;n en las emigraciones cubanas, su
+recorrido por todos los pa&iacute;ses en los cuales crey&oacute; que pod&iacute;a encontrar
+un eco simp&aacute;tico al pensamiento revolucionario y su dedicaci&oacute;n absoluta
+y definitiva a dar cuerpo a ese pensamiento y a su ensue&ntilde;o, &iquest;qu&eacute; son
+sino una cosa que est&aacute; en la memoria y en el coraz&oacute;n de todos nosotros y
+que no necesita ser repetida, que no debe ser repetida, porque la
+repetici&oacute;n no ser&iacute;a ciertamente excusable, ser&iacute;a incuestionablemente
+vana y presuntuosa?</p>
+
+<p>No hablemos, por consiguiente, de su vida. De ella, lo que parece
+destacarse de una manera marcada, es esto sobre lo cual necesariamente
+habr&eacute; de volver, porque fue rasgo t&iacute;pico de su temperamento. Fue una
+vida dirigida, como la aguja magn&eacute;tica, hacia una sola direcci&oacute;n; y
+todas las vicisitudes y agitaciones de aquella existencia, realmente
+tormentosa, vinieron al cabo a culminar en un mismo punto y en el
+sentido de una sola v&iacute;a, por la que se encaminaron en definitiva sus
+pasos. Donde quiera que encontr&oacute; cualquier oficio por el cual trat&oacute; de
+librar su subsistencia, la adopci&oacute;n de ese oficio no tuvo m&aacute;s objeto
+sino el de lograr que fuera posible ir viviendo, para que al par que su
+vida se prolongara, se realizase la obra que se hab&iacute;a impuesto. La tarea
+que desde sus tiempos de muy joven concibi&oacute; en su esp&iacute;ritu, despert&oacute; en
+el mismo el prop&oacute;sito de consagrarse a ella, y de hecho, posteriormente,
+su vida fue, en cuanto a esa tarea, una definitiva consagraci&oacute;n.
+Naturalmente, en un hombre obsedido por esa misi&oacute;n, que debi&oacute; creer que
+providencialmente le estaba impuesta, y luego veremos por qu&eacute; lo digo,
+no era posible que se produjera un rumbo normal, tranquilo y constante
+en la existencia. Dado el hecho de imponerse a s&iacute; mismo semejante
+misi&oacute;n, todo lo que no fuera el cumplimiento de ella, ten&iacute;a que ser
+accesorio para &eacute;l y accidental. Era preciso vivir; no ten&iacute;a fortuna y
+era preciso buscar el pan de todos los d&iacute;as. Un hombre de inteligencia
+suficiente para haber abrazado cualquiera de esas profesiones, que si no
+francamente lucrativas, permiten por lo menos vivir con comodidad, no se
+pod&iacute;a ocupar de ninguna de ellas. Teniendo t&iacute;tulo de Abogado, no le fue
+dable ejercer la profesi&oacute;n. Para ello hubiera tenido que radicar en un
+mismo punto, que vivir en Cuba, y en Cuba espa&ntilde;ola, que someterse a la
+mirada recelosa de la polic&iacute;a espa&ntilde;ola, que prescindir de todo lo que &eacute;l
+entend&iacute;a que constitu&iacute;a su destino. Era preciso que librara la
+subsistencia con oficios que le permitieran al propio tiempo viajar,
+moverse de ac&aacute; para all&aacute;, preparar el movimiento revolucionario en
+definitiva. Y tan es as&iacute;, que una especie de visi&oacute;n, de destino
+providencial le animaba, que contra el parecer de la inmensa mayor&iacute;a de
+sus conciudadanos, contra el parecer casi un&aacute;nime de ellos, entendi&oacute; que
+estaban maduros los tiempos, cuando todo el mundo pensaba que su
+tentativa habr&iacute;a de abortar como extra&ntilde;a aventura de dementes.</p>
+
+<p>A veces sucede esto, y ha sucedido en muchas ocasiones en la historia de
+la humanidad: no son precisamente los hombres de mayor reposo en el
+car&aacute;cter y m&aacute;s serena cultura mental los que han decidido a las
+multitudes a obrar, los que han lanzado a los pueblos por el camino de
+su destino verdadero. Para eso se ha necesitado casi siempre una
+obsesi&oacute;n pasional y la impulsi&oacute;n que naturalmente se produce en virtud
+de ella; comunicar a las multitudes el fuego que a nosotros abrasa y
+hacerles realizar lo que ellas no pensaron que debieran realizar; aun
+muchas veces contra la voluntad general, adivinando cu&aacute;l es el estado de
+la subconciencia, el deseo &iacute;ntimo y verdadero de una agrupaci&oacute;n de
+hombres, para llevarlos a que ejecuten lo que quisieran ejecutar, pero
+lo que no se atreven siquiera a pensar en ejecutar. De aqu&iacute; el que fiel
+a su destino, Mart&iacute; viviera como corresponsal de peri&oacute;dicos, movi&eacute;ndose
+de ac&aacute; para all&aacute;, remitiendo correspondencias a un diario denominado <i>El
+Partido Liberal</i> y despu&eacute;s a <i>La Naci&oacute;n</i> de Buenos Aires, gan&aacute;ndose su
+subsistencia modest&iacute;simamente de este modo, a fin de girar por el mundo,
+aunando voluntades aqu&iacute; como all&iacute;, reuniendo fondos, procurando contar
+con la colaboraci&oacute;n de los que pod&iacute;an ponerse al frente del movimiento,
+y no desmayando nunca ante ning&uacute;n desastre, ni ante ning&uacute;n desenga&ntilde;o.
+&iquest;Para qu&eacute; dar detalles? Esta fue invariablemente su vida. Los accidentes
+de la misma no har&iacute;an sino presentar diversas facetas de esto que he
+indicado como su conjunto general.</p>
+
+<p>Discurrir ahora acerca de su temperamento y de su car&aacute;cter, de su papel
+y de su misi&oacute;n en la obra revolucionaria cubana, tiene para m&iacute; tambi&eacute;n
+un relativo inconveniente. Hace poco m&aacute;s de un a&ntilde;o, cuando, en la
+pr&oacute;xima ciudad de Matanzas se inauguraba, por iniciativa de un hombre a
+quien vi entonces por &uacute;ltima vez, el doctor Ram&oacute;n Miranda, un art&iacute;stico
+monumento en honor de Mart&iacute;, el doctor, que a ello me hab&iacute;a comprometido
+de antemano, me llev&oacute; a dicha ciudad a hacer uso de la palabra en la
+ceremonia de inauguraci&oacute;n. Entonces, refiri&eacute;ndome en un breve discurso
+dicho en la plaza p&uacute;blica, y que por ello no pod&iacute;a ser ni largo, ni
+reposado, ni serenamente meditado, a aquello que para m&iacute; constitu&iacute;a
+car&aacute;cter t&iacute;pico y saliente de Mart&iacute;, se&ntilde;alaba estas dos circunstancias
+que no dir&eacute; que sean absolutamente exclusivas de &eacute;l, pero que en
+realidad son en &eacute;l m&aacute;s prominentes que en ning&uacute;n hombre que haya podido
+vivir una vida an&aacute;loga a la suya y que se haya impuesto una misi&oacute;n como
+la que &eacute;l se impuso.</p>
+
+<p>En primer lugar, un hombre que mov&iacute;a a los dem&aacute;s a pelear, que encend&iacute;a
+en su patria la hoguera de la lucha tremenda, que condenaba a sus
+hermanos a pasar por la crisis de un terrible martirio, estaba al propio
+tiempo animado de un amor sin l&iacute;mites a la humanidad y de una
+benevolencia para todos los humanos, por malignos que fuesen o por
+errados que estuvieran; entre otros, y tal vez principalmente, para los
+que consideraba sus enemigos. Y adem&aacute;s hubo en &eacute;l rasgo peculiar de su
+tarea y de su esfuerzo: de todos los hombres que han podido determinar a
+una colectividad, grande o peque&ntilde;a, a realizar una obra com&uacute;n, un
+prop&oacute;sito general, quiz&aacute;s &eacute;l sea el que representa en esa obra com&uacute;n una
+parte m&aacute;s grande por raz&oacute;n de su esfuerzo individual. Mart&iacute;, en efecto,
+fue el determinante principal&iacute;simo de la revoluci&oacute;n cubana. El pueblo
+cubano, en aquel tiempo, y cuantos vivimos en aquella &eacute;poca lo sabemos,
+no quer&iacute;a en su mayor&iacute;a al menos, la revoluci&oacute;n. El Gobierno de Espa&ntilde;a
+nos hab&iacute;a dejado entrever una mejor condici&oacute;n pol&iacute;tica, sin sacudidas ni
+agitaciones violentas. Tan cierto es que aquello hubiera podido contener
+la obra revolucionaria que, como se ha dicho despu&eacute;s y repetido muchas
+veces, la actitud que tom&oacute; el Gobierno espa&ntilde;ol por la iniciativa del
+Ministro Maura contuvo un poco a Mart&iacute;. Le pareci&oacute; que su ideal y su
+tarea corr&iacute;an peligro si aquellas reformas pol&iacute;ticas se implantaban en
+Cuba de buena fe y eran generalmente aceptadas por el pueblo cubano, en
+virtud de lo cual &eacute;l ya no tendr&iacute;a ambiente adecuado para poner por obra
+sus prop&oacute;sitos. Fue la obcecaci&oacute;n de los pol&iacute;ticos espa&ntilde;oles, de ac&aacute; y
+de all&aacute;, la que se levant&oacute; como una barrera ante el Ministro que acabo
+de indicar y dej&oacute; el terreno aun m&aacute;s preparado que antes lo estaba para
+que pudiera fructificar la semilla. No obstante, el Gobierno espa&ntilde;ol,
+volvi&oacute;, como todos sabemos, a la idea de reformas pol&iacute;ticas. El plan del
+se&ntilde;or Maura se desech&oacute;; pero se plante&oacute; otro nuevo, que llev&oacute; el nombre
+de Abarzuza; y aun cuando la generalidad entre nosotros crey&oacute; que se iba
+a obtener menos de lo prometido, la mayor&iacute;a se resignaba a obtener
+aquello, a cambio de no tener delante de s&iacute; el fantasma de ninguna
+agitaci&oacute;n, de ninguna revoluci&oacute;n, de ninguna lucha. Yo recuerdo que no
+ya entre los elementos espa&ntilde;oles, sino aun entre los elementos cubanos,
+y muy cubanos, y muy probados, pero que no se encontraban en la
+conspiraci&oacute;n que estallaba en aquellos instantes, fue un efecto terrible
+el que produjeron los primeros movimientos. He tratado a algunos,
+emigrados de la guerra de los diez a&ntilde;os, de aquellos que desde su
+principio marcharon a los Estados Unidos o a algunas de las Rep&uacute;blicas
+Hispanoamericanas, que consideraron un acto de locura el que se iniciaba
+en aquellos d&iacute;as. Creyeron que todo lo que se hab&iacute;a adelantado, en 17
+a&ntilde;os de predicaci&oacute;n pac&iacute;fica, por el Partido Autonomista, iba a ser
+irremediablemente perdido; y un amigo particular m&iacute;o, que se hallaba en
+Madrid cuando los primeros sucesos estallaron, que sali&oacute; de Espa&ntilde;a muy
+poco despu&eacute;s y regres&oacute; a Cuba, hubo de declararme que en una entrevista
+que tuvo pocos d&iacute;as antes de embarcarse con el famoso tribuno espa&ntilde;ol
+don Emilio Castelar, este le signific&oacute; que en Cuba, se hab&iacute;a cometido un
+acto de demencia irreparable, y que los que lo comet&iacute;an y los que no lo
+comet&iacute;an, en virtud de irremediable consecuencia de la solidaridad,
+ver&iacute;an perturbado el sistema pol&iacute;tico de Cuba, ya que aquellos sucesos
+lo har&iacute;an volver mucho m&aacute;s atr&aacute;s de donde se encontraba en el momento en
+que se iniciaron los primeros esbozos de un plan de reformas. Y esa idea
+de don Emilio Castelar era la idea que aqu&iacute; tengan todos los que no
+estaban, dir&eacute; mejor, los que no est&aacute;bamos comprendidos en la
+conspiraci&oacute;n; porque a pesar del papel que yo posteriormente pude
+desempe&ntilde;ar, modesto y obscuro, en el movimiento revolucionario, he de
+declararlo sinceramente, y nunca he pretendido lo contrario, en la
+conspiraci&oacute;n inicial no estuve comprendido ni iniciado; hasta el punto
+de que, no sospechando que yo pod&iacute;a ser capaz de semejante cosa, el
+se&ntilde;or Juan Gualberto G&oacute;mez, a pesar de haber llevado su defensa ante la
+Audiencia de la Habana cuando se le proces&oacute; por la publicaci&oacute;n de un
+art&iacute;culo titulado &laquo;Por qu&eacute; somos separatistas&raquo;, jam&aacute;s cont&oacute; conmigo y
+aun hubo de decirme, ya en Ceuta, donde nos encontramos, que &eacute;l se
+hubiera dirigido a m&iacute; si hubiese sabido que yo era susceptible de ser
+inyectado con semejante virus; a lo que le contest&eacute; que quiz&aacute;s, en
+aquellos momentos, no hubiera sido yo susceptible de recibir, con fruto,
+la inyecci&oacute;n.</p>
+
+<p>En tales condiciones se encontraba la poblaci&oacute;n de Cuba cuando Mart&iacute;
+empez&oacute; la obra revolucionaria. Es verdad que, como &eacute;l dec&iacute;a, en el suelo
+no se advert&iacute;an los brotes primeros de la planta, pero &eacute;l sinti&oacute; lo que
+pasaba en el subsuelo, y en el subsuelo estaba ya preparada la semilla;
+prueba c&oacute;mo ella fructifera. Aun los m&aacute;s ajenos al movimiento inicial,
+se sintieron (y aqu&iacute; tambi&eacute;n puedo decir, nos sentimos) inmediatamente
+arrastrados por &eacute;l; de tal manera que aun antes de que la invasi&oacute;n de
+las provincias occidentales diera grave y decisiva importancia al guante
+arrojado al Gobierno de Espa&ntilde;a, ya hab&iacute;amos sentido muchos, que ve&iacute;amos
+venir la ola arrolladora, que lo peor que pod&iacute;a suceder a los nacidos en
+Cuba ser&iacute;a que ese Gobierno de Espa&ntilde;a aplastara militarmente a la
+revoluci&oacute;n; y aun algunos, sin creer que aquella revoluci&oacute;n pod&iacute;a tener
+un &eacute;xito, mucho menos cercano; sin pensar que en el per&iacute;odo
+relativamente corto de tres a&ntilde;os se triunfara; pensaron que era
+necesario un movimiento general para prestar auxilios a dicha
+revoluci&oacute;n, procurando al menos colocar el pleito en condiciones de
+transacci&oacute;n que a Espa&ntilde;a resultara irremediable; primera victoria, que
+hab&iacute;a de ser victoria definitiva, un poco m&aacute;s tarde, de Mart&iacute; ya muerto,
+sobre nuestros corazones.</p>
+
+<p>Era, indudablemente, un hombre extraordinario el que lleg&oacute; a producir en
+un pueblo, peque&ntilde;o o grande, eso poco importa, fen&oacute;meno como el que
+acabo de indicar. Dec&iacute;ales a ustedes hace poco que hab&iacute;a en realidad en
+su vida toda algo que indica que &eacute;l se consideraba providencialmente
+destinado a semejante misi&oacute;n. Esa impresi&oacute;n, mucho tiempo despu&eacute;s de
+muerto &eacute;l, la recib&iacute; directamente por unos renglones suyos, y en la obra
+de menos importancia de todas aquellas que ha publicado el se&ntilde;or Gonzalo
+de Quesada, piadoso recolector de sus escritos; en una que se titula <i>La
+Edad de Oro</i> y que es un volumen que contiene los trabajos que insertara
+Mart&iacute; en cuatro o cinco n&uacute;meros, muy pocos, de una revista que public&oacute;,
+dedicada a los ni&ntilde;os, y de la que &eacute;l era el director y el redactor casi
+&uacute;nico. En uno de esos art&iacute;culos, que se encuentra al principio, el que
+se denomina &laquo;Tres H&eacute;roes&raquo;, Mart&iacute; habla a los ni&ntilde;os, en sencillo
+lenguaje, de Bol&iacute;var, de Hidalgo y de San Mart&iacute;n; y refiri&eacute;ndose al
+primero, escribe estas palabras que voy a permitirme leeros y en las que
+entiendo que hay incuestionable, inconscientemente, y en s&iacute;ntesis, un
+poco de autorretrato:</p>
+
+<p class="indent">
+&laquo;Bolívar era peque&ntilde;o de cuerpo. Los ojos le relampagueaban, y las
+palabras se le sal&iacute;an de los labios. Parec&iacute;a como si estuviera esperando
+siempre la hora de montar a caballo. Era su pa&iacute;s, su pa&iacute;s oprimido, que
+le pesaba en el coraz&oacute;n, y no le dejaba vivir en paz. La Am&eacute;rica entera
+estaba como despertando. Un hombre solo no vale nunca m&aacute;s que un pueblo
+entero; pero hay hombres que no se cansan, cuando su pueblo se cansa, y
+que se deciden a la guerra antes que los pueblos, porque no tienen que
+consultar a nadie m&aacute;s que a s&iacute; mismos, y los pueblos tienen muchos
+hombres, y no pueden consultarse tan pronto. Ese fue el m&eacute;rito de
+Bol&iacute;var, que no se cans&oacute; de pelear por la libertad de Venezuela, cuando
+parec&iacute;a que Venezuela se cansaba. Lo hab&iacute;an derrotado los espa&ntilde;oles: lo
+hab&iacute;an echado del pa&iacute;s. &Eacute;l se fue a una isla, a ver a su tierra de
+cerca, a pensar en su tierra&raquo;.</p>
+
+<p>Cuando esto le&iacute; hace poco m&aacute;s de un a&ntilde;o, poco antes de que el se&ntilde;or
+Viondi pronunciara aqu&iacute; el discurso del a&ntilde;o anterior, me pareci&oacute; que en
+estas palabras Mart&iacute; se retrataba a s&iacute; mismo. No era &eacute;l de aventajada
+estatura, era m&aacute;s bien peque&ntilde;o de cuerpo (acaso fuera de la propia
+estatura de Bol&iacute;var); era nervioso tambi&eacute;n, como a Bol&iacute;var pintara; sus
+ojos, todos los que lo conocieron lo dicen, relampagueaban; las palabras
+asimismo se sal&iacute;an de sus labios; y cuando su pueblo se hab&iacute;a cansado de
+pelear, &eacute;l no se hab&iacute;a cansado del prop&oacute;sito de iniciar una nueva lucha;
+&eacute;l hab&iacute;a decidido la guerra solo, porque solo a s&iacute; mismo se consultaba;
+no necesitaba consultar a su pueblo y le parec&iacute;a tambi&eacute;n muy dif&iacute;cil
+consultar la opini&oacute;n de muchos. Y tan hab&iacute;a decidido la guerra &eacute;l solo,
+que a los jefes principales de aquella lucha, a los generales M&aacute;ximo
+G&oacute;mez y Antonio Maceo, los fue a buscar; y lo que no hab&iacute;an decidido
+ellos, &eacute;l hubo de decidirlo y fue &eacute;l solo, &eacute;l quien sac&oacute; de su inacci&oacute;n
+a tales hombres y en la aventura los embarc&oacute;. Cuando escrib&iacute;a tales
+palabras de Bol&iacute;var, es probable que pensara en s&iacute; mismo; es probable
+que no quisiera establecer una franca comparaci&oacute;n, cosa que su propia
+modestia hab&iacute;a de vedarle; pero yo dudo de que nadie que lo haya
+conocido, de que nadie que, aun sin conocerlo, haya o&iacute;do hablar de &eacute;l
+tanto como lo hemos o&iacute;do nosotros todos, deje de encontrar su propio
+esp&iacute;ritu, su propio temperamento, la condensaci&oacute;n de su car&aacute;cter y de su
+historia, en esas l&iacute;neas en que &eacute;l trataba de pintar a los ni&ntilde;os al que
+fue el Libertador de la Am&eacute;rica, Central y Meridional.</p>
+
+<p>Aquel otro rasgo del que hablara hace poco ya se se&ntilde;alaba en los
+momentos mismos en que la lucha ten&iacute;a comienzo. Parec&iacute;a a Mart&iacute; que
+deb&iacute;a dirigirse, no para conquistarlos en conquista imposible y absurda
+(no hay un solo rengl&oacute;n en el documento a que voy a referirme en que tal
+prop&oacute;sito aparezca), hasta a los propios soldados espa&ntilde;oles que estaban
+en Cuba; y en una especie de alocuci&oacute;n y manifiesto que de antemano
+publicara, les dec&iacute;a que era su adversario y enemigo, pero que no sent&iacute;a
+por ellos odio de ninguna especie. No los llamaba para convidarlos a la
+deserci&oacute;n, no; les advert&iacute;a el noble prop&oacute;sito de la lucha; y antes de
+comenzarla, &eacute;l, el m&aacute;s d&eacute;bil, el que solo contaba con su esfuerzo, el
+que bien se daba cuenta de lo &aacute;spera y dif&iacute;cil que iba a resultar, en el
+momento en que el encono es m&aacute;s natural en el esp&iacute;ritu del hombre,
+proclamaba un ideal de fraternidad para con el adversario y de antemano
+quer&iacute;a asegurar para un ma&ntilde;ana m&aacute;s o menos incierto, pero en el cual &eacute;l
+ten&iacute;a mucha fe, un programa de perd&oacute;n, de ausencia total de rencores, de
+olvido de la lucha misma.</p>
+
+<p>Y en efecto, ese esp&iacute;ritu que dominaba a toda su tentativa
+revolucionaria, se vio reproducido en el momento de la victoria al final
+de la guerra de Cuba. Y aun cuando en ello me repita, quiero consignar
+una cosa que consignara tambi&eacute;n all&aacute; en Matanzas, en la oportunidad a
+que antes me refer&iacute;a. Colaboradores entrambos enemigos en que tal fuera
+el resultado de la revoluci&oacute;n y de su triunfo, no solo los cubanos no
+tuvimos, salvo alguna que otra manifestaci&oacute;n aislada, que nunca pudo
+traducirse en hechos, el prop&oacute;sito vindicativo de las ofensas pasadas,
+sino que tampoco dieron los espa&ntilde;oles muestras de despecho o de
+inconformidad con los hechos consumados, y d&aacute;ndose cuenta oportuna de la
+situaci&oacute;n la aceptaron acaso con reservas mentales, pero con reservas
+que tuvieron la discreci&oacute;n de no exteriorizar jam&aacute;s; y as&iacute; nunca,
+manifestaron expresa y p&uacute;blicamente, ni aun durante el tiempo intermedio
+de la Intervenci&oacute;n primera, que, contentos con tal fracaso de la
+Revoluci&oacute;n vencedora, ellos deseaban que no triunfaran sus ideales
+definitivos. De este modo, y con la discreci&oacute;n de un lado y del otro, se
+ha podido lograr que la Rep&uacute;blica, ni antes ni despu&eacute;s de constituida,
+se mirara por esos hombres como una condici&oacute;n de cosas en la cual la
+vida era para ellos imposible, y tanto los unos como los otros, los que
+hab&iacute;an triunfado con el auxilio americano, y los que hab&iacute;an sido
+vencidos por las fuerzas unidas de cubanos y americanos; aceptaron como
+cosa definitiva el nuevo orden pol&iacute;tico, cooperando todos a mantenerlo,
+cada cual como ha querido, como ha podido o como ha debido.</p>
+
+<p>Ese amor de Mart&iacute; para todo lo humano, hasta el punto de que pudo tomar
+como lema de su existencia aquel verso famoso de Terencio, pues que nada
+que fuera humano, en efecto, le era extra&ntilde;o, se manifiesta muy
+principalmente hacia los pobres, hacia los humildes, hacia los d&eacute;biles.
+Mart&iacute; se abr&iacute;a muy f&aacute;cilmente camino en el coraz&oacute;n de ellos. Cuando en
+compa&ntilde;&iacute;a del que fue primer Presidente de nuestra Rep&uacute;blica, ya
+constituida en definitiva y reconocida por todas las naciones, don Tom&aacute;s
+Estrada Palma, en los &uacute;ltimos tiempos de la revoluci&oacute;n, en la &eacute;poca en
+que en el puerto de la Habana vol&oacute; el acorazado americano &laquo;Maine&raquo;, hice
+yo un viaje a Tampa y Cayo Hueso, esto llam&oacute; profundamente mi atenci&oacute;n.
+En las casas m&aacute;s pobres hab&iacute;a uno o m&aacute;s retratos de Mart&iacute;. No se
+contentaban generalmente con tener uno solo. Si lo ten&iacute;an peque&ntilde;o
+buscaban uno m&aacute;s grande y conservaban el peque&ntilde;o para trasladarlo a otra
+habitaci&oacute;n. Si lo ten&iacute;an de busto, quer&iacute;an tenerlo tambi&eacute;n de cuerpo
+entero. Si lo ten&iacute;an a &eacute;l solo, quer&iacute;an otro en que Mart&iacute; estuviese
+fotografiado en compa&ntilde;&iacute;a de alg&uacute;n amigo. Y en todas las casas, por
+humildes que fueran, se encontraba su imagen repetida, no una sola vez.
+As&iacute; la ve&iacute;a uno por todos lados; la ve&iacute;a en el exterior de los edificios
+como en el interior de los mismos; en la sala en donde se recib&iacute;a al
+hu&eacute;sped como en las habitaciones privadas; en los talleres de
+tabaquer&iacute;a, en n&uacute;mero bastante considerable, hasta el punto de haber
+podido yo contar seis retratos en un mismo taller. Y en todas partes le
+hablaban a uno de Mart&iacute;. Y hab&iacute;a gentes que se sab&iacute;an de memoria el
+primer discurso que dijo en Cayo Hueso; y no hab&iacute;a reuni&oacute;n pol&iacute;tica en
+que alguien no se encargara de recitarlos, como la obertura obligada de
+la funci&oacute;n de que se trataba; y las palabras de &eacute;l, lo que hab&iacute;a dicho,
+lo que hab&iacute;a indicado en las conversaciones particulares, el consuelo
+que hab&iacute;a prodigado a los infelices, a los desvalidos, a los tristes se
+repet&iacute;an diariamente; y no viv&iacute;a uno en aquel lugar y en aquella &eacute;poca
+sin ver su imagen por donde quiera, sin o&iacute;r repetir sus palabras y sus
+ideas por todas partes; hasta el punto de que era dif&iacute;cil sustraerse a
+la ilusi&oacute;n de que estaba vivo; &iexcl;ciertamente mucho m&aacute;s vivo entonces que
+cuando real y efectivamente viv&iacute;a!</p>
+
+<p>Otro de sus caracteres (cuantos lo conocieron han podido dar de esto un
+testimonio constante) fue la elevaci&oacute;n de su mente, su perenne altura
+mental. Tengo entendido que, cualquiera que fuese la bondad de su
+car&aacute;cter, cualquiera la facilidad con que se le pod&iacute;an acercar, altos o
+bajos, quienes desearan abordarlo, no fue, sin embargo, un hombre
+alegre. No pod&iacute;a serlo, puesto que ten&iacute;a la obsesi&oacute;n de una triste idea,
+la idea de una misi&oacute;n dura y dif&iacute;cil, no solo para &eacute;l, sino tambi&eacute;n para
+sus compatriotas. Aquel amante de la humanidad iba, en efecto, a ser
+causa de que se derramara sangre. Su misi&oacute;n no se pod&iacute;a realizar si no a
+costa de sangre y de l&aacute;grimas; y un hombre que ten&iacute;a en el coraz&oacute;n tan
+abundante piedad para todos los hombres, condenado a realizar obra
+semejante, no pod&iacute;a ser jovial, no pod&iacute;a abundar en &eacute;l la alegr&iacute;a. Por
+consiguiente no era dado a tomar en broma familiar las cosas que a
+veces, a los dem&aacute;s, a los que vivimos reducidos a un nivel normal
+humano, nos proporcionan esa fr&iacute;vola, pero grata impresi&oacute;n que hace
+re&iacute;r. No ten&iacute;a, no pod&iacute;a tener lo que un amigo m&iacute;o suele llamar &laquo;el
+sentido c&oacute;mico de los acontecimientos&raquo;. Y as&iacute; a veces, ante cosas
+verdaderamente c&oacute;micas, su esp&iacute;ritu encontraba siempre un aspecto sobre
+el cual se pod&iacute;a discutir seriamente, abandonando la broma, como algo
+incompatible con su temperamento, y contemplando tan solo el lado serio
+y elevado a que la cosa misma pudiera prestarse.</p>
+
+<p>Mi compa&ntilde;ero de trabajo y mi &iacute;ntimo amigo Pablo Desvernine, me ha
+referido lo siguiente, que presenciara &eacute;l una tarde, en el bufete del
+se&ntilde;or Viondi, en donde se encontraba Mart&iacute;. En aquella &eacute;poca el Liceo de
+la Habana se hallaba establecido en la Calzada de la Reina. Era antes de
+la revoluci&oacute;n, durante un breve paso de Mart&iacute; por Cuba; no solo antes de
+que el movimiento revolucionario estallara, sino tambi&eacute;n antes de
+aquella, para muchos aun no claramente conocida, aparici&oacute;n de Antonio
+Maceo en La Habana. Y result&oacute; ser que lleg&oacute; al bufete del se&ntilde;or Viondi
+un empleado suyo, un hombre sencillo y bueno, pero sin gran cultura, y
+declar&oacute;, en medio de la mayor jovialidad, que el doctor Jos&eacute; Antonio
+Cortina disertar&iacute;a aquella noche en el susodicho Liceo acerca de &laquo;un
+ingl&eacute;s&raquo; que pretend&iacute;a que el hombre descend&iacute;a del mono. Mart&iacute; se indign&oacute;
+en medio de la risa general. Comenz&oacute; por advertir a aquel pobre hombre
+estupefacto que no volviera nunca a expresarse en ese tono de semejante
+ingl&eacute;s. &laquo;Ese hombre de quien usted habla, le dijo, se llama Carlos
+Darwin, y su frente es la ladera de una monta&ntilde;a&raquo;; y continu&oacute; disertando
+en este tono por diez minutos, hasta que sus amigos le interrumpieron
+para hacerle comprender lo perdido e in&uacute;til de aquella disertaci&oacute;n.</p>
+
+<p>En ese estado de excitaci&oacute;n mental y con su esp&iacute;ritu en ese plano
+intelectual y moral, se encontraba constantemente. Como hombre que se
+halla obsedido por una idea, como acabo de decir, realmente triste, la
+de lanzar a sus hermanos a la guerra, le era imposible la risa ruidosa y
+la franca alegr&iacute;a. En efecto, si es cierto que su papel en la iniciativa
+y en el desarrollo de la revoluci&oacute;n fue individualmente tan decisivo
+como he podido indicar (y creo que de ello no cabe duda); si se estima
+que todo lo que se hizo posteriormente no fue m&aacute;s que consecuencia de su
+energ&iacute;a, de su acci&oacute;n individual; cuantos murieron, murieron, entre
+otras cosas, y principalmente porque &eacute;l los lanz&oacute; a la muerte, porque a
+ella los mand&oacute;; y aun as&iacute;, cuantas viudas, cuantos hu&eacute;rfanos lloraron,
+derramaron l&aacute;grimas por &eacute;l; cuantos aqu&iacute; se arruinaron, y cuantas
+propiedades se destruyeron, y cuantos escombros se amontonaron sobre
+nuestros campos, y cuanto humo ti&ntilde;&oacute; la pureza de nuestro cielo, fueron
+ruina, y destrucci&oacute;n, y escombros, y humo que a &eacute;l pueden referirse como
+a su causa. Todo eso fue realmente obra suya. Y hubiera podido pasarse
+un balance de pro y de contra, de cargo y de data, de debe y de haber,
+para saber cu&aacute;l era su saldo, si no hubiera &eacute;l comprendido la triste
+tarea que se impusiera y decretado que ella reclamaba su propio
+sacrificio. Y en efecto, tanto como el que m&aacute;s, mucho m&aacute;s que otros
+revolucionarios de su &iacute;ndole, no tan solo entendi&oacute; que deb&iacute;a lanzar a su
+pueblo a una lucha desesperada, sino que comenz&oacute; por lanzarse con &eacute;l; y
+aun creo que pens&oacute; que, inmol&aacute;ndose en holocausto voluntario, deb&iacute;a
+morir a las puertas mismas de la revoluci&oacute;n.</p>
+
+<p>&iquest;Qui&eacute;n podr&aacute;, por consiguiente, tomarle cuenta de la sangre que se
+derram&oacute;, de las l&aacute;grimas que se vertieron, de todo lo que pudo suponer
+aquella lucha postrera de la actual generaci&oacute;n cubana, cuando &eacute;l fue la
+primera v&iacute;ctima, prest&aacute;ndose a su propia inmolaci&oacute;n? De ese modo,
+redimi&oacute; todo lo que pudiera pensarse que hubo de sombr&iacute;o en su obra,
+aceptando para &eacute;l, espont&aacute;neamente, la parte m&aacute;s sombr&iacute;a. Ya antes hab&iacute;a
+hecho un sacrificio prolongado, que no hab&iacute;a sido cruento, pero que
+hab&iacute;a sido tan duro, por lo menos, como aquel que hiciera en el momento
+de morir. Como dije antes, todos los halagos de la existencia fueron
+cosas por &eacute;l renunciadas. La estabilidad de la residencia en un punto
+determinado; los lazos establecidos, cada d&iacute;a m&aacute;s firmes, y que hubieran
+sido sin duda lazos de fervoroso afecto respecto de un hombre que tan
+f&aacute;cilmente cautivaba el coraz&oacute;n de los otros; la posibilidad de una
+posici&oacute;n econ&oacute;mica relativamente holgada, que para ello ten&iacute;a aptitudes,
+condiciones, simpat&iacute;a, relaciones e inteligencia bastantes, aunque tal
+vez no el car&aacute;cter que se necesita para estas apacibles empresas, un
+tanto vulgares; todo esto lo renunci&oacute;, momento tras momento, un d&iacute;a tras
+otro de su vida. No tuvo ni siquiera, por mucho tiempo, los placeres del
+propio hogar. Errante siempre, de ac&aacute; para all&aacute;; en la propia Espa&ntilde;a, en
+Cuba solo de paso, en los Estados Unidos, en las tierras todas de la
+Am&eacute;rica latina; lo principal de su existencia fue preparar y hacer
+estallar la revoluci&oacute;n cubana. Todo lo dem&aacute;s que hizo fue perfectamente
+secundario en su vida. Esta fue, pues, una vida de constantes
+sacrificios. Por eso, con toda raz&oacute;n, en una conferencia que pronunciara
+en 1894, sobre &eacute;l, en New York, en la Sociedad Literaria
+Hispanoamericana, de la cual Mart&iacute; fue Presidente y fundador, terminaba
+el se&ntilde;or Enrique Jos&eacute; Varona declarando que su carrera pod&iacute;a
+sintetizarse &laquo;en la palabra gloriosa que pone un nimbo resplandeciente
+en torno de unos cuantos grandes nombres, en la que inmortaliza a los
+Prometeos, clavados en su roca, y a los Cristos, clavados en su cruz, la
+palabra Sacrificio&raquo;.</p>
+
+<p>En ello, se&ntilde;ores, no hizo Mart&iacute; m&aacute;s que seguir aquella vieja tradici&oacute;n
+de sus mayores; de nuestros mayores, ser&iacute;a mejor decir; ya que la firme
+decisi&oacute;n del sacrificio hab&iacute;a de ser la &uacute;nica arma de bastante temple
+para proporcionar a los cubanos la victoria, remota y casi inasequible.
+Cuando se recuerdan los d&iacute;as preliminares del conflicto, se comprende
+que todo el que pensara, ya exaltado por la pasi&oacute;n patri&oacute;tica o sin esa
+exaltaci&oacute;n y contemplando el espect&aacute;culo desde fuera, en que Cuba iba a
+luchar contra Espa&ntilde;a, en que una revoluci&oacute;n no bien organizada iba a
+lanzar el guante a un Estado organizado y con recursos, no podr&iacute;a nunca
+concebir que los revolucionarios aspiraran a un &eacute;xito militar decisivo y
+r&aacute;pido. Aquella guerra, para resultar, ten&iacute;a que prolongarse. Se ten&iacute;a
+el ejemplo de los diez a&ntilde;os de martirio anterior, y aquellos diez a&ntilde;os
+de combate hab&iacute;an producido el efecto de que la riqueza se escapara al
+pueblo cubano y pasara a otras manos, de que no quedara m&aacute;s que un
+residuo de su anterior preponderancia econ&oacute;mica. Empe&ntilde;ar una nueva lucha
+era consumar la ruina completa, porque aquella debilidad frente a
+aquella fuerza (fuerza y debilidad son siempre relativas) no pod&iacute;a
+aspirar a ninguna probabilidad de triunfo, sino mediante una
+perseverancia constante en el sacrificio.</p>
+
+<p>Algunas veces, en medio del combate, la posici&oacute;n respectiva de los
+adversarios se exageraba por unos y por otros; y de aqu&iacute; que la
+revoluci&oacute;n tropezara con algunos inconvenientes propios de la
+exageraci&oacute;n natural de sus cronistas. Recuerdo, por ejemplo, que el
+general M&aacute;ximo G&oacute;mez penetr&oacute; un d&iacute;a en la ciudad de Santa Clara, y
+estuvo durante algunas horas en la ciudad, y se surti&oacute; y surti&oacute; a sus
+tropas de calzado y v&iacute;veres, y ocup&oacute; ropas y municiones, y armamentos, y
+caballos, y medicinas; y al fin tuvo que marcharse, porque no pod&iacute;a
+sostenerse a pie firme, en tal lugar, contra las tropas espa&ntilde;olas. Dado
+lo que era la guerra de los cubanos contra Espa&ntilde;a, aquella era, para tal
+guerra, una brillante operaci&oacute;n militar; pero si realmente se le
+anunciaba al mundo, como se le anunci&oacute;, que el Ej&eacute;rcito cubano se hab&iacute;a
+apoderado de Santa Clara, de la capital de la provincia central de la
+isla y que all&iacute; se hab&iacute;a hecho fuerte contra las tropas espa&ntilde;olas, la
+noticia ten&iacute;a el inconveniente de su exagerada importancia; y cuando se
+supo despu&eacute;s lo que hab&iacute;a pasado realmente, la cosa pareci&oacute; peque&ntilde;a,
+precisamente en virtud de su exageraci&oacute;n; y el resultado fue que los
+peri&oacute;dicos franceses, m&aacute;s tarde, cuando recib&iacute;an algunas noticias por
+nuestro conducto pon&iacute;an delante de ellas, con letra bastardilla,
+&laquo;<i>Source Cubaine</i>&raquo;, para dar a entender que todo aquello era sospechoso
+de exageraci&oacute;n, si no de mentira.</p>
+
+<p>Por eso, y antes de hoy lo he dicho, nuestra grandeza verdadera ha
+estado en el tes&oacute;n del sacrificio. De todos aquellos que han abrigado
+ese empe&ntilde;o del sacrificio para conseguir la realizaci&oacute;n de un ideal,
+ninguno lo ha hecho con m&aacute;s firmeza y m&aacute;s altura y m&aacute;s decisi&oacute;n que
+Mart&iacute;; muchos han sido inferiores, ciertamente, a &eacute;l en este terreno.
+Por eso creo que el se&ntilde;or Varona ten&iacute;a raz&oacute;n cuando afirmaba que aquella
+palabra era la s&iacute;ntesis m&aacute;s cabal de toda su existencia: en el tiempo de
+su vida, haci&eacute;ndola penosa, mir&aacute;ndolo todo como secundario, salvo aquel
+prop&oacute;sito fundamental y esencial de todos sus d&iacute;as, uno tras otros; y
+despu&eacute;s, al iniciarse la lucha, lanz&aacute;ndose frente al enemigo, buscando
+la muerte y encontr&aacute;ndola al fin; &iexcl;&eacute;l no fue m&aacute;s que un sacrificado
+consciente y espont&aacute;neo, desde el primer momento hasta el &uacute;ltimo!</p>
+
+<p>Nosotros somos los herederos de esa obra suya, como de otras obras que
+se han unido a la de &eacute;l en una tarea com&uacute;n; y una herencia como esta, no
+es l&iacute;cito aceptarla a beneficio de inventario: sus herederos deben
+aceptarla sin ninguna especie de restricci&oacute;n, con las ventajas y con los
+inconvenientes, con los bienes y con las cargas. Por eso yo, que he
+pasado muchas veces como un pesimista, solo porque he visto acaso de un
+modo m&aacute;s claro, y he tenido un tanto m&aacute;s de atrevimiento para decirlo en
+alta voz, lo que hab&iacute;a entre nosotros de inconveniente y de malo, me he
+dado a m&iacute; mismo una, si se quiere, inmodesta satisfacci&oacute;n, declar&aacute;ndome,
+cuando otros me llamaban pesimista, un optimista fundamental. Hasta tal
+punto, que un amigo que me conoce me reprochaba una vez dici&eacute;ndome que
+la lectura de los sucesos pasados iba a producir en mi esp&iacute;ritu una
+peculiar aton&iacute;a, porque cualesquiera que fueran nuestros males, hojeando
+un libro de Historia, de cualquier pueblo, de cualquier &eacute;poca,
+encontraba en sus p&aacute;ginas el relato de una situaci&oacute;n infinitamente peor.
+Y es verdad, se&ntilde;ores Representantes. Recuerdo que leyendo una vez en la
+colecci&oacute;n de monograf&iacute;as hist&oacute;ricas publicada bajo la direcci&oacute;n del
+profesor Oncken, de Berl&iacute;n, una <i>Historia del Islamismo en Oriente y
+Occidente</i>, encontr&eacute; un pasaje en que el autor habla de los Emiratos
+independientes que surgieron de la primera invasi&oacute;n mogola, en el Asia
+Menor y en Armenia. Hubo una serie sucesiva de a&ntilde;os en que toda aquella
+historia tuvo una tr&aacute;gica monoton&iacute;a desesperante: deg&uuml;ellos de
+poblaciones enteras, incendios y saqueos de ciudades, exterminio de sus
+habitantes sin perd&oacute;n ni aun para ni&ntilde;os ni ancianos, lucha incesante de
+los pueblos entre s&iacute; y contra los invasores comunes; tales son las
+sim&eacute;tricas y feroces alternativas de aquella historia. Esta no tiene m&aacute;s
+sucesos que referir que esos que he indicado; y el autor del libro
+declaraba que para no repetir hasta la n&aacute;usea hechos exactamente iguales
+y horrorosos, iba a limitarse a decir que aquello dur&oacute; hasta el a&ntilde;o
+tantos y a dar la lista de los soberanos que reinaron en todo ese
+tiempo. Y yo, al leerlo, pensaba: &laquo;&iexcl;Todav&iacute;a los turcos encuentran
+armenios que degollar!&raquo;; y recordaba con cu&aacute;nta raz&oacute;n, aunque el
+consuelo aparezca, viniendo del diablo, Mefist&oacute;feles adoctrinaba a
+Fausto dici&eacute;ndole: &laquo;En vano un d&iacute;a tras otro amontono torbellinos,
+huracanes, incendios, volcanes y lluvias; extirpo al hombre, creo
+extirparlo, de la superficie de la Tierra; &iexcl;pero no lo logro en
+definitiva, porque aquella maldecida simiente de Ad&aacute;n, jam&aacute;s perece y
+siempre germinal, siempre brota, en ancho r&iacute;o, una sangre vigorosa y
+nueva!&raquo;.</p>
+
+<p>Ese debe ser, ciertamente, nuestro consuelo. Ahora, para experimentar en
+toda su intensidad este consuelo, es preciso hacer un esfuerzo por
+llegar a una determinada altura moral y mental; porque es preciso darnos
+cuenta de que ese renacimiento y ese bienestar que ma&ntilde;ana nos esperan,
+tal vez no los gozaremos nosotros; los gozar&aacute;n tan solo los que vengan
+detr&aacute;s de nuestra generaci&oacute;n. &iquest;Qu&eacute; importa? Nosotros somos en Cuba la
+generaci&oacute;n que consigui&oacute; realizar la libertad. &iquest;No es esto bastante
+premio para nuestro esfuerzo? &iexcl;Si no nos ha sido posible, si no nos ha
+de ser posible llegar tambi&eacute;n a conseguir la felicidad, pensemos que
+esta ser&aacute; sin duda el premio de una generaci&oacute;n posterior: el nuestro lo
+tenemos ya, lo hemos conseguido!</p>
+
+<p>&iquest;No somos felices en el presente? Hagamos todo lo que hacerse quepa para
+serlo en el futuro; y si llegamos a perder la esperanza de serlo
+nosotros mismos, hagamos todo lo posible porque lo sean nuestros hijos.
+&iquest;Qu&eacute; mejor recompensa para el esfuerzo de nuestros mayores, para el
+esfuerzo definitivo que nosotros hicimos? Vivamos, por consiguiente,
+persuadidos de esa idea, vivamos perfectamente compenetrados de que la
+generaci&oacute;n que nos precediera fue mucho m&aacute;s desgraciada, mucho m&aacute;s
+sacrificada que la nuestra. Luch&oacute; m&aacute;s tiempo que nosotros. Los que la
+compon&iacute;an se arruinaron por completo, siendo ricos; sufrieron lo
+indecible, habiendo nacido felices; y en medio del vigor de la humana
+fortaleza, a la mitad del camino de la vida, tristemente se desangraron
+y murieron; &iexcl;y no tuvieron la compensaci&oacute;n que nosotros hemos tenido, la
+de ver tremolando sobre el suelo de su patria la bandera de sus
+ilusiones y de sus ensue&ntilde;os!</p>
+
+<p>Si nosotros lo conseguimos, si al fin pudimos lograrlo y convertirlo en
+una realidad, &iquest;por qu&eacute; pedir m&aacute;s? Siempre me he dicho esto a m&iacute; mismo, y
+realmente no he pedido mucho m&aacute;s. Creo, s&iacute;, que cuanto haga el hombre
+por se&ntilde;alar a sus compatriotas las deficiencias del presente en que
+vive, es bueno y es saludable; pero debe hacerlo serenamente y sin ira,
+cumpliendo con su deber de heredero de herencia semejante con tes&oacute;n y
+energ&iacute;a, pero sin desesperarse nunca; comprendiendo que el mal es humano
+y que de &eacute;l no se podr&aacute; jam&aacute;s desligar la humanidad. Porque hay que
+tener en cuenta que el hombre, considerado como colectividad, progresa
+solo muy lentamente y adelanta de una manera an&aacute;loga a aquella empleada
+para cumplir su voto por un conde franc&eacute;s que, en la Edad Media, hizo el
+juramento de marchar a Tierra Santa caminando cuatro pasos hacia
+adelante y tres hacia atr&aacute;s; de manera que andando siete pasos tan solo
+adelantaba uno. No marcha m&aacute;s r&aacute;pidamente la humanidad. Al contrario,
+aun me parece que marcha con mayor lentitud; pero adelanta al fin, y eso
+es lo &uacute;nico que podemos pedir al Destino. As&iacute; el ma&ntilde;ana ser&aacute; ciertamente
+mejor que el presente; y nosotros habremos sido dignos herederos de
+nuestros causantes si vivimos considerando el estado actual de cosas no
+como algo definitivo, que debe satisfacernos, sino como algo transitorio
+que tenemos necesidad de mejorar. Si estimamos que las condiciones
+pol&iacute;ticas del presente no son buenas, comprendamos que todo lo que en
+ellas nos parezca malo ha de ser cosa modificable y mejorable; y cada
+cual desde su punto de vista, harmonizando cuanto quepa su inter&eacute;s
+personal con el inter&eacute;s colectivo, haga todo lo que pueda para conseguir
+ese mejoramiento.</p>
+
+<p>En suma, si pasajeros del momento presente, tenemos por lo menos la
+aspiraci&oacute;n ideal de considerarnos ciudadanos definitivos de una ciudad
+m&aacute;s perfecta, que est&aacute; aun por fundar, y trabajamos para fundarla, &iquest;qu&eacute;
+nos impedir&aacute; ser m&aacute;s felices, como premio de tal esfuerzo en el futuro?
+Y as&iacute; pudiera terminar estas reflexiones con que he entretenido la
+atenci&oacute;n vuestra, repitiendo, aunque para alterarle un tanto su sentido,
+una frase que se contiene en la ep&iacute;stola de San Pablo a los hebreos: &laquo;No
+tenemos aqu&iacute; por cierto una residencia duradera, permanente; es una
+residencia futura, una ciudad futura, la que debemos buscar&raquo;. &laquo;<i>Non
+habemus hic manentem civitatem</i> 2, <i>sed futuram inquirimus</i>!&raquo;.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="Marti_b" id="Marti_b"></a><a href="#table">Mart&iacute;</a></h2>
+
+<h3><a href="#table">por Federico Uhrbach</a></h3>
+
+<p class="derecha"><i>El F&iacute;garo</i>, noviembre 30 de 1910</p>
+
+
+<h3>Mart&iacute;</h3>
+
+<h3><i>Ante su m&aacute;rmol</i></h3>
+
+<h3>Para Manuel Sanguily, grande de coraz&oacute;n y pensamiento.</h3>
+
+<p class="poema">
+Alma, escuda con la malla milagrosa de la rima<br />
+el dolor y el desaliento que florecen en tu sima<br />
+cuando evoca la tristeza la visi&oacute;n de la contienda,<br />
+y fecundo rompa el brote vigoroso del ensue&ntilde;o<br />
+con la gloria fulgurante del audaz y heroico empe&ntilde;o&nbsp; &nbsp; &nbsp; <span class="linenum">5</span><br />
+y el fugaz deslumbramiento de la tr&aacute;gica leyenda.<br />
+</p><p class="poema">
+S&iacute; en la niebla del recuerdo melanc&oacute;lica perdura<br />
+desolada la memoria que en un vuelo de amargura<br />
+reconstruye la sangrienta florescencia de tu duelo,<br />
+no perturbe de tu llanto la corriente inagotable&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; <span class="linenum">10</span><br />
+la salmodia del tributo que se eleva inmensurable<br />
+de la patria, en la piadosa gracia c&aacute;ndida de un vuelo.<br />
+</p><p class="poema">
+Si inextinto el sedimento doloroso de la brega<br />
+enga&ntilde;osos espejismos simulando dulce entrega<br />
+fingen, alma, a tu miseria formular consolaciones,&nbsp; &nbsp; &nbsp; <span class="linenum">15</span><br />
+rinde el pl&aacute;cido reclamo de sagrada tregua, el triste<br />
+cavilar en la tragedia de tus l&aacute;grimas, y asiste<br />
+con tu lauro al homenaje de exaltar consagraciones.<br />
+</p><p class="poema">
+&iexcl;Cu&aacute;n radiante en la lejana perspectiva del pasado,<br />
+como lampo que emergiera de las ondas de un nublado&nbsp; &nbsp; &nbsp; <span class="linenum">20</span><br />
+se destaca luminosa de la p&aacute;lida penumbra,<br />
+la apost&oacute;lica figura del vidente mensajero<br />
+del amor y la justicia, con su rostro de lucero<br />
+y el hechizo de su genio que encadena y que deslumbra!<br />
+</p><p class="poema">
+De la gloria a los destellos la rom&aacute;ntica silueta&nbsp; &nbsp; <span class="linenum">25</span><br />
+del creyente que adunaba sus lirismos de poeta<br />
+con la viva llamarada de sus tr&aacute;gicos lirismos,<br />
+resplandece como un astro que las almas ilumina<br />
+con el fuego milagroso de su b&iacute;blica doctrina,<br />
+como un rayo de la aurora diafaniza los abismos.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; <span class="linenum">30</span><br />
+</p><p class="poema">
+So&ntilde;ador de rara estirpe de sublimes so&ntilde;adores<br />
+que persiguen la anhelada redenci&oacute;n de los dolores,<br />
+heredad fosca y est&eacute;ril de los seres infelices,<br />
+fue su vida inmaculada de fecundas ense&ntilde;anzas,<br />
+en los tristes vencimientos alentar las esperanzas&nbsp; &nbsp; &nbsp; <span class="linenum">35</span><br />
+y en las bregas afanosas resta&ntilde;ar las cicatrices.<br />
+</p><p class="poema">
+Prisionero que en la sombra perdi&oacute; el alba de la vida,<br />
+desterrado que en la playa de regi&oacute;n desconocida<br />
+inici&oacute; su apostolado dome&ntilde;ando adversidades,<br />
+al templar el alma al soplo de rebeldes embriagueces&nbsp; &nbsp; <span class="linenum">40</span><br />
+prendi&oacute; el sol que disipara las profundas lobregueces<br />
+que opusieran a su empe&ntilde;o las humanas tempestades.<br />
+</p><p class="poema">
+Las estancias cadenciosas de sus tr&eacute;mulos poemas<br />
+guardan b&aacute;lsamos y mieles, no los fieros anatemas<br />
+forjan lanzas aceradas en la urdimbre de su estrofa,&nbsp; &nbsp; <span class="linenum">45</span><br />
+y en la gama de su verso melanc&oacute;lico y flexible<br />
+hay, si hiere, un dulce ruego de perd&oacute;n indefinible,<br />
+y un esp&iacute;ritu doliente y amoroso si apostrofa.<br />
+</p><p class="poema">
+Incansable peregrino de un errante y largo viaje,<br />
+fue llevando por las rutas de su audaz peregrinaje&nbsp; &nbsp; &nbsp; <span class="linenum">50</span><br />
+en la alforja de sus sue&ntilde;os su dolor de clima en clima,<br />
+su dolor que fue acicate, voz nost&aacute;lgica de aliento,<br />
+al lanzar, transfigurado, su prof&eacute;tico lamento<br />
+en la bre&ntilde;a de la pampa y en la nieve de la cima.<br />
+</p><p class="poema">
+Con su influjo persuasivo de amoroso misionero,&nbsp; &nbsp; &nbsp; <span class="linenum">55</span><br />
+anunci&oacute; la buena nueva prodigando en el sendero<br />
+de su gracia luminosa floraciones tempraneras,<br />
+y simula en la grandeza de su inmenso simbolismo<br />
+un radiante Nazareno de exaltado iluminismo<br />
+de un Jord&aacute;n pr&oacute;vido y nuevo predicando en las riberas.&nbsp; <span class="linenum">60</span><br />
+</p><p class="poema">
+De su voz al suave encanto de sutiles inflexiones<br />
+la piedad acariciaba los heridos corazones<br />
+como un tr&eacute;molo de liras, como un tr&eacute;molo de auroras,<br />
+y el fulgor ultraterrestre que irradi&oacute; en clarividencias,<br />
+fulgur&oacute; como la estrella que orientaba las conciencias&nbsp; <span class="linenum">65</span><br />
+a las m&aacute;rgenes lustrales de las iras redentoras.<br />
+</p><p class="poema">
+Palad&iacute;n de una cruzada de gloriosos caballeros<br />
+que oficiaron por la patria con la cruz de sus aceros,<br />
+ofreciose en holocausto como s&iacute;mbolo y proclama,<br />
+y cay&oacute; como una torre que alevoso el rayo asedia,&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; <span class="linenum">70</span><br />
+reflejando en la pupila la visi&oacute;n de la tragedia<br />
+y prendiendo un meteoro del zodiaco de la fama.<br />
+</p>
+
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="Marti_su_vida_y_su_obra" id="Marti_su_vida_y_su_obra"></a><a href="#table">&laquo;Mart&iacute;: su vida y su obra&raquo;</a></h2>
+
+<h3><a href="#table">por N&eacute;stor Carbonell</a></h3>
+
+<p class="derecha"><i>Oraci&oacute;n pronunciada el d&iacute;a 23 de febrero de 1911, en el Ateneo de La Habana</i></p>
+
+
+<p>Se&ntilde;oras y se&ntilde;ores: o mis buenos amigos y buenos compa&ntilde;eros, Jes&uacute;s
+Castellanos y Max Henr&iacute;quez Ure&ntilde;a, entusiastas organizadores de estas
+hermosas lides del pensamiento, me hicieron el honor de invitarme para
+que consumiera un turno en ellas, consult&eacute; la mente, y no hall&eacute; tema que
+me subyugara: consult&eacute; luego el coraz&oacute;n, y hall&eacute;, Jos&eacute; Mart&iacute;. Con este
+amado nombre por bandera y por escudo, escalo esta tribuna. Pero yo no
+vengo aqu&iacute; como juez a juzgar su personalidad, ni como cr&iacute;tico a
+analizar su obra letra luego difundir por los aires el juicio que lo
+rebaje o enaltezca. No es ese mi prop&oacute;sito: quede tarea tan dif&iacute;cil como
+ingrata, para quien tenga m&aacute;s ambici&oacute;n que la m&iacute;a y menos temor de su
+saber y su persona. Yo vengo aqu&iacute;, sin m&aacute;s autoridad que la del limpio
+coraz&oacute;n enamorado de lo sublime, a rememorar, siquiera sea brevemente,
+la vida merit&iacute;sima y gloriosa, la vida llena de infinitas ternuras y
+cruentos martirios de ese enorme so&ntilde;ador melanc&oacute;lico, caballero de todas
+las justicias, que sufri&oacute; por la patria al trav&eacute;s de los a&ntilde;os de su
+existencia, cuanto hombre puede sufrir, y cay&oacute; desplomado de su corcel
+de guerra, para no levantarse jam&aacute;s, como un Aquiles de poema, en la
+tr&aacute;gica hermosura del combate, peleando como simple soldado por la
+libertad, en un luminoso mediod&iacute;a de mayo.... Yo vengo aqu&iacute; a recordar
+sus doctrinas, su bello y magn&iacute;fico ideal: la Rep&uacute;blica con todos y para
+el bien de todos, la Rep&uacute;blica de &laquo;ojos abiertos&raquo; y sin secretos, la
+Rep&uacute;blica equitativa y trabajadora, ancha y generosa, altar de sus hijos
+y no pedestal de ellos, la Rep&uacute;blica cuya primera Ley fuera el amor y el
+respeto mutuo de todos los derechos del hombre, la Rep&uacute;blica culta, con
+los libros de aprender al lado de la mesa de ganar el pan, la Rep&uacute;blica
+con su templo orlado de h&eacute;roes, la Rep&uacute;blica sin camarillas, sin
+misterios y sin calumnias, &iexcl;la Rep&uacute;blica! y no la mayordom&iacute;a espantada o
+la hacienda l&uacute;gubre de privilegios y monopolios irritantes; la Rep&uacute;blica
+justa y real en donde fuera un hecho el reconocimiento y la pr&aacute;ctica de
+las libertades verdaderas. Yo vengo aqu&iacute;, hoy que crece en nuestro suelo
+el manzanillo enfermo del pesimismo, y en que dir&iacute;ase que se est&aacute;
+pudriendo y desmigajando por momentos el alma nacional, a evocar su
+memoria sagrada, y al evocarla, a pedir a vosotros todos&mdash;y en vosotros a
+todos mis conciudadanos&mdash;, menos pol&iacute;tica aleve, menos intriga sutil,
+menos ambiciones, menos complicidades, menos emboscadas tenebrosas: y
+m&aacute;s piedad para los yerros y ofensas, y m&aacute;s respeto para todos los
+preceptos constitucionales, y m&aacute;s rectitud para rechazar a los que sean
+capaces de invitar al deshonor y al crimen, y m&aacute;s pureza para defender
+los principios patrios, y m&aacute;s voluntad para no codearse con los viles, y
+m&aacute;s valor para sacarlos por el cuello y ponerlos adonde el sol los queme
+y los destruya.... Yo vengo aqu&iacute;, a rendir el tributo infeliz de mis
+palabras, al literato insigne, al poeta sincero, al orador maravilloso,
+al hombre tierno y sonoro, grande y bueno, que despert&oacute; en mi alma, ya
+con las armon&iacute;as incomparables de su joyante prosa, ya con los trinos
+melodiosos de sus versos, ya con el himno triunfal de su voz
+pitonisaria, el amor inextinguible por la Libertad y la Belleza; al
+hombre cuya cabeza ya est&aacute; hueca, cuyos labios ya est&aacute;n mudos, cuya mano
+est&aacute; ya deshecha, al ap&oacute;stol y al m&aacute;rtir que reposa para siempre en la
+almohada eterna y en el inmortal silencio.... Vengo aqu&iacute;, en fin,
+tr&eacute;mulo y reverente, como hijo agradecido y amoroso, a ofrendarle mis
+pobres flores, mis flores descoloridas y sin perfume, mis pobres flores
+que acaso manos traidoras arrebaten y despedacen, atendiendo al dolor
+que en algunos vivos proporciona la glorificaci&oacute;n de aquellos muertos
+cuyas virtudes no saben; o no quieren imitar.... S&iacute;, porque es triste
+cosa, pero es lo cierto; todo aquel que posee una cualidad
+extraordinaria, l&aacute;stima, sin m&aacute;s que eso, al que no tiene ninguna: no
+hay bien de uno que no traiga la tristeza de otro; no se rinde homenaje
+a un muerto que no vaya acompa&ntilde;ado por malignas l&aacute;grimas o malignas
+sonrisas. El mundo rebosa de gentes que sufren con todo triunfo ajeno y
+quisieran ir por &eacute;l con una pica derribando cuanto les sobresale: y de
+gentes parasitarias que se r&iacute;en de todo lo que no comprenden. Pero...
+desprecio para ellos los envidiosos y desde&ntilde;osos de oficio, &iexcl;l&aacute;stima de
+sus humanas envolturas tan vilmente rebajadas! Aunque, qui&eacute;n sabe si por
+ello son m&aacute;s grandes los grandes de la tierra, los que han pasado sin
+doblar las rodillas por el mundo. Ellos son la espuma que salpica la
+barca y tambi&eacute;n la ola que la lleva a seguro puerto; la nube que oculta
+la estrella y tambi&eacute;n la sombra que la hace resaltar; el pu&ntilde;al que hiere
+y que envenena y la mano que venda y que restaura; el chiste raqu&iacute;tico
+que rebaja y la oda resonante que eleva y dignifica; la multitud que
+recrimina y aplasta y el pueblo que corona y premia; los gusanos que
+destruyen el cad&aacute;ver y las flores que crecen sobre las sepulturas. Ellos
+son la consagraci&oacute;n: no hay gloria completa sin el beso de una hermosa y
+sin la mordedura de un malvado; nadie puede llamarse francamente
+triunfador si no ha sentido posarse sobre su frente tiernas miradas de
+mujeres y crueles y sarc&aacute;sticas miradas de hombres... &iexcl;Ah! qui&eacute;n diera a
+mis palabras la pujanza de &aacute;guilas brav&iacute;as o potros cerriles, para
+pregonar con ellas a despecho de afilados dientes y rastreros silbidos,
+y no ya por la isla infeliz, sino bajo todos los techos del mundo, el
+genio y la bondad del divino maestro. Pero mis palabras, d&eacute;biles
+mariposas, apenas si podr&aacute;n en su vuelo llegar hasta vosotros, y apenas
+si podr&aacute;n expresar el sobrenatural trastorno que de m&iacute; se ha apoderado,
+desde que s&eacute;, porque lo he prometido, que es deber m&iacute;o rememorar su vida
+llena de sacrificios y perdones, recordar sus doctrinas ba&ntilde;adas de fe y
+amor, decir algo que sea de su literatura y poes&iacute;a originales, rendir mi
+homenaje de admiraci&oacute;n y de cari&ntilde;o entra&ntilde;able al hombre sin tacha, a
+pesar de fealdades e impurezas de la tierra, al hombre dulce y amable,
+que es hoy, al cabo de quince largu&iacute;simos a&ntilde;os de desaparecido, luz
+serena y deleitosa en mi cerebro, ternura y bondad y alas en mi
+coraz&oacute;n... &iexcl;Su vida! &iquest;Y podr&aacute; el pensamiento desbordado seguirla en su
+carrera de gloria y de dolor? &iquest;Podr&aacute; la palabra humana, humo y c&aacute;scara,
+y vestidura tantas veces de las m&aacute;s bajas pasiones, relatar tanta
+grandeza como encierra su vida? Naci&oacute; Jos&eacute; Mart&iacute; en cuna humilde, en La
+Habana, el 28 de enero de 1853, en la casa marcada con el n.&ordm; 102 de la
+calle de Paula. Naci&oacute; en plena corrupci&oacute;n colonial, cuando era Cuba
+m&aacute;rtir, el vertedero de todo lo podrido, el refugio de todos los
+estorbos, de todos los hambrientos y desocupados de Espa&ntilde;a, cuando era
+nuestra tierra, el criadero de una milicia viciosa y enfermiza, robada a
+la Agricultura y a la Industria de su pa&iacute;s; cuando era esta ciudad,
+jard&iacute;n de Am&eacute;rica hoy, corral blando y holgado de Capitanes Generales
+infecundos, logreros e imperiosos; cuando la bandera roja y gualda
+flotaba sobre nuestra casa y a su sombra los cubanos estaban condenados
+a perpetua cobard&iacute;a y los espa&ntilde;oles autorizados para enriquecerse y
+engordar sus vicios insolentes; cuando el criollo mor&iacute;a en la miseria y
+el peninsular paseaba satisfecho en el carruaje comprado con el oro que
+manaba del crimen; cuando hab&iacute;a m&aacute;s c&aacute;rceles que escuelas, y el l&aacute;tigo
+infamante chasqueaba sobre las espaldas de los hombres de una raza tan
+necesitada de justicia como la nuestra; cuando el cubano que no se
+somet&iacute;a a servir de celestino al pisaverde madrile&ntilde;o que lo solicitara,
+iba a purgar su osad&iacute;a en el presidio; cuando el talento de los nativos
+dorm&iacute;a echado bajo la bota del d&eacute;spota ce&ntilde;udo, y la capa torera sobre
+los hombros y la cinta de hule en el sombrero, eran los &uacute;nicos
+pasaportes de honor y las &uacute;nicas c&eacute;dulas de vida, verdaderas. Entonces
+naci&oacute; Mart&iacute;. Fue su padre don Mariano, espa&ntilde;ol, y Sargento cumplido del
+Ej&eacute;rcito; y su madre, do&ntilde;a Leonor P&eacute;rez, hija de Canarias. El s&aacute;bado 12
+de febrero del mismo a&ntilde;o en que naciera, fue bautizado en la iglesia del
+Santo &Aacute;ngel Custodio por el presb&iacute;tero don Tom&aacute;s Sala y Figuerola. Al
+nacer Mart&iacute; su padre desempe&ntilde;aba el cargo de Celador de Polic&iacute;a, o lo
+que es lo mismo, ten&iacute;a t&iacute;tulo sobrado para matar o encarcelar a los que
+no creyera fieles a la <i>madre patria</i>. Pero don Mariano era un hombre
+honrado aunque de escasa inteligencia y maneras rudas y desp&oacute;ticas.
+Cuando Mart&iacute; ten&iacute;a un a&ntilde;o de nacido, lo llevaron a Espa&ntilde;a a donde fueron
+sus padres a visitar unos parientes. Cerca de diez meses estuvieron por
+Valencia, al cabo de los cuales regresaron a La Habana, continuando don
+Mariano en el desempe&ntilde;o de su antiguo destino. Los padres, pues, de
+Mart&iacute;, espa&ntilde;oles, lo educaban en el amor a Espa&ntilde;a y en la sumisi&oacute;n m&aacute;s
+absoluta a su Gobierno. Y la aspiraci&oacute;n m&aacute;s ardiente de ellos era el ver
+alg&uacute;n d&iacute;a a su &laquo;Pepe&raquo;&mdash;as&iacute; lo llamaban&mdash;empleado en la misma faena
+policiaca que el viejo. Pero aunque el hombre no viene al mundo hecho,
+sino que se hace y se moldea al calor de los acontecimientos, Mart&iacute;,
+rebelde desde ni&ntilde;o a freno y reclusiones, fue como esos robles vigorosos
+que levantan su copa robusta a pesar de la enredadera que los envuelva y
+de los gusanos que lo roan. Verdad que Mart&iacute; fue un genio, y los genios
+como los volcanes traen sus entra&ntilde;as hechas: ellos mismos se tejen el
+amor y se acrisolan la capacidad. Se nace rey como se nace esclavo, pero
+quien lo nace no se da cuenta de ello hasta que no manda y es obedecido,
+o hasta que no lo mandan y obedece. Mart&iacute;, dij&eacute;rase que trajo al nacer
+la infinita comprensi&oacute;n del porvenir. En &eacute;l se realiz&oacute; el milagro: de un
+huevo de paloma naci&oacute; un &aacute;guila; en el &aacute;spero huerto creci&oacute; el lirio
+perfumador....</p>
+
+<p>En una escuela de barrio, de la que contaba &eacute;l que no pod&iacute;a olvidarse,
+porque a su maestro le deb&iacute;a que sus orejas estuvieran m&aacute;s separadas de
+la cara que lo regular, aprendi&oacute; las primeras letras. De all&iacute; sali&oacute; a
+los nueve a&ntilde;os para el colegio &laquo;San Anacleto&raquo;, que en aquel entonces
+dirig&iacute;a en esta capital el culto educador Rafael Sixto Casado. Y fue en
+este colegio donde comenz&oacute; a sobresalir, siendo el primero en las clases
+y el ganador de todos los premios; donde comenz&oacute; a mostrar que no era
+aire lo que tra&iacute;a en la cabeza sino pensamiento y acci&oacute;n. De esa ni&ntilde;ez
+suya, estudiosa, contaba Ferm&iacute;n Vald&eacute;s Dom&iacute;nguez y cuenta todav&iacute;a el
+doctor Eduardo F. Pl&aacute;, sus condisc&iacute;pulos dichosos en las aulas felices,
+rasgos asombrosos de inteligencia y de car&aacute;cter. Y fue de ese colegio de
+donde su padre, crey&eacute;ndolo ya bastante ilustrado lo sac&oacute; para emplearlo
+de Escribiente en la Celadur&iacute;a. Y acaso si se hubiera sepultado all&iacute; y
+se hubiera malogrado el grande hombre, si Francisco Arazoza, un buen
+amigo de don Mariano, a espaldas de este, no le hubiera dado dinero para
+matricularse en el Instituto de Segunda Ense&ntilde;anza, y lo hubiera alentado
+para que siguiera en sus estudios. Estos los tuvo que abandonar, empero,
+meses despu&eacute;s, hostigado por el autor de sus d&iacute;as que no estimaba
+necesario para desempe&ntilde;ar su empleo, ni para aspirar al de Celador,
+saber m&aacute;s de lo que &eacute;l ya sab&iacute;a. Sin embargo, el ansia de ilustrarse lo
+llev&oacute; m&aacute;s tarde, cuando solo contaba catorce primaveras, al plantel de
+educaci&oacute;n, &laquo;San Pablo&raquo;, colegio de Segunda Ense&ntilde;anza que fund&oacute; y dirigi&oacute;
+en aquel tiempo, el culto y valiente poeta Rafael Mar&iacute;a de Mendive. En
+&eacute;l se gan&oacute; el cari&ntilde;o y la estimaci&oacute;n de su Director y estrech&oacute; la
+amistad con Ferm&iacute;n Vald&eacute;s Dom&iacute;nguez, quien le abri&oacute; su casa acomodada,
+le prest&oacute; sus libros y le colm&oacute; de sincero afecto. De los m&aacute;s dulces
+tiempos de su vida fueron esos: y del solaz de ellos, del gozo de ellos,
+vino a sacarlo, sacudi&eacute;ndole las m&aacute;s rec&oacute;nditas fibras del coraz&oacute;n, el
+grito de independencia lanzado en Yara, en la madrugada heroica del 10
+de octubre de 1868, por el var&oacute;n ilustre, por el caudillo insigne, por
+Carlos Manuel de C&eacute;spedes. D&iacute;as despu&eacute;s redujeron a prisi&oacute;n, en el
+Castillo del Pr&iacute;ncipe, a Rafael Mar&iacute;a de Mendive, m&aacute;s tarde deportado a
+Santander: y cuentan que Mart&iacute;, ansioso de ver a su amado maestro, se
+fue al Gobierno, y sin m&aacute;s recomendaci&oacute;n que su persona, consigui&oacute; un
+pase para poderlo visitar: y all&iacute; iba &eacute;l diariamente, al calabozo del
+cubano prisionero, a llevarle el consuelo de su agradecimiento y su
+ternura. El toque de clar&iacute;n de Yara, primero, haciendo vibrar su joven
+alma de patriota, la prisi&oacute;n de su viejo amigo, los sucesos de
+Villanueva, y otros desmanes y abusos cometidos por el Gobierno de
+Espa&ntilde;a en Cuba, fueron seguramente los que fijaron en su mente la divina
+idea de libertad y la necesidad de conquistarla. Fue entonces como su
+despertar glorioso. Fue entonces acaso que se jur&oacute; en secreto a ella y
+celebr&oacute; sus bodas con la patria: fue entonces que recibi&oacute; esa
+consagraci&oacute;n del dolor que sublima el alma y se&ntilde;ala cumbres desconocidas
+al pensamiento....</p>
+
+<p>Cuando Mendive sali&oacute; para Espa&ntilde;a a cumplir condena, Mart&iacute;, a quien la
+existencia se le qued&oacute; por esa causa como sin luz y sin gu&iacute;a y sin
+amparo, empleose, con el fin de ayudar a su padre, siempre gru&ntilde;&oacute;n y
+descontento de &eacute;l, en el escritorio de don Crist&oacute;bal Madan, antiguo
+amigo del bardo desterrado. A su vez, Mart&iacute; segu&iacute;a sus estudios en el
+Instituto de Segunda Ense&ntilde;anza. Y cuentan que en las horas que mediaban
+de clase a clase, se reun&iacute;a un grupo de estudiantes para hablar de
+pol&iacute;tica: y que era siempre Mart&iacute;, el que m&aacute;s hablaba y con m&aacute;s
+entusiasmo, de los problemas de la patria, y que daba gusto o&iacute;r de sus
+labios infantiles, sentencias y frases hermosas, como de adulto hecho ya
+a manejar los tiempos y a crearlos: como de hombre hecho a clamar, a
+desatar batallas y a desplegar victorias.... En esa misma &eacute;poca, y como
+Domingo Dulce, Capit&aacute;n General de la Isla, decretara la libertad de
+imprenta, comenz&oacute; Mart&iacute; a publicar en compa&ntilde;&iacute;a de Vald&eacute;s Dom&iacute;nguez un
+peri&oacute;dico titulado <i>El Diablo Cojuelo</i>, al mismo tiempo que dirig&iacute;a <i>La
+Patria Libre</i>, siendo este &uacute;ltimo el peri&oacute;dico donde public&oacute; por vez
+primera su poema &laquo;Abdala&raquo;, canto brioso y fulgurante de levantado
+esp&iacute;ritu patri&oacute;tico. Para &eacute;l fue un d&iacute;a de j&uacute;bilo casi celestial, un d&iacute;a
+de esos en que el sol parece como que retoza en las almas, aquel en que
+vio publicado sus versos. Mas, poco le dur&oacute; este contentamiento, pues
+cuando lleg&oacute; a su casa mostrando su producci&oacute;n, los padres, que no
+estaban de acuerdo con esos juegos de la fantas&iacute;a y viriles arranques de
+cubanismo, lo castigaron severamente. Otros han tenido los besos de los
+padres como el aplauso primero a sus demostraciones de hombr&iacute;a, de saber
+y de talento: Mart&iacute; no; Mart&iacute; no tuvo en el hogar m&aacute;s que &aacute;spera voz,
+seca ri&ntilde;a, cruel amenaza, injusta reprensi&oacute;n de la mano como &uacute;nica
+recompensa a sus precoces anhelos de gloria y honores....</p>
+
+<p>Y lleg&oacute; el momento aciago en que hab&iacute;a de sufrir el primer castigo, en
+que hab&iacute;a de comenzar a descender la cuesta de la vida, por amar a su
+patria, ser hombre, y negarse al serrallo. Corr&iacute;a el a&ntilde;o de 1869. Era el
+4 de octubre. Acusados por unos voluntarios, Eusebio Vald&eacute;s Dom&iacute;nguez,
+hermano de Ferm&iacute;n, Manuel Sell&eacute;n y Atanasio Fortier, del <i>enorme delito</i>
+de haberse burlado de ellos al pasar de regreso de una gran parada, por
+la casa de la familia de Vald&eacute;s Dom&iacute;nguez, vinieron, ya entrada la
+noche, a prenderlos. Con ese motivo efectuaron un registro en la casa ya
+citada, ansiosos, seguramente, aquellos forajidos, de hallar algo que
+sancionara la matanza. En el registro llevado a cabo, encontraron, entre
+otras cosas, una carta cuyo sobre estaba todav&iacute;a sin cerrar, y que
+hab&iacute;an escrito y firmado Mart&iacute; y Ferm&iacute;n Vald&eacute;s Dom&iacute;nguez, para
+mand&aacute;rsela a un condisc&iacute;pulo de ellos que hab&iacute;a cometido la mala acci&oacute;n
+de apuntarse como oficial de un regimiento, siendo criollo, para ir a
+combatir a sus hermanos que en esos momentos bregaban y sangraban por
+conquistar para ellos y para todos, casa libre y justa. La breve carta,
+escrita por Mart&iacute;, estaba redactada en estos t&eacute;rminos: &laquo;Se&ntilde;or Carlos de
+Castro y de Castro: (as&iacute; se llamaba el traidor) Compa&ntilde;ero: &iquest;Has so&ntilde;ado
+t&uacute; alguna vez con la gloria de los ap&oacute;statas? &iquest;Sabes t&uacute; c&oacute;mo se
+castigaba en la antig&uuml;edad la apostas&iacute;a? Esperamos que un disc&iacute;pulo de
+Rafael Mar&iacute;a de Mendive, no dejar&aacute; sin contestaci&oacute;n esta carta&raquo;. Este
+hecho determin&oacute; la prisi&oacute;n de Mart&iacute; y de Ferm&iacute;n Vald&eacute;s Dom&iacute;nguez, siendo
+ambos juzgados en consejo de guerra. Ante el Tribunal fueron llamados
+los dos. Vald&eacute;s Dom&iacute;nguez, primero, declar&oacute; que &eacute;l hab&iacute;a sido el autor
+de la carta y de las dos firmas. Pero cuando Mart&iacute; fue interrogado,
+jadeante y como si llevara en el pecho una monta&ntilde;a, se acerc&oacute; a los
+jueces, y afirm&oacute; con en&eacute;rgica y vibrante voz que &eacute;l si era el &uacute;nico y
+verdadero autor de la carta citada. Y para corroborar de manera
+elocuente su aserto, formul&oacute; duros ataques contra la dominaci&oacute;n
+espa&ntilde;ola, su tir&aacute;nica pol&iacute;tica y sus hombres nulos e infames. Este fue
+el primer discurso de Mart&iacute; y la primera demostraci&oacute;n p&uacute;blica de su
+talento y su car&aacute;cter irreductibles. Hay hombres que vienen al mundo
+como los huracanes y las avalanchas, purificando y retumbando desde que
+nacen. As&iacute; Mart&iacute;. Diez y seis a&ntilde;os contaba entonces, &laquo;el bozo en flor y
+el p&aacute;jaro en el alma&raquo; y Espa&ntilde;a quiso matarlo. El Fiscal pidi&oacute; para &eacute;l la
+pena &uacute;ltima y para Ferm&iacute;n Vald&eacute;s Dom&iacute;nguez diez a&ntilde;os de presidio. Pero
+el fallo fue: seis a&ntilde;os de prisi&oacute;n para Mart&iacute; y uno para su camarada de
+infortunios e ideales. Y Mart&iacute; fue a presidio. Lo que all&iacute; sufri&oacute; &eacute;l, lo
+dijo en p&aacute;ginas que todav&iacute;a gotean sangre, en su folleto &laquo;El presidio
+pol&iacute;tico en Cuba&raquo; y en el que exclamaba: &laquo;Dante no estuvo en presidio.
+Si hubiera sentido desplomarse sobre su cerebro las b&oacute;vedas oscuras de
+aquel tormento de la vida, hubiera desistido de pintar su infierno. Lo
+hubiera copiado y lo hubiera pintado mejor. Si existiera el Dios
+providente, y lo hubiera visto, con una mano se habr&iacute;a cubierto el
+rostro y con la otra habr&iacute;a hecho rodar al abismo aquella negaci&oacute;n de
+Dios&raquo;. Y fue luego deportado a Isla de Pinos y m&aacute;s tarde enviado a
+Espa&ntilde;a en calidad de deportado. Para ella embarc&oacute; el 15 de enero de
+1871. Momentos antes de salir le escrib&iacute;a a su benefactor se&ntilde;or Mendive:
+&laquo;De aqu&iacute; a dos horas embarco desterrado para Espa&ntilde;a. Mucho he sufrido,
+pero tengo la convicci&oacute;n de que he sabido sufrir. Y si he tenido fuerzas
+para tanto, y si me siento con fuerzas para ser verdaderamente un
+hombre, solo a usted lo debo y de usted y solo de usted es cuanto de
+bueno y cari&ntilde;oso tengo. Diga usted a Micaela que si he tenido muchas
+imprudencias, la bondad con que las disculpa me hace quererla m&aacute;s. Y a
+Paulina y a Pepe y a Alfredo, y a todos mi afecto. Much&iacute;simos abrazos a
+Mario: y de usted toda el alma de su hijo y disc&iacute;pulo&raquo;. As&iacute; escrib&iacute;a a
+su viejo amigo, poco antes de salir para el destierro, poco antes de
+abandonar su patria y su hogar y sus libros el mancebo estupendo que
+hab&iacute;a de ser m&aacute;s tarde el Libertador de su pueblo, y el que le arrancara
+su &uacute;ltima presa en Am&eacute;rica a la hambrienta monarqu&iacute;a espa&ntilde;ola.</p>
+
+<p>A Espa&ntilde;a lleg&oacute; Mart&iacute;, apesadumbrado, pobre, comido de pesar el coraz&oacute;n.
+A causa del grillete que hab&iacute;a llevado se le form&oacute; un tumor del cual lo
+operaran dos veces y las dos sin &eacute;xito. Primeramente vivi&oacute; en Madrid del
+escaso producto de unas clases que daba a los ni&ntilde;os de don Leandro
+&Aacute;lvarez Torrijo y a los de la Viuda del General Ravenet. Viv&iacute;a, como es
+de suponerse, miserablemente. Viviendo as&iacute; se lo encontr&oacute;, cuando fue
+deportado a Espa&ntilde;a por los sucesos del 27 de noviembre de 1871, Ferm&iacute;n
+Vald&eacute;s Dom&iacute;nguez, su amigo, o m&aacute;s bien, su hermano. Y como Vald&eacute;s
+Dom&iacute;nguez llevaba en la bolsa, oro bastante, se instalaron juntos en
+amplias habitaciones, bien situadas. Y Mart&iacute; comenz&oacute; una nueva
+existencia. Mejor&oacute; de salud, se le animaron los ojos tristes, y de nuevo
+emprendi&oacute; sus estudios. En esa &eacute;poca y no obstante estudiar sin
+descanso, el tiempo no le faltaba para escribir folletos, para
+pronunciar discursos desde la tribuna de la logia &laquo;Armon&iacute;a&raquo;, para hacer
+versos, y para hablar con sus paisanos de las enfermedades de la patria
+y de sus curas posibles y necesarias. Una noche en que para tratar sobre
+el asesinato de los Estudiantes de Medicina, se reunieron los cubanos
+all&iacute; residentes, Mart&iacute; habl&oacute;: y recuerda uno que estuvo en aquella
+reuni&oacute;n memorable, que fue su discurso relampagueante, encendido,
+arrebatador; y recuerda tambi&eacute;n, que sucedi&oacute; esa noche una cosa
+sobrenatural. Colgando de la pared, sobre la tribuna, hab&iacute;a una mapa de
+Cuba, y cuando Mart&iacute;, lleno del m&aacute;s tierno lirismo hac&iacute;a una invocaci&oacute;n
+a su patria llorosa y rodeada de cadenas, cuando la concurrencia,
+suspensa de su palabra, temblaba de emoci&oacute;n, el mapa cay&oacute; como una
+corona sobre su cabeza. &iexcl;Fue como si su tierra toda entera, respondiera
+a su llama miento! Y cuando la proclamaci&oacute;n de la Rep&uacute;blica en
+Espa&ntilde;a&mdash;golondrina fugaz como un suspiro&mdash;, Mart&iacute; puso en manos de
+Estanislao Figueras, un largo escrito abogando por la independencia de
+Cuba. Y cuando los federales en sesi&oacute;n solemne celebrada en la Academia
+de jurisprudencia, quisieron hacer declarar a los cubanos de Madrid que
+se contentaban con la Rep&uacute;blica federal espa&ntilde;ola, Mart&iacute;, all&iacute; presente,
+se opuso a ello, y en un debate que lo mantuvo en pie siete horas, ech&oacute;
+por el suelo esos prop&oacute;sitos. Mart&iacute; se opuso tambi&eacute;n a la creaci&oacute;n en
+Madrid de un Casino Cubano. Por eso y por otros rasgos m&aacute;s, fue a sus
+pocos a&ntilde;os, y en plena Corte de Espa&ntilde;a, como el verbo y el alma de su
+pueblo atormentado y miserable....</p>
+
+<p>Debido a que Ferm&iacute;n Vald&eacute;s Dom&iacute;nguez enferm&oacute; gravemente y los m&eacute;dicos le
+recomendaron que cambiara de aires, pasaron Mart&iacute; y &eacute;l a Zaragoza en
+donde apenas llegados, se ganaron el afecto y la estimaci&oacute;n de los hijos
+de aquel noble pedazo de Espa&ntilde;a. Los <i>insurrectos</i> los llamaban en
+Arag&oacute;n, pero los llamaban as&iacute;, sin ira y sin odio. Mart&iacute; en Zaragoza lo
+fue todo, el orador en las reuniones, el escritor en los peri&oacute;dicos, el
+poeta siempre. En una velada organizada para recoger fondos con que
+aliviar la miseria de las viudas y hu&eacute;rfanos de los bravos que
+sucumbieron por defender el honor que un rey criminal quiso asesinarles,
+Mart&iacute; pronunci&oacute; una oraci&oacute;n bell&iacute;sima, y el se&ntilde;or Leopoldo Bur&oacute;n recit&oacute;
+unos versos, tambi&eacute;n suyos, alusivos al acto. En Zaragoza obtuvo Mart&iacute;,
+el grado de doctor en Derecho a t&iacute;tulo de suficiencia, y el de doctor en
+Filosof&iacute;a y Letras, a pesar de la marcada oposici&oacute;n del claustro de
+aquella Universidad carlista. As&iacute;, a puro esfuerzo, entre flaquezas e
+impulsos, entre dentelladas y sonrisas, sin morder el m&eacute;rito ajeno,
+caminando siempre del lado de los pobres, y sin andar de pedig&uuml;e&ntilde;o por
+entre bastidores y escaleras, se hizo hombre, &iexcl;grande hombre!, el ni&ntilde;o
+bondadoso del hogar infeliz, el sufrido presidiario de las canteras de
+Medina, el joven enfermizo y desterrado de la pen&iacute;nsula ibera, nuestro
+Jos&eacute; Mart&iacute;....</p>
+
+<p>Y con sus t&iacute;tulos de Abogado y doctor en Filosof&iacute;a y Letras, dej&oacute; la
+naci&oacute;n hispana, en 1873, y se fue a visitar a Par&iacute;s, Londres y otras
+importantes ciudades de Europa, siguiendo luego viaje a M&eacute;xico, en donde
+le esperaban, ansiosos de abrazarlos, sus padres y hermanas. En M&eacute;xico,
+tierra ancha y generosa en la que los cubanos han hallado siempre
+alegr&iacute;a y calor de propio hogar, lo recibieron con marcadas
+demostraciones de aprecio. A poco de estar Mart&iacute; entre los mexicanos,
+era altamente conocido y admirado como periodista, profesor, dramaturgo,
+orador y poeta. Durante los cuatro a&ntilde;os que en esa Rep&uacute;blica permaneci&oacute;,
+fue Director de <i>La Revista Universal</i>, la cual se escrib&iacute;a a veces
+desde el fondo hasta las gacetillas; conferencista en el <i>Liceo Hidalgo</i>
+y en otras Sociedades; autor dram&aacute;tico en los principales teatros. Los
+trabajadores de Chihuahua lo nombraron Diputado al Congreso de Obreros y
+el Gobierno lo colm&oacute; de atenciones a cada instante. Mart&iacute;, sin el grande
+amor por su patria, hubiera sido en M&eacute;xico, como en cualquier otro pa&iacute;s,
+conductor de conciencias. Pero la estrella her&aacute;ldica que lo llev&oacute; a
+morir entre el humo y el fragor de la metralla, le segu&iacute;a como un
+lamento y como el grito de una madre: de ah&iacute; que ese hombre que pudo ser
+monte coronado de flores, viviera por mucho tiempo, errante y vagabundo,
+sin plantar su tienda, fija la mirada en la isla hermosa, donde no hab&iacute;a
+justicia sin soborno, ni honor sin castigo, ni pan sin mancha.</p>
+
+<p>En M&eacute;xico, tr&eacute;mulo de femenil pasi&oacute;n y llena el alma como siempre, del
+ansia de morir a caballo, peleando por su pa&iacute;s, escribi&oacute; &eacute;l, aquella
+composici&oacute;n suya, titulada &laquo;Patria y mujer&raquo;; composici&oacute;n que expresa
+bien, la grandeza de su alma, arrullada por suspiros de amor y agitada
+por gritos desesperados de deber. Lleno de ternura el coraz&oacute;n y poblada
+la mente de tr&aacute;gicas visiones, escribi&oacute; sin duda esa valiente poes&iacute;a de
+la que yo recuerdo estas estrofas:</p>
+
+<p class="poema">
+&laquo;Otra vez en mi vida el importuno<br />
+suspiro del amor, cual si cupiera,<br />
+triste la patria, pensamiento alguno<br />
+que al patrio suelo en l&aacute;grimas no fuera.</p>
+
+<p class="poema">
+.........................................
+</p>
+<p class="poema">
+&raquo;Y &iquest;con qu&eacute; coraz&oacute;n, mujer sencilla,<br />
+esperas t&uacute; que mi dolor te quiera?<br />
+Podr&aacute; encender tu beso mi mejilla,<br />
+pero lejos de aqu&iacute;, mi alma me espera.<br /></p>
+<p class="poema">
+.........................................
+</p>
+<p class="poema">
+&raquo;Miente mi labio si se acerca al tuyo,<br />
+mienten mis ojos si de amor te miran;<br />
+de mujeril amor mis fuerzas huyo:<br />
+en incorp&oacute;rea agitaci&oacute;n se inspiran.<br /></p>
+<p class="poema">
+&raquo;Amo yo m&aacute;s el &aacute;rbol que sombrea<br />
+la tumba incierta del guerrero hermano,<br />
+que ese nido de perlas que hermosea<br />
+blonda m&aacute;s d&eacute;bil que tu amor liviano.<br /></p>
+<p class="poema">
+.........................................
+</p>
+<p class="poema">
+&raquo;Sus cuerdas una la robusta lira,<br />
+y el coraz&oacute;n sus &aacute;tomos perdidos:<br />
+a un solo amor mi coraz&oacute;n aspira,<br />
+para un solo guarda latidos.<br /></p>
+<p class="poema">
+.........................................
+</p>
+
+<p class="poema">
+&raquo;Este cuerpo gentil rebosa vida,<br />
+y cada &aacute;rbol all&aacute; cobija un muerto:<br />
+a todo goce esta mujer convida,<br />
+a toda soledad aquel desierto.<br /></p>
+<p class="poema">
+.........................................
+</p>
+
+<p class="poema">
+&raquo;No habla de amor mi coraz&oacute;n que late:<br />
+cuando en mi coraz&oacute;n hay un latido,<br />
+es que me anuncia que en alg&uacute;n combate<br />
+un h&eacute;roe de la patria ha perecido&raquo;.<br /></p>
+<p class="poema">
+.........................................
+</p>
+
+
+<p>De la tierra del padre Hidalgo, el cura heroico, pas&oacute; a principios de
+1877, a Guatemala, deteni&eacute;ndose antes en La Habana, a recoger unas
+cartas de presentaci&oacute;n para distintas personalidades del Gobierno de
+aquella Rep&uacute;blica. All&iacute;, apenas sacudido el polvo del camino, fue
+nombrado Catedr&aacute;tico de Derecho Pol&iacute;tico, y Director de la <i>Revista
+Guatemalteca</i>. All&iacute; escribi&oacute;, a petici&oacute;n del Gobierno, un drama
+hist&oacute;rico en cuatro actos y en versos, y tambi&eacute;n all&iacute;, una angelical
+alma de ni&ntilde;a, sinti&oacute; por &eacute;l la m&aacute;s pur&iacute;sima de las pasiones. Era una
+distinguida se&ntilde;orita, hija de un General ilustre de aquel pa&iacute;s, que lo
+am&oacute; locamente. Y dicen que Mart&iacute; sufr&iacute;a como de un crimen, al tener que
+mostrarse indiferente ante aquel amor primaveral. Pero &eacute;l cuando fue a
+Guatemala, ya estaba comprometido en M&eacute;xico con Carmen Zayas Baz&aacute;n, a
+quien hizo luego su esposa y es hoy su viuda respetada: por eso no am&oacute;
+Mart&iacute; aquella criatura tan tierna y talentosa. Mart&iacute; sali&oacute; a M&eacute;xico de
+nuevo a contraer matrimonio, y volvi&oacute; casado a Guatemala. Y dicen que la
+pobre enamorada muri&oacute; entonces de dolor, del dulce mal de sentir
+demasiado las ingratitudes de la vida. Mart&iacute;, a&ntilde;os despu&eacute;s, pensando sin
+duda en esa historia rom&aacute;ntica que estremeci&oacute; su existencia, escribi&oacute;
+estos divinos versos de ternura y melancol&iacute;a:</p>
+
+<p class="poema">
+&laquo;Quiero a la sombra de un ala,<br />
+contar este cuento en flor:<br />
+la ni&ntilde;a de Guatemala,<br />
+la que se muri&oacute; de amor.<br /></p>
+
+<p class="poema">
+&raquo;Eran de lirio los ramos,<br />
+y las orlas de reseda<br />
+y de jazm&iacute;n: la enterramos<br />
+en una caja de seda....<br /></p>
+
+<p class="poema">
+&raquo;Ella dio al desmemoriado<br />
+una almohadilla de olor;<br />
+&eacute;l volvi&oacute;, volvi&oacute; casado:<br />
+ella se muri&oacute; de amor.<br /></p>
+
+<p class="poema">
+&raquo;Iban carg&aacute;ndola en andas<br />
+Obispos y Embajadores:<br />
+detr&aacute;s iba el pueblo en tandas,<br />
+todo cargado de flores<br /></p>
+
+<p class="poema">
+&raquo;...Ella, por volverlo a ver,<br />
+sali&oacute; a verlo al mirador:<br />
+&eacute;l volvi&oacute; con su mujer;<br />
+ella se muri&oacute; de amor.<br /></p>
+
+<p class="poema">
+&raquo;Como de bronce candente<br />
+al beso de despedida<br />
+era su frente, &iexcl;la frente<br />
+que m&aacute;s he amado en mi vida!<br /></p>
+
+<p class="poema">
+&raquo;...Se entr&oacute; de tarde en el r&iacute;o,<br />
+la sac&oacute; muerta el doctor;<br />
+dicen que muri&oacute; de fr&iacute;o:<br />
+yo s&eacute; que muri&oacute; de amor.<br /></p>
+
+<p class="poema">
+&raquo;All&iacute;, en la b&oacute;veda helada,<br />
+la pusieron en dos bancos:<br />
+bes&eacute; su mano afilada,<br />
+bes&eacute; sus zapatos blancos.<br /></p>
+
+<p class="poema">
+&raquo;Callado, al oscurecer,<br />
+me llam&oacute; el enterrador:<br />
+&iexcl;Nunca m&aacute;s he vuelto a ver<br />
+a la que muri&oacute; de amor!&raquo;.<br /></p>
+
+<p>Otras pasiones inspir&oacute; Mart&iacute;, a otras mujeres, pero acaso ninguna tan
+pura y tan hermosa como esa que inspir&oacute; a la ni&ntilde;a de Guatemala, la de
+las manos de lirios y la frente pur&iacute;sima: luz y m&uacute;sica hecha carne.... Y
+cuando de orden del se&ntilde;or Ministro de la Guerra se le quit&oacute; la direcci&oacute;n
+de la Escuela Normal de aquel pa&iacute;s, a su amigo y paisano Jos&eacute; Mar&iacute;a
+Izaguirre, renunci&oacute; puestos y honores y vino a Cuba, ya firmada la paz
+del Zanj&oacute;n, en 1878. La Habana lo recibi&oacute; afectuosamente. Primero se
+puso a trabajar como abogado, aunque sin jurar su t&iacute;tulo, en los bufetes
+de don Nicol&aacute;s Azc&aacute;rate y Miguel Viondi, d&aacute;ndose luego a conocer de sus
+paisanos como orador, en notables discursos y conferencias pronunciadas
+en el Liceo de Guanabacoa, y en un brindis que hizo en un banquete
+celebrado en honor del genial periodista Adolfo M&aacute;rquez Sterling. Cuatro
+fueron las veces que habl&oacute; Mart&iacute; en el Liceo de Guanabacoa. La primera
+sobre el realismo en el Arte; la segunda sobre su amigo, el poeta
+Alfredo Torroella, en que arranc&oacute; l&aacute;grimas; la tercera sobre los dramas
+de don Jos&eacute; Echegaray, y la cuarta, sobre el insigne violinista D&iacute;az
+Albertini. A esta &uacute;ltima asisti&oacute; el General Blanco, Capit&aacute;n General de
+la Isla entonces, y notables personalidades cubanas y peninsulares. Y
+dice Miguel Viondi que Mart&iacute; habl&oacute; de tal manera, de patria y libertad,
+que el General Blanco se retir&oacute; de la fiesta diciendo al se&ntilde;or Azc&aacute;rate:
+&laquo;quiero no recordar lo que yo he o&iacute;do y que no conceb&iacute; nunca se dijera
+delante de m&iacute;, representante del Gobierno Espa&ntilde;ol: voy a pensar que
+Mart&iacute; es un loco...&raquo;. Y a&ntilde;adi&oacute;: &laquo;pero un loco peligroso&raquo;. A pesar del
+trabajo excesivo y de su dedicaci&oacute;n a la literatura, Mart&iacute; no dej&oacute; un
+d&iacute;a de conspirar desde que lleg&oacute; a La Habana. Su casa era un centro de
+conspiraci&oacute;n y un templo de arte: all&iacute; se reun&iacute;an tan pronto, hombres de
+armas y acci&oacute;n, para hablar de guerra, como se reun&iacute;an hombres de saber
+y pensamiento para hablar de &laquo;suspiros y risas, colores y notas&raquo;. M&aacute;s
+tarde, el mismo general Blanco, crey&eacute;ndolo&mdash;como era la verdad&mdash;complicado
+en aquel conato de revoluci&oacute;n de 1879, le pidi&oacute; que hiciera p&uacute;blica
+protesta de adhesi&oacute;n al Gobierno de Espa&ntilde;a, a lo que &eacute;l indignado
+contest&oacute;: &laquo;Mart&iacute; no es de la raza de los vendibles&raquo;. Y fue nuevamente
+deportado a Espa&ntilde;a, de donde se fug&oacute; al poco tiempo, pasando a Par&iacute;s y
+de all&iacute; a New York, lugar en que sigui&oacute; conspirando, conspiraci&oacute;n que
+culmin&oacute; con aquel desembarco en Cuba de Calixto Garc&iacute;a, el glorioso
+General de la frente horadada. Y cuando &eacute;l vio el fracaso de aquella
+intentona y palp&oacute; la dolorosa realidad, se fue a Caracas, la ciudad de
+Bol&iacute;var, y all&iacute; agrup&oacute; en torno suyo numerosos admiradores y amigos. En
+Caracas dio clases de oratoria a una juventud valiosa. Varias veces a la
+semana y por espacio de dos horas, vibr&oacute; su voz elocuente en mitad de
+sus alumnos que lo escuchaban maravillados. Y consign&oacute; uno de aquellos,
+que &laquo;en una de las sesiones oratorias, le sirvi&oacute; de tema el pueblo de
+Israel, y con lenguaje expresivo y sublime enarr&oacute; las maravillas de
+aquel pueblo excepcional&raquo;: que no era posible decir cosas m&aacute;s hermosas y
+po&eacute;ticas, pero &laquo;que cuando el orador se consider&oacute; en la cumbre del monte
+Nebo y present&oacute; al pueblo israelita y a Mois&eacute;s contemplando la tierra
+prometida, su elocuencia fue nueva, sorprendente, y lo sublime parec&iacute;a
+poco ante aquel esp&iacute;ritu transfigurado por el pudor cuasi divino de las
+ideas&raquo;. Fue en Venezuela que dijo, hablando de la independencia de
+Am&eacute;rica: &laquo;El poema de 1810 est&aacute; incompleto y yo quise escribir su &uacute;ltima
+estrofa&raquo;. Luego Mart&iacute;, no pudiendo amoldarse a las exigencias del
+Gobierno de aquella Rep&uacute;blica, del cual era entonces Presidente el
+general Guzm&aacute;n Blanco, sali&oacute; de all&iacute;, despidi&eacute;ndose en una carta
+bell&iacute;sima de los venezolanos que am&oacute;. A esa carta pertenece este
+p&aacute;rrafo: &laquo;Muy hidalgos corazones he sentido latir en esta tierra;
+vehementemente pago sus cari&ntilde;os; sus goces, me ser&aacute;n recreo; sus
+esperanzas pl&aacute;cemes; sus penas, angustias; cuando se tienen los ojos
+fijos en lo alto, ni zarzas ni guijarros distraen al viajero en su
+camino: los ideales en&eacute;rgicos y las consagraciones fervientes no se
+merman en un &aacute;nimo sincero por las contrariedades de la vida. De Am&eacute;rica
+soy hijo: a ella me debo. Y de la Am&eacute;rica, a cuya revelaci&oacute;n,
+sacudimiento y fundaci&oacute;n urgente me consagro, esta es la cuna; ni hay
+para labios dulces copa amarga ni el &aacute;spid muerde en pechos varoniles;
+ni de su cuna reniegan sus hijos fieles. Deme Venezuela en qu&eacute; servirla:
+ella tiene en m&iacute; un hijo&raquo;. De Venezuela pas&oacute;, de nuevo, llena el alma de
+tristezas y emociones viriles, a la Babel moderna de los rubios
+mocetones y las nevadas inclementes: a New York, a esa ciudad de las
+ansias, de las regatas, de los afanes, de las prisas, a ese horno
+colosal donde se sazona el ego&iacute;smo y se pierden entre espirales de humo
+y ruidos de maquinarias, los besos y las l&aacute;grimas....</p>
+
+<p>Triste, apesadumbrado, como un n&aacute;ufrago que despu&eacute;s de clamar en vano en
+la noche vac&iacute;a y negra, arriba a playa desconocida, as&iacute; lleg&oacute; Mart&iacute;
+nuevamente a New York. Pero tuvo un consuelo, una medicina que de los
+m&aacute;s graves males cura al hombre: las ternuras y cuida dos de su esposa
+que all&iacute; lo esperaba y los besos de su amado chiquit&iacute;n, el hoy coronel
+de nuestro Ej&eacute;rcito. Sacudi&oacute; sus l&aacute;grimas calladas, escondi&oacute; sus penas
+hondas, y comenz&oacute; a trabajar en la tierra hostil y ajena. El conocer a
+los hombres, tanto como los conoc&iacute;a, lo hizo superior a todas las
+pasiones: de ah&iacute; que pudo, entre gentes que miden, que desde&ntilde;an, que
+empujan, que desprecian, que viven con el apetito desmesuradamente
+abierto, pasear su amable cultura y oce&aacute;nica bondad, y sacar a puerto y
+con honra, su divina existencia. Veamos c&oacute;mo se abri&oacute; paso en el pueblo
+&aacute;spero y extra&ntilde;o. No era &eacute;l de los soberbios que se impacientan porque
+no le conocen el talento, aprisa, ni de los pobres de esp&iacute;ritu que
+porque los visite el dolor, languidecen y desmayan o se despedazan el
+cr&aacute;neo; sino de los de en&eacute;rgica voluntad y firme intento: de los que
+vencen. Las alturas se han hecho para subirlas: en lo m&aacute;s elevado de
+ellas, crece, casi siempre, el laurel que da sombra a toda la vida. &Eacute;l
+lo sab&iacute;a, y se sent&iacute;a con la fuerza inquieta y seductora de los que
+poseen la capacidad de mirar desde lo alto. Mart&iacute; fue en New York, y en
+el per&iacute;odo de diez a&ntilde;os, dependiente de una casa de comercio en la cual
+llevaba los libros de contabilidad y contestaba la correspondencia;
+redactor de <i>El Sun</i>, el gran diario americano; corresponsal de varios
+peri&oacute;dicos de la Am&eacute;rica Latina, para los cuales escrib&iacute;a kilom&eacute;tricas
+ep&iacute;stolas, verdaderos estudios filos&oacute;ficos y literarios de asuntos y
+hombres de los Estados Unidos; traductor de la casa editora &laquo;Appleton&raquo;;
+redactor de <i>La Am&eacute;rica</i>, y el <i>Economista Americano</i>, Director de <i>La
+Edad de Oro</i>, revista exclusivamente para ni&ntilde;os, a los que amaba
+entra&ntilde;ablemente; profesor en &laquo;La Liga&raquo;, la Sociedad de los necesitados
+de cari&ntilde;o y hambrientos de sabidur&iacute;a; representante de tres naciones,
+Uruguay, Paraguay y la Argentina, en la gran plaza norteamericana; y
+alma en pie siempre, para responder a todo llamamiento cubano, bien
+fuera para remediar miserias o para mitigar dolores. Jam&aacute;s pas&oacute; una
+fiesta del patriotismo, de recordaci&oacute;n gloriosa, sin que &eacute;l tomara
+parte. A&ntilde;o tras a&ntilde;o, cada diez de octubre, aniversario glorioso de aquel
+d&iacute;a sublime, Mart&iacute; dejaba o&iacute;r su pintoresco, brillante y en&eacute;rgico
+lenguaje, &laquo;flores tristes y lanzas enlutadas&raquo; que &eacute;l depositaba a los
+pies de los h&eacute;roes muertos. En el sudor y la fatiga del trabajo viv&iacute;a,
+pero consagrado a Cuba, a desenterrar su epopeya de luz y a a&ntilde;adirle y
+hacerla entender, a los que parec&iacute;an no querer entenderla: y a la
+Am&eacute;rica nuestra entera, a su Am&eacute;rica enferma. En 1883, invitado para
+tomar parte en la grandiosa fiesta con que los representantes de las
+Rep&uacute;blicas latinoamericanas, en New York, hab&iacute;an de conmemorar el
+Centenario del nacimiento de Bol&iacute;var, Mart&iacute; asisti&oacute; a ella, y habl&oacute; y
+derram&oacute; a raudales, en legiones de primorosas frases, los productos de
+su genio. Y termin&oacute; con estas palabras: &laquo;&iexcl;Brindo por los pueblos libres
+y por los pueblos tristes!&raquo; &iexcl;Siempre pensando en Cuba! En la &laquo;Sociedad
+Literaria Hispano Americana&raquo;, de la cual era Presidente, el alma toda,
+fueron innumerables las veces que hizo Mart&iacute; resonar su palabra
+portentosa. All&iacute; Mart&iacute; habl&oacute; sobre M&eacute;xico, sobre Centro Am&eacute;rica, sobre
+Venezuela, sobre Bol&iacute;var. Hablando de Bol&iacute;var dijo, entre otras muchas
+cosas grandilocuentes: &laquo;&iexcl;Oh no! En calma no se puede hablar de aquel que
+no vivi&oacute; jam&aacute;s en ella: &iexcl;de Bol&iacute;var se puede hablar con una monta&ntilde;a por
+tribuna, o entre rel&aacute;mpagos y rayos, o con un manojo de pueblos libres
+en el pu&ntilde;o y la tiran&iacute;a descabezada a los pies!&raquo;. Sobre Espadero habl&oacute;,
+el de &laquo;El Canto del Esclavo&raquo;, &laquo;el que aprision&oacute; en sus notas, como en
+red de cristal fino, los esp&iacute;ritus dolientes, que velan y demandan desde
+el &eacute;ter fulguroso y tr&eacute;mulo del cielo americano&raquo;; sobre Heredia, nuestro
+gran Heredia: y donde al hablar de ese divino poeta, tuvo un arranque de
+patri&oacute;tico ardimiento en que exclam&oacute;: &laquo;Si entre los cubanos vivos no hay
+tropa bastante para el honor &iquest;qu&eacute; hacen en la playa los caracoles que no
+llaman a guerra a los indios muertos? &iquest;Qu&eacute; hacen las palmas que gimen
+est&eacute;riles en vez de mandar? &iquest;Qu&eacute; hacen los montes que no se juntan
+faldas contra faldas, y cierran el paso a los que persiguen, a los
+h&eacute;roes?&raquo;. Y siempre, y en todos los casos, la patria sal&iacute;a por sus
+labios a relucir, altiva y llorosa, como una t&oacute;rtola gemidora que
+abrigara un c&oacute;ndor brav&iacute;o....</p>
+
+<p>Pero injustos o malvados&mdash;que siempre ha de haber injustos o malvados
+cerca de todo grande hombre&mdash;, lo tacharon una vez de mal cubano, en
+1885, cuando &eacute;l se opuso a los trabajos emprendidos por algunos jefes de
+la revoluci&oacute;n del 68 para llevar una guerra nueva a Cuba, por creerla
+incompleta y parcial, y por estimar que con ella solo se lograr&iacute;a
+alarmar y ensangrentar in&uacute;tilmente el pa&iacute;s, en vez de asegurarle su
+entusiasmo y confianza para cuando se pudiera llevar a la isla la guerra
+pujante, digna y definitiva. De una carta en que hac&iacute;a referencia a su
+oposici&oacute;n a ese movimiento revolucionario y al silencio en que se
+mantuvo por un espacio de tiempo, es este p&aacute;rrafo: &laquo;Crear una rebeli&oacute;n
+de palabras en momentos en que todo silencio ser&iacute;a poco para la acci&oacute;n,
+y toda la acci&oacute;n es poca, ni me hubiera parecido digno de m&iacute;, ni mi
+pueblo sensato lo hubiera soportado. Ya yo me preparaba a emprender
+camino &iexcl;qui&eacute;n sabe a qu&eacute; y hasta d&oacute;nde!, en servicio activo de una
+empresa, y cuando cre&iacute; que el patriotismo me vedaba emprenderlo, &iexcl;qu&eacute;
+tristeza, qu&eacute; tristeza moral de la que nunca podr&eacute; ya reponerme! &iquest;C&oacute;mo
+servir&eacute; yo mejor a mi tierra? me pregunte: Yo jam&aacute;s me pregunto otra
+cosa; y me respond&iacute; de esta manera: Ahogando todos tus &iacute;mpetus;
+sacrifica las esperanzas de toda tu vida; hazte a un lado en esta hora
+posible del triunfo, antes de autorizar lo que creas funesto; mantente
+atado, en esta hora de obrar, antes de obrar mal, antes de servir mal a
+tu tierra so pretexto de servirla bien. Y sin oponerme a los planes de
+nadie, ni levantar yo planes por m&iacute; mismo, me he quedado en el silencio,
+significando con &eacute;l que no se debe poner mano sobre la paz y la vida de
+un pueblo sino con un esp&iacute;ritu de generosidad, casi divino, en que los
+que se sacrifican por &eacute;l, garanticen de antemano, con actos y palabras,
+el expl&iacute;cito intento de poner la tierra que se liberta en manos de sus
+hijos, en vez de poner como har&aacute;n los malvados, sus propias manos, en
+ella, so capa de triunfadores. La independencia de un pueblo consiste en
+el respeto que los deberes p&uacute;blicos demuestre a cada uno de sus hijos.
+En la hora de la victoria solo fructifican las semillas que se siembran
+en la hora de la guerra. Un pueblo antes de ser llamado a guerra tiene
+que saber tras de qu&eacute; va, y ad&oacute;nde va, y qu&eacute; le ha de venir despu&eacute;s. Tan
+ultrajados hemos vivido los cubanos, que en m&iacute; es locura el deseo, y
+roca la determinaci&oacute;n de ver guiadas las cosas de mi tierra de manera
+que se respete como a persona sagrada la persona de cada cubano, y se
+reconozca que en las cosas del pa&iacute;s no hay m&aacute;s voluntad que la que
+exprese el pa&iacute;s, ni ha de pensarse en m&aacute;s inter&eacute;s que en el suyo&raquo;. Una
+noche de conmemoraci&oacute;n gloriosa, en ese tiempo, al ir a ocupar Mart&iacute; la
+tribuna, el auditorio pidi&oacute; con marcadas muestras de hostilidad, que
+hablara otro antes que &eacute;l, otro que era <i>patriota</i>. Y Mart&iacute; tom&oacute; asiento
+y escuch&oacute; tranquilo, de labios p&aacute;lidos de c&oacute;lera, alusiones injustas; y
+cuando fue a la tribuna &eacute;l, y el p&uacute;blico esperaba que se desatara en
+denuestos, que vaciara su ira sobre cuantos le eran contrarios, fueron
+sus palabras como voces de perd&oacute;n. Sus palabras llevaban el desquite:
+parec&iacute;a como si con un manojo de lirios azotara las frentes de los
+pecadores: sus anatemas eran alfileres con alas.... Esa noche triunf&oacute; y
+ya m&aacute;s nunca dej&oacute; de ser el triunfador. En todo demostraba Mart&iacute; las
+extraordinarias condiciones que lo sacaron por encima de los dem&aacute;s
+hombres... &iquest;No lo dijo &eacute;l? &laquo;Si los hombres nutren con sus manos
+pr&aacute;cticas lo que tienen de fieras, yo har&eacute; con las m&iacute;as por nutrirles lo
+que tienen de palomas&raquo;. Y as&iacute; era, ministerio pur&iacute;simo de amor y de
+ternura, brazos de par en par abiertos para todos los hombres....</p>
+
+<p>Fue en ese tiempo, durante esos a&ntilde;os, que Mart&iacute; mostr&oacute; con m&aacute;s pujanza
+la largueza de sus conocimientos y la infinita anchura de su genio.
+Fil&oacute;sofo, poeta, economista, diplom&aacute;tico, pol&iacute;glota, periodista, orador,
+legista, estadista, de todo se mostr&oacute; Mart&iacute; entonces, en aquel hervidero
+de pasiones e intereses. All&iacute; se le ve&iacute;a tan pronto en la tribuna,
+predicando, como se le ve&iacute;a en el peri&oacute;dico, en el informe, en la
+revista literaria, en la traducci&oacute;n, en el libro de versos. All&iacute; public&oacute;
+&eacute;l su <i>Ismaelillo</i>, un primoroso y peque&ntilde;o volumen de composiciones
+breves; en las que su alma de padre, salta y brinca y chispea, entre los
+cabellos rubios y los pies ligeros de su hijo. Y tambi&eacute;n <i>Versos
+sencillos</i>, en el que cada estrofa, responde a un estado de esp&iacute;ritu, y
+en el que como &eacute;l dec&iacute;a: &laquo;a veces ruge el mar, y revienta la ola, en la
+noche negra, contra la roca del castillo ensangrentado; y a veces
+susurra la abeja, merodeando entre las flores&raquo;.</p>
+
+<p>De <i>Ismaelillo</i> es este primoroso juguete:</p>
+<p class="poema">
+S&eacute; de brazos robustos,<br />
+blandos, fragantes;<br />
+y s&eacute; que cuando envuelven<br />
+el cuello fr&aacute;gil,<br />
+mi cuerpo, como rosa<br />
+besada, se abre,<br />
+y en su propio perfume<br />
+l&aacute;nguido exh&aacute;lase.<br />
+</p><p class="poema">
+Ricas en sangre nueva<br />
+las sienes laten;<br />
+mueven las rojas plumas<br />
+internas aves;<br />
+sobre la piel, curtida<br />
+de humanos aires,<br />
+mariposas inquietas<br />
+sus alas baten;<br />
+&iexcl;savia de rosa enciende<br />
+las muertas carnes!<br />
+</p><p class="poema">
+Y yo doy los redondos<br />
+brazos fragantes,<br />
+por dos brazos menudos<br />
+que halarme saben,<br />
+y a mi p&aacute;lido cuello<br />
+recios colgarse,<br />
+y de m&iacute;sticos lirios<br />
+collar labrarme.<br />
+&iexcl;Lejos de m&iacute; por siempre<br />
+brazos fragantes!<br />
+</p>
+<p>Y este otro:</p>
+<p class="poema">
+Por las ma&ntilde;anas<br />
+mi peque&ntilde;uelo<br />
+me despertaba<br />
+con un gran beso.<br />
+</p><p class="poema">
+Puesto a horcajadas<br />
+sobre mi pecho,<br />
+bridas forjaba<br />
+con mis cabellos.<br />
+</p><p class="poema">
+Ebrio &eacute;l de gozo,<br />
+de gozo yo ebrio,<br />
+me espoleaba<br />
+mi caballero:<br />
+&iexcl;qu&eacute; suave espuela<br />
+sus dos pies frescos!<br />
+&iexcl;C&oacute;mo re&iacute;a<br />
+mi jinetuelo!<br />
+</p><p class="poema">
+&iexcl;Y yo besaba<br />
+sus pies peque&ntilde;os,<br />
+dos pies que caben<br />
+en solo un beso!<br />
+</p>
+<p>Y este, que es como un suspiro hondo:
+</p><p class="poema">
+Qu&eacute; me das &iquest;Chipre?<br />
+Yo no lo quiero:<br />
+ni rey de bolsa<br />
+ni posaderos<br />
+tienen del vino<br />
+que yo deseo;<br />
+ni es de cristales<br />
+de cristaleros<br />
+la dulce copa<br />
+en que lo bebo.<br />
+</p><p class="poema">
+Mas est&aacute; ausente<br />
+ni despensero,<br />
+y de otro vino<br />
+yo nunca bebo.<br />
+</p>
+
+<p>Y estas estrofas sueltas cogidas al azar de los <i>Versos sencillos</i>:</p>
+
+<p class="poema">
+Yo s&eacute; bien que cuando el mundo<br />
+cede, l&iacute;vido, al descanso,<br />
+sobre el silencio profundo<br />
+murmura el arroyo manso.<br />
+</p><p class="poema">
+Con los pobres de la tierra<br />
+quiero yo mi suerte echar:<br />
+el arroyo de la sierra<br />
+me complace m&aacute;s que el mar.<br />
+</p><p class="poema">
+Busca el Obispo de Espa&ntilde;a<br />
+pilares para su altar:<br />
+&iexcl;en mi templo, en la monta&ntilde;a,<br />
+el &aacute;lamo es el altar!<br />
+</p><p class="poema">
+Si ves un monte de espumas<br />
+es mi verso lo que ves:<br />
+mi verso es un monte, y es<br />
+un abanico de plumas.<br />
+</p><p class="poema">
+Amo la tierra florida,<br />
+musulmana o espa&ntilde;ola<br />
+donde rompi&oacute; su corola<br />
+la poca flor de mi vida.<br />
+</p><p class="poema">
+&iexcl;Arpa soy, salterio soy<br />
+donde vibra el Universo;<br />
+vengo del sol, y al soy voy;<br />
+soy el amor: soy el verso!<br />
+</p><p class="poema">
+No me pongan en lo oscuro<br />
+a morir como un traidor:<br />
+&iexcl;yo soy bueno, y como bueno<br />
+morir&eacute; de cara al sol!<br />
+</p><p class="poema">
+Hay montes, y hay que subir<br />
+los montes altos: &iexcl;despu&eacute;s<br />
+veremos alma, qui&eacute;n es<br />
+qui&eacute;n te me ha puesto a morir!<br />
+</p><p class="poema">
+Cultivo una rosa blanca,<br />
+en julio como en enero<br />
+para el amigo sincero<br />
+que me da su mano franca.<br />
+</p><p class="poema">
+Y para el cruel que me arranca<br />
+el coraz&oacute;n con que vivo,<br />
+cardo ni oruga cultivo:<br />
+cultivo la rosa blanca.<br />
+</p><p class="poema">
+Yo quiero cuando me muera,<br />
+sin patria, pero sin amo,<br />
+tener en mi tumba un ramo<br />
+de flores y una bandera.<br />
+</p>
+<p>Y cuando el destino le ofrec&iacute;a el goce de una existencia bella,
+sosegada, c&oacute;moda; cuando su talento reconocido y su grandeza de
+esp&iacute;ritu, le daban asiento firme entre los que ya pod&iacute;an echarse a
+descansar, form&oacute; con su vida una flor, y la puso a los pies de la
+patria. Era el a&ntilde;o 1891, y era el mes de octubre. Anunciado que en una
+velada, patrocinada por el club &laquo;Los Independientes&raquo; de New York, que
+hab&iacute;a de celebrarse en recordaci&oacute;n de los h&eacute;roes del 10 de octubre de
+1868, tomar&iacute;a parte principal Mart&iacute;, quien desempe&ntilde;aba el cargo de
+C&oacute;nsul General de la Argentina, Uruguay y Paraguay en dicha ciudad, el
+Ministro de Espa&ntilde;a protest&oacute; ante los respectivos Gobiernos, y &eacute;l, con un
+desprendimiento asombroso, renunci&oacute; a sus cargos diciendo: &laquo;&iexcl;Antes que
+todo cubano!&raquo;. Hay hombres que suben, como suben las zarzas y las
+piedras que tienen en su c&uacute;spide las monta&ntilde;as: otros son monta&ntilde;as y las
+coronan flores y las visitan v&iacute;boras. Mart&iacute; fue de esos. Hombre monta&ntilde;a
+desde la cual se puede ver pasar hoy y se ver&aacute; mejor, a medida que los
+a&ntilde;os vayan lim&aacute;ndola, toda el alma compleja y revuelta de esa &eacute;poca de
+creaci&oacute;n y amargura. El hecho de renunciar a todo bienestar por Cuba,
+hizo resonar su nombre como un trueno, en donde quiera que hab&iacute;a
+cubanos. Mart&iacute;, si perdi&oacute; con ese acto, el gusto y el regalo de su vida,
+gan&oacute; en prestigio entre sus compatriotas, para los cuales fue desde
+entonces, antorcha encendida de patriotismo, brazo infatigable, el
+<i>pensamiento a caballo</i> como lo llam&oacute; un ilustre hombre americano, el
+altar m&aacute;s hermoso y m&aacute;s puro de las libertades cubanas.</p>
+
+<p>Mart&iacute; supo conquistar gloria: y cuando la conquist&oacute;, no la puso a precio
+en mercader&iacute;a, ni se puso a vivir de ella en ocio cobarde, sino que se
+consagr&oacute; a sembrar con sus manos, la buena semilla republicana entre sus
+compatriotas emigrados.... As&iacute;, cuando d&iacute;as despu&eacute;s de este hermoso
+hecho, fue invitado por el Presidente del Club &laquo;Ignacio Agramonte&raquo; de
+Tampa&mdash;la ciudad levantada a puro esfuerzo por los cubanos
+proscriptos&mdash;para que tomara participaci&oacute;n en una fiesta
+pol&iacute;tico-literaria que dicho Club hab&iacute;a de celebrar, &eacute;l respondi&oacute;
+aceptando; y vencidas algunas dificultades, el 25 de noviembre de 1891,
+a la una de la madrugada, bajo una lluvia tenaz, arrib&oacute; jubiloso a la
+estaci&oacute;n, henchida de cabezas, de aquel pueblo de hombres libres que lo
+amaba ya sin conocerlo y que fue, por el sino misterioso de las cosas,
+cuna de la gloriosa revoluci&oacute;n del 95 que sac&oacute; a la vida libre nuestra
+nacionalidad. A la siguiente noche, d&iacute;a 26, Mart&iacute; dej&oacute; o&iacute;r su palabra
+sedosa y centelleante en aquel Liceo hist&oacute;rico, que yo a&ntilde;oro ahora
+entristecido, y me veo ni&ntilde;o, llena el alma de ilusiones, escuchando
+exaltado al pie de la tribuna, los tiern&iacute;simos acentos de su voz
+incomparable. Lo que all&iacute; dijo Mart&iacute; no hay frases que lo abarquen. &laquo;Por
+Cuba y para Cuba&raquo; titul&oacute; &eacute;l su discurso, y por ella y para ella fue
+cuanto su palabra, a veces impetuosa, a veces desgarradora, expres&oacute;. Su
+discurso fue todo amor, todo esperanza, todo verdad. Se&ntilde;al&oacute; todos los
+males que podr&iacute;an la tierra de sus amores, los escollos con que se hab&iacute;a
+de tropezar y la manera de vencerlos. Habl&oacute; de los ego&iacute;stas y los
+miedosos y los cr&iacute;ticos que siempre le salen al encuentro a toda obra
+cuando esta se halla en los sudores de la creaci&oacute;n, y dijo: &laquo;&iquest;Pero qu&eacute;
+le hemos de hacer? &iexcl;Sin los gusanos que fabrican la tierra no podr&iacute;an
+hacerse palacios suntuosos! En la verdad hay que entrar con la camisa al
+codo como entra en la res el carnicero. Todo lo verdadero es santo,
+aunque no huela a clavellina. Todo tiene la entra&ntilde;a fea y sangrienta; es
+fango en las artesas, el oro puro en que el artista talla luego sus
+joyas maravillosas; de lo f&eacute;tido de la vida, saca alm&iacute;bar la fruta y
+colores la flor: nace el hombre del dolor y la tiniebla del seno
+maternal, y del alarido y el desgarramiento sublime; &iexcl;y las fuerzas
+magn&iacute;ficas y corrientes de fuego que en el horno del sol se precipitan y
+confunden, no parecen de lejos, a los ojos humanos sino manchas!&raquo;.
+Hablando de los peligros que pod&iacute;an hacer desfallecer y cejar al cubano
+en su af&aacute;n de libertad, dec&iacute;a entre otras cosas: &laquo;&iquest;O nos ha de echar
+atr&aacute;s el miedo a las tribulaciones de la guerra, azuzado por gente
+impura que est&aacute; a paga del Gobierno espa&ntilde;ol, el miedo a andar descalzo,
+que es un modo de andar ya, muy com&uacute;n en Cuba, porque entre los ladrones
+y los que los ayudan, ya no tiene en Cuba zapatos m&aacute;s que los c&oacute;mplices
+y los ladrones?&raquo;. Los pechos todos vibraron de entusiasmo y de cari&ntilde;o al
+escucharlo, y el alma de todos, como una marejada, lo envolvi&oacute; y llen&oacute;
+de una tit&aacute;nica alegr&iacute;a. &iexcl;&Eacute;l vio sin duda en aquella noche radiosa, en
+aquella noche memorable, al terminar su oraci&oacute;n, a su pobre patria
+llorosa, entre convites y villan&iacute;as, de barragana y flor marchita por el
+mundo, y vio tambi&eacute;n, alucinado por el estruendo de los aplausos y los
+v&iacute;tores, a caballo el ej&eacute;rcito de la Libertad, ech&aacute;ndose sobre los
+palacios podridos donde se cobijaban las almas de coleta y sotana,
+s&iacute;mbolos de la secular dominaci&oacute;n de Espa&ntilde;a....</p>
+
+<p>A la siguiente noche, 27 de noviembre, habl&oacute; sobre el asesinato de los
+estudiantes del 71, y su discurso fue una joya, una flor que no se
+secar&aacute; nunca sobre la tumba de los ocho adolescentes. Y el 28 del mismo
+mes, sali&oacute; de nuevo para New York, en donde a los pocos d&iacute;as recibi&oacute; un
+ejemplar del peri&oacute;dico <i>El Yara</i>, de Cayo Hueso, que dirig&iacute;a el
+irreductible cubano Jos&eacute; Dolores Poyo, y en el que se expresaba
+vivamente el deseo de que les hiciera una visita. Con este motivo, Mart&iacute;
+le escribi&oacute; el 25 de diciembre del mismo a&ntilde;o, una carta a Poyo, en la
+que le daba las gracias por haberle adivinado sus deseos de visitar a
+los cubanos del pe&ntilde;&oacute;n rebelde. En esa carta le dec&iacute;a entre otras cosas:
+&laquo;&iquest;Pero c&oacute;mo ir al Cayo de mi propia voluntad como pedig&uuml;e&ntilde;o de fama que
+va a buscarse amigos, o como solicitante, cuando quien ha de ir en m&iacute;,
+es un hombre de sencillez y de ternura, que tiembla de pensar que sus
+hermanos pudieran caer en la pol&iacute;tica enga&ntilde;osa y autoritaria de las
+malas Rep&uacute;blicas? Es tan dulce obedecer el mandato de los compatriotas,
+como es indecoroso solicitarlo. Es mi sue&ntilde;o que cada cubano sea hombre
+pol&iacute;tico enteramente libre, como entiendo que el cubano del Cayo es, y
+obre en todos sus actos, por su simpat&iacute;a juiciosa y su elecci&oacute;n
+independiente, sin que le venga de fuera de s&iacute;, el influjo da&ntilde;ino de
+alg&uacute;n inter&eacute;s disimulado. Pues aunque se muera uno del deseo de entrar
+en la casa querida, &iquest;qu&eacute; derecho tiene a presentarse de hu&eacute;sped intimo,
+a donde no lo llaman? Mejor pasar por seco&mdash;aunque se est&eacute; saliendo de
+cari&ntilde;o tierno el coraz&oacute;n&mdash;, que pasar por lisonjeador, o buscador, o
+entrometido, que faltar con una visita meramente personal al respeto que
+debo a la independencia y libre creaci&oacute;n de los cubanos. Pero m&aacute;ndenme,
+y ya ver&aacute;n cu&aacute;n viejo era mi deseo de apretar esas manos fundadoras&raquo;. En
+Cayo Hueso hubo indecisi&oacute;n sobre si deb&iacute;a o no llam&aacute;rsele. Pero por fin,
+y por acuerdo del Club &laquo;Patria y Libertad&raquo;, se le llam&oacute;. Mart&iacute; sali&oacute;
+enseguida para Cayo Hueso, siendo acompa&ntilde;ado en su viaje, desde Tampa,
+por representantes de los Clubs &laquo;Ignacio Agramonte&raquo;, y &laquo;La Liga
+Patri&oacute;tica&raquo;. El 25 de diciembre lleg&oacute;, mal de salud, al Cayo. No
+obstante, habl&oacute; varias ocasiones, arrebatando al auditorio, hasta que
+ya, verdaderamente enfermo, le prohibieron los m&eacute;dicos que saliera de su
+habitaci&oacute;n. En cama estuvo doce d&iacute;as, al cabo de los cuales, un tanto
+restablecido, se levant&oacute; y visit&oacute;, uno por uno, todos los talleres,
+predicando la fe patri&oacute;tica. M&aacute;s tarde, en una reuni&oacute;n a que cit&oacute; y a la
+que asistieron varios jefes de la guerra del 68, se expuso la idea de
+organizar bajo una sola, bandera a los cubanos emigrados. Mart&iacute; recogi&oacute;
+esa idea y redact&oacute; entonces, ese monumento de amor y de concordia que se
+llama: &laquo;Bases del Partido Revolucionario Cubano&raquo;. De regreso de Cayo
+Hueso pas&oacute; por Tampa, siendo aprobadas en esta ciudad las referidas
+bases, siguiendo a New York, en donde lo esperaba un gran pesar: la
+carta denostadora que el General Enrique Collazo, por error o ceguedad
+del momento, le escribiera desde La Habana, y que firmaron con &eacute;l, otras
+distinguidas personalidades de la revoluci&oacute;n. A esa carta contest&oacute; Mart&iacute;
+con otra que es como un blando arroyo de aguas puras que llevara en su
+corriente la hoja de una espada. Refiri&eacute;ndose a los ataques personales
+que se le hicieron escribi&oacute;: &laquo;Y ahora se&ntilde;or Collazo, &iquest;qu&eacute; le dir&eacute; de mi
+persona? Si mi vida me defiende nada puedo alegar que me ampare m&aacute;s que
+ella. Y si mi vida me acusa, nada podr&eacute; decir que la abone. Defi&eacute;ndame
+mi vida. Queme usted la lengua se&ntilde;or Collazo, a quien le haya dicho que
+serv&iacute; yo a la madre patria. Queme usted la lengua a quien le haya dicho
+que serv&iacute; de alg&uacute;n modo, o ped&iacute; puesto alguno, al partido liberal. Creo
+se&ntilde;or Collazo, que ha dado a mi tierra, desde que conoc&iacute; la dulzura de
+su amor, cuanto hombre puede dar. Creo que he puesto a sus pies muchas
+veces fortuna y honores. Creo que no me falta el valor necesario para
+morir en su defensa&raquo;. Este incidente qued&oacute; satisfactoriamente arreglado
+para ambos servidores de la patria, polvo hoy uno y luz en el recuerdo,
+y reliquia viva el otro, escapada al peligro del naufragio y de la
+muerte....</p>
+
+<p>A la saz&oacute;n, por todas las emigraciones iban siendo conocidas y aceptadas
+las &laquo;Bases del Partido Revolucionario Cubano&raquo;: y el diario de abril de
+1892&mdash;aniversario de aquel otro 10 de abril de Gu&aacute;imaro&mdash;, qued&oacute;
+proclamado este y nombrado Mart&iacute;, por el c&oacute;mputo de votos de todos los
+emigrados, Delegado, cargo que llevaba en s&iacute; la suprema direcci&oacute;n de los
+trabajos de esa gigantesca corporaci&oacute;n, que fue casa, tribuna y
+trinchera de las libertades cubanas en el exterior....</p>
+
+<p>Desde el momento en que asumi&oacute; Mart&iacute; ese cargo, comenz&oacute; la labor m&aacute;s
+extraordinaria que pueda imaginarse la mente humana. De New York, pas&oacute; a
+Costa Rica, a entrevistarse con los generales Antonio y Jos&eacute; Maceo, y
+Flor Crombet, de los cuales tuvo la aprobaci&oacute;n m&aacute;s calurosa por los
+trabajos emprendidos. En Costa Rica habl&oacute; y fund&oacute; Clubs, pasando luego
+por segunda vez a M&eacute;xico en donde despert&oacute; el entusiasmo patri&oacute;tico de
+los cubanos. El 15 de septiembre de 1892, le dirigi&oacute; una carta al
+general M&aacute;ximo G&oacute;mez, invit&aacute;ndolo a que aceptara la investidura de
+encargado supremo del ramo de la guerra, a que &laquo;ayudara a organizar
+dentro y fuera de la isla, el Ej&eacute;rcito Libertador que hab&iacute;a de poner a
+Cuba, y a Puerto Rico con ella, en condiciones de realizar con m&eacute;todos
+ejecutivos y esp&iacute;ritu republicano su deseo manifiesto y leg&iacute;timo de
+independencia&raquo;. En dicha carta invitaba al general&iacute;simo, a ese nuevo
+sacrificio, en momentos en que no ten&iacute;a m&aacute;s remuneraci&oacute;n que
+ofrecerle&mdash;seg&uacute;n sus palabras&mdash;&laquo;que el placer del sacrificio y la
+ingratitud probable de los hombres&raquo;; invitaci&oacute;n a la que el general
+G&oacute;mez contest&oacute; aceptando, en noble y generosa carta, y a la que Mart&iacute;
+correspondi&oacute;, yendo a visitarlo en Santo Domingo, la Rep&uacute;blica hermana
+por la gloria y el martirio. De Santo Domingo emprendi&oacute; Mart&iacute; una
+excursi&oacute;n por todos los pueblos de la Uni&oacute;n Americana y algunos de
+Am&eacute;rica Latina, volviendo a New York. All&iacute; su vida era un v&eacute;rtigo. Se
+escrib&iacute;a <i>Patria</i>, el peri&oacute;dico que fund&oacute;, junto con el &laquo;Partido
+Revolucionario&raquo;, contestaba una numerosa correspondencia, fundaba clubs,
+escrib&iacute;a art&iacute;culos de propaganda, en ingl&eacute;s, para peri&oacute;dicos de
+Filadelfia y New York, y pronunciaba discursos. Rel&aacute;mpagos parec&iacute;a tener
+aquel hombre por m&uacute;sculos, tal era la prisa en que viv&iacute;a. Incre&iacute;ble
+parece que aquel cuerpo flaco y endeble, encerrara dentro de s&iacute; esp&iacute;ritu
+tan gigantesco y tan fuerte, hecho a golpes de zarpas y a caricias de
+ala, capaz de abrir surcos y levantar cimientos y capaz, de poemizar el
+dolor e idealizar el martirio; apto para abrigar una tempestad y para
+echarse todo entero en el c&aacute;liz de un jazm&iacute;n....</p>
+
+<p>En 1893, la intentona de Purnio y su fracaso le quebrantaron la salud.
+Pero no por eso se ech&oacute; como d&eacute;bil mujerzuela a llorar tristezas, sino
+que despu&eacute;s de publicar un manifiesto de levantado esp&iacute;ritu patri&oacute;tico,
+continu&oacute;, con m&aacute;s br&iacute;os si cabe, la tarea enorme de hacer patria, tarea
+que fue sobre sus hombros una cruz, semejante a la que llevara, a trav&eacute;s
+de su calle de Amargura, el Cristo dulce y bueno de los cristianos.
+Igualmente que los sucesos de Purnio, muestra evidente de la inquietud
+que ya reinaba en la isla m&aacute;rtir, los pronunciamientos de Lajas y
+Ranchuelo, en 1894, lo magullaron hondamente. Pero, incansable, a cada
+golpe se levantaba m&aacute;s potente. A fines de ese mismo a&ntilde;o fue que,
+teni&eacute;ndolo ya todo dispuesto para la lucha, escribi&oacute; a Eduardo H. Gato,
+el cubano rico del Cayo, una carta, que es un poema de dolor, pidi&eacute;ndole
+$5000 y otra a Jos&eacute; Mar&iacute;a Izaguirre, cubano rico de New Orleans,
+pidi&eacute;ndole cantidad parecida. De la carta a Gato son estas frases: &laquo;Todo
+minuto me es preciso para ajustar la obra de afuera con la del pa&iacute;s. &iquest;Y
+me habr&eacute; de echar por esas calles, despedazado y con n&aacute;useas de muerte,
+vendiendo con mis s&uacute;plicas desesperadas nuestra hora de secreto, cuando
+usted con este gran favor, puede darme el medio de bastar a todo con
+holgura, y de cubrir con mi serenidad los movimientos?&raquo;. &laquo;Si le escribo
+m&aacute;s me parece que le ofendo. Usted es hombre capaz de grandeza: esta es
+su ocasi&oacute;n. &iquest;Le prestar&iacute;a a un negociante $5000 y no a su Cuba? Deme una
+raz&oacute;n m&aacute;s de tener orgullo de ser cubano&raquo;. Y de la carta a Izaguirre
+este es el final: &laquo;&iquest;Me lastimar&aacute; usted mi fe? &iquest;Y en vano habr&eacute; salido su
+fiador? Porque lo garantic&eacute; desde el principio como si hubi&eacute;ramos
+hablado de esto y tuviera autoridad de usted para su oferta. &iquest;No me la
+da su vida y nuestra amistad? Le saluda la casa y quiero que me quiera
+por haber tenido esta certeza de usted, no en la hora de la gloria, sino
+en la del sacrificio. Yo voy a morir, si es que en m&iacute; queda ya mucho de
+vivo. Me matar&aacute;n de bala, o de maldades. Pero me queda el placer de que
+hombres como usted me hayan amado. No s&eacute; decirle adi&oacute;s. S&iacute;rvame como si
+nunca m&aacute;s debiera volverme a ver&raquo;. Y esos cubanos respondieron
+mand&aacute;ndole lo que &eacute;l les ped&iacute;a. &iexcl;Y c&oacute;mo no! &iquest;Se pod&iacute;a negar, se pod&iacute;a
+decir que no, a quien ped&iacute;a de ese modo, resplandeciente de limpieza y
+de angustia? Dispuesto todo para emprender la empresa definitiva,
+recorri&oacute; por &uacute;ltima vez las emigraciones, y cuando se detuvo en un
+puerto de la Florida, en enero de 1895, ya todo lo ten&iacute;a preparado para
+caer sobre su tierra a bandera desplegada. Tres barcos, &laquo;Amad&iacute;s&raquo;,
+&laquo;Lagonda&raquo; y &laquo;Baracoa&raquo;, cargados de armas y pertrechos ya estaban para
+salir de Fernandina, cuando las Autoridades de aquella ciudad, los
+detuvieron. La traici&oacute;n de un miserable, que estar&aacute; mientras viva, libre
+de todo, menos del remordimiento, vendi&oacute; su poderoso plan. Entonces s&iacute;
+que sufri&oacute; Mart&iacute; lo indecible. Imag&iacute;nenselo triste, rabioso,
+col&eacute;rico&mdash;&iexcl;col&eacute;rico &eacute;l, Dios m&iacute;o!&mdash;viendo acaso en el espanto y horror de
+sus ojos desmesuradamente abiertos, descender sobre su patria como un
+sudario de muerte, y sobre su coraz&oacute;n como una mano de hierro....</p>
+
+<p>Perseguido por los Agentes espa&ntilde;oles sali&oacute; de Fernandina y lleg&oacute; a New
+York. All&iacute; le volvi&oacute; la vida: &iexcl;pod&iacute;a salvar parte de las armas
+apresadas! Y el 29 de enero escribi&oacute; la orden de levantamiento para los
+jefes de la revoluci&oacute;n en Cuba, y el 31 sali&oacute; en compa&ntilde;&iacute;a de los
+generales Mar&iacute;a Rodr&iacute;guez y Collazo para Santo Domingo, con el fin de
+unirse all&iacute; con M&aacute;ximo G&oacute;mez. Se detuvo en Cabo Haitiano, en donde pas&oacute;
+varias semanas de verdadera zozobra, rodeado de malvados e impotentes.
+All&iacute; fue a moverle con furia, el esp&iacute;ritu, la noticia del levantamiento
+del 24 de febrero, la noticia de que ya en su tierra se peleaba,
+cumpliendo &oacute;rdenes suyas, por el decoro y la libertad. Esto lo anim&oacute; y
+desesper&oacute; m&aacute;s. Despu&eacute;s de ese momento ni el sue&ntilde;o ni el descanso le
+hicieron falta: viv&iacute;a en una constante actividad. As&iacute; vio pasar todo el
+mes de marzo y llegar abril, y sin poder embarcarse para las playas
+amadas, donde ya se mor&iacute;a como &eacute;l sabr&iacute;a morir. El 25 de marzo, ya en
+v&iacute;speras de viaje, en el <i>p&oacute;rtico</i> del <i>gran deber</i>, le escribi&oacute; a su
+amigo, el dominicano y poeta y escritor, Federico Henr&iacute;quez Carvajal,
+una carta que alguien ha llamado su testamento pol&iacute;tico, y de la cual
+vienen a mi mente estos conceptos que deb&iacute;a grabar todo cubano en lo m&aacute;s
+puro y bueno de sus entra&ntilde;as: &laquo;Yo evoqu&eacute; la guerra: mi responsabilidad
+comienza con ella, en vez de acabar. Para m&iacute; la patria no ser&aacute; nunca
+triunfo, sino agon&iacute;a y deber. Ya arde la sangre. Ahora hay que dar
+respeto y sentido humano y amable al sacrificio; hay que hacer viable e
+inexpugnable la guerra; si ella me manda, conforme a mi deseo &uacute;nico
+quedarme, me quedo en ella; si me manda, clav&aacute;ndome el alma, irme lejos
+de los que mueren como yo sabr&iacute;a morir, tambi&eacute;n tendr&eacute; ese valor. Quien
+piensa en s&iacute; no ama a la patria; y est&aacute; el mal de los pueblos, por m&aacute;s
+que a veces se lo disimulen sutilmente, en los estorbos o prisas que el
+inter&eacute;s de sus representantes ponen en el curso natural de los sucesos.
+De m&iacute; espere la deposici&oacute;n absoluta y continua. Yo alzar&eacute; el mundo. Pero
+mi &uacute;nico deseo ser&iacute;a pegarme all&iacute;, al &uacute;ltimo tronco, al &uacute;ltimo peleador:
+morir callado. Para m&iacute; ya es hora. Pero aun puedo servir a este &uacute;nico
+coraz&oacute;n de nuestras Rep&uacute;blicas. Las Antillas libres salvar&aacute;n la
+independencia de nuestra Am&eacute;rica y el honor ya dudoso y lastimado de la
+Am&eacute;rica inglesa, y acaso acelerar&aacute;n y fijar&aacute;n el equilibrio del mundo.
+Vea lo que hacemos, usted con sus canas juveniles y yo a rastras con mi
+coraz&oacute;n roto. Yo obedezco, y aun dir&eacute; que acato como superior
+disposici&oacute;n y como Ley americana, la necesidad feliz de partir, al
+amparo de Santo Domingo, para la guerra de libertad de Cuba. Hagamos por
+sobre la mar, a sangre y a cari&ntilde;o, lo que por el fondo de la mar hace la
+cordillera de fuego andino&raquo;. En esta carta dej&oacute; Mart&iacute; mucho de su alma
+llena del himno glorioso de la naturaleza y de la &iacute;ntima majestad de lo
+divino. Pero donde puso todo el coraz&oacute;n rebosante de ternura y amor, fue
+en la carta &uacute;ltima, que le escribi&oacute; a su anciana madre, entonces aqu&iacute;,
+al lado de los que se sentaban a la mesa del jerez y de la manzanilla a
+comer el plato del robo y de la villan&iacute;a. O&iacute;d esa carta: &laquo;Madre m&iacute;a: Hoy
+25 de marzo, en v&iacute;speras de un largo viaje, estoy pensando en usted. Yo
+sin cesar pienso en usted. Usted se duele en la c&oacute;lera de su amor del
+sacrificio de mi vida: y &iquest;por qu&eacute; nac&iacute; de usted con una vida que ama el
+sacrificio? Palabras, no puedo. El deber de un hombre est&aacute; all&iacute; donde es
+m&aacute;s &uacute;til. Pero conmigo va siempre, en mi creciente y necesaria agon&iacute;a,
+el recuerdo de mi madre. Abrace a mis hermanas y a sus compa&ntilde;eros. Ojal&aacute;
+pueda alg&uacute;n d&iacute;a verlos a todos a mi alrededor, contentos de m&iacute;. Y
+entonces s&iacute; que cuidar&eacute; yo de usted con mimo y con orgullo. Ahora
+bend&iacute;game, y crea que jam&aacute;s saldr&aacute; de mi coraz&oacute;n obra sin piedad y sin
+limpieza. La bendici&oacute;n&raquo;. &iexcl;Yo no s&eacute; que se pueda decir m&aacute;s y de manera
+m&aacute;s genial en tan pocas palabras! Si Mart&iacute; no hubiera escrito m&aacute;s que
+esta carta, por ella solo tendr&iacute;a asiento perdurable entre los hombres
+que saben lo que es un adi&oacute;s, lo que es desafiar la muerte, &iexcl;y lo que
+una madre significa!...</p>
+
+<p>Y lleg&oacute; por fin el momento feliz, t&eacute;rmino de todas sus angustias,
+satisfacci&oacute;n de todos sus anhelos. Despu&eacute;s de publicar el grandioso
+manifiesto de &laquo;Montecristi&raquo; de despachar el barco expedicionario para
+Maceo, de vencer cuantas dificultades le salieron al camino, se embarc&oacute;,
+en uni&oacute;n de cinco compa&ntilde;eros, M&aacute;ximo G&oacute;mez, Paquito Borrero, &Aacute;ngel
+Guerra, C&eacute;sar Salas y Marcos del Rosario, en un vapor alem&aacute;n que hab&iacute;a
+llegado de paso a Cabo Haitiano, y que seg&uacute;n la promesa de su Capit&aacute;n a
+Mart&iacute;, los conducir&iacute;a cerca de las costas de Cuba y les ceder&iacute;a un bote
+para llegar a tierra. O&iacute;d el relato, hecho a tajos, de esa odisea
+milagrosa. Era el 10 de abril, d&iacute;a glorioso dos veces en los anales de
+la historia cubana, cuando se echaron al mar esos hombres magn&iacute;ficos; y
+el 11, a pocas millas de la costa, detiene el vapor que los conduc&iacute;a su
+marcha, bajan la escala, echan al agua uno de sus botes y en &eacute;l se
+instalan los seis expedicionarios &laquo;con gran carga de parque y un saco
+con queso y galletas&raquo;. Y a las seis horas de remar, bajo un cielo negro
+y tenebroso, arrullado por olas alborotadas, caen sigilosos sobre la
+costa de Cuba, llenos de una dicha superior al peligro que hab&iacute;an
+corrido y que hab&iacute;an de correr. Ya en tierra, cargados como bestias,
+subieron los espinares y pasaron las ci&eacute;negas y cruzaron r&iacute;os crecidos y
+subieron cumbres, hasta que dieron con la guerrilla baracoana de F&eacute;lix
+Ruenes &laquo;hombre de consejo y moderaci&oacute;n&raquo; como lo llam&oacute; Mart&iacute;, y a quien
+la gloria le crece ya sobre la sepultura. Oigamos las impresiones
+primeras de Mart&iacute;, en los campos de Cuba libre: &laquo;Hasta hoy no me he
+sentido hombre. He vivido avergonzado y arrastrando la cadena de mi
+patria, toda mi vida. La divina claridad del alma aligera mi cuerpo.
+Este reposo y bienestar explican la constancia y el j&uacute;bilo con que los
+hombres se ofrecen al sacrificio&raquo;. &laquo;Es muy grande mi felicidad: sin
+ilusi&oacute;n alguna de mis sentidos ni pensamiento excesivo en m&iacute; propio, ni
+alegr&iacute;a ego&iacute;sta y pueril, puedo decir que llegu&eacute; al fin, a mi plena
+naturaleza; y que el honor que en mis paisanos vea, en la naturaleza que
+nuestro valor nos da derecho, me embriaga la dicha con dulce embriaguez.
+Solo la luz es comparable a mi felicidad&raquo;. Cerca, de la costa
+permanecieron Mart&iacute; y sus compa&ntilde;eros hasta el d&iacute;a 16 que salieron con
+direcci&oacute;n a la jurisdicci&oacute;n de Guant&aacute;namo. Los espa&ntilde;oles, sabedores de
+la llegada de los expedicionarios y de que rondaban por esos lugares, le
+salieron al encuentro en n&uacute;mero de cuatrocientos hombres. Y el d&iacute;a 27,
+por suerte, estando ya Mart&iacute; y los suyos con las fuerzas de Garz&oacute;n y
+Mariano S&aacute;nchez y Jos&eacute; Maceo que asumi&oacute; el mando de todas, fueron
+atacados por el enemigo. De este encuentro contaba Mart&iacute;: &laquo;Me siento
+puro y leve, y siento en m&iacute; algo como la paz de un ni&ntilde;o. &iquest;Por qu&eacute; me
+vuelvo a acordar ahora de la larga marcha, para m&iacute; la primera marcha de
+batalla que sigui&oacute; al combate victorioso con que nos recibi&oacute; el valiente
+y sencillo Jos&eacute; Maceo? Porque fue muy bella y quisiera que ustedes la
+hubieran visto conmigo. &iquest;O ten&iacute;a el cielo balcones y los seres que me
+son queridos estaban asomados a uno de ellos? A la ma&ntilde;ana ven&iacute;amos, aun
+los pocos de la expedici&oacute;n de Baracoa, los seis y los que se nos fueron
+uniendo, revueltos por el monte de espinas y con la mano al arma,
+esperando por cada vereda al enemigo. Retumba de repente el tiroteo como
+a pocos pasos de nosotros, y el fuego es de dos horas. Los nuestros han
+vencido. Cien cubanos biso&ntilde;os han apagado treinta hombres de la columna
+entera de Guant&aacute;namo: trescientos ten&iacute;amos, pero solo pelearon cien;
+ellos se van pueblo adentro, deshechos, ensangrentados, con los muertos
+en brazos, regando las armas. En el camino mismo del combate nos
+esperaban cubanos triunfadores: se echan de los caballos abajo; nos
+abrazan y nos vitorean; nos suben a caballo y nos calzan las espuelas;
+&iquest;c&oacute;mo no me inspira horror la mancha de sangre que hay en el camino? &iquest;ni
+la sangre a medio secar de una cabeza que ya est&aacute; enterrada, en la
+cartera que le puso de almohada un jinete nuestro?&raquo;. &laquo;Ya duerme el
+campamento: al pie de un &aacute;rbol grande ir&eacute; luego a dormir, junto al
+machete y el rev&oacute;lver, y de almohada mi capa de hule: ahora, abro el
+jolongo y saco de &eacute;l la medicina para los heridos. &iexcl;Qu&eacute; cari&ntilde;osas las
+estrellas... a las tres de la madrugada! A las cinco abiertos los
+ojos...&raquo;. &laquo;A cada momento alzo la pluma, o dejo el taburete y el corte
+de palma en que escribo, para adivinarle a un doliente la maluquera,
+porque de piedad o casualidad se me han juntado en el bagaje m&aacute;s
+remedios que ropa, y no para m&iacute; que no estuve m&aacute;s sano nunca. Y ello es
+que tengo acierto, y ya me he ganado mi poco de reputaci&oacute;n, sin m&aacute;s que
+saber como est&aacute; hecho el cuerpo humano, y haber tra&iacute;do conmigo el
+milagro del iodo. Y el del cari&ntilde;o, que es otro milagro; en el que ando
+con tacto, y con rienda severa, no vaya la humanidad a parecer
+vergonzosa adulaci&oacute;n, aunque es rara la claridad del alma, y como finura
+en el sentir que embellece, por entre palabras p&iacute;caras, y disputas y
+fritos y guisos, esta vida de campamento&raquo;. Hasta aqu&iacute; de sus cartas.
+Triunfal fue la marcha de Mart&iacute; por los campos de Cuba libre: por donde
+quiera que pasaba iba dejando&mdash;como dicen que proclamaba Jos&eacute; Maceo&mdash;,
+<i>verg&uuml;enza y alegr&iacute;a</i>. M&aacute;s de diez veces les habl&oacute; Mart&iacute; a fuerzas
+cubanas en guerra y siempre les dej&oacute; la mente en alto y el alma
+contenta. &iexcl;Todav&iacute;a viven algunos de los que oyeron a caballo y con la
+mano a la cintura su elocuencia arrebatadora: todav&iacute;a viven algunos de
+los que le vieron sin cansancio y sin fatiga andando con el rifle al
+hombro por las monta&ntilde;as agrias, por los pedregales &aacute;speros, por los r&iacute;os
+cre&iacute;dos, por las ci&eacute;negas espantables.</p>
+
+<p>Y llega el 19 de mayo, el d&iacute;a aciago, el d&iacute;a tremendo. El sol luc&iacute;a en
+el zenit. Mart&iacute; y Mas&oacute; estaban acampados en Vuelta Grande cuando lleg&oacute;
+el General G&oacute;mez y fue como un jubileo el campamento. Mas&oacute; y Mart&iacute; y
+M&aacute;ximo G&oacute;mez le hablaron a las fuerzas y fueron vitoreados y aclamados.
+A poco avisan las avanzadas que estaban cerca de Dos R&iacute;os la proximidad
+del enemigo. De Vuelta Grande a Dos R&iacute;os hab&iacute;a poco m&aacute;s de una legua.
+Los soldados cubanos, entusiasmados por las arengas que acababan de o&iacute;r,
+a vuelo de caballo se ponen frente a los contrarios. En breves momentos
+el combate se generaliza; la atm&oacute;sfera se pre&ntilde;a de humo y olor a
+p&oacute;lvora; el aire es &eacute;pico. Entonces es que Mart&iacute;, desmadejado el
+cabello, los ojos f&uacute;lgidos y relampagueantes, el pecho henchido de
+orgullo, enardecido, arrebatado, impaciente por el sacrificio e inquieto
+por la emulaci&oacute;n, invita a la carga a su ayudante &Aacute;ngel la Guardia&mdash;aquel
+fiero aguilucho ca&iacute;do en Victoria de las Tunas&mdash;, aviva con las espuelas
+su noble bruto, y gozoso como un ni&ntilde;o que ha crecido un palmo, y como si
+hubiera alcanzado a ver, reducido a la peque&ntilde;ez de un mont&oacute;n de carne
+humana, todo el Gobierno de rencores, de insultos, de envidias, de
+mezquindades, de ambiciones, de la oligarqu&iacute;a esquilmadora que le vejaba
+su tierra, se echa sobre los rifles enemigos y cae acribillado a
+balazos, con la limpieza y majestad de un Dios, del brazo de la muerte
+que es inmortal, y coronado por la fulgente claridad del martirio y de
+la gloria.... As&iacute; termin&oacute;, as&iacute; se obscureci&oacute; para siempre, la l&aacute;mpara
+pura y serena de aquel gran cerebro, &laquo;dictador de genio&raquo;; as&iacute; dej&oacute; de
+latir aquel gran coraz&oacute;n, profesor de virtudes; as&iacute;, entre chocar de
+aceros y estampidos de fusiler&iacute;a, pas&oacute; el gran Ap&oacute;stol a ser hu&eacute;sped
+eterno de la suprema luz. All&iacute;, en los campos de Dos R&iacute;os, campos ya
+para siempre memorables, se apag&oacute; aquel astro inmenso que parec&iacute;a
+inmortal; all&iacute; cay&oacute; peleando por la independencia de su patria,
+arremetiendo contra los defensores de la tiran&iacute;a, la cabeza imperial
+descubierta y nutrida de leyendas y de asombros, con el alma en el aire,
+el batallador infatigable que fue para los cubanos, con sus racimos de
+palabras y sus manantiales de ternuras, como otra isla sonora y
+espiritual.... All&iacute;, a aquellos campos, en silencio, que recogieron su
+&uacute;ltima mirada y su &uacute;ltimo suspiro y que supieron tambi&eacute;n del primer
+grito de desolaci&oacute;n y de angustia que arranc&oacute; a los suyos su ca&iacute;da; all&iacute;
+debieran ir en legiones los cubanos vivos, a purificarse y a lavarse de
+sus culpas y pecados. All&iacute;, a aquellos campos donde entreg&oacute; su vida el
+h&eacute;roe m&aacute;s puro y grande del poema de hierro de nuestras guerras de
+independencia, debieran ir los que ahora, olvidados de todo lo que no
+sea su personal inter&eacute;s, ponen la patria de cabalgadura y de l&aacute;tigo la
+gloria que conquistaron en su defensa; los <i>pr&aacute;cticos</i> eternos que no
+piensan ni por un momento en la gloria de morir peleando por la libertad
+y s&iacute; en lo c&oacute;modo de vivir, aunque sea de rodillas, a los pies de los
+amos del momento; los que no saben que hay algo m&aacute;s triste que ser
+esclavo, y es mostrar que no se es digno de ser libre... &iquest;Y se perder&aacute;
+entre los cubanos el recuerdo de existencia tan pura, tan merit&iacute;sima y
+ejemplar? &iquest;Ser&aacute; tanta nuestra peque&ntilde;ez, que ocupados en buscar la
+comodidad y el gusto y el regalo personal, no miremos que se nos puede
+caer la casa de todos, la obra santa que &eacute;l coron&oacute; a costa de su sangre?
+&iquest;Ser&aacute; todo chiste, ira, medro? Inspir&eacute;monos en &eacute;l, y depongamos nuestros
+agravios y nuestras inquinas: am&eacute;monos los unos a los otros, y clavemos
+en lo m&aacute;s firme y alto de nuestra tierra la bandera de nuestra
+nacionalidad. Y vigilemos para que de su tri&aacute;ngulo rojo no se salga
+jam&aacute;s la estrella solitaria, ni para hundirse en la nada, ni para dar su
+brillo, entonces m&aacute;s sola que nunca, entre el mont&oacute;n de estrellas del
+pabell&oacute;n americano....</p>
+
+<p>Hasta aqu&iacute; de su vida; de su obra hablar&eacute; en otra ocasi&oacute;n.</p>
+
+<p>Y ahora, Maestro y Padre, escucha: el ni&ntilde;o aquel que en la emigraci&oacute;n te
+sigui&oacute; febril, enamorado de tu bondad y tu talento, el ni&ntilde;o aquel que
+por serlo, no te acompa&ntilde;&oacute; en la hora de tu muerte, se ha hecho hombre y
+te es fiel, y de las semillas de amor que t&uacute; le dejaste caer en el
+pecho, esto es el fruto. Tu memoria lo fortalece como una esperanza,
+como un faro lo gu&iacute;a, como un ala lo levanta. Y si es verdad que la vida
+humana no es toda la vida, si es verdad que despu&eacute;s de ella hay otra
+existencia superior, ordena, que &eacute;l no quiere para s&iacute; mayor gloria que
+la de obedecer a tu mandato. &Eacute;l no se cansa de predicar tus doctrinas ni
+de continuar, a la medida de sus fuerzas, tu obra de ensanchamiento y de
+reparaci&oacute;n universal. Tus libros, que ahora mismo Gonzalo de Quesada, tu
+buen Gonzalo, publica para reverenciarte, constituyen su Biblia. Y todas
+las noches, al poner la cabeza sobre la almohada libre, piensa en ti, y
+murmura agitado como por un temblor de h&eacute;roe: Maestro &iexcl;gloria a ti!
+Padre, bendito seas....</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h1>Amistad funesta</h1>
+
+<h1>Novela</h1>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="Capitulo_I" id="Capitulo_I"></a><a href="#table">Cap&iacute;tulo I</a></h2>
+
+
+<p>Una frondosa magnolia, podada por el jardinero de la casa con manos
+demasiado acad&eacute;micas, cubr&iacute;a aquel domingo por la ma&ntilde;ana con su sombra a
+los familiares de la casa de Luc&iacute;a Jerez. Las grandes flores blancas de
+la magnolia, plenamente abiertas en sus ramas de hojas delgadas y
+puntiagudas, no parec&iacute;an, bajo aquel cielo claro y en el patio de
+aquella casa amable, las flores del &aacute;rbol, sino las del d&iacute;a, &iexcl;esas
+flores inmensas e inmaculadas, que se imaginan cuando se ama mucho! El
+alma humana tiene una gran necesidad de blancura. Desde que lo blanco se
+oscurece, la desdicha empieza. La pr&aacute;ctica y conciencia de todas las
+virtudes, la posesi&oacute;n de las mejores cualidades, la arrogancia de los
+m&aacute;s nobles sacrificios, no bastan a consolar el alma de un solo
+extrav&iacute;o.</p>
+
+<p>Eran hermosas de ver, en aquel domingo, en el cielo fulgente, la luz
+azul, y por entre los corredores de columnas de m&aacute;rmol, la magnolia
+elegante, entre las ramas verdes, las grandes flores blancas y en sus
+mecedoras de mimbre, adornadas con lazos de cinta, aquellas tres amigas,
+en sus vestidos de mayo: Adela, delgada y locuaz, con un ramo de rosas
+Jacqueminot al lado izquierdo de su traje de seda crema; Ana, ya pr&oacute;xima
+a morir, prendida sobre el coraz&oacute;n enfermo, en su vestido de muselina
+blanca, una flor azul sujeta con unas hebras de trigo; y Luc&iacute;a, robusta
+y profunda, que no llevaba flores en su vestido de seda carmes&iacute;, &laquo;porque
+no se conoc&iacute;a aun en los jardines la flor que a ella le gustaba: &iexcl;la
+flor negra!&raquo;.</p>
+
+<p>Las amigas cambiaban vivazmente sus impresiones de domingo. Ven&iacute;an de
+misa; de sonre&iacute;r en el atrio de la catedral a sus parientes y conocidos;
+de pasear por las calles limpias, esmaltadas de sol, como flores
+desatadas sobre una bandeja de plata con dibujos de oro. Sus amigas,
+desde las ventanas de sus casas grandes y antiguas, las hab&iacute;an saludado
+al pasar. No hab&iacute;a mancebo elegante en la ciudad que no estuviese aquel
+mediod&iacute;a por las esquinas de la calle de la Victoria. La ciudad, en esas
+ma&ntilde;anas de domingo, parece una desposada. En las puertas, abiertas de
+par en par, como si en ese d&iacute;a no se temiesen enemigos, esperan a los
+due&ntilde;os los criados, vestidos de limpio. Las familias, que apenas se han
+visto en la semana, se re&uacute;nen a la salida de la iglesia para ir a
+saludar a la madre ciega, a la hermana enferma, al padre achacoso. Los
+viejos ese d&iacute;a se remozan. Los veteranos andan con la cabeza m&aacute;s
+erguida, muy luciente el chaleco blanco, muy bru&ntilde;ido el pu&ntilde;o del bast&oacute;n.
+Los empleados parecen magistrados. A los artesanos, con su mejor
+chaqueta de terciopelo, sus pantalones de dril muy planchado y su
+sombrer&iacute;n de castor fino, da gozo verlos. Los indios, en verdad,
+descalzos y mugrientos, en medio de tanta limpieza y luz, parecen
+llagas. Pero la procesi&oacute;n lujosa de madres fragantes y ni&ntilde;as galanas
+contin&uacute;a, sembrando sonrisas por las aceras de la calle animada; y los
+pobres indios, que la cruzan a veces, parecen gusanos prendidos a
+trechos en una guirnalda. En vez de las carretas de comercio o de las
+arrias de mercader&iacute;as, llenan las calles, tirados por caballos altivos,
+carruajes lucientes. Los carruajes mismos, parece que van contentos, y
+como de victoria. Los pobres mismos, parecen ricos. Hay una quietud
+magna y una alegr&iacute;a casta. En las casas todo es algazara. Los nietos
+&iexcl;qu&eacute; ir a la puerta, y aturdir al portero, impacientes por lo que la
+abuela tarda! Los maridos &iexcl;qu&eacute; celos de la misa, que se les lleva, con
+sus mujeres queridas, la luz de la ma&ntilde;ana! La abuela, &iexcl;c&oacute;mo viene
+cargada de chucher&iacute;as para los nietos, de los juguetes que fue reuniendo
+en la semana para traerlos a la gente menor hoy domingo, de los
+mazapanes reci&eacute;n hechos que acaba de comprar en la dulcer&iacute;a francesa, de
+los caprichos de comer que su hija prefer&iacute;a cuando soltera, qu&eacute; carruaje
+el de la abuela, que nunca se vac&iacute;a! Y en la casa de Luc&iacute;a Jerez no se
+sab&iacute;a si hab&iacute;a m&aacute;s flores en la magnolia, o en las almas.</p>
+
+<p>Sobre un costurero abierto, donde Ana al ver entrar a sus amigas puso
+sus enseres de coser y los ajuares de ni&ntilde;o que regalaba a la Casa de
+Exp&oacute;sitos, hab&iacute;an dejado caer Adela y Luc&iacute;a sus sombreros de paja, con
+cintas semejantes a sus trajes, revueltas como cervatillos que retozan.
+&iexcl;Dice mucho, y cosas muy traviesas, un sombrero que ha estado una hora
+en la cabeza de una se&ntilde;orita! Se le puede interrogar, seguro de que
+responde: &iexcl;de alg&uacute;n elegante caballero, y de m&aacute;s de uno, se sabe que ha
+robado a hurtadillas una flor de un sombrero, o ha besado sus cintas
+largamente, con un beso entra&ntilde;able y religioso! El sombrero de Adela era
+ligero y un tanto extravagante, como de ni&ntilde;a que es capaz de enamorarse
+de un tenor de &oacute;pera: el de Luc&iacute;a era un sombrero arrogante y
+amenazador; se sal&iacute;an por el borde del costurero las cintas carmes&iacute;es,
+enroscadas sobre el sombrero de Adela como una boa sobre una t&oacute;rtola:
+del fondo de seda negro, por los reflejos de un rayo de sol que filtraba
+oscilando por una rama de la magnolia, parec&iacute;an salir llamas.</p>
+
+<p>Estaban las tres amigas en aquella pura edad en que los caracteres
+todav&iacute;a no se definen: &iexcl;ay, en esos mercados es donde suelen los j&oacute;venes
+generosos, que van en busca de p&aacute;jaros azules, atar su vida a lindos
+vasos de carne que a poco tiempo, a los primeros calores fuertes de la
+vida, ense&ntilde;an la zorra astuta, la culebra venenosa, el gato fr&iacute;o e
+impasible que les mora en el alma!</p>
+
+<p>La mecedora de Ana no se mov&iacute;a, tal como apenas en sus labios p&aacute;lidos la
+afable sonrisa: se buscaban con los ojos las violetas en su falda, como
+si siempre debiera estar llena de ellas. Adela no sin esfuerzo se
+manten&iacute;a en su mecedora, que unas veces estaba cerca de Ana, otras de
+Luc&iacute;a, y vac&iacute;a las m&aacute;s. La mecedora de Luc&iacute;a, m&aacute;s echada hacia adelante
+que hacia atr&aacute;s, cambiaba de s&uacute;bito de posici&oacute;n, como obediente a un
+gesto en&eacute;rgico y contenido de su due&ntilde;a.</p>
+
+<p>&mdash;Juan no viene: &iexcl;te digo que Juan no viene!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute;, Luc&iacute;a, si sabes que si no viene te da pena?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y no te pareci&oacute; Pedro Real muy arrogante? Mira, mi Ana, dame el
+secreto que t&uacute; tienes para que te quiera todo el mundo: porque ese
+caballero, es necesario que me quiera.</p>
+
+<p>En un reloj de bronce labrado, embutido en un ancho plato de porcelana
+de ramos azules, dieron las dos.</p>
+
+<p>&mdash;Lo ves, Ana, lo ves; ya Juan no viene&mdash;y se levant&oacute; Luc&iacute;a; fue a uno de
+los jarrones de m&aacute;rmol colocados entre cada dos columnas, de las que de
+un lado y otro adornaban el sombreado patio; arranc&oacute; sin piedad de su
+tallo lustroso una camelia blanca, y volvi&oacute; silenciosa a su mecedora,
+roy&eacute;ndole las hojas con los dientes.</p>
+
+<p>&mdash;Juan viene siempre, Luc&iacute;a.</p>
+
+<p>Asom&oacute; en este momento por la verja dorada que divid&iacute;a el zagu&aacute;n de la
+antesala que se abr&iacute;a al patio, un hombre joven, vestido de negro, de
+quien se desped&iacute;an con respeto y ternura uno de mayor edad, de ojos
+benignos y poblada barba, y un caballero entrado en largos a&ntilde;os, triste,
+como quien ha vivido mucho, que reten&iacute;a con visible placer la mano del
+joven entre las suyas:</p>
+
+<p>&mdash;Juan, &iquest;por qu&eacute; naci&oacute; usted en esta tierra?</p>
+
+<p>&mdash;Para honrarla si puedo, don Miguel, tanto como usted la ha honrado.</p>
+
+<p>Fue la emoci&oacute;n visible en el rostro del viejo; y aun no hab&iacute;a
+desaparecido del zagu&aacute;n, de brazo del de la buena barba, cuando Luc&iacute;a,
+demudado el rostro y tembl&aacute;ndole en las pesta&ntilde;as las l&aacute;grimas, estaba en
+pie, erguida con singular firmeza, junto a la verja dorada, y dec&iacute;a,
+clavando en Juan sus dos ojos imperiosos y negros:</p>
+
+<p>&mdash;Juan, &iquest;por qu&eacute; no hab&iacute;as venido?</p>
+
+<p>Adela estaba prendiendo en aquel momento en sus cabellos rubios un
+jazm&iacute;n del Cabo.</p>
+
+<p>Ana cos&iacute;a un lazo azul a una gorrita de reci&eacute;n nacido, para la Casa de
+Exp&oacute;sitos.</p>
+
+<p>&mdash;Fui a rogar&mdash;respondi&oacute; Juan sonriendo dulcemente&mdash;, que no apremiasen por
+la renta de este mes a la se&ntilde;ora del Valle.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;A la madre de Sol? &iquest;de Sol del Valle?</p>
+
+<p>Y pensando en la ni&ntilde;a de la pobre viuda, que no hab&iacute;a salido aun del
+colegio, donde la ten&iacute;a por merced la Directora, se entr&oacute; Luc&iacute;a, sin
+volver ni bajar la cabeza, por las habitaciones interiores, en tanto que
+Juan, que amaba a quien lo amaba, la segu&iacute;a con los ojos tristemente.</p>
+
+<hr style='width: 45%;' />
+
+<p>Juan Jerez era noble criatura. Rico por sus padres, viv&iacute;a sin el
+encogimiento ego&iacute;sta que desluce tanto a un hombre joven, mas sin
+aquella angustiosa abundancia, siempre menor que los gastos y apetitos
+de sus due&ntilde;os, con que los ricuelos de poco sentido malgastan en empleos
+est&uacute;pidos, a que llaman placeres, la hacienda de sus mayores. De s&iacute;
+propio, y con asiduo trabajo, se hab&iacute;a ido creando una numerosa
+clientela de abogado, en cuya enga&ntilde;osa profesi&oacute;n, entre nosotros
+perniciosamente esparcida, le hicieron entrar, m&aacute;s que su voluntad, dada
+a m&aacute;s activas y generosas labores, los deseos de su padre, que en la
+defensa de casos limpios de comercio hab&iacute;a acrecentado el haber que
+aport&oacute; al matrimonio su esposa. Y as&iacute; Juan Jerez, a quien la Naturaleza
+hab&iacute;a puesto aquella coraza de luz con que reviste a los amigos de los
+hombres, vino, por esas preocupaciones legendarias que desfloran y
+tuercen la vida de las generaciones nuevas en nuestros pa&iacute;ses, a pasar,
+entre lances de curia que a veces le hac&iacute;an sentir ansias y vuelcos, los
+a&ntilde;os m&aacute;s hermosos de una juventud sazonada e impaciente, que ve&iacute;a en las
+desigualdades de la fortuna, en la miseria de los infelices, en los
+esfuerzos est&eacute;riles de una minor&iacute;a viciada por crear pueblos sanos y
+fecundos, de soledades tan ricas como desiertas, de poblaciones
+cuantiosas de indios m&iacute;seros, objeto m&aacute;s digno que las controversias
+forenses del esfuerzo y calor de un coraz&oacute;n noble y viril.</p>
+
+<p>Llevaba Juan Jerez en el rostro p&aacute;lido, la nostalgia de la acci&oacute;n, la
+luminosa enfermedad de las almas grandes, reducida por los deberes
+corrientes o las imposiciones del azar a oficios peque&ntilde;os; y en los ojos
+llevaba como una desolaci&oacute;n, que solo cuando hac&iacute;a un gran bien, o
+trabajaba en pro de un gran objeto, se le trocaba, como un rayo de sol
+que entra en una tumba, en centelleante j&uacute;bilo. No se le dijera entonces
+un abogado de estos tiempos, sino uno de aquellos trovadores que sab&iacute;an
+tallarse, hartos ya de sus propias canciones, en el mango de su guzla la
+empu&ntilde;adura de una espada. El fervor de los cruzados encend&iacute;a en aquellos
+breves instantes de heroica dicha su alma buena; y su deleite, que le
+inundaba de una luz parecida a la de los astros, era solo comparable a
+la vasta amargura con que reconoc&iacute;a, a poco que en el mundo no
+encuentran auxilio, sino cuando convienen a alg&uacute;n inter&eacute;s que las vicia,
+las obras de pureza. Era de la raza selecta de los que no trabajan para
+el &eacute;xito, sino contra &eacute;l. Nunca, en esos peque&ntilde;os pueblos nuestros donde
+los hombres se encorvan tanto, ni a cambio de provechos ni de
+vanaglorias cedi&oacute; Juan un &aacute;pice de lo que cre&iacute;a sagrado en &eacute;l, que era
+su juicio de hombre y su deber de no ponerlo con ligereza o por paga al
+servicio de ideas o personas injustas; sino que ve&iacute;a Juan su
+inteligencia como una investidura sacerdotal, que se ha de tener siempre
+de manera que no noten en ella la m&aacute;s peque&ntilde;a m&aacute;cula los feligreses; y
+se sent&iacute;a Juan, all&aacute; en sus determinaciones de noble mozo, como un
+sacerdote de todos los hombres, que uno a uno ten&iacute;a que ir d&aacute;ndoles
+perpetua cuenta, como si fuesen sus due&ntilde;os, del buen uso de su
+investidura.</p>
+
+<p>Y cuando ve&iacute;a que, como entre nosotros sucede con frecuencia, un hombre
+joven, de palabra llameante y talento privilegiado, alquilaba por la
+paga o por el puesto aquella insignia divina que Juan cre&iacute;a ver en toda
+superior inteligencia, volv&iacute;a los ojos sobre s&iacute; como llamas que le
+quemaban, tal como si viera que el ministro de un culto, por pagarse la
+bebida o el juego, vendiese las im&aacute;genes de sus dioses. Estos soldados
+mercenarios de la inteligencia lo tachaban por eso de hip&oacute;crita, lo que
+aumentaba la palidez de Juan Jerez, sin arrancar de sus labios una
+queja. Y otros dec&iacute;an, con m&aacute;s raz&oacute;n aparente&mdash;aunque no en el caso de
+&eacute;l&mdash;, que aquella entereza de car&aacute;cter no era grandemente meritoria en
+quien, rico desde la cuna, no hab&iacute;a tenido que bregar por abrirse
+camino, como tantos de nuestros j&oacute;venes pobres, en pueblos donde por
+viejas tradiciones coloniales se da a los hombres una educaci&oacute;n
+literaria, y aun esta descosida e incompleta, que no halla luego natural
+empleo en nuestros pa&iacute;ses despoblados y rudimentarios, exuberantes, sin
+embargo, en fuerzas vivas, hoy desaprovechadas o trabajadas apenas,
+cuando para hacer pr&oacute;speras a nuestras tierras y dignos a nuestros
+hombres no habr&iacute;a m&aacute;s que educarlos de manera que pudiesen sacar
+provecho del suelo provid&iacute;simo en que nacen. A manejar la lengua hablada
+y escrita les ense&ntilde;an, como &uacute;nico modo de vivir, en pueblos en que las
+artes delicadas que nacen del cultivo del idioma no tienen el n&uacute;mero
+suficiente, no ya de consumidores, de apreciadores siquiera, que
+recompensen, con el precio justo de estos trabajos exquisitos, la labor
+intelectual de nuestros esp&iacute;ritus privilegiados. De modo que, como con
+el cultivo de la inteligencia vienen los gustos costosos, tan naturales
+en los hispanoamericanos como el color sonrosado en las mejillas de una
+ni&ntilde;a quince&ntilde;a; como en las tierras calientes y floridas, se despierta
+temprano el amor, que quiere casa, y lo mejor que haya en la ebanister&iacute;a
+para amueblarla, y la seda m&aacute;s joyante y la pedrer&iacute;a m&aacute;s rica para que a
+todos maraville y encele su due&ntilde;a; como la ciudad, infecunda en nuestros
+pa&iacute;ses nuevos, retiene en sus redes suntuosas a los que fuera de ella no
+saben ganar el pan, ni en ella tienen c&oacute;mo ganarlo, a pesar de sus
+talentos, bien as&iacute; como un pasmoso cincelador de espadas de taza, que
+sabr&iacute;a poblar &eacute;stas de castellanas de larga amazona desmayadas en brazos
+de guerreros fuertes, y otras sutiles lindezas en plata y en oro, no
+halla empleo en un villorrio de gente labriega, que vive en paz, o al
+pu&ntilde;al o a los pu&ntilde;os remite el t&eacute;rmino de sus contiendas; como con
+nuestras cabezas hispanoamericanas, cargadas de ideas de Europa y
+Norteam&eacute;rica, somos en nuestros propios pa&iacute;ses a manera de frutos sin
+mercado, cual las excrecencias de la tierra, que le pesan y estorban, y
+no como su natural florecimiento, sucede que los poseedores de la
+inteligencia, est&eacute;ril entre nosotros por su mala direcci&oacute;n, y
+necesitados para subsistir de hacerla fecunda, la dedican con exceso
+exclusivo a los combates pol&iacute;ticos, cuando m&aacute;s nobles, produciendo as&iacute;
+un desequilibrio entre el pa&iacute;s escaso y su pol&iacute;tica sobrada, o,
+apremiados por las urgencias de la vida, sirven al gobernante fuerte que
+les paga y corrompe, o trabajan por volcarle cuando, molestado aquel por
+nuevos menesterosos, les retira la paga abundante de sus funestos
+servicios. De estas pesadumbres p&uacute;blicas ven&iacute;an hablando el de la barba
+larga, el anciano de rostro triste, y Juan Jerez, cuando este, ligado
+desde ni&ntilde;o por amores a su prima Luc&iacute;a, se entr&oacute; por el zagu&aacute;n de
+baldosas de m&aacute;rmol pulido espaciosas y blancas como sus pensamientos.</p>
+
+<hr style='width: 45%;' />
+
+<p>La bondad es la flor de la fuerza. Aquel Juan brioso, que andaba siempre
+escondido en las ocasiones de fama y alarde, pero visible apenas se
+sab&iacute;a de una prerrogativa de la patria desconocida o del decoro y
+albedr&iacute;o de alg&uacute;n hombre hollados; aquel batallador temible y &aacute;spero, a
+quien jam&aacute;s se atrevieron a llegar, avergonzadas de antemano, las
+ofertas y seducciones corruptoras a que otros vociferantes de temple
+venal hab&iacute;an prestado o&iacute;dos; aquel que llevaba siempre en el rostro
+p&aacute;lido y enjuto como el resplandor de una luz alta y desconocida, y en
+los ojos el centelleo de la hoja de una espada; aquel que no ve&iacute;a
+desdicha sin que creyese deber suyo remediarla, y se miraba como un
+delincuente cada vez que no pod&iacute;a poner remedio a una desdicha; aquel
+amant&iacute;simo coraz&oacute;n, que sobre todo desamparo vaciaba su piedad
+inagotable, y sobre toda humildad, energ&iacute;a o hermosura prodigaba
+apasionadamente su amor, hab&iacute;a cedido, en su vida de libros y
+abstracciones, a la dulce necesidad, tantas veces funesta, de apretar
+sobre su coraz&oacute;n una manecita blanca. La de esta o la de aquella le
+importaban poco; y &eacute;l, en la mujer, ve&iacute;a m&aacute;s el s&iacute;mbolo de las
+hermosuras ideadas que un ser real.</p>
+
+<p>Lo que en el mundo corre con nombre de buenas fortunas, y no son, por lo
+com&uacute;n, de una parte o de otra, m&aacute;s que odiosas vilezas, hab&iacute;an salido,
+una que otra vez, al camino de aquel joven rico a cuyo rostro ven&iacute;a, de
+los adentros del alma, la irresistible belleza de un noble esp&iacute;ritu.
+Pero esas buenas fortunas, que en el primer instante llenan el coraz&oacute;n
+de los efluvios trastornadores de la primavera, y dan al hombre la
+autoridad confiada de quien posee y conquista; esos amor&iacute;os de ocasi&oacute;n,
+miel en el borde, hiel en el fondo, que se pagan con la moneda m&aacute;s
+valiosa y m&aacute;s cara, la de la propia limpieza; esos amores irregulares y
+sobresaltados, elegante disfraz de bajos apetitos, que se aceptan por
+desocupaci&oacute;n o vanidad, y roen luego la vida, como &uacute;lceras, solo
+lograron en el &aacute;nimo de Juan Jerez despertar el asombro de que, so
+pretexto o nombre de cari&ntilde;o, vivan hombres y mujeres, sin caer muertos
+de odio a s&iacute; mismos, en medio de tan torpes liviandades. Y no ced&iacute;a a
+ellas, porque la repulsi&oacute;n que le inspiraba, cualesquiera que fuesen sus
+gracias, una mujer que cerca de la mesa de trabajo de su esposo o junto
+a la cuna de su hijo no temblaba de ofrecerlas, era mayor que las
+penosas satisfacciones que la complicidad con una amante liviana produce
+a un hombre honrado.</p>
+
+<p>Era la de Juan Jerez una de aquellas almas infelices que solo pueden
+hacer lo grande y amar lo puro. Poeta genuino, que sacaba de los
+espect&aacute;culos que ve&iacute;a en s&iacute; mismo, y de los dolores y sorpresas de su
+esp&iacute;ritu, unos versos extra&ntilde;os, adoloridos y profundos, que parec&iacute;an
+dagas arrancadas de su propio pecho, padec&iacute;a de esa necesidad de la
+belleza que como un marchamo ardiente, se&ntilde;ala a los escogidos del canto.
+Aquella raz&oacute;n serena, que los problemas sociales o las pasiones comunes
+no oscurec&iacute;an nunca, se le ofuscaba hasta hacerle llegar a la
+prodigalidad de s&iacute; mismo, en virtud de un inmoderado agradecimiento.
+Hab&iacute;a en aquel car&aacute;cter una extra&ntilde;a y violenta necesidad del martirio, y
+si por la superioridad de su alma le era dif&iacute;cil hallar compa&ntilde;eros que
+se la estimaran y animasen, &eacute;l, necesitado de darse, que en su bien
+propio para nada se quer&iacute;a, y se ve&iacute;a a s&iacute; mismo como una propiedad de
+los dem&aacute;s que guardaba &eacute;l en dep&oacute;sito, se daba como un esclavo a cuantos
+parec&iacute;an amarle y entender su delicadeza o desear su bien.</p>
+
+<hr style='width: 45%;' />
+
+<p>Luc&iacute;a, como una flor que el sol encorva sobre su tallo d&eacute;bil cuando
+esplende en todo su fuego el mediod&iacute;a; que como toda naturaleza
+subyugadora necesitaba ser subyugada; que de un modo confuso e
+impaciente, y sin aquel orden y humildad que revelan la fuerza
+verdadera, amaba lo extraordinario y poderoso, y gustaba de los caballos
+desalados, de los ascensos por la monta&ntilde;a, de las noches de tempestad y
+de los troncos abatidos; Luc&iacute;a, que, ni&ntilde;a aun, cuando parec&iacute;a que la
+sobremesa de personas mayores en los gratos almuerzos de domingo deb&iacute;a
+fatigarle, olvidaba los juegos de su edad, y el coger las flores del
+jard&iacute;n, y el ver andar en parejas por el agua clara de la fuente los
+pececillos de plata y de oro, y el peinar las plumas blandas de su
+&uacute;ltimo sombrero, por escuchar, hundida en su silla, con los ojos
+brillantes y abiertos, aquellas aladas palabras, grandes como &aacute;guilas,
+que Juan reprim&iacute;a siempre delante de gente extra&ntilde;a o com&uacute;n, pero dejaba
+salir a caudales de sus labios, como lanzas adornadas de cintas y de
+flores, apenas se sent&iacute;a, cual p&aacute;jaro perseguido en su nido caliente,
+entre almas buenas que le escuchaban con amor; Luc&iacute;a, en quien un deseo
+se clavaba como en los peces se clavan los anzuelos, y de tener que
+renunciar a alg&uacute;n deseo, quedaba rota y sangrando, como cuando el
+anzuelo se le retira queda la carne del pez; Luc&iacute;a que, con su
+encarnizado pensamiento, hab&iacute;a poblado el cielo que miraba, y los
+florales cuyas hojas gustaba de quebrar, y las paredes de la casa en que
+lo escrib&iacute;a con l&aacute;pices de colores, y el pavimento a que con los brazos
+ca&iacute;dos sobre los de su mecedora sol&iacute;a quedarse mirando largamente; de
+aquel nombre adorado de Juan Jerez, que en todas partes por donde miraba
+le resplandec&iacute;a, porque ella lo fijaba en todas partes con su voluntad y
+su mirada como los obreros de la f&aacute;brica de Eibar, en Espa&ntilde;a, embuten
+los hilos de plata y de oro sobre la l&aacute;mina negra del hierro esmerilado;
+Luc&iacute;a, que cuando ve&iacute;a entrar a Juan, sent&iacute;a resonar en su pecho unas
+como arpas que tuviesen alas, y abrirse en el aire, grandes como soles,
+unas rosas azules, ribeteadas de negro, y cada vez que lo ve&iacute;a salir, le
+tend&iacute;a con desd&eacute;n la mano fr&iacute;a, col&eacute;rica de que se fuese, y no pod&iacute;a
+hablarle, porque se le llenaban de l&aacute;grimas los ojos; Luc&iacute;a, en quien
+las flores de la edad escond&iacute;an la lava candente que como las vetas de
+metales preciosos en las minas le culebreaban en el pecho; Luc&iacute;a, que
+padec&iacute;a de amarle, y le amaba irrevocablemente, y era bella a los ojos
+de Juan Jerez, puesto que era pura, sinti&oacute; una noche, una noche de su
+santo, en que antes de salir para el teatro se abandonaba a sus
+pensamientos con una mano puesta sobre el m&aacute;rmol del espejo, que Juan
+Jerez, lisonjeado por aquella magn&iacute;fica tristeza, daba un beso, largo y
+blando, en su otra mano. Toda la habitaci&oacute;n le pareci&oacute; a Luc&iacute;a llena de
+flores; del cristal del espejo crey&oacute; ver salir llamas; cerr&oacute; los ojos,
+como se cierran siempre en todo instante de dicha suprema, tal como si
+la felicidad tuviese tambi&eacute;n su pudor, y para que no cayese en tierra,
+los mismos brazos de Juan tuvieron delicadamente que servir de apoyo a
+aquel cuerpo envuelto en tules blancos, de que en aquella hora de
+nacimiento parec&iacute;a brotar luz. Pero Juan aquella noche se acost&oacute; triste,
+y Luc&iacute;a misma, que amaneci&oacute; junto a la ventana en su vestido de tules,
+abrigados los hombros en una a&eacute;rea nube azul, se sent&iacute;a, aromada como un
+vaso de perfumes, pero seria y recelosa....</p>
+
+<hr style='width: 45%;' />
+
+<p>&mdash;Ana m&iacute;a, Ana m&iacute;a, aqu&iacute; est&aacute; Pedro Real. &iexcl;M&iacute;ralo qu&eacute; arrogante!</p>
+
+<p>&mdash;Arrod&iacute;llate, Adela: arrod&iacute;llate ahora mismo&mdash;le respondi&oacute; dulcemente
+Ana, volviendo a ella su hermosa cabeza de ondulantes cabellos
+casta&ntilde;os&mdash;; mientras que Juan, que ven&iacute;a de hacer paces con Luc&iacute;a
+refugiada en la antesala, sal&iacute;a a la verja del zagu&aacute;n a recibir al amigo
+de la casa.</p>
+
+<p>Adela se arrodill&oacute;, cruzados los brazos sobre las rodillas de Ana; y Ana
+hizo como que le vendaba los labios con una cinta azul, y le dijo al
+o&iacute;do, como quien ci&ntilde;e un escudo o ampara de un golpe, estas palabras:</p>
+
+<p>&mdash;Una ni&ntilde;a honesta no deja conocer que le gusta un calavera, hasta que no
+haya recibido de &eacute;l tantas muestras de respeto, que nadie pueda dudar
+que no la solicita para su juguete.</p>
+
+<p>Adela se levant&oacute; riendo, y puestos los ojos, entre curiosos y burlones,
+en el gal&aacute;n caballero, que del brazo de Juan ven&iacute;a hacia ellas, los
+esper&oacute; de pie al lado de Ana, que con su serio continente, nunca duro,
+parec&iacute;a querer atenuar en favor de Adela misma, su excesiva viveza.
+Pedro, aturdido y m&aacute;s amigo de las mariposas que de las t&oacute;rtolas, salud&oacute;
+a Adela primero.</p>
+
+<p>Ana retuvo un instante en su mano delgada la de Pedro, y con aquellos
+derechos de se&ntilde;ora casada que da a las j&oacute;venes la cercan&iacute;a de la muerte.</p>
+
+<p>&mdash;Aqu&iacute;&mdash;le dijo&mdash;, Pedro: aqu&iacute; toda esta tarde a mi lado&mdash;&iexcl;Qui&eacute;n sabe si,
+enfrente de aquella hermosa figura de hombre joven, no le pesaba a la
+pobre Ana, a pesar de su alma de sacerdotisa, dejar la vida! &iexcl;Qui&eacute;n sabe
+si quer&iacute;a solo evitar que la movible Adela, revoloteando en torno de
+aquella luz de belleza, se lastimase las alas!</p>
+
+<p>Porque aquella Ana era tal que, por donde ella iba, resplandec&iacute;a. Y
+aunque brillase el sol, como por encima de la gran magnolia estaba
+brillando aquella tarde, alrededor de Ana se ve&iacute;a una claridad de
+estrella. Corr&iacute;an arroyos dulces por los corazones cuando estaba en
+presencia de ella. Si cantaba, con una voz que se esparc&iacute;a por los
+adentros del alma, como la luz de la ma&ntilde;ana por los campos verdes,
+dejaba en el esp&iacute;ritu una grata intranquilidad, como de quien ha
+entrevisto, puesto por un momento fuera del mundo, aquellas musicales
+claridades que solo en las horas de hacer bien, o de tratar a quien lo
+hace, distingue entre sus propias nieblas el alma. Y cuando hablaba
+aquella dulce Ana, purificaba.</p>
+
+<p>Pedro era bueno, y comenz&oacute; a alabarle, no el rostro, iluminado ya por
+aquella luz de muerte que atrae a las almas superiores y aterra a las
+almas vulgares, sino el ajuar de ni&ntilde;o a que estaba poniendo Ana las
+&uacute;ltimas cintas. Pero ya no era ella sola la que cos&iacute;a, y armaba lazos, y
+los probaba en diferentes lados del gorro de reci&eacute;n nacido: Adela
+s&uacute;bitamente se hab&iacute;a convertido en una gran trabajadora. Ya no saltaba
+de un lugar a otro, como cuando juntas conversaban hac&iacute;a un rato ella,
+Ana y Luc&iacute;a, sino que hab&iacute;a puesto su silla muy junto a la de Ana. Y
+ella tambi&eacute;n, iba a estar sentada al lado de Ana toda la tarde. En sus
+mejillas p&aacute;lidas, hab&iacute;a dos puntos encendidos que ganaban en viveza a
+las cintas del gorro, y realzaban la mirada impaciente de sus ojos
+brillantes y atrevidos. Se le desprend&iacute;a el cabello inquieto, como si
+quisiese, libre de redes, soltarse en ondas libres por la espalda. En
+los movimientos nerviosos de su cabeza, dos o tres hojas de la rosa
+encarnada que llevaba prendida en el peinado, cayeron al suelo. Pedro
+las ve&iacute;a caer. Adela, locuaz y voluble, ya andaba en la canastilla, ya
+revolv&iacute;a en la falda de Ana los adornos del gorro, ya cog&iacute;a como &uacute;til el
+que acababa de desechar con un moh&iacute;n de impaciencia, ya sacud&iacute;a y ergu&iacute;a
+un momento la ligera cabeza, fina y rebelde, como la de un potro
+ind&oacute;mito. Sobre las losas de m&aacute;rmol blanco se destacaban, como gotas de
+sangre, las hojas de rosa.</p>
+
+<p>Se hablaba de aquellas cosas banales de que conversan en estas tertulias
+de domingo, la gente joven de nuestros pa&iacute;ses. El tenor, &iexcl;oh el tenor!
+hab&iacute;a estado admirable. Ella se mor&iacute;a por las voces del tenor. Es un
+papel encantador el de Francisco I. Pero la se&ntilde;ora de Ram&iacute;rez, &iexcl;c&oacute;mo
+hab&iacute;a tenido el valor de ir vestida con los colores del partido que
+fusil&oacute; a su esposo!, es verdad que se casa con un coronel del partido
+contrario, que firm&oacute; como auditor en el proceso del se&ntilde;or Ram&iacute;rez. Es
+muy buen mozo el coronel, es muy buen mozo. Pero la se&ntilde;ora Ram&iacute;rez ha
+gastado mucho, ya no es tan rica como antes; tuvo a siete bordadoras
+empleadas un mes en bordarle de oro el vestido de terciopelo negro que
+llev&oacute; a <i>Rigoletto</i>, era muy pesado el vestido. &iexcl;Oh! &iquest;Y Teresa Luz?
+lind&iacute;sima, Teresa Luz: bueno, la boca, s&iacute;, la boca no es perfecta, los
+labios son demasiado finos; &iexcl;ah, los ojos! bueno, los ojos son un poco
+fr&iacute;os, no calientan, no penetran: pero qu&eacute; vaguedad tan dulce; hacen
+pensar en las espumas de la mar. Y, &iexcl;c&oacute;mo persigue a Mar&iacute;a Vargas ese
+caballerete que ha venido de Par&iacute;s, con sus versos copiados de Fran&ccedil;ois
+Coppee, y su pol&iacute;tica de alquiler, que vino, sirviendo a la oposici&oacute;n y
+ya est&aacute; poco menos que con el Gobierno! El padre de Mar&iacute;a Vargas va a
+ser Ministro y &eacute;l quiere ser diputado. Elegante s&iacute; es. El peinado es
+rid&iacute;culo, con la raya en mitad de la cabeza y la frente escondida bajo
+las ondas. Ni a las mujeres est&aacute; bien eso de cubrirse la frente, donde
+est&aacute; la luz del rostro. Que el cabello la sombree un poco con sus ondas
+naturales; pero &iquest;a qu&eacute; cubrir la frente, espejo donde los amantes se
+asoman a ver su propia alma, tabla de m&aacute;rmol blanco donde se firman las
+promesas puras, nido de las manos lastimadas en los afanes de la vida?
+Cuando se padece mucho, no se desea un beso en los labios sino en la
+frente. Y ese mismo poet&iacute;n lo dijo muy bien el otro d&iacute;a en sus versos &laquo;A
+una ni&ntilde;a muerta&raquo;, era algo as&iacute; como esto: las rosas del alma suben a las
+mejillas; las estrellas del alma, a la frente. Hay algo de tenebroso y
+de inquietante en esas frentes cubiertas. No, Adela, no, a usted le est&aacute;
+encantadora esa selva de ricitos: as&iacute; pintaban en los cuadros de antes a
+los cupidos revoloteando sobre la frente de las diosas. No, Adela, no le
+hagas caso: esas frentes cubiertas, me dan miedo. Es que ya se piensan
+unas cosas, que las mujeres se cubren la frente de miedo de que se las
+vean. Oh, no, Ana: &iquest;qu&eacute; han de pensar ustedes m&aacute;s que jazmines y
+claveles? Pues que no, Pedro: rompa usted las frentes, y ver&aacute; dentro, en
+unos tiestitos que parecen bocas abiertas, unas plantas secas, que dan
+unas florecitas redondas y amarillas. Y Ana iba as&iacute; ennobleciendo la
+conversaci&oacute;n, porque Dios le hab&iacute;a dado el privilegio de las flores: el
+de perfumar. Adela, silenciosa hac&iacute;a un momento, alz&oacute; la cabeza y
+mantuvo alg&uacute;n tiempo los ojos fijos delante de s&iacute;, viendo como el perfil
+c&eacute;ltico de Pedro, con su hermosa barba negra, se destacaba, a la luz
+sana de la tarde, sobre el z&oacute;calo de m&aacute;rmol que revest&iacute;a una de las
+anchas columnas del corredor de la casa. Baj&oacute; la cabeza, y a este
+movimiento, se desprendi&oacute; de ella la rosa encarnada, que cay&oacute;
+deshaci&eacute;ndose a los pies de Pedro.</p>
+
+<hr style='width: 45%;' />
+
+<p>Juan y Luc&iacute;a aparecieron por el corredor, ella como arrepentida y
+sumisa, &eacute;l como siempre, sereno y bondadoso. Hermosa era la pareja, tal
+como se ven&iacute;an lentamente acercando al grupo de sus amigas en el patio.
+Altos los dos, Luc&iacute;a, m&aacute;s de lo que sentaba a sus a&ntilde;os y sexo, Juan, de
+aquella elevada estatura, realzada por las proporciones de las formas,
+que en s&iacute; misma lleva algo de esp&iacute;ritu, y parece dispuesta por la
+naturaleza al hero&iacute;smo y al triunfo. Y all&aacute;, en la penumbra del
+corredor, como un rayo de luz diese sobre el rostro de Juan, y de su
+brazo, aunque un poco a su zaga, ven&iacute;a Luc&iacute;a, en la frente de &eacute;l, vasta
+y blanca, parec&iacute;a que se abr&iacute;a una rosa de plata: y de la de Luc&iacute;a se
+ve&iacute;an solo, en la sombra oscura del rostro, sus dos ojos llameantes,
+como dos amenazas.</p>
+
+<p>&mdash;Est&aacute; Ana imprudente&mdash;dijo Juan con su voz de caricia&mdash;: &iquest;c&oacute;mo no tiene
+miedo a este aire del crep&uacute;sculo?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pero si es ya el m&iacute;o natural, Juan querido! Vamos, Pedro: deme el
+brazo.</p>
+
+<p>&mdash;Pero pronto, Pedro, que esta es la hora en que los aromas suben de las
+flores, y si no la haces presa, se nos escapa.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Este Juan bueno! &iquest;No es verdad, Juan, que Luc&iacute;a es una loca? Ya Adela
+y Pedro me est&aacute;n al lado cuchicheando, de apetito. Vamos, pues, que a
+esta hora la gente dichosa tiene deseo de tomar el chocolate.</p>
+
+<p>El chocolate fragante les esperaba, servido en una mesa de &oacute;nix, en la
+linda antesala. Era aquel un capricho de domingo. Gustan siempre los
+j&oacute;venes de lo desordenado e imprevisto. En el comedor, con dos
+caballeros de edad, discut&iacute;a las cosas p&uacute;blicas el buen t&iacute;o de Luc&iacute;a y
+Ana, caballero de gorro de seda y pantuflas bordadas. La abuelita de la
+casa, la madre del se&ntilde;or t&iacute;o, no sal&iacute;a ya de su alcoba, donde recordaba
+y rezaba.</p>
+
+<hr style='width: 45%;' />
+
+<p>La antesala era linda y peque&ntilde;a, como que se tiene que ser peque&ntilde;o para
+ser lindo. De unos tulipanes de cristal trenzado, suspendidos en un ramo
+del techo por un tubo oculto entre hojas de tulip&aacute;n simuladas en bronce,
+ca&iacute;a sobre la mesa de &oacute;nix la claridad anaranjada y suave de la l&aacute;mpara
+de luz el&eacute;ctrica incandescente. No hab&iacute;a m&aacute;s asientos que peque&ntilde;as
+mecedoras de Viena, de rejilla menuda y madera negra. El pavimento de
+mosaico de colores tenues que, como el de los atrios de Pompeya, ten&iacute;a
+la inscripci&oacute;n &laquo;Salve&raquo; en el umbral, estaba lleno de banquetas
+revueltas, como de habitaci&oacute;n en que se vive: porque las habitaciones se
+han de tener lindas, no para ense&ntilde;arlas, por vanidad, a las visitas,
+sino para vivir en ellas. Mejora y alivia el contacto constante de lo
+bello. Todo en la tierra, en estos tiempos negros, tiende a rebajar el
+alma, todo, libros y cuadros, negocios y afectos, &iexcl;aun en nuestros
+pa&iacute;ses azules! Conviene tener siempre delante de los ojos, alrededor,
+ornando las paredes, animando los rincones donde se refugia la sombra,
+objetos bellos, que la coloreen y la disipen.</p>
+
+<p>Linda era la antesala, pintado el techo con los bordes de guirnaldas de
+flores silvestres, las paredes cubiertas, en sus marcos de roble liso
+dorado, de cuadros de Madrazo y de Nittis, de Fortuny y de Pasini,
+grabados en Goupil; de dos en dos estaban colgados los cuadros, y entre
+cada dos grupos de ellos, un estantillo de &eacute;bano, lleno de libros, no
+m&aacute;s ancho que los cuadros, ni m&aacute;s alto ni bajo que el grupo. En la mitad
+del testero que daba frente a la puerta del corredor, una esbelta
+columna de m&aacute;rmol negro sustentaba un a&eacute;reo busto de la Mignon de
+Goethe, en m&aacute;rmol blanco, a cuyos pies, en un gran vaso de porcelana de
+Tokio, de ramazones azules, Ana pon&iacute;a siempre mazos de jazmines y de
+lirios. Una vez la traviesa Adela hab&iacute;a colgado al cuello de Mignon una
+guirnalda de claveles encarnados. En este testero no hab&iacute;a libros, ni
+cuadros que no fuesen grabados de episodios de la vida de la triste
+ni&ntilde;a, y distribuidos como un halo en la pared en derredor del busto. Y
+en las esquinas de la habitaci&oacute;n, en caballetes negros, sin ornamentos
+dorados, ostentaban su rica encuadernaci&oacute;n cuatro grandes vol&uacute;menes: <i>El
+Cuervo</i> de Edgar Poe, el Cuervo desgarrador y fat&iacute;dico, con l&aacute;minas de
+Gustavo Dor&eacute;, que se llevan la mente por los espacios vagos en alas de
+caballos sin freno: el <i>Rubaiyat</i> el poema persa, el poema del vino
+moderado y las rosas frescas, con los dibujos apod&iacute;cticos del
+norteamericano Elihu Vedder; un rico ejemplar manuscrito, empastado en
+seda lila, de <i>Las Noches</i>, de Alfredo de Musset; y un <i>Wilhelm Meister</i>
+el libro de Mignon, cuya pasta original, recargada de arabescos
+insignificantes, hab&iacute;a hecho reemplazar Juan, en Par&iacute;s, por una de
+tafilete negro mate embutido con piedras preciosas: topacios tan claros
+como el alma de la ni&ntilde;a, turquesas, azules como sus ojos; no esmeraldas,
+porque no hubo en aquella vaporosa vida; &oacute;palos, como sus sue&ntilde;os; y un
+rub&iacute; grande y saliente, como su coraz&oacute;n hinchado y roto. En aquel
+singular regalo a Luc&iacute;a, gast&oacute; Juan sus ganancias de un a&ntilde;o. Por los
+bajos de la pared, y a manera de sillas, hab&iacute;a, en tr&iacute;podes de &eacute;bano,
+peque&ntilde;os vasos chinos, de colores suaves, con mucho amarillo y escaso
+rojo. Las paredes, pintadas al &oacute;leo, con guirnaldas de flores, eran
+blancas. Causaba aquella antesala, en cuyo arreglo influy&oacute; Juan, una
+impresi&oacute;n de fe y de luz.</p>
+
+<hr style='width: 45%;' />
+
+<p>Y all&iacute; se sentaron los cinco j&oacute;venes, a gustar en sus tazas de coco el
+rico chocolate de la casa, que en hacerlo fragante era famosa. No ten&iacute;a
+mucho az&uacute;car, ni era espeso. &iexcl;Para gente mayor, el chocolate espeso!
+Adela, caprichosa, ped&iacute;a para s&iacute; la taza que tuviese m&aacute;s espuma.</p>
+
+<p>&mdash;Esta, Adela&mdash;le dijo Juan, poniendo ante ella, antes de sentarse, una de
+las tazas de coco negro, en la que la espuma herv&iacute;a tornasolada.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Malvado!&mdash;le dijo Adela, mientras que todos re&iacute;an&mdash;; &iexcl;me has dado la de
+la ardilla!</p>
+
+<p>Eran unas tazas, extra&ntilde;as tambi&eacute;n, en que Juan, amigo de cosas, patrias,
+hab&iacute;a sabido hacer que el art&iacute;fice combinara la novedad y el arte. Las
+tazas eran de esos coquillos negros de &oacute;valo perfecto, que los ind&iacute;genas
+realzan con caprichosas labores y leyendas, sumisas &eacute;stas como su
+condici&oacute;n, y aquellas pomposas, atrevidas y extra&ntilde;as, muy llenas de alas
+y de serpientes, recuerdos tenaces de un arte original y desconocido que
+la conquista hundi&oacute; en la tierra, a botes de lanza. Y estos coquillos
+negros estaban muy pulidos por dentro, y en todo su exterior trabajados
+en relieve sutil como encaje. Cada taza descansaba en una tr&iacute;pode de
+plata, formada por un atributo de alg&uacute;n ave o fiera de Am&eacute;rica, y las
+dos asas eran dos preciosas miniaturas, en plata tambi&eacute;n, del animal
+simbolizado en la tr&iacute;pode. En tres colas de ardilla se asentaba la taza
+de Adela, y a su chocolate se asomaban las dos ardillas, como a un mar
+de nueces. Dos quetzales altivos, dos quetzales de cola de tres plumas,
+larga la del centro como una flecha verde, se as&iacute;an a los bordes de la
+taza de Ana: &iexcl;el quetzal noble, que cuando cae cautivo o ve rota la
+pluma larga de su cola, muere! Las asas de la taza de Luc&iacute;a eran dos
+pumas el&aacute;sticos y fieros, en la opuesta colocaci&oacute;n dedos enemigos que se
+acechan: descansaba sobre tres garras de puma, el le&oacute;n americano. Dos
+&aacute;guilas eran las asas de la de Juan; y la de Pedro, la del buen mozo
+Pedro, dos monos capuchinos.</p>
+
+<hr style='width: 45%;' />
+
+<p>Juan quer&iacute;a a Pedro, como los esp&iacute;ritus fuertes quieren a los d&eacute;biles, y
+como, a modo de nota de color o de grano de locura, quiere, cual forma
+suav&iacute;sima del pecado, la gente que no es ligera a la que lo es.</p>
+
+<p>Los hombres austeros tienen en la compa&ntilde;&iacute;a moment&aacute;nea de esos pisaverdes
+alocados el mismo g&eacute;nero de placer que las damas de familia que asisten
+de tapadillo a un baile de m&aacute;scaras. Hay cierto esp&iacute;ritu de
+independencia en el pecado, que lo hace simp&aacute;tico cuando no es excesivo.
+Pocas son por el mundo las criaturas que, hall&aacute;ndose con las enc&iacute;as
+provistas de dientes, se deciden a no morder, o reconocen que hay un
+placer m&aacute;s profundo que el de hincar los dientes, y es no usarlos. Pues,
+&iquest;para qu&eacute; es la dentadura, se dicen los m&aacute;s; sobre todo cuando la tienen
+buena, sino para lucirla, y triturar los manjares que se lleguen a la
+boca? Y Pedro era de los que luc&iacute;an la dentadura.</p>
+
+<p>Incapaz, tal vez, de causar mal en conciencia, el da&ntilde;o estaba en que &eacute;l
+no sab&iacute;a cuando causaba mal, o en que, siendo la satisfacci&oacute;n de un
+deseo, &eacute;l no ve&iacute;a en ella mal alguno, sino que toda hermosura, por
+serlo, le parec&iacute;a de &eacute;l, y en su propia belleza, la belleza funesta de
+un hombre perezoso y adocenado, ve&iacute;a como un t&iacute;tulo natural, t&iacute;tulo de
+le&oacute;n, sobre los bienes de la tierra, y el mayor de ellos, que son sus
+bellas criaturas. Pedro ten&iacute;a en los ojos aquel inquieto centelleo que
+subyuga y convida: en actos y palabras, la insolente firmeza que da la
+costumbre de la victoria, y en su misma arrogancia tal olvido de que la
+ten&iacute;a, que era la mayor perfecci&oacute;n y el m&aacute;s temible encanto de ella.</p>
+
+<p>Viajero afortunado; con el caudal ya corto de su madre, por tierras de
+afuera, perdi&oacute; en ellas, donde son pecadillos las que a nosotros nos
+parecen con justicia infamias, aquel delicado concepto de la mujer sin
+el que, por grandes esfuerzos que haga luego la mente, no le es l&iacute;cito
+gozar, puesto que no le es l&iacute;cito creer en el amor de la m&aacute;s limpia
+criatura. Todos aquellos placeres que no vienen derechamente y en raz&oacute;n
+de los afectos leg&iacute;timos, aunque sean champa&ntilde;a de la vanidad, son ac&iacute;bar
+de la memoria. Eso en los m&aacute;s honrados, que en los que no lo son, de
+tanto andar entre frutas estrujadas, llegan a enviciarse los ojos de
+manera que no tienen m&aacute;s arte ni placer que los de estrujar frutas. Solo
+Ana, de cuantas j&oacute;venes hab&iacute;a conocido a su vuelta de las malas tierras
+de afuera, le hab&iacute;a inspirado, aun antes de su enfermedad, un respeto
+que en sus horas de reposo sol&iacute;a trocarse en un pensamiento persistente
+y blando. Pero Ana se iba al cielo: Ana, que jam&aacute;s hubiera puesto a
+aquel turbulento mancebo de se&ntilde;or de su alma apacible, como un palacio
+de n&aacute;car; pero que, por esa fatal perversi&oacute;n que atrae a los esp&iacute;ritus
+desemejantes, no hab&iacute;a visto sin un doloroso inter&eacute;s y una turbaci&oacute;n
+primaveral, aquella rica hermosura de hombre, airosa y firme, puesta por
+la naturaleza como vestidura a un alma escasa, tal como suelen algunos
+cantantes transportar a inefables deliquios y et&eacute;reas esferas a sus
+oyentes, con la expresi&oacute;n en notas querellosas y cristalinas, blancas
+como las palomas o agudas como pu&ntilde;ales, de pasiones que sus esp&iacute;ritus
+burdos son incapaces de entender ni de sentir. &iquest;Qui&eacute;n no ha visto romper
+en actos y palabras brutales contra su delicada mujer a un tenor que
+acababa de cantar, con sobrehumano poder, el &laquo;Spirto Gentil&raquo; de la
+<i>Favorita</i>? Tal la hermosura sobre las almas escasas.</p>
+
+<p>Y Juan, por aquella seguridad de los caracteres incorruptibles, por
+aquella benignidad de los esp&iacute;ritus superiores, por aquella afici&oacute;n a lo
+pintoresco de las imaginaciones po&eacute;ticas, y por lazos de ni&ntilde;o, que no se
+rompen sin gran dolor del coraz&oacute;n, Juan quer&iacute;a a Pedro.</p>
+
+<p>Hablaban de las &uacute;ltimas modas, de que en Par&iacute;s se rehabilita el color
+verde, de que en Par&iacute;s, dec&iacute;a Pedro, nada m&aacute;s se vive.</p>
+
+<p>&mdash;Pues yo no&mdash;dec&iacute;a Ana&mdash;. Cuando Luc&iacute;a sea ya se&ntilde;ora formal, adonde vamos
+los tres es a Italia y a Espa&ntilde;a: &iquest;verdad, Juan?</p>
+
+<p>&mdash;Verdad, Ana. Adonde la Naturaleza es bella y el arte ha sido perfecto.
+A Granada, donde el hombre logr&oacute; lo que no ha logrado en pueblo alguno
+de la tierra: cincelar en las piedras sus sue&ntilde;os; a N&aacute;poles, donde el
+alma se siente contenta, como si hubiera llegado a su t&eacute;rmino. &iquest;T&uacute; no
+querr&aacute;s, Luc&iacute;a?</p>
+
+<p>&mdash;Yo no quiero que t&uacute; veas nada, Juan. Yo te har&eacute; en ese cuarto la
+Alhambra, y en este patio N&aacute;poles; y tapiar&eacute; las puertas, &iexcl;y as&iacute;
+viajaremos!</p>
+
+<p>Rieron todos; pero Adela ya hab&iacute;a echado camino de Par&iacute;s, qui&eacute;n sabe con
+qu&eacute; compa&ntilde;ero, los deseos alegres. Ella quer&iacute;a saberlo todo, no de
+aquella tranquila vida interior y regalada, al calor de la estufa,
+leyendo libros buenos, despu&eacute;s de curiosear discretamente por entre las
+novedades francesas, y estudiar con empe&ntilde;o tanta riqueza art&iacute;stica como
+Par&iacute;s encierra; sino la vida teatral y nerviosa, la vida de museo que en
+Par&iacute;s generalmente se vive, siempre en pie, siempre cansado, siempre
+adolorido; la vida de las hero&iacute;nas de teatro, de las gentes que se
+ense&ntilde;an, damas que enloquecen, de los nababs que deslumbran con el
+pr&oacute;digo empleo de su fortuna.</p>
+
+<p>Y mientras que Juan, generoso, dando suelta al esp&iacute;ritu impaciente,
+sacaba ante los ojos de Luc&iacute;a, para que se le fuese aquietando el
+car&aacute;cter, y se preparaba a acompa&ntilde;arle por el viaje de la existencia,
+las interioridades luminosas de su alma peculiar y excelsa, y dec&iacute;a
+cosas que, por la nobleza que ense&ntilde;aban o la felicidad que promet&iacute;an,
+hac&iacute;an asomar l&aacute;grimas de ternura y de piedad a los ojos de Ana-Adela y
+Pedro, en plena Francia, iban y ven&iacute;an, como del brazo, por bosques y
+bulevares. &laquo;La Judic ya no se viste con Worth. La mano de la Judic es la
+m&aacute;s bonita de Par&iacute;s. En las carreras es donde se lucen los mejores
+vestidos. &iexcl;Qu&eacute; linda estar&iacute;a Adela, en el pescante de un coche de
+carreras, con un vestido de tila muy suave, adornado con pasamaner&iacute;a de
+plata! &iexcl;Ah, y con un gu&iacute;a como Pedro, que conoc&iacute;a tan bien la ciudad,
+qu&eacute; pronto no se estar&iacute;a al corriente de todo! &iexcl;All&iacute; no se vive con
+estas trabas de aqu&iacute;, donde todo es malo! La mujer es aqu&iacute; una esclava
+disfrazada: all&iacute; es donde es la reina. Eso es Par&iacute;s ahora: el reinado de
+la mujer. Ac&aacute;, todo es pecado: si se sale, si se entra, si se da el
+brazo a un amigo, si se lee un libro ameno. &iexcl;Pero esa es una falta de
+respeto, eso es ir contra las obras de la naturaleza! &iquest;Porque una flor
+nace en un vaso de Sevres, se la ha de privar del aire y de la luz?
+&iquest;Porque la mujer nace m&aacute;s hermosa que el hombre, se le ha de oprimir el
+pensamiento, y so pretexto de un recato gazmo&ntilde;o, obligarla a que viva,
+escondiendo sus impresiones, como un ladr&oacute;n esconde su tesoro en una
+cueva? Es preciso, Adelita, es preciso. Las mujeres m&aacute;s lindas de Par&iacute;s
+son las sudamericanas. &iexcl;Oh, no habr&iacute;a en Par&iacute;s otra tan chispeante como
+ella!&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Vea, Pedro&mdash;interrumpi&oacute; a este punto Ana, con aquella sonrisa suya que
+hac&iacute;a m&aacute;s eficaces sus reproches&mdash;, d&eacute;jeme quieta a Adela. Usted sabe que
+yo pinto, &iquest;verdad?</p>
+
+<p>&mdash;Pinta unos cuadritos que parecen m&uacute;sica; todos llenos de una luz que
+sube; con muchos &aacute;ngeles y serafines. &iquest;Por qu&eacute; no nos ense&ntilde;as el &uacute;ltimo,
+Ana m&iacute;a? Es lind&iacute;simo, Pedro, y sumamente extra&ntilde;o.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Adela, Adela!</p>
+
+<p>&mdash;De veras que es muy extra&ntilde;o. Es como en una esquina de jard&iacute;n y el
+ciclo es claro, muy claro y muy lindo. Un joven... muy buen mozo...
+vestido con un traje gris muy elegante, se mira las manos asombrado.
+Acaba de romper un lirio, que ha ca&iacute;do a sus pies, y le han quedado las
+manos manchadas de sangre.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; le parece, Pedro, de mi cuadro?</p>
+
+<p>&mdash;Un &eacute;xito seguro. Yo conoc&iacute; en Par&iacute;s a un pintor de M&eacute;xico, un Manuel
+Ocaranza, que hac&iacute;a cosas como esas.</p>
+
+<p>&mdash;Entre los caballeros que rompen o manchan lirios quisiera yo que
+tuviese &eacute;xito mi cuadro. &iexcl;Qui&eacute;n pintara de veras, y no hiciera esos
+borrones m&iacute;os! Pedro: borr&oacute;n y todo, en cuanto me ponga mejor, voy a
+hacer una copia para usted.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Para m&iacute;! Juan, &iquest;por qu&eacute; no es este el tiempo en que no era mal visto
+que los caballeros besasen la mano a las damas?</p>
+
+<p>&mdash;Para usted, pero a condici&oacute;n de que lo ponga en un lugar tan visible
+que por todas partes le salte a los ojos. Y &iquest;por qu&eacute; estamos hablando
+ahora de mis obras maestras? &iexcl;Ah! porque usted me le hablaba a Adela
+mucho de Par&iacute;s. &iexcl;Otro cuadro voy a empezar en cuanto me ponga buena!
+Sobre una colina voy a pintar un monstruo sentado. Pondr&eacute; la luna en
+cenit, para que caiga de lleno sobre el lomo del monstruo, y me permita
+simular con l&iacute;neas de luz en las partes salientes los edificios de Par&iacute;s
+m&aacute;s famosos. Y mientras la luna le acaricia el lomo, y se ve por el
+contraste del perfil luminoso toda la negrura de su cuerpo, el monstruo,
+con cabeza de mujer, estar&aacute; devorando rosas. All&aacute; por un rinc&oacute;n se ver&aacute;n
+j&oacute;venes flacas y desmelenadas que huyen, con las t&uacute;nicas rotas,
+levantando las manos al cielo.</p>
+
+<p>&mdash;Luc&iacute;a&mdash;dijo Juan reprimiendo mal las l&aacute;grimas, al o&iacute;do de su prima,
+siempre absorta&mdash;: &iexcl;y que esta pobre Ana se nos muera!</p>
+
+<p>Pedro no hallaba palabras oportunas, sino aquella confusi&oacute;n y malestar
+que la gente dada a la frivolidad y el gozo experimenta en la compa&ntilde;&iacute;a
+&iacute;ntima de una de esas criaturas que pasan por la tierra, a manera de
+visi&oacute;n, extingui&eacute;ndose pl&aacute;cidamente, con la feliz capacidad de adivinar
+las cosas puras, sobrehumanas, y la hermosa indignaci&oacute;n por la batalla
+de apetitos feroces en que se consume, la tierra.</p>
+
+<p>&mdash;De fieras, yo conozco dos clases&mdash;dec&iacute;a una vez Ana&mdash;: una se viste de
+pieles, devora animales, y anda sobre garras; otra se viste de trajes
+elegantes, come animales y almas y anda sobre una sombrilla o un bast&oacute;n.
+No somos m&aacute;s que fieras reformadas.</p>
+
+<p>Aquella Ana, cuando estaba en la intimidad, sol&iacute;a decir de estas cosas
+singulares. &iquest;D&oacute;nde hab&iacute;a sufrido tanto la pobre ni&ntilde;a salida apenas del
+c&iacute;rculo de su casa venturosa, que as&iacute; hab&iacute;a aprendido a conocer y
+perdonar? &iquest;Se vive antes de vivir? &iquest;O las estrellas, ganosas de hacer un
+viaje de recreo por la tierra, suelen por alg&uacute;n tiempo alojarse en un
+cuerpo humano? &iexcl;Ay! por eso duran tan poco los cuerpos en que se alojan
+las estrellas.</p>
+
+<hr style='width: 45%;' />
+
+<p>&mdash;&iquest;Conque Ana pinta, y <i>La Revista de Artes</i> est&aacute; buscando cuadros de
+autores del pa&iacute;s que dar a conocer, y este Juan pecador no ha hecho ya
+publicar esas maravillas en <i>La Revista</i>?</p>
+
+<p>&mdash;Esta Ana nuestra, Pedro, se nos enoja de que la queramos sacar a luz.
+Ella no quiere que se vean sus cuadros hasta que no los juzgue bastante
+acabados para resistir la cr&iacute;tica. Pero la verdad es, Ana, que Pedro
+Real tiene raz&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Raz&oacute;n, Pedro Real?&mdash;dijo Ana con una risa cristalina, de madre
+generosa&mdash;. No, Juan. Es verdad que las cosas de arte que no son
+absolutamente necesarias, no deben hacerse sino cuando se pueden hacer
+enteramente bien, y estas cosas que yo hago, que veo vivas y claras en
+lo hondo de mi mente, y con tal realidad que me parece que las palpo, me
+quedan luego en la tela tan contrahechas y duras que creo que mis
+visiones me van a castigar, y me rega&ntilde;an, y toman mis pinceles de la
+caja, y a m&iacute; de una oreja, y me llevan delante del cuadro para que vea
+c&oacute;mo borran col&eacute;ricas la mala pintura que hice de ellas. Y luego, &iquest;qu&eacute;
+he de saber yo, sin m&aacute;s dibujo que el que me ense&ntilde;&oacute; el se&ntilde;or Mazuchell&iacute;,
+ni m&aacute;s colores que estos tan p&aacute;lidos que saco de m&iacute; misma?</p>
+
+<p>Segu&iacute;a Luc&iacute;a con ojos inquietos la fisonom&iacute;a de Juan, profundamente
+interesado en lo que, en uno de esos momentos de explicaci&oacute;n de s&iacute;
+mismos que gustan de tener los que llevan algo en s&iacute; y se sienten morir,
+iba diciendo Ana. &iexcl;Qu&eacute; Juan aquel, que la ten&iacute;a al lado, y pensaba en
+otra cosa! Ana, s&iacute;, Ana era muy buena; pero &iquest;qu&eacute; derecho ten&iacute;a Juan a
+olvidarse tanto de Luc&iacute;a, y estando a su lado, poner tanta atenci&oacute;n en
+las rarezas de Ana? Cuando ella estaba a su lado, ella deb&iacute;a ser su
+&uacute;nico pensamiento. Y apretaba sus labios; se le encend&iacute;an de pronto,
+como de un vuelco de la sangre las mejillas; enrollaba nerviosamente en
+el dedo &iacute;ndice de la mano izquierda un fin&iacute;simo pa&ntilde;uelo de batista y
+encaje. Y lo enroll&oacute; tanto y tanto, y lo desenrollaba con tal violencia,
+que yendo r&aacute;pidamente de una mano a la otra, el lindo pa&ntilde;uelo parec&iacute;a
+una v&iacute;bora, una de esas v&iacute;boras blancas que se ven en la costa yucateca.</p>
+
+<p>&mdash;Pero no es por eso por lo que no ense&ntilde;o yo a nadie mis cuadritos&mdash;sigui&oacute;
+Ana&mdash;; sino porque cuando los estoy pintando, me alegro o me entristezco
+como una loca, sin saber por qu&eacute;: salto de contento, yo que no puedo
+saltar ya mucho, cuando creo que con un rasgo de pincel le he dado a
+unos ojos, o a la t&oacute;rtola viuda que pint&eacute; el mes pasado, la expresi&oacute;n
+que yo quer&iacute;a; y si pinto una desdicha, me parece que es de veras, y me
+paso horas enteras mir&aacute;ndola, o me enojo conmigo misma si es de aquellas
+que yo no puedo remediar, como en esas dos telitas m&iacute;as que t&uacute; conoces,
+Juan, <i>La madre sin hijo</i> y el hombre que se muere en un sill&oacute;n, mirando
+en la chimenea el fuego apagado: <i>El hombre sin amor</i>. No se r&iacute;a, Pedro,
+de esta colecci&oacute;n de extravagancias. Ni diga que estos asuntos son para
+personas mayores; las enfermas son como unas viejitas, y tienen derecho
+a esos atrevimientos.</p>
+
+<p>&mdash;Pero, &iquest;c&oacute;mo&mdash;le dijo Pedro subyugado&mdash;, no han de tener sus cuadros todo
+el encanto y el color de &oacute;palo de su alma?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh! &iexcl;oh! a lisonja llaman: vea que ya no es de buen gusto ser
+lisonjero. La lisonja en la conversaci&oacute;n, Pedro, es ya como la Arcadia
+en la pintura: &iexcl;cosa de principiantes!</p>
+
+<p>&mdash;Pero, &iquest;por qu&eacute; dec&iacute;as, puso aqu&iacute; Juan, que no quer&iacute;as exhibir tus
+cuadros?</p>
+
+<p>&mdash;Porque como desde que los imagino hasta que los acabo voy poniendo en
+ellos tanto de mi alma, al fin ya no llegan a ser telas, sino mi alma
+misma, y me da verg&uuml;enza de que me la vean, y me parece que he pecado
+con atreverme a asuntos que est&aacute;n mejor para nube que para colores, y
+como solo yo s&eacute; cu&aacute;nta paloma arrulla, y cu&aacute;nta violeta se abre, y
+cu&aacute;nta estrella lucen lo que pinto; como yo sola siento c&oacute;mo me duele el
+coraz&oacute;n, o se me llena todo el pecho de l&aacute;grimas o me laten las sienes,
+como si me las azotasen alas, cuando estoy pintando; como nadie m&aacute;s que
+yo sabe que esos pedazos de lienzo, por desdichados que me salgan, son
+pedazos de entra&ntilde;as m&iacute;as en que he puesto con mi mejor voluntad lo mejor
+que hay en m&iacute;, &iexcl;me da como una soberbia de pensar que si los ense&ntilde;o en
+p&uacute;blico, uno de esos cr&iacute;ticos sabios o cabalierines presuntuosos me
+diga, por lucir un nombre reci&eacute;n aprendido de pintor extranjero, o una
+linda frase, que esto que yo hago es de Chaplin o de Lefevre, o a mi
+cuadrito <i>Flores vivas</i>, que he descargado sobre &eacute;l una escopeta llena
+de colores! &iquest;Te acuerdas? &iexcl;como si no supiera yo que cada flor de
+aquellas es una persona que yo conozco, y no hubiera yo estudiado tres o
+cuatro personas de un mismo car&aacute;cter, antes de simbolizar el car&aacute;cter en
+una flor; como si no supiese yo qui&eacute;n es aquella rosa roja, altiva, con
+sombras negras, que se levanta por sobre todas las dem&aacute;s en su tallo sin
+hojas, y aquella otra flor azul que mira al cielo como si fuese a
+hacerse p&aacute;jaro y a tender a &eacute;l las alas, y aquel aguinaldo lindo que
+trepa humildemente, como un ni&ntilde;o castigado, por el tallo de la rosa
+roja. &iexcl;Malos! &iexcl;escopeta cargada de colores!</p>
+
+<p>&mdash;Ana: yo s&iacute; que te recoger&iacute;a a ti, con tu ra&iacute;z, como una flor, y en
+aquel gran vaso indio que hay en mi mesa de escribir, te tendr&iacute;a
+perpetuamente, para que nunca se me desconsolase el alma.</p>
+
+<p>&mdash;Juan&mdash;dijo Luc&iacute;a, como a la vez conteni&eacute;ndose y levant&aacute;ndose&mdash;: &iquest;quieres
+venir a o&iacute;r el &laquo;M'odi tu&raquo; que me trajiste el s&aacute;bado? &iexcl;No lo has o&iacute;do
+todav&iacute;a!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah! y a prop&oacute;sito, no saben ustedes&mdash;dijo Pedro como poni&eacute;ndose ya en
+pie para despedirse&mdash;, que la cabeza ideal que ha publicado en su &uacute;ltimo
+n&uacute;mero <i>La Revista de Artes</i>....</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; cabeza?&mdash;pregunt&oacute; Luc&iacute;a&mdash;&iquest;una que parece de una virgen de Rafael,
+pero con ojos americanos, con un talle que parece el c&aacute;liz de un lirio?</p>
+
+<p>&mdash;Esa misma, Luc&iacute;a: pues no es una cabeza ideal, sino la de una ni&ntilde;a que
+va a salir la semana que viene del colegio, y dicen que es un pasmo de
+hermosura: es la cabeza de Leonor del Valle.</p>
+
+<p>Se puso en pie Luc&iacute;a con un movimiento que pareci&oacute; un salto; y Juan alz&oacute;
+del suelo, para devolv&eacute;rselo, el pa&ntilde;uelo, roto.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="Capitulo_II" id="Capitulo_II"></a><a href="#table">Cap&iacute;tulo II</a></h2>
+
+
+<p>Como veinte a&ntilde;os antes de la historia que vamos narrando, llegaron a la
+ciudad donde sucedi&oacute;, un caballero de mediana edad y su esposa, nacidos
+ambos en Espa&ntilde;a, de donde, en fuerza de cierta ind&oacute;mita condici&oacute;n del
+honrado don Manuel del Valle, que le hizo mal mirado de las gentes del
+poder como cabecilla y vocero de las ideas liberales, decidi&oacute; al fin
+salir el se&ntilde;or don Manuel; no tanto porque no le bastase al Sustento su
+humilde mesa de abogado de provincia, cuanto porque siempre ten&iacute;a, por
+moverse o por estarse quedo, al guindilla, como llaman all&aacute; al polic&iacute;a,
+encima; y porque, a consecuencia de querer la libertad limpia y para
+buenos fines, se qued&oacute; con tan pocos amigos entre los mismos que
+parec&iacute;an defenderla, y lo miraban como a un celador enojoso, que esto
+m&aacute;s le ayud&oacute; a determinar, de un golpe de cabeza, venir a &laquo;las
+Rep&uacute;blicas de Am&eacute;rica&raquo;, imaginando, que donde no hab&iacute;a reina liviana, no
+habr&iacute;a gente oprimida, ni aquella trabilla de cortesanos perezosos y
+aduladores, que a don Manuel le parec&iacute;an verg&uuml;enza rematada de su
+especie, y, por ser hombre &eacute;l, como un pecado propio.</p>
+
+<p>Era de no acabar de o&iacute;rle, y tenerle que rogar que se calmase, cuando
+con aquel lenguaje pintoresco y desembarazado recordaba, no sin su buena
+cerraz&oacute;n de truenos y rel&aacute;mpagos y unas amenazas grandes como torres,
+los bellacos oficios de tal o de cual marquesa, que auxiliando ligerezas
+ajenas quer&iacute;an hacer, por lo comunes, menos culpables las propias; o tal
+historia de un capit&aacute;n de guardias, que pareci&oacute; bien en la corte con su
+ruda belleza de monta&ntilde;&eacute;s y su cabello abundante y alborotado, y apenas
+entrevi&oacute; su buena fortuna tom&oacute; prestados unos dineros, con que
+enrizarse, en lo del peluquero la cabellera, y en lo del sastre vestir
+de pa&ntilde;o bueno, y en lo del calzador comprarse unos botitos, con que
+estar gal&aacute;n en la hora en que deb&iacute;a ir a palacio, donde al volver el
+capit&aacute;n con estas donosuras, pareci&oacute; tan feo y presumido que en poco
+estuvo que perdiese algo m&aacute;s que la capitan&iacute;a. Y de unas jiras, o
+fiestas de campo, hablaba de tal manera don Manuel, as&iacute; como de ciertas
+cenas en la fonda de un franc&eacute;s, que cuando contaba de ellas no pod&iacute;a
+estar sentado; y daba con el pu&ntilde;o sobre la mesa que le andaba cerca,
+como para acentuar las palabras, y arreciaban los truenos, y abr&iacute;a
+cuantas ventanas o puertas hallaba a mano. Se desfiguraba el buen
+caballero espa&ntilde;ol, de santa ira, la cual, como apenado luego de haberle
+dado riendas en tierra que al fin no era la suya, ven&iacute;a siempre a parar
+en que don Manuel tocase en la guitarra que se hab&iacute;a tra&iacute;do cuando el
+viaje, con una ternura que sol&iacute;a humedecer los ojos suyos y los ajenos,
+unas serenatas de su propia m&uacute;sica, que m&aacute;s que de la rondalla aragonesa
+que le serv&iacute;a como de arranque y <i>ritornello</i>, ten&iacute;a de desesperada
+canci&oacute;n de amores de un trovador muerto de ellos por la dama de un duro
+castellano, en un castillo, all&aacute; tras de los mares, que el trovador no
+hab&iacute;a de ver jam&aacute;s.</p>
+
+<p>En esos d&iacute;as la linda do&ntilde;a Andrea, cuyas largas trenzas de color casta&ntilde;o
+eran la envidia de cuantas se las conoc&iacute;an, extremaba unas pocas
+habilidades de cocina, que se trajo de Espa&ntilde;a, adivinando que
+complacer&iacute;a con ellas m&aacute;s tarde a su marido. Y cuando en el cuarto de
+los libros, que en verdad era la sala de la casa, centelleaba don
+Manuel, sacudi&eacute;ndose m&aacute;s que ech&aacute;ndose sobre uno y otro hombro
+alternativamente los cabos de la capa que so pretexto de fr&iacute;o se quitaba
+raras veces, era fijo que andaba entrando y saliendo por la cocina, con
+su cuerpo elegante y modesto, la buena se&ntilde;ora do&ntilde;a Andrea, poniendo mano
+en un pisto manchego, o aderezando unas farinetas de Salamanca que a
+escondidas hab&iacute;a pedido a sus parientes en Espa&ntilde;a, o preparando, con m&aacute;s
+voluntad que arte, un arroz con chorizo, de cuyos primores, que acababan
+de calmar las iras del republicano, jam&aacute;s dijo mal don Manuel del Valle,
+aun cuando en sus adentros reconociese que algo se hab&iacute;a quemado all&iacute;, o
+sufrido accidente mayor: o los chorizos, o el arroz, o entrambos. &iexcl;Fuera
+de la patria, si piedras negras se reciben de ella, de las piedras
+negras parece que sale luz de astro!</p>
+
+<p>Era de acero fino don Manuel, y tan honrado, que nunca, por muchos que
+fueran sus apuros, puso su inteligencia y saber, ni excesivos ni
+escasos, al servicio de tantos poderosos e intrigantes como andan por el
+mundo, quienes suelen estar prontos a sacar de agon&iacute;a a las gentes de
+talento menesterosas, con tal que &eacute;stas se presten a ayudar con sus
+habilidades el &eacute;xito de las tramas con que aquellos promueven y
+sustentan su fortuna: de tal modo que, si se va a ver, est&aacute; hoy viviendo
+la gente con tantas ma&ntilde;as, que es ya hasta de mal gusto ser honrado.</p>
+
+<p>En este diario y en aquel, no bien puso el pie en el pa&iacute;s, escribi&oacute; el
+se&ntilde;or Valle con mano ejercitada, aunque un tanto febril y descompuesta,
+sus azotainas contra las monarqu&iacute;as y vilezas que engendra, y sus
+himnos, encendidos como cantos de batalla, en loor de la libertad, de
+que &laquo;los campos nuevos y los altos montes y los anchos r&iacute;os de esta
+linda Am&eacute;rica, parecen natural sustento&raquo;.</p>
+
+<p>Mas a poco de esto, hac&iacute;a veinticinco a&ntilde;os a la fecha de nuestra
+historia tales cosas iba viendo nuestro se&ntilde;or don Manuel que volvi&oacute; a
+tomar la capa, que por in&uacute;til hab&iacute;a colgado en el rinc&oacute;n m&aacute;s hondo del
+armario, y cada d&iacute;a se fue callando m&aacute;s, y escribiendo menos, y
+arrebuj&aacute;ndose mejor en ella, hasta que guard&oacute; las plumas, y muy apegado
+ya a la clemente temperatura del pa&iacute;s y al dulce trato de sus hijos para
+pensar en abandonarlo, determin&oacute; abrir escuela; si bien no introdujo en
+el arte de ense&ntilde;ar, por no ser aun este muy sabido tampoco en Espa&ntilde;a,
+novedad alguna que acomodase mejor a la educaci&oacute;n de los
+hispanoamericanos f&aacute;ciles y ardientes, que los torpes m&eacute;todos en uso,
+ello es que con su Iturzaeta y su Aritm&eacute;tica de Kr&uuml;ger y su Dibujo
+Lineal, y unas encendidas lecciones de Historia, de que sal&iacute;a bufando y
+escapando Felipe Segundo como comido de llamas, el se&ntilde;or Valle sac&oacute; una
+generaci&oacute;n de disc&iacute;pulos, un tanto rom&aacute;nticos y dados a lo maravilloso,
+pero que fueron a su tiempo mancebos de honor y enemigos tenaces de los
+gobiernos tir&aacute;nicos. Tanto que hubo vez en que, por cosas como las de
+poner en su lugar a Felipe Segundo, estuvo a punto el se&ntilde;or don Manuel
+de ir, con su capa y su cuaderno de Iturzaeta, a dar en manos de los
+guindillas americanos &laquo;en estas mism&iacute;simas Rep&uacute;blicas de Am&eacute;rica&raquo;. A la
+fecha de nuestra historia, hac&iacute;a ya unos veinticinco a&ntilde;os de esto.</p>
+
+<p>Tan casero era don Manuel, que apenas pasaba a&ntilde;o sin que los disc&iacute;pulos
+tuviesen ocasi&oacute;n de celebrar, cu&aacute;l con una gallina, cu&aacute;l con un par de
+pichones, cu&aacute;l con un pavo, la presencia de un nuevo ornamento vivo de
+la casa.</p>
+
+<p>&mdash;Y &iquest;qu&eacute; ha sido, don Manuel? &iquest;Alg&uacute;n Aristogit&oacute;n que haya de librar a la
+patria del tirano?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Calle usted, paisano, calle usted; un malakoff m&aacute;s!&mdash;Malakoff, llamaban
+entonces, por la torre famosa en la guerra de Crimea, a lo que en llano
+se ha llamado siempre miri&ntilde;aque o crinolina.</p>
+
+<p>Y don Manuel quer&iacute;a mucho a sus hijos, y se promet&iacute;a vivir cuanto
+pudiese para ellos; pero le andaba desde hac&iacute;a alg&uacute;n tiempo por el lado
+izquierdo del pecho un carcominillo que le molestaba de verdad, como una
+cestita de llamas que estuviera all&iacute; encendida, de d&iacute;a y de noche, y no
+se apagase nunca. Y como cuando la cestita le quemaba con m&aacute;s fuerza
+sent&iacute;a &eacute;l un poco paralizado el brazo del coraz&oacute;n, y todo el cuerpo
+vibrante como las cuerdas de un viol&iacute;n, y despu&eacute;s de eso le ven&iacute;an de
+pronto unos apetitos de llorar y una necesidad de tenderse por tierra,
+que le pon&iacute;an muy triste, aquel buen don Manuel no ve&iacute;a sin susto c&oacute;mo
+le iban naciendo tantos hijos, que en el caso de su muerte hab&iacute;an de ser
+m&aacute;s un estorbo que una ayuda para &laquo;esa pobre Andrea, que es mujer muy
+se&ntilde;ora y bonaza, pero &iexcl;para poco, para poco!&raquo;.</p>
+
+<hr style='width: 45%;' />
+
+<p>Cinco hijas lleg&oacute; a tener don Manuel del Valle, mas antes de ellas le
+hab&iacute;a nacido un hijo, que desde ni&ntilde;o empez&oacute; a dar se&ntilde;ales de ser alma de
+pro. Ten&iacute;a gustos raros y bravura desmedida, no tanto para lidiar con
+sus compa&ntilde;eros, aunque no rehu&iacute;a la lidia en casos necesarios, como para
+afrontar situaciones dif&iacute;ciles, que requer&iacute;an algo m&aacute;s que la fiereza de
+la sangre o la presteza de los pu&ntilde;os. Una vez, con unos cuantos
+compa&ntilde;eros suyos, public&oacute; en el colegio un periodiqu&iacute;n manuscrito, y por
+supuesto revolucionario, contra cierto pedante profesor que prohib&iacute;a a
+sus alumnos argumentarles sobre los puntos que les ense&ntilde;aba; y como un
+colegial aficionado al l&aacute;piz pintase de pavo real a este maestrazo, en
+una l&aacute;mina repartida con el periodiqu&iacute;n, y don Manuel, en vista de la
+queja del pavo real, amenazara en sala plena con expulsar del colegio en
+consejo de disciplina al autor de la descortes&iacute;a, aunque fuese su propio
+hijo, el gentil Manuelillo, digno primog&eacute;nito del egregio var&oacute;n, quiso
+quitar de sus compa&ntilde;eros toda culpa, y echarla entera sobre s&iacute;; y
+levant&aacute;ndose de su asiento, dijo, con gran perplejidad del pobre don
+Manuel, y murmullos de admiraci&oacute;n de la asamblea:</p>
+
+<p>&mdash;Pues, se&ntilde;or Director: yo solo he sido.</p>
+
+<p>Y pasaba las noches en claro, luego que se le extingu&iacute;a la vela escasa
+que le daban, leyendo a la luz de la luna. O echaba a caminar, con las
+<i>Empresas</i> de Saavedra Fajardo bajo el brazo, por las calles umbrosas de
+la Alameda, y crey&eacute;ndose a veces nueva encarnaci&oacute;n de las grandes
+figuras de la historia, cuyos g&eacute;rmenes le parec&iacute;a sentir en s&iacute;, y otras
+desesperando de hacer cosa que pudiera igualarlo a ellas, romp&iacute;a a
+llorar, de desesperaci&oacute;n y de ternura. O se iba de noche a la orilla de
+la mar, a que le salpicasen el rostro las gotas frescas que saltaban del
+agua salada al reventar contra las rocas.</p>
+
+<p>Le&iacute;a cuanto libro le ca&iacute;a a la mano. Montaba en cuanto caballo ve&iacute;a a su
+alcance: y mejor si lo hallaba en pelo; y si hab&iacute;a que saltar una cerca
+mejor. En una noche se aprend&iacute;a los libros que en todo el a&ntilde;o escolar no
+pod&iacute;an a veces dominar sus compa&ntilde;eros; y aunque la Historia Natural y la
+Universal y cuanto a&ntilde;adiese algo &uacute;til a su saber y le estimulase el
+juicio y la verba, eran sus materias preferidas, a pocas ojeadas
+penetraba el sentido de la m&aacute;s negra lecci&oacute;n de &Aacute;lgebra, tanto que su
+maestro, un ingeniero muy mentado y brusco, le ofreci&oacute; ense&ntilde;arle, en
+premio de su aplicaci&oacute;n, la manera de calcular lo infinit&eacute;simo.</p>
+
+<p>Escrib&iacute;a Manuelillo, en semejanza de lo que estaba en boga entonces,
+unas letrillas y art&iacute;culos de costumbres que ya mostraban a un enamorado
+de la buena lengua; pero a poco se solt&oacute; por natural empuje, con vuelos
+suyos propios, y empez&oacute; a enderezar a los gobernantes que no dirigen
+honradamente a sus pueblos, unas odas tan a lo pind&aacute;rico, y recibidas
+con tal favor entre la gente estudiantesca, que en una revuelta que
+tramaron contra el Gobierno unos patricios que andaban muy solos, pues
+llevaban consigo la buena doctrina, fue hecho preso don Manuelillo,
+quien en verdad ten&iacute;a en la sangre el microbio sedicioso; y bien que
+tuvieron que empe&ntilde;arse los amigos pudientes de don Manuel para que en
+gracia de su edad saliese libre el Pindarito, a quien su padre,
+ri&ntilde;&eacute;ndole con los labios, en que le temblaban los bigotes, como los
+&aacute;rboles cuando va a caer la lluvia, y aprob&aacute;ndole con el coraz&oacute;n, envi&oacute;
+a seguir, en lo que cometi&oacute; grand&iacute;simo error, estudios de Derecho en la
+Universidad de Salamanca, m&aacute;s desfavorecida que otras de Espa&ntilde;a, y no
+muy gloriosa ahora, pero donde ten&iacute;a la angustiada do&ntilde;a Andrea los
+buenos parientes que le enviaban las farinetas.</p>
+
+<p>Se fue el de las odas en un bergant&iacute;n que hab&iacute;a venido cargado de vinos
+de C&aacute;diz; y sentadito en la popa del barco, fijaba en la costa de su
+patria los ojos anegados de tan triste manera, que a pesar del &aacute;guila
+nueva que llevaba en el alma, le parec&iacute;a que iba todo muerto y sin
+capacidad de resurrecci&oacute;n y que era &eacute;l como un &aacute;rbol prendido a aquella
+costa por las ra&iacute;ces, al que el buque llevaba atado por las ramas
+pujando mar afuera, de modo que sin ra&iacute;ces se quedaba el &aacute;rbol, si
+lograba arrancarlo de la costa la fuerza del buque, y mor&iacute;a: o como el
+tronco no pod&iacute;a resistir aquella tirantez, se quebrar&iacute;a al fin, y mor&iacute;a
+tambi&eacute;n; pero lo que don Manuelillo ve&iacute;a claro, era que mor&iacute;a de todos
+modos. Lo cual, &iexcl;ay! fue verdad, cuatro a&ntilde;os m&aacute;s tarde, cuando de
+Salamanca hab&iacute;a hallado aquel ni&ntilde;o manera de pasar, como ayo en la casa
+de un conde carlista, a estudiar a Madrid. Se muri&oacute; de unas fiebres
+enemigas, que le empezaron con grandes aturdimientos de cabeza, y unas
+visiones dolorosas y tenaces que &eacute;l mismo describ&iacute;a en su cama revuelta,
+de delirante, con palabras fogosas y desencajadas, que parec&iacute;an una caja
+de joyas rotas; y sobre todo, una visi&oacute;n que ten&iacute;a siempre delante de
+los ojos, y cre&iacute;a que se le ven&iacute;a encima, y le echaba un aire encendido
+en la frente, y se iba de mal humor, y se volv&iacute;a a &eacute;l de lejos,
+llam&aacute;ndole con muchos brazos: la visi&oacute;n de una palma en llamas. En su
+tierra, las llanuras que rodeaban la ciudad estaban cubiertas de palmas.</p>
+
+<hr style='width: 45%;' />
+
+<p>No muri&oacute; don Manuel del pesar de que hubiese muerto su hijo, aunque bien
+pudo ser; sino que dos a&ntilde;os antes, y sin que Manuelillo lo supiese, se
+sent&oacute; un d&iacute;a en su sill&oacute;n, muy envuelto en su capa, y con la guitarra al
+lado, como si sintiese en el alma unas muy dulces m&uacute;sicas, a la vez que
+un frescor h&uacute;medo y sabroso, que no era el de todos los d&iacute;as, sino mucho
+m&aacute;s grato. Do&ntilde;a Andrea estaba sentada en una banqueta a sus pies, y, lo
+miraba con los ojos secos, y crecidos, y le ten&iacute;a las manos. Dos hijas
+lloraban abrazadas en un rinc&oacute;n: la mayor, m&aacute;s valiente, le acariciaba
+con la mano los cabellos, o lo entreten&iacute;a con frases zalameras, mientras
+le preparaba una bebida; de pronto, desasi&eacute;ndose bruscamente de las
+manos de do&ntilde;a Andrea, abri&oacute; don Manuel los brazos y los labios como
+buscando aire; los cerr&oacute; violentamente alrededor de la cabeza de do&ntilde;a
+Andrea, a quien bes&oacute; en la frente con un beso fren&eacute;tico; se irgui&oacute; como
+si quisiera levantarse, con los brazos al cielo; cay&oacute; sobre el respaldo
+del asiento, estremeci&eacute;ndosele el cuerpo horrendamente, como cuando en
+tormenta furiosa un barco arrebatado sacude la cadena que lo sujeta al
+muelle; se le llen&oacute; de sangre todo el rostro, como si en lo interior del
+cuerpo se le hubiese roto el vaso que la guarda y distribuye; y blanco,
+y sonriendo, con la mano casualmente ca&iacute;da sobre el mango de su
+guitarra, qued&oacute; muerto. Pero nunca se lo quiso decir do&ntilde;a Andrea a
+Manuelillo, a quien contaban que el padre no escrib&iacute;a porque sufr&iacute;a de
+reumatismo en las manos, para que no le entrase el miedo por las
+angustias de la casa, y quisiese venir a socorrerlas, interrumpiendo
+antes de tiempo sus estudios. Y era tambi&eacute;n que do&ntilde;a Andrea conoc&iacute;a que
+su pobre hijo hab&iacute;a nacido comido de aquellas ansias de redenci&oacute;n y
+evang&eacute;lica quijoter&iacute;a que le hab&iacute;an enfermado el coraz&oacute;n al padre, y
+acelerado su muerte, y como en la tierra en que viv&iacute;an hab&iacute;a tanto que
+redimir, y tanta cosa cautiva que libertar, y tanto entuerto que poner
+derecho, ve&iacute;a la buena Madre, con espanto, la hora de que su hijo
+volviese a su patria, cuya hora, en su pensar, ser&iacute;a la del sacrificio
+de Manuelillo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay!&mdash;dec&iacute;a do&ntilde;a Andrea&mdash;, una vez que un amigo, de la casa le hablaba
+con esperanzas del porvenir del hijo. &Eacute;l ser&aacute; infeliz, y nos har&aacute; aun
+m&aacute;s infelices sin quererlo. &Eacute;l quiere mucho a los dem&aacute;s, y muy poco a s&iacute;
+mismo. &Eacute;l no sabe hacer v&iacute;ctimas, sino serlo. Afortunadamente, aunque de
+todos modos, por desdicha de do&ntilde;a Andrea, Manuelillo hab&iacute;a partido de la
+tierra antes de volver a ver la suya propia, &iexcl;detr&aacute;s de la palma
+encendida!</p>
+
+<p>&iquest;Qui&eacute;n que ve un vaso roto, o un edificio en ruina, o una palma ca&iacute;da,
+no piensa en las viudas? A don Manuel no le hab&iacute;an bastado las fuerzas,
+y en tierra extra&ntilde;a esto hab&iacute;a sido mucho, m&aacute;s que para ir cubriendo
+decorosamente con los productos de su trabajo las necesidades
+dom&eacute;sticas. Ya el ayudar a Manuelillo a mantenerse en Espa&ntilde;a le hab&iacute;a
+puesto en muy grandes apuros.</p>
+
+<p>Estos tiempos nuestros est&aacute;n desquiciados, y con el derrumbe de las
+antiguas vallas sociales y las finezas de la educaci&oacute;n, ha venido a
+crearse una nueva y vast&iacute;sima clase de arist&oacute;cratas de la inteligencia,
+con todas las necesidades de parecer y gustos ricos que de ella vienen,
+sin que haya habido tiempo aun, en lo r&aacute;pido del vuelco, para que el
+cambio en la organizaci&oacute;n y repartimiento de las fortunas corresponda a
+la brusca alteraci&oacute;n en las relaciones sociales, producidas por las
+libertades pol&iacute;ticas y la vulgarizaci&oacute;n de los conocimientos. Una
+hacienda ordenada es el fondo de la felicidad universal. Y b&uacute;squese en
+los pueblos, en las casas, en el amor mismo m&aacute;s acendrado y seguro, la
+causa de tantos trastornos y rupturas, que los oscurecen y afean, cuando
+no son causa del apartamiento, o de la muerte, que es otra forma de &eacute;l:
+la hacienda es el est&oacute;mago de la felicidad. Maridos, amantes, personas
+que aun ten&eacute;is que vivir y anhel&aacute;is prosperar: &iexcl;organizad bien vuestra
+hacienda!</p>
+
+<p>De este desequilibrio, casi universal hoy, padec&iacute;a la casa de don
+Manuel, obligado con sus medios de hombre pobre a mantenerse, aunque sin
+ostentaci&oacute;n ni despilfarro, como caballero rico. &iquest;Ni qui&eacute;n se niega, si
+los quiere bien, a que sus hijos brillantes e inteligentes, aprendan
+esas cosas de arte, el dibujar, el pintar, el tocar piano, que alegran
+tanto la casa, y elevan, si son bien comprendidas y caen en buena
+tierra, el car&aacute;cter de quien las posee, esas cosas de arte que apenas
+hace un siglo eran todav&iacute;a propiedad casi exclusiva de reinas y
+princesas? &iquest;Qui&eacute;n que ve a sus peque&ntilde;ines finos y delicados, en virtud
+de esa aristocracia del esp&iacute;ritu que en estos tiempos nuevos han
+sustituido a la aristocracia degenerada de la sangre, no gusta de
+vestirlos de linda manera, en acuerdo con el propio buen gusto
+cultivado, que no se contenta con falsificaciones y bellaquer&iacute;as, y de
+modo que el vestir complete y revele la distinci&oacute;n del alma de los
+queridos ni&ntilde;os? Uno, padrazo ya, con el coraz&oacute;n estremecido y la frente
+arrugada, se contenta con un traje negro bien cepillado y sin manchas,
+con el cual, y una cara honrada, se est&aacute; bien y se es bien recibido en
+todas partes; pero, &iexcl;para la mujer, a quien hemos hecho sufrir tanto!
+&iexcl;para los hijos, que nos vuelven locos y ambiciosos, y nos ponen en el
+coraz&oacute;n la embriaguez del vino, y en las manos el arma de los
+conquistadores! &iexcl;para ellos, oh, para ellos, todo nos parece poco!</p>
+
+<p>De manera que, cuando don Manuel muri&oacute;, solo hab&iacute;a en la casa los
+objetos de su uso y adorno, en que no dejaba de adivinarse m&aacute;s el buen
+gusto que la holgura, los libros de don Manuel, que miraba la madre como
+pensamientos vivos de su esposo, que deb&iacute;an guardarse &iacute;ntegros a su hijo
+ausente, y los enseres de la escuela, que un ayudante de don Manuel, que
+apenas le vio muerto se alz&oacute; con la mayor parte de sus disc&iacute;pulos, hall&oacute;
+manera de comprar a la viuda, abandonada as&iacute; por el que en conciencia
+debi&oacute; continuar ayud&aacute;ndola, en una suma corta, la mayor, sin embargo,
+que despu&eacute;s de la muerte de don Manuel se vio nunca en aquella pobre
+casa. Hacen pensar en las viudas las palmas ca&iacute;das.</p>
+
+<p>Este o aquel amigo, es verdad, quer&iacute;an saber de vez en cuando qu&eacute; tal le
+iba yendo a la pobre se&ntilde;ora. &iexcl;Oh! se interesaban mucho por su suerte. Ya
+ella sab&iacute;a: en cuanto le ocurriese algo no ten&iacute;a m&aacute;s que mandar. Para
+cualquier cosa, para cualquier cosa estaban a su disposici&oacute;n. Y ven&iacute;an
+en visita solemne, en d&iacute;a de fiesta, cuando supon&iacute;an que hab&iacute;a gente en
+la casa; y se iban haciendo muchas cortes&iacute;as, como si con la ceremonia
+de ellas quisiesen hacer olvidar la mayor intimidad que podr&iacute;a
+obligarlos a prestar un servicio m&aacute;s activo. Da espanto ver cu&aacute;n sola se
+queda una casa en que ha entrado la desgracia: da deseos de morir.</p>
+
+<p>&iquest;Qu&eacute; se har&iacute;a do&ntilde;a Andrea, con tantas hijas, dos de ellas ya crecidas;
+con el hijo en Espa&ntilde;a, aunque ya el noble mozo hab&iacute;a prohibido, aun
+suponiendo a su padre vivo, que le enviasen dinero? &iquest;qu&eacute; se har&iacute;a con
+sus hijas peque&ntilde;as, que eran, las tres, por lo modestas y unidas, la
+gala del colegio; con Leonor, la &uacute;ltima flor de sus entra&ntilde;as, la que las
+gentes deten&iacute;an en la calle para mirarla a su placer, asombradas de su
+hermosura? &iquest;qu&eacute; se har&iacute;a do&ntilde;a Andrea? As&iacute;, cortado el tronco, se secan
+las ramas del &aacute;rbol, un tiempo verdes, abandonadas sobre la tierra.
+&iexcl;Pero los libros de don Manuel no! esos no se tocaban: nada m&aacute;s que a
+sacudirlos, en la piececita que les destin&oacute; en la casa pobr&iacute;sima que
+tom&oacute; luego, permit&iacute;a la se&ntilde;ora que entrasen una vez al mes. O cuando,
+ciertos domingos, las dem&aacute;s ni&ntilde;as iban a casa de alguna conocida a pasar
+la tarde, do&ntilde;a Andrea se entraba sola en la habitaci&oacute;n, con Leonor de la
+mano, y all&iacute; a la sombra de aquellos tomos, sentada en el sill&oacute;n en que
+muri&oacute; su marido, se abandonaba a conversaciones mentales, que parec&iacute;an
+hacerle gran bien, porque sal&iacute;a de ellas en un estado de silenciosa
+majestad, y como m&aacute;s clara de rostro y levantada de estatura; de tal
+modo que las hijas cuando volv&iacute;an de su visita, conoc&iacute;an siempre, por la
+mayor blandura en los ademanes, y expresi&oacute;n de dolorosa felicidad de su
+rostro, si do&ntilde;a Andrea hab&iacute;a estado en el cuarto de los libros. Nunca
+Leonor parec&iacute;a fatigada de acompa&ntilde;ar a su madre en aquellas entrevistas:
+sino que, aunque ya para entonces ten&iacute;a sus diez a&ntilde;os, se sentaba en la
+falda de su madre, apretada en su regazo o abrazada a su cuello, o se
+echaba a sus pies, reclinando en sus rodillas la cabeza, con cuyos
+cabellos finos jugaba la viuda, distra&iacute;da. De vez en cuando, pocas
+vedes, la cog&iacute;a do&ntilde;a Andrea en un brusco movimiento en sus brazos, y
+besando con locura la cabeza de la ni&ntilde;a romp&iacute;a en amargu&iacute;simos sollozos.
+Leonor, silenciosamente, humedec&iacute;a en todo este tiempo la mano de su
+madre con sus besos.</p>
+
+<hr style='width: 45%;' />
+
+<p>De Espa&ntilde;a se trajo pocas cosas don Manuel, y do&ntilde;a Andrea menos, que era
+de familia hidalga y pobre. Y todo, poco a poco, para atender a las
+necesidades de la casa, fue saliendo de ella: hasta unas perlas
+margaritas que hab&iacute;a llevado de Am&eacute;rica a Salamanca un t&iacute;o, abuelo de
+do&ntilde;a Andrea, y un aguacate de esmeralda de la misma procedencia, que
+recibi&oacute; de sus padres como regalo de matrimonio; hasta unas cucharas y
+vasos de plata que se estrenaron cuando se cas&oacute; la madre de don Manuel,
+y este sol&iacute;a ense&ntilde;ar con orgullo a sus amigos americanos, para probar en
+sus horas de desconfianza de la libertad, cu&aacute;nto m&aacute;s s&oacute;lidos eran los
+tiempos, cosas y art&iacute;fices de anta&ntilde;o.</p>
+
+<p>Y todas las maravillas de la casa fueron cayendo en manos de inclementes
+compradores; una escena aut&oacute;grafa de <i>El Delincuente Honrado</i> de
+Jovellanos; una colecci&oacute;n de monedas romanas y &aacute;rabes de Zaragoza, de
+las cuales las &aacute;rabes estimulaban la fantas&iacute;a y avivaban las miradas de
+Manuelillo cada vez que el padre le permit&iacute;a curiosear en ellas; una
+carta de do&ntilde;a Juana la Loca, que nunca fue loca, a menos que amar bien
+no sea locura, y en cuya carta, escrita de manos del secretario
+Passamonte, se dicen cosas tan dignas y tan tiernas que dejaban
+enamorados de la reina a los que las le&iacute;an, y dulcemente conmovidas las
+entra&ntilde;as.</p>
+
+<p>As&iacute; se fueron otras dos joyas que don Manuel hab&iacute;a estimado mucho, y
+mostraba con la fruici&oacute;n de un goloso que se complace traviesamente en
+hacer gustar a sus amigos un plato cuya receta est&aacute; decidido a no
+dejarles conocer jam&aacute;s: un estudio en madera de la cabeza de San
+Francisco, de Alonso Cano, y un dibujo de Goya, con l&aacute;piz rojo, dulce
+como una cabeza del mismo Rafael.</p>
+
+<p>Con las cucharas de plata se pag&oacute; un mes la casa; la esmeralda dio para
+tres meses; con las monedas fueron ayud&aacute;ndose medio a&ntilde;o. Un
+desvergonzado compr&oacute; la cabeza, en un d&iacute;a de angustia, en cinco pesos.
+Un tanto se auxiliaban con unos cuantos pesos que, muy mal cobrados y
+muy rega&ntilde;ados, ganaban do&ntilde;a Andrea y las hijas mayores ense&ntilde;ando a
+algunas ni&ntilde;as peque&ntilde;as del barrio pobre donde hab&iacute;an ido a refugiarse en
+su penuria. Pero el dibujo de Goya, ese si se vendi&oacute; bien. Ese, &eacute;l solo,
+produjo tanto como las margaritas y las cucharas de plata, y el
+aguacate. El dibujo de Goya, &uacute;nica prenda que no se arrepinti&oacute; do&ntilde;a
+Andrea de haber vendido, porque le trajo un amigo, lo compr&oacute; Juan Jerez;
+Juan Jerez que cuando muri&oacute; en Madrid Manuelillo, y la madre extremada
+por los gastos en que la puso una enfermedad grave de su ni&ntilde;a Leonor, se
+hall&oacute; un d&iacute;a pensando con espanto en que era necesario venderlos, compr&oacute;
+los libros a do&ntilde;a Andrea, mas no se los llev&oacute; consigo, sino que se los
+dej&oacute; a ella &laquo;porque &eacute;l no ten&iacute;a donde ponerlos, y cuando los necesitase,
+ya se los pedir&iacute;a&raquo;. Muy ruin tiene que ser el mundo, y do&ntilde;a Andrea sab&iacute;a
+de sobra que suele ser ruin, para que ese d&iacute;a no hubiese satisfecho su
+impulso de besar a Juan la mano.</p>
+
+<p>Pero Juan, joven rico y de padres y amistades que no hac&iacute;an suponer que
+buscase esposa en aquella casa desamparada y humilde, comprendi&oacute; que no
+deb&iacute;a ser visita de ella, donde ya eran alegr&iacute;a de los ojos y del
+coraz&oacute;n, m&aacute;s por lo honestas que por lo lindas, las dos ni&ntilde;as mayores, y
+muy distra&iacute;do el pensamiento en cosas de la mayor alteza, y muy fino y
+generoso, y muy sujeto ya por el agradecimiento del amor que le mostraba
+a su prima Luc&iacute;a, ni visitaba frecuentemente la casa de do&ntilde;a Andrea, ni
+hac&iacute;a alarde de no visitarla, como que le llev&oacute; su propio m&eacute;dico cuando
+la enfermedad de Leonor, y volvi&oacute; cuando la venta de los libros, y
+cuando sab&iacute;a alguna aflicci&oacute;n de la se&ntilde;ora, que con su influjo, el no
+con su dinero que sol&iacute;a escasearle, pod&iacute;a tener remedio.</p>
+
+<hr style='width: 45%;' />
+
+<p>Lo que, como un lirio de noche en una habitaci&oacute;n oscura, tuvo en medio
+de todas estas agon&iacute;as iluminada el alma de do&ntilde;a Andrea, y le asegur&oacute; en
+su creencia bondadosa en la nobleza de la especie humana, fue que, ya
+porque en realidad le apenase la suerte de la viuda, ya porque creyera
+que hab&iacute;a de parecer mal, siendo como el don Manuel bien querido, y
+maestro como ella, que permitieran la salida de sus hijas del colegio
+por falta de paga, la directora del Instituto de la Merced, el m&aacute;s
+famoso y rico del pa&iacute;s, hizo un d&iacute;a, en un hermoso coche, una visita,
+que fue muy sonada, a casa de do&ntilde;a Andrea, y all&iacute; le dijo
+magn&aacute;nimamente, cosa que enseguida vocifer&oacute; y celebr&oacute; mucho la prensa,
+que las tres ni&ntilde;as recibir&iacute;an en su colegio, si ella no lo mandaba de
+otro modo, toda su educaci&oacute;n, como externas, sin gasto alguno. Aquella
+vez s&iacute; que do&ntilde;a Andrea, sin los miramientos que en el caso de Juan
+hab&iacute;an m&aacute;s tarde de imped&iacute;rselo, cubri&oacute; de besos la mano de la
+directora, quien la trat&oacute; con una hermosa bondad pontificia, y como una
+mujer inmaculada trata a una culpable, tras de lo cual se volvi&oacute; muy
+oronda a su colegio, en su arrogante coche.</p>
+
+<p>Es verdad que las ni&ntilde;as no dec&iacute;an a do&ntilde;a Andrea que, aunque no las hab&iacute;a
+en el colegio m&aacute;s aplicadas que ellas, ni que llevaran los vestiditos
+m&aacute;s blancos y bien cuidados, ni que, en la clase y recreo mostrasen
+mayor compostura, los vales a fin de semana, y los primeros puestos en
+las competencias, y los premios en los ex&aacute;menes, no eran nunca para
+ellas; los rega&ntilde;os, s&iacute;. Cuando la ni&ntilde;a del ministro hab&iacute;a derramado un
+tintero, de seguro que no hab&iacute;a sido la ni&ntilde;a del ministro, &iquest;c&oacute;mo hab&iacute;a
+de ser la hija del ministro? hab&iacute;a sido una de las tres ni&ntilde;as del Valle.
+La hija de Mr. Floripond, el poderoso banquero, la fea, la huesuda, la
+descuidada, la envidiosa Iselda, hab&iacute;a escondido, donde no pudiese ser
+hallado, su caja de l&aacute;pices de dibujar: por supuesto, la caja no
+aparec&iacute;a: &laquo;&iexcl;All&iacute; todas las ni&ntilde;as ten&iacute;an dinero para comprar sus cajas!
+&iexcl;las &uacute;nicas que no ten&iacute;an dinero all&iacute; eran las tres del Valle!&raquo; y las
+registraban, a las pobrecitas, que se dejaban registrar con la cara
+llena de l&aacute;grimas, y los brazos en cruz, cuando por fortuna la ni&ntilde;a de
+otro banquero, menos rico que Mr. Floripond, dijo que hab&iacute;a visto a
+Iselda poner la caja de l&aacute;pices en la bolsa de Leonor. Pero tan buenas,
+y serviciales fueron, tan apretaditas se sentaban siempre las tres, sin
+jugar, o jugando entre s&iacute;, en la hora de recreo; con tal mansedumbre
+obedec&iacute;an los mandatos m&aacute;s destemplados e injustos; con tal sumisi&oacute;n,
+por el amor de su madre, soportaban aquellos rigores, que las ayudantes
+del colegio, solas y desamparadas ellas mismas, comenzaron a tratarlas
+con alguna ternura, a encomendarles la copia de las listas de la clase,
+a darles a afilar sus l&aacute;pices, a distinguirlas con esos peque&ntilde;os favores
+de los maestros que ponen tan orondos a los ni&ntilde;os, y que las tres hijas
+de del Valle recompensaban con una premura en el servirlos y una
+modestia y gracia tal, que les ganaba las almas m&aacute;s duras. Esta
+bondadosa disposici&oacute;n de las ayudantes subi&oacute; de punto cuando la
+directora, que no ten&iacute;a hijos, y era aun una muy bella mujer, dio
+muestras de aficionarse tan especialmente a Leonor, que algunas tardes
+la dejaba a comer a su mesa, envi&aacute;ndola luego a do&ntilde;a Andrea con un
+afectuoso recado; y un domingo la sac&oacute; a pasear en su carruaje,
+complaci&eacute;ndose visiblemente aquel d&iacute;a en responder con su mejor sonrisa
+a todos los saludos.</p>
+
+<p>Porque los que poseen una buena condici&oacute;n, si bien la persiguen
+implacablemente en los dem&aacute;s cuando por causa de la posici&oacute;n o edad de
+estos, teman que lleguen a ser rivales, se complacen, por el contrario,
+por una especie de prolongaci&oacute;n de ego&iacute;smo y por una fuerza de atracci&oacute;n
+que parece incontrastable y de naturaleza divina, en reconocer y
+proclamar en otros la condici&oacute;n que ellos mismos poseen, cuando no puede
+llegar a estorbarles.</p>
+
+<p>Se aman y admiran a s&iacute; propios en los que, fuera ya de este peligro de
+rivalidad, tienen las mismas condiciones de ellos. Los miran como una
+renovaci&oacute;n de s&iacute; mismos, como un consuelo de sus facultades que decaen,
+como si se viesen aun a s&iacute; propios tales como son aquellas criaturas
+nuevas, y no como ya van siendo ellos. Y las atraen a s&iacute;, y las retienen
+a su lado, como si quisiesen fijar, para que no se les escapase, la
+condici&oacute;n que ya sienten que los abandona. Hay, adem&aacute;s, gran motivo de
+orgullo en o&iacute;r celebrar la especie de m&eacute;rito por que uno se distingue.</p>
+
+<p>Verdad es que no hab&iacute;a tampoco mejor manera de llamar la atenci&oacute;n sobre
+s&iacute; que llevar cerca a Leonor. &iexcl;Qu&eacute; mirada, que parec&iacute;a una plegaria!
+&iexcl;Qu&eacute; &oacute;valo el del rostro, m&aacute;s perfecto y puro! &iexcl;Qu&eacute; cutis, que parec&iacute;a
+que daba luz! &iexcl;Qu&eacute; encanto en toda ella, y qu&eacute; armon&iacute;a! De noche do&ntilde;a
+Andrea, que como a la menor de sus hijas la tuvo siempre en su lecho, no
+bien la ve&iacute;a dormida, la descubr&iacute;a para verla mejor; le apartaba los
+cabellos de la frente y se los alzaba por detr&aacute;s para mirarle el cuello,
+le tomaba las manos, como pod&iacute;a tomar dos t&oacute;rtolas, y se las besaba
+cuidadosamente; le acariciaba los pies, y se los cubr&iacute;a a lentos besos.</p>
+
+<p>Alfombra hubiera querido ser do&ntilde;a Andrea, para que su hija no se
+lastimase nunca los pies, y para que anduviese sobre ella. Alfombra,
+cinta para su cuello, agua, aire, todo lo que ella tocase y necesitase
+para vivir, como si no tuviese otras hijas, quer&iacute;a ser para ella do&ntilde;a
+Andrea. Sol&iacute;a Leonor despertarse cuando su madre estaba contempl&aacute;ndola
+de esta manera; y entreabriendo dichosamente los ojos amantes y
+atray&eacute;ndola a s&iacute; con sus brazos, se dorm&iacute;a otra vez, con la cabeza de su
+madre entre ellos; de su madre que apenas dorm&iacute;a.</p>
+
+<p>&iexcl;C&oacute;mo no padecer&iacute;a la pobre se&ntilde;ora cuando la directora del colegio,
+estando ya Leonor en sus trece a&ntilde;os, la vino a ver, como quien hace un
+gran servicio, y en verdad para el porvenir de Leonor lo era, para que
+lo permitiese retener a Leonor en el colegio como alumna interna! En el
+primer instante, do&ntilde;a Andrea se sinti&oacute; caer al suelo, y, sin palabras,
+se qued&oacute; mirando a la directora fijamente, como a una enemiga. De
+pensarlo no m&aacute;s, ya le pareci&oacute; que le hab&iacute;an sacado el coraz&oacute;n del
+pecho.</p>
+
+<p>Balbuce&oacute; las gracias. La directora entendi&oacute; que aceptaba.</p>
+
+<p>&mdash;Leonor, do&ntilde;a Andrea, est&aacute; destinada por su hermosura a llamar la
+atenci&oacute;n de una manera extraordinaria. Es ni&ntilde;a todav&iacute;a, y ya ve usted
+c&oacute;mo anda por la ciudad la fama de su belleza. Usted comprende que a m&iacute;
+me es m&aacute;s costoso tenerla en el colegio como a interna; pero creo de mi
+deber, por cari&ntilde;o a usted y al se&ntilde;or don Manuel, acabar mi obra.</p>
+
+<p>Y la madre parec&iacute;a que quer&iacute;a adelantar una objeci&oacute;n; y la mujer
+hermosa, que en realidad, en fuerza de la pl&aacute;cida beldad de Leonor,
+hab&iacute;a concebido por ella un tierno afecto, dec&iacute;a precipitadamente estas
+buenas razones, que la madre ve&iacute;a lucir delante de s&iacute;, como pu&ntilde;ales
+encendidos.</p>
+
+<p>&mdash;Porque usted ve, do&ntilde;a Andrea, que la posici&oacute;n de Leonor en el mundo, va
+a ser sumamente delicada. La situaci&oacute;n a que est&aacute;n ustedes reducidas las
+obliga a vivir apartadas de la sociedad, y en una esfera en que, por su
+misma distinci&oacute;n natural y por la educaci&oacute;n que est&aacute; recibiendo, no
+puede encontrar marido proporcionado para ella. Acabando de educarse en
+mi colegio como interna, se rozar&aacute; mucho m&aacute;s, en estos tres a&ntilde;os, con
+las ni&ntilde;as m&aacute;s elegantes y ricas de la ciudad, que se har&aacute;n sus amigas
+&iacute;ntimas; yo misma ir&eacute; cuidando especialmente de favorecer aquellas
+amistades que le puedan convenir m&aacute;s cuando salga al mundo, y le ayuden
+a mantenerse en una esfera a que de otro modo, sin m&aacute;s que su belleza,
+en la posici&oacute;n en que ustedes est&aacute;n, no podr&iacute;a llegar nunca. Hermosa e
+inteligente como es, y movi&eacute;ndose en buenos c&iacute;rculos, ser&aacute; mucho m&aacute;s
+f&aacute;cil que inspire el respeto de j&oacute;venes que de otro modo la perseguir&iacute;an
+sin respetarla, y encuentre acaso entre ellos el marido que la haga
+venturosa. &iexcl;Me espanta, do&ntilde;a Andrea&mdash;dijo la directora que observaba el
+efecto de sus palabras en la pobre madre&mdash;, me espanta pensar en la
+suerte que correr&iacute;a Leonor, tan hermosa como va a ser, en el desamparo
+en que tienen ustedes que vivir, sobre todo si llegase usted a faltarle!
+Piense usted en que necesitamos protegerla de su misma hermosura.</p>
+
+<p>Y la directora, ya apiadada del gran dolor reflejado en las facciones de
+do&ntilde;a Andrea, que no ten&iacute;a fuerzas para abrir los labios, ya deseosa de
+alcanzar con halagos su anhelo, hab&iacute;a tomado las manos de do&ntilde;a Andrea, y
+se las acariciaba bondadosamente.</p>
+
+<p>Entr&oacute; Leonor en este instante, y en el punto de verla, fue como si los
+torrentes de llanto apretados por la agon&iacute;a se saliesen al fin de sus
+ojos; no dijo palabras, sino inolvidables sollozos; y se lanz&oacute; al
+encuentro de su hija, y se abraz&oacute; con ella estrech&iacute;simamente.</p>
+
+<p>&mdash;Yo no ir&eacute;, mam&aacute;, yo no ir&eacute;&mdash;le dec&iacute;a Leonor al o&iacute;do&mdash;, sin que lo oyese
+la directora; aunque ya Leonor le hab&iacute;a dicho a esta que, si quer&iacute;a do&ntilde;a
+Andrea, ella quer&iacute;a ir.</p>
+
+<p>A los pocos momentos do&ntilde;a Andrea, p&aacute;lida, sentada ya junto a Leonor, a
+quien ten&iacute;a de la mano, pudo por fin hablar. &iexcl;Porque era ceder a cuanto
+le quedaba de don Manuel, a aquellas noches queridas suyas de silencio,
+en que su alma, a solas con su amargura y con su ni&ntilde;a, recordaba y
+viv&iacute;a; porque conforme se hab&iacute;a ido apartando de todo, en sus hijas, y
+en Leonor, como un s&iacute;mbolo de todas ellas, se hab&iacute;a refugiado, con la
+tenacidad de las almas sencillas que no tienen fuerza m&aacute;s que para amor;
+porque dar a Leonor era como dar todas las luces y todas las rosas de la
+vida!</p>
+
+<p>Por fin pudo hablar, y con una voz opaca y baja, como de quien habla de
+muy lejos, dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, se&ntilde;ora, bueno. Y Dios le pagar&aacute; su buena intenci&oacute;n. Leonor se
+quedar&aacute; en el colegio.</p>
+
+<p>Y ya hemos visto en los comienzos de esta historia que estaba Leonor a
+punto de salir de &eacute;l.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="Capitulo_III" id="Capitulo_III"></a><a href="#table">Cap&iacute;tulo III</a></h2>
+
+
+<p>&iquest;De qu&eacute; ha de estar hablando toda la ciudad, sino de Sol del Valle? Era
+como la ma&ntilde;ana que sigue al d&iacute;a en que se ha revelado un orador
+poderoso. Era como el amanecer de un drama nuevo. Era esa conmoci&oacute;n
+inevitable que, a pesar de su vulgaridad ing&eacute;nita, experimentan los
+hombres cuando aparece s&uacute;bitamente ante ellos alguna cualidad suprema.
+Despu&eacute;s se coligan todos, en silencio primero, abiertamente luego, y dan
+sobre lo que admiraron. Se irritan de haber sido sorprendidos. Se
+encolerizan sordamente, por ver en otro la condici&oacute;n que no poseen. Y
+mientras m&aacute;s inteligencia tengan para comprender su importancia, m&aacute;s la
+abominan, y al infeliz que la alberga. Al principio, por no parecer
+envidiosos, hacen como que la acatan: y, como que es de fuertes no
+temer, ponen un empe&ntilde;o desmedido en alabar al mismo a quien envidian,
+pero poco a poco, y sin decirse nada, reunidos por el encono com&uacute;n, van
+agrup&aacute;ndose, cuchicheando, haci&eacute;ndose revelaciones. Se ha exagerado.
+Bien mirado, no es lo que se dec&iacute;a. Ya se ha visto eso mismo. Esos ojos
+no deben ser suyos. De seguro que se recorta la boca con carm&iacute;n. La
+l&iacute;nea de la espalda no es bastante pura. No, no es bastante pura. Parece
+como que hay una verruga en la espalda. No es verruga, es lobanillo. No
+es lobanillo, es joroba. Y acaba la gente por tener la joroba en los
+ojos, de tal modo que llega de veras a verla en la espalda, &iexcl;porque la
+lleva en s&iacute;! Ea; eso es fijo: los hombres no perdonan jam&aacute;s a aquellos a
+quienes se han visto obligados a admirar.</p>
+
+<p>Pero all&aacute;, en un rinc&oacute;n del pecho, duerme como un portero so&ntilde;oliento la
+necesidad de la grandeza. Es fama que, para dar al champa&ntilde;a su
+fragancia, destilan en cada botella, por un procedimiento desconocido,
+tres gotas de un licor misterioso. As&iacute; la necesidad de la grandeza, como
+esas tres gotas exquisitas, est&aacute; en el fondo del alma. Duerme como si
+nunca hubiese de despertar, &iexcl;oh, suele dormir mucho! &iexcl;oh, hay almas en
+que el portero no despierta nunca! Tiene el sue&ntilde;o pesado, en cosas de
+grandeza, y sobre todo en estos tiempos, el alma humana. Mil
+duendecillos, de figuras repugnantes, manos de ara&ntilde;a, vientre hinchado,
+boca encendida, de doble hilera de dientes, ojos redondos y libidinosos,
+giran constantemente alrededor de portero dormido, y le echan en los
+o&iacute;dos jugo de adormideras, y se lo dan a respirar, y se lo untan en las
+sienes, y con pinceles muy delicados le humedecen las palmas de las
+manos, y se les encuclillan sobre las piernas, y se sientan sobre el
+respaldo del sill&oacute;n, mirando hostilmente a todos lados, para que nadie
+se acerque a despertar al portero: &iexcl;mucho suele dormir la grandeza en el
+alma humana! Pero cuando despierta, y abre los brazos, al primer
+movimiento pone en fuga a la banda de duendecillos de vientre hinchado.
+Y el alma entonces se esfuerza en ser noble, avergonzada de tanto tiempo
+de no haberlo sido. Solo que los duendecillos est&aacute;n escondidos detr&aacute;s de
+las puertas, y cuando les vuelve a picar el hambre, porque se han jurado
+comerse al portero poco a poco, empiezan a dejar escapar otra vez el
+aroma de las adormideras, que a manera de cendales espesos va turbando
+los ojos y velando la frente del portero vencido; y no ha pasado mucho
+tiempo desde que puso a los duendes en fuga, cuando ya vuelven estos en
+confusi&oacute;n, se descuelgan de las ventanas, se dejan caer por las hojas de
+las puertas, salen de bajo las losas descompuestas del piso, y abriendo
+las grandes bocas en una risa que no suena, se le suben agil&iacute;simamente
+por las piernas y brazos, y uno se le para en un hombro, y otro se le
+sienta en un brazo, y todos agitan en alto, con un ruido de rata que
+roe, las adormideras. Tal es el sue&ntilde;o del alma humana.</p>
+
+<p>&iquest;De qu&eacute; ha de estar hablando toda la ciudad, sino de Sol del Valle?</p>
+
+<p>De ella, porque hablan de la fiesta de anoche: de ella, porque la fiesta
+alcanz&oacute; inesperadamente, a influjo de aquella ni&ntilde;a ayer desconocida, una
+elevaci&oacute;n y entusiasmo que ni los mismos que contribuyeron a ello
+volver&iacute;an a alcanzar jam&aacute;s. Tal como suelen los astros juntarse en el
+cielo, &iexcl;ay! para chocar y deshacerse casi siempre, as&iacute;, con no mejor
+destino, suelen encontrarse en la tierra, como se encontraron anoche, el
+genio, y ese otro genio, la hermosura.</p>
+
+<hr style='width: 45%;' />
+
+<p>De fama singular hab&iacute;a venido precedido a la ciudad el pianista h&uacute;ngaro
+Keleffy. Rico de nacimiento, y enriquecido aun m&aacute;s por su arte, no
+viajaba, como otros, en busca de fortuna. Viajaba porque estaba lleno de
+&aacute;guilas, que le com&iacute;an el cuerpo, y quer&iacute;an espacio ancho, y se ahogaban
+en la prisi&oacute;n de la ciudad. Viajaba porque cas&oacute; con una mujer a quien
+crey&oacute; amar, y la hall&oacute; luego como una copa sorda, en que las armon&iacute;as de
+su alma no encontraban eco, de lo que le vino postraci&oacute;n tan grande que
+ni fuerzas ten&iacute;a aquel m&uacute;sico-atleta, para mover las manos sobre el
+piano: hasta que lo tom&oacute; un amigo leal del brazo, y le dijo &laquo;C&uacute;rate&raquo;, y
+lo llev&oacute; a un bosque, y lo trajo luego al mar, cuyas m&uacute;sicas se le
+entraron por el alma medio muerta, se quedaron en ella, sentadas y con
+la cabeza alta, como leones que husmean el desierto, y salieron al fin
+de nuevo al mundo en unas fantas&iacute;as arrebatadas que en el barco que lo
+llevaba por los mares improvisaba Keleffy, las que eran tales, que si se
+cerraban los ojos cuando se las o&iacute;a, parec&iacute;a que se levantaban por el
+aire, agrand&aacute;ndose conforme sub&iacute;an, unas estrellas muy radiosas, sobre
+un cielo de un negro hondo y temible, y otras veces, como que en las
+nubes de colores ligeros iban dibuj&aacute;ndose unas como guirnaldas de flores
+silvestres, de un azul muy puro, de que colgaban unos cestos de luz:
+&iquest;qu&eacute; es la m&uacute;sica sino la compa&ntilde;era y gu&iacute;a del esp&iacute;ritu en su viaje por
+los espacios? Los que tienen ojos en el alma, han visto eso que hac&iacute;an
+ver las fantas&iacute;as que en el mar improvisaba Keleffy: otros hay, que no
+ven, por lo que niegan muy orondos que lo que ellos no han visto, otros
+lo vean. Es seguro que un topo no ha podido jam&aacute;s concebir un &aacute;guila.</p>
+
+<p>Keleffy viajaba por Am&eacute;rica, porque le hab&iacute;an dicho que en nuestro cielo
+del Sur lucen los astros como no lucen en ninguna otra parte del cielo,
+y porque le hablaban de unas flores nuestras, grandes como cabeza de
+mujer y blancas como la leche, que crecen en los pa&iacute;ses del Atl&aacute;ntico, y
+de unas anchas hojas que se cr&iacute;an en nuestra costa exuberante, y
+arrancan de la madre tierra y se tienden voluptuosamente sobre ella,
+como los brazos de una divinidad vestida de esmeraldas, que llamasen,
+perennemente abiertas, a los que no tienen miedo de amar los misterios y
+las diosas.</p>
+
+<p>Y aquel dolor de vivir sin cari&ntilde;o, y sin derecho para inspirarlo ni
+aceptarlo, puesto que estaba ligado a una mujer a quien no amaba; aquel
+dolor que no dorm&iacute;a, ni ten&iacute;a paces, ni le quer&iacute;a salir del pecho, y le
+ten&iacute;a la fantas&iacute;a como apretada por serpientes, lo que daba a todo su
+m&uacute;sica un aire de combate y tortura que sol&iacute;a privarla del equilibrio y
+proporci&oacute;n armoniosa que las obras durables de arte necesitan; aquel
+dolor, en un esp&iacute;ritu hermoso que, en la especie de peste amatoria que
+est&aacute; enllagando el mundo en los pueblos antiguos, hab&iacute;a salvado, como
+una paloma herida, un apego ardent&iacute;simo a lo casto; aquel dolor, que a
+veces con las manos crispadas se buscaba el triste m&uacute;sico por sobre el
+coraz&oacute;n, como para arranc&aacute;rselo de ra&iacute;z, aunque se tuviera que arrancar
+el coraz&oacute;n con &eacute;l; aquel dolor no le dejaba punto de reposo, le hac&iacute;a
+parecer a las veces extravagante y hura&ntilde;o, y aunque por la suavidad de
+su mirada y el ardor de su discurso se atrajese desde el primer
+instante, como un domador de oficio, la voluntad de los que le ve&iacute;an,
+poco a poco sent&iacute;a &eacute;l que en aquellos afectos iba entrando la sorda
+hostilidad con que los esp&iacute;ritus comunes persiguen a los hombres de alma
+superior, y aquella especie de miedo, si no de terror, con que los
+hombres, fam&eacute;licos de goces, huyen, como de un apestado, de quien, bajo
+la pesadumbre de un infortunio, ni sabe dar alegr&iacute;as, ni tiene el &aacute;nimo
+dispuesto a compartirlas.</p>
+
+<hr style='width: 45%;' />
+
+<p>Ya en la ciudad de nuestro cuento, cuya gente acomodada hab&iacute;a ido toda,
+y en m&aacute;s de una ocasi&oacute;n, de viaje por Europa, donde apenas hab&iacute;a casa
+sin piano, y, lo que es mejor, sin quien tocase en &eacute;l con natural buen
+gusto, ten&iacute;a Keleffy numerosos y ardientes amigos; tanto entre los
+m&uacute;sicos sesudos, por el arte exquisito de sus composiciones, como entre
+la gente joven y sensible, por la melodiosa tristeza de sus romanzas. De
+modo que cuando se supo que Keleffy ven&iacute;a, y no como un artista que se
+exhibe sino como un hombre que padece, determin&oacute; la sociedad elegante
+recibirle con una hermos&iacute;sima fiesta, que quisieron fuese como la m&aacute;s
+bella que se hubiera visto en la ciudad, ya porque del talento de
+Keleffy se dec&iacute;an maravillas, ya porque esta buena ciudad de nuestro
+cuento no quer&iacute;a ser menos que otras de Am&eacute;rica, donde el pianista hab&iacute;a
+sido ruidosamente agasajado.</p>
+
+<p>En la &laquo;casa de m&aacute;rmol&raquo; dispusieron que se celebrase la gran fiesta: con
+un tapiz rojo cubrieron las anchas escaleras; los rincones, ya en las
+salas, ya en los patios, los llenaron de palmas; en cada descanso de la
+escalera central hab&iacute;a un enorme vaso chino lleno de plantas de camelia
+en flor; todo un saloncito, el de recibir, fue colgado de seda amarilla;
+de higares ocultos por cortinas ven&iacute;a un ruido de fuentes. Cuando se
+entraba en el sal&oacute;n, en aquella noche fresca de la primavera, con todos
+los balcones abiertos a la noche, con tanta hermosa mujer vestida de
+telas ligeras de colores suaves, con tanto abanico de plumas, muy de
+moda entonces, movi&eacute;ndose pausadamente, y con aquel vago rumor de fiesta
+que comienza, parec&iacute;a que se entraba en un enorme cesto de alas. La tapa
+del piano, levantado para dar mayor sonoridad a las notas, parec&iacute;a, como
+domin&aacute;ndolas a todas, una gran ala negra.</p>
+
+<p>Keleffy, que discern&iacute;a la suma de verdadero afecto mezclada en aquella
+fiesta de la curiosidad y sent&iacute;a desde su llegada a Am&eacute;rica como si
+constantemente estuviesen encendidos en su alma dos grandes ojos negros;
+Keleffy a quien fue dulce no hallar casa, donde sus &uacute;ltimos dolores,
+vaciados en sus romanzas y nocturnos, no hubiesen encontrado manos
+tiernas y amigas, que se las devolv&iacute;an a sus propios o&iacute;dos como
+atenuados y en camino de consuelo, porque &laquo;en Europa se toca&mdash;dec&iacute;a
+Keleffy&mdash;, pero aqu&iacute; se acaricia el piano&raquo;; Keleffy, que no notaba
+desacuerdo entre el casto modo con que quer&iacute;a &eacute;l su magn&iacute;fico arte, y
+aquella fiesta discreta y generosa, en que se sent&iacute;a el concurso como
+penetrado de respeto, en la esfera inquieta y deleitosa de lo
+extraordinario; Keleffy, aunque de una manera apesarada y melanc&oacute;lica, y
+m&aacute;s de quien se aleja que de quien llega, toc&oacute; en el piano de madera
+negra, que bajo sus manos parec&iacute;a a veces salterio, flauta a veces, y a
+veces &oacute;rgano, algunas de sus delicadas composiciones, no aquellas en que
+se hubiera dicho que el mar sub&iacute;a en montes y ca&iacute;a roto en cristales, o
+que braceaba un hombre con un toro, y le hend&iacute;a el testuz, y le doblaba
+las piernas, y lo echaba por tierra, sino aquellas otras flexibles
+fantas&iacute;as que, a tener color, hubieran sido p&aacute;lidas, y a ser cosas
+visibles, hubiesen parecido un paisaje de crep&uacute;sculo.</p>
+
+<hr style='width: 45%;' />
+
+<p>En esto, se oy&oacute; en todo el sal&oacute;n un rumor s&uacute;bito, semejante al que en
+d&iacute;as de fiestas nacionales se oye en la muchedumbre de las plazas cuando
+rompe en un ramo de estrellas en el aire un fuego de artificio. &iexcl;Ya se
+sab&iacute;a que en el Instituto de la Merced hab&iacute;a una ni&ntilde;a muy bella! que era
+Sol del Valle; &iexcl;pero no se sab&iacute;a que era tan bella! Y fue al piano;
+porque ella era la disc&iacute;pula querida del Instituto y ninguna como ella
+entend&iacute;a aquella plegaria de Keleffy, &laquo;&iexcl;Oh, madre m&iacute;a&raquo;, y la toc&oacute;,
+tr&eacute;mula al principio, olvidada despu&eacute;s en su m&uacute;sica y por esto m&aacute;s
+bella; y cuando se levant&oacute; del piano, el rumor fue de asombro ante la
+hermosura de la ni&ntilde;a, no ante el talento de la pianista, no com&uacute;n por
+otra parte; y Keleffy la miraba, como si con ella se fuese ya una parte
+de &eacute;l; y, al verla andar, la concurrencia aplaud&iacute;a, como si la m&uacute;sica no
+hubiera cesado, o como si se sintiese favorecida por la visita de un ser
+de esferas superiores, u orgullosa de ser gente humana, cuando hab&iacute;a
+entre los seres humanos tan grande hermosura.</p>
+
+<p>&iquest;C&oacute;mo era? &iexcl;Qui&eacute;n lo supo mejor que Keleffy! La mir&oacute;, la mir&oacute; con ojos
+desesperados y avarientos. Era como una copa de n&aacute;car, en quien nadie
+hubiese aun puesto los labios. Ten&iacute;a esa hermosura de la aurora, que
+arroba y ennoblece. Una palma de luz era. Keleffy no la hablaba, sino la
+ve&iacute;a. La ni&ntilde;a, cuando se sent&oacute; al lado de la directora, casi rompi&oacute; en
+l&aacute;grimas. La revelaci&oacute;n, la primera sensaci&oacute;n del propio poder, lisonjea
+y asusta. Se tuvo miedo la ni&ntilde;a, y aunque muy contenta de s&iacute;, halagada
+por aquel rumor como si le rozasen la frente con muy blandas plumas, se
+sinti&oacute; sola y en riesgo, y busc&oacute; con los ojos, en una mirada de angustia
+a do&ntilde;a Andrea, &iexcl;ay! a do&ntilde;a Andrea que, conforme iban pasando los a&ntilde;os,
+se hund&iacute;a en s&iacute; misma, para ver mejor a don Manuel, de tal manera que
+ya, si sonre&iacute;a siempre, apenas hablaba. Se conversaba apresuradamente.
+Todos los ojos estaban sobre ella. &iquest;Qui&eacute;n es? &iquest;Qui&eacute;n es? Las mujeres no
+la celebraban, se ergu&iacute;an en sus asientos para verla; mov&iacute;an r&aacute;pidamente
+el abanico, cuchicheaban a su sombra con su compa&ntilde;era; se volv&iacute;an a
+mirarla otra vez. Los hombres, sent&iacute;an en s&iacute; como una rienda rota; y
+algunos, como un ala. Hablaban con desusada animaci&oacute;n. Se juntaban en
+corrillos. La median con los ojos. Ya la ve&iacute;an de su brazo ostent&aacute;ndola
+en el sal&oacute;n, y le estrechaban el talle en el baile ardiente y atrevido;
+ya meditaban la frase encomi&aacute;stica con que hab&iacute;an de deslumbrar al ser
+presentados a ella. &laquo;&iquest;Conque esa es Sol del Valle?&raquo;. &laquo;&iquest;En qu&eacute; casas
+visita?&raquo;. &laquo;&iquest;Va a casa de Luc&iacute;a Jerez?&raquo;. &laquo;Juan Jerez es amigo de la
+se&ntilde;ora&raquo;. &laquo;All&iacute; est&aacute; Juan Jerez; que nos presente&raquo;. &laquo;Yo soy amigo de la
+directora: vamos&raquo;. &laquo;&iquest;Qui&eacute;n nos presentar&aacute; a ella?&raquo;. &iexcl;Pobre ni&ntilde;a! Su
+alcoba no la vio nunca como la dejaron aquellos curiosos. No es para la
+mayor parte de los hombres una obra santa, y una copa de esp&iacute;ritu la
+hermosura; sino una manzana apetitosa. Si hubiera un lente que
+permitiese a las mujeres ver, tales como les pasean por el cr&aacute;neo los
+pensamientos de los hombres, y lo que les anda en el coraz&oacute;n, los
+querr&iacute;an mucho menos.</p>
+
+<p>Pero no era un hombre, no, el que con m&aacute;s insistencia, y un cierto
+encono mezclado ya de amor, miraba a Sol del Valle, y con dificultad
+conten&iacute;a el llanto que se le ven&iacute;a a mares a los ojos, abiertos, en los
+que se mov&iacute;an los p&aacute;rpados apenas. La conoc&iacute;a en aquel momento, y ya la
+amaba y la odiaba. La quer&iacute;a como a una hermana; &iexcl;qu&eacute; misterios de estas
+naturalezas brav&iacute;as e iracundas! y la odiaba con un aborrecimiento
+irresistible y tr&aacute;gico. Y cuando un caballero apuesto y cort&eacute;s, que
+saludaba mucha gente a su paso, se acerc&oacute;, por lo mismo que viv&iacute;a en
+esfera social m&aacute;s alta, m&aacute;s que a saludar, a proteger a Sol del Valle,
+cuando Juan Jerez lleg&oacute; al fin al lado de la ni&ntilde;a, y Luc&iacute;a Jerez, que
+era quien de aquella manera la miraba, los vio juntos, cerr&oacute; los ojos,
+inclin&oacute; la cabeza sobre el hombro como quien se muere; se le puso todo
+el rostro amarillo; y solo al cabo de alg&uacute;n tiempo, al influjo del aire
+que agitaban sus compa&ntilde;eras con los abanicos, volvi&oacute; a abrir los ojos,
+que parec&iacute;an turbios, como si hubiera cruzado por su pensamiento un ave
+negra.</p>
+
+<p>Y Keleffy en aquellos instantes ten&iacute;a subyugada y muda a la
+concurrencia. All&iacute; sus esperanzas puras de otros tiempos; sus agon&iacute;as de
+esposo triste; el desorden de una mente que se escapa; el mar sereno
+luego; la flora toda americana, ardiente y rica; el encogimiento sombr&iacute;o
+del alma infeliz ante la naturaleza hermosa; una como invasi&oacute;n de luz
+que encendiese la atm&oacute;sfera, y penetrase por los rincones m&aacute;s negros de
+la tierra, y a trav&eacute;s de las ondas de la mar, a sus cuevas de azul y
+corales; una como &aacute;guila herida, con una llaga en el pecho que parec&iacute;a
+una rosa, huyendo, a grandes golpes de ala, cielo arriba, con gritos
+desesperados y estridentes. As&iacute;, como un esp&iacute;ritu que se despide, toc&oacute;
+Keleffy el piano. Jam&aacute;s pudo tanto, ni nadie le oy&oacute; as&iacute; segunda vez.
+Para Sol era aquella fantas&iacute;a; para Sol, a quien ni volver&iacute;a a ver
+nunca, ni dejar&iacute;a de ver jam&aacute;s. Solo los que persiguen en vano la
+pureza, saben lo que regocija y exalta el hallarla. Solo los que mueren
+de amor a la hermosura entienden c&oacute;mo, sin vil pensamiento, ya a punto
+de decir adi&oacute;s para siempre a la ciudad amiga, toc&oacute; aquella noche en el
+piano Keleffy. Pero toc&oacute; de tal manera que, aun para la gente inculta,
+es todav&iacute;a aquel un momento inolvidable. &laquo;Nos llevaba como un
+triunfador&raquo;, dec&iacute;a un cronista al d&iacute;a siguiente, &laquo;sujetos a su carro.
+&iquest;Ad&oacute;nde &iacute;bamos? nadie lo sab&iacute;a. Ya era un rayo que daba sobre un monte,
+como el acero de un gigante sobre el castillo donde supone a su dama
+encantada; ya un le&oacute;n con alas, que iba de nube en nube; ya un sol
+virgen que de un bosque temido, como de un nido de serpientes, se
+levanta; ya un recodo de selva nunca vista, donde los &aacute;rboles no ten&iacute;an
+hojas, sino flores; ya un pino colosal que, con estruendo de gemidos, se
+quebraba; era una grande alma que se abr&iacute;a. Mucho se hab&iacute;a hecho admirar
+el apasionado h&uacute;ngaro en el comienzo de la fiesta; mas, aquella
+arrebatadora fantas&iacute;a, aquel desborde de notas; ora pla&ntilde;ideras, ora
+terribles, que parec&iacute;an la historia de una vida, aquella, que fue su
+&uacute;ltima pieza de la noche, porque nadie despu&eacute;s de ella os&oacute; pedirle m&aacute;s,
+vino tan inmediatamente despu&eacute;s de la aparici&oacute;n de la se&ntilde;orita Sol del
+Valle, orgullo desde hoy de la ciudad que todos reconocimos en la
+improvisaci&oacute;n maravillosa del pianista el influjo que en &eacute;l, como en
+cuantos anoche la vieron, con su vestido blanco y su aureola de
+inocencia, ejerci&oacute; la pasmosa hermosura de la ni&ntilde;a. Nace bien esta
+beldad extraordinaria, con el genio a sus plantas&raquo;.</p>
+
+<hr style='width: 45%;' />
+
+<p>Dos amigas est&aacute;n sentadas a la sombra de la magnolia, nuestra antigua
+conocida. En un sill&oacute;n est&aacute; sentada Luc&iacute;a. Otras sillas de mimbre
+esperan a sus due&ntilde;as, que andan preparando dulces por los adentros de la
+casa, o con Ana, que no est&aacute; bien hoy. Est&aacute; muy p&aacute;lida. No se espera
+gente de afuera aquella tarde; Juan Jerez no est&aacute; en la ciudad: fue el
+viernes a defender en el tribunal de un pueblo vecino los derechos de
+unos indios a sus tierras, y aun no ha vuelto. Luc&iacute;a hubiera estado m&aacute;s
+triste, si no hubiera tenido a su amiga a su lado. Juan no puede venir.
+Ferrocarril no hay hoy. A caballo, es muy lejos. A los pies de Luc&iacute;a, en
+una banqueta, con los brazos cruzados sobre las rodillas de la ni&ntilde;a,
+&iquest;qui&eacute;n es la que est&aacute; sentada, y la mira con largas miradas, que se
+entran por el alma como reinas hermosas que van a buscar en ella su
+aposento, y a quedarse en ella; y la deja jugar con su cabeza, cuya
+cabellera casta&ntilde;a destrenza y revuelve, y alisa luego hacia arriba con
+mucho cuidado, de modo que se le vea el noble cuello? A los pies de
+Luc&iacute;a est&aacute; Sol del Valle.</p>
+
+<hr style='width: 45%;' />
+
+<p>Desde la noche de la fiesta de Keleffy, Luc&iacute;a y Sol se han visto muchas
+veces. &iquest;De conocerla, c&oacute;mo hab&iacute;a de librarse, en estas ciudades nuestras
+en que todo el mundo se conoce? Aquella misma noche, y no fue Juan por
+cierto, Luc&iacute;a, muy adulada por la directora del Instituto de la Merced,
+de donde hab&iacute;a salido tres a&ntilde;os antes, se vio en brazos de Sol, que la
+miraba llena de esperanza y ternura. Se levant&oacute; la directora y llev&oacute; a
+Sol de la mano a donde Luc&iacute;a estaba, taciturna. Las vio venir, y se ech&oacute;
+atr&aacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Vienen a m&iacute;, a m&iacute;!&mdash;se dijo.</p>
+
+<p>&mdash;Luc&iacute;a, aqu&iacute; te traigo una amiga, para que te la pongas en el coraz&oacute;n, y
+me la cuides como cosa de tu casa. En tus manos la puedo dejar: t&uacute; no
+eres envidiosa.</p>
+
+<p>Y a Sol se le encend&iacute;a el rostro, sin saber qu&eacute; decir, y a Luc&iacute;a se le
+desvanec&iacute;a el color, buscando en balde fuerzas con que mover la mano y
+abrir los labios en una sonrisa.</p>
+
+<p>&mdash;Pero esto no ha de ser as&iacute;, no.</p>
+
+<p>Y la directora puso el brazo de Sol en el de Luc&iacute;a, y acompa&ntilde;adas de
+miradas celosas, se refugi&oacute; por algunos momentos con ellas en un balc&oacute;n,
+cuya baranda de granito estaba oculta bajo una enredadera florecida de
+rosas salom&oacute;nicas. El balc&oacute;n era grande y solemne; la noche, ya muy
+entrada, y el cielo, cari&ntilde;oso y locuaz, como se pone en nuestros pa&iacute;ses
+cuando el aire est&aacute; claro, y parece como que platican y se hacen visitas
+las estrellas.</p>
+
+<p>&mdash;Y ante todo, Luc&iacute;a y Sol, dense un beso.</p>
+
+<p>&mdash;Mira, Luc&iacute;a&mdash;dijo la directora juntando en sus manos las de las los
+ni&ntilde;as y hablando como si no estuviese Sol con ellas, quien se sent&iacute;a las
+mejillas ardientes, y el pecho apretado con lo que la maestra iba
+diciendo, tanto, que por un instante vio el cielo todo negro, y como que
+desde su casita la estaba llamando do&ntilde;a Andrea&mdash;. Mira, Luc&iacute;a, t&uacute; sabes
+c&oacute;mo entra en la vida Sol del Valle, como lo sabe todo el mundo. Su
+padre se ha muerto. Su madre est&aacute; en la mayor pobreza. Yo, que la quiero
+como a una hija, he procurado educarla para que se salve del peligro de
+ser hermosa siendo tan pobre.</p>
+
+<p>Sinti&oacute; Luc&iacute;a en aquel instante como si la mano de Sol le temblase en la
+suya, y hubiese hecho un movimiento por retirarla y ponerse en pie.</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;ora....</p>
+
+<p>&mdash;No, no, Luc&iacute;a. La que va a ser mujer de Juan Jerez....</p>
+
+<p>La sombra de una de las cortinas de la enredadera, que flotaba al
+influjo del aire, escondi&oacute; en este instante el rostro de Sol.</p>
+
+<p>&mdash;... merece que yo ponga en sus manos, para que me la ense&ntilde;e al mundo a
+su lado y me la proteja, la joya de la casa con que ha sido Juan Jerez
+tan bueno.</p>
+
+<p>Aqu&iacute; la cortina flotante de la enredadera cubri&oacute; con su sombra el rostro
+de Luc&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;Juan....</p>
+
+<p>&mdash;Juan ha sido muy bueno&mdash;dijo como con cierta prisa voluntaria la
+directora&mdash;. &Eacute;l apenas conoce a Sol, porque ha ido muy poco a casa de
+do&ntilde;a Andrea; pero como es tan generoso, se alegrar&aacute; de que t&uacute; ampares a
+esta ni&ntilde;a, con el respeto de tu casa, de los que, porque la ver&aacute;n
+desvalida....</p>
+
+<p>M&aacute;s blanco que su vestido pudo verse en este momento, el rostro de Sol.</p>
+
+<p>&mdash;... querr&aacute;n faltarle al respeto. Ya Sol ha acabado su colegio; pero
+para que mi obra no quede incompleta, voy a dejarla en &eacute;l como
+profesora, y as&iacute; ayudar&aacute; a su madre a llevar los gastos de la casa, y le
+hemos tomado ya a do&ntilde;a Andrea una casita mejor, cerca del Instituto. Yo
+espero&mdash;a&ntilde;adi&oacute; la se&ntilde;ora gravemente, y como si las estrellas no
+estuviesen brillando en el cielo&mdash;, que Sol ser&aacute; una buena maestra. Yo,
+Luc&iacute;a, no podr&eacute; llevarla a todas partes, porque ya he dejado de ser
+joven, y los cuidados del colegio me lo impiden; pero quiero que t&uacute;
+hagas mis veces, y ya lo sabes&mdash;dijo con una ligera emoci&oacute;n en la voz
+dando un beso en la mejilla de Luc&iacute;a&mdash;, cu&iacute;damela. Que sientan que el que
+no pueda llegar hasta ti, no puede llegar hasta ella. Cuando haya una
+fiesta, ll&eacute;vala. Ella se vestir&aacute; siempre linda, porque yo la he ense&ntilde;ado
+a hac&eacute;rselo todo y es maestra en coser. Conv&iacute;dala a tu casa, para que
+nadie tenga reparo en convidarla a la suya: que el que entra en tu casa
+puede entrar en todas partes. Sol es tan bonita como agradecida.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, s&iacute;, se&ntilde;ora&mdash;interrumpi&oacute; Luc&iacute;a que en sus mejillas propias estaba
+sintiendo la palidez de las de Sol&mdash;. Yo la llevar&eacute; conmigo. Yo s&iacute;, yo
+s&iacute;, ahora mismo la presentar&eacute; a todas mis amigas. Iremos juntas la
+Semana Santa. No me digas que no, Sol. Iremos al teatro siempre juntas.</p>
+
+<p>Y el cari&ntilde;o le iba creciendo con las palabras, que dec&iacute;a
+amontonadamente, como si tuviese prisa por olvidarse de algo, o quisiese
+vengarse de s&iacute; misma.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, vamos entonces, que yo veo que la gente curiosea porque estamos
+cuchicheando tanto tiempo. Vamos.</p>
+
+<p>Sol no hablaba. Luc&iacute;a, como que quer&iacute;a defenderla de la directora, que
+entraba ya en el sal&oacute;n con su paso pomposo.</p>
+
+<p>&mdash;Enseguida, se&ntilde;ora, enseguida. Entre usted y detr&aacute;s vamos nosotras. Voy
+a coger dos rosas de esta enredadera: esta para Sol&mdash;y se la prendi&oacute; con
+mucha ternura, mir&aacute;ndola amorosamente en los ojos&mdash;; esta, que es la
+menos bonita, para m&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh, usted es tan buena!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Usted? No, Sol, yo soy tu hermana. No hagas caso de lo que dice la
+directora. Yo te querr&eacute; siempre como una hermana&mdash;y abri&oacute; los brazos, y
+apret&oacute; en ellos a Sol, a la que llevaba sin miedo, prest&iacute;simamente.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh!&mdash;dijo Sol de pronto ahogando un grito. Y se llev&oacute; la mano al seno,
+y la sac&oacute; con la punta de los dedos roja. Era que al abrazarla Luc&iacute;a, se
+le clav&oacute; en el seno una espina de la rosa.</p>
+
+<p>Con su propio pa&ntilde;uelo sec&oacute; Luc&iacute;a la sangre, y de brazo las dos entraron
+en la sala. Luc&iacute;a tambi&eacute;n estaba hermosa.</p>
+
+<hr style='width: 45%;' />
+
+<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo entenderte, Luc&iacute;a?&mdash;dec&iacute;a Juan a su prima unos quince d&iacute;as despu&eacute;s
+de la noche de la fiesta, con una intenci&oacute;n severa en las palabras que
+&eacute;l con Luc&iacute;a nunca hab&iacute;a usado&mdash;. Desde hace unos quince d&iacute;as, espera,
+creo que me acuerdo, desde la noche de Keleffy, te encuentro tan
+injusta, que a veces, creo que no me quieres.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Juan! &iexcl;Juan!</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, Luc&iacute;a: t&uacute; s&iacute; me quieres. Pero &iquest;qu&eacute; te hago yo que explique esas
+durezas tuyas de car&aacute;cter, para m&iacute; que vengo a ti como viene el sediento
+a un vaso de ternuras? M&aacute;s cari&ntilde;o no puedes desear. Pensar, yo s&iacute; pienso
+en todo lo m&aacute;s dif&iacute;cil y atrevido; pero querer, Luc&iacute;a, yo no quiero m&aacute;s
+que a ti. Yo he vivido poco; pero tengo miedo de vivir y s&eacute; lo que es,
+porque veo a los vivos. Me parece que todos est&aacute;n manchados, y en cuanto
+alcanzan a ver un hombre puro empiezan a correrle detr&aacute;s para llenarle
+la t&uacute;nica de manchas. La verdad es que yo, que quiero mucho a los
+hombres, vivo huyendo de ellos. Siento a veces una melancol&iacute;a dolorosa.
+&iquest;Qu&eacute; me falta? La fortuna me ha tratado bien. Mis padres me viven. Me es
+permitido ser bueno. Y adem&aacute;s, te tengo&mdash;le dijo tom&aacute;ndola, cari&ntilde;osamente
+de la mano que Luc&iacute;a le abandon&oacute; como apenada y absorta.</p>
+
+<p>&mdash;Te tengo, y de ti me vienen, y en ti busco, las fuerzas frescas que
+necesito para que el coraz&oacute;n no se me espante y debilite. Cada vez que
+me asomo a los hombres, me echo atr&aacute;s como si viera un abismo; pero de
+cada vez que vengo a verte, saco un br&iacute;o para batallar y un poder de
+perd&oacute;n que hacen que nada me parezca dif&iacute;cil para que yo lo acometa. No
+te r&iacute;as, Luc&iacute;a; pero es la verdad. &iquest;T&uacute; has le&iacute;do unos versos de
+Longfellow que se llaman &laquo;Excelsior&raquo;? Un joven, en una tempestad de
+nieve, sube por un puerto pobre, monta&ntilde;a arriba, con una bandera en la
+mano que dice: &laquo;Excelsior&raquo;. No te sonr&iacute;as: yo s&eacute; que sabes t&uacute; lat&iacute;n:
+&laquo;&iexcl;M&aacute;s alto!&raquo;. Un anciano le dice que no vaya adelante, que el torrente
+ruge abajo y la tempestad &iexcl;se viene encima: &laquo;&iexcl;M&aacute;s alto!&raquo;. Una joven
+linda, &iexcl;no tan linda como t&uacute;!, le dice: &laquo;Descansa la cabeza fatigada en
+mi seno&raquo;. Y al joven se le humedecen los ojos azules, pero aparta de s&iacute;
+a la enamorada y le dice: &laquo;&iexcl;M&aacute;s alto!&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah no! pero t&uacute; no me apartar&aacute;s a m&iacute; de ti. Yo te quito la bandera de
+las manos. T&uacute; te quedas conmigo. &iexcl;Yo soy lo m&aacute;s alto!</p>
+
+<p>&mdash;No, Luc&iacute;a: los dos juntos llevaremos la bandera. Yo te tomo para todo
+el viaje. Mira que, como soy bueno, no voy a ser feliz. &iexcl;No te me
+canses!&mdash;y le bes&oacute; la mano.</p>
+
+<p>Luc&iacute;a le acariciaba con los ojos la cabeza.</p>
+
+<p>&mdash;Y el joven al fin sigui&oacute; adelante: y los monjes lo hallaron muerto al
+d&iacute;a siguiente, medio sepultado en la nieve; pero con la mano asida a la
+bandera, que dec&iacute;a: &laquo;&iexcl;M&aacute;s alto!&raquo;. Pues bien, Luc&iacute;a: cuando no te me
+pones majadera, cuando no me haces lo que ayer, que me miraste de frente
+como con odio y te burlaste de m&iacute; y de mi bondad, y sin saberlo llegaste
+hasta dudar de mi honradez, cuando no te me vuelves loca como ayer, me
+parece cuando salgo de aqu&iacute;, que me brilla en las manos la bandera. Y
+veo a todo el mundo peque&ntilde;o, y a m&iacute; como un gigante dichoso. Y siento
+mayor necesidad, una vehemente necesidad de amar y perdonar a todo el
+mundo. En la mujer, Luc&iacute;a, como que es la hermosura mayor que se conoce,
+creemos los poetas hallar como un perfume natural todas las excelencias
+del esp&iacute;ritu; por eso los poetas se apegan con tal ardor a las mujeres a
+quienes aman, sobre todo a la primera a quien quieren de veras, que no
+es casi nunca la primera a quien han cre&iacute;do querer, por eso cuando creen
+que alg&uacute;n acto pueril o inconsiderado las desfigura, o imaginan ellos
+alguna frivolidad o impureza, se ponen fuera de s&iacute;, y sienten unos
+dolores mortales, y tratan a su amante con la indignaci&oacute;n con que se
+trata a los ladrones y a los traidores, porque como en su mente las
+hicieran depositarias de todas las grandezas y claridades que apetecen,
+cuando creen ver que no las tienen, les parece que han estado
+usurp&aacute;ndoles y enga&ntilde;&aacute;ndoles con maldad refinada, y creen que se
+derrumban como un monte roto, por la tierra, y mueren aunque sigan
+viviendo, abrazados a las hojas ca&iacute;das de su rosa blanca. Los poetas de
+raza mueren. Los poetas segundones, los tenientes y alf&eacute;reces; de la
+poes&iacute;a, los poetas falsificados, siguen su camino por el mundo besando
+en venganza cuantos labios se les ofrecen, con los suyos, rojos y
+h&uacute;medos en lo que se ve, &iexcl;pero en lo que no se ve tintos de veneno!
+Vamos, Luc&iacute;a, me est&aacute;s poniendo hoy muy hablador. T&uacute; ves, no lo puedo
+evitar. Si me oyeran otras gentes, dir&iacute;an que era un pedante. T&uacute; no lo
+dices, &iquest;verdad? Es que en cuanto estoy alg&uacute;n tiempo cerca de ti, de ti
+que nadie ha manchado, de ti en quien nadie ha puesto los labios
+impuros, de ti en quien mido yo como la carne de todas mis ideas y como
+una almohada de estrellas donde reclino, cuando nadie me ve, la cabeza
+cansada, estas cosas extra&ntilde;as, Luc&iacute;a, me vienen a los labios tan
+naturalmente que lo falso ser&iacute;a no recordarlas. Por fuera me suelen
+acusar de que soy rebuscado y exagerado, y t&uacute; habr&aacute;s notado que ya yo
+hablo muy poco. &iquest;Qu&eacute; culpa tengo yo de que sea as&iacute; mi naturaleza, y de
+que al influjo de tu cari&ntilde;o ense&ntilde;e todas sus flores?</p>
+
+<p>Y le bes&oacute; las dos manos, como pudiera un ni&ntilde;o haber besado dos t&oacute;rtolas.</p>
+
+<p>As&iacute;, aunque no parezca cierto, suelen hablar y sentir algunos seres
+&laquo;vivos y efectivos&raquo;, como dicen las l&aacute;pidas de los nichos en que est&aacute;n
+enterrados los oficiales militares muertos en el servicio de la corona
+espa&ntilde;ola. As&iacute; exactamente, y sin quitar ni poner &aacute;pice, era como sent&iacute;a
+y hablaba Juan Jerez.</p>
+
+<hr style='width: 45%;' />
+
+<p>&mdash;T&uacute; me perdonas, Juan&mdash;dijo Luc&iacute;a antes de que hubieran pasado algunos
+momentos, bajos los ojos y la voz, como pecador contrito que pide
+humildemente la absoluci&oacute;n de su pecado&mdash;. Juan yo no s&eacute; que es, ni s&eacute;
+para qu&eacute; te quiero, aunque si s&eacute; que te quiero por lo mismo que vivo, y
+que si no te quisiera no vivir&iacute;a. Y mira, Juan, te miento; ahora mismo
+te estoy mintiendo, yo creo que no s&eacute; por qu&eacute; te quiero, pero debo
+saberlo muy bien, sin notarlo yo, porque s&eacute; por qu&eacute; pueden quererte los
+dem&aacute;s. Y como si te conocen, han de quererte como yo te quiero, &iexcl;no me
+rega&ntilde;es Juan! &iexcl;yo no quisiera que t&uacute; conocieses a nadie! &iexcl;Yo te querr&iacute;a
+mudo, yo te querr&iacute;a ciego: as&iacute; no me ver&iacute;as m&aacute;s que a m&iacute;, que le
+cerrar&iacute;a el paso a todo el mundo, y estar&iacute;a siempre ah&iacute;, y como dentro
+de ti, a tus pies donde quisiera estar ahora! &iquest;T&uacute; me perdonas, Juan?
+Luego, yo no soy soberbia, y no creo que yo solo soy hermosa: &iexcl;t&uacute; dices
+que yo soy hermosa! yo s&eacute; que fuera de m&iacute; hay muchas cosas y muchas
+personas bellas y grandes; yo s&eacute; que no est&aacute;n en m&iacute; todas las hermosuras
+de la tierra, y como a ti te caben en el alma todas, y eres tan bueno
+que te he visto recoger las flores pisadas en las calles y ponerlas con
+mucho cuidado donde nadie las pise, creo, Juan, que yo no te basto, que
+cualquier cosa o persona hermosa, te gustar&iacute;a tanto como yo, y odio un
+libro si lo lees, y un amigo si lo vas a ver, y una mujer si dicen que
+es bella y puedes verla t&uacute;. Quisiera reunir yo en m&iacute; misma todas las
+bellezas del mundo, y que nadie m&aacute;s que yo tuviera hermosura alguna
+sobre la tierra. Porque te quiero, Juan, lo odio todo. Y yo no soy mala,
+Juan; yo me averg&uuml;enzo de eso, y luego me entran remordimientos, y
+besar&iacute;a los pies de los que un momento antes quer&iacute;a no ver vivos, y de
+mi sangre les dar&iacute;a para que viviesen si se muriesen; &iexcl;pero hay
+instantes, Juan, en que odio a todas las cosas, a todos los hombres y a
+todas las mujeres! &iexcl;Oh, a todas las mujeres! Cuando no est&aacute;s a mi lado,
+y pienso en alguien que pueda agradar tus ojos u ocupar tu pensamiento,
+cre&eacute;melo, Juan; &iexcl;ni s&eacute; lo que veo, ni s&eacute; qu&eacute; es lo que me posee, pero me
+das horror, Juan y te aborrezco entonces, y odio tus mismas cualidades,
+y te las echo en cara, como ayer, para ver si llegas t&uacute; a odiarlas, y a
+no ser tan bueno, y si as&iacute; no te quieren! Eso es, Juan, no es m&aacute;s que
+eso. A veces, y te lo dir&eacute; a ti solo, sufro tanto que me tiendo en el
+suelo en mi cuarto, cuando no me ven, como una muerta. Necesito sentir
+en las sienes mucho tiempo el fr&iacute;o del m&aacute;rmol. Me levanto, como si
+estuviera por dentro toda despedazada. Me muero de una envidia enorme
+por todo lo que t&uacute; puedas querer y lo que pueda quererte. Yo no s&eacute; si
+eso es malo, Juan: &iquest;t&uacute; me perdonas?</p>
+
+<p>La magnolia, nuestra antigua conocida oy&oacute;, a las &uacute;ltimas luces de la
+tarde, el final de esta conversaci&oacute;n congojosa.</p>
+
+<hr style='width: 45%;' />
+
+<p>Lindo es el montecito que domina por el Este a la ciudad, donde a brazo
+partido lucharon anta&ntilde;o, macana contra lanza y carne contra hierro, el
+jefe de los indios y el jefe de los castellanos, y de barranco en
+barranco abrazados, mat&aacute;ndose y admir&aacute;ndose iban cayendo, hasta que al
+fin, ya exhausto, e hiri&eacute;ndose con su propia macana la cabeza, cay&oacute; el
+indio a los pies del espa&ntilde;ol, que se levant&oacute; la visera, dejando ver el
+rostro ba&ntilde;ado en sangre, y bes&oacute; al indio muerto en la mano. Luego, como
+que era recio de subir, le escogieron para sus penitencias los devotos,
+y es fama que por su falda pedregosa sub&iacute;an de rodillas en lo m&aacute;s fuerte
+del sol, los penitentes, contando el rosario.</p>
+
+<p>Vinieron gentes nuevas, y como que el monte es corto y de forma bella, y
+desde &eacute;l se ve a la ciudad, con sus casas bajas, de patios de arbolado,
+como una gran cesta de esmeraldas y &oacute;palos, limpiaron de piedras y
+yerbajos la tierra que, bien abonada, no result&oacute; ingrata; y de la mejor
+parte del monte hicieron un jard&iacute;n que entre los pueblos de Am&eacute;rica no
+tiene rival, puesto que no es uno de esos jardinuelos de flores
+enclenques, y arbustos podados, con trocitos de c&eacute;sped entre enverjados
+de alambre, que m&aacute;s que cosa alguna dan idea de esclavitud y artificio,
+y de los que con desagrado se aparta la gente buena y discreta; sino uno
+como bosque de nuestras tierras, con nuestras propias y grandes flores y
+nuestros &aacute;rboles frutales, dispuestos con tal arte que est&aacute;n all&iacute; con
+gracia y abandono, y en grupos irregulares y como poco cuidados, de tal
+manera que no parece que aquellos bamb&uacute;es, pl&aacute;tanos y naranjos han sido
+llevados all&iacute; por las manos de jardinero, ni aquellos lirios de agua,
+puestos como en mont&oacute;n que bordan el estrecho arroyo cargado de aguas
+secas, fueron all&iacute; trasplantados como en realidad fueron: antes bien,
+parece que todo aquello floreci&oacute; all&iacute; de suyo y con libre albedr&iacute;o, de
+modo que all&iacute; el alma se goza y comunica sin temor, y no bien hay en la
+ciudad una persona feliz, ya necesita ir a dec&iacute;rselo al montecito que
+nunca se ve solo, ni de d&iacute;a ni de noche.</p>
+
+<p>Por all&iacute;, en la tarde en que vamos caminando, hall&oacute; Pedro Real raz&oacute;n
+para encontrarse a caballo, el cual dej&oacute; en la cumbre, mientras que,
+golpe&aacute;ndose con el latiguillo los botines, se perd&iacute;a, sin recordar el
+cuadro de Ana, por la calle de los lirios. Por all&iacute;, y sin saber por
+cierto que Pedro andaba cerca, acababa Adela, con tres amigas suyas, que
+estrenaban unos sombreros de paja crema adornados con lilas, de bajar
+del carruaje, que en la cumbre, con los caballos, esperaba. Por all&iacute;,
+sin que lo supiese Adela tampoco, aunque s&iacute; lo sab&iacute;a Pedro, andaban
+lentamente, con las dos ni&ntilde;as menores, Sol y do&ntilde;a Andrea: do&ntilde;a Andrea,
+que desde que el colegio le devolvi&oacute; a su Sol y pod&iacute;a a su sabor recrear
+los ojos, con cierto pesar de verle el alma un poco blanda y perezosa,
+en aquella ni&ntilde;a suya de &laquo;cutis tan trasparente&mdash;dec&iacute;a ella&mdash;como una nube
+que vi una vez, en Par&iacute;s, en un medio punto de Murillo&raquo;, andaba siempre
+hablando consigo en voz baja, como si rezase; y otras rega&ntilde;aba por todo,
+ella que no rega&ntilde;aba antes jam&aacute;s, pues lo que quer&iacute;a en realidad, sin
+atreverse, era rega&ntilde;ar a Sol, de quien se encend&iacute;a en celos y en miedos,
+cada vez que o&iacute;a preparativos de fiesta o de paseo, que por cierto no
+eran muchos, pero sobrados ya para que temiese con justicia do&ntilde;a Andrea
+por su tesoro. Ni con el mayor bienestar que con el sueldo de Sol en el
+colegio hab&iacute;a entrado en la casa, se contentaba do&ntilde;a Andrea; y a veces
+se dio la gran injusticia de que aquella hermosura que ella tanto
+mimaba, y que desde la infancia de la ni&ntilde;a cuidaba ella y favorec&iacute;a, se
+la echase en cara como un pecado, que le llev&oacute; un d&iacute;a a prorrumpir en
+este curios&iacute;simo desprop&oacute;sito, que a algunas personas pareci&oacute; tan
+gracioso como cuerdo: &laquo;Si Manuel viviera, t&uacute; no ser&iacute;as tan hermosa&raquo;.
+Enoj&aacute;base, do&ntilde;a Andrea, cuando o&iacute;a, all&aacute; por la hora en que Sol volv&iacute;a
+con una criada anciana del colegio, la pisada atrevida del caballo de
+cierto caballero que ella muy especialmente aborrec&iacute;a; y si Sol hubiese
+mostrado, que nunca lo mostr&oacute;, deseos de ver la arrogante cabalgadura,
+fuera de una vez que se asom&oacute; sonriendo y no descontenta, a verla pasar
+detr&aacute;s de sus persianas, es seguro que por all&iacute; hubieran encontrado
+salida las amarguras de do&ntilde;a Andrea, que miraba a aquel gallard&iacute;simo
+gal&aacute;n, a Pedro Real, como a abominable enemigo. Ni a gal&aacute;n alguno
+hubiera soportado do&ntilde;a Andrea, cuyos pesares aumentaba la certidumbre de
+que aquel que ella hubiera querido por tenerlo muy en el alma, que
+poseyese a su Sol, no ser&iacute;a de Sol nunca, por lo alto que estaba, y
+porque era ya de otra. Mas aquella mans&iacute;sima se&ntilde;ora se estremec&iacute;a cuando
+pensaba que, por parecer proporcionados en la gran hermosura externa,
+pudiesen alg&uacute;n d&iacute;a acercarse en amores aquel catador de labios
+encendidos y aquella copa de vino nuevo. Sent&iacute;a fuerzas viriles do&ntilde;a
+Andrea, y determinaci&oacute;n de emplearlas, cada vez que el caballo de Pedro
+Real piafaba sobre los adoquines de la calle. &iexcl;Como si los cuerpos
+ense&ntilde;asen el alma que llevan dentro! Una vez, en una habitaci&oacute;n recamada
+de n&aacute;car, se encontr&oacute; refugiado a un bandido. Da horror asomarse a
+muchos hombres inteligentes y bellos. Se sale huyendo, como de una
+madriguera. Y ya se sab&iacute;a por toda la ciudad, con envidia de muchas
+locuelas, que tras de Sol del Valle hab&iacute;a echado Pedro Real todos sus
+deseos, sus ojos melodiosos, su varonil figura, sus caballos
+caracoleadores, sus &iacute;mpetus de enamorado de leyenda. Y lo desp&oacute;tico de
+la afici&oacute;n se le conoc&iacute;a en que, bruscamente, y como si no hubiera
+estado perturbando con vislumbres de amor sus almas nuevas, ces&oacute; de
+decir gallard&iacute;as, a afectar desdenes a aquellas que m&aacute;s de cerca le
+tuvieron desde su llegada de Par&iacute;s, ya porque de p&uacute;blico se las se&ntilde;alase
+como las conquistas m&aacute;s apetecidas, ya porque lo picante de su trato le
+diese f&aacute;cil ocasi&oacute;n para aquellas conversaciones salpimentadas que son
+muy de uso entre aquellos de nuestros caballeros j&oacute;venes que han visto
+tierras, y suplen con lo atrevido del discurso la escasez de la gracia y
+el intelecto. La conversaci&oacute;n con las damas ha de ser de plata fina, y
+trabajada en filigrana leve, como la trabajan en G&eacute;nova y M&eacute;xico.</p>
+
+<p>En ser visto donde Sol del Valle hab&iacute;a de verlo, pon&iacute;a Pedro Real el
+mayor cuidado; en que no se la viera sin que se le viese a &eacute;l; si al
+teatro, bajo el palco a que fue Sol, que fue el de la directora, y no
+m&aacute;s que dos veces, estaba la luneta de Pedro; si en Semana Santa, por
+donde Sol iba con Luc&iacute;a y Adela, Pedro, sin piedad por Adela, aparec&iacute;a.
+Decirle, nada le hab&iacute;a dicho. Ni escribirle. Ni nadie afectaba, al
+saludarla en p&uacute;blico, encogimiento y moderaci&oacute;n mayores. Y parec&iacute;a m&aacute;s
+arrogante, porque no iba tan pulido. Ni le dec&iacute;a, ni le escrib&iacute;a; pero
+quer&iacute;a llenarle el aire de &eacute;l. A la salida del teatro, la segunda noche
+que fue a &eacute;l Sol, ofrec&iacute;a un peque&ntilde;uelo de sombrero de pita y pies
+descalzos un ramo de camelias color de rosa, que eran all&iacute; muy
+apreciadas y caras. Y en el punto en que sali&oacute; Sol, y con rapidez tal
+que pareci&oacute; a todos cosa art&iacute;stica, tom&oacute; el ramo Pedro Real, lo deshizo
+de modo que las camelias cayeron al suelo, casi a los pies de Sol, y
+dijo, como si no quisiera ser o&iacute;do m&aacute;s que del amigo que ten&iacute;a al lado:
+&laquo;Puesto que no es de quien debe ser, que no sea de nadie&raquo;. Y como la
+fantas&iacute;a que la hermosura de Sol arranc&oacute; a Keleffy era ya a manera de
+leyenda en la ciudad, Pedro Real, con tacto y profundidad mayores de los
+que pudieran supon&eacute;rsele, compr&oacute;, para que nadie volviese a tocar en &eacute;l,
+el piano en que hab&iacute;an tocado aquella noche Sol y Keleffy.</p>
+
+<hr style='width: 45%;' />
+
+<p>Sonaban por la ciudad alegremente las chirim&iacute;as, los p&iacute;fanos y los
+tambores. Los balcones de la calle de la Victoria eran cestos de rosas,
+con todas las damas y ni&ntilde;as de la ciudad asomadas a ellos. Por cada
+bocacalle entraba en la de la Victoria, con su banda de tamborines a la
+cabeza, una compa&ntilde;&iacute;a de milicianos. Unos llevaban pantal&oacute;n blanco de
+dril, con casaqu&iacute;n de lana perla, cruzado el pecho de anchas correas
+blancas, con asta plateada. Otros iban de blanco y rojo, blanco el
+pantal&oacute;n, la casaca roja. Iban otros m&aacute;s de ciudadanos, y aunque menos
+brillantes, m&aacute;s viriles: llevaban un pantal&oacute;n de azul oscuro y uno como
+gab&aacute;n corto y justo, cerrado con doble hilera de botones de oro por
+delante: el sombrero era de fieltro negro de alas anchas, con un delgado
+cord&oacute;n de oro, que ca&iacute;a con dos bellotas a la espalda. En las esquinas
+iban las compa&ntilde;&iacute;as tomando puesto. &iexcl;Qu&eacute; conmovedoras las banderas rotas!
+&iexcl;Qu&eacute; arrogantes, y como sacerdotes, los que las llevaban! Parec&iacute;an altos
+aunque no lo fueran. No parec&iacute;an bien, cerca de aquellos pabellones
+desgarrados, los banderines de seda y flores de oro en que con letras de
+realce iban bordados los n&uacute;meros de las compa&ntilde;&iacute;as. &iexcl;Qu&eacute; correr
+desalados, el de los muchachos por las calles! Verdad que hasta los
+hombres mayores, peri&oacute;dico en mano y bast&oacute;n al aire, corr&iacute;an. A algunos,
+se les saltaban las l&aacute;grimas. Parec&iacute;a como que de adentro empujaba
+alguien a las gentes. Cuando una banda sonaba a distancia, como si
+estuviera y&eacute;ndose, los muchachos, aun los m&aacute;s crecidos, corr&iacute;an tras
+ella, con la cara angustiada, como si se les fuera la vida. Y los m&aacute;s
+peque&ntilde;os, cruzando de un lado para otro, mirados desde los balcones,
+parec&iacute;an los granos sueltos de un racimo de uvas. Las nueve ser&iacute;an de la
+ma&ntilde;ana, y el cielo estaba alegre, como si le pareciese bien lo que
+suced&iacute;a en la tierra. Era el d&iacute;a del a&ntilde;o se&ntilde;alado para llevar flores a
+las tumbas de los soldados muertos en defensa de la independencia de la
+patria. Entre compa&ntilde;&iacute;a y compa&ntilde;&iacute;a, iban carros enormes en la procesi&oacute;n,
+tirados por caballos blancos, y henchidos de tiestos de flores. All&aacute; en
+el cementerio hab&iacute;a, sobre cada tumba, clavada una bandera.</p>
+
+<p>&iquest;Qu&eacute; caballer&iacute;n, de los elegantes de la ciudad, no estaba aquella
+ma&ntilde;ana, con un ramo de flores en el ojal, saludando a las damas y ni&ntilde;as
+desde su caballo? Los estudiantes, no, esos no estaban por las calles,
+aunque en los balcones ten&iacute;an a sus hermanas y a sus novias: los
+estudiantes estaban en la procesi&oacute;n, vestidos de negro, y entre
+admirados y envidiosos de los muertos a quienes iban a visitar, porque
+estos, al fin, ya hab&iacute;an muerto en defensa de su patria, pero ellos
+todav&iacute;a no: y saludaban a sus hermanas y novias en los balcones, como si
+se despidieran de ellas. Los estudiantes fueron en masa a honrar a los
+muertos. Los estudiantes que son el baluarte de la Libertad, y su
+ej&eacute;rcito m&aacute;s firme. Las universidades parecen in&uacute;tiles, pero de all&iacute;
+salen los m&aacute;rtires y los ap&oacute;stoles. Y en aquella ciudad &iquest;qui&eacute;n no sab&iacute;a
+que cuando hab&iacute;a una libertad en peligro, un peri&oacute;dico en amenaza, una
+urna de sufragio en riesgo, los estudiantes se reun&iacute;an, vestidos como
+para fiesta, y descubiertas las cabezas y cogidos del brazo, se iban por
+las calles pidiendo justicia; o daban tinta a las prensas en un s&oacute;tano,
+e imprim&iacute;an lo que no pod&iacute;an decir; se reun&iacute;an en la antigua Alameda,
+cuando en las c&aacute;tedras quer&iacute;an quebrarles los maestros el decoro, y de
+un tronco hac&iacute;an silla para el mejor de entre ellos, que nombraban
+catedr&aacute;tico, y al amor de los &aacute;rboles, por entre cuyas ramas parec&iacute;a el
+cielo como un sutil bordado, sentado sobre los libros dec&iacute;a con gran
+entusiasmo sus lecciones; o en silencio, y desafiando la muerte, p&aacute;lidos
+como &aacute;ngeles, juntos como hermanos, entraban por la calle que iba a la
+casa p&uacute;blica en que hab&iacute;an de depositar sus votos, una vez que el
+Gobierno no quer&iacute;a que votaran m&aacute;s que sus secuaces, y fueron cayendo
+uno a uno, sin echarse atr&aacute;s, los unos sobre los otros, atravesados
+pechos y cabezas por las balas, que en descargas nutridas desataban
+sobre ellos los soldados? Aquel d&iacute;a qued&oacute; en salvo por maravilla Juan
+Jerez, porque un t&iacute;o de Pedro Real desvi&oacute; el fusil de un soldado que le
+apuntaba. Por eso, cuando los estudiantes pasaban en la procesi&oacute;n,
+vestidos de negro, con una flor amarilla en el ojal, los pa&ntilde;uelos de
+todos los balcones solt&aacute;banse al viento, y los hombres se quitaban los
+sombreros en la calle, como cuando pasaban las banderas; y sol&iacute;an las
+ni&ntilde;as desprenderse del pecho, y echar sobre los estudiantes, sus ramos
+de rosas.</p>
+
+<p>En un balc&oacute;n, con sus dos hermanas mayores y la directora, estaba Sol
+del Valle. En otro, con un vestido que la hac&iacute;a parecer como una imagen
+de plata, una linda imagen pagana, estaba Adela. M&aacute;s all&aacute;, donde Sol y
+Adela pod&iacute;an verlas, ocupaba un ancho balc&oacute;n, amparado del sol por un
+toldo de lona, Luc&iacute;a con varias personas de la familia de su madre, y
+Ana. En una silla de manos hab&iacute;an tra&iacute;do a Ana hasta la casa. Muy mala
+estaba, sin que ella misma lo supiese bien; estaba muy mala. Pero ella
+quer&iacute;a ver, &laquo;con su derecho de artista, aquella fiesta de los colores; a
+la tierra le faltaba ahora color, &iquest;verdad, Juan? Mira, si no, como todo
+el mundo se viste de negro. Quiero o&iacute;r m&uacute;sica, Luc&iacute;a: quiero o&iacute;r mucha
+m&uacute;sica. Quiero ver las banderas al viento&raquo;. Y all&iacute; estaba en el ancho
+balc&oacute;n, vestida de blanco, muy abrigada, como si hubiese mucho fr&iacute;o,
+mirando avariciosamente, como si temiera no volver a ver lo que ve&iacute;a, y
+sintiendo como dentro del pecho, porque no se las viesen, le estaban
+cayendo las l&aacute;grimas.</p>
+
+<p>Luc&iacute;a distingui&oacute; a Sol, y mir&oacute; si estaba en el balc&oacute;n, o dentro, Juan
+Jerez. Sol, no bien vio a Luc&iacute;a, no quit&oacute; de ella los ojos, para que
+supiese que estaba all&iacute;, y cuando le pareci&oacute; que Luc&iacute;a la estaba viendo,
+la salud&oacute; cari&ntilde;osamente con la mano, a la vez que con la sonrisa y con
+los ojos. Prefer&iacute;a ella que Luc&iacute;a la mirase, a que la miraran los
+j&oacute;venes mejor conocidos en la ciudad, que siempre hallaban manera de
+detenerse m&aacute;s de lo natural frente a su balc&oacute;n. A Pedro Real, pag&oacute; con
+un movimiento de cabeza, su humilde saludo, cuando pas&oacute; a caballo; y no
+lo vio con pena, ni con afecto que debiera afligir a do&ntilde;a Andrea, todo
+lo cual vio Adela desde su balc&oacute;n, aunque estaba de espaldas. Pero Luc&iacute;a
+se hab&iacute;a entrado por el alma de Sol, desde la noche en que le pareci&oacute;
+sentir goce cuando se clav&oacute; en su seno la espina de la rosa. Luc&iacute;a,
+ardiente y desp&oacute;tica, sumisa a veces como una enamorada, r&iacute;gida y
+fren&eacute;tica enseguida sin causa aparente, y bella entonces como una rosa
+roja, ejerc&iacute;a, por lo mismo que no lo deseaba, un poderoso influjo en el
+esp&iacute;ritu de Sol, t&iacute;mido y nuevo. Era Sol como para que la llevasen en la
+vida de la mano, m&aacute;s preparada por la Naturaleza para que la quisiesen
+que para querer, feliz por ver que lo eran los que ten&iacute;a cerca de s&iacute;,
+pero no por especial generosidad, sino por cierta incapacidad suya de
+ser ni muy venturosa ni muy desdichada. Ten&iacute;a el encanto de las rosas
+blancas. Un due&ntilde;o le era preciso, y Luc&iacute;a fue su due&ntilde;a.</p>
+
+<p>Luc&iacute;a hab&iacute;a ido a verla; a buscarla en su coche para que paseasen
+juntas; a que fuese a su casa a que la conociera Ana; y Ana la quiso
+retratar; pero Luc&iacute;a no quiso &laquo;porque ahora Ana estaba fatigada, y la
+retratar&iacute;a cuando estuviese m&aacute;s fuerte&raquo;, lo que, puesto que Luc&iacute;a lo
+dec&iacute;a, no pareci&oacute; mal a Sol. Luc&iacute;a fue a vestirla una de las noches que
+iba Sol al teatro, y no fue ella: &iquest;por qu&eacute; no ir&iacute;a ella? Juan Jerez
+tampoco fue esa noche; y por cierto que esa vez Luc&iacute;a le llev&oacute;, para que
+lo luciese, un collar de perlas: &laquo;A m&iacute; no me lo conocen, Sol: yo nunca
+me pongo perlas&raquo;; pero do&ntilde;a Andrea, que ya hab&iacute;a comenzado a dar
+muestras de una brusquedad y entereza desusadas, tom&oacute; a Luc&iacute;a por las
+dos manos con que estaba ofreciendo el collar a Sol, que no ve&iacute;a mucho
+pecado en llevarlo, y mirando a la amiga de su hija en los ojos, y
+apretando sus manos con cari&ntilde;o a la vez que con firmeza, le dijo con
+acento que dejaba pocas dudas: &laquo;No, mi ni&ntilde;a, no&raquo;, lo que Luc&iacute;a entendi&oacute;
+muy bien, y qued&oacute; como olvidado el collar de perlas. A la ma&ntilde;ana
+siguiente, a la hora de que Sol fuese a sus clases, fue Luc&iacute;a a buscarla
+para que diesen una vuelta en el coche por cerca del colegio, y le
+pregunt&oacute; con ah&iacute;nco sobresaltado y doloroso, que a qui&eacute;n vio, que qui&eacute;n
+subi&oacute; a su palco, que a qui&eacute;n llam&oacute; la atenci&oacute;n, que d&oacute;nde estaba Pedro
+Real: &laquo;&iexcl;Oh! Pedro Real, tan buen mozo; &iquest;no te gusta Pedro Real? Yo creo
+que Pedro Real llamar&iacute;a la atenci&oacute;n en todas partes. Has visto c&oacute;mo
+desde que te conoce no se ocupa de nadie Pedro Real&raquo;; pero pronto acab&oacute;
+de hablar de esto Luc&iacute;a. Qui&eacute;n estaba en el teatro, no le importaba
+mucho saberlo: Juan no hab&iacute;a estado; pero &iquest;a la salida qui&eacute;n estaba? &iquest;no
+recuerdas qui&eacute;n estaba a la salida? &iquest;Estaba...? y no acababa de
+preguntar qui&eacute;n hab&iacute;a estado. Ni sab&iacute;a Sol por qui&eacute;n le preguntaba. No:
+Sol no hab&iacute;a visto a nadie. Iba muy contenta. La directora la hab&iacute;a
+tratado con mucho cari&ntilde;o. S&iacute;, Pedro Real hab&iacute;a estado; pero no a
+saludarla: nadie hab&iacute;a subido a saludarla. La hab&iacute;an mirado mucho.
+Dec&iacute;an que el c&oacute;nsul franc&eacute;s hab&iacute;a dicho una cosa muy bonita de ella.
+Pero al salir, no, no vio a nadie. Sol quer&iacute;a llegar pronto, porque se
+hab&iacute;a quedado triste do&ntilde;a Andrea. Y al llegar en esta conversaci&oacute;n al
+colegio, Luc&iacute;a bes&oacute; a Sol con tanta frialdad, que la ni&ntilde;a se detuvo un
+momento mir&aacute;ndola con ojos dolorosos, que no apearon el ce&ntilde;o de su
+amiga. Y de pronto, por muchos d&iacute;as, ces&oacute; Luc&iacute;a de verla. Sol se hab&iacute;a
+afligido, y do&ntilde;a Andrea no; aunque la pon&iacute;a orgullosa que le quisiesen a
+su hija; pero Luc&iacute;a no: ella no ve&iacute;a nunca con gusto a Luc&iacute;a. Un d&iacute;a
+antes de la procesi&oacute;n Luc&iacute;a hab&iacute;a vuelto a la casa de Sol. Que la
+perdonase. Que Ana estaba muy sola. Que Sol estaba m&aacute;s linda que nunca.
+&laquo;Mira, ma&ntilde;ana te mandar&eacute; la camelia m&aacute;s linda que tenga en casa. Yo no
+te digo que vengas a mi balc&oacute;n, porque.... Yo s&eacute; que t&uacute; vas al balc&oacute;n de
+la directora. Pero mira, vas a estar lind&iacute;sima; ponte la camelia en la
+cabeza, a la derecha, para que yo pueda v&eacute;rtela desde mi balc&oacute;n&raquo;. Y le
+tom&oacute; las manos, y se las bes&oacute;; y conforme conversaba con Sol, se pasaba
+suavemente la mano de ella por su mejilla; y cuando le dijo adi&oacute;s, la
+miraba como si supiera que corr&iacute;a alg&uacute;n peligro, y le avisase de &eacute;l, y
+cuando fue hacia el coche, ya se le iban desbordando las l&aacute;grimas.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;All&iacute; est&aacute;, all&iacute; est&aacute;!&mdash;dijo como involuntariamente, y reprimi&eacute;ndose
+enseguida que lo hab&iacute;a dicho, una de las hermanas de Sol, la mayor, la
+que no era bella, la que no ten&iacute;a m&aacute;s que dos ojos muy negros y
+acariciadores, expresivos y dulces como los de la llama, el animal que
+muere cuando le hablan con rudeza.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qui&eacute;n?</p>
+
+<p>&mdash;No, no era nadie: Juan Jerez, en el balc&oacute;n de Luc&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, ya lo veo. Luc&iacute;a est&aacute; mirando para ac&aacute;&mdash;y se desprendi&oacute;, y volvi&oacute; a
+prender, para que Luc&iacute;a lo notase, y supiera que pensaba en ella&mdash;.
+Hermanita&mdash;dijo de pronto Sol en voz baja&mdash;; hermanita, &iquest;no te parece que
+Juan Jerez es muy bueno? Yo quisiera verlo m&aacute;s. Nunca lo he visto cuando
+he ido a casa de Luc&iacute;a. Yo no s&eacute; qu&eacute; tiene, pero me parece mejor que
+todos los dem&aacute;s. &iquest;T&uacute; crees que &eacute;l querr&aacute; mucho a Luc&iacute;a?</p>
+
+<p>Hermanita no quer&iacute;a decir nada, hac&iacute;a como que no o&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;Juan Jerez iba antes algunas veces a casa, antes de que yo saliese del
+colegio; &iquest;verdad? Cu&eacute;ntame, t&uacute; que lo conoces. Yo s&eacute; que &eacute;l se va a
+casar con Luc&iacute;a, aunque ella no me habla de &eacute;l nunca; pero a m&iacute; me gusta
+hablar de &eacute;l. A Luc&iacute;a no me atrevo a preguntarle, como ella no me
+dice... &Eacute;l ha sido muy bueno con mam&aacute;, &iquest;no? &iexcl;La directora lo quiere
+tanto! Mira, all&iacute; vuelve a pasar Pedro Real: &iexcl;es buen mozo de veras!
+pero yo le hallo unos ojos extra&ntilde;os, no son tan dulces como los de Juan.
+No s&eacute;; pero el &uacute;nico que me dijo algo la noche de Keleffy, que no se me
+ha olvidado, fue Juan Jerez.</p>
+
+<p>Hermanita no dec&iacute;a palabra. Se le hab&iacute;an puesto los ojos muy negros y
+grandes como para contener algo que se sal&iacute;a a ellos.</p>
+
+<p>Ella, que no miraba hacia el balc&oacute;n, sent&iacute;a que Juan Jerez hab&iacute;a tenido
+puesta buen tiempo su mirada larga y bondadosa en Sol. Juan, que
+acariciaba los m&aacute;rmoles, que segu&iacute;a por las calles a los ni&ntilde;os descalzos
+hasta que sab&iacute;a donde viv&iacute;an, que levantaba del suelo las flores
+pisadas, si no lo ve&iacute;an, y les peinaba los p&eacute;talos, y las pon&iacute;a donde no
+pudiesen pisarlas m&aacute;s. De la misma manera, y con aquel deleite honrado
+que produce en un esp&iacute;ritu fino la contemplaci&oacute;n de la hermosura, hab&iacute;a
+Juan mirado a Sol largamente.</p>
+
+<p>Luc&iacute;a no estaba all&iacute; entonces. &iexcl;Pobre Ana! Cuando ya iban pasando los
+&uacute;ltimos soldados, palideci&oacute;, se le cubri&oacute; el rostro de sudor, cerr&oacute; los
+ojos, y cay&oacute; sobre sus rodillas. La llevaron cargada para adentro, a
+volverle el sentido. Parec&iacute;a una santa, vestida de blanco, con su cara
+amarilla. Luc&iacute;a no se apartaba de su lado; Ana hab&iacute;a vuelto en s&iacute;; Luc&iacute;a
+hab&iacute;a mirado ya muchas veces a la puerta, como pregunt&aacute;ndose d&oacute;nde
+estar&iacute;a Juan. &laquo;&iquest;En el balc&oacute;n? &iexcl;Que no est&eacute; en el balc&oacute;n!&raquo;. Y aun
+desmayada Ana, por poco no le abandona la mano.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Vete, vete con Juan!&mdash;le dijo Ana, apenas abri&oacute; los ojos, y le not&oacute; el
+trastorno; y con la mano y la sonrisa la echaba hacia la puerta
+suavemente.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, bueno, vengo enseguida.</p>
+
+<p>Y fue al balc&oacute;n derechamente.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Juan!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y Ana? &iquest;C&oacute;mo est&aacute; Ana?</p>
+
+<p>El balc&oacute;n de la directora estaba ya vac&iacute;o.</p>
+
+<p>&mdash;Ya est&aacute; bien: ya est&aacute; bien. &iexcl;Yo no sab&iacute;a d&oacute;nde t&uacute; estabas!</p>
+
+<hr style='width: 45%;' />
+
+<p>Y volvemos ahora al pie de la magnolia, cuando ya llevaba d&iacute;as de
+sucedido todo esto, y Sol estaba en una banqueta a los pies de Luc&iacute;a,
+sentada en un sill&oacute;n de hierro. Ana, con sus caprichos de madre, hab&iacute;a
+querido que le llevasen aquel domingo a Sol. &laquo;&iexcl;Es tan buena, Luc&iacute;a! T&uacute;
+no tienes que tenerle miedo: t&uacute; tambi&eacute;n eres hermosa. Mira: yo veo a las
+personas hermosas como si fueran sagradas. Cuando son malas no: me
+parecen vasos japoneses llenos de fango; pero mientras son buenas, no te
+r&iacute;as, me parece, cuando estoy delante de ellas, que soy un monaguillo y
+que le estoy alzando la cogulla, como en la misa, a un sacerdote. Vamos,
+tr&aacute;eme a Sol; &iquest;pero es de veras que Juan no viene hoy?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Es de veras! S&iacute;, s&iacute;; ahora mismo voy, y te traigo a Sol.</p>
+
+<p>Sol vino, y otras amigas de Ana, mas no Adela. Viv&iacute;a ya Ana en un sill&oacute;n
+de enfermo, porque andar le era penoso, y reclinarse no pod&iacute;a. Ya, como
+las tardes cuando se est&aacute; yendo la luz, ten&iacute;a el rostro a la vez claro y
+confuso, y todo &eacute;l como ba&ntilde;ado de una dulce bondad. Ni deseos ten&iacute;a,
+porque de la tierra dese&oacute; poco mientras estuvo en ella, y lo que Ana le
+hubiera pedido a la tierra, de seguro que en ella no estaba, y tal vez
+estar&iacute;a fuera de ella. Ni sent&iacute;a Ana la muerte, porque no le parec&iacute;a a
+ella que fuese muerte aquello que dentro de s&iacute; sent&iacute;a crecientemente, y
+era como una ascensi&oacute;n. Cosas muy lindas deb&iacute;a ver, conforme se iba
+muriendo, sin saber que las ve&iacute;a, porque se le reflejaban en el rostro.
+La frente la ten&iacute;a como de cera, alta y bru&ntilde;ida, y hundidas las paredes
+de las sienes. Aquellos ojos eran una plegaria. Ten&iacute;a fina la nariz,
+como una l&iacute;nea. Los labios violados y secos, eran como una fuente de
+perd&oacute;n. No dec&iacute;a sino caridades. Sola, s&iacute;, no quer&iacute;a estar ella. Tampoco
+se quiere estar solo cuando se va a entrar en un viaje: tampoco, cuando
+se est&aacute; en las cercan&iacute;as de la boda. Es lo desconocido, y se le teme. Se
+busca la compa&ntilde;&iacute;a de los que nos aman. Y m&aacute;s que con otras se hab&iacute;a
+encari&ntilde;ado Ana, en su enfermedad, con Sol, cuya perfecta hermosura lo
+era m&aacute;s, si cabe, por aquel inocente abandono que de todo inter&eacute;s y
+pensamiento de s&iacute; ten&iacute;a la ni&ntilde;a. Y Ana estaba mejor cuando ten&iacute;a a Sol
+cogida de la mano, en cuyas horas Luc&iacute;a, sentada cerca de ellas, era
+buena.</p>
+
+<p>Dorm&iacute;a Ana en aquellos momentos, cuando en el patio hablaban Luc&iacute;a y
+Sol. Hablaban del colegio, que hab&iacute;a dado su examen en aquella semana, y
+dejaba a Sol libre durante dos meses: y a Sol no le gustaba mucho
+ense&ntilde;ar, no, &laquo;pero s&iacute; me gusta: &iquest;no ves que as&iacute; no pasa mam&aacute; apuros?
+&iexcl;Mam&aacute;!&raquo;. Y Sol contaba a Luc&iacute;a, sin ver que a esta al o&iacute;rlo se le
+arrugaba el ce&ntilde;o, c&oacute;mo inquietaban a do&ntilde;a Andrea los cuidados de Pedro
+Real, de que no hablaba la se&ntilde;ora, porque la ni&ntilde;a no se fijase m&aacute;s en
+&eacute;l; pero ella no, ella no pensaba en eso.</p>
+
+<p>&mdash;No, &iquest;por qu&eacute; no?</p>
+
+<p>&mdash;No s&eacute;: yo no pienso todav&iacute;a en eso; me gusta, s&iacute;, me gusta verle pasear
+la calle y cuidarse de m&iacute;; pero m&aacute;s me gusta venir ac&aacute;, o que t&uacute; vayas a
+verme, y estar con Ana y contigo. Luego, Pedro Real me da miedo. Cuando
+me mira, no me parece que me quiere a m&iacute;. Yo no s&eacute; explicarlo, pero es
+como si quisiera en m&iacute; otra cosa que no soy yo misma. Porque a m&iacute; me
+parece, &iexcl;anda, Luc&iacute;a, t&uacute; puedes decirme de eso! a m&iacute; me parece que
+cuando un hombre nos quiere, debemos como vernos en sus ojos, as&iacute; como
+si estuvi&eacute;ramos en ellos, y dos veces que he visto de cerca a Pedro
+Real, pues no me ha parecido encontrarme en sus ojos. &iquest;No es, verdad,
+Luc&iacute;a, que cuando a uno lo quieren le sucede a uno eso?</p>
+
+<p>En la mano de Luc&iacute;a se encogi&oacute; de pronto el cabello de Sol con que
+jugaba.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay! me haces da&ntilde;o.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Quieres que vayamos a ver c&oacute;mo est&aacute; Ana?</p>
+
+<p>Y ya se estaba poniendo en pie para ir a verla, y arregl&aacute;ndose Sol los
+cabellos, aquellos cabellos suyos finos, de color casta&ntilde;o con reflejos
+dorados, cuando a un tiempo se oyeron dos diversos ruidos: uno en el
+cuarto de Ana, como de mucha gente que se moviera y hablara
+agitadamente, otro a la puerta de la calle, donde, con aire
+desembarazado, saltaba un hombre opuesto, de una mula de camino.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Juan!&mdash;murmur&oacute; Luc&iacute;a, poni&eacute;ndose m&aacute;s blanca que las camelias.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Juan Jerez?&mdash;dijo Sol alegr&aacute;ndosele el rostro, y acabando
+apresuradamente de sujetarse las trenzas.</p>
+
+<p>Luc&iacute;a, en pie y ce&ntilde;uda, y con los ojos puestos sobre Sol, a quien
+turbaba aquel silencio, aguard&oacute; apoyada en la silla de hierro, a Juan
+que, reparando apenas en Sol, ven&iacute;a hac&iacute;a su prima con las manos
+tendidas.</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;orita Sol, &iquest;qu&eacute; me le ha hecho a mi Luc&iacute;a? &iquest;Por qu&eacute; no sales a
+recibirme? &iquest;para castigarme porque por verte hoy he andado veintid&oacute;s
+leguas en mula?</p>
+
+<p>A Luc&iacute;a se le ve&iacute;an temblar los labios imperceptiblemente, y como crecer
+los ojos. Su mano se sacud&iacute;a entre las de Juan, que la miraba con
+asombro.</p>
+
+<p>Sol hac&iacute;a como que sobre una mesita un poco alejada arreglaba las flores
+de un vaso.</p>
+
+<p>&mdash;Luc&iacute;a, &iquest;qu&eacute; tienes?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Sol, Luc&iacute;a, vengan!&mdash;dijo acerc&aacute;ndose a ellas una de sus amigas que
+sal&iacute;a del cuarto de Ana precipitadamente&mdash;. Ah, Juan, que bueno que est&eacute;
+aqu&iacute;. Ve, Luc&iacute;a, ve, yo creo que Ana se muere.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ana!</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, mande enseguida por el m&eacute;dico.</p>
+
+<p>Salt&oacute; Juan en la mula, y ech&oacute; a escape. Sol ya estaba al lado de Ana,
+Luc&iacute;a mir&oacute; muy despacio a la puerta de la calle, mir&oacute; con ira a aquella
+por donde hab&iacute;a entrado Sol, y se qued&oacute; unos momentos de pie, sola en el
+patio, los dos brazos ca&iacute;dos, y apretados a los costados, fijos los ojos
+delante de s&iacute; tenazmente. Y ech&oacute; a andar hacia el cuarto de Ana despu&eacute;s
+de haber mirado a su alrededor a todos los lados, como si temiese.</p>
+
+<hr style='width: 45%;' />
+
+<p>&iexcl;Al campo! &iexcl;al campo! Todos van al campo. Todos, s&iacute;, todos. Adela y
+Pedro Real, Luc&iacute;a y Juan, y Ana y Sol. Y, por supuesto, las personas
+mayores que por no influir directamente en los sucesos de esta narraci&oacute;n
+no figuran en ella. &iexcl;Al campo todos!</p>
+
+<p>El m&eacute;dico lleg&oacute; aquel domingo en momentos en que Ana abr&iacute;a los ojos, que
+a Sol arrodillada al borde de su cama fue lo primero que vieron.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah, t&uacute;, Sol!&mdash;y Sol le pasaba la mano por la frente, y le apartaba de
+ella los cabellos h&uacute;medos.</p>
+
+<p>Luc&iacute;a arreglaba las almohadas de manera que Ana pudiera estar como
+sentada. Sus amigas todas rodeaban la cama, y Ana, sin fuerzas aun para
+hablar, les pagaba sus miradas de angustia con otras de reconocimiento.
+Parec&iacute;a que era dichosa. Sol quiso retirar la mano con que ten&iacute;a asida
+la de Ana; pero Ana la retuvo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; ha sido, eh, qu&eacute; ha sido? Sent&iacute; como si todo un edificio se
+hubiese derrumbado dentro de m&iacute;. Ya, ya pas&oacute;. Ya estoy bien. Y se le
+cay&oacute; la cabeza al otro lado de las almohadas.</p>
+
+<p>El m&eacute;dico la hall&oacute; de esta manera, le puso el o&iacute;do sobre el coraz&oacute;n,
+abri&oacute; de par en par la ventana y las puertas, y aconsej&oacute; que solo
+quedase junto a ella la persona que ella desease.</p>
+
+<p>Ana, que parec&iacute;a no o&iacute;r, abri&oacute; los ojos, como si el aire le hubiese
+hecho bien, y dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Juan ha llegado, Luc&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo sabes?</p>
+
+<p>&mdash;Vete con Juan, Luc&iacute;a. Sol, t&uacute; te quedas.</p>
+
+<p>Mir&oacute; Sol a Luc&iacute;a, como pregunt&aacute;ndole; a Luc&iacute;a, que estaba en pie al lado
+de la cama, duros los labios y los brazos ca&iacute;dos.</p>
+
+<p>Juan llamaba a la puerta en este instante, y el m&eacute;dico lo entr&oacute; en el
+cuarto, de la mano.</p>
+
+<p>&mdash;Venga a decirme si no es locura pensar que corre riesgo esta linda
+ni&ntilde;a&mdash;y con los ojos, desdec&iacute;a el m&eacute;dico sus palabras&mdash;. Pero es
+indispensable que la enfermita vea el campo. Es indispensable. No me
+pregunte usted qu&eacute; remedio necesita&mdash;dijo el m&eacute;dico clavando los ojos en
+Juan&mdash;. Mucho reposo, mucho aire limpio, mucho olor de &aacute;rboles.
+Ll&eacute;venmela donde haya calor, estos tiempos h&uacute;medos pueden hacerle mucho
+da&ntilde;o. Si ma&ntilde;ana mismo pueden ustedes disponer el viaje, sea ma&ntilde;ana
+mismo. Pero, ni&ntilde;a, no se me vaya a ir sola. Lleve gente que la quiera, y
+que la arrope bien por las ma&ntilde;anitas y por las tardes. &iquest;Y esta
+se&ntilde;orita?&mdash;a&ntilde;adi&oacute; volvi&eacute;ndose a Sol&mdash;. Y creo que usted se me pone buena
+si lleva consigo a esta se&ntilde;orita.</p>
+
+<p>&mdash;Oh, s&iacute;, Sol va conmigo; &iquest;no, Juan?</p>
+
+<p>&mdash;Por supuesto&mdash;dijo Juan vivamente, pensando con placer en que as&iacute; se
+regocijar&iacute;a Ana, cuya afici&oacute;n a Sol le era ya conocida, y se dar&iacute;a una
+prueba de estimaci&oacute;n a la pobre viuda&mdash;: por supuesto que la llevamos. Va
+a ser una gala de los ojos ver ir por un caminito de rosales que yo me
+s&eacute;, cogidas del brazo, a Sol, Ana y Luc&iacute;a. Luc&iacute;a, ma&ntilde;ana nos vamos. Sol,
+voy ahora a su casa a pedirle permiso a do&ntilde;a Andrea. &iquest;Te parece, Luc&iacute;a
+que invitemos a Adela y a Pedro Real? &iexcl;Upa, Ana, upa! All&aacute; tengo unos
+inditos en el pueblo que te van a dar asunto para un cuadro delicioso.
+&iquest;Vamos, doctor?&mdash;acarici&oacute; Juan una mano de Ana, bes&oacute; la de Luc&iacute;a, con un
+beso que la rega&ntilde;aba dulcemente y sali&oacute; al corredor, hablando como muy
+contento, con el m&eacute;dico.</p>
+
+<p>Ana llam&oacute; a Luc&iacute;a con una mirada, y as&iacute; que la tuvo cerca de s&iacute;, sin
+decir palabra, y sonriendo felizmente, trajo sobre su seno con un
+esfuerzo las manos de Luc&iacute;a y de Sol, que estaban cada una a un lado de
+ella, y paseando sus ojos por sobre sus cabezas, como convers&aacute;ndoles,
+retuvo largo tiempo unidas las manos de ambas ni&ntilde;as bajo las suyas.</p>
+
+<p>Y Sol mir&oacute; a Luc&iacute;a de tan linda manera, que no bien Ana se qued&oacute; como
+dormida, se acerc&oacute; Luc&iacute;a a Sol, la tom&oacute; por el talle cari&ntilde;osamente, y
+una vez en su cuarto, empez&oacute; a vaciar con ademanes casi febriles sus
+cajas y gavetas.</p>
+
+<p>&mdash;Todo, todo, todo es para ti&mdash;y Sol quer&iacute;a hablar, y ella no la dejaba&mdash;.
+Mira, pru&eacute;bate este sombrero. Yo nunca me lo he puesto. Pru&eacute;batelo,
+pru&eacute;batelo. Y este, y este otro. Esos tres son tuyos. S&iacute;, s&iacute;, no me
+digas que no. Mira, trajes: uno, dos, tres. Este es el m&aacute;s bonito para
+ti. &iquest;Oyes? Yo quiero mucho a Pedro Real. Yo quiero que t&uacute; quieras a
+Pedro Real. Que te vea muy bonita. Que te vean siempre m&aacute;s bonita que
+yo. Pero &oacute;yeme, a Juan no me lo quieras. T&uacute; d&eacute;jame a Juan para m&iacute; sola.
+En&oacute;jalo. Tr&aacute;talo mal. Yo no quiero que t&uacute; seas su amiga. &iexcl;No, no me
+digas nada! s&iacute;, es chanza, s&iacute;, es chanza. &iquest;Ves? Este vestido malva s&iacute; te
+va a estar bien. A ver, qu&eacute; bien hace con tu pelo casta&ntilde;o. &iquest;Ves? Es muy
+nuevo. Tiene el corpi&ntilde;o como un c&aacute;liz de flor, un poco recto; no como
+esos de ahora, que parecen una copa de champa&ntilde;a: muy delgados en la
+cintura, y muy anchos en los hombros. La saya es lisa; no tiene
+tableados ni pliegues; cae con el peso de la seda hasta los pies. &iquest;Ves?
+a m&iacute; me est&aacute; muy corta. A ti te estar&aacute; bien. Es un poco ancha, a lo
+Watteau. &iexcl;Mi pastorcita! &iexcl;mi pastorcita! Yo nunca me la he puesto. &iquest;T&uacute;
+sabes? A m&iacute; no me gustan los colores claros. &iexcl;Ah! mira: aqu&iacute; tienes&mdash;y
+escond&iacute;a algo con las dos manos cerradas detr&aacute;s de su espalda&mdash;, aqu&iacute;
+tienes, y no te lo vas a quitar nunca, aunque se nos enoje do&ntilde;a Andrea.
+Cierra los ojos.</p>
+
+<p>Los cerr&oacute; Sol venturosa de verse tan querida por su amiga, y cuando los
+abri&oacute;, se vio en el brazo, e hizo por quitarse con un gesto que Luc&iacute;a le
+detuvo, un brazalete de cuatro aros de perlas margaritas.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, s&iacute;, es muy rico; pero yo quiero que t&uacute; lo tengas. No: nada, nada
+que me digas: &iquest;ves? yo tengo aqu&iacute; otro, de perlas negras. &iexcl;Y nunca,
+nunca te lo quites! Yo quiero ser muy buena&mdash;y la tom&oacute; de las dos manos,
+y la bes&oacute; en las dos mejillas apasionadamente&mdash;. &iexcl;Ven, vamos a ver a Ana!</p>
+
+<p>Y salieron del cuarto, cogidas del talle.</p>
+
+<p>&iexcl;Al campo, al campo! Do&ntilde;a Andrea no sabe que va Pedro Real; que si lo
+supiese, no dejar&iacute;a ir a Sol: aunque a Juan &iquest;qu&eacute; le negar&iacute;a ella? &iexcl;A
+Juan! Ese, ese era el que ella hubiera querido para Sol. &laquo;Bueno, Juan:
+que no salga al sol mucho&raquo;. Juan pregunt&oacute; en vano por la hermana mayor,
+por Hermanita. Ella estaba en la casa cuando entr&oacute; &eacute;l; pero ahora no:
+estar&aacute; en casa de alguna vecina. &iexcl;No, Hermanita estaba all&iacute;; estaba en
+el comedor, detr&aacute;s de las persianas! Ella ve&iacute;a a quien no la ve&iacute;a.
+&laquo;&iexcl;Cierra los ojos, Hermanita, no veas a lo que no debes ver!&raquo;. Y cuando
+Juan sali&oacute;, las persianas se entornaron, como unos ojos que se cierran.</p>
+
+<p>&iexcl;Al campo, al campo! Cuatro mulas tiran del carruaje, con collares de
+plata y cencerro, porque Ana vaya alegre: y las mulas llevan atadas en
+el anca izquierda unas grandes mo&ntilde;as rojas, que lucen bien sobre su piel
+negra. El cochero es Pedro Real, que lleva al lado a Adela, en la
+imperial, Juan y Luc&iacute;a, adentro, con la gente mayor, que es muy
+respetable, pero no nos hace falta para el curso de la novela, Ana
+sentada entre almohadas, muy mejor con el gozo del viaje, con su
+cuaderno de apuntes en la falda, para copiar lo que le guste del camino,
+que ya le perece que est&aacute; buena, y Sol a su lado, con un vestido de
+sedilla color de &oacute;palo, tranquila y resplandeciente como una estrella.</p>
+
+<p>Pedro Real se mordi&oacute; el bigote rizado cuando vio que no iba a ser Sol su
+compa&ntilde;era en el pescante. Y con Adela iba muy cort&eacute;s. Pero &iquest;Ana no
+necesitar&iacute;a nada? Juan, &iquest;ir&aacute; Ana bien? Deber&iacute;amos bajar. &iexcl;Voy a bajar un
+momento, a ver si Ana va bien! Baj&oacute; muchos momentos. Y las mulas, aunque
+diestras, m&aacute;s de una vez se iban un poco del camino, como si no
+estuviese bastante puesto en ellas el pensamiento del cochero.</p>
+
+<p>Era como de seis leguas el camino, y todo &eacute;l a un lado y otro de tan
+frondosa vegetaci&oacute;n que no hab&iacute;a manera de tener los ojos sino en
+constante regalo y movimiento. Porque all&aacute; al fondo era un bosque de
+cocoteros, o una hilera de palmas lejanas que iba a dar en la garganta
+de dos montes; ya era, al borde mismo del camino, una pendiente llena de
+flores azules y amarillas que remataba en un r&iacute;o de espumas blancas,
+nutrido con las aguas de la sierra, o eran ya a la distancia, imponentes
+como dos mensajes de la tierra al cielo, dos volcanes dormidos, a cuya
+falda serpeada por arroyuelos de agua blanca viva y traviesa, se
+recog&iacute;an, como siervos azotados a los pies de sus due&ntilde;os, las ciudades
+antiguas, desdentadas y rotas, en cuyos balcones de hierro labrado,
+mantenidos como por milagro sin paredes que los sustentasen sobre las
+puertas de piedra, crec&iacute;an en hilos que llegaban hasta el suelo copiosas
+enredaderas de ipomea. De una iglesia que tuvo los techos pintados, y
+dorados de oro fino de lo m&aacute;s viejo de Am&eacute;rica los capiteles de los
+pilares, quedaba en pie, como una concha clavada en tierra por el borde,
+el fondo del altar mayor, cobijado por una media b&oacute;veda: un bosquecillo
+hab&iacute;a crecido al amor del altar; la pared interior, cubierta de musgo,
+le daba desde lejos apariencia de cueva formidable; y era cosa com&uacute;n y
+sumamente grata ver salir de entre los pedruscos florecidos, al menor
+ruido de gente o de carruajes, una bandada de palomas. Otra iglesia, de
+que no hab&iacute;a quedado en pie m&aacute;s que el crucero, ten&iacute;a el domo
+completamente verde, y las paredes de un lado rosadas y negras, como los
+bordes de una herida. Y por el suelo no pod&iacute;a ponerse el pie sin que
+saltase un arroyo.</p>
+
+<p>Llegaron a los volcanes; pasaron por las ciudades antiguas: m&aacute;s all&aacute;
+iban; y no se detuvieron. Luc&iacute;a, a la sombra de su quitasol rojo, se
+sent&iacute;a como la se&ntilde;ora de toda aquella natural grandeza, y como si el
+mundo entero, de que ten&iacute;a a los ojos hermosa pintura, no hubiera sido
+fabricado m&aacute;s que para cantar con sus m&uacute;ltiples lenguas los amores de
+Luc&iacute;a Jerez y de su primo. Y se ve&iacute;a ella misma lo interior del cr&aacute;neo
+como si estuviese lleno de todas aquellas flores: lo que le suced&iacute;a
+siempre que estaba sola, con Juan Jerez al lado. Adela y Pedro hablaban
+de formal&iacute;simos sucesos, que ten&iacute;an la virtud de poner a Adela
+contemplativa y silenciosa, dando a Pedro ocasi&oacute;n para ir callado buena
+parte del camino, lo cual aprovechaba &eacute;l en celebrar consigo mismo
+animados coloquios: y a cada instante era aquello de: &laquo;Juan, &iquest;c&oacute;mo
+estar&aacute; Ana? Bajar&eacute; un instante, a ver si se le ofrece algo a Ana&raquo;. Y
+Luc&iacute;a re&iacute;a, y daba por cosa cierta que, aunque Sol era ni&ntilde;a recatada, ya
+le hab&iacute;a dicho que Pedro Real le parec&iacute;a muy bien, y se la ve&iacute;a que le
+llevaba en el alma: lo que a Juan no parec&iacute;a un feliz suceso, aunque
+prudentemente lo callaba. Adentro del carruaje, la dichosa Sol era toda
+exclamaciones: jam&aacute;s, jam&aacute;s, en su vida de hu&eacute;rfana pobre, hab&iacute;a visto
+Sol correr los r&iacute;os, vestirse a los bosques fuertes de campanillas
+moradas y azules, y verdear y florecer los campos. De un color de rosa
+de coral se le te&ntilde;&iacute;an las mejillas, y el &oacute;nix de M&eacute;xico no tuvo nunca
+mayor transparencia que la tez fina de Sol, en aquella ma&ntilde;ana de ventura
+en la naturaleza. &iexcl;Ay! la buena Ana sonre&iacute;a mucho, pero hab&iacute;a olvidado
+levantar de su falda el cuaderno de notas.</p>
+
+<hr style='width: 45%;' />
+
+<p>Y de pronto sonaron unas m&uacute;sicas; se oscureci&oacute; el camino como por una
+sombra grata, y refrenaron las mulas el paso, con gran ruido de hebillas
+y cencerros. De un salto estaba Pedro a la portezuela del carruaje, al
+lado de Sol, pregunt&aacute;ndole a Ana qu&eacute; se le ofrec&iacute;a. Pero aqu&iacute; bajaron
+todos, y Sol misma, que se volvi&oacute; pronto al carruaje, para acompa&ntilde;ar a
+Ana, y animarla a tomar del breve almuerzo que los dem&aacute;s, sentados en
+torno de una mesa r&uacute;stica, gustaban con vehemente apetito, sazonado por
+chistes que el piadoso Juan encabezaba y atra&iacute;a, porque los oyese Ana
+desde su asiento en el coche, tra&iacute;do a este prop&oacute;sito cerca de la mesa.</p>
+
+<p>All&iacute;, en las tazas de g&uuml;iro posadas en tr&iacute;podes de bejuco reci&eacute;n cortado
+de las cercan&iacute;as, herv&iacute;a la leche que, a juzgar por lo fragante y
+espumosa, acababa de salir de la vaca de Durham que asom&oacute; su cabeza
+pac&iacute;fica por uno de los claros de la enredadera. Porque era aquel lugar
+un lindo parador, techado y emparrado de verdura, puesto all&iacute; por los
+due&ntilde;os de la finca, para que los visitantes hiciesen de veras, al llegar
+de la ciudad, su almuerzo a la manera campesina. All&iacute; el queso, que
+manaba la leche al ser cortado, y sab&iacute;a ricamente con las tortas de ma&iacute;z
+humeantes que serv&iacute;a la indita de saya azul, envueltas en pa&ntilde;os blancos.
+All&iacute; unos huevos duros, o blanquillos, que ven&iacute;an recostados, cada uno
+en su taza de g&uuml;iro, sobre unas yerbas de grata fragancia, que ol&iacute;an
+como flores. All&iacute;, en la c&aacute;scara misma del coco reci&eacute;n partido en dos,
+la leche de la fruta, con una cucharilla de coco labrado que la
+desprend&iacute;a de sus tazas naturales. Y mientras duraba el almuerzo, unos
+indios, descalzos y en sus trajes de lona, puestos en tierra sus
+sombreros de palma, tocaban, bajo otro paradorcillo m&aacute;s lejano,
+dispuesto para ellos, unos aires muy suaves de m&uacute;sica de cuerda, que
+blandamente templada por el aire matinal y la enredadera espesa, llegaba
+a nuestros alegres caminantes como una caricia. Adela solo re&iacute;a
+forzadamente. Violencia ten&iacute;a que hacerse Sol para no palmotear en el
+carruaje. Muy feamente arrug&oacute; el ce&ntilde;o Luc&iacute;a una vez que se acerc&oacute; Juan a
+la portezuela del lado de Ana, y habl&oacute; con ella, haci&eacute;ndola re&iacute;r, unos
+minutos: y en cuanto oy&oacute; re&iacute;r a Sol, dej&oacute; Luc&iacute;a su asiento, y se fue
+ella tambi&eacute;n a la portezuela. &iexcl;Ea! &iexcl;Ea! ya tocan diana, que es el toque
+de bienvenida y adi&oacute;s, los indios habilidosos. La indita de saya azul da
+a gustar a la vaca mirona una de las tazas de coco abandonadas. Al
+pescante van Pedro y Adela: Luc&iacute;a, menos contenta, a la imperial con
+Juan. Ya la casa de la finca, toda blanca, de techo encarnado, se ve a
+poca distancia. Ana ya va muy p&aacute;lida; y las mulas, al olor del pesebre,
+vuelan camino arriba, bajo la b&oacute;veda de espesos almendros que llenan la
+avenida con sus hojas redondas y sus verdes frutas.</p>
+
+<hr style='width: 45%;' />
+
+<p>Mucha, mucha alegr&iacute;a. Luc&iacute;a tambi&eacute;n estaba alegre, aunque no estaba Juan
+all&iacute;. Porque no estaba Juan: el pleito de los indios, aunque aquellos
+eran d&iacute;as de receso en tribunales como en escuelas, le hab&iacute;a obligado a
+volver al pueblecito, si no quer&iacute;a que un gamonal del lugar, que ten&iacute;a
+grandes amigos en el Gobierno, hurtase con una raz&oacute;n u otra a los indios
+la tierra que la energ&iacute;a de Juan hab&iacute;a logrado al fin les fuese punto
+menos que reconocida en el pleito. Los indios hab&iacute;an salido de la
+iglesia con su m&uacute;sica, el domingo antes, apenas se supo que Juan no
+esperar&iacute;a el tren del d&iacute;a siguiente: y cuando le trajeron a Juan la
+mula, vio que la hab&iacute;an adornado toda con estrellas y flores de palma, y
+que todo el pueblo se ven&iacute;a tras &eacute;l, y muchos quer&iacute;an acompa&ntilde;arle hasta
+la ciudad. Una viejita, que ven&iacute;a apoyada en su palo, le trajo un
+escapulario de la Virgen, y una guapa muchacha, con un hijo a la espalda
+y otro en brazos, lleg&oacute; con su marido, que era un bello mancebo, a la
+cabeza de la mula, puso al indito en alto para que le diese la mano al
+&laquo;caballero bueno&raquo;; y muchos ven&iacute;an con jarras de miel cubiertas con
+estera bien atada, u otras ofrendas, como si pudiesen dar para tanto las
+ancas de la caballer&iacute;a, muy oronda de toda aquella fiesta; y otro
+viejito, el padre del lugar, mi se&ntilde;or don Mariano, que jam&aacute;s hab&iacute;a
+bebido de licor alguno, aunque &eacute;l mismo trabajaba el de sus plant&iacute;os
+propios, lleg&oacute;, apoyado en sus dos hijos, que eran tambi&eacute;n como
+senadores del pueblo, y con los brazos en alto desde que pudo divisar a
+Juan, y como si hubiera al cabo visto la luz que hab&iacute;a esperado en vano
+toda su vida: &laquo;Abrazarlo&mdash;dec&iacute;a&mdash;. &iexcl;D&eacute;jenme abrazarlo! &iexcl;Se&ntilde;or, todito este
+pueblo lo quiere como a su hijo!&raquo;. De modo que Juan, a quien hab&iacute;a
+conmovido aquellos cari&ntilde;os, dej&oacute; la finca, dos d&iacute;as despu&eacute;s de haber
+llegado a ella, no bien supo que los indios, a pesar de su esfuerzo,
+corr&iacute;an peligro de que se les quitase de las manos la posesi&oacute;n temporal
+que, en espera de la definitiva, hab&iacute;a Juan obtenido que el juez les
+acordase&mdash;el juez, que hab&iacute;a recibido el d&iacute;a anterior de regalo del
+gamonal un caballo muy fino.</p>
+
+<hr style='width: 45%;' />
+
+<p>Mucha, mucha alegr&iacute;a. Luc&iacute;a misma, que en los dos d&iacute;as que estuvo all&iacute;
+Juan le dio ocasi&oacute;n de extra&ntilde;eza con unos cambios bruscos de disposici&oacute;n
+que &eacute;l no pod&iacute;a explicarse, por ser mayores y menos racionales que los
+que ya &eacute;l le conoc&iacute;a, estaba ahora como quien vuelve de una enfermedad.</p>
+
+<p>Era la casa toda de los visitantes, por no estar en ella entonces sus
+due&ntilde;os, que eran como de la familia de Juan Pedro, al anochecer, sal&iacute;a
+de caza, porque era el tiempo de la de los conejos, por all&iacute;
+abundant&iacute;simos. De los que tra&iacute;a muertos en el zurr&oacute;n no hablaba nunca,
+porque Ana no se lo hab&iacute;a de perdonar, por haber todav&iacute;a en este mundo
+almas sencillas que no hallan placer en que se mate, a la entrada misma
+de la cueva donde tiene a su compa&ntilde;era y a su prole, a los pobres
+animales que han salido a descubrir, para mudarse de casa, alg&uacute;n rinc&oacute;n
+del bosque rico en yerbas.</p>
+
+<p>Pero los conejos, de puro astutos, suelen caer en las manos del cazador;
+porque no bien sienten ruido, se hacen los muertos, como para que no los
+delate el ruido de la fuga, y cierran los ojos, cual si con esto cerrase
+el cazador los suyos, quien hace por su parte como que no ve, y echada
+hacia la espalda la escopeta, por no alarmar al conejo que suele
+conocerla, se va, mirando a otro lado, sobre la cama del conejo, hasta
+que de un buen salto le pone el pie encima y as&iacute; lo coge vivo: una vez
+cogi&oacute; tres, muy manso el uno, de un color de humo, que fue para Ana:
+otro era blanco, al cual hall&oacute; manera de atarle una cinta azul al
+cuello, con que lo regal&oacute; a Sol; y a Luc&iacute;a trajo otro, que parec&iacute;a un
+rey cautivo, de un casta&ntilde;o muy duro, y de unos ojos fieros que nunca se
+cerraban, tanto que a los dos d&iacute;as, en que no quiso comer, baj&oacute; por
+primera vez las orejas que hab&iacute;a tenido enhiestas, mordi&oacute; la cadenilla
+que lo sujetaba, y con ella en los dientes qued&oacute; muerto.</p>
+
+<hr style='width: 45%;' />
+
+<p>Paseos, hab&iacute;a pocos. Sin Ana, &iquest;qui&eacute;n hab&iacute;a de hacerlos? Con ella no se
+pod&iacute;a. Ni Sol dejaba a Ana de buena voluntad; ni Luc&iacute;a hubiera salido a
+goce alguno cuando no estaba Juan con ella. Adela, s&iacute;, hab&iacute;a trabado
+amistades con una gruesa india que ten&iacute;a ciertos privilegios en la casa
+de la finca, y viv&iacute;a en otra cercana, donde pasaba Adela buena parte del
+d&iacute;a, platicando de las costumbres de aquella gente con la resuelta
+Petrona Revolorio: &laquo;y no crea la se&ntilde;orita que le converso por servicio,
+sino porque le he cobrado afici&oacute;n&raquo;. Era mujer robusta y de muy buen
+andar, aunque esto lo hac&iacute;a sobre unos pies tan peque&ntilde;os que no hab&iacute;a
+modo de que Petrona llegara a ver a &laquo;sus ni&ntilde;os&raquo; sin que le pidieran que
+los ense&ntilde;ase, lo cual ella hac&iacute;a como quien no lo quiere hacer, sobre
+todo cuando estaba delante el ni&ntilde;o Pedro. Las manos corr&iacute;an parejas con
+los pies, tanto que algunas veces las ni&ntilde;as se las ped&iacute;an y acariciaban;
+llevaba una simple saya de listado, y un camisol&iacute;n de muselina
+transparente, que le ce&ntilde;&iacute;a los hombros y le dejaba desnudos los hermosos
+brazos y la alta garganta. Era el rostro de facciones graciosas y
+menudas, de tal modo que la boca, medio abierta en el centro y recogida
+en dos hoyuelos a los lados, no era en todo m&aacute;s grande que sus ojos. La
+naricilla, corta y un tanto redonda y vuelta en el extremo, era una
+picard&iacute;a. Ten&iacute;a la frente estrecha, y de ella hacia atr&aacute;s, en dos bandas
+no muy lisas, el cabello negro, que en dos trenzas copiosas, veteadas de
+una cinta roja, llevaba recogida en cerquillo, como una corona, sobre lo
+alto de la cabeza. Un chal de listado ten&iacute;a siempre puesto y ca&iacute;do sobre
+un hombro; y no hab&iacute;a quien, cuando remataba una frase que le parec&iacute;a
+intencionada, se echase por la espalda con m&aacute;s br&iacute;o el chal de listado.
+Luego echaba a correr, riendo y hablando en una jerga que quer&iacute;a ser muy
+culta y ciudadana; y se iba a preparar a la ni&ntilde;a Ana, lo cual hac&iacute;a muy
+bien, unos tamales de dulce de coco y un chocolatillo claro, que era lo
+que con m&aacute;s gusto tomaba, por lo limpio y lo nuevo, nuestra linda
+enferma. Y mientras Ana los gustaba, Petrona Revolorio, con el chal
+cruzado, se sentaba a sus pies &laquo;no por servicio, sino porque le hab&iacute;a
+cobrado afici&oacute;n&raquo; y le hac&iacute;a cuentos.</p>
+
+<p>&iquest;El alba, sin que Petrona Revolorio estuviese a la puerta del cuarto de
+la ni&ntilde;a Ana con su cesta de flores, que ella misma quer&iacute;a ponerle en el
+vaso y ver con sus propios ojos, c&oacute;mo segu&iacute;a la ni&ntilde;a? &laquo;&iexcl;Mi ni&ntilde;ita:
+m&iacute;renla que galana est&aacute; hoy!; se lo voy a decir al ni&ntilde;o Pedro que nos d&eacute;
+un baile de convite a las se&ntilde;oras, y vamos a sacarla a bailar con el
+ni&ntilde;o Pedro. &iexcl;Y &eacute;l s&iacute; que es gal&aacute;n tambi&eacute;n, el ni&ntilde;o Pedro! Mire, mi
+ni&ntilde;ita: no le traigo de esos jazminotes blancos, porque los de ac&aacute;
+huelen muy fuerte; pero aqu&iacute; le pongo, en este vaso azul, esos jazmines
+de San Juan, que ac&aacute; se dan todo el a&ntilde;o y huelen muy bien de noche. Con
+que, mi ni&ntilde;ita, prep&aacute;rese para el baile, y que le voy a prestar un chal
+de seda encarnada que yo tengo, que me la va a poner m&aacute;s linda que la
+misma ni&ntilde;a Sol. &iexcl;C&oacute;mo est&aacute; que se muere el ni&ntilde;o Pedro por la ni&ntilde;a Sol!
+Pero yo no s&eacute; qu&eacute; tiene la ni&ntilde;a Adela, que est&aacute; como aburrida. &iquest;Quiere
+mi ni&ntilde;ita los tamales hoy de coco, o de carnecita fresca? Ayer mat&eacute; un
+cochito, que est&aacute; de lo m&aacute;s blando: era el cochito rosado, &iexcl;y la carne
+est&aacute; como merengue! &iexcl;Jes&uacute;s, mi ni&ntilde;ita, no me diga eso! Si yo me muero
+por servirla: mire que yo soy como las tacitas de coco, que dicen en
+letras muy guapas: 'yo sirvo a mi due&ntilde;a'. Voy a poner la puerta de mi
+casa llena de tiestos de flores, y a alquilar a los m&uacute;sicos, el d&iacute;a que
+mi ni&ntilde;ita vaya a verme. &iexcl;Y, eso que yo no se lo hago a nadie: porque no
+lo hago por servicio, sino porque le he cobrado mucha afici&oacute;n!&raquo;.</p>
+
+<hr style='width: 45%;' />
+
+<p>Y Pedro, como que con la ausencia de Juan ven&iacute;a a ser el caballero
+servidor de las cuatro ni&ntilde;as, &iquest;qu&eacute; hab&iacute;a de hacer sino estarlas
+sirviendo, y mucho mejor cuando no estaba cerca Adela, y mejor aun
+cuando no estaba junto a Ana, que no pon&iacute;a buenos ojos cuando miraba a
+la vez a Sol y a Pedro, y mejor que nunca cuando por alg&uacute;n acaso Luc&iacute;a y
+Sol estaban solas? Y siempre entonces ten&iacute;a Luc&iacute;a algo que hacer, ir de
+puntillas a ver si segu&iacute;a durmiendo Ana, ver si hab&iacute;an puesto de beber a
+los pajaritos azules, preguntar si hab&iacute;an tra&iacute;do la leche fresca que
+deb&iacute;a tomar Ana al despertarse: siempre ten&iacute;a Luc&iacute;a, cuando Pedro y Sol
+pod&iacute;an quedarse solos, alguna cosa que hacer.</p>
+
+<p>Era el lugar de conversaci&oacute;n un colgadizo espacioso, de tablilla bru&ntilde;ida
+el pavimento: la baranda&mdash;como toda la casa, de madera&mdash;abierta en tres
+lados para las tres escalerillas que llevaban al jard&iacute;n que hab&iacute;a al
+frente de la casa. Estaba el colgadizo siempre en sombra, porque lo
+vest&iacute;a de verdor una enredadera copios&iacute;sima, esmaltada de trecho en
+trecho por unos ramos de florecitas rojas. Colgaban del techo pintado el
+fresco de unas caprichosas guirnaldas de hojas y flores como las de la
+enredadera, unos cestos de alambre cubiertos de cera roja, que les hac&iacute;a
+parecer de coral, todos llenos de florecillas naturales, brillantes y
+peque&ntilde;as, y a menudo adornados con las hebras de una par&aacute;sita que crec&iacute;a
+sobre los &aacute;rboles viejos de la finca, y era, por su verde blancuzco y
+por crecer en hilos, como las canas de aquella arboleda. En los tramos
+de pared, entre las ventanas interiores, realzadas con unas l&iacute;neas de
+vivo encarnado, hab&iacute;a unos grandes estudios de flores en madera, pintada
+con los colores naturales por los artistas del pa&iacute;s, con propiedad muy
+grande: dos de los cuadros eran de magnolia, la una casi abierta, y con
+cierta hermosura de emperatriz; la otra aun cerrada en su propia rama: y
+otros dos cuadros eran de las flores pomposas del marpac&iacute;fico, con sus
+hojas de rojo encendido, agrupadas de modo que realzase su natural
+tama&ntilde;o y hermosura.</p>
+
+<p>Y all&iacute;, a la suave sombra, contaba Pedro maravillas y glorias europeas a
+Ana, que le o&iacute;a con cari&ntilde;o&mdash;a Adela, que hac&iacute;a como si no le
+interesasen&mdash;, a Luc&iacute;a, que pensaba con amorosa c&oacute;lera en Juan, en Juan,
+que no deb&iacute;a venir, porque estaba all&iacute; Sol, en Juan, que deb&iacute;a venir
+puesto que estaba Luc&iacute;a&mdash;y a Sol contaba tambi&eacute;n aquellas historias,
+quien sin desagrado ni emoci&oacute;n las escuchaba y con sus h&aacute;bitos de ni&ntilde;a
+hu&eacute;rfana, azorada a veces de la s&uacute;bita rudeza que templaba Luc&iacute;a luego
+con arrebatos afectuosos, solo se sent&iacute;a due&ntilde;a de s&iacute; cerca de quien la
+necesitaba, y ni con Adela, que parec&iacute;a esquivarla, ni con la misma
+Luc&iacute;a, aunque esto le pesaba mucho, ten&iacute;a ya la naturalidad y abandono
+que con Ana, con Ana a quien aquellos aires perfumados y calurosos
+hab&iacute;an vuelto, si no el color al rostro, cierta facilidad a los
+movimientos y unos como asomos de vida.</p>
+
+<p>Hallaba Pedro con asombro que el atrevimiento desvergonzado y
+celebraci&oacute;n excesiva a que se reduce, casi siempre pagado deprisa y con
+usura por las mujeres, todo el arte misterioso de los enamoradores, no
+le eran posibles ante aquella ni&ntilde;a reci&eacute;n salida del colegio, que con
+franca sencillez, y mir&aacute;ndole en los ojos sin temor, dec&iacute;a en alto como
+materia de general conversaci&oacute;n lo que con m&aacute;s privado prop&oacute;sito dejaba
+Pedro llegar discretamente a su o&iacute;do. Era la ni&ntilde;a de tal hermosura que
+llevaba consigo, y de s&iacute; misma, la majestad que la defiende; y lo usual
+iba siendo que cuando Luc&iacute;a encontraba modo de ir a ver si los pajaritos
+azules ten&iacute;an agua, o si hab&iacute;a llegado la leche fresca, no mudarse la
+conversaci&oacute;n entre Sol y Pedro, abierta por lo dem&aacute;s y no muy amena, del
+asunto en que se estaba antes de que Luc&iacute;a fuera a ver los p&aacute;jaros. Ni
+hab&iacute;a cosa que a Luc&iacute;a pusiese en mayor enojo que hallarlos conversando,
+cuando volv&iacute;a, de la caza de ayer, del jabal&iacute; en preparaci&oacute;n, de las
+fiestas de cacer&iacute;a en los castillos se&ntilde;oriales de Europa, de la pobre
+Ana, de los tamales de Petrona Revolorio. Y Pedro, de otras mujeres tan
+temido, era con la mayor tranquilidad puesto por Sol, ya a que le leyese
+la <i>Amalia</i> de M&aacute;rmol o la <i>Mar&iacute;a</i> de Jorge Isaacs, que de la ciudad les
+hab&iacute;an enviado, ya, para unos cobertores de mesa que estaba bordando a
+la directora, a que devanase el estambre.</p>
+
+<hr style='width: 45%;' />
+
+<p>&mdash;S&iacute;, s&iacute;, hoy estaba muy hermosa. Dime, t&uacute;, espejo: &iquest;la querr&aacute; Juan? &iquest;la
+querr&aacute; Juan? &iquest;Por qu&eacute; no soy como ella? Me rasgar&iacute;a las carnes: me
+abrir&iacute;a con las u&ntilde;as las mejillas. Cara imb&eacute;cil, &iquest;por qu&eacute; no soy como
+ella? Hoy estaba muy hermosa. Se le ve&iacute;a la sangre y se le sent&iacute;a el
+perfume por debajo de la muselina blanca.</p>
+
+<p>Y se sentaba Luc&iacute;a, sola en su cuarto en una silla sin espaldar, sin
+quitarse los vestidos, ya a m&aacute;s de medianoche, y a poco rato se
+levantaba, se miraba otra vez al espejo, y se sentaba nuevamente, la
+cara entre las manos, los codos en las rodillas. Luego romp&iacute;a a
+hablarse:</p>
+
+<p>&mdash;Yo me veo, s&iacute;, yo me veo. &iquest;Qu&eacute; es lo que tengo, que me parezco fea a m&iacute;
+misma? Y yo no lo soy, pero lo estoy siendo. Juan lo ha de ver; Juan ha
+de ver que estoy siendo fea. &iexcl;Ay! &iexcl;por qu&eacute; tengo este miedo! &iquest;Qui&eacute;n es
+mejor que Juan en todo el mundo? &iquest;C&oacute;mo no me ha de querer &eacute;l a m&iacute;, si &eacute;l
+quiere a todo el que lo quiere? &iquest;qui&eacute;n, qui&eacute;n lo quiere a &eacute;l m&aacute;s que yo?
+Yo me echar&iacute;a a sus pies. Yo le besar&iacute;a siempre las manos. Yo le tendr&iacute;a
+siempre la cabeza apretada sobre mi coraz&oacute;n. &iexcl;Y esto ni se puede decir,
+esto que yo quisiera hacer! Si yo pudiera hacer esto, &eacute;l sentir&iacute;a todo
+lo que yo lo quiero, y no podr&iacute;a querer a m&aacute;s nadie. &iexcl;Sol! &iexcl;Sol! &iquest;qui&eacute;n
+es Sol para quererlo como yo lo quiero? &iexcl;Juan!... &iexcl;Juan!...</p>
+
+<p>Y conteniendo la voz se iba hacia la ventana abierta, y tend&iacute;a las manos
+como sin querer, llamando a Juan a quien acababa de escribir sin decirle
+que viniese.</p>
+
+<p>Empuj&oacute; violentamente las dos hojas de la ventana, y arrodill&aacute;ndose de
+repente junto a ella, sac&oacute; afuera, como a que el aire se la humedeciese,
+la cabeza; y la tuvo apoyada alg&uacute;n tiempo sobre el marco, sin que le
+molestase aquella almohada de madera.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;No puede ser! &iexcl;no puede ser!&mdash;dijo levant&aacute;ndose de pronto&mdash;: Juan va a
+quererla. Lo conozco cada vez que la mira. Se sonr&iacute;e, con un cari&ntilde;o que
+me vuelve loca. Se le ve, se le ve que tiene placer en mirarla. Y luego
+&iexcl;esa imb&eacute;cil es tan buena! No es mentira, no: es buena. &iquest;Yo misma, yo
+misma no la quiero? &iexcl;S&iacute;, la quiero, y la odio! &iquest;Qu&eacute; s&eacute; yo qu&eacute; es lo que
+me pasa por la cabeza? &iexcl;Juan, Juan, ven pronto; Juan, Juan, no vengas!</p>
+
+<p>&iquest;C&oacute;mo no ha de quererla Juan?&mdash;dec&iacute;a la infeliz, entre golpes de
+l&aacute;grimas, a los pocos momentos, siendo aquel llanto de Luc&iacute;a extra&ntilde;o,
+porque no ven&iacute;a a raudal y de seguida, aliviando a la que lloraba, sino
+a borbotones e intervalos, sofoc&aacute;ndola y exalt&aacute;ndola, parecido al agua
+que baja, tropezando entre pe&ntilde;as, por los torrentes&mdash;. &iquest;C&oacute;mo no ha de
+quererla Juan, si no hay quien ame lo hermoso m&aacute;s que &eacute;l, y la Virgen de
+la Piedad no es tan hermosa como ella? Juan.... Juan...&mdash;dec&iacute;a en voz
+baja, como para que Juan viniese sin que nadie lo viera&mdash;; &iexcl;sin que Sol
+lo viera!</p>
+
+<p>Y si viene... y si la mira... &iexcl;yo, no puedo soportar que la mire!... &iexcl;ni
+que la mire siquiera! Y si est&aacute; aqu&iacute; un mes, dos meses. Y si ella no
+quiere a Pedro Real, porque no lo quiere, y Ana le dice que no lo
+quiera. Y ella va a querer a Juan &iquest;c&oacute;mo no va a quererlo? &iquest;Qui&eacute;n no lo
+quiere desde que lo ve? Ana lo hubiera querido, si no supiese que ya &eacute;l
+me quer&iacute;a a m&iacute;; &iexcl;porque Ana es buena! Adela lo quiso como una loca; yo
+bien lo vi, pero &eacute;l no puede querer a Adela. Y Sol &iquest;por qu&eacute; no lo ha de
+querer? Ella es pobre; &eacute;l es muy rico. Ella ver&aacute; que Juan la mira. &iquest;Qu&eacute;
+marido mejor puede tener ella que Juan? Y me lo quitar&aacute;, me lo quitar&aacute;
+si quiere. Yo he visto que me lo quiere quitar. Yo veo como se queda
+oy&eacute;ndole cuando habla; as&iacute; me quedaba yo oy&eacute;ndole cuando era ni&ntilde;a. Yo
+veo que cuando &eacute;l sale, ella alza la cabeza para seguirle viendo. &iexcl;Y van
+a estar aqu&iacute; un mes, dos meses! ella siempre con Ana, todos con Ana
+siempre. &Eacute;l recreando los ojos en toda su hermosura. Yo, callada a su
+lado, con los labios llenos de horrores que no digo, odiosa y fiera.
+Esto no ha de ser, no ha de ser, no ha de ser. O Sol se va, o yo me ir&eacute;.
+Pero &iquest;c&oacute;mo me he de ir yo?; &iexcl;que me lo robe alguien si puede!&mdash;y abri&oacute;
+los brazos en la mitad del cuarto, como desafiando, y le cay&oacute; por las
+espaldas desatada la cabellera negra.</p>
+
+<p>&iexcl;Que no se sienten juntos: que yo no lo vea!</p>
+
+<p>Y con los labios apoyados sobre el pu&ntilde;o cerrado, qued&oacute; dormida en un
+sill&oacute;n cerca de la ventana, sombre&aacute;ndole extra&ntilde;amente el rostro, al
+agitarse movida por el aire, la cabellera negra.</p>
+
+<p>&iquest;A qui&eacute;n vio la ma&ntilde;ana siguiente Luc&iacute;a, sentado en el colgadizo, con Sol
+y con Ana? Ven&iacute;a con paso lento, y como si no hubiera querido venir.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;No le diga, no le diga!...&mdash;a Sol que se levantaba como para avisarle.</p>
+
+<p>Ven&iacute;a Luc&iacute;a con paso lento, y Ana y Sol, que conoc&iacute;an las habitaciones
+de la casa, sab&iacute;an que era ella quien ven&iacute;a. Volvi&oacute; Sol a su asiento.
+Juan hizo como que hablaba muy animadamente con Ana y con ella. Luc&iacute;a
+lleg&oacute; a la puerta. Los vio sentados juntos, y como que no la ve&iacute;an.
+Tembl&oacute; toda. &iquest;Entra? &iquest;Sale? &iexcl;Juan! &iexcl;all&iacute; Juan! &iexcl;Juan as&iacute;! Se clav&oacute; los
+dientes en el labio, y los dej&oacute; clavados en &eacute;l. Volvi&oacute; la espalda, se
+entr&oacute; por el corredor que iba a su habitaci&oacute;n; a Sol que fue corriendo
+detr&aacute;s de ella: &laquo;&iexcl;Vete! &iexcl;vete!&raquo;, y entr&oacute; en su cuarto, cerrando tras de
+s&iacute; con llave la puerta.</p>
+
+<p>&iexcl;A Juan que, suponi&eacute;ndola apenada, no bien acab&oacute; con cuanta prisa pudo
+su empe&ntilde;o en el pueblo de los indios volvi&oacute; a la ciudad, y de all&iacute;,
+aprovechando la noche por sorprender a Luc&iacute;a con la luz de la ma&ntilde;ana,
+emprendi&oacute; sin descansar el camino de la finca a caballo y de prisa! &iexcl;A
+Juan, que con amores muy altos en el alma, consent&iacute;a, por aquella piedad
+suya que era la mayor parte de su amor, en atar sus &aacute;guilas al cabello
+de aquella criatura, no tanto por lo que la amaba &eacute;l, sin que por eso
+dejase de amarla, sino por lo que lo amaba ella! &iexcl;A Juan que, puestos en
+las nubes del cielo y en los sacrificios de la tierra sus mejores
+cari&ntilde;os, no dejaba, sin embargo, por aquella excelente condici&oacute;n suya,
+de hacer, pensar u omitir cosa con que &eacute;l pudiera creer que ser&iacute;a
+agradable a su prima Luc&iacute;a, aunque no tuviese &eacute;l placer en ella! &iexcl;A Juan
+que, joven como era, sent&iacute;a, por cierto anuncio del dolor que m&aacute;s parece
+recuerdo de &eacute;l, como si fuera ya persona muy trabajada y vivida, quienes
+a las mujeres, sobre todo en la juventud, parec&iacute;an encantadores
+enfermos! &iexcl;A Juan, que se sent&iacute;a crecer bajo del pecho, a pesar de lo
+mozo de sus a&ntilde;os, unas como barbas blancas muy crecidas, y aquellos
+cari&ntilde;os pac&iacute;ficos y paternales que son los &uacute;nicos que a las barbas
+blancas convienen! &iexcl;A Juan, que ten&iacute;a de su virtud idea tan exaltada
+como la mujer m&aacute;s pudorosa, y entend&iacute;a que eran tan graves como las
+culpas groseras los adulterios del pensamiento!</p>
+
+<p>&iexcl;A Juan, porque, ya despu&eacute;s de aquellas cartas extra&ntilde;as que Luc&iacute;a le
+hab&iacute;a escrito a la finca sin hablarle de su vuelta, recibirlo de aquel
+modo, con aquella mirada, con aquella explosi&oacute;n de c&oacute;lera, con aquel
+desd&eacute;n! &iquest;Pues cu&aacute;ndo hab&iacute;a cesado de pensar Juan, cu&aacute;ndo, que aquel
+cari&ntilde;o que con tanta ternura prodigaba, sin fatiga ni traici&oacute;n, sobre su
+prima, era como una concesi&oacute;n de &eacute;l, como un agradecimiento de &eacute;l, como
+una tentativa, a lo sumo, de asir en cuerpo y ver con los ojos de la
+carne las ideas de rostro confuso y vestidura de perlas, que cogidas del
+brazo y con las alas tendidas, le vagaban en giros majestuosos por los
+espacios de su mente? Pues sin el alma tierna y fina que de propia
+voluntad suya hab&iacute;a supuesto, como natural esencia de un cuerpo de
+mujer, en su prima Luc&iacute;a, &iquest;qu&eacute; ven&iacute;a a ser Luc&iacute;a? &iquest;Qu&eacute; hombre, que lo
+sea, ama a una mujer m&aacute;s que por el esp&iacute;ritu puro que supone en ella, o
+por el que cree ver en sus acciones, y con el que le alivia y levanta el
+suyo de sus tropiezos y espantos en la vida? Pues una mujer sin ternura
+&iquest;qu&eacute; es sino un vaso de carne, aunque lo hubiese moldeado Cellini,
+repleto de veneno? As&iacute;, en un d&iacute;a, dejan de amar los hombres a la mujer
+a quien quisieron entra&ntilde;ablemente, cuando un acto claro e inesperado les
+revela que en aquella alma no existen la dulzura y superioridad con que
+la invisti&oacute; su fantas&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;Estar&aacute; enferma Luc&iacute;a. Ana&mdash;dile que la saludar&eacute; luego&mdash;. Voy a ver a
+Pedro Real. Sol, gracias por lo buena que es usted con Ana. Usted tiene
+ya fama de hermosa, pero yo le voy a dar fama de buena.</p>
+
+<p>Luc&iacute;a oy&oacute; esto, que hizo que le zumbasen las sienes y le pareciese que
+ca&iacute;a por tierra: Luc&iacute;a, que sin ruido hab&iacute;a abierto la puerta de su
+cuarto, y hab&iacute;a venido hasta la de la sala, para o&iacute;r lo que hablaban, en
+puntillas.</p>
+
+<hr style='width: 45%;' />
+
+<p>Violentos fueron, a partir de entonces, los d&iacute;as en la finca. Ni Ana
+misma sab&iacute;a, puesto que ten&iacute;a a Sol constantemente a su lado, qu&eacute;
+causaba la ira de Luc&iacute;a. Esta ces&oacute; cuando Juan, tom&aacute;ndola a la tarde de
+la mano, la llev&oacute;, mientras que Pedro y Adela buscaban flores de sa&uacute;co
+para Ana, a la sombra de un camino de rosales que daba al saucal, y
+donde hab&iacute;a de trecho en trecho unos bancos de piedra, y al lado unos
+atriles, de piedra tambi&eacute;n, como para poner un libro. En la mirada y en
+la voz se conoc&iacute;a a Juan que algo se le hab&iacute;a roto en lo interior, y le
+causaba pena; pero con voz consoladora persuad&iacute;a a Luc&iacute;a quien, con
+pretextos f&uacute;tiles, que no acertaba Juan a entender ni excusar, ocultaba
+la raz&oacute;n verdadera de su ira, que ella a la vez quer&iacute;a que Juan
+adivinase y no supiese: &laquo;&iexcl;porque si no lo es, y se lo digo, tal vez sea!
+Y no lo es, no, yo creo ahora que no lo es; pero si no sabe lo que es
+&iquest;c&oacute;mo me va a perdonar?&raquo;. Y airada ya contra Juan irrevocablemente, como
+si las nubes que pasan por el cielo del amor fueran sus lienzos
+funerarios, se levantaron como si hubieran hecho las paces, pero sin
+alegr&iacute;a.</p>
+
+<p>Pusi&eacute;ronse en esto los d&iacute;as tan lluviosos, que ni Pedro iba a casa, ni
+Adela a la de la Revolorio, ni pod&iacute;a Ana salir al colgadizo, ni Sol y
+Luc&iacute;a, sino estar cerca de ella; ni Juan, fuera de sus horas de leer,
+que le fatigaban ahora que no estaba contento, ten&iacute;a modo de estar
+alejado de la casa. Ni hab&iacute;a con justicia para Juan placer m&aacute;s grato,
+ahora que en Luc&iacute;a hab&iacute;a entrevisto aquel esp&iacute;ritu seco y altanero, que
+estar cerca de Ana, cuyo esp&iacute;ritu puro con la vecindad de la muerte se
+esclarec&iacute;a y afinaba. Y se asombraba Juan, con raz&oacute;n, de haber pasado,
+libre aun, cerca de aquella criatura que se desvanec&iacute;a, sin rendirle el
+alma. Esta misma contemplaci&oacute;n del esp&iacute;ritu de Ana, cuya cabalidad y
+belleza entonces m&aacute;s que nunca le absorb&iacute;an, le apartaron del riesgo, en
+otra ocasi&oacute;n acaso inevitable, de observar en cu&aacute;n grata manera iban
+unidas en Sol, sin extraordinario vuelo de intelecto, la belleza y la
+ternura.</p>
+
+<p>Con Luc&iacute;a, no hab&iacute;a paces. Lo que no penetraba Ana, &iquest;c&oacute;mo lo hab&iacute;a de
+entender Sol? En vano, Sol, aunque ya asustadiza, aprovechando los
+momentos en que Ana estaba acompa&ntilde;ada de Juan o de Pedro y Adela, se iba
+en busca de Luc&iacute;a, que hallaba ahora siempre modo de tener largos
+quehaceres en su cuarto, en el que un d&iacute;a entr&oacute; Sol casi a la fuerza, y
+vio a Luc&iacute;a tan descompuesta que no le pareci&oacute; que era ella, sino otra
+en su lugar: en el talle un jir&oacute;n, los ojos como quemados y encendidos,
+el rostro todo como de quien hubiese llorado.</p>
+
+<p>Y ese d&iacute;a Luc&iacute;a y Juan estaban en paz: ni permit&iacute;a Juan, por parecerle
+como indecoro suyo, aquel llevar y traer de c&oacute;leras, que le sacaban el
+alma de la fecunda paz a que por la excelencia de su virtud ten&iacute;a
+derecho. Pero ese d&iacute;a, como que Ana se fatigase visiblemente de hablar,
+y Adela y Pedro estuviesen ensayando al piano una pieza nueva para Ana,
+Juan, un tanto airado con Luc&iacute;a que se le mostraba dura, habl&oacute; con Sol
+muy largamente, y se anim&oacute; en ello, al ver el inter&eacute;s con que la enferma
+o&iacute;a de labios de Juan la historia de Mignon, y a prop&oacute;sito de ella, la
+vida de Goethe. No era esta para muy aplaudida, del lado de que Juan la
+encaminaba entonces, y tan hermosas cosas fue diciendo, con aquel
+arrebatado lenguaje suyo, que se le encend&iacute;a y le rebosaba en cuanto
+sent&iacute;a cerca de s&iacute; almas puras, que Pedro y Adela, ya un tanto
+reconciliados, vinieron discretamente a o&iacute;r aquel nuevo g&eacute;nero de
+m&uacute;sica, no se&ntilde;alada por el artificio de la composici&oacute;n ni pedantesca
+pompa, sino que con los ricos colores de la naturaleza sal&iacute;a a caudales
+de un esp&iacute;ritu ingenuo, a modo de confesiones oprimidas. Luc&iacute;a se
+levantaba, se mostraba muy sol&iacute;cita para Ana, interrump&iacute;a a Juan
+melosamente. Sal&iacute;a como con despecho. Entraba como ya iracunda. Se
+sentaba, como si quisiera domarse. &laquo;Sol, &iquest;habr&aacute;n puesto agua a los
+p&aacute;jaros?&raquo;. Y Sol fue, y hab&iacute;an puesto agua. &laquo;Sol, &iquest;habr&aacute;n tra&iacute;do la
+leche fresca para Ana?&raquo;. Y Sol fue, y hab&iacute;an tra&iacute;do la leche fresca para
+Ana. Hasta que, al fin, sali&oacute; Luc&iacute;a, y no volvi&oacute; m&aacute;s: Sol la hall&oacute;
+luego, con los ojos secos y el talle desgarrado.</p>
+
+<p>Y aquello crec&iacute;a. Hoy era una dureza para Sol. Otra ma&ntilde;ana. A la tarde
+otra mayor. La ni&ntilde;a, por Ana y por Juan, no las dec&iacute;a. Juan, apenas
+bajaba. Luc&iacute;a, con grandes esfuerzos, lograba apenas, convertido en odio
+aparente todo el cari&ntilde;o que por Juan sent&iacute;a, disimularlo de modo que no
+fuese apercibido. &iquest;Qui&eacute;n hab&iacute;a de achacar a Sol tanta mudanza, a Sol
+cuya pac&iacute;fica belleza en el campo se completaba y esparc&iacute;a, pues era
+como si la vertiese en torno suyo, y por donde ella anduviese fueran,
+como sus sombras, la fuerza y la energ&iacute;a? &iquest;A Sol, que sobre todos
+levantaba sus ojos limpios, grandes y sencillos, sin que en alguno se
+detuviesen m&aacute;s que en otro; con Luc&iacute;a, siempre tierna; para Ana, una
+hermanita; con Pedro, jovial y buena; con Juan, como agradecida y
+respetuosa? Pero ese era su pecado: sus ojos grandes, limpios y
+sencillos, que cada vez que se levantaban, ya sobre Juan, ya sobre otros
+donde Juan pudiese verlos, se entraban como garfios envenenados por el
+coraz&oacute;n celoso de Luc&iacute;a; y aquella hermosura suya, serena y decorosa,
+que sin encanto no se pod&iacute;a ver, como la de una noche clara.</p>
+
+<hr style='width: 45%;' />
+
+<p>Hasta que una noche:</p>
+
+<p>&mdash;No, Sol, no: qu&eacute;date aqu&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Ana, ad&oacute;nde vas? &iquest;Qu&eacute; tienes, Ana? &iquest;Salir t&uacute; del cuarto a estas horas?
+&iexcl;Ana! &iexcl;Ana!</p>
+
+<p>&mdash;D&eacute;jame, ni&ntilde;a, d&eacute;jame. Hoy, yo tengo fuerzas. Ll&eacute;vame hasta la mitad del
+corredor.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Del corredor?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;: voy al cuarto de Luc&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;Pues bueno, yo te llevo.</p>
+
+<p>&mdash;No, mi ni&ntilde;a, no&mdash;se sent&oacute; un momento, con Sol a sus pies, le abraz&oacute; la
+cabeza, y la bes&oacute; en la frente. Nada le dijo, porque nada deb&iacute;a decirle.
+Y se levant&oacute;, del brazo de ella.</p>
+
+<p>&mdash;Es que s&eacute; lo que tiene triste a Luc&iacute;a. D&eacute;jame ir. De ning&uacute;n modo vayas.
+Es por el bien de todos.</p>
+
+<p>Fue, toc&oacute;, entr&oacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ana!</p>
+
+<p>Ana, casi l&iacute;vida y tendiendo los brazos para no caer en tierra, estaba
+de pie, en la puerta del cuarto oscuro, vestida de blanco.</p>
+
+<p>&mdash;Cierra, cierra.</p>
+
+<p>Se habl&oacute; mucho, se oyeron gemidos, como de un pecho que se vac&iacute;a, se
+llor&oacute; mucho.</p>
+
+<p>All&aacute; a la madrugada, la puerta se abr&iacute;a, Luc&iacute;a quer&iacute;a ir con Ana.</p>
+
+<p>&mdash;No, no, quiero llevarte; &iquest;c&oacute;mo has de ir sola si no puedes tenerte en
+pie? Sol estar&aacute; despierta todav&iacute;a. Yo quiero ver a Sol ahora mismo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Loca! &iexcl;Hasta cu&aacute;ndo eres buena, loca! A Juan, s&iacute;, en cuanto lo veas
+ma&ntilde;ana, que ser&aacute; delante de m&iacute;, b&eacute;sale la mano a Juan. A Sol, que no
+sepa nunca lo que te ha pasado por la mente. Vamos: acomp&aacute;&ntilde;ame hasta la
+mitad del corredor.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Mi Ana, madrecita m&iacute;a, mi madrecita!</p>
+
+<p>Y llor&oacute; Luc&iacute;a aquella ma&ntilde;ana, como se llora cuando se es dichoso.</p>
+
+<hr style='width: 45%;' />
+
+<p>&iexcl;Fiesta, fiesta! El m&eacute;dico lo ha dicho; el m&eacute;dico, que vino desde la
+ciudad a ver a la enferma, y hall&oacute; que pensaba bien Petrona Revolorio.
+&iexcl;Fiesta de flores para Ana!</p>
+
+<p>&iexcl;Todos los m&uacute;sicos de las cercan&iacute;as! &iexcl;Telegramas a los sinsontes!
+&iexcl;Recados a los amarillos! &iexcl;Mensajeros por toda la comarca, a que venga
+toda la canora pajarer&iacute;a! Ana, ya se sabe de Ana: &iexcl;Aqu&iacute; no est&aacute; bien, y
+debe ir adonde est&aacute; bien! Pero es buena idea esa de Petrona Revolorio, y
+la enferma quiere que se d&eacute; un baile que haga famosa la finca. Petrona,
+por supuesto, no estar&aacute; en la sala, ni ese es el baile que deb&iacute;a dar el
+ni&ntilde;o Pedro Real; pero ella estar&aacute; donde la pueda ver su ni&ntilde;ita Ana, y
+mandarle todo lo que necesite, porque &laquo;ella baila con ver bailar, y lo
+que hace no lo hace por servicio, sino porque ha cobrado mucha afici&oacute;n&raquo;.
+Ya est&aacute; tan contenta como si fuese la se&ntilde;ora. Tiene un jarr&oacute;n de China,
+que hubo qui&eacute;n sabe en qu&eacute; lances, y ya lo trajo, para que adorne la
+fiesta; pero quiere que est&eacute; donde lo vea la ni&ntilde;a Ana.</p>
+
+<p>&iexcl;Ahora s&iacute; que ha empezado la temporada en la finca! Andar, bien, andar,
+Ana no puede; pero Petrona la acompa&ntilde;a mucho y Sol, siempre que van Juan
+y Luc&iacute;a a pasear por la hacienda, porque entonces &iexcl;qu&eacute; casualidad!
+entonces siempre necesita Ana de Sol.</p>
+
+<p>El m&eacute;dico vino, despu&eacute;s de aquella noche. El baile lo quiere Ana para
+sacudir los esp&iacute;ritus, para expulsar de las almas suspicaces la pena
+pasada, para que con el roce solitario no se enconen heridas aun
+abiertas, para que viendo a Luc&iacute;a tierna y afable, torne de nuevo la
+seguridad en el alma de Juan alarmado, para que Luc&iacute;a vea frente a
+frente a Sol en la hora de un triunfo, y como Ana le hablar&aacute; antes a
+Juan, Luc&iacute;a no tiemble. &iexcl;Ana se va, y ya lo sabe!: ella no quiere el
+baile para s&iacute;, sino para otros.</p>
+
+<hr style='width: 45%;' />
+
+<p>&iexcl;Qu&eacute; semana, la semana del baile! Pedro ha ido a la ciudad. Luc&iacute;a quiso
+por un momento que fuera Juan, hasta que la mir&oacute; Ana.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh, no, Juan! t&uacute; no te vayas.</p>
+
+<p>Una tristeza hab&iacute;a en los ojos de Juan Jerez, que acaso ya nada har&iacute;a
+desaparecer: la tristeza de cuando en lo interior hay algo roto, alguna
+creencia muerta, alguna visi&oacute;n ausente, alg&uacute;n ala ca&iacute;da. Mas se not&oacute; en
+los ojos de Juan una dulce mirada, y no como de que se alegraba &eacute;l por
+s&iacute;, sino por placer de ver tierna a Luc&iacute;a. &iexcl;Son tan desventurados los
+que no son tiernos!</p>
+
+<p>De la ciudad vendr&iacute;a lo mejor; para eso iba Pedro. &iquest;Qui&eacute;n no quer&iacute;a
+alegrar a Ana? Y ver a Sol del Valle, que estaba ahora m&aacute;s hermosa que
+nunca &iquest;qui&eacute;n no querr&iacute;a? Carruajes, los ten&iacute;an casi todos los amigos de
+la casa. El camino, salvo el tramo de las ciudades antiguas, era llano.
+All&iacute; habr&iacute;a caballer&iacute;as para ayuda o repuesto. Cerca de la casa, como a
+dos cuadras de ella, aderezaron para caballerizas dos grandes caserones
+de madera, construidos a&ntilde;os atr&aacute;s para experimentos de una industria que
+al fin no dio fruto. Pedro, antes de salir, hab&iacute;a encargado que por
+todas las calles del jard&iacute;n que hab&iacute;a frente a la casa, pusieran unas
+columnas, como media vara m&aacute;s altas que un hombre, que hab&iacute;an de estar
+todas forradas de aquella par&aacute;sita del bosque, sembrada ac&aacute; y all&aacute; de
+flores azules; y sobre los capiteles, se pondr&iacute;an unos elegantes cestos,
+vestidos de gu&iacute;as de enredadera y llenos de rosas. Las luces vendr&iacute;an de
+donde no se viesen, ya en el jard&iacute;n, ya en la casa; y estaba en camino
+Mr. Sherman, el americano de la luz el&eacute;ctrica, para que la hubiese bien
+viva y abundante: los globos se esconder&iacute;an entre cestos de rosas. De
+jazmines, margaritas y lirios iban a vestirle a Ana, sin que ella lo
+supiese, el sill&oacute;n en que deb&iacute;a sentarse en la fiesta. Con una hoja de
+palma, puesta a un lado de los marcos y encorvada en ondulaci&oacute;n graciosa
+por la punta en el otro, vistieron los indios todas las puertas y
+ventanas, y hubo modo de a&ntilde;adir a las enredaderas del colgadizo, otras
+parecidas por un buen trecho a ambos lados de las tres entradas, en cada
+uno de cuyos pelda&ntilde;os, como por toda esquina visible del colgadizo o de
+las salas, pusieron grandes vasos japoneses y chinos con plantas
+americanas. En las paredes del sal&oacute;n como desusada maravilla, colg&oacute; Juan
+cuatro platos castellanos, de los que los conquistadores espa&ntilde;oles
+embut&iacute;an en las torres. Era por dentro la casa blanca, como por fuera, y
+toda ella, salvo el colgadizo, ten&iacute;a el piso cubierto por una alfombra
+espesa como de un negro dorado, que no llegaba nunca a negro, con
+dibujos menudos y fant&aacute;sticos, de los que el del ancho borde no era el
+menos rico, rescatando la gravedad y monoton&iacute;a que le hubiera venido sin
+ellos de aquella masa de color oscuro.</p>
+
+<hr style='width: 45%;' />
+
+<p>&iexcl;Gentes, carruajes, caballos! Pedro y Juan jinetean sin cesar toda la
+tarde, de la casa al parador, y de este a aquella. En las ciudades
+antiguas donde aun hay alegres posadas, y cierto indio que sabe franc&eacute;s,
+han comido casi todos los invitados. A las ocho de la noche empieza el
+baile. Toda la noche ha de durar. Al alba, el desayuno va a ser en el
+parador. &iexcl;Oh qu&eacute; tamales, de las especies m&aacute;s diversas, tiene dispuestos
+Petrona Revolorio! esta tarde, cuando los hizo, se puso el chal de seda.
+Ana no ha visto su sill&oacute;n de flores. &iquest;Ad&oacute;nde ha de estar Adela, sino por
+el jard&iacute;n correteando, ense&ntilde;ando cuanto sabe, a la cabeza de un tropel
+de flores, de flores de ojos negros?</p>
+
+<p>&iquest;Y Luc&iacute;a? Luc&iacute;a est&aacute; en el cuarto de Ana, vistiendo ella misma a Sol.
+Ella, se vestir&aacute; luego. &iexcl;A Sol, primero! M&iacute;rala, Ana, m&iacute;rala. Yo me
+muero de celos. &iquest;Ves? el brazo en encajes. Tomo; &iexcl;te lo beso! &iexcl;Qu&eacute; bueno
+es querer! Dime, Ana, aqu&iacute; est&aacute; el brazo, y aqu&iacute; est&aacute; la pulsera de
+perlas: &iquest;cu&aacute;les son las perlas? Y &iquest;de qu&eacute; iba vestida Sol? De muselina;
+de una muselina de un blanco un poco oscuro y transparente, el seno
+abierto apenas, dejando ver la garganta sin adorno; y la falda casi
+oculta por unos encajes muy finos de Malines que de su madre ten&iacute;a Ana.</p>
+
+<p>&mdash;Y la cabeza &iquest;c&oacute;mo te vas a peinar por fin? Yo misma quiero peinarte.</p>
+
+<p>&mdash;No, Luc&iacute;a, yo no quiero. No vas a tener tiempo. Ahora voy a ayudarte
+yo. Yo no voy a peinarme. Mira; me recojo el cabello, as&iacute; como lo tengo
+siempre, y me pongo &iquest;te acuerdas? como en el d&iacute;a de la procesi&oacute;n, me
+pongo una camelia.</p>
+
+<p>Y Luc&iacute;a, como alocada, hac&iacute;a que no la o&iacute;a. Le deshac&iacute;a el peinado, le
+recog&iacute;a el cabello a la manera que dec&iacute;a. &laquo;&iquest;As&iacute;? &iquest;No? Un poco m&aacute;s alto,
+que no te cubra el cuello. &iexcl;Ah! &iquest;y las camelias?... &iquest;Esas son? &iexcl;Qu&eacute;
+lindas son! &iexcl;qu&eacute; lindas son!&raquo;. Y la segunda vez dijo esto m&aacute;s despacio y
+lentamente como si las fuerzas le faltaran y se le fuera el alma en
+ello.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;De veras que te gustan tanto? &iquest;Qu&eacute; flores te vas a poner t&uacute;?</p>
+
+<p>Luc&iacute;a, como confusa:</p>
+
+<p>&mdash;T&uacute; sabes: yo nunca me pongo flores.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno: pues si es verdad que ya no est&aacute;s enojada conmigo, &iquest;qu&eacute; te hice
+yo para que te pusieras enojada? si es verdad que ya no estas enojada,
+ponte hoy mis camelias.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Yo, camelias!</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, mis camelias. Mira, aqu&iacute; est&aacute;n; yo misma te las llevo a tu cuarto.
+&iquest;Quieres?</p>
+
+<p>&iexcl;Oh! si se pusiera toda aquella hermosura de Sol la que se pusiese tus
+camelias. &iquest;Qui&eacute;n, qui&eacute;n llegar&iacute;a nunca a ser tan hermosa como Sol? &iexcl;Qu&eacute;
+lindas, qu&eacute; lindas, son esas camelias! &laquo;Pero t&uacute;, &iquest;qu&eacute; flores te vas a
+poner?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Yo, mira: Petrona me trajo unas margaritas esta ma&ntilde;ana, estas
+margaritas.</p>
+
+<hr style='width: 45%;' />
+
+<p>&iexcl;Gentes, caballos, carruajes! Las cinco, las seis, las siete. Ya est&aacute;
+lleno de gente el colgadizo.</p>
+
+<p>Caballeros y ni&ntilde;as vienen ya del brazo, de las habitaciones interiores.
+Carruajes y caballos se detienen a la puerta del fondo, de la que por un
+corredor alfombrado, con grabados sencillos adornadas las paredes, se va
+a la vez a los cuartos interiores que abren a un lado y a otro, y a la
+sala. Ya desde &eacute;l, al apearse del carruaje, se ve a la entrada de la
+sala, donde hay un doble recodo para poner dos otomanas, como si hubiese
+all&iacute; ahora un bosquecillo de palmas y flores. En un cuarto dejan las
+se&ntilde;oras sus abrigos y enseres, y pasan a otro a reparar del viaje sus
+vestidos o a cambiarlos algunas por los que han enviado de antemano. A
+otro cuarto entran a ali&ntilde;arse y dejar sus armas los que han venido a
+caballo. Una panoplia de armas indias, clavada a un lado de la puerta de
+los caballeros, les indica su cuarto. Un gran lazo de cintas de colores
+y un abanico de plumas medio abierto sobre la pared, revelan a las
+se&ntilde;oras los suyos.</p>
+
+<p>Ya suenan gratas m&uacute;sicas, que los indios de aquellas cercan&iacute;as,
+colocados en los extremos del colgadizo, arrancan a sus instrumentos de
+cuerdas. Del jard&iacute;n vienen los concurrentes; del cuarto de las se&ntilde;oras
+salen; Ana llega del brazo de Juan. &laquo;Juan, &iquest;qui&eacute;n ha sido? &iquest;para m&iacute; ese
+sill&oacute;n de flores?&raquo;. No la rodean mucho; se sabe que no deben hablarle. Y
+&iquest;Luc&iacute;a que no viene? Ella vendr&aacute; enseguida. &iquest;Y Sol? &iquest;D&oacute;nde est&aacute; Sol?
+Dicen que llega. Los j&oacute;venes se precipitan a la puerta. No viene aun. Se
+est&aacute; inquieto. Se valsa. Sol viene al fin: viene, sin haberla visto, de
+llamar al cuarto de Luc&iacute;a. &laquo;&iexcl;Voy! &iexcl;Ya estoy!&raquo;. As&iacute; responde Luc&iacute;a de
+adentro con una voz ahogada. No oye Sol los cumplimientos que le dicen:
+no ve la sala que se encorva a su paso; no sabe que la escultura no dio
+mejor modelo que su cabeza adornada de margaritas, no nota que, sin ser
+alta, todas parecen bajas cerca de ella. Camina como quien va lanzando
+claridades, hacia Juan camina:</p>
+
+<p>&mdash;Juan &iexcl;Luc&iacute;a no quiere abrirme! Yo creo que le pasa algo. La criada me
+dice que se ha vestido tres o cuatro veces, y ha vuelto a desvestirse, y
+a despeinarse, y se ha echado sobre la cama, desesperada, lastim&aacute;ndose
+la cara y llorando. Despu&eacute;s despidi&oacute; a la criada, y se qued&oacute; visti&eacute;ndose
+sola. &iexcl;Juan! &iexcl;vaya a ver qu&eacute; tiene!</p>
+
+<p>En este instante, estaban Juan y Sol, de pie en medio de la sala, y
+otras parejas, pasando, en espera de que rompiese el baile, alrededor de
+ellos.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;All&iacute; viene! &iexcl;all&iacute; viene!&mdash;dijo Juan, que ten&iacute;a a Sol del brazo,
+se&ntilde;alando hacia el fondo del corredor, por donde a lo lejos ven&iacute;a al fin
+Luc&iacute;a. Luc&iacute;a, todo de negro. A punto que pasaba por frente a la puerta
+del cuarto de vestir, interrumpiendo el paso a un indio, que sacaba en
+las manos cuidadosamente, por orden que le hab&iacute;a dado Juan, una cesta
+cargada de armas, vio, viniendo hacia ella del brazo, solos, en pleno
+luz de plata, en mitad del bosquecillo de flores que hab&iacute;a a la entrada
+de la sala, a Juan y a Sol, a la hermos&iacute;sima pareja. Se afirm&oacute; sobre sus
+pies como si se clavase en el piso. &laquo;&iexcl;Espera! &iexcl;Espera!&raquo;, dijo al indio.
+Dej&oacute; a Juan y a Sol adelantarse un poco por el corredor estrecho, y
+cuando les ten&iacute;a como a unos doce pasos de distancia, de una terrible
+sacudida de la cabeza desat&oacute; sobre su espalda la cabellera: &laquo;&iexcl;C&aacute;llate,
+c&aacute;llate!&raquo;, le dijo al indio, mientras haciendo como que miraba adentro,
+pon&iacute;a la mano tremenda en la cesta; y cuando Sol se desprend&iacute;a del brazo
+de Juan y ven&iacute;a a ella con los brazos abiertos....</p>
+
+<p>&iexcl;Fuego! Y con un tiro en la mitad del pecho, vacil&oacute; Sol, palpando el
+aire con las manos, como una paloma que aletea, y a los pies de Juan
+horrorizado, cay&oacute; muerta.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Jes&uacute;s! &iexcl;Jes&uacute;s! &iexcl;Jes&uacute;s!&mdash;y retorci&eacute;ndose y desgarr&aacute;ndose los vestidos,
+Luc&iacute;a se ech&oacute; en el suelo, y se arrastr&oacute; hasta Sol de rodillas, y se
+mesaba los cabellos con las manos quemadas, y besaba a Juan los pies; a
+Juan, a quien Pedro Real, para que no cayese, sosten&iacute;a en su brazo.
+&iexcl;Para Sol, para Sol, aun despu&eacute;s de muerta, todos los cuidados! &iexcl;Todos
+sobre ella! &iexcl;Todos queriendo darle su vida! &iexcl;El corredor lleno de
+mujeres que lloraban! &iexcl;A ella, nadie se acercaba a ella!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Jes&uacute;s, Jes&uacute;s!&mdash;entr&oacute; Luc&iacute;a por la puerta del cuarto de vestir de las
+se&ntilde;oras, huyendo, hasta que dio en la sala, por donde Ana cruzaba medio
+muerta, de los brazos de Adela y de Petrona Revolorio, y exhalando un
+alarido, cay&oacute;, sintiendo un beso, entre los brazos de Ana.</p>
+
+
+
+
+
+
+
+
+<pre>
+
+
+
+
+
+End of the Project Gutenberg EBook of Amistad funesta, by José Martí
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK AMISTAD FUNESTA ***
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+- You provide, in accordance with paragraph 1.F.3, a full refund of any
+ money paid for a work or a replacement copy, if a defect in the
+ electronic work is discovered and reported to you within 90 days
+ of receipt of the work.
+
+- You comply with all other terms of this agreement for free
+ distribution of Project Gutenberg-tm works.
+
+1.E.9. If you wish to charge a fee or distribute a Project Gutenberg-tm
+electronic work or group of works on different terms than are set
+forth in this agreement, you must obtain permission in writing from
+both the Project Gutenberg Literary Archive Foundation and Michael
+Hart, the owner of the Project Gutenberg-tm trademark. Contact the
+Foundation as set forth in Section 3 below.
+
+1.F.
+
+1.F.1. Project Gutenberg volunteers and employees expend considerable
+effort to identify, do copyright research on, transcribe and proofread
+public domain works in creating the Project Gutenberg-tm
+collection. Despite these efforts, Project Gutenberg-tm electronic
+works, and the medium on which they may be stored, may contain
+"Defects," such as, but not limited to, incomplete, inaccurate or
+corrupt data, transcription errors, a copyright or other intellectual
+property infringement, a defective or damaged disk or other medium, a
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+your equipment.
+
+1.F.2. LIMITED WARRANTY, DISCLAIMER OF DAMAGES - Except for the "Right
+of Replacement or Refund" described in paragraph 1.F.3, the Project
+Gutenberg Literary Archive Foundation, the owner of the Project
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+Gutenberg-tm electronic work under this agreement, disclaim all
+liability to you for damages, costs and expenses, including legal
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+LIABLE TO YOU FOR ACTUAL, DIRECT, INDIRECT, CONSEQUENTIAL, PUNITIVE OR
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+is also defective, you may demand a refund in writing without further
+opportunities to fix the problem.
+
+1.F.4. Except for the limited right of replacement or refund set forth
+in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS', WITH NO OTHER
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+with this agreement, and any volunteers associated with the production,
+promotion and distribution of Project Gutenberg-tm electronic works,
+harmless from all liability, costs and expenses, including legal fees,
+that arise directly or indirectly from any of the following which you do
+or cause to occur: (a) distribution of this or any Project Gutenberg-tm
+work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any
+Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause.
+
+
+Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm
+
+Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
+electronic works in formats readable by the widest variety of computers
+including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
+because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
+people in all walks of life.
+
+Volunteers and financial support to provide volunteers with the
+assistance they need, is critical to reaching Project Gutenberg-tm's
+goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
+remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
+and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.
+
+
+Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
+http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
+permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
+
+The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
+Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
+throughout numerous locations. Its business office is located at
+809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
+business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
+information can be found at the Foundation's web site and official
+page at http://pglaf.org
+
+For additional contact information:
+ Dr. Gregory B. Newby
+ Chief Executive and Director
+ gbnewby@pglaf.org
+
+Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation
+
+Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
+spread public support and donations to carry out its mission of
+increasing the number of public domain and licensed works that can be
+freely distributed in machine readable form accessible by the widest
+array of equipment including outdated equipment. Many small donations
+($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
+status with the IRS.
+
+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
+charities and charitable donations in all 50 states of the United
+States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
+considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
+with these requirements. We do not solicit donations in locations
+where we have not received written confirmation of compliance. To
+SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
+particular state visit http://pglaf.org
+
+While we cannot and do not solicit contributions from states where we
+have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
+against accepting unsolicited donations from donors in such states who
+approach us with offers to donate.
+
+International donations are gratefully accepted, but we cannot make
+any statements concerning tax treatment of donations received from
+outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
+
+Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
+methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
+ways including checks, online payments and credit card
+donations. To donate, please visit: http://pglaf.org/donate
+
+
+Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
+works.
+
+Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm
+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
+Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
+
+Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
+editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
+unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
+keep eBooks in compliance with any particular paper edition.
+
+Most people start at our Web site which has the main PG search facility:
+
+ http://www.gutenberg.org
+
+This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
+including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
+Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
+subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.
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