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diff --git a/.gitattributes b/.gitattributes new file mode 100644 index 0000000..6833f05 --- /dev/null +++ b/.gitattributes @@ -0,0 +1,3 @@ +* text=auto +*.txt text +*.md text diff --git a/18166-8.txt b/18166-8.txt new file mode 100644 index 0000000..8150abe --- /dev/null +++ b/18166-8.txt @@ -0,0 +1,6316 @@ +The Project Gutenberg EBook of Amistad funesta, by José Martí + +This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with +almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or +re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included +with this eBook or online at www.gutenberg.org + + +Title: Amistad funesta + Novela + +Author: José Martí + +Release Date: April 14, 2006 [EBook #18166] + +Language: Spanish + +Character set encoding: ISO-8859-1 + +*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK AMISTAD FUNESTA *** + + + + +Produced by Chuck Greif and La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes + + + + + + + + + Amistad funesta + + _Novela_ + + José Martí + + + + + Introducción, por Gonzalo de Quesada + +Sea su novela _Amistad funesta_ el décimo volumen de las obras del +Maestro. + +Es milagro que ella, como casi todo lo que escribió, no se haya perdido. +Se publicó en 1885, en varias entregas, en _El Latino Americano_, +periódico bimensual, de vida efímera--órgano de la Compañía Hecktograph, +de New York--que no se encuentra hoy en biblioteca pública alguna. +Además, no apareció con el nombre de su autor sino con el seudónimo de +«Adelaida Ral», y esto hubiera hecho aun más difícil su hallazgo. + +Afortunadamente, un día en que arreglábamos papeles en su modesta +oficina de trabajo, en 120 Front Street--convertida, en aquel entonces, +en centro del Partido Revolucionario Cubano y redacción y administración +de _Patria_--di con unas páginas sueltas de _El Latino Americano_, +aquí y allá corregidas por Martí, y exclamé al revisarlas: «¿Qué es esto +Maestro?» «Nada--contestome cariñosamente--recuerdos de épocas de luchas y +tristezas; pero guárdelas para otra ocasión. En este momento debemos +solo pensar en la obra magna, la única digna; la de hacer la +independencia». + +En efecto; esta novela vio la luz a raíz de fracasados intentos para +levantar en armas, de nuevo, a nuestra tierra, intentos que no apoyó +Martí estimando que el plan no era suficiente ni el momento oportuno; +brotó de su pluma cuando--en desacuerdo con los caudillos +prestigiosos, únicos capaces, con sus espadas heroicas y legendarias, de +despertar el alma guerrera cubana--parecía oscurecido, para siempre, en +la política; fue engendrada en horas de la mayor penuria, en las que, no +obstante, rechazando las tentaciones de la riqueza y sin otra guía que +su conciencia ni otro consuelo que su inquebrantable fe en la Libertad, +sus principios no capitularon. + +A una miseria por palabra se pagó este trabajo, elevado de pensamiento, +galano de estilo, con enseñanzas--como todo lo suyo--para sus +compatriotas; con algo de su propia existencia. + +No sé que el Maestro, en otras ocasiones, cultivase este ramo literario; +pero su traducción de _Called back_, de Hugh Conway--por la cual una casa +editora le concedió, como gran generosidad, cien pesos--, luego con +brillante vestidura y el nombre de _Misterio_ vendida por millares, y la +versión suya, que talmente parece un original, amorosa y admirable, de +_Ramona_ de Hellen Hunt Jackson--buscada en vano en las librerías--, son +prueba evidente de que a haber dispuesto de oportunidad y sosiego para +ello, hubiera, también, triunfado en la Novela. No le faltaban elementos +por su conocimiento de la realidad del mundo y sus pasiones, anhelos y +torturas; le sobraba fantasía para hacerla resaltar; espléndido lenguaje +con que exponerla. + +Ni sus versos, ni parte de su correspondencia, ni sus artículos de +doctrina y de propaganda, ni sus pensamientos ni su biografía he +olvidado; pero cumpliendo con lo principal que él nos enseñó--el servicio +de Cuba--poco se ha podido terminar y solamente ha habido tiempo para +este volumen--y reunir los homenajes a su memoria que van en el mismo +prenda de que aquí, en los lejanos montes de Turingia, donde aun vibran +entre pinos seculares las liras de Goethe, Schiller y Wieland, ¡pienso +en él y en la patria! + +Oberhof, 4 de julio de 1911. + + Gonzalo de Quesada + + + + + José Martí, por Miguel Tedín + + _La Nación_, Buenos Aires, diciembre 1.º de 1909 + + +A principios del año 1888 llegué a Nueva York en cumplimiento de una +misión profesional, y una de mis primeras diligencias fue [ir] a buscar +a Martí cuyas correspondencias a _La Nación_ me habían impresionado +vivamente, revelándome un talento superior y un alma eminentemente +americana. Encontrele en su despacho del consulado oriental en Front +Street, una de las antiguas calles de la gran metrópoli y apenas llamé a +la puerta se adelantó a recibirme diciéndome: ¿Es usted el señor Tedín? +(un amigo común le había anticipado la visita), a la vez que me extendía +ambas manos con tal efusión de franqueza y sinceridad, que ese apretón +selló entre ambos una amistad que solo la muerte del gran ciudadano ha +podido cortar. + +Era Martí de mediana estatura, cabellera negra y abundante que rodeaba +una frente amplia y bombeada, ojos negros de mirada dulce y penetrante, +tez blanca pálida, como son generalmente los cubanos, bigote negro y +crespo y un óvalo perfecto redondeaba su fisonomía armoniosa y vivaz. En +su cuerpo delgado predominaba el temperamento nervioso, que hacía +rápidos todos sus movimientos y sus manos finas y alargadas revelaban al +hombre culto consagrado a las tareas intelectuales. Llevaba como único +adorno en uno de sus dedos un anillo de plata en el cual estaba grabada +la palabra «Cuba». + +Cubrían los muros de su despacho estanterías de pino blanco, algunas de +las cuales él mismo construyó, y en los pocos espacios libres que ellas +dejaban colgaban retratos de los héroes de la revolución cubana que +terminó con la paz del Zanjón, y entre los de varios literatos ocupaba +lugar preferente el de Víctor Hugo. + +Constituían su biblioteca, en primer término, las publicaciones que se +hacían en la América latina, cuyo progreso intelectual seguía con +avidez, habiendo escrito juicios sobre muchas de ellas; pero tampoco +faltaban los de la literatura norteamericana, cuya lengua conocía +profundamente, aunque no fuera inclinado a hablarla. Su mesa de trabajo, +sumamente sencilla, estaba siempre repleta de papeles que formaban sus +numerosos trabajos de correspondencia para los periódicos de Cuba, +Méjico, Guatemala, Argentina, y las revistas que bajo su dirección se +publicaban en Nueva York, aparte de los documentos oficiales de su +consulado. El único ornamento de ella era un tosco anillo de hierro que +tuvo de grillete durante su prisión en la isla de Cuba, cuando aun era +un niño, por causa de sus ideas liberales y que le fue regalado por su +señora madre después de su deportación a España, para que le sirviera de +amuleto en su peregrinación por la libertad de su patria. + +En aquel modesto despacho mantuvo por muchos años el fuego sagrado de la +independencia cubana, sin que por un momento les hicieran desfallecer ni +las disidencias entre sus propios amigos, muchos de los cuales creían +utópica la revolución, ni el espectáculo de las fortunas que se +acumulaban a su alrededor por todos los que consagraban su inteligencia +y su autoridad a los negocios comerciales. + +Allí llegaban y eran cordialmente recibidos no solo los sudamericanos +que deseaban un consejero honrado para orientarse en los caminos de la +vida americana, sino todos los cubanos interesados en la política de su +país. Allí conoció a Estrada Palma, que a la sazón ganaba su vida +manteniendo un pensionado de enseñanza en el estado de Nueva Jersey, y a +muchos otros después actuaron en la revolución. A todos recibía con los +brazos y el corazón abiertos y para todos tenía no solo las hermosas +palabras, sino la ayuda de su experiencia y aun de sus modestos +recursos. + +Su fisonomía moral se caracterizaba por la más absoluta honestidad en +todos los actos de su vida y por el mayor desprendimiento de sus propios +intereses en favor del ideal a que había consagrado su existencia, la +libertad de Cuba. Su espíritu eminentemente altruista, se asociaba a +todos los dolores ajenos y a ellos llevaba el consuelo de su palabra +inspirada; lo mismo compartía las alegrías de sus amigos. Su alma +sensible y delicada sufría con las asperezas del alma yanqui, y nunca +pudo fundirse en los moldes de ambición en que esta está vaciada. +Recibió ofertas halagadoras para que pusiera su talento de escritor al +servicio de intereses comerciales; pero jamás quiso desnaturalizar su +pluma que solo debía servir para unir a la familia latinoamericana y +para luchar por la libertad. Prefirió ser pobre con decoro (palabra que +se encuentra en casi todos sus escritos) antes que sacrificar sus +convicciones ni su tiempo a tareas menos nobles que aquella en que se +había empeñado. + +Poseía un raro talento de asimilación y de generalización que le +permitía abordar con brillo y con criterio sólido todos los problemas +que en el orden político o sociológico entrañan el desenvolvimiento de +las naciones y su memoria privilegiada le permitía recordar todo cuanto +había pasado por el crisol de su inteligencia. Era raro hablarle de un +libro recientemente publicado que él no lo conociera y sobre el cual +pudiera expresar su propio juicio; así como conocía a todos los hombres +que habían desempeñado un papel prominente en la vida de las naciones +latinoamericanas. + +Su palabra era suave, fluida, límpida como su pensamiento, sin +afectación ni rebuscamiento, y producía el encanto de una fuente +cristalina que desciende en su curso halagando los sentidos. Cuántas +veces en los días festivos, solíamos atravesar el río Hudson e +internarnos en las hermosas arboledas de las Palisades o recorríamos las +avenidas del Parque Central, y allí transcurrían insensiblemente las +horas, bajo la influencia de su palabra sana y amena que hacía olvidar +el bullicio de la metrópoli. Su oratoria sólida y rica en imágenes +brillantes se derramaba como raudales de perlas y de flores, y su +auditorio quedaba siempre cautivado por el encanto de ella. Recuerdo que +en una conferencia que dio sobre Guatemala, con el propósito de reunir y +vincular a los latinos residentes en Nueva York, tomó como tema las +flores y los pájaros que adornaban el sombrero de una señorita allí +presente, y sobre él hizo la pintura más hermosa que jamás haya leído de +la naturaleza y de la sociedad centroamericana. + +La impresión que a todos nos produjo fue la de hacer olvidar que nos +hallábamos bajo un cielo gris y helado, creyéndonos transportados a los +trópicos, y solo volví a la realidad de nuestra existencia cuando sentí +un «_hurry up_», pronunciado con áspero acento sajón por dos jóvenes que +pasaban a mi lado. + +Era un trabajador infatigable y desde el alba que empezaba su labor con +la lectura de los diarios hasta altas horas de la noche y a veces hasta +la nueva aurora que solía sorprenderlo cuando, como él decía, se hallaba +engolosinado por algún estudio en que ponía toda su alma para +transmitirla a los lectores que el obligado por las visitas de sus +amigos a quienes recibía con solícito cariño. + +Y no eran solo los trabajos literarios que ocupaban sus horas. Las +dividía entre estos y las conferencias que daba a los cubanos pobres, en +las que se esforzaba para vincular al elemento de color, con los de las +clases superiores, porque unos y otros debían servir para preparar la +revolución cubana que era el objeto de su permanencia en Estados Unidos. + +A pesar de los largos años que allí vivió, nunca pudo identificarse con +la vida americana, porque su espíritu generoso y desinteresado era +refractario a los procedimientos egoístas que constituyen el fondo del +carácter de ese pueblo. Desconfiaba con las tendencias imperialistas de +esa nación y creía que abrigaba propósitos absorbentes, contra los +cuales las repúblicas latinas debieran estar prevenidas. Méjico, decía, +solo ha podido evitar nuevas desmembraciones merced a una política +hábil, en que sin resistir directamente, ha evitado la invasión de +intereses americanos. Consideraba la conferencia monetaria +internacional, iniciada por Blaine y a la que él fue delegado por el +Uruguay, y yo lo fui por la Argentina, más como el medio de favorecer +los intereses de los Estados Unidos platistas, que el de estrechar los +vínculos de todas las naciones de América. Carece, pues, completamente +de fundamento la versión de un escritor franco-argentino, de que Martí +fuera partidario de la anexión de Cuba a los Estados Unidos, cuando, por +el contrario, veía en ellos un peligro para la independencia. Creo, sin +embargo, que sus temores eran infundados a este respecto, como lo ha +demostrado la conducta de aquella nación, para terminar la guerra y +establecer el gobierno propio de la isla y estoy convencido de que no +tienen ambiciones de predominio sobre la América latina. Mr. Elihu Root +me dijo durante su visita a esta capital, que los Estados Unidos nunca +anexionarían a Cuba y tengo la más absoluta confianza en la sinceridad +de este gran estadista americano. + +Los últimos años de la vida de Martí en Nueva York me son poco +conocidos. Su última carta me revelaba un estado moral deprimido por el +exceso del trabajo, que había creado en su organismo una excitación +nerviosa. «Tengo horror a la tinta, me decía, y desearía huir a los +bosques, aunque me crecieran las barbas verdes, para no ver papeles ni +sentir las fealdades de las gentes». Pasaron algunos años, durante los +cuales solo tuve noticias de él por intermedio de un amigo, cuando un +día recibí un telegrama en que me decía: «deberes ineludibles me llaman +a mi patria y necesito su ayuda, mándeme por cable quinientos dólares». +Mi situación en aquel momento era difícil y me fue imposible ayudarlo. +Tengo, pues, el remordimiento de no haber contribuido con esa suma a la +independencia de Cuba, puesto que en esos días salía Martí de Nueva York +para reunirse con el general Máximo Gómez e invadir la isla, iniciando +la nueva insurrección que dio por resultado la terminación del dominio +español. + +La noticia de su muerte en los primeros combates librados entre cubanos +y españoles me produjo hondo pesar. Consideraba a Martí uno de los +hombres de más talento que me había sido dado tratar y su muerte +representaba no solo una pérdida irreparable para Cuba, de la que habría +sido uno de sus preclaros presidentes, sino para la América latina toda, +pues desaparecía el escritor genial en quien el fuego de la solidaridad +americana brillaba con resplandores que iluminaban ambos continentes. + + + + + José Martí, por Román Vélez + + _Notas de Arte_ (Colombia), agosto 15 de 1910 + + +Le conocí y traté en New York el año de 1891. + +Me consagró su amistad. La amistad es la única rosa que no tiene +espinas. La única fuente arrulladora que no tiene lodo. + +Fui su amigo--en el trajín social--de pocos meses. + +Soy su amigo perdurable por el recuerdo y la memoria. + +Su recuerdo es para mí un ariete, relámpago que cruza las soledades de +mi cerebro, viento agitado en mi calma abrumadora, águila que +despierta--en horas de abatimiento--a picotazos mi alma. + +Fui, con varios condiscípulos, expresamente a conocerle. Habitaba casa +humilde y vivía modestamente. + +Enamorado yo de sus escritos, deslumbrada mi juventud por aquel vuelo de +cóndores de su prosa soberana, entré a aquel Areópago con el pensamiento +en las nubes y el corazón en los labios. + +Eran días tétricos para los colombianos residentes en New York, días en +que un desdichado compatriota, al frente de un puesto distinguido, había +llevado a sus gavetas joyas que no eran suyas. + +Fue ese el tópico obligado, y Martí me decía: «los suramericanos +enviamos trozos humanos putrefactos para que estos países los escarben y +examinen, mandamos el rostro ensangrentado de la Patria para que estos +países lo abofeteen». + +Sobre Cuba exclamaba: + +«Estoy desorientado y triste, pero con la mirada siempre fija en la +cumbre inaccesible. + +»En mi tierra no hay más que dos hombres: Gómez y Maceo, y una bandera: +yo. + +»A ellos los tienen como visionarios y a mí me consideran loco. Nos han +dejado solos. + +»Aquí, en los momentos de angustia, en esos días lóbregos en que en vano +lucho y brego con los hombres y las cosas, al trasladar al papel mis +pobres pensamientos, no me explico, no comprendo cómo no se transforma +en Vesubio mi cabeza ni se convierte mi pluma en bayoneta. + +»Ustedes, los colombianos, tienen aun esperanzas de redención: allí hay +vida, hay savia, hay esplendor. + +Nosotros no tenemos nada. + +»Cuba es una tumba muy grande que guarda un cadáver más grande que ella: +la raza india muerta. + +»Esa raza me alienta, y la máxima de Bolívar me conforta: +'¡Venceremos!'». + +Calló, inclinó la cabeza meditabundo, me pareció escuchar el ruido +estruendoso de las armas en la manigua, y comprendí que aquel hombre era +algo más que tribuno, algo más que genio: ¡era la Libertad! + +La América latina ha sido escasa en mentes colosales. El genio, como el +célebre arbusto parlante de Sumatra, no se ha dado en América sino muy +de tarde en tarde. + +Ha habido ilustraciones altas y macizas, pensadores vastos y profundos, +prosistas, oradores y poetas de palabra de oro y alas luminosas; pero el +genio auténtico, la cabeza batida por aquilones y coronada de rayos, la +lengua de fuego que realza y purifica cuanto toca, la pluma gigante que +vierte a raudales la ternura, la ciencia y la filosofía... esos, han +sido muy raros en América. + +Genio Montalvo; genio José Martí. + +El primero con una sombra: el arcaísmo; el segundo, sin sombras y sin +manchas. + +La estulticia de las muchedumbres, el espíritu fácil al aplauso de +nuestra raza, la lisonja desmesurada de los gacetilleros, el coro vacuo +y frívolo de las mediocridades, han hecho aparecer en ocasiones como +lumbreras a seres que apenas han tocado los primeros peldaños de la +gloria. + +Entes grandes y pomposos--como la encina de Lebes--, pero huecos. + +Árboles corpulentos de espléndido ramaje, pero torcidos e inclinados a +la tierra. + +Hoy la serie de pensadores es como una serie de montañas, pero sin +cumbres que sobresalgan, sin picos que se despidan de las otras. + +La constante difusión de las luces, el espíritu incansable e +investigador del siglo, la rapidez y la facilidad en las comunicaciones, +la escuela, el libro, la prensa y la tribuna, han eliminado esas +eminencias, cúspides de la humanidad. + +Con la abundancia de las colinas han desaparecido los Himalayas. + +Con la dilatación ha resultado el aplanamiento, con el ensanche se ha +perdido la altitud. + +El peñón abrupto es arena rutilante. + +El nido es colmena. + +La altura es extensión. + +La cima ha sido cubierta por la arboleda en marcha: no se ven más que +árboles. + +La roca altísima ha sido invadida por el mar: no se ven más que olas. + +Hoy es plaza lo que ayer fue torre, lago lo que fue atalaya, cielo +inconmensurable lo que fue astro esplendoroso. + +«Las cumbres se han deshecho en llanuras, las llanuras son cumbres. + +»Son muchos los poetas secundarios, escasos los poetas eminentes +solitarios. + +»El genio va pasando de individual a colectivo. + +»El hombre pierde en beneficio de los hombres. + +»Se diluyen, se expanden las cualidades de los privilegiados a la masa». + +Las golondrinas se han elevado y los cometas han descendido. + +Las legiones han subido y Júpiter ha bajado. + +El mérito de Martí consistió precisamente en eso: haber dado sombra a +tantas grandezas. + +En época, en que la ciencia es ambiente y el talento multitud, él fue +Argos impoluto, gigante, solo, y ¡único! + +Todo tiene en la naturaleza su punto culminante, su nota dominadora, su +faz grave y severa: la selva, el roble centenario; el océano, la ola +inmensa de cresta arrebolada; el desierto, el león hirsuto y arrogante; +y la sociedad, el genio. + +¡Y genio fue José Martí! + +Murió a los 42 años y es asombrosa su labor política y literaria. + +A la edad en que otros comienzan a ascender, ya él traía guirnaldas del +Olimpo. + +En un mismo día, y en ocasiones en una misma hora, escribía un discurso, +redactaba una carta, pergeñaba una revista, otorgaba una clase, leía un +libro, hojeaba un folleto, traducía una fábula, hablaba de cosas fútiles +con su familia y de cosas lisonjeras con sus amigos. + +Tenía el don de contorcerse y dividirse, la cualidad de la +centuplicación. + +Un caso de polizoísmo. + +Trabajaba en una casa de comercio, colaboraba en varias sociedades y +_magazines_, sostenía incansable correspondencia con sus adictos, +enseñaba a los desgraciados, meditaba, discutía, exaltaba a los +pusilánimes, asaeteaba a los cobardes, confortaba a los sufridos, se +erguía ante los poderosos, lloraba con los indigentes; tenía un báculo +para cada caída, una esperanza para cada lacería, un bálsamo para cada +dolor, una rosa para cada beldad, un pensamiento dulce para cada +párvulo, y aun le quedaba tiempo para ser rendido y galante con la +esposa y cariñoso y afable con los hijos. + +Séneca, Aristóteles, Corneille, Bacon, Montaigne, Joubert, Massillón, +San Agustín, Rousseau, Voltaire, Shakespeare, Juvenal, toda una legión, +se agitaba, bullía, vibraba en aquel cerebro poderoso, hecho para los +torneos y las epopeyas, para las recias batallas y las hondas +lucubraciones. + +En sus manos eran a diario: el _Tratado de la Naturaleza_ de +Malebranche, _Los Pensamientos_ de Marco Aurelio, la _Historia de +España_ de Mariana, los _Epigramas_ de Marcial, las endechas de +Massinger, el _Capital_ de Marx, las elegías de Propercio, los _Ensayos_ +de Macaulay, las _Observaciones_ de Llorente, el _Catecismo_ de Lutero, +todo le era familiar, conocido, íntimo, y consideraba los periódicos +como soldados y los libros como hermanos. + +Para él todas las mujeres eran santas, todos los hombres buenos, todos +los guerreros dignos, todos los oficios nobles, todas las cosas bellas. + +El reptil, a sus ojos, se convertía en ave; el barro en oro; el erizo en +flor; el espectro en ángel. + +Su voluntad era granito; su espíritu, llama. + +Unía, a la calma de Massena, el arrojo de Murat. + +Aunaba, al candor de Carlos Dickens, la precisión de Víctor Hugo. + +Odiaba el estilo misoneico y la poesía macróstica. + +Admiraba más a Martos que a Castelar. + +Para sus compañeros y admiradores era inofensivo como la malva; para sus +enemigos, venenoso como el quedec. + +Polígloto, enciclopédico, polílogo. + +En aquellos, atardeceres mincosos de la gran Metrópoli, en que Martí +solía pasearse por las alamedas de Green Wood, ¡quién iba a imaginarse +que de aquella mano tan sencilla pendía un mundo, que tras aquella +cabeza silenciosa iba una bandada de águilas libertadoras! + +Su erudición, pasma. Si todos van contra él, él va contra todos. Tiene +del ala y del hacha. De la roca y del torrente. De la hoja y del rayo. +Ensalza, y va hasta lo infinito; derriba, y llega hasta el abismo. +Cuando alaba encumbra; cuando analiza, despedaza. Su palabra, ora corre +mansa, ora retumba; sus verbos, ora se deslizan, ora estallan. Algo como +un trueno avanza por entre sus frases calológicas. Se siente calor de +nube y rodar de cañones. Esculpe de una plumada; retrata de un brochazo. +Tiene arranques sublimes en que parece que la tierra se levanta o el +cielo se desploma. Tiene voces que gimen, términos que gritan, giros que +rimbomban. Se escucha vuelo de pájaros y fuego de fusilería. Su dibujo +es línea recta; su corte, el del diamante. Es paleta y es cincel. Es +terso y es hondo. Palpita y regolfa. Su ritmo es una nave que se aleja; +su dialéctica, escuadra que combate. Por entre la malla de su prosa hay +pueblos que se hunden, ejércitos que se destrozan, mares que se +revuelcan, bosques que caminan. Es raso y es acero. Es guzla y es +clarín. Es halago y es centella. Escribe versos que enamoran, filípicas +que entusiasman, libros que glorifican. Es diminuto y es excelso. +Sencillo y complicado. Es león y paloma. Oruga y colibrí. A veces se +detiene, como ante un precipicio; a veces corre veloz, como una +locomotora. Mezcla lo alto y lo bajo, lo noble y lo ruin, la mariposa y +el estiércol, la mirla y el escarabajo, el dicterio y la canción. + +Todo sale embellecido y purificado de aquella péñola incomparable, +péñola que hoy bendice todo un pueblo, y es lumbre de la humanidad. + +Su vida fue un himno permanente a todos los derechos, eterna protesta a +todas las iniquidades. + +Fue mentor augusto, patriota insigne. + +Fue principio y resumen. Alfa y Omega. Sacerdote y apóstol. Mecenas y +Catón. Sufrió, amó, creó. Conoció lo pasado, vislumbró lo porvenir. Fue +artista, gladiador, vidente. Se echó un mundo a la espalda y con él se +le vio, radioso y fatigado, camino de la inmortalidad. Ante los +obstáculos se duplicaba; ante los imposibles, no cedía. Enérgico, +rápido, tenaz. Si nublado, se alzaba; si torrente, se sumergía. Para él +era pira la existencia, átomo el universo, minutos las edades. Limpiaba, +talaba, esclarecía. Hacía surgir proclamas de los muertos, lanzas de las +tumbas, auroras de los antros, escuadrones de las piedras. Brotaba +chispas su espada; relámpagos, su pensamiento. + +Dominó, coronó, ascendió. + +Y al caer, rota la frente, en un charco de sangre, hubo irrupción de +llamas en el cielo, aglomeración de palmas en la tierra, condensación de +recuerdos y sentimientos en el corazón de los americanos. + +Para llorar a Martí no son suficientes las lágrimas de todos los hombres +ni el grito clamoroso de todos los siglos. + +¡Santa memoria de Martí, bendita seas! + + + + + Martí + + Discurso pronunciado por el Doctor José Antonio González Lanuza + + _En la Cámara de representantes de Cuba el 19 de mayo de 1910_ + + +Señor Presidente y señores Representantes: + +Cuantos aquí nos congregamos, hacemos memoria, sin duda, de una sesión +análoga a esta--igual a esta diría mejor--en el año precedente. El +entonces designado para hablar de Martí, fue el señor Miguel Viondi, y +los que aquí estamos y estábamos aquella tarde, recordamos cuán +gratamente nos entretuvo; dando a su disertación el interés de la +relativa novedad, única a que puede aspirarse cuando del Padre de +nuestra Patria se trata hoy entre nosotros. Colocado se encontraba el +señor Viondi en ventajosas condiciones para ello: amigo íntimo de Martí, +lo había tratado durante largo tiempo y de la manera más estrecha y +podía referirnos rasgos, de esos que parecen insignificantes, pero que +mejor que ninguna otra cosa indican el temperamento y la condición +peculiar de un personaje. Refiriéndonos historias de esa clase, podía +entretenernos con algo nuevo que no supiéramos los demás, que pudiera +servir para rectificar algún juicio de detalle y para confirmar, como no +podía, menos de resultar confirmado, el juicio que en conjunto +formáramos todos de antemano del hombre insigne cuyo nombre invocamos en +estos instantes. + +En cambio, el que se ha designado para que lleve la palabra en el día de +hoy, y de él os hable, se encuentra en condiciones más desventajosas, +porque no tuvo la dicha de conocerlo, ni de vista; y porque de él sabe +lo que sabemos todos; y de él no puede decir otra cosa que lo que está +en la mente y en el corazón de todos. No era posible que en Cuba se +ignorara quién fue Martí, cuál fue su obra y cuál su representación +entre nosotros. Desde los más humildes--desde el punto de vista de la +inteligencia--hasta los que pueden decirse próceres de esa inteligencia, +muchos han hablado entre nosotros de aquel que por antonomasia se ha +llamado el Maestro. Historia de su vida, antecedentes de su carrera +política, antecedentes de la agitación que organizara y todos los +detalles relativos a su participación en el movimiento revolucionario +que definitivamente independizó a Cuba, son, para cuantos aquí estamos, +cosas sabidas; e igualmente son sabidas por todos los cubanos. En tal +concepto, al que no pueda referir algún aspecto de la vida personal de +aquel gran cubano, a un auditorio distinguido como este, se le coloca en +una situación verdaderamente difícil cuando se le hace hablar de Martí. +El tema es atractivo, es simpático, y porque siempre ha sido tema +atractivo y simpático, muchos lo han tratado, muchos lo han +desarrollado. El terreno, de tal modo, está espigado por completo; y yo +he de recomendarme a la benevolencia de ustedes para que con esa +benevolencia se me perdone todo lo que en mi discurso no puede menos de +ser una repetición. + +Pudiéramos dividir en tres partes, no iguales, cierta mente, un discurso +como el que debo pronunciar en el día de hoy: en una se puede hablar de +la vida de Martí; en otra, de su carácter y de los rasgos prominentes +del mismo; en la tercera, de su obra. Digo que no pueden ser iguales, +porque acaso algo pueda decirse más extensamente, con un relativo aire +de novedad de la segunda y de la tercera; de la primera, imposible. +Hacer aquí un resumen de su existencia, de todos conocida, sería hacer +perder tiempo a los señores que me escuchan. Su infancia; su juventud, +pobre y agitada, mucho más que su infancia; su amor al estudio; las +deficiencias de sus medios económicos; la consagración de toda su vida +al logro de un ideal; su paso por España, sus pasos en Cuba, su +residencia en las repúblicas de la América latina, su residencia en los +Estados Unidos; son cosas de todos conocidas. Su participación en el +movimiento revolucionario, su agitación en las emigraciones cubanas, su +recorrido por todos los países en los cuales creyó que podía encontrar +un eco simpático al pensamiento revolucionario y su dedicación absoluta +y definitiva a dar cuerpo a ese pensamiento y a su ensueño, ¿qué son +sino una cosa que está en la memoria y en el corazón de todos nosotros y +que no necesita ser repetida, que no debe ser repetida, porque la +repetición no sería ciertamente excusable, sería incuestionablemente +vana y presuntuosa? + +No hablemos, por consiguiente, de su vida. De ella, lo que parece +destacarse de una manera marcada, es esto sobre lo cual necesariamente +habré de volver, porque fue rasgo típico de su temperamento. Fue una +vida dirigida, como la aguja magnética, hacia una sola dirección; y +todas las vicisitudes y agitaciones de aquella existencia, realmente +tormentosa, vinieron al cabo a culminar en un mismo punto y en el +sentido de una sola vía, por la que se encaminaron en definitiva sus +pasos. Donde quiera que encontró cualquier oficio por el cual trató de +librar su subsistencia, la adopción de ese oficio no tuvo más objeto +sino el de lograr que fuera posible ir viviendo, para que al par que su +vida se prolongara, se realizase la obra que se había impuesto. La tarea +que desde sus tiempos de muy joven concibió en su espíritu, despertó en +el mismo el propósito de consagrarse a ella, y de hecho, posteriormente, +su vida fue, en cuanto a esa tarea, una definitiva consagración. +Naturalmente, en un hombre obsedido por esa misión, que debió creer que +providencialmente le estaba impuesta, y luego veremos por qué lo digo, +no era posible que se produjera un rumbo normal, tranquilo y constante +en la existencia. Dado el hecho de imponerse a sí mismo semejante +misión, todo lo que no fuera el cumplimiento de ella, tenía que ser +accesorio para él y accidental. Era preciso vivir; no tenía fortuna y +era preciso buscar el pan de todos los días. Un hombre de inteligencia +suficiente para haber abrazado cualquiera de esas profesiones, que si no +francamente lucrativas, permiten por lo menos vivir con comodidad, no se +podía ocupar de ninguna de ellas. Teniendo título de Abogado, no le fue +dable ejercer la profesión. Para ello hubiera tenido que radicar en un +mismo punto, que vivir en Cuba, y en Cuba española, que someterse a la +mirada recelosa de la policía española, que prescindir de todo lo que él +entendía que constituía su destino. Era preciso que librara la +subsistencia con oficios que le permitieran al propio tiempo viajar, +moverse de acá para allá, preparar el movimiento revolucionario en +definitiva. Y tan es así, que una especie de visión, de destino +providencial le animaba, que contra el parecer de la inmensa mayoría de +sus conciudadanos, contra el parecer casi unánime de ellos, entendió que +estaban maduros los tiempos, cuando todo el mundo pensaba que su +tentativa habría de abortar como extraña aventura de dementes. + +A veces sucede esto, y ha sucedido en muchas ocasiones en la historia de +la humanidad: no son precisamente los hombres de mayor reposo en el +carácter y más serena cultura mental los que han decidido a las +multitudes a obrar, los que han lanzado a los pueblos por el camino de +su destino verdadero. Para eso se ha necesitado casi siempre una +obsesión pasional y la impulsión que naturalmente se produce en virtud +de ella; comunicar a las multitudes el fuego que a nosotros abrasa y +hacerles realizar lo que ellas no pensaron que debieran realizar; aun +muchas veces contra la voluntad general, adivinando cuál es el estado de +la subconciencia, el deseo íntimo y verdadero de una agrupación de +hombres, para llevarlos a que ejecuten lo que quisieran ejecutar, pero +lo que no se atreven siquiera a pensar en ejecutar. De aquí el que fiel +a su destino, Martí viviera como corresponsal de periódicos, moviéndose +de acá para allá, remitiendo correspondencias a un diario denominado _El +Partido Liberal_ y después a _La Nación_ de Buenos Aires, ganándose su +subsistencia modestísimamente de este modo, a fin de girar por el mundo, +aunando voluntades aquí como allí, reuniendo fondos, procurando contar +con la colaboración de los que podían ponerse al frente del movimiento, +y no desmayando nunca ante ningún desastre, ni ante ningún desengaño. +¿Para qué dar detalles? Esta fue invariablemente su vida. Los accidentes +de la misma no harían sino presentar diversas facetas de esto que he +indicado como su conjunto general. + +Discurrir ahora acerca de su temperamento y de su carácter, de su papel +y de su misión en la obra revolucionaria cubana, tiene para mí también +un relativo inconveniente. Hace poco más de un año, cuando, en la +próxima ciudad de Matanzas se inauguraba, por iniciativa de un hombre a +quien vi entonces por última vez, el doctor Ramón Miranda, un artístico +monumento en honor de Martí, el doctor, que a ello me había comprometido +de antemano, me llevó a dicha ciudad a hacer uso de la palabra en la +ceremonia de inauguración. Entonces, refiriéndome en un breve discurso +dicho en la plaza pública, y que por ello no podía ser ni largo, ni +reposado, ni serenamente meditado, a aquello que para mí constituía +carácter típico y saliente de Martí, señalaba estas dos circunstancias +que no diré que sean absolutamente exclusivas de él, pero que en +realidad son en él más prominentes que en ningún hombre que haya podido +vivir una vida análoga a la suya y que se haya impuesto una misión como +la que él se impuso. + +En primer lugar, un hombre que movía a los demás a pelear, que encendía +en su patria la hoguera de la lucha tremenda, que condenaba a sus +hermanos a pasar por la crisis de un terrible martirio, estaba al propio +tiempo animado de un amor sin límites a la humanidad y de una +benevolencia para todos los humanos, por malignos que fuesen o por +errados que estuvieran; entre otros, y tal vez principalmente, para los +que consideraba sus enemigos. Y además hubo en él rasgo peculiar de su +tarea y de su esfuerzo: de todos los hombres que han podido determinar a +una colectividad, grande o pequeña, a realizar una obra común, un +propósito general, quizás él sea el que representa en esa obra común una +parte más grande por razón de su esfuerzo individual. Martí, en efecto, +fue el determinante principalísimo de la revolución cubana. El pueblo +cubano, en aquel tiempo, y cuantos vivimos en aquella época lo sabemos, +no quería en su mayoría al menos, la revolución. El Gobierno de España +nos había dejado entrever una mejor condición política, sin sacudidas ni +agitaciones violentas. Tan cierto es que aquello hubiera podido contener +la obra revolucionaria que, como se ha dicho después y repetido muchas +veces, la actitud que tomó el Gobierno español por la iniciativa del +Ministro Maura contuvo un poco a Martí. Le pareció que su ideal y su +tarea corrían peligro si aquellas reformas políticas se implantaban en +Cuba de buena fe y eran generalmente aceptadas por el pueblo cubano, en +virtud de lo cual él ya no tendría ambiente adecuado para poner por obra +sus propósitos. Fue la obcecación de los políticos españoles, de acá y +de allá, la que se levantó como una barrera ante el Ministro que acabo +de indicar y dejó el terreno aun más preparado que antes lo estaba para +que pudiera fructificar la semilla. No obstante, el Gobierno español, +volvió, como todos sabemos, a la idea de reformas políticas. El plan del +señor Maura se desechó; pero se planteó otro nuevo, que llevó el nombre +de Abarzuza; y aun cuando la generalidad entre nosotros creyó que se iba +a obtener menos de lo prometido, la mayoría se resignaba a obtener +aquello, a cambio de no tener delante de sí el fantasma de ninguna +agitación, de ninguna revolución, de ninguna lucha. Yo recuerdo que no +ya entre los elementos españoles, sino aun entre los elementos cubanos, +y muy cubanos, y muy probados, pero que no se encontraban en la +conspiración que estallaba en aquellos instantes, fue un efecto terrible +el que produjeron los primeros movimientos. He tratado a algunos, +emigrados de la guerra de los diez años, de aquellos que desde su +principio marcharon a los Estados Unidos o a algunas de las Repúblicas +Hispanoamericanas, que consideraron un acto de locura el que se iniciaba +en aquellos días. Creyeron que todo lo que se había adelantado, en 17 +años de predicación pacífica, por el Partido Autonomista, iba a ser +irremediablemente perdido; y un amigo particular mío, que se hallaba en +Madrid cuando los primeros sucesos estallaron, que salió de España muy +poco después y regresó a Cuba, hubo de declararme que en una entrevista +que tuvo pocos días antes de embarcarse con el famoso tribuno español +don Emilio Castelar, este le significó que en Cuba, se había cometido un +acto de demencia irreparable, y que los que lo cometían y los que no lo +cometían, en virtud de irremediable consecuencia de la solidaridad, +verían perturbado el sistema político de Cuba, ya que aquellos sucesos +lo harían volver mucho más atrás de donde se encontraba en el momento en +que se iniciaron los primeros esbozos de un plan de reformas. Y esa idea +de don Emilio Castelar era la idea que aquí tengan todos los que no +estaban, diré mejor, los que no estábamos comprendidos en la +conspiración; porque a pesar del papel que yo posteriormente pude +desempeñar, modesto y obscuro, en el movimiento revolucionario, he de +declararlo sinceramente, y nunca he pretendido lo contrario, en la +conspiración inicial no estuve comprendido ni iniciado; hasta el punto +de que, no sospechando que yo podía ser capaz de semejante cosa, el +señor Juan Gualberto Gómez, a pesar de haber llevado su defensa ante la +Audiencia de la Habana cuando se le procesó por la publicación de un +artículo titulado «Por qué somos separatistas», jamás contó conmigo y +aun hubo de decirme, ya en Ceuta, donde nos encontramos, que él se +hubiera dirigido a mí si hubiese sabido que yo era susceptible de ser +inyectado con semejante virus; a lo que le contesté que quizás, en +aquellos momentos, no hubiera sido yo susceptible de recibir, con fruto, +la inyección. + +En tales condiciones se encontraba la población de Cuba cuando Martí +empezó la obra revolucionaria. Es verdad que, como él decía, en el suelo +no se advertían los brotes primeros de la planta, pero él sintió lo que +pasaba en el subsuelo, y en el subsuelo estaba ya preparada la semilla; +prueba cómo ella fructifera. Aun los más ajenos al movimiento inicial, +se sintieron (y aquí también puedo decir, nos sentimos) inmediatamente +arrastrados por él; de tal manera que aun antes de que la invasión de +las provincias occidentales diera grave y decisiva importancia al guante +arrojado al Gobierno de España, ya habíamos sentido muchos, que veíamos +venir la ola arrolladora, que lo peor que podía suceder a los nacidos en +Cuba sería que ese Gobierno de España aplastara militarmente a la +revolución; y aun algunos, sin creer que aquella revolución podía tener +un éxito, mucho menos cercano; sin pensar que en el período +relativamente corto de tres años se triunfara; pensaron que era +necesario un movimiento general para prestar auxilios a dicha +revolución, procurando al menos colocar el pleito en condiciones de +transacción que a España resultara irremediable; primera victoria, que +había de ser victoria definitiva, un poco más tarde, de Martí ya muerto, +sobre nuestros corazones. + +Era, indudablemente, un hombre extraordinario el que llegó a producir en +un pueblo, pequeño o grande, eso poco importa, fenómeno como el que +acabo de indicar. Decíales a ustedes hace poco que había en realidad en +su vida toda algo que indica que él se consideraba providencialmente +destinado a semejante misión. Esa impresión, mucho tiempo después de +muerto él, la recibí directamente por unos renglones suyos, y en la obra +de menos importancia de todas aquellas que ha publicado el señor Gonzalo +de Quesada, piadoso recolector de sus escritos; en una que se titula _La +Edad de Oro_ y que es un volumen que contiene los trabajos que insertara +Martí en cuatro o cinco números, muy pocos, de una revista que publicó, +dedicada a los niños, y de la que él era el director y el redactor casi +único. En uno de esos artículos, que se encuentra al principio, el que +se denomina «Tres Héroes», Martí habla a los niños, en sencillo +lenguaje, de Bolívar, de Hidalgo y de San Martín; y refiriéndose al +primero, escribe estas palabras que voy a permitirme leeros y en las que +entiendo que hay incuestionable, inconscientemente, y en síntesis, un +poco de autorretrato: + + «Bolívar era pequeño de cuerpo. Los ojos le relampagueaban, y las + palabras se le salían de los labios. Parecía como si estuviera esperando + siempre la hora de montar a caballo. Era su país, su país oprimido, que + le pesaba en el corazón, y no le dejaba vivir en paz. La América entera + estaba como despertando. Un hombre solo no vale nunca más que un pueblo + entero; pero hay hombres que no se cansan, cuando su pueblo se cansa, y + que se deciden a la guerra antes que los pueblos, porque no tienen que + consultar a nadie más que a sí mismos, y los pueblos tienen muchos + hombres, y no pueden consultarse tan pronto. Ese fue el mérito de + Bolívar, que no se cansó de pelear por la libertad de Venezuela, cuando + parecía que Venezuela se cansaba. Lo habían derrotado los españoles: lo + habían echado del país. Él se fue a una isla, a ver a su tierra de + cerca, a pensar en su tierra». + +Cuando esto leí hace poco más de un año, poco antes de que el señor +Viondi pronunciara aquí el discurso del año anterior, me pareció que en +estas palabras Martí se retrataba a sí mismo. No era él de aventajada +estatura, era más bien pequeño de cuerpo (acaso fuera de la propia +estatura de Bolívar); era nervioso también, como a Bolívar pintara; sus +ojos, todos los que lo conocieron lo dicen, relampagueaban; las palabras +asimismo se salían de sus labios; y cuando su pueblo se había cansado de +pelear, él no se había cansado del propósito de iniciar una nueva lucha; +él había decidido la guerra solo, porque solo a sí mismo se consultaba; +no necesitaba consultar a su pueblo y le parecía también muy difícil +consultar la opinión de muchos. Y tan había decidido la guerra él solo, +que a los jefes principales de aquella lucha, a los generales Máximo +Gómez y Antonio Maceo, los fue a buscar; y lo que no habían decidido +ellos, él hubo de decidirlo y fue él solo, él quien sacó de su inacción +a tales hombres y en la aventura los embarcó. Cuando escribía tales +palabras de Bolívar, es probable que pensara en sí mismo; es probable +que no quisiera establecer una franca comparación, cosa que su propia +modestia había de vedarle; pero yo dudo de que nadie que lo haya +conocido, de que nadie que, aun sin conocerlo, haya oído hablar de él +tanto como lo hemos oído nosotros todos, deje de encontrar su propio +espíritu, su propio temperamento, la condensación de su carácter y de su +historia, en esas líneas en que él trataba de pintar a los niños al que +fue el Libertador de la América, Central y Meridional. + +Aquel otro rasgo del que hablara hace poco ya se señalaba en los +momentos mismos en que la lucha tenía comienzo. Parecía a Martí que +debía dirigirse, no para conquistarlos en conquista imposible y absurda +(no hay un solo renglón en el documento a que voy a referirme en que tal +propósito aparezca), hasta a los propios soldados españoles que estaban +en Cuba; y en una especie de alocución y manifiesto que de antemano +publicara, les decía que era su adversario y enemigo, pero que no sentía +por ellos odio de ninguna especie. No los llamaba para convidarlos a la +deserción, no; les advertía el noble propósito de la lucha; y antes de +comenzarla, él, el más débil, el que solo contaba con su esfuerzo, el +que bien se daba cuenta de lo áspera y difícil que iba a resultar, en el +momento en que el encono es más natural en el espíritu del hombre, +proclamaba un ideal de fraternidad para con el adversario y de antemano +quería asegurar para un mañana más o menos incierto, pero en el cual él +tenía mucha fe, un programa de perdón, de ausencia total de rencores, de +olvido de la lucha misma. + +Y en efecto, ese espíritu que dominaba a toda su tentativa +revolucionaria, se vio reproducido en el momento de la victoria al final +de la guerra de Cuba. Y aun cuando en ello me repita, quiero consignar +una cosa que consignara también allá en Matanzas, en la oportunidad a +que antes me refería. Colaboradores entrambos enemigos en que tal fuera +el resultado de la revolución y de su triunfo, no solo los cubanos no +tuvimos, salvo alguna que otra manifestación aislada, que nunca pudo +traducirse en hechos, el propósito vindicativo de las ofensas pasadas, +sino que tampoco dieron los españoles muestras de despecho o de +inconformidad con los hechos consumados, y dándose cuenta oportuna de la +situación la aceptaron acaso con reservas mentales, pero con reservas +que tuvieron la discreción de no exteriorizar jamás; y así nunca, +manifestaron expresa y públicamente, ni aun durante el tiempo intermedio +de la Intervención primera, que, contentos con tal fracaso de la +Revolución vencedora, ellos deseaban que no triunfaran sus ideales +definitivos. De este modo, y con la discreción de un lado y del otro, se +ha podido lograr que la República, ni antes ni después de constituida, +se mirara por esos hombres como una condición de cosas en la cual la +vida era para ellos imposible, y tanto los unos como los otros, los que +habían triunfado con el auxilio americano, y los que habían sido +vencidos por las fuerzas unidas de cubanos y americanos; aceptaron como +cosa definitiva el nuevo orden político, cooperando todos a mantenerlo, +cada cual como ha querido, como ha podido o como ha debido. + +Ese amor de Martí para todo lo humano, hasta el punto de que pudo tomar +como lema de su existencia aquel verso famoso de Terencio, pues que nada +que fuera humano, en efecto, le era extraño, se manifiesta muy +principalmente hacia los pobres, hacia los humildes, hacia los débiles. +Martí se abría muy fácilmente camino en el corazón de ellos. Cuando en +compañía del que fue primer Presidente de nuestra República, ya +constituida en definitiva y reconocida por todas las naciones, don Tomás +Estrada Palma, en los últimos tiempos de la revolución, en la época en +que en el puerto de la Habana voló el acorazado americano «Maine», hice +yo un viaje a Tampa y Cayo Hueso, esto llamó profundamente mi atención. +En las casas más pobres había uno o más retratos de Martí. No se +contentaban generalmente con tener uno solo. Si lo tenían pequeño +buscaban uno más grande y conservaban el pequeño para trasladarlo a otra +habitación. Si lo tenían de busto, querían tenerlo también de cuerpo +entero. Si lo tenían a él solo, querían otro en que Martí estuviese +fotografiado en compañía de algún amigo. Y en todas las casas, por +humildes que fueran, se encontraba su imagen repetida, no una sola vez. +Así la veía uno por todos lados; la veía en el exterior de los edificios +como en el interior de los mismos; en la sala en donde se recibía al +huésped como en las habitaciones privadas; en los talleres de +tabaquería, en número bastante considerable, hasta el punto de haber +podido yo contar seis retratos en un mismo taller. Y en todas partes le +hablaban a uno de Martí. Y había gentes que se sabían de memoria el +primer discurso que dijo en Cayo Hueso; y no había reunión política en +que alguien no se encargara de recitarlos, como la obertura obligada de +la función de que se trataba; y las palabras de él, lo que había dicho, +lo que había indicado en las conversaciones particulares, el consuelo +que había prodigado a los infelices, a los desvalidos, a los tristes se +repetían diariamente; y no vivía uno en aquel lugar y en aquella época +sin ver su imagen por donde quiera, sin oír repetir sus palabras y sus +ideas por todas partes; hasta el punto de que era difícil sustraerse a +la ilusión de que estaba vivo; ¡ciertamente mucho más vivo entonces que +cuando real y efectivamente vivía! + +Otro de sus caracteres (cuantos lo conocieron han podido dar de esto un +testimonio constante) fue la elevación de su mente, su perenne altura +mental. Tengo entendido que, cualquiera que fuese la bondad de su +carácter, cualquiera la facilidad con que se le podían acercar, altos o +bajos, quienes desearan abordarlo, no fue, sin embargo, un hombre +alegre. No podía serlo, puesto que tenía la obsesión de una triste idea, +la idea de una misión dura y difícil, no solo para él, sino también para +sus compatriotas. Aquel amante de la humanidad iba, en efecto, a ser +causa de que se derramara sangre. Su misión no se podía realizar si no a +costa de sangre y de lágrimas; y un hombre que tenía en el corazón tan +abundante piedad para todos los hombres, condenado a realizar obra +semejante, no podía ser jovial, no podía abundar en él la alegría. Por +consiguiente no era dado a tomar en broma familiar las cosas que a +veces, a los demás, a los que vivimos reducidos a un nivel normal +humano, nos proporcionan esa frívola, pero grata impresión que hace +reír. No tenía, no podía tener lo que un amigo mío suele llamar «el +sentido cómico de los acontecimientos». Y así a veces, ante cosas +verdaderamente cómicas, su espíritu encontraba siempre un aspecto sobre +el cual se podía discutir seriamente, abandonando la broma, como algo +incompatible con su temperamento, y contemplando tan solo el lado serio +y elevado a que la cosa misma pudiera prestarse. + +Mi compañero de trabajo y mi íntimo amigo Pablo Desvernine, me ha +referido lo siguiente, que presenciara él una tarde, en el bufete del +señor Viondi, en donde se encontraba Martí. En aquella época el Liceo de +la Habana se hallaba establecido en la Calzada de la Reina. Era antes de +la revolución, durante un breve paso de Martí por Cuba; no solo antes de +que el movimiento revolucionario estallara, sino también antes de +aquella, para muchos aun no claramente conocida, aparición de Antonio +Maceo en La Habana. Y resultó ser que llegó al bufete del señor Viondi +un empleado suyo, un hombre sencillo y bueno, pero sin gran cultura, y +declaró, en medio de la mayor jovialidad, que el doctor José Antonio +Cortina disertaría aquella noche en el susodicho Liceo acerca de «un +inglés» que pretendía que el hombre descendía del mono. Martí se indignó +en medio de la risa general. Comenzó por advertir a aquel pobre hombre +estupefacto que no volviera nunca a expresarse en ese tono de semejante +inglés. «Ese hombre de quien usted habla, le dijo, se llama Carlos +Darwin, y su frente es la ladera de una montaña»; y continuó disertando +en este tono por diez minutos, hasta que sus amigos le interrumpieron +para hacerle comprender lo perdido e inútil de aquella disertación. + +En ese estado de excitación mental y con su espíritu en ese plano +intelectual y moral, se encontraba constantemente. Como hombre que se +halla obsedido por una idea, como acabo de decir, realmente triste, la +de lanzar a sus hermanos a la guerra, le era imposible la risa ruidosa y +la franca alegría. En efecto, si es cierto que su papel en la iniciativa +y en el desarrollo de la revolución fue individualmente tan decisivo +como he podido indicar (y creo que de ello no cabe duda); si se estima +que todo lo que se hizo posteriormente no fue más que consecuencia de su +energía, de su acción individual; cuantos murieron, murieron, entre +otras cosas, y principalmente porque él los lanzó a la muerte, porque a +ella los mandó; y aun así, cuantas viudas, cuantos huérfanos lloraron, +derramaron lágrimas por él; cuantos aquí se arruinaron, y cuantas +propiedades se destruyeron, y cuantos escombros se amontonaron sobre +nuestros campos, y cuanto humo tiñó la pureza de nuestro cielo, fueron +ruina, y destrucción, y escombros, y humo que a él pueden referirse como +a su causa. Todo eso fue realmente obra suya. Y hubiera podido pasarse +un balance de pro y de contra, de cargo y de data, de debe y de haber, +para saber cuál era su saldo, si no hubiera él comprendido la triste +tarea que se impusiera y decretado que ella reclamaba su propio +sacrificio. Y en efecto, tanto como el que más, mucho más que otros +revolucionarios de su índole, no tan solo entendió que debía lanzar a su +pueblo a una lucha desesperada, sino que comenzó por lanzarse con él; y +aun creo que pensó que, inmolándose en holocausto voluntario, debía +morir a las puertas mismas de la revolución. + +¿Quién podrá, por consiguiente, tomarle cuenta de la sangre que se +derramó, de las lágrimas que se vertieron, de todo lo que pudo suponer +aquella lucha postrera de la actual generación cubana, cuando él fue la +primera víctima, prestándose a su propia inmolación? De ese modo, +redimió todo lo que pudiera pensarse que hubo de sombrío en su obra, +aceptando para él, espontáneamente, la parte más sombría. Ya antes había +hecho un sacrificio prolongado, que no había sido cruento, pero que +había sido tan duro, por lo menos, como aquel que hiciera en el momento +de morir. Como dije antes, todos los halagos de la existencia fueron +cosas por él renunciadas. La estabilidad de la residencia en un punto +determinado; los lazos establecidos, cada día más firmes, y que hubieran +sido sin duda lazos de fervoroso afecto respecto de un hombre que tan +fácilmente cautivaba el corazón de los otros; la posibilidad de una +posición económica relativamente holgada, que para ello tenía aptitudes, +condiciones, simpatía, relaciones e inteligencia bastantes, aunque tal +vez no el carácter que se necesita para estas apacibles empresas, un +tanto vulgares; todo esto lo renunció, momento tras momento, un día tras +otro de su vida. No tuvo ni siquiera, por mucho tiempo, los placeres del +propio hogar. Errante siempre, de acá para allá; en la propia España, en +Cuba solo de paso, en los Estados Unidos, en las tierras todas de la +América latina; lo principal de su existencia fue preparar y hacer +estallar la revolución cubana. Todo lo demás que hizo fue perfectamente +secundario en su vida. Esta fue, pues, una vida de constantes +sacrificios. Por eso, con toda razón, en una conferencia que pronunciara +en 1894, sobre él, en New York, en la Sociedad Literaria +Hispanoamericana, de la cual Martí fue Presidente y fundador, terminaba +el señor Enrique José Varona declarando que su carrera podía +sintetizarse «en la palabra gloriosa que pone un nimbo resplandeciente +en torno de unos cuantos grandes nombres, en la que inmortaliza a los +Prometeos, clavados en su roca, y a los Cristos, clavados en su cruz, la +palabra Sacrificio». + +En ello, señores, no hizo Martí más que seguir aquella vieja tradición +de sus mayores; de nuestros mayores, sería mejor decir; ya que la firme +decisión del sacrificio había de ser la única arma de bastante temple +para proporcionar a los cubanos la victoria, remota y casi inasequible. +Cuando se recuerdan los días preliminares del conflicto, se comprende +que todo el que pensara, ya exaltado por la pasión patriótica o sin esa +exaltación y contemplando el espectáculo desde fuera, en que Cuba iba a +luchar contra España, en que una revolución no bien organizada iba a +lanzar el guante a un Estado organizado y con recursos, no podría nunca +concebir que los revolucionarios aspiraran a un éxito militar decisivo y +rápido. Aquella guerra, para resultar, tenía que prolongarse. Se tenía +el ejemplo de los diez años de martirio anterior, y aquellos diez años +de combate habían producido el efecto de que la riqueza se escapara al +pueblo cubano y pasara a otras manos, de que no quedara más que un +residuo de su anterior preponderancia económica. Empeñar una nueva lucha +era consumar la ruina completa, porque aquella debilidad frente a +aquella fuerza (fuerza y debilidad son siempre relativas) no podía +aspirar a ninguna probabilidad de triunfo, sino mediante una +perseverancia constante en el sacrificio. + +Algunas veces, en medio del combate, la posición respectiva de los +adversarios se exageraba por unos y por otros; y de aquí que la +revolución tropezara con algunos inconvenientes propios de la +exageración natural de sus cronistas. Recuerdo, por ejemplo, que el +general Máximo Gómez penetró un día en la ciudad de Santa Clara, y +estuvo durante algunas horas en la ciudad, y se surtió y surtió a sus +tropas de calzado y víveres, y ocupó ropas y municiones, y armamentos, y +caballos, y medicinas; y al fin tuvo que marcharse, porque no podía +sostenerse a pie firme, en tal lugar, contra las tropas españolas. Dado +lo que era la guerra de los cubanos contra España, aquella era, para tal +guerra, una brillante operación militar; pero si realmente se le +anunciaba al mundo, como se le anunció, que el Ejército cubano se había +apoderado de Santa Clara, de la capital de la provincia central de la +isla y que allí se había hecho fuerte contra las tropas españolas, la +noticia tenía el inconveniente de su exagerada importancia; y cuando se +supo después lo que había pasado realmente, la cosa pareció pequeña, +precisamente en virtud de su exageración; y el resultado fue que los +periódicos franceses, más tarde, cuando recibían algunas noticias por +nuestro conducto ponían delante de ellas, con letra bastardilla, +«_Source Cubaine_», para dar a entender que todo aquello era sospechoso +de exageración, si no de mentira. + +Por eso, y antes de hoy lo he dicho, nuestra grandeza verdadera ha +estado en el tesón del sacrificio. De todos aquellos que han abrigado +ese empeño del sacrificio para conseguir la realización de un ideal, +ninguno lo ha hecho con más firmeza y más altura y más decisión que +Martí; muchos han sido inferiores, ciertamente, a él en este terreno. +Por eso creo que el señor Varona tenía razón cuando afirmaba que aquella +palabra era la síntesis más cabal de toda su existencia: en el tiempo de +su vida, haciéndola penosa, mirándolo todo como secundario, salvo aquel +propósito fundamental y esencial de todos sus días, uno tras otros; y +después, al iniciarse la lucha, lanzándose frente al enemigo, buscando +la muerte y encontrándola al fin; ¡él no fue más que un sacrificado +consciente y espontáneo, desde el primer momento hasta el último! + +Nosotros somos los herederos de esa obra suya, como de otras obras que +se han unido a la de él en una tarea común; y una herencia como esta, no +es lícito aceptarla a beneficio de inventario: sus herederos deben +aceptarla sin ninguna especie de restricción, con las ventajas y con los +inconvenientes, con los bienes y con las cargas. Por eso yo, que he +pasado muchas veces como un pesimista, solo porque he visto acaso de un +modo más claro, y he tenido un tanto más de atrevimiento para decirlo en +alta voz, lo que había entre nosotros de inconveniente y de malo, me he +dado a mí mismo una, si se quiere, inmodesta satisfacción, declarándome, +cuando otros me llamaban pesimista, un optimista fundamental. Hasta tal +punto, que un amigo que me conoce me reprochaba una vez diciéndome que +la lectura de los sucesos pasados iba a producir en mi espíritu una +peculiar atonía, porque cualesquiera que fueran nuestros males, hojeando +un libro de Historia, de cualquier pueblo, de cualquier época, +encontraba en sus páginas el relato de una situación infinitamente peor. +Y es verdad, señores Representantes. Recuerdo que leyendo una vez en la +colección de monografías históricas publicada bajo la dirección del +profesor Oncken, de Berlín, una _Historia del Islamismo en Oriente y +Occidente_, encontré un pasaje en que el autor habla de los Emiratos +independientes que surgieron de la primera invasión mogola, en el Asia +Menor y en Armenia. Hubo una serie sucesiva de años en que toda aquella +historia tuvo una trágica monotonía desesperante: degüellos de +poblaciones enteras, incendios y saqueos de ciudades, exterminio de sus +habitantes sin perdón ni aun para niños ni ancianos, lucha incesante de +los pueblos entre sí y contra los invasores comunes; tales son las +simétricas y feroces alternativas de aquella historia. Esta no tiene más +sucesos que referir que esos que he indicado; y el autor del libro +declaraba que para no repetir hasta la náusea hechos exactamente iguales +y horrorosos, iba a limitarse a decir que aquello duró hasta el año +tantos y a dar la lista de los soberanos que reinaron en todo ese +tiempo. Y yo, al leerlo, pensaba: «¡Todavía los turcos encuentran +armenios que degollar!»; y recordaba con cuánta razón, aunque el +consuelo aparezca, viniendo del diablo, Mefistófeles adoctrinaba a +Fausto diciéndole: «En vano un día tras otro amontono torbellinos, +huracanes, incendios, volcanes y lluvias; extirpo al hombre, creo +extirparlo, de la superficie de la Tierra; ¡pero no lo logro en +definitiva, porque aquella maldecida simiente de Adán, jamás perece y +siempre germinal, siempre brota, en ancho río, una sangre vigorosa y +nueva!». + +Ese debe ser, ciertamente, nuestro consuelo. Ahora, para experimentar en +toda su intensidad este consuelo, es preciso hacer un esfuerzo por +llegar a una determinada altura moral y mental; porque es preciso darnos +cuenta de que ese renacimiento y ese bienestar que mañana nos esperan, +tal vez no los gozaremos nosotros; los gozarán tan solo los que vengan +detrás de nuestra generación. ¿Qué importa? Nosotros somos en Cuba la +generación que consiguió realizar la libertad. ¿No es esto bastante +premio para nuestro esfuerzo? ¡Si no nos ha sido posible, si no nos ha +de ser posible llegar también a conseguir la felicidad, pensemos que +esta será sin duda el premio de una generación posterior: el nuestro lo +tenemos ya, lo hemos conseguido! + +¿No somos felices en el presente? Hagamos todo lo que hacerse quepa para +serlo en el futuro; y si llegamos a perder la esperanza de serlo +nosotros mismos, hagamos todo lo posible porque lo sean nuestros hijos. +¿Qué mejor recompensa para el esfuerzo de nuestros mayores, para el +esfuerzo definitivo que nosotros hicimos? Vivamos, por consiguiente, +persuadidos de esa idea, vivamos perfectamente compenetrados de que la +generación que nos precediera fue mucho más desgraciada, mucho más +sacrificada que la nuestra. Luchó más tiempo que nosotros. Los que la +componían se arruinaron por completo, siendo ricos; sufrieron lo +indecible, habiendo nacido felices; y en medio del vigor de la humana +fortaleza, a la mitad del camino de la vida, tristemente se desangraron +y murieron; ¡y no tuvieron la compensación que nosotros hemos tenido, la +de ver tremolando sobre el suelo de su patria la bandera de sus +ilusiones y de sus ensueños! + +Si nosotros lo conseguimos, si al fin pudimos lograrlo y convertirlo en +una realidad, ¿por qué pedir más? Siempre me he dicho esto a mí mismo, y +realmente no he pedido mucho más. Creo, sí, que cuanto haga el hombre +por señalar a sus compatriotas las deficiencias del presente en que +vive, es bueno y es saludable; pero debe hacerlo serenamente y sin ira, +cumpliendo con su deber de heredero de herencia semejante con tesón y +energía, pero sin desesperarse nunca; comprendiendo que el mal es humano +y que de él no se podrá jamás desligar la humanidad. Porque hay que +tener en cuenta que el hombre, considerado como colectividad, progresa +solo muy lentamente y adelanta de una manera análoga a aquella empleada +para cumplir su voto por un conde francés que, en la Edad Media, hizo el +juramento de marchar a Tierra Santa caminando cuatro pasos hacia +adelante y tres hacia atrás; de manera que andando siete pasos tan solo +adelantaba uno. No marcha más rápidamente la humanidad. Al contrario, +aun me parece que marcha con mayor lentitud; pero adelanta al fin, y eso +es lo único que podemos pedir al Destino. Así el mañana será ciertamente +mejor que el presente; y nosotros habremos sido dignos herederos de +nuestros causantes si vivimos considerando el estado actual de cosas no +como algo definitivo, que debe satisfacernos, sino como algo transitorio +que tenemos necesidad de mejorar. Si estimamos que las condiciones +políticas del presente no son buenas, comprendamos que todo lo que en +ellas nos parezca malo ha de ser cosa modificable y mejorable; y cada +cual desde su punto de vista, harmonizando cuanto quepa su interés +personal con el interés colectivo, haga todo lo que pueda para conseguir +ese mejoramiento. + +En suma, si pasajeros del momento presente, tenemos por lo menos la +aspiración ideal de considerarnos ciudadanos definitivos de una ciudad +más perfecta, que está aun por fundar, y trabajamos para fundarla, ¿qué +nos impedirá ser más felices, como premio de tal esfuerzo en el futuro? +Y así pudiera terminar estas reflexiones con que he entretenido la +atención vuestra, repitiendo, aunque para alterarle un tanto su sentido, +una frase que se contiene en la epístola de San Pablo a los hebreos: «No +tenemos aquí por cierto una residencia duradera, permanente; es una +residencia futura, una ciudad futura, la que debemos buscar». «_Non +habemus hic manentem civitatem_ 2, _sed futuram inquirimus_!». + + + + + Martí, por Federico Uhrbach + + _El Fígaro_, noviembre 30 de 1910 + + + Martí + + _Ante su mármol_ + +Para Manuel Sanguily, grande de corazón y pensamiento. + + Alma, escuda con la malla milagrosa de la rima + el dolor y el desaliento que florecen en tu sima + cuando evoca la tristeza la visión de la contienda, + y fecundo rompa el brote vigoroso del ensueño + con la gloria fulgurante del audaz y heroico empeño 5 + y el fugaz deslumbramiento de la trágica leyenda. + + Sí en la niebla del recuerdo melancólica perdura + desolada la memoria que en un vuelo de amargura + reconstruye la sangrienta florescencia de tu duelo, + no perturbe de tu llanto la corriente inagotable 10 + la salmodia del tributo que se eleva inmensurable + de la patria, en la piadosa gracia cándida de un vuelo. + + Si inextinto el sedimento doloroso de la brega + engañosos espejismos simulando dulce entrega + fingen, alma, a tu miseria formular consolaciones, 15 + rinde el plácido reclamo de sagrada tregua, el triste + cavilar en la tragedia de tus lágrimas, y asiste + con tu lauro al homenaje de exaltar consagraciones. + + ¡Cuán radiante en la lejana perspectiva del pasado, + como lampo que emergiera de las ondas de un nublado 20 + se destaca luminosa de la pálida penumbra, + la apostólica figura del vidente mensajero + del amor y la justicia, con su rostro de lucero + y el hechizo de su genio que encadena y que deslumbra! + + De la gloria a los destellos la romántica silueta 25 + del creyente que adunaba sus lirismos de poeta + con la viva llamarada de sus trágicos lirismos, + resplandece como un astro que las almas ilumina + con el fuego milagroso de su bíblica doctrina, + como un rayo de la aurora diafaniza los abismos. 30 + + Soñador de rara estirpe de sublimes soñadores + que persiguen la anhelada redención de los dolores, + heredad fosca y estéril de los seres infelices, + fue su vida inmaculada de fecundas enseñanzas, + en los tristes vencimientos alentar las esperanzas 35 + y en las bregas afanosas restañar las cicatrices. + + Prisionero que en la sombra perdió el alba de la vida, + desterrado que en la playa de región desconocida + inició su apostolado domeñando adversidades, + al templar el alma al soplo de rebeldes embriagueces 40 + prendió el sol que disipara las profundas lobregueces + que opusieran a su empeño las humanas tempestades. + + Las estancias cadenciosas de sus trémulos poemas + guardan bálsamos y mieles, no los fieros anatemas + forjan lanzas aceradas en la urdimbre de su estrofa, 45 + y en la gama de su verso melancólico y flexible + hay, si hiere, un dulce ruego de perdón indefinible, + y un espíritu doliente y amoroso si apostrofa. + + Incansable peregrino de un errante y largo viaje, + fue llevando por las rutas de su audaz peregrinaje 50 + en la alforja de sus sueños su dolor de clima en clima, + su dolor que fue acicate, voz nostálgica de aliento, + al lanzar, transfigurado, su profético lamento + en la breña de la pampa y en la nieve de la cima. + + Con su influjo persuasivo de amoroso misionero, 55 + anunció la buena nueva prodigando en el sendero + de su gracia luminosa floraciones tempraneras, + y simula en la grandeza de su inmenso simbolismo + un radiante Nazareno de exaltado iluminismo + de un Jordán próvido y nuevo predicando en las riberas. 60 + + De su voz al suave encanto de sutiles inflexiones + la piedad acariciaba los heridos corazones + como un trémolo de liras, como un trémolo de auroras, + y el fulgor ultraterrestre que irradió en clarividencias, + fulguró como la estrella que orientaba las conciencias 65 + a las márgenes lustrales de las iras redentoras. + + Paladín de una cruzada de gloriosos caballeros + que oficiaron por la patria con la cruz de sus aceros, + ofreciose en holocausto como símbolo y proclama, + y cayó como una torre que alevoso el rayo asedia, 70 + reflejando en la pupila la visión de la tragedia + y prendiendo un meteoro del zodiaco de la fama. + + + + + «Martí: su vida y su obra» + + por Néstor Carbonell + +_Oración pronunciada el día 23 de febrero de 1911, en el Ateneo de La +Habana_ + + +Señoras y señores: o mis buenos amigos y buenos compañeros, Jesús +Castellanos y Max Henríquez Ureña, entusiastas organizadores de estas +hermosas lides del pensamiento, me hicieron el honor de invitarme para +que consumiera un turno en ellas, consulté la mente, y no hallé tema que +me subyugara: consulté luego el corazón, y hallé, José Martí. Con este +amado nombre por bandera y por escudo, escalo esta tribuna. Pero yo no +vengo aquí como juez a juzgar su personalidad, ni como crítico a +analizar su obra letra luego difundir por los aires el juicio que lo +rebaje o enaltezca. No es ese mi propósito: quede tarea tan difícil como +ingrata, para quien tenga más ambición que la mía y menos temor de su +saber y su persona. Yo vengo aquí, sin más autoridad que la del limpio +corazón enamorado de lo sublime, a rememorar, siquiera sea brevemente, +la vida meritísima y gloriosa, la vida llena de infinitas ternuras y +cruentos martirios de ese enorme soñador melancólico, caballero de todas +las justicias, que sufrió por la patria al través de los años de su +existencia, cuanto hombre puede sufrir, y cayó desplomado de su corcel +de guerra, para no levantarse jamás, como un Aquiles de poema, en la +trágica hermosura del combate, peleando como simple soldado por la +libertad, en un luminoso mediodía de mayo.... Yo vengo aquí a recordar +sus doctrinas, su bello y magnífico ideal: la República con todos y para +el bien de todos, la República de «ojos abiertos» y sin secretos, la +República equitativa y trabajadora, ancha y generosa, altar de sus hijos +y no pedestal de ellos, la República cuya primera Ley fuera el amor y el +respeto mutuo de todos los derechos del hombre, la República culta, con +los libros de aprender al lado de la mesa de ganar el pan, la República +con su templo orlado de héroes, la República sin camarillas, sin +misterios y sin calumnias, ¡la República! y no la mayordomía espantada o +la hacienda lúgubre de privilegios y monopolios irritantes; la República +justa y real en donde fuera un hecho el reconocimiento y la práctica de +las libertades verdaderas. Yo vengo aquí, hoy que crece en nuestro suelo +el manzanillo enfermo del pesimismo, y en que diríase que se está +pudriendo y desmigajando por momentos el alma nacional, a evocar su +memoria sagrada, y al evocarla, a pedir a vosotros todos--y en vosotros a +todos mis conciudadanos--, menos política aleve, menos intriga sutil, +menos ambiciones, menos complicidades, menos emboscadas tenebrosas: y +más piedad para los yerros y ofensas, y más respeto para todos los +preceptos constitucionales, y más rectitud para rechazar a los que sean +capaces de invitar al deshonor y al crimen, y más pureza para defender +los principios patrios, y más voluntad para no codearse con los viles, y +más valor para sacarlos por el cuello y ponerlos adonde el sol los queme +y los destruya.... Yo vengo aquí, a rendir el tributo infeliz de mis +palabras, al literato insigne, al poeta sincero, al orador maravilloso, +al hombre tierno y sonoro, grande y bueno, que despertó en mi alma, ya +con las armonías incomparables de su joyante prosa, ya con los trinos +melodiosos de sus versos, ya con el himno triunfal de su voz +pitonisaria, el amor inextinguible por la Libertad y la Belleza; al +hombre cuya cabeza ya está hueca, cuyos labios ya están mudos, cuya mano +está ya deshecha, al apóstol y al mártir que reposa para siempre en la +almohada eterna y en el inmortal silencio.... Vengo aquí, en fin, +trémulo y reverente, como hijo agradecido y amoroso, a ofrendarle mis +pobres flores, mis flores descoloridas y sin perfume, mis pobres flores +que acaso manos traidoras arrebaten y despedacen, atendiendo al dolor +que en algunos vivos proporciona la glorificación de aquellos muertos +cuyas virtudes no saben; o no quieren imitar.... Sí, porque es triste +cosa, pero es lo cierto; todo aquel que posee una cualidad +extraordinaria, lástima, sin más que eso, al que no tiene ninguna: no +hay bien de uno que no traiga la tristeza de otro; no se rinde homenaje +a un muerto que no vaya acompañado por malignas lágrimas o malignas +sonrisas. El mundo rebosa de gentes que sufren con todo triunfo ajeno y +quisieran ir por él con una pica derribando cuanto les sobresale: y de +gentes parasitarias que se ríen de todo lo que no comprenden. Pero... +desprecio para ellos los envidiosos y desdeñosos de oficio, ¡lástima de +sus humanas envolturas tan vilmente rebajadas! Aunque, quién sabe si por +ello son más grandes los grandes de la tierra, los que han pasado sin +doblar las rodillas por el mundo. Ellos son la espuma que salpica la +barca y también la ola que la lleva a seguro puerto; la nube que oculta +la estrella y también la sombra que la hace resaltar; el puñal que hiere +y que envenena y la mano que venda y que restaura; el chiste raquítico +que rebaja y la oda resonante que eleva y dignifica; la multitud que +recrimina y aplasta y el pueblo que corona y premia; los gusanos que +destruyen el cadáver y las flores que crecen sobre las sepulturas. Ellos +son la consagración: no hay gloria completa sin el beso de una hermosa y +sin la mordedura de un malvado; nadie puede llamarse francamente +triunfador si no ha sentido posarse sobre su frente tiernas miradas de +mujeres y crueles y sarcásticas miradas de hombres... ¡Ah! quién diera a +mis palabras la pujanza de águilas bravías o potros cerriles, para +pregonar con ellas a despecho de afilados dientes y rastreros silbidos, +y no ya por la isla infeliz, sino bajo todos los techos del mundo, el +genio y la bondad del divino maestro. Pero mis palabras, débiles +mariposas, apenas si podrán en su vuelo llegar hasta vosotros, y apenas +si podrán expresar el sobrenatural trastorno que de mí se ha apoderado, +desde que sé, porque lo he prometido, que es deber mío rememorar su vida +llena de sacrificios y perdones, recordar sus doctrinas bañadas de fe y +amor, decir algo que sea de su literatura y poesía originales, rendir mi +homenaje de admiración y de cariño entrañable al hombre sin tacha, a +pesar de fealdades e impurezas de la tierra, al hombre dulce y amable, +que es hoy, al cabo de quince larguísimos años de desaparecido, luz +serena y deleitosa en mi cerebro, ternura y bondad y alas en mi +corazón... ¡Su vida! ¿Y podrá el pensamiento desbordado seguirla en su +carrera de gloria y de dolor? ¿Podrá la palabra humana, humo y cáscara, +y vestidura tantas veces de las más bajas pasiones, relatar tanta +grandeza como encierra su vida? Nació José Martí en cuna humilde, en La +Habana, el 28 de enero de 1853, en la casa marcada con el n.º 102 de la +calle de Paula. Nació en plena corrupción colonial, cuando era Cuba +mártir, el vertedero de todo lo podrido, el refugio de todos los +estorbos, de todos los hambrientos y desocupados de España, cuando era +nuestra tierra, el criadero de una milicia viciosa y enfermiza, robada a +la Agricultura y a la Industria de su país; cuando era esta ciudad, +jardín de América hoy, corral blando y holgado de Capitanes Generales +infecundos, logreros e imperiosos; cuando la bandera roja y gualda +flotaba sobre nuestra casa y a su sombra los cubanos estaban condenados +a perpetua cobardía y los españoles autorizados para enriquecerse y +engordar sus vicios insolentes; cuando el criollo moría en la miseria y +el peninsular paseaba satisfecho en el carruaje comprado con el oro que +manaba del crimen; cuando había más cárceles que escuelas, y el látigo +infamante chasqueaba sobre las espaldas de los hombres de una raza tan +necesitada de justicia como la nuestra; cuando el cubano que no se +sometía a servir de celestino al pisaverde madrileño que lo solicitara, +iba a purgar su osadía en el presidio; cuando el talento de los nativos +dormía echado bajo la bota del déspota ceñudo, y la capa torera sobre +los hombros y la cinta de hule en el sombrero, eran los únicos +pasaportes de honor y las únicas cédulas de vida, verdaderas. Entonces +nació Martí. Fue su padre don Mariano, español, y Sargento cumplido del +Ejército; y su madre, doña Leonor Pérez, hija de Canarias. El sábado 12 +de febrero del mismo año en que naciera, fue bautizado en la iglesia del +Santo Ángel Custodio por el presbítero don Tomás Sala y Figuerola. Al +nacer Martí su padre desempeñaba el cargo de Celador de Policía, o lo +que es lo mismo, tenía título sobrado para matar o encarcelar a los que +no creyera fieles a la _madre patria_. Pero don Mariano era un hombre +honrado aunque de escasa inteligencia y maneras rudas y despóticas. +Cuando Martí tenía un año de nacido, lo llevaron a España a donde fueron +sus padres a visitar unos parientes. Cerca de diez meses estuvieron por +Valencia, al cabo de los cuales regresaron a La Habana, continuando don +Mariano en el desempeño de su antiguo destino. Los padres, pues, de +Martí, españoles, lo educaban en el amor a España y en la sumisión más +absoluta a su Gobierno. Y la aspiración más ardiente de ellos era el ver +algún día a su «Pepe»--así lo llamaban--empleado en la misma faena +policiaca que el viejo. Pero aunque el hombre no viene al mundo hecho, +sino que se hace y se moldea al calor de los acontecimientos, Martí, +rebelde desde niño a freno y reclusiones, fue como esos robles vigorosos +que levantan su copa robusta a pesar de la enredadera que los envuelva y +de los gusanos que lo roan. Verdad que Martí fue un genio, y los genios +como los volcanes traen sus entrañas hechas: ellos mismos se tejen el +amor y se acrisolan la capacidad. Se nace rey como se nace esclavo, pero +quien lo nace no se da cuenta de ello hasta que no manda y es obedecido, +o hasta que no lo mandan y obedece. Martí, dijérase que trajo al nacer +la infinita comprensión del porvenir. En él se realizó el milagro: de un +huevo de paloma nació un águila; en el áspero huerto creció el lirio +perfumador.... + +En una escuela de barrio, de la que contaba él que no podía olvidarse, +porque a su maestro le debía que sus orejas estuvieran más separadas de +la cara que lo regular, aprendió las primeras letras. De allí salió a +los nueve años para el colegio «San Anacleto», que en aquel entonces +dirigía en esta capital el culto educador Rafael Sixto Casado. Y fue en +este colegio donde comenzó a sobresalir, siendo el primero en las clases +y el ganador de todos los premios; donde comenzó a mostrar que no era +aire lo que traía en la cabeza sino pensamiento y acción. De esa niñez +suya, estudiosa, contaba Fermín Valdés Domínguez y cuenta todavía el +doctor Eduardo F. Plá, sus condiscípulos dichosos en las aulas felices, +rasgos asombrosos de inteligencia y de carácter. Y fue de ese colegio de +donde su padre, creyéndolo ya bastante ilustrado lo sacó para emplearlo +de Escribiente en la Celaduría. Y acaso si se hubiera sepultado allí y +se hubiera malogrado el grande hombre, si Francisco Arazoza, un buen +amigo de don Mariano, a espaldas de este, no le hubiera dado dinero para +matricularse en el Instituto de Segunda Enseñanza, y lo hubiera alentado +para que siguiera en sus estudios. Estos los tuvo que abandonar, empero, +meses después, hostigado por el autor de sus días que no estimaba +necesario para desempeñar su empleo, ni para aspirar al de Celador, +saber más de lo que él ya sabía. Sin embargo, el ansia de ilustrarse lo +llevó más tarde, cuando solo contaba catorce primaveras, al plantel de +educación, «San Pablo», colegio de Segunda Enseñanza que fundó y dirigió +en aquel tiempo, el culto y valiente poeta Rafael María de Mendive. En +él se ganó el cariño y la estimación de su Director y estrechó la +amistad con Fermín Valdés Domínguez, quien le abrió su casa acomodada, +le prestó sus libros y le colmó de sincero afecto. De los más dulces +tiempos de su vida fueron esos: y del solaz de ellos, del gozo de ellos, +vino a sacarlo, sacudiéndole las más recónditas fibras del corazón, el +grito de independencia lanzado en Yara, en la madrugada heroica del 10 +de octubre de 1868, por el varón ilustre, por el caudillo insigne, por +Carlos Manuel de Céspedes. Días después redujeron a prisión, en el +Castillo del Príncipe, a Rafael María de Mendive, más tarde deportado a +Santander: y cuentan que Martí, ansioso de ver a su amado maestro, se +fue al Gobierno, y sin más recomendación que su persona, consiguió un +pase para poderlo visitar: y allí iba él diariamente, al calabozo del +cubano prisionero, a llevarle el consuelo de su agradecimiento y su +ternura. El toque de clarín de Yara, primero, haciendo vibrar su joven +alma de patriota, la prisión de su viejo amigo, los sucesos de +Villanueva, y otros desmanes y abusos cometidos por el Gobierno de +España en Cuba, fueron seguramente los que fijaron en su mente la divina +idea de libertad y la necesidad de conquistarla. Fue entonces como su +despertar glorioso. Fue entonces acaso que se juró en secreto a ella y +celebró sus bodas con la patria: fue entonces que recibió esa +consagración del dolor que sublima el alma y señala cumbres desconocidas +al pensamiento.... + +Cuando Mendive salió para España a cumplir condena, Martí, a quien la +existencia se le quedó por esa causa como sin luz y sin guía y sin +amparo, empleose, con el fin de ayudar a su padre, siempre gruñón y +descontento de él, en el escritorio de don Cristóbal Madan, antiguo +amigo del bardo desterrado. A su vez, Martí seguía sus estudios en el +Instituto de Segunda Enseñanza. Y cuentan que en las horas que mediaban +de clase a clase, se reunía un grupo de estudiantes para hablar de +política: y que era siempre Martí, el que más hablaba y con más +entusiasmo, de los problemas de la patria, y que daba gusto oír de sus +labios infantiles, sentencias y frases hermosas, como de adulto hecho ya +a manejar los tiempos y a crearlos: como de hombre hecho a clamar, a +desatar batallas y a desplegar victorias.... En esa misma época, y como +Domingo Dulce, Capitán General de la Isla, decretara la libertad de +imprenta, comenzó Martí a publicar en compañía de Valdés Domínguez un +periódico titulado _El Diablo Cojuelo_, al mismo tiempo que dirigía _La +Patria Libre_, siendo este último el periódico donde publicó por vez +primera su poema «Abdala», canto brioso y fulgurante de levantado +espíritu patriótico. Para él fue un día de júbilo casi celestial, un día +de esos en que el sol parece como que retoza en las almas, aquel en que +vio publicado sus versos. Mas, poco le duró este contentamiento, pues +cuando llegó a su casa mostrando su producción, los padres, que no +estaban de acuerdo con esos juegos de la fantasía y viriles arranques de +cubanismo, lo castigaron severamente. Otros han tenido los besos de los +padres como el aplauso primero a sus demostraciones de hombría, de saber +y de talento: Martí no; Martí no tuvo en el hogar más que áspera voz, +seca riña, cruel amenaza, injusta reprensión de la mano como única +recompensa a sus precoces anhelos de gloria y honores.... + +Y llegó el momento aciago en que había de sufrir el primer castigo, en +que había de comenzar a descender la cuesta de la vida, por amar a su +patria, ser hombre, y negarse al serrallo. Corría el año de 1869. Era el +4 de octubre. Acusados por unos voluntarios, Eusebio Valdés Domínguez, +hermano de Fermín, Manuel Sellén y Atanasio Fortier, del _enorme delito_ +de haberse burlado de ellos al pasar de regreso de una gran parada, por +la casa de la familia de Valdés Domínguez, vinieron, ya entrada la +noche, a prenderlos. Con ese motivo efectuaron un registro en la casa ya +citada, ansiosos, seguramente, aquellos forajidos, de hallar algo que +sancionara la matanza. En el registro llevado a cabo, encontraron, entre +otras cosas, una carta cuyo sobre estaba todavía sin cerrar, y que +habían escrito y firmado Martí y Fermín Valdés Domínguez, para +mandársela a un condiscípulo de ellos que había cometido la mala acción +de apuntarse como oficial de un regimiento, siendo criollo, para ir a +combatir a sus hermanos que en esos momentos bregaban y sangraban por +conquistar para ellos y para todos, casa libre y justa. La breve carta, +escrita por Martí, estaba redactada en estos términos: «Señor Carlos de +Castro y de Castro: (así se llamaba el traidor) Compañero: ¿Has soñado +tú alguna vez con la gloria de los apóstatas? ¿Sabes tú cómo se +castigaba en la antigüedad la apostasía? Esperamos que un discípulo de +Rafael María de Mendive, no dejará sin contestación esta carta». Este +hecho determinó la prisión de Martí y de Fermín Valdés Domínguez, siendo +ambos juzgados en consejo de guerra. Ante el Tribunal fueron llamados +los dos. Valdés Domínguez, primero, declaró que él había sido el autor +de la carta y de las dos firmas. Pero cuando Martí fue interrogado, +jadeante y como si llevara en el pecho una montaña, se acercó a los +jueces, y afirmó con enérgica y vibrante voz que él si era el único y +verdadero autor de la carta citada. Y para corroborar de manera +elocuente su aserto, formuló duros ataques contra la dominación +española, su tiránica política y sus hombres nulos e infames. Este fue +el primer discurso de Martí y la primera demostración pública de su +talento y su carácter irreductibles. Hay hombres que vienen al mundo +como los huracanes y las avalanchas, purificando y retumbando desde que +nacen. Así Martí. Diez y seis años contaba entonces, «el bozo en flor y +el pájaro en el alma» y España quiso matarlo. El Fiscal pidió para él la +pena última y para Fermín Valdés Domínguez diez años de presidio. Pero +el fallo fue: seis años de prisión para Martí y uno para su camarada de +infortunios e ideales. Y Martí fue a presidio. Lo que allí sufrió él, lo +dijo en páginas que todavía gotean sangre, en su folleto «El presidio +político en Cuba» y en el que exclamaba: «Dante no estuvo en presidio. +Si hubiera sentido desplomarse sobre su cerebro las bóvedas oscuras de +aquel tormento de la vida, hubiera desistido de pintar su infierno. Lo +hubiera copiado y lo hubiera pintado mejor. Si existiera el Dios +providente, y lo hubiera visto, con una mano se habría cubierto el +rostro y con la otra habría hecho rodar al abismo aquella negación de +Dios». Y fue luego deportado a Isla de Pinos y más tarde enviado a +España en calidad de deportado. Para ella embarcó el 15 de enero de +1871. Momentos antes de salir le escribía a su benefactor señor Mendive: +«De aquí a dos horas embarco desterrado para España. Mucho he sufrido, +pero tengo la convicción de que he sabido sufrir. Y si he tenido fuerzas +para tanto, y si me siento con fuerzas para ser verdaderamente un +hombre, solo a usted lo debo y de usted y solo de usted es cuanto de +bueno y cariñoso tengo. Diga usted a Micaela que si he tenido muchas +imprudencias, la bondad con que las disculpa me hace quererla más. Y a +Paulina y a Pepe y a Alfredo, y a todos mi afecto. Muchísimos abrazos a +Mario: y de usted toda el alma de su hijo y discípulo». Así escribía a +su viejo amigo, poco antes de salir para el destierro, poco antes de +abandonar su patria y su hogar y sus libros el mancebo estupendo que +había de ser más tarde el Libertador de su pueblo, y el que le arrancara +su última presa en América a la hambrienta monarquía española. + +A España llegó Martí, apesadumbrado, pobre, comido de pesar el corazón. +A causa del grillete que había llevado se le formó un tumor del cual lo +operaran dos veces y las dos sin éxito. Primeramente vivió en Madrid del +escaso producto de unas clases que daba a los niños de don Leandro +Álvarez Torrijo y a los de la Viuda del General Ravenet. Vivía, como es +de suponerse, miserablemente. Viviendo así se lo encontró, cuando fue +deportado a España por los sucesos del 27 de noviembre de 1871, Fermín +Valdés Domínguez, su amigo, o más bien, su hermano. Y como Valdés +Domínguez llevaba en la bolsa, oro bastante, se instalaron juntos en +amplias habitaciones, bien situadas. Y Martí comenzó una nueva +existencia. Mejoró de salud, se le animaron los ojos tristes, y de nuevo +emprendió sus estudios. En esa época y no obstante estudiar sin +descanso, el tiempo no le faltaba para escribir folletos, para +pronunciar discursos desde la tribuna de la logia «Armonía», para hacer +versos, y para hablar con sus paisanos de las enfermedades de la patria +y de sus curas posibles y necesarias. Una noche en que para tratar sobre +el asesinato de los Estudiantes de Medicina, se reunieron los cubanos +allí residentes, Martí habló: y recuerda uno que estuvo en aquella +reunión memorable, que fue su discurso relampagueante, encendido, +arrebatador; y recuerda también, que sucedió esa noche una cosa +sobrenatural. Colgando de la pared, sobre la tribuna, había una mapa de +Cuba, y cuando Martí, lleno del más tierno lirismo hacía una invocación +a su patria llorosa y rodeada de cadenas, cuando la concurrencia, +suspensa de su palabra, temblaba de emoción, el mapa cayó como una +corona sobre su cabeza. ¡Fue como si su tierra toda entera, respondiera +a su llama miento! Y cuando la proclamación de la República en +España--golondrina fugaz como un suspiro--, Martí puso en manos de +Estanislao Figueras, un largo escrito abogando por la independencia de +Cuba. Y cuando los federales en sesión solemne celebrada en la Academia +de jurisprudencia, quisieron hacer declarar a los cubanos de Madrid que +se contentaban con la República federal española, Martí, allí presente, +se opuso a ello, y en un debate que lo mantuvo en pie siete horas, echó +por el suelo esos propósitos. Martí se opuso también a la creación en +Madrid de un Casino Cubano. Por eso y por otros rasgos más, fue a sus +pocos años, y en plena Corte de España, como el verbo y el alma de su +pueblo atormentado y miserable.... + +Debido a que Fermín Valdés Domínguez enfermó gravemente y los médicos le +recomendaron que cambiara de aires, pasaron Martí y él a Zaragoza en +donde apenas llegados, se ganaron el afecto y la estimación de los hijos +de aquel noble pedazo de España. Los _insurrectos_ los llamaban en +Aragón, pero los llamaban así, sin ira y sin odio. Martí en Zaragoza lo +fue todo, el orador en las reuniones, el escritor en los periódicos, el +poeta siempre. En una velada organizada para recoger fondos con que +aliviar la miseria de las viudas y huérfanos de los bravos que +sucumbieron por defender el honor que un rey criminal quiso asesinarles, +Martí pronunció una oración bellísima, y el señor Leopoldo Burón recitó +unos versos, también suyos, alusivos al acto. En Zaragoza obtuvo Martí, +el grado de doctor en Derecho a título de suficiencia, y el de doctor en +Filosofía y Letras, a pesar de la marcada oposición del claustro de +aquella Universidad carlista. Así, a puro esfuerzo, entre flaquezas e +impulsos, entre dentelladas y sonrisas, sin morder el mérito ajeno, +caminando siempre del lado de los pobres, y sin andar de pedigüeño por +entre bastidores y escaleras, se hizo hombre, ¡grande hombre!, el niño +bondadoso del hogar infeliz, el sufrido presidiario de las canteras de +Medina, el joven enfermizo y desterrado de la península ibera, nuestro +José Martí.... + +Y con sus títulos de Abogado y doctor en Filosofía y Letras, dejó la +nación hispana, en 1873, y se fue a visitar a París, Londres y otras +importantes ciudades de Europa, siguiendo luego viaje a México, en donde +le esperaban, ansiosos de abrazarlos, sus padres y hermanas. En México, +tierra ancha y generosa en la que los cubanos han hallado siempre +alegría y calor de propio hogar, lo recibieron con marcadas +demostraciones de aprecio. A poco de estar Martí entre los mexicanos, +era altamente conocido y admirado como periodista, profesor, dramaturgo, +orador y poeta. Durante los cuatro años que en esa República permaneció, +fue Director de _La Revista Universal_, la cual se escribía a veces +desde el fondo hasta las gacetillas; conferencista en el _Liceo Hidalgo_ +y en otras Sociedades; autor dramático en los principales teatros. Los +trabajadores de Chihuahua lo nombraron Diputado al Congreso de Obreros y +el Gobierno lo colmó de atenciones a cada instante. Martí, sin el grande +amor por su patria, hubiera sido en México, como en cualquier otro país, +conductor de conciencias. Pero la estrella heráldica que lo llevó a +morir entre el humo y el fragor de la metralla, le seguía como un +lamento y como el grito de una madre: de ahí que ese hombre que pudo ser +monte coronado de flores, viviera por mucho tiempo, errante y vagabundo, +sin plantar su tienda, fija la mirada en la isla hermosa, donde no había +justicia sin soborno, ni honor sin castigo, ni pan sin mancha. + +En México, trémulo de femenil pasión y llena el alma como siempre, del +ansia de morir a caballo, peleando por su país, escribió él, aquella +composición suya, titulada «Patria y mujer»; composición que expresa +bien, la grandeza de su alma, arrullada por suspiros de amor y agitada +por gritos desesperados de deber. Lleno de ternura el corazón y poblada +la mente de trágicas visiones, escribió sin duda esa valiente poesía de +la que yo recuerdo estas estrofas: + + suspiro del amor, cual si cupiera, + triste la patria, pensamiento alguno + que al patrio suelo en lágrimas no fuera. +. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . + + »Y ¿con qué corazón, mujer sencilla, + esperas tú que mi dolor te quiera? + Podrá encender tu beso mi mejilla, + pero lejos de aquí, mi alma me espera. +. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . + + »Miente mi labio si se acerca al tuyo, + mienten mis ojos si de amor te miran; + de mujeril amor mis fuerzas huyo: + en incorpórea agitación se inspiran. + + »Amo yo más el árbol que sombrea + la tumba incierta del guerrero hermano, + que ese nido de perlas que hermosea + blonda más débil que tu amor liviano. +. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . + + »Sus cuerdas una la robusta lira, + y el corazón sus átomos perdidos: + a un solo amor mi corazón aspira, + para un solo guarda latidos. +. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . + + »Este cuerpo gentil rebosa vida, + y cada árbol allá cobija un muerto: + a todo goce esta mujer convida, + a toda soledad aquel desierto. +. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . + + »No habla de amor mi corazón que late: + cuando en mi corazón hay un latido, + es que me anuncia que en algún combate + un héroe de la patria ha perecido». +. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . + +De la tierra del padre Hidalgo, el cura heroico, pasó a principios de +1877, a Guatemala, deteniéndose antes en La Habana, a recoger unas +cartas de presentación para distintas personalidades del Gobierno de +aquella República. Allí, apenas sacudido el polvo del camino, fue +nombrado Catedrático de Derecho Político, y Director de la _Revista +Guatemalteca_. Allí escribió, a petición del Gobierno, un drama +histórico en cuatro actos y en versos, y también allí, una angelical +alma de niña, sintió por él la más purísima de las pasiones. Era una +distinguida señorita, hija de un General ilustre de aquel país, que lo +amó locamente. Y dicen que Martí sufría como de un crimen, al tener que +mostrarse indiferente ante aquel amor primaveral. Pero él cuando fue a +Guatemala, ya estaba comprometido en México con Carmen Zayas Bazán, a +quien hizo luego su esposa y es hoy su viuda respetada: por eso no amó +Martí aquella criatura tan tierna y talentosa. Martí salió a México de +nuevo a contraer matrimonio, y volvió casado a Guatemala. Y dicen que la +pobre enamorada murió entonces de dolor, del dulce mal de sentir +demasiado las ingratitudes de la vida. Martí, años después, pensando sin +duda en esa historia romántica que estremeció su existencia, escribió +estos divinos versos de ternura y melancolía: + + «Quiero a la sombra de un ala, + contar este cuento en flor: + la niña de Guatemala, + la que se murió de amor. + + »Eran de lirio los ramos, + y las orlas de reseda + y de jazmín: la enterramos + en una caja de seda... + + »Ella dio al desmemoriado + una almohadilla de olor; + él volvió, volvió casado: + ella se murió de amor. + + »Iban cargándola en andas + Obispos y Embajadores: + detrás iba el pueblo en tandas, + todo cargado de flores + + »...Ella, por volverlo a ver, + salió a verlo al mirador: + él volvió con su mujer; + ella se murió de amor. + + »Como de bronce candente + al beso de despedida + era su frente, ¡la frente + que más he amado en mi vida! + + »...Se entró de tarde en el río, + la sacó muerta el doctor; + dicen que murió de frío: + yo sé que murió de amor. + + »Allí, en la bóveda helada, + la pusieron en dos bancos: + besé su mano afilada, + besé sus zapatos blancos. + + »Callado, al oscurecer, + me llamó el enterrador: + ¡Nunca más he vuelto a ver + a la que murió de amor!». + +Otras pasiones inspiró Martí, a otras mujeres, pero acaso ninguna tan +pura y tan hermosa como esa que inspiró a la niña de Guatemala, la de +las manos de lirios y la frente purísima: luz y música hecha carne.... Y +cuando de orden del señor Ministro de la Guerra se le quitó la dirección +de la Escuela Normal de aquel país, a su amigo y paisano José María +Izaguirre, renunció puestos y honores y vino a Cuba, ya firmada la paz +del Zanjón, en 1878. La Habana lo recibió afectuosamente. Primero se +puso a trabajar como abogado, aunque sin jurar su título, en los bufetes +de don Nicolás Azcárate y Miguel Viondi, dándose luego a conocer de sus +paisanos como orador, en notables discursos y conferencias pronunciadas +en el Liceo de Guanabacoa, y en un brindis que hizo en un banquete +celebrado en honor del genial periodista Adolfo Márquez Sterling. Cuatro +fueron las veces que habló Martí en el Liceo de Guanabacoa. La primera +sobre el realismo en el Arte; la segunda sobre su amigo, el poeta +Alfredo Torroella, en que arrancó lágrimas; la tercera sobre los dramas +de don José Echegaray, y la cuarta, sobre el insigne violinista Díaz +Albertini. A esta última asistió el General Blanco, Capitán General de +la Isla entonces, y notables personalidades cubanas y peninsulares. Y +dice Miguel Viondi que Martí habló de tal manera, de patria y libertad, +que el General Blanco se retiró de la fiesta diciendo al señor Azcárate: +«quiero no recordar lo que yo he oído y que no concebí nunca se dijera +delante de mí, representante del Gobierno Español: voy a pensar que +Martí es un loco...». Y añadió: «pero un loco peligroso». A pesar del +trabajo excesivo y de su dedicación a la literatura, Martí no dejó un +día de conspirar desde que llegó a La Habana. Su casa era un centro de +conspiración y un templo de arte: allí se reunían tan pronto, hombres de +armas y acción, para hablar de guerra, como se reunían hombres de saber +y pensamiento para hablar de «suspiros y risas, colores y notas». Más +tarde, el mismo general Blanco, creyéndolo--como era la verdad--complicado +en aquel conato de revolución de 1879, le pidió que hiciera pública +protesta de adhesión al Gobierno de España, a lo que él indignado +contestó: «Martí no es de la raza de los vendibles». Y fue nuevamente +deportado a España, de donde se fugó al poco tiempo, pasando a París y +de allí a New York, lugar en que siguió conspirando, conspiración que +culminó con aquel desembarco en Cuba de Calixto García, el glorioso +General de la frente horadada. Y cuando él vio el fracaso de aquella +intentona y palpó la dolorosa realidad, se fue a Caracas, la ciudad de +Bolívar, y allí agrupó en torno suyo numerosos admiradores y amigos. En +Caracas dio clases de oratoria a una juventud valiosa. Varias veces a la +semana y por espacio de dos horas, vibró su voz elocuente en mitad de +sus alumnos que lo escuchaban maravillados. Y consignó uno de aquellos, +que «en una de las sesiones oratorias, le sirvió de tema el pueblo de +Israel, y con lenguaje expresivo y sublime enarró las maravillas de +aquel pueblo excepcional»: que no era posible decir cosas más hermosas y +poéticas, pero «que cuando el orador se consideró en la cumbre del monte +Nebo y presentó al pueblo israelita y a Moisés contemplando la tierra +prometida, su elocuencia fue nueva, sorprendente, y lo sublime parecía +poco ante aquel espíritu transfigurado por el pudor cuasi divino de las +ideas». Fue en Venezuela que dijo, hablando de la independencia de +América: «El poema de 1810 está incompleto y yo quise escribir su última +estrofa». Luego Martí, no pudiendo amoldarse a las exigencias del +Gobierno de aquella República, del cual era entonces Presidente el +general Guzmán Blanco, salió de allí, despidiéndose en una carta +bellísima de los venezolanos que amó. A esa carta pertenece este +párrafo: «Muy hidalgos corazones he sentido latir en esta tierra; +vehementemente pago sus cariños; sus goces, me serán recreo; sus +esperanzas plácemes; sus penas, angustias; cuando se tienen los ojos +fijos en lo alto, ni zarzas ni guijarros distraen al viajero en su +camino: los ideales enérgicos y las consagraciones fervientes no se +merman en un ánimo sincero por las contrariedades de la vida. De América +soy hijo: a ella me debo. Y de la América, a cuya revelación, +sacudimiento y fundación urgente me consagro, esta es la cuna; ni hay +para labios dulces copa amarga ni el áspid muerde en pechos varoniles; +ni de su cuna reniegan sus hijos fieles. Deme Venezuela en qué servirla: +ella tiene en mí un hijo». De Venezuela pasó, de nuevo, llena el alma de +tristezas y emociones viriles, a la Babel moderna de los rubios +mocetones y las nevadas inclementes: a New York, a esa ciudad de las +ansias, de las regatas, de los afanes, de las prisas, a ese horno +colosal donde se sazona el egoísmo y se pierden entre espirales de humo +y ruidos de maquinarias, los besos y las lágrimas.... + +Triste, apesadumbrado, como un náufrago que después de clamar en vano en +la noche vacía y negra, arriba a playa desconocida, así llegó Martí +nuevamente a New York. Pero tuvo un consuelo, una medicina que de los +más graves males cura al hombre: las ternuras y cuida dos de su esposa +que allí lo esperaba y los besos de su amado chiquitín, el hoy coronel +de nuestro Ejército. Sacudió sus lágrimas calladas, escondió sus penas +hondas, y comenzó a trabajar en la tierra hostil y ajena. El conocer a +los hombres, tanto como los conocía, lo hizo superior a todas las +pasiones: de ahí que pudo, entre gentes que miden, que desdeñan, que +empujan, que desprecian, que viven con el apetito desmesuradamente +abierto, pasear su amable cultura y oceánica bondad, y sacar a puerto y +con honra, su divina existencia. Veamos cómo se abrió paso en el pueblo +áspero y extraño. No era él de los soberbios que se impacientan porque +no le conocen el talento, aprisa, ni de los pobres de espíritu que +porque los visite el dolor, languidecen y desmayan o se despedazan el +cráneo; sino de los de enérgica voluntad y firme intento: de los que +vencen. Las alturas se han hecho para subirlas: en lo más elevado de +ellas, crece, casi siempre, el laurel que da sombra a toda la vida. Él +lo sabía, y se sentía con la fuerza inquieta y seductora de los que +poseen la capacidad de mirar desde lo alto. Martí fue en New York, y en +el período de diez años, dependiente de una casa de comercio en la cual +llevaba los libros de contabilidad y contestaba la correspondencia; +redactor de _El Sun_, el gran diario americano; corresponsal de varios +periódicos de la América Latina, para los cuales escribía kilométricas +epístolas, verdaderos estudios filosóficos y literarios de asuntos y +hombres de los Estados Unidos; traductor de la casa editora «Appleton»; +redactor de _La América_, y el _Economista Americano_, Director de _La +Edad de Oro_, revista exclusivamente para niños, a los que amaba +entrañablemente; profesor en «La Liga», la Sociedad de los necesitados +de cariño y hambrientos de sabiduría; representante de tres naciones, +Uruguay, Paraguay y la Argentina, en la gran plaza norteamericana; y +alma en pie siempre, para responder a todo llamamiento cubano, bien +fuera para remediar miserias o para mitigar dolores. Jamás pasó una +fiesta del patriotismo, de recordación gloriosa, sin que él tomara +parte. Año tras año, cada diez de octubre, aniversario glorioso de aquel +día sublime, Martí dejaba oír su pintoresco, brillante y enérgico +lenguaje, «flores tristes y lanzas enlutadas» que él depositaba a los +pies de los héroes muertos. En el sudor y la fatiga del trabajo vivía, +pero consagrado a Cuba, a desenterrar su epopeya de luz y a añadirle y +hacerla entender, a los que parecían no querer entenderla: y a la +América nuestra entera, a su América enferma. En 1883, invitado para +tomar parte en la grandiosa fiesta con que los representantes de las +Repúblicas latinoamericanas, en New York, habían de conmemorar el +Centenario del nacimiento de Bolívar, Martí asistió a ella, y habló y +derramó a raudales, en legiones de primorosas frases, los productos de +su genio. Y terminó con estas palabras: «¡Brindo por los pueblos libres +y por los pueblos tristes!» ¡Siempre pensando en Cuba! En la «Sociedad +Literaria Hispano Americana», de la cual era Presidente, el alma toda, +fueron innumerables las veces que hizo Martí resonar su palabra +portentosa. Allí Martí habló sobre México, sobre Centro América, sobre +Venezuela, sobre Bolívar. Hablando de Bolívar dijo, entre otras muchas +cosas grandilocuentes: «¡Oh no! En calma no se puede hablar de aquel que +no vivió jamás en ella: ¡de Bolívar se puede hablar con una montaña por +tribuna, o entre relámpagos y rayos, o con un manojo de pueblos libres +en el puño y la tiranía descabezada a los pies!». Sobre Espadero habló, +el de «El Canto del Esclavo», «el que aprisionó en sus notas, como en +red de cristal fino, los espíritus dolientes, que velan y demandan desde +el éter fulguroso y trémulo del cielo americano»; sobre Heredia, nuestro +gran Heredia: y donde al hablar de ese divino poeta, tuvo un arranque de +patriótico ardimiento en que exclamó: «Si entre los cubanos vivos no hay +tropa bastante para el honor ¿qué hacen en la playa los caracoles que no +llaman a guerra a los indios muertos? ¿Qué hacen las palmas que gimen +estériles en vez de mandar? ¿Qué hacen los montes que no se juntan +faldas contra faldas, y cierran el paso a los que persiguen, a los +héroes?». Y siempre, y en todos los casos, la patria salía por sus +labios a relucir, altiva y llorosa, como una tórtola gemidora que +abrigara un cóndor bravío.... + +Pero injustos o malvados--que siempre ha de haber injustos o malvados +cerca de todo grande hombre--, lo tacharon una vez de mal cubano, en +1885, cuando él se opuso a los trabajos emprendidos por algunos jefes de +la revolución del 68 para llevar una guerra nueva a Cuba, por creerla +incompleta y parcial, y por estimar que con ella solo se lograría +alarmar y ensangrentar inútilmente el país, en vez de asegurarle su +entusiasmo y confianza para cuando se pudiera llevar a la isla la guerra +pujante, digna y definitiva. De una carta en que hacía referencia a su +oposición a ese movimiento revolucionario y al silencio en que se +mantuvo por un espacio de tiempo, es este párrafo: «Crear una rebelión +de palabras en momentos en que todo silencio sería poco para la acción, +y toda la acción es poca, ni me hubiera parecido digno de mí, ni mi +pueblo sensato lo hubiera soportado. Ya yo me preparaba a emprender +camino ¡quién sabe a qué y hasta dónde!, en servicio activo de una +empresa, y cuando creí que el patriotismo me vedaba emprenderlo, ¡qué +tristeza, qué tristeza moral de la que nunca podré ya reponerme! ¿Cómo +serviré yo mejor a mi tierra? me pregunte: Yo jamás me pregunto otra +cosa; y me respondí de esta manera: Ahogando todos tus ímpetus; +sacrifica las esperanzas de toda tu vida; hazte a un lado en esta hora +posible del triunfo, antes de autorizar lo que creas funesto; mantente +atado, en esta hora de obrar, antes de obrar mal, antes de servir mal a +tu tierra so pretexto de servirla bien. Y sin oponerme a los planes de +nadie, ni levantar yo planes por mí mismo, me he quedado en el silencio, +significando con él que no se debe poner mano sobre la paz y la vida de +un pueblo sino con un espíritu de generosidad, casi divino, en que los +que se sacrifican por él, garanticen de antemano, con actos y palabras, +el explícito intento de poner la tierra que se liberta en manos de sus +hijos, en vez de poner como harán los malvados, sus propias manos, en +ella, so capa de triunfadores. La independencia de un pueblo consiste en +el respeto que los deberes públicos demuestre a cada uno de sus hijos. +En la hora de la victoria solo fructifican las semillas que se siembran +en la hora de la guerra. Un pueblo antes de ser llamado a guerra tiene +que saber tras de qué va, y adónde va, y qué le ha de venir después. Tan +ultrajados hemos vivido los cubanos, que en mí es locura el deseo, y +roca la determinación de ver guiadas las cosas de mi tierra de manera +que se respete como a persona sagrada la persona de cada cubano, y se +reconozca que en las cosas del país no hay más voluntad que la que +exprese el país, ni ha de pensarse en más interés que en el suyo». Una +noche de conmemoración gloriosa, en ese tiempo, al ir a ocupar Martí la +tribuna, el auditorio pidió con marcadas muestras de hostilidad, que +hablara otro antes que él, otro que era _patriota_. Y Martí tomó asiento +y escuchó tranquilo, de labios pálidos de cólera, alusiones injustas; y +cuando fue a la tribuna él, y el público esperaba que se desatara en +denuestos, que vaciara su ira sobre cuantos le eran contrarios, fueron +sus palabras como voces de perdón. Sus palabras llevaban el desquite: +parecía como si con un manojo de lirios azotara las frentes de los +pecadores: sus anatemas eran alfileres con alas.... Esa noche triunfó y +ya más nunca dejó de ser el triunfador. En todo demostraba Martí las +extraordinarias condiciones que lo sacaron por encima de los demás +hombres... ¿No lo dijo él? «Si los hombres nutren con sus manos +prácticas lo que tienen de fieras, yo haré con las mías por nutrirles lo +que tienen de palomas». Y así era, ministerio purísimo de amor y de +ternura, brazos de par en par abiertos para todos los hombres.... + +Fue en ese tiempo, durante esos años, que Martí mostró con más pujanza +la largueza de sus conocimientos y la infinita anchura de su genio. +Filósofo, poeta, economista, diplomático, políglota, periodista, orador, +legista, estadista, de todo se mostró Martí entonces, en aquel hervidero +de pasiones e intereses. Allí se le veía tan pronto en la tribuna, +predicando, como se le veía en el periódico, en el informe, en la +revista literaria, en la traducción, en el libro de versos. Allí publicó +él su _Ismaelillo_, un primoroso y pequeño volumen de composiciones +breves; en las que su alma de padre, salta y brinca y chispea, entre los +cabellos rubios y los pies ligeros de su hijo. Y también _Versos +sencillos_, en el que cada estrofa, responde a un estado de espíritu, y +en el que como él decía: «a veces ruge el mar, y revienta la ola, en la +noche negra, contra la roca del castillo ensangrentado; y a veces +susurra la abeja, merodeando entre las flores». + +De _Ismaelillo_ es este primoroso juguete: + + Sé de brazos robustos, + blandos, fragantes; + y sé que cuando envuelven + el cuello frágil, + mi cuerpo, como rosa + besada, se abre, + y en su propio perfume + lánguido exhálase. + + Ricas en sangre nueva + las sienes laten; + mueven las rojas plumas + internas aves; + sobre la piel, curtida + de humanos aires, + mariposas inquietas + sus alas baten; + ¡savia de rosa enciende + las muertas carnes! + + Y yo doy los redondos + brazos fragantes, + por dos brazos menudos + que halarme saben, + y a mi pálido cuello + recios colgarse, + y de místicos lirios + collar labrarme. + ¡Lejos de mí por siempre + brazos fragantes! + +Y este otro: + + Por las mañanas + mi pequeñuelo + me despertaba + con un gran beso. + + Puesto a horcajadas + sobre mi pecho, + bridas forjaba + con mis cabellos. + + Ebrio él de gozo, + de gozo yo ebrio, + me espoleaba + mi caballero: + ¡qué suave espuela + sus dos pies frescos! + ¡Cómo reía + mi jinetuelo! + + ¡Y yo besaba + sus pies pequeños, + dos pies que caben + en solo un beso! + +Y este, que es como un suspiro hondo: + + Qué me das ¿Chipre? + Yo no lo quiero: + ni rey de bolsa + ni posaderos + tienen del vino + que yo deseo; + ni es de cristales + de cristaleros + la dulce copa + en que lo bebo. + + Mas está ausente + ni despensero, + y de otro vino + yo nunca bebo. + +Y estas estrofas sueltas cogidas al azar de los _Versos sencillos_: + + Yo sé bien que cuando el mundo + cede, lívido, al descanso, + sobre el silencio profundo + murmura el arroyo manso. + + Con los pobres de la tierra + quiero yo mi suerte echar: + el arroyo de la sierra + me complace más que el mar. + + Busca el Obispo de España + pilares para su altar: + ¡en mi templo, en la montaña, + el álamo es el altar! + + Si ves un monte de espumas + es mi verso lo que ves: + mi verso es un monte, y es + un abanico de plumas. + + Amo la tierra florida, + musulmana o española + donde rompió su corola + la poca flor de mi vida. + + ¡Arpa soy, salterio soy + donde vibra el Universo; + vengo del sol, y al soy voy; + soy el amor: soy el verso! + + No me pongan en lo oscuro + a morir como un traidor: + ¡yo soy bueno, y como bueno + moriré de cara al sol! + + Hay montes, y hay que subir + los montes altos: ¡después + veremos alma, quién es + quién te me ha puesto a morir! + + Cultivo una rosa blanca, + en julio como en enero + para el amigo sincero + que me da su mano franca. + + Y para el cruel que me arranca + el corazón con que vivo, + cardo ni oruga cultivo: + cultivo la rosa blanca. + + Yo quiero cuando me muera, + sin patria, pero sin amo, + tener en mi tumba un ramo + de flores y una bandera. + +Y cuando el destino le ofrecía el goce de una existencia bella, +sosegada, cómoda; cuando su talento reconocido y su grandeza de +espíritu, le daban asiento firme entre los que ya podían echarse a +descansar, formó con su vida una flor, y la puso a los pies de la +patria. Era el año 1891, y era el mes de octubre. Anunciado que en una +velada, patrocinada por el club «Los Independientes» de New York, que +había de celebrarse en recordación de los héroes del 10 de octubre de +1868, tomaría parte principal Martí, quien desempeñaba el cargo de +Cónsul General de la Argentina, Uruguay y Paraguay en dicha ciudad, el +Ministro de España protestó ante los respectivos Gobiernos, y él, con un +desprendimiento asombroso, renunció a sus cargos diciendo: «¡Antes que +todo cubano!». Hay hombres que suben, como suben las zarzas y las +piedras que tienen en su cúspide las montañas: otros son montañas y las +coronan flores y las visitan víboras. Martí fue de esos. Hombre montaña +desde la cual se puede ver pasar hoy y se verá mejor, a medida que los +años vayan limándola, toda el alma compleja y revuelta de esa época de +creación y amargura. El hecho de renunciar a todo bienestar por Cuba, +hizo resonar su nombre como un trueno, en donde quiera que había +cubanos. Martí, si perdió con ese acto, el gusto y el regalo de su vida, +ganó en prestigio entre sus compatriotas, para los cuales fue desde +entonces, antorcha encendida de patriotismo, brazo infatigable, el +_pensamiento a caballo_ como lo llamó un ilustre hombre americano, el +altar más hermoso y más puro de las libertades cubanas. + +Martí supo conquistar gloria: y cuando la conquistó, no la puso a precio +en mercadería, ni se puso a vivir de ella en ocio cobarde, sino que se +consagró a sembrar con sus manos, la buena semilla republicana entre sus +compatriotas emigrados.... Así, cuando días después de este hermoso +hecho, fue invitado por el Presidente del Club «Ignacio Agramonte» de +Tampa--la ciudad levantada a puro esfuerzo por los cubanos +proscriptos--para que tomara participación en una fiesta +político-literaria que dicho Club había de celebrar, él respondió +aceptando; y vencidas algunas dificultades, el 25 de noviembre de 1891, +a la una de la madrugada, bajo una lluvia tenaz, arribó jubiloso a la +estación, henchida de cabezas, de aquel pueblo de hombres libres que lo +amaba ya sin conocerlo y que fue, por el sino misterioso de las cosas, +cuna de la gloriosa revolución del 95 que sacó a la vida libre nuestra +nacionalidad. A la siguiente noche, día 26, Martí dejó oír su palabra +sedosa y centelleante en aquel Liceo histórico, que yo añoro ahora +entristecido, y me veo niño, llena el alma de ilusiones, escuchando +exaltado al pie de la tribuna, los tiernísimos acentos de su voz +incomparable. Lo que allí dijo Martí no hay frases que lo abarquen. «Por +Cuba y para Cuba» tituló él su discurso, y por ella y para ella fue +cuanto su palabra, a veces impetuosa, a veces desgarradora, expresó. Su +discurso fue todo amor, todo esperanza, todo verdad. Señaló todos los +males que podrían la tierra de sus amores, los escollos con que se había +de tropezar y la manera de vencerlos. Habló de los egoístas y los +miedosos y los críticos que siempre le salen al encuentro a toda obra +cuando esta se halla en los sudores de la creación, y dijo: «¿Pero qué +le hemos de hacer? ¡Sin los gusanos que fabrican la tierra no podrían +hacerse palacios suntuosos! En la verdad hay que entrar con la camisa al +codo como entra en la res el carnicero. Todo lo verdadero es santo, +aunque no huela a clavellina. Todo tiene la entraña fea y sangrienta; es +fango en las artesas, el oro puro en que el artista talla luego sus +joyas maravillosas; de lo fétido de la vida, saca almíbar la fruta y +colores la flor: nace el hombre del dolor y la tiniebla del seno +maternal, y del alarido y el desgarramiento sublime; ¡y las fuerzas +magníficas y corrientes de fuego que en el horno del sol se precipitan y +confunden, no parecen de lejos, a los ojos humanos sino manchas!». +Hablando de los peligros que podían hacer desfallecer y cejar al cubano +en su afán de libertad, decía entre otras cosas: «¿O nos ha de echar +atrás el miedo a las tribulaciones de la guerra, azuzado por gente +impura que está a paga del Gobierno español, el miedo a andar descalzo, +que es un modo de andar ya, muy común en Cuba, porque entre los ladrones +y los que los ayudan, ya no tiene en Cuba zapatos más que los cómplices +y los ladrones?». Los pechos todos vibraron de entusiasmo y de cariño al +escucharlo, y el alma de todos, como una marejada, lo envolvió y llenó +de una titánica alegría. ¡Él vio sin duda en aquella noche radiosa, en +aquella noche memorable, al terminar su oración, a su pobre patria +llorosa, entre convites y villanías, de barragana y flor marchita por el +mundo, y vio también, alucinado por el estruendo de los aplausos y los +vítores, a caballo el ejército de la Libertad, echándose sobre los +palacios podridos donde se cobijaban las almas de coleta y sotana, +símbolos de la secular dominación de España.... + +A la siguiente noche, 27 de noviembre, habló sobre el asesinato de los +estudiantes del 71, y su discurso fue una joya, una flor que no se +secará nunca sobre la tumba de los ocho adolescentes. Y el 28 del mismo +mes, salió de nuevo para New York, en donde a los pocos días recibió un +ejemplar del periódico _El Yara_, de Cayo Hueso, que dirigía el +irreductible cubano José Dolores Poyo, y en el que se expresaba +vivamente el deseo de que les hiciera una visita. Con este motivo, Martí +le escribió el 25 de diciembre del mismo año, una carta a Poyo, en la +que le daba las gracias por haberle adivinado sus deseos de visitar a +los cubanos del peñón rebelde. En esa carta le decía entre otras cosas: +«¿Pero cómo ir al Cayo de mi propia voluntad como pedigüeño de fama que +va a buscarse amigos, o como solicitante, cuando quien ha de ir en mí, +es un hombre de sencillez y de ternura, que tiembla de pensar que sus +hermanos pudieran caer en la política engañosa y autoritaria de las +malas Repúblicas? Es tan dulce obedecer el mandato de los compatriotas, +como es indecoroso solicitarlo. Es mi sueño que cada cubano sea hombre +político enteramente libre, como entiendo que el cubano del Cayo es, y +obre en todos sus actos, por su simpatía juiciosa y su elección +independiente, sin que le venga de fuera de sí, el influjo dañino de +algún interés disimulado. Pues aunque se muera uno del deseo de entrar +en la casa querida, ¿qué derecho tiene a presentarse de huésped intimo, +a donde no lo llaman? Mejor pasar por seco--aunque se esté saliendo de +cariño tierno el corazón--, que pasar por lisonjeador, o buscador, o +entrometido, que faltar con una visita meramente personal al respeto que +debo a la independencia y libre creación de los cubanos. Pero mándenme, +y ya verán cuán viejo era mi deseo de apretar esas manos fundadoras». En +Cayo Hueso hubo indecisión sobre si debía o no llamársele. Pero por fin, +y por acuerdo del Club «Patria y Libertad», se le llamó. Martí salió +enseguida para Cayo Hueso, siendo acompañado en su viaje, desde Tampa, +por representantes de los Clubs «Ignacio Agramonte», y «La Liga +Patriótica». El 25 de diciembre llegó, mal de salud, al Cayo. No +obstante, habló varias ocasiones, arrebatando al auditorio, hasta que +ya, verdaderamente enfermo, le prohibieron los médicos que saliera de su +habitación. En cama estuvo doce días, al cabo de los cuales, un tanto +restablecido, se levantó y visitó, uno por uno, todos los talleres, +predicando la fe patriótica. Más tarde, en una reunión a que citó y a la +que asistieron varios jefes de la guerra del 68, se expuso la idea de +organizar bajo una sola, bandera a los cubanos emigrados. Martí recogió +esa idea y redactó entonces, ese monumento de amor y de concordia que se +llama: «Bases del Partido Revolucionario Cubano». De regreso de Cayo +Hueso pasó por Tampa, siendo aprobadas en esta ciudad las referidas +bases, siguiendo a New York, en donde lo esperaba un gran pesar: la +carta denostadora que el General Enrique Collazo, por error o ceguedad +del momento, le escribiera desde La Habana, y que firmaron con él, otras +distinguidas personalidades de la revolución. A esa carta contestó Martí +con otra que es como un blando arroyo de aguas puras que llevara en su +corriente la hoja de una espada. Refiriéndose a los ataques personales +que se le hicieron escribió: «Y ahora señor Collazo, ¿qué le diré de mi +persona? Si mi vida me defiende nada puedo alegar que me ampare más que +ella. Y si mi vida me acusa, nada podré decir que la abone. Defiéndame +mi vida. Queme usted la lengua señor Collazo, a quien le haya dicho que +serví yo a la madre patria. Queme usted la lengua a quien le haya dicho +que serví de algún modo, o pedí puesto alguno, al partido liberal. Creo +señor Collazo, que ha dado a mi tierra, desde que conocí la dulzura de +su amor, cuanto hombre puede dar. Creo que he puesto a sus pies muchas +veces fortuna y honores. Creo que no me falta el valor necesario para +morir en su defensa». Este incidente quedó satisfactoriamente arreglado +para ambos servidores de la patria, polvo hoy uno y luz en el recuerdo, +y reliquia viva el otro, escapada al peligro del naufragio y de la +muerte.... + +A la sazón, por todas las emigraciones iban siendo conocidas y aceptadas +las «Bases del Partido Revolucionario Cubano»: y el diario de abril de +1892--aniversario de aquel otro 10 de abril de Guáimaro--, quedó +proclamado este y nombrado Martí, por el cómputo de votos de todos los +emigrados, Delegado, cargo que llevaba en sí la suprema dirección de los +trabajos de esa gigantesca corporación, que fue casa, tribuna y +trinchera de las libertades cubanas en el exterior.... + +Desde el momento en que asumió Martí ese cargo, comenzó la labor más +extraordinaria que pueda imaginarse la mente humana. De New York, pasó a +Costa Rica, a entrevistarse con los generales Antonio y José Maceo, y +Flor Crombet, de los cuales tuvo la aprobación más calurosa por los +trabajos emprendidos. En Costa Rica habló y fundó Clubs, pasando luego +por segunda vez a México en donde despertó el entusiasmo patriótico de +los cubanos. El 15 de septiembre de 1892, le dirigió una carta al +general Máximo Gómez, invitándolo a que aceptara la investidura de +encargado supremo del ramo de la guerra, a que «ayudara a organizar +dentro y fuera de la isla, el Ejército Libertador que había de poner a +Cuba, y a Puerto Rico con ella, en condiciones de realizar con métodos +ejecutivos y espíritu republicano su deseo manifiesto y legítimo de +independencia». En dicha carta invitaba al generalísimo, a ese nuevo +sacrificio, en momentos en que no tenía más remuneración que +ofrecerle--según sus palabras--«que el placer del sacrificio y la +ingratitud probable de los hombres»; invitación a la que el general +Gómez contestó aceptando, en noble y generosa carta, y a la que Martí +correspondió, yendo a visitarlo en Santo Domingo, la República hermana +por la gloria y el martirio. De Santo Domingo emprendió Martí una +excursión por todos los pueblos de la Unión Americana y algunos de +América Latina, volviendo a New York. Allí su vida era un vértigo. Se +escribía _Patria_, el periódico que fundó, junto con el «Partido +Revolucionario», contestaba una numerosa correspondencia, fundaba clubs, +escribía artículos de propaganda, en inglés, para periódicos de +Filadelfia y New York, y pronunciaba discursos. Relámpagos parecía tener +aquel hombre por músculos, tal era la prisa en que vivía. Increíble +parece que aquel cuerpo flaco y endeble, encerrara dentro de sí espíritu +tan gigantesco y tan fuerte, hecho a golpes de zarpas y a caricias de +ala, capaz de abrir surcos y levantar cimientos y capaz, de poemizar el +dolor e idealizar el martirio; apto para abrigar una tempestad y para +echarse todo entero en el cáliz de un jazmín.... + +En 1893, la intentona de Purnio y su fracaso le quebrantaron la salud. +Pero no por eso se echó como débil mujerzuela a llorar tristezas, sino +que después de publicar un manifiesto de levantado espíritu patriótico, +continuó, con más bríos si cabe, la tarea enorme de hacer patria, tarea +que fue sobre sus hombros una cruz, semejante a la que llevara, a través +de su calle de Amargura, el Cristo dulce y bueno de los cristianos. +Igualmente que los sucesos de Purnio, muestra evidente de la inquietud +que ya reinaba en la isla mártir, los pronunciamientos de Lajas y +Ranchuelo, en 1894, lo magullaron hondamente. Pero, incansable, a cada +golpe se levantaba más potente. A fines de ese mismo año fue que, +teniéndolo ya todo dispuesto para la lucha, escribió a Eduardo H. Gato, +el cubano rico del Cayo, una carta, que es un poema de dolor, pidiéndole +$5000 y otra a José María Izaguirre, cubano rico de New Orleans, +pidiéndole cantidad parecida. De la carta a Gato son estas frases: «Todo +minuto me es preciso para ajustar la obra de afuera con la del país. ¿Y +me habré de echar por esas calles, despedazado y con náuseas de muerte, +vendiendo con mis súplicas desesperadas nuestra hora de secreto, cuando +usted con este gran favor, puede darme el medio de bastar a todo con +holgura, y de cubrir con mi serenidad los movimientos?». «Si le escribo +más me parece que le ofendo. Usted es hombre capaz de grandeza: esta es +su ocasión. ¿Le prestaría a un negociante $5000 y no a su Cuba? Deme una +razón más de tener orgullo de ser cubano». Y de la carta a Izaguirre +este es el final: «¿Me lastimará usted mi fe? ¿Y en vano habré salido su +fiador? Porque lo garanticé desde el principio como si hubiéramos +hablado de esto y tuviera autoridad de usted para su oferta. ¿No me la +da su vida y nuestra amistad? Le saluda la casa y quiero que me quiera +por haber tenido esta certeza de usted, no en la hora de la gloria, sino +en la del sacrificio. Yo voy a morir, si es que en mí queda ya mucho de +vivo. Me matarán de bala, o de maldades. Pero me queda el placer de que +hombres como usted me hayan amado. No sé decirle adiós. Sírvame como si +nunca más debiera volverme a ver». Y esos cubanos respondieron +mandándole lo que él les pedía. ¡Y cómo no! ¿Se podía negar, se podía +decir que no, a quien pedía de ese modo, resplandeciente de limpieza y +de angustia? Dispuesto todo para emprender la empresa definitiva, +recorrió por última vez las emigraciones, y cuando se detuvo en un +puerto de la Florida, en enero de 1895, ya todo lo tenía preparado para +caer sobre su tierra a bandera desplegada. Tres barcos, «Amadís», +«Lagonda» y «Baracoa», cargados de armas y pertrechos ya estaban para +salir de Fernandina, cuando las Autoridades de aquella ciudad, los +detuvieron. La traición de un miserable, que estará mientras viva, libre +de todo, menos del remordimiento, vendió su poderoso plan. Entonces sí +que sufrió Martí lo indecible. Imagínenselo triste, rabioso, +colérico--¡colérico él, Dios mío!--viendo acaso en el espanto y horror de +sus ojos desmesuradamente abiertos, descender sobre su patria como un +sudario de muerte, y sobre su corazón como una mano de hierro.... + +Perseguido por los Agentes españoles salió de Fernandina y llegó a New +York. Allí le volvió la vida: ¡podía salvar parte de las armas +apresadas! Y el 29 de enero escribió la orden de levantamiento para los +jefes de la revolución en Cuba, y el 31 salió en compañía de los +generales María Rodríguez y Collazo para Santo Domingo, con el fin de +unirse allí con Máximo Gómez. Se detuvo en Cabo Haitiano, en donde pasó +varias semanas de verdadera zozobra, rodeado de malvados e impotentes. +Allí fue a moverle con furia, el espíritu, la noticia del levantamiento +del 24 de febrero, la noticia de que ya en su tierra se peleaba, +cumpliendo órdenes suyas, por el decoro y la libertad. Esto lo animó y +desesperó más. Después de ese momento ni el sueño ni el descanso le +hicieron falta: vivía en una constante actividad. Así vio pasar todo el +mes de marzo y llegar abril, y sin poder embarcarse para las playas +amadas, donde ya se moría como él sabría morir. El 25 de marzo, ya en +vísperas de viaje, en el _pórtico_ del _gran deber_, le escribió a su +amigo, el dominicano y poeta y escritor, Federico Henríquez Carvajal, +una carta que alguien ha llamado su testamento político, y de la cual +vienen a mi mente estos conceptos que debía grabar todo cubano en lo más +puro y bueno de sus entrañas: «Yo evoqué la guerra: mi responsabilidad +comienza con ella, en vez de acabar. Para mí la patria no será nunca +triunfo, sino agonía y deber. Ya arde la sangre. Ahora hay que dar +respeto y sentido humano y amable al sacrificio; hay que hacer viable e +inexpugnable la guerra; si ella me manda, conforme a mi deseo único +quedarme, me quedo en ella; si me manda, clavándome el alma, irme lejos +de los que mueren como yo sabría morir, también tendré ese valor. Quien +piensa en sí no ama a la patria; y está el mal de los pueblos, por más +que a veces se lo disimulen sutilmente, en los estorbos o prisas que el +interés de sus representantes ponen en el curso natural de los sucesos. +De mí espere la deposición absoluta y continua. Yo alzaré el mundo. Pero +mi único deseo sería pegarme allí, al último tronco, al último peleador: +morir callado. Para mí ya es hora. Pero aun puedo servir a este único +corazón de nuestras Repúblicas. Las Antillas libres salvarán la +independencia de nuestra América y el honor ya dudoso y lastimado de la +América inglesa, y acaso acelerarán y fijarán el equilibrio del mundo. +Vea lo que hacemos, usted con sus canas juveniles y yo a rastras con mi +corazón roto. Yo obedezco, y aun diré que acato como superior +disposición y como Ley americana, la necesidad feliz de partir, al +amparo de Santo Domingo, para la guerra de libertad de Cuba. Hagamos por +sobre la mar, a sangre y a cariño, lo que por el fondo de la mar hace la +cordillera de fuego andino». En esta carta dejó Martí mucho de su alma +llena del himno glorioso de la naturaleza y de la íntima majestad de lo +divino. Pero donde puso todo el corazón rebosante de ternura y amor, fue +en la carta última, que le escribió a su anciana madre, entonces aquí, +al lado de los que se sentaban a la mesa del jerez y de la manzanilla a +comer el plato del robo y de la villanía. Oíd esa carta: «Madre mía: Hoy +25 de marzo, en vísperas de un largo viaje, estoy pensando en usted. Yo +sin cesar pienso en usted. Usted se duele en la cólera de su amor del +sacrificio de mi vida: y ¿por qué nací de usted con una vida que ama el +sacrificio? Palabras, no puedo. El deber de un hombre está allí donde es +más útil. Pero conmigo va siempre, en mi creciente y necesaria agonía, +el recuerdo de mi madre. Abrace a mis hermanas y a sus compañeros. Ojalá +pueda algún día verlos a todos a mi alrededor, contentos de mí. Y +entonces sí que cuidaré yo de usted con mimo y con orgullo. Ahora +bendígame, y crea que jamás saldrá de mi corazón obra sin piedad y sin +limpieza. La bendición». ¡Yo no sé que se pueda decir más y de manera +más genial en tan pocas palabras! Si Martí no hubiera escrito más que +esta carta, por ella solo tendría asiento perdurable entre los hombres +que saben lo que es un adiós, lo que es desafiar la muerte, ¡y lo que +una madre significa!... + +Y llegó por fin el momento feliz, término de todas sus angustias, +satisfacción de todos sus anhelos. Después de publicar el grandioso +manifiesto de «Montecristi» de despachar el barco expedicionario para +Maceo, de vencer cuantas dificultades le salieron al camino, se embarcó, +en unión de cinco compañeros, Máximo Gómez, Paquito Borrero, Ángel +Guerra, César Salas y Marcos del Rosario, en un vapor alemán que había +llegado de paso a Cabo Haitiano, y que según la promesa de su Capitán a +Martí, los conduciría cerca de las costas de Cuba y les cedería un bote +para llegar a tierra. Oíd el relato, hecho a tajos, de esa odisea +milagrosa. Era el 10 de abril, día glorioso dos veces en los anales de +la historia cubana, cuando se echaron al mar esos hombres magníficos; y +el 11, a pocas millas de la costa, detiene el vapor que los conducía su +marcha, bajan la escala, echan al agua uno de sus botes y en él se +instalan los seis expedicionarios «con gran carga de parque y un saco +con queso y galletas». Y a las seis horas de remar, bajo un cielo negro +y tenebroso, arrullado por olas alborotadas, caen sigilosos sobre la +costa de Cuba, llenos de una dicha superior al peligro que habían +corrido y que habían de correr. Ya en tierra, cargados como bestias, +subieron los espinares y pasaron las ciénegas y cruzaron ríos crecidos y +subieron cumbres, hasta que dieron con la guerrilla baracoana de Félix +Ruenes «hombre de consejo y moderación» como lo llamó Martí, y a quien +la gloria le crece ya sobre la sepultura. Oigamos las impresiones +primeras de Martí, en los campos de Cuba libre: «Hasta hoy no me he +sentido hombre. He vivido avergonzado y arrastrando la cadena de mi +patria, toda mi vida. La divina claridad del alma aligera mi cuerpo. +Este reposo y bienestar explican la constancia y el júbilo con que los +hombres se ofrecen al sacrificio». «Es muy grande mi felicidad: sin +ilusión alguna de mis sentidos ni pensamiento excesivo en mí propio, ni +alegría egoísta y pueril, puedo decir que llegué al fin, a mi plena +naturaleza; y que el honor que en mis paisanos vea, en la naturaleza que +nuestro valor nos da derecho, me embriaga la dicha con dulce embriaguez. +Solo la luz es comparable a mi felicidad». Cerca, de la costa +permanecieron Martí y sus compañeros hasta el día 16 que salieron con +dirección a la jurisdicción de Guantánamo. Los españoles, sabedores de +la llegada de los expedicionarios y de que rondaban por esos lugares, le +salieron al encuentro en número de cuatrocientos hombres. Y el día 27, +por suerte, estando ya Martí y los suyos con las fuerzas de Garzón y +Mariano Sánchez y José Maceo que asumió el mando de todas, fueron +atacados por el enemigo. De este encuentro contaba Martí: «Me siento +puro y leve, y siento en mí algo como la paz de un niño. ¿Por qué me +vuelvo a acordar ahora de la larga marcha, para mí la primera marcha de +batalla que siguió al combate victorioso con que nos recibió el valiente +y sencillo José Maceo? Porque fue muy bella y quisiera que ustedes la +hubieran visto conmigo. ¿O tenía el cielo balcones y los seres que me +son queridos estaban asomados a uno de ellos? A la mañana veníamos, aun +los pocos de la expedición de Baracoa, los seis y los que se nos fueron +uniendo, revueltos por el monte de espinas y con la mano al arma, +esperando por cada vereda al enemigo. Retumba de repente el tiroteo como +a pocos pasos de nosotros, y el fuego es de dos horas. Los nuestros han +vencido. Cien cubanos bisoños han apagado treinta hombres de la columna +entera de Guantánamo: trescientos teníamos, pero solo pelearon cien; +ellos se van pueblo adentro, deshechos, ensangrentados, con los muertos +en brazos, regando las armas. En el camino mismo del combate nos +esperaban cubanos triunfadores: se echan de los caballos abajo; nos +abrazan y nos vitorean; nos suben a caballo y nos calzan las espuelas; +¿cómo no me inspira horror la mancha de sangre que hay en el camino? ¿ni +la sangre a medio secar de una cabeza que ya está enterrada, en la +cartera que le puso de almohada un jinete nuestro?». «Ya duerme el +campamento: al pie de un árbol grande iré luego a dormir, junto al +machete y el revólver, y de almohada mi capa de hule: ahora, abro el +jolongo y saco de él la medicina para los heridos. ¡Qué cariñosas las +estrellas... a las tres de la madrugada! A las cinco abiertos los +ojos...». «A cada momento alzo la pluma, o dejo el taburete y el corte +de palma en que escribo, para adivinarle a un doliente la maluquera, +porque de piedad o casualidad se me han juntado en el bagaje más +remedios que ropa, y no para mí que no estuve más sano nunca. Y ello es +que tengo acierto, y ya me he ganado mi poco de reputación, sin más que +saber como está hecho el cuerpo humano, y haber traído conmigo el +milagro del iodo. Y el del cariño, que es otro milagro; en el que ando +con tacto, y con rienda severa, no vaya la humanidad a parecer +vergonzosa adulación, aunque es rara la claridad del alma, y como finura +en el sentir que embellece, por entre palabras pícaras, y disputas y +fritos y guisos, esta vida de campamento». Hasta aquí de sus cartas. +Triunfal fue la marcha de Martí por los campos de Cuba libre: por donde +quiera que pasaba iba dejando--como dicen que proclamaba José Maceo--, +_vergüenza y alegría_. Más de diez veces les habló Martí a fuerzas +cubanas en guerra y siempre les dejó la mente en alto y el alma +contenta. ¡Todavía viven algunos de los que oyeron a caballo y con la +mano a la cintura su elocuencia arrebatadora: todavía viven algunos de +los que le vieron sin cansancio y sin fatiga andando con el rifle al +hombro por las montañas agrias, por los pedregales ásperos, por los ríos +creídos, por las ciénegas espantables. + +Y llega el 19 de mayo, el día aciago, el día tremendo. El sol lucía en +el zenit. Martí y Masó estaban acampados en Vuelta Grande cuando llegó +el General Gómez y fue como un jubileo el campamento. Masó y Martí y +Máximo Gómez le hablaron a las fuerzas y fueron vitoreados y aclamados. +A poco avisan las avanzadas que estaban cerca de Dos Ríos la proximidad +del enemigo. De Vuelta Grande a Dos Ríos había poco más de una legua. +Los soldados cubanos, entusiasmados por las arengas que acababan de oír, +a vuelo de caballo se ponen frente a los contrarios. En breves momentos +el combate se generaliza; la atmósfera se preña de humo y olor a +pólvora; el aire es épico. Entonces es que Martí, desmadejado el +cabello, los ojos fúlgidos y relampagueantes, el pecho henchido de +orgullo, enardecido, arrebatado, impaciente por el sacrificio e inquieto +por la emulación, invita a la carga a su ayudante Ángel la Guardia--aquel +fiero aguilucho caído en Victoria de las Tunas--, aviva con las espuelas +su noble bruto, y gozoso como un niño que ha crecido un palmo, y como si +hubiera alcanzado a ver, reducido a la pequeñez de un montón de carne +humana, todo el Gobierno de rencores, de insultos, de envidias, de +mezquindades, de ambiciones, de la oligarquía esquilmadora que le vejaba +su tierra, se echa sobre los rifles enemigos y cae acribillado a +balazos, con la limpieza y majestad de un Dios, del brazo de la muerte +que es inmortal, y coronado por la fulgente claridad del martirio y de +la gloria.... Así terminó, así se obscureció para siempre, la lámpara +pura y serena de aquel gran cerebro, «dictador de genio»; así dejó de +latir aquel gran corazón, profesor de virtudes; así, entre chocar de +aceros y estampidos de fusilería, pasó el gran Apóstol a ser huésped +eterno de la suprema luz. Allí, en los campos de Dos Ríos, campos ya +para siempre memorables, se apagó aquel astro inmenso que parecía +inmortal; allí cayó peleando por la independencia de su patria, +arremetiendo contra los defensores de la tiranía, la cabeza imperial +descubierta y nutrida de leyendas y de asombros, con el alma en el aire, +el batallador infatigable que fue para los cubanos, con sus racimos de +palabras y sus manantiales de ternuras, como otra isla sonora y +espiritual.... Allí, a aquellos campos, en silencio, que recogieron su +última mirada y su último suspiro y que supieron también del primer +grito de desolación y de angustia que arrancó a los suyos su caída; allí +debieran ir en legiones los cubanos vivos, a purificarse y a lavarse de +sus culpas y pecados. Allí, a aquellos campos donde entregó su vida el +héroe más puro y grande del poema de hierro de nuestras guerras de +independencia, debieran ir los que ahora, olvidados de todo lo que no +sea su personal interés, ponen la patria de cabalgadura y de látigo la +gloria que conquistaron en su defensa; los _prácticos_ eternos que no +piensan ni por un momento en la gloria de morir peleando por la libertad +y sí en lo cómodo de vivir, aunque sea de rodillas, a los pies de los +amos del momento; los que no saben que hay algo más triste que ser +esclavo, y es mostrar que no se es digno de ser libre... ¿Y se perderá +entre los cubanos el recuerdo de existencia tan pura, tan meritísima y +ejemplar? ¿Será tanta nuestra pequeñez, que ocupados en buscar la +comodidad y el gusto y el regalo personal, no miremos que se nos puede +caer la casa de todos, la obra santa que él coronó a costa de su sangre? +¿Será todo chiste, ira, medro? Inspirémonos en él, y depongamos nuestros +agravios y nuestras inquinas: amémonos los unos a los otros, y clavemos +en lo más firme y alto de nuestra tierra la bandera de nuestra +nacionalidad. Y vigilemos para que de su triángulo rojo no se salga +jamás la estrella solitaria, ni para hundirse en la nada, ni para dar su +brillo, entonces más sola que nunca, entre el montón de estrellas del +pabellón americano.... + +Hasta aquí de su vida; de su obra hablaré en otra ocasión. + +Y ahora, Maestro y Padre, escucha: el niño aquel que en la emigración te +siguió febril, enamorado de tu bondad y tu talento, el niño aquel que +por serlo, no te acompañó en la hora de tu muerte, se ha hecho hombre y +te es fiel, y de las semillas de amor que tú le dejaste caer en el +pecho, esto es el fruto. Tu memoria lo fortalece como una esperanza, +como un faro lo guía, como un ala lo levanta. Y si es verdad que la vida +humana no es toda la vida, si es verdad que después de ella hay otra +existencia superior, ordena, que él no quiere para sí mayor gloria que +la de obedecer a tu mandato. Él no se cansa de predicar tus doctrinas ni +de continuar, a la medida de sus fuerzas, tu obra de ensanchamiento y de +reparación universal. Tus libros, que ahora mismo Gonzalo de Quesada, tu +buen Gonzalo, publica para reverenciarte, constituyen su Biblia. Y todas +las noches, al poner la cabeza sobre la almohada libre, piensa en ti, y +murmura agitado como por un temblor de héroe: Maestro ¡gloria a ti! +Padre, bendito seas.... + + * * * * * + + + + + Amistad funesta + + Novela + + + + + Capítulo I + + +Una frondosa magnolia, podada por el jardinero de la casa con manos +demasiado académicas, cubría aquel domingo por la mañana con su sombra a +los familiares de la casa de Lucía Jerez. Las grandes flores blancas de +la magnolia, plenamente abiertas en sus ramas de hojas delgadas y +puntiagudas, no parecían, bajo aquel cielo claro y en el patio de +aquella casa amable, las flores del árbol, sino las del día, ¡esas +flores inmensas e inmaculadas, que se imaginan cuando se ama mucho! El +alma humana tiene una gran necesidad de blancura. Desde que lo blanco se +oscurece, la desdicha empieza. La práctica y conciencia de todas las +virtudes, la posesión de las mejores cualidades, la arrogancia de los +más nobles sacrificios, no bastan a consolar el alma de un solo +extravío. + +Eran hermosas de ver, en aquel domingo, en el cielo fulgente, la luz +azul, y por entre los corredores de columnas de mármol, la magnolia +elegante, entre las ramas verdes, las grandes flores blancas y en sus +mecedoras de mimbre, adornadas con lazos de cinta, aquellas tres amigas, +en sus vestidos de mayo: Adela, delgada y locuaz, con un ramo de rosas +Jacqueminot al lado izquierdo de su traje de seda crema; Ana, ya próxima +a morir, prendida sobre el corazón enfermo, en su vestido de muselina +blanca, una flor azul sujeta con unas hebras de trigo; y Lucía, robusta +y profunda, que no llevaba flores en su vestido de seda carmesí, «porque +no se conocía aun en los jardines la flor que a ella le gustaba: ¡la +flor negra!». + +Las amigas cambiaban vivazmente sus impresiones de domingo. Venían de +misa; de sonreír en el atrio de la catedral a sus parientes y conocidos; +de pasear por las calles limpias, esmaltadas de sol, como flores +desatadas sobre una bandeja de plata con dibujos de oro. Sus amigas, +desde las ventanas de sus casas grandes y antiguas, las habían saludado +al pasar. No había mancebo elegante en la ciudad que no estuviese aquel +mediodía por las esquinas de la calle de la Victoria. La ciudad, en esas +mañanas de domingo, parece una desposada. En las puertas, abiertas de +par en par, como si en ese día no se temiesen enemigos, esperan a los +dueños los criados, vestidos de limpio. Las familias, que apenas se han +visto en la semana, se reúnen a la salida de la iglesia para ir a +saludar a la madre ciega, a la hermana enferma, al padre achacoso. Los +viejos ese día se remozan. Los veteranos andan con la cabeza más +erguida, muy luciente el chaleco blanco, muy bruñido el puño del bastón. +Los empleados parecen magistrados. A los artesanos, con su mejor +chaqueta de terciopelo, sus pantalones de dril muy planchado y su +sombrerín de castor fino, da gozo verlos. Los indios, en verdad, +descalzos y mugrientos, en medio de tanta limpieza y luz, parecen +llagas. Pero la procesión lujosa de madres fragantes y niñas galanas +continúa, sembrando sonrisas por las aceras de la calle animada; y los +pobres indios, que la cruzan a veces, parecen gusanos prendidos a +trechos en una guirnalda. En vez de las carretas de comercio o de las +arrias de mercaderías, llenan las calles, tirados por caballos altivos, +carruajes lucientes. Los carruajes mismos, parece que van contentos, y +como de victoria. Los pobres mismos, parecen ricos. Hay una quietud +magna y una alegría casta. En las casas todo es algazara. Los nietos +¡qué ir a la puerta, y aturdir al portero, impacientes por lo que la +abuela tarda! Los maridos ¡qué celos de la misa, que se les lleva, con +sus mujeres queridas, la luz de la mañana! La abuela, ¡cómo viene +cargada de chucherías para los nietos, de los juguetes que fue reuniendo +en la semana para traerlos a la gente menor hoy domingo, de los +mazapanes recién hechos que acaba de comprar en la dulcería francesa, de +los caprichos de comer que su hija prefería cuando soltera, qué carruaje +el de la abuela, que nunca se vacía! Y en la casa de Lucía Jerez no se +sabía si había más flores en la magnolia, o en las almas. + +Sobre un costurero abierto, donde Ana al ver entrar a sus amigas puso +sus enseres de coser y los ajuares de niño que regalaba a la Casa de +Expósitos, habían dejado caer Adela y Lucía sus sombreros de paja, con +cintas semejantes a sus trajes, revueltas como cervatillos que retozan. +¡Dice mucho, y cosas muy traviesas, un sombrero que ha estado una hora +en la cabeza de una señorita! Se le puede interrogar, seguro de que +responde: ¡de algún elegante caballero, y de más de uno, se sabe que ha +robado a hurtadillas una flor de un sombrero, o ha besado sus cintas +largamente, con un beso entrañable y religioso! El sombrero de Adela era +ligero y un tanto extravagante, como de niña que es capaz de enamorarse +de un tenor de ópera: el de Lucía era un sombrero arrogante y +amenazador; se salían por el borde del costurero las cintas carmesíes, +enroscadas sobre el sombrero de Adela como una boa sobre una tórtola: +del fondo de seda negro, por los reflejos de un rayo de sol que filtraba +oscilando por una rama de la magnolia, parecían salir llamas. + +Estaban las tres amigas en aquella pura edad en que los caracteres +todavía no se definen: ¡ay, en esos mercados es donde suelen los jóvenes +generosos, que van en busca de pájaros azules, atar su vida a lindos +vasos de carne que a poco tiempo, a los primeros calores fuertes de la +vida, enseñan la zorra astuta, la culebra venenosa, el gato frío e +impasible que les mora en el alma! + +La mecedora de Ana no se movía, tal como apenas en sus labios pálidos la +afable sonrisa: se buscaban con los ojos las violetas en su falda, como +si siempre debiera estar llena de ellas. Adela no sin esfuerzo se +mantenía en su mecedora, que unas veces estaba cerca de Ana, otras de +Lucía, y vacía las más. La mecedora de Lucía, más echada hacia adelante +que hacia atrás, cambiaba de súbito de posición, como obediente a un +gesto enérgico y contenido de su dueña. + +--Juan no viene: ¡te digo que Juan no viene! + +--¿Por qué, Lucía, si sabes que si no viene te da pena? + +--¿Y no te pareció Pedro Real muy arrogante? Mira, mi Ana, dame el +secreto que tú tienes para que te quiera todo el mundo: porque ese +caballero, es necesario que me quiera. + +En un reloj de bronce labrado, embutido en un ancho plato de porcelana +de ramos azules, dieron las dos. + +--Lo ves, Ana, lo ves; ya Juan no viene--y se levantó Lucía; fue a uno de +los jarrones de mármol colocados entre cada dos columnas, de las que de +un lado y otro adornaban el sombreado patio; arrancó sin piedad de su +tallo lustroso una camelia blanca, y volvió silenciosa a su mecedora, +royéndole las hojas con los dientes. + +--Juan viene siempre, Lucía. + +Asomó en este momento por la verja dorada que dividía el zaguán de la +antesala que se abría al patio, un hombre joven, vestido de negro, de +quien se despedían con respeto y ternura uno de mayor edad, de ojos +benignos y poblada barba, y un caballero entrado en largos años, triste, +como quien ha vivido mucho, que retenía con visible placer la mano del +joven entre las suyas: + +--Juan, ¿por qué nació usted en esta tierra? + +--Para honrarla si puedo, don Miguel, tanto como usted la ha honrado. + +Fue la emoción visible en el rostro del viejo; y aun no había +desaparecido del zaguán, de brazo del de la buena barba, cuando Lucía, +demudado el rostro y temblándole en las pestañas las lágrimas, estaba en +pie, erguida con singular firmeza, junto a la verja dorada, y decía, +clavando en Juan sus dos ojos imperiosos y negros: + +--Juan, ¿por qué no habías venido? + +Adela estaba prendiendo en aquel momento en sus cabellos rubios un +jazmín del Cabo. + +Ana cosía un lazo azul a una gorrita de recién nacido, para la Casa de +Expósitos. + +--Fui a rogar--respondió Juan sonriendo dulcemente--, que no apremiasen por +la renta de este mes a la señora del Valle. + +--¿A la madre de Sol? ¿de Sol del Valle? + +Y pensando en la niña de la pobre viuda, que no había salido aun del +colegio, donde la tenía por merced la Directora, se entró Lucía, sin +volver ni bajar la cabeza, por las habitaciones interiores, en tanto que +Juan, que amaba a quien lo amaba, la seguía con los ojos tristemente. + + * * * * * + +Juan Jerez era noble criatura. Rico por sus padres, vivía sin el +encogimiento egoísta que desluce tanto a un hombre joven, mas sin +aquella angustiosa abundancia, siempre menor que los gastos y apetitos +de sus dueños, con que los ricuelos de poco sentido malgastan en empleos +estúpidos, a que llaman placeres, la hacienda de sus mayores. De sí +propio, y con asiduo trabajo, se había ido creando una numerosa +clientela de abogado, en cuya engañosa profesión, entre nosotros +perniciosamente esparcida, le hicieron entrar, más que su voluntad, dada +a más activas y generosas labores, los deseos de su padre, que en la +defensa de casos limpios de comercio había acrecentado el haber que +aportó al matrimonio su esposa. Y así Juan Jerez, a quien la Naturaleza +había puesto aquella coraza de luz con que reviste a los amigos de los +hombres, vino, por esas preocupaciones legendarias que desfloran y +tuercen la vida de las generaciones nuevas en nuestros países, a pasar, +entre lances de curia que a veces le hacían sentir ansias y vuelcos, los +años más hermosos de una juventud sazonada e impaciente, que veía en las +desigualdades de la fortuna, en la miseria de los infelices, en los +esfuerzos estériles de una minoría viciada por crear pueblos sanos y +fecundos, de soledades tan ricas como desiertas, de poblaciones +cuantiosas de indios míseros, objeto más digno que las controversias +forenses del esfuerzo y calor de un corazón noble y viril. + +Llevaba Juan Jerez en el rostro pálido, la nostalgia de la acción, la +luminosa enfermedad de las almas grandes, reducida por los deberes +corrientes o las imposiciones del azar a oficios pequeños; y en los ojos +llevaba como una desolación, que solo cuando hacía un gran bien, o +trabajaba en pro de un gran objeto, se le trocaba, como un rayo de sol +que entra en una tumba, en centelleante júbilo. No se le dijera entonces +un abogado de estos tiempos, sino uno de aquellos trovadores que sabían +tallarse, hartos ya de sus propias canciones, en el mango de su guzla la +empuñadura de una espada. El fervor de los cruzados encendía en aquellos +breves instantes de heroica dicha su alma buena; y su deleite, que le +inundaba de una luz parecida a la de los astros, era solo comparable a +la vasta amargura con que reconocía, a poco que en el mundo no +encuentran auxilio, sino cuando convienen a algún interés que las vicia, +las obras de pureza. Era de la raza selecta de los que no trabajan para +el éxito, sino contra él. Nunca, en esos pequeños pueblos nuestros donde +los hombres se encorvan tanto, ni a cambio de provechos ni de +vanaglorias cedió Juan un ápice de lo que creía sagrado en él, que era +su juicio de hombre y su deber de no ponerlo con ligereza o por paga al +servicio de ideas o personas injustas; sino que veía Juan su +inteligencia como una investidura sacerdotal, que se ha de tener siempre +de manera que no noten en ella la más pequeña mácula los feligreses; y +se sentía Juan, allá en sus determinaciones de noble mozo, como un +sacerdote de todos los hombres, que uno a uno tenía que ir dándoles +perpetua cuenta, como si fuesen sus dueños, del buen uso de su +investidura. + +Y cuando veía que, como entre nosotros sucede con frecuencia, un hombre +joven, de palabra llameante y talento privilegiado, alquilaba por la +paga o por el puesto aquella insignia divina que Juan creía ver en toda +superior inteligencia, volvía los ojos sobre sí como llamas que le +quemaban, tal como si viera que el ministro de un culto, por pagarse la +bebida o el juego, vendiese las imágenes de sus dioses. Estos soldados +mercenarios de la inteligencia lo tachaban por eso de hipócrita, lo que +aumentaba la palidez de Juan Jerez, sin arrancar de sus labios una +queja. Y otros decían, con más razón aparente--aunque no en el caso de +él--, que aquella entereza de carácter no era grandemente meritoria en +quien, rico desde la cuna, no había tenido que bregar por abrirse +camino, como tantos de nuestros jóvenes pobres, en pueblos donde por +viejas tradiciones coloniales se da a los hombres una educación +literaria, y aun esta descosida e incompleta, que no halla luego natural +empleo en nuestros países despoblados y rudimentarios, exuberantes, sin +embargo, en fuerzas vivas, hoy desaprovechadas o trabajadas apenas, +cuando para hacer prósperas a nuestras tierras y dignos a nuestros +hombres no habría más que educarlos de manera que pudiesen sacar +provecho del suelo providísimo en que nacen. A manejar la lengua hablada +y escrita les enseñan, como único modo de vivir, en pueblos en que las +artes delicadas que nacen del cultivo del idioma no tienen el número +suficiente, no ya de consumidores, de apreciadores siquiera, que +recompensen, con el precio justo de estos trabajos exquisitos, la labor +intelectual de nuestros espíritus privilegiados. De modo que, como con +el cultivo de la inteligencia vienen los gustos costosos, tan naturales +en los hispanoamericanos como el color sonrosado en las mejillas de una +niña quinceña; como en las tierras calientes y floridas, se despierta +temprano el amor, que quiere casa, y lo mejor que haya en la ebanistería +para amueblarla, y la seda más joyante y la pedrería más rica para que a +todos maraville y encele su dueña; como la ciudad, infecunda en nuestros +países nuevos, retiene en sus redes suntuosas a los que fuera de ella no +saben ganar el pan, ni en ella tienen cómo ganarlo, a pesar de sus +talentos, bien así como un pasmoso cincelador de espadas de taza, que +sabría poblar éstas de castellanas de larga amazona desmayadas en brazos +de guerreros fuertes, y otras sutiles lindezas en plata y en oro, no +halla empleo en un villorrio de gente labriega, que vive en paz, o al +puñal o a los puños remite el término de sus contiendas; como con +nuestras cabezas hispanoamericanas, cargadas de ideas de Europa y +Norteamérica, somos en nuestros propios países a manera de frutos sin +mercado, cual las excrecencias de la tierra, que le pesan y estorban, y +no como su natural florecimiento, sucede que los poseedores de la +inteligencia, estéril entre nosotros por su mala dirección, y +necesitados para subsistir de hacerla fecunda, la dedican con exceso +exclusivo a los combates políticos, cuando más nobles, produciendo así +un desequilibrio entre el país escaso y su política sobrada, o, +apremiados por las urgencias de la vida, sirven al gobernante fuerte que +les paga y corrompe, o trabajan por volcarle cuando, molestado aquel por +nuevos menesterosos, les retira la paga abundante de sus funestos +servicios. De estas pesadumbres públicas venían hablando el de la barba +larga, el anciano de rostro triste, y Juan Jerez, cuando este, ligado +desde niño por amores a su prima Lucía, se entró por el zaguán de +baldosas de mármol pulido espaciosas y blancas como sus pensamientos. + + * * * * * + +La bondad es la flor de la fuerza. Aquel Juan brioso, que andaba siempre +escondido en las ocasiones de fama y alarde, pero visible apenas se +sabía de una prerrogativa de la patria desconocida o del decoro y +albedrío de algún hombre hollados; aquel batallador temible y áspero, a +quien jamás se atrevieron a llegar, avergonzadas de antemano, las +ofertas y seducciones corruptoras a que otros vociferantes de temple +venal habían prestado oídos; aquel que llevaba siempre en el rostro +pálido y enjuto como el resplandor de una luz alta y desconocida, y en +los ojos el centelleo de la hoja de una espada; aquel que no veía +desdicha sin que creyese deber suyo remediarla, y se miraba como un +delincuente cada vez que no podía poner remedio a una desdicha; aquel +amantísimo corazón, que sobre todo desamparo vaciaba su piedad +inagotable, y sobre toda humildad, energía o hermosura prodigaba +apasionadamente su amor, había cedido, en su vida de libros y +abstracciones, a la dulce necesidad, tantas veces funesta, de apretar +sobre su corazón una manecita blanca. La de esta o la de aquella le +importaban poco; y él, en la mujer, veía más el símbolo de las +hermosuras ideadas que un ser real. + +Lo que en el mundo corre con nombre de buenas fortunas, y no son, por lo +común, de una parte o de otra, más que odiosas vilezas, habían salido, +una que otra vez, al camino de aquel joven rico a cuyo rostro venía, de +los adentros del alma, la irresistible belleza de un noble espíritu. +Pero esas buenas fortunas, que en el primer instante llenan el corazón +de los efluvios trastornadores de la primavera, y dan al hombre la +autoridad confiada de quien posee y conquista; esos amoríos de ocasión, +miel en el borde, hiel en el fondo, que se pagan con la moneda más +valiosa y más cara, la de la propia limpieza; esos amores irregulares y +sobresaltados, elegante disfraz de bajos apetitos, que se aceptan por +desocupación o vanidad, y roen luego la vida, como úlceras, solo +lograron en el ánimo de Juan Jerez despertar el asombro de que, so +pretexto o nombre de cariño, vivan hombres y mujeres, sin caer muertos +de odio a sí mismos, en medio de tan torpes liviandades. Y no cedía a +ellas, porque la repulsión que le inspiraba, cualesquiera que fuesen sus +gracias, una mujer que cerca de la mesa de trabajo de su esposo o junto +a la cuna de su hijo no temblaba de ofrecerlas, era mayor que las +penosas satisfacciones que la complicidad con una amante liviana produce +a un hombre honrado. + +Era la de Juan Jerez una de aquellas almas infelices que solo pueden +hacer lo grande y amar lo puro. Poeta genuino, que sacaba de los +espectáculos que veía en sí mismo, y de los dolores y sorpresas de su +espíritu, unos versos extraños, adoloridos y profundos, que parecían +dagas arrancadas de su propio pecho, padecía de esa necesidad de la +belleza que como un marchamo ardiente, señala a los escogidos del canto. +Aquella razón serena, que los problemas sociales o las pasiones comunes +no oscurecían nunca, se le ofuscaba hasta hacerle llegar a la +prodigalidad de sí mismo, en virtud de un inmoderado agradecimiento. +Había en aquel carácter una extraña y violenta necesidad del martirio, y +si por la superioridad de su alma le era difícil hallar compañeros que +se la estimaran y animasen, él, necesitado de darse, que en su bien +propio para nada se quería, y se veía a sí mismo como una propiedad de +los demás que guardaba él en depósito, se daba como un esclavo a cuantos +parecían amarle y entender su delicadeza o desear su bien. + + * * * * * + +Lucía, como una flor que el sol encorva sobre su tallo débil cuando +esplende en todo su fuego el mediodía; que como toda naturaleza +subyugadora necesitaba ser subyugada; que de un modo confuso e +impaciente, y sin aquel orden y humildad que revelan la fuerza +verdadera, amaba lo extraordinario y poderoso, y gustaba de los caballos +desalados, de los ascensos por la montaña, de las noches de tempestad y +de los troncos abatidos; Lucía, que, niña aun, cuando parecía que la +sobremesa de personas mayores en los gratos almuerzos de domingo debía +fatigarle, olvidaba los juegos de su edad, y el coger las flores del +jardín, y el ver andar en parejas por el agua clara de la fuente los +pececillos de plata y de oro, y el peinar las plumas blandas de su +último sombrero, por escuchar, hundida en su silla, con los ojos +brillantes y abiertos, aquellas aladas palabras, grandes como águilas, +que Juan reprimía siempre delante de gente extraña o común, pero dejaba +salir a caudales de sus labios, como lanzas adornadas de cintas y de +flores, apenas se sentía, cual pájaro perseguido en su nido caliente, +entre almas buenas que le escuchaban con amor; Lucía, en quien un deseo +se clavaba como en los peces se clavan los anzuelos, y de tener que +renunciar a algún deseo, quedaba rota y sangrando, como cuando el +anzuelo se le retira queda la carne del pez; Lucía que, con su +encarnizado pensamiento, había poblado el cielo que miraba, y los +florales cuyas hojas gustaba de quebrar, y las paredes de la casa en que +lo escribía con lápices de colores, y el pavimento a que con los brazos +caídos sobre los de su mecedora solía quedarse mirando largamente; de +aquel nombre adorado de Juan Jerez, que en todas partes por donde miraba +le resplandecía, porque ella lo fijaba en todas partes con su voluntad y +su mirada como los obreros de la fábrica de Eibar, en España, embuten +los hilos de plata y de oro sobre la lámina negra del hierro esmerilado; +Lucía, que cuando veía entrar a Juan, sentía resonar en su pecho unas +como arpas que tuviesen alas, y abrirse en el aire, grandes como soles, +unas rosas azules, ribeteadas de negro, y cada vez que lo veía salir, le +tendía con desdén la mano fría, colérica de que se fuese, y no podía +hablarle, porque se le llenaban de lágrimas los ojos; Lucía, en quien +las flores de la edad escondían la lava candente que como las vetas de +metales preciosos en las minas le culebreaban en el pecho; Lucía, que +padecía de amarle, y le amaba irrevocablemente, y era bella a los ojos +de Juan Jerez, puesto que era pura, sintió una noche, una noche de su +santo, en que antes de salir para el teatro se abandonaba a sus +pensamientos con una mano puesta sobre el mármol del espejo, que Juan +Jerez, lisonjeado por aquella magnífica tristeza, daba un beso, largo y +blando, en su otra mano. Toda la habitación le pareció a Lucía llena de +flores; del cristal del espejo creyó ver salir llamas; cerró los ojos, +como se cierran siempre en todo instante de dicha suprema, tal como si +la felicidad tuviese también su pudor, y para que no cayese en tierra, +los mismos brazos de Juan tuvieron delicadamente que servir de apoyo a +aquel cuerpo envuelto en tules blancos, de que en aquella hora de +nacimiento parecía brotar luz. Pero Juan aquella noche se acostó triste, +y Lucía misma, que amaneció junto a la ventana en su vestido de tules, +abrigados los hombros en una aérea nube azul, se sentía, aromada como un +vaso de perfumes, pero seria y recelosa.... + + * * * * * + +--Ana mía, Ana mía, aquí está Pedro Real. ¡Míralo qué arrogante! + +--Arrodíllate, Adela: arrodíllate ahora mismo--le respondió dulcemente +Ana, volviendo a ella su hermosa cabeza de ondulantes cabellos +castaños--; mientras que Juan, que venía de hacer paces con Lucía +refugiada en la antesala, salía a la verja del zaguán a recibir al amigo +de la casa. + +Adela se arrodilló, cruzados los brazos sobre las rodillas de Ana; y Ana +hizo como que le vendaba los labios con una cinta azul, y le dijo al +oído, como quien ciñe un escudo o ampara de un golpe, estas palabras: + +--Una niña honesta no deja conocer que le gusta un calavera, hasta que no +haya recibido de él tantas muestras de respeto, que nadie pueda dudar +que no la solicita para su juguete. + +Adela se levantó riendo, y puestos los ojos, entre curiosos y burlones, +en el galán caballero, que del brazo de Juan venía hacia ellas, los +esperó de pie al lado de Ana, que con su serio continente, nunca duro, +parecía querer atenuar en favor de Adela misma, su excesiva viveza. +Pedro, aturdido y más amigo de las mariposas que de las tórtolas, saludó +a Adela primero. + +Ana retuvo un instante en su mano delgada la de Pedro, y con aquellos +derechos de señora casada que da a las jóvenes la cercanía de la muerte. + +--Aquí--le dijo--, Pedro: aquí toda esta tarde a mi lado--¡Quién sabe si, +enfrente de aquella hermosa figura de hombre joven, no le pesaba a la +pobre Ana, a pesar de su alma de sacerdotisa, dejar la vida! ¡Quién sabe +si quería solo evitar que la movible Adela, revoloteando en torno de +aquella luz de belleza, se lastimase las alas! + +Porque aquella Ana era tal que, por donde ella iba, resplandecía. Y +aunque brillase el sol, como por encima de la gran magnolia estaba +brillando aquella tarde, alrededor de Ana se veía una claridad de +estrella. Corrían arroyos dulces por los corazones cuando estaba en +presencia de ella. Si cantaba, con una voz que se esparcía por los +adentros del alma, como la luz de la mañana por los campos verdes, +dejaba en el espíritu una grata intranquilidad, como de quien ha +entrevisto, puesto por un momento fuera del mundo, aquellas musicales +claridades que solo en las horas de hacer bien, o de tratar a quien lo +hace, distingue entre sus propias nieblas el alma. Y cuando hablaba +aquella dulce Ana, purificaba. + +Pedro era bueno, y comenzó a alabarle, no el rostro, iluminado ya por +aquella luz de muerte que atrae a las almas superiores y aterra a las +almas vulgares, sino el ajuar de niño a que estaba poniendo Ana las +últimas cintas. Pero ya no era ella sola la que cosía, y armaba lazos, y +los probaba en diferentes lados del gorro de recién nacido: Adela +súbitamente se había convertido en una gran trabajadora. Ya no saltaba +de un lugar a otro, como cuando juntas conversaban hacía un rato ella, +Ana y Lucía, sino que había puesto su silla muy junto a la de Ana. Y +ella también, iba a estar sentada al lado de Ana toda la tarde. En sus +mejillas pálidas, había dos puntos encendidos que ganaban en viveza a +las cintas del gorro, y realzaban la mirada impaciente de sus ojos +brillantes y atrevidos. Se le desprendía el cabello inquieto, como si +quisiese, libre de redes, soltarse en ondas libres por la espalda. En +los movimientos nerviosos de su cabeza, dos o tres hojas de la rosa +encarnada que llevaba prendida en el peinado, cayeron al suelo. Pedro +las veía caer. Adela, locuaz y voluble, ya andaba en la canastilla, ya +revolvía en la falda de Ana los adornos del gorro, ya cogía como útil el +que acababa de desechar con un mohín de impaciencia, ya sacudía y erguía +un momento la ligera cabeza, fina y rebelde, como la de un potro +indómito. Sobre las losas de mármol blanco se destacaban, como gotas de +sangre, las hojas de rosa. + +Se hablaba de aquellas cosas banales de que conversan en estas tertulias +de domingo, la gente joven de nuestros países. El tenor, ¡oh el tenor! +había estado admirable. Ella se moría por las voces del tenor. Es un +papel encantador el de Francisco I. Pero la señora de Ramírez, ¡cómo +había tenido el valor de ir vestida con los colores del partido que +fusiló a su esposo!, es verdad que se casa con un coronel del partido +contrario, que firmó como auditor en el proceso del señor Ramírez. Es +muy buen mozo el coronel, es muy buen mozo. Pero la señora Ramírez ha +gastado mucho, ya no es tan rica como antes; tuvo a siete bordadoras +empleadas un mes en bordarle de oro el vestido de terciopelo negro que +llevó a _Rigoletto_, era muy pesado el vestido. ¡Oh! ¿Y Teresa Luz? +lindísima, Teresa Luz: bueno, la boca, sí, la boca no es perfecta, los +labios son demasiado finos; ¡ah, los ojos! bueno, los ojos son un poco +fríos, no calientan, no penetran: pero qué vaguedad tan dulce; hacen +pensar en las espumas de la mar. Y, ¡cómo persigue a María Vargas ese +caballerete que ha venido de París, con sus versos copiados de François +Coppee, y su política de alquiler, que vino, sirviendo a la oposición y +ya está poco menos que con el Gobierno! El padre de María Vargas va a +ser Ministro y él quiere ser diputado. Elegante sí es. El peinado es +ridículo, con la raya en mitad de la cabeza y la frente escondida bajo +las ondas. Ni a las mujeres está bien eso de cubrirse la frente, donde +está la luz del rostro. Que el cabello la sombree un poco con sus ondas +naturales; pero ¿a qué cubrir la frente, espejo donde los amantes se +asoman a ver su propia alma, tabla de mármol blanco donde se firman las +promesas puras, nido de las manos lastimadas en los afanes de la vida? +Cuando se padece mucho, no se desea un beso en los labios sino en la +frente. Y ese mismo poetín lo dijo muy bien el otro día en sus versos «A +una niña muerta», era algo así como esto: las rosas del alma suben a las +mejillas; las estrellas del alma, a la frente. Hay algo de tenebroso y +de inquietante en esas frentes cubiertas. No, Adela, no, a usted le está +encantadora esa selva de ricitos: así pintaban en los cuadros de antes a +los cupidos revoloteando sobre la frente de las diosas. No, Adela, no le +hagas caso: esas frentes cubiertas, me dan miedo. Es que ya se piensan +unas cosas, que las mujeres se cubren la frente de miedo de que se las +vean. Oh, no, Ana: ¿qué han de pensar ustedes más que jazmines y +claveles? Pues que no, Pedro: rompa usted las frentes, y verá dentro, en +unos tiestitos que parecen bocas abiertas, unas plantas secas, que dan +unas florecitas redondas y amarillas. Y Ana iba así ennobleciendo la +conversación, porque Dios le había dado el privilegio de las flores: el +de perfumar. Adela, silenciosa hacía un momento, alzó la cabeza y +mantuvo algún tiempo los ojos fijos delante de sí, viendo como el perfil +céltico de Pedro, con su hermosa barba negra, se destacaba, a la luz +sana de la tarde, sobre el zócalo de mármol que revestía una de las +anchas columnas del corredor de la casa. Bajó la cabeza, y a este +movimiento, se desprendió de ella la rosa encarnada, que cayó +deshaciéndose a los pies de Pedro. + + * * * * * + +Juan y Lucía aparecieron por el corredor, ella como arrepentida y +sumisa, él como siempre, sereno y bondadoso. Hermosa era la pareja, tal +como se venían lentamente acercando al grupo de sus amigas en el patio. +Altos los dos, Lucía, más de lo que sentaba a sus años y sexo, Juan, de +aquella elevada estatura, realzada por las proporciones de las formas, +que en sí misma lleva algo de espíritu, y parece dispuesta por la +naturaleza al heroísmo y al triunfo. Y allá, en la penumbra del +corredor, como un rayo de luz diese sobre el rostro de Juan, y de su +brazo, aunque un poco a su zaga, venía Lucía, en la frente de él, vasta +y blanca, parecía que se abría una rosa de plata: y de la de Lucía se +veían solo, en la sombra oscura del rostro, sus dos ojos llameantes, +como dos amenazas. + +--Está Ana imprudente--dijo Juan con su voz de caricia--: ¿cómo no tiene +miedo a este aire del crepúsculo? + +--¡Pero si es ya el mío natural, Juan querido! Vamos, Pedro: deme el +brazo. + +--Pero pronto, Pedro, que esta es la hora en que los aromas suben de las +flores, y si no la haces presa, se nos escapa. + +--¡Este Juan bueno! ¿No es verdad, Juan, que Lucía es una loca? Ya Adela +y Pedro me están al lado cuchicheando, de apetito. Vamos, pues, que a +esta hora la gente dichosa tiene deseo de tomar el chocolate. + +El chocolate fragante les esperaba, servido en una mesa de ónix, en la +linda antesala. Era aquel un capricho de domingo. Gustan siempre los +jóvenes de lo desordenado e imprevisto. En el comedor, con dos +caballeros de edad, discutía las cosas públicas el buen tío de Lucía y +Ana, caballero de gorro de seda y pantuflas bordadas. La abuelita de la +casa, la madre del señor tío, no salía ya de su alcoba, donde recordaba +y rezaba. + + * * * * * + +La antesala era linda y pequeña, como que se tiene que ser pequeño para +ser lindo. De unos tulipanes de cristal trenzado, suspendidos en un ramo +del techo por un tubo oculto entre hojas de tulipán simuladas en bronce, +caía sobre la mesa de ónix la claridad anaranjada y suave de la lámpara +de luz eléctrica incandescente. No había más asientos que pequeñas +mecedoras de Viena, de rejilla menuda y madera negra. El pavimento de +mosaico de colores tenues que, como el de los atrios de Pompeya, tenía +la inscripción «Salve» en el umbral, estaba lleno de banquetas +revueltas, como de habitación en que se vive: porque las habitaciones se +han de tener lindas, no para enseñarlas, por vanidad, a las visitas, +sino para vivir en ellas. Mejora y alivia el contacto constante de lo +bello. Todo en la tierra, en estos tiempos negros, tiende a rebajar el +alma, todo, libros y cuadros, negocios y afectos, ¡aun en nuestros +países azules! Conviene tener siempre delante de los ojos, alrededor, +ornando las paredes, animando los rincones donde se refugia la sombra, +objetos bellos, que la coloreen y la disipen. + +Linda era la antesala, pintado el techo con los bordes de guirnaldas de +flores silvestres, las paredes cubiertas, en sus marcos de roble liso +dorado, de cuadros de Madrazo y de Nittis, de Fortuny y de Pasini, +grabados en Goupil; de dos en dos estaban colgados los cuadros, y entre +cada dos grupos de ellos, un estantillo de ébano, lleno de libros, no +más ancho que los cuadros, ni más alto ni bajo que el grupo. En la mitad +del testero que daba frente a la puerta del corredor, una esbelta +columna de mármol negro sustentaba un aéreo busto de la Mignon de +Goethe, en mármol blanco, a cuyos pies, en un gran vaso de porcelana de +Tokio, de ramazones azules, Ana ponía siempre mazos de jazmines y de +lirios. Una vez la traviesa Adela había colgado al cuello de Mignon una +guirnalda de claveles encarnados. En este testero no había libros, ni +cuadros que no fuesen grabados de episodios de la vida de la triste +niña, y distribuidos como un halo en la pared en derredor del busto. Y +en las esquinas de la habitación, en caballetes negros, sin ornamentos +dorados, ostentaban su rica encuadernación cuatro grandes volúmenes: _El +Cuervo_ de Edgar Poe, el Cuervo desgarrador y fatídico, con láminas de +Gustavo Doré, que se llevan la mente por los espacios vagos en alas de +caballos sin freno: el _Rubaiyat_ el poema persa, el poema del vino +moderado y las rosas frescas, con los dibujos apodícticos del +norteamericano Elihu Vedder; un rico ejemplar manuscrito, empastado en +seda lila, de _Las Noches_, de Alfredo de Musset; y un _Wilhelm Meister_ +el libro de Mignon, cuya pasta original, recargada de arabescos +insignificantes, había hecho reemplazar Juan, en París, por una de +tafilete negro mate embutido con piedras preciosas: topacios tan claros +como el alma de la niña, turquesas, azules como sus ojos; no esmeraldas, +porque no hubo en aquella vaporosa vida; ópalos, como sus sueños; y un +rubí grande y saliente, como su corazón hinchado y roto. En aquel +singular regalo a Lucía, gastó Juan sus ganancias de un año. Por los +bajos de la pared, y a manera de sillas, había, en trípodes de ébano, +pequeños vasos chinos, de colores suaves, con mucho amarillo y escaso +rojo. Las paredes, pintadas al óleo, con guirnaldas de flores, eran +blancas. Causaba aquella antesala, en cuyo arreglo influyó Juan, una +impresión de fe y de luz. + + * * * * * + +Y allí se sentaron los cinco jóvenes, a gustar en sus tazas de coco el +rico chocolate de la casa, que en hacerlo fragante era famosa. No tenía +mucho azúcar, ni era espeso. ¡Para gente mayor, el chocolate espeso! +Adela, caprichosa, pedía para sí la taza que tuviese más espuma. + +--Esta, Adela--le dijo Juan, poniendo ante ella, antes de sentarse, una de +las tazas de coco negro, en la que la espuma hervía tornasolada. + +--¡Malvado!--le dijo Adela, mientras que todos reían--; ¡me has dado la de +la ardilla! + +Eran unas tazas, extrañas también, en que Juan, amigo de cosas, patrias, +había sabido hacer que el artífice combinara la novedad y el arte. Las +tazas eran de esos coquillos negros de óvalo perfecto, que los indígenas +realzan con caprichosas labores y leyendas, sumisas éstas como su +condición, y aquellas pomposas, atrevidas y extrañas, muy llenas de alas +y de serpientes, recuerdos tenaces de un arte original y desconocido que +la conquista hundió en la tierra, a botes de lanza. Y estos coquillos +negros estaban muy pulidos por dentro, y en todo su exterior trabajados +en relieve sutil como encaje. Cada taza descansaba en una trípode de +plata, formada por un atributo de algún ave o fiera de América, y las +dos asas eran dos preciosas miniaturas, en plata también, del animal +simbolizado en la trípode. En tres colas de ardilla se asentaba la taza +de Adela, y a su chocolate se asomaban las dos ardillas, como a un mar +de nueces. Dos quetzales altivos, dos quetzales de cola de tres plumas, +larga la del centro como una flecha verde, se asían a los bordes de la +taza de Ana: ¡el quetzal noble, que cuando cae cautivo o ve rota la +pluma larga de su cola, muere! Las asas de la taza de Lucía eran dos +pumas elásticos y fieros, en la opuesta colocación dedos enemigos que se +acechan: descansaba sobre tres garras de puma, el león americano. Dos +águilas eran las asas de la de Juan; y la de Pedro, la del buen mozo +Pedro, dos monos capuchinos. + + * * * * * + +Juan quería a Pedro, como los espíritus fuertes quieren a los débiles, y +como, a modo de nota de color o de grano de locura, quiere, cual forma +suavísima del pecado, la gente que no es ligera a la que lo es. + +Los hombres austeros tienen en la compañía momentánea de esos pisaverdes +alocados el mismo género de placer que las damas de familia que asisten +de tapadillo a un baile de máscaras. Hay cierto espíritu de +independencia en el pecado, que lo hace simpático cuando no es excesivo. +Pocas son por el mundo las criaturas que, hallándose con las encías +provistas de dientes, se deciden a no morder, o reconocen que hay un +placer más profundo que el de hincar los dientes, y es no usarlos. Pues, +¿para qué es la dentadura, se dicen los más; sobre todo cuando la tienen +buena, sino para lucirla, y triturar los manjares que se lleguen a la +boca? Y Pedro era de los que lucían la dentadura. + +Incapaz, tal vez, de causar mal en conciencia, el daño estaba en que él +no sabía cuando causaba mal, o en que, siendo la satisfacción de un +deseo, él no veía en ella mal alguno, sino que toda hermosura, por +serlo, le parecía de él, y en su propia belleza, la belleza funesta de +un hombre perezoso y adocenado, veía como un título natural, título de +león, sobre los bienes de la tierra, y el mayor de ellos, que son sus +bellas criaturas. Pedro tenía en los ojos aquel inquieto centelleo que +subyuga y convida: en actos y palabras, la insolente firmeza que da la +costumbre de la victoria, y en su misma arrogancia tal olvido de que la +tenía, que era la mayor perfección y el más temible encanto de ella. + +Viajero afortunado; con el caudal ya corto de su madre, por tierras de +afuera, perdió en ellas, donde son pecadillos las que a nosotros nos +parecen con justicia infamias, aquel delicado concepto de la mujer sin +el que, por grandes esfuerzos que haga luego la mente, no le es lícito +gozar, puesto que no le es lícito creer en el amor de la más limpia +criatura. Todos aquellos placeres que no vienen derechamente y en razón +de los afectos legítimos, aunque sean champaña de la vanidad, son acíbar +de la memoria. Eso en los más honrados, que en los que no lo son, de +tanto andar entre frutas estrujadas, llegan a enviciarse los ojos de +manera que no tienen más arte ni placer que los de estrujar frutas. Solo +Ana, de cuantas jóvenes había conocido a su vuelta de las malas tierras +de afuera, le había inspirado, aun antes de su enfermedad, un respeto +que en sus horas de reposo solía trocarse en un pensamiento persistente +y blando. Pero Ana se iba al cielo: Ana, que jamás hubiera puesto a +aquel turbulento mancebo de señor de su alma apacible, como un palacio +de nácar; pero que, por esa fatal perversión que atrae a los espíritus +desemejantes, no había visto sin un doloroso interés y una turbación +primaveral, aquella rica hermosura de hombre, airosa y firme, puesta por +la naturaleza como vestidura a un alma escasa, tal como suelen algunos +cantantes transportar a inefables deliquios y etéreas esferas a sus +oyentes, con la expresión en notas querellosas y cristalinas, blancas +como las palomas o agudas como puñales, de pasiones que sus espíritus +burdos son incapaces de entender ni de sentir. ¿Quién no ha visto romper +en actos y palabras brutales contra su delicada mujer a un tenor que +acababa de cantar, con sobrehumano poder, el «Spirto Gentil» de la +_Favorita_? Tal la hermosura sobre las almas escasas. + +Y Juan, por aquella seguridad de los caracteres incorruptibles, por +aquella benignidad de los espíritus superiores, por aquella afición a lo +pintoresco de las imaginaciones poéticas, y por lazos de niño, que no se +rompen sin gran dolor del corazón, Juan quería a Pedro. + +Hablaban de las últimas modas, de que en París se rehabilita el color +verde, de que en París, decía Pedro, nada más se vive. + +--Pues yo no--decía Ana--. Cuando Lucía sea ya señora formal, adonde vamos +los tres es a Italia y a España: ¿verdad, Juan? + +--Verdad, Ana. Adonde la Naturaleza es bella y el arte ha sido perfecto. +A Granada, donde el hombre logró lo que no ha logrado en pueblo alguno +de la tierra: cincelar en las piedras sus sueños; a Nápoles, donde el +alma se siente contenta, como si hubiera llegado a su término. ¿Tú no +querrás, Lucía? + +--Yo no quiero que tú veas nada, Juan. Yo te haré en ese cuarto la +Alhambra, y en este patio Nápoles; y tapiaré las puertas, ¡y así +viajaremos! + +Rieron todos; pero Adela ya había echado camino de París, quién sabe con +qué compañero, los deseos alegres. Ella quería saberlo todo, no de +aquella tranquila vida interior y regalada, al calor de la estufa, +leyendo libros buenos, después de curiosear discretamente por entre las +novedades francesas, y estudiar con empeño tanta riqueza artística como +París encierra; sino la vida teatral y nerviosa, la vida de museo que en +París generalmente se vive, siempre en pie, siempre cansado, siempre +adolorido; la vida de las heroínas de teatro, de las gentes que se +enseñan, damas que enloquecen, de los nababs que deslumbran con el +pródigo empleo de su fortuna. + +Y mientras que Juan, generoso, dando suelta al espíritu impaciente, +sacaba ante los ojos de Lucía, para que se le fuese aquietando el +carácter, y se preparaba a acompañarle por el viaje de la existencia, +las interioridades luminosas de su alma peculiar y excelsa, y decía +cosas que, por la nobleza que enseñaban o la felicidad que prometían, +hacían asomar lágrimas de ternura y de piedad a los ojos de Ana-Adela y +Pedro, en plena Francia, iban y venían, como del brazo, por bosques y +bulevares. «La Judic ya no se viste con Worth. La mano de la Judic es la +más bonita de París. En las carreras es donde se lucen los mejores +vestidos. ¡Qué linda estaría Adela, en el pescante de un coche de +carreras, con un vestido de tila muy suave, adornado con pasamanería de +plata! ¡Ah, y con un guía como Pedro, que conocía tan bien la ciudad, +qué pronto no se estaría al corriente de todo! ¡Allí no se vive con +estas trabas de aquí, donde todo es malo! La mujer es aquí una esclava +disfrazada: allí es donde es la reina. Eso es París ahora: el reinado de +la mujer. Acá, todo es pecado: si se sale, si se entra, si se da el +brazo a un amigo, si se lee un libro ameno. ¡Pero esa es una falta de +respeto, eso es ir contra las obras de la naturaleza! ¿Porque una flor +nace en un vaso de Sevres, se la ha de privar del aire y de la luz? +¿Porque la mujer nace más hermosa que el hombre, se le ha de oprimir el +pensamiento, y so pretexto de un recato gazmoño, obligarla a que viva, +escondiendo sus impresiones, como un ladrón esconde su tesoro en una +cueva? Es preciso, Adelita, es preciso. Las mujeres más lindas de París +son las sudamericanas. ¡Oh, no habría en París otra tan chispeante como +ella!». + +--Vea, Pedro--interrumpió a este punto Ana, con aquella sonrisa suya que +hacía más eficaces sus reproches--, déjeme quieta a Adela. Usted sabe que +yo pinto, ¿verdad? + +--Pinta unos cuadritos que parecen música; todos llenos de una luz que +sube; con muchos ángeles y serafines. ¿Por qué no nos enseñas el último, +Ana mía? Es lindísimo, Pedro, y sumamente extraño. + +--¡Adela, Adela! + +--De veras que es muy extraño. Es como en una esquina de jardín y el +ciclo es claro, muy claro y muy lindo. Un joven... muy buen mozo... +vestido con un traje gris muy elegante, se mira las manos asombrado. +Acaba de romper un lirio, que ha caído a sus pies, y le han quedado las +manos manchadas de sangre. + +--¿Qué le parece, Pedro, de mi cuadro? + +--Un éxito seguro. Yo conocí en París a un pintor de México, un Manuel +Ocaranza, que hacía cosas como esas. + +--Entre los caballeros que rompen o manchan lirios quisiera yo que +tuviese éxito mi cuadro. ¡Quién pintara de veras, y no hiciera esos +borrones míos! Pedro: borrón y todo, en cuanto me ponga mejor, voy a +hacer una copia para usted. + +--¡Para mí! Juan, ¿por qué no es este el tiempo en que no era mal visto +que los caballeros besasen la mano a las damas? + +--Para usted, pero a condición de que lo ponga en un lugar tan visible +que por todas partes le salte a los ojos. Y ¿por qué estamos hablando +ahora de mis obras maestras? ¡Ah! porque usted me le hablaba a Adela +mucho de París. ¡Otro cuadro voy a empezar en cuanto me ponga buena! +Sobre una colina voy a pintar un monstruo sentado. Pondré la luna en +cenit, para que caiga de lleno sobre el lomo del monstruo, y me permita +simular con líneas de luz en las partes salientes los edificios de París +más famosos. Y mientras la luna le acaricia el lomo, y se ve por el +contraste del perfil luminoso toda la negrura de su cuerpo, el monstruo, +con cabeza de mujer, estará devorando rosas. Allá por un rincón se verán +jóvenes flacas y desmelenadas que huyen, con las túnicas rotas, +levantando las manos al cielo. + +--Lucía--dijo Juan reprimiendo mal las lágrimas, al oído de su prima, +siempre absorta--: ¡y que esta pobre Ana se nos muera! + +Pedro no hallaba palabras oportunas, sino aquella confusión y malestar +que la gente dada a la frivolidad y el gozo experimenta en la compañía +íntima de una de esas criaturas que pasan por la tierra, a manera de +visión, extinguiéndose plácidamente, con la feliz capacidad de adivinar +las cosas puras, sobrehumanas, y la hermosa indignación por la batalla +de apetitos feroces en que se consume, la tierra. + +--De fieras, yo conozco dos clases--decía una vez Ana--: una se viste de +pieles, devora animales, y anda sobre garras; otra se viste de trajes +elegantes, come animales y almas y anda sobre una sombrilla o un bastón. +No somos más que fieras reformadas. + +Aquella Ana, cuando estaba en la intimidad, solía decir de estas cosas +singulares. ¿Dónde había sufrido tanto la pobre niña salida apenas del +círculo de su casa venturosa, que así había aprendido a conocer y +perdonar? ¿Se vive antes de vivir? ¿O las estrellas, ganosas de hacer un +viaje de recreo por la tierra, suelen por algún tiempo alojarse en un +cuerpo humano? ¡Ay! por eso duran tan poco los cuerpos en que se alojan +las estrellas. + + * * * * * + +--¿Conque Ana pinta, y _La Revista de Artes_ está buscando cuadros de +autores del país que dar a conocer, y este Juan pecador no ha hecho ya +publicar esas maravillas en _La Revista_? + +--Esta Ana nuestra, Pedro, se nos enoja de que la queramos sacar a luz. +Ella no quiere que se vean sus cuadros hasta que no los juzgue bastante +acabados para resistir la crítica. Pero la verdad es, Ana, que Pedro +Real tiene razón. + +--¿Razón, Pedro Real?--dijo Ana con una risa cristalina, de madre +generosa--. No, Juan. Es verdad que las cosas de arte que no son +absolutamente necesarias, no deben hacerse sino cuando se pueden hacer +enteramente bien, y estas cosas que yo hago, que veo vivas y claras en +lo hondo de mi mente, y con tal realidad que me parece que las palpo, me +quedan luego en la tela tan contrahechas y duras que creo que mis +visiones me van a castigar, y me regañan, y toman mis pinceles de la +caja, y a mí de una oreja, y me llevan delante del cuadro para que vea +cómo borran coléricas la mala pintura que hice de ellas. Y luego, ¿qué +he de saber yo, sin más dibujo que el que me enseñó el señor Mazuchellí, +ni más colores que estos tan pálidos que saco de mí misma? + +Seguía Lucía con ojos inquietos la fisonomía de Juan, profundamente +interesado en lo que, en uno de esos momentos de explicación de sí +mismos que gustan de tener los que llevan algo en sí y se sienten morir, +iba diciendo Ana. ¡Qué Juan aquel, que la tenía al lado, y pensaba en +otra cosa! Ana, sí, Ana era muy buena; pero ¿qué derecho tenía Juan a +olvidarse tanto de Lucía, y estando a su lado, poner tanta atención en +las rarezas de Ana? Cuando ella estaba a su lado, ella debía ser su +único pensamiento. Y apretaba sus labios; se le encendían de pronto, +como de un vuelco de la sangre las mejillas; enrollaba nerviosamente en +el dedo índice de la mano izquierda un finísimo pañuelo de batista y +encaje. Y lo enrolló tanto y tanto, y lo desenrollaba con tal violencia, +que yendo rápidamente de una mano a la otra, el lindo pañuelo parecía +una víbora, una de esas víboras blancas que se ven en la costa yucateca. + +--Pero no es por eso por lo que no enseño yo a nadie mis cuadritos--siguió +Ana--; sino porque cuando los estoy pintando, me alegro o me entristezco +como una loca, sin saber por qué: salto de contento, yo que no puedo +saltar ya mucho, cuando creo que con un rasgo de pincel le he dado a +unos ojos, o a la tórtola viuda que pinté el mes pasado, la expresión +que yo quería; y si pinto una desdicha, me parece que es de veras, y me +paso horas enteras mirándola, o me enojo conmigo misma si es de aquellas +que yo no puedo remediar, como en esas dos telitas mías que tú conoces, +Juan, _La madre sin hijo_ y el hombre que se muere en un sillón, mirando +en la chimenea el fuego apagado: _El hombre sin amor_. No se ría, Pedro, +de esta colección de extravagancias. Ni diga que estos asuntos son para +personas mayores; las enfermas son como unas viejitas, y tienen derecho +a esos atrevimientos. + +--Pero, ¿cómo--le dijo Pedro subyugado--, no han de tener sus cuadros todo +el encanto y el color de ópalo de su alma? + +--¡Oh! ¡oh! a lisonja llaman: vea que ya no es de buen gusto ser +lisonjero. La lisonja en la conversación, Pedro, es ya como la Arcadia +en la pintura: ¡cosa de principiantes! + +--Pero, ¿por qué decías, puso aquí Juan, que no querías exhibir tus +cuadros? + +--Porque como desde que los imagino hasta que los acabo voy poniendo en +ellos tanto de mi alma, al fin ya no llegan a ser telas, sino mi alma +misma, y me da vergüenza de que me la vean, y me parece que he pecado +con atreverme a asuntos que están mejor para nube que para colores, y +como solo yo sé cuánta paloma arrulla, y cuánta violeta se abre, y +cuánta estrella lucen lo que pinto; como yo sola siento cómo me duele el +corazón, o se me llena todo el pecho de lágrimas o me laten las sienes, +como si me las azotasen alas, cuando estoy pintando; como nadie más que +yo sabe que esos pedazos de lienzo, por desdichados que me salgan, son +pedazos de entrañas mías en que he puesto con mi mejor voluntad lo mejor +que hay en mí, ¡me da como una soberbia de pensar que si los enseño en +público, uno de esos críticos sabios o cabalierines presuntuosos me +diga, por lucir un nombre recién aprendido de pintor extranjero, o una +linda frase, que esto que yo hago es de Chaplin o de Lefevre, o a mi +cuadrito _Flores vivas_, que he descargado sobre él una escopeta llena +de colores! ¿Te acuerdas? ¡como si no supiera yo que cada flor de +aquellas es una persona que yo conozco, y no hubiera yo estudiado tres o +cuatro personas de un mismo carácter, antes de simbolizar el carácter en +una flor; como si no supiese yo quién es aquella rosa roja, altiva, con +sombras negras, que se levanta por sobre todas las demás en su tallo sin +hojas, y aquella otra flor azul que mira al cielo como si fuese a +hacerse pájaro y a tender a él las alas, y aquel aguinaldo lindo que +trepa humildemente, como un niño castigado, por el tallo de la rosa +roja. ¡Malos! ¡escopeta cargada de colores! + +--Ana: yo sí que te recogería a ti, con tu raíz, como una flor, y en +aquel gran vaso indio que hay en mi mesa de escribir, te tendría +perpetuamente, para que nunca se me desconsolase el alma. + +--Juan--dijo Lucía, como a la vez conteniéndose y levantándose--: ¿quieres +venir a oír el «M'odi tu» que me trajiste el sábado? ¡No lo has oído +todavía! + +--¡Ah! y a propósito, no saben ustedes--dijo Pedro como poniéndose ya en +pie para despedirse--, que la cabeza ideal que ha publicado en su último +número _La Revista de Artes_.... + +--¿Qué cabeza?--preguntó Lucía--¿una que parece de una virgen de Rafael, +pero con ojos americanos, con un talle que parece el cáliz de un lirio? + +--Esa misma, Lucía: pues no es una cabeza ideal, sino la de una niña que +va a salir la semana que viene del colegio, y dicen que es un pasmo de +hermosura: es la cabeza de Leonor del Valle. + +Se puso en pie Lucía con un movimiento que pareció un salto; y Juan alzó +del suelo, para devolvérselo, el pañuelo, roto. + + * * * * * + + + + + Capítulo II + + +Como veinte años antes de la historia que vamos narrando, llegaron a la +ciudad donde sucedió, un caballero de mediana edad y su esposa, nacidos +ambos en España, de donde, en fuerza de cierta indómita condición del +honrado don Manuel del Valle, que le hizo mal mirado de las gentes del +poder como cabecilla y vocero de las ideas liberales, decidió al fin +salir el señor don Manuel; no tanto porque no le bastase al Sustento su +humilde mesa de abogado de provincia, cuanto porque siempre tenía, por +moverse o por estarse quedo, al guindilla, como llaman allá al policía, +encima; y porque, a consecuencia de querer la libertad limpia y para +buenos fines, se quedó con tan pocos amigos entre los mismos que +parecían defenderla, y lo miraban como a un celador enojoso, que esto +más le ayudó a determinar, de un golpe de cabeza, venir a «las +Repúblicas de América», imaginando, que donde no había reina liviana, no +habría gente oprimida, ni aquella trabilla de cortesanos perezosos y +aduladores, que a don Manuel le parecían vergüenza rematada de su +especie, y, por ser hombre él, como un pecado propio. + +Era de no acabar de oírle, y tenerle que rogar que se calmase, cuando +con aquel lenguaje pintoresco y desembarazado recordaba, no sin su buena +cerrazón de truenos y relámpagos y unas amenazas grandes como torres, +los bellacos oficios de tal o de cual marquesa, que auxiliando ligerezas +ajenas querían hacer, por lo comunes, menos culpables las propias; o tal +historia de un capitán de guardias, que pareció bien en la corte con su +ruda belleza de montañés y su cabello abundante y alborotado, y apenas +entrevió su buena fortuna tomó prestados unos dineros, con que +enrizarse, en lo del peluquero la cabellera, y en lo del sastre vestir +de paño bueno, y en lo del calzador comprarse unos botitos, con que +estar galán en la hora en que debía ir a palacio, donde al volver el +capitán con estas donosuras, pareció tan feo y presumido que en poco +estuvo que perdiese algo más que la capitanía. Y de unas jiras, o +fiestas de campo, hablaba de tal manera don Manuel, así como de ciertas +cenas en la fonda de un francés, que cuando contaba de ellas no podía +estar sentado; y daba con el puño sobre la mesa que le andaba cerca, +como para acentuar las palabras, y arreciaban los truenos, y abría +cuantas ventanas o puertas hallaba a mano. Se desfiguraba el buen +caballero español, de santa ira, la cual, como apenado luego de haberle +dado riendas en tierra que al fin no era la suya, venía siempre a parar +en que don Manuel tocase en la guitarra que se había traído cuando el +viaje, con una ternura que solía humedecer los ojos suyos y los ajenos, +unas serenatas de su propia música, que más que de la rondalla aragonesa +que le servía como de arranque y _ritornello_, tenía de desesperada +canción de amores de un trovador muerto de ellos por la dama de un duro +castellano, en un castillo, allá tras de los mares, que el trovador no +había de ver jamás. + +En esos días la linda doña Andrea, cuyas largas trenzas de color castaño +eran la envidia de cuantas se las conocían, extremaba unas pocas +habilidades de cocina, que se trajo de España, adivinando que +complacería con ellas más tarde a su marido. Y cuando en el cuarto de +los libros, que en verdad era la sala de la casa, centelleaba don +Manuel, sacudiéndose más que echándose sobre uno y otro hombro +alternativamente los cabos de la capa que so pretexto de frío se quitaba +raras veces, era fijo que andaba entrando y saliendo por la cocina, con +su cuerpo elegante y modesto, la buena señora doña Andrea, poniendo mano +en un pisto manchego, o aderezando unas farinetas de Salamanca que a +escondidas había pedido a sus parientes en España, o preparando, con más +voluntad que arte, un arroz con chorizo, de cuyos primores, que acababan +de calmar las iras del republicano, jamás dijo mal don Manuel del Valle, +aun cuando en sus adentros reconociese que algo se había quemado allí, o +sufrido accidente mayor: o los chorizos, o el arroz, o entrambos. ¡Fuera +de la patria, si piedras negras se reciben de ella, de las piedras +negras parece que sale luz de astro! + +Era de acero fino don Manuel, y tan honrado, que nunca, por muchos que +fueran sus apuros, puso su inteligencia y saber, ni excesivos ni +escasos, al servicio de tantos poderosos e intrigantes como andan por el +mundo, quienes suelen estar prontos a sacar de agonía a las gentes de +talento menesterosas, con tal que éstas se presten a ayudar con sus +habilidades el éxito de las tramas con que aquellos promueven y +sustentan su fortuna: de tal modo que, si se va a ver, está hoy viviendo +la gente con tantas mañas, que es ya hasta de mal gusto ser honrado. + +En este diario y en aquel, no bien puso el pie en el país, escribió el +señor Valle con mano ejercitada, aunque un tanto febril y descompuesta, +sus azotainas contra las monarquías y vilezas que engendra, y sus +himnos, encendidos como cantos de batalla, en loor de la libertad, de +que «los campos nuevos y los altos montes y los anchos ríos de esta +linda América, parecen natural sustento». + +Mas a poco de esto, hacía veinticinco años a la fecha de nuestra +historia tales cosas iba viendo nuestro señor don Manuel que volvió a +tomar la capa, que por inútil había colgado en el rincón más hondo del +armario, y cada día se fue callando más, y escribiendo menos, y +arrebujándose mejor en ella, hasta que guardó las plumas, y muy apegado +ya a la clemente temperatura del país y al dulce trato de sus hijos para +pensar en abandonarlo, determinó abrir escuela; si bien no introdujo en +el arte de enseñar, por no ser aun este muy sabido tampoco en España, +novedad alguna que acomodase mejor a la educación de los +hispanoamericanos fáciles y ardientes, que los torpes métodos en uso, +ello es que con su Iturzaeta y su Aritmética de Krüger y su Dibujo +Lineal, y unas encendidas lecciones de Historia, de que salía bufando y +escapando Felipe Segundo como comido de llamas, el señor Valle sacó una +generación de discípulos, un tanto románticos y dados a lo maravilloso, +pero que fueron a su tiempo mancebos de honor y enemigos tenaces de los +gobiernos tiránicos. Tanto que hubo vez en que, por cosas como las de +poner en su lugar a Felipe Segundo, estuvo a punto el señor don Manuel +de ir, con su capa y su cuaderno de Iturzaeta, a dar en manos de los +guindillas americanos «en estas mismísimas Repúblicas de América». A la +fecha de nuestra historia, hacía ya unos veinticinco años de esto. + +Tan casero era don Manuel, que apenas pasaba año sin que los discípulos +tuviesen ocasión de celebrar, cuál con una gallina, cuál con un par de +pichones, cuál con un pavo, la presencia de un nuevo ornamento vivo de +la casa. + +--Y ¿qué ha sido, don Manuel? ¿Algún Aristogitón que haya de librar a la +patria del tirano? + +--¡Calle usted, paisano, calle usted; un malakoff más!--Malakoff, llamaban +entonces, por la torre famosa en la guerra de Crimea, a lo que en llano +se ha llamado siempre miriñaque o crinolina. + +Y don Manuel quería mucho a sus hijos, y se prometía vivir cuanto +pudiese para ellos; pero le andaba desde hacía algún tiempo por el lado +izquierdo del pecho un carcominillo que le molestaba de verdad, como una +cestita de llamas que estuviera allí encendida, de día y de noche, y no +se apagase nunca. Y como cuando la cestita le quemaba con más fuerza +sentía él un poco paralizado el brazo del corazón, y todo el cuerpo +vibrante como las cuerdas de un violín, y después de eso le venían de +pronto unos apetitos de llorar y una necesidad de tenderse por tierra, +que le ponían muy triste, aquel buen don Manuel no veía sin susto cómo +le iban naciendo tantos hijos, que en el caso de su muerte habían de ser +más un estorbo que una ayuda para «esa pobre Andrea, que es mujer muy +señora y bonaza, pero ¡para poco, para poco!». + + * * * * * + +Cinco hijas llegó a tener don Manuel del Valle, mas antes de ellas le +había nacido un hijo, que desde niño empezó a dar señales de ser alma de +pro. Tenía gustos raros y bravura desmedida, no tanto para lidiar con +sus compañeros, aunque no rehuía la lidia en casos necesarios, como para +afrontar situaciones difíciles, que requerían algo más que la fiereza de +la sangre o la presteza de los puños. Una vez, con unos cuantos +compañeros suyos, publicó en el colegio un periodiquín manuscrito, y por +supuesto revolucionario, contra cierto pedante profesor que prohibía a +sus alumnos argumentarles sobre los puntos que les enseñaba; y como un +colegial aficionado al lápiz pintase de pavo real a este maestrazo, en +una lámina repartida con el periodiquín, y don Manuel, en vista de la +queja del pavo real, amenazara en sala plena con expulsar del colegio en +consejo de disciplina al autor de la descortesía, aunque fuese su propio +hijo, el gentil Manuelillo, digno primogénito del egregio varón, quiso +quitar de sus compañeros toda culpa, y echarla entera sobre sí; y +levantándose de su asiento, dijo, con gran perplejidad del pobre don +Manuel, y murmullos de admiración de la asamblea: + +--Pues, señor Director: yo solo he sido. + +Y pasaba las noches en claro, luego que se le extinguía la vela escasa +que le daban, leyendo a la luz de la luna. O echaba a caminar, con las +_Empresas_ de Saavedra Fajardo bajo el brazo, por las calles umbrosas de +la Alameda, y creyéndose a veces nueva encarnación de las grandes +figuras de la historia, cuyos gérmenes le parecía sentir en sí, y otras +desesperando de hacer cosa que pudiera igualarlo a ellas, rompía a +llorar, de desesperación y de ternura. O se iba de noche a la orilla de +la mar, a que le salpicasen el rostro las gotas frescas que saltaban del +agua salada al reventar contra las rocas. + +Leía cuanto libro le caía a la mano. Montaba en cuanto caballo veía a su +alcance: y mejor si lo hallaba en pelo; y si había que saltar una cerca +mejor. En una noche se aprendía los libros que en todo el año escolar no +podían a veces dominar sus compañeros; y aunque la Historia Natural y la +Universal y cuanto añadiese algo útil a su saber y le estimulase el +juicio y la verba, eran sus materias preferidas, a pocas ojeadas +penetraba el sentido de la más negra lección de Álgebra, tanto que su +maestro, un ingeniero muy mentado y brusco, le ofreció enseñarle, en +premio de su aplicación, la manera de calcular lo infinitésimo. + +Escribía Manuelillo, en semejanza de lo que estaba en boga entonces, +unas letrillas y artículos de costumbres que ya mostraban a un enamorado +de la buena lengua; pero a poco se soltó por natural empuje, con vuelos +suyos propios, y empezó a enderezar a los gobernantes que no dirigen +honradamente a sus pueblos, unas odas tan a lo pindárico, y recibidas +con tal favor entre la gente estudiantesca, que en una revuelta que +tramaron contra el Gobierno unos patricios que andaban muy solos, pues +llevaban consigo la buena doctrina, fue hecho preso don Manuelillo, +quien en verdad tenía en la sangre el microbio sedicioso; y bien que +tuvieron que empeñarse los amigos pudientes de don Manuel para que en +gracia de su edad saliese libre el Pindarito, a quien su padre, +riñéndole con los labios, en que le temblaban los bigotes, como los +árboles cuando va a caer la lluvia, y aprobándole con el corazón, envió +a seguir, en lo que cometió grandísimo error, estudios de Derecho en la +Universidad de Salamanca, más desfavorecida que otras de España, y no +muy gloriosa ahora, pero donde tenía la angustiada doña Andrea los +buenos parientes que le enviaban las farinetas. + +Se fue el de las odas en un bergantín que había venido cargado de vinos +de Cádiz; y sentadito en la popa del barco, fijaba en la costa de su +patria los ojos anegados de tan triste manera, que a pesar del águila +nueva que llevaba en el alma, le parecía que iba todo muerto y sin +capacidad de resurrección y que era él como un árbol prendido a aquella +costa por las raíces, al que el buque llevaba atado por las ramas +pujando mar afuera, de modo que sin raíces se quedaba el árbol, si +lograba arrancarlo de la costa la fuerza del buque, y moría: o como el +tronco no podía resistir aquella tirantez, se quebraría al fin, y moría +también; pero lo que don Manuelillo veía claro, era que moría de todos +modos. Lo cual, ¡ay! fue verdad, cuatro años más tarde, cuando de +Salamanca había hallado aquel niño manera de pasar, como ayo en la casa +de un conde carlista, a estudiar a Madrid. Se murió de unas fiebres +enemigas, que le empezaron con grandes aturdimientos de cabeza, y unas +visiones dolorosas y tenaces que él mismo describía en su cama revuelta, +de delirante, con palabras fogosas y desencajadas, que parecían una caja +de joyas rotas; y sobre todo, una visión que tenía siempre delante de +los ojos, y creía que se le venía encima, y le echaba un aire encendido +en la frente, y se iba de mal humor, y se volvía a él de lejos, +llamándole con muchos brazos: la visión de una palma en llamas. En su +tierra, las llanuras que rodeaban la ciudad estaban cubiertas de palmas. + + * * * * * + +No murió don Manuel del pesar de que hubiese muerto su hijo, aunque bien +pudo ser; sino que dos años antes, y sin que Manuelillo lo supiese, se +sentó un día en su sillón, muy envuelto en su capa, y con la guitarra al +lado, como si sintiese en el alma unas muy dulces músicas, a la vez que +un frescor húmedo y sabroso, que no era el de todos los días, sino mucho +más grato. Doña Andrea estaba sentada en una banqueta a sus pies, y, lo +miraba con los ojos secos, y crecidos, y le tenía las manos. Dos hijas +lloraban abrazadas en un rincón: la mayor, más valiente, le acariciaba +con la mano los cabellos, o lo entretenía con frases zalameras, mientras +le preparaba una bebida; de pronto, desasiéndose bruscamente de las +manos de doña Andrea, abrió don Manuel los brazos y los labios como +buscando aire; los cerró violentamente alrededor de la cabeza de doña +Andrea, a quien besó en la frente con un beso frenético; se irguió como +si quisiera levantarse, con los brazos al cielo; cayó sobre el respaldo +del asiento, estremeciéndosele el cuerpo horrendamente, como cuando en +tormenta furiosa un barco arrebatado sacude la cadena que lo sujeta al +muelle; se le llenó de sangre todo el rostro, como si en lo interior del +cuerpo se le hubiese roto el vaso que la guarda y distribuye; y blanco, +y sonriendo, con la mano casualmente caída sobre el mango de su +guitarra, quedó muerto. Pero nunca se lo quiso decir doña Andrea a +Manuelillo, a quien contaban que el padre no escribía porque sufría de +reumatismo en las manos, para que no le entrase el miedo por las +angustias de la casa, y quisiese venir a socorrerlas, interrumpiendo +antes de tiempo sus estudios. Y era también que doña Andrea conocía que +su pobre hijo había nacido comido de aquellas ansias de redención y +evangélica quijotería que le habían enfermado el corazón al padre, y +acelerado su muerte, y como en la tierra en que vivían había tanto que +redimir, y tanta cosa cautiva que libertar, y tanto entuerto que poner +derecho, veía la buena Madre, con espanto, la hora de que su hijo +volviese a su patria, cuya hora, en su pensar, sería la del sacrificio +de Manuelillo. + +--¡Ay!--decía doña Andrea--, una vez que un amigo, de la casa le hablaba +con esperanzas del porvenir del hijo. Él será infeliz, y nos hará aun +más infelices sin quererlo. Él quiere mucho a los demás, y muy poco a sí +mismo. Él no sabe hacer víctimas, sino serlo. Afortunadamente, aunque de +todos modos, por desdicha de doña Andrea, Manuelillo había partido de la +tierra antes de volver a ver la suya propia, ¡detrás de la palma +encendida! + +¿Quién que ve un vaso roto, o un edificio en ruina, o una palma caída, +no piensa en las viudas? A don Manuel no le habían bastado las fuerzas, +y en tierra extraña esto había sido mucho, más que para ir cubriendo +decorosamente con los productos de su trabajo las necesidades +domésticas. Ya el ayudar a Manuelillo a mantenerse en España le había +puesto en muy grandes apuros. + +Estos tiempos nuestros están desquiciados, y con el derrumbe de las +antiguas vallas sociales y las finezas de la educación, ha venido a +crearse una nueva y vastísima clase de aristócratas de la inteligencia, +con todas las necesidades de parecer y gustos ricos que de ella vienen, +sin que haya habido tiempo aun, en lo rápido del vuelco, para que el +cambio en la organización y repartimiento de las fortunas corresponda a +la brusca alteración en las relaciones sociales, producidas por las +libertades políticas y la vulgarización de los conocimientos. Una +hacienda ordenada es el fondo de la felicidad universal. Y búsquese en +los pueblos, en las casas, en el amor mismo más acendrado y seguro, la +causa de tantos trastornos y rupturas, que los oscurecen y afean, cuando +no son causa del apartamiento, o de la muerte, que es otra forma de él: +la hacienda es el estómago de la felicidad. Maridos, amantes, personas +que aun tenéis que vivir y anheláis prosperar: ¡organizad bien vuestra +hacienda! + +De este desequilibrio, casi universal hoy, padecía la casa de don +Manuel, obligado con sus medios de hombre pobre a mantenerse, aunque sin +ostentación ni despilfarro, como caballero rico. ¿Ni quién se niega, si +los quiere bien, a que sus hijos brillantes e inteligentes, aprendan +esas cosas de arte, el dibujar, el pintar, el tocar piano, que alegran +tanto la casa, y elevan, si son bien comprendidas y caen en buena +tierra, el carácter de quien las posee, esas cosas de arte que apenas +hace un siglo eran todavía propiedad casi exclusiva de reinas y +princesas? ¿Quién que ve a sus pequeñines finos y delicados, en virtud +de esa aristocracia del espíritu que en estos tiempos nuevos han +sustituido a la aristocracia degenerada de la sangre, no gusta de +vestirlos de linda manera, en acuerdo con el propio buen gusto +cultivado, que no se contenta con falsificaciones y bellaquerías, y de +modo que el vestir complete y revele la distinción del alma de los +queridos niños? Uno, padrazo ya, con el corazón estremecido y la frente +arrugada, se contenta con un traje negro bien cepillado y sin manchas, +con el cual, y una cara honrada, se está bien y se es bien recibido en +todas partes; pero, ¡para la mujer, a quien hemos hecho sufrir tanto! +¡para los hijos, que nos vuelven locos y ambiciosos, y nos ponen en el +corazón la embriaguez del vino, y en las manos el arma de los +conquistadores! ¡para ellos, oh, para ellos, todo nos parece poco! + +De manera que, cuando don Manuel murió, solo había en la casa los +objetos de su uso y adorno, en que no dejaba de adivinarse más el buen +gusto que la holgura, los libros de don Manuel, que miraba la madre como +pensamientos vivos de su esposo, que debían guardarse íntegros a su hijo +ausente, y los enseres de la escuela, que un ayudante de don Manuel, que +apenas le vio muerto se alzó con la mayor parte de sus discípulos, halló +manera de comprar a la viuda, abandonada así por el que en conciencia +debió continuar ayudándola, en una suma corta, la mayor, sin embargo, +que después de la muerte de don Manuel se vio nunca en aquella pobre +casa. Hacen pensar en las viudas las palmas caídas. + +Este o aquel amigo, es verdad, querían saber de vez en cuando qué tal le +iba yendo a la pobre señora. ¡Oh! se interesaban mucho por su suerte. Ya +ella sabía: en cuanto le ocurriese algo no tenía más que mandar. Para +cualquier cosa, para cualquier cosa estaban a su disposición. Y venían +en visita solemne, en día de fiesta, cuando suponían que había gente en +la casa; y se iban haciendo muchas cortesías, como si con la ceremonia +de ellas quisiesen hacer olvidar la mayor intimidad que podría +obligarlos a prestar un servicio más activo. Da espanto ver cuán sola se +queda una casa en que ha entrado la desgracia: da deseos de morir. + +¿Qué se haría doña Andrea, con tantas hijas, dos de ellas ya crecidas; +con el hijo en España, aunque ya el noble mozo había prohibido, aun +suponiendo a su padre vivo, que le enviasen dinero? ¿qué se haría con +sus hijas pequeñas, que eran, las tres, por lo modestas y unidas, la +gala del colegio; con Leonor, la última flor de sus entrañas, la que las +gentes detenían en la calle para mirarla a su placer, asombradas de su +hermosura? ¿qué se haría doña Andrea? Así, cortado el tronco, se secan +las ramas del árbol, un tiempo verdes, abandonadas sobre la tierra. +¡Pero los libros de don Manuel no! esos no se tocaban: nada más que a +sacudirlos, en la piececita que les destinó en la casa pobrísima que +tomó luego, permitía la señora que entrasen una vez al mes. O cuando, +ciertos domingos, las demás niñas iban a casa de alguna conocida a pasar +la tarde, doña Andrea se entraba sola en la habitación, con Leonor de la +mano, y allí a la sombra de aquellos tomos, sentada en el sillón en que +murió su marido, se abandonaba a conversaciones mentales, que parecían +hacerle gran bien, porque salía de ellas en un estado de silenciosa +majestad, y como más clara de rostro y levantada de estatura; de tal +modo que las hijas cuando volvían de su visita, conocían siempre, por la +mayor blandura en los ademanes, y expresión de dolorosa felicidad de su +rostro, si doña Andrea había estado en el cuarto de los libros. Nunca +Leonor parecía fatigada de acompañar a su madre en aquellas entrevistas: +sino que, aunque ya para entonces tenía sus diez años, se sentaba en la +falda de su madre, apretada en su regazo o abrazada a su cuello, o se +echaba a sus pies, reclinando en sus rodillas la cabeza, con cuyos +cabellos finos jugaba la viuda, distraída. De vez en cuando, pocas +vedes, la cogía doña Andrea en un brusco movimiento en sus brazos, y +besando con locura la cabeza de la niña rompía en amarguísimos sollozos. +Leonor, silenciosamente, humedecía en todo este tiempo la mano de su +madre con sus besos. + + * * * * * + +De España se trajo pocas cosas don Manuel, y doña Andrea menos, que era +de familia hidalga y pobre. Y todo, poco a poco, para atender a las +necesidades de la casa, fue saliendo de ella: hasta unas perlas +margaritas que había llevado de América a Salamanca un tío, abuelo de +doña Andrea, y un aguacate de esmeralda de la misma procedencia, que +recibió de sus padres como regalo de matrimonio; hasta unas cucharas y +vasos de plata que se estrenaron cuando se casó la madre de don Manuel, +y este solía enseñar con orgullo a sus amigos americanos, para probar en +sus horas de desconfianza de la libertad, cuánto más sólidos eran los +tiempos, cosas y artífices de antaño. + +Y todas las maravillas de la casa fueron cayendo en manos de inclementes +compradores; una escena autógrafa de _El Delincuente Honrado_ de +Jovellanos; una colección de monedas romanas y árabes de Zaragoza, de +las cuales las árabes estimulaban la fantasía y avivaban las miradas de +Manuelillo cada vez que el padre le permitía curiosear en ellas; una +carta de doña Juana la Loca, que nunca fue loca, a menos que amar bien +no sea locura, y en cuya carta, escrita de manos del secretario +Passamonte, se dicen cosas tan dignas y tan tiernas que dejaban +enamorados de la reina a los que las leían, y dulcemente conmovidas las +entrañas. + +Así se fueron otras dos joyas que don Manuel había estimado mucho, y +mostraba con la fruición de un goloso que se complace traviesamente en +hacer gustar a sus amigos un plato cuya receta está decidido a no +dejarles conocer jamás: un estudio en madera de la cabeza de San +Francisco, de Alonso Cano, y un dibujo de Goya, con lápiz rojo, dulce +como una cabeza del mismo Rafael. + +Con las cucharas de plata se pagó un mes la casa; la esmeralda dio para +tres meses; con las monedas fueron ayudándose medio año. Un +desvergonzado compró la cabeza, en un día de angustia, en cinco pesos. +Un tanto se auxiliaban con unos cuantos pesos que, muy mal cobrados y +muy regañados, ganaban doña Andrea y las hijas mayores enseñando a +algunas niñas pequeñas del barrio pobre donde habían ido a refugiarse en +su penuria. Pero el dibujo de Goya, ese si se vendió bien. Ese, él solo, +produjo tanto como las margaritas y las cucharas de plata, y el +aguacate. El dibujo de Goya, única prenda que no se arrepintió doña +Andrea de haber vendido, porque le trajo un amigo, lo compró Juan Jerez; +Juan Jerez que cuando murió en Madrid Manuelillo, y la madre extremada +por los gastos en que la puso una enfermedad grave de su niña Leonor, se +halló un día pensando con espanto en que era necesario venderlos, compró +los libros a doña Andrea, mas no se los llevó consigo, sino que se los +dejó a ella «porque él no tenía donde ponerlos, y cuando los necesitase, +ya se los pediría». Muy ruin tiene que ser el mundo, y doña Andrea sabía +de sobra que suele ser ruin, para que ese día no hubiese satisfecho su +impulso de besar a Juan la mano. + +Pero Juan, joven rico y de padres y amistades que no hacían suponer que +buscase esposa en aquella casa desamparada y humilde, comprendió que no +debía ser visita de ella, donde ya eran alegría de los ojos y del +corazón, más por lo honestas que por lo lindas, las dos niñas mayores, y +muy distraído el pensamiento en cosas de la mayor alteza, y muy fino y +generoso, y muy sujeto ya por el agradecimiento del amor que le mostraba +a su prima Lucía, ni visitaba frecuentemente la casa de doña Andrea, ni +hacía alarde de no visitarla, como que le llevó su propio médico cuando +la enfermedad de Leonor, y volvió cuando la venta de los libros, y +cuando sabía alguna aflicción de la señora, que con su influjo, el no +con su dinero que solía escasearle, podía tener remedio. + + * * * * * + +Lo que, como un lirio de noche en una habitación oscura, tuvo en medio +de todas estas agonías iluminada el alma de doña Andrea, y le aseguró en +su creencia bondadosa en la nobleza de la especie humana, fue que, ya +porque en realidad le apenase la suerte de la viuda, ya porque creyera +que había de parecer mal, siendo como el don Manuel bien querido, y +maestro como ella, que permitieran la salida de sus hijas del colegio +por falta de paga, la directora del Instituto de la Merced, el más +famoso y rico del país, hizo un día, en un hermoso coche, una visita, +que fue muy sonada, a casa de doña Andrea, y allí le dijo +magnánimamente, cosa que enseguida vociferó y celebró mucho la prensa, +que las tres niñas recibirían en su colegio, si ella no lo mandaba de +otro modo, toda su educación, como externas, sin gasto alguno. Aquella +vez sí que doña Andrea, sin los miramientos que en el caso de Juan +habían más tarde de impedírselo, cubrió de besos la mano de la +directora, quien la trató con una hermosa bondad pontificia, y como una +mujer inmaculada trata a una culpable, tras de lo cual se volvió muy +oronda a su colegio, en su arrogante coche. + +Es verdad que las niñas no decían a doña Andrea que, aunque no las había +en el colegio más aplicadas que ellas, ni que llevaran los vestiditos +más blancos y bien cuidados, ni que, en la clase y recreo mostrasen +mayor compostura, los vales a fin de semana, y los primeros puestos en +las competencias, y los premios en los exámenes, no eran nunca para +ellas; los regaños, sí. Cuando la niña del ministro había derramado un +tintero, de seguro que no había sido la niña del ministro, ¿cómo había +de ser la hija del ministro? había sido una de las tres niñas del Valle. +La hija de Mr. Floripond, el poderoso banquero, la fea, la huesuda, la +descuidada, la envidiosa Iselda, había escondido, donde no pudiese ser +hallado, su caja de lápices de dibujar: por supuesto, la caja no +aparecía: «¡Allí todas las niñas tenían dinero para comprar sus cajas! +¡las únicas que no tenían dinero allí eran las tres del Valle!» y las +registraban, a las pobrecitas, que se dejaban registrar con la cara +llena de lágrimas, y los brazos en cruz, cuando por fortuna la niña de +otro banquero, menos rico que Mr. Floripond, dijo que había visto a +Iselda poner la caja de lápices en la bolsa de Leonor. Pero tan buenas, +y serviciales fueron, tan apretaditas se sentaban siempre las tres, sin +jugar, o jugando entre sí, en la hora de recreo; con tal mansedumbre +obedecían los mandatos más destemplados e injustos; con tal sumisión, +por el amor de su madre, soportaban aquellos rigores, que las ayudantes +del colegio, solas y desamparadas ellas mismas, comenzaron a tratarlas +con alguna ternura, a encomendarles la copia de las listas de la clase, +a darles a afilar sus lápices, a distinguirlas con esos pequeños favores +de los maestros que ponen tan orondos a los niños, y que las tres hijas +de del Valle recompensaban con una premura en el servirlos y una +modestia y gracia tal, que les ganaba las almas más duras. Esta +bondadosa disposición de las ayudantes subió de punto cuando la +directora, que no tenía hijos, y era aun una muy bella mujer, dio +muestras de aficionarse tan especialmente a Leonor, que algunas tardes +la dejaba a comer a su mesa, enviándola luego a doña Andrea con un +afectuoso recado; y un domingo la sacó a pasear en su carruaje, +complaciéndose visiblemente aquel día en responder con su mejor sonrisa +a todos los saludos. + +Porque los que poseen una buena condición, si bien la persiguen +implacablemente en los demás cuando por causa de la posición o edad de +estos, teman que lleguen a ser rivales, se complacen, por el contrario, +por una especie de prolongación de egoísmo y por una fuerza de atracción +que parece incontrastable y de naturaleza divina, en reconocer y +proclamar en otros la condición que ellos mismos poseen, cuando no puede +llegar a estorbarles. + +Se aman y admiran a sí propios en los que, fuera ya de este peligro de +rivalidad, tienen las mismas condiciones de ellos. Los miran como una +renovación de sí mismos, como un consuelo de sus facultades que decaen, +como si se viesen aun a sí propios tales como son aquellas criaturas +nuevas, y no como ya van siendo ellos. Y las atraen a sí, y las retienen +a su lado, como si quisiesen fijar, para que no se les escapase, la +condición que ya sienten que los abandona. Hay, además, gran motivo de +orgullo en oír celebrar la especie de mérito por que uno se distingue. + +Verdad es que no había tampoco mejor manera de llamar la atención sobre +sí que llevar cerca a Leonor. ¡Qué mirada, que parecía una plegaria! +¡Qué óvalo el del rostro, más perfecto y puro! ¡Qué cutis, que parecía +que daba luz! ¡Qué encanto en toda ella, y qué armonía! De noche doña +Andrea, que como a la menor de sus hijas la tuvo siempre en su lecho, no +bien la veía dormida, la descubría para verla mejor; le apartaba los +cabellos de la frente y se los alzaba por detrás para mirarle el cuello, +le tomaba las manos, como podía tomar dos tórtolas, y se las besaba +cuidadosamente; le acariciaba los pies, y se los cubría a lentos besos. + +Alfombra hubiera querido ser doña Andrea, para que su hija no se +lastimase nunca los pies, y para que anduviese sobre ella. Alfombra, +cinta para su cuello, agua, aire, todo lo que ella tocase y necesitase +para vivir, como si no tuviese otras hijas, quería ser para ella doña +Andrea. Solía Leonor despertarse cuando su madre estaba contemplándola +de esta manera; y entreabriendo dichosamente los ojos amantes y +atrayéndola a sí con sus brazos, se dormía otra vez, con la cabeza de su +madre entre ellos; de su madre que apenas dormía. + +¡Cómo no padecería la pobre señora cuando la directora del colegio, +estando ya Leonor en sus trece años, la vino a ver, como quien hace un +gran servicio, y en verdad para el porvenir de Leonor lo era, para que +lo permitiese retener a Leonor en el colegio como alumna interna! En el +primer instante, doña Andrea se sintió caer al suelo, y, sin palabras, +se quedó mirando a la directora fijamente, como a una enemiga. De +pensarlo no más, ya le pareció que le habían sacado el corazón del +pecho. + +Balbuceó las gracias. La directora entendió que aceptaba. + +--Leonor, doña Andrea, está destinada por su hermosura a llamar la +atención de una manera extraordinaria. Es niña todavía, y ya ve usted +cómo anda por la ciudad la fama de su belleza. Usted comprende que a mí +me es más costoso tenerla en el colegio como a interna; pero creo de mi +deber, por cariño a usted y al señor don Manuel, acabar mi obra. + +Y la madre parecía que quería adelantar una objeción; y la mujer +hermosa, que en realidad, en fuerza de la plácida beldad de Leonor, +había concebido por ella un tierno afecto, decía precipitadamente estas +buenas razones, que la madre veía lucir delante de sí, como puñales +encendidos. + +--Porque usted ve, doña Andrea, que la posición de Leonor en el mundo, va +a ser sumamente delicada. La situación a que están ustedes reducidas las +obliga a vivir apartadas de la sociedad, y en una esfera en que, por su +misma distinción natural y por la educación que está recibiendo, no +puede encontrar marido proporcionado para ella. Acabando de educarse en +mi colegio como interna, se rozará mucho más, en estos tres años, con +las niñas más elegantes y ricas de la ciudad, que se harán sus amigas +íntimas; yo misma iré cuidando especialmente de favorecer aquellas +amistades que le puedan convenir más cuando salga al mundo, y le ayuden +a mantenerse en una esfera a que de otro modo, sin más que su belleza, +en la posición en que ustedes están, no podría llegar nunca. Hermosa e +inteligente como es, y moviéndose en buenos círculos, será mucho más +fácil que inspire el respeto de jóvenes que de otro modo la perseguirían +sin respetarla, y encuentre acaso entre ellos el marido que la haga +venturosa. ¡Me espanta, doña Andrea--dijo la directora que observaba el +efecto de sus palabras en la pobre madre--, me espanta pensar en la +suerte que correría Leonor, tan hermosa como va a ser, en el desamparo +en que tienen ustedes que vivir, sobre todo si llegase usted a faltarle! +Piense usted en que necesitamos protegerla de su misma hermosura. + +Y la directora, ya apiadada del gran dolor reflejado en las facciones de +doña Andrea, que no tenía fuerzas para abrir los labios, ya deseosa de +alcanzar con halagos su anhelo, había tomado las manos de doña Andrea, y +se las acariciaba bondadosamente. + +Entró Leonor en este instante, y en el punto de verla, fue como si los +torrentes de llanto apretados por la agonía se saliesen al fin de sus +ojos; no dijo palabras, sino inolvidables sollozos; y se lanzó al +encuentro de su hija, y se abrazó con ella estrechísimamente. + +--Yo no iré, mamá, yo no iré--le decía Leonor al oído--, sin que lo oyese +la directora; aunque ya Leonor le había dicho a esta que, si quería doña +Andrea, ella quería ir. + +A los pocos momentos doña Andrea, pálida, sentada ya junto a Leonor, a +quien tenía de la mano, pudo por fin hablar. ¡Porque era ceder a cuanto +le quedaba de don Manuel, a aquellas noches queridas suyas de silencio, +en que su alma, a solas con su amargura y con su niña, recordaba y +vivía; porque conforme se había ido apartando de todo, en sus hijas, y +en Leonor, como un símbolo de todas ellas, se había refugiado, con la +tenacidad de las almas sencillas que no tienen fuerza más que para amor; +porque dar a Leonor era como dar todas las luces y todas las rosas de la +vida! + +Por fin pudo hablar, y con una voz opaca y baja, como de quien habla de +muy lejos, dijo: + +--Bueno, señora, bueno. Y Dios le pagará su buena intención. Leonor se +quedará en el colegio. + +Y ya hemos visto en los comienzos de esta historia que estaba Leonor a +punto de salir de él. + + * * * * * + + + + + Capítulo III + + +¿De qué ha de estar hablando toda la ciudad, sino de Sol del Valle? Era +como la mañana que sigue al día en que se ha revelado un orador +poderoso. Era como el amanecer de un drama nuevo. Era esa conmoción +inevitable que, a pesar de su vulgaridad ingénita, experimentan los +hombres cuando aparece súbitamente ante ellos alguna cualidad suprema. +Después se coligan todos, en silencio primero, abiertamente luego, y dan +sobre lo que admiraron. Se irritan de haber sido sorprendidos. Se +encolerizan sordamente, por ver en otro la condición que no poseen. Y +mientras más inteligencia tengan para comprender su importancia, más la +abominan, y al infeliz que la alberga. Al principio, por no parecer +envidiosos, hacen como que la acatan: y, como que es de fuertes no +temer, ponen un empeño desmedido en alabar al mismo a quien envidian, +pero poco a poco, y sin decirse nada, reunidos por el encono común, van +agrupándose, cuchicheando, haciéndose revelaciones. Se ha exagerado. +Bien mirado, no es lo que se decía. Ya se ha visto eso mismo. Esos ojos +no deben ser suyos. De seguro que se recorta la boca con carmín. La +línea de la espalda no es bastante pura. No, no es bastante pura. Parece +como que hay una verruga en la espalda. No es verruga, es lobanillo. No +es lobanillo, es joroba. Y acaba la gente por tener la joroba en los +ojos, de tal modo que llega de veras a verla en la espalda, ¡porque la +lleva en sí! Ea; eso es fijo: los hombres no perdonan jamás a aquellos a +quienes se han visto obligados a admirar. + +Pero allá, en un rincón del pecho, duerme como un portero soñoliento la +necesidad de la grandeza. Es fama que, para dar al champaña su +fragancia, destilan en cada botella, por un procedimiento desconocido, +tres gotas de un licor misterioso. Así la necesidad de la grandeza, como +esas tres gotas exquisitas, está en el fondo del alma. Duerme como si +nunca hubiese de despertar, ¡oh, suele dormir mucho! ¡oh, hay almas en +que el portero no despierta nunca! Tiene el sueño pesado, en cosas de +grandeza, y sobre todo en estos tiempos, el alma humana. Mil +duendecillos, de figuras repugnantes, manos de araña, vientre hinchado, +boca encendida, de doble hilera de dientes, ojos redondos y libidinosos, +giran constantemente alrededor de portero dormido, y le echan en los +oídos jugo de adormideras, y se lo dan a respirar, y se lo untan en las +sienes, y con pinceles muy delicados le humedecen las palmas de las +manos, y se les encuclillan sobre las piernas, y se sientan sobre el +respaldo del sillón, mirando hostilmente a todos lados, para que nadie +se acerque a despertar al portero: ¡mucho suele dormir la grandeza en el +alma humana! Pero cuando despierta, y abre los brazos, al primer +movimiento pone en fuga a la banda de duendecillos de vientre hinchado. +Y el alma entonces se esfuerza en ser noble, avergonzada de tanto tiempo +de no haberlo sido. Solo que los duendecillos están escondidos detrás de +las puertas, y cuando les vuelve a picar el hambre, porque se han jurado +comerse al portero poco a poco, empiezan a dejar escapar otra vez el +aroma de las adormideras, que a manera de cendales espesos va turbando +los ojos y velando la frente del portero vencido; y no ha pasado mucho +tiempo desde que puso a los duendes en fuga, cuando ya vuelven estos en +confusión, se descuelgan de las ventanas, se dejan caer por las hojas de +las puertas, salen de bajo las losas descompuestas del piso, y abriendo +las grandes bocas en una risa que no suena, se le suben agilísimamente +por las piernas y brazos, y uno se le para en un hombro, y otro se le +sienta en un brazo, y todos agitan en alto, con un ruido de rata que +roe, las adormideras. Tal es el sueño del alma humana. + +¿De qué ha de estar hablando toda la ciudad, sino de Sol del Valle? + +De ella, porque hablan de la fiesta de anoche: de ella, porque la fiesta +alcanzó inesperadamente, a influjo de aquella niña ayer desconocida, una +elevación y entusiasmo que ni los mismos que contribuyeron a ello +volverían a alcanzar jamás. Tal como suelen los astros juntarse en el +cielo, ¡ay! para chocar y deshacerse casi siempre, así, con no mejor +destino, suelen encontrarse en la tierra, como se encontraron anoche, el +genio, y ese otro genio, la hermosura. + + * * * * * + +De fama singular había venido precedido a la ciudad el pianista húngaro +Keleffy. Rico de nacimiento, y enriquecido aun más por su arte, no +viajaba, como otros, en busca de fortuna. Viajaba porque estaba lleno de +águilas, que le comían el cuerpo, y querían espacio ancho, y se ahogaban +en la prisión de la ciudad. Viajaba porque casó con una mujer a quien +creyó amar, y la halló luego como una copa sorda, en que las armonías de +su alma no encontraban eco, de lo que le vino postración tan grande que +ni fuerzas tenía aquel músico-atleta, para mover las manos sobre el +piano: hasta que lo tomó un amigo leal del brazo, y le dijo «Cúrate», y +lo llevó a un bosque, y lo trajo luego al mar, cuyas músicas se le +entraron por el alma medio muerta, se quedaron en ella, sentadas y con +la cabeza alta, como leones que husmean el desierto, y salieron al fin +de nuevo al mundo en unas fantasías arrebatadas que en el barco que lo +llevaba por los mares improvisaba Keleffy, las que eran tales, que si se +cerraban los ojos cuando se las oía, parecía que se levantaban por el +aire, agrandándose conforme subían, unas estrellas muy radiosas, sobre +un cielo de un negro hondo y temible, y otras veces, como que en las +nubes de colores ligeros iban dibujándose unas como guirnaldas de flores +silvestres, de un azul muy puro, de que colgaban unos cestos de luz: +¿qué es la música sino la compañera y guía del espíritu en su viaje por +los espacios? Los que tienen ojos en el alma, han visto eso que hacían +ver las fantasías que en el mar improvisaba Keleffy: otros hay, que no +ven, por lo que niegan muy orondos que lo que ellos no han visto, otros +lo vean. Es seguro que un topo no ha podido jamás concebir un águila. + +Keleffy viajaba por América, porque le habían dicho que en nuestro cielo +del Sur lucen los astros como no lucen en ninguna otra parte del cielo, +y porque le hablaban de unas flores nuestras, grandes como cabeza de +mujer y blancas como la leche, que crecen en los países del Atlántico, y +de unas anchas hojas que se crían en nuestra costa exuberante, y +arrancan de la madre tierra y se tienden voluptuosamente sobre ella, +como los brazos de una divinidad vestida de esmeraldas, que llamasen, +perennemente abiertas, a los que no tienen miedo de amar los misterios y +las diosas. + +Y aquel dolor de vivir sin cariño, y sin derecho para inspirarlo ni +aceptarlo, puesto que estaba ligado a una mujer a quien no amaba; aquel +dolor que no dormía, ni tenía paces, ni le quería salir del pecho, y le +tenía la fantasía como apretada por serpientes, lo que daba a todo su +música un aire de combate y tortura que solía privarla del equilibrio y +proporción armoniosa que las obras durables de arte necesitan; aquel +dolor, en un espíritu hermoso que, en la especie de peste amatoria que +está enllagando el mundo en los pueblos antiguos, había salvado, como +una paloma herida, un apego ardentísimo a lo casto; aquel dolor, que a +veces con las manos crispadas se buscaba el triste músico por sobre el +corazón, como para arrancárselo de raíz, aunque se tuviera que arrancar +el corazón con él; aquel dolor no le dejaba punto de reposo, le hacía +parecer a las veces extravagante y huraño, y aunque por la suavidad de +su mirada y el ardor de su discurso se atrajese desde el primer +instante, como un domador de oficio, la voluntad de los que le veían, +poco a poco sentía él que en aquellos afectos iba entrando la sorda +hostilidad con que los espíritus comunes persiguen a los hombres de alma +superior, y aquella especie de miedo, si no de terror, con que los +hombres, famélicos de goces, huyen, como de un apestado, de quien, bajo +la pesadumbre de un infortunio, ni sabe dar alegrías, ni tiene el ánimo +dispuesto a compartirlas. + + * * * * * + +Ya en la ciudad de nuestro cuento, cuya gente acomodada había ido toda, +y en más de una ocasión, de viaje por Europa, donde apenas había casa +sin piano, y, lo que es mejor, sin quien tocase en él con natural buen +gusto, tenía Keleffy numerosos y ardientes amigos; tanto entre los +músicos sesudos, por el arte exquisito de sus composiciones, como entre +la gente joven y sensible, por la melodiosa tristeza de sus romanzas. De +modo que cuando se supo que Keleffy venía, y no como un artista que se +exhibe sino como un hombre que padece, determinó la sociedad elegante +recibirle con una hermosísima fiesta, que quisieron fuese como la más +bella que se hubiera visto en la ciudad, ya porque del talento de +Keleffy se decían maravillas, ya porque esta buena ciudad de nuestro +cuento no quería ser menos que otras de América, donde el pianista había +sido ruidosamente agasajado. + +En la «casa de mármol» dispusieron que se celebrase la gran fiesta: con +un tapiz rojo cubrieron las anchas escaleras; los rincones, ya en las +salas, ya en los patios, los llenaron de palmas; en cada descanso de la +escalera central había un enorme vaso chino lleno de plantas de camelia +en flor; todo un saloncito, el de recibir, fue colgado de seda amarilla; +de higares ocultos por cortinas venía un ruido de fuentes. Cuando se +entraba en el salón, en aquella noche fresca de la primavera, con todos +los balcones abiertos a la noche, con tanta hermosa mujer vestida de +telas ligeras de colores suaves, con tanto abanico de plumas, muy de +moda entonces, moviéndose pausadamente, y con aquel vago rumor de fiesta +que comienza, parecía que se entraba en un enorme cesto de alas. La tapa +del piano, levantado para dar mayor sonoridad a las notas, parecía, como +dominándolas a todas, una gran ala negra. + +Keleffy, que discernía la suma de verdadero afecto mezclada en aquella +fiesta de la curiosidad y sentía desde su llegada a América como si +constantemente estuviesen encendidos en su alma dos grandes ojos negros; +Keleffy a quien fue dulce no hallar casa, donde sus últimos dolores, +vaciados en sus romanzas y nocturnos, no hubiesen encontrado manos +tiernas y amigas, que se las devolvían a sus propios oídos como +atenuados y en camino de consuelo, porque «en Europa se toca--decía +Keleffy--, pero aquí se acaricia el piano»; Keleffy, que no notaba +desacuerdo entre el casto modo con que quería él su magnífico arte, y +aquella fiesta discreta y generosa, en que se sentía el concurso como +penetrado de respeto, en la esfera inquieta y deleitosa de lo +extraordinario; Keleffy, aunque de una manera apesarada y melancólica, y +más de quien se aleja que de quien llega, tocó en el piano de madera +negra, que bajo sus manos parecía a veces salterio, flauta a veces, y a +veces órgano, algunas de sus delicadas composiciones, no aquellas en que +se hubiera dicho que el mar subía en montes y caía roto en cristales, o +que braceaba un hombre con un toro, y le hendía el testuz, y le doblaba +las piernas, y lo echaba por tierra, sino aquellas otras flexibles +fantasías que, a tener color, hubieran sido pálidas, y a ser cosas +visibles, hubiesen parecido un paisaje de crepúsculo. + + * * * * * + +En esto, se oyó en todo el salón un rumor súbito, semejante al que en +días de fiestas nacionales se oye en la muchedumbre de las plazas cuando +rompe en un ramo de estrellas en el aire un fuego de artificio. ¡Ya se +sabía que en el Instituto de la Merced había una niña muy bella! que era +Sol del Valle; ¡pero no se sabía que era tan bella! Y fue al piano; +porque ella era la discípula querida del Instituto y ninguna como ella +entendía aquella plegaria de Keleffy, «¡Oh, madre mía», y la tocó, +trémula al principio, olvidada después en su música y por esto más +bella; y cuando se levantó del piano, el rumor fue de asombro ante la +hermosura de la niña, no ante el talento de la pianista, no común por +otra parte; y Keleffy la miraba, como si con ella se fuese ya una parte +de él; y, al verla andar, la concurrencia aplaudía, como si la música no +hubiera cesado, o como si se sintiese favorecida por la visita de un ser +de esferas superiores, u orgullosa de ser gente humana, cuando había +entre los seres humanos tan grande hermosura. + +¿Cómo era? ¡Quién lo supo mejor que Keleffy! La miró, la miró con ojos +desesperados y avarientos. Era como una copa de nácar, en quien nadie +hubiese aun puesto los labios. Tenía esa hermosura de la aurora, que +arroba y ennoblece. Una palma de luz era. Keleffy no la hablaba, sino la +veía. La niña, cuando se sentó al lado de la directora, casi rompió en +lágrimas. La revelación, la primera sensación del propio poder, lisonjea +y asusta. Se tuvo miedo la niña, y aunque muy contenta de sí, halagada +por aquel rumor como si le rozasen la frente con muy blandas plumas, se +sintió sola y en riesgo, y buscó con los ojos, en una mirada de angustia +a doña Andrea, ¡ay! a doña Andrea que, conforme iban pasando los años, +se hundía en sí misma, para ver mejor a don Manuel, de tal manera que +ya, si sonreía siempre, apenas hablaba. Se conversaba apresuradamente. +Todos los ojos estaban sobre ella. ¿Quién es? ¿Quién es? Las mujeres no +la celebraban, se erguían en sus asientos para verla; movían rápidamente +el abanico, cuchicheaban a su sombra con su compañera; se volvían a +mirarla otra vez. Los hombres, sentían en sí como una rienda rota; y +algunos, como un ala. Hablaban con desusada animación. Se juntaban en +corrillos. La median con los ojos. Ya la veían de su brazo ostentándola +en el salón, y le estrechaban el talle en el baile ardiente y atrevido; +ya meditaban la frase encomiástica con que habían de deslumbrar al ser +presentados a ella. «¿Conque esa es Sol del Valle?». «¿En qué casas +visita?». «¿Va a casa de Lucía Jerez?». «Juan Jerez es amigo de la +señora». «Allí está Juan Jerez; que nos presente». «Yo soy amigo de la +directora: vamos». «¿Quién nos presentará a ella?». ¡Pobre niña! Su +alcoba no la vio nunca como la dejaron aquellos curiosos. No es para la +mayor parte de los hombres una obra santa, y una copa de espíritu la +hermosura; sino una manzana apetitosa. Si hubiera un lente que +permitiese a las mujeres ver, tales como les pasean por el cráneo los +pensamientos de los hombres, y lo que les anda en el corazón, los +querrían mucho menos. + +Pero no era un hombre, no, el que con más insistencia, y un cierto +encono mezclado ya de amor, miraba a Sol del Valle, y con dificultad +contenía el llanto que se le venía a mares a los ojos, abiertos, en los +que se movían los párpados apenas. La conocía en aquel momento, y ya la +amaba y la odiaba. La quería como a una hermana; ¡qué misterios de estas +naturalezas bravías e iracundas! y la odiaba con un aborrecimiento +irresistible y trágico. Y cuando un caballero apuesto y cortés, que +saludaba mucha gente a su paso, se acercó, por lo mismo que vivía en +esfera social más alta, más que a saludar, a proteger a Sol del Valle, +cuando Juan Jerez llegó al fin al lado de la niña, y Lucía Jerez, que +era quien de aquella manera la miraba, los vio juntos, cerró los ojos, +inclinó la cabeza sobre el hombro como quien se muere; se le puso todo +el rostro amarillo; y solo al cabo de algún tiempo, al influjo del aire +que agitaban sus compañeras con los abanicos, volvió a abrir los ojos, +que parecían turbios, como si hubiera cruzado por su pensamiento un ave +negra. + +Y Keleffy en aquellos instantes tenía subyugada y muda a la +concurrencia. Allí sus esperanzas puras de otros tiempos; sus agonías de +esposo triste; el desorden de una mente que se escapa; el mar sereno +luego; la flora toda americana, ardiente y rica; el encogimiento sombrío +del alma infeliz ante la naturaleza hermosa; una como invasión de luz +que encendiese la atmósfera, y penetrase por los rincones más negros de +la tierra, y a través de las ondas de la mar, a sus cuevas de azul y +corales; una como águila herida, con una llaga en el pecho que parecía +una rosa, huyendo, a grandes golpes de ala, cielo arriba, con gritos +desesperados y estridentes. Así, como un espíritu que se despide, tocó +Keleffy el piano. Jamás pudo tanto, ni nadie le oyó así segunda vez. +Para Sol era aquella fantasía; para Sol, a quien ni volvería a ver +nunca, ni dejaría de ver jamás. Solo los que persiguen en vano la +pureza, saben lo que regocija y exalta el hallarla. Solo los que mueren +de amor a la hermosura entienden cómo, sin vil pensamiento, ya a punto +de decir adiós para siempre a la ciudad amiga, tocó aquella noche en el +piano Keleffy. Pero tocó de tal manera que, aun para la gente inculta, +es todavía aquel un momento inolvidable. «Nos llevaba como un +triunfador», decía un cronista al día siguiente, «sujetos a su carro. +¿Adónde íbamos? nadie lo sabía. Ya era un rayo que daba sobre un monte, +como el acero de un gigante sobre el castillo donde supone a su dama +encantada; ya un león con alas, que iba de nube en nube; ya un sol +virgen que de un bosque temido, como de un nido de serpientes, se +levanta; ya un recodo de selva nunca vista, donde los árboles no tenían +hojas, sino flores; ya un pino colosal que, con estruendo de gemidos, se +quebraba; era una grande alma que se abría. Mucho se había hecho admirar +el apasionado húngaro en el comienzo de la fiesta; mas, aquella +arrebatadora fantasía, aquel desborde de notas; ora plañideras, ora +terribles, que parecían la historia de una vida, aquella, que fue su +última pieza de la noche, porque nadie después de ella osó pedirle más, +vino tan inmediatamente después de la aparición de la señorita Sol del +Valle, orgullo desde hoy de la ciudad que todos reconocimos en la +improvisación maravillosa del pianista el influjo que en él, como en +cuantos anoche la vieron, con su vestido blanco y su aureola de +inocencia, ejerció la pasmosa hermosura de la niña. Nace bien esta +beldad extraordinaria, con el genio a sus plantas». + + * * * * * + +Dos amigas están sentadas a la sombra de la magnolia, nuestra antigua +conocida. En un sillón está sentada Lucía. Otras sillas de mimbre +esperan a sus dueñas, que andan preparando dulces por los adentros de la +casa, o con Ana, que no está bien hoy. Está muy pálida. No se espera +gente de afuera aquella tarde; Juan Jerez no está en la ciudad: fue el +viernes a defender en el tribunal de un pueblo vecino los derechos de +unos indios a sus tierras, y aun no ha vuelto. Lucía hubiera estado más +triste, si no hubiera tenido a su amiga a su lado. Juan no puede venir. +Ferrocarril no hay hoy. A caballo, es muy lejos. A los pies de Lucía, en +una banqueta, con los brazos cruzados sobre las rodillas de la niña, +¿quién es la que está sentada, y la mira con largas miradas, que se +entran por el alma como reinas hermosas que van a buscar en ella su +aposento, y a quedarse en ella; y la deja jugar con su cabeza, cuya +cabellera castaña destrenza y revuelve, y alisa luego hacia arriba con +mucho cuidado, de modo que se le vea el noble cuello? A los pies de +Lucía está Sol del Valle. + + * * * * * + +Desde la noche de la fiesta de Keleffy, Lucía y Sol se han visto muchas +veces. ¿De conocerla, cómo había de librarse, en estas ciudades nuestras +en que todo el mundo se conoce? Aquella misma noche, y no fue Juan por +cierto, Lucía, muy adulada por la directora del Instituto de la Merced, +de donde había salido tres años antes, se vio en brazos de Sol, que la +miraba llena de esperanza y ternura. Se levantó la directora y llevó a +Sol de la mano a donde Lucía estaba, taciturna. Las vio venir, y se echó +atrás. + +--¡Vienen a mí, a mí!--se dijo. + +--Lucía, aquí te traigo una amiga, para que te la pongas en el corazón, y +me la cuides como cosa de tu casa. En tus manos la puedo dejar: tú no +eres envidiosa. + +Y a Sol se le encendía el rostro, sin saber qué decir, y a Lucía se le +desvanecía el color, buscando en balde fuerzas con que mover la mano y +abrir los labios en una sonrisa. + +--Pero esto no ha de ser así, no. + +Y la directora puso el brazo de Sol en el de Lucía, y acompañadas de +miradas celosas, se refugió por algunos momentos con ellas en un balcón, +cuya baranda de granito estaba oculta bajo una enredadera florecida de +rosas salomónicas. El balcón era grande y solemne; la noche, ya muy +entrada, y el cielo, cariñoso y locuaz, como se pone en nuestros países +cuando el aire está claro, y parece como que platican y se hacen visitas +las estrellas. + +--Y ante todo, Lucía y Sol, dense un beso. + +--Mira, Lucía--dijo la directora juntando en sus manos las de las los +niñas y hablando como si no estuviese Sol con ellas, quien se sentía las +mejillas ardientes, y el pecho apretado con lo que la maestra iba +diciendo, tanto, que por un instante vio el cielo todo negro, y como que +desde su casita la estaba llamando doña Andrea--. Mira, Lucía, tú sabes +cómo entra en la vida Sol del Valle, como lo sabe todo el mundo. Su +padre se ha muerto. Su madre está en la mayor pobreza. Yo, que la quiero +como a una hija, he procurado educarla para que se salve del peligro de +ser hermosa siendo tan pobre. + +Sintió Lucía en aquel instante como si la mano de Sol le temblase en la +suya, y hubiese hecho un movimiento por retirarla y ponerse en pie. + +--Señora.... + +--No, no, Lucía. La que va a ser mujer de Juan Jerez.... + +La sombra de una de las cortinas de la enredadera, que flotaba al +influjo del aire, escondió en este instante el rostro de Sol. + +--... merece que yo ponga en sus manos, para que me la enseñe al mundo a +su lado y me la proteja, la joya de la casa con que ha sido Juan Jerez +tan bueno. + +Aquí la cortina flotante de la enredadera cubrió con su sombra el rostro +de Lucía. + +--Juan.... + +--Juan ha sido muy bueno--dijo como con cierta prisa voluntaria la +directora--. Él apenas conoce a Sol, porque ha ido muy poco a casa de +doña Andrea; pero como es tan generoso, se alegrará de que tú ampares a +esta niña, con el respeto de tu casa, de los que, porque la verán +desvalida.... + +Más blanco que su vestido pudo verse en este momento, el rostro de Sol. + +--... querrán faltarle al respeto. Ya Sol ha acabado su colegio; pero +para que mi obra no quede incompleta, voy a dejarla en él como +profesora, y así ayudará a su madre a llevar los gastos de la casa, y le +hemos tomado ya a doña Andrea una casita mejor, cerca del Instituto. Yo +espero--añadió la señora gravemente, y como si las estrellas no +estuviesen brillando en el cielo--, que Sol será una buena maestra. Yo, +Lucía, no podré llevarla a todas partes, porque ya he dejado de ser +joven, y los cuidados del colegio me lo impiden; pero quiero que tú +hagas mis veces, y ya lo sabes--dijo con una ligera emoción en la voz +dando un beso en la mejilla de Lucía--, cuídamela. Que sientan que el que +no pueda llegar hasta ti, no puede llegar hasta ella. Cuando haya una +fiesta, llévala. Ella se vestirá siempre linda, porque yo la he enseñado +a hacérselo todo y es maestra en coser. Convídala a tu casa, para que +nadie tenga reparo en convidarla a la suya: que el que entra en tu casa +puede entrar en todas partes. Sol es tan bonita como agradecida. + +--Sí, sí, señora--interrumpió Lucía que en sus mejillas propias estaba +sintiendo la palidez de las de Sol--. Yo la llevaré conmigo. Yo sí, yo +sí, ahora mismo la presentaré a todas mis amigas. Iremos juntas la +Semana Santa. No me digas que no, Sol. Iremos al teatro siempre juntas. + +Y el cariño le iba creciendo con las palabras, que decía +amontonadamente, como si tuviese prisa por olvidarse de algo, o quisiese +vengarse de sí misma. + +--Bueno, vamos entonces, que yo veo que la gente curiosea porque estamos +cuchicheando tanto tiempo. Vamos. + +Sol no hablaba. Lucía, como que quería defenderla de la directora, que +entraba ya en el salón con su paso pomposo. + +--Enseguida, señora, enseguida. Entre usted y detrás vamos nosotras. Voy +a coger dos rosas de esta enredadera: esta para Sol--y se la prendió con +mucha ternura, mirándola amorosamente en los ojos--; esta, que es la +menos bonita, para mí. + +--¡Oh, usted es tan buena! + +--¿Usted? No, Sol, yo soy tu hermana. No hagas caso de lo que dice la +directora. Yo te querré siempre como una hermana--y abrió los brazos, y +apretó en ellos a Sol, a la que llevaba sin miedo, prestísimamente. + +--¡Oh!--dijo Sol de pronto ahogando un grito. Y se llevó la mano al seno, +y la sacó con la punta de los dedos roja. Era que al abrazarla Lucía, se +le clavó en el seno una espina de la rosa. + +Con su propio pañuelo secó Lucía la sangre, y de brazo las dos entraron +en la sala. Lucía también estaba hermosa. + + * * * * * + +--¿Cómo entenderte, Lucía?--decía Juan a su prima unos quince días después +de la noche de la fiesta, con una intención severa en las palabras que +él con Lucía nunca había usado--. Desde hace unos quince días, espera, +creo que me acuerdo, desde la noche de Keleffy, te encuentro tan +injusta, que a veces, creo que no me quieres. + +--¡Juan! ¡Juan! + +--Bueno, Lucía: tú sí me quieres. Pero ¿qué te hago yo que explique esas +durezas tuyas de carácter, para mí que vengo a ti como viene el sediento +a un vaso de ternuras? Más cariño no puedes desear. Pensar, yo sí pienso +en todo lo más difícil y atrevido; pero querer, Lucía, yo no quiero más +que a ti. Yo he vivido poco; pero tengo miedo de vivir y sé lo que es, +porque veo a los vivos. Me parece que todos están manchados, y en cuanto +alcanzan a ver un hombre puro empiezan a correrle detrás para llenarle +la túnica de manchas. La verdad es que yo, que quiero mucho a los +hombres, vivo huyendo de ellos. Siento a veces una melancolía dolorosa. +¿Qué me falta? La fortuna me ha tratado bien. Mis padres me viven. Me es +permitido ser bueno. Y además, te tengo--le dijo tomándola, cariñosamente +de la mano que Lucía le abandonó como apenada y absorta. + +--Te tengo, y de ti me vienen, y en ti busco, las fuerzas frescas que +necesito para que el corazón no se me espante y debilite. Cada vez que +me asomo a los hombres, me echo atrás como si viera un abismo; pero de +cada vez que vengo a verte, saco un brío para batallar y un poder de +perdón que hacen que nada me parezca difícil para que yo lo acometa. No +te rías, Lucía; pero es la verdad. ¿Tú has leído unos versos de +Longfellow que se llaman «Excelsior»? Un joven, en una tempestad de +nieve, sube por un puerto pobre, montaña arriba, con una bandera en la +mano que dice: «Excelsior». No te sonrías: yo sé que sabes tú latín: +«¡Más alto!». Un anciano le dice que no vaya adelante, que el torrente +ruge abajo y la tempestad ¡se viene encima: «¡Más alto!». Una joven +linda, ¡no tan linda como tú!, le dice: «Descansa la cabeza fatigada en +mi seno». Y al joven se le humedecen los ojos azules, pero aparta de sí +a la enamorada y le dice: «¡Más alto!». + +--¡Ah no! pero tú no me apartarás a mí de ti. Yo te quito la bandera de +las manos. Tú te quedas conmigo. ¡Yo soy lo más alto! + +--No, Lucía: los dos juntos llevaremos la bandera. Yo te tomo para todo +el viaje. Mira que, como soy bueno, no voy a ser feliz. ¡No te me +canses!--y le besó la mano. + +Lucía le acariciaba con los ojos la cabeza. + +--Y el joven al fin siguió adelante: y los monjes lo hallaron muerto al +día siguiente, medio sepultado en la nieve; pero con la mano asida a la +bandera, que decía: «¡Más alto!». Pues bien, Lucía: cuando no te me +pones majadera, cuando no me haces lo que ayer, que me miraste de frente +como con odio y te burlaste de mí y de mi bondad, y sin saberlo llegaste +hasta dudar de mi honradez, cuando no te me vuelves loca como ayer, me +parece cuando salgo de aquí, que me brilla en las manos la bandera. Y +veo a todo el mundo pequeño, y a mí como un gigante dichoso. Y siento +mayor necesidad, una vehemente necesidad de amar y perdonar a todo el +mundo. En la mujer, Lucía, como que es la hermosura mayor que se conoce, +creemos los poetas hallar como un perfume natural todas las excelencias +del espíritu; por eso los poetas se apegan con tal ardor a las mujeres a +quienes aman, sobre todo a la primera a quien quieren de veras, que no +es casi nunca la primera a quien han creído querer, por eso cuando creen +que algún acto pueril o inconsiderado las desfigura, o imaginan ellos +alguna frivolidad o impureza, se ponen fuera de sí, y sienten unos +dolores mortales, y tratan a su amante con la indignación con que se +trata a los ladrones y a los traidores, porque como en su mente las +hicieran depositarias de todas las grandezas y claridades que apetecen, +cuando creen ver que no las tienen, les parece que han estado +usurpándoles y engañándoles con maldad refinada, y creen que se +derrumban como un monte roto, por la tierra, y mueren aunque sigan +viviendo, abrazados a las hojas caídas de su rosa blanca. Los poetas de +raza mueren. Los poetas segundones, los tenientes y alféreces; de la +poesía, los poetas falsificados, siguen su camino por el mundo besando +en venganza cuantos labios se les ofrecen, con los suyos, rojos y +húmedos en lo que se ve, ¡pero en lo que no se ve tintos de veneno! +Vamos, Lucía, me estás poniendo hoy muy hablador. Tú ves, no lo puedo +evitar. Si me oyeran otras gentes, dirían que era un pedante. Tú no lo +dices, ¿verdad? Es que en cuanto estoy algún tiempo cerca de ti, de ti +que nadie ha manchado, de ti en quien nadie ha puesto los labios +impuros, de ti en quien mido yo como la carne de todas mis ideas y como +una almohada de estrellas donde reclino, cuando nadie me ve, la cabeza +cansada, estas cosas extrañas, Lucía, me vienen a los labios tan +naturalmente que lo falso sería no recordarlas. Por fuera me suelen +acusar de que soy rebuscado y exagerado, y tú habrás notado que ya yo +hablo muy poco. ¿Qué culpa tengo yo de que sea así mi naturaleza, y de +que al influjo de tu cariño enseñe todas sus flores? + +Y le besó las dos manos, como pudiera un niño haber besado dos tórtolas. + +Así, aunque no parezca cierto, suelen hablar y sentir algunos seres +«vivos y efectivos», como dicen las lápidas de los nichos en que están +enterrados los oficiales militares muertos en el servicio de la corona +española. Así exactamente, y sin quitar ni poner ápice, era como sentía +y hablaba Juan Jerez. + + * * * * * + +--Tú me perdonas, Juan--dijo Lucía antes de que hubieran pasado algunos +momentos, bajos los ojos y la voz, como pecador contrito que pide +humildemente la absolución de su pecado--. Juan yo no sé que es, ni sé +para qué te quiero, aunque si sé que te quiero por lo mismo que vivo, y +que si no te quisiera no viviría. Y mira, Juan, te miento; ahora mismo +te estoy mintiendo, yo creo que no sé por qué te quiero, pero debo +saberlo muy bien, sin notarlo yo, porque sé por qué pueden quererte los +demás. Y como si te conocen, han de quererte como yo te quiero, ¡no me +regañes Juan! ¡yo no quisiera que tú conocieses a nadie! ¡Yo te querría +mudo, yo te querría ciego: así no me verías más que a mí, que le +cerraría el paso a todo el mundo, y estaría siempre ahí, y como dentro +de ti, a tus pies donde quisiera estar ahora! ¿Tú me perdonas, Juan? +Luego, yo no soy soberbia, y no creo que yo solo soy hermosa: ¡tú dices +que yo soy hermosa! yo sé que fuera de mí hay muchas cosas y muchas +personas bellas y grandes; yo sé que no están en mí todas las hermosuras +de la tierra, y como a ti te caben en el alma todas, y eres tan bueno +que te he visto recoger las flores pisadas en las calles y ponerlas con +mucho cuidado donde nadie las pise, creo, Juan, que yo no te basto, que +cualquier cosa o persona hermosa, te gustaría tanto como yo, y odio un +libro si lo lees, y un amigo si lo vas a ver, y una mujer si dicen que +es bella y puedes verla tú. Quisiera reunir yo en mí misma todas las +bellezas del mundo, y que nadie más que yo tuviera hermosura alguna +sobre la tierra. Porque te quiero, Juan, lo odio todo. Y yo no soy mala, +Juan; yo me avergüenzo de eso, y luego me entran remordimientos, y +besaría los pies de los que un momento antes quería no ver vivos, y de +mi sangre les daría para que viviesen si se muriesen; ¡pero hay +instantes, Juan, en que odio a todas las cosas, a todos los hombres y a +todas las mujeres! ¡Oh, a todas las mujeres! Cuando no estás a mi lado, +y pienso en alguien que pueda agradar tus ojos u ocupar tu pensamiento, +creémelo, Juan; ¡ni sé lo que veo, ni sé qué es lo que me posee, pero me +das horror, Juan y te aborrezco entonces, y odio tus mismas cualidades, +y te las echo en cara, como ayer, para ver si llegas tú a odiarlas, y a +no ser tan bueno, y si así no te quieren! Eso es, Juan, no es más que +eso. A veces, y te lo diré a ti solo, sufro tanto que me tiendo en el +suelo en mi cuarto, cuando no me ven, como una muerta. Necesito sentir +en las sienes mucho tiempo el frío del mármol. Me levanto, como si +estuviera por dentro toda despedazada. Me muero de una envidia enorme +por todo lo que tú puedas querer y lo que pueda quererte. Yo no sé si +eso es malo, Juan: ¿tú me perdonas? + +La magnolia, nuestra antigua conocida oyó, a las últimas luces de la +tarde, el final de esta conversación congojosa. + + * * * * * + +Lindo es el montecito que domina por el Este a la ciudad, donde a brazo +partido lucharon antaño, macana contra lanza y carne contra hierro, el +jefe de los indios y el jefe de los castellanos, y de barranco en +barranco abrazados, matándose y admirándose iban cayendo, hasta que al +fin, ya exhausto, e hiriéndose con su propia macana la cabeza, cayó el +indio a los pies del español, que se levantó la visera, dejando ver el +rostro bañado en sangre, y besó al indio muerto en la mano. Luego, como +que era recio de subir, le escogieron para sus penitencias los devotos, +y es fama que por su falda pedregosa subían de rodillas en lo más fuerte +del sol, los penitentes, contando el rosario. + +Vinieron gentes nuevas, y como que el monte es corto y de forma bella, y +desde él se ve a la ciudad, con sus casas bajas, de patios de arbolado, +como una gran cesta de esmeraldas y ópalos, limpiaron de piedras y +yerbajos la tierra que, bien abonada, no resultó ingrata; y de la mejor +parte del monte hicieron un jardín que entre los pueblos de América no +tiene rival, puesto que no es uno de esos jardinuelos de flores +enclenques, y arbustos podados, con trocitos de césped entre enverjados +de alambre, que más que cosa alguna dan idea de esclavitud y artificio, +y de los que con desagrado se aparta la gente buena y discreta; sino uno +como bosque de nuestras tierras, con nuestras propias y grandes flores y +nuestros árboles frutales, dispuestos con tal arte que están allí con +gracia y abandono, y en grupos irregulares y como poco cuidados, de tal +manera que no parece que aquellos bambúes, plátanos y naranjos han sido +llevados allí por las manos de jardinero, ni aquellos lirios de agua, +puestos como en montón que bordan el estrecho arroyo cargado de aguas +secas, fueron allí trasplantados como en realidad fueron: antes bien, +parece que todo aquello floreció allí de suyo y con libre albedrío, de +modo que allí el alma se goza y comunica sin temor, y no bien hay en la +ciudad una persona feliz, ya necesita ir a decírselo al montecito que +nunca se ve solo, ni de día ni de noche. + +Por allí, en la tarde en que vamos caminando, halló Pedro Real razón +para encontrarse a caballo, el cual dejó en la cumbre, mientras que, +golpeándose con el latiguillo los botines, se perdía, sin recordar el +cuadro de Ana, por la calle de los lirios. Por allí, y sin saber por +cierto que Pedro andaba cerca, acababa Adela, con tres amigas suyas, que +estrenaban unos sombreros de paja crema adornados con lilas, de bajar +del carruaje, que en la cumbre, con los caballos, esperaba. Por allí, +sin que lo supiese Adela tampoco, aunque sí lo sabía Pedro, andaban +lentamente, con las dos niñas menores, Sol y doña Andrea: doña Andrea, +que desde que el colegio le devolvió a su Sol y podía a su sabor recrear +los ojos, con cierto pesar de verle el alma un poco blanda y perezosa, +en aquella niña suya de «cutis tan trasparente--decía ella--como una nube +que vi una vez, en París, en un medio punto de Murillo», andaba siempre +hablando consigo en voz baja, como si rezase; y otras regañaba por todo, +ella que no regañaba antes jamás, pues lo que quería en realidad, sin +atreverse, era regañar a Sol, de quien se encendía en celos y en miedos, +cada vez que oía preparativos de fiesta o de paseo, que por cierto no +eran muchos, pero sobrados ya para que temiese con justicia doña Andrea +por su tesoro. Ni con el mayor bienestar que con el sueldo de Sol en el +colegio había entrado en la casa, se contentaba doña Andrea; y a veces +se dio la gran injusticia de que aquella hermosura que ella tanto +mimaba, y que desde la infancia de la niña cuidaba ella y favorecía, se +la echase en cara como un pecado, que le llevó un día a prorrumpir en +este curiosísimo despropósito, que a algunas personas pareció tan +gracioso como cuerdo: «Si Manuel viviera, tú no serías tan hermosa». +Enojábase, doña Andrea, cuando oía, allá por la hora en que Sol volvía +con una criada anciana del colegio, la pisada atrevida del caballo de +cierto caballero que ella muy especialmente aborrecía; y si Sol hubiese +mostrado, que nunca lo mostró, deseos de ver la arrogante cabalgadura, +fuera de una vez que se asomó sonriendo y no descontenta, a verla pasar +detrás de sus persianas, es seguro que por allí hubieran encontrado +salida las amarguras de doña Andrea, que miraba a aquel gallardísimo +galán, a Pedro Real, como a abominable enemigo. Ni a galán alguno +hubiera soportado doña Andrea, cuyos pesares aumentaba la certidumbre de +que aquel que ella hubiera querido por tenerlo muy en el alma, que +poseyese a su Sol, no sería de Sol nunca, por lo alto que estaba, y +porque era ya de otra. Mas aquella mansísima señora se estremecía cuando +pensaba que, por parecer proporcionados en la gran hermosura externa, +pudiesen algún día acercarse en amores aquel catador de labios +encendidos y aquella copa de vino nuevo. Sentía fuerzas viriles doña +Andrea, y determinación de emplearlas, cada vez que el caballo de Pedro +Real piafaba sobre los adoquines de la calle. ¡Como si los cuerpos +enseñasen el alma que llevan dentro! Una vez, en una habitación recamada +de nácar, se encontró refugiado a un bandido. Da horror asomarse a +muchos hombres inteligentes y bellos. Se sale huyendo, como de una +madriguera. Y ya se sabía por toda la ciudad, con envidia de muchas +locuelas, que tras de Sol del Valle había echado Pedro Real todos sus +deseos, sus ojos melodiosos, su varonil figura, sus caballos +caracoleadores, sus ímpetus de enamorado de leyenda. Y lo despótico de +la afición se le conocía en que, bruscamente, y como si no hubiera +estado perturbando con vislumbres de amor sus almas nuevas, cesó de +decir gallardías, a afectar desdenes a aquellas que más de cerca le +tuvieron desde su llegada de París, ya porque de público se las señalase +como las conquistas más apetecidas, ya porque lo picante de su trato le +diese fácil ocasión para aquellas conversaciones salpimentadas que son +muy de uso entre aquellos de nuestros caballeros jóvenes que han visto +tierras, y suplen con lo atrevido del discurso la escasez de la gracia y +el intelecto. La conversación con las damas ha de ser de plata fina, y +trabajada en filigrana leve, como la trabajan en Génova y México. + +En ser visto donde Sol del Valle había de verlo, ponía Pedro Real el +mayor cuidado; en que no se la viera sin que se le viese a él; si al +teatro, bajo el palco a que fue Sol, que fue el de la directora, y no +más que dos veces, estaba la luneta de Pedro; si en Semana Santa, por +donde Sol iba con Lucía y Adela, Pedro, sin piedad por Adela, aparecía. +Decirle, nada le había dicho. Ni escribirle. Ni nadie afectaba, al +saludarla en público, encogimiento y moderación mayores. Y parecía más +arrogante, porque no iba tan pulido. Ni le decía, ni le escribía; pero +quería llenarle el aire de él. A la salida del teatro, la segunda noche +que fue a él Sol, ofrecía un pequeñuelo de sombrero de pita y pies +descalzos un ramo de camelias color de rosa, que eran allí muy +apreciadas y caras. Y en el punto en que salió Sol, y con rapidez tal +que pareció a todos cosa artística, tomó el ramo Pedro Real, lo deshizo +de modo que las camelias cayeron al suelo, casi a los pies de Sol, y +dijo, como si no quisiera ser oído más que del amigo que tenía al lado: +«Puesto que no es de quien debe ser, que no sea de nadie». Y como la +fantasía que la hermosura de Sol arrancó a Keleffy era ya a manera de +leyenda en la ciudad, Pedro Real, con tacto y profundidad mayores de los +que pudieran suponérsele, compró, para que nadie volviese a tocar en él, +el piano en que habían tocado aquella noche Sol y Keleffy. + + * * * * * + +Sonaban por la ciudad alegremente las chirimías, los pífanos y los +tambores. Los balcones de la calle de la Victoria eran cestos de rosas, +con todas las damas y niñas de la ciudad asomadas a ellos. Por cada +bocacalle entraba en la de la Victoria, con su banda de tamborines a la +cabeza, una compañía de milicianos. Unos llevaban pantalón blanco de +dril, con casaquín de lana perla, cruzado el pecho de anchas correas +blancas, con asta plateada. Otros iban de blanco y rojo, blanco el +pantalón, la casaca roja. Iban otros más de ciudadanos, y aunque menos +brillantes, más viriles: llevaban un pantalón de azul oscuro y uno como +gabán corto y justo, cerrado con doble hilera de botones de oro por +delante: el sombrero era de fieltro negro de alas anchas, con un delgado +cordón de oro, que caía con dos bellotas a la espalda. En las esquinas +iban las compañías tomando puesto. ¡Qué conmovedoras las banderas rotas! +¡Qué arrogantes, y como sacerdotes, los que las llevaban! Parecían altos +aunque no lo fueran. No parecían bien, cerca de aquellos pabellones +desgarrados, los banderines de seda y flores de oro en que con letras de +realce iban bordados los números de las compañías. ¡Qué correr +desalados, el de los muchachos por las calles! Verdad que hasta los +hombres mayores, periódico en mano y bastón al aire, corrían. A algunos, +se les saltaban las lágrimas. Parecía como que de adentro empujaba +alguien a las gentes. Cuando una banda sonaba a distancia, como si +estuviera yéndose, los muchachos, aun los más crecidos, corrían tras +ella, con la cara angustiada, como si se les fuera la vida. Y los más +pequeños, cruzando de un lado para otro, mirados desde los balcones, +parecían los granos sueltos de un racimo de uvas. Las nueve serían de la +mañana, y el cielo estaba alegre, como si le pareciese bien lo que +sucedía en la tierra. Era el día del año señalado para llevar flores a +las tumbas de los soldados muertos en defensa de la independencia de la +patria. Entre compañía y compañía, iban carros enormes en la procesión, +tirados por caballos blancos, y henchidos de tiestos de flores. Allá en +el cementerio había, sobre cada tumba, clavada una bandera. + +¿Qué caballerín, de los elegantes de la ciudad, no estaba aquella +mañana, con un ramo de flores en el ojal, saludando a las damas y niñas +desde su caballo? Los estudiantes, no, esos no estaban por las calles, +aunque en los balcones tenían a sus hermanas y a sus novias: los +estudiantes estaban en la procesión, vestidos de negro, y entre +admirados y envidiosos de los muertos a quienes iban a visitar, porque +estos, al fin, ya habían muerto en defensa de su patria, pero ellos +todavía no: y saludaban a sus hermanas y novias en los balcones, como si +se despidieran de ellas. Los estudiantes fueron en masa a honrar a los +muertos. Los estudiantes que son el baluarte de la Libertad, y su +ejército más firme. Las universidades parecen inútiles, pero de allí +salen los mártires y los apóstoles. Y en aquella ciudad ¿quién no sabía +que cuando había una libertad en peligro, un periódico en amenaza, una +urna de sufragio en riesgo, los estudiantes se reunían, vestidos como +para fiesta, y descubiertas las cabezas y cogidos del brazo, se iban por +las calles pidiendo justicia; o daban tinta a las prensas en un sótano, +e imprimían lo que no podían decir; se reunían en la antigua Alameda, +cuando en las cátedras querían quebrarles los maestros el decoro, y de +un tronco hacían silla para el mejor de entre ellos, que nombraban +catedrático, y al amor de los árboles, por entre cuyas ramas parecía el +cielo como un sutil bordado, sentado sobre los libros decía con gran +entusiasmo sus lecciones; o en silencio, y desafiando la muerte, pálidos +como ángeles, juntos como hermanos, entraban por la calle que iba a la +casa pública en que habían de depositar sus votos, una vez que el +Gobierno no quería que votaran más que sus secuaces, y fueron cayendo +uno a uno, sin echarse atrás, los unos sobre los otros, atravesados +pechos y cabezas por las balas, que en descargas nutridas desataban +sobre ellos los soldados? Aquel día quedó en salvo por maravilla Juan +Jerez, porque un tío de Pedro Real desvió el fusil de un soldado que le +apuntaba. Por eso, cuando los estudiantes pasaban en la procesión, +vestidos de negro, con una flor amarilla en el ojal, los pañuelos de +todos los balcones soltábanse al viento, y los hombres se quitaban los +sombreros en la calle, como cuando pasaban las banderas; y solían las +niñas desprenderse del pecho, y echar sobre los estudiantes, sus ramos +de rosas. + +En un balcón, con sus dos hermanas mayores y la directora, estaba Sol +del Valle. En otro, con un vestido que la hacía parecer como una imagen +de plata, una linda imagen pagana, estaba Adela. Más allá, donde Sol y +Adela podían verlas, ocupaba un ancho balcón, amparado del sol por un +toldo de lona, Lucía con varias personas de la familia de su madre, y +Ana. En una silla de manos habían traído a Ana hasta la casa. Muy mala +estaba, sin que ella misma lo supiese bien; estaba muy mala. Pero ella +quería ver, «con su derecho de artista, aquella fiesta de los colores; a +la tierra le faltaba ahora color, ¿verdad, Juan? Mira, si no, como todo +el mundo se viste de negro. Quiero oír música, Lucía: quiero oír mucha +música. Quiero ver las banderas al viento». Y allí estaba en el ancho +balcón, vestida de blanco, muy abrigada, como si hubiese mucho frío, +mirando avariciosamente, como si temiera no volver a ver lo que veía, y +sintiendo como dentro del pecho, porque no se las viesen, le estaban +cayendo las lágrimas. + +Lucía distinguió a Sol, y miró si estaba en el balcón, o dentro, Juan +Jerez. Sol, no bien vio a Lucía, no quitó de ella los ojos, para que +supiese que estaba allí, y cuando le pareció que Lucía la estaba viendo, +la saludó cariñosamente con la mano, a la vez que con la sonrisa y con +los ojos. Prefería ella que Lucía la mirase, a que la miraran los +jóvenes mejor conocidos en la ciudad, que siempre hallaban manera de +detenerse más de lo natural frente a su balcón. A Pedro Real, pagó con +un movimiento de cabeza, su humilde saludo, cuando pasó a caballo; y no +lo vio con pena, ni con afecto que debiera afligir a doña Andrea, todo +lo cual vio Adela desde su balcón, aunque estaba de espaldas. Pero Lucía +se había entrado por el alma de Sol, desde la noche en que le pareció +sentir goce cuando se clavó en su seno la espina de la rosa. Lucía, +ardiente y despótica, sumisa a veces como una enamorada, rígida y +frenética enseguida sin causa aparente, y bella entonces como una rosa +roja, ejercía, por lo mismo que no lo deseaba, un poderoso influjo en el +espíritu de Sol, tímido y nuevo. Era Sol como para que la llevasen en la +vida de la mano, más preparada por la Naturaleza para que la quisiesen +que para querer, feliz por ver que lo eran los que tenía cerca de sí, +pero no por especial generosidad, sino por cierta incapacidad suya de +ser ni muy venturosa ni muy desdichada. Tenía el encanto de las rosas +blancas. Un dueño le era preciso, y Lucía fue su dueña. + +Lucía había ido a verla; a buscarla en su coche para que paseasen +juntas; a que fuese a su casa a que la conociera Ana; y Ana la quiso +retratar; pero Lucía no quiso «porque ahora Ana estaba fatigada, y la +retrataría cuando estuviese más fuerte», lo que, puesto que Lucía lo +decía, no pareció mal a Sol. Lucía fue a vestirla una de las noches que +iba Sol al teatro, y no fue ella: ¿por qué no iría ella? Juan Jerez +tampoco fue esa noche; y por cierto que esa vez Lucía le llevó, para que +lo luciese, un collar de perlas: «A mí no me lo conocen, Sol: yo nunca +me pongo perlas»; pero doña Andrea, que ya había comenzado a dar +muestras de una brusquedad y entereza desusadas, tomó a Lucía por las +dos manos con que estaba ofreciendo el collar a Sol, que no veía mucho +pecado en llevarlo, y mirando a la amiga de su hija en los ojos, y +apretando sus manos con cariño a la vez que con firmeza, le dijo con +acento que dejaba pocas dudas: «No, mi niña, no», lo que Lucía entendió +muy bien, y quedó como olvidado el collar de perlas. A la mañana +siguiente, a la hora de que Sol fuese a sus clases, fue Lucía a buscarla +para que diesen una vuelta en el coche por cerca del colegio, y le +preguntó con ahínco sobresaltado y doloroso, que a quién vio, que quién +subió a su palco, que a quién llamó la atención, que dónde estaba Pedro +Real: «¡Oh! Pedro Real, tan buen mozo; ¿no te gusta Pedro Real? Yo creo +que Pedro Real llamaría la atención en todas partes. Has visto cómo +desde que te conoce no se ocupa de nadie Pedro Real»; pero pronto acabó +de hablar de esto Lucía. Quién estaba en el teatro, no le importaba +mucho saberlo: Juan no había estado; pero ¿a la salida quién estaba? ¿no +recuerdas quién estaba a la salida? ¿Estaba...? y no acababa de +preguntar quién había estado. Ni sabía Sol por quién le preguntaba. No: +Sol no había visto a nadie. Iba muy contenta. La directora la había +tratado con mucho cariño. Sí, Pedro Real había estado; pero no a +saludarla: nadie había subido a saludarla. La habían mirado mucho. +Decían que el cónsul francés había dicho una cosa muy bonita de ella. +Pero al salir, no, no vio a nadie. Sol quería llegar pronto, porque se +había quedado triste doña Andrea. Y al llegar en esta conversación al +colegio, Lucía besó a Sol con tanta frialdad, que la niña se detuvo un +momento mirándola con ojos dolorosos, que no apearon el ceño de su +amiga. Y de pronto, por muchos días, cesó Lucía de verla. Sol se había +afligido, y doña Andrea no; aunque la ponía orgullosa que le quisiesen a +su hija; pero Lucía no: ella no veía nunca con gusto a Lucía. Un día +antes de la procesión Lucía había vuelto a la casa de Sol. Que la +perdonase. Que Ana estaba muy sola. Que Sol estaba más linda que nunca. +«Mira, mañana te mandaré la camelia más linda que tenga en casa. Yo no +te digo que vengas a mi balcón, porque.... Yo sé que tú vas al balcón de +la directora. Pero mira, vas a estar lindísima; ponte la camelia en la +cabeza, a la derecha, para que yo pueda vértela desde mi balcón». Y le +tomó las manos, y se las besó; y conforme conversaba con Sol, se pasaba +suavemente la mano de ella por su mejilla; y cuando le dijo adiós, la +miraba como si supiera que corría algún peligro, y le avisase de él, y +cuando fue hacia el coche, ya se le iban desbordando las lágrimas. + +--¡Allí está, allí está!--dijo como involuntariamente, y reprimiéndose +enseguida que lo había dicho, una de las hermanas de Sol, la mayor, la +que no era bella, la que no tenía más que dos ojos muy negros y +acariciadores, expresivos y dulces como los de la llama, el animal que +muere cuando le hablan con rudeza. + +--¿Quién? + +--No, no era nadie: Juan Jerez, en el balcón de Lucía. + +--Sí, ya lo veo. Lucía está mirando para acá--y se desprendió, y volvió a +prender, para que Lucía lo notase, y supiera que pensaba en ella--. +Hermanita--dijo de pronto Sol en voz baja--; hermanita, ¿no te parece que +Juan Jerez es muy bueno? Yo quisiera verlo más. Nunca lo he visto cuando +he ido a casa de Lucía. Yo no sé qué tiene, pero me parece mejor que +todos los demás. ¿Tú crees que él querrá mucho a Lucía? + +Hermanita no quería decir nada, hacía como que no oía. + +--Juan Jerez iba antes algunas veces a casa, antes de que yo saliese del +colegio; ¿verdad? Cuéntame, tú que lo conoces. Yo sé que él se va a +casar con Lucía, aunque ella no me habla de él nunca; pero a mí me gusta +hablar de él. A Lucía no me atrevo a preguntarle, como ella no me +dice... Él ha sido muy bueno con mamá, ¿no? ¡La directora lo quiere +tanto! Mira, allí vuelve a pasar Pedro Real: ¡es buen mozo de veras! +pero yo le hallo unos ojos extraños, no son tan dulces como los de Juan. +No sé; pero el único que me dijo algo la noche de Keleffy, que no se me +ha olvidado, fue Juan Jerez. + +Hermanita no decía palabra. Se le habían puesto los ojos muy negros y +grandes como para contener algo que se salía a ellos. + +Ella, que no miraba hacia el balcón, sentía que Juan Jerez había tenido +puesta buen tiempo su mirada larga y bondadosa en Sol. Juan, que +acariciaba los mármoles, que seguía por las calles a los niños descalzos +hasta que sabía donde vivían, que levantaba del suelo las flores +pisadas, si no lo veían, y les peinaba los pétalos, y las ponía donde no +pudiesen pisarlas más. De la misma manera, y con aquel deleite honrado +que produce en un espíritu fino la contemplación de la hermosura, había +Juan mirado a Sol largamente. + +Lucía no estaba allí entonces. ¡Pobre Ana! Cuando ya iban pasando los +últimos soldados, palideció, se le cubrió el rostro de sudor, cerró los +ojos, y cayó sobre sus rodillas. La llevaron cargada para adentro, a +volverle el sentido. Parecía una santa, vestida de blanco, con su cara +amarilla. Lucía no se apartaba de su lado; Ana había vuelto en sí; Lucía +había mirado ya muchas veces a la puerta, como preguntándose dónde +estaría Juan. «¿En el balcón? ¡Que no esté en el balcón!». Y aun +desmayada Ana, por poco no le abandona la mano. + +--¡Vete, vete con Juan!--le dijo Ana, apenas abrió los ojos, y le notó el +trastorno; y con la mano y la sonrisa la echaba hacia la puerta +suavemente. + +--Bueno, bueno, vengo enseguida. + +Y fue al balcón derechamente. + +--¡Juan! + +--¿Y Ana? ¿Cómo está Ana? + +El balcón de la directora estaba ya vacío. + +--Ya está bien: ya está bien. ¡Yo no sabía dónde tú estabas! + + * * * * * + +Y volvemos ahora al pie de la magnolia, cuando ya llevaba días de +sucedido todo esto, y Sol estaba en una banqueta a los pies de Lucía, +sentada en un sillón de hierro. Ana, con sus caprichos de madre, había +querido que le llevasen aquel domingo a Sol. «¡Es tan buena, Lucía! Tú +no tienes que tenerle miedo: tú también eres hermosa. Mira: yo veo a las +personas hermosas como si fueran sagradas. Cuando son malas no: me +parecen vasos japoneses llenos de fango; pero mientras son buenas, no te +rías, me parece, cuando estoy delante de ellas, que soy un monaguillo y +que le estoy alzando la cogulla, como en la misa, a un sacerdote. Vamos, +tráeme a Sol; ¿pero es de veras que Juan no viene hoy?». + +--¡Es de veras! Sí, sí; ahora mismo voy, y te traigo a Sol. + +Sol vino, y otras amigas de Ana, mas no Adela. Vivía ya Ana en un sillón +de enfermo, porque andar le era penoso, y reclinarse no podía. Ya, como +las tardes cuando se está yendo la luz, tenía el rostro a la vez claro y +confuso, y todo él como bañado de una dulce bondad. Ni deseos tenía, +porque de la tierra deseó poco mientras estuvo en ella, y lo que Ana le +hubiera pedido a la tierra, de seguro que en ella no estaba, y tal vez +estaría fuera de ella. Ni sentía Ana la muerte, porque no le parecía a +ella que fuese muerte aquello que dentro de sí sentía crecientemente, y +era como una ascensión. Cosas muy lindas debía ver, conforme se iba +muriendo, sin saber que las veía, porque se le reflejaban en el rostro. +La frente la tenía como de cera, alta y bruñida, y hundidas las paredes +de las sienes. Aquellos ojos eran una plegaria. Tenía fina la nariz, +como una línea. Los labios violados y secos, eran como una fuente de +perdón. No decía sino caridades. Sola, sí, no quería estar ella. Tampoco +se quiere estar solo cuando se va a entrar en un viaje: tampoco, cuando +se está en las cercanías de la boda. Es lo desconocido, y se le teme. Se +busca la compañía de los que nos aman. Y más que con otras se había +encariñado Ana, en su enfermedad, con Sol, cuya perfecta hermosura lo +era más, si cabe, por aquel inocente abandono que de todo interés y +pensamiento de sí tenía la niña. Y Ana estaba mejor cuando tenía a Sol +cogida de la mano, en cuyas horas Lucía, sentada cerca de ellas, era +buena. + +Dormía Ana en aquellos momentos, cuando en el patio hablaban Lucía y +Sol. Hablaban del colegio, que había dado su examen en aquella semana, y +dejaba a Sol libre durante dos meses: y a Sol no le gustaba mucho +enseñar, no, «pero sí me gusta: ¿no ves que así no pasa mamá apuros? +¡Mamá!». Y Sol contaba a Lucía, sin ver que a esta al oírlo se le +arrugaba el ceño, cómo inquietaban a doña Andrea los cuidados de Pedro +Real, de que no hablaba la señora, porque la niña no se fijase más en +él; pero ella no, ella no pensaba en eso. + +--No, ¿por qué no? + +--No sé: yo no pienso todavía en eso; me gusta, sí, me gusta verle pasear +la calle y cuidarse de mí; pero más me gusta venir acá, o que tú vayas a +verme, y estar con Ana y contigo. Luego, Pedro Real me da miedo. Cuando +me mira, no me parece que me quiere a mí. Yo no sé explicarlo, pero es +como si quisiera en mí otra cosa que no soy yo misma. Porque a mí me +parece, ¡anda, Lucía, tú puedes decirme de eso! a mí me parece que +cuando un hombre nos quiere, debemos como vernos en sus ojos, así como +si estuviéramos en ellos, y dos veces que he visto de cerca a Pedro +Real, pues no me ha parecido encontrarme en sus ojos. ¿No es, verdad, +Lucía, que cuando a uno lo quieren le sucede a uno eso? + +En la mano de Lucía se encogió de pronto el cabello de Sol con que +jugaba. + +--¡Ay! me haces daño. + +--¿Quieres que vayamos a ver cómo está Ana? + +Y ya se estaba poniendo en pie para ir a verla, y arreglándose Sol los +cabellos, aquellos cabellos suyos finos, de color castaño con reflejos +dorados, cuando a un tiempo se oyeron dos diversos ruidos: uno en el +cuarto de Ana, como de mucha gente que se moviera y hablara +agitadamente, otro a la puerta de la calle, donde, con aire +desembarazado, saltaba un hombre opuesto, de una mula de camino. + +--¡Juan!--murmuró Lucía, poniéndose más blanca que las camelias. + +--¿Juan Jerez?--dijo Sol alegrándosele el rostro, y acabando +apresuradamente de sujetarse las trenzas. + +Lucía, en pie y ceñuda, y con los ojos puestos sobre Sol, a quien +turbaba aquel silencio, aguardó apoyada en la silla de hierro, a Juan +que, reparando apenas en Sol, venía hacía su prima con las manos +tendidas. + +--Señorita Sol, ¿qué me le ha hecho a mi Lucía? ¿Por qué no sales a +recibirme? ¿para castigarme porque por verte hoy he andado veintidós +leguas en mula? + +A Lucía se le veían temblar los labios imperceptiblemente, y como crecer +los ojos. Su mano se sacudía entre las de Juan, que la miraba con +asombro. + +Sol hacía como que sobre una mesita un poco alejada arreglaba las flores +de un vaso. + +--Lucía, ¿qué tienes? + +--¡Sol, Lucía, vengan!--dijo acercándose a ellas una de sus amigas que +salía del cuarto de Ana precipitadamente--. Ah, Juan, que bueno que esté +aquí. Ve, Lucía, ve, yo creo que Ana se muere. + +--¡Ana! + +--Sí, mande enseguida por el médico. + +Saltó Juan en la mula, y echó a escape. Sol ya estaba al lado de Ana, +Lucía miró muy despacio a la puerta de la calle, miró con ira a aquella +por donde había entrado Sol, y se quedó unos momentos de pie, sola en el +patio, los dos brazos caídos, y apretados a los costados, fijos los ojos +delante de sí tenazmente. Y echó a andar hacia el cuarto de Ana después +de haber mirado a su alrededor a todos los lados, como si temiese. + + * * * * * + +¡Al campo! ¡al campo! Todos van al campo. Todos, sí, todos. Adela y +Pedro Real, Lucía y Juan, y Ana y Sol. Y, por supuesto, las personas +mayores que por no influir directamente en los sucesos de esta narración +no figuran en ella. ¡Al campo todos! + +El médico llegó aquel domingo en momentos en que Ana abría los ojos, que +a Sol arrodillada al borde de su cama fue lo primero que vieron. + +--¡Ah, tú, Sol!--y Sol le pasaba la mano por la frente, y le apartaba de +ella los cabellos húmedos. + +Lucía arreglaba las almohadas de manera que Ana pudiera estar como +sentada. Sus amigas todas rodeaban la cama, y Ana, sin fuerzas aun para +hablar, les pagaba sus miradas de angustia con otras de reconocimiento. +Parecía que era dichosa. Sol quiso retirar la mano con que tenía asida +la de Ana; pero Ana la retuvo. + +--¿Qué ha sido, eh, qué ha sido? Sentí como si todo un edificio se +hubiese derrumbado dentro de mí. Ya, ya pasó. Ya estoy bien. Y se le +cayó la cabeza al otro lado de las almohadas. + +El médico la halló de esta manera, le puso el oído sobre el corazón, +abrió de par en par la ventana y las puertas, y aconsejó que solo +quedase junto a ella la persona que ella desease. + +Ana, que parecía no oír, abrió los ojos, como si el aire le hubiese +hecho bien, y dijo: + +--Juan ha llegado, Lucía. + +--¿Cómo sabes? + +--Vete con Juan, Lucía. Sol, tú te quedas. + +Miró Sol a Lucía, como preguntándole; a Lucía, que estaba en pie al lado +de la cama, duros los labios y los brazos caídos. + +Juan llamaba a la puerta en este instante, y el médico lo entró en el +cuarto, de la mano. + +--Venga a decirme si no es locura pensar que corre riesgo esta linda +niña--y con los ojos, desdecía el médico sus palabras--. Pero es +indispensable que la enfermita vea el campo. Es indispensable. No me +pregunte usted qué remedio necesita--dijo el médico clavando los ojos en +Juan--. Mucho reposo, mucho aire limpio, mucho olor de árboles. +Llévenmela donde haya calor, estos tiempos húmedos pueden hacerle mucho +daño. Si mañana mismo pueden ustedes disponer el viaje, sea mañana +mismo. Pero, niña, no se me vaya a ir sola. Lleve gente que la quiera, y +que la arrope bien por las mañanitas y por las tardes. ¿Y esta +señorita?--añadió volviéndose a Sol--. Y creo que usted se me pone buena +si lleva consigo a esta señorita. + +--Oh, sí, Sol va conmigo; ¿no, Juan? + +--Por supuesto--dijo Juan vivamente, pensando con placer en que así se +regocijaría Ana, cuya afición a Sol le era ya conocida, y se daría una +prueba de estimación a la pobre viuda--: por supuesto que la llevamos. Va +a ser una gala de los ojos ver ir por un caminito de rosales que yo me +sé, cogidas del brazo, a Sol, Ana y Lucía. Lucía, mañana nos vamos. Sol, +voy ahora a su casa a pedirle permiso a doña Andrea. ¿Te parece, Lucía +que invitemos a Adela y a Pedro Real? ¡Upa, Ana, upa! Allá tengo unos +inditos en el pueblo que te van a dar asunto para un cuadro delicioso. +¿Vamos, doctor?--acarició Juan una mano de Ana, besó la de Lucía, con un +beso que la regañaba dulcemente y salió al corredor, hablando como muy +contento, con el médico. + +Ana llamó a Lucía con una mirada, y así que la tuvo cerca de sí, sin +decir palabra, y sonriendo felizmente, trajo sobre su seno con un +esfuerzo las manos de Lucía y de Sol, que estaban cada una a un lado de +ella, y paseando sus ojos por sobre sus cabezas, como conversándoles, +retuvo largo tiempo unidas las manos de ambas niñas bajo las suyas. + +Y Sol miró a Lucía de tan linda manera, que no bien Ana se quedó como +dormida, se acercó Lucía a Sol, la tomó por el talle cariñosamente, y +una vez en su cuarto, empezó a vaciar con ademanes casi febriles sus +cajas y gavetas. + +--Todo, todo, todo es para ti--y Sol quería hablar, y ella no la dejaba--. +Mira, pruébate este sombrero. Yo nunca me lo he puesto. Pruébatelo, +pruébatelo. Y este, y este otro. Esos tres son tuyos. Sí, sí, no me +digas que no. Mira, trajes: uno, dos, tres. Este es el más bonito para +ti. ¿Oyes? Yo quiero mucho a Pedro Real. Yo quiero que tú quieras a +Pedro Real. Que te vea muy bonita. Que te vean siempre más bonita que +yo. Pero óyeme, a Juan no me lo quieras. Tú déjame a Juan para mí sola. +Enójalo. Trátalo mal. Yo no quiero que tú seas su amiga. ¡No, no me +digas nada! sí, es chanza, sí, es chanza. ¿Ves? Este vestido malva sí te +va a estar bien. A ver, qué bien hace con tu pelo castaño. ¿Ves? Es muy +nuevo. Tiene el corpiño como un cáliz de flor, un poco recto; no como +esos de ahora, que parecen una copa de champaña: muy delgados en la +cintura, y muy anchos en los hombros. La saya es lisa; no tiene +tableados ni pliegues; cae con el peso de la seda hasta los pies. ¿Ves? +a mí me está muy corta. A ti te estará bien. Es un poco ancha, a lo +Watteau. ¡Mi pastorcita! ¡mi pastorcita! Yo nunca me la he puesto. ¿Tú +sabes? A mí no me gustan los colores claros. ¡Ah! mira: aquí tienes--y +escondía algo con las dos manos cerradas detrás de su espalda--, aquí +tienes, y no te lo vas a quitar nunca, aunque se nos enoje doña Andrea. +Cierra los ojos. + +Los cerró Sol venturosa de verse tan querida por su amiga, y cuando los +abrió, se vio en el brazo, e hizo por quitarse con un gesto que Lucía le +detuvo, un brazalete de cuatro aros de perlas margaritas. + +--Sí, sí, es muy rico; pero yo quiero que tú lo tengas. No: nada, nada +que me digas: ¿ves? yo tengo aquí otro, de perlas negras. ¡Y nunca, +nunca te lo quites! Yo quiero ser muy buena--y la tomó de las dos manos, +y la besó en las dos mejillas apasionadamente--. ¡Ven, vamos a ver a Ana! + +Y salieron del cuarto, cogidas del talle. + +¡Al campo, al campo! Doña Andrea no sabe que va Pedro Real; que si lo +supiese, no dejaría ir a Sol: aunque a Juan ¿qué le negaría ella? ¡A +Juan! Ese, ese era el que ella hubiera querido para Sol. «Bueno, Juan: +que no salga al sol mucho». Juan preguntó en vano por la hermana mayor, +por Hermanita. Ella estaba en la casa cuando entró él; pero ahora no: +estará en casa de alguna vecina. ¡No, Hermanita estaba allí; estaba en +el comedor, detrás de las persianas! Ella veía a quien no la veía. +«¡Cierra los ojos, Hermanita, no veas a lo que no debes ver!». Y cuando +Juan salió, las persianas se entornaron, como unos ojos que se cierran. + +¡Al campo, al campo! Cuatro mulas tiran del carruaje, con collares de +plata y cencerro, porque Ana vaya alegre: y las mulas llevan atadas en +el anca izquierda unas grandes moñas rojas, que lucen bien sobre su piel +negra. El cochero es Pedro Real, que lleva al lado a Adela, en la +imperial, Juan y Lucía, adentro, con la gente mayor, que es muy +respetable, pero no nos hace falta para el curso de la novela, Ana +sentada entre almohadas, muy mejor con el gozo del viaje, con su +cuaderno de apuntes en la falda, para copiar lo que le guste del camino, +que ya le perece que está buena, y Sol a su lado, con un vestido de +sedilla color de ópalo, tranquila y resplandeciente como una estrella. + +Pedro Real se mordió el bigote rizado cuando vio que no iba a ser Sol su +compañera en el pescante. Y con Adela iba muy cortés. Pero ¿Ana no +necesitaría nada? Juan, ¿irá Ana bien? Deberíamos bajar. ¡Voy a bajar un +momento, a ver si Ana va bien! Bajó muchos momentos. Y las mulas, aunque +diestras, más de una vez se iban un poco del camino, como si no +estuviese bastante puesto en ellas el pensamiento del cochero. + +Era como de seis leguas el camino, y todo él a un lado y otro de tan +frondosa vegetación que no había manera de tener los ojos sino en +constante regalo y movimiento. Porque allá al fondo era un bosque de +cocoteros, o una hilera de palmas lejanas que iba a dar en la garganta +de dos montes; ya era, al borde mismo del camino, una pendiente llena de +flores azules y amarillas que remataba en un río de espumas blancas, +nutrido con las aguas de la sierra, o eran ya a la distancia, imponentes +como dos mensajes de la tierra al cielo, dos volcanes dormidos, a cuya +falda serpeada por arroyuelos de agua blanca viva y traviesa, se +recogían, como siervos azotados a los pies de sus dueños, las ciudades +antiguas, desdentadas y rotas, en cuyos balcones de hierro labrado, +mantenidos como por milagro sin paredes que los sustentasen sobre las +puertas de piedra, crecían en hilos que llegaban hasta el suelo copiosas +enredaderas de ipomea. De una iglesia que tuvo los techos pintados, y +dorados de oro fino de lo más viejo de América los capiteles de los +pilares, quedaba en pie, como una concha clavada en tierra por el borde, +el fondo del altar mayor, cobijado por una media bóveda: un bosquecillo +había crecido al amor del altar; la pared interior, cubierta de musgo, +le daba desde lejos apariencia de cueva formidable; y era cosa común y +sumamente grata ver salir de entre los pedruscos florecidos, al menor +ruido de gente o de carruajes, una bandada de palomas. Otra iglesia, de +que no había quedado en pie más que el crucero, tenía el domo +completamente verde, y las paredes de un lado rosadas y negras, como los +bordes de una herida. Y por el suelo no podía ponerse el pie sin que +saltase un arroyo. + +Llegaron a los volcanes; pasaron por las ciudades antiguas: más allá +iban; y no se detuvieron. Lucía, a la sombra de su quitasol rojo, se +sentía como la señora de toda aquella natural grandeza, y como si el +mundo entero, de que tenía a los ojos hermosa pintura, no hubiera sido +fabricado más que para cantar con sus múltiples lenguas los amores de +Lucía Jerez y de su primo. Y se veía ella misma lo interior del cráneo +como si estuviese lleno de todas aquellas flores: lo que le sucedía +siempre que estaba sola, con Juan Jerez al lado. Adela y Pedro hablaban +de formalísimos sucesos, que tenían la virtud de poner a Adela +contemplativa y silenciosa, dando a Pedro ocasión para ir callado buena +parte del camino, lo cual aprovechaba él en celebrar consigo mismo +animados coloquios: y a cada instante era aquello de: «Juan, ¿cómo +estará Ana? Bajaré un instante, a ver si se le ofrece algo a Ana». Y +Lucía reía, y daba por cosa cierta que, aunque Sol era niña recatada, ya +le había dicho que Pedro Real le parecía muy bien, y se la veía que le +llevaba en el alma: lo que a Juan no parecía un feliz suceso, aunque +prudentemente lo callaba. Adentro del carruaje, la dichosa Sol era toda +exclamaciones: jamás, jamás, en su vida de huérfana pobre, había visto +Sol correr los ríos, vestirse a los bosques fuertes de campanillas +moradas y azules, y verdear y florecer los campos. De un color de rosa +de coral se le teñían las mejillas, y el ónix de México no tuvo nunca +mayor transparencia que la tez fina de Sol, en aquella mañana de ventura +en la naturaleza. ¡Ay! la buena Ana sonreía mucho, pero había olvidado +levantar de su falda el cuaderno de notas. + + * * * * * + +Y de pronto sonaron unas músicas; se oscureció el camino como por una +sombra grata, y refrenaron las mulas el paso, con gran ruido de hebillas +y cencerros. De un salto estaba Pedro a la portezuela del carruaje, al +lado de Sol, preguntándole a Ana qué se le ofrecía. Pero aquí bajaron +todos, y Sol misma, que se volvió pronto al carruaje, para acompañar a +Ana, y animarla a tomar del breve almuerzo que los demás, sentados en +torno de una mesa rústica, gustaban con vehemente apetito, sazonado por +chistes que el piadoso Juan encabezaba y atraía, porque los oyese Ana +desde su asiento en el coche, traído a este propósito cerca de la mesa. + +Allí, en las tazas de güiro posadas en trípodes de bejuco recién cortado +de las cercanías, hervía la leche que, a juzgar por lo fragante y +espumosa, acababa de salir de la vaca de Durham que asomó su cabeza +pacífica por uno de los claros de la enredadera. Porque era aquel lugar +un lindo parador, techado y emparrado de verdura, puesto allí por los +dueños de la finca, para que los visitantes hiciesen de veras, al llegar +de la ciudad, su almuerzo a la manera campesina. Allí el queso, que +manaba la leche al ser cortado, y sabía ricamente con las tortas de maíz +humeantes que servía la indita de saya azul, envueltas en paños blancos. +Allí unos huevos duros, o blanquillos, que venían recostados, cada uno +en su taza de güiro, sobre unas yerbas de grata fragancia, que olían +como flores. Allí, en la cáscara misma del coco recién partido en dos, +la leche de la fruta, con una cucharilla de coco labrado que la +desprendía de sus tazas naturales. Y mientras duraba el almuerzo, unos +indios, descalzos y en sus trajes de lona, puestos en tierra sus +sombreros de palma, tocaban, bajo otro paradorcillo más lejano, +dispuesto para ellos, unos aires muy suaves de música de cuerda, que +blandamente templada por el aire matinal y la enredadera espesa, llegaba +a nuestros alegres caminantes como una caricia. Adela solo reía +forzadamente. Violencia tenía que hacerse Sol para no palmotear en el +carruaje. Muy feamente arrugó el ceño Lucía una vez que se acercó Juan a +la portezuela del lado de Ana, y habló con ella, haciéndola reír, unos +minutos: y en cuanto oyó reír a Sol, dejó Lucía su asiento, y se fue +ella también a la portezuela. ¡Ea! ¡Ea! ya tocan diana, que es el toque +de bienvenida y adiós, los indios habilidosos. La indita de saya azul da +a gustar a la vaca mirona una de las tazas de coco abandonadas. Al +pescante van Pedro y Adela: Lucía, menos contenta, a la imperial con +Juan. Ya la casa de la finca, toda blanca, de techo encarnado, se ve a +poca distancia. Ana ya va muy pálida; y las mulas, al olor del pesebre, +vuelan camino arriba, bajo la bóveda de espesos almendros que llenan la +avenida con sus hojas redondas y sus verdes frutas. + + * * * * * + +Mucha, mucha alegría. Lucía también estaba alegre, aunque no estaba Juan +allí. Porque no estaba Juan: el pleito de los indios, aunque aquellos +eran días de receso en tribunales como en escuelas, le había obligado a +volver al pueblecito, si no quería que un gamonal del lugar, que tenía +grandes amigos en el Gobierno, hurtase con una razón u otra a los indios +la tierra que la energía de Juan había logrado al fin les fuese punto +menos que reconocida en el pleito. Los indios habían salido de la +iglesia con su música, el domingo antes, apenas se supo que Juan no +esperaría el tren del día siguiente: y cuando le trajeron a Juan la +mula, vio que la habían adornado toda con estrellas y flores de palma, y +que todo el pueblo se venía tras él, y muchos querían acompañarle hasta +la ciudad. Una viejita, que venía apoyada en su palo, le trajo un +escapulario de la Virgen, y una guapa muchacha, con un hijo a la espalda +y otro en brazos, llegó con su marido, que era un bello mancebo, a la +cabeza de la mula, puso al indito en alto para que le diese la mano al +«caballero bueno»; y muchos venían con jarras de miel cubiertas con +estera bien atada, u otras ofrendas, como si pudiesen dar para tanto las +ancas de la caballería, muy oronda de toda aquella fiesta; y otro +viejito, el padre del lugar, mi señor don Mariano, que jamás había +bebido de licor alguno, aunque él mismo trabajaba el de sus plantíos +propios, llegó, apoyado en sus dos hijos, que eran también como +senadores del pueblo, y con los brazos en alto desde que pudo divisar a +Juan, y como si hubiera al cabo visto la luz que había esperado en vano +toda su vida: «Abrazarlo--decía--. ¡Déjenme abrazarlo! ¡Señor, todito este +pueblo lo quiere como a su hijo!». De modo que Juan, a quien había +conmovido aquellos cariños, dejó la finca, dos días después de haber +llegado a ella, no bien supo que los indios, a pesar de su esfuerzo, +corrían peligro de que se les quitase de las manos la posesión temporal +que, en espera de la definitiva, había Juan obtenido que el juez les +acordase--el juez, que había recibido el día anterior de regalo del +gamonal un caballo muy fino. + + * * * * * + +Mucha, mucha alegría. Lucía misma, que en los dos días que estuvo allí +Juan le dio ocasión de extrañeza con unos cambios bruscos de disposición +que él no podía explicarse, por ser mayores y menos racionales que los +que ya él le conocía, estaba ahora como quien vuelve de una enfermedad. + +Era la casa toda de los visitantes, por no estar en ella entonces sus +dueños, que eran como de la familia de Juan Pedro, al anochecer, salía +de caza, porque era el tiempo de la de los conejos, por allí +abundantísimos. De los que traía muertos en el zurrón no hablaba nunca, +porque Ana no se lo había de perdonar, por haber todavía en este mundo +almas sencillas que no hallan placer en que se mate, a la entrada misma +de la cueva donde tiene a su compañera y a su prole, a los pobres +animales que han salido a descubrir, para mudarse de casa, algún rincón +del bosque rico en yerbas. + +Pero los conejos, de puro astutos, suelen caer en las manos del cazador; +porque no bien sienten ruido, se hacen los muertos, como para que no los +delate el ruido de la fuga, y cierran los ojos, cual si con esto cerrase +el cazador los suyos, quien hace por su parte como que no ve, y echada +hacia la espalda la escopeta, por no alarmar al conejo que suele +conocerla, se va, mirando a otro lado, sobre la cama del conejo, hasta +que de un buen salto le pone el pie encima y así lo coge vivo: una vez +cogió tres, muy manso el uno, de un color de humo, que fue para Ana: +otro era blanco, al cual halló manera de atarle una cinta azul al +cuello, con que lo regaló a Sol; y a Lucía trajo otro, que parecía un +rey cautivo, de un castaño muy duro, y de unos ojos fieros que nunca se +cerraban, tanto que a los dos días, en que no quiso comer, bajó por +primera vez las orejas que había tenido enhiestas, mordió la cadenilla +que lo sujetaba, y con ella en los dientes quedó muerto. + + * * * * * + +Paseos, había pocos. Sin Ana, ¿quién había de hacerlos? Con ella no se +podía. Ni Sol dejaba a Ana de buena voluntad; ni Lucía hubiera salido a +goce alguno cuando no estaba Juan con ella. Adela, sí, había trabado +amistades con una gruesa india que tenía ciertos privilegios en la casa +de la finca, y vivía en otra cercana, donde pasaba Adela buena parte del +día, platicando de las costumbres de aquella gente con la resuelta +Petrona Revolorio: «y no crea la señorita que le converso por servicio, +sino porque le he cobrado afición». Era mujer robusta y de muy buen +andar, aunque esto lo hacía sobre unos pies tan pequeños que no había +modo de que Petrona llegara a ver a «sus niños» sin que le pidieran que +los enseñase, lo cual ella hacía como quien no lo quiere hacer, sobre +todo cuando estaba delante el niño Pedro. Las manos corrían parejas con +los pies, tanto que algunas veces las niñas se las pedían y acariciaban; +llevaba una simple saya de listado, y un camisolín de muselina +transparente, que le ceñía los hombros y le dejaba desnudos los hermosos +brazos y la alta garganta. Era el rostro de facciones graciosas y +menudas, de tal modo que la boca, medio abierta en el centro y recogida +en dos hoyuelos a los lados, no era en todo más grande que sus ojos. La +naricilla, corta y un tanto redonda y vuelta en el extremo, era una +picardía. Tenía la frente estrecha, y de ella hacia atrás, en dos bandas +no muy lisas, el cabello negro, que en dos trenzas copiosas, veteadas de +una cinta roja, llevaba recogida en cerquillo, como una corona, sobre lo +alto de la cabeza. Un chal de listado tenía siempre puesto y caído sobre +un hombro; y no había quien, cuando remataba una frase que le parecía +intencionada, se echase por la espalda con más brío el chal de listado. +Luego echaba a correr, riendo y hablando en una jerga que quería ser muy +culta y ciudadana; y se iba a preparar a la niña Ana, lo cual hacía muy +bien, unos tamales de dulce de coco y un chocolatillo claro, que era lo +que con más gusto tomaba, por lo limpio y lo nuevo, nuestra linda +enferma. Y mientras Ana los gustaba, Petrona Revolorio, con el chal +cruzado, se sentaba a sus pies «no por servicio, sino porque le había +cobrado afición» y le hacía cuentos. + +¿El alba, sin que Petrona Revolorio estuviese a la puerta del cuarto de +la niña Ana con su cesta de flores, que ella misma quería ponerle en el +vaso y ver con sus propios ojos, cómo seguía la niña? «¡Mi niñita: +mírenla que galana está hoy!; se lo voy a decir al niño Pedro que nos dé +un baile de convite a las señoras, y vamos a sacarla a bailar con el +niño Pedro. ¡Y él sí que es galán también, el niño Pedro! Mire, mi +niñita: no le traigo de esos jazminotes blancos, porque los de acá +huelen muy fuerte; pero aquí le pongo, en este vaso azul, esos jazmines +de San Juan, que acá se dan todo el año y huelen muy bien de noche. Con +que, mi niñita, prepárese para el baile, y que le voy a prestar un chal +de seda encarnada que yo tengo, que me la va a poner más linda que la +misma niña Sol. ¡Cómo está que se muere el niño Pedro por la niña Sol! +Pero yo no sé qué tiene la niña Adela, que está como aburrida. ¿Quiere +mi niñita los tamales hoy de coco, o de carnecita fresca? Ayer maté un +cochito, que está de lo más blando: era el cochito rosado, ¡y la carne +está como merengue! ¡Jesús, mi niñita, no me diga eso! Si yo me muero +por servirla: mire que yo soy como las tacitas de coco, que dicen en +letras muy guapas: 'yo sirvo a mi dueña'. Voy a poner la puerta de mi +casa llena de tiestos de flores, y a alquilar a los músicos, el día que +mi niñita vaya a verme. ¡Y, eso que yo no se lo hago a nadie: porque no +lo hago por servicio, sino porque le he cobrado mucha afición!». + + * * * * * + +Y Pedro, como que con la ausencia de Juan venía a ser el caballero +servidor de las cuatro niñas, ¿qué había de hacer sino estarlas +sirviendo, y mucho mejor cuando no estaba cerca Adela, y mejor aun +cuando no estaba junto a Ana, que no ponía buenos ojos cuando miraba a +la vez a Sol y a Pedro, y mejor que nunca cuando por algún acaso Lucía y +Sol estaban solas? Y siempre entonces tenía Lucía algo que hacer, ir de +puntillas a ver si seguía durmiendo Ana, ver si habían puesto de beber a +los pajaritos azules, preguntar si habían traído la leche fresca que +debía tomar Ana al despertarse: siempre tenía Lucía, cuando Pedro y Sol +podían quedarse solos, alguna cosa que hacer. + +Era el lugar de conversación un colgadizo espacioso, de tablilla bruñida +el pavimento: la baranda--como toda la casa, de madera--abierta en tres +lados para las tres escalerillas que llevaban al jardín que había al +frente de la casa. Estaba el colgadizo siempre en sombra, porque lo +vestía de verdor una enredadera copiosísima, esmaltada de trecho en +trecho por unos ramos de florecitas rojas. Colgaban del techo pintado el +fresco de unas caprichosas guirnaldas de hojas y flores como las de la +enredadera, unos cestos de alambre cubiertos de cera roja, que les hacía +parecer de coral, todos llenos de florecillas naturales, brillantes y +pequeñas, y a menudo adornados con las hebras de una parásita que crecía +sobre los árboles viejos de la finca, y era, por su verde blancuzco y +por crecer en hilos, como las canas de aquella arboleda. En los tramos +de pared, entre las ventanas interiores, realzadas con unas líneas de +vivo encarnado, había unos grandes estudios de flores en madera, pintada +con los colores naturales por los artistas del país, con propiedad muy +grande: dos de los cuadros eran de magnolia, la una casi abierta, y con +cierta hermosura de emperatriz; la otra aun cerrada en su propia rama: y +otros dos cuadros eran de las flores pomposas del marpacífico, con sus +hojas de rojo encendido, agrupadas de modo que realzase su natural +tamaño y hermosura. + +Y allí, a la suave sombra, contaba Pedro maravillas y glorias europeas a +Ana, que le oía con cariño--a Adela, que hacía como si no le +interesasen--, a Lucía, que pensaba con amorosa cólera en Juan, en Juan, +que no debía venir, porque estaba allí Sol, en Juan, que debía venir +puesto que estaba Lucía--y a Sol contaba también aquellas historias, +quien sin desagrado ni emoción las escuchaba y con sus hábitos de niña +huérfana, azorada a veces de la súbita rudeza que templaba Lucía luego +con arrebatos afectuosos, solo se sentía dueña de sí cerca de quien la +necesitaba, y ni con Adela, que parecía esquivarla, ni con la misma +Lucía, aunque esto le pesaba mucho, tenía ya la naturalidad y abandono +que con Ana, con Ana a quien aquellos aires perfumados y calurosos +habían vuelto, si no el color al rostro, cierta facilidad a los +movimientos y unos como asomos de vida. + +Hallaba Pedro con asombro que el atrevimiento desvergonzado y +celebración excesiva a que se reduce, casi siempre pagado deprisa y con +usura por las mujeres, todo el arte misterioso de los enamoradores, no +le eran posibles ante aquella niña recién salida del colegio, que con +franca sencillez, y mirándole en los ojos sin temor, decía en alto como +materia de general conversación lo que con más privado propósito dejaba +Pedro llegar discretamente a su oído. Era la niña de tal hermosura que +llevaba consigo, y de sí misma, la majestad que la defiende; y lo usual +iba siendo que cuando Lucía encontraba modo de ir a ver si los pajaritos +azules tenían agua, o si había llegado la leche fresca, no mudarse la +conversación entre Sol y Pedro, abierta por lo demás y no muy amena, del +asunto en que se estaba antes de que Lucía fuera a ver los pájaros. Ni +había cosa que a Lucía pusiese en mayor enojo que hallarlos conversando, +cuando volvía, de la caza de ayer, del jabalí en preparación, de las +fiestas de cacería en los castillos señoriales de Europa, de la pobre +Ana, de los tamales de Petrona Revolorio. Y Pedro, de otras mujeres tan +temido, era con la mayor tranquilidad puesto por Sol, ya a que le leyese +la _Amalia_ de Mármol o la _María_ de Jorge Isaacs, que de la ciudad les +habían enviado, ya, para unos cobertores de mesa que estaba bordando a +la directora, a que devanase el estambre. + + * * * * * + +--Sí, sí, hoy estaba muy hermosa. Dime, tú, espejo: ¿la querrá Juan? ¿la +querrá Juan? ¿Por qué no soy como ella? Me rasgaría las carnes: me +abriría con las uñas las mejillas. Cara imbécil, ¿por qué no soy como +ella? Hoy estaba muy hermosa. Se le veía la sangre y se le sentía el +perfume por debajo de la muselina blanca. + +Y se sentaba Lucía, sola en su cuarto en una silla sin espaldar, sin +quitarse los vestidos, ya a más de medianoche, y a poco rato se +levantaba, se miraba otra vez al espejo, y se sentaba nuevamente, la +cara entre las manos, los codos en las rodillas. Luego rompía a +hablarse: + +--Yo me veo, sí, yo me veo. ¿Qué es lo que tengo, que me parezco fea a mí +misma? Y yo no lo soy, pero lo estoy siendo. Juan lo ha de ver; Juan ha +de ver que estoy siendo fea. ¡Ay! ¡por qué tengo este miedo! ¿Quién es +mejor que Juan en todo el mundo? ¿Cómo no me ha de querer él a mí, si él +quiere a todo el que lo quiere? ¿quién, quién lo quiere a él más que yo? +Yo me echaría a sus pies. Yo le besaría siempre las manos. Yo le tendría +siempre la cabeza apretada sobre mi corazón. ¡Y esto ni se puede decir, +esto que yo quisiera hacer! Si yo pudiera hacer esto, él sentiría todo +lo que yo lo quiero, y no podría querer a más nadie. ¡Sol! ¡Sol! ¿quién +es Sol para quererlo como yo lo quiero? ¡Juan!... ¡Juan!... + +Y conteniendo la voz se iba hacia la ventana abierta, y tendía las manos +como sin querer, llamando a Juan a quien acababa de escribir sin decirle +que viniese. + +Empujó violentamente las dos hojas de la ventana, y arrodillándose de +repente junto a ella, sacó afuera, como a que el aire se la humedeciese, +la cabeza; y la tuvo apoyada algún tiempo sobre el marco, sin que le +molestase aquella almohada de madera. + +--¡No puede ser! ¡no puede ser!--dijo levantándose de pronto--: Juan va a +quererla. Lo conozco cada vez que la mira. Se sonríe, con un cariño que +me vuelve loca. Se le ve, se le ve que tiene placer en mirarla. Y luego +¡esa imbécil es tan buena! No es mentira, no: es buena. ¿Yo misma, yo +misma no la quiero? ¡Sí, la quiero, y la odio! ¿Qué sé yo qué es lo que +me pasa por la cabeza? ¡Juan, Juan, ven pronto; Juan, Juan, no vengas! + +¿Cómo no ha de quererla Juan?--decía la infeliz, entre golpes de +lágrimas, a los pocos momentos, siendo aquel llanto de Lucía extraño, +porque no venía a raudal y de seguida, aliviando a la que lloraba, sino +a borbotones e intervalos, sofocándola y exaltándola, parecido al agua +que baja, tropezando entre peñas, por los torrentes--. ¿Cómo no ha de +quererla Juan, si no hay quien ame lo hermoso más que él, y la Virgen de +la Piedad no es tan hermosa como ella? Juan.... Juan...--decía en voz +baja, como para que Juan viniese sin que nadie lo viera--; ¡sin que Sol +lo viera! + +Y si viene... y si la mira... ¡yo, no puedo soportar que la mire!... ¡ni +que la mire siquiera! Y si está aquí un mes, dos meses. Y si ella no +quiere a Pedro Real, porque no lo quiere, y Ana le dice que no lo +quiera. Y ella va a querer a Juan ¿cómo no va a quererlo? ¿Quién no lo +quiere desde que lo ve? Ana lo hubiera querido, si no supiese que ya él +me quería a mí; ¡porque Ana es buena! Adela lo quiso como una loca; yo +bien lo vi, pero él no puede querer a Adela. Y Sol ¿por qué no lo ha de +querer? Ella es pobre; él es muy rico. Ella verá que Juan la mira. ¿Qué +marido mejor puede tener ella que Juan? Y me lo quitará, me lo quitará +si quiere. Yo he visto que me lo quiere quitar. Yo veo como se queda +oyéndole cuando habla; así me quedaba yo oyéndole cuando era niña. Yo +veo que cuando él sale, ella alza la cabeza para seguirle viendo. ¡Y van +a estar aquí un mes, dos meses! ella siempre con Ana, todos con Ana +siempre. Él recreando los ojos en toda su hermosura. Yo, callada a su +lado, con los labios llenos de horrores que no digo, odiosa y fiera. +Esto no ha de ser, no ha de ser, no ha de ser. O Sol se va, o yo me iré. +Pero ¿cómo me he de ir yo?; ¡que me lo robe alguien si puede!--y abrió +los brazos en la mitad del cuarto, como desafiando, y le cayó por las +espaldas desatada la cabellera negra. + +¡Que no se sienten juntos: que yo no lo vea! + +Y con los labios apoyados sobre el puño cerrado, quedó dormida en un +sillón cerca de la ventana, sombreándole extrañamente el rostro, al +agitarse movida por el aire, la cabellera negra. + +¿A quién vio la mañana siguiente Lucía, sentado en el colgadizo, con Sol +y con Ana? Venía con paso lento, y como si no hubiera querido venir. + +--¡No le diga, no le diga!...--a Sol que se levantaba como para avisarle. + +Venía Lucía con paso lento, y Ana y Sol, que conocían las habitaciones +de la casa, sabían que era ella quien venía. Volvió Sol a su asiento. +Juan hizo como que hablaba muy animadamente con Ana y con ella. Lucía +llegó a la puerta. Los vio sentados juntos, y como que no la veían. +Tembló toda. ¿Entra? ¿Sale? ¡Juan! ¡allí Juan! ¡Juan así! Se clavó los +dientes en el labio, y los dejó clavados en él. Volvió la espalda, se +entró por el corredor que iba a su habitación; a Sol que fue corriendo +detrás de ella: «¡Vete! ¡vete!», y entró en su cuarto, cerrando tras de +sí con llave la puerta. + +¡A Juan que, suponiéndola apenada, no bien acabó con cuanta prisa pudo +su empeño en el pueblo de los indios volvió a la ciudad, y de allí, +aprovechando la noche por sorprender a Lucía con la luz de la mañana, +emprendió sin descansar el camino de la finca a caballo y de prisa! ¡A +Juan, que con amores muy altos en el alma, consentía, por aquella piedad +suya que era la mayor parte de su amor, en atar sus águilas al cabello +de aquella criatura, no tanto por lo que la amaba él, sin que por eso +dejase de amarla, sino por lo que lo amaba ella! ¡A Juan que, puestos en +las nubes del cielo y en los sacrificios de la tierra sus mejores +cariños, no dejaba, sin embargo, por aquella excelente condición suya, +de hacer, pensar u omitir cosa con que él pudiera creer que sería +agradable a su prima Lucía, aunque no tuviese él placer en ella! ¡A Juan +que, joven como era, sentía, por cierto anuncio del dolor que más parece +recuerdo de él, como si fuera ya persona muy trabajada y vivida, quienes +a las mujeres, sobre todo en la juventud, parecían encantadores +enfermos! ¡A Juan, que se sentía crecer bajo del pecho, a pesar de lo +mozo de sus años, unas como barbas blancas muy crecidas, y aquellos +cariños pacíficos y paternales que son los únicos que a las barbas +blancas convienen! ¡A Juan, que tenía de su virtud idea tan exaltada +como la mujer más pudorosa, y entendía que eran tan graves como las +culpas groseras los adulterios del pensamiento! + +¡A Juan, porque, ya después de aquellas cartas extrañas que Lucía le +había escrito a la finca sin hablarle de su vuelta, recibirlo de aquel +modo, con aquella mirada, con aquella explosión de cólera, con aquel +desdén! ¿Pues cuándo había cesado de pensar Juan, cuándo, que aquel +cariño que con tanta ternura prodigaba, sin fatiga ni traición, sobre su +prima, era como una concesión de él, como un agradecimiento de él, como +una tentativa, a lo sumo, de asir en cuerpo y ver con los ojos de la +carne las ideas de rostro confuso y vestidura de perlas, que cogidas del +brazo y con las alas tendidas, le vagaban en giros majestuosos por los +espacios de su mente? Pues sin el alma tierna y fina que de propia +voluntad suya había supuesto, como natural esencia de un cuerpo de +mujer, en su prima Lucía, ¿qué venía a ser Lucía? ¿Qué hombre, que lo +sea, ama a una mujer más que por el espíritu puro que supone en ella, o +por el que cree ver en sus acciones, y con el que le alivia y levanta el +suyo de sus tropiezos y espantos en la vida? Pues una mujer sin ternura +¿qué es sino un vaso de carne, aunque lo hubiese moldeado Cellini, +repleto de veneno? Así, en un día, dejan de amar los hombres a la mujer +a quien quisieron entrañablemente, cuando un acto claro e inesperado les +revela que en aquella alma no existen la dulzura y superioridad con que +la invistió su fantasía. + +--Estará enferma Lucía. Ana--dile que la saludaré luego--. Voy a ver a +Pedro Real. Sol, gracias por lo buena que es usted con Ana. Usted tiene +ya fama de hermosa, pero yo le voy a dar fama de buena. + +Lucía oyó esto, que hizo que le zumbasen las sienes y le pareciese que +caía por tierra: Lucía, que sin ruido había abierto la puerta de su +cuarto, y había venido hasta la de la sala, para oír lo que hablaban, en +puntillas. + + * * * * * + +Violentos fueron, a partir de entonces, los días en la finca. Ni Ana +misma sabía, puesto que tenía a Sol constantemente a su lado, qué +causaba la ira de Lucía. Esta cesó cuando Juan, tomándola a la tarde de +la mano, la llevó, mientras que Pedro y Adela buscaban flores de saúco +para Ana, a la sombra de un camino de rosales que daba al saucal, y +donde había de trecho en trecho unos bancos de piedra, y al lado unos +atriles, de piedra también, como para poner un libro. En la mirada y en +la voz se conocía a Juan que algo se le había roto en lo interior, y le +causaba pena; pero con voz consoladora persuadía a Lucía quien, con +pretextos fútiles, que no acertaba Juan a entender ni excusar, ocultaba +la razón verdadera de su ira, que ella a la vez quería que Juan +adivinase y no supiese: «¡porque si no lo es, y se lo digo, tal vez sea! +Y no lo es, no, yo creo ahora que no lo es; pero si no sabe lo que es +¿cómo me va a perdonar?». Y airada ya contra Juan irrevocablemente, como +si las nubes que pasan por el cielo del amor fueran sus lienzos +funerarios, se levantaron como si hubieran hecho las paces, pero sin +alegría. + +Pusiéronse en esto los días tan lluviosos, que ni Pedro iba a casa, ni +Adela a la de la Revolorio, ni podía Ana salir al colgadizo, ni Sol y +Lucía, sino estar cerca de ella; ni Juan, fuera de sus horas de leer, +que le fatigaban ahora que no estaba contento, tenía modo de estar +alejado de la casa. Ni había con justicia para Juan placer más grato, +ahora que en Lucía había entrevisto aquel espíritu seco y altanero, que +estar cerca de Ana, cuyo espíritu puro con la vecindad de la muerte se +esclarecía y afinaba. Y se asombraba Juan, con razón, de haber pasado, +libre aun, cerca de aquella criatura que se desvanecía, sin rendirle el +alma. Esta misma contemplación del espíritu de Ana, cuya cabalidad y +belleza entonces más que nunca le absorbían, le apartaron del riesgo, en +otra ocasión acaso inevitable, de observar en cuán grata manera iban +unidas en Sol, sin extraordinario vuelo de intelecto, la belleza y la +ternura. + +Con Lucía, no había paces. Lo que no penetraba Ana, ¿cómo lo había de +entender Sol? En vano, Sol, aunque ya asustadiza, aprovechando los +momentos en que Ana estaba acompañada de Juan o de Pedro y Adela, se iba +en busca de Lucía, que hallaba ahora siempre modo de tener largos +quehaceres en su cuarto, en el que un día entró Sol casi a la fuerza, y +vio a Lucía tan descompuesta que no le pareció que era ella, sino otra +en su lugar: en el talle un jirón, los ojos como quemados y encendidos, +el rostro todo como de quien hubiese llorado. + +Y ese día Lucía y Juan estaban en paz: ni permitía Juan, por parecerle +como indecoro suyo, aquel llevar y traer de cóleras, que le sacaban el +alma de la fecunda paz a que por la excelencia de su virtud tenía +derecho. Pero ese día, como que Ana se fatigase visiblemente de hablar, +y Adela y Pedro estuviesen ensayando al piano una pieza nueva para Ana, +Juan, un tanto airado con Lucía que se le mostraba dura, habló con Sol +muy largamente, y se animó en ello, al ver el interés con que la enferma +oía de labios de Juan la historia de Mignon, y a propósito de ella, la +vida de Goethe. No era esta para muy aplaudida, del lado de que Juan la +encaminaba entonces, y tan hermosas cosas fue diciendo, con aquel +arrebatado lenguaje suyo, que se le encendía y le rebosaba en cuanto +sentía cerca de sí almas puras, que Pedro y Adela, ya un tanto +reconciliados, vinieron discretamente a oír aquel nuevo género de +música, no señalada por el artificio de la composición ni pedantesca +pompa, sino que con los ricos colores de la naturaleza salía a caudales +de un espíritu ingenuo, a modo de confesiones oprimidas. Lucía se +levantaba, se mostraba muy solícita para Ana, interrumpía a Juan +melosamente. Salía como con despecho. Entraba como ya iracunda. Se +sentaba, como si quisiera domarse. «Sol, ¿habrán puesto agua a los +pájaros?». Y Sol fue, y habían puesto agua. «Sol, ¿habrán traído la +leche fresca para Ana?». Y Sol fue, y habían traído la leche fresca para +Ana. Hasta que, al fin, salió Lucía, y no volvió más: Sol la halló +luego, con los ojos secos y el talle desgarrado. + +Y aquello crecía. Hoy era una dureza para Sol. Otra mañana. A la tarde +otra mayor. La niña, por Ana y por Juan, no las decía. Juan, apenas +bajaba. Lucía, con grandes esfuerzos, lograba apenas, convertido en odio +aparente todo el cariño que por Juan sentía, disimularlo de modo que no +fuese apercibido. ¿Quién había de achacar a Sol tanta mudanza, a Sol +cuya pacífica belleza en el campo se completaba y esparcía, pues era +como si la vertiese en torno suyo, y por donde ella anduviese fueran, +como sus sombras, la fuerza y la energía? ¿A Sol, que sobre todos +levantaba sus ojos limpios, grandes y sencillos, sin que en alguno se +detuviesen más que en otro; con Lucía, siempre tierna; para Ana, una +hermanita; con Pedro, jovial y buena; con Juan, como agradecida y +respetuosa? Pero ese era su pecado: sus ojos grandes, limpios y +sencillos, que cada vez que se levantaban, ya sobre Juan, ya sobre otros +donde Juan pudiese verlos, se entraban como garfios envenenados por el +corazón celoso de Lucía; y aquella hermosura suya, serena y decorosa, +que sin encanto no se podía ver, como la de una noche clara. + + * * * * * + +Hasta que una noche: + +--No, Sol, no: quédate aquí. + +--¿Ana, adónde vas? ¿Qué tienes, Ana? ¿Salir tú del cuarto a estas horas? +¡Ana! ¡Ana! + +--Déjame, niña, déjame. Hoy, yo tengo fuerzas. Llévame hasta la mitad del +corredor. + +--¿Del corredor? + +--Sí: voy al cuarto de Lucía. + +--Pues bueno, yo te llevo. + +--No, mi niña, no--se sentó un momento, con Sol a sus pies, le abrazó la +cabeza, y la besó en la frente. Nada le dijo, porque nada debía decirle. +Y se levantó, del brazo de ella. + +--Es que sé lo que tiene triste a Lucía. Déjame ir. De ningún modo vayas. +Es por el bien de todos. + +Fue, tocó, entró. + +--¡Ana! + +Ana, casi lívida y tendiendo los brazos para no caer en tierra, estaba +de pie, en la puerta del cuarto oscuro, vestida de blanco. + +--Cierra, cierra. + +Se habló mucho, se oyeron gemidos, como de un pecho que se vacía, se +lloró mucho. + +Allá a la madrugada, la puerta se abría, Lucía quería ir con Ana. + +--No, no, quiero llevarte; ¿cómo has de ir sola si no puedes tenerte en +pie? Sol estará despierta todavía. Yo quiero ver a Sol ahora mismo. + +--¡Loca! ¡Hasta cuándo eres buena, loca! A Juan, sí, en cuanto lo veas +mañana, que será delante de mí, bésale la mano a Juan. A Sol, que no +sepa nunca lo que te ha pasado por la mente. Vamos: acompáñame hasta la +mitad del corredor. + +--¡Mi Ana, madrecita mía, mi madrecita! + +Y lloró Lucía aquella mañana, como se llora cuando se es dichoso. + + * * * * * + +¡Fiesta, fiesta! El médico lo ha dicho; el médico, que vino desde la +ciudad a ver a la enferma, y halló que pensaba bien Petrona Revolorio. +¡Fiesta de flores para Ana! + +¡Todos los músicos de las cercanías! ¡Telegramas a los sinsontes! +¡Recados a los amarillos! ¡Mensajeros por toda la comarca, a que venga +toda la canora pajarería! Ana, ya se sabe de Ana: ¡Aquí no está bien, y +debe ir adonde está bien! Pero es buena idea esa de Petrona Revolorio, y +la enferma quiere que se dé un baile que haga famosa la finca. Petrona, +por supuesto, no estará en la sala, ni ese es el baile que debía dar el +niño Pedro Real; pero ella estará donde la pueda ver su niñita Ana, y +mandarle todo lo que necesite, porque «ella baila con ver bailar, y lo +que hace no lo hace por servicio, sino porque ha cobrado mucha afición». +Ya está tan contenta como si fuese la señora. Tiene un jarrón de China, +que hubo quién sabe en qué lances, y ya lo trajo, para que adorne la +fiesta; pero quiere que esté donde lo vea la niña Ana. + +¡Ahora sí que ha empezado la temporada en la finca! Andar, bien, andar, +Ana no puede; pero Petrona la acompaña mucho y Sol, siempre que van Juan +y Lucía a pasear por la hacienda, porque entonces ¡qué casualidad! +entonces siempre necesita Ana de Sol. + +El médico vino, después de aquella noche. El baile lo quiere Ana para +sacudir los espíritus, para expulsar de las almas suspicaces la pena +pasada, para que con el roce solitario no se enconen heridas aun +abiertas, para que viendo a Lucía tierna y afable, torne de nuevo la +seguridad en el alma de Juan alarmado, para que Lucía vea frente a +frente a Sol en la hora de un triunfo, y como Ana le hablará antes a +Juan, Lucía no tiemble. ¡Ana se va, y ya lo sabe!: ella no quiere el +baile para sí, sino para otros. + + * * * * * + +¡Qué semana, la semana del baile! Pedro ha ido a la ciudad. Lucía quiso +por un momento que fuera Juan, hasta que la miró Ana. + +--¡Oh, no, Juan! tú no te vayas. + +Una tristeza había en los ojos de Juan Jerez, que acaso ya nada haría +desaparecer: la tristeza de cuando en lo interior hay algo roto, alguna +creencia muerta, alguna visión ausente, algún ala caída. Mas se notó en +los ojos de Juan una dulce mirada, y no como de que se alegraba él por +sí, sino por placer de ver tierna a Lucía. ¡Son tan desventurados los +que no son tiernos! + +De la ciudad vendría lo mejor; para eso iba Pedro. ¿Quién no quería +alegrar a Ana? Y ver a Sol del Valle, que estaba ahora más hermosa que +nunca ¿quién no querría? Carruajes, los tenían casi todos los amigos de +la casa. El camino, salvo el tramo de las ciudades antiguas, era llano. +Allí habría caballerías para ayuda o repuesto. Cerca de la casa, como a +dos cuadras de ella, aderezaron para caballerizas dos grandes caserones +de madera, construidos años atrás para experimentos de una industria que +al fin no dio fruto. Pedro, antes de salir, había encargado que por +todas las calles del jardín que había frente a la casa, pusieran unas +columnas, como media vara más altas que un hombre, que habían de estar +todas forradas de aquella parásita del bosque, sembrada acá y allá de +flores azules; y sobre los capiteles, se pondrían unos elegantes cestos, +vestidos de guías de enredadera y llenos de rosas. Las luces vendrían de +donde no se viesen, ya en el jardín, ya en la casa; y estaba en camino +Mr. Sherman, el americano de la luz eléctrica, para que la hubiese bien +viva y abundante: los globos se esconderían entre cestos de rosas. De +jazmines, margaritas y lirios iban a vestirle a Ana, sin que ella lo +supiese, el sillón en que debía sentarse en la fiesta. Con una hoja de +palma, puesta a un lado de los marcos y encorvada en ondulación graciosa +por la punta en el otro, vistieron los indios todas las puertas y +ventanas, y hubo modo de añadir a las enredaderas del colgadizo, otras +parecidas por un buen trecho a ambos lados de las tres entradas, en cada +uno de cuyos peldaños, como por toda esquina visible del colgadizo o de +las salas, pusieron grandes vasos japoneses y chinos con plantas +americanas. En las paredes del salón como desusada maravilla, colgó Juan +cuatro platos castellanos, de los que los conquistadores españoles +embutían en las torres. Era por dentro la casa blanca, como por fuera, y +toda ella, salvo el colgadizo, tenía el piso cubierto por una alfombra +espesa como de un negro dorado, que no llegaba nunca a negro, con +dibujos menudos y fantásticos, de los que el del ancho borde no era el +menos rico, rescatando la gravedad y monotonía que le hubiera venido sin +ellos de aquella masa de color oscuro. + + * * * * * + +¡Gentes, carruajes, caballos! Pedro y Juan jinetean sin cesar toda la +tarde, de la casa al parador, y de este a aquella. En las ciudades +antiguas donde aun hay alegres posadas, y cierto indio que sabe francés, +han comido casi todos los invitados. A las ocho de la noche empieza el +baile. Toda la noche ha de durar. Al alba, el desayuno va a ser en el +parador. ¡Oh qué tamales, de las especies más diversas, tiene dispuestos +Petrona Revolorio! esta tarde, cuando los hizo, se puso el chal de seda. +Ana no ha visto su sillón de flores. ¿Adónde ha de estar Adela, sino por +el jardín correteando, enseñando cuanto sabe, a la cabeza de un tropel +de flores, de flores de ojos negros? + +¿Y Lucía? Lucía está en el cuarto de Ana, vistiendo ella misma a Sol. +Ella, se vestirá luego. ¡A Sol, primero! Mírala, Ana, mírala. Yo me +muero de celos. ¿Ves? el brazo en encajes. Tomo; ¡te lo beso! ¡Qué bueno +es querer! Dime, Ana, aquí está el brazo, y aquí está la pulsera de +perlas: ¿cuáles son las perlas? Y ¿de qué iba vestida Sol? De muselina; +de una muselina de un blanco un poco oscuro y transparente, el seno +abierto apenas, dejando ver la garganta sin adorno; y la falda casi +oculta por unos encajes muy finos de Malines que de su madre tenía Ana. + +--Y la cabeza ¿cómo te vas a peinar por fin? Yo misma quiero peinarte. + +--No, Lucía, yo no quiero. No vas a tener tiempo. Ahora voy a ayudarte +yo. Yo no voy a peinarme. Mira; me recojo el cabello, así como lo tengo +siempre, y me pongo ¿te acuerdas? como en el día de la procesión, me +pongo una camelia. + +Y Lucía, como alocada, hacía que no la oía. Le deshacía el peinado, le +recogía el cabello a la manera que decía. «¿Así? ¿No? Un poco más alto, +que no te cubra el cuello. ¡Ah! ¿y las camelias?... ¿Esas son? ¡Qué +lindas son! ¡qué lindas son!». Y la segunda vez dijo esto más despacio y +lentamente como si las fuerzas le faltaran y se le fuera el alma en +ello. + +--¿De veras que te gustan tanto? ¿Qué flores te vas a poner tú? + +Lucía, como confusa: + +--Tú sabes: yo nunca me pongo flores. + +--Bueno: pues si es verdad que ya no estás enojada conmigo, ¿qué te hice +yo para que te pusieras enojada? si es verdad que ya no estas enojada, +ponte hoy mis camelias. + +--¡Yo, camelias! + +--Sí, mis camelias. Mira, aquí están; yo misma te las llevo a tu cuarto. +¿Quieres? + +¡Oh! si se pusiera toda aquella hermosura de Sol la que se pusiese tus +camelias. ¿Quién, quién llegaría nunca a ser tan hermosa como Sol? ¡Qué +lindas, qué lindas, son esas camelias! «Pero tú, ¿qué flores te vas a +poner?». + +--Yo, mira: Petrona me trajo unas margaritas esta mañana, estas +margaritas. + + * * * * * + +¡Gentes, caballos, carruajes! Las cinco, las seis, las siete. Ya está +lleno de gente el colgadizo. + +Caballeros y niñas vienen ya del brazo, de las habitaciones interiores. +Carruajes y caballos se detienen a la puerta del fondo, de la que por un +corredor alfombrado, con grabados sencillos adornadas las paredes, se va +a la vez a los cuartos interiores que abren a un lado y a otro, y a la +sala. Ya desde él, al apearse del carruaje, se ve a la entrada de la +sala, donde hay un doble recodo para poner dos otomanas, como si hubiese +allí ahora un bosquecillo de palmas y flores. En un cuarto dejan las +señoras sus abrigos y enseres, y pasan a otro a reparar del viaje sus +vestidos o a cambiarlos algunas por los que han enviado de antemano. A +otro cuarto entran a aliñarse y dejar sus armas los que han venido a +caballo. Una panoplia de armas indias, clavada a un lado de la puerta de +los caballeros, les indica su cuarto. Un gran lazo de cintas de colores +y un abanico de plumas medio abierto sobre la pared, revelan a las +señoras los suyos. + +Ya suenan gratas músicas, que los indios de aquellas cercanías, +colocados en los extremos del colgadizo, arrancan a sus instrumentos de +cuerdas. Del jardín vienen los concurrentes; del cuarto de las señoras +salen; Ana llega del brazo de Juan. «Juan, ¿quién ha sido? ¿para mí ese +sillón de flores?». No la rodean mucho; se sabe que no deben hablarle. Y +¿Lucía que no viene? Ella vendrá enseguida. ¿Y Sol? ¿Dónde está Sol? +Dicen que llega. Los jóvenes se precipitan a la puerta. No viene aun. Se +está inquieto. Se valsa. Sol viene al fin: viene, sin haberla visto, de +llamar al cuarto de Lucía. «¡Voy! ¡Ya estoy!». Así responde Lucía de +adentro con una voz ahogada. No oye Sol los cumplimientos que le dicen: +no ve la sala que se encorva a su paso; no sabe que la escultura no dio +mejor modelo que su cabeza adornada de margaritas, no nota que, sin ser +alta, todas parecen bajas cerca de ella. Camina como quien va lanzando +claridades, hacia Juan camina: + +--Juan ¡Lucía no quiere abrirme! Yo creo que le pasa algo. La criada me +dice que se ha vestido tres o cuatro veces, y ha vuelto a desvestirse, y +a despeinarse, y se ha echado sobre la cama, desesperada, lastimándose +la cara y llorando. Después despidió a la criada, y se quedó vistiéndose +sola. ¡Juan! ¡vaya a ver qué tiene! + +En este instante, estaban Juan y Sol, de pie en medio de la sala, y +otras parejas, pasando, en espera de que rompiese el baile, alrededor de +ellos. + +--¡Allí viene! ¡allí viene!--dijo Juan, que tenía a Sol del brazo, +señalando hacia el fondo del corredor, por donde a lo lejos venía al fin +Lucía. Lucía, todo de negro. A punto que pasaba por frente a la puerta +del cuarto de vestir, interrumpiendo el paso a un indio, que sacaba en +las manos cuidadosamente, por orden que le había dado Juan, una cesta +cargada de armas, vio, viniendo hacia ella del brazo, solos, en pleno +luz de plata, en mitad del bosquecillo de flores que había a la entrada +de la sala, a Juan y a Sol, a la hermosísima pareja. Se afirmó sobre sus +pies como si se clavase en el piso. «¡Espera! ¡Espera!», dijo al indio. +Dejó a Juan y a Sol adelantarse un poco por el corredor estrecho, y +cuando les tenía como a unos doce pasos de distancia, de una terrible +sacudida de la cabeza desató sobre su espalda la cabellera: «¡Cállate, +cállate!», le dijo al indio, mientras haciendo como que miraba adentro, +ponía la mano tremenda en la cesta; y cuando Sol se desprendía del brazo +de Juan y venía a ella con los brazos abiertos.... + +¡Fuego! Y con un tiro en la mitad del pecho, vaciló Sol, palpando el +aire con las manos, como una paloma que aletea, y a los pies de Juan +horrorizado, cayó muerta. + +--¡Jesús! ¡Jesús! ¡Jesús!--y retorciéndose y desgarrándose los vestidos, +Lucía se echó en el suelo, y se arrastró hasta Sol de rodillas, y se +mesaba los cabellos con las manos quemadas, y besaba a Juan los pies; a +Juan, a quien Pedro Real, para que no cayese, sostenía en su brazo. +¡Para Sol, para Sol, aun después de muerta, todos los cuidados! ¡Todos +sobre ella! ¡Todos queriendo darle su vida! ¡El corredor lleno de +mujeres que lloraban! ¡A ella, nadie se acercaba a ella! + +--¡Jesús, Jesús!--entró Lucía por la puerta del cuarto de vestir de las +señoras, huyendo, hasta que dio en la sala, por donde Ana cruzaba medio +muerta, de los brazos de Adela y de Petrona Revolorio, y exhalando un +alarido, cayó, sintiendo un beso, entre los brazos de Ana. + + + + + + +End of the Project Gutenberg EBook of Amistad funesta, by José Martí + +*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK AMISTAD FUNESTA *** + +***** This file should be named 18166-8.txt or 18166-8.zip ***** +This and all associated files of various formats will be found in: + http://www.gutenberg.org/1/8/1/6/18166/ + +Produced by Chuck Greif and La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes + +Updated editions will replace the previous one--the old editions +will be renamed. + +Creating the works from public domain print editions means that no +one owns a United States copyright in these works, so the Foundation +(and you!) can copy and distribute it in the United States without +permission and without paying copyright royalties. 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It exists +because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from +people in all walks of life. + +Volunteers and financial support to provide volunteers with the +assistance they need, is critical to reaching Project Gutenberg-tm's +goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will +remain freely available for generations to come. In 2001, the Project +Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure +and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations. +To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation +and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4 +and the Foundation web page at http://www.pglaf.org. + + +Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive +Foundation + +The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit +501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the +state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal +Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification +number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at +http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg +Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent +permitted by U.S. federal laws and your state's laws. + +The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S. +Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered +throughout numerous locations. Its business office is located at +809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email +business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact +information can be found at the Foundation's web site and official +page at http://pglaf.org + +For additional contact information: + Dr. Gregory B. Newby + Chief Executive and Director + gbnewby@pglaf.org + +Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg +Literary Archive Foundation + +Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide +spread public support and donations to carry out its mission of +increasing the number of public domain and licensed works that can be +freely distributed in machine readable form accessible by the widest +array of equipment including outdated equipment. Many small donations +($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt +status with the IRS. + +The Foundation is committed to complying with the laws regulating +charities and charitable donations in all 50 states of the United +States. Compliance requirements are not uniform and it takes a +considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up +with these requirements. We do not solicit donations in locations +where we have not received written confirmation of compliance. To +SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any +particular state visit http://pglaf.org + +While we cannot and do not solicit contributions from states where we +have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition +against accepting unsolicited donations from donors in such states who +approach us with offers to donate. + +International donations are gratefully accepted, but we cannot make +any statements concerning tax treatment of donations received from +outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff. + +Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation +methods and addresses. Donations are accepted in a number of other +ways including checks, online payments and credit card +donations. To donate, please visit: http://pglaf.org/donate + + +Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic +works. + +Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm +concept of a library of electronic works that could be freely shared +with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project +Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support. + +Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed +editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S. +unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily +keep eBooks in compliance with any particular paper edition. + +Most people start at our Web site which has the main PG search facility: + + http://www.gutenberg.org + +This Web site includes information about Project Gutenberg-tm, +including how to make donations to the Project Gutenberg Literary +Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to +subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks. + +*** END: FULL LICENSE *** + diff --git a/18166-8.zip b/18166-8.zip Binary files differnew file mode 100644 index 0000000..f0687f5 --- /dev/null +++ b/18166-8.zip diff --git a/18166-h.zip b/18166-h.zip Binary files differnew file mode 100644 index 0000000..9816bf5 --- /dev/null +++ b/18166-h.zip diff --git a/18166-h/18166-h.htm b/18166-h/18166-h.htm new file mode 100644 index 0000000..63a4dba --- /dev/null +++ b/18166-h/18166-h.htm @@ -0,0 +1,6431 @@ +<!DOCTYPE html PUBLIC "-//W3C//DTD XHTML 1.0 Strict//EN" + "http://www.w3.org/TR/xhtml1/DTD/xhtml1-strict.dtd"> + +<html xmlns="http://www.w3.org/1999/xhtml"> + <head> + <meta http-equiv="Content-Type" content="text/html;charset=iso-8859-1" /> + <title> + The Project Gutenberg eBook of Amistad Funesta, by José Martí + </title> + <style type="text/css"> +/*<![CDATA[ XML blockout */ +<!-- + p { margin-top: .75em; + text-align: justify; + margin-bottom: .75em; + text-indent: 2%; + } + p.noindent{text-indent: 0%;} + p.indent{margin-left: 15%; + margin-right: 15%; + } + p.derecha {text-align: right;} + p.poema {margin-left: 25%; + margin-right: auto; + } + h1,h2,h3 { + text-align: center; + clear: both; + } + hr { width: 33%; + margin-top: 2em; + margin-bottom: 2em; + margin-left: auto; + margin-right: auto; + clear: both; + } + .linenum {position: absolute; top: auto; right: 10%;} + table {margin-left: 25%; margin-right: auto;} + body {margin-left: 10%; + margin-right: 10%; + } + a:link {color: blue; text-decoration: none; } + link {color: blue; text-decoration: none; } + a:visited {color: blue; text-decoration: none; } + a:hover {color: red } + /* XML end ]]>*/ + </style> + </head> +<body> + + +<pre> + +The Project Gutenberg EBook of Amistad funesta, by José Martí + +This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with +almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or +re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included +with this eBook or online at www.gutenberg.org + + +Title: Amistad funesta + Novela + +Author: José Martí + +Release Date: April 14, 2006 [EBook #18166] + +Language: Spanish + +Character set encoding: ISO-8859-1 + +*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK AMISTAD FUNESTA *** + + + + +Produced by Chuck Greif and La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes + + + + + +</pre> + + +<h1>Amistad funesta</h1> + +<h3><i>Novela</i></h3> + +<h1>José Martí</h1> +<hr style="width: 65%;" /> + +<p><a name="table" id="table"></a></p> +<table summary="table"> +<tr><td> +<a href="#Introduccion"><b>Introducción por Gonzalo de Quesada</b></a><br /> +<a href="#Jose_Marti_a"><b>José Martí por Miguel Tedín</b></a><br /> +<a href="#Jose_Marti_b"><b>José Martí por Román Vélez</b></a><br /> +<a href="#Marti_a"><b>Martí: Discurso pronunciado por el Doctor José Antonio González Lanuza</b></a><br /> +<a href="#Marti_b"><b>Martí por Federico Uhrbach</b></a><br /> +<a href="#Marti_su_vida_y_su_obra"><b>«Martí: su vida y su obra»</b></a><br /><br /><br /> +<a href="#Capitulo_I"><b>Capítulo I</b></a><br /> +<a href="#Capitulo_II"><b>Capítulo II</b></a><br /> +<a href="#Capitulo_III"><b>Capítulo III</b></a><br /> +</td></tr> +</table> + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="Introduccion" id="Introduccion"></a><a href="#table">Introducción</a></h2> + +<h3><a href="#table">por Gonzalo de Quesada</a></h3> + +<p>Sea su novela <i>Amistad funesta</i> el décimo volumen de las obras del +Maestro.</p> + +<p>Es milagro que ella, como casi todo lo que escribió, no se haya perdido. +Se publicó en 1885, en varias entregas, en <i>El Latino Americano</i>, +periódico bimensual, de vida efímera—órgano de la Compañía Hecktograph, +de New York—que no se encuentra hoy en biblioteca pública alguna. +Además, no apareció con el nombre de su autor sino con el seudónimo de +«Adelaida Ral», y esto hubiera hecho aun más difícil su hallazgo.</p> + +<p>Afortunadamente, un día en que arreglábamos papeles en su modesta +oficina de trabajo, en 120 Front Street—convertida, en aquel entonces, +en centro del Partido Revolucionario Cubano y redacción y administración +de <i>Patria</i>—di con unas páginas sueltas de <i>El Latino Americano</i>, +aquí y allá corregidas por Martí, y exclamé al revisarlas: «¿Qué es esto +Maestro?» «Nada—contestome cariñosamente—recuerdos de épocas de luchas y +tristezas; pero guárdelas para otra ocasión. En este momento debemos +solo pensar en la obra magna, la única digna; la de hacer la +independencia».</p> + +<p>En efecto; esta novela vio la luz a raíz de fracasados intentos para +levantar en armas, de nuevo, a nuestra tierra, intentos que no apoyó +Martí estimando que el plan no era suficiente ni el momento oportuno; +brotó de su pluma cuando—en desacuerdo con los caudillos +prestigiosos, únicos capaces, con sus espadas heroicas y legendarias, de +despertar el alma guerrera cubana—parecía oscurecido, para siempre, en +la política; fue engendrada en horas de la mayor penuria, en las que, no +obstante, rechazando las tentaciones de la riqueza y sin otra guía que +su conciencia ni otro consuelo que su inquebrantable fe en la Libertad, +sus principios no capitularon.</p> + +<p>A una miseria por palabra se pagó este trabajo, elevado de pensamiento, +galano de estilo, con enseñanzas—como todo lo suyo—para sus +compatriotas; con algo de su propia existencia.</p> + +<p>No sé que el Maestro, en otras ocasiones, cultivase este ramo literario; +pero su traducción de <i>Called back</i>, de Hugh Conway—por la cual una casa +editora le concedió, como gran generosidad, cien pesos—, luego con +brillante vestidura y el nombre de <i>Misterio</i> vendida por millares, y la +versión suya, que talmente parece un original, amorosa y admirable, de +<i>Ramona</i> de Hellen Hunt Jackson—buscada en vano en las librerías—, son +prueba evidente de que a haber dispuesto de oportunidad y sosiego para +ello, hubiera, también, triunfado en la Novela. No le faltaban elementos +por su conocimiento de la realidad del mundo y sus pasiones, anhelos y +torturas; le sobraba fantasía para hacerla resaltar; espléndido lenguaje +con que exponerla.</p> + +<p>Ni sus versos, ni parte de su correspondencia, ni sus artículos de +doctrina y de propaganda, ni sus pensamientos ni su biografía he +olvidado; pero cumpliendo con lo principal que él nos enseñó—el servicio +de Cuba—poco se ha podido terminar y solamente ha habido tiempo para +este volumen—y reunir los homenajes a su memoria que van en el mismo +prenda de que aquí, en los lejanos montes de Turingia, donde aun vibran +entre pinos seculares las liras de Goethe, Schiller y Wieland, ¡pienso +en él y en la patria!</p> + +<p>Oberhof, 4 de julio de 1911.</p> + +<p class="derecha">Gonzalo de Quesada</p> + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="Jose_Marti_a" id="Jose_Marti_a"></a><a href="#table">José Martí</a></h2> + +<h3><a href="#table">por Miguel Tedín</a></h3> + +<p class="derecha"><i>La Nación</i>, Buenos Aires, diciembre 1.º de 1909</p> + + +<p>A principios del año 1888 llegué a Nueva York en cumplimiento de una +misión profesional, y una de mis primeras diligencias fue [ir] a buscar +a Martí cuyas correspondencias a <i>La Nación</i> me habían impresionado +vivamente, revelándome un talento superior y un alma eminentemente +americana. Encontrele en su despacho del consulado oriental en Front +Street, una de las antiguas calles de la gran metrópoli y apenas llamé a +la puerta se adelantó a recibirme diciéndome: ¿Es usted el señor Tedín? +(un amigo común le había anticipado la visita), a la vez que me extendía +ambas manos con tal efusión de franqueza y sinceridad, que ese apretón +selló entre ambos una amistad que solo la muerte del gran ciudadano ha +podido cortar.</p> + +<p>Era Martí de mediana estatura, cabellera negra y abundante que rodeaba +una frente amplia y bombeada, ojos negros de mirada dulce y penetrante, +tez blanca pálida, como son generalmente los cubanos, bigote negro y +crespo y un óvalo perfecto redondeaba su fisonomía armoniosa y vivaz. En +su cuerpo delgado predominaba el temperamento nervioso, que hacía +rápidos todos sus movimientos y sus manos finas y alargadas revelaban al +hombre culto consagrado a las tareas intelectuales. Llevaba como único +adorno en uno de sus dedos un anillo de plata en el cual estaba grabada +la palabra «Cuba».</p> + +<p>Cubrían los muros de su despacho estanterías de pino blanco, algunas de +las cuales él mismo construyó, y en los pocos espacios libres que ellas +dejaban colgaban retratos de los héroes de la revolución cubana que +terminó con la paz del Zanjón, y entre los de varios literatos ocupaba +lugar preferente el de Víctor Hugo.</p> + +<p>Constituían su biblioteca, en primer término, las publicaciones que se +hacían en la América latina, cuyo progreso intelectual seguía con +avidez, habiendo escrito juicios sobre muchas de ellas; pero tampoco +faltaban los de la literatura norteamericana, cuya lengua conocía +profundamente, aunque no fuera inclinado a hablarla. Su mesa de trabajo, +sumamente sencilla, estaba siempre repleta de papeles que formaban sus +numerosos trabajos de correspondencia para los periódicos de Cuba, +Méjico, Guatemala, Argentina, y las revistas que bajo su dirección se +publicaban en Nueva York, aparte de los documentos oficiales de su +consulado. El único ornamento de ella era un tosco anillo de hierro que +tuvo de grillete durante su prisión en la isla de Cuba, cuando aun era +un niño, por causa de sus ideas liberales y que le fue regalado por su +señora madre después de su deportación a España, para que le sirviera de +amuleto en su peregrinación por la libertad de su patria.</p> + +<p>En aquel modesto despacho mantuvo por muchos años el fuego sagrado de la +independencia cubana, sin que por un momento les hicieran desfallecer ni +las disidencias entre sus propios amigos, muchos de los cuales creían +utópica la revolución, ni el espectáculo de las fortunas que se +acumulaban a su alrededor por todos los que consagraban su inteligencia +y su autoridad a los negocios comerciales.</p> + +<p>Allí llegaban y eran cordialmente recibidos no solo los sudamericanos +que deseaban un consejero honrado para orientarse en los caminos de la +vida americana, sino todos los cubanos interesados en la política de su +país. Allí conoció a Estrada Palma, que a la sazón ganaba su vida +manteniendo un pensionado de enseñanza en el estado de Nueva Jersey, y a +muchos otros después actuaron en la revolución. A todos recibía con los +brazos y el corazón abiertos y para todos tenía no solo las hermosas +palabras, sino la ayuda de su experiencia y aun de sus modestos +recursos.</p> + +<p>Su fisonomía moral se caracterizaba por la más absoluta honestidad en +todos los actos de su vida y por el mayor desprendimiento de sus propios +intereses en favor del ideal a que había consagrado su existencia, la +libertad de Cuba. Su espíritu eminentemente altruista, se asociaba a +todos los dolores ajenos y a ellos llevaba el consuelo de su palabra +inspirada; lo mismo compartía las alegrías de sus amigos. Su alma +sensible y delicada sufría con las asperezas del alma yanqui, y nunca +pudo fundirse en los moldes de ambición en que esta está vaciada. +Recibió ofertas halagadoras para que pusiera su talento de escritor al +servicio de intereses comerciales; pero jamás quiso desnaturalizar su +pluma que solo debía servir para unir a la familia latinoamericana y +para luchar por la libertad. Prefirió ser pobre con decoro (palabra que +se encuentra en casi todos sus escritos) antes que sacrificar sus +convicciones ni su tiempo a tareas menos nobles que aquella en que se +había empeñado.</p> + +<p>Poseía un raro talento de asimilación y de generalización que le +permitía abordar con brillo y con criterio sólido todos los problemas +que en el orden político o sociológico entrañan el desenvolvimiento de +las naciones y su memoria privilegiada le permitía recordar todo cuanto +había pasado por el crisol de su inteligencia. Era raro hablarle de un +libro recientemente publicado que él no lo conociera y sobre el cual +pudiera expresar su propio juicio; así como conocía a todos los hombres +que habían desempeñado un papel prominente en la vida de las naciones +latinoamericanas.</p> + +<p>Su palabra era suave, fluida, límpida como su pensamiento, sin +afectación ni rebuscamiento, y producía el encanto de una fuente +cristalina que desciende en su curso halagando los sentidos. Cuántas +veces en los días festivos, solíamos atravesar el río Hudson e +internarnos en las hermosas arboledas de las Palisades o recorríamos las +avenidas del Parque Central, y allí transcurrían insensiblemente las +horas, bajo la influencia de su palabra sana y amena que hacía olvidar +el bullicio de la metrópoli. Su oratoria sólida y rica en imágenes +brillantes se derramaba como raudales de perlas y de flores, y su +auditorio quedaba siempre cautivado por el encanto de ella. Recuerdo que +en una conferencia que dio sobre Guatemala, con el propósito de reunir y +vincular a los latinos residentes en Nueva York, tomó como tema las +flores y los pájaros que adornaban el sombrero de una señorita allí +presente, y sobre él hizo la pintura más hermosa que jamás haya leído de +la naturaleza y de la sociedad centroamericana.</p> + +<p>La impresión que a todos nos produjo fue la de hacer olvidar que nos +hallábamos bajo un cielo gris y helado, creyéndonos transportados a los +trópicos, y solo volví a la realidad de nuestra existencia cuando sentí +un «<i>hurry up</i>», pronunciado con áspero acento sajón por dos jóvenes que +pasaban a mi lado.</p> + +<p>Era un trabajador infatigable y desde el alba que empezaba su labor con +la lectura de los diarios hasta altas horas de la noche y a veces hasta +la nueva aurora que solía sorprenderlo cuando, como él decía, se hallaba +engolosinado por algún estudio en que ponía toda su alma para +transmitirla a los lectores que el obligado por las visitas de sus +amigos a quienes recibía con solícito cariño.</p> + +<p>Y no eran solo los trabajos literarios que ocupaban sus horas. Las +dividía entre estos y las conferencias que daba a los cubanos pobres, en +las que se esforzaba para vincular al elemento de color, con los de las +clases superiores, porque unos y otros debían servir para preparar la +revolución cubana que era el objeto de su permanencia en Estados Unidos.</p> + +<p>A pesar de los largos años que allí vivió, nunca pudo identificarse con +la vida americana, porque su espíritu generoso y desinteresado era +refractario a los procedimientos egoístas que constituyen el fondo del +carácter de ese pueblo. Desconfiaba con las tendencias imperialistas de +esa nación y creía que abrigaba propósitos absorbentes, contra los +cuales las repúblicas latinas debieran estar prevenidas. Méjico, decía, +solo ha podido evitar nuevas desmembraciones merced a una política +hábil, en que sin resistir directamente, ha evitado la invasión de +intereses americanos. Consideraba la conferencia monetaria +internacional, iniciada por Blaine y a la que él fue delegado por el +Uruguay, y yo lo fui por la Argentina, más como el medio de favorecer +los intereses de los Estados Unidos platistas, que el de estrechar los +vínculos de todas las naciones de América. Carece, pues, completamente +de fundamento la versión de un escritor franco-argentino, de que Martí +fuera partidario de la anexión de Cuba a los Estados Unidos, cuando, por +el contrario, veía en ellos un peligro para la independencia. Creo, sin +embargo, que sus temores eran infundados a este respecto, como lo ha +demostrado la conducta de aquella nación, para terminar la guerra y +establecer el gobierno propio de la isla y estoy convencido de que no +tienen ambiciones de predominio sobre la América latina. Mr. Elihu Root +me dijo durante su visita a esta capital, que los Estados Unidos nunca +anexionarían a Cuba y tengo la más absoluta confianza en la sinceridad +de este gran estadista americano.</p> + +<p>Los últimos años de la vida de Martí en Nueva York me son poco +conocidos. Su última carta me revelaba un estado moral deprimido por el +exceso del trabajo, que había creado en su organismo una excitación +nerviosa. «Tengo horror a la tinta, me decía, y desearía huir a los +bosques, aunque me crecieran las barbas verdes, para no ver papeles ni +sentir las fealdades de las gentes». Pasaron algunos años, durante los +cuales solo tuve noticias de él por intermedio de un amigo, cuando un +día recibí un telegrama en que me decía: «deberes ineludibles me llaman +a mi patria y necesito su ayuda, mándeme por cable quinientos dólares». +Mi situación en aquel momento era difícil y me fue imposible ayudarlo. +Tengo, pues, el remordimiento de no haber contribuido con esa suma a la +independencia de Cuba, puesto que en esos días salía Martí de Nueva York +para reunirse con el general Máximo Gómez e invadir la isla, iniciando +la nueva insurrección que dio por resultado la terminación del dominio +español.</p> + +<p>La noticia de su muerte en los primeros combates librados entre cubanos +y españoles me produjo hondo pesar. Consideraba a Martí uno de los +hombres de más talento que me había sido dado tratar y su muerte +representaba no solo una pérdida irreparable para Cuba, de la que habría +sido uno de sus preclaros presidentes, sino para la América latina toda, +pues desaparecía el escritor genial en quien el fuego de la solidaridad +americana brillaba con resplandores que iluminaban ambos continentes.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="Jose_Marti_b" id="Jose_Marti_b"></a><a href="#table">José Martí</a></h2> + +<h3><a href="#table">por Román Vélez</a></h3> + +<p class="derecha"><i>Notas de Arte</i> (Colombia), agosto 15 de 1910</p> + + +<p>Le conocí y traté en New York el año de 1891.</p> + +<p>Me consagró su amistad. La amistad es la única rosa que no tiene +espinas. La única fuente arrulladora que no tiene lodo.</p> + +<p>Fui su amigo—en el trajín social—de pocos meses.</p> + +<p>Soy su amigo perdurable por el recuerdo y la memoria.</p> + +<p>Su recuerdo es para mí un ariete, relámpago que cruza las soledades de +mi cerebro, viento agitado en mi calma abrumadora, águila que +despierta—en horas de abatimiento—a picotazos mi alma.</p> + +<p>Fui, con varios condiscípulos, expresamente a conocerle. Habitaba casa +humilde y vivía modestamente.</p> + +<p>Enamorado yo de sus escritos, deslumbrada mi juventud por aquel vuelo de +cóndores de su prosa soberana, entré a aquel Areópago con el pensamiento +en las nubes y el corazón en los labios.</p> + +<p>Eran días tétricos para los colombianos residentes en New York, días en +que un desdichado compatriota, al frente de un puesto distinguido, había +llevado a sus gavetas joyas que no eran suyas.</p> + +<p>Fue ese el tópico obligado, y Martí me decía: «los suramericanos +enviamos trozos humanos putrefactos para que estos países los escarben y +examinen, mandamos el rostro ensangrentado de la Patria para que estos +países lo abofeteen».</p> + +<p>Sobre Cuba exclamaba:</p> + +<p>«Estoy desorientado y triste, pero con la mirada siempre fija en la +cumbre inaccesible.</p> + +<p>»En mi tierra no hay más que dos hombres: Gómez y Maceo, y una bandera: +yo.</p> + +<p>»A ellos los tienen como visionarios y a mí me consideran loco. Nos han +dejado solos.</p> + +<p>»Aquí, en los momentos de angustia, en esos días lóbregos en que en vano +lucho y brego con los hombres y las cosas, al trasladar al papel mis +pobres pensamientos, no me explico, no comprendo cómo no se transforma +en Vesubio mi cabeza ni se convierte mi pluma en bayoneta.</p> + +<p>»Ustedes, los colombianos, tienen aun esperanzas de redención: allí hay +vida, hay savia, hay esplendor.</p> + +<p>Nosotros no tenemos nada.</p> + +<p>»Cuba es una tumba muy grande que guarda un cadáver más grande que ella: +la raza india muerta.</p> + +<p>»Esa raza me alienta, y la máxima de Bolívar me conforta: +'¡Venceremos!'».</p> + +<p>Calló, inclinó la cabeza meditabundo, me pareció escuchar el ruido +estruendoso de las armas en la manigua, y comprendí que aquel hombre era +algo más que tribuno, algo más que genio: ¡era la Libertad!</p> + +<p>La América latina ha sido escasa en mentes colosales. El genio, como el +célebre arbusto parlante de Sumatra, no se ha dado en América sino muy +de tarde en tarde.</p> + +<p>Ha habido ilustraciones altas y macizas, pensadores vastos y profundos, +prosistas, oradores y poetas de palabra de oro y alas luminosas; pero el +genio auténtico, la cabeza batida por aquilones y coronada de rayos, la +lengua de fuego que realza y purifica cuanto toca, la pluma gigante que +vierte a raudales la ternura, la ciencia y la filosofía... esos, han +sido muy raros en América.</p> + +<p>Genio Montalvo; genio José Martí.</p> + +<p>El primero con una sombra: el arcaísmo; el segundo, sin sombras y sin +manchas.</p> + +<p>La estulticia de las muchedumbres, el espíritu fácil al aplauso de +nuestra raza, la lisonja desmesurada de los gacetilleros, el coro vacuo +y frívolo de las mediocridades, han hecho aparecer en ocasiones como +lumbreras a seres que apenas han tocado los primeros peldaños de la +gloria.</p> + +<p>Entes grandes y pomposos—como la encina de Lebes—, pero huecos.</p> + +<p>Árboles corpulentos de espléndido ramaje, pero torcidos e inclinados a +la tierra.</p> + +<p>Hoy la serie de pensadores es como una serie de montañas, pero sin +cumbres que sobresalgan, sin picos que se despidan de las otras.</p> + +<p>La constante difusión de las luces, el espíritu incansable e +investigador del siglo, la rapidez y la facilidad en las comunicaciones, +la escuela, el libro, la prensa y la tribuna, han eliminado esas +eminencias, cúspides de la humanidad.</p> + +<p>Con la abundancia de las colinas han desaparecido los Himalayas.</p> + +<p>Con la dilatación ha resultado el aplanamiento, con el ensanche se ha +perdido la altitud.</p> + +<p>El peñón abrupto es arena rutilante.</p> + +<p>El nido es colmena.</p> + +<p>La altura es extensión.</p> + +<p>La cima ha sido cubierta por la arboleda en marcha: no se ven más que +árboles.</p> + +<p>La roca altísima ha sido invadida por el mar: no se ven más que olas.</p> + +<p>Hoy es plaza lo que ayer fue torre, lago lo que fue atalaya, cielo +inconmensurable lo que fue astro esplendoroso.</p> + +<p>«Las cumbres se han deshecho en llanuras, las llanuras son cumbres.</p> + +<p>»Son muchos los poetas secundarios, escasos los poetas eminentes +solitarios.</p> + +<p>»El genio va pasando de individual a colectivo.</p> + +<p>»El hombre pierde en beneficio de los hombres.</p> + +<p>»Se diluyen, se expanden las cualidades de los privilegiados a la masa».</p> + +<p>Las golondrinas se han elevado y los cometas han descendido.</p> + +<p>Las legiones han subido y Júpiter ha bajado.</p> + +<p>El mérito de Martí consistió precisamente en eso: haber dado sombra a +tantas grandezas.</p> + +<p>En época, en que la ciencia es ambiente y el talento multitud, él fue +Argos impoluto, gigante, solo, y ¡único!</p> + +<p>Todo tiene en la naturaleza su punto culminante, su nota dominadora, su +faz grave y severa: la selva, el roble centenario; el océano, la ola +inmensa de cresta arrebolada; el desierto, el león hirsuto y arrogante; +y la sociedad, el genio.</p> + +<p>¡Y genio fue José Martí!</p> + +<p>Murió a los 42 años y es asombrosa su labor política y literaria.</p> + +<p>A la edad en que otros comienzan a ascender, ya él traía guirnaldas del +Olimpo.</p> + +<p>En un mismo día, y en ocasiones en una misma hora, escribía un discurso, +redactaba una carta, pergeñaba una revista, otorgaba una clase, leía un +libro, hojeaba un folleto, traducía una fábula, hablaba de cosas fútiles +con su familia y de cosas lisonjeras con sus amigos.</p> + +<p>Tenía el don de contorcerse y dividirse, la cualidad de la +centuplicación.</p> + +<p>Un caso de polizoísmo.</p> + +<p>Trabajaba en una casa de comercio, colaboraba en varias sociedades y +<i>magazines</i>, sostenía incansable correspondencia con sus adictos, +enseñaba a los desgraciados, meditaba, discutía, exaltaba a los +pusilánimes, asaeteaba a los cobardes, confortaba a los sufridos, se +erguía ante los poderosos, lloraba con los indigentes; tenía un báculo +para cada caída, una esperanza para cada lacería, un bálsamo para cada +dolor, una rosa para cada beldad, un pensamiento dulce para cada +párvulo, y aun le quedaba tiempo para ser rendido y galante con la +esposa y cariñoso y afable con los hijos.</p> + +<p>Séneca, Aristóteles, Corneille, Bacon, Montaigne, Joubert, Massillón, +San Agustín, Rousseau, Voltaire, Shakespeare, Juvenal, toda una legión, +se agitaba, bullía, vibraba en aquel cerebro poderoso, hecho para los +torneos y las epopeyas, para las recias batallas y las hondas +lucubraciones.</p> + +<p>En sus manos eran a diario: el <i>Tratado de la Naturaleza</i> de +Malebranche, <i>Los Pensamientos</i> de Marco Aurelio, la <i>Historia de +España</i> de Mariana, los <i>Epigramas</i> de Marcial, las endechas de +Massinger, el <i>Capital</i> de Marx, las elegías de Propercio, los <i>Ensayos</i> +de Macaulay, las <i>Observaciones</i> de Llorente, el <i>Catecismo</i> de Lutero, +todo le era familiar, conocido, íntimo, y consideraba los periódicos +como soldados y los libros como hermanos.</p> + +<p>Para él todas las mujeres eran santas, todos los hombres buenos, todos +los guerreros dignos, todos los oficios nobles, todas las cosas bellas.</p> + +<p>El reptil, a sus ojos, se convertía en ave; el barro en oro; el erizo en +flor; el espectro en ángel.</p> + +<p>Su voluntad era granito; su espíritu, llama.</p> + +<p>Unía, a la calma de Massena, el arrojo de Murat.</p> + +<p>Aunaba, al candor de Carlos Dickens, la precisión de Víctor Hugo.</p> + +<p>Odiaba el estilo misoneico y la poesía macróstica.</p> + +<p>Admiraba más a Martos que a Castelar.</p> + +<p>Para sus compañeros y admiradores era inofensivo como la malva; para sus +enemigos, venenoso como el quedec.</p> + +<p>Polígloto, enciclopédico, polílogo.</p> + +<p>En aquellos, atardeceres mincosos de la gran Metrópoli, en que Martí +solía pasearse por las alamedas de Green Wood, ¡quién iba a imaginarse +que de aquella mano tan sencilla pendía un mundo, que tras aquella +cabeza silenciosa iba una bandada de águilas libertadoras!</p> + +<p>Su erudición, pasma. Si todos van contra él, él va contra todos. Tiene +del ala y del hacha. De la roca y del torrente. De la hoja y del rayo. +Ensalza, y va hasta lo infinito; derriba, y llega hasta el abismo. +Cuando alaba encumbra; cuando analiza, despedaza. Su palabra, ora corre +mansa, ora retumba; sus verbos, ora se deslizan, ora estallan. Algo como +un trueno avanza por entre sus frases calológicas. Se siente calor de +nube y rodar de cañones. Esculpe de una plumada; retrata de un brochazo. +Tiene arranques sublimes en que parece que la tierra se levanta o el +cielo se desploma. Tiene voces que gimen, términos que gritan, giros que +rimbomban. Se escucha vuelo de pájaros y fuego de fusilería. Su dibujo +es línea recta; su corte, el del diamante. Es paleta y es cincel. Es +terso y es hondo. Palpita y regolfa. Su ritmo es una nave que se aleja; +su dialéctica, escuadra que combate. Por entre la malla de su prosa hay +pueblos que se hunden, ejércitos que se destrozan, mares que se +revuelcan, bosques que caminan. Es raso y es acero. Es guzla y es +clarín. Es halago y es centella. Escribe versos que enamoran, filípicas +que entusiasman, libros que glorifican. Es diminuto y es excelso. +Sencillo y complicado. Es león y paloma. Oruga y colibrí. A veces se +detiene, como ante un precipicio; a veces corre veloz, como una +locomotora. Mezcla lo alto y lo bajo, lo noble y lo ruin, la mariposa y +el estiércol, la mirla y el escarabajo, el dicterio y la canción.</p> + +<p>Todo sale embellecido y purificado de aquella péñola incomparable, +péñola que hoy bendice todo un pueblo, y es lumbre de la humanidad.</p> + +<p>Su vida fue un himno permanente a todos los derechos, eterna protesta a +todas las iniquidades.</p> + +<p>Fue mentor augusto, patriota insigne.</p> + +<p>Fue principio y resumen. Alfa y Omega. Sacerdote y apóstol. Mecenas y +Catón. Sufrió, amó, creó. Conoció lo pasado, vislumbró lo porvenir. Fue +artista, gladiador, vidente. Se echó un mundo a la espalda y con él se +le vio, radioso y fatigado, camino de la inmortalidad. Ante los +obstáculos se duplicaba; ante los imposibles, no cedía. Enérgico, +rápido, tenaz. Si nublado, se alzaba; si torrente, se sumergía. Para él +era pira la existencia, átomo el universo, minutos las edades. Limpiaba, +talaba, esclarecía. Hacía surgir proclamas de los muertos, lanzas de las +tumbas, auroras de los antros, escuadrones de las piedras. Brotaba +chispas su espada; relámpagos, su pensamiento.</p> + +<p>Dominó, coronó, ascendió.</p> + +<p>Y al caer, rota la frente, en un charco de sangre, hubo irrupción de +llamas en el cielo, aglomeración de palmas en la tierra, condensación de +recuerdos y sentimientos en el corazón de los americanos.</p> + +<p>Para llorar a Martí no son suficientes las lágrimas de todos los hombres +ni el grito clamoroso de todos los siglos.</p> + +<p>¡Santa memoria de Martí, bendita seas!</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="Marti_a" id="Marti_a"></a><a href="#table">Martí</a></h2> + +<h3><a href="#table">Discurso pronunciado por el Doctor José Antonio González Lanuza</a></h3> + +<p class="derecha"><i>En la Cámara de representantes de Cuba el 19 de mayo de 1910</i></p> + + +<p>Señor Presidente y señores Representantes:</p> + +<p>Cuantos aquí nos congregamos, hacemos memoria, sin duda, de una sesión +análoga a esta—igual a esta diría mejor—en el año precedente. El +entonces designado para hablar de Martí, fue el señor Miguel Viondi, y +los que aquí estamos y estábamos aquella tarde, recordamos cuán +gratamente nos entretuvo; dando a su disertación el interés de la +relativa novedad, única a que puede aspirarse cuando del Padre de +nuestra Patria se trata hoy entre nosotros. Colocado se encontraba el +señor Viondi en ventajosas condiciones para ello: amigo íntimo de Martí, +lo había tratado durante largo tiempo y de la manera más estrecha y +podía referirnos rasgos, de esos que parecen insignificantes, pero que +mejor que ninguna otra cosa indican el temperamento y la condición +peculiar de un personaje. Refiriéndonos historias de esa clase, podía +entretenernos con algo nuevo que no supiéramos los demás, que pudiera +servir para rectificar algún juicio de detalle y para confirmar, como no +podía, menos de resultar confirmado, el juicio que en conjunto +formáramos todos de antemano del hombre insigne cuyo nombre invocamos en +estos instantes.</p> + +<p>En cambio, el que se ha designado para que lleve la palabra en el día de +hoy, y de él os hable, se encuentra en condiciones más desventajosas, +porque no tuvo la dicha de conocerlo, ni de vista; y porque de él sabe +lo que sabemos todos; y de él no puede decir otra cosa que lo que está +en la mente y en el corazón de todos. No era posible que en Cuba se +ignorara quién fue Martí, cuál fue su obra y cuál su representación +entre nosotros. Desde los más humildes—desde el punto de vista de la +inteligencia—hasta los que pueden decirse próceres de esa inteligencia, +muchos han hablado entre nosotros de aquel que por antonomasia se ha +llamado el Maestro. Historia de su vida, antecedentes de su carrera +política, antecedentes de la agitación que organizara y todos los +detalles relativos a su participación en el movimiento revolucionario +que definitivamente independizó a Cuba, son, para cuantos aquí estamos, +cosas sabidas; e igualmente son sabidas por todos los cubanos. En tal +concepto, al que no pueda referir algún aspecto de la vida personal de +aquel gran cubano, a un auditorio distinguido como este, se le coloca en +una situación verdaderamente difícil cuando se le hace hablar de Martí. +El tema es atractivo, es simpático, y porque siempre ha sido tema +atractivo y simpático, muchos lo han tratado, muchos lo han +desarrollado. El terreno, de tal modo, está espigado por completo; y yo +he de recomendarme a la benevolencia de ustedes para que con esa +benevolencia se me perdone todo lo que en mi discurso no puede menos de +ser una repetición.</p> + +<p>Pudiéramos dividir en tres partes, no iguales, cierta mente, un discurso +como el que debo pronunciar en el día de hoy: en una se puede hablar de +la vida de Martí; en otra, de su carácter y de los rasgos prominentes +del mismo; en la tercera, de su obra. Digo que no pueden ser iguales, +porque acaso algo pueda decirse más extensamente, con un relativo aire +de novedad de la segunda y de la tercera; de la primera, imposible. +Hacer aquí un resumen de su existencia, de todos conocida, sería hacer +perder tiempo a los señores que me escuchan. Su infancia; su juventud, +pobre y agitada, mucho más que su infancia; su amor al estudio; las +deficiencias de sus medios económicos; la consagración de toda su vida +al logro de un ideal; su paso por España, sus pasos en Cuba, su +residencia en las repúblicas de la América latina, su residencia en los +Estados Unidos; son cosas de todos conocidas. Su participación en el +movimiento revolucionario, su agitación en las emigraciones cubanas, su +recorrido por todos los países en los cuales creyó que podía encontrar +un eco simpático al pensamiento revolucionario y su dedicación absoluta +y definitiva a dar cuerpo a ese pensamiento y a su ensueño, ¿qué son +sino una cosa que está en la memoria y en el corazón de todos nosotros y +que no necesita ser repetida, que no debe ser repetida, porque la +repetición no sería ciertamente excusable, sería incuestionablemente +vana y presuntuosa?</p> + +<p>No hablemos, por consiguiente, de su vida. De ella, lo que parece +destacarse de una manera marcada, es esto sobre lo cual necesariamente +habré de volver, porque fue rasgo típico de su temperamento. Fue una +vida dirigida, como la aguja magnética, hacia una sola dirección; y +todas las vicisitudes y agitaciones de aquella existencia, realmente +tormentosa, vinieron al cabo a culminar en un mismo punto y en el +sentido de una sola vía, por la que se encaminaron en definitiva sus +pasos. Donde quiera que encontró cualquier oficio por el cual trató de +librar su subsistencia, la adopción de ese oficio no tuvo más objeto +sino el de lograr que fuera posible ir viviendo, para que al par que su +vida se prolongara, se realizase la obra que se había impuesto. La tarea +que desde sus tiempos de muy joven concibió en su espíritu, despertó en +el mismo el propósito de consagrarse a ella, y de hecho, posteriormente, +su vida fue, en cuanto a esa tarea, una definitiva consagración. +Naturalmente, en un hombre obsedido por esa misión, que debió creer que +providencialmente le estaba impuesta, y luego veremos por qué lo digo, +no era posible que se produjera un rumbo normal, tranquilo y constante +en la existencia. Dado el hecho de imponerse a sí mismo semejante +misión, todo lo que no fuera el cumplimiento de ella, tenía que ser +accesorio para él y accidental. Era preciso vivir; no tenía fortuna y +era preciso buscar el pan de todos los días. Un hombre de inteligencia +suficiente para haber abrazado cualquiera de esas profesiones, que si no +francamente lucrativas, permiten por lo menos vivir con comodidad, no se +podía ocupar de ninguna de ellas. Teniendo título de Abogado, no le fue +dable ejercer la profesión. Para ello hubiera tenido que radicar en un +mismo punto, que vivir en Cuba, y en Cuba española, que someterse a la +mirada recelosa de la policía española, que prescindir de todo lo que él +entendía que constituía su destino. Era preciso que librara la +subsistencia con oficios que le permitieran al propio tiempo viajar, +moverse de acá para allá, preparar el movimiento revolucionario en +definitiva. Y tan es así, que una especie de visión, de destino +providencial le animaba, que contra el parecer de la inmensa mayoría de +sus conciudadanos, contra el parecer casi unánime de ellos, entendió que +estaban maduros los tiempos, cuando todo el mundo pensaba que su +tentativa habría de abortar como extraña aventura de dementes.</p> + +<p>A veces sucede esto, y ha sucedido en muchas ocasiones en la historia de +la humanidad: no son precisamente los hombres de mayor reposo en el +carácter y más serena cultura mental los que han decidido a las +multitudes a obrar, los que han lanzado a los pueblos por el camino de +su destino verdadero. Para eso se ha necesitado casi siempre una +obsesión pasional y la impulsión que naturalmente se produce en virtud +de ella; comunicar a las multitudes el fuego que a nosotros abrasa y +hacerles realizar lo que ellas no pensaron que debieran realizar; aun +muchas veces contra la voluntad general, adivinando cuál es el estado de +la subconciencia, el deseo íntimo y verdadero de una agrupación de +hombres, para llevarlos a que ejecuten lo que quisieran ejecutar, pero +lo que no se atreven siquiera a pensar en ejecutar. De aquí el que fiel +a su destino, Martí viviera como corresponsal de periódicos, moviéndose +de acá para allá, remitiendo correspondencias a un diario denominado <i>El +Partido Liberal</i> y después a <i>La Nación</i> de Buenos Aires, ganándose su +subsistencia modestísimamente de este modo, a fin de girar por el mundo, +aunando voluntades aquí como allí, reuniendo fondos, procurando contar +con la colaboración de los que podían ponerse al frente del movimiento, +y no desmayando nunca ante ningún desastre, ni ante ningún desengaño. +¿Para qué dar detalles? Esta fue invariablemente su vida. Los accidentes +de la misma no harían sino presentar diversas facetas de esto que he +indicado como su conjunto general.</p> + +<p>Discurrir ahora acerca de su temperamento y de su carácter, de su papel +y de su misión en la obra revolucionaria cubana, tiene para mí también +un relativo inconveniente. Hace poco más de un año, cuando, en la +próxima ciudad de Matanzas se inauguraba, por iniciativa de un hombre a +quien vi entonces por última vez, el doctor Ramón Miranda, un artístico +monumento en honor de Martí, el doctor, que a ello me había comprometido +de antemano, me llevó a dicha ciudad a hacer uso de la palabra en la +ceremonia de inauguración. Entonces, refiriéndome en un breve discurso +dicho en la plaza pública, y que por ello no podía ser ni largo, ni +reposado, ni serenamente meditado, a aquello que para mí constituía +carácter típico y saliente de Martí, señalaba estas dos circunstancias +que no diré que sean absolutamente exclusivas de él, pero que en +realidad son en él más prominentes que en ningún hombre que haya podido +vivir una vida análoga a la suya y que se haya impuesto una misión como +la que él se impuso.</p> + +<p>En primer lugar, un hombre que movía a los demás a pelear, que encendía +en su patria la hoguera de la lucha tremenda, que condenaba a sus +hermanos a pasar por la crisis de un terrible martirio, estaba al propio +tiempo animado de un amor sin límites a la humanidad y de una +benevolencia para todos los humanos, por malignos que fuesen o por +errados que estuvieran; entre otros, y tal vez principalmente, para los +que consideraba sus enemigos. Y además hubo en él rasgo peculiar de su +tarea y de su esfuerzo: de todos los hombres que han podido determinar a +una colectividad, grande o pequeña, a realizar una obra común, un +propósito general, quizás él sea el que representa en esa obra común una +parte más grande por razón de su esfuerzo individual. Martí, en efecto, +fue el determinante principalísimo de la revolución cubana. El pueblo +cubano, en aquel tiempo, y cuantos vivimos en aquella época lo sabemos, +no quería en su mayoría al menos, la revolución. El Gobierno de España +nos había dejado entrever una mejor condición política, sin sacudidas ni +agitaciones violentas. Tan cierto es que aquello hubiera podido contener +la obra revolucionaria que, como se ha dicho después y repetido muchas +veces, la actitud que tomó el Gobierno español por la iniciativa del +Ministro Maura contuvo un poco a Martí. Le pareció que su ideal y su +tarea corrían peligro si aquellas reformas políticas se implantaban en +Cuba de buena fe y eran generalmente aceptadas por el pueblo cubano, en +virtud de lo cual él ya no tendría ambiente adecuado para poner por obra +sus propósitos. Fue la obcecación de los políticos españoles, de acá y +de allá, la que se levantó como una barrera ante el Ministro que acabo +de indicar y dejó el terreno aun más preparado que antes lo estaba para +que pudiera fructificar la semilla. No obstante, el Gobierno español, +volvió, como todos sabemos, a la idea de reformas políticas. El plan del +señor Maura se desechó; pero se planteó otro nuevo, que llevó el nombre +de Abarzuza; y aun cuando la generalidad entre nosotros creyó que se iba +a obtener menos de lo prometido, la mayoría se resignaba a obtener +aquello, a cambio de no tener delante de sí el fantasma de ninguna +agitación, de ninguna revolución, de ninguna lucha. Yo recuerdo que no +ya entre los elementos españoles, sino aun entre los elementos cubanos, +y muy cubanos, y muy probados, pero que no se encontraban en la +conspiración que estallaba en aquellos instantes, fue un efecto terrible +el que produjeron los primeros movimientos. He tratado a algunos, +emigrados de la guerra de los diez años, de aquellos que desde su +principio marcharon a los Estados Unidos o a algunas de las Repúblicas +Hispanoamericanas, que consideraron un acto de locura el que se iniciaba +en aquellos días. Creyeron que todo lo que se había adelantado, en 17 +años de predicación pacífica, por el Partido Autonomista, iba a ser +irremediablemente perdido; y un amigo particular mío, que se hallaba en +Madrid cuando los primeros sucesos estallaron, que salió de España muy +poco después y regresó a Cuba, hubo de declararme que en una entrevista +que tuvo pocos días antes de embarcarse con el famoso tribuno español +don Emilio Castelar, este le significó que en Cuba, se había cometido un +acto de demencia irreparable, y que los que lo cometían y los que no lo +cometían, en virtud de irremediable consecuencia de la solidaridad, +verían perturbado el sistema político de Cuba, ya que aquellos sucesos +lo harían volver mucho más atrás de donde se encontraba en el momento en +que se iniciaron los primeros esbozos de un plan de reformas. Y esa idea +de don Emilio Castelar era la idea que aquí tengan todos los que no +estaban, diré mejor, los que no estábamos comprendidos en la +conspiración; porque a pesar del papel que yo posteriormente pude +desempeñar, modesto y obscuro, en el movimiento revolucionario, he de +declararlo sinceramente, y nunca he pretendido lo contrario, en la +conspiración inicial no estuve comprendido ni iniciado; hasta el punto +de que, no sospechando que yo podía ser capaz de semejante cosa, el +señor Juan Gualberto Gómez, a pesar de haber llevado su defensa ante la +Audiencia de la Habana cuando se le procesó por la publicación de un +artículo titulado «Por qué somos separatistas», jamás contó conmigo y +aun hubo de decirme, ya en Ceuta, donde nos encontramos, que él se +hubiera dirigido a mí si hubiese sabido que yo era susceptible de ser +inyectado con semejante virus; a lo que le contesté que quizás, en +aquellos momentos, no hubiera sido yo susceptible de recibir, con fruto, +la inyección.</p> + +<p>En tales condiciones se encontraba la población de Cuba cuando Martí +empezó la obra revolucionaria. Es verdad que, como él decía, en el suelo +no se advertían los brotes primeros de la planta, pero él sintió lo que +pasaba en el subsuelo, y en el subsuelo estaba ya preparada la semilla; +prueba cómo ella fructifera. Aun los más ajenos al movimiento inicial, +se sintieron (y aquí también puedo decir, nos sentimos) inmediatamente +arrastrados por él; de tal manera que aun antes de que la invasión de +las provincias occidentales diera grave y decisiva importancia al guante +arrojado al Gobierno de España, ya habíamos sentido muchos, que veíamos +venir la ola arrolladora, que lo peor que podía suceder a los nacidos en +Cuba sería que ese Gobierno de España aplastara militarmente a la +revolución; y aun algunos, sin creer que aquella revolución podía tener +un éxito, mucho menos cercano; sin pensar que en el período +relativamente corto de tres años se triunfara; pensaron que era +necesario un movimiento general para prestar auxilios a dicha +revolución, procurando al menos colocar el pleito en condiciones de +transacción que a España resultara irremediable; primera victoria, que +había de ser victoria definitiva, un poco más tarde, de Martí ya muerto, +sobre nuestros corazones.</p> + +<p>Era, indudablemente, un hombre extraordinario el que llegó a producir en +un pueblo, pequeño o grande, eso poco importa, fenómeno como el que +acabo de indicar. Decíales a ustedes hace poco que había en realidad en +su vida toda algo que indica que él se consideraba providencialmente +destinado a semejante misión. Esa impresión, mucho tiempo después de +muerto él, la recibí directamente por unos renglones suyos, y en la obra +de menos importancia de todas aquellas que ha publicado el señor Gonzalo +de Quesada, piadoso recolector de sus escritos; en una que se titula <i>La +Edad de Oro</i> y que es un volumen que contiene los trabajos que insertara +Martí en cuatro o cinco números, muy pocos, de una revista que publicó, +dedicada a los niños, y de la que él era el director y el redactor casi +único. En uno de esos artículos, que se encuentra al principio, el que +se denomina «Tres Héroes», Martí habla a los niños, en sencillo +lenguaje, de Bolívar, de Hidalgo y de San Martín; y refiriéndose al +primero, escribe estas palabras que voy a permitirme leeros y en las que +entiendo que hay incuestionable, inconscientemente, y en síntesis, un +poco de autorretrato:</p> + +<p class="indent"> +«Bolívar era pequeño de cuerpo. Los ojos le relampagueaban, y las +palabras se le salían de los labios. Parecía como si estuviera esperando +siempre la hora de montar a caballo. Era su país, su país oprimido, que +le pesaba en el corazón, y no le dejaba vivir en paz. La América entera +estaba como despertando. Un hombre solo no vale nunca más que un pueblo +entero; pero hay hombres que no se cansan, cuando su pueblo se cansa, y +que se deciden a la guerra antes que los pueblos, porque no tienen que +consultar a nadie más que a sí mismos, y los pueblos tienen muchos +hombres, y no pueden consultarse tan pronto. Ese fue el mérito de +Bolívar, que no se cansó de pelear por la libertad de Venezuela, cuando +parecía que Venezuela se cansaba. Lo habían derrotado los españoles: lo +habían echado del país. Él se fue a una isla, a ver a su tierra de +cerca, a pensar en su tierra».</p> + +<p>Cuando esto leí hace poco más de un año, poco antes de que el señor +Viondi pronunciara aquí el discurso del año anterior, me pareció que en +estas palabras Martí se retrataba a sí mismo. No era él de aventajada +estatura, era más bien pequeño de cuerpo (acaso fuera de la propia +estatura de Bolívar); era nervioso también, como a Bolívar pintara; sus +ojos, todos los que lo conocieron lo dicen, relampagueaban; las palabras +asimismo se salían de sus labios; y cuando su pueblo se había cansado de +pelear, él no se había cansado del propósito de iniciar una nueva lucha; +él había decidido la guerra solo, porque solo a sí mismo se consultaba; +no necesitaba consultar a su pueblo y le parecía también muy difícil +consultar la opinión de muchos. Y tan había decidido la guerra él solo, +que a los jefes principales de aquella lucha, a los generales Máximo +Gómez y Antonio Maceo, los fue a buscar; y lo que no habían decidido +ellos, él hubo de decidirlo y fue él solo, él quien sacó de su inacción +a tales hombres y en la aventura los embarcó. Cuando escribía tales +palabras de Bolívar, es probable que pensara en sí mismo; es probable +que no quisiera establecer una franca comparación, cosa que su propia +modestia había de vedarle; pero yo dudo de que nadie que lo haya +conocido, de que nadie que, aun sin conocerlo, haya oído hablar de él +tanto como lo hemos oído nosotros todos, deje de encontrar su propio +espíritu, su propio temperamento, la condensación de su carácter y de su +historia, en esas líneas en que él trataba de pintar a los niños al que +fue el Libertador de la América, Central y Meridional.</p> + +<p>Aquel otro rasgo del que hablara hace poco ya se señalaba en los +momentos mismos en que la lucha tenía comienzo. Parecía a Martí que +debía dirigirse, no para conquistarlos en conquista imposible y absurda +(no hay un solo renglón en el documento a que voy a referirme en que tal +propósito aparezca), hasta a los propios soldados españoles que estaban +en Cuba; y en una especie de alocución y manifiesto que de antemano +publicara, les decía que era su adversario y enemigo, pero que no sentía +por ellos odio de ninguna especie. No los llamaba para convidarlos a la +deserción, no; les advertía el noble propósito de la lucha; y antes de +comenzarla, él, el más débil, el que solo contaba con su esfuerzo, el +que bien se daba cuenta de lo áspera y difícil que iba a resultar, en el +momento en que el encono es más natural en el espíritu del hombre, +proclamaba un ideal de fraternidad para con el adversario y de antemano +quería asegurar para un mañana más o menos incierto, pero en el cual él +tenía mucha fe, un programa de perdón, de ausencia total de rencores, de +olvido de la lucha misma.</p> + +<p>Y en efecto, ese espíritu que dominaba a toda su tentativa +revolucionaria, se vio reproducido en el momento de la victoria al final +de la guerra de Cuba. Y aun cuando en ello me repita, quiero consignar +una cosa que consignara también allá en Matanzas, en la oportunidad a +que antes me refería. Colaboradores entrambos enemigos en que tal fuera +el resultado de la revolución y de su triunfo, no solo los cubanos no +tuvimos, salvo alguna que otra manifestación aislada, que nunca pudo +traducirse en hechos, el propósito vindicativo de las ofensas pasadas, +sino que tampoco dieron los españoles muestras de despecho o de +inconformidad con los hechos consumados, y dándose cuenta oportuna de la +situación la aceptaron acaso con reservas mentales, pero con reservas +que tuvieron la discreción de no exteriorizar jamás; y así nunca, +manifestaron expresa y públicamente, ni aun durante el tiempo intermedio +de la Intervención primera, que, contentos con tal fracaso de la +Revolución vencedora, ellos deseaban que no triunfaran sus ideales +definitivos. De este modo, y con la discreción de un lado y del otro, se +ha podido lograr que la República, ni antes ni después de constituida, +se mirara por esos hombres como una condición de cosas en la cual la +vida era para ellos imposible, y tanto los unos como los otros, los que +habían triunfado con el auxilio americano, y los que habían sido +vencidos por las fuerzas unidas de cubanos y americanos; aceptaron como +cosa definitiva el nuevo orden político, cooperando todos a mantenerlo, +cada cual como ha querido, como ha podido o como ha debido.</p> + +<p>Ese amor de Martí para todo lo humano, hasta el punto de que pudo tomar +como lema de su existencia aquel verso famoso de Terencio, pues que nada +que fuera humano, en efecto, le era extraño, se manifiesta muy +principalmente hacia los pobres, hacia los humildes, hacia los débiles. +Martí se abría muy fácilmente camino en el corazón de ellos. Cuando en +compañía del que fue primer Presidente de nuestra República, ya +constituida en definitiva y reconocida por todas las naciones, don Tomás +Estrada Palma, en los últimos tiempos de la revolución, en la época en +que en el puerto de la Habana voló el acorazado americano «Maine», hice +yo un viaje a Tampa y Cayo Hueso, esto llamó profundamente mi atención. +En las casas más pobres había uno o más retratos de Martí. No se +contentaban generalmente con tener uno solo. Si lo tenían pequeño +buscaban uno más grande y conservaban el pequeño para trasladarlo a otra +habitación. Si lo tenían de busto, querían tenerlo también de cuerpo +entero. Si lo tenían a él solo, querían otro en que Martí estuviese +fotografiado en compañía de algún amigo. Y en todas las casas, por +humildes que fueran, se encontraba su imagen repetida, no una sola vez. +Así la veía uno por todos lados; la veía en el exterior de los edificios +como en el interior de los mismos; en la sala en donde se recibía al +huésped como en las habitaciones privadas; en los talleres de +tabaquería, en número bastante considerable, hasta el punto de haber +podido yo contar seis retratos en un mismo taller. Y en todas partes le +hablaban a uno de Martí. Y había gentes que se sabían de memoria el +primer discurso que dijo en Cayo Hueso; y no había reunión política en +que alguien no se encargara de recitarlos, como la obertura obligada de +la función de que se trataba; y las palabras de él, lo que había dicho, +lo que había indicado en las conversaciones particulares, el consuelo +que había prodigado a los infelices, a los desvalidos, a los tristes se +repetían diariamente; y no vivía uno en aquel lugar y en aquella época +sin ver su imagen por donde quiera, sin oír repetir sus palabras y sus +ideas por todas partes; hasta el punto de que era difícil sustraerse a +la ilusión de que estaba vivo; ¡ciertamente mucho más vivo entonces que +cuando real y efectivamente vivía!</p> + +<p>Otro de sus caracteres (cuantos lo conocieron han podido dar de esto un +testimonio constante) fue la elevación de su mente, su perenne altura +mental. Tengo entendido que, cualquiera que fuese la bondad de su +carácter, cualquiera la facilidad con que se le podían acercar, altos o +bajos, quienes desearan abordarlo, no fue, sin embargo, un hombre +alegre. No podía serlo, puesto que tenía la obsesión de una triste idea, +la idea de una misión dura y difícil, no solo para él, sino también para +sus compatriotas. Aquel amante de la humanidad iba, en efecto, a ser +causa de que se derramara sangre. Su misión no se podía realizar si no a +costa de sangre y de lágrimas; y un hombre que tenía en el corazón tan +abundante piedad para todos los hombres, condenado a realizar obra +semejante, no podía ser jovial, no podía abundar en él la alegría. Por +consiguiente no era dado a tomar en broma familiar las cosas que a +veces, a los demás, a los que vivimos reducidos a un nivel normal +humano, nos proporcionan esa frívola, pero grata impresión que hace +reír. No tenía, no podía tener lo que un amigo mío suele llamar «el +sentido cómico de los acontecimientos». Y así a veces, ante cosas +verdaderamente cómicas, su espíritu encontraba siempre un aspecto sobre +el cual se podía discutir seriamente, abandonando la broma, como algo +incompatible con su temperamento, y contemplando tan solo el lado serio +y elevado a que la cosa misma pudiera prestarse.</p> + +<p>Mi compañero de trabajo y mi íntimo amigo Pablo Desvernine, me ha +referido lo siguiente, que presenciara él una tarde, en el bufete del +señor Viondi, en donde se encontraba Martí. En aquella época el Liceo de +la Habana se hallaba establecido en la Calzada de la Reina. Era antes de +la revolución, durante un breve paso de Martí por Cuba; no solo antes de +que el movimiento revolucionario estallara, sino también antes de +aquella, para muchos aun no claramente conocida, aparición de Antonio +Maceo en La Habana. Y resultó ser que llegó al bufete del señor Viondi +un empleado suyo, un hombre sencillo y bueno, pero sin gran cultura, y +declaró, en medio de la mayor jovialidad, que el doctor José Antonio +Cortina disertaría aquella noche en el susodicho Liceo acerca de «un +inglés» que pretendía que el hombre descendía del mono. Martí se indignó +en medio de la risa general. Comenzó por advertir a aquel pobre hombre +estupefacto que no volviera nunca a expresarse en ese tono de semejante +inglés. «Ese hombre de quien usted habla, le dijo, se llama Carlos +Darwin, y su frente es la ladera de una montaña»; y continuó disertando +en este tono por diez minutos, hasta que sus amigos le interrumpieron +para hacerle comprender lo perdido e inútil de aquella disertación.</p> + +<p>En ese estado de excitación mental y con su espíritu en ese plano +intelectual y moral, se encontraba constantemente. Como hombre que se +halla obsedido por una idea, como acabo de decir, realmente triste, la +de lanzar a sus hermanos a la guerra, le era imposible la risa ruidosa y +la franca alegría. En efecto, si es cierto que su papel en la iniciativa +y en el desarrollo de la revolución fue individualmente tan decisivo +como he podido indicar (y creo que de ello no cabe duda); si se estima +que todo lo que se hizo posteriormente no fue más que consecuencia de su +energía, de su acción individual; cuantos murieron, murieron, entre +otras cosas, y principalmente porque él los lanzó a la muerte, porque a +ella los mandó; y aun así, cuantas viudas, cuantos huérfanos lloraron, +derramaron lágrimas por él; cuantos aquí se arruinaron, y cuantas +propiedades se destruyeron, y cuantos escombros se amontonaron sobre +nuestros campos, y cuanto humo tiñó la pureza de nuestro cielo, fueron +ruina, y destrucción, y escombros, y humo que a él pueden referirse como +a su causa. Todo eso fue realmente obra suya. Y hubiera podido pasarse +un balance de pro y de contra, de cargo y de data, de debe y de haber, +para saber cuál era su saldo, si no hubiera él comprendido la triste +tarea que se impusiera y decretado que ella reclamaba su propio +sacrificio. Y en efecto, tanto como el que más, mucho más que otros +revolucionarios de su índole, no tan solo entendió que debía lanzar a su +pueblo a una lucha desesperada, sino que comenzó por lanzarse con él; y +aun creo que pensó que, inmolándose en holocausto voluntario, debía +morir a las puertas mismas de la revolución.</p> + +<p>¿Quién podrá, por consiguiente, tomarle cuenta de la sangre que se +derramó, de las lágrimas que se vertieron, de todo lo que pudo suponer +aquella lucha postrera de la actual generación cubana, cuando él fue la +primera víctima, prestándose a su propia inmolación? De ese modo, +redimió todo lo que pudiera pensarse que hubo de sombrío en su obra, +aceptando para él, espontáneamente, la parte más sombría. Ya antes había +hecho un sacrificio prolongado, que no había sido cruento, pero que +había sido tan duro, por lo menos, como aquel que hiciera en el momento +de morir. Como dije antes, todos los halagos de la existencia fueron +cosas por él renunciadas. La estabilidad de la residencia en un punto +determinado; los lazos establecidos, cada día más firmes, y que hubieran +sido sin duda lazos de fervoroso afecto respecto de un hombre que tan +fácilmente cautivaba el corazón de los otros; la posibilidad de una +posición económica relativamente holgada, que para ello tenía aptitudes, +condiciones, simpatía, relaciones e inteligencia bastantes, aunque tal +vez no el carácter que se necesita para estas apacibles empresas, un +tanto vulgares; todo esto lo renunció, momento tras momento, un día tras +otro de su vida. No tuvo ni siquiera, por mucho tiempo, los placeres del +propio hogar. Errante siempre, de acá para allá; en la propia España, en +Cuba solo de paso, en los Estados Unidos, en las tierras todas de la +América latina; lo principal de su existencia fue preparar y hacer +estallar la revolución cubana. Todo lo demás que hizo fue perfectamente +secundario en su vida. Esta fue, pues, una vida de constantes +sacrificios. Por eso, con toda razón, en una conferencia que pronunciara +en 1894, sobre él, en New York, en la Sociedad Literaria +Hispanoamericana, de la cual Martí fue Presidente y fundador, terminaba +el señor Enrique José Varona declarando que su carrera podía +sintetizarse «en la palabra gloriosa que pone un nimbo resplandeciente +en torno de unos cuantos grandes nombres, en la que inmortaliza a los +Prometeos, clavados en su roca, y a los Cristos, clavados en su cruz, la +palabra Sacrificio».</p> + +<p>En ello, señores, no hizo Martí más que seguir aquella vieja tradición +de sus mayores; de nuestros mayores, sería mejor decir; ya que la firme +decisión del sacrificio había de ser la única arma de bastante temple +para proporcionar a los cubanos la victoria, remota y casi inasequible. +Cuando se recuerdan los días preliminares del conflicto, se comprende +que todo el que pensara, ya exaltado por la pasión patriótica o sin esa +exaltación y contemplando el espectáculo desde fuera, en que Cuba iba a +luchar contra España, en que una revolución no bien organizada iba a +lanzar el guante a un Estado organizado y con recursos, no podría nunca +concebir que los revolucionarios aspiraran a un éxito militar decisivo y +rápido. Aquella guerra, para resultar, tenía que prolongarse. Se tenía +el ejemplo de los diez años de martirio anterior, y aquellos diez años +de combate habían producido el efecto de que la riqueza se escapara al +pueblo cubano y pasara a otras manos, de que no quedara más que un +residuo de su anterior preponderancia económica. Empeñar una nueva lucha +era consumar la ruina completa, porque aquella debilidad frente a +aquella fuerza (fuerza y debilidad son siempre relativas) no podía +aspirar a ninguna probabilidad de triunfo, sino mediante una +perseverancia constante en el sacrificio.</p> + +<p>Algunas veces, en medio del combate, la posición respectiva de los +adversarios se exageraba por unos y por otros; y de aquí que la +revolución tropezara con algunos inconvenientes propios de la +exageración natural de sus cronistas. Recuerdo, por ejemplo, que el +general Máximo Gómez penetró un día en la ciudad de Santa Clara, y +estuvo durante algunas horas en la ciudad, y se surtió y surtió a sus +tropas de calzado y víveres, y ocupó ropas y municiones, y armamentos, y +caballos, y medicinas; y al fin tuvo que marcharse, porque no podía +sostenerse a pie firme, en tal lugar, contra las tropas españolas. Dado +lo que era la guerra de los cubanos contra España, aquella era, para tal +guerra, una brillante operación militar; pero si realmente se le +anunciaba al mundo, como se le anunció, que el Ejército cubano se había +apoderado de Santa Clara, de la capital de la provincia central de la +isla y que allí se había hecho fuerte contra las tropas españolas, la +noticia tenía el inconveniente de su exagerada importancia; y cuando se +supo después lo que había pasado realmente, la cosa pareció pequeña, +precisamente en virtud de su exageración; y el resultado fue que los +periódicos franceses, más tarde, cuando recibían algunas noticias por +nuestro conducto ponían delante de ellas, con letra bastardilla, +«<i>Source Cubaine</i>», para dar a entender que todo aquello era sospechoso +de exageración, si no de mentira.</p> + +<p>Por eso, y antes de hoy lo he dicho, nuestra grandeza verdadera ha +estado en el tesón del sacrificio. De todos aquellos que han abrigado +ese empeño del sacrificio para conseguir la realización de un ideal, +ninguno lo ha hecho con más firmeza y más altura y más decisión que +Martí; muchos han sido inferiores, ciertamente, a él en este terreno. +Por eso creo que el señor Varona tenía razón cuando afirmaba que aquella +palabra era la síntesis más cabal de toda su existencia: en el tiempo de +su vida, haciéndola penosa, mirándolo todo como secundario, salvo aquel +propósito fundamental y esencial de todos sus días, uno tras otros; y +después, al iniciarse la lucha, lanzándose frente al enemigo, buscando +la muerte y encontrándola al fin; ¡él no fue más que un sacrificado +consciente y espontáneo, desde el primer momento hasta el último!</p> + +<p>Nosotros somos los herederos de esa obra suya, como de otras obras que +se han unido a la de él en una tarea común; y una herencia como esta, no +es lícito aceptarla a beneficio de inventario: sus herederos deben +aceptarla sin ninguna especie de restricción, con las ventajas y con los +inconvenientes, con los bienes y con las cargas. Por eso yo, que he +pasado muchas veces como un pesimista, solo porque he visto acaso de un +modo más claro, y he tenido un tanto más de atrevimiento para decirlo en +alta voz, lo que había entre nosotros de inconveniente y de malo, me he +dado a mí mismo una, si se quiere, inmodesta satisfacción, declarándome, +cuando otros me llamaban pesimista, un optimista fundamental. Hasta tal +punto, que un amigo que me conoce me reprochaba una vez diciéndome que +la lectura de los sucesos pasados iba a producir en mi espíritu una +peculiar atonía, porque cualesquiera que fueran nuestros males, hojeando +un libro de Historia, de cualquier pueblo, de cualquier época, +encontraba en sus páginas el relato de una situación infinitamente peor. +Y es verdad, señores Representantes. Recuerdo que leyendo una vez en la +colección de monografías históricas publicada bajo la dirección del +profesor Oncken, de Berlín, una <i>Historia del Islamismo en Oriente y +Occidente</i>, encontré un pasaje en que el autor habla de los Emiratos +independientes que surgieron de la primera invasión mogola, en el Asia +Menor y en Armenia. Hubo una serie sucesiva de años en que toda aquella +historia tuvo una trágica monotonía desesperante: degüellos de +poblaciones enteras, incendios y saqueos de ciudades, exterminio de sus +habitantes sin perdón ni aun para niños ni ancianos, lucha incesante de +los pueblos entre sí y contra los invasores comunes; tales son las +simétricas y feroces alternativas de aquella historia. Esta no tiene más +sucesos que referir que esos que he indicado; y el autor del libro +declaraba que para no repetir hasta la náusea hechos exactamente iguales +y horrorosos, iba a limitarse a decir que aquello duró hasta el año +tantos y a dar la lista de los soberanos que reinaron en todo ese +tiempo. Y yo, al leerlo, pensaba: «¡Todavía los turcos encuentran +armenios que degollar!»; y recordaba con cuánta razón, aunque el +consuelo aparezca, viniendo del diablo, Mefistófeles adoctrinaba a +Fausto diciéndole: «En vano un día tras otro amontono torbellinos, +huracanes, incendios, volcanes y lluvias; extirpo al hombre, creo +extirparlo, de la superficie de la Tierra; ¡pero no lo logro en +definitiva, porque aquella maldecida simiente de Adán, jamás perece y +siempre germinal, siempre brota, en ancho río, una sangre vigorosa y +nueva!».</p> + +<p>Ese debe ser, ciertamente, nuestro consuelo. Ahora, para experimentar en +toda su intensidad este consuelo, es preciso hacer un esfuerzo por +llegar a una determinada altura moral y mental; porque es preciso darnos +cuenta de que ese renacimiento y ese bienestar que mañana nos esperan, +tal vez no los gozaremos nosotros; los gozarán tan solo los que vengan +detrás de nuestra generación. ¿Qué importa? Nosotros somos en Cuba la +generación que consiguió realizar la libertad. ¿No es esto bastante +premio para nuestro esfuerzo? ¡Si no nos ha sido posible, si no nos ha +de ser posible llegar también a conseguir la felicidad, pensemos que +esta será sin duda el premio de una generación posterior: el nuestro lo +tenemos ya, lo hemos conseguido!</p> + +<p>¿No somos felices en el presente? Hagamos todo lo que hacerse quepa para +serlo en el futuro; y si llegamos a perder la esperanza de serlo +nosotros mismos, hagamos todo lo posible porque lo sean nuestros hijos. +¿Qué mejor recompensa para el esfuerzo de nuestros mayores, para el +esfuerzo definitivo que nosotros hicimos? Vivamos, por consiguiente, +persuadidos de esa idea, vivamos perfectamente compenetrados de que la +generación que nos precediera fue mucho más desgraciada, mucho más +sacrificada que la nuestra. Luchó más tiempo que nosotros. Los que la +componían se arruinaron por completo, siendo ricos; sufrieron lo +indecible, habiendo nacido felices; y en medio del vigor de la humana +fortaleza, a la mitad del camino de la vida, tristemente se desangraron +y murieron; ¡y no tuvieron la compensación que nosotros hemos tenido, la +de ver tremolando sobre el suelo de su patria la bandera de sus +ilusiones y de sus ensueños!</p> + +<p>Si nosotros lo conseguimos, si al fin pudimos lograrlo y convertirlo en +una realidad, ¿por qué pedir más? Siempre me he dicho esto a mí mismo, y +realmente no he pedido mucho más. Creo, sí, que cuanto haga el hombre +por señalar a sus compatriotas las deficiencias del presente en que +vive, es bueno y es saludable; pero debe hacerlo serenamente y sin ira, +cumpliendo con su deber de heredero de herencia semejante con tesón y +energía, pero sin desesperarse nunca; comprendiendo que el mal es humano +y que de él no se podrá jamás desligar la humanidad. Porque hay que +tener en cuenta que el hombre, considerado como colectividad, progresa +solo muy lentamente y adelanta de una manera análoga a aquella empleada +para cumplir su voto por un conde francés que, en la Edad Media, hizo el +juramento de marchar a Tierra Santa caminando cuatro pasos hacia +adelante y tres hacia atrás; de manera que andando siete pasos tan solo +adelantaba uno. No marcha más rápidamente la humanidad. Al contrario, +aun me parece que marcha con mayor lentitud; pero adelanta al fin, y eso +es lo único que podemos pedir al Destino. Así el mañana será ciertamente +mejor que el presente; y nosotros habremos sido dignos herederos de +nuestros causantes si vivimos considerando el estado actual de cosas no +como algo definitivo, que debe satisfacernos, sino como algo transitorio +que tenemos necesidad de mejorar. Si estimamos que las condiciones +políticas del presente no son buenas, comprendamos que todo lo que en +ellas nos parezca malo ha de ser cosa modificable y mejorable; y cada +cual desde su punto de vista, harmonizando cuanto quepa su interés +personal con el interés colectivo, haga todo lo que pueda para conseguir +ese mejoramiento.</p> + +<p>En suma, si pasajeros del momento presente, tenemos por lo menos la +aspiración ideal de considerarnos ciudadanos definitivos de una ciudad +más perfecta, que está aun por fundar, y trabajamos para fundarla, ¿qué +nos impedirá ser más felices, como premio de tal esfuerzo en el futuro? +Y así pudiera terminar estas reflexiones con que he entretenido la +atención vuestra, repitiendo, aunque para alterarle un tanto su sentido, +una frase que se contiene en la epístola de San Pablo a los hebreos: «No +tenemos aquí por cierto una residencia duradera, permanente; es una +residencia futura, una ciudad futura, la que debemos buscar». «<i>Non +habemus hic manentem civitatem</i> 2, <i>sed futuram inquirimus</i>!».</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="Marti_b" id="Marti_b"></a><a href="#table">Martí</a></h2> + +<h3><a href="#table">por Federico Uhrbach</a></h3> + +<p class="derecha"><i>El Fígaro</i>, noviembre 30 de 1910</p> + + +<h3>Martí</h3> + +<h3><i>Ante su mármol</i></h3> + +<h3>Para Manuel Sanguily, grande de corazón y pensamiento.</h3> + +<p class="poema"> +Alma, escuda con la malla milagrosa de la rima<br /> +el dolor y el desaliento que florecen en tu sima<br /> +cuando evoca la tristeza la visión de la contienda,<br /> +y fecundo rompa el brote vigoroso del ensueño<br /> +con la gloria fulgurante del audaz y heroico empeño <span class="linenum">5</span><br /> +y el fugaz deslumbramiento de la trágica leyenda.<br /> +</p><p class="poema"> +Sí en la niebla del recuerdo melancólica perdura<br /> +desolada la memoria que en un vuelo de amargura<br /> +reconstruye la sangrienta florescencia de tu duelo,<br /> +no perturbe de tu llanto la corriente inagotable <span class="linenum">10</span><br /> +la salmodia del tributo que se eleva inmensurable<br /> +de la patria, en la piadosa gracia cándida de un vuelo.<br /> +</p><p class="poema"> +Si inextinto el sedimento doloroso de la brega<br /> +engañosos espejismos simulando dulce entrega<br /> +fingen, alma, a tu miseria formular consolaciones, <span class="linenum">15</span><br /> +rinde el plácido reclamo de sagrada tregua, el triste<br /> +cavilar en la tragedia de tus lágrimas, y asiste<br /> +con tu lauro al homenaje de exaltar consagraciones.<br /> +</p><p class="poema"> +¡Cuán radiante en la lejana perspectiva del pasado,<br /> +como lampo que emergiera de las ondas de un nublado <span class="linenum">20</span><br /> +se destaca luminosa de la pálida penumbra,<br /> +la apostólica figura del vidente mensajero<br /> +del amor y la justicia, con su rostro de lucero<br /> +y el hechizo de su genio que encadena y que deslumbra!<br /> +</p><p class="poema"> +De la gloria a los destellos la romántica silueta <span class="linenum">25</span><br /> +del creyente que adunaba sus lirismos de poeta<br /> +con la viva llamarada de sus trágicos lirismos,<br /> +resplandece como un astro que las almas ilumina<br /> +con el fuego milagroso de su bíblica doctrina,<br /> +como un rayo de la aurora diafaniza los abismos. <span class="linenum">30</span><br /> +</p><p class="poema"> +Soñador de rara estirpe de sublimes soñadores<br /> +que persiguen la anhelada redención de los dolores,<br /> +heredad fosca y estéril de los seres infelices,<br /> +fue su vida inmaculada de fecundas enseñanzas,<br /> +en los tristes vencimientos alentar las esperanzas <span class="linenum">35</span><br /> +y en las bregas afanosas restañar las cicatrices.<br /> +</p><p class="poema"> +Prisionero que en la sombra perdió el alba de la vida,<br /> +desterrado que en la playa de región desconocida<br /> +inició su apostolado domeñando adversidades,<br /> +al templar el alma al soplo de rebeldes embriagueces <span class="linenum">40</span><br /> +prendió el sol que disipara las profundas lobregueces<br /> +que opusieran a su empeño las humanas tempestades.<br /> +</p><p class="poema"> +Las estancias cadenciosas de sus trémulos poemas<br /> +guardan bálsamos y mieles, no los fieros anatemas<br /> +forjan lanzas aceradas en la urdimbre de su estrofa, <span class="linenum">45</span><br /> +y en la gama de su verso melancólico y flexible<br /> +hay, si hiere, un dulce ruego de perdón indefinible,<br /> +y un espíritu doliente y amoroso si apostrofa.<br /> +</p><p class="poema"> +Incansable peregrino de un errante y largo viaje,<br /> +fue llevando por las rutas de su audaz peregrinaje <span class="linenum">50</span><br /> +en la alforja de sus sueños su dolor de clima en clima,<br /> +su dolor que fue acicate, voz nostálgica de aliento,<br /> +al lanzar, transfigurado, su profético lamento<br /> +en la breña de la pampa y en la nieve de la cima.<br /> +</p><p class="poema"> +Con su influjo persuasivo de amoroso misionero, <span class="linenum">55</span><br /> +anunció la buena nueva prodigando en el sendero<br /> +de su gracia luminosa floraciones tempraneras,<br /> +y simula en la grandeza de su inmenso simbolismo<br /> +un radiante Nazareno de exaltado iluminismo<br /> +de un Jordán próvido y nuevo predicando en las riberas. <span class="linenum">60</span><br /> +</p><p class="poema"> +De su voz al suave encanto de sutiles inflexiones<br /> +la piedad acariciaba los heridos corazones<br /> +como un trémolo de liras, como un trémolo de auroras,<br /> +y el fulgor ultraterrestre que irradió en clarividencias,<br /> +fulguró como la estrella que orientaba las conciencias <span class="linenum">65</span><br /> +a las márgenes lustrales de las iras redentoras.<br /> +</p><p class="poema"> +Paladín de una cruzada de gloriosos caballeros<br /> +que oficiaron por la patria con la cruz de sus aceros,<br /> +ofreciose en holocausto como símbolo y proclama,<br /> +y cayó como una torre que alevoso el rayo asedia, <span class="linenum">70</span><br /> +reflejando en la pupila la visión de la tragedia<br /> +y prendiendo un meteoro del zodiaco de la fama.<br /> +</p> + + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="Marti_su_vida_y_su_obra" id="Marti_su_vida_y_su_obra"></a><a href="#table">«Martí: su vida y su obra»</a></h2> + +<h3><a href="#table">por Néstor Carbonell</a></h3> + +<p class="derecha"><i>Oración pronunciada el día 23 de febrero de 1911, en el Ateneo de La Habana</i></p> + + +<p>Señoras y señores: o mis buenos amigos y buenos compañeros, Jesús +Castellanos y Max Henríquez Ureña, entusiastas organizadores de estas +hermosas lides del pensamiento, me hicieron el honor de invitarme para +que consumiera un turno en ellas, consulté la mente, y no hallé tema que +me subyugara: consulté luego el corazón, y hallé, José Martí. Con este +amado nombre por bandera y por escudo, escalo esta tribuna. Pero yo no +vengo aquí como juez a juzgar su personalidad, ni como crítico a +analizar su obra letra luego difundir por los aires el juicio que lo +rebaje o enaltezca. No es ese mi propósito: quede tarea tan difícil como +ingrata, para quien tenga más ambición que la mía y menos temor de su +saber y su persona. Yo vengo aquí, sin más autoridad que la del limpio +corazón enamorado de lo sublime, a rememorar, siquiera sea brevemente, +la vida meritísima y gloriosa, la vida llena de infinitas ternuras y +cruentos martirios de ese enorme soñador melancólico, caballero de todas +las justicias, que sufrió por la patria al través de los años de su +existencia, cuanto hombre puede sufrir, y cayó desplomado de su corcel +de guerra, para no levantarse jamás, como un Aquiles de poema, en la +trágica hermosura del combate, peleando como simple soldado por la +libertad, en un luminoso mediodía de mayo.... Yo vengo aquí a recordar +sus doctrinas, su bello y magnífico ideal: la República con todos y para +el bien de todos, la República de «ojos abiertos» y sin secretos, la +República equitativa y trabajadora, ancha y generosa, altar de sus hijos +y no pedestal de ellos, la República cuya primera Ley fuera el amor y el +respeto mutuo de todos los derechos del hombre, la República culta, con +los libros de aprender al lado de la mesa de ganar el pan, la República +con su templo orlado de héroes, la República sin camarillas, sin +misterios y sin calumnias, ¡la República! y no la mayordomía espantada o +la hacienda lúgubre de privilegios y monopolios irritantes; la República +justa y real en donde fuera un hecho el reconocimiento y la práctica de +las libertades verdaderas. Yo vengo aquí, hoy que crece en nuestro suelo +el manzanillo enfermo del pesimismo, y en que diríase que se está +pudriendo y desmigajando por momentos el alma nacional, a evocar su +memoria sagrada, y al evocarla, a pedir a vosotros todos—y en vosotros a +todos mis conciudadanos—, menos política aleve, menos intriga sutil, +menos ambiciones, menos complicidades, menos emboscadas tenebrosas: y +más piedad para los yerros y ofensas, y más respeto para todos los +preceptos constitucionales, y más rectitud para rechazar a los que sean +capaces de invitar al deshonor y al crimen, y más pureza para defender +los principios patrios, y más voluntad para no codearse con los viles, y +más valor para sacarlos por el cuello y ponerlos adonde el sol los queme +y los destruya.... Yo vengo aquí, a rendir el tributo infeliz de mis +palabras, al literato insigne, al poeta sincero, al orador maravilloso, +al hombre tierno y sonoro, grande y bueno, que despertó en mi alma, ya +con las armonías incomparables de su joyante prosa, ya con los trinos +melodiosos de sus versos, ya con el himno triunfal de su voz +pitonisaria, el amor inextinguible por la Libertad y la Belleza; al +hombre cuya cabeza ya está hueca, cuyos labios ya están mudos, cuya mano +está ya deshecha, al apóstol y al mártir que reposa para siempre en la +almohada eterna y en el inmortal silencio.... Vengo aquí, en fin, +trémulo y reverente, como hijo agradecido y amoroso, a ofrendarle mis +pobres flores, mis flores descoloridas y sin perfume, mis pobres flores +que acaso manos traidoras arrebaten y despedacen, atendiendo al dolor +que en algunos vivos proporciona la glorificación de aquellos muertos +cuyas virtudes no saben; o no quieren imitar.... Sí, porque es triste +cosa, pero es lo cierto; todo aquel que posee una cualidad +extraordinaria, lástima, sin más que eso, al que no tiene ninguna: no +hay bien de uno que no traiga la tristeza de otro; no se rinde homenaje +a un muerto que no vaya acompañado por malignas lágrimas o malignas +sonrisas. El mundo rebosa de gentes que sufren con todo triunfo ajeno y +quisieran ir por él con una pica derribando cuanto les sobresale: y de +gentes parasitarias que se ríen de todo lo que no comprenden. Pero... +desprecio para ellos los envidiosos y desdeñosos de oficio, ¡lástima de +sus humanas envolturas tan vilmente rebajadas! Aunque, quién sabe si por +ello son más grandes los grandes de la tierra, los que han pasado sin +doblar las rodillas por el mundo. Ellos son la espuma que salpica la +barca y también la ola que la lleva a seguro puerto; la nube que oculta +la estrella y también la sombra que la hace resaltar; el puñal que hiere +y que envenena y la mano que venda y que restaura; el chiste raquítico +que rebaja y la oda resonante que eleva y dignifica; la multitud que +recrimina y aplasta y el pueblo que corona y premia; los gusanos que +destruyen el cadáver y las flores que crecen sobre las sepulturas. Ellos +son la consagración: no hay gloria completa sin el beso de una hermosa y +sin la mordedura de un malvado; nadie puede llamarse francamente +triunfador si no ha sentido posarse sobre su frente tiernas miradas de +mujeres y crueles y sarcásticas miradas de hombres... ¡Ah! quién diera a +mis palabras la pujanza de águilas bravías o potros cerriles, para +pregonar con ellas a despecho de afilados dientes y rastreros silbidos, +y no ya por la isla infeliz, sino bajo todos los techos del mundo, el +genio y la bondad del divino maestro. Pero mis palabras, débiles +mariposas, apenas si podrán en su vuelo llegar hasta vosotros, y apenas +si podrán expresar el sobrenatural trastorno que de mí se ha apoderado, +desde que sé, porque lo he prometido, que es deber mío rememorar su vida +llena de sacrificios y perdones, recordar sus doctrinas bañadas de fe y +amor, decir algo que sea de su literatura y poesía originales, rendir mi +homenaje de admiración y de cariño entrañable al hombre sin tacha, a +pesar de fealdades e impurezas de la tierra, al hombre dulce y amable, +que es hoy, al cabo de quince larguísimos años de desaparecido, luz +serena y deleitosa en mi cerebro, ternura y bondad y alas en mi +corazón... ¡Su vida! ¿Y podrá el pensamiento desbordado seguirla en su +carrera de gloria y de dolor? ¿Podrá la palabra humana, humo y cáscara, +y vestidura tantas veces de las más bajas pasiones, relatar tanta +grandeza como encierra su vida? Nació José Martí en cuna humilde, en La +Habana, el 28 de enero de 1853, en la casa marcada con el n.º 102 de la +calle de Paula. Nació en plena corrupción colonial, cuando era Cuba +mártir, el vertedero de todo lo podrido, el refugio de todos los +estorbos, de todos los hambrientos y desocupados de España, cuando era +nuestra tierra, el criadero de una milicia viciosa y enfermiza, robada a +la Agricultura y a la Industria de su país; cuando era esta ciudad, +jardín de América hoy, corral blando y holgado de Capitanes Generales +infecundos, logreros e imperiosos; cuando la bandera roja y gualda +flotaba sobre nuestra casa y a su sombra los cubanos estaban condenados +a perpetua cobardía y los españoles autorizados para enriquecerse y +engordar sus vicios insolentes; cuando el criollo moría en la miseria y +el peninsular paseaba satisfecho en el carruaje comprado con el oro que +manaba del crimen; cuando había más cárceles que escuelas, y el látigo +infamante chasqueaba sobre las espaldas de los hombres de una raza tan +necesitada de justicia como la nuestra; cuando el cubano que no se +sometía a servir de celestino al pisaverde madrileño que lo solicitara, +iba a purgar su osadía en el presidio; cuando el talento de los nativos +dormía echado bajo la bota del déspota ceñudo, y la capa torera sobre +los hombros y la cinta de hule en el sombrero, eran los únicos +pasaportes de honor y las únicas cédulas de vida, verdaderas. Entonces +nació Martí. Fue su padre don Mariano, español, y Sargento cumplido del +Ejército; y su madre, doña Leonor Pérez, hija de Canarias. El sábado 12 +de febrero del mismo año en que naciera, fue bautizado en la iglesia del +Santo Ángel Custodio por el presbítero don Tomás Sala y Figuerola. Al +nacer Martí su padre desempeñaba el cargo de Celador de Policía, o lo +que es lo mismo, tenía título sobrado para matar o encarcelar a los que +no creyera fieles a la <i>madre patria</i>. Pero don Mariano era un hombre +honrado aunque de escasa inteligencia y maneras rudas y despóticas. +Cuando Martí tenía un año de nacido, lo llevaron a España a donde fueron +sus padres a visitar unos parientes. Cerca de diez meses estuvieron por +Valencia, al cabo de los cuales regresaron a La Habana, continuando don +Mariano en el desempeño de su antiguo destino. Los padres, pues, de +Martí, españoles, lo educaban en el amor a España y en la sumisión más +absoluta a su Gobierno. Y la aspiración más ardiente de ellos era el ver +algún día a su «Pepe»—así lo llamaban—empleado en la misma faena +policiaca que el viejo. Pero aunque el hombre no viene al mundo hecho, +sino que se hace y se moldea al calor de los acontecimientos, Martí, +rebelde desde niño a freno y reclusiones, fue como esos robles vigorosos +que levantan su copa robusta a pesar de la enredadera que los envuelva y +de los gusanos que lo roan. Verdad que Martí fue un genio, y los genios +como los volcanes traen sus entrañas hechas: ellos mismos se tejen el +amor y se acrisolan la capacidad. Se nace rey como se nace esclavo, pero +quien lo nace no se da cuenta de ello hasta que no manda y es obedecido, +o hasta que no lo mandan y obedece. Martí, dijérase que trajo al nacer +la infinita comprensión del porvenir. En él se realizó el milagro: de un +huevo de paloma nació un águila; en el áspero huerto creció el lirio +perfumador....</p> + +<p>En una escuela de barrio, de la que contaba él que no podía olvidarse, +porque a su maestro le debía que sus orejas estuvieran más separadas de +la cara que lo regular, aprendió las primeras letras. De allí salió a +los nueve años para el colegio «San Anacleto», que en aquel entonces +dirigía en esta capital el culto educador Rafael Sixto Casado. Y fue en +este colegio donde comenzó a sobresalir, siendo el primero en las clases +y el ganador de todos los premios; donde comenzó a mostrar que no era +aire lo que traía en la cabeza sino pensamiento y acción. De esa niñez +suya, estudiosa, contaba Fermín Valdés Domínguez y cuenta todavía el +doctor Eduardo F. Plá, sus condiscípulos dichosos en las aulas felices, +rasgos asombrosos de inteligencia y de carácter. Y fue de ese colegio de +donde su padre, creyéndolo ya bastante ilustrado lo sacó para emplearlo +de Escribiente en la Celaduría. Y acaso si se hubiera sepultado allí y +se hubiera malogrado el grande hombre, si Francisco Arazoza, un buen +amigo de don Mariano, a espaldas de este, no le hubiera dado dinero para +matricularse en el Instituto de Segunda Enseñanza, y lo hubiera alentado +para que siguiera en sus estudios. Estos los tuvo que abandonar, empero, +meses después, hostigado por el autor de sus días que no estimaba +necesario para desempeñar su empleo, ni para aspirar al de Celador, +saber más de lo que él ya sabía. Sin embargo, el ansia de ilustrarse lo +llevó más tarde, cuando solo contaba catorce primaveras, al plantel de +educación, «San Pablo», colegio de Segunda Enseñanza que fundó y dirigió +en aquel tiempo, el culto y valiente poeta Rafael María de Mendive. En +él se ganó el cariño y la estimación de su Director y estrechó la +amistad con Fermín Valdés Domínguez, quien le abrió su casa acomodada, +le prestó sus libros y le colmó de sincero afecto. De los más dulces +tiempos de su vida fueron esos: y del solaz de ellos, del gozo de ellos, +vino a sacarlo, sacudiéndole las más recónditas fibras del corazón, el +grito de independencia lanzado en Yara, en la madrugada heroica del 10 +de octubre de 1868, por el varón ilustre, por el caudillo insigne, por +Carlos Manuel de Céspedes. Días después redujeron a prisión, en el +Castillo del Príncipe, a Rafael María de Mendive, más tarde deportado a +Santander: y cuentan que Martí, ansioso de ver a su amado maestro, se +fue al Gobierno, y sin más recomendación que su persona, consiguió un +pase para poderlo visitar: y allí iba él diariamente, al calabozo del +cubano prisionero, a llevarle el consuelo de su agradecimiento y su +ternura. El toque de clarín de Yara, primero, haciendo vibrar su joven +alma de patriota, la prisión de su viejo amigo, los sucesos de +Villanueva, y otros desmanes y abusos cometidos por el Gobierno de +España en Cuba, fueron seguramente los que fijaron en su mente la divina +idea de libertad y la necesidad de conquistarla. Fue entonces como su +despertar glorioso. Fue entonces acaso que se juró en secreto a ella y +celebró sus bodas con la patria: fue entonces que recibió esa +consagración del dolor que sublima el alma y señala cumbres desconocidas +al pensamiento....</p> + +<p>Cuando Mendive salió para España a cumplir condena, Martí, a quien la +existencia se le quedó por esa causa como sin luz y sin guía y sin +amparo, empleose, con el fin de ayudar a su padre, siempre gruñón y +descontento de él, en el escritorio de don Cristóbal Madan, antiguo +amigo del bardo desterrado. A su vez, Martí seguía sus estudios en el +Instituto de Segunda Enseñanza. Y cuentan que en las horas que mediaban +de clase a clase, se reunía un grupo de estudiantes para hablar de +política: y que era siempre Martí, el que más hablaba y con más +entusiasmo, de los problemas de la patria, y que daba gusto oír de sus +labios infantiles, sentencias y frases hermosas, como de adulto hecho ya +a manejar los tiempos y a crearlos: como de hombre hecho a clamar, a +desatar batallas y a desplegar victorias.... En esa misma época, y como +Domingo Dulce, Capitán General de la Isla, decretara la libertad de +imprenta, comenzó Martí a publicar en compañía de Valdés Domínguez un +periódico titulado <i>El Diablo Cojuelo</i>, al mismo tiempo que dirigía <i>La +Patria Libre</i>, siendo este último el periódico donde publicó por vez +primera su poema «Abdala», canto brioso y fulgurante de levantado +espíritu patriótico. Para él fue un día de júbilo casi celestial, un día +de esos en que el sol parece como que retoza en las almas, aquel en que +vio publicado sus versos. Mas, poco le duró este contentamiento, pues +cuando llegó a su casa mostrando su producción, los padres, que no +estaban de acuerdo con esos juegos de la fantasía y viriles arranques de +cubanismo, lo castigaron severamente. Otros han tenido los besos de los +padres como el aplauso primero a sus demostraciones de hombría, de saber +y de talento: Martí no; Martí no tuvo en el hogar más que áspera voz, +seca riña, cruel amenaza, injusta reprensión de la mano como única +recompensa a sus precoces anhelos de gloria y honores....</p> + +<p>Y llegó el momento aciago en que había de sufrir el primer castigo, en +que había de comenzar a descender la cuesta de la vida, por amar a su +patria, ser hombre, y negarse al serrallo. Corría el año de 1869. Era el +4 de octubre. Acusados por unos voluntarios, Eusebio Valdés Domínguez, +hermano de Fermín, Manuel Sellén y Atanasio Fortier, del <i>enorme delito</i> +de haberse burlado de ellos al pasar de regreso de una gran parada, por +la casa de la familia de Valdés Domínguez, vinieron, ya entrada la +noche, a prenderlos. Con ese motivo efectuaron un registro en la casa ya +citada, ansiosos, seguramente, aquellos forajidos, de hallar algo que +sancionara la matanza. En el registro llevado a cabo, encontraron, entre +otras cosas, una carta cuyo sobre estaba todavía sin cerrar, y que +habían escrito y firmado Martí y Fermín Valdés Domínguez, para +mandársela a un condiscípulo de ellos que había cometido la mala acción +de apuntarse como oficial de un regimiento, siendo criollo, para ir a +combatir a sus hermanos que en esos momentos bregaban y sangraban por +conquistar para ellos y para todos, casa libre y justa. La breve carta, +escrita por Martí, estaba redactada en estos términos: «Señor Carlos de +Castro y de Castro: (así se llamaba el traidor) Compañero: ¿Has soñado +tú alguna vez con la gloria de los apóstatas? ¿Sabes tú cómo se +castigaba en la antigüedad la apostasía? Esperamos que un discípulo de +Rafael María de Mendive, no dejará sin contestación esta carta». Este +hecho determinó la prisión de Martí y de Fermín Valdés Domínguez, siendo +ambos juzgados en consejo de guerra. Ante el Tribunal fueron llamados +los dos. Valdés Domínguez, primero, declaró que él había sido el autor +de la carta y de las dos firmas. Pero cuando Martí fue interrogado, +jadeante y como si llevara en el pecho una montaña, se acercó a los +jueces, y afirmó con enérgica y vibrante voz que él si era el único y +verdadero autor de la carta citada. Y para corroborar de manera +elocuente su aserto, formuló duros ataques contra la dominación +española, su tiránica política y sus hombres nulos e infames. Este fue +el primer discurso de Martí y la primera demostración pública de su +talento y su carácter irreductibles. Hay hombres que vienen al mundo +como los huracanes y las avalanchas, purificando y retumbando desde que +nacen. Así Martí. Diez y seis años contaba entonces, «el bozo en flor y +el pájaro en el alma» y España quiso matarlo. El Fiscal pidió para él la +pena última y para Fermín Valdés Domínguez diez años de presidio. Pero +el fallo fue: seis años de prisión para Martí y uno para su camarada de +infortunios e ideales. Y Martí fue a presidio. Lo que allí sufrió él, lo +dijo en páginas que todavía gotean sangre, en su folleto «El presidio +político en Cuba» y en el que exclamaba: «Dante no estuvo en presidio. +Si hubiera sentido desplomarse sobre su cerebro las bóvedas oscuras de +aquel tormento de la vida, hubiera desistido de pintar su infierno. Lo +hubiera copiado y lo hubiera pintado mejor. Si existiera el Dios +providente, y lo hubiera visto, con una mano se habría cubierto el +rostro y con la otra habría hecho rodar al abismo aquella negación de +Dios». Y fue luego deportado a Isla de Pinos y más tarde enviado a +España en calidad de deportado. Para ella embarcó el 15 de enero de +1871. Momentos antes de salir le escribía a su benefactor señor Mendive: +«De aquí a dos horas embarco desterrado para España. Mucho he sufrido, +pero tengo la convicción de que he sabido sufrir. Y si he tenido fuerzas +para tanto, y si me siento con fuerzas para ser verdaderamente un +hombre, solo a usted lo debo y de usted y solo de usted es cuanto de +bueno y cariñoso tengo. Diga usted a Micaela que si he tenido muchas +imprudencias, la bondad con que las disculpa me hace quererla más. Y a +Paulina y a Pepe y a Alfredo, y a todos mi afecto. Muchísimos abrazos a +Mario: y de usted toda el alma de su hijo y discípulo». Así escribía a +su viejo amigo, poco antes de salir para el destierro, poco antes de +abandonar su patria y su hogar y sus libros el mancebo estupendo que +había de ser más tarde el Libertador de su pueblo, y el que le arrancara +su última presa en América a la hambrienta monarquía española.</p> + +<p>A España llegó Martí, apesadumbrado, pobre, comido de pesar el corazón. +A causa del grillete que había llevado se le formó un tumor del cual lo +operaran dos veces y las dos sin éxito. Primeramente vivió en Madrid del +escaso producto de unas clases que daba a los niños de don Leandro +Álvarez Torrijo y a los de la Viuda del General Ravenet. Vivía, como es +de suponerse, miserablemente. Viviendo así se lo encontró, cuando fue +deportado a España por los sucesos del 27 de noviembre de 1871, Fermín +Valdés Domínguez, su amigo, o más bien, su hermano. Y como Valdés +Domínguez llevaba en la bolsa, oro bastante, se instalaron juntos en +amplias habitaciones, bien situadas. Y Martí comenzó una nueva +existencia. Mejoró de salud, se le animaron los ojos tristes, y de nuevo +emprendió sus estudios. En esa época y no obstante estudiar sin +descanso, el tiempo no le faltaba para escribir folletos, para +pronunciar discursos desde la tribuna de la logia «Armonía», para hacer +versos, y para hablar con sus paisanos de las enfermedades de la patria +y de sus curas posibles y necesarias. Una noche en que para tratar sobre +el asesinato de los Estudiantes de Medicina, se reunieron los cubanos +allí residentes, Martí habló: y recuerda uno que estuvo en aquella +reunión memorable, que fue su discurso relampagueante, encendido, +arrebatador; y recuerda también, que sucedió esa noche una cosa +sobrenatural. Colgando de la pared, sobre la tribuna, había una mapa de +Cuba, y cuando Martí, lleno del más tierno lirismo hacía una invocación +a su patria llorosa y rodeada de cadenas, cuando la concurrencia, +suspensa de su palabra, temblaba de emoción, el mapa cayó como una +corona sobre su cabeza. ¡Fue como si su tierra toda entera, respondiera +a su llama miento! Y cuando la proclamación de la República en +España—golondrina fugaz como un suspiro—, Martí puso en manos de +Estanislao Figueras, un largo escrito abogando por la independencia de +Cuba. Y cuando los federales en sesión solemne celebrada en la Academia +de jurisprudencia, quisieron hacer declarar a los cubanos de Madrid que +se contentaban con la República federal española, Martí, allí presente, +se opuso a ello, y en un debate que lo mantuvo en pie siete horas, echó +por el suelo esos propósitos. Martí se opuso también a la creación en +Madrid de un Casino Cubano. Por eso y por otros rasgos más, fue a sus +pocos años, y en plena Corte de España, como el verbo y el alma de su +pueblo atormentado y miserable....</p> + +<p>Debido a que Fermín Valdés Domínguez enfermó gravemente y los médicos le +recomendaron que cambiara de aires, pasaron Martí y él a Zaragoza en +donde apenas llegados, se ganaron el afecto y la estimación de los hijos +de aquel noble pedazo de España. Los <i>insurrectos</i> los llamaban en +Aragón, pero los llamaban así, sin ira y sin odio. Martí en Zaragoza lo +fue todo, el orador en las reuniones, el escritor en los periódicos, el +poeta siempre. En una velada organizada para recoger fondos con que +aliviar la miseria de las viudas y huérfanos de los bravos que +sucumbieron por defender el honor que un rey criminal quiso asesinarles, +Martí pronunció una oración bellísima, y el señor Leopoldo Burón recitó +unos versos, también suyos, alusivos al acto. En Zaragoza obtuvo Martí, +el grado de doctor en Derecho a título de suficiencia, y el de doctor en +Filosofía y Letras, a pesar de la marcada oposición del claustro de +aquella Universidad carlista. Así, a puro esfuerzo, entre flaquezas e +impulsos, entre dentelladas y sonrisas, sin morder el mérito ajeno, +caminando siempre del lado de los pobres, y sin andar de pedigüeño por +entre bastidores y escaleras, se hizo hombre, ¡grande hombre!, el niño +bondadoso del hogar infeliz, el sufrido presidiario de las canteras de +Medina, el joven enfermizo y desterrado de la península ibera, nuestro +José Martí....</p> + +<p>Y con sus títulos de Abogado y doctor en Filosofía y Letras, dejó la +nación hispana, en 1873, y se fue a visitar a París, Londres y otras +importantes ciudades de Europa, siguiendo luego viaje a México, en donde +le esperaban, ansiosos de abrazarlos, sus padres y hermanas. En México, +tierra ancha y generosa en la que los cubanos han hallado siempre +alegría y calor de propio hogar, lo recibieron con marcadas +demostraciones de aprecio. A poco de estar Martí entre los mexicanos, +era altamente conocido y admirado como periodista, profesor, dramaturgo, +orador y poeta. Durante los cuatro años que en esa República permaneció, +fue Director de <i>La Revista Universal</i>, la cual se escribía a veces +desde el fondo hasta las gacetillas; conferencista en el <i>Liceo Hidalgo</i> +y en otras Sociedades; autor dramático en los principales teatros. Los +trabajadores de Chihuahua lo nombraron Diputado al Congreso de Obreros y +el Gobierno lo colmó de atenciones a cada instante. Martí, sin el grande +amor por su patria, hubiera sido en México, como en cualquier otro país, +conductor de conciencias. Pero la estrella heráldica que lo llevó a +morir entre el humo y el fragor de la metralla, le seguía como un +lamento y como el grito de una madre: de ahí que ese hombre que pudo ser +monte coronado de flores, viviera por mucho tiempo, errante y vagabundo, +sin plantar su tienda, fija la mirada en la isla hermosa, donde no había +justicia sin soborno, ni honor sin castigo, ni pan sin mancha.</p> + +<p>En México, trémulo de femenil pasión y llena el alma como siempre, del +ansia de morir a caballo, peleando por su país, escribió él, aquella +composición suya, titulada «Patria y mujer»; composición que expresa +bien, la grandeza de su alma, arrullada por suspiros de amor y agitada +por gritos desesperados de deber. Lleno de ternura el corazón y poblada +la mente de trágicas visiones, escribió sin duda esa valiente poesía de +la que yo recuerdo estas estrofas:</p> + +<p class="poema"> +«Otra vez en mi vida el importuno<br /> +suspiro del amor, cual si cupiera,<br /> +triste la patria, pensamiento alguno<br /> +que al patrio suelo en lágrimas no fuera.</p> + +<p class="poema"> +......................................... +</p> +<p class="poema"> +»Y ¿con qué corazón, mujer sencilla,<br /> +esperas tú que mi dolor te quiera?<br /> +Podrá encender tu beso mi mejilla,<br /> +pero lejos de aquí, mi alma me espera.<br /></p> +<p class="poema"> +......................................... +</p> +<p class="poema"> +»Miente mi labio si se acerca al tuyo,<br /> +mienten mis ojos si de amor te miran;<br /> +de mujeril amor mis fuerzas huyo:<br /> +en incorpórea agitación se inspiran.<br /></p> +<p class="poema"> +»Amo yo más el árbol que sombrea<br /> +la tumba incierta del guerrero hermano,<br /> +que ese nido de perlas que hermosea<br /> +blonda más débil que tu amor liviano.<br /></p> +<p class="poema"> +......................................... +</p> +<p class="poema"> +»Sus cuerdas una la robusta lira,<br /> +y el corazón sus átomos perdidos:<br /> +a un solo amor mi corazón aspira,<br /> +para un solo guarda latidos.<br /></p> +<p class="poema"> +......................................... +</p> + +<p class="poema"> +»Este cuerpo gentil rebosa vida,<br /> +y cada árbol allá cobija un muerto:<br /> +a todo goce esta mujer convida,<br /> +a toda soledad aquel desierto.<br /></p> +<p class="poema"> +......................................... +</p> + +<p class="poema"> +»No habla de amor mi corazón que late:<br /> +cuando en mi corazón hay un latido,<br /> +es que me anuncia que en algún combate<br /> +un héroe de la patria ha perecido».<br /></p> +<p class="poema"> +......................................... +</p> + + +<p>De la tierra del padre Hidalgo, el cura heroico, pasó a principios de +1877, a Guatemala, deteniéndose antes en La Habana, a recoger unas +cartas de presentación para distintas personalidades del Gobierno de +aquella República. Allí, apenas sacudido el polvo del camino, fue +nombrado Catedrático de Derecho Político, y Director de la <i>Revista +Guatemalteca</i>. Allí escribió, a petición del Gobierno, un drama +histórico en cuatro actos y en versos, y también allí, una angelical +alma de niña, sintió por él la más purísima de las pasiones. Era una +distinguida señorita, hija de un General ilustre de aquel país, que lo +amó locamente. Y dicen que Martí sufría como de un crimen, al tener que +mostrarse indiferente ante aquel amor primaveral. Pero él cuando fue a +Guatemala, ya estaba comprometido en México con Carmen Zayas Bazán, a +quien hizo luego su esposa y es hoy su viuda respetada: por eso no amó +Martí aquella criatura tan tierna y talentosa. Martí salió a México de +nuevo a contraer matrimonio, y volvió casado a Guatemala. Y dicen que la +pobre enamorada murió entonces de dolor, del dulce mal de sentir +demasiado las ingratitudes de la vida. Martí, años después, pensando sin +duda en esa historia romántica que estremeció su existencia, escribió +estos divinos versos de ternura y melancolía:</p> + +<p class="poema"> +«Quiero a la sombra de un ala,<br /> +contar este cuento en flor:<br /> +la niña de Guatemala,<br /> +la que se murió de amor.<br /></p> + +<p class="poema"> +»Eran de lirio los ramos,<br /> +y las orlas de reseda<br /> +y de jazmín: la enterramos<br /> +en una caja de seda....<br /></p> + +<p class="poema"> +»Ella dio al desmemoriado<br /> +una almohadilla de olor;<br /> +él volvió, volvió casado:<br /> +ella se murió de amor.<br /></p> + +<p class="poema"> +»Iban cargándola en andas<br /> +Obispos y Embajadores:<br /> +detrás iba el pueblo en tandas,<br /> +todo cargado de flores<br /></p> + +<p class="poema"> +»...Ella, por volverlo a ver,<br /> +salió a verlo al mirador:<br /> +él volvió con su mujer;<br /> +ella se murió de amor.<br /></p> + +<p class="poema"> +»Como de bronce candente<br /> +al beso de despedida<br /> +era su frente, ¡la frente<br /> +que más he amado en mi vida!<br /></p> + +<p class="poema"> +»...Se entró de tarde en el río,<br /> +la sacó muerta el doctor;<br /> +dicen que murió de frío:<br /> +yo sé que murió de amor.<br /></p> + +<p class="poema"> +»Allí, en la bóveda helada,<br /> +la pusieron en dos bancos:<br /> +besé su mano afilada,<br /> +besé sus zapatos blancos.<br /></p> + +<p class="poema"> +»Callado, al oscurecer,<br /> +me llamó el enterrador:<br /> +¡Nunca más he vuelto a ver<br /> +a la que murió de amor!».<br /></p> + +<p>Otras pasiones inspiró Martí, a otras mujeres, pero acaso ninguna tan +pura y tan hermosa como esa que inspiró a la niña de Guatemala, la de +las manos de lirios y la frente purísima: luz y música hecha carne.... Y +cuando de orden del señor Ministro de la Guerra se le quitó la dirección +de la Escuela Normal de aquel país, a su amigo y paisano José María +Izaguirre, renunció puestos y honores y vino a Cuba, ya firmada la paz +del Zanjón, en 1878. La Habana lo recibió afectuosamente. Primero se +puso a trabajar como abogado, aunque sin jurar su título, en los bufetes +de don Nicolás Azcárate y Miguel Viondi, dándose luego a conocer de sus +paisanos como orador, en notables discursos y conferencias pronunciadas +en el Liceo de Guanabacoa, y en un brindis que hizo en un banquete +celebrado en honor del genial periodista Adolfo Márquez Sterling. Cuatro +fueron las veces que habló Martí en el Liceo de Guanabacoa. La primera +sobre el realismo en el Arte; la segunda sobre su amigo, el poeta +Alfredo Torroella, en que arrancó lágrimas; la tercera sobre los dramas +de don José Echegaray, y la cuarta, sobre el insigne violinista Díaz +Albertini. A esta última asistió el General Blanco, Capitán General de +la Isla entonces, y notables personalidades cubanas y peninsulares. Y +dice Miguel Viondi que Martí habló de tal manera, de patria y libertad, +que el General Blanco se retiró de la fiesta diciendo al señor Azcárate: +«quiero no recordar lo que yo he oído y que no concebí nunca se dijera +delante de mí, representante del Gobierno Español: voy a pensar que +Martí es un loco...». Y añadió: «pero un loco peligroso». A pesar del +trabajo excesivo y de su dedicación a la literatura, Martí no dejó un +día de conspirar desde que llegó a La Habana. Su casa era un centro de +conspiración y un templo de arte: allí se reunían tan pronto, hombres de +armas y acción, para hablar de guerra, como se reunían hombres de saber +y pensamiento para hablar de «suspiros y risas, colores y notas». Más +tarde, el mismo general Blanco, creyéndolo—como era la verdad—complicado +en aquel conato de revolución de 1879, le pidió que hiciera pública +protesta de adhesión al Gobierno de España, a lo que él indignado +contestó: «Martí no es de la raza de los vendibles». Y fue nuevamente +deportado a España, de donde se fugó al poco tiempo, pasando a París y +de allí a New York, lugar en que siguió conspirando, conspiración que +culminó con aquel desembarco en Cuba de Calixto García, el glorioso +General de la frente horadada. Y cuando él vio el fracaso de aquella +intentona y palpó la dolorosa realidad, se fue a Caracas, la ciudad de +Bolívar, y allí agrupó en torno suyo numerosos admiradores y amigos. En +Caracas dio clases de oratoria a una juventud valiosa. Varias veces a la +semana y por espacio de dos horas, vibró su voz elocuente en mitad de +sus alumnos que lo escuchaban maravillados. Y consignó uno de aquellos, +que «en una de las sesiones oratorias, le sirvió de tema el pueblo de +Israel, y con lenguaje expresivo y sublime enarró las maravillas de +aquel pueblo excepcional»: que no era posible decir cosas más hermosas y +poéticas, pero «que cuando el orador se consideró en la cumbre del monte +Nebo y presentó al pueblo israelita y a Moisés contemplando la tierra +prometida, su elocuencia fue nueva, sorprendente, y lo sublime parecía +poco ante aquel espíritu transfigurado por el pudor cuasi divino de las +ideas». Fue en Venezuela que dijo, hablando de la independencia de +América: «El poema de 1810 está incompleto y yo quise escribir su última +estrofa». Luego Martí, no pudiendo amoldarse a las exigencias del +Gobierno de aquella República, del cual era entonces Presidente el +general Guzmán Blanco, salió de allí, despidiéndose en una carta +bellísima de los venezolanos que amó. A esa carta pertenece este +párrafo: «Muy hidalgos corazones he sentido latir en esta tierra; +vehementemente pago sus cariños; sus goces, me serán recreo; sus +esperanzas plácemes; sus penas, angustias; cuando se tienen los ojos +fijos en lo alto, ni zarzas ni guijarros distraen al viajero en su +camino: los ideales enérgicos y las consagraciones fervientes no se +merman en un ánimo sincero por las contrariedades de la vida. De América +soy hijo: a ella me debo. Y de la América, a cuya revelación, +sacudimiento y fundación urgente me consagro, esta es la cuna; ni hay +para labios dulces copa amarga ni el áspid muerde en pechos varoniles; +ni de su cuna reniegan sus hijos fieles. Deme Venezuela en qué servirla: +ella tiene en mí un hijo». De Venezuela pasó, de nuevo, llena el alma de +tristezas y emociones viriles, a la Babel moderna de los rubios +mocetones y las nevadas inclementes: a New York, a esa ciudad de las +ansias, de las regatas, de los afanes, de las prisas, a ese horno +colosal donde se sazona el egoísmo y se pierden entre espirales de humo +y ruidos de maquinarias, los besos y las lágrimas....</p> + +<p>Triste, apesadumbrado, como un náufrago que después de clamar en vano en +la noche vacía y negra, arriba a playa desconocida, así llegó Martí +nuevamente a New York. Pero tuvo un consuelo, una medicina que de los +más graves males cura al hombre: las ternuras y cuida dos de su esposa +que allí lo esperaba y los besos de su amado chiquitín, el hoy coronel +de nuestro Ejército. Sacudió sus lágrimas calladas, escondió sus penas +hondas, y comenzó a trabajar en la tierra hostil y ajena. El conocer a +los hombres, tanto como los conocía, lo hizo superior a todas las +pasiones: de ahí que pudo, entre gentes que miden, que desdeñan, que +empujan, que desprecian, que viven con el apetito desmesuradamente +abierto, pasear su amable cultura y oceánica bondad, y sacar a puerto y +con honra, su divina existencia. Veamos cómo se abrió paso en el pueblo +áspero y extraño. No era él de los soberbios que se impacientan porque +no le conocen el talento, aprisa, ni de los pobres de espíritu que +porque los visite el dolor, languidecen y desmayan o se despedazan el +cráneo; sino de los de enérgica voluntad y firme intento: de los que +vencen. Las alturas se han hecho para subirlas: en lo más elevado de +ellas, crece, casi siempre, el laurel que da sombra a toda la vida. Él +lo sabía, y se sentía con la fuerza inquieta y seductora de los que +poseen la capacidad de mirar desde lo alto. Martí fue en New York, y en +el período de diez años, dependiente de una casa de comercio en la cual +llevaba los libros de contabilidad y contestaba la correspondencia; +redactor de <i>El Sun</i>, el gran diario americano; corresponsal de varios +periódicos de la América Latina, para los cuales escribía kilométricas +epístolas, verdaderos estudios filosóficos y literarios de asuntos y +hombres de los Estados Unidos; traductor de la casa editora «Appleton»; +redactor de <i>La América</i>, y el <i>Economista Americano</i>, Director de <i>La +Edad de Oro</i>, revista exclusivamente para niños, a los que amaba +entrañablemente; profesor en «La Liga», la Sociedad de los necesitados +de cariño y hambrientos de sabiduría; representante de tres naciones, +Uruguay, Paraguay y la Argentina, en la gran plaza norteamericana; y +alma en pie siempre, para responder a todo llamamiento cubano, bien +fuera para remediar miserias o para mitigar dolores. Jamás pasó una +fiesta del patriotismo, de recordación gloriosa, sin que él tomara +parte. Año tras año, cada diez de octubre, aniversario glorioso de aquel +día sublime, Martí dejaba oír su pintoresco, brillante y enérgico +lenguaje, «flores tristes y lanzas enlutadas» que él depositaba a los +pies de los héroes muertos. En el sudor y la fatiga del trabajo vivía, +pero consagrado a Cuba, a desenterrar su epopeya de luz y a añadirle y +hacerla entender, a los que parecían no querer entenderla: y a la +América nuestra entera, a su América enferma. En 1883, invitado para +tomar parte en la grandiosa fiesta con que los representantes de las +Repúblicas latinoamericanas, en New York, habían de conmemorar el +Centenario del nacimiento de Bolívar, Martí asistió a ella, y habló y +derramó a raudales, en legiones de primorosas frases, los productos de +su genio. Y terminó con estas palabras: «¡Brindo por los pueblos libres +y por los pueblos tristes!» ¡Siempre pensando en Cuba! En la «Sociedad +Literaria Hispano Americana», de la cual era Presidente, el alma toda, +fueron innumerables las veces que hizo Martí resonar su palabra +portentosa. Allí Martí habló sobre México, sobre Centro América, sobre +Venezuela, sobre Bolívar. Hablando de Bolívar dijo, entre otras muchas +cosas grandilocuentes: «¡Oh no! En calma no se puede hablar de aquel que +no vivió jamás en ella: ¡de Bolívar se puede hablar con una montaña por +tribuna, o entre relámpagos y rayos, o con un manojo de pueblos libres +en el puño y la tiranía descabezada a los pies!». Sobre Espadero habló, +el de «El Canto del Esclavo», «el que aprisionó en sus notas, como en +red de cristal fino, los espíritus dolientes, que velan y demandan desde +el éter fulguroso y trémulo del cielo americano»; sobre Heredia, nuestro +gran Heredia: y donde al hablar de ese divino poeta, tuvo un arranque de +patriótico ardimiento en que exclamó: «Si entre los cubanos vivos no hay +tropa bastante para el honor ¿qué hacen en la playa los caracoles que no +llaman a guerra a los indios muertos? ¿Qué hacen las palmas que gimen +estériles en vez de mandar? ¿Qué hacen los montes que no se juntan +faldas contra faldas, y cierran el paso a los que persiguen, a los +héroes?». Y siempre, y en todos los casos, la patria salía por sus +labios a relucir, altiva y llorosa, como una tórtola gemidora que +abrigara un cóndor bravío....</p> + +<p>Pero injustos o malvados—que siempre ha de haber injustos o malvados +cerca de todo grande hombre—, lo tacharon una vez de mal cubano, en +1885, cuando él se opuso a los trabajos emprendidos por algunos jefes de +la revolución del 68 para llevar una guerra nueva a Cuba, por creerla +incompleta y parcial, y por estimar que con ella solo se lograría +alarmar y ensangrentar inútilmente el país, en vez de asegurarle su +entusiasmo y confianza para cuando se pudiera llevar a la isla la guerra +pujante, digna y definitiva. De una carta en que hacía referencia a su +oposición a ese movimiento revolucionario y al silencio en que se +mantuvo por un espacio de tiempo, es este párrafo: «Crear una rebelión +de palabras en momentos en que todo silencio sería poco para la acción, +y toda la acción es poca, ni me hubiera parecido digno de mí, ni mi +pueblo sensato lo hubiera soportado. Ya yo me preparaba a emprender +camino ¡quién sabe a qué y hasta dónde!, en servicio activo de una +empresa, y cuando creí que el patriotismo me vedaba emprenderlo, ¡qué +tristeza, qué tristeza moral de la que nunca podré ya reponerme! ¿Cómo +serviré yo mejor a mi tierra? me pregunte: Yo jamás me pregunto otra +cosa; y me respondí de esta manera: Ahogando todos tus ímpetus; +sacrifica las esperanzas de toda tu vida; hazte a un lado en esta hora +posible del triunfo, antes de autorizar lo que creas funesto; mantente +atado, en esta hora de obrar, antes de obrar mal, antes de servir mal a +tu tierra so pretexto de servirla bien. Y sin oponerme a los planes de +nadie, ni levantar yo planes por mí mismo, me he quedado en el silencio, +significando con él que no se debe poner mano sobre la paz y la vida de +un pueblo sino con un espíritu de generosidad, casi divino, en que los +que se sacrifican por él, garanticen de antemano, con actos y palabras, +el explícito intento de poner la tierra que se liberta en manos de sus +hijos, en vez de poner como harán los malvados, sus propias manos, en +ella, so capa de triunfadores. La independencia de un pueblo consiste en +el respeto que los deberes públicos demuestre a cada uno de sus hijos. +En la hora de la victoria solo fructifican las semillas que se siembran +en la hora de la guerra. Un pueblo antes de ser llamado a guerra tiene +que saber tras de qué va, y adónde va, y qué le ha de venir después. Tan +ultrajados hemos vivido los cubanos, que en mí es locura el deseo, y +roca la determinación de ver guiadas las cosas de mi tierra de manera +que se respete como a persona sagrada la persona de cada cubano, y se +reconozca que en las cosas del país no hay más voluntad que la que +exprese el país, ni ha de pensarse en más interés que en el suyo». Una +noche de conmemoración gloriosa, en ese tiempo, al ir a ocupar Martí la +tribuna, el auditorio pidió con marcadas muestras de hostilidad, que +hablara otro antes que él, otro que era <i>patriota</i>. Y Martí tomó asiento +y escuchó tranquilo, de labios pálidos de cólera, alusiones injustas; y +cuando fue a la tribuna él, y el público esperaba que se desatara en +denuestos, que vaciara su ira sobre cuantos le eran contrarios, fueron +sus palabras como voces de perdón. Sus palabras llevaban el desquite: +parecía como si con un manojo de lirios azotara las frentes de los +pecadores: sus anatemas eran alfileres con alas.... Esa noche triunfó y +ya más nunca dejó de ser el triunfador. En todo demostraba Martí las +extraordinarias condiciones que lo sacaron por encima de los demás +hombres... ¿No lo dijo él? «Si los hombres nutren con sus manos +prácticas lo que tienen de fieras, yo haré con las mías por nutrirles lo +que tienen de palomas». Y así era, ministerio purísimo de amor y de +ternura, brazos de par en par abiertos para todos los hombres....</p> + +<p>Fue en ese tiempo, durante esos años, que Martí mostró con más pujanza +la largueza de sus conocimientos y la infinita anchura de su genio. +Filósofo, poeta, economista, diplomático, políglota, periodista, orador, +legista, estadista, de todo se mostró Martí entonces, en aquel hervidero +de pasiones e intereses. Allí se le veía tan pronto en la tribuna, +predicando, como se le veía en el periódico, en el informe, en la +revista literaria, en la traducción, en el libro de versos. Allí publicó +él su <i>Ismaelillo</i>, un primoroso y pequeño volumen de composiciones +breves; en las que su alma de padre, salta y brinca y chispea, entre los +cabellos rubios y los pies ligeros de su hijo. Y también <i>Versos +sencillos</i>, en el que cada estrofa, responde a un estado de espíritu, y +en el que como él decía: «a veces ruge el mar, y revienta la ola, en la +noche negra, contra la roca del castillo ensangrentado; y a veces +susurra la abeja, merodeando entre las flores».</p> + +<p>De <i>Ismaelillo</i> es este primoroso juguete:</p> +<p class="poema"> +Sé de brazos robustos,<br /> +blandos, fragantes;<br /> +y sé que cuando envuelven<br /> +el cuello frágil,<br /> +mi cuerpo, como rosa<br /> +besada, se abre,<br /> +y en su propio perfume<br /> +lánguido exhálase.<br /> +</p><p class="poema"> +Ricas en sangre nueva<br /> +las sienes laten;<br /> +mueven las rojas plumas<br /> +internas aves;<br /> +sobre la piel, curtida<br /> +de humanos aires,<br /> +mariposas inquietas<br /> +sus alas baten;<br /> +¡savia de rosa enciende<br /> +las muertas carnes!<br /> +</p><p class="poema"> +Y yo doy los redondos<br /> +brazos fragantes,<br /> +por dos brazos menudos<br /> +que halarme saben,<br /> +y a mi pálido cuello<br /> +recios colgarse,<br /> +y de místicos lirios<br /> +collar labrarme.<br /> +¡Lejos de mí por siempre<br /> +brazos fragantes!<br /> +</p> +<p>Y este otro:</p> +<p class="poema"> +Por las mañanas<br /> +mi pequeñuelo<br /> +me despertaba<br /> +con un gran beso.<br /> +</p><p class="poema"> +Puesto a horcajadas<br /> +sobre mi pecho,<br /> +bridas forjaba<br /> +con mis cabellos.<br /> +</p><p class="poema"> +Ebrio él de gozo,<br /> +de gozo yo ebrio,<br /> +me espoleaba<br /> +mi caballero:<br /> +¡qué suave espuela<br /> +sus dos pies frescos!<br /> +¡Cómo reía<br /> +mi jinetuelo!<br /> +</p><p class="poema"> +¡Y yo besaba<br /> +sus pies pequeños,<br /> +dos pies que caben<br /> +en solo un beso!<br /> +</p> +<p>Y este, que es como un suspiro hondo: +</p><p class="poema"> +Qué me das ¿Chipre?<br /> +Yo no lo quiero:<br /> +ni rey de bolsa<br /> +ni posaderos<br /> +tienen del vino<br /> +que yo deseo;<br /> +ni es de cristales<br /> +de cristaleros<br /> +la dulce copa<br /> +en que lo bebo.<br /> +</p><p class="poema"> +Mas está ausente<br /> +ni despensero,<br /> +y de otro vino<br /> +yo nunca bebo.<br /> +</p> + +<p>Y estas estrofas sueltas cogidas al azar de los <i>Versos sencillos</i>:</p> + +<p class="poema"> +Yo sé bien que cuando el mundo<br /> +cede, lívido, al descanso,<br /> +sobre el silencio profundo<br /> +murmura el arroyo manso.<br /> +</p><p class="poema"> +Con los pobres de la tierra<br /> +quiero yo mi suerte echar:<br /> +el arroyo de la sierra<br /> +me complace más que el mar.<br /> +</p><p class="poema"> +Busca el Obispo de España<br /> +pilares para su altar:<br /> +¡en mi templo, en la montaña,<br /> +el álamo es el altar!<br /> +</p><p class="poema"> +Si ves un monte de espumas<br /> +es mi verso lo que ves:<br /> +mi verso es un monte, y es<br /> +un abanico de plumas.<br /> +</p><p class="poema"> +Amo la tierra florida,<br /> +musulmana o española<br /> +donde rompió su corola<br /> +la poca flor de mi vida.<br /> +</p><p class="poema"> +¡Arpa soy, salterio soy<br /> +donde vibra el Universo;<br /> +vengo del sol, y al soy voy;<br /> +soy el amor: soy el verso!<br /> +</p><p class="poema"> +No me pongan en lo oscuro<br /> +a morir como un traidor:<br /> +¡yo soy bueno, y como bueno<br /> +moriré de cara al sol!<br /> +</p><p class="poema"> +Hay montes, y hay que subir<br /> +los montes altos: ¡después<br /> +veremos alma, quién es<br /> +quién te me ha puesto a morir!<br /> +</p><p class="poema"> +Cultivo una rosa blanca,<br /> +en julio como en enero<br /> +para el amigo sincero<br /> +que me da su mano franca.<br /> +</p><p class="poema"> +Y para el cruel que me arranca<br /> +el corazón con que vivo,<br /> +cardo ni oruga cultivo:<br /> +cultivo la rosa blanca.<br /> +</p><p class="poema"> +Yo quiero cuando me muera,<br /> +sin patria, pero sin amo,<br /> +tener en mi tumba un ramo<br /> +de flores y una bandera.<br /> +</p> +<p>Y cuando el destino le ofrecía el goce de una existencia bella, +sosegada, cómoda; cuando su talento reconocido y su grandeza de +espíritu, le daban asiento firme entre los que ya podían echarse a +descansar, formó con su vida una flor, y la puso a los pies de la +patria. Era el año 1891, y era el mes de octubre. Anunciado que en una +velada, patrocinada por el club «Los Independientes» de New York, que +había de celebrarse en recordación de los héroes del 10 de octubre de +1868, tomaría parte principal Martí, quien desempeñaba el cargo de +Cónsul General de la Argentina, Uruguay y Paraguay en dicha ciudad, el +Ministro de España protestó ante los respectivos Gobiernos, y él, con un +desprendimiento asombroso, renunció a sus cargos diciendo: «¡Antes que +todo cubano!». Hay hombres que suben, como suben las zarzas y las +piedras que tienen en su cúspide las montañas: otros son montañas y las +coronan flores y las visitan víboras. Martí fue de esos. Hombre montaña +desde la cual se puede ver pasar hoy y se verá mejor, a medida que los +años vayan limándola, toda el alma compleja y revuelta de esa época de +creación y amargura. El hecho de renunciar a todo bienestar por Cuba, +hizo resonar su nombre como un trueno, en donde quiera que había +cubanos. Martí, si perdió con ese acto, el gusto y el regalo de su vida, +ganó en prestigio entre sus compatriotas, para los cuales fue desde +entonces, antorcha encendida de patriotismo, brazo infatigable, el +<i>pensamiento a caballo</i> como lo llamó un ilustre hombre americano, el +altar más hermoso y más puro de las libertades cubanas.</p> + +<p>Martí supo conquistar gloria: y cuando la conquistó, no la puso a precio +en mercadería, ni se puso a vivir de ella en ocio cobarde, sino que se +consagró a sembrar con sus manos, la buena semilla republicana entre sus +compatriotas emigrados.... Así, cuando días después de este hermoso +hecho, fue invitado por el Presidente del Club «Ignacio Agramonte» de +Tampa—la ciudad levantada a puro esfuerzo por los cubanos +proscriptos—para que tomara participación en una fiesta +político-literaria que dicho Club había de celebrar, él respondió +aceptando; y vencidas algunas dificultades, el 25 de noviembre de 1891, +a la una de la madrugada, bajo una lluvia tenaz, arribó jubiloso a la +estación, henchida de cabezas, de aquel pueblo de hombres libres que lo +amaba ya sin conocerlo y que fue, por el sino misterioso de las cosas, +cuna de la gloriosa revolución del 95 que sacó a la vida libre nuestra +nacionalidad. A la siguiente noche, día 26, Martí dejó oír su palabra +sedosa y centelleante en aquel Liceo histórico, que yo añoro ahora +entristecido, y me veo niño, llena el alma de ilusiones, escuchando +exaltado al pie de la tribuna, los tiernísimos acentos de su voz +incomparable. Lo que allí dijo Martí no hay frases que lo abarquen. «Por +Cuba y para Cuba» tituló él su discurso, y por ella y para ella fue +cuanto su palabra, a veces impetuosa, a veces desgarradora, expresó. Su +discurso fue todo amor, todo esperanza, todo verdad. Señaló todos los +males que podrían la tierra de sus amores, los escollos con que se había +de tropezar y la manera de vencerlos. Habló de los egoístas y los +miedosos y los críticos que siempre le salen al encuentro a toda obra +cuando esta se halla en los sudores de la creación, y dijo: «¿Pero qué +le hemos de hacer? ¡Sin los gusanos que fabrican la tierra no podrían +hacerse palacios suntuosos! En la verdad hay que entrar con la camisa al +codo como entra en la res el carnicero. Todo lo verdadero es santo, +aunque no huela a clavellina. Todo tiene la entraña fea y sangrienta; es +fango en las artesas, el oro puro en que el artista talla luego sus +joyas maravillosas; de lo fétido de la vida, saca almíbar la fruta y +colores la flor: nace el hombre del dolor y la tiniebla del seno +maternal, y del alarido y el desgarramiento sublime; ¡y las fuerzas +magníficas y corrientes de fuego que en el horno del sol se precipitan y +confunden, no parecen de lejos, a los ojos humanos sino manchas!». +Hablando de los peligros que podían hacer desfallecer y cejar al cubano +en su afán de libertad, decía entre otras cosas: «¿O nos ha de echar +atrás el miedo a las tribulaciones de la guerra, azuzado por gente +impura que está a paga del Gobierno español, el miedo a andar descalzo, +que es un modo de andar ya, muy común en Cuba, porque entre los ladrones +y los que los ayudan, ya no tiene en Cuba zapatos más que los cómplices +y los ladrones?». Los pechos todos vibraron de entusiasmo y de cariño al +escucharlo, y el alma de todos, como una marejada, lo envolvió y llenó +de una titánica alegría. ¡Él vio sin duda en aquella noche radiosa, en +aquella noche memorable, al terminar su oración, a su pobre patria +llorosa, entre convites y villanías, de barragana y flor marchita por el +mundo, y vio también, alucinado por el estruendo de los aplausos y los +vítores, a caballo el ejército de la Libertad, echándose sobre los +palacios podridos donde se cobijaban las almas de coleta y sotana, +símbolos de la secular dominación de España....</p> + +<p>A la siguiente noche, 27 de noviembre, habló sobre el asesinato de los +estudiantes del 71, y su discurso fue una joya, una flor que no se +secará nunca sobre la tumba de los ocho adolescentes. Y el 28 del mismo +mes, salió de nuevo para New York, en donde a los pocos días recibió un +ejemplar del periódico <i>El Yara</i>, de Cayo Hueso, que dirigía el +irreductible cubano José Dolores Poyo, y en el que se expresaba +vivamente el deseo de que les hiciera una visita. Con este motivo, Martí +le escribió el 25 de diciembre del mismo año, una carta a Poyo, en la +que le daba las gracias por haberle adivinado sus deseos de visitar a +los cubanos del peñón rebelde. En esa carta le decía entre otras cosas: +«¿Pero cómo ir al Cayo de mi propia voluntad como pedigüeño de fama que +va a buscarse amigos, o como solicitante, cuando quien ha de ir en mí, +es un hombre de sencillez y de ternura, que tiembla de pensar que sus +hermanos pudieran caer en la política engañosa y autoritaria de las +malas Repúblicas? Es tan dulce obedecer el mandato de los compatriotas, +como es indecoroso solicitarlo. Es mi sueño que cada cubano sea hombre +político enteramente libre, como entiendo que el cubano del Cayo es, y +obre en todos sus actos, por su simpatía juiciosa y su elección +independiente, sin que le venga de fuera de sí, el influjo dañino de +algún interés disimulado. Pues aunque se muera uno del deseo de entrar +en la casa querida, ¿qué derecho tiene a presentarse de huésped intimo, +a donde no lo llaman? Mejor pasar por seco—aunque se esté saliendo de +cariño tierno el corazón—, que pasar por lisonjeador, o buscador, o +entrometido, que faltar con una visita meramente personal al respeto que +debo a la independencia y libre creación de los cubanos. Pero mándenme, +y ya verán cuán viejo era mi deseo de apretar esas manos fundadoras». En +Cayo Hueso hubo indecisión sobre si debía o no llamársele. Pero por fin, +y por acuerdo del Club «Patria y Libertad», se le llamó. Martí salió +enseguida para Cayo Hueso, siendo acompañado en su viaje, desde Tampa, +por representantes de los Clubs «Ignacio Agramonte», y «La Liga +Patriótica». El 25 de diciembre llegó, mal de salud, al Cayo. No +obstante, habló varias ocasiones, arrebatando al auditorio, hasta que +ya, verdaderamente enfermo, le prohibieron los médicos que saliera de su +habitación. En cama estuvo doce días, al cabo de los cuales, un tanto +restablecido, se levantó y visitó, uno por uno, todos los talleres, +predicando la fe patriótica. Más tarde, en una reunión a que citó y a la +que asistieron varios jefes de la guerra del 68, se expuso la idea de +organizar bajo una sola, bandera a los cubanos emigrados. Martí recogió +esa idea y redactó entonces, ese monumento de amor y de concordia que se +llama: «Bases del Partido Revolucionario Cubano». De regreso de Cayo +Hueso pasó por Tampa, siendo aprobadas en esta ciudad las referidas +bases, siguiendo a New York, en donde lo esperaba un gran pesar: la +carta denostadora que el General Enrique Collazo, por error o ceguedad +del momento, le escribiera desde La Habana, y que firmaron con él, otras +distinguidas personalidades de la revolución. A esa carta contestó Martí +con otra que es como un blando arroyo de aguas puras que llevara en su +corriente la hoja de una espada. Refiriéndose a los ataques personales +que se le hicieron escribió: «Y ahora señor Collazo, ¿qué le diré de mi +persona? Si mi vida me defiende nada puedo alegar que me ampare más que +ella. Y si mi vida me acusa, nada podré decir que la abone. Defiéndame +mi vida. Queme usted la lengua señor Collazo, a quien le haya dicho que +serví yo a la madre patria. Queme usted la lengua a quien le haya dicho +que serví de algún modo, o pedí puesto alguno, al partido liberal. Creo +señor Collazo, que ha dado a mi tierra, desde que conocí la dulzura de +su amor, cuanto hombre puede dar. Creo que he puesto a sus pies muchas +veces fortuna y honores. Creo que no me falta el valor necesario para +morir en su defensa». Este incidente quedó satisfactoriamente arreglado +para ambos servidores de la patria, polvo hoy uno y luz en el recuerdo, +y reliquia viva el otro, escapada al peligro del naufragio y de la +muerte....</p> + +<p>A la sazón, por todas las emigraciones iban siendo conocidas y aceptadas +las «Bases del Partido Revolucionario Cubano»: y el diario de abril de +1892—aniversario de aquel otro 10 de abril de Guáimaro—, quedó +proclamado este y nombrado Martí, por el cómputo de votos de todos los +emigrados, Delegado, cargo que llevaba en sí la suprema dirección de los +trabajos de esa gigantesca corporación, que fue casa, tribuna y +trinchera de las libertades cubanas en el exterior....</p> + +<p>Desde el momento en que asumió Martí ese cargo, comenzó la labor más +extraordinaria que pueda imaginarse la mente humana. De New York, pasó a +Costa Rica, a entrevistarse con los generales Antonio y José Maceo, y +Flor Crombet, de los cuales tuvo la aprobación más calurosa por los +trabajos emprendidos. En Costa Rica habló y fundó Clubs, pasando luego +por segunda vez a México en donde despertó el entusiasmo patriótico de +los cubanos. El 15 de septiembre de 1892, le dirigió una carta al +general Máximo Gómez, invitándolo a que aceptara la investidura de +encargado supremo del ramo de la guerra, a que «ayudara a organizar +dentro y fuera de la isla, el Ejército Libertador que había de poner a +Cuba, y a Puerto Rico con ella, en condiciones de realizar con métodos +ejecutivos y espíritu republicano su deseo manifiesto y legítimo de +independencia». En dicha carta invitaba al generalísimo, a ese nuevo +sacrificio, en momentos en que no tenía más remuneración que +ofrecerle—según sus palabras—«que el placer del sacrificio y la +ingratitud probable de los hombres»; invitación a la que el general +Gómez contestó aceptando, en noble y generosa carta, y a la que Martí +correspondió, yendo a visitarlo en Santo Domingo, la República hermana +por la gloria y el martirio. De Santo Domingo emprendió Martí una +excursión por todos los pueblos de la Unión Americana y algunos de +América Latina, volviendo a New York. Allí su vida era un vértigo. Se +escribía <i>Patria</i>, el periódico que fundó, junto con el «Partido +Revolucionario», contestaba una numerosa correspondencia, fundaba clubs, +escribía artículos de propaganda, en inglés, para periódicos de +Filadelfia y New York, y pronunciaba discursos. Relámpagos parecía tener +aquel hombre por músculos, tal era la prisa en que vivía. Increíble +parece que aquel cuerpo flaco y endeble, encerrara dentro de sí espíritu +tan gigantesco y tan fuerte, hecho a golpes de zarpas y a caricias de +ala, capaz de abrir surcos y levantar cimientos y capaz, de poemizar el +dolor e idealizar el martirio; apto para abrigar una tempestad y para +echarse todo entero en el cáliz de un jazmín....</p> + +<p>En 1893, la intentona de Purnio y su fracaso le quebrantaron la salud. +Pero no por eso se echó como débil mujerzuela a llorar tristezas, sino +que después de publicar un manifiesto de levantado espíritu patriótico, +continuó, con más bríos si cabe, la tarea enorme de hacer patria, tarea +que fue sobre sus hombros una cruz, semejante a la que llevara, a través +de su calle de Amargura, el Cristo dulce y bueno de los cristianos. +Igualmente que los sucesos de Purnio, muestra evidente de la inquietud +que ya reinaba en la isla mártir, los pronunciamientos de Lajas y +Ranchuelo, en 1894, lo magullaron hondamente. Pero, incansable, a cada +golpe se levantaba más potente. A fines de ese mismo año fue que, +teniéndolo ya todo dispuesto para la lucha, escribió a Eduardo H. Gato, +el cubano rico del Cayo, una carta, que es un poema de dolor, pidiéndole +$5000 y otra a José María Izaguirre, cubano rico de New Orleans, +pidiéndole cantidad parecida. De la carta a Gato son estas frases: «Todo +minuto me es preciso para ajustar la obra de afuera con la del país. ¿Y +me habré de echar por esas calles, despedazado y con náuseas de muerte, +vendiendo con mis súplicas desesperadas nuestra hora de secreto, cuando +usted con este gran favor, puede darme el medio de bastar a todo con +holgura, y de cubrir con mi serenidad los movimientos?». «Si le escribo +más me parece que le ofendo. Usted es hombre capaz de grandeza: esta es +su ocasión. ¿Le prestaría a un negociante $5000 y no a su Cuba? Deme una +razón más de tener orgullo de ser cubano». Y de la carta a Izaguirre +este es el final: «¿Me lastimará usted mi fe? ¿Y en vano habré salido su +fiador? Porque lo garanticé desde el principio como si hubiéramos +hablado de esto y tuviera autoridad de usted para su oferta. ¿No me la +da su vida y nuestra amistad? Le saluda la casa y quiero que me quiera +por haber tenido esta certeza de usted, no en la hora de la gloria, sino +en la del sacrificio. Yo voy a morir, si es que en mí queda ya mucho de +vivo. Me matarán de bala, o de maldades. Pero me queda el placer de que +hombres como usted me hayan amado. No sé decirle adiós. Sírvame como si +nunca más debiera volverme a ver». Y esos cubanos respondieron +mandándole lo que él les pedía. ¡Y cómo no! ¿Se podía negar, se podía +decir que no, a quien pedía de ese modo, resplandeciente de limpieza y +de angustia? Dispuesto todo para emprender la empresa definitiva, +recorrió por última vez las emigraciones, y cuando se detuvo en un +puerto de la Florida, en enero de 1895, ya todo lo tenía preparado para +caer sobre su tierra a bandera desplegada. Tres barcos, «Amadís», +«Lagonda» y «Baracoa», cargados de armas y pertrechos ya estaban para +salir de Fernandina, cuando las Autoridades de aquella ciudad, los +detuvieron. La traición de un miserable, que estará mientras viva, libre +de todo, menos del remordimiento, vendió su poderoso plan. Entonces sí +que sufrió Martí lo indecible. Imagínenselo triste, rabioso, +colérico—¡colérico él, Dios mío!—viendo acaso en el espanto y horror de +sus ojos desmesuradamente abiertos, descender sobre su patria como un +sudario de muerte, y sobre su corazón como una mano de hierro....</p> + +<p>Perseguido por los Agentes españoles salió de Fernandina y llegó a New +York. Allí le volvió la vida: ¡podía salvar parte de las armas +apresadas! Y el 29 de enero escribió la orden de levantamiento para los +jefes de la revolución en Cuba, y el 31 salió en compañía de los +generales María Rodríguez y Collazo para Santo Domingo, con el fin de +unirse allí con Máximo Gómez. Se detuvo en Cabo Haitiano, en donde pasó +varias semanas de verdadera zozobra, rodeado de malvados e impotentes. +Allí fue a moverle con furia, el espíritu, la noticia del levantamiento +del 24 de febrero, la noticia de que ya en su tierra se peleaba, +cumpliendo órdenes suyas, por el decoro y la libertad. Esto lo animó y +desesperó más. Después de ese momento ni el sueño ni el descanso le +hicieron falta: vivía en una constante actividad. Así vio pasar todo el +mes de marzo y llegar abril, y sin poder embarcarse para las playas +amadas, donde ya se moría como él sabría morir. El 25 de marzo, ya en +vísperas de viaje, en el <i>pórtico</i> del <i>gran deber</i>, le escribió a su +amigo, el dominicano y poeta y escritor, Federico Henríquez Carvajal, +una carta que alguien ha llamado su testamento político, y de la cual +vienen a mi mente estos conceptos que debía grabar todo cubano en lo más +puro y bueno de sus entrañas: «Yo evoqué la guerra: mi responsabilidad +comienza con ella, en vez de acabar. Para mí la patria no será nunca +triunfo, sino agonía y deber. Ya arde la sangre. Ahora hay que dar +respeto y sentido humano y amable al sacrificio; hay que hacer viable e +inexpugnable la guerra; si ella me manda, conforme a mi deseo único +quedarme, me quedo en ella; si me manda, clavándome el alma, irme lejos +de los que mueren como yo sabría morir, también tendré ese valor. Quien +piensa en sí no ama a la patria; y está el mal de los pueblos, por más +que a veces se lo disimulen sutilmente, en los estorbos o prisas que el +interés de sus representantes ponen en el curso natural de los sucesos. +De mí espere la deposición absoluta y continua. Yo alzaré el mundo. Pero +mi único deseo sería pegarme allí, al último tronco, al último peleador: +morir callado. Para mí ya es hora. Pero aun puedo servir a este único +corazón de nuestras Repúblicas. Las Antillas libres salvarán la +independencia de nuestra América y el honor ya dudoso y lastimado de la +América inglesa, y acaso acelerarán y fijarán el equilibrio del mundo. +Vea lo que hacemos, usted con sus canas juveniles y yo a rastras con mi +corazón roto. Yo obedezco, y aun diré que acato como superior +disposición y como Ley americana, la necesidad feliz de partir, al +amparo de Santo Domingo, para la guerra de libertad de Cuba. Hagamos por +sobre la mar, a sangre y a cariño, lo que por el fondo de la mar hace la +cordillera de fuego andino». En esta carta dejó Martí mucho de su alma +llena del himno glorioso de la naturaleza y de la íntima majestad de lo +divino. Pero donde puso todo el corazón rebosante de ternura y amor, fue +en la carta última, que le escribió a su anciana madre, entonces aquí, +al lado de los que se sentaban a la mesa del jerez y de la manzanilla a +comer el plato del robo y de la villanía. Oíd esa carta: «Madre mía: Hoy +25 de marzo, en vísperas de un largo viaje, estoy pensando en usted. Yo +sin cesar pienso en usted. Usted se duele en la cólera de su amor del +sacrificio de mi vida: y ¿por qué nací de usted con una vida que ama el +sacrificio? Palabras, no puedo. El deber de un hombre está allí donde es +más útil. Pero conmigo va siempre, en mi creciente y necesaria agonía, +el recuerdo de mi madre. Abrace a mis hermanas y a sus compañeros. Ojalá +pueda algún día verlos a todos a mi alrededor, contentos de mí. Y +entonces sí que cuidaré yo de usted con mimo y con orgullo. Ahora +bendígame, y crea que jamás saldrá de mi corazón obra sin piedad y sin +limpieza. La bendición». ¡Yo no sé que se pueda decir más y de manera +más genial en tan pocas palabras! Si Martí no hubiera escrito más que +esta carta, por ella solo tendría asiento perdurable entre los hombres +que saben lo que es un adiós, lo que es desafiar la muerte, ¡y lo que +una madre significa!...</p> + +<p>Y llegó por fin el momento feliz, término de todas sus angustias, +satisfacción de todos sus anhelos. Después de publicar el grandioso +manifiesto de «Montecristi» de despachar el barco expedicionario para +Maceo, de vencer cuantas dificultades le salieron al camino, se embarcó, +en unión de cinco compañeros, Máximo Gómez, Paquito Borrero, Ángel +Guerra, César Salas y Marcos del Rosario, en un vapor alemán que había +llegado de paso a Cabo Haitiano, y que según la promesa de su Capitán a +Martí, los conduciría cerca de las costas de Cuba y les cedería un bote +para llegar a tierra. Oíd el relato, hecho a tajos, de esa odisea +milagrosa. Era el 10 de abril, día glorioso dos veces en los anales de +la historia cubana, cuando se echaron al mar esos hombres magníficos; y +el 11, a pocas millas de la costa, detiene el vapor que los conducía su +marcha, bajan la escala, echan al agua uno de sus botes y en él se +instalan los seis expedicionarios «con gran carga de parque y un saco +con queso y galletas». Y a las seis horas de remar, bajo un cielo negro +y tenebroso, arrullado por olas alborotadas, caen sigilosos sobre la +costa de Cuba, llenos de una dicha superior al peligro que habían +corrido y que habían de correr. Ya en tierra, cargados como bestias, +subieron los espinares y pasaron las ciénegas y cruzaron ríos crecidos y +subieron cumbres, hasta que dieron con la guerrilla baracoana de Félix +Ruenes «hombre de consejo y moderación» como lo llamó Martí, y a quien +la gloria le crece ya sobre la sepultura. Oigamos las impresiones +primeras de Martí, en los campos de Cuba libre: «Hasta hoy no me he +sentido hombre. He vivido avergonzado y arrastrando la cadena de mi +patria, toda mi vida. La divina claridad del alma aligera mi cuerpo. +Este reposo y bienestar explican la constancia y el júbilo con que los +hombres se ofrecen al sacrificio». «Es muy grande mi felicidad: sin +ilusión alguna de mis sentidos ni pensamiento excesivo en mí propio, ni +alegría egoísta y pueril, puedo decir que llegué al fin, a mi plena +naturaleza; y que el honor que en mis paisanos vea, en la naturaleza que +nuestro valor nos da derecho, me embriaga la dicha con dulce embriaguez. +Solo la luz es comparable a mi felicidad». Cerca, de la costa +permanecieron Martí y sus compañeros hasta el día 16 que salieron con +dirección a la jurisdicción de Guantánamo. Los españoles, sabedores de +la llegada de los expedicionarios y de que rondaban por esos lugares, le +salieron al encuentro en número de cuatrocientos hombres. Y el día 27, +por suerte, estando ya Martí y los suyos con las fuerzas de Garzón y +Mariano Sánchez y José Maceo que asumió el mando de todas, fueron +atacados por el enemigo. De este encuentro contaba Martí: «Me siento +puro y leve, y siento en mí algo como la paz de un niño. ¿Por qué me +vuelvo a acordar ahora de la larga marcha, para mí la primera marcha de +batalla que siguió al combate victorioso con que nos recibió el valiente +y sencillo José Maceo? Porque fue muy bella y quisiera que ustedes la +hubieran visto conmigo. ¿O tenía el cielo balcones y los seres que me +son queridos estaban asomados a uno de ellos? A la mañana veníamos, aun +los pocos de la expedición de Baracoa, los seis y los que se nos fueron +uniendo, revueltos por el monte de espinas y con la mano al arma, +esperando por cada vereda al enemigo. Retumba de repente el tiroteo como +a pocos pasos de nosotros, y el fuego es de dos horas. Los nuestros han +vencido. Cien cubanos bisoños han apagado treinta hombres de la columna +entera de Guantánamo: trescientos teníamos, pero solo pelearon cien; +ellos se van pueblo adentro, deshechos, ensangrentados, con los muertos +en brazos, regando las armas. En el camino mismo del combate nos +esperaban cubanos triunfadores: se echan de los caballos abajo; nos +abrazan y nos vitorean; nos suben a caballo y nos calzan las espuelas; +¿cómo no me inspira horror la mancha de sangre que hay en el camino? ¿ni +la sangre a medio secar de una cabeza que ya está enterrada, en la +cartera que le puso de almohada un jinete nuestro?». «Ya duerme el +campamento: al pie de un árbol grande iré luego a dormir, junto al +machete y el revólver, y de almohada mi capa de hule: ahora, abro el +jolongo y saco de él la medicina para los heridos. ¡Qué cariñosas las +estrellas... a las tres de la madrugada! A las cinco abiertos los +ojos...». «A cada momento alzo la pluma, o dejo el taburete y el corte +de palma en que escribo, para adivinarle a un doliente la maluquera, +porque de piedad o casualidad se me han juntado en el bagaje más +remedios que ropa, y no para mí que no estuve más sano nunca. Y ello es +que tengo acierto, y ya me he ganado mi poco de reputación, sin más que +saber como está hecho el cuerpo humano, y haber traído conmigo el +milagro del iodo. Y el del cariño, que es otro milagro; en el que ando +con tacto, y con rienda severa, no vaya la humanidad a parecer +vergonzosa adulación, aunque es rara la claridad del alma, y como finura +en el sentir que embellece, por entre palabras pícaras, y disputas y +fritos y guisos, esta vida de campamento». Hasta aquí de sus cartas. +Triunfal fue la marcha de Martí por los campos de Cuba libre: por donde +quiera que pasaba iba dejando—como dicen que proclamaba José Maceo—, +<i>vergüenza y alegría</i>. Más de diez veces les habló Martí a fuerzas +cubanas en guerra y siempre les dejó la mente en alto y el alma +contenta. ¡Todavía viven algunos de los que oyeron a caballo y con la +mano a la cintura su elocuencia arrebatadora: todavía viven algunos de +los que le vieron sin cansancio y sin fatiga andando con el rifle al +hombro por las montañas agrias, por los pedregales ásperos, por los ríos +creídos, por las ciénegas espantables.</p> + +<p>Y llega el 19 de mayo, el día aciago, el día tremendo. El sol lucía en +el zenit. Martí y Masó estaban acampados en Vuelta Grande cuando llegó +el General Gómez y fue como un jubileo el campamento. Masó y Martí y +Máximo Gómez le hablaron a las fuerzas y fueron vitoreados y aclamados. +A poco avisan las avanzadas que estaban cerca de Dos Ríos la proximidad +del enemigo. De Vuelta Grande a Dos Ríos había poco más de una legua. +Los soldados cubanos, entusiasmados por las arengas que acababan de oír, +a vuelo de caballo se ponen frente a los contrarios. En breves momentos +el combate se generaliza; la atmósfera se preña de humo y olor a +pólvora; el aire es épico. Entonces es que Martí, desmadejado el +cabello, los ojos fúlgidos y relampagueantes, el pecho henchido de +orgullo, enardecido, arrebatado, impaciente por el sacrificio e inquieto +por la emulación, invita a la carga a su ayudante Ángel la Guardia—aquel +fiero aguilucho caído en Victoria de las Tunas—, aviva con las espuelas +su noble bruto, y gozoso como un niño que ha crecido un palmo, y como si +hubiera alcanzado a ver, reducido a la pequeñez de un montón de carne +humana, todo el Gobierno de rencores, de insultos, de envidias, de +mezquindades, de ambiciones, de la oligarquía esquilmadora que le vejaba +su tierra, se echa sobre los rifles enemigos y cae acribillado a +balazos, con la limpieza y majestad de un Dios, del brazo de la muerte +que es inmortal, y coronado por la fulgente claridad del martirio y de +la gloria.... Así terminó, así se obscureció para siempre, la lámpara +pura y serena de aquel gran cerebro, «dictador de genio»; así dejó de +latir aquel gran corazón, profesor de virtudes; así, entre chocar de +aceros y estampidos de fusilería, pasó el gran Apóstol a ser huésped +eterno de la suprema luz. Allí, en los campos de Dos Ríos, campos ya +para siempre memorables, se apagó aquel astro inmenso que parecía +inmortal; allí cayó peleando por la independencia de su patria, +arremetiendo contra los defensores de la tiranía, la cabeza imperial +descubierta y nutrida de leyendas y de asombros, con el alma en el aire, +el batallador infatigable que fue para los cubanos, con sus racimos de +palabras y sus manantiales de ternuras, como otra isla sonora y +espiritual.... Allí, a aquellos campos, en silencio, que recogieron su +última mirada y su último suspiro y que supieron también del primer +grito de desolación y de angustia que arrancó a los suyos su caída; allí +debieran ir en legiones los cubanos vivos, a purificarse y a lavarse de +sus culpas y pecados. Allí, a aquellos campos donde entregó su vida el +héroe más puro y grande del poema de hierro de nuestras guerras de +independencia, debieran ir los que ahora, olvidados de todo lo que no +sea su personal interés, ponen la patria de cabalgadura y de látigo la +gloria que conquistaron en su defensa; los <i>prácticos</i> eternos que no +piensan ni por un momento en la gloria de morir peleando por la libertad +y sí en lo cómodo de vivir, aunque sea de rodillas, a los pies de los +amos del momento; los que no saben que hay algo más triste que ser +esclavo, y es mostrar que no se es digno de ser libre... ¿Y se perderá +entre los cubanos el recuerdo de existencia tan pura, tan meritísima y +ejemplar? ¿Será tanta nuestra pequeñez, que ocupados en buscar la +comodidad y el gusto y el regalo personal, no miremos que se nos puede +caer la casa de todos, la obra santa que él coronó a costa de su sangre? +¿Será todo chiste, ira, medro? Inspirémonos en él, y depongamos nuestros +agravios y nuestras inquinas: amémonos los unos a los otros, y clavemos +en lo más firme y alto de nuestra tierra la bandera de nuestra +nacionalidad. Y vigilemos para que de su triángulo rojo no se salga +jamás la estrella solitaria, ni para hundirse en la nada, ni para dar su +brillo, entonces más sola que nunca, entre el montón de estrellas del +pabellón americano....</p> + +<p>Hasta aquí de su vida; de su obra hablaré en otra ocasión.</p> + +<p>Y ahora, Maestro y Padre, escucha: el niño aquel que en la emigración te +siguió febril, enamorado de tu bondad y tu talento, el niño aquel que +por serlo, no te acompañó en la hora de tu muerte, se ha hecho hombre y +te es fiel, y de las semillas de amor que tú le dejaste caer en el +pecho, esto es el fruto. Tu memoria lo fortalece como una esperanza, +como un faro lo guía, como un ala lo levanta. Y si es verdad que la vida +humana no es toda la vida, si es verdad que después de ella hay otra +existencia superior, ordena, que él no quiere para sí mayor gloria que +la de obedecer a tu mandato. Él no se cansa de predicar tus doctrinas ni +de continuar, a la medida de sus fuerzas, tu obra de ensanchamiento y de +reparación universal. Tus libros, que ahora mismo Gonzalo de Quesada, tu +buen Gonzalo, publica para reverenciarte, constituyen su Biblia. Y todas +las noches, al poner la cabeza sobre la almohada libre, piensa en ti, y +murmura agitado como por un temblor de héroe: Maestro ¡gloria a ti! +Padre, bendito seas....</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h1>Amistad funesta</h1> + +<h1>Novela</h1> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="Capitulo_I" id="Capitulo_I"></a><a href="#table">Capítulo I</a></h2> + + +<p>Una frondosa magnolia, podada por el jardinero de la casa con manos +demasiado académicas, cubría aquel domingo por la mañana con su sombra a +los familiares de la casa de Lucía Jerez. Las grandes flores blancas de +la magnolia, plenamente abiertas en sus ramas de hojas delgadas y +puntiagudas, no parecían, bajo aquel cielo claro y en el patio de +aquella casa amable, las flores del árbol, sino las del día, ¡esas +flores inmensas e inmaculadas, que se imaginan cuando se ama mucho! El +alma humana tiene una gran necesidad de blancura. Desde que lo blanco se +oscurece, la desdicha empieza. La práctica y conciencia de todas las +virtudes, la posesión de las mejores cualidades, la arrogancia de los +más nobles sacrificios, no bastan a consolar el alma de un solo +extravío.</p> + +<p>Eran hermosas de ver, en aquel domingo, en el cielo fulgente, la luz +azul, y por entre los corredores de columnas de mármol, la magnolia +elegante, entre las ramas verdes, las grandes flores blancas y en sus +mecedoras de mimbre, adornadas con lazos de cinta, aquellas tres amigas, +en sus vestidos de mayo: Adela, delgada y locuaz, con un ramo de rosas +Jacqueminot al lado izquierdo de su traje de seda crema; Ana, ya próxima +a morir, prendida sobre el corazón enfermo, en su vestido de muselina +blanca, una flor azul sujeta con unas hebras de trigo; y Lucía, robusta +y profunda, que no llevaba flores en su vestido de seda carmesí, «porque +no se conocía aun en los jardines la flor que a ella le gustaba: ¡la +flor negra!».</p> + +<p>Las amigas cambiaban vivazmente sus impresiones de domingo. Venían de +misa; de sonreír en el atrio de la catedral a sus parientes y conocidos; +de pasear por las calles limpias, esmaltadas de sol, como flores +desatadas sobre una bandeja de plata con dibujos de oro. Sus amigas, +desde las ventanas de sus casas grandes y antiguas, las habían saludado +al pasar. No había mancebo elegante en la ciudad que no estuviese aquel +mediodía por las esquinas de la calle de la Victoria. La ciudad, en esas +mañanas de domingo, parece una desposada. En las puertas, abiertas de +par en par, como si en ese día no se temiesen enemigos, esperan a los +dueños los criados, vestidos de limpio. Las familias, que apenas se han +visto en la semana, se reúnen a la salida de la iglesia para ir a +saludar a la madre ciega, a la hermana enferma, al padre achacoso. Los +viejos ese día se remozan. Los veteranos andan con la cabeza más +erguida, muy luciente el chaleco blanco, muy bruñido el puño del bastón. +Los empleados parecen magistrados. A los artesanos, con su mejor +chaqueta de terciopelo, sus pantalones de dril muy planchado y su +sombrerín de castor fino, da gozo verlos. Los indios, en verdad, +descalzos y mugrientos, en medio de tanta limpieza y luz, parecen +llagas. Pero la procesión lujosa de madres fragantes y niñas galanas +continúa, sembrando sonrisas por las aceras de la calle animada; y los +pobres indios, que la cruzan a veces, parecen gusanos prendidos a +trechos en una guirnalda. En vez de las carretas de comercio o de las +arrias de mercaderías, llenan las calles, tirados por caballos altivos, +carruajes lucientes. Los carruajes mismos, parece que van contentos, y +como de victoria. Los pobres mismos, parecen ricos. Hay una quietud +magna y una alegría casta. En las casas todo es algazara. Los nietos +¡qué ir a la puerta, y aturdir al portero, impacientes por lo que la +abuela tarda! Los maridos ¡qué celos de la misa, que se les lleva, con +sus mujeres queridas, la luz de la mañana! La abuela, ¡cómo viene +cargada de chucherías para los nietos, de los juguetes que fue reuniendo +en la semana para traerlos a la gente menor hoy domingo, de los +mazapanes recién hechos que acaba de comprar en la dulcería francesa, de +los caprichos de comer que su hija prefería cuando soltera, qué carruaje +el de la abuela, que nunca se vacía! Y en la casa de Lucía Jerez no se +sabía si había más flores en la magnolia, o en las almas.</p> + +<p>Sobre un costurero abierto, donde Ana al ver entrar a sus amigas puso +sus enseres de coser y los ajuares de niño que regalaba a la Casa de +Expósitos, habían dejado caer Adela y Lucía sus sombreros de paja, con +cintas semejantes a sus trajes, revueltas como cervatillos que retozan. +¡Dice mucho, y cosas muy traviesas, un sombrero que ha estado una hora +en la cabeza de una señorita! Se le puede interrogar, seguro de que +responde: ¡de algún elegante caballero, y de más de uno, se sabe que ha +robado a hurtadillas una flor de un sombrero, o ha besado sus cintas +largamente, con un beso entrañable y religioso! El sombrero de Adela era +ligero y un tanto extravagante, como de niña que es capaz de enamorarse +de un tenor de ópera: el de Lucía era un sombrero arrogante y +amenazador; se salían por el borde del costurero las cintas carmesíes, +enroscadas sobre el sombrero de Adela como una boa sobre una tórtola: +del fondo de seda negro, por los reflejos de un rayo de sol que filtraba +oscilando por una rama de la magnolia, parecían salir llamas.</p> + +<p>Estaban las tres amigas en aquella pura edad en que los caracteres +todavía no se definen: ¡ay, en esos mercados es donde suelen los jóvenes +generosos, que van en busca de pájaros azules, atar su vida a lindos +vasos de carne que a poco tiempo, a los primeros calores fuertes de la +vida, enseñan la zorra astuta, la culebra venenosa, el gato frío e +impasible que les mora en el alma!</p> + +<p>La mecedora de Ana no se movía, tal como apenas en sus labios pálidos la +afable sonrisa: se buscaban con los ojos las violetas en su falda, como +si siempre debiera estar llena de ellas. Adela no sin esfuerzo se +mantenía en su mecedora, que unas veces estaba cerca de Ana, otras de +Lucía, y vacía las más. La mecedora de Lucía, más echada hacia adelante +que hacia atrás, cambiaba de súbito de posición, como obediente a un +gesto enérgico y contenido de su dueña.</p> + +<p>—Juan no viene: ¡te digo que Juan no viene!</p> + +<p>—¿Por qué, Lucía, si sabes que si no viene te da pena?</p> + +<p>—¿Y no te pareció Pedro Real muy arrogante? Mira, mi Ana, dame el +secreto que tú tienes para que te quiera todo el mundo: porque ese +caballero, es necesario que me quiera.</p> + +<p>En un reloj de bronce labrado, embutido en un ancho plato de porcelana +de ramos azules, dieron las dos.</p> + +<p>—Lo ves, Ana, lo ves; ya Juan no viene—y se levantó Lucía; fue a uno de +los jarrones de mármol colocados entre cada dos columnas, de las que de +un lado y otro adornaban el sombreado patio; arrancó sin piedad de su +tallo lustroso una camelia blanca, y volvió silenciosa a su mecedora, +royéndole las hojas con los dientes.</p> + +<p>—Juan viene siempre, Lucía.</p> + +<p>Asomó en este momento por la verja dorada que dividía el zaguán de la +antesala que se abría al patio, un hombre joven, vestido de negro, de +quien se despedían con respeto y ternura uno de mayor edad, de ojos +benignos y poblada barba, y un caballero entrado en largos años, triste, +como quien ha vivido mucho, que retenía con visible placer la mano del +joven entre las suyas:</p> + +<p>—Juan, ¿por qué nació usted en esta tierra?</p> + +<p>—Para honrarla si puedo, don Miguel, tanto como usted la ha honrado.</p> + +<p>Fue la emoción visible en el rostro del viejo; y aun no había +desaparecido del zaguán, de brazo del de la buena barba, cuando Lucía, +demudado el rostro y temblándole en las pestañas las lágrimas, estaba en +pie, erguida con singular firmeza, junto a la verja dorada, y decía, +clavando en Juan sus dos ojos imperiosos y negros:</p> + +<p>—Juan, ¿por qué no habías venido?</p> + +<p>Adela estaba prendiendo en aquel momento en sus cabellos rubios un +jazmín del Cabo.</p> + +<p>Ana cosía un lazo azul a una gorrita de recién nacido, para la Casa de +Expósitos.</p> + +<p>—Fui a rogar—respondió Juan sonriendo dulcemente—, que no apremiasen por +la renta de este mes a la señora del Valle.</p> + +<p>—¿A la madre de Sol? ¿de Sol del Valle?</p> + +<p>Y pensando en la niña de la pobre viuda, que no había salido aun del +colegio, donde la tenía por merced la Directora, se entró Lucía, sin +volver ni bajar la cabeza, por las habitaciones interiores, en tanto que +Juan, que amaba a quien lo amaba, la seguía con los ojos tristemente.</p> + +<hr style='width: 45%;' /> + +<p>Juan Jerez era noble criatura. Rico por sus padres, vivía sin el +encogimiento egoísta que desluce tanto a un hombre joven, mas sin +aquella angustiosa abundancia, siempre menor que los gastos y apetitos +de sus dueños, con que los ricuelos de poco sentido malgastan en empleos +estúpidos, a que llaman placeres, la hacienda de sus mayores. De sí +propio, y con asiduo trabajo, se había ido creando una numerosa +clientela de abogado, en cuya engañosa profesión, entre nosotros +perniciosamente esparcida, le hicieron entrar, más que su voluntad, dada +a más activas y generosas labores, los deseos de su padre, que en la +defensa de casos limpios de comercio había acrecentado el haber que +aportó al matrimonio su esposa. Y así Juan Jerez, a quien la Naturaleza +había puesto aquella coraza de luz con que reviste a los amigos de los +hombres, vino, por esas preocupaciones legendarias que desfloran y +tuercen la vida de las generaciones nuevas en nuestros países, a pasar, +entre lances de curia que a veces le hacían sentir ansias y vuelcos, los +años más hermosos de una juventud sazonada e impaciente, que veía en las +desigualdades de la fortuna, en la miseria de los infelices, en los +esfuerzos estériles de una minoría viciada por crear pueblos sanos y +fecundos, de soledades tan ricas como desiertas, de poblaciones +cuantiosas de indios míseros, objeto más digno que las controversias +forenses del esfuerzo y calor de un corazón noble y viril.</p> + +<p>Llevaba Juan Jerez en el rostro pálido, la nostalgia de la acción, la +luminosa enfermedad de las almas grandes, reducida por los deberes +corrientes o las imposiciones del azar a oficios pequeños; y en los ojos +llevaba como una desolación, que solo cuando hacía un gran bien, o +trabajaba en pro de un gran objeto, se le trocaba, como un rayo de sol +que entra en una tumba, en centelleante júbilo. No se le dijera entonces +un abogado de estos tiempos, sino uno de aquellos trovadores que sabían +tallarse, hartos ya de sus propias canciones, en el mango de su guzla la +empuñadura de una espada. El fervor de los cruzados encendía en aquellos +breves instantes de heroica dicha su alma buena; y su deleite, que le +inundaba de una luz parecida a la de los astros, era solo comparable a +la vasta amargura con que reconocía, a poco que en el mundo no +encuentran auxilio, sino cuando convienen a algún interés que las vicia, +las obras de pureza. Era de la raza selecta de los que no trabajan para +el éxito, sino contra él. Nunca, en esos pequeños pueblos nuestros donde +los hombres se encorvan tanto, ni a cambio de provechos ni de +vanaglorias cedió Juan un ápice de lo que creía sagrado en él, que era +su juicio de hombre y su deber de no ponerlo con ligereza o por paga al +servicio de ideas o personas injustas; sino que veía Juan su +inteligencia como una investidura sacerdotal, que se ha de tener siempre +de manera que no noten en ella la más pequeña mácula los feligreses; y +se sentía Juan, allá en sus determinaciones de noble mozo, como un +sacerdote de todos los hombres, que uno a uno tenía que ir dándoles +perpetua cuenta, como si fuesen sus dueños, del buen uso de su +investidura.</p> + +<p>Y cuando veía que, como entre nosotros sucede con frecuencia, un hombre +joven, de palabra llameante y talento privilegiado, alquilaba por la +paga o por el puesto aquella insignia divina que Juan creía ver en toda +superior inteligencia, volvía los ojos sobre sí como llamas que le +quemaban, tal como si viera que el ministro de un culto, por pagarse la +bebida o el juego, vendiese las imágenes de sus dioses. Estos soldados +mercenarios de la inteligencia lo tachaban por eso de hipócrita, lo que +aumentaba la palidez de Juan Jerez, sin arrancar de sus labios una +queja. Y otros decían, con más razón aparente—aunque no en el caso de +él—, que aquella entereza de carácter no era grandemente meritoria en +quien, rico desde la cuna, no había tenido que bregar por abrirse +camino, como tantos de nuestros jóvenes pobres, en pueblos donde por +viejas tradiciones coloniales se da a los hombres una educación +literaria, y aun esta descosida e incompleta, que no halla luego natural +empleo en nuestros países despoblados y rudimentarios, exuberantes, sin +embargo, en fuerzas vivas, hoy desaprovechadas o trabajadas apenas, +cuando para hacer prósperas a nuestras tierras y dignos a nuestros +hombres no habría más que educarlos de manera que pudiesen sacar +provecho del suelo providísimo en que nacen. A manejar la lengua hablada +y escrita les enseñan, como único modo de vivir, en pueblos en que las +artes delicadas que nacen del cultivo del idioma no tienen el número +suficiente, no ya de consumidores, de apreciadores siquiera, que +recompensen, con el precio justo de estos trabajos exquisitos, la labor +intelectual de nuestros espíritus privilegiados. De modo que, como con +el cultivo de la inteligencia vienen los gustos costosos, tan naturales +en los hispanoamericanos como el color sonrosado en las mejillas de una +niña quinceña; como en las tierras calientes y floridas, se despierta +temprano el amor, que quiere casa, y lo mejor que haya en la ebanistería +para amueblarla, y la seda más joyante y la pedrería más rica para que a +todos maraville y encele su dueña; como la ciudad, infecunda en nuestros +países nuevos, retiene en sus redes suntuosas a los que fuera de ella no +saben ganar el pan, ni en ella tienen cómo ganarlo, a pesar de sus +talentos, bien así como un pasmoso cincelador de espadas de taza, que +sabría poblar éstas de castellanas de larga amazona desmayadas en brazos +de guerreros fuertes, y otras sutiles lindezas en plata y en oro, no +halla empleo en un villorrio de gente labriega, que vive en paz, o al +puñal o a los puños remite el término de sus contiendas; como con +nuestras cabezas hispanoamericanas, cargadas de ideas de Europa y +Norteamérica, somos en nuestros propios países a manera de frutos sin +mercado, cual las excrecencias de la tierra, que le pesan y estorban, y +no como su natural florecimiento, sucede que los poseedores de la +inteligencia, estéril entre nosotros por su mala dirección, y +necesitados para subsistir de hacerla fecunda, la dedican con exceso +exclusivo a los combates políticos, cuando más nobles, produciendo así +un desequilibrio entre el país escaso y su política sobrada, o, +apremiados por las urgencias de la vida, sirven al gobernante fuerte que +les paga y corrompe, o trabajan por volcarle cuando, molestado aquel por +nuevos menesterosos, les retira la paga abundante de sus funestos +servicios. De estas pesadumbres públicas venían hablando el de la barba +larga, el anciano de rostro triste, y Juan Jerez, cuando este, ligado +desde niño por amores a su prima Lucía, se entró por el zaguán de +baldosas de mármol pulido espaciosas y blancas como sus pensamientos.</p> + +<hr style='width: 45%;' /> + +<p>La bondad es la flor de la fuerza. Aquel Juan brioso, que andaba siempre +escondido en las ocasiones de fama y alarde, pero visible apenas se +sabía de una prerrogativa de la patria desconocida o del decoro y +albedrío de algún hombre hollados; aquel batallador temible y áspero, a +quien jamás se atrevieron a llegar, avergonzadas de antemano, las +ofertas y seducciones corruptoras a que otros vociferantes de temple +venal habían prestado oídos; aquel que llevaba siempre en el rostro +pálido y enjuto como el resplandor de una luz alta y desconocida, y en +los ojos el centelleo de la hoja de una espada; aquel que no veía +desdicha sin que creyese deber suyo remediarla, y se miraba como un +delincuente cada vez que no podía poner remedio a una desdicha; aquel +amantísimo corazón, que sobre todo desamparo vaciaba su piedad +inagotable, y sobre toda humildad, energía o hermosura prodigaba +apasionadamente su amor, había cedido, en su vida de libros y +abstracciones, a la dulce necesidad, tantas veces funesta, de apretar +sobre su corazón una manecita blanca. La de esta o la de aquella le +importaban poco; y él, en la mujer, veía más el símbolo de las +hermosuras ideadas que un ser real.</p> + +<p>Lo que en el mundo corre con nombre de buenas fortunas, y no son, por lo +común, de una parte o de otra, más que odiosas vilezas, habían salido, +una que otra vez, al camino de aquel joven rico a cuyo rostro venía, de +los adentros del alma, la irresistible belleza de un noble espíritu. +Pero esas buenas fortunas, que en el primer instante llenan el corazón +de los efluvios trastornadores de la primavera, y dan al hombre la +autoridad confiada de quien posee y conquista; esos amoríos de ocasión, +miel en el borde, hiel en el fondo, que se pagan con la moneda más +valiosa y más cara, la de la propia limpieza; esos amores irregulares y +sobresaltados, elegante disfraz de bajos apetitos, que se aceptan por +desocupación o vanidad, y roen luego la vida, como úlceras, solo +lograron en el ánimo de Juan Jerez despertar el asombro de que, so +pretexto o nombre de cariño, vivan hombres y mujeres, sin caer muertos +de odio a sí mismos, en medio de tan torpes liviandades. Y no cedía a +ellas, porque la repulsión que le inspiraba, cualesquiera que fuesen sus +gracias, una mujer que cerca de la mesa de trabajo de su esposo o junto +a la cuna de su hijo no temblaba de ofrecerlas, era mayor que las +penosas satisfacciones que la complicidad con una amante liviana produce +a un hombre honrado.</p> + +<p>Era la de Juan Jerez una de aquellas almas infelices que solo pueden +hacer lo grande y amar lo puro. Poeta genuino, que sacaba de los +espectáculos que veía en sí mismo, y de los dolores y sorpresas de su +espíritu, unos versos extraños, adoloridos y profundos, que parecían +dagas arrancadas de su propio pecho, padecía de esa necesidad de la +belleza que como un marchamo ardiente, señala a los escogidos del canto. +Aquella razón serena, que los problemas sociales o las pasiones comunes +no oscurecían nunca, se le ofuscaba hasta hacerle llegar a la +prodigalidad de sí mismo, en virtud de un inmoderado agradecimiento. +Había en aquel carácter una extraña y violenta necesidad del martirio, y +si por la superioridad de su alma le era difícil hallar compañeros que +se la estimaran y animasen, él, necesitado de darse, que en su bien +propio para nada se quería, y se veía a sí mismo como una propiedad de +los demás que guardaba él en depósito, se daba como un esclavo a cuantos +parecían amarle y entender su delicadeza o desear su bien.</p> + +<hr style='width: 45%;' /> + +<p>Lucía, como una flor que el sol encorva sobre su tallo débil cuando +esplende en todo su fuego el mediodía; que como toda naturaleza +subyugadora necesitaba ser subyugada; que de un modo confuso e +impaciente, y sin aquel orden y humildad que revelan la fuerza +verdadera, amaba lo extraordinario y poderoso, y gustaba de los caballos +desalados, de los ascensos por la montaña, de las noches de tempestad y +de los troncos abatidos; Lucía, que, niña aun, cuando parecía que la +sobremesa de personas mayores en los gratos almuerzos de domingo debía +fatigarle, olvidaba los juegos de su edad, y el coger las flores del +jardín, y el ver andar en parejas por el agua clara de la fuente los +pececillos de plata y de oro, y el peinar las plumas blandas de su +último sombrero, por escuchar, hundida en su silla, con los ojos +brillantes y abiertos, aquellas aladas palabras, grandes como águilas, +que Juan reprimía siempre delante de gente extraña o común, pero dejaba +salir a caudales de sus labios, como lanzas adornadas de cintas y de +flores, apenas se sentía, cual pájaro perseguido en su nido caliente, +entre almas buenas que le escuchaban con amor; Lucía, en quien un deseo +se clavaba como en los peces se clavan los anzuelos, y de tener que +renunciar a algún deseo, quedaba rota y sangrando, como cuando el +anzuelo se le retira queda la carne del pez; Lucía que, con su +encarnizado pensamiento, había poblado el cielo que miraba, y los +florales cuyas hojas gustaba de quebrar, y las paredes de la casa en que +lo escribía con lápices de colores, y el pavimento a que con los brazos +caídos sobre los de su mecedora solía quedarse mirando largamente; de +aquel nombre adorado de Juan Jerez, que en todas partes por donde miraba +le resplandecía, porque ella lo fijaba en todas partes con su voluntad y +su mirada como los obreros de la fábrica de Eibar, en España, embuten +los hilos de plata y de oro sobre la lámina negra del hierro esmerilado; +Lucía, que cuando veía entrar a Juan, sentía resonar en su pecho unas +como arpas que tuviesen alas, y abrirse en el aire, grandes como soles, +unas rosas azules, ribeteadas de negro, y cada vez que lo veía salir, le +tendía con desdén la mano fría, colérica de que se fuese, y no podía +hablarle, porque se le llenaban de lágrimas los ojos; Lucía, en quien +las flores de la edad escondían la lava candente que como las vetas de +metales preciosos en las minas le culebreaban en el pecho; Lucía, que +padecía de amarle, y le amaba irrevocablemente, y era bella a los ojos +de Juan Jerez, puesto que era pura, sintió una noche, una noche de su +santo, en que antes de salir para el teatro se abandonaba a sus +pensamientos con una mano puesta sobre el mármol del espejo, que Juan +Jerez, lisonjeado por aquella magnífica tristeza, daba un beso, largo y +blando, en su otra mano. Toda la habitación le pareció a Lucía llena de +flores; del cristal del espejo creyó ver salir llamas; cerró los ojos, +como se cierran siempre en todo instante de dicha suprema, tal como si +la felicidad tuviese también su pudor, y para que no cayese en tierra, +los mismos brazos de Juan tuvieron delicadamente que servir de apoyo a +aquel cuerpo envuelto en tules blancos, de que en aquella hora de +nacimiento parecía brotar luz. Pero Juan aquella noche se acostó triste, +y Lucía misma, que amaneció junto a la ventana en su vestido de tules, +abrigados los hombros en una aérea nube azul, se sentía, aromada como un +vaso de perfumes, pero seria y recelosa....</p> + +<hr style='width: 45%;' /> + +<p>—Ana mía, Ana mía, aquí está Pedro Real. ¡Míralo qué arrogante!</p> + +<p>—Arrodíllate, Adela: arrodíllate ahora mismo—le respondió dulcemente +Ana, volviendo a ella su hermosa cabeza de ondulantes cabellos +castaños—; mientras que Juan, que venía de hacer paces con Lucía +refugiada en la antesala, salía a la verja del zaguán a recibir al amigo +de la casa.</p> + +<p>Adela se arrodilló, cruzados los brazos sobre las rodillas de Ana; y Ana +hizo como que le vendaba los labios con una cinta azul, y le dijo al +oído, como quien ciñe un escudo o ampara de un golpe, estas palabras:</p> + +<p>—Una niña honesta no deja conocer que le gusta un calavera, hasta que no +haya recibido de él tantas muestras de respeto, que nadie pueda dudar +que no la solicita para su juguete.</p> + +<p>Adela se levantó riendo, y puestos los ojos, entre curiosos y burlones, +en el galán caballero, que del brazo de Juan venía hacia ellas, los +esperó de pie al lado de Ana, que con su serio continente, nunca duro, +parecía querer atenuar en favor de Adela misma, su excesiva viveza. +Pedro, aturdido y más amigo de las mariposas que de las tórtolas, saludó +a Adela primero.</p> + +<p>Ana retuvo un instante en su mano delgada la de Pedro, y con aquellos +derechos de señora casada que da a las jóvenes la cercanía de la muerte.</p> + +<p>—Aquí—le dijo—, Pedro: aquí toda esta tarde a mi lado—¡Quién sabe si, +enfrente de aquella hermosa figura de hombre joven, no le pesaba a la +pobre Ana, a pesar de su alma de sacerdotisa, dejar la vida! ¡Quién sabe +si quería solo evitar que la movible Adela, revoloteando en torno de +aquella luz de belleza, se lastimase las alas!</p> + +<p>Porque aquella Ana era tal que, por donde ella iba, resplandecía. Y +aunque brillase el sol, como por encima de la gran magnolia estaba +brillando aquella tarde, alrededor de Ana se veía una claridad de +estrella. Corrían arroyos dulces por los corazones cuando estaba en +presencia de ella. Si cantaba, con una voz que se esparcía por los +adentros del alma, como la luz de la mañana por los campos verdes, +dejaba en el espíritu una grata intranquilidad, como de quien ha +entrevisto, puesto por un momento fuera del mundo, aquellas musicales +claridades que solo en las horas de hacer bien, o de tratar a quien lo +hace, distingue entre sus propias nieblas el alma. Y cuando hablaba +aquella dulce Ana, purificaba.</p> + +<p>Pedro era bueno, y comenzó a alabarle, no el rostro, iluminado ya por +aquella luz de muerte que atrae a las almas superiores y aterra a las +almas vulgares, sino el ajuar de niño a que estaba poniendo Ana las +últimas cintas. Pero ya no era ella sola la que cosía, y armaba lazos, y +los probaba en diferentes lados del gorro de recién nacido: Adela +súbitamente se había convertido en una gran trabajadora. Ya no saltaba +de un lugar a otro, como cuando juntas conversaban hacía un rato ella, +Ana y Lucía, sino que había puesto su silla muy junto a la de Ana. Y +ella también, iba a estar sentada al lado de Ana toda la tarde. En sus +mejillas pálidas, había dos puntos encendidos que ganaban en viveza a +las cintas del gorro, y realzaban la mirada impaciente de sus ojos +brillantes y atrevidos. Se le desprendía el cabello inquieto, como si +quisiese, libre de redes, soltarse en ondas libres por la espalda. En +los movimientos nerviosos de su cabeza, dos o tres hojas de la rosa +encarnada que llevaba prendida en el peinado, cayeron al suelo. Pedro +las veía caer. Adela, locuaz y voluble, ya andaba en la canastilla, ya +revolvía en la falda de Ana los adornos del gorro, ya cogía como útil el +que acababa de desechar con un mohín de impaciencia, ya sacudía y erguía +un momento la ligera cabeza, fina y rebelde, como la de un potro +indómito. Sobre las losas de mármol blanco se destacaban, como gotas de +sangre, las hojas de rosa.</p> + +<p>Se hablaba de aquellas cosas banales de que conversan en estas tertulias +de domingo, la gente joven de nuestros países. El tenor, ¡oh el tenor! +había estado admirable. Ella se moría por las voces del tenor. Es un +papel encantador el de Francisco I. Pero la señora de Ramírez, ¡cómo +había tenido el valor de ir vestida con los colores del partido que +fusiló a su esposo!, es verdad que se casa con un coronel del partido +contrario, que firmó como auditor en el proceso del señor Ramírez. Es +muy buen mozo el coronel, es muy buen mozo. Pero la señora Ramírez ha +gastado mucho, ya no es tan rica como antes; tuvo a siete bordadoras +empleadas un mes en bordarle de oro el vestido de terciopelo negro que +llevó a <i>Rigoletto</i>, era muy pesado el vestido. ¡Oh! ¿Y Teresa Luz? +lindísima, Teresa Luz: bueno, la boca, sí, la boca no es perfecta, los +labios son demasiado finos; ¡ah, los ojos! bueno, los ojos son un poco +fríos, no calientan, no penetran: pero qué vaguedad tan dulce; hacen +pensar en las espumas de la mar. Y, ¡cómo persigue a María Vargas ese +caballerete que ha venido de París, con sus versos copiados de François +Coppee, y su política de alquiler, que vino, sirviendo a la oposición y +ya está poco menos que con el Gobierno! El padre de María Vargas va a +ser Ministro y él quiere ser diputado. Elegante sí es. El peinado es +ridículo, con la raya en mitad de la cabeza y la frente escondida bajo +las ondas. Ni a las mujeres está bien eso de cubrirse la frente, donde +está la luz del rostro. Que el cabello la sombree un poco con sus ondas +naturales; pero ¿a qué cubrir la frente, espejo donde los amantes se +asoman a ver su propia alma, tabla de mármol blanco donde se firman las +promesas puras, nido de las manos lastimadas en los afanes de la vida? +Cuando se padece mucho, no se desea un beso en los labios sino en la +frente. Y ese mismo poetín lo dijo muy bien el otro día en sus versos «A +una niña muerta», era algo así como esto: las rosas del alma suben a las +mejillas; las estrellas del alma, a la frente. Hay algo de tenebroso y +de inquietante en esas frentes cubiertas. No, Adela, no, a usted le está +encantadora esa selva de ricitos: así pintaban en los cuadros de antes a +los cupidos revoloteando sobre la frente de las diosas. No, Adela, no le +hagas caso: esas frentes cubiertas, me dan miedo. Es que ya se piensan +unas cosas, que las mujeres se cubren la frente de miedo de que se las +vean. Oh, no, Ana: ¿qué han de pensar ustedes más que jazmines y +claveles? Pues que no, Pedro: rompa usted las frentes, y verá dentro, en +unos tiestitos que parecen bocas abiertas, unas plantas secas, que dan +unas florecitas redondas y amarillas. Y Ana iba así ennobleciendo la +conversación, porque Dios le había dado el privilegio de las flores: el +de perfumar. Adela, silenciosa hacía un momento, alzó la cabeza y +mantuvo algún tiempo los ojos fijos delante de sí, viendo como el perfil +céltico de Pedro, con su hermosa barba negra, se destacaba, a la luz +sana de la tarde, sobre el zócalo de mármol que revestía una de las +anchas columnas del corredor de la casa. Bajó la cabeza, y a este +movimiento, se desprendió de ella la rosa encarnada, que cayó +deshaciéndose a los pies de Pedro.</p> + +<hr style='width: 45%;' /> + +<p>Juan y Lucía aparecieron por el corredor, ella como arrepentida y +sumisa, él como siempre, sereno y bondadoso. Hermosa era la pareja, tal +como se venían lentamente acercando al grupo de sus amigas en el patio. +Altos los dos, Lucía, más de lo que sentaba a sus años y sexo, Juan, de +aquella elevada estatura, realzada por las proporciones de las formas, +que en sí misma lleva algo de espíritu, y parece dispuesta por la +naturaleza al heroísmo y al triunfo. Y allá, en la penumbra del +corredor, como un rayo de luz diese sobre el rostro de Juan, y de su +brazo, aunque un poco a su zaga, venía Lucía, en la frente de él, vasta +y blanca, parecía que se abría una rosa de plata: y de la de Lucía se +veían solo, en la sombra oscura del rostro, sus dos ojos llameantes, +como dos amenazas.</p> + +<p>—Está Ana imprudente—dijo Juan con su voz de caricia—: ¿cómo no tiene +miedo a este aire del crepúsculo?</p> + +<p>—¡Pero si es ya el mío natural, Juan querido! Vamos, Pedro: deme el +brazo.</p> + +<p>—Pero pronto, Pedro, que esta es la hora en que los aromas suben de las +flores, y si no la haces presa, se nos escapa.</p> + +<p>—¡Este Juan bueno! ¿No es verdad, Juan, que Lucía es una loca? Ya Adela +y Pedro me están al lado cuchicheando, de apetito. Vamos, pues, que a +esta hora la gente dichosa tiene deseo de tomar el chocolate.</p> + +<p>El chocolate fragante les esperaba, servido en una mesa de ónix, en la +linda antesala. Era aquel un capricho de domingo. Gustan siempre los +jóvenes de lo desordenado e imprevisto. En el comedor, con dos +caballeros de edad, discutía las cosas públicas el buen tío de Lucía y +Ana, caballero de gorro de seda y pantuflas bordadas. La abuelita de la +casa, la madre del señor tío, no salía ya de su alcoba, donde recordaba +y rezaba.</p> + +<hr style='width: 45%;' /> + +<p>La antesala era linda y pequeña, como que se tiene que ser pequeño para +ser lindo. De unos tulipanes de cristal trenzado, suspendidos en un ramo +del techo por un tubo oculto entre hojas de tulipán simuladas en bronce, +caía sobre la mesa de ónix la claridad anaranjada y suave de la lámpara +de luz eléctrica incandescente. No había más asientos que pequeñas +mecedoras de Viena, de rejilla menuda y madera negra. El pavimento de +mosaico de colores tenues que, como el de los atrios de Pompeya, tenía +la inscripción «Salve» en el umbral, estaba lleno de banquetas +revueltas, como de habitación en que se vive: porque las habitaciones se +han de tener lindas, no para enseñarlas, por vanidad, a las visitas, +sino para vivir en ellas. Mejora y alivia el contacto constante de lo +bello. Todo en la tierra, en estos tiempos negros, tiende a rebajar el +alma, todo, libros y cuadros, negocios y afectos, ¡aun en nuestros +países azules! Conviene tener siempre delante de los ojos, alrededor, +ornando las paredes, animando los rincones donde se refugia la sombra, +objetos bellos, que la coloreen y la disipen.</p> + +<p>Linda era la antesala, pintado el techo con los bordes de guirnaldas de +flores silvestres, las paredes cubiertas, en sus marcos de roble liso +dorado, de cuadros de Madrazo y de Nittis, de Fortuny y de Pasini, +grabados en Goupil; de dos en dos estaban colgados los cuadros, y entre +cada dos grupos de ellos, un estantillo de ébano, lleno de libros, no +más ancho que los cuadros, ni más alto ni bajo que el grupo. En la mitad +del testero que daba frente a la puerta del corredor, una esbelta +columna de mármol negro sustentaba un aéreo busto de la Mignon de +Goethe, en mármol blanco, a cuyos pies, en un gran vaso de porcelana de +Tokio, de ramazones azules, Ana ponía siempre mazos de jazmines y de +lirios. Una vez la traviesa Adela había colgado al cuello de Mignon una +guirnalda de claveles encarnados. En este testero no había libros, ni +cuadros que no fuesen grabados de episodios de la vida de la triste +niña, y distribuidos como un halo en la pared en derredor del busto. Y +en las esquinas de la habitación, en caballetes negros, sin ornamentos +dorados, ostentaban su rica encuadernación cuatro grandes volúmenes: <i>El +Cuervo</i> de Edgar Poe, el Cuervo desgarrador y fatídico, con láminas de +Gustavo Doré, que se llevan la mente por los espacios vagos en alas de +caballos sin freno: el <i>Rubaiyat</i> el poema persa, el poema del vino +moderado y las rosas frescas, con los dibujos apodícticos del +norteamericano Elihu Vedder; un rico ejemplar manuscrito, empastado en +seda lila, de <i>Las Noches</i>, de Alfredo de Musset; y un <i>Wilhelm Meister</i> +el libro de Mignon, cuya pasta original, recargada de arabescos +insignificantes, había hecho reemplazar Juan, en París, por una de +tafilete negro mate embutido con piedras preciosas: topacios tan claros +como el alma de la niña, turquesas, azules como sus ojos; no esmeraldas, +porque no hubo en aquella vaporosa vida; ópalos, como sus sueños; y un +rubí grande y saliente, como su corazón hinchado y roto. En aquel +singular regalo a Lucía, gastó Juan sus ganancias de un año. Por los +bajos de la pared, y a manera de sillas, había, en trípodes de ébano, +pequeños vasos chinos, de colores suaves, con mucho amarillo y escaso +rojo. Las paredes, pintadas al óleo, con guirnaldas de flores, eran +blancas. Causaba aquella antesala, en cuyo arreglo influyó Juan, una +impresión de fe y de luz.</p> + +<hr style='width: 45%;' /> + +<p>Y allí se sentaron los cinco jóvenes, a gustar en sus tazas de coco el +rico chocolate de la casa, que en hacerlo fragante era famosa. No tenía +mucho azúcar, ni era espeso. ¡Para gente mayor, el chocolate espeso! +Adela, caprichosa, pedía para sí la taza que tuviese más espuma.</p> + +<p>—Esta, Adela—le dijo Juan, poniendo ante ella, antes de sentarse, una de +las tazas de coco negro, en la que la espuma hervía tornasolada.</p> + +<p>—¡Malvado!—le dijo Adela, mientras que todos reían—; ¡me has dado la de +la ardilla!</p> + +<p>Eran unas tazas, extrañas también, en que Juan, amigo de cosas, patrias, +había sabido hacer que el artífice combinara la novedad y el arte. Las +tazas eran de esos coquillos negros de óvalo perfecto, que los indígenas +realzan con caprichosas labores y leyendas, sumisas éstas como su +condición, y aquellas pomposas, atrevidas y extrañas, muy llenas de alas +y de serpientes, recuerdos tenaces de un arte original y desconocido que +la conquista hundió en la tierra, a botes de lanza. Y estos coquillos +negros estaban muy pulidos por dentro, y en todo su exterior trabajados +en relieve sutil como encaje. Cada taza descansaba en una trípode de +plata, formada por un atributo de algún ave o fiera de América, y las +dos asas eran dos preciosas miniaturas, en plata también, del animal +simbolizado en la trípode. En tres colas de ardilla se asentaba la taza +de Adela, y a su chocolate se asomaban las dos ardillas, como a un mar +de nueces. Dos quetzales altivos, dos quetzales de cola de tres plumas, +larga la del centro como una flecha verde, se asían a los bordes de la +taza de Ana: ¡el quetzal noble, que cuando cae cautivo o ve rota la +pluma larga de su cola, muere! Las asas de la taza de Lucía eran dos +pumas elásticos y fieros, en la opuesta colocación dedos enemigos que se +acechan: descansaba sobre tres garras de puma, el león americano. Dos +águilas eran las asas de la de Juan; y la de Pedro, la del buen mozo +Pedro, dos monos capuchinos.</p> + +<hr style='width: 45%;' /> + +<p>Juan quería a Pedro, como los espíritus fuertes quieren a los débiles, y +como, a modo de nota de color o de grano de locura, quiere, cual forma +suavísima del pecado, la gente que no es ligera a la que lo es.</p> + +<p>Los hombres austeros tienen en la compañía momentánea de esos pisaverdes +alocados el mismo género de placer que las damas de familia que asisten +de tapadillo a un baile de máscaras. Hay cierto espíritu de +independencia en el pecado, que lo hace simpático cuando no es excesivo. +Pocas son por el mundo las criaturas que, hallándose con las encías +provistas de dientes, se deciden a no morder, o reconocen que hay un +placer más profundo que el de hincar los dientes, y es no usarlos. Pues, +¿para qué es la dentadura, se dicen los más; sobre todo cuando la tienen +buena, sino para lucirla, y triturar los manjares que se lleguen a la +boca? Y Pedro era de los que lucían la dentadura.</p> + +<p>Incapaz, tal vez, de causar mal en conciencia, el daño estaba en que él +no sabía cuando causaba mal, o en que, siendo la satisfacción de un +deseo, él no veía en ella mal alguno, sino que toda hermosura, por +serlo, le parecía de él, y en su propia belleza, la belleza funesta de +un hombre perezoso y adocenado, veía como un título natural, título de +león, sobre los bienes de la tierra, y el mayor de ellos, que son sus +bellas criaturas. Pedro tenía en los ojos aquel inquieto centelleo que +subyuga y convida: en actos y palabras, la insolente firmeza que da la +costumbre de la victoria, y en su misma arrogancia tal olvido de que la +tenía, que era la mayor perfección y el más temible encanto de ella.</p> + +<p>Viajero afortunado; con el caudal ya corto de su madre, por tierras de +afuera, perdió en ellas, donde son pecadillos las que a nosotros nos +parecen con justicia infamias, aquel delicado concepto de la mujer sin +el que, por grandes esfuerzos que haga luego la mente, no le es lícito +gozar, puesto que no le es lícito creer en el amor de la más limpia +criatura. Todos aquellos placeres que no vienen derechamente y en razón +de los afectos legítimos, aunque sean champaña de la vanidad, son acíbar +de la memoria. Eso en los más honrados, que en los que no lo son, de +tanto andar entre frutas estrujadas, llegan a enviciarse los ojos de +manera que no tienen más arte ni placer que los de estrujar frutas. Solo +Ana, de cuantas jóvenes había conocido a su vuelta de las malas tierras +de afuera, le había inspirado, aun antes de su enfermedad, un respeto +que en sus horas de reposo solía trocarse en un pensamiento persistente +y blando. Pero Ana se iba al cielo: Ana, que jamás hubiera puesto a +aquel turbulento mancebo de señor de su alma apacible, como un palacio +de nácar; pero que, por esa fatal perversión que atrae a los espíritus +desemejantes, no había visto sin un doloroso interés y una turbación +primaveral, aquella rica hermosura de hombre, airosa y firme, puesta por +la naturaleza como vestidura a un alma escasa, tal como suelen algunos +cantantes transportar a inefables deliquios y etéreas esferas a sus +oyentes, con la expresión en notas querellosas y cristalinas, blancas +como las palomas o agudas como puñales, de pasiones que sus espíritus +burdos son incapaces de entender ni de sentir. ¿Quién no ha visto romper +en actos y palabras brutales contra su delicada mujer a un tenor que +acababa de cantar, con sobrehumano poder, el «Spirto Gentil» de la +<i>Favorita</i>? Tal la hermosura sobre las almas escasas.</p> + +<p>Y Juan, por aquella seguridad de los caracteres incorruptibles, por +aquella benignidad de los espíritus superiores, por aquella afición a lo +pintoresco de las imaginaciones poéticas, y por lazos de niño, que no se +rompen sin gran dolor del corazón, Juan quería a Pedro.</p> + +<p>Hablaban de las últimas modas, de que en París se rehabilita el color +verde, de que en París, decía Pedro, nada más se vive.</p> + +<p>—Pues yo no—decía Ana—. Cuando Lucía sea ya señora formal, adonde vamos +los tres es a Italia y a España: ¿verdad, Juan?</p> + +<p>—Verdad, Ana. Adonde la Naturaleza es bella y el arte ha sido perfecto. +A Granada, donde el hombre logró lo que no ha logrado en pueblo alguno +de la tierra: cincelar en las piedras sus sueños; a Nápoles, donde el +alma se siente contenta, como si hubiera llegado a su término. ¿Tú no +querrás, Lucía?</p> + +<p>—Yo no quiero que tú veas nada, Juan. Yo te haré en ese cuarto la +Alhambra, y en este patio Nápoles; y tapiaré las puertas, ¡y así +viajaremos!</p> + +<p>Rieron todos; pero Adela ya había echado camino de París, quién sabe con +qué compañero, los deseos alegres. Ella quería saberlo todo, no de +aquella tranquila vida interior y regalada, al calor de la estufa, +leyendo libros buenos, después de curiosear discretamente por entre las +novedades francesas, y estudiar con empeño tanta riqueza artística como +París encierra; sino la vida teatral y nerviosa, la vida de museo que en +París generalmente se vive, siempre en pie, siempre cansado, siempre +adolorido; la vida de las heroínas de teatro, de las gentes que se +enseñan, damas que enloquecen, de los nababs que deslumbran con el +pródigo empleo de su fortuna.</p> + +<p>Y mientras que Juan, generoso, dando suelta al espíritu impaciente, +sacaba ante los ojos de Lucía, para que se le fuese aquietando el +carácter, y se preparaba a acompañarle por el viaje de la existencia, +las interioridades luminosas de su alma peculiar y excelsa, y decía +cosas que, por la nobleza que enseñaban o la felicidad que prometían, +hacían asomar lágrimas de ternura y de piedad a los ojos de Ana-Adela y +Pedro, en plena Francia, iban y venían, como del brazo, por bosques y +bulevares. «La Judic ya no se viste con Worth. La mano de la Judic es la +más bonita de París. En las carreras es donde se lucen los mejores +vestidos. ¡Qué linda estaría Adela, en el pescante de un coche de +carreras, con un vestido de tila muy suave, adornado con pasamanería de +plata! ¡Ah, y con un guía como Pedro, que conocía tan bien la ciudad, +qué pronto no se estaría al corriente de todo! ¡Allí no se vive con +estas trabas de aquí, donde todo es malo! La mujer es aquí una esclava +disfrazada: allí es donde es la reina. Eso es París ahora: el reinado de +la mujer. Acá, todo es pecado: si se sale, si se entra, si se da el +brazo a un amigo, si se lee un libro ameno. ¡Pero esa es una falta de +respeto, eso es ir contra las obras de la naturaleza! ¿Porque una flor +nace en un vaso de Sevres, se la ha de privar del aire y de la luz? +¿Porque la mujer nace más hermosa que el hombre, se le ha de oprimir el +pensamiento, y so pretexto de un recato gazmoño, obligarla a que viva, +escondiendo sus impresiones, como un ladrón esconde su tesoro en una +cueva? Es preciso, Adelita, es preciso. Las mujeres más lindas de París +son las sudamericanas. ¡Oh, no habría en París otra tan chispeante como +ella!».</p> + +<p>—Vea, Pedro—interrumpió a este punto Ana, con aquella sonrisa suya que +hacía más eficaces sus reproches—, déjeme quieta a Adela. Usted sabe que +yo pinto, ¿verdad?</p> + +<p>—Pinta unos cuadritos que parecen música; todos llenos de una luz que +sube; con muchos ángeles y serafines. ¿Por qué no nos enseñas el último, +Ana mía? Es lindísimo, Pedro, y sumamente extraño.</p> + +<p>—¡Adela, Adela!</p> + +<p>—De veras que es muy extraño. Es como en una esquina de jardín y el +ciclo es claro, muy claro y muy lindo. Un joven... muy buen mozo... +vestido con un traje gris muy elegante, se mira las manos asombrado. +Acaba de romper un lirio, que ha caído a sus pies, y le han quedado las +manos manchadas de sangre.</p> + +<p>—¿Qué le parece, Pedro, de mi cuadro?</p> + +<p>—Un éxito seguro. Yo conocí en París a un pintor de México, un Manuel +Ocaranza, que hacía cosas como esas.</p> + +<p>—Entre los caballeros que rompen o manchan lirios quisiera yo que +tuviese éxito mi cuadro. ¡Quién pintara de veras, y no hiciera esos +borrones míos! Pedro: borrón y todo, en cuanto me ponga mejor, voy a +hacer una copia para usted.</p> + +<p>—¡Para mí! Juan, ¿por qué no es este el tiempo en que no era mal visto +que los caballeros besasen la mano a las damas?</p> + +<p>—Para usted, pero a condición de que lo ponga en un lugar tan visible +que por todas partes le salte a los ojos. Y ¿por qué estamos hablando +ahora de mis obras maestras? ¡Ah! porque usted me le hablaba a Adela +mucho de París. ¡Otro cuadro voy a empezar en cuanto me ponga buena! +Sobre una colina voy a pintar un monstruo sentado. Pondré la luna en +cenit, para que caiga de lleno sobre el lomo del monstruo, y me permita +simular con líneas de luz en las partes salientes los edificios de París +más famosos. Y mientras la luna le acaricia el lomo, y se ve por el +contraste del perfil luminoso toda la negrura de su cuerpo, el monstruo, +con cabeza de mujer, estará devorando rosas. Allá por un rincón se verán +jóvenes flacas y desmelenadas que huyen, con las túnicas rotas, +levantando las manos al cielo.</p> + +<p>—Lucía—dijo Juan reprimiendo mal las lágrimas, al oído de su prima, +siempre absorta—: ¡y que esta pobre Ana se nos muera!</p> + +<p>Pedro no hallaba palabras oportunas, sino aquella confusión y malestar +que la gente dada a la frivolidad y el gozo experimenta en la compañía +íntima de una de esas criaturas que pasan por la tierra, a manera de +visión, extinguiéndose plácidamente, con la feliz capacidad de adivinar +las cosas puras, sobrehumanas, y la hermosa indignación por la batalla +de apetitos feroces en que se consume, la tierra.</p> + +<p>—De fieras, yo conozco dos clases—decía una vez Ana—: una se viste de +pieles, devora animales, y anda sobre garras; otra se viste de trajes +elegantes, come animales y almas y anda sobre una sombrilla o un bastón. +No somos más que fieras reformadas.</p> + +<p>Aquella Ana, cuando estaba en la intimidad, solía decir de estas cosas +singulares. ¿Dónde había sufrido tanto la pobre niña salida apenas del +círculo de su casa venturosa, que así había aprendido a conocer y +perdonar? ¿Se vive antes de vivir? ¿O las estrellas, ganosas de hacer un +viaje de recreo por la tierra, suelen por algún tiempo alojarse en un +cuerpo humano? ¡Ay! por eso duran tan poco los cuerpos en que se alojan +las estrellas.</p> + +<hr style='width: 45%;' /> + +<p>—¿Conque Ana pinta, y <i>La Revista de Artes</i> está buscando cuadros de +autores del país que dar a conocer, y este Juan pecador no ha hecho ya +publicar esas maravillas en <i>La Revista</i>?</p> + +<p>—Esta Ana nuestra, Pedro, se nos enoja de que la queramos sacar a luz. +Ella no quiere que se vean sus cuadros hasta que no los juzgue bastante +acabados para resistir la crítica. Pero la verdad es, Ana, que Pedro +Real tiene razón.</p> + +<p>—¿Razón, Pedro Real?—dijo Ana con una risa cristalina, de madre +generosa—. No, Juan. Es verdad que las cosas de arte que no son +absolutamente necesarias, no deben hacerse sino cuando se pueden hacer +enteramente bien, y estas cosas que yo hago, que veo vivas y claras en +lo hondo de mi mente, y con tal realidad que me parece que las palpo, me +quedan luego en la tela tan contrahechas y duras que creo que mis +visiones me van a castigar, y me regañan, y toman mis pinceles de la +caja, y a mí de una oreja, y me llevan delante del cuadro para que vea +cómo borran coléricas la mala pintura que hice de ellas. Y luego, ¿qué +he de saber yo, sin más dibujo que el que me enseñó el señor Mazuchellí, +ni más colores que estos tan pálidos que saco de mí misma?</p> + +<p>Seguía Lucía con ojos inquietos la fisonomía de Juan, profundamente +interesado en lo que, en uno de esos momentos de explicación de sí +mismos que gustan de tener los que llevan algo en sí y se sienten morir, +iba diciendo Ana. ¡Qué Juan aquel, que la tenía al lado, y pensaba en +otra cosa! Ana, sí, Ana era muy buena; pero ¿qué derecho tenía Juan a +olvidarse tanto de Lucía, y estando a su lado, poner tanta atención en +las rarezas de Ana? Cuando ella estaba a su lado, ella debía ser su +único pensamiento. Y apretaba sus labios; se le encendían de pronto, +como de un vuelco de la sangre las mejillas; enrollaba nerviosamente en +el dedo índice de la mano izquierda un finísimo pañuelo de batista y +encaje. Y lo enrolló tanto y tanto, y lo desenrollaba con tal violencia, +que yendo rápidamente de una mano a la otra, el lindo pañuelo parecía +una víbora, una de esas víboras blancas que se ven en la costa yucateca.</p> + +<p>—Pero no es por eso por lo que no enseño yo a nadie mis cuadritos—siguió +Ana—; sino porque cuando los estoy pintando, me alegro o me entristezco +como una loca, sin saber por qué: salto de contento, yo que no puedo +saltar ya mucho, cuando creo que con un rasgo de pincel le he dado a +unos ojos, o a la tórtola viuda que pinté el mes pasado, la expresión +que yo quería; y si pinto una desdicha, me parece que es de veras, y me +paso horas enteras mirándola, o me enojo conmigo misma si es de aquellas +que yo no puedo remediar, como en esas dos telitas mías que tú conoces, +Juan, <i>La madre sin hijo</i> y el hombre que se muere en un sillón, mirando +en la chimenea el fuego apagado: <i>El hombre sin amor</i>. No se ría, Pedro, +de esta colección de extravagancias. Ni diga que estos asuntos son para +personas mayores; las enfermas son como unas viejitas, y tienen derecho +a esos atrevimientos.</p> + +<p>—Pero, ¿cómo—le dijo Pedro subyugado—, no han de tener sus cuadros todo +el encanto y el color de ópalo de su alma?</p> + +<p>—¡Oh! ¡oh! a lisonja llaman: vea que ya no es de buen gusto ser +lisonjero. La lisonja en la conversación, Pedro, es ya como la Arcadia +en la pintura: ¡cosa de principiantes!</p> + +<p>—Pero, ¿por qué decías, puso aquí Juan, que no querías exhibir tus +cuadros?</p> + +<p>—Porque como desde que los imagino hasta que los acabo voy poniendo en +ellos tanto de mi alma, al fin ya no llegan a ser telas, sino mi alma +misma, y me da vergüenza de que me la vean, y me parece que he pecado +con atreverme a asuntos que están mejor para nube que para colores, y +como solo yo sé cuánta paloma arrulla, y cuánta violeta se abre, y +cuánta estrella lucen lo que pinto; como yo sola siento cómo me duele el +corazón, o se me llena todo el pecho de lágrimas o me laten las sienes, +como si me las azotasen alas, cuando estoy pintando; como nadie más que +yo sabe que esos pedazos de lienzo, por desdichados que me salgan, son +pedazos de entrañas mías en que he puesto con mi mejor voluntad lo mejor +que hay en mí, ¡me da como una soberbia de pensar que si los enseño en +público, uno de esos críticos sabios o cabalierines presuntuosos me +diga, por lucir un nombre recién aprendido de pintor extranjero, o una +linda frase, que esto que yo hago es de Chaplin o de Lefevre, o a mi +cuadrito <i>Flores vivas</i>, que he descargado sobre él una escopeta llena +de colores! ¿Te acuerdas? ¡como si no supiera yo que cada flor de +aquellas es una persona que yo conozco, y no hubiera yo estudiado tres o +cuatro personas de un mismo carácter, antes de simbolizar el carácter en +una flor; como si no supiese yo quién es aquella rosa roja, altiva, con +sombras negras, que se levanta por sobre todas las demás en su tallo sin +hojas, y aquella otra flor azul que mira al cielo como si fuese a +hacerse pájaro y a tender a él las alas, y aquel aguinaldo lindo que +trepa humildemente, como un niño castigado, por el tallo de la rosa +roja. ¡Malos! ¡escopeta cargada de colores!</p> + +<p>—Ana: yo sí que te recogería a ti, con tu raíz, como una flor, y en +aquel gran vaso indio que hay en mi mesa de escribir, te tendría +perpetuamente, para que nunca se me desconsolase el alma.</p> + +<p>—Juan—dijo Lucía, como a la vez conteniéndose y levantándose—: ¿quieres +venir a oír el «M'odi tu» que me trajiste el sábado? ¡No lo has oído +todavía!</p> + +<p>—¡Ah! y a propósito, no saben ustedes—dijo Pedro como poniéndose ya en +pie para despedirse—, que la cabeza ideal que ha publicado en su último +número <i>La Revista de Artes</i>....</p> + +<p>—¿Qué cabeza?—preguntó Lucía—¿una que parece de una virgen de Rafael, +pero con ojos americanos, con un talle que parece el cáliz de un lirio?</p> + +<p>—Esa misma, Lucía: pues no es una cabeza ideal, sino la de una niña que +va a salir la semana que viene del colegio, y dicen que es un pasmo de +hermosura: es la cabeza de Leonor del Valle.</p> + +<p>Se puso en pie Lucía con un movimiento que pareció un salto; y Juan alzó +del suelo, para devolvérselo, el pañuelo, roto.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="Capitulo_II" id="Capitulo_II"></a><a href="#table">Capítulo II</a></h2> + + +<p>Como veinte años antes de la historia que vamos narrando, llegaron a la +ciudad donde sucedió, un caballero de mediana edad y su esposa, nacidos +ambos en España, de donde, en fuerza de cierta indómita condición del +honrado don Manuel del Valle, que le hizo mal mirado de las gentes del +poder como cabecilla y vocero de las ideas liberales, decidió al fin +salir el señor don Manuel; no tanto porque no le bastase al Sustento su +humilde mesa de abogado de provincia, cuanto porque siempre tenía, por +moverse o por estarse quedo, al guindilla, como llaman allá al policía, +encima; y porque, a consecuencia de querer la libertad limpia y para +buenos fines, se quedó con tan pocos amigos entre los mismos que +parecían defenderla, y lo miraban como a un celador enojoso, que esto +más le ayudó a determinar, de un golpe de cabeza, venir a «las +Repúblicas de América», imaginando, que donde no había reina liviana, no +habría gente oprimida, ni aquella trabilla de cortesanos perezosos y +aduladores, que a don Manuel le parecían vergüenza rematada de su +especie, y, por ser hombre él, como un pecado propio.</p> + +<p>Era de no acabar de oírle, y tenerle que rogar que se calmase, cuando +con aquel lenguaje pintoresco y desembarazado recordaba, no sin su buena +cerrazón de truenos y relámpagos y unas amenazas grandes como torres, +los bellacos oficios de tal o de cual marquesa, que auxiliando ligerezas +ajenas querían hacer, por lo comunes, menos culpables las propias; o tal +historia de un capitán de guardias, que pareció bien en la corte con su +ruda belleza de montañés y su cabello abundante y alborotado, y apenas +entrevió su buena fortuna tomó prestados unos dineros, con que +enrizarse, en lo del peluquero la cabellera, y en lo del sastre vestir +de paño bueno, y en lo del calzador comprarse unos botitos, con que +estar galán en la hora en que debía ir a palacio, donde al volver el +capitán con estas donosuras, pareció tan feo y presumido que en poco +estuvo que perdiese algo más que la capitanía. Y de unas jiras, o +fiestas de campo, hablaba de tal manera don Manuel, así como de ciertas +cenas en la fonda de un francés, que cuando contaba de ellas no podía +estar sentado; y daba con el puño sobre la mesa que le andaba cerca, +como para acentuar las palabras, y arreciaban los truenos, y abría +cuantas ventanas o puertas hallaba a mano. Se desfiguraba el buen +caballero español, de santa ira, la cual, como apenado luego de haberle +dado riendas en tierra que al fin no era la suya, venía siempre a parar +en que don Manuel tocase en la guitarra que se había traído cuando el +viaje, con una ternura que solía humedecer los ojos suyos y los ajenos, +unas serenatas de su propia música, que más que de la rondalla aragonesa +que le servía como de arranque y <i>ritornello</i>, tenía de desesperada +canción de amores de un trovador muerto de ellos por la dama de un duro +castellano, en un castillo, allá tras de los mares, que el trovador no +había de ver jamás.</p> + +<p>En esos días la linda doña Andrea, cuyas largas trenzas de color castaño +eran la envidia de cuantas se las conocían, extremaba unas pocas +habilidades de cocina, que se trajo de España, adivinando que +complacería con ellas más tarde a su marido. Y cuando en el cuarto de +los libros, que en verdad era la sala de la casa, centelleaba don +Manuel, sacudiéndose más que echándose sobre uno y otro hombro +alternativamente los cabos de la capa que so pretexto de frío se quitaba +raras veces, era fijo que andaba entrando y saliendo por la cocina, con +su cuerpo elegante y modesto, la buena señora doña Andrea, poniendo mano +en un pisto manchego, o aderezando unas farinetas de Salamanca que a +escondidas había pedido a sus parientes en España, o preparando, con más +voluntad que arte, un arroz con chorizo, de cuyos primores, que acababan +de calmar las iras del republicano, jamás dijo mal don Manuel del Valle, +aun cuando en sus adentros reconociese que algo se había quemado allí, o +sufrido accidente mayor: o los chorizos, o el arroz, o entrambos. ¡Fuera +de la patria, si piedras negras se reciben de ella, de las piedras +negras parece que sale luz de astro!</p> + +<p>Era de acero fino don Manuel, y tan honrado, que nunca, por muchos que +fueran sus apuros, puso su inteligencia y saber, ni excesivos ni +escasos, al servicio de tantos poderosos e intrigantes como andan por el +mundo, quienes suelen estar prontos a sacar de agonía a las gentes de +talento menesterosas, con tal que éstas se presten a ayudar con sus +habilidades el éxito de las tramas con que aquellos promueven y +sustentan su fortuna: de tal modo que, si se va a ver, está hoy viviendo +la gente con tantas mañas, que es ya hasta de mal gusto ser honrado.</p> + +<p>En este diario y en aquel, no bien puso el pie en el país, escribió el +señor Valle con mano ejercitada, aunque un tanto febril y descompuesta, +sus azotainas contra las monarquías y vilezas que engendra, y sus +himnos, encendidos como cantos de batalla, en loor de la libertad, de +que «los campos nuevos y los altos montes y los anchos ríos de esta +linda América, parecen natural sustento».</p> + +<p>Mas a poco de esto, hacía veinticinco años a la fecha de nuestra +historia tales cosas iba viendo nuestro señor don Manuel que volvió a +tomar la capa, que por inútil había colgado en el rincón más hondo del +armario, y cada día se fue callando más, y escribiendo menos, y +arrebujándose mejor en ella, hasta que guardó las plumas, y muy apegado +ya a la clemente temperatura del país y al dulce trato de sus hijos para +pensar en abandonarlo, determinó abrir escuela; si bien no introdujo en +el arte de enseñar, por no ser aun este muy sabido tampoco en España, +novedad alguna que acomodase mejor a la educación de los +hispanoamericanos fáciles y ardientes, que los torpes métodos en uso, +ello es que con su Iturzaeta y su Aritmética de Krüger y su Dibujo +Lineal, y unas encendidas lecciones de Historia, de que salía bufando y +escapando Felipe Segundo como comido de llamas, el señor Valle sacó una +generación de discípulos, un tanto románticos y dados a lo maravilloso, +pero que fueron a su tiempo mancebos de honor y enemigos tenaces de los +gobiernos tiránicos. Tanto que hubo vez en que, por cosas como las de +poner en su lugar a Felipe Segundo, estuvo a punto el señor don Manuel +de ir, con su capa y su cuaderno de Iturzaeta, a dar en manos de los +guindillas americanos «en estas mismísimas Repúblicas de América». A la +fecha de nuestra historia, hacía ya unos veinticinco años de esto.</p> + +<p>Tan casero era don Manuel, que apenas pasaba año sin que los discípulos +tuviesen ocasión de celebrar, cuál con una gallina, cuál con un par de +pichones, cuál con un pavo, la presencia de un nuevo ornamento vivo de +la casa.</p> + +<p>—Y ¿qué ha sido, don Manuel? ¿Algún Aristogitón que haya de librar a la +patria del tirano?</p> + +<p>—¡Calle usted, paisano, calle usted; un malakoff más!—Malakoff, llamaban +entonces, por la torre famosa en la guerra de Crimea, a lo que en llano +se ha llamado siempre miriñaque o crinolina.</p> + +<p>Y don Manuel quería mucho a sus hijos, y se prometía vivir cuanto +pudiese para ellos; pero le andaba desde hacía algún tiempo por el lado +izquierdo del pecho un carcominillo que le molestaba de verdad, como una +cestita de llamas que estuviera allí encendida, de día y de noche, y no +se apagase nunca. Y como cuando la cestita le quemaba con más fuerza +sentía él un poco paralizado el brazo del corazón, y todo el cuerpo +vibrante como las cuerdas de un violín, y después de eso le venían de +pronto unos apetitos de llorar y una necesidad de tenderse por tierra, +que le ponían muy triste, aquel buen don Manuel no veía sin susto cómo +le iban naciendo tantos hijos, que en el caso de su muerte habían de ser +más un estorbo que una ayuda para «esa pobre Andrea, que es mujer muy +señora y bonaza, pero ¡para poco, para poco!».</p> + +<hr style='width: 45%;' /> + +<p>Cinco hijas llegó a tener don Manuel del Valle, mas antes de ellas le +había nacido un hijo, que desde niño empezó a dar señales de ser alma de +pro. Tenía gustos raros y bravura desmedida, no tanto para lidiar con +sus compañeros, aunque no rehuía la lidia en casos necesarios, como para +afrontar situaciones difíciles, que requerían algo más que la fiereza de +la sangre o la presteza de los puños. Una vez, con unos cuantos +compañeros suyos, publicó en el colegio un periodiquín manuscrito, y por +supuesto revolucionario, contra cierto pedante profesor que prohibía a +sus alumnos argumentarles sobre los puntos que les enseñaba; y como un +colegial aficionado al lápiz pintase de pavo real a este maestrazo, en +una lámina repartida con el periodiquín, y don Manuel, en vista de la +queja del pavo real, amenazara en sala plena con expulsar del colegio en +consejo de disciplina al autor de la descortesía, aunque fuese su propio +hijo, el gentil Manuelillo, digno primogénito del egregio varón, quiso +quitar de sus compañeros toda culpa, y echarla entera sobre sí; y +levantándose de su asiento, dijo, con gran perplejidad del pobre don +Manuel, y murmullos de admiración de la asamblea:</p> + +<p>—Pues, señor Director: yo solo he sido.</p> + +<p>Y pasaba las noches en claro, luego que se le extinguía la vela escasa +que le daban, leyendo a la luz de la luna. O echaba a caminar, con las +<i>Empresas</i> de Saavedra Fajardo bajo el brazo, por las calles umbrosas de +la Alameda, y creyéndose a veces nueva encarnación de las grandes +figuras de la historia, cuyos gérmenes le parecía sentir en sí, y otras +desesperando de hacer cosa que pudiera igualarlo a ellas, rompía a +llorar, de desesperación y de ternura. O se iba de noche a la orilla de +la mar, a que le salpicasen el rostro las gotas frescas que saltaban del +agua salada al reventar contra las rocas.</p> + +<p>Leía cuanto libro le caía a la mano. Montaba en cuanto caballo veía a su +alcance: y mejor si lo hallaba en pelo; y si había que saltar una cerca +mejor. En una noche se aprendía los libros que en todo el año escolar no +podían a veces dominar sus compañeros; y aunque la Historia Natural y la +Universal y cuanto añadiese algo útil a su saber y le estimulase el +juicio y la verba, eran sus materias preferidas, a pocas ojeadas +penetraba el sentido de la más negra lección de Álgebra, tanto que su +maestro, un ingeniero muy mentado y brusco, le ofreció enseñarle, en +premio de su aplicación, la manera de calcular lo infinitésimo.</p> + +<p>Escribía Manuelillo, en semejanza de lo que estaba en boga entonces, +unas letrillas y artículos de costumbres que ya mostraban a un enamorado +de la buena lengua; pero a poco se soltó por natural empuje, con vuelos +suyos propios, y empezó a enderezar a los gobernantes que no dirigen +honradamente a sus pueblos, unas odas tan a lo pindárico, y recibidas +con tal favor entre la gente estudiantesca, que en una revuelta que +tramaron contra el Gobierno unos patricios que andaban muy solos, pues +llevaban consigo la buena doctrina, fue hecho preso don Manuelillo, +quien en verdad tenía en la sangre el microbio sedicioso; y bien que +tuvieron que empeñarse los amigos pudientes de don Manuel para que en +gracia de su edad saliese libre el Pindarito, a quien su padre, +riñéndole con los labios, en que le temblaban los bigotes, como los +árboles cuando va a caer la lluvia, y aprobándole con el corazón, envió +a seguir, en lo que cometió grandísimo error, estudios de Derecho en la +Universidad de Salamanca, más desfavorecida que otras de España, y no +muy gloriosa ahora, pero donde tenía la angustiada doña Andrea los +buenos parientes que le enviaban las farinetas.</p> + +<p>Se fue el de las odas en un bergantín que había venido cargado de vinos +de Cádiz; y sentadito en la popa del barco, fijaba en la costa de su +patria los ojos anegados de tan triste manera, que a pesar del águila +nueva que llevaba en el alma, le parecía que iba todo muerto y sin +capacidad de resurrección y que era él como un árbol prendido a aquella +costa por las raíces, al que el buque llevaba atado por las ramas +pujando mar afuera, de modo que sin raíces se quedaba el árbol, si +lograba arrancarlo de la costa la fuerza del buque, y moría: o como el +tronco no podía resistir aquella tirantez, se quebraría al fin, y moría +también; pero lo que don Manuelillo veía claro, era que moría de todos +modos. Lo cual, ¡ay! fue verdad, cuatro años más tarde, cuando de +Salamanca había hallado aquel niño manera de pasar, como ayo en la casa +de un conde carlista, a estudiar a Madrid. Se murió de unas fiebres +enemigas, que le empezaron con grandes aturdimientos de cabeza, y unas +visiones dolorosas y tenaces que él mismo describía en su cama revuelta, +de delirante, con palabras fogosas y desencajadas, que parecían una caja +de joyas rotas; y sobre todo, una visión que tenía siempre delante de +los ojos, y creía que se le venía encima, y le echaba un aire encendido +en la frente, y se iba de mal humor, y se volvía a él de lejos, +llamándole con muchos brazos: la visión de una palma en llamas. En su +tierra, las llanuras que rodeaban la ciudad estaban cubiertas de palmas.</p> + +<hr style='width: 45%;' /> + +<p>No murió don Manuel del pesar de que hubiese muerto su hijo, aunque bien +pudo ser; sino que dos años antes, y sin que Manuelillo lo supiese, se +sentó un día en su sillón, muy envuelto en su capa, y con la guitarra al +lado, como si sintiese en el alma unas muy dulces músicas, a la vez que +un frescor húmedo y sabroso, que no era el de todos los días, sino mucho +más grato. Doña Andrea estaba sentada en una banqueta a sus pies, y, lo +miraba con los ojos secos, y crecidos, y le tenía las manos. Dos hijas +lloraban abrazadas en un rincón: la mayor, más valiente, le acariciaba +con la mano los cabellos, o lo entretenía con frases zalameras, mientras +le preparaba una bebida; de pronto, desasiéndose bruscamente de las +manos de doña Andrea, abrió don Manuel los brazos y los labios como +buscando aire; los cerró violentamente alrededor de la cabeza de doña +Andrea, a quien besó en la frente con un beso frenético; se irguió como +si quisiera levantarse, con los brazos al cielo; cayó sobre el respaldo +del asiento, estremeciéndosele el cuerpo horrendamente, como cuando en +tormenta furiosa un barco arrebatado sacude la cadena que lo sujeta al +muelle; se le llenó de sangre todo el rostro, como si en lo interior del +cuerpo se le hubiese roto el vaso que la guarda y distribuye; y blanco, +y sonriendo, con la mano casualmente caída sobre el mango de su +guitarra, quedó muerto. Pero nunca se lo quiso decir doña Andrea a +Manuelillo, a quien contaban que el padre no escribía porque sufría de +reumatismo en las manos, para que no le entrase el miedo por las +angustias de la casa, y quisiese venir a socorrerlas, interrumpiendo +antes de tiempo sus estudios. Y era también que doña Andrea conocía que +su pobre hijo había nacido comido de aquellas ansias de redención y +evangélica quijotería que le habían enfermado el corazón al padre, y +acelerado su muerte, y como en la tierra en que vivían había tanto que +redimir, y tanta cosa cautiva que libertar, y tanto entuerto que poner +derecho, veía la buena Madre, con espanto, la hora de que su hijo +volviese a su patria, cuya hora, en su pensar, sería la del sacrificio +de Manuelillo.</p> + +<p>—¡Ay!—decía doña Andrea—, una vez que un amigo, de la casa le hablaba +con esperanzas del porvenir del hijo. Él será infeliz, y nos hará aun +más infelices sin quererlo. Él quiere mucho a los demás, y muy poco a sí +mismo. Él no sabe hacer víctimas, sino serlo. Afortunadamente, aunque de +todos modos, por desdicha de doña Andrea, Manuelillo había partido de la +tierra antes de volver a ver la suya propia, ¡detrás de la palma +encendida!</p> + +<p>¿Quién que ve un vaso roto, o un edificio en ruina, o una palma caída, +no piensa en las viudas? A don Manuel no le habían bastado las fuerzas, +y en tierra extraña esto había sido mucho, más que para ir cubriendo +decorosamente con los productos de su trabajo las necesidades +domésticas. Ya el ayudar a Manuelillo a mantenerse en España le había +puesto en muy grandes apuros.</p> + +<p>Estos tiempos nuestros están desquiciados, y con el derrumbe de las +antiguas vallas sociales y las finezas de la educación, ha venido a +crearse una nueva y vastísima clase de aristócratas de la inteligencia, +con todas las necesidades de parecer y gustos ricos que de ella vienen, +sin que haya habido tiempo aun, en lo rápido del vuelco, para que el +cambio en la organización y repartimiento de las fortunas corresponda a +la brusca alteración en las relaciones sociales, producidas por las +libertades políticas y la vulgarización de los conocimientos. Una +hacienda ordenada es el fondo de la felicidad universal. Y búsquese en +los pueblos, en las casas, en el amor mismo más acendrado y seguro, la +causa de tantos trastornos y rupturas, que los oscurecen y afean, cuando +no son causa del apartamiento, o de la muerte, que es otra forma de él: +la hacienda es el estómago de la felicidad. Maridos, amantes, personas +que aun tenéis que vivir y anheláis prosperar: ¡organizad bien vuestra +hacienda!</p> + +<p>De este desequilibrio, casi universal hoy, padecía la casa de don +Manuel, obligado con sus medios de hombre pobre a mantenerse, aunque sin +ostentación ni despilfarro, como caballero rico. ¿Ni quién se niega, si +los quiere bien, a que sus hijos brillantes e inteligentes, aprendan +esas cosas de arte, el dibujar, el pintar, el tocar piano, que alegran +tanto la casa, y elevan, si son bien comprendidas y caen en buena +tierra, el carácter de quien las posee, esas cosas de arte que apenas +hace un siglo eran todavía propiedad casi exclusiva de reinas y +princesas? ¿Quién que ve a sus pequeñines finos y delicados, en virtud +de esa aristocracia del espíritu que en estos tiempos nuevos han +sustituido a la aristocracia degenerada de la sangre, no gusta de +vestirlos de linda manera, en acuerdo con el propio buen gusto +cultivado, que no se contenta con falsificaciones y bellaquerías, y de +modo que el vestir complete y revele la distinción del alma de los +queridos niños? Uno, padrazo ya, con el corazón estremecido y la frente +arrugada, se contenta con un traje negro bien cepillado y sin manchas, +con el cual, y una cara honrada, se está bien y se es bien recibido en +todas partes; pero, ¡para la mujer, a quien hemos hecho sufrir tanto! +¡para los hijos, que nos vuelven locos y ambiciosos, y nos ponen en el +corazón la embriaguez del vino, y en las manos el arma de los +conquistadores! ¡para ellos, oh, para ellos, todo nos parece poco!</p> + +<p>De manera que, cuando don Manuel murió, solo había en la casa los +objetos de su uso y adorno, en que no dejaba de adivinarse más el buen +gusto que la holgura, los libros de don Manuel, que miraba la madre como +pensamientos vivos de su esposo, que debían guardarse íntegros a su hijo +ausente, y los enseres de la escuela, que un ayudante de don Manuel, que +apenas le vio muerto se alzó con la mayor parte de sus discípulos, halló +manera de comprar a la viuda, abandonada así por el que en conciencia +debió continuar ayudándola, en una suma corta, la mayor, sin embargo, +que después de la muerte de don Manuel se vio nunca en aquella pobre +casa. Hacen pensar en las viudas las palmas caídas.</p> + +<p>Este o aquel amigo, es verdad, querían saber de vez en cuando qué tal le +iba yendo a la pobre señora. ¡Oh! se interesaban mucho por su suerte. Ya +ella sabía: en cuanto le ocurriese algo no tenía más que mandar. Para +cualquier cosa, para cualquier cosa estaban a su disposición. Y venían +en visita solemne, en día de fiesta, cuando suponían que había gente en +la casa; y se iban haciendo muchas cortesías, como si con la ceremonia +de ellas quisiesen hacer olvidar la mayor intimidad que podría +obligarlos a prestar un servicio más activo. Da espanto ver cuán sola se +queda una casa en que ha entrado la desgracia: da deseos de morir.</p> + +<p>¿Qué se haría doña Andrea, con tantas hijas, dos de ellas ya crecidas; +con el hijo en España, aunque ya el noble mozo había prohibido, aun +suponiendo a su padre vivo, que le enviasen dinero? ¿qué se haría con +sus hijas pequeñas, que eran, las tres, por lo modestas y unidas, la +gala del colegio; con Leonor, la última flor de sus entrañas, la que las +gentes detenían en la calle para mirarla a su placer, asombradas de su +hermosura? ¿qué se haría doña Andrea? Así, cortado el tronco, se secan +las ramas del árbol, un tiempo verdes, abandonadas sobre la tierra. +¡Pero los libros de don Manuel no! esos no se tocaban: nada más que a +sacudirlos, en la piececita que les destinó en la casa pobrísima que +tomó luego, permitía la señora que entrasen una vez al mes. O cuando, +ciertos domingos, las demás niñas iban a casa de alguna conocida a pasar +la tarde, doña Andrea se entraba sola en la habitación, con Leonor de la +mano, y allí a la sombra de aquellos tomos, sentada en el sillón en que +murió su marido, se abandonaba a conversaciones mentales, que parecían +hacerle gran bien, porque salía de ellas en un estado de silenciosa +majestad, y como más clara de rostro y levantada de estatura; de tal +modo que las hijas cuando volvían de su visita, conocían siempre, por la +mayor blandura en los ademanes, y expresión de dolorosa felicidad de su +rostro, si doña Andrea había estado en el cuarto de los libros. Nunca +Leonor parecía fatigada de acompañar a su madre en aquellas entrevistas: +sino que, aunque ya para entonces tenía sus diez años, se sentaba en la +falda de su madre, apretada en su regazo o abrazada a su cuello, o se +echaba a sus pies, reclinando en sus rodillas la cabeza, con cuyos +cabellos finos jugaba la viuda, distraída. De vez en cuando, pocas +vedes, la cogía doña Andrea en un brusco movimiento en sus brazos, y +besando con locura la cabeza de la niña rompía en amarguísimos sollozos. +Leonor, silenciosamente, humedecía en todo este tiempo la mano de su +madre con sus besos.</p> + +<hr style='width: 45%;' /> + +<p>De España se trajo pocas cosas don Manuel, y doña Andrea menos, que era +de familia hidalga y pobre. Y todo, poco a poco, para atender a las +necesidades de la casa, fue saliendo de ella: hasta unas perlas +margaritas que había llevado de América a Salamanca un tío, abuelo de +doña Andrea, y un aguacate de esmeralda de la misma procedencia, que +recibió de sus padres como regalo de matrimonio; hasta unas cucharas y +vasos de plata que se estrenaron cuando se casó la madre de don Manuel, +y este solía enseñar con orgullo a sus amigos americanos, para probar en +sus horas de desconfianza de la libertad, cuánto más sólidos eran los +tiempos, cosas y artífices de antaño.</p> + +<p>Y todas las maravillas de la casa fueron cayendo en manos de inclementes +compradores; una escena autógrafa de <i>El Delincuente Honrado</i> de +Jovellanos; una colección de monedas romanas y árabes de Zaragoza, de +las cuales las árabes estimulaban la fantasía y avivaban las miradas de +Manuelillo cada vez que el padre le permitía curiosear en ellas; una +carta de doña Juana la Loca, que nunca fue loca, a menos que amar bien +no sea locura, y en cuya carta, escrita de manos del secretario +Passamonte, se dicen cosas tan dignas y tan tiernas que dejaban +enamorados de la reina a los que las leían, y dulcemente conmovidas las +entrañas.</p> + +<p>Así se fueron otras dos joyas que don Manuel había estimado mucho, y +mostraba con la fruición de un goloso que se complace traviesamente en +hacer gustar a sus amigos un plato cuya receta está decidido a no +dejarles conocer jamás: un estudio en madera de la cabeza de San +Francisco, de Alonso Cano, y un dibujo de Goya, con lápiz rojo, dulce +como una cabeza del mismo Rafael.</p> + +<p>Con las cucharas de plata se pagó un mes la casa; la esmeralda dio para +tres meses; con las monedas fueron ayudándose medio año. Un +desvergonzado compró la cabeza, en un día de angustia, en cinco pesos. +Un tanto se auxiliaban con unos cuantos pesos que, muy mal cobrados y +muy regañados, ganaban doña Andrea y las hijas mayores enseñando a +algunas niñas pequeñas del barrio pobre donde habían ido a refugiarse en +su penuria. Pero el dibujo de Goya, ese si se vendió bien. Ese, él solo, +produjo tanto como las margaritas y las cucharas de plata, y el +aguacate. El dibujo de Goya, única prenda que no se arrepintió doña +Andrea de haber vendido, porque le trajo un amigo, lo compró Juan Jerez; +Juan Jerez que cuando murió en Madrid Manuelillo, y la madre extremada +por los gastos en que la puso una enfermedad grave de su niña Leonor, se +halló un día pensando con espanto en que era necesario venderlos, compró +los libros a doña Andrea, mas no se los llevó consigo, sino que se los +dejó a ella «porque él no tenía donde ponerlos, y cuando los necesitase, +ya se los pediría». Muy ruin tiene que ser el mundo, y doña Andrea sabía +de sobra que suele ser ruin, para que ese día no hubiese satisfecho su +impulso de besar a Juan la mano.</p> + +<p>Pero Juan, joven rico y de padres y amistades que no hacían suponer que +buscase esposa en aquella casa desamparada y humilde, comprendió que no +debía ser visita de ella, donde ya eran alegría de los ojos y del +corazón, más por lo honestas que por lo lindas, las dos niñas mayores, y +muy distraído el pensamiento en cosas de la mayor alteza, y muy fino y +generoso, y muy sujeto ya por el agradecimiento del amor que le mostraba +a su prima Lucía, ni visitaba frecuentemente la casa de doña Andrea, ni +hacía alarde de no visitarla, como que le llevó su propio médico cuando +la enfermedad de Leonor, y volvió cuando la venta de los libros, y +cuando sabía alguna aflicción de la señora, que con su influjo, el no +con su dinero que solía escasearle, podía tener remedio.</p> + +<hr style='width: 45%;' /> + +<p>Lo que, como un lirio de noche en una habitación oscura, tuvo en medio +de todas estas agonías iluminada el alma de doña Andrea, y le aseguró en +su creencia bondadosa en la nobleza de la especie humana, fue que, ya +porque en realidad le apenase la suerte de la viuda, ya porque creyera +que había de parecer mal, siendo como el don Manuel bien querido, y +maestro como ella, que permitieran la salida de sus hijas del colegio +por falta de paga, la directora del Instituto de la Merced, el más +famoso y rico del país, hizo un día, en un hermoso coche, una visita, +que fue muy sonada, a casa de doña Andrea, y allí le dijo +magnánimamente, cosa que enseguida vociferó y celebró mucho la prensa, +que las tres niñas recibirían en su colegio, si ella no lo mandaba de +otro modo, toda su educación, como externas, sin gasto alguno. Aquella +vez sí que doña Andrea, sin los miramientos que en el caso de Juan +habían más tarde de impedírselo, cubrió de besos la mano de la +directora, quien la trató con una hermosa bondad pontificia, y como una +mujer inmaculada trata a una culpable, tras de lo cual se volvió muy +oronda a su colegio, en su arrogante coche.</p> + +<p>Es verdad que las niñas no decían a doña Andrea que, aunque no las había +en el colegio más aplicadas que ellas, ni que llevaran los vestiditos +más blancos y bien cuidados, ni que, en la clase y recreo mostrasen +mayor compostura, los vales a fin de semana, y los primeros puestos en +las competencias, y los premios en los exámenes, no eran nunca para +ellas; los regaños, sí. Cuando la niña del ministro había derramado un +tintero, de seguro que no había sido la niña del ministro, ¿cómo había +de ser la hija del ministro? había sido una de las tres niñas del Valle. +La hija de Mr. Floripond, el poderoso banquero, la fea, la huesuda, la +descuidada, la envidiosa Iselda, había escondido, donde no pudiese ser +hallado, su caja de lápices de dibujar: por supuesto, la caja no +aparecía: «¡Allí todas las niñas tenían dinero para comprar sus cajas! +¡las únicas que no tenían dinero allí eran las tres del Valle!» y las +registraban, a las pobrecitas, que se dejaban registrar con la cara +llena de lágrimas, y los brazos en cruz, cuando por fortuna la niña de +otro banquero, menos rico que Mr. Floripond, dijo que había visto a +Iselda poner la caja de lápices en la bolsa de Leonor. Pero tan buenas, +y serviciales fueron, tan apretaditas se sentaban siempre las tres, sin +jugar, o jugando entre sí, en la hora de recreo; con tal mansedumbre +obedecían los mandatos más destemplados e injustos; con tal sumisión, +por el amor de su madre, soportaban aquellos rigores, que las ayudantes +del colegio, solas y desamparadas ellas mismas, comenzaron a tratarlas +con alguna ternura, a encomendarles la copia de las listas de la clase, +a darles a afilar sus lápices, a distinguirlas con esos pequeños favores +de los maestros que ponen tan orondos a los niños, y que las tres hijas +de del Valle recompensaban con una premura en el servirlos y una +modestia y gracia tal, que les ganaba las almas más duras. Esta +bondadosa disposición de las ayudantes subió de punto cuando la +directora, que no tenía hijos, y era aun una muy bella mujer, dio +muestras de aficionarse tan especialmente a Leonor, que algunas tardes +la dejaba a comer a su mesa, enviándola luego a doña Andrea con un +afectuoso recado; y un domingo la sacó a pasear en su carruaje, +complaciéndose visiblemente aquel día en responder con su mejor sonrisa +a todos los saludos.</p> + +<p>Porque los que poseen una buena condición, si bien la persiguen +implacablemente en los demás cuando por causa de la posición o edad de +estos, teman que lleguen a ser rivales, se complacen, por el contrario, +por una especie de prolongación de egoísmo y por una fuerza de atracción +que parece incontrastable y de naturaleza divina, en reconocer y +proclamar en otros la condición que ellos mismos poseen, cuando no puede +llegar a estorbarles.</p> + +<p>Se aman y admiran a sí propios en los que, fuera ya de este peligro de +rivalidad, tienen las mismas condiciones de ellos. Los miran como una +renovación de sí mismos, como un consuelo de sus facultades que decaen, +como si se viesen aun a sí propios tales como son aquellas criaturas +nuevas, y no como ya van siendo ellos. Y las atraen a sí, y las retienen +a su lado, como si quisiesen fijar, para que no se les escapase, la +condición que ya sienten que los abandona. Hay, además, gran motivo de +orgullo en oír celebrar la especie de mérito por que uno se distingue.</p> + +<p>Verdad es que no había tampoco mejor manera de llamar la atención sobre +sí que llevar cerca a Leonor. ¡Qué mirada, que parecía una plegaria! +¡Qué óvalo el del rostro, más perfecto y puro! ¡Qué cutis, que parecía +que daba luz! ¡Qué encanto en toda ella, y qué armonía! De noche doña +Andrea, que como a la menor de sus hijas la tuvo siempre en su lecho, no +bien la veía dormida, la descubría para verla mejor; le apartaba los +cabellos de la frente y se los alzaba por detrás para mirarle el cuello, +le tomaba las manos, como podía tomar dos tórtolas, y se las besaba +cuidadosamente; le acariciaba los pies, y se los cubría a lentos besos.</p> + +<p>Alfombra hubiera querido ser doña Andrea, para que su hija no se +lastimase nunca los pies, y para que anduviese sobre ella. Alfombra, +cinta para su cuello, agua, aire, todo lo que ella tocase y necesitase +para vivir, como si no tuviese otras hijas, quería ser para ella doña +Andrea. Solía Leonor despertarse cuando su madre estaba contemplándola +de esta manera; y entreabriendo dichosamente los ojos amantes y +atrayéndola a sí con sus brazos, se dormía otra vez, con la cabeza de su +madre entre ellos; de su madre que apenas dormía.</p> + +<p>¡Cómo no padecería la pobre señora cuando la directora del colegio, +estando ya Leonor en sus trece años, la vino a ver, como quien hace un +gran servicio, y en verdad para el porvenir de Leonor lo era, para que +lo permitiese retener a Leonor en el colegio como alumna interna! En el +primer instante, doña Andrea se sintió caer al suelo, y, sin palabras, +se quedó mirando a la directora fijamente, como a una enemiga. De +pensarlo no más, ya le pareció que le habían sacado el corazón del +pecho.</p> + +<p>Balbuceó las gracias. La directora entendió que aceptaba.</p> + +<p>—Leonor, doña Andrea, está destinada por su hermosura a llamar la +atención de una manera extraordinaria. Es niña todavía, y ya ve usted +cómo anda por la ciudad la fama de su belleza. Usted comprende que a mí +me es más costoso tenerla en el colegio como a interna; pero creo de mi +deber, por cariño a usted y al señor don Manuel, acabar mi obra.</p> + +<p>Y la madre parecía que quería adelantar una objeción; y la mujer +hermosa, que en realidad, en fuerza de la plácida beldad de Leonor, +había concebido por ella un tierno afecto, decía precipitadamente estas +buenas razones, que la madre veía lucir delante de sí, como puñales +encendidos.</p> + +<p>—Porque usted ve, doña Andrea, que la posición de Leonor en el mundo, va +a ser sumamente delicada. La situación a que están ustedes reducidas las +obliga a vivir apartadas de la sociedad, y en una esfera en que, por su +misma distinción natural y por la educación que está recibiendo, no +puede encontrar marido proporcionado para ella. Acabando de educarse en +mi colegio como interna, se rozará mucho más, en estos tres años, con +las niñas más elegantes y ricas de la ciudad, que se harán sus amigas +íntimas; yo misma iré cuidando especialmente de favorecer aquellas +amistades que le puedan convenir más cuando salga al mundo, y le ayuden +a mantenerse en una esfera a que de otro modo, sin más que su belleza, +en la posición en que ustedes están, no podría llegar nunca. Hermosa e +inteligente como es, y moviéndose en buenos círculos, será mucho más +fácil que inspire el respeto de jóvenes que de otro modo la perseguirían +sin respetarla, y encuentre acaso entre ellos el marido que la haga +venturosa. ¡Me espanta, doña Andrea—dijo la directora que observaba el +efecto de sus palabras en la pobre madre—, me espanta pensar en la +suerte que correría Leonor, tan hermosa como va a ser, en el desamparo +en que tienen ustedes que vivir, sobre todo si llegase usted a faltarle! +Piense usted en que necesitamos protegerla de su misma hermosura.</p> + +<p>Y la directora, ya apiadada del gran dolor reflejado en las facciones de +doña Andrea, que no tenía fuerzas para abrir los labios, ya deseosa de +alcanzar con halagos su anhelo, había tomado las manos de doña Andrea, y +se las acariciaba bondadosamente.</p> + +<p>Entró Leonor en este instante, y en el punto de verla, fue como si los +torrentes de llanto apretados por la agonía se saliesen al fin de sus +ojos; no dijo palabras, sino inolvidables sollozos; y se lanzó al +encuentro de su hija, y se abrazó con ella estrechísimamente.</p> + +<p>—Yo no iré, mamá, yo no iré—le decía Leonor al oído—, sin que lo oyese +la directora; aunque ya Leonor le había dicho a esta que, si quería doña +Andrea, ella quería ir.</p> + +<p>A los pocos momentos doña Andrea, pálida, sentada ya junto a Leonor, a +quien tenía de la mano, pudo por fin hablar. ¡Porque era ceder a cuanto +le quedaba de don Manuel, a aquellas noches queridas suyas de silencio, +en que su alma, a solas con su amargura y con su niña, recordaba y +vivía; porque conforme se había ido apartando de todo, en sus hijas, y +en Leonor, como un símbolo de todas ellas, se había refugiado, con la +tenacidad de las almas sencillas que no tienen fuerza más que para amor; +porque dar a Leonor era como dar todas las luces y todas las rosas de la +vida!</p> + +<p>Por fin pudo hablar, y con una voz opaca y baja, como de quien habla de +muy lejos, dijo:</p> + +<p>—Bueno, señora, bueno. Y Dios le pagará su buena intención. Leonor se +quedará en el colegio.</p> + +<p>Y ya hemos visto en los comienzos de esta historia que estaba Leonor a +punto de salir de él.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="Capitulo_III" id="Capitulo_III"></a><a href="#table">Capítulo III</a></h2> + + +<p>¿De qué ha de estar hablando toda la ciudad, sino de Sol del Valle? Era +como la mañana que sigue al día en que se ha revelado un orador +poderoso. Era como el amanecer de un drama nuevo. Era esa conmoción +inevitable que, a pesar de su vulgaridad ingénita, experimentan los +hombres cuando aparece súbitamente ante ellos alguna cualidad suprema. +Después se coligan todos, en silencio primero, abiertamente luego, y dan +sobre lo que admiraron. Se irritan de haber sido sorprendidos. Se +encolerizan sordamente, por ver en otro la condición que no poseen. Y +mientras más inteligencia tengan para comprender su importancia, más la +abominan, y al infeliz que la alberga. Al principio, por no parecer +envidiosos, hacen como que la acatan: y, como que es de fuertes no +temer, ponen un empeño desmedido en alabar al mismo a quien envidian, +pero poco a poco, y sin decirse nada, reunidos por el encono común, van +agrupándose, cuchicheando, haciéndose revelaciones. Se ha exagerado. +Bien mirado, no es lo que se decía. Ya se ha visto eso mismo. Esos ojos +no deben ser suyos. De seguro que se recorta la boca con carmín. La +línea de la espalda no es bastante pura. No, no es bastante pura. Parece +como que hay una verruga en la espalda. No es verruga, es lobanillo. No +es lobanillo, es joroba. Y acaba la gente por tener la joroba en los +ojos, de tal modo que llega de veras a verla en la espalda, ¡porque la +lleva en sí! Ea; eso es fijo: los hombres no perdonan jamás a aquellos a +quienes se han visto obligados a admirar.</p> + +<p>Pero allá, en un rincón del pecho, duerme como un portero soñoliento la +necesidad de la grandeza. Es fama que, para dar al champaña su +fragancia, destilan en cada botella, por un procedimiento desconocido, +tres gotas de un licor misterioso. Así la necesidad de la grandeza, como +esas tres gotas exquisitas, está en el fondo del alma. Duerme como si +nunca hubiese de despertar, ¡oh, suele dormir mucho! ¡oh, hay almas en +que el portero no despierta nunca! Tiene el sueño pesado, en cosas de +grandeza, y sobre todo en estos tiempos, el alma humana. Mil +duendecillos, de figuras repugnantes, manos de araña, vientre hinchado, +boca encendida, de doble hilera de dientes, ojos redondos y libidinosos, +giran constantemente alrededor de portero dormido, y le echan en los +oídos jugo de adormideras, y se lo dan a respirar, y se lo untan en las +sienes, y con pinceles muy delicados le humedecen las palmas de las +manos, y se les encuclillan sobre las piernas, y se sientan sobre el +respaldo del sillón, mirando hostilmente a todos lados, para que nadie +se acerque a despertar al portero: ¡mucho suele dormir la grandeza en el +alma humana! Pero cuando despierta, y abre los brazos, al primer +movimiento pone en fuga a la banda de duendecillos de vientre hinchado. +Y el alma entonces se esfuerza en ser noble, avergonzada de tanto tiempo +de no haberlo sido. Solo que los duendecillos están escondidos detrás de +las puertas, y cuando les vuelve a picar el hambre, porque se han jurado +comerse al portero poco a poco, empiezan a dejar escapar otra vez el +aroma de las adormideras, que a manera de cendales espesos va turbando +los ojos y velando la frente del portero vencido; y no ha pasado mucho +tiempo desde que puso a los duendes en fuga, cuando ya vuelven estos en +confusión, se descuelgan de las ventanas, se dejan caer por las hojas de +las puertas, salen de bajo las losas descompuestas del piso, y abriendo +las grandes bocas en una risa que no suena, se le suben agilísimamente +por las piernas y brazos, y uno se le para en un hombro, y otro se le +sienta en un brazo, y todos agitan en alto, con un ruido de rata que +roe, las adormideras. Tal es el sueño del alma humana.</p> + +<p>¿De qué ha de estar hablando toda la ciudad, sino de Sol del Valle?</p> + +<p>De ella, porque hablan de la fiesta de anoche: de ella, porque la fiesta +alcanzó inesperadamente, a influjo de aquella niña ayer desconocida, una +elevación y entusiasmo que ni los mismos que contribuyeron a ello +volverían a alcanzar jamás. Tal como suelen los astros juntarse en el +cielo, ¡ay! para chocar y deshacerse casi siempre, así, con no mejor +destino, suelen encontrarse en la tierra, como se encontraron anoche, el +genio, y ese otro genio, la hermosura.</p> + +<hr style='width: 45%;' /> + +<p>De fama singular había venido precedido a la ciudad el pianista húngaro +Keleffy. Rico de nacimiento, y enriquecido aun más por su arte, no +viajaba, como otros, en busca de fortuna. Viajaba porque estaba lleno de +águilas, que le comían el cuerpo, y querían espacio ancho, y se ahogaban +en la prisión de la ciudad. Viajaba porque casó con una mujer a quien +creyó amar, y la halló luego como una copa sorda, en que las armonías de +su alma no encontraban eco, de lo que le vino postración tan grande que +ni fuerzas tenía aquel músico-atleta, para mover las manos sobre el +piano: hasta que lo tomó un amigo leal del brazo, y le dijo «Cúrate», y +lo llevó a un bosque, y lo trajo luego al mar, cuyas músicas se le +entraron por el alma medio muerta, se quedaron en ella, sentadas y con +la cabeza alta, como leones que husmean el desierto, y salieron al fin +de nuevo al mundo en unas fantasías arrebatadas que en el barco que lo +llevaba por los mares improvisaba Keleffy, las que eran tales, que si se +cerraban los ojos cuando se las oía, parecía que se levantaban por el +aire, agrandándose conforme subían, unas estrellas muy radiosas, sobre +un cielo de un negro hondo y temible, y otras veces, como que en las +nubes de colores ligeros iban dibujándose unas como guirnaldas de flores +silvestres, de un azul muy puro, de que colgaban unos cestos de luz: +¿qué es la música sino la compañera y guía del espíritu en su viaje por +los espacios? Los que tienen ojos en el alma, han visto eso que hacían +ver las fantasías que en el mar improvisaba Keleffy: otros hay, que no +ven, por lo que niegan muy orondos que lo que ellos no han visto, otros +lo vean. Es seguro que un topo no ha podido jamás concebir un águila.</p> + +<p>Keleffy viajaba por América, porque le habían dicho que en nuestro cielo +del Sur lucen los astros como no lucen en ninguna otra parte del cielo, +y porque le hablaban de unas flores nuestras, grandes como cabeza de +mujer y blancas como la leche, que crecen en los países del Atlántico, y +de unas anchas hojas que se crían en nuestra costa exuberante, y +arrancan de la madre tierra y se tienden voluptuosamente sobre ella, +como los brazos de una divinidad vestida de esmeraldas, que llamasen, +perennemente abiertas, a los que no tienen miedo de amar los misterios y +las diosas.</p> + +<p>Y aquel dolor de vivir sin cariño, y sin derecho para inspirarlo ni +aceptarlo, puesto que estaba ligado a una mujer a quien no amaba; aquel +dolor que no dormía, ni tenía paces, ni le quería salir del pecho, y le +tenía la fantasía como apretada por serpientes, lo que daba a todo su +música un aire de combate y tortura que solía privarla del equilibrio y +proporción armoniosa que las obras durables de arte necesitan; aquel +dolor, en un espíritu hermoso que, en la especie de peste amatoria que +está enllagando el mundo en los pueblos antiguos, había salvado, como +una paloma herida, un apego ardentísimo a lo casto; aquel dolor, que a +veces con las manos crispadas se buscaba el triste músico por sobre el +corazón, como para arrancárselo de raíz, aunque se tuviera que arrancar +el corazón con él; aquel dolor no le dejaba punto de reposo, le hacía +parecer a las veces extravagante y huraño, y aunque por la suavidad de +su mirada y el ardor de su discurso se atrajese desde el primer +instante, como un domador de oficio, la voluntad de los que le veían, +poco a poco sentía él que en aquellos afectos iba entrando la sorda +hostilidad con que los espíritus comunes persiguen a los hombres de alma +superior, y aquella especie de miedo, si no de terror, con que los +hombres, famélicos de goces, huyen, como de un apestado, de quien, bajo +la pesadumbre de un infortunio, ni sabe dar alegrías, ni tiene el ánimo +dispuesto a compartirlas.</p> + +<hr style='width: 45%;' /> + +<p>Ya en la ciudad de nuestro cuento, cuya gente acomodada había ido toda, +y en más de una ocasión, de viaje por Europa, donde apenas había casa +sin piano, y, lo que es mejor, sin quien tocase en él con natural buen +gusto, tenía Keleffy numerosos y ardientes amigos; tanto entre los +músicos sesudos, por el arte exquisito de sus composiciones, como entre +la gente joven y sensible, por la melodiosa tristeza de sus romanzas. De +modo que cuando se supo que Keleffy venía, y no como un artista que se +exhibe sino como un hombre que padece, determinó la sociedad elegante +recibirle con una hermosísima fiesta, que quisieron fuese como la más +bella que se hubiera visto en la ciudad, ya porque del talento de +Keleffy se decían maravillas, ya porque esta buena ciudad de nuestro +cuento no quería ser menos que otras de América, donde el pianista había +sido ruidosamente agasajado.</p> + +<p>En la «casa de mármol» dispusieron que se celebrase la gran fiesta: con +un tapiz rojo cubrieron las anchas escaleras; los rincones, ya en las +salas, ya en los patios, los llenaron de palmas; en cada descanso de la +escalera central había un enorme vaso chino lleno de plantas de camelia +en flor; todo un saloncito, el de recibir, fue colgado de seda amarilla; +de higares ocultos por cortinas venía un ruido de fuentes. Cuando se +entraba en el salón, en aquella noche fresca de la primavera, con todos +los balcones abiertos a la noche, con tanta hermosa mujer vestida de +telas ligeras de colores suaves, con tanto abanico de plumas, muy de +moda entonces, moviéndose pausadamente, y con aquel vago rumor de fiesta +que comienza, parecía que se entraba en un enorme cesto de alas. La tapa +del piano, levantado para dar mayor sonoridad a las notas, parecía, como +dominándolas a todas, una gran ala negra.</p> + +<p>Keleffy, que discernía la suma de verdadero afecto mezclada en aquella +fiesta de la curiosidad y sentía desde su llegada a América como si +constantemente estuviesen encendidos en su alma dos grandes ojos negros; +Keleffy a quien fue dulce no hallar casa, donde sus últimos dolores, +vaciados en sus romanzas y nocturnos, no hubiesen encontrado manos +tiernas y amigas, que se las devolvían a sus propios oídos como +atenuados y en camino de consuelo, porque «en Europa se toca—decía +Keleffy—, pero aquí se acaricia el piano»; Keleffy, que no notaba +desacuerdo entre el casto modo con que quería él su magnífico arte, y +aquella fiesta discreta y generosa, en que se sentía el concurso como +penetrado de respeto, en la esfera inquieta y deleitosa de lo +extraordinario; Keleffy, aunque de una manera apesarada y melancólica, y +más de quien se aleja que de quien llega, tocó en el piano de madera +negra, que bajo sus manos parecía a veces salterio, flauta a veces, y a +veces órgano, algunas de sus delicadas composiciones, no aquellas en que +se hubiera dicho que el mar subía en montes y caía roto en cristales, o +que braceaba un hombre con un toro, y le hendía el testuz, y le doblaba +las piernas, y lo echaba por tierra, sino aquellas otras flexibles +fantasías que, a tener color, hubieran sido pálidas, y a ser cosas +visibles, hubiesen parecido un paisaje de crepúsculo.</p> + +<hr style='width: 45%;' /> + +<p>En esto, se oyó en todo el salón un rumor súbito, semejante al que en +días de fiestas nacionales se oye en la muchedumbre de las plazas cuando +rompe en un ramo de estrellas en el aire un fuego de artificio. ¡Ya se +sabía que en el Instituto de la Merced había una niña muy bella! que era +Sol del Valle; ¡pero no se sabía que era tan bella! Y fue al piano; +porque ella era la discípula querida del Instituto y ninguna como ella +entendía aquella plegaria de Keleffy, «¡Oh, madre mía», y la tocó, +trémula al principio, olvidada después en su música y por esto más +bella; y cuando se levantó del piano, el rumor fue de asombro ante la +hermosura de la niña, no ante el talento de la pianista, no común por +otra parte; y Keleffy la miraba, como si con ella se fuese ya una parte +de él; y, al verla andar, la concurrencia aplaudía, como si la música no +hubiera cesado, o como si se sintiese favorecida por la visita de un ser +de esferas superiores, u orgullosa de ser gente humana, cuando había +entre los seres humanos tan grande hermosura.</p> + +<p>¿Cómo era? ¡Quién lo supo mejor que Keleffy! La miró, la miró con ojos +desesperados y avarientos. Era como una copa de nácar, en quien nadie +hubiese aun puesto los labios. Tenía esa hermosura de la aurora, que +arroba y ennoblece. Una palma de luz era. Keleffy no la hablaba, sino la +veía. La niña, cuando se sentó al lado de la directora, casi rompió en +lágrimas. La revelación, la primera sensación del propio poder, lisonjea +y asusta. Se tuvo miedo la niña, y aunque muy contenta de sí, halagada +por aquel rumor como si le rozasen la frente con muy blandas plumas, se +sintió sola y en riesgo, y buscó con los ojos, en una mirada de angustia +a doña Andrea, ¡ay! a doña Andrea que, conforme iban pasando los años, +se hundía en sí misma, para ver mejor a don Manuel, de tal manera que +ya, si sonreía siempre, apenas hablaba. Se conversaba apresuradamente. +Todos los ojos estaban sobre ella. ¿Quién es? ¿Quién es? Las mujeres no +la celebraban, se erguían en sus asientos para verla; movían rápidamente +el abanico, cuchicheaban a su sombra con su compañera; se volvían a +mirarla otra vez. Los hombres, sentían en sí como una rienda rota; y +algunos, como un ala. Hablaban con desusada animación. Se juntaban en +corrillos. La median con los ojos. Ya la veían de su brazo ostentándola +en el salón, y le estrechaban el talle en el baile ardiente y atrevido; +ya meditaban la frase encomiástica con que habían de deslumbrar al ser +presentados a ella. «¿Conque esa es Sol del Valle?». «¿En qué casas +visita?». «¿Va a casa de Lucía Jerez?». «Juan Jerez es amigo de la +señora». «Allí está Juan Jerez; que nos presente». «Yo soy amigo de la +directora: vamos». «¿Quién nos presentará a ella?». ¡Pobre niña! Su +alcoba no la vio nunca como la dejaron aquellos curiosos. No es para la +mayor parte de los hombres una obra santa, y una copa de espíritu la +hermosura; sino una manzana apetitosa. Si hubiera un lente que +permitiese a las mujeres ver, tales como les pasean por el cráneo los +pensamientos de los hombres, y lo que les anda en el corazón, los +querrían mucho menos.</p> + +<p>Pero no era un hombre, no, el que con más insistencia, y un cierto +encono mezclado ya de amor, miraba a Sol del Valle, y con dificultad +contenía el llanto que se le venía a mares a los ojos, abiertos, en los +que se movían los párpados apenas. La conocía en aquel momento, y ya la +amaba y la odiaba. La quería como a una hermana; ¡qué misterios de estas +naturalezas bravías e iracundas! y la odiaba con un aborrecimiento +irresistible y trágico. Y cuando un caballero apuesto y cortés, que +saludaba mucha gente a su paso, se acercó, por lo mismo que vivía en +esfera social más alta, más que a saludar, a proteger a Sol del Valle, +cuando Juan Jerez llegó al fin al lado de la niña, y Lucía Jerez, que +era quien de aquella manera la miraba, los vio juntos, cerró los ojos, +inclinó la cabeza sobre el hombro como quien se muere; se le puso todo +el rostro amarillo; y solo al cabo de algún tiempo, al influjo del aire +que agitaban sus compañeras con los abanicos, volvió a abrir los ojos, +que parecían turbios, como si hubiera cruzado por su pensamiento un ave +negra.</p> + +<p>Y Keleffy en aquellos instantes tenía subyugada y muda a la +concurrencia. Allí sus esperanzas puras de otros tiempos; sus agonías de +esposo triste; el desorden de una mente que se escapa; el mar sereno +luego; la flora toda americana, ardiente y rica; el encogimiento sombrío +del alma infeliz ante la naturaleza hermosa; una como invasión de luz +que encendiese la atmósfera, y penetrase por los rincones más negros de +la tierra, y a través de las ondas de la mar, a sus cuevas de azul y +corales; una como águila herida, con una llaga en el pecho que parecía +una rosa, huyendo, a grandes golpes de ala, cielo arriba, con gritos +desesperados y estridentes. Así, como un espíritu que se despide, tocó +Keleffy el piano. Jamás pudo tanto, ni nadie le oyó así segunda vez. +Para Sol era aquella fantasía; para Sol, a quien ni volvería a ver +nunca, ni dejaría de ver jamás. Solo los que persiguen en vano la +pureza, saben lo que regocija y exalta el hallarla. Solo los que mueren +de amor a la hermosura entienden cómo, sin vil pensamiento, ya a punto +de decir adiós para siempre a la ciudad amiga, tocó aquella noche en el +piano Keleffy. Pero tocó de tal manera que, aun para la gente inculta, +es todavía aquel un momento inolvidable. «Nos llevaba como un +triunfador», decía un cronista al día siguiente, «sujetos a su carro. +¿Adónde íbamos? nadie lo sabía. Ya era un rayo que daba sobre un monte, +como el acero de un gigante sobre el castillo donde supone a su dama +encantada; ya un león con alas, que iba de nube en nube; ya un sol +virgen que de un bosque temido, como de un nido de serpientes, se +levanta; ya un recodo de selva nunca vista, donde los árboles no tenían +hojas, sino flores; ya un pino colosal que, con estruendo de gemidos, se +quebraba; era una grande alma que se abría. Mucho se había hecho admirar +el apasionado húngaro en el comienzo de la fiesta; mas, aquella +arrebatadora fantasía, aquel desborde de notas; ora plañideras, ora +terribles, que parecían la historia de una vida, aquella, que fue su +última pieza de la noche, porque nadie después de ella osó pedirle más, +vino tan inmediatamente después de la aparición de la señorita Sol del +Valle, orgullo desde hoy de la ciudad que todos reconocimos en la +improvisación maravillosa del pianista el influjo que en él, como en +cuantos anoche la vieron, con su vestido blanco y su aureola de +inocencia, ejerció la pasmosa hermosura de la niña. Nace bien esta +beldad extraordinaria, con el genio a sus plantas».</p> + +<hr style='width: 45%;' /> + +<p>Dos amigas están sentadas a la sombra de la magnolia, nuestra antigua +conocida. En un sillón está sentada Lucía. Otras sillas de mimbre +esperan a sus dueñas, que andan preparando dulces por los adentros de la +casa, o con Ana, que no está bien hoy. Está muy pálida. No se espera +gente de afuera aquella tarde; Juan Jerez no está en la ciudad: fue el +viernes a defender en el tribunal de un pueblo vecino los derechos de +unos indios a sus tierras, y aun no ha vuelto. Lucía hubiera estado más +triste, si no hubiera tenido a su amiga a su lado. Juan no puede venir. +Ferrocarril no hay hoy. A caballo, es muy lejos. A los pies de Lucía, en +una banqueta, con los brazos cruzados sobre las rodillas de la niña, +¿quién es la que está sentada, y la mira con largas miradas, que se +entran por el alma como reinas hermosas que van a buscar en ella su +aposento, y a quedarse en ella; y la deja jugar con su cabeza, cuya +cabellera castaña destrenza y revuelve, y alisa luego hacia arriba con +mucho cuidado, de modo que se le vea el noble cuello? A los pies de +Lucía está Sol del Valle.</p> + +<hr style='width: 45%;' /> + +<p>Desde la noche de la fiesta de Keleffy, Lucía y Sol se han visto muchas +veces. ¿De conocerla, cómo había de librarse, en estas ciudades nuestras +en que todo el mundo se conoce? Aquella misma noche, y no fue Juan por +cierto, Lucía, muy adulada por la directora del Instituto de la Merced, +de donde había salido tres años antes, se vio en brazos de Sol, que la +miraba llena de esperanza y ternura. Se levantó la directora y llevó a +Sol de la mano a donde Lucía estaba, taciturna. Las vio venir, y se echó +atrás.</p> + +<p>—¡Vienen a mí, a mí!—se dijo.</p> + +<p>—Lucía, aquí te traigo una amiga, para que te la pongas en el corazón, y +me la cuides como cosa de tu casa. En tus manos la puedo dejar: tú no +eres envidiosa.</p> + +<p>Y a Sol se le encendía el rostro, sin saber qué decir, y a Lucía se le +desvanecía el color, buscando en balde fuerzas con que mover la mano y +abrir los labios en una sonrisa.</p> + +<p>—Pero esto no ha de ser así, no.</p> + +<p>Y la directora puso el brazo de Sol en el de Lucía, y acompañadas de +miradas celosas, se refugió por algunos momentos con ellas en un balcón, +cuya baranda de granito estaba oculta bajo una enredadera florecida de +rosas salomónicas. El balcón era grande y solemne; la noche, ya muy +entrada, y el cielo, cariñoso y locuaz, como se pone en nuestros países +cuando el aire está claro, y parece como que platican y se hacen visitas +las estrellas.</p> + +<p>—Y ante todo, Lucía y Sol, dense un beso.</p> + +<p>—Mira, Lucía—dijo la directora juntando en sus manos las de las los +niñas y hablando como si no estuviese Sol con ellas, quien se sentía las +mejillas ardientes, y el pecho apretado con lo que la maestra iba +diciendo, tanto, que por un instante vio el cielo todo negro, y como que +desde su casita la estaba llamando doña Andrea—. Mira, Lucía, tú sabes +cómo entra en la vida Sol del Valle, como lo sabe todo el mundo. Su +padre se ha muerto. Su madre está en la mayor pobreza. Yo, que la quiero +como a una hija, he procurado educarla para que se salve del peligro de +ser hermosa siendo tan pobre.</p> + +<p>Sintió Lucía en aquel instante como si la mano de Sol le temblase en la +suya, y hubiese hecho un movimiento por retirarla y ponerse en pie.</p> + +<p>—Señora....</p> + +<p>—No, no, Lucía. La que va a ser mujer de Juan Jerez....</p> + +<p>La sombra de una de las cortinas de la enredadera, que flotaba al +influjo del aire, escondió en este instante el rostro de Sol.</p> + +<p>—... merece que yo ponga en sus manos, para que me la enseñe al mundo a +su lado y me la proteja, la joya de la casa con que ha sido Juan Jerez +tan bueno.</p> + +<p>Aquí la cortina flotante de la enredadera cubrió con su sombra el rostro +de Lucía.</p> + +<p>—Juan....</p> + +<p>—Juan ha sido muy bueno—dijo como con cierta prisa voluntaria la +directora—. Él apenas conoce a Sol, porque ha ido muy poco a casa de +doña Andrea; pero como es tan generoso, se alegrará de que tú ampares a +esta niña, con el respeto de tu casa, de los que, porque la verán +desvalida....</p> + +<p>Más blanco que su vestido pudo verse en este momento, el rostro de Sol.</p> + +<p>—... querrán faltarle al respeto. Ya Sol ha acabado su colegio; pero +para que mi obra no quede incompleta, voy a dejarla en él como +profesora, y así ayudará a su madre a llevar los gastos de la casa, y le +hemos tomado ya a doña Andrea una casita mejor, cerca del Instituto. Yo +espero—añadió la señora gravemente, y como si las estrellas no +estuviesen brillando en el cielo—, que Sol será una buena maestra. Yo, +Lucía, no podré llevarla a todas partes, porque ya he dejado de ser +joven, y los cuidados del colegio me lo impiden; pero quiero que tú +hagas mis veces, y ya lo sabes—dijo con una ligera emoción en la voz +dando un beso en la mejilla de Lucía—, cuídamela. Que sientan que el que +no pueda llegar hasta ti, no puede llegar hasta ella. Cuando haya una +fiesta, llévala. Ella se vestirá siempre linda, porque yo la he enseñado +a hacérselo todo y es maestra en coser. Convídala a tu casa, para que +nadie tenga reparo en convidarla a la suya: que el que entra en tu casa +puede entrar en todas partes. Sol es tan bonita como agradecida.</p> + +<p>—Sí, sí, señora—interrumpió Lucía que en sus mejillas propias estaba +sintiendo la palidez de las de Sol—. Yo la llevaré conmigo. Yo sí, yo +sí, ahora mismo la presentaré a todas mis amigas. Iremos juntas la +Semana Santa. No me digas que no, Sol. Iremos al teatro siempre juntas.</p> + +<p>Y el cariño le iba creciendo con las palabras, que decía +amontonadamente, como si tuviese prisa por olvidarse de algo, o quisiese +vengarse de sí misma.</p> + +<p>—Bueno, vamos entonces, que yo veo que la gente curiosea porque estamos +cuchicheando tanto tiempo. Vamos.</p> + +<p>Sol no hablaba. Lucía, como que quería defenderla de la directora, que +entraba ya en el salón con su paso pomposo.</p> + +<p>—Enseguida, señora, enseguida. Entre usted y detrás vamos nosotras. Voy +a coger dos rosas de esta enredadera: esta para Sol—y se la prendió con +mucha ternura, mirándola amorosamente en los ojos—; esta, que es la +menos bonita, para mí.</p> + +<p>—¡Oh, usted es tan buena!</p> + +<p>—¿Usted? No, Sol, yo soy tu hermana. No hagas caso de lo que dice la +directora. Yo te querré siempre como una hermana—y abrió los brazos, y +apretó en ellos a Sol, a la que llevaba sin miedo, prestísimamente.</p> + +<p>—¡Oh!—dijo Sol de pronto ahogando un grito. Y se llevó la mano al seno, +y la sacó con la punta de los dedos roja. Era que al abrazarla Lucía, se +le clavó en el seno una espina de la rosa.</p> + +<p>Con su propio pañuelo secó Lucía la sangre, y de brazo las dos entraron +en la sala. Lucía también estaba hermosa.</p> + +<hr style='width: 45%;' /> + +<p>—¿Cómo entenderte, Lucía?—decía Juan a su prima unos quince días después +de la noche de la fiesta, con una intención severa en las palabras que +él con Lucía nunca había usado—. Desde hace unos quince días, espera, +creo que me acuerdo, desde la noche de Keleffy, te encuentro tan +injusta, que a veces, creo que no me quieres.</p> + +<p>—¡Juan! ¡Juan!</p> + +<p>—Bueno, Lucía: tú sí me quieres. Pero ¿qué te hago yo que explique esas +durezas tuyas de carácter, para mí que vengo a ti como viene el sediento +a un vaso de ternuras? Más cariño no puedes desear. Pensar, yo sí pienso +en todo lo más difícil y atrevido; pero querer, Lucía, yo no quiero más +que a ti. Yo he vivido poco; pero tengo miedo de vivir y sé lo que es, +porque veo a los vivos. Me parece que todos están manchados, y en cuanto +alcanzan a ver un hombre puro empiezan a correrle detrás para llenarle +la túnica de manchas. La verdad es que yo, que quiero mucho a los +hombres, vivo huyendo de ellos. Siento a veces una melancolía dolorosa. +¿Qué me falta? La fortuna me ha tratado bien. Mis padres me viven. Me es +permitido ser bueno. Y además, te tengo—le dijo tomándola, cariñosamente +de la mano que Lucía le abandonó como apenada y absorta.</p> + +<p>—Te tengo, y de ti me vienen, y en ti busco, las fuerzas frescas que +necesito para que el corazón no se me espante y debilite. Cada vez que +me asomo a los hombres, me echo atrás como si viera un abismo; pero de +cada vez que vengo a verte, saco un brío para batallar y un poder de +perdón que hacen que nada me parezca difícil para que yo lo acometa. No +te rías, Lucía; pero es la verdad. ¿Tú has leído unos versos de +Longfellow que se llaman «Excelsior»? Un joven, en una tempestad de +nieve, sube por un puerto pobre, montaña arriba, con una bandera en la +mano que dice: «Excelsior». No te sonrías: yo sé que sabes tú latín: +«¡Más alto!». Un anciano le dice que no vaya adelante, que el torrente +ruge abajo y la tempestad ¡se viene encima: «¡Más alto!». Una joven +linda, ¡no tan linda como tú!, le dice: «Descansa la cabeza fatigada en +mi seno». Y al joven se le humedecen los ojos azules, pero aparta de sí +a la enamorada y le dice: «¡Más alto!».</p> + +<p>—¡Ah no! pero tú no me apartarás a mí de ti. Yo te quito la bandera de +las manos. Tú te quedas conmigo. ¡Yo soy lo más alto!</p> + +<p>—No, Lucía: los dos juntos llevaremos la bandera. Yo te tomo para todo +el viaje. Mira que, como soy bueno, no voy a ser feliz. ¡No te me +canses!—y le besó la mano.</p> + +<p>Lucía le acariciaba con los ojos la cabeza.</p> + +<p>—Y el joven al fin siguió adelante: y los monjes lo hallaron muerto al +día siguiente, medio sepultado en la nieve; pero con la mano asida a la +bandera, que decía: «¡Más alto!». Pues bien, Lucía: cuando no te me +pones majadera, cuando no me haces lo que ayer, que me miraste de frente +como con odio y te burlaste de mí y de mi bondad, y sin saberlo llegaste +hasta dudar de mi honradez, cuando no te me vuelves loca como ayer, me +parece cuando salgo de aquí, que me brilla en las manos la bandera. Y +veo a todo el mundo pequeño, y a mí como un gigante dichoso. Y siento +mayor necesidad, una vehemente necesidad de amar y perdonar a todo el +mundo. En la mujer, Lucía, como que es la hermosura mayor que se conoce, +creemos los poetas hallar como un perfume natural todas las excelencias +del espíritu; por eso los poetas se apegan con tal ardor a las mujeres a +quienes aman, sobre todo a la primera a quien quieren de veras, que no +es casi nunca la primera a quien han creído querer, por eso cuando creen +que algún acto pueril o inconsiderado las desfigura, o imaginan ellos +alguna frivolidad o impureza, se ponen fuera de sí, y sienten unos +dolores mortales, y tratan a su amante con la indignación con que se +trata a los ladrones y a los traidores, porque como en su mente las +hicieran depositarias de todas las grandezas y claridades que apetecen, +cuando creen ver que no las tienen, les parece que han estado +usurpándoles y engañándoles con maldad refinada, y creen que se +derrumban como un monte roto, por la tierra, y mueren aunque sigan +viviendo, abrazados a las hojas caídas de su rosa blanca. Los poetas de +raza mueren. Los poetas segundones, los tenientes y alféreces; de la +poesía, los poetas falsificados, siguen su camino por el mundo besando +en venganza cuantos labios se les ofrecen, con los suyos, rojos y +húmedos en lo que se ve, ¡pero en lo que no se ve tintos de veneno! +Vamos, Lucía, me estás poniendo hoy muy hablador. Tú ves, no lo puedo +evitar. Si me oyeran otras gentes, dirían que era un pedante. Tú no lo +dices, ¿verdad? Es que en cuanto estoy algún tiempo cerca de ti, de ti +que nadie ha manchado, de ti en quien nadie ha puesto los labios +impuros, de ti en quien mido yo como la carne de todas mis ideas y como +una almohada de estrellas donde reclino, cuando nadie me ve, la cabeza +cansada, estas cosas extrañas, Lucía, me vienen a los labios tan +naturalmente que lo falso sería no recordarlas. Por fuera me suelen +acusar de que soy rebuscado y exagerado, y tú habrás notado que ya yo +hablo muy poco. ¿Qué culpa tengo yo de que sea así mi naturaleza, y de +que al influjo de tu cariño enseñe todas sus flores?</p> + +<p>Y le besó las dos manos, como pudiera un niño haber besado dos tórtolas.</p> + +<p>Así, aunque no parezca cierto, suelen hablar y sentir algunos seres +«vivos y efectivos», como dicen las lápidas de los nichos en que están +enterrados los oficiales militares muertos en el servicio de la corona +española. Así exactamente, y sin quitar ni poner ápice, era como sentía +y hablaba Juan Jerez.</p> + +<hr style='width: 45%;' /> + +<p>—Tú me perdonas, Juan—dijo Lucía antes de que hubieran pasado algunos +momentos, bajos los ojos y la voz, como pecador contrito que pide +humildemente la absolución de su pecado—. Juan yo no sé que es, ni sé +para qué te quiero, aunque si sé que te quiero por lo mismo que vivo, y +que si no te quisiera no viviría. Y mira, Juan, te miento; ahora mismo +te estoy mintiendo, yo creo que no sé por qué te quiero, pero debo +saberlo muy bien, sin notarlo yo, porque sé por qué pueden quererte los +demás. Y como si te conocen, han de quererte como yo te quiero, ¡no me +regañes Juan! ¡yo no quisiera que tú conocieses a nadie! ¡Yo te querría +mudo, yo te querría ciego: así no me verías más que a mí, que le +cerraría el paso a todo el mundo, y estaría siempre ahí, y como dentro +de ti, a tus pies donde quisiera estar ahora! ¿Tú me perdonas, Juan? +Luego, yo no soy soberbia, y no creo que yo solo soy hermosa: ¡tú dices +que yo soy hermosa! yo sé que fuera de mí hay muchas cosas y muchas +personas bellas y grandes; yo sé que no están en mí todas las hermosuras +de la tierra, y como a ti te caben en el alma todas, y eres tan bueno +que te he visto recoger las flores pisadas en las calles y ponerlas con +mucho cuidado donde nadie las pise, creo, Juan, que yo no te basto, que +cualquier cosa o persona hermosa, te gustaría tanto como yo, y odio un +libro si lo lees, y un amigo si lo vas a ver, y una mujer si dicen que +es bella y puedes verla tú. Quisiera reunir yo en mí misma todas las +bellezas del mundo, y que nadie más que yo tuviera hermosura alguna +sobre la tierra. Porque te quiero, Juan, lo odio todo. Y yo no soy mala, +Juan; yo me avergüenzo de eso, y luego me entran remordimientos, y +besaría los pies de los que un momento antes quería no ver vivos, y de +mi sangre les daría para que viviesen si se muriesen; ¡pero hay +instantes, Juan, en que odio a todas las cosas, a todos los hombres y a +todas las mujeres! ¡Oh, a todas las mujeres! Cuando no estás a mi lado, +y pienso en alguien que pueda agradar tus ojos u ocupar tu pensamiento, +creémelo, Juan; ¡ni sé lo que veo, ni sé qué es lo que me posee, pero me +das horror, Juan y te aborrezco entonces, y odio tus mismas cualidades, +y te las echo en cara, como ayer, para ver si llegas tú a odiarlas, y a +no ser tan bueno, y si así no te quieren! Eso es, Juan, no es más que +eso. A veces, y te lo diré a ti solo, sufro tanto que me tiendo en el +suelo en mi cuarto, cuando no me ven, como una muerta. Necesito sentir +en las sienes mucho tiempo el frío del mármol. Me levanto, como si +estuviera por dentro toda despedazada. Me muero de una envidia enorme +por todo lo que tú puedas querer y lo que pueda quererte. Yo no sé si +eso es malo, Juan: ¿tú me perdonas?</p> + +<p>La magnolia, nuestra antigua conocida oyó, a las últimas luces de la +tarde, el final de esta conversación congojosa.</p> + +<hr style='width: 45%;' /> + +<p>Lindo es el montecito que domina por el Este a la ciudad, donde a brazo +partido lucharon antaño, macana contra lanza y carne contra hierro, el +jefe de los indios y el jefe de los castellanos, y de barranco en +barranco abrazados, matándose y admirándose iban cayendo, hasta que al +fin, ya exhausto, e hiriéndose con su propia macana la cabeza, cayó el +indio a los pies del español, que se levantó la visera, dejando ver el +rostro bañado en sangre, y besó al indio muerto en la mano. Luego, como +que era recio de subir, le escogieron para sus penitencias los devotos, +y es fama que por su falda pedregosa subían de rodillas en lo más fuerte +del sol, los penitentes, contando el rosario.</p> + +<p>Vinieron gentes nuevas, y como que el monte es corto y de forma bella, y +desde él se ve a la ciudad, con sus casas bajas, de patios de arbolado, +como una gran cesta de esmeraldas y ópalos, limpiaron de piedras y +yerbajos la tierra que, bien abonada, no resultó ingrata; y de la mejor +parte del monte hicieron un jardín que entre los pueblos de América no +tiene rival, puesto que no es uno de esos jardinuelos de flores +enclenques, y arbustos podados, con trocitos de césped entre enverjados +de alambre, que más que cosa alguna dan idea de esclavitud y artificio, +y de los que con desagrado se aparta la gente buena y discreta; sino uno +como bosque de nuestras tierras, con nuestras propias y grandes flores y +nuestros árboles frutales, dispuestos con tal arte que están allí con +gracia y abandono, y en grupos irregulares y como poco cuidados, de tal +manera que no parece que aquellos bambúes, plátanos y naranjos han sido +llevados allí por las manos de jardinero, ni aquellos lirios de agua, +puestos como en montón que bordan el estrecho arroyo cargado de aguas +secas, fueron allí trasplantados como en realidad fueron: antes bien, +parece que todo aquello floreció allí de suyo y con libre albedrío, de +modo que allí el alma se goza y comunica sin temor, y no bien hay en la +ciudad una persona feliz, ya necesita ir a decírselo al montecito que +nunca se ve solo, ni de día ni de noche.</p> + +<p>Por allí, en la tarde en que vamos caminando, halló Pedro Real razón +para encontrarse a caballo, el cual dejó en la cumbre, mientras que, +golpeándose con el latiguillo los botines, se perdía, sin recordar el +cuadro de Ana, por la calle de los lirios. Por allí, y sin saber por +cierto que Pedro andaba cerca, acababa Adela, con tres amigas suyas, que +estrenaban unos sombreros de paja crema adornados con lilas, de bajar +del carruaje, que en la cumbre, con los caballos, esperaba. Por allí, +sin que lo supiese Adela tampoco, aunque sí lo sabía Pedro, andaban +lentamente, con las dos niñas menores, Sol y doña Andrea: doña Andrea, +que desde que el colegio le devolvió a su Sol y podía a su sabor recrear +los ojos, con cierto pesar de verle el alma un poco blanda y perezosa, +en aquella niña suya de «cutis tan trasparente—decía ella—como una nube +que vi una vez, en París, en un medio punto de Murillo», andaba siempre +hablando consigo en voz baja, como si rezase; y otras regañaba por todo, +ella que no regañaba antes jamás, pues lo que quería en realidad, sin +atreverse, era regañar a Sol, de quien se encendía en celos y en miedos, +cada vez que oía preparativos de fiesta o de paseo, que por cierto no +eran muchos, pero sobrados ya para que temiese con justicia doña Andrea +por su tesoro. Ni con el mayor bienestar que con el sueldo de Sol en el +colegio había entrado en la casa, se contentaba doña Andrea; y a veces +se dio la gran injusticia de que aquella hermosura que ella tanto +mimaba, y que desde la infancia de la niña cuidaba ella y favorecía, se +la echase en cara como un pecado, que le llevó un día a prorrumpir en +este curiosísimo despropósito, que a algunas personas pareció tan +gracioso como cuerdo: «Si Manuel viviera, tú no serías tan hermosa». +Enojábase, doña Andrea, cuando oía, allá por la hora en que Sol volvía +con una criada anciana del colegio, la pisada atrevida del caballo de +cierto caballero que ella muy especialmente aborrecía; y si Sol hubiese +mostrado, que nunca lo mostró, deseos de ver la arrogante cabalgadura, +fuera de una vez que se asomó sonriendo y no descontenta, a verla pasar +detrás de sus persianas, es seguro que por allí hubieran encontrado +salida las amarguras de doña Andrea, que miraba a aquel gallardísimo +galán, a Pedro Real, como a abominable enemigo. Ni a galán alguno +hubiera soportado doña Andrea, cuyos pesares aumentaba la certidumbre de +que aquel que ella hubiera querido por tenerlo muy en el alma, que +poseyese a su Sol, no sería de Sol nunca, por lo alto que estaba, y +porque era ya de otra. Mas aquella mansísima señora se estremecía cuando +pensaba que, por parecer proporcionados en la gran hermosura externa, +pudiesen algún día acercarse en amores aquel catador de labios +encendidos y aquella copa de vino nuevo. Sentía fuerzas viriles doña +Andrea, y determinación de emplearlas, cada vez que el caballo de Pedro +Real piafaba sobre los adoquines de la calle. ¡Como si los cuerpos +enseñasen el alma que llevan dentro! Una vez, en una habitación recamada +de nácar, se encontró refugiado a un bandido. Da horror asomarse a +muchos hombres inteligentes y bellos. Se sale huyendo, como de una +madriguera. Y ya se sabía por toda la ciudad, con envidia de muchas +locuelas, que tras de Sol del Valle había echado Pedro Real todos sus +deseos, sus ojos melodiosos, su varonil figura, sus caballos +caracoleadores, sus ímpetus de enamorado de leyenda. Y lo despótico de +la afición se le conocía en que, bruscamente, y como si no hubiera +estado perturbando con vislumbres de amor sus almas nuevas, cesó de +decir gallardías, a afectar desdenes a aquellas que más de cerca le +tuvieron desde su llegada de París, ya porque de público se las señalase +como las conquistas más apetecidas, ya porque lo picante de su trato le +diese fácil ocasión para aquellas conversaciones salpimentadas que son +muy de uso entre aquellos de nuestros caballeros jóvenes que han visto +tierras, y suplen con lo atrevido del discurso la escasez de la gracia y +el intelecto. La conversación con las damas ha de ser de plata fina, y +trabajada en filigrana leve, como la trabajan en Génova y México.</p> + +<p>En ser visto donde Sol del Valle había de verlo, ponía Pedro Real el +mayor cuidado; en que no se la viera sin que se le viese a él; si al +teatro, bajo el palco a que fue Sol, que fue el de la directora, y no +más que dos veces, estaba la luneta de Pedro; si en Semana Santa, por +donde Sol iba con Lucía y Adela, Pedro, sin piedad por Adela, aparecía. +Decirle, nada le había dicho. Ni escribirle. Ni nadie afectaba, al +saludarla en público, encogimiento y moderación mayores. Y parecía más +arrogante, porque no iba tan pulido. Ni le decía, ni le escribía; pero +quería llenarle el aire de él. A la salida del teatro, la segunda noche +que fue a él Sol, ofrecía un pequeñuelo de sombrero de pita y pies +descalzos un ramo de camelias color de rosa, que eran allí muy +apreciadas y caras. Y en el punto en que salió Sol, y con rapidez tal +que pareció a todos cosa artística, tomó el ramo Pedro Real, lo deshizo +de modo que las camelias cayeron al suelo, casi a los pies de Sol, y +dijo, como si no quisiera ser oído más que del amigo que tenía al lado: +«Puesto que no es de quien debe ser, que no sea de nadie». Y como la +fantasía que la hermosura de Sol arrancó a Keleffy era ya a manera de +leyenda en la ciudad, Pedro Real, con tacto y profundidad mayores de los +que pudieran suponérsele, compró, para que nadie volviese a tocar en él, +el piano en que habían tocado aquella noche Sol y Keleffy.</p> + +<hr style='width: 45%;' /> + +<p>Sonaban por la ciudad alegremente las chirimías, los pífanos y los +tambores. Los balcones de la calle de la Victoria eran cestos de rosas, +con todas las damas y niñas de la ciudad asomadas a ellos. Por cada +bocacalle entraba en la de la Victoria, con su banda de tamborines a la +cabeza, una compañía de milicianos. Unos llevaban pantalón blanco de +dril, con casaquín de lana perla, cruzado el pecho de anchas correas +blancas, con asta plateada. Otros iban de blanco y rojo, blanco el +pantalón, la casaca roja. Iban otros más de ciudadanos, y aunque menos +brillantes, más viriles: llevaban un pantalón de azul oscuro y uno como +gabán corto y justo, cerrado con doble hilera de botones de oro por +delante: el sombrero era de fieltro negro de alas anchas, con un delgado +cordón de oro, que caía con dos bellotas a la espalda. En las esquinas +iban las compañías tomando puesto. ¡Qué conmovedoras las banderas rotas! +¡Qué arrogantes, y como sacerdotes, los que las llevaban! Parecían altos +aunque no lo fueran. No parecían bien, cerca de aquellos pabellones +desgarrados, los banderines de seda y flores de oro en que con letras de +realce iban bordados los números de las compañías. ¡Qué correr +desalados, el de los muchachos por las calles! Verdad que hasta los +hombres mayores, periódico en mano y bastón al aire, corrían. A algunos, +se les saltaban las lágrimas. Parecía como que de adentro empujaba +alguien a las gentes. Cuando una banda sonaba a distancia, como si +estuviera yéndose, los muchachos, aun los más crecidos, corrían tras +ella, con la cara angustiada, como si se les fuera la vida. Y los más +pequeños, cruzando de un lado para otro, mirados desde los balcones, +parecían los granos sueltos de un racimo de uvas. Las nueve serían de la +mañana, y el cielo estaba alegre, como si le pareciese bien lo que +sucedía en la tierra. Era el día del año señalado para llevar flores a +las tumbas de los soldados muertos en defensa de la independencia de la +patria. Entre compañía y compañía, iban carros enormes en la procesión, +tirados por caballos blancos, y henchidos de tiestos de flores. Allá en +el cementerio había, sobre cada tumba, clavada una bandera.</p> + +<p>¿Qué caballerín, de los elegantes de la ciudad, no estaba aquella +mañana, con un ramo de flores en el ojal, saludando a las damas y niñas +desde su caballo? Los estudiantes, no, esos no estaban por las calles, +aunque en los balcones tenían a sus hermanas y a sus novias: los +estudiantes estaban en la procesión, vestidos de negro, y entre +admirados y envidiosos de los muertos a quienes iban a visitar, porque +estos, al fin, ya habían muerto en defensa de su patria, pero ellos +todavía no: y saludaban a sus hermanas y novias en los balcones, como si +se despidieran de ellas. Los estudiantes fueron en masa a honrar a los +muertos. Los estudiantes que son el baluarte de la Libertad, y su +ejército más firme. Las universidades parecen inútiles, pero de allí +salen los mártires y los apóstoles. Y en aquella ciudad ¿quién no sabía +que cuando había una libertad en peligro, un periódico en amenaza, una +urna de sufragio en riesgo, los estudiantes se reunían, vestidos como +para fiesta, y descubiertas las cabezas y cogidos del brazo, se iban por +las calles pidiendo justicia; o daban tinta a las prensas en un sótano, +e imprimían lo que no podían decir; se reunían en la antigua Alameda, +cuando en las cátedras querían quebrarles los maestros el decoro, y de +un tronco hacían silla para el mejor de entre ellos, que nombraban +catedrático, y al amor de los árboles, por entre cuyas ramas parecía el +cielo como un sutil bordado, sentado sobre los libros decía con gran +entusiasmo sus lecciones; o en silencio, y desafiando la muerte, pálidos +como ángeles, juntos como hermanos, entraban por la calle que iba a la +casa pública en que habían de depositar sus votos, una vez que el +Gobierno no quería que votaran más que sus secuaces, y fueron cayendo +uno a uno, sin echarse atrás, los unos sobre los otros, atravesados +pechos y cabezas por las balas, que en descargas nutridas desataban +sobre ellos los soldados? Aquel día quedó en salvo por maravilla Juan +Jerez, porque un tío de Pedro Real desvió el fusil de un soldado que le +apuntaba. Por eso, cuando los estudiantes pasaban en la procesión, +vestidos de negro, con una flor amarilla en el ojal, los pañuelos de +todos los balcones soltábanse al viento, y los hombres se quitaban los +sombreros en la calle, como cuando pasaban las banderas; y solían las +niñas desprenderse del pecho, y echar sobre los estudiantes, sus ramos +de rosas.</p> + +<p>En un balcón, con sus dos hermanas mayores y la directora, estaba Sol +del Valle. En otro, con un vestido que la hacía parecer como una imagen +de plata, una linda imagen pagana, estaba Adela. Más allá, donde Sol y +Adela podían verlas, ocupaba un ancho balcón, amparado del sol por un +toldo de lona, Lucía con varias personas de la familia de su madre, y +Ana. En una silla de manos habían traído a Ana hasta la casa. Muy mala +estaba, sin que ella misma lo supiese bien; estaba muy mala. Pero ella +quería ver, «con su derecho de artista, aquella fiesta de los colores; a +la tierra le faltaba ahora color, ¿verdad, Juan? Mira, si no, como todo +el mundo se viste de negro. Quiero oír música, Lucía: quiero oír mucha +música. Quiero ver las banderas al viento». Y allí estaba en el ancho +balcón, vestida de blanco, muy abrigada, como si hubiese mucho frío, +mirando avariciosamente, como si temiera no volver a ver lo que veía, y +sintiendo como dentro del pecho, porque no se las viesen, le estaban +cayendo las lágrimas.</p> + +<p>Lucía distinguió a Sol, y miró si estaba en el balcón, o dentro, Juan +Jerez. Sol, no bien vio a Lucía, no quitó de ella los ojos, para que +supiese que estaba allí, y cuando le pareció que Lucía la estaba viendo, +la saludó cariñosamente con la mano, a la vez que con la sonrisa y con +los ojos. Prefería ella que Lucía la mirase, a que la miraran los +jóvenes mejor conocidos en la ciudad, que siempre hallaban manera de +detenerse más de lo natural frente a su balcón. A Pedro Real, pagó con +un movimiento de cabeza, su humilde saludo, cuando pasó a caballo; y no +lo vio con pena, ni con afecto que debiera afligir a doña Andrea, todo +lo cual vio Adela desde su balcón, aunque estaba de espaldas. Pero Lucía +se había entrado por el alma de Sol, desde la noche en que le pareció +sentir goce cuando se clavó en su seno la espina de la rosa. Lucía, +ardiente y despótica, sumisa a veces como una enamorada, rígida y +frenética enseguida sin causa aparente, y bella entonces como una rosa +roja, ejercía, por lo mismo que no lo deseaba, un poderoso influjo en el +espíritu de Sol, tímido y nuevo. Era Sol como para que la llevasen en la +vida de la mano, más preparada por la Naturaleza para que la quisiesen +que para querer, feliz por ver que lo eran los que tenía cerca de sí, +pero no por especial generosidad, sino por cierta incapacidad suya de +ser ni muy venturosa ni muy desdichada. Tenía el encanto de las rosas +blancas. Un dueño le era preciso, y Lucía fue su dueña.</p> + +<p>Lucía había ido a verla; a buscarla en su coche para que paseasen +juntas; a que fuese a su casa a que la conociera Ana; y Ana la quiso +retratar; pero Lucía no quiso «porque ahora Ana estaba fatigada, y la +retrataría cuando estuviese más fuerte», lo que, puesto que Lucía lo +decía, no pareció mal a Sol. Lucía fue a vestirla una de las noches que +iba Sol al teatro, y no fue ella: ¿por qué no iría ella? Juan Jerez +tampoco fue esa noche; y por cierto que esa vez Lucía le llevó, para que +lo luciese, un collar de perlas: «A mí no me lo conocen, Sol: yo nunca +me pongo perlas»; pero doña Andrea, que ya había comenzado a dar +muestras de una brusquedad y entereza desusadas, tomó a Lucía por las +dos manos con que estaba ofreciendo el collar a Sol, que no veía mucho +pecado en llevarlo, y mirando a la amiga de su hija en los ojos, y +apretando sus manos con cariño a la vez que con firmeza, le dijo con +acento que dejaba pocas dudas: «No, mi niña, no», lo que Lucía entendió +muy bien, y quedó como olvidado el collar de perlas. A la mañana +siguiente, a la hora de que Sol fuese a sus clases, fue Lucía a buscarla +para que diesen una vuelta en el coche por cerca del colegio, y le +preguntó con ahínco sobresaltado y doloroso, que a quién vio, que quién +subió a su palco, que a quién llamó la atención, que dónde estaba Pedro +Real: «¡Oh! Pedro Real, tan buen mozo; ¿no te gusta Pedro Real? Yo creo +que Pedro Real llamaría la atención en todas partes. Has visto cómo +desde que te conoce no se ocupa de nadie Pedro Real»; pero pronto acabó +de hablar de esto Lucía. Quién estaba en el teatro, no le importaba +mucho saberlo: Juan no había estado; pero ¿a la salida quién estaba? ¿no +recuerdas quién estaba a la salida? ¿Estaba...? y no acababa de +preguntar quién había estado. Ni sabía Sol por quién le preguntaba. No: +Sol no había visto a nadie. Iba muy contenta. La directora la había +tratado con mucho cariño. Sí, Pedro Real había estado; pero no a +saludarla: nadie había subido a saludarla. La habían mirado mucho. +Decían que el cónsul francés había dicho una cosa muy bonita de ella. +Pero al salir, no, no vio a nadie. Sol quería llegar pronto, porque se +había quedado triste doña Andrea. Y al llegar en esta conversación al +colegio, Lucía besó a Sol con tanta frialdad, que la niña se detuvo un +momento mirándola con ojos dolorosos, que no apearon el ceño de su +amiga. Y de pronto, por muchos días, cesó Lucía de verla. Sol se había +afligido, y doña Andrea no; aunque la ponía orgullosa que le quisiesen a +su hija; pero Lucía no: ella no veía nunca con gusto a Lucía. Un día +antes de la procesión Lucía había vuelto a la casa de Sol. Que la +perdonase. Que Ana estaba muy sola. Que Sol estaba más linda que nunca. +«Mira, mañana te mandaré la camelia más linda que tenga en casa. Yo no +te digo que vengas a mi balcón, porque.... Yo sé que tú vas al balcón de +la directora. Pero mira, vas a estar lindísima; ponte la camelia en la +cabeza, a la derecha, para que yo pueda vértela desde mi balcón». Y le +tomó las manos, y se las besó; y conforme conversaba con Sol, se pasaba +suavemente la mano de ella por su mejilla; y cuando le dijo adiós, la +miraba como si supiera que corría algún peligro, y le avisase de él, y +cuando fue hacia el coche, ya se le iban desbordando las lágrimas.</p> + +<p>—¡Allí está, allí está!—dijo como involuntariamente, y reprimiéndose +enseguida que lo había dicho, una de las hermanas de Sol, la mayor, la +que no era bella, la que no tenía más que dos ojos muy negros y +acariciadores, expresivos y dulces como los de la llama, el animal que +muere cuando le hablan con rudeza.</p> + +<p>—¿Quién?</p> + +<p>—No, no era nadie: Juan Jerez, en el balcón de Lucía.</p> + +<p>—Sí, ya lo veo. Lucía está mirando para acá—y se desprendió, y volvió a +prender, para que Lucía lo notase, y supiera que pensaba en ella—. +Hermanita—dijo de pronto Sol en voz baja—; hermanita, ¿no te parece que +Juan Jerez es muy bueno? Yo quisiera verlo más. Nunca lo he visto cuando +he ido a casa de Lucía. Yo no sé qué tiene, pero me parece mejor que +todos los demás. ¿Tú crees que él querrá mucho a Lucía?</p> + +<p>Hermanita no quería decir nada, hacía como que no oía.</p> + +<p>—Juan Jerez iba antes algunas veces a casa, antes de que yo saliese del +colegio; ¿verdad? Cuéntame, tú que lo conoces. Yo sé que él se va a +casar con Lucía, aunque ella no me habla de él nunca; pero a mí me gusta +hablar de él. A Lucía no me atrevo a preguntarle, como ella no me +dice... Él ha sido muy bueno con mamá, ¿no? ¡La directora lo quiere +tanto! Mira, allí vuelve a pasar Pedro Real: ¡es buen mozo de veras! +pero yo le hallo unos ojos extraños, no son tan dulces como los de Juan. +No sé; pero el único que me dijo algo la noche de Keleffy, que no se me +ha olvidado, fue Juan Jerez.</p> + +<p>Hermanita no decía palabra. Se le habían puesto los ojos muy negros y +grandes como para contener algo que se salía a ellos.</p> + +<p>Ella, que no miraba hacia el balcón, sentía que Juan Jerez había tenido +puesta buen tiempo su mirada larga y bondadosa en Sol. Juan, que +acariciaba los mármoles, que seguía por las calles a los niños descalzos +hasta que sabía donde vivían, que levantaba del suelo las flores +pisadas, si no lo veían, y les peinaba los pétalos, y las ponía donde no +pudiesen pisarlas más. De la misma manera, y con aquel deleite honrado +que produce en un espíritu fino la contemplación de la hermosura, había +Juan mirado a Sol largamente.</p> + +<p>Lucía no estaba allí entonces. ¡Pobre Ana! Cuando ya iban pasando los +últimos soldados, palideció, se le cubrió el rostro de sudor, cerró los +ojos, y cayó sobre sus rodillas. La llevaron cargada para adentro, a +volverle el sentido. Parecía una santa, vestida de blanco, con su cara +amarilla. Lucía no se apartaba de su lado; Ana había vuelto en sí; Lucía +había mirado ya muchas veces a la puerta, como preguntándose dónde +estaría Juan. «¿En el balcón? ¡Que no esté en el balcón!». Y aun +desmayada Ana, por poco no le abandona la mano.</p> + +<p>—¡Vete, vete con Juan!—le dijo Ana, apenas abrió los ojos, y le notó el +trastorno; y con la mano y la sonrisa la echaba hacia la puerta +suavemente.</p> + +<p>—Bueno, bueno, vengo enseguida.</p> + +<p>Y fue al balcón derechamente.</p> + +<p>—¡Juan!</p> + +<p>—¿Y Ana? ¿Cómo está Ana?</p> + +<p>El balcón de la directora estaba ya vacío.</p> + +<p>—Ya está bien: ya está bien. ¡Yo no sabía dónde tú estabas!</p> + +<hr style='width: 45%;' /> + +<p>Y volvemos ahora al pie de la magnolia, cuando ya llevaba días de +sucedido todo esto, y Sol estaba en una banqueta a los pies de Lucía, +sentada en un sillón de hierro. Ana, con sus caprichos de madre, había +querido que le llevasen aquel domingo a Sol. «¡Es tan buena, Lucía! Tú +no tienes que tenerle miedo: tú también eres hermosa. Mira: yo veo a las +personas hermosas como si fueran sagradas. Cuando son malas no: me +parecen vasos japoneses llenos de fango; pero mientras son buenas, no te +rías, me parece, cuando estoy delante de ellas, que soy un monaguillo y +que le estoy alzando la cogulla, como en la misa, a un sacerdote. Vamos, +tráeme a Sol; ¿pero es de veras que Juan no viene hoy?».</p> + +<p>—¡Es de veras! Sí, sí; ahora mismo voy, y te traigo a Sol.</p> + +<p>Sol vino, y otras amigas de Ana, mas no Adela. Vivía ya Ana en un sillón +de enfermo, porque andar le era penoso, y reclinarse no podía. Ya, como +las tardes cuando se está yendo la luz, tenía el rostro a la vez claro y +confuso, y todo él como bañado de una dulce bondad. Ni deseos tenía, +porque de la tierra deseó poco mientras estuvo en ella, y lo que Ana le +hubiera pedido a la tierra, de seguro que en ella no estaba, y tal vez +estaría fuera de ella. Ni sentía Ana la muerte, porque no le parecía a +ella que fuese muerte aquello que dentro de sí sentía crecientemente, y +era como una ascensión. Cosas muy lindas debía ver, conforme se iba +muriendo, sin saber que las veía, porque se le reflejaban en el rostro. +La frente la tenía como de cera, alta y bruñida, y hundidas las paredes +de las sienes. Aquellos ojos eran una plegaria. Tenía fina la nariz, +como una línea. Los labios violados y secos, eran como una fuente de +perdón. No decía sino caridades. Sola, sí, no quería estar ella. Tampoco +se quiere estar solo cuando se va a entrar en un viaje: tampoco, cuando +se está en las cercanías de la boda. Es lo desconocido, y se le teme. Se +busca la compañía de los que nos aman. Y más que con otras se había +encariñado Ana, en su enfermedad, con Sol, cuya perfecta hermosura lo +era más, si cabe, por aquel inocente abandono que de todo interés y +pensamiento de sí tenía la niña. Y Ana estaba mejor cuando tenía a Sol +cogida de la mano, en cuyas horas Lucía, sentada cerca de ellas, era +buena.</p> + +<p>Dormía Ana en aquellos momentos, cuando en el patio hablaban Lucía y +Sol. Hablaban del colegio, que había dado su examen en aquella semana, y +dejaba a Sol libre durante dos meses: y a Sol no le gustaba mucho +enseñar, no, «pero sí me gusta: ¿no ves que así no pasa mamá apuros? +¡Mamá!». Y Sol contaba a Lucía, sin ver que a esta al oírlo se le +arrugaba el ceño, cómo inquietaban a doña Andrea los cuidados de Pedro +Real, de que no hablaba la señora, porque la niña no se fijase más en +él; pero ella no, ella no pensaba en eso.</p> + +<p>—No, ¿por qué no?</p> + +<p>—No sé: yo no pienso todavía en eso; me gusta, sí, me gusta verle pasear +la calle y cuidarse de mí; pero más me gusta venir acá, o que tú vayas a +verme, y estar con Ana y contigo. Luego, Pedro Real me da miedo. Cuando +me mira, no me parece que me quiere a mí. Yo no sé explicarlo, pero es +como si quisiera en mí otra cosa que no soy yo misma. Porque a mí me +parece, ¡anda, Lucía, tú puedes decirme de eso! a mí me parece que +cuando un hombre nos quiere, debemos como vernos en sus ojos, así como +si estuviéramos en ellos, y dos veces que he visto de cerca a Pedro +Real, pues no me ha parecido encontrarme en sus ojos. ¿No es, verdad, +Lucía, que cuando a uno lo quieren le sucede a uno eso?</p> + +<p>En la mano de Lucía se encogió de pronto el cabello de Sol con que +jugaba.</p> + +<p>—¡Ay! me haces daño.</p> + +<p>—¿Quieres que vayamos a ver cómo está Ana?</p> + +<p>Y ya se estaba poniendo en pie para ir a verla, y arreglándose Sol los +cabellos, aquellos cabellos suyos finos, de color castaño con reflejos +dorados, cuando a un tiempo se oyeron dos diversos ruidos: uno en el +cuarto de Ana, como de mucha gente que se moviera y hablara +agitadamente, otro a la puerta de la calle, donde, con aire +desembarazado, saltaba un hombre opuesto, de una mula de camino.</p> + +<p>—¡Juan!—murmuró Lucía, poniéndose más blanca que las camelias.</p> + +<p>—¿Juan Jerez?—dijo Sol alegrándosele el rostro, y acabando +apresuradamente de sujetarse las trenzas.</p> + +<p>Lucía, en pie y ceñuda, y con los ojos puestos sobre Sol, a quien +turbaba aquel silencio, aguardó apoyada en la silla de hierro, a Juan +que, reparando apenas en Sol, venía hacía su prima con las manos +tendidas.</p> + +<p>—Señorita Sol, ¿qué me le ha hecho a mi Lucía? ¿Por qué no sales a +recibirme? ¿para castigarme porque por verte hoy he andado veintidós +leguas en mula?</p> + +<p>A Lucía se le veían temblar los labios imperceptiblemente, y como crecer +los ojos. Su mano se sacudía entre las de Juan, que la miraba con +asombro.</p> + +<p>Sol hacía como que sobre una mesita un poco alejada arreglaba las flores +de un vaso.</p> + +<p>—Lucía, ¿qué tienes?</p> + +<p>—¡Sol, Lucía, vengan!—dijo acercándose a ellas una de sus amigas que +salía del cuarto de Ana precipitadamente—. Ah, Juan, que bueno que esté +aquí. Ve, Lucía, ve, yo creo que Ana se muere.</p> + +<p>—¡Ana!</p> + +<p>—Sí, mande enseguida por el médico.</p> + +<p>Saltó Juan en la mula, y echó a escape. Sol ya estaba al lado de Ana, +Lucía miró muy despacio a la puerta de la calle, miró con ira a aquella +por donde había entrado Sol, y se quedó unos momentos de pie, sola en el +patio, los dos brazos caídos, y apretados a los costados, fijos los ojos +delante de sí tenazmente. Y echó a andar hacia el cuarto de Ana después +de haber mirado a su alrededor a todos los lados, como si temiese.</p> + +<hr style='width: 45%;' /> + +<p>¡Al campo! ¡al campo! Todos van al campo. Todos, sí, todos. Adela y +Pedro Real, Lucía y Juan, y Ana y Sol. Y, por supuesto, las personas +mayores que por no influir directamente en los sucesos de esta narración +no figuran en ella. ¡Al campo todos!</p> + +<p>El médico llegó aquel domingo en momentos en que Ana abría los ojos, que +a Sol arrodillada al borde de su cama fue lo primero que vieron.</p> + +<p>—¡Ah, tú, Sol!—y Sol le pasaba la mano por la frente, y le apartaba de +ella los cabellos húmedos.</p> + +<p>Lucía arreglaba las almohadas de manera que Ana pudiera estar como +sentada. Sus amigas todas rodeaban la cama, y Ana, sin fuerzas aun para +hablar, les pagaba sus miradas de angustia con otras de reconocimiento. +Parecía que era dichosa. Sol quiso retirar la mano con que tenía asida +la de Ana; pero Ana la retuvo.</p> + +<p>—¿Qué ha sido, eh, qué ha sido? Sentí como si todo un edificio se +hubiese derrumbado dentro de mí. Ya, ya pasó. Ya estoy bien. Y se le +cayó la cabeza al otro lado de las almohadas.</p> + +<p>El médico la halló de esta manera, le puso el oído sobre el corazón, +abrió de par en par la ventana y las puertas, y aconsejó que solo +quedase junto a ella la persona que ella desease.</p> + +<p>Ana, que parecía no oír, abrió los ojos, como si el aire le hubiese +hecho bien, y dijo:</p> + +<p>—Juan ha llegado, Lucía.</p> + +<p>—¿Cómo sabes?</p> + +<p>—Vete con Juan, Lucía. Sol, tú te quedas.</p> + +<p>Miró Sol a Lucía, como preguntándole; a Lucía, que estaba en pie al lado +de la cama, duros los labios y los brazos caídos.</p> + +<p>Juan llamaba a la puerta en este instante, y el médico lo entró en el +cuarto, de la mano.</p> + +<p>—Venga a decirme si no es locura pensar que corre riesgo esta linda +niña—y con los ojos, desdecía el médico sus palabras—. Pero es +indispensable que la enfermita vea el campo. Es indispensable. No me +pregunte usted qué remedio necesita—dijo el médico clavando los ojos en +Juan—. Mucho reposo, mucho aire limpio, mucho olor de árboles. +Llévenmela donde haya calor, estos tiempos húmedos pueden hacerle mucho +daño. Si mañana mismo pueden ustedes disponer el viaje, sea mañana +mismo. Pero, niña, no se me vaya a ir sola. Lleve gente que la quiera, y +que la arrope bien por las mañanitas y por las tardes. ¿Y esta +señorita?—añadió volviéndose a Sol—. Y creo que usted se me pone buena +si lleva consigo a esta señorita.</p> + +<p>—Oh, sí, Sol va conmigo; ¿no, Juan?</p> + +<p>—Por supuesto—dijo Juan vivamente, pensando con placer en que así se +regocijaría Ana, cuya afición a Sol le era ya conocida, y se daría una +prueba de estimación a la pobre viuda—: por supuesto que la llevamos. Va +a ser una gala de los ojos ver ir por un caminito de rosales que yo me +sé, cogidas del brazo, a Sol, Ana y Lucía. Lucía, mañana nos vamos. Sol, +voy ahora a su casa a pedirle permiso a doña Andrea. ¿Te parece, Lucía +que invitemos a Adela y a Pedro Real? ¡Upa, Ana, upa! Allá tengo unos +inditos en el pueblo que te van a dar asunto para un cuadro delicioso. +¿Vamos, doctor?—acarició Juan una mano de Ana, besó la de Lucía, con un +beso que la regañaba dulcemente y salió al corredor, hablando como muy +contento, con el médico.</p> + +<p>Ana llamó a Lucía con una mirada, y así que la tuvo cerca de sí, sin +decir palabra, y sonriendo felizmente, trajo sobre su seno con un +esfuerzo las manos de Lucía y de Sol, que estaban cada una a un lado de +ella, y paseando sus ojos por sobre sus cabezas, como conversándoles, +retuvo largo tiempo unidas las manos de ambas niñas bajo las suyas.</p> + +<p>Y Sol miró a Lucía de tan linda manera, que no bien Ana se quedó como +dormida, se acercó Lucía a Sol, la tomó por el talle cariñosamente, y +una vez en su cuarto, empezó a vaciar con ademanes casi febriles sus +cajas y gavetas.</p> + +<p>—Todo, todo, todo es para ti—y Sol quería hablar, y ella no la dejaba—. +Mira, pruébate este sombrero. Yo nunca me lo he puesto. Pruébatelo, +pruébatelo. Y este, y este otro. Esos tres son tuyos. Sí, sí, no me +digas que no. Mira, trajes: uno, dos, tres. Este es el más bonito para +ti. ¿Oyes? Yo quiero mucho a Pedro Real. Yo quiero que tú quieras a +Pedro Real. Que te vea muy bonita. Que te vean siempre más bonita que +yo. Pero óyeme, a Juan no me lo quieras. Tú déjame a Juan para mí sola. +Enójalo. Trátalo mal. Yo no quiero que tú seas su amiga. ¡No, no me +digas nada! sí, es chanza, sí, es chanza. ¿Ves? Este vestido malva sí te +va a estar bien. A ver, qué bien hace con tu pelo castaño. ¿Ves? Es muy +nuevo. Tiene el corpiño como un cáliz de flor, un poco recto; no como +esos de ahora, que parecen una copa de champaña: muy delgados en la +cintura, y muy anchos en los hombros. La saya es lisa; no tiene +tableados ni pliegues; cae con el peso de la seda hasta los pies. ¿Ves? +a mí me está muy corta. A ti te estará bien. Es un poco ancha, a lo +Watteau. ¡Mi pastorcita! ¡mi pastorcita! Yo nunca me la he puesto. ¿Tú +sabes? A mí no me gustan los colores claros. ¡Ah! mira: aquí tienes—y +escondía algo con las dos manos cerradas detrás de su espalda—, aquí +tienes, y no te lo vas a quitar nunca, aunque se nos enoje doña Andrea. +Cierra los ojos.</p> + +<p>Los cerró Sol venturosa de verse tan querida por su amiga, y cuando los +abrió, se vio en el brazo, e hizo por quitarse con un gesto que Lucía le +detuvo, un brazalete de cuatro aros de perlas margaritas.</p> + +<p>—Sí, sí, es muy rico; pero yo quiero que tú lo tengas. No: nada, nada +que me digas: ¿ves? yo tengo aquí otro, de perlas negras. ¡Y nunca, +nunca te lo quites! Yo quiero ser muy buena—y la tomó de las dos manos, +y la besó en las dos mejillas apasionadamente—. ¡Ven, vamos a ver a Ana!</p> + +<p>Y salieron del cuarto, cogidas del talle.</p> + +<p>¡Al campo, al campo! Doña Andrea no sabe que va Pedro Real; que si lo +supiese, no dejaría ir a Sol: aunque a Juan ¿qué le negaría ella? ¡A +Juan! Ese, ese era el que ella hubiera querido para Sol. «Bueno, Juan: +que no salga al sol mucho». Juan preguntó en vano por la hermana mayor, +por Hermanita. Ella estaba en la casa cuando entró él; pero ahora no: +estará en casa de alguna vecina. ¡No, Hermanita estaba allí; estaba en +el comedor, detrás de las persianas! Ella veía a quien no la veía. +«¡Cierra los ojos, Hermanita, no veas a lo que no debes ver!». Y cuando +Juan salió, las persianas se entornaron, como unos ojos que se cierran.</p> + +<p>¡Al campo, al campo! Cuatro mulas tiran del carruaje, con collares de +plata y cencerro, porque Ana vaya alegre: y las mulas llevan atadas en +el anca izquierda unas grandes moñas rojas, que lucen bien sobre su piel +negra. El cochero es Pedro Real, que lleva al lado a Adela, en la +imperial, Juan y Lucía, adentro, con la gente mayor, que es muy +respetable, pero no nos hace falta para el curso de la novela, Ana +sentada entre almohadas, muy mejor con el gozo del viaje, con su +cuaderno de apuntes en la falda, para copiar lo que le guste del camino, +que ya le perece que está buena, y Sol a su lado, con un vestido de +sedilla color de ópalo, tranquila y resplandeciente como una estrella.</p> + +<p>Pedro Real se mordió el bigote rizado cuando vio que no iba a ser Sol su +compañera en el pescante. Y con Adela iba muy cortés. Pero ¿Ana no +necesitaría nada? Juan, ¿irá Ana bien? Deberíamos bajar. ¡Voy a bajar un +momento, a ver si Ana va bien! Bajó muchos momentos. Y las mulas, aunque +diestras, más de una vez se iban un poco del camino, como si no +estuviese bastante puesto en ellas el pensamiento del cochero.</p> + +<p>Era como de seis leguas el camino, y todo él a un lado y otro de tan +frondosa vegetación que no había manera de tener los ojos sino en +constante regalo y movimiento. Porque allá al fondo era un bosque de +cocoteros, o una hilera de palmas lejanas que iba a dar en la garganta +de dos montes; ya era, al borde mismo del camino, una pendiente llena de +flores azules y amarillas que remataba en un río de espumas blancas, +nutrido con las aguas de la sierra, o eran ya a la distancia, imponentes +como dos mensajes de la tierra al cielo, dos volcanes dormidos, a cuya +falda serpeada por arroyuelos de agua blanca viva y traviesa, se +recogían, como siervos azotados a los pies de sus dueños, las ciudades +antiguas, desdentadas y rotas, en cuyos balcones de hierro labrado, +mantenidos como por milagro sin paredes que los sustentasen sobre las +puertas de piedra, crecían en hilos que llegaban hasta el suelo copiosas +enredaderas de ipomea. De una iglesia que tuvo los techos pintados, y +dorados de oro fino de lo más viejo de América los capiteles de los +pilares, quedaba en pie, como una concha clavada en tierra por el borde, +el fondo del altar mayor, cobijado por una media bóveda: un bosquecillo +había crecido al amor del altar; la pared interior, cubierta de musgo, +le daba desde lejos apariencia de cueva formidable; y era cosa común y +sumamente grata ver salir de entre los pedruscos florecidos, al menor +ruido de gente o de carruajes, una bandada de palomas. Otra iglesia, de +que no había quedado en pie más que el crucero, tenía el domo +completamente verde, y las paredes de un lado rosadas y negras, como los +bordes de una herida. Y por el suelo no podía ponerse el pie sin que +saltase un arroyo.</p> + +<p>Llegaron a los volcanes; pasaron por las ciudades antiguas: más allá +iban; y no se detuvieron. Lucía, a la sombra de su quitasol rojo, se +sentía como la señora de toda aquella natural grandeza, y como si el +mundo entero, de que tenía a los ojos hermosa pintura, no hubiera sido +fabricado más que para cantar con sus múltiples lenguas los amores de +Lucía Jerez y de su primo. Y se veía ella misma lo interior del cráneo +como si estuviese lleno de todas aquellas flores: lo que le sucedía +siempre que estaba sola, con Juan Jerez al lado. Adela y Pedro hablaban +de formalísimos sucesos, que tenían la virtud de poner a Adela +contemplativa y silenciosa, dando a Pedro ocasión para ir callado buena +parte del camino, lo cual aprovechaba él en celebrar consigo mismo +animados coloquios: y a cada instante era aquello de: «Juan, ¿cómo +estará Ana? Bajaré un instante, a ver si se le ofrece algo a Ana». Y +Lucía reía, y daba por cosa cierta que, aunque Sol era niña recatada, ya +le había dicho que Pedro Real le parecía muy bien, y se la veía que le +llevaba en el alma: lo que a Juan no parecía un feliz suceso, aunque +prudentemente lo callaba. Adentro del carruaje, la dichosa Sol era toda +exclamaciones: jamás, jamás, en su vida de huérfana pobre, había visto +Sol correr los ríos, vestirse a los bosques fuertes de campanillas +moradas y azules, y verdear y florecer los campos. De un color de rosa +de coral se le teñían las mejillas, y el ónix de México no tuvo nunca +mayor transparencia que la tez fina de Sol, en aquella mañana de ventura +en la naturaleza. ¡Ay! la buena Ana sonreía mucho, pero había olvidado +levantar de su falda el cuaderno de notas.</p> + +<hr style='width: 45%;' /> + +<p>Y de pronto sonaron unas músicas; se oscureció el camino como por una +sombra grata, y refrenaron las mulas el paso, con gran ruido de hebillas +y cencerros. De un salto estaba Pedro a la portezuela del carruaje, al +lado de Sol, preguntándole a Ana qué se le ofrecía. Pero aquí bajaron +todos, y Sol misma, que se volvió pronto al carruaje, para acompañar a +Ana, y animarla a tomar del breve almuerzo que los demás, sentados en +torno de una mesa rústica, gustaban con vehemente apetito, sazonado por +chistes que el piadoso Juan encabezaba y atraía, porque los oyese Ana +desde su asiento en el coche, traído a este propósito cerca de la mesa.</p> + +<p>Allí, en las tazas de güiro posadas en trípodes de bejuco recién cortado +de las cercanías, hervía la leche que, a juzgar por lo fragante y +espumosa, acababa de salir de la vaca de Durham que asomó su cabeza +pacífica por uno de los claros de la enredadera. Porque era aquel lugar +un lindo parador, techado y emparrado de verdura, puesto allí por los +dueños de la finca, para que los visitantes hiciesen de veras, al llegar +de la ciudad, su almuerzo a la manera campesina. Allí el queso, que +manaba la leche al ser cortado, y sabía ricamente con las tortas de maíz +humeantes que servía la indita de saya azul, envueltas en paños blancos. +Allí unos huevos duros, o blanquillos, que venían recostados, cada uno +en su taza de güiro, sobre unas yerbas de grata fragancia, que olían +como flores. Allí, en la cáscara misma del coco recién partido en dos, +la leche de la fruta, con una cucharilla de coco labrado que la +desprendía de sus tazas naturales. Y mientras duraba el almuerzo, unos +indios, descalzos y en sus trajes de lona, puestos en tierra sus +sombreros de palma, tocaban, bajo otro paradorcillo más lejano, +dispuesto para ellos, unos aires muy suaves de música de cuerda, que +blandamente templada por el aire matinal y la enredadera espesa, llegaba +a nuestros alegres caminantes como una caricia. Adela solo reía +forzadamente. Violencia tenía que hacerse Sol para no palmotear en el +carruaje. Muy feamente arrugó el ceño Lucía una vez que se acercó Juan a +la portezuela del lado de Ana, y habló con ella, haciéndola reír, unos +minutos: y en cuanto oyó reír a Sol, dejó Lucía su asiento, y se fue +ella también a la portezuela. ¡Ea! ¡Ea! ya tocan diana, que es el toque +de bienvenida y adiós, los indios habilidosos. La indita de saya azul da +a gustar a la vaca mirona una de las tazas de coco abandonadas. Al +pescante van Pedro y Adela: Lucía, menos contenta, a la imperial con +Juan. Ya la casa de la finca, toda blanca, de techo encarnado, se ve a +poca distancia. Ana ya va muy pálida; y las mulas, al olor del pesebre, +vuelan camino arriba, bajo la bóveda de espesos almendros que llenan la +avenida con sus hojas redondas y sus verdes frutas.</p> + +<hr style='width: 45%;' /> + +<p>Mucha, mucha alegría. Lucía también estaba alegre, aunque no estaba Juan +allí. Porque no estaba Juan: el pleito de los indios, aunque aquellos +eran días de receso en tribunales como en escuelas, le había obligado a +volver al pueblecito, si no quería que un gamonal del lugar, que tenía +grandes amigos en el Gobierno, hurtase con una razón u otra a los indios +la tierra que la energía de Juan había logrado al fin les fuese punto +menos que reconocida en el pleito. Los indios habían salido de la +iglesia con su música, el domingo antes, apenas se supo que Juan no +esperaría el tren del día siguiente: y cuando le trajeron a Juan la +mula, vio que la habían adornado toda con estrellas y flores de palma, y +que todo el pueblo se venía tras él, y muchos querían acompañarle hasta +la ciudad. Una viejita, que venía apoyada en su palo, le trajo un +escapulario de la Virgen, y una guapa muchacha, con un hijo a la espalda +y otro en brazos, llegó con su marido, que era un bello mancebo, a la +cabeza de la mula, puso al indito en alto para que le diese la mano al +«caballero bueno»; y muchos venían con jarras de miel cubiertas con +estera bien atada, u otras ofrendas, como si pudiesen dar para tanto las +ancas de la caballería, muy oronda de toda aquella fiesta; y otro +viejito, el padre del lugar, mi señor don Mariano, que jamás había +bebido de licor alguno, aunque él mismo trabajaba el de sus plantíos +propios, llegó, apoyado en sus dos hijos, que eran también como +senadores del pueblo, y con los brazos en alto desde que pudo divisar a +Juan, y como si hubiera al cabo visto la luz que había esperado en vano +toda su vida: «Abrazarlo—decía—. ¡Déjenme abrazarlo! ¡Señor, todito este +pueblo lo quiere como a su hijo!». De modo que Juan, a quien había +conmovido aquellos cariños, dejó la finca, dos días después de haber +llegado a ella, no bien supo que los indios, a pesar de su esfuerzo, +corrían peligro de que se les quitase de las manos la posesión temporal +que, en espera de la definitiva, había Juan obtenido que el juez les +acordase—el juez, que había recibido el día anterior de regalo del +gamonal un caballo muy fino.</p> + +<hr style='width: 45%;' /> + +<p>Mucha, mucha alegría. Lucía misma, que en los dos días que estuvo allí +Juan le dio ocasión de extrañeza con unos cambios bruscos de disposición +que él no podía explicarse, por ser mayores y menos racionales que los +que ya él le conocía, estaba ahora como quien vuelve de una enfermedad.</p> + +<p>Era la casa toda de los visitantes, por no estar en ella entonces sus +dueños, que eran como de la familia de Juan Pedro, al anochecer, salía +de caza, porque era el tiempo de la de los conejos, por allí +abundantísimos. De los que traía muertos en el zurrón no hablaba nunca, +porque Ana no se lo había de perdonar, por haber todavía en este mundo +almas sencillas que no hallan placer en que se mate, a la entrada misma +de la cueva donde tiene a su compañera y a su prole, a los pobres +animales que han salido a descubrir, para mudarse de casa, algún rincón +del bosque rico en yerbas.</p> + +<p>Pero los conejos, de puro astutos, suelen caer en las manos del cazador; +porque no bien sienten ruido, se hacen los muertos, como para que no los +delate el ruido de la fuga, y cierran los ojos, cual si con esto cerrase +el cazador los suyos, quien hace por su parte como que no ve, y echada +hacia la espalda la escopeta, por no alarmar al conejo que suele +conocerla, se va, mirando a otro lado, sobre la cama del conejo, hasta +que de un buen salto le pone el pie encima y así lo coge vivo: una vez +cogió tres, muy manso el uno, de un color de humo, que fue para Ana: +otro era blanco, al cual halló manera de atarle una cinta azul al +cuello, con que lo regaló a Sol; y a Lucía trajo otro, que parecía un +rey cautivo, de un castaño muy duro, y de unos ojos fieros que nunca se +cerraban, tanto que a los dos días, en que no quiso comer, bajó por +primera vez las orejas que había tenido enhiestas, mordió la cadenilla +que lo sujetaba, y con ella en los dientes quedó muerto.</p> + +<hr style='width: 45%;' /> + +<p>Paseos, había pocos. Sin Ana, ¿quién había de hacerlos? Con ella no se +podía. Ni Sol dejaba a Ana de buena voluntad; ni Lucía hubiera salido a +goce alguno cuando no estaba Juan con ella. Adela, sí, había trabado +amistades con una gruesa india que tenía ciertos privilegios en la casa +de la finca, y vivía en otra cercana, donde pasaba Adela buena parte del +día, platicando de las costumbres de aquella gente con la resuelta +Petrona Revolorio: «y no crea la señorita que le converso por servicio, +sino porque le he cobrado afición». Era mujer robusta y de muy buen +andar, aunque esto lo hacía sobre unos pies tan pequeños que no había +modo de que Petrona llegara a ver a «sus niños» sin que le pidieran que +los enseñase, lo cual ella hacía como quien no lo quiere hacer, sobre +todo cuando estaba delante el niño Pedro. Las manos corrían parejas con +los pies, tanto que algunas veces las niñas se las pedían y acariciaban; +llevaba una simple saya de listado, y un camisolín de muselina +transparente, que le ceñía los hombros y le dejaba desnudos los hermosos +brazos y la alta garganta. Era el rostro de facciones graciosas y +menudas, de tal modo que la boca, medio abierta en el centro y recogida +en dos hoyuelos a los lados, no era en todo más grande que sus ojos. La +naricilla, corta y un tanto redonda y vuelta en el extremo, era una +picardía. Tenía la frente estrecha, y de ella hacia atrás, en dos bandas +no muy lisas, el cabello negro, que en dos trenzas copiosas, veteadas de +una cinta roja, llevaba recogida en cerquillo, como una corona, sobre lo +alto de la cabeza. Un chal de listado tenía siempre puesto y caído sobre +un hombro; y no había quien, cuando remataba una frase que le parecía +intencionada, se echase por la espalda con más brío el chal de listado. +Luego echaba a correr, riendo y hablando en una jerga que quería ser muy +culta y ciudadana; y se iba a preparar a la niña Ana, lo cual hacía muy +bien, unos tamales de dulce de coco y un chocolatillo claro, que era lo +que con más gusto tomaba, por lo limpio y lo nuevo, nuestra linda +enferma. Y mientras Ana los gustaba, Petrona Revolorio, con el chal +cruzado, se sentaba a sus pies «no por servicio, sino porque le había +cobrado afición» y le hacía cuentos.</p> + +<p>¿El alba, sin que Petrona Revolorio estuviese a la puerta del cuarto de +la niña Ana con su cesta de flores, que ella misma quería ponerle en el +vaso y ver con sus propios ojos, cómo seguía la niña? «¡Mi niñita: +mírenla que galana está hoy!; se lo voy a decir al niño Pedro que nos dé +un baile de convite a las señoras, y vamos a sacarla a bailar con el +niño Pedro. ¡Y él sí que es galán también, el niño Pedro! Mire, mi +niñita: no le traigo de esos jazminotes blancos, porque los de acá +huelen muy fuerte; pero aquí le pongo, en este vaso azul, esos jazmines +de San Juan, que acá se dan todo el año y huelen muy bien de noche. Con +que, mi niñita, prepárese para el baile, y que le voy a prestar un chal +de seda encarnada que yo tengo, que me la va a poner más linda que la +misma niña Sol. ¡Cómo está que se muere el niño Pedro por la niña Sol! +Pero yo no sé qué tiene la niña Adela, que está como aburrida. ¿Quiere +mi niñita los tamales hoy de coco, o de carnecita fresca? Ayer maté un +cochito, que está de lo más blando: era el cochito rosado, ¡y la carne +está como merengue! ¡Jesús, mi niñita, no me diga eso! Si yo me muero +por servirla: mire que yo soy como las tacitas de coco, que dicen en +letras muy guapas: 'yo sirvo a mi dueña'. Voy a poner la puerta de mi +casa llena de tiestos de flores, y a alquilar a los músicos, el día que +mi niñita vaya a verme. ¡Y, eso que yo no se lo hago a nadie: porque no +lo hago por servicio, sino porque le he cobrado mucha afición!».</p> + +<hr style='width: 45%;' /> + +<p>Y Pedro, como que con la ausencia de Juan venía a ser el caballero +servidor de las cuatro niñas, ¿qué había de hacer sino estarlas +sirviendo, y mucho mejor cuando no estaba cerca Adela, y mejor aun +cuando no estaba junto a Ana, que no ponía buenos ojos cuando miraba a +la vez a Sol y a Pedro, y mejor que nunca cuando por algún acaso Lucía y +Sol estaban solas? Y siempre entonces tenía Lucía algo que hacer, ir de +puntillas a ver si seguía durmiendo Ana, ver si habían puesto de beber a +los pajaritos azules, preguntar si habían traído la leche fresca que +debía tomar Ana al despertarse: siempre tenía Lucía, cuando Pedro y Sol +podían quedarse solos, alguna cosa que hacer.</p> + +<p>Era el lugar de conversación un colgadizo espacioso, de tablilla bruñida +el pavimento: la baranda—como toda la casa, de madera—abierta en tres +lados para las tres escalerillas que llevaban al jardín que había al +frente de la casa. Estaba el colgadizo siempre en sombra, porque lo +vestía de verdor una enredadera copiosísima, esmaltada de trecho en +trecho por unos ramos de florecitas rojas. Colgaban del techo pintado el +fresco de unas caprichosas guirnaldas de hojas y flores como las de la +enredadera, unos cestos de alambre cubiertos de cera roja, que les hacía +parecer de coral, todos llenos de florecillas naturales, brillantes y +pequeñas, y a menudo adornados con las hebras de una parásita que crecía +sobre los árboles viejos de la finca, y era, por su verde blancuzco y +por crecer en hilos, como las canas de aquella arboleda. En los tramos +de pared, entre las ventanas interiores, realzadas con unas líneas de +vivo encarnado, había unos grandes estudios de flores en madera, pintada +con los colores naturales por los artistas del país, con propiedad muy +grande: dos de los cuadros eran de magnolia, la una casi abierta, y con +cierta hermosura de emperatriz; la otra aun cerrada en su propia rama: y +otros dos cuadros eran de las flores pomposas del marpacífico, con sus +hojas de rojo encendido, agrupadas de modo que realzase su natural +tamaño y hermosura.</p> + +<p>Y allí, a la suave sombra, contaba Pedro maravillas y glorias europeas a +Ana, que le oía con cariño—a Adela, que hacía como si no le +interesasen—, a Lucía, que pensaba con amorosa cólera en Juan, en Juan, +que no debía venir, porque estaba allí Sol, en Juan, que debía venir +puesto que estaba Lucía—y a Sol contaba también aquellas historias, +quien sin desagrado ni emoción las escuchaba y con sus hábitos de niña +huérfana, azorada a veces de la súbita rudeza que templaba Lucía luego +con arrebatos afectuosos, solo se sentía dueña de sí cerca de quien la +necesitaba, y ni con Adela, que parecía esquivarla, ni con la misma +Lucía, aunque esto le pesaba mucho, tenía ya la naturalidad y abandono +que con Ana, con Ana a quien aquellos aires perfumados y calurosos +habían vuelto, si no el color al rostro, cierta facilidad a los +movimientos y unos como asomos de vida.</p> + +<p>Hallaba Pedro con asombro que el atrevimiento desvergonzado y +celebración excesiva a que se reduce, casi siempre pagado deprisa y con +usura por las mujeres, todo el arte misterioso de los enamoradores, no +le eran posibles ante aquella niña recién salida del colegio, que con +franca sencillez, y mirándole en los ojos sin temor, decía en alto como +materia de general conversación lo que con más privado propósito dejaba +Pedro llegar discretamente a su oído. Era la niña de tal hermosura que +llevaba consigo, y de sí misma, la majestad que la defiende; y lo usual +iba siendo que cuando Lucía encontraba modo de ir a ver si los pajaritos +azules tenían agua, o si había llegado la leche fresca, no mudarse la +conversación entre Sol y Pedro, abierta por lo demás y no muy amena, del +asunto en que se estaba antes de que Lucía fuera a ver los pájaros. Ni +había cosa que a Lucía pusiese en mayor enojo que hallarlos conversando, +cuando volvía, de la caza de ayer, del jabalí en preparación, de las +fiestas de cacería en los castillos señoriales de Europa, de la pobre +Ana, de los tamales de Petrona Revolorio. Y Pedro, de otras mujeres tan +temido, era con la mayor tranquilidad puesto por Sol, ya a que le leyese +la <i>Amalia</i> de Mármol o la <i>María</i> de Jorge Isaacs, que de la ciudad les +habían enviado, ya, para unos cobertores de mesa que estaba bordando a +la directora, a que devanase el estambre.</p> + +<hr style='width: 45%;' /> + +<p>—Sí, sí, hoy estaba muy hermosa. Dime, tú, espejo: ¿la querrá Juan? ¿la +querrá Juan? ¿Por qué no soy como ella? Me rasgaría las carnes: me +abriría con las uñas las mejillas. Cara imbécil, ¿por qué no soy como +ella? Hoy estaba muy hermosa. Se le veía la sangre y se le sentía el +perfume por debajo de la muselina blanca.</p> + +<p>Y se sentaba Lucía, sola en su cuarto en una silla sin espaldar, sin +quitarse los vestidos, ya a más de medianoche, y a poco rato se +levantaba, se miraba otra vez al espejo, y se sentaba nuevamente, la +cara entre las manos, los codos en las rodillas. Luego rompía a +hablarse:</p> + +<p>—Yo me veo, sí, yo me veo. ¿Qué es lo que tengo, que me parezco fea a mí +misma? Y yo no lo soy, pero lo estoy siendo. Juan lo ha de ver; Juan ha +de ver que estoy siendo fea. ¡Ay! ¡por qué tengo este miedo! ¿Quién es +mejor que Juan en todo el mundo? ¿Cómo no me ha de querer él a mí, si él +quiere a todo el que lo quiere? ¿quién, quién lo quiere a él más que yo? +Yo me echaría a sus pies. Yo le besaría siempre las manos. Yo le tendría +siempre la cabeza apretada sobre mi corazón. ¡Y esto ni se puede decir, +esto que yo quisiera hacer! Si yo pudiera hacer esto, él sentiría todo +lo que yo lo quiero, y no podría querer a más nadie. ¡Sol! ¡Sol! ¿quién +es Sol para quererlo como yo lo quiero? ¡Juan!... ¡Juan!...</p> + +<p>Y conteniendo la voz se iba hacia la ventana abierta, y tendía las manos +como sin querer, llamando a Juan a quien acababa de escribir sin decirle +que viniese.</p> + +<p>Empujó violentamente las dos hojas de la ventana, y arrodillándose de +repente junto a ella, sacó afuera, como a que el aire se la humedeciese, +la cabeza; y la tuvo apoyada algún tiempo sobre el marco, sin que le +molestase aquella almohada de madera.</p> + +<p>—¡No puede ser! ¡no puede ser!—dijo levantándose de pronto—: Juan va a +quererla. Lo conozco cada vez que la mira. Se sonríe, con un cariño que +me vuelve loca. Se le ve, se le ve que tiene placer en mirarla. Y luego +¡esa imbécil es tan buena! No es mentira, no: es buena. ¿Yo misma, yo +misma no la quiero? ¡Sí, la quiero, y la odio! ¿Qué sé yo qué es lo que +me pasa por la cabeza? ¡Juan, Juan, ven pronto; Juan, Juan, no vengas!</p> + +<p>¿Cómo no ha de quererla Juan?—decía la infeliz, entre golpes de +lágrimas, a los pocos momentos, siendo aquel llanto de Lucía extraño, +porque no venía a raudal y de seguida, aliviando a la que lloraba, sino +a borbotones e intervalos, sofocándola y exaltándola, parecido al agua +que baja, tropezando entre peñas, por los torrentes—. ¿Cómo no ha de +quererla Juan, si no hay quien ame lo hermoso más que él, y la Virgen de +la Piedad no es tan hermosa como ella? Juan.... Juan...—decía en voz +baja, como para que Juan viniese sin que nadie lo viera—; ¡sin que Sol +lo viera!</p> + +<p>Y si viene... y si la mira... ¡yo, no puedo soportar que la mire!... ¡ni +que la mire siquiera! Y si está aquí un mes, dos meses. Y si ella no +quiere a Pedro Real, porque no lo quiere, y Ana le dice que no lo +quiera. Y ella va a querer a Juan ¿cómo no va a quererlo? ¿Quién no lo +quiere desde que lo ve? Ana lo hubiera querido, si no supiese que ya él +me quería a mí; ¡porque Ana es buena! Adela lo quiso como una loca; yo +bien lo vi, pero él no puede querer a Adela. Y Sol ¿por qué no lo ha de +querer? Ella es pobre; él es muy rico. Ella verá que Juan la mira. ¿Qué +marido mejor puede tener ella que Juan? Y me lo quitará, me lo quitará +si quiere. Yo he visto que me lo quiere quitar. Yo veo como se queda +oyéndole cuando habla; así me quedaba yo oyéndole cuando era niña. Yo +veo que cuando él sale, ella alza la cabeza para seguirle viendo. ¡Y van +a estar aquí un mes, dos meses! ella siempre con Ana, todos con Ana +siempre. Él recreando los ojos en toda su hermosura. Yo, callada a su +lado, con los labios llenos de horrores que no digo, odiosa y fiera. +Esto no ha de ser, no ha de ser, no ha de ser. O Sol se va, o yo me iré. +Pero ¿cómo me he de ir yo?; ¡que me lo robe alguien si puede!—y abrió +los brazos en la mitad del cuarto, como desafiando, y le cayó por las +espaldas desatada la cabellera negra.</p> + +<p>¡Que no se sienten juntos: que yo no lo vea!</p> + +<p>Y con los labios apoyados sobre el puño cerrado, quedó dormida en un +sillón cerca de la ventana, sombreándole extrañamente el rostro, al +agitarse movida por el aire, la cabellera negra.</p> + +<p>¿A quién vio la mañana siguiente Lucía, sentado en el colgadizo, con Sol +y con Ana? Venía con paso lento, y como si no hubiera querido venir.</p> + +<p>—¡No le diga, no le diga!...—a Sol que se levantaba como para avisarle.</p> + +<p>Venía Lucía con paso lento, y Ana y Sol, que conocían las habitaciones +de la casa, sabían que era ella quien venía. Volvió Sol a su asiento. +Juan hizo como que hablaba muy animadamente con Ana y con ella. Lucía +llegó a la puerta. Los vio sentados juntos, y como que no la veían. +Tembló toda. ¿Entra? ¿Sale? ¡Juan! ¡allí Juan! ¡Juan así! Se clavó los +dientes en el labio, y los dejó clavados en él. Volvió la espalda, se +entró por el corredor que iba a su habitación; a Sol que fue corriendo +detrás de ella: «¡Vete! ¡vete!», y entró en su cuarto, cerrando tras de +sí con llave la puerta.</p> + +<p>¡A Juan que, suponiéndola apenada, no bien acabó con cuanta prisa pudo +su empeño en el pueblo de los indios volvió a la ciudad, y de allí, +aprovechando la noche por sorprender a Lucía con la luz de la mañana, +emprendió sin descansar el camino de la finca a caballo y de prisa! ¡A +Juan, que con amores muy altos en el alma, consentía, por aquella piedad +suya que era la mayor parte de su amor, en atar sus águilas al cabello +de aquella criatura, no tanto por lo que la amaba él, sin que por eso +dejase de amarla, sino por lo que lo amaba ella! ¡A Juan que, puestos en +las nubes del cielo y en los sacrificios de la tierra sus mejores +cariños, no dejaba, sin embargo, por aquella excelente condición suya, +de hacer, pensar u omitir cosa con que él pudiera creer que sería +agradable a su prima Lucía, aunque no tuviese él placer en ella! ¡A Juan +que, joven como era, sentía, por cierto anuncio del dolor que más parece +recuerdo de él, como si fuera ya persona muy trabajada y vivida, quienes +a las mujeres, sobre todo en la juventud, parecían encantadores +enfermos! ¡A Juan, que se sentía crecer bajo del pecho, a pesar de lo +mozo de sus años, unas como barbas blancas muy crecidas, y aquellos +cariños pacíficos y paternales que son los únicos que a las barbas +blancas convienen! ¡A Juan, que tenía de su virtud idea tan exaltada +como la mujer más pudorosa, y entendía que eran tan graves como las +culpas groseras los adulterios del pensamiento!</p> + +<p>¡A Juan, porque, ya después de aquellas cartas extrañas que Lucía le +había escrito a la finca sin hablarle de su vuelta, recibirlo de aquel +modo, con aquella mirada, con aquella explosión de cólera, con aquel +desdén! ¿Pues cuándo había cesado de pensar Juan, cuándo, que aquel +cariño que con tanta ternura prodigaba, sin fatiga ni traición, sobre su +prima, era como una concesión de él, como un agradecimiento de él, como +una tentativa, a lo sumo, de asir en cuerpo y ver con los ojos de la +carne las ideas de rostro confuso y vestidura de perlas, que cogidas del +brazo y con las alas tendidas, le vagaban en giros majestuosos por los +espacios de su mente? Pues sin el alma tierna y fina que de propia +voluntad suya había supuesto, como natural esencia de un cuerpo de +mujer, en su prima Lucía, ¿qué venía a ser Lucía? ¿Qué hombre, que lo +sea, ama a una mujer más que por el espíritu puro que supone en ella, o +por el que cree ver en sus acciones, y con el que le alivia y levanta el +suyo de sus tropiezos y espantos en la vida? Pues una mujer sin ternura +¿qué es sino un vaso de carne, aunque lo hubiese moldeado Cellini, +repleto de veneno? Así, en un día, dejan de amar los hombres a la mujer +a quien quisieron entrañablemente, cuando un acto claro e inesperado les +revela que en aquella alma no existen la dulzura y superioridad con que +la invistió su fantasía.</p> + +<p>—Estará enferma Lucía. Ana—dile que la saludaré luego—. Voy a ver a +Pedro Real. Sol, gracias por lo buena que es usted con Ana. Usted tiene +ya fama de hermosa, pero yo le voy a dar fama de buena.</p> + +<p>Lucía oyó esto, que hizo que le zumbasen las sienes y le pareciese que +caía por tierra: Lucía, que sin ruido había abierto la puerta de su +cuarto, y había venido hasta la de la sala, para oír lo que hablaban, en +puntillas.</p> + +<hr style='width: 45%;' /> + +<p>Violentos fueron, a partir de entonces, los días en la finca. Ni Ana +misma sabía, puesto que tenía a Sol constantemente a su lado, qué +causaba la ira de Lucía. Esta cesó cuando Juan, tomándola a la tarde de +la mano, la llevó, mientras que Pedro y Adela buscaban flores de saúco +para Ana, a la sombra de un camino de rosales que daba al saucal, y +donde había de trecho en trecho unos bancos de piedra, y al lado unos +atriles, de piedra también, como para poner un libro. En la mirada y en +la voz se conocía a Juan que algo se le había roto en lo interior, y le +causaba pena; pero con voz consoladora persuadía a Lucía quien, con +pretextos fútiles, que no acertaba Juan a entender ni excusar, ocultaba +la razón verdadera de su ira, que ella a la vez quería que Juan +adivinase y no supiese: «¡porque si no lo es, y se lo digo, tal vez sea! +Y no lo es, no, yo creo ahora que no lo es; pero si no sabe lo que es +¿cómo me va a perdonar?». Y airada ya contra Juan irrevocablemente, como +si las nubes que pasan por el cielo del amor fueran sus lienzos +funerarios, se levantaron como si hubieran hecho las paces, pero sin +alegría.</p> + +<p>Pusiéronse en esto los días tan lluviosos, que ni Pedro iba a casa, ni +Adela a la de la Revolorio, ni podía Ana salir al colgadizo, ni Sol y +Lucía, sino estar cerca de ella; ni Juan, fuera de sus horas de leer, +que le fatigaban ahora que no estaba contento, tenía modo de estar +alejado de la casa. Ni había con justicia para Juan placer más grato, +ahora que en Lucía había entrevisto aquel espíritu seco y altanero, que +estar cerca de Ana, cuyo espíritu puro con la vecindad de la muerte se +esclarecía y afinaba. Y se asombraba Juan, con razón, de haber pasado, +libre aun, cerca de aquella criatura que se desvanecía, sin rendirle el +alma. Esta misma contemplación del espíritu de Ana, cuya cabalidad y +belleza entonces más que nunca le absorbían, le apartaron del riesgo, en +otra ocasión acaso inevitable, de observar en cuán grata manera iban +unidas en Sol, sin extraordinario vuelo de intelecto, la belleza y la +ternura.</p> + +<p>Con Lucía, no había paces. Lo que no penetraba Ana, ¿cómo lo había de +entender Sol? En vano, Sol, aunque ya asustadiza, aprovechando los +momentos en que Ana estaba acompañada de Juan o de Pedro y Adela, se iba +en busca de Lucía, que hallaba ahora siempre modo de tener largos +quehaceres en su cuarto, en el que un día entró Sol casi a la fuerza, y +vio a Lucía tan descompuesta que no le pareció que era ella, sino otra +en su lugar: en el talle un jirón, los ojos como quemados y encendidos, +el rostro todo como de quien hubiese llorado.</p> + +<p>Y ese día Lucía y Juan estaban en paz: ni permitía Juan, por parecerle +como indecoro suyo, aquel llevar y traer de cóleras, que le sacaban el +alma de la fecunda paz a que por la excelencia de su virtud tenía +derecho. Pero ese día, como que Ana se fatigase visiblemente de hablar, +y Adela y Pedro estuviesen ensayando al piano una pieza nueva para Ana, +Juan, un tanto airado con Lucía que se le mostraba dura, habló con Sol +muy largamente, y se animó en ello, al ver el interés con que la enferma +oía de labios de Juan la historia de Mignon, y a propósito de ella, la +vida de Goethe. No era esta para muy aplaudida, del lado de que Juan la +encaminaba entonces, y tan hermosas cosas fue diciendo, con aquel +arrebatado lenguaje suyo, que se le encendía y le rebosaba en cuanto +sentía cerca de sí almas puras, que Pedro y Adela, ya un tanto +reconciliados, vinieron discretamente a oír aquel nuevo género de +música, no señalada por el artificio de la composición ni pedantesca +pompa, sino que con los ricos colores de la naturaleza salía a caudales +de un espíritu ingenuo, a modo de confesiones oprimidas. Lucía se +levantaba, se mostraba muy solícita para Ana, interrumpía a Juan +melosamente. Salía como con despecho. Entraba como ya iracunda. Se +sentaba, como si quisiera domarse. «Sol, ¿habrán puesto agua a los +pájaros?». Y Sol fue, y habían puesto agua. «Sol, ¿habrán traído la +leche fresca para Ana?». Y Sol fue, y habían traído la leche fresca para +Ana. Hasta que, al fin, salió Lucía, y no volvió más: Sol la halló +luego, con los ojos secos y el talle desgarrado.</p> + +<p>Y aquello crecía. Hoy era una dureza para Sol. Otra mañana. A la tarde +otra mayor. La niña, por Ana y por Juan, no las decía. Juan, apenas +bajaba. Lucía, con grandes esfuerzos, lograba apenas, convertido en odio +aparente todo el cariño que por Juan sentía, disimularlo de modo que no +fuese apercibido. ¿Quién había de achacar a Sol tanta mudanza, a Sol +cuya pacífica belleza en el campo se completaba y esparcía, pues era +como si la vertiese en torno suyo, y por donde ella anduviese fueran, +como sus sombras, la fuerza y la energía? ¿A Sol, que sobre todos +levantaba sus ojos limpios, grandes y sencillos, sin que en alguno se +detuviesen más que en otro; con Lucía, siempre tierna; para Ana, una +hermanita; con Pedro, jovial y buena; con Juan, como agradecida y +respetuosa? Pero ese era su pecado: sus ojos grandes, limpios y +sencillos, que cada vez que se levantaban, ya sobre Juan, ya sobre otros +donde Juan pudiese verlos, se entraban como garfios envenenados por el +corazón celoso de Lucía; y aquella hermosura suya, serena y decorosa, +que sin encanto no se podía ver, como la de una noche clara.</p> + +<hr style='width: 45%;' /> + +<p>Hasta que una noche:</p> + +<p>—No, Sol, no: quédate aquí.</p> + +<p>—¿Ana, adónde vas? ¿Qué tienes, Ana? ¿Salir tú del cuarto a estas horas? +¡Ana! ¡Ana!</p> + +<p>—Déjame, niña, déjame. Hoy, yo tengo fuerzas. Llévame hasta la mitad del +corredor.</p> + +<p>—¿Del corredor?</p> + +<p>—Sí: voy al cuarto de Lucía.</p> + +<p>—Pues bueno, yo te llevo.</p> + +<p>—No, mi niña, no—se sentó un momento, con Sol a sus pies, le abrazó la +cabeza, y la besó en la frente. Nada le dijo, porque nada debía decirle. +Y se levantó, del brazo de ella.</p> + +<p>—Es que sé lo que tiene triste a Lucía. Déjame ir. De ningún modo vayas. +Es por el bien de todos.</p> + +<p>Fue, tocó, entró.</p> + +<p>—¡Ana!</p> + +<p>Ana, casi lívida y tendiendo los brazos para no caer en tierra, estaba +de pie, en la puerta del cuarto oscuro, vestida de blanco.</p> + +<p>—Cierra, cierra.</p> + +<p>Se habló mucho, se oyeron gemidos, como de un pecho que se vacía, se +lloró mucho.</p> + +<p>Allá a la madrugada, la puerta se abría, Lucía quería ir con Ana.</p> + +<p>—No, no, quiero llevarte; ¿cómo has de ir sola si no puedes tenerte en +pie? Sol estará despierta todavía. Yo quiero ver a Sol ahora mismo.</p> + +<p>—¡Loca! ¡Hasta cuándo eres buena, loca! A Juan, sí, en cuanto lo veas +mañana, que será delante de mí, bésale la mano a Juan. A Sol, que no +sepa nunca lo que te ha pasado por la mente. Vamos: acompáñame hasta la +mitad del corredor.</p> + +<p>—¡Mi Ana, madrecita mía, mi madrecita!</p> + +<p>Y lloró Lucía aquella mañana, como se llora cuando se es dichoso.</p> + +<hr style='width: 45%;' /> + +<p>¡Fiesta, fiesta! El médico lo ha dicho; el médico, que vino desde la +ciudad a ver a la enferma, y halló que pensaba bien Petrona Revolorio. +¡Fiesta de flores para Ana!</p> + +<p>¡Todos los músicos de las cercanías! ¡Telegramas a los sinsontes! +¡Recados a los amarillos! ¡Mensajeros por toda la comarca, a que venga +toda la canora pajarería! Ana, ya se sabe de Ana: ¡Aquí no está bien, y +debe ir adonde está bien! Pero es buena idea esa de Petrona Revolorio, y +la enferma quiere que se dé un baile que haga famosa la finca. Petrona, +por supuesto, no estará en la sala, ni ese es el baile que debía dar el +niño Pedro Real; pero ella estará donde la pueda ver su niñita Ana, y +mandarle todo lo que necesite, porque «ella baila con ver bailar, y lo +que hace no lo hace por servicio, sino porque ha cobrado mucha afición». +Ya está tan contenta como si fuese la señora. Tiene un jarrón de China, +que hubo quién sabe en qué lances, y ya lo trajo, para que adorne la +fiesta; pero quiere que esté donde lo vea la niña Ana.</p> + +<p>¡Ahora sí que ha empezado la temporada en la finca! Andar, bien, andar, +Ana no puede; pero Petrona la acompaña mucho y Sol, siempre que van Juan +y Lucía a pasear por la hacienda, porque entonces ¡qué casualidad! +entonces siempre necesita Ana de Sol.</p> + +<p>El médico vino, después de aquella noche. El baile lo quiere Ana para +sacudir los espíritus, para expulsar de las almas suspicaces la pena +pasada, para que con el roce solitario no se enconen heridas aun +abiertas, para que viendo a Lucía tierna y afable, torne de nuevo la +seguridad en el alma de Juan alarmado, para que Lucía vea frente a +frente a Sol en la hora de un triunfo, y como Ana le hablará antes a +Juan, Lucía no tiemble. ¡Ana se va, y ya lo sabe!: ella no quiere el +baile para sí, sino para otros.</p> + +<hr style='width: 45%;' /> + +<p>¡Qué semana, la semana del baile! Pedro ha ido a la ciudad. Lucía quiso +por un momento que fuera Juan, hasta que la miró Ana.</p> + +<p>—¡Oh, no, Juan! tú no te vayas.</p> + +<p>Una tristeza había en los ojos de Juan Jerez, que acaso ya nada haría +desaparecer: la tristeza de cuando en lo interior hay algo roto, alguna +creencia muerta, alguna visión ausente, algún ala caída. Mas se notó en +los ojos de Juan una dulce mirada, y no como de que se alegraba él por +sí, sino por placer de ver tierna a Lucía. ¡Son tan desventurados los +que no son tiernos!</p> + +<p>De la ciudad vendría lo mejor; para eso iba Pedro. ¿Quién no quería +alegrar a Ana? Y ver a Sol del Valle, que estaba ahora más hermosa que +nunca ¿quién no querría? Carruajes, los tenían casi todos los amigos de +la casa. El camino, salvo el tramo de las ciudades antiguas, era llano. +Allí habría caballerías para ayuda o repuesto. Cerca de la casa, como a +dos cuadras de ella, aderezaron para caballerizas dos grandes caserones +de madera, construidos años atrás para experimentos de una industria que +al fin no dio fruto. Pedro, antes de salir, había encargado que por +todas las calles del jardín que había frente a la casa, pusieran unas +columnas, como media vara más altas que un hombre, que habían de estar +todas forradas de aquella parásita del bosque, sembrada acá y allá de +flores azules; y sobre los capiteles, se pondrían unos elegantes cestos, +vestidos de guías de enredadera y llenos de rosas. Las luces vendrían de +donde no se viesen, ya en el jardín, ya en la casa; y estaba en camino +Mr. Sherman, el americano de la luz eléctrica, para que la hubiese bien +viva y abundante: los globos se esconderían entre cestos de rosas. De +jazmines, margaritas y lirios iban a vestirle a Ana, sin que ella lo +supiese, el sillón en que debía sentarse en la fiesta. Con una hoja de +palma, puesta a un lado de los marcos y encorvada en ondulación graciosa +por la punta en el otro, vistieron los indios todas las puertas y +ventanas, y hubo modo de añadir a las enredaderas del colgadizo, otras +parecidas por un buen trecho a ambos lados de las tres entradas, en cada +uno de cuyos peldaños, como por toda esquina visible del colgadizo o de +las salas, pusieron grandes vasos japoneses y chinos con plantas +americanas. En las paredes del salón como desusada maravilla, colgó Juan +cuatro platos castellanos, de los que los conquistadores españoles +embutían en las torres. Era por dentro la casa blanca, como por fuera, y +toda ella, salvo el colgadizo, tenía el piso cubierto por una alfombra +espesa como de un negro dorado, que no llegaba nunca a negro, con +dibujos menudos y fantásticos, de los que el del ancho borde no era el +menos rico, rescatando la gravedad y monotonía que le hubiera venido sin +ellos de aquella masa de color oscuro.</p> + +<hr style='width: 45%;' /> + +<p>¡Gentes, carruajes, caballos! Pedro y Juan jinetean sin cesar toda la +tarde, de la casa al parador, y de este a aquella. En las ciudades +antiguas donde aun hay alegres posadas, y cierto indio que sabe francés, +han comido casi todos los invitados. A las ocho de la noche empieza el +baile. Toda la noche ha de durar. Al alba, el desayuno va a ser en el +parador. ¡Oh qué tamales, de las especies más diversas, tiene dispuestos +Petrona Revolorio! esta tarde, cuando los hizo, se puso el chal de seda. +Ana no ha visto su sillón de flores. ¿Adónde ha de estar Adela, sino por +el jardín correteando, enseñando cuanto sabe, a la cabeza de un tropel +de flores, de flores de ojos negros?</p> + +<p>¿Y Lucía? Lucía está en el cuarto de Ana, vistiendo ella misma a Sol. +Ella, se vestirá luego. ¡A Sol, primero! Mírala, Ana, mírala. Yo me +muero de celos. ¿Ves? el brazo en encajes. Tomo; ¡te lo beso! ¡Qué bueno +es querer! Dime, Ana, aquí está el brazo, y aquí está la pulsera de +perlas: ¿cuáles son las perlas? Y ¿de qué iba vestida Sol? De muselina; +de una muselina de un blanco un poco oscuro y transparente, el seno +abierto apenas, dejando ver la garganta sin adorno; y la falda casi +oculta por unos encajes muy finos de Malines que de su madre tenía Ana.</p> + +<p>—Y la cabeza ¿cómo te vas a peinar por fin? Yo misma quiero peinarte.</p> + +<p>—No, Lucía, yo no quiero. No vas a tener tiempo. Ahora voy a ayudarte +yo. Yo no voy a peinarme. Mira; me recojo el cabello, así como lo tengo +siempre, y me pongo ¿te acuerdas? como en el día de la procesión, me +pongo una camelia.</p> + +<p>Y Lucía, como alocada, hacía que no la oía. Le deshacía el peinado, le +recogía el cabello a la manera que decía. «¿Así? ¿No? Un poco más alto, +que no te cubra el cuello. ¡Ah! ¿y las camelias?... ¿Esas son? ¡Qué +lindas son! ¡qué lindas son!». Y la segunda vez dijo esto más despacio y +lentamente como si las fuerzas le faltaran y se le fuera el alma en +ello.</p> + +<p>—¿De veras que te gustan tanto? ¿Qué flores te vas a poner tú?</p> + +<p>Lucía, como confusa:</p> + +<p>—Tú sabes: yo nunca me pongo flores.</p> + +<p>—Bueno: pues si es verdad que ya no estás enojada conmigo, ¿qué te hice +yo para que te pusieras enojada? si es verdad que ya no estas enojada, +ponte hoy mis camelias.</p> + +<p>—¡Yo, camelias!</p> + +<p>—Sí, mis camelias. Mira, aquí están; yo misma te las llevo a tu cuarto. +¿Quieres?</p> + +<p>¡Oh! si se pusiera toda aquella hermosura de Sol la que se pusiese tus +camelias. ¿Quién, quién llegaría nunca a ser tan hermosa como Sol? ¡Qué +lindas, qué lindas, son esas camelias! «Pero tú, ¿qué flores te vas a +poner?».</p> + +<p>—Yo, mira: Petrona me trajo unas margaritas esta mañana, estas +margaritas.</p> + +<hr style='width: 45%;' /> + +<p>¡Gentes, caballos, carruajes! Las cinco, las seis, las siete. Ya está +lleno de gente el colgadizo.</p> + +<p>Caballeros y niñas vienen ya del brazo, de las habitaciones interiores. +Carruajes y caballos se detienen a la puerta del fondo, de la que por un +corredor alfombrado, con grabados sencillos adornadas las paredes, se va +a la vez a los cuartos interiores que abren a un lado y a otro, y a la +sala. Ya desde él, al apearse del carruaje, se ve a la entrada de la +sala, donde hay un doble recodo para poner dos otomanas, como si hubiese +allí ahora un bosquecillo de palmas y flores. En un cuarto dejan las +señoras sus abrigos y enseres, y pasan a otro a reparar del viaje sus +vestidos o a cambiarlos algunas por los que han enviado de antemano. A +otro cuarto entran a aliñarse y dejar sus armas los que han venido a +caballo. Una panoplia de armas indias, clavada a un lado de la puerta de +los caballeros, les indica su cuarto. Un gran lazo de cintas de colores +y un abanico de plumas medio abierto sobre la pared, revelan a las +señoras los suyos.</p> + +<p>Ya suenan gratas músicas, que los indios de aquellas cercanías, +colocados en los extremos del colgadizo, arrancan a sus instrumentos de +cuerdas. Del jardín vienen los concurrentes; del cuarto de las señoras +salen; Ana llega del brazo de Juan. «Juan, ¿quién ha sido? ¿para mí ese +sillón de flores?». No la rodean mucho; se sabe que no deben hablarle. Y +¿Lucía que no viene? Ella vendrá enseguida. ¿Y Sol? ¿Dónde está Sol? +Dicen que llega. Los jóvenes se precipitan a la puerta. No viene aun. Se +está inquieto. Se valsa. Sol viene al fin: viene, sin haberla visto, de +llamar al cuarto de Lucía. «¡Voy! ¡Ya estoy!». Así responde Lucía de +adentro con una voz ahogada. No oye Sol los cumplimientos que le dicen: +no ve la sala que se encorva a su paso; no sabe que la escultura no dio +mejor modelo que su cabeza adornada de margaritas, no nota que, sin ser +alta, todas parecen bajas cerca de ella. Camina como quien va lanzando +claridades, hacia Juan camina:</p> + +<p>—Juan ¡Lucía no quiere abrirme! Yo creo que le pasa algo. La criada me +dice que se ha vestido tres o cuatro veces, y ha vuelto a desvestirse, y +a despeinarse, y se ha echado sobre la cama, desesperada, lastimándose +la cara y llorando. Después despidió a la criada, y se quedó vistiéndose +sola. ¡Juan! ¡vaya a ver qué tiene!</p> + +<p>En este instante, estaban Juan y Sol, de pie en medio de la sala, y +otras parejas, pasando, en espera de que rompiese el baile, alrededor de +ellos.</p> + +<p>—¡Allí viene! ¡allí viene!—dijo Juan, que tenía a Sol del brazo, +señalando hacia el fondo del corredor, por donde a lo lejos venía al fin +Lucía. Lucía, todo de negro. A punto que pasaba por frente a la puerta +del cuarto de vestir, interrumpiendo el paso a un indio, que sacaba en +las manos cuidadosamente, por orden que le había dado Juan, una cesta +cargada de armas, vio, viniendo hacia ella del brazo, solos, en pleno +luz de plata, en mitad del bosquecillo de flores que había a la entrada +de la sala, a Juan y a Sol, a la hermosísima pareja. Se afirmó sobre sus +pies como si se clavase en el piso. «¡Espera! ¡Espera!», dijo al indio. +Dejó a Juan y a Sol adelantarse un poco por el corredor estrecho, y +cuando les tenía como a unos doce pasos de distancia, de una terrible +sacudida de la cabeza desató sobre su espalda la cabellera: «¡Cállate, +cállate!», le dijo al indio, mientras haciendo como que miraba adentro, +ponía la mano tremenda en la cesta; y cuando Sol se desprendía del brazo +de Juan y venía a ella con los brazos abiertos....</p> + +<p>¡Fuego! Y con un tiro en la mitad del pecho, vaciló Sol, palpando el +aire con las manos, como una paloma que aletea, y a los pies de Juan +horrorizado, cayó muerta.</p> + +<p>—¡Jesús! ¡Jesús! ¡Jesús!—y retorciéndose y desgarrándose los vestidos, +Lucía se echó en el suelo, y se arrastró hasta Sol de rodillas, y se +mesaba los cabellos con las manos quemadas, y besaba a Juan los pies; a +Juan, a quien Pedro Real, para que no cayese, sostenía en su brazo. +¡Para Sol, para Sol, aun después de muerta, todos los cuidados! ¡Todos +sobre ella! ¡Todos queriendo darle su vida! ¡El corredor lleno de +mujeres que lloraban! ¡A ella, nadie se acercaba a ella!</p> + +<p>—¡Jesús, Jesús!—entró Lucía por la puerta del cuarto de vestir de las +señoras, huyendo, hasta que dio en la sala, por donde Ana cruzaba medio +muerta, de los brazos de Adela y de Petrona Revolorio, y exhalando un +alarido, cayó, sintiendo un beso, entre los brazos de Ana.</p> + + + + + + + + +<pre> + + + + + +End of the Project Gutenberg EBook of Amistad funesta, by José Martí + +*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK AMISTAD FUNESTA *** + +***** This file should be named 18166-h.htm or 18166-h.zip ***** +This and all associated files of various formats will be found in: + http://www.gutenberg.org/1/8/1/6/18166/ + +Produced by Chuck Greif and La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes + +Updated editions will replace the previous one--the old editions +will be renamed. + +Creating the works from public domain print editions means that no +one owns a United States copyright in these works, so the Foundation +(and you!) can copy and distribute it in the United States without +permission and without paying copyright royalties. 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