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authorRoger Frank <rfrank@pglaf.org>2025-10-15 04:51:15 -0700
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+The Project Gutenberg eBook, La Tribuna, by Emilia Pardo Barzán
+
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
+
+
+
+
+
+Title: La Tribuna
+
+
+Author: Emilia Pardo Barzán
+
+
+
+Release Date: January 11, 2006 [eBook #17491]
+
+Language: Spanish
+
+Character set encoding: ISO-8859-1
+
+
+***START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK LA TRIBUNA***
+
+
+E-text prepared by Chuck Greif from digital material generously made
+available by La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes
+(http://www.cervantesvirtual.com/)
+
+
+
+Note: The source material from which this e-book was taken can be seen
+ at http://www.cervantesvirtual.com/FichaObra.html?Ref=61
+
+
+
+
+_La Tribuna_
+
+Emilia Pardo Bazán
+
+Alfredo de Carlos, Madrid 1883
+
+
+
+
+
+
+
+Prólogo
+
+
+Lector indulgente: No quiero perder la buena costumbre de empezar mis
+novelas hablando contigo breves palabras. Más que nunca debo mantenerla
+hoy, porque acerca de _La Tribuna_ tengo varias advertencias que
+hacerte, y así caminarán juntos en este prólogo el gusto y la necesidad.
+
+Si bien _La Tribuna_ es en el fondo un estudio de costumbres locales, el
+andar injeridos en su trama sucesos políticos tan recientes como la
+Revolución de Setiembre de 1868, me impulsó a situarla en lugares que
+pertenecen a aquella geografía moral de que habla el autor de las
+_Escenas montañesas_, y que todo novelista, chico o grande, tiene el
+indiscutible derecho de forjarse para su uso particular. Quien desee
+conocer el plano de _Marineda_, búsquelo en el atlas de mapas y planos
+privados, donde se colecciona, no sólo el de Orbajosa, Villabermeja y
+Coteruco, sino el de las ciudades de R***, de L*** y de X***, que
+abundan en las novelas románticas. Este privilegio concedido al
+novelista de crearse un mundo suyo propio, permite más libre inventiva y
+no se opone a que los elementos todos del _microcosmos_ estén tomados,
+como es debido, de la realidad. Tal fue el procedimiento que empleé en
+_La Tribuna_, y lo considero suficiente--si el ingenio me ayudase--para
+alcanzar la verosimilitud artística, el vigor analítico que infunde vida
+a una obra.
+
+Al escribir _La Tribuna_ no quise hacer sátira política; la sátira es
+género que admito sin poderlo cultivar; sirvo poco o nada para el caso.
+Pero así como niego la intención satírica, no sé encubrir que en este
+libro, casi a pesar mío, entra un propósito que puede llamarse
+_docente_. Baste a disculparlo el declarar que nació del espectáculo
+mismo de las cosas, y vino a mí, sin ser llamado, por su propio impulso.
+Al artista que sólo aspiraba retratar el aspecto pintoresco y
+característico de una _capa social_, se le presentó por añadidura la
+moraleja, y sería tan sistemático rechazarla como haberla buscado.
+Porque no necesité agrupar sucesos, ni violentar sus consecuencias, ni
+desviarme de la realidad concreta y positiva, para tropezar con pruebas
+de que es absurdo el que un pueblo cifre sus esperanzas de redención y
+ventura en formas de gobierno que desconoce, y a las cuales por lo mismo
+atribuye prodigiosas virtudes y maravillosos efectos. Como la raza
+latina practica mucho este género de culto fetichista e idolátrico,
+opino que si escritores de más talento que yo lo combatiesen, prestarían
+señalado servicio a la patria.
+
+Y vamos a otra cosa. Tal vez no falte quien me acuse de haber pintado al
+pueblo con crudeza naturalista. Responderé que si nuestro pueblo fuese
+igual al que describiesen Goncourt y Zola, yo podría meditar
+profundamente en la conveniencia o inconveniencia de retratarlo; pero
+resuelta a ello, nunca seguiría la escuela idealista de Trueba y de la
+insigne Fernán, que riñe con mis principios artísticos. Lícito es
+callar, pero no fingir. Afortunadamente, el pueblo que copiamos los que
+vivimos del lado acá del Pirene no se parece todavía, en buen hora lo
+digamos, al del lado allá. Sin adolecer de optimista, puedo afirmar que
+la parte del pueblo que vi de cerca cuando tracé estos estudios, me
+sorprendió gratamente con las cualidades y virtudes que, a manera de
+agrestes renuevos de inculta planta, brotaban de él ante mis ojos. El
+método de análisis implacable que nos impone el arte moderno me ayudó a
+comprobar el calor de corazón, la generosidad viva, la caridad
+inagotable y fácil, la religiosidad sincera, el recto sentir que abunda
+en nuestro pueblo, mezclado con mil flaquezas, miserias y preocupaciones
+que a primera vista lo oscurecen. Ojalá pudiese yo, sin caer en falso
+idealismo, patentizar esta belleza recóndita.
+
+No, los tipos del pueblo español en general, y de la costa cantábrica en
+particular, no son aún--salvas fenomenales excepciones--los que se
+describen con terrible verdad en _L’Assommoir, Germinie Lacerteux_ y
+otras obras, donde parece que el novelista nos descubre las
+abominaciones monstruosas de la Roma pagana, que unidas a la barbarie
+más grosera, retoñan en el corazón de la Europa cristiana y civilizada.
+Y ya que por dicha nuestra las faltas del pueblo que conocemos no
+rebasan de aquel límite a que raras veces deja de llegar la flaca
+decaída condición del hombre, pintémosle, si podemos, tal cual es,
+huyendo del _patriarcalismo_ de Trueba como del socialismo humanitario
+de Sue, y del método de cuantos, trocando los frenos, atribuyen a
+Calibán las seductoras gracias de Ariel.
+
+En abono de _La Tribuna_ quiero añadir que los maestros Galdós y Pereda
+abrieron camino a la licencia que me tomo de hacer hablar a mis
+personajes como realmente se habla en la región de donde los saqué.
+Pérez Galdós, admitiendo en su _Desheredada_ el lenguaje de los barrios
+bajos; Pereda, sentenciando a muerte a las zagalejas de porcelana y a
+los pastorcillos de égloga, señalaron rumbos de los cuales no es
+permitido apartarse ya. Y si yo debiese a Dios las facultades de alguno
+de los ilustres narradores cuyo ejemplo invoco, ¡cuánto gozarías, oh
+lector discreto, al dejar los trillados caminos de la retórica novelesca
+diaria para beber en el vivo manantial de las expresiones populares,
+incorrectas y desaliñadas, pero frescas, enérgicas y donosas!
+
+Queda adiós, lector, y ojalá te merezca este libro la misma acogida que
+_Un viaje de novios_. Tu aplauso me sostendrá en la difícil vía de la
+observación, donde no todo son flores para un alma compasiva.
+
+EMILIA PARDO BAZÁN
+
+Granja de Meirás, octubre de 1882.
+
+
+
+
+-I-
+
+Barquillos
+
+
+Comenzaba a amanecer, pero las primeras y vagas luces del alba a duras
+penas lograban colarse por las tortuosas curvas de la calle de los
+Gastros, cuando el señor Rosendo, el barquillero que disfrutaba de más
+parroquia y popularidad en Marineda, se asomó, abriendo a bostezos, a la
+puerta de su mezquino cuarto bajo. Vestía el madrugador un desteñido
+pantalón grancé, reliquia bélica, y estaba en mangas de camisa. Miró al
+poco cielo que blanqueaba por entre los tejados, y se volvió a su
+cocinilla, encendiendo un candil y colgándolo del estribadero de la
+chimenea. Trajo del portal un brazado de astillas de pino, y sobre la
+piedra del fogón las dispuso artísticamente en pirámide, cebada por su
+base con virutas, a fin de conseguir una hoguera intensa y flameante.
+Tomó del vasar un tarterón, en el cual vació cucuruchos de harina y
+azúcar, derramó agua, cascó huevos y espolvoreó canela. Terminadas estas
+operaciones preliminares, estremeciose de frío--porque la puerta había
+quedado de par en par, sin que en cerrarla pensase y descargó en el
+tabique dos formidables puñadas.
+
+Al punto salió rápidamente del dormitorio o cuchitril contiguo una
+mozuela de hasta trece años, desgreñada, con el cierto andar de quien
+acaba de despertarse bruscamente, sin más atavíos que una enagua de
+lienzo y un justillo de dril, que adhería a su busto, anguloso aún, la
+camisa de estopa. Ni miró la muchacha al señor Rosendo, ni le dio los
+buenos días; atontada con el sueño y herida por el fresco matinal que le
+mordía la epidermis, fue a dejarse caer en una silleta, y mientras el
+barquillero encendía estrepitosamente fósforos y los aplicaba a las
+virutas, la chiquilla se puso a frotar con una piel de gamuza el enorme
+cañuto de hojalata donde se almacenaban los barquillos.
+
+Instalose el señor Rosendo en su alto trípode de madera ante la llama
+chisporroteadora y crepitante ya, y metiendo en el fuego las magnas
+tenazas, dio principio a la operación. Tenía a su derecha el barreño del
+amohado, en el cual mojaba el cargador, especie de palillo grueso; y
+extendiendo una leve capa de líquido sobre la cara interior de los
+candentes hierros, apresurábase a envolverla en el molde con su dedo
+pulgar, que a fuerza de repetir este acto se había convertido en una
+callosidad tostada, sin uña, sin yema y sin forma casi. Los barquillos,
+dorados y tibios, caían en el regazo de la muchacha, que los iba
+introduciendo unos en otros a guisa de tubos de catalejo, y colocándolos
+simétricamente en el fondo del cañuto; labor que se ejecutaba en
+silencio, sin que se oyese más rumor que el crujir de la leña, el
+rítmico chirrido de las tenazas al abrir y cerrar sus fauces de hierro,
+el seco choque de los crocantes barquillos al tropezarse, y el silbo del
+amohado al evaporar su humedad sobre la ardiente placa. La luz del
+candil y los reflejos de la lumbre arrancaban destellos a la hojalata
+limpia, al barro vidriado de las cazuelas del vasar, y la temperatura se
+suavizaba, se elevaba, hasta el extremo de que el señor Rosendo se
+quitase la gorra con visera de hule, descubriendo la calva sudorosa, y
+la niña echase atrás con el dorso de la mano sus indómitas guedejas que
+la sofocaban.
+
+Entre tanto, el sol, campante ya en los cielos, se empeñaba en cernir
+alguna claridad al través de los vidrios verdosos y puercos del
+ventanillo que tenía obligación de alumbrar la cocina. Sacudía el sueño
+la calle de los Castros, y mujeres en trenza y en cabello, cuando no en
+refajo y chancletas, pasaban apresuradas, cuál en busca de agua, cuál a
+comprar provisiones a los vecinos mercados; oíanse llantos de
+chiquillos, ladridos de perros; una gallina cloqueó; el canario de la
+barbería de enfrente redobló trinando como un loco. De tiempo en tiempo
+la niña del barquillero lanzaba codiciosas ojeadas a la calle. ¡Cuándo
+sería Dios servido de disponer que ella abandonase la dura silla, y
+pudiese asomarse a la puerta, que no es mucho pedir! Pronto darían las
+nueve, y de los seis mil barquillos que admitía la caja sólo estaban
+hechos cuatro mil y pico. Y la muchacha se desperezó maquinalmente. Es
+que desde algunos meses acá bien poco le lucía el trabajo a su padre.
+Antes despachaba más.
+
+El que viese aquellos cañutos dorados, ligeros y deleznables como las
+ilusiones de la niñez, no podía figurarse el trabajo ímprobo que
+representaba su elaboración. Mejor fuera manejar la azada o el pico que
+abrir y cerrar sin tregua las tenazas abrasadoras, que además de quemar
+los dedos, la mano y el brazo, cansaban dolorosamente los músculos del
+hombro y del cuello. La mirada, siempre fija en la llama, se fatigaba;
+la vista disminuía; el espinazo, encorvado de continuo, llevaba, a puros
+esguinces, la cuenta de los barquillos que salían del molde. ¡Y ningún
+día de descanso! No pueden los barquillos hacerse de víspera; si han de
+gustar a la gente menuda y golosa, conviene que sean fresquitos. Un nada
+de humedad los reblandece. Es preciso pasarse la mañana, y a veces la
+noche, en fabricarlos, la tarde en vocearlos y venderlos. En verano, si
+la estación es buena y se despacha mucho y se saca pingüe jornal,
+también hay que estarse las horas caniculares, las horas perezosas,
+derritiendo el alma sobre aquel fuego, sudando el quilo, preparando
+provisión doble de barquillos para la venta pública y para los cafés. Y
+no era que el señor Rosendo estuviese mal con su oficio; nada de eso;
+artistas habría orgullosos de su destreza, pero tanto como él, ninguno.
+Por más que los años le iban venciendo, aún se jactaba de llenar en
+menos tiempo que nadie el tubo de hojalata. No ignoraba primor alguno de
+los concernientes a su profesión; barquillos anchos y finos como seda
+para rellenar de huevos hilados, barquillos recios y estrechos para el
+agua de limón y el sorbete, hostias para las confiterías--y no las hacía
+para las iglesias por falta de molde que tuviese una cruz--, flores,
+hojuelas y _orejas de fraile_ en Carnaval, buñuelos en todo tiempo....
+Pero nunca lo tenía de lucir estas habilidades accesorias, porque los
+barquillos de diario eran absorbentes. ¡Bah!, en consiguiendo vivir y
+mantener la familia....
+
+A las nueve muy largas, cuando cerca de cinco mil barquillos reposaban
+en el tubo, todavía el padre y la hija no habían cruzado palabra.
+Montones de brasa y ceniza rodeaban la hoguera, renovada dos o tres
+veces. La niña suspiraba de calor, el viejo sacudía frecuentemente la
+mano derecha, medio asada ya. Por fin, la muchacha profirió:
+
+--Tengo hambre.
+
+Volvió el padre la cabeza, y con expresivo arqueamiento de cejas indicó
+un anaquel del vasar. Encaramose la chiquilla trepando sobre la artesa,
+y bajó un mediano trozo de pan de mixtura, en el cual hincó el diente
+con buen ánimo. Aún rebuscaba en su falda las migajas sobrantes para
+aprovecharlas, cuando se oyeron crujidos de catre, carraspeos, los
+ruidos característicos del despertar de una persona, y una voz entre
+quejumbrosa y despótica llamó desde la alcoba cercana al portal:
+
+--¡Amparo!
+
+Se levantó la niña y acudió al llamamiento, resonando de allí a poco
+rato su hablar.
+
+--Afiáncese, señora... así... cárguese más... aguarde que le voy a batir
+este jergón... (Y aquí se escuchó una gran sinfonía de hojas de maíz, un
+_sirrisssch_... prolongado y armonioso.)
+
+La voz mandona dijo opacamente algo, y la infantil contestó:
+
+--Ya la voy a poner a la lumbre, ahora mismito.... ¿Tendrá por ahí el
+azúcar?
+
+Y respondiendo a una interpelación altamente ofensiva para su dignidad,
+gritó la chiquilla:
+
+--Y piensa que.... ¡Aunque fuera oro puro! Lo escondería usted misma....
+Ahí está, detrás de la funda... ¿lo ve?
+
+Salió con una escudilla desportillada en la mano, llena de morena
+melaza, y arrimando al fuego un pucherito donde estaba ya la cascarilla,
+le añadió en debidas proporciones azúcar y leche, y volviose al cuarto
+del portal con una taza humeante y colmada a reverter. En el fondo del
+cacharro quedaba como cosa de otra taza. El barquillero se enderezó
+llevándose las manos a la región lumbar, y sobriamente, sin
+concupiscencia, se desayunó bebiendo las sobras por el puchero mismo.
+Enjugó después su frente regada de sudor con la manga de la camisa,
+entró a su vez en el cuarto próximo; y al volver a presentarse, vestido
+con pantalón y chaqueta de paño pardo, se terció a las espaldas la caja
+de hoja de lata y se echó a la calle. Amparo, cubriendo la brasa con
+ceniza, juntaba en una cazuela berzas, patatas, una corteza de tocino,
+un hueso rancio de cerdo, cumpliendo el deber de condimentar el caldo
+del humilde menaje. Así que todo estuvo arreglado, metiose en el
+cuchitril, donde consagró a su aliño personal seis minutos y medio,
+repartidos como sigue: un minuto para calzarse los zapatos de becerro,
+pues todavía estaba descalza; dos para echarse un refajo de bayeta y un
+vestido de tartán; un minuto para pasarse la punta de un paño húmedo por
+ojos y boca (más allá no alcanzó el aseo); dos minutos para escardar con
+un peine desdentado la revuelta y rizosa crencha, y medio para tocarse
+al cuello un pañolito de indiana. Hecho lo cual, se presentó más oronda
+que una princesa a la persona encamada a quien había llevado el
+desayuno. Era esta una mujer de edad madura, agujereada como una
+espumadera por las viruelas, chata de frente, de ojos chicos. Viendo a
+la chiquilla vestida se escandalizó: ¿a dónde iría ahora semejante
+vagabunda?
+
+--A misa, señora, que es domingo.... ¿Qué volver con noche ni con noche?
+Siempre vine con día, siempre.... ¡Una vez de cada mil! Queda el caldo
+preparadito al fuego.... Vaya, abur.
+
+Y se lanzó a la calle con la impetuosidad y brío de un cohete bien
+disparado.
+
+
+
+
+-II-
+
+Padre y madre
+
+
+Tres años antes, la imposibilitada estaba sana y robusta y ganaba su
+vida en la Fábrica de Tabacos. Una noche de invierno fue a jabonar ropa
+blanca al lavadero público, sudó, volvió desabrigada y despertó tullida
+de las caderas.--Un aire, señor--decía ella al médico.
+
+Quedose reducida la familia a lo que trabajase el señor Rosendo: el real
+diario que del _fondo de Hermandad_ de la Fábrica recibía la enferma no
+llegaba a medio diente. Y la chiquilla crecía, y comía pan y rompía
+zapatos, y no había quien la sujetase a coser ni a otro género de
+tareas. Mientras su padre no se marchaba, el miedo a un pasagonzalo
+sacudido con el cargador la tenía quieta ensartando y colocando
+barquillos; pero apenas el viejo se terciaba la correa del tubo, sentía
+Amparo en las piernas un hormigueo, un bullir de la sangre, una
+impaciencia como si le naciesen alas a miles en los talones. La calle
+era su paraíso. El gentío la enamoraba, los codazos y enviones la
+halagaban cual si fuesen caricias, la música militar penetraba en todo
+su ser produciéndole escalofríos de entusiasmo. Pasábase horas y horas
+correteando sin objeto al través de la ciudad, y volvía a casa con los
+pies descalzos y manchados de lodo, la saya en jirones, hecha una sopa,
+mocosa, despeinada, perdida, y rebosando dicha y salud por los poros de
+su cuerpo. A fuerza de filípicas maternales corría una escoba por el
+piso, sazonaba el caldo, traía una herrada de agua; en seguida, con
+rapidez de ave, se evadía de la jaula y tornaba a su libre vagancia por
+calles y callejones.
+
+De tales instintos erráticos tendría no poca culpa la vida que
+forzosamente hizo la chiquilla mientras su madre asistió a la Fábrica.
+Sola en casa con su padre, apenas este salía, ella le imitaba por no
+quedarse metida entre cuatro paredes: vaya, y que no eran tan alegres
+para que nadie se embelesase mirándolas. La cocina, oscura y angosta,
+parecía una espelunca, y encima del fogón relucían siniestramente las
+últimas brasas de la moribunda hoguera. En el patín, si es verdad que se
+veía claro, no consolaba mucho los ojos el aspecto de un montón de cal y
+residuos de albañilería, mezclados con cascos de loza, tarteras rotas,
+un molinillo inservible, dos o tres guiñapos viejos y un innoble zapato
+que se reía a carcajadas. Casi más lastimoso era el espectáculo de la
+alcoba matrimonial: la cama en desorden, porque la salida precipitada a
+la Fábrica no permitía hacerla; los cobertores color de hospital, que no
+bastaba a encubrir una colcha rabicorta; la vela de sebo, goteando
+tristemente a lo largo de la palmatoria de latón veteada de cardenillo;
+la palangana puesta en una silla y henchida de agua jabonosa y
+grasienta; en resumen, la historia de la pobreza y de la incuria narrada
+en prosa por una multitud de objetos feos, y que la chiquilla comprendía
+intuitivamente; pues hay quien sin haber nacido entre sedas y holandas,
+presume y adivina todas aquellas comodidades y deleites que jamas gozó.
+Así es que Amparo huía, huía de sus lares camino de la Fábrica, llevando
+a su madre, en una fiambrera, el bazuqueante caldo; pero, soltando a lo
+mejor la carga, poníase a jugar al corro, a _San Severín_, a la viudita,
+a cualquier cosa, con las damiselas de su edad y pelaje.
+
+Cuando la madre se vio encamada quiso imponer a la hija el trabajo
+sedentario: era tarde. La planta rústica no se sujetaba ya al espaller.
+Amparo había ido a la escuela en sus primeros años, años de relativa
+prosperidad para la familia, sucediéndole lo que a la mayor parte de las
+niñas pobres, que al poco tiempo se cansan sus padres de enviarlas y
+ellas de asistir, y se quedan sin más habilidad que la lectura, cuando
+son listas, y unos rudimentos de escritura. De aguja apenas sabía Amparo
+nada. La madre se resignó con la esperanza de colocarla en la Fábrica.
+--«Que trabaje--decía--como yo trabajé». Y al murmurar esta sentencia
+suspiraba, recordando treinta años de incesante afán. Ahora su carne y
+sus molidos huesos se tendían gustosamente en la cama, donde reposaba
+tumbada panza arriba ínterin sudaban otros para mantenerla. ¡Que
+sudasen! Dominada por el terrible egoísmo que suele atacar a los viejos
+cuya mocedad fue laboriosa, la impedida hizo del potro de dolor quinta
+de recreo. Lo que es allí ya podían venir penas; lo que es allí a buen
+seguro que la molestase el calor ni el frío. ¿Que era preciso lavar la
+ropa? Bueno, ella no tenía que levantarse a jabonarla, le había costado
+bien caro una vez. ¿Que estaba sucio el piso? Ya lo barrerían, y si no,
+por ella, aunque en todo el año no se barriese.... ¿De qué le había
+servido tanto romper el cuerpo cuando era joven? De verse ahora tullida
+--«¡Ay, no se sabe lo que es la salud hasta después de que se pierde!»
+--exclamaba sentenciosamente, sobre todo los días en que el dolor
+artrítico le atarazaba las junturas. Otras veces, jactanciosa como todo
+inválido, decía a su hija:--«Sácateme de delante, que irrita el verte;
+de tu edad era yo una loba que daba en un cuarto de hora vuelta a una
+casa».
+
+Sólo echaba de menos la animación de su Fábrica, las compañeras. A bien
+que las vecinas de la calle solían acercarse a ofrecerle un rato de
+palique: una sobre todo, Pepa la comadrona, por mal nombre señora
+Porreta. Era esta mujer colosal, a lo ancho más aún que a lo alto;
+parecíase a tosca estatua labrada para ser vista de lejos. Su cara
+enorme, circuida por colgante papada, tenía palidez serosa. Calzaba
+zapatillas de hombre y usaba una sortija, de tamaño masculino también,
+en el dedo meñique. Acercábase a la cama de la impedida, le sometía las
+ropas, le abofeteaba la almohada apoyando fuertemente ambas manos en los
+muslos, a fin de sostener la mole de su vientre, y con voz sorda y
+apagada empezaba a referir chismes del barrio, escabrosos pormenores de
+su profesión, o las maravillosas curas que pueden obtenerse con un
+cocimiento de ruda, huevo y aceite, con la hoja de la malva bien
+machacadita, con romero hervido en vino, con unturas de enjundia de
+gallina. Susurraban los maldicientes que entre parleta y parleta solía
+la matrona entreabrir el pañuelo que le cubría los hombros y sacar una
+botellica que fácilmente se ocultaba en cualquier rincón de su corpiño
+gigantesco; y ya corroboraba con un trago de anís el exhausto gaznate,
+ya ofrecía la botella a su interlocutora «para ir pasando las penas de
+este mundo». A oídos del señor Rosendo llegó un día esta especie, y se
+alarmó; porque mientras estuvo en la Fábrica no bebía nunca su mujer más
+que agua pura; pero por mucho que entró impensadamente algunas tardes,
+no cogió _infraganti_ a las delincuentes. Sólo vio que estaban muy
+amigotas y compinches. Para la ex-cigarrera valía un Perú la comadrona;
+al menos esa hablaba, porque lo que es su marido.... Cuando este
+regresaba de la diaria correría por paseos y sitios públicos, y bajando
+el hombro soltaba con estrépito el tubo en la esquina de la habitación,
+el diálogo del matrimonio era siempre el mismo:
+
+--¿Qué tal?--preguntaba la tullida.
+
+Y el señor Rosendo pronunciaba una de estas tres frases:
+
+--Menos mal.--Un regular.--Condenadamente.
+
+Aludía a la venta, y jamás se dio caso de que agregase género alguno de
+amplificación o escolio a sus oraciones clásicas. Poseía el
+inquebrantable laconismo popular, que vence al dolor, al hambre, a la
+muerte y hasta a la dicha. Soldado reenganchado, uncido en sus mejores
+años al férreo yugo de la disciplina militar, se convenció de la
+ociosidad de la palabra y necesidad del silencio. Calló primero por
+obediencia, luego por fatalismo, después por costumbre. En silencio
+elaboraba los barquillos, en silencio los vendía, y casi puede decirse
+que los voceaba en silencio, pues nada tenía de análogo a la afectuosa
+comunicación que establece el lenguaje entre seres racionales y humanos,
+aquel grito gutural en que, tal vez para ahorrar un fragmento de
+palabra, el viejo suprimía la última sílaba, reemplazádola por doliente
+prolongación de la vocal penúltima:
+
+--Barquilleeeeé....
+
+
+
+
+-III-
+
+Pueblo de su nacimiento
+
+
+Al sentar el pie en la calle, Amparo respiró anchamente. El sol, llegado
+al zenit, lo alegraba todo. En los umbrales de las puertas los gatos,
+acurrucados, presentaban el lomo al benéfico calorcillo, guiñando sus
+pupilas de tigre y roncando de gusto. Las gallinas iban y venían
+escarbando. La bacía del barbero, colgada sobre la muestra y rodeada de
+una sarta de muelas rancias ya, brillaba como plata. Reinaba la soledad,
+los vecinos se habían ido a misa o de bureo, y media docena de párvulos,
+confiados al Ángel de la Guarda, se solazaban entre el polvo y las
+inmundicias del arroyo, con la chola descubierta y expuestos a un
+tabardillo. Amparo se arrimó a una de las ventanas bajas, y tocó en los
+cristales con el puño cerrado. Abriéronse las vidrieras, y se vio la
+cara de una muchacha pelinegra y descolorida, que tenía en la mano una
+almohadilla de labrar donde había clavados infinidad de menudos
+alfileres.
+
+--¡Hola!
+
+--¿Hola, Carmela, andas con la labor a vueltas?--pues es día de misa.
+
+--Por eso me da rabia... contestó la muchacha pálida, que hablaba con
+cierto ceceo, propio de los puertecitos de mar en la provincia de
+Marineda.
+
+--Sal un poco, mujer... vente conmigo.
+
+--Hoy... ¡quién puede! Hay un encargo... diez y seis varas de puntilla
+para una señora del barrio de Arriba.... El martes se han de entregar
+sin falta.
+
+Carmela se sentó otra vez con su almohadilla en el regazo, mientras los
+hombros de Amparo se alzaban entre compasivos e indiferentes, como si
+murmurasen--«Lo de costumbre»--. Apartose de allí, y sus pies
+descendieron con suma agilidad la escalinata de la plaza de Abastos,
+llena a la sazón de cocineras y vendedoras, y enhebrándose por entre
+cestas de gallinas, de huevos, de quesos, salió a la calle de San Efrén,
+y luego al atrio de la iglesia, donde se detuvo deslumbrada.
+
+Cuanto lujo ostenta un domingo en una capital de provincia se veía
+reunido ante el pórtico, que las gentes cruzaban con el paso majestuoso
+de personas bien trajeadas y compuestas, gustosas en ser vistas y
+mutuamente resueltas a respetarse y a no promover empujones. Hacían cola
+las señoras aguardando su turno, empavesadas y solemnes, con mucha
+mantilla de blonda, mucho devocionario de canto dorado, mucho rosario de
+oro y nácar, las madres vestidas de seda negra, las niñas casaderas, de
+colorines vistosos. Al llegar a los postigos que más allá del pórtico
+daban entrada a la nave, había crujidos de enaguas almidonadas, blandos
+empellones, codazos suaves, respiración agitada de damas obesas, cruces
+de rosarios que se enganchaban en un encaje o en un fleco, frases de
+miel con su poco de vinagre, como--ay, usted dispense.... A mí me
+empujan, señora, por eso yo.... No tire usted así, que se romperá el
+adorno.... Perdone usted.
+
+Deslizose Amparo entre el grupo de la buena sociedad marinedina, y se
+introdujo en el templo. Hacia el presbiterio se colocaban las señoritas,
+arrodilladas con estudio, a fin de no arrugarse los trapos de
+cristianar, y como tenían la cabeza baja, veíanse blanquear sus nucas, y
+alguna estrecha suela de elegante botita remangaba los pliegues de las
+faldas de seda. El centro de la nave lo ocupaba el piquete y la banda de
+música militar, en correcta formación. A ambos lados, filas de hombres,
+que miraban al techo o a las capillas laterales, como si no supiesen qué
+hacer de los ojos. De pronto lució en el altar mayor la vislumbre de oro
+y colores de una casulla de tisú; quedó el concurso en mayor silencio;
+las damas abrieron sus libros con las enguantadas manos, y a un tiempo
+murmuró el sacerdote _Introito_ y rompió en sonoro acorde la charanga,
+haciendo oír las profanas notas de _Traviatta_, cabalmente los compases
+ardientes y febriles del dúo erótico del primer acto. El son vibrante de
+los metales añadía intensidad al canto, que, elevándose amplio y nutrido
+hasta la bóveda, bajaba después a extenderse, contenido, pero brioso,
+por la nave y el crucero, para cesar, de repente, al alzarse la hostia;
+cuando esto sucedió, la marcha real, poderosa y magnífica, brotó de los
+marciales instrumentos, sin que a intervalos dejase de escucharse en el
+altar el misterioso repiqueteo de la campanilla del acólito.
+
+A la salida, repetición del desfile: junto a la pila se situaron tres o
+cuatro de los que ya no se llamaban _dandys_ ni todavía _gomosos_, sino
+_pollos y gallos_, haciendo ademán de humedecer los dedos en agua
+bendita, y tendiéndolos bien enjutos a las damiselas para conseguir un
+fugaz contacto de guantes vigilado por el ojo avizor de las mamás. Una
+vez en el pórtico, era lícito levantar la cabeza, mirar a todos lados,
+sonreír, componerse furtivamente la mantilla, buscar un rostro conocido
+y devolver un saludo. Tras el deber, el placer; ahora la selecta
+multitud se dirigía al paseo, convidada de la música y de la alegría de
+un benigno domingo de marzo, en que el sol sembraba la regocijada
+atmósfera de átomos de oro y tibios efluvios primaverales. Amparo se
+dejó llevar por la corriente y presto vino a encontrarse en el paseo.
+
+No tenía entonces Marineda el parque inglés que, andando el tiempo,
+hermoseó su recinto: y _las Filas_, donde se daban vueltas durante las
+mañanas de invierno y las tardes de verano, eran una estrecha avenida,
+pavimentada de piedra, de una parte guarnecida por alta hilera de casas,
+de otra por una serie de bancos que coronaban toscas estatuas alegóricas
+de las Estaciones, de las Virtudes, mutiladas y privadas de manos y
+narices por la travesura de los muchachos. Sombreaban los asientos
+acacias de tronco enteco, de clorótico follaje (cuando Dios se lo daba);
+sepultadas entre piedras por todos lados, como prisionero en torre
+feudal. A la sazón carecían de hojas, pero la caricia abrasadora del sol
+impelía a la savia a subir, a las yemas a hincharse. Las desnudas ramas
+se recortaban sobre el limpio matiz del firmamento, y a lo lejos el mar,
+de un azul metálico, como pavonado, reposaba, viéndose inmóviles las
+jarcias y arboladura de los buques surtos en la bahía, y quietos hasta
+los impacientes gallardetes de los mástiles. Ni un soplo de brisa, ni
+nada que desdijese de la apacibilidad profunda y soñolienta del
+ambiente.
+
+Caído el pañuelo y recibiendo a plomo el sol en la mollera, miraba
+Amparo con gran interés el espectáculo que el paseo presentaba. Señoras
+y caballeros giraban en el corto trecho de _las Filas_, a paso lento y
+acompasado, guardando escrupulosamente la derecha. La implacable
+claridad solar azuleaba el paño negro de las relucientes levitas,
+suavizaba los fuertes colores de las sedas, descubría las menores
+imperfecciones de los cutis, el salseo de los guantes, el sitio de las
+antiguas puntadas en la ropa reformada ya. No era difícil conocer al
+primer golpe de vista a las notabilidades de la ciudad: una fila de
+altos sombreros de felpa, de bastones de roten o concha con puño de oro,
+de gabanes de castor, todo puesto en caballeros provectos y seriotes,
+revelaba claramente a las autoridades, regente, magistrados, segundo
+cabo, gobernador civil; seis o siete pantalones gris perla, pares de
+guantes claros y flamantes corbatas denunciaban a la dorada juventud;
+unas cuantas sombrillas de raso, un ramillete de vestidos que
+trascendían de mil leguas a importación madrileña, indicaban a las
+dueñas del cetro de la moda. Las gentes pasaban, y volvían a pasar, y
+estaban pasando continuamente, y a cada vuelta se renovaba la misma
+profesión por el mismo orden.
+
+Un grupo de oficiales de Infantería y Caballería ocupaba un banco
+entero, y el sol parecía concentrarse allí, atraído por el resplandor de
+los galones y estrellas de oro, por los pantalones rojo vivo, por el
+relampagueo de las vainas de sable y el hule reluciente del casco de los
+roses. Los oficiales, gente de buen humor y jóvenes casi todos, reían,
+charlaban y hasta jugaban con un enjambre de elegantes niñas, que ni la
+mayor sumaría doce años, ni la menor bajaba de tres. Tenían a las más
+pequeñas sentadas en las rodillas, mientras las otras, de pie y con unos
+atisbos de timidez y pudor femenil, no osaban acercarse mucho al banco,
+haciendo como que platicaban entre sí, cuando realmente sólo atendían a
+la conversación de los militares. Al otro extremo del paseo se oyó
+entonces un grito conocidísimo de la chiquillería.
+
+--Barquilleeeeé....
+
+--Batilos... a mí batilos, chilló al oírlo una rubilla carrilluda, que
+cabalgaba en la pierna izquierda de un capitán de infantería portador de
+formidables mostachos.
+
+--Nisita, no seas fastidiosa: te llevo a mamá--amonestó una de las
+mayores, con gravedad imponente.
+
+--Pué teo batilos, batiiilos--berreó descompasadamente la rubia,
+colorada como un pavo y apretando sus puñitos.
+
+--Tiene usted razón, señorita, díjole risueño un alférez de linda y
+adamada figura, al ver que el angelito pateaba y hacía pucheros para
+romper a llorar. Espérese usted, que habrá barquillos. Llamaremos a ese
+digno funcionario.... Ya viene hacia acá. Usted, Borrén--añadió
+dirigiéndose al capitán...--, ¿quiere usted darle una voz?
+
+--¡Eh... chss! ¡Barquilleeeeró!--gritó el capitán mostachudo, sin notar
+que el círculo de las grandecitas se reía de su ronquera crónica. No
+obstante la cual, el señor Rosendo le oyó, y se acercaba, derrengado con
+el peso de la caja, que depositó en el suelo delante del grupo. Se
+oyeron como píos y aleteos, el ruido de una canariera cuando le ponen
+alpiste, y las chiquillas corrieron a rodear el tubo, mientras las
+grandes se hacían las desdeñosas, cual si las humillase la idea de que a
+su edad las convidaran a barquillos. Inclinada la rubia pedigüeña sobre
+la especie de ruleta que coronaba la caja de hojalata, impulsaba con su
+dedito la aguja, chillando de regocijo cuando se detenía en un número,
+ya ganase, ya perdiese. Su júbilo rayó en paroxismo al momento que,
+tendiendo la mano abierta, encima de cada dedo fue el señor Rosendo
+calzándole una torre de barquillos: quedose extasiada mirándolos, sin
+atreverse a abrir la boca para comérselos.
+
+Estando en esto, el alférez volvió casualmente la cabeza y divisó del
+otro lado de los bancos un rostro de niña pobre que devoraba con los
+ojos la reunión. Figurose que sería por apetito de barquillos, y le hizo
+una seña, con ánimo de regalarle algunos. La muchacha se acercó,
+fascinada por el brillo de la sociedad alegre y juvenil; pero al
+entender que la brindaban con tomar parte en el banquete, encogiose de
+hombros y movió negativamente la cabeza.
+
+--Bien harta estoy de ellos--pronunció con desdén.
+
+--Es la hija--explicó sin manifestar sorpresa el barquillero, que
+embolsaba la calderilla y bajaba el hombro para ceñirse otra vez la
+correa.
+
+--Por lo visto, eres la señorita de Rosendez--murmuró el alférez en son
+de broma--. Vamos, Borrén, usted que es animado, dígale algo a esta
+pollita.
+
+El de los mostachos consideraba a la recién venida atentamente, como un
+arqueólogo miraría un ánfora acabada de encontrar en una excavación. A
+las palabras del alférez contestó con ronco acento:
+
+--Pues vaya si le diré, hombre. Si estoy reparando esta chica, y es de
+lo mejorcito que pasea por Marineda. Es decir, por ahora está sin
+formar, ¿eh?--y el capitán abría y cerraba las dos manos como dibujando
+en el aire unos contornos mujeriles--. Pero yo no necesito verlas cuando
+se completan, hombre; yo las huelo antes, amigo Baltasar. Soy perro
+viejo, ¿eh? Dentro de un par de años...--y Borrén hizo otro gesto
+expresivo cual si se relamiese.
+
+Miraba el alférez a la muchacha, y admirábase de las predicciones de
+Borrén: es verdad que había ojos grandes, pobladas pestañas, dientes
+como gotas de leche; pero la tez era cetrina, el pelo embrollado
+semejaba un felpudo, y el cuerpo y traje competían en desaliño y poca
+gracia. Con todo, por seguir la broma, hizo el alférez que asentía a la
+opinión del capitán, y pronunció:
+
+--Digo lo que el amigo Borrén: esta pollita nos va a dar muchos
+disgustos.... Los oficiales se echaron a reír, y Amparo a su vez se fijó
+en el que hablaba, sin comprender al pronto sus frases.
+
+--Cosas de Borrén.... Ese Borrén es célebre--exclamaron con algazara los
+militares, a quienes no parecía ningún prodigio la chiquilla.
+
+--Reparen ustedes, señores--siguió el alférez--; la chica es una perla;
+dentro de dos años nos mareará a todos. ¿Qué dices tú a eso, señorita de
+Rosendez? Por de pronto, a mí me ha desairado no aceptando mis
+barquillos.... Mira, te convido a lo que quieras, a dulces, a jerez...
+pero con una condición.
+
+Amparo enrollaba las puntas del pañuelo sin dejar de mirar de reojo a su
+interlocutor. No era lerda, y recelaba que se estuviesen burlando; sin
+embargo, le agradaba oír aquella voz y mirar aquel uniforme refulgente.
+
+--¿Aceptas la condición? Lo dicho, te convido... pero tienes que darme
+algo tú también: me darás un beso.
+
+Soltaron la carcajada los oficiales, ni más ni menos que si el alférez
+hubiese proferido alguna notable agudeza; las niñas grandecitas se
+volvieron haciendo que no oían, y Amparo, que tenía sus pupilas oscuras
+clavadas en el rostro del mancebo, las bajó de pronto, quiso disparar
+una callejera fresca, sintió que la voz se le atascaba en la laringe, se
+encendió en rubor desde la frente hasta la barba, y echó a correr como
+alma que lleva el diablo.
+
+
+
+
+-IV-
+
+Que los tenga muy felices
+
+
+Se ha mudado la decoración; ha pasado casi un año; corre el mes de
+enero. No llueve; el cielo está aborregado de nubes lívidas que
+presagian tormenta, y el viento costeño, redondo, giratorio como los
+ciclones, arremolina el polvo, los fragmentos de papel, los residuos de
+toda especie que deja la vida diaria en las calles de una ciudad. Parece
+como si se hubiesen asociado vendaval y cierzo: aquel para aullar,
+soplar, mugir; este para herir los semblantes con finísimos picotazos de
+aguja, colgar gotitas de fluxión en las fosas nasales, azulear las
+mejillas y enrojecer los párpados. En verdad que con semejante tiempo
+los Santos Reyes, que caballeros en sus dromedarios venían desde el
+misterioso país de la luz, atravesando la Palestina, a saludar al Niño,
+debieron notar que se les helaban las manos, llenas de incienso y mirra,
+y subir más que a paso la esclavina de aquellas dulletas de armiño y
+púrpura con que los representan los pintores. A falta de esclavina, los
+marinedinos alzaban cuanto podían el cuello del gabán o el embozo de la
+capa. Es que el viento era frío de veras, y sobre todo, incómodo;
+costaba un triunfo pelear con él. Entrábase por las bocacalles,
+impetuoso y arrollador, bufando y barriendo a las gentes, a manera de
+fuelle gigantesco. En el páramo de Solares, que separa el barrio de
+Arriba del de Abajo, pasaban lances cómicos: capas que se enrollaban en
+las piernas y no dejaban andar a sus dueños; enaguas almidonadas que se
+volvían hacia arriba con fieros estallidos; aguadores que no podían con
+la cuba, curiales a quienes una ráfaga arrebataba y dispersaba el
+protocolo, señoritos que corrían diez minutos tras de una chistera
+fugitiva, que, al fin, franqueando de un brinco el parapeto del muelle,
+desaparecía entre las agitadas olas.... Hasta los edificios tomaban
+parte en la batalla: aullaban los canalones, las fallebas de las
+ventanas temblequeaban, retemblaban los cristales de las galerías,
+coreando el dúo de bajos, profundo, amenazador y temeroso, entonado por
+los dos mares, el de la bahía y el del Varadero. Tampoco estaban ellos
+para bromas.
+
+En cambio, celebrábase gran fiesta en una casa de ricos comerciantes del
+barrio de Abajo, la de _Sobrado Hermanos_. Era el santo de Baltasar,
+único vástago masculino del tronco de los Sobrados, y cuando más
+diabluras hacía fuera el viento, circulaban en el comedor los postres de
+una pesada comida de provincia, en que el gusto no había enmendado la
+abundancia. Sucediéranse, plato tras plato, los cebados capones, manidos
+y con amarilla grasa; el pavo relleno; el jamón en dulce con costra de
+azúcar tostado; las natillas, con arabescos de canela, y la tarta, el
+indispensable ramillete de los días de días, con sus cimientos de
+almendra, sus torres de piñonate, sus cresterías de caramelo y su
+angelote de almidón ejecutando una pirueta con las alas tendidas. Ya se
+aburrían los grandes de estar en la mesa; no así los niños. Ni a tres
+tirones se levantarían ellos, cabalmente en el feliz instante en que era
+lícito tirarse confites, comer con los dedos, hacer, de puro ahítos, mil
+porquerías y comistrajos con su ración. Todo el mundo les dejaba
+alborotar; era el momento de la desbandada; se habían pronunciado
+brindis y contado anécdotas con mayor o menor donaire; pero ya nadie
+tenía ánimos para sostener la conversación, y el Sobrado tío, que era
+grueso y abotargado, se abanicaba con la servilleta. Levantó la sesión
+el ama de casa, doña Dolores, diciendo que el café estaba prevenido en
+la sala de recibir.
+
+En esta se habían prodigado las luces: dos bujías a los lados del piano
+vertical; sobre la consola, en los candelabros de zinc, otras cuatro de
+estearina rosa, acanaladas; en el velador central, entre los _albums_ y
+estereóscopos, un gran quinqué con pantalla de papel picado. Iluminación
+completa. ¡Es que por Baltasar echaban gustosos los Sobrados la casa por
+la ventana, y más ahora que lo veían de uniforme, tan lindo y galán
+mozo! A la fiesta habían sido convidados todos los íntimos: Borrén, otro
+alférez llamado Palacios, la viuda de García y sus niñas, de las cuales
+la menor era Nisita, la rubia de los barquillos, y por último, la
+maestra de piano de las hermanas de Baltasar. La velada se organizó,
+mejor dicho, se desordenó gratamente en la sala: cada cual tomó el café
+donde mejor le plugo: doña Dolores y su cuñado, que resoplaba como una
+foca, se apoderaron del sofá para entablar una conferencia sobre
+negocios. Sobrado el padre fumaba un puro del estanco, obsequio de
+Borrén, y saboreaba su café, aprovechando hasta el del platillo. La niña
+mayor de García, Josefina, se sentó al piano, después de muy rogada, y
+tras mil repulgos dio principio a una fantasía sobre motivos de Bellini;
+Baltasar se colocó a su lado para volver las hojas, mientras sus
+hermanas gozaban con las gracias de Nisita, que roía un trozo de
+piñonate: manos, hocico y narices, todo lo tenía empeguntado de almíbar
+moreno.
+
+--¡Estás bonita!--exclamaba Lola, la mayor de Sobrado--. ¡Puerca,
+babada, te quedarás sin dientes!
+
+--No me impies--chillaba el angelito--; no me impies... voy a chucharme
+ota ves.--Y sacaba de la faltriquera un adarve del castillo de la tarta.
+
+--¿Ha visto usted qué día?--preguntaba Borrén a la viuda de García, que
+bien quisiera dejar de serlo--. Una garita ha derribado el viento; por
+más señas que cayó sobre el centinela, ¿eh?, y a poco le mata. Y usted,
+¿cómo se vino desde su casa?
+
+--¡Jesús... puede usted figurarse! Con mil apuros.... Yo no sé cómo me
+arreglé para sujetar la ropa... y así todo....
+
+--¡Quién estuviera allí! Ya conozco yo alguno....
+
+--¡Jesús... no sé para qué!
+
+--Para admirar un pie tan lindo... y para darle el brazo, ¡hombre!, a
+fin de que el viento no se la llevase.
+
+Juzgó la viuda que aquí convenía fingirse distraída, y cogió el
+estereóscopo, mirando por él la fachada de las Tullerías. Del piano
+saltó entonces un _allegro vivace_, con muchas octavas, y el tecleo
+cubrió las voces... sólo se oyeron fragmentos del diálogo que sostenían
+la agria voz de doña Dolores y la voz becerril de su cuñado.
+
+--La fábrica, bien... de capa caída... las hipotecas... al ocho....
+Liquidaron con el socio... la competencia....
+
+--Josefina--gritó la viuda a la pianista--¿qué haces, niña? ¿No te
+encargó doña Hermitas que pusieses el pedal en ese pasaje?
+
+--Y lo pone--intervino la maestra de piano--; pero debía ser desde el
+compás anterior.... A ver, quiere usted repetir desde ahí... sol-la-do,
+la-do....
+
+--¡Lo hace hoy.... Jesús, qué mal! ¡Por lo mismo que hay gente!--murmuró
+la madre--. Cuando está sola, aunque embrolle....
+
+--Pues yo bien vuelvo las hojas; en mí no consiste--dijo risueño
+Baltasar--. Y debe usted esmerarse, pollita, que estoy de días, y
+Palacios la oye a usted boquiabierto y entusiasmado.
+
+--¡Bueno!--gritó la mujercita de trece años, suspendiendo de golpe su
+fantasía--. Me están ustedes cortando... ea, ya no sé poner los dedos.
+Como no aprendí la pieza de memoria, y este papel no es el mío.... Voy a
+tocar otra cosa.
+
+Y echando atrás la cabeza y a Baltasar una mirada fugaz, arrancó del
+teclado los primeros compases de mimosa habanera. La melodía comenzaba
+soñolienta, perezosa, yámbica; después, de pronto, tenía un impulso de
+pasión, un nervioso salto; luego tornaba a desmayarse, a caer en la
+languidez criolla de su ritmo desigual. Y volvía monótona, repitiendo el
+tema, y la mujercita, que no sabía interpretar la página clásica del
+maestro italiano, traducía en cambio a maravilla la enervante molicie
+amorosa, los poemas incendiarios que en la habanera se encerraban.
+Josefina, al tocar, se cimbreaba levemente, cual si bailase, y Baltasar
+estudiaba con curiosidad aquellos tempranos coqueteos, inconscientes
+casi, todavía candorosos, mientras tarareaba a media voz la letra:
+
+ _Cuando en la noche la blanca luna..._
+
+
+Diríase que fuera había aplacado la ventolina, pues los goznes de las
+ventanas ya no gemían, ni temblaban los vidrios. Mas de improviso se
+escuchó un derrumbamiento, un fragor como si el cielo se desfondase y
+sus cataratas se abriesen de golpe. Lluvia torrencial, que azotó las
+paredes, que inundó las tejas, que se precipitó por los canalones abajo,
+estrellándose en las losas de la calle. En la sala hubo un instante de
+sorpresa; Josefina interrumpió su habanera; Baltasar se aproximó a la
+ventana; la viuda soltó el estereóscopo, y a Nisita se le cayó de las
+manos el piñonate. Casi al mismo tiempo otro ruido, que subía del
+portal, vino a dominar el ya formidable del aguacero; una algarabía, un
+_chascarrás_ desapacible, unas voces cantando destempladamente con
+acompañamiento de panderos y castañuelas. Saltaron alborotadas las
+chiquillas, con Nisita a la cabeza.
+
+--Ya están ahí esas holgazanas--dijo ásperamente doña Dolores--. Anda,
+Lola--añadió dirigiéndose a su hija mayor--: dile a Juana que las eche
+del portal, que lo ensuciarán.
+
+--Mamá... ¡lloviendo tanto!--suplicó Lola--. ¡Parece no sé qué decirles
+que se vayan! ¡Se pondrán como sopas! ¿No oye usted que el cielo se
+hunde?
+
+--¡Es que eres tonta!--pronunció con rabia la madre--. Si las dejas
+tocar ahí, después no hay remedio sino darles algo a esas perdidas....
+
+--¿Qué importa, mamá?--intervino Baltasar--. Hoy es mi santo.
+
+--Que suban, que suban a cantar los Reyes--gritó unánime la concurrencia
+menor de tres lustros.
+
+--Te uban.... Batasal, te uban, te uban--berreó Nisita cruzando sus
+manos pringosas.
+
+--Que suban, hombre, veremos si son guapas--confirmó Borrén.
+
+Lola de esta vez no necesitó que le reiterasen la orden. Ya estaba
+bajando las escaleras dos a dos.
+
+
+
+
+-V-
+
+Villancico de Reyes
+
+
+No tardaron en resonar pisadas en el corredor; pisadas tímidas y
+brutales a la vez, de pies descalzos o calzados con zapatos rudos. Al
+mismo tiempo las panderetas repicaban débilmente y las castañuelas se
+entrechocaban bajito como los dientes del que tiene miedo.... Doña
+Dolores se incorporó con el entrecejo desapaciblemente fruncido.
+
+--Esa Lola.... ¡Pues no las trae aquí mismo! ¿Por qué no las habrá
+dejado en la antesala? ¡Bonita me van a poner la alfombra! ¡A ver si os
+limpiáis las suelas antes de entrar!
+
+Hizo irrupción en la sala la orquesta callejera; pero al ver las niñas
+pobres la claridad del alumbrado, se detuvieron azoradas sin osar
+adelantarse. Lola, cogiendo de la mano a la que parecía capitanear el
+grupo, la trajo casi a la fuerza al centro de la estancia.
+
+--Entra, mujer... que pasen las otras.... A ver si nos cantáis los
+mejores villancicos que sepáis.
+
+Lo cierto es que la viva luz de las bujías, tan propicia a la hermosura,
+patentizaba y descubría cruelmente las fealdades de aquella tropa,
+mostrando los cutis cárdenos, fustigados por el cierzo; las ropas ajadas
+y humildes, de colores desteñidos; la descalcez y flacura de pies y
+piernas, todo el mísero pergenio de las cantoras. Entre estas las había
+de muy diversas edades, desde la directora, una ágil morenilla de
+catorce, hasta un rapaz de dos años y medio, todo muerto de vergüenza y
+temor, y un mamón de cinco meses, que por supuesto venía en brazos.
+
+--¡Hombre!--exclamó Borrén al ver a la morena.
+
+--¡Pues si es la chiquilla del barquillero! Somos conocidos antiguos,
+¿eh?
+
+--Sí, señor...--contestó ella intrépidamente--. La misma. Y yo le conocí
+a usted también. Es usted el que estaba en _las Filas_ el año pasado un
+día de fiesta.
+
+Como para los pobres suele no haber estaciones, Amparo tenía el mismo
+traje de tartán, pero muy deteriorado, y una toquilla de estambre rojo
+era la única prenda que indicaba el tránsito de la primavera al
+invierno. A despecho de tan mezquino atavío, no sé qué flor de
+adolescencia empezaba a lucir en su persona; el moreno de su piel era
+más claro y fino, sus ojos negros resplandecían.
+
+--¿Qué tal, eh?--murmuró Borrén volviéndose hacía Baltasar y Palacios--.
+Esto empieza a picar como las guindillas.... Miren ustedes para aquí.
+
+Y tomado un candelero lo acercó al rostro de la muchacha. Como Baltasar
+se había aproximado, sus pupilas se encontraron con las de Amparo, y
+esta vio una fisonomía delicada, casi femenil, de efebo; un bigotillo
+blondo incipiente, unos ojos entre verdosos y garzos que la registraban
+con indiferencia. Acordose, y sintió que se le arrebataba la sangre a
+las mejillas.
+
+--El señorito del paseo--balbució--. También me acuerdo de usted.
+
+--Y yo de ti, niña bonita--respondió él, por decir algo.
+
+--¿Quiere usted poner el candelero en su sitio, Borrén?--interpeló
+Josefina con voz aguda--. Me ha manchado usted todo el traje.
+
+--¡Mire usted qué graciosilla es esta, hombre!--advirtió Borrén
+señalando a Carmela la encajera, que tenía los ojos bajos--. Algo
+descolorida... pero graciosa.
+
+--¡Calle!--dijo la viuda de García...--. ¿Tú por aquí? Me llevarás
+mañana un pañuelo imitando Cluny....
+
+--¡La de las puntillas!--exclamó doña Dolores--. ¡Buena pieza! Ahora las
+hacéis muy mal, tú y tu tía.... Ponéis hilo muy gordo.
+
+--¡Se ve tan poco... los días son tan cortos! Y tiene una las manos
+frías; en hacer una cuarta de puntilla se va una mañana. Casi,
+descontando lo que nos cuesta el hilo, no sacamos para arrimar el
+puchero a la lumbre....
+
+Entre tanto Nisita se iba abriendo camino al través de piernas y sillas,
+hasta acercarse a la niña de ocho años que llevaba en brazos al rorro.
+
+--Un tiquito... un tiquito--gritaba la rubilla mirándole compadecida y
+embelesada--. Ámelo.
+
+--No podrás con él--respondía desdeñosamente la niñera.
+
+--Le oy teta--argüía Nisita haciendo el ademán correspondiente al
+ofrecimiento.
+
+--¿Quién os enseñó a cantar?--preguntó a la encajera la viuda de García.
+
+--Enseñar, nadie.... Nos reunimos nosotras. Tenemos un libro de versos.
+
+--¿Y andáis por ahí divirtiéndoos?
+
+--Divertir, no nos divertimos... hace frío--contestó Carmela con su voz
+cansada y dulce--. Es por llevar unos cuantos reales a la casa.
+
+--¡Mamá, Osepina, Loló!--vociferaba la rubilla--. Un tiquito, un nino
+Quetús. Mía, mía.
+
+Todos se volvieron y divisaron a la infeliz oruga humana, envuelta en un
+mantón viejísimo, con una gorra de lana morada, que aumentaba el tono de
+cera de su menuda faz, arrugada y marchita como la de un anciano por
+culpa de la mala alimentación y del desaseo. Sus ojuelos negros, muy
+abiertos, miraban en derredor con vago asombro, y de sus labios fluía un
+hilo de baba. La viuda de García, que era bonachona, lanzó una
+exclamación que corearon las niñas de Sobrado.
+
+--¡Jesús... angelito de Dios... tan pequeño, por esas calles y con este
+día! ¿Pero qué hace su madre?
+
+--Mi madre tiene tienda en la calle del Castillo.... Somos siete con
+este, y yo soy la mayor...--alegó a guisa de disculpa la que llevaba la
+criatura.
+
+--¡Jesús!... ¿Pero cómo hacéis para que no llore? ¿Y si tiene hambre?
+
+--Le meto la punta del pañuelo en la boca para que chupe.... Es muy
+listito, ya se entretiene mucho.
+
+Riéronse las niñas, y Lola tomó al nene en brazos.
+
+--¡Qué ligero!--pronunció--. ¡Si pesa más la muñeca grande de Nisita!
+
+Pasó de mano en mano el leve fardo, hasta llegar a Josefina, que lo
+devolvió a la portadora muy deprisa, declarando que olía mal.
+
+--No ven el agua ni una vez en el año--decía confidencialmente a su
+cuñado doña Dolores--y salen más fuertes que los nuestros. Yo,
+matándome, y sin poder conseguir que esa Lola se robustezca. Amparo
+observaba la sala, el piano de reluciente barniz, el menguado espejo,
+las conchas de Filipinas y aves disecadas que adornaban la consola, el
+juego de café con filete dorado, los trajes de las de García, el grupo
+imponente del sofá, y todo le parecía bello, ostentoso y distinguido, y
+sentíase como en su elemento, sin pizca ya de cortedad ni extrañeza.
+
+--¿Y tú, qué haces, señorita de Rosendez?--interrogó Baltasar--. ¿Andar
+de calle en calle canturreando? Bonito oficio, chica; me parece a mí que
+tú....
+
+--¿Y qué quiere que haga?--replicó ella.
+
+--Encajes, como tu amiguita.
+
+--¡Ay!, no me aprendieron.
+
+--¿Pues qué te _aprendieron_, hija? ¿Coser?
+
+--¡Bah! Tampoco. Así, unas puntaditas....
+
+--¿Pues qué sabes tú? ¿Robar los corazones?
+
+--Sé leer muy bien y escribir regular. Fui a la escuela, y decía el
+maestro que no había otra como yo. Le leo todos los días _La Soberanía
+Nacional_ al barbero de enfrente.
+
+--Pusiste una pica en Flandes. ¿No sabes más?
+
+--Liar puros.
+
+--¡Hola! ¿Eres cigarrera?
+
+--Fue mi madre.
+
+--Y tú, ¿por qué no?
+
+--No tengo quien me meta en la Fábrica.... Hacen falta empeños.
+
+--Pues mira este señor puede recomendarte casualmente.... Oiga usted.
+Borrén, ¿no es usted primo del contador de la Fábrica? Diga usted.
+
+--¡Hombre! es cierto. Del contador no, pero de su señora.... Es
+murciana, somos hijos de primos hermanos.
+
+--¡Magnífico! Dile tu nombre y tus señas, chica.
+
+--Sí, hija... se hará lo posible, ¿eh? Por servir a una morena tan
+sandunguera.... Vas a valer más pesetas con el tiempo.... Hombre, ¿no
+repara usted Baltasar, lo que ganó desde el año pasado?
+
+--Mucho más guapa está--declaró Baltasar.
+
+--¿Pero estas chiquillas no cantan?--interrumpió con dureza Josefina
+García--. ¿Han venido aquí a hacernos tertulia? Para eso, que se
+larguen. No se ganan los cuartos charlando.
+
+--¡A cantar!--contestaron resignadamente todas; y al punto redoblaron
+las castañuelas, repiquetearon los panderos, rechinaron las conchas,
+exhaló su estridente nota el triángulo de hierro, y diez voces mal
+concertadas entonaron un villancico:
+
+ _Los pastores en Belén_
+ _Todos a juntar en leña_
+ _Para calentar al Niño_
+ _Que nació en la Noche-Buena..._
+
+Y al llegar al estribillo:
+
+ _Toquen, toquen rabeles y gaitas,_
+ _Panderetas, tambores y flautas..._
+
+se armó un estrépito de dos mil diablos: chillaban y tocaban a la vez,
+con ambas manos, y aun hiriendo con los pies el suelo. Hasta el rorro,
+asustado por la bulla o desentumecido por el calor y vuelto a la
+conciencia de su hambre, se resolvió a tomar parte en el concierto. Las
+niñas de Sobrado y García, locas de regocijo, se asieron de las manos, y
+empezaron a bailar en rueda, con las trenzas flotantes y volanderas las
+enaguas. Nisita, igualitaria como nadie, cogió el parvulillo de dos años
+y lo metió en el corro, donde la pobre criatura hubo de danzar mal de su
+grado, soltando a cada paso sus holgadas babuchas. Borrén, por hacer
+algo, jaleó a las bailadoras. Aprovechando un momento de confusión, Lola
+se escurrió y volvió trayendo en la falda del vestido una mescolanza de
+naranjas, trozos de piñonate, almendras, bizcochos, pasas, galletas,
+relieves de la mesa amontonados a escape, que comenzó a distribuir con
+largueza y garbo. Doña Dolores saltó hecha una furia.
+
+--Esta chiquilla está loca..., me desperdicia todo... cosas finas... ¡y
+para quién, vean ustedes!... ¡Con una taza de caldo que les diesen!...
+¡Y el vestido... el vestido azul estropeado!
+
+Diciendo lo cual, se aproximó disimuladamente a Lola y le apretó con ira
+el brazo. Baltasar intercedió una vez más: era su santo, un día en el
+año. Sobrado padre tartamudeó también disculpas de su hija, a quien
+quería entrañablemente; y Borrén, siempre obsequioso, acabó de repartir
+las golosinas. Carmela la encajera y Amparo rehusaron con dignidad su
+parte; pero la chiquillería despachó su ración atragantándose, en las
+mismas barbas de doña Dolores, que consumó la venganza dando por
+terminados los villancicos y poniendo en la escalera a músicos y
+danzantes.
+
+
+
+
+-VI-
+
+Cigarros puros
+
+
+Hizo Borrén, la recomendación a su prima, que se la hizo al contador,
+que se la hizo al jefe, y Amparo fue admitida en la Fábrica de cigarros.
+El día en que recogió el nombramiento hubo en casa del barquillero la
+fiesta acostumbrada en casos semejantes, fiesta no inferior a la que
+celebrarían si se casase la muchacha. Hizo la madre decir una misa a
+Nuestra Señora del Amparo, patrona de las cigarreras; y por la tarde
+fueron convidados a un asiático festín el barbero de enfrente, Carmela,
+su tía, y la señora Porreta la comadrona: hubo empanada de sardina,
+bacalao, vino de Castilla, anís y caña a discreción, rosoli, una enorme
+fuente de papas de arroz con leche.
+
+Privado de la ayuda de Amparo, el barquillero había tomado un aprendiz,
+hijo de una lavandera de las cercanías. Jacinto, o _Chinto_, tenía
+facciones abultadas e irregulares, piel de un moreno terroso, ojos
+pequeños y a flor de cara: en resumen, la fealdad tosca de un villano
+feudal. Sirvió a la mesa, escanció, y fue la diversión de los
+comensales, por sus largas melenas, semejantes a un ruedo, que le comían
+la frente; por su faja de lana, que le embastecía la ya no muy quebrada
+cintura; por su andar torpe y desmañado, análogo al de un moscardón
+cuando tiene las patas untadas de almíbar; por su puro dialecto de las
+Rías Saladas, que provocaba la hilaridad de aquella urbana reunión. El
+barbero, que era _leído, escribido_ y muy redicho; la encajera, que la
+daba de fina, y la comadrona, que gastaba unos chistes del tamaño de su
+panza, compitieron en donaire burlándose de la rusticidad del mozo.
+Amparo ni lo miró, tan ridículo le había parecido la víspera cuando
+entró llorando, trayéndolo medio arrastro su madre: Carmela fue la única
+que le habló humanamente, y le dijo el nombre de dos o tres cosas, que
+él preguntaba sin lograr más respuesta que bromas y embustes. Así que
+todos manducaron a su sabor, echaron las sobras revueltas en un plato,
+como para un perro, y se las dieron al paisanillo, que se acostó ahíto,
+roncando formidablemente hasta el otro día.
+
+Amparo madrugó para asistir a la Fábrica. Caminaba a buen paso, ligera y
+contenta como el que va a tomar posesión del solar paterno. Al subir la
+cuesta de San Hilario, sus ojos se fijaban en el mar, sereno y franjeado
+de tintas de ópalo, mientras pensaba en que iba a ganar bastante desde
+el primer día, en que casi no tendría aprendizaje, porque al fin los
+puros la conocían, su madre le había enseñado a envolverlos, poseía los
+heredados chismes del oficio, y no le arredraba la tarea. Discurriendo
+así, cruzó la calzada y se halló en el patio de la Fábrica, la vieja
+_Granera_. Embargó a la muchacha un sentimiento de respeto. La magnitud
+del edificio compensaba su vetustez y lo poco airoso de su traza; y para
+Amparo, acostumbrada a venerar la Fábrica desde sus tiernos años,
+poseían aquellas murallas una aureola de majestad, y habitaba en su
+recinto un poder misterioso, el Estado, con el cual sin duda era ocioso
+luchar, un poder que exigía obediencia ciega, que a todas partes
+alcanzaba y dominaba a todos. El adolescente que por vez primera huella
+las aulas experimenta algo parecido a lo que sentía Amparo.
+
+Pudo tanto en ella este temor religioso, que apenas vio quién la
+recibía, ni quién la llevaba a su puesto en el taller. Casi temblaba al
+sentarse en la silla que le adjudicaron. En derredor suyo, las operarias
+alzaban la cabeza, ojos curiosos y benévolos se fijaban en la novicia.
+La maestra del partido estaba ya a su lado, entregándole con solicitud
+el tabaco, acomodando los chismes, explicándole detenidamente cómo había
+de arreglarse para empezar. Y Amparo, en un arranque de orgullo, atajaba
+a las explicaciones con un «ya sé cómo» que la hizo blanco de miradas.
+Sonriose la maestra y le dejó liar un puro, lo cual ejecutó con bastante
+soltura; pero al presentarlo acabado, la maestra lo tomó y oprimió entre
+el pulgar y el índice, desfigurándose el cigarro al punto.
+
+--Lo que es saber, como lo material de saber, sabrás...--dijo alzando
+las cejas--. Pero si no despabilas más los dedos... y si no le das más
+hechurita.... Que así, parece un espanta-pájaros.
+
+--Bueno--murmuró la novicia confusa--: nadie nace aprendido.
+
+--Con la práctica...--declaró la maestra sentenciosamente, mientras se
+preparaba a unir el ejemplo a la enseñanza--. Mira, así... a modito....
+
+No valía apresurarse. Primero era preciso extender con sumo cuidado,
+encima de la tabla de liar, la envoltura exterior, la epidermis del
+cigarro, y cortarla con el cuchillo trazando una curva de quince
+milímetros de inclinación sobre el centro de la hoja para que ciñese
+exactamente el cigarro; y esta capa requería una hoja seca, ancha y
+fina, de lo más selecto: así como la dermis del cigarro, el _capillo_,
+ya la admitía de inferior calidad, lo propio que la tripa o cañizo. Pero
+lo más esencial y difícil era rematar el puro, hacerle la punta con un
+hábil giro de la yema del pulgar y una espátula mojada en líquida goma,
+cercenándole después el rabo de un tijeretazo veloz. La punta aguda, el
+cuerpo algo oblongo, la capa liada en elegante espiral, la tripa no tan
+apretada que no deje respirar el humo ni tan floja que el cigarro se
+arrugue al secarse, tales son las condiciones de una buena tagarnina.
+Amparo se obstinó todo el día en fabricarla, tardando muchísimo en
+elaborar algunas, cada vez más contrahechas, y estropeando malamente la
+hoja. Sus vecinas de mesa le daban consejos oficiosos: había discordia
+de pareceres: las viejas le encomendaban que cortase la capa más ancha,
+porque sale el cigarro mejor formado y porque «así lo habían hecho ellas
+toda la vida»; y las jóvenes, que más estrecha, que se enrolla más
+pronto. Al salir de la Fábrica, le dolía a Amparo la nuca, el espinazo,
+el pulpejo de los dedos.
+
+Poco a poco fue habituándose y adquiriendo destreza. Lo peor era que la
+afligía la nostalgia de la calle, no acertando a hacerse a la prolija
+jornada de trabajo sedentario. Para Amparo la calle era la patria, el
+paraíso terrenal. La calle le brindaba mil distracciones, de balde
+todas. Nadie le vedaba creer que eran suyos los lujosos escaparates de
+las tiendas, los tentadores de las confiterías, las redomas de color de
+las boticas, los pintorescos tinglados de la plaza; que para ella
+tocaban las murgas, los organillos, la música militar en los paseos,
+misas y serenatas; que por ella se revistaba la tropa y salía precedido
+de sus maceros con blancas pelucas el Excelentísimo Ayuntamiento. ¿Quién
+mejor que ella gozaba del aparato de las procesiones, del suelo sembrado
+de espadaña, del palio majestuoso, de los santos que se tambalean en las
+andas, de la Custodia cubierta de flores, de la hermosa Virgen con manto
+azul sembrado de lentejuelas? ¿Quién lograba ver más de cerca al capitán
+general portador del estandarte, a los señores que alumbraban, a los
+oficiales que marcaban el paso en cadencia? Pues, ¿y en Carnaval? Las
+mascaradas caprichosas, los confites arrojados de la calle a los
+balcones, y viceversa, el entierro de la sardina, los cucuruchos de
+dulce de la piñata, todo lo disfrutaba la hija de la calle. Si un
+personaje ilustre pasaba por Marineda, a Amparo pertenecía durante el
+tiempo de su residencia: a fuerza de empellones la chiquilla se colocaba
+al lado del infante, del ministro, del hombre célebre; se arrimaba al
+estribo de su coche, respiraba su aliento, inventariaba sus dichos y
+hechos.
+
+¡La calle! ¡Espectáculo siempre variado y nuevo, siempre concurrido,
+siempre abierto y franco! No había cosa más adecuada al temperamento de
+Amparo, tan amiga del ruido, de la concurrencia, tan bullanguera,
+meridional y extremosa, tan amante de lo que relumbraba. Además, como
+sus pulmones estaban educados en la gimnasia del aire libre, se deja
+entender la opresión que experimentarían en los primeros tiempos de
+cautiverio en los talleres, donde la atmósfera estaba saturada del olor
+ingrato y herbáceo del Virginia humedecido y de la hoja medio verde,
+mezclado con las emanaciones de tanto cuerpo humano y con el fétido vaho
+de las letrinas próximas. Por otra parte, el aspecto de aquellas grandes
+salas de cigarros comunes era para entristecer el ánimo. Vastas
+estanterías de madera ennegrecida por el uso, colocadas en el centro de
+la estancia, parecían hileras de nichos. Entre las operarias, alineadas
+a un lado y a otro, había sin duda algunos rostros jóvenes y lindos;
+pero así como en una menestra se destaca la legumbre que más abunda, en
+tan enorme ensalada femenina no se distinguían al pronto sino greñas
+incultas, rostros arados por la vejez o curtidos por el trabajo, manos
+nudosas como ramas de árbol seco.
+
+El colorido de los semblantes, el de las ropas y el de la decoración se
+armonizaba y fundía en un tono general de madera y tierra, tono a la vez
+crudo y apagado, combinación del castaño mate de la hoja, del amarillo
+sucio de la vena, del dudoso matiz de los serones de esparto, de la
+problemática blancura de las enyesadas paredes, y de los tintes sordos,
+mortecinos al par que discordantes, de los pañuelos de cotonía, las
+sayas de percal, los casacos de paño, los mantones de lana y los
+paraguas de algodón. Amparo se perecía por los colores vivos y fuertes,
+hasta el extremo de pasarse a veces una hora delante de algún escaparate
+contemplando una pieza de seda roja: así es que los primeros días, el
+taller con su colorido bajo le infundía ganas de morirse. Pero no tardó
+en encariñarse con la Fábrica, en sentir ese orgullo y apego
+inexplicables que infunde la colectividad y la asociación, la
+fraternidad del trabajo. Fue conociendo los semblantes que la rodeaban,
+tomándose interés por algunas operarias, señaladamente por una madre y
+una hija que se sentaban a su lado. Medio ciega ya y muy temblona de
+manos, la madre no podía hacer más que _niños_, o sea la envoltura del
+cigarro; la hija se encargaba de las puntas y del corte, y entre las dos
+mujeres despachaban bastante, siendo muy de notar la solicitud de la
+hija y el afecto que se manifestaban las dos, sin hablarse, en mil
+pormenores, en el modo de pasarse la goma, de enseñarse el mazo
+terminado y sujeto ya con su faja de papel, de partir la moza la comida
+con su navaja, y de acercarla a los labios de la vieja.
+
+Otra causa para que Amparo se reconciliase del todo con la Fábrica, fue
+el hallarse en cierto modo emancipada y fuera de la patria potestad
+desde su ingreso. Es verdad que daba a sus padres algo de las ganancias,
+pero reservándose buena parte; y como la labor era a destajo, en las
+yemas de los dedos tenía el medio de acrecentar sus rentas, sin que
+nadie pudiese averiguar si cobraba ocho o cobraba diez. Desde el día de
+su entrada vestía el traje clásico de las cigarreras: el mantón, el
+pañuelo de seda para solemnidades, la falda de percal planchada y con
+cola.
+
+
+
+
+-VII-
+
+Preludios
+
+
+Tardó Chinto en aclimatarse: mucho tiempo pasó echando de menos la
+aldea. Dos cosas ayudaron a distraer su morriña: un amolador, que se
+situaba bajo los soportales de la calle de Embarcaderos, y el mar.
+Cuantos momentos tenía libres el paisanillo, dedicábalos a la
+contemplación de alguno de sus dos amores. No se cansaba jamás de ver
+los altibajos de la pierna del amolador, el girar sin fin de la rueda,
+el rápido saltar de las chispas y arenitas al contacto del metal, ni de
+oír el _¡rsss!_ del hierro cuando el asperón lo mordía. Tampoco se
+hartaba de mirar al mar, encontrándolo siempre distinto: unas veces
+ataviado con traje azul claro, otras, al amanecer, semejante a estaño en
+fusión; por la tarde, al ocaso, parecido a oro líquido, y de noche,
+envuelto en túnica verde oscura listada de plata. ¡Y cuando entraban y
+salían las embarcaciones! Ya era un gallardo bergantín, alzando sus dos
+palos y su cuadrado velamen; ya una graciosa goleta, con su cangreja
+desplegada, rozando las olas como una gaviota; ya un paquete, con sus
+alas de espuma en los talones y su corona de humo en la frente; ya un
+fino laúd; ya un elegante esquife; sin nombrar las lanchas pescadoras,
+los pesados lanchones, los galeones panzudos, los botes que volaban al
+golpe acompasado de los remos.... Si Chinto no fuese un animal, podría
+alegar en su abono que el Océano y el voltear de una rueda son imágenes
+apropiadas de lo infinito; pero Chinto no entendía de metafísicas.
+
+Más adelante, al reparar en Amparo, se halló mejor en el pueblo. Si algo
+se burlaba de él la despabilada chiquilla, al fin era una muchacha, un
+rostro juvenil, una voz fresca y sonora. Entre el señor Rosendo y su
+triste laconismo; la tullida y su tiranía doméstica; Pepa la comadrona,
+que lo asustaba de puro gorda, y lo crucificaba a chistes, o Amparo,
+desde luego se declararon por esta sus simpatías. Todas las tardes, con
+el cilindro de hojalata terciado al hombro, iba a buscarla a la salida
+de la Fábrica. Esperaba rodeado de madres que aguardaban a sus hijas, de
+niños que llevaban la comida a sus madres, de gente pobre, que rara vez
+hacía gasto de barquillos, como no fuese por la exorbitante cantidad de
+un octavo o un cuarto. No obstante, Chinto no faltaba un solo día a su
+puesto.
+
+Algo variado en su exterior estaba el aprendiz. Patizambo como siempre,
+era en sus movimientos menos brutal. La vida ciudadana le había enseñado
+que un cuerpo humano no puede tomarse todo el espacio por suyo, antes
+necesita ceñirse a que otros cuerpos transiten por los mismos lugares
+que él. Chinto dejaba, pues, más hueco, se recogía, no se balanceaba
+tanto. La blusa de cutí azul dibujaba sus recias espaldas, descubriendo
+cuello y manos morenas; ancho sombrerón de detestable fieltro gris
+honraba su cabeza, monda y lironda ya por obra y gracia del barbero.
+
+Una hermosa tarde estival aguardaba a Amparo muy ufano, porque en los
+bolsillos de la blusa le traía melocotones, adquiridos en la plaza con
+sus ahorros. Como un cuarto de hora llevaban de ir saliendo las
+operarias ya, y la hija del barquillero sin aparecer. Gran animación a
+la puerta, donde se estableciera un mercadillo; no faltaba el puesto de
+cintas, dedales, hilos, alfileres y agujas; pero lo dominante era el
+marisco, cestas llenas de mejillones cocidos ya, esmaltados de negro y
+naranja; de erizos verdosos y cubiertos de púas, de percebes arracimados
+y correosos, de argentadas sardinas, y de mil menudos frutos de mar,
+bocinas, lapas, almejas, calamares que dejaban pender sus esparcidos
+tentáculos como patas de arañas muertas. Semejante cuadro, cuyo fondo
+era un trozo de mar sereno, un muelle de piedras desiguales, una ribera
+peñascosa, tenía mucho de paisaje napolitano, completando la analogía
+los trajes y actitudes de los pescadores que no muy lejos tendían al sol
+redes para secarlas. De pie, en el umbral del patio, un ciego se
+mantenía inmóvil, muerta la cara, mal afeitadas las barbas que le
+azuleaban las mejillas, lacio y en trova el grasiento pelo, tendiendo un
+sombrero abollado, donde llovían cuartos y mendrugos en abundancia.
+
+Miraba Chinto a la bahía con la boca abierta, y cuando al fin salió
+Amparo, no pudo verla: ella en cambio le divisó desde lejos, y veloz
+como una saeta, varió de rumbo, tomando por la insigne calle del Sol,
+que componen media docena de casas gibosas y dos tapias coronadas de
+hierba y alelíes silvestres. Corrió hasta alcanzar el camino del
+Crucero, y dejándolo a un lado, atravesó a la carretera y a la cuesta de
+San Hilario, donde refrenó el paso creyéndose en salvo ya. ¡También era
+manía la del zopenco aquel, de no dejarla a sol ni a sombra, y darle
+escolta todas las tardes! ¡Y como su compañía era tan divertida, y como
+él hablaba tan graciosamente, que no parece sino que tenía la boca llena
+de engrudo, según se le pegaban las palabras a la lengua! Así discurría
+Amparo, mientras bajaba hacia la Puerta del Castillo, defendida todavía,
+como _in illo tempore_, por su puente levadizo y sus cadenas
+rechinantes.
+
+Al propio tiempo subían unas señoras, con las cuales se cruzó la
+cigarrera. Iban casi en orden hierático; delante las niñas de corto,
+entre quienes descollaba Nisita, ya espigada, provista de una gran
+pelota; luego el grupo de las casaderas, Josefina García, Lola Sobrado,
+luciendo sus mantillas y sus colas recientes; los flancos de este
+pelotón los reforzaban Baltasar y Borrén, y como Baltasar no se había de
+poner al ladito de su hermana, tocábale ir cerca de Josefina. Cerraban
+la marcha la viuda de García y doña Dolores, ésta carilarga y
+erisipelatosa de cutis, la viuda sin tocas ni lutos, antes muy
+empavesada de colores alegres.
+
+Los destellos del sol poniente, muriendo en las aguas de la bahía,
+alumbraron a un tiempo a Baltasar y a Amparo, haciendo que mutuamente se
+viesen y se mirasen. El mancebo, con su bigote blondo, su pelo rubio, su
+tez delicada y sanguínea, el brillo de sus galones que detenían los
+últimos fulgores del astro, parecía de oro; y la muchacha, morena, de
+rojos labios, con su pañuelo de seda carmesí, y las olas encendidas que
+servían de marco a su figura, semejaba hecha de fuego. Ambos se miraron
+en un instante, instante muy largo, durante el cual se creyeron
+envueltos en la irradiación de una atmósfera de luz, calor y vida. Al
+dejar de contemplarse, fuese que el esplendor del ocaso es breve y se
+extingue luego, fuese por otras causas íntimas y psicológicas,
+imaginaron que sentían un hálito frío y que empezaba a anochecer. Oyose
+la palabra ronca de Borrén el inaguantable.
+
+--¿La has visto?
+
+--¿A quién?--balbució el teniente Baltasar, que fingía considerar con
+suma atención la punta de sus botas, por no encontrarse con la ojeada
+investigadora de Josefina.
+
+--¿A la chiquilla del barquillero... a la cigarrera?
+
+--¿Cuál? ¿Era esa que pasaba?--contestó al fin aceptando la situación.
+
+--Sí, hombre, ésa.... ¿Qué tal? ¿Tengo buen ojo?
+
+--Yo también la conocí--pronunció Josefina, cuya voz de tiple ascendía
+al tono sobreagudo.
+
+--A mí no me ha saludado...--añadió Borrén--. No me conoció tal vez... y
+eso que yo la metí en la Granera... yo la recomendé. ¡Bien dije siempre
+que había de ser una chica preciosa! Lo que es de otra cosa no
+entenderé, hombre; pero de ese género.... ¿Qué les pareció a ustedes?
+
+--¿A mí?--murmuró Josefina entre dientes y con agresivo silbido de
+vocales--. No me pregunte usted, Borrén.... Esas mujeres ordinarias me
+parecen todas iguales, cortadas por el mismo patrón. Morena... muy
+basta.
+
+--¡Ave María, Josefina!--dijo escandalizada Lola Sobrado--. No tuviste
+tiempo de verla: es hermosa y reúne mucha gracia. Fíjate otra vez en
+ella... si vuelve a pasar, te daré al codo.
+
+--No te molestes... no merece la pena; es el tipo de una cocinera como
+todas las de su especie.
+
+Baltasar hallaba incómoda la conversación y buscaba un pretexto para
+cambiarla. Atravesaban por delante de un campo cubierto de hierba
+marchita, especie de landa estéril cercada por lienzos de muralla de las
+fortificaciones. Había allí una parada de borricos de alquiler, que
+aguardaban pacíficamente, con las orejas gachas, a sus acostumbrados
+parroquianos, mientras los burreros y espoliques, sentados en el
+malecón, jugaban con sus varas, departían amigablemente, y picando con
+la uña un cigarro de a cuarto, abrumaban a ofrecimientos a los
+transeúntes.
+
+--¿Un burro, señorito? ¿Un burro precioso? ¿Un burro mejor que los
+caballos? ¿Vamos a Aldeaparda? ¿Vamos a la Erbeda?
+
+Acercose Baltasar a las niñas de corto, y dijo a Nisita:
+
+--¿Una vuelta por el campo?
+
+A la chiquilla se la encandilaron los ojos, y soltando la pelota, echó
+los brazos al teniente con sonrisa zalamera. Baltasar la aupó,
+colocándola sobre los lomos de un asnillo, que aún tenía puestas jamugas
+de dorados clavos. Y tomando la vara de manos del alquilador, comenzó a
+arrear... «¡Arre, burro!, ¡arre!, ¡arre!, ¡arre!, ¡arre!».
+
+Amparo, al llegar a la entrada de _las Filas_, sintió detrás de sí una
+respiración anhelosa y como el trotar de una acosada alimaña montés, y
+casi al mismo tiempo emparejó con ella Chinto, sudoroso y jadeante. La
+perseguida se volvió desdeñosamente, fulminando al perseguidor una
+mirada de despide-huéspedes.
+
+--¿Para qué corres así, majadero?--díjole en desabrido tono--. ¿Si
+creerás que me escapo? Cuidado que....
+
+--Allí...--contestó él echando los bofes, tal era su
+sobrealiento...--allí... porque no te vinieses sin compaña... allí...
+¡yo me entretuve con el vapor de la Habana, que salía... más bonito,
+conchas!, ¡humo que echaba! ¿Por dónde viniste que no te vi?
+
+--Por donde me dio la gana, ¡repelo! Y ya te aviso que no me vuelvas a
+pudrir la sangre con tus compañías.... ¿Soy yo aquí alguna niña pequeña?
+Anda a vender barquillos, que ahí en el paseo hay quien compre, y en la
+Fábrica maldito si sacas un real en toda la tarde....
+
+
+
+
+-VIII-
+
+La chica vale un Perú
+
+
+Mal que le pese a Josefina y a todas las señoritas de Marineda, las
+profecías de Borrén se han cumplido. No se equivoca un inteligente como
+él al calificar una obra maestra. Sucede con la mujer lo que con las
+plantas. Mientras dura el invierno, todas nos parecen iguales; son
+troncos inertes; viene la savia de la primavera, las cubre de botones,
+de hojas, de flores, y entonces las admiramos. Pocos meses bastan para
+trasformar al arbusto y a la mujer. Hay un instante crítico en que la
+belleza femenina toma consistencia, adquiere su carácter, cristaliza por
+decirlo así. La metamorfosis es más impensada y pronta en el pueblo que
+en las demás clases sociales. Cuando llega la edad en que
+invenciblemente desea agradar la mujer, rompe su feo capullo, arroja la
+librea de la miseria y del trabajo, y se adorna y aliña por instinto.
+
+El día en que «unos señores» dijeron a Amparo que era bonita, tuvo la
+andariega chiquilla conciencia de su sexo: hasta entonces había sido un
+muchacho con sayas. Ni nadie la consideraba de otro modo: si algún
+granuja de la calle le recordó que formaba parte de la mitad más bella
+del género humano, hízolo medio a cachetes, y ella rechazó a puñadas,
+cuando no a coces y mordiscos, el bárbaro requiebro. Cosas todas que no
+le quitaban el sueño ni el apetito. Hacía su tocado en la forma sumaria
+que conocemos ya; correteaba por plazas, caminos y callejuelas; se metía
+con las señoritas que llevaban alguna moda desusada, remiraba
+escaparates, curioseaba ventaneros amoríos, y se acostaba rendida y sin
+un pensamiento malo.
+
+Ahora... ¿quién le dijo a ella que el aseo y compostura que gastaba no
+eran suficientes? ¡Vaya usted a saber! El espejo no, porque ninguno
+tenían en su casa. Sería un espejo interior, clarísimo, en que ven las
+mujeres su imagen propia y que jamás las engaña. Lo cierto es que
+Amparo, que seguía leyéndole al barbero periódicos progresistas, pidió
+el sueldo de la lectura en objetos de tocador. Y reunió un ajuar digno
+de la reina, a saber: un escarpidor de cuerno y una lendrera de boj; dos
+paquetes de horquillas, tomadas de orín; un bote de pomada de rosa;
+medio jabón _aux amandes amères_, con pelitos de la barba de los
+parroquianos, cortados y adheridos todavía; un frasco, casi vacío, de
+esencia de heno, y otras baratijas del mismo jaez. Amalgamando tales
+elementos logró Amparo desbastar su figura y sacarla a luz, descubriendo
+su verdadero color y forma, como se descubre la de la legumbre enterrada
+al arrancarla y lavarla. Su piel trabó amistosas relaciones con el agua,
+y libre de la capa del polvo que atascaba sus poros finos, fue el cutis
+moreno más suave, sano y terso que imaginarse pueda. No era tostado, ni
+descolorido, ni encendido tampoco; de todo tenía, pero con su cuenta y
+razón, y allí donde convenía que lo tuviese. La mocedad, la sangre rica,
+el aire libre, las amorosas caricias del sol, habíanse dado la mano para
+crear la coloración magnífica de aquella tez plebeya. La lisura de ágata
+de la frente; el bermellón de los carnosos labios; el ámbar de la nuca,
+el rosa trasparente del tabique de la nariz; el terciopelo castaño del
+lunar que travesea en la comisura de la boca; el vello áureo que
+desciende entre la mejilla y la oreja y vuelve a aparecer, más apretado
+y oscuro, en el labio superior, como leve sombra al difumino cosas eran
+para tentar a un colorista a que cogiese el pincel e intentase
+copiarlas. Gracias sin duda a la pomada, el pelo no se quedó atrás y
+también se mostró cual Dios lo hizo, negro, crespo, brillante. Sólo dos
+accesorios del rostro no mejoraron, tal vez porque eran inmejorables:
+ojos y dientes, el complemento indispensable de lo que se llama un _tipo
+moreno_. Tenía Amparo por ojos dos globos, en que el azulado de la
+córnea, bañado siempre en un líquido puro, hacía resaltar el negror de
+la ancha pupila, mal velada por cortas y espesas pestañas. En cuanto a
+los dientes, servidos por un estómago que no conocía la gastralgia,
+parecían treinta y dos grumos de cuajada leche, graciosísimamente
+desiguales y algo puntiagudos, como los de un perro cachorro.
+
+Observándose, no obstante, en tan gallardo ejemplar femenino rasgos
+reveladores de su extracción: la frente era corta, un tanto arremangada
+la nariz, largos los colmillos, el cabello recio al tacto, la mirada
+directa, los tobillos y muñecas no muy delicados. Su mismo hermoso cutis
+estaba predestinado a inyectarse, como el del señor Rosendo, que allá en
+la fuerza de la edad había sido, al decir de las vecinas y de su mujer,
+guapo mozo. Pero, ¿quién piensa en el invierno al ver el arbusto
+florido? Si Baltasar no rondó desde luego las inmediaciones de la
+Fábrica, fue que destinaron a Borrén por algún tiempo a Ciudad Real, y
+temió aburrirse yendo solo.
+
+
+
+
+-IX-
+
+La Gloriosa
+
+
+Ocurrió poco después en España un suceso que entretuvo a la nación siete
+años cabales, y aún la está entreteniendo de rechazo y en sus
+consecuencias, a saber: que en vez de los pronunciamientos chicos
+acostumbrados, se realizó otro muy grande, llamado Revolución de
+Setiembre de 1868.
+
+Quedose España al pronto sin saber lo que le pasaba y como quien ve
+visiones. No era para menos. ¡Un pronunciamiento de veras, que derrocaba
+la dinastía! Por fin el país había hecho una hombrada, o se la daban
+hecha: mejor que mejor para un pueblo meridional. De todo se encargaban
+marina, ejército, progresistas y unionistas. González Bravo y la Reina
+estaban ya en Francia cuando aún ignoraba la inmensa mayoría de los
+españoles si era el Ministerio o los Borbones quienes caían «para
+siempre», según rezaban los famosos letreros de Madrid. No obstante, en
+breve se persuadió la nación de que el caso era serio, de que no sólo la
+raza Real, sino la monarquía misma, iban a andar en tela de juicio, y
+entonces cada quisque se dio a alborotar por su lado. Sólo guardaron
+reserva y silencio relativo aquellos que al cabo de los siete años
+habían de llevarse el gato al agua.
+
+Durante la deshecha borrasca de ideas políticas que se alzó de pronto,
+observose que el campo y las ciudades situadas tierra adentro se
+inclinaron a la tradición monárquica, mientras las poblaciones fabriles
+y comerciales, y los puertos de mar, aclamaron la república. En la costa
+cantábrica, el Malecón y Marineda se distinguieron por la abundancia de
+comités, juntas, _clubs_, proclamas, periódicos y manifestaciones. Y es
+de notar que desde el primer instante la forma republicana invocada fue
+la federal. Nada, la unitaria no servía: tan sólo la federal brindaba al
+pueblo la beatitud perfecta. ¿Y por qué así? ¡Vaya a saber! Un escritor
+ingenioso dijo más adelante que la república federal no se le hubiera
+ocurrido a nadie para España si Proudhon no escribe un libro sobre el
+principio federativo y si Pi no le traduce y le comenta. Sea como sea, y
+valga la explicación lo que valiere, es evidente que el federalismo se
+improvisó allí y doquiera en menos que canta un gallo.
+
+La Fábrica de Tabacos de Marineda fue centro simpatizador (como ahora se
+dice) para _la federal_. De la colectividad fabril nació la
+confraternidad política; a las cigarreras se les abrió el horizonte
+republicano de varias maneras: por medio de la propaganda oral, a la
+sazón tan activa, y también, muy principalmente, de los periódicos que
+pululaban. Hubo en cada taller una o dos lectoras; les abonaban sus
+compañeras el tiempo perdido, y adelante. Amparo fue de las más
+apreciadas, por el sentido que daba a la lectura; tenía ya adquirido
+hábito de leer, habiéndolo practicado en la barbería tantas veces. Su
+lengua era suelta, incansable su laringe, robusto su acento. Declamaba,
+más bien que leía, con fuego y expresión, subrayando los pasajes que
+merecían subrayarse, realzando las palabras de letra bastardilla,
+añadiendo la mímica necesaria cuando lo requería el caso, y comenzando
+con lentitud y misterio, y en voz contenida, los párrafos importantes,
+para subir la ansiedad al grado eminente y arrancar involuntarios
+estremecimientos de entusiasmo al auditorio, cuando adoptaba entonación
+más rápida y vibrante a cada paso. Su alma impresionable, combustible,
+móvil y superficial, se teñía fácilmente del color del periódico que
+andaba en sus manos, y lo reflejaba con viveza y fidelidad
+extraordinarias. Nadie más a propósito para un oficio que requiere gran
+fogosidad, pero externa; caudal de energía incesantemente renovado y
+disponible para gastarlo en exclamaciones, en escenas de indignación y
+de fanática esperanza. La figura de la muchacha, el brillo de sus ojos,
+las inflexiones cálidas y pastosas de su timbrada voz de contralto,
+contribuían al sorprendente efecto de la lectura.
+
+Al comunicar la chispa eléctrica, Amparo se electrizaba también. Era a
+la vez sujeto agente y paciente. A fuerza de leer todos los días unos
+mismos periódicos, de seguir el flujo y reflujo de la controversia
+política, iba penetrando en la lectora la convicción hasta los tuétanos.
+La fe virgen con que creía en la prensa era inquebrantable, porque le
+sucedía con el periódico lo que a los aldeanos con los aparatos
+telegráficos: jamás intentó saber cómo sería por de dentro; sufría sus
+efectos, sin analizar sus causas. ¡Y cuánto se sorprendería la fogosa
+lectora si pudiese entrar en una redacción de diario político, ver de
+qué modo un artículo trascendental y furibundo se escribe cabeceando de
+sueño, en la esquina de la mugrienta mesa, despachando una chuleta o una
+ración de merluza frita! La lectora, que tomaba al pie de la letra
+aquello de «Cogemos la pluma trémulos de indignación», y lo otro de «La
+emoción ahoga nuestra voz, la vergüenza enrojece nuestra faz», y hasta
+lo de «Y si no bastan las palabras, ¡corramos a las armas y derramemos
+la última gota de nuestra sangre!».
+
+Lo que en el periódico faltaba de sinceridad sobraba en Amparo de
+crédulo asentimiento. Acostumbrábase a pensar en estilo de artículo de
+fondo y a hablar lo mismo: acudían a sus labios los giros trillados, los
+lugares comunes de la prensa diaria, y con ellos aderezaba y componía su
+lenguaje. Iba adquiriendo gran soltura en el hablar; es verdad que
+empleaba a veces palabras y hasta frases enteras cuyo sentido exacto no
+le era patente, y otras las trabucaba; pero hasta en eso se parecía a la
+desaliñada y antiliteraria prensa de entonces. ¡Daba tanto que hacer la
+revuelta y absorbente política, que no había tiempo para escribir en
+castellano! Ello es que Amparo iba teniendo un pico de oro; se la
+estaría uno escuchando sin sentir cuando trataba de ciertas cuestiones.
+El taller entero se embelesaba oyéndola, y compartía sus afectos y sus
+odios. De común acuerdo, las operarias detestaban a Olózaga, llamándole
+«el viejo del borrego» porque andaba el muy indino buscando un rey que
+no nos hacía maldita la falta... sólo por cogerse él para sí embajadas y
+otras prebendas; hablar de González Bravo era promover un motín; con
+Prim estaban a mal, porque se inclinaba a la forma monárquica; a Serrano
+había que darle de codo; era un ambicioso hipócrita, muy capaz, si
+pudiese, de hacerse rey o emperador, cuando menos.
+
+Creció la efervescencia republicana mientras que trascurría el primer
+invierno revolucionario; al acercarse el verano subió más grados aún el
+termómetro político en la Fábrica. En el curso de horas de sol, sin
+embargo, decaía la conversación, y entre tanto la atmósfera se cargaba
+de asfixiantes vapores y espesaba hasta parecer que podía cortarse con
+cuchillo. Penetrantes efluvios de nicotina subían de los serones llenos
+de seca y prensada hoja. Las manos se movían a impulsos de la necesidad,
+liando tagarninas; pero los cerebros rehuían el trabajo, abrumador del
+pensamiento; a veces una cabeza caía inerte sobre la tabla de liar, y
+una mujer, rendida de calor, se quedaba sepultada en sueño profundo. Más
+felices que las demás, las que espurriaban la hoja, sentadas a la turca
+en el suelo, con un montón de tabaco delante, tenían el puchero de agua
+en la diestra, y al rociar, muy hinchadas de carrillos, el Virginia, las
+consolaba un aura de frescura. Tendidas las barrenderas al lado del
+montón de polvo que acababan de reunir, roncaban con la boca abierta y
+se estremecían de gusto cuando la suave llovizna les salpicaba el
+rostro. Revoloteaban las moscas con porfiado zumbido, y ya se unían en
+el aire y caían rápidamente sobre la labor o las manos de las operarias,
+ya se prendían las patas en la goma del tarrillo, pugnando en balde por
+alzar el vuelo. Andaban esparcidos por las mesas, y mezclados con el
+tabaco, pedazos de borona, tajadas de bacalao crudo, cebollas, sardinas
+arenques. Con semejante temperatura, ¿quién había de tener ganas de
+comerse la pitanza?
+
+Por fin, a eso de las cuatro de la tarde, la refrigerante brisa marina
+comenzaba a correr, dilatábanse los oprimidos pechos, los dientes
+funcionaban despachando los humildes manjares, y le tocaba su turno a la
+lectura política.
+
+Leíanse publicaciones de Madrid y periódicos locales. En la prensa de la
+Corte se llevaban la palma los discursos de Castelar, por entonces muy
+distante de haberse gastado. ¡Cuánta palabra linda, y qué bien que
+enganchaban unas en otras! Parecían versos. Es verdad que la mayor parte
+no se entendían, y que danzaban por allí nombres tan raros, que sólo el
+demonio de Amparo podía leerlos de corrido; mas no le hace: lo que es
+bonito, era muy bonito aquello. Y bien se colegía que la sustancia del
+discurso era a favor del pueblo y contra los tiranos, de suerte que lo
+demás se tomaba por adorno y delicado floreo.
+
+Cuando en vez de discursos cuadraba leer artículos de fondo, de estos
+kilométricos y soporíferos, que hablan de justicia social, redención de
+las clases obreras, instrucción difundida, generalizada y gratis,
+fraternidad universal, todo en estilo de homilía y con oraciones largas
+y enmarañadas como fideos cocidos, alterábase la voz de Amparo y se
+humedecían los ojos de sus oyentes. Leve escalofrío recorría las filas
+de mujeres, las cuales se miraban como diciéndose: «¿Eh?, ¿qué tal?
+¡Este sí que lo parla!». Y leído el último párrafo, que terminaba
+anunciando el próximo advenimiento de una era de perfecta libertad y
+bienestar absoluto, solían cruzar las manos, sonriendo y sintiéndose tan
+relajadas en sus fibras, tan blandas y dulces como un plato de huevos
+moles. Trabajo les costaba reprimir los impulsos de abrazarse que se les
+iban y venían.
+
+En cambio, si el escrito pertenecía al género bélico y tocaba a somatén,
+parecía que les daban a beber una mistura de pólvora y alcohol. Montaban
+en cólera tan aína como se encrespan las olas del mar. Sordas
+exclamaciones acompañaban y cubrían a veces la voz de la lectora. Era
+contagiosa la ira, y mujer había allí de corazón más suave que la seda,
+incapaz de matar una mosca, y capaz a la sazón de pedir cien mil cabezas
+de los pícaros que viven chupando la sangre del pueblo.
+
+
+
+
+-X-
+
+Estudios históricos y políticos
+
+
+Más partido tenían en la Fábrica los periódicos locales que los de la
+Corte. Naturalmente, los locales exageraban la nota, recargaban el
+cuadro; sus títulos acostumbraban ser por este estilo: _El Vigilante
+Federal, órgano de la democracia republicana federal-unionista; El
+Representante de la Juventud Democrática; El Faro Salvador del Pueblo
+Libre_. Y como, aparte de algunas huecas generalidades del artículo de
+fondo, discurrían acerca de asuntos conocidos, era mucho mayor el
+interés que despertaban.
+
+No es fácil imaginar cuán honda sensación producía en el concurso alguna
+gacetilla rotulada, por ejemplo: «Acontecimiento incalificable».
+
+--A ver, a ver. Oír. Callar. Silencio, charlatanas.
+
+Y reinaba un mutismo palpitante, escuchándose tan sólo el retintín de
+los tijeretazos que cercenaban el rabo de las tagarninas.
+
+--«Acontecimiento incalificable»--repetía Amparo--. «Se nos asegura que
+hará dos días entraron tres guardias civiles francos de servicio en el
+café de la Aurora, y un oficial que allí había los arrestó...»
+
+--Arrestaría, arrestaría....
+
+--Callar, bocas....
+
+--«... los arrestó por tan enorme delito...»
+
+--¿Por entrar en un café?
+
+--¡Y dicen que hay libertá!
+
+--¡Qué ha de haberla, mujer!
+
+--«Y preguntándoles la causa de su entrada en el local, le respondieron
+que su objeto era tomar café. No obstante tan naturales explicaciones,
+fueron arrestados por tres días, y hasta no faltan personas bien
+informadas que aseguren se ha dado orden para que los individuos del
+benemérito cuerpo no puedan entrar en los cafés de la Aurora ni del
+Norte. De ser esto cierto, sobre constituir un ataque infundado a los
+sagrados derechos individuales, lo es también a la industria libre y
+honrosa de los cafeteros, y...»
+
+--¡Y le resobra la razón, así Dios me salve! ¿Y de qué come el pobre del
+cafetero si le espantan la parroquia?
+
+--El pillo del oficial, como tiene su paga....
+
+--«... y no encontramos frases suficientes para anatematizar estos
+atropellos, hoy que la bandera de la libertad nos da sombra con sus
+pliegues...»
+
+--¡Eso, eso!
+
+--¡De ahí, de ahí!
+
+--Habiendo libertá no hay injusticias. ¡Olé por ella!
+
+--«¿Qué piensan los que así resucitan arranques del agonizante
+despotismo militar, propios de épocas terroríficas que pasaron a la
+historia? ¿Se les ha figurado que estamos en aquellos siglos, cuando un
+señor tenía poder para abrir el vientre a sus vasallos?...»
+
+Aquí se salió de madre el río. Exclamaciones, interjecciones, gritos y
+risas se cruzaron de un lado a otro; pero las risueñas estaban en
+minoría: dominaban las espantadas. Una vieja medio sorda se hizo una
+trompetilla con ambas manos, creyendo que sus oídos la engañaban.
+
+--¡Ave María de gracia!
+
+--¡En mi vida tal oí!
+
+--¡Abrir la barriga!
+
+--No sería en tierra de cristianos, mujer.
+
+--¿Y eso fue a los pobrecitos civiles?--interrogó la sorda.
+
+--¡Chss!--gritó Amparo--. Aquí viene lo bueno, señores: «... abrir el
+vientre a sus vasallos para calentarse los pies con su sangre...»
+
+--¡Señor y Dios de los cielos!
+
+--Parece que todo el estómago se me revolvió.
+
+--¡Pobre del pobre!
+
+--¡Cuándo vendrá la federal para que se acaben esas infamias!
+
+Otra cuerda que siempre resonaba en aquel centro político femenino era
+la del misterio. Cualquier periodiquillo, el más atrasado de noticias,
+contenía un suelto que, hábilmente leído, despertaba temores y
+esperanzas en el taller. Amparo empezaba por hacer señas al concurso
+para que estuviese prevenido a importantes revelaciones. Después
+comenzaba, con reposada voz:
+
+--«Atravesamos momentos solemnes. De un día a otro deben cambiar de
+rumbo los acontecimientos...»
+
+--Lo que yo digo. Esta situación, de por fuerza se la tienen que llevar
+los demonios.
+
+--Hasta que llegue la nuestra....
+
+--No, pues cuando este lo huele.... Por Madrid andará buena la cosa.
+
+--Así los parta a todos un rayo, comilones, tiránigos, chupadores.
+
+--A ver si calláis.
+
+--«La situación está próxima a entrar en el camino que desde el primer
+día de la revolución debió emprender. Hay que vencer grandes
+obstáculos...» (Movimiento general.) «Los enemigos encubiertos de la
+revolución...»
+
+--¿Quién será? ¿Lo dirá por el alcalde?
+
+--No, mujer.... Por ese maldito de cuñado de la Reina....
+
+--Y por el Napoleón de allá de Francia, boba, que no nos puede ver.
+
+--¡Chsss! «... de la revolución, están acechando el instante en que
+poder descargar sobre la situación un golpe decisivo y liberticida. No
+desmayemos, sin embargo. La revolución pasará triunfante por cima de
+tanto reaccionario como aparenta servirla con fines siniestros. En donde
+menos se piensa se esconde la reacción fijando su ojo de tigre...»
+
+--Tiene razón, tiene razón. Está muy bien comparado.
+
+--«... ojo de tigre... en la libertad, para estrangularla. Los más
+temibles son los que, llegados a la cima del poder, hacen traición a sus
+antiguos ideales que les sirvieron de pedestal para escalar las
+grandezas...»
+
+--Si es lo que yo os predico siempre--exclamaba al llegar aquí la
+lectora, tomando la ampolleta--. Los peorcitos están arriba, arriba.
+Quien no lo ve, ciego es. Ínterin no agarre el pueblo soberano una
+escoba de silbarda, como esa que tenemos ahí... (y señaló a la que
+manejaba la barrendera del taller) y barra sin misericordia las altas
+esferas... ¡ya me entendéis! El mismo día en que se proclamó la libertad
+y se le dio el puntapié a los Borbones, había yo de publicar un
+decreto... ¿sabéis cómo? (la oradora abrió la mano izquierda, haciendo
+ademán de escribir en ella con una tagarnina:) «Decreto yo, el Pueblo
+soberano, en uso de mis derechos individuales, que todos los generales,
+gobernadores, ministros y gente gorda salga del sitio que ocupan, y se
+lo dejen a otros que nombraré yo del modo que me dé la realísima gana.
+He dicho».
+
+--¡Bien, bien!
+
+--¡Venga de ahí!
+
+--¡Esa es la fija! Y a mí que no me digan....
+
+--¿Pues no estamos viendo, mujer, que hay empleados de los tiempos del
+espotismo? ¿Se mudó, por si acaso, la oficialidá de los regimientos? Si
+a hablar fuésemos....
+
+Y la arenga bajó de tono y se hizo cuchicheo.
+
+--¡Si a hablar va uno... aquí mismo... repelo! ¡Mudaron el jefe, por
+plataforma... sólo faltaba! Pero los subalternos....
+
+Aquí, la maestra del partido, mujer alta y morena, de pocas y
+dificultosas palabras, que solía oír a las operarias con seria
+indiferencia, intervino.
+
+--A tratar cada uno de lo que importa... y a liar cigarritos....
+
+--No decimos cosa mala...--alegó Amparo.
+
+--Decir no dirás, pero hablar hablas sin saber lo que hablas.... Pensáis
+que no hay más que mudar y mudar y meter pillos.... Aquí se requiere
+honradez.
+
+--Eso ya se sabe.
+
+--Por de contado que sí... Demasiado.
+
+--Pues el que os oiga.... Y vamos acá. Si vierais, como yo vi, el último
+del mes que se hace el arqueo, la caja abierta, con sacos de lienzo a
+barullo, a barullo, así de oro y plata...--Y la maestra adelantó los
+brazos en arco, indicando un vientre hidrópico--. ¿Pues se os figura que
+si el contador y el depositario-pagador, y los oficiales, y los
+ayudantes, fuesen, digo yo, fuesen, quiero decir...?
+
+--¿Fuesen... de la uña?
+
+--¡Pues! Ya veis que aquí no puede venir cualesquiera. Hay
+responsabilidá.
+
+
+
+
+-XI-
+
+Pitillos
+
+
+Quiso Amparo mudarse de taller, y solicitó pasar al de cigarrillos,
+donde le agradaba más el trabajo y la compañía.
+
+Entre el taller de cigarros comunes y el de cigarrillos, que estaba un
+piso más arriba, mediaba gran diferencia: podía decirse que este era a
+aquel lo que el Paraíso de Dante al Purgatorio. Desde las ventanas del
+taller de cigarrillos se registraba hermosa vista de mar y país
+montañoso, y entraba sin tasa por ellas luz y aire. A pesar de su
+abuhardillado techo, las estancias eran desahogadas y capaces, y la
+infinidad de pontones y vigas de oscura madera que soportan la armazón
+del tejado le daban cierto misterioso recogimiento de iglesia, formando
+como columnatas y rincones sombríos en que puede descansar la fatigada
+vista. Si bien en los desvanes se siente mucho el calor, la cantidad
+relativamente escasa de operarias reunidas allí evitaba que la atmósfera
+se viciase, como en las salas de abajo. Asimismo la labor es más
+delicada y limpia, los colores más gratos, y hasta parece que la
+claridad del sol entra más alegre a bañar los muros. La limpia blancura
+de los librillos, el amarillo bajo de las fajas, el gris de estraza de
+las cajetillas, componían una escala de tonos simpáticos a la pupila. Y
+los personajes armonizaban con la decoración.
+
+Preponderaban en el taller de pitillos las muchachas de Marineda: apenas
+se veían aldeanas; así es que abundaban los lindos palmitos, los rostros
+juveniles. Abajo, la mayor parte de las operarias eran madres de
+familia, que acuden a ganar el pan de sus hijos, agobiadas de trabajo,
+rebujadas en un mantón, indiferentes a la compostura, pensando en las
+criaturitas, que quedaron confiadas al cuidado de una vecina; en el
+recién, que llorará por mamar, mientras a la madre la revientan los
+pechos de leche.... Arriba florecen todavía las ilusiones de los
+primeros años y las inocentes coqueterías que cuestan poco dinero y
+revelan la sangre moza y la natural pretensión de hermosearse. La que
+tiene buen pelo lo peina con esmero y gracia, que para eso se lo dio
+Dios; la que presume de talle airoso se pone chaqueta ajustada; la que
+sabe que es blanca se adorna con una toquilla celeste.
+
+Por derecho propio, Amparo pertenecía a aquel taller privilegiado.
+
+Encontró en él muy buena acogida y dos amigas: a la una se aficionó de
+suyo, movida de un instinto protector; llamábanle Guardiana, era nacida
+al pie del santuario de Nuestra Señora de Guardia, tan caro a Marineda;
+y según ella misma decía, la Virgen le había de dar la gloria en el otro
+mundo, porque en este no le mandaba más que penitas y trabajos.
+Guardiana era huérfana; su padre y madre murieron del pecho, con
+diferencia de días, quedando a cargo de una muchacha de dos lustros de
+edad, cuatro hermanitos, todos marcados con la mano de hierro de la
+enfermedad hereditaria: epiléptico el uno, escrofulosos y raquíticos
+dos, y la última, niña de tres años, sordo-muda. Guardiana mendigó,
+esperó a los devotos que iban al santuario, rondó a los que llevaban
+merienda, pidiéndoles las sobras, y tanto hizo, que nunca les faltó a
+sus chiquillos de comer, aunque ella ayunase a pan y agua. Al raquítico
+dio en abultársele la cabeza, poniéndosele como un odre: fue preciso
+traerle médico y medicinas, todo para salir al cabo con que era una
+bolsa de agua, y que la bolsa se lo llevaba al otro mundo. A bien que el
+médico no sólo se negó a cobrar nada, sino que, compadecido de
+Guardiana, tuvo la caridad de meterla en la Fábrica, que fue como
+abrirle el cielo, decía ella. Después de la Virgen de la Guardia, la
+Fábrica era su madre. Nunca le había faltado nada a sus pequeños desde
+que era cigarrera, y aún le sobraban siempre golosinas que llevarles;
+fruta en verano, castañas y dulces en invierno. Amparo saqueaba la caja
+de los barquillos de Chinto con objeto de enviar finezas a la
+sordo-mudita. El taller entero tenía entrañas maternales para aquellos
+niños y su valerosa hermana, afirmando que sólo la Virgen era capaz de
+infundirle los ánimos con que trabajaba, sostenía las criaturas, y vivía
+alegre y contenta como un cuco.
+
+Del casco mismo de Marineda procedía la otra amiga de Amparo: aunque
+frisaba en los treinta, su menudo cuerpo la hacía parecer mucho más
+joven. Pelirroja y pecosa, descarnada y puntiaguda de hocico, llamábanle
+en el taller la Comadreja, mote felicísimo que da exacta idea de su
+figura y ademanes. Bien sabía ella lo del apodo; pero ya se guardarían
+de repetírselo en su cara, o si no.... Ana tenía por verdadero nombre, y
+a pesar de su delgadez y pequeñez, era una fierecilla a quien nadie
+osaba irritar. Sus manos, tan flacas que se veía en ellas patente el
+juego de los huesos del metacarpo, llenaban el tablero de pitillos en un
+decir Jesús; así es que el día le salía por mucho, y alcanzábale su
+jornal para vivir y vestirse, y, añadía ella, para lo que le daba la
+gana. Conversaba con causticidad y cinismo; estaba muy desasnada,
+cogíanla de susto pocas cosas, y tenía no sé qué singular y picante
+atractivo en medio de su fealdad indudable. Presumía de bien emparentada
+y relacionada; un primo suyo desempeñaba la secretaría del Casino de
+Industriales; una tía ricachona vendía percales, franelas y pañolería en
+la calle estrecha de San Efrén; la mayor parte de sus amigas _cosían por
+las casas_, o eran oficialas de la mejor modista. Además, conocía mucho
+_señorío_, del cual hablaba con desenfado. ¡Buenas cosas sabía ella de
+personas principales!
+
+Sentábanse las tres amigas juntas, no lejos de la ventana que daba al
+puerto. Al través de los sucios vidrios, barnizados de polvo de rapé,
+que se había ido depositando lentamente, y en cuyos ángulos trabajaban
+muy a su sabor las arañas, se divisaba la concha de la bahía, el cielo y
+la lejana costa. La zona luminosa de un rayo de sol, bullendo en átomos
+dorados, cortaba el ambiente, y el molino de la picadura acompañaba las
+conversaciones del taller con su acompasado y continuo _tacatá, tacatá_.
+Agitábanse las manos de las muchachas con vertiginosa rapidez: se veía
+un segundo revolotear el papel como blanca mariposa, luego aparecía
+enrollado y cilíndrico, brillaba la uña de hojalata rematando el bonete,
+y caía el pitillo en el tablero, sobre la pirámide de los hechos ya,
+como otro copo de nieve encima de una nevera. No se sabía ciertamente
+cuál de las amigas despachaba más: en cambio, a su lado, encaramada
+sobre un almohadón, había una aprendiza, niña de ocho años, que con sus
+deditos amorcillados y torpes apenas lograba en una hora liar media
+docena de papeles. Guardiana le enseñaba y daba consejos, porque la
+chiquilla, silenciosa y triste, le recordaba su sordo-mudita,
+inspirándole lástima; mientras Ana contaba noticias de la ciudad, que
+sabían al dedillo. Un día que hablaron de lo que suelen hablar las
+muchachas cuando se reúnen, la Comadreja confesó que ella «tenía» un
+capitán mercante, que le traía de sus viajes mil monadas y regalos, y
+proyectaba casarse con ella, andando el tiempo, cuando pudiese. En
+cuanto a Guardiana, declaró que no soñaba con tener novio, pues era
+imposible: ¿qué marido había de cargar con sus pequeños? Y ella no los
+dejaba ni por el mismo general Serrano que la pretendiese. Muchos le
+decían cosas; pero si se tratase de boda, ¡quién los vería echando a sus
+niños al Hospicio! ¡Ángeles de Dios! Y pensar que ella se metiese en
+malos tratos, era excusado: así es que nada, nada; la Virgen es mejor
+compañera que los hombrones. Animada por las confidencias, Amparo
+insinuó que a ella un señorito, un militar, la seguía alguna vez por las
+calles.
+
+--Ya sé quién es--chilló la Comadreja--. Es el de Sobrado.
+
+--¿Quién te lo dijo, mujer?--exclamó Amparo maravillada.
+
+--Todo se sabe--afirmó magistralmente Ana--. Pero estás fresca, hija.
+Ese lo que quiere es pasar el tiempo, y a vivir. ¡Buena gente son los
+Sobrados! Los conozco lo mismo que si viviese con ellos, porque
+justamente la que les cose es hermana de una amiga mía íntima. Avaros,
+miserables como la sarna. La madre y el tío son capaces de llorarle a
+uno el agua que bebe; el padre no es tan cutre, pero es un infeliz; lo
+tienen dominado, y pide permiso a su mujer cuando corta pan del mollete.
+Para hacerles a las hijas un vestido echan cuentas seis mes s, y a la
+chica que llaman a coserlo la hacen ir tempranísimo para sacarle bien el
+jugo. Un día de convite parece que echan la casa por la ventana; pero
+todo se recoge, y no va a la cocina ni tanto así. Y están achinados de
+dinero.
+
+Amparo oía atónita. Nada más ajeno a su carácter rumboso, imprevisor,
+que la estrechez voluntaria.
+
+--La madre... ¿ves aquella risita falsa?, pues es terrible. No puede
+entrar en su casa una muchacha regular; en seguida abrasa al marido a
+celos. Esta chica que les cosía no pudo aguantar.... Allí no hay nadie
+bueno sino la chiquilla mayor.
+
+--Nos dio dulces una vez... es bien natural--respondió Amparo, que
+sintió cruzar por su espíritu la visión de la noche de Reyes.
+
+--¿Esa? Una santa... y no le hacen caso ninguno. La segunda, idéntica a
+su madre: le preguntaron un día con quién se había de casar, y dijo:
+«Con el tío Isidoro, que es rico». ¡El hermano de su padre, aquel viejo
+gordo, que parece una tinaja!
+
+Guardiana soltó el trapo a reír con la mejor voluntad del mundo: Amparo,
+acordándose de una frase leída en un periódico, exclamó:
+
+--¡Pero ha de poder tanto el vil interés!--Y meneando la cabeza,
+añadió--: Lo diría de broma, mujer.
+
+--¡Sí, sí... buena broma te dé Dios! En esa familia todos son iguales,
+mujer; cortados por una tijera. Pues no digo nada del señorito, de tu
+adorador. Hace la rosca a la chiquilla de García, una empalagosa que no
+piensa más que en componerse y no sabe dar una puntada; pero el asunto
+es que se la hace por lunas, porque esas de García.... ¿No te gusta el
+cuento?
+
+--Sí, mujer--gritó la oradora amostazada--. ¿Piensas tú que estoy muerta
+por semejante muñeco? Vaya, que me das gana de reír. Cuenta, mujer, que
+también se pasa el tiempo.
+
+--Digo que le hace la rosca por lunas, porque esas de García tienen allá
+un pleito en Madrid, de no sé qué intereses del marido, que era corredor
+y se metió en una sociedad por acciones... en fin, no será así, pero es
+lo mismo. Si ganan, quedarán millonarias o poco menos, y cuando hay
+esperanzas de eso, la madre del de Sobrado le manda que se arrime a la
+doña Melindritos, y cuando viene de Madrid una mala noticia, que se
+desaparte.... ¡Uy, qué tipos!
+
+Amparo, con la cabeza baja, enrollaba a más y mejor, febrilmente.
+Guardiana se hacía cruces.
+
+--Es una una pobre...--murmuraba--. Es una una pobre, y no lo haría
+aunque le diesen....
+
+--¿Y el otro?--siguió la implacable Comadreja que estaba ya resuelta a
+vaciar el saco--. ¿Y el amigote, el de los bigotazos, que parece que
+habla dentro de una olla?
+
+--¿El que le llaman Borrén?
+
+--Ese, ese.... Un baboso con todas; a todas nos dice algo, y el caso es
+que con ninguna, chicas. Podéis creerme: ni esto. Tan aficionado a
+jarabe de pico, y tiene más miedo a una mujer que a los truenos.
+
+Detúvose la Comadreja, y mirando fijamente a Amparo, añadió:
+
+--Tú aún tienes otro obsequiante, pero te callas.
+
+--¿Quién, mujer?
+
+--El barquillero. ¡Sí, que no está derretido por ti!
+
+--¡Aquel animal!--exclamó Amparo--. Parece una patata cruda... mujer,
+hazme más favor.
+
+
+
+
+-XII-
+
+Aquel animal
+
+
+Aquel animal trabajaba entre tanto a más y mejor. Si faltase él, ¿quién
+había de encargarse de toda la labor casera? Muy cascado iba estando el
+señor Rosendo, y la tullida a cada paso se hallaba mejor en su cama, y
+se extendía entre sábanas más voluptuosamente al ver el ademán de fatiga
+con que soltaba su marido el cilindro por las noches. Y cuenta que de
+algún tiempo acá, el señor Rosendo no fabricaba barquillos sino en casos
+de gran necesidad, porque el fuego le inyectaba la tez, le arrebataba y
+sofocaba todo. Pero allí estaba Chinto para dar vueltas a la noria, y
+ser panacea universal de los males domésticos y comodín servible y
+aplicable a cuanto se ofreciese. No sólo se levantaba con estrellas, a
+fin de emprender la labor de Sísifo de llenar el tubo-labor que
+desempeñaba con mecánica destreza y rapidez--, sino que antes de salir a
+la venta, quedábale tiempo de barrer el portal y la cocina, de limpiar
+los chismes del oficio, de ir por agua a la fuente, por sardinas al
+muelle o al mercado, y freírlas luego; de arrimar el caldo a la lumbre,
+de partir leña; de cumplir, en suma, todas las tareas de la casa,
+incluso las propiamente femeniles, porque traía en la faltriquera un
+dedal perforado y un ovillo de hilo, y en la solapa, clavada, una aguja
+gorda; y así pegaba un botón en los calzones de su principal, como
+echaba un gentil remiendo de estopa en su propia morena camisa. Y si no
+se ofrecía a coser las sayas de Amparo y no le hacía la cama, era por
+unos asomos de natural y rústico pudor que no faltan al más zafio
+aldeano. A la tullida le daba vueltas, le sacudía los jergones, y la
+sacaba en vilo del lecho, tendiéndola en un mal sofá comprado de lance,
+mientras se arreglaba su cuarto.
+
+Lo gracioso del caso está en que, siendo el paisanillo tan útil, por
+mejor decir, tan indispensable, no hubo criatura más maltratada,
+insultada y reñida que él. Sus más leves faltas se volvían horribles
+crímenes, y por ellos se le formaba una especie de consejo de guerra.
+Llovían sobre él a todas horas improperios, burlas y vejaciones. La
+explotación del hombre por el hombre tomaba carácter despiadado y feroz,
+según suele acontecer cuando se ejerce de pobre a pobre, y Chinto se
+veía estrujado, prensado, zarandeado y pisoteado al mismo tiempo. Le
+habían calificado y definido ya: era un mulo.
+
+Acertó un día Chinto a volver unas miajas más tarde de lo acostumbrado,
+y acercose a la cama de la tullida para vaciar sus faltriqueras, donde
+danzaban los cuartos de la colecta diaria. Encontrábase allí Amparo, y
+le dio al punto en la nariz un desusado tufillo. Por sorprendente que
+parezca la noticia, la acuidad del sentido del olfato es notable en las
+cigarreras: diríase que la nicotina, lejos de embotarles la pituitaria,
+les aguza los nervios olfativos, hasta el extremo de que si entra
+alguien en la fábrica fumando, se digan unas a otras con repugnancia:
+«¡Puf, huele a hombre!». Así es que Amparo solía apartarse de Chinto
+--aunque sea inverosímil--repelida por el olor de las malas colillas que
+chupaba en secreto; pero lo que a la sazón percibía era peor que el
+tabaco; así es que pegó un salto.
+
+--¡Vete de ahí--le gritó--; vete, maldito, que nos apestas! Anda,
+pellejo, despabílate.
+
+Chinto la consideraba atónito, con los brazos colgantes, abriendo cuanto
+podía los ojos, cual si por ellos oyese.
+
+--Que te largues; ¡repelo contigo!, que no se aguanta ese olor:
+confundes a la gente.
+
+--¿A qué apestas, demontre?--preguntó la tullida--. Serán esos puros del
+estanquillo.
+
+--¡No, señora, que es a vino!--exclamó Amparo.
+
+--¡A vino!--clamó la impedida alzando los brazos tan escandalizada como
+si ella sólo catase el agua, porque en el pueblo los viejos, con
+sinceridad completa, se otorgan a sí propios el derecho de «echar un
+trago» que niegan a los mozos--. ¡A vino! ¡Tú quiéreste perder,
+condenado!
+
+--Yo... pero yo... quiérese decir que yo...--balbució Chinto abrumado
+por el peso de su culpa.
+
+--¡Aún tendrás valor para contar mentira!--chilló la enferma--. ¡Llégate
+acá, bruto! (Chinto se llegó compungido.) Echa el aliento. (Chinto lo
+echó.) Más fuerte, más fuerte... (Y la tullida asió de los indómitos
+pelos al paisano y le obligó, mal de su grado, a carearse con ella.)
+¡Puf!, ¡pues es verdá y muy verdá! ¿Dónde te metiste? ¿Andas ya
+arrastrado por las tabernas, bribón?
+
+--Yo... no, no fue cosa mala ninguna... no fue perrita, ni licor....
+Fue....
+
+--Cuenta la verdá, borrachón de los infiernos, como si estuvieses
+difunto en el tribunal del devino Señor....
+
+--No fue nada más sino que encontré un amigo de allí... de la Erbeda,
+que cayó soldado... y allí... me convidó, me dijo así:--¿Quieres una
+chiquita?--. Y yo... allí, le dije:--Bueno--. Y él me llevó allí... a
+casa de....
+
+--¡Calla, calla y recalla ya, que siquiera sabes lo que dices, con la
+mona que traes a cuestas!... ¡Como otra vez te vea yo así perdido de
+vino, he de decirle a Rosendo que te arree una tunda con la correa de la
+caja, que te has de chupar los dedos; chiquilicuatro, mocoso, viciosón!
+Convidarte, ¿eh? Me convides. ¡Quien te da vino, no te da pan; mulo!
+¡Anda afuera, que me mareas la cabeza toda!
+
+Amparo ejecutó el decreto materno empujando a Chinto por los hombros a
+las tinieblas exteriores del portal, y Chinto resignado optó por
+acostarse. Lo único que sentía confusamente era no poder ver a la
+muchacha un rato. Ahora le entretenía casi tanto mirar a Amparo, como
+antes contemplar la rueda del amolador y la bahía. Admirábale a él, rudo
+y tardío de eloquio como suele serlo el aldeano, la facilidad y rapidez
+con que la pitillera se expresaba, la copia de palabras que sin esfuerzo
+salían de su boca. Si lo que experimentaba Chinto era enamoramiento,
+podía llamarse el enamoramiento por pasmo. Ello es que se le venían con
+frecuencia suma impulsos de tratar a Amparo como a las chiquillas de su
+aldea, las tardes de gaita; de pellizcarla, de soltarle un pescozón
+cariñoso, de echarle la zancadilla, de darle un varazo suave con la
+recién cortada vara de mimbre. Pero tan osados pensamientos no llegaban
+a realizarse nunca. Amparo sí que solía empujar a Chinto, y no por vía
+de halago, bien lo sabe Dios, sino de pura rabia que le tuvo siempre. Si
+pudiese leer en el alma del paisano, adivinar cómo le hervía la sangre
+al acercarse a ella, le hubiera cobrado asco amén del odio inveterado
+ya.
+
+Para Amparo, hija de las calles de Marineda, ciudadana hasta la médula
+de los huesos, Chinto era un ilota. Alguna duquesa confinada en oscuro
+pueblo, después de adornar los saraos de la corte, debe sentir por los
+señoritos del poblachón lo que la pitillera por Chinto. Enfadábale todo
+en él: la necia abertura de su boca, la pequeñez de sus ojos, lo sinuoso
+y desgarbado de su andar, su glotona manera de comer el caldo. Le
+entraban irritaciones sordas a la vista de objetos dejados por él, un
+par de zapatos viejos y torcidos, una faja de lana roja pendiente de una
+percha, una colilla negra y pegajosa, caída en el suelo. Y fortificaba
+su antipatía el que Chinto, con la desconfianza socarrona propia del
+paisano, lejos de resolverse a aceptar los ideales políticos de Amparo,
+a su modo, daba a entender que le parecía huero y vano todo el bullicio
+federal. Con risa entre idiota y maliciosa, solía decir a veces a la
+muchacha:
+
+--Andas metiéndote en cuentos.... Aún han de venir a buscarte los
+civiles, para te llevar a la cárcel....
+
+
+
+
+-XIII-
+
+Tirias y troyanas
+
+
+También en la Fábrica observaba Amparo que las paisanas eran las menos
+federales, las menos calientes, llenas de escepticismo y de picardía,
+decían, meneando la cabeza, que a ellas la república «no las había de
+sacar de pobres». Alguna tenía sus puntas y ribetes de reaccionaria; y
+en conjunto, todas profesaban el pesimismo fatalista del labrador,
+agobiado siempre por la suerte, persuadido de que si las cosas se mudan,
+será para empeorarse. No se arrancaba de ellas la más leve chispa de
+fuego patriótico; empeñábanse en no exaltarse sino cuando viesen que
+iban a menos las contribuciones y a más los frutos de la tierra. Así es
+que en la Fábrica gozaban de detestable reputación, y eran tachadas de
+ávidas, tacañas y apegadas al dinero, y acusadas de cebarse en la
+ganancia abandonando su casa por un ochavo, al par que las de Marineda
+se jactaban de rumbosas, y se preciaban de mejores madres. No obstante,
+pronunció la revolución tres palabras áureas que a todas sacaron de
+quicio: «¡No más quintas!». Hasta las mismas aldeanas abrieron
+ansiosamente el corazón y el alma para beberse la dulce promesa.
+
+¡Si la república fuese, como decían diariamente los periódicos favoritos
+del taller, la supresión del impuesto de sangre, vamos, merecía bien que
+una mujer se dejase hacer pedazos por ella! En el taller de cigarrillos,
+aunque dominaban las mocitas solteras, bastaba hablar de quintas para
+que se moviese una tempestad de federalismo.
+
+--Miren ustedes--decía Amparo--que eso de que arranquen a una de sus
+brazos al hijo de sus entrañas y lo lleven a que los cañones lo
+despedacen por un rey, ¡clama al cielo, señores! Por lo mismo queremos
+la república republicana, la santa república democrática federativa. Con
+ella Marineda será capital, y Vilamorta también, y hasta Aldeaparda será
+capital hecha y derecha. Sólo Madrí, que a ese se le acaba la ganga, ya
+no nos chupará la sustancia; se va a hacer una cosa magnífica, que se
+llama descentralizar; y veremos cómo después se le baja el orgullo a la
+Corte. ¡Si es inicuo y absolutista lo que está pasando! Aquí no nos
+mandan, voy a poner por caso, sino tabaco de segunda, filipino para eso,
+espérelo usted un mes o dos. Las regalías y las conchas se hacen en
+Madrid... ¡como si nuestros dedos no fuesen de carne humana! ¿Somos aquí
+esclavas, o algunas torponas que no sabemos perficionar la labor? Y
+luego allí, paguita siempre corriente, consignas a barullo....
+¡Ciudadanas, es preciso sacudir el yugo tiránico con nobleza y energía
+cuando venga lo que se aguarda!, ¿eh chicas?
+
+A las dos formas de gobierno que por entonces contendían en España, se
+las representaba el auditorio de Amparo tal como las veía en las
+caricaturas de los periódicos satíricos: la Monarquía era una vieja
+carrancuda, arrugada como una pasa, con nariz de pico de loro, manto de
+púrpura muy estropeado, cetro teñido en sangre, y rodeada de bayonetas,
+cadenas, mordazas e instrumentos de suplicio; la República, una moza
+sana y fornida, con túnica blanca, flamante gorro frigio, y al brazo
+izquierdo el clásico cuerno de la abundancia, del cual se escapaba una
+cascada de ferro-carriles, vapores, atributos de las artes y las
+ciencias, todo gratamente revuelto con monedas y flores. Cuando la
+fogosa oradora soltaba la sin hueso, pronunciando una de sus
+improvisaciones, terciándose el mantón y echando atrás su pañuelo de
+seda roja, parecíase a la República misma, la bella República de las
+grandes láminas cromolitográficas; cualquier dibujante, al verla así, la
+tomaría por modelo.
+
+Y la muchacha iba ascendiendo a personaje político. En la ciudad
+comenzaban a conocerla, y hasta oyó una vez, al pasar por la calle
+Mayor, que murmuraban en un corrillo de hombres: «Esa es la cigarrera
+guapa que amotina a las otras». En su barrio todos la embromaban: el
+mancebo de la barbería pronunciaba un festivo «¡Viva la República!»
+siempre que Amparo cruzaba ante su puerta; y la señora Porreta murmuraba
+con voz cascajosa y opaca: «Salú y liquidación sosial». Si alguien cree
+que fue rápida la metamorfosis de la niña callejera en agitadora y
+oradora demagógica, tenga en cuenta que más prontamente aún que la
+Fábrica de tabacos de Marineda, se gaseó la nación hispana. Ni visto ni
+oído. Contaba la Gloriosa menos de un año, y ya nadie sabía a qué santo
+encomendarse, ni a dónde íbamos a parar, ni dónde dar de cabeza.
+Abundaban las manifestaciones pacíficas, acabando siempre como el
+rosario de la aurora. En la frontera, agitación carlista; el Gobierno
+interna que te internarás, y los internados acá, volviendo a meterse en
+España media legua más allá, mientras en Madrid se fabricaban
+activamente, y sin gran reserva, fornituras, arneses y mantillas, que en
+los ángulos lucían una corona y las iniciales C. VII, y en Vitoria
+recorrían las calles grupos de jóvenes con boina blanca y garrote en
+mano, victoreando a las mismas iniciales. A bien que en Puerto Rico la
+guarnición aclamaba otras cosas, y en Écija mil republicanos protestaban
+contra «la presencia en España del intruso Antonio de Borbón», y en las
+cercanías de Barcelona los payeses, armados de azadas y bieldos,
+perseguían a un alcalde y le obligaban a encastillarse en las Casas
+Consistoriales. A todo esto, el poder, representado por el regente
+Serrano, al cual se tributaban honores casi regios, estaba realmente en
+las vigorosas manos de Prim, que olfateando la ruina de la Gloriosa,
+como el marino vislumbra en el remoto horizonte el huracán, sin
+entretenerse en fruslerías demagógicas, sólo pensaba en traer un
+monarca, llamado a sosegar el país. España estaba próxima a la gran
+lucha de la tradición contra el liberalismo, del campo contra las
+ciudades; magna lid que tenía en la Fábrica de Marineda su
+representación microscópica.
+
+Todas las mañanas, en efecto, al entrar las operarias en los talleres,
+al encontrarse en el camino, solían, urbanas y rurales, invectivarse
+ásperamente y dirigirse homéricos insultos, ni más ni menos que si
+fuesen las avanzadillas de los dos partidos enemigos que presto iban a
+encender la guerra civil. El pretexto de las riñas era que las de
+Marineda mostraban asombrarse de que las campesinas, viniendo quizá de
+tres leguas de distancia, estuviesen ya allí cuando apenas asomaba el
+día, y hacían rechifla de tal diligencia.
+
+--¡Vaya, que es buen madrugar de Dios, hijas!
+
+--¿Venides a caballo del Sol?
+
+--¡Andar, lamponas! ¡Dejáis la cama por hacer y el chiquillo por mamar!
+¡Madrastras!
+
+--¡Ni os peinades tan siquiera!... ¡Andáis arañando en el pelo con los
+dedos por llegar seis minutos antes, ansiosas de judas!
+
+--¡Tú dormiste en el camino, avariciosa! Imposible que a tu casa
+llegases. Tanto madrugar, y tanto madrugar, y luego no hacedes ni medio
+cigarro, en tó el día, que mismo no sabedes menear los dedos, que mismo
+los tenedes que parecen chorizos, que mismo Dios os hizo torponas, que
+mismo....
+
+Aquí ya la sorna y flema de las interpeladas tocaba a su fin, y
+respondían coléricas, pero entre dientes:
+
+--¿Y luego? Cada uno se vale como puede, y vusté tendrá otras rentas, y
+más otros señoríos... y ganaralo de otra manera diferente, y Dios sabe
+cómo será... que yo no lo sé ganar sino trabajando, _hija_.
+
+--Yo lo gano con tanta honra como usté... y no injuriar a nadie.
+
+--Calle usté, que empezó. Yo no le dijen cosa mala.
+
+--¡Avarientas, rañas, ahorcádevos por un ochavo!
+
+--¡Sinvergüenzas!--replicaban furiosas las campesinas.
+
+--¡Servilonas, carlistas!--contestaban las ciudadanas, ya en actitud
+agresiva.
+
+--¡Malvadas, que echades contra Dios!--rugían las insultadas. Y en medio
+del tumulto se oía el agudísimo ¡ayyy!, de una mujer, a la cual manos
+furibundas intentaban arrancar de un solo tirón la trenza entera de sus
+cabellos. Por espacio de diez segundos imperaban la confusión y el
+desorden, y había empujones, pellizcos convulsivos, arañazos, violentos
+repelones; pero apenas iban aproximándose a las cercanías de la Fábrica,
+donde el severo reglamento prohibía los escándalos, cesaba el griterío,
+comenzaba el torrente femenil a precipitarse dentro del patio, y
+restablecíase la paz, ya que no la serenidad interior, en la fiel imagen
+abreviada de la nación española.
+
+
+
+
+-XIV-
+
+Sorbete
+
+
+Josefina García estaba aquella noche muy compuesta y emperejilada en el
+paseo de _las Filas_, y la acompañaban las de Sobrado. Cuanto se ponía
+Josefina ajustábase siempre a los últimos decretos de la moda, no sin
+cierta exageración y nimiedad, que olía a figurín casero. Era esa la
+condición del cuerpo de Josefina semejante a la de la cola que los
+escultores usan para vaciar sus estatuas, que recibe toda forma que se
+le quiera imprimir. Josefina entraba dócil en los moldes impuestos por
+la moda, sin rebelarse ni protestar jamás. Tenía su físico algo de
+impersonal, una neutralidad que le permitía variar de peinado y de
+adorno sin mudar de tipo. Mediana de estatura, su rostro prolongado y
+sus agradables facciones no ofrecían rasgos característicos. Sus ojos,
+ni chicos ni grandes, ni eran feos, pero sí dominantes y escudriñadores
+más de lo que a su edad y doncellez convenía; su sonrisa, entre
+reservada y cándida, demasiado permanente en los labios, para que no
+tuviese visos de fingida y afectada; su talle, modelado por el corsé,
+sería pobre de formas si hábiles artificios del traje, como un volante
+sobre los hombros, o en la cadera, no reforzasen sus diámetros. Sin
+aliño y despeinada, Josefina debía parecer poca cosa; ayudada por el
+tocado, adquiría cierta postiza morbidez. En realidad, era un fruto
+prematuramente caído del árbol, una doncella núbil antes de tiempo; a
+los trece, cuando tocaba habaneras, tenía ya las coqueterías, los celos,
+los caprichos de la mujer, y ahora aquella flor rápida y precoz se había
+deshojado, y en vez de la lozanía seductora de la juventud, notábase en
+Josefina la tiesura y empaque de una señora formal y los remilgos de una
+lugareña. Figurábase que la distinción, el buen tono, consistían en
+contrahacer los menores movimientos, ajustándolos a una pauta
+preestablecida; que había un modo elegante y otro cursi de reír, de
+estornudar, de abanicarse; que hasta existían opiniones distinguidas y
+bien vistas, y opiniones que ya no se llevaban; y que en todo, lo más
+selecto y fino eran las medias tintas, la insustancialidad, lo insípido,
+inodoro e incoloro. Hablando de cosas superficiales, no le faltaba
+cierta charla vivaz, semejante al trinar del jilguero; pero apenas se
+tocaban asuntos serios, creíase obligada, por su papel de niña elegante
+y casadera, a encogerse de hombros, hacer cuatro dengues y mudar de
+conversación. Tal cual era Josefina, muchas señoritas la imitaban,
+porque, según se decía, «sacaba las novedades»; y aunque tachándola de
+exagerada y rara, a veces, con el rabillo del ojo observaban las
+innovaciones de indumentaria que lucía, para reproducirlas al punto.
+
+Aquel año comenzaba a imperar el traje corto, revolución tan importante
+para el atavío femenino, como la de Setiembre para España; las avanzadas
+en ideas se habían apresurado a cercenar sus faldas, mientras las
+conservadoras no se resolvían a suprimir la cuarta de tela con que
+barrían las inmundicias del piso. Josefina, que en materia de vestir era
+radical, llevaba la moda nueva en todo su rigor, con túnica de seda
+negra adornada de bellotas de pasamanería, cayendo sobre redonda falda
+de glasé azul. Un velo de rejilla formaba a su rostro la misteriosa
+aureola de un confesionario, y los _cuernos_ de su peinado bajaban con
+gracia y simetría hacia la nariz. Por la espalda y en la cintura, un
+lazo negro muy pronunciado servía para abultar lo que entonces quería la
+_voluble diosa_ que abultase. Echaba la señorita los codos atrás con
+objeto de destacar el busto, actitud que escrupulosamente copiaba la
+segunda de Sobrado, Clara. Lola, que iba en medio, era la única a poner
+el cuerpo como Dios se lo dio. La luz de la luna, que se alzaba
+iluminando el paseo de _las Filas_ y el mar, la hora y la temperatura
+envidiable de una noche de verano, incitaban a amantes efusiones, o
+siquiera a galanteos, y hasta el ruido de la concurrencia se brindaba a
+ser cómplice de tiernas palabras pronunciadas a media voz; así lo
+comprendía Baltasar, que acompañaba a las muchachas, inamovible al lado
+de Josefina, y haciendo, sin escrúpulo, que sus hermanas llevasen la
+cesta. A lo lejos, el blando murmullo de las olas, que parecían un lago
+de plata, decía cosas embriagadoras y poéticas; cantaba un idilio
+intraducible al humano lenguaje. La conversación del grupo era, no
+obstante, por todo extremo, vulgar.
+
+--Está desanimado el paseo. ¿Verdad, Sobrado?
+
+--Animadísimo lo encuentro yo. ¿Por qué dice usted eso?...--Y los ojos
+de Baltasar buscaron los de Josefina, y una mirada se cruzó entre ambos.
+
+--¡Qué cosas tiene usted! Vaya, falta gente: usted no lo notará, pero sí
+falta.
+
+--Yo, intervino Lola, me aburro con tanto dar y dar vueltas.... En
+cualquier sitio me divertiría más. No hubiera salido hoy, si no fuese
+por la Octava de San Hilario.... Pero ni aun la Octava estuvo a mi
+gusto; faltó muchísima gente de la que acostumbra alumbrar.... ¿Sabéis
+porqué?
+
+--No--dijo maquinalmente Josefina.
+
+--Sí--declaró Baltasar--, porque fueron a esperar al muelle a los
+delegados de Cantabria.
+
+--Los delegados... ¿de qué?--preguntó Josefina jugando con el abanico.
+
+--De Cantabria.... Vienen a firmar la unión del Norte...--explicó
+Lola--. ¡A mí me gustaría ver el desembarque! Si hubiese tenido con
+quien ir.
+
+--Yo fui.... ¡Qué lástima!--dijo Baltasar.
+
+--Chica.... ¡Vaya una idea!--exclamó Josefina soltando menudas
+carcajaditas--. Yo huyo de esas confusiones.... Me aterra pensar que
+pueden gentes sin educación apachucarme, pisarme.... ¡Qué fastidio! Y al
+fin poco tendrá que ver.... Diga usted, Sobrado, ¿se ha divertido usted
+mucho?
+
+--No por cierto.... ¡Diversión! ¿Qué diversión ha de ser? Pero es
+curioso.... ¡Hubo vivas, y mueras, y un silbido vergonzante, y abrazos,
+y apretones de manos!
+
+--¡Bien por el que silbó!--dijo Lola batiendo palmas--. ¡A eso quería yo
+ir, a silbar con la llave de la puerta!
+
+--Dice el tío Isidoro--intervino Clara--que si esto sigue así van a
+tener que cerrarse los comercios y se concluirá la industria.
+
+--¡Y también se cerrarán las iglesias!--recalcó Lola con más calor
+aún--. ¡Malditos revoltosos! ¡A silbar, a silbar debió ir todo el mundo!
+
+--¡Psss! ¡Por Dios!--suplicó Josefina--. Estamos llamando la
+atención.... Luego dirán que nos metemos en política.
+
+--Pues yo me meto... ¿y qué? Ahora todo el mundo se mete--afirmó Lola.
+
+--¡Ay... yo no! Qué ridiculez, ¿eh, Sobrado? Yo no entiendo de eso.
+
+--¿No tiene usted opiniones, polla?
+
+--No... es decir, no me gustan los alborotos; ¡cuando hay trifulca el
+teatro está tan soso!... Ni queda humor para vestirse y salir.
+
+--Vamos, usted debe tener sus preferencias.... ¿Será usted carlista?
+
+--¡Ay, no!... ¡La Inquisición me da un miedo!...--dijo riendo.
+
+--¿Republicana?
+
+--¡Qué horror! ¡Cosa más cursi...!
+
+--Moderada, ea. Es usted moderada, de fijo.
+
+--Tal vez, tal vez, algo moderada.... La pobre Reina me da mucha
+lástima.
+
+--Bueno, ahora ya sé que es usted moderada y lo voy a divulgar por ahí
+para que la prendan a usted por conspiradora.
+
+--No, por Dios, que no sueñen que hablamos de estas cosas.... Se reirían
+de mí y dirían que parecemos un club. ¿No sabe usted alguna noticia?
+¿Qué me cuenta usted del prestidigitador que trabaja en el teatro?
+
+--¿El húngaro? ¡Bah! Como todas esas funciones.... Muy pesado, mucho
+cubilete y los pistoletazos de cajón....
+
+--¡Pistoletazos! Los odio: me asustan atrozmente. En viendo que preparan
+la pistola, ya estoy tapándome los oídos: las chicas se ríen y mamá me
+dice siempre: «Niña, que te miran...». Pero yo no puedo....
+
+--¡Mejor! Si la miran a usted, ¿qué más quieren los espectadores?
+--declaró Baltasar cediendo a la destreza con que Josefina traía el
+diálogo al terreno personal.
+
+Mientras pasaba este coloquio, las madres, que venían detrás, se
+sentaron en un banco, sin que su plática, por versar sobre asuntos de
+muy otra especie cediese en animación a la de la gente joven. Un
+momento, al pasar por delante de ellas, Lola se volvió a preguntarles no
+sé qué; al mismo tiempo Josefina tocó levemente en el codo a Baltasar,
+el cual se inclinó, y por movimiento simultáneo cayeron los brazos de
+ambos y sus manos se unieron el espacio de un segundo, depositando la
+mano varonil en la femenina un papelito blanco, tamaño como una
+mariposa. Susurraban las acacias, llenaba el aire el misterioso silabeo
+de las conversaciones de última hora, y el amoroso gemido del mar,
+besando el parapeto, completaba la sinfonía.
+
+Ni se escapó el detalle del papel al ojo avizor de la viuda ni a la
+vigilante atención de doña Dolores, quien puso torcido y avinagrado
+gesto, levantándose al punto y anunciando que era hora de retirarse. Al
+tiempo que regresaban las dos familias, desde _las Filas_ a la calle
+Mayor, la señora de Sobrado meditaba una épica pequeñez, una tontería
+trascendental y feroz que le sirviese para dar despachaderas a las de
+García y quedarse sola con sus hijas. Y como llegasen cerca de las
+puertas del café de la Aurora, que dejaban pasar la luz amarilla y cruda
+del gas, ocurriósele, por fin, la liliputiense estratagema, y con felina
+amabilidad dijo la viuda:
+
+--Y ahora, ¿qué se hacen? Nosotros pensábamos entrar a tomar un
+refresco.... ¿Nos acompañarán ustedes? Un sorbetito, cualquier cosa....
+
+--¡Jesús... pues no faltaba más!--contestó la viuda, abochornada como
+persona a quien ofrecen de mala gana y por fórmula un obsequio que
+cuesta dinero--. Nosotras tenemos que hacer, y nos retiramos.
+
+--¡Baltasar!--gritó doña Dolores a su hijo, que iba delante con las
+muchachas--. ¡Baltasarito, entra aquí, que vamos a tomar sorbete!...
+
+--Vengan ustedes, señoritas--murmuró el teniente, creyendo que se
+trataba de convidar a la familia García.
+
+--No, estas señoras no quieren nada--se apresuró a advertir la madre,
+clavando a su hijo a la puerta del café con una mirada elocuentísima.
+
+A pesar del aplomo de buen género que creía Josefinita poseer, se vieron
+a la claridad del gas sus ojos preñados de lágrimas de orgullo y su tez
+encendida, como si la abofeteasen. Dijo un seco «adiós» a Clara y Lola;
+a Baltasar y a doña Dolores ni palabra. Cogiose del brazo de la viuda y
+pronto se confundieron en la oscuridad del fin de la calle sus espaldas,
+erguidas con dignidad propia de espaldas de destronadas reinas. Baltasar
+se volvió hacia su madre.
+
+--Pero, mamá...--pronunció.
+
+--¡Chsss!--murmuró ella en voz baja, casi al oído del mancebo...--. Eres
+un bolo, que te comprometes en público con ellas, y tienen medio perdido
+su asunto. Van a quedar en la calle, chiquillo.... He confesado a la
+infeliz de la madre y no pudo negármelo.... Yo ya lo sabía por un
+abogado. Va muy mal todo eso.... Niñas, sentaos--añadió dirigiéndose a
+Lola y Clara--. Mozo, cuatro medios de leche y barquillos....
+
+--Yo no tomo...--dijo Baltasar.
+
+--Mozo, tres medios no más.... Pues mira como andas, porque esa mocosa
+con su gesto de todo me fastidia, te va a envolver.... La tendrás que
+mantener, y a las cuñaditas, y a la viuda....
+
+--Pero si no pienso... usted todo lo abulta. Sólo que las cosas hechas
+así de este modo se comentan y dan que hablar.... ¿No se empeñó usted
+misma en que las acompañase?
+
+--Con permiso de ustedes--dijo el mozo colocando en la mesa tres vasos
+de leche amerengada coronados de canela, y un cestito de paja lleno de
+barquillos. Clara y Lola se pusieron a chupar su refresco, comprendiendo
+que no debían oír el diálogo de su madre y hermano.
+
+--Que las acompañases, sí... porque no me figuraba yo que iba a resultar
+tal compromiso.... Si pierden el pleito, ni sé cómo pagarán las
+costas.... Han de acudir al bolsillo del prójimo; acuérdate de lo que te
+digo; como si todo el mundo tuviese ahí el dinero a disposición....
+
+--Pues yo--declaró Baltasar--no vuelvo a meterme en otra.... Mire usted
+bien las cosas antes, porque esto de andar así, hoy tomo y mañana dejo,
+es ridículo y le pone a uno en evidencia. Dirá la gente que cazamos...
+que cazo un dote.... ¡Ya ve usted!
+
+--¡Dios quiera que los cazados no seamos nosotros!--tartamudeó doña
+Dolores con las mejillas horriblemente sumidas por los esfuerzos de
+absorción que practicaba, a fin de convertir su barquillo en bomba
+ascendente de la leche garrapiñada.
+
+
+
+
+-XV-
+
+Himno de Riego, de Garibaldi. Marsellesa
+
+
+Era Baltasar un hijo, no de este siglo, sino de su último tercio, lo
+cual es más característico y peculiar. Calificábanle las señoras de
+atento; sus compañeros, de muchacho corriente y agradable; su tío, de
+chico listo y con el cual se podía departir acerca de asuntos de
+comercio. Su temperatura moral no subía ni bajaba a dos por tres; no se
+le conocía ardor ni entusiasmo por ninguna cosa; la fiebre de la mocedad
+no le había causado una hora de franca y declarada calentura. Ni juego,
+ni bebida, ni mujeres le sacaban de quicio. En política era naturalmente
+doctrinario. Su madre le juzgaba mozo de gran porvenir y altos destinos,
+porque dejándole la paga para gastos menudos y diversiones, Baltasar
+ahorraba y nunca se halló sin blanca en el bolsillo del chaleco.
+Destinado a la carrera militar, más por vanidad de su familia que por
+vocación, no era, sin embargo, cobarde, pero sí yerto; prefería los
+ascensos a la gloria, y a la gloria y a los ascensos reunidos anteponía
+una buena renta que disfrutar sin moverse de su casa ni estar a merced
+del ministro de la Guerra. Secretamente, con cautela suma (porque
+Baltasar respetaba la opinión pública y todo lo que hay que respetar
+para vivir con sosiego), la ley y norte de su vida era el placer,
+siempre que no riñese con el bienestar. Tenía vanidad, pero vanidad
+encubierta y en cierto modo solitaria. A sus creencias, vacilantes y
+endebles, no quería tocar, como si fuesen un diente próximo a caerse y
+con el cual evitase morder cortezas duras. Vivía a su gusto y talante,
+sin meterse en más libros de caballerías. Físicamente tenía Baltasar
+mediana estatura, la tez fina y blanca, y de un rubio apagado el ralo
+cabello; pero la parte inferior de su fisonomía era corta y poco noble;
+la barbilla chica y sin energía, la boca delgada de labios, como la de
+doña Dolores. En conjunto, su rostro pareciera afeminado a no acentuarlo
+la aguda nariz, diseñada correctamente, y la frente espaciosa,
+predestinada a la calvicie.
+
+Al huir del café, como si huyese de sí mismo, dejando a su madre y a sus
+hermanas ocupadas en agotar los sorbetes, sintió que le daban una
+palmadica en la espalda, y volviéndose conoció a Borrén, que ya hacía
+días estaba de retorno de Ciudad Real, contando que allí había unas
+chicas... hombre, ¡cosa notable! Se cogieron del brazo y se dieron a
+vagar por las calles, que no aconsejaba otra cosa la serenidad y
+hermosura de la noche de estío. Baltasar desahogó sus cuitas en aquel
+amigo pecho. Él no estaba ciego por Josefina, ni cosa que lo valga; pero
+ahora recelaba que sería mal visto plantarla de golpe y porrazo.
+
+--Entreténgala usted--aconsejó maquiavélicamente Borrén--y distráigase
+por otro lado. ¿Va usted a vivir así a su edad? ¡Pues no faltaba más,
+hombre!
+
+--Es una diablura: en este pueblo todo se sabe, y después, líos,
+historias, lances que molestan.... Se me figura que voy a pedir que me
+destinen a Andalucía o a Cataluña.... Si me quedo aquí, hay una muchacha
+que me da, a veces, en que pensar... ¿y para qué se ha de meter uno en
+un atolladero?
+
+--Una muchacha.... No es la de García, ¿eh?
+
+--No, hombre.... Esos son solaces a la alta escuela y por todo lo fino,
+que no le quitan a uno el sueño.... Es... una cigarrera.
+
+--¡Hola... picarón! ¿Esas tenemos, y tan calladito?
+
+--Usted mismo me la enseñó y me habló de ella.... La chica del
+barquillero.
+
+Borrén chasqueó la lengua contra el paladar.
+
+--¡Yaaaá lo creo! ¡Toma, toma! ¡Pues si es una joyita, hombre! ¡Caramba
+con usted y cómo lo gasta! ¿No se lo decía yo a usted, eh?
+
+--Debo advertir que por ahora no hay nada. No se eche usted a maliciar
+ya.
+
+--Principio quieren las cosas, hombre.
+
+Hablaban así al atravesar una calle principal, cuando de pronto les
+llamó la atención el corro de gente parada a la puerta de una sociedad
+de recreo. Dentro del marco de las iluminadas ventanas se veían agitarse
+figuras negras que gesticulaban animadamente, y detrás de ellas medio se
+columbraba una mesa servida con copas, botellas y dulces. A veces se
+dibujaba sobre el fondo de luz la silueta de una mano que alzaba una
+copa, y el clamor que seguía al brindis era delatado por el retemblido
+de los cristales.
+
+--El Círculo Rojo--dijo Borrén--. Están obsequiando a los delegados de
+Cantabria.
+
+--¡Llegar por mar ahora mismo y tener humor para correrla!--exclamó el
+teniente--. ¡Lástima de naufragio!
+
+--¿A usted qué le parece de estas algaradas, Sobrado?
+
+--¿Qué me ha de parecer? Que antes de dos meses nos embromarán allá por
+Navarra los del Terso....
+
+--¡Quia! Eso nunca, hombre. Eso murió, y los muertos no resucitan.
+
+--Usted entiende más de chicas guapas que de política, amigo Borrén. Nos
+van a divertir, créame usted. Ya anda en danza Elío, un militar si los
+hay.... Eso se va a organizar; verá usted cómo salen de la tierra igual
+que los hongos cuando llueve, pero equipaditos y con armamento. Y estos
+otros también van a sacar las uñas por Barcelona y donde haya blusas y
+fábricas. Lo peor de todo es que harán de España mangas y capirotes....
+
+Un golpe de gente que desembocaba en la calle cortó la réplica de
+Borrén. A la luz del astro nocturno se veía blanquear los instrumentos
+de metal y los papeles de música. Al llegar ante el Círculo Rojo instaló
+la banda sus atriles, en el centro del corro que aumentaba; y previas
+algunas palabras en voz baja y un golpe de batuta, rasgó los aires el
+bullanguero himno que todo español conoce y ama o detesta. Del concurso
+partieron gritos.
+
+--¡Himno de Garibaldi!
+
+--¡Marsellesa, Marsellesa!--contestó un grupo más compacto.
+
+Y enmudecieron los metales, y presto volvió a alzarse su formidable
+acento, entonando la trágica Marsellesa. Impensadamente se abrieron las
+ventanas del Círculo, y fue como si la sala llena de claridad, de gente
+y de tumulto, se viniese a meter entre los espectadores.
+
+En primer término asomaron las cabezas los recién venidos, y al punto
+calló la música y se oyeron vivas a los delegados, a Cantabria,
+dominando el clamoreo una voz aguardentosa que desde la esquina repetía
+incansable «¡Viva la honradez!». Una mujer se adelantó, y entrando en el
+círculo de luces, gritó con voz fresca y potente:
+
+--¡Que brinden a la salud del pueblo!... ¡Que brinden!...
+
+Volviose uno de los delegados, y al punto le trajeron una copa rebosando
+Champaña, que elevó a los cielos al pronunciar el brindis. Las luces de
+los atriles alumbraron su barba de nieve, sus mejillas sonrosadas como
+las de los viejos de la pintura arcádica. Baltasar sacudió el brazo de
+su confidente.
+
+--¿La ve usted?
+
+--La veo. ¡Olé y qué guapa se pone todos los días, hombre!
+
+--Pero se me hace muy cargante con estas cosas políticas. Las mujeres no
+tienen más oficio que uno.
+
+--Sí, hombre... quién la mete a ella... tiene chiste.
+
+--Es una epidemia. Almorzamos política y comemos ídem. Se va volviendo
+España un manicomio. ¡Bah! Si no estuviese aquí, donde todo el mundo me
+conoce, las extravagancias de esa muchacha no dejarían de divertirme....
+¿La ve usted aplaudiendo a rabiar al del brindis? ¿Cómo se llamará ese
+ciudadano? Parece el Oroveso de _Norma_.
+
+--Psh... mañana lo sabremos.
+
+
+
+
+-XVI-
+
+Revolución y reacción mano a mano
+
+
+En la calle de los Castros estaba Carmela, la encajerita, descolorida
+como siempre y ocupada en oír de boca de Amparo el relato de los sucesos
+de la víspera. Asomada Carmela al tablero, disimulaba su talle encorvado
+ya por la habitual labor; pero no sus ojos ribeteados y cansados de
+fijarse en la blancura del hilo. No obstante su atareado vivir, la
+encajera gastaba humor apacible e inalterable y poseía la dulzura de las
+personas melancólicas, una benevolencia claustral. Amparo narraba
+animadamente; los delegados de Cantabria habían desembarcado entre
+inmenso gentío que llenaba el muelle y la ribera: ella pensó por la
+mañana alumbrar en la octava de San Hilario; pero ¡qué octava ni
+octava!, en cuanto supo la venida del buque, allá se plantó, en el
+desembarcadero, abriéndose calle a codazos.... Los delegados son unos
+señores..., ¡vaya!, de mucho trato y de mucho mundo: ¡saludan a todos y
+se ríen para todos!, ¡republicanos de corazón, ea! (y aquí Amparo se
+descargó una puñalada en el pecho). A la señora María, la _Rinchona_,
+mira tú, porque dijo que les quería dar la mano, la abrazaron a vista de
+todo Dios... luego los había acompañado al Círculo Rojo, y oído la
+serenata, y el discurso que echó uno de ellos... ¡un viejo que parece un
+santo!, y otro... un señor serio, de mal color....
+
+--¿Y qué tal, predican bien?
+
+--¡Dicen cosas... que se le hace a uno agua la boca de oírlas! Quisiera
+yo que estuviesen allí los que creen que la federal trae desgracias y
+belenes. El viejo no habló sino de que ya no había tiranía... de que
+todo se iba a arreglar con moralidad y atención... de que nos
+quisiésemos mucho los republicanos, porque ya todo ha de ser concordia
+entre los hombres.
+
+--Tú tienes un memorión.... A mí se me iría el santo al cielo. Mi
+memoria es de gallo. Y el otro, ¿qué dijo?
+
+--El otro, el otro... el otro habla despacio, pero echa unos términos,
+que a veces cuesta caro entenderlo.... Predicó mucho de nuestros
+derechos y del trabajo, y de lo que representa esta Unión del Norte... y
+de que las clases trabajadoras, si se unen, pueden con las demás....
+Habían de venir allí arrastrados de las orejas los que piensan que los
+republicanos dicen cosas malas. No señor, allí se cantaba clarito lo que
+somos, paz, libertad, trabajo, honradez y la cara y las manos muy
+limpias.
+
+--Dime una cosa, mujer.
+
+--Más que sean dos.
+
+--¿Y qué significa eso de república federal?
+
+--Significa... ¿qué ha de significar, repelo? Lo que predicaron esos.
+
+--Pero no me hice bien de cargo.... ¿Qué más tiene eso que el gobierno
+que hay ahora?
+
+--Tiene, tiene, tiene... tiene que Madrí no se nos monte encima, y que
+haya honradez, paz, libertá, trabajo....
+
+--Pero... vamos, una pregunta, por preguntar, mujer. ¿No decían cuando
+vino el barullo de la revolución el año pasado, que nos iban a dar todo
+eso? Conforme aquellos no lo dieron también podrá cuadrar que no lo den
+estotros.
+
+--No puede ser, y no, y no, porque estos son otros hombres de otra
+manera, que miran por el bien del pueblo.... No digas tontadas.
+
+La encajerita se rió con su risa tenue.
+
+--No, si lo que vienen a dar es trabajo, por acá no falta.... Y digo yo
+y preguntando otra vez, si es verdá que quitan la estancación del
+tabaco, vamos a ver, ¿cómo os valéis las cigarreras? Pidiendo limosna.
+
+--¡Esa es una burrada de las gordas!--exclamó Amparo, fuerte ya en la
+controversia del punto concreto--. Oye y atiende, mujer, te lo voy a
+poner claro como el sol. Ahora el Gobierno nos tiene allí sujetas, ¿no
+es eso? Ganamos lo que a él se le antoja; si vienen, un suponer, buenas
+consignas, porque vienen, y si no, fastidiarse. Él chupa y engorda y se
+hace de oro, y nosotras, infelices, lo sudamos. Que se desestanca, que
+se desestancó: ¡ala con ella!, las reinas somos nosotras, las que
+tenemos nuestra habilidad en los dedos; con nosotras han de venir a
+batir el consumidor y el estanquero, y si a mano viene, el ministro del
+ramo.... ¿Aún no entendiste, tercona?
+
+Meneaba suavemente la cabeza la encajerita, mientras los hilos de la
+labor se deslizaban, se cruzaban, se entretejían a través de sus dedos,
+y los palillos de boj, chocando unos contra otros, hacían una musiquilla
+flauteada.
+
+--Es que... tú pintas las cosas.... Pero dime.
+
+--¡Qué porfiosa del dianche!
+
+--Dime con verdad.... ¿Falta ahora gente que pretenda entrar en la
+Fábrica?
+
+--¡Faltar! ¡Más empeños andan danzando!
+
+--Pues, catá... El día que quiten la estancación se echa medio mundo a
+trabajar en cigarros, y habiendo mucho quien trabaje, el trabajo anda
+por los suelos de barato. ¿Qué me está pasando a mí? Empezó la tía a
+hacer encajes, y le salieron dos o tres de Portomar a poner la
+competencia... porque ahora son mucha moda estas puntillas, hasta para
+pañuelos; lo que estoy rematando es un pañuelo.
+
+Descubrió ufana su almohadilla alzando un pañizuelo que velaba parte de
+labor terminada ya, y viose una afiligranada crestería, un alicatado de
+hilo, donde el menudo dibujo se desplegaba en estrellitas microscópicas,
+en finos rombos, en exquisitos rectángulos, todo ello unido con arte y
+gracia formando primorosa orla. Amparo aprobó.
+
+--Está muy bonito--dijo.
+
+--Pues con todo y que se lleva tanto, como ya somos muchas a menear los
+palitroques, hay que arreglar los precios.... Yo--murmuró suspirando
+levemente--no puedo hacer más; a veces trabajo con luz, pero no me lo
+resisten los ojos, y así me arrimo cuando más puedo al tablero hasta que
+no se ve el día.... La tía también se quedó medio ciega; ya ni puntillas
+gordas hace: sólo sirve para ir por las casas a vender lo que yo
+trabajo....
+
+Batida en el terreno crematístico, Amparo tocó otra cuerda para seguir
+hablando de lo que la gustaba; que no se le cocía el pan en el cuerpo
+hasta desembuchar cuanto había visto y esperaba ver.
+
+--¡El día que lleguen por tierra los delegados de Cantabrialta... se
+prepara una buena! ¿No sabes?
+
+--¿Mucha fiesta?
+
+--Los han de esperar con coches.... Y...--Amparo se detuvo, bajando la
+voz para acrecentar el efecto de la estupenda noticia--les iremos a
+alumbrar con hachas.
+
+--¡Ave María de gracia! ¿Qué me dices, mujer? ¿Alumbrarles como a los
+santos?
+
+--Andando.
+
+--¿Y quién? ¿Las de la Fábrica?
+
+--Ajá. Una ristra de ellas. Ya estamos habladas.
+
+--¿Van tus amigas?... ¿Aquellas dos?...
+
+--¡Espera por ellas! No, mujer, no. Ana, como trata con un capitán
+mercante, no se quiere rebajar a que la vean alumbrando; dice que cuando
+llegue la _Bella Luisa_ la avergonzaría su marino.... ¡Y aquella tonta
+de Guardiana tuvo valor a decirme que ella sólo cogería un hacha para ir
+en la procesión de Nuestra Señora de la Guardia!
+
+--Pues yo digo otro tanto... más que te enfades, mujer. ¡Vaya unos
+dioses y unas imágenes que vais a llevar en procesión! Eso parece cosa
+de idólatras. Alumbrar solamente a las cosas de la iglesia, el veático,
+las octavas....
+
+--Calla, que eres más nea que los neos.
+
+--¡Y para el favor que me están haciendo a mí esos señores que predican
+la libertá! ¡Dicen que van a echar a todas las monjas a la calle y a no
+dejar convento con convento!
+
+Amparo retrocedió tres pasos, se puso en jarras, enarcó las cejas, y
+después se persignó media docena de veces, con extraña prontitud.
+
+--Me valga San.... ¿Pero tú hablas formal, mujer? ¿Te quieres meter en
+aquella prisión por toda, toda, toda la vida? Arreniégote.
+
+--Querer, quiero.... ¡Ay! Quise desde que fui así pequeñita.... Pero
+¡bah!, ¡no puedo! ¿Dónde me van a recibir ahora sin el dote? ¡Buenas
+están las monjas para meterse en despilfarros! ¿Y yo, cómo he de juntar
+el dote, dime tú? Si pido, nadie me dará... A no ser que Dios me mande
+una sorpresa....
+
+--Mujer, rica no soy; pero un par de duros aún no me hacen falta para
+comer mañana--dijo espontáneamente Amparo.
+
+La pálida sonrisa de la encajerita alumbró su rostro.
+
+--Se estima la voluntá... Necesito una atrocidá de dinero para el caso,
+y ya sé que juntar, no lo he de juntar nunca.... En fin, paciencia nos
+dé Dios.
+
+--¿Y tú estarías a gusto presa entre cuatro paredes?
+
+--Bien presa vivo yo desde que acuerdo.... Siquiera los conventos tienen
+huerta, y vería uno árboles y verduras que le alegrasen el corazón.
+
+
+
+
+-XVII-
+
+Altos impulsos de la heroína
+
+
+Eran las horas meridianas, las horas de calor, cuando salieron
+desempedrando las calles de Marineda carruajes en que iban las
+comisiones del partido a esperar a los delegados de Cantabrialta. Las
+dos leguas de camino real que van de la ciudad al ex-portazo (como se
+decía entonces) hallábanse cuajadas de gente en expectativa, asaz
+empolvada y sudorosa. Poca levita, mucha tuina y chaqueta, de higos a
+brevas un uniforme; buen número de mujeres, roncas ya, con los labios
+secos, los ojos inyectados, arrebatadas las mejillas, más o menos
+descompuesto el peinado y el traje. Engalanadas con colgaduras ostentaba
+sus casas el pobre suburbio de la Riberilla: quién había destinado a
+manifestar su civismo la colcha de la cama, quién las cortinas de la
+humilde alcoba, quién una sábana o mantel. Al ingreso de la barriada se
+alzaban arcos de triunfo, entretejidos con ramaje.
+
+Cuando regresaron los coches trayendo ya a los esperados viajeros, el
+contraste que ofrecía el espectáculo convidaba a parar la consideración
+en él. Acercábase el sol a su ocaso y las colinas que limitaban el
+horizonte pasaban del suave azul ceniciento al lila más delicado. Las
+playas de la Barquera y el mar alternaban en zonas de nítida blancura y
+de limpio color de zafiro; a los últimos destellos del Poniente, el
+arenal brillaba como si estuviese salpicado de plata, y vaporosas
+franjas de espuma, tan pronto formadas como deshechas, corrían un
+instante por el borde de las olas. Soberana y majestuosa paz, unida al
+recogimiento de la hora vespertina, se elevaba de aquellas diáfanas
+lejanías al cielo puro, donde apenas de trecho en trecho leves
+nubecillas, semejantes a copos de algodón, se esparcían tiñéndose de
+oro. Así se preparaba al sueño la Naturaleza, mientras en la carretera
+una multitud abigarrada y polvorosa se desojaba mirando al punto por
+donde asomaría muy luego la comitiva, y recreaba la vista en contemplar
+los guiñapos y telas de colorines pendientes de los balcones, y el
+marchito verdor de los arcos de triunfo; y se recibían y daban pisotones
+recios, y _metidos_ feroces, y algún furtivo pellizco, y se tragaba y se
+mascaba el árido polvo del camino, oyendo a poca distancia, como irónica
+burla, el blando gemir de las ondas de la ría.
+
+De tiempo en tiempo, las bombas de palenque trataban de armar un
+escándalo en la atmósfera, pero en balde: diríase que era la detonación
+de algún vergonzante petardo, que así alteraba la amplia serenidad del
+ambiente, como el zumbido de un mosquito turbaría el reposo de un
+gigante. Las tocatas de la banda de música, hecha pedazos de puro soplar
+himnos y más himnos patrióticos, se empequeñecían en el libre y
+anchuroso espacio, hasta asemejarse al estallido de una docena de
+buñuelos al caer en el aceite hirviendo donde se fríen. Y visto desde la
+playa, el mismo numeroso gentío podía compararse a un avispero, y la
+bandera roja a un trapo de los que los chicos cuelgan de una caña a fin
+de pescar ranas en las ciénagas.
+
+Para que la comitiva adquiriese unos asomos de solemnidad, fue preciso
+que entrase en los mezquinos arrabales del pueblo. Con la frescura de la
+noche que caía todo el mundo se halló más a gusto, los de los coches
+respiraron, sin dejar de saludar a diestro y siniestro, y comenzaron a
+abrir en las tinieblas sus pupilas de fuego los reverberos de la ciudad,
+la Farola, y las hachas de cera que encendían algunas mujeres para
+alumbrar a los carruajes. Así que brilló el cordón de luces, las
+portadoras de las hachas se alinearon en buen orden, bajando los ojos
+modestamente porque aquello olía a procesión. Entonces algunos curiosos
+de Marineda, que no habían querido molestarse en ir más lejos para ver
+la función, se abrieron paso y situaron convenientemente con propósito
+de estudiar los semblantes de las que en otra ocasión se llamarían
+devotas. Si las encontraban mozas y lindas, decíanles cosas almibaradas;
+si viejas y feas, barbaridades capaces de enojar y abochornar a un santo
+de leño. Cuando pasaba Amparo, que iba una de las primeras, al lado del
+rojo estandarte, era un fuego graneado de piropos, una descarga cerrada
+de ternezas, a quemarropa. Es que la muchacha se lo merecía todo: la luz
+del blandón descubría su rostro animado, encendía sus ojos
+rechispeantes, y mostraba la crespa melena, desanudada por la agitación
+de la caminata, y flotando en caprichosas roscas por su frente, hombros
+y cuello. Baltasar y Borrén, de americana y hongo, se colocaron entre la
+apiñada muchedumbre y quizá le murmuraron al oído cien mil dislates;
+pero no estaba el alcacer para gaitas, es decir, no estaba Amparo de
+humor de requiebros, hallándose exclusivamente poseída del fervor
+político.
+
+Sentíase sobreexcitada, febril, en días tan memorables. Por todas partes
+fingía su calenturienta imaginación peligros, luchas, negras tramas
+urdidas para ahogar la libertad. De fijo de fijo el Gobierno de Madrid
+sabía ya a tal hora que una heroica pitillera marinedina realizaba
+inauditos esfuerzos para apresurar el triunfo de la federal: y con tales
+pensamientos latíale a Amparo su corazoncillo y se le hinchaba el seno
+agitado. En medio de la vulgaridad e insulsez de su vida diaria y de la
+monotonía del trabajo siempre idéntico a sí mismo, tales azares
+revolucionarios eran poesía, novela, aventura, espacio azul por donde
+volar con alas de oro. Su fantasía inculta y briosa se apacentaba en
+ellos. Las enfáticas frases de los artículos de fondo, los redundantes
+períodos de los discursos resonaban en sus oídos como el _ritornelo_ del
+vals en los de la niña bailadora. Aquella llegada de los individuos de
+la Asamblea de la Unión fue para Amparo lo que sería la de los Apóstoles
+para un pueblo que oyese hablar del Evangelio y de pronto viese arribar
+a sus costas a los encargados de anunciarlo.
+
+Tenía Amparo por cosa cierta que se acercaba la hora de señalarse con
+algún hecho digno de memoria: ansiaba, sin declarárselo a sí misma,
+emplear las fuerzas de abnegación y sacrificio que existen latentes en
+el alma de la mujer del pueblo. ¡Sacrificarse por cualquiera de aquellos
+hombres, venidos de Cantabria a vaticinar la redención; inmolarse por el
+más viejo, por el más feo, prestándole algún extraordinario y capital
+servicio! Llamar a su puerta a las altas horas de la noche; decirle con
+voz entrecortada que «ahí viene la policía» y que se oculte; acompañarle
+por recónditas callejuelas a un escondrijo seguro; meterle en la mano
+unos cuantos pesos ahorrados a fuerza de liar pitillos; recibir, en
+cambio, un haz de proclamas para repartir al día siguiente, con la
+advertencia de que «si se las cogen, puede contarse ánima del
+Purgatorio»; distribuirlas con sigilo y celo; y por recompensa de tantas
+fatigas, de riesgos semejantes, ganar un expresivo apretón de manos, una
+mirada de gratitud del proscrito.... Si el heroísmo es cuestión de
+temperatura moral, Amparo, que se hallaba a cien grados, tal vez se
+dejara fusilar por _la causa_ sin decir esta boca es mía; y quién sabe
+si andando los tiempos no figuraría su retrato al lado del de Mariana
+Pineda en los cuadros que representan a los mártires de la libertad....
+Feliz o desgraciadamente, lo que ustedes quieran, que por eso no
+reñiremos, los tiempos eran más cómicos que trágicos, y los loables
+esfuerzos de Amparo no le obtuvieron otra corona de martirio sino el que
+en la Fábrica se prohibiese la lectura de diarios, manifiestos,
+proclamas y hojas sueltas, y que a ella y a otras cuantas que
+pronunciaron vivas subversivos y cantaron canciones alusivas a la Unión
+del Norte las suspendieran, como suele decirse, de empleo y sueldo.
+
+
+
+
+-XVIII-
+
+Tribuna del pueblo
+
+
+El Círculo Rojo echa el resto; no se habla en Marineda sino del banquete
+que ofrece a los delegados de Cantrabria y Cantabrialta. No tiene el
+Círculo Rojo socios tan opulentos como el Casino de Industriales y la
+Sociedad de Amigos; pero sóbrale alma y desprendimiento, cuando la
+ocasión lo requiere, para sangrarse los bolsillos, empeñarse, si es
+preciso, hasta los ojos y salir con color y presentar una mesa que no le
+avergüence.
+
+Llamada a conferenciar con el presidente del Círculo la «persona de buen
+gusto», que nunca falta en los pueblos para dirigir las solemnidades,
+entró al punto en el desempeño de sus funciones, y se dio tal maña, que
+en breve pudo negociar un empréstito de candeleros de plata, centros de
+mesa, vajilla fina, mantelería adamascada y nueva, palilleros
+caprichosos y pureras sorprendentes. Obtenido lo cual, el correveidile
+se frotó las manos asegurando al presidente que la mesa estaría
+regiamente exornada.
+
+--Regiamente, no señor--contestó el presidente algo fosco--.
+Republicanamente, dirá usted.
+
+No quiso el organizador de la fiesta discutir el adverbio, y satisfecho
+de haber encontrado los accesorios, se dio a buscar lo principal, o sea
+la comida. Bregando con fondistas y cafeteros, consiguió combinar
+platos, vinos y helados del modo que le parecía más ortodoxo y elegante;
+pero quiso su desdicha que a última hora el entusiasmo político lo
+echase todo a perder, instigando a este bodegonero federal a enviar «la
+prueba» de sus vinos y a aquel hornero a remitir media docena de
+robustas empanadas, que cayeron en el banquete como barbarismos en
+selecto trozo de latinidad clásica. Menudencias que la Historia no
+registrará seguramente.
+
+De propósito se empezó tarde la comida, y circulaban aún las dos sopas
+de hierbas y de puré, cuando los camareros cerraron las maderas de las
+ventanas y encendieron las bujías de los candelabros y los aparatos de
+gas. Viose entonces salir de las vaguedades del crepúsculo la mesa, la
+larga mesa de sesenta cubiertos, con sus brillantes objetos de plata,
+sus ramos de flores simétricamente colocados, sus altos ramilletes de
+dulce, sus temblorosas gelatinas, donde la luz rielaba como en un lago.
+El presidente del Círculo tendió en derredor una mirada de orgullo. En
+verdad que el aspecto del banquete era majestuoso. Imperaba en él
+todavía la reserva de los primeros momentos: la gente comía con
+moderación y delicadeza, los camareros y mozos de servicio andaban
+discretamente sin taconear, las cucharas producían leve música al
+tropezar con los platos, la virginidad del mantel alegraba los ojos, y
+el vaho aperitivo de la sopa no desterraba del todo las fragantes
+emanaciones de las rosas y claveles de los floreros. No obstante, al
+servirse la primer entrada comenzaron a dialogar los vecinos de mesa, y
+el rumor creciente de las conversaciones envalentonó a los mozos, que
+pisaron ya más recio.
+
+Presidía la mesa el viejo de blanca barba, y la teatral nobleza de su
+figura completaba la decoración. A su derecha tenía al presidente del
+Círculo y a su izquierda al orador de tenebrosa faz, el que, según
+Amparo, «echaba términos» difíciles de entender. Seguían los demás
+delegados por orden de respetabilidad, alternando con individuos de la
+Junta, de la Prensa, del partido.
+
+Fue poco a poco acrecentándose el ruido de la charla y desatándose las
+lenguas, por donde rebosaba ya la abundancia del corazón. El que, merced
+a su ancianidad venerable, podía ser llamado patriarca, sonreía,
+aprobaba, estaba de acuerdo con todo el mundo, mientras el delegado
+tétrico y ceñudo se las componía lo mejor posible para disputar. Al
+tercer plato disparó con bala rasa contra la propiedad, el capital y la
+clase media, y el presidente del Círculo, patrón y dueño del
+establecimiento, hubo de amoscarse; poco después fue el patriarca mismo
+el enojado, a causa de no sé qué frases sobre el derecho de insurrección
+y el empleo de medios violentos y coercitivos. Ninguno le parecía al
+patriarca lícito; en su concepto, el amor, la paz, la fraternidad, eran
+las mejores bases para fundar la unión federativa, no sólo de Cantabria
+y de España, sino del mundo. Cada cual alegaba sus razones, tratando de
+quimera el ajeno parecer; la discusión se hacía general; intervenían en
+ella periodistas y delegados desde los más remotos extremos de la mesa;
+alguien brindaba sin ser oído; personas de voz escasa exclamaban en tono
+suplicante: «Pero oigan ustedes, señores... si ustedes oyesen una
+palabra...». Era en balde. El grupo central se lo hablaba todo; de su
+confuso vocerío sólo se destacaban frases sueltas, airadas, empeñadas en
+descollar. «Eso son utopías, utopías fatales.... No, es que le convenzo
+a usted con la historia en la mano.... Sí, sí, hagámonos de miel.... La
+Revolución Francesa.... Era otro régimen, señores.... No confundamos los
+tiempos.... Está usted en un error.... Un hecho no es ley general....
+Eso lo ha dicho Pi.... Cantú es un reaccionario.... El bautismo de la
+sangre.... Horrores infecundos...». Mientras duraba la polémica, los
+mozos no se entendían para pasar las fuentes del asado y para escanciar
+el Champaña.... Uno de ellos se inclinó hacia el presidente y le dijo al
+oído no sé qué... El presidente se levantó al punto y salió de la sala,
+volviendo a entrar presto seguido de un grupo de mujeres.
+
+Amparo lo capitaneaba. Penetró airosa, vestida con bata de percal claro
+y pañolón de Manila de un rojo vivo que atraía la luz del gas, el rojo
+del _trapo_ de los toreros. Su pañuelito de seda era del mismo color, y
+en la diestra sostenía un enorme ramo de flores artificiales, rosas de
+Bengala de sangriento matiz, sujetas con largas cintas lacre, donde se
+leía en letras de oro la dedicatoria. Diríase que era el genio protector
+de aquel lugar, el duende del Círculo Rojo; las notas del mantón, del
+pañuelo, de las flores y cintas se reunían en un vibrante acorde
+escarlata, a manera de sinfonía de fuego.
+
+Adelantose intrépida la muchacha levantando en alto el ramo y
+recogiendo, con el brazo libre, el pañolón, cuyos flecos le llovían
+sobre las caderas. Y como el conspicuo disputador, dejando su asiento,
+mostrase querer tomar el ex-voto que la muchacha ofrecía en aras de la
+diosa Libertad, Amparo se desvió y fuese derecha al patriarca. El corro
+se abrió para dejarla paso.
+
+La muchacha, sin soltar el ramo, miraba al viejo. Este, de pie, con su
+barba plateada y levemente ondulosa como la de los ermitaños de
+tragedia, con su calva central guarnecida de abundantes mechones canos,
+con su alta estatura, un tanto encorvada ya, se le figuraba la
+ancianidad clásica, adornada de sus atributos, coronando la cima de los
+tiempos. Y el patriarca, a su vez, creía ver en aquella buena moza el
+viviente símbolo del pueblo joven. Ambos formularon en sus adentros el
+pensamiento de simpatía que les asaltaba.
+
+--Este señor mete respeto lo mismo que un obispo--se dijo Amparo.
+
+--Esta chica parece la Libertad--murmuró el patriarca.
+
+Entre tanto la muchacha comenzaba su peroración. Temblábale la voz al
+principio; dos o tres veces tuvo que pasarse la mano, yerta, por la
+frente húmeda, y sin saber lo que hacía accionó con el ramo, cuyas
+cintas culebrearon como serpientes de llama, y carraspeó para deshacer
+un nudo que le apretaba el galillo. Poco a poco, el rumor de la mesa, el
+cuchicheo de los convidados más distantes, la luz de los mecheros de gas
+que le calentaba los sesos, el aroma de los vinos y la espuma del
+Champaña, que aún parecía bullir en la iluminada atmósfera, la
+embriagaron, y sintió fluir de sus labios las palabras y habló con
+afluencia, con desparpajo, sin cortarse ni tropezar. Los convidados se
+daban al codo sonriendo, pronunciando entre dientes algún «¡bravo!, ¡muy
+bien!», al oír que las operarias republicanas de la Fábrica ofrecían
+aquel ramo a la Asamblea de la Unión del Norte y al Círculo Rojo en
+prueba de que... y para manifestar cuanto... y como testimonio de que
+los corazones que latían..., etc. El patriarca se colocaba la mano sobre
+el pecho, se la llevaba a la boca con sincerísima complacencia, mientras
+el disputador, tieso y serio, inclinaba de vez en cuando lentamente la
+cabeza en señal de aprobación. Por fin, la oradora acabó su discurso
+entregando el ramo al patriarca y gritando: «¡Ciudadanos delegados,
+salud y fraternidad!».
+
+Tomó el viejo la ofrenda y la pasó al presidente, que se quedó con ella
+muy empuñada y sin saber qué hacer. Confusas las compañeras de Amparo
+por el silencio repentino, miraban de reojo hacia todas partes,
+maravillándose del esplendor de la mesa y algo sorprendidas de que el
+banquete republicano fuese cosa de tanto orden y de que los delegados
+comiesen en vez de salvar la patria. El patriarca se acercó a Amparo;
+sus mejillas arrugadas y marchitas tenían a la sazón sonrosados los
+pómulos.
+
+--Gracias, hijas...--tartamudeó cabeceando senilmente--. Gracias,
+ciudadanas.... Acércate, tribuna del pueblo... que nos una un santo
+abrazo de fraternidad.... ¡Viva la tribuna del pueblo! ¡Viva la Unión
+del Norte!
+
+--¡Viva!--balbució Amparo toda enternecida, ahogándose--. ¡Viva usted...
+muchos años!--Y el viejo y la niña estaban a dos dedos de romper a
+llorar, y algunos de los convidados se reían a socapa viendo aquel brazo
+paternal que rodeaba aquel cuello juvenil.
+
+
+
+
+-XIX-
+
+La Unión del Norte
+
+
+¡Cuidado si hace calor!
+
+Sobre el duro azul de un celaje no empañado por la más leve bruma,
+ondean las flámulas, colocadas en mástiles a la veneciana alrededor del
+baluarte de la Puerta del Castillo, y sus gayos colores no desdicen del
+júbilo radiante del cielo y de la estrepitosa y alegre multitud. Arcos y
+ondas de follaje verde corren de mástil a mástil, disonando y
+contrastando con el tono cerúleo del firmamento. En mitad del anfiteatro
+se alzaba el palco destinado a la Asamblea de la Unión, con su tribuna
+al centro, y flanqueado de otros dos más bajos, pero mayores, destinados
+a las comisiones del partido. Bien podía la Asamblea constitutiva de la
+Unión del Norte de la costa ibérica--que así se nombraba en sus
+documentos oficiales--ocupar oronda y satisfecha el palco presidencial:
+pocas sesiones y breves horas le habían bastado para sentar las bases
+del gran contrato unionista federativo; actividad gloriosa, sobre todo
+comparándola con la flema y machaconería de aquellas holgazanas de
+Cortes Constituyentes, que tardaban meses en redactar un código
+fundamental y definitivo para la nación.
+
+Caminaba impetuosa hacia el anfiteatro la comitiva, compuesta del
+partido y _juventud_ republicana, de mucha chiquillería, de los comités
+rurales, de los delegados y de todo fiel cristiano que movido de
+curiosidad quiso injerirse en la procesión. Apresuradamente, como si
+fuese un ser único animado por un solo soplo vital, y tuviese por voz la
+banda de música que aturdía el ambiente con himnos y más himnos,
+adelantábase la palpitante masa humana; y empujadas por la compacta
+muchedumbre, las banderas, coronadas de flores, vacilaban cual si
+estuviesen ebrias, y tan pronto daban traspiés y se inclinaban acá o
+acullá, como tornaban a erguirse rectas y altivas. Y las casas del
+tránsito parecían contemplar el cuadro y entender su asunto, y de unas
+llovían flores, ramos, coronas, y otras, en menor número, cerradas a
+piedra y lodo, dijérase que fruncían el ceño y se ponían hurañas y
+serias al sentir el roce de las olas revolucionarias.
+
+Cuando estas llegaron a estrellarse en el baluarte, se esparcieron y
+derramaron por doquiera. El gentío trepó a las escaleras, cabalgó en el
+caballete de los bastiones, invadió los palcos de los comisionados, y se
+extendió coronando las alturas vecinas; por los troncos de los mástiles
+se encaramó más de un granuja, resuelto a dominar la situación. Penetró
+majestuosamente en su palco la Asamblea, y así que los delegados
+ocuparon sus asientos, el tumulto se apaciguó como por magia, y cerca de
+veinte mil personas guardaron silencio religioso. Sólo se oyó salir de
+algún rincón del anchuroso escenario, el melancólico grito que
+pregonaba: «¡Agua de limón fría, barquillos, agua, azucarillos, agua!».
+Dos fotógrafos, situados en el lugar oportuno para tomar la vista,
+enfocaban cubriéndose la cabeza con el paño de bayeta verde, y sus
+máquinas parecían los ojos de la Historia contemplando la escena. Casi
+se oiría el volar de una mosca, sobre todo en las cercanías del palco
+presidencial.
+
+Procediose a la firma y lectura del contrato de Unión. Desde lejos se
+veía en el palco una agrupación de cabezas, entre las cuales se
+destacaba la negra cabellera melodramática del disputador y sus quevedos
+de oro, y la barba nívea del Patriarca, resplandeciente al sol como la
+de Jehová en los cuadros bíblicos. Estaban Baltasar y Borrén apoyados en
+un lienzo de parapeto, de pie sobre un sillar de piedra, lo cual les
+permitía ver cuanto ocurriese. Ambos prestaban atención suma,
+comprendiendo que presenciaban un episodio interesante del drama
+político español.
+
+--Aquí se incuba algo, hombre--exclamó Borrén inclinándose hacia su
+amigo.
+
+--¡Claro que se incuba! ¡El desbarajuste universal... y el picadillo que
+van a hacer de España esos señores!
+
+--Hombre, dice que no.... Dice que lo que desean es confederarnos, para
+que estemos más uniditos que antes... ¿no ve usted que esto se llama la
+Unión?
+
+--¡Sí, sí, corte usted un dedo y péguelo después con saliva!
+
+--A bien que una nación no es ninguna naranja para hacerse cuarterones
+tan fácilmente.... ¿Sabe usted lo que me contaron de ese viejecito...
+del Patriarca? Mire usted, yo me explico que sea republicano... ¡había
+cosas en aquellos tiempos antiguos! ¡Era el segundo de una casa rica...
+poderosa, hombre! El mayorazgo arrampló con todo, ¿eh?, mimos y
+hacienda, y a él le quedó un palomar viejo y la memoria de las
+azotainas.... Otro se hubiera hecho misántropo... Él se hizo filántropo
+y luego progresista, y luego federal... y es un bienaventurado que
+abraza a todo el mundo, y oye misa, y es incapaz de hacer daño a
+nadie... acá _inter nos_ le tengo por algo chocho....
+
+--¿Y aquel moreno... el de los quevedos?
+
+--¡Ah! ese... ese dicen que es de los que quieren perder las colonias y
+salvar los principios: hombre de línea recta, de geometría.... Según
+Palacios, que lo conoce, la ecuación entre la lógica y el absurdo: no en
+balde es ingeniero. Si para lograr sus ideales tuviese que
+desollarnos... ¡pobre pellejo!
+
+--¿Y si tuviese que desollarse a sí mismo?
+
+--¡Cáspita!, de la epidermis ajena a la propia.... Con todo, no seamos
+escépticos, hombre. Allí tiene usted a aquel otro... al del bigote
+negro... el que está a la izquierda del Patriarca. Pues mire usted,
+hombre, que le ha costado ya dinero y disgustos esta mojiganga
+política... emigrado, encausado, maltratado... y se libró de ir a las
+Marianas... no sé cómo.... Hay humor para todo en este mundo
+sublunar.... ¡Y decir que cuando Dios produce chicas como esa se ocupen
+en politiquear los muchachos!
+
+Al pronunciar estas palabras señalaba Borrén a Amparo, cuyos rojos
+atavíos la distinguían del círculo femenino que la rodeaba.
+
+--Pues esa chica aún politiquea más que los barbudos... ¿no sabe
+usted...?
+
+Y el incidente del banquete fue comentado, desmenuzado, acribillado por
+las dos bocas masculinas, que lo adornaron con festones satíricos. Entre
+tanto se leía el contrato de la Unión, y a pesar de que el sol no estaba
+en el zenit ni mucho menos, la gente arracimada y prensada producía una
+temperatura insufrible, y se oían exclamaciones de este jaez: «Nos
+morimos.--Nos asfixiamos.--¡Cuándo vendrá un poco de fresco!--Pero,
+hombre, no nos estruje usté.--Ave María, qué bárbaro.--Estese usté
+quieto.--Pues si no ve, fastidiarse: ¿sa figurao que vemos los demás?
+--¡Tan siquiera puede uno meter la mano en el bolsillo para sacar un
+triste pañuelo!--Cuidado con el reloj, palpa si lo tienes». Y la voz del
+lector del Contrato volaba por cima del mar de cabezas, y las palabras
+«garantías sacrosantas... dogmas de libertad... derechos
+invulnerables... ideales benditos... pueblo honrado y libre...» se
+dilataban en el cálido y sereno ambiente. Una lluvia de flores vino, de
+improviso, a oscurecerlo, y multitud de blancas palomas fueron lanzadas
+a él, abatiendo al punto el vuelo con aletear trabajoso, y cayendo sobre
+la muchedumbre, entorpecidas de tener tanto tiempo ligadas las patas. Un
+estruendoso cubo de cohetes de lucería salió bufando en todas
+direcciones; retumbó la música; hubo un minuto de gritos, vivas,
+estruendo y confusión, y nadie reparó en que un pobre viejo, un
+barquillero, salía del recinto mitad arrastrado y mitad en brazos de dos
+hombres. «Le dio un accidente», decían al verlo pasar, sin añadir otro
+comentario.
+
+
+
+
+-XX-
+
+Zagal y zagala
+
+
+Y del accidente se murió aquella noche misma, sin confesión, sin
+recobrar los sentidos. ¿Fue el sol abrasador? Mil veces le cayó
+verticalmente sobre el cráneo al señor Rosendo en sus épocas de vida
+militar, y vamos, que el de la isla de Cuba pica en regla.... ¿Fue el
+haber vuelto a manejar las tenazas y a elaborar barquillos para el
+extraordinario consumo de aquellos días solemnes? ¿Fue, como dijeron
+algunas comadres, el orgullo de ver a su hija tan elocuente y bizarra, y
+tan agasajada por los señores de la Asamblea? Quédese para la posteridad
+el arduo fallo, si bien parece infundada la última suposición, por
+cuanto el señor Rosendo, lejos de manifestar complacencia cuando la
+chica se metía en semejantes trifulcas, rompiera pocos días antes su
+mutismo para decirle cosas muy al alma sobre eso de buscar tres pies al
+gato y perder su colocación por locuras. El servicio militar había
+formado de tal suerte el carácter del viejo, que la insubordinación era
+para él el más feo delito, y su divisa, obediencia pasiva, automática;
+así es que amenazó a Amparo, poniendo los ojos fieros y la voz
+tartajosa, con romperle una costilla si volvía a leer periódicos en la
+Fábrica. Algunos años antes no hubiera amenazado sino ejecutado; pero la
+cigarrera, desde que lo es, sale en cierto modo de la patria potestad, y
+por eso se creyó el señor Rosendo en el caso de guardar consideraciones
+a su progenitura. Sabiendo cuánto influyen en los sacudimientos
+cerebrales y en las hemorragias internas los accesos de furor, puede
+creerse que, tal vez, la rabia y no el orgullo de ver a su hija elevada
+al rango de _Tribuna del pueblo_ determinaron en la pletórica
+constitución del viejo la apoplejía fulminante.
+
+En fin, a él lo enterraron y quedáronse las dos mujeres cual es de
+suponer en los primeros momentos: aturdidas, maravilladas de ver cómo
+«se va uno al otro mundo». Desequilibrio económico no lo hubo, porque
+Amparo, indultada, había vuelto a la Fábrica, y Chinto, trabajando como
+un mulo porfiado que era, ganaba lo mismo que antes y traía fielmente la
+colecta todas las noches según costumbre, con la diferencia de que ni
+recogía ni reclamaba su mezquino sueldo. Pareció el nuevo sistema muy
+ventajoso y cómodo a la tullida, que venía a estar como si tuviese dos
+hijos y ambos ganasen para sustentarla. Pero Amparo vivía inquieta
+habiendo advertido cierto peregrino cambio en la actitud y modales de
+Chinto. Mostrábase este mandón y muy interesado por las cosas de la
+humilde casa, que indicaba considerar como suya; se tomaba otra vez la
+libertad de esperar a la muchacha a la salida de la Fábrica, y aun de
+acompañarla a la ida, si lo consentía la labor de los barquillos;
+gastaba con ella chanzas finas como tafetán de albarda, y en suma, desde
+la muerte del viejo, le daba de protector y cabeza de casa, sin que en
+modo alguno procediese como criado, único papel que Amparo le señalaba
+siempre, mortificada de ver que el tosco paisano le prestaba servicios.
+Indignada y ofendida, tratole con más despego que nunca, y para colmo de
+disgusto, vio que Chinto correspondía a sus desaires con rústicas
+ternezas y a sus muestras de desvío con pruebas de confianza y afición.
+Una vez le trajo un pliego de aleluyas, y otra, como le oyese alabar
+ciertos pendientes de cristal negro, fue y se los presentó a la noche
+muy orondo.
+
+Ella se negó a estrenarlos.
+
+Hallábase una mañana Amparo en su cuarto vistiéndose para salir a la
+Fábrica, cuando sintió que una mano indiscreta alzaba el pestillo, y con
+gran sorpresa encontró delante de sí a Chinto, de un talante como nunca
+lo había visto la muchacha, pues traía el sombrerón ladeado sobre la
+oreja, los carrillos sofocados, el aire resuelto y un cigarro de a
+cuarto en la boca: preparativos todos que había juzgado indispensables
+el paisanillo para realizar la proeza de «cantar claro». La muchacha
+cruzó prestamente su bata que aún tenía sin abrochar, y arrojó al osado
+una mirada olímpica; pero Chinto venía tal, que ni las ojeadas de un
+basilisco le hicieran mella.
+
+--¿A qué entras aquí, a ver?--gritó la cigarrera--. ¿Qué se te ofrece?
+
+--Se me ofrecía... dos palabritas.
+
+--¿Palabritas? Tengo que hacer más que oír tus tontadas.
+
+--No, pues yo te quería decir de que... allí... como ya tengo aprendido
+el oficio... es decir, vamos, que quedándome las herramientas por lo que
+me debía tu padre de soldada... allí, yo, como ya en la quinta del mes
+pasado libré... y como vamos....
+
+--¿Acabarás hoy o mañana? Habla expedito, que parece que estás comiendo
+sopas.
+
+--Mujer, quiérese decir... que si tú admites el arriendo del trato,
+puedes, es decir, podemos... casarnos los dos.
+
+La risa homérica que soltó la insigne Tribuna al verse requerida de
+amores por aquella montés alimaña, se cambió presto en cólera al
+advertir que Chinto continuaba brindándole su mano y corazón con las
+discretas razones ya referidas.
+
+--Porque yo, lo que es tenerte voluntá... te tengo muchísima, ya desde
+mismo que te vi... y me gustas que no sé, que parece que mismo no pienso
+sino en tus quereres... así me veo yo tan destruido, que cuasimente no
+como y propiamente no me quiere dormir el cuerpo.... Por trabajar, ya
+sabes que trabajaré hasta que me reviente el alma... y por
+mantenerte....
+
+--¡Mira... si no te sacas de delante, repelo, hago contigo una
+desgracia!--gritó furiosa ya Amparo dando al mozo, que estaba próximo a
+la puerta, un soberano empellón para arrojarle del cuarto. Pero el
+movimiento brusco y familiar despertó la sangre aldeana de Chinto, y con
+los brazos abiertos se fue hacia Amparo. Esta a su vez sintió que
+renacía la chiquilla callejera de antaño, y bajándose prontamente, alzó
+del suelo una botita y estampó el tacón de plano en la inflamada mejilla
+que vio próxima a las suyas: y con tanto brío menudeó los golpes, que a
+uno que le alcanzó entre los ojos, el bárbaro galán hubo de exhalar
+imprecaciones sofocadas, retrocediendo y dejando el campo libre. Mal
+segura aún la muchacha, agarró una silla; mas sobraban ya los aprestos
+bélicos, porque el mozo, restituido a la razón por el vapuleo, se había
+arrojado de bruces sobre la cama, y escondiendo y revolcando el rostro
+en la ropa tibia aún del cuerpo de Amparo, lloraba como un becerro,
+alzando en su dialecto el grito primitivo, el grito de los grandes
+dolores de la infancia que reaparece en las siguientes crisis de la
+existencia.
+
+--¡Madre mía, madre mía!
+
+Encogiose Amparo de hombros y fuese a su Fábrica, que urgía el tiempo y
+era preciso ganar el pan, porque el entierro del viejo había consumido
+sus menguados ahorros. Al regresar contó a su madre lo ocurrido, y con
+no pequeña admiración oyó que la impedida la reprendía por no haber
+aceptado la propuesta matrimonial; y es el caso que la lógica de la
+tullida parecía contundente.
+
+--¿Tú qué eres, mujer?--le decía--. Cigarrera como yo. ¿Y él qué es,
+mujer? Barquillero como tu padre que en paz descanse. Que te dicen por
+ahí si eres graciosa, si eres tal y cual.... Conversación y más
+conversación. ¿Él trabaja, eh? Pues a eso vamos, que lo otro...
+patarata.
+
+Sin querer oír más, la muchacha declaró que no sólo repugnaba casarse
+con semejante bestia, sino que iba a echarlo de casa volando: no era
+cosa de tener que atrancar la puerta cada vez que se vistiese. No y no:
+antes prefería que la aspasen viva que sufrirlo allí a todas horas.
+Lamentose la tullida, recordó que el jornal de Chinto las ayudaba a
+vivir; todo se estrelló contra la firmeza de la Tribuna. Y cuando volvió
+de fuera Chinto a soltar el tubo vacío y a entregar, cabizbajo y humilde
+como un borrego, sus ganancias del día, Amparo le intimó la orden de no
+dormir ya aquella noche en casa. El mozo la oyó con rostro entre abatido
+y atónito; y así que se convenció de que se le condenaba al ostracismo,
+salió de la estancia a paso redoblado. La tullida se inclinó hacia su
+hija cuanto pudo para decirle:
+
+--Mira que le debemos cuartos.
+
+--Se los restregaré por la cara--respondió Amparo con magnífico desdén.
+
+A los dos minutos se presentó otra vez Chinto, cargado con los chismes
+de la barquillería, tenazas, cargador, lebrillo, y hasta un haz de leña;
+Amparo se puso en actitud defensiva cuando le vio blandir en el aire los
+hierros; mas no fue sino para desunirlos con fuerza bovina y tirarlos a
+un rincón desdeñosamente; y en seguida, juntando las tarteras, la leña y
+el cañuto de hojalata, lo pateó todo hasta reducir a añicos los
+cacharros y a un bollo informe el reluciente tubo. Ejecutada la hazaña,
+a puntapiés mandó los tristes restos a las esquinas de la habitación, de
+la cual se retiró sin volver atrás el rostro.
+
+
+
+
+-XXI-
+
+Tabaco picado
+
+
+A los pocos días supo Amparo en la Granera, convento laico donde nada se
+ignora, que Chinto andaba pretendiendo ingresar en el taller de la
+picadura. Empezó a correr y comentarse en la Fábrica la leyenda del mozo
+transido de amor que por estar cerca de su adorado tormento se metía en
+los infiernos del picado, en el lugar doliente a cuya puerta hay que
+dejar toda esperanza. De qué manera se las compuso Chinto para lograr su
+deseo, no hace al caso: lo cierto es que obtuvo la plaza, y que Amparo
+se lo encontró frecuentemente a la entrada y a la salida, triste como
+can apaleado por su amo, y sin que le dijese nunca más palabras que
+«Adiós, mujer... vayas muy dichosa». No cabía que Amparo, generosa de
+suyo, dejase de ser la primera en trabar otra vez conversación con él:
+hablaron de cosas indiferentes, de sus respectivas labores, y Amparo
+prometió visitar el taller de Chinto: que con venir diariamente a la
+Granera, no lo conocía aún. La Comadreja la acompañó en la visita.
+Descendieron juntas al piso inferior, con propósito de aprovechar la
+ocasión y verlo todo. Si los pitillos eran el Paraíso y los cigarros
+comunes el Purgatorio, la analogía continuaba en los talleres bajos, que
+merecían el nombre de Infierno. Es verdad que abajo estaban las largas
+salas del oreo, y sus simétricos y pulcros estantes; el despacho del
+jefe, y el cuadro de las armas de España trabajadas con cigarros,
+orgullo de la Fábrica; los almacenes; las oficinas; pero también el
+lóbrego taller del desvenado y el espantoso taller de la picadura.
+
+En el taller del desvenado daba frío ver, agazapadas sobre las negras
+baldosas y bajo sombría bóveda sostenida por arcos de mampostería y algo
+semejante a una cripta sepulcral, muchas mujeres, viejas la mayor parte,
+hundidas hasta la cintura en montones de hoja de tabaco, que revolvían
+con sus manos trémulas, separando la vena de la hoja. Otras empujaban
+enormes panes de prensado, del tamaño y forma de una rueda de molino,
+arrimándolos a la pared para que esperasen el turno de ser escogidos y
+desvenados. La atmósfera era a la vez espesa y glacial. La Comadreja
+andaba a saltos por no pisar el tabaco, y a veces llamaba por su nombre
+a una de las desvenadoras.
+
+--¡Hola... señora Porcona!--exclamó dirigiéndose a una que parecía tener
+los párpados en carne viva y los labios blancos y colgantes, con lo cual
+hacía la más extraña y espantable figura del mundo--. ¿Hola... cómo le
+va? ¿Cómo están esos parientes? Tú no sabes--añadió volviéndose a
+Amparo--que la señora Porcona es parienta, muy parienta, del señor de
+las Guinderas, aquel tan rico que tiene dos hijas y vive en el Malecón y
+viene aquí a veces: y él se empeña en negarlo y en no darle un ochavo;
+pero ella se lo ha de ir a cantar a las hijas el día que vayan más majas
+por el paseo. ¿Verdá, señora Porcona?
+
+--Yyyy... y es como el Evangelio, hiiigas...--contestó una voz temblona
+como el balido de la cabra, y aguardentosa además.
+
+--Explíquenos el parentesco, ande--sugirió Amparo prestándose a la broma
+de su amiga.
+
+La vieja alzó sus manos sarmentosas, se las pasó por los sangrientos
+ojos, y con muchas oscilaciones del labio inferior:
+
+--Aunque.... Diiios en persona estuviese allí--pronunció señalando a uno
+de los gigantescos panes de tabaco--, yo no he de contar mentira. Oíd,
+espectadores del caso. Es de saber que el padre del padre de mi madre, o
+quiérese decir mi bisabuelo, digo, el abuelo de mis padres, era cuñado
+carnal, o quiérese decir, medio hermano de la abuela de la madre
+política del señor de las Guinderas.... De modo y manera es, que yo
+vengo a ser parienta de muy cerquita, por la infinidá de la sangre....
+
+--Y es mucha picardía que no le den siquiera un realito diario para
+aguardiente--sugirió malignamente la Comadreja.
+
+--¡Aaaa... guardiente!--clamó la vieja acentuando el trémolo--. ¡Diera
+Diiiios pan!
+
+--Vamos, que un sorbito ya entró.
+
+--Ni maldiito olor dél me llegó tan siquiera: y eso que a mis añitos,
+hiiigas... ya os gustará calentar el estómago que se pone como la pura
+nieve.
+
+--¿Qué años tendrá, señora Porcona? Sin mentir.
+
+--¡Busssss!--pronunció la desvenadora. Así Dios me salve, ni sé de
+verdad el año que nací. Pero...--y bajó la temblona voz--sepades que
+cuando se puso aquí la fábrica, de las diez y seis primeritas fui yo que
+aquí trabajaron....
+
+--¡Dónde irá la fecha!--murmuró la Comadreja. Amparo le tiró del brazo
+horrorizada de aquella imagen de la decrepitud que se le aparecía como
+vaga visión del porvenir. Recorrieron la sala de oreos, donde miles de
+mazos de cigarros se hallaban colocados en fila, y los almacenes,
+henchidos de bocoyes, que, amontonados en la sombra, parecen sillares de
+algún ciclópeo edificio, y de altas maniguetas de tabaco filipino
+envueltas en sus finos miriñaques de tela vegetal; atravesaron los
+corredores atestados de cajones de blanco pino, dispuestos para el
+envase, y el patio interior lleno de duelas y aros sueltos de
+destrozadas pipas; y por último, pararon en los talleres de la picadura.
+
+Dentro de una habitación caleada, pero negruzca ya por todas partes, y
+donde apenas se filtraba luz al través de los vidrios sucios de alta
+ventana, vieron las dos muchachas hasta veinte hombres vestidos con
+zaragüelles de lienzo muy remangados y camisa de estopa muy abierta, y
+saltando sin cesar. El tabaco los rodeaba: habíalos metidos en él hasta
+media pierna: a todos les volaba por hombros, cuello y manos, y en la
+atmósfera flotaban remolinos de él. Los trabajadores estribaban en la
+punta de los pies y lo que se movía para brincar era el resto del
+cuerpo, merced a repetido y automático esfuerzo de los músculos; el
+punto de apoyo permanecía fijo. Cada dos hombres tenían ante sí una mesa
+o tablero, y mientras el uno, saltando con rapidez, subía y bajaba la
+cuchilla picando la hoja, el otro, con los brazos enterrados en el
+tabaco, lo revolvía para que el ya picado fuese deslizándose y quedase
+sólo en la mesa el entero, operación que requería gran agilidad y tino,
+porque era fácil que al caer la cuchilla segase los dedos o la mano que
+encontrara a su alcance. Como se trabajaba a destajo, los picadores no
+se daban punto de reposo: corría el sudor de todos los poros de su
+miserable cuerpo, y la ligereza del traje y violencia de las actitudes
+patentizaba la delgadez de sus miembros, el hundimiento del jadeante
+esternón, la pobreza de las Barrosas canillas, el térreo color de las
+consumidas carnes. Desde la puerta, el primer golpe de vista era
+singular: aquellos hombres, medio desnudos, color de tabaco, y rebotando
+como pelotas, semejaban indios cumpliendo alguna ceremonia o rito de sus
+extraños cultos. A Amparo no se le ocurrió este símil, pero gritó:
+
+--Jesús.... Parecen monos.
+
+Chinto, al ver a las muchachas, se paró de pronto, y soltando el mango
+de la cuchilla, y sacudiéndose el tabaco, como un perro cuando sale de
+bañarse sacude el agua, se les acercó todo sudoroso, y con un
+sobrealiento terrible:
+
+--Aquí se trabaja firme... dijo con ronca voz y aire de taco. Se
+trabaja... prosiguió jactanciosamente, y se gana el pan con los
+puños.... ¡Se trabaja de Dios, conchas!
+
+--Estás bonito; parece que te chuparon--exclamó la Comadreja, mientras
+Amparo lo miraba entre compadecida y asquillosa, admirándose de los
+estragos que en tan poco tiempo había hecho en él su perruno oficio. Le
+sobresalía la nuez, y bajo la grosera camisa se pronunciaban los
+omóplatos y el cúbito. Su tez tenía matices de cera, y a trechos manchas
+hepáticas; sus ojos parecían pálidos y grandes respecto de su cara
+enflaquecida.
+
+--Pero, bruto--exclamó la Tribuna con bondadoso acento--, estás sudando
+como un toro y te plantas aquí entre puertas, en este pasillo tan
+ventilado... para coger la muerte.
+
+--Boh...--y el mozo se encogió de hombros--. Si reparásemos a eso....
+Todo el día de Dios estamos aquí saliendo y entrando y las puertas
+abiertas, y frío de aquí y frío de allí... Mira onde afilamos la
+cuchilla.
+
+Y señaló una rueda de amolar colocada en el mismo patio.
+
+--La calor y el abrigo, por dentro.... Ya se sabe que no teniendo aquí
+una gota... (y se dio una palmada en el diafragma).
+
+--Así apestas, maldito--observó Ana--. Anda, que no sé qué sustancia le
+sacáis al condenado vinazo.
+
+--Antes--pronunció sentenciosamente Amparo--sólo probabas vino algún día
+de fiesta que otro.... Pues aquí no tienes por qué tomar vicios, que
+gracias a Dios la borrachera poco daño nos hace....
+
+--Las de arriba bien habláis, bien habláis.... Si os metieran en estos
+trabajitos.... Para lo que hacéis, que es labor de señoritas, con agua
+basta.... Quiérese decir, vamos... que un hombre no ha de ponerse
+chispo; pero un rifigelio... un tentacá... ¿Queréis ver cómo bailo?
+
+Volvió a manejar la cuchilla, mostrando su agilidad y fuerza en el duro
+ejercicio. De esta entrevista quedaron reconciliados la pitillera y el
+picador, que la acompañó algunas veces por la cuesta de San Hilario
+abajo, sin renovar sus pretensiones amorosas.
+
+
+
+
+-XXII-
+
+El Carnaval de las cigarreras
+
+
+Unos días antes de Carnavales se anuncia en la Fábrica la llegada del
+_tiempo loco_ por bromas de buen género que se dan entre sí las
+operarias. Infeliz de la que, fiada en un engañoso recado, se aparta de
+su taller un minuto; a la vuelta le falta su silla, y vaya usted a
+encontrarla en aquel vasto océano de sillas y de mujeres que gritan a
+coro: «Atrás te queda. Delante te queda». A las víctimas de estos
+alegres deportes les resta el recurso de llevar bien escondido debajo
+del mantón un puntiagudo cuerno, y enseñarlo por vía de desquite a quien
+se divierte con ellas. También se puede, por medio de una tira estrecha
+de papel y un alfiler doblado a manera de gancho, aplicar una _lárgala_
+en la cintura, o estampar con cartón recortado y untado de tiza, la
+figura de un borrico en la espalda. Otro chasco favorito de la Fábrica
+es, averiguado el número del billete de lotería que tomó alguna
+bobalicona, hacerle creer que está premiado. Todos los años se repiten
+las mismas gracias, con igual éxito y causando idéntica algazara y
+regocijo.
+
+Pero el jueves de Comadres es el día señalado entre todos para
+divertirse y echar abajo los talleres. Desde por la mañana llegan las
+cestas con los disfraces; y obtenido el permiso para bailar y formar
+comparsas, las oscuras y tristes salas se trasforman. El Carnaval que
+siguió al verano en que ocurrieron los sucesos de la Unión del Norte se
+distinguió por su animación y bullicio; hubo nada menos que cinco
+comparsas, todas extremadas y lucidas. Dos eran de mozas y mozos del
+país, vestidos con ricos trajes que traían prestados de las aldeas
+cercanas; otra, de grumetes; otra, de _señoritos_ y _señoras_, y la
+última comparsa era una estudiantina. Las dos de labradores se
+diferenciaban harto. En la primera se había buscado, ante todo, el lujo
+del atavío y la gallardía del cuerpo; las cigarreras más altas y bien
+formadas vestían con suma gracia el calzón de rizo, la chaqueta de paño,
+las polainas pespunteadas y la montera ornada con su refulgente pluma de
+pavo real; y para las mozas se habían elegido las muchachas más frescas
+y lindas, que lo parecían doblemente con el dengue de escarlata y la
+cofia ceñida con cinta de seda. La segunda comparsa aspiraba, más que a
+la bizarría del traje, a representar fielmente ciertos tipos de la
+comarca. Enrollada la saya en torno de la cintura, tocada la cabeza con
+un pañuelo de lana, cuyos flecos le formaban caprichosa aureola; asido
+el ramo de tejo, de cuyas ramas pendían rosquillas, estaba la peregrina
+que va a la romería famosa a que no se eximen de concurrir, según el
+dicho popular, ni los muertos; a su lado, con largo redingote negro,
+gruesa cadena de similor, barba corrida y hongo de anchas alas, el
+_indiano_, acompañábanle dos mozos de las Rías Saladas, luciendo su
+traje híbrido, pantalón azul con cuchillos castaños, chaleco de paño con
+enorme _sacramento_ de bayeta en la espalda, faja morada, sombrero de
+paja con cinta de lana roja. Los estudiantes habían improvisado manteos
+con sayas negras, y tricornios de cartón con cuchara y tenedor de palo
+cruzados, completaban el avío; los grumetes tenían sencillos trajes de
+lienzo blanco y cuellos azules; en cuanto a la comparsa de _señores_,
+había en ella un poco de todo; guantes sucios, sombreros ajados,
+vestidos de baile ya marchitos, mucho abanico, y antifaces de
+terciopelo.
+
+En mitad del taller de cigarros comunes se formó un corro y se alzó gran
+vocerío alrededor de la _Mincha_, barrendera vieja, pequeña, redonda
+como una tinaja, que bailaba vestida de moharracho, con dos enormes
+jorobas postizas, un serón por corona, una escoba por cetro, un ruedo
+por manto real, la cara tiznada de hollín, y un letrero en la espalda
+que decía en letras gordas: «Viva la broma». Incansable, pegaba brincos
+y más brincos, llevando el compás con el cuento de la escoba, sobre las
+carcomidas tablas del piso. Pero bien pronto le robó la atención de sus
+admiradoras la estudiantina, que estaba toda encaramada en una mesa de
+metro y medio de largo por un metro escaso de ancho. Cómo danzaban allí
+unas doce chicas, es difícil decirlo; ellas danzaban, acompañándose con
+panderetas y castañuelas y coreando al mismo tiempo habaneras y polcas.
+En aquella comparsa, la más alborotadora y risueña, figuraba Guardiana.
+Nunca el júbilo y la feliz imprevisión de los pocos años brillaron como
+en el rostro de la pobre chica, que a tan poca costa y con tan poca cosa
+divertía sus penas. Era la valerosa pitillera chiquita y delgada; tenía
+a la sazón el rostro encendido, ladeado el tricornio, y con picaresco
+ademán repicaba un pandero roto ya, y muy engalanado de cintas.
+
+Ana y Amparo figuraban entre los grumetes. La Comadreja hacía un grumete
+chusco, travieso y cínico; Amparo, el más hermoso muchacho que
+imaginarse pueda. Todo lo que su figura tenía de plebeyo lo disimulaba
+el traje masculino; ni las gruesas muñecas, ni el recio pelo dañaban a
+su gentileza, que era de cierto notable y extraordinaria. La comparsa
+recorrió los talleres, bailando y cantando, recibiendo bromas de las
+_señoras_, y alegrando la oscuridad de las salas con la nota blanca y
+azul de sus trajes. Sin embargo, no se podía dudar que la victoria
+quedaba por los labradores. A la cabeza de estos estaba una mujer,
+casada ya, celebrada por buena moza, Rosa, la que llenaba con mayor
+presteza los _faroles_ de picadura. Con el traje propio de su sexo, Rosa
+era un tanto corpulenta en demasía; con el de labrador no había que
+pedirle. La camisa de lienzo labrado dibujaba su ancho pecho; el calzón
+se ajustaba a maravilla a sus bien proporcionadas caderas; pendiente del
+cuello llevaba un ancho escapulario de raso bordado de lentejuelas y
+sedas de colores. Debajo de la montera, un pañuelo de fular azul, atado
+como lo hacen los paisanos, le encubría el pelo. Apoyábase en la _moca_
+o porra claveteada de clavos de plata, y con acento melancólico y
+prolongado, cantaba una copla del país, y contestábale desde enfrente
+una morenita vestida de ribereño, con su chaleco muy guarnecido de
+botones de filigrana y su faja recamada de pájaros y flores
+extravagantes, _echando la firma_, consistente en tres versos
+irregulares, improvisados siempre, con sujeción al asunto de la copla;
+al concluir la _firma_, salían del corro de espectadores varios ¡ju...
+jurujú! agudísimos. Lo que hacía maravilloso efecto era oír, en los
+intervalos en que callaban las cantoras, unas malagueñas resonando en el
+otro extremo de la sala, mientras por su parte la estudiantina se
+consagraba a las habaneras, cual si la anarquía de los trajes se
+comunicase a las canciones. En la comparsa de las _señoras_ había una
+chica poseedora de bien timbrada voz y de muchísimo donaire para las
+coplas propias de la ciudad, tan distintas de las rurales, que al paso
+que en éstas las vocales se alargan como un gemido, en las otras se
+pronuncian brevemente, produciendo al final de algunos versos una
+inflexión burlesca:
+
+ _En el medio de la mar_
+ _Suspiraba una ballenaú_
+ _Y entre suspiros deciaú_
+ _Muchachas de Cartagenaú._
+
+
+¿Y quién tenía valor para trabajar en medio de la bulliciosa
+carnavalada? Algunas operarias hubo que al principio se encarnizaron en
+la labor, bajando la cabeza por no ver las máscaras; pero a eso de las
+tres de la tarde, cuando la inocente saturnal llegaba a su apogeo, las
+manos cruzadas descansaban sobre la tabla de liar, y los ojos no sabían
+apartarse de los corros de baile y canto. Ocurrió un incidente cómico:
+el taller del desvenado quiso echar su cuarto a espadas, y organizó una
+comparsa numerosa; empeñáronse en formar parte de ella las más ancianas,
+las más infelices, y la mascarada se improvisó de la manera siguiente:
+envolviéndose todas por la cabeza los mantones, sin dejar asomar más que
+la nariz o una horrible careta de cartón, y colocándose en doble fila,
+haciendo de batidores cuatro que llevaban cogida por las esquinas una
+estera, en la cual reposaba, con los ojos cerrados, muy propia en su
+papel de difunta, la decana del taller, la respetable señora Porcona.
+Así colocadas y con extraño silencio recorrieron los talleres, dando no
+sé qué aspecto de aquelarre a la bulliciosa fiesta. Al punto recibió
+título aquella nueva y lúgubre comparsa; llamáronle la _Estadea_, nombre
+que da la superstición popular a una procesión de espectros.
+
+Diríase que el mago Carnaval, con poderoso conjuro, había desencantado
+la Fábrica, y vuelto a sus habitantes la verdadera figura en aquel día.
+Muchachas en las cuales a diario nadie hubiera reparado quizá,
+confundidas como estaban entre las restantes, resplandecían, alumbradas
+por una ráfaga de hermosura, y un traje caprichoso, una flor en el pelo,
+revelaban gracias hasta entonces recónditas. Y no porque la coquetería
+desplegada en los disfraces llegase al grado que alcanza entre la gente
+de alto coturno que asiste a bailes de trajes y suele reflexionar y
+discurrir días y días antes de adoptar un disfraz--habiendo señorita que
+se viste de _Africana_ por lucir una buena mata de pelo, o de
+_Pierrette_ por mostrar un piececito menudo--; no por cierto. Semejantes
+refinamientos se ignoraban en la Fábrica. Ni a las viejas se les daba un
+comino de enseñar en la fuga del baile la seca anatomía de sus huesos,
+ni a las mozas un rábano de desfigurarse, verbigracia, pintándose
+bigotes con carbón. El caso era representar bien y fielmente tipos
+dados; un mozo, un quinto, un estudiante, un grumete. Habíalas con tan
+rara propiedad vestidas, que cualquiera las tomaría por varones; las
+feas y hombrunas se brindaban sin repulgos a encajarse el traje
+masculino, y lo llevaban con singular desenfado. Y de un extremo a otro
+de los talleres, entre el calor creciente y la broma y bullicio que
+aumentaban, corría una oleada de regocijo, de franca risa, de diversión
+natural, de juego libre y sano; una afirmación enérgica de la femenidad
+de la Fábrica. No cohibidas por la presencia del hombre, gozaban cuatro
+mil mujeres aquel breve rayo de luz, aquel minuto de júbilo expansivo
+colocado entre dos eternidades de monótona labor.
+
+Hacia las cuatro de la tarde no cabía ya la algazara y bulla en las
+salas; todo el mundo perecía de calor; a las disfrazadas de paisanos las
+ahogaba su traje de paño, y se apoyaban, descoyuntadas de tanto reír,
+molidas de tanto bailar, roncas de tanto canticio, en los estantes,
+abanicándose con la montera. La Comadreja, que ya no sabía cómo
+procurarse un poco de fresco, tuvo una idea.
+
+--Si nos dejasen armar un corro en el patio, chicas, ¿eh?
+
+Pareció de perlas la ocurrencia, y salieron al patio de entrada, y de
+allí al magro campillo colindante, y perteneciente también a la Fábrica.
+Estaba el día sereno y apacible; el sol doraba las hierbas quemadas por
+la escarcha, y se colaba en tibios rayos oblicuos al través de los
+desnudos árboles. El ambiente era más templado que otra cosa, como suele
+suceder en el clima de Marineda durante los meses de febrero y marzo. Al
+desembocar en el campo la alegre multitud, huyeron espantadas unas
+cuantas gallinas y algunos borregos sucios y torpes patos, que
+correteaban por allí, y eran los únicos pobladores del mezquino oasis,
+limitado de una parte por la vetusta tapia, de otra por cobertizos
+atestados de fardos de vena, y de otra por el taller de cigarros
+peninsulares, aislado del edificio de la Granera. Al punto se formaron
+dos corros con más espacio que arriba, y la frescura de la tardecita
+restituyó las ganas de bailar a las exhaustas máscaras.
+
+¡Oh, si ellas hubiesen sabido que desde las próximas alturas de Colinar
+las miraban dos pares de ojos curiosos, indiscretos y osados! De la cima
+de un cerrillo que permitía otear todo el patio de la Fábrica, dos
+hombres apacentaban la vista en aquel curioso cuanto inesperado
+espectáculo. Uno de ellos rondaba muchas veces las cercanías de la
+Granera, pero nunca en aquel predio había visto más seres vivientes que
+canteros picando sillares de granito, y aves de corral escarbando la
+tierra. Baltasar ignoraba los detalles del Carnaval de las cigarreras, y
+apenas entendería lo que estaba viendo, si Borrén, mejor informado, no
+se tomase el trabajo de explicárselo.
+
+--Generalmente estas mascaradas son de puertas adentro; pero hoy, como
+hace calor y el día está bueno, salen al fresco a bailar.... ¡Qué
+casualidad, hombre!
+
+--Casualidad es, tiene usted razón. En todas partes he de encontrármela.
+
+Y al decir así, señalaba el teniente al corro de los grumetes. Mientras
+los paisanos punteaban y repicaban un paso de baile regional, los
+grumetillos habían elegido el _zapateado_, donde la viveza del
+meridional bolero se une al vigor muscular que requieren las danzas del
+Norte. Bien ajena que la viese ningún profano, puesta la mano en la
+cadera, echada atrás la cabeza, alzando de tiempo en tiempo el brazo
+para retirar la gorrilla que se le venía a la frente, Amparo bailaba.
+Bailaba con la ingenuidad, con el desinterés, con la casta desenvoltura
+que distingue a las mujeres cuando saben que no las ve varón alguno, ni
+hay quien pueda interpretar malignamente sus pasos y movimientos.
+Ninguna valla de pudor verdadero o falso se oponía a que se balancease
+su cuerpo siguiendo el ritmo de la danza, dibujando una línea serpentina
+desde el talón hasta el cuello. Su boca, abierta para respirar
+ansiosamente, dejaba ver la limpia y firme dentadura, la rosada sombra
+del paladar y de la lengua; su impaciente y rebelde cabello se salía a
+mechones de la gorra, como revelación traidora del sexo a que pertenecía
+el lindo grumete, si ya la suave comba del alto seno y las fugitivas
+curvas del elegante torso no lo denunciasen asaz. Tan pronto,
+describiendo un círculo, hería con el pie la tierra, como, sin moverse
+de un sitio, _zapateaba_ de plano, mientras sus brazos, armados de
+castañuelas, se agitaban en el aire, bajaban y subían a modo de alas de
+ave cautiva que prueba a levantar el vuelo.
+
+
+
+
+-XXIII-
+
+El tentador
+
+
+Al descender de su observatorio, echados por las sombras de la noche,
+que envolvían el patio de la Fábrica y cubrían la estruendosa retirada
+de las cigarreras vestidas ya con sus trajes usuales, Baltasar iba
+silencioso y concentrado. Borrén muy locuaz. El bueno del capitán no
+cabía en sí de gozo, ni más ni menos que si la aventura de ver bailar a
+la Tribuna le aconteciese a él directamente. Hay en el mundo aficiones y
+gustos muy diversos; este chochea por monedas roñosas, aquel por
+libracos viejos, el de más acá por caballos y el de más allá por sellos
+y cajas de fósforos.... Borrén había chocheado, chocheaba y chochearía
+toda su arrastrada vida por la hermosura, encantos y perfecciones de la
+mujer. Había adquirido para conocer la belleza, y sobre todo el
+atractivo, ese golpe de vista, ese tino especial que permite a los
+expertos, sin ejercer ni dominar las artes, apreciar con exactitud el
+mérito de un cuadro, el estilo de un mueble, la época de un monumento.
+Nadie como Borrén para descubrir beldades inéditas, para predecir si una
+muchacha valdría o no «muchas pesetas» andando el tiempo, y fallar si
+poseía la quisicosa llamada _gracia, salero, gancho, ángel, chic, buena
+sombra_, y de otros mil modos--lo cual prueba que es indefinible.
+
+La originalidad del caso está en que con toda su afición a las faldas, y
+sus profundos conocimientos de estética aplicada, no se refería de
+Borrén la más insignificante historieta. Viviendo siempre en una
+atmósfera fuertemente cargada de electricidad amorosa, nunca le hirió la
+chispa. Practicaba, en materia de amoríos, el más puro y desinteresado
+_otroísmo_. Si no podía andar entre las muchachas asegurándoles que
+Fulanito se alampaba por ellas, o que Zutanito se moría por sus pedazos,
+se arrimaba a los jóvenes, calentándoles los cascos, encendiéndoles la
+sangre, hablándoles del pie de tal chica:--hombre, un pie que me cabe en
+la palma de la mano--o del color de cuál otra--hombre, si parece que se
+da agua de Barcelona, y no, me consta que aquello es natural--. Borrén
+sabía de las criadas que llevan y traen cartitas, de los paseos
+retirados donde es fácil tropezarse cuando hay buena voluntad, de los
+peladeros de pava, de las butacas que en el teatro ofrecen más comodidad
+para _hacer el oso_; era el primero a olfatear los trapicheos, las
+bodas, los escandalillos y los _truenos_ incipientes. No era Borrén un
+casamentero, porque, generalmente hablando, el casamentero se propone un
+fin moral, y a Borrén la moral-hombre, con franqueza--le tenía sin
+cuidado. Si el cuento acababa en nupcias, bien, y si no, lo propio;
+Borrén hacía _arte por el arte_; el amor le parecía objeto suficiente de
+sí mismo.
+
+Para todo enamorado de Marineda, especialmente si pertenecía a la
+guarnición, el complemento de la dicha era esta idea:--Voy a contárselo
+a Borrén--. Y Borrén, como un espejo complaciente, de los que _hacen
+favor_, le devolvía la imagen de su felicidad, no exacta, sino
+aumentada, embellecida, multiplicada, radiante.--Vamos a pasearle la
+calle a la novia--le decían sus amigos cogiéndole del brazo--. Y Borrén
+giraba tardes enteras delante de una manzana de casas, parafraseando las
+observaciones de algún amador novel que exclamaba:--«Ya alzó el
+visillo... se asoma... no, es la hermana... ahora sí... cómo me mira...
+¡hola!, tiene la mantilla puesta...»--. Jamás mostró Borrén cansarse de
+su papel de reflector y perro faldero; y cuenta que las chicas, guiadas
+por infalible instinto, le trataban como se trata a los inofensivos y a
+los mandrias; aunque él se derretía, acaramelaba y amerengaba todo,
+jamás le tomaron en parte alguna por lo serio.
+
+Baltasar no le había buscado para confidente; Borrén se ofreció, y es
+más, atizó el incendio, echó leña a la hoguera con sus frases de pólvora
+y dinamita. Aquella tarde, cuando juntos bajaban hacia la ciudad, el más
+animado, el más exaltado era Mefistófeles: Fausto callaba, meditando en
+lo comprometidos y engorrosos que son ciertos enredos en poblaciones de
+provincia, donde uno tiene madre y hermanas. Mefistófeles, ¡pobre
+diablo!, no se cansaba, entre tanto, de ponderar los primores del
+grumete. Cada vez que el confidente y el enamorado pasaban cerca de un
+farol, la luz se proyectaba en la fisonomía de Borrén, siempre movida,
+agitada y descompuesta, cómica a pesar del exagerado carácter viril que
+a primera vista le imprimían los cerdosos mostachos, las pobladas cejas
+y la prominente nuez. En su aspecto Borrén era semejante a los guardias
+civiles de madera que suelen colocarse en el frontispicio de los hórreos
+y molinos del país: a despecho de sus bigotazos formidables, bien se les
+conoce que son muñecos.
+
+--Dígole a usted, Borrén--exclamó Baltasar resolviéndose por fin a
+formular en alta voz su pensamiento--, que no comprende usted lo que es
+Marineda... ni lo que es mi madre. Me resultarían mil disgustos, mil
+complicaciones.... Aborrezco los escándalos.
+
+--¡Hombre, qué juventud tan sosa son ustedes! Parece mentira que
+habiendo visto lo que vimos....
+
+--No me conviene, lo dicho; me alegraré de que me destinen a cualquiera
+parte. Si me quedo aquí, es fácil.... Y después, ¿sabe usted lo que es
+esa Fábrica? Una masonería de mujeres, que aunque hoy se arranquen el
+moño, mañana se ayudan todas las unas a las otras. Me desacreditarían,
+me crearían un conflicto.
+
+--No le hacía a usted tan medroso.
+
+--La verdad, Borrén; tengo más miedo a las hablillas, si cuadra, que a
+un balazo. Será una tontería, pero me fastidia infinito ser el héroe de
+la temporada.
+
+--Vamos, hombre, franqueza. Usted también recela verse envuelto en las
+redes de esa chica, y tener que casarse.... Baltasar sonrió sin
+afectación, pero con tal señorío de sí mismo, que Borrén se encogió de
+hombros.
+
+--Pues entonces....
+
+--Por un lado, sí, lo acierta usted; soy un majadero en abrigar tales
+escrúpulos. Pasa uno así los mejores años de su vida, y ¿qué?, llega uno
+a viejo sin haber vivido....
+
+Aquí el teniente se detuvo; una idea burlesca le impulsaba a sonreírse
+otra vez, pensando que el capitán se hallaba justamente en el caso de
+declinar hacia la edad madura sin tener que ofrecer a Dios ni qué contar
+al diablo. Borrén, entre tanto, aprobaba calurosamente las últimas
+palabras de Baltasar, las desenvolvía, las consideraba desde nuevos
+aspectos; en suma, soplaba para que la llama prendiese mejor. Tan bien
+desempeñó su oficio mefistofélico, que Baltasar convino en reunirse al
+día siguiente con él para meditar un plan de ataque que debelase la
+republicana virtud de la oradora. Pero al acudir a la entrevista, que
+era, por más señas, en el terreno neutral del café, Borrén conoció que
+Baltasar traía alguna extraordinaria nueva.
+
+--Ya no hay necesidad de concertar planes--declaró el teniente con
+forzada risa--. ¿No se lo decía yo a usted? Me destinan allá... a
+Navarra. La cosa anda mal.
+
+--¡Bah!... cuatro bandidos que salen de aquí y de acullá; hombre,
+partidillas sueltas.
+
+--Partidillas sueltas... ya, ya me lo contará usted dentro de unos
+meses. El cariz del asunto se pone cada vez más feo. Entre esos bárbaros
+que quieren entrar en burro en las iglesias y fusilan por chiste las
+imágenes, y los otros salvajes que cortan el telégrafo y queman las
+estaciones... verá usted, verá usted qué tortilla se nos prepara. Aquí
+nadie se entiende. Mire usted que hasta Montpensier, que parecía formal,
+meterse en ese desafío estúpido. Él quería ser rey; pero el haber matado
+al perdis de su primo le cuesta la corona y a nosotros un ojo de la
+cara, porque como no venga Satanás en persona a arreglarnos, no sé lo
+que sucederá... Deme usted un cigarro... si lo tiene usted ahí.
+
+Borrén le alargó la petaca, y Baltasar encendió nerviosamente un
+pitillo.
+
+--Vamos, ¿cuántos candidatos dirá usted que hay al trono?--prosiguió
+echando leve bocanada de humo al techo--. Vaya usted contando por los
+dedos, si la paciencia le alcanza. Espartero... uno. Dirá usted que es
+un estafermo, bien; pero los restos del partido progresista, todo cuanto
+gastó morrión, y algunos chiflados de buena fe, le aclaman. ¿No ha visto
+usted en las tiendas el retrato de Baldomero I con manto real? El hijo
+de Isabel II, dos; su madre abdicó o abdicará. Ese, al menos, representa
+algo; pero es un rapaz; para jugar a la pelota serviría. El
+Pretendiente, tres... y mire usted, lo que es ese dará mucho juego; ya
+empieza todo el mundo a llamarle Carlos VII. Reúne él solo más
+partidarios que todos los demás juntos, y gente cruda, de trabuco y pelo
+en pecho. El duque de Aosta, un italiano... cuatro. Un alemán que se
+llama Ho... ho... en fin, un nombre difícil; los periódicos satíricos lo
+convirtieron en _Ole, ole, si me eligen_... cinco. La regencia trina...
+seis, o por mejor decir, ocho. Y Ángel I... nueve. ¡Ah!, se me olvidaba
+el de Portugal que anda remiso... y Montpensier. Once. ¿Qué tal?
+
+--Pero... así, candidatos formales.... ¡Mozo, café y _cognac_!
+
+--No, gracias, lo tomé en casa.... Claro: candidatos serios, por hoy,
+don Carlos y la república. El caso es que entre todos no nos dejarán
+hueso sano.... Por de pronto, yo me las guillo. ¿Quiere usted algo para
+aquellos vericuetos?
+
+--Hombre... ¡qué lástima! ¡Ahora que íbamos a emprenderla con la
+pitillera, que es de otro!
+
+--¡Pch!... Si algún trabucazo no lo impide... a la vuelta.
+
+
+
+
+-XXIV-
+
+El conflicto religioso
+
+
+Desde que las Cortes Constituyentes votaron la monarquía, Amparo y sus
+correligionarias andaban furiosas. Corría el tiempo, y las esperanzas de
+la Unión del Norte no se realizaban, ni se cumplían los pronósticos de
+los diarios. ¡Que hoy!... ¡que mañana!... ¡que nunca, por lo visto! ¡En
+vez de la suspirada federal, un rey, un tirano de fijo, y tal vez un
+extranjero! Por estas razones en la Fábrica se hacía política pesimista
+y se anunciaba y deseaba que al Gobierno «se lo llevase Judas». Dos
+cosas sobre todo alteraban la bilis de las cigarreras: el incremento del
+partido carlista y los ataques a la Virgen y a los Santos. A despecho de
+la acusación de «echar contra Dios» lanzada por las campesinas a las
+ciudadanas, la verdad es que, con contadísimas excepciones, todas las
+cigarreras se manifestaban acordes y unánimes en achaques de devoción.
+Ella sería más o menos ilustrada; pero allí había mucha y fervorosa
+piedad. Es cierto que sobre el altar de pésimo gusto dórico existente en
+cada taller depositaban las operarias sus mantones, sus paraguas, el
+atillo de la comida; mas este género de familiaridad no revelaba falta
+de respeto, sino la misma costumbre de ver allí el ara santa, ante la
+cual nadie pasaba sin persignarse y hacer una genuflexión. Y es lo
+curioso que a medida que la revolución se desencadenaba y el
+republicanismo de la Fábrica crecía, aumentáronse también las prácticas
+religiosas. El cepillo colocado al lado del altar, donde los días de
+cobranza cada operaria echaba alguna limosna, nunca se vio tan lleno de
+monedas de cobre; el cajón que contenía la cera de alumbrar, estaba
+atestado de blandones y velas; más de sesenta cirios iluminaban los días
+de novena el retablo; primero les faltaría a las cigarreras agua para
+beber, que aceite a la lámpara encendida diariamente ante sus imágenes
+predilectas, una Nuestra Señora de la Merced de doble tamaño que los
+cautivos arrodillados a sus plantas, un San Antón con el sayal muy
+adornado de esterilla de oro, un Niño-Dios con faldellines huecos y un
+mundito azul en las manos. Nunca se realizó con más lucimiento la novena
+de San José, que todas rezaron mientras trabajaban, volviéndose de cara
+al altar para decir los actos de fe y la letanía, y berreando el último
+día los gozos con mucha unción, aunque sin afinación bastante. Jamás
+produjo tanto la colecta para la procesión del Santo Entierro y novena
+de los Dolores; y por último, en ocasión alguna tuvo el numen protector
+de la Fábrica, la Virgen del Amparo, tantas ofertas, culto y limosnas,
+sin que por eso quedase olvidada su rival Nuestra Señora de la Guardia,
+estrella de los mares, patrona de los navegantes por la bravía costa.
+
+Bien habría en la _Granera_ media docena de espíritus fuertes, capaces
+de blasfemar y de hablar sin recato de cosas religiosas; pero dominados
+por la mayoría, no osaban soltar la lengua. A lo sumo se permitían
+maldecir de los curas, acusarles de inmorales y codiciosos, o renegar de
+que se «metiesen en política» y tomasen las armas para traer el
+«escurantismo y la Inquisición»: cuestiones más trascendentales y
+profundas no se agitaban, y si a tanto se atreviese alguien, es seguro
+que le caería encima un diluvio de cuchufletas y de injurias.
+
+--¡Está el mundo perdido!--decía la maestra del partido de Amparo, mujer
+de edad madura, de tristes ojos, vestida de luto siempre desde que había
+visto morir de viruelas a dos gallardos hijos que eran su orgullo--.
+¡Está el mundo revuelto, muchachas! ¿No sabéis lo que pasa allá por las
+Cortes?
+
+--¿Qué pasará?
+
+--Que un diputado por Cataluña dice que dijo que ya no había Dios, y que
+la Virgen era esto y lo otro.... Dios me perdone, Jesús mil veces.
+
+--¿Y no lo mataron allí mismo? ¡Pícaro, infame!
+
+--¡Mal hablado, lengua de escorpión! ¡No habrá Dios para él, no; que él
+no lo tendrá!
+
+--No, pues otro aún dijo otros horrores de barbaridá, que ya no me
+acuerdan.
+
+--¡Empecatao! ¡Pimiento picante le debían echar en la boca!
+
+--¡Ay!, ¡y una cosa que mete miedo! Dice que por esas capitales toda la
+gente anda asustadísima, porque se ha descubierto que hay una compañía
+que roba niños.
+
+--¡Ángeles de mi alma! ¿Y para qué?, ¿para degollarlos?
+
+--No, mujer, que son los protestantes para llevarlos a educar allá a su
+modo en tierra de ingleses.
+
+--¡Señor de la justicia! ¡Mucha maldad hay por el mundo adelante!
+
+Conocido este estado de la opinión pública, puede comprenderse el efecto
+que produjo en la Fábrica un rumor que comenzó a esparcirse quedito, muy
+quedo, y como en el aria famosa de la _Calumnia_, fue convirtiéndose de
+cefirillo en huracán. Para comprender lo grave de la noticia, basta oír
+la conversación de Guardiana con una vecina de mesa.
+
+--¿Tú no sabes, Guardia? La _Píntiga_ se metió protestanta.
+
+--¿Y eso qué es?
+
+--Una religión de allá de los _inglis manglis_.
+
+--No sé por qué se consienten por acá esas religiones. Maldito sea quien
+trae por acá semejantes demoniuras. ¡Y la bribona de la _Píntiga_, mire
+usted! ¡Nunca me gustó su cara de intiricia!...
+
+--Le dieron cuartos, mujer, le dieron cuartos: sí que tú piensas....
+
+--A mí... ¡más y que me diesen mil pesos duros en oro! Y soy una pobre,
+repobre, que sólo para tener bien vestiditos a mis pequeños me venían...
+¡juy!
+
+--¡Condenar el alma por mil pesos! Yo tampoco, chicas--intervenía la
+maestra.
+
+--Saque allá, maestra, saque allá... Comerá uno brona toda la vida,
+gracias a Dios que la da, pero no andará en trapisondas.
+
+--Y diga... ¿qué le hacen hacer los protestantes a la _Píntiga_? ¿Mil
+indecencias?
+
+--Le mandan que vaya todas las tardes a una cuadra, que dice que
+pusieron allí la capilla de ellos... y le hacen que cante unas cosas en
+una lengua, que... no las entiende.
+
+--Serán palabrotas y pecados. ¿Y ellos, quiénes son?
+
+--Unos clérigos que se casan....
+
+--¡En el nombre del Padre! ¿Pero se casan... como nosotros?
+
+--Como yo me casé... vamos al caso, delante de la gente... y llevan los
+chiquillos de la mano, con la desvergüenza del mundo.
+
+--¡Anda, salero! ¿Y el arcebispo no los mete en la cárcel?
+
+--¡Si ellos son contra el arcebispo, y contra los canónigos, y contra el
+Papa de Roma de acá! ¡Y contra Dios, y los Santos, y la Virgen de la
+Guardia!
+
+--Pero esa lavada de esa _Píntiga_... ¡malos perros la coman! No, si se
+arrima de esta banda, yo le diré cuántas son cinco.
+
+--Y yo.
+
+--Y yo.
+
+Así crecía la hostilidad y se amontonaban densas nubes sobre la cabeza
+de la apóstata, a quien por el color de su tez biliosa y de su lacio
+pelo, por lo sombrío y zaíno del mirar, llamaban _Píntiga_, nombre que
+dan en el país a cierta salamandra manchada de amarillo y negro. Era
+esta mujer capaz de comer suela de zapato a trueque de ahorrar un
+maravedí, y no ajena a su conversión una libra esterlina, o doblón de a
+cinco, que para el caso es igual. Si lo cobró y pudo coserlo en una
+media con otras economías anteriores, amargolo aquellos días en forma.
+Acercábase a una compañera, y esta le volvía la espalda; su mesa quedó
+desierta, porque nadie quiso trabajar a su lado; ponía su mantón en el
+estante, y al punto se lo empujaban disimuladamente desde la otra parte
+de la sala, para que cayese y se manchase; dejaba su lío de comida en el
+altar, y lo veía retirado de allí con horror por diez manos a un tiempo;
+la maestra examinaba sus mazos de puros, antes de darlos por buenos y
+cabales, con ofensiva minuciosidad y ademán desconfiado. Un día de gran
+calor pidió a la operaria que halló más próxima que le prestase un poco
+de agua, y esta, que acababa de destapar un colmado frasco de cristal
+para beber por él, le contestó secamente: «No tengo meaja». Señaló la
+_protestanta_ al frasco, con ira silenciosa, y la operaria,
+levantándose, lo tomó y derramó por el suelo su contenido sin pronunciar
+una palabra. Púsose verde la _Píntiga_, y llevó la mano, sin saber lo
+que hacía, al cuchillo semicircular: pero de todos los rincones del
+taller se alzaron risas provocativas, y hubo de devorar el ultraje, so
+pena de ser despedazada por un millar de furiosas uñas. En mucho tiempo
+no se atrevió a volver a la Fábrica, donde la corrían.
+
+
+
+
+-XXV-
+
+Primera hazaña de la Tribuna
+
+
+Extramuros, al pie de las fortificaciones de Marineda, celébrase todos
+los años una fiesta conocida por _las Comiditas_, fiesta peculiar y
+característica de las cigarreras, que aquel día sacan el fondo del cofre
+a relucir y disponen una colación más o menos suculenta para despacharla
+en el campo; campo mezquino, árido, donde sólo vegetan cardos
+borriqueros y ortigas. Desde el lavadero público hasta el alto de Agua
+santa, ameno y risueño, se había esparcido la gente, sentándose, si
+podía, a la sombra de un vallado o en la pendiente de un ribazo, y si
+no, donde Dios quería, al raso, sin paraguas ni quitasol. Y cuenta que
+ambos chismes podrían ser igualmente necesarios, porque el astro diurno,
+encapotado por nubarrones que amenazaban chubasquina, despedía claridad
+lívida y sorda, y a veces por la ahogada calma de la atmósfera
+atravesaban soplos de aire encendido, bocanadas de solano que amagaban
+tempestad.
+
+No por eso había menos corros de baile y canto, menos puestos de
+rosquillas y jinetes, menos meriendas y comilonas. Aquí se escuchaba el
+rasgueo de guitarras y bandurrias, más adelante retumbaba el bombo, y la
+gaita exhalaba su aguda y penetrante queja. Un ciego daba vueltas a una
+_zanfona_ que sonaba como el obstinado zumbido del moscardón, y al mismo
+tiempo vendía romances de guapezas y crímenes. A pocos pasos de la gente
+que comía, mendigos asquerosos imploraban la caridad; un elefancíaco
+enseñaba su rostro bulboso, un herpético descubría el cráneo pelado y
+lleno de pústulas, este tendía una mano seca, aquel señalaba a un muslo
+ulcerado, invocando a Santa Margarita para que nos libre de «males
+extraños». En un carretoncillo, un fenómeno sin piernas, sin brazos, con
+enorme cabezón envuelto en trapos viejos, y gafas verdes, exhalaba un
+grito ronco y suplicante, mientras una mocetona, de pie al lado del
+vehículo, recogía las limosnas. En el aire flotaban los efluvios de dos
+toneles de vino que ya iban quedando exangües, y el vaho del estofado, y
+el olor de las viandas frías. Oíanse canciones entonadas con voz vinosa,
+y llantos de niños, de los cuales nadie se cuidaba.
+
+Componíase el círculo en que figuraba Amparo de muchachas alegres, que
+habían esgrimido briosamente los dientes contra una razonable merienda.
+Allí estaba la Comadreja, a quien no era posible aguantar de puro
+satisfecha y vana, porque tenía en Marineda al capitán de la _Bella
+Luisa_, y si él no había querido convidarse a merendar «por el aquel del
+bien parecer», contaba con que la acompañaría al final de la función.
+Allí también Guardiana, penetrada de alegría por otra causa diversa:
+porque había traído consigo a dos de sus pequeños, el escrofuloso y la
+sordo-mudita; en cuanto al mayor, ni se podía soñar en llevarlo a sitio
+alguno donde hubiese gente, porque le entraba enseguida la «aflición».
+La niña sordo-muda miraba alrededor, con ojos reflexivos, aquel mundo
+del cual sólo le llegaban las imágenes visibles; por su parte el niño,
+que ya tendría sus trece años, y que hubiera sido gracioso a no
+desfigurarlo los lamparones y la hipertrofia de los labios, gozaba mucho
+de la fiesta, y se sonreía con la sonrisa inocente, semi-bestial, de los
+_bobos_ de Velázquez. Guardiana no se mostró muy comedora: los mejores
+bocados los reservó para sus hermanos, y ella manifestó poco apetito.
+
+--¿Qué tienes, Guardia?--le preguntó la radiante Ana.
+
+--Mujer, algunos días parece que estoy así... cansada. He de ir a que me
+levanten la paletilla, porque imposible que no se me cayese.
+
+--Aprensiones, aprensiones. Canta el _Joven Telémaco_, Amparo.
+
+Amparo, y otras dos o tres del taller de cigarrillos, rendidas de calor
+y ahítas de comida, se habían tendido en una pequeña explanada, que
+formaba el glacis de la fortificación, adoptando diversas posturas, más
+o menos cómodas. Unas, desabrochándose el corpiño, se hacían aire con el
+pañuelo de seda doblado; otras, tumbadas boca abajo, sostenían el cuerpo
+en los codos y la barba en las palmas de las manos; otras, sentadas a la
+turca, alzaban cuándo la pierna izquierda, cuándo la derecha, para
+evitar los calambres. Por la seca hierba andaban esparcidos tapones de
+botellas, papeles engrasados, espinas de merluza, cascos de vaso roto,
+un pañuelo de seda, una servilleta gorda.
+
+Fuese efecto de la comida y del vinillo del país, ligero y alegre como
+unas pascuas, o del aire solano, que tiene especial virtud excitante de
+los nervios, hallábanse las muchachas alborotadas, deseosas de meterse
+con alguien, de gritar, de hacer ruido. Estaban ebrias, no del escaso
+mosto, sino del vaivén y mareo de la romería, de los colores chillones,
+de los sonidos discordantes: sólo la sordo-muda permanecía indiferente,
+con su límpida mirada infantil. La casualidad proporcionó a las briosas
+mozas un desahogo que tuvo mucho de cómico y pudo tener algo de
+dramático.
+
+Es el caso que vieron adelantarse y dirigirse hacia ellas un individuo
+de extraña catadura, alto y delgado, vestido con larga hopalanda negra,
+y acompañado de otro que formaba con él perfecto contraste, pues era
+rechoncho, pequeño y sanguíneo, y llevaba americana gris rabicorta. Al
+aspecto de la donosa pareja llovieron los comentarios.
+
+--El del gabanón parece un cura--dijo Guardiana.
+
+--No es cura--afirmó la Comadreja--. ¿No le ves unas patillitas como las
+de un padronés?
+
+--Pero, mujer, si lleva alzacuello.
+
+--¡Qué alzacuello! Corbata negra.
+
+--El gordo es un _inguilis_.
+
+--¡Ay Jesús; parece que le pintaron la barba con azafrán!
+
+--¿Y aquello qué es? ¡Madre mía de la Guardia!; un anteojo en un ojo
+solo, y colgado en el aire; ¡mira, mira!
+
+--Callar, que vienen para acá.
+
+--Vienen aquí en derechura.
+
+--No, mujer.
+
+--¡Dale! Vienen y vienen. ¿Te convences, porfiosa?
+
+--Es que les gustaste tú.
+
+--No, tú. El del azafrán viene a casarse contigo.
+
+--Pues a ti te mira mucho el clérigo mal comparado.
+
+--¡Chssss! Callar, que están cerca, alborotadoras de Judas.
+
+--¡Callaban! Que callen ellos si les da la gana.
+
+Y Amparo y Ana cantaron a dúo:
+
+ _Me gusta el gallo,_
+ _Me gusta el gallo,_
+ _Me gusta el gallo_
+ _Con azafrán..._
+
+
+No obstante estos primeros indicios de hostilidad, los dos graves
+personajes se aproximaban al corro, con mucha prosopopeya. El de la
+hopalanda, no bien se acercó lo suficiente, pronunció un «a los pies de
+ustedes, zeñoras», que hubiera provocado una explosión de carcajadas, si
+al pronto no pudiese más la curiosidad que la risa. ¡Tenía el bueno del
+hombre una voz tan rara, ceceosa a la andaluza, y una pronunciación tan
+recalcada!
+
+--Tengo el honor--prosiguió, metiendo las manos en los bolsillos de su
+inmenso tabardo--de ofrecer a ustedes un librito de lectura muy
+provechoza para el espíritu, y espero me dispenzarán el obsequio de
+repazarlo con atención. Yo le ruego reflezionen sobre el contenío de
+estos imprezo, zeñoras mías.
+
+Diciendo y haciendo, les presentaba tres o cuatro volúmenes empastados,
+y un haz de hojas volantes. Nadie estiró la mano para recoger los
+_imprezo_, y él fue depositando suavemente en los regazos de las
+muchachas el alijo. El inglés tripudo observaba el reparto con su
+fulgurante monóculo.
+
+--¡Así Dios me salve (Ana fue la primera en hablar), yo conozco a estos
+pajarracos! Oyes tú, Bárbara, ¿este no es el que puso la capilla en la
+cuadra?
+
+--El mismo... es el que berrea allí por las tardes.
+
+--¿El que le dio los cuartos a la Píntiga?
+
+--Sí, mujer.
+
+--Y este, ¿no dice que fue cura?
+
+--Dice que sí, allá en su país, y que ahora es cura de ellos, y está
+casado....
+
+--¡Casado!!!
+
+--Bueno, está... con una viuda. Ya tienen...--y la muchacha remedó
+burlescamente el llanto de un recién nacido.
+
+--¿Y el otro bazuncho?
+
+--Es el que...--y frotó el índice con el pulgar, ademán expresivo que
+significa en todas partes soltar dinero.
+
+Mientras duraban estas explicaciones en voz baja, Amparo había leído el
+título de algunos folletos: _«La verdadera Iglesia de Jesús.... La
+redención del alma.... Cristo y Babilonia.... La fe del cristiano
+purificada de errores.... Roma a la luz de la razón...»_. Entre los
+retazos del diálogo que llegaban a sus oídos y los fragmentos de hoja
+impresa en que fijaba la vista, penetró el misterio. Levantose grave,
+determinada, como el día que peroró en el banquete del Círculo Rojo.
+
+--Oiga usté--pronunció con tono despreciativo--, esto que nos ha dado
+usté no nos hace falta, ni para nada lo queremos. Vaya usté a engañar
+con ello a donde haya bobos.
+
+--Zeñora, no ha zío mi ánimo....
+
+--Pensará usté que somos como otras, infelices, que las compran ustés
+por una triste peseta; pues sepa usté, repelo, que acá ni por las minas
+del Potosí renegamos como San Judas.
+
+--Zeñora... hermanas mía... tómense uzté la molestia de reflezionar, y
+verán la puresa de mi intencionez, que zon darle a conosé la doctrina de
+Jezú nuetro Zalvaor....
+
+Pronta como un rayo, y con fuerzas que duplicaba la cólera, Amparo
+desbarató la encuadernada Biblia, hizo añicos las hojas volantes, y lo
+disparó todo a la cara afilada del catequista y a la rubicunda del
+silencioso inglés, los cuales, habituados, sin duda, a tal género de
+escenas, volvieron grupas y trataron de escurrirse lo más pronto posible
+entre el concurso. Por su mal, era éste tan apretado y numeroso en aquel
+sitio, que o tenían que retroceder, dar un rodeo y volver a cruzar ante
+el grupo de muchachas, o aguardar una ocasión de enhebrarse por medio de
+la gente. Optaron por lo primero, y avínoles mal, porque Amparo, como el
+corcel de batalla que ha olido la sangre, dilatadas las fosas nasales,
+brillantes los ojos, se preparaba a renovar la lid, animando a sus
+compañeras.
+
+--Son los protestantes. A correrlos.
+
+--A correrlos: ¡viva!
+
+--Van a pasar otra vez por aquí... ánimo... a ver quién les acierta
+mejor.
+
+--¡Que vengan, que vengan! ¡Ahora entra lo bueno! Recelosos, arrimados
+el uno al otro, probaron a deslizarse los dos apóstoles sin ser
+observados de las mozas, que ya los aguardaban haldas en cinta. Así que
+los vieron a tiro, enarbolaron cuál medio pan, cuál un trozo de
+empanada, cuál una pera, y Ana, rabiosa, no encontrando proyectil a
+mano, cogió a puñados la tierra para arrojársela. Cayó la granizada
+sobre los protestantes cuando menos se percataban de ello; un queso se
+aplanó sobre la faz del inglés, rompiéndole el monóculo; un gajo de
+cerezas despedido por el hermano de Guardiana se estrelló en la nuca del
+ministro, embadurnándosela lastimosamente. Al par que bombardeaban,
+denostaban las intrépidas muchachas al enemigo.--Tomar, a ver si
+reventáis--chillaba la Comadreja.--De parte de Nuestra Señora--gritaba
+Guardiana.--Para que volváis a dar dinero por hacer maldades--vociferaba
+Amparo lanzando con notable acierto un tenedor de palo al cura. Cerrados
+los puños como para boxear, inyectado el rostro, fieros los azules ojos,
+vínose sobre el grupo el hijo de la Gran Bretaña, resuelto, sin duda, a
+hacer destrozos en las heroínas; amenazadora actitud que redobló el
+coraje de estas.
+
+--Venga usté, venga usté, que aquí estamos, le decía Amparo con voz
+vibrante, bella en su indignación como irritada leona, asiendo con la
+diestra una botella; mientras Ana, pálida de ira, se apoderaba de la
+cazuela en que había venido el guisado, y las restantes amazonas
+buscaban armamento análogo. Pero ya, al ruido de la escaramuza, se
+arremolinaba gente, y gente adversa a los catequistas, a quienes
+conocían bastantes de los espectadores; y el ministro, verde de miedo,
+con turbada lengua aconsejaba a su acompañante una prudente retirada.
+
+--Éjelas, míter Ezmite... (Smith). Éjelas, que no zaben lo que jazen...
+Éjelas, que aquí nadie noz efenderá, de eguro.... Yo debo ar ejemplo de
+manzedumbre....
+
+No hizo caso _míter Ezmite_, por demás mohíno y amostazado con el
+bombardeo de comestibles; pero antes de que llegase al grupo cumpliose
+la profecía del ministro, interponiéndose más de treinta personas, que
+rodearon a los malaventurados apóstoles apretándolos en términos que no
+les dejaban respirar. A poca distancia un agente de policía presenciaba
+una rifa, y aunque harto veía con el rabo del ojo el motín, no dio el
+más leve indicio de querer intervenir en él, y basta que vio a los dos
+catequistas abrirse paso trabajosamente y huir como perro con maza,
+perseguidos por la rechifla general, no volvió la cabeza ni se acercó,
+preguntando al descuido: «¿Qué pasa aquí, señores?».
+
+
+
+
+-XXVI-
+
+Lados flacos
+
+
+Para la Comadreja el desenlace de la romería fue delicioso: comenzaron a
+llover gotas anchas cuando ya se aproximaba la noche, y vino el capitán
+mercante a ofrecerle el brazo y un paraguas. A la luz de los faroles de
+la calle, que rielaba en el mojado pavimento, Amparo vio alejarse a la
+pareja y quedose poseída de una especie de tristeza interior que rara
+vez domina a los temperamentos sanguíneos, alegres de suyo. Aquella
+melancolía atacaba a la Tribuna desde que no alimentaba su viva
+imaginación con espectáculos políticos y desde que al bullicio de la
+Unión del Norte sucedió la habitual y uniforme vida obrera de antes, sin
+asomo de conspiración ni de otros romancescos incidentes. Por
+distraerse, habló más con Ana de amoríos y menos de política. Ana se
+prestaba gustosa a semejantes coloquios. Llegó la Tribuna a saber de
+memoria al capitán de la _Bella Luisa_, sus hábitos, sus viajes, sus
+caprichos, y el eterno proyecto de matrimonio, diferido siempre por
+altas razones de conveniencia, que explicaba Ana con sumo juicio y
+cordura. Si ella se quisiese casar con algún _artista_ de esos
+ordinarios, un zapatero, verbigracia, cansada estaría de tener marido;
+pero ¿para qué? Para cargarse de familia, para vivir esclava, para
+sufrir a un hombre sin educación. No en sus días.
+
+--¿Y si te deja plantada Raimundo?--preguntaba Amparo nombrando al galán
+de su amiga, como lo hacía esta, por el nombre de pila.
+
+--¡Qué ha de dejar, mujer... qué ha de dejar! ¡Diez años de relaciones!
+Y luego, aquel señorío de estar tanto tiempo con un chico fino, eso no
+me lo quita nadie.
+
+Amparo protestó: ella no entraba por cosas de ese jaez; quería poder
+enseñar la cara en cualquier parte; quería, como dijeron los señores de
+la Unión, moral y honradez ante todo.
+
+--¿Si pensarás tú--replicó Ana viperinamente--que el de Sobrado venía a
+casarse contigo?
+
+--¿El de Sobrado? ¿Y qué tengo yo que ver con el de Sobrado?
+
+--Anduvo tras de ti, y si no estuviese fuera, sabe Dios.... No digas,
+mujer, no digas, que bastantes veces lo encontré yo por los alrededores
+de la Fábrica.
+
+--Bueno, bueno, ¿y qué? ¿Por qué, un suponer, no se había de casar
+conmigo? Yo seré de igual madera que otras que pertenecían a mi clase, y
+ahora.... Tú bien conoces a la de Negrero... aquella tan guapa que lleva
+abrigo de terciopelo y capota de tul blanco.... Pues, hija mía,
+sardinera del muelle primero, cigarrera después, y luego la vino Dios a
+ver con ese marido tan rico.... ¿Y la de Álvarez? A esa la acuerdan aquí
+liando puros, y en el día tiene una casa de tres pisos y un buen
+comercio en la calle de San Efrén.... ¿Y la que casó con aquel coronel
+del regimiento de Zaragoza?... Una chiquilla, que también hacía
+pitillos.... En la actualidad, para más, hay el aquel de que las clases
+son iguales; ese rey que trajeron dice que da la mano a todo el mundo, y
+la mujer abrazó en Madrí a una lavandera; y si viene la federal,
+entonces....
+
+--Sí, sí, vele con eso a doña Dolores, la de Sobrado.
+
+--¡Pues.... Jesús, Ave María! ¡No se allegue usted, que mancho! Me
+parece a mí que los de Sobrado no son de allá de la aristocracia, ni del
+barrio de Arriba. Aún hay quien los vio cargando fardos en el almacén de
+Freixé, el catalán; que por ahí empezaron, ¡repelo! Hijos del trabajo,
+como tú y como yo.
+
+--Pero, mujer, si ya se sabe que son así; nada y nada, y vanidá que les
+parte el alma. Como el hijo es de tropa piensan que sólo la Princesa de
+Asturias sirve para él.... Mira tú como ahora que las de García pierden
+el pleito están medio reñidas con ellas.... Y eso que la mayor de
+Sobrado, la Lolita, no quiso apartarse de la amiga y sigue yendo
+allá....
+
+--Bien; pues ellos no nos querrán a los demás, pero los demás bien nos
+valemos sin ellos.... Para comer yo no les he de pedir. Y el hijo, si me
+quiere decir algo, ha de ser con el cura de la mano, que si no....
+
+Echose a reír la Comadreja y le citó ejemplos dentro de la misma
+Fábrica: ¿qué les había sucedido a Antonia, a Pepita, a Leocadia?, y
+eran las que más hablaban y más cosas decían. La que se conformaba con
+los de su clase, aún menos mal; pero la que andaba con señores.... Esas
+cosas--añadía la Comadreja--no tienen remedio; nos hacen ver lo negro
+blanco....
+
+--Si me quisiera perder--exclamó ofendida Amparo--no me faltaría por
+dónde, como a todas.
+
+--¡Bueno! No cuadró, mujer, que lo demás.... También no te gustarían los
+que se te pusieron delante, porque hay hombres que se tiraría uno a la
+bahía por ellos, y otros que ni forrados de onzas.... Y a veces los que
+le chistan a uno no se dan por entendidos.... Y al fin y al cabo, hija,
+¿qué se gana con vivir mártir? Nadie cree en la dinidá de una pobre.
+
+--¿Y por qué ha de ser así? ¡Esa no es ley de Dios!
+
+--No, pero... ¿qué quieres tú?
+
+Quedábase Amparo pensativa. Cuantas sugestiones de inmoralidad trae
+consigo la vida fabril, el contacto forzoso de las miserias humanas;
+cuantas reflexiones de enervante fatalismo dicta el convencimiento de
+hallarse indefenso ante el mal, de verse empujado por circunstancias
+invencibles al precipicio, pesaban entonces sobre la cabeza gallarda de
+la Tribuna. Acaso, acaso tenía sobrada razón la Comadreja. ¿De qué sirve
+ser un santo si al fin la gente no lo cree ni lo estima; si por más que
+uno se empeñe, no saldrá en toda la vida de ganar un jornal miserable;
+si no le ha de reportar el sacrificio honra ni provecho? ¿Qué han de
+hacer las pobres, despreciadas de todo el mundo, sin tener quien mire
+por ellas, más que perderse? ¡Cuántas chicas bonitas, y buenas al
+principio, había visto ella sucumbir en la batalla, desde que entró en
+su taller! Pero... vamos a cuentas--añadía para su sayo la oradora--:
+diga lo que quiera Ana, ¿no conozco yo muchachas de bien aquí? ¡Está esa
+Guardiana, que es más pobre que las arañas y más limpia que el sol! Y de
+fea no tiene nada; es así delgadita.... Ella se confiesa a menudo...
+dice que el confesor le aconseja bien....
+
+Amparo se quedó cada vez más pensativa después de esta observación.
+
+--Yo, confesar, me confesaría.... Pero luego... si el cura sabe que me
+meto en política.... ¡Bah! Bien basta en Semana Santa.... Tampoco yo,
+gracias a Dios, no soy ninguna perdida... ¡me parece!
+
+
+
+
+-XXVII-
+
+Bodas de los pajaritos
+
+
+Regresó Baltasar de Navarra y las Provincias firmemente resuelto a
+estrujar la vida, como si fuese un limón, para exprimirle bien el zumo.
+Habiendo visto de cerca la guerra civil, comprendió que no hacía sino
+empezar y que prometía ser encarnizada y duradera, a pesar de que la
+_Gaceta_ anunciaba diariamente la dispersión de las últimas partidas y
+la presentación del postrer cabecilla. Desde luego Baltasar traía un
+grado más, y ganas de precipitarse en algún abismo cubierto de flores,
+ya que las balas carlistas se lo toleraban. Vista de lejos, la opinión
+pública de su ciudad natal le pareció mucho menos temible, y resolviose
+a arrostrarla, en caso de necesidad, si bien con maña y no provocándola
+de frente.
+
+Más de una vez, en la ligera tienda de campaña o en algún caserío
+vascongado, se acordó de la Tribuna y creyó verla con el rojo mantón de
+Manila o con el traje blanco y azul de grumete. Las mujeres que
+encontraba por aquellos países no le distrajeron, porque eran la mayor
+parte toscas aldeanas curtidas del sol, y si tropezó con alguna beldad
+_éuskara_, esta, en vez de sonreír al oficial amadeísta, le echó mil
+maldiciones. Además, Baltasar, frío y concentrado, no era de los que
+toman por asalto un corazón en un par de horas. De suerte que al volver
+a Marineda, en vez de rondar la Fábrica, como antes, se resolvió, desde
+el primer día, a acompañar a Amparo cuando la viese salir; y ejecutó el
+propósito con su serenidad habitual. Mucho le favoreció para estos
+acompañamientos el cambio de domicilio de la muchacha, que vivía cerca
+del alto de la cuesta de San Hilario, en una casita que daba a la
+Olmeda, desde que faltando el señor Rosendo y Chinto, el bajo de la
+calle de los Castros se hizo muy caro y muy lujoso para dos mujeres
+solas. Como la Olmeda puede decirse que es un rincón campestre, prestose
+al naciente idilio con el género de complacencia que hace de la
+naturaleza amiga perenne de todos los enamorados, hasta de los menos
+poéticos y soñadores.
+
+Febrero vio la aurora de aquel amor en un día clásico, el de la
+Candelaria, en que, según el dicho popular, celebran los pajaritos sus
+bodas sobre las ramas todavía desnudas de los árboles, para que con la
+llegada de la primavera coincida la fabricación del nido. Las vísperas
+de la fiesta eran muy señaladas en la Fábrica: andaban esparcidos por
+las estanterías, sobre los altares, ocultos en los justillos de las
+mujeres, mezclados con la hoja, haces de rama de romero, y su perfume
+tónico y penetrante vencía al del tabaco mojado. En el centro de los
+haces se hincaban candelicas de blanca cera, y había de otras candelas
+largas y amarillas, compradas por varas y que se cortaban en trozos para
+hacer cuantas luces se quisiese; siendo el origen de traer estas
+candelas la creencia de que los niños muertos antes del bautismo y
+sepultados en las tinieblas del limbo sólo el día de la Candelaria ven
+un rayo de claridad, la de la luz que encienden, pensando en ellos, sus
+madres. Al día siguiente, en la iglesia, envueltas en el romero bendito,
+habían de arder todas las velitas microscópicas.
+
+Ya se comprende que entre las cigarreras marinedinas--cuatro mil mujeres
+al fin y al cabo--había muchas que querían enviar a sus hijos difuntos
+aquella caricia de ultratumba, fundir el hielo de la muerte al calor de
+la pobre candelilla; por otra parte, aun las que no tenían niños vivos
+ni difuntos habían comprado romero gustándoles su olor, y propuestas a
+llevarlo a la misa de la Candelaria, que al fin, como decía la señora
+Porcona con tono sentencioso, era «un día de los más grandes,
+hiiiigas... porque fue cuando la Virgen sintió el primer dolorito, por
+razón de que un cura que le llamaban Simeón le anunció lo que tenía que
+pasar Cristo en el mundo». La tarde de la Candelaria, Amparo, llevando
+el romero bendito oculto en el pecho, despedía un aroma balsámico, que
+pudiera tomarse por suyo propio; tal era la lozanía y vigor de su
+organismo, cuya robustez, vencedora en la lucha con el medio ambiente,
+había crecido en razón directa de los mismos peligros y combates. Si la
+labor sedentaria, la viciada atmósfera, el alimento frío, pobre y
+escaso, eran parte a que en la Fábrica hiciesen estragos anemia y
+clorosis, el individuo que lograba triunfar de estas malas condiciones
+ostentaba doble fuerza y salud. Así le acontecía a la Tribuna.
+
+Como era día festivo, Baltasar no la esperó a la salida de la Fábrica,
+sino en la Olmeda, a corta distancia de su casita. Había llegado
+Baltasar al mayor número de pulsaciones que determinaba en él la
+calentura amorosa. Su pasión, ni tierna, ni delicada, ni comedida, pero
+imperiosa y dominante, podía definirse gráfica y simbólicamente
+llamándola apetito de fumador que a toda costa aspira a fumar el más
+codiciadero cigarro que jamás se produjo, no ya en la Fábrica de
+Marineda, sino en todas las de la Península. Amparo, con su garganta
+tornátil gallardamente puesta sobre los redondos hombros, con los tonos
+de ámbar de su satinada, morena y suave tez, parecíale a Baltasar un
+puro aromático y exquisito, elaborado con singular esmero, que estaba
+diciendo: «Fumadme». Era imposible que desechase esta idea al contemplar
+de cerca el rostro lozano, los brillantes ojos, los mil pormenores que
+acrecentaban el mérito de tan preciosa _regalía_. Y para que la
+similitud fuese más completa, el olor del cigarro había impregnado toda
+la ropa de la Tribuna, y exhalábase de ella un perfume fuerte, poderoso
+y embriagador, semejante al que se percibe al levantar el papel de seda
+que cubre a los habanos en el cajón donde se guardan. Cuando por las
+tardes Baltasar lograba acercarse algún tanto a Amparo e inclinaba la
+cabeza para hablarle, sentíase envuelto en la penetrante ráfaga que se
+desprendía de ella, causándole en el paladar la grata titilación del
+humo de un rico veguero y el delicioso mareo de las primeras chupadas.
+Eran dos tentaciones que suelen andar aisladas y que se habían unido,
+dos vicios que formaban alianza ofensiva, la mujer y el cigarro
+íntimamente enlazados y comunicándose encanto y prestigio para
+trastornar una cabeza masculina.
+
+El día espiraba tranquilamente en aquella alameda, que en hora y
+estación semejante era casi un desierto. Sentáronse un rato Baltasar y
+la Tribuna en el parapeto del camino, protegidos por el silencio que
+reinaba en torno, y animados por la complicidad tácita del ocaso, del
+paisaje, de la serenidad universal de las cosas, que los sepultaba en
+profundo caimiento de ánimo, que relajaba sus fibras infundiéndoles
+blanda pereza muy semejante a la indiferencia moral. El sol languidecía
+como ellos; la naturaleza meditaba. Hasta la bahía se hallaba
+aletargada; un gallardo queche blanco se mantenía inmóvil; dos paquetes
+de vapor, con la negra y roja chimenea desprovista de su penacho de
+humo, dormitaban, y solamente un frágil bote, una cascarita de nuez,
+venía como una saeta desde la fronteriza playa de San Cosme, impulsado
+por dos remeros, y el brillo del agua, a cada palada, le formaba movible
+melena de chispas. Por donde no alcanzaban el último resplandor solar,
+las olas estaban verdinegras y sombrías; al Poniente, dorada red de
+movibles mallas parecía envolverlas.
+
+A medida que avanzaba la sombra, levantábase del mar una brisa fresca,
+que agitaba por instantes los picos del pañuelo de Amparo y los cabellos
+rubios de Baltasar, en los cuales se detenían las postreras luces del
+sol, haciendo de su cabeza una testa de oro. Presto la abandonaron sin
+embargo, y asimismo las montañas del horizonte empezaron a confundirse
+con el agua, mientras la concha blanca del caserío marinedino se
+destacaba aún, pero perdiéndose más cada vez, como si al ausentarse la
+claridad se llevase consigo el rosario de edificios y el encendido
+fulgor de los cristales en las galerías. Marineda, la _Nautilia_ de los
+romanos, se envolvía en una clámide de tinieblas. En breve comenzaron a
+distinguirse algunas luces que oscilaban sobre la masa oscura de la
+población, y presto se cubrió toda ella de puntos lucientes como
+estrellas de oro en un celaje sombrío. La noche, que ya mostraba el
+cuerpo entero, era de esas lácteas, pero frías, en que el equinoccio de
+primavera se anuncia por no sé qué vaga trasparencia del cielo y del
+aire, y en modo alguno por la temperatura, que más bien parece
+recrudecerse. Baltasar y la muchacha, obligados quizá por el helado
+ambiente, se aproximaban el uno al otro, hablando no obstante de cosas
+indiferentes y poco importantes.
+
+--No, Bilbao no es más bonito... ni tampoco Santander, digan lo que
+quieran los santanderinos, que son muy patriotas. ¿Sabe usted lo que ha
+mejorado Marineda? ¿Y lo que está llamada a mejorar todavía? Esto crece
+a cada paso; vamos a tener barrios nuevos, magníficos, a la americana,
+ahí donde usted ve aquella lucecita... todo por ahí, a lo largo del
+baluarte.
+
+--¿Y Madrí? ¿Es mucho mejor que Marineda?--interrogó Amparo por decir
+algo, enrollando un cabo de su pañuelo.
+
+--¡Ah! Madrid, ya ve usted... al fin y al cabo, es la corte.... Sólo la
+calle de Alcalá....
+
+Este apacible diálogo encubría en Baltasar tempestuosos pensamientos;
+pero como no carecía de penetración y sabía que la muchacha era honrada,
+y orgullosa, y vivía de su trabajo, comprendió que no debía tratarla
+como a cualquier criatura abyecta, sino empezar mostrándole cierta
+deferencia y aun respeto, género de adulación a que es más sensible
+todavía la mujer del pueblo que la dama de alto copete, habituada ya a
+que todos le manifiesten cortesía y miramientos. Lisonjeó mucho a la
+Tribuna el ver que se habían con ella lo mismo que con las señoritas, y
+auguró bien del rendido galán. Mas tan luego como la noche cauta señoreó
+absolutamente el escenario, Baltasar creyó poder apoderarse a hurto de
+una mano morena, hoyosa y suave al tacto como la seda. Amparo pegó un
+respingo.
+
+--Estese usted quieto.... Y va de dos veces que se lo digo, caramba.
+
+--¿Por qué me trata usted así?--preguntó con pena fingida Baltasar, que
+en sus adentros renegaba de la virtud plebeya ¿Qué mal hay en...?
+
+--¿Por qué?--repitió Amparo con sumo brío--. Porque no me conviene a mí
+perderme por usted ni por nadie. ¡Sí que es uno tan bobo que no conozca
+cuando quieren hacer burla de uno! Esas libertades se las toman ustedes
+con las chicas de la Fábrica, que son tan buenas como cualquiera para
+conservar la conducta. ¿A que no hace usted esto con la de García, ni
+con las señoritas de la clase de usted?
+
+--¡Diantre!--pensó Baltasar--: no es boba.
+
+Y al punto, mudando de táctica, habló con gran rapidez, diciendo que
+estaba enamorado, pero de veras; que para él no había categorías,
+distinciones ni vallas sociales, encontrándose el amor de por medio; que
+Amparo era tanto como la más encopetada señorita, y que su desliz no
+provenía de falta de respeto, sino de sobra de cariño: todo lo cual
+acompañó con mil dulces e insinuantes inflexiones de voz. Amparo
+respondió estableciendo su credo y sus principios: ella no quería ser
+como otras chicas conocidas suyas, que por fiarse de un pícaro allí
+estaban perdidas: ella bien sabía lo que pasaba por el mundo, y cómo los
+hombres pensaban que las hijas del pueblo las daba Dios para servirles
+de juguete: lo que es ella, bien se había de librar de eso; bueno que se
+hablase un rato, en lo cual no hay malicia; pero ciertas libertades, no;
+ya podía saberlo el que se arrimase a ella. Baltasar juró y perjuró que
+su amor era de la más probada y acendrada pureza, y que sólo limpios e
+hidalgos propósitos cabían en él; y en el calor de la discusión, los dos
+interlocutores se volvieron a hallar sentados en el parapeto, y la mano
+antes esquiva se mostró más tratable, consintiendo que la prendiesen dos
+manos ajenas.
+
+--Hoy se casan los pajaritos--murmuró Baltasar después de un breve
+instante de silencio.
+
+--Día de la Candelaria.... Hoy se casan--repitió ella con turbada voz,
+sintiendo en la palma de la mano el calor de la diestra de Baltasar, que
+amorosamente la oprimía. Pero él fue discreto y no quiso abusar de la
+victoria, por temor de perder las ventajas adquiridas, y también porque
+empezaba a correr agudo frío en la solitaria alameda, y Amparo se
+levantó quejándose del relente y del aire, que cortaba como un cuchillo.
+Cruzáronse dos protestas de ternura, en voz baja, envueltas en el último
+apretón de manos, delante de la casa de la pitillera.
+
+
+
+
+-XXVIII-
+
+Consejera y amiga
+
+
+Alguna que otra vez volvía Amparo a visitar su antigua calle, por ver a
+los amigos que allí había dejado. Pocos días después del de la
+Candelaria sintió deseos de realizar una expedición hacia aquella parte.
+Halló todo en el mismo estado; el barbero, muy ocupado en descañonar a
+un sargento, la saludó jovialmente; a la puerta de su casa divisó a la
+señora Porreta tomando el fresco, o el sol, que ambas cosas faltaban
+dentro del tugurio de la comadrona, la cual hacía extraña y risible
+figura sentada en una silleta baja, y muy esparrancada; sus pies,
+calzados con zapatillas de orillo, miraban uno a Poniente y otro a
+Levante; tenía caídas las medias, por deficiencia de ligas sin duda; en
+el formidable hueco del regazo descansaban sus manos, y mientras una
+chiquilla encanijada, nieta suya, le peinaba las canas greñas y le hacía
+dos _chichos_ tamaños como bellotas, la insigne matrona no perdía el
+tiempo, y calcetaba con diligencia manejando las metálicas agujas, que
+despedían vivos fulgores. Al ver a la Tribuna, se echó a reír con opaca
+risa.
+
+--Hola, chica... salú y fraternidá. ¿Cómo está tu madre? ¿Y la
+revolusión, cuándo la hasemos? ¿Cuándo me preclamas a mí reina de
+España?
+
+Y como Amparo procurase escabullirse, la vieja subió el tono de sus
+carcajadas, semejantes al chirrido de una polea, y que hacían retemblar
+su vientre de ídolo chino.
+
+--Sí, escápate, escápate...--murmuró--. Ahora bien te escapas.... Ya
+bajarás la soberbia cuando yo te haga falta... ¿oyes, Amparo? Cuando
+necesitáis a la señora Pepa, venís como corderitos.... ¡Quién te verá
+aquel día!, ¿eh?
+
+--Dios delante, señora Pepa--contestó altiva y picada Amparo--, otras la
+llamarán más pronto, señora.
+
+--¡Sí, sí... echar por la boca! El tiempo todo lo vense--afirmó con
+profético acento la comadre, cogiendo una hilera de puntos que se le
+había soltado al reír.
+
+Siguió Amparo calle adelante, y llamó al tablero de Carmela la encajera;
+pero con gran sorpresa suya, en vez de abrirse este, se entreabrió la
+puerta interior que comunicaba con el portal, y se asomó Carmela
+animada, encendida la tez y con un júbilo nunca visto en ella.
+
+--Entra, entra--dijo a la pitillera.
+
+Esta entró. El cuartito estaba en desorden; recogida la almohadilla de
+los encajes; había un baúl abierto y ya casi colmado, y los cuadros de
+lentejuela y estampas devotas, que solían adornar las paredes, faltaban
+de ellas.
+
+--Hola... ¿parece que vamos de viaje?--preguntó Amparo.
+
+La respuesta de la encajera fue echarle al cuello los brazos, y
+pronunciar, con voz entrecortada de alegría:
+
+--¿Luego tú no sabes, no sabes que Dios me dio la sorpresa? Ya tengo el
+dote, chica... me voy a Portomar a ver si me reciben allá en el
+convento....
+
+--¡Ahora que dicen que se acaban las monjas!
+
+--Las de Portomar no, mujer... esas no... hay un señorón liberal, allá
+en Madrí, que pidió por ellas....
+
+--Pero... ¿y cómo, quién te dio el dote?
+
+--Verás.... Yo echaba todos los meses un décimo a la lotería... todos
+los meses. Tú ya sabes que la tía me hacía trabajar los domingos por la
+mañana; pero por las tardes, decía: «Anda, distráete... vete un poco a
+rezar a la iglesia». Bien. Pues, señor, yo en vez de rezar, iba, ¿y qué
+hacía? Trabajaba unas puntillitas estrechas, sin que la tía lo supiese,
+y se las vendía a una mujer del mercado, diciéndole a Nuestra Señora:
+«No es pecado esto que hago, porque es para sacar a la lotería, y si
+saco es para entrar monja...». Pues etaquí que cada mes me tomaba mi
+décimo, y para que saliese bien, siempre echaba con algún santo. Unas
+veces llevaba de compañero a San Juan Bautista; otras, a San Antonio;
+otras, a Santa Bárbara... y nada: ni tristes cinco duros. Entonces dije
+yo para mí: hay que ir a la fuente limpia; estos compañeros no valen. ¿Y
+qué se me ocurrió? Tomé un decimito con un número muy lindo, mil ciento
+veintidós, y se lo fui a llevar al Niño Dios de las Madres Descalzas...
+y le dije: mira, Jesusito, si sale premiado, la metá para ti.... Tenía
+una carita tan alegre cuando se lo dije, lo mismo que si me entendiese.
+Pues ¿quién te dice, mujer...?
+
+Pausa de gran efecto.
+
+--¿Quién te dice a ti... que al sorteo voy y miro la lista, y me veo un
+mil ciento veintidós como un sol? Me quedé aturdida; y mucho más, porque
+el premio era de los grandes: cerca de mil pesos. Sólo que, como la metá
+es del Niño, a mí me queda el dote limpio y pelado....
+
+--¿Y tu tía?--preguntó Amparo, como si censurase el regocijo de Carmela.
+
+--¿Y sabes, mujer, que yo quise depositar el dote para cuando ella
+muriese y quedarme en su compañía, y no quiso? Dice que no, que bien
+claro está que Dios me llama para sí... Ella tiene buscada colocación en
+casa de un cura... como está así, medio ciega, sólo en un sitio de poco
+trabajo puede servir. ¡Ay, Niño Jesús de mi alma! ¡Cuántas lagrimitas
+tengo llorado aquí sin que nadie me viese! ¡Qué días! Es mejor hacer
+pitillos que encajes, chica. ¡Fumar, siempre fuma la gente; pero los
+encajes en invierno... es como vivir de coser telarañas!
+
+Y levantándose, cogió un tiesto que estaba en la ventana y lo entregó a
+Amparo.
+
+--Toma, me alegro de que vinieses... cuídame mucho la malva de olor, que
+por el camino tengo miedo de que se rompa el tarro.
+
+Amparo cogió el tiesto y respiró el perfume de la planta, hundiendo la
+faz entre las aterciopeladas hojas. La encajera la miraba con sus
+pupilas siempre melancólicas y serenas.
+
+--Amparo--dijo de pronto....
+
+--¿Eh?...--respondió la Tribuna, sorprendida como si la despertasen de
+golpe.
+
+--¿Te enfadas si te digo una cosa?
+
+--No, mujer... ¿y por qué me he de enfadar?--contestó fijando sus ojos
+gruesos y brillantes en la futura concepcionista.
+
+--Pues quería decirte... que por ahí te pusieron un mote.
+
+--¿Un mote?, ¿y es cosa mala?
+
+--Mala... ¡qué sé yo! Te llaman la Tribuna.
+
+--¿Y quién me lo llama?
+
+--Los señoritos... los hombres. Dicen que fue porque el día del
+convite... no te parezca mal, que a mí me lo contaron así,
+inocentemente... te dio un abrazo uno de aquellos señores de la
+_Samblea_... y que te dijo....
+
+--¡Me llamó Tribuna del pueblo!--exclamó orgullosamente la muchacha--.
+¡Ya se ve que me lo llamó!
+
+--¿Yeso qué es, mujer?
+
+--¿Lo qué?
+
+--¿Eso de Tribuna del pueblo?
+
+--Es... ya se sabe, mujer, lo que es. Como tú no lees nunca un
+periódico....
+
+--Ni falta que me hace... pero dímelo tú, anda.
+
+--Pues es... así a modo de una... de una que habla con todos,
+supongamos....
+
+--¿Que habla con todos?... ¿y te lo dijo en tu cara?... ¡El Dulce nombre
+de María!
+
+--Pero no hablar por mal, tonta; si no es eso.... Es hablar de los
+deberes del pueblo, de lo que ha de hacerse; es istruir a las masas
+públicas....
+
+--Vamos, como una maestra de escuela.... Jesús, si pensé que... ya decía
+yo: ¿había de ser tan descarado que se lo encajase allí, sin más ni más?
+Pero como por ahí se ríen cuando mentan eso....
+
+--¡Bah!... no tienen que hacer, y velay.
+
+--Y... mira, ¿te digo otro cuento?
+
+--Tú dirás....
+
+--Me contaron... no tomes pesadumbre, que son dichos... que andaba tras
+de ti un señorito... de la oficialidá.
+
+--¿Y si anda?
+
+--Y si anda, haces muy mal en hacer caso de un oficial, mujer.... A las
+chicas pobres no las buscan ellos para cosa buena, no y no.... Ya las
+que son pobres y formales no se arriman porque ven que no sacan raja....
+
+--¡Eh!, a modo... no la armemos, Carmela. A mí nadie se arrima por la
+raja que saque, sino por el aquel de que le gustaré, y vamos andando,
+que cada uno tiene sus gustos.... Hoy en día, más que digan los
+reacionarios, la istrución iguala las clases, y no es como algún
+tiempo.... No hay oficial ni señorito que valga....
+
+--Mujer, yo no hablé por mal.... Te quise avisar porque siempre te tuve
+ley, que eres así... una infeliz, un pedazo de pan en tus
+interioridades.... Déjate de políticas, no seas tonta, y de
+señoritos.... Fuera de eso, ¿a mí qué se me importa? Es por tu bien....
+
+Se dispuso Amparo a marcharse, cogiendo debajo del brazo su tarro; pero
+la afectuosa encajera la quiso abrazar antes.
+
+--No quiero que quedemos reñidas.... ¿Vas enfadada? Bien sabe Dios mi
+intención.... Escríbeme a Portomar.... Ya te contaré todo, todo.
+
+Y se asomó a la puerta para ver alejarse a la garbosa muchacha, cuyo
+vestido de percal proyectó, por espacio de algunos segundos, una mancha
+clara sobre las oscuras paredes de las casas de enfrente.
+
+
+
+
+-XXIX-
+
+Un delito
+
+
+Desde la venida de Amadeo I tenían las cigarreras de Marineda a quien
+echar la culpa de todos los males que afligían a la Fábrica. Cuando
+caminaba hacia España el nuevo Rey, leíanse en los talleres, con pasión
+vehementísima, todos los periódicos que decían: «No vendrá». Y el caso
+es que vino, con gran asombro de las operarias, a quienes la prensa roja
+había vaticinado que la monarquía era «un yerto cadáver, sentenciado por
+la civilización a no abandonar su tumba». Alguna cigarrera abogó por el
+hijo de Víctor Manuel, rey liberal al cabo, que daba la mano a todos y
+no tenía maldita la soberbia; pero la inmensa mayoría convino en que, al
+fin, un rey siempre era un rey, y en que la monarquía no era la
+república federal, verdades tan palmarias que, por último, los
+disidentes hubieron de reconocerlas.
+
+Otros motivos de irritación ayudaban a soliviantar los ánimos.
+Escaseaban las consignas y la hoja tan pronto era quebradiza y seca,
+como podrida y húmeda. No, trabajo habían de pasar los que fumasen
+semejante veneno; pero las que lo manejaban también estaban servidas. Al
+ir a estirar la hoja para hacer las capas, en vez de extenderse, se
+rompía, y en fabricar un cigarro se tardaba el tiempo que antes en
+concluir dos; y para mayor ignominia, había que echarle remiendos a la
+capa por el revés lo mismo que a una camisa vieja, lo cual era gran
+vergüenza para una cigarrera honrada y que sabe su obligación al
+dedillo. Las operarias alzaban los brazos ejecutando la desesperada
+pantomima popular, llevándose ambas manos a la cabeza, a la frente, al
+pecho, señalando con enérgicos ademanes el tabaco averiado e inútil, de
+imposible elaboración. Tan alteradas estaban, que al pasar las maestras
+les metían puñados de hoja en las narices, gritando que «olía a berzas»;
+y, envalentonándose, lo hicieron también con los inspectores, y si el
+jefe se hubiera presentado en los talleres, apostaban que con el jefe
+repetirían la escena. En vano algunas maestras intentaron calmar el
+oleaje prometiendo, para el entrante mes, nuevas consignas: seguían las
+turbulencias porque aquel Gobierno maldito, no contento con enviarles
+hoja de desperdicio, para más, daba en la flor de no pagarles. Pasaban
+días y días sin que la cobranza se abriese, y las pobres mujeres,
+tímidamente al principio, después en voz alta y angustiosa, preguntaban
+a las maestras: «Y luego, ¿cuándo nos darán los cuartos?». Fue en
+_crescendo_ el run run y se convirtió en formidable marejada. El
+instinto que impele a los amotinados a ponerse a las órdenes de alguien,
+aconsejó a las operarias del taller de cigarrillos arrimarse a Amparo
+buscando el calor de su tribunicia frase. Halláronse chasqueadas: Amparo
+no dio fuego. Oyó a todas y convino con ellas en que, efectivamente, era
+una picardía no pagarles lo suyo; y, ventilado este punto, siguió liando
+pitillos, sin añadir arenga, excitación, sermón político ni cosa que lo
+valiese. Admiradas se quedaron las turbas de semejante frialdad. ¡Si
+pudiesen penetrar en lo íntimo del alma de Amparo, en aquellos
+inexplorados rincones donde quizá ella misma no sabía con total
+exactitud lo que guardaba! ¡Si hubiesen visto brotar una figurita chica,
+chica y remotísima, como las que se ven con los anteojos de teatro
+cogidos a la inversa, pero que iba creciendo con rapidez asombrosa, y
+que en la nomenclatura interior de las ilusiones se llamaba _señora de
+Sobrado_! ¡Si advirtiesen cómo esa _señora_, microscópica, aun vestida
+del color del deseo, iba avanzando, avanzando, hasta colocarse en el
+eminente puesto que antes ocupaba la Tribuna, que se retiraba al fondo
+envuelta en su manto de un rojo más pálido cada vez!
+
+Atribuyose a otras causas la indiferencia de la oradora. Amparo tenía
+los dedos listos y una boca no más que mantener; la crisis económica no
+podía importarle tanto como a las que reunían seis hijos, tres o cuatro
+hermanos, familia dilatada, sin más recursos que el trabajo de una
+mujer. El tiempo corría, y en la tienda se cansaban de fiarles; se veían
+perdidas, ¿cómo salir del apuro? ¡A los angelitos no era cosa de darles
+a comer las piedras de la calle! Guardiana, hablando de su sordo-muda,
+partía el corazón; ella primero consentía morir, que privar a la niña de
+su cascarillita con azúcar y de su pan fresco de trigo; si era preciso,
+pediría una limosna: no sería la primera vez; y al oír esto todas sus
+amigas la atajaron: ¡pedir limosna!, ¡qué humillación para la Fábrica!
+No; se ayudarían mutuamente, como siempre; las que estaban mejor se
+rascarían el bolsillo para atender a las más necesitadas; y en efecto,
+así se hizo, verificándose numerosas cuestaciones, siempre con fruto
+abundante.
+
+Cierto día se difundió por la Fábrica siniestro rumor: Rita de la
+Riberilla, una operaria, había sido cogida con tabaco. ¡Con tabaco!
+¡Jesús, si parecía una santa aquella mujer chiquita, flaca, con los ojos
+ribeteados de llorar, que solía atarse a la cara un pañuelo negro a
+causa, quizá, del dolor de muelas! Pero algunas cigarreras, mejor
+informadas, se echaron a reír: ¿dolor de muelas?, ¡ya baja! Era que su
+marido la solfeaba todas las noches, y ella, por tapar los tolondrones y
+cardenales, se empañicaba así; también una vez se presentó arrastrando
+la pierna derecha y diciendo que tenía reúma, y la reúma era un lapo
+atroz sacudido por él. Cuando llevaron a la culpable al despacho del
+jefe, lo primero que hizo fue llorar sin responder; y al cabo, hostigada
+ya, asaeteada a preguntas, se resolvía a confesar que «el marido» la
+abría a golpes si no le llevaba todos los días tres cigarros de a
+cuarto.... La Comadreja, con su carilla acutangular, cómicamente
+fruncida, remedaba a la perfección los entrecortados sollozos, el hipo y
+las súplicas de la delincuente.
+
+--Tres cig...aaaarros, señor menistrad...ooooor, tres cig...aaaarros
+sólo, que aun yo de aquí viva no saaaal...ga si otra triste hilacha de
+taaaaab...aco apañé... que yo no lo hiiiice por cudicia, tan cierto como
+que Dios bendito está en los diiiivinos sielos, sino que el marido me da
+con el formón, que, perdonando la cara de usté, en una pierna me cortó
+la carne, que puedo enseñar la llaga, que aún no curó... Y él sólo
+quería el tabaco para fuuumar, que no era para vender ni hacer
+negocio.... Y ahora yo pierdo el pan, y mis hijos también.... Porque
+escuche, y perdone: él me decía: «Ya que no traes cuartos hace un mes a
+la casa, tan siquiera trae cigarros...».
+
+El taller entero, a vueltas de la risa que le causaba la graciosa mímica
+de Ana, rompió en exclamaciones de lástima: robar no estaba bien hecho,
+claro que no; pero también hay que ponerse en la situación de cada uno;
+¿cómo se había de gobernar la infeliz, si su marido la partía y hacía
+picadillo con ella? ¡Ay! ¡Dios nos libre de un mal hombre, de un
+vicioso! En fin, no era razón dejar morir de hambre a los chiquillos de
+la Rita; la Fábrica daba limosna a bastantes pobres de fuera: con más
+motivo a los de dentro; y la maestra recorrió el taller con el delantal
+hecho bolsa, y llovieron en él cuartos, _perros_ y monedas de diferentes
+calibres en gran abundancia. Al llegar frente a Amparo esta tuvo un
+rasgo que fue aplaudidísimo y le conquistó otra vez gran popularidad.
+Hacía ya una semana que la pitillera vivía del crédito, porque sus
+gastos de vestir la traían siempre atrasada; y cuando la cuestora se
+acercó a pedirle, no tenía la futura señora de Sobrado ni un ochavo
+roñoso en el bolsillo. Pero, cosa de un mes antes, había realizado uno
+de sus caprichos, comprando con las economías, en otro tiempo destinadas
+a salvar a la Asamblea, un par de pendientes largos de oro bajo, que
+eran su orgullo: quitóselos sin vacilar, y los echó en el delantal de la
+maestra. Alzose un clamoreo, una aprobación ruidosa y vehemente, gritos
+agudos, voces humedecidas por el llanto, bendiciones casi inarticuladas;
+y al punto, dos o tres objetos más de escaso valor, una sortija de
+plata, un dedal de lo mismo, vinieron despedidos desde las mesas
+próximas, cayeron en el delantal y se mezclaron con la calderilla.
+
+Aquella tarde, al salir de los talleres, vieron las operarias, colgado
+cerca del quicio de la puerta, el cartel de rigor: «Habiendo sido cogida
+con tabaco en el acto del registro la operaria del taller de cigarros
+comunes, Rita Méndez, del partido núm. 3, rancho 11, queda expulsada
+para siempre de la Fábrica.--_El Administrador Jefe_, FULANO DE TAL».
+
+Colocadas a ambos lados de la escalera, las cuadrilleras vigilaban para
+que el despejo se hiciese con orden; y sentadas ya en sus sillas,
+esperaban las maestras, más serias que de costumbre, a fin de proceder
+al registro. Acercábanse las operarias como abochornadas, y alzaban de
+prisa sus ropas, empeñándose en que se viese que no había gatuperio ni
+contrabando.... Y las manos de las maestras palpaban y recorrían con
+inusitada severidad la cintura, el sobaco, el seno, y sus dedos rígidos,
+endurecidos por la sospecha, penetraban en las faltriqueras, separaban
+los pliegues de las sayas.... Mientras los bandos de mujeres iban
+saliendo con la cabeza caída--humilladas todas por el ajeno delito--, el
+reloj antiguo de pesas, de tosca madera, pintado de color de ocre con
+churriguerescos adornos dorados, que dominaba el zaguán grave y austero
+como un juez, dio las seis.
+
+
+
+
+-XXX-
+
+Dónde vivía la protagonista
+
+
+El barrio de Amparo era de gente pobre; abundaban en él cigarreras,
+pescadores y _pescantinas_. Las diligencias y los carruajes, al cruzarlo
+por la parte de la Olmeda, lo llenaban de polvo y ruido un instante;
+pero presto volvía a su mortecina paz de aldea. Sobre el parapeto del
+camino real que cae al mar estaban siempre de codos algunos marineros,
+con gruesos zuecos de palo, faja de lana roja, gorro catalán; sus
+rostros curtidos, su sotabarba poblada y recia, su mirar franco, decían
+a las claras la libertad y rudeza de la existencia marítima; a pocos
+pasos de este grupo, que rara vez faltaba de allí, se instalaba, en la
+confluencia de la alameda y la cuesta, el mercadillo: cestas de
+marchitas verduras, pescados, mariscos; pero nunca aves ni frutas de
+mérito.
+
+Lo más característico del barrio eran los chiquillos. De cada casucha
+baja y roma, al lucir el sol en el horizonte, salía una tribu, una
+pollada, un hormiguero de ángeles, entre uno y doce años, que daba
+gloria. De ellos los había patizambos, que corrían como asustados
+palmípedos; de ellos, derechitos de piernas y ágiles como micos o
+ardillas; de ellos, bonitos como querubines, y de ellos, horribles y
+encogidos como los fetos que se conservan en aguardiente. Unos daban
+indicios de no sonarse los mocos en toda su vida, y otros se oreaban sin
+reparo, teniendo frescas aún las pústulas de la viruela o las ronchas
+del sarampión; a algunos, al través de la capa de suciedad y polvo que
+les afeaba el semblante, se les traslucía el carmín de la manzana y el
+brillo de la salud; otros ostentaban desgreñadas cabelleras, que si
+ahora eran zaleas o ruedos, hubieran sido suaves bucles cuando los
+peinaran las cariñosas manos de una madre. No era menos curiosa la
+indumentaria de esta pillería que sus figuras. Veíanse allí gabanes
+aprovechados de un hermano mayor, y tan desmesuradamente largos, que el
+talle besaba las corvas y los faldones barrían el piso, si ya un
+tijeretazo oportuno no los había suprimido; en cambio, no faltaba
+pantalón tan corto, que, no logrando encubrir la rodilla, arregazaba
+impúdicamente descubriendo medio muslo. Zapatos, pocos, y esos muy
+estropeados y risueños, abiertos de boca y endeblillos de suela; ropa
+blanca, reducida a un jirón, porque, ¿quién les pone cosa sana para que
+luego se revuelquen en la carretera, y se den de mojicones todo el santo
+día, y se cojan a la zaga de todos los carruajes, gritando: «¡Tralla,
+tralla!»?
+
+De lo que ninguno carecía era de cobertera para el cráneo: cuál lucía
+hirsuta gorra de pelo, que le daba semejanza con un oso; cuál un
+agujereado fieltro sin forma ni color; cuál un canasto de paja tejido en
+el presidio, y cuál un enorme pañuelo de algodón, atado con tal arte,
+que las puntas simulaban orejas de liebre. ¡Oh, y qué cariño profesaban
+los benditos pilluelos a aquella parte de su vestido! Antes se dejarían
+cortar el dedo meñique, que arrancar la gorra o el sombrero; nada les
+importaba volver a casa de noche sin una pierna del calzón o sin un
+brazo de la chaqueta; pero tornar con la cabeza descubierta sería para
+ellos el más grave disgusto.
+
+Vivía el barrio entero en la calle, por poco que el tiempo estuviese
+apacible y la temperatura benigna. Ventanas y puertas se abrían de par
+en par, como diciendo que donde no hay, no importa que entren ladrones;
+y en el marco de los agujeros por donde respiraban trabajosamente los
+ahogados edificios, se asomaba ya una mujer peinándose las guedejas, y
+de la cual sólo distinguía el transeúnte la rápida aparición del brazo
+blanco y la oscura aureola del cabello suelto; ya otra, remendando una
+saya vieja; ya lactando a un niño, cuyas carnes rollizas doraba el sol;
+ya mondando patatas y echándolas, una a una, en grosera cazuela.... Esta
+vecina atravesaba con la _sella_ de relucientes aros camino de la
+fuente; aquella se acomodaba a sacudir un refajo o a desocupar, mirando
+hacia todos lados con recelo, una jofaina; la de más acá salía con
+ímpetu a administrar una mano de azotes al chico que se tendía en el
+polvo; la de más allá volvía con una pescada, cogida por las agallas,
+que se balanceaba y le flagelaba el vestido. Todas las excrecencias de
+la vida, los prosaicos menesteres que en los barrios opulentos se
+cumplen a sombra de tejado, salían allí a luz y a vista del público.
+Pañales pobres se secaban en las cancillas de las puertas; la cuna del
+recién nacido, colocada en el umbral, se exhibía tan sin reparo como las
+enaguas de la madre.... Y no obstante, el barrio no era triste; lejos de
+eso, los árboles vecinos, el campo y mar colindantes, lo hacían por todo
+extremo saludable; el paso de los coches lo alborotaba; los chiquillos,
+piando como gorriones, le prestaban por momentos singular animación;
+apenas había casa sin jaula de codorniz o jilguero, sin alelíes o
+albahaca en el antepecho de las ventanas; y no bien lucía el sol, las
+barricas de sardinas arenques, arrimadas a la pared y descubiertas,
+brillaban como gigantesca rueda de plata.
+
+Tampoco faltaban allí comercios que, acatando la ley que obliga a los
+organismos a adaptarse al medio ambiente, se acomodaban a la pobreza de
+la barriada. Tiendecillas angostas, donde se vendían zarazas catalanas y
+pañuelos; abacerías de sucio escaparate, tras de cuyos vidrios un galán
+y una dama de pastaflora se miraban tristemente viéndose tan mosqueados
+y tan añejos, y las cajas _tremendas_ de fósforos se mezclaban con
+garbanzos, fideos amarillos, aleluyas y naipes; figones que brindaban al
+apetito sardinas fritas y callos; almacenes en que se feriaban cucharas
+de palo, cestería, cribas y zuecos: tal era la industria de la cuesta de
+San Hilario. Allí se tuvo por notable caso el que un objeto adquirido se
+pagase de presente, y el crédito, palanca del moderno comercio,
+funcionaba con extraordinaria actividad. Todo se compraba al fiado:
+cigarrera había que tardaba un año en poder abonar los chismes del
+oficio. Reinaba en el barrio cierta confianza, una especie de comadrazgo
+perpetuo, un comunismo amigable: de casa a casa se pedían prestados, no
+solamente enseres y utensilios, sino «una sed» de agua, «una nuez» de
+manteca, «un chisquito» de aceite, «una lágrima» de leche, «un nadita»
+de petróleo. Avisábanse mutuamente las madres cuando un niño se
+escapaba, se descalabraba o hacía cualquier diablura análoga; y como el
+derecho de azotar era recíproco, las infelices criaturas venían a estar
+en potencia propincua de ser vapuleadas por el barrio entero.
+
+Pronto se acostumbró la madre de Amparo a su nueva vecindad: tenía la
+cama próxima a la ventana, y nadie pasaba por allí sin detenerse a
+conversar un rato.... Las pescaderas le referían sus lances, y la
+tullida compraba desde su lecho sardinas, pedía agua, oía chismes sin
+número, forjándose en cierto modo la ilusión de que tomaba el aire
+libre.... Por lo que hace a Amparo, fue presto la reina del barrio:
+reíanse los marineros, abierta la boca de oreja a oreja, dilatando sus
+anchos semblantes de tritones, cuando la veían pasar; los carabineros
+del Resguardo le echaban flores.... Casi todos manifestaron sentimiento
+al saber que «andaba» con un oficial, un señorito de allá del barrio de
+Abajo.
+
+
+
+
+-XXXI-
+
+Palabra de casamiento
+
+
+Desde que tuvo secretos que confiar, por natural instinto Amparo se
+arrimó a la Comadreja más que a Guardiana. Esta andaba no sé cómo, medio
+enferma, con la paletilla caída, según decía; y por más que se la
+levantó una saludadora con los rezos y ensalmos de costumbre, la
+paletilla seguía en sus trece, y la muchacha tristona, pensando en cómo
+quedarían sus pequeños si se muriese ella. Hallaba Amparo en el
+semblante de Guardiana no sé qué limpidez, qué tranquilidad honesta, que
+le helaban en los labios el cuento de amores cuando iba a empezarlo; al
+paso que Ana, con su nervioso buen humor, su cara puntiaguda rebosando
+curiosidad, convidaba a hablar. Amparo la tomó por confidente, y hasta
+por compañera. Ana, viuda a la sazón de su capitán mercante, que andaba
+allá por Ribadeo, se prestó gustosa a ser, en cierto modo, la dueña
+guardadora de la Tribuna. Por su parte Baltasar se apoderó de Borrén.
+Estaban aún los dos enamorados en el período comunicativo.
+
+--¿Te dio palabra de casarse contigo?--preguntaba Ana a su amiga.
+
+--No cuadró que yo se la pidiese.... Una vez, con disimulo, le indiqué
+algo.... ¡Si no fuese por la familia! ¡La madre, sobre todo, que es así!
+
+Y Amparo cerraba el puño.
+
+--¡Bah! Ve tomando paciencia once añitos, como yo.... ¡Y si después lo
+consigues!...
+
+--No, pues si no quiere casarse... me parece que le doy despachaderas.
+
+Ana notó en estas bravatas que se tambaleaba el alcázar de la firmeza
+tribunicia. Desde entonces su curiosidad perversa la espoleó, y en
+cierto modo le halagó la idea de que todas, por muy soberbias que
+fuesen, paraban en caer como ella había caído. Organizose una especie de
+sociedad compuesta de cuatro personas, Amparo, Ana, Borrén y Baltasar;
+cada vez que celebraba sesión este círculo, ya se sabía que la Comadreja
+«cargaba» con el ronco y galanteador Borrén. Entreteníale con pesadas
+bromas, con todo género de indirectas y burletas, subrayadas por la risa
+de sus labios flacos, por el fruncimiento de su hocico de roedor. Ana
+sabía, como acostumbraba saberlo todo, la historia de Borrén, o por
+mejor decir, su carencia de historia; y este carácter inofensivo del
+incansable faldero daba asunto a la Comadreja para crucificarlo a puras
+chanzas, para clavarle mil alfileres, para abrasarlo. La travesura de
+pilluelo vicioso que distinguía a Ana le sirvió para olfatear la
+horrible timidez, el pánico extraño que afligía a aquel hombre tan
+pródigo de requiebros, tan aficionado al aroma del amor, y tan incapaz,
+por carácter, de gustarlo, como los soñadores que contemplan la luna de
+descolgarla del firmamento. ¡Pobre Borrén! Desde el sarcasmo hasta la
+mal rebozada injuria, todo lo devoró con resignación que podría llamarse
+angelical, si virtudes de este linaje negativo no fuesen más dignas del
+limbo que del cielo.
+
+Vestía la primavera de verdor y hermosura cuanto tocaba, y convidados
+por la amable estación, los cuatro socios acostumbraban aprovechar las
+tardes de los días festivos, solazándose en los huertos que abundan en
+la vega marinedina, dominada por el camino real. Pese a su temperamento
+calculador y enemigo del escándalo, Baltasar cedía a la vehemente
+codicia del aromático veguero, hasta el punto de acompañar en público a
+la muchacha, si bien concretándose a aquel rincón apartado de la ciudad.
+Hacíalo, sin embargo, con tales restricciones, que Amparo se figuraba
+que lo comprometía dejándose ver a su lado.
+
+En la vega se cultivaban legumbres y algún maíz; pero la prosa de este
+género de plantíos la encubría la estación primaveral, adornándolos con
+una apretada red de floración: la col lucía un velo de oro pálido; la
+patata estaba salpicada de blancas estrellas; el cebollino parecía
+llovido de granizo copioso; las flores de coral del haba relucían como
+bocas incitantes, y en los linderos temblaban las sangrientas amapolas,
+y abría sus delicadas flores color lila el erizado cardo. Los sembrados
+de maíz, cuyos cotiledones comenzaban a salir de la tierra, hacían de
+trecho en trecho cuadrados de raso verdegay. Sobre todo, un rincón había
+en la vega, donde la naturaleza, empeñada en vencer con su espontaneidad
+los artificios de la horticultura, logró reunir alrededor de un rústico
+pozo que suministraba muy fresca agua, dos o tres olmos más anchos que
+copudos, un grupo gracioso de mimbres, helechos y escolopendras, un
+rosal silvestre, algo, en fin, que rompía la uniformidad de la
+hortaliza. Aquel paraje era el favorito de Amparo y Baltasar; sobre todo
+desde que al lado, en los fresales, cuajados de flor blanca, empezaba a
+madurar la roja fruta. El día de San José, Baltasar consiguió ya recoger
+para la muchacha media docena de fresas en una hoja de col. Hasta
+mediados de abril aumentó la cosecha de fresilla; a principios de mayo
+comenzaba a disminuir, y escasearon los fresones de pulpa azucarosa, que
+tan suavemente humedecían la lengua. Un domingo del hermoso mes,
+hallándose reunida la _partie carrée_ en la huerta a pretexto de fresas,
+ya a duras penas se rastreaba alguna escondida entre las hojas y
+gulusmeada de babosas y caracoles.
+
+--Don Enrique--exclamaba Ana dirigiéndose a Borrén--, ¿cuántas ha cogido
+usted ya? ¿Una y media? A ese paso, dentro de quince días las
+probaremos. No sirve usted... ni para coger fresas.
+
+--¿Cómo que no? Mire usted una preciosa que pillé ahora mismo.... Le
+digo a usted, Anita, que sirvo para el caso.
+
+--¿A ver? ¡Eso es lo que usted encuentra! Comida de bicharracos....
+¡Uuuuy!
+
+--¿Qué pasa?--exclamó solícito Borrén.
+
+--¡Un babosón!--chilló ratonilmente Ana, sacudiendo los dedos y
+disparando el glutinoso animalucho al rostro de Borrén, que se pasó
+apaciblemente el pañuelo por las mejillas, amenazando a la Comadreja con
+la mano.
+
+Amparo y Baltasar se hallaban un poco más apartados, y cerca del pozo
+que sombreaban los árboles. Picaban por turno las pocas fresas que tenía
+Amparo en el regazo sobre una hoja de berza. Las habían recogido juntos,
+y al hacerlo sus manos trémulas y ávidas se encontraron entre el
+follaje.
+
+--¡Eh... dejar algunas!--les gritaba inútilmente Ana.
+
+Amparo comía sin saber qué, por refrescarse la boca, donde notaba
+sequedad y amargor. Borrén miraba el grupo paternalmente, con ojos
+lánguidos de carnero a medio morir. La Tribuna pedía cuentas; Baltasar
+estaba por todo extremo obediente y cortés.
+
+--¿Conque no fue usted a las _Flores de María_?
+
+--No, mujer... por quien soy que no fui. ¿No ves?, hoy es domingo;
+estarán llenas de gentes las Flores, y el paseo brillante, con música y
+todo; y yo no pienso poner los pies en él.
+
+--Los días de fiesta... ¡vaya que! Sólo faltaba... es el único día que
+uno tiene libre; ¡y se había usted de ir al paseo! ¿Pero ayer? ¿No entró
+usted ayer en San Efrén? ¿No cantaba la de García?
+
+--¡Para lo bien que canta, hija! Parece un grillo.
+
+--Pues ella dice que se alaba de que va allí toda la oficialidad por
+oírla.
+
+--Alabará... ¿qué sé yo? Si no la veo hace mil años.... Esa fresa es mía
+--exclamó arrebatando una que Amparo llevaba a sus labios. Ella se la
+dejó robar, confusa, ruborizada y satisfecha.
+
+--¿Y a su casa... tampoco va usted?
+
+--Tampoco... no seas celosa, chica. ¿Por qué hemos de hablar siempre de
+la de García, y no de ti? ¡De nosotros!--añadió con expresión de
+contenida vehemencia. Sintió la muchacha como una ola de fuego que la
+envolvía desde la planta de los pies hasta la raíz del cabello, y
+después un leve frío que le agolpó la sangre al corazón. Borrén se
+aproximó a la amante pareja, abriendo las manos llenas de tierra y de
+fresas despachurradas.
+
+--Ya me duelen los riñones de andar a gatas--dijo--. Podíamos
+merendar... si a ustedes no les molesta, pollos.
+
+--Por mí...--murmuró Amparo. Ana se acercaba también, trayendo una
+servilleta anudada, que desató y tendió sobre el brocal del pozo.
+Reducíase la merienda a unos pastelillos de dulce y una botella de
+moscatel, regalo de Baltasar. Fueles preciso beber por un mismo vaso,
+único que había, y Ana, que era asquillosa y aprensiva, prefirió echar
+tragos por la botella, sin recelo de cortarse con los agudos cristales
+del roto gollete. Sus carrillos chupados se colorearon, su lengua se
+desató más que de costumbre; y por vía de diversión empezó a coger
+tierra a puñados y a esparcirla por la cabeza de Borrén. Después,
+levantándose, le propuso que «hiciesen el remolino». Borrén no quería,
+ni a tres tirones; pero la Comadreja le asió de las manos, estribó en
+las puntas de los pies, muy juntas y arrimadas a las de su pareja, y
+echando el cuerpo atrás y dejando caer la cabeza hacia la espalda,
+empezó a girar, con gran lentitud al principio; poco a poco fue
+acelerando el volteo, hasta imprimirle vertiginosa rapidez. Cuando
+pasaba se veían un punto sus pómulos encendidos, sus ojos vagos y
+extraviados, su boca pálida, abierta para respirar mejor, su garganta
+espasmodizada, rígida; mas no tardaba ni medio segundo en presentarse la
+asustada faz de Borrén, que se dejaba arrastrar sin que acertase a decir
+más palabra que «por Dios... por Dios...» con no fingida congoja. De
+repente se detuvo la peonza humana, con brusco movimiento, y se oyó un
+grito gutural. Ana se aplanó en el suelo.
+
+Al ir a socorrerla, notó Amparo que ya no estaba sonrosada, sino del
+color de la cera, y que se le veía el blanco de los ojos. Baltasar subió
+precipitadamente el cubo del pozo, y casi colmado se lo volcó encima a
+la mareada Comadreja. Frotáronle mucho los pulsos, las sienes, con el
+fresco líquido, y al fin la pupila fue bajando al globo de la córnea,
+mientras el pelo se dilataba con ruidoso suspiro. Dos minutos después
+estaba Ana en pie; pero quejándose de la cabeza, del corazón, declarando
+que tenía los huesos rotos, que se moría de frío; todo en voz tan baja y
+quejumbrosa, que nadie la tendría por la petulante moza de antes del
+desmayo.
+
+--Mujer, vente a mi casa, te daré ropa seca--dijo Amparo.--No, a la mía,
+a la mía.... El cuerpo me pide cama.
+
+--Duermes conmigo.
+
+--No, a mi casita--insistió la abatida Comadreja--. Si va conmigo una
+fiebre, quiero estar en mi cuarto. Ea, adiós.
+
+--Toma mi mantón siquiera--porfió la Tribuna.
+
+--Bueno, venga.... ¡Brr!, estoy hecha una sopa.
+
+Y Ana, saludando con su esqueletada mano, ademán que indicaba un resto
+de intención festiva que aún retoñaba en ella, tomó el sendero que
+conducía al camino real. Entonces Baltasar miró a Borrén fijamente con
+ojos expresivos, más claros y categóricos que palabra alguna. Hay que
+decir en abono del confidente universal, que titubeó. Sin alardear de
+moralista, bien puede un hombre blanco que viste uniforme y peina
+barbas, encontrar que ciertos papeles son desairados y tontos. Una cosa
+es hablar, acompañar, animar, y otra.... Por lo menos así pensaba
+Borrén, que más tenía de sandio rematado que de perverso. Y no obstante
+su flaqueza, no supo resistir a la segunda ojeada, coercitiva al par que
+suplicante, de su amigo. Bebió la hiel hasta las heces, y echó tras la
+Comadreja pisando aturdidamente coles y maíz tierno.
+
+--Espere usted, Anita, que la acompaño--murmuraba--. Espere usted...
+puede ocurrírsele a usted algo.
+
+Encogiose de hombros Ana, y acortó el paso para dejar que se uniese
+Borrén. Emparejaron y caminaron en silencio por la carretera; Ana con
+los labios apretados y algo escalofriada y temblorosa, a pesar de ir muy
+arropada en el mantón. Al llegar a la entrada de la ciudad, la cigarrera
+se volvió y midió a Borrén con despreciativa ojeada de pies a cabeza.
+
+--¿Se le ocurre a usted alguna cosa?--preguntó él medio desvanecido aún,
+con ronquera que rayaba en afonía.
+
+--Nada--respondió ella bruscamente. Y después, fijando en los de Borrén
+sus ojuelos verdes--: Don Enrique--añadió--, ¿sabe usted lo que venía
+pensando?
+
+--Diga usted....
+
+--Que es usted una alhaja.
+
+--¿Por qué me dice usted eso, bella Anita?--pronunció ya afablemente
+Borrén, que al verse entre gentes y en calles transitadas había
+recobrado su aplomo.
+
+--Porque... que uno se marche cuando enferma.... ¡Pero usted! ¡Pero qué
+hombres!--articuló con ira--. ¡Si aunque se acabase la casta... no se
+perdía tanto así! Vaya, abur... que estoy medio trastornada y me da poco
+gusto ver gente.
+
+--Iré con usted por si....
+
+--¿Usted?--murmuró ella entre irónica y desdeñosa--. ¿Para qué? Abur,
+abur; ¡que si lo ven con una muchacha de mi clase! Abur.
+
+Y la Comadreja se escurrió por una callejuela, dejando a Borrén sin
+saber lo que le pasaba.
+
+Cuando Baltasar y la oradora se quedaron solos, la tarde caía, no
+apacible y glacial como aquella de febrero, sino cálida, perezosa en
+despedirse del sol; nubes grises, pesados cirros se amontonaban en el
+cielo; el mar, picado y verdoso, mugía a lo lejos, y una franja de
+topacio orlaba el horizonte por la parte del Poniente. Amparo tuvo un
+instante de temor.
+
+--Me voy a mi casa--dijo levantándose.
+
+--¡Amparo... ahora no!--pronunció con suplicantes inflexiones en la voz
+Baltasar--. No te marches, que estamos en el paraíso.
+
+La Tribuna, paralizada, miró en derredor. Mezquino era el paraíso en
+verdad. Un cuadro de coles, otro de cebollas, el fresal polvoroso,
+hollado por los pies de todo el mundo; los olmos bajos y achaparrados,
+los acirates llenos de blanquecinas ortigas, el pozo triste con su
+rechinante polea; mas estaban allí la juventud y el amor para hermosear
+tan pobre edén. Sonrió la muchacha posando blandamente en Baltasar sus
+abultados ojos negros.
+
+--¿Por qué quieres escaparte, vamos?--interrogó él con dulce
+autoridad--. Si te escapas siempre de mí; si parece que te doy miedo, no
+tiene nada de particular que yo me vaya también al paseo, o a donde se
+me ocurra. Ya lo sabes.--Y acercándose más a ella, abrasándole el rostro
+con su anhelosa respiración--: ¿Me voy al paseo?--preguntó.
+
+Amparo hizo un movimiento de cabeza que bien podía traducirse así:--No
+se vaya usted de ningún modo.
+
+--Me tratas tan mal....
+
+--¿Usted qué quiere que haga?
+
+--Que te portes mejor....
+
+--Pues hablemos claros--exclamó ella sacudiendo su marasmo y apoyándose
+en el brocal del pozo.
+
+La roja luz del ocaso la envolvió entonces; su rostro se encendió como
+un ascua, y por segunda vez le pareció a Baltasar hecha de fuego.
+
+--Di, hermosa....
+
+--Usted... quiere comprometerme... quiere conducirse como se conducen
+los demás con las muchachas de mi esfera.
+
+--No por cierto, hija; ¿de dónde lo infieres? No pienses tan mal de mí.
+
+--Mire usted que yo bien sé lo que pasa por el mundo... mucho de hablar,
+y de hablar, pero después....
+
+Baltasar cogió una mano que trascendía a fresas.
+
+--Mi honor, don Baltasar, es como el de cualquiera, ¿sabe usted? Soy una
+hija del pueblo; pero tengo mi altivez... por lo mismo.... Conque... ya
+puede usted comprenderme. La sociedá se opone a que usted me dé la mano
+de esposo.
+
+--¿Y por qué?--preguntó con soberano desparpajo el oficial.
+
+--¿Y por qué?--repitió la vanidad en el fondo del alma de la Tribuna.
+
+--No sería yo el primero, ni el segundo, que se casase con.... Hoy no
+hay clases....
+
+--¿Y su familia... su familia... piensa usted que no se desdeñarían de
+una hija del pueblo?
+
+--¡Bah!... ¿qué nos importa eso? Mi familia es una cosa, yo soy otra
+--repuso Baltasar impaciente.
+
+--¿Me promete usted casarse conmigo?--murmuró la inocentona de la
+oradora política.
+
+--¡Sí, vida mía!--exclamó él sin fijarse casi en lo que le preguntaban,
+pues estaba resuelto a decir amén a todo.
+
+Pero Amparo retrocedió.
+
+--¡No, no!--balbució trémula y espantada--. No basta hablar así... ¿me
+lo jura usted?
+
+Baltasar era joven aún y no tenía temple de seductor de oficio. Vaciló;
+pero fue obra de un instante: carraspeó para afianzar la voz y exhaló
+un:
+
+--Lo juro.
+
+Hubo un momento de silencio en que sólo se escuchó el delgado silbo del
+aire cruzando las copas de los olmos del camino y el lejano quejido del
+mar.
+
+--¿Por el alma de su madre?, ¿por su condenación eterna? Baltasar, con
+ahogada voz, articuló el perjurio.
+
+--¿Delante de la cara de Dios?--prosiguió Amparo ansiosa.
+
+De nuevo vaciló Baltasar un minuto. No era creyente macizo y fervoroso
+como Amparo, pero tampoco ateo persuadido; y sacudió sus labios ligero
+temblor al proferir la horrible blasfemia. Una cabeza pesada, cubierta
+de pelo copioso y rizo, descansaba ya sobre su pecho, y el balsámico
+olor de tabaco que impregnaba a la Tribuna le envolvía. Disipáronse sus
+escrúpulos y reiteró los juramentos y las promesas más solemnes.
+
+Iba acabando de cerrar la noche, y un cuarto de amorosa luna hendía como
+un alfanje de plata los acumulados nubarrones. Por el camino real, mudo
+y sombrío, no pasaba nadie.
+
+
+
+
+-XXXII-
+
+La Tribuna se forja ilusiones
+
+
+En los primeros tiempos, Baltasar, embriagado por el aroma del cigarro,
+se mostró asiduo, olvidó su habitual reserva y obró como si no temiese
+la opinión del mundo ni de su familia. Es cierto que en el barrio
+apartado donde Amparo moraba no era fácil que le viesen las gentes de su
+trato; no obstante, alguna vez tropezó con conocidos, en ocasión de ir
+acompañando a la muchacha. Fuese por esta razón o por otras, no tardó en
+buscar lugares más recónditos para las entrevistas, a donde cada cual
+iba por su lado, no reuniéndose hasta estar al abrigo de ojos
+indiscretos. Uno de estos sitios era una especie de merendero unido a
+una fábrica de gaseosa, bebida muy favorita de las cigarreras. Ante la
+mesa de tosca piedra, roída por la intemperie, se sentaban Baltasar y
+Amparo, y allí les traían las botellas de cerveza, de gaseosa, cuyo
+alegre taponazo animaba de tiempo en tiempo el diálogo. Una parra tupida
+les prestaba sombra; algunas gallinas picoteaban los cuadros de un
+mezquino jardín; el lugar era silencioso, parecido a un gabinete muy
+soleado, pero oculto. Por entre las hojas de vid se filtraban los rayos
+del sol, y caían a veces, en movibles gotas de luz, sobre el rostro de
+Amparo, mientras Baltasar la contemplaba, admirando involuntariamente
+ciertas gracias y perfecciones de su rostro hechas para ser vistas de
+cerca, como la delicada red de venas que oscurecía sus párpados, las
+sinuosidades de su diminuta oreja, la nitidez del moreno cutis, donde la
+luz se perdía en medias tintas de miel; la caliente riqueza del color
+juvenil, la blancura de los dientes, la abundancia del cabello. Duró
+este inventario minucioso algún tiempo, al cabo del cual, Baltasar,
+habiendo aprendido de memoria estas y otras particularidades, y hablado
+con la Tribuna de todo lo que se podía hablar con ella, empezó a
+encontrar más largas las horas. Restringió las visitas al merendero,
+limitándolas a los días festivos; y mientras Amparo le elaboraba _a
+mano_ los cigarrillos que acostumbraba a consumir, él leía, arrancando
+al pitillo recién acabado nubes de humo. No sabiendo qué hacer, quiso
+enseñar a Amparo cómo se fumaba, a lo cual ella se prestó con
+repugnancia, alegando que las cigarreras no fuman, que casualmente están
+«hartas de ver tabaco», y que este sólo era bueno para ponerse parches
+en las sienes cuando duele la cabeza. Discurriendo medios de
+entretenerse, Baltasar trajo a Amparo alguna novela para que se la
+leyese en voz alta; pero era tan fácil en llorar la pitillera así que
+los héroes se morían de amor o de otra enfermedad por el estilo, que
+convencido el mancebo de que se ponía tonta, suprimió los libros. En
+suma, Baltasar y Amparo se hallaron como dos cuerpos unidos un instante
+por la afinidad amorosa, separados después por repulsiones invencibles,
+y que tendían incesantemente a irse cada cual por su lado.
+
+Para colmo de aburrimiento, reparó Baltasar que, al paso que él aspiraba
+a ocultar diestramente su aventura, Amparo, que ya tenía puesta toda su
+esperanza en las falaces palabras y en el compromiso creado por el
+mancebo, se desvivía porque los viesen juntos, porque la publicidad
+remachase el clavo con que imaginaba haberle fijado para siempre. Quería
+ostentarlo, como Ana ostentaba su capitán mercante; quería que la
+familia de Sobrado supiese lo que sucedía y rabiase, y que la de García,
+la orgullosa damisela, se enterase también de que Baltasar la dejaba por
+la Tribuna; así como suena. Quemadas ya las naves, a Amparo le convenía
+hacer ruido, tanto como a Baltasar guardar silencio. De esta diversa
+disposición de ánimo nacieron las primeras disputas, leves y cortas aún,
+de los dos amantes, reyertas que al principio sirvieron de diversión a
+Baltasar, porque, a veces, hasta la contrariedad distrae. Al menos,
+mientras duraban, no venía el importuno bostezo a descoyuntar las
+mandíbulas. Peor sería hablar de política, conversación que Baltasar
+había prohibido y a la cual la Tribuna se manifestaba más aficionada de
+algún tiempo a esta parte.
+
+No era del todo sistemática la conducta de Amparo al buscar publicidad
+en sus amoríos; su carácter la impulsaba a ello. Superficial y
+vehemente, gustábanle las apariencias y exterioridades; la lisonjeaba
+andar en lenguas y ser envidiada, nunca compadecida. El día que dio sus
+pendientes de oro para la Rita, no le quedaba en casa un ochavo, y por
+pueril orgullo dijo a todas que tenía dinero, amenguando así el valor de
+su noble rasgo. Ahora, durante sus relaciones con Baltasar, trabajaba
+más que nunca y se vestía lo mejor posible, para hacer creer que el
+señorito de Sobrado era con ella dadivoso. Se regocijaba interiormente
+de que la sostuviesen sus ágiles dedos, mientras el barrio le envidiaba
+larguezas que no recibía: es más, que rechazaría con desdén si se las
+ofrecieran. Su vanidad era doble: quería que el público tuviese a
+Baltasar por liberal, y que Baltasar no la tuviese a ella por
+mercenaria. Y Baltasar, si pagaba la gaseosa, los pastelillos, alguna
+vez las entradas del teatro, en lo demás se mostraba digno heredero y
+sucesor de doña Dolores Andeza de Sobrado. Nunca pensó o nunca quiso
+pensar (que hasta a esto del pensar sobre una cosa suele determinarse la
+voluntad libremente) en lo que comería aquella buena moza, si sería
+caldo o borona, si bebería agua clara, y cómo se las compondría para
+presentársele siempre con enagua almidonada y crujiente, bata de percal
+saltando de limpia, botitas finas de rusel, pañuelo nuevo de seda. El
+cigarro era aromático y selecto: ¿qué le importaba al fumador el modo de
+elaborarlo?
+
+Entre tanto, Amparo disfrutaba viendo la rabia de sus rivales en la
+Fábrica, la sonrisilla de Ana, las indirectas, los codazos, la atmósfera
+de curiosidad que se condensaba en torno de su persona, llegando a tanto
+su desvanecimiento, que se hacía a sí propia regalos misteriosos para
+que creyese la gente que procedían de Sobrado; se prendía en el pecho
+ramilletes de flores, y hasta llegó a adquirir una sortija de plata con
+un corazón de esmalte azul, por el retegustazo de que pensasen ser
+fineza de Baltasar. Cuando le preguntaban si era cierto que se casaba
+con un señorito, sonreía, se hacía la enojada como de chanza, y fingía
+mirar disimuladamente la sortija.... ¡Casarse! ¿Y por qué no? ¿No éramos
+todos iguales desde la revolución acá? ¿No era soberano el pueblo? Y las
+ideas igualitarias volvían en tropel a dominarla y a lisonjear sus
+deseos. Pues si se había hecho la revolución y la Unión del Norte, y
+todo, sería para que tuviésemos igualdad, que si no, bien pudieron las
+cosas quedarse como estaban.... Lo malo era que nos mandase ese rey
+italiano, ese Macarronini, que daba al traste con la libertad.... Pero
+iba a caer, y ya no cabía duda, llegaba la república.
+
+Con estos pensamientos entretenía las horas de trabajo en la Fábrica. A
+cada pitillo que enrollaba, al suave crujido del papel, una cándida
+esperanza surgía en su corazón. Cuando ella fuese señora, no había de
+portarse como otras altaneras, que estuvieron allí liando cigarros lo
+mismo que ella, y ahora, porque arrastraban seda, miraban por cima del
+hombro a sus amigas de ayer. ¡Quia! Ella las saludaría en la calle,
+cuando las viese, con afabilidad suma. Por lo que hace a recibirlas de
+visita... eso, según y conforme dispusiese su marido; pero, ¿qué trabajo
+cuesta un saludo? A Ana le había de enseñar su casa. ¡Su casa! ¡Una casa
+como la de Sobrado, con sillería de damasco carmesí, consola de caoba,
+espejo de marco dorado, piano, reloj de sobremesa y tantas bujías
+encendidas! Y Amparo, cerrando los ojos, creía sentir en el rostro el
+frío cierzo de la noche de Reyes.... Cuando entraba descalza en el
+portal de Sobrado a cantar villancicos, ¿pensó que se enamorase nunca de
+ella Baltasar? Pues así como había sucedido esto, _lo otro_....
+
+No obstante, dentro de la Fábrica misma hubo escépticas que auguraron
+mal de los enredos en que se metía Amparo. ¡Casarse, casarse! Pronto se
+dice; pero del dicho al hecho.... ¿Regalos? ¡Vaya unos regalos para un
+hijo de Sobrado! ¡Sortijas de plata, ramos de a dos cuartos! ¡Bah, bah!
+Ya se sabía en lo que paraban ciertas cosas. Aunque sordos, estos
+rumores no fueron tan disimulados que no llegasen a la interesada, y
+unidos a otras pequeñeces que ella observaba también, empezaron a
+clavarle en el alma el dardo de los más crueles recelos. Baltasar
+enfriaba a ojos vistas: a cada paso mostraba más cautela, adoptaba
+mayores precauciones, descubría más su carácter previsor y el interés de
+esconder su trato con la muchacha como se oculta una enfermedad
+humillante. Mostrábase aún tierno y apasionado en las entrevistas; pero
+se negaba obstinadamente a acompañar a Amparo dos pasos más allá de la
+puerta.
+
+Todo lo referido, notó desde su cama la paralítica, y hallábase
+sumamente inquieta y quejosa, por varias razones, entre otras, porque
+desde que Amparo gastaba cuanto ganaba en botas nuevas y enaguas
+bordadas, ella se veía privada de algunas comodidades y golosinas que no
+le escatimaban antes. Malo era que su hija se perdiese y malo también
+que, tratando con señores, en vez de traer dinero a casa, se empeñase, y
+tuviese que pasarse las noches haciendo pitillos de encargo para poder
+comer. ¡Y mucho de flores! ¡Y mucho de chambras con puntillas! ¡Qué
+necesidad!
+
+Confidente de estas lamentaciones era Chinto, que solía venir a pasarse
+con la tullida largas horas al salir del trabajo, desde que supo cuán
+propicia se mostrara un tiempo a su pretensión matrimonial. Aún volvía
+la vieja a la carga de tiempo en tiempo, y hablaba de Chinto a su hija;
+él no sería fino ni buen mozo, pero era un burro de carga, un lobo para
+el trabajo y un infeliz. Autorizada, sin duda, por tan buenas
+intenciones, la paralítica disponía de Chinto cual de un yerno. Una vez,
+cuando empezó a escasear el dinero, rogole «que fuese por seis cuartos
+de azúcar para la cascarilla a la tienda de la esquina, que ya le
+pagaría». El mozo salió y volvió con un cucurucho de papel de estraza
+henchido de azúcar moreno; del pago no se habló más. Otro día se encargó
+de tomar un décimo para el próximo sorteo; la vieja, por tranquilizar su
+conciencia de empedernida jugadora, le dijo que si «le caía» partirían
+como buenos amigos. Poco a poco, y ayudando a ello lo muy distraída que
+Amparo andaba, volvió Chinto a amarrarse al antiguo yugo, a obedecer
+ciegamente a la despótica voz de la tullida; hízole los recados, le
+arregló el cuarto, le trajo remedios, le dio unturas. Y no quiere decir
+esto que la pobre mujer se propusiese deliberadamente explotar al mozo,
+sino que, a su edad y en su estado, ciertos cuidados y mimos son tan
+necesarios como el aire respirable.
+
+Curioso espectáculo en verdad el que ofrecía Chinto, descolorido, flaco,
+casi harapiento, cuidando de aquella mujer que no era su madre, que
+siempre le había tratado con dureza; y mientras él mondaba las patatas
+para el caldo del día siguiente, o mullía el jergón de la impedida,
+Amparo regresaba, a la plateada luz de la luna de verano, que prolongaba
+sobre la carretera de la Olmeda la sombra de los majestuosos árboles, de
+alguna cita en lugares escondidos, en los solitarios huertos, o en el
+desierto camino del cerro de Aguasanta.
+
+
+
+
+-XXXIII-
+
+Las hojas caen
+
+
+Aconteció que, cuando ya se aproximaba el otoño, la paralítica llamó a
+Amparo a la cabecera de su lecho, con tono y ademanes desusados,
+murmurando sordamente:
+
+--Acércate aquí, anda.
+
+Amparo se acercó con la cabeza baja. La madre extendió la mano, le cogió
+violentamente la barbilla para que alzase el rostro, y con voz aguda y
+terrible gritó:
+
+--¿Y ahora?
+
+Calló la hija. Constábale que la persona que la interrogaba así había
+vivido largos años orgullosa de su matrimonio legítimo, de su honestidad
+plebeya, de su marido trabajador, de que en la Fábrica los citasen a
+entrambos por modelo de familia unida, de que en cierta ocasión el jefe
+hubiese proferido palabras honrosas para ella, llamándole mujer «formal
+y de bien». Sí, Amparo lo sabía, y por eso callaba. Repetidas veces la
+paralítica le diera consejos, haciendo funestos vaticinios, que se
+cumplían al fin. Incorporada a medias sobre la cama, concentrando en los
+ojos la vida furiosa de su cuerpo, repitió la madre, con desprecio y con
+ira:
+
+--¿Y ahora?
+
+Amparo permaneció pálida e inmóvil. La tullida sintió un hormigueo en la
+palma de la mano, y la estampó ruidosamente en la mejilla de su hija,
+que se tambaleó, retrocedió escondiendo el rostro, y se fue a sentar en
+la silla más próxima.
+
+--¡Sinvergüenza, raída, eso de mí no lo aprendistes!--vociferó la
+enferma, algo desahogada ya después del bofetón. No respondió nada la
+oradora, que diera entonces de buen grado su popularidad, y hasta el
+advenimiento de la ideal república, por hallarse siete estados debajo de
+tierra. No obstante, se sorbió estoicamente las lágrimas abrasadoras que
+asomaban a sus ojos, y, abatida, reconociendo y acatando la autoridad
+maternal, balbució:
+
+--Me ha dado palabra de casamiento.
+
+--¡Y te lo creíste!
+
+--No sé por qué no...--exclamó la muchacha con acento más firme ya--. Yo
+soy como otras, tan buena como la que más... hoy en día no estamos en
+tiempos de ser los hombres desiguales... hoy todos somos unos, señora...
+se acabaron esas tiranías.
+
+Meneó la cabeza la paralítica, con la tenaz desconfianza de los viejos
+indigentes que nunca vieron llover del cielo torreznos asados.
+
+--El pobre, pobre es--pronunció melancólicamente...--. Tú te quedarás
+pobre, y el señorito se irá riendo...--Y a esta idea, sintiendo renacer
+su furor chilló--: Sácateme de delante, indina, que te mato: si te
+dieron palabras, que te las cumplan.
+
+Amparo se agachó, y salió temblando. A solas, recobró energía, y calculó
+que tal vez hacía mal en desesperarse; acaso su mala ventura sería un
+lazo más que acabase de unir a Baltasar con ella para siempre. Sí, no
+podía suceder de otro modo, a menos que tuviese entrañas de tigre.
+
+Esperó con afán el domingo, día de cita en el merendero de la gaseosa.
+Madrugó, llegó mucho antes que Baltasar. El otoño iba despojando a la
+parra de su pomposo follaje recortado, y los nudosos sarmientos parecían
+brazos de esqueleto mal envueltos en los jirones de púrpura de las pocas
+hojas restantes. Algún racimo negreaba en lo alto. En unas tinas viejas
+arrimadas al banco de piedra, había botellas vacías que semejaban
+embarcaciones náufragas varadas en un arenal. Amparo sentía mucho frío
+cuando Baltasar llegó.
+
+Sentose este al lado de la muchacha, que le presentó un paquete de sus
+cigarrillos predilectos, emboquillados, bastante largos, liados con gran
+esmero. Baltasar tomó uno y lo encendió, chupándolo nerviosamente con
+rápidas aspiraciones. Toda mujer prendada de un hombre llega a conocer
+por sus movimientos más leves, por los actos que distraída y casi
+mecánicamente ejecuta, el talante de que está. Amparo sabía que cuando
+Baltasar fumaba así, no se distinguía por lo jocoso y afable. Como la
+luz del sol no hallaba obstáculos para filtrarse al través de la
+deshojada parra, el rostro del mancebo, bañado de claridad, parecía duro
+y anguloso; su bigote, blondo a la sombra, tenía ahora un dorado
+metálico; sus ojos zarcos miraban con glacial limpidez. La pobre
+Tribuna, tan intrépida cuando peroraba, se halló del todo cortada y
+recelosa, y creyó sentir que le anudaban la garganta con un dogal.
+Esperó en vano una expansión, una caricia dulce y apasionada, que no
+vino. Baltasar se callaba cosas muy buenas, y seguía taciturno. De
+cuando en cuando el soplo de las ráfagas otoñales desprendía una de las
+postreras hojas de vid, que caía arrugada y amarillenta sobre la mesa de
+granito, entre los dos amantes, produciendo un ruidito seco. ¡Pin! En
+los oídos de Baltasar resonaba la voz de doña Dolores, exclamando:
+«¿Chico, no sabes que las de García... ¡pásmate!, ganan el pleito en el
+Supremo? Lo sé de fijo por el mismo abogado de aquí». ¡Pin, pin! Y
+Amparo, a su vez, escuchaba frases coléricas: «Si te dieron palabras,
+que te las cumplan». ¡Pinnn!... Una hoja purpúrea descendía con
+lentitud.... «Baltasarito, hijo, van a cogerse ciento y no sé cuántos
+miles de duros, si ganan».
+
+Al fin, Baltasar fue el primero que rompió el silencio.... Habló del
+trabajo que le costaba venir, de lo necesario que era el recato, de que
+tendrían que verse menos.... Decía todo esto con acento duro, como si
+Amparo fuese culpable respecto de él en algo. La cigarrera le escuchaba
+muda, con los labios blancos, mirando fijamente al rostro de Baltasar,
+que tenía la expresión distraída del mal pagador que no quiere recordar
+su deuda. Y era lo peor del caso que, por más que la Tribuna quería
+echar mano de su oratoria, que le hubiera venido de perlas a la sazón,
+no encontraba frases con que empezar a tratar del asunto más importante.
+Al fin, como viese con asombro levantarse a Baltasar diciendo que le
+esperaba el coronel para asuntos del servicio, ella también se alzó
+resuelta, y le dio la noticia clara y brutalmente, sin ambages ni
+rodeos, sintiendo hervir dentro del pecho una cólera que centuplicaba su
+natural valor.
+
+Un relámpago de sorpresa cruzó por las pupilas trasparentes y yertas de
+Sobrado; mas al punto se plegó su delgada boca, y diríase que le habían
+cerrado el semblante con llave doble y selládolo con siete sellos. Era
+otro Baltasar distinto del mancebo gracioso, halagüeño y felino de las
+horas veraniegas. Amparo notó que representaba diez años más.
+
+--Ahora--dijo, plantándose delante de él--es justo que me cumplas la
+palabra.
+
+--Ahora...--repitió él con voz lenta--. La palabra....
+
+--¡De casarte conmigo! Me parece que me sobra derecho para pedir....
+
+--Mujer...--contestó Baltasar reposadamente, sacudiendo la ceniza del
+pitillo--, no todas las cosas salen a medida del deseo. Las
+circunstancias le obligan a uno a mil transacciones, que.... Yo
+quisiera, lo mismo que tú, que fuese mañana, pero ponte en mi caso....
+Mi madre... mi padre... mi familia....
+
+--¡Tu familia, tu familia! ¿Pues no dijiste que ella era una cosa y tú
+otra? ¿Le echo yo alguna mancha a tu familia, por si acaso? ¿Soy hija de
+algún ajusticiado, o de algún capitán de gavilla? ¿No estamos en tiempos
+de igualdá? ¿No es mi madre tan honrada como la tuya, repelo?
+
+--No es eso... yo no te digo que....
+
+--¿Pues qué dices entonces, que te quedas ahí callado? ¿Tienes algo que
+echarme en cara? ¿No me gano yo la vida trabajando honradamente, sin
+pedírtelo a ti ni a nadie? ¿Te he pedido algo, te he pedido algo? ¿Ando
+yo con otros?
+
+--¿Quién te dice semejante cosa? Pero sucede que hoy por hoy lo que tú
+deseas, es decir, lo que deseamos, es imposible.
+
+--¡Imposible!
+
+--Por algún tiempo no más.... No me hallo todavía en situación de
+prescindir de mi familia... cuando alcance una graduación superior y
+pueda vivir con el sueldo....
+
+--¿No eres ya capitán?
+
+--Graduado, pero la efectividad.... En fin, te lo repito, hazte cargo;
+en las circunstancias por que atravieso no cabe una determinación
+semejante. Sería menester estar loco. Y digo más, créeme, hija; tenemos
+que ser muy prudentes para no comprometernos.
+
+--¡No comprometernos!--gimió con amargura la muchacha--. ¡No
+comprometernos! ¿Pero tú te has figurado--pronunció, reponiéndose y
+recobrando su impetuoso carácter--que yo soy tonta? ¿Piensas que me
+puedes meter el dedo en la boca? ¿Qué compromiso ni qué... repelo, te
+viene a ti de todo esto? ¡La comprometida, la engañada y la perdida soy
+yo!
+
+Y dejose caer en el banco de piedras, y apoyando la frente en la fría
+mesa de granito, rompió en convulsivos sollozos.
+
+--No grites, hija--murmuró Baltasar, aproximándose--. No llores... que
+pueden oírte y es un escándalo. Amparo, mujer, vamos, no hay motivo para
+esos gritos.
+
+La crisis fue corta. Levantose la oradora con los ojos encendidos, pero
+sin que una lágrima escaldase su mejilla morena. Indignada, miró a
+Baltasar y lo encontró sereno, inconmovible, con su fina y sonrosada tez
+y sus ojos garzos y trasparentes, en los cuales se reflejaba la luz del
+cielo sin comunicarles calor. Él quiso hacer dos o tres zalamerías a la
+muchacha para conjurar la tormenta; pero su ademán era violento, sus
+movimientos automáticos. Amparo lo rechazó, y se colocó por segunda vez
+delante de él en actitud agresiva.
+
+--Habla claro... ¿nos casamos o no?
+
+--Ahora no puede ser, ya te lo he dicho--contestó él sin perder su
+continente flemático.
+
+--¿Y cuándo?
+
+--¡Qué sé yo! El tiempo, el tiempo dirá. Pero has de tener calma,
+hija... un poco de calma.
+
+--Pues abur, hasta que me pagues lo que me debes--exclamó ella en voz
+vibrante, sin cuidarse de que la oyesen desde la casa o desde el camino
+los transeúntes--. Yo no soy más tu juguete, para que lo sepas: no me da
+la gana de andarme escondiendo, de ir con estas noches de frío a
+Aguasanta y a mil sitios así por darte gusto.
+
+Avanzó tres pasos más, y poniendo la mano en el hombro del oficial:
+
+--El día menos pensado...--pronunció--, cuando te vea en _las Filas_ o
+en la calle Mayor... me cojo de tu brazo delante de las señoritas,
+¿oyes?, y canto allí mismo, allí... todo lo que pasa. Y cuando venga la
+nuestra... o te hacemos pedazos, o cumples con Dios y conmigo.
+¿Entiendes, falsario?
+
+Y en voz queda, con acento de religioso terror:
+
+--¿Tú no tienes miedo a condenarte? Pues si mueres así... más fijo que
+la luz, te condenas. Y si viene la federal... que Dios la traiga y la
+Virgen Santísima... te mato, ¿oyes?, para que vayas más pronto al
+infierno.
+
+Diciendo así, diole un empujón, y le volvió la espalda, saliendo con
+paso rápido, la frente alta, la mirada llameante, a pesar del peregrino
+desfallecimiento, de la desusada conmoción interior que le avisaba de
+que ahorrase tales escenas. Al salir la Tribuna, una ráfaga más fuerte
+desparramó por la mesa muchas hojas de vid, que danzaron un instante
+sobre la superficie de granito, y cayeron al húmedo suelo.
+
+--¿Lo hará?--meditó Baltasar a sus solas--. ¿Me vendrá a marear en
+público? Tengo para mí que no.... Estos genios vivos y prontos son del
+primer momento: pasado ese, se quedan como malvas. Quia... no lo hace.
+Sin embargo, me convendría salir de Marineda una temporada....
+
+Al pensar esto, miraba maquinalmente a las hojas secas, que valsaban con
+lánguido y desmayado ritmo.
+
+--Pero ¿y Josefina? Si las noticias de mamá son ciertas, no va a ser
+posible abandonar una proporción que tal vez no vuelva a encontrar en mi
+vida. ¡Qué mil diablos! Y esa chica era guapa.... ¡Lo que es guapa! ¡Qué
+tonterías! ¿Por qué se buscará uno estos conflictos? ¡Yo que tengo
+juicio para diez!
+
+Impaciente, tiró el cigarro que estaba concluyendo. Un átomo de fuego
+brilló entre las hojas, que crujieron encogiéndose, y a poco la colilla
+se apagó.
+
+
+
+
+-XXXIV-
+
+Segunda hazaña de la Tribuna
+
+
+Frío es el invierno que llega; pero las noticias de Madrid vienen
+calentitas, abrasando. La cosa está abocada, el italiano va a abdicar
+porque ya no es posible que resista más la atmósfera de hostilidad, de
+inquina, que le rodea. Él mismo se declara aburrido y harto de tanto
+contratiempo, de la grosería de sus áulicos, de la guerra carlista, del
+vocerío cantonal, del universal desbarajuste. No hay remedio, las
+distancias se estrechan, el horizonte se tiñe de rojo, la federal
+avanza.
+
+La Fábrica ha recobrado su Tribuna. Es verdad que esta vuelve herida y
+maltrecha de su primer salida en busca de aventuras; mas no por eso se
+ha desprestigiado. Sin embargo, los momentos en que empezó a conocerse
+su desdicha fueron para Amparo de una vergüenza quemante. Sus pocos
+años, su falta de experiencia, su vanidad fogosa, contribuyeron a hacer
+la prueba más terrible. Pero en tan crítica ocasión no se desmintió la
+solidaridad de la Fábrica. Si alguna envidia excitaba antaño la
+hermosura, garbo y labia irrestañable de la chica, ahora se volvió
+lástima, y las imprecaciones fueron contra el eterno enemigo, el hombre.
+¡Estos malditos de Dios, recondenados, que sólo están para echar a
+perder a las muchachas buenas! ¡Estos señores, que se divierten en hacer
+daño! ¡Ay, si alguien se portase así con sus hermanas, con sus hijitas,
+quién los oiría y quién los vería echársele como perros! ¿Por qué no se
+establecía una ley para eso, caramba? ¡Si al que debe una peseta se la
+hacen pagar más que de prisa, me parece a mí que estas deudas aún son
+más importantes, demontre! ¡Sólo que ya se ve: la justicia la hay de dos
+maneras: una a rajatabla para los pobres, y otra de manga ancha, muy
+complaciente, para los ricos!
+
+Algunas cigarreras optimistas se atrevieron a indicar que acaso Sobrado
+se casaría, o por lo menos reconocería lo que viniese.
+
+--Sí, sí... ¡esperar por eso, papalanatas! ¡Ahora se estará sacudiendo
+la levita y burlándose bien!
+
+--No sabes... yo no quiero que ella lo oiga, ni lo entienda--decía la
+Comadreja a Guardiana--, pero ese descarado ya vuelve a andar tras de la
+de García.
+
+--¡Bribón!--exclamaba Guardiana--. ¡Y quién lo ve, tan juicioso como
+parece!
+
+--Pues conforme te lo digo.
+
+--Amparo tampoco debió hacerle caso.
+
+--Mujer, uno es de carne, que no es de piedra.
+
+--¿Se te figura a ti que a cada uno le faltan ocasiones?--replicó la
+muchacha--. Pues si no hubiese más que.... ¡Madre querida de la Guardia!
+No, Ana; la mujer se ha de defender ella. Civiles y carabineros no se
+los pone nadie. Y las chicas pobres, que no heredamos más mayorazgo que
+la honradez.... Hasta te digo que la culpa mayor la tiene quien se deja
+embobar.
+
+--Pues a mí me da lástima ella, que es la que pierde.
+
+--A mí también. Lástima, sí.
+
+Ya todo el mundo se la daba. ¡Quién hubiera reconocido a la brillante
+oradora del banquete del Círculo Rojo en aquella mujer que pasaba con el
+mantón cruzado, vestida de oscuro, ojerosa, deshecha! Sin embargo, sus
+facultades oratorias no habían disminuido; sólo sí cambiado algún tanto
+de estilo y carácter. Tenían ahora sus palabras, en vez del impetuoso
+brío de antes, un dejo amargo, una sombría y patética elocuencia. No era
+su tono el enfático de la prensa, sino otro más sincero, que brotaba del
+corazón ulcerado y del alma dolorida. En sus labios, la República
+federal no fue tan sólo la mejor forma de gobierno, época ideal de
+libertad, paz y fraternidad humana, sino período de vindicta, plazo
+señalado por la justicia del cielo, reivindicación largo tiempo esperada
+por el pueblo oprimido, vejado, trasquilado como mansa oveja. Un aura
+socialista palpitó en sus palabras, que estremecieron la Fábrica toda,
+máxime cuando el desconcierto de la Hacienda dio lugar a que se
+retrasase nuevamente la paga en aquella dependencia del Estado. Entonces
+pudo hablar a su sabor la Tribuna, despacharse a su gusto. ¡Ay de Dios!
+¿Qué les importaba a los señorones de Madrid... a los pícaros de los
+ministros, de los empleados, que ellas falleciesen de hambre? ¡Los
+sueldos de ellos estarían bien pagados, de fijo! No, no se descuidarían
+en cobrar, y en comer, y en llenar la bolsa. ¡Y si fuesen los ministros
+los únicos a reírse del que está debajo! ¡Pero a todos los ricos del
+mundo se les daba una higa de que cuatro mil mujeres careciesen de pan
+que llevar a la boca!
+
+Y al decir esto, Amparo se incorporaba, casi se ponía de pie en la
+silla, a pesar de los enérgicos y apremiantes ¡sttt!, de la maestra, a
+pesar del inspector de labores, que no hacía un momento estaba asomado a
+la entrada del taller, silencioso y grave.
+
+--¡Qué cuenta tan larga...--proseguía la oradora, animándose al ver el
+mágico y terrible efecto de sus palabras...--, qué cuenta tan larga
+darán a Dios algún día esas sanguijuelas, que nos chupan la sangre toda!
+Digo yo, y quiero que me digan, por qué nadie me contesta a esto, ni
+puede contestarme: ¿hizo Dios dos castas de hombres, por si acaso, una
+de pobres y otra de ricos?, ¿hizo a unos para que se paseasen,
+durmiesen, anduviesen majos, y hartos, y contentos, y a otros para sudar
+siempre y arrimar el hombro a todas las labores, y morir como perros sin
+que nadie se acuerde de que vinieron al mundo? ¿Qué justicia es esta,
+retepelo? Unos trabajan la tierra, otros comen el trigo; unos siembran y
+otros recogen; tú, un suponer, plantaste la viña, pues yo vengo con mis
+manos lavadas y me bebo el vino....
+
+--Pero el que lo tiene, lo tiene--interrumpía la conservadora Comadreja.
+
+--Ya se sabe que el que lo tiene, lo tiene; pero ahora vamos al caso de
+que es preciso que a todos les llegue su día, y que cuantos nacemos
+iguales gocemos de lo mismo, ¡tan siquiera un par de horas! ¡Siempre
+unos holgando y otros reventando! Pues no ha de durar hasta la fin de
+los siglos, que alguna vez se ha de volver la tortilla.
+
+--El que está debajo, mujer, debajito se queda.
+
+--¡Conversación! Mira tú, en París de Francia, el cuento ese de la
+_Comun_... ¡Anda si pusieron lo de arriba para abajo! ¡Anda si se
+sacudieron! No quedó cosa con cosa... así, así debemos de hacer aquí, si
+no nos pagan.
+
+--¿Y allá, qué hicieron?
+
+Amparo bajó la voz.
+
+--Prender fuego... a todos los edificios públicos....
+
+Un murmullo de indignación y horror salió de la mayor parte de las
+bocas.
+
+--Y a las casas de los ricos... y....
+
+--¡Asús!, ¡fuego, mujer!
+
+--Y afusil... y afusil... ar....
+
+--¿Afusilar... a quién, mujer, a quién?
+
+--A... a los prisioneros, y al arzobispo, y a los cur....
+
+--¡Infames!
+
+--¡Tigres!
+
+--¡Calla, calla, que parece que la sangre se me cuajó toda!... ¿Y quién
+hizo eso? ¡Pues vaya unas barbaridás que cuentas!
+
+--Si yo no las cuento para decir que... que esté bien hecho eso de... de
+prender fuego y afusilar.... ¡No, caramba!, ¡no me entendéis, no os da
+la gana de entenderme! Lo que digo es que... hay que tener hígados, y no
+dejarse sobar ni que le echen a uno el yugo al cuello sin defenderse....
+Lo que digo es, que cuando no le dan a uno por bien lo suyo, lo muy
+suyo, lo que tiene ganado y reganado.... Cuando no se lo dan, si uno no
+es tonto... lo pide... y si se lo niegan... lo coge.
+
+--Eso, clarito.
+
+--Tienes razón. Nosotras hacemos cigarros, ¿eh?, pues bien regular es
+que nos abonen lo nuestro.
+
+--No, y apuradamente no es ley de Dios esa desigualdá y esa diferiencia
+de unos zampar y ayunar otros.
+
+--Lo que es yo, mañana, o me pagan, o no entro al trabajo.
+
+--Ni yo.
+
+--Ni yo.
+
+--Si todas hiciésemos otro tanto... y si además nos viesen bien
+determinadas a armar el gran cristo....
+
+--¡Mañana... lo que es mañana! ¿Habéis de hacer lo que yo os diga?
+
+--Bueno.
+
+--Pues venir temprano... tempranito.
+
+A la madrugada siguiente los alrededores de la Fábrica, la calle del
+Sol, la calzada que conduce al mar, se fueron llenando de mujeres que,
+más silenciosas de lo que suelen mostrarse las hembras reunidas, tenían
+vuelto el rostro hacia la puerta de entrada del patio principal. Cuando
+esta se abrió, por unánime impulso se precipitaron dentro, e invadieron
+el zaguán en tropel, sin hacer caso de los esfuerzos del portero para
+conservar el orden; pero en vez de subir a los talleres, se estacionaron
+allí, apretadas, amenazadoras, cerrando el paso a las que, llegando
+tarde, o ajenas a la conjuración, intentaban atravesar más allá de la
+portería. Sordos rumores, voces ahogadas, imprecaciones que presto
+hallaban eco, corrían por el concurso, que se iba animando, y
+comunicándose ardimiento y firmeza. En primera fila, al extremo del
+zaguán, estaba Amparo, pálida y con los ojos encendidos, la voz ya algo
+tomada de perorar, y, sin embargo, llena de energía, incitando y
+conteniendo a la vez la humana marea.
+
+--Calma--decíales con hondo acento--, calma y serenidá... Tiempo habrá
+para todo: aguardar.
+
+Pero algunos gritos, los empellones, y dos o tres disputas que se
+promovieron entre el gentío, iban empujando, mal de su grado, a la
+Tribuna hacia la vetusta escalera del taller, cuando en este se
+sintieron pasos que conmovían el piso, y un inspector de labores, con la
+fisonomía inquieta del que olfatea graves trastornos, apareció en el
+descanso. Empezaba a preguntar, más bien con el ademán que con la boca:
+«¿Qué es esto?», a tiempo que Amparo, sacando del bolsillo un pito de
+barro, arrimolo a los labios y arrancó de él agudo silbido. Diez o doce
+silbidos más, partiendo de diferentes puntos, corearon aquella romanza
+de pito, y el inspector se detuvo, sin atreverse a bajar los escalones
+que faltaban. Dos o tres viejas desvenadoras se adelantaron hacia él,
+profiriendo chillidos temerosos, y tocándole casi, y se oyó un sordo
+«¡muera!». Sin embargo, el funcionario se rehízo, y cruzándose de
+brazos, se adelantó, algo mudada la color, pero resuelto.
+
+--¿Qué sucede?, ¿qué significa este escándalo?--preguntó a Amparo, a
+quien halló más próxima--. ¿Qué modo es este de entrar en los talleres?
+
+--Es que no entramos hoy--respondió la Tribuna. Y cien voces confirmaron
+la frase--: No se entra, no se entra.
+
+--No entran... ¿pues qué pasa?
+
+--Que se hacen con nosotras iniquidás, y no aguantamos.
+
+--No, no aguantamos. ¡Mueran las iniquidás! ¡Viva la libertá! ¡Justicia
+seca!--clamaron desde todas partes. Y dos o tres maestras, cogidas en el
+remolino, alzaban las manos desesperadamente, haciendo señas al
+inspector.
+
+--¿Pero qué piden ustedes?
+
+--¿No oyes, hijo? Jos-ti-cia-berreó una desvenadora al oído mismo del
+empleado.
+
+--Que nos paguen, que nos paguen, y que nos paguen--exclamó
+enérgicamente Amparo, mientras el rumor de la muchedumbre se hacía
+tempestuoso.
+
+--Vuelvan ustedes, por de pronto, al orden y a la compostura que....
+
+--No nos da la gana.
+
+--¡Que baile el can-can!
+
+--¡Muera!
+
+Y otra vez la sinfonía de pitos rasgó el aire.
+
+--No pedimos nada que no sea nuestro--explicó Amparo con gran sosiego--.
+Es imposible que por más tiempo la Fábrica se esté así, sin cobrar un
+cuarto.... Nuestro dinero, y abur.
+
+--Voy a consultar con mis superiores--respondió el inspector,
+retirándose entre vociferaciones y risotadas.
+
+Apenas le vieron desaparecer, se calmó la efervescencia un tanto. «Va a
+consultar» se decían las unas a las otras... «¿nos pagarán?».
+
+--Si nos pagan--declaró la Tribuna, belicosa y resuelta como nunca--, es
+que nos tienen miedo. ¡Alante! Lo que es hoy, la hacemos, y buena.
+
+--Debimos cogerlo y rustrirlo en aceite--gruñó la voz oscura de la
+vieja--. ¡Fretirlo como si fuera un pancho... que vea lo que es la
+necesidá y los trabajitos que uno pasa!
+
+--Orden y unión, ciudadanas...--repetía Amparo con los brazos
+extendidos.
+
+Trascurridos diez minutos volvió el inspector acompañado de un
+viejecillo enjuto y seco como un pedazo de yesca, que era el mismo
+contador en persona. El jefe no juzgaba oportuno por entonces
+comprometer su dignidad presentándose ante las amotinadas, y por medida
+de precaución había reunido en la oficina a los empleados y consultaba
+con ellos, conviniendo en que la sublevación no era tan temible en la
+Granera como lo sería en otras Fábricas de España, atendido el pacífico
+carácter del país. No quisiera él estar ahora en Sevilla.
+
+--¿Qué recado nos trae?--gritaron al inspector las sublevadas.
+
+--Oíganme ustedes.
+
+--Cuartos, cuartos, y no tanta parolería.
+
+--Tengo chiquillos que aguardan que les compre mollete... ¿oyusté?, y no
+puedo perder el tiempo.
+
+--Se pagará... hoy mismo... un mes de los que se adeudan.
+
+Hondo murmullo atravesó por la multitud llegando a las últimas filas.
+«¿Él pagan, sí o no? pagan.... ¡Un mes...! ¡Un mes, para poca salú... no
+consentir... todo, todo junto!». Amparo tomó la palabra.
+
+--Como usted conoce, ciudadano inspector... un mes no es lo que se nos
+debe, y lo que nos corresponde, y a lo que tenemos derechos inalienables
+e individuales.... Estamos resueltas, pero resueltas de verdá, a
+conseguir que nos abonen nuestro jornal, ganado honrosamente con el
+sudor de nuestras frentes, y del que sólo la injusticia y la opresión
+más impía se nos pueden incautar....
+
+--Todo eso es muy cierto, pero ¿qué quieren ustedes que hagamos? Si la
+Dirección nos hubiese remitido fondos, ya estarían satisfechos los dos
+meses.... Por de pronto se les ofrece a ustedes uno, y se les advierte
+que despejen el local en buen orden y sin ocasionar disturbios.... De lo
+contrario, la guardia va a proceder al despejo....
+
+--¡La guardia!, ¡que nos la echen!, ¡que venga! ¡Acá la guardia!
+
+Cuatro soldados al mando de un cabo, total cinco hombres, bregaban ya en
+la puerta de entrada con las más reacias y temibles. No tenían, dijeron
+ellos después, corazón para hacer uso de sus armas; aparte de que no se
+les había mandado tampoco semejante cosa. Limitábanse a coger del brazo
+a las mujeres y a irlas sacando al patio: era una lucha parcial, en que
+había de todo: chillidos, pellizcos, risas, palabras indecorosas,
+amenazas sordas y feroces.
+
+Pero sucedió que un soldado, al cual una cigarrera clavó las uñas en la
+nuca, echó a correr, trajo de la garita el fusil y apuntó al grupo: al
+instante mismo un pánico indecible se apoderó de las más cercanas, y se
+oyeron gritos convulsivos, imprecaciones, súplicas desgarradoras, ayes
+de dolor que partían el alma, y las mujeres, en revuelto tropel, se
+precipitaron fuera del zaguán, y corrieron buscando la salida del patio,
+empujándose, cayendo, pisoteándose en su ciego terror, arracimadas como
+locas en la puerta, impidiéndose mutuamente salir, y chillando lo mismo
+que si todas las ametralladoras del mundo es tuviesen apuntadas y
+prontas a disparar contra ellas.
+
+Quedose en medio del zaguán la insigne Tribuna, sola, rezagada, vencida,
+llena de cólera ante tan vergonzosa dispersión de sus ejércitos. Para
+mostrar que ella no temía ni se fugaba, fue saliendo a pasos lentos y
+llegó al patio en ocasión que la guardia, aprovechándose de la ventaja
+fácilmente adquirida, expulsaba a las últimas revolucionarias, sin
+mostrar gran enojo. Por galantería, el soldado del fusil administró a
+Amparo un blando culatazo, diciéndole «Ea... afuera...». La Tribuna se
+volvió, mirole con regia dignidad ofendida, y sacando el pito, silbó al
+soldado. Después cruzó la puerta que se le cerró en las mismas espaldas
+con gran estrépito de gonces y cerrojos.
+
+Al verse fuera ya, miró asombrada en torno suyo y halló que una gran
+multitud rodeaba el edificio por todos lados. No sólo las que estaban
+dentro, sino otras muchas que habían ido llegando, formaban un cordón
+amenazador en torno de los viejos muros de la Granera. La Tribuna,
+viendo y oyendo que sus dispersas huestes se rehacían, comenzó a
+animarlas y a exhortarlas, a fin de que no sufriesen otra vez tan
+humillante derrota. Ya las que habían sido arrojadas por los soldados,
+al contacto de la resuelta muchedumbre, recobraron los ánimos decaídos,
+y enseñaban el puño a la muralla profiriendo invectivas.
+
+Hicieron ruidosa ovación a su capitana que empezó a recorrer las filas
+calentando a las que aún tenían recelo o no estaban dispuestas a gritar.
+Y eligiendo dos o tres de las más animosas, mandoles que arrancasen una
+de las desiguales y vacilantes piedras de la calzada, que se movían como
+dientes de viejo en sus alveolos, y, alzándola lo mejor posible, la
+condujesen ante la puerta que les acababan de cerrar en sus mismas
+narices. Brotó de entre los espectadores un clamoreo al ver ejecutar
+esta operación con tino y rapidez y oír retemblar las hojas de la puerta
+cuando la lápida cayó contra el quicio.
+
+--Hacen barricadas--exclamó una cigarrera que recordaba los tiempos de
+la Milicia Nacional.
+
+--Borricadas, borricadas--exclamaba una maestra--, nos van a dar por
+cara todo este barullo.
+
+El propósito de las desempedradoras no era ciertamente hacer barricadas,
+sino otra cosa más sencilla: o bien echar abajo la puerta a puros
+cantazos, o bien elevar delante un montón de piedras por el cual se
+pudiese practicar el escalamiento. En su imprevisión estratégica
+olvidaban que del otro lado, al extremo del callejón del Sol, existía un
+portillo, un lado débil, sobre el cual debería cargar el empuje del
+ataque. No estaba la generala en jefe para tales cálculos: cegada por la
+rabia, Amparo no pensaba sino en atravesar otra vez la misma puerta por
+donde la habían expulsado--¡oh rubor!--cuatro soldados y un cabo. Así es
+que arrancada ya, casi con las uñas, la primer baldosa, se procedió a
+desencajar la segunda.
+
+Apoyadas en el muro de una casita de pescadores, donde había redes
+colgadas a secar, Guardiana y la Comadreja miraban el motín sin tomar
+parte en él. Ana era remilgada, endeble como un junco, y jamás podrían
+sus descarnadas manos, forzudas sólo en los momentos de excitación
+nerviosa, levantar ni una peladilla de arroyo algo grande; en cuanto a
+Guardiana, se creía obligada a permanecer allí, puesto que al fin el
+tumulto era «cosa de la Fábrica»; pero desaprobándolo, porque
+indudablemente, de todo aquello iban a resultar «desgracias».
+
+--¡Mira Amparo, tan adelantada en meses, y cómo ella trajina!
+
+--Es el demonche. Ella sola levanta la piedra--contestó Ana, con la
+reverencia de los débiles hacia la fuerza física.
+
+Mas la primera piedra era enorme: una losa de un metro de longitud y
+gruesa y ancha a proporción, y constituía un problema de dinámica al
+trasportarla sin auxilio de máquina alguna. Para echada a hombros de una
+sola persona era enorme y la aplastaría; para llevada en vilo entre
+varias, no se sabía cómo subirla. Amparo discurrió irla enderezando y
+rodando hasta la puerta, y en efecto, el sistema dio buen resultado y la
+piedra llegó a su sitio. Al punto que la vio colocada, tornó con
+infatigable ardor a intentar descuajar un nuevo proyectil. En esta faena
+y brega estaban entretenidas las pronunciadas, sin reparar que el sol
+calentaba más de lo justo y que ya eran casi las once de la mañana,
+cuando un rumor contenido, temeroso, leve al principio, se propagó entre
+el concurso cayendo como lluvia helada sobre el entusiasmo general, y
+causando notable descenso en los gritos y vociferaciones que coreaban el
+arranque de las piedras.
+
+¿Quién dio la noticia? Un pilluelo, que, con los calzones remangados,
+venía al trote largo desde la plaza de la Fruta, allá en el barrio de
+Arriba. Oídos sus informes, las miradas se volvieron ansiosamente hacia
+los cuatro puntos cardinales, y cada boca murmuró pegándose a cada oído
+ajeno dos palabras preñadas de espanto: «Viene tropa».
+
+Al notar la oleada del creciente rumor, abandonó la Tribuna la piedra
+que traía entre manos, y volviose iracunda, con la mirada rechispeante,
+a la inerme multitud. Su rostro, su ademán, decían claramente: «Ahora
+vuelven estas cobardonas a dejarme aquí plantada». En efecto, el nombrar
+tropa bastó para que tomasen el portante algunas de las más animosas
+barricaderas. ¡Pero qué fue cuando, en el punto más lejano del
+horizonte, se vio aparecer una nube de polvo, y cuando se oyó como el
+trote de muchos caballos reunidos!
+
+Amparo anima a sus huestes. Con la nariz dilatada, los brazos
+extendidos, diríase que la aparición de las brigadas de caballería y
+fuerzas de la Guardia Civil que desembocan, unas por el camino real,
+otras por San Hilario, redobla su guerrero ardor, acrecienta su cólera.
+«No nos comerán, grita.... Vamos a tirarles piedras, a lo menos tengamos
+ese gusto...». Nadie quiere tenerlo. La losa enorme es abandonada; las
+que más gritaban se escurren por donde pueden; cuando las brigadas
+llegan a las puertas de la Granera, el motín se ha disuelto, sin dejar
+más señales de su existencia que dos medianas baldosas, arrimadas al
+portón, y algunas mujeres dispersas, inofensivas, en medrosa actitud.
+
+
+
+
+-XXXV-
+
+La Tribuna se porta como quien es
+
+
+Cada vez más fría la estación invernal y más calientes las noticias que
+de allá fuera vienen a conmover la Fábrica. Por de pronto, no quedaron
+estériles las disposiciones marciales demostradas el día del motín, y al
+siguiente cobraron las operarias sus haberes a tocateja. No era cosa de
+provocar el enojo del pueblo en el estado actual de España, que parecía
+ya la casa de Tócame Roque. Nadie se entendía; al ejército se le conocía
+por la «tropa amadeísta»; la artillería presentaba dimisión en masa; el
+Maestrazgo ardía, Saballs llamaba «cabecilla» a Gaminde y Gaminde le
+devolvía el calificativo; los Hierros ordenaban a una compañía entera de
+ferro-carriles suspender la circulación de trenes; corría en Cataluña
+moneda con el busto de Carlos VII, y la reina de más tristes destinos,
+la mujer de Amadeo I, a la cual tirios y troyanos nombraban
+desdeñosamente «la Cisterna», daba al mundo con terror y lágrimas un
+mísero infante, y ningún obispo se prestaba a bautizar el vástago regio.
+Así andaba la patria. Más adelante se ha visto que podía encontrarse
+mucho peor.
+
+Amparo quedó algo abatida desde el memorable día del pronunciamiento.
+Había hecho tal gasto de energía y de fuerza muscular removiendo los
+pedruscos de la calzada, y tal dispendio de laringe, espoleando a las
+remisas y vacilantes, que por algún tiempo no quedó de provecho para
+cosa alguna. Entre el frío, la lluvia que, al ir a la Fábrica la
+acribillaba a alfilerazos en la piel o la bañaba con gruesos y anchos
+goterones que se deshacían aplastándose en su mantón, y la fatiga
+inherente a su estado, viose sumida en marasmo constante, que a veces
+iluminaba, a manera de relámpago que divide un cielo oscuro, aquella
+última y robusta esperanza en el advenimiento de la federal. ¡Cuán
+triste veía el cielo, y el aire, y todo en derredor! Parecíale a Amparo
+que los lugares testigos de sus dichas y sus yerros habían sido
+devastados, arrasados por mano aleve. La tierra del huerto que Baltasar
+había llamado _paraíso_, desnuda, en barbecho, aguardaba la vegetación.
+De los verdes y gayos maizales sólo quedaban rastrojos. Los árboles de
+la carretera alzaban sus ramas peladas y escuetas al brumoso cielo. El
+piso, lleno de charcos formados por la lluvia, se hallaba intransitable,
+y delante de la misma casa de la Tribuna una gran poza obstruía el paso;
+para entrar, Amparo tenía que saltarla, y como no calculase bien el
+brinco, sucedíale meter el pie en el agua helada y cenagosa, y haber de
+mudarse después las medias y el calzado. Algunas veces encontraba a
+Chinto, que se ofrecía a darle la mano para pasar el mal paso, y su
+ademán compasivo la encendía en ira. ¡Ser compadecida por semejante
+bestia! ¡A esto llegábamos después de tanto sueño, de tanta aspiración
+hacia la vida fácil y brillante, hacia la dicha!
+
+Así iba desgranándose el racimo de los días de invierno, lentos aunque
+breves, sin que Amparo viese brillar un rayo de claridad en el
+firmamento ni en su destino. Aplanose su espíritu, y cometió un acto de
+flaqueza. No veía a Baltasar desde la disputa en el merendero, y
+entrole, de pronto, deseo invencible de hablar con él, para suplicar o
+para increpar, ella misma no sabía para qué; pero, en suma, para
+desfogar, para romper aquella horrible monotonía del tiempo que pasaba
+inalterable. Enviole el mensaje por Ana. Baltasar respondió: «Ya iré».
+
+--¿Piensa usted ir?--le preguntaba Borrén aquella tarde.--¿A qué? ¿A oír
+lástimas que no puedo remediar? ¡Algo bueno daría por estar ahora en
+Guipúzcoa!
+
+--¡Hombre... pobre chica!
+
+Baltasar tomó su café a sorbos, muy pensativo. Calculaba que la avaricia
+de su madre le exponía, tal vez, a un grave compromiso. Era falta de
+habilidad no remitir a Amparo siquiera mil reales para tenerla contenta
+mientras él no aseguraba a Josefina, que engreída ahora con la
+perspectiva del caudal, le había acogido con hartos remilgos y
+escrúpulos, dificultando reanudar sus antiguos amorcillos. ¡Bah! El caso
+era ganar tiempo, porque apenas pusiese tierra en medio el peligro
+cesaba.... No obstante, el prudente Baltasar temía, temía una campanada
+inoportuna, que diese al traste con sus nuevos planes.
+
+--¿Qué te dijo?--interrogó ansiosamente Amparo.
+
+--Que vendría--repuso la Comadreja.
+
+--Pero... ¿cuándo?
+
+--No quiso explicar cuándo.
+
+--¿Piensa él que estoy yo para esas calmas?
+
+--Lo que él no tiene es gana de verte el pelo.
+
+Amparo dejó caer la cabeza sobre el pecho, y su rostro se anubló con
+expresión tal de desconsuelo y enojo, que Ana la miró compadecida.
+
+--Si algún día... si pronto... viene la república... la santa federal...
+¡así Dios me salve, Ana... lo arrastro!
+
+Ana se echó a reír con su delgada risa estridente.
+
+--No seas tonta, mujer... no seas tonta... ¡para divertirlo y darle un
+mal rato no tienes que aguardar por república ni repúblico!
+
+--¿Que no?
+
+--¿Sabes lo que yo había de hacer? Pues esto mismo. Coger papel y
+pluma.... ¿Conoce tu letra?
+
+--Nunca le escribí.
+
+--Mejor. Pues escribirle a la de García una carta bien explicada, para
+que no se deje engañar por él.
+
+--¿Un anónimo? ¡Quita allá!
+
+--Un avisito... contándole lo que hizo contigo. No seas boba, anda, más
+merece.
+
+Pasaba esta conversación a la salida de la Fábrica; Ana llevó a Amparo a
+su casa, en la calle de la Sastrería. Subieron a un cuartuco; la
+Comadreja dio a su amiga recado de escribir, y entre las dos compusieron
+la siguiente epístola, que fielmente se traslada a la estampa: «Estimada
+Srta.: halguien que la estima le abisa que quien se guiere casar con
+Usté tiene compormetida huna Chica onrada, y lea dado palbra de casarse
+con ella. Es el de Sobrado, parque Usté no dude, y Usté se iformará y
+veraque es verdá. Q. b. s. m. Un afetísimo amigo». La Comadreja cerró,
+dictó sobre y señas, puso lacre fino del que ella usaba para escribir a
+su capitán, pegó un sello, y dijo a la Tribuna:
+
+--Ahora, de paso que vuelves a tu casa, la echas en el correo con
+disimulo.
+
+Al bajar la escalera, estrecha y oscura como boca de lobo, zumbábanle a
+Amparo los oídos y apretaba convulsivamente la carta, llevándola oculta
+bajo el mantón. La oprimía como oprimiría un puñal, con vengativo empeño
+y no sin cierto interior escalofrío. Se representaba a la orgullosa
+señorita de García rompiendo el sobre, leyendo, palideciendo,
+llorando...--¡Que pene!--decíase a sí propia la oradora--. ¡Que sufra
+como yo!... ¿Y qué tiene que ver? Si ella pierde un pretendiente, yo he
+perdido la conducta y cuanto perder cabe...--Después pensaba en
+Baltasar... y en los Sobrados todos...--. ¡Ah!, ¡buen chasco esperaba a
+la avarienta de la madre, que contaba con establecer brillantemente a su
+hijo! No la habían querido a ella... pues ahora iban a verse desairados
+a su turno.... ¡Ya probarían lo bien que sabe!
+
+Se le presentaban estas ideas a medida que adelantaba por la calle de la
+Sastrería, calle torcida, mal empedrada, en cuyos adoquines tropezaba de
+vez en cuando, mientras la luz vaga de los faroles del alumbrado
+público, proyectándose un momento, arrojaba a las paredes blanqueadas de
+las casas su silueta furtiva, de líneas desfiguradas, fantasmagóricas,
+prolongadas por la funda del pañuelo. En la oscura noche invernal,
+caminando con paso atentado para salvar los charcos que dejó la lluvia
+de la tarde, parecíale a Amparo ir a cometer un delito, y, herida,
+sintiendo el dolor de su agravio, este pensamiento la embriagaba.
+Maquinalmente, al llegar a la entrada de la calle estrecha de San Efrén
+bajó una mano para recoger el vestido que se iba manchando de barro, y
+al hacerlo aflojáronse sus dedos y dejó de apretar la carta, cuyo
+satinado papel le acariciaba las falanges.... Al cruzar la travesía del
+Puerto, su cabeza pareció despejarse, y vio el escaparate de la tercena
+y el buzón, con las fauces abiertas, como voceando «aquí estoy yo».
+Amparo soltó el vestido y sacó de debajo del mantón la mano derecha y la
+misiva.... Detúvose antes de alzar el brazo.
+
+--¡Un anónimo!--pensaba.
+
+Su indómita generosidad popular se despertó. La pequeñez de la villana
+acción se le hacía muy patente al ir a perpetrarla.
+
+--Debí decirle a Ana que la echase ella.... Yo no tengo cara a esto
+--murmuró entre sí--. Y si no la echo me llamará boba.... Pues mejor.
+¡Esto es indecente!--balbució adelantando la carta hasta tocar con el
+buzón--. No, repelo--exclamó casi en voz alta bajando la mano--. Esto es
+una cochinada.... ¡Más vale ahogarlos donde los encuentre!
+
+Dio precipitadamente la vuelta y se metió por un callejón que lindaba
+con la travesía del Puerto, desembocando en el muelle. Ofreciose de
+pronto a sus ojos el agua negra de la bahía, que no alumbraban la luna
+ni las estrellas, y donde los barcos inmóviles parecían más negros aún.
+Arrimose al parapeto. Una brisa salitrosa, picante, le envolvió la faz.
+Despejósele completamente el cerebro, y con viveza suma hizo pedazos la
+epístola anónima. Los blancos fragmentos revolotearon un instante, como
+voladoras falenas, y cayeron sordamente en el agua, que chapoteaba
+contra el muro del embarcadero.
+
+
+
+
+-XXXVI-
+
+Ensayo sobre la literatura dramática revolucionaria
+
+
+No hay remedio, esto se va y lo otro avanza a galope. ¿Cuándo se retira
+Amadeo? ¿Hoy? ¿Mañana? Y si el italiano no perdió de vista todavía la
+tierra española, ya es como si viviésemos en plena república; no estará
+proclamada, pero ¿qué más da? Todo el mundo cuenta con ella de un
+instante a otro. Sólo bajo la monarquía de merengue que se va
+derritiendo y consumiendo al calor de la revolución podía ser
+representable el drama que anunciaban los carteles del coliseo
+marinedino, Valencianos con honra. Aunque Amparo no iba a parte alguna,
+tanto oyó hablar de lo intencionado y subversivo que era el drama
+famoso, y de cómo pintaba a los republicanos tal cual son y no según los
+ennegrece el pincel reaccionario, que resolvió asistir. Instalose con
+Ana en el paraíso, donde se amontonaba inmensa concurrencia, que les
+metía los pies por la cintura, los codos por las ingles; a duras penas
+lograron las dos muchachas apoderarse de su sitio; al fin consiguieron
+embutirse de medio lado en delanteras, y allí se mantuvieron prensadas,
+comprimidas, sin ser dueñas ni de enjugarse el sudor de la frente. El
+calor era espeso, asfixiante. Al alzarse el telón vino una bocanada de
+aire más respirable a aquel horno; poco duró, pero al menos dio ánimos
+para atender a las primeras escenas del drama.
+
+El cual merecía bien que se sufriese la asfixia y otros géneros de
+tortura, a trueque de verlo representar. Desde la exposición tuvo
+conmovidos y suspensos a los espectadores. No podía ser de más
+actualidad el argumento, basado en los sucesos políticos de Valencia de
+1869. Jugaba en el enredo un espía, un vil espía, perseguidor y delator
+de una familia republicana a machamartillo. Perdonado este pícaro en el
+primer acto por los magnánimos conspiradores a quienes vendió, claro
+está que no había de enmendarse, y que en los actos siguientes volvería
+a hacer de las suyas; no lo creyeron así los protagonistas del drama,
+pero en cambio la concurrencia de la cazuela lo presintió, y en medio
+del calor sofocante se oían voces ahogadas de emoción exclamando: «¡Ay!
+¿Para qué perdonarán a ese tunante?... ¡Ya verás cómo los ha de vender
+otra vez!... ¡Como yo le atrapase no le soltaba, no!». Verdad es que si
+el bellaco del espía era tan malo que no tenía el diablo por donde
+cogerlo, en cambio los personajes republicanos ofrecían modelos de
+lealtad y dechados de virtudes. Cuando en el mismo acto primero una
+esposa se abraza a su marido, que parte al combate, declarando con noble
+resolución que quiere seguirle y compartir los riesgos de la lid, Amparo
+sintió como un nudo, como una bola que se le formaba en la garganta, y
+haciendo un supremo esfuerzo, se agarró a la barandilla de la cazuela y
+gritó «¡bien!... ¡muy bien!» dos o tres veces, luciendo su voz de
+contralto. Era aquel drama el mismo que ella había soñado en otro
+tiempo, cuando llegaron a Marineda los delegados de Cantabria, de cuyos
+riesgos y aventuras tanto deseara ser partícipe. La escena final del
+acto, donde todos los voluntarios republicanos, entre el fragor de la
+lid empeñada, doblan la rodilla al aparecer el Señor acompañado de las
+monjas de San Gregorio, aflojó suavemente los tirantes nervios de la
+concurrencia. Una especie de rocío refrigerante de honradez, dulzura y
+religiosidad se derramó sobre el público; las gentes experimentaban
+impulsos de abrazarse, de rezar y de charlar. ¡Después dirán que los
+oscurantistas se levantan por la religión! ¡Sí, sí! ¡Por cobrar las
+contribuciones y destruir _ferroscarriles_! ¡Que vengan a oír esto!
+¿Quién duda que los mejores cristianos son los federales?
+
+Pasose el entreacto en vivos comentarios acerca del drama, que causaba
+favorabilísima impresión. Personas grandes se limpiaban los ojos con el
+dorso de la mano haciendo tiernos momos de llanto. ¡Cuidado que se
+necesitaba talento y sabiduría para escribir piezas así! Sólo era
+irritante lo de dejar al espía con vida, porque de fijo, en el acto
+próximo, iba a salir con alguna barrabasada gorda. De tal suerte
+imperaba el entusiasmo, que nadie se ocupaba en mirar a la gente de
+abajo, a pesar de hallarse de bote en bote el coliseo; y como tardase en
+subir el telón, hubo pateos y aplausos impacientes y furiosos. Al fin
+dio principio el ansiado acto segundo.
+
+Graduaba el autor hábilmente los efectos dramáticos, manejando con
+destreza los resortes del terror y la piedad. Ahora presentaba un
+mancebito que volvía de la lucha callejera a su casa, herido
+mortalmente, y consternando a su familia del modo que cualquiera puede
+figurarse. La actriz encargada de este interesante papel se había puesto
+sobre su cabello natural una peluca de ricitos cortos que la hacía
+semejante a un perro de aguas; circundaban sus ojos románticas ojeras
+marcadas al difumino; espesa capa de polvos de arroz imitaba la palidez
+de la agonía; llevaba americana muy floja para disimular la amplitud de
+las caderas, y entró tambaleándose y dando traspiés, con la mano apoyada
+en la región del pecho donde se suponía estar la herida. Por el paraíso
+circuló un rumor misterioso y profundo, el rugido opaco de la emoción
+que se comprime y refrena para mejor estallar después. Comenzó la escena
+de la despedida del moribundo y su familia. Cuando el padre, comandante
+de los voluntarios republicanos, dijo adiós al hijo confiándole la
+bandera, en unos versos que terminan así:
+
+ _Lleva la palma en la mano_
+ _Mientras la patria en ofrenda_
+ _Te da este sudario en prenda..._
+
+y corriendo hacia la concha del apuntador y mudando la voz llorona en un
+vocejón estentóreo, gritó cerrando de puños:
+
+ _¡Viva el pueblo soberano!_
+
+
+Los llantos histéricos de las mujeres fueron cubiertos, devorados por el
+clamor que se alzó compacto y fortísimo, repitiendo frenéticamente el
+¡viva!, a la vez que un huracán de palmadas asordó el coliseo.
+Contagiados, electrizados por la exaltación del público, los actores se
+esmeraban, bordaban su papel, y, poseyéndose, se abrazaban en realidad y
+se daban verdaderas puñadas en el tórax. Amparo, con medio cuerpo fuera
+de la barandilla, palmoteaba a más y mejor.
+
+Durante el segundo entreacto, las gentes prensadas en la cazuela se
+hallaron unas miajas más anchas y cómodas, ya sea porque su volumen se
+había ido sentando y acomodándose al espacio, ya porque algunas,
+indispuestas con tan alta temperatura, mal de su grado hubieron de
+retirarse. Ana logró, pues, revolverse y escudriñar con sus perspicaces
+ojos de gato los ámbitos del teatro todo. Dio un expresivo codazo a la
+Tribuna, que miró hacia donde le señalaba su amiga, y divisó a las de
+García en un palco platea.
+
+Fijose especialmente en Josefina, que estaba elegante y sencilla, con
+traje de alpaca blanca adornado de terciopelo negro. A toda su familia,
+desde la madre hasta Nisita, les rebosaba el contento visiblemente; pero
+Josefina, en particular, no parece sino que se había esponjado con las
+buenas nuevas del pleito. La proximidad de la fortuna animaba, como un
+reflejo dorado, su tez, y hacía fulgecer en sus ojos chispas áureas.
+Recostada en la silla, gozaba beatíficamente del triunfo, exponiendo a
+la admiración de los inquilinos de las _lunetas_ el cuerpecillo
+ajustado, púdico, la línea fugitiva que se elevaba desde la cintura al
+hombro, el gracioso manejo de abanico, el movimiento delicado con que
+subía los gemelos a la altura de las cejas. No acertaba Amparo a apartar
+los ojos de su vencedora rival, y a duras penas la distrajo de aquella
+contemplación acerba el principio del tercer acto.
+
+Aparecía en éste un oficial del ejército, que, agradecido a la
+hospitalidad que le habían otorgado en la casa republicana, salvaba a su
+vez a los dueños de ella: patético rasgo, corona de todos los excelentes
+sentimientos que abundaban en el drama. Cuando más moqueaba la gente y
+se oían más jipíos y sollozos, Amparo sintió que su mirada, atraída por
+irresistible imán, se clavaba otra vez en el palco de García. Abriose la
+puerta de este, y entró Baltasar, ceñido el fino talle por un uniforme
+intachable; y después de saludar cortésmente a la madre y a las niñas,
+se sentó al lado de la mayor, arreglándose el pelo con la enguantada
+mano, y estirando levemente, con notable desembarazo, la tirilla.
+Dirigió a Josefina en voz baja dos o tres palabras que, según el
+movimiento con que las acompañó, debían ser: «¿Qué tal esto?». Y la de
+García alzó los hombros de un modo imperceptible, que claramente
+significaba: «Psh.... Un dramón muy cursi y muy populachero». Definida
+así la situación, Baltasar tomó familiarmente el abanico de la joven, y
+mientras lo cerraba y abría y le daba vueltas como para informarse bien
+del paisaje, se entabló una de esas conversaciones íntimas, salpicadas
+de coqueterías, de reticencias, de miradas intensas y cortas, de
+ahogadas risas, diálogos en que reina dulce abandono, que no serían
+posibles mano a mano y en la soledad, y nunca se producen mejor que
+entre el tumulto de un sitio público, ante miles de testigos, en el
+desierto de las multitudes.
+
+--Pero no ves, mujer... ¡qué poca vergüenza!--exclamaba Ana señalando al
+grupo, del cual no se separaban las pupilas de Amparo--. Después del...
+del aviso, ¿no sabes?--añadió hablándole al oído.
+
+La Tribuna no contestó. Ana ignoraba la destrucción del anónimo: Amparo,
+avergonzándose de su noble impulso, no quería confesarlo, temerosa de
+que la Comadreja la tratase de _babiona_ y de _pápara_, y aun de que
+repitiese la carta por cuenta propia. Ahora... ahora, clavando las uñas
+en la franela roja del barandal, sentía que el corazón se le inundaba de
+hiel y veneno: nada, estaba visto que era tonta; ¿por qué no echó la
+carta en el correo? Pero no; esa miserable y artera venganza no la
+satisfacía; cara a cara, sin miedo ni engaño, con la misma generosidad
+de los personajes del drama, debía ella pedir cuenta de sus agravios. Y
+mientras se le hinchaba el pecho, hirviendo en colérica indignación, el
+grupo de abajo era cada vez más íntimo, y Baltasar y Josefina
+conversaban con mayor confianza, aprovechándose de que el público,
+impresionado por la muerte del espía infame que, al fin, hallaba
+condigno castigo a sus fechorías, no curaba de lo que pudiese suceder
+por los palcos. De Josefina, que tenía la cabeza vuelta, sólo se
+alcanzaban a ver los bucles del artístico peinado, la mancha roja de una
+camelia prendida entre la oreja y el arranque del blanco cuello, y la
+bola de coral del pendiente, que oscilaba a cada movimiento de su dueña.
+
+Bien quisiera la Tribuna salir, librarse de la sensación lancinante que
+le producía tal vista; pero la gente que la rodeaba por todas partes,
+como las sardinas a las sardinas en la banasta, no le consentía moverse
+mientras el telón no se bajase. Un poco antes de terminarse el drama
+hubo de ver a las de García que se levantaban, y a Baltasar que les
+ponía los abrigos a todas con suma deferencia, empezando por la madre;
+después se cerró la puerta del palco, y quedose Amparo con las pupilas
+fijas maquinalmente en aquel espacio vacío. Aún tardó algunos minutos en
+comenzar el desagüe de la cazuela, y el estrepitoso descenso por las
+escaleras abajo. Cogiéronse Amparo y Ana de bracero, y empujadas por
+todos lados arribaron al vestíbulo y de allí salieron a la calle, donde
+el frío cortante de la noche liquidó al punto el sudor en que estaban
+ensopadas sus frentes. Sintió la Comadreja que el brazo de Amparo
+temblaba, y la miró, y le halló desencajada la faz.
+
+--Tú no estás bien, chica... ¿qué tienes? ¿Te da algo por la cabeza?
+
+--Suéltame--contestó con voz opaca la Tribuna--. A donde voy no me hace
+falta compañía.
+
+--¡María Santísima!, ¿a dónde vas, mujer?, ¿qué es esto?
+
+--¡Que a dónde voy! Pues a apedrearles la casa, para que lo sepas.
+
+Y recogió el mantón, como para quedarse con los brazos libres.
+
+--Tú loqueas.... Anda a dormir.
+
+--O me dejas o me tiro al mar--respondió con tal acento de desesperación
+la muchacha, que Ana la soltó, y echó a andar a su lado, midiendo el
+paso por el de la terrible y colérica Tribuna.
+
+--Te digo que se la apedreo, mujer; tan cierto como que ahora es de
+noche y Dios nos ve. ¡Repelo!,¡no hay sino hacer irrisión de las
+gentes... de las infelices mujeres... de los pobres! ¿Pero tú has visto
+qué descaro, qué descaro tan atroz? En mi cara... en mi cara misma...
+¡me valga san Dios!, ¡que esto no pasa entre los negros de allá de
+Guinea!
+
+--Bueno... y ahora ¿qué se hace con perderse... con ir a la cárcel,
+mujer?
+
+--Desahogarme, Ana... porque me ahogo, que toda la noche pensé que con
+un cordel me estaban apretando la nuez.... ¡Romperles los vidrios,
+retepelo!, ¡armar un belén, avergonzarlos, canario!, ¡y que no me piquen
+las manos y que duerma yo a gusto hoy!, ¡que tengo las asaduras aquí
+(señaló a la garganta) y el corazón apretao, apretao!
+
+--Pero mujer... mira, considera....
+
+--No considero, no miro nada....
+
+Este diálogo duraba mientras cruzaron las dos amigas el páramo de
+Solares en dirección al barrio de Arriba, por donde suponía Amparo que
+iba Baltasar acompañando a las de García hasta su casa. El aire frío y
+el silencio de las calles del barrio templaron, no obstante, la sangre
+enardecida de la Tribuna. Pareciole entrar en algún claustro donde todo
+fuese quietud y melancolía. No hollaba un transeúnte el pavimento, que
+resonaba con solemnidad, y cuando menos lo pensaban las dos
+expedicionarias, les cerró el paso una iglesia, la de Santa María
+Magdalena, alta, muda, con pórtico de ojiva, donde la luz de los faroles
+dibujaba los vagos contornos de los santos de piedra que se miraban
+inmóviles. Involuntariamente la Tribuna bajó la voz, y al cruzar por
+delante del pórtico se santiguó, sin darse cuenta de lo que hacía, y
+reportó y contuvo el paso. Ana iba a aprovechar la coyuntura para hacer
+a la determinada Tribuna mil reflexiones, a tiempo que un oficial, que
+volvía de la plaza de la Fruta, cruzó casi rozándose con ellas y sin
+verlas, cantando entre dientes no sé qué polca o pasodoble. Reconoció
+Amparo a Baltasar y echó tras él como el lebrel tras la res que
+persigue. ¿Oyó Baltasar las pisadas de la Tribuna y pudo reconocerlas?
+¿O era solamente que iba deprisa? Lo cierto es que se perdió de vista al
+revolver de la esquina, y que, por muy diligentes que anduvieron las que
+lo seguían, no lograron darle alcance.
+
+--Voy a llamarle a la puerta--exclamó Amparo.
+
+--Mujer, ¿estás loca?... ¡una casa de la calle Mayor!--murmuró Ana con
+respetuoso miedo--. ¿Tú sabes la que se armaría?
+
+En horas semejantes la calle Mayor ofrecía imponente aspecto. Las altas
+casas, defendidas por la brillante coraza de sus galerías refulgentes,
+en cuyos vidrios centelleaba la luz de los faroles, estaban cerradas,
+silenciosas y serias. Algún lejano aldabonazo retumbaba allá... en lo
+más remoto, y sobre las losas el golpe del chuzo del sereno repercutía
+majestuoso. Amparo se detuvo ante la casa de los Sobrados. Era ésta de
+tres pisos, con dos galerías blancas muy encristaladas, y puerta
+barnizada, en la cual se destacaba la mano de bronce del aldabón. Y
+entre el silencio y la calma nocturna, se alzaba tan severa, tan
+penetrada de su importante papel comercial, tan cerrada a los extraños,
+tan protectora del sueño de sus respetables inquilinos, que la Tribuna
+sintió repentino hervor en la sangre, y tembló nuevamente de estéril
+rabia, viendo que por más que se deshiciese allí, al pie del impasible
+edificio, no sería escuchada ni atendida. Accesos de furor sacudieron un
+instante sus miembros al hallarse impotente contra los muros blancos,
+que parecían mirarla con apacible indiferencia; y de pronto, bajándose,
+recogió un trozo de ladrillo que la casualidad le mostró, a la luz de un
+farol, caído en el suelo, y con airada mano trazó una cruz roja sobre la
+oscura puerta reluciente de barniz, cruz roja que dio mucho que pensar
+los días siguientes a doña Dolores y al tío Isidoro, que recelaban un
+saqueo a mano armada.
+
+
+
+
+-XXXVII-
+
+Lucina plebeya
+
+
+Vestíase Amparo, antes de salir a la Fábrica, reflexionando que
+diluviaba, que de noche se habían oído varios truenos, que se quedaría
+gustosa en casa, y aún entre cobertores, si no necesitase saber
+noticias, excitarse, oír voces anhelosas que decían: «Ahora sí que llegó
+la nuestra.... Macarroni se va de esta vez... hay un parte de Madrí, que
+viene la república... mañana se proclama».
+
+Al salir de su fementido lecho, la transición del calor al frío le hizo
+sentir en las entrañas dolorcillos como si se las royese poquito a poco
+un ratón. Púsose pálida, y le ocurrió la terrible idea de que llegaba la
+hora. Volviose al lecho, creyendo que allí se calentaría: cerró los ojos
+y no quiso pensar. Un deseo profundo de anonadamiento y de quietud se
+unía en ella a tal vergüenza y aflicción, que se tapó la cara con la
+sábana, prometiéndose no pedir socorro, no llamar a nadie. Mas como
+quiera que el tiempo pasaba y los dolorcillos no volvían, se resolvió a
+levantarse, y al atar la enagua, de nuevo le pareció que le mordían los
+intestinos agudos dientes. Vistiose no obstante, y se dio a pasear por
+la estancia, a tiempo que una mano llamó a la puerta del cuartuco, y
+antes que Amparo se resolviese a decir «adelante», Ana entró.
+
+--¿Vienes?
+
+--No puedo.
+
+--¿Pasa algo, hay novedá?
+
+--Creo... que sí.
+
+--¿Qué sientes, mujer?
+
+--Frío, mucho frío... y sueño, un sueño que me dormiría de pie... pero
+al mismo tiempo rabio por andar... ¡qué rareza!
+
+--¿Aviso a la señora Pepa?
+
+--No... qué vergüenza.... Jesús, mi Dios.... Ana querida, no la avises.
+
+--¡Qué remedio, mujer! ¿Sigue eso?
+
+--Sigue... ¡infeliz de mí, que nunca yo naciese!
+
+--Acuéstate sobre la cama....
+
+Con su viveza ratonil, Ana arropó a la paciente, y ya se dirigía a la
+puerta, cuando una quebrantada voz la llamó.
+
+--Llévale la cascarilla a mi madre... dile que me duele la cabeza... no
+le digas la verdá, por el alma de quien más quieras....
+
+--Sí que no se hará ella de cargo....
+
+Amparo se quedó algo tranquila: sólo a veces un dolor lento y sordo la
+obligaba a incorporarse apoyándose sobre el codo, exhalando reprimidos
+ayes. Ana corría, corría, sin cuidarse de la lluvia, hacia la ciudad.
+Cerca de dos horas tardó, a pesar de su ligereza, en volver acompañada
+de un bulto enorme, del cual sólo se veían desde lejos dos magnos
+chanclos que embarcaban el agua llovediza, y un paraguazo de algodón
+azul con cuento y varillas de latón dorado. Bufaba la insigne comadrona
+y resoplaba, ahogándose a pesar del ningún calor y de la mucha y glacial
+humedad de la atmósfera; cuando penetró en la casucha, revolviose en
+ella como un monstruo marino en la angosta tinaja en que el domador lo
+enseña. Fuese derecha a la cama de la paralítica, y le dijo dos o tres
+frases entre lástima y chunga, que a esta le supieron a acíbar;
+cabalmente estaba deshaciéndose de ver que ni podía ayudar a su hija en
+el trance, ni acompañarla siquiera; aquella habitación era tan próxima a
+la calle, que ni soñaba en traer allí a la paciente.
+
+Consumíase la pobre mujer presa en su jergón, penetrada súbitamente de
+la ternura que sienten las madres por sus hijas mientras estas sufren la
+terrible crisis que ellas ya vencieron.... Chinto se encontraba allí,
+semejante a un palomino atontado.... Entró la comadrona donde la llamaba
+su deber, y el mozo y la vieja se quedaron tabique por medio, ayudándose
+a sobrellevar la angustia de la tragedia que para ellos se representaba
+a telón corrido.... La tullida maldecía de su hija que en tal ocasión se
+había puesto, y al mismo tiempo lloriqueaba por no poder asistirla. Y a
+cada cinco minutos la señora Pepa entraba en el cuartuco llenándolo con
+su corpulencia descomunal, y ordenando militarmente a Chinto que
+corriese a desempeñar algún recado indispensable.
+
+--Aceite, rapaz... ¡un poco de aceite!
+
+--¿Qué tal?--interrogaba la madre.
+
+--Bien, mujer, bien.... ¡Aceite, porreta!
+
+Lo que no se encontraba en la casa, Chinto salía disparado a pedirlo
+fuera, prestado en la de un vecino, o fiado en las tiendas.
+Generalmente, al recoger una cosa, la comadrona exigía ya otra.
+
+--Un gotito de anís....
+
+--¿Anís? ¿Para qué?--preguntaba la tullida.
+
+--Para mí, porreta, que soy de Dios y tengo cuerpo y también se me abre
+como si me lo cortasen con un cuchillo....
+
+Y Chinto se echaba dócilmente a la calle en busca de anís.... Volvía a
+presentarse la terrible comadre, toda fatigosa y sofocada.
+
+--Vino... ¿hay vino?
+
+--¿Para ti?--murmuraba sin poder contenerse la impedida.
+
+--Para ti, para ti.... ¡Para ella, demonche, que bien necesita ánimos la
+pobre!... ¿Piensas tú que yo le doy desas jaropías de los médicos, desos
+calmantes y durmientes? ¡Calmantes! Fuersa, fuersa es lo que hace falta,
+y vino, que alegra al hombre las pajarillas, ¡porreta!
+
+Quince minutos después:
+
+--Tres onsas de chocolate, del mejor.... Y mira, de camino a ver si
+encuentras una gallinita bien gorda, y le vas retorciendo el
+pescuezo.... Pide también un cabito de cera... las planchadoras que haya
+por aquí han de tener....
+
+--¿De cera?
+
+--De cera, ¡porreta! ¿Si sabré yo lo que me pido? Y pon agua a la
+lumbre.
+
+Y Chinto entraba, salía, dando zancajadas a través del lodo, trayendo a
+la exigente facultativa cera, espliego, romero, vino blanco y tinto,
+anís, aceite, ruda, todas las drogas y comestibles que reclamaba.... En
+los breves intervalos que tenía de descanso el solícito mozo, se sentaba
+en una silla baja, al lado del lecho de la tullida, quejándose de que le
+faltaban las piernas de algún tiempo acá, él mismo no sabía cómo, y
+parece que la respiración se le acababa enteramente: el médico le
+afirmaba que se le había metido polvillo de tabaco en los _broncos_ y en
+los _plumones_... Boh, boh... ¿qué saben los médicos lo que uno tiene
+dentro del cuerpo? Hablaba así en voz baja, para no dejar de prestar
+oído a los lamentos de la paciente, que recorrían variada escala de
+tonos: primero habían sido gemidos sofocados; luego quejidos hondos y
+rápidos, como los que arranca el reiterado golpe de un instrumento
+cortante; en pos vinieron ayes articulados, violentos, anhelosos, cual
+si la laringe quisiese beberse todo el aire ambiente para enviarlo a las
+conturbadas entrañas; y trascurrido algún tiempo, la voz se alteró, se
+hizo ronca, oscura, como si naciese más abajo del pulmón, en las
+profundidades, en lo íntimo del organismo. A todo esto llovía, llovía, y
+la tarde de invierno caía prontamente, y el celaje gris ceniza parecía
+muy bajo, muy próximo a la tierra. Chinto encendió el candil de
+petróleo, y trajo caldo a la paralítica, y permaneció sentado, sin
+chistar, con las rodillas altas, los pies apoyados en el travesaño de la
+silla, la barba entre las palmas de las manos. Hacía un rato que el
+tabique no comunicaba queja alguna. Dos o tres amigas de la Fábrica,
+entre ellas Guardiana, que ya no se quejaba de la paletilla, entraban un
+momento, se ofrecían, se retiraban con ademanes compasivos, con
+resignados movimientos de hombros, con reflexiones pesimistas acerca de
+la fatalidad y de la ingratitud de los hombres. De improviso se
+renovaron los gritos, que en el nocturno abandono parecían más lúgubres:
+durante aquella hora de angustia suprema, la mujer moribunda retrocedía
+al lenguaje inarticulado de la infancia, a la emisión prolongada,
+plañidera, terrible, de una sola vocal. Y cada vez era más frecuente,
+más desesperada, la queja.
+
+Serían las once cuando la señora Pepa se presentó en el cuarto de la
+tullida, enjugándose el rostro con el reverso de la mano. Sobre su
+frente baja y achatada, y en su grosera faz de Cibeles de granito, se
+advertía una preocupación, una sombra.
+
+--¿Cómo va?
+
+--Tarda, porreta.... Estas primerizas, como no saben bien el
+camino...--Y la comadre hizo que se reía para manifestar tranquilidad;
+pero un segundo después añadió--: Puede ser que... porque uno no quiere
+embrollos ni dolores de cabesa, ¿oyes? Yo soy clara como el agua,
+vamos... y no se me murieron en las manos, ¡porreta!, sino dos, en la
+edá que tengo.... Después los médicos hablan.... Y yo cuanto puedo hago,
+y unturas y friegas de Dios llevo dado en ella....
+
+Al afirmar esto, la comadre se limpiaba a las caderas sus gigantescas
+manos pringosas.
+
+--¿Habrá que avisar al médico?--gimoteó la tullida.
+
+--Porreta, a mi edá no gusta verse envuelta en cuentos... luego después,
+que si hizo así, que si pudo haser asá... que si la señora Pepa sabe o
+no sabe el oficio.... Menéate ya, dormilón--añadió despóticamente
+volviéndose a Chinto...--. Ya estás corriendo por el médico, ¡ganso!
+
+Chinto salió sin cuidarse del agua que continuaba cayendo tercamente del
+negro cielo, y corrió, perseguido por aquella voz cada vez más dolorida,
+más agonizante, que atravesaba el tabique, mientras la impedida se
+lamentaba de que además de morírsele la hija, iba a tener que abonar--¿y
+con qué, Jesús del alma?--los honorarios de un facultativo. El silencio
+era tétrico, el tiempo pasaba con lentitud, medido por el chisporroteo
+del candil y por un clamor ya exhausto, que más se parecía al aullido
+del animal espirante que a la queja humana. Media noche era por filo
+cuando Chinto entró acompañado del médico. Acostumbrado debía estar este
+a tan críticas situaciones, porque lo primero que hizo fue dejar el
+chorreante impermeable en una silla, remangarse tranquilamente las
+mangas del gabán y los puños de la camisa, y tomar de manos de Chinto
+una caja cuadrilonga que arrimó a un rincón. Después entró en el cuarto
+de la paciente, y se oyó la voz gruñona de la comadre, empeñada en darle
+explicaciones....
+
+A eso de un cuarto de hora más tarde volvió el soldado de la ciencia a
+presentarse y pidió agua para lavarse las manos.... Mientras Chinto
+buscaba torpemente una jofaina, la madre, llorosa, temblando, preguntaba
+nuevas.
+
+--Bah... no tenga usted cuidado... ese chico me dijo que se trataba de
+un lance muy peligroso, y me traje los chismes... no sé para qué: una
+muchacha como un castillo, con formación admirable, una versión que se
+hizo en un decir Jesús.... Estamos concluyendo. Ahora la comadre basta,
+pero yo seré testigo.
+
+Lavose las manos mientras esto decía, y tornó a su puesto. La mecha de
+petróleo, consumida, carbonizada, atufaba la habitación, dejándola casi
+en tinieblas, cuando dos o tres gritos, no ya desfallecidos, sino, al
+contrario, grandes, potentes, victoriosos, conmovieron la habitación, y
+tras de ellos se oyó, perceptible y claro, un vagido.
+
+
+
+
+-XXXVIII-
+
+¡Por fin llegó!
+
+
+Amparo descansa abismada en el reposo inefable de las primeras horas.
+Sin embargo, a medida que la luz de la pálida mañana entra por el
+ventanillo, vuélvele la memoria y la conciencia de sí misma. Llama a
+Chinto ceceándolo.
+
+--¿Qué quieres, mujer?
+
+--Vas a ir corriendo al cuartel de infantería.... Parece que ahora no
+sale la tropa de los cuarteles.
+
+--Bueno.
+
+--Si no está allí don Baltasar, a su casa.... ¿La sabes?
+
+--La sé. ¿Qué le digo?
+
+--Le dirás... ¡veremos cómo sabes dar el recado! Le dirás que tengo un
+niño... ¿oyes? No vayas a equivocarte....
+
+--Bueno, un niño....
+
+--Un niño... no sea que digas una niña, tonto; un niño, un niño.
+
+--¿No le digo más?
+
+--Y que ya sabe lo que me ofreció... y que si quiere ponerse por padre
+de la criatura... y que mañana se bautiza.
+
+--¿Nada más?
+
+--Nada más.... Esto... bien clarito.
+
+Chinto salía cuando entraba Ana, que se había ido a su casa a dormir.
+Venía muy misteriosa, como el que trae nuevas estupendas.
+
+--¿Y ese valor, y el pequeño?--preguntó alzando la sábana y la manta y
+sacando del tibio rincón donde yacía, un bulto, un paquete, un pañuelo
+de lana, entre cuyos dobleces se columbraba una carita microscópica
+amoratada, unos ojuelos cerrados, unas faccioncillas peregrinamente
+serias, con la seriedad cómica de los recién nacidos. Ana empezó a
+hablarle, a decirle mil zalamerías a aquel bollo que del mundo exterior
+sólo conocía las sensaciones de calor y frío; buscó una cucharilla y le
+paladeó con agua azucarada; arregló la gorra protectora del cráneo,
+blando y colorado como una berenjena, y después se sentó a la cabecera
+del lecho, depositando en el regazo el fajado muñeco.
+
+--¿No sabes?--exclamó abriendo por fin la esclusa de sus noticias--.
+Encontré a la que les cose a las de García.... No te alteres, mujer,
+alégrate; se largan esta tarde para Madrí, porque tuvieron parte de que
+ganaron el pleito y van a arreglarlo allá todo.
+
+Volvió Amparo el rostro con lánguido movimiento, murmurando:
+
+--Dios vaya con ellas.
+
+--No sé que no les pase algo en el camino, porque anda todo revuelto....
+Me dijo esa misma chica que hoy sin falta venía la República....
+
+--Hace... ocho días que la están anunciando....
+
+--Calla, no hables, que te puede venir el delirio....
+
+Y la Comadreja se dedicó a arrullar al infante mientras Amparo se
+sepultaba otra vez en un sopor que le dejaba el cerebro hueco, la cabeza
+vacía, anonadando su pensamiento y haciéndola insensible a lo que pasaba
+en torno suyo. Los pasos de Chinto la llamaron a la vida otra vez. Abrió
+los ojos, que, en la palidez amarillosa de su morena cara, parecían
+mayores y azulados. Chinto se acercó andando de puntillas, torpón y
+zambo como siempre. Además parecía hallarse muy turbado.
+
+--Caro me costó que me dejasen pasar al cuartel--murmuró con su
+estropajosa habla de paisano, que salía a relucir de nuevo en los lances
+difíciles--. No se puede andar.... Todo está revuelto.... La gente corre
+como loca por las calles.... Allí... dice que se marchó el Rey.... Que
+en Madrí hay República....
+
+Medio se incorporó Amparo, apartando de la frente los negros cabellos
+lacios con el sudor que los empapaba....
+
+--¿Qué me dices?--balbució.
+
+--Lo que te digo, mujer.... El alcalde y el gobernador ya echaron muchos
+bandos, que los vi en las esquinas.... Y están poniendo trapos de color
+en los balcones....
+
+--¡Será la cierta!--clamó alzando las manos--. Sigue, sigue.
+
+--Pues fui al cuartel... y allí no estaba....
+
+--¿Irías a su casa volando?--interrogó Amparo temblona.
+
+--Fui... y dice que....
+
+--Acaba, maldito.
+
+--Y dice que...--Chinto se devanó los sesos buscando una fórmula
+diplomática--. Dice que no está en el pueblo, porque... porque ayer se
+marchó a Madrí.
+
+Quiso abrir la boca Amparo y articular algo, pero su dolorida laringe no
+alcanzó a emitir un sonido. Echose ambos puños a los cabellos y se los
+mesó con tan repentina furia, que algunos, arrancados, cayeron
+retorciéndose como negros viboreznos sobre el emboce de la cama.... Las
+uñas, desatentadas, recorrieron el contraído semblante y lo arañaron y
+ofendieron....
+
+--Lárgate, que me voy a levantar--dijo por fin a Chinto--, a ver si
+reúno gente y quemo aquella maldita madriguera de los de Sobrado.
+
+--Sí, lárgate--añadió Ana--. ¡Para las buenas noticias que traes!
+
+En vez de obedecer, acercose Chinto a la cama, donde jadeaba Amparo
+partida, hecha rajas por el horrible esfuerzo de su cólera.
+
+--Mujer, oyes, mujer...--pronunció con voz que quería suavizar y que
+sólo lograba ensordecer--no te aflijas, no te mates.... Allí... yo... yo
+me pondré por padre y nos casaremos si quieres... y si no, no... lo que
+digas.
+
+Como generosa yegua de pura sangre a la cual pretendiesen enganchar
+haciendo tronco con un individuo de la raza asinina, la Tribuna se
+irguió, y saltándosele los ojos de las órbitas, los carrillos inflamados
+por la fiebre, gritó:
+
+--Sal, sal de ahí, bruto.... ¡Quieres condenarme!
+
+Fuese el emisario de malas nuevas con la música a otra parte, cabizbajo,
+convencido de que era un criminal, y la oradora permaneció sentada en la
+cama, arrugando las ropas en la contorsión desesperada de sus miembros y
+cuerpo.
+
+--¡Justicia--clamaba--, justicia! ¡Justicia al pueblo... favor, madre
+mía del Amparo! ¡Virgen de la Guardia!, ¿pero cómo consientes esto? ¡La
+palabra, la palabra, la palaaaabra... los derechos que... matar a los
+oficiales, a los oficia!...
+
+Un principio de fiebre y delirio se traslucía en la incoherencia de sus
+palabras. Su cabeza se trastornaba y aguda jaqueca le atarazaba las
+sienes. Dejose caer aletargada sobre las fundas, respirando
+trabajosamente, casi convulsa. Ana se sintió iluminada por una idea
+feliz. Tomó el muñeco vivo, y sin decir palabra, lo acostó con su madre,
+arrimándolo al seno, que el angelito buscó a tientas, a hocicadas, con
+su boca de seda, desdentada, húmeda y suave. Dos lágrimas refrigerantes
+asomaron a los párpados de la Tribuna, rezumaron al través de las
+pestañas espesas, humedecieron la escaldada mejilla, y en pos vinieron
+otras, que se apresuraban desahogando el corazón y aliviando la
+calentura incipiente....
+
+Al exterior, las ráfagas de la triste brisa de febrero silbaban en los
+deshojados árboles del camino y se estrellaban en las paredes de la
+casita. Oíase el paso de las cigarreras que regresaban de la Fábrica; no
+pisadas iguales, elásticas y cadenciosas como las que solían dar al
+retirarse a sus hogares diariamente, sino un andar caprichoso,
+apresurado, turbulento. Del grupo más compacto, del pelotón más resuelto
+y numeroso, que tal vez se componía de veinte o treinta mujeres juntas,
+salieron algunas voces gritando:
+
+--¡Viva la República federal!
+
+EMILIA PARDO BAZÁN
+
+Granja de Meirás, octubre de 1882.
+
+
+
+***END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK LA TRIBUNA***
+
+
+******* This file should be named 17491-8.txt or 17491-8.zip *******
+
+
+This and all associated files of various formats will be found in:
+http://www.gutenberg.org/dirs/1/7/4/9/17491
+
+
+
+Updated editions will replace the previous one--the old editions
+will be renamed.
+
+Creating the works from public domain print editions means that no
+one owns a United States copyright in these works, so the Foundation
+(and you!) can copy and distribute it in the United States without
+permission and without paying copyright royalties. Special rules,
+set forth in the General Terms of Use part of this license, apply to
+copying and distributing Project Gutenberg-tm electronic works to
+protect the PROJECT GUTENBERG-tm concept and trademark. Project
+Gutenberg is a registered trademark, and may not be used if you
+charge for the eBooks, unless you receive specific permission. If you
+do not charge anything for copies of this eBook, complying with the
+rules is very easy. You may use this eBook for nearly any purpose
+such as creation of derivative works, reports, performances and
+research. They may be modified and printed and given away--you may do
+practically ANYTHING with public domain eBooks. Redistribution is
+subject to the trademark license, especially commercial
+redistribution.
+
+
+
+*** START: FULL LICENSE ***
+
+THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE
+PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK
+
+To protect the Project Gutenberg-tm mission of promoting the free
+distribution of electronic works, by using or distributing this work
+(or any other work associated in any way with the phrase "Project
+Gutenberg"), you agree to comply with all the terms of the Full Project
+Gutenberg-tm License (available with this file or online at
+http://www.gutenberg.org/license).
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+electronic works
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+electronic work, you indicate that you have read, understand, agree to
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+the terms of this agreement, you must cease using and return or destroy
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+If you paid a fee for obtaining a copy of or access to a Project
+Gutenberg-tm electronic work and you do not agree to be bound by the
+terms of this agreement, you may obtain a refund from the person or
+entity to whom you paid the fee as set forth in paragraph 1.E.8.
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+1.B. "Project Gutenberg" is a registered trademark. It may only be
+used on or associated in any way with an electronic work by people who
+agree to be bound by the terms of this agreement. There are a few
+things that you can do with most Project Gutenberg-tm electronic works
+even without complying with the full terms of this agreement. See
+paragraph 1.C below. There are a lot of things you can do with Project
+Gutenberg-tm electronic works if you follow the terms of this agreement
+and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm electronic
+works. See paragraph 1.E below.
+
+1.C. The Project Gutenberg Literary Archive Foundation ("the Foundation"
+or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection of Project
+Gutenberg-tm electronic works. Nearly all the individual works in the
+collection are in the public domain in the United States. If an
+individual work is in the public domain in the United States and you are
+located in the United States, we do not claim a right to prevent you from
+copying, distributing, performing, displaying or creating derivative
+works based on the work as long as all references to Project Gutenberg
+are removed. Of course, we hope that you will support the Project
+Gutenberg-tm mission of promoting free access to electronic works by
+freely sharing Project Gutenberg-tm works in compliance with the terms of
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+the work. You can easily comply with the terms of this agreement by
+keeping this work in the same format with its attached full Project
+Gutenberg-tm License when you share it without charge with others.
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+1.D. The copyright laws of the place where you are located also govern
+what you can do with this work. Copyright laws in most countries are in
+a constant state of change. If you are outside the United States, check
+the laws of your country in addition to the terms of this agreement
+before downloading, copying, displaying, performing, distributing or
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+Gutenberg-tm work. The Foundation makes no representations concerning
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+License terms from this work, or any files containing a part of this
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+License as specified in paragraph 1.E.1.
+
+1.E.7. Do not charge a fee for access to, viewing, displaying,
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+ has agreed to donate royalties under this paragraph to the
+ Project Gutenberg Literary Archive Foundation. Royalty payments
+ must be paid within 60 days following each date on which you
+ prepare (or are legally required to prepare) your periodic tax
+ returns. Royalty payments should be clearly marked as such and
+ sent to the Project Gutenberg Literary Archive Foundation at the
+ address specified in Section 4, "Information about donations to
+ the Project Gutenberg Literary Archive Foundation."
+
+- You provide a full refund of any money paid by a user who notifies
+ you in writing (or by e-mail) within 30 days of receipt that s/he
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+ License. You must require such a user to return or
+ destroy all copies of the works possessed in a physical medium
+ and discontinue all use of and all access to other copies of
+ Project Gutenberg-tm works.
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+ money paid for a work or a replacement copy, if a defect in the
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+ of receipt of the work.
+
+- You comply with all other terms of this agreement for free
+ distribution of Project Gutenberg-tm works.
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+1.E.9. If you wish to charge a fee or distribute a Project Gutenberg-tm
+electronic work or group of works on different terms than are set
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+Foundation as set forth in Section 3 below.
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+1.F.
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+INCIDENTAL DAMAGES EVEN IF YOU GIVE NOTICE OF THE POSSIBILITY OF SUCH
+DAMAGE.
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+defect in this electronic work within 90 days of receiving it, you can
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+received the work on a physical medium, you must return the medium with
+your written explanation. The person or entity that provided you with
+the defective work may elect to provide a replacement copy in lieu of a
+refund. If you received the work electronically, the person or entity
+providing it to you may choose to give you a second opportunity to
+receive the work electronically in lieu of a refund. If the second copy
+is also defective, you may demand a refund in writing without further
+opportunities to fix the problem.
+
+1.F.4. Except for the limited right of replacement or refund set forth
+in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS', WITH NO OTHER
+WARRANTIES OF ANY KIND, EXPRESS OR IMPLIED, INCLUDING BUT NOT LIMITED TO
+WARRANTIES OF MERCHANTIBILITY OR FITNESS FOR ANY PURPOSE.
+
+1.F.5. Some states do not allow disclaimers of certain implied
+warranties or the exclusion or limitation of certain types of damages.
+If any disclaimer or limitation set forth in this agreement violates the
+law of the state applicable to this agreement, the agreement shall be
+interpreted to make the maximum disclaimer or limitation permitted by
+the applicable state law. The invalidity or unenforceability of any
+provision of this agreement shall not void the remaining provisions.
+
+1.F.6. INDEMNITY - You agree to indemnify and hold the Foundation, the
+trademark owner, any agent or employee of the Foundation, anyone
+providing copies of Project Gutenberg-tm electronic works in accordance
+with this agreement, and any volunteers associated with the production,
+promotion and distribution of Project Gutenberg-tm electronic works,
+harmless from all liability, costs and expenses, including legal fees,
+that arise directly or indirectly from any of the following which you do
+or cause to occur: (a) distribution of this or any Project Gutenberg-tm
+work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any
+Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause.
+
+
+Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm
+
+Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
+electronic works in formats readable by the widest variety of computers
+including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
+because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
+people in all walks of life.
+
+Volunteers and financial support to provide volunteers with the
+assistance they need, is critical to reaching Project Gutenberg-tm's
+goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
+remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
+and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at http://www.gutenberg.org/fundraising/pglaf.
+
+
+Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541. Contributions to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
+permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
+
+The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
+Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
+throughout numerous locations. Its business office is located at
+809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
+business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
+information can be found at the Foundation's web site and official
+page at http://www.gutenberg.org/about/contact
+
+For additional contact information:
+ Dr. Gregory B. Newby
+ Chief Executive and Director
+ gbnewby@pglaf.org
+
+Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation
+
+Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
+spread public support and donations to carry out its mission of
+increasing the number of public domain and licensed works that can be
+freely distributed in machine readable form accessible by the widest
+array of equipment including outdated equipment. Many small donations
+($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
+status with the IRS.
+
+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
+charities and charitable donations in all 50 states of the United
+States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
+considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
+with these requirements. We do not solicit donations in locations
+where we have not received written confirmation of compliance. To
+SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
+particular state visit http://www.gutenberg.org/fundraising/donate
+
+While we cannot and do not solicit contributions from states where we
+have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
+against accepting unsolicited donations from donors in such states who
+approach us with offers to donate.
+
+International donations are gratefully accepted, but we cannot make
+any statements concerning tax treatment of donations received from
+outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
+
+Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
+methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
+ways including including checks, online payments and credit card
+donations. To donate, please visit:
+http://www.gutenberg.org/fundraising/donate
+
+
+Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
+works.
+
+Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm
+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
+Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
+
+Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
+editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
+unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
+keep eBooks in compliance with any particular paper edition.
+
+Most people start at our Web site which has the main PG search facility:
+
+ http://www.gutenberg.org
+
+This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
+including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
+Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
+subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.
+
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@@ -0,0 +1,8000 @@
+<!DOCTYPE html PUBLIC "-//W3C//DTD XHTML 1.0 Strict//EN"
+ "http://www.w3.org/TR/xhtml1/DTD/xhtml1-strict.dtd">
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+<title>The Project Gutenberg eBook of La Tribuna, by Emilia Pardo Barzán</title>
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+<h1 class="pg">The Project Gutenberg eBook, La Tribuna, by Emilia Pardo Barzán</h1>
+<pre>
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at <a href = "http://www.gutenberg.org">www.gutenberg.org</a></pre>
+<p>Title: La Tribuna</p>
+<p>Author: Emilia Pardo Barzán</p>
+<p>Release Date: January 11, 2006 [eBook #17491]</p>
+<p>Language: Spanish</p>
+<p>Character set encoding: ISO-8859-1</p>
+<p>***START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK LA TRIBUNA***</p>
+<p>&nbsp;</p>
+<h3 class="pg">E-text prepared by Chuck Greif<br />
+ from digital material generously made available by<br />
+ La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes<br />
+ (<a href="http://www.cervantesvirtual.com/">http://www.cervantesvirtual.com/</a>)</h3>
+<p>&nbsp;</p>
+<table border="0" style="background-color: #ccccff;" cellpadding="10">
+ <tr>
+ <td valign="top">
+ Note:
+ </td>
+ <td>
+ The source material from which this e-book was taken can be seen
+ at
+ <a href="http://www.cervantesvirtual.com/FichaObra.html?Ref=61">
+ http://www.cervantesvirtual.com/FichaObra.html?Ref=61</a>
+ </td>
+ </tr>
+</table>
+<p>&nbsp;</p>
+<hr class="full" />
+<p>&nbsp;</p>
+<p>&nbsp;</p>
+
+<h1><i>La Tribuna</i></h1>
+
+<h2>Por</h2>
+<h1>Emilia Pardo Baz&aacute;n</h1>
+
+<h3>Alfredo de Carlos, Madrid 1883</h3>
+
+<hr style="width: 65%;" />
+
+<table summary="capitulos"><tr><td>
+<h3>Cap&iacute;tulos</h3><a name="capitulos" id="capitulos"></a>
+<a href="#I"><b>I,</b></a>
+<a href="#II"><b>II,</b></a>
+<a href="#III"><b>III,</b></a>
+<a href="#IV"><b>IV,</b></a>
+<a href="#V"><b>V,</b></a>
+<a href="#VI"><b>VI,</b></a>
+<a href="#VII"><b>VII,</b></a>
+<a href="#VIII"><b>VIII,</b></a>
+<a href="#IX"><b>IX,</b></a>
+<a href="#X"><b>X,</b></a>
+<a href="#XI"><b>XI,</b></a>
+<a href="#XII"><b>XII,</b></a>
+<a href="#XIII"><b>XIII,</b></a>
+<a href="#XIV"><b>XIV,</b></a>
+<a href="#XV"><b>XV,</b></a>
+<a href="#XVI"><b>XVI,</b></a>
+<a href="#XVII"><b>XVII,</b></a>
+<a href="#XVIII"><b>XVIII,</b></a>
+<a href="#XIX"><b>XIX,</b></a>
+<a href="#XX"><b>XX,</b></a>
+<a href="#XXI"><b>XXI,</b></a>
+<a href="#XXII"><b>XXII,</b></a>
+<a href="#XXIII"><b>XXIII,</b></a>
+<a href="#XXIV"><b>XXIV,</b></a>
+<a href="#XXV"><b>XXV,</b></a>
+<a href="#XXVI"><b>XXVI,</b></a>
+<a href="#XXVII"><b>XXVII,</b></a>
+<a href="#XXVIII"><b>XXVIII,</b></a>
+<a href="#XXIX"><b>XXIX,</b></a>
+<a href="#XXX"><b>XXX,</b></a>
+<a href="#XXXI"><b>XXXI,</b></a>
+<a href="#XXXII"><b>XXXII,</b></a>
+<a href="#XXXIII"><b>XXXIII,</b></a>
+<a href="#XXXIV"><b>XXXIV,</b></a>
+<a href="#XXXV"><b>XXXV,</b></a>
+<a href="#XXXVI"><b>XXXVI,</b></a>
+<a href="#XXXVII"><b>XXXVII,</b></a>
+<a href="#XXXVIII"><b>XXXVIII</b></a><br /></td></tr>
+</table>
+
+<hr style="width: 65%;" />
+
+<h3>Pr&oacute;logo</h3>
+
+
+<p>Lector indulgente: No quiero perder la buena costumbre de empezar mis
+novelas hablando contigo breves palabras. M&aacute;s que nunca debo mantenerla
+hoy, porque acerca de <i>La Tribuna</i> tengo varias advertencias que
+hacerte, y as&iacute; caminar&aacute;n juntos en este pr&oacute;logo el gusto y la necesidad.</p>
+
+<p>Si bien <i>La Tribuna</i> es en el fondo un estudio de costumbres locales, el
+andar injeridos en su trama sucesos pol&iacute;ticos tan recientes como la
+Revoluci&oacute;n de Setiembre de 1868, me impuls&oacute; a situarla en lugares que
+pertenecen a aquella geograf&iacute;a moral de que habla el autor de las
+<i>Escenas monta&ntilde;esas</i>, y que todo novelista, chico o grande, tiene el
+indiscutible derecho de forjarse para su uso particular. Quien desee
+conocer el plano de <i>Marineda</i>, b&uacute;squelo en el atlas de mapas y planos
+privados, donde se colecciona, no s&oacute;lo el de Orbajosa, Villabermeja y
+Coteruco, sino el de las ciudades de R***, de L*** y de X***, que
+abundan en las novelas rom&aacute;nticas. Este privilegio concedido al
+novelista de crearse un mundo suyo propio, permite m&aacute;s libre inventiva y
+no se opone a que los elementos todos del <i>microcosmos</i> est&eacute;n tomados,
+como es debido, de la realidad. Tal fue el procedimiento que emple&eacute; en
+<i>La Tribuna</i>, y lo considero suficiente&mdash;si el ingenio me ayudase&mdash;para
+alcanzar la verosimilitud art&iacute;stica, el vigor anal&iacute;tico que infunde vida
+a una obra.</p>
+
+<p>Al escribir <i>La Tribuna</i> no quise hacer s&aacute;tira pol&iacute;tica; la s&aacute;tira es
+g&eacute;nero que admito sin poderlo cultivar; sirvo poco o nada para el caso.
+Pero as&iacute; como niego la intenci&oacute;n sat&iacute;rica, no s&eacute; encubrir que en este
+libro, casi a pesar m&iacute;o, entra un prop&oacute;sito que puede llamarse
+<i>docente</i>. Baste a disculparlo el declarar que naci&oacute; del espect&aacute;culo
+mismo de las cosas, y vino a m&iacute;, sin ser llamado, por su propio impulso.
+Al artista que s&oacute;lo aspiraba retratar el aspecto pintoresco y
+caracter&iacute;stico de una <i>capa social</i>, se le present&oacute; por a&ntilde;adidura la
+moraleja, y ser&iacute;a tan sistem&aacute;tico rechazarla como haberla buscado.
+Porque no necesit&eacute; agrupar sucesos, ni violentar sus consecuencias, ni
+desviarme de la realidad concreta y positiva, para tropezar con pruebas
+de que es absurdo el que un pueblo cifre sus esperanzas de redenci&oacute;n y
+ventura en formas de gobierno que desconoce, y a las cuales por lo mismo
+atribuye prodigiosas virtudes y maravillosos efectos. Como la raza
+latina practica mucho este g&eacute;nero de culto fetichista e idol&aacute;trico,
+opino que si escritores de m&aacute;s talento que yo lo combatiesen, prestar&iacute;an
+se&ntilde;alado servicio a la patria.</p>
+
+<p>Y vamos a otra cosa. Tal vez no falte quien me acuse de haber pintado al
+pueblo con crudeza naturalista. Responder&eacute; que si nuestro pueblo fuese
+igual al que describiesen Goncourt y Zola, yo podr&iacute;a meditar
+profundamente en la conveniencia o inconveniencia de retratarlo; pero
+resuelta a ello, nunca seguir&iacute;a la escuela idealista de Trueba y de la
+insigne Fern&aacute;n, que ri&ntilde;e con mis principios art&iacute;sticos. L&iacute;cito es
+callar, pero no fingir. Afortunadamente, el pueblo que copiamos los que
+vivimos del lado ac&aacute; del Pirene no se parece todav&iacute;a, en buen hora lo
+digamos, al del lado all&aacute;. Sin adolecer de optimista, puedo afirmar que
+la parte del pueblo que vi de cerca cuando trac&eacute; estos estudios, me
+sorprendi&oacute; gratamente con las cualidades y virtudes que, a manera de
+agrestes renuevos de inculta planta, brotaban de &eacute;l ante mis ojos. El
+m&eacute;todo de an&aacute;lisis implacable que nos impone el arte moderno me ayud&oacute; a
+comprobar el calor de coraz&oacute;n, la generosidad viva, la caridad
+inagotable y f&aacute;cil, la religiosidad sincera, el recto sentir que abunda
+en nuestro pueblo, mezclado con mil flaquezas, miserias y preocupaciones
+que a primera vista lo oscurecen. Ojal&aacute; pudiese yo, sin caer en falso
+idealismo, patentizar esta belleza rec&oacute;ndita.</p>
+
+<p>No, los tipos del pueblo espa&ntilde;ol en general, y de la costa cant&aacute;brica en
+particular, no son a&uacute;n&mdash;salvas fenomenales excepciones&mdash;los que se
+describen con terrible verdad en <i>L&#8217;Assommoir, Germinie Lacerteux</i> y
+otras obras, donde parece que el novelista nos descubre las
+abominaciones monstruosas de la Roma pagana, que unidas a la barbarie
+m&aacute;s grosera, reto&ntilde;an en el coraz&oacute;n de la Europa cristiana y civilizada.
+Y ya que por dicha nuestra las faltas del pueblo que conocemos no
+rebasan de aquel l&iacute;mite a que raras veces deja de llegar la flaca
+deca&iacute;da condici&oacute;n del hombre, pint&eacute;mosle, si podemos, tal cual es,
+huyendo del <i>patriarcalismo</i> de Trueba como del socialismo humanitario
+de Sue, y del m&eacute;todo de cuantos, trocando los frenos, atribuyen a
+Calib&aacute;n las seductoras gracias de Ariel.</p>
+
+<p>En abono de <i>La Tribuna</i> quiero a&ntilde;adir que los maestros Gald&oacute;s y Pereda
+abrieron camino a la licencia que me tomo de hacer hablar a mis
+personajes como realmente se habla en la regi&oacute;n de donde los saqu&eacute;.
+P&eacute;rez Gald&oacute;s, admitiendo en su <i>Desheredada</i> el lenguaje de los barrios
+bajos; Pereda, sentenciando a muerte a las zagalejas de porcelana y a
+los pastorcillos de &eacute;gloga, se&ntilde;alaron rumbos de los cuales no es
+permitido apartarse ya. Y si yo debiese a Dios las facultades de alguno
+de los ilustres narradores cuyo ejemplo invoco, &iexcl;cu&aacute;nto gozar&iacute;as, oh
+lector discreto, al dejar los trillados caminos de la ret&oacute;rica novelesca
+diaria para beber en el vivo manantial de las expresiones populares,
+incorrectas y desali&ntilde;adas, pero frescas, en&eacute;rgicas y donosas!</p>
+
+<p>Queda adi&oacute;s, lector, y ojal&aacute; te merezca este libro la misma acogida que
+<i>Un viaje de novios</i>. Tu aplauso me sostendr&aacute; en la dif&iacute;cil v&iacute;a de la
+observaci&oacute;n, donde no todo son flores para un alma compasiva.</p>
+
+<p class="derecha"><b>EMILIA PARDO BAZ&Aacute;N</b></p>
+
+<p class="derecha">Granja de Meir&aacute;s, octubre de 1882.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="I" id="I"></a><a href="#capitulos">-I-</a></h2>
+
+<h3>Barquillos</h3>
+
+
+<p>Comenzaba a amanecer, pero las primeras y vagas luces del alba a duras
+penas lograban colarse por las tortuosas curvas de la calle de los
+Gastros, cuando el se&ntilde;or Rosendo, el barquillero que disfrutaba de m&aacute;s
+parroquia y popularidad en Marineda, se asom&oacute;, abriendo a bostezos, a la
+puerta de su mezquino cuarto bajo. Vest&iacute;a el madrugador un deste&ntilde;ido
+pantal&oacute;n granc&eacute;, reliquia b&eacute;lica, y estaba en mangas de camisa. Mir&oacute; al
+poco cielo que blanqueaba por entre los tejados, y se volvi&oacute; a su
+cocinilla, encendiendo un candil y colg&aacute;ndolo del estribadero de la
+chimenea. Trajo del portal un brazado de astillas de pino, y sobre la
+piedra del fog&oacute;n las dispuso art&iacute;sticamente en pir&aacute;mide, cebada por su
+base con virutas, a fin de conseguir una hoguera intensa y flameante.
+Tom&oacute; del vasar un tarter&oacute;n, en el cual vaci&oacute; cucuruchos de harina y
+az&uacute;car, derram&oacute; agua, casc&oacute; huevos y espolvore&oacute; canela. Terminadas estas
+operaciones preliminares, estremeciose de fr&iacute;o&mdash;porque la puerta hab&iacute;a
+quedado de par en par, sin que en cerrarla pensase y descarg&oacute; en el
+tabique dos formidables pu&ntilde;adas.</p>
+
+<p>Al punto sali&oacute; r&aacute;pidamente del dormitorio o cuchitril contiguo una
+mozuela de hasta trece a&ntilde;os, desgre&ntilde;ada, con el cierto andar de quien
+acaba de despertarse bruscamente, sin m&aacute;s atav&iacute;os que una enagua de
+lienzo y un justillo de dril, que adher&iacute;a a su busto, anguloso a&uacute;n, la
+camisa de estopa. Ni mir&oacute; la muchacha al se&ntilde;or Rosendo, ni le dio los
+buenos d&iacute;as; atontada con el sue&ntilde;o y herida por el fresco matinal que le
+mord&iacute;a la epidermis, fue a dejarse caer en una silleta, y mientras el
+barquillero encend&iacute;a estrepitosamente f&oacute;sforos y los aplicaba a las
+virutas, la chiquilla se puso a frotar con una piel de gamuza el enorme
+ca&ntilde;uto de hojalata donde se almacenaban los barquillos.</p>
+
+<p>Instalose el se&ntilde;or Rosendo en su alto tr&iacute;pode de madera ante la llama
+chisporroteadora y crepitante ya, y metiendo en el fuego las magnas
+tenazas, dio principio a la operaci&oacute;n. Ten&iacute;a a su derecha el barre&ntilde;o del
+amohado, en el cual mojaba el cargador, especie de palillo grueso; y
+extendiendo una leve capa de l&iacute;quido sobre la cara interior de los
+candentes hierros, apresur&aacute;base a envolverla en el molde con su dedo
+pulgar, que a fuerza de repetir este acto se hab&iacute;a convertido en una
+callosidad tostada, sin u&ntilde;a, sin yema y sin forma casi. Los barquillos,
+dorados y tibios, ca&iacute;an en el regazo de la muchacha, que los iba
+introduciendo unos en otros a guisa de tubos de catalejo, y coloc&aacute;ndolos
+sim&eacute;tricamente en el fondo del ca&ntilde;uto; labor que se ejecutaba en
+silencio, sin que se oyese m&aacute;s rumor que el crujir de la le&ntilde;a, el
+r&iacute;tmico chirrido de las tenazas al abrir y cerrar sus fauces de hierro,
+el seco choque de los crocantes barquillos al tropezarse, y el silbo del
+amohado al evaporar su humedad sobre la ardiente placa. La luz del
+candil y los reflejos de la lumbre arrancaban destellos a la hojalata
+limpia, al barro vidriado de las cazuelas del vasar, y la temperatura se
+suavizaba, se elevaba, hasta el extremo de que el se&ntilde;or Rosendo se
+quitase la gorra con visera de hule, descubriendo la calva sudorosa, y
+la ni&ntilde;a echase atr&aacute;s con el dorso de la mano sus ind&oacute;mitas guedejas que
+la sofocaban.</p>
+
+<p>Entre tanto, el sol, campante ya en los cielos, se empe&ntilde;aba en cernir
+alguna claridad al trav&eacute;s de los vidrios verdosos y puercos del
+ventanillo que ten&iacute;a obligaci&oacute;n de alumbrar la cocina. Sacud&iacute;a el sue&ntilde;o
+la calle de los Castros, y mujeres en trenza y en cabello, cuando no en
+refajo y chancletas, pasaban apresuradas, cu&aacute;l en busca de agua, cu&aacute;l a
+comprar provisiones a los vecinos mercados; o&iacute;anse llantos de
+chiquillos, ladridos de perros; una gallina cloque&oacute;; el canario de la
+barber&iacute;a de enfrente redobl&oacute; trinando como un loco. De tiempo en tiempo
+la ni&ntilde;a del barquillero lanzaba codiciosas ojeadas a la calle. &iexcl;Cu&aacute;ndo
+ser&iacute;a Dios servido de disponer que ella abandonase la dura silla, y
+pudiese asomarse a la puerta, que no es mucho pedir! Pronto dar&iacute;an las
+nueve, y de los seis mil barquillos que admit&iacute;a la caja s&oacute;lo estaban
+hechos cuatro mil y pico. Y la muchacha se desperez&oacute; maquinalmente. Es
+que desde algunos meses ac&aacute; bien poco le luc&iacute;a el trabajo a su padre.
+Antes despachaba m&aacute;s.</p>
+
+<p>El que viese aquellos ca&ntilde;utos dorados, ligeros y deleznables como las
+ilusiones de la ni&ntilde;ez, no pod&iacute;a figurarse el trabajo &iacute;mprobo que
+representaba su elaboraci&oacute;n. Mejor fuera manejar la azada o el pico que
+abrir y cerrar sin tregua las tenazas abrasadoras, que adem&aacute;s de quemar
+los dedos, la mano y el brazo, cansaban dolorosamente los m&uacute;sculos del
+hombro y del cuello. La mirada, siempre fija en la llama, se fatigaba;
+la vista disminu&iacute;a; el espinazo, encorvado de continuo, llevaba, a puros
+esguinces, la cuenta de los barquillos que sal&iacute;an del molde. &iexcl;Y ning&uacute;n
+d&iacute;a de descanso! No pueden los barquillos hacerse de v&iacute;spera; si han de
+gustar a la gente menuda y golosa, conviene que sean fresquitos. Un nada
+de humedad los reblandece. Es preciso pasarse la ma&ntilde;ana, y a veces la
+noche, en fabricarlos, la tarde en vocearlos y venderlos. En verano, si
+la estaci&oacute;n es buena y se despacha mucho y se saca ping&uuml;e jornal,
+tambi&eacute;n hay que estarse las horas caniculares, las horas perezosas,
+derritiendo el alma sobre aquel fuego, sudando el quilo, preparando
+provisi&oacute;n doble de barquillos para la venta p&uacute;blica y para los caf&eacute;s. Y
+no era que el se&ntilde;or Rosendo estuviese mal con su oficio; nada de eso;
+artistas habr&iacute;a orgullosos de su destreza, pero tanto como &eacute;l, ninguno.
+Por m&aacute;s que los a&ntilde;os le iban venciendo, a&uacute;n se jactaba de llenar en
+menos tiempo que nadie el tubo de hojalata. No ignoraba primor alguno de
+los concernientes a su profesi&oacute;n; barquillos anchos y finos como seda
+para rellenar de huevos hilados, barquillos recios y estrechos para el
+agua de lim&oacute;n y el sorbete, hostias para las confiter&iacute;as&mdash;y no las hac&iacute;a
+para las iglesias por falta de molde que tuviese una cruz&mdash;, flores,
+hojuelas y <i>orejas de fraile</i> en Carnaval, bu&ntilde;uelos en todo tiempo....
+Pero nunca lo ten&iacute;a de lucir estas habilidades accesorias, porque los
+barquillos de diario eran absorbentes. &iexcl;Bah!, en consiguiendo vivir y
+mantener la familia....</p>
+
+<p>A las nueve muy largas, cuando cerca de cinco mil barquillos reposaban
+en el tubo, todav&iacute;a el padre y la hija no hab&iacute;an cruzado palabra.
+Montones de brasa y ceniza rodeaban la hoguera, renovada dos o tres
+veces. La ni&ntilde;a suspiraba de calor, el viejo sacud&iacute;a frecuentemente la
+mano derecha, medio asada ya. Por fin, la muchacha profiri&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Tengo hambre.</p>
+
+<p>Volvi&oacute; el padre la cabeza, y con expresivo arqueamiento de cejas indic&oacute;
+un anaquel del vasar. Encaramose la chiquilla trepando sobre la artesa,
+y baj&oacute; un mediano trozo de pan de mixtura, en el cual hinc&oacute; el diente
+con buen &aacute;nimo. A&uacute;n rebuscaba en su falda las migajas sobrantes para
+aprovecharlas, cuando se oyeron crujidos de catre, carraspeos, los
+ruidos caracter&iacute;sticos del despertar de una persona, y una voz entre
+quejumbrosa y desp&oacute;tica llam&oacute; desde la alcoba cercana al portal:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Amparo!</p>
+
+<p>Se levant&oacute; la ni&ntilde;a y acudi&oacute; al llamamiento, resonando de all&iacute; a poco
+rato su hablar.</p>
+
+<p>&mdash;Afi&aacute;ncese, se&ntilde;ora... as&iacute;... c&aacute;rguese m&aacute;s... aguarde que le voy a batir
+este jerg&oacute;n... (Y aqu&iacute; se escuch&oacute; una gran sinfon&iacute;a de hojas de ma&iacute;z, un
+<i>sirrisssch</i>... prolongado y armonioso.)</p>
+
+<p>La voz mandona dijo opacamente algo, y la infantil contest&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Ya la voy a poner a la lumbre, ahora mismito.... &iquest;Tendr&aacute; por ah&iacute; el
+az&uacute;car?</p>
+
+<p>Y respondiendo a una interpelaci&oacute;n altamente ofensiva para su dignidad,
+grit&oacute; la chiquilla:</p>
+
+<p>&mdash;Y piensa que.... &iexcl;Aunque fuera oro puro! Lo esconder&iacute;a usted misma....
+Ah&iacute; est&aacute;, detr&aacute;s de la funda... &iquest;lo ve?</p>
+
+<p>Sali&oacute; con una escudilla desportillada en la mano, llena de morena
+melaza, y arrimando al fuego un pucherito donde estaba ya la cascarilla,
+le a&ntilde;adi&oacute; en debidas proporciones az&uacute;car y leche, y volviose al cuarto
+del portal con una taza humeante y colmada a reverter. En el fondo del
+cacharro quedaba como cosa de otra taza. El barquillero se enderez&oacute;
+llev&aacute;ndose las manos a la regi&oacute;n lumbar, y sobriamente, sin
+concupiscencia, se desayun&oacute; bebiendo las sobras por el puchero mismo.
+Enjug&oacute; despu&eacute;s su frente regada de sudor con la manga de la camisa,
+entr&oacute; a su vez en el cuarto pr&oacute;ximo; y al volver a presentarse, vestido
+con pantal&oacute;n y chaqueta de pa&ntilde;o pardo, se terci&oacute; a las espaldas la caja
+de hoja de lata y se ech&oacute; a la calle. Amparo, cubriendo la brasa con
+ceniza, juntaba en una cazuela berzas, patatas, una corteza de tocino,
+un hueso rancio de cerdo, cumpliendo el deber de condimentar el caldo
+del humilde menaje. As&iacute; que todo estuvo arreglado, metiose en el
+cuchitril, donde consagr&oacute; a su ali&ntilde;o personal seis minutos y medio,
+repartidos como sigue: un minuto para calzarse los zapatos de becerro,
+pues todav&iacute;a estaba descalza; dos para echarse un refajo de bayeta y un
+vestido de tart&aacute;n; un minuto para pasarse la punta de un pa&ntilde;o h&uacute;medo por
+ojos y boca (m&aacute;s all&aacute; no alcanz&oacute; el aseo); dos minutos para escardar con
+un peine desdentado la revuelta y rizosa crencha, y medio para tocarse
+al cuello un pa&ntilde;olito de indiana. Hecho lo cual, se present&oacute; m&aacute;s oronda
+que una princesa a la persona encamada a quien hab&iacute;a llevado el
+desayuno. Era esta una mujer de edad madura, agujereada como una
+espumadera por las viruelas, chata de frente, de ojos chicos. Viendo a
+la chiquilla vestida se escandaliz&oacute;: &iquest;a d&oacute;nde ir&iacute;a ahora semejante
+vagabunda?</p>
+
+<p>&mdash;A misa, se&ntilde;ora, que es domingo.... &iquest;Qu&eacute; volver con noche ni con noche?
+Siempre vine con d&iacute;a, siempre.... &iexcl;Una vez de cada mil! Queda el caldo
+preparadito al fuego.... Vaya, abur.</p>
+
+<p>Y se lanz&oacute; a la calle con la impetuosidad y br&iacute;o de un cohete bien
+disparado.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="II" id="II"></a><a href="#capitulos">-II-</a></h2>
+
+<h3>Padre y madre</h3>
+
+
+<p>Tres a&ntilde;os antes, la imposibilitada estaba sana y robusta y ganaba su
+vida en la F&aacute;brica de Tabacos. Una noche de invierno fue a jabonar ropa
+blanca al lavadero p&uacute;blico, sud&oacute;, volvi&oacute; desabrigada y despert&oacute; tullida
+de las caderas.&mdash;Un aire, se&ntilde;or&mdash;dec&iacute;a ella al m&eacute;dico.</p>
+
+<p>Quedose reducida la familia a lo que trabajase el se&ntilde;or Rosendo: el real
+diario que del <i>fondo de Hermandad</i> de la F&aacute;brica recib&iacute;a la enferma no
+llegaba a medio diente. Y la chiquilla crec&iacute;a, y com&iacute;a pan y romp&iacute;a
+zapatos, y no hab&iacute;a quien la sujetase a coser ni a otro g&eacute;nero de
+tareas. Mientras su padre no se marchaba, el miedo a un pasagonzalo
+sacudido con el cargador la ten&iacute;a quieta ensartando y colocando
+barquillos; pero apenas el viejo se terciaba la correa del tubo, sent&iacute;a
+Amparo en las piernas un hormigueo, un bullir de la sangre, una
+impaciencia como si le naciesen alas a miles en los talones. La calle
+era su para&iacute;so. El gent&iacute;o la enamoraba, los codazos y enviones la
+halagaban cual si fuesen caricias, la m&uacute;sica militar penetraba en todo
+su ser produci&eacute;ndole escalofr&iacute;os de entusiasmo. Pas&aacute;base horas y horas
+correteando sin objeto al trav&eacute;s de la ciudad, y volv&iacute;a a casa con los
+pies descalzos y manchados de lodo, la saya en jirones, hecha una sopa,
+mocosa, despeinada, perdida, y rebosando dicha y salud por los poros de
+su cuerpo. A fuerza de fil&iacute;picas maternales corr&iacute;a una escoba por el
+piso, sazonaba el caldo, tra&iacute;a una herrada de agua; en seguida, con
+rapidez de ave, se evad&iacute;a de la jaula y tornaba a su libre vagancia por
+calles y callejones.</p>
+
+<p>De tales instintos err&aacute;ticos tendr&iacute;a no poca culpa la vida que
+forzosamente hizo la chiquilla mientras su madre asisti&oacute; a la F&aacute;brica.
+Sola en casa con su padre, apenas este sal&iacute;a, ella le imitaba por no
+quedarse metida entre cuatro paredes: vaya, y que no eran tan alegres
+para que nadie se embelesase mir&aacute;ndolas. La cocina, oscura y angosta,
+parec&iacute;a una espelunca, y encima del fog&oacute;n reluc&iacute;an siniestramente las
+&uacute;ltimas brasas de la moribunda hoguera. En el pat&iacute;n, si es verdad que se
+ve&iacute;a claro, no consolaba mucho los ojos el aspecto de un mont&oacute;n de cal y
+residuos de alba&ntilde;iler&iacute;a, mezclados con cascos de loza, tarteras rotas,
+un molinillo inservible, dos o tres gui&ntilde;apos viejos y un innoble zapato
+que se re&iacute;a a carcajadas. Casi m&aacute;s lastimoso era el espect&aacute;culo de la
+alcoba matrimonial: la cama en desorden, porque la salida precipitada a
+la F&aacute;brica no permit&iacute;a hacerla; los cobertores color de hospital, que no
+bastaba a encubrir una colcha rabicorta; la vela de sebo, goteando
+tristemente a lo largo de la palmatoria de lat&oacute;n veteada de cardenillo;
+la palangana puesta en una silla y henchida de agua jabonosa y
+grasienta; en resumen, la historia de la pobreza y de la incuria narrada
+en prosa por una multitud de objetos feos, y que la chiquilla comprend&iacute;a
+intuitivamente; pues hay quien sin haber nacido entre sedas y holandas,
+presume y adivina todas aquellas comodidades y deleites que jamas goz&oacute;.
+As&iacute; es que Amparo hu&iacute;a, hu&iacute;a de sus lares camino de la F&aacute;brica, llevando
+a su madre, en una fiambrera, el bazuqueante caldo; pero, soltando a lo
+mejor la carga, pon&iacute;ase a jugar al corro, a <i>San Sever&iacute;n</i>, a la viudita,
+a cualquier cosa, con las damiselas de su edad y pelaje.</p>
+
+<p>Cuando la madre se vio encamada quiso imponer a la hija el trabajo
+sedentario: era tarde. La planta r&uacute;stica no se sujetaba ya al espaller.
+Amparo hab&iacute;a ido a la escuela en sus primeros a&ntilde;os, a&ntilde;os de relativa
+prosperidad para la familia, sucedi&eacute;ndole lo que a la mayor parte de las
+ni&ntilde;as pobres, que al poco tiempo se cansan sus padres de enviarlas y
+ellas de asistir, y se quedan sin m&aacute;s habilidad que la lectura, cuando
+son listas, y unos rudimentos de escritura. De aguja apenas sab&iacute;a Amparo
+nada. La madre se resign&oacute; con la esperanza de colocarla en la F&aacute;brica.
+&mdash;&laquo;Que trabaje&mdash;dec&iacute;a&mdash;como yo trabaj&eacute;&raquo;. Y al murmurar esta sentencia
+suspiraba, recordando treinta a&ntilde;os de incesante af&aacute;n. Ahora su carne y
+sus molidos huesos se tend&iacute;an gustosamente en la cama, donde reposaba
+tumbada panza arriba &iacute;nterin sudaban otros para mantenerla. &iexcl;Que
+sudasen! Dominada por el terrible ego&iacute;smo que suele atacar a los viejos
+cuya mocedad fue laboriosa, la impedida hizo del potro de dolor quinta
+de recreo. Lo que es all&iacute; ya pod&iacute;an venir penas; lo que es all&iacute; a buen
+seguro que la molestase el calor ni el fr&iacute;o. &iquest;Que era preciso lavar la
+ropa? Bueno, ella no ten&iacute;a que levantarse a jabonarla, le hab&iacute;a costado
+bien caro una vez. &iquest;Que estaba sucio el piso? Ya lo barrer&iacute;an, y si no,
+por ella, aunque en todo el a&ntilde;o no se barriese.... &iquest;De qu&eacute; le hab&iacute;a
+servido tanto romper el cuerpo cuando era joven? De verse ahora tullida
+&mdash;&laquo;&iexcl;Ay, no se sabe lo que es la salud hasta despu&eacute;s de que se pierde!&raquo;
+&mdash;exclamaba sentenciosamente, sobre todo los d&iacute;as en que el dolor
+artr&iacute;tico le atarazaba las junturas. Otras veces, jactanciosa como todo
+inv&aacute;lido, dec&iacute;a a su hija:&mdash;&laquo;S&aacute;cateme de delante, que irrita el verte;
+de tu edad era yo una loba que daba en un cuarto de hora vuelta a una
+casa&raquo;.</p>
+
+<p>S&oacute;lo echaba de menos la animaci&oacute;n de su F&aacute;brica, las compa&ntilde;eras. A bien
+que las vecinas de la calle sol&iacute;an acercarse a ofrecerle un rato de
+palique: una sobre todo, Pepa la comadrona, por mal nombre se&ntilde;ora
+Porreta. Era esta mujer colosal, a lo ancho m&aacute;s a&uacute;n que a lo alto;
+parec&iacute;ase a tosca estatua labrada para ser vista de lejos. Su cara
+enorme, circuida por colgante papada, ten&iacute;a palidez serosa. Calzaba
+zapatillas de hombre y usaba una sortija, de tama&ntilde;o masculino tambi&eacute;n,
+en el dedo me&ntilde;ique. Acerc&aacute;base a la cama de la impedida, le somet&iacute;a las
+ropas, le abofeteaba la almohada apoyando fuertemente ambas manos en los
+muslos, a fin de sostener la mole de su vientre, y con voz sorda y
+apagada empezaba a referir chismes del barrio, escabrosos pormenores de
+su profesi&oacute;n, o las maravillosas curas que pueden obtenerse con un
+cocimiento de ruda, huevo y aceite, con la hoja de la malva bien
+machacadita, con romero hervido en vino, con unturas de enjundia de
+gallina. Susurraban los maldicientes que entre parleta y parleta sol&iacute;a
+la matrona entreabrir el pa&ntilde;uelo que le cubr&iacute;a los hombros y sacar una
+botellica que f&aacute;cilmente se ocultaba en cualquier rinc&oacute;n de su corpi&ntilde;o
+gigantesco; y ya corroboraba con un trago de an&iacute;s el exhausto gaznate,
+ya ofrec&iacute;a la botella a su interlocutora &laquo;para ir pasando las penas de
+este mundo&raquo;. A o&iacute;dos del se&ntilde;or Rosendo lleg&oacute; un d&iacute;a esta especie, y se
+alarm&oacute;; porque mientras estuvo en la F&aacute;brica no beb&iacute;a nunca su mujer m&aacute;s
+que agua pura; pero por mucho que entr&oacute; impensadamente algunas tardes,
+no cogi&oacute; <i>infraganti</i> a las delincuentes. S&oacute;lo vio que estaban muy
+amigotas y compinches. Para la ex-cigarrera val&iacute;a un Per&uacute; la comadrona;
+al menos esa hablaba, porque lo que es su marido.... Cuando este
+regresaba de la diaria correr&iacute;a por paseos y sitios p&uacute;blicos, y bajando
+el hombro soltaba con estr&eacute;pito el tubo en la esquina de la habitaci&oacute;n,
+el di&aacute;logo del matrimonio era siempre el mismo:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; tal?&mdash;preguntaba la tullida.</p>
+
+<p>Y el se&ntilde;or Rosendo pronunciaba una de estas tres frases:</p>
+
+<p>&mdash;Menos mal.&mdash;Un regular.&mdash;Condenadamente.</p>
+
+<p>Alud&iacute;a a la venta, y jam&aacute;s se dio caso de que agregase g&eacute;nero alguno de
+amplificaci&oacute;n o escolio a sus oraciones cl&aacute;sicas. Pose&iacute;a el
+inquebrantable laconismo popular, que vence al dolor, al hambre, a la
+muerte y hasta a la dicha. Soldado reenganchado, uncido en sus mejores
+a&ntilde;os al f&eacute;rreo yugo de la disciplina militar, se convenci&oacute; de la
+ociosidad de la palabra y necesidad del silencio. Call&oacute; primero por
+obediencia, luego por fatalismo, despu&eacute;s por costumbre. En silencio
+elaboraba los barquillos, en silencio los vend&iacute;a, y casi puede decirse
+que los voceaba en silencio, pues nada ten&iacute;a de an&aacute;logo a la afectuosa
+comunicaci&oacute;n que establece el lenguaje entre seres racionales y humanos,
+aquel grito gutural en que, tal vez para ahorrar un fragmento de
+palabra, el viejo suprim&iacute;a la &uacute;ltima s&iacute;laba, reemplaz&aacute;dola por doliente
+prolongaci&oacute;n de la vocal pen&uacute;ltima:</p>
+
+<p>&mdash;Barquilleeee&eacute;....</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="III" id="III"></a><a href="#capitulos">-III-</a></h2>
+
+<h3>Pueblo de su nacimiento</h3>
+
+
+<p>Al sentar el pie en la calle, Amparo respir&oacute; anchamente. El sol, llegado
+al zenit, lo alegraba todo. En los umbrales de las puertas los gatos,
+acurrucados, presentaban el lomo al ben&eacute;fico calorcillo, gui&ntilde;ando sus
+pupilas de tigre y roncando de gusto. Las gallinas iban y ven&iacute;an
+escarbando. La bac&iacute;a del barbero, colgada sobre la muestra y rodeada de
+una sarta de muelas rancias ya, brillaba como plata. Reinaba la soledad,
+los vecinos se hab&iacute;an ido a misa o de bureo, y media docena de p&aacute;rvulos,
+confiados al &Aacute;ngel de la Guarda, se solazaban entre el polvo y las
+inmundicias del arroyo, con la chola descubierta y expuestos a un
+tabardillo. Amparo se arrim&oacute; a una de las ventanas bajas, y toc&oacute; en los
+cristales con el pu&ntilde;o cerrado. Abri&eacute;ronse las vidrieras, y se vio la
+cara de una muchacha pelinegra y descolorida, que ten&iacute;a en la mano una
+almohadilla de labrar donde hab&iacute;a clavados infinidad de menudos
+alfileres.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Hola!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Hola, Carmela, andas con la labor a vueltas?&mdash;pues es d&iacute;a de misa.</p>
+
+<p>&mdash;Por eso me da rabia... contest&oacute; la muchacha p&aacute;lida, que hablaba con
+cierto ceceo, propio de los puertecitos de mar en la provincia de
+Marineda.</p>
+
+<p>&mdash;Sal un poco, mujer... vente conmigo.</p>
+
+<p>&mdash;Hoy... &iexcl;qui&eacute;n puede! Hay un encargo... diez y seis varas de puntilla
+para una se&ntilde;ora del barrio de Arriba.... El martes se han de entregar
+sin falta.</p>
+
+<p>Carmela se sent&oacute; otra vez con su almohadilla en el regazo, mientras los
+hombros de Amparo se alzaban entre compasivos e indiferentes, como si
+murmurasen&mdash;&laquo;Lo de costumbre&raquo;&mdash;. Apartose de all&iacute;, y sus pies
+descendieron con suma agilidad la escalinata de la plaza de Abastos,
+llena a la saz&oacute;n de cocineras y vendedoras, y enhebr&aacute;ndose por entre
+cestas de gallinas, de huevos, de quesos, sali&oacute; a la calle de San Efr&eacute;n,
+y luego al atrio de la iglesia, donde se detuvo deslumbrada.</p>
+
+<p>Cuanto lujo ostenta un domingo en una capital de provincia se ve&iacute;a
+reunido ante el p&oacute;rtico, que las gentes cruzaban con el paso majestuoso
+de personas bien trajeadas y compuestas, gustosas en ser vistas y
+mutuamente resueltas a respetarse y a no promover empujones. Hac&iacute;an cola
+las se&ntilde;oras aguardando su turno, empavesadas y solemnes, con mucha
+mantilla de blonda, mucho devocionario de canto dorado, mucho rosario de
+oro y n&aacute;car, las madres vestidas de seda negra, las ni&ntilde;as casaderas, de
+colorines vistosos. Al llegar a los postigos que m&aacute;s all&aacute; del p&oacute;rtico
+daban entrada a la nave, hab&iacute;a crujidos de enaguas almidonadas, blandos
+empellones, codazos suaves, respiraci&oacute;n agitada de damas obesas, cruces
+de rosarios que se enganchaban en un encaje o en un fleco, frases de
+miel con su poco de vinagre, como&mdash;ay, usted dispense.... A m&iacute; me
+empujan, se&ntilde;ora, por eso yo.... No tire usted as&iacute;, que se romper&aacute; el
+adorno.... Perdone usted.</p>
+
+<p>Deslizose Amparo entre el grupo de la buena sociedad marinedina, y se
+introdujo en el templo. Hacia el presbiterio se colocaban las se&ntilde;oritas,
+arrodilladas con estudio, a fin de no arrugarse los trapos de
+cristianar, y como ten&iacute;an la cabeza baja, ve&iacute;anse blanquear sus nucas, y
+alguna estrecha suela de elegante botita remangaba los pliegues de las
+faldas de seda. El centro de la nave lo ocupaba el piquete y la banda de
+m&uacute;sica militar, en correcta formaci&oacute;n. A ambos lados, filas de hombres,
+que miraban al techo o a las capillas laterales, como si no supiesen qu&eacute;
+hacer de los ojos. De pronto luci&oacute; en el altar mayor la vislumbre de oro
+y colores de una casulla de tis&uacute;; qued&oacute; el concurso en mayor silencio;
+las damas abrieron sus libros con las enguantadas manos, y a un tiempo
+murmur&oacute; el sacerdote <i>Introito</i> y rompi&oacute; en sonoro acorde la charanga,
+haciendo o&iacute;r las profanas notas de <i>Traviatta</i>, cabalmente los compases
+ardientes y febriles del d&uacute;o er&oacute;tico del primer acto. El son vibrante de
+los metales a&ntilde;ad&iacute;a intensidad al canto, que, elev&aacute;ndose amplio y nutrido
+hasta la b&oacute;veda, bajaba despu&eacute;s a extenderse, contenido, pero brioso,
+por la nave y el crucero, para cesar, de repente, al alzarse la hostia;
+cuando esto sucedi&oacute;, la marcha real, poderosa y magn&iacute;fica, brot&oacute; de los
+marciales instrumentos, sin que a intervalos dejase de escucharse en el
+altar el misterioso repiqueteo de la campanilla del ac&oacute;lito.</p>
+
+<p>A la salida, repetici&oacute;n del desfile: junto a la pila se situaron tres o
+cuatro de los que ya no se llamaban <i>dandys</i> ni todav&iacute;a <i>gomosos</i>, sino
+<i>pollos y gallos</i>, haciendo adem&aacute;n de humedecer los dedos en agua
+bendita, y tendi&eacute;ndolos bien enjutos a las damiselas para conseguir un
+fugaz contacto de guantes vigilado por el ojo avizor de las mam&aacute;s. Una
+vez en el p&oacute;rtico, era l&iacute;cito levantar la cabeza, mirar a todos lados,
+sonre&iacute;r, componerse furtivamente la mantilla, buscar un rostro conocido
+y devolver un saludo. Tras el deber, el placer; ahora la selecta
+multitud se dirig&iacute;a al paseo, convidada de la m&uacute;sica y de la alegr&iacute;a de
+un benigno domingo de marzo, en que el sol sembraba la regocijada
+atm&oacute;sfera de &aacute;tomos de oro y tibios efluvios primaverales. Amparo se
+dej&oacute; llevar por la corriente y presto vino a encontrarse en el paseo.</p>
+
+<p>No ten&iacute;a entonces Marineda el parque ingl&eacute;s que, andando el tiempo,
+hermose&oacute; su recinto: y <i>las Filas</i>, donde se daban vueltas durante las
+ma&ntilde;anas de invierno y las tardes de verano, eran una estrecha avenida,
+pavimentada de piedra, de una parte guarnecida por alta hilera de casas,
+de otra por una serie de bancos que coronaban toscas estatuas aleg&oacute;ricas
+de las Estaciones, de las Virtudes, mutiladas y privadas de manos y
+narices por la travesura de los muchachos. Sombreaban los asientos
+acacias de tronco enteco, de clor&oacute;tico follaje (cuando Dios se lo daba);
+sepultadas entre piedras por todos lados, como prisionero en torre
+feudal. A la saz&oacute;n carec&iacute;an de hojas, pero la caricia abrasadora del sol
+impel&iacute;a a la savia a subir, a las yemas a hincharse. Las desnudas ramas
+se recortaban sobre el limpio matiz del firmamento, y a lo lejos el mar,
+de un azul met&aacute;lico, como pavonado, reposaba, vi&eacute;ndose inm&oacute;viles las
+jarcias y arboladura de los buques surtos en la bah&iacute;a, y quietos hasta
+los impacientes gallardetes de los m&aacute;stiles. Ni un soplo de brisa, ni
+nada que desdijese de la apacibilidad profunda y so&ntilde;olienta del
+ambiente.</p>
+
+<p>Ca&iacute;do el pa&ntilde;uelo y recibiendo a plomo el sol en la mollera, miraba
+Amparo con gran inter&eacute;s el espect&aacute;culo que el paseo presentaba. Se&ntilde;oras
+y caballeros giraban en el corto trecho de <i>las Filas</i>, a paso lento y
+acompasado, guardando escrupulosamente la derecha. La implacable
+claridad solar azuleaba el pa&ntilde;o negro de las relucientes levitas,
+suavizaba los fuertes colores de las sedas, descubr&iacute;a las menores
+imperfecciones de los cutis, el salseo de los guantes, el sitio de las
+antiguas puntadas en la ropa reformada ya. No era dif&iacute;cil conocer al
+primer golpe de vista a las notabilidades de la ciudad: una fila de
+altos sombreros de felpa, de bastones de roten o concha con pu&ntilde;o de oro,
+de gabanes de castor, todo puesto en caballeros provectos y seriotes,
+revelaba claramente a las autoridades, regente, magistrados, segundo
+cabo, gobernador civil; seis o siete pantalones gris perla, pares de
+guantes claros y flamantes corbatas denunciaban a la dorada juventud;
+unas cuantas sombrillas de raso, un ramillete de vestidos que
+trascend&iacute;an de mil leguas a importaci&oacute;n madrile&ntilde;a, indicaban a las
+due&ntilde;as del cetro de la moda. Las gentes pasaban, y volv&iacute;an a pasar, y
+estaban pasando continuamente, y a cada vuelta se renovaba la misma
+profesi&oacute;n por el mismo orden.</p>
+
+<p>Un grupo de oficiales de Infanter&iacute;a y Caballer&iacute;a ocupaba un banco
+entero, y el sol parec&iacute;a concentrarse all&iacute;, atra&iacute;do por el resplandor de
+los galones y estrellas de oro, por los pantalones rojo vivo, por el
+relampagueo de las vainas de sable y el hule reluciente del casco de los
+roses. Los oficiales, gente de buen humor y j&oacute;venes casi todos, re&iacute;an,
+charlaban y hasta jugaban con un enjambre de elegantes ni&ntilde;as, que ni la
+mayor sumar&iacute;a doce a&ntilde;os, ni la menor bajaba de tres. Ten&iacute;an a las m&aacute;s
+peque&ntilde;as sentadas en las rodillas, mientras las otras, de pie y con unos
+atisbos de timidez y pudor femenil, no osaban acercarse mucho al banco,
+haciendo como que platicaban entre s&iacute;, cuando realmente s&oacute;lo atend&iacute;an a
+la conversaci&oacute;n de los militares. Al otro extremo del paseo se oy&oacute;
+entonces un grito conocid&iacute;simo de la chiquiller&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;Barquilleeee&eacute;....</p>
+
+<p>&mdash;Batilos... a m&iacute; batilos, chill&oacute; al o&iacute;rlo una rubilla carrilluda, que
+cabalgaba en la pierna izquierda de un capit&aacute;n de infanter&iacute;a portador de
+formidables mostachos.</p>
+
+<p>&mdash;Nisita, no seas fastidiosa: te llevo a mam&aacute;&mdash;amonest&oacute; una de las
+mayores, con gravedad imponente.</p>
+
+<p>&mdash;Pu&eacute; teo batilos, batiiilos&mdash;berre&oacute; descompasadamente la rubia,
+colorada como un pavo y apretando sus pu&ntilde;itos.</p>
+
+<p>&mdash;Tiene usted raz&oacute;n, se&ntilde;orita, d&iacute;jole risue&ntilde;o un alf&eacute;rez de linda y
+adamada figura, al ver que el angelito pateaba y hac&iacute;a pucheros para
+romper a llorar. Esp&eacute;rese usted, que habr&aacute; barquillos. Llamaremos a ese
+digno funcionario.... Ya viene hacia ac&aacute;. Usted, Borr&eacute;n&mdash;a&ntilde;adi&oacute;
+dirigi&eacute;ndose al capit&aacute;n...&mdash;, &iquest;quiere usted darle una voz?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Eh... chss! &iexcl;Barquilleeeer&oacute;!&mdash;grit&oacute; el capit&aacute;n mostachudo, sin notar
+que el c&iacute;rculo de las grandecitas se re&iacute;a de su ronquera cr&oacute;nica. No
+obstante la cual, el se&ntilde;or Rosendo le oy&oacute;, y se acercaba, derrengado con
+el peso de la caja, que deposit&oacute; en el suelo delante del grupo. Se
+oyeron como p&iacute;os y aleteos, el ruido de una canariera cuando le ponen
+alpiste, y las chiquillas corrieron a rodear el tubo, mientras las
+grandes se hac&iacute;an las desde&ntilde;osas, cual si las humillase la idea de que a
+su edad las convidaran a barquillos. Inclinada la rubia pedig&uuml;e&ntilde;a sobre
+la especie de ruleta que coronaba la caja de hojalata, impulsaba con su
+dedito la aguja, chillando de regocijo cuando se deten&iacute;a en un n&uacute;mero,
+ya ganase, ya perdiese. Su j&uacute;bilo ray&oacute; en paroxismo al momento que,
+tendiendo la mano abierta, encima de cada dedo fue el se&ntilde;or Rosendo
+calz&aacute;ndole una torre de barquillos: quedose extasiada mir&aacute;ndolos, sin
+atreverse a abrir la boca para com&eacute;rselos.</p>
+
+<p>Estando en esto, el alf&eacute;rez volvi&oacute; casualmente la cabeza y divis&oacute; del
+otro lado de los bancos un rostro de ni&ntilde;a pobre que devoraba con los
+ojos la reuni&oacute;n. Figurose que ser&iacute;a por apetito de barquillos, y le hizo
+una se&ntilde;a, con &aacute;nimo de regalarle algunos. La muchacha se acerc&oacute;,
+fascinada por el brillo de la sociedad alegre y juvenil; pero al
+entender que la brindaban con tomar parte en el banquete, encogiose de
+hombros y movi&oacute; negativamente la cabeza.</p>
+
+<p>&mdash;Bien harta estoy de ellos&mdash;pronunci&oacute; con desd&eacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Es la hija&mdash;explic&oacute; sin manifestar sorpresa el barquillero, que
+embolsaba la calderilla y bajaba el hombro para ce&ntilde;irse otra vez la
+correa.</p>
+
+<p>&mdash;Por lo visto, eres la se&ntilde;orita de Rosendez&mdash;murmur&oacute; el alf&eacute;rez en son
+de broma&mdash;. Vamos, Borr&eacute;n, usted que es animado, d&iacute;gale algo a esta
+pollita.</p>
+
+<p>El de los mostachos consideraba a la reci&eacute;n venida atentamente, como un
+arque&oacute;logo mirar&iacute;a un &aacute;nfora acabada de encontrar en una excavaci&oacute;n. A
+las palabras del alf&eacute;rez contest&oacute; con ronco acento:</p>
+
+<p>&mdash;Pues vaya si le dir&eacute;, hombre. Si estoy reparando esta chica, y es de
+lo mejorcito que pasea por Marineda. Es decir, por ahora est&aacute; sin
+formar, &iquest;eh?&mdash;y el capit&aacute;n abr&iacute;a y cerraba las dos manos como dibujando
+en el aire unos contornos mujeriles&mdash;. Pero yo no necesito verlas cuando
+se completan, hombre; yo las huelo antes, amigo Baltasar. Soy perro
+viejo, &iquest;eh? Dentro de un par de a&ntilde;os...&mdash;y Borr&eacute;n hizo otro gesto
+expresivo cual si se relamiese.</p>
+
+<p>Miraba el alf&eacute;rez a la muchacha, y admir&aacute;base de las predicciones de
+Borr&eacute;n: es verdad que hab&iacute;a ojos grandes, pobladas pesta&ntilde;as, dientes
+como gotas de leche; pero la tez era cetrina, el pelo embrollado
+semejaba un felpudo, y el cuerpo y traje compet&iacute;an en desali&ntilde;o y poca
+gracia. Con todo, por seguir la broma, hizo el alf&eacute;rez que asent&iacute;a a la
+opini&oacute;n del capit&aacute;n, y pronunci&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Digo lo que el amigo Borr&eacute;n: esta pollita nos va a dar muchos
+disgustos.... Los oficiales se echaron a re&iacute;r, y Amparo a su vez se fij&oacute;
+en el que hablaba, sin comprender al pronto sus frases.</p>
+
+<p>&mdash;Cosas de Borr&eacute;n.... Ese Borr&eacute;n es c&eacute;lebre&mdash;exclamaron con algazara los
+militares, a quienes no parec&iacute;a ning&uacute;n prodigio la chiquilla.</p>
+
+<p>&mdash;Reparen ustedes, se&ntilde;ores&mdash;sigui&oacute; el alf&eacute;rez&mdash;; la chica es una perla;
+dentro de dos a&ntilde;os nos marear&aacute; a todos. &iquest;Qu&eacute; dices t&uacute; a eso, se&ntilde;orita de
+Rosendez? Por de pronto, a m&iacute; me ha desairado no aceptando mis
+barquillos.... Mira, te convido a lo que quieras, a dulces, a jerez...
+pero con una condici&oacute;n.</p>
+
+<p>Amparo enrollaba las puntas del pa&ntilde;uelo sin dejar de mirar de reojo a su
+interlocutor. No era lerda, y recelaba que se estuviesen burlando; sin
+embargo, le agradaba o&iacute;r aquella voz y mirar aquel uniforme refulgente.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Aceptas la condici&oacute;n? Lo dicho, te convido... pero tienes que darme
+algo t&uacute; tambi&eacute;n: me dar&aacute;s un beso.</p>
+
+<p>Soltaron la carcajada los oficiales, ni m&aacute;s ni menos que si el alf&eacute;rez
+hubiese proferido alguna notable agudeza; las ni&ntilde;as grandecitas se
+volvieron haciendo que no o&iacute;an, y Amparo, que ten&iacute;a sus pupilas oscuras
+clavadas en el rostro del mancebo, las baj&oacute; de pronto, quiso disparar
+una callejera fresca, sinti&oacute; que la voz se le atascaba en la laringe, se
+encendi&oacute; en rubor desde la frente hasta la barba, y ech&oacute; a correr como
+alma que lleva el diablo.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="IV" id="IV"></a><a href="#capitulos">-IV-</a></h2>
+
+<h3>Que los tenga muy felices</h3>
+
+
+<p>Se ha mudado la decoraci&oacute;n; ha pasado casi un a&ntilde;o; corre el mes de
+enero. No llueve; el cielo est&aacute; aborregado de nubes l&iacute;vidas que
+presagian tormenta, y el viento coste&ntilde;o, redondo, giratorio como los
+ciclones, arremolina el polvo, los fragmentos de papel, los residuos de
+toda especie que deja la vida diaria en las calles de una ciudad. Parece
+como si se hubiesen asociado vendaval y cierzo: aquel para aullar,
+soplar, mugir; este para herir los semblantes con fin&iacute;simos picotazos de
+aguja, colgar gotitas de fluxi&oacute;n en las fosas nasales, azulear las
+mejillas y enrojecer los p&aacute;rpados. En verdad que con semejante tiempo
+los Santos Reyes, que caballeros en sus dromedarios ven&iacute;an desde el
+misterioso pa&iacute;s de la luz, atravesando la Palestina, a saludar al Ni&ntilde;o,
+debieron notar que se les helaban las manos, llenas de incienso y mirra,
+y subir m&aacute;s que a paso la esclavina de aquellas dulletas de armi&ntilde;o y
+p&uacute;rpura con que los representan los pintores. A falta de esclavina, los
+marinedinos alzaban cuanto pod&iacute;an el cuello del gab&aacute;n o el embozo de la
+capa. Es que el viento era fr&iacute;o de veras, y sobre todo, inc&oacute;modo;
+costaba un triunfo pelear con &eacute;l. Entr&aacute;base por las bocacalles,
+impetuoso y arrollador, bufando y barriendo a las gentes, a manera de
+fuelle gigantesco. En el p&aacute;ramo de Solares, que separa el barrio de
+Arriba del de Abajo, pasaban lances c&oacute;micos: capas que se enrollaban en
+las piernas y no dejaban andar a sus due&ntilde;os; enaguas almidonadas que se
+volv&iacute;an hacia arriba con fieros estallidos; aguadores que no pod&iacute;an con
+la cuba, curiales a quienes una r&aacute;faga arrebataba y dispersaba el
+protocolo, se&ntilde;oritos que corr&iacute;an diez minutos tras de una chistera
+fugitiva, que, al fin, franqueando de un brinco el parapeto del muelle,
+desaparec&iacute;a entre las agitadas olas.... Hasta los edificios tomaban
+parte en la batalla: aullaban los canalones, las fallebas de las
+ventanas temblequeaban, retemblaban los cristales de las galer&iacute;as,
+coreando el d&uacute;o de bajos, profundo, amenazador y temeroso, entonado por
+los dos mares, el de la bah&iacute;a y el del Varadero. Tampoco estaban ellos
+para bromas.</p>
+
+<p>En cambio, celebr&aacute;base gran fiesta en una casa de ricos comerciantes del
+barrio de Abajo, la de <i>Sobrado Hermanos</i>. Era el santo de Baltasar,
+&uacute;nico v&aacute;stago masculino del tronco de los Sobrados, y cuando m&aacute;s
+diabluras hac&iacute;a fuera el viento, circulaban en el comedor los postres de
+una pesada comida de provincia, en que el gusto no hab&iacute;a enmendado la
+abundancia. Sucedi&eacute;ranse, plato tras plato, los cebados capones, manidos
+y con amarilla grasa; el pavo relleno; el jam&oacute;n en dulce con costra de
+az&uacute;car tostado; las natillas, con arabescos de canela, y la tarta, el
+indispensable ramillete de los d&iacute;as de d&iacute;as, con sus cimientos de
+almendra, sus torres de pi&ntilde;onate, sus crester&iacute;as de caramelo y su
+angelote de almid&oacute;n ejecutando una pirueta con las alas tendidas. Ya se
+aburr&iacute;an los grandes de estar en la mesa; no as&iacute; los ni&ntilde;os. Ni a tres
+tirones se levantar&iacute;an ellos, cabalmente en el feliz instante en que era
+l&iacute;cito tirarse confites, comer con los dedos, hacer, de puro ah&iacute;tos, mil
+porquer&iacute;as y comistrajos con su raci&oacute;n. Todo el mundo les dejaba
+alborotar; era el momento de la desbandada; se hab&iacute;an pronunciado
+brindis y contado an&eacute;cdotas con mayor o menor donaire; pero ya nadie
+ten&iacute;a &aacute;nimos para sostener la conversaci&oacute;n, y el Sobrado t&iacute;o, que era
+grueso y abotargado, se abanicaba con la servilleta. Levant&oacute; la sesi&oacute;n
+el ama de casa, do&ntilde;a Dolores, diciendo que el caf&eacute; estaba prevenido en
+la sala de recibir.</p>
+
+<p>En esta se hab&iacute;an prodigado las luces: dos buj&iacute;as a los lados del piano
+vertical; sobre la consola, en los candelabros de zinc, otras cuatro de
+estearina rosa, acanaladas; en el velador central, entre los <i>albums</i> y
+estere&oacute;scopos, un gran quinqu&eacute; con pantalla de papel picado. Iluminaci&oacute;n
+completa. &iexcl;Es que por Baltasar echaban gustosos los Sobrados la casa por
+la ventana, y m&aacute;s ahora que lo ve&iacute;an de uniforme, tan lindo y gal&aacute;n
+mozo! A la fiesta hab&iacute;an sido convidados todos los &iacute;ntimos: Borr&eacute;n, otro
+alf&eacute;rez llamado Palacios, la viuda de Garc&iacute;a y sus ni&ntilde;as, de las cuales
+la menor era Nisita, la rubia de los barquillos, y por &uacute;ltimo, la
+maestra de piano de las hermanas de Baltasar. La velada se organiz&oacute;,
+mejor dicho, se desorden&oacute; gratamente en la sala: cada cual tom&oacute; el caf&eacute;
+donde mejor le plugo: do&ntilde;a Dolores y su cu&ntilde;ado, que resoplaba como una
+foca, se apoderaron del sof&aacute; para entablar una conferencia sobre
+negocios. Sobrado el padre fumaba un puro del estanco, obsequio de
+Borr&eacute;n, y saboreaba su caf&eacute;, aprovechando hasta el del platillo. La ni&ntilde;a
+mayor de Garc&iacute;a, Josefina, se sent&oacute; al piano, despu&eacute;s de muy rogada, y
+tras mil repulgos dio principio a una fantas&iacute;a sobre motivos de Bellini;
+Baltasar se coloc&oacute; a su lado para volver las hojas, mientras sus
+hermanas gozaban con las gracias de Nisita, que ro&iacute;a un trozo de
+pi&ntilde;onate: manos, hocico y narices, todo lo ten&iacute;a empeguntado de alm&iacute;bar
+moreno.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Est&aacute;s bonita!&mdash;exclamaba Lola, la mayor de Sobrado&mdash;. &iexcl;Puerca,
+babada, te quedar&aacute;s sin dientes!</p>
+
+<p>&mdash;No me impies&mdash;chillaba el angelito&mdash;; no me impies... voy a chucharme
+ota ves.&mdash;Y sacaba de la faltriquera un adarve del castillo de la tarta.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Ha visto usted qu&eacute; d&iacute;a?&mdash;preguntaba Borr&eacute;n a la viuda de Garc&iacute;a, que
+bien quisiera dejar de serlo&mdash;. Una garita ha derribado el viento; por
+m&aacute;s se&ntilde;as que cay&oacute; sobre el centinela, &iquest;eh?, y a poco le mata. Y usted,
+&iquest;c&oacute;mo se vino desde su casa?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Jes&uacute;s... puede usted figurarse! Con mil apuros.... Yo no s&eacute; c&oacute;mo me
+arregl&eacute; para sujetar la ropa... y as&iacute; todo....</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qui&eacute;n estuviera all&iacute;! Ya conozco yo alguno....</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Jes&uacute;s... no s&eacute; para qu&eacute;!</p>
+
+<p>&mdash;Para admirar un pie tan lindo... y para darle el brazo, &iexcl;hombre!, a
+fin de que el viento no se la llevase.</p>
+
+<p>Juzg&oacute; la viuda que aqu&iacute; conven&iacute;a fingirse distra&iacute;da, y cogi&oacute; el
+estere&oacute;scopo, mirando por &eacute;l la fachada de las Tuller&iacute;as. Del piano
+salt&oacute; entonces un <i>allegro vivace</i>, con muchas octavas, y el tecleo
+cubri&oacute; las voces... s&oacute;lo se oyeron fragmentos del di&aacute;logo que sosten&iacute;an
+la agria voz de do&ntilde;a Dolores y la voz becerril de su cu&ntilde;ado.</p>
+
+<p>&mdash;La f&aacute;brica, bien... de capa ca&iacute;da... las hipotecas... al ocho....
+Liquidaron con el socio... la competencia....</p>
+
+<p>&mdash;Josefina&mdash;grit&oacute; la viuda a la pianista&mdash;&iquest;qu&eacute; haces, ni&ntilde;a? &iquest;No te
+encarg&oacute; do&ntilde;a Hermitas que pusieses el pedal en ese pasaje?</p>
+
+<p>&mdash;Y lo pone&mdash;intervino la maestra de piano&mdash;; pero deb&iacute;a ser desde el
+comp&aacute;s anterior.... A ver, quiere usted repetir desde ah&iacute;... sol-la-do,
+la-do....</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Lo hace hoy.... Jes&uacute;s, qu&eacute; mal! &iexcl;Por lo mismo que hay gente!&mdash;murmur&oacute;
+la madre&mdash;. Cuando est&aacute; sola, aunque embrolle....</p>
+
+<p>&mdash;Pues yo bien vuelvo las hojas; en m&iacute; no consiste&mdash;dijo risue&ntilde;o
+Baltasar&mdash;. Y debe usted esmerarse, pollita, que estoy de d&iacute;as, y
+Palacios la oye a usted boquiabierto y entusiasmado.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bueno!&mdash;grit&oacute; la mujercita de trece a&ntilde;os, suspendiendo de golpe su
+fantas&iacute;a&mdash;. Me est&aacute;n ustedes cortando... ea, ya no s&eacute; poner los dedos.
+Como no aprend&iacute; la pieza de memoria, y este papel no es el m&iacute;o.... Voy a
+tocar otra cosa.</p>
+
+<p>Y echando atr&aacute;s la cabeza y a Baltasar una mirada fugaz, arranc&oacute; del
+teclado los primeros compases de mimosa habanera. La melod&iacute;a comenzaba
+so&ntilde;olienta, perezosa, y&aacute;mbica; despu&eacute;s, de pronto, ten&iacute;a un impulso de
+pasi&oacute;n, un nervioso salto; luego tornaba a desmayarse, a caer en la
+languidez criolla de su ritmo desigual. Y volv&iacute;a mon&oacute;tona, repitiendo el
+tema, y la mujercita, que no sab&iacute;a interpretar la p&aacute;gina cl&aacute;sica del
+maestro italiano, traduc&iacute;a en cambio a maravilla la enervante molicie
+amorosa, los poemas incendiarios que en la habanera se encerraban.
+Josefina, al tocar, se cimbreaba levemente, cual si bailase, y Baltasar
+estudiaba con curiosidad aquellos tempranos coqueteos, inconscientes
+casi, todav&iacute;a candorosos, mientras tarareaba a media voz la letra:</p>
+
+<p class="noindent">
+<span style="margin-left: 5em;"><i>Cuando en la noche la blanca luna...</i></span><br />
+</p>
+
+
+<p>Dir&iacute;ase que fuera hab&iacute;a aplacado la ventolina, pues los goznes de las
+ventanas ya no gem&iacute;an, ni temblaban los vidrios. Mas de improviso se
+escuch&oacute; un derrumbamiento, un fragor como si el cielo se desfondase y
+sus cataratas se abriesen de golpe. Lluvia torrencial, que azot&oacute; las
+paredes, que inund&oacute; las tejas, que se precipit&oacute; por los canalones abajo,
+estrell&aacute;ndose en las losas de la calle. En la sala hubo un instante de
+sorpresa; Josefina interrumpi&oacute; su habanera; Baltasar se aproxim&oacute; a la
+ventana; la viuda solt&oacute; el estere&oacute;scopo, y a Nisita se le cay&oacute; de las
+manos el pi&ntilde;onate. Casi al mismo tiempo otro ruido, que sub&iacute;a del
+portal, vino a dominar el ya formidable del aguacero; una algarab&iacute;a, un
+<i>chascarr&aacute;s</i> desapacible, unas voces cantando destempladamente con
+acompa&ntilde;amiento de panderos y casta&ntilde;uelas. Saltaron alborotadas las
+chiquillas, con Nisita a la cabeza.</p>
+
+<p>&mdash;Ya est&aacute;n ah&iacute; esas holgazanas&mdash;dijo &aacute;speramente do&ntilde;a Dolores&mdash;. Anda,
+Lola&mdash;a&ntilde;adi&oacute; dirigi&eacute;ndose a su hija mayor&mdash;: dile a Juana que las eche
+del portal, que lo ensuciar&aacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Mam&aacute;... &iexcl;lloviendo tanto!&mdash;suplic&oacute; Lola&mdash;. &iexcl;Parece no s&eacute; qu&eacute; decirles
+que se vayan! &iexcl;Se pondr&aacute;n como sopas! &iquest;No oye usted que el cielo se
+hunde?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Es que eres tonta!&mdash;pronunci&oacute; con rabia la madre&mdash;. Si las dejas
+tocar ah&iacute;, despu&eacute;s no hay remedio sino darles algo a esas perdidas....</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; importa, mam&aacute;?&mdash;intervino Baltasar&mdash;. Hoy es mi santo.</p>
+
+<p>&mdash;Que suban, que suban a cantar los Reyes&mdash;grit&oacute; un&aacute;nime la concurrencia
+menor de tres lustros.</p>
+
+<p>&mdash;Te uban.... Batasal, te uban, te uban&mdash;berre&oacute; Nisita cruzando sus
+manos pringosas.</p>
+
+<p>&mdash;Que suban, hombre, veremos si son guapas&mdash;confirm&oacute; Borr&eacute;n.</p>
+
+<p>Lola de esta vez no necesit&oacute; que le reiterasen la orden. Ya estaba
+bajando las escaleras dos a dos.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="V" id="V"></a><a href="#capitulos">-V-</a></h2>
+
+<h3>Villancico de Reyes</h3>
+
+
+<p>No tardaron en resonar pisadas en el corredor; pisadas t&iacute;midas y
+brutales a la vez, de pies descalzos o calzados con zapatos rudos. Al
+mismo tiempo las panderetas repicaban d&eacute;bilmente y las casta&ntilde;uelas se
+entrechocaban bajito como los dientes del que tiene miedo.... Do&ntilde;a
+Dolores se incorpor&oacute; con el entrecejo desapaciblemente fruncido.</p>
+
+<p>&mdash;Esa Lola.... &iexcl;Pues no las trae aqu&iacute; mismo! &iquest;Por qu&eacute; no las habr&aacute;
+dejado en la antesala? &iexcl;Bonita me van a poner la alfombra! &iexcl;A ver si os
+limpi&aacute;is las suelas antes de entrar!</p>
+
+<p>Hizo irrupci&oacute;n en la sala la orquesta callejera; pero al ver las ni&ntilde;as
+pobres la claridad del alumbrado, se detuvieron azoradas sin osar
+adelantarse. Lola, cogiendo de la mano a la que parec&iacute;a capitanear el
+grupo, la trajo casi a la fuerza al centro de la estancia.</p>
+
+<p>&mdash;Entra, mujer... que pasen las otras.... A ver si nos cant&aacute;is los
+mejores villancicos que sep&aacute;is.</p>
+
+<p>Lo cierto es que la viva luz de las buj&iacute;as, tan propicia a la hermosura,
+patentizaba y descubr&iacute;a cruelmente las fealdades de aquella tropa,
+mostrando los cutis c&aacute;rdenos, fustigados por el cierzo; las ropas ajadas
+y humildes, de colores deste&ntilde;idos; la descalcez y flacura de pies y
+piernas, todo el m&iacute;sero pergenio de las cantoras. Entre estas las hab&iacute;a
+de muy diversas edades, desde la directora, una &aacute;gil morenilla de
+catorce, hasta un rapaz de dos a&ntilde;os y medio, todo muerto de verg&uuml;enza y
+temor, y un mam&oacute;n de cinco meses, que por supuesto ven&iacute;a en brazos.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Hombre!&mdash;exclam&oacute; Borr&eacute;n al ver a la morena.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pues si es la chiquilla del barquillero! Somos conocidos antiguos,
+&iquest;eh?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, se&ntilde;or...&mdash;contest&oacute; ella intr&eacute;pidamente&mdash;. La misma. Y yo le conoc&iacute;
+a usted tambi&eacute;n. Es usted el que estaba en <i>las Filas</i> el a&ntilde;o pasado un
+d&iacute;a de fiesta.</p>
+
+<p>Como para los pobres suele no haber estaciones, Amparo ten&iacute;a el mismo
+traje de tart&aacute;n, pero muy deteriorado, y una toquilla de estambre rojo
+era la &uacute;nica prenda que indicaba el tr&aacute;nsito de la primavera al
+invierno. A despecho de tan mezquino atav&iacute;o, no s&eacute; qu&eacute; flor de
+adolescencia empezaba a lucir en su persona; el moreno de su piel era
+m&aacute;s claro y fino, sus ojos negros resplandec&iacute;an.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; tal, eh?&mdash;murmur&oacute; Borr&eacute;n volvi&eacute;ndose hac&iacute;a Baltasar y Palacios&mdash;.
+Esto empieza a picar como las guindillas.... Miren ustedes para aqu&iacute;.</p>
+
+<p>Y tomado un candelero lo acerc&oacute; al rostro de la muchacha. Como Baltasar
+se hab&iacute;a aproximado, sus pupilas se encontraron con las de Amparo, y
+esta vio una fisonom&iacute;a delicada, casi femenil, de efebo; un bigotillo
+blondo incipiente, unos ojos entre verdosos y garzos que la registraban
+con indiferencia. Acordose, y sinti&oacute; que se le arrebataba la sangre a
+las mejillas.</p>
+
+<p>&mdash;El se&ntilde;orito del paseo&mdash;balbuci&oacute;&mdash;. Tambi&eacute;n me acuerdo de usted.</p>
+
+<p>&mdash;Y yo de ti, ni&ntilde;a bonita&mdash;respondi&oacute; &eacute;l, por decir algo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Quiere usted poner el candelero en su sitio, Borr&eacute;n?&mdash;interpel&oacute;
+Josefina con voz aguda&mdash;. Me ha manchado usted todo el traje.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Mire usted qu&eacute; graciosilla es esta, hombre!&mdash;advirti&oacute; Borr&eacute;n
+se&ntilde;alando a Carmela la encajera, que ten&iacute;a los ojos bajos&mdash;. Algo
+descolorida... pero graciosa.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Calle!&mdash;dijo la viuda de Garc&iacute;a...&mdash;. &iquest;T&uacute; por aqu&iacute;? Me llevar&aacute;s
+ma&ntilde;ana un pa&ntilde;uelo imitando Cluny....</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;La de las puntillas!&mdash;exclam&oacute; do&ntilde;a Dolores&mdash;. &iexcl;Buena pieza! Ahora las
+hac&eacute;is muy mal, t&uacute; y tu t&iacute;a.... Pon&eacute;is hilo muy gordo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Se ve tan poco... los d&iacute;as son tan cortos! Y tiene una las manos
+fr&iacute;as; en hacer una cuarta de puntilla se va una ma&ntilde;ana. Casi,
+descontando lo que nos cuesta el hilo, no sacamos para arrimar el
+puchero a la lumbre....</p>
+
+<p>Entre tanto Nisita se iba abriendo camino al trav&eacute;s de piernas y sillas,
+hasta acercarse a la ni&ntilde;a de ocho a&ntilde;os que llevaba en brazos al rorro.</p>
+
+<p>&mdash;Un tiquito... un tiquito&mdash;gritaba la rubilla mir&aacute;ndole compadecida y
+embelesada&mdash;. &Aacute;melo.</p>
+
+<p>&mdash;No podr&aacute;s con &eacute;l&mdash;respond&iacute;a desde&ntilde;osamente la ni&ntilde;era.</p>
+
+<p>&mdash;Le oy teta&mdash;arg&uuml;&iacute;a Nisita haciendo el adem&aacute;n correspondiente al
+ofrecimiento.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qui&eacute;n os ense&ntilde;&oacute; a cantar?&mdash;pregunt&oacute; a la encajera la viuda de Garc&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;Ense&ntilde;ar, nadie.... Nos reunimos nosotras. Tenemos un libro de versos.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y and&aacute;is por ah&iacute; divirti&eacute;ndoos?</p>
+
+<p>&mdash;Divertir, no nos divertimos... hace fr&iacute;o&mdash;contest&oacute; Carmela con su voz
+cansada y dulce&mdash;. Es por llevar unos cuantos reales a la casa.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Mam&aacute;, Osepina, Lol&oacute;!&mdash;vociferaba la rubilla&mdash;. Un tiquito, un nino
+Quet&uacute;s. M&iacute;a, m&iacute;a.</p>
+
+<p>Todos se volvieron y divisaron a la infeliz oruga humana, envuelta en un
+mant&oacute;n viej&iacute;simo, con una gorra de lana morada, que aumentaba el tono de
+cera de su menuda faz, arrugada y marchita como la de un anciano por
+culpa de la mala alimentaci&oacute;n y del desaseo. Sus ojuelos negros, muy
+abiertos, miraban en derredor con vago asombro, y de sus labios flu&iacute;a un
+hilo de baba. La viuda de Garc&iacute;a, que era bonachona, lanz&oacute; una
+exclamaci&oacute;n que corearon las ni&ntilde;as de Sobrado.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Jes&uacute;s... angelito de Dios... tan peque&ntilde;o, por esas calles y con este
+d&iacute;a! &iquest;Pero qu&eacute; hace su madre?</p>
+
+<p>&mdash;Mi madre tiene tienda en la calle del Castillo.... Somos siete con
+este, y yo soy la mayor...&mdash;aleg&oacute; a guisa de disculpa la que llevaba la
+criatura.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Jes&uacute;s!... &iquest;Pero c&oacute;mo hac&eacute;is para que no llore? &iquest;Y si tiene hambre?</p>
+
+<p>&mdash;Le meto la punta del pa&ntilde;uelo en la boca para que chupe.... Es muy
+listito, ya se entretiene mucho.</p>
+
+<p>Ri&eacute;ronse las ni&ntilde;as, y Lola tom&oacute; al nene en brazos.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; ligero!&mdash;pronunci&oacute;&mdash;. &iexcl;Si pesa m&aacute;s la mu&ntilde;eca grande de Nisita!</p>
+
+<p>Pas&oacute; de mano en mano el leve fardo, hasta llegar a Josefina, que lo
+devolvi&oacute; a la portadora muy deprisa, declarando que ol&iacute;a mal.</p>
+
+<p>&mdash;No ven el agua ni una vez en el a&ntilde;o&mdash;dec&iacute;a confidencialmente a su
+cu&ntilde;ado do&ntilde;a Dolores&mdash;y salen m&aacute;s fuertes que los nuestros. Yo,
+mat&aacute;ndome, y sin poder conseguir que esa Lola se robustezca. Amparo
+observaba la sala, el piano de reluciente barniz, el menguado espejo,
+las conchas de Filipinas y aves disecadas que adornaban la consola, el
+juego de caf&eacute; con filete dorado, los trajes de las de Garc&iacute;a, el grupo
+imponente del sof&aacute;, y todo le parec&iacute;a bello, ostentoso y distinguido, y
+sent&iacute;ase como en su elemento, sin pizca ya de cortedad ni extra&ntilde;eza.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y t&uacute;, qu&eacute; haces, se&ntilde;orita de Rosendez?&mdash;interrog&oacute; Baltasar&mdash;. &iquest;Andar
+de calle en calle canturreando? Bonito oficio, chica; me parece a m&iacute; que
+t&uacute;....</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y qu&eacute; quiere que haga?&mdash;replic&oacute; ella.</p>
+
+<p>&mdash;Encajes, como tu amiguita.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay!, no me aprendieron.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pues qu&eacute; te <i>aprendieron</i>, hija? &iquest;Coser?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bah! Tampoco. As&iacute;, unas puntaditas....</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pues qu&eacute; sabes t&uacute;? &iquest;Robar los corazones?</p>
+
+<p>&mdash;S&eacute; leer muy bien y escribir regular. Fui a la escuela, y dec&iacute;a el
+maestro que no hab&iacute;a otra como yo. Le leo todos los d&iacute;as <i>La Soberan&iacute;a
+Nacional</i> al barbero de enfrente.</p>
+
+<p>&mdash;Pusiste una pica en Flandes. &iquest;No sabes m&aacute;s?</p>
+
+<p>&mdash;Liar puros.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Hola! &iquest;Eres cigarrera?</p>
+
+<p>&mdash;Fue mi madre.</p>
+
+<p>&mdash;Y t&uacute;, &iquest;por qu&eacute; no?</p>
+
+<p>&mdash;No tengo quien me meta en la F&aacute;brica.... Hacen falta empe&ntilde;os.</p>
+
+<p>&mdash;Pues mira este se&ntilde;or puede recomendarte casualmente.... Oiga usted.
+Borr&eacute;n, &iquest;no es usted primo del contador de la F&aacute;brica? Diga usted.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Hombre! es cierto. Del contador no, pero de su se&ntilde;ora.... Es
+murciana, somos hijos de primos hermanos.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Magn&iacute;fico! Dile tu nombre y tus se&ntilde;as, chica.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, hija... se har&aacute; lo posible, &iquest;eh? Por servir a una morena tan
+sandunguera.... Vas a valer m&aacute;s pesetas con el tiempo.... Hombre, &iquest;no
+repara usted Baltasar, lo que gan&oacute; desde el a&ntilde;o pasado?</p>
+
+<p>&mdash;Mucho m&aacute;s guapa est&aacute;&mdash;declar&oacute; Baltasar.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero estas chiquillas no cantan?&mdash;interrumpi&oacute; con dureza Josefina
+Garc&iacute;a&mdash;. &iquest;Han venido aqu&iacute; a hacernos tertulia? Para eso, que se
+larguen. No se ganan los cuartos charlando.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;A cantar!&mdash;contestaron resignadamente todas; y al punto redoblaron
+las casta&ntilde;uelas, repiquetearon los panderos, rechinaron las conchas,
+exhal&oacute; su estridente nota el tri&aacute;ngulo de hierro, y diez voces mal
+concertadas entonaron un villancico:</p>
+
+<p class="noindent">
+<span style="margin-left: 5em;"><i>Los pastores en Bel&eacute;n</i></span><br />
+<span style="margin-left: 5em;"><i>Todos a juntar en le&ntilde;a</i></span><br />
+<span style="margin-left: 5em;"><i>Para calentar al Ni&ntilde;o</i></span><br />
+<span style="margin-left: 5em;"><i>Que naci&oacute; en la Noche-Buena...</i></span><br />
+</p>
+
+<p>Y al llegar al estribillo:</p>
+
+<p class="noindent">
+<span style="margin-left: 5em;"><i>Toquen, toquen rabeles y gaitas,</i></span><br />
+<span style="margin-left: 5em;"><i>Panderetas, tambores y flautas...</i></span><br />
+</p>
+
+<p>se arm&oacute; un estr&eacute;pito de dos mil diablos: chillaban y tocaban a la vez,
+con ambas manos, y aun hiriendo con los pies el suelo. Hasta el rorro,
+asustado por la bulla o desentumecido por el calor y vuelto a la
+conciencia de su hambre, se resolvi&oacute; a tomar parte en el concierto. Las
+ni&ntilde;as de Sobrado y Garc&iacute;a, locas de regocijo, se asieron de las manos, y
+empezaron a bailar en rueda, con las trenzas flotantes y volanderas las
+enaguas. Nisita, igualitaria como nadie, cogi&oacute; el parvulillo de dos a&ntilde;os
+y lo meti&oacute; en el corro, donde la pobre criatura hubo de danzar mal de su
+grado, soltando a cada paso sus holgadas babuchas. Borr&eacute;n, por hacer
+algo, jale&oacute; a las bailadoras. Aprovechando un momento de confusi&oacute;n, Lola
+se escurri&oacute; y volvi&oacute; trayendo en la falda del vestido una mescolanza de
+naranjas, trozos de pi&ntilde;onate, almendras, bizcochos, pasas, galletas,
+relieves de la mesa amontonados a escape, que comenz&oacute; a distribuir con
+largueza y garbo. Do&ntilde;a Dolores salt&oacute; hecha una furia.</p>
+
+<p>&mdash;Esta chiquilla est&aacute; loca..., me desperdicia todo... cosas finas... &iexcl;y
+para qui&eacute;n, vean ustedes!... &iexcl;Con una taza de caldo que les diesen!...
+&iexcl;Y el vestido... el vestido azul estropeado!</p>
+
+<p>Diciendo lo cual, se aproxim&oacute; disimuladamente a Lola y le apret&oacute; con ira
+el brazo. Baltasar intercedi&oacute; una vez m&aacute;s: era su santo, un d&iacute;a en el
+a&ntilde;o. Sobrado padre tartamude&oacute; tambi&eacute;n disculpas de su hija, a quien
+quer&iacute;a entra&ntilde;ablemente; y Borr&eacute;n, siempre obsequioso, acab&oacute; de repartir
+las golosinas. Carmela la encajera y Amparo rehusaron con dignidad su
+parte; pero la chiquiller&iacute;a despach&oacute; su raci&oacute;n atragant&aacute;ndose, en las
+mismas barbas de do&ntilde;a Dolores, que consum&oacute; la venganza dando por
+terminados los villancicos y poniendo en la escalera a m&uacute;sicos y
+danzantes.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="VI" id="VI"></a><a href="#capitulos">-VI-</a></h2>
+
+<h3>Cigarros puros</h3>
+
+
+<p>Hizo Borr&eacute;n, la recomendaci&oacute;n a su prima, que se la hizo al contador,
+que se la hizo al jefe, y Amparo fue admitida en la F&aacute;brica de cigarros.
+El d&iacute;a en que recogi&oacute; el nombramiento hubo en casa del barquillero la
+fiesta acostumbrada en casos semejantes, fiesta no inferior a la que
+celebrar&iacute;an si se casase la muchacha. Hizo la madre decir una misa a
+Nuestra Se&ntilde;ora del Amparo, patrona de las cigarreras; y por la tarde
+fueron convidados a un asi&aacute;tico fest&iacute;n el barbero de enfrente, Carmela,
+su t&iacute;a, y la se&ntilde;ora Porreta la comadrona: hubo empanada de sardina,
+bacalao, vino de Castilla, an&iacute;s y ca&ntilde;a a discreci&oacute;n, rosoli, una enorme
+fuente de papas de arroz con leche.</p>
+
+<p>Privado de la ayuda de Amparo, el barquillero hab&iacute;a tomado un aprendiz,
+hijo de una lavandera de las cercan&iacute;as. Jacinto, o <i>Chinto</i>, ten&iacute;a
+facciones abultadas e irregulares, piel de un moreno terroso, ojos
+peque&ntilde;os y a flor de cara: en resumen, la fealdad tosca de un villano
+feudal. Sirvi&oacute; a la mesa, escanci&oacute;, y fue la diversi&oacute;n de los
+comensales, por sus largas melenas, semejantes a un ruedo, que le com&iacute;an
+la frente; por su faja de lana, que le embastec&iacute;a la ya no muy quebrada
+cintura; por su andar torpe y desma&ntilde;ado, an&aacute;logo al de un moscard&oacute;n
+cuando tiene las patas untadas de alm&iacute;bar; por su puro dialecto de las
+R&iacute;as Saladas, que provocaba la hilaridad de aquella urbana reuni&oacute;n. El
+barbero, que era <i>le&iacute;do, escribido</i> y muy redicho; la encajera, que la
+daba de fina, y la comadrona, que gastaba unos chistes del tama&ntilde;o de su
+panza, compitieron en donaire burl&aacute;ndose de la rusticidad del mozo.
+Amparo ni lo mir&oacute;, tan rid&iacute;culo le hab&iacute;a parecido la v&iacute;spera cuando
+entr&oacute; llorando, tray&eacute;ndolo medio arrastro su madre: Carmela fue la &uacute;nica
+que le habl&oacute; humanamente, y le dijo el nombre de dos o tres cosas, que
+&eacute;l preguntaba sin lograr m&aacute;s respuesta que bromas y embustes. As&iacute; que
+todos manducaron a su sabor, echaron las sobras revueltas en un plato,
+como para un perro, y se las dieron al paisanillo, que se acost&oacute; ah&iacute;to,
+roncando formidablemente hasta el otro d&iacute;a.</p>
+
+<p>Amparo madrug&oacute; para asistir a la F&aacute;brica. Caminaba a buen paso, ligera y
+contenta como el que va a tomar posesi&oacute;n del solar paterno. Al subir la
+cuesta de San Hilario, sus ojos se fijaban en el mar, sereno y franjeado
+de tintas de &oacute;palo, mientras pensaba en que iba a ganar bastante desde
+el primer d&iacute;a, en que casi no tendr&iacute;a aprendizaje, porque al fin los
+puros la conoc&iacute;an, su madre le hab&iacute;a ense&ntilde;ado a envolverlos, pose&iacute;a los
+heredados chismes del oficio, y no le arredraba la tarea. Discurriendo
+as&iacute;, cruz&oacute; la calzada y se hall&oacute; en el patio de la F&aacute;brica, la vieja
+<i>Granera</i>. Embarg&oacute; a la muchacha un sentimiento de respeto. La magnitud
+del edificio compensaba su vetustez y lo poco airoso de su traza; y para
+Amparo, acostumbrada a venerar la F&aacute;brica desde sus tiernos a&ntilde;os,
+pose&iacute;an aquellas murallas una aureola de majestad, y habitaba en su
+recinto un poder misterioso, el Estado, con el cual sin duda era ocioso
+luchar, un poder que exig&iacute;a obediencia ciega, que a todas partes
+alcanzaba y dominaba a todos. El adolescente que por vez primera huella
+las aulas experimenta algo parecido a lo que sent&iacute;a Amparo.</p>
+
+<p>Pudo tanto en ella este temor religioso, que apenas vio qui&eacute;n la
+recib&iacute;a, ni qui&eacute;n la llevaba a su puesto en el taller. Casi temblaba al
+sentarse en la silla que le adjudicaron. En derredor suyo, las operarias
+alzaban la cabeza, ojos curiosos y ben&eacute;volos se fijaban en la novicia.
+La maestra del partido estaba ya a su lado, entreg&aacute;ndole con solicitud
+el tabaco, acomodando los chismes, explic&aacute;ndole detenidamente c&oacute;mo hab&iacute;a
+de arreglarse para empezar. Y Amparo, en un arranque de orgullo, atajaba
+a las explicaciones con un &laquo;ya s&eacute; c&oacute;mo&raquo; que la hizo blanco de miradas.
+Sonriose la maestra y le dej&oacute; liar un puro, lo cual ejecut&oacute; con bastante
+soltura; pero al presentarlo acabado, la maestra lo tom&oacute; y oprimi&oacute; entre
+el pulgar y el &iacute;ndice, desfigur&aacute;ndose el cigarro al punto.</p>
+
+<p>&mdash;Lo que es saber, como lo material de saber, sabr&aacute;s...&mdash;dijo alzando
+las cejas&mdash;. Pero si no despabilas m&aacute;s los dedos... y si no le das m&aacute;s
+hechurita.... Que as&iacute;, parece un espanta-p&aacute;jaros.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno&mdash;murmur&oacute; la novicia confusa&mdash;: nadie nace aprendido.</p>
+
+<p>&mdash;Con la pr&aacute;ctica...&mdash;declar&oacute; la maestra sentenciosamente, mientras se
+preparaba a unir el ejemplo a la ense&ntilde;anza&mdash;. Mira, as&iacute;... a modito....</p>
+
+<p>No val&iacute;a apresurarse. Primero era preciso extender con sumo cuidado,
+encima de la tabla de liar, la envoltura exterior, la epidermis del
+cigarro, y cortarla con el cuchillo trazando una curva de quince
+mil&iacute;metros de inclinaci&oacute;n sobre el centro de la hoja para que ci&ntilde;ese
+exactamente el cigarro; y esta capa requer&iacute;a una hoja seca, ancha y
+fina, de lo m&aacute;s selecto: as&iacute; como la dermis del cigarro, el <i>capillo</i>,
+ya la admit&iacute;a de inferior calidad, lo propio que la tripa o ca&ntilde;izo. Pero
+lo m&aacute;s esencial y dif&iacute;cil era rematar el puro, hacerle la punta con un
+h&aacute;bil giro de la yema del pulgar y una esp&aacute;tula mojada en l&iacute;quida goma,
+cercen&aacute;ndole despu&eacute;s el rabo de un tijeretazo veloz. La punta aguda, el
+cuerpo algo oblongo, la capa liada en elegante espiral, la tripa no tan
+apretada que no deje respirar el humo ni tan floja que el cigarro se
+arrugue al secarse, tales son las condiciones de una buena tagarnina.
+Amparo se obstin&oacute; todo el d&iacute;a en fabricarla, tardando much&iacute;simo en
+elaborar algunas, cada vez m&aacute;s contrahechas, y estropeando malamente la
+hoja. Sus vecinas de mesa le daban consejos oficiosos: hab&iacute;a discordia
+de pareceres: las viejas le encomendaban que cortase la capa m&aacute;s ancha,
+porque sale el cigarro mejor formado y porque &laquo;as&iacute; lo hab&iacute;an hecho ellas
+toda la vida&raquo;; y las j&oacute;venes, que m&aacute;s estrecha, que se enrolla m&aacute;s
+pronto. Al salir de la F&aacute;brica, le dol&iacute;a a Amparo la nuca, el espinazo,
+el pulpejo de los dedos.</p>
+
+<p>Poco a poco fue habitu&aacute;ndose y adquiriendo destreza. Lo peor era que la
+aflig&iacute;a la nostalgia de la calle, no acertando a hacerse a la prolija
+jornada de trabajo sedentario. Para Amparo la calle era la patria, el
+para&iacute;so terrenal. La calle le brindaba mil distracciones, de balde
+todas. Nadie le vedaba creer que eran suyos los lujosos escaparates de
+las tiendas, los tentadores de las confiter&iacute;as, las redomas de color de
+las boticas, los pintorescos tinglados de la plaza; que para ella
+tocaban las murgas, los organillos, la m&uacute;sica militar en los paseos,
+misas y serenatas; que por ella se revistaba la tropa y sal&iacute;a precedido
+de sus maceros con blancas pelucas el Excelent&iacute;simo Ayuntamiento. &iquest;Qui&eacute;n
+mejor que ella gozaba del aparato de las procesiones, del suelo sembrado
+de espada&ntilde;a, del palio majestuoso, de los santos que se tambalean en las
+andas, de la Custodia cubierta de flores, de la hermosa Virgen con manto
+azul sembrado de lentejuelas? &iquest;Qui&eacute;n lograba ver m&aacute;s de cerca al capit&aacute;n
+general portador del estandarte, a los se&ntilde;ores que alumbraban, a los
+oficiales que marcaban el paso en cadencia? Pues, &iquest;y en Carnaval? Las
+mascaradas caprichosas, los confites arrojados de la calle a los
+balcones, y viceversa, el entierro de la sardina, los cucuruchos de
+dulce de la pi&ntilde;ata, todo lo disfrutaba la hija de la calle. Si un
+personaje ilustre pasaba por Marineda, a Amparo pertenec&iacute;a durante el
+tiempo de su residencia: a fuerza de empellones la chiquilla se colocaba
+al lado del infante, del ministro, del hombre c&eacute;lebre; se arrimaba al
+estribo de su coche, respiraba su aliento, inventariaba sus dichos y
+hechos.</p>
+
+<p>&iexcl;La calle! &iexcl;Espect&aacute;culo siempre variado y nuevo, siempre concurrido,
+siempre abierto y franco! No hab&iacute;a cosa m&aacute;s adecuada al temperamento de
+Amparo, tan amiga del ruido, de la concurrencia, tan bullanguera,
+meridional y extremosa, tan amante de lo que relumbraba. Adem&aacute;s, como
+sus pulmones estaban educados en la gimnasia del aire libre, se deja
+entender la opresi&oacute;n que experimentar&iacute;an en los primeros tiempos de
+cautiverio en los talleres, donde la atm&oacute;sfera estaba saturada del olor
+ingrato y herb&aacute;ceo del Virginia humedecido y de la hoja medio verde,
+mezclado con las emanaciones de tanto cuerpo humano y con el f&eacute;tido vaho
+de las letrinas pr&oacute;ximas. Por otra parte, el aspecto de aquellas grandes
+salas de cigarros comunes era para entristecer el &aacute;nimo. Vastas
+estanter&iacute;as de madera ennegrecida por el uso, colocadas en el centro de
+la estancia, parec&iacute;an hileras de nichos. Entre las operarias, alineadas
+a un lado y a otro, hab&iacute;a sin duda algunos rostros j&oacute;venes y lindos;
+pero as&iacute; como en una menestra se destaca la legumbre que m&aacute;s abunda, en
+tan enorme ensalada femenina no se distingu&iacute;an al pronto sino gre&ntilde;as
+incultas, rostros arados por la vejez o curtidos por el trabajo, manos
+nudosas como ramas de &aacute;rbol seco.</p>
+
+<p>El colorido de los semblantes, el de las ropas y el de la decoraci&oacute;n se
+armonizaba y fund&iacute;a en un tono general de madera y tierra, tono a la vez
+crudo y apagado, combinaci&oacute;n del casta&ntilde;o mate de la hoja, del amarillo
+sucio de la vena, del dudoso matiz de los serones de esparto, de la
+problem&aacute;tica blancura de las enyesadas paredes, y de los tintes sordos,
+mortecinos al par que discordantes, de los pa&ntilde;uelos de coton&iacute;a, las
+sayas de percal, los casacos de pa&ntilde;o, los mantones de lana y los
+paraguas de algod&oacute;n. Amparo se perec&iacute;a por los colores vivos y fuertes,
+hasta el extremo de pasarse a veces una hora delante de alg&uacute;n escaparate
+contemplando una pieza de seda roja: as&iacute; es que los primeros d&iacute;as, el
+taller con su colorido bajo le infund&iacute;a ganas de morirse. Pero no tard&oacute;
+en encari&ntilde;arse con la F&aacute;brica, en sentir ese orgullo y apego
+inexplicables que infunde la colectividad y la asociaci&oacute;n, la
+fraternidad del trabajo. Fue conociendo los semblantes que la rodeaban,
+tom&aacute;ndose inter&eacute;s por algunas operarias, se&ntilde;aladamente por una madre y
+una hija que se sentaban a su lado. Medio ciega ya y muy temblona de
+manos, la madre no pod&iacute;a hacer m&aacute;s que <i>ni&ntilde;os</i>, o sea la envoltura del
+cigarro; la hija se encargaba de las puntas y del corte, y entre las dos
+mujeres despachaban bastante, siendo muy de notar la solicitud de la
+hija y el afecto que se manifestaban las dos, sin hablarse, en mil
+pormenores, en el modo de pasarse la goma, de ense&ntilde;arse el mazo
+terminado y sujeto ya con su faja de papel, de partir la moza la comida
+con su navaja, y de acercarla a los labios de la vieja.</p>
+
+<p>Otra causa para que Amparo se reconciliase del todo con la F&aacute;brica, fue
+el hallarse en cierto modo emancipada y fuera de la patria potestad
+desde su ingreso. Es verdad que daba a sus padres algo de las ganancias,
+pero reserv&aacute;ndose buena parte; y como la labor era a destajo, en las
+yemas de los dedos ten&iacute;a el medio de acrecentar sus rentas, sin que
+nadie pudiese averiguar si cobraba ocho o cobraba diez. Desde el d&iacute;a de
+su entrada vest&iacute;a el traje cl&aacute;sico de las cigarreras: el mant&oacute;n, el
+pa&ntilde;uelo de seda para solemnidades, la falda de percal planchada y con
+cola.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="VII" id="VII"></a><a href="#capitulos">-VII-</a></h2>
+
+<h3>Preludios</h3>
+
+
+<p>Tard&oacute; Chinto en aclimatarse: mucho tiempo pas&oacute; echando de menos la
+aldea. Dos cosas ayudaron a distraer su morri&ntilde;a: un amolador, que se
+situaba bajo los soportales de la calle de Embarcaderos, y el mar.
+Cuantos momentos ten&iacute;a libres el paisanillo, dedic&aacute;balos a la
+contemplaci&oacute;n de alguno de sus dos amores. No se cansaba jam&aacute;s de ver
+los altibajos de la pierna del amolador, el girar sin fin de la rueda,
+el r&aacute;pido saltar de las chispas y arenitas al contacto del metal, ni de
+o&iacute;r el <i>&iexcl;rsss!</i> del hierro cuando el asper&oacute;n lo mord&iacute;a. Tampoco se
+hartaba de mirar al mar, encontr&aacute;ndolo siempre distinto: unas veces
+ataviado con traje azul claro, otras, al amanecer, semejante a esta&ntilde;o en
+fusi&oacute;n; por la tarde, al ocaso, parecido a oro l&iacute;quido, y de noche,
+envuelto en t&uacute;nica verde oscura listada de plata. &iexcl;Y cuando entraban y
+sal&iacute;an las embarcaciones! Ya era un gallardo bergant&iacute;n, alzando sus dos
+palos y su cuadrado velamen; ya una graciosa goleta, con su cangreja
+desplegada, rozando las olas como una gaviota; ya un paquete, con sus
+alas de espuma en los talones y su corona de humo en la frente; ya un
+fino la&uacute;d; ya un elegante esquife; sin nombrar las lanchas pescadoras,
+los pesados lanchones, los galeones panzudos, los botes que volaban al
+golpe acompasado de los remos.... Si Chinto no fuese un animal, podr&iacute;a
+alegar en su abono que el Oc&eacute;ano y el voltear de una rueda son im&aacute;genes
+apropiadas de lo infinito; pero Chinto no entend&iacute;a de metaf&iacute;sicas.</p>
+
+<p>M&aacute;s adelante, al reparar en Amparo, se hall&oacute; mejor en el pueblo. Si algo
+se burlaba de &eacute;l la despabilada chiquilla, al fin era una muchacha, un
+rostro juvenil, una voz fresca y sonora. Entre el se&ntilde;or Rosendo y su
+triste laconismo; la tullida y su tiran&iacute;a dom&eacute;stica; Pepa la comadrona,
+que lo asustaba de puro gorda, y lo crucificaba a chistes, o Amparo,
+desde luego se declararon por esta sus simpat&iacute;as. Todas las tardes, con
+el cilindro de hojalata terciado al hombro, iba a buscarla a la salida
+de la F&aacute;brica. Esperaba rodeado de madres que aguardaban a sus hijas, de
+ni&ntilde;os que llevaban la comida a sus madres, de gente pobre, que rara vez
+hac&iacute;a gasto de barquillos, como no fuese por la exorbitante cantidad de
+un octavo o un cuarto. No obstante, Chinto no faltaba un solo d&iacute;a a su
+puesto.</p>
+
+<p>Algo variado en su exterior estaba el aprendiz. Patizambo como siempre,
+era en sus movimientos menos brutal. La vida ciudadana le hab&iacute;a ense&ntilde;ado
+que un cuerpo humano no puede tomarse todo el espacio por suyo, antes
+necesita ce&ntilde;irse a que otros cuerpos transiten por los mismos lugares
+que &eacute;l. Chinto dejaba, pues, m&aacute;s hueco, se recog&iacute;a, no se balanceaba
+tanto. La blusa de cut&iacute; azul dibujaba sus recias espaldas, descubriendo
+cuello y manos morenas; ancho sombrer&oacute;n de detestable fieltro gris
+honraba su cabeza, monda y lironda ya por obra y gracia del barbero.</p>
+
+<p>Una hermosa tarde estival aguardaba a Amparo muy ufano, porque en los
+bolsillos de la blusa le tra&iacute;a melocotones, adquiridos en la plaza con
+sus ahorros. Como un cuarto de hora llevaban de ir saliendo las
+operarias ya, y la hija del barquillero sin aparecer. Gran animaci&oacute;n a
+la puerta, donde se estableciera un mercadillo; no faltaba el puesto de
+cintas, dedales, hilos, alfileres y agujas; pero lo dominante era el
+marisco, cestas llenas de mejillones cocidos ya, esmaltados de negro y
+naranja; de erizos verdosos y cubiertos de p&uacute;as, de percebes arracimados
+y correosos, de argentadas sardinas, y de mil menudos frutos de mar,
+bocinas, lapas, almejas, calamares que dejaban pender sus esparcidos
+tent&aacute;culos como patas de ara&ntilde;as muertas. Semejante cuadro, cuyo fondo
+era un trozo de mar sereno, un muelle de piedras desiguales, una ribera
+pe&ntilde;ascosa, ten&iacute;a mucho de paisaje napolitano, completando la analog&iacute;a
+los trajes y actitudes de los pescadores que no muy lejos tend&iacute;an al sol
+redes para secarlas. De pie, en el umbral del patio, un ciego se
+manten&iacute;a inm&oacute;vil, muerta la cara, mal afeitadas las barbas que le
+azuleaban las mejillas, lacio y en trova el grasiento pelo, tendiendo un
+sombrero abollado, donde llov&iacute;an cuartos y mendrugos en abundancia.</p>
+
+<p>Miraba Chinto a la bah&iacute;a con la boca abierta, y cuando al fin sali&oacute;
+Amparo, no pudo verla: ella en cambio le divis&oacute; desde lejos, y veloz
+como una saeta, vari&oacute; de rumbo, tomando por la insigne calle del Sol,
+que componen media docena de casas gibosas y dos tapias coronadas de
+hierba y alel&iacute;es silvestres. Corri&oacute; hasta alcanzar el camino del
+Crucero, y dej&aacute;ndolo a un lado, atraves&oacute; a la carretera y a la cuesta de
+San Hilario, donde refren&oacute; el paso crey&eacute;ndose en salvo ya. &iexcl;Tambi&eacute;n era
+man&iacute;a la del zopenco aquel, de no dejarla a sol ni a sombra, y darle
+escolta todas las tardes! &iexcl;Y como su compa&ntilde;&iacute;a era tan divertida, y como
+&eacute;l hablaba tan graciosamente, que no parece sino que ten&iacute;a la boca llena
+de engrudo, seg&uacute;n se le pegaban las palabras a la lengua! As&iacute; discurr&iacute;a
+Amparo, mientras bajaba hacia la Puerta del Castillo, defendida todav&iacute;a,
+como <i>in illo tempore</i>, por su puente levadizo y sus cadenas
+rechinantes.</p>
+
+<p>Al propio tiempo sub&iacute;an unas se&ntilde;oras, con las cuales se cruz&oacute; la
+cigarrera. Iban casi en orden hier&aacute;tico; delante las ni&ntilde;as de corto,
+entre quienes descollaba Nisita, ya espigada, provista de una gran
+pelota; luego el grupo de las casaderas, Josefina Garc&iacute;a, Lola Sobrado,
+luciendo sus mantillas y sus colas recientes; los flancos de este
+pelot&oacute;n los reforzaban Baltasar y Borr&eacute;n, y como Baltasar no se hab&iacute;a de
+poner al ladito de su hermana, toc&aacute;bale ir cerca de Josefina. Cerraban
+la marcha la viuda de Garc&iacute;a y do&ntilde;a Dolores, &eacute;sta carilarga y
+erisipelatosa de cutis, la viuda sin tocas ni lutos, antes muy
+empavesada de colores alegres.</p>
+
+<p>Los destellos del sol poniente, muriendo en las aguas de la bah&iacute;a,
+alumbraron a un tiempo a Baltasar y a Amparo, haciendo que mutuamente se
+viesen y se mirasen. El mancebo, con su bigote blondo, su pelo rubio, su
+tez delicada y sangu&iacute;nea, el brillo de sus galones que deten&iacute;an los
+&uacute;ltimos fulgores del astro, parec&iacute;a de oro; y la muchacha, morena, de
+rojos labios, con su pa&ntilde;uelo de seda carmes&iacute;, y las olas encendidas que
+serv&iacute;an de marco a su figura, semejaba hecha de fuego. Ambos se miraron
+en un instante, instante muy largo, durante el cual se creyeron
+envueltos en la irradiaci&oacute;n de una atm&oacute;sfera de luz, calor y vida. Al
+dejar de contemplarse, fuese que el esplendor del ocaso es breve y se
+extingue luego, fuese por otras causas &iacute;ntimas y psicol&oacute;gicas,
+imaginaron que sent&iacute;an un h&aacute;lito fr&iacute;o y que empezaba a anochecer. Oyose
+la palabra ronca de Borr&eacute;n el inaguantable.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;La has visto?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;A qui&eacute;n?&mdash;balbuci&oacute; el teniente Baltasar, que fing&iacute;a considerar con
+suma atenci&oacute;n la punta de sus botas, por no encontrarse con la ojeada
+investigadora de Josefina.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;A la chiquilla del barquillero... a la cigarrera?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Cu&aacute;l? &iquest;Era esa que pasaba?&mdash;contest&oacute; al fin aceptando la situaci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, hombre, &eacute;sa.... &iquest;Qu&eacute; tal? &iquest;Tengo buen ojo?</p>
+
+<p>&mdash;Yo tambi&eacute;n la conoc&iacute;&mdash;pronunci&oacute; Josefina, cuya voz de tiple ascend&iacute;a
+al tono sobreagudo.</p>
+
+<p>&mdash;A m&iacute; no me ha saludado...&mdash;a&ntilde;adi&oacute; Borr&eacute;n&mdash;. No me conoci&oacute; tal vez... y
+eso que yo la met&iacute; en la Granera... yo la recomend&eacute;. &iexcl;Bien dije siempre
+que hab&iacute;a de ser una chica preciosa! Lo que es de otra cosa no
+entender&eacute;, hombre; pero de ese g&eacute;nero.... &iquest;Qu&eacute; les pareci&oacute; a ustedes?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;A m&iacute;?&mdash;murmur&oacute; Josefina entre dientes y con agresivo silbido de
+vocales&mdash;. No me pregunte usted, Borr&eacute;n.... Esas mujeres ordinarias me
+parecen todas iguales, cortadas por el mismo patr&oacute;n. Morena... muy
+basta.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ave Mar&iacute;a, Josefina!&mdash;dijo escandalizada Lola Sobrado&mdash;. No tuviste
+tiempo de verla: es hermosa y re&uacute;ne mucha gracia. F&iacute;jate otra vez en
+ella... si vuelve a pasar, te dar&eacute; al codo.</p>
+
+<p>&mdash;No te molestes... no merece la pena; es el tipo de una cocinera como
+todas las de su especie.</p>
+
+<p>Baltasar hallaba inc&oacute;moda la conversaci&oacute;n y buscaba un pretexto para
+cambiarla. Atravesaban por delante de un campo cubierto de hierba
+marchita, especie de landa est&eacute;ril cercada por lienzos de muralla de las
+fortificaciones. Hab&iacute;a all&iacute; una parada de borricos de alquiler, que
+aguardaban pac&iacute;ficamente, con las orejas gachas, a sus acostumbrados
+parroquianos, mientras los burreros y espoliques, sentados en el
+malec&oacute;n, jugaban con sus varas, depart&iacute;an amigablemente, y picando con
+la u&ntilde;a un cigarro de a cuarto, abrumaban a ofrecimientos a los
+transe&uacute;ntes.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Un burro, se&ntilde;orito? &iquest;Un burro precioso? &iquest;Un burro mejor que los
+caballos? &iquest;Vamos a Aldeaparda? &iquest;Vamos a la Erbeda?</p>
+
+<p>Acercose Baltasar a las ni&ntilde;as de corto, y dijo a Nisita:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Una vuelta por el campo?</p>
+
+<p>A la chiquilla se la encandilaron los ojos, y soltando la pelota, ech&oacute;
+los brazos al teniente con sonrisa zalamera. Baltasar la aup&oacute;,
+coloc&aacute;ndola sobre los lomos de un asnillo, que a&uacute;n ten&iacute;a puestas jamugas
+de dorados clavos. Y tomando la vara de manos del alquilador, comenz&oacute; a
+arrear... &laquo;&iexcl;Arre, burro!, &iexcl;arre!, &iexcl;arre!, &iexcl;arre!, &iexcl;arre!&raquo;.</p>
+
+<p>Amparo, al llegar a la entrada de <i>las Filas</i>, sinti&oacute; detr&aacute;s de s&iacute; una
+respiraci&oacute;n anhelosa y como el trotar de una acosada alima&ntilde;a mont&eacute;s, y
+casi al mismo tiempo emparej&oacute; con ella Chinto, sudoroso y jadeante. La
+perseguida se volvi&oacute; desde&ntilde;osamente, fulminando al perseguidor una
+mirada de despide-hu&eacute;spedes.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Para qu&eacute; corres as&iacute;, majadero?&mdash;d&iacute;jole en desabrido tono&mdash;. &iquest;Si
+creer&aacute;s que me escapo? Cuidado que....</p>
+
+<p>&mdash;All&iacute;...&mdash;contest&oacute; &eacute;l echando los bofes, tal era su
+sobrealiento...&mdash;all&iacute;... porque no te vinieses sin compa&ntilde;a... all&iacute;...
+&iexcl;yo me entretuve con el vapor de la Habana, que sal&iacute;a... m&aacute;s bonito,
+conchas!, &iexcl;humo que echaba! &iquest;Por d&oacute;nde viniste que no te vi?</p>
+
+<p>&mdash;Por donde me dio la gana, &iexcl;repelo! Y ya te aviso que no me vuelvas a
+pudrir la sangre con tus compa&ntilde;&iacute;as.... &iquest;Soy yo aqu&iacute; alguna ni&ntilde;a peque&ntilde;a?
+Anda a vender barquillos, que ah&iacute; en el paseo hay quien compre, y en la
+F&aacute;brica maldito si sacas un real en toda la tarde....</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="VIII" id="VIII"></a><a href="#capitulos">-VIII-</a></h2>
+
+<h3>La chica vale un Per&uacute;</h3>
+
+
+<p>Mal que le pese a Josefina y a todas las se&ntilde;oritas de Marineda, las
+profec&iacute;as de Borr&eacute;n se han cumplido. No se equivoca un inteligente como
+&eacute;l al calificar una obra maestra. Sucede con la mujer lo que con las
+plantas. Mientras dura el invierno, todas nos parecen iguales; son
+troncos inertes; viene la savia de la primavera, las cubre de botones,
+de hojas, de flores, y entonces las admiramos. Pocos meses bastan para
+trasformar al arbusto y a la mujer. Hay un instante cr&iacute;tico en que la
+belleza femenina toma consistencia, adquiere su car&aacute;cter, cristaliza por
+decirlo as&iacute;. La metamorfosis es m&aacute;s impensada y pronta en el pueblo que
+en las dem&aacute;s clases sociales. Cuando llega la edad en que
+invenciblemente desea agradar la mujer, rompe su feo capullo, arroja la
+librea de la miseria y del trabajo, y se adorna y ali&ntilde;a por instinto.</p>
+
+<p>El d&iacute;a en que &laquo;unos se&ntilde;ores&raquo; dijeron a Amparo que era bonita, tuvo la
+andariega chiquilla conciencia de su sexo: hasta entonces hab&iacute;a sido un
+muchacho con sayas. Ni nadie la consideraba de otro modo: si alg&uacute;n
+granuja de la calle le record&oacute; que formaba parte de la mitad m&aacute;s bella
+del g&eacute;nero humano, h&iacute;zolo medio a cachetes, y ella rechaz&oacute; a pu&ntilde;adas,
+cuando no a coces y mordiscos, el b&aacute;rbaro requiebro. Cosas todas que no
+le quitaban el sue&ntilde;o ni el apetito. Hac&iacute;a su tocado en la forma sumaria
+que conocemos ya; correteaba por plazas, caminos y callejuelas; se met&iacute;a
+con las se&ntilde;oritas que llevaban alguna moda desusada, remiraba
+escaparates, curioseaba ventaneros amor&iacute;os, y se acostaba rendida y sin
+un pensamiento malo.</p>
+
+<p>Ahora... &iquest;qui&eacute;n le dijo a ella que el aseo y compostura que gastaba no
+eran suficientes? &iexcl;Vaya usted a saber! El espejo no, porque ninguno
+ten&iacute;an en su casa. Ser&iacute;a un espejo interior, clar&iacute;simo, en que ven las
+mujeres su imagen propia y que jam&aacute;s las enga&ntilde;a. Lo cierto es que
+Amparo, que segu&iacute;a ley&eacute;ndole al barbero peri&oacute;dicos progresistas, pidi&oacute;
+el sueldo de la lectura en objetos de tocador. Y reuni&oacute; un ajuar digno
+de la reina, a saber: un escarpidor de cuerno y una lendrera de boj; dos
+paquetes de horquillas, tomadas de or&iacute;n; un bote de pomada de rosa;
+medio jab&oacute;n <i>aux amandes am&egrave;res</i>, con pelitos de la barba de los
+parroquianos, cortados y adheridos todav&iacute;a; un frasco, casi vac&iacute;o, de
+esencia de heno, y otras baratijas del mismo jaez. Amalgamando tales
+elementos logr&oacute; Amparo desbastar su figura y sacarla a luz, descubriendo
+su verdadero color y forma, como se descubre la de la legumbre enterrada
+al arrancarla y lavarla. Su piel trab&oacute; amistosas relaciones con el agua,
+y libre de la capa del polvo que atascaba sus poros finos, fue el cutis
+moreno m&aacute;s suave, sano y terso que imaginarse pueda. No era tostado, ni
+descolorido, ni encendido tampoco; de todo ten&iacute;a, pero con su cuenta y
+raz&oacute;n, y all&iacute; donde conven&iacute;a que lo tuviese. La mocedad, la sangre rica,
+el aire libre, las amorosas caricias del sol, hab&iacute;anse dado la mano para
+crear la coloraci&oacute;n magn&iacute;fica de aquella tez plebeya. La lisura de &aacute;gata
+de la frente; el bermell&oacute;n de los carnosos labios; el &aacute;mbar de la nuca,
+el rosa trasparente del tabique de la nariz; el terciopelo casta&ntilde;o del
+lunar que travesea en la comisura de la boca; el vello &aacute;ureo que
+desciende entre la mejilla y la oreja y vuelve a aparecer, m&aacute;s apretado
+y oscuro, en el labio superior, como leve sombra al difumino cosas eran
+para tentar a un colorista a que cogiese el pincel e intentase
+copiarlas. Gracias sin duda a la pomada, el pelo no se qued&oacute; atr&aacute;s y
+tambi&eacute;n se mostr&oacute; cual Dios lo hizo, negro, crespo, brillante. S&oacute;lo dos
+accesorios del rostro no mejoraron, tal vez porque eran inmejorables:
+ojos y dientes, el complemento indispensable de lo que se llama un <i>tipo
+moreno</i>. Ten&iacute;a Amparo por ojos dos globos, en que el azulado de la
+c&oacute;rnea, ba&ntilde;ado siempre en un l&iacute;quido puro, hac&iacute;a resaltar el negror de
+la ancha pupila, mal velada por cortas y espesas pesta&ntilde;as. En cuanto a
+los dientes, servidos por un est&oacute;mago que no conoc&iacute;a la gastralgia,
+parec&iacute;an treinta y dos grumos de cuajada leche, gracios&iacute;simamente
+desiguales y algo puntiagudos, como los de un perro cachorro.</p>
+
+<p>Observ&aacute;ndose, no obstante, en tan gallardo ejemplar femenino rasgos
+reveladores de su extracci&oacute;n: la frente era corta, un tanto arremangada
+la nariz, largos los colmillos, el cabello recio al tacto, la mirada
+directa, los tobillos y mu&ntilde;ecas no muy delicados. Su mismo hermoso cutis
+estaba predestinado a inyectarse, como el del se&ntilde;or Rosendo, que all&aacute; en
+la fuerza de la edad hab&iacute;a sido, al decir de las vecinas y de su mujer,
+guapo mozo. Pero, &iquest;qui&eacute;n piensa en el invierno al ver el arbusto
+florido? Si Baltasar no rond&oacute; desde luego las inmediaciones de la
+F&aacute;brica, fue que destinaron a Borr&eacute;n por alg&uacute;n tiempo a Ciudad Real, y
+temi&oacute; aburrirse yendo solo.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="IX" id="IX"></a><a href="#capitulos">-IX-</a></h2>
+
+<h3>La Gloriosa</h3>
+
+
+<p>Ocurri&oacute; poco despu&eacute;s en Espa&ntilde;a un suceso que entretuvo a la naci&oacute;n siete
+a&ntilde;os cabales, y a&uacute;n la est&aacute; entreteniendo de rechazo y en sus
+consecuencias, a saber: que en vez de los pronunciamientos chicos
+acostumbrados, se realiz&oacute; otro muy grande, llamado Revoluci&oacute;n de
+Setiembre de 1868.</p>
+
+<p>Quedose Espa&ntilde;a al pronto sin saber lo que le pasaba y como quien ve
+visiones. No era para menos. &iexcl;Un pronunciamiento de veras, que derrocaba
+la dinast&iacute;a! Por fin el pa&iacute;s hab&iacute;a hecho una hombrada, o se la daban
+hecha: mejor que mejor para un pueblo meridional. De todo se encargaban
+marina, ej&eacute;rcito, progresistas y unionistas. Gonz&aacute;lez Bravo y la Reina
+estaban ya en Francia cuando a&uacute;n ignoraba la inmensa mayor&iacute;a de los
+espa&ntilde;oles si era el Ministerio o los Borbones quienes ca&iacute;an &laquo;para
+siempre&raquo;, seg&uacute;n rezaban los famosos letreros de Madrid. No obstante, en
+breve se persuadi&oacute; la naci&oacute;n de que el caso era serio, de que no s&oacute;lo la
+raza Real, sino la monarqu&iacute;a misma, iban a andar en tela de juicio, y
+entonces cada quisque se dio a alborotar por su lado. S&oacute;lo guardaron
+reserva y silencio relativo aquellos que al cabo de los siete a&ntilde;os
+hab&iacute;an de llevarse el gato al agua.</p>
+
+<p>Durante la deshecha borrasca de ideas pol&iacute;ticas que se alz&oacute; de pronto,
+observose que el campo y las ciudades situadas tierra adentro se
+inclinaron a la tradici&oacute;n mon&aacute;rquica, mientras las poblaciones fabriles
+y comerciales, y los puertos de mar, aclamaron la rep&uacute;blica. En la costa
+cant&aacute;brica, el Malec&oacute;n y Marineda se distinguieron por la abundancia de
+comit&eacute;s, juntas, <i>clubs</i>, proclamas, peri&oacute;dicos y manifestaciones. Y es
+de notar que desde el primer instante la forma republicana invocada fue
+la federal. Nada, la unitaria no serv&iacute;a: tan s&oacute;lo la federal brindaba al
+pueblo la beatitud perfecta. &iquest;Y por qu&eacute; as&iacute;? &iexcl;Vaya a saber! Un escritor
+ingenioso dijo m&aacute;s adelante que la rep&uacute;blica federal no se le hubiera
+ocurrido a nadie para Espa&ntilde;a si Proudhon no escribe un libro sobre el
+principio federativo y si Pi no le traduce y le comenta. Sea como sea, y
+valga la explicaci&oacute;n lo que valiere, es evidente que el federalismo se
+improvis&oacute; all&iacute; y doquiera en menos que canta un gallo.</p>
+
+<p>La F&aacute;brica de Tabacos de Marineda fue centro simpatizador (como ahora se
+dice) para <i>la federal</i>. De la colectividad fabril naci&oacute; la
+confraternidad pol&iacute;tica; a las cigarreras se les abri&oacute; el horizonte
+republicano de varias maneras: por medio de la propaganda oral, a la
+saz&oacute;n tan activa, y tambi&eacute;n, muy principalmente, de los peri&oacute;dicos que
+pululaban. Hubo en cada taller una o dos lectoras; les abonaban sus
+compa&ntilde;eras el tiempo perdido, y adelante. Amparo fue de las m&aacute;s
+apreciadas, por el sentido que daba a la lectura; ten&iacute;a ya adquirido
+h&aacute;bito de leer, habi&eacute;ndolo practicado en la barber&iacute;a tantas veces. Su
+lengua era suelta, incansable su laringe, robusto su acento. Declamaba,
+m&aacute;s bien que le&iacute;a, con fuego y expresi&oacute;n, subrayando los pasajes que
+merec&iacute;an subrayarse, realzando las palabras de letra bastardilla,
+a&ntilde;adiendo la m&iacute;mica necesaria cuando lo requer&iacute;a el caso, y comenzando
+con lentitud y misterio, y en voz contenida, los p&aacute;rrafos importantes,
+para subir la ansiedad al grado eminente y arrancar involuntarios
+estremecimientos de entusiasmo al auditorio, cuando adoptaba entonaci&oacute;n
+m&aacute;s r&aacute;pida y vibrante a cada paso. Su alma impresionable, combustible,
+m&oacute;vil y superficial, se te&ntilde;&iacute;a f&aacute;cilmente del color del peri&oacute;dico que
+andaba en sus manos, y lo reflejaba con viveza y fidelidad
+extraordinarias. Nadie m&aacute;s a prop&oacute;sito para un oficio que requiere gran
+fogosidad, pero externa; caudal de energ&iacute;a incesantemente renovado y
+disponible para gastarlo en exclamaciones, en escenas de indignaci&oacute;n y
+de fan&aacute;tica esperanza. La figura de la muchacha, el brillo de sus ojos,
+las inflexiones c&aacute;lidas y pastosas de su timbrada voz de contralto,
+contribu&iacute;an al sorprendente efecto de la lectura.</p>
+
+<p>Al comunicar la chispa el&eacute;ctrica, Amparo se electrizaba tambi&eacute;n. Era a
+la vez sujeto agente y paciente. A fuerza de leer todos los d&iacute;as unos
+mismos peri&oacute;dicos, de seguir el flujo y reflujo de la controversia
+pol&iacute;tica, iba penetrando en la lectora la convicci&oacute;n hasta los tu&eacute;tanos.
+La fe virgen con que cre&iacute;a en la prensa era inquebrantable, porque le
+suced&iacute;a con el peri&oacute;dico lo que a los aldeanos con los aparatos
+telegr&aacute;ficos: jam&aacute;s intent&oacute; saber c&oacute;mo ser&iacute;a por de dentro; sufr&iacute;a sus
+efectos, sin analizar sus causas. &iexcl;Y cu&aacute;nto se sorprender&iacute;a la fogosa
+lectora si pudiese entrar en una redacci&oacute;n de diario pol&iacute;tico, ver de
+qu&eacute; modo un art&iacute;culo trascendental y furibundo se escribe cabeceando de
+sue&ntilde;o, en la esquina de la mugrienta mesa, despachando una chuleta o una
+raci&oacute;n de merluza frita! La lectora, que tomaba al pie de la letra
+aquello de &laquo;Cogemos la pluma tr&eacute;mulos de indignaci&oacute;n&raquo;, y lo otro de &laquo;La
+emoci&oacute;n ahoga nuestra voz, la verg&uuml;enza enrojece nuestra faz&raquo;, y hasta
+lo de &laquo;Y si no bastan las palabras, &iexcl;corramos a las armas y derramemos
+la &uacute;ltima gota de nuestra sangre!&raquo;.</p>
+
+<p>Lo que en el peri&oacute;dico faltaba de sinceridad sobraba en Amparo de
+cr&eacute;dulo asentimiento. Acostumbr&aacute;base a pensar en estilo de art&iacute;culo de
+fondo y a hablar lo mismo: acud&iacute;an a sus labios los giros trillados, los
+lugares comunes de la prensa diaria, y con ellos aderezaba y compon&iacute;a su
+lenguaje. Iba adquiriendo gran soltura en el hablar; es verdad que
+empleaba a veces palabras y hasta frases enteras cuyo sentido exacto no
+le era patente, y otras las trabucaba; pero hasta en eso se parec&iacute;a a la
+desali&ntilde;ada y antiliteraria prensa de entonces. &iexcl;Daba tanto que hacer la
+revuelta y absorbente pol&iacute;tica, que no hab&iacute;a tiempo para escribir en
+castellano! Ello es que Amparo iba teniendo un pico de oro; se la
+estar&iacute;a uno escuchando sin sentir cuando trataba de ciertas cuestiones.
+El taller entero se embelesaba oy&eacute;ndola, y compart&iacute;a sus afectos y sus
+odios. De com&uacute;n acuerdo, las operarias detestaban a Ol&oacute;zaga, llam&aacute;ndole
+&laquo;el viejo del borrego&raquo; porque andaba el muy indino buscando un rey que
+no nos hac&iacute;a maldita la falta... s&oacute;lo por cogerse &eacute;l para s&iacute; embajadas y
+otras prebendas; hablar de Gonz&aacute;lez Bravo era promover un mot&iacute;n; con
+Prim estaban a mal, porque se inclinaba a la forma mon&aacute;rquica; a Serrano
+hab&iacute;a que darle de codo; era un ambicioso hip&oacute;crita, muy capaz, si
+pudiese, de hacerse rey o emperador, cuando menos.</p>
+
+<p>Creci&oacute; la efervescencia republicana mientras que trascurr&iacute;a el primer
+invierno revolucionario; al acercarse el verano subi&oacute; m&aacute;s grados a&uacute;n el
+term&oacute;metro pol&iacute;tico en la F&aacute;brica. En el curso de horas de sol, sin
+embargo, deca&iacute;a la conversaci&oacute;n, y entre tanto la atm&oacute;sfera se cargaba
+de asfixiantes vapores y espesaba hasta parecer que pod&iacute;a cortarse con
+cuchillo. Penetrantes efluvios de nicotina sub&iacute;an de los serones llenos
+de seca y prensada hoja. Las manos se mov&iacute;an a impulsos de la necesidad,
+liando tagarninas; pero los cerebros rehu&iacute;an el trabajo, abrumador del
+pensamiento; a veces una cabeza ca&iacute;a inerte sobre la tabla de liar, y
+una mujer, rendida de calor, se quedaba sepultada en sue&ntilde;o profundo. M&aacute;s
+felices que las dem&aacute;s, las que espurriaban la hoja, sentadas a la turca
+en el suelo, con un mont&oacute;n de tabaco delante, ten&iacute;an el puchero de agua
+en la diestra, y al rociar, muy hinchadas de carrillos, el Virginia, las
+consolaba un aura de frescura. Tendidas las barrenderas al lado del
+mont&oacute;n de polvo que acababan de reunir, roncaban con la boca abierta y
+se estremec&iacute;an de gusto cuando la suave llovizna les salpicaba el
+rostro. Revoloteaban las moscas con porfiado zumbido, y ya se un&iacute;an en
+el aire y ca&iacute;an r&aacute;pidamente sobre la labor o las manos de las operarias,
+ya se prend&iacute;an las patas en la goma del tarrillo, pugnando en balde por
+alzar el vuelo. Andaban esparcidos por las mesas, y mezclados con el
+tabaco, pedazos de borona, tajadas de bacalao crudo, cebollas, sardinas
+arenques. Con semejante temperatura, &iquest;qui&eacute;n hab&iacute;a de tener ganas de
+comerse la pitanza?</p>
+
+<p>Por fin, a eso de las cuatro de la tarde, la refrigerante brisa marina
+comenzaba a correr, dilat&aacute;banse los oprimidos pechos, los dientes
+funcionaban despachando los humildes manjares, y le tocaba su turno a la
+lectura pol&iacute;tica.</p>
+
+<p>Le&iacute;anse publicaciones de Madrid y peri&oacute;dicos locales. En la prensa de la
+Corte se llevaban la palma los discursos de Castelar, por entonces muy
+distante de haberse gastado. &iexcl;Cu&aacute;nta palabra linda, y qu&eacute; bien que
+enganchaban unas en otras! Parec&iacute;an versos. Es verdad que la mayor parte
+no se entend&iacute;an, y que danzaban por all&iacute; nombres tan raros, que s&oacute;lo el
+demonio de Amparo pod&iacute;a leerlos de corrido; mas no le hace: lo que es
+bonito, era muy bonito aquello. Y bien se coleg&iacute;a que la sustancia del
+discurso era a favor del pueblo y contra los tiranos, de suerte que lo
+dem&aacute;s se tomaba por adorno y delicado floreo.</p>
+
+<p>Cuando en vez de discursos cuadraba leer art&iacute;culos de fondo, de estos
+kilom&eacute;tricos y sopor&iacute;feros, que hablan de justicia social, redenci&oacute;n de
+las clases obreras, instrucci&oacute;n difundida, generalizada y gratis,
+fraternidad universal, todo en estilo de homil&iacute;a y con oraciones largas
+y enmara&ntilde;adas como fideos cocidos, alter&aacute;base la voz de Amparo y se
+humedec&iacute;an los ojos de sus oyentes. Leve escalofr&iacute;o recorr&iacute;a las filas
+de mujeres, las cuales se miraban como dici&eacute;ndose: &laquo;&iquest;Eh?, &iquest;qu&eacute; tal?
+&iexcl;Este s&iacute; que lo parla!&raquo;. Y le&iacute;do el &uacute;ltimo p&aacute;rrafo, que terminaba
+anunciando el pr&oacute;ximo advenimiento de una era de perfecta libertad y
+bienestar absoluto, sol&iacute;an cruzar las manos, sonriendo y sinti&eacute;ndose tan
+relajadas en sus fibras, tan blandas y dulces como un plato de huevos
+moles. Trabajo les costaba reprimir los impulsos de abrazarse que se les
+iban y ven&iacute;an.</p>
+
+<p>En cambio, si el escrito pertenec&iacute;a al g&eacute;nero b&eacute;lico y tocaba a somat&eacute;n,
+parec&iacute;a que les daban a beber una mistura de p&oacute;lvora y alcohol. Montaban
+en c&oacute;lera tan a&iacute;na como se encrespan las olas del mar. Sordas
+exclamaciones acompa&ntilde;aban y cubr&iacute;an a veces la voz de la lectora. Era
+contagiosa la ira, y mujer hab&iacute;a all&iacute; de coraz&oacute;n m&aacute;s suave que la seda,
+incapaz de matar una mosca, y capaz a la saz&oacute;n de pedir cien mil cabezas
+de los p&iacute;caros que viven chupando la sangre del pueblo.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="X" id="X"></a><a href="#capitulos">-X-</a></h2>
+
+<h3>Estudios hist&oacute;ricos y pol&iacute;ticos</h3>
+
+
+<p>M&aacute;s partido ten&iacute;an en la F&aacute;brica los peri&oacute;dicos locales que los de la
+Corte. Naturalmente, los locales exageraban la nota, recargaban el
+cuadro; sus t&iacute;tulos acostumbraban ser por este estilo: <i>El Vigilante
+Federal, &oacute;rgano de la democracia republicana federal-unionista; El
+Representante de la Juventud Democr&aacute;tica; El Faro Salvador del Pueblo
+Libre</i>. Y como, aparte de algunas huecas generalidades del art&iacute;culo de
+fondo, discurr&iacute;an acerca de asuntos conocidos, era mucho mayor el
+inter&eacute;s que despertaban.</p>
+
+<p>No es f&aacute;cil imaginar cu&aacute;n honda sensaci&oacute;n produc&iacute;a en el concurso alguna
+gacetilla rotulada, por ejemplo: &laquo;Acontecimiento incalificable&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;A ver, a ver. O&iacute;r. Callar. Silencio, charlatanas.</p>
+
+<p>Y reinaba un mutismo palpitante, escuch&aacute;ndose tan s&oacute;lo el retint&iacute;n de
+los tijeretazos que cercenaban el rabo de las tagarninas.</p>
+
+<p>&mdash;&laquo;Acontecimiento incalificable&raquo;&mdash;repet&iacute;a Amparo&mdash;. &laquo;Se nos asegura que
+har&aacute; dos d&iacute;as entraron tres guardias civiles francos de servicio en el
+caf&eacute; de la Aurora, y un oficial que all&iacute; hab&iacute;a los arrest&oacute;...&raquo;</p>
+
+<p>&mdash;Arrestar&iacute;a, arrestar&iacute;a....</p>
+
+<p>&mdash;Callar, bocas....</p>
+
+<p>&mdash;&laquo;... los arrest&oacute; por tan enorme delito...&raquo;</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Por entrar en un caf&eacute;?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Y dicen que hay libert&aacute;!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; ha de haberla, mujer!</p>
+
+<p>&mdash;&laquo;Y pregunt&aacute;ndoles la causa de su entrada en el local, le respondieron
+que su objeto era tomar caf&eacute;. No obstante tan naturales explicaciones,
+fueron arrestados por tres d&iacute;as, y hasta no faltan personas bien
+informadas que aseguren se ha dado orden para que los individuos del
+benem&eacute;rito cuerpo no puedan entrar en los caf&eacute;s de la Aurora ni del
+Norte. De ser esto cierto, sobre constituir un ataque infundado a los
+sagrados derechos individuales, lo es tambi&eacute;n a la industria libre y
+honrosa de los cafeteros, y...&raquo;</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Y le resobra la raz&oacute;n, as&iacute; Dios me salve! &iquest;Y de qu&eacute; come el pobre del
+cafetero si le espantan la parroquia?</p>
+
+<p>&mdash;El pillo del oficial, como tiene su paga....</p>
+
+<p>&mdash;&laquo;... y no encontramos frases suficientes para anatematizar estos
+atropellos, hoy que la bandera de la libertad nos da sombra con sus
+pliegues...&raquo;</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Eso, eso!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;De ah&iacute;, de ah&iacute;!</p>
+
+<p>&mdash;Habiendo libert&aacute; no hay injusticias. &iexcl;Ol&eacute; por ella!</p>
+
+<p>&mdash;&laquo;&iquest;Qu&eacute; piensan los que as&iacute; resucitan arranques del agonizante
+despotismo militar, propios de &eacute;pocas terror&iacute;ficas que pasaron a la
+historia? &iquest;Se les ha figurado que estamos en aquellos siglos, cuando un
+se&ntilde;or ten&iacute;a poder para abrir el vientre a sus vasallos?...&raquo;</p>
+
+<p>Aqu&iacute; se sali&oacute; de madre el r&iacute;o. Exclamaciones, interjecciones, gritos y
+risas se cruzaron de un lado a otro; pero las risue&ntilde;as estaban en
+minor&iacute;a: dominaban las espantadas. Una vieja medio sorda se hizo una
+trompetilla con ambas manos, creyendo que sus o&iacute;dos la enga&ntilde;aban.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ave Mar&iacute;a de gracia!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;En mi vida tal o&iacute;!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Abrir la barriga!</p>
+
+<p>&mdash;No ser&iacute;a en tierra de cristianos, mujer.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y eso fue a los pobrecitos civiles?&mdash;interrog&oacute; la sorda.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Chss!&mdash;grit&oacute; Amparo&mdash;. Aqu&iacute; viene lo bueno, se&ntilde;ores: &laquo;... abrir el
+vientre a sus vasallos para calentarse los pies con su sangre...&raquo;</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Se&ntilde;or y Dios de los cielos!</p>
+
+<p>&mdash;Parece que todo el est&oacute;mago se me revolvi&oacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pobre del pobre!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Cu&aacute;ndo vendr&aacute; la federal para que se acaben esas infamias!</p>
+
+<p>Otra cuerda que siempre resonaba en aquel centro pol&iacute;tico femenino era
+la del misterio. Cualquier periodiquillo, el m&aacute;s atrasado de noticias,
+conten&iacute;a un suelto que, h&aacute;bilmente le&iacute;do, despertaba temores y
+esperanzas en el taller. Amparo empezaba por hacer se&ntilde;as al concurso
+para que estuviese prevenido a importantes revelaciones. Despu&eacute;s
+comenzaba, con reposada voz:</p>
+
+<p>&mdash;&laquo;Atravesamos momentos solemnes. De un d&iacute;a a otro deben cambiar de
+rumbo los acontecimientos...&raquo;</p>
+
+<p>&mdash;Lo que yo digo. Esta situaci&oacute;n, de por fuerza se la tienen que llevar
+los demonios.</p>
+
+<p>&mdash;Hasta que llegue la nuestra....</p>
+
+<p>&mdash;No, pues cuando este lo huele.... Por Madrid andar&aacute; buena la cosa.</p>
+
+<p>&mdash;As&iacute; los parta a todos un rayo, comilones, tir&aacute;nigos, chupadores.</p>
+
+<p>&mdash;A ver si call&aacute;is.</p>
+
+<p>&mdash;&laquo;La situaci&oacute;n est&aacute; pr&oacute;xima a entrar en el camino que desde el primer
+d&iacute;a de la revoluci&oacute;n debi&oacute; emprender. Hay que vencer grandes
+obst&aacute;culos...&raquo; (Movimiento general.) &laquo;Los enemigos encubiertos de la
+revoluci&oacute;n...&raquo;</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qui&eacute;n ser&aacute;? &iquest;Lo dir&aacute; por el alcalde?</p>
+
+<p>&mdash;No, mujer.... Por ese maldito de cu&ntilde;ado de la Reina....</p>
+
+<p>&mdash;Y por el Napole&oacute;n de all&aacute; de Francia, boba, que no nos puede ver.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Chsss! &laquo;... de la revoluci&oacute;n, est&aacute;n acechando el instante en que
+poder descargar sobre la situaci&oacute;n un golpe decisivo y liberticida. No
+desmayemos, sin embargo. La revoluci&oacute;n pasar&aacute; triunfante por cima de
+tanto reaccionario como aparenta servirla con fines siniestros. En donde
+menos se piensa se esconde la reacci&oacute;n fijando su ojo de tigre...&raquo;</p>
+
+<p>&mdash;Tiene raz&oacute;n, tiene raz&oacute;n. Est&aacute; muy bien comparado.</p>
+
+<p>&mdash;&laquo;... ojo de tigre... en la libertad, para estrangularla. Los m&aacute;s
+temibles son los que, llegados a la cima del poder, hacen traici&oacute;n a sus
+antiguos ideales que les sirvieron de pedestal para escalar las
+grandezas...&raquo;</p>
+
+<p>&mdash;Si es lo que yo os predico siempre&mdash;exclamaba al llegar aqu&iacute; la
+lectora, tomando la ampolleta&mdash;. Los peorcitos est&aacute;n arriba, arriba.
+Quien no lo ve, ciego es. &Iacute;nterin no agarre el pueblo soberano una
+escoba de silbarda, como esa que tenemos ah&iacute;... (y se&ntilde;al&oacute; a la que
+manejaba la barrendera del taller) y barra sin misericordia las altas
+esferas... &iexcl;ya me entend&eacute;is! El mismo d&iacute;a en que se proclam&oacute; la libertad
+y se le dio el puntapi&eacute; a los Borbones, hab&iacute;a yo de publicar un
+decreto... &iquest;sab&eacute;is c&oacute;mo? (la oradora abri&oacute; la mano izquierda, haciendo
+adem&aacute;n de escribir en ella con una tagarnina:) &laquo;Decreto yo, el Pueblo
+soberano, en uso de mis derechos individuales, que todos los generales,
+gobernadores, ministros y gente gorda salga del sitio que ocupan, y se
+lo dejen a otros que nombrar&eacute; yo del modo que me d&eacute; la real&iacute;sima gana.
+He dicho&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bien, bien!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Venga de ah&iacute;!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Esa es la fija! Y a m&iacute; que no me digan....</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pues no estamos viendo, mujer, que hay empleados de los tiempos del
+espotismo? &iquest;Se mud&oacute;, por si acaso, la oficialid&aacute; de los regimientos? Si
+a hablar fu&eacute;semos....</p>
+
+<p>Y la arenga baj&oacute; de tono y se hizo cuchicheo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Si a hablar va uno... aqu&iacute; mismo... repelo! &iexcl;Mudaron el jefe, por
+plataforma... s&oacute;lo faltaba! Pero los subalternos....</p>
+
+<p>Aqu&iacute;, la maestra del partido, mujer alta y morena, de pocas y
+dificultosas palabras, que sol&iacute;a o&iacute;r a las operarias con seria
+indiferencia, intervino.</p>
+
+<p>&mdash;A tratar cada uno de lo que importa... y a liar cigarritos....</p>
+
+<p>&mdash;No decimos cosa mala...&mdash;aleg&oacute; Amparo.</p>
+
+<p>&mdash;Decir no dir&aacute;s, pero hablar hablas sin saber lo que hablas.... Pens&aacute;is
+que no hay m&aacute;s que mudar y mudar y meter pillos.... Aqu&iacute; se requiere
+honradez.</p>
+
+<p>&mdash;Eso ya se sabe.</p>
+
+<p>&mdash;Por de contado que s&iacute;... Demasiado.</p>
+
+<p>&mdash;Pues el que os oiga.... Y vamos ac&aacute;. Si vierais, como yo vi, el &uacute;ltimo
+del mes que se hace el arqueo, la caja abierta, con sacos de lienzo a
+barullo, a barullo, as&iacute; de oro y plata...&mdash;Y la maestra adelant&oacute; los
+brazos en arco, indicando un vientre hidr&oacute;pico&mdash;. &iquest;Pues se os figura que
+si el contador y el depositario-pagador, y los oficiales, y los
+ayudantes, fuesen, digo yo, fuesen, quiero decir...?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Fuesen... de la u&ntilde;a?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pues! Ya veis que aqu&iacute; no puede venir cualesquiera. Hay
+responsabilid&aacute;.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XI" id="XI"></a><a href="#capitulos">-XI-</a></h2>
+
+<h3>Pitillos</h3>
+
+
+<p>Quiso Amparo mudarse de taller, y solicit&oacute; pasar al de cigarrillos,
+donde le agradaba m&aacute;s el trabajo y la compa&ntilde;&iacute;a.</p>
+
+<p>Entre el taller de cigarros comunes y el de cigarrillos, que estaba un
+piso m&aacute;s arriba, mediaba gran diferencia: pod&iacute;a decirse que este era a
+aquel lo que el Para&iacute;so de Dante al Purgatorio. Desde las ventanas del
+taller de cigarrillos se registraba hermosa vista de mar y pa&iacute;s
+monta&ntilde;oso, y entraba sin tasa por ellas luz y aire. A pesar de su
+abuhardillado techo, las estancias eran desahogadas y capaces, y la
+infinidad de pontones y vigas de oscura madera que soportan la armaz&oacute;n
+del tejado le daban cierto misterioso recogimiento de iglesia, formando
+como columnatas y rincones sombr&iacute;os en que puede descansar la fatigada
+vista. Si bien en los desvanes se siente mucho el calor, la cantidad
+relativamente escasa de operarias reunidas all&iacute; evitaba que la atm&oacute;sfera
+se viciase, como en las salas de abajo. Asimismo la labor es m&aacute;s
+delicada y limpia, los colores m&aacute;s gratos, y hasta parece que la
+claridad del sol entra m&aacute;s alegre a ba&ntilde;ar los muros. La limpia blancura
+de los librillos, el amarillo bajo de las fajas, el gris de estraza de
+las cajetillas, compon&iacute;an una escala de tonos simp&aacute;ticos a la pupila. Y
+los personajes armonizaban con la decoraci&oacute;n.</p>
+
+<p>Preponderaban en el taller de pitillos las muchachas de Marineda: apenas
+se ve&iacute;an aldeanas; as&iacute; es que abundaban los lindos palmitos, los rostros
+juveniles. Abajo, la mayor parte de las operarias eran madres de
+familia, que acuden a ganar el pan de sus hijos, agobiadas de trabajo,
+rebujadas en un mant&oacute;n, indiferentes a la compostura, pensando en las
+criaturitas, que quedaron confiadas al cuidado de una vecina; en el
+reci&eacute;n, que llorar&aacute; por mamar, mientras a la madre la revientan los
+pechos de leche.... Arriba florecen todav&iacute;a las ilusiones de los
+primeros a&ntilde;os y las inocentes coqueter&iacute;as que cuestan poco dinero y
+revelan la sangre moza y la natural pretensi&oacute;n de hermosearse. La que
+tiene buen pelo lo peina con esmero y gracia, que para eso se lo dio
+Dios; la que presume de talle airoso se pone chaqueta ajustada; la que
+sabe que es blanca se adorna con una toquilla celeste.</p>
+
+<p>Por derecho propio, Amparo pertenec&iacute;a a aquel taller privilegiado.</p>
+
+<p>Encontr&oacute; en &eacute;l muy buena acogida y dos amigas: a la una se aficion&oacute; de
+suyo, movida de un instinto protector; llam&aacute;banle Guardiana, era nacida
+al pie del santuario de Nuestra Se&ntilde;ora de Guardia, tan caro a Marineda;
+y seg&uacute;n ella misma dec&iacute;a, la Virgen le hab&iacute;a de dar la gloria en el otro
+mundo, porque en este no le mandaba m&aacute;s que penitas y trabajos.
+Guardiana era hu&eacute;rfana; su padre y madre murieron del pecho, con
+diferencia de d&iacute;as, quedando a cargo de una muchacha de dos lustros de
+edad, cuatro hermanitos, todos marcados con la mano de hierro de la
+enfermedad hereditaria: epil&eacute;ptico el uno, escrofulosos y raqu&iacute;ticos
+dos, y la &uacute;ltima, ni&ntilde;a de tres a&ntilde;os, sordo-muda. Guardiana mendig&oacute;,
+esper&oacute; a los devotos que iban al santuario, rond&oacute; a los que llevaban
+merienda, pidi&eacute;ndoles las sobras, y tanto hizo, que nunca les falt&oacute; a
+sus chiquillos de comer, aunque ella ayunase a pan y agua. Al raqu&iacute;tico
+dio en abult&aacute;rsele la cabeza, poni&eacute;ndosele como un odre: fue preciso
+traerle m&eacute;dico y medicinas, todo para salir al cabo con que era una
+bolsa de agua, y que la bolsa se lo llevaba al otro mundo. A bien que el
+m&eacute;dico no s&oacute;lo se neg&oacute; a cobrar nada, sino que, compadecido de
+Guardiana, tuvo la caridad de meterla en la F&aacute;brica, que fue como
+abrirle el cielo, dec&iacute;a ella. Despu&eacute;s de la Virgen de la Guardia, la
+F&aacute;brica era su madre. Nunca le hab&iacute;a faltado nada a sus peque&ntilde;os desde
+que era cigarrera, y a&uacute;n le sobraban siempre golosinas que llevarles;
+fruta en verano, casta&ntilde;as y dulces en invierno. Amparo saqueaba la caja
+de los barquillos de Chinto con objeto de enviar finezas a la
+sordo-mudita. El taller entero ten&iacute;a entra&ntilde;as maternales para aquellos
+ni&ntilde;os y su valerosa hermana, afirmando que s&oacute;lo la Virgen era capaz de
+infundirle los &aacute;nimos con que trabajaba, sosten&iacute;a las criaturas, y viv&iacute;a
+alegre y contenta como un cuco.</p>
+
+<p>Del casco mismo de Marineda proced&iacute;a la otra amiga de Amparo: aunque
+frisaba en los treinta, su menudo cuerpo la hac&iacute;a parecer mucho m&aacute;s
+joven. Pelirroja y pecosa, descarnada y puntiaguda de hocico, llam&aacute;banle
+en el taller la Comadreja, mote felic&iacute;simo que da exacta idea de su
+figura y ademanes. Bien sab&iacute;a ella lo del apodo; pero ya se guardar&iacute;an
+de repet&iacute;rselo en su cara, o si no.... Ana ten&iacute;a por verdadero nombre, y
+a pesar de su delgadez y peque&ntilde;ez, era una fierecilla a quien nadie
+osaba irritar. Sus manos, tan flacas que se ve&iacute;a en ellas patente el
+juego de los huesos del metacarpo, llenaban el tablero de pitillos en un
+decir Jes&uacute;s; as&iacute; es que el d&iacute;a le sal&iacute;a por mucho, y alcanz&aacute;bale su
+jornal para vivir y vestirse, y, a&ntilde;ad&iacute;a ella, para lo que le daba la
+gana. Conversaba con causticidad y cinismo; estaba muy desasnada,
+cog&iacute;anla de susto pocas cosas, y ten&iacute;a no s&eacute; qu&eacute; singular y picante
+atractivo en medio de su fealdad indudable. Presum&iacute;a de bien emparentada
+y relacionada; un primo suyo desempe&ntilde;aba la secretar&iacute;a del Casino de
+Industriales; una t&iacute;a ricachona vend&iacute;a percales, franelas y pa&ntilde;oler&iacute;a en
+la calle estrecha de San Efr&eacute;n; la mayor parte de sus amigas <i>cos&iacute;an por
+las casas</i>, o eran oficialas de la mejor modista. Adem&aacute;s, conoc&iacute;a mucho
+<i>se&ntilde;or&iacute;o</i>, del cual hablaba con desenfado. &iexcl;Buenas cosas sab&iacute;a ella de
+personas principales!</p>
+
+<p>Sent&aacute;banse las tres amigas juntas, no lejos de la ventana que daba al
+puerto. Al trav&eacute;s de los sucios vidrios, barnizados de polvo de rap&eacute;,
+que se hab&iacute;a ido depositando lentamente, y en cuyos &aacute;ngulos trabajaban
+muy a su sabor las ara&ntilde;as, se divisaba la concha de la bah&iacute;a, el cielo y
+la lejana costa. La zona luminosa de un rayo de sol, bullendo en &aacute;tomos
+dorados, cortaba el ambiente, y el molino de la picadura acompa&ntilde;aba las
+conversaciones del taller con su acompasado y continuo <i>tacat&aacute;, tacat&aacute;</i>.
+Agit&aacute;banse las manos de las muchachas con vertiginosa rapidez: se ve&iacute;a
+un segundo revolotear el papel como blanca mariposa, luego aparec&iacute;a
+enrollado y cil&iacute;ndrico, brillaba la u&ntilde;a de hojalata rematando el bonete,
+y ca&iacute;a el pitillo en el tablero, sobre la pir&aacute;mide de los hechos ya,
+como otro copo de nieve encima de una nevera. No se sab&iacute;a ciertamente
+cu&aacute;l de las amigas despachaba m&aacute;s: en cambio, a su lado, encaramada
+sobre un almohad&oacute;n, hab&iacute;a una aprendiza, ni&ntilde;a de ocho a&ntilde;os, que con sus
+deditos amorcillados y torpes apenas lograba en una hora liar media
+docena de papeles. Guardiana le ense&ntilde;aba y daba consejos, porque la
+chiquilla, silenciosa y triste, le recordaba su sordo-mudita,
+inspir&aacute;ndole l&aacute;stima; mientras Ana contaba noticias de la ciudad, que
+sab&iacute;an al dedillo. Un d&iacute;a que hablaron de lo que suelen hablar las
+muchachas cuando se re&uacute;nen, la Comadreja confes&oacute; que ella &laquo;ten&iacute;a&raquo; un
+capit&aacute;n mercante, que le tra&iacute;a de sus viajes mil monadas y regalos, y
+proyectaba casarse con ella, andando el tiempo, cuando pudiese. En
+cuanto a Guardiana, declar&oacute; que no so&ntilde;aba con tener novio, pues era
+imposible: &iquest;qu&eacute; marido hab&iacute;a de cargar con sus peque&ntilde;os? Y ella no los
+dejaba ni por el mismo general Serrano que la pretendiese. Muchos le
+dec&iacute;an cosas; pero si se tratase de boda, &iexcl;qui&eacute;n los ver&iacute;a echando a sus
+ni&ntilde;os al Hospicio! &iexcl;&Aacute;ngeles de Dios! Y pensar que ella se metiese en
+malos tratos, era excusado: as&iacute; es que nada, nada; la Virgen es mejor
+compa&ntilde;era que los hombrones. Animada por las confidencias, Amparo
+insinu&oacute; que a ella un se&ntilde;orito, un militar, la segu&iacute;a alguna vez por las
+calles.</p>
+
+<p>&mdash;Ya s&eacute; qui&eacute;n es&mdash;chill&oacute; la Comadreja&mdash;. Es el de Sobrado.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qui&eacute;n te lo dijo, mujer?&mdash;exclam&oacute; Amparo maravillada.</p>
+
+<p>&mdash;Todo se sabe&mdash;afirm&oacute; magistralmente Ana&mdash;. Pero est&aacute;s fresca, hija.
+Ese lo que quiere es pasar el tiempo, y a vivir. &iexcl;Buena gente son los
+Sobrados! Los conozco lo mismo que si viviese con ellos, porque
+justamente la que les cose es hermana de una amiga m&iacute;a &iacute;ntima. Avaros,
+miserables como la sarna. La madre y el t&iacute;o son capaces de llorarle a
+uno el agua que bebe; el padre no es tan cutre, pero es un infeliz; lo
+tienen dominado, y pide permiso a su mujer cuando corta pan del mollete.
+Para hacerles a las hijas un vestido echan cuentas seis mes s, y a la
+chica que llaman a coserlo la hacen ir tempran&iacute;simo para sacarle bien el
+jugo. Un d&iacute;a de convite parece que echan la casa por la ventana; pero
+todo se recoge, y no va a la cocina ni tanto as&iacute;. Y est&aacute;n achinados de
+dinero.</p>
+
+<p>Amparo o&iacute;a at&oacute;nita. Nada m&aacute;s ajeno a su car&aacute;cter rumboso, imprevisor,
+que la estrechez voluntaria.</p>
+
+<p>&mdash;La madre... &iquest;ves aquella risita falsa?, pues es terrible. No puede
+entrar en su casa una muchacha regular; en seguida abrasa al marido a
+celos. Esta chica que les cos&iacute;a no pudo aguantar.... All&iacute; no hay nadie
+bueno sino la chiquilla mayor.</p>
+
+<p>&mdash;Nos dio dulces una vez... es bien natural&mdash;respondi&oacute; Amparo, que
+sinti&oacute; cruzar por su esp&iacute;ritu la visi&oacute;n de la noche de Reyes.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Esa? Una santa... y no le hacen caso ninguno. La segunda, id&eacute;ntica a
+su madre: le preguntaron un d&iacute;a con qui&eacute;n se hab&iacute;a de casar, y dijo:
+&laquo;Con el t&iacute;o Isidoro, que es rico&raquo;. &iexcl;El hermano de su padre, aquel viejo
+gordo, que parece una tinaja!</p>
+
+<p>Guardiana solt&oacute; el trapo a re&iacute;r con la mejor voluntad del mundo: Amparo,
+acord&aacute;ndose de una frase le&iacute;da en un peri&oacute;dico, exclam&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pero ha de poder tanto el vil inter&eacute;s!&mdash;Y meneando la cabeza,
+a&ntilde;adi&oacute;&mdash;: Lo dir&iacute;a de broma, mujer.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;S&iacute;, s&iacute;... buena broma te d&eacute; Dios! En esa familia todos son iguales,
+mujer; cortados por una tijera. Pues no digo nada del se&ntilde;orito, de tu
+adorador. Hace la rosca a la chiquilla de Garc&iacute;a, una empalagosa que no
+piensa m&aacute;s que en componerse y no sabe dar una puntada; pero el asunto
+es que se la hace por lunas, porque esas de Garc&iacute;a.... &iquest;No te gusta el
+cuento?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, mujer&mdash;grit&oacute; la oradora amostazada&mdash;. &iquest;Piensas t&uacute; que estoy muerta
+por semejante mu&ntilde;eco? Vaya, que me das gana de re&iacute;r. Cuenta, mujer, que
+tambi&eacute;n se pasa el tiempo.</p>
+
+<p>&mdash;Digo que le hace la rosca por lunas, porque esas de Garc&iacute;a tienen all&aacute;
+un pleito en Madrid, de no s&eacute; qu&eacute; intereses del marido, que era corredor
+y se meti&oacute; en una sociedad por acciones... en fin, no ser&aacute; as&iacute;, pero es
+lo mismo. Si ganan, quedar&aacute;n millonarias o poco menos, y cuando hay
+esperanzas de eso, la madre del de Sobrado le manda que se arrime a la
+do&ntilde;a Melindritos, y cuando viene de Madrid una mala noticia, que se
+desaparte.... &iexcl;Uy, qu&eacute; tipos!</p>
+
+<p>Amparo, con la cabeza baja, enrollaba a m&aacute;s y mejor, febrilmente.
+Guardiana se hac&iacute;a cruces.</p>
+
+<p>&mdash;Es una una pobre...&mdash;murmuraba&mdash;. Es una una pobre, y no lo har&iacute;a
+aunque le diesen....</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y el otro?&mdash;sigui&oacute; la implacable Comadreja que estaba ya resuelta a
+vaciar el saco&mdash;. &iquest;Y el amigote, el de los bigotazos, que parece que
+habla dentro de una olla?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;El que le llaman Borr&eacute;n?</p>
+
+<p>&mdash;Ese, ese.... Un baboso con todas; a todas nos dice algo, y el caso es
+que con ninguna, chicas. Pod&eacute;is creerme: ni esto. Tan aficionado a
+jarabe de pico, y tiene m&aacute;s miedo a una mujer que a los truenos.</p>
+
+<p>Det&uacute;vose la Comadreja, y mirando fijamente a Amparo, a&ntilde;adi&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;T&uacute; a&uacute;n tienes otro obsequiante, pero te callas.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qui&eacute;n, mujer?</p>
+
+<p>&mdash;El barquillero. &iexcl;S&iacute;, que no est&aacute; derretido por ti!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Aquel animal!&mdash;exclam&oacute; Amparo&mdash;. Parece una patata cruda... mujer,
+hazme m&aacute;s favor.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XII" id="XII"></a><a href="#capitulos">-XII-</a></h2>
+
+<h3>Aquel animal</h3>
+
+
+<p>Aquel animal trabajaba entre tanto a m&aacute;s y mejor. Si faltase &eacute;l, &iquest;qui&eacute;n
+hab&iacute;a de encargarse de toda la labor casera? Muy cascado iba estando el
+se&ntilde;or Rosendo, y la tullida a cada paso se hallaba mejor en su cama, y
+se extend&iacute;a entre s&aacute;banas m&aacute;s voluptuosamente al ver el adem&aacute;n de fatiga
+con que soltaba su marido el cilindro por las noches. Y cuenta que de
+alg&uacute;n tiempo ac&aacute;, el se&ntilde;or Rosendo no fabricaba barquillos sino en casos
+de gran necesidad, porque el fuego le inyectaba la tez, le arrebataba y
+sofocaba todo. Pero all&iacute; estaba Chinto para dar vueltas a la noria, y
+ser panacea universal de los males dom&eacute;sticos y comod&iacute;n servible y
+aplicable a cuanto se ofreciese. No s&oacute;lo se levantaba con estrellas, a
+fin de emprender la labor de S&iacute;sifo de llenar el tubo-labor que
+desempe&ntilde;aba con mec&aacute;nica destreza y rapidez&mdash;, sino que antes de salir a
+la venta, qued&aacute;bale tiempo de barrer el portal y la cocina, de limpiar
+los chismes del oficio, de ir por agua a la fuente, por sardinas al
+muelle o al mercado, y fre&iacute;rlas luego; de arrimar el caldo a la lumbre,
+de partir le&ntilde;a; de cumplir, en suma, todas las tareas de la casa,
+incluso las propiamente femeniles, porque tra&iacute;a en la faltriquera un
+dedal perforado y un ovillo de hilo, y en la solapa, clavada, una aguja
+gorda; y as&iacute; pegaba un bot&oacute;n en los calzones de su principal, como
+echaba un gentil remiendo de estopa en su propia morena camisa. Y si no
+se ofrec&iacute;a a coser las sayas de Amparo y no le hac&iacute;a la cama, era por
+unos asomos de natural y r&uacute;stico pudor que no faltan al m&aacute;s zafio
+aldeano. A la tullida le daba vueltas, le sacud&iacute;a los jergones, y la
+sacaba en vilo del lecho, tendi&eacute;ndola en un mal sof&aacute; comprado de lance,
+mientras se arreglaba su cuarto.</p>
+
+<p>Lo gracioso del caso est&aacute; en que, siendo el paisanillo tan &uacute;til, por
+mejor decir, tan indispensable, no hubo criatura m&aacute;s maltratada,
+insultada y re&ntilde;ida que &eacute;l. Sus m&aacute;s leves faltas se volv&iacute;an horribles
+cr&iacute;menes, y por ellos se le formaba una especie de consejo de guerra.
+Llov&iacute;an sobre &eacute;l a todas horas improperios, burlas y vejaciones. La
+explotaci&oacute;n del hombre por el hombre tomaba car&aacute;cter despiadado y feroz,
+seg&uacute;n suele acontecer cuando se ejerce de pobre a pobre, y Chinto se
+ve&iacute;a estrujado, prensado, zarandeado y pisoteado al mismo tiempo. Le
+hab&iacute;an calificado y definido ya: era un mulo.</p>
+
+<p>Acert&oacute; un d&iacute;a Chinto a volver unas miajas m&aacute;s tarde de lo acostumbrado,
+y acercose a la cama de la tullida para vaciar sus faltriqueras, donde
+danzaban los cuartos de la colecta diaria. Encontr&aacute;base all&iacute; Amparo, y
+le dio al punto en la nariz un desusado tufillo. Por sorprendente que
+parezca la noticia, la acuidad del sentido del olfato es notable en las
+cigarreras: dir&iacute;ase que la nicotina, lejos de embotarles la pituitaria,
+les aguza los nervios olfativos, hasta el extremo de que si entra
+alguien en la f&aacute;brica fumando, se digan unas a otras con repugnancia:
+&laquo;&iexcl;Puf, huele a hombre!&raquo;. As&iacute; es que Amparo sol&iacute;a apartarse de Chinto
+&mdash;aunque sea inveros&iacute;mil&mdash;repelida por el olor de las malas colillas que
+chupaba en secreto; pero lo que a la saz&oacute;n percib&iacute;a era peor que el
+tabaco; as&iacute; es que peg&oacute; un salto.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Vete de ah&iacute;&mdash;le grit&oacute;&mdash;; vete, maldito, que nos apestas! Anda,
+pellejo, despab&iacute;late.</p>
+
+<p>Chinto la consideraba at&oacute;nito, con los brazos colgantes, abriendo cuanto
+pod&iacute;a los ojos, cual si por ellos oyese.</p>
+
+<p>&mdash;Que te largues; &iexcl;repelo contigo!, que no se aguanta ese olor:
+confundes a la gente.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;A qu&eacute; apestas, demontre?&mdash;pregunt&oacute; la tullida&mdash;. Ser&aacute;n esos puros del
+estanquillo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;No, se&ntilde;ora, que es a vino!&mdash;exclam&oacute; Amparo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;A vino!&mdash;clam&oacute; la impedida alzando los brazos tan escandalizada como
+si ella s&oacute;lo catase el agua, porque en el pueblo los viejos, con
+sinceridad completa, se otorgan a s&iacute; propios el derecho de &laquo;echar un
+trago&raquo; que niegan a los mozos&mdash;. &iexcl;A vino! &iexcl;T&uacute; qui&eacute;reste perder,
+condenado!</p>
+
+<p>&mdash;Yo... pero yo... qui&eacute;rese decir que yo...&mdash;balbuci&oacute; Chinto abrumado
+por el peso de su culpa.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;A&uacute;n tendr&aacute;s valor para contar mentira!&mdash;chill&oacute; la enferma&mdash;. &iexcl;Ll&eacute;gate
+ac&aacute;, bruto! (Chinto se lleg&oacute; compungido.) Echa el aliento. (Chinto lo
+ech&oacute;.) M&aacute;s fuerte, m&aacute;s fuerte... (Y la tullida asi&oacute; de los ind&oacute;mitos
+pelos al paisano y le oblig&oacute;, mal de su grado, a carearse con ella.)
+&iexcl;Puf!, &iexcl;pues es verd&aacute; y muy verd&aacute;! &iquest;D&oacute;nde te metiste? &iquest;Andas ya
+arrastrado por las tabernas, brib&oacute;n?</p>
+
+<p>&mdash;Yo... no, no fue cosa mala ninguna... no fue perrita, ni licor....
+Fue....</p>
+
+<p>&mdash;Cuenta la verd&aacute;, borrach&oacute;n de los infiernos, como si estuvieses
+difunto en el tribunal del devino Se&ntilde;or....</p>
+
+<p>&mdash;No fue nada m&aacute;s sino que encontr&eacute; un amigo de all&iacute;... de la Erbeda,
+que cay&oacute; soldado... y all&iacute;... me convid&oacute;, me dijo as&iacute;:&mdash;&iquest;Quieres una
+chiquita?&mdash;. Y yo... all&iacute;, le dije:&mdash;Bueno&mdash;. Y &eacute;l me llev&oacute; all&iacute;... a
+casa de....</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Calla, calla y recalla ya, que siquiera sabes lo que dices, con la
+mona que traes a cuestas!... &iexcl;Como otra vez te vea yo as&iacute; perdido de
+vino, he de decirle a Rosendo que te arree una tunda con la correa de la
+caja, que te has de chupar los dedos; chiquilicuatro, mocoso, vicios&oacute;n!
+Convidarte, &iquest;eh? Me convides. &iexcl;Quien te da vino, no te da pan; mulo!
+&iexcl;Anda afuera, que me mareas la cabeza toda!</p>
+
+<p>Amparo ejecut&oacute; el decreto materno empujando a Chinto por los hombros a
+las tinieblas exteriores del portal, y Chinto resignado opt&oacute; por
+acostarse. Lo &uacute;nico que sent&iacute;a confusamente era no poder ver a la
+muchacha un rato. Ahora le entreten&iacute;a casi tanto mirar a Amparo, como
+antes contemplar la rueda del amolador y la bah&iacute;a. Admir&aacute;bale a &eacute;l, rudo
+y tard&iacute;o de eloquio como suele serlo el aldeano, la facilidad y rapidez
+con que la pitillera se expresaba, la copia de palabras que sin esfuerzo
+sal&iacute;an de su boca. Si lo que experimentaba Chinto era enamoramiento,
+pod&iacute;a llamarse el enamoramiento por pasmo. Ello es que se le ven&iacute;an con
+frecuencia suma impulsos de tratar a Amparo como a las chiquillas de su
+aldea, las tardes de gaita; de pellizcarla, de soltarle un pescoz&oacute;n
+cari&ntilde;oso, de echarle la zancadilla, de darle un varazo suave con la
+reci&eacute;n cortada vara de mimbre. Pero tan osados pensamientos no llegaban
+a realizarse nunca. Amparo s&iacute; que sol&iacute;a empujar a Chinto, y no por v&iacute;a
+de halago, bien lo sabe Dios, sino de pura rabia que le tuvo siempre. Si
+pudiese leer en el alma del paisano, adivinar c&oacute;mo le herv&iacute;a la sangre
+al acercarse a ella, le hubiera cobrado asco am&eacute;n del odio inveterado
+ya.</p>
+
+<p>Para Amparo, hija de las calles de Marineda, ciudadana hasta la m&eacute;dula
+de los huesos, Chinto era un ilota. Alguna duquesa confinada en oscuro
+pueblo, despu&eacute;s de adornar los saraos de la corte, debe sentir por los
+se&ntilde;oritos del poblach&oacute;n lo que la pitillera por Chinto. Enfad&aacute;bale todo
+en &eacute;l: la necia abertura de su boca, la peque&ntilde;ez de sus ojos, lo sinuoso
+y desgarbado de su andar, su glotona manera de comer el caldo. Le
+entraban irritaciones sordas a la vista de objetos dejados por &eacute;l, un
+par de zapatos viejos y torcidos, una faja de lana roja pendiente de una
+percha, una colilla negra y pegajosa, ca&iacute;da en el suelo. Y fortificaba
+su antipat&iacute;a el que Chinto, con la desconfianza socarrona propia del
+paisano, lejos de resolverse a aceptar los ideales pol&iacute;ticos de Amparo,
+a su modo, daba a entender que le parec&iacute;a huero y vano todo el bullicio
+federal. Con risa entre idiota y maliciosa, sol&iacute;a decir a veces a la
+muchacha:</p>
+
+<p>&mdash;Andas meti&eacute;ndote en cuentos.... A&uacute;n han de venir a buscarte los
+civiles, para te llevar a la c&aacute;rcel....</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XIII" id="XIII"></a><a href="#capitulos">-XIII-</a></h2>
+
+<h3>Tirias y troyanas</h3>
+
+
+<p>Tambi&eacute;n en la F&aacute;brica observaba Amparo que las paisanas eran las menos
+federales, las menos calientes, llenas de escepticismo y de picard&iacute;a,
+dec&iacute;an, meneando la cabeza, que a ellas la rep&uacute;blica &laquo;no las hab&iacute;a de
+sacar de pobres&raquo;. Alguna ten&iacute;a sus puntas y ribetes de reaccionaria; y
+en conjunto, todas profesaban el pesimismo fatalista del labrador,
+agobiado siempre por la suerte, persuadido de que si las cosas se mudan,
+ser&aacute; para empeorarse. No se arrancaba de ellas la m&aacute;s leve chispa de
+fuego patri&oacute;tico; empe&ntilde;&aacute;banse en no exaltarse sino cuando viesen que
+iban a menos las contribuciones y a m&aacute;s los frutos de la tierra. As&iacute; es
+que en la F&aacute;brica gozaban de detestable reputaci&oacute;n, y eran tachadas de
+&aacute;vidas, taca&ntilde;as y apegadas al dinero, y acusadas de cebarse en la
+ganancia abandonando su casa por un ochavo, al par que las de Marineda
+se jactaban de rumbosas, y se preciaban de mejores madres. No obstante,
+pronunci&oacute; la revoluci&oacute;n tres palabras &aacute;ureas que a todas sacaron de
+quicio: &laquo;&iexcl;No m&aacute;s quintas!&raquo;. Hasta las mismas aldeanas abrieron
+ansiosamente el coraz&oacute;n y el alma para beberse la dulce promesa.</p>
+
+<p>&iexcl;Si la rep&uacute;blica fuese, como dec&iacute;an diariamente los peri&oacute;dicos favoritos
+del taller, la supresi&oacute;n del impuesto de sangre, vamos, merec&iacute;a bien que
+una mujer se dejase hacer pedazos por ella! En el taller de cigarrillos,
+aunque dominaban las mocitas solteras, bastaba hablar de quintas para
+que se moviese una tempestad de federalismo.</p>
+
+<p>&mdash;Miren ustedes&mdash;dec&iacute;a Amparo&mdash;que eso de que arranquen a una de sus
+brazos al hijo de sus entra&ntilde;as y lo lleven a que los ca&ntilde;ones lo
+despedacen por un rey, &iexcl;clama al cielo, se&ntilde;ores! Por lo mismo queremos
+la rep&uacute;blica republicana, la santa rep&uacute;blica democr&aacute;tica federativa. Con
+ella Marineda ser&aacute; capital, y Vilamorta tambi&eacute;n, y hasta Aldeaparda ser&aacute;
+capital hecha y derecha. S&oacute;lo Madr&iacute;, que a ese se le acaba la ganga, ya
+no nos chupar&aacute; la sustancia; se va a hacer una cosa magn&iacute;fica, que se
+llama descentralizar; y veremos c&oacute;mo despu&eacute;s se le baja el orgullo a la
+Corte. &iexcl;Si es inicuo y absolutista lo que est&aacute; pasando! Aqu&iacute; no nos
+mandan, voy a poner por caso, sino tabaco de segunda, filipino para eso,
+esp&eacute;relo usted un mes o dos. Las regal&iacute;as y las conchas se hacen en
+Madrid... &iexcl;como si nuestros dedos no fuesen de carne humana! &iquest;Somos aqu&iacute;
+esclavas, o algunas torponas que no sabemos perficionar la labor? Y
+luego all&iacute;, paguita siempre corriente, consignas a barullo....
+&iexcl;Ciudadanas, es preciso sacudir el yugo tir&aacute;nico con nobleza y energ&iacute;a
+cuando venga lo que se aguarda!, &iquest;eh chicas?</p>
+
+<p>A las dos formas de gobierno que por entonces contend&iacute;an en Espa&ntilde;a, se
+las representaba el auditorio de Amparo tal como las ve&iacute;a en las
+caricaturas de los peri&oacute;dicos sat&iacute;ricos: la Monarqu&iacute;a era una vieja
+carrancuda, arrugada como una pasa, con nariz de pico de loro, manto de
+p&uacute;rpura muy estropeado, cetro te&ntilde;ido en sangre, y rodeada de bayonetas,
+cadenas, mordazas e instrumentos de suplicio; la Rep&uacute;blica, una moza
+sana y fornida, con t&uacute;nica blanca, flamante gorro frigio, y al brazo
+izquierdo el cl&aacute;sico cuerno de la abundancia, del cual se escapaba una
+cascada de ferro-carriles, vapores, atributos de las artes y las
+ciencias, todo gratamente revuelto con monedas y flores. Cuando la
+fogosa oradora soltaba la sin hueso, pronunciando una de sus
+improvisaciones, terci&aacute;ndose el mant&oacute;n y echando atr&aacute;s su pa&ntilde;uelo de
+seda roja, parec&iacute;ase a la Rep&uacute;blica misma, la bella Rep&uacute;blica de las
+grandes l&aacute;minas cromolitogr&aacute;ficas; cualquier dibujante, al verla as&iacute;, la
+tomar&iacute;a por modelo.</p>
+
+<p>Y la muchacha iba ascendiendo a personaje pol&iacute;tico. En la ciudad
+comenzaban a conocerla, y hasta oy&oacute; una vez, al pasar por la calle
+Mayor, que murmuraban en un corrillo de hombres: &laquo;Esa es la cigarrera
+guapa que amotina a las otras&raquo;. En su barrio todos la embromaban: el
+mancebo de la barber&iacute;a pronunciaba un festivo &laquo;&iexcl;Viva la Rep&uacute;blica!&raquo;
+siempre que Amparo cruzaba ante su puerta; y la se&ntilde;ora Porreta murmuraba
+con voz cascajosa y opaca: &laquo;Sal&uacute; y liquidaci&oacute;n sosial&raquo;. Si alguien cree
+que fue r&aacute;pida la metamorfosis de la ni&ntilde;a callejera en agitadora y
+oradora demag&oacute;gica, tenga en cuenta que m&aacute;s prontamente a&uacute;n que la
+F&aacute;brica de tabacos de Marineda, se gase&oacute; la naci&oacute;n hispana. Ni visto ni
+o&iacute;do. Contaba la Gloriosa menos de un a&ntilde;o, y ya nadie sab&iacute;a a qu&eacute; santo
+encomendarse, ni a d&oacute;nde &iacute;bamos a parar, ni d&oacute;nde dar de cabeza.
+Abundaban las manifestaciones pac&iacute;ficas, acabando siempre como el
+rosario de la aurora. En la frontera, agitaci&oacute;n carlista; el Gobierno
+interna que te internar&aacute;s, y los internados ac&aacute;, volviendo a meterse en
+Espa&ntilde;a media legua m&aacute;s all&aacute;, mientras en Madrid se fabricaban
+activamente, y sin gran reserva, fornituras, arneses y mantillas, que en
+los &aacute;ngulos luc&iacute;an una corona y las iniciales C. VII, y en Vitoria
+recorr&iacute;an las calles grupos de j&oacute;venes con boina blanca y garrote en
+mano, victoreando a las mismas iniciales. A bien que en Puerto Rico la
+guarnici&oacute;n aclamaba otras cosas, y en &Eacute;cija mil republicanos protestaban
+contra &laquo;la presencia en Espa&ntilde;a del intruso Antonio de Borb&oacute;n&raquo;, y en las
+cercan&iacute;as de Barcelona los payeses, armados de azadas y bieldos,
+persegu&iacute;an a un alcalde y le obligaban a encastillarse en las Casas
+Consistoriales. A todo esto, el poder, representado por el regente
+Serrano, al cual se tributaban honores casi regios, estaba realmente en
+las vigorosas manos de Prim, que olfateando la ruina de la Gloriosa,
+como el marino vislumbra en el remoto horizonte el hurac&aacute;n, sin
+entretenerse en frusler&iacute;as demag&oacute;gicas, s&oacute;lo pensaba en traer un
+monarca, llamado a sosegar el pa&iacute;s. Espa&ntilde;a estaba pr&oacute;xima a la gran
+lucha de la tradici&oacute;n contra el liberalismo, del campo contra las
+ciudades; magna lid que ten&iacute;a en la F&aacute;brica de Marineda su
+representaci&oacute;n microsc&oacute;pica.</p>
+
+<p>Todas las ma&ntilde;anas, en efecto, al entrar las operarias en los talleres,
+al encontrarse en el camino, sol&iacute;an, urbanas y rurales, invectivarse
+&aacute;speramente y dirigirse hom&eacute;ricos insultos, ni m&aacute;s ni menos que si
+fuesen las avanzadillas de los dos partidos enemigos que presto iban a
+encender la guerra civil. El pretexto de las ri&ntilde;as era que las de
+Marineda mostraban asombrarse de que las campesinas, viniendo quiz&aacute; de
+tres leguas de distancia, estuviesen ya all&iacute; cuando apenas asomaba el
+d&iacute;a, y hac&iacute;an rechifla de tal diligencia.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Vaya, que es buen madrugar de Dios, hijas!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Venides a caballo del Sol?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Andar, lamponas! &iexcl;Dej&aacute;is la cama por hacer y el chiquillo por mamar!
+&iexcl;Madrastras!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ni os peinades tan siquiera!... &iexcl;And&aacute;is ara&ntilde;ando en el pelo con los
+dedos por llegar seis minutos antes, ansiosas de judas!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;T&uacute; dormiste en el camino, avariciosa! Imposible que a tu casa
+llegases. Tanto madrugar, y tanto madrugar, y luego no hacedes ni medio
+cigarro, en t&oacute; el d&iacute;a, que mismo no sabedes menear los dedos, que mismo
+los tenedes que parecen chorizos, que mismo Dios os hizo torponas, que
+mismo....</p>
+
+<p>Aqu&iacute; ya la sorna y flema de las interpeladas tocaba a su fin, y
+respond&iacute;an col&eacute;ricas, pero entre dientes:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y luego? Cada uno se vale como puede, y vust&eacute; tendr&aacute; otras rentas, y
+m&aacute;s otros se&ntilde;or&iacute;os... y ganaralo de otra manera diferente, y Dios sabe
+c&oacute;mo ser&aacute;... que yo no lo s&eacute; ganar sino trabajando, <i>hija</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Yo lo gano con tanta honra como ust&eacute;... y no injuriar a nadie.</p>
+
+<p>&mdash;Calle ust&eacute;, que empez&oacute;. Yo no le dijen cosa mala.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Avarientas, ra&ntilde;as, ahorc&aacute;devos por un ochavo!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Sinverg&uuml;enzas!&mdash;replicaban furiosas las campesinas.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Servilonas, carlistas!&mdash;contestaban las ciudadanas, ya en actitud
+agresiva.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Malvadas, que echades contra Dios!&mdash;rug&iacute;an las insultadas. Y en medio
+del tumulto se o&iacute;a el agud&iacute;simo &iexcl;ayyy!, de una mujer, a la cual manos
+furibundas intentaban arrancar de un solo tir&oacute;n la trenza entera de sus
+cabellos. Por espacio de diez segundos imperaban la confusi&oacute;n y el
+desorden, y hab&iacute;a empujones, pellizcos convulsivos, ara&ntilde;azos, violentos
+repelones; pero apenas iban aproxim&aacute;ndose a las cercan&iacute;as de la F&aacute;brica,
+donde el severo reglamento prohib&iacute;a los esc&aacute;ndalos, cesaba el griter&iacute;o,
+comenzaba el torrente femenil a precipitarse dentro del patio, y
+restablec&iacute;ase la paz, ya que no la serenidad interior, en la fiel imagen
+abreviada de la naci&oacute;n espa&ntilde;ola.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XIV" id="XIV"></a><a href="#capitulos">-XIV-</a></h2>
+
+<h3>Sorbete</h3>
+
+
+<p>Josefina Garc&iacute;a estaba aquella noche muy compuesta y emperejilada en el
+paseo de <i>las Filas</i>, y la acompa&ntilde;aban las de Sobrado. Cuanto se pon&iacute;a
+Josefina ajust&aacute;base siempre a los &uacute;ltimos decretos de la moda, no sin
+cierta exageraci&oacute;n y nimiedad, que ol&iacute;a a figur&iacute;n casero. Era esa la
+condici&oacute;n del cuerpo de Josefina semejante a la de la cola que los
+escultores usan para vaciar sus estatuas, que recibe toda forma que se
+le quiera imprimir. Josefina entraba d&oacute;cil en los moldes impuestos por
+la moda, sin rebelarse ni protestar jam&aacute;s. Ten&iacute;a su f&iacute;sico algo de
+impersonal, una neutralidad que le permit&iacute;a variar de peinado y de
+adorno sin mudar de tipo. Mediana de estatura, su rostro prolongado y
+sus agradables facciones no ofrec&iacute;an rasgos caracter&iacute;sticos. Sus ojos,
+ni chicos ni grandes, ni eran feos, pero s&iacute; dominantes y escudri&ntilde;adores
+m&aacute;s de lo que a su edad y doncellez conven&iacute;a; su sonrisa, entre
+reservada y c&aacute;ndida, demasiado permanente en los labios, para que no
+tuviese visos de fingida y afectada; su talle, modelado por el cors&eacute;,
+ser&iacute;a pobre de formas si h&aacute;biles artificios del traje, como un volante
+sobre los hombros, o en la cadera, no reforzasen sus di&aacute;metros. Sin
+ali&ntilde;o y despeinada, Josefina deb&iacute;a parecer poca cosa; ayudada por el
+tocado, adquir&iacute;a cierta postiza morbidez. En realidad, era un fruto
+prematuramente ca&iacute;do del &aacute;rbol, una doncella n&uacute;bil antes de tiempo; a
+los trece, cuando tocaba habaneras, ten&iacute;a ya las coqueter&iacute;as, los celos,
+los caprichos de la mujer, y ahora aquella flor r&aacute;pida y precoz se hab&iacute;a
+deshojado, y en vez de la lozan&iacute;a seductora de la juventud, not&aacute;base en
+Josefina la tiesura y empaque de una se&ntilde;ora formal y los remilgos de una
+lugare&ntilde;a. Figur&aacute;base que la distinci&oacute;n, el buen tono, consist&iacute;an en
+contrahacer los menores movimientos, ajust&aacute;ndolos a una pauta
+preestablecida; que hab&iacute;a un modo elegante y otro cursi de re&iacute;r, de
+estornudar, de abanicarse; que hasta exist&iacute;an opiniones distinguidas y
+bien vistas, y opiniones que ya no se llevaban; y que en todo, lo m&aacute;s
+selecto y fino eran las medias tintas, la insustancialidad, lo ins&iacute;pido,
+inodoro e incoloro. Hablando de cosas superficiales, no le faltaba
+cierta charla vivaz, semejante al trinar del jilguero; pero apenas se
+tocaban asuntos serios, cre&iacute;ase obligada, por su papel de ni&ntilde;a elegante
+y casadera, a encogerse de hombros, hacer cuatro dengues y mudar de
+conversaci&oacute;n. Tal cual era Josefina, muchas se&ntilde;oritas la imitaban,
+porque, seg&uacute;n se dec&iacute;a, &laquo;sacaba las novedades&raquo;; y aunque tach&aacute;ndola de
+exagerada y rara, a veces, con el rabillo del ojo observaban las
+innovaciones de indumentaria que luc&iacute;a, para reproducirlas al punto.</p>
+
+<p>Aquel a&ntilde;o comenzaba a imperar el traje corto, revoluci&oacute;n tan importante
+para el atav&iacute;o femenino, como la de Setiembre para Espa&ntilde;a; las avanzadas
+en ideas se hab&iacute;an apresurado a cercenar sus faldas, mientras las
+conservadoras no se resolv&iacute;an a suprimir la cuarta de tela con que
+barr&iacute;an las inmundicias del piso. Josefina, que en materia de vestir era
+radical, llevaba la moda nueva en todo su rigor, con t&uacute;nica de seda
+negra adornada de bellotas de pasamaner&iacute;a, cayendo sobre redonda falda
+de glas&eacute; azul. Un velo de rejilla formaba a su rostro la misteriosa
+aureola de un confesionario, y los <i>cuernos</i> de su peinado bajaban con
+gracia y simetr&iacute;a hacia la nariz. Por la espalda y en la cintura, un
+lazo negro muy pronunciado serv&iacute;a para abultar lo que entonces quer&iacute;a la
+<i>voluble diosa</i> que abultase. Echaba la se&ntilde;orita los codos atr&aacute;s con
+objeto de destacar el busto, actitud que escrupulosamente copiaba la
+segunda de Sobrado, Clara. Lola, que iba en medio, era la &uacute;nica a poner
+el cuerpo como Dios se lo dio. La luz de la luna, que se alzaba
+iluminando el paseo de <i>las Filas</i> y el mar, la hora y la temperatura
+envidiable de una noche de verano, incitaban a amantes efusiones, o
+siquiera a galanteos, y hasta el ruido de la concurrencia se brindaba a
+ser c&oacute;mplice de tiernas palabras pronunciadas a media voz; as&iacute; lo
+comprend&iacute;a Baltasar, que acompa&ntilde;aba a las muchachas, inamovible al lado
+de Josefina, y haciendo, sin escr&uacute;pulo, que sus hermanas llevasen la
+cesta. A lo lejos, el blando murmullo de las olas, que parec&iacute;an un lago
+de plata, dec&iacute;a cosas embriagadoras y po&eacute;ticas; cantaba un idilio
+intraducible al humano lenguaje. La conversaci&oacute;n del grupo era, no
+obstante, por todo extremo, vulgar.</p>
+
+<p>&mdash;Est&aacute; desanimado el paseo. &iquest;Verdad, Sobrado?</p>
+
+<p>&mdash;Animad&iacute;simo lo encuentro yo. &iquest;Por qu&eacute; dice usted eso?...&mdash;Y los ojos
+de Baltasar buscaron los de Josefina, y una mirada se cruz&oacute; entre ambos.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; cosas tiene usted! Vaya, falta gente: usted no lo notar&aacute;, pero s&iacute;
+falta.</p>
+
+<p>&mdash;Yo, intervino Lola, me aburro con tanto dar y dar vueltas.... En
+cualquier sitio me divertir&iacute;a m&aacute;s. No hubiera salido hoy, si no fuese
+por la Octava de San Hilario.... Pero ni aun la Octava estuvo a mi
+gusto; falt&oacute; much&iacute;sima gente de la que acostumbra alumbrar.... &iquest;Sab&eacute;is
+porqu&eacute;?</p>
+
+<p>&mdash;No&mdash;dijo maquinalmente Josefina.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;&mdash;declar&oacute; Baltasar&mdash;, porque fueron a esperar al muelle a los
+delegados de Cantabria.</p>
+
+<p>&mdash;Los delegados... &iquest;de qu&eacute;?&mdash;pregunt&oacute; Josefina jugando con el abanico.</p>
+
+<p>&mdash;De Cantabria.... Vienen a firmar la uni&oacute;n del Norte...&mdash;explic&oacute;
+Lola&mdash;. &iexcl;A m&iacute; me gustar&iacute;a ver el desembarque! Si hubiese tenido con
+quien ir.</p>
+
+<p>&mdash;Yo fui.... &iexcl;Qu&eacute; l&aacute;stima!&mdash;dijo Baltasar.</p>
+
+<p>&mdash;Chica.... &iexcl;Vaya una idea!&mdash;exclam&oacute; Josefina soltando menudas
+carcajaditas&mdash;. Yo huyo de esas confusiones.... Me aterra pensar que
+pueden gentes sin educaci&oacute;n apachucarme, pisarme.... &iexcl;Qu&eacute; fastidio! Y al
+fin poco tendr&aacute; que ver.... Diga usted, Sobrado, &iquest;se ha divertido usted
+mucho?</p>
+
+<p>&mdash;No por cierto.... &iexcl;Diversi&oacute;n! &iquest;Qu&eacute; diversi&oacute;n ha de ser? Pero es
+curioso.... &iexcl;Hubo vivas, y mueras, y un silbido vergonzante, y abrazos,
+y apretones de manos!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bien por el que silb&oacute;!&mdash;dijo Lola batiendo palmas&mdash;. &iexcl;A eso quer&iacute;a yo
+ir, a silbar con la llave de la puerta!</p>
+
+<p>&mdash;Dice el t&iacute;o Isidoro&mdash;intervino Clara&mdash;que si esto sigue as&iacute; van a
+tener que cerrarse los comercios y se concluir&aacute; la industria.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Y tambi&eacute;n se cerrar&aacute;n las iglesias!&mdash;recalc&oacute; Lola con m&aacute;s calor
+a&uacute;n&mdash;. &iexcl;Malditos revoltosos! &iexcl;A silbar, a silbar debi&oacute; ir todo el mundo!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Psss! &iexcl;Por Dios!&mdash;suplic&oacute; Josefina&mdash;. Estamos llamando la
+atenci&oacute;n.... Luego dir&aacute;n que nos metemos en pol&iacute;tica.</p>
+
+<p>&mdash;Pues yo me meto... &iquest;y qu&eacute;? Ahora todo el mundo se mete&mdash;afirm&oacute; Lola.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay... yo no! Qu&eacute; ridiculez, &iquest;eh, Sobrado? Yo no entiendo de eso.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No tiene usted opiniones, polla?</p>
+
+<p>&mdash;No... es decir, no me gustan los alborotos; &iexcl;cuando hay trifulca el
+teatro est&aacute; tan soso!... Ni queda humor para vestirse y salir.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, usted debe tener sus preferencias.... &iquest;Ser&aacute; usted carlista?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay, no!... &iexcl;La Inquisici&oacute;n me da un miedo!...&mdash;dijo riendo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Republicana?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; horror! &iexcl;Cosa m&aacute;s cursi...!</p>
+
+<p>&mdash;Moderada, ea. Es usted moderada, de fijo.</p>
+
+<p>&mdash;Tal vez, tal vez, algo moderada.... La pobre Reina me da mucha
+l&aacute;stima.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, ahora ya s&eacute; que es usted moderada y lo voy a divulgar por ah&iacute;
+para que la prendan a usted por conspiradora.</p>
+
+<p>&mdash;No, por Dios, que no sue&ntilde;en que hablamos de estas cosas.... Se reir&iacute;an
+de m&iacute; y dir&iacute;an que parecemos un club. &iquest;No sabe usted alguna noticia?
+&iquest;Qu&eacute; me cuenta usted del prestidigitador que trabaja en el teatro?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;El h&uacute;ngaro? &iexcl;Bah! Como todas esas funciones.... Muy pesado, mucho
+cubilete y los pistoletazos de caj&oacute;n....</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pistoletazos! Los odio: me asustan atrozmente. En viendo que preparan
+la pistola, ya estoy tap&aacute;ndome los o&iacute;dos: las chicas se r&iacute;en y mam&aacute; me
+dice siempre: &laquo;Ni&ntilde;a, que te miran...&raquo;. Pero yo no puedo....</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Mejor! Si la miran a usted, &iquest;qu&eacute; m&aacute;s quieren los espectadores?
+&mdash;declar&oacute; Baltasar cediendo a la destreza con que Josefina tra&iacute;a el
+di&aacute;logo al terreno personal.</p>
+
+<p>Mientras pasaba este coloquio, las madres, que ven&iacute;an detr&aacute;s, se
+sentaron en un banco, sin que su pl&aacute;tica, por versar sobre asuntos de
+muy otra especie cediese en animaci&oacute;n a la de la gente joven. Un
+momento, al pasar por delante de ellas, Lola se volvi&oacute; a preguntarles no
+s&eacute; qu&eacute;; al mismo tiempo Josefina toc&oacute; levemente en el codo a Baltasar,
+el cual se inclin&oacute;, y por movimiento simult&aacute;neo cayeron los brazos de
+ambos y sus manos se unieron el espacio de un segundo, depositando la
+mano varonil en la femenina un papelito blanco, tama&ntilde;o como una
+mariposa. Susurraban las acacias, llenaba el aire el misterioso silabeo
+de las conversaciones de &uacute;ltima hora, y el amoroso gemido del mar,
+besando el parapeto, completaba la sinfon&iacute;a.</p>
+
+<p>Ni se escap&oacute; el detalle del papel al ojo avizor de la viuda ni a la
+vigilante atenci&oacute;n de do&ntilde;a Dolores, quien puso torcido y avinagrado
+gesto, levant&aacute;ndose al punto y anunciando que era hora de retirarse. Al
+tiempo que regresaban las dos familias, desde <i>las Filas</i> a la calle
+Mayor, la se&ntilde;ora de Sobrado meditaba una &eacute;pica peque&ntilde;ez, una tonter&iacute;a
+trascendental y feroz que le sirviese para dar despachaderas a las de
+Garc&iacute;a y quedarse sola con sus hijas. Y como llegasen cerca de las
+puertas del caf&eacute; de la Aurora, que dejaban pasar la luz amarilla y cruda
+del gas, ocurri&oacute;sele, por fin, la liliputiense estratagema, y con felina
+amabilidad dijo la viuda:</p>
+
+<p>&mdash;Y ahora, &iquest;qu&eacute; se hacen? Nosotros pens&aacute;bamos entrar a tomar un
+refresco.... &iquest;Nos acompa&ntilde;ar&aacute;n ustedes? Un sorbetito, cualquier cosa....</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Jes&uacute;s... pues no faltaba m&aacute;s!&mdash;contest&oacute; la viuda, abochornada como
+persona a quien ofrecen de mala gana y por f&oacute;rmula un obsequio que
+cuesta dinero&mdash;. Nosotras tenemos que hacer, y nos retiramos.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Baltasar!&mdash;grit&oacute; do&ntilde;a Dolores a su hijo, que iba delante con las
+muchachas&mdash;. &iexcl;Baltasarito, entra aqu&iacute;, que vamos a tomar sorbete!...</p>
+
+<p>&mdash;Vengan ustedes, se&ntilde;oritas&mdash;murmur&oacute; el teniente, creyendo que se
+trataba de convidar a la familia Garc&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;No, estas se&ntilde;oras no quieren nada&mdash;se apresur&oacute; a advertir la madre,
+clavando a su hijo a la puerta del caf&eacute; con una mirada elocuent&iacute;sima.</p>
+
+<p>A pesar del aplomo de buen g&eacute;nero que cre&iacute;a Josefinita poseer, se vieron
+a la claridad del gas sus ojos pre&ntilde;ados de l&aacute;grimas de orgullo y su tez
+encendida, como si la abofeteasen. Dijo un seco &laquo;adi&oacute;s&raquo; a Clara y Lola;
+a Baltasar y a do&ntilde;a Dolores ni palabra. Cogiose del brazo de la viuda y
+pronto se confundieron en la oscuridad del fin de la calle sus espaldas,
+erguidas con dignidad propia de espaldas de destronadas reinas. Baltasar
+se volvi&oacute; hacia su madre.</p>
+
+<p>&mdash;Pero, mam&aacute;...&mdash;pronunci&oacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Chsss!&mdash;murmur&oacute; ella en voz baja, casi al o&iacute;do del mancebo...&mdash;. Eres
+un bolo, que te comprometes en p&uacute;blico con ellas, y tienen medio perdido
+su asunto. Van a quedar en la calle, chiquillo.... He confesado a la
+infeliz de la madre y no pudo neg&aacute;rmelo.... Yo ya lo sab&iacute;a por un
+abogado. Va muy mal todo eso.... Ni&ntilde;as, sentaos&mdash;a&ntilde;adi&oacute; dirigi&eacute;ndose a
+Lola y Clara&mdash;. Mozo, cuatro medios de leche y barquillos....</p>
+
+<p>&mdash;Yo no tomo...&mdash;dijo Baltasar.</p>
+
+<p>&mdash;Mozo, tres medios no m&aacute;s.... Pues mira como andas, porque esa mocosa
+con su gesto de todo me fastidia, te va a envolver.... La tendr&aacute;s que
+mantener, y a las cu&ntilde;aditas, y a la viuda....</p>
+
+<p>&mdash;Pero si no pienso... usted todo lo abulta. S&oacute;lo que las cosas hechas
+as&iacute; de este modo se comentan y dan que hablar.... &iquest;No se empe&ntilde;&oacute; usted
+misma en que las acompa&ntilde;ase?</p>
+
+<p>&mdash;Con permiso de ustedes&mdash;dijo el mozo colocando en la mesa tres vasos
+de leche amerengada coronados de canela, y un cestito de paja lleno de
+barquillos. Clara y Lola se pusieron a chupar su refresco, comprendiendo
+que no deb&iacute;an o&iacute;r el di&aacute;logo de su madre y hermano.</p>
+
+<p>&mdash;Que las acompa&ntilde;ases, s&iacute;... porque no me figuraba yo que iba a resultar
+tal compromiso.... Si pierden el pleito, ni s&eacute; c&oacute;mo pagar&aacute;n las
+costas.... Han de acudir al bolsillo del pr&oacute;jimo; acu&eacute;rdate de lo que te
+digo; como si todo el mundo tuviese ah&iacute; el dinero a disposici&oacute;n....</p>
+
+<p>&mdash;Pues yo&mdash;declar&oacute; Baltasar&mdash;no vuelvo a meterme en otra.... Mire usted
+bien las cosas antes, porque esto de andar as&iacute;, hoy tomo y ma&ntilde;ana dejo,
+es rid&iacute;culo y le pone a uno en evidencia. Dir&aacute; la gente que cazamos...
+que cazo un dote.... &iexcl;Ya ve usted!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Dios quiera que los cazados no seamos nosotros!&mdash;tartamude&oacute; do&ntilde;a
+Dolores con las mejillas horriblemente sumidas por los esfuerzos de
+absorci&oacute;n que practicaba, a fin de convertir su barquillo en bomba
+ascendente de la leche garrapi&ntilde;ada.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XV" id="XV"></a><a href="#capitulos">-XV-</a></h2>
+
+<h3>Himno de Riego, de Garibaldi. Marsellesa</h3>
+
+
+<p>Era Baltasar un hijo, no de este siglo, sino de su &uacute;ltimo tercio, lo
+cual es m&aacute;s caracter&iacute;stico y peculiar. Calific&aacute;banle las se&ntilde;oras de
+atento; sus compa&ntilde;eros, de muchacho corriente y agradable; su t&iacute;o, de
+chico listo y con el cual se pod&iacute;a departir acerca de asuntos de
+comercio. Su temperatura moral no sub&iacute;a ni bajaba a dos por tres; no se
+le conoc&iacute;a ardor ni entusiasmo por ninguna cosa; la fiebre de la mocedad
+no le hab&iacute;a causado una hora de franca y declarada calentura. Ni juego,
+ni bebida, ni mujeres le sacaban de quicio. En pol&iacute;tica era naturalmente
+doctrinario. Su madre le juzgaba mozo de gran porvenir y altos destinos,
+porque dej&aacute;ndole la paga para gastos menudos y diversiones, Baltasar
+ahorraba y nunca se hall&oacute; sin blanca en el bolsillo del chaleco.
+Destinado a la carrera militar, m&aacute;s por vanidad de su familia que por
+vocaci&oacute;n, no era, sin embargo, cobarde, pero s&iacute; yerto; prefer&iacute;a los
+ascensos a la gloria, y a la gloria y a los ascensos reunidos antepon&iacute;a
+una buena renta que disfrutar sin moverse de su casa ni estar a merced
+del ministro de la Guerra. Secretamente, con cautela suma (porque
+Baltasar respetaba la opini&oacute;n p&uacute;blica y todo lo que hay que respetar
+para vivir con sosiego), la ley y norte de su vida era el placer,
+siempre que no ri&ntilde;ese con el bienestar. Ten&iacute;a vanidad, pero vanidad
+encubierta y en cierto modo solitaria. A sus creencias, vacilantes y
+endebles, no quer&iacute;a tocar, como si fuesen un diente pr&oacute;ximo a caerse y
+con el cual evitase morder cortezas duras. Viv&iacute;a a su gusto y talante,
+sin meterse en m&aacute;s libros de caballer&iacute;as. F&iacute;sicamente ten&iacute;a Baltasar
+mediana estatura, la tez fina y blanca, y de un rubio apagado el ralo
+cabello; pero la parte inferior de su fisonom&iacute;a era corta y poco noble;
+la barbilla chica y sin energ&iacute;a, la boca delgada de labios, como la de
+do&ntilde;a Dolores. En conjunto, su rostro pareciera afeminado a no acentuarlo
+la aguda nariz, dise&ntilde;ada correctamente, y la frente espaciosa,
+predestinada a la calvicie.</p>
+
+<p>Al huir del caf&eacute;, como si huyese de s&iacute; mismo, dejando a su madre y a sus
+hermanas ocupadas en agotar los sorbetes, sinti&oacute; que le daban una
+palmadica en la espalda, y volvi&eacute;ndose conoci&oacute; a Borr&eacute;n, que ya hac&iacute;a
+d&iacute;as estaba de retorno de Ciudad Real, contando que all&iacute; hab&iacute;a unas
+chicas... hombre, &iexcl;cosa notable! Se cogieron del brazo y se dieron a
+vagar por las calles, que no aconsejaba otra cosa la serenidad y
+hermosura de la noche de est&iacute;o. Baltasar desahog&oacute; sus cuitas en aquel
+amigo pecho. &Eacute;l no estaba ciego por Josefina, ni cosa que lo valga; pero
+ahora recelaba que ser&iacute;a mal visto plantarla de golpe y porrazo.</p>
+
+<p>&mdash;Entret&eacute;ngala usted&mdash;aconsej&oacute; maquiav&eacute;licamente Borr&eacute;n&mdash;y distr&aacute;igase
+por otro lado. &iquest;Va usted a vivir as&iacute; a su edad? &iexcl;Pues no faltaba m&aacute;s,
+hombre!</p>
+
+<p>&mdash;Es una diablura: en este pueblo todo se sabe, y despu&eacute;s, l&iacute;os,
+historias, lances que molestan.... Se me figura que voy a pedir que me
+destinen a Andaluc&iacute;a o a Catalu&ntilde;a.... Si me quedo aqu&iacute;, hay una muchacha
+que me da, a veces, en que pensar... &iquest;y para qu&eacute; se ha de meter uno en
+un atolladero?</p>
+
+<p>&mdash;Una muchacha.... No es la de Garc&iacute;a, &iquest;eh?</p>
+
+<p>&mdash;No, hombre.... Esos son solaces a la alta escuela y por todo lo fino,
+que no le quitan a uno el sue&ntilde;o.... Es... una cigarrera.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Hola... picar&oacute;n! &iquest;Esas tenemos, y tan calladito?</p>
+
+<p>&mdash;Usted mismo me la ense&ntilde;&oacute; y me habl&oacute; de ella.... La chica del
+barquillero.</p>
+
+<p>Borr&eacute;n chasque&oacute; la lengua contra el paladar.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Yaaa&aacute; lo creo! &iexcl;Toma, toma! &iexcl;Pues si es una joyita, hombre! &iexcl;Caramba
+con usted y c&oacute;mo lo gasta! &iquest;No se lo dec&iacute;a yo a usted, eh?</p>
+
+<p>&mdash;Debo advertir que por ahora no hay nada. No se eche usted a maliciar
+ya.</p>
+
+<p>&mdash;Principio quieren las cosas, hombre.</p>
+
+<p>Hablaban as&iacute; al atravesar una calle principal, cuando de pronto les
+llam&oacute; la atenci&oacute;n el corro de gente parada a la puerta de una sociedad
+de recreo. Dentro del marco de las iluminadas ventanas se ve&iacute;an agitarse
+figuras negras que gesticulaban animadamente, y detr&aacute;s de ellas medio se
+columbraba una mesa servida con copas, botellas y dulces. A veces se
+dibujaba sobre el fondo de luz la silueta de una mano que alzaba una
+copa, y el clamor que segu&iacute;a al brindis era delatado por el retemblido
+de los cristales.</p>
+
+<p>&mdash;El C&iacute;rculo Rojo&mdash;dijo Borr&eacute;n&mdash;. Est&aacute;n obsequiando a los delegados de
+Cantabria.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Llegar por mar ahora mismo y tener humor para correrla!&mdash;exclam&oacute; el
+teniente&mdash;. &iexcl;L&aacute;stima de naufragio!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;A usted qu&eacute; le parece de estas algaradas, Sobrado?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; me ha de parecer? Que antes de dos meses nos embromar&aacute;n all&aacute; por
+Navarra los del Terso....</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Quia! Eso nunca, hombre. Eso muri&oacute;, y los muertos no resucitan.</p>
+
+<p>&mdash;Usted entiende m&aacute;s de chicas guapas que de pol&iacute;tica, amigo Borr&eacute;n. Nos
+van a divertir, cr&eacute;ame usted. Ya anda en danza El&iacute;o, un militar si los
+hay.... Eso se va a organizar; ver&aacute; usted c&oacute;mo salen de la tierra igual
+que los hongos cuando llueve, pero equipaditos y con armamento. Y estos
+otros tambi&eacute;n van a sacar las u&ntilde;as por Barcelona y donde haya blusas y
+f&aacute;bricas. Lo peor de todo es que har&aacute;n de Espa&ntilde;a mangas y capirotes....</p>
+
+<p>Un golpe de gente que desembocaba en la calle cort&oacute; la r&eacute;plica de
+Borr&eacute;n. A la luz del astro nocturno se ve&iacute;a blanquear los instrumentos
+de metal y los papeles de m&uacute;sica. Al llegar ante el C&iacute;rculo Rojo instal&oacute;
+la banda sus atriles, en el centro del corro que aumentaba; y previas
+algunas palabras en voz baja y un golpe de batuta, rasg&oacute; los aires el
+bullanguero himno que todo espa&ntilde;ol conoce y ama o detesta. Del concurso
+partieron gritos.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Himno de Garibaldi!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Marsellesa, Marsellesa!&mdash;contest&oacute; un grupo m&aacute;s compacto.</p>
+
+<p>Y enmudecieron los metales, y presto volvi&oacute; a alzarse su formidable
+acento, entonando la tr&aacute;gica Marsellesa. Impensadamente se abrieron las
+ventanas del C&iacute;rculo, y fue como si la sala llena de claridad, de gente
+y de tumulto, se viniese a meter entre los espectadores.</p>
+
+<p>En primer t&eacute;rmino asomaron las cabezas los reci&eacute;n venidos, y al punto
+call&oacute; la m&uacute;sica y se oyeron vivas a los delegados, a Cantabria,
+dominando el clamoreo una voz aguardentosa que desde la esquina repet&iacute;a
+incansable &laquo;&iexcl;Viva la honradez!&raquo;. Una mujer se adelant&oacute;, y entrando en el
+c&iacute;rculo de luces, grit&oacute; con voz fresca y potente:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Que brinden a la salud del pueblo!... &iexcl;Que brinden!...</p>
+
+<p>Volviose uno de los delegados, y al punto le trajeron una copa rebosando
+Champa&ntilde;a, que elev&oacute; a los cielos al pronunciar el brindis. Las luces de
+los atriles alumbraron su barba de nieve, sus mejillas sonrosadas como
+las de los viejos de la pintura arc&aacute;dica. Baltasar sacudi&oacute; el brazo de
+su confidente.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;La ve usted?</p>
+
+<p>&mdash;La veo. &iexcl;Ol&eacute; y qu&eacute; guapa se pone todos los d&iacute;as, hombre!</p>
+
+<p>&mdash;Pero se me hace muy cargante con estas cosas pol&iacute;ticas. Las mujeres no
+tienen m&aacute;s oficio que uno.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, hombre... qui&eacute;n la mete a ella... tiene chiste.</p>
+
+<p>&mdash;Es una epidemia. Almorzamos pol&iacute;tica y comemos &iacute;dem. Se va volviendo
+Espa&ntilde;a un manicomio. &iexcl;Bah! Si no estuviese aqu&iacute;, donde todo el mundo me
+conoce, las extravagancias de esa muchacha no dejar&iacute;an de divertirme....
+&iquest;La ve usted aplaudiendo a rabiar al del brindis? &iquest;C&oacute;mo se llamar&aacute; ese
+ciudadano? Parece el Oroveso de <i>Norma</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Psh... ma&ntilde;ana lo sabremos.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XVI" id="XVI"></a><a href="#capitulos">-XVI-</a></h2>
+
+<h3>Revoluci&oacute;n y reacci&oacute;n mano a mano</h3>
+
+
+<p>En la calle de los Castros estaba Carmela, la encajerita, descolorida
+como siempre y ocupada en o&iacute;r de boca de Amparo el relato de los sucesos
+de la v&iacute;spera. Asomada Carmela al tablero, disimulaba su talle encorvado
+ya por la habitual labor; pero no sus ojos ribeteados y cansados de
+fijarse en la blancura del hilo. No obstante su atareado vivir, la
+encajera gastaba humor apacible e inalterable y pose&iacute;a la dulzura de las
+personas melanc&oacute;licas, una benevolencia claustral. Amparo narraba
+animadamente; los delegados de Cantabria hab&iacute;an desembarcado entre
+inmenso gent&iacute;o que llenaba el muelle y la ribera: ella pens&oacute; por la
+ma&ntilde;ana alumbrar en la octava de San Hilario; pero &iexcl;qu&eacute; octava ni
+octava!, en cuanto supo la venida del buque, all&aacute; se plant&oacute;, en el
+desembarcadero, abri&eacute;ndose calle a codazos.... Los delegados son unos
+se&ntilde;ores..., &iexcl;vaya!, de mucho trato y de mucho mundo: &iexcl;saludan a todos y
+se r&iacute;en para todos!, &iexcl;republicanos de coraz&oacute;n, ea! (y aqu&iacute; Amparo se
+descarg&oacute; una pu&ntilde;alada en el pecho). A la se&ntilde;ora Mar&iacute;a, la <i>Rinchona</i>,
+mira t&uacute;, porque dijo que les quer&iacute;a dar la mano, la abrazaron a vista de
+todo Dios... luego los hab&iacute;a acompa&ntilde;ado al C&iacute;rculo Rojo, y o&iacute;do la
+serenata, y el discurso que ech&oacute; uno de ellos... &iexcl;un viejo que parece un
+santo!, y otro... un se&ntilde;or serio, de mal color....</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y qu&eacute; tal, predican bien?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Dicen cosas... que se le hace a uno agua la boca de o&iacute;rlas! Quisiera
+yo que estuviesen all&iacute; los que creen que la federal trae desgracias y
+belenes. El viejo no habl&oacute; sino de que ya no hab&iacute;a tiran&iacute;a... de que
+todo se iba a arreglar con moralidad y atenci&oacute;n... de que nos
+quisi&eacute;semos mucho los republicanos, porque ya todo ha de ser concordia
+entre los hombres.</p>
+
+<p>&mdash;T&uacute; tienes un memori&oacute;n.... A m&iacute; se me ir&iacute;a el santo al cielo. Mi
+memoria es de gallo. Y el otro, &iquest;qu&eacute; dijo?</p>
+
+<p>&mdash;El otro, el otro... el otro habla despacio, pero echa unos t&eacute;rminos,
+que a veces cuesta caro entenderlo.... Predic&oacute; mucho de nuestros
+derechos y del trabajo, y de lo que representa esta Uni&oacute;n del Norte... y
+de que las clases trabajadoras, si se unen, pueden con las dem&aacute;s....
+Hab&iacute;an de venir all&iacute; arrastrados de las orejas los que piensan que los
+republicanos dicen cosas malas. No se&ntilde;or, all&iacute; se cantaba clarito lo que
+somos, paz, libertad, trabajo, honradez y la cara y las manos muy
+limpias.</p>
+
+<p>&mdash;Dime una cosa, mujer.</p>
+
+<p>&mdash;M&aacute;s que sean dos.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y qu&eacute; significa eso de rep&uacute;blica federal?</p>
+
+<p>&mdash;Significa... &iquest;qu&eacute; ha de significar, repelo? Lo que predicaron esos.</p>
+
+<p>&mdash;Pero no me hice bien de cargo.... &iquest;Qu&eacute; m&aacute;s tiene eso que el gobierno
+que hay ahora?</p>
+
+<p>&mdash;Tiene, tiene, tiene... tiene que Madr&iacute; no se nos monte encima, y que
+haya honradez, paz, libert&aacute;, trabajo....</p>
+
+<p>&mdash;Pero... vamos, una pregunta, por preguntar, mujer. &iquest;No dec&iacute;an cuando
+vino el barullo de la revoluci&oacute;n el a&ntilde;o pasado, que nos iban a dar todo
+eso? Conforme aquellos no lo dieron tambi&eacute;n podr&aacute; cuadrar que no lo den
+estotros.</p>
+
+<p>&mdash;No puede ser, y no, y no, porque estos son otros hombres de otra
+manera, que miran por el bien del pueblo.... No digas tontadas.</p>
+
+<p>La encajerita se ri&oacute; con su risa tenue.</p>
+
+<p>&mdash;No, si lo que vienen a dar es trabajo, por ac&aacute; no falta.... Y digo yo
+y preguntando otra vez, si es verd&aacute; que quitan la estancaci&oacute;n del
+tabaco, vamos a ver, &iquest;c&oacute;mo os val&eacute;is las cigarreras? Pidiendo limosna.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Esa es una burrada de las gordas!&mdash;exclam&oacute; Amparo, fuerte ya en la
+controversia del punto concreto&mdash;. Oye y atiende, mujer, te lo voy a
+poner claro como el sol. Ahora el Gobierno nos tiene all&iacute; sujetas, &iquest;no
+es eso? Ganamos lo que a &eacute;l se le antoja; si vienen, un suponer, buenas
+consignas, porque vienen, y si no, fastidiarse. &Eacute;l chupa y engorda y se
+hace de oro, y nosotras, infelices, lo sudamos. Que se desestanca, que
+se desestanc&oacute;: &iexcl;ala con ella!, las reinas somos nosotras, las que
+tenemos nuestra habilidad en los dedos; con nosotras han de venir a
+batir el consumidor y el estanquero, y si a mano viene, el ministro del
+ramo.... &iquest;A&uacute;n no entendiste, tercona?</p>
+
+<p>Meneaba suavemente la cabeza la encajerita, mientras los hilos de la
+labor se deslizaban, se cruzaban, se entretej&iacute;an a trav&eacute;s de sus dedos,
+y los palillos de boj, chocando unos contra otros, hac&iacute;an una musiquilla
+flauteada.</p>
+
+<p>&mdash;Es que... t&uacute; pintas las cosas.... Pero dime.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; porfiosa del dianche!</p>
+
+<p>&mdash;Dime con verdad.... &iquest;Falta ahora gente que pretenda entrar en la
+F&aacute;brica?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Faltar! &iexcl;M&aacute;s empe&ntilde;os andan danzando!</p>
+
+<p>&mdash;Pues, cat&aacute;... El d&iacute;a que quiten la estancaci&oacute;n se echa medio mundo a
+trabajar en cigarros, y habiendo mucho quien trabaje, el trabajo anda
+por los suelos de barato. &iquest;Qu&eacute; me est&aacute; pasando a m&iacute;? Empez&oacute; la t&iacute;a a
+hacer encajes, y le salieron dos o tres de Portomar a poner la
+competencia... porque ahora son mucha moda estas puntillas, hasta para
+pa&ntilde;uelos; lo que estoy rematando es un pa&ntilde;uelo.</p>
+
+<p>Descubri&oacute; ufana su almohadilla alzando un pa&ntilde;izuelo que velaba parte de
+labor terminada ya, y viose una afiligranada crester&iacute;a, un alicatado de
+hilo, donde el menudo dibujo se desplegaba en estrellitas microsc&oacute;picas,
+en finos rombos, en exquisitos rect&aacute;ngulos, todo ello unido con arte y
+gracia formando primorosa orla. Amparo aprob&oacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Est&aacute; muy bonito&mdash;dijo.</p>
+
+<p>&mdash;Pues con todo y que se lleva tanto, como ya somos muchas a menear los
+palitroques, hay que arreglar los precios.... Yo&mdash;murmur&oacute; suspirando
+levemente&mdash;no puedo hacer m&aacute;s; a veces trabajo con luz, pero no me lo
+resisten los ojos, y as&iacute; me arrimo cuando m&aacute;s puedo al tablero hasta que
+no se ve el d&iacute;a.... La t&iacute;a tambi&eacute;n se qued&oacute; medio ciega; ya ni puntillas
+gordas hace: s&oacute;lo sirve para ir por las casas a vender lo que yo
+trabajo....</p>
+
+<p>Batida en el terreno cremat&iacute;stico, Amparo toc&oacute; otra cuerda para seguir
+hablando de lo que la gustaba; que no se le coc&iacute;a el pan en el cuerpo
+hasta desembuchar cuanto hab&iacute;a visto y esperaba ver.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;El d&iacute;a que lleguen por tierra los delegados de Cantabrialta... se
+prepara una buena! &iquest;No sabes?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Mucha fiesta?</p>
+
+<p>&mdash;Los han de esperar con coches.... Y...&mdash;Amparo se detuvo, bajando la
+voz para acrecentar el efecto de la estupenda noticia&mdash;les iremos a
+alumbrar con hachas.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ave Mar&iacute;a de gracia! &iquest;Qu&eacute; me dices, mujer? &iquest;Alumbrarles como a los
+santos?</p>
+
+<p>&mdash;Andando.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y qui&eacute;n? &iquest;Las de la F&aacute;brica?</p>
+
+<p>&mdash;Aj&aacute;. Una ristra de ellas. Ya estamos habladas.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Van tus amigas?... &iquest;Aquellas dos?...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Espera por ellas! No, mujer, no. Ana, como trata con un capit&aacute;n
+mercante, no se quiere rebajar a que la vean alumbrando; dice que cuando
+llegue la <i>Bella Luisa</i> la avergonzar&iacute;a su marino.... &iexcl;Y aquella tonta
+de Guardiana tuvo valor a decirme que ella s&oacute;lo coger&iacute;a un hacha para ir
+en la procesi&oacute;n de Nuestra Se&ntilde;ora de la Guardia!</p>
+
+<p>&mdash;Pues yo digo otro tanto... m&aacute;s que te enfades, mujer. &iexcl;Vaya unos
+dioses y unas im&aacute;genes que vais a llevar en procesi&oacute;n! Eso parece cosa
+de id&oacute;latras. Alumbrar solamente a las cosas de la iglesia, el ve&aacute;tico,
+las octavas....</p>
+
+<p>&mdash;Calla, que eres m&aacute;s nea que los neos.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Y para el favor que me est&aacute;n haciendo a m&iacute; esos se&ntilde;ores que predican
+la libert&aacute;! &iexcl;Dicen que van a echar a todas las monjas a la calle y a no
+dejar convento con convento!</p>
+
+<p>Amparo retrocedi&oacute; tres pasos, se puso en jarras, enarc&oacute; las cejas, y
+despu&eacute;s se persign&oacute; media docena de veces, con extra&ntilde;a prontitud.</p>
+
+<p>&mdash;Me valga San.... &iquest;Pero t&uacute; hablas formal, mujer? &iquest;Te quieres meter en
+aquella prisi&oacute;n por toda, toda, toda la vida? Arreni&eacute;gote.</p>
+
+<p>&mdash;Querer, quiero.... &iexcl;Ay! Quise desde que fui as&iacute; peque&ntilde;ita.... Pero
+&iexcl;bah!, &iexcl;no puedo! &iquest;D&oacute;nde me van a recibir ahora sin el dote? &iexcl;Buenas
+est&aacute;n las monjas para meterse en despilfarros! &iquest;Y yo, c&oacute;mo he de juntar
+el dote, dime t&uacute;? Si pido, nadie me dar&aacute;... A no ser que Dios me mande
+una sorpresa....</p>
+
+<p>&mdash;Mujer, rica no soy; pero un par de duros a&uacute;n no me hacen falta para
+comer ma&ntilde;ana&mdash;dijo espont&aacute;neamente Amparo.</p>
+
+<p>La p&aacute;lida sonrisa de la encajerita alumbr&oacute; su rostro.</p>
+
+<p>&mdash;Se estima la volunt&aacute;... Necesito una atrocid&aacute; de dinero para el caso,
+y ya s&eacute; que juntar, no lo he de juntar nunca.... En fin, paciencia nos
+d&eacute; Dios.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y t&uacute; estar&iacute;as a gusto presa entre cuatro paredes?</p>
+
+<p>&mdash;Bien presa vivo yo desde que acuerdo.... Siquiera los conventos tienen
+huerta, y ver&iacute;a uno &aacute;rboles y verduras que le alegrasen el coraz&oacute;n.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XVII" id="XVII"></a><a href="#capitulos">-XVII-</a></h2>
+
+<h3>Altos impulsos de la hero&iacute;na</h3>
+
+
+<p>Eran las horas meridianas, las horas de calor, cuando salieron
+desempedrando las calles de Marineda carruajes en que iban las
+comisiones del partido a esperar a los delegados de Cantabrialta. Las
+dos leguas de camino real que van de la ciudad al ex-portazo (como se
+dec&iacute;a entonces) hall&aacute;banse cuajadas de gente en expectativa, asaz
+empolvada y sudorosa. Poca levita, mucha tuina y chaqueta, de higos a
+brevas un uniforme; buen n&uacute;mero de mujeres, roncas ya, con los labios
+secos, los ojos inyectados, arrebatadas las mejillas, m&aacute;s o menos
+descompuesto el peinado y el traje. Engalanadas con colgaduras ostentaba
+sus casas el pobre suburbio de la Riberilla: qui&eacute;n hab&iacute;a destinado a
+manifestar su civismo la colcha de la cama, qui&eacute;n las cortinas de la
+humilde alcoba, qui&eacute;n una s&aacute;bana o mantel. Al ingreso de la barriada se
+alzaban arcos de triunfo, entretejidos con ramaje.</p>
+
+<p>Cuando regresaron los coches trayendo ya a los esperados viajeros, el
+contraste que ofrec&iacute;a el espect&aacute;culo convidaba a parar la consideraci&oacute;n
+en &eacute;l. Acerc&aacute;base el sol a su ocaso y las colinas que limitaban el
+horizonte pasaban del suave azul ceniciento al lila m&aacute;s delicado. Las
+playas de la Barquera y el mar alternaban en zonas de n&iacute;tida blancura y
+de limpio color de zafiro; a los &uacute;ltimos destellos del Poniente, el
+arenal brillaba como si estuviese salpicado de plata, y vaporosas
+franjas de espuma, tan pronto formadas como deshechas, corr&iacute;an un
+instante por el borde de las olas. Soberana y majestuosa paz, unida al
+recogimiento de la hora vespertina, se elevaba de aquellas di&aacute;fanas
+lejan&iacute;as al cielo puro, donde apenas de trecho en trecho leves
+nubecillas, semejantes a copos de algod&oacute;n, se esparc&iacute;an ti&ntilde;&eacute;ndose de
+oro. As&iacute; se preparaba al sue&ntilde;o la Naturaleza, mientras en la carretera
+una multitud abigarrada y polvorosa se desojaba mirando al punto por
+donde asomar&iacute;a muy luego la comitiva, y recreaba la vista en contemplar
+los gui&ntilde;apos y telas de colorines pendientes de los balcones, y el
+marchito verdor de los arcos de triunfo; y se recib&iacute;an y daban pisotones
+recios, y <i>metidos</i> feroces, y alg&uacute;n furtivo pellizco, y se tragaba y se
+mascaba el &aacute;rido polvo del camino, oyendo a poca distancia, como ir&oacute;nica
+burla, el blando gemir de las ondas de la r&iacute;a.</p>
+
+<p>De tiempo en tiempo, las bombas de palenque trataban de armar un
+esc&aacute;ndalo en la atm&oacute;sfera, pero en balde: dir&iacute;ase que era la detonaci&oacute;n
+de alg&uacute;n vergonzante petardo, que as&iacute; alteraba la amplia serenidad del
+ambiente, como el zumbido de un mosquito turbar&iacute;a el reposo de un
+gigante. Las tocatas de la banda de m&uacute;sica, hecha pedazos de puro soplar
+himnos y m&aacute;s himnos patri&oacute;ticos, se empeque&ntilde;ec&iacute;an en el libre y
+anchuroso espacio, hasta asemejarse al estallido de una docena de
+bu&ntilde;uelos al caer en el aceite hirviendo donde se fr&iacute;en. Y visto desde la
+playa, el mismo numeroso gent&iacute;o pod&iacute;a compararse a un avispero, y la
+bandera roja a un trapo de los que los chicos cuelgan de una ca&ntilde;a a fin
+de pescar ranas en las ci&eacute;nagas.</p>
+
+<p>Para que la comitiva adquiriese unos asomos de solemnidad, fue preciso
+que entrase en los mezquinos arrabales del pueblo. Con la frescura de la
+noche que ca&iacute;a todo el mundo se hall&oacute; m&aacute;s a gusto, los de los coches
+respiraron, sin dejar de saludar a diestro y siniestro, y comenzaron a
+abrir en las tinieblas sus pupilas de fuego los reverberos de la ciudad,
+la Farola, y las hachas de cera que encend&iacute;an algunas mujeres para
+alumbrar a los carruajes. As&iacute; que brill&oacute; el cord&oacute;n de luces, las
+portadoras de las hachas se alinearon en buen orden, bajando los ojos
+modestamente porque aquello ol&iacute;a a procesi&oacute;n. Entonces algunos curiosos
+de Marineda, que no hab&iacute;an querido molestarse en ir m&aacute;s lejos para ver
+la funci&oacute;n, se abrieron paso y situaron convenientemente con prop&oacute;sito
+de estudiar los semblantes de las que en otra ocasi&oacute;n se llamar&iacute;an
+devotas. Si las encontraban mozas y lindas, dec&iacute;anles cosas almibaradas;
+si viejas y feas, barbaridades capaces de enojar y abochornar a un santo
+de le&ntilde;o. Cuando pasaba Amparo, que iba una de las primeras, al lado del
+rojo estandarte, era un fuego graneado de piropos, una descarga cerrada
+de ternezas, a quemarropa. Es que la muchacha se lo merec&iacute;a todo: la luz
+del bland&oacute;n descubr&iacute;a su rostro animado, encend&iacute;a sus ojos
+rechispeantes, y mostraba la crespa melena, desanudada por la agitaci&oacute;n
+de la caminata, y flotando en caprichosas roscas por su frente, hombros
+y cuello. Baltasar y Borr&eacute;n, de americana y hongo, se colocaron entre la
+api&ntilde;ada muchedumbre y quiz&aacute; le murmuraron al o&iacute;do cien mil dislates;
+pero no estaba el alcacer para gaitas, es decir, no estaba Amparo de
+humor de requiebros, hall&aacute;ndose exclusivamente pose&iacute;da del fervor
+pol&iacute;tico.</p>
+
+<p>Sent&iacute;ase sobreexcitada, febril, en d&iacute;as tan memorables. Por todas partes
+fing&iacute;a su calenturienta imaginaci&oacute;n peligros, luchas, negras tramas
+urdidas para ahogar la libertad. De fijo de fijo el Gobierno de Madrid
+sab&iacute;a ya a tal hora que una heroica pitillera marinedina realizaba
+inauditos esfuerzos para apresurar el triunfo de la federal: y con tales
+pensamientos lat&iacute;ale a Amparo su corazoncillo y se le hinchaba el seno
+agitado. En medio de la vulgaridad e insulsez de su vida diaria y de la
+monoton&iacute;a del trabajo siempre id&eacute;ntico a s&iacute; mismo, tales azares
+revolucionarios eran poes&iacute;a, novela, aventura, espacio azul por donde
+volar con alas de oro. Su fantas&iacute;a inculta y briosa se apacentaba en
+ellos. Las enf&aacute;ticas frases de los art&iacute;culos de fondo, los redundantes
+per&iacute;odos de los discursos resonaban en sus o&iacute;dos como el <i>ritornelo</i> del
+vals en los de la ni&ntilde;a bailadora. Aquella llegada de los individuos de
+la Asamblea de la Uni&oacute;n fue para Amparo lo que ser&iacute;a la de los Ap&oacute;stoles
+para un pueblo que oyese hablar del Evangelio y de pronto viese arribar
+a sus costas a los encargados de anunciarlo.</p>
+
+<p>Ten&iacute;a Amparo por cosa cierta que se acercaba la hora de se&ntilde;alarse con
+alg&uacute;n hecho digno de memoria: ansiaba, sin declar&aacute;rselo a s&iacute; misma,
+emplear las fuerzas de abnegaci&oacute;n y sacrificio que existen latentes en
+el alma de la mujer del pueblo. &iexcl;Sacrificarse por cualquiera de aquellos
+hombres, venidos de Cantabria a vaticinar la redenci&oacute;n; inmolarse por el
+m&aacute;s viejo, por el m&aacute;s feo, prest&aacute;ndole alg&uacute;n extraordinario y capital
+servicio! Llamar a su puerta a las altas horas de la noche; decirle con
+voz entrecortada que &laquo;ah&iacute; viene la polic&iacute;a&raquo; y que se oculte; acompa&ntilde;arle
+por rec&oacute;nditas callejuelas a un escondrijo seguro; meterle en la mano
+unos cuantos pesos ahorrados a fuerza de liar pitillos; recibir, en
+cambio, un haz de proclamas para repartir al d&iacute;a siguiente, con la
+advertencia de que &laquo;si se las cogen, puede contarse &aacute;nima del
+Purgatorio&raquo;; distribuirlas con sigilo y celo; y por recompensa de tantas
+fatigas, de riesgos semejantes, ganar un expresivo apret&oacute;n de manos, una
+mirada de gratitud del proscrito.... Si el hero&iacute;smo es cuesti&oacute;n de
+temperatura moral, Amparo, que se hallaba a cien grados, tal vez se
+dejara fusilar por <i>la causa</i> sin decir esta boca es m&iacute;a; y qui&eacute;n sabe
+si andando los tiempos no figurar&iacute;a su retrato al lado del de Mariana
+Pineda en los cuadros que representan a los m&aacute;rtires de la libertad....
+Feliz o desgraciadamente, lo que ustedes quieran, que por eso no
+re&ntilde;iremos, los tiempos eran m&aacute;s c&oacute;micos que tr&aacute;gicos, y los loables
+esfuerzos de Amparo no le obtuvieron otra corona de martirio sino el que
+en la F&aacute;brica se prohibiese la lectura de diarios, manifiestos,
+proclamas y hojas sueltas, y que a ella y a otras cuantas que
+pronunciaron vivas subversivos y cantaron canciones alusivas a la Uni&oacute;n
+del Norte las suspendieran, como suele decirse, de empleo y sueldo.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XVIII" id="XVIII"></a><a href="#capitulos">-XVIII-</a></h2>
+
+<h3>Tribuna del pueblo</h3>
+
+
+<p>El C&iacute;rculo Rojo echa el resto; no se habla en Marineda sino del banquete
+que ofrece a los delegados de Cantrabria y Cantabrialta. No tiene el
+C&iacute;rculo Rojo socios tan opulentos como el Casino de Industriales y la
+Sociedad de Amigos; pero s&oacute;brale alma y desprendimiento, cuando la
+ocasi&oacute;n lo requiere, para sangrarse los bolsillos, empe&ntilde;arse, si es
+preciso, hasta los ojos y salir con color y presentar una mesa que no le
+averg&uuml;ence.</p>
+
+<p>Llamada a conferenciar con el presidente del C&iacute;rculo la &laquo;persona de buen
+gusto&raquo;, que nunca falta en los pueblos para dirigir las solemnidades,
+entr&oacute; al punto en el desempe&ntilde;o de sus funciones, y se dio tal ma&ntilde;a, que
+en breve pudo negociar un empr&eacute;stito de candeleros de plata, centros de
+mesa, vajilla fina, manteler&iacute;a adamascada y nueva, palilleros
+caprichosos y pureras sorprendentes. Obtenido lo cual, el correveidile
+se frot&oacute; las manos asegurando al presidente que la mesa estar&iacute;a
+regiamente exornada.</p>
+
+<p>&mdash;Regiamente, no se&ntilde;or&mdash;contest&oacute; el presidente algo fosco&mdash;.
+Republicanamente, dir&aacute; usted.</p>
+
+<p>No quiso el organizador de la fiesta discutir el adverbio, y satisfecho
+de haber encontrado los accesorios, se dio a buscar lo principal, o sea
+la comida. Bregando con fondistas y cafeteros, consigui&oacute; combinar
+platos, vinos y helados del modo que le parec&iacute;a m&aacute;s ortodoxo y elegante;
+pero quiso su desdicha que a &uacute;ltima hora el entusiasmo pol&iacute;tico lo
+echase todo a perder, instigando a este bodegonero federal a enviar &laquo;la
+prueba&raquo; de sus vinos y a aquel hornero a remitir media docena de
+robustas empanadas, que cayeron en el banquete como barbarismos en
+selecto trozo de latinidad cl&aacute;sica. Menudencias que la Historia no
+registrar&aacute; seguramente.</p>
+
+<p>De prop&oacute;sito se empez&oacute; tarde la comida, y circulaban a&uacute;n las dos sopas
+de hierbas y de pur&eacute;, cuando los camareros cerraron las maderas de las
+ventanas y encendieron las buj&iacute;as de los candelabros y los aparatos de
+gas. Viose entonces salir de las vaguedades del crep&uacute;sculo la mesa, la
+larga mesa de sesenta cubiertos, con sus brillantes objetos de plata,
+sus ramos de flores sim&eacute;tricamente colocados, sus altos ramilletes de
+dulce, sus temblorosas gelatinas, donde la luz rielaba como en un lago.
+El presidente del C&iacute;rculo tendi&oacute; en derredor una mirada de orgullo. En
+verdad que el aspecto del banquete era majestuoso. Imperaba en &eacute;l
+todav&iacute;a la reserva de los primeros momentos: la gente com&iacute;a con
+moderaci&oacute;n y delicadeza, los camareros y mozos de servicio andaban
+discretamente sin taconear, las cucharas produc&iacute;an leve m&uacute;sica al
+tropezar con los platos, la virginidad del mantel alegraba los ojos, y
+el vaho aperitivo de la sopa no desterraba del todo las fragantes
+emanaciones de las rosas y claveles de los floreros. No obstante, al
+servirse la primer entrada comenzaron a dialogar los vecinos de mesa, y
+el rumor creciente de las conversaciones envalenton&oacute; a los mozos, que
+pisaron ya m&aacute;s recio.</p>
+
+<p>Presid&iacute;a la mesa el viejo de blanca barba, y la teatral nobleza de su
+figura completaba la decoraci&oacute;n. A su derecha ten&iacute;a al presidente del
+C&iacute;rculo y a su izquierda al orador de tenebrosa faz, el que, seg&uacute;n
+Amparo, &laquo;echaba t&eacute;rminos&raquo; dif&iacute;ciles de entender. Segu&iacute;an los dem&aacute;s
+delegados por orden de respetabilidad, alternando con individuos de la
+Junta, de la Prensa, del partido.</p>
+
+<p>Fue poco a poco acrecent&aacute;ndose el ruido de la charla y desat&aacute;ndose las
+lenguas, por donde rebosaba ya la abundancia del coraz&oacute;n. El que, merced
+a su ancianidad venerable, pod&iacute;a ser llamado patriarca, sonre&iacute;a,
+aprobaba, estaba de acuerdo con todo el mundo, mientras el delegado
+t&eacute;trico y ce&ntilde;udo se las compon&iacute;a lo mejor posible para disputar. Al
+tercer plato dispar&oacute; con bala rasa contra la propiedad, el capital y la
+clase media, y el presidente del C&iacute;rculo, patr&oacute;n y due&ntilde;o del
+establecimiento, hubo de amoscarse; poco despu&eacute;s fue el patriarca mismo
+el enojado, a causa de no s&eacute; qu&eacute; frases sobre el derecho de insurrecci&oacute;n
+y el empleo de medios violentos y coercitivos. Ninguno le parec&iacute;a al
+patriarca l&iacute;cito; en su concepto, el amor, la paz, la fraternidad, eran
+las mejores bases para fundar la uni&oacute;n federativa, no s&oacute;lo de Cantabria
+y de Espa&ntilde;a, sino del mundo. Cada cual alegaba sus razones, tratando de
+quimera el ajeno parecer; la discusi&oacute;n se hac&iacute;a general; interven&iacute;an en
+ella periodistas y delegados desde los m&aacute;s remotos extremos de la mesa;
+alguien brindaba sin ser o&iacute;do; personas de voz escasa exclamaban en tono
+suplicante: &laquo;Pero oigan ustedes, se&ntilde;ores... si ustedes oyesen una
+palabra...&raquo;. Era en balde. El grupo central se lo hablaba todo; de su
+confuso vocer&iacute;o s&oacute;lo se destacaban frases sueltas, airadas, empe&ntilde;adas en
+descollar. &laquo;Eso son utop&iacute;as, utop&iacute;as fatales.... No, es que le convenzo
+a usted con la historia en la mano.... S&iacute;, s&iacute;, hag&aacute;monos de miel.... La
+Revoluci&oacute;n Francesa.... Era otro r&eacute;gimen, se&ntilde;ores.... No confundamos los
+tiempos.... Est&aacute; usted en un error.... Un hecho no es ley general....
+Eso lo ha dicho Pi.... Cant&uacute; es un reaccionario.... El bautismo de la
+sangre.... Horrores infecundos...&raquo;. Mientras duraba la pol&eacute;mica, los
+mozos no se entend&iacute;an para pasar las fuentes del asado y para escanciar
+el Champa&ntilde;a.... Uno de ellos se inclin&oacute; hacia el presidente y le dijo al
+o&iacute;do no s&eacute; qu&eacute;... El presidente se levant&oacute; al punto y sali&oacute; de la sala,
+volviendo a entrar presto seguido de un grupo de mujeres.</p>
+
+<p>Amparo lo capitaneaba. Penetr&oacute; airosa, vestida con bata de percal claro
+y pa&ntilde;ol&oacute;n de Manila de un rojo vivo que atra&iacute;a la luz del gas, el rojo
+del <i>trapo</i> de los toreros. Su pa&ntilde;uelito de seda era del mismo color, y
+en la diestra sosten&iacute;a un enorme ramo de flores artificiales, rosas de
+Bengala de sangriento matiz, sujetas con largas cintas lacre, donde se
+le&iacute;a en letras de oro la dedicatoria. Dir&iacute;ase que era el genio protector
+de aquel lugar, el duende del C&iacute;rculo Rojo; las notas del mant&oacute;n, del
+pa&ntilde;uelo, de las flores y cintas se reun&iacute;an en un vibrante acorde
+escarlata, a manera de sinfon&iacute;a de fuego.</p>
+
+<p>Adelantose intr&eacute;pida la muchacha levantando en alto el ramo y
+recogiendo, con el brazo libre, el pa&ntilde;ol&oacute;n, cuyos flecos le llov&iacute;an
+sobre las caderas. Y como el conspicuo disputador, dejando su asiento,
+mostrase querer tomar el ex-voto que la muchacha ofrec&iacute;a en aras de la
+diosa Libertad, Amparo se desvi&oacute; y fuese derecha al patriarca. El corro
+se abri&oacute; para dejarla paso.</p>
+
+<p>La muchacha, sin soltar el ramo, miraba al viejo. Este, de pie, con su
+barba plateada y levemente ondulosa como la de los ermita&ntilde;os de
+tragedia, con su calva central guarnecida de abundantes mechones canos,
+con su alta estatura, un tanto encorvada ya, se le figuraba la
+ancianidad cl&aacute;sica, adornada de sus atributos, coronando la cima de los
+tiempos. Y el patriarca, a su vez, cre&iacute;a ver en aquella buena moza el
+viviente s&iacute;mbolo del pueblo joven. Ambos formularon en sus adentros el
+pensamiento de simpat&iacute;a que les asaltaba.</p>
+
+<p>&mdash;Este se&ntilde;or mete respeto lo mismo que un obispo&mdash;se dijo Amparo.</p>
+
+<p>&mdash;Esta chica parece la Libertad&mdash;murmur&oacute; el patriarca.</p>
+
+<p>Entre tanto la muchacha comenzaba su peroraci&oacute;n. Tembl&aacute;bale la voz al
+principio; dos o tres veces tuvo que pasarse la mano, yerta, por la
+frente h&uacute;meda, y sin saber lo que hac&iacute;a accion&oacute; con el ramo, cuyas
+cintas culebrearon como serpientes de llama, y carraspe&oacute; para deshacer
+un nudo que le apretaba el galillo. Poco a poco, el rumor de la mesa, el
+cuchicheo de los convidados m&aacute;s distantes, la luz de los mecheros de gas
+que le calentaba los sesos, el aroma de los vinos y la espuma del
+Champa&ntilde;a, que a&uacute;n parec&iacute;a bullir en la iluminada atm&oacute;sfera, la
+embriagaron, y sinti&oacute; fluir de sus labios las palabras y habl&oacute; con
+afluencia, con desparpajo, sin cortarse ni tropezar. Los convidados se
+daban al codo sonriendo, pronunciando entre dientes alg&uacute;n &laquo;&iexcl;bravo!, &iexcl;muy
+bien!&raquo;, al o&iacute;r que las operarias republicanas de la F&aacute;brica ofrec&iacute;an
+aquel ramo a la Asamblea de la Uni&oacute;n del Norte y al C&iacute;rculo Rojo en
+prueba de que... y para manifestar cuanto... y como testimonio de que
+los corazones que lat&iacute;an..., etc. El patriarca se colocaba la mano sobre
+el pecho, se la llevaba a la boca con sincer&iacute;sima complacencia, mientras
+el disputador, tieso y serio, inclinaba de vez en cuando lentamente la
+cabeza en se&ntilde;al de aprobaci&oacute;n. Por fin, la oradora acab&oacute; su discurso
+entregando el ramo al patriarca y gritando: &laquo;&iexcl;Ciudadanos delegados,
+salud y fraternidad!&raquo;.</p>
+
+<p>Tom&oacute; el viejo la ofrenda y la pas&oacute; al presidente, que se qued&oacute; con ella
+muy empu&ntilde;ada y sin saber qu&eacute; hacer. Confusas las compa&ntilde;eras de Amparo
+por el silencio repentino, miraban de reojo hacia todas partes,
+maravill&aacute;ndose del esplendor de la mesa y algo sorprendidas de que el
+banquete republicano fuese cosa de tanto orden y de que los delegados
+comiesen en vez de salvar la patria. El patriarca se acerc&oacute; a Amparo;
+sus mejillas arrugadas y marchitas ten&iacute;an a la saz&oacute;n sonrosados los
+p&oacute;mulos.</p>
+
+<p>&mdash;Gracias, hijas...&mdash;tartamude&oacute; cabeceando senilmente&mdash;. Gracias,
+ciudadanas.... Ac&eacute;rcate, tribuna del pueblo... que nos una un santo
+abrazo de fraternidad.... &iexcl;Viva la tribuna del pueblo! &iexcl;Viva la Uni&oacute;n
+del Norte!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Viva!&mdash;balbuci&oacute; Amparo toda enternecida, ahog&aacute;ndose&mdash;. &iexcl;Viva usted...
+muchos a&ntilde;os!&mdash;Y el viejo y la ni&ntilde;a estaban a dos dedos de romper a
+llorar, y algunos de los convidados se re&iacute;an a socapa viendo aquel brazo
+paternal que rodeaba aquel cuello juvenil.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XIX" id="XIX"></a><a href="#capitulos">-XIX-</a></h2>
+
+<h3>La Uni&oacute;n del Norte</h3>
+
+<p>Sobre el duro azul de un celaje no empa&ntilde;ado por la m&aacute;s leve bruma,
+ondean las fl&aacute;mulas, colocadas en m&aacute;stiles a la veneciana alrededor del
+baluarte de la Puerta del Castillo, y sus gayos colores no desdicen del
+j&uacute;bilo radiante del cielo y de la estrepitosa y alegre multitud. Arcos y
+ondas de follaje verde corren de m&aacute;stil a m&aacute;stil, disonando y
+contrastando con el tono cer&uacute;leo del firmamento. En mitad del anfiteatro
+se alzaba el palco destinado a la Asamblea de la Uni&oacute;n, con su tribuna
+al centro, y flanqueado de otros dos m&aacute;s bajos, pero mayores, destinados
+a las comisiones del partido. Bien pod&iacute;a la Asamblea constitutiva de la
+Uni&oacute;n del Norte de la costa ib&eacute;rica&mdash;que as&iacute; se nombraba en sus
+documentos oficiales&mdash;ocupar oronda y satisfecha el palco presidencial:
+pocas sesiones y breves horas le hab&iacute;an bastado para sentar las bases
+del gran contrato unionista federativo; actividad gloriosa, sobre todo
+compar&aacute;ndola con la flema y machaconer&iacute;a de aquellas holgazanas de
+Cortes Constituyentes, que tardaban meses en redactar un c&oacute;digo
+fundamental y definitivo para la naci&oacute;n.</p>
+
+<p>Caminaba impetuosa hacia el anfiteatro la comitiva, compuesta del
+partido y <i>juventud</i> republicana, de mucha chiquiller&iacute;a, de los comit&eacute;s
+rurales, de los delegados y de todo fiel cristiano que movido de
+curiosidad quiso injerirse en la procesi&oacute;n. Apresuradamente, como si
+fuese un ser &uacute;nico animado por un solo soplo vital, y tuviese por voz la
+banda de m&uacute;sica que aturd&iacute;a el ambiente con himnos y m&aacute;s himnos,
+adelant&aacute;base la palpitante masa humana; y empujadas por la compacta
+muchedumbre, las banderas, coronadas de flores, vacilaban cual si
+estuviesen ebrias, y tan pronto daban traspi&eacute;s y se inclinaban ac&aacute; o
+acull&aacute;, como tornaban a erguirse rectas y altivas. Y las casas del
+tr&aacute;nsito parec&iacute;an contemplar el cuadro y entender su asunto, y de unas
+llov&iacute;an flores, ramos, coronas, y otras, en menor n&uacute;mero, cerradas a
+piedra y lodo, dij&eacute;rase que frunc&iacute;an el ce&ntilde;o y se pon&iacute;an hura&ntilde;as y
+serias al sentir el roce de las olas revolucionarias.</p>
+
+<p>Cuando estas llegaron a estrellarse en el baluarte, se esparcieron y
+derramaron por doquiera. El gent&iacute;o trep&oacute; a las escaleras, cabalg&oacute; en el
+caballete de los bastiones, invadi&oacute; los palcos de los comisionados, y se
+extendi&oacute; coronando las alturas vecinas; por los troncos de los m&aacute;stiles
+se encaram&oacute; m&aacute;s de un granuja, resuelto a dominar la situaci&oacute;n. Penetr&oacute;
+majestuosamente en su palco la Asamblea, y as&iacute; que los delegados
+ocuparon sus asientos, el tumulto se apacigu&oacute; como por magia, y cerca de
+veinte mil personas guardaron silencio religioso. S&oacute;lo se oy&oacute; salir de
+alg&uacute;n rinc&oacute;n del anchuroso escenario, el melanc&oacute;lico grito que
+pregonaba: &laquo;&iexcl;Agua de lim&oacute;n fr&iacute;a, barquillos, agua, azucarillos, agua!&raquo;.
+Dos fot&oacute;grafos, situados en el lugar oportuno para tomar la vista,
+enfocaban cubri&eacute;ndose la cabeza con el pa&ntilde;o de bayeta verde, y sus
+m&aacute;quinas parec&iacute;an los ojos de la Historia contemplando la escena. Casi
+se oir&iacute;a el volar de una mosca, sobre todo en las cercan&iacute;as del palco
+presidencial.</p>
+
+<p>Procediose a la firma y lectura del contrato de Uni&oacute;n. Desde lejos se
+ve&iacute;a en el palco una agrupaci&oacute;n de cabezas, entre las cuales se
+destacaba la negra cabellera melodram&aacute;tica del disputador y sus quevedos
+de oro, y la barba n&iacute;vea del Patriarca, resplandeciente al sol como la
+de Jehov&aacute; en los cuadros b&iacute;blicos. Estaban Baltasar y Borr&eacute;n apoyados en
+un lienzo de parapeto, de pie sobre un sillar de piedra, lo cual les
+permit&iacute;a ver cuanto ocurriese. Ambos prestaban atenci&oacute;n suma,
+comprendiendo que presenciaban un episodio interesante del drama
+pol&iacute;tico espa&ntilde;ol.</p>
+
+<p>&mdash;Aqu&iacute; se incuba algo, hombre&mdash;exclam&oacute; Borr&eacute;n inclin&aacute;ndose hacia su
+amigo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Claro que se incuba! &iexcl;El desbarajuste universal... y el picadillo que
+van a hacer de Espa&ntilde;a esos se&ntilde;ores!</p>
+
+<p>&mdash;Hombre, dice que no.... Dice que lo que desean es confederarnos, para
+que estemos m&aacute;s uniditos que antes... &iquest;no ve usted que esto se llama la
+Uni&oacute;n?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;S&iacute;, s&iacute;, corte usted un dedo y p&eacute;guelo despu&eacute;s con saliva!</p>
+
+<p>&mdash;A bien que una naci&oacute;n no es ninguna naranja para hacerse cuarterones
+tan f&aacute;cilmente.... &iquest;Sabe usted lo que me contaron de ese viejecito...
+del Patriarca? Mire usted, yo me explico que sea republicano... &iexcl;hab&iacute;a
+cosas en aquellos tiempos antiguos! &iexcl;Era el segundo de una casa rica...
+poderosa, hombre! El mayorazgo arrampl&oacute; con todo, &iquest;eh?, mimos y
+hacienda, y a &eacute;l le qued&oacute; un palomar viejo y la memoria de las
+azotainas.... Otro se hubiera hecho mis&aacute;ntropo... &Eacute;l se hizo fil&aacute;ntropo
+y luego progresista, y luego federal... y es un bienaventurado que
+abraza a todo el mundo, y oye misa, y es incapaz de hacer da&ntilde;o a
+nadie... ac&aacute; <i>inter nos</i> le tengo por algo chocho....</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y aquel moreno... el de los quevedos?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah! ese... ese dicen que es de los que quieren perder las colonias y
+salvar los principios: hombre de l&iacute;nea recta, de geometr&iacute;a.... Seg&uacute;n
+Palacios, que lo conoce, la ecuaci&oacute;n entre la l&oacute;gica y el absurdo: no en
+balde es ingeniero. Si para lograr sus ideales tuviese que
+desollarnos... &iexcl;pobre pellejo!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y si tuviese que desollarse a s&iacute; mismo?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;C&aacute;spita!, de la epidermis ajena a la propia.... Con todo, no seamos
+esc&eacute;pticos, hombre. All&iacute; tiene usted a aquel otro... al del bigote
+negro... el que est&aacute; a la izquierda del Patriarca. Pues mire usted,
+hombre, que le ha costado ya dinero y disgustos esta mojiganga
+pol&iacute;tica... emigrado, encausado, maltratado... y se libr&oacute; de ir a las
+Marianas... no s&eacute; c&oacute;mo.... Hay humor para todo en este mundo
+sublunar.... &iexcl;Y decir que cuando Dios produce chicas como esa se ocupen
+en politiquear los muchachos!</p>
+
+<p>Al pronunciar estas palabras se&ntilde;alaba Borr&eacute;n a Amparo, cuyos rojos
+atav&iacute;os la distingu&iacute;an del c&iacute;rculo femenino que la rodeaba.</p>
+
+<p>&mdash;Pues esa chica a&uacute;n politiquea m&aacute;s que los barbudos... &iquest;no sabe
+usted...?</p>
+
+<p>Y el incidente del banquete fue comentado, desmenuzado, acribillado por
+las dos bocas masculinas, que lo adornaron con festones sat&iacute;ricos. Entre
+tanto se le&iacute;a el contrato de la Uni&oacute;n, y a pesar de que el sol no estaba
+en el zenit ni mucho menos, la gente arracimada y prensada produc&iacute;a una
+temperatura insufrible, y se o&iacute;an exclamaciones de este jaez: &laquo;Nos
+morimos.&mdash;Nos asfixiamos.&mdash;&iexcl;Cu&aacute;ndo vendr&aacute; un poco de fresco!&mdash;Pero,
+hombre, no nos estruje ust&eacute;.&mdash;Ave Mar&iacute;a, qu&eacute; b&aacute;rbaro.&mdash;Estese ust&eacute;
+quieto.&mdash;Pues si no ve, fastidiarse: &iquest;sa figurao que vemos los dem&aacute;s?
+&mdash;&iexcl;Tan siquiera puede uno meter la mano en el bolsillo para sacar un
+triste pa&ntilde;uelo!&mdash;Cuidado con el reloj, palpa si lo tienes&raquo;. Y la voz del
+lector del Contrato volaba por cima del mar de cabezas, y las palabras
+&laquo;garant&iacute;as sacrosantas... dogmas de libertad... derechos
+invulnerables... ideales benditos... pueblo honrado y libre...&raquo; se
+dilataban en el c&aacute;lido y sereno ambiente. Una lluvia de flores vino, de
+improviso, a oscurecerlo, y multitud de blancas palomas fueron lanzadas
+a &eacute;l, abatiendo al punto el vuelo con aletear trabajoso, y cayendo sobre
+la muchedumbre, entorpecidas de tener tanto tiempo ligadas las patas. Un
+estruendoso cubo de cohetes de lucer&iacute;a sali&oacute; bufando en todas
+direcciones; retumb&oacute; la m&uacute;sica; hubo un minuto de gritos, vivas,
+estruendo y confusi&oacute;n, y nadie repar&oacute; en que un pobre viejo, un
+barquillero, sal&iacute;a del recinto mitad arrastrado y mitad en brazos de dos
+hombres. &laquo;Le dio un accidente&raquo;, dec&iacute;an al verlo pasar, sin a&ntilde;adir otro
+comentario.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XX" id="XX"></a><a href="#capitulos">-XX-</a></h2>
+
+<h3>Zagal y zagala</h3>
+
+
+<p>Y del accidente se muri&oacute; aquella noche misma, sin confesi&oacute;n, sin
+recobrar los sentidos. &iquest;Fue el sol abrasador? Mil veces le cay&oacute;
+verticalmente sobre el cr&aacute;neo al se&ntilde;or Rosendo en sus &eacute;pocas de vida
+militar, y vamos, que el de la isla de Cuba pica en regla.... &iquest;Fue el
+haber vuelto a manejar las tenazas y a elaborar barquillos para el
+extraordinario consumo de aquellos d&iacute;as solemnes? &iquest;Fue, como dijeron
+algunas comadres, el orgullo de ver a su hija tan elocuente y bizarra, y
+tan agasajada por los se&ntilde;ores de la Asamblea? Qu&eacute;dese para la posteridad
+el arduo fallo, si bien parece infundada la &uacute;ltima suposici&oacute;n, por
+cuanto el se&ntilde;or Rosendo, lejos de manifestar complacencia cuando la
+chica se met&iacute;a en semejantes trifulcas, rompiera pocos d&iacute;as antes su
+mutismo para decirle cosas muy al alma sobre eso de buscar tres pies al
+gato y perder su colocaci&oacute;n por locuras. El servicio militar hab&iacute;a
+formado de tal suerte el car&aacute;cter del viejo, que la insubordinaci&oacute;n era
+para &eacute;l el m&aacute;s feo delito, y su divisa, obediencia pasiva, autom&aacute;tica;
+as&iacute; es que amenaz&oacute; a Amparo, poniendo los ojos fieros y la voz
+tartajosa, con romperle una costilla si volv&iacute;a a leer peri&oacute;dicos en la
+F&aacute;brica. Algunos a&ntilde;os antes no hubiera amenazado sino ejecutado; pero la
+cigarrera, desde que lo es, sale en cierto modo de la patria potestad, y
+por eso se crey&oacute; el se&ntilde;or Rosendo en el caso de guardar consideraciones
+a su progenitura. Sabiendo cu&aacute;nto influyen en los sacudimientos
+cerebrales y en las hemorragias internas los accesos de furor, puede
+creerse que, tal vez, la rabia y no el orgullo de ver a su hija elevada
+al rango de <i>Tribuna del pueblo</i> determinaron en la plet&oacute;rica
+constituci&oacute;n del viejo la apoplej&iacute;a fulminante.</p>
+
+<p>En fin, a &eacute;l lo enterraron y qued&aacute;ronse las dos mujeres cual es de
+suponer en los primeros momentos: aturdidas, maravilladas de ver c&oacute;mo
+&laquo;se va uno al otro mundo&raquo;. Desequilibrio econ&oacute;mico no lo hubo, porque
+Amparo, indultada, hab&iacute;a vuelto a la F&aacute;brica, y Chinto, trabajando como
+un mulo porfiado que era, ganaba lo mismo que antes y tra&iacute;a fielmente la
+colecta todas las noches seg&uacute;n costumbre, con la diferencia de que ni
+recog&iacute;a ni reclamaba su mezquino sueldo. Pareci&oacute; el nuevo sistema muy
+ventajoso y c&oacute;modo a la tullida, que ven&iacute;a a estar como si tuviese dos
+hijos y ambos ganasen para sustentarla. Pero Amparo viv&iacute;a inquieta
+habiendo advertido cierto peregrino cambio en la actitud y modales de
+Chinto. Mostr&aacute;base este mand&oacute;n y muy interesado por las cosas de la
+humilde casa, que indicaba considerar como suya; se tomaba otra vez la
+libertad de esperar a la muchacha a la salida de la F&aacute;brica, y aun de
+acompa&ntilde;arla a la ida, si lo consent&iacute;a la labor de los barquillos;
+gastaba con ella chanzas finas como tafet&aacute;n de albarda, y en suma, desde
+la muerte del viejo, le daba de protector y cabeza de casa, sin que en
+modo alguno procediese como criado, &uacute;nico papel que Amparo le se&ntilde;alaba
+siempre, mortificada de ver que el tosco paisano le prestaba servicios.
+Indignada y ofendida, tratole con m&aacute;s despego que nunca, y para colmo de
+disgusto, vio que Chinto correspond&iacute;a a sus desaires con r&uacute;sticas
+ternezas y a sus muestras de desv&iacute;o con pruebas de confianza y afici&oacute;n.
+Una vez le trajo un pliego de aleluyas, y otra, como le oyese alabar
+ciertos pendientes de cristal negro, fue y se los present&oacute; a la noche
+muy orondo.</p>
+
+<p>Ella se neg&oacute; a estrenarlos.</p>
+
+<p>Hall&aacute;base una ma&ntilde;ana Amparo en su cuarto visti&eacute;ndose para salir a la
+F&aacute;brica, cuando sinti&oacute; que una mano indiscreta alzaba el pestillo, y con
+gran sorpresa encontr&oacute; delante de s&iacute; a Chinto, de un talante como nunca
+lo hab&iacute;a visto la muchacha, pues tra&iacute;a el sombrer&oacute;n ladeado sobre la
+oreja, los carrillos sofocados, el aire resuelto y un cigarro de a
+cuarto en la boca: preparativos todos que hab&iacute;a juzgado indispensables
+el paisanillo para realizar la proeza de &laquo;cantar claro&raquo;. La muchacha
+cruz&oacute; prestamente su bata que a&uacute;n ten&iacute;a sin abrochar, y arroj&oacute; al osado
+una mirada ol&iacute;mpica; pero Chinto ven&iacute;a tal, que ni las ojeadas de un
+basilisco le hicieran mella.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;A qu&eacute; entras aqu&iacute;, a ver?&mdash;grit&oacute; la cigarrera&mdash;. &iquest;Qu&eacute; se te ofrece?</p>
+
+<p>&mdash;Se me ofrec&iacute;a... dos palabritas.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Palabritas? Tengo que hacer m&aacute;s que o&iacute;r tus tontadas.</p>
+
+<p>&mdash;No, pues yo te quer&iacute;a decir de que... all&iacute;... como ya tengo aprendido
+el oficio... es decir, vamos, que qued&aacute;ndome las herramientas por lo que
+me deb&iacute;a tu padre de soldada... all&iacute;, yo, como ya en la quinta del mes
+pasado libr&eacute;... y como vamos....</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Acabar&aacute;s hoy o ma&ntilde;ana? Habla expedito, que parece que est&aacute;s comiendo
+sopas.</p>
+
+<p>&mdash;Mujer, qui&eacute;rese decir... que si t&uacute; admites el arriendo del trato,
+puedes, es decir, podemos... casarnos los dos.</p>
+
+<p>La risa hom&eacute;rica que solt&oacute; la insigne Tribuna al verse requerida de
+amores por aquella mont&eacute;s alima&ntilde;a, se cambi&oacute; presto en c&oacute;lera al
+advertir que Chinto continuaba brind&aacute;ndole su mano y coraz&oacute;n con las
+discretas razones ya referidas.</p>
+
+<p>&mdash;Porque yo, lo que es tenerte volunt&aacute;... te tengo much&iacute;sima, ya desde
+mismo que te vi... y me gustas que no s&eacute;, que parece que mismo no pienso
+sino en tus quereres... as&iacute; me veo yo tan destruido, que cuasimente no
+como y propiamente no me quiere dormir el cuerpo.... Por trabajar, ya
+sabes que trabajar&eacute; hasta que me reviente el alma... y por
+mantenerte....</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Mira... si no te sacas de delante, repelo, hago contigo una
+desgracia!&mdash;grit&oacute; furiosa ya Amparo dando al mozo, que estaba pr&oacute;ximo a
+la puerta, un soberano empell&oacute;n para arrojarle del cuarto. Pero el
+movimiento brusco y familiar despert&oacute; la sangre aldeana de Chinto, y con
+los brazos abiertos se fue hacia Amparo. Esta a su vez sinti&oacute; que
+renac&iacute;a la chiquilla callejera de anta&ntilde;o, y baj&aacute;ndose prontamente, alz&oacute;
+del suelo una botita y estamp&oacute; el tac&oacute;n de plano en la inflamada mejilla
+que vio pr&oacute;xima a las suyas: y con tanto br&iacute;o menude&oacute; los golpes, que a
+uno que le alcanz&oacute; entre los ojos, el b&aacute;rbaro gal&aacute;n hubo de exhalar
+imprecaciones sofocadas, retrocediendo y dejando el campo libre. Mal
+segura a&uacute;n la muchacha, agarr&oacute; una silla; mas sobraban ya los aprestos
+b&eacute;licos, porque el mozo, restituido a la raz&oacute;n por el vapuleo, se hab&iacute;a
+arrojado de bruces sobre la cama, y escondiendo y revolcando el rostro
+en la ropa tibia a&uacute;n del cuerpo de Amparo, lloraba como un becerro,
+alzando en su dialecto el grito primitivo, el grito de los grandes
+dolores de la infancia que reaparece en las siguientes crisis de la
+existencia.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Madre m&iacute;a, madre m&iacute;a!</p>
+
+<p>Encogiose Amparo de hombros y fuese a su F&aacute;brica, que urg&iacute;a el tiempo y
+era preciso ganar el pan, porque el entierro del viejo hab&iacute;a consumido
+sus menguados ahorros. Al regresar cont&oacute; a su madre lo ocurrido, y con
+no peque&ntilde;a admiraci&oacute;n oy&oacute; que la impedida la reprend&iacute;a por no haber
+aceptado la propuesta matrimonial; y es el caso que la l&oacute;gica de la
+tullida parec&iacute;a contundente.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;T&uacute; qu&eacute; eres, mujer?&mdash;le dec&iacute;a&mdash;. Cigarrera como yo. &iquest;Y &eacute;l qu&eacute; es,
+mujer? Barquillero como tu padre que en paz descanse. Que te dicen por
+ah&iacute; si eres graciosa, si eres tal y cual.... Conversaci&oacute;n y m&aacute;s
+conversaci&oacute;n. &iquest;&Eacute;l trabaja, eh? Pues a eso vamos, que lo otro...
+patarata.</p>
+
+<p>Sin querer o&iacute;r m&aacute;s, la muchacha declar&oacute; que no s&oacute;lo repugnaba casarse
+con semejante bestia, sino que iba a echarlo de casa volando: no era
+cosa de tener que atrancar la puerta cada vez que se vistiese. No y no:
+antes prefer&iacute;a que la aspasen viva que sufrirlo all&iacute; a todas horas.
+Lamentose la tullida, record&oacute; que el jornal de Chinto las ayudaba a
+vivir; todo se estrell&oacute; contra la firmeza de la Tribuna. Y cuando volvi&oacute;
+de fuera Chinto a soltar el tubo vac&iacute;o y a entregar, cabizbajo y humilde
+como un borrego, sus ganancias del d&iacute;a, Amparo le intim&oacute; la orden de no
+dormir ya aquella noche en casa. El mozo la oy&oacute; con rostro entre abatido
+y at&oacute;nito; y as&iacute; que se convenci&oacute; de que se le condenaba al ostracismo,
+sali&oacute; de la estancia a paso redoblado. La tullida se inclin&oacute; hacia su
+hija cuanto pudo para decirle:</p>
+
+<p>&mdash;Mira que le debemos cuartos.</p>
+
+<p>&mdash;Se los restregar&eacute; por la cara&mdash;respondi&oacute; Amparo con magn&iacute;fico desd&eacute;n.</p>
+
+<p>A los dos minutos se present&oacute; otra vez Chinto, cargado con los chismes
+de la barquiller&iacute;a, tenazas, cargador, lebrillo, y hasta un haz de le&ntilde;a;
+Amparo se puso en actitud defensiva cuando le vio blandir en el aire los
+hierros; mas no fue sino para desunirlos con fuerza bovina y tirarlos a
+un rinc&oacute;n desde&ntilde;osamente; y en seguida, juntando las tarteras, la le&ntilde;a y
+el ca&ntilde;uto de hojalata, lo pate&oacute; todo hasta reducir a a&ntilde;icos los
+cacharros y a un bollo informe el reluciente tubo. Ejecutada la haza&ntilde;a,
+a puntapi&eacute;s mand&oacute; los tristes restos a las esquinas de la habitaci&oacute;n, de
+la cual se retir&oacute; sin volver atr&aacute;s el rostro.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XXI" id="XXI"></a><a href="#capitulos">-XXI-</a></h2>
+
+<h3>Tabaco picado</h3>
+
+
+<p>A los pocos d&iacute;as supo Amparo en la Granera, convento laico donde nada se
+ignora, que Chinto andaba pretendiendo ingresar en el taller de la
+picadura. Empez&oacute; a correr y comentarse en la F&aacute;brica la leyenda del mozo
+transido de amor que por estar cerca de su adorado tormento se met&iacute;a en
+los infiernos del picado, en el lugar doliente a cuya puerta hay que
+dejar toda esperanza. De qu&eacute; manera se las compuso Chinto para lograr su
+deseo, no hace al caso: lo cierto es que obtuvo la plaza, y que Amparo
+se lo encontr&oacute; frecuentemente a la entrada y a la salida, triste como
+can apaleado por su amo, y sin que le dijese nunca m&aacute;s palabras que
+&laquo;Adi&oacute;s, mujer... vayas muy dichosa&raquo;. No cab&iacute;a que Amparo, generosa de
+suyo, dejase de ser la primera en trabar otra vez conversaci&oacute;n con &eacute;l:
+hablaron de cosas indiferentes, de sus respectivas labores, y Amparo
+prometi&oacute; visitar el taller de Chinto: que con venir diariamente a la
+Granera, no lo conoc&iacute;a a&uacute;n. La Comadreja la acompa&ntilde;&oacute; en la visita.
+Descendieron juntas al piso inferior, con prop&oacute;sito de aprovechar la
+ocasi&oacute;n y verlo todo. Si los pitillos eran el Para&iacute;so y los cigarros
+comunes el Purgatorio, la analog&iacute;a continuaba en los talleres bajos, que
+merec&iacute;an el nombre de Infierno. Es verdad que abajo estaban las largas
+salas del oreo, y sus sim&eacute;tricos y pulcros estantes; el despacho del
+jefe, y el cuadro de las armas de Espa&ntilde;a trabajadas con cigarros,
+orgullo de la F&aacute;brica; los almacenes; las oficinas; pero tambi&eacute;n el
+l&oacute;brego taller del desvenado y el espantoso taller de la picadura.</p>
+
+<p>En el taller del desvenado daba fr&iacute;o ver, agazapadas sobre las negras
+baldosas y bajo sombr&iacute;a b&oacute;veda sostenida por arcos de mamposter&iacute;a y algo
+semejante a una cripta sepulcral, muchas mujeres, viejas la mayor parte,
+hundidas hasta la cintura en montones de hoja de tabaco, que revolv&iacute;an
+con sus manos tr&eacute;mulas, separando la vena de la hoja. Otras empujaban
+enormes panes de prensado, del tama&ntilde;o y forma de una rueda de molino,
+arrim&aacute;ndolos a la pared para que esperasen el turno de ser escogidos y
+desvenados. La atm&oacute;sfera era a la vez espesa y glacial. La Comadreja
+andaba a saltos por no pisar el tabaco, y a veces llamaba por su nombre
+a una de las desvenadoras.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Hola... se&ntilde;ora Porcona!&mdash;exclam&oacute; dirigi&eacute;ndose a una que parec&iacute;a tener
+los p&aacute;rpados en carne viva y los labios blancos y colgantes, con lo cual
+hac&iacute;a la m&aacute;s extra&ntilde;a y espantable figura del mundo&mdash;. &iquest;Hola... c&oacute;mo le
+va? &iquest;C&oacute;mo est&aacute;n esos parientes? T&uacute; no sabes&mdash;a&ntilde;adi&oacute; volvi&eacute;ndose a
+Amparo&mdash;que la se&ntilde;ora Porcona es parienta, muy parienta, del se&ntilde;or de
+las Guinderas, aquel tan rico que tiene dos hijas y vive en el Malec&oacute;n y
+viene aqu&iacute; a veces: y &eacute;l se empe&ntilde;a en negarlo y en no darle un ochavo;
+pero ella se lo ha de ir a cantar a las hijas el d&iacute;a que vayan m&aacute;s majas
+por el paseo. &iquest;Verd&aacute;, se&ntilde;ora Porcona?</p>
+
+<p>&mdash;Yyyy... y es como el Evangelio, hiiigas...&mdash;contest&oacute; una voz temblona
+como el balido de la cabra, y aguardentosa adem&aacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;Expl&iacute;quenos el parentesco, ande&mdash;sugiri&oacute; Amparo prest&aacute;ndose a la broma
+de su amiga.</p>
+
+<p>La vieja alz&oacute; sus manos sarmentosas, se las pas&oacute; por los sangrientos
+ojos, y con muchas oscilaciones del labio inferior:</p>
+
+<p>&mdash;Aunque.... Diiios en persona estuviese all&iacute;&mdash;pronunci&oacute; se&ntilde;alando a uno
+de los gigantescos panes de tabaco&mdash;, yo no he de contar mentira. O&iacute;d,
+espectadores del caso. Es de saber que el padre del padre de mi madre, o
+qui&eacute;rese decir mi bisabuelo, digo, el abuelo de mis padres, era cu&ntilde;ado
+carnal, o qui&eacute;rese decir, medio hermano de la abuela de la madre
+pol&iacute;tica del se&ntilde;or de las Guinderas.... De modo y manera es, que yo
+vengo a ser parienta de muy cerquita, por la infinid&aacute; de la sangre....</p>
+
+<p>&mdash;Y es mucha picard&iacute;a que no le den siquiera un realito diario para
+aguardiente&mdash;sugiri&oacute; malignamente la Comadreja.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Aaaa... guardiente!&mdash;clam&oacute; la vieja acentuando el tr&eacute;molo&mdash;. &iexcl;Diera
+Diiiios pan!</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, que un sorbito ya entr&oacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Ni maldiito olor d&eacute;l me lleg&oacute; tan siquiera: y eso que a mis a&ntilde;itos,
+hiiigas... ya os gustar&aacute; calentar el est&oacute;mago que se pone como la pura
+nieve.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; a&ntilde;os tendr&aacute;, se&ntilde;ora Porcona? Sin mentir.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Busssss!&mdash;pronunci&oacute; la desvenadora. As&iacute; Dios me salve, ni s&eacute; de
+verdad el a&ntilde;o que nac&iacute;. Pero...&mdash;y baj&oacute; la temblona voz&mdash;sepades que
+cuando se puso aqu&iacute; la f&aacute;brica, de las diez y seis primeritas fui yo que
+aqu&iacute; trabajaron....</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;D&oacute;nde ir&aacute; la fecha!&mdash;murmur&oacute; la Comadreja. Amparo le tir&oacute; del brazo
+horrorizada de aquella imagen de la decrepitud que se le aparec&iacute;a como
+vaga visi&oacute;n del porvenir. Recorrieron la sala de oreos, donde miles de
+mazos de cigarros se hallaban colocados en fila, y los almacenes,
+henchidos de bocoyes, que, amontonados en la sombra, parecen sillares de
+alg&uacute;n cicl&oacute;peo edificio, y de altas maniguetas de tabaco filipino
+envueltas en sus finos miri&ntilde;aques de tela vegetal; atravesaron los
+corredores atestados de cajones de blanco pino, dispuestos para el
+envase, y el patio interior lleno de duelas y aros sueltos de
+destrozadas pipas; y por &uacute;ltimo, pararon en los talleres de la picadura.</p>
+
+<p>Dentro de una habitaci&oacute;n caleada, pero negruzca ya por todas partes, y
+donde apenas se filtraba luz al trav&eacute;s de los vidrios sucios de alta
+ventana, vieron las dos muchachas hasta veinte hombres vestidos con
+zarag&uuml;elles de lienzo muy remangados y camisa de estopa muy abierta, y
+saltando sin cesar. El tabaco los rodeaba: hab&iacute;alos metidos en &eacute;l hasta
+media pierna: a todos les volaba por hombros, cuello y manos, y en la
+atm&oacute;sfera flotaban remolinos de &eacute;l. Los trabajadores estribaban en la
+punta de los pies y lo que se mov&iacute;a para brincar era el resto del
+cuerpo, merced a repetido y autom&aacute;tico esfuerzo de los m&uacute;sculos; el
+punto de apoyo permanec&iacute;a fijo. Cada dos hombres ten&iacute;an ante s&iacute; una mesa
+o tablero, y mientras el uno, saltando con rapidez, sub&iacute;a y bajaba la
+cuchilla picando la hoja, el otro, con los brazos enterrados en el
+tabaco, lo revolv&iacute;a para que el ya picado fuese desliz&aacute;ndose y quedase
+s&oacute;lo en la mesa el entero, operaci&oacute;n que requer&iacute;a gran agilidad y tino,
+porque era f&aacute;cil que al caer la cuchilla segase los dedos o la mano que
+encontrara a su alcance. Como se trabajaba a destajo, los picadores no
+se daban punto de reposo: corr&iacute;a el sudor de todos los poros de su
+miserable cuerpo, y la ligereza del traje y violencia de las actitudes
+patentizaba la delgadez de sus miembros, el hundimiento del jadeante
+estern&oacute;n, la pobreza de las Barrosas canillas, el t&eacute;rreo color de las
+consumidas carnes. Desde la puerta, el primer golpe de vista era
+singular: aquellos hombres, medio desnudos, color de tabaco, y rebotando
+como pelotas, semejaban indios cumpliendo alguna ceremonia o rito de sus
+extra&ntilde;os cultos. A Amparo no se le ocurri&oacute; este s&iacute;mil, pero grit&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Jes&uacute;s.... Parecen monos.</p>
+
+<p>Chinto, al ver a las muchachas, se par&oacute; de pronto, y soltando el mango
+de la cuchilla, y sacudi&eacute;ndose el tabaco, como un perro cuando sale de
+ba&ntilde;arse sacude el agua, se les acerc&oacute; todo sudoroso, y con un
+sobrealiento terrible:</p>
+
+<p>&mdash;Aqu&iacute; se trabaja firme... dijo con ronca voz y aire de taco. Se
+trabaja... prosigui&oacute; jactanciosamente, y se gana el pan con los
+pu&ntilde;os.... &iexcl;Se trabaja de Dios, conchas!</p>
+
+<p>&mdash;Est&aacute;s bonito; parece que te chuparon&mdash;exclam&oacute; la Comadreja, mientras
+Amparo lo miraba entre compadecida y asquillosa, admir&aacute;ndose de los
+estragos que en tan poco tiempo hab&iacute;a hecho en &eacute;l su perruno oficio. Le
+sobresal&iacute;a la nuez, y bajo la grosera camisa se pronunciaban los
+om&oacute;platos y el c&uacute;bito. Su tez ten&iacute;a matices de cera, y a trechos manchas
+hep&aacute;ticas; sus ojos parec&iacute;an p&aacute;lidos y grandes respecto de su cara
+enflaquecida.</p>
+
+<p>&mdash;Pero, bruto&mdash;exclam&oacute; la Tribuna con bondadoso acento&mdash;, est&aacute;s sudando
+como un toro y te plantas aqu&iacute; entre puertas, en este pasillo tan
+ventilado... para coger la muerte.</p>
+
+<p>&mdash;Boh...&mdash;y el mozo se encogi&oacute; de hombros&mdash;. Si repar&aacute;semos a eso....
+Todo el d&iacute;a de Dios estamos aqu&iacute; saliendo y entrando y las puertas
+abiertas, y fr&iacute;o de aqu&iacute; y fr&iacute;o de all&iacute;... Mira onde afilamos la
+cuchilla.</p>
+
+<p>Y se&ntilde;al&oacute; una rueda de amolar colocada en el mismo patio.</p>
+
+<p>&mdash;La calor y el abrigo, por dentro.... Ya se sabe que no teniendo aqu&iacute;
+una gota... (y se dio una palmada en el diafragma).</p>
+
+<p>&mdash;As&iacute; apestas, maldito&mdash;observ&oacute; Ana&mdash;. Anda, que no s&eacute; qu&eacute; sustancia le
+sac&aacute;is al condenado vinazo.</p>
+
+<p>&mdash;Antes&mdash;pronunci&oacute; sentenciosamente Amparo&mdash;s&oacute;lo probabas vino alg&uacute;n d&iacute;a
+de fiesta que otro.... Pues aqu&iacute; no tienes por qu&eacute; tomar vicios, que
+gracias a Dios la borrachera poco da&ntilde;o nos hace....</p>
+
+<p>&mdash;Las de arriba bien habl&aacute;is, bien habl&aacute;is.... Si os metieran en estos
+trabajitos.... Para lo que hac&eacute;is, que es labor de se&ntilde;oritas, con agua
+basta.... Qui&eacute;rese decir, vamos... que un hombre no ha de ponerse
+chispo; pero un rifigelio... un tentac&aacute;... &iquest;Quer&eacute;is ver c&oacute;mo bailo?</p>
+
+<p>Volvi&oacute; a manejar la cuchilla, mostrando su agilidad y fuerza en el duro
+ejercicio. De esta entrevista quedaron reconciliados la pitillera y el
+picador, que la acompa&ntilde;&oacute; algunas veces por la cuesta de San Hilario
+abajo, sin renovar sus pretensiones amorosas.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XXII" id="XXII"></a><a href="#capitulos">-XXII-</a></h2>
+
+<h3>El Carnaval de las cigarreras</h3>
+
+
+<p>Unos d&iacute;as antes de Carnavales se anuncia en la F&aacute;brica la llegada del
+<i>tiempo loco</i> por bromas de buen g&eacute;nero que se dan entre s&iacute; las
+operarias. Infeliz de la que, fiada en un enga&ntilde;oso recado, se aparta de
+su taller un minuto; a la vuelta le falta su silla, y vaya usted a
+encontrarla en aquel vasto oc&eacute;ano de sillas y de mujeres que gritan a
+coro: &laquo;Atr&aacute;s te queda. Delante te queda&raquo;. A las v&iacute;ctimas de estos
+alegres deportes les resta el recurso de llevar bien escondido debajo
+del mant&oacute;n un puntiagudo cuerno, y ense&ntilde;arlo por v&iacute;a de desquite a quien
+se divierte con ellas. Tambi&eacute;n se puede, por medio de una tira estrecha
+de papel y un alfiler doblado a manera de gancho, aplicar una <i>l&aacute;rgala</i>
+en la cintura, o estampar con cart&oacute;n recortado y untado de tiza, la
+figura de un borrico en la espalda. Otro chasco favorito de la F&aacute;brica
+es, averiguado el n&uacute;mero del billete de loter&iacute;a que tom&oacute; alguna
+bobalicona, hacerle creer que est&aacute; premiado. Todos los a&ntilde;os se repiten
+las mismas gracias, con igual &eacute;xito y causando id&eacute;ntica algazara y
+regocijo.</p>
+
+<p>Pero el jueves de Comadres es el d&iacute;a se&ntilde;alado entre todos para
+divertirse y echar abajo los talleres. Desde por la ma&ntilde;ana llegan las
+cestas con los disfraces; y obtenido el permiso para bailar y formar
+comparsas, las oscuras y tristes salas se trasforman. El Carnaval que
+sigui&oacute; al verano en que ocurrieron los sucesos de la Uni&oacute;n del Norte se
+distingui&oacute; por su animaci&oacute;n y bullicio; hubo nada menos que cinco
+comparsas, todas extremadas y lucidas. Dos eran de mozas y mozos del
+pa&iacute;s, vestidos con ricos trajes que tra&iacute;an prestados de las aldeas
+cercanas; otra, de grumetes; otra, de <i>se&ntilde;oritos</i> y <i>se&ntilde;oras</i>, y la
+&uacute;ltima comparsa era una estudiantina. Las dos de labradores se
+diferenciaban harto. En la primera se hab&iacute;a buscado, ante todo, el lujo
+del atav&iacute;o y la gallard&iacute;a del cuerpo; las cigarreras m&aacute;s altas y bien
+formadas vest&iacute;an con suma gracia el calz&oacute;n de rizo, la chaqueta de pa&ntilde;o,
+las polainas pespunteadas y la montera ornada con su refulgente pluma de
+pavo real; y para las mozas se hab&iacute;an elegido las muchachas m&aacute;s frescas
+y lindas, que lo parec&iacute;an doblemente con el dengue de escarlata y la
+cofia ce&ntilde;ida con cinta de seda. La segunda comparsa aspiraba, m&aacute;s que a
+la bizarr&iacute;a del traje, a representar fielmente ciertos tipos de la
+comarca. Enrollada la saya en torno de la cintura, tocada la cabeza con
+un pa&ntilde;uelo de lana, cuyos flecos le formaban caprichosa aureola; asido
+el ramo de tejo, de cuyas ramas pend&iacute;an rosquillas, estaba la peregrina
+que va a la romer&iacute;a famosa a que no se eximen de concurrir, seg&uacute;n el
+dicho popular, ni los muertos; a su lado, con largo redingote negro,
+gruesa cadena de similor, barba corrida y hongo de anchas alas, el
+<i>indiano</i>, acompa&ntilde;&aacute;banle dos mozos de las R&iacute;as Saladas, luciendo su
+traje h&iacute;brido, pantal&oacute;n azul con cuchillos casta&ntilde;os, chaleco de pa&ntilde;o con
+enorme <i>sacramento</i> de bayeta en la espalda, faja morada, sombrero de
+paja con cinta de lana roja. Los estudiantes hab&iacute;an improvisado manteos
+con sayas negras, y tricornios de cart&oacute;n con cuchara y tenedor de palo
+cruzados, completaban el av&iacute;o; los grumetes ten&iacute;an sencillos trajes de
+lienzo blanco y cuellos azules; en cuanto a la comparsa de <i>se&ntilde;ores</i>,
+hab&iacute;a en ella un poco de todo; guantes sucios, sombreros ajados,
+vestidos de baile ya marchitos, mucho abanico, y antifaces de
+terciopelo.</p>
+
+<p>En mitad del taller de cigarros comunes se form&oacute; un corro y se alz&oacute; gran
+vocer&iacute;o alrededor de la <i>Mincha</i>, barrendera vieja, peque&ntilde;a, redonda
+como una tinaja, que bailaba vestida de moharracho, con dos enormes
+jorobas postizas, un ser&oacute;n por corona, una escoba por cetro, un ruedo
+por manto real, la cara tiznada de holl&iacute;n, y un letrero en la espalda
+que dec&iacute;a en letras gordas: &laquo;Viva la broma&raquo;. Incansable, pegaba brincos
+y m&aacute;s brincos, llevando el comp&aacute;s con el cuento de la escoba, sobre las
+carcomidas tablas del piso. Pero bien pronto le rob&oacute; la atenci&oacute;n de sus
+admiradoras la estudiantina, que estaba toda encaramada en una mesa de
+metro y medio de largo por un metro escaso de ancho. C&oacute;mo danzaban all&iacute;
+unas doce chicas, es dif&iacute;cil decirlo; ellas danzaban, acompa&ntilde;&aacute;ndose con
+panderetas y casta&ntilde;uelas y coreando al mismo tiempo habaneras y polcas.
+En aquella comparsa, la m&aacute;s alborotadora y risue&ntilde;a, figuraba Guardiana.
+Nunca el j&uacute;bilo y la feliz imprevisi&oacute;n de los pocos a&ntilde;os brillaron como
+en el rostro de la pobre chica, que a tan poca costa y con tan poca cosa
+divert&iacute;a sus penas. Era la valerosa pitillera chiquita y delgada; ten&iacute;a
+a la saz&oacute;n el rostro encendido, ladeado el tricornio, y con picaresco
+adem&aacute;n repicaba un pandero roto ya, y muy engalanado de cintas.</p>
+
+<p>Ana y Amparo figuraban entre los grumetes. La Comadreja hac&iacute;a un grumete
+chusco, travieso y c&iacute;nico; Amparo, el m&aacute;s hermoso muchacho que
+imaginarse pueda. Todo lo que su figura ten&iacute;a de plebeyo lo disimulaba
+el traje masculino; ni las gruesas mu&ntilde;ecas, ni el recio pelo da&ntilde;aban a
+su gentileza, que era de cierto notable y extraordinaria. La comparsa
+recorri&oacute; los talleres, bailando y cantando, recibiendo bromas de las
+<i>se&ntilde;oras</i>, y alegrando la oscuridad de las salas con la nota blanca y
+azul de sus trajes. Sin embargo, no se pod&iacute;a dudar que la victoria
+quedaba por los labradores. A la cabeza de estos estaba una mujer,
+casada ya, celebrada por buena moza, Rosa, la que llenaba con mayor
+presteza los <i>faroles</i> de picadura. Con el traje propio de su sexo, Rosa
+era un tanto corpulenta en demas&iacute;a; con el de labrador no hab&iacute;a que
+pedirle. La camisa de lienzo labrado dibujaba su ancho pecho; el calz&oacute;n
+se ajustaba a maravilla a sus bien proporcionadas caderas; pendiente del
+cuello llevaba un ancho escapulario de raso bordado de lentejuelas y
+sedas de colores. Debajo de la montera, un pa&ntilde;uelo de fular azul, atado
+como lo hacen los paisanos, le encubr&iacute;a el pelo. Apoy&aacute;base en la <i>moca</i>
+o porra claveteada de clavos de plata, y con acento melanc&oacute;lico y
+prolongado, cantaba una copla del pa&iacute;s, y contest&aacute;bale desde enfrente
+una morenita vestida de ribere&ntilde;o, con su chaleco muy guarnecido de
+botones de filigrana y su faja recamada de p&aacute;jaros y flores
+extravagantes, <i>echando la firma</i>, consistente en tres versos
+irregulares, improvisados siempre, con sujeci&oacute;n al asunto de la copla;
+al concluir la <i>firma</i>, sal&iacute;an del corro de espectadores varios &iexcl;ju...
+juruj&uacute;! agud&iacute;simos. Lo que hac&iacute;a maravilloso efecto era o&iacute;r, en los
+intervalos en que callaban las cantoras, unas malague&ntilde;as resonando en el
+otro extremo de la sala, mientras por su parte la estudiantina se
+consagraba a las habaneras, cual si la anarqu&iacute;a de los trajes se
+comunicase a las canciones. En la comparsa de las <i>se&ntilde;oras</i> hab&iacute;a una
+chica poseedora de bien timbrada voz y de much&iacute;simo donaire para las
+coplas propias de la ciudad, tan distintas de las rurales, que al paso
+que en &eacute;stas las vocales se alargan como un gemido, en las otras se
+pronuncian brevemente, produciendo al final de algunos versos una
+inflexi&oacute;n burlesca:</p>
+
+<p class="noindent">
+<span style="margin-left: 5em;"><i>En el medio de la mar</i></span><br />
+<span style="margin-left: 5em;"><i>Suspiraba una ballena&uacute;</i></span><br />
+<span style="margin-left: 5em;"><i>Y entre suspiros decia&uacute;</i></span><br />
+<span style="margin-left: 5em;"><i>Muchachas de Cartagena&uacute;.</i></span><br />
+</p>
+
+
+<p>&iquest;Y qui&eacute;n ten&iacute;a valor para trabajar en medio de la bulliciosa
+carnavalada? Algunas operarias hubo que al principio se encarnizaron en
+la labor, bajando la cabeza por no ver las m&aacute;scaras; pero a eso de las
+tres de la tarde, cuando la inocente saturnal llegaba a su apogeo, las
+manos cruzadas descansaban sobre la tabla de liar, y los ojos no sab&iacute;an
+apartarse de los corros de baile y canto. Ocurri&oacute; un incidente c&oacute;mico:
+el taller del desvenado quiso echar su cuarto a espadas, y organiz&oacute; una
+comparsa numerosa; empe&ntilde;&aacute;ronse en formar parte de ella las m&aacute;s ancianas,
+las m&aacute;s infelices, y la mascarada se improvis&oacute; de la manera siguiente:
+envolvi&eacute;ndose todas por la cabeza los mantones, sin dejar asomar m&aacute;s que
+la nariz o una horrible careta de cart&oacute;n, y coloc&aacute;ndose en doble fila,
+haciendo de batidores cuatro que llevaban cogida por las esquinas una
+estera, en la cual reposaba, con los ojos cerrados, muy propia en su
+papel de difunta, la decana del taller, la respetable se&ntilde;ora Porcona.
+As&iacute; colocadas y con extra&ntilde;o silencio recorrieron los talleres, dando no
+s&eacute; qu&eacute; aspecto de aquelarre a la bulliciosa fiesta. Al punto recibi&oacute;
+t&iacute;tulo aquella nueva y l&uacute;gubre comparsa; llam&aacute;ronle la <i>Estadea</i>, nombre
+que da la superstici&oacute;n popular a una procesi&oacute;n de espectros.</p>
+
+<p>Dir&iacute;ase que el mago Carnaval, con poderoso conjuro, hab&iacute;a desencantado
+la F&aacute;brica, y vuelto a sus habitantes la verdadera figura en aquel d&iacute;a.
+Muchachas en las cuales a diario nadie hubiera reparado quiz&aacute;,
+confundidas como estaban entre las restantes, resplandec&iacute;an, alumbradas
+por una r&aacute;faga de hermosura, y un traje caprichoso, una flor en el pelo,
+revelaban gracias hasta entonces rec&oacute;nditas. Y no porque la coqueter&iacute;a
+desplegada en los disfraces llegase al grado que alcanza entre la gente
+de alto coturno que asiste a bailes de trajes y suele reflexionar y
+discurrir d&iacute;as y d&iacute;as antes de adoptar un disfraz&mdash;habiendo se&ntilde;orita que
+se viste de <i>Africana</i> por lucir una buena mata de pelo, o de
+<i>Pierrette</i> por mostrar un piececito menudo&mdash;; no por cierto. Semejantes
+refinamientos se ignoraban en la F&aacute;brica. Ni a las viejas se les daba un
+comino de ense&ntilde;ar en la fuga del baile la seca anatom&iacute;a de sus huesos,
+ni a las mozas un r&aacute;bano de desfigurarse, verbigracia, pint&aacute;ndose
+bigotes con carb&oacute;n. El caso era representar bien y fielmente tipos
+dados; un mozo, un quinto, un estudiante, un grumete. Hab&iacute;alas con tan
+rara propiedad vestidas, que cualquiera las tomar&iacute;a por varones; las
+feas y hombrunas se brindaban sin repulgos a encajarse el traje
+masculino, y lo llevaban con singular desenfado. Y de un extremo a otro
+de los talleres, entre el calor creciente y la broma y bullicio que
+aumentaban, corr&iacute;a una oleada de regocijo, de franca risa, de diversi&oacute;n
+natural, de juego libre y sano; una afirmaci&oacute;n en&eacute;rgica de la femenidad
+de la F&aacute;brica. No cohibidas por la presencia del hombre, gozaban cuatro
+mil mujeres aquel breve rayo de luz, aquel minuto de j&uacute;bilo expansivo
+colocado entre dos eternidades de mon&oacute;tona labor.</p>
+
+<p>Hacia las cuatro de la tarde no cab&iacute;a ya la algazara y bulla en las
+salas; todo el mundo perec&iacute;a de calor; a las disfrazadas de paisanos las
+ahogaba su traje de pa&ntilde;o, y se apoyaban, descoyuntadas de tanto re&iacute;r,
+molidas de tanto bailar, roncas de tanto canticio, en los estantes,
+abanic&aacute;ndose con la montera. La Comadreja, que ya no sab&iacute;a c&oacute;mo
+procurarse un poco de fresco, tuvo una idea.</p>
+
+<p>&mdash;Si nos dejasen armar un corro en el patio, chicas, &iquest;eh?</p>
+
+<p>Pareci&oacute; de perlas la ocurrencia, y salieron al patio de entrada, y de
+all&iacute; al magro campillo colindante, y perteneciente tambi&eacute;n a la F&aacute;brica.
+Estaba el d&iacute;a sereno y apacible; el sol doraba las hierbas quemadas por
+la escarcha, y se colaba en tibios rayos oblicuos al trav&eacute;s de los
+desnudos &aacute;rboles. El ambiente era m&aacute;s templado que otra cosa, como suele
+suceder en el clima de Marineda durante los meses de febrero y marzo. Al
+desembocar en el campo la alegre multitud, huyeron espantadas unas
+cuantas gallinas y algunos borregos sucios y torpes patos, que
+correteaban por all&iacute;, y eran los &uacute;nicos pobladores del mezquino oasis,
+limitado de una parte por la vetusta tapia, de otra por cobertizos
+atestados de fardos de vena, y de otra por el taller de cigarros
+peninsulares, aislado del edificio de la Granera. Al punto se formaron
+dos corros con m&aacute;s espacio que arriba, y la frescura de la tardecita
+restituy&oacute; las ganas de bailar a las exhaustas m&aacute;scaras.</p>
+
+<p>&iexcl;Oh, si ellas hubiesen sabido que desde las pr&oacute;ximas alturas de Colinar
+las miraban dos pares de ojos curiosos, indiscretos y osados! De la cima
+de un cerrillo que permit&iacute;a otear todo el patio de la F&aacute;brica, dos
+hombres apacentaban la vista en aquel curioso cuanto inesperado
+espect&aacute;culo. Uno de ellos rondaba muchas veces las cercan&iacute;as de la
+Granera, pero nunca en aquel predio hab&iacute;a visto m&aacute;s seres vivientes que
+canteros picando sillares de granito, y aves de corral escarbando la
+tierra. Baltasar ignoraba los detalles del Carnaval de las cigarreras, y
+apenas entender&iacute;a lo que estaba viendo, si Borr&eacute;n, mejor informado, no
+se tomase el trabajo de explic&aacute;rselo.</p>
+
+<p>&mdash;Generalmente estas mascaradas son de puertas adentro; pero hoy, como
+hace calor y el d&iacute;a est&aacute; bueno, salen al fresco a bailar.... &iexcl;Qu&eacute;
+casualidad, hombre!</p>
+
+<p>&mdash;Casualidad es, tiene usted raz&oacute;n. En todas partes he de encontr&aacute;rmela.</p>
+
+<p>Y al decir as&iacute;, se&ntilde;alaba el teniente al corro de los grumetes. Mientras
+los paisanos punteaban y repicaban un paso de baile regional, los
+grumetillos hab&iacute;an elegido el <i>zapateado</i>, donde la viveza del
+meridional bolero se une al vigor muscular que requieren las danzas del
+Norte. Bien ajena que la viese ning&uacute;n profano, puesta la mano en la
+cadera, echada atr&aacute;s la cabeza, alzando de tiempo en tiempo el brazo
+para retirar la gorrilla que se le ven&iacute;a a la frente, Amparo bailaba.
+Bailaba con la ingenuidad, con el desinter&eacute;s, con la casta desenvoltura
+que distingue a las mujeres cuando saben que no las ve var&oacute;n alguno, ni
+hay quien pueda interpretar malignamente sus pasos y movimientos.
+Ninguna valla de pudor verdadero o falso se opon&iacute;a a que se balancease
+su cuerpo siguiendo el ritmo de la danza, dibujando una l&iacute;nea serpentina
+desde el tal&oacute;n hasta el cuello. Su boca, abierta para respirar
+ansiosamente, dejaba ver la limpia y firme dentadura, la rosada sombra
+del paladar y de la lengua; su impaciente y rebelde cabello se sal&iacute;a a
+mechones de la gorra, como revelaci&oacute;n traidora del sexo a que pertenec&iacute;a
+el lindo grumete, si ya la suave comba del alto seno y las fugitivas
+curvas del elegante torso no lo denunciasen asaz. Tan pronto,
+describiendo un c&iacute;rculo, her&iacute;a con el pie la tierra, como, sin moverse
+de un sitio, <i>zapateaba</i> de plano, mientras sus brazos, armados de
+casta&ntilde;uelas, se agitaban en el aire, bajaban y sub&iacute;an a modo de alas de
+ave cautiva que prueba a levantar el vuelo.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XXIII" id="XXIII"></a><a href="#capitulos">-XXIII-</a></h2>
+
+<h3>El tentador</h3>
+
+
+<p>Al descender de su observatorio, echados por las sombras de la noche,
+que envolv&iacute;an el patio de la F&aacute;brica y cubr&iacute;an la estruendosa retirada
+de las cigarreras vestidas ya con sus trajes usuales, Baltasar iba
+silencioso y concentrado. Borr&eacute;n muy locuaz. El bueno del capit&aacute;n no
+cab&iacute;a en s&iacute; de gozo, ni m&aacute;s ni menos que si la aventura de ver bailar a
+la Tribuna le aconteciese a &eacute;l directamente. Hay en el mundo aficiones y
+gustos muy diversos; este chochea por monedas ro&ntilde;osas, aquel por
+libracos viejos, el de m&aacute;s ac&aacute; por caballos y el de m&aacute;s all&aacute; por sellos
+y cajas de f&oacute;sforos.... Borr&eacute;n hab&iacute;a chocheado, chocheaba y chochear&iacute;a
+toda su arrastrada vida por la hermosura, encantos y perfecciones de la
+mujer. Hab&iacute;a adquirido para conocer la belleza, y sobre todo el
+atractivo, ese golpe de vista, ese tino especial que permite a los
+expertos, sin ejercer ni dominar las artes, apreciar con exactitud el
+m&eacute;rito de un cuadro, el estilo de un mueble, la &eacute;poca de un monumento.
+Nadie como Borr&eacute;n para descubrir beldades in&eacute;ditas, para predecir si una
+muchacha valdr&iacute;a o no &laquo;muchas pesetas&raquo; andando el tiempo, y fallar si
+pose&iacute;a la quisicosa llamada <i>gracia, salero, gancho, &aacute;ngel, chic, buena
+sombra</i>, y de otros mil modos&mdash;lo cual prueba que es indefinible.</p>
+
+<p>La originalidad del caso est&aacute; en que con toda su afici&oacute;n a las faldas, y
+sus profundos conocimientos de est&eacute;tica aplicada, no se refer&iacute;a de
+Borr&eacute;n la m&aacute;s insignificante historieta. Viviendo siempre en una
+atm&oacute;sfera fuertemente cargada de electricidad amorosa, nunca le hiri&oacute; la
+chispa. Practicaba, en materia de amor&iacute;os, el m&aacute;s puro y desinteresado
+<i>otro&iacute;smo</i>. Si no pod&iacute;a andar entre las muchachas asegur&aacute;ndoles que
+Fulanito se alampaba por ellas, o que Zutanito se mor&iacute;a por sus pedazos,
+se arrimaba a los j&oacute;venes, calent&aacute;ndoles los cascos, encendi&eacute;ndoles la
+sangre, habl&aacute;ndoles del pie de tal chica:&mdash;hombre, un pie que me cabe en
+la palma de la mano&mdash;o del color de cu&aacute;l otra&mdash;hombre, si parece que se
+da agua de Barcelona, y no, me consta que aquello es natural&mdash;. Borr&eacute;n
+sab&iacute;a de las criadas que llevan y traen cartitas, de los paseos
+retirados donde es f&aacute;cil tropezarse cuando hay buena voluntad, de los
+peladeros de pava, de las butacas que en el teatro ofrecen m&aacute;s comodidad
+para <i>hacer el oso</i>; era el primero a olfatear los trapicheos, las
+bodas, los escandalillos y los <i>truenos</i> incipientes. No era Borr&eacute;n un
+casamentero, porque, generalmente hablando, el casamentero se propone un
+fin moral, y a Borr&eacute;n la moral-hombre, con franqueza&mdash;le ten&iacute;a sin
+cuidado. Si el cuento acababa en nupcias, bien, y si no, lo propio;
+Borr&eacute;n hac&iacute;a <i>arte por el arte</i>; el amor le parec&iacute;a objeto suficiente de
+s&iacute; mismo.</p>
+
+<p>Para todo enamorado de Marineda, especialmente si pertenec&iacute;a a la
+guarnici&oacute;n, el complemento de la dicha era esta idea:&mdash;Voy a cont&aacute;rselo
+a Borr&eacute;n&mdash;. Y Borr&eacute;n, como un espejo complaciente, de los que <i>hacen
+favor</i>, le devolv&iacute;a la imagen de su felicidad, no exacta, sino
+aumentada, embellecida, multiplicada, radiante.&mdash;Vamos a pasearle la
+calle a la novia&mdash;le dec&iacute;an sus amigos cogi&eacute;ndole del brazo&mdash;. Y Borr&eacute;n
+giraba tardes enteras delante de una manzana de casas, parafraseando las
+observaciones de alg&uacute;n amador novel que exclamaba:&mdash;&laquo;Ya alz&oacute; el
+visillo... se asoma... no, es la hermana... ahora s&iacute;... c&oacute;mo me mira...
+&iexcl;hola!, tiene la mantilla puesta...&raquo;&mdash;. Jam&aacute;s mostr&oacute; Borr&eacute;n cansarse de
+su papel de reflector y perro faldero; y cuenta que las chicas, guiadas
+por infalible instinto, le trataban como se trata a los inofensivos y a
+los mandrias; aunque &eacute;l se derret&iacute;a, acaramelaba y amerengaba todo,
+jam&aacute;s le tomaron en parte alguna por lo serio.</p>
+
+<p>Baltasar no le hab&iacute;a buscado para confidente; Borr&eacute;n se ofreci&oacute;, y es
+m&aacute;s, atiz&oacute; el incendio, ech&oacute; le&ntilde;a a la hoguera con sus frases de p&oacute;lvora
+y dinamita. Aquella tarde, cuando juntos bajaban hacia la ciudad, el m&aacute;s
+animado, el m&aacute;s exaltado era Mefist&oacute;feles: Fausto callaba, meditando en
+lo comprometidos y engorrosos que son ciertos enredos en poblaciones de
+provincia, donde uno tiene madre y hermanas. Mefist&oacute;feles, &iexcl;pobre
+diablo!, no se cansaba, entre tanto, de ponderar los primores del
+grumete. Cada vez que el confidente y el enamorado pasaban cerca de un
+farol, la luz se proyectaba en la fisonom&iacute;a de Borr&eacute;n, siempre movida,
+agitada y descompuesta, c&oacute;mica a pesar del exagerado car&aacute;cter viril que
+a primera vista le imprim&iacute;an los cerdosos mostachos, las pobladas cejas
+y la prominente nuez. En su aspecto Borr&eacute;n era semejante a los guardias
+civiles de madera que suelen colocarse en el frontispicio de los h&oacute;rreos
+y molinos del pa&iacute;s: a despecho de sus bigotazos formidables, bien se les
+conoce que son mu&ntilde;ecos.</p>
+
+<p>&mdash;D&iacute;gole a usted, Borr&eacute;n&mdash;exclam&oacute; Baltasar resolvi&eacute;ndose por fin a
+formular en alta voz su pensamiento&mdash;, que no comprende usted lo que es
+Marineda... ni lo que es mi madre. Me resultar&iacute;an mil disgustos, mil
+complicaciones.... Aborrezco los esc&aacute;ndalos.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Hombre, qu&eacute; juventud tan sosa son ustedes! Parece mentira que
+habiendo visto lo que vimos....</p>
+
+<p>&mdash;No me conviene, lo dicho; me alegrar&eacute; de que me destinen a cualquiera
+parte. Si me quedo aqu&iacute;, es f&aacute;cil.... Y despu&eacute;s, &iquest;sabe usted lo que es
+esa F&aacute;brica? Una masoner&iacute;a de mujeres, que aunque hoy se arranquen el
+mo&ntilde;o, ma&ntilde;ana se ayudan todas las unas a las otras. Me desacreditar&iacute;an,
+me crear&iacute;an un conflicto.</p>
+
+<p>&mdash;No le hac&iacute;a a usted tan medroso.</p>
+
+<p>&mdash;La verdad, Borr&eacute;n; tengo m&aacute;s miedo a las hablillas, si cuadra, que a
+un balazo. Ser&aacute; una tonter&iacute;a, pero me fastidia infinito ser el h&eacute;roe de
+la temporada.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, hombre, franqueza. Usted tambi&eacute;n recela verse envuelto en las
+redes de esa chica, y tener que casarse.... Baltasar sonri&oacute; sin
+afectaci&oacute;n, pero con tal se&ntilde;or&iacute;o de s&iacute; mismo, que Borr&eacute;n se encogi&oacute; de
+hombros.</p>
+
+<p>&mdash;Pues entonces....</p>
+
+<p>&mdash;Por un lado, s&iacute;, lo acierta usted; soy un majadero en abrigar tales
+escr&uacute;pulos. Pasa uno as&iacute; los mejores a&ntilde;os de su vida, y &iquest;qu&eacute;?, llega uno
+a viejo sin haber vivido....</p>
+
+<p>Aqu&iacute; el teniente se detuvo; una idea burlesca le impulsaba a sonre&iacute;rse
+otra vez, pensando que el capit&aacute;n se hallaba justamente en el caso de
+declinar hacia la edad madura sin tener que ofrecer a Dios ni qu&eacute; contar
+al diablo. Borr&eacute;n, entre tanto, aprobaba calurosamente las &uacute;ltimas
+palabras de Baltasar, las desenvolv&iacute;a, las consideraba desde nuevos
+aspectos; en suma, soplaba para que la llama prendiese mejor. Tan bien
+desempe&ntilde;&oacute; su oficio mefistof&eacute;lico, que Baltasar convino en reunirse al
+d&iacute;a siguiente con &eacute;l para meditar un plan de ataque que debelase la
+republicana virtud de la oradora. Pero al acudir a la entrevista, que
+era, por m&aacute;s se&ntilde;as, en el terreno neutral del caf&eacute;, Borr&eacute;n conoci&oacute; que
+Baltasar tra&iacute;a alguna extraordinaria nueva.</p>
+
+<p>&mdash;Ya no hay necesidad de concertar planes&mdash;declar&oacute; el teniente con
+forzada risa&mdash;. &iquest;No se lo dec&iacute;a yo a usted? Me destinan all&aacute;... a
+Navarra. La cosa anda mal.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bah!... cuatro bandidos que salen de aqu&iacute; y de acull&aacute;; hombre,
+partidillas sueltas.</p>
+
+<p>&mdash;Partidillas sueltas... ya, ya me lo contar&aacute; usted dentro de unos
+meses. El cariz del asunto se pone cada vez m&aacute;s feo. Entre esos b&aacute;rbaros
+que quieren entrar en burro en las iglesias y fusilan por chiste las
+im&aacute;genes, y los otros salvajes que cortan el tel&eacute;grafo y queman las
+estaciones... ver&aacute; usted, ver&aacute; usted qu&eacute; tortilla se nos prepara. Aqu&iacute;
+nadie se entiende. Mire usted que hasta Montpensier, que parec&iacute;a formal,
+meterse en ese desaf&iacute;o est&uacute;pido. &Eacute;l quer&iacute;a ser rey; pero el haber matado
+al perdis de su primo le cuesta la corona y a nosotros un ojo de la
+cara, porque como no venga Satan&aacute;s en persona a arreglarnos, no s&eacute; lo
+que suceder&aacute;... Deme usted un cigarro... si lo tiene usted ah&iacute;.</p>
+
+<p>Borr&eacute;n le alarg&oacute; la petaca, y Baltasar encendi&oacute; nerviosamente un
+pitillo.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, &iquest;cu&aacute;ntos candidatos dir&aacute; usted que hay al trono?&mdash;prosigui&oacute;
+echando leve bocanada de humo al techo&mdash;. Vaya usted contando por los
+dedos, si la paciencia le alcanza. Espartero... uno. Dir&aacute; usted que es
+un estafermo, bien; pero los restos del partido progresista, todo cuanto
+gast&oacute; morri&oacute;n, y algunos chiflados de buena fe, le aclaman. &iquest;No ha visto
+usted en las tiendas el retrato de Baldomero I con manto real? El hijo
+de Isabel II, dos; su madre abdic&oacute; o abdicar&aacute;. Ese, al menos, representa
+algo; pero es un rapaz; para jugar a la pelota servir&iacute;a. El
+Pretendiente, tres... y mire usted, lo que es ese dar&aacute; mucho juego; ya
+empieza todo el mundo a llamarle Carlos VII. Re&uacute;ne &eacute;l solo m&aacute;s
+partidarios que todos los dem&aacute;s juntos, y gente cruda, de trabuco y pelo
+en pecho. El duque de Aosta, un italiano... cuatro. Un alem&aacute;n que se
+llama Ho... ho... en fin, un nombre dif&iacute;cil; los peri&oacute;dicos sat&iacute;ricos lo
+convirtieron en <i>Ole, ole, si me eligen</i>... cinco. La regencia trina...
+seis, o por mejor decir, ocho. Y &Aacute;ngel I... nueve. &iexcl;Ah!, se me olvidaba
+el de Portugal que anda remiso... y Montpensier. Once. &iquest;Qu&eacute; tal?</p>
+
+<p>&mdash;Pero... as&iacute;, candidatos formales.... &iexcl;Mozo, caf&eacute; y <i>cognac</i>!</p>
+
+<p>&mdash;No, gracias, lo tom&eacute; en casa.... Claro: candidatos serios, por hoy,
+don Carlos y la rep&uacute;blica. El caso es que entre todos no nos dejar&aacute;n
+hueso sano.... Por de pronto, yo me las guillo. &iquest;Quiere usted algo para
+aquellos vericuetos?</p>
+
+<p>&mdash;Hombre... &iexcl;qu&eacute; l&aacute;stima! &iexcl;Ahora que &iacute;bamos a emprenderla con la
+pitillera, que es de otro!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pch!... Si alg&uacute;n trabucazo no lo impide... a la vuelta.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XXIV" id="XXIV"></a><a href="#capitulos">-XXIV-</a></h2>
+
+<h3>El conflicto religioso</h3>
+
+
+<p>Desde que las Cortes Constituyentes votaron la monarqu&iacute;a, Amparo y sus
+correligionarias andaban furiosas. Corr&iacute;a el tiempo, y las esperanzas de
+la Uni&oacute;n del Norte no se realizaban, ni se cumpl&iacute;an los pron&oacute;sticos de
+los diarios. &iexcl;Que hoy!... &iexcl;que ma&ntilde;ana!... &iexcl;que nunca, por lo visto! &iexcl;En
+vez de la suspirada federal, un rey, un tirano de fijo, y tal vez un
+extranjero! Por estas razones en la F&aacute;brica se hac&iacute;a pol&iacute;tica pesimista
+y se anunciaba y deseaba que al Gobierno &laquo;se lo llevase Judas&raquo;. Dos
+cosas sobre todo alteraban la bilis de las cigarreras: el incremento del
+partido carlista y los ataques a la Virgen y a los Santos. A despecho de
+la acusaci&oacute;n de &laquo;echar contra Dios&raquo; lanzada por las campesinas a las
+ciudadanas, la verdad es que, con contad&iacute;simas excepciones, todas las
+cigarreras se manifestaban acordes y un&aacute;nimes en achaques de devoci&oacute;n.
+Ella ser&iacute;a m&aacute;s o menos ilustrada; pero all&iacute; hab&iacute;a mucha y fervorosa
+piedad. Es cierto que sobre el altar de p&eacute;simo gusto d&oacute;rico existente en
+cada taller depositaban las operarias sus mantones, sus paraguas, el
+atillo de la comida; mas este g&eacute;nero de familiaridad no revelaba falta
+de respeto, sino la misma costumbre de ver all&iacute; el ara santa, ante la
+cual nadie pasaba sin persignarse y hacer una genuflexi&oacute;n. Y es lo
+curioso que a medida que la revoluci&oacute;n se desencadenaba y el
+republicanismo de la F&aacute;brica crec&iacute;a, aument&aacute;ronse tambi&eacute;n las pr&aacute;cticas
+religiosas. El cepillo colocado al lado del altar, donde los d&iacute;as de
+cobranza cada operaria echaba alguna limosna, nunca se vio tan lleno de
+monedas de cobre; el caj&oacute;n que conten&iacute;a la cera de alumbrar, estaba
+atestado de blandones y velas; m&aacute;s de sesenta cirios iluminaban los d&iacute;as
+de novena el retablo; primero les faltar&iacute;a a las cigarreras agua para
+beber, que aceite a la l&aacute;mpara encendida diariamente ante sus im&aacute;genes
+predilectas, una Nuestra Se&ntilde;ora de la Merced de doble tama&ntilde;o que los
+cautivos arrodillados a sus plantas, un San Ant&oacute;n con el sayal muy
+adornado de esterilla de oro, un Ni&ntilde;o-Dios con faldellines huecos y un
+mundito azul en las manos. Nunca se realiz&oacute; con m&aacute;s lucimiento la novena
+de San Jos&eacute;, que todas rezaron mientras trabajaban, volvi&eacute;ndose de cara
+al altar para decir los actos de fe y la letan&iacute;a, y berreando el &uacute;ltimo
+d&iacute;a los gozos con mucha unci&oacute;n, aunque sin afinaci&oacute;n bastante. Jam&aacute;s
+produjo tanto la colecta para la procesi&oacute;n del Santo Entierro y novena
+de los Dolores; y por &uacute;ltimo, en ocasi&oacute;n alguna tuvo el numen protector
+de la F&aacute;brica, la Virgen del Amparo, tantas ofertas, culto y limosnas,
+sin que por eso quedase olvidada su rival Nuestra Se&ntilde;ora de la Guardia,
+estrella de los mares, patrona de los navegantes por la brav&iacute;a costa.</p>
+
+<p>Bien habr&iacute;a en la <i>Granera</i> media docena de esp&iacute;ritus fuertes, capaces
+de blasfemar y de hablar sin recato de cosas religiosas; pero dominados
+por la mayor&iacute;a, no osaban soltar la lengua. A lo sumo se permit&iacute;an
+maldecir de los curas, acusarles de inmorales y codiciosos, o renegar de
+que se &laquo;metiesen en pol&iacute;tica&raquo; y tomasen las armas para traer el
+&laquo;escurantismo y la Inquisici&oacute;n&raquo;: cuestiones m&aacute;s trascendentales y
+profundas no se agitaban, y si a tanto se atreviese alguien, es seguro
+que le caer&iacute;a encima un diluvio de cuchufletas y de injurias.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Est&aacute; el mundo perdido!&mdash;dec&iacute;a la maestra del partido de Amparo, mujer
+de edad madura, de tristes ojos, vestida de luto siempre desde que hab&iacute;a
+visto morir de viruelas a dos gallardos hijos que eran su orgullo&mdash;.
+&iexcl;Est&aacute; el mundo revuelto, muchachas! &iquest;No sab&eacute;is lo que pasa all&aacute; por las
+Cortes?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; pasar&aacute;?</p>
+
+<p>&mdash;Que un diputado por Catalu&ntilde;a dice que dijo que ya no hab&iacute;a Dios, y que
+la Virgen era esto y lo otro.... Dios me perdone, Jes&uacute;s mil veces.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y no lo mataron all&iacute; mismo? &iexcl;P&iacute;caro, infame!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Mal hablado, lengua de escorpi&oacute;n! &iexcl;No habr&aacute; Dios para &eacute;l, no; que &eacute;l
+no lo tendr&aacute;!</p>
+
+<p>&mdash;No, pues otro a&uacute;n dijo otros horrores de barbarid&aacute;, que ya no me
+acuerdan.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Empecatao! &iexcl;Pimiento picante le deb&iacute;an echar en la boca!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay!, &iexcl;y una cosa que mete miedo! Dice que por esas capitales toda la
+gente anda asustad&iacute;sima, porque se ha descubierto que hay una compa&ntilde;&iacute;a
+que roba ni&ntilde;os.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;&Aacute;ngeles de mi alma! &iquest;Y para qu&eacute;?, &iquest;para degollarlos?</p>
+
+<p>&mdash;No, mujer, que son los protestantes para llevarlos a educar all&aacute; a su
+modo en tierra de ingleses.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Se&ntilde;or de la justicia! &iexcl;Mucha maldad hay por el mundo adelante!</p>
+
+<p>Conocido este estado de la opini&oacute;n p&uacute;blica, puede comprenderse el efecto
+que produjo en la F&aacute;brica un rumor que comenz&oacute; a esparcirse quedito, muy
+quedo, y como en el aria famosa de la <i>Calumnia</i>, fue convirti&eacute;ndose de
+cefirillo en hurac&aacute;n. Para comprender lo grave de la noticia, basta o&iacute;r
+la conversaci&oacute;n de Guardiana con una vecina de mesa.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;T&uacute; no sabes, Guardia? La <i>P&iacute;ntiga</i> se meti&oacute; protestanta.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y eso qu&eacute; es?</p>
+
+<p>&mdash;Una religi&oacute;n de all&aacute; de los <i>inglis manglis</i>.</p>
+
+<p>&mdash;No s&eacute; por qu&eacute; se consienten por ac&aacute; esas religiones. Maldito sea quien
+trae por ac&aacute; semejantes demoniuras. &iexcl;Y la bribona de la <i>P&iacute;ntiga</i>, mire
+usted! &iexcl;Nunca me gust&oacute; su cara de intiricia!...</p>
+
+<p>&mdash;Le dieron cuartos, mujer, le dieron cuartos: s&iacute; que t&uacute; piensas....</p>
+
+<p>&mdash;A m&iacute;... &iexcl;m&aacute;s y que me diesen mil pesos duros en oro! Y soy una pobre,
+repobre, que s&oacute;lo para tener bien vestiditos a mis peque&ntilde;os me ven&iacute;an...
+&iexcl;juy!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Condenar el alma por mil pesos! Yo tampoco, chicas&mdash;interven&iacute;a la
+maestra.</p>
+
+<p>&mdash;Saque all&aacute;, maestra, saque all&aacute;... Comer&aacute; uno brona toda la vida,
+gracias a Dios que la da, pero no andar&aacute; en trapisondas.</p>
+
+<p>&mdash;Y diga... &iquest;qu&eacute; le hacen hacer los protestantes a la <i>P&iacute;ntiga</i>? &iquest;Mil
+indecencias?</p>
+
+<p>&mdash;Le mandan que vaya todas las tardes a una cuadra, que dice que
+pusieron all&iacute; la capilla de ellos... y le hacen que cante unas cosas en
+una lengua, que... no las entiende.</p>
+
+<p>&mdash;Ser&aacute;n palabrotas y pecados. &iquest;Y ellos, qui&eacute;nes son?</p>
+
+<p>&mdash;Unos cl&eacute;rigos que se casan....</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;En el nombre del Padre! &iquest;Pero se casan... como nosotros?</p>
+
+<p>&mdash;Como yo me cas&eacute;... vamos al caso, delante de la gente... y llevan los
+chiquillos de la mano, con la desverg&uuml;enza del mundo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Anda, salero! &iquest;Y el arcebispo no los mete en la c&aacute;rcel?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Si ellos son contra el arcebispo, y contra los can&oacute;nigos, y contra el
+Papa de Roma de ac&aacute;! &iexcl;Y contra Dios, y los Santos, y la Virgen de la
+Guardia!</p>
+
+<p>&mdash;Pero esa lavada de esa <i>P&iacute;ntiga</i>... &iexcl;malos perros la coman! No, si se
+arrima de esta banda, yo le dir&eacute; cu&aacute;ntas son cinco.</p>
+
+<p>&mdash;Y yo.</p>
+
+<p>&mdash;Y yo.</p>
+
+<p>As&iacute; crec&iacute;a la hostilidad y se amontonaban densas nubes sobre la cabeza
+de la ap&oacute;stata, a quien por el color de su tez biliosa y de su lacio
+pelo, por lo sombr&iacute;o y za&iacute;no del mirar, llamaban <i>P&iacute;ntiga</i>, nombre que
+dan en el pa&iacute;s a cierta salamandra manchada de amarillo y negro. Era
+esta mujer capaz de comer suela de zapato a trueque de ahorrar un
+maraved&iacute;, y no ajena a su conversi&oacute;n una libra esterlina, o dobl&oacute;n de a
+cinco, que para el caso es igual. Si lo cobr&oacute; y pudo coserlo en una
+media con otras econom&iacute;as anteriores, amargolo aquellos d&iacute;as en forma.
+Acerc&aacute;base a una compa&ntilde;era, y esta le volv&iacute;a la espalda; su mesa qued&oacute;
+desierta, porque nadie quiso trabajar a su lado; pon&iacute;a su mant&oacute;n en el
+estante, y al punto se lo empujaban disimuladamente desde la otra parte
+de la sala, para que cayese y se manchase; dejaba su l&iacute;o de comida en el
+altar, y lo ve&iacute;a retirado de all&iacute; con horror por diez manos a un tiempo;
+la maestra examinaba sus mazos de puros, antes de darlos por buenos y
+cabales, con ofensiva minuciosidad y adem&aacute;n desconfiado. Un d&iacute;a de gran
+calor pidi&oacute; a la operaria que hall&oacute; m&aacute;s pr&oacute;xima que le prestase un poco
+de agua, y esta, que acababa de destapar un colmado frasco de cristal
+para beber por &eacute;l, le contest&oacute; secamente: &laquo;No tengo meaja&raquo;. Se&ntilde;al&oacute; la
+<i>protestanta</i> al frasco, con ira silenciosa, y la operaria,
+levant&aacute;ndose, lo tom&oacute; y derram&oacute; por el suelo su contenido sin pronunciar
+una palabra. P&uacute;sose verde la <i>P&iacute;ntiga</i>, y llev&oacute; la mano, sin saber lo
+que hac&iacute;a, al cuchillo semicircular: pero de todos los rincones del
+taller se alzaron risas provocativas, y hubo de devorar el ultraje, so
+pena de ser despedazada por un millar de furiosas u&ntilde;as. En mucho tiempo
+no se atrevi&oacute; a volver a la F&aacute;brica, donde la corr&iacute;an.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XXV" id="XXV"></a><a href="#capitulos">-XXV-</a></h2>
+
+<h3>Primera haza&ntilde;a de la Tribuna</h3>
+
+
+<p>Extramuros, al pie de las fortificaciones de Marineda, cel&eacute;brase todos
+los a&ntilde;os una fiesta conocida por <i>las Comiditas</i>, fiesta peculiar y
+caracter&iacute;stica de las cigarreras, que aquel d&iacute;a sacan el fondo del cofre
+a relucir y disponen una colaci&oacute;n m&aacute;s o menos suculenta para despacharla
+en el campo; campo mezquino, &aacute;rido, donde s&oacute;lo vegetan cardos
+borriqueros y ortigas. Desde el lavadero p&uacute;blico hasta el alto de Agua
+santa, ameno y risue&ntilde;o, se hab&iacute;a esparcido la gente, sent&aacute;ndose, si
+pod&iacute;a, a la sombra de un vallado o en la pendiente de un ribazo, y si
+no, donde Dios quer&iacute;a, al raso, sin paraguas ni quitasol. Y cuenta que
+ambos chismes podr&iacute;an ser igualmente necesarios, porque el astro diurno,
+encapotado por nubarrones que amenazaban chubasquina, desped&iacute;a claridad
+l&iacute;vida y sorda, y a veces por la ahogada calma de la atm&oacute;sfera
+atravesaban soplos de aire encendido, bocanadas de solano que amagaban
+tempestad.</p>
+
+<p>No por eso hab&iacute;a menos corros de baile y canto, menos puestos de
+rosquillas y jinetes, menos meriendas y comilonas. Aqu&iacute; se escuchaba el
+rasgueo de guitarras y bandurrias, m&aacute;s adelante retumbaba el bombo, y la
+gaita exhalaba su aguda y penetrante queja. Un ciego daba vueltas a una
+<i>zanfona</i> que sonaba como el obstinado zumbido del moscard&oacute;n, y al mismo
+tiempo vend&iacute;a romances de guapezas y cr&iacute;menes. A pocos pasos de la gente
+que com&iacute;a, mendigos asquerosos imploraban la caridad; un elefanc&iacute;aco
+ense&ntilde;aba su rostro bulboso, un herp&eacute;tico descubr&iacute;a el cr&aacute;neo pelado y
+lleno de p&uacute;stulas, este tend&iacute;a una mano seca, aquel se&ntilde;alaba a un muslo
+ulcerado, invocando a Santa Margarita para que nos libre de &laquo;males
+extra&ntilde;os&raquo;. En un carretoncillo, un fen&oacute;meno sin piernas, sin brazos, con
+enorme cabez&oacute;n envuelto en trapos viejos, y gafas verdes, exhalaba un
+grito ronco y suplicante, mientras una mocetona, de pie al lado del
+veh&iacute;culo, recog&iacute;a las limosnas. En el aire flotaban los efluvios de dos
+toneles de vino que ya iban quedando exang&uuml;es, y el vaho del estofado, y
+el olor de las viandas fr&iacute;as. O&iacute;anse canciones entonadas con voz vinosa,
+y llantos de ni&ntilde;os, de los cuales nadie se cuidaba.</p>
+
+<p>Compon&iacute;ase el c&iacute;rculo en que figuraba Amparo de muchachas alegres, que
+hab&iacute;an esgrimido briosamente los dientes contra una razonable merienda.
+All&iacute; estaba la Comadreja, a quien no era posible aguantar de puro
+satisfecha y vana, porque ten&iacute;a en Marineda al capit&aacute;n de la <i>Bella
+Luisa</i>, y si &eacute;l no hab&iacute;a querido convidarse a merendar &laquo;por el aquel del
+bien parecer&raquo;, contaba con que la acompa&ntilde;ar&iacute;a al final de la funci&oacute;n.
+All&iacute; tambi&eacute;n Guardiana, penetrada de alegr&iacute;a por otra causa diversa:
+porque hab&iacute;a tra&iacute;do consigo a dos de sus peque&ntilde;os, el escrofuloso y la
+sordo-mudita; en cuanto al mayor, ni se pod&iacute;a so&ntilde;ar en llevarlo a sitio
+alguno donde hubiese gente, porque le entraba enseguida la &laquo;aflici&oacute;n&raquo;.
+La ni&ntilde;a sordo-muda miraba alrededor, con ojos reflexivos, aquel mundo
+del cual s&oacute;lo le llegaban las im&aacute;genes visibles; por su parte el ni&ntilde;o,
+que ya tendr&iacute;a sus trece a&ntilde;os, y que hubiera sido gracioso a no
+desfigurarlo los lamparones y la hipertrofia de los labios, gozaba mucho
+de la fiesta, y se sonre&iacute;a con la sonrisa inocente, semi-bestial, de los
+<i>bobos</i> de Vel&aacute;zquez. Guardiana no se mostr&oacute; muy comedora: los mejores
+bocados los reserv&oacute; para sus hermanos, y ella manifest&oacute; poco apetito.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; tienes, Guardia?&mdash;le pregunt&oacute; la radiante Ana.</p>
+
+<p>&mdash;Mujer, algunos d&iacute;as parece que estoy as&iacute;... cansada. He de ir a que me
+levanten la paletilla, porque imposible que no se me cayese.</p>
+
+<p>&mdash;Aprensiones, aprensiones. Canta el <i>Joven Tel&eacute;maco</i>, Amparo.</p>
+
+<p>Amparo, y otras dos o tres del taller de cigarrillos, rendidas de calor
+y ah&iacute;tas de comida, se hab&iacute;an tendido en una peque&ntilde;a explanada, que
+formaba el glacis de la fortificaci&oacute;n, adoptando diversas posturas, m&aacute;s
+o menos c&oacute;modas. Unas, desabroch&aacute;ndose el corpi&ntilde;o, se hac&iacute;an aire con el
+pa&ntilde;uelo de seda doblado; otras, tumbadas boca abajo, sosten&iacute;an el cuerpo
+en los codos y la barba en las palmas de las manos; otras, sentadas a la
+turca, alzaban cu&aacute;ndo la pierna izquierda, cu&aacute;ndo la derecha, para
+evitar los calambres. Por la seca hierba andaban esparcidos tapones de
+botellas, papeles engrasados, espinas de merluza, cascos de vaso roto,
+un pa&ntilde;uelo de seda, una servilleta gorda.</p>
+
+<p>Fuese efecto de la comida y del vinillo del pa&iacute;s, ligero y alegre como
+unas pascuas, o del aire solano, que tiene especial virtud excitante de
+los nervios, hall&aacute;banse las muchachas alborotadas, deseosas de meterse
+con alguien, de gritar, de hacer ruido. Estaban ebrias, no del escaso
+mosto, sino del vaiv&eacute;n y mareo de la romer&iacute;a, de los colores chillones,
+de los sonidos discordantes: s&oacute;lo la sordo-muda permanec&iacute;a indiferente,
+con su l&iacute;mpida mirada infantil. La casualidad proporcion&oacute; a las briosas
+mozas un desahogo que tuvo mucho de c&oacute;mico y pudo tener algo de
+dram&aacute;tico.</p>
+
+<p>Es el caso que vieron adelantarse y dirigirse hacia ellas un individuo
+de extra&ntilde;a catadura, alto y delgado, vestido con larga hopalanda negra,
+y acompa&ntilde;ado de otro que formaba con &eacute;l perfecto contraste, pues era
+rechoncho, peque&ntilde;o y sangu&iacute;neo, y llevaba americana gris rabicorta. Al
+aspecto de la donosa pareja llovieron los comentarios.</p>
+
+<p>&mdash;El del gaban&oacute;n parece un cura&mdash;dijo Guardiana.</p>
+
+<p>&mdash;No es cura&mdash;afirm&oacute; la Comadreja&mdash;. &iquest;No le ves unas patillitas como las
+de un padron&eacute;s?</p>
+
+<p>&mdash;Pero, mujer, si lleva alzacuello.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; alzacuello! Corbata negra.</p>
+
+<p>&mdash;El gordo es un <i>inguilis</i>.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay Jes&uacute;s; parece que le pintaron la barba con azafr&aacute;n!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y aquello qu&eacute; es? &iexcl;Madre m&iacute;a de la Guardia!; un anteojo en un ojo
+solo, y colgado en el aire; &iexcl;mira, mira!</p>
+
+<p>&mdash;Callar, que vienen para ac&aacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Vienen aqu&iacute; en derechura.</p>
+
+<p>&mdash;No, mujer.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Dale! Vienen y vienen. &iquest;Te convences, porfiosa?</p>
+
+<p>&mdash;Es que les gustaste t&uacute;.</p>
+
+<p>&mdash;No, t&uacute;. El del azafr&aacute;n viene a casarse contigo.</p>
+
+<p>&mdash;Pues a ti te mira mucho el cl&eacute;rigo mal comparado.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Chssss! Callar, que est&aacute;n cerca, alborotadoras de Judas.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Callaban! Que callen ellos si les da la gana.</p>
+
+<p>Y Amparo y Ana cantaron a d&uacute;o:</p>
+
+<p class="noindent">
+<span style="margin-left: 5em;"><i>Me gusta el gallo,</i></span><br />
+<span style="margin-left: 5em;"><i>Me gusta el gallo,</i></span><br />
+<span style="margin-left: 5em;"><i>Me gusta el gallo</i></span><br />
+<span style="margin-left: 5em;"><i>Con azafr&aacute;n...</i></span><br />
+</p>
+
+
+<p>No obstante estos primeros indicios de hostilidad, los dos graves
+personajes se aproximaban al corro, con mucha prosopopeya. El de la
+hopalanda, no bien se acerc&oacute; lo suficiente, pronunci&oacute; un &laquo;a los pies de
+ustedes, ze&ntilde;oras&raquo;, que hubiera provocado una explosi&oacute;n de carcajadas, si
+al pronto no pudiese m&aacute;s la curiosidad que la risa. &iexcl;Ten&iacute;a el bueno del
+hombre una voz tan rara, ceceosa a la andaluza, y una pronunciaci&oacute;n tan
+recalcada!</p>
+
+<p>&mdash;Tengo el honor&mdash;prosigui&oacute;, metiendo las manos en los bolsillos de su
+inmenso tabardo&mdash;de ofrecer a ustedes un librito de lectura muy
+provechoza para el esp&iacute;ritu, y espero me dispenzar&aacute;n el obsequio de
+repazarlo con atenci&oacute;n. Yo le ruego reflezionen sobre el conten&iacute;o de
+estos imprezo, ze&ntilde;oras m&iacute;as.</p>
+
+<p>Diciendo y haciendo, les presentaba tres o cuatro vol&uacute;menes empastados,
+y un haz de hojas volantes. Nadie estir&oacute; la mano para recoger los
+<i>imprezo</i>, y &eacute;l fue depositando suavemente en los regazos de las
+muchachas el alijo. El ingl&eacute;s tripudo observaba el reparto con su
+fulgurante mon&oacute;culo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;As&iacute; Dios me salve (Ana fue la primera en hablar), yo conozco a estos
+pajarracos! Oyes t&uacute;, B&aacute;rbara, &iquest;este no es el que puso la capilla en la
+cuadra?</p>
+
+<p>&mdash;El mismo... es el que berrea all&iacute; por las tardes.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;El que le dio los cuartos a la P&iacute;ntiga?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, mujer.</p>
+
+<p>&mdash;Y este, &iquest;no dice que fue cura?</p>
+
+<p>&mdash;Dice que s&iacute;, all&aacute; en su pa&iacute;s, y que ahora es cura de ellos, y est&aacute;
+casado....</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Casado!!!</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, est&aacute;... con una viuda. Ya tienen...&mdash;y la muchacha remed&oacute;
+burlescamente el llanto de un reci&eacute;n nacido.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y el otro bazuncho?</p>
+
+<p>&mdash;Es el que...&mdash;y frot&oacute; el &iacute;ndice con el pulgar, adem&aacute;n expresivo que
+significa en todas partes soltar dinero.</p>
+
+<p>Mientras duraban estas explicaciones en voz baja, Amparo hab&iacute;a le&iacute;do el
+t&iacute;tulo de algunos folletos: <i>&laquo;La verdadera Iglesia de Jes&uacute;s.... La
+redenci&oacute;n del alma.... Cristo y Babilonia.... La fe del cristiano
+purificada de errores.... Roma a la luz de la raz&oacute;n...&raquo;</i>. Entre los
+retazos del di&aacute;logo que llegaban a sus o&iacute;dos y los fragmentos de hoja
+impresa en que fijaba la vista, penetr&oacute; el misterio. Levantose grave,
+determinada, como el d&iacute;a que peror&oacute; en el banquete del C&iacute;rculo Rojo.</p>
+
+<p>&mdash;Oiga ust&eacute;&mdash;pronunci&oacute; con tono despreciativo&mdash;, esto que nos ha dado
+ust&eacute; no nos hace falta, ni para nada lo queremos. Vaya ust&eacute; a enga&ntilde;ar
+con ello a donde haya bobos.</p>
+
+<p>&mdash;Ze&ntilde;ora, no ha z&iacute;o mi &aacute;nimo....</p>
+
+<p>&mdash;Pensar&aacute; ust&eacute; que somos como otras, infelices, que las compran ust&eacute;s
+por una triste peseta; pues sepa ust&eacute;, repelo, que ac&aacute; ni por las minas
+del Potos&iacute; renegamos como San Judas.</p>
+
+<p>&mdash;Ze&ntilde;ora... hermanas m&iacute;a... t&oacute;mense uzt&eacute; la molestia de reflezionar, y
+ver&aacute;n la puresa de mi intencionez, que zon darle a conos&eacute; la doctrina de
+Jez&uacute; nuetro Zalvaor....</p>
+
+<p>Pronta como un rayo, y con fuerzas que duplicaba la c&oacute;lera, Amparo
+desbarat&oacute; la encuadernada Biblia, hizo a&ntilde;icos las hojas volantes, y lo
+dispar&oacute; todo a la cara afilada del catequista y a la rubicunda del
+silencioso ingl&eacute;s, los cuales, habituados, sin duda, a tal g&eacute;nero de
+escenas, volvieron grupas y trataron de escurrirse lo m&aacute;s pronto posible
+entre el concurso. Por su mal, era &eacute;ste tan apretado y numeroso en aquel
+sitio, que o ten&iacute;an que retroceder, dar un rodeo y volver a cruzar ante
+el grupo de muchachas, o aguardar una ocasi&oacute;n de enhebrarse por medio de
+la gente. Optaron por lo primero, y av&iacute;noles mal, porque Amparo, como el
+corcel de batalla que ha olido la sangre, dilatadas las fosas nasales,
+brillantes los ojos, se preparaba a renovar la lid, animando a sus
+compa&ntilde;eras.</p>
+
+<p>&mdash;Son los protestantes. A correrlos.</p>
+
+<p>&mdash;A correrlos: &iexcl;viva!</p>
+
+<p>&mdash;Van a pasar otra vez por aqu&iacute;... &aacute;nimo... a ver qui&eacute;n les acierta
+mejor.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Que vengan, que vengan! &iexcl;Ahora entra lo bueno! Recelosos, arrimados
+el uno al otro, probaron a deslizarse los dos ap&oacute;stoles sin ser
+observados de las mozas, que ya los aguardaban haldas en cinta. As&iacute; que
+los vieron a tiro, enarbolaron cu&aacute;l medio pan, cu&aacute;l un trozo de
+empanada, cu&aacute;l una pera, y Ana, rabiosa, no encontrando proyectil a
+mano, cogi&oacute; a pu&ntilde;ados la tierra para arroj&aacute;rsela. Cay&oacute; la granizada
+sobre los protestantes cuando menos se percataban de ello; un queso se
+aplan&oacute; sobre la faz del ingl&eacute;s, rompi&eacute;ndole el mon&oacute;culo; un gajo de
+cerezas despedido por el hermano de Guardiana se estrell&oacute; en la nuca del
+ministro, embadurn&aacute;ndosela lastimosamente. Al par que bombardeaban,
+denostaban las intr&eacute;pidas muchachas al enemigo.&mdash;Tomar, a ver si
+revent&aacute;is&mdash;chillaba la Comadreja.&mdash;De parte de Nuestra Se&ntilde;ora&mdash;gritaba
+Guardiana.&mdash;Para que volv&aacute;is a dar dinero por hacer maldades&mdash;vociferaba
+Amparo lanzando con notable acierto un tenedor de palo al cura. Cerrados
+los pu&ntilde;os como para boxear, inyectado el rostro, fieros los azules ojos,
+v&iacute;nose sobre el grupo el hijo de la Gran Breta&ntilde;a, resuelto, sin duda, a
+hacer destrozos en las hero&iacute;nas; amenazadora actitud que redobl&oacute; el
+coraje de estas.</p>
+
+<p>&mdash;Venga ust&eacute;, venga ust&eacute;, que aqu&iacute; estamos, le dec&iacute;a Amparo con voz
+vibrante, bella en su indignaci&oacute;n como irritada leona, asiendo con la
+diestra una botella; mientras Ana, p&aacute;lida de ira, se apoderaba de la
+cazuela en que hab&iacute;a venido el guisado, y las restantes amazonas
+buscaban armamento an&aacute;logo. Pero ya, al ruido de la escaramuza, se
+arremolinaba gente, y gente adversa a los catequistas, a quienes
+conoc&iacute;an bastantes de los espectadores; y el ministro, verde de miedo,
+con turbada lengua aconsejaba a su acompa&ntilde;ante una prudente retirada.</p>
+
+<p>&mdash;&Eacute;jelas, m&iacute;ter Ezmite... (Smith). &Eacute;jelas, que no zaben lo que jazen...
+&Eacute;jelas, que aqu&iacute; nadie noz efender&aacute;, de eguro.... Yo debo ar ejemplo de
+manzedumbre....</p>
+
+<p>No hizo caso <i>m&iacute;ter Ezmite</i>, por dem&aacute;s moh&iacute;no y amostazado con el
+bombardeo de comestibles; pero antes de que llegase al grupo cumpliose
+la profec&iacute;a del ministro, interponi&eacute;ndose m&aacute;s de treinta personas, que
+rodearon a los malaventurados ap&oacute;stoles apret&aacute;ndolos en t&eacute;rminos que no
+les dejaban respirar. A poca distancia un agente de polic&iacute;a presenciaba
+una rifa, y aunque harto ve&iacute;a con el rabo del ojo el mot&iacute;n, no dio el
+m&aacute;s leve indicio de querer intervenir en &eacute;l, y basta que vio a los dos
+catequistas abrirse paso trabajosamente y huir como perro con maza,
+perseguidos por la rechifla general, no volvi&oacute; la cabeza ni se acerc&oacute;,
+preguntando al descuido: &laquo;&iquest;Qu&eacute; pasa aqu&iacute;, se&ntilde;ores?&raquo;.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XXVI" id="XXVI"></a><a href="#capitulos">-XXVI-</a></h2>
+
+<h3>Lados flacos</h3>
+
+
+<p>Para la Comadreja el desenlace de la romer&iacute;a fue delicioso: comenzaron a
+llover gotas anchas cuando ya se aproximaba la noche, y vino el capit&aacute;n
+mercante a ofrecerle el brazo y un paraguas. A la luz de los faroles de
+la calle, que rielaba en el mojado pavimento, Amparo vio alejarse a la
+pareja y quedose pose&iacute;da de una especie de tristeza interior que rara
+vez domina a los temperamentos sangu&iacute;neos, alegres de suyo. Aquella
+melancol&iacute;a atacaba a la Tribuna desde que no alimentaba su viva
+imaginaci&oacute;n con espect&aacute;culos pol&iacute;ticos y desde que al bullicio de la
+Uni&oacute;n del Norte sucedi&oacute; la habitual y uniforme vida obrera de antes, sin
+asomo de conspiraci&oacute;n ni de otros romancescos incidentes. Por
+distraerse, habl&oacute; m&aacute;s con Ana de amor&iacute;os y menos de pol&iacute;tica. Ana se
+prestaba gustosa a semejantes coloquios. Lleg&oacute; la Tribuna a saber de
+memoria al capit&aacute;n de la <i>Bella Luisa</i>, sus h&aacute;bitos, sus viajes, sus
+caprichos, y el eterno proyecto de matrimonio, diferido siempre por
+altas razones de conveniencia, que explicaba Ana con sumo juicio y
+cordura. Si ella se quisiese casar con alg&uacute;n <i>artista</i> de esos
+ordinarios, un zapatero, verbigracia, cansada estar&iacute;a de tener marido;
+pero &iquest;para qu&eacute;? Para cargarse de familia, para vivir esclava, para
+sufrir a un hombre sin educaci&oacute;n. No en sus d&iacute;as.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y si te deja plantada Raimundo?&mdash;preguntaba Amparo nombrando al gal&aacute;n
+de su amiga, como lo hac&iacute;a esta, por el nombre de pila.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; ha de dejar, mujer... qu&eacute; ha de dejar! &iexcl;Diez a&ntilde;os de relaciones!
+Y luego, aquel se&ntilde;or&iacute;o de estar tanto tiempo con un chico fino, eso no
+me lo quita nadie.</p>
+
+<p>Amparo protest&oacute;: ella no entraba por cosas de ese jaez; quer&iacute;a poder
+ense&ntilde;ar la cara en cualquier parte; quer&iacute;a, como dijeron los se&ntilde;ores de
+la Uni&oacute;n, moral y honradez ante todo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Si pensar&aacute;s t&uacute;&mdash;replic&oacute; Ana viperinamente&mdash;que el de Sobrado ven&iacute;a a
+casarse contigo?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;El de Sobrado? &iquest;Y qu&eacute; tengo yo que ver con el de Sobrado?</p>
+
+<p>&mdash;Anduvo tras de ti, y si no estuviese fuera, sabe Dios.... No digas,
+mujer, no digas, que bastantes veces lo encontr&eacute; yo por los alrededores
+de la F&aacute;brica.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, bueno, &iquest;y qu&eacute;? &iquest;Por qu&eacute;, un suponer, no se hab&iacute;a de casar
+conmigo? Yo ser&eacute; de igual madera que otras que pertenec&iacute;an a mi clase, y
+ahora.... T&uacute; bien conoces a la de Negrero... aquella tan guapa que lleva
+abrigo de terciopelo y capota de tul blanco.... Pues, hija m&iacute;a,
+sardinera del muelle primero, cigarrera despu&eacute;s, y luego la vino Dios a
+ver con ese marido tan rico.... &iquest;Y la de &Aacute;lvarez? A esa la acuerdan aqu&iacute;
+liando puros, y en el d&iacute;a tiene una casa de tres pisos y un buen
+comercio en la calle de San Efr&eacute;n.... &iquest;Y la que cas&oacute; con aquel coronel
+del regimiento de Zaragoza?... Una chiquilla, que tambi&eacute;n hac&iacute;a
+pitillos.... En la actualidad, para m&aacute;s, hay el aquel de que las clases
+son iguales; ese rey que trajeron dice que da la mano a todo el mundo, y
+la mujer abraz&oacute; en Madr&iacute; a una lavandera; y si viene la federal,
+entonces....</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, s&iacute;, vele con eso a do&ntilde;a Dolores, la de Sobrado.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pues.... Jes&uacute;s, Ave Mar&iacute;a! &iexcl;No se allegue usted, que mancho! Me
+parece a m&iacute; que los de Sobrado no son de all&aacute; de la aristocracia, ni del
+barrio de Arriba. A&uacute;n hay quien los vio cargando fardos en el almac&eacute;n de
+Freix&eacute;, el catal&aacute;n; que por ah&iacute; empezaron, &iexcl;repelo! Hijos del trabajo,
+como t&uacute; y como yo.</p>
+
+<p>&mdash;Pero, mujer, si ya se sabe que son as&iacute;; nada y nada, y vanid&aacute; que les
+parte el alma. Como el hijo es de tropa piensan que s&oacute;lo la Princesa de
+Asturias sirve para &eacute;l.... Mira t&uacute; como ahora que las de Garc&iacute;a pierden
+el pleito est&aacute;n medio re&ntilde;idas con ellas.... Y eso que la mayor de
+Sobrado, la Lolita, no quiso apartarse de la amiga y sigue yendo
+all&aacute;....</p>
+
+<p>&mdash;Bien; pues ellos no nos querr&aacute;n a los dem&aacute;s, pero los dem&aacute;s bien nos
+valemos sin ellos.... Para comer yo no les he de pedir. Y el hijo, si me
+quiere decir algo, ha de ser con el cura de la mano, que si no....</p>
+
+<p>Echose a re&iacute;r la Comadreja y le cit&oacute; ejemplos dentro de la misma
+F&aacute;brica: &iquest;qu&eacute; les hab&iacute;a sucedido a Antonia, a Pepita, a Leocadia?, y
+eran las que m&aacute;s hablaban y m&aacute;s cosas dec&iacute;an. La que se conformaba con
+los de su clase, a&uacute;n menos mal; pero la que andaba con se&ntilde;ores.... Esas
+cosas&mdash;a&ntilde;ad&iacute;a la Comadreja&mdash;no tienen remedio; nos hacen ver lo negro
+blanco....</p>
+
+<p>&mdash;Si me quisiera perder&mdash;exclam&oacute; ofendida Amparo&mdash;no me faltar&iacute;a por
+d&oacute;nde, como a todas.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bueno! No cuadr&oacute;, mujer, que lo dem&aacute;s.... Tambi&eacute;n no te gustar&iacute;an los
+que se te pusieron delante, porque hay hombres que se tirar&iacute;a uno a la
+bah&iacute;a por ellos, y otros que ni forrados de onzas.... Y a veces los que
+le chistan a uno no se dan por entendidos.... Y al fin y al cabo, hija,
+&iquest;qu&eacute; se gana con vivir m&aacute;rtir? Nadie cree en la dinid&aacute; de una pobre.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y por qu&eacute; ha de ser as&iacute;? &iexcl;Esa no es ley de Dios!</p>
+
+<p>&mdash;No, pero... &iquest;qu&eacute; quieres t&uacute;?</p>
+
+<p>Qued&aacute;base Amparo pensativa. Cuantas sugestiones de inmoralidad trae
+consigo la vida fabril, el contacto forzoso de las miserias humanas;
+cuantas reflexiones de enervante fatalismo dicta el convencimiento de
+hallarse indefenso ante el mal, de verse empujado por circunstancias
+invencibles al precipicio, pesaban entonces sobre la cabeza gallarda de
+la Tribuna. Acaso, acaso ten&iacute;a sobrada raz&oacute;n la Comadreja. &iquest;De qu&eacute; sirve
+ser un santo si al fin la gente no lo cree ni lo estima; si por m&aacute;s que
+uno se empe&ntilde;e, no saldr&aacute; en toda la vida de ganar un jornal miserable;
+si no le ha de reportar el sacrificio honra ni provecho? &iquest;Qu&eacute; han de
+hacer las pobres, despreciadas de todo el mundo, sin tener quien mire
+por ellas, m&aacute;s que perderse? &iexcl;Cu&aacute;ntas chicas bonitas, y buenas al
+principio, hab&iacute;a visto ella sucumbir en la batalla, desde que entr&oacute; en
+su taller! Pero... vamos a cuentas&mdash;a&ntilde;ad&iacute;a para su sayo la oradora&mdash;:
+diga lo que quiera Ana, &iquest;no conozco yo muchachas de bien aqu&iacute;? &iexcl;Est&aacute; esa
+Guardiana, que es m&aacute;s pobre que las ara&ntilde;as y m&aacute;s limpia que el sol! Y de
+fea no tiene nada; es as&iacute; delgadita.... Ella se confiesa a menudo...
+dice que el confesor le aconseja bien....</p>
+
+<p>Amparo se qued&oacute; cada vez m&aacute;s pensativa despu&eacute;s de esta observaci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Yo, confesar, me confesar&iacute;a.... Pero luego... si el cura sabe que me
+meto en pol&iacute;tica.... &iexcl;Bah! Bien basta en Semana Santa.... Tampoco yo,
+gracias a Dios, no soy ninguna perdida... &iexcl;me parece!</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XXVII" id="XXVII"></a><a href="#capitulos">-XXVII-</a></h2>
+
+<h3>Bodas de los pajaritos</h3>
+
+
+<p>Regres&oacute; Baltasar de Navarra y las Provincias firmemente resuelto a
+estrujar la vida, como si fuese un lim&oacute;n, para exprimirle bien el zumo.
+Habiendo visto de cerca la guerra civil, comprendi&oacute; que no hac&iacute;a sino
+empezar y que promet&iacute;a ser encarnizada y duradera, a pesar de que la
+<i>Gaceta</i> anunciaba diariamente la dispersi&oacute;n de las &uacute;ltimas partidas y
+la presentaci&oacute;n del postrer cabecilla. Desde luego Baltasar tra&iacute;a un
+grado m&aacute;s, y ganas de precipitarse en alg&uacute;n abismo cubierto de flores,
+ya que las balas carlistas se lo toleraban. Vista de lejos, la opini&oacute;n
+p&uacute;blica de su ciudad natal le pareci&oacute; mucho menos temible, y resolviose
+a arrostrarla, en caso de necesidad, si bien con ma&ntilde;a y no provoc&aacute;ndola
+de frente.</p>
+
+<p>M&aacute;s de una vez, en la ligera tienda de campa&ntilde;a o en alg&uacute;n caser&iacute;o
+vascongado, se acord&oacute; de la Tribuna y crey&oacute; verla con el rojo mant&oacute;n de
+Manila o con el traje blanco y azul de grumete. Las mujeres que
+encontraba por aquellos pa&iacute;ses no le distrajeron, porque eran la mayor
+parte toscas aldeanas curtidas del sol, y si tropez&oacute; con alguna beldad
+<i>&eacute;uskara</i>, esta, en vez de sonre&iacute;r al oficial amade&iacute;sta, le ech&oacute; mil
+maldiciones. Adem&aacute;s, Baltasar, fr&iacute;o y concentrado, no era de los que
+toman por asalto un coraz&oacute;n en un par de horas. De suerte que al volver
+a Marineda, en vez de rondar la F&aacute;brica, como antes, se resolvi&oacute;, desde
+el primer d&iacute;a, a acompa&ntilde;ar a Amparo cuando la viese salir; y ejecut&oacute; el
+prop&oacute;sito con su serenidad habitual. Mucho le favoreci&oacute; para estos
+acompa&ntilde;amientos el cambio de domicilio de la muchacha, que viv&iacute;a cerca
+del alto de la cuesta de San Hilario, en una casita que daba a la
+Olmeda, desde que faltando el se&ntilde;or Rosendo y Chinto, el bajo de la
+calle de los Castros se hizo muy caro y muy lujoso para dos mujeres
+solas. Como la Olmeda puede decirse que es un rinc&oacute;n campestre, prestose
+al naciente idilio con el g&eacute;nero de complacencia que hace de la
+naturaleza amiga perenne de todos los enamorados, hasta de los menos
+po&eacute;ticos y so&ntilde;adores.</p>
+
+<p>Febrero vio la aurora de aquel amor en un d&iacute;a cl&aacute;sico, el de la
+Candelaria, en que, seg&uacute;n el dicho popular, celebran los pajaritos sus
+bodas sobre las ramas todav&iacute;a desnudas de los &aacute;rboles, para que con la
+llegada de la primavera coincida la fabricaci&oacute;n del nido. Las v&iacute;speras
+de la fiesta eran muy se&ntilde;aladas en la F&aacute;brica: andaban esparcidos por
+las estanter&iacute;as, sobre los altares, ocultos en los justillos de las
+mujeres, mezclados con la hoja, haces de rama de romero, y su perfume
+t&oacute;nico y penetrante venc&iacute;a al del tabaco mojado. En el centro de los
+haces se hincaban candelicas de blanca cera, y hab&iacute;a de otras candelas
+largas y amarillas, compradas por varas y que se cortaban en trozos para
+hacer cuantas luces se quisiese; siendo el origen de traer estas
+candelas la creencia de que los ni&ntilde;os muertos antes del bautismo y
+sepultados en las tinieblas del limbo s&oacute;lo el d&iacute;a de la Candelaria ven
+un rayo de claridad, la de la luz que encienden, pensando en ellos, sus
+madres. Al d&iacute;a siguiente, en la iglesia, envueltas en el romero bendito,
+hab&iacute;an de arder todas las velitas microsc&oacute;picas.</p>
+
+<p>Ya se comprende que entre las cigarreras marinedinas&mdash;cuatro mil mujeres
+al fin y al cabo&mdash;hab&iacute;a muchas que quer&iacute;an enviar a sus hijos difuntos
+aquella caricia de ultratumba, fundir el hielo de la muerte al calor de
+la pobre candelilla; por otra parte, aun las que no ten&iacute;an ni&ntilde;os vivos
+ni difuntos hab&iacute;an comprado romero gust&aacute;ndoles su olor, y propuestas a
+llevarlo a la misa de la Candelaria, que al fin, como dec&iacute;a la se&ntilde;ora
+Porcona con tono sentencioso, era &laquo;un d&iacute;a de los m&aacute;s grandes,
+hiiiigas... porque fue cuando la Virgen sinti&oacute; el primer dolorito, por
+raz&oacute;n de que un cura que le llamaban Sime&oacute;n le anunci&oacute; lo que ten&iacute;a que
+pasar Cristo en el mundo&raquo;. La tarde de la Candelaria, Amparo, llevando
+el romero bendito oculto en el pecho, desped&iacute;a un aroma bals&aacute;mico, que
+pudiera tomarse por suyo propio; tal era la lozan&iacute;a y vigor de su
+organismo, cuya robustez, vencedora en la lucha con el medio ambiente,
+hab&iacute;a crecido en raz&oacute;n directa de los mismos peligros y combates. Si la
+labor sedentaria, la viciada atm&oacute;sfera, el alimento fr&iacute;o, pobre y
+escaso, eran parte a que en la F&aacute;brica hiciesen estragos anemia y
+clorosis, el individuo que lograba triunfar de estas malas condiciones
+ostentaba doble fuerza y salud. As&iacute; le acontec&iacute;a a la Tribuna.</p>
+
+<p>Como era d&iacute;a festivo, Baltasar no la esper&oacute; a la salida de la F&aacute;brica,
+sino en la Olmeda, a corta distancia de su casita. Hab&iacute;a llegado
+Baltasar al mayor n&uacute;mero de pulsaciones que determinaba en &eacute;l la
+calentura amorosa. Su pasi&oacute;n, ni tierna, ni delicada, ni comedida, pero
+imperiosa y dominante, pod&iacute;a definirse gr&aacute;fica y simb&oacute;licamente
+llam&aacute;ndola apetito de fumador que a toda costa aspira a fumar el m&aacute;s
+codiciadero cigarro que jam&aacute;s se produjo, no ya en la F&aacute;brica de
+Marineda, sino en todas las de la Pen&iacute;nsula. Amparo, con su garganta
+torn&aacute;til gallardamente puesta sobre los redondos hombros, con los tonos
+de &aacute;mbar de su satinada, morena y suave tez, parec&iacute;ale a Baltasar un
+puro arom&aacute;tico y exquisito, elaborado con singular esmero, que estaba
+diciendo: &laquo;Fumadme&raquo;. Era imposible que desechase esta idea al contemplar
+de cerca el rostro lozano, los brillantes ojos, los mil pormenores que
+acrecentaban el m&eacute;rito de tan preciosa <i>regal&iacute;a</i>. Y para que la
+similitud fuese m&aacute;s completa, el olor del cigarro hab&iacute;a impregnado toda
+la ropa de la Tribuna, y exhal&aacute;base de ella un perfume fuerte, poderoso
+y embriagador, semejante al que se percibe al levantar el papel de seda
+que cubre a los habanos en el caj&oacute;n donde se guardan. Cuando por las
+tardes Baltasar lograba acercarse alg&uacute;n tanto a Amparo e inclinaba la
+cabeza para hablarle, sent&iacute;ase envuelto en la penetrante r&aacute;faga que se
+desprend&iacute;a de ella, caus&aacute;ndole en el paladar la grata titilaci&oacute;n del
+humo de un rico veguero y el delicioso mareo de las primeras chupadas.
+Eran dos tentaciones que suelen andar aisladas y que se hab&iacute;an unido,
+dos vicios que formaban alianza ofensiva, la mujer y el cigarro
+&iacute;ntimamente enlazados y comunic&aacute;ndose encanto y prestigio para
+trastornar una cabeza masculina.</p>
+
+<p>El d&iacute;a espiraba tranquilamente en aquella alameda, que en hora y
+estaci&oacute;n semejante era casi un desierto. Sent&aacute;ronse un rato Baltasar y
+la Tribuna en el parapeto del camino, protegidos por el silencio que
+reinaba en torno, y animados por la complicidad t&aacute;cita del ocaso, del
+paisaje, de la serenidad universal de las cosas, que los sepultaba en
+profundo caimiento de &aacute;nimo, que relajaba sus fibras infundi&eacute;ndoles
+blanda pereza muy semejante a la indiferencia moral. El sol languidec&iacute;a
+como ellos; la naturaleza meditaba. Hasta la bah&iacute;a se hallaba
+aletargada; un gallardo queche blanco se manten&iacute;a inm&oacute;vil; dos paquetes
+de vapor, con la negra y roja chimenea desprovista de su penacho de
+humo, dormitaban, y solamente un fr&aacute;gil bote, una cascarita de nuez,
+ven&iacute;a como una saeta desde la fronteriza playa de San Cosme, impulsado
+por dos remeros, y el brillo del agua, a cada palada, le formaba movible
+melena de chispas. Por donde no alcanzaban el &uacute;ltimo resplandor solar,
+las olas estaban verdinegras y sombr&iacute;as; al Poniente, dorada red de
+movibles mallas parec&iacute;a envolverlas.</p>
+
+<p>A medida que avanzaba la sombra, levant&aacute;base del mar una brisa fresca,
+que agitaba por instantes los picos del pa&ntilde;uelo de Amparo y los cabellos
+rubios de Baltasar, en los cuales se deten&iacute;an las postreras luces del
+sol, haciendo de su cabeza una testa de oro. Presto la abandonaron sin
+embargo, y asimismo las monta&ntilde;as del horizonte empezaron a confundirse
+con el agua, mientras la concha blanca del caser&iacute;o marinedino se
+destacaba a&uacute;n, pero perdi&eacute;ndose m&aacute;s cada vez, como si al ausentarse la
+claridad se llevase consigo el rosario de edificios y el encendido
+fulgor de los cristales en las galer&iacute;as. Marineda, la <i>Nautilia</i> de los
+romanos, se envolv&iacute;a en una cl&aacute;mide de tinieblas. En breve comenzaron a
+distinguirse algunas luces que oscilaban sobre la masa oscura de la
+poblaci&oacute;n, y presto se cubri&oacute; toda ella de puntos lucientes como
+estrellas de oro en un celaje sombr&iacute;o. La noche, que ya mostraba el
+cuerpo entero, era de esas l&aacute;cteas, pero fr&iacute;as, en que el equinoccio de
+primavera se anuncia por no s&eacute; qu&eacute; vaga trasparencia del cielo y del
+aire, y en modo alguno por la temperatura, que m&aacute;s bien parece
+recrudecerse. Baltasar y la muchacha, obligados quiz&aacute; por el helado
+ambiente, se aproximaban el uno al otro, hablando no obstante de cosas
+indiferentes y poco importantes.</p>
+
+<p>&mdash;No, Bilbao no es m&aacute;s bonito... ni tampoco Santander, digan lo que
+quieran los santanderinos, que son muy patriotas. &iquest;Sabe usted lo que ha
+mejorado Marineda? &iquest;Y lo que est&aacute; llamada a mejorar todav&iacute;a? Esto crece
+a cada paso; vamos a tener barrios nuevos, magn&iacute;ficos, a la americana,
+ah&iacute; donde usted ve aquella lucecita... todo por ah&iacute;, a lo largo del
+baluarte.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y Madr&iacute;? &iquest;Es mucho mejor que Marineda?&mdash;interrog&oacute; Amparo por decir
+algo, enrollando un cabo de su pa&ntilde;uelo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah! Madrid, ya ve usted... al fin y al cabo, es la corte.... S&oacute;lo la
+calle de Alcal&aacute;....</p>
+
+<p>Este apacible di&aacute;logo encubr&iacute;a en Baltasar tempestuosos pensamientos;
+pero como no carec&iacute;a de penetraci&oacute;n y sab&iacute;a que la muchacha era honrada,
+y orgullosa, y viv&iacute;a de su trabajo, comprendi&oacute; que no deb&iacute;a tratarla
+como a cualquier criatura abyecta, sino empezar mostr&aacute;ndole cierta
+deferencia y aun respeto, g&eacute;nero de adulaci&oacute;n a que es m&aacute;s sensible
+todav&iacute;a la mujer del pueblo que la dama de alto copete, habituada ya a
+que todos le manifiesten cortes&iacute;a y miramientos. Lisonje&oacute; mucho a la
+Tribuna el ver que se hab&iacute;an con ella lo mismo que con las se&ntilde;oritas, y
+augur&oacute; bien del rendido gal&aacute;n. Mas tan luego como la noche cauta se&ntilde;ore&oacute;
+absolutamente el escenario, Baltasar crey&oacute; poder apoderarse a hurto de
+una mano morena, hoyosa y suave al tacto como la seda. Amparo peg&oacute; un
+respingo.</p>
+
+<p>&mdash;Estese usted quieto.... Y va de dos veces que se lo digo, caramba.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute; me trata usted as&iacute;?&mdash;pregunt&oacute; con pena fingida Baltasar, que
+en sus adentros renegaba de la virtud plebeya &iquest;Qu&eacute; mal hay en...?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute;?&mdash;repiti&oacute; Amparo con sumo br&iacute;o&mdash;. Porque no me conviene a m&iacute;
+perderme por usted ni por nadie. &iexcl;S&iacute; que es uno tan bobo que no conozca
+cuando quieren hacer burla de uno! Esas libertades se las toman ustedes
+con las chicas de la F&aacute;brica, que son tan buenas como cualquiera para
+conservar la conducta. &iquest;A que no hace usted esto con la de Garc&iacute;a, ni
+con las se&ntilde;oritas de la clase de usted?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Diantre!&mdash;pens&oacute; Baltasar&mdash;: no es boba.</p>
+
+<p>Y al punto, mudando de t&aacute;ctica, habl&oacute; con gran rapidez, diciendo que
+estaba enamorado, pero de veras; que para &eacute;l no hab&iacute;a categor&iacute;as,
+distinciones ni vallas sociales, encontr&aacute;ndose el amor de por medio; que
+Amparo era tanto como la m&aacute;s encopetada se&ntilde;orita, y que su desliz no
+proven&iacute;a de falta de respeto, sino de sobra de cari&ntilde;o: todo lo cual
+acompa&ntilde;&oacute; con mil dulces e insinuantes inflexiones de voz. Amparo
+respondi&oacute; estableciendo su credo y sus principios: ella no quer&iacute;a ser
+como otras chicas conocidas suyas, que por fiarse de un p&iacute;caro all&iacute;
+estaban perdidas: ella bien sab&iacute;a lo que pasaba por el mundo, y c&oacute;mo los
+hombres pensaban que las hijas del pueblo las daba Dios para servirles
+de juguete: lo que es ella, bien se hab&iacute;a de librar de eso; bueno que se
+hablase un rato, en lo cual no hay malicia; pero ciertas libertades, no;
+ya pod&iacute;a saberlo el que se arrimase a ella. Baltasar jur&oacute; y perjur&oacute; que
+su amor era de la m&aacute;s probada y acendrada pureza, y que s&oacute;lo limpios e
+hidalgos prop&oacute;sitos cab&iacute;an en &eacute;l; y en el calor de la discusi&oacute;n, los dos
+interlocutores se volvieron a hallar sentados en el parapeto, y la mano
+antes esquiva se mostr&oacute; m&aacute;s tratable, consintiendo que la prendiesen dos
+manos ajenas.</p>
+
+<p>&mdash;Hoy se casan los pajaritos&mdash;murmur&oacute; Baltasar despu&eacute;s de un breve
+instante de silencio.</p>
+
+<p>&mdash;D&iacute;a de la Candelaria.... Hoy se casan&mdash;repiti&oacute; ella con turbada voz,
+sintiendo en la palma de la mano el calor de la diestra de Baltasar, que
+amorosamente la oprim&iacute;a. Pero &eacute;l fue discreto y no quiso abusar de la
+victoria, por temor de perder las ventajas adquiridas, y tambi&eacute;n porque
+empezaba a correr agudo fr&iacute;o en la solitaria alameda, y Amparo se
+levant&oacute; quej&aacute;ndose del relente y del aire, que cortaba como un cuchillo.
+Cruz&aacute;ronse dos protestas de ternura, en voz baja, envueltas en el &uacute;ltimo
+apret&oacute;n de manos, delante de la casa de la pitillera.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XXVIII" id="XXVIII"></a><a href="#capitulos">-XXVIII-</a></h2>
+
+<h3>Consejera y amiga</h3>
+
+
+<p>Alguna que otra vez volv&iacute;a Amparo a visitar su antigua calle, por ver a
+los amigos que all&iacute; hab&iacute;a dejado. Pocos d&iacute;as despu&eacute;s del de la
+Candelaria sinti&oacute; deseos de realizar una expedici&oacute;n hacia aquella parte.
+Hall&oacute; todo en el mismo estado; el barbero, muy ocupado en desca&ntilde;onar a
+un sargento, la salud&oacute; jovialmente; a la puerta de su casa divis&oacute; a la
+se&ntilde;ora Porreta tomando el fresco, o el sol, que ambas cosas faltaban
+dentro del tugurio de la comadrona, la cual hac&iacute;a extra&ntilde;a y risible
+figura sentada en una silleta baja, y muy esparrancada; sus pies,
+calzados con zapatillas de orillo, miraban uno a Poniente y otro a
+Levante; ten&iacute;a ca&iacute;das las medias, por deficiencia de ligas sin duda; en
+el formidable hueco del regazo descansaban sus manos, y mientras una
+chiquilla encanijada, nieta suya, le peinaba las canas gre&ntilde;as y le hac&iacute;a
+dos <i>chichos</i> tama&ntilde;os como bellotas, la insigne matrona no perd&iacute;a el
+tiempo, y calcetaba con diligencia manejando las met&aacute;licas agujas, que
+desped&iacute;an vivos fulgores. Al ver a la Tribuna, se ech&oacute; a re&iacute;r con opaca
+risa.</p>
+
+<p>&mdash;Hola, chica... sal&uacute; y fraternid&aacute;. &iquest;C&oacute;mo est&aacute; tu madre? &iquest;Y la
+revolusi&oacute;n, cu&aacute;ndo la hasemos? &iquest;Cu&aacute;ndo me preclamas a m&iacute; reina de
+Espa&ntilde;a?</p>
+
+<p>Y como Amparo procurase escabullirse, la vieja subi&oacute; el tono de sus
+carcajadas, semejantes al chirrido de una polea, y que hac&iacute;an retemblar
+su vientre de &iacute;dolo chino.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, esc&aacute;pate, esc&aacute;pate...&mdash;murmur&oacute;&mdash;. Ahora bien te escapas.... Ya
+bajar&aacute;s la soberbia cuando yo te haga falta... &iquest;oyes, Amparo? Cuando
+necesit&aacute;is a la se&ntilde;ora Pepa, ven&iacute;s como corderitos.... &iexcl;Qui&eacute;n te ver&aacute;
+aquel d&iacute;a!, &iquest;eh?</p>
+
+<p>&mdash;Dios delante, se&ntilde;ora Pepa&mdash;contest&oacute; altiva y picada Amparo&mdash;, otras la
+llamar&aacute;n m&aacute;s pronto, se&ntilde;ora.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;S&iacute;, s&iacute;... echar por la boca! El tiempo todo lo vense&mdash;afirm&oacute; con
+prof&eacute;tico acento la comadre, cogiendo una hilera de puntos que se le
+hab&iacute;a soltado al re&iacute;r.</p>
+
+<p>Sigui&oacute; Amparo calle adelante, y llam&oacute; al tablero de Carmela la encajera;
+pero con gran sorpresa suya, en vez de abrirse este, se entreabri&oacute; la
+puerta interior que comunicaba con el portal, y se asom&oacute; Carmela
+animada, encendida la tez y con un j&uacute;bilo nunca visto en ella.</p>
+
+<p>&mdash;Entra, entra&mdash;dijo a la pitillera.</p>
+
+<p>Esta entr&oacute;. El cuartito estaba en desorden; recogida la almohadilla de
+los encajes; hab&iacute;a un ba&uacute;l abierto y ya casi colmado, y los cuadros de
+lentejuela y estampas devotas, que sol&iacute;an adornar las paredes, faltaban
+de ellas.</p>
+
+<p>&mdash;Hola... &iquest;parece que vamos de viaje?&mdash;pregunt&oacute; Amparo.</p>
+
+<p>La respuesta de la encajera fue echarle al cuello los brazos, y
+pronunciar, con voz entrecortada de alegr&iacute;a:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Luego t&uacute; no sabes, no sabes que Dios me dio la sorpresa? Ya tengo el
+dote, chica... me voy a Portomar a ver si me reciben all&aacute; en el
+convento....</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ahora que dicen que se acaban las monjas!</p>
+
+<p>&mdash;Las de Portomar no, mujer... esas no... hay un se&ntilde;or&oacute;n liberal, all&aacute;
+en Madr&iacute;, que pidi&oacute; por ellas....</p>
+
+<p>&mdash;Pero... &iquest;y c&oacute;mo, qui&eacute;n te dio el dote?</p>
+
+<p>&mdash;Ver&aacute;s.... Yo echaba todos los meses un d&eacute;cimo a la loter&iacute;a... todos
+los meses. T&uacute; ya sabes que la t&iacute;a me hac&iacute;a trabajar los domingos por la
+ma&ntilde;ana; pero por las tardes, dec&iacute;a: &laquo;Anda, distr&aacute;ete... vete un poco a
+rezar a la iglesia&raquo;. Bien. Pues, se&ntilde;or, yo en vez de rezar, iba, &iquest;y qu&eacute;
+hac&iacute;a? Trabajaba unas puntillitas estrechas, sin que la t&iacute;a lo supiese,
+y se las vend&iacute;a a una mujer del mercado, dici&eacute;ndole a Nuestra Se&ntilde;ora:
+&laquo;No es pecado esto que hago, porque es para sacar a la loter&iacute;a, y si
+saco es para entrar monja...&raquo;. Pues etaqu&iacute; que cada mes me tomaba mi
+d&eacute;cimo, y para que saliese bien, siempre echaba con alg&uacute;n santo. Unas
+veces llevaba de compa&ntilde;ero a San Juan Bautista; otras, a San Antonio;
+otras, a Santa B&aacute;rbara... y nada: ni tristes cinco duros. Entonces dije
+yo para m&iacute;: hay que ir a la fuente limpia; estos compa&ntilde;eros no valen. &iquest;Y
+qu&eacute; se me ocurri&oacute;? Tom&eacute; un decimito con un n&uacute;mero muy lindo, mil ciento
+veintid&oacute;s, y se lo fui a llevar al Ni&ntilde;o Dios de las Madres Descalzas...
+y le dije: mira, Jesusito, si sale premiado, la met&aacute; para ti.... Ten&iacute;a
+una carita tan alegre cuando se lo dije, lo mismo que si me entendiese.
+Pues &iquest;qui&eacute;n te dice, mujer...?</p>
+
+<p>Pausa de gran efecto.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qui&eacute;n te dice a ti... que al sorteo voy y miro la lista, y me veo un
+mil ciento veintid&oacute;s como un sol? Me qued&eacute; aturdida; y mucho m&aacute;s, porque
+el premio era de los grandes: cerca de mil pesos. S&oacute;lo que, como la met&aacute;
+es del Ni&ntilde;o, a m&iacute; me queda el dote limpio y pelado....</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y tu t&iacute;a?&mdash;pregunt&oacute; Amparo, como si censurase el regocijo de Carmela.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y sabes, mujer, que yo quise depositar el dote para cuando ella
+muriese y quedarme en su compa&ntilde;&iacute;a, y no quiso? Dice que no, que bien
+claro est&aacute; que Dios me llama para s&iacute;... Ella tiene buscada colocaci&oacute;n en
+casa de un cura... como est&aacute; as&iacute;, medio ciega, s&oacute;lo en un sitio de poco
+trabajo puede servir. &iexcl;Ay, Ni&ntilde;o Jes&uacute;s de mi alma! &iexcl;Cu&aacute;ntas lagrimitas
+tengo llorado aqu&iacute; sin que nadie me viese! &iexcl;Qu&eacute; d&iacute;as! Es mejor hacer
+pitillos que encajes, chica. &iexcl;Fumar, siempre fuma la gente; pero los
+encajes en invierno... es como vivir de coser telara&ntilde;as!</p>
+
+<p>Y levant&aacute;ndose, cogi&oacute; un tiesto que estaba en la ventana y lo entreg&oacute; a
+Amparo.</p>
+
+<p>&mdash;Toma, me alegro de que vinieses... cu&iacute;dame mucho la malva de olor, que
+por el camino tengo miedo de que se rompa el tarro.</p>
+
+<p>Amparo cogi&oacute; el tiesto y respir&oacute; el perfume de la planta, hundiendo la
+faz entre las aterciopeladas hojas. La encajera la miraba con sus
+pupilas siempre melanc&oacute;licas y serenas.</p>
+
+<p>&mdash;Amparo&mdash;dijo de pronto....</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Eh?...&mdash;respondi&oacute; la Tribuna, sorprendida como si la despertasen de
+golpe.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Te enfadas si te digo una cosa?</p>
+
+<p>&mdash;No, mujer... &iquest;y por qu&eacute; me he de enfadar?&mdash;contest&oacute; fijando sus ojos
+gruesos y brillantes en la futura concepcionista.</p>
+
+<p>&mdash;Pues quer&iacute;a decirte... que por ah&iacute; te pusieron un mote.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Un mote?, &iquest;y es cosa mala?</p>
+
+<p>&mdash;Mala... &iexcl;qu&eacute; s&eacute; yo! Te llaman la Tribuna.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y qui&eacute;n me lo llama?</p>
+
+<p>&mdash;Los se&ntilde;oritos... los hombres. Dicen que fue porque el d&iacute;a del
+convite... no te parezca mal, que a m&iacute; me lo contaron as&iacute;,
+inocentemente... te dio un abrazo uno de aquellos se&ntilde;ores de la
+<i>Samblea</i>... y que te dijo....</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Me llam&oacute; Tribuna del pueblo!&mdash;exclam&oacute; orgullosamente la muchacha&mdash;.
+&iexcl;Ya se ve que me lo llam&oacute;!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Yeso qu&eacute; es, mujer?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Lo qu&eacute;?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Eso de Tribuna del pueblo?</p>
+
+<p>&mdash;Es... ya se sabe, mujer, lo que es. Como t&uacute; no lees nunca un
+peri&oacute;dico....</p>
+
+<p>&mdash;Ni falta que me hace... pero d&iacute;melo t&uacute;, anda.</p>
+
+<p>&mdash;Pues es... as&iacute; a modo de una... de una que habla con todos,
+supongamos....</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Que habla con todos?... &iquest;y te lo dijo en tu cara?... &iexcl;El Dulce nombre
+de Mar&iacute;a!</p>
+
+<p>&mdash;Pero no hablar por mal, tonta; si no es eso.... Es hablar de los
+deberes del pueblo, de lo que ha de hacerse; es istruir a las masas
+p&uacute;blicas....</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, como una maestra de escuela.... Jes&uacute;s, si pens&eacute; que... ya dec&iacute;a
+yo: &iquest;hab&iacute;a de ser tan descarado que se lo encajase all&iacute;, sin m&aacute;s ni m&aacute;s?
+Pero como por ah&iacute; se r&iacute;en cuando mentan eso....</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bah!... no tienen que hacer, y velay.</p>
+
+<p>&mdash;Y... mira, &iquest;te digo otro cuento?</p>
+
+<p>&mdash;T&uacute; dir&aacute;s....</p>
+
+<p>&mdash;Me contaron... no tomes pesadumbre, que son dichos... que andaba tras
+de ti un se&ntilde;orito... de la oficialid&aacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y si anda?</p>
+
+<p>&mdash;Y si anda, haces muy mal en hacer caso de un oficial, mujer.... A las
+chicas pobres no las buscan ellos para cosa buena, no y no.... Ya las
+que son pobres y formales no se arriman porque ven que no sacan raja....</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Eh!, a modo... no la armemos, Carmela. A m&iacute; nadie se arrima por la
+raja que saque, sino por el aquel de que le gustar&eacute;, y vamos andando,
+que cada uno tiene sus gustos.... Hoy en d&iacute;a, m&aacute;s que digan los
+reacionarios, la istruci&oacute;n iguala las clases, y no es como alg&uacute;n
+tiempo.... No hay oficial ni se&ntilde;orito que valga....</p>
+
+<p>&mdash;Mujer, yo no habl&eacute; por mal.... Te quise avisar porque siempre te tuve
+ley, que eres as&iacute;... una infeliz, un pedazo de pan en tus
+interioridades.... D&eacute;jate de pol&iacute;ticas, no seas tonta, y de
+se&ntilde;oritos.... Fuera de eso, &iquest;a m&iacute; qu&eacute; se me importa? Es por tu bien....</p>
+
+<p>Se dispuso Amparo a marcharse, cogiendo debajo del brazo su tarro; pero
+la afectuosa encajera la quiso abrazar antes.</p>
+
+<p>&mdash;No quiero que quedemos re&ntilde;idas.... &iquest;Vas enfadada? Bien sabe Dios mi
+intenci&oacute;n.... Escr&iacute;beme a Portomar.... Ya te contar&eacute; todo, todo.</p>
+
+<p>Y se asom&oacute; a la puerta para ver alejarse a la garbosa muchacha, cuyo
+vestido de percal proyect&oacute;, por espacio de algunos segundos, una mancha
+clara sobre las oscuras paredes de las casas de enfrente.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XXIX" id="XXIX"></a><a href="#capitulos">-XXIX-</a></h2>
+
+<h3>Un delito</h3>
+
+
+<p>Desde la venida de Amadeo I ten&iacute;an las cigarreras de Marineda a quien
+echar la culpa de todos los males que aflig&iacute;an a la F&aacute;brica. Cuando
+caminaba hacia Espa&ntilde;a el nuevo Rey, le&iacute;anse en los talleres, con pasi&oacute;n
+vehement&iacute;sima, todos los peri&oacute;dicos que dec&iacute;an: &laquo;No vendr&aacute;&raquo;. Y el caso
+es que vino, con gran asombro de las operarias, a quienes la prensa roja
+hab&iacute;a vaticinado que la monarqu&iacute;a era &laquo;un yerto cad&aacute;ver, sentenciado por
+la civilizaci&oacute;n a no abandonar su tumba&raquo;. Alguna cigarrera abog&oacute; por el
+hijo de V&iacute;ctor Manuel, rey liberal al cabo, que daba la mano a todos y
+no ten&iacute;a maldita la soberbia; pero la inmensa mayor&iacute;a convino en que, al
+fin, un rey siempre era un rey, y en que la monarqu&iacute;a no era la
+rep&uacute;blica federal, verdades tan palmarias que, por &uacute;ltimo, los
+disidentes hubieron de reconocerlas.</p>
+
+<p>Otros motivos de irritaci&oacute;n ayudaban a soliviantar los &aacute;nimos.
+Escaseaban las consignas y la hoja tan pronto era quebradiza y seca,
+como podrida y h&uacute;meda. No, trabajo hab&iacute;an de pasar los que fumasen
+semejante veneno; pero las que lo manejaban tambi&eacute;n estaban servidas. Al
+ir a estirar la hoja para hacer las capas, en vez de extenderse, se
+romp&iacute;a, y en fabricar un cigarro se tardaba el tiempo que antes en
+concluir dos; y para mayor ignominia, hab&iacute;a que echarle remiendos a la
+capa por el rev&eacute;s lo mismo que a una camisa vieja, lo cual era gran
+verg&uuml;enza para una cigarrera honrada y que sabe su obligaci&oacute;n al
+dedillo. Las operarias alzaban los brazos ejecutando la desesperada
+pantomima popular, llev&aacute;ndose ambas manos a la cabeza, a la frente, al
+pecho, se&ntilde;alando con en&eacute;rgicos ademanes el tabaco averiado e in&uacute;til, de
+imposible elaboraci&oacute;n. Tan alteradas estaban, que al pasar las maestras
+les met&iacute;an pu&ntilde;ados de hoja en las narices, gritando que &laquo;ol&iacute;a a berzas&raquo;;
+y, envalenton&aacute;ndose, lo hicieron tambi&eacute;n con los inspectores, y si el
+jefe se hubiera presentado en los talleres, apostaban que con el jefe
+repetir&iacute;an la escena. En vano algunas maestras intentaron calmar el
+oleaje prometiendo, para el entrante mes, nuevas consignas: segu&iacute;an las
+turbulencias porque aquel Gobierno maldito, no contento con enviarles
+hoja de desperdicio, para m&aacute;s, daba en la flor de no pagarles. Pasaban
+d&iacute;as y d&iacute;as sin que la cobranza se abriese, y las pobres mujeres,
+t&iacute;midamente al principio, despu&eacute;s en voz alta y angustiosa, preguntaban
+a las maestras: &laquo;Y luego, &iquest;cu&aacute;ndo nos dar&aacute;n los cuartos?&raquo;. Fue en
+<i>crescendo</i> el run run y se convirti&oacute; en formidable marejada. El
+instinto que impele a los amotinados a ponerse a las &oacute;rdenes de alguien,
+aconsej&oacute; a las operarias del taller de cigarrillos arrimarse a Amparo
+buscando el calor de su tribunicia frase. Hall&aacute;ronse chasqueadas: Amparo
+no dio fuego. Oy&oacute; a todas y convino con ellas en que, efectivamente, era
+una picard&iacute;a no pagarles lo suyo; y, ventilado este punto, sigui&oacute; liando
+pitillos, sin a&ntilde;adir arenga, excitaci&oacute;n, serm&oacute;n pol&iacute;tico ni cosa que lo
+valiese. Admiradas se quedaron las turbas de semejante frialdad. &iexcl;Si
+pudiesen penetrar en lo &iacute;ntimo del alma de Amparo, en aquellos
+inexplorados rincones donde quiz&aacute; ella misma no sab&iacute;a con total
+exactitud lo que guardaba! &iexcl;Si hubiesen visto brotar una figurita chica,
+chica y remot&iacute;sima, como las que se ven con los anteojos de teatro
+cogidos a la inversa, pero que iba creciendo con rapidez asombrosa, y
+que en la nomenclatura interior de las ilusiones se llamaba <i>se&ntilde;ora de
+Sobrado</i>! &iexcl;Si advirtiesen c&oacute;mo esa <i>se&ntilde;ora</i>, microsc&oacute;pica, aun vestida
+del color del deseo, iba avanzando, avanzando, hasta colocarse en el
+eminente puesto que antes ocupaba la Tribuna, que se retiraba al fondo
+envuelta en su manto de un rojo m&aacute;s p&aacute;lido cada vez!</p>
+
+<p>Atribuyose a otras causas la indiferencia de la oradora. Amparo ten&iacute;a
+los dedos listos y una boca no m&aacute;s que mantener; la crisis econ&oacute;mica no
+pod&iacute;a importarle tanto como a las que reun&iacute;an seis hijos, tres o cuatro
+hermanos, familia dilatada, sin m&aacute;s recursos que el trabajo de una
+mujer. El tiempo corr&iacute;a, y en la tienda se cansaban de fiarles; se ve&iacute;an
+perdidas, &iquest;c&oacute;mo salir del apuro? &iexcl;A los angelitos no era cosa de darles
+a comer las piedras de la calle! Guardiana, hablando de su sordo-muda,
+part&iacute;a el coraz&oacute;n; ella primero consent&iacute;a morir, que privar a la ni&ntilde;a de
+su cascarillita con az&uacute;car y de su pan fresco de trigo; si era preciso,
+pedir&iacute;a una limosna: no ser&iacute;a la primera vez; y al o&iacute;r esto todas sus
+amigas la atajaron: &iexcl;pedir limosna!, &iexcl;qu&eacute; humillaci&oacute;n para la F&aacute;brica!
+No; se ayudar&iacute;an mutuamente, como siempre; las que estaban mejor se
+rascar&iacute;an el bolsillo para atender a las m&aacute;s necesitadas; y en efecto,
+as&iacute; se hizo, verific&aacute;ndose numerosas cuestaciones, siempre con fruto
+abundante.</p>
+
+<p>Cierto d&iacute;a se difundi&oacute; por la F&aacute;brica siniestro rumor: Rita de la
+Riberilla, una operaria, hab&iacute;a sido cogida con tabaco. &iexcl;Con tabaco!
+&iexcl;Jes&uacute;s, si parec&iacute;a una santa aquella mujer chiquita, flaca, con los ojos
+ribeteados de llorar, que sol&iacute;a atarse a la cara un pa&ntilde;uelo negro a
+causa, quiz&aacute;, del dolor de muelas! Pero algunas cigarreras, mejor
+informadas, se echaron a re&iacute;r: &iquest;dolor de muelas?, &iexcl;ya baja! Era que su
+marido la solfeaba todas las noches, y ella, por tapar los tolondrones y
+cardenales, se empa&ntilde;icaba as&iacute;; tambi&eacute;n una vez se present&oacute; arrastrando
+la pierna derecha y diciendo que ten&iacute;a re&uacute;ma, y la re&uacute;ma era un lapo
+atroz sacudido por &eacute;l. Cuando llevaron a la culpable al despacho del
+jefe, lo primero que hizo fue llorar sin responder; y al cabo, hostigada
+ya, asaeteada a preguntas, se resolv&iacute;a a confesar que &laquo;el marido&raquo; la
+abr&iacute;a a golpes si no le llevaba todos los d&iacute;as tres cigarros de a
+cuarto.... La Comadreja, con su carilla acutangular, c&oacute;micamente
+fruncida, remedaba a la perfecci&oacute;n los entrecortados sollozos, el hipo y
+las s&uacute;plicas de la delincuente.</p>
+
+<p>&mdash;Tres cig...aaaarros, se&ntilde;or menistrad...ooooor, tres cig...aaaarros
+s&oacute;lo, que aun yo de aqu&iacute; viva no saaaal...ga si otra triste hilacha de
+taaaaab...aco apa&ntilde;&eacute;... que yo no lo hiiiice por cudicia, tan cierto como
+que Dios bendito est&aacute; en los diiiivinos sielos, sino que el marido me da
+con el form&oacute;n, que, perdonando la cara de ust&eacute;, en una pierna me cort&oacute;
+la carne, que puedo ense&ntilde;ar la llaga, que a&uacute;n no cur&oacute;... Y &eacute;l s&oacute;lo
+quer&iacute;a el tabaco para fuuumar, que no era para vender ni hacer
+negocio.... Y ahora yo pierdo el pan, y mis hijos tambi&eacute;n.... Porque
+escuche, y perdone: &eacute;l me dec&iacute;a: &laquo;Ya que no traes cuartos hace un mes a
+la casa, tan siquiera trae cigarros...&raquo;.</p>
+
+<p>El taller entero, a vueltas de la risa que le causaba la graciosa m&iacute;mica
+de Ana, rompi&oacute; en exclamaciones de l&aacute;stima: robar no estaba bien hecho,
+claro que no; pero tambi&eacute;n hay que ponerse en la situaci&oacute;n de cada uno;
+&iquest;c&oacute;mo se hab&iacute;a de gobernar la infeliz, si su marido la part&iacute;a y hac&iacute;a
+picadillo con ella? &iexcl;Ay! &iexcl;Dios nos libre de un mal hombre, de un
+vicioso! En fin, no era raz&oacute;n dejar morir de hambre a los chiquillos de
+la Rita; la F&aacute;brica daba limosna a bastantes pobres de fuera: con m&aacute;s
+motivo a los de dentro; y la maestra recorri&oacute; el taller con el delantal
+hecho bolsa, y llovieron en &eacute;l cuartos, <i>perros</i> y monedas de diferentes
+calibres en gran abundancia. Al llegar frente a Amparo esta tuvo un
+rasgo que fue aplaudid&iacute;simo y le conquist&oacute; otra vez gran popularidad.
+Hac&iacute;a ya una semana que la pitillera viv&iacute;a del cr&eacute;dito, porque sus
+gastos de vestir la tra&iacute;an siempre atrasada; y cuando la cuestora se
+acerc&oacute; a pedirle, no ten&iacute;a la futura se&ntilde;ora de Sobrado ni un ochavo
+ro&ntilde;oso en el bolsillo. Pero, cosa de un mes antes, hab&iacute;a realizado uno
+de sus caprichos, comprando con las econom&iacute;as, en otro tiempo destinadas
+a salvar a la Asamblea, un par de pendientes largos de oro bajo, que
+eran su orgullo: quit&oacute;selos sin vacilar, y los ech&oacute; en el delantal de la
+maestra. Alzose un clamoreo, una aprobaci&oacute;n ruidosa y vehemente, gritos
+agudos, voces humedecidas por el llanto, bendiciones casi inarticuladas;
+y al punto, dos o tres objetos m&aacute;s de escaso valor, una sortija de
+plata, un dedal de lo mismo, vinieron despedidos desde las mesas
+pr&oacute;ximas, cayeron en el delantal y se mezclaron con la calderilla.</p>
+
+<p>Aquella tarde, al salir de los talleres, vieron las operarias, colgado
+cerca del quicio de la puerta, el cartel de rigor: &laquo;Habiendo sido cogida
+con tabaco en el acto del registro la operaria del taller de cigarros
+comunes, Rita M&eacute;ndez, del partido n&uacute;m. 3, rancho 11, queda expulsada
+para siempre de la F&aacute;brica.&mdash;<i>El Administrador Jefe</i>, FULANO DE TAL&raquo;.</p>
+
+<p>Colocadas a ambos lados de la escalera, las cuadrilleras vigilaban para
+que el despejo se hiciese con orden; y sentadas ya en sus sillas,
+esperaban las maestras, m&aacute;s serias que de costumbre, a fin de proceder
+al registro. Acerc&aacute;banse las operarias como abochornadas, y alzaban de
+prisa sus ropas, empe&ntilde;&aacute;ndose en que se viese que no hab&iacute;a gatuperio ni
+contrabando.... Y las manos de las maestras palpaban y recorr&iacute;an con
+inusitada severidad la cintura, el sobaco, el seno, y sus dedos r&iacute;gidos,
+endurecidos por la sospecha, penetraban en las faltriqueras, separaban
+los pliegues de las sayas.... Mientras los bandos de mujeres iban
+saliendo con la cabeza ca&iacute;da&mdash;humilladas todas por el ajeno delito&mdash;, el
+reloj antiguo de pesas, de tosca madera, pintado de color de ocre con
+churriguerescos adornos dorados, que dominaba el zagu&aacute;n grave y austero
+como un juez, dio las seis.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XXX" id="XXX"></a><a href="#capitulos">-XXX-</a></h2>
+
+<h3>D&oacute;nde viv&iacute;a la protagonista</h3>
+
+
+<p>El barrio de Amparo era de gente pobre; abundaban en &eacute;l cigarreras,
+pescadores y <i>pescantinas</i>. Las diligencias y los carruajes, al cruzarlo
+por la parte de la Olmeda, lo llenaban de polvo y ruido un instante;
+pero presto volv&iacute;a a su mortecina paz de aldea. Sobre el parapeto del
+camino real que cae al mar estaban siempre de codos algunos marineros,
+con gruesos zuecos de palo, faja de lana roja, gorro catal&aacute;n; sus
+rostros curtidos, su sotabarba poblada y recia, su mirar franco, dec&iacute;an
+a las claras la libertad y rudeza de la existencia mar&iacute;tima; a pocos
+pasos de este grupo, que rara vez faltaba de all&iacute;, se instalaba, en la
+confluencia de la alameda y la cuesta, el mercadillo: cestas de
+marchitas verduras, pescados, mariscos; pero nunca aves ni frutas de
+m&eacute;rito.</p>
+
+<p>Lo m&aacute;s caracter&iacute;stico del barrio eran los chiquillos. De cada casucha
+baja y roma, al lucir el sol en el horizonte, sal&iacute;a una tribu, una
+pollada, un hormiguero de &aacute;ngeles, entre uno y doce a&ntilde;os, que daba
+gloria. De ellos los hab&iacute;a patizambos, que corr&iacute;an como asustados
+palm&iacute;pedos; de ellos, derechitos de piernas y &aacute;giles como micos o
+ardillas; de ellos, bonitos como querubines, y de ellos, horribles y
+encogidos como los fetos que se conservan en aguardiente. Unos daban
+indicios de no sonarse los mocos en toda su vida, y otros se oreaban sin
+reparo, teniendo frescas a&uacute;n las p&uacute;stulas de la viruela o las ronchas
+del sarampi&oacute;n; a algunos, al trav&eacute;s de la capa de suciedad y polvo que
+les afeaba el semblante, se les trasluc&iacute;a el carm&iacute;n de la manzana y el
+brillo de la salud; otros ostentaban desgre&ntilde;adas cabelleras, que si
+ahora eran zaleas o ruedos, hubieran sido suaves bucles cuando los
+peinaran las cari&ntilde;osas manos de una madre. No era menos curiosa la
+indumentaria de esta piller&iacute;a que sus figuras. Ve&iacute;anse all&iacute; gabanes
+aprovechados de un hermano mayor, y tan desmesuradamente largos, que el
+talle besaba las corvas y los faldones barr&iacute;an el piso, si ya un
+tijeretazo oportuno no los hab&iacute;a suprimido; en cambio, no faltaba
+pantal&oacute;n tan corto, que, no logrando encubrir la rodilla, arregazaba
+imp&uacute;dicamente descubriendo medio muslo. Zapatos, pocos, y esos muy
+estropeados y risue&ntilde;os, abiertos de boca y endeblillos de suela; ropa
+blanca, reducida a un jir&oacute;n, porque, &iquest;qui&eacute;n les pone cosa sana para que
+luego se revuelquen en la carretera, y se den de mojicones todo el santo
+d&iacute;a, y se cojan a la zaga de todos los carruajes, gritando: &laquo;&iexcl;Tralla,
+tralla!&raquo;?</p>
+
+<p>De lo que ninguno carec&iacute;a era de cobertera para el cr&aacute;neo: cu&aacute;l luc&iacute;a
+hirsuta gorra de pelo, que le daba semejanza con un oso; cu&aacute;l un
+agujereado fieltro sin forma ni color; cu&aacute;l un canasto de paja tejido en
+el presidio, y cu&aacute;l un enorme pa&ntilde;uelo de algod&oacute;n, atado con tal arte,
+que las puntas simulaban orejas de liebre. &iexcl;Oh, y qu&eacute; cari&ntilde;o profesaban
+los benditos pilluelos a aquella parte de su vestido! Antes se dejar&iacute;an
+cortar el dedo me&ntilde;ique, que arrancar la gorra o el sombrero; nada les
+importaba volver a casa de noche sin una pierna del calz&oacute;n o sin un
+brazo de la chaqueta; pero tornar con la cabeza descubierta ser&iacute;a para
+ellos el m&aacute;s grave disgusto.</p>
+
+<p>Viv&iacute;a el barrio entero en la calle, por poco que el tiempo estuviese
+apacible y la temperatura benigna. Ventanas y puertas se abr&iacute;an de par
+en par, como diciendo que donde no hay, no importa que entren ladrones;
+y en el marco de los agujeros por donde respiraban trabajosamente los
+ahogados edificios, se asomaba ya una mujer pein&aacute;ndose las guedejas, y
+de la cual s&oacute;lo distingu&iacute;a el transe&uacute;nte la r&aacute;pida aparici&oacute;n del brazo
+blanco y la oscura aureola del cabello suelto; ya otra, remendando una
+saya vieja; ya lactando a un ni&ntilde;o, cuyas carnes rollizas doraba el sol;
+ya mondando patatas y ech&aacute;ndolas, una a una, en grosera cazuela.... Esta
+vecina atravesaba con la <i>sella</i> de relucientes aros camino de la
+fuente; aquella se acomodaba a sacudir un refajo o a desocupar, mirando
+hacia todos lados con recelo, una jofaina; la de m&aacute;s ac&aacute; sal&iacute;a con
+&iacute;mpetu a administrar una mano de azotes al chico que se tend&iacute;a en el
+polvo; la de m&aacute;s all&aacute; volv&iacute;a con una pescada, cogida por las agallas,
+que se balanceaba y le flagelaba el vestido. Todas las excrecencias de
+la vida, los prosaicos menesteres que en los barrios opulentos se
+cumplen a sombra de tejado, sal&iacute;an all&iacute; a luz y a vista del p&uacute;blico.
+Pa&ntilde;ales pobres se secaban en las cancillas de las puertas; la cuna del
+reci&eacute;n nacido, colocada en el umbral, se exhib&iacute;a tan sin reparo como las
+enaguas de la madre.... Y no obstante, el barrio no era triste; lejos de
+eso, los &aacute;rboles vecinos, el campo y mar colindantes, lo hac&iacute;an por todo
+extremo saludable; el paso de los coches lo alborotaba; los chiquillos,
+piando como gorriones, le prestaban por momentos singular animaci&oacute;n;
+apenas hab&iacute;a casa sin jaula de codorniz o jilguero, sin alel&iacute;es o
+albahaca en el antepecho de las ventanas; y no bien luc&iacute;a el sol, las
+barricas de sardinas arenques, arrimadas a la pared y descubiertas,
+brillaban como gigantesca rueda de plata.</p>
+
+<p>Tampoco faltaban all&iacute; comercios que, acatando la ley que obliga a los
+organismos a adaptarse al medio ambiente, se acomodaban a la pobreza de
+la barriada. Tiendecillas angostas, donde se vend&iacute;an zarazas catalanas y
+pa&ntilde;uelos; abacer&iacute;as de sucio escaparate, tras de cuyos vidrios un gal&aacute;n
+y una dama de pastaflora se miraban tristemente vi&eacute;ndose tan mosqueados
+y tan a&ntilde;ejos, y las cajas <i>tremendas</i> de f&oacute;sforos se mezclaban con
+garbanzos, fideos amarillos, aleluyas y naipes; figones que brindaban al
+apetito sardinas fritas y callos; almacenes en que se feriaban cucharas
+de palo, cester&iacute;a, cribas y zuecos: tal era la industria de la cuesta de
+San Hilario. All&iacute; se tuvo por notable caso el que un objeto adquirido se
+pagase de presente, y el cr&eacute;dito, palanca del moderno comercio,
+funcionaba con extraordinaria actividad. Todo se compraba al fiado:
+cigarrera hab&iacute;a que tardaba un a&ntilde;o en poder abonar los chismes del
+oficio. Reinaba en el barrio cierta confianza, una especie de comadrazgo
+perpetuo, un comunismo amigable: de casa a casa se ped&iacute;an prestados, no
+solamente enseres y utensilios, sino &laquo;una sed&raquo; de agua, &laquo;una nuez&raquo; de
+manteca, &laquo;un chisquito&raquo; de aceite, &laquo;una l&aacute;grima&raquo; de leche, &laquo;un nadita&raquo;
+de petr&oacute;leo. Avis&aacute;banse mutuamente las madres cuando un ni&ntilde;o se
+escapaba, se descalabraba o hac&iacute;a cualquier diablura an&aacute;loga; y como el
+derecho de azotar era rec&iacute;proco, las infelices criaturas ven&iacute;an a estar
+en potencia propincua de ser vapuleadas por el barrio entero.</p>
+
+<p>Pronto se acostumbr&oacute; la madre de Amparo a su nueva vecindad: ten&iacute;a la
+cama pr&oacute;xima a la ventana, y nadie pasaba por all&iacute; sin detenerse a
+conversar un rato.... Las pescaderas le refer&iacute;an sus lances, y la
+tullida compraba desde su lecho sardinas, ped&iacute;a agua, o&iacute;a chismes sin
+n&uacute;mero, forj&aacute;ndose en cierto modo la ilusi&oacute;n de que tomaba el aire
+libre.... Por lo que hace a Amparo, fue presto la reina del barrio:
+re&iacute;anse los marineros, abierta la boca de oreja a oreja, dilatando sus
+anchos semblantes de tritones, cuando la ve&iacute;an pasar; los carabineros
+del Resguardo le echaban flores.... Casi todos manifestaron sentimiento
+al saber que &laquo;andaba&raquo; con un oficial, un se&ntilde;orito de all&aacute; del barrio de
+Abajo.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XXXI" id="XXXI"></a><a href="#capitulos">-XXXI-</a></h2>
+
+<h3>Palabra de casamiento</h3>
+
+
+<p>Desde que tuvo secretos que confiar, por natural instinto Amparo se
+arrim&oacute; a la Comadreja m&aacute;s que a Guardiana. Esta andaba no s&eacute; c&oacute;mo, medio
+enferma, con la paletilla ca&iacute;da, seg&uacute;n dec&iacute;a; y por m&aacute;s que se la
+levant&oacute; una saludadora con los rezos y ensalmos de costumbre, la
+paletilla segu&iacute;a en sus trece, y la muchacha tristona, pensando en c&oacute;mo
+quedar&iacute;an sus peque&ntilde;os si se muriese ella. Hallaba Amparo en el
+semblante de Guardiana no s&eacute; qu&eacute; limpidez, qu&eacute; tranquilidad honesta, que
+le helaban en los labios el cuento de amores cuando iba a empezarlo; al
+paso que Ana, con su nervioso buen humor, su cara puntiaguda rebosando
+curiosidad, convidaba a hablar. Amparo la tom&oacute; por confidente, y hasta
+por compa&ntilde;era. Ana, viuda a la saz&oacute;n de su capit&aacute;n mercante, que andaba
+all&aacute; por Ribadeo, se prest&oacute; gustosa a ser, en cierto modo, la due&ntilde;a
+guardadora de la Tribuna. Por su parte Baltasar se apoder&oacute; de Borr&eacute;n.
+Estaban a&uacute;n los dos enamorados en el per&iacute;odo comunicativo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Te dio palabra de casarse contigo?&mdash;preguntaba Ana a su amiga.</p>
+
+<p>&mdash;No cuadr&oacute; que yo se la pidiese.... Una vez, con disimulo, le indiqu&eacute;
+algo.... &iexcl;Si no fuese por la familia! &iexcl;La madre, sobre todo, que es as&iacute;!</p>
+
+<p>Y Amparo cerraba el pu&ntilde;o.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bah! Ve tomando paciencia once a&ntilde;itos, como yo.... &iexcl;Y si despu&eacute;s lo
+consigues!...</p>
+
+<p>&mdash;No, pues si no quiere casarse... me parece que le doy despachaderas.</p>
+
+<p>Ana not&oacute; en estas bravatas que se tambaleaba el alc&aacute;zar de la firmeza
+tribunicia. Desde entonces su curiosidad perversa la espole&oacute;, y en
+cierto modo le halag&oacute; la idea de que todas, por muy soberbias que
+fuesen, paraban en caer como ella hab&iacute;a ca&iacute;do. Organizose una especie de
+sociedad compuesta de cuatro personas, Amparo, Ana, Borr&eacute;n y Baltasar;
+cada vez que celebraba sesi&oacute;n este c&iacute;rculo, ya se sab&iacute;a que la Comadreja
+&laquo;cargaba&raquo; con el ronco y galanteador Borr&eacute;n. Entreten&iacute;ale con pesadas
+bromas, con todo g&eacute;nero de indirectas y burletas, subrayadas por la risa
+de sus labios flacos, por el fruncimiento de su hocico de roedor. Ana
+sab&iacute;a, como acostumbraba saberlo todo, la historia de Borr&eacute;n, o por
+mejor decir, su carencia de historia; y este car&aacute;cter inofensivo del
+incansable faldero daba asunto a la Comadreja para crucificarlo a puras
+chanzas, para clavarle mil alfileres, para abrasarlo. La travesura de
+pilluelo vicioso que distingu&iacute;a a Ana le sirvi&oacute; para olfatear la
+horrible timidez, el p&aacute;nico extra&ntilde;o que aflig&iacute;a a aquel hombre tan
+pr&oacute;digo de requiebros, tan aficionado al aroma del amor, y tan incapaz,
+por car&aacute;cter, de gustarlo, como los so&ntilde;adores que contemplan la luna de
+descolgarla del firmamento. &iexcl;Pobre Borr&eacute;n! Desde el sarcasmo hasta la
+mal rebozada injuria, todo lo devor&oacute; con resignaci&oacute;n que podr&iacute;a llamarse
+angelical, si virtudes de este linaje negativo no fuesen m&aacute;s dignas del
+limbo que del cielo.</p>
+
+<p>Vest&iacute;a la primavera de verdor y hermosura cuanto tocaba, y convidados
+por la amable estaci&oacute;n, los cuatro socios acostumbraban aprovechar las
+tardes de los d&iacute;as festivos, solaz&aacute;ndose en los huertos que abundan en
+la vega marinedina, dominada por el camino real. Pese a su temperamento
+calculador y enemigo del esc&aacute;ndalo, Baltasar ced&iacute;a a la vehemente
+codicia del arom&aacute;tico veguero, hasta el punto de acompa&ntilde;ar en p&uacute;blico a
+la muchacha, si bien concret&aacute;ndose a aquel rinc&oacute;n apartado de la ciudad.
+Hac&iacute;alo, sin embargo, con tales restricciones, que Amparo se figuraba
+que lo compromet&iacute;a dej&aacute;ndose ver a su lado.</p>
+
+<p>En la vega se cultivaban legumbres y alg&uacute;n ma&iacute;z; pero la prosa de este
+g&eacute;nero de plant&iacute;os la encubr&iacute;a la estaci&oacute;n primaveral, adorn&aacute;ndolos con
+una apretada red de floraci&oacute;n: la col luc&iacute;a un velo de oro p&aacute;lido; la
+patata estaba salpicada de blancas estrellas; el cebollino parec&iacute;a
+llovido de granizo copioso; las flores de coral del haba reluc&iacute;an como
+bocas incitantes, y en los linderos temblaban las sangrientas amapolas,
+y abr&iacute;a sus delicadas flores color lila el erizado cardo. Los sembrados
+de ma&iacute;z, cuyos cotiledones comenzaban a salir de la tierra, hac&iacute;an de
+trecho en trecho cuadrados de raso verdegay. Sobre todo, un rinc&oacute;n hab&iacute;a
+en la vega, donde la naturaleza, empe&ntilde;ada en vencer con su espontaneidad
+los artificios de la horticultura, logr&oacute; reunir alrededor de un r&uacute;stico
+pozo que suministraba muy fresca agua, dos o tres olmos m&aacute;s anchos que
+copudos, un grupo gracioso de mimbres, helechos y escolopendras, un
+rosal silvestre, algo, en fin, que romp&iacute;a la uniformidad de la
+hortaliza. Aquel paraje era el favorito de Amparo y Baltasar; sobre todo
+desde que al lado, en los fresales, cuajados de flor blanca, empezaba a
+madurar la roja fruta. El d&iacute;a de San Jos&eacute;, Baltasar consigui&oacute; ya recoger
+para la muchacha media docena de fresas en una hoja de col. Hasta
+mediados de abril aument&oacute; la cosecha de fresilla; a principios de mayo
+comenzaba a disminuir, y escasearon los fresones de pulpa azucarosa, que
+tan suavemente humedec&iacute;an la lengua. Un domingo del hermoso mes,
+hall&aacute;ndose reunida la <i>partie carr&eacute;e</i> en la huerta a pretexto de fresas,
+ya a duras penas se rastreaba alguna escondida entre las hojas y
+gulusmeada de babosas y caracoles.</p>
+
+<p>&mdash;Don Enrique&mdash;exclamaba Ana dirigi&eacute;ndose a Borr&eacute;n&mdash;, &iquest;cu&aacute;ntas ha cogido
+usted ya? &iquest;Una y media? A ese paso, dentro de quince d&iacute;as las
+probaremos. No sirve usted... ni para coger fresas.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo que no? Mire usted una preciosa que pill&eacute; ahora mismo.... Le
+digo a usted, Anita, que sirvo para el caso.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;A ver? &iexcl;Eso es lo que usted encuentra! Comida de bicharracos....
+&iexcl;Uuuuy!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; pasa?&mdash;exclam&oacute; sol&iacute;cito Borr&eacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Un babos&oacute;n!&mdash;chill&oacute; ratonilmente Ana, sacudiendo los dedos y
+disparando el glutinoso animalucho al rostro de Borr&eacute;n, que se pas&oacute;
+apaciblemente el pa&ntilde;uelo por las mejillas, amenazando a la Comadreja con
+la mano.</p>
+
+<p>Amparo y Baltasar se hallaban un poco m&aacute;s apartados, y cerca del pozo
+que sombreaban los &aacute;rboles. Picaban por turno las pocas fresas que ten&iacute;a
+Amparo en el regazo sobre una hoja de berza. Las hab&iacute;an recogido juntos,
+y al hacerlo sus manos tr&eacute;mulas y &aacute;vidas se encontraron entre el
+follaje.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Eh... dejar algunas!&mdash;les gritaba in&uacute;tilmente Ana.</p>
+
+<p>Amparo com&iacute;a sin saber qu&eacute;, por refrescarse la boca, donde notaba
+sequedad y amargor. Borr&eacute;n miraba el grupo paternalmente, con ojos
+l&aacute;nguidos de carnero a medio morir. La Tribuna ped&iacute;a cuentas; Baltasar
+estaba por todo extremo obediente y cort&eacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Conque no fue usted a las <i>Flores de Mar&iacute;a</i>?</p>
+
+<p>&mdash;No, mujer... por quien soy que no fui. &iquest;No ves?, hoy es domingo;
+estar&aacute;n llenas de gentes las Flores, y el paseo brillante, con m&uacute;sica y
+todo; y yo no pienso poner los pies en &eacute;l.</p>
+
+<p>&mdash;Los d&iacute;as de fiesta... &iexcl;vaya que! S&oacute;lo faltaba... es el &uacute;nico d&iacute;a que
+uno tiene libre; &iexcl;y se hab&iacute;a usted de ir al paseo! &iquest;Pero ayer? &iquest;No entr&oacute;
+usted ayer en San Efr&eacute;n? &iquest;No cantaba la de Garc&iacute;a?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Para lo bien que canta, hija! Parece un grillo.</p>
+
+<p>&mdash;Pues ella dice que se alaba de que va all&iacute; toda la oficialidad por
+o&iacute;rla.</p>
+
+<p>&mdash;Alabar&aacute;... &iquest;qu&eacute; s&eacute; yo? Si no la veo hace mil a&ntilde;os.... Esa fresa es m&iacute;a
+&mdash;exclam&oacute; arrebatando una que Amparo llevaba a sus labios. Ella se la
+dej&oacute; robar, confusa, ruborizada y satisfecha.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y a su casa... tampoco va usted?</p>
+
+<p>&mdash;Tampoco... no seas celosa, chica. &iquest;Por qu&eacute; hemos de hablar siempre de
+la de Garc&iacute;a, y no de ti? &iexcl;De nosotros!&mdash;a&ntilde;adi&oacute; con expresi&oacute;n de
+contenida vehemencia. Sinti&oacute; la muchacha como una ola de fuego que la
+envolv&iacute;a desde la planta de los pies hasta la ra&iacute;z del cabello, y
+despu&eacute;s un leve fr&iacute;o que le agolp&oacute; la sangre al coraz&oacute;n. Borr&eacute;n se
+aproxim&oacute; a la amante pareja, abriendo las manos llenas de tierra y de
+fresas despachurradas.</p>
+
+<p>&mdash;Ya me duelen los ri&ntilde;ones de andar a gatas&mdash;dijo&mdash;. Pod&iacute;amos
+merendar... si a ustedes no les molesta, pollos.</p>
+
+<p>&mdash;Por m&iacute;...&mdash;murmur&oacute; Amparo. Ana se acercaba tambi&eacute;n, trayendo una
+servilleta anudada, que desat&oacute; y tendi&oacute; sobre el brocal del pozo.
+Reduc&iacute;ase la merienda a unos pastelillos de dulce y una botella de
+moscatel, regalo de Baltasar. Fueles preciso beber por un mismo vaso,
+&uacute;nico que hab&iacute;a, y Ana, que era asquillosa y aprensiva, prefiri&oacute; echar
+tragos por la botella, sin recelo de cortarse con los agudos cristales
+del roto gollete. Sus carrillos chupados se colorearon, su lengua se
+desat&oacute; m&aacute;s que de costumbre; y por v&iacute;a de diversi&oacute;n empez&oacute; a coger
+tierra a pu&ntilde;ados y a esparcirla por la cabeza de Borr&eacute;n. Despu&eacute;s,
+levant&aacute;ndose, le propuso que &laquo;hiciesen el remolino&raquo;. Borr&eacute;n no quer&iacute;a,
+ni a tres tirones; pero la Comadreja le asi&oacute; de las manos, estrib&oacute; en
+las puntas de los pies, muy juntas y arrimadas a las de su pareja, y
+echando el cuerpo atr&aacute;s y dejando caer la cabeza hacia la espalda,
+empez&oacute; a girar, con gran lentitud al principio; poco a poco fue
+acelerando el volteo, hasta imprimirle vertiginosa rapidez. Cuando
+pasaba se ve&iacute;an un punto sus p&oacute;mulos encendidos, sus ojos vagos y
+extraviados, su boca p&aacute;lida, abierta para respirar mejor, su garganta
+espasmodizada, r&iacute;gida; mas no tardaba ni medio segundo en presentarse la
+asustada faz de Borr&eacute;n, que se dejaba arrastrar sin que acertase a decir
+m&aacute;s palabra que &laquo;por Dios... por Dios...&raquo; con no fingida congoja. De
+repente se detuvo la peonza humana, con brusco movimiento, y se oy&oacute; un
+grito gutural. Ana se aplan&oacute; en el suelo.</p>
+
+<p>Al ir a socorrerla, not&oacute; Amparo que ya no estaba sonrosada, sino del
+color de la cera, y que se le ve&iacute;a el blanco de los ojos. Baltasar subi&oacute;
+precipitadamente el cubo del pozo, y casi colmado se lo volc&oacute; encima a
+la mareada Comadreja. Frot&aacute;ronle mucho los pulsos, las sienes, con el
+fresco l&iacute;quido, y al fin la pupila fue bajando al globo de la c&oacute;rnea,
+mientras el pelo se dilataba con ruidoso suspiro. Dos minutos despu&eacute;s
+estaba Ana en pie; pero quej&aacute;ndose de la cabeza, del coraz&oacute;n, declarando
+que ten&iacute;a los huesos rotos, que se mor&iacute;a de fr&iacute;o; todo en voz tan baja y
+quejumbrosa, que nadie la tendr&iacute;a por la petulante moza de antes del
+desmayo.</p>
+
+<p>&mdash;Mujer, vente a mi casa, te dar&eacute; ropa seca&mdash;dijo Amparo.&mdash;No, a la m&iacute;a,
+a la m&iacute;a.... El cuerpo me pide cama.</p>
+
+<p>&mdash;Duermes conmigo.</p>
+
+<p>&mdash;No, a mi casita&mdash;insisti&oacute; la abatida Comadreja&mdash;. Si va conmigo una
+fiebre, quiero estar en mi cuarto. Ea, adi&oacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;Toma mi mant&oacute;n siquiera&mdash;porfi&oacute; la Tribuna.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, venga.... &iexcl;Brr!, estoy hecha una sopa.</p>
+
+<p>Y Ana, saludando con su esqueletada mano, adem&aacute;n que indicaba un resto
+de intenci&oacute;n festiva que a&uacute;n reto&ntilde;aba en ella, tom&oacute; el sendero que
+conduc&iacute;a al camino real. Entonces Baltasar mir&oacute; a Borr&eacute;n fijamente con
+ojos expresivos, m&aacute;s claros y categ&oacute;ricos que palabra alguna. Hay que
+decir en abono del confidente universal, que titube&oacute;. Sin alardear de
+moralista, bien puede un hombre blanco que viste uniforme y peina
+barbas, encontrar que ciertos papeles son desairados y tontos. Una cosa
+es hablar, acompa&ntilde;ar, animar, y otra.... Por lo menos as&iacute; pensaba
+Borr&eacute;n, que m&aacute;s ten&iacute;a de sandio rematado que de perverso. Y no obstante
+su flaqueza, no supo resistir a la segunda ojeada, coercitiva al par que
+suplicante, de su amigo. Bebi&oacute; la hiel hasta las heces, y ech&oacute; tras la
+Comadreja pisando aturdidamente coles y ma&iacute;z tierno.</p>
+
+<p>&mdash;Espere usted, Anita, que la acompa&ntilde;o&mdash;murmuraba&mdash;. Espere usted...
+puede ocurr&iacute;rsele a usted algo.</p>
+
+<p>Encogiose de hombros Ana, y acort&oacute; el paso para dejar que se uniese
+Borr&eacute;n. Emparejaron y caminaron en silencio por la carretera; Ana con
+los labios apretados y algo escalofriada y temblorosa, a pesar de ir muy
+arropada en el mant&oacute;n. Al llegar a la entrada de la ciudad, la cigarrera
+se volvi&oacute; y midi&oacute; a Borr&eacute;n con despreciativa ojeada de pies a cabeza.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Se le ocurre a usted alguna cosa?&mdash;pregunt&oacute; &eacute;l medio desvanecido a&uacute;n,
+con ronquera que rayaba en afon&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;Nada&mdash;respondi&oacute; ella bruscamente. Y despu&eacute;s, fijando en los de Borr&eacute;n
+sus ojuelos verdes&mdash;: Don Enrique&mdash;a&ntilde;adi&oacute;&mdash;, &iquest;sabe usted lo que ven&iacute;a
+pensando?</p>
+
+<p>&mdash;Diga usted....</p>
+
+<p>&mdash;Que es usted una alhaja.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute; me dice usted eso, bella Anita?&mdash;pronunci&oacute; ya afablemente
+Borr&eacute;n, que al verse entre gentes y en calles transitadas hab&iacute;a
+recobrado su aplomo.</p>
+
+<p>&mdash;Porque... que uno se marche cuando enferma.... &iexcl;Pero usted! &iexcl;Pero qu&eacute;
+hombres!&mdash;articul&oacute; con ira&mdash;. &iexcl;Si aunque se acabase la casta... no se
+perd&iacute;a tanto as&iacute;! Vaya, abur... que estoy medio trastornada y me da poco
+gusto ver gente.</p>
+
+<p>&mdash;Ir&eacute; con usted por si....</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Usted?&mdash;murmur&oacute; ella entre ir&oacute;nica y desde&ntilde;osa&mdash;. &iquest;Para qu&eacute;? Abur,
+abur; &iexcl;que si lo ven con una muchacha de mi clase! Abur.</p>
+
+<p>Y la Comadreja se escurri&oacute; por una callejuela, dejando a Borr&eacute;n sin
+saber lo que le pasaba.</p>
+
+<p>Cuando Baltasar y la oradora se quedaron solos, la tarde ca&iacute;a, no
+apacible y glacial como aquella de febrero, sino c&aacute;lida, perezosa en
+despedirse del sol; nubes grises, pesados cirros se amontonaban en el
+cielo; el mar, picado y verdoso, mug&iacute;a a lo lejos, y una franja de
+topacio orlaba el horizonte por la parte del Poniente. Amparo tuvo un
+instante de temor.</p>
+
+<p>&mdash;Me voy a mi casa&mdash;dijo levant&aacute;ndose.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Amparo... ahora no!&mdash;pronunci&oacute; con suplicantes inflexiones en la voz
+Baltasar&mdash;. No te marches, que estamos en el para&iacute;so.</p>
+
+<p>La Tribuna, paralizada, mir&oacute; en derredor. Mezquino era el para&iacute;so en
+verdad. Un cuadro de coles, otro de cebollas, el fresal polvoroso,
+hollado por los pies de todo el mundo; los olmos bajos y achaparrados,
+los acirates llenos de blanquecinas ortigas, el pozo triste con su
+rechinante polea; mas estaban all&iacute; la juventud y el amor para hermosear
+tan pobre ed&eacute;n. Sonri&oacute; la muchacha posando blandamente en Baltasar sus
+abultados ojos negros.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute; quieres escaparte, vamos?&mdash;interrog&oacute; &eacute;l con dulce
+autoridad&mdash;. Si te escapas siempre de m&iacute;; si parece que te doy miedo, no
+tiene nada de particular que yo me vaya tambi&eacute;n al paseo, o a donde se
+me ocurra. Ya lo sabes.&mdash;Y acerc&aacute;ndose m&aacute;s a ella, abras&aacute;ndole el rostro
+con su anhelosa respiraci&oacute;n&mdash;: &iquest;Me voy al paseo?&mdash;pregunt&oacute;.</p>
+
+<p>Amparo hizo un movimiento de cabeza que bien pod&iacute;a traducirse as&iacute;:&mdash;No
+se vaya usted de ning&uacute;n modo.</p>
+
+<p>&mdash;Me tratas tan mal....</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Usted qu&eacute; quiere que haga?</p>
+
+<p>&mdash;Que te portes mejor....</p>
+
+<p>&mdash;Pues hablemos claros&mdash;exclam&oacute; ella sacudiendo su marasmo y apoy&aacute;ndose
+en el brocal del pozo.</p>
+
+<p>La roja luz del ocaso la envolvi&oacute; entonces; su rostro se encendi&oacute; como
+un ascua, y por segunda vez le pareci&oacute; a Baltasar hecha de fuego.</p>
+
+<p>&mdash;Di, hermosa....</p>
+
+<p>&mdash;Usted... quiere comprometerme... quiere conducirse como se conducen
+los dem&aacute;s con las muchachas de mi esfera.</p>
+
+<p>&mdash;No por cierto, hija; &iquest;de d&oacute;nde lo infieres? No pienses tan mal de m&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Mire usted que yo bien s&eacute; lo que pasa por el mundo... mucho de hablar,
+y de hablar, pero despu&eacute;s....</p>
+
+<p>Baltasar cogi&oacute; una mano que trascend&iacute;a a fresas.</p>
+
+<p>&mdash;Mi honor, don Baltasar, es como el de cualquiera, &iquest;sabe usted? Soy una
+hija del pueblo; pero tengo mi altivez... por lo mismo.... Conque... ya
+puede usted comprenderme. La socied&aacute; se opone a que usted me d&eacute; la mano
+de esposo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y por qu&eacute;?&mdash;pregunt&oacute; con soberano desparpajo el oficial.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y por qu&eacute;?&mdash;repiti&oacute; la vanidad en el fondo del alma de la Tribuna.</p>
+
+<p>&mdash;No ser&iacute;a yo el primero, ni el segundo, que se casase con.... Hoy no
+hay clases....</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y su familia... su familia... piensa usted que no se desde&ntilde;ar&iacute;an de
+una hija del pueblo?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bah!... &iquest;qu&eacute; nos importa eso? Mi familia es una cosa, yo soy otra
+&mdash;repuso Baltasar impaciente.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Me promete usted casarse conmigo?&mdash;murmur&oacute; la inocentona de la
+oradora pol&iacute;tica.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;S&iacute;, vida m&iacute;a!&mdash;exclam&oacute; &eacute;l sin fijarse casi en lo que le preguntaban,
+pues estaba resuelto a decir am&eacute;n a todo.</p>
+
+<p>Pero Amparo retrocedi&oacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;No, no!&mdash;balbuci&oacute; tr&eacute;mula y espantada&mdash;. No basta hablar as&iacute;... &iquest;me
+lo jura usted?</p>
+
+<p>Baltasar era joven a&uacute;n y no ten&iacute;a temple de seductor de oficio. Vacil&oacute;;
+pero fue obra de un instante: carraspe&oacute; para afianzar la voz y exhal&oacute;
+un:</p>
+
+<p>&mdash;Lo juro.</p>
+
+<p>Hubo un momento de silencio en que s&oacute;lo se escuch&oacute; el delgado silbo del
+aire cruzando las copas de los olmos del camino y el lejano quejido del
+mar.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Por el alma de su madre?, &iquest;por su condenaci&oacute;n eterna? Baltasar, con
+ahogada voz, articul&oacute; el perjurio.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Delante de la cara de Dios?&mdash;prosigui&oacute; Amparo ansiosa.</p>
+
+<p>De nuevo vacil&oacute; Baltasar un minuto. No era creyente macizo y fervoroso
+como Amparo, pero tampoco ateo persuadido; y sacudi&oacute; sus labios ligero
+temblor al proferir la horrible blasfemia. Una cabeza pesada, cubierta
+de pelo copioso y rizo, descansaba ya sobre su pecho, y el bals&aacute;mico
+olor de tabaco que impregnaba a la Tribuna le envolv&iacute;a. Disip&aacute;ronse sus
+escr&uacute;pulos y reiter&oacute; los juramentos y las promesas m&aacute;s solemnes.</p>
+
+<p>Iba acabando de cerrar la noche, y un cuarto de amorosa luna hend&iacute;a como
+un alfanje de plata los acumulados nubarrones. Por el camino real, mudo
+y sombr&iacute;o, no pasaba nadie.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XXXII" id="XXXII"></a><a href="#capitulos">-XXXII-</a></h2>
+
+<h3>La Tribuna se forja ilusiones</h3>
+
+
+<p>En los primeros tiempos, Baltasar, embriagado por el aroma del cigarro,
+se mostr&oacute; asiduo, olvid&oacute; su habitual reserva y obr&oacute; como si no temiese
+la opini&oacute;n del mundo ni de su familia. Es cierto que en el barrio
+apartado donde Amparo moraba no era f&aacute;cil que le viesen las gentes de su
+trato; no obstante, alguna vez tropez&oacute; con conocidos, en ocasi&oacute;n de ir
+acompa&ntilde;ando a la muchacha. Fuese por esta raz&oacute;n o por otras, no tard&oacute; en
+buscar lugares m&aacute;s rec&oacute;nditos para las entrevistas, a donde cada cual
+iba por su lado, no reuni&eacute;ndose hasta estar al abrigo de ojos
+indiscretos. Uno de estos sitios era una especie de merendero unido a
+una f&aacute;brica de gaseosa, bebida muy favorita de las cigarreras. Ante la
+mesa de tosca piedra, ro&iacute;da por la intemperie, se sentaban Baltasar y
+Amparo, y all&iacute; les tra&iacute;an las botellas de cerveza, de gaseosa, cuyo
+alegre taponazo animaba de tiempo en tiempo el di&aacute;logo. Una parra tupida
+les prestaba sombra; algunas gallinas picoteaban los cuadros de un
+mezquino jard&iacute;n; el lugar era silencioso, parecido a un gabinete muy
+soleado, pero oculto. Por entre las hojas de vid se filtraban los rayos
+del sol, y ca&iacute;an a veces, en movibles gotas de luz, sobre el rostro de
+Amparo, mientras Baltasar la contemplaba, admirando involuntariamente
+ciertas gracias y perfecciones de su rostro hechas para ser vistas de
+cerca, como la delicada red de venas que oscurec&iacute;a sus p&aacute;rpados, las
+sinuosidades de su diminuta oreja, la nitidez del moreno cutis, donde la
+luz se perd&iacute;a en medias tintas de miel; la caliente riqueza del color
+juvenil, la blancura de los dientes, la abundancia del cabello. Dur&oacute;
+este inventario minucioso alg&uacute;n tiempo, al cabo del cual, Baltasar,
+habiendo aprendido de memoria estas y otras particularidades, y hablado
+con la Tribuna de todo lo que se pod&iacute;a hablar con ella, empez&oacute; a
+encontrar m&aacute;s largas las horas. Restringi&oacute; las visitas al merendero,
+limit&aacute;ndolas a los d&iacute;as festivos; y mientras Amparo le elaboraba <i>a
+mano</i> los cigarrillos que acostumbraba a consumir, &eacute;l le&iacute;a, arrancando
+al pitillo reci&eacute;n acabado nubes de humo. No sabiendo qu&eacute; hacer, quiso
+ense&ntilde;ar a Amparo c&oacute;mo se fumaba, a lo cual ella se prest&oacute; con
+repugnancia, alegando que las cigarreras no fuman, que casualmente est&aacute;n
+&laquo;hartas de ver tabaco&raquo;, y que este s&oacute;lo era bueno para ponerse parches
+en las sienes cuando duele la cabeza. Discurriendo medios de
+entretenerse, Baltasar trajo a Amparo alguna novela para que se la
+leyese en voz alta; pero era tan f&aacute;cil en llorar la pitillera as&iacute; que
+los h&eacute;roes se mor&iacute;an de amor o de otra enfermedad por el estilo, que
+convencido el mancebo de que se pon&iacute;a tonta, suprimi&oacute; los libros. En
+suma, Baltasar y Amparo se hallaron como dos cuerpos unidos un instante
+por la afinidad amorosa, separados despu&eacute;s por repulsiones invencibles,
+y que tend&iacute;an incesantemente a irse cada cual por su lado.</p>
+
+<p>Para colmo de aburrimiento, repar&oacute; Baltasar que, al paso que &eacute;l aspiraba
+a ocultar diestramente su aventura, Amparo, que ya ten&iacute;a puesta toda su
+esperanza en las falaces palabras y en el compromiso creado por el
+mancebo, se desviv&iacute;a porque los viesen juntos, porque la publicidad
+remachase el clavo con que imaginaba haberle fijado para siempre. Quer&iacute;a
+ostentarlo, como Ana ostentaba su capit&aacute;n mercante; quer&iacute;a que la
+familia de Sobrado supiese lo que suced&iacute;a y rabiase, y que la de Garc&iacute;a,
+la orgullosa damisela, se enterase tambi&eacute;n de que Baltasar la dejaba por
+la Tribuna; as&iacute; como suena. Quemadas ya las naves, a Amparo le conven&iacute;a
+hacer ruido, tanto como a Baltasar guardar silencio. De esta diversa
+disposici&oacute;n de &aacute;nimo nacieron las primeras disputas, leves y cortas a&uacute;n,
+de los dos amantes, reyertas que al principio sirvieron de diversi&oacute;n a
+Baltasar, porque, a veces, hasta la contrariedad distrae. Al menos,
+mientras duraban, no ven&iacute;a el importuno bostezo a descoyuntar las
+mand&iacute;bulas. Peor ser&iacute;a hablar de pol&iacute;tica, conversaci&oacute;n que Baltasar
+hab&iacute;a prohibido y a la cual la Tribuna se manifestaba m&aacute;s aficionada de
+alg&uacute;n tiempo a esta parte.</p>
+
+<p>No era del todo sistem&aacute;tica la conducta de Amparo al buscar publicidad
+en sus amor&iacute;os; su car&aacute;cter la impulsaba a ello. Superficial y
+vehemente, gust&aacute;banle las apariencias y exterioridades; la lisonjeaba
+andar en lenguas y ser envidiada, nunca compadecida. El d&iacute;a que dio sus
+pendientes de oro para la Rita, no le quedaba en casa un ochavo, y por
+pueril orgullo dijo a todas que ten&iacute;a dinero, amenguando as&iacute; el valor de
+su noble rasgo. Ahora, durante sus relaciones con Baltasar, trabajaba
+m&aacute;s que nunca y se vest&iacute;a lo mejor posible, para hacer creer que el
+se&ntilde;orito de Sobrado era con ella dadivoso. Se regocijaba interiormente
+de que la sostuviesen sus &aacute;giles dedos, mientras el barrio le envidiaba
+larguezas que no recib&iacute;a: es m&aacute;s, que rechazar&iacute;a con desd&eacute;n si se las
+ofrecieran. Su vanidad era doble: quer&iacute;a que el p&uacute;blico tuviese a
+Baltasar por liberal, y que Baltasar no la tuviese a ella por
+mercenaria. Y Baltasar, si pagaba la gaseosa, los pastelillos, alguna
+vez las entradas del teatro, en lo dem&aacute;s se mostraba digno heredero y
+sucesor de do&ntilde;a Dolores Andeza de Sobrado. Nunca pens&oacute; o nunca quiso
+pensar (que hasta a esto del pensar sobre una cosa suele determinarse la
+voluntad libremente) en lo que comer&iacute;a aquella buena moza, si ser&iacute;a
+caldo o borona, si beber&iacute;a agua clara, y c&oacute;mo se las compondr&iacute;a para
+present&aacute;rsele siempre con enagua almidonada y crujiente, bata de percal
+saltando de limpia, botitas finas de rusel, pa&ntilde;uelo nuevo de seda. El
+cigarro era arom&aacute;tico y selecto: &iquest;qu&eacute; le importaba al fumador el modo de
+elaborarlo?</p>
+
+<p>Entre tanto, Amparo disfrutaba viendo la rabia de sus rivales en la
+F&aacute;brica, la sonrisilla de Ana, las indirectas, los codazos, la atm&oacute;sfera
+de curiosidad que se condensaba en torno de su persona, llegando a tanto
+su desvanecimiento, que se hac&iacute;a a s&iacute; propia regalos misteriosos para
+que creyese la gente que proced&iacute;an de Sobrado; se prend&iacute;a en el pecho
+ramilletes de flores, y hasta lleg&oacute; a adquirir una sortija de plata con
+un coraz&oacute;n de esmalte azul, por el retegustazo de que pensasen ser
+fineza de Baltasar. Cuando le preguntaban si era cierto que se casaba
+con un se&ntilde;orito, sonre&iacute;a, se hac&iacute;a la enojada como de chanza, y fing&iacute;a
+mirar disimuladamente la sortija.... &iexcl;Casarse! &iquest;Y por qu&eacute; no? &iquest;No &eacute;ramos
+todos iguales desde la revoluci&oacute;n ac&aacute;? &iquest;No era soberano el pueblo? Y las
+ideas igualitarias volv&iacute;an en tropel a dominarla y a lisonjear sus
+deseos. Pues si se hab&iacute;a hecho la revoluci&oacute;n y la Uni&oacute;n del Norte, y
+todo, ser&iacute;a para que tuvi&eacute;semos igualdad, que si no, bien pudieron las
+cosas quedarse como estaban.... Lo malo era que nos mandase ese rey
+italiano, ese Macarronini, que daba al traste con la libertad.... Pero
+iba a caer, y ya no cab&iacute;a duda, llegaba la rep&uacute;blica.</p>
+
+<p>Con estos pensamientos entreten&iacute;a las horas de trabajo en la F&aacute;brica. A
+cada pitillo que enrollaba, al suave crujido del papel, una c&aacute;ndida
+esperanza surg&iacute;a en su coraz&oacute;n. Cuando ella fuese se&ntilde;ora, no hab&iacute;a de
+portarse como otras altaneras, que estuvieron all&iacute; liando cigarros lo
+mismo que ella, y ahora, porque arrastraban seda, miraban por cima del
+hombro a sus amigas de ayer. &iexcl;Quia! Ella las saludar&iacute;a en la calle,
+cuando las viese, con afabilidad suma. Por lo que hace a recibirlas de
+visita... eso, seg&uacute;n y conforme dispusiese su marido; pero, &iquest;qu&eacute; trabajo
+cuesta un saludo? A Ana le hab&iacute;a de ense&ntilde;ar su casa. &iexcl;Su casa! &iexcl;Una casa
+como la de Sobrado, con siller&iacute;a de damasco carmes&iacute;, consola de caoba,
+espejo de marco dorado, piano, reloj de sobremesa y tantas buj&iacute;as
+encendidas! Y Amparo, cerrando los ojos, cre&iacute;a sentir en el rostro el
+fr&iacute;o cierzo de la noche de Reyes.... Cuando entraba descalza en el
+portal de Sobrado a cantar villancicos, &iquest;pens&oacute; que se enamorase nunca de
+ella Baltasar? Pues as&iacute; como hab&iacute;a sucedido esto, <i>lo otro</i>....</p>
+
+<p>No obstante, dentro de la F&aacute;brica misma hubo esc&eacute;pticas que auguraron
+mal de los enredos en que se met&iacute;a Amparo. &iexcl;Casarse, casarse! Pronto se
+dice; pero del dicho al hecho.... &iquest;Regalos? &iexcl;Vaya unos regalos para un
+hijo de Sobrado! &iexcl;Sortijas de plata, ramos de a dos cuartos! &iexcl;Bah, bah!
+Ya se sab&iacute;a en lo que paraban ciertas cosas. Aunque sordos, estos
+rumores no fueron tan disimulados que no llegasen a la interesada, y
+unidos a otras peque&ntilde;eces que ella observaba tambi&eacute;n, empezaron a
+clavarle en el alma el dardo de los m&aacute;s crueles recelos. Baltasar
+enfriaba a ojos vistas: a cada paso mostraba m&aacute;s cautela, adoptaba
+mayores precauciones, descubr&iacute;a m&aacute;s su car&aacute;cter previsor y el inter&eacute;s de
+esconder su trato con la muchacha como se oculta una enfermedad
+humillante. Mostr&aacute;base a&uacute;n tierno y apasionado en las entrevistas; pero
+se negaba obstinadamente a acompa&ntilde;ar a Amparo dos pasos m&aacute;s all&aacute; de la
+puerta.</p>
+
+<p>Todo lo referido, not&oacute; desde su cama la paral&iacute;tica, y hall&aacute;base
+sumamente inquieta y quejosa, por varias razones, entre otras, porque
+desde que Amparo gastaba cuanto ganaba en botas nuevas y enaguas
+bordadas, ella se ve&iacute;a privada de algunas comodidades y golosinas que no
+le escatimaban antes. Malo era que su hija se perdiese y malo tambi&eacute;n
+que, tratando con se&ntilde;ores, en vez de traer dinero a casa, se empe&ntilde;ase, y
+tuviese que pasarse las noches haciendo pitillos de encargo para poder
+comer. &iexcl;Y mucho de flores! &iexcl;Y mucho de chambras con puntillas! &iexcl;Qu&eacute;
+necesidad!</p>
+
+<p>Confidente de estas lamentaciones era Chinto, que sol&iacute;a venir a pasarse
+con la tullida largas horas al salir del trabajo, desde que supo cu&aacute;n
+propicia se mostrara un tiempo a su pretensi&oacute;n matrimonial. A&uacute;n volv&iacute;a
+la vieja a la carga de tiempo en tiempo, y hablaba de Chinto a su hija;
+&eacute;l no ser&iacute;a fino ni buen mozo, pero era un burro de carga, un lobo para
+el trabajo y un infeliz. Autorizada, sin duda, por tan buenas
+intenciones, la paral&iacute;tica dispon&iacute;a de Chinto cual de un yerno. Una vez,
+cuando empez&oacute; a escasear el dinero, rogole &laquo;que fuese por seis cuartos
+de az&uacute;car para la cascarilla a la tienda de la esquina, que ya le
+pagar&iacute;a&raquo;. El mozo sali&oacute; y volvi&oacute; con un cucurucho de papel de estraza
+henchido de az&uacute;car moreno; del pago no se habl&oacute; m&aacute;s. Otro d&iacute;a se encarg&oacute;
+de tomar un d&eacute;cimo para el pr&oacute;ximo sorteo; la vieja, por tranquilizar su
+conciencia de empedernida jugadora, le dijo que si &laquo;le ca&iacute;a&raquo; partir&iacute;an
+como buenos amigos. Poco a poco, y ayudando a ello lo muy distra&iacute;da que
+Amparo andaba, volvi&oacute; Chinto a amarrarse al antiguo yugo, a obedecer
+ciegamente a la desp&oacute;tica voz de la tullida; h&iacute;zole los recados, le
+arregl&oacute; el cuarto, le trajo remedios, le dio unturas. Y no quiere decir
+esto que la pobre mujer se propusiese deliberadamente explotar al mozo,
+sino que, a su edad y en su estado, ciertos cuidados y mimos son tan
+necesarios como el aire respirable.</p>
+
+<p>Curioso espect&aacute;culo en verdad el que ofrec&iacute;a Chinto, descolorido, flaco,
+casi harapiento, cuidando de aquella mujer que no era su madre, que
+siempre le hab&iacute;a tratado con dureza; y mientras &eacute;l mondaba las patatas
+para el caldo del d&iacute;a siguiente, o mull&iacute;a el jerg&oacute;n de la impedida,
+Amparo regresaba, a la plateada luz de la luna de verano, que prolongaba
+sobre la carretera de la Olmeda la sombra de los majestuosos &aacute;rboles, de
+alguna cita en lugares escondidos, en los solitarios huertos, o en el
+desierto camino del cerro de Aguasanta.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XXXIII" id="XXXIII"></a><a href="#capitulos">-XXXIII-</a></h2>
+
+<h3>Las hojas caen</h3>
+
+
+<p>Aconteci&oacute; que, cuando ya se aproximaba el oto&ntilde;o, la paral&iacute;tica llam&oacute; a
+Amparo a la cabecera de su lecho, con tono y ademanes desusados,
+murmurando sordamente:</p>
+
+<p>&mdash;Ac&eacute;rcate aqu&iacute;, anda.</p>
+
+<p>Amparo se acerc&oacute; con la cabeza baja. La madre extendi&oacute; la mano, le cogi&oacute;
+violentamente la barbilla para que alzase el rostro, y con voz aguda y
+terrible grit&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y ahora?</p>
+
+<p>Call&oacute; la hija. Const&aacute;bale que la persona que la interrogaba as&iacute; hab&iacute;a
+vivido largos a&ntilde;os orgullosa de su matrimonio leg&iacute;timo, de su honestidad
+plebeya, de su marido trabajador, de que en la F&aacute;brica los citasen a
+entrambos por modelo de familia unida, de que en cierta ocasi&oacute;n el jefe
+hubiese proferido palabras honrosas para ella, llam&aacute;ndole mujer &laquo;formal
+y de bien&raquo;. S&iacute;, Amparo lo sab&iacute;a, y por eso callaba. Repetidas veces la
+paral&iacute;tica le diera consejos, haciendo funestos vaticinios, que se
+cumpl&iacute;an al fin. Incorporada a medias sobre la cama, concentrando en los
+ojos la vida furiosa de su cuerpo, repiti&oacute; la madre, con desprecio y con
+ira:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y ahora?</p>
+
+<p>Amparo permaneci&oacute; p&aacute;lida e inm&oacute;vil. La tullida sinti&oacute; un hormigueo en la
+palma de la mano, y la estamp&oacute; ruidosamente en la mejilla de su hija,
+que se tambale&oacute;, retrocedi&oacute; escondiendo el rostro, y se fue a sentar en
+la silla m&aacute;s pr&oacute;xima.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Sinverg&uuml;enza, ra&iacute;da, eso de m&iacute; no lo aprendistes!&mdash;vocifer&oacute; la
+enferma, algo desahogada ya despu&eacute;s del bofet&oacute;n. No respondi&oacute; nada la
+oradora, que diera entonces de buen grado su popularidad, y hasta el
+advenimiento de la ideal rep&uacute;blica, por hallarse siete estados debajo de
+tierra. No obstante, se sorbi&oacute; estoicamente las l&aacute;grimas abrasadoras que
+asomaban a sus ojos, y, abatida, reconociendo y acatando la autoridad
+maternal, balbuci&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Me ha dado palabra de casamiento.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Y te lo cre&iacute;ste!</p>
+
+<p>&mdash;No s&eacute; por qu&eacute; no...&mdash;exclam&oacute; la muchacha con acento m&aacute;s firme ya&mdash;. Yo
+soy como otras, tan buena como la que m&aacute;s... hoy en d&iacute;a no estamos en
+tiempos de ser los hombres desiguales... hoy todos somos unos, se&ntilde;ora...
+se acabaron esas tiran&iacute;as.</p>
+
+<p>Mene&oacute; la cabeza la paral&iacute;tica, con la tenaz desconfianza de los viejos
+indigentes que nunca vieron llover del cielo torreznos asados.</p>
+
+<p>&mdash;El pobre, pobre es&mdash;pronunci&oacute; melanc&oacute;licamente...&mdash;. T&uacute; te quedar&aacute;s
+pobre, y el se&ntilde;orito se ir&aacute; riendo...&mdash;Y a esta idea, sintiendo renacer
+su furor chill&oacute;&mdash;: S&aacute;cateme de delante, indina, que te mato: si te
+dieron palabras, que te las cumplan.</p>
+
+<p>Amparo se agach&oacute;, y sali&oacute; temblando. A solas, recobr&oacute; energ&iacute;a, y calcul&oacute;
+que tal vez hac&iacute;a mal en desesperarse; acaso su mala ventura ser&iacute;a un
+lazo m&aacute;s que acabase de unir a Baltasar con ella para siempre. S&iacute;, no
+pod&iacute;a suceder de otro modo, a menos que tuviese entra&ntilde;as de tigre.</p>
+
+<p>Esper&oacute; con af&aacute;n el domingo, d&iacute;a de cita en el merendero de la gaseosa.
+Madrug&oacute;, lleg&oacute; mucho antes que Baltasar. El oto&ntilde;o iba despojando a la
+parra de su pomposo follaje recortado, y los nudosos sarmientos parec&iacute;an
+brazos de esqueleto mal envueltos en los jirones de p&uacute;rpura de las pocas
+hojas restantes. Alg&uacute;n racimo negreaba en lo alto. En unas tinas viejas
+arrimadas al banco de piedra, hab&iacute;a botellas vac&iacute;as que semejaban
+embarcaciones n&aacute;ufragas varadas en un arenal. Amparo sent&iacute;a mucho fr&iacute;o
+cuando Baltasar lleg&oacute;.</p>
+
+<p>Sentose este al lado de la muchacha, que le present&oacute; un paquete de sus
+cigarrillos predilectos, emboquillados, bastante largos, liados con gran
+esmero. Baltasar tom&oacute; uno y lo encendi&oacute;, chup&aacute;ndolo nerviosamente con
+r&aacute;pidas aspiraciones. Toda mujer prendada de un hombre llega a conocer
+por sus movimientos m&aacute;s leves, por los actos que distra&iacute;da y casi
+mec&aacute;nicamente ejecuta, el talante de que est&aacute;. Amparo sab&iacute;a que cuando
+Baltasar fumaba as&iacute;, no se distingu&iacute;a por lo jocoso y afable. Como la
+luz del sol no hallaba obst&aacute;culos para filtrarse al trav&eacute;s de la
+deshojada parra, el rostro del mancebo, ba&ntilde;ado de claridad, parec&iacute;a duro
+y anguloso; su bigote, blondo a la sombra, ten&iacute;a ahora un dorado
+met&aacute;lico; sus ojos zarcos miraban con glacial limpidez. La pobre
+Tribuna, tan intr&eacute;pida cuando peroraba, se hall&oacute; del todo cortada y
+recelosa, y crey&oacute; sentir que le anudaban la garganta con un dogal.
+Esper&oacute; en vano una expansi&oacute;n, una caricia dulce y apasionada, que no
+vino. Baltasar se callaba cosas muy buenas, y segu&iacute;a taciturno. De
+cuando en cuando el soplo de las r&aacute;fagas oto&ntilde;ales desprend&iacute;a una de las
+postreras hojas de vid, que ca&iacute;a arrugada y amarillenta sobre la mesa de
+granito, entre los dos amantes, produciendo un ruidito seco. &iexcl;Pin! En
+los o&iacute;dos de Baltasar resonaba la voz de do&ntilde;a Dolores, exclamando:
+&laquo;&iquest;Chico, no sabes que las de Garc&iacute;a... &iexcl;p&aacute;smate!, ganan el pleito en el
+Supremo? Lo s&eacute; de fijo por el mismo abogado de aqu&iacute;&raquo;. &iexcl;Pin, pin! Y
+Amparo, a su vez, escuchaba frases col&eacute;ricas: &laquo;Si te dieron palabras,
+que te las cumplan&raquo;. &iexcl;Pinnn!... Una hoja purp&uacute;rea descend&iacute;a con
+lentitud.... &laquo;Baltasarito, hijo, van a cogerse ciento y no s&eacute; cu&aacute;ntos
+miles de duros, si ganan&raquo;.</p>
+
+<p>Al fin, Baltasar fue el primero que rompi&oacute; el silencio.... Habl&oacute; del
+trabajo que le costaba venir, de lo necesario que era el recato, de que
+tendr&iacute;an que verse menos.... Dec&iacute;a todo esto con acento duro, como si
+Amparo fuese culpable respecto de &eacute;l en algo. La cigarrera le escuchaba
+muda, con los labios blancos, mirando fijamente al rostro de Baltasar,
+que ten&iacute;a la expresi&oacute;n distra&iacute;da del mal pagador que no quiere recordar
+su deuda. Y era lo peor del caso que, por m&aacute;s que la Tribuna quer&iacute;a
+echar mano de su oratoria, que le hubiera venido de perlas a la saz&oacute;n,
+no encontraba frases con que empezar a tratar del asunto m&aacute;s importante.
+Al fin, como viese con asombro levantarse a Baltasar diciendo que le
+esperaba el coronel para asuntos del servicio, ella tambi&eacute;n se alz&oacute;
+resuelta, y le dio la noticia clara y brutalmente, sin ambages ni
+rodeos, sintiendo hervir dentro del pecho una c&oacute;lera que centuplicaba su
+natural valor.</p>
+
+<p>Un rel&aacute;mpago de sorpresa cruz&oacute; por las pupilas trasparentes y yertas de
+Sobrado; mas al punto se pleg&oacute; su delgada boca, y dir&iacute;ase que le hab&iacute;an
+cerrado el semblante con llave doble y sell&aacute;dolo con siete sellos. Era
+otro Baltasar distinto del mancebo gracioso, halag&uuml;e&ntilde;o y felino de las
+horas veraniegas. Amparo not&oacute; que representaba diez a&ntilde;os m&aacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;Ahora&mdash;dijo, plant&aacute;ndose delante de &eacute;l&mdash;es justo que me cumplas la
+palabra.</p>
+
+<p>&mdash;Ahora...&mdash;repiti&oacute; &eacute;l con voz lenta&mdash;. La palabra....</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;De casarte conmigo! Me parece que me sobra derecho para pedir....</p>
+
+<p>&mdash;Mujer...&mdash;contest&oacute; Baltasar reposadamente, sacudiendo la ceniza del
+pitillo&mdash;, no todas las cosas salen a medida del deseo. Las
+circunstancias le obligan a uno a mil transacciones, que.... Yo
+quisiera, lo mismo que t&uacute;, que fuese ma&ntilde;ana, pero ponte en mi caso....
+Mi madre... mi padre... mi familia....</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Tu familia, tu familia! &iquest;Pues no dijiste que ella era una cosa y t&uacute;
+otra? &iquest;Le echo yo alguna mancha a tu familia, por si acaso? &iquest;Soy hija de
+alg&uacute;n ajusticiado, o de alg&uacute;n capit&aacute;n de gavilla? &iquest;No estamos en tiempos
+de iguald&aacute;? &iquest;No es mi madre tan honrada como la tuya, repelo?</p>
+
+<p>&mdash;No es eso... yo no te digo que....</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pues qu&eacute; dices entonces, que te quedas ah&iacute; callado? &iquest;Tienes algo que
+echarme en cara? &iquest;No me gano yo la vida trabajando honradamente, sin
+ped&iacute;rtelo a ti ni a nadie? &iquest;Te he pedido algo, te he pedido algo? &iquest;Ando
+yo con otros?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qui&eacute;n te dice semejante cosa? Pero sucede que hoy por hoy lo que t&uacute;
+deseas, es decir, lo que deseamos, es imposible.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Imposible!</p>
+
+<p>&mdash;Por alg&uacute;n tiempo no m&aacute;s.... No me hallo todav&iacute;a en situaci&oacute;n de
+prescindir de mi familia... cuando alcance una graduaci&oacute;n superior y
+pueda vivir con el sueldo....</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No eres ya capit&aacute;n?</p>
+
+<p>&mdash;Graduado, pero la efectividad.... En fin, te lo repito, hazte cargo;
+en las circunstancias por que atravieso no cabe una determinaci&oacute;n
+semejante. Ser&iacute;a menester estar loco. Y digo m&aacute;s, cr&eacute;eme, hija; tenemos
+que ser muy prudentes para no comprometernos.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;No comprometernos!&mdash;gimi&oacute; con amargura la muchacha&mdash;. &iexcl;No
+comprometernos! &iquest;Pero t&uacute; te has figurado&mdash;pronunci&oacute;, reponi&eacute;ndose y
+recobrando su impetuoso car&aacute;cter&mdash;que yo soy tonta? &iquest;Piensas que me
+puedes meter el dedo en la boca? &iquest;Qu&eacute; compromiso ni qu&eacute;... repelo, te
+viene a ti de todo esto? &iexcl;La comprometida, la enga&ntilde;ada y la perdida soy
+yo!</p>
+
+<p>Y dejose caer en el banco de piedras, y apoyando la frente en la fr&iacute;a
+mesa de granito, rompi&oacute; en convulsivos sollozos.</p>
+
+<p>&mdash;No grites, hija&mdash;murmur&oacute; Baltasar, aproxim&aacute;ndose&mdash;. No llores... que
+pueden o&iacute;rte y es un esc&aacute;ndalo. Amparo, mujer, vamos, no hay motivo para
+esos gritos.</p>
+
+<p>La crisis fue corta. Levantose la oradora con los ojos encendidos, pero
+sin que una l&aacute;grima escaldase su mejilla morena. Indignada, mir&oacute; a
+Baltasar y lo encontr&oacute; sereno, inconmovible, con su fina y sonrosada tez
+y sus ojos garzos y trasparentes, en los cuales se reflejaba la luz del
+cielo sin comunicarles calor. &Eacute;l quiso hacer dos o tres zalamer&iacute;as a la
+muchacha para conjurar la tormenta; pero su adem&aacute;n era violento, sus
+movimientos autom&aacute;ticos. Amparo lo rechaz&oacute;, y se coloc&oacute; por segunda vez
+delante de &eacute;l en actitud agresiva.</p>
+
+<p>&mdash;Habla claro... &iquest;nos casamos o no?</p>
+
+<p>&mdash;Ahora no puede ser, ya te lo he dicho&mdash;contest&oacute; &eacute;l sin perder su
+continente flem&aacute;tico.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y cu&aacute;ndo?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; s&eacute; yo! El tiempo, el tiempo dir&aacute;. Pero has de tener calma,
+hija... un poco de calma.</p>
+
+<p>&mdash;Pues abur, hasta que me pagues lo que me debes&mdash;exclam&oacute; ella en voz
+vibrante, sin cuidarse de que la oyesen desde la casa o desde el camino
+los transe&uacute;ntes&mdash;. Yo no soy m&aacute;s tu juguete, para que lo sepas: no me da
+la gana de andarme escondiendo, de ir con estas noches de fr&iacute;o a
+Aguasanta y a mil sitios as&iacute; por darte gusto.</p>
+
+<p>Avanz&oacute; tres pasos m&aacute;s, y poniendo la mano en el hombro del oficial:</p>
+
+<p>&mdash;El d&iacute;a menos pensado...&mdash;pronunci&oacute;&mdash;, cuando te vea en <i>las Filas</i> o
+en la calle Mayor... me cojo de tu brazo delante de las se&ntilde;oritas,
+&iquest;oyes?, y canto all&iacute; mismo, all&iacute;... todo lo que pasa. Y cuando venga la
+nuestra... o te hacemos pedazos, o cumples con Dios y conmigo.
+&iquest;Entiendes, falsario?</p>
+
+<p>Y en voz queda, con acento de religioso terror:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;T&uacute; no tienes miedo a condenarte? Pues si mueres as&iacute;... m&aacute;s fijo que
+la luz, te condenas. Y si viene la federal... que Dios la traiga y la
+Virgen Sant&iacute;sima... te mato, &iquest;oyes?, para que vayas m&aacute;s pronto al
+infierno.</p>
+
+<p>Diciendo as&iacute;, diole un empuj&oacute;n, y le volvi&oacute; la espalda, saliendo con
+paso r&aacute;pido, la frente alta, la mirada llameante, a pesar del peregrino
+desfallecimiento, de la desusada conmoci&oacute;n interior que le avisaba de
+que ahorrase tales escenas. Al salir la Tribuna, una r&aacute;faga m&aacute;s fuerte
+desparram&oacute; por la mesa muchas hojas de vid, que danzaron un instante
+sobre la superficie de granito, y cayeron al h&uacute;medo suelo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Lo har&aacute;?&mdash;medit&oacute; Baltasar a sus solas&mdash;. &iquest;Me vendr&aacute; a marear en
+p&uacute;blico? Tengo para m&iacute; que no.... Estos genios vivos y prontos son del
+primer momento: pasado ese, se quedan como malvas. Quia... no lo hace.
+Sin embargo, me convendr&iacute;a salir de Marineda una temporada....</p>
+
+<p>Al pensar esto, miraba maquinalmente a las hojas secas, que valsaban con
+l&aacute;nguido y desmayado ritmo.</p>
+
+<p>&mdash;Pero &iquest;y Josefina? Si las noticias de mam&aacute; son ciertas, no va a ser
+posible abandonar una proporci&oacute;n que tal vez no vuelva a encontrar en mi
+vida. &iexcl;Qu&eacute; mil diablos! Y esa chica era guapa.... &iexcl;Lo que es guapa! &iexcl;Qu&eacute;
+tonter&iacute;as! &iquest;Por qu&eacute; se buscar&aacute; uno estos conflictos? &iexcl;Yo que tengo
+juicio para diez!</p>
+
+<p>Impaciente, tir&oacute; el cigarro que estaba concluyendo. Un &aacute;tomo de fuego
+brill&oacute; entre las hojas, que crujieron encogi&eacute;ndose, y a poco la colilla
+se apag&oacute;.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XXXIV" id="XXXIV"></a><a href="#capitulos">-XXXIV-</a></h2>
+
+<h3>Segunda haza&ntilde;a de la Tribuna</h3>
+
+
+<p>Fr&iacute;o es el invierno que llega; pero las noticias de Madrid vienen
+calentitas, abrasando. La cosa est&aacute; abocada, el italiano va a abdicar
+porque ya no es posible que resista m&aacute;s la atm&oacute;sfera de hostilidad, de
+inquina, que le rodea. &Eacute;l mismo se declara aburrido y harto de tanto
+contratiempo, de la groser&iacute;a de sus &aacute;ulicos, de la guerra carlista, del
+vocer&iacute;o cantonal, del universal desbarajuste. No hay remedio, las
+distancias se estrechan, el horizonte se ti&ntilde;e de rojo, la federal
+avanza.</p>
+
+<p>La F&aacute;brica ha recobrado su Tribuna. Es verdad que esta vuelve herida y
+maltrecha de su primer salida en busca de aventuras; mas no por eso se
+ha desprestigiado. Sin embargo, los momentos en que empez&oacute; a conocerse
+su desdicha fueron para Amparo de una verg&uuml;enza quemante. Sus pocos
+a&ntilde;os, su falta de experiencia, su vanidad fogosa, contribuyeron a hacer
+la prueba m&aacute;s terrible. Pero en tan cr&iacute;tica ocasi&oacute;n no se desminti&oacute; la
+solidaridad de la F&aacute;brica. Si alguna envidia excitaba anta&ntilde;o la
+hermosura, garbo y labia irresta&ntilde;able de la chica, ahora se volvi&oacute;
+l&aacute;stima, y las imprecaciones fueron contra el eterno enemigo, el hombre.
+&iexcl;Estos malditos de Dios, recondenados, que s&oacute;lo est&aacute;n para echar a
+perder a las muchachas buenas! &iexcl;Estos se&ntilde;ores, que se divierten en hacer
+da&ntilde;o! &iexcl;Ay, si alguien se portase as&iacute; con sus hermanas, con sus hijitas,
+qui&eacute;n los oir&iacute;a y qui&eacute;n los ver&iacute;a ech&aacute;rsele como perros! &iquest;Por qu&eacute; no se
+establec&iacute;a una ley para eso, caramba? &iexcl;Si al que debe una peseta se la
+hacen pagar m&aacute;s que de prisa, me parece a m&iacute; que estas deudas a&uacute;n son
+m&aacute;s importantes, demontre! &iexcl;S&oacute;lo que ya se ve: la justicia la hay de dos
+maneras: una a rajatabla para los pobres, y otra de manga ancha, muy
+complaciente, para los ricos!</p>
+
+<p>Algunas cigarreras optimistas se atrevieron a indicar que acaso Sobrado
+se casar&iacute;a, o por lo menos reconocer&iacute;a lo que viniese.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, s&iacute;... &iexcl;esperar por eso, papalanatas! &iexcl;Ahora se estar&aacute; sacudiendo
+la levita y burl&aacute;ndose bien!</p>
+
+<p>&mdash;No sabes... yo no quiero que ella lo oiga, ni lo entienda&mdash;dec&iacute;a la
+Comadreja a Guardiana&mdash;, pero ese descarado ya vuelve a andar tras de la
+de Garc&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Brib&oacute;n!&mdash;exclamaba Guardiana&mdash;. &iexcl;Y qui&eacute;n lo ve, tan juicioso como
+parece!</p>
+
+<p>&mdash;Pues conforme te lo digo.</p>
+
+<p>&mdash;Amparo tampoco debi&oacute; hacerle caso.</p>
+
+<p>&mdash;Mujer, uno es de carne, que no es de piedra.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Se te figura a ti que a cada uno le faltan ocasiones?&mdash;replic&oacute; la
+muchacha&mdash;. Pues si no hubiese m&aacute;s que.... &iexcl;Madre querida de la Guardia!
+No, Ana; la mujer se ha de defender ella. Civiles y carabineros no se
+los pone nadie. Y las chicas pobres, que no heredamos m&aacute;s mayorazgo que
+la honradez.... Hasta te digo que la culpa mayor la tiene quien se deja
+embobar.</p>
+
+<p>&mdash;Pues a m&iacute; me da l&aacute;stima ella, que es la que pierde.</p>
+
+<p>&mdash;A m&iacute; tambi&eacute;n. L&aacute;stima, s&iacute;.</p>
+
+<p>Ya todo el mundo se la daba. &iexcl;Qui&eacute;n hubiera reconocido a la brillante
+oradora del banquete del C&iacute;rculo Rojo en aquella mujer que pasaba con el
+mant&oacute;n cruzado, vestida de oscuro, ojerosa, deshecha! Sin embargo, sus
+facultades oratorias no hab&iacute;an disminuido; s&oacute;lo s&iacute; cambiado alg&uacute;n tanto
+de estilo y car&aacute;cter. Ten&iacute;an ahora sus palabras, en vez del impetuoso
+br&iacute;o de antes, un dejo amargo, una sombr&iacute;a y pat&eacute;tica elocuencia. No era
+su tono el enf&aacute;tico de la prensa, sino otro m&aacute;s sincero, que brotaba del
+coraz&oacute;n ulcerado y del alma dolorida. En sus labios, la Rep&uacute;blica
+federal no fue tan s&oacute;lo la mejor forma de gobierno, &eacute;poca ideal de
+libertad, paz y fraternidad humana, sino per&iacute;odo de vindicta, plazo
+se&ntilde;alado por la justicia del cielo, reivindicaci&oacute;n largo tiempo esperada
+por el pueblo oprimido, vejado, trasquilado como mansa oveja. Un aura
+socialista palpit&oacute; en sus palabras, que estremecieron la F&aacute;brica toda,
+m&aacute;xime cuando el desconcierto de la Hacienda dio lugar a que se
+retrasase nuevamente la paga en aquella dependencia del Estado. Entonces
+pudo hablar a su sabor la Tribuna, despacharse a su gusto. &iexcl;Ay de Dios!
+&iquest;Qu&eacute; les importaba a los se&ntilde;orones de Madrid... a los p&iacute;caros de los
+ministros, de los empleados, que ellas falleciesen de hambre? &iexcl;Los
+sueldos de ellos estar&iacute;an bien pagados, de fijo! No, no se descuidar&iacute;an
+en cobrar, y en comer, y en llenar la bolsa. &iexcl;Y si fuesen los ministros
+los &uacute;nicos a re&iacute;rse del que est&aacute; debajo! &iexcl;Pero a todos los ricos del
+mundo se les daba una higa de que cuatro mil mujeres careciesen de pan
+que llevar a la boca!</p>
+
+<p>Y al decir esto, Amparo se incorporaba, casi se pon&iacute;a de pie en la
+silla, a pesar de los en&eacute;rgicos y apremiantes &iexcl;sttt!, de la maestra, a
+pesar del inspector de labores, que no hac&iacute;a un momento estaba asomado a
+la entrada del taller, silencioso y grave.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; cuenta tan larga...&mdash;prosegu&iacute;a la oradora, anim&aacute;ndose al ver el
+m&aacute;gico y terrible efecto de sus palabras...&mdash;, qu&eacute; cuenta tan larga
+dar&aacute;n a Dios alg&uacute;n d&iacute;a esas sanguijuelas, que nos chupan la sangre toda!
+Digo yo, y quiero que me digan, por qu&eacute; nadie me contesta a esto, ni
+puede contestarme: &iquest;hizo Dios dos castas de hombres, por si acaso, una
+de pobres y otra de ricos?, &iquest;hizo a unos para que se paseasen,
+durmiesen, anduviesen majos, y hartos, y contentos, y a otros para sudar
+siempre y arrimar el hombro a todas las labores, y morir como perros sin
+que nadie se acuerde de que vinieron al mundo? &iquest;Qu&eacute; justicia es esta,
+retepelo? Unos trabajan la tierra, otros comen el trigo; unos siembran y
+otros recogen; t&uacute;, un suponer, plantaste la vi&ntilde;a, pues yo vengo con mis
+manos lavadas y me bebo el vino....</p>
+
+<p>&mdash;Pero el que lo tiene, lo tiene&mdash;interrump&iacute;a la conservadora Comadreja.</p>
+
+<p>&mdash;Ya se sabe que el que lo tiene, lo tiene; pero ahora vamos al caso de
+que es preciso que a todos les llegue su d&iacute;a, y que cuantos nacemos
+iguales gocemos de lo mismo, &iexcl;tan siquiera un par de horas! &iexcl;Siempre
+unos holgando y otros reventando! Pues no ha de durar hasta la fin de
+los siglos, que alguna vez se ha de volver la tortilla.</p>
+
+<p>&mdash;El que est&aacute; debajo, mujer, debajito se queda.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Conversaci&oacute;n! Mira t&uacute;, en Par&iacute;s de Francia, el cuento ese de la
+<i>Comun</i>... &iexcl;Anda si pusieron lo de arriba para abajo! &iexcl;Anda si se
+sacudieron! No qued&oacute; cosa con cosa... as&iacute;, as&iacute; debemos de hacer aqu&iacute;, si
+no nos pagan.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y all&aacute;, qu&eacute; hicieron?</p>
+
+<p>Amparo baj&oacute; la voz.</p>
+
+<p>&mdash;Prender fuego... a todos los edificios p&uacute;blicos....</p>
+
+<p>Un murmullo de indignaci&oacute;n y horror sali&oacute; de la mayor parte de las
+bocas.</p>
+
+<p>&mdash;Y a las casas de los ricos... y....</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;As&uacute;s!, &iexcl;fuego, mujer!</p>
+
+<p>&mdash;Y afusil... y afusil... ar....</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Afusilar... a qui&eacute;n, mujer, a qui&eacute;n?</p>
+
+<p>&mdash;A... a los prisioneros, y al arzobispo, y a los cur....</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Infames!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Tigres!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Calla, calla, que parece que la sangre se me cuaj&oacute; toda!... &iquest;Y qui&eacute;n
+hizo eso? &iexcl;Pues vaya unas barbarid&aacute;s que cuentas!</p>
+
+<p>&mdash;Si yo no las cuento para decir que... que est&eacute; bien hecho eso de... de
+prender fuego y afusilar.... &iexcl;No, caramba!, &iexcl;no me entend&eacute;is, no os da
+la gana de entenderme! Lo que digo es que... hay que tener h&iacute;gados, y no
+dejarse sobar ni que le echen a uno el yugo al cuello sin defenderse....
+Lo que digo es, que cuando no le dan a uno por bien lo suyo, lo muy
+suyo, lo que tiene ganado y reganado.... Cuando no se lo dan, si uno no
+es tonto... lo pide... y si se lo niegan... lo coge.</p>
+
+<p>&mdash;Eso, clarito.</p>
+
+<p>&mdash;Tienes raz&oacute;n. Nosotras hacemos cigarros, &iquest;eh?, pues bien regular es
+que nos abonen lo nuestro.</p>
+
+<p>&mdash;No, y apuradamente no es ley de Dios esa desiguald&aacute; y esa diferiencia
+de unos zampar y ayunar otros.</p>
+
+<p>&mdash;Lo que es yo, ma&ntilde;ana, o me pagan, o no entro al trabajo.</p>
+
+<p>&mdash;Ni yo.</p>
+
+<p>&mdash;Ni yo.</p>
+
+<p>&mdash;Si todas hici&eacute;semos otro tanto... y si adem&aacute;s nos viesen bien
+determinadas a armar el gran cristo....</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ma&ntilde;ana... lo que es ma&ntilde;ana! &iquest;Hab&eacute;is de hacer lo que yo os diga?</p>
+
+<p>&mdash;Bueno.</p>
+
+<p>&mdash;Pues venir temprano... tempranito.</p>
+
+<p>A la madrugada siguiente los alrededores de la F&aacute;brica, la calle del
+Sol, la calzada que conduce al mar, se fueron llenando de mujeres que,
+m&aacute;s silenciosas de lo que suelen mostrarse las hembras reunidas, ten&iacute;an
+vuelto el rostro hacia la puerta de entrada del patio principal. Cuando
+esta se abri&oacute;, por un&aacute;nime impulso se precipitaron dentro, e invadieron
+el zagu&aacute;n en tropel, sin hacer caso de los esfuerzos del portero para
+conservar el orden; pero en vez de subir a los talleres, se estacionaron
+all&iacute;, apretadas, amenazadoras, cerrando el paso a las que, llegando
+tarde, o ajenas a la conjuraci&oacute;n, intentaban atravesar m&aacute;s all&aacute; de la
+porter&iacute;a. Sordos rumores, voces ahogadas, imprecaciones que presto
+hallaban eco, corr&iacute;an por el concurso, que se iba animando, y
+comunic&aacute;ndose ardimiento y firmeza. En primera fila, al extremo del
+zagu&aacute;n, estaba Amparo, p&aacute;lida y con los ojos encendidos, la voz ya algo
+tomada de perorar, y, sin embargo, llena de energ&iacute;a, incitando y
+conteniendo a la vez la humana marea.</p>
+
+<p>&mdash;Calma&mdash;dec&iacute;ales con hondo acento&mdash;, calma y serenid&aacute;... Tiempo habr&aacute;
+para todo: aguardar.</p>
+
+<p>Pero algunos gritos, los empellones, y dos o tres disputas que se
+promovieron entre el gent&iacute;o, iban empujando, mal de su grado, a la
+Tribuna hacia la vetusta escalera del taller, cuando en este se
+sintieron pasos que conmov&iacute;an el piso, y un inspector de labores, con la
+fisonom&iacute;a inquieta del que olfatea graves trastornos, apareci&oacute; en el
+descanso. Empezaba a preguntar, m&aacute;s bien con el adem&aacute;n que con la boca:
+&laquo;&iquest;Qu&eacute; es esto?&raquo;, a tiempo que Amparo, sacando del bolsillo un pito de
+barro, arrimolo a los labios y arranc&oacute; de &eacute;l agudo silbido. Diez o doce
+silbidos m&aacute;s, partiendo de diferentes puntos, corearon aquella romanza
+de pito, y el inspector se detuvo, sin atreverse a bajar los escalones
+que faltaban. Dos o tres viejas desvenadoras se adelantaron hacia &eacute;l,
+profiriendo chillidos temerosos, y toc&aacute;ndole casi, y se oy&oacute; un sordo
+&laquo;&iexcl;muera!&raquo;. Sin embargo, el funcionario se reh&iacute;zo, y cruz&aacute;ndose de
+brazos, se adelant&oacute;, algo mudada la color, pero resuelto.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; sucede?, &iquest;qu&eacute; significa este esc&aacute;ndalo?&mdash;pregunt&oacute; a Amparo, a
+quien hall&oacute; m&aacute;s pr&oacute;xima&mdash;. &iquest;Qu&eacute; modo es este de entrar en los talleres?</p>
+
+<p>&mdash;Es que no entramos hoy&mdash;respondi&oacute; la Tribuna. Y cien voces confirmaron
+la frase&mdash;: No se entra, no se entra.</p>
+
+<p>&mdash;No entran... &iquest;pues qu&eacute; pasa?</p>
+
+<p>&mdash;Que se hacen con nosotras iniquid&aacute;s, y no aguantamos.</p>
+
+<p>&mdash;No, no aguantamos. &iexcl;Mueran las iniquid&aacute;s! &iexcl;Viva la libert&aacute;! &iexcl;Justicia
+seca!&mdash;clamaron desde todas partes. Y dos o tres maestras, cogidas en el
+remolino, alzaban las manos desesperadamente, haciendo se&ntilde;as al
+inspector.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero qu&eacute; piden ustedes?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No oyes, hijo? Jos-ti-cia-berre&oacute; una desvenadora al o&iacute;do mismo del
+empleado.</p>
+
+<p>&mdash;Que nos paguen, que nos paguen, y que nos paguen&mdash;exclam&oacute;
+en&eacute;rgicamente Amparo, mientras el rumor de la muchedumbre se hac&iacute;a
+tempestuoso.</p>
+
+<p>&mdash;Vuelvan ustedes, por de pronto, al orden y a la compostura que....</p>
+
+<p>&mdash;No nos da la gana.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Que baile el can-can!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Muera!</p>
+
+<p>Y otra vez la sinfon&iacute;a de pitos rasg&oacute; el aire.</p>
+
+<p>&mdash;No pedimos nada que no sea nuestro&mdash;explic&oacute; Amparo con gran sosiego&mdash;.
+Es imposible que por m&aacute;s tiempo la F&aacute;brica se est&eacute; as&iacute;, sin cobrar un
+cuarto.... Nuestro dinero, y abur.</p>
+
+<p>&mdash;Voy a consultar con mis superiores&mdash;respondi&oacute; el inspector,
+retir&aacute;ndose entre vociferaciones y risotadas.</p>
+
+<p>Apenas le vieron desaparecer, se calm&oacute; la efervescencia un tanto. &laquo;Va a
+consultar&raquo; se dec&iacute;an las unas a las otras... &laquo;&iquest;nos pagar&aacute;n?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Si nos pagan&mdash;declar&oacute; la Tribuna, belicosa y resuelta como nunca&mdash;, es
+que nos tienen miedo. &iexcl;Alante! Lo que es hoy, la hacemos, y buena.</p>
+
+<p>&mdash;Debimos cogerlo y rustrirlo en aceite&mdash;gru&ntilde;&oacute; la voz oscura de la
+vieja&mdash;. &iexcl;Fretirlo como si fuera un pancho... que vea lo que es la
+necesid&aacute; y los trabajitos que uno pasa!</p>
+
+<p>&mdash;Orden y uni&oacute;n, ciudadanas...&mdash;repet&iacute;a Amparo con los brazos
+extendidos.</p>
+
+<p>Trascurridos diez minutos volvi&oacute; el inspector acompa&ntilde;ado de un
+viejecillo enjuto y seco como un pedazo de yesca, que era el mismo
+contador en persona. El jefe no juzgaba oportuno por entonces
+comprometer su dignidad present&aacute;ndose ante las amotinadas, y por medida
+de precauci&oacute;n hab&iacute;a reunido en la oficina a los empleados y consultaba
+con ellos, conviniendo en que la sublevaci&oacute;n no era tan temible en la
+Granera como lo ser&iacute;a en otras F&aacute;bricas de Espa&ntilde;a, atendido el pac&iacute;fico
+car&aacute;cter del pa&iacute;s. No quisiera &eacute;l estar ahora en Sevilla.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; recado nos trae?&mdash;gritaron al inspector las sublevadas.</p>
+
+<p>&mdash;O&iacute;ganme ustedes.</p>
+
+<p>&mdash;Cuartos, cuartos, y no tanta paroler&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;Tengo chiquillos que aguardan que les compre mollete... &iquest;oyust&eacute;?, y no
+puedo perder el tiempo.</p>
+
+<p>&mdash;Se pagar&aacute;... hoy mismo... un mes de los que se adeudan.</p>
+
+<p>Hondo murmullo atraves&oacute; por la multitud llegando a las &uacute;ltimas filas.
+&laquo;&iquest;&Eacute;l pagan, s&iacute; o no? pagan.... &iexcl;Un mes...! &iexcl;Un mes, para poca sal&uacute;... no
+consentir... todo, todo junto!&raquo;. Amparo tom&oacute; la palabra.</p>
+
+<p>&mdash;Como usted conoce, ciudadano inspector... un mes no es lo que se nos
+debe, y lo que nos corresponde, y a lo que tenemos derechos inalienables
+e individuales.... Estamos resueltas, pero resueltas de verd&aacute;, a
+conseguir que nos abonen nuestro jornal, ganado honrosamente con el
+sudor de nuestras frentes, y del que s&oacute;lo la injusticia y la opresi&oacute;n
+m&aacute;s imp&iacute;a se nos pueden incautar....</p>
+
+<p>&mdash;Todo eso es muy cierto, pero &iquest;qu&eacute; quieren ustedes que hagamos? Si la
+Direcci&oacute;n nos hubiese remitido fondos, ya estar&iacute;an satisfechos los dos
+meses.... Por de pronto se les ofrece a ustedes uno, y se les advierte
+que despejen el local en buen orden y sin ocasionar disturbios.... De lo
+contrario, la guardia va a proceder al despejo....</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;La guardia!, &iexcl;que nos la echen!, &iexcl;que venga! &iexcl;Ac&aacute; la guardia!</p>
+
+<p>Cuatro soldados al mando de un cabo, total cinco hombres, bregaban ya en
+la puerta de entrada con las m&aacute;s reacias y temibles. No ten&iacute;an, dijeron
+ellos despu&eacute;s, coraz&oacute;n para hacer uso de sus armas; aparte de que no se
+les hab&iacute;a mandado tampoco semejante cosa. Limit&aacute;banse a coger del brazo
+a las mujeres y a irlas sacando al patio: era una lucha parcial, en que
+hab&iacute;a de todo: chillidos, pellizcos, risas, palabras indecorosas,
+amenazas sordas y feroces.</p>
+
+<p>Pero sucedi&oacute; que un soldado, al cual una cigarrera clav&oacute; las u&ntilde;as en la
+nuca, ech&oacute; a correr, trajo de la garita el fusil y apunt&oacute; al grupo: al
+instante mismo un p&aacute;nico indecible se apoder&oacute; de las m&aacute;s cercanas, y se
+oyeron gritos convulsivos, imprecaciones, s&uacute;plicas desgarradoras, ayes
+de dolor que part&iacute;an el alma, y las mujeres, en revuelto tropel, se
+precipitaron fuera del zagu&aacute;n, y corrieron buscando la salida del patio,
+empuj&aacute;ndose, cayendo, pisote&aacute;ndose en su ciego terror, arracimadas como
+locas en la puerta, impidi&eacute;ndose mutuamente salir, y chillando lo mismo
+que si todas las ametralladoras del mundo es tuviesen apuntadas y
+prontas a disparar contra ellas.</p>
+
+<p>Quedose en medio del zagu&aacute;n la insigne Tribuna, sola, rezagada, vencida,
+llena de c&oacute;lera ante tan vergonzosa dispersi&oacute;n de sus ej&eacute;rcitos. Para
+mostrar que ella no tem&iacute;a ni se fugaba, fue saliendo a pasos lentos y
+lleg&oacute; al patio en ocasi&oacute;n que la guardia, aprovech&aacute;ndose de la ventaja
+f&aacute;cilmente adquirida, expulsaba a las &uacute;ltimas revolucionarias, sin
+mostrar gran enojo. Por galanter&iacute;a, el soldado del fusil administr&oacute; a
+Amparo un blando culatazo, dici&eacute;ndole &laquo;Ea... afuera...&raquo;. La Tribuna se
+volvi&oacute;, mirole con regia dignidad ofendida, y sacando el pito, silb&oacute; al
+soldado. Despu&eacute;s cruz&oacute; la puerta que se le cerr&oacute; en las mismas espaldas
+con gran estr&eacute;pito de gonces y cerrojos.</p>
+
+<p>Al verse fuera ya, mir&oacute; asombrada en torno suyo y hall&oacute; que una gran
+multitud rodeaba el edificio por todos lados. No s&oacute;lo las que estaban
+dentro, sino otras muchas que hab&iacute;an ido llegando, formaban un cord&oacute;n
+amenazador en torno de los viejos muros de la Granera. La Tribuna,
+viendo y oyendo que sus dispersas huestes se rehac&iacute;an, comenz&oacute; a
+animarlas y a exhortarlas, a fin de que no sufriesen otra vez tan
+humillante derrota. Ya las que hab&iacute;an sido arrojadas por los soldados,
+al contacto de la resuelta muchedumbre, recobraron los &aacute;nimos deca&iacute;dos,
+y ense&ntilde;aban el pu&ntilde;o a la muralla profiriendo invectivas.</p>
+
+<p>Hicieron ruidosa ovaci&oacute;n a su capitana que empez&oacute; a recorrer las filas
+calentando a las que a&uacute;n ten&iacute;an recelo o no estaban dispuestas a gritar.
+Y eligiendo dos o tres de las m&aacute;s animosas, mandoles que arrancasen una
+de las desiguales y vacilantes piedras de la calzada, que se mov&iacute;an como
+dientes de viejo en sus alveolos, y, alz&aacute;ndola lo mejor posible, la
+condujesen ante la puerta que les acababan de cerrar en sus mismas
+narices. Brot&oacute; de entre los espectadores un clamoreo al ver ejecutar
+esta operaci&oacute;n con tino y rapidez y o&iacute;r retemblar las hojas de la puerta
+cuando la l&aacute;pida cay&oacute; contra el quicio.</p>
+
+<p>&mdash;Hacen barricadas&mdash;exclam&oacute; una cigarrera que recordaba los tiempos de
+la Milicia Nacional.</p>
+
+<p>&mdash;Borricadas, borricadas&mdash;exclamaba una maestra&mdash;, nos van a dar por
+cara todo este barullo.</p>
+
+<p>El prop&oacute;sito de las desempedradoras no era ciertamente hacer barricadas,
+sino otra cosa m&aacute;s sencilla: o bien echar abajo la puerta a puros
+cantazos, o bien elevar delante un mont&oacute;n de piedras por el cual se
+pudiese practicar el escalamiento. En su imprevisi&oacute;n estrat&eacute;gica
+olvidaban que del otro lado, al extremo del callej&oacute;n del Sol, exist&iacute;a un
+portillo, un lado d&eacute;bil, sobre el cual deber&iacute;a cargar el empuje del
+ataque. No estaba la generala en jefe para tales c&aacute;lculos: cegada por la
+rabia, Amparo no pensaba sino en atravesar otra vez la misma puerta por
+donde la hab&iacute;an expulsado&mdash;&iexcl;oh rubor!&mdash;cuatro soldados y un cabo. As&iacute; es
+que arrancada ya, casi con las u&ntilde;as, la primer baldosa, se procedi&oacute; a
+desencajar la segunda.</p>
+
+<p>Apoyadas en el muro de una casita de pescadores, donde hab&iacute;a redes
+colgadas a secar, Guardiana y la Comadreja miraban el mot&iacute;n sin tomar
+parte en &eacute;l. Ana era remilgada, endeble como un junco, y jam&aacute;s podr&iacute;an
+sus descarnadas manos, forzudas s&oacute;lo en los momentos de excitaci&oacute;n
+nerviosa, levantar ni una peladilla de arroyo algo grande; en cuanto a
+Guardiana, se cre&iacute;a obligada a permanecer all&iacute;, puesto que al fin el
+tumulto era &laquo;cosa de la F&aacute;brica&raquo;; pero desaprob&aacute;ndolo, porque
+indudablemente, de todo aquello iban a resultar &laquo;desgracias&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Mira Amparo, tan adelantada en meses, y c&oacute;mo ella trajina!</p>
+
+<p>&mdash;Es el demonche. Ella sola levanta la piedra&mdash;contest&oacute; Ana, con la
+reverencia de los d&eacute;biles hacia la fuerza f&iacute;sica.</p>
+
+<p>Mas la primera piedra era enorme: una losa de un metro de longitud y
+gruesa y ancha a proporci&oacute;n, y constitu&iacute;a un problema de din&aacute;mica al
+trasportarla sin auxilio de m&aacute;quina alguna. Para echada a hombros de una
+sola persona era enorme y la aplastar&iacute;a; para llevada en vilo entre
+varias, no se sab&iacute;a c&oacute;mo subirla. Amparo discurri&oacute; irla enderezando y
+rodando hasta la puerta, y en efecto, el sistema dio buen resultado y la
+piedra lleg&oacute; a su sitio. Al punto que la vio colocada, torn&oacute; con
+infatigable ardor a intentar descuajar un nuevo proyectil. En esta faena
+y brega estaban entretenidas las pronunciadas, sin reparar que el sol
+calentaba m&aacute;s de lo justo y que ya eran casi las once de la ma&ntilde;ana,
+cuando un rumor contenido, temeroso, leve al principio, se propag&oacute; entre
+el concurso cayendo como lluvia helada sobre el entusiasmo general, y
+causando notable descenso en los gritos y vociferaciones que coreaban el
+arranque de las piedras.</p>
+
+<p>&iquest;Qui&eacute;n dio la noticia? Un pilluelo, que, con los calzones remangados,
+ven&iacute;a al trote largo desde la plaza de la Fruta, all&aacute; en el barrio de
+Arriba. O&iacute;dos sus informes, las miradas se volvieron ansiosamente hacia
+los cuatro puntos cardinales, y cada boca murmur&oacute; peg&aacute;ndose a cada o&iacute;do
+ajeno dos palabras pre&ntilde;adas de espanto: &laquo;Viene tropa&raquo;.</p>
+
+<p>Al notar la oleada del creciente rumor, abandon&oacute; la Tribuna la piedra
+que tra&iacute;a entre manos, y volviose iracunda, con la mirada rechispeante,
+a la inerme multitud. Su rostro, su adem&aacute;n, dec&iacute;an claramente: &laquo;Ahora
+vuelven estas cobardonas a dejarme aqu&iacute; plantada&raquo;. En efecto, el nombrar
+tropa bast&oacute; para que tomasen el portante algunas de las m&aacute;s animosas
+barricaderas. &iexcl;Pero qu&eacute; fue cuando, en el punto m&aacute;s lejano del
+horizonte, se vio aparecer una nube de polvo, y cuando se oy&oacute; como el
+trote de muchos caballos reunidos!</p>
+
+<p>Amparo anima a sus huestes. Con la nariz dilatada, los brazos
+extendidos, dir&iacute;ase que la aparici&oacute;n de las brigadas de caballer&iacute;a y
+fuerzas de la Guardia Civil que desembocan, unas por el camino real,
+otras por San Hilario, redobla su guerrero ardor, acrecienta su c&oacute;lera.
+&laquo;No nos comer&aacute;n, grita.... Vamos a tirarles piedras, a lo menos tengamos
+ese gusto...&raquo;. Nadie quiere tenerlo. La losa enorme es abandonada; las
+que m&aacute;s gritaban se escurren por donde pueden; cuando las brigadas
+llegan a las puertas de la Granera, el mot&iacute;n se ha disuelto, sin dejar
+m&aacute;s se&ntilde;ales de su existencia que dos medianas baldosas, arrimadas al
+port&oacute;n, y algunas mujeres dispersas, inofensivas, en medrosa actitud.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XXXV" id="XXXV"></a><a href="#capitulos">-XXXV-</a></h2>
+
+<h3>La Tribuna se porta como quien es</h3>
+
+
+<p>Cada vez m&aacute;s fr&iacute;a la estaci&oacute;n invernal y m&aacute;s calientes las noticias que
+de all&aacute; fuera vienen a conmover la F&aacute;brica. Por de pronto, no quedaron
+est&eacute;riles las disposiciones marciales demostradas el d&iacute;a del mot&iacute;n, y al
+siguiente cobraron las operarias sus haberes a tocateja. No era cosa de
+provocar el enojo del pueblo en el estado actual de Espa&ntilde;a, que parec&iacute;a
+ya la casa de T&oacute;came Roque. Nadie se entend&iacute;a; al ej&eacute;rcito se le conoc&iacute;a
+por la &laquo;tropa amade&iacute;sta&raquo;; la artiller&iacute;a presentaba dimisi&oacute;n en masa; el
+Maestrazgo ard&iacute;a, Saballs llamaba &laquo;cabecilla&raquo; a Gaminde y Gaminde le
+devolv&iacute;a el calificativo; los Hierros ordenaban a una compa&ntilde;&iacute;a entera de
+ferro-carriles suspender la circulaci&oacute;n de trenes; corr&iacute;a en Catalu&ntilde;a
+moneda con el busto de Carlos VII, y la reina de m&aacute;s tristes destinos,
+la mujer de Amadeo I, a la cual tirios y troyanos nombraban
+desde&ntilde;osamente &laquo;la Cisterna&raquo;, daba al mundo con terror y l&aacute;grimas un
+m&iacute;sero infante, y ning&uacute;n obispo se prestaba a bautizar el v&aacute;stago regio.
+As&iacute; andaba la patria. M&aacute;s adelante se ha visto que pod&iacute;a encontrarse
+mucho peor.</p>
+
+<p>Amparo qued&oacute; algo abatida desde el memorable d&iacute;a del pronunciamiento.
+Hab&iacute;a hecho tal gasto de energ&iacute;a y de fuerza muscular removiendo los
+pedruscos de la calzada, y tal dispendio de laringe, espoleando a las
+remisas y vacilantes, que por alg&uacute;n tiempo no qued&oacute; de provecho para
+cosa alguna. Entre el fr&iacute;o, la lluvia que, al ir a la F&aacute;brica la
+acribillaba a alfilerazos en la piel o la ba&ntilde;aba con gruesos y anchos
+goterones que se deshac&iacute;an aplast&aacute;ndose en su mant&oacute;n, y la fatiga
+inherente a su estado, viose sumida en marasmo constante, que a veces
+iluminaba, a manera de rel&aacute;mpago que divide un cielo oscuro, aquella
+&uacute;ltima y robusta esperanza en el advenimiento de la federal. &iexcl;Cu&aacute;n
+triste ve&iacute;a el cielo, y el aire, y todo en derredor! Parec&iacute;ale a Amparo
+que los lugares testigos de sus dichas y sus yerros hab&iacute;an sido
+devastados, arrasados por mano aleve. La tierra del huerto que Baltasar
+hab&iacute;a llamado <i>para&iacute;so</i>, desnuda, en barbecho, aguardaba la vegetaci&oacute;n.
+De los verdes y gayos maizales s&oacute;lo quedaban rastrojos. Los &aacute;rboles de
+la carretera alzaban sus ramas peladas y escuetas al brumoso cielo. El
+piso, lleno de charcos formados por la lluvia, se hallaba intransitable,
+y delante de la misma casa de la Tribuna una gran poza obstru&iacute;a el paso;
+para entrar, Amparo ten&iacute;a que saltarla, y como no calculase bien el
+brinco, suced&iacute;ale meter el pie en el agua helada y cenagosa, y haber de
+mudarse despu&eacute;s las medias y el calzado. Algunas veces encontraba a
+Chinto, que se ofrec&iacute;a a darle la mano para pasar el mal paso, y su
+adem&aacute;n compasivo la encend&iacute;a en ira. &iexcl;Ser compadecida por semejante
+bestia! &iexcl;A esto lleg&aacute;bamos despu&eacute;s de tanto sue&ntilde;o, de tanta aspiraci&oacute;n
+hacia la vida f&aacute;cil y brillante, hacia la dicha!</p>
+
+<p>As&iacute; iba desgran&aacute;ndose el racimo de los d&iacute;as de invierno, lentos aunque
+breves, sin que Amparo viese brillar un rayo de claridad en el
+firmamento ni en su destino. Aplanose su esp&iacute;ritu, y cometi&oacute; un acto de
+flaqueza. No ve&iacute;a a Baltasar desde la disputa en el merendero, y
+entrole, de pronto, deseo invencible de hablar con &eacute;l, para suplicar o
+para increpar, ella misma no sab&iacute;a para qu&eacute;; pero, en suma, para
+desfogar, para romper aquella horrible monoton&iacute;a del tiempo que pasaba
+inalterable. Enviole el mensaje por Ana. Baltasar respondi&oacute;: &laquo;Ya ir&eacute;&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Piensa usted ir?&mdash;le preguntaba Borr&eacute;n aquella tarde.&mdash;&iquest;A qu&eacute;? &iquest;A o&iacute;r
+l&aacute;stimas que no puedo remediar? &iexcl;Algo bueno dar&iacute;a por estar ahora en
+Guip&uacute;zcoa!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Hombre... pobre chica!</p>
+
+<p>Baltasar tom&oacute; su caf&eacute; a sorbos, muy pensativo. Calculaba que la avaricia
+de su madre le expon&iacute;a, tal vez, a un grave compromiso. Era falta de
+habilidad no remitir a Amparo siquiera mil reales para tenerla contenta
+mientras &eacute;l no aseguraba a Josefina, que engre&iacute;da ahora con la
+perspectiva del caudal, le hab&iacute;a acogido con hartos remilgos y
+escr&uacute;pulos, dificultando reanudar sus antiguos amorcillos. &iexcl;Bah! El caso
+era ganar tiempo, porque apenas pusiese tierra en medio el peligro
+cesaba.... No obstante, el prudente Baltasar tem&iacute;a, tem&iacute;a una campanada
+inoportuna, que diese al traste con sus nuevos planes.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; te dijo?&mdash;interrog&oacute; ansiosamente Amparo.</p>
+
+<p>&mdash;Que vendr&iacute;a&mdash;repuso la Comadreja.</p>
+
+<p>&mdash;Pero... &iquest;cu&aacute;ndo?</p>
+
+<p>&mdash;No quiso explicar cu&aacute;ndo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Piensa &eacute;l que estoy yo para esas calmas?</p>
+
+<p>&mdash;Lo que &eacute;l no tiene es gana de verte el pelo.</p>
+
+<p>Amparo dej&oacute; caer la cabeza sobre el pecho, y su rostro se anubl&oacute; con
+expresi&oacute;n tal de desconsuelo y enojo, que Ana la mir&oacute; compadecida.</p>
+
+<p>&mdash;Si alg&uacute;n d&iacute;a... si pronto... viene la rep&uacute;blica... la santa federal...
+&iexcl;as&iacute; Dios me salve, Ana... lo arrastro!</p>
+
+<p>Ana se ech&oacute; a re&iacute;r con su delgada risa estridente.</p>
+
+<p>&mdash;No seas tonta, mujer... no seas tonta... &iexcl;para divertirlo y darle un
+mal rato no tienes que aguardar por rep&uacute;blica ni rep&uacute;blico!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Que no?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Sabes lo que yo hab&iacute;a de hacer? Pues esto mismo. Coger papel y
+pluma.... &iquest;Conoce tu letra?</p>
+
+<p>&mdash;Nunca le escrib&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Mejor. Pues escribirle a la de Garc&iacute;a una carta bien explicada, para
+que no se deje enga&ntilde;ar por &eacute;l.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Un an&oacute;nimo? &iexcl;Quita all&aacute;!</p>
+
+<p>&mdash;Un avisito... cont&aacute;ndole lo que hizo contigo. No seas boba, anda, m&aacute;s
+merece.</p>
+
+<p>Pasaba esta conversaci&oacute;n a la salida de la F&aacute;brica; Ana llev&oacute; a Amparo a
+su casa, en la calle de la Sastrer&iacute;a. Subieron a un cuartuco; la
+Comadreja dio a su amiga recado de escribir, y entre las dos compusieron
+la siguiente ep&iacute;stola, que fielmente se traslada a la estampa: &laquo;Estimada
+Srta.: halguien que la estima le abisa que quien se guiere casar con
+Ust&eacute; tiene compormetida huna Chica onrada, y lea dado palbra de casarse
+con ella. Es el de Sobrado, parque Ust&eacute; no dude, y Ust&eacute; se iformar&aacute; y
+veraque es verd&aacute;. Q. b. s. m. Un afet&iacute;simo amigo&raquo;. La Comadreja cerr&oacute;,
+dict&oacute; sobre y se&ntilde;as, puso lacre fino del que ella usaba para escribir a
+su capit&aacute;n, peg&oacute; un sello, y dijo a la Tribuna:</p>
+
+<p>&mdash;Ahora, de paso que vuelves a tu casa, la echas en el correo con
+disimulo.</p>
+
+<p>Al bajar la escalera, estrecha y oscura como boca de lobo, zumb&aacute;banle a
+Amparo los o&iacute;dos y apretaba convulsivamente la carta, llev&aacute;ndola oculta
+bajo el mant&oacute;n. La oprim&iacute;a como oprimir&iacute;a un pu&ntilde;al, con vengativo empe&ntilde;o
+y no sin cierto interior escalofr&iacute;o. Se representaba a la orgullosa
+se&ntilde;orita de Garc&iacute;a rompiendo el sobre, leyendo, palideciendo,
+llorando...&mdash;&iexcl;Que pene!&mdash;dec&iacute;ase a s&iacute; propia la oradora&mdash;. &iexcl;Que sufra
+como yo!... &iquest;Y qu&eacute; tiene que ver? Si ella pierde un pretendiente, yo he
+perdido la conducta y cuanto perder cabe...&mdash;Despu&eacute;s pensaba en
+Baltasar... y en los Sobrados todos...&mdash;. &iexcl;Ah!, &iexcl;buen chasco esperaba a
+la avarienta de la madre, que contaba con establecer brillantemente a su
+hijo! No la hab&iacute;an querido a ella... pues ahora iban a verse desairados
+a su turno.... &iexcl;Ya probar&iacute;an lo bien que sabe!</p>
+
+<p>Se le presentaban estas ideas a medida que adelantaba por la calle de la
+Sastrer&iacute;a, calle torcida, mal empedrada, en cuyos adoquines tropezaba de
+vez en cuando, mientras la luz vaga de los faroles del alumbrado
+p&uacute;blico, proyect&aacute;ndose un momento, arrojaba a las paredes blanqueadas de
+las casas su silueta furtiva, de l&iacute;neas desfiguradas, fantasmag&oacute;ricas,
+prolongadas por la funda del pa&ntilde;uelo. En la oscura noche invernal,
+caminando con paso atentado para salvar los charcos que dej&oacute; la lluvia
+de la tarde, parec&iacute;ale a Amparo ir a cometer un delito, y, herida,
+sintiendo el dolor de su agravio, este pensamiento la embriagaba.
+Maquinalmente, al llegar a la entrada de la calle estrecha de San Efr&eacute;n
+baj&oacute; una mano para recoger el vestido que se iba manchando de barro, y
+al hacerlo afloj&aacute;ronse sus dedos y dej&oacute; de apretar la carta, cuyo
+satinado papel le acariciaba las falanges.... Al cruzar la traves&iacute;a del
+Puerto, su cabeza pareci&oacute; despejarse, y vio el escaparate de la tercena
+y el buz&oacute;n, con las fauces abiertas, como voceando &laquo;aqu&iacute; estoy yo&raquo;.
+Amparo solt&oacute; el vestido y sac&oacute; de debajo del mant&oacute;n la mano derecha y la
+misiva.... Det&uacute;vose antes de alzar el brazo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Un an&oacute;nimo!&mdash;pensaba.</p>
+
+<p>Su ind&oacute;mita generosidad popular se despert&oacute;. La peque&ntilde;ez de la villana
+acci&oacute;n se le hac&iacute;a muy patente al ir a perpetrarla.</p>
+
+<p>&mdash;Deb&iacute; decirle a Ana que la echase ella.... Yo no tengo cara a esto
+&mdash;murmur&oacute; entre s&iacute;&mdash;. Y si no la echo me llamar&aacute; boba.... Pues mejor.
+&iexcl;Esto es indecente!&mdash;balbuci&oacute; adelantando la carta hasta tocar con el
+buz&oacute;n&mdash;. No, repelo&mdash;exclam&oacute; casi en voz alta bajando la mano&mdash;. Esto es
+una cochinada.... &iexcl;M&aacute;s vale ahogarlos donde los encuentre!</p>
+
+<p>Dio precipitadamente la vuelta y se meti&oacute; por un callej&oacute;n que lindaba
+con la traves&iacute;a del Puerto, desembocando en el muelle. Ofreciose de
+pronto a sus ojos el agua negra de la bah&iacute;a, que no alumbraban la luna
+ni las estrellas, y donde los barcos inm&oacute;viles parec&iacute;an m&aacute;s negros a&uacute;n.
+Arrimose al parapeto. Una brisa salitrosa, picante, le envolvi&oacute; la faz.
+Despej&oacute;sele completamente el cerebro, y con viveza suma hizo pedazos la
+ep&iacute;stola an&oacute;nima. Los blancos fragmentos revolotearon un instante, como
+voladoras falenas, y cayeron sordamente en el agua, que chapoteaba
+contra el muro del embarcadero.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XXXVI" id="XXXVI"></a><a href="#capitulos">-XXXVI-</a></h2>
+
+<h3>Ensayo sobre la literatura dram&aacute;tica revolucionaria</h3>
+
+
+<p>No hay remedio, esto se va y lo otro avanza a galope. &iquest;Cu&aacute;ndo se retira
+Amadeo? &iquest;Hoy? &iquest;Ma&ntilde;ana? Y si el italiano no perdi&oacute; de vista todav&iacute;a la
+tierra espa&ntilde;ola, ya es como si vivi&eacute;semos en plena rep&uacute;blica; no estar&aacute;
+proclamada, pero &iquest;qu&eacute; m&aacute;s da? Todo el mundo cuenta con ella de un
+instante a otro. S&oacute;lo bajo la monarqu&iacute;a de merengue que se va
+derritiendo y consumiendo al calor de la revoluci&oacute;n pod&iacute;a ser
+representable el drama que anunciaban los carteles del coliseo
+marinedino, Valencianos con honra. Aunque Amparo no iba a parte alguna,
+tanto oy&oacute; hablar de lo intencionado y subversivo que era el drama
+famoso, y de c&oacute;mo pintaba a los republicanos tal cual son y no seg&uacute;n los
+ennegrece el pincel reaccionario, que resolvi&oacute; asistir. Instalose con
+Ana en el para&iacute;so, donde se amontonaba inmensa concurrencia, que les
+met&iacute;a los pies por la cintura, los codos por las ingles; a duras penas
+lograron las dos muchachas apoderarse de su sitio; al fin consiguieron
+embutirse de medio lado en delanteras, y all&iacute; se mantuvieron prensadas,
+comprimidas, sin ser due&ntilde;as ni de enjugarse el sudor de la frente. El
+calor era espeso, asfixiante. Al alzarse el tel&oacute;n vino una bocanada de
+aire m&aacute;s respirable a aquel horno; poco dur&oacute;, pero al menos dio &aacute;nimos
+para atender a las primeras escenas del drama.</p>
+
+<p>El cual merec&iacute;a bien que se sufriese la asfixia y otros g&eacute;neros de
+tortura, a trueque de verlo representar. Desde la exposici&oacute;n tuvo
+conmovidos y suspensos a los espectadores. No pod&iacute;a ser de m&aacute;s
+actualidad el argumento, basado en los sucesos pol&iacute;ticos de Valencia de
+1869. Jugaba en el enredo un esp&iacute;a, un vil esp&iacute;a, perseguidor y delator
+de una familia republicana a machamartillo. Perdonado este p&iacute;caro en el
+primer acto por los magn&aacute;nimos conspiradores a quienes vendi&oacute;, claro
+est&aacute; que no hab&iacute;a de enmendarse, y que en los actos siguientes volver&iacute;a
+a hacer de las suyas; no lo creyeron as&iacute; los protagonistas del drama,
+pero en cambio la concurrencia de la cazuela lo presinti&oacute;, y en medio
+del calor sofocante se o&iacute;an voces ahogadas de emoci&oacute;n exclamando: &laquo;&iexcl;Ay!
+&iquest;Para qu&eacute; perdonar&aacute;n a ese tunante?... &iexcl;Ya ver&aacute;s c&oacute;mo los ha de vender
+otra vez!... &iexcl;Como yo le atrapase no le soltaba, no!&raquo;. Verdad es que si
+el bellaco del esp&iacute;a era tan malo que no ten&iacute;a el diablo por donde
+cogerlo, en cambio los personajes republicanos ofrec&iacute;an modelos de
+lealtad y dechados de virtudes. Cuando en el mismo acto primero una
+esposa se abraza a su marido, que parte al combate, declarando con noble
+resoluci&oacute;n que quiere seguirle y compartir los riesgos de la lid, Amparo
+sinti&oacute; como un nudo, como una bola que se le formaba en la garganta, y
+haciendo un supremo esfuerzo, se agarr&oacute; a la barandilla de la cazuela y
+grit&oacute; &laquo;&iexcl;bien!... &iexcl;muy bien!&raquo; dos o tres veces, luciendo su voz de
+contralto. Era aquel drama el mismo que ella hab&iacute;a so&ntilde;ado en otro
+tiempo, cuando llegaron a Marineda los delegados de Cantabria, de cuyos
+riesgos y aventuras tanto deseara ser part&iacute;cipe. La escena final del
+acto, donde todos los voluntarios republicanos, entre el fragor de la
+lid empe&ntilde;ada, doblan la rodilla al aparecer el Se&ntilde;or acompa&ntilde;ado de las
+monjas de San Gregorio, afloj&oacute; suavemente los tirantes nervios de la
+concurrencia. Una especie de roc&iacute;o refrigerante de honradez, dulzura y
+religiosidad se derram&oacute; sobre el p&uacute;blico; las gentes experimentaban
+impulsos de abrazarse, de rezar y de charlar. &iexcl;Despu&eacute;s dir&aacute;n que los
+oscurantistas se levantan por la religi&oacute;n! &iexcl;S&iacute;, s&iacute;! &iexcl;Por cobrar las
+contribuciones y destruir <i>ferroscarriles</i>! &iexcl;Que vengan a o&iacute;r esto!
+&iquest;Qui&eacute;n duda que los mejores cristianos son los federales?</p>
+
+<p>Pasose el entreacto en vivos comentarios acerca del drama, que causaba
+favorabil&iacute;sima impresi&oacute;n. Personas grandes se limpiaban los ojos con el
+dorso de la mano haciendo tiernos momos de llanto. &iexcl;Cuidado que se
+necesitaba talento y sabidur&iacute;a para escribir piezas as&iacute;! S&oacute;lo era
+irritante lo de dejar al esp&iacute;a con vida, porque de fijo, en el acto
+pr&oacute;ximo, iba a salir con alguna barrabasada gorda. De tal suerte
+imperaba el entusiasmo, que nadie se ocupaba en mirar a la gente de
+abajo, a pesar de hallarse de bote en bote el coliseo; y como tardase en
+subir el tel&oacute;n, hubo pateos y aplausos impacientes y furiosos. Al fin
+dio principio el ansiado acto segundo.</p>
+
+<p>Graduaba el autor h&aacute;bilmente los efectos dram&aacute;ticos, manejando con
+destreza los resortes del terror y la piedad. Ahora presentaba un
+mancebito que volv&iacute;a de la lucha callejera a su casa, herido
+mortalmente, y consternando a su familia del modo que cualquiera puede
+figurarse. La actriz encargada de este interesante papel se hab&iacute;a puesto
+sobre su cabello natural una peluca de ricitos cortos que la hac&iacute;a
+semejante a un perro de aguas; circundaban sus ojos rom&aacute;nticas ojeras
+marcadas al difumino; espesa capa de polvos de arroz imitaba la palidez
+de la agon&iacute;a; llevaba americana muy floja para disimular la amplitud de
+las caderas, y entr&oacute; tambale&aacute;ndose y dando traspi&eacute;s, con la mano apoyada
+en la regi&oacute;n del pecho donde se supon&iacute;a estar la herida. Por el para&iacute;so
+circul&oacute; un rumor misterioso y profundo, el rugido opaco de la emoci&oacute;n
+que se comprime y refrena para mejor estallar despu&eacute;s. Comenz&oacute; la escena
+de la despedida del moribundo y su familia. Cuando el padre, comandante
+de los voluntarios republicanos, dijo adi&oacute;s al hijo confi&aacute;ndole la
+bandera, en unos versos que terminan as&iacute;:</p>
+
+<p class="noindent">
+<span style="margin-left: 5em;"><i>Lleva la palma en la mano</i></span><br />
+<span style="margin-left: 5em;"><i>Mientras la patria en ofrenda</i></span><br />
+<span style="margin-left: 5em;"><i>Te da este sudario en prenda...</i></span><br />
+</p>
+
+<p>y corriendo hacia la concha del apuntador y mudando la voz llorona en un
+vocej&oacute;n estent&oacute;reo, grit&oacute; cerrando de pu&ntilde;os:</p>
+
+<p class="noindent">
+<span style="margin-left: 5em;"><i>&iexcl;Viva el pueblo soberano!</i></span><br />
+</p>
+
+
+<p>Los llantos hist&eacute;ricos de las mujeres fueron cubiertos, devorados por el
+clamor que se alz&oacute; compacto y fort&iacute;simo, repitiendo fren&eacute;ticamente el
+&iexcl;viva!, a la vez que un hurac&aacute;n de palmadas asord&oacute; el coliseo.
+Contagiados, electrizados por la exaltaci&oacute;n del p&uacute;blico, los actores se
+esmeraban, bordaban su papel, y, posey&eacute;ndose, se abrazaban en realidad y
+se daban verdaderas pu&ntilde;adas en el t&oacute;rax. Amparo, con medio cuerpo fuera
+de la barandilla, palmoteaba a m&aacute;s y mejor.</p>
+
+<p>Durante el segundo entreacto, las gentes prensadas en la cazuela se
+hallaron unas miajas m&aacute;s anchas y c&oacute;modas, ya sea porque su volumen se
+hab&iacute;a ido sentando y acomod&aacute;ndose al espacio, ya porque algunas,
+indispuestas con tan alta temperatura, mal de su grado hubieron de
+retirarse. Ana logr&oacute;, pues, revolverse y escudri&ntilde;ar con sus perspicaces
+ojos de gato los &aacute;mbitos del teatro todo. Dio un expresivo codazo a la
+Tribuna, que mir&oacute; hacia donde le se&ntilde;alaba su amiga, y divis&oacute; a las de
+Garc&iacute;a en un palco platea.</p>
+
+<p>Fijose especialmente en Josefina, que estaba elegante y sencilla, con
+traje de alpaca blanca adornado de terciopelo negro. A toda su familia,
+desde la madre hasta Nisita, les rebosaba el contento visiblemente; pero
+Josefina, en particular, no parece sino que se hab&iacute;a esponjado con las
+buenas nuevas del pleito. La proximidad de la fortuna animaba, como un
+reflejo dorado, su tez, y hac&iacute;a fulgecer en sus ojos chispas &aacute;ureas.
+Recostada en la silla, gozaba beat&iacute;ficamente del triunfo, exponiendo a
+la admiraci&oacute;n de los inquilinos de las <i>lunetas</i> el cuerpecillo
+ajustado, p&uacute;dico, la l&iacute;nea fugitiva que se elevaba desde la cintura al
+hombro, el gracioso manejo de abanico, el movimiento delicado con que
+sub&iacute;a los gemelos a la altura de las cejas. No acertaba Amparo a apartar
+los ojos de su vencedora rival, y a duras penas la distrajo de aquella
+contemplaci&oacute;n acerba el principio del tercer acto.</p>
+
+<p>Aparec&iacute;a en &eacute;ste un oficial del ej&eacute;rcito, que, agradecido a la
+hospitalidad que le hab&iacute;an otorgado en la casa republicana, salvaba a su
+vez a los due&ntilde;os de ella: pat&eacute;tico rasgo, corona de todos los excelentes
+sentimientos que abundaban en el drama. Cuando m&aacute;s moqueaba la gente y
+se o&iacute;an m&aacute;s jip&iacute;os y sollozos, Amparo sinti&oacute; que su mirada, atra&iacute;da por
+irresistible im&aacute;n, se clavaba otra vez en el palco de Garc&iacute;a. Abriose la
+puerta de este, y entr&oacute; Baltasar, ce&ntilde;ido el fino talle por un uniforme
+intachable; y despu&eacute;s de saludar cort&eacute;smente a la madre y a las ni&ntilde;as,
+se sent&oacute; al lado de la mayor, arregl&aacute;ndose el pelo con la enguantada
+mano, y estirando levemente, con notable desembarazo, la tirilla.
+Dirigi&oacute; a Josefina en voz baja dos o tres palabras que, seg&uacute;n el
+movimiento con que las acompa&ntilde;&oacute;, deb&iacute;an ser: &laquo;&iquest;Qu&eacute; tal esto?&raquo;. Y la de
+Garc&iacute;a alz&oacute; los hombros de un modo imperceptible, que claramente
+significaba: &laquo;Psh.... Un dram&oacute;n muy cursi y muy populachero&raquo;. Definida
+as&iacute; la situaci&oacute;n, Baltasar tom&oacute; familiarmente el abanico de la joven, y
+mientras lo cerraba y abr&iacute;a y le daba vueltas como para informarse bien
+del paisaje, se entabl&oacute; una de esas conversaciones &iacute;ntimas, salpicadas
+de coqueter&iacute;as, de reticencias, de miradas intensas y cortas, de
+ahogadas risas, di&aacute;logos en que reina dulce abandono, que no ser&iacute;an
+posibles mano a mano y en la soledad, y nunca se producen mejor que
+entre el tumulto de un sitio p&uacute;blico, ante miles de testigos, en el
+desierto de las multitudes.</p>
+
+<p>&mdash;Pero no ves, mujer... &iexcl;qu&eacute; poca verg&uuml;enza!&mdash;exclamaba Ana se&ntilde;alando al
+grupo, del cual no se separaban las pupilas de Amparo&mdash;. Despu&eacute;s del...
+del aviso, &iquest;no sabes?&mdash;a&ntilde;adi&oacute; habl&aacute;ndole al o&iacute;do.</p>
+
+<p>La Tribuna no contest&oacute;. Ana ignoraba la destrucci&oacute;n del an&oacute;nimo: Amparo,
+avergonz&aacute;ndose de su noble impulso, no quer&iacute;a confesarlo, temerosa de
+que la Comadreja la tratase de <i>babiona</i> y de <i>p&aacute;para</i>, y aun de que
+repitiese la carta por cuenta propia. Ahora... ahora, clavando las u&ntilde;as
+en la franela roja del barandal, sent&iacute;a que el coraz&oacute;n se le inundaba de
+hiel y veneno: nada, estaba visto que era tonta; &iquest;por qu&eacute; no ech&oacute; la
+carta en el correo? Pero no; esa miserable y artera venganza no la
+satisfac&iacute;a; cara a cara, sin miedo ni enga&ntilde;o, con la misma generosidad
+de los personajes del drama, deb&iacute;a ella pedir cuenta de sus agravios. Y
+mientras se le hinchaba el pecho, hirviendo en col&eacute;rica indignaci&oacute;n, el
+grupo de abajo era cada vez m&aacute;s &iacute;ntimo, y Baltasar y Josefina
+conversaban con mayor confianza, aprovech&aacute;ndose de que el p&uacute;blico,
+impresionado por la muerte del esp&iacute;a infame que, al fin, hallaba
+condigno castigo a sus fechor&iacute;as, no curaba de lo que pudiese suceder
+por los palcos. De Josefina, que ten&iacute;a la cabeza vuelta, s&oacute;lo se
+alcanzaban a ver los bucles del art&iacute;stico peinado, la mancha roja de una
+camelia prendida entre la oreja y el arranque del blanco cuello, y la
+bola de coral del pendiente, que oscilaba a cada movimiento de su due&ntilde;a.</p>
+
+<p>Bien quisiera la Tribuna salir, librarse de la sensaci&oacute;n lancinante que
+le produc&iacute;a tal vista; pero la gente que la rodeaba por todas partes,
+como las sardinas a las sardinas en la banasta, no le consent&iacute;a moverse
+mientras el tel&oacute;n no se bajase. Un poco antes de terminarse el drama
+hubo de ver a las de Garc&iacute;a que se levantaban, y a Baltasar que les
+pon&iacute;a los abrigos a todas con suma deferencia, empezando por la madre;
+despu&eacute;s se cerr&oacute; la puerta del palco, y quedose Amparo con las pupilas
+fijas maquinalmente en aquel espacio vac&iacute;o. A&uacute;n tard&oacute; algunos minutos en
+comenzar el desag&uuml;e de la cazuela, y el estrepitoso descenso por las
+escaleras abajo. Cogi&eacute;ronse Amparo y Ana de bracero, y empujadas por
+todos lados arribaron al vest&iacute;bulo y de all&iacute; salieron a la calle, donde
+el fr&iacute;o cortante de la noche liquid&oacute; al punto el sudor en que estaban
+ensopadas sus frentes. Sinti&oacute; la Comadreja que el brazo de Amparo
+temblaba, y la mir&oacute;, y le hall&oacute; desencajada la faz.</p>
+
+<p>&mdash;T&uacute; no est&aacute;s bien, chica... &iquest;qu&eacute; tienes? &iquest;Te da algo por la cabeza?</p>
+
+<p>&mdash;Su&eacute;ltame&mdash;contest&oacute; con voz opaca la Tribuna&mdash;. A donde voy no me hace
+falta compa&ntilde;&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Mar&iacute;a Sant&iacute;sima!, &iquest;a d&oacute;nde vas, mujer?, &iquest;qu&eacute; es esto?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Que a d&oacute;nde voy! Pues a apedrearles la casa, para que lo sepas.</p>
+
+<p>Y recogi&oacute; el mant&oacute;n, como para quedarse con los brazos libres.</p>
+
+<p>&mdash;T&uacute; loqueas.... Anda a dormir.</p>
+
+<p>&mdash;O me dejas o me tiro al mar&mdash;respondi&oacute; con tal acento de desesperaci&oacute;n
+la muchacha, que Ana la solt&oacute;, y ech&oacute; a andar a su lado, midiendo el
+paso por el de la terrible y col&eacute;rica Tribuna.</p>
+
+<p>&mdash;Te digo que se la apedreo, mujer; tan cierto como que ahora es de
+noche y Dios nos ve. &iexcl;Repelo!,&iexcl;no hay sino hacer irrisi&oacute;n de las
+gentes... de las infelices mujeres... de los pobres! &iquest;Pero t&uacute; has visto
+qu&eacute; descaro, qu&eacute; descaro tan atroz? En mi cara... en mi cara misma...
+&iexcl;me valga san Dios!, &iexcl;que esto no pasa entre los negros de all&aacute; de
+Guinea!</p>
+
+<p>&mdash;Bueno... y ahora &iquest;qu&eacute; se hace con perderse... con ir a la c&aacute;rcel,
+mujer?</p>
+
+<p>&mdash;Desahogarme, Ana... porque me ahogo, que toda la noche pens&eacute; que con
+un cordel me estaban apretando la nuez.... &iexcl;Romperles los vidrios,
+retepelo!, &iexcl;armar un bel&eacute;n, avergonzarlos, canario!, &iexcl;y que no me piquen
+las manos y que duerma yo a gusto hoy!, &iexcl;que tengo las asaduras aqu&iacute;
+(se&ntilde;al&oacute; a la garganta) y el coraz&oacute;n apretao, apretao!</p>
+
+<p>&mdash;Pero mujer... mira, considera....</p>
+
+<p>&mdash;No considero, no miro nada....</p>
+
+<p>Este di&aacute;logo duraba mientras cruzaron las dos amigas el p&aacute;ramo de
+Solares en direcci&oacute;n al barrio de Arriba, por donde supon&iacute;a Amparo que
+iba Baltasar acompa&ntilde;ando a las de Garc&iacute;a hasta su casa. El aire fr&iacute;o y
+el silencio de las calles del barrio templaron, no obstante, la sangre
+enardecida de la Tribuna. Pareciole entrar en alg&uacute;n claustro donde todo
+fuese quietud y melancol&iacute;a. No hollaba un transe&uacute;nte el pavimento, que
+resonaba con solemnidad, y cuando menos lo pensaban las dos
+expedicionarias, les cerr&oacute; el paso una iglesia, la de Santa Mar&iacute;a
+Magdalena, alta, muda, con p&oacute;rtico de ojiva, donde la luz de los faroles
+dibujaba los vagos contornos de los santos de piedra que se miraban
+inm&oacute;viles. Involuntariamente la Tribuna baj&oacute; la voz, y al cruzar por
+delante del p&oacute;rtico se santigu&oacute;, sin darse cuenta de lo que hac&iacute;a, y
+report&oacute; y contuvo el paso. Ana iba a aprovechar la coyuntura para hacer
+a la determinada Tribuna mil reflexiones, a tiempo que un oficial, que
+volv&iacute;a de la plaza de la Fruta, cruz&oacute; casi roz&aacute;ndose con ellas y sin
+verlas, cantando entre dientes no s&eacute; qu&eacute; polca o pasodoble. Reconoci&oacute;
+Amparo a Baltasar y ech&oacute; tras &eacute;l como el lebrel tras la res que
+persigue. &iquest;Oy&oacute; Baltasar las pisadas de la Tribuna y pudo reconocerlas?
+&iquest;O era solamente que iba deprisa? Lo cierto es que se perdi&oacute; de vista al
+revolver de la esquina, y que, por muy diligentes que anduvieron las que
+lo segu&iacute;an, no lograron darle alcance.</p>
+
+<p>&mdash;Voy a llamarle a la puerta&mdash;exclam&oacute; Amparo.</p>
+
+<p>&mdash;Mujer, &iquest;est&aacute;s loca?... &iexcl;una casa de la calle Mayor!&mdash;murmur&oacute; Ana con
+respetuoso miedo&mdash;. &iquest;T&uacute; sabes la que se armar&iacute;a?</p>
+
+<p>En horas semejantes la calle Mayor ofrec&iacute;a imponente aspecto. Las altas
+casas, defendidas por la brillante coraza de sus galer&iacute;as refulgentes,
+en cuyos vidrios centelleaba la luz de los faroles, estaban cerradas,
+silenciosas y serias. Alg&uacute;n lejano aldabonazo retumbaba all&aacute;... en lo
+m&aacute;s remoto, y sobre las losas el golpe del chuzo del sereno repercut&iacute;a
+majestuoso. Amparo se detuvo ante la casa de los Sobrados. Era &eacute;sta de
+tres pisos, con dos galer&iacute;as blancas muy encristaladas, y puerta
+barnizada, en la cual se destacaba la mano de bronce del aldab&oacute;n. Y
+entre el silencio y la calma nocturna, se alzaba tan severa, tan
+penetrada de su importante papel comercial, tan cerrada a los extra&ntilde;os,
+tan protectora del sue&ntilde;o de sus respetables inquilinos, que la Tribuna
+sinti&oacute; repentino hervor en la sangre, y tembl&oacute; nuevamente de est&eacute;ril
+rabia, viendo que por m&aacute;s que se deshiciese all&iacute;, al pie del impasible
+edificio, no ser&iacute;a escuchada ni atendida. Accesos de furor sacudieron un
+instante sus miembros al hallarse impotente contra los muros blancos,
+que parec&iacute;an mirarla con apacible indiferencia; y de pronto, baj&aacute;ndose,
+recogi&oacute; un trozo de ladrillo que la casualidad le mostr&oacute;, a la luz de un
+farol, ca&iacute;do en el suelo, y con airada mano traz&oacute; una cruz roja sobre la
+oscura puerta reluciente de barniz, cruz roja que dio mucho que pensar
+los d&iacute;as siguientes a do&ntilde;a Dolores y al t&iacute;o Isidoro, que recelaban un
+saqueo a mano armada.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XXXVII" id="XXXVII"></a><a href="#capitulos">-XXXVII-</a></h2>
+
+<h3>Lucina plebeya</h3>
+
+
+<p>Vest&iacute;ase Amparo, antes de salir a la F&aacute;brica, reflexionando que
+diluviaba, que de noche se hab&iacute;an o&iacute;do varios truenos, que se quedar&iacute;a
+gustosa en casa, y a&uacute;n entre cobertores, si no necesitase saber
+noticias, excitarse, o&iacute;r voces anhelosas que dec&iacute;an: &laquo;Ahora s&iacute; que lleg&oacute;
+la nuestra.... Macarroni se va de esta vez... hay un parte de Madr&iacute;, que
+viene la rep&uacute;blica... ma&ntilde;ana se proclama&raquo;.</p>
+
+<p>Al salir de su fementido lecho, la transici&oacute;n del calor al fr&iacute;o le hizo
+sentir en las entra&ntilde;as dolorcillos como si se las royese poquito a poco
+un rat&oacute;n. P&uacute;sose p&aacute;lida, y le ocurri&oacute; la terrible idea de que llegaba la
+hora. Volviose al lecho, creyendo que all&iacute; se calentar&iacute;a: cerr&oacute; los ojos
+y no quiso pensar. Un deseo profundo de anonadamiento y de quietud se
+un&iacute;a en ella a tal verg&uuml;enza y aflicci&oacute;n, que se tap&oacute; la cara con la
+s&aacute;bana, prometi&eacute;ndose no pedir socorro, no llamar a nadie. Mas como
+quiera que el tiempo pasaba y los dolorcillos no volv&iacute;an, se resolvi&oacute; a
+levantarse, y al atar la enagua, de nuevo le pareci&oacute; que le mord&iacute;an los
+intestinos agudos dientes. Vistiose no obstante, y se dio a pasear por
+la estancia, a tiempo que una mano llam&oacute; a la puerta del cuartuco, y
+antes que Amparo se resolviese a decir &laquo;adelante&raquo;, Ana entr&oacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Vienes?</p>
+
+<p>&mdash;No puedo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pasa algo, hay noved&aacute;?</p>
+
+<p>&mdash;Creo... que s&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; sientes, mujer?</p>
+
+<p>&mdash;Fr&iacute;o, mucho fr&iacute;o... y sue&ntilde;o, un sue&ntilde;o que me dormir&iacute;a de pie... pero
+al mismo tiempo rabio por andar... &iexcl;qu&eacute; rareza!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Aviso a la se&ntilde;ora Pepa?</p>
+
+<p>&mdash;No... qu&eacute; verg&uuml;enza.... Jes&uacute;s, mi Dios.... Ana querida, no la avises.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; remedio, mujer! &iquest;Sigue eso?</p>
+
+<p>&mdash;Sigue... &iexcl;infeliz de m&iacute;, que nunca yo naciese!</p>
+
+<p>&mdash;Acu&eacute;state sobre la cama....</p>
+
+<p>Con su viveza ratonil, Ana arrop&oacute; a la paciente, y ya se dirig&iacute;a a la
+puerta, cuando una quebrantada voz la llam&oacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Ll&eacute;vale la cascarilla a mi madre... dile que me duele la cabeza... no
+le digas la verd&aacute;, por el alma de quien m&aacute;s quieras....</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute; que no se har&aacute; ella de cargo....</p>
+
+<p>Amparo se qued&oacute; algo tranquila: s&oacute;lo a veces un dolor lento y sordo la
+obligaba a incorporarse apoy&aacute;ndose sobre el codo, exhalando reprimidos
+ayes. Ana corr&iacute;a, corr&iacute;a, sin cuidarse de la lluvia, hacia la ciudad.
+Cerca de dos horas tard&oacute;, a pesar de su ligereza, en volver acompa&ntilde;ada
+de un bulto enorme, del cual s&oacute;lo se ve&iacute;an desde lejos dos magnos
+chanclos que embarcaban el agua llovediza, y un paraguazo de algod&oacute;n
+azul con cuento y varillas de lat&oacute;n dorado. Bufaba la insigne comadrona
+y resoplaba, ahog&aacute;ndose a pesar del ning&uacute;n calor y de la mucha y glacial
+humedad de la atm&oacute;sfera; cuando penetr&oacute; en la casucha, revolviose en
+ella como un monstruo marino en la angosta tinaja en que el domador lo
+ense&ntilde;a. Fuese derecha a la cama de la paral&iacute;tica, y le dijo dos o tres
+frases entre l&aacute;stima y chunga, que a esta le supieron a ac&iacute;bar;
+cabalmente estaba deshaci&eacute;ndose de ver que ni pod&iacute;a ayudar a su hija en
+el trance, ni acompa&ntilde;arla siquiera; aquella habitaci&oacute;n era tan pr&oacute;xima a
+la calle, que ni so&ntilde;aba en traer all&iacute; a la paciente.</p>
+
+<p>Consum&iacute;ase la pobre mujer presa en su jerg&oacute;n, penetrada s&uacute;bitamente de
+la ternura que sienten las madres por sus hijas mientras estas sufren la
+terrible crisis que ellas ya vencieron.... Chinto se encontraba all&iacute;,
+semejante a un palomino atontado.... Entr&oacute; la comadrona donde la llamaba
+su deber, y el mozo y la vieja se quedaron tabique por medio, ayud&aacute;ndose
+a sobrellevar la angustia de la tragedia que para ellos se representaba
+a tel&oacute;n corrido.... La tullida maldec&iacute;a de su hija que en tal ocasi&oacute;n se
+hab&iacute;a puesto, y al mismo tiempo lloriqueaba por no poder asistirla. Y a
+cada cinco minutos la se&ntilde;ora Pepa entraba en el cuartuco llen&aacute;ndolo con
+su corpulencia descomunal, y ordenando militarmente a Chinto que
+corriese a desempe&ntilde;ar alg&uacute;n recado indispensable.</p>
+
+<p>&mdash;Aceite, rapaz... &iexcl;un poco de aceite!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; tal?&mdash;interrogaba la madre.</p>
+
+<p>&mdash;Bien, mujer, bien.... &iexcl;Aceite, porreta!</p>
+
+<p>Lo que no se encontraba en la casa, Chinto sal&iacute;a disparado a pedirlo
+fuera, prestado en la de un vecino, o fiado en las tiendas.
+Generalmente, al recoger una cosa, la comadrona exig&iacute;a ya otra.</p>
+
+<p>&mdash;Un gotito de an&iacute;s....</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;An&iacute;s? &iquest;Para qu&eacute;?&mdash;preguntaba la tullida.</p>
+
+<p>&mdash;Para m&iacute;, porreta, que soy de Dios y tengo cuerpo y tambi&eacute;n se me abre
+como si me lo cortasen con un cuchillo....</p>
+
+<p>Y Chinto se echaba d&oacute;cilmente a la calle en busca de an&iacute;s.... Volv&iacute;a a
+presentarse la terrible comadre, toda fatigosa y sofocada.</p>
+
+<p>&mdash;Vino... &iquest;hay vino?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Para ti?&mdash;murmuraba sin poder contenerse la impedida.</p>
+
+<p>&mdash;Para ti, para ti.... &iexcl;Para ella, demonche, que bien necesita &aacute;nimos la
+pobre!... &iquest;Piensas t&uacute; que yo le doy desas jarop&iacute;as de los m&eacute;dicos, desos
+calmantes y durmientes? &iexcl;Calmantes! Fuersa, fuersa es lo que hace falta,
+y vino, que alegra al hombre las pajarillas, &iexcl;porreta!</p>
+
+<p>Quince minutos despu&eacute;s:</p>
+
+<p>&mdash;Tres onsas de chocolate, del mejor.... Y mira, de camino a ver si
+encuentras una gallinita bien gorda, y le vas retorciendo el
+pescuezo.... Pide tambi&eacute;n un cabito de cera... las planchadoras que haya
+por aqu&iacute; han de tener....</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;De cera?</p>
+
+<p>&mdash;De cera, &iexcl;porreta! &iquest;Si sabr&eacute; yo lo que me pido? Y pon agua a la
+lumbre.</p>
+
+<p>Y Chinto entraba, sal&iacute;a, dando zancajadas a trav&eacute;s del lodo, trayendo a
+la exigente facultativa cera, espliego, romero, vino blanco y tinto,
+an&iacute;s, aceite, ruda, todas las drogas y comestibles que reclamaba.... En
+los breves intervalos que ten&iacute;a de descanso el sol&iacute;cito mozo, se sentaba
+en una silla baja, al lado del lecho de la tullida, quej&aacute;ndose de que le
+faltaban las piernas de alg&uacute;n tiempo ac&aacute;, &eacute;l mismo no sab&iacute;a c&oacute;mo, y
+parece que la respiraci&oacute;n se le acababa enteramente: el m&eacute;dico le
+afirmaba que se le hab&iacute;a metido polvillo de tabaco en los <i>broncos</i> y en
+los <i>plumones</i>... Boh, boh... &iquest;qu&eacute; saben los m&eacute;dicos lo que uno tiene
+dentro del cuerpo? Hablaba as&iacute; en voz baja, para no dejar de prestar
+o&iacute;do a los lamentos de la paciente, que recorr&iacute;an variada escala de
+tonos: primero hab&iacute;an sido gemidos sofocados; luego quejidos hondos y
+r&aacute;pidos, como los que arranca el reiterado golpe de un instrumento
+cortante; en pos vinieron ayes articulados, violentos, anhelosos, cual
+si la laringe quisiese beberse todo el aire ambiente para enviarlo a las
+conturbadas entra&ntilde;as; y trascurrido alg&uacute;n tiempo, la voz se alter&oacute;, se
+hizo ronca, oscura, como si naciese m&aacute;s abajo del pulm&oacute;n, en las
+profundidades, en lo &iacute;ntimo del organismo. A todo esto llov&iacute;a, llov&iacute;a, y
+la tarde de invierno ca&iacute;a prontamente, y el celaje gris ceniza parec&iacute;a
+muy bajo, muy pr&oacute;ximo a la tierra. Chinto encendi&oacute; el candil de
+petr&oacute;leo, y trajo caldo a la paral&iacute;tica, y permaneci&oacute; sentado, sin
+chistar, con las rodillas altas, los pies apoyados en el travesa&ntilde;o de la
+silla, la barba entre las palmas de las manos. Hac&iacute;a un rato que el
+tabique no comunicaba queja alguna. Dos o tres amigas de la F&aacute;brica,
+entre ellas Guardiana, que ya no se quejaba de la paletilla, entraban un
+momento, se ofrec&iacute;an, se retiraban con ademanes compasivos, con
+resignados movimientos de hombros, con reflexiones pesimistas acerca de
+la fatalidad y de la ingratitud de los hombres. De improviso se
+renovaron los gritos, que en el nocturno abandono parec&iacute;an m&aacute;s l&uacute;gubres:
+durante aquella hora de angustia suprema, la mujer moribunda retroced&iacute;a
+al lenguaje inarticulado de la infancia, a la emisi&oacute;n prolongada,
+pla&ntilde;idera, terrible, de una sola vocal. Y cada vez era m&aacute;s frecuente,
+m&aacute;s desesperada, la queja.</p>
+
+<p>Ser&iacute;an las once cuando la se&ntilde;ora Pepa se present&oacute; en el cuarto de la
+tullida, enjug&aacute;ndose el rostro con el reverso de la mano. Sobre su
+frente baja y achatada, y en su grosera faz de Cibeles de granito, se
+advert&iacute;a una preocupaci&oacute;n, una sombra.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo va?</p>
+
+<p>&mdash;Tarda, porreta.... Estas primerizas, como no saben bien el
+camino...&mdash;Y la comadre hizo que se re&iacute;a para manifestar tranquilidad;
+pero un segundo despu&eacute;s a&ntilde;adi&oacute;&mdash;: Puede ser que... porque uno no quiere
+embrollos ni dolores de cabesa, &iquest;oyes? Yo soy clara como el agua,
+vamos... y no se me murieron en las manos, &iexcl;porreta!, sino dos, en la
+ed&aacute; que tengo.... Despu&eacute;s los m&eacute;dicos hablan.... Y yo cuanto puedo hago,
+y unturas y friegas de Dios llevo dado en ella....</p>
+
+<p>Al afirmar esto, la comadre se limpiaba a las caderas sus gigantescas
+manos pringosas.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Habr&aacute; que avisar al m&eacute;dico?&mdash;gimote&oacute; la tullida.</p>
+
+<p>&mdash;Porreta, a mi ed&aacute; no gusta verse envuelta en cuentos... luego despu&eacute;s,
+que si hizo as&iacute;, que si pudo haser as&aacute;... que si la se&ntilde;ora Pepa sabe o
+no sabe el oficio.... Men&eacute;ate ya, dormil&oacute;n&mdash;a&ntilde;adi&oacute; desp&oacute;ticamente
+volvi&eacute;ndose a Chinto...&mdash;. Ya est&aacute;s corriendo por el m&eacute;dico, &iexcl;ganso!</p>
+
+<p>Chinto sali&oacute; sin cuidarse del agua que continuaba cayendo tercamente del
+negro cielo, y corri&oacute;, perseguido por aquella voz cada vez m&aacute;s dolorida,
+m&aacute;s agonizante, que atravesaba el tabique, mientras la impedida se
+lamentaba de que adem&aacute;s de mor&iacute;rsele la hija, iba a tener que abonar&mdash;&iquest;y
+con qu&eacute;, Jes&uacute;s del alma?&mdash;los honorarios de un facultativo. El silencio
+era t&eacute;trico, el tiempo pasaba con lentitud, medido por el chisporroteo
+del candil y por un clamor ya exhausto, que m&aacute;s se parec&iacute;a al aullido
+del animal espirante que a la queja humana. Media noche era por filo
+cuando Chinto entr&oacute; acompa&ntilde;ado del m&eacute;dico. Acostumbrado deb&iacute;a estar este
+a tan cr&iacute;ticas situaciones, porque lo primero que hizo fue dejar el
+chorreante impermeable en una silla, remangarse tranquilamente las
+mangas del gab&aacute;n y los pu&ntilde;os de la camisa, y tomar de manos de Chinto
+una caja cuadrilonga que arrim&oacute; a un rinc&oacute;n. Despu&eacute;s entr&oacute; en el cuarto
+de la paciente, y se oy&oacute; la voz gru&ntilde;ona de la comadre, empe&ntilde;ada en darle
+explicaciones....</p>
+
+<p>A eso de un cuarto de hora m&aacute;s tarde volvi&oacute; el soldado de la ciencia a
+presentarse y pidi&oacute; agua para lavarse las manos.... Mientras Chinto
+buscaba torpemente una jofaina, la madre, llorosa, temblando, preguntaba
+nuevas.</p>
+
+<p>&mdash;Bah... no tenga usted cuidado... ese chico me dijo que se trataba de
+un lance muy peligroso, y me traje los chismes... no s&eacute; para qu&eacute;: una
+muchacha como un castillo, con formaci&oacute;n admirable, una versi&oacute;n que se
+hizo en un decir Jes&uacute;s.... Estamos concluyendo. Ahora la comadre basta,
+pero yo ser&eacute; testigo.</p>
+
+<p>Lavose las manos mientras esto dec&iacute;a, y torn&oacute; a su puesto. La mecha de
+petr&oacute;leo, consumida, carbonizada, atufaba la habitaci&oacute;n, dej&aacute;ndola casi
+en tinieblas, cuando dos o tres gritos, no ya desfallecidos, sino, al
+contrario, grandes, potentes, victoriosos, conmovieron la habitaci&oacute;n, y
+tras de ellos se oy&oacute;, perceptible y claro, un vagido.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XXXVIII" id="XXXVIII"></a><a href="#capitulos">-XXXVIII-</a></h2>
+
+<h3>&iexcl;Por fin lleg&oacute;!</h3>
+
+
+<p>Amparo descansa abismada en el reposo inefable de las primeras horas.
+Sin embargo, a medida que la luz de la p&aacute;lida ma&ntilde;ana entra por el
+ventanillo, vu&eacute;lvele la memoria y la conciencia de s&iacute; misma. Llama a
+Chinto cece&aacute;ndolo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; quieres, mujer?</p>
+
+<p>&mdash;Vas a ir corriendo al cuartel de infanter&iacute;a.... Parece que ahora no
+sale la tropa de los cuarteles.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno.</p>
+
+<p>&mdash;Si no est&aacute; all&iacute; don Baltasar, a su casa.... &iquest;La sabes?</p>
+
+<p>&mdash;La s&eacute;. &iquest;Qu&eacute; le digo?</p>
+
+<p>&mdash;Le dir&aacute;s... &iexcl;veremos c&oacute;mo sabes dar el recado! Le dir&aacute;s que tengo un
+ni&ntilde;o... &iquest;oyes? No vayas a equivocarte....</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, un ni&ntilde;o....</p>
+
+<p>&mdash;Un ni&ntilde;o... no sea que digas una ni&ntilde;a, tonto; un ni&ntilde;o, un ni&ntilde;o.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No le digo m&aacute;s?</p>
+
+<p>&mdash;Y que ya sabe lo que me ofreci&oacute;... y que si quiere ponerse por padre
+de la criatura... y que ma&ntilde;ana se bautiza.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Nada m&aacute;s?</p>
+
+<p>&mdash;Nada m&aacute;s.... Esto... bien clarito.</p>
+
+<p>Chinto sal&iacute;a cuando entraba Ana, que se hab&iacute;a ido a su casa a dormir.
+Ven&iacute;a muy misteriosa, como el que trae nuevas estupendas.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y ese valor, y el peque&ntilde;o?&mdash;pregunt&oacute; alzando la s&aacute;bana y la manta y
+sacando del tibio rinc&oacute;n donde yac&iacute;a, un bulto, un paquete, un pa&ntilde;uelo
+de lana, entre cuyos dobleces se columbraba una carita microsc&oacute;pica
+amoratada, unos ojuelos cerrados, unas faccioncillas peregrinamente
+serias, con la seriedad c&oacute;mica de los reci&eacute;n nacidos. Ana empez&oacute; a
+hablarle, a decirle mil zalamer&iacute;as a aquel bollo que del mundo exterior
+s&oacute;lo conoc&iacute;a las sensaciones de calor y fr&iacute;o; busc&oacute; una cucharilla y le
+palade&oacute; con agua azucarada; arregl&oacute; la gorra protectora del cr&aacute;neo,
+blando y colorado como una berenjena, y despu&eacute;s se sent&oacute; a la cabecera
+del lecho, depositando en el regazo el fajado mu&ntilde;eco.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No sabes?&mdash;exclam&oacute; abriendo por fin la esclusa de sus noticias&mdash;.
+Encontr&eacute; a la que les cose a las de Garc&iacute;a.... No te alteres, mujer,
+al&eacute;grate; se largan esta tarde para Madr&iacute;, porque tuvieron parte de que
+ganaron el pleito y van a arreglarlo all&aacute; todo.</p>
+
+<p>Volvi&oacute; Amparo el rostro con l&aacute;nguido movimiento, murmurando:</p>
+
+<p>&mdash;Dios vaya con ellas.</p>
+
+<p>&mdash;No s&eacute; que no les pase algo en el camino, porque anda todo revuelto....
+Me dijo esa misma chica que hoy sin falta ven&iacute;a la Rep&uacute;blica....</p>
+
+<p>&mdash;Hace... ocho d&iacute;as que la est&aacute;n anunciando....</p>
+
+<p>&mdash;Calla, no hables, que te puede venir el delirio....</p>
+
+<p>Y la Comadreja se dedic&oacute; a arrullar al infante mientras Amparo se
+sepultaba otra vez en un sopor que le dejaba el cerebro hueco, la cabeza
+vac&iacute;a, anonadando su pensamiento y haci&eacute;ndola insensible a lo que pasaba
+en torno suyo. Los pasos de Chinto la llamaron a la vida otra vez. Abri&oacute;
+los ojos, que, en la palidez amarillosa de su morena cara, parec&iacute;an
+mayores y azulados. Chinto se acerc&oacute; andando de puntillas, torp&oacute;n y
+zambo como siempre. Adem&aacute;s parec&iacute;a hallarse muy turbado.</p>
+
+<p>&mdash;Caro me cost&oacute; que me dejasen pasar al cuartel&mdash;murmur&oacute; con su
+estropajosa habla de paisano, que sal&iacute;a a relucir de nuevo en los lances
+dif&iacute;ciles&mdash;. No se puede andar.... Todo est&aacute; revuelto.... La gente corre
+como loca por las calles.... All&iacute;... dice que se march&oacute; el Rey.... Que
+en Madr&iacute; hay Rep&uacute;blica....</p>
+
+<p>Medio se incorpor&oacute; Amparo, apartando de la frente los negros cabellos
+lacios con el sudor que los empapaba....</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; me dices?&mdash;balbuci&oacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Lo que te digo, mujer.... El alcalde y el gobernador ya echaron muchos
+bandos, que los vi en las esquinas.... Y est&aacute;n poniendo trapos de color
+en los balcones....</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ser&aacute; la cierta!&mdash;clam&oacute; alzando las manos&mdash;. Sigue, sigue.</p>
+
+<p>&mdash;Pues fui al cuartel... y all&iacute; no estaba....</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Ir&iacute;as a su casa volando?&mdash;interrog&oacute; Amparo temblona.</p>
+
+<p>&mdash;Fui... y dice que....</p>
+
+<p>&mdash;Acaba, maldito.</p>
+
+<p>&mdash;Y dice que...&mdash;Chinto se devan&oacute; los sesos buscando una f&oacute;rmula
+diplom&aacute;tica&mdash;. Dice que no est&aacute; en el pueblo, porque... porque ayer se
+march&oacute; a Madr&iacute;.</p>
+
+<p>Quiso abrir la boca Amparo y articular algo, pero su dolorida laringe no
+alcanz&oacute; a emitir un sonido. Echose ambos pu&ntilde;os a los cabellos y se los
+mes&oacute; con tan repentina furia, que algunos, arrancados, cayeron
+retorci&eacute;ndose como negros viboreznos sobre el emboce de la cama.... Las
+u&ntilde;as, desatentadas, recorrieron el contra&iacute;do semblante y lo ara&ntilde;aron y
+ofendieron....</p>
+
+<p>&mdash;L&aacute;rgate, que me voy a levantar&mdash;dijo por fin a Chinto&mdash;, a ver si
+re&uacute;no gente y quemo aquella maldita madriguera de los de Sobrado.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, l&aacute;rgate&mdash;a&ntilde;adi&oacute; Ana&mdash;. &iexcl;Para las buenas noticias que traes!</p>
+
+<p>En vez de obedecer, acercose Chinto a la cama, donde jadeaba Amparo
+partida, hecha rajas por el horrible esfuerzo de su c&oacute;lera.</p>
+
+<p>&mdash;Mujer, oyes, mujer...&mdash;pronunci&oacute; con voz que quer&iacute;a suavizar y que
+s&oacute;lo lograba ensordecer&mdash;no te aflijas, no te mates.... All&iacute;... yo... yo
+me pondr&eacute; por padre y nos casaremos si quieres... y si no, no... lo que
+digas.</p>
+
+<p>Como generosa yegua de pura sangre a la cual pretendiesen enganchar
+haciendo tronco con un individuo de la raza asinina, la Tribuna se
+irgui&oacute;, y salt&aacute;ndosele los ojos de las &oacute;rbitas, los carrillos inflamados
+por la fiebre, grit&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Sal, sal de ah&iacute;, bruto.... &iexcl;Quieres condenarme!</p>
+
+<p>Fuese el emisario de malas nuevas con la m&uacute;sica a otra parte, cabizbajo,
+convencido de que era un criminal, y la oradora permaneci&oacute; sentada en la
+cama, arrugando las ropas en la contorsi&oacute;n desesperada de sus miembros y
+cuerpo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Justicia&mdash;clamaba&mdash;, justicia! &iexcl;Justicia al pueblo... favor, madre
+m&iacute;a del Amparo! &iexcl;Virgen de la Guardia!, &iquest;pero c&oacute;mo consientes esto? &iexcl;La
+palabra, la palabra, la palaaaabra... los derechos que... matar a los
+oficiales, a los oficia!...</p>
+
+<p>Un principio de fiebre y delirio se trasluc&iacute;a en la incoherencia de sus
+palabras. Su cabeza se trastornaba y aguda jaqueca le atarazaba las
+sienes. Dejose caer aletargada sobre las fundas, respirando
+trabajosamente, casi convulsa. Ana se sinti&oacute; iluminada por una idea
+feliz. Tom&oacute; el mu&ntilde;eco vivo, y sin decir palabra, lo acost&oacute; con su madre,
+arrim&aacute;ndolo al seno, que el angelito busc&oacute; a tientas, a hocicadas, con
+su boca de seda, desdentada, h&uacute;meda y suave. Dos l&aacute;grimas refrigerantes
+asomaron a los p&aacute;rpados de la Tribuna, rezumaron al trav&eacute;s de las
+pesta&ntilde;as espesas, humedecieron la escaldada mejilla, y en pos vinieron
+otras, que se apresuraban desahogando el coraz&oacute;n y aliviando la
+calentura incipiente....</p>
+
+<p>Al exterior, las r&aacute;fagas de la triste brisa de febrero silbaban en los
+deshojados &aacute;rboles del camino y se estrellaban en las paredes de la
+casita. O&iacute;ase el paso de las cigarreras que regresaban de la F&aacute;brica; no
+pisadas iguales, el&aacute;sticas y cadenciosas como las que sol&iacute;an dar al
+retirarse a sus hogares diariamente, sino un andar caprichoso,
+apresurado, turbulento. Del grupo m&aacute;s compacto, del pelot&oacute;n m&aacute;s resuelto
+y numeroso, que tal vez se compon&iacute;a de veinte o treinta mujeres juntas,
+salieron algunas voces gritando:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Viva la Rep&uacute;blica federal!</p>
+
+<p class="derecha"><b>EMILIA PARDO BAZ&Aacute;N</b></p>
+
+<p class="derecha">Granja de Meir&aacute;s, octubre de 1882.</p>
+
+<p>&nbsp;</p>
+<p>&nbsp;</p>
+<hr class="full" />
+<p>***END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK LA TRIBUNA***</p>
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+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
+Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
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+Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
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+unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
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+EBooks posted prior to November 2003, with eBook numbers BELOW #10000,
+are filed in directories based on their release date. If you want to
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+search system you may utilize the following addresses and just
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+
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+
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+filed in a different way. The year of a release date is no longer part
+of the directory path. The path is based on the etext number (which is
+identical to the filename). The path to the file is made up of single
+digits corresponding to all but the last digit in the filename. For
+example an eBook of filename 10234 would be found at:
+
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+
+or filename 24689 would be found at:
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+
+An alternative method of locating eBooks:
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+This eBook, including all associated images, markup, improvements,
+metadata, and any other content or labor, has been confirmed to be
+in the PUBLIC DOMAIN IN THE UNITED STATES.
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+the "Copyright How-To" at https://www.gutenberg.org.
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+No investigation has been made concerning possible copyrights in
+jurisdictions other than the United States. Anyone seeking to utilize
+this eBook outside of the United States should confirm copyright
+status under the laws that apply to them.
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+Project Gutenberg (https://www.gutenberg.org) public repository for
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