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| author | Roger Frank <rfrank@pglaf.org> | 2025-10-15 04:51:15 -0700 |
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You may copy it, give it away or +re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included +with this eBook or online at www.gutenberg.org + + + + + +Title: La Tribuna + + +Author: Emilia Pardo Barzán + + + +Release Date: January 11, 2006 [eBook #17491] + +Language: Spanish + +Character set encoding: ISO-8859-1 + + +***START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK LA TRIBUNA*** + + +E-text prepared by Chuck Greif from digital material generously made +available by La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes +(http://www.cervantesvirtual.com/) + + + +Note: The source material from which this e-book was taken can be seen + at http://www.cervantesvirtual.com/FichaObra.html?Ref=61 + + + + +_La Tribuna_ + +Emilia Pardo Bazán + +Alfredo de Carlos, Madrid 1883 + + + + + + + +Prólogo + + +Lector indulgente: No quiero perder la buena costumbre de empezar mis +novelas hablando contigo breves palabras. Más que nunca debo mantenerla +hoy, porque acerca de _La Tribuna_ tengo varias advertencias que +hacerte, y así caminarán juntos en este prólogo el gusto y la necesidad. + +Si bien _La Tribuna_ es en el fondo un estudio de costumbres locales, el +andar injeridos en su trama sucesos políticos tan recientes como la +Revolución de Setiembre de 1868, me impulsó a situarla en lugares que +pertenecen a aquella geografía moral de que habla el autor de las +_Escenas montañesas_, y que todo novelista, chico o grande, tiene el +indiscutible derecho de forjarse para su uso particular. Quien desee +conocer el plano de _Marineda_, búsquelo en el atlas de mapas y planos +privados, donde se colecciona, no sólo el de Orbajosa, Villabermeja y +Coteruco, sino el de las ciudades de R***, de L*** y de X***, que +abundan en las novelas románticas. Este privilegio concedido al +novelista de crearse un mundo suyo propio, permite más libre inventiva y +no se opone a que los elementos todos del _microcosmos_ estén tomados, +como es debido, de la realidad. Tal fue el procedimiento que empleé en +_La Tribuna_, y lo considero suficiente--si el ingenio me ayudase--para +alcanzar la verosimilitud artística, el vigor analítico que infunde vida +a una obra. + +Al escribir _La Tribuna_ no quise hacer sátira política; la sátira es +género que admito sin poderlo cultivar; sirvo poco o nada para el caso. +Pero así como niego la intención satírica, no sé encubrir que en este +libro, casi a pesar mío, entra un propósito que puede llamarse +_docente_. Baste a disculparlo el declarar que nació del espectáculo +mismo de las cosas, y vino a mí, sin ser llamado, por su propio impulso. +Al artista que sólo aspiraba retratar el aspecto pintoresco y +característico de una _capa social_, se le presentó por añadidura la +moraleja, y sería tan sistemático rechazarla como haberla buscado. +Porque no necesité agrupar sucesos, ni violentar sus consecuencias, ni +desviarme de la realidad concreta y positiva, para tropezar con pruebas +de que es absurdo el que un pueblo cifre sus esperanzas de redención y +ventura en formas de gobierno que desconoce, y a las cuales por lo mismo +atribuye prodigiosas virtudes y maravillosos efectos. Como la raza +latina practica mucho este género de culto fetichista e idolátrico, +opino que si escritores de más talento que yo lo combatiesen, prestarían +señalado servicio a la patria. + +Y vamos a otra cosa. Tal vez no falte quien me acuse de haber pintado al +pueblo con crudeza naturalista. Responderé que si nuestro pueblo fuese +igual al que describiesen Goncourt y Zola, yo podría meditar +profundamente en la conveniencia o inconveniencia de retratarlo; pero +resuelta a ello, nunca seguiría la escuela idealista de Trueba y de la +insigne Fernán, que riñe con mis principios artísticos. Lícito es +callar, pero no fingir. Afortunadamente, el pueblo que copiamos los que +vivimos del lado acá del Pirene no se parece todavía, en buen hora lo +digamos, al del lado allá. Sin adolecer de optimista, puedo afirmar que +la parte del pueblo que vi de cerca cuando tracé estos estudios, me +sorprendió gratamente con las cualidades y virtudes que, a manera de +agrestes renuevos de inculta planta, brotaban de él ante mis ojos. El +método de análisis implacable que nos impone el arte moderno me ayudó a +comprobar el calor de corazón, la generosidad viva, la caridad +inagotable y fácil, la religiosidad sincera, el recto sentir que abunda +en nuestro pueblo, mezclado con mil flaquezas, miserias y preocupaciones +que a primera vista lo oscurecen. Ojalá pudiese yo, sin caer en falso +idealismo, patentizar esta belleza recóndita. + +No, los tipos del pueblo español en general, y de la costa cantábrica en +particular, no son aún--salvas fenomenales excepciones--los que se +describen con terrible verdad en _L’Assommoir, Germinie Lacerteux_ y +otras obras, donde parece que el novelista nos descubre las +abominaciones monstruosas de la Roma pagana, que unidas a la barbarie +más grosera, retoñan en el corazón de la Europa cristiana y civilizada. +Y ya que por dicha nuestra las faltas del pueblo que conocemos no +rebasan de aquel límite a que raras veces deja de llegar la flaca +decaída condición del hombre, pintémosle, si podemos, tal cual es, +huyendo del _patriarcalismo_ de Trueba como del socialismo humanitario +de Sue, y del método de cuantos, trocando los frenos, atribuyen a +Calibán las seductoras gracias de Ariel. + +En abono de _La Tribuna_ quiero añadir que los maestros Galdós y Pereda +abrieron camino a la licencia que me tomo de hacer hablar a mis +personajes como realmente se habla en la región de donde los saqué. +Pérez Galdós, admitiendo en su _Desheredada_ el lenguaje de los barrios +bajos; Pereda, sentenciando a muerte a las zagalejas de porcelana y a +los pastorcillos de égloga, señalaron rumbos de los cuales no es +permitido apartarse ya. Y si yo debiese a Dios las facultades de alguno +de los ilustres narradores cuyo ejemplo invoco, ¡cuánto gozarías, oh +lector discreto, al dejar los trillados caminos de la retórica novelesca +diaria para beber en el vivo manantial de las expresiones populares, +incorrectas y desaliñadas, pero frescas, enérgicas y donosas! + +Queda adiós, lector, y ojalá te merezca este libro la misma acogida que +_Un viaje de novios_. Tu aplauso me sostendrá en la difícil vía de la +observación, donde no todo son flores para un alma compasiva. + +EMILIA PARDO BAZÁN + +Granja de Meirás, octubre de 1882. + + + + +-I- + +Barquillos + + +Comenzaba a amanecer, pero las primeras y vagas luces del alba a duras +penas lograban colarse por las tortuosas curvas de la calle de los +Gastros, cuando el señor Rosendo, el barquillero que disfrutaba de más +parroquia y popularidad en Marineda, se asomó, abriendo a bostezos, a la +puerta de su mezquino cuarto bajo. Vestía el madrugador un desteñido +pantalón grancé, reliquia bélica, y estaba en mangas de camisa. Miró al +poco cielo que blanqueaba por entre los tejados, y se volvió a su +cocinilla, encendiendo un candil y colgándolo del estribadero de la +chimenea. Trajo del portal un brazado de astillas de pino, y sobre la +piedra del fogón las dispuso artísticamente en pirámide, cebada por su +base con virutas, a fin de conseguir una hoguera intensa y flameante. +Tomó del vasar un tarterón, en el cual vació cucuruchos de harina y +azúcar, derramó agua, cascó huevos y espolvoreó canela. Terminadas estas +operaciones preliminares, estremeciose de frío--porque la puerta había +quedado de par en par, sin que en cerrarla pensase y descargó en el +tabique dos formidables puñadas. + +Al punto salió rápidamente del dormitorio o cuchitril contiguo una +mozuela de hasta trece años, desgreñada, con el cierto andar de quien +acaba de despertarse bruscamente, sin más atavíos que una enagua de +lienzo y un justillo de dril, que adhería a su busto, anguloso aún, la +camisa de estopa. Ni miró la muchacha al señor Rosendo, ni le dio los +buenos días; atontada con el sueño y herida por el fresco matinal que le +mordía la epidermis, fue a dejarse caer en una silleta, y mientras el +barquillero encendía estrepitosamente fósforos y los aplicaba a las +virutas, la chiquilla se puso a frotar con una piel de gamuza el enorme +cañuto de hojalata donde se almacenaban los barquillos. + +Instalose el señor Rosendo en su alto trípode de madera ante la llama +chisporroteadora y crepitante ya, y metiendo en el fuego las magnas +tenazas, dio principio a la operación. Tenía a su derecha el barreño del +amohado, en el cual mojaba el cargador, especie de palillo grueso; y +extendiendo una leve capa de líquido sobre la cara interior de los +candentes hierros, apresurábase a envolverla en el molde con su dedo +pulgar, que a fuerza de repetir este acto se había convertido en una +callosidad tostada, sin uña, sin yema y sin forma casi. Los barquillos, +dorados y tibios, caían en el regazo de la muchacha, que los iba +introduciendo unos en otros a guisa de tubos de catalejo, y colocándolos +simétricamente en el fondo del cañuto; labor que se ejecutaba en +silencio, sin que se oyese más rumor que el crujir de la leña, el +rítmico chirrido de las tenazas al abrir y cerrar sus fauces de hierro, +el seco choque de los crocantes barquillos al tropezarse, y el silbo del +amohado al evaporar su humedad sobre la ardiente placa. La luz del +candil y los reflejos de la lumbre arrancaban destellos a la hojalata +limpia, al barro vidriado de las cazuelas del vasar, y la temperatura se +suavizaba, se elevaba, hasta el extremo de que el señor Rosendo se +quitase la gorra con visera de hule, descubriendo la calva sudorosa, y +la niña echase atrás con el dorso de la mano sus indómitas guedejas que +la sofocaban. + +Entre tanto, el sol, campante ya en los cielos, se empeñaba en cernir +alguna claridad al través de los vidrios verdosos y puercos del +ventanillo que tenía obligación de alumbrar la cocina. Sacudía el sueño +la calle de los Castros, y mujeres en trenza y en cabello, cuando no en +refajo y chancletas, pasaban apresuradas, cuál en busca de agua, cuál a +comprar provisiones a los vecinos mercados; oíanse llantos de +chiquillos, ladridos de perros; una gallina cloqueó; el canario de la +barbería de enfrente redobló trinando como un loco. De tiempo en tiempo +la niña del barquillero lanzaba codiciosas ojeadas a la calle. ¡Cuándo +sería Dios servido de disponer que ella abandonase la dura silla, y +pudiese asomarse a la puerta, que no es mucho pedir! Pronto darían las +nueve, y de los seis mil barquillos que admitía la caja sólo estaban +hechos cuatro mil y pico. Y la muchacha se desperezó maquinalmente. Es +que desde algunos meses acá bien poco le lucía el trabajo a su padre. +Antes despachaba más. + +El que viese aquellos cañutos dorados, ligeros y deleznables como las +ilusiones de la niñez, no podía figurarse el trabajo ímprobo que +representaba su elaboración. Mejor fuera manejar la azada o el pico que +abrir y cerrar sin tregua las tenazas abrasadoras, que además de quemar +los dedos, la mano y el brazo, cansaban dolorosamente los músculos del +hombro y del cuello. La mirada, siempre fija en la llama, se fatigaba; +la vista disminuía; el espinazo, encorvado de continuo, llevaba, a puros +esguinces, la cuenta de los barquillos que salían del molde. ¡Y ningún +día de descanso! No pueden los barquillos hacerse de víspera; si han de +gustar a la gente menuda y golosa, conviene que sean fresquitos. Un nada +de humedad los reblandece. Es preciso pasarse la mañana, y a veces la +noche, en fabricarlos, la tarde en vocearlos y venderlos. En verano, si +la estación es buena y se despacha mucho y se saca pingüe jornal, +también hay que estarse las horas caniculares, las horas perezosas, +derritiendo el alma sobre aquel fuego, sudando el quilo, preparando +provisión doble de barquillos para la venta pública y para los cafés. Y +no era que el señor Rosendo estuviese mal con su oficio; nada de eso; +artistas habría orgullosos de su destreza, pero tanto como él, ninguno. +Por más que los años le iban venciendo, aún se jactaba de llenar en +menos tiempo que nadie el tubo de hojalata. No ignoraba primor alguno de +los concernientes a su profesión; barquillos anchos y finos como seda +para rellenar de huevos hilados, barquillos recios y estrechos para el +agua de limón y el sorbete, hostias para las confiterías--y no las hacía +para las iglesias por falta de molde que tuviese una cruz--, flores, +hojuelas y _orejas de fraile_ en Carnaval, buñuelos en todo tiempo.... +Pero nunca lo tenía de lucir estas habilidades accesorias, porque los +barquillos de diario eran absorbentes. ¡Bah!, en consiguiendo vivir y +mantener la familia.... + +A las nueve muy largas, cuando cerca de cinco mil barquillos reposaban +en el tubo, todavía el padre y la hija no habían cruzado palabra. +Montones de brasa y ceniza rodeaban la hoguera, renovada dos o tres +veces. La niña suspiraba de calor, el viejo sacudía frecuentemente la +mano derecha, medio asada ya. Por fin, la muchacha profirió: + +--Tengo hambre. + +Volvió el padre la cabeza, y con expresivo arqueamiento de cejas indicó +un anaquel del vasar. Encaramose la chiquilla trepando sobre la artesa, +y bajó un mediano trozo de pan de mixtura, en el cual hincó el diente +con buen ánimo. Aún rebuscaba en su falda las migajas sobrantes para +aprovecharlas, cuando se oyeron crujidos de catre, carraspeos, los +ruidos característicos del despertar de una persona, y una voz entre +quejumbrosa y despótica llamó desde la alcoba cercana al portal: + +--¡Amparo! + +Se levantó la niña y acudió al llamamiento, resonando de allí a poco +rato su hablar. + +--Afiáncese, señora... así... cárguese más... aguarde que le voy a batir +este jergón... (Y aquí se escuchó una gran sinfonía de hojas de maíz, un +_sirrisssch_... prolongado y armonioso.) + +La voz mandona dijo opacamente algo, y la infantil contestó: + +--Ya la voy a poner a la lumbre, ahora mismito.... ¿Tendrá por ahí el +azúcar? + +Y respondiendo a una interpelación altamente ofensiva para su dignidad, +gritó la chiquilla: + +--Y piensa que.... ¡Aunque fuera oro puro! Lo escondería usted misma.... +Ahí está, detrás de la funda... ¿lo ve? + +Salió con una escudilla desportillada en la mano, llena de morena +melaza, y arrimando al fuego un pucherito donde estaba ya la cascarilla, +le añadió en debidas proporciones azúcar y leche, y volviose al cuarto +del portal con una taza humeante y colmada a reverter. En el fondo del +cacharro quedaba como cosa de otra taza. El barquillero se enderezó +llevándose las manos a la región lumbar, y sobriamente, sin +concupiscencia, se desayunó bebiendo las sobras por el puchero mismo. +Enjugó después su frente regada de sudor con la manga de la camisa, +entró a su vez en el cuarto próximo; y al volver a presentarse, vestido +con pantalón y chaqueta de paño pardo, se terció a las espaldas la caja +de hoja de lata y se echó a la calle. Amparo, cubriendo la brasa con +ceniza, juntaba en una cazuela berzas, patatas, una corteza de tocino, +un hueso rancio de cerdo, cumpliendo el deber de condimentar el caldo +del humilde menaje. Así que todo estuvo arreglado, metiose en el +cuchitril, donde consagró a su aliño personal seis minutos y medio, +repartidos como sigue: un minuto para calzarse los zapatos de becerro, +pues todavía estaba descalza; dos para echarse un refajo de bayeta y un +vestido de tartán; un minuto para pasarse la punta de un paño húmedo por +ojos y boca (más allá no alcanzó el aseo); dos minutos para escardar con +un peine desdentado la revuelta y rizosa crencha, y medio para tocarse +al cuello un pañolito de indiana. Hecho lo cual, se presentó más oronda +que una princesa a la persona encamada a quien había llevado el +desayuno. Era esta una mujer de edad madura, agujereada como una +espumadera por las viruelas, chata de frente, de ojos chicos. Viendo a +la chiquilla vestida se escandalizó: ¿a dónde iría ahora semejante +vagabunda? + +--A misa, señora, que es domingo.... ¿Qué volver con noche ni con noche? +Siempre vine con día, siempre.... ¡Una vez de cada mil! Queda el caldo +preparadito al fuego.... Vaya, abur. + +Y se lanzó a la calle con la impetuosidad y brío de un cohete bien +disparado. + + + + +-II- + +Padre y madre + + +Tres años antes, la imposibilitada estaba sana y robusta y ganaba su +vida en la Fábrica de Tabacos. Una noche de invierno fue a jabonar ropa +blanca al lavadero público, sudó, volvió desabrigada y despertó tullida +de las caderas.--Un aire, señor--decía ella al médico. + +Quedose reducida la familia a lo que trabajase el señor Rosendo: el real +diario que del _fondo de Hermandad_ de la Fábrica recibía la enferma no +llegaba a medio diente. Y la chiquilla crecía, y comía pan y rompía +zapatos, y no había quien la sujetase a coser ni a otro género de +tareas. Mientras su padre no se marchaba, el miedo a un pasagonzalo +sacudido con el cargador la tenía quieta ensartando y colocando +barquillos; pero apenas el viejo se terciaba la correa del tubo, sentía +Amparo en las piernas un hormigueo, un bullir de la sangre, una +impaciencia como si le naciesen alas a miles en los talones. La calle +era su paraíso. El gentío la enamoraba, los codazos y enviones la +halagaban cual si fuesen caricias, la música militar penetraba en todo +su ser produciéndole escalofríos de entusiasmo. Pasábase horas y horas +correteando sin objeto al través de la ciudad, y volvía a casa con los +pies descalzos y manchados de lodo, la saya en jirones, hecha una sopa, +mocosa, despeinada, perdida, y rebosando dicha y salud por los poros de +su cuerpo. A fuerza de filípicas maternales corría una escoba por el +piso, sazonaba el caldo, traía una herrada de agua; en seguida, con +rapidez de ave, se evadía de la jaula y tornaba a su libre vagancia por +calles y callejones. + +De tales instintos erráticos tendría no poca culpa la vida que +forzosamente hizo la chiquilla mientras su madre asistió a la Fábrica. +Sola en casa con su padre, apenas este salía, ella le imitaba por no +quedarse metida entre cuatro paredes: vaya, y que no eran tan alegres +para que nadie se embelesase mirándolas. La cocina, oscura y angosta, +parecía una espelunca, y encima del fogón relucían siniestramente las +últimas brasas de la moribunda hoguera. En el patín, si es verdad que se +veía claro, no consolaba mucho los ojos el aspecto de un montón de cal y +residuos de albañilería, mezclados con cascos de loza, tarteras rotas, +un molinillo inservible, dos o tres guiñapos viejos y un innoble zapato +que se reía a carcajadas. Casi más lastimoso era el espectáculo de la +alcoba matrimonial: la cama en desorden, porque la salida precipitada a +la Fábrica no permitía hacerla; los cobertores color de hospital, que no +bastaba a encubrir una colcha rabicorta; la vela de sebo, goteando +tristemente a lo largo de la palmatoria de latón veteada de cardenillo; +la palangana puesta en una silla y henchida de agua jabonosa y +grasienta; en resumen, la historia de la pobreza y de la incuria narrada +en prosa por una multitud de objetos feos, y que la chiquilla comprendía +intuitivamente; pues hay quien sin haber nacido entre sedas y holandas, +presume y adivina todas aquellas comodidades y deleites que jamas gozó. +Así es que Amparo huía, huía de sus lares camino de la Fábrica, llevando +a su madre, en una fiambrera, el bazuqueante caldo; pero, soltando a lo +mejor la carga, poníase a jugar al corro, a _San Severín_, a la viudita, +a cualquier cosa, con las damiselas de su edad y pelaje. + +Cuando la madre se vio encamada quiso imponer a la hija el trabajo +sedentario: era tarde. La planta rústica no se sujetaba ya al espaller. +Amparo había ido a la escuela en sus primeros años, años de relativa +prosperidad para la familia, sucediéndole lo que a la mayor parte de las +niñas pobres, que al poco tiempo se cansan sus padres de enviarlas y +ellas de asistir, y se quedan sin más habilidad que la lectura, cuando +son listas, y unos rudimentos de escritura. De aguja apenas sabía Amparo +nada. La madre se resignó con la esperanza de colocarla en la Fábrica. +--«Que trabaje--decía--como yo trabajé». Y al murmurar esta sentencia +suspiraba, recordando treinta años de incesante afán. Ahora su carne y +sus molidos huesos se tendían gustosamente en la cama, donde reposaba +tumbada panza arriba ínterin sudaban otros para mantenerla. ¡Que +sudasen! Dominada por el terrible egoísmo que suele atacar a los viejos +cuya mocedad fue laboriosa, la impedida hizo del potro de dolor quinta +de recreo. Lo que es allí ya podían venir penas; lo que es allí a buen +seguro que la molestase el calor ni el frío. ¿Que era preciso lavar la +ropa? Bueno, ella no tenía que levantarse a jabonarla, le había costado +bien caro una vez. ¿Que estaba sucio el piso? Ya lo barrerían, y si no, +por ella, aunque en todo el año no se barriese.... ¿De qué le había +servido tanto romper el cuerpo cuando era joven? De verse ahora tullida +--«¡Ay, no se sabe lo que es la salud hasta después de que se pierde!» +--exclamaba sentenciosamente, sobre todo los días en que el dolor +artrítico le atarazaba las junturas. Otras veces, jactanciosa como todo +inválido, decía a su hija:--«Sácateme de delante, que irrita el verte; +de tu edad era yo una loba que daba en un cuarto de hora vuelta a una +casa». + +Sólo echaba de menos la animación de su Fábrica, las compañeras. A bien +que las vecinas de la calle solían acercarse a ofrecerle un rato de +palique: una sobre todo, Pepa la comadrona, por mal nombre señora +Porreta. Era esta mujer colosal, a lo ancho más aún que a lo alto; +parecíase a tosca estatua labrada para ser vista de lejos. Su cara +enorme, circuida por colgante papada, tenía palidez serosa. Calzaba +zapatillas de hombre y usaba una sortija, de tamaño masculino también, +en el dedo meñique. Acercábase a la cama de la impedida, le sometía las +ropas, le abofeteaba la almohada apoyando fuertemente ambas manos en los +muslos, a fin de sostener la mole de su vientre, y con voz sorda y +apagada empezaba a referir chismes del barrio, escabrosos pormenores de +su profesión, o las maravillosas curas que pueden obtenerse con un +cocimiento de ruda, huevo y aceite, con la hoja de la malva bien +machacadita, con romero hervido en vino, con unturas de enjundia de +gallina. Susurraban los maldicientes que entre parleta y parleta solía +la matrona entreabrir el pañuelo que le cubría los hombros y sacar una +botellica que fácilmente se ocultaba en cualquier rincón de su corpiño +gigantesco; y ya corroboraba con un trago de anís el exhausto gaznate, +ya ofrecía la botella a su interlocutora «para ir pasando las penas de +este mundo». A oídos del señor Rosendo llegó un día esta especie, y se +alarmó; porque mientras estuvo en la Fábrica no bebía nunca su mujer más +que agua pura; pero por mucho que entró impensadamente algunas tardes, +no cogió _infraganti_ a las delincuentes. Sólo vio que estaban muy +amigotas y compinches. Para la ex-cigarrera valía un Perú la comadrona; +al menos esa hablaba, porque lo que es su marido.... Cuando este +regresaba de la diaria correría por paseos y sitios públicos, y bajando +el hombro soltaba con estrépito el tubo en la esquina de la habitación, +el diálogo del matrimonio era siempre el mismo: + +--¿Qué tal?--preguntaba la tullida. + +Y el señor Rosendo pronunciaba una de estas tres frases: + +--Menos mal.--Un regular.--Condenadamente. + +Aludía a la venta, y jamás se dio caso de que agregase género alguno de +amplificación o escolio a sus oraciones clásicas. Poseía el +inquebrantable laconismo popular, que vence al dolor, al hambre, a la +muerte y hasta a la dicha. Soldado reenganchado, uncido en sus mejores +años al férreo yugo de la disciplina militar, se convenció de la +ociosidad de la palabra y necesidad del silencio. Calló primero por +obediencia, luego por fatalismo, después por costumbre. En silencio +elaboraba los barquillos, en silencio los vendía, y casi puede decirse +que los voceaba en silencio, pues nada tenía de análogo a la afectuosa +comunicación que establece el lenguaje entre seres racionales y humanos, +aquel grito gutural en que, tal vez para ahorrar un fragmento de +palabra, el viejo suprimía la última sílaba, reemplazádola por doliente +prolongación de la vocal penúltima: + +--Barquilleeeeé.... + + + + +-III- + +Pueblo de su nacimiento + + +Al sentar el pie en la calle, Amparo respiró anchamente. El sol, llegado +al zenit, lo alegraba todo. En los umbrales de las puertas los gatos, +acurrucados, presentaban el lomo al benéfico calorcillo, guiñando sus +pupilas de tigre y roncando de gusto. Las gallinas iban y venían +escarbando. La bacía del barbero, colgada sobre la muestra y rodeada de +una sarta de muelas rancias ya, brillaba como plata. Reinaba la soledad, +los vecinos se habían ido a misa o de bureo, y media docena de párvulos, +confiados al Ángel de la Guarda, se solazaban entre el polvo y las +inmundicias del arroyo, con la chola descubierta y expuestos a un +tabardillo. Amparo se arrimó a una de las ventanas bajas, y tocó en los +cristales con el puño cerrado. Abriéronse las vidrieras, y se vio la +cara de una muchacha pelinegra y descolorida, que tenía en la mano una +almohadilla de labrar donde había clavados infinidad de menudos +alfileres. + +--¡Hola! + +--¿Hola, Carmela, andas con la labor a vueltas?--pues es día de misa. + +--Por eso me da rabia... contestó la muchacha pálida, que hablaba con +cierto ceceo, propio de los puertecitos de mar en la provincia de +Marineda. + +--Sal un poco, mujer... vente conmigo. + +--Hoy... ¡quién puede! Hay un encargo... diez y seis varas de puntilla +para una señora del barrio de Arriba.... El martes se han de entregar +sin falta. + +Carmela se sentó otra vez con su almohadilla en el regazo, mientras los +hombros de Amparo se alzaban entre compasivos e indiferentes, como si +murmurasen--«Lo de costumbre»--. Apartose de allí, y sus pies +descendieron con suma agilidad la escalinata de la plaza de Abastos, +llena a la sazón de cocineras y vendedoras, y enhebrándose por entre +cestas de gallinas, de huevos, de quesos, salió a la calle de San Efrén, +y luego al atrio de la iglesia, donde se detuvo deslumbrada. + +Cuanto lujo ostenta un domingo en una capital de provincia se veía +reunido ante el pórtico, que las gentes cruzaban con el paso majestuoso +de personas bien trajeadas y compuestas, gustosas en ser vistas y +mutuamente resueltas a respetarse y a no promover empujones. Hacían cola +las señoras aguardando su turno, empavesadas y solemnes, con mucha +mantilla de blonda, mucho devocionario de canto dorado, mucho rosario de +oro y nácar, las madres vestidas de seda negra, las niñas casaderas, de +colorines vistosos. Al llegar a los postigos que más allá del pórtico +daban entrada a la nave, había crujidos de enaguas almidonadas, blandos +empellones, codazos suaves, respiración agitada de damas obesas, cruces +de rosarios que se enganchaban en un encaje o en un fleco, frases de +miel con su poco de vinagre, como--ay, usted dispense.... A mí me +empujan, señora, por eso yo.... No tire usted así, que se romperá el +adorno.... Perdone usted. + +Deslizose Amparo entre el grupo de la buena sociedad marinedina, y se +introdujo en el templo. Hacia el presbiterio se colocaban las señoritas, +arrodilladas con estudio, a fin de no arrugarse los trapos de +cristianar, y como tenían la cabeza baja, veíanse blanquear sus nucas, y +alguna estrecha suela de elegante botita remangaba los pliegues de las +faldas de seda. El centro de la nave lo ocupaba el piquete y la banda de +música militar, en correcta formación. A ambos lados, filas de hombres, +que miraban al techo o a las capillas laterales, como si no supiesen qué +hacer de los ojos. De pronto lució en el altar mayor la vislumbre de oro +y colores de una casulla de tisú; quedó el concurso en mayor silencio; +las damas abrieron sus libros con las enguantadas manos, y a un tiempo +murmuró el sacerdote _Introito_ y rompió en sonoro acorde la charanga, +haciendo oír las profanas notas de _Traviatta_, cabalmente los compases +ardientes y febriles del dúo erótico del primer acto. El son vibrante de +los metales añadía intensidad al canto, que, elevándose amplio y nutrido +hasta la bóveda, bajaba después a extenderse, contenido, pero brioso, +por la nave y el crucero, para cesar, de repente, al alzarse la hostia; +cuando esto sucedió, la marcha real, poderosa y magnífica, brotó de los +marciales instrumentos, sin que a intervalos dejase de escucharse en el +altar el misterioso repiqueteo de la campanilla del acólito. + +A la salida, repetición del desfile: junto a la pila se situaron tres o +cuatro de los que ya no se llamaban _dandys_ ni todavía _gomosos_, sino +_pollos y gallos_, haciendo ademán de humedecer los dedos en agua +bendita, y tendiéndolos bien enjutos a las damiselas para conseguir un +fugaz contacto de guantes vigilado por el ojo avizor de las mamás. Una +vez en el pórtico, era lícito levantar la cabeza, mirar a todos lados, +sonreír, componerse furtivamente la mantilla, buscar un rostro conocido +y devolver un saludo. Tras el deber, el placer; ahora la selecta +multitud se dirigía al paseo, convidada de la música y de la alegría de +un benigno domingo de marzo, en que el sol sembraba la regocijada +atmósfera de átomos de oro y tibios efluvios primaverales. Amparo se +dejó llevar por la corriente y presto vino a encontrarse en el paseo. + +No tenía entonces Marineda el parque inglés que, andando el tiempo, +hermoseó su recinto: y _las Filas_, donde se daban vueltas durante las +mañanas de invierno y las tardes de verano, eran una estrecha avenida, +pavimentada de piedra, de una parte guarnecida por alta hilera de casas, +de otra por una serie de bancos que coronaban toscas estatuas alegóricas +de las Estaciones, de las Virtudes, mutiladas y privadas de manos y +narices por la travesura de los muchachos. Sombreaban los asientos +acacias de tronco enteco, de clorótico follaje (cuando Dios se lo daba); +sepultadas entre piedras por todos lados, como prisionero en torre +feudal. A la sazón carecían de hojas, pero la caricia abrasadora del sol +impelía a la savia a subir, a las yemas a hincharse. Las desnudas ramas +se recortaban sobre el limpio matiz del firmamento, y a lo lejos el mar, +de un azul metálico, como pavonado, reposaba, viéndose inmóviles las +jarcias y arboladura de los buques surtos en la bahía, y quietos hasta +los impacientes gallardetes de los mástiles. Ni un soplo de brisa, ni +nada que desdijese de la apacibilidad profunda y soñolienta del +ambiente. + +Caído el pañuelo y recibiendo a plomo el sol en la mollera, miraba +Amparo con gran interés el espectáculo que el paseo presentaba. Señoras +y caballeros giraban en el corto trecho de _las Filas_, a paso lento y +acompasado, guardando escrupulosamente la derecha. La implacable +claridad solar azuleaba el paño negro de las relucientes levitas, +suavizaba los fuertes colores de las sedas, descubría las menores +imperfecciones de los cutis, el salseo de los guantes, el sitio de las +antiguas puntadas en la ropa reformada ya. No era difícil conocer al +primer golpe de vista a las notabilidades de la ciudad: una fila de +altos sombreros de felpa, de bastones de roten o concha con puño de oro, +de gabanes de castor, todo puesto en caballeros provectos y seriotes, +revelaba claramente a las autoridades, regente, magistrados, segundo +cabo, gobernador civil; seis o siete pantalones gris perla, pares de +guantes claros y flamantes corbatas denunciaban a la dorada juventud; +unas cuantas sombrillas de raso, un ramillete de vestidos que +trascendían de mil leguas a importación madrileña, indicaban a las +dueñas del cetro de la moda. Las gentes pasaban, y volvían a pasar, y +estaban pasando continuamente, y a cada vuelta se renovaba la misma +profesión por el mismo orden. + +Un grupo de oficiales de Infantería y Caballería ocupaba un banco +entero, y el sol parecía concentrarse allí, atraído por el resplandor de +los galones y estrellas de oro, por los pantalones rojo vivo, por el +relampagueo de las vainas de sable y el hule reluciente del casco de los +roses. Los oficiales, gente de buen humor y jóvenes casi todos, reían, +charlaban y hasta jugaban con un enjambre de elegantes niñas, que ni la +mayor sumaría doce años, ni la menor bajaba de tres. Tenían a las más +pequeñas sentadas en las rodillas, mientras las otras, de pie y con unos +atisbos de timidez y pudor femenil, no osaban acercarse mucho al banco, +haciendo como que platicaban entre sí, cuando realmente sólo atendían a +la conversación de los militares. Al otro extremo del paseo se oyó +entonces un grito conocidísimo de la chiquillería. + +--Barquilleeeeé.... + +--Batilos... a mí batilos, chilló al oírlo una rubilla carrilluda, que +cabalgaba en la pierna izquierda de un capitán de infantería portador de +formidables mostachos. + +--Nisita, no seas fastidiosa: te llevo a mamá--amonestó una de las +mayores, con gravedad imponente. + +--Pué teo batilos, batiiilos--berreó descompasadamente la rubia, +colorada como un pavo y apretando sus puñitos. + +--Tiene usted razón, señorita, díjole risueño un alférez de linda y +adamada figura, al ver que el angelito pateaba y hacía pucheros para +romper a llorar. Espérese usted, que habrá barquillos. Llamaremos a ese +digno funcionario.... Ya viene hacia acá. Usted, Borrén--añadió +dirigiéndose al capitán...--, ¿quiere usted darle una voz? + +--¡Eh... chss! ¡Barquilleeeeró!--gritó el capitán mostachudo, sin notar +que el círculo de las grandecitas se reía de su ronquera crónica. No +obstante la cual, el señor Rosendo le oyó, y se acercaba, derrengado con +el peso de la caja, que depositó en el suelo delante del grupo. Se +oyeron como píos y aleteos, el ruido de una canariera cuando le ponen +alpiste, y las chiquillas corrieron a rodear el tubo, mientras las +grandes se hacían las desdeñosas, cual si las humillase la idea de que a +su edad las convidaran a barquillos. Inclinada la rubia pedigüeña sobre +la especie de ruleta que coronaba la caja de hojalata, impulsaba con su +dedito la aguja, chillando de regocijo cuando se detenía en un número, +ya ganase, ya perdiese. Su júbilo rayó en paroxismo al momento que, +tendiendo la mano abierta, encima de cada dedo fue el señor Rosendo +calzándole una torre de barquillos: quedose extasiada mirándolos, sin +atreverse a abrir la boca para comérselos. + +Estando en esto, el alférez volvió casualmente la cabeza y divisó del +otro lado de los bancos un rostro de niña pobre que devoraba con los +ojos la reunión. Figurose que sería por apetito de barquillos, y le hizo +una seña, con ánimo de regalarle algunos. La muchacha se acercó, +fascinada por el brillo de la sociedad alegre y juvenil; pero al +entender que la brindaban con tomar parte en el banquete, encogiose de +hombros y movió negativamente la cabeza. + +--Bien harta estoy de ellos--pronunció con desdén. + +--Es la hija--explicó sin manifestar sorpresa el barquillero, que +embolsaba la calderilla y bajaba el hombro para ceñirse otra vez la +correa. + +--Por lo visto, eres la señorita de Rosendez--murmuró el alférez en son +de broma--. Vamos, Borrén, usted que es animado, dígale algo a esta +pollita. + +El de los mostachos consideraba a la recién venida atentamente, como un +arqueólogo miraría un ánfora acabada de encontrar en una excavación. A +las palabras del alférez contestó con ronco acento: + +--Pues vaya si le diré, hombre. Si estoy reparando esta chica, y es de +lo mejorcito que pasea por Marineda. Es decir, por ahora está sin +formar, ¿eh?--y el capitán abría y cerraba las dos manos como dibujando +en el aire unos contornos mujeriles--. Pero yo no necesito verlas cuando +se completan, hombre; yo las huelo antes, amigo Baltasar. Soy perro +viejo, ¿eh? Dentro de un par de años...--y Borrén hizo otro gesto +expresivo cual si se relamiese. + +Miraba el alférez a la muchacha, y admirábase de las predicciones de +Borrén: es verdad que había ojos grandes, pobladas pestañas, dientes +como gotas de leche; pero la tez era cetrina, el pelo embrollado +semejaba un felpudo, y el cuerpo y traje competían en desaliño y poca +gracia. Con todo, por seguir la broma, hizo el alférez que asentía a la +opinión del capitán, y pronunció: + +--Digo lo que el amigo Borrén: esta pollita nos va a dar muchos +disgustos.... Los oficiales se echaron a reír, y Amparo a su vez se fijó +en el que hablaba, sin comprender al pronto sus frases. + +--Cosas de Borrén.... Ese Borrén es célebre--exclamaron con algazara los +militares, a quienes no parecía ningún prodigio la chiquilla. + +--Reparen ustedes, señores--siguió el alférez--; la chica es una perla; +dentro de dos años nos mareará a todos. ¿Qué dices tú a eso, señorita de +Rosendez? Por de pronto, a mí me ha desairado no aceptando mis +barquillos.... Mira, te convido a lo que quieras, a dulces, a jerez... +pero con una condición. + +Amparo enrollaba las puntas del pañuelo sin dejar de mirar de reojo a su +interlocutor. No era lerda, y recelaba que se estuviesen burlando; sin +embargo, le agradaba oír aquella voz y mirar aquel uniforme refulgente. + +--¿Aceptas la condición? Lo dicho, te convido... pero tienes que darme +algo tú también: me darás un beso. + +Soltaron la carcajada los oficiales, ni más ni menos que si el alférez +hubiese proferido alguna notable agudeza; las niñas grandecitas se +volvieron haciendo que no oían, y Amparo, que tenía sus pupilas oscuras +clavadas en el rostro del mancebo, las bajó de pronto, quiso disparar +una callejera fresca, sintió que la voz se le atascaba en la laringe, se +encendió en rubor desde la frente hasta la barba, y echó a correr como +alma que lleva el diablo. + + + + +-IV- + +Que los tenga muy felices + + +Se ha mudado la decoración; ha pasado casi un año; corre el mes de +enero. No llueve; el cielo está aborregado de nubes lívidas que +presagian tormenta, y el viento costeño, redondo, giratorio como los +ciclones, arremolina el polvo, los fragmentos de papel, los residuos de +toda especie que deja la vida diaria en las calles de una ciudad. Parece +como si se hubiesen asociado vendaval y cierzo: aquel para aullar, +soplar, mugir; este para herir los semblantes con finísimos picotazos de +aguja, colgar gotitas de fluxión en las fosas nasales, azulear las +mejillas y enrojecer los párpados. En verdad que con semejante tiempo +los Santos Reyes, que caballeros en sus dromedarios venían desde el +misterioso país de la luz, atravesando la Palestina, a saludar al Niño, +debieron notar que se les helaban las manos, llenas de incienso y mirra, +y subir más que a paso la esclavina de aquellas dulletas de armiño y +púrpura con que los representan los pintores. A falta de esclavina, los +marinedinos alzaban cuanto podían el cuello del gabán o el embozo de la +capa. Es que el viento era frío de veras, y sobre todo, incómodo; +costaba un triunfo pelear con él. Entrábase por las bocacalles, +impetuoso y arrollador, bufando y barriendo a las gentes, a manera de +fuelle gigantesco. En el páramo de Solares, que separa el barrio de +Arriba del de Abajo, pasaban lances cómicos: capas que se enrollaban en +las piernas y no dejaban andar a sus dueños; enaguas almidonadas que se +volvían hacia arriba con fieros estallidos; aguadores que no podían con +la cuba, curiales a quienes una ráfaga arrebataba y dispersaba el +protocolo, señoritos que corrían diez minutos tras de una chistera +fugitiva, que, al fin, franqueando de un brinco el parapeto del muelle, +desaparecía entre las agitadas olas.... Hasta los edificios tomaban +parte en la batalla: aullaban los canalones, las fallebas de las +ventanas temblequeaban, retemblaban los cristales de las galerías, +coreando el dúo de bajos, profundo, amenazador y temeroso, entonado por +los dos mares, el de la bahía y el del Varadero. Tampoco estaban ellos +para bromas. + +En cambio, celebrábase gran fiesta en una casa de ricos comerciantes del +barrio de Abajo, la de _Sobrado Hermanos_. Era el santo de Baltasar, +único vástago masculino del tronco de los Sobrados, y cuando más +diabluras hacía fuera el viento, circulaban en el comedor los postres de +una pesada comida de provincia, en que el gusto no había enmendado la +abundancia. Sucediéranse, plato tras plato, los cebados capones, manidos +y con amarilla grasa; el pavo relleno; el jamón en dulce con costra de +azúcar tostado; las natillas, con arabescos de canela, y la tarta, el +indispensable ramillete de los días de días, con sus cimientos de +almendra, sus torres de piñonate, sus cresterías de caramelo y su +angelote de almidón ejecutando una pirueta con las alas tendidas. Ya se +aburrían los grandes de estar en la mesa; no así los niños. Ni a tres +tirones se levantarían ellos, cabalmente en el feliz instante en que era +lícito tirarse confites, comer con los dedos, hacer, de puro ahítos, mil +porquerías y comistrajos con su ración. Todo el mundo les dejaba +alborotar; era el momento de la desbandada; se habían pronunciado +brindis y contado anécdotas con mayor o menor donaire; pero ya nadie +tenía ánimos para sostener la conversación, y el Sobrado tío, que era +grueso y abotargado, se abanicaba con la servilleta. Levantó la sesión +el ama de casa, doña Dolores, diciendo que el café estaba prevenido en +la sala de recibir. + +En esta se habían prodigado las luces: dos bujías a los lados del piano +vertical; sobre la consola, en los candelabros de zinc, otras cuatro de +estearina rosa, acanaladas; en el velador central, entre los _albums_ y +estereóscopos, un gran quinqué con pantalla de papel picado. Iluminación +completa. ¡Es que por Baltasar echaban gustosos los Sobrados la casa por +la ventana, y más ahora que lo veían de uniforme, tan lindo y galán +mozo! A la fiesta habían sido convidados todos los íntimos: Borrén, otro +alférez llamado Palacios, la viuda de García y sus niñas, de las cuales +la menor era Nisita, la rubia de los barquillos, y por último, la +maestra de piano de las hermanas de Baltasar. La velada se organizó, +mejor dicho, se desordenó gratamente en la sala: cada cual tomó el café +donde mejor le plugo: doña Dolores y su cuñado, que resoplaba como una +foca, se apoderaron del sofá para entablar una conferencia sobre +negocios. Sobrado el padre fumaba un puro del estanco, obsequio de +Borrén, y saboreaba su café, aprovechando hasta el del platillo. La niña +mayor de García, Josefina, se sentó al piano, después de muy rogada, y +tras mil repulgos dio principio a una fantasía sobre motivos de Bellini; +Baltasar se colocó a su lado para volver las hojas, mientras sus +hermanas gozaban con las gracias de Nisita, que roía un trozo de +piñonate: manos, hocico y narices, todo lo tenía empeguntado de almíbar +moreno. + +--¡Estás bonita!--exclamaba Lola, la mayor de Sobrado--. ¡Puerca, +babada, te quedarás sin dientes! + +--No me impies--chillaba el angelito--; no me impies... voy a chucharme +ota ves.--Y sacaba de la faltriquera un adarve del castillo de la tarta. + +--¿Ha visto usted qué día?--preguntaba Borrén a la viuda de García, que +bien quisiera dejar de serlo--. Una garita ha derribado el viento; por +más señas que cayó sobre el centinela, ¿eh?, y a poco le mata. Y usted, +¿cómo se vino desde su casa? + +--¡Jesús... puede usted figurarse! Con mil apuros.... Yo no sé cómo me +arreglé para sujetar la ropa... y así todo.... + +--¡Quién estuviera allí! Ya conozco yo alguno.... + +--¡Jesús... no sé para qué! + +--Para admirar un pie tan lindo... y para darle el brazo, ¡hombre!, a +fin de que el viento no se la llevase. + +Juzgó la viuda que aquí convenía fingirse distraída, y cogió el +estereóscopo, mirando por él la fachada de las Tullerías. Del piano +saltó entonces un _allegro vivace_, con muchas octavas, y el tecleo +cubrió las voces... sólo se oyeron fragmentos del diálogo que sostenían +la agria voz de doña Dolores y la voz becerril de su cuñado. + +--La fábrica, bien... de capa caída... las hipotecas... al ocho.... +Liquidaron con el socio... la competencia.... + +--Josefina--gritó la viuda a la pianista--¿qué haces, niña? ¿No te +encargó doña Hermitas que pusieses el pedal en ese pasaje? + +--Y lo pone--intervino la maestra de piano--; pero debía ser desde el +compás anterior.... A ver, quiere usted repetir desde ahí... sol-la-do, +la-do.... + +--¡Lo hace hoy.... Jesús, qué mal! ¡Por lo mismo que hay gente!--murmuró +la madre--. Cuando está sola, aunque embrolle.... + +--Pues yo bien vuelvo las hojas; en mí no consiste--dijo risueño +Baltasar--. Y debe usted esmerarse, pollita, que estoy de días, y +Palacios la oye a usted boquiabierto y entusiasmado. + +--¡Bueno!--gritó la mujercita de trece años, suspendiendo de golpe su +fantasía--. Me están ustedes cortando... ea, ya no sé poner los dedos. +Como no aprendí la pieza de memoria, y este papel no es el mío.... Voy a +tocar otra cosa. + +Y echando atrás la cabeza y a Baltasar una mirada fugaz, arrancó del +teclado los primeros compases de mimosa habanera. La melodía comenzaba +soñolienta, perezosa, yámbica; después, de pronto, tenía un impulso de +pasión, un nervioso salto; luego tornaba a desmayarse, a caer en la +languidez criolla de su ritmo desigual. Y volvía monótona, repitiendo el +tema, y la mujercita, que no sabía interpretar la página clásica del +maestro italiano, traducía en cambio a maravilla la enervante molicie +amorosa, los poemas incendiarios que en la habanera se encerraban. +Josefina, al tocar, se cimbreaba levemente, cual si bailase, y Baltasar +estudiaba con curiosidad aquellos tempranos coqueteos, inconscientes +casi, todavía candorosos, mientras tarareaba a media voz la letra: + + _Cuando en la noche la blanca luna..._ + + +Diríase que fuera había aplacado la ventolina, pues los goznes de las +ventanas ya no gemían, ni temblaban los vidrios. Mas de improviso se +escuchó un derrumbamiento, un fragor como si el cielo se desfondase y +sus cataratas se abriesen de golpe. Lluvia torrencial, que azotó las +paredes, que inundó las tejas, que se precipitó por los canalones abajo, +estrellándose en las losas de la calle. En la sala hubo un instante de +sorpresa; Josefina interrumpió su habanera; Baltasar se aproximó a la +ventana; la viuda soltó el estereóscopo, y a Nisita se le cayó de las +manos el piñonate. Casi al mismo tiempo otro ruido, que subía del +portal, vino a dominar el ya formidable del aguacero; una algarabía, un +_chascarrás_ desapacible, unas voces cantando destempladamente con +acompañamiento de panderos y castañuelas. Saltaron alborotadas las +chiquillas, con Nisita a la cabeza. + +--Ya están ahí esas holgazanas--dijo ásperamente doña Dolores--. Anda, +Lola--añadió dirigiéndose a su hija mayor--: dile a Juana que las eche +del portal, que lo ensuciarán. + +--Mamá... ¡lloviendo tanto!--suplicó Lola--. ¡Parece no sé qué decirles +que se vayan! ¡Se pondrán como sopas! ¿No oye usted que el cielo se +hunde? + +--¡Es que eres tonta!--pronunció con rabia la madre--. Si las dejas +tocar ahí, después no hay remedio sino darles algo a esas perdidas.... + +--¿Qué importa, mamá?--intervino Baltasar--. Hoy es mi santo. + +--Que suban, que suban a cantar los Reyes--gritó unánime la concurrencia +menor de tres lustros. + +--Te uban.... Batasal, te uban, te uban--berreó Nisita cruzando sus +manos pringosas. + +--Que suban, hombre, veremos si son guapas--confirmó Borrén. + +Lola de esta vez no necesitó que le reiterasen la orden. Ya estaba +bajando las escaleras dos a dos. + + + + +-V- + +Villancico de Reyes + + +No tardaron en resonar pisadas en el corredor; pisadas tímidas y +brutales a la vez, de pies descalzos o calzados con zapatos rudos. Al +mismo tiempo las panderetas repicaban débilmente y las castañuelas se +entrechocaban bajito como los dientes del que tiene miedo.... Doña +Dolores se incorporó con el entrecejo desapaciblemente fruncido. + +--Esa Lola.... ¡Pues no las trae aquí mismo! ¿Por qué no las habrá +dejado en la antesala? ¡Bonita me van a poner la alfombra! ¡A ver si os +limpiáis las suelas antes de entrar! + +Hizo irrupción en la sala la orquesta callejera; pero al ver las niñas +pobres la claridad del alumbrado, se detuvieron azoradas sin osar +adelantarse. Lola, cogiendo de la mano a la que parecía capitanear el +grupo, la trajo casi a la fuerza al centro de la estancia. + +--Entra, mujer... que pasen las otras.... A ver si nos cantáis los +mejores villancicos que sepáis. + +Lo cierto es que la viva luz de las bujías, tan propicia a la hermosura, +patentizaba y descubría cruelmente las fealdades de aquella tropa, +mostrando los cutis cárdenos, fustigados por el cierzo; las ropas ajadas +y humildes, de colores desteñidos; la descalcez y flacura de pies y +piernas, todo el mísero pergenio de las cantoras. Entre estas las había +de muy diversas edades, desde la directora, una ágil morenilla de +catorce, hasta un rapaz de dos años y medio, todo muerto de vergüenza y +temor, y un mamón de cinco meses, que por supuesto venía en brazos. + +--¡Hombre!--exclamó Borrén al ver a la morena. + +--¡Pues si es la chiquilla del barquillero! Somos conocidos antiguos, +¿eh? + +--Sí, señor...--contestó ella intrépidamente--. La misma. Y yo le conocí +a usted también. Es usted el que estaba en _las Filas_ el año pasado un +día de fiesta. + +Como para los pobres suele no haber estaciones, Amparo tenía el mismo +traje de tartán, pero muy deteriorado, y una toquilla de estambre rojo +era la única prenda que indicaba el tránsito de la primavera al +invierno. A despecho de tan mezquino atavío, no sé qué flor de +adolescencia empezaba a lucir en su persona; el moreno de su piel era +más claro y fino, sus ojos negros resplandecían. + +--¿Qué tal, eh?--murmuró Borrén volviéndose hacía Baltasar y Palacios--. +Esto empieza a picar como las guindillas.... Miren ustedes para aquí. + +Y tomado un candelero lo acercó al rostro de la muchacha. Como Baltasar +se había aproximado, sus pupilas se encontraron con las de Amparo, y +esta vio una fisonomía delicada, casi femenil, de efebo; un bigotillo +blondo incipiente, unos ojos entre verdosos y garzos que la registraban +con indiferencia. Acordose, y sintió que se le arrebataba la sangre a +las mejillas. + +--El señorito del paseo--balbució--. También me acuerdo de usted. + +--Y yo de ti, niña bonita--respondió él, por decir algo. + +--¿Quiere usted poner el candelero en su sitio, Borrén?--interpeló +Josefina con voz aguda--. Me ha manchado usted todo el traje. + +--¡Mire usted qué graciosilla es esta, hombre!--advirtió Borrén +señalando a Carmela la encajera, que tenía los ojos bajos--. Algo +descolorida... pero graciosa. + +--¡Calle!--dijo la viuda de García...--. ¿Tú por aquí? Me llevarás +mañana un pañuelo imitando Cluny.... + +--¡La de las puntillas!--exclamó doña Dolores--. ¡Buena pieza! Ahora las +hacéis muy mal, tú y tu tía.... Ponéis hilo muy gordo. + +--¡Se ve tan poco... los días son tan cortos! Y tiene una las manos +frías; en hacer una cuarta de puntilla se va una mañana. Casi, +descontando lo que nos cuesta el hilo, no sacamos para arrimar el +puchero a la lumbre.... + +Entre tanto Nisita se iba abriendo camino al través de piernas y sillas, +hasta acercarse a la niña de ocho años que llevaba en brazos al rorro. + +--Un tiquito... un tiquito--gritaba la rubilla mirándole compadecida y +embelesada--. Ámelo. + +--No podrás con él--respondía desdeñosamente la niñera. + +--Le oy teta--argüía Nisita haciendo el ademán correspondiente al +ofrecimiento. + +--¿Quién os enseñó a cantar?--preguntó a la encajera la viuda de García. + +--Enseñar, nadie.... Nos reunimos nosotras. Tenemos un libro de versos. + +--¿Y andáis por ahí divirtiéndoos? + +--Divertir, no nos divertimos... hace frío--contestó Carmela con su voz +cansada y dulce--. Es por llevar unos cuantos reales a la casa. + +--¡Mamá, Osepina, Loló!--vociferaba la rubilla--. Un tiquito, un nino +Quetús. Mía, mía. + +Todos se volvieron y divisaron a la infeliz oruga humana, envuelta en un +mantón viejísimo, con una gorra de lana morada, que aumentaba el tono de +cera de su menuda faz, arrugada y marchita como la de un anciano por +culpa de la mala alimentación y del desaseo. Sus ojuelos negros, muy +abiertos, miraban en derredor con vago asombro, y de sus labios fluía un +hilo de baba. La viuda de García, que era bonachona, lanzó una +exclamación que corearon las niñas de Sobrado. + +--¡Jesús... angelito de Dios... tan pequeño, por esas calles y con este +día! ¿Pero qué hace su madre? + +--Mi madre tiene tienda en la calle del Castillo.... Somos siete con +este, y yo soy la mayor...--alegó a guisa de disculpa la que llevaba la +criatura. + +--¡Jesús!... ¿Pero cómo hacéis para que no llore? ¿Y si tiene hambre? + +--Le meto la punta del pañuelo en la boca para que chupe.... Es muy +listito, ya se entretiene mucho. + +Riéronse las niñas, y Lola tomó al nene en brazos. + +--¡Qué ligero!--pronunció--. ¡Si pesa más la muñeca grande de Nisita! + +Pasó de mano en mano el leve fardo, hasta llegar a Josefina, que lo +devolvió a la portadora muy deprisa, declarando que olía mal. + +--No ven el agua ni una vez en el año--decía confidencialmente a su +cuñado doña Dolores--y salen más fuertes que los nuestros. Yo, +matándome, y sin poder conseguir que esa Lola se robustezca. Amparo +observaba la sala, el piano de reluciente barniz, el menguado espejo, +las conchas de Filipinas y aves disecadas que adornaban la consola, el +juego de café con filete dorado, los trajes de las de García, el grupo +imponente del sofá, y todo le parecía bello, ostentoso y distinguido, y +sentíase como en su elemento, sin pizca ya de cortedad ni extrañeza. + +--¿Y tú, qué haces, señorita de Rosendez?--interrogó Baltasar--. ¿Andar +de calle en calle canturreando? Bonito oficio, chica; me parece a mí que +tú.... + +--¿Y qué quiere que haga?--replicó ella. + +--Encajes, como tu amiguita. + +--¡Ay!, no me aprendieron. + +--¿Pues qué te _aprendieron_, hija? ¿Coser? + +--¡Bah! Tampoco. Así, unas puntaditas.... + +--¿Pues qué sabes tú? ¿Robar los corazones? + +--Sé leer muy bien y escribir regular. Fui a la escuela, y decía el +maestro que no había otra como yo. Le leo todos los días _La Soberanía +Nacional_ al barbero de enfrente. + +--Pusiste una pica en Flandes. ¿No sabes más? + +--Liar puros. + +--¡Hola! ¿Eres cigarrera? + +--Fue mi madre. + +--Y tú, ¿por qué no? + +--No tengo quien me meta en la Fábrica.... Hacen falta empeños. + +--Pues mira este señor puede recomendarte casualmente.... Oiga usted. +Borrén, ¿no es usted primo del contador de la Fábrica? Diga usted. + +--¡Hombre! es cierto. Del contador no, pero de su señora.... Es +murciana, somos hijos de primos hermanos. + +--¡Magnífico! Dile tu nombre y tus señas, chica. + +--Sí, hija... se hará lo posible, ¿eh? Por servir a una morena tan +sandunguera.... Vas a valer más pesetas con el tiempo.... Hombre, ¿no +repara usted Baltasar, lo que ganó desde el año pasado? + +--Mucho más guapa está--declaró Baltasar. + +--¿Pero estas chiquillas no cantan?--interrumpió con dureza Josefina +García--. ¿Han venido aquí a hacernos tertulia? Para eso, que se +larguen. No se ganan los cuartos charlando. + +--¡A cantar!--contestaron resignadamente todas; y al punto redoblaron +las castañuelas, repiquetearon los panderos, rechinaron las conchas, +exhaló su estridente nota el triángulo de hierro, y diez voces mal +concertadas entonaron un villancico: + + _Los pastores en Belén_ + _Todos a juntar en leña_ + _Para calentar al Niño_ + _Que nació en la Noche-Buena..._ + +Y al llegar al estribillo: + + _Toquen, toquen rabeles y gaitas,_ + _Panderetas, tambores y flautas..._ + +se armó un estrépito de dos mil diablos: chillaban y tocaban a la vez, +con ambas manos, y aun hiriendo con los pies el suelo. Hasta el rorro, +asustado por la bulla o desentumecido por el calor y vuelto a la +conciencia de su hambre, se resolvió a tomar parte en el concierto. Las +niñas de Sobrado y García, locas de regocijo, se asieron de las manos, y +empezaron a bailar en rueda, con las trenzas flotantes y volanderas las +enaguas. Nisita, igualitaria como nadie, cogió el parvulillo de dos años +y lo metió en el corro, donde la pobre criatura hubo de danzar mal de su +grado, soltando a cada paso sus holgadas babuchas. Borrén, por hacer +algo, jaleó a las bailadoras. Aprovechando un momento de confusión, Lola +se escurrió y volvió trayendo en la falda del vestido una mescolanza de +naranjas, trozos de piñonate, almendras, bizcochos, pasas, galletas, +relieves de la mesa amontonados a escape, que comenzó a distribuir con +largueza y garbo. Doña Dolores saltó hecha una furia. + +--Esta chiquilla está loca..., me desperdicia todo... cosas finas... ¡y +para quién, vean ustedes!... ¡Con una taza de caldo que les diesen!... +¡Y el vestido... el vestido azul estropeado! + +Diciendo lo cual, se aproximó disimuladamente a Lola y le apretó con ira +el brazo. Baltasar intercedió una vez más: era su santo, un día en el +año. Sobrado padre tartamudeó también disculpas de su hija, a quien +quería entrañablemente; y Borrén, siempre obsequioso, acabó de repartir +las golosinas. Carmela la encajera y Amparo rehusaron con dignidad su +parte; pero la chiquillería despachó su ración atragantándose, en las +mismas barbas de doña Dolores, que consumó la venganza dando por +terminados los villancicos y poniendo en la escalera a músicos y +danzantes. + + + + +-VI- + +Cigarros puros + + +Hizo Borrén, la recomendación a su prima, que se la hizo al contador, +que se la hizo al jefe, y Amparo fue admitida en la Fábrica de cigarros. +El día en que recogió el nombramiento hubo en casa del barquillero la +fiesta acostumbrada en casos semejantes, fiesta no inferior a la que +celebrarían si se casase la muchacha. Hizo la madre decir una misa a +Nuestra Señora del Amparo, patrona de las cigarreras; y por la tarde +fueron convidados a un asiático festín el barbero de enfrente, Carmela, +su tía, y la señora Porreta la comadrona: hubo empanada de sardina, +bacalao, vino de Castilla, anís y caña a discreción, rosoli, una enorme +fuente de papas de arroz con leche. + +Privado de la ayuda de Amparo, el barquillero había tomado un aprendiz, +hijo de una lavandera de las cercanías. Jacinto, o _Chinto_, tenía +facciones abultadas e irregulares, piel de un moreno terroso, ojos +pequeños y a flor de cara: en resumen, la fealdad tosca de un villano +feudal. Sirvió a la mesa, escanció, y fue la diversión de los +comensales, por sus largas melenas, semejantes a un ruedo, que le comían +la frente; por su faja de lana, que le embastecía la ya no muy quebrada +cintura; por su andar torpe y desmañado, análogo al de un moscardón +cuando tiene las patas untadas de almíbar; por su puro dialecto de las +Rías Saladas, que provocaba la hilaridad de aquella urbana reunión. El +barbero, que era _leído, escribido_ y muy redicho; la encajera, que la +daba de fina, y la comadrona, que gastaba unos chistes del tamaño de su +panza, compitieron en donaire burlándose de la rusticidad del mozo. +Amparo ni lo miró, tan ridículo le había parecido la víspera cuando +entró llorando, trayéndolo medio arrastro su madre: Carmela fue la única +que le habló humanamente, y le dijo el nombre de dos o tres cosas, que +él preguntaba sin lograr más respuesta que bromas y embustes. Así que +todos manducaron a su sabor, echaron las sobras revueltas en un plato, +como para un perro, y se las dieron al paisanillo, que se acostó ahíto, +roncando formidablemente hasta el otro día. + +Amparo madrugó para asistir a la Fábrica. Caminaba a buen paso, ligera y +contenta como el que va a tomar posesión del solar paterno. Al subir la +cuesta de San Hilario, sus ojos se fijaban en el mar, sereno y franjeado +de tintas de ópalo, mientras pensaba en que iba a ganar bastante desde +el primer día, en que casi no tendría aprendizaje, porque al fin los +puros la conocían, su madre le había enseñado a envolverlos, poseía los +heredados chismes del oficio, y no le arredraba la tarea. Discurriendo +así, cruzó la calzada y se halló en el patio de la Fábrica, la vieja +_Granera_. Embargó a la muchacha un sentimiento de respeto. La magnitud +del edificio compensaba su vetustez y lo poco airoso de su traza; y para +Amparo, acostumbrada a venerar la Fábrica desde sus tiernos años, +poseían aquellas murallas una aureola de majestad, y habitaba en su +recinto un poder misterioso, el Estado, con el cual sin duda era ocioso +luchar, un poder que exigía obediencia ciega, que a todas partes +alcanzaba y dominaba a todos. El adolescente que por vez primera huella +las aulas experimenta algo parecido a lo que sentía Amparo. + +Pudo tanto en ella este temor religioso, que apenas vio quién la +recibía, ni quién la llevaba a su puesto en el taller. Casi temblaba al +sentarse en la silla que le adjudicaron. En derredor suyo, las operarias +alzaban la cabeza, ojos curiosos y benévolos se fijaban en la novicia. +La maestra del partido estaba ya a su lado, entregándole con solicitud +el tabaco, acomodando los chismes, explicándole detenidamente cómo había +de arreglarse para empezar. Y Amparo, en un arranque de orgullo, atajaba +a las explicaciones con un «ya sé cómo» que la hizo blanco de miradas. +Sonriose la maestra y le dejó liar un puro, lo cual ejecutó con bastante +soltura; pero al presentarlo acabado, la maestra lo tomó y oprimió entre +el pulgar y el índice, desfigurándose el cigarro al punto. + +--Lo que es saber, como lo material de saber, sabrás...--dijo alzando +las cejas--. Pero si no despabilas más los dedos... y si no le das más +hechurita.... Que así, parece un espanta-pájaros. + +--Bueno--murmuró la novicia confusa--: nadie nace aprendido. + +--Con la práctica...--declaró la maestra sentenciosamente, mientras se +preparaba a unir el ejemplo a la enseñanza--. Mira, así... a modito.... + +No valía apresurarse. Primero era preciso extender con sumo cuidado, +encima de la tabla de liar, la envoltura exterior, la epidermis del +cigarro, y cortarla con el cuchillo trazando una curva de quince +milímetros de inclinación sobre el centro de la hoja para que ciñese +exactamente el cigarro; y esta capa requería una hoja seca, ancha y +fina, de lo más selecto: así como la dermis del cigarro, el _capillo_, +ya la admitía de inferior calidad, lo propio que la tripa o cañizo. Pero +lo más esencial y difícil era rematar el puro, hacerle la punta con un +hábil giro de la yema del pulgar y una espátula mojada en líquida goma, +cercenándole después el rabo de un tijeretazo veloz. La punta aguda, el +cuerpo algo oblongo, la capa liada en elegante espiral, la tripa no tan +apretada que no deje respirar el humo ni tan floja que el cigarro se +arrugue al secarse, tales son las condiciones de una buena tagarnina. +Amparo se obstinó todo el día en fabricarla, tardando muchísimo en +elaborar algunas, cada vez más contrahechas, y estropeando malamente la +hoja. Sus vecinas de mesa le daban consejos oficiosos: había discordia +de pareceres: las viejas le encomendaban que cortase la capa más ancha, +porque sale el cigarro mejor formado y porque «así lo habían hecho ellas +toda la vida»; y las jóvenes, que más estrecha, que se enrolla más +pronto. Al salir de la Fábrica, le dolía a Amparo la nuca, el espinazo, +el pulpejo de los dedos. + +Poco a poco fue habituándose y adquiriendo destreza. Lo peor era que la +afligía la nostalgia de la calle, no acertando a hacerse a la prolija +jornada de trabajo sedentario. Para Amparo la calle era la patria, el +paraíso terrenal. La calle le brindaba mil distracciones, de balde +todas. Nadie le vedaba creer que eran suyos los lujosos escaparates de +las tiendas, los tentadores de las confiterías, las redomas de color de +las boticas, los pintorescos tinglados de la plaza; que para ella +tocaban las murgas, los organillos, la música militar en los paseos, +misas y serenatas; que por ella se revistaba la tropa y salía precedido +de sus maceros con blancas pelucas el Excelentísimo Ayuntamiento. ¿Quién +mejor que ella gozaba del aparato de las procesiones, del suelo sembrado +de espadaña, del palio majestuoso, de los santos que se tambalean en las +andas, de la Custodia cubierta de flores, de la hermosa Virgen con manto +azul sembrado de lentejuelas? ¿Quién lograba ver más de cerca al capitán +general portador del estandarte, a los señores que alumbraban, a los +oficiales que marcaban el paso en cadencia? Pues, ¿y en Carnaval? Las +mascaradas caprichosas, los confites arrojados de la calle a los +balcones, y viceversa, el entierro de la sardina, los cucuruchos de +dulce de la piñata, todo lo disfrutaba la hija de la calle. Si un +personaje ilustre pasaba por Marineda, a Amparo pertenecía durante el +tiempo de su residencia: a fuerza de empellones la chiquilla se colocaba +al lado del infante, del ministro, del hombre célebre; se arrimaba al +estribo de su coche, respiraba su aliento, inventariaba sus dichos y +hechos. + +¡La calle! ¡Espectáculo siempre variado y nuevo, siempre concurrido, +siempre abierto y franco! No había cosa más adecuada al temperamento de +Amparo, tan amiga del ruido, de la concurrencia, tan bullanguera, +meridional y extremosa, tan amante de lo que relumbraba. Además, como +sus pulmones estaban educados en la gimnasia del aire libre, se deja +entender la opresión que experimentarían en los primeros tiempos de +cautiverio en los talleres, donde la atmósfera estaba saturada del olor +ingrato y herbáceo del Virginia humedecido y de la hoja medio verde, +mezclado con las emanaciones de tanto cuerpo humano y con el fétido vaho +de las letrinas próximas. Por otra parte, el aspecto de aquellas grandes +salas de cigarros comunes era para entristecer el ánimo. Vastas +estanterías de madera ennegrecida por el uso, colocadas en el centro de +la estancia, parecían hileras de nichos. Entre las operarias, alineadas +a un lado y a otro, había sin duda algunos rostros jóvenes y lindos; +pero así como en una menestra se destaca la legumbre que más abunda, en +tan enorme ensalada femenina no se distinguían al pronto sino greñas +incultas, rostros arados por la vejez o curtidos por el trabajo, manos +nudosas como ramas de árbol seco. + +El colorido de los semblantes, el de las ropas y el de la decoración se +armonizaba y fundía en un tono general de madera y tierra, tono a la vez +crudo y apagado, combinación del castaño mate de la hoja, del amarillo +sucio de la vena, del dudoso matiz de los serones de esparto, de la +problemática blancura de las enyesadas paredes, y de los tintes sordos, +mortecinos al par que discordantes, de los pañuelos de cotonía, las +sayas de percal, los casacos de paño, los mantones de lana y los +paraguas de algodón. Amparo se perecía por los colores vivos y fuertes, +hasta el extremo de pasarse a veces una hora delante de algún escaparate +contemplando una pieza de seda roja: así es que los primeros días, el +taller con su colorido bajo le infundía ganas de morirse. Pero no tardó +en encariñarse con la Fábrica, en sentir ese orgullo y apego +inexplicables que infunde la colectividad y la asociación, la +fraternidad del trabajo. Fue conociendo los semblantes que la rodeaban, +tomándose interés por algunas operarias, señaladamente por una madre y +una hija que se sentaban a su lado. Medio ciega ya y muy temblona de +manos, la madre no podía hacer más que _niños_, o sea la envoltura del +cigarro; la hija se encargaba de las puntas y del corte, y entre las dos +mujeres despachaban bastante, siendo muy de notar la solicitud de la +hija y el afecto que se manifestaban las dos, sin hablarse, en mil +pormenores, en el modo de pasarse la goma, de enseñarse el mazo +terminado y sujeto ya con su faja de papel, de partir la moza la comida +con su navaja, y de acercarla a los labios de la vieja. + +Otra causa para que Amparo se reconciliase del todo con la Fábrica, fue +el hallarse en cierto modo emancipada y fuera de la patria potestad +desde su ingreso. Es verdad que daba a sus padres algo de las ganancias, +pero reservándose buena parte; y como la labor era a destajo, en las +yemas de los dedos tenía el medio de acrecentar sus rentas, sin que +nadie pudiese averiguar si cobraba ocho o cobraba diez. Desde el día de +su entrada vestía el traje clásico de las cigarreras: el mantón, el +pañuelo de seda para solemnidades, la falda de percal planchada y con +cola. + + + + +-VII- + +Preludios + + +Tardó Chinto en aclimatarse: mucho tiempo pasó echando de menos la +aldea. Dos cosas ayudaron a distraer su morriña: un amolador, que se +situaba bajo los soportales de la calle de Embarcaderos, y el mar. +Cuantos momentos tenía libres el paisanillo, dedicábalos a la +contemplación de alguno de sus dos amores. No se cansaba jamás de ver +los altibajos de la pierna del amolador, el girar sin fin de la rueda, +el rápido saltar de las chispas y arenitas al contacto del metal, ni de +oír el _¡rsss!_ del hierro cuando el asperón lo mordía. Tampoco se +hartaba de mirar al mar, encontrándolo siempre distinto: unas veces +ataviado con traje azul claro, otras, al amanecer, semejante a estaño en +fusión; por la tarde, al ocaso, parecido a oro líquido, y de noche, +envuelto en túnica verde oscura listada de plata. ¡Y cuando entraban y +salían las embarcaciones! Ya era un gallardo bergantín, alzando sus dos +palos y su cuadrado velamen; ya una graciosa goleta, con su cangreja +desplegada, rozando las olas como una gaviota; ya un paquete, con sus +alas de espuma en los talones y su corona de humo en la frente; ya un +fino laúd; ya un elegante esquife; sin nombrar las lanchas pescadoras, +los pesados lanchones, los galeones panzudos, los botes que volaban al +golpe acompasado de los remos.... Si Chinto no fuese un animal, podría +alegar en su abono que el Océano y el voltear de una rueda son imágenes +apropiadas de lo infinito; pero Chinto no entendía de metafísicas. + +Más adelante, al reparar en Amparo, se halló mejor en el pueblo. Si algo +se burlaba de él la despabilada chiquilla, al fin era una muchacha, un +rostro juvenil, una voz fresca y sonora. Entre el señor Rosendo y su +triste laconismo; la tullida y su tiranía doméstica; Pepa la comadrona, +que lo asustaba de puro gorda, y lo crucificaba a chistes, o Amparo, +desde luego se declararon por esta sus simpatías. Todas las tardes, con +el cilindro de hojalata terciado al hombro, iba a buscarla a la salida +de la Fábrica. Esperaba rodeado de madres que aguardaban a sus hijas, de +niños que llevaban la comida a sus madres, de gente pobre, que rara vez +hacía gasto de barquillos, como no fuese por la exorbitante cantidad de +un octavo o un cuarto. No obstante, Chinto no faltaba un solo día a su +puesto. + +Algo variado en su exterior estaba el aprendiz. Patizambo como siempre, +era en sus movimientos menos brutal. La vida ciudadana le había enseñado +que un cuerpo humano no puede tomarse todo el espacio por suyo, antes +necesita ceñirse a que otros cuerpos transiten por los mismos lugares +que él. Chinto dejaba, pues, más hueco, se recogía, no se balanceaba +tanto. La blusa de cutí azul dibujaba sus recias espaldas, descubriendo +cuello y manos morenas; ancho sombrerón de detestable fieltro gris +honraba su cabeza, monda y lironda ya por obra y gracia del barbero. + +Una hermosa tarde estival aguardaba a Amparo muy ufano, porque en los +bolsillos de la blusa le traía melocotones, adquiridos en la plaza con +sus ahorros. Como un cuarto de hora llevaban de ir saliendo las +operarias ya, y la hija del barquillero sin aparecer. Gran animación a +la puerta, donde se estableciera un mercadillo; no faltaba el puesto de +cintas, dedales, hilos, alfileres y agujas; pero lo dominante era el +marisco, cestas llenas de mejillones cocidos ya, esmaltados de negro y +naranja; de erizos verdosos y cubiertos de púas, de percebes arracimados +y correosos, de argentadas sardinas, y de mil menudos frutos de mar, +bocinas, lapas, almejas, calamares que dejaban pender sus esparcidos +tentáculos como patas de arañas muertas. Semejante cuadro, cuyo fondo +era un trozo de mar sereno, un muelle de piedras desiguales, una ribera +peñascosa, tenía mucho de paisaje napolitano, completando la analogía +los trajes y actitudes de los pescadores que no muy lejos tendían al sol +redes para secarlas. De pie, en el umbral del patio, un ciego se +mantenía inmóvil, muerta la cara, mal afeitadas las barbas que le +azuleaban las mejillas, lacio y en trova el grasiento pelo, tendiendo un +sombrero abollado, donde llovían cuartos y mendrugos en abundancia. + +Miraba Chinto a la bahía con la boca abierta, y cuando al fin salió +Amparo, no pudo verla: ella en cambio le divisó desde lejos, y veloz +como una saeta, varió de rumbo, tomando por la insigne calle del Sol, +que componen media docena de casas gibosas y dos tapias coronadas de +hierba y alelíes silvestres. Corrió hasta alcanzar el camino del +Crucero, y dejándolo a un lado, atravesó a la carretera y a la cuesta de +San Hilario, donde refrenó el paso creyéndose en salvo ya. ¡También era +manía la del zopenco aquel, de no dejarla a sol ni a sombra, y darle +escolta todas las tardes! ¡Y como su compañía era tan divertida, y como +él hablaba tan graciosamente, que no parece sino que tenía la boca llena +de engrudo, según se le pegaban las palabras a la lengua! Así discurría +Amparo, mientras bajaba hacia la Puerta del Castillo, defendida todavía, +como _in illo tempore_, por su puente levadizo y sus cadenas +rechinantes. + +Al propio tiempo subían unas señoras, con las cuales se cruzó la +cigarrera. Iban casi en orden hierático; delante las niñas de corto, +entre quienes descollaba Nisita, ya espigada, provista de una gran +pelota; luego el grupo de las casaderas, Josefina García, Lola Sobrado, +luciendo sus mantillas y sus colas recientes; los flancos de este +pelotón los reforzaban Baltasar y Borrén, y como Baltasar no se había de +poner al ladito de su hermana, tocábale ir cerca de Josefina. Cerraban +la marcha la viuda de García y doña Dolores, ésta carilarga y +erisipelatosa de cutis, la viuda sin tocas ni lutos, antes muy +empavesada de colores alegres. + +Los destellos del sol poniente, muriendo en las aguas de la bahía, +alumbraron a un tiempo a Baltasar y a Amparo, haciendo que mutuamente se +viesen y se mirasen. El mancebo, con su bigote blondo, su pelo rubio, su +tez delicada y sanguínea, el brillo de sus galones que detenían los +últimos fulgores del astro, parecía de oro; y la muchacha, morena, de +rojos labios, con su pañuelo de seda carmesí, y las olas encendidas que +servían de marco a su figura, semejaba hecha de fuego. Ambos se miraron +en un instante, instante muy largo, durante el cual se creyeron +envueltos en la irradiación de una atmósfera de luz, calor y vida. Al +dejar de contemplarse, fuese que el esplendor del ocaso es breve y se +extingue luego, fuese por otras causas íntimas y psicológicas, +imaginaron que sentían un hálito frío y que empezaba a anochecer. Oyose +la palabra ronca de Borrén el inaguantable. + +--¿La has visto? + +--¿A quién?--balbució el teniente Baltasar, que fingía considerar con +suma atención la punta de sus botas, por no encontrarse con la ojeada +investigadora de Josefina. + +--¿A la chiquilla del barquillero... a la cigarrera? + +--¿Cuál? ¿Era esa que pasaba?--contestó al fin aceptando la situación. + +--Sí, hombre, ésa.... ¿Qué tal? ¿Tengo buen ojo? + +--Yo también la conocí--pronunció Josefina, cuya voz de tiple ascendía +al tono sobreagudo. + +--A mí no me ha saludado...--añadió Borrén--. No me conoció tal vez... y +eso que yo la metí en la Granera... yo la recomendé. ¡Bien dije siempre +que había de ser una chica preciosa! Lo que es de otra cosa no +entenderé, hombre; pero de ese género.... ¿Qué les pareció a ustedes? + +--¿A mí?--murmuró Josefina entre dientes y con agresivo silbido de +vocales--. No me pregunte usted, Borrén.... Esas mujeres ordinarias me +parecen todas iguales, cortadas por el mismo patrón. Morena... muy +basta. + +--¡Ave María, Josefina!--dijo escandalizada Lola Sobrado--. No tuviste +tiempo de verla: es hermosa y reúne mucha gracia. Fíjate otra vez en +ella... si vuelve a pasar, te daré al codo. + +--No te molestes... no merece la pena; es el tipo de una cocinera como +todas las de su especie. + +Baltasar hallaba incómoda la conversación y buscaba un pretexto para +cambiarla. Atravesaban por delante de un campo cubierto de hierba +marchita, especie de landa estéril cercada por lienzos de muralla de las +fortificaciones. Había allí una parada de borricos de alquiler, que +aguardaban pacíficamente, con las orejas gachas, a sus acostumbrados +parroquianos, mientras los burreros y espoliques, sentados en el +malecón, jugaban con sus varas, departían amigablemente, y picando con +la uña un cigarro de a cuarto, abrumaban a ofrecimientos a los +transeúntes. + +--¿Un burro, señorito? ¿Un burro precioso? ¿Un burro mejor que los +caballos? ¿Vamos a Aldeaparda? ¿Vamos a la Erbeda? + +Acercose Baltasar a las niñas de corto, y dijo a Nisita: + +--¿Una vuelta por el campo? + +A la chiquilla se la encandilaron los ojos, y soltando la pelota, echó +los brazos al teniente con sonrisa zalamera. Baltasar la aupó, +colocándola sobre los lomos de un asnillo, que aún tenía puestas jamugas +de dorados clavos. Y tomando la vara de manos del alquilador, comenzó a +arrear... «¡Arre, burro!, ¡arre!, ¡arre!, ¡arre!, ¡arre!». + +Amparo, al llegar a la entrada de _las Filas_, sintió detrás de sí una +respiración anhelosa y como el trotar de una acosada alimaña montés, y +casi al mismo tiempo emparejó con ella Chinto, sudoroso y jadeante. La +perseguida se volvió desdeñosamente, fulminando al perseguidor una +mirada de despide-huéspedes. + +--¿Para qué corres así, majadero?--díjole en desabrido tono--. ¿Si +creerás que me escapo? Cuidado que.... + +--Allí...--contestó él echando los bofes, tal era su +sobrealiento...--allí... porque no te vinieses sin compaña... allí... +¡yo me entretuve con el vapor de la Habana, que salía... más bonito, +conchas!, ¡humo que echaba! ¿Por dónde viniste que no te vi? + +--Por donde me dio la gana, ¡repelo! Y ya te aviso que no me vuelvas a +pudrir la sangre con tus compañías.... ¿Soy yo aquí alguna niña pequeña? +Anda a vender barquillos, que ahí en el paseo hay quien compre, y en la +Fábrica maldito si sacas un real en toda la tarde.... + + + + +-VIII- + +La chica vale un Perú + + +Mal que le pese a Josefina y a todas las señoritas de Marineda, las +profecías de Borrén se han cumplido. No se equivoca un inteligente como +él al calificar una obra maestra. Sucede con la mujer lo que con las +plantas. Mientras dura el invierno, todas nos parecen iguales; son +troncos inertes; viene la savia de la primavera, las cubre de botones, +de hojas, de flores, y entonces las admiramos. Pocos meses bastan para +trasformar al arbusto y a la mujer. Hay un instante crítico en que la +belleza femenina toma consistencia, adquiere su carácter, cristaliza por +decirlo así. La metamorfosis es más impensada y pronta en el pueblo que +en las demás clases sociales. Cuando llega la edad en que +invenciblemente desea agradar la mujer, rompe su feo capullo, arroja la +librea de la miseria y del trabajo, y se adorna y aliña por instinto. + +El día en que «unos señores» dijeron a Amparo que era bonita, tuvo la +andariega chiquilla conciencia de su sexo: hasta entonces había sido un +muchacho con sayas. Ni nadie la consideraba de otro modo: si algún +granuja de la calle le recordó que formaba parte de la mitad más bella +del género humano, hízolo medio a cachetes, y ella rechazó a puñadas, +cuando no a coces y mordiscos, el bárbaro requiebro. Cosas todas que no +le quitaban el sueño ni el apetito. Hacía su tocado en la forma sumaria +que conocemos ya; correteaba por plazas, caminos y callejuelas; se metía +con las señoritas que llevaban alguna moda desusada, remiraba +escaparates, curioseaba ventaneros amoríos, y se acostaba rendida y sin +un pensamiento malo. + +Ahora... ¿quién le dijo a ella que el aseo y compostura que gastaba no +eran suficientes? ¡Vaya usted a saber! El espejo no, porque ninguno +tenían en su casa. Sería un espejo interior, clarísimo, en que ven las +mujeres su imagen propia y que jamás las engaña. Lo cierto es que +Amparo, que seguía leyéndole al barbero periódicos progresistas, pidió +el sueldo de la lectura en objetos de tocador. Y reunió un ajuar digno +de la reina, a saber: un escarpidor de cuerno y una lendrera de boj; dos +paquetes de horquillas, tomadas de orín; un bote de pomada de rosa; +medio jabón _aux amandes amères_, con pelitos de la barba de los +parroquianos, cortados y adheridos todavía; un frasco, casi vacío, de +esencia de heno, y otras baratijas del mismo jaez. Amalgamando tales +elementos logró Amparo desbastar su figura y sacarla a luz, descubriendo +su verdadero color y forma, como se descubre la de la legumbre enterrada +al arrancarla y lavarla. Su piel trabó amistosas relaciones con el agua, +y libre de la capa del polvo que atascaba sus poros finos, fue el cutis +moreno más suave, sano y terso que imaginarse pueda. No era tostado, ni +descolorido, ni encendido tampoco; de todo tenía, pero con su cuenta y +razón, y allí donde convenía que lo tuviese. La mocedad, la sangre rica, +el aire libre, las amorosas caricias del sol, habíanse dado la mano para +crear la coloración magnífica de aquella tez plebeya. La lisura de ágata +de la frente; el bermellón de los carnosos labios; el ámbar de la nuca, +el rosa trasparente del tabique de la nariz; el terciopelo castaño del +lunar que travesea en la comisura de la boca; el vello áureo que +desciende entre la mejilla y la oreja y vuelve a aparecer, más apretado +y oscuro, en el labio superior, como leve sombra al difumino cosas eran +para tentar a un colorista a que cogiese el pincel e intentase +copiarlas. Gracias sin duda a la pomada, el pelo no se quedó atrás y +también se mostró cual Dios lo hizo, negro, crespo, brillante. Sólo dos +accesorios del rostro no mejoraron, tal vez porque eran inmejorables: +ojos y dientes, el complemento indispensable de lo que se llama un _tipo +moreno_. Tenía Amparo por ojos dos globos, en que el azulado de la +córnea, bañado siempre en un líquido puro, hacía resaltar el negror de +la ancha pupila, mal velada por cortas y espesas pestañas. En cuanto a +los dientes, servidos por un estómago que no conocía la gastralgia, +parecían treinta y dos grumos de cuajada leche, graciosísimamente +desiguales y algo puntiagudos, como los de un perro cachorro. + +Observándose, no obstante, en tan gallardo ejemplar femenino rasgos +reveladores de su extracción: la frente era corta, un tanto arremangada +la nariz, largos los colmillos, el cabello recio al tacto, la mirada +directa, los tobillos y muñecas no muy delicados. Su mismo hermoso cutis +estaba predestinado a inyectarse, como el del señor Rosendo, que allá en +la fuerza de la edad había sido, al decir de las vecinas y de su mujer, +guapo mozo. Pero, ¿quién piensa en el invierno al ver el arbusto +florido? Si Baltasar no rondó desde luego las inmediaciones de la +Fábrica, fue que destinaron a Borrén por algún tiempo a Ciudad Real, y +temió aburrirse yendo solo. + + + + +-IX- + +La Gloriosa + + +Ocurrió poco después en España un suceso que entretuvo a la nación siete +años cabales, y aún la está entreteniendo de rechazo y en sus +consecuencias, a saber: que en vez de los pronunciamientos chicos +acostumbrados, se realizó otro muy grande, llamado Revolución de +Setiembre de 1868. + +Quedose España al pronto sin saber lo que le pasaba y como quien ve +visiones. No era para menos. ¡Un pronunciamiento de veras, que derrocaba +la dinastía! Por fin el país había hecho una hombrada, o se la daban +hecha: mejor que mejor para un pueblo meridional. De todo se encargaban +marina, ejército, progresistas y unionistas. González Bravo y la Reina +estaban ya en Francia cuando aún ignoraba la inmensa mayoría de los +españoles si era el Ministerio o los Borbones quienes caían «para +siempre», según rezaban los famosos letreros de Madrid. No obstante, en +breve se persuadió la nación de que el caso era serio, de que no sólo la +raza Real, sino la monarquía misma, iban a andar en tela de juicio, y +entonces cada quisque se dio a alborotar por su lado. Sólo guardaron +reserva y silencio relativo aquellos que al cabo de los siete años +habían de llevarse el gato al agua. + +Durante la deshecha borrasca de ideas políticas que se alzó de pronto, +observose que el campo y las ciudades situadas tierra adentro se +inclinaron a la tradición monárquica, mientras las poblaciones fabriles +y comerciales, y los puertos de mar, aclamaron la república. En la costa +cantábrica, el Malecón y Marineda se distinguieron por la abundancia de +comités, juntas, _clubs_, proclamas, periódicos y manifestaciones. Y es +de notar que desde el primer instante la forma republicana invocada fue +la federal. Nada, la unitaria no servía: tan sólo la federal brindaba al +pueblo la beatitud perfecta. ¿Y por qué así? ¡Vaya a saber! Un escritor +ingenioso dijo más adelante que la república federal no se le hubiera +ocurrido a nadie para España si Proudhon no escribe un libro sobre el +principio federativo y si Pi no le traduce y le comenta. Sea como sea, y +valga la explicación lo que valiere, es evidente que el federalismo se +improvisó allí y doquiera en menos que canta un gallo. + +La Fábrica de Tabacos de Marineda fue centro simpatizador (como ahora se +dice) para _la federal_. De la colectividad fabril nació la +confraternidad política; a las cigarreras se les abrió el horizonte +republicano de varias maneras: por medio de la propaganda oral, a la +sazón tan activa, y también, muy principalmente, de los periódicos que +pululaban. Hubo en cada taller una o dos lectoras; les abonaban sus +compañeras el tiempo perdido, y adelante. Amparo fue de las más +apreciadas, por el sentido que daba a la lectura; tenía ya adquirido +hábito de leer, habiéndolo practicado en la barbería tantas veces. Su +lengua era suelta, incansable su laringe, robusto su acento. Declamaba, +más bien que leía, con fuego y expresión, subrayando los pasajes que +merecían subrayarse, realzando las palabras de letra bastardilla, +añadiendo la mímica necesaria cuando lo requería el caso, y comenzando +con lentitud y misterio, y en voz contenida, los párrafos importantes, +para subir la ansiedad al grado eminente y arrancar involuntarios +estremecimientos de entusiasmo al auditorio, cuando adoptaba entonación +más rápida y vibrante a cada paso. Su alma impresionable, combustible, +móvil y superficial, se teñía fácilmente del color del periódico que +andaba en sus manos, y lo reflejaba con viveza y fidelidad +extraordinarias. Nadie más a propósito para un oficio que requiere gran +fogosidad, pero externa; caudal de energía incesantemente renovado y +disponible para gastarlo en exclamaciones, en escenas de indignación y +de fanática esperanza. La figura de la muchacha, el brillo de sus ojos, +las inflexiones cálidas y pastosas de su timbrada voz de contralto, +contribuían al sorprendente efecto de la lectura. + +Al comunicar la chispa eléctrica, Amparo se electrizaba también. Era a +la vez sujeto agente y paciente. A fuerza de leer todos los días unos +mismos periódicos, de seguir el flujo y reflujo de la controversia +política, iba penetrando en la lectora la convicción hasta los tuétanos. +La fe virgen con que creía en la prensa era inquebrantable, porque le +sucedía con el periódico lo que a los aldeanos con los aparatos +telegráficos: jamás intentó saber cómo sería por de dentro; sufría sus +efectos, sin analizar sus causas. ¡Y cuánto se sorprendería la fogosa +lectora si pudiese entrar en una redacción de diario político, ver de +qué modo un artículo trascendental y furibundo se escribe cabeceando de +sueño, en la esquina de la mugrienta mesa, despachando una chuleta o una +ración de merluza frita! La lectora, que tomaba al pie de la letra +aquello de «Cogemos la pluma trémulos de indignación», y lo otro de «La +emoción ahoga nuestra voz, la vergüenza enrojece nuestra faz», y hasta +lo de «Y si no bastan las palabras, ¡corramos a las armas y derramemos +la última gota de nuestra sangre!». + +Lo que en el periódico faltaba de sinceridad sobraba en Amparo de +crédulo asentimiento. Acostumbrábase a pensar en estilo de artículo de +fondo y a hablar lo mismo: acudían a sus labios los giros trillados, los +lugares comunes de la prensa diaria, y con ellos aderezaba y componía su +lenguaje. Iba adquiriendo gran soltura en el hablar; es verdad que +empleaba a veces palabras y hasta frases enteras cuyo sentido exacto no +le era patente, y otras las trabucaba; pero hasta en eso se parecía a la +desaliñada y antiliteraria prensa de entonces. ¡Daba tanto que hacer la +revuelta y absorbente política, que no había tiempo para escribir en +castellano! Ello es que Amparo iba teniendo un pico de oro; se la +estaría uno escuchando sin sentir cuando trataba de ciertas cuestiones. +El taller entero se embelesaba oyéndola, y compartía sus afectos y sus +odios. De común acuerdo, las operarias detestaban a Olózaga, llamándole +«el viejo del borrego» porque andaba el muy indino buscando un rey que +no nos hacía maldita la falta... sólo por cogerse él para sí embajadas y +otras prebendas; hablar de González Bravo era promover un motín; con +Prim estaban a mal, porque se inclinaba a la forma monárquica; a Serrano +había que darle de codo; era un ambicioso hipócrita, muy capaz, si +pudiese, de hacerse rey o emperador, cuando menos. + +Creció la efervescencia republicana mientras que trascurría el primer +invierno revolucionario; al acercarse el verano subió más grados aún el +termómetro político en la Fábrica. En el curso de horas de sol, sin +embargo, decaía la conversación, y entre tanto la atmósfera se cargaba +de asfixiantes vapores y espesaba hasta parecer que podía cortarse con +cuchillo. Penetrantes efluvios de nicotina subían de los serones llenos +de seca y prensada hoja. Las manos se movían a impulsos de la necesidad, +liando tagarninas; pero los cerebros rehuían el trabajo, abrumador del +pensamiento; a veces una cabeza caía inerte sobre la tabla de liar, y +una mujer, rendida de calor, se quedaba sepultada en sueño profundo. Más +felices que las demás, las que espurriaban la hoja, sentadas a la turca +en el suelo, con un montón de tabaco delante, tenían el puchero de agua +en la diestra, y al rociar, muy hinchadas de carrillos, el Virginia, las +consolaba un aura de frescura. Tendidas las barrenderas al lado del +montón de polvo que acababan de reunir, roncaban con la boca abierta y +se estremecían de gusto cuando la suave llovizna les salpicaba el +rostro. Revoloteaban las moscas con porfiado zumbido, y ya se unían en +el aire y caían rápidamente sobre la labor o las manos de las operarias, +ya se prendían las patas en la goma del tarrillo, pugnando en balde por +alzar el vuelo. Andaban esparcidos por las mesas, y mezclados con el +tabaco, pedazos de borona, tajadas de bacalao crudo, cebollas, sardinas +arenques. Con semejante temperatura, ¿quién había de tener ganas de +comerse la pitanza? + +Por fin, a eso de las cuatro de la tarde, la refrigerante brisa marina +comenzaba a correr, dilatábanse los oprimidos pechos, los dientes +funcionaban despachando los humildes manjares, y le tocaba su turno a la +lectura política. + +Leíanse publicaciones de Madrid y periódicos locales. En la prensa de la +Corte se llevaban la palma los discursos de Castelar, por entonces muy +distante de haberse gastado. ¡Cuánta palabra linda, y qué bien que +enganchaban unas en otras! Parecían versos. Es verdad que la mayor parte +no se entendían, y que danzaban por allí nombres tan raros, que sólo el +demonio de Amparo podía leerlos de corrido; mas no le hace: lo que es +bonito, era muy bonito aquello. Y bien se colegía que la sustancia del +discurso era a favor del pueblo y contra los tiranos, de suerte que lo +demás se tomaba por adorno y delicado floreo. + +Cuando en vez de discursos cuadraba leer artículos de fondo, de estos +kilométricos y soporíferos, que hablan de justicia social, redención de +las clases obreras, instrucción difundida, generalizada y gratis, +fraternidad universal, todo en estilo de homilía y con oraciones largas +y enmarañadas como fideos cocidos, alterábase la voz de Amparo y se +humedecían los ojos de sus oyentes. Leve escalofrío recorría las filas +de mujeres, las cuales se miraban como diciéndose: «¿Eh?, ¿qué tal? +¡Este sí que lo parla!». Y leído el último párrafo, que terminaba +anunciando el próximo advenimiento de una era de perfecta libertad y +bienestar absoluto, solían cruzar las manos, sonriendo y sintiéndose tan +relajadas en sus fibras, tan blandas y dulces como un plato de huevos +moles. Trabajo les costaba reprimir los impulsos de abrazarse que se les +iban y venían. + +En cambio, si el escrito pertenecía al género bélico y tocaba a somatén, +parecía que les daban a beber una mistura de pólvora y alcohol. Montaban +en cólera tan aína como se encrespan las olas del mar. Sordas +exclamaciones acompañaban y cubrían a veces la voz de la lectora. Era +contagiosa la ira, y mujer había allí de corazón más suave que la seda, +incapaz de matar una mosca, y capaz a la sazón de pedir cien mil cabezas +de los pícaros que viven chupando la sangre del pueblo. + + + + +-X- + +Estudios históricos y políticos + + +Más partido tenían en la Fábrica los periódicos locales que los de la +Corte. Naturalmente, los locales exageraban la nota, recargaban el +cuadro; sus títulos acostumbraban ser por este estilo: _El Vigilante +Federal, órgano de la democracia republicana federal-unionista; El +Representante de la Juventud Democrática; El Faro Salvador del Pueblo +Libre_. Y como, aparte de algunas huecas generalidades del artículo de +fondo, discurrían acerca de asuntos conocidos, era mucho mayor el +interés que despertaban. + +No es fácil imaginar cuán honda sensación producía en el concurso alguna +gacetilla rotulada, por ejemplo: «Acontecimiento incalificable». + +--A ver, a ver. Oír. Callar. Silencio, charlatanas. + +Y reinaba un mutismo palpitante, escuchándose tan sólo el retintín de +los tijeretazos que cercenaban el rabo de las tagarninas. + +--«Acontecimiento incalificable»--repetía Amparo--. «Se nos asegura que +hará dos días entraron tres guardias civiles francos de servicio en el +café de la Aurora, y un oficial que allí había los arrestó...» + +--Arrestaría, arrestaría.... + +--Callar, bocas.... + +--«... los arrestó por tan enorme delito...» + +--¿Por entrar en un café? + +--¡Y dicen que hay libertá! + +--¡Qué ha de haberla, mujer! + +--«Y preguntándoles la causa de su entrada en el local, le respondieron +que su objeto era tomar café. No obstante tan naturales explicaciones, +fueron arrestados por tres días, y hasta no faltan personas bien +informadas que aseguren se ha dado orden para que los individuos del +benemérito cuerpo no puedan entrar en los cafés de la Aurora ni del +Norte. De ser esto cierto, sobre constituir un ataque infundado a los +sagrados derechos individuales, lo es también a la industria libre y +honrosa de los cafeteros, y...» + +--¡Y le resobra la razón, así Dios me salve! ¿Y de qué come el pobre del +cafetero si le espantan la parroquia? + +--El pillo del oficial, como tiene su paga.... + +--«... y no encontramos frases suficientes para anatematizar estos +atropellos, hoy que la bandera de la libertad nos da sombra con sus +pliegues...» + +--¡Eso, eso! + +--¡De ahí, de ahí! + +--Habiendo libertá no hay injusticias. ¡Olé por ella! + +--«¿Qué piensan los que así resucitan arranques del agonizante +despotismo militar, propios de épocas terroríficas que pasaron a la +historia? ¿Se les ha figurado que estamos en aquellos siglos, cuando un +señor tenía poder para abrir el vientre a sus vasallos?...» + +Aquí se salió de madre el río. Exclamaciones, interjecciones, gritos y +risas se cruzaron de un lado a otro; pero las risueñas estaban en +minoría: dominaban las espantadas. Una vieja medio sorda se hizo una +trompetilla con ambas manos, creyendo que sus oídos la engañaban. + +--¡Ave María de gracia! + +--¡En mi vida tal oí! + +--¡Abrir la barriga! + +--No sería en tierra de cristianos, mujer. + +--¿Y eso fue a los pobrecitos civiles?--interrogó la sorda. + +--¡Chss!--gritó Amparo--. Aquí viene lo bueno, señores: «... abrir el +vientre a sus vasallos para calentarse los pies con su sangre...» + +--¡Señor y Dios de los cielos! + +--Parece que todo el estómago se me revolvió. + +--¡Pobre del pobre! + +--¡Cuándo vendrá la federal para que se acaben esas infamias! + +Otra cuerda que siempre resonaba en aquel centro político femenino era +la del misterio. Cualquier periodiquillo, el más atrasado de noticias, +contenía un suelto que, hábilmente leído, despertaba temores y +esperanzas en el taller. Amparo empezaba por hacer señas al concurso +para que estuviese prevenido a importantes revelaciones. Después +comenzaba, con reposada voz: + +--«Atravesamos momentos solemnes. De un día a otro deben cambiar de +rumbo los acontecimientos...» + +--Lo que yo digo. Esta situación, de por fuerza se la tienen que llevar +los demonios. + +--Hasta que llegue la nuestra.... + +--No, pues cuando este lo huele.... Por Madrid andará buena la cosa. + +--Así los parta a todos un rayo, comilones, tiránigos, chupadores. + +--A ver si calláis. + +--«La situación está próxima a entrar en el camino que desde el primer +día de la revolución debió emprender. Hay que vencer grandes +obstáculos...» (Movimiento general.) «Los enemigos encubiertos de la +revolución...» + +--¿Quién será? ¿Lo dirá por el alcalde? + +--No, mujer.... Por ese maldito de cuñado de la Reina.... + +--Y por el Napoleón de allá de Francia, boba, que no nos puede ver. + +--¡Chsss! «... de la revolución, están acechando el instante en que +poder descargar sobre la situación un golpe decisivo y liberticida. No +desmayemos, sin embargo. La revolución pasará triunfante por cima de +tanto reaccionario como aparenta servirla con fines siniestros. En donde +menos se piensa se esconde la reacción fijando su ojo de tigre...» + +--Tiene razón, tiene razón. Está muy bien comparado. + +--«... ojo de tigre... en la libertad, para estrangularla. Los más +temibles son los que, llegados a la cima del poder, hacen traición a sus +antiguos ideales que les sirvieron de pedestal para escalar las +grandezas...» + +--Si es lo que yo os predico siempre--exclamaba al llegar aquí la +lectora, tomando la ampolleta--. Los peorcitos están arriba, arriba. +Quien no lo ve, ciego es. Ínterin no agarre el pueblo soberano una +escoba de silbarda, como esa que tenemos ahí... (y señaló a la que +manejaba la barrendera del taller) y barra sin misericordia las altas +esferas... ¡ya me entendéis! El mismo día en que se proclamó la libertad +y se le dio el puntapié a los Borbones, había yo de publicar un +decreto... ¿sabéis cómo? (la oradora abrió la mano izquierda, haciendo +ademán de escribir en ella con una tagarnina:) «Decreto yo, el Pueblo +soberano, en uso de mis derechos individuales, que todos los generales, +gobernadores, ministros y gente gorda salga del sitio que ocupan, y se +lo dejen a otros que nombraré yo del modo que me dé la realísima gana. +He dicho». + +--¡Bien, bien! + +--¡Venga de ahí! + +--¡Esa es la fija! Y a mí que no me digan.... + +--¿Pues no estamos viendo, mujer, que hay empleados de los tiempos del +espotismo? ¿Se mudó, por si acaso, la oficialidá de los regimientos? Si +a hablar fuésemos.... + +Y la arenga bajó de tono y se hizo cuchicheo. + +--¡Si a hablar va uno... aquí mismo... repelo! ¡Mudaron el jefe, por +plataforma... sólo faltaba! Pero los subalternos.... + +Aquí, la maestra del partido, mujer alta y morena, de pocas y +dificultosas palabras, que solía oír a las operarias con seria +indiferencia, intervino. + +--A tratar cada uno de lo que importa... y a liar cigarritos.... + +--No decimos cosa mala...--alegó Amparo. + +--Decir no dirás, pero hablar hablas sin saber lo que hablas.... Pensáis +que no hay más que mudar y mudar y meter pillos.... Aquí se requiere +honradez. + +--Eso ya se sabe. + +--Por de contado que sí... Demasiado. + +--Pues el que os oiga.... Y vamos acá. Si vierais, como yo vi, el último +del mes que se hace el arqueo, la caja abierta, con sacos de lienzo a +barullo, a barullo, así de oro y plata...--Y la maestra adelantó los +brazos en arco, indicando un vientre hidrópico--. ¿Pues se os figura que +si el contador y el depositario-pagador, y los oficiales, y los +ayudantes, fuesen, digo yo, fuesen, quiero decir...? + +--¿Fuesen... de la uña? + +--¡Pues! Ya veis que aquí no puede venir cualesquiera. Hay +responsabilidá. + + + + +-XI- + +Pitillos + + +Quiso Amparo mudarse de taller, y solicitó pasar al de cigarrillos, +donde le agradaba más el trabajo y la compañía. + +Entre el taller de cigarros comunes y el de cigarrillos, que estaba un +piso más arriba, mediaba gran diferencia: podía decirse que este era a +aquel lo que el Paraíso de Dante al Purgatorio. Desde las ventanas del +taller de cigarrillos se registraba hermosa vista de mar y país +montañoso, y entraba sin tasa por ellas luz y aire. A pesar de su +abuhardillado techo, las estancias eran desahogadas y capaces, y la +infinidad de pontones y vigas de oscura madera que soportan la armazón +del tejado le daban cierto misterioso recogimiento de iglesia, formando +como columnatas y rincones sombríos en que puede descansar la fatigada +vista. Si bien en los desvanes se siente mucho el calor, la cantidad +relativamente escasa de operarias reunidas allí evitaba que la atmósfera +se viciase, como en las salas de abajo. Asimismo la labor es más +delicada y limpia, los colores más gratos, y hasta parece que la +claridad del sol entra más alegre a bañar los muros. La limpia blancura +de los librillos, el amarillo bajo de las fajas, el gris de estraza de +las cajetillas, componían una escala de tonos simpáticos a la pupila. Y +los personajes armonizaban con la decoración. + +Preponderaban en el taller de pitillos las muchachas de Marineda: apenas +se veían aldeanas; así es que abundaban los lindos palmitos, los rostros +juveniles. Abajo, la mayor parte de las operarias eran madres de +familia, que acuden a ganar el pan de sus hijos, agobiadas de trabajo, +rebujadas en un mantón, indiferentes a la compostura, pensando en las +criaturitas, que quedaron confiadas al cuidado de una vecina; en el +recién, que llorará por mamar, mientras a la madre la revientan los +pechos de leche.... Arriba florecen todavía las ilusiones de los +primeros años y las inocentes coqueterías que cuestan poco dinero y +revelan la sangre moza y la natural pretensión de hermosearse. La que +tiene buen pelo lo peina con esmero y gracia, que para eso se lo dio +Dios; la que presume de talle airoso se pone chaqueta ajustada; la que +sabe que es blanca se adorna con una toquilla celeste. + +Por derecho propio, Amparo pertenecía a aquel taller privilegiado. + +Encontró en él muy buena acogida y dos amigas: a la una se aficionó de +suyo, movida de un instinto protector; llamábanle Guardiana, era nacida +al pie del santuario de Nuestra Señora de Guardia, tan caro a Marineda; +y según ella misma decía, la Virgen le había de dar la gloria en el otro +mundo, porque en este no le mandaba más que penitas y trabajos. +Guardiana era huérfana; su padre y madre murieron del pecho, con +diferencia de días, quedando a cargo de una muchacha de dos lustros de +edad, cuatro hermanitos, todos marcados con la mano de hierro de la +enfermedad hereditaria: epiléptico el uno, escrofulosos y raquíticos +dos, y la última, niña de tres años, sordo-muda. Guardiana mendigó, +esperó a los devotos que iban al santuario, rondó a los que llevaban +merienda, pidiéndoles las sobras, y tanto hizo, que nunca les faltó a +sus chiquillos de comer, aunque ella ayunase a pan y agua. Al raquítico +dio en abultársele la cabeza, poniéndosele como un odre: fue preciso +traerle médico y medicinas, todo para salir al cabo con que era una +bolsa de agua, y que la bolsa se lo llevaba al otro mundo. A bien que el +médico no sólo se negó a cobrar nada, sino que, compadecido de +Guardiana, tuvo la caridad de meterla en la Fábrica, que fue como +abrirle el cielo, decía ella. Después de la Virgen de la Guardia, la +Fábrica era su madre. Nunca le había faltado nada a sus pequeños desde +que era cigarrera, y aún le sobraban siempre golosinas que llevarles; +fruta en verano, castañas y dulces en invierno. Amparo saqueaba la caja +de los barquillos de Chinto con objeto de enviar finezas a la +sordo-mudita. El taller entero tenía entrañas maternales para aquellos +niños y su valerosa hermana, afirmando que sólo la Virgen era capaz de +infundirle los ánimos con que trabajaba, sostenía las criaturas, y vivía +alegre y contenta como un cuco. + +Del casco mismo de Marineda procedía la otra amiga de Amparo: aunque +frisaba en los treinta, su menudo cuerpo la hacía parecer mucho más +joven. Pelirroja y pecosa, descarnada y puntiaguda de hocico, llamábanle +en el taller la Comadreja, mote felicísimo que da exacta idea de su +figura y ademanes. Bien sabía ella lo del apodo; pero ya se guardarían +de repetírselo en su cara, o si no.... Ana tenía por verdadero nombre, y +a pesar de su delgadez y pequeñez, era una fierecilla a quien nadie +osaba irritar. Sus manos, tan flacas que se veía en ellas patente el +juego de los huesos del metacarpo, llenaban el tablero de pitillos en un +decir Jesús; así es que el día le salía por mucho, y alcanzábale su +jornal para vivir y vestirse, y, añadía ella, para lo que le daba la +gana. Conversaba con causticidad y cinismo; estaba muy desasnada, +cogíanla de susto pocas cosas, y tenía no sé qué singular y picante +atractivo en medio de su fealdad indudable. Presumía de bien emparentada +y relacionada; un primo suyo desempeñaba la secretaría del Casino de +Industriales; una tía ricachona vendía percales, franelas y pañolería en +la calle estrecha de San Efrén; la mayor parte de sus amigas _cosían por +las casas_, o eran oficialas de la mejor modista. Además, conocía mucho +_señorío_, del cual hablaba con desenfado. ¡Buenas cosas sabía ella de +personas principales! + +Sentábanse las tres amigas juntas, no lejos de la ventana que daba al +puerto. Al través de los sucios vidrios, barnizados de polvo de rapé, +que se había ido depositando lentamente, y en cuyos ángulos trabajaban +muy a su sabor las arañas, se divisaba la concha de la bahía, el cielo y +la lejana costa. La zona luminosa de un rayo de sol, bullendo en átomos +dorados, cortaba el ambiente, y el molino de la picadura acompañaba las +conversaciones del taller con su acompasado y continuo _tacatá, tacatá_. +Agitábanse las manos de las muchachas con vertiginosa rapidez: se veía +un segundo revolotear el papel como blanca mariposa, luego aparecía +enrollado y cilíndrico, brillaba la uña de hojalata rematando el bonete, +y caía el pitillo en el tablero, sobre la pirámide de los hechos ya, +como otro copo de nieve encima de una nevera. No se sabía ciertamente +cuál de las amigas despachaba más: en cambio, a su lado, encaramada +sobre un almohadón, había una aprendiza, niña de ocho años, que con sus +deditos amorcillados y torpes apenas lograba en una hora liar media +docena de papeles. Guardiana le enseñaba y daba consejos, porque la +chiquilla, silenciosa y triste, le recordaba su sordo-mudita, +inspirándole lástima; mientras Ana contaba noticias de la ciudad, que +sabían al dedillo. Un día que hablaron de lo que suelen hablar las +muchachas cuando se reúnen, la Comadreja confesó que ella «tenía» un +capitán mercante, que le traía de sus viajes mil monadas y regalos, y +proyectaba casarse con ella, andando el tiempo, cuando pudiese. En +cuanto a Guardiana, declaró que no soñaba con tener novio, pues era +imposible: ¿qué marido había de cargar con sus pequeños? Y ella no los +dejaba ni por el mismo general Serrano que la pretendiese. Muchos le +decían cosas; pero si se tratase de boda, ¡quién los vería echando a sus +niños al Hospicio! ¡Ángeles de Dios! Y pensar que ella se metiese en +malos tratos, era excusado: así es que nada, nada; la Virgen es mejor +compañera que los hombrones. Animada por las confidencias, Amparo +insinuó que a ella un señorito, un militar, la seguía alguna vez por las +calles. + +--Ya sé quién es--chilló la Comadreja--. Es el de Sobrado. + +--¿Quién te lo dijo, mujer?--exclamó Amparo maravillada. + +--Todo se sabe--afirmó magistralmente Ana--. Pero estás fresca, hija. +Ese lo que quiere es pasar el tiempo, y a vivir. ¡Buena gente son los +Sobrados! Los conozco lo mismo que si viviese con ellos, porque +justamente la que les cose es hermana de una amiga mía íntima. Avaros, +miserables como la sarna. La madre y el tío son capaces de llorarle a +uno el agua que bebe; el padre no es tan cutre, pero es un infeliz; lo +tienen dominado, y pide permiso a su mujer cuando corta pan del mollete. +Para hacerles a las hijas un vestido echan cuentas seis mes s, y a la +chica que llaman a coserlo la hacen ir tempranísimo para sacarle bien el +jugo. Un día de convite parece que echan la casa por la ventana; pero +todo se recoge, y no va a la cocina ni tanto así. Y están achinados de +dinero. + +Amparo oía atónita. Nada más ajeno a su carácter rumboso, imprevisor, +que la estrechez voluntaria. + +--La madre... ¿ves aquella risita falsa?, pues es terrible. No puede +entrar en su casa una muchacha regular; en seguida abrasa al marido a +celos. Esta chica que les cosía no pudo aguantar.... Allí no hay nadie +bueno sino la chiquilla mayor. + +--Nos dio dulces una vez... es bien natural--respondió Amparo, que +sintió cruzar por su espíritu la visión de la noche de Reyes. + +--¿Esa? Una santa... y no le hacen caso ninguno. La segunda, idéntica a +su madre: le preguntaron un día con quién se había de casar, y dijo: +«Con el tío Isidoro, que es rico». ¡El hermano de su padre, aquel viejo +gordo, que parece una tinaja! + +Guardiana soltó el trapo a reír con la mejor voluntad del mundo: Amparo, +acordándose de una frase leída en un periódico, exclamó: + +--¡Pero ha de poder tanto el vil interés!--Y meneando la cabeza, +añadió--: Lo diría de broma, mujer. + +--¡Sí, sí... buena broma te dé Dios! En esa familia todos son iguales, +mujer; cortados por una tijera. Pues no digo nada del señorito, de tu +adorador. Hace la rosca a la chiquilla de García, una empalagosa que no +piensa más que en componerse y no sabe dar una puntada; pero el asunto +es que se la hace por lunas, porque esas de García.... ¿No te gusta el +cuento? + +--Sí, mujer--gritó la oradora amostazada--. ¿Piensas tú que estoy muerta +por semejante muñeco? Vaya, que me das gana de reír. Cuenta, mujer, que +también se pasa el tiempo. + +--Digo que le hace la rosca por lunas, porque esas de García tienen allá +un pleito en Madrid, de no sé qué intereses del marido, que era corredor +y se metió en una sociedad por acciones... en fin, no será así, pero es +lo mismo. Si ganan, quedarán millonarias o poco menos, y cuando hay +esperanzas de eso, la madre del de Sobrado le manda que se arrime a la +doña Melindritos, y cuando viene de Madrid una mala noticia, que se +desaparte.... ¡Uy, qué tipos! + +Amparo, con la cabeza baja, enrollaba a más y mejor, febrilmente. +Guardiana se hacía cruces. + +--Es una una pobre...--murmuraba--. Es una una pobre, y no lo haría +aunque le diesen.... + +--¿Y el otro?--siguió la implacable Comadreja que estaba ya resuelta a +vaciar el saco--. ¿Y el amigote, el de los bigotazos, que parece que +habla dentro de una olla? + +--¿El que le llaman Borrén? + +--Ese, ese.... Un baboso con todas; a todas nos dice algo, y el caso es +que con ninguna, chicas. Podéis creerme: ni esto. Tan aficionado a +jarabe de pico, y tiene más miedo a una mujer que a los truenos. + +Detúvose la Comadreja, y mirando fijamente a Amparo, añadió: + +--Tú aún tienes otro obsequiante, pero te callas. + +--¿Quién, mujer? + +--El barquillero. ¡Sí, que no está derretido por ti! + +--¡Aquel animal!--exclamó Amparo--. Parece una patata cruda... mujer, +hazme más favor. + + + + +-XII- + +Aquel animal + + +Aquel animal trabajaba entre tanto a más y mejor. Si faltase él, ¿quién +había de encargarse de toda la labor casera? Muy cascado iba estando el +señor Rosendo, y la tullida a cada paso se hallaba mejor en su cama, y +se extendía entre sábanas más voluptuosamente al ver el ademán de fatiga +con que soltaba su marido el cilindro por las noches. Y cuenta que de +algún tiempo acá, el señor Rosendo no fabricaba barquillos sino en casos +de gran necesidad, porque el fuego le inyectaba la tez, le arrebataba y +sofocaba todo. Pero allí estaba Chinto para dar vueltas a la noria, y +ser panacea universal de los males domésticos y comodín servible y +aplicable a cuanto se ofreciese. No sólo se levantaba con estrellas, a +fin de emprender la labor de Sísifo de llenar el tubo-labor que +desempeñaba con mecánica destreza y rapidez--, sino que antes de salir a +la venta, quedábale tiempo de barrer el portal y la cocina, de limpiar +los chismes del oficio, de ir por agua a la fuente, por sardinas al +muelle o al mercado, y freírlas luego; de arrimar el caldo a la lumbre, +de partir leña; de cumplir, en suma, todas las tareas de la casa, +incluso las propiamente femeniles, porque traía en la faltriquera un +dedal perforado y un ovillo de hilo, y en la solapa, clavada, una aguja +gorda; y así pegaba un botón en los calzones de su principal, como +echaba un gentil remiendo de estopa en su propia morena camisa. Y si no +se ofrecía a coser las sayas de Amparo y no le hacía la cama, era por +unos asomos de natural y rústico pudor que no faltan al más zafio +aldeano. A la tullida le daba vueltas, le sacudía los jergones, y la +sacaba en vilo del lecho, tendiéndola en un mal sofá comprado de lance, +mientras se arreglaba su cuarto. + +Lo gracioso del caso está en que, siendo el paisanillo tan útil, por +mejor decir, tan indispensable, no hubo criatura más maltratada, +insultada y reñida que él. Sus más leves faltas se volvían horribles +crímenes, y por ellos se le formaba una especie de consejo de guerra. +Llovían sobre él a todas horas improperios, burlas y vejaciones. La +explotación del hombre por el hombre tomaba carácter despiadado y feroz, +según suele acontecer cuando se ejerce de pobre a pobre, y Chinto se +veía estrujado, prensado, zarandeado y pisoteado al mismo tiempo. Le +habían calificado y definido ya: era un mulo. + +Acertó un día Chinto a volver unas miajas más tarde de lo acostumbrado, +y acercose a la cama de la tullida para vaciar sus faltriqueras, donde +danzaban los cuartos de la colecta diaria. Encontrábase allí Amparo, y +le dio al punto en la nariz un desusado tufillo. Por sorprendente que +parezca la noticia, la acuidad del sentido del olfato es notable en las +cigarreras: diríase que la nicotina, lejos de embotarles la pituitaria, +les aguza los nervios olfativos, hasta el extremo de que si entra +alguien en la fábrica fumando, se digan unas a otras con repugnancia: +«¡Puf, huele a hombre!». Así es que Amparo solía apartarse de Chinto +--aunque sea inverosímil--repelida por el olor de las malas colillas que +chupaba en secreto; pero lo que a la sazón percibía era peor que el +tabaco; así es que pegó un salto. + +--¡Vete de ahí--le gritó--; vete, maldito, que nos apestas! Anda, +pellejo, despabílate. + +Chinto la consideraba atónito, con los brazos colgantes, abriendo cuanto +podía los ojos, cual si por ellos oyese. + +--Que te largues; ¡repelo contigo!, que no se aguanta ese olor: +confundes a la gente. + +--¿A qué apestas, demontre?--preguntó la tullida--. Serán esos puros del +estanquillo. + +--¡No, señora, que es a vino!--exclamó Amparo. + +--¡A vino!--clamó la impedida alzando los brazos tan escandalizada como +si ella sólo catase el agua, porque en el pueblo los viejos, con +sinceridad completa, se otorgan a sí propios el derecho de «echar un +trago» que niegan a los mozos--. ¡A vino! ¡Tú quiéreste perder, +condenado! + +--Yo... pero yo... quiérese decir que yo...--balbució Chinto abrumado +por el peso de su culpa. + +--¡Aún tendrás valor para contar mentira!--chilló la enferma--. ¡Llégate +acá, bruto! (Chinto se llegó compungido.) Echa el aliento. (Chinto lo +echó.) Más fuerte, más fuerte... (Y la tullida asió de los indómitos +pelos al paisano y le obligó, mal de su grado, a carearse con ella.) +¡Puf!, ¡pues es verdá y muy verdá! ¿Dónde te metiste? ¿Andas ya +arrastrado por las tabernas, bribón? + +--Yo... no, no fue cosa mala ninguna... no fue perrita, ni licor.... +Fue.... + +--Cuenta la verdá, borrachón de los infiernos, como si estuvieses +difunto en el tribunal del devino Señor.... + +--No fue nada más sino que encontré un amigo de allí... de la Erbeda, +que cayó soldado... y allí... me convidó, me dijo así:--¿Quieres una +chiquita?--. Y yo... allí, le dije:--Bueno--. Y él me llevó allí... a +casa de.... + +--¡Calla, calla y recalla ya, que siquiera sabes lo que dices, con la +mona que traes a cuestas!... ¡Como otra vez te vea yo así perdido de +vino, he de decirle a Rosendo que te arree una tunda con la correa de la +caja, que te has de chupar los dedos; chiquilicuatro, mocoso, viciosón! +Convidarte, ¿eh? Me convides. ¡Quien te da vino, no te da pan; mulo! +¡Anda afuera, que me mareas la cabeza toda! + +Amparo ejecutó el decreto materno empujando a Chinto por los hombros a +las tinieblas exteriores del portal, y Chinto resignado optó por +acostarse. Lo único que sentía confusamente era no poder ver a la +muchacha un rato. Ahora le entretenía casi tanto mirar a Amparo, como +antes contemplar la rueda del amolador y la bahía. Admirábale a él, rudo +y tardío de eloquio como suele serlo el aldeano, la facilidad y rapidez +con que la pitillera se expresaba, la copia de palabras que sin esfuerzo +salían de su boca. Si lo que experimentaba Chinto era enamoramiento, +podía llamarse el enamoramiento por pasmo. Ello es que se le venían con +frecuencia suma impulsos de tratar a Amparo como a las chiquillas de su +aldea, las tardes de gaita; de pellizcarla, de soltarle un pescozón +cariñoso, de echarle la zancadilla, de darle un varazo suave con la +recién cortada vara de mimbre. Pero tan osados pensamientos no llegaban +a realizarse nunca. Amparo sí que solía empujar a Chinto, y no por vía +de halago, bien lo sabe Dios, sino de pura rabia que le tuvo siempre. Si +pudiese leer en el alma del paisano, adivinar cómo le hervía la sangre +al acercarse a ella, le hubiera cobrado asco amén del odio inveterado +ya. + +Para Amparo, hija de las calles de Marineda, ciudadana hasta la médula +de los huesos, Chinto era un ilota. Alguna duquesa confinada en oscuro +pueblo, después de adornar los saraos de la corte, debe sentir por los +señoritos del poblachón lo que la pitillera por Chinto. Enfadábale todo +en él: la necia abertura de su boca, la pequeñez de sus ojos, lo sinuoso +y desgarbado de su andar, su glotona manera de comer el caldo. Le +entraban irritaciones sordas a la vista de objetos dejados por él, un +par de zapatos viejos y torcidos, una faja de lana roja pendiente de una +percha, una colilla negra y pegajosa, caída en el suelo. Y fortificaba +su antipatía el que Chinto, con la desconfianza socarrona propia del +paisano, lejos de resolverse a aceptar los ideales políticos de Amparo, +a su modo, daba a entender que le parecía huero y vano todo el bullicio +federal. Con risa entre idiota y maliciosa, solía decir a veces a la +muchacha: + +--Andas metiéndote en cuentos.... Aún han de venir a buscarte los +civiles, para te llevar a la cárcel.... + + + + +-XIII- + +Tirias y troyanas + + +También en la Fábrica observaba Amparo que las paisanas eran las menos +federales, las menos calientes, llenas de escepticismo y de picardía, +decían, meneando la cabeza, que a ellas la república «no las había de +sacar de pobres». Alguna tenía sus puntas y ribetes de reaccionaria; y +en conjunto, todas profesaban el pesimismo fatalista del labrador, +agobiado siempre por la suerte, persuadido de que si las cosas se mudan, +será para empeorarse. No se arrancaba de ellas la más leve chispa de +fuego patriótico; empeñábanse en no exaltarse sino cuando viesen que +iban a menos las contribuciones y a más los frutos de la tierra. Así es +que en la Fábrica gozaban de detestable reputación, y eran tachadas de +ávidas, tacañas y apegadas al dinero, y acusadas de cebarse en la +ganancia abandonando su casa por un ochavo, al par que las de Marineda +se jactaban de rumbosas, y se preciaban de mejores madres. No obstante, +pronunció la revolución tres palabras áureas que a todas sacaron de +quicio: «¡No más quintas!». Hasta las mismas aldeanas abrieron +ansiosamente el corazón y el alma para beberse la dulce promesa. + +¡Si la república fuese, como decían diariamente los periódicos favoritos +del taller, la supresión del impuesto de sangre, vamos, merecía bien que +una mujer se dejase hacer pedazos por ella! En el taller de cigarrillos, +aunque dominaban las mocitas solteras, bastaba hablar de quintas para +que se moviese una tempestad de federalismo. + +--Miren ustedes--decía Amparo--que eso de que arranquen a una de sus +brazos al hijo de sus entrañas y lo lleven a que los cañones lo +despedacen por un rey, ¡clama al cielo, señores! Por lo mismo queremos +la república republicana, la santa república democrática federativa. Con +ella Marineda será capital, y Vilamorta también, y hasta Aldeaparda será +capital hecha y derecha. Sólo Madrí, que a ese se le acaba la ganga, ya +no nos chupará la sustancia; se va a hacer una cosa magnífica, que se +llama descentralizar; y veremos cómo después se le baja el orgullo a la +Corte. ¡Si es inicuo y absolutista lo que está pasando! Aquí no nos +mandan, voy a poner por caso, sino tabaco de segunda, filipino para eso, +espérelo usted un mes o dos. Las regalías y las conchas se hacen en +Madrid... ¡como si nuestros dedos no fuesen de carne humana! ¿Somos aquí +esclavas, o algunas torponas que no sabemos perficionar la labor? Y +luego allí, paguita siempre corriente, consignas a barullo.... +¡Ciudadanas, es preciso sacudir el yugo tiránico con nobleza y energía +cuando venga lo que se aguarda!, ¿eh chicas? + +A las dos formas de gobierno que por entonces contendían en España, se +las representaba el auditorio de Amparo tal como las veía en las +caricaturas de los periódicos satíricos: la Monarquía era una vieja +carrancuda, arrugada como una pasa, con nariz de pico de loro, manto de +púrpura muy estropeado, cetro teñido en sangre, y rodeada de bayonetas, +cadenas, mordazas e instrumentos de suplicio; la República, una moza +sana y fornida, con túnica blanca, flamante gorro frigio, y al brazo +izquierdo el clásico cuerno de la abundancia, del cual se escapaba una +cascada de ferro-carriles, vapores, atributos de las artes y las +ciencias, todo gratamente revuelto con monedas y flores. Cuando la +fogosa oradora soltaba la sin hueso, pronunciando una de sus +improvisaciones, terciándose el mantón y echando atrás su pañuelo de +seda roja, parecíase a la República misma, la bella República de las +grandes láminas cromolitográficas; cualquier dibujante, al verla así, la +tomaría por modelo. + +Y la muchacha iba ascendiendo a personaje político. En la ciudad +comenzaban a conocerla, y hasta oyó una vez, al pasar por la calle +Mayor, que murmuraban en un corrillo de hombres: «Esa es la cigarrera +guapa que amotina a las otras». En su barrio todos la embromaban: el +mancebo de la barbería pronunciaba un festivo «¡Viva la República!» +siempre que Amparo cruzaba ante su puerta; y la señora Porreta murmuraba +con voz cascajosa y opaca: «Salú y liquidación sosial». Si alguien cree +que fue rápida la metamorfosis de la niña callejera en agitadora y +oradora demagógica, tenga en cuenta que más prontamente aún que la +Fábrica de tabacos de Marineda, se gaseó la nación hispana. Ni visto ni +oído. Contaba la Gloriosa menos de un año, y ya nadie sabía a qué santo +encomendarse, ni a dónde íbamos a parar, ni dónde dar de cabeza. +Abundaban las manifestaciones pacíficas, acabando siempre como el +rosario de la aurora. En la frontera, agitación carlista; el Gobierno +interna que te internarás, y los internados acá, volviendo a meterse en +España media legua más allá, mientras en Madrid se fabricaban +activamente, y sin gran reserva, fornituras, arneses y mantillas, que en +los ángulos lucían una corona y las iniciales C. VII, y en Vitoria +recorrían las calles grupos de jóvenes con boina blanca y garrote en +mano, victoreando a las mismas iniciales. A bien que en Puerto Rico la +guarnición aclamaba otras cosas, y en Écija mil republicanos protestaban +contra «la presencia en España del intruso Antonio de Borbón», y en las +cercanías de Barcelona los payeses, armados de azadas y bieldos, +perseguían a un alcalde y le obligaban a encastillarse en las Casas +Consistoriales. A todo esto, el poder, representado por el regente +Serrano, al cual se tributaban honores casi regios, estaba realmente en +las vigorosas manos de Prim, que olfateando la ruina de la Gloriosa, +como el marino vislumbra en el remoto horizonte el huracán, sin +entretenerse en fruslerías demagógicas, sólo pensaba en traer un +monarca, llamado a sosegar el país. España estaba próxima a la gran +lucha de la tradición contra el liberalismo, del campo contra las +ciudades; magna lid que tenía en la Fábrica de Marineda su +representación microscópica. + +Todas las mañanas, en efecto, al entrar las operarias en los talleres, +al encontrarse en el camino, solían, urbanas y rurales, invectivarse +ásperamente y dirigirse homéricos insultos, ni más ni menos que si +fuesen las avanzadillas de los dos partidos enemigos que presto iban a +encender la guerra civil. El pretexto de las riñas era que las de +Marineda mostraban asombrarse de que las campesinas, viniendo quizá de +tres leguas de distancia, estuviesen ya allí cuando apenas asomaba el +día, y hacían rechifla de tal diligencia. + +--¡Vaya, que es buen madrugar de Dios, hijas! + +--¿Venides a caballo del Sol? + +--¡Andar, lamponas! ¡Dejáis la cama por hacer y el chiquillo por mamar! +¡Madrastras! + +--¡Ni os peinades tan siquiera!... ¡Andáis arañando en el pelo con los +dedos por llegar seis minutos antes, ansiosas de judas! + +--¡Tú dormiste en el camino, avariciosa! Imposible que a tu casa +llegases. Tanto madrugar, y tanto madrugar, y luego no hacedes ni medio +cigarro, en tó el día, que mismo no sabedes menear los dedos, que mismo +los tenedes que parecen chorizos, que mismo Dios os hizo torponas, que +mismo.... + +Aquí ya la sorna y flema de las interpeladas tocaba a su fin, y +respondían coléricas, pero entre dientes: + +--¿Y luego? Cada uno se vale como puede, y vusté tendrá otras rentas, y +más otros señoríos... y ganaralo de otra manera diferente, y Dios sabe +cómo será... que yo no lo sé ganar sino trabajando, _hija_. + +--Yo lo gano con tanta honra como usté... y no injuriar a nadie. + +--Calle usté, que empezó. Yo no le dijen cosa mala. + +--¡Avarientas, rañas, ahorcádevos por un ochavo! + +--¡Sinvergüenzas!--replicaban furiosas las campesinas. + +--¡Servilonas, carlistas!--contestaban las ciudadanas, ya en actitud +agresiva. + +--¡Malvadas, que echades contra Dios!--rugían las insultadas. Y en medio +del tumulto se oía el agudísimo ¡ayyy!, de una mujer, a la cual manos +furibundas intentaban arrancar de un solo tirón la trenza entera de sus +cabellos. Por espacio de diez segundos imperaban la confusión y el +desorden, y había empujones, pellizcos convulsivos, arañazos, violentos +repelones; pero apenas iban aproximándose a las cercanías de la Fábrica, +donde el severo reglamento prohibía los escándalos, cesaba el griterío, +comenzaba el torrente femenil a precipitarse dentro del patio, y +restablecíase la paz, ya que no la serenidad interior, en la fiel imagen +abreviada de la nación española. + + + + +-XIV- + +Sorbete + + +Josefina García estaba aquella noche muy compuesta y emperejilada en el +paseo de _las Filas_, y la acompañaban las de Sobrado. Cuanto se ponía +Josefina ajustábase siempre a los últimos decretos de la moda, no sin +cierta exageración y nimiedad, que olía a figurín casero. Era esa la +condición del cuerpo de Josefina semejante a la de la cola que los +escultores usan para vaciar sus estatuas, que recibe toda forma que se +le quiera imprimir. Josefina entraba dócil en los moldes impuestos por +la moda, sin rebelarse ni protestar jamás. Tenía su físico algo de +impersonal, una neutralidad que le permitía variar de peinado y de +adorno sin mudar de tipo. Mediana de estatura, su rostro prolongado y +sus agradables facciones no ofrecían rasgos característicos. Sus ojos, +ni chicos ni grandes, ni eran feos, pero sí dominantes y escudriñadores +más de lo que a su edad y doncellez convenía; su sonrisa, entre +reservada y cándida, demasiado permanente en los labios, para que no +tuviese visos de fingida y afectada; su talle, modelado por el corsé, +sería pobre de formas si hábiles artificios del traje, como un volante +sobre los hombros, o en la cadera, no reforzasen sus diámetros. Sin +aliño y despeinada, Josefina debía parecer poca cosa; ayudada por el +tocado, adquiría cierta postiza morbidez. En realidad, era un fruto +prematuramente caído del árbol, una doncella núbil antes de tiempo; a +los trece, cuando tocaba habaneras, tenía ya las coqueterías, los celos, +los caprichos de la mujer, y ahora aquella flor rápida y precoz se había +deshojado, y en vez de la lozanía seductora de la juventud, notábase en +Josefina la tiesura y empaque de una señora formal y los remilgos de una +lugareña. Figurábase que la distinción, el buen tono, consistían en +contrahacer los menores movimientos, ajustándolos a una pauta +preestablecida; que había un modo elegante y otro cursi de reír, de +estornudar, de abanicarse; que hasta existían opiniones distinguidas y +bien vistas, y opiniones que ya no se llevaban; y que en todo, lo más +selecto y fino eran las medias tintas, la insustancialidad, lo insípido, +inodoro e incoloro. Hablando de cosas superficiales, no le faltaba +cierta charla vivaz, semejante al trinar del jilguero; pero apenas se +tocaban asuntos serios, creíase obligada, por su papel de niña elegante +y casadera, a encogerse de hombros, hacer cuatro dengues y mudar de +conversación. Tal cual era Josefina, muchas señoritas la imitaban, +porque, según se decía, «sacaba las novedades»; y aunque tachándola de +exagerada y rara, a veces, con el rabillo del ojo observaban las +innovaciones de indumentaria que lucía, para reproducirlas al punto. + +Aquel año comenzaba a imperar el traje corto, revolución tan importante +para el atavío femenino, como la de Setiembre para España; las avanzadas +en ideas se habían apresurado a cercenar sus faldas, mientras las +conservadoras no se resolvían a suprimir la cuarta de tela con que +barrían las inmundicias del piso. Josefina, que en materia de vestir era +radical, llevaba la moda nueva en todo su rigor, con túnica de seda +negra adornada de bellotas de pasamanería, cayendo sobre redonda falda +de glasé azul. Un velo de rejilla formaba a su rostro la misteriosa +aureola de un confesionario, y los _cuernos_ de su peinado bajaban con +gracia y simetría hacia la nariz. Por la espalda y en la cintura, un +lazo negro muy pronunciado servía para abultar lo que entonces quería la +_voluble diosa_ que abultase. Echaba la señorita los codos atrás con +objeto de destacar el busto, actitud que escrupulosamente copiaba la +segunda de Sobrado, Clara. Lola, que iba en medio, era la única a poner +el cuerpo como Dios se lo dio. La luz de la luna, que se alzaba +iluminando el paseo de _las Filas_ y el mar, la hora y la temperatura +envidiable de una noche de verano, incitaban a amantes efusiones, o +siquiera a galanteos, y hasta el ruido de la concurrencia se brindaba a +ser cómplice de tiernas palabras pronunciadas a media voz; así lo +comprendía Baltasar, que acompañaba a las muchachas, inamovible al lado +de Josefina, y haciendo, sin escrúpulo, que sus hermanas llevasen la +cesta. A lo lejos, el blando murmullo de las olas, que parecían un lago +de plata, decía cosas embriagadoras y poéticas; cantaba un idilio +intraducible al humano lenguaje. La conversación del grupo era, no +obstante, por todo extremo, vulgar. + +--Está desanimado el paseo. ¿Verdad, Sobrado? + +--Animadísimo lo encuentro yo. ¿Por qué dice usted eso?...--Y los ojos +de Baltasar buscaron los de Josefina, y una mirada se cruzó entre ambos. + +--¡Qué cosas tiene usted! Vaya, falta gente: usted no lo notará, pero sí +falta. + +--Yo, intervino Lola, me aburro con tanto dar y dar vueltas.... En +cualquier sitio me divertiría más. No hubiera salido hoy, si no fuese +por la Octava de San Hilario.... Pero ni aun la Octava estuvo a mi +gusto; faltó muchísima gente de la que acostumbra alumbrar.... ¿Sabéis +porqué? + +--No--dijo maquinalmente Josefina. + +--Sí--declaró Baltasar--, porque fueron a esperar al muelle a los +delegados de Cantabria. + +--Los delegados... ¿de qué?--preguntó Josefina jugando con el abanico. + +--De Cantabria.... Vienen a firmar la unión del Norte...--explicó +Lola--. ¡A mí me gustaría ver el desembarque! Si hubiese tenido con +quien ir. + +--Yo fui.... ¡Qué lástima!--dijo Baltasar. + +--Chica.... ¡Vaya una idea!--exclamó Josefina soltando menudas +carcajaditas--. Yo huyo de esas confusiones.... Me aterra pensar que +pueden gentes sin educación apachucarme, pisarme.... ¡Qué fastidio! Y al +fin poco tendrá que ver.... Diga usted, Sobrado, ¿se ha divertido usted +mucho? + +--No por cierto.... ¡Diversión! ¿Qué diversión ha de ser? Pero es +curioso.... ¡Hubo vivas, y mueras, y un silbido vergonzante, y abrazos, +y apretones de manos! + +--¡Bien por el que silbó!--dijo Lola batiendo palmas--. ¡A eso quería yo +ir, a silbar con la llave de la puerta! + +--Dice el tío Isidoro--intervino Clara--que si esto sigue así van a +tener que cerrarse los comercios y se concluirá la industria. + +--¡Y también se cerrarán las iglesias!--recalcó Lola con más calor +aún--. ¡Malditos revoltosos! ¡A silbar, a silbar debió ir todo el mundo! + +--¡Psss! ¡Por Dios!--suplicó Josefina--. Estamos llamando la +atención.... Luego dirán que nos metemos en política. + +--Pues yo me meto... ¿y qué? Ahora todo el mundo se mete--afirmó Lola. + +--¡Ay... yo no! Qué ridiculez, ¿eh, Sobrado? Yo no entiendo de eso. + +--¿No tiene usted opiniones, polla? + +--No... es decir, no me gustan los alborotos; ¡cuando hay trifulca el +teatro está tan soso!... Ni queda humor para vestirse y salir. + +--Vamos, usted debe tener sus preferencias.... ¿Será usted carlista? + +--¡Ay, no!... ¡La Inquisición me da un miedo!...--dijo riendo. + +--¿Republicana? + +--¡Qué horror! ¡Cosa más cursi...! + +--Moderada, ea. Es usted moderada, de fijo. + +--Tal vez, tal vez, algo moderada.... La pobre Reina me da mucha +lástima. + +--Bueno, ahora ya sé que es usted moderada y lo voy a divulgar por ahí +para que la prendan a usted por conspiradora. + +--No, por Dios, que no sueñen que hablamos de estas cosas.... Se reirían +de mí y dirían que parecemos un club. ¿No sabe usted alguna noticia? +¿Qué me cuenta usted del prestidigitador que trabaja en el teatro? + +--¿El húngaro? ¡Bah! Como todas esas funciones.... Muy pesado, mucho +cubilete y los pistoletazos de cajón.... + +--¡Pistoletazos! Los odio: me asustan atrozmente. En viendo que preparan +la pistola, ya estoy tapándome los oídos: las chicas se ríen y mamá me +dice siempre: «Niña, que te miran...». Pero yo no puedo.... + +--¡Mejor! Si la miran a usted, ¿qué más quieren los espectadores? +--declaró Baltasar cediendo a la destreza con que Josefina traía el +diálogo al terreno personal. + +Mientras pasaba este coloquio, las madres, que venían detrás, se +sentaron en un banco, sin que su plática, por versar sobre asuntos de +muy otra especie cediese en animación a la de la gente joven. Un +momento, al pasar por delante de ellas, Lola se volvió a preguntarles no +sé qué; al mismo tiempo Josefina tocó levemente en el codo a Baltasar, +el cual se inclinó, y por movimiento simultáneo cayeron los brazos de +ambos y sus manos se unieron el espacio de un segundo, depositando la +mano varonil en la femenina un papelito blanco, tamaño como una +mariposa. Susurraban las acacias, llenaba el aire el misterioso silabeo +de las conversaciones de última hora, y el amoroso gemido del mar, +besando el parapeto, completaba la sinfonía. + +Ni se escapó el detalle del papel al ojo avizor de la viuda ni a la +vigilante atención de doña Dolores, quien puso torcido y avinagrado +gesto, levantándose al punto y anunciando que era hora de retirarse. Al +tiempo que regresaban las dos familias, desde _las Filas_ a la calle +Mayor, la señora de Sobrado meditaba una épica pequeñez, una tontería +trascendental y feroz que le sirviese para dar despachaderas a las de +García y quedarse sola con sus hijas. Y como llegasen cerca de las +puertas del café de la Aurora, que dejaban pasar la luz amarilla y cruda +del gas, ocurriósele, por fin, la liliputiense estratagema, y con felina +amabilidad dijo la viuda: + +--Y ahora, ¿qué se hacen? Nosotros pensábamos entrar a tomar un +refresco.... ¿Nos acompañarán ustedes? Un sorbetito, cualquier cosa.... + +--¡Jesús... pues no faltaba más!--contestó la viuda, abochornada como +persona a quien ofrecen de mala gana y por fórmula un obsequio que +cuesta dinero--. Nosotras tenemos que hacer, y nos retiramos. + +--¡Baltasar!--gritó doña Dolores a su hijo, que iba delante con las +muchachas--. ¡Baltasarito, entra aquí, que vamos a tomar sorbete!... + +--Vengan ustedes, señoritas--murmuró el teniente, creyendo que se +trataba de convidar a la familia García. + +--No, estas señoras no quieren nada--se apresuró a advertir la madre, +clavando a su hijo a la puerta del café con una mirada elocuentísima. + +A pesar del aplomo de buen género que creía Josefinita poseer, se vieron +a la claridad del gas sus ojos preñados de lágrimas de orgullo y su tez +encendida, como si la abofeteasen. Dijo un seco «adiós» a Clara y Lola; +a Baltasar y a doña Dolores ni palabra. Cogiose del brazo de la viuda y +pronto se confundieron en la oscuridad del fin de la calle sus espaldas, +erguidas con dignidad propia de espaldas de destronadas reinas. Baltasar +se volvió hacia su madre. + +--Pero, mamá...--pronunció. + +--¡Chsss!--murmuró ella en voz baja, casi al oído del mancebo...--. Eres +un bolo, que te comprometes en público con ellas, y tienen medio perdido +su asunto. Van a quedar en la calle, chiquillo.... He confesado a la +infeliz de la madre y no pudo negármelo.... Yo ya lo sabía por un +abogado. Va muy mal todo eso.... Niñas, sentaos--añadió dirigiéndose a +Lola y Clara--. Mozo, cuatro medios de leche y barquillos.... + +--Yo no tomo...--dijo Baltasar. + +--Mozo, tres medios no más.... Pues mira como andas, porque esa mocosa +con su gesto de todo me fastidia, te va a envolver.... La tendrás que +mantener, y a las cuñaditas, y a la viuda.... + +--Pero si no pienso... usted todo lo abulta. Sólo que las cosas hechas +así de este modo se comentan y dan que hablar.... ¿No se empeñó usted +misma en que las acompañase? + +--Con permiso de ustedes--dijo el mozo colocando en la mesa tres vasos +de leche amerengada coronados de canela, y un cestito de paja lleno de +barquillos. Clara y Lola se pusieron a chupar su refresco, comprendiendo +que no debían oír el diálogo de su madre y hermano. + +--Que las acompañases, sí... porque no me figuraba yo que iba a resultar +tal compromiso.... Si pierden el pleito, ni sé cómo pagarán las +costas.... Han de acudir al bolsillo del prójimo; acuérdate de lo que te +digo; como si todo el mundo tuviese ahí el dinero a disposición.... + +--Pues yo--declaró Baltasar--no vuelvo a meterme en otra.... Mire usted +bien las cosas antes, porque esto de andar así, hoy tomo y mañana dejo, +es ridículo y le pone a uno en evidencia. Dirá la gente que cazamos... +que cazo un dote.... ¡Ya ve usted! + +--¡Dios quiera que los cazados no seamos nosotros!--tartamudeó doña +Dolores con las mejillas horriblemente sumidas por los esfuerzos de +absorción que practicaba, a fin de convertir su barquillo en bomba +ascendente de la leche garrapiñada. + + + + +-XV- + +Himno de Riego, de Garibaldi. Marsellesa + + +Era Baltasar un hijo, no de este siglo, sino de su último tercio, lo +cual es más característico y peculiar. Calificábanle las señoras de +atento; sus compañeros, de muchacho corriente y agradable; su tío, de +chico listo y con el cual se podía departir acerca de asuntos de +comercio. Su temperatura moral no subía ni bajaba a dos por tres; no se +le conocía ardor ni entusiasmo por ninguna cosa; la fiebre de la mocedad +no le había causado una hora de franca y declarada calentura. Ni juego, +ni bebida, ni mujeres le sacaban de quicio. En política era naturalmente +doctrinario. Su madre le juzgaba mozo de gran porvenir y altos destinos, +porque dejándole la paga para gastos menudos y diversiones, Baltasar +ahorraba y nunca se halló sin blanca en el bolsillo del chaleco. +Destinado a la carrera militar, más por vanidad de su familia que por +vocación, no era, sin embargo, cobarde, pero sí yerto; prefería los +ascensos a la gloria, y a la gloria y a los ascensos reunidos anteponía +una buena renta que disfrutar sin moverse de su casa ni estar a merced +del ministro de la Guerra. Secretamente, con cautela suma (porque +Baltasar respetaba la opinión pública y todo lo que hay que respetar +para vivir con sosiego), la ley y norte de su vida era el placer, +siempre que no riñese con el bienestar. Tenía vanidad, pero vanidad +encubierta y en cierto modo solitaria. A sus creencias, vacilantes y +endebles, no quería tocar, como si fuesen un diente próximo a caerse y +con el cual evitase morder cortezas duras. Vivía a su gusto y talante, +sin meterse en más libros de caballerías. Físicamente tenía Baltasar +mediana estatura, la tez fina y blanca, y de un rubio apagado el ralo +cabello; pero la parte inferior de su fisonomía era corta y poco noble; +la barbilla chica y sin energía, la boca delgada de labios, como la de +doña Dolores. En conjunto, su rostro pareciera afeminado a no acentuarlo +la aguda nariz, diseñada correctamente, y la frente espaciosa, +predestinada a la calvicie. + +Al huir del café, como si huyese de sí mismo, dejando a su madre y a sus +hermanas ocupadas en agotar los sorbetes, sintió que le daban una +palmadica en la espalda, y volviéndose conoció a Borrén, que ya hacía +días estaba de retorno de Ciudad Real, contando que allí había unas +chicas... hombre, ¡cosa notable! Se cogieron del brazo y se dieron a +vagar por las calles, que no aconsejaba otra cosa la serenidad y +hermosura de la noche de estío. Baltasar desahogó sus cuitas en aquel +amigo pecho. Él no estaba ciego por Josefina, ni cosa que lo valga; pero +ahora recelaba que sería mal visto plantarla de golpe y porrazo. + +--Entreténgala usted--aconsejó maquiavélicamente Borrén--y distráigase +por otro lado. ¿Va usted a vivir así a su edad? ¡Pues no faltaba más, +hombre! + +--Es una diablura: en este pueblo todo se sabe, y después, líos, +historias, lances que molestan.... Se me figura que voy a pedir que me +destinen a Andalucía o a Cataluña.... Si me quedo aquí, hay una muchacha +que me da, a veces, en que pensar... ¿y para qué se ha de meter uno en +un atolladero? + +--Una muchacha.... No es la de García, ¿eh? + +--No, hombre.... Esos son solaces a la alta escuela y por todo lo fino, +que no le quitan a uno el sueño.... Es... una cigarrera. + +--¡Hola... picarón! ¿Esas tenemos, y tan calladito? + +--Usted mismo me la enseñó y me habló de ella.... La chica del +barquillero. + +Borrén chasqueó la lengua contra el paladar. + +--¡Yaaaá lo creo! ¡Toma, toma! ¡Pues si es una joyita, hombre! ¡Caramba +con usted y cómo lo gasta! ¿No se lo decía yo a usted, eh? + +--Debo advertir que por ahora no hay nada. No se eche usted a maliciar +ya. + +--Principio quieren las cosas, hombre. + +Hablaban así al atravesar una calle principal, cuando de pronto les +llamó la atención el corro de gente parada a la puerta de una sociedad +de recreo. Dentro del marco de las iluminadas ventanas se veían agitarse +figuras negras que gesticulaban animadamente, y detrás de ellas medio se +columbraba una mesa servida con copas, botellas y dulces. A veces se +dibujaba sobre el fondo de luz la silueta de una mano que alzaba una +copa, y el clamor que seguía al brindis era delatado por el retemblido +de los cristales. + +--El Círculo Rojo--dijo Borrén--. Están obsequiando a los delegados de +Cantabria. + +--¡Llegar por mar ahora mismo y tener humor para correrla!--exclamó el +teniente--. ¡Lástima de naufragio! + +--¿A usted qué le parece de estas algaradas, Sobrado? + +--¿Qué me ha de parecer? Que antes de dos meses nos embromarán allá por +Navarra los del Terso.... + +--¡Quia! Eso nunca, hombre. Eso murió, y los muertos no resucitan. + +--Usted entiende más de chicas guapas que de política, amigo Borrén. Nos +van a divertir, créame usted. Ya anda en danza Elío, un militar si los +hay.... Eso se va a organizar; verá usted cómo salen de la tierra igual +que los hongos cuando llueve, pero equipaditos y con armamento. Y estos +otros también van a sacar las uñas por Barcelona y donde haya blusas y +fábricas. Lo peor de todo es que harán de España mangas y capirotes.... + +Un golpe de gente que desembocaba en la calle cortó la réplica de +Borrén. A la luz del astro nocturno se veía blanquear los instrumentos +de metal y los papeles de música. Al llegar ante el Círculo Rojo instaló +la banda sus atriles, en el centro del corro que aumentaba; y previas +algunas palabras en voz baja y un golpe de batuta, rasgó los aires el +bullanguero himno que todo español conoce y ama o detesta. Del concurso +partieron gritos. + +--¡Himno de Garibaldi! + +--¡Marsellesa, Marsellesa!--contestó un grupo más compacto. + +Y enmudecieron los metales, y presto volvió a alzarse su formidable +acento, entonando la trágica Marsellesa. Impensadamente se abrieron las +ventanas del Círculo, y fue como si la sala llena de claridad, de gente +y de tumulto, se viniese a meter entre los espectadores. + +En primer término asomaron las cabezas los recién venidos, y al punto +calló la música y se oyeron vivas a los delegados, a Cantabria, +dominando el clamoreo una voz aguardentosa que desde la esquina repetía +incansable «¡Viva la honradez!». Una mujer se adelantó, y entrando en el +círculo de luces, gritó con voz fresca y potente: + +--¡Que brinden a la salud del pueblo!... ¡Que brinden!... + +Volviose uno de los delegados, y al punto le trajeron una copa rebosando +Champaña, que elevó a los cielos al pronunciar el brindis. Las luces de +los atriles alumbraron su barba de nieve, sus mejillas sonrosadas como +las de los viejos de la pintura arcádica. Baltasar sacudió el brazo de +su confidente. + +--¿La ve usted? + +--La veo. ¡Olé y qué guapa se pone todos los días, hombre! + +--Pero se me hace muy cargante con estas cosas políticas. Las mujeres no +tienen más oficio que uno. + +--Sí, hombre... quién la mete a ella... tiene chiste. + +--Es una epidemia. Almorzamos política y comemos ídem. Se va volviendo +España un manicomio. ¡Bah! Si no estuviese aquí, donde todo el mundo me +conoce, las extravagancias de esa muchacha no dejarían de divertirme.... +¿La ve usted aplaudiendo a rabiar al del brindis? ¿Cómo se llamará ese +ciudadano? Parece el Oroveso de _Norma_. + +--Psh... mañana lo sabremos. + + + + +-XVI- + +Revolución y reacción mano a mano + + +En la calle de los Castros estaba Carmela, la encajerita, descolorida +como siempre y ocupada en oír de boca de Amparo el relato de los sucesos +de la víspera. Asomada Carmela al tablero, disimulaba su talle encorvado +ya por la habitual labor; pero no sus ojos ribeteados y cansados de +fijarse en la blancura del hilo. No obstante su atareado vivir, la +encajera gastaba humor apacible e inalterable y poseía la dulzura de las +personas melancólicas, una benevolencia claustral. Amparo narraba +animadamente; los delegados de Cantabria habían desembarcado entre +inmenso gentío que llenaba el muelle y la ribera: ella pensó por la +mañana alumbrar en la octava de San Hilario; pero ¡qué octava ni +octava!, en cuanto supo la venida del buque, allá se plantó, en el +desembarcadero, abriéndose calle a codazos.... Los delegados son unos +señores..., ¡vaya!, de mucho trato y de mucho mundo: ¡saludan a todos y +se ríen para todos!, ¡republicanos de corazón, ea! (y aquí Amparo se +descargó una puñalada en el pecho). A la señora María, la _Rinchona_, +mira tú, porque dijo que les quería dar la mano, la abrazaron a vista de +todo Dios... luego los había acompañado al Círculo Rojo, y oído la +serenata, y el discurso que echó uno de ellos... ¡un viejo que parece un +santo!, y otro... un señor serio, de mal color.... + +--¿Y qué tal, predican bien? + +--¡Dicen cosas... que se le hace a uno agua la boca de oírlas! Quisiera +yo que estuviesen allí los que creen que la federal trae desgracias y +belenes. El viejo no habló sino de que ya no había tiranía... de que +todo se iba a arreglar con moralidad y atención... de que nos +quisiésemos mucho los republicanos, porque ya todo ha de ser concordia +entre los hombres. + +--Tú tienes un memorión.... A mí se me iría el santo al cielo. Mi +memoria es de gallo. Y el otro, ¿qué dijo? + +--El otro, el otro... el otro habla despacio, pero echa unos términos, +que a veces cuesta caro entenderlo.... Predicó mucho de nuestros +derechos y del trabajo, y de lo que representa esta Unión del Norte... y +de que las clases trabajadoras, si se unen, pueden con las demás.... +Habían de venir allí arrastrados de las orejas los que piensan que los +republicanos dicen cosas malas. No señor, allí se cantaba clarito lo que +somos, paz, libertad, trabajo, honradez y la cara y las manos muy +limpias. + +--Dime una cosa, mujer. + +--Más que sean dos. + +--¿Y qué significa eso de república federal? + +--Significa... ¿qué ha de significar, repelo? Lo que predicaron esos. + +--Pero no me hice bien de cargo.... ¿Qué más tiene eso que el gobierno +que hay ahora? + +--Tiene, tiene, tiene... tiene que Madrí no se nos monte encima, y que +haya honradez, paz, libertá, trabajo.... + +--Pero... vamos, una pregunta, por preguntar, mujer. ¿No decían cuando +vino el barullo de la revolución el año pasado, que nos iban a dar todo +eso? Conforme aquellos no lo dieron también podrá cuadrar que no lo den +estotros. + +--No puede ser, y no, y no, porque estos son otros hombres de otra +manera, que miran por el bien del pueblo.... No digas tontadas. + +La encajerita se rió con su risa tenue. + +--No, si lo que vienen a dar es trabajo, por acá no falta.... Y digo yo +y preguntando otra vez, si es verdá que quitan la estancación del +tabaco, vamos a ver, ¿cómo os valéis las cigarreras? Pidiendo limosna. + +--¡Esa es una burrada de las gordas!--exclamó Amparo, fuerte ya en la +controversia del punto concreto--. Oye y atiende, mujer, te lo voy a +poner claro como el sol. Ahora el Gobierno nos tiene allí sujetas, ¿no +es eso? Ganamos lo que a él se le antoja; si vienen, un suponer, buenas +consignas, porque vienen, y si no, fastidiarse. Él chupa y engorda y se +hace de oro, y nosotras, infelices, lo sudamos. Que se desestanca, que +se desestancó: ¡ala con ella!, las reinas somos nosotras, las que +tenemos nuestra habilidad en los dedos; con nosotras han de venir a +batir el consumidor y el estanquero, y si a mano viene, el ministro del +ramo.... ¿Aún no entendiste, tercona? + +Meneaba suavemente la cabeza la encajerita, mientras los hilos de la +labor se deslizaban, se cruzaban, se entretejían a través de sus dedos, +y los palillos de boj, chocando unos contra otros, hacían una musiquilla +flauteada. + +--Es que... tú pintas las cosas.... Pero dime. + +--¡Qué porfiosa del dianche! + +--Dime con verdad.... ¿Falta ahora gente que pretenda entrar en la +Fábrica? + +--¡Faltar! ¡Más empeños andan danzando! + +--Pues, catá... El día que quiten la estancación se echa medio mundo a +trabajar en cigarros, y habiendo mucho quien trabaje, el trabajo anda +por los suelos de barato. ¿Qué me está pasando a mí? Empezó la tía a +hacer encajes, y le salieron dos o tres de Portomar a poner la +competencia... porque ahora son mucha moda estas puntillas, hasta para +pañuelos; lo que estoy rematando es un pañuelo. + +Descubrió ufana su almohadilla alzando un pañizuelo que velaba parte de +labor terminada ya, y viose una afiligranada crestería, un alicatado de +hilo, donde el menudo dibujo se desplegaba en estrellitas microscópicas, +en finos rombos, en exquisitos rectángulos, todo ello unido con arte y +gracia formando primorosa orla. Amparo aprobó. + +--Está muy bonito--dijo. + +--Pues con todo y que se lleva tanto, como ya somos muchas a menear los +palitroques, hay que arreglar los precios.... Yo--murmuró suspirando +levemente--no puedo hacer más; a veces trabajo con luz, pero no me lo +resisten los ojos, y así me arrimo cuando más puedo al tablero hasta que +no se ve el día.... La tía también se quedó medio ciega; ya ni puntillas +gordas hace: sólo sirve para ir por las casas a vender lo que yo +trabajo.... + +Batida en el terreno crematístico, Amparo tocó otra cuerda para seguir +hablando de lo que la gustaba; que no se le cocía el pan en el cuerpo +hasta desembuchar cuanto había visto y esperaba ver. + +--¡El día que lleguen por tierra los delegados de Cantabrialta... se +prepara una buena! ¿No sabes? + +--¿Mucha fiesta? + +--Los han de esperar con coches.... Y...--Amparo se detuvo, bajando la +voz para acrecentar el efecto de la estupenda noticia--les iremos a +alumbrar con hachas. + +--¡Ave María de gracia! ¿Qué me dices, mujer? ¿Alumbrarles como a los +santos? + +--Andando. + +--¿Y quién? ¿Las de la Fábrica? + +--Ajá. Una ristra de ellas. Ya estamos habladas. + +--¿Van tus amigas?... ¿Aquellas dos?... + +--¡Espera por ellas! No, mujer, no. Ana, como trata con un capitán +mercante, no se quiere rebajar a que la vean alumbrando; dice que cuando +llegue la _Bella Luisa_ la avergonzaría su marino.... ¡Y aquella tonta +de Guardiana tuvo valor a decirme que ella sólo cogería un hacha para ir +en la procesión de Nuestra Señora de la Guardia! + +--Pues yo digo otro tanto... más que te enfades, mujer. ¡Vaya unos +dioses y unas imágenes que vais a llevar en procesión! Eso parece cosa +de idólatras. Alumbrar solamente a las cosas de la iglesia, el veático, +las octavas.... + +--Calla, que eres más nea que los neos. + +--¡Y para el favor que me están haciendo a mí esos señores que predican +la libertá! ¡Dicen que van a echar a todas las monjas a la calle y a no +dejar convento con convento! + +Amparo retrocedió tres pasos, se puso en jarras, enarcó las cejas, y +después se persignó media docena de veces, con extraña prontitud. + +--Me valga San.... ¿Pero tú hablas formal, mujer? ¿Te quieres meter en +aquella prisión por toda, toda, toda la vida? Arreniégote. + +--Querer, quiero.... ¡Ay! Quise desde que fui así pequeñita.... Pero +¡bah!, ¡no puedo! ¿Dónde me van a recibir ahora sin el dote? ¡Buenas +están las monjas para meterse en despilfarros! ¿Y yo, cómo he de juntar +el dote, dime tú? Si pido, nadie me dará... A no ser que Dios me mande +una sorpresa.... + +--Mujer, rica no soy; pero un par de duros aún no me hacen falta para +comer mañana--dijo espontáneamente Amparo. + +La pálida sonrisa de la encajerita alumbró su rostro. + +--Se estima la voluntá... Necesito una atrocidá de dinero para el caso, +y ya sé que juntar, no lo he de juntar nunca.... En fin, paciencia nos +dé Dios. + +--¿Y tú estarías a gusto presa entre cuatro paredes? + +--Bien presa vivo yo desde que acuerdo.... Siquiera los conventos tienen +huerta, y vería uno árboles y verduras que le alegrasen el corazón. + + + + +-XVII- + +Altos impulsos de la heroína + + +Eran las horas meridianas, las horas de calor, cuando salieron +desempedrando las calles de Marineda carruajes en que iban las +comisiones del partido a esperar a los delegados de Cantabrialta. Las +dos leguas de camino real que van de la ciudad al ex-portazo (como se +decía entonces) hallábanse cuajadas de gente en expectativa, asaz +empolvada y sudorosa. Poca levita, mucha tuina y chaqueta, de higos a +brevas un uniforme; buen número de mujeres, roncas ya, con los labios +secos, los ojos inyectados, arrebatadas las mejillas, más o menos +descompuesto el peinado y el traje. Engalanadas con colgaduras ostentaba +sus casas el pobre suburbio de la Riberilla: quién había destinado a +manifestar su civismo la colcha de la cama, quién las cortinas de la +humilde alcoba, quién una sábana o mantel. Al ingreso de la barriada se +alzaban arcos de triunfo, entretejidos con ramaje. + +Cuando regresaron los coches trayendo ya a los esperados viajeros, el +contraste que ofrecía el espectáculo convidaba a parar la consideración +en él. Acercábase el sol a su ocaso y las colinas que limitaban el +horizonte pasaban del suave azul ceniciento al lila más delicado. Las +playas de la Barquera y el mar alternaban en zonas de nítida blancura y +de limpio color de zafiro; a los últimos destellos del Poniente, el +arenal brillaba como si estuviese salpicado de plata, y vaporosas +franjas de espuma, tan pronto formadas como deshechas, corrían un +instante por el borde de las olas. Soberana y majestuosa paz, unida al +recogimiento de la hora vespertina, se elevaba de aquellas diáfanas +lejanías al cielo puro, donde apenas de trecho en trecho leves +nubecillas, semejantes a copos de algodón, se esparcían tiñéndose de +oro. Así se preparaba al sueño la Naturaleza, mientras en la carretera +una multitud abigarrada y polvorosa se desojaba mirando al punto por +donde asomaría muy luego la comitiva, y recreaba la vista en contemplar +los guiñapos y telas de colorines pendientes de los balcones, y el +marchito verdor de los arcos de triunfo; y se recibían y daban pisotones +recios, y _metidos_ feroces, y algún furtivo pellizco, y se tragaba y se +mascaba el árido polvo del camino, oyendo a poca distancia, como irónica +burla, el blando gemir de las ondas de la ría. + +De tiempo en tiempo, las bombas de palenque trataban de armar un +escándalo en la atmósfera, pero en balde: diríase que era la detonación +de algún vergonzante petardo, que así alteraba la amplia serenidad del +ambiente, como el zumbido de un mosquito turbaría el reposo de un +gigante. Las tocatas de la banda de música, hecha pedazos de puro soplar +himnos y más himnos patrióticos, se empequeñecían en el libre y +anchuroso espacio, hasta asemejarse al estallido de una docena de +buñuelos al caer en el aceite hirviendo donde se fríen. Y visto desde la +playa, el mismo numeroso gentío podía compararse a un avispero, y la +bandera roja a un trapo de los que los chicos cuelgan de una caña a fin +de pescar ranas en las ciénagas. + +Para que la comitiva adquiriese unos asomos de solemnidad, fue preciso +que entrase en los mezquinos arrabales del pueblo. Con la frescura de la +noche que caía todo el mundo se halló más a gusto, los de los coches +respiraron, sin dejar de saludar a diestro y siniestro, y comenzaron a +abrir en las tinieblas sus pupilas de fuego los reverberos de la ciudad, +la Farola, y las hachas de cera que encendían algunas mujeres para +alumbrar a los carruajes. Así que brilló el cordón de luces, las +portadoras de las hachas se alinearon en buen orden, bajando los ojos +modestamente porque aquello olía a procesión. Entonces algunos curiosos +de Marineda, que no habían querido molestarse en ir más lejos para ver +la función, se abrieron paso y situaron convenientemente con propósito +de estudiar los semblantes de las que en otra ocasión se llamarían +devotas. Si las encontraban mozas y lindas, decíanles cosas almibaradas; +si viejas y feas, barbaridades capaces de enojar y abochornar a un santo +de leño. Cuando pasaba Amparo, que iba una de las primeras, al lado del +rojo estandarte, era un fuego graneado de piropos, una descarga cerrada +de ternezas, a quemarropa. Es que la muchacha se lo merecía todo: la luz +del blandón descubría su rostro animado, encendía sus ojos +rechispeantes, y mostraba la crespa melena, desanudada por la agitación +de la caminata, y flotando en caprichosas roscas por su frente, hombros +y cuello. Baltasar y Borrén, de americana y hongo, se colocaron entre la +apiñada muchedumbre y quizá le murmuraron al oído cien mil dislates; +pero no estaba el alcacer para gaitas, es decir, no estaba Amparo de +humor de requiebros, hallándose exclusivamente poseída del fervor +político. + +Sentíase sobreexcitada, febril, en días tan memorables. Por todas partes +fingía su calenturienta imaginación peligros, luchas, negras tramas +urdidas para ahogar la libertad. De fijo de fijo el Gobierno de Madrid +sabía ya a tal hora que una heroica pitillera marinedina realizaba +inauditos esfuerzos para apresurar el triunfo de la federal: y con tales +pensamientos latíale a Amparo su corazoncillo y se le hinchaba el seno +agitado. En medio de la vulgaridad e insulsez de su vida diaria y de la +monotonía del trabajo siempre idéntico a sí mismo, tales azares +revolucionarios eran poesía, novela, aventura, espacio azul por donde +volar con alas de oro. Su fantasía inculta y briosa se apacentaba en +ellos. Las enfáticas frases de los artículos de fondo, los redundantes +períodos de los discursos resonaban en sus oídos como el _ritornelo_ del +vals en los de la niña bailadora. Aquella llegada de los individuos de +la Asamblea de la Unión fue para Amparo lo que sería la de los Apóstoles +para un pueblo que oyese hablar del Evangelio y de pronto viese arribar +a sus costas a los encargados de anunciarlo. + +Tenía Amparo por cosa cierta que se acercaba la hora de señalarse con +algún hecho digno de memoria: ansiaba, sin declarárselo a sí misma, +emplear las fuerzas de abnegación y sacrificio que existen latentes en +el alma de la mujer del pueblo. ¡Sacrificarse por cualquiera de aquellos +hombres, venidos de Cantabria a vaticinar la redención; inmolarse por el +más viejo, por el más feo, prestándole algún extraordinario y capital +servicio! Llamar a su puerta a las altas horas de la noche; decirle con +voz entrecortada que «ahí viene la policía» y que se oculte; acompañarle +por recónditas callejuelas a un escondrijo seguro; meterle en la mano +unos cuantos pesos ahorrados a fuerza de liar pitillos; recibir, en +cambio, un haz de proclamas para repartir al día siguiente, con la +advertencia de que «si se las cogen, puede contarse ánima del +Purgatorio»; distribuirlas con sigilo y celo; y por recompensa de tantas +fatigas, de riesgos semejantes, ganar un expresivo apretón de manos, una +mirada de gratitud del proscrito.... Si el heroísmo es cuestión de +temperatura moral, Amparo, que se hallaba a cien grados, tal vez se +dejara fusilar por _la causa_ sin decir esta boca es mía; y quién sabe +si andando los tiempos no figuraría su retrato al lado del de Mariana +Pineda en los cuadros que representan a los mártires de la libertad.... +Feliz o desgraciadamente, lo que ustedes quieran, que por eso no +reñiremos, los tiempos eran más cómicos que trágicos, y los loables +esfuerzos de Amparo no le obtuvieron otra corona de martirio sino el que +en la Fábrica se prohibiese la lectura de diarios, manifiestos, +proclamas y hojas sueltas, y que a ella y a otras cuantas que +pronunciaron vivas subversivos y cantaron canciones alusivas a la Unión +del Norte las suspendieran, como suele decirse, de empleo y sueldo. + + + + +-XVIII- + +Tribuna del pueblo + + +El Círculo Rojo echa el resto; no se habla en Marineda sino del banquete +que ofrece a los delegados de Cantrabria y Cantabrialta. No tiene el +Círculo Rojo socios tan opulentos como el Casino de Industriales y la +Sociedad de Amigos; pero sóbrale alma y desprendimiento, cuando la +ocasión lo requiere, para sangrarse los bolsillos, empeñarse, si es +preciso, hasta los ojos y salir con color y presentar una mesa que no le +avergüence. + +Llamada a conferenciar con el presidente del Círculo la «persona de buen +gusto», que nunca falta en los pueblos para dirigir las solemnidades, +entró al punto en el desempeño de sus funciones, y se dio tal maña, que +en breve pudo negociar un empréstito de candeleros de plata, centros de +mesa, vajilla fina, mantelería adamascada y nueva, palilleros +caprichosos y pureras sorprendentes. Obtenido lo cual, el correveidile +se frotó las manos asegurando al presidente que la mesa estaría +regiamente exornada. + +--Regiamente, no señor--contestó el presidente algo fosco--. +Republicanamente, dirá usted. + +No quiso el organizador de la fiesta discutir el adverbio, y satisfecho +de haber encontrado los accesorios, se dio a buscar lo principal, o sea +la comida. Bregando con fondistas y cafeteros, consiguió combinar +platos, vinos y helados del modo que le parecía más ortodoxo y elegante; +pero quiso su desdicha que a última hora el entusiasmo político lo +echase todo a perder, instigando a este bodegonero federal a enviar «la +prueba» de sus vinos y a aquel hornero a remitir media docena de +robustas empanadas, que cayeron en el banquete como barbarismos en +selecto trozo de latinidad clásica. Menudencias que la Historia no +registrará seguramente. + +De propósito se empezó tarde la comida, y circulaban aún las dos sopas +de hierbas y de puré, cuando los camareros cerraron las maderas de las +ventanas y encendieron las bujías de los candelabros y los aparatos de +gas. Viose entonces salir de las vaguedades del crepúsculo la mesa, la +larga mesa de sesenta cubiertos, con sus brillantes objetos de plata, +sus ramos de flores simétricamente colocados, sus altos ramilletes de +dulce, sus temblorosas gelatinas, donde la luz rielaba como en un lago. +El presidente del Círculo tendió en derredor una mirada de orgullo. En +verdad que el aspecto del banquete era majestuoso. Imperaba en él +todavía la reserva de los primeros momentos: la gente comía con +moderación y delicadeza, los camareros y mozos de servicio andaban +discretamente sin taconear, las cucharas producían leve música al +tropezar con los platos, la virginidad del mantel alegraba los ojos, y +el vaho aperitivo de la sopa no desterraba del todo las fragantes +emanaciones de las rosas y claveles de los floreros. No obstante, al +servirse la primer entrada comenzaron a dialogar los vecinos de mesa, y +el rumor creciente de las conversaciones envalentonó a los mozos, que +pisaron ya más recio. + +Presidía la mesa el viejo de blanca barba, y la teatral nobleza de su +figura completaba la decoración. A su derecha tenía al presidente del +Círculo y a su izquierda al orador de tenebrosa faz, el que, según +Amparo, «echaba términos» difíciles de entender. Seguían los demás +delegados por orden de respetabilidad, alternando con individuos de la +Junta, de la Prensa, del partido. + +Fue poco a poco acrecentándose el ruido de la charla y desatándose las +lenguas, por donde rebosaba ya la abundancia del corazón. El que, merced +a su ancianidad venerable, podía ser llamado patriarca, sonreía, +aprobaba, estaba de acuerdo con todo el mundo, mientras el delegado +tétrico y ceñudo se las componía lo mejor posible para disputar. Al +tercer plato disparó con bala rasa contra la propiedad, el capital y la +clase media, y el presidente del Círculo, patrón y dueño del +establecimiento, hubo de amoscarse; poco después fue el patriarca mismo +el enojado, a causa de no sé qué frases sobre el derecho de insurrección +y el empleo de medios violentos y coercitivos. Ninguno le parecía al +patriarca lícito; en su concepto, el amor, la paz, la fraternidad, eran +las mejores bases para fundar la unión federativa, no sólo de Cantabria +y de España, sino del mundo. Cada cual alegaba sus razones, tratando de +quimera el ajeno parecer; la discusión se hacía general; intervenían en +ella periodistas y delegados desde los más remotos extremos de la mesa; +alguien brindaba sin ser oído; personas de voz escasa exclamaban en tono +suplicante: «Pero oigan ustedes, señores... si ustedes oyesen una +palabra...». Era en balde. El grupo central se lo hablaba todo; de su +confuso vocerío sólo se destacaban frases sueltas, airadas, empeñadas en +descollar. «Eso son utopías, utopías fatales.... No, es que le convenzo +a usted con la historia en la mano.... Sí, sí, hagámonos de miel.... La +Revolución Francesa.... Era otro régimen, señores.... No confundamos los +tiempos.... Está usted en un error.... Un hecho no es ley general.... +Eso lo ha dicho Pi.... Cantú es un reaccionario.... El bautismo de la +sangre.... Horrores infecundos...». Mientras duraba la polémica, los +mozos no se entendían para pasar las fuentes del asado y para escanciar +el Champaña.... Uno de ellos se inclinó hacia el presidente y le dijo al +oído no sé qué... El presidente se levantó al punto y salió de la sala, +volviendo a entrar presto seguido de un grupo de mujeres. + +Amparo lo capitaneaba. Penetró airosa, vestida con bata de percal claro +y pañolón de Manila de un rojo vivo que atraía la luz del gas, el rojo +del _trapo_ de los toreros. Su pañuelito de seda era del mismo color, y +en la diestra sostenía un enorme ramo de flores artificiales, rosas de +Bengala de sangriento matiz, sujetas con largas cintas lacre, donde se +leía en letras de oro la dedicatoria. Diríase que era el genio protector +de aquel lugar, el duende del Círculo Rojo; las notas del mantón, del +pañuelo, de las flores y cintas se reunían en un vibrante acorde +escarlata, a manera de sinfonía de fuego. + +Adelantose intrépida la muchacha levantando en alto el ramo y +recogiendo, con el brazo libre, el pañolón, cuyos flecos le llovían +sobre las caderas. Y como el conspicuo disputador, dejando su asiento, +mostrase querer tomar el ex-voto que la muchacha ofrecía en aras de la +diosa Libertad, Amparo se desvió y fuese derecha al patriarca. El corro +se abrió para dejarla paso. + +La muchacha, sin soltar el ramo, miraba al viejo. Este, de pie, con su +barba plateada y levemente ondulosa como la de los ermitaños de +tragedia, con su calva central guarnecida de abundantes mechones canos, +con su alta estatura, un tanto encorvada ya, se le figuraba la +ancianidad clásica, adornada de sus atributos, coronando la cima de los +tiempos. Y el patriarca, a su vez, creía ver en aquella buena moza el +viviente símbolo del pueblo joven. Ambos formularon en sus adentros el +pensamiento de simpatía que les asaltaba. + +--Este señor mete respeto lo mismo que un obispo--se dijo Amparo. + +--Esta chica parece la Libertad--murmuró el patriarca. + +Entre tanto la muchacha comenzaba su peroración. Temblábale la voz al +principio; dos o tres veces tuvo que pasarse la mano, yerta, por la +frente húmeda, y sin saber lo que hacía accionó con el ramo, cuyas +cintas culebrearon como serpientes de llama, y carraspeó para deshacer +un nudo que le apretaba el galillo. Poco a poco, el rumor de la mesa, el +cuchicheo de los convidados más distantes, la luz de los mecheros de gas +que le calentaba los sesos, el aroma de los vinos y la espuma del +Champaña, que aún parecía bullir en la iluminada atmósfera, la +embriagaron, y sintió fluir de sus labios las palabras y habló con +afluencia, con desparpajo, sin cortarse ni tropezar. Los convidados se +daban al codo sonriendo, pronunciando entre dientes algún «¡bravo!, ¡muy +bien!», al oír que las operarias republicanas de la Fábrica ofrecían +aquel ramo a la Asamblea de la Unión del Norte y al Círculo Rojo en +prueba de que... y para manifestar cuanto... y como testimonio de que +los corazones que latían..., etc. El patriarca se colocaba la mano sobre +el pecho, se la llevaba a la boca con sincerísima complacencia, mientras +el disputador, tieso y serio, inclinaba de vez en cuando lentamente la +cabeza en señal de aprobación. Por fin, la oradora acabó su discurso +entregando el ramo al patriarca y gritando: «¡Ciudadanos delegados, +salud y fraternidad!». + +Tomó el viejo la ofrenda y la pasó al presidente, que se quedó con ella +muy empuñada y sin saber qué hacer. Confusas las compañeras de Amparo +por el silencio repentino, miraban de reojo hacia todas partes, +maravillándose del esplendor de la mesa y algo sorprendidas de que el +banquete republicano fuese cosa de tanto orden y de que los delegados +comiesen en vez de salvar la patria. El patriarca se acercó a Amparo; +sus mejillas arrugadas y marchitas tenían a la sazón sonrosados los +pómulos. + +--Gracias, hijas...--tartamudeó cabeceando senilmente--. Gracias, +ciudadanas.... Acércate, tribuna del pueblo... que nos una un santo +abrazo de fraternidad.... ¡Viva la tribuna del pueblo! ¡Viva la Unión +del Norte! + +--¡Viva!--balbució Amparo toda enternecida, ahogándose--. ¡Viva usted... +muchos años!--Y el viejo y la niña estaban a dos dedos de romper a +llorar, y algunos de los convidados se reían a socapa viendo aquel brazo +paternal que rodeaba aquel cuello juvenil. + + + + +-XIX- + +La Unión del Norte + + +¡Cuidado si hace calor! + +Sobre el duro azul de un celaje no empañado por la más leve bruma, +ondean las flámulas, colocadas en mástiles a la veneciana alrededor del +baluarte de la Puerta del Castillo, y sus gayos colores no desdicen del +júbilo radiante del cielo y de la estrepitosa y alegre multitud. Arcos y +ondas de follaje verde corren de mástil a mástil, disonando y +contrastando con el tono cerúleo del firmamento. En mitad del anfiteatro +se alzaba el palco destinado a la Asamblea de la Unión, con su tribuna +al centro, y flanqueado de otros dos más bajos, pero mayores, destinados +a las comisiones del partido. Bien podía la Asamblea constitutiva de la +Unión del Norte de la costa ibérica--que así se nombraba en sus +documentos oficiales--ocupar oronda y satisfecha el palco presidencial: +pocas sesiones y breves horas le habían bastado para sentar las bases +del gran contrato unionista federativo; actividad gloriosa, sobre todo +comparándola con la flema y machaconería de aquellas holgazanas de +Cortes Constituyentes, que tardaban meses en redactar un código +fundamental y definitivo para la nación. + +Caminaba impetuosa hacia el anfiteatro la comitiva, compuesta del +partido y _juventud_ republicana, de mucha chiquillería, de los comités +rurales, de los delegados y de todo fiel cristiano que movido de +curiosidad quiso injerirse en la procesión. Apresuradamente, como si +fuese un ser único animado por un solo soplo vital, y tuviese por voz la +banda de música que aturdía el ambiente con himnos y más himnos, +adelantábase la palpitante masa humana; y empujadas por la compacta +muchedumbre, las banderas, coronadas de flores, vacilaban cual si +estuviesen ebrias, y tan pronto daban traspiés y se inclinaban acá o +acullá, como tornaban a erguirse rectas y altivas. Y las casas del +tránsito parecían contemplar el cuadro y entender su asunto, y de unas +llovían flores, ramos, coronas, y otras, en menor número, cerradas a +piedra y lodo, dijérase que fruncían el ceño y se ponían hurañas y +serias al sentir el roce de las olas revolucionarias. + +Cuando estas llegaron a estrellarse en el baluarte, se esparcieron y +derramaron por doquiera. El gentío trepó a las escaleras, cabalgó en el +caballete de los bastiones, invadió los palcos de los comisionados, y se +extendió coronando las alturas vecinas; por los troncos de los mástiles +se encaramó más de un granuja, resuelto a dominar la situación. Penetró +majestuosamente en su palco la Asamblea, y así que los delegados +ocuparon sus asientos, el tumulto se apaciguó como por magia, y cerca de +veinte mil personas guardaron silencio religioso. Sólo se oyó salir de +algún rincón del anchuroso escenario, el melancólico grito que +pregonaba: «¡Agua de limón fría, barquillos, agua, azucarillos, agua!». +Dos fotógrafos, situados en el lugar oportuno para tomar la vista, +enfocaban cubriéndose la cabeza con el paño de bayeta verde, y sus +máquinas parecían los ojos de la Historia contemplando la escena. Casi +se oiría el volar de una mosca, sobre todo en las cercanías del palco +presidencial. + +Procediose a la firma y lectura del contrato de Unión. Desde lejos se +veía en el palco una agrupación de cabezas, entre las cuales se +destacaba la negra cabellera melodramática del disputador y sus quevedos +de oro, y la barba nívea del Patriarca, resplandeciente al sol como la +de Jehová en los cuadros bíblicos. Estaban Baltasar y Borrén apoyados en +un lienzo de parapeto, de pie sobre un sillar de piedra, lo cual les +permitía ver cuanto ocurriese. Ambos prestaban atención suma, +comprendiendo que presenciaban un episodio interesante del drama +político español. + +--Aquí se incuba algo, hombre--exclamó Borrén inclinándose hacia su +amigo. + +--¡Claro que se incuba! ¡El desbarajuste universal... y el picadillo que +van a hacer de España esos señores! + +--Hombre, dice que no.... Dice que lo que desean es confederarnos, para +que estemos más uniditos que antes... ¿no ve usted que esto se llama la +Unión? + +--¡Sí, sí, corte usted un dedo y péguelo después con saliva! + +--A bien que una nación no es ninguna naranja para hacerse cuarterones +tan fácilmente.... ¿Sabe usted lo que me contaron de ese viejecito... +del Patriarca? Mire usted, yo me explico que sea republicano... ¡había +cosas en aquellos tiempos antiguos! ¡Era el segundo de una casa rica... +poderosa, hombre! El mayorazgo arrampló con todo, ¿eh?, mimos y +hacienda, y a él le quedó un palomar viejo y la memoria de las +azotainas.... Otro se hubiera hecho misántropo... Él se hizo filántropo +y luego progresista, y luego federal... y es un bienaventurado que +abraza a todo el mundo, y oye misa, y es incapaz de hacer daño a +nadie... acá _inter nos_ le tengo por algo chocho.... + +--¿Y aquel moreno... el de los quevedos? + +--¡Ah! ese... ese dicen que es de los que quieren perder las colonias y +salvar los principios: hombre de línea recta, de geometría.... Según +Palacios, que lo conoce, la ecuación entre la lógica y el absurdo: no en +balde es ingeniero. Si para lograr sus ideales tuviese que +desollarnos... ¡pobre pellejo! + +--¿Y si tuviese que desollarse a sí mismo? + +--¡Cáspita!, de la epidermis ajena a la propia.... Con todo, no seamos +escépticos, hombre. Allí tiene usted a aquel otro... al del bigote +negro... el que está a la izquierda del Patriarca. Pues mire usted, +hombre, que le ha costado ya dinero y disgustos esta mojiganga +política... emigrado, encausado, maltratado... y se libró de ir a las +Marianas... no sé cómo.... Hay humor para todo en este mundo +sublunar.... ¡Y decir que cuando Dios produce chicas como esa se ocupen +en politiquear los muchachos! + +Al pronunciar estas palabras señalaba Borrén a Amparo, cuyos rojos +atavíos la distinguían del círculo femenino que la rodeaba. + +--Pues esa chica aún politiquea más que los barbudos... ¿no sabe +usted...? + +Y el incidente del banquete fue comentado, desmenuzado, acribillado por +las dos bocas masculinas, que lo adornaron con festones satíricos. Entre +tanto se leía el contrato de la Unión, y a pesar de que el sol no estaba +en el zenit ni mucho menos, la gente arracimada y prensada producía una +temperatura insufrible, y se oían exclamaciones de este jaez: «Nos +morimos.--Nos asfixiamos.--¡Cuándo vendrá un poco de fresco!--Pero, +hombre, no nos estruje usté.--Ave María, qué bárbaro.--Estese usté +quieto.--Pues si no ve, fastidiarse: ¿sa figurao que vemos los demás? +--¡Tan siquiera puede uno meter la mano en el bolsillo para sacar un +triste pañuelo!--Cuidado con el reloj, palpa si lo tienes». Y la voz del +lector del Contrato volaba por cima del mar de cabezas, y las palabras +«garantías sacrosantas... dogmas de libertad... derechos +invulnerables... ideales benditos... pueblo honrado y libre...» se +dilataban en el cálido y sereno ambiente. Una lluvia de flores vino, de +improviso, a oscurecerlo, y multitud de blancas palomas fueron lanzadas +a él, abatiendo al punto el vuelo con aletear trabajoso, y cayendo sobre +la muchedumbre, entorpecidas de tener tanto tiempo ligadas las patas. Un +estruendoso cubo de cohetes de lucería salió bufando en todas +direcciones; retumbó la música; hubo un minuto de gritos, vivas, +estruendo y confusión, y nadie reparó en que un pobre viejo, un +barquillero, salía del recinto mitad arrastrado y mitad en brazos de dos +hombres. «Le dio un accidente», decían al verlo pasar, sin añadir otro +comentario. + + + + +-XX- + +Zagal y zagala + + +Y del accidente se murió aquella noche misma, sin confesión, sin +recobrar los sentidos. ¿Fue el sol abrasador? Mil veces le cayó +verticalmente sobre el cráneo al señor Rosendo en sus épocas de vida +militar, y vamos, que el de la isla de Cuba pica en regla.... ¿Fue el +haber vuelto a manejar las tenazas y a elaborar barquillos para el +extraordinario consumo de aquellos días solemnes? ¿Fue, como dijeron +algunas comadres, el orgullo de ver a su hija tan elocuente y bizarra, y +tan agasajada por los señores de la Asamblea? Quédese para la posteridad +el arduo fallo, si bien parece infundada la última suposición, por +cuanto el señor Rosendo, lejos de manifestar complacencia cuando la +chica se metía en semejantes trifulcas, rompiera pocos días antes su +mutismo para decirle cosas muy al alma sobre eso de buscar tres pies al +gato y perder su colocación por locuras. El servicio militar había +formado de tal suerte el carácter del viejo, que la insubordinación era +para él el más feo delito, y su divisa, obediencia pasiva, automática; +así es que amenazó a Amparo, poniendo los ojos fieros y la voz +tartajosa, con romperle una costilla si volvía a leer periódicos en la +Fábrica. Algunos años antes no hubiera amenazado sino ejecutado; pero la +cigarrera, desde que lo es, sale en cierto modo de la patria potestad, y +por eso se creyó el señor Rosendo en el caso de guardar consideraciones +a su progenitura. Sabiendo cuánto influyen en los sacudimientos +cerebrales y en las hemorragias internas los accesos de furor, puede +creerse que, tal vez, la rabia y no el orgullo de ver a su hija elevada +al rango de _Tribuna del pueblo_ determinaron en la pletórica +constitución del viejo la apoplejía fulminante. + +En fin, a él lo enterraron y quedáronse las dos mujeres cual es de +suponer en los primeros momentos: aturdidas, maravilladas de ver cómo +«se va uno al otro mundo». Desequilibrio económico no lo hubo, porque +Amparo, indultada, había vuelto a la Fábrica, y Chinto, trabajando como +un mulo porfiado que era, ganaba lo mismo que antes y traía fielmente la +colecta todas las noches según costumbre, con la diferencia de que ni +recogía ni reclamaba su mezquino sueldo. Pareció el nuevo sistema muy +ventajoso y cómodo a la tullida, que venía a estar como si tuviese dos +hijos y ambos ganasen para sustentarla. Pero Amparo vivía inquieta +habiendo advertido cierto peregrino cambio en la actitud y modales de +Chinto. Mostrábase este mandón y muy interesado por las cosas de la +humilde casa, que indicaba considerar como suya; se tomaba otra vez la +libertad de esperar a la muchacha a la salida de la Fábrica, y aun de +acompañarla a la ida, si lo consentía la labor de los barquillos; +gastaba con ella chanzas finas como tafetán de albarda, y en suma, desde +la muerte del viejo, le daba de protector y cabeza de casa, sin que en +modo alguno procediese como criado, único papel que Amparo le señalaba +siempre, mortificada de ver que el tosco paisano le prestaba servicios. +Indignada y ofendida, tratole con más despego que nunca, y para colmo de +disgusto, vio que Chinto correspondía a sus desaires con rústicas +ternezas y a sus muestras de desvío con pruebas de confianza y afición. +Una vez le trajo un pliego de aleluyas, y otra, como le oyese alabar +ciertos pendientes de cristal negro, fue y se los presentó a la noche +muy orondo. + +Ella se negó a estrenarlos. + +Hallábase una mañana Amparo en su cuarto vistiéndose para salir a la +Fábrica, cuando sintió que una mano indiscreta alzaba el pestillo, y con +gran sorpresa encontró delante de sí a Chinto, de un talante como nunca +lo había visto la muchacha, pues traía el sombrerón ladeado sobre la +oreja, los carrillos sofocados, el aire resuelto y un cigarro de a +cuarto en la boca: preparativos todos que había juzgado indispensables +el paisanillo para realizar la proeza de «cantar claro». La muchacha +cruzó prestamente su bata que aún tenía sin abrochar, y arrojó al osado +una mirada olímpica; pero Chinto venía tal, que ni las ojeadas de un +basilisco le hicieran mella. + +--¿A qué entras aquí, a ver?--gritó la cigarrera--. ¿Qué se te ofrece? + +--Se me ofrecía... dos palabritas. + +--¿Palabritas? Tengo que hacer más que oír tus tontadas. + +--No, pues yo te quería decir de que... allí... como ya tengo aprendido +el oficio... es decir, vamos, que quedándome las herramientas por lo que +me debía tu padre de soldada... allí, yo, como ya en la quinta del mes +pasado libré... y como vamos.... + +--¿Acabarás hoy o mañana? Habla expedito, que parece que estás comiendo +sopas. + +--Mujer, quiérese decir... que si tú admites el arriendo del trato, +puedes, es decir, podemos... casarnos los dos. + +La risa homérica que soltó la insigne Tribuna al verse requerida de +amores por aquella montés alimaña, se cambió presto en cólera al +advertir que Chinto continuaba brindándole su mano y corazón con las +discretas razones ya referidas. + +--Porque yo, lo que es tenerte voluntá... te tengo muchísima, ya desde +mismo que te vi... y me gustas que no sé, que parece que mismo no pienso +sino en tus quereres... así me veo yo tan destruido, que cuasimente no +como y propiamente no me quiere dormir el cuerpo.... Por trabajar, ya +sabes que trabajaré hasta que me reviente el alma... y por +mantenerte.... + +--¡Mira... si no te sacas de delante, repelo, hago contigo una +desgracia!--gritó furiosa ya Amparo dando al mozo, que estaba próximo a +la puerta, un soberano empellón para arrojarle del cuarto. Pero el +movimiento brusco y familiar despertó la sangre aldeana de Chinto, y con +los brazos abiertos se fue hacia Amparo. Esta a su vez sintió que +renacía la chiquilla callejera de antaño, y bajándose prontamente, alzó +del suelo una botita y estampó el tacón de plano en la inflamada mejilla +que vio próxima a las suyas: y con tanto brío menudeó los golpes, que a +uno que le alcanzó entre los ojos, el bárbaro galán hubo de exhalar +imprecaciones sofocadas, retrocediendo y dejando el campo libre. Mal +segura aún la muchacha, agarró una silla; mas sobraban ya los aprestos +bélicos, porque el mozo, restituido a la razón por el vapuleo, se había +arrojado de bruces sobre la cama, y escondiendo y revolcando el rostro +en la ropa tibia aún del cuerpo de Amparo, lloraba como un becerro, +alzando en su dialecto el grito primitivo, el grito de los grandes +dolores de la infancia que reaparece en las siguientes crisis de la +existencia. + +--¡Madre mía, madre mía! + +Encogiose Amparo de hombros y fuese a su Fábrica, que urgía el tiempo y +era preciso ganar el pan, porque el entierro del viejo había consumido +sus menguados ahorros. Al regresar contó a su madre lo ocurrido, y con +no pequeña admiración oyó que la impedida la reprendía por no haber +aceptado la propuesta matrimonial; y es el caso que la lógica de la +tullida parecía contundente. + +--¿Tú qué eres, mujer?--le decía--. Cigarrera como yo. ¿Y él qué es, +mujer? Barquillero como tu padre que en paz descanse. Que te dicen por +ahí si eres graciosa, si eres tal y cual.... Conversación y más +conversación. ¿Él trabaja, eh? Pues a eso vamos, que lo otro... +patarata. + +Sin querer oír más, la muchacha declaró que no sólo repugnaba casarse +con semejante bestia, sino que iba a echarlo de casa volando: no era +cosa de tener que atrancar la puerta cada vez que se vistiese. No y no: +antes prefería que la aspasen viva que sufrirlo allí a todas horas. +Lamentose la tullida, recordó que el jornal de Chinto las ayudaba a +vivir; todo se estrelló contra la firmeza de la Tribuna. Y cuando volvió +de fuera Chinto a soltar el tubo vacío y a entregar, cabizbajo y humilde +como un borrego, sus ganancias del día, Amparo le intimó la orden de no +dormir ya aquella noche en casa. El mozo la oyó con rostro entre abatido +y atónito; y así que se convenció de que se le condenaba al ostracismo, +salió de la estancia a paso redoblado. La tullida se inclinó hacia su +hija cuanto pudo para decirle: + +--Mira que le debemos cuartos. + +--Se los restregaré por la cara--respondió Amparo con magnífico desdén. + +A los dos minutos se presentó otra vez Chinto, cargado con los chismes +de la barquillería, tenazas, cargador, lebrillo, y hasta un haz de leña; +Amparo se puso en actitud defensiva cuando le vio blandir en el aire los +hierros; mas no fue sino para desunirlos con fuerza bovina y tirarlos a +un rincón desdeñosamente; y en seguida, juntando las tarteras, la leña y +el cañuto de hojalata, lo pateó todo hasta reducir a añicos los +cacharros y a un bollo informe el reluciente tubo. Ejecutada la hazaña, +a puntapiés mandó los tristes restos a las esquinas de la habitación, de +la cual se retiró sin volver atrás el rostro. + + + + +-XXI- + +Tabaco picado + + +A los pocos días supo Amparo en la Granera, convento laico donde nada se +ignora, que Chinto andaba pretendiendo ingresar en el taller de la +picadura. Empezó a correr y comentarse en la Fábrica la leyenda del mozo +transido de amor que por estar cerca de su adorado tormento se metía en +los infiernos del picado, en el lugar doliente a cuya puerta hay que +dejar toda esperanza. De qué manera se las compuso Chinto para lograr su +deseo, no hace al caso: lo cierto es que obtuvo la plaza, y que Amparo +se lo encontró frecuentemente a la entrada y a la salida, triste como +can apaleado por su amo, y sin que le dijese nunca más palabras que +«Adiós, mujer... vayas muy dichosa». No cabía que Amparo, generosa de +suyo, dejase de ser la primera en trabar otra vez conversación con él: +hablaron de cosas indiferentes, de sus respectivas labores, y Amparo +prometió visitar el taller de Chinto: que con venir diariamente a la +Granera, no lo conocía aún. La Comadreja la acompañó en la visita. +Descendieron juntas al piso inferior, con propósito de aprovechar la +ocasión y verlo todo. Si los pitillos eran el Paraíso y los cigarros +comunes el Purgatorio, la analogía continuaba en los talleres bajos, que +merecían el nombre de Infierno. Es verdad que abajo estaban las largas +salas del oreo, y sus simétricos y pulcros estantes; el despacho del +jefe, y el cuadro de las armas de España trabajadas con cigarros, +orgullo de la Fábrica; los almacenes; las oficinas; pero también el +lóbrego taller del desvenado y el espantoso taller de la picadura. + +En el taller del desvenado daba frío ver, agazapadas sobre las negras +baldosas y bajo sombría bóveda sostenida por arcos de mampostería y algo +semejante a una cripta sepulcral, muchas mujeres, viejas la mayor parte, +hundidas hasta la cintura en montones de hoja de tabaco, que revolvían +con sus manos trémulas, separando la vena de la hoja. Otras empujaban +enormes panes de prensado, del tamaño y forma de una rueda de molino, +arrimándolos a la pared para que esperasen el turno de ser escogidos y +desvenados. La atmósfera era a la vez espesa y glacial. La Comadreja +andaba a saltos por no pisar el tabaco, y a veces llamaba por su nombre +a una de las desvenadoras. + +--¡Hola... señora Porcona!--exclamó dirigiéndose a una que parecía tener +los párpados en carne viva y los labios blancos y colgantes, con lo cual +hacía la más extraña y espantable figura del mundo--. ¿Hola... cómo le +va? ¿Cómo están esos parientes? Tú no sabes--añadió volviéndose a +Amparo--que la señora Porcona es parienta, muy parienta, del señor de +las Guinderas, aquel tan rico que tiene dos hijas y vive en el Malecón y +viene aquí a veces: y él se empeña en negarlo y en no darle un ochavo; +pero ella se lo ha de ir a cantar a las hijas el día que vayan más majas +por el paseo. ¿Verdá, señora Porcona? + +--Yyyy... y es como el Evangelio, hiiigas...--contestó una voz temblona +como el balido de la cabra, y aguardentosa además. + +--Explíquenos el parentesco, ande--sugirió Amparo prestándose a la broma +de su amiga. + +La vieja alzó sus manos sarmentosas, se las pasó por los sangrientos +ojos, y con muchas oscilaciones del labio inferior: + +--Aunque.... Diiios en persona estuviese allí--pronunció señalando a uno +de los gigantescos panes de tabaco--, yo no he de contar mentira. Oíd, +espectadores del caso. Es de saber que el padre del padre de mi madre, o +quiérese decir mi bisabuelo, digo, el abuelo de mis padres, era cuñado +carnal, o quiérese decir, medio hermano de la abuela de la madre +política del señor de las Guinderas.... De modo y manera es, que yo +vengo a ser parienta de muy cerquita, por la infinidá de la sangre.... + +--Y es mucha picardía que no le den siquiera un realito diario para +aguardiente--sugirió malignamente la Comadreja. + +--¡Aaaa... guardiente!--clamó la vieja acentuando el trémolo--. ¡Diera +Diiiios pan! + +--Vamos, que un sorbito ya entró. + +--Ni maldiito olor dél me llegó tan siquiera: y eso que a mis añitos, +hiiigas... ya os gustará calentar el estómago que se pone como la pura +nieve. + +--¿Qué años tendrá, señora Porcona? Sin mentir. + +--¡Busssss!--pronunció la desvenadora. Así Dios me salve, ni sé de +verdad el año que nací. Pero...--y bajó la temblona voz--sepades que +cuando se puso aquí la fábrica, de las diez y seis primeritas fui yo que +aquí trabajaron.... + +--¡Dónde irá la fecha!--murmuró la Comadreja. Amparo le tiró del brazo +horrorizada de aquella imagen de la decrepitud que se le aparecía como +vaga visión del porvenir. Recorrieron la sala de oreos, donde miles de +mazos de cigarros se hallaban colocados en fila, y los almacenes, +henchidos de bocoyes, que, amontonados en la sombra, parecen sillares de +algún ciclópeo edificio, y de altas maniguetas de tabaco filipino +envueltas en sus finos miriñaques de tela vegetal; atravesaron los +corredores atestados de cajones de blanco pino, dispuestos para el +envase, y el patio interior lleno de duelas y aros sueltos de +destrozadas pipas; y por último, pararon en los talleres de la picadura. + +Dentro de una habitación caleada, pero negruzca ya por todas partes, y +donde apenas se filtraba luz al través de los vidrios sucios de alta +ventana, vieron las dos muchachas hasta veinte hombres vestidos con +zaragüelles de lienzo muy remangados y camisa de estopa muy abierta, y +saltando sin cesar. El tabaco los rodeaba: habíalos metidos en él hasta +media pierna: a todos les volaba por hombros, cuello y manos, y en la +atmósfera flotaban remolinos de él. Los trabajadores estribaban en la +punta de los pies y lo que se movía para brincar era el resto del +cuerpo, merced a repetido y automático esfuerzo de los músculos; el +punto de apoyo permanecía fijo. Cada dos hombres tenían ante sí una mesa +o tablero, y mientras el uno, saltando con rapidez, subía y bajaba la +cuchilla picando la hoja, el otro, con los brazos enterrados en el +tabaco, lo revolvía para que el ya picado fuese deslizándose y quedase +sólo en la mesa el entero, operación que requería gran agilidad y tino, +porque era fácil que al caer la cuchilla segase los dedos o la mano que +encontrara a su alcance. Como se trabajaba a destajo, los picadores no +se daban punto de reposo: corría el sudor de todos los poros de su +miserable cuerpo, y la ligereza del traje y violencia de las actitudes +patentizaba la delgadez de sus miembros, el hundimiento del jadeante +esternón, la pobreza de las Barrosas canillas, el térreo color de las +consumidas carnes. Desde la puerta, el primer golpe de vista era +singular: aquellos hombres, medio desnudos, color de tabaco, y rebotando +como pelotas, semejaban indios cumpliendo alguna ceremonia o rito de sus +extraños cultos. A Amparo no se le ocurrió este símil, pero gritó: + +--Jesús.... Parecen monos. + +Chinto, al ver a las muchachas, se paró de pronto, y soltando el mango +de la cuchilla, y sacudiéndose el tabaco, como un perro cuando sale de +bañarse sacude el agua, se les acercó todo sudoroso, y con un +sobrealiento terrible: + +--Aquí se trabaja firme... dijo con ronca voz y aire de taco. Se +trabaja... prosiguió jactanciosamente, y se gana el pan con los +puños.... ¡Se trabaja de Dios, conchas! + +--Estás bonito; parece que te chuparon--exclamó la Comadreja, mientras +Amparo lo miraba entre compadecida y asquillosa, admirándose de los +estragos que en tan poco tiempo había hecho en él su perruno oficio. Le +sobresalía la nuez, y bajo la grosera camisa se pronunciaban los +omóplatos y el cúbito. Su tez tenía matices de cera, y a trechos manchas +hepáticas; sus ojos parecían pálidos y grandes respecto de su cara +enflaquecida. + +--Pero, bruto--exclamó la Tribuna con bondadoso acento--, estás sudando +como un toro y te plantas aquí entre puertas, en este pasillo tan +ventilado... para coger la muerte. + +--Boh...--y el mozo se encogió de hombros--. Si reparásemos a eso.... +Todo el día de Dios estamos aquí saliendo y entrando y las puertas +abiertas, y frío de aquí y frío de allí... Mira onde afilamos la +cuchilla. + +Y señaló una rueda de amolar colocada en el mismo patio. + +--La calor y el abrigo, por dentro.... Ya se sabe que no teniendo aquí +una gota... (y se dio una palmada en el diafragma). + +--Así apestas, maldito--observó Ana--. Anda, que no sé qué sustancia le +sacáis al condenado vinazo. + +--Antes--pronunció sentenciosamente Amparo--sólo probabas vino algún día +de fiesta que otro.... Pues aquí no tienes por qué tomar vicios, que +gracias a Dios la borrachera poco daño nos hace.... + +--Las de arriba bien habláis, bien habláis.... Si os metieran en estos +trabajitos.... Para lo que hacéis, que es labor de señoritas, con agua +basta.... Quiérese decir, vamos... que un hombre no ha de ponerse +chispo; pero un rifigelio... un tentacá... ¿Queréis ver cómo bailo? + +Volvió a manejar la cuchilla, mostrando su agilidad y fuerza en el duro +ejercicio. De esta entrevista quedaron reconciliados la pitillera y el +picador, que la acompañó algunas veces por la cuesta de San Hilario +abajo, sin renovar sus pretensiones amorosas. + + + + +-XXII- + +El Carnaval de las cigarreras + + +Unos días antes de Carnavales se anuncia en la Fábrica la llegada del +_tiempo loco_ por bromas de buen género que se dan entre sí las +operarias. Infeliz de la que, fiada en un engañoso recado, se aparta de +su taller un minuto; a la vuelta le falta su silla, y vaya usted a +encontrarla en aquel vasto océano de sillas y de mujeres que gritan a +coro: «Atrás te queda. Delante te queda». A las víctimas de estos +alegres deportes les resta el recurso de llevar bien escondido debajo +del mantón un puntiagudo cuerno, y enseñarlo por vía de desquite a quien +se divierte con ellas. También se puede, por medio de una tira estrecha +de papel y un alfiler doblado a manera de gancho, aplicar una _lárgala_ +en la cintura, o estampar con cartón recortado y untado de tiza, la +figura de un borrico en la espalda. Otro chasco favorito de la Fábrica +es, averiguado el número del billete de lotería que tomó alguna +bobalicona, hacerle creer que está premiado. Todos los años se repiten +las mismas gracias, con igual éxito y causando idéntica algazara y +regocijo. + +Pero el jueves de Comadres es el día señalado entre todos para +divertirse y echar abajo los talleres. Desde por la mañana llegan las +cestas con los disfraces; y obtenido el permiso para bailar y formar +comparsas, las oscuras y tristes salas se trasforman. El Carnaval que +siguió al verano en que ocurrieron los sucesos de la Unión del Norte se +distinguió por su animación y bullicio; hubo nada menos que cinco +comparsas, todas extremadas y lucidas. Dos eran de mozas y mozos del +país, vestidos con ricos trajes que traían prestados de las aldeas +cercanas; otra, de grumetes; otra, de _señoritos_ y _señoras_, y la +última comparsa era una estudiantina. Las dos de labradores se +diferenciaban harto. En la primera se había buscado, ante todo, el lujo +del atavío y la gallardía del cuerpo; las cigarreras más altas y bien +formadas vestían con suma gracia el calzón de rizo, la chaqueta de paño, +las polainas pespunteadas y la montera ornada con su refulgente pluma de +pavo real; y para las mozas se habían elegido las muchachas más frescas +y lindas, que lo parecían doblemente con el dengue de escarlata y la +cofia ceñida con cinta de seda. La segunda comparsa aspiraba, más que a +la bizarría del traje, a representar fielmente ciertos tipos de la +comarca. Enrollada la saya en torno de la cintura, tocada la cabeza con +un pañuelo de lana, cuyos flecos le formaban caprichosa aureola; asido +el ramo de tejo, de cuyas ramas pendían rosquillas, estaba la peregrina +que va a la romería famosa a que no se eximen de concurrir, según el +dicho popular, ni los muertos; a su lado, con largo redingote negro, +gruesa cadena de similor, barba corrida y hongo de anchas alas, el +_indiano_, acompañábanle dos mozos de las Rías Saladas, luciendo su +traje híbrido, pantalón azul con cuchillos castaños, chaleco de paño con +enorme _sacramento_ de bayeta en la espalda, faja morada, sombrero de +paja con cinta de lana roja. Los estudiantes habían improvisado manteos +con sayas negras, y tricornios de cartón con cuchara y tenedor de palo +cruzados, completaban el avío; los grumetes tenían sencillos trajes de +lienzo blanco y cuellos azules; en cuanto a la comparsa de _señores_, +había en ella un poco de todo; guantes sucios, sombreros ajados, +vestidos de baile ya marchitos, mucho abanico, y antifaces de +terciopelo. + +En mitad del taller de cigarros comunes se formó un corro y se alzó gran +vocerío alrededor de la _Mincha_, barrendera vieja, pequeña, redonda +como una tinaja, que bailaba vestida de moharracho, con dos enormes +jorobas postizas, un serón por corona, una escoba por cetro, un ruedo +por manto real, la cara tiznada de hollín, y un letrero en la espalda +que decía en letras gordas: «Viva la broma». Incansable, pegaba brincos +y más brincos, llevando el compás con el cuento de la escoba, sobre las +carcomidas tablas del piso. Pero bien pronto le robó la atención de sus +admiradoras la estudiantina, que estaba toda encaramada en una mesa de +metro y medio de largo por un metro escaso de ancho. Cómo danzaban allí +unas doce chicas, es difícil decirlo; ellas danzaban, acompañándose con +panderetas y castañuelas y coreando al mismo tiempo habaneras y polcas. +En aquella comparsa, la más alborotadora y risueña, figuraba Guardiana. +Nunca el júbilo y la feliz imprevisión de los pocos años brillaron como +en el rostro de la pobre chica, que a tan poca costa y con tan poca cosa +divertía sus penas. Era la valerosa pitillera chiquita y delgada; tenía +a la sazón el rostro encendido, ladeado el tricornio, y con picaresco +ademán repicaba un pandero roto ya, y muy engalanado de cintas. + +Ana y Amparo figuraban entre los grumetes. La Comadreja hacía un grumete +chusco, travieso y cínico; Amparo, el más hermoso muchacho que +imaginarse pueda. Todo lo que su figura tenía de plebeyo lo disimulaba +el traje masculino; ni las gruesas muñecas, ni el recio pelo dañaban a +su gentileza, que era de cierto notable y extraordinaria. La comparsa +recorrió los talleres, bailando y cantando, recibiendo bromas de las +_señoras_, y alegrando la oscuridad de las salas con la nota blanca y +azul de sus trajes. Sin embargo, no se podía dudar que la victoria +quedaba por los labradores. A la cabeza de estos estaba una mujer, +casada ya, celebrada por buena moza, Rosa, la que llenaba con mayor +presteza los _faroles_ de picadura. Con el traje propio de su sexo, Rosa +era un tanto corpulenta en demasía; con el de labrador no había que +pedirle. La camisa de lienzo labrado dibujaba su ancho pecho; el calzón +se ajustaba a maravilla a sus bien proporcionadas caderas; pendiente del +cuello llevaba un ancho escapulario de raso bordado de lentejuelas y +sedas de colores. Debajo de la montera, un pañuelo de fular azul, atado +como lo hacen los paisanos, le encubría el pelo. Apoyábase en la _moca_ +o porra claveteada de clavos de plata, y con acento melancólico y +prolongado, cantaba una copla del país, y contestábale desde enfrente +una morenita vestida de ribereño, con su chaleco muy guarnecido de +botones de filigrana y su faja recamada de pájaros y flores +extravagantes, _echando la firma_, consistente en tres versos +irregulares, improvisados siempre, con sujeción al asunto de la copla; +al concluir la _firma_, salían del corro de espectadores varios ¡ju... +jurujú! agudísimos. Lo que hacía maravilloso efecto era oír, en los +intervalos en que callaban las cantoras, unas malagueñas resonando en el +otro extremo de la sala, mientras por su parte la estudiantina se +consagraba a las habaneras, cual si la anarquía de los trajes se +comunicase a las canciones. En la comparsa de las _señoras_ había una +chica poseedora de bien timbrada voz y de muchísimo donaire para las +coplas propias de la ciudad, tan distintas de las rurales, que al paso +que en éstas las vocales se alargan como un gemido, en las otras se +pronuncian brevemente, produciendo al final de algunos versos una +inflexión burlesca: + + _En el medio de la mar_ + _Suspiraba una ballenaú_ + _Y entre suspiros deciaú_ + _Muchachas de Cartagenaú._ + + +¿Y quién tenía valor para trabajar en medio de la bulliciosa +carnavalada? Algunas operarias hubo que al principio se encarnizaron en +la labor, bajando la cabeza por no ver las máscaras; pero a eso de las +tres de la tarde, cuando la inocente saturnal llegaba a su apogeo, las +manos cruzadas descansaban sobre la tabla de liar, y los ojos no sabían +apartarse de los corros de baile y canto. Ocurrió un incidente cómico: +el taller del desvenado quiso echar su cuarto a espadas, y organizó una +comparsa numerosa; empeñáronse en formar parte de ella las más ancianas, +las más infelices, y la mascarada se improvisó de la manera siguiente: +envolviéndose todas por la cabeza los mantones, sin dejar asomar más que +la nariz o una horrible careta de cartón, y colocándose en doble fila, +haciendo de batidores cuatro que llevaban cogida por las esquinas una +estera, en la cual reposaba, con los ojos cerrados, muy propia en su +papel de difunta, la decana del taller, la respetable señora Porcona. +Así colocadas y con extraño silencio recorrieron los talleres, dando no +sé qué aspecto de aquelarre a la bulliciosa fiesta. Al punto recibió +título aquella nueva y lúgubre comparsa; llamáronle la _Estadea_, nombre +que da la superstición popular a una procesión de espectros. + +Diríase que el mago Carnaval, con poderoso conjuro, había desencantado +la Fábrica, y vuelto a sus habitantes la verdadera figura en aquel día. +Muchachas en las cuales a diario nadie hubiera reparado quizá, +confundidas como estaban entre las restantes, resplandecían, alumbradas +por una ráfaga de hermosura, y un traje caprichoso, una flor en el pelo, +revelaban gracias hasta entonces recónditas. Y no porque la coquetería +desplegada en los disfraces llegase al grado que alcanza entre la gente +de alto coturno que asiste a bailes de trajes y suele reflexionar y +discurrir días y días antes de adoptar un disfraz--habiendo señorita que +se viste de _Africana_ por lucir una buena mata de pelo, o de +_Pierrette_ por mostrar un piececito menudo--; no por cierto. Semejantes +refinamientos se ignoraban en la Fábrica. Ni a las viejas se les daba un +comino de enseñar en la fuga del baile la seca anatomía de sus huesos, +ni a las mozas un rábano de desfigurarse, verbigracia, pintándose +bigotes con carbón. El caso era representar bien y fielmente tipos +dados; un mozo, un quinto, un estudiante, un grumete. Habíalas con tan +rara propiedad vestidas, que cualquiera las tomaría por varones; las +feas y hombrunas se brindaban sin repulgos a encajarse el traje +masculino, y lo llevaban con singular desenfado. Y de un extremo a otro +de los talleres, entre el calor creciente y la broma y bullicio que +aumentaban, corría una oleada de regocijo, de franca risa, de diversión +natural, de juego libre y sano; una afirmación enérgica de la femenidad +de la Fábrica. No cohibidas por la presencia del hombre, gozaban cuatro +mil mujeres aquel breve rayo de luz, aquel minuto de júbilo expansivo +colocado entre dos eternidades de monótona labor. + +Hacia las cuatro de la tarde no cabía ya la algazara y bulla en las +salas; todo el mundo perecía de calor; a las disfrazadas de paisanos las +ahogaba su traje de paño, y se apoyaban, descoyuntadas de tanto reír, +molidas de tanto bailar, roncas de tanto canticio, en los estantes, +abanicándose con la montera. La Comadreja, que ya no sabía cómo +procurarse un poco de fresco, tuvo una idea. + +--Si nos dejasen armar un corro en el patio, chicas, ¿eh? + +Pareció de perlas la ocurrencia, y salieron al patio de entrada, y de +allí al magro campillo colindante, y perteneciente también a la Fábrica. +Estaba el día sereno y apacible; el sol doraba las hierbas quemadas por +la escarcha, y se colaba en tibios rayos oblicuos al través de los +desnudos árboles. El ambiente era más templado que otra cosa, como suele +suceder en el clima de Marineda durante los meses de febrero y marzo. Al +desembocar en el campo la alegre multitud, huyeron espantadas unas +cuantas gallinas y algunos borregos sucios y torpes patos, que +correteaban por allí, y eran los únicos pobladores del mezquino oasis, +limitado de una parte por la vetusta tapia, de otra por cobertizos +atestados de fardos de vena, y de otra por el taller de cigarros +peninsulares, aislado del edificio de la Granera. Al punto se formaron +dos corros con más espacio que arriba, y la frescura de la tardecita +restituyó las ganas de bailar a las exhaustas máscaras. + +¡Oh, si ellas hubiesen sabido que desde las próximas alturas de Colinar +las miraban dos pares de ojos curiosos, indiscretos y osados! De la cima +de un cerrillo que permitía otear todo el patio de la Fábrica, dos +hombres apacentaban la vista en aquel curioso cuanto inesperado +espectáculo. Uno de ellos rondaba muchas veces las cercanías de la +Granera, pero nunca en aquel predio había visto más seres vivientes que +canteros picando sillares de granito, y aves de corral escarbando la +tierra. Baltasar ignoraba los detalles del Carnaval de las cigarreras, y +apenas entendería lo que estaba viendo, si Borrén, mejor informado, no +se tomase el trabajo de explicárselo. + +--Generalmente estas mascaradas son de puertas adentro; pero hoy, como +hace calor y el día está bueno, salen al fresco a bailar.... ¡Qué +casualidad, hombre! + +--Casualidad es, tiene usted razón. En todas partes he de encontrármela. + +Y al decir así, señalaba el teniente al corro de los grumetes. Mientras +los paisanos punteaban y repicaban un paso de baile regional, los +grumetillos habían elegido el _zapateado_, donde la viveza del +meridional bolero se une al vigor muscular que requieren las danzas del +Norte. Bien ajena que la viese ningún profano, puesta la mano en la +cadera, echada atrás la cabeza, alzando de tiempo en tiempo el brazo +para retirar la gorrilla que se le venía a la frente, Amparo bailaba. +Bailaba con la ingenuidad, con el desinterés, con la casta desenvoltura +que distingue a las mujeres cuando saben que no las ve varón alguno, ni +hay quien pueda interpretar malignamente sus pasos y movimientos. +Ninguna valla de pudor verdadero o falso se oponía a que se balancease +su cuerpo siguiendo el ritmo de la danza, dibujando una línea serpentina +desde el talón hasta el cuello. Su boca, abierta para respirar +ansiosamente, dejaba ver la limpia y firme dentadura, la rosada sombra +del paladar y de la lengua; su impaciente y rebelde cabello se salía a +mechones de la gorra, como revelación traidora del sexo a que pertenecía +el lindo grumete, si ya la suave comba del alto seno y las fugitivas +curvas del elegante torso no lo denunciasen asaz. Tan pronto, +describiendo un círculo, hería con el pie la tierra, como, sin moverse +de un sitio, _zapateaba_ de plano, mientras sus brazos, armados de +castañuelas, se agitaban en el aire, bajaban y subían a modo de alas de +ave cautiva que prueba a levantar el vuelo. + + + + +-XXIII- + +El tentador + + +Al descender de su observatorio, echados por las sombras de la noche, +que envolvían el patio de la Fábrica y cubrían la estruendosa retirada +de las cigarreras vestidas ya con sus trajes usuales, Baltasar iba +silencioso y concentrado. Borrén muy locuaz. El bueno del capitán no +cabía en sí de gozo, ni más ni menos que si la aventura de ver bailar a +la Tribuna le aconteciese a él directamente. Hay en el mundo aficiones y +gustos muy diversos; este chochea por monedas roñosas, aquel por +libracos viejos, el de más acá por caballos y el de más allá por sellos +y cajas de fósforos.... Borrén había chocheado, chocheaba y chochearía +toda su arrastrada vida por la hermosura, encantos y perfecciones de la +mujer. Había adquirido para conocer la belleza, y sobre todo el +atractivo, ese golpe de vista, ese tino especial que permite a los +expertos, sin ejercer ni dominar las artes, apreciar con exactitud el +mérito de un cuadro, el estilo de un mueble, la época de un monumento. +Nadie como Borrén para descubrir beldades inéditas, para predecir si una +muchacha valdría o no «muchas pesetas» andando el tiempo, y fallar si +poseía la quisicosa llamada _gracia, salero, gancho, ángel, chic, buena +sombra_, y de otros mil modos--lo cual prueba que es indefinible. + +La originalidad del caso está en que con toda su afición a las faldas, y +sus profundos conocimientos de estética aplicada, no se refería de +Borrén la más insignificante historieta. Viviendo siempre en una +atmósfera fuertemente cargada de electricidad amorosa, nunca le hirió la +chispa. Practicaba, en materia de amoríos, el más puro y desinteresado +_otroísmo_. Si no podía andar entre las muchachas asegurándoles que +Fulanito se alampaba por ellas, o que Zutanito se moría por sus pedazos, +se arrimaba a los jóvenes, calentándoles los cascos, encendiéndoles la +sangre, hablándoles del pie de tal chica:--hombre, un pie que me cabe en +la palma de la mano--o del color de cuál otra--hombre, si parece que se +da agua de Barcelona, y no, me consta que aquello es natural--. Borrén +sabía de las criadas que llevan y traen cartitas, de los paseos +retirados donde es fácil tropezarse cuando hay buena voluntad, de los +peladeros de pava, de las butacas que en el teatro ofrecen más comodidad +para _hacer el oso_; era el primero a olfatear los trapicheos, las +bodas, los escandalillos y los _truenos_ incipientes. No era Borrén un +casamentero, porque, generalmente hablando, el casamentero se propone un +fin moral, y a Borrén la moral-hombre, con franqueza--le tenía sin +cuidado. Si el cuento acababa en nupcias, bien, y si no, lo propio; +Borrén hacía _arte por el arte_; el amor le parecía objeto suficiente de +sí mismo. + +Para todo enamorado de Marineda, especialmente si pertenecía a la +guarnición, el complemento de la dicha era esta idea:--Voy a contárselo +a Borrén--. Y Borrén, como un espejo complaciente, de los que _hacen +favor_, le devolvía la imagen de su felicidad, no exacta, sino +aumentada, embellecida, multiplicada, radiante.--Vamos a pasearle la +calle a la novia--le decían sus amigos cogiéndole del brazo--. Y Borrén +giraba tardes enteras delante de una manzana de casas, parafraseando las +observaciones de algún amador novel que exclamaba:--«Ya alzó el +visillo... se asoma... no, es la hermana... ahora sí... cómo me mira... +¡hola!, tiene la mantilla puesta...»--. Jamás mostró Borrén cansarse de +su papel de reflector y perro faldero; y cuenta que las chicas, guiadas +por infalible instinto, le trataban como se trata a los inofensivos y a +los mandrias; aunque él se derretía, acaramelaba y amerengaba todo, +jamás le tomaron en parte alguna por lo serio. + +Baltasar no le había buscado para confidente; Borrén se ofreció, y es +más, atizó el incendio, echó leña a la hoguera con sus frases de pólvora +y dinamita. Aquella tarde, cuando juntos bajaban hacia la ciudad, el más +animado, el más exaltado era Mefistófeles: Fausto callaba, meditando en +lo comprometidos y engorrosos que son ciertos enredos en poblaciones de +provincia, donde uno tiene madre y hermanas. Mefistófeles, ¡pobre +diablo!, no se cansaba, entre tanto, de ponderar los primores del +grumete. Cada vez que el confidente y el enamorado pasaban cerca de un +farol, la luz se proyectaba en la fisonomía de Borrén, siempre movida, +agitada y descompuesta, cómica a pesar del exagerado carácter viril que +a primera vista le imprimían los cerdosos mostachos, las pobladas cejas +y la prominente nuez. En su aspecto Borrén era semejante a los guardias +civiles de madera que suelen colocarse en el frontispicio de los hórreos +y molinos del país: a despecho de sus bigotazos formidables, bien se les +conoce que son muñecos. + +--Dígole a usted, Borrén--exclamó Baltasar resolviéndose por fin a +formular en alta voz su pensamiento--, que no comprende usted lo que es +Marineda... ni lo que es mi madre. Me resultarían mil disgustos, mil +complicaciones.... Aborrezco los escándalos. + +--¡Hombre, qué juventud tan sosa son ustedes! Parece mentira que +habiendo visto lo que vimos.... + +--No me conviene, lo dicho; me alegraré de que me destinen a cualquiera +parte. Si me quedo aquí, es fácil.... Y después, ¿sabe usted lo que es +esa Fábrica? Una masonería de mujeres, que aunque hoy se arranquen el +moño, mañana se ayudan todas las unas a las otras. Me desacreditarían, +me crearían un conflicto. + +--No le hacía a usted tan medroso. + +--La verdad, Borrén; tengo más miedo a las hablillas, si cuadra, que a +un balazo. Será una tontería, pero me fastidia infinito ser el héroe de +la temporada. + +--Vamos, hombre, franqueza. Usted también recela verse envuelto en las +redes de esa chica, y tener que casarse.... Baltasar sonrió sin +afectación, pero con tal señorío de sí mismo, que Borrén se encogió de +hombros. + +--Pues entonces.... + +--Por un lado, sí, lo acierta usted; soy un majadero en abrigar tales +escrúpulos. Pasa uno así los mejores años de su vida, y ¿qué?, llega uno +a viejo sin haber vivido.... + +Aquí el teniente se detuvo; una idea burlesca le impulsaba a sonreírse +otra vez, pensando que el capitán se hallaba justamente en el caso de +declinar hacia la edad madura sin tener que ofrecer a Dios ni qué contar +al diablo. Borrén, entre tanto, aprobaba calurosamente las últimas +palabras de Baltasar, las desenvolvía, las consideraba desde nuevos +aspectos; en suma, soplaba para que la llama prendiese mejor. Tan bien +desempeñó su oficio mefistofélico, que Baltasar convino en reunirse al +día siguiente con él para meditar un plan de ataque que debelase la +republicana virtud de la oradora. Pero al acudir a la entrevista, que +era, por más señas, en el terreno neutral del café, Borrén conoció que +Baltasar traía alguna extraordinaria nueva. + +--Ya no hay necesidad de concertar planes--declaró el teniente con +forzada risa--. ¿No se lo decía yo a usted? Me destinan allá... a +Navarra. La cosa anda mal. + +--¡Bah!... cuatro bandidos que salen de aquí y de acullá; hombre, +partidillas sueltas. + +--Partidillas sueltas... ya, ya me lo contará usted dentro de unos +meses. El cariz del asunto se pone cada vez más feo. Entre esos bárbaros +que quieren entrar en burro en las iglesias y fusilan por chiste las +imágenes, y los otros salvajes que cortan el telégrafo y queman las +estaciones... verá usted, verá usted qué tortilla se nos prepara. Aquí +nadie se entiende. Mire usted que hasta Montpensier, que parecía formal, +meterse en ese desafío estúpido. Él quería ser rey; pero el haber matado +al perdis de su primo le cuesta la corona y a nosotros un ojo de la +cara, porque como no venga Satanás en persona a arreglarnos, no sé lo +que sucederá... Deme usted un cigarro... si lo tiene usted ahí. + +Borrén le alargó la petaca, y Baltasar encendió nerviosamente un +pitillo. + +--Vamos, ¿cuántos candidatos dirá usted que hay al trono?--prosiguió +echando leve bocanada de humo al techo--. Vaya usted contando por los +dedos, si la paciencia le alcanza. Espartero... uno. Dirá usted que es +un estafermo, bien; pero los restos del partido progresista, todo cuanto +gastó morrión, y algunos chiflados de buena fe, le aclaman. ¿No ha visto +usted en las tiendas el retrato de Baldomero I con manto real? El hijo +de Isabel II, dos; su madre abdicó o abdicará. Ese, al menos, representa +algo; pero es un rapaz; para jugar a la pelota serviría. El +Pretendiente, tres... y mire usted, lo que es ese dará mucho juego; ya +empieza todo el mundo a llamarle Carlos VII. Reúne él solo más +partidarios que todos los demás juntos, y gente cruda, de trabuco y pelo +en pecho. El duque de Aosta, un italiano... cuatro. Un alemán que se +llama Ho... ho... en fin, un nombre difícil; los periódicos satíricos lo +convirtieron en _Ole, ole, si me eligen_... cinco. La regencia trina... +seis, o por mejor decir, ocho. Y Ángel I... nueve. ¡Ah!, se me olvidaba +el de Portugal que anda remiso... y Montpensier. Once. ¿Qué tal? + +--Pero... así, candidatos formales.... ¡Mozo, café y _cognac_! + +--No, gracias, lo tomé en casa.... Claro: candidatos serios, por hoy, +don Carlos y la república. El caso es que entre todos no nos dejarán +hueso sano.... Por de pronto, yo me las guillo. ¿Quiere usted algo para +aquellos vericuetos? + +--Hombre... ¡qué lástima! ¡Ahora que íbamos a emprenderla con la +pitillera, que es de otro! + +--¡Pch!... Si algún trabucazo no lo impide... a la vuelta. + + + + +-XXIV- + +El conflicto religioso + + +Desde que las Cortes Constituyentes votaron la monarquía, Amparo y sus +correligionarias andaban furiosas. Corría el tiempo, y las esperanzas de +la Unión del Norte no se realizaban, ni se cumplían los pronósticos de +los diarios. ¡Que hoy!... ¡que mañana!... ¡que nunca, por lo visto! ¡En +vez de la suspirada federal, un rey, un tirano de fijo, y tal vez un +extranjero! Por estas razones en la Fábrica se hacía política pesimista +y se anunciaba y deseaba que al Gobierno «se lo llevase Judas». Dos +cosas sobre todo alteraban la bilis de las cigarreras: el incremento del +partido carlista y los ataques a la Virgen y a los Santos. A despecho de +la acusación de «echar contra Dios» lanzada por las campesinas a las +ciudadanas, la verdad es que, con contadísimas excepciones, todas las +cigarreras se manifestaban acordes y unánimes en achaques de devoción. +Ella sería más o menos ilustrada; pero allí había mucha y fervorosa +piedad. Es cierto que sobre el altar de pésimo gusto dórico existente en +cada taller depositaban las operarias sus mantones, sus paraguas, el +atillo de la comida; mas este género de familiaridad no revelaba falta +de respeto, sino la misma costumbre de ver allí el ara santa, ante la +cual nadie pasaba sin persignarse y hacer una genuflexión. Y es lo +curioso que a medida que la revolución se desencadenaba y el +republicanismo de la Fábrica crecía, aumentáronse también las prácticas +religiosas. El cepillo colocado al lado del altar, donde los días de +cobranza cada operaria echaba alguna limosna, nunca se vio tan lleno de +monedas de cobre; el cajón que contenía la cera de alumbrar, estaba +atestado de blandones y velas; más de sesenta cirios iluminaban los días +de novena el retablo; primero les faltaría a las cigarreras agua para +beber, que aceite a la lámpara encendida diariamente ante sus imágenes +predilectas, una Nuestra Señora de la Merced de doble tamaño que los +cautivos arrodillados a sus plantas, un San Antón con el sayal muy +adornado de esterilla de oro, un Niño-Dios con faldellines huecos y un +mundito azul en las manos. Nunca se realizó con más lucimiento la novena +de San José, que todas rezaron mientras trabajaban, volviéndose de cara +al altar para decir los actos de fe y la letanía, y berreando el último +día los gozos con mucha unción, aunque sin afinación bastante. Jamás +produjo tanto la colecta para la procesión del Santo Entierro y novena +de los Dolores; y por último, en ocasión alguna tuvo el numen protector +de la Fábrica, la Virgen del Amparo, tantas ofertas, culto y limosnas, +sin que por eso quedase olvidada su rival Nuestra Señora de la Guardia, +estrella de los mares, patrona de los navegantes por la bravía costa. + +Bien habría en la _Granera_ media docena de espíritus fuertes, capaces +de blasfemar y de hablar sin recato de cosas religiosas; pero dominados +por la mayoría, no osaban soltar la lengua. A lo sumo se permitían +maldecir de los curas, acusarles de inmorales y codiciosos, o renegar de +que se «metiesen en política» y tomasen las armas para traer el +«escurantismo y la Inquisición»: cuestiones más trascendentales y +profundas no se agitaban, y si a tanto se atreviese alguien, es seguro +que le caería encima un diluvio de cuchufletas y de injurias. + +--¡Está el mundo perdido!--decía la maestra del partido de Amparo, mujer +de edad madura, de tristes ojos, vestida de luto siempre desde que había +visto morir de viruelas a dos gallardos hijos que eran su orgullo--. +¡Está el mundo revuelto, muchachas! ¿No sabéis lo que pasa allá por las +Cortes? + +--¿Qué pasará? + +--Que un diputado por Cataluña dice que dijo que ya no había Dios, y que +la Virgen era esto y lo otro.... Dios me perdone, Jesús mil veces. + +--¿Y no lo mataron allí mismo? ¡Pícaro, infame! + +--¡Mal hablado, lengua de escorpión! ¡No habrá Dios para él, no; que él +no lo tendrá! + +--No, pues otro aún dijo otros horrores de barbaridá, que ya no me +acuerdan. + +--¡Empecatao! ¡Pimiento picante le debían echar en la boca! + +--¡Ay!, ¡y una cosa que mete miedo! Dice que por esas capitales toda la +gente anda asustadísima, porque se ha descubierto que hay una compañía +que roba niños. + +--¡Ángeles de mi alma! ¿Y para qué?, ¿para degollarlos? + +--No, mujer, que son los protestantes para llevarlos a educar allá a su +modo en tierra de ingleses. + +--¡Señor de la justicia! ¡Mucha maldad hay por el mundo adelante! + +Conocido este estado de la opinión pública, puede comprenderse el efecto +que produjo en la Fábrica un rumor que comenzó a esparcirse quedito, muy +quedo, y como en el aria famosa de la _Calumnia_, fue convirtiéndose de +cefirillo en huracán. Para comprender lo grave de la noticia, basta oír +la conversación de Guardiana con una vecina de mesa. + +--¿Tú no sabes, Guardia? La _Píntiga_ se metió protestanta. + +--¿Y eso qué es? + +--Una religión de allá de los _inglis manglis_. + +--No sé por qué se consienten por acá esas religiones. Maldito sea quien +trae por acá semejantes demoniuras. ¡Y la bribona de la _Píntiga_, mire +usted! ¡Nunca me gustó su cara de intiricia!... + +--Le dieron cuartos, mujer, le dieron cuartos: sí que tú piensas.... + +--A mí... ¡más y que me diesen mil pesos duros en oro! Y soy una pobre, +repobre, que sólo para tener bien vestiditos a mis pequeños me venían... +¡juy! + +--¡Condenar el alma por mil pesos! Yo tampoco, chicas--intervenía la +maestra. + +--Saque allá, maestra, saque allá... Comerá uno brona toda la vida, +gracias a Dios que la da, pero no andará en trapisondas. + +--Y diga... ¿qué le hacen hacer los protestantes a la _Píntiga_? ¿Mil +indecencias? + +--Le mandan que vaya todas las tardes a una cuadra, que dice que +pusieron allí la capilla de ellos... y le hacen que cante unas cosas en +una lengua, que... no las entiende. + +--Serán palabrotas y pecados. ¿Y ellos, quiénes son? + +--Unos clérigos que se casan.... + +--¡En el nombre del Padre! ¿Pero se casan... como nosotros? + +--Como yo me casé... vamos al caso, delante de la gente... y llevan los +chiquillos de la mano, con la desvergüenza del mundo. + +--¡Anda, salero! ¿Y el arcebispo no los mete en la cárcel? + +--¡Si ellos son contra el arcebispo, y contra los canónigos, y contra el +Papa de Roma de acá! ¡Y contra Dios, y los Santos, y la Virgen de la +Guardia! + +--Pero esa lavada de esa _Píntiga_... ¡malos perros la coman! No, si se +arrima de esta banda, yo le diré cuántas son cinco. + +--Y yo. + +--Y yo. + +Así crecía la hostilidad y se amontonaban densas nubes sobre la cabeza +de la apóstata, a quien por el color de su tez biliosa y de su lacio +pelo, por lo sombrío y zaíno del mirar, llamaban _Píntiga_, nombre que +dan en el país a cierta salamandra manchada de amarillo y negro. Era +esta mujer capaz de comer suela de zapato a trueque de ahorrar un +maravedí, y no ajena a su conversión una libra esterlina, o doblón de a +cinco, que para el caso es igual. Si lo cobró y pudo coserlo en una +media con otras economías anteriores, amargolo aquellos días en forma. +Acercábase a una compañera, y esta le volvía la espalda; su mesa quedó +desierta, porque nadie quiso trabajar a su lado; ponía su mantón en el +estante, y al punto se lo empujaban disimuladamente desde la otra parte +de la sala, para que cayese y se manchase; dejaba su lío de comida en el +altar, y lo veía retirado de allí con horror por diez manos a un tiempo; +la maestra examinaba sus mazos de puros, antes de darlos por buenos y +cabales, con ofensiva minuciosidad y ademán desconfiado. Un día de gran +calor pidió a la operaria que halló más próxima que le prestase un poco +de agua, y esta, que acababa de destapar un colmado frasco de cristal +para beber por él, le contestó secamente: «No tengo meaja». Señaló la +_protestanta_ al frasco, con ira silenciosa, y la operaria, +levantándose, lo tomó y derramó por el suelo su contenido sin pronunciar +una palabra. Púsose verde la _Píntiga_, y llevó la mano, sin saber lo +que hacía, al cuchillo semicircular: pero de todos los rincones del +taller se alzaron risas provocativas, y hubo de devorar el ultraje, so +pena de ser despedazada por un millar de furiosas uñas. En mucho tiempo +no se atrevió a volver a la Fábrica, donde la corrían. + + + + +-XXV- + +Primera hazaña de la Tribuna + + +Extramuros, al pie de las fortificaciones de Marineda, celébrase todos +los años una fiesta conocida por _las Comiditas_, fiesta peculiar y +característica de las cigarreras, que aquel día sacan el fondo del cofre +a relucir y disponen una colación más o menos suculenta para despacharla +en el campo; campo mezquino, árido, donde sólo vegetan cardos +borriqueros y ortigas. Desde el lavadero público hasta el alto de Agua +santa, ameno y risueño, se había esparcido la gente, sentándose, si +podía, a la sombra de un vallado o en la pendiente de un ribazo, y si +no, donde Dios quería, al raso, sin paraguas ni quitasol. Y cuenta que +ambos chismes podrían ser igualmente necesarios, porque el astro diurno, +encapotado por nubarrones que amenazaban chubasquina, despedía claridad +lívida y sorda, y a veces por la ahogada calma de la atmósfera +atravesaban soplos de aire encendido, bocanadas de solano que amagaban +tempestad. + +No por eso había menos corros de baile y canto, menos puestos de +rosquillas y jinetes, menos meriendas y comilonas. Aquí se escuchaba el +rasgueo de guitarras y bandurrias, más adelante retumbaba el bombo, y la +gaita exhalaba su aguda y penetrante queja. Un ciego daba vueltas a una +_zanfona_ que sonaba como el obstinado zumbido del moscardón, y al mismo +tiempo vendía romances de guapezas y crímenes. A pocos pasos de la gente +que comía, mendigos asquerosos imploraban la caridad; un elefancíaco +enseñaba su rostro bulboso, un herpético descubría el cráneo pelado y +lleno de pústulas, este tendía una mano seca, aquel señalaba a un muslo +ulcerado, invocando a Santa Margarita para que nos libre de «males +extraños». En un carretoncillo, un fenómeno sin piernas, sin brazos, con +enorme cabezón envuelto en trapos viejos, y gafas verdes, exhalaba un +grito ronco y suplicante, mientras una mocetona, de pie al lado del +vehículo, recogía las limosnas. En el aire flotaban los efluvios de dos +toneles de vino que ya iban quedando exangües, y el vaho del estofado, y +el olor de las viandas frías. Oíanse canciones entonadas con voz vinosa, +y llantos de niños, de los cuales nadie se cuidaba. + +Componíase el círculo en que figuraba Amparo de muchachas alegres, que +habían esgrimido briosamente los dientes contra una razonable merienda. +Allí estaba la Comadreja, a quien no era posible aguantar de puro +satisfecha y vana, porque tenía en Marineda al capitán de la _Bella +Luisa_, y si él no había querido convidarse a merendar «por el aquel del +bien parecer», contaba con que la acompañaría al final de la función. +Allí también Guardiana, penetrada de alegría por otra causa diversa: +porque había traído consigo a dos de sus pequeños, el escrofuloso y la +sordo-mudita; en cuanto al mayor, ni se podía soñar en llevarlo a sitio +alguno donde hubiese gente, porque le entraba enseguida la «aflición». +La niña sordo-muda miraba alrededor, con ojos reflexivos, aquel mundo +del cual sólo le llegaban las imágenes visibles; por su parte el niño, +que ya tendría sus trece años, y que hubiera sido gracioso a no +desfigurarlo los lamparones y la hipertrofia de los labios, gozaba mucho +de la fiesta, y se sonreía con la sonrisa inocente, semi-bestial, de los +_bobos_ de Velázquez. Guardiana no se mostró muy comedora: los mejores +bocados los reservó para sus hermanos, y ella manifestó poco apetito. + +--¿Qué tienes, Guardia?--le preguntó la radiante Ana. + +--Mujer, algunos días parece que estoy así... cansada. He de ir a que me +levanten la paletilla, porque imposible que no se me cayese. + +--Aprensiones, aprensiones. Canta el _Joven Telémaco_, Amparo. + +Amparo, y otras dos o tres del taller de cigarrillos, rendidas de calor +y ahítas de comida, se habían tendido en una pequeña explanada, que +formaba el glacis de la fortificación, adoptando diversas posturas, más +o menos cómodas. Unas, desabrochándose el corpiño, se hacían aire con el +pañuelo de seda doblado; otras, tumbadas boca abajo, sostenían el cuerpo +en los codos y la barba en las palmas de las manos; otras, sentadas a la +turca, alzaban cuándo la pierna izquierda, cuándo la derecha, para +evitar los calambres. Por la seca hierba andaban esparcidos tapones de +botellas, papeles engrasados, espinas de merluza, cascos de vaso roto, +un pañuelo de seda, una servilleta gorda. + +Fuese efecto de la comida y del vinillo del país, ligero y alegre como +unas pascuas, o del aire solano, que tiene especial virtud excitante de +los nervios, hallábanse las muchachas alborotadas, deseosas de meterse +con alguien, de gritar, de hacer ruido. Estaban ebrias, no del escaso +mosto, sino del vaivén y mareo de la romería, de los colores chillones, +de los sonidos discordantes: sólo la sordo-muda permanecía indiferente, +con su límpida mirada infantil. La casualidad proporcionó a las briosas +mozas un desahogo que tuvo mucho de cómico y pudo tener algo de +dramático. + +Es el caso que vieron adelantarse y dirigirse hacia ellas un individuo +de extraña catadura, alto y delgado, vestido con larga hopalanda negra, +y acompañado de otro que formaba con él perfecto contraste, pues era +rechoncho, pequeño y sanguíneo, y llevaba americana gris rabicorta. Al +aspecto de la donosa pareja llovieron los comentarios. + +--El del gabanón parece un cura--dijo Guardiana. + +--No es cura--afirmó la Comadreja--. ¿No le ves unas patillitas como las +de un padronés? + +--Pero, mujer, si lleva alzacuello. + +--¡Qué alzacuello! Corbata negra. + +--El gordo es un _inguilis_. + +--¡Ay Jesús; parece que le pintaron la barba con azafrán! + +--¿Y aquello qué es? ¡Madre mía de la Guardia!; un anteojo en un ojo +solo, y colgado en el aire; ¡mira, mira! + +--Callar, que vienen para acá. + +--Vienen aquí en derechura. + +--No, mujer. + +--¡Dale! Vienen y vienen. ¿Te convences, porfiosa? + +--Es que les gustaste tú. + +--No, tú. El del azafrán viene a casarse contigo. + +--Pues a ti te mira mucho el clérigo mal comparado. + +--¡Chssss! Callar, que están cerca, alborotadoras de Judas. + +--¡Callaban! Que callen ellos si les da la gana. + +Y Amparo y Ana cantaron a dúo: + + _Me gusta el gallo,_ + _Me gusta el gallo,_ + _Me gusta el gallo_ + _Con azafrán..._ + + +No obstante estos primeros indicios de hostilidad, los dos graves +personajes se aproximaban al corro, con mucha prosopopeya. El de la +hopalanda, no bien se acercó lo suficiente, pronunció un «a los pies de +ustedes, zeñoras», que hubiera provocado una explosión de carcajadas, si +al pronto no pudiese más la curiosidad que la risa. ¡Tenía el bueno del +hombre una voz tan rara, ceceosa a la andaluza, y una pronunciación tan +recalcada! + +--Tengo el honor--prosiguió, metiendo las manos en los bolsillos de su +inmenso tabardo--de ofrecer a ustedes un librito de lectura muy +provechoza para el espíritu, y espero me dispenzarán el obsequio de +repazarlo con atención. Yo le ruego reflezionen sobre el contenío de +estos imprezo, zeñoras mías. + +Diciendo y haciendo, les presentaba tres o cuatro volúmenes empastados, +y un haz de hojas volantes. Nadie estiró la mano para recoger los +_imprezo_, y él fue depositando suavemente en los regazos de las +muchachas el alijo. El inglés tripudo observaba el reparto con su +fulgurante monóculo. + +--¡Así Dios me salve (Ana fue la primera en hablar), yo conozco a estos +pajarracos! Oyes tú, Bárbara, ¿este no es el que puso la capilla en la +cuadra? + +--El mismo... es el que berrea allí por las tardes. + +--¿El que le dio los cuartos a la Píntiga? + +--Sí, mujer. + +--Y este, ¿no dice que fue cura? + +--Dice que sí, allá en su país, y que ahora es cura de ellos, y está +casado.... + +--¡Casado!!! + +--Bueno, está... con una viuda. Ya tienen...--y la muchacha remedó +burlescamente el llanto de un recién nacido. + +--¿Y el otro bazuncho? + +--Es el que...--y frotó el índice con el pulgar, ademán expresivo que +significa en todas partes soltar dinero. + +Mientras duraban estas explicaciones en voz baja, Amparo había leído el +título de algunos folletos: _«La verdadera Iglesia de Jesús.... La +redención del alma.... Cristo y Babilonia.... La fe del cristiano +purificada de errores.... Roma a la luz de la razón...»_. Entre los +retazos del diálogo que llegaban a sus oídos y los fragmentos de hoja +impresa en que fijaba la vista, penetró el misterio. Levantose grave, +determinada, como el día que peroró en el banquete del Círculo Rojo. + +--Oiga usté--pronunció con tono despreciativo--, esto que nos ha dado +usté no nos hace falta, ni para nada lo queremos. Vaya usté a engañar +con ello a donde haya bobos. + +--Zeñora, no ha zío mi ánimo.... + +--Pensará usté que somos como otras, infelices, que las compran ustés +por una triste peseta; pues sepa usté, repelo, que acá ni por las minas +del Potosí renegamos como San Judas. + +--Zeñora... hermanas mía... tómense uzté la molestia de reflezionar, y +verán la puresa de mi intencionez, que zon darle a conosé la doctrina de +Jezú nuetro Zalvaor.... + +Pronta como un rayo, y con fuerzas que duplicaba la cólera, Amparo +desbarató la encuadernada Biblia, hizo añicos las hojas volantes, y lo +disparó todo a la cara afilada del catequista y a la rubicunda del +silencioso inglés, los cuales, habituados, sin duda, a tal género de +escenas, volvieron grupas y trataron de escurrirse lo más pronto posible +entre el concurso. Por su mal, era éste tan apretado y numeroso en aquel +sitio, que o tenían que retroceder, dar un rodeo y volver a cruzar ante +el grupo de muchachas, o aguardar una ocasión de enhebrarse por medio de +la gente. Optaron por lo primero, y avínoles mal, porque Amparo, como el +corcel de batalla que ha olido la sangre, dilatadas las fosas nasales, +brillantes los ojos, se preparaba a renovar la lid, animando a sus +compañeras. + +--Son los protestantes. A correrlos. + +--A correrlos: ¡viva! + +--Van a pasar otra vez por aquí... ánimo... a ver quién les acierta +mejor. + +--¡Que vengan, que vengan! ¡Ahora entra lo bueno! Recelosos, arrimados +el uno al otro, probaron a deslizarse los dos apóstoles sin ser +observados de las mozas, que ya los aguardaban haldas en cinta. Así que +los vieron a tiro, enarbolaron cuál medio pan, cuál un trozo de +empanada, cuál una pera, y Ana, rabiosa, no encontrando proyectil a +mano, cogió a puñados la tierra para arrojársela. Cayó la granizada +sobre los protestantes cuando menos se percataban de ello; un queso se +aplanó sobre la faz del inglés, rompiéndole el monóculo; un gajo de +cerezas despedido por el hermano de Guardiana se estrelló en la nuca del +ministro, embadurnándosela lastimosamente. Al par que bombardeaban, +denostaban las intrépidas muchachas al enemigo.--Tomar, a ver si +reventáis--chillaba la Comadreja.--De parte de Nuestra Señora--gritaba +Guardiana.--Para que volváis a dar dinero por hacer maldades--vociferaba +Amparo lanzando con notable acierto un tenedor de palo al cura. Cerrados +los puños como para boxear, inyectado el rostro, fieros los azules ojos, +vínose sobre el grupo el hijo de la Gran Bretaña, resuelto, sin duda, a +hacer destrozos en las heroínas; amenazadora actitud que redobló el +coraje de estas. + +--Venga usté, venga usté, que aquí estamos, le decía Amparo con voz +vibrante, bella en su indignación como irritada leona, asiendo con la +diestra una botella; mientras Ana, pálida de ira, se apoderaba de la +cazuela en que había venido el guisado, y las restantes amazonas +buscaban armamento análogo. Pero ya, al ruido de la escaramuza, se +arremolinaba gente, y gente adversa a los catequistas, a quienes +conocían bastantes de los espectadores; y el ministro, verde de miedo, +con turbada lengua aconsejaba a su acompañante una prudente retirada. + +--Éjelas, míter Ezmite... (Smith). Éjelas, que no zaben lo que jazen... +Éjelas, que aquí nadie noz efenderá, de eguro.... Yo debo ar ejemplo de +manzedumbre.... + +No hizo caso _míter Ezmite_, por demás mohíno y amostazado con el +bombardeo de comestibles; pero antes de que llegase al grupo cumpliose +la profecía del ministro, interponiéndose más de treinta personas, que +rodearon a los malaventurados apóstoles apretándolos en términos que no +les dejaban respirar. A poca distancia un agente de policía presenciaba +una rifa, y aunque harto veía con el rabo del ojo el motín, no dio el +más leve indicio de querer intervenir en él, y basta que vio a los dos +catequistas abrirse paso trabajosamente y huir como perro con maza, +perseguidos por la rechifla general, no volvió la cabeza ni se acercó, +preguntando al descuido: «¿Qué pasa aquí, señores?». + + + + +-XXVI- + +Lados flacos + + +Para la Comadreja el desenlace de la romería fue delicioso: comenzaron a +llover gotas anchas cuando ya se aproximaba la noche, y vino el capitán +mercante a ofrecerle el brazo y un paraguas. A la luz de los faroles de +la calle, que rielaba en el mojado pavimento, Amparo vio alejarse a la +pareja y quedose poseída de una especie de tristeza interior que rara +vez domina a los temperamentos sanguíneos, alegres de suyo. Aquella +melancolía atacaba a la Tribuna desde que no alimentaba su viva +imaginación con espectáculos políticos y desde que al bullicio de la +Unión del Norte sucedió la habitual y uniforme vida obrera de antes, sin +asomo de conspiración ni de otros romancescos incidentes. Por +distraerse, habló más con Ana de amoríos y menos de política. Ana se +prestaba gustosa a semejantes coloquios. Llegó la Tribuna a saber de +memoria al capitán de la _Bella Luisa_, sus hábitos, sus viajes, sus +caprichos, y el eterno proyecto de matrimonio, diferido siempre por +altas razones de conveniencia, que explicaba Ana con sumo juicio y +cordura. Si ella se quisiese casar con algún _artista_ de esos +ordinarios, un zapatero, verbigracia, cansada estaría de tener marido; +pero ¿para qué? Para cargarse de familia, para vivir esclava, para +sufrir a un hombre sin educación. No en sus días. + +--¿Y si te deja plantada Raimundo?--preguntaba Amparo nombrando al galán +de su amiga, como lo hacía esta, por el nombre de pila. + +--¡Qué ha de dejar, mujer... qué ha de dejar! ¡Diez años de relaciones! +Y luego, aquel señorío de estar tanto tiempo con un chico fino, eso no +me lo quita nadie. + +Amparo protestó: ella no entraba por cosas de ese jaez; quería poder +enseñar la cara en cualquier parte; quería, como dijeron los señores de +la Unión, moral y honradez ante todo. + +--¿Si pensarás tú--replicó Ana viperinamente--que el de Sobrado venía a +casarse contigo? + +--¿El de Sobrado? ¿Y qué tengo yo que ver con el de Sobrado? + +--Anduvo tras de ti, y si no estuviese fuera, sabe Dios.... No digas, +mujer, no digas, que bastantes veces lo encontré yo por los alrededores +de la Fábrica. + +--Bueno, bueno, ¿y qué? ¿Por qué, un suponer, no se había de casar +conmigo? Yo seré de igual madera que otras que pertenecían a mi clase, y +ahora.... Tú bien conoces a la de Negrero... aquella tan guapa que lleva +abrigo de terciopelo y capota de tul blanco.... Pues, hija mía, +sardinera del muelle primero, cigarrera después, y luego la vino Dios a +ver con ese marido tan rico.... ¿Y la de Álvarez? A esa la acuerdan aquí +liando puros, y en el día tiene una casa de tres pisos y un buen +comercio en la calle de San Efrén.... ¿Y la que casó con aquel coronel +del regimiento de Zaragoza?... Una chiquilla, que también hacía +pitillos.... En la actualidad, para más, hay el aquel de que las clases +son iguales; ese rey que trajeron dice que da la mano a todo el mundo, y +la mujer abrazó en Madrí a una lavandera; y si viene la federal, +entonces.... + +--Sí, sí, vele con eso a doña Dolores, la de Sobrado. + +--¡Pues.... Jesús, Ave María! ¡No se allegue usted, que mancho! Me +parece a mí que los de Sobrado no son de allá de la aristocracia, ni del +barrio de Arriba. Aún hay quien los vio cargando fardos en el almacén de +Freixé, el catalán; que por ahí empezaron, ¡repelo! Hijos del trabajo, +como tú y como yo. + +--Pero, mujer, si ya se sabe que son así; nada y nada, y vanidá que les +parte el alma. Como el hijo es de tropa piensan que sólo la Princesa de +Asturias sirve para él.... Mira tú como ahora que las de García pierden +el pleito están medio reñidas con ellas.... Y eso que la mayor de +Sobrado, la Lolita, no quiso apartarse de la amiga y sigue yendo +allá.... + +--Bien; pues ellos no nos querrán a los demás, pero los demás bien nos +valemos sin ellos.... Para comer yo no les he de pedir. Y el hijo, si me +quiere decir algo, ha de ser con el cura de la mano, que si no.... + +Echose a reír la Comadreja y le citó ejemplos dentro de la misma +Fábrica: ¿qué les había sucedido a Antonia, a Pepita, a Leocadia?, y +eran las que más hablaban y más cosas decían. La que se conformaba con +los de su clase, aún menos mal; pero la que andaba con señores.... Esas +cosas--añadía la Comadreja--no tienen remedio; nos hacen ver lo negro +blanco.... + +--Si me quisiera perder--exclamó ofendida Amparo--no me faltaría por +dónde, como a todas. + +--¡Bueno! No cuadró, mujer, que lo demás.... También no te gustarían los +que se te pusieron delante, porque hay hombres que se tiraría uno a la +bahía por ellos, y otros que ni forrados de onzas.... Y a veces los que +le chistan a uno no se dan por entendidos.... Y al fin y al cabo, hija, +¿qué se gana con vivir mártir? Nadie cree en la dinidá de una pobre. + +--¿Y por qué ha de ser así? ¡Esa no es ley de Dios! + +--No, pero... ¿qué quieres tú? + +Quedábase Amparo pensativa. Cuantas sugestiones de inmoralidad trae +consigo la vida fabril, el contacto forzoso de las miserias humanas; +cuantas reflexiones de enervante fatalismo dicta el convencimiento de +hallarse indefenso ante el mal, de verse empujado por circunstancias +invencibles al precipicio, pesaban entonces sobre la cabeza gallarda de +la Tribuna. Acaso, acaso tenía sobrada razón la Comadreja. ¿De qué sirve +ser un santo si al fin la gente no lo cree ni lo estima; si por más que +uno se empeñe, no saldrá en toda la vida de ganar un jornal miserable; +si no le ha de reportar el sacrificio honra ni provecho? ¿Qué han de +hacer las pobres, despreciadas de todo el mundo, sin tener quien mire +por ellas, más que perderse? ¡Cuántas chicas bonitas, y buenas al +principio, había visto ella sucumbir en la batalla, desde que entró en +su taller! Pero... vamos a cuentas--añadía para su sayo la oradora--: +diga lo que quiera Ana, ¿no conozco yo muchachas de bien aquí? ¡Está esa +Guardiana, que es más pobre que las arañas y más limpia que el sol! Y de +fea no tiene nada; es así delgadita.... Ella se confiesa a menudo... +dice que el confesor le aconseja bien.... + +Amparo se quedó cada vez más pensativa después de esta observación. + +--Yo, confesar, me confesaría.... Pero luego... si el cura sabe que me +meto en política.... ¡Bah! Bien basta en Semana Santa.... Tampoco yo, +gracias a Dios, no soy ninguna perdida... ¡me parece! + + + + +-XXVII- + +Bodas de los pajaritos + + +Regresó Baltasar de Navarra y las Provincias firmemente resuelto a +estrujar la vida, como si fuese un limón, para exprimirle bien el zumo. +Habiendo visto de cerca la guerra civil, comprendió que no hacía sino +empezar y que prometía ser encarnizada y duradera, a pesar de que la +_Gaceta_ anunciaba diariamente la dispersión de las últimas partidas y +la presentación del postrer cabecilla. Desde luego Baltasar traía un +grado más, y ganas de precipitarse en algún abismo cubierto de flores, +ya que las balas carlistas se lo toleraban. Vista de lejos, la opinión +pública de su ciudad natal le pareció mucho menos temible, y resolviose +a arrostrarla, en caso de necesidad, si bien con maña y no provocándola +de frente. + +Más de una vez, en la ligera tienda de campaña o en algún caserío +vascongado, se acordó de la Tribuna y creyó verla con el rojo mantón de +Manila o con el traje blanco y azul de grumete. Las mujeres que +encontraba por aquellos países no le distrajeron, porque eran la mayor +parte toscas aldeanas curtidas del sol, y si tropezó con alguna beldad +_éuskara_, esta, en vez de sonreír al oficial amadeísta, le echó mil +maldiciones. Además, Baltasar, frío y concentrado, no era de los que +toman por asalto un corazón en un par de horas. De suerte que al volver +a Marineda, en vez de rondar la Fábrica, como antes, se resolvió, desde +el primer día, a acompañar a Amparo cuando la viese salir; y ejecutó el +propósito con su serenidad habitual. Mucho le favoreció para estos +acompañamientos el cambio de domicilio de la muchacha, que vivía cerca +del alto de la cuesta de San Hilario, en una casita que daba a la +Olmeda, desde que faltando el señor Rosendo y Chinto, el bajo de la +calle de los Castros se hizo muy caro y muy lujoso para dos mujeres +solas. Como la Olmeda puede decirse que es un rincón campestre, prestose +al naciente idilio con el género de complacencia que hace de la +naturaleza amiga perenne de todos los enamorados, hasta de los menos +poéticos y soñadores. + +Febrero vio la aurora de aquel amor en un día clásico, el de la +Candelaria, en que, según el dicho popular, celebran los pajaritos sus +bodas sobre las ramas todavía desnudas de los árboles, para que con la +llegada de la primavera coincida la fabricación del nido. Las vísperas +de la fiesta eran muy señaladas en la Fábrica: andaban esparcidos por +las estanterías, sobre los altares, ocultos en los justillos de las +mujeres, mezclados con la hoja, haces de rama de romero, y su perfume +tónico y penetrante vencía al del tabaco mojado. En el centro de los +haces se hincaban candelicas de blanca cera, y había de otras candelas +largas y amarillas, compradas por varas y que se cortaban en trozos para +hacer cuantas luces se quisiese; siendo el origen de traer estas +candelas la creencia de que los niños muertos antes del bautismo y +sepultados en las tinieblas del limbo sólo el día de la Candelaria ven +un rayo de claridad, la de la luz que encienden, pensando en ellos, sus +madres. Al día siguiente, en la iglesia, envueltas en el romero bendito, +habían de arder todas las velitas microscópicas. + +Ya se comprende que entre las cigarreras marinedinas--cuatro mil mujeres +al fin y al cabo--había muchas que querían enviar a sus hijos difuntos +aquella caricia de ultratumba, fundir el hielo de la muerte al calor de +la pobre candelilla; por otra parte, aun las que no tenían niños vivos +ni difuntos habían comprado romero gustándoles su olor, y propuestas a +llevarlo a la misa de la Candelaria, que al fin, como decía la señora +Porcona con tono sentencioso, era «un día de los más grandes, +hiiiigas... porque fue cuando la Virgen sintió el primer dolorito, por +razón de que un cura que le llamaban Simeón le anunció lo que tenía que +pasar Cristo en el mundo». La tarde de la Candelaria, Amparo, llevando +el romero bendito oculto en el pecho, despedía un aroma balsámico, que +pudiera tomarse por suyo propio; tal era la lozanía y vigor de su +organismo, cuya robustez, vencedora en la lucha con el medio ambiente, +había crecido en razón directa de los mismos peligros y combates. Si la +labor sedentaria, la viciada atmósfera, el alimento frío, pobre y +escaso, eran parte a que en la Fábrica hiciesen estragos anemia y +clorosis, el individuo que lograba triunfar de estas malas condiciones +ostentaba doble fuerza y salud. Así le acontecía a la Tribuna. + +Como era día festivo, Baltasar no la esperó a la salida de la Fábrica, +sino en la Olmeda, a corta distancia de su casita. Había llegado +Baltasar al mayor número de pulsaciones que determinaba en él la +calentura amorosa. Su pasión, ni tierna, ni delicada, ni comedida, pero +imperiosa y dominante, podía definirse gráfica y simbólicamente +llamándola apetito de fumador que a toda costa aspira a fumar el más +codiciadero cigarro que jamás se produjo, no ya en la Fábrica de +Marineda, sino en todas las de la Península. Amparo, con su garganta +tornátil gallardamente puesta sobre los redondos hombros, con los tonos +de ámbar de su satinada, morena y suave tez, parecíale a Baltasar un +puro aromático y exquisito, elaborado con singular esmero, que estaba +diciendo: «Fumadme». Era imposible que desechase esta idea al contemplar +de cerca el rostro lozano, los brillantes ojos, los mil pormenores que +acrecentaban el mérito de tan preciosa _regalía_. Y para que la +similitud fuese más completa, el olor del cigarro había impregnado toda +la ropa de la Tribuna, y exhalábase de ella un perfume fuerte, poderoso +y embriagador, semejante al que se percibe al levantar el papel de seda +que cubre a los habanos en el cajón donde se guardan. Cuando por las +tardes Baltasar lograba acercarse algún tanto a Amparo e inclinaba la +cabeza para hablarle, sentíase envuelto en la penetrante ráfaga que se +desprendía de ella, causándole en el paladar la grata titilación del +humo de un rico veguero y el delicioso mareo de las primeras chupadas. +Eran dos tentaciones que suelen andar aisladas y que se habían unido, +dos vicios que formaban alianza ofensiva, la mujer y el cigarro +íntimamente enlazados y comunicándose encanto y prestigio para +trastornar una cabeza masculina. + +El día espiraba tranquilamente en aquella alameda, que en hora y +estación semejante era casi un desierto. Sentáronse un rato Baltasar y +la Tribuna en el parapeto del camino, protegidos por el silencio que +reinaba en torno, y animados por la complicidad tácita del ocaso, del +paisaje, de la serenidad universal de las cosas, que los sepultaba en +profundo caimiento de ánimo, que relajaba sus fibras infundiéndoles +blanda pereza muy semejante a la indiferencia moral. El sol languidecía +como ellos; la naturaleza meditaba. Hasta la bahía se hallaba +aletargada; un gallardo queche blanco se mantenía inmóvil; dos paquetes +de vapor, con la negra y roja chimenea desprovista de su penacho de +humo, dormitaban, y solamente un frágil bote, una cascarita de nuez, +venía como una saeta desde la fronteriza playa de San Cosme, impulsado +por dos remeros, y el brillo del agua, a cada palada, le formaba movible +melena de chispas. Por donde no alcanzaban el último resplandor solar, +las olas estaban verdinegras y sombrías; al Poniente, dorada red de +movibles mallas parecía envolverlas. + +A medida que avanzaba la sombra, levantábase del mar una brisa fresca, +que agitaba por instantes los picos del pañuelo de Amparo y los cabellos +rubios de Baltasar, en los cuales se detenían las postreras luces del +sol, haciendo de su cabeza una testa de oro. Presto la abandonaron sin +embargo, y asimismo las montañas del horizonte empezaron a confundirse +con el agua, mientras la concha blanca del caserío marinedino se +destacaba aún, pero perdiéndose más cada vez, como si al ausentarse la +claridad se llevase consigo el rosario de edificios y el encendido +fulgor de los cristales en las galerías. Marineda, la _Nautilia_ de los +romanos, se envolvía en una clámide de tinieblas. En breve comenzaron a +distinguirse algunas luces que oscilaban sobre la masa oscura de la +población, y presto se cubrió toda ella de puntos lucientes como +estrellas de oro en un celaje sombrío. La noche, que ya mostraba el +cuerpo entero, era de esas lácteas, pero frías, en que el equinoccio de +primavera se anuncia por no sé qué vaga trasparencia del cielo y del +aire, y en modo alguno por la temperatura, que más bien parece +recrudecerse. Baltasar y la muchacha, obligados quizá por el helado +ambiente, se aproximaban el uno al otro, hablando no obstante de cosas +indiferentes y poco importantes. + +--No, Bilbao no es más bonito... ni tampoco Santander, digan lo que +quieran los santanderinos, que son muy patriotas. ¿Sabe usted lo que ha +mejorado Marineda? ¿Y lo que está llamada a mejorar todavía? Esto crece +a cada paso; vamos a tener barrios nuevos, magníficos, a la americana, +ahí donde usted ve aquella lucecita... todo por ahí, a lo largo del +baluarte. + +--¿Y Madrí? ¿Es mucho mejor que Marineda?--interrogó Amparo por decir +algo, enrollando un cabo de su pañuelo. + +--¡Ah! Madrid, ya ve usted... al fin y al cabo, es la corte.... Sólo la +calle de Alcalá.... + +Este apacible diálogo encubría en Baltasar tempestuosos pensamientos; +pero como no carecía de penetración y sabía que la muchacha era honrada, +y orgullosa, y vivía de su trabajo, comprendió que no debía tratarla +como a cualquier criatura abyecta, sino empezar mostrándole cierta +deferencia y aun respeto, género de adulación a que es más sensible +todavía la mujer del pueblo que la dama de alto copete, habituada ya a +que todos le manifiesten cortesía y miramientos. Lisonjeó mucho a la +Tribuna el ver que se habían con ella lo mismo que con las señoritas, y +auguró bien del rendido galán. Mas tan luego como la noche cauta señoreó +absolutamente el escenario, Baltasar creyó poder apoderarse a hurto de +una mano morena, hoyosa y suave al tacto como la seda. Amparo pegó un +respingo. + +--Estese usted quieto.... Y va de dos veces que se lo digo, caramba. + +--¿Por qué me trata usted así?--preguntó con pena fingida Baltasar, que +en sus adentros renegaba de la virtud plebeya ¿Qué mal hay en...? + +--¿Por qué?--repitió Amparo con sumo brío--. Porque no me conviene a mí +perderme por usted ni por nadie. ¡Sí que es uno tan bobo que no conozca +cuando quieren hacer burla de uno! Esas libertades se las toman ustedes +con las chicas de la Fábrica, que son tan buenas como cualquiera para +conservar la conducta. ¿A que no hace usted esto con la de García, ni +con las señoritas de la clase de usted? + +--¡Diantre!--pensó Baltasar--: no es boba. + +Y al punto, mudando de táctica, habló con gran rapidez, diciendo que +estaba enamorado, pero de veras; que para él no había categorías, +distinciones ni vallas sociales, encontrándose el amor de por medio; que +Amparo era tanto como la más encopetada señorita, y que su desliz no +provenía de falta de respeto, sino de sobra de cariño: todo lo cual +acompañó con mil dulces e insinuantes inflexiones de voz. Amparo +respondió estableciendo su credo y sus principios: ella no quería ser +como otras chicas conocidas suyas, que por fiarse de un pícaro allí +estaban perdidas: ella bien sabía lo que pasaba por el mundo, y cómo los +hombres pensaban que las hijas del pueblo las daba Dios para servirles +de juguete: lo que es ella, bien se había de librar de eso; bueno que se +hablase un rato, en lo cual no hay malicia; pero ciertas libertades, no; +ya podía saberlo el que se arrimase a ella. Baltasar juró y perjuró que +su amor era de la más probada y acendrada pureza, y que sólo limpios e +hidalgos propósitos cabían en él; y en el calor de la discusión, los dos +interlocutores se volvieron a hallar sentados en el parapeto, y la mano +antes esquiva se mostró más tratable, consintiendo que la prendiesen dos +manos ajenas. + +--Hoy se casan los pajaritos--murmuró Baltasar después de un breve +instante de silencio. + +--Día de la Candelaria.... Hoy se casan--repitió ella con turbada voz, +sintiendo en la palma de la mano el calor de la diestra de Baltasar, que +amorosamente la oprimía. Pero él fue discreto y no quiso abusar de la +victoria, por temor de perder las ventajas adquiridas, y también porque +empezaba a correr agudo frío en la solitaria alameda, y Amparo se +levantó quejándose del relente y del aire, que cortaba como un cuchillo. +Cruzáronse dos protestas de ternura, en voz baja, envueltas en el último +apretón de manos, delante de la casa de la pitillera. + + + + +-XXVIII- + +Consejera y amiga + + +Alguna que otra vez volvía Amparo a visitar su antigua calle, por ver a +los amigos que allí había dejado. Pocos días después del de la +Candelaria sintió deseos de realizar una expedición hacia aquella parte. +Halló todo en el mismo estado; el barbero, muy ocupado en descañonar a +un sargento, la saludó jovialmente; a la puerta de su casa divisó a la +señora Porreta tomando el fresco, o el sol, que ambas cosas faltaban +dentro del tugurio de la comadrona, la cual hacía extraña y risible +figura sentada en una silleta baja, y muy esparrancada; sus pies, +calzados con zapatillas de orillo, miraban uno a Poniente y otro a +Levante; tenía caídas las medias, por deficiencia de ligas sin duda; en +el formidable hueco del regazo descansaban sus manos, y mientras una +chiquilla encanijada, nieta suya, le peinaba las canas greñas y le hacía +dos _chichos_ tamaños como bellotas, la insigne matrona no perdía el +tiempo, y calcetaba con diligencia manejando las metálicas agujas, que +despedían vivos fulgores. Al ver a la Tribuna, se echó a reír con opaca +risa. + +--Hola, chica... salú y fraternidá. ¿Cómo está tu madre? ¿Y la +revolusión, cuándo la hasemos? ¿Cuándo me preclamas a mí reina de +España? + +Y como Amparo procurase escabullirse, la vieja subió el tono de sus +carcajadas, semejantes al chirrido de una polea, y que hacían retemblar +su vientre de ídolo chino. + +--Sí, escápate, escápate...--murmuró--. Ahora bien te escapas.... Ya +bajarás la soberbia cuando yo te haga falta... ¿oyes, Amparo? Cuando +necesitáis a la señora Pepa, venís como corderitos.... ¡Quién te verá +aquel día!, ¿eh? + +--Dios delante, señora Pepa--contestó altiva y picada Amparo--, otras la +llamarán más pronto, señora. + +--¡Sí, sí... echar por la boca! El tiempo todo lo vense--afirmó con +profético acento la comadre, cogiendo una hilera de puntos que se le +había soltado al reír. + +Siguió Amparo calle adelante, y llamó al tablero de Carmela la encajera; +pero con gran sorpresa suya, en vez de abrirse este, se entreabrió la +puerta interior que comunicaba con el portal, y se asomó Carmela +animada, encendida la tez y con un júbilo nunca visto en ella. + +--Entra, entra--dijo a la pitillera. + +Esta entró. El cuartito estaba en desorden; recogida la almohadilla de +los encajes; había un baúl abierto y ya casi colmado, y los cuadros de +lentejuela y estampas devotas, que solían adornar las paredes, faltaban +de ellas. + +--Hola... ¿parece que vamos de viaje?--preguntó Amparo. + +La respuesta de la encajera fue echarle al cuello los brazos, y +pronunciar, con voz entrecortada de alegría: + +--¿Luego tú no sabes, no sabes que Dios me dio la sorpresa? Ya tengo el +dote, chica... me voy a Portomar a ver si me reciben allá en el +convento.... + +--¡Ahora que dicen que se acaban las monjas! + +--Las de Portomar no, mujer... esas no... hay un señorón liberal, allá +en Madrí, que pidió por ellas.... + +--Pero... ¿y cómo, quién te dio el dote? + +--Verás.... Yo echaba todos los meses un décimo a la lotería... todos +los meses. Tú ya sabes que la tía me hacía trabajar los domingos por la +mañana; pero por las tardes, decía: «Anda, distráete... vete un poco a +rezar a la iglesia». Bien. Pues, señor, yo en vez de rezar, iba, ¿y qué +hacía? Trabajaba unas puntillitas estrechas, sin que la tía lo supiese, +y se las vendía a una mujer del mercado, diciéndole a Nuestra Señora: +«No es pecado esto que hago, porque es para sacar a la lotería, y si +saco es para entrar monja...». Pues etaquí que cada mes me tomaba mi +décimo, y para que saliese bien, siempre echaba con algún santo. Unas +veces llevaba de compañero a San Juan Bautista; otras, a San Antonio; +otras, a Santa Bárbara... y nada: ni tristes cinco duros. Entonces dije +yo para mí: hay que ir a la fuente limpia; estos compañeros no valen. ¿Y +qué se me ocurrió? Tomé un decimito con un número muy lindo, mil ciento +veintidós, y se lo fui a llevar al Niño Dios de las Madres Descalzas... +y le dije: mira, Jesusito, si sale premiado, la metá para ti.... Tenía +una carita tan alegre cuando se lo dije, lo mismo que si me entendiese. +Pues ¿quién te dice, mujer...? + +Pausa de gran efecto. + +--¿Quién te dice a ti... que al sorteo voy y miro la lista, y me veo un +mil ciento veintidós como un sol? Me quedé aturdida; y mucho más, porque +el premio era de los grandes: cerca de mil pesos. Sólo que, como la metá +es del Niño, a mí me queda el dote limpio y pelado.... + +--¿Y tu tía?--preguntó Amparo, como si censurase el regocijo de Carmela. + +--¿Y sabes, mujer, que yo quise depositar el dote para cuando ella +muriese y quedarme en su compañía, y no quiso? Dice que no, que bien +claro está que Dios me llama para sí... Ella tiene buscada colocación en +casa de un cura... como está así, medio ciega, sólo en un sitio de poco +trabajo puede servir. ¡Ay, Niño Jesús de mi alma! ¡Cuántas lagrimitas +tengo llorado aquí sin que nadie me viese! ¡Qué días! Es mejor hacer +pitillos que encajes, chica. ¡Fumar, siempre fuma la gente; pero los +encajes en invierno... es como vivir de coser telarañas! + +Y levantándose, cogió un tiesto que estaba en la ventana y lo entregó a +Amparo. + +--Toma, me alegro de que vinieses... cuídame mucho la malva de olor, que +por el camino tengo miedo de que se rompa el tarro. + +Amparo cogió el tiesto y respiró el perfume de la planta, hundiendo la +faz entre las aterciopeladas hojas. La encajera la miraba con sus +pupilas siempre melancólicas y serenas. + +--Amparo--dijo de pronto.... + +--¿Eh?...--respondió la Tribuna, sorprendida como si la despertasen de +golpe. + +--¿Te enfadas si te digo una cosa? + +--No, mujer... ¿y por qué me he de enfadar?--contestó fijando sus ojos +gruesos y brillantes en la futura concepcionista. + +--Pues quería decirte... que por ahí te pusieron un mote. + +--¿Un mote?, ¿y es cosa mala? + +--Mala... ¡qué sé yo! Te llaman la Tribuna. + +--¿Y quién me lo llama? + +--Los señoritos... los hombres. Dicen que fue porque el día del +convite... no te parezca mal, que a mí me lo contaron así, +inocentemente... te dio un abrazo uno de aquellos señores de la +_Samblea_... y que te dijo.... + +--¡Me llamó Tribuna del pueblo!--exclamó orgullosamente la muchacha--. +¡Ya se ve que me lo llamó! + +--¿Yeso qué es, mujer? + +--¿Lo qué? + +--¿Eso de Tribuna del pueblo? + +--Es... ya se sabe, mujer, lo que es. Como tú no lees nunca un +periódico.... + +--Ni falta que me hace... pero dímelo tú, anda. + +--Pues es... así a modo de una... de una que habla con todos, +supongamos.... + +--¿Que habla con todos?... ¿y te lo dijo en tu cara?... ¡El Dulce nombre +de María! + +--Pero no hablar por mal, tonta; si no es eso.... Es hablar de los +deberes del pueblo, de lo que ha de hacerse; es istruir a las masas +públicas.... + +--Vamos, como una maestra de escuela.... Jesús, si pensé que... ya decía +yo: ¿había de ser tan descarado que se lo encajase allí, sin más ni más? +Pero como por ahí se ríen cuando mentan eso.... + +--¡Bah!... no tienen que hacer, y velay. + +--Y... mira, ¿te digo otro cuento? + +--Tú dirás.... + +--Me contaron... no tomes pesadumbre, que son dichos... que andaba tras +de ti un señorito... de la oficialidá. + +--¿Y si anda? + +--Y si anda, haces muy mal en hacer caso de un oficial, mujer.... A las +chicas pobres no las buscan ellos para cosa buena, no y no.... Ya las +que son pobres y formales no se arriman porque ven que no sacan raja.... + +--¡Eh!, a modo... no la armemos, Carmela. A mí nadie se arrima por la +raja que saque, sino por el aquel de que le gustaré, y vamos andando, +que cada uno tiene sus gustos.... Hoy en día, más que digan los +reacionarios, la istrución iguala las clases, y no es como algún +tiempo.... No hay oficial ni señorito que valga.... + +--Mujer, yo no hablé por mal.... Te quise avisar porque siempre te tuve +ley, que eres así... una infeliz, un pedazo de pan en tus +interioridades.... Déjate de políticas, no seas tonta, y de +señoritos.... Fuera de eso, ¿a mí qué se me importa? Es por tu bien.... + +Se dispuso Amparo a marcharse, cogiendo debajo del brazo su tarro; pero +la afectuosa encajera la quiso abrazar antes. + +--No quiero que quedemos reñidas.... ¿Vas enfadada? Bien sabe Dios mi +intención.... Escríbeme a Portomar.... Ya te contaré todo, todo. + +Y se asomó a la puerta para ver alejarse a la garbosa muchacha, cuyo +vestido de percal proyectó, por espacio de algunos segundos, una mancha +clara sobre las oscuras paredes de las casas de enfrente. + + + + +-XXIX- + +Un delito + + +Desde la venida de Amadeo I tenían las cigarreras de Marineda a quien +echar la culpa de todos los males que afligían a la Fábrica. Cuando +caminaba hacia España el nuevo Rey, leíanse en los talleres, con pasión +vehementísima, todos los periódicos que decían: «No vendrá». Y el caso +es que vino, con gran asombro de las operarias, a quienes la prensa roja +había vaticinado que la monarquía era «un yerto cadáver, sentenciado por +la civilización a no abandonar su tumba». Alguna cigarrera abogó por el +hijo de Víctor Manuel, rey liberal al cabo, que daba la mano a todos y +no tenía maldita la soberbia; pero la inmensa mayoría convino en que, al +fin, un rey siempre era un rey, y en que la monarquía no era la +república federal, verdades tan palmarias que, por último, los +disidentes hubieron de reconocerlas. + +Otros motivos de irritación ayudaban a soliviantar los ánimos. +Escaseaban las consignas y la hoja tan pronto era quebradiza y seca, +como podrida y húmeda. No, trabajo habían de pasar los que fumasen +semejante veneno; pero las que lo manejaban también estaban servidas. Al +ir a estirar la hoja para hacer las capas, en vez de extenderse, se +rompía, y en fabricar un cigarro se tardaba el tiempo que antes en +concluir dos; y para mayor ignominia, había que echarle remiendos a la +capa por el revés lo mismo que a una camisa vieja, lo cual era gran +vergüenza para una cigarrera honrada y que sabe su obligación al +dedillo. Las operarias alzaban los brazos ejecutando la desesperada +pantomima popular, llevándose ambas manos a la cabeza, a la frente, al +pecho, señalando con enérgicos ademanes el tabaco averiado e inútil, de +imposible elaboración. Tan alteradas estaban, que al pasar las maestras +les metían puñados de hoja en las narices, gritando que «olía a berzas»; +y, envalentonándose, lo hicieron también con los inspectores, y si el +jefe se hubiera presentado en los talleres, apostaban que con el jefe +repetirían la escena. En vano algunas maestras intentaron calmar el +oleaje prometiendo, para el entrante mes, nuevas consignas: seguían las +turbulencias porque aquel Gobierno maldito, no contento con enviarles +hoja de desperdicio, para más, daba en la flor de no pagarles. Pasaban +días y días sin que la cobranza se abriese, y las pobres mujeres, +tímidamente al principio, después en voz alta y angustiosa, preguntaban +a las maestras: «Y luego, ¿cuándo nos darán los cuartos?». Fue en +_crescendo_ el run run y se convirtió en formidable marejada. El +instinto que impele a los amotinados a ponerse a las órdenes de alguien, +aconsejó a las operarias del taller de cigarrillos arrimarse a Amparo +buscando el calor de su tribunicia frase. Halláronse chasqueadas: Amparo +no dio fuego. Oyó a todas y convino con ellas en que, efectivamente, era +una picardía no pagarles lo suyo; y, ventilado este punto, siguió liando +pitillos, sin añadir arenga, excitación, sermón político ni cosa que lo +valiese. Admiradas se quedaron las turbas de semejante frialdad. ¡Si +pudiesen penetrar en lo íntimo del alma de Amparo, en aquellos +inexplorados rincones donde quizá ella misma no sabía con total +exactitud lo que guardaba! ¡Si hubiesen visto brotar una figurita chica, +chica y remotísima, como las que se ven con los anteojos de teatro +cogidos a la inversa, pero que iba creciendo con rapidez asombrosa, y +que en la nomenclatura interior de las ilusiones se llamaba _señora de +Sobrado_! ¡Si advirtiesen cómo esa _señora_, microscópica, aun vestida +del color del deseo, iba avanzando, avanzando, hasta colocarse en el +eminente puesto que antes ocupaba la Tribuna, que se retiraba al fondo +envuelta en su manto de un rojo más pálido cada vez! + +Atribuyose a otras causas la indiferencia de la oradora. Amparo tenía +los dedos listos y una boca no más que mantener; la crisis económica no +podía importarle tanto como a las que reunían seis hijos, tres o cuatro +hermanos, familia dilatada, sin más recursos que el trabajo de una +mujer. El tiempo corría, y en la tienda se cansaban de fiarles; se veían +perdidas, ¿cómo salir del apuro? ¡A los angelitos no era cosa de darles +a comer las piedras de la calle! Guardiana, hablando de su sordo-muda, +partía el corazón; ella primero consentía morir, que privar a la niña de +su cascarillita con azúcar y de su pan fresco de trigo; si era preciso, +pediría una limosna: no sería la primera vez; y al oír esto todas sus +amigas la atajaron: ¡pedir limosna!, ¡qué humillación para la Fábrica! +No; se ayudarían mutuamente, como siempre; las que estaban mejor se +rascarían el bolsillo para atender a las más necesitadas; y en efecto, +así se hizo, verificándose numerosas cuestaciones, siempre con fruto +abundante. + +Cierto día se difundió por la Fábrica siniestro rumor: Rita de la +Riberilla, una operaria, había sido cogida con tabaco. ¡Con tabaco! +¡Jesús, si parecía una santa aquella mujer chiquita, flaca, con los ojos +ribeteados de llorar, que solía atarse a la cara un pañuelo negro a +causa, quizá, del dolor de muelas! Pero algunas cigarreras, mejor +informadas, se echaron a reír: ¿dolor de muelas?, ¡ya baja! Era que su +marido la solfeaba todas las noches, y ella, por tapar los tolondrones y +cardenales, se empañicaba así; también una vez se presentó arrastrando +la pierna derecha y diciendo que tenía reúma, y la reúma era un lapo +atroz sacudido por él. Cuando llevaron a la culpable al despacho del +jefe, lo primero que hizo fue llorar sin responder; y al cabo, hostigada +ya, asaeteada a preguntas, se resolvía a confesar que «el marido» la +abría a golpes si no le llevaba todos los días tres cigarros de a +cuarto.... La Comadreja, con su carilla acutangular, cómicamente +fruncida, remedaba a la perfección los entrecortados sollozos, el hipo y +las súplicas de la delincuente. + +--Tres cig...aaaarros, señor menistrad...ooooor, tres cig...aaaarros +sólo, que aun yo de aquí viva no saaaal...ga si otra triste hilacha de +taaaaab...aco apañé... que yo no lo hiiiice por cudicia, tan cierto como +que Dios bendito está en los diiiivinos sielos, sino que el marido me da +con el formón, que, perdonando la cara de usté, en una pierna me cortó +la carne, que puedo enseñar la llaga, que aún no curó... Y él sólo +quería el tabaco para fuuumar, que no era para vender ni hacer +negocio.... Y ahora yo pierdo el pan, y mis hijos también.... Porque +escuche, y perdone: él me decía: «Ya que no traes cuartos hace un mes a +la casa, tan siquiera trae cigarros...». + +El taller entero, a vueltas de la risa que le causaba la graciosa mímica +de Ana, rompió en exclamaciones de lástima: robar no estaba bien hecho, +claro que no; pero también hay que ponerse en la situación de cada uno; +¿cómo se había de gobernar la infeliz, si su marido la partía y hacía +picadillo con ella? ¡Ay! ¡Dios nos libre de un mal hombre, de un +vicioso! En fin, no era razón dejar morir de hambre a los chiquillos de +la Rita; la Fábrica daba limosna a bastantes pobres de fuera: con más +motivo a los de dentro; y la maestra recorrió el taller con el delantal +hecho bolsa, y llovieron en él cuartos, _perros_ y monedas de diferentes +calibres en gran abundancia. Al llegar frente a Amparo esta tuvo un +rasgo que fue aplaudidísimo y le conquistó otra vez gran popularidad. +Hacía ya una semana que la pitillera vivía del crédito, porque sus +gastos de vestir la traían siempre atrasada; y cuando la cuestora se +acercó a pedirle, no tenía la futura señora de Sobrado ni un ochavo +roñoso en el bolsillo. Pero, cosa de un mes antes, había realizado uno +de sus caprichos, comprando con las economías, en otro tiempo destinadas +a salvar a la Asamblea, un par de pendientes largos de oro bajo, que +eran su orgullo: quitóselos sin vacilar, y los echó en el delantal de la +maestra. Alzose un clamoreo, una aprobación ruidosa y vehemente, gritos +agudos, voces humedecidas por el llanto, bendiciones casi inarticuladas; +y al punto, dos o tres objetos más de escaso valor, una sortija de +plata, un dedal de lo mismo, vinieron despedidos desde las mesas +próximas, cayeron en el delantal y se mezclaron con la calderilla. + +Aquella tarde, al salir de los talleres, vieron las operarias, colgado +cerca del quicio de la puerta, el cartel de rigor: «Habiendo sido cogida +con tabaco en el acto del registro la operaria del taller de cigarros +comunes, Rita Méndez, del partido núm. 3, rancho 11, queda expulsada +para siempre de la Fábrica.--_El Administrador Jefe_, FULANO DE TAL». + +Colocadas a ambos lados de la escalera, las cuadrilleras vigilaban para +que el despejo se hiciese con orden; y sentadas ya en sus sillas, +esperaban las maestras, más serias que de costumbre, a fin de proceder +al registro. Acercábanse las operarias como abochornadas, y alzaban de +prisa sus ropas, empeñándose en que se viese que no había gatuperio ni +contrabando.... Y las manos de las maestras palpaban y recorrían con +inusitada severidad la cintura, el sobaco, el seno, y sus dedos rígidos, +endurecidos por la sospecha, penetraban en las faltriqueras, separaban +los pliegues de las sayas.... Mientras los bandos de mujeres iban +saliendo con la cabeza caída--humilladas todas por el ajeno delito--, el +reloj antiguo de pesas, de tosca madera, pintado de color de ocre con +churriguerescos adornos dorados, que dominaba el zaguán grave y austero +como un juez, dio las seis. + + + + +-XXX- + +Dónde vivía la protagonista + + +El barrio de Amparo era de gente pobre; abundaban en él cigarreras, +pescadores y _pescantinas_. Las diligencias y los carruajes, al cruzarlo +por la parte de la Olmeda, lo llenaban de polvo y ruido un instante; +pero presto volvía a su mortecina paz de aldea. Sobre el parapeto del +camino real que cae al mar estaban siempre de codos algunos marineros, +con gruesos zuecos de palo, faja de lana roja, gorro catalán; sus +rostros curtidos, su sotabarba poblada y recia, su mirar franco, decían +a las claras la libertad y rudeza de la existencia marítima; a pocos +pasos de este grupo, que rara vez faltaba de allí, se instalaba, en la +confluencia de la alameda y la cuesta, el mercadillo: cestas de +marchitas verduras, pescados, mariscos; pero nunca aves ni frutas de +mérito. + +Lo más característico del barrio eran los chiquillos. De cada casucha +baja y roma, al lucir el sol en el horizonte, salía una tribu, una +pollada, un hormiguero de ángeles, entre uno y doce años, que daba +gloria. De ellos los había patizambos, que corrían como asustados +palmípedos; de ellos, derechitos de piernas y ágiles como micos o +ardillas; de ellos, bonitos como querubines, y de ellos, horribles y +encogidos como los fetos que se conservan en aguardiente. Unos daban +indicios de no sonarse los mocos en toda su vida, y otros se oreaban sin +reparo, teniendo frescas aún las pústulas de la viruela o las ronchas +del sarampión; a algunos, al través de la capa de suciedad y polvo que +les afeaba el semblante, se les traslucía el carmín de la manzana y el +brillo de la salud; otros ostentaban desgreñadas cabelleras, que si +ahora eran zaleas o ruedos, hubieran sido suaves bucles cuando los +peinaran las cariñosas manos de una madre. No era menos curiosa la +indumentaria de esta pillería que sus figuras. Veíanse allí gabanes +aprovechados de un hermano mayor, y tan desmesuradamente largos, que el +talle besaba las corvas y los faldones barrían el piso, si ya un +tijeretazo oportuno no los había suprimido; en cambio, no faltaba +pantalón tan corto, que, no logrando encubrir la rodilla, arregazaba +impúdicamente descubriendo medio muslo. Zapatos, pocos, y esos muy +estropeados y risueños, abiertos de boca y endeblillos de suela; ropa +blanca, reducida a un jirón, porque, ¿quién les pone cosa sana para que +luego se revuelquen en la carretera, y se den de mojicones todo el santo +día, y se cojan a la zaga de todos los carruajes, gritando: «¡Tralla, +tralla!»? + +De lo que ninguno carecía era de cobertera para el cráneo: cuál lucía +hirsuta gorra de pelo, que le daba semejanza con un oso; cuál un +agujereado fieltro sin forma ni color; cuál un canasto de paja tejido en +el presidio, y cuál un enorme pañuelo de algodón, atado con tal arte, +que las puntas simulaban orejas de liebre. ¡Oh, y qué cariño profesaban +los benditos pilluelos a aquella parte de su vestido! Antes se dejarían +cortar el dedo meñique, que arrancar la gorra o el sombrero; nada les +importaba volver a casa de noche sin una pierna del calzón o sin un +brazo de la chaqueta; pero tornar con la cabeza descubierta sería para +ellos el más grave disgusto. + +Vivía el barrio entero en la calle, por poco que el tiempo estuviese +apacible y la temperatura benigna. Ventanas y puertas se abrían de par +en par, como diciendo que donde no hay, no importa que entren ladrones; +y en el marco de los agujeros por donde respiraban trabajosamente los +ahogados edificios, se asomaba ya una mujer peinándose las guedejas, y +de la cual sólo distinguía el transeúnte la rápida aparición del brazo +blanco y la oscura aureola del cabello suelto; ya otra, remendando una +saya vieja; ya lactando a un niño, cuyas carnes rollizas doraba el sol; +ya mondando patatas y echándolas, una a una, en grosera cazuela.... Esta +vecina atravesaba con la _sella_ de relucientes aros camino de la +fuente; aquella se acomodaba a sacudir un refajo o a desocupar, mirando +hacia todos lados con recelo, una jofaina; la de más acá salía con +ímpetu a administrar una mano de azotes al chico que se tendía en el +polvo; la de más allá volvía con una pescada, cogida por las agallas, +que se balanceaba y le flagelaba el vestido. Todas las excrecencias de +la vida, los prosaicos menesteres que en los barrios opulentos se +cumplen a sombra de tejado, salían allí a luz y a vista del público. +Pañales pobres se secaban en las cancillas de las puertas; la cuna del +recién nacido, colocada en el umbral, se exhibía tan sin reparo como las +enaguas de la madre.... Y no obstante, el barrio no era triste; lejos de +eso, los árboles vecinos, el campo y mar colindantes, lo hacían por todo +extremo saludable; el paso de los coches lo alborotaba; los chiquillos, +piando como gorriones, le prestaban por momentos singular animación; +apenas había casa sin jaula de codorniz o jilguero, sin alelíes o +albahaca en el antepecho de las ventanas; y no bien lucía el sol, las +barricas de sardinas arenques, arrimadas a la pared y descubiertas, +brillaban como gigantesca rueda de plata. + +Tampoco faltaban allí comercios que, acatando la ley que obliga a los +organismos a adaptarse al medio ambiente, se acomodaban a la pobreza de +la barriada. Tiendecillas angostas, donde se vendían zarazas catalanas y +pañuelos; abacerías de sucio escaparate, tras de cuyos vidrios un galán +y una dama de pastaflora se miraban tristemente viéndose tan mosqueados +y tan añejos, y las cajas _tremendas_ de fósforos se mezclaban con +garbanzos, fideos amarillos, aleluyas y naipes; figones que brindaban al +apetito sardinas fritas y callos; almacenes en que se feriaban cucharas +de palo, cestería, cribas y zuecos: tal era la industria de la cuesta de +San Hilario. Allí se tuvo por notable caso el que un objeto adquirido se +pagase de presente, y el crédito, palanca del moderno comercio, +funcionaba con extraordinaria actividad. Todo se compraba al fiado: +cigarrera había que tardaba un año en poder abonar los chismes del +oficio. Reinaba en el barrio cierta confianza, una especie de comadrazgo +perpetuo, un comunismo amigable: de casa a casa se pedían prestados, no +solamente enseres y utensilios, sino «una sed» de agua, «una nuez» de +manteca, «un chisquito» de aceite, «una lágrima» de leche, «un nadita» +de petróleo. Avisábanse mutuamente las madres cuando un niño se +escapaba, se descalabraba o hacía cualquier diablura análoga; y como el +derecho de azotar era recíproco, las infelices criaturas venían a estar +en potencia propincua de ser vapuleadas por el barrio entero. + +Pronto se acostumbró la madre de Amparo a su nueva vecindad: tenía la +cama próxima a la ventana, y nadie pasaba por allí sin detenerse a +conversar un rato.... Las pescaderas le referían sus lances, y la +tullida compraba desde su lecho sardinas, pedía agua, oía chismes sin +número, forjándose en cierto modo la ilusión de que tomaba el aire +libre.... Por lo que hace a Amparo, fue presto la reina del barrio: +reíanse los marineros, abierta la boca de oreja a oreja, dilatando sus +anchos semblantes de tritones, cuando la veían pasar; los carabineros +del Resguardo le echaban flores.... Casi todos manifestaron sentimiento +al saber que «andaba» con un oficial, un señorito de allá del barrio de +Abajo. + + + + +-XXXI- + +Palabra de casamiento + + +Desde que tuvo secretos que confiar, por natural instinto Amparo se +arrimó a la Comadreja más que a Guardiana. Esta andaba no sé cómo, medio +enferma, con la paletilla caída, según decía; y por más que se la +levantó una saludadora con los rezos y ensalmos de costumbre, la +paletilla seguía en sus trece, y la muchacha tristona, pensando en cómo +quedarían sus pequeños si se muriese ella. Hallaba Amparo en el +semblante de Guardiana no sé qué limpidez, qué tranquilidad honesta, que +le helaban en los labios el cuento de amores cuando iba a empezarlo; al +paso que Ana, con su nervioso buen humor, su cara puntiaguda rebosando +curiosidad, convidaba a hablar. Amparo la tomó por confidente, y hasta +por compañera. Ana, viuda a la sazón de su capitán mercante, que andaba +allá por Ribadeo, se prestó gustosa a ser, en cierto modo, la dueña +guardadora de la Tribuna. Por su parte Baltasar se apoderó de Borrén. +Estaban aún los dos enamorados en el período comunicativo. + +--¿Te dio palabra de casarse contigo?--preguntaba Ana a su amiga. + +--No cuadró que yo se la pidiese.... Una vez, con disimulo, le indiqué +algo.... ¡Si no fuese por la familia! ¡La madre, sobre todo, que es así! + +Y Amparo cerraba el puño. + +--¡Bah! Ve tomando paciencia once añitos, como yo.... ¡Y si después lo +consigues!... + +--No, pues si no quiere casarse... me parece que le doy despachaderas. + +Ana notó en estas bravatas que se tambaleaba el alcázar de la firmeza +tribunicia. Desde entonces su curiosidad perversa la espoleó, y en +cierto modo le halagó la idea de que todas, por muy soberbias que +fuesen, paraban en caer como ella había caído. Organizose una especie de +sociedad compuesta de cuatro personas, Amparo, Ana, Borrén y Baltasar; +cada vez que celebraba sesión este círculo, ya se sabía que la Comadreja +«cargaba» con el ronco y galanteador Borrén. Entreteníale con pesadas +bromas, con todo género de indirectas y burletas, subrayadas por la risa +de sus labios flacos, por el fruncimiento de su hocico de roedor. Ana +sabía, como acostumbraba saberlo todo, la historia de Borrén, o por +mejor decir, su carencia de historia; y este carácter inofensivo del +incansable faldero daba asunto a la Comadreja para crucificarlo a puras +chanzas, para clavarle mil alfileres, para abrasarlo. La travesura de +pilluelo vicioso que distinguía a Ana le sirvió para olfatear la +horrible timidez, el pánico extraño que afligía a aquel hombre tan +pródigo de requiebros, tan aficionado al aroma del amor, y tan incapaz, +por carácter, de gustarlo, como los soñadores que contemplan la luna de +descolgarla del firmamento. ¡Pobre Borrén! Desde el sarcasmo hasta la +mal rebozada injuria, todo lo devoró con resignación que podría llamarse +angelical, si virtudes de este linaje negativo no fuesen más dignas del +limbo que del cielo. + +Vestía la primavera de verdor y hermosura cuanto tocaba, y convidados +por la amable estación, los cuatro socios acostumbraban aprovechar las +tardes de los días festivos, solazándose en los huertos que abundan en +la vega marinedina, dominada por el camino real. Pese a su temperamento +calculador y enemigo del escándalo, Baltasar cedía a la vehemente +codicia del aromático veguero, hasta el punto de acompañar en público a +la muchacha, si bien concretándose a aquel rincón apartado de la ciudad. +Hacíalo, sin embargo, con tales restricciones, que Amparo se figuraba +que lo comprometía dejándose ver a su lado. + +En la vega se cultivaban legumbres y algún maíz; pero la prosa de este +género de plantíos la encubría la estación primaveral, adornándolos con +una apretada red de floración: la col lucía un velo de oro pálido; la +patata estaba salpicada de blancas estrellas; el cebollino parecía +llovido de granizo copioso; las flores de coral del haba relucían como +bocas incitantes, y en los linderos temblaban las sangrientas amapolas, +y abría sus delicadas flores color lila el erizado cardo. Los sembrados +de maíz, cuyos cotiledones comenzaban a salir de la tierra, hacían de +trecho en trecho cuadrados de raso verdegay. Sobre todo, un rincón había +en la vega, donde la naturaleza, empeñada en vencer con su espontaneidad +los artificios de la horticultura, logró reunir alrededor de un rústico +pozo que suministraba muy fresca agua, dos o tres olmos más anchos que +copudos, un grupo gracioso de mimbres, helechos y escolopendras, un +rosal silvestre, algo, en fin, que rompía la uniformidad de la +hortaliza. Aquel paraje era el favorito de Amparo y Baltasar; sobre todo +desde que al lado, en los fresales, cuajados de flor blanca, empezaba a +madurar la roja fruta. El día de San José, Baltasar consiguió ya recoger +para la muchacha media docena de fresas en una hoja de col. Hasta +mediados de abril aumentó la cosecha de fresilla; a principios de mayo +comenzaba a disminuir, y escasearon los fresones de pulpa azucarosa, que +tan suavemente humedecían la lengua. Un domingo del hermoso mes, +hallándose reunida la _partie carrée_ en la huerta a pretexto de fresas, +ya a duras penas se rastreaba alguna escondida entre las hojas y +gulusmeada de babosas y caracoles. + +--Don Enrique--exclamaba Ana dirigiéndose a Borrén--, ¿cuántas ha cogido +usted ya? ¿Una y media? A ese paso, dentro de quince días las +probaremos. No sirve usted... ni para coger fresas. + +--¿Cómo que no? Mire usted una preciosa que pillé ahora mismo.... Le +digo a usted, Anita, que sirvo para el caso. + +--¿A ver? ¡Eso es lo que usted encuentra! Comida de bicharracos.... +¡Uuuuy! + +--¿Qué pasa?--exclamó solícito Borrén. + +--¡Un babosón!--chilló ratonilmente Ana, sacudiendo los dedos y +disparando el glutinoso animalucho al rostro de Borrén, que se pasó +apaciblemente el pañuelo por las mejillas, amenazando a la Comadreja con +la mano. + +Amparo y Baltasar se hallaban un poco más apartados, y cerca del pozo +que sombreaban los árboles. Picaban por turno las pocas fresas que tenía +Amparo en el regazo sobre una hoja de berza. Las habían recogido juntos, +y al hacerlo sus manos trémulas y ávidas se encontraron entre el +follaje. + +--¡Eh... dejar algunas!--les gritaba inútilmente Ana. + +Amparo comía sin saber qué, por refrescarse la boca, donde notaba +sequedad y amargor. Borrén miraba el grupo paternalmente, con ojos +lánguidos de carnero a medio morir. La Tribuna pedía cuentas; Baltasar +estaba por todo extremo obediente y cortés. + +--¿Conque no fue usted a las _Flores de María_? + +--No, mujer... por quien soy que no fui. ¿No ves?, hoy es domingo; +estarán llenas de gentes las Flores, y el paseo brillante, con música y +todo; y yo no pienso poner los pies en él. + +--Los días de fiesta... ¡vaya que! Sólo faltaba... es el único día que +uno tiene libre; ¡y se había usted de ir al paseo! ¿Pero ayer? ¿No entró +usted ayer en San Efrén? ¿No cantaba la de García? + +--¡Para lo bien que canta, hija! Parece un grillo. + +--Pues ella dice que se alaba de que va allí toda la oficialidad por +oírla. + +--Alabará... ¿qué sé yo? Si no la veo hace mil años.... Esa fresa es mía +--exclamó arrebatando una que Amparo llevaba a sus labios. Ella se la +dejó robar, confusa, ruborizada y satisfecha. + +--¿Y a su casa... tampoco va usted? + +--Tampoco... no seas celosa, chica. ¿Por qué hemos de hablar siempre de +la de García, y no de ti? ¡De nosotros!--añadió con expresión de +contenida vehemencia. Sintió la muchacha como una ola de fuego que la +envolvía desde la planta de los pies hasta la raíz del cabello, y +después un leve frío que le agolpó la sangre al corazón. Borrén se +aproximó a la amante pareja, abriendo las manos llenas de tierra y de +fresas despachurradas. + +--Ya me duelen los riñones de andar a gatas--dijo--. Podíamos +merendar... si a ustedes no les molesta, pollos. + +--Por mí...--murmuró Amparo. Ana se acercaba también, trayendo una +servilleta anudada, que desató y tendió sobre el brocal del pozo. +Reducíase la merienda a unos pastelillos de dulce y una botella de +moscatel, regalo de Baltasar. Fueles preciso beber por un mismo vaso, +único que había, y Ana, que era asquillosa y aprensiva, prefirió echar +tragos por la botella, sin recelo de cortarse con los agudos cristales +del roto gollete. Sus carrillos chupados se colorearon, su lengua se +desató más que de costumbre; y por vía de diversión empezó a coger +tierra a puñados y a esparcirla por la cabeza de Borrén. Después, +levantándose, le propuso que «hiciesen el remolino». Borrén no quería, +ni a tres tirones; pero la Comadreja le asió de las manos, estribó en +las puntas de los pies, muy juntas y arrimadas a las de su pareja, y +echando el cuerpo atrás y dejando caer la cabeza hacia la espalda, +empezó a girar, con gran lentitud al principio; poco a poco fue +acelerando el volteo, hasta imprimirle vertiginosa rapidez. Cuando +pasaba se veían un punto sus pómulos encendidos, sus ojos vagos y +extraviados, su boca pálida, abierta para respirar mejor, su garganta +espasmodizada, rígida; mas no tardaba ni medio segundo en presentarse la +asustada faz de Borrén, que se dejaba arrastrar sin que acertase a decir +más palabra que «por Dios... por Dios...» con no fingida congoja. De +repente se detuvo la peonza humana, con brusco movimiento, y se oyó un +grito gutural. Ana se aplanó en el suelo. + +Al ir a socorrerla, notó Amparo que ya no estaba sonrosada, sino del +color de la cera, y que se le veía el blanco de los ojos. Baltasar subió +precipitadamente el cubo del pozo, y casi colmado se lo volcó encima a +la mareada Comadreja. Frotáronle mucho los pulsos, las sienes, con el +fresco líquido, y al fin la pupila fue bajando al globo de la córnea, +mientras el pelo se dilataba con ruidoso suspiro. Dos minutos después +estaba Ana en pie; pero quejándose de la cabeza, del corazón, declarando +que tenía los huesos rotos, que se moría de frío; todo en voz tan baja y +quejumbrosa, que nadie la tendría por la petulante moza de antes del +desmayo. + +--Mujer, vente a mi casa, te daré ropa seca--dijo Amparo.--No, a la mía, +a la mía.... El cuerpo me pide cama. + +--Duermes conmigo. + +--No, a mi casita--insistió la abatida Comadreja--. Si va conmigo una +fiebre, quiero estar en mi cuarto. Ea, adiós. + +--Toma mi mantón siquiera--porfió la Tribuna. + +--Bueno, venga.... ¡Brr!, estoy hecha una sopa. + +Y Ana, saludando con su esqueletada mano, ademán que indicaba un resto +de intención festiva que aún retoñaba en ella, tomó el sendero que +conducía al camino real. Entonces Baltasar miró a Borrén fijamente con +ojos expresivos, más claros y categóricos que palabra alguna. Hay que +decir en abono del confidente universal, que titubeó. Sin alardear de +moralista, bien puede un hombre blanco que viste uniforme y peina +barbas, encontrar que ciertos papeles son desairados y tontos. Una cosa +es hablar, acompañar, animar, y otra.... Por lo menos así pensaba +Borrén, que más tenía de sandio rematado que de perverso. Y no obstante +su flaqueza, no supo resistir a la segunda ojeada, coercitiva al par que +suplicante, de su amigo. Bebió la hiel hasta las heces, y echó tras la +Comadreja pisando aturdidamente coles y maíz tierno. + +--Espere usted, Anita, que la acompaño--murmuraba--. Espere usted... +puede ocurrírsele a usted algo. + +Encogiose de hombros Ana, y acortó el paso para dejar que se uniese +Borrén. Emparejaron y caminaron en silencio por la carretera; Ana con +los labios apretados y algo escalofriada y temblorosa, a pesar de ir muy +arropada en el mantón. Al llegar a la entrada de la ciudad, la cigarrera +se volvió y midió a Borrén con despreciativa ojeada de pies a cabeza. + +--¿Se le ocurre a usted alguna cosa?--preguntó él medio desvanecido aún, +con ronquera que rayaba en afonía. + +--Nada--respondió ella bruscamente. Y después, fijando en los de Borrén +sus ojuelos verdes--: Don Enrique--añadió--, ¿sabe usted lo que venía +pensando? + +--Diga usted.... + +--Que es usted una alhaja. + +--¿Por qué me dice usted eso, bella Anita?--pronunció ya afablemente +Borrén, que al verse entre gentes y en calles transitadas había +recobrado su aplomo. + +--Porque... que uno se marche cuando enferma.... ¡Pero usted! ¡Pero qué +hombres!--articuló con ira--. ¡Si aunque se acabase la casta... no se +perdía tanto así! Vaya, abur... que estoy medio trastornada y me da poco +gusto ver gente. + +--Iré con usted por si.... + +--¿Usted?--murmuró ella entre irónica y desdeñosa--. ¿Para qué? Abur, +abur; ¡que si lo ven con una muchacha de mi clase! Abur. + +Y la Comadreja se escurrió por una callejuela, dejando a Borrén sin +saber lo que le pasaba. + +Cuando Baltasar y la oradora se quedaron solos, la tarde caía, no +apacible y glacial como aquella de febrero, sino cálida, perezosa en +despedirse del sol; nubes grises, pesados cirros se amontonaban en el +cielo; el mar, picado y verdoso, mugía a lo lejos, y una franja de +topacio orlaba el horizonte por la parte del Poniente. Amparo tuvo un +instante de temor. + +--Me voy a mi casa--dijo levantándose. + +--¡Amparo... ahora no!--pronunció con suplicantes inflexiones en la voz +Baltasar--. No te marches, que estamos en el paraíso. + +La Tribuna, paralizada, miró en derredor. Mezquino era el paraíso en +verdad. Un cuadro de coles, otro de cebollas, el fresal polvoroso, +hollado por los pies de todo el mundo; los olmos bajos y achaparrados, +los acirates llenos de blanquecinas ortigas, el pozo triste con su +rechinante polea; mas estaban allí la juventud y el amor para hermosear +tan pobre edén. Sonrió la muchacha posando blandamente en Baltasar sus +abultados ojos negros. + +--¿Por qué quieres escaparte, vamos?--interrogó él con dulce +autoridad--. Si te escapas siempre de mí; si parece que te doy miedo, no +tiene nada de particular que yo me vaya también al paseo, o a donde se +me ocurra. Ya lo sabes.--Y acercándose más a ella, abrasándole el rostro +con su anhelosa respiración--: ¿Me voy al paseo?--preguntó. + +Amparo hizo un movimiento de cabeza que bien podía traducirse así:--No +se vaya usted de ningún modo. + +--Me tratas tan mal.... + +--¿Usted qué quiere que haga? + +--Que te portes mejor.... + +--Pues hablemos claros--exclamó ella sacudiendo su marasmo y apoyándose +en el brocal del pozo. + +La roja luz del ocaso la envolvió entonces; su rostro se encendió como +un ascua, y por segunda vez le pareció a Baltasar hecha de fuego. + +--Di, hermosa.... + +--Usted... quiere comprometerme... quiere conducirse como se conducen +los demás con las muchachas de mi esfera. + +--No por cierto, hija; ¿de dónde lo infieres? No pienses tan mal de mí. + +--Mire usted que yo bien sé lo que pasa por el mundo... mucho de hablar, +y de hablar, pero después.... + +Baltasar cogió una mano que trascendía a fresas. + +--Mi honor, don Baltasar, es como el de cualquiera, ¿sabe usted? Soy una +hija del pueblo; pero tengo mi altivez... por lo mismo.... Conque... ya +puede usted comprenderme. La sociedá se opone a que usted me dé la mano +de esposo. + +--¿Y por qué?--preguntó con soberano desparpajo el oficial. + +--¿Y por qué?--repitió la vanidad en el fondo del alma de la Tribuna. + +--No sería yo el primero, ni el segundo, que se casase con.... Hoy no +hay clases.... + +--¿Y su familia... su familia... piensa usted que no se desdeñarían de +una hija del pueblo? + +--¡Bah!... ¿qué nos importa eso? Mi familia es una cosa, yo soy otra +--repuso Baltasar impaciente. + +--¿Me promete usted casarse conmigo?--murmuró la inocentona de la +oradora política. + +--¡Sí, vida mía!--exclamó él sin fijarse casi en lo que le preguntaban, +pues estaba resuelto a decir amén a todo. + +Pero Amparo retrocedió. + +--¡No, no!--balbució trémula y espantada--. No basta hablar así... ¿me +lo jura usted? + +Baltasar era joven aún y no tenía temple de seductor de oficio. Vaciló; +pero fue obra de un instante: carraspeó para afianzar la voz y exhaló +un: + +--Lo juro. + +Hubo un momento de silencio en que sólo se escuchó el delgado silbo del +aire cruzando las copas de los olmos del camino y el lejano quejido del +mar. + +--¿Por el alma de su madre?, ¿por su condenación eterna? Baltasar, con +ahogada voz, articuló el perjurio. + +--¿Delante de la cara de Dios?--prosiguió Amparo ansiosa. + +De nuevo vaciló Baltasar un minuto. No era creyente macizo y fervoroso +como Amparo, pero tampoco ateo persuadido; y sacudió sus labios ligero +temblor al proferir la horrible blasfemia. Una cabeza pesada, cubierta +de pelo copioso y rizo, descansaba ya sobre su pecho, y el balsámico +olor de tabaco que impregnaba a la Tribuna le envolvía. Disipáronse sus +escrúpulos y reiteró los juramentos y las promesas más solemnes. + +Iba acabando de cerrar la noche, y un cuarto de amorosa luna hendía como +un alfanje de plata los acumulados nubarrones. Por el camino real, mudo +y sombrío, no pasaba nadie. + + + + +-XXXII- + +La Tribuna se forja ilusiones + + +En los primeros tiempos, Baltasar, embriagado por el aroma del cigarro, +se mostró asiduo, olvidó su habitual reserva y obró como si no temiese +la opinión del mundo ni de su familia. Es cierto que en el barrio +apartado donde Amparo moraba no era fácil que le viesen las gentes de su +trato; no obstante, alguna vez tropezó con conocidos, en ocasión de ir +acompañando a la muchacha. Fuese por esta razón o por otras, no tardó en +buscar lugares más recónditos para las entrevistas, a donde cada cual +iba por su lado, no reuniéndose hasta estar al abrigo de ojos +indiscretos. Uno de estos sitios era una especie de merendero unido a +una fábrica de gaseosa, bebida muy favorita de las cigarreras. Ante la +mesa de tosca piedra, roída por la intemperie, se sentaban Baltasar y +Amparo, y allí les traían las botellas de cerveza, de gaseosa, cuyo +alegre taponazo animaba de tiempo en tiempo el diálogo. Una parra tupida +les prestaba sombra; algunas gallinas picoteaban los cuadros de un +mezquino jardín; el lugar era silencioso, parecido a un gabinete muy +soleado, pero oculto. Por entre las hojas de vid se filtraban los rayos +del sol, y caían a veces, en movibles gotas de luz, sobre el rostro de +Amparo, mientras Baltasar la contemplaba, admirando involuntariamente +ciertas gracias y perfecciones de su rostro hechas para ser vistas de +cerca, como la delicada red de venas que oscurecía sus párpados, las +sinuosidades de su diminuta oreja, la nitidez del moreno cutis, donde la +luz se perdía en medias tintas de miel; la caliente riqueza del color +juvenil, la blancura de los dientes, la abundancia del cabello. Duró +este inventario minucioso algún tiempo, al cabo del cual, Baltasar, +habiendo aprendido de memoria estas y otras particularidades, y hablado +con la Tribuna de todo lo que se podía hablar con ella, empezó a +encontrar más largas las horas. Restringió las visitas al merendero, +limitándolas a los días festivos; y mientras Amparo le elaboraba _a +mano_ los cigarrillos que acostumbraba a consumir, él leía, arrancando +al pitillo recién acabado nubes de humo. No sabiendo qué hacer, quiso +enseñar a Amparo cómo se fumaba, a lo cual ella se prestó con +repugnancia, alegando que las cigarreras no fuman, que casualmente están +«hartas de ver tabaco», y que este sólo era bueno para ponerse parches +en las sienes cuando duele la cabeza. Discurriendo medios de +entretenerse, Baltasar trajo a Amparo alguna novela para que se la +leyese en voz alta; pero era tan fácil en llorar la pitillera así que +los héroes se morían de amor o de otra enfermedad por el estilo, que +convencido el mancebo de que se ponía tonta, suprimió los libros. En +suma, Baltasar y Amparo se hallaron como dos cuerpos unidos un instante +por la afinidad amorosa, separados después por repulsiones invencibles, +y que tendían incesantemente a irse cada cual por su lado. + +Para colmo de aburrimiento, reparó Baltasar que, al paso que él aspiraba +a ocultar diestramente su aventura, Amparo, que ya tenía puesta toda su +esperanza en las falaces palabras y en el compromiso creado por el +mancebo, se desvivía porque los viesen juntos, porque la publicidad +remachase el clavo con que imaginaba haberle fijado para siempre. Quería +ostentarlo, como Ana ostentaba su capitán mercante; quería que la +familia de Sobrado supiese lo que sucedía y rabiase, y que la de García, +la orgullosa damisela, se enterase también de que Baltasar la dejaba por +la Tribuna; así como suena. Quemadas ya las naves, a Amparo le convenía +hacer ruido, tanto como a Baltasar guardar silencio. De esta diversa +disposición de ánimo nacieron las primeras disputas, leves y cortas aún, +de los dos amantes, reyertas que al principio sirvieron de diversión a +Baltasar, porque, a veces, hasta la contrariedad distrae. Al menos, +mientras duraban, no venía el importuno bostezo a descoyuntar las +mandíbulas. Peor sería hablar de política, conversación que Baltasar +había prohibido y a la cual la Tribuna se manifestaba más aficionada de +algún tiempo a esta parte. + +No era del todo sistemática la conducta de Amparo al buscar publicidad +en sus amoríos; su carácter la impulsaba a ello. Superficial y +vehemente, gustábanle las apariencias y exterioridades; la lisonjeaba +andar en lenguas y ser envidiada, nunca compadecida. El día que dio sus +pendientes de oro para la Rita, no le quedaba en casa un ochavo, y por +pueril orgullo dijo a todas que tenía dinero, amenguando así el valor de +su noble rasgo. Ahora, durante sus relaciones con Baltasar, trabajaba +más que nunca y se vestía lo mejor posible, para hacer creer que el +señorito de Sobrado era con ella dadivoso. Se regocijaba interiormente +de que la sostuviesen sus ágiles dedos, mientras el barrio le envidiaba +larguezas que no recibía: es más, que rechazaría con desdén si se las +ofrecieran. Su vanidad era doble: quería que el público tuviese a +Baltasar por liberal, y que Baltasar no la tuviese a ella por +mercenaria. Y Baltasar, si pagaba la gaseosa, los pastelillos, alguna +vez las entradas del teatro, en lo demás se mostraba digno heredero y +sucesor de doña Dolores Andeza de Sobrado. Nunca pensó o nunca quiso +pensar (que hasta a esto del pensar sobre una cosa suele determinarse la +voluntad libremente) en lo que comería aquella buena moza, si sería +caldo o borona, si bebería agua clara, y cómo se las compondría para +presentársele siempre con enagua almidonada y crujiente, bata de percal +saltando de limpia, botitas finas de rusel, pañuelo nuevo de seda. El +cigarro era aromático y selecto: ¿qué le importaba al fumador el modo de +elaborarlo? + +Entre tanto, Amparo disfrutaba viendo la rabia de sus rivales en la +Fábrica, la sonrisilla de Ana, las indirectas, los codazos, la atmósfera +de curiosidad que se condensaba en torno de su persona, llegando a tanto +su desvanecimiento, que se hacía a sí propia regalos misteriosos para +que creyese la gente que procedían de Sobrado; se prendía en el pecho +ramilletes de flores, y hasta llegó a adquirir una sortija de plata con +un corazón de esmalte azul, por el retegustazo de que pensasen ser +fineza de Baltasar. Cuando le preguntaban si era cierto que se casaba +con un señorito, sonreía, se hacía la enojada como de chanza, y fingía +mirar disimuladamente la sortija.... ¡Casarse! ¿Y por qué no? ¿No éramos +todos iguales desde la revolución acá? ¿No era soberano el pueblo? Y las +ideas igualitarias volvían en tropel a dominarla y a lisonjear sus +deseos. Pues si se había hecho la revolución y la Unión del Norte, y +todo, sería para que tuviésemos igualdad, que si no, bien pudieron las +cosas quedarse como estaban.... Lo malo era que nos mandase ese rey +italiano, ese Macarronini, que daba al traste con la libertad.... Pero +iba a caer, y ya no cabía duda, llegaba la república. + +Con estos pensamientos entretenía las horas de trabajo en la Fábrica. A +cada pitillo que enrollaba, al suave crujido del papel, una cándida +esperanza surgía en su corazón. Cuando ella fuese señora, no había de +portarse como otras altaneras, que estuvieron allí liando cigarros lo +mismo que ella, y ahora, porque arrastraban seda, miraban por cima del +hombro a sus amigas de ayer. ¡Quia! Ella las saludaría en la calle, +cuando las viese, con afabilidad suma. Por lo que hace a recibirlas de +visita... eso, según y conforme dispusiese su marido; pero, ¿qué trabajo +cuesta un saludo? A Ana le había de enseñar su casa. ¡Su casa! ¡Una casa +como la de Sobrado, con sillería de damasco carmesí, consola de caoba, +espejo de marco dorado, piano, reloj de sobremesa y tantas bujías +encendidas! Y Amparo, cerrando los ojos, creía sentir en el rostro el +frío cierzo de la noche de Reyes.... Cuando entraba descalza en el +portal de Sobrado a cantar villancicos, ¿pensó que se enamorase nunca de +ella Baltasar? Pues así como había sucedido esto, _lo otro_.... + +No obstante, dentro de la Fábrica misma hubo escépticas que auguraron +mal de los enredos en que se metía Amparo. ¡Casarse, casarse! Pronto se +dice; pero del dicho al hecho.... ¿Regalos? ¡Vaya unos regalos para un +hijo de Sobrado! ¡Sortijas de plata, ramos de a dos cuartos! ¡Bah, bah! +Ya se sabía en lo que paraban ciertas cosas. Aunque sordos, estos +rumores no fueron tan disimulados que no llegasen a la interesada, y +unidos a otras pequeñeces que ella observaba también, empezaron a +clavarle en el alma el dardo de los más crueles recelos. Baltasar +enfriaba a ojos vistas: a cada paso mostraba más cautela, adoptaba +mayores precauciones, descubría más su carácter previsor y el interés de +esconder su trato con la muchacha como se oculta una enfermedad +humillante. Mostrábase aún tierno y apasionado en las entrevistas; pero +se negaba obstinadamente a acompañar a Amparo dos pasos más allá de la +puerta. + +Todo lo referido, notó desde su cama la paralítica, y hallábase +sumamente inquieta y quejosa, por varias razones, entre otras, porque +desde que Amparo gastaba cuanto ganaba en botas nuevas y enaguas +bordadas, ella se veía privada de algunas comodidades y golosinas que no +le escatimaban antes. Malo era que su hija se perdiese y malo también +que, tratando con señores, en vez de traer dinero a casa, se empeñase, y +tuviese que pasarse las noches haciendo pitillos de encargo para poder +comer. ¡Y mucho de flores! ¡Y mucho de chambras con puntillas! ¡Qué +necesidad! + +Confidente de estas lamentaciones era Chinto, que solía venir a pasarse +con la tullida largas horas al salir del trabajo, desde que supo cuán +propicia se mostrara un tiempo a su pretensión matrimonial. Aún volvía +la vieja a la carga de tiempo en tiempo, y hablaba de Chinto a su hija; +él no sería fino ni buen mozo, pero era un burro de carga, un lobo para +el trabajo y un infeliz. Autorizada, sin duda, por tan buenas +intenciones, la paralítica disponía de Chinto cual de un yerno. Una vez, +cuando empezó a escasear el dinero, rogole «que fuese por seis cuartos +de azúcar para la cascarilla a la tienda de la esquina, que ya le +pagaría». El mozo salió y volvió con un cucurucho de papel de estraza +henchido de azúcar moreno; del pago no se habló más. Otro día se encargó +de tomar un décimo para el próximo sorteo; la vieja, por tranquilizar su +conciencia de empedernida jugadora, le dijo que si «le caía» partirían +como buenos amigos. Poco a poco, y ayudando a ello lo muy distraída que +Amparo andaba, volvió Chinto a amarrarse al antiguo yugo, a obedecer +ciegamente a la despótica voz de la tullida; hízole los recados, le +arregló el cuarto, le trajo remedios, le dio unturas. Y no quiere decir +esto que la pobre mujer se propusiese deliberadamente explotar al mozo, +sino que, a su edad y en su estado, ciertos cuidados y mimos son tan +necesarios como el aire respirable. + +Curioso espectáculo en verdad el que ofrecía Chinto, descolorido, flaco, +casi harapiento, cuidando de aquella mujer que no era su madre, que +siempre le había tratado con dureza; y mientras él mondaba las patatas +para el caldo del día siguiente, o mullía el jergón de la impedida, +Amparo regresaba, a la plateada luz de la luna de verano, que prolongaba +sobre la carretera de la Olmeda la sombra de los majestuosos árboles, de +alguna cita en lugares escondidos, en los solitarios huertos, o en el +desierto camino del cerro de Aguasanta. + + + + +-XXXIII- + +Las hojas caen + + +Aconteció que, cuando ya se aproximaba el otoño, la paralítica llamó a +Amparo a la cabecera de su lecho, con tono y ademanes desusados, +murmurando sordamente: + +--Acércate aquí, anda. + +Amparo se acercó con la cabeza baja. La madre extendió la mano, le cogió +violentamente la barbilla para que alzase el rostro, y con voz aguda y +terrible gritó: + +--¿Y ahora? + +Calló la hija. Constábale que la persona que la interrogaba así había +vivido largos años orgullosa de su matrimonio legítimo, de su honestidad +plebeya, de su marido trabajador, de que en la Fábrica los citasen a +entrambos por modelo de familia unida, de que en cierta ocasión el jefe +hubiese proferido palabras honrosas para ella, llamándole mujer «formal +y de bien». Sí, Amparo lo sabía, y por eso callaba. Repetidas veces la +paralítica le diera consejos, haciendo funestos vaticinios, que se +cumplían al fin. Incorporada a medias sobre la cama, concentrando en los +ojos la vida furiosa de su cuerpo, repitió la madre, con desprecio y con +ira: + +--¿Y ahora? + +Amparo permaneció pálida e inmóvil. La tullida sintió un hormigueo en la +palma de la mano, y la estampó ruidosamente en la mejilla de su hija, +que se tambaleó, retrocedió escondiendo el rostro, y se fue a sentar en +la silla más próxima. + +--¡Sinvergüenza, raída, eso de mí no lo aprendistes!--vociferó la +enferma, algo desahogada ya después del bofetón. No respondió nada la +oradora, que diera entonces de buen grado su popularidad, y hasta el +advenimiento de la ideal república, por hallarse siete estados debajo de +tierra. No obstante, se sorbió estoicamente las lágrimas abrasadoras que +asomaban a sus ojos, y, abatida, reconociendo y acatando la autoridad +maternal, balbució: + +--Me ha dado palabra de casamiento. + +--¡Y te lo creíste! + +--No sé por qué no...--exclamó la muchacha con acento más firme ya--. Yo +soy como otras, tan buena como la que más... hoy en día no estamos en +tiempos de ser los hombres desiguales... hoy todos somos unos, señora... +se acabaron esas tiranías. + +Meneó la cabeza la paralítica, con la tenaz desconfianza de los viejos +indigentes que nunca vieron llover del cielo torreznos asados. + +--El pobre, pobre es--pronunció melancólicamente...--. Tú te quedarás +pobre, y el señorito se irá riendo...--Y a esta idea, sintiendo renacer +su furor chilló--: Sácateme de delante, indina, que te mato: si te +dieron palabras, que te las cumplan. + +Amparo se agachó, y salió temblando. A solas, recobró energía, y calculó +que tal vez hacía mal en desesperarse; acaso su mala ventura sería un +lazo más que acabase de unir a Baltasar con ella para siempre. Sí, no +podía suceder de otro modo, a menos que tuviese entrañas de tigre. + +Esperó con afán el domingo, día de cita en el merendero de la gaseosa. +Madrugó, llegó mucho antes que Baltasar. El otoño iba despojando a la +parra de su pomposo follaje recortado, y los nudosos sarmientos parecían +brazos de esqueleto mal envueltos en los jirones de púrpura de las pocas +hojas restantes. Algún racimo negreaba en lo alto. En unas tinas viejas +arrimadas al banco de piedra, había botellas vacías que semejaban +embarcaciones náufragas varadas en un arenal. Amparo sentía mucho frío +cuando Baltasar llegó. + +Sentose este al lado de la muchacha, que le presentó un paquete de sus +cigarrillos predilectos, emboquillados, bastante largos, liados con gran +esmero. Baltasar tomó uno y lo encendió, chupándolo nerviosamente con +rápidas aspiraciones. Toda mujer prendada de un hombre llega a conocer +por sus movimientos más leves, por los actos que distraída y casi +mecánicamente ejecuta, el talante de que está. Amparo sabía que cuando +Baltasar fumaba así, no se distinguía por lo jocoso y afable. Como la +luz del sol no hallaba obstáculos para filtrarse al través de la +deshojada parra, el rostro del mancebo, bañado de claridad, parecía duro +y anguloso; su bigote, blondo a la sombra, tenía ahora un dorado +metálico; sus ojos zarcos miraban con glacial limpidez. La pobre +Tribuna, tan intrépida cuando peroraba, se halló del todo cortada y +recelosa, y creyó sentir que le anudaban la garganta con un dogal. +Esperó en vano una expansión, una caricia dulce y apasionada, que no +vino. Baltasar se callaba cosas muy buenas, y seguía taciturno. De +cuando en cuando el soplo de las ráfagas otoñales desprendía una de las +postreras hojas de vid, que caía arrugada y amarillenta sobre la mesa de +granito, entre los dos amantes, produciendo un ruidito seco. ¡Pin! En +los oídos de Baltasar resonaba la voz de doña Dolores, exclamando: +«¿Chico, no sabes que las de García... ¡pásmate!, ganan el pleito en el +Supremo? Lo sé de fijo por el mismo abogado de aquí». ¡Pin, pin! Y +Amparo, a su vez, escuchaba frases coléricas: «Si te dieron palabras, +que te las cumplan». ¡Pinnn!... Una hoja purpúrea descendía con +lentitud.... «Baltasarito, hijo, van a cogerse ciento y no sé cuántos +miles de duros, si ganan». + +Al fin, Baltasar fue el primero que rompió el silencio.... Habló del +trabajo que le costaba venir, de lo necesario que era el recato, de que +tendrían que verse menos.... Decía todo esto con acento duro, como si +Amparo fuese culpable respecto de él en algo. La cigarrera le escuchaba +muda, con los labios blancos, mirando fijamente al rostro de Baltasar, +que tenía la expresión distraída del mal pagador que no quiere recordar +su deuda. Y era lo peor del caso que, por más que la Tribuna quería +echar mano de su oratoria, que le hubiera venido de perlas a la sazón, +no encontraba frases con que empezar a tratar del asunto más importante. +Al fin, como viese con asombro levantarse a Baltasar diciendo que le +esperaba el coronel para asuntos del servicio, ella también se alzó +resuelta, y le dio la noticia clara y brutalmente, sin ambages ni +rodeos, sintiendo hervir dentro del pecho una cólera que centuplicaba su +natural valor. + +Un relámpago de sorpresa cruzó por las pupilas trasparentes y yertas de +Sobrado; mas al punto se plegó su delgada boca, y diríase que le habían +cerrado el semblante con llave doble y selládolo con siete sellos. Era +otro Baltasar distinto del mancebo gracioso, halagüeño y felino de las +horas veraniegas. Amparo notó que representaba diez años más. + +--Ahora--dijo, plantándose delante de él--es justo que me cumplas la +palabra. + +--Ahora...--repitió él con voz lenta--. La palabra.... + +--¡De casarte conmigo! Me parece que me sobra derecho para pedir.... + +--Mujer...--contestó Baltasar reposadamente, sacudiendo la ceniza del +pitillo--, no todas las cosas salen a medida del deseo. Las +circunstancias le obligan a uno a mil transacciones, que.... Yo +quisiera, lo mismo que tú, que fuese mañana, pero ponte en mi caso.... +Mi madre... mi padre... mi familia.... + +--¡Tu familia, tu familia! ¿Pues no dijiste que ella era una cosa y tú +otra? ¿Le echo yo alguna mancha a tu familia, por si acaso? ¿Soy hija de +algún ajusticiado, o de algún capitán de gavilla? ¿No estamos en tiempos +de igualdá? ¿No es mi madre tan honrada como la tuya, repelo? + +--No es eso... yo no te digo que.... + +--¿Pues qué dices entonces, que te quedas ahí callado? ¿Tienes algo que +echarme en cara? ¿No me gano yo la vida trabajando honradamente, sin +pedírtelo a ti ni a nadie? ¿Te he pedido algo, te he pedido algo? ¿Ando +yo con otros? + +--¿Quién te dice semejante cosa? Pero sucede que hoy por hoy lo que tú +deseas, es decir, lo que deseamos, es imposible. + +--¡Imposible! + +--Por algún tiempo no más.... No me hallo todavía en situación de +prescindir de mi familia... cuando alcance una graduación superior y +pueda vivir con el sueldo.... + +--¿No eres ya capitán? + +--Graduado, pero la efectividad.... En fin, te lo repito, hazte cargo; +en las circunstancias por que atravieso no cabe una determinación +semejante. Sería menester estar loco. Y digo más, créeme, hija; tenemos +que ser muy prudentes para no comprometernos. + +--¡No comprometernos!--gimió con amargura la muchacha--. ¡No +comprometernos! ¿Pero tú te has figurado--pronunció, reponiéndose y +recobrando su impetuoso carácter--que yo soy tonta? ¿Piensas que me +puedes meter el dedo en la boca? ¿Qué compromiso ni qué... repelo, te +viene a ti de todo esto? ¡La comprometida, la engañada y la perdida soy +yo! + +Y dejose caer en el banco de piedras, y apoyando la frente en la fría +mesa de granito, rompió en convulsivos sollozos. + +--No grites, hija--murmuró Baltasar, aproximándose--. No llores... que +pueden oírte y es un escándalo. Amparo, mujer, vamos, no hay motivo para +esos gritos. + +La crisis fue corta. Levantose la oradora con los ojos encendidos, pero +sin que una lágrima escaldase su mejilla morena. Indignada, miró a +Baltasar y lo encontró sereno, inconmovible, con su fina y sonrosada tez +y sus ojos garzos y trasparentes, en los cuales se reflejaba la luz del +cielo sin comunicarles calor. Él quiso hacer dos o tres zalamerías a la +muchacha para conjurar la tormenta; pero su ademán era violento, sus +movimientos automáticos. Amparo lo rechazó, y se colocó por segunda vez +delante de él en actitud agresiva. + +--Habla claro... ¿nos casamos o no? + +--Ahora no puede ser, ya te lo he dicho--contestó él sin perder su +continente flemático. + +--¿Y cuándo? + +--¡Qué sé yo! El tiempo, el tiempo dirá. Pero has de tener calma, +hija... un poco de calma. + +--Pues abur, hasta que me pagues lo que me debes--exclamó ella en voz +vibrante, sin cuidarse de que la oyesen desde la casa o desde el camino +los transeúntes--. Yo no soy más tu juguete, para que lo sepas: no me da +la gana de andarme escondiendo, de ir con estas noches de frío a +Aguasanta y a mil sitios así por darte gusto. + +Avanzó tres pasos más, y poniendo la mano en el hombro del oficial: + +--El día menos pensado...--pronunció--, cuando te vea en _las Filas_ o +en la calle Mayor... me cojo de tu brazo delante de las señoritas, +¿oyes?, y canto allí mismo, allí... todo lo que pasa. Y cuando venga la +nuestra... o te hacemos pedazos, o cumples con Dios y conmigo. +¿Entiendes, falsario? + +Y en voz queda, con acento de religioso terror: + +--¿Tú no tienes miedo a condenarte? Pues si mueres así... más fijo que +la luz, te condenas. Y si viene la federal... que Dios la traiga y la +Virgen Santísima... te mato, ¿oyes?, para que vayas más pronto al +infierno. + +Diciendo así, diole un empujón, y le volvió la espalda, saliendo con +paso rápido, la frente alta, la mirada llameante, a pesar del peregrino +desfallecimiento, de la desusada conmoción interior que le avisaba de +que ahorrase tales escenas. Al salir la Tribuna, una ráfaga más fuerte +desparramó por la mesa muchas hojas de vid, que danzaron un instante +sobre la superficie de granito, y cayeron al húmedo suelo. + +--¿Lo hará?--meditó Baltasar a sus solas--. ¿Me vendrá a marear en +público? Tengo para mí que no.... Estos genios vivos y prontos son del +primer momento: pasado ese, se quedan como malvas. Quia... no lo hace. +Sin embargo, me convendría salir de Marineda una temporada.... + +Al pensar esto, miraba maquinalmente a las hojas secas, que valsaban con +lánguido y desmayado ritmo. + +--Pero ¿y Josefina? Si las noticias de mamá son ciertas, no va a ser +posible abandonar una proporción que tal vez no vuelva a encontrar en mi +vida. ¡Qué mil diablos! Y esa chica era guapa.... ¡Lo que es guapa! ¡Qué +tonterías! ¿Por qué se buscará uno estos conflictos? ¡Yo que tengo +juicio para diez! + +Impaciente, tiró el cigarro que estaba concluyendo. Un átomo de fuego +brilló entre las hojas, que crujieron encogiéndose, y a poco la colilla +se apagó. + + + + +-XXXIV- + +Segunda hazaña de la Tribuna + + +Frío es el invierno que llega; pero las noticias de Madrid vienen +calentitas, abrasando. La cosa está abocada, el italiano va a abdicar +porque ya no es posible que resista más la atmósfera de hostilidad, de +inquina, que le rodea. Él mismo se declara aburrido y harto de tanto +contratiempo, de la grosería de sus áulicos, de la guerra carlista, del +vocerío cantonal, del universal desbarajuste. No hay remedio, las +distancias se estrechan, el horizonte se tiñe de rojo, la federal +avanza. + +La Fábrica ha recobrado su Tribuna. Es verdad que esta vuelve herida y +maltrecha de su primer salida en busca de aventuras; mas no por eso se +ha desprestigiado. Sin embargo, los momentos en que empezó a conocerse +su desdicha fueron para Amparo de una vergüenza quemante. Sus pocos +años, su falta de experiencia, su vanidad fogosa, contribuyeron a hacer +la prueba más terrible. Pero en tan crítica ocasión no se desmintió la +solidaridad de la Fábrica. Si alguna envidia excitaba antaño la +hermosura, garbo y labia irrestañable de la chica, ahora se volvió +lástima, y las imprecaciones fueron contra el eterno enemigo, el hombre. +¡Estos malditos de Dios, recondenados, que sólo están para echar a +perder a las muchachas buenas! ¡Estos señores, que se divierten en hacer +daño! ¡Ay, si alguien se portase así con sus hermanas, con sus hijitas, +quién los oiría y quién los vería echársele como perros! ¿Por qué no se +establecía una ley para eso, caramba? ¡Si al que debe una peseta se la +hacen pagar más que de prisa, me parece a mí que estas deudas aún son +más importantes, demontre! ¡Sólo que ya se ve: la justicia la hay de dos +maneras: una a rajatabla para los pobres, y otra de manga ancha, muy +complaciente, para los ricos! + +Algunas cigarreras optimistas se atrevieron a indicar que acaso Sobrado +se casaría, o por lo menos reconocería lo que viniese. + +--Sí, sí... ¡esperar por eso, papalanatas! ¡Ahora se estará sacudiendo +la levita y burlándose bien! + +--No sabes... yo no quiero que ella lo oiga, ni lo entienda--decía la +Comadreja a Guardiana--, pero ese descarado ya vuelve a andar tras de la +de García. + +--¡Bribón!--exclamaba Guardiana--. ¡Y quién lo ve, tan juicioso como +parece! + +--Pues conforme te lo digo. + +--Amparo tampoco debió hacerle caso. + +--Mujer, uno es de carne, que no es de piedra. + +--¿Se te figura a ti que a cada uno le faltan ocasiones?--replicó la +muchacha--. Pues si no hubiese más que.... ¡Madre querida de la Guardia! +No, Ana; la mujer se ha de defender ella. Civiles y carabineros no se +los pone nadie. Y las chicas pobres, que no heredamos más mayorazgo que +la honradez.... Hasta te digo que la culpa mayor la tiene quien se deja +embobar. + +--Pues a mí me da lástima ella, que es la que pierde. + +--A mí también. Lástima, sí. + +Ya todo el mundo se la daba. ¡Quién hubiera reconocido a la brillante +oradora del banquete del Círculo Rojo en aquella mujer que pasaba con el +mantón cruzado, vestida de oscuro, ojerosa, deshecha! Sin embargo, sus +facultades oratorias no habían disminuido; sólo sí cambiado algún tanto +de estilo y carácter. Tenían ahora sus palabras, en vez del impetuoso +brío de antes, un dejo amargo, una sombría y patética elocuencia. No era +su tono el enfático de la prensa, sino otro más sincero, que brotaba del +corazón ulcerado y del alma dolorida. En sus labios, la República +federal no fue tan sólo la mejor forma de gobierno, época ideal de +libertad, paz y fraternidad humana, sino período de vindicta, plazo +señalado por la justicia del cielo, reivindicación largo tiempo esperada +por el pueblo oprimido, vejado, trasquilado como mansa oveja. Un aura +socialista palpitó en sus palabras, que estremecieron la Fábrica toda, +máxime cuando el desconcierto de la Hacienda dio lugar a que se +retrasase nuevamente la paga en aquella dependencia del Estado. Entonces +pudo hablar a su sabor la Tribuna, despacharse a su gusto. ¡Ay de Dios! +¿Qué les importaba a los señorones de Madrid... a los pícaros de los +ministros, de los empleados, que ellas falleciesen de hambre? ¡Los +sueldos de ellos estarían bien pagados, de fijo! No, no se descuidarían +en cobrar, y en comer, y en llenar la bolsa. ¡Y si fuesen los ministros +los únicos a reírse del que está debajo! ¡Pero a todos los ricos del +mundo se les daba una higa de que cuatro mil mujeres careciesen de pan +que llevar a la boca! + +Y al decir esto, Amparo se incorporaba, casi se ponía de pie en la +silla, a pesar de los enérgicos y apremiantes ¡sttt!, de la maestra, a +pesar del inspector de labores, que no hacía un momento estaba asomado a +la entrada del taller, silencioso y grave. + +--¡Qué cuenta tan larga...--proseguía la oradora, animándose al ver el +mágico y terrible efecto de sus palabras...--, qué cuenta tan larga +darán a Dios algún día esas sanguijuelas, que nos chupan la sangre toda! +Digo yo, y quiero que me digan, por qué nadie me contesta a esto, ni +puede contestarme: ¿hizo Dios dos castas de hombres, por si acaso, una +de pobres y otra de ricos?, ¿hizo a unos para que se paseasen, +durmiesen, anduviesen majos, y hartos, y contentos, y a otros para sudar +siempre y arrimar el hombro a todas las labores, y morir como perros sin +que nadie se acuerde de que vinieron al mundo? ¿Qué justicia es esta, +retepelo? Unos trabajan la tierra, otros comen el trigo; unos siembran y +otros recogen; tú, un suponer, plantaste la viña, pues yo vengo con mis +manos lavadas y me bebo el vino.... + +--Pero el que lo tiene, lo tiene--interrumpía la conservadora Comadreja. + +--Ya se sabe que el que lo tiene, lo tiene; pero ahora vamos al caso de +que es preciso que a todos les llegue su día, y que cuantos nacemos +iguales gocemos de lo mismo, ¡tan siquiera un par de horas! ¡Siempre +unos holgando y otros reventando! Pues no ha de durar hasta la fin de +los siglos, que alguna vez se ha de volver la tortilla. + +--El que está debajo, mujer, debajito se queda. + +--¡Conversación! Mira tú, en París de Francia, el cuento ese de la +_Comun_... ¡Anda si pusieron lo de arriba para abajo! ¡Anda si se +sacudieron! No quedó cosa con cosa... así, así debemos de hacer aquí, si +no nos pagan. + +--¿Y allá, qué hicieron? + +Amparo bajó la voz. + +--Prender fuego... a todos los edificios públicos.... + +Un murmullo de indignación y horror salió de la mayor parte de las +bocas. + +--Y a las casas de los ricos... y.... + +--¡Asús!, ¡fuego, mujer! + +--Y afusil... y afusil... ar.... + +--¿Afusilar... a quién, mujer, a quién? + +--A... a los prisioneros, y al arzobispo, y a los cur.... + +--¡Infames! + +--¡Tigres! + +--¡Calla, calla, que parece que la sangre se me cuajó toda!... ¿Y quién +hizo eso? ¡Pues vaya unas barbaridás que cuentas! + +--Si yo no las cuento para decir que... que esté bien hecho eso de... de +prender fuego y afusilar.... ¡No, caramba!, ¡no me entendéis, no os da +la gana de entenderme! Lo que digo es que... hay que tener hígados, y no +dejarse sobar ni que le echen a uno el yugo al cuello sin defenderse.... +Lo que digo es, que cuando no le dan a uno por bien lo suyo, lo muy +suyo, lo que tiene ganado y reganado.... Cuando no se lo dan, si uno no +es tonto... lo pide... y si se lo niegan... lo coge. + +--Eso, clarito. + +--Tienes razón. Nosotras hacemos cigarros, ¿eh?, pues bien regular es +que nos abonen lo nuestro. + +--No, y apuradamente no es ley de Dios esa desigualdá y esa diferiencia +de unos zampar y ayunar otros. + +--Lo que es yo, mañana, o me pagan, o no entro al trabajo. + +--Ni yo. + +--Ni yo. + +--Si todas hiciésemos otro tanto... y si además nos viesen bien +determinadas a armar el gran cristo.... + +--¡Mañana... lo que es mañana! ¿Habéis de hacer lo que yo os diga? + +--Bueno. + +--Pues venir temprano... tempranito. + +A la madrugada siguiente los alrededores de la Fábrica, la calle del +Sol, la calzada que conduce al mar, se fueron llenando de mujeres que, +más silenciosas de lo que suelen mostrarse las hembras reunidas, tenían +vuelto el rostro hacia la puerta de entrada del patio principal. Cuando +esta se abrió, por unánime impulso se precipitaron dentro, e invadieron +el zaguán en tropel, sin hacer caso de los esfuerzos del portero para +conservar el orden; pero en vez de subir a los talleres, se estacionaron +allí, apretadas, amenazadoras, cerrando el paso a las que, llegando +tarde, o ajenas a la conjuración, intentaban atravesar más allá de la +portería. Sordos rumores, voces ahogadas, imprecaciones que presto +hallaban eco, corrían por el concurso, que se iba animando, y +comunicándose ardimiento y firmeza. En primera fila, al extremo del +zaguán, estaba Amparo, pálida y con los ojos encendidos, la voz ya algo +tomada de perorar, y, sin embargo, llena de energía, incitando y +conteniendo a la vez la humana marea. + +--Calma--decíales con hondo acento--, calma y serenidá... Tiempo habrá +para todo: aguardar. + +Pero algunos gritos, los empellones, y dos o tres disputas que se +promovieron entre el gentío, iban empujando, mal de su grado, a la +Tribuna hacia la vetusta escalera del taller, cuando en este se +sintieron pasos que conmovían el piso, y un inspector de labores, con la +fisonomía inquieta del que olfatea graves trastornos, apareció en el +descanso. Empezaba a preguntar, más bien con el ademán que con la boca: +«¿Qué es esto?», a tiempo que Amparo, sacando del bolsillo un pito de +barro, arrimolo a los labios y arrancó de él agudo silbido. Diez o doce +silbidos más, partiendo de diferentes puntos, corearon aquella romanza +de pito, y el inspector se detuvo, sin atreverse a bajar los escalones +que faltaban. Dos o tres viejas desvenadoras se adelantaron hacia él, +profiriendo chillidos temerosos, y tocándole casi, y se oyó un sordo +«¡muera!». Sin embargo, el funcionario se rehízo, y cruzándose de +brazos, se adelantó, algo mudada la color, pero resuelto. + +--¿Qué sucede?, ¿qué significa este escándalo?--preguntó a Amparo, a +quien halló más próxima--. ¿Qué modo es este de entrar en los talleres? + +--Es que no entramos hoy--respondió la Tribuna. Y cien voces confirmaron +la frase--: No se entra, no se entra. + +--No entran... ¿pues qué pasa? + +--Que se hacen con nosotras iniquidás, y no aguantamos. + +--No, no aguantamos. ¡Mueran las iniquidás! ¡Viva la libertá! ¡Justicia +seca!--clamaron desde todas partes. Y dos o tres maestras, cogidas en el +remolino, alzaban las manos desesperadamente, haciendo señas al +inspector. + +--¿Pero qué piden ustedes? + +--¿No oyes, hijo? Jos-ti-cia-berreó una desvenadora al oído mismo del +empleado. + +--Que nos paguen, que nos paguen, y que nos paguen--exclamó +enérgicamente Amparo, mientras el rumor de la muchedumbre se hacía +tempestuoso. + +--Vuelvan ustedes, por de pronto, al orden y a la compostura que.... + +--No nos da la gana. + +--¡Que baile el can-can! + +--¡Muera! + +Y otra vez la sinfonía de pitos rasgó el aire. + +--No pedimos nada que no sea nuestro--explicó Amparo con gran sosiego--. +Es imposible que por más tiempo la Fábrica se esté así, sin cobrar un +cuarto.... Nuestro dinero, y abur. + +--Voy a consultar con mis superiores--respondió el inspector, +retirándose entre vociferaciones y risotadas. + +Apenas le vieron desaparecer, se calmó la efervescencia un tanto. «Va a +consultar» se decían las unas a las otras... «¿nos pagarán?». + +--Si nos pagan--declaró la Tribuna, belicosa y resuelta como nunca--, es +que nos tienen miedo. ¡Alante! Lo que es hoy, la hacemos, y buena. + +--Debimos cogerlo y rustrirlo en aceite--gruñó la voz oscura de la +vieja--. ¡Fretirlo como si fuera un pancho... que vea lo que es la +necesidá y los trabajitos que uno pasa! + +--Orden y unión, ciudadanas...--repetía Amparo con los brazos +extendidos. + +Trascurridos diez minutos volvió el inspector acompañado de un +viejecillo enjuto y seco como un pedazo de yesca, que era el mismo +contador en persona. El jefe no juzgaba oportuno por entonces +comprometer su dignidad presentándose ante las amotinadas, y por medida +de precaución había reunido en la oficina a los empleados y consultaba +con ellos, conviniendo en que la sublevación no era tan temible en la +Granera como lo sería en otras Fábricas de España, atendido el pacífico +carácter del país. No quisiera él estar ahora en Sevilla. + +--¿Qué recado nos trae?--gritaron al inspector las sublevadas. + +--Oíganme ustedes. + +--Cuartos, cuartos, y no tanta parolería. + +--Tengo chiquillos que aguardan que les compre mollete... ¿oyusté?, y no +puedo perder el tiempo. + +--Se pagará... hoy mismo... un mes de los que se adeudan. + +Hondo murmullo atravesó por la multitud llegando a las últimas filas. +«¿Él pagan, sí o no? pagan.... ¡Un mes...! ¡Un mes, para poca salú... no +consentir... todo, todo junto!». Amparo tomó la palabra. + +--Como usted conoce, ciudadano inspector... un mes no es lo que se nos +debe, y lo que nos corresponde, y a lo que tenemos derechos inalienables +e individuales.... Estamos resueltas, pero resueltas de verdá, a +conseguir que nos abonen nuestro jornal, ganado honrosamente con el +sudor de nuestras frentes, y del que sólo la injusticia y la opresión +más impía se nos pueden incautar.... + +--Todo eso es muy cierto, pero ¿qué quieren ustedes que hagamos? Si la +Dirección nos hubiese remitido fondos, ya estarían satisfechos los dos +meses.... Por de pronto se les ofrece a ustedes uno, y se les advierte +que despejen el local en buen orden y sin ocasionar disturbios.... De lo +contrario, la guardia va a proceder al despejo.... + +--¡La guardia!, ¡que nos la echen!, ¡que venga! ¡Acá la guardia! + +Cuatro soldados al mando de un cabo, total cinco hombres, bregaban ya en +la puerta de entrada con las más reacias y temibles. No tenían, dijeron +ellos después, corazón para hacer uso de sus armas; aparte de que no se +les había mandado tampoco semejante cosa. Limitábanse a coger del brazo +a las mujeres y a irlas sacando al patio: era una lucha parcial, en que +había de todo: chillidos, pellizcos, risas, palabras indecorosas, +amenazas sordas y feroces. + +Pero sucedió que un soldado, al cual una cigarrera clavó las uñas en la +nuca, echó a correr, trajo de la garita el fusil y apuntó al grupo: al +instante mismo un pánico indecible se apoderó de las más cercanas, y se +oyeron gritos convulsivos, imprecaciones, súplicas desgarradoras, ayes +de dolor que partían el alma, y las mujeres, en revuelto tropel, se +precipitaron fuera del zaguán, y corrieron buscando la salida del patio, +empujándose, cayendo, pisoteándose en su ciego terror, arracimadas como +locas en la puerta, impidiéndose mutuamente salir, y chillando lo mismo +que si todas las ametralladoras del mundo es tuviesen apuntadas y +prontas a disparar contra ellas. + +Quedose en medio del zaguán la insigne Tribuna, sola, rezagada, vencida, +llena de cólera ante tan vergonzosa dispersión de sus ejércitos. Para +mostrar que ella no temía ni se fugaba, fue saliendo a pasos lentos y +llegó al patio en ocasión que la guardia, aprovechándose de la ventaja +fácilmente adquirida, expulsaba a las últimas revolucionarias, sin +mostrar gran enojo. Por galantería, el soldado del fusil administró a +Amparo un blando culatazo, diciéndole «Ea... afuera...». La Tribuna se +volvió, mirole con regia dignidad ofendida, y sacando el pito, silbó al +soldado. Después cruzó la puerta que se le cerró en las mismas espaldas +con gran estrépito de gonces y cerrojos. + +Al verse fuera ya, miró asombrada en torno suyo y halló que una gran +multitud rodeaba el edificio por todos lados. No sólo las que estaban +dentro, sino otras muchas que habían ido llegando, formaban un cordón +amenazador en torno de los viejos muros de la Granera. La Tribuna, +viendo y oyendo que sus dispersas huestes se rehacían, comenzó a +animarlas y a exhortarlas, a fin de que no sufriesen otra vez tan +humillante derrota. Ya las que habían sido arrojadas por los soldados, +al contacto de la resuelta muchedumbre, recobraron los ánimos decaídos, +y enseñaban el puño a la muralla profiriendo invectivas. + +Hicieron ruidosa ovación a su capitana que empezó a recorrer las filas +calentando a las que aún tenían recelo o no estaban dispuestas a gritar. +Y eligiendo dos o tres de las más animosas, mandoles que arrancasen una +de las desiguales y vacilantes piedras de la calzada, que se movían como +dientes de viejo en sus alveolos, y, alzándola lo mejor posible, la +condujesen ante la puerta que les acababan de cerrar en sus mismas +narices. Brotó de entre los espectadores un clamoreo al ver ejecutar +esta operación con tino y rapidez y oír retemblar las hojas de la puerta +cuando la lápida cayó contra el quicio. + +--Hacen barricadas--exclamó una cigarrera que recordaba los tiempos de +la Milicia Nacional. + +--Borricadas, borricadas--exclamaba una maestra--, nos van a dar por +cara todo este barullo. + +El propósito de las desempedradoras no era ciertamente hacer barricadas, +sino otra cosa más sencilla: o bien echar abajo la puerta a puros +cantazos, o bien elevar delante un montón de piedras por el cual se +pudiese practicar el escalamiento. En su imprevisión estratégica +olvidaban que del otro lado, al extremo del callejón del Sol, existía un +portillo, un lado débil, sobre el cual debería cargar el empuje del +ataque. No estaba la generala en jefe para tales cálculos: cegada por la +rabia, Amparo no pensaba sino en atravesar otra vez la misma puerta por +donde la habían expulsado--¡oh rubor!--cuatro soldados y un cabo. Así es +que arrancada ya, casi con las uñas, la primer baldosa, se procedió a +desencajar la segunda. + +Apoyadas en el muro de una casita de pescadores, donde había redes +colgadas a secar, Guardiana y la Comadreja miraban el motín sin tomar +parte en él. Ana era remilgada, endeble como un junco, y jamás podrían +sus descarnadas manos, forzudas sólo en los momentos de excitación +nerviosa, levantar ni una peladilla de arroyo algo grande; en cuanto a +Guardiana, se creía obligada a permanecer allí, puesto que al fin el +tumulto era «cosa de la Fábrica»; pero desaprobándolo, porque +indudablemente, de todo aquello iban a resultar «desgracias». + +--¡Mira Amparo, tan adelantada en meses, y cómo ella trajina! + +--Es el demonche. Ella sola levanta la piedra--contestó Ana, con la +reverencia de los débiles hacia la fuerza física. + +Mas la primera piedra era enorme: una losa de un metro de longitud y +gruesa y ancha a proporción, y constituía un problema de dinámica al +trasportarla sin auxilio de máquina alguna. Para echada a hombros de una +sola persona era enorme y la aplastaría; para llevada en vilo entre +varias, no se sabía cómo subirla. Amparo discurrió irla enderezando y +rodando hasta la puerta, y en efecto, el sistema dio buen resultado y la +piedra llegó a su sitio. Al punto que la vio colocada, tornó con +infatigable ardor a intentar descuajar un nuevo proyectil. En esta faena +y brega estaban entretenidas las pronunciadas, sin reparar que el sol +calentaba más de lo justo y que ya eran casi las once de la mañana, +cuando un rumor contenido, temeroso, leve al principio, se propagó entre +el concurso cayendo como lluvia helada sobre el entusiasmo general, y +causando notable descenso en los gritos y vociferaciones que coreaban el +arranque de las piedras. + +¿Quién dio la noticia? Un pilluelo, que, con los calzones remangados, +venía al trote largo desde la plaza de la Fruta, allá en el barrio de +Arriba. Oídos sus informes, las miradas se volvieron ansiosamente hacia +los cuatro puntos cardinales, y cada boca murmuró pegándose a cada oído +ajeno dos palabras preñadas de espanto: «Viene tropa». + +Al notar la oleada del creciente rumor, abandonó la Tribuna la piedra +que traía entre manos, y volviose iracunda, con la mirada rechispeante, +a la inerme multitud. Su rostro, su ademán, decían claramente: «Ahora +vuelven estas cobardonas a dejarme aquí plantada». En efecto, el nombrar +tropa bastó para que tomasen el portante algunas de las más animosas +barricaderas. ¡Pero qué fue cuando, en el punto más lejano del +horizonte, se vio aparecer una nube de polvo, y cuando se oyó como el +trote de muchos caballos reunidos! + +Amparo anima a sus huestes. Con la nariz dilatada, los brazos +extendidos, diríase que la aparición de las brigadas de caballería y +fuerzas de la Guardia Civil que desembocan, unas por el camino real, +otras por San Hilario, redobla su guerrero ardor, acrecienta su cólera. +«No nos comerán, grita.... Vamos a tirarles piedras, a lo menos tengamos +ese gusto...». Nadie quiere tenerlo. La losa enorme es abandonada; las +que más gritaban se escurren por donde pueden; cuando las brigadas +llegan a las puertas de la Granera, el motín se ha disuelto, sin dejar +más señales de su existencia que dos medianas baldosas, arrimadas al +portón, y algunas mujeres dispersas, inofensivas, en medrosa actitud. + + + + +-XXXV- + +La Tribuna se porta como quien es + + +Cada vez más fría la estación invernal y más calientes las noticias que +de allá fuera vienen a conmover la Fábrica. Por de pronto, no quedaron +estériles las disposiciones marciales demostradas el día del motín, y al +siguiente cobraron las operarias sus haberes a tocateja. No era cosa de +provocar el enojo del pueblo en el estado actual de España, que parecía +ya la casa de Tócame Roque. Nadie se entendía; al ejército se le conocía +por la «tropa amadeísta»; la artillería presentaba dimisión en masa; el +Maestrazgo ardía, Saballs llamaba «cabecilla» a Gaminde y Gaminde le +devolvía el calificativo; los Hierros ordenaban a una compañía entera de +ferro-carriles suspender la circulación de trenes; corría en Cataluña +moneda con el busto de Carlos VII, y la reina de más tristes destinos, +la mujer de Amadeo I, a la cual tirios y troyanos nombraban +desdeñosamente «la Cisterna», daba al mundo con terror y lágrimas un +mísero infante, y ningún obispo se prestaba a bautizar el vástago regio. +Así andaba la patria. Más adelante se ha visto que podía encontrarse +mucho peor. + +Amparo quedó algo abatida desde el memorable día del pronunciamiento. +Había hecho tal gasto de energía y de fuerza muscular removiendo los +pedruscos de la calzada, y tal dispendio de laringe, espoleando a las +remisas y vacilantes, que por algún tiempo no quedó de provecho para +cosa alguna. Entre el frío, la lluvia que, al ir a la Fábrica la +acribillaba a alfilerazos en la piel o la bañaba con gruesos y anchos +goterones que se deshacían aplastándose en su mantón, y la fatiga +inherente a su estado, viose sumida en marasmo constante, que a veces +iluminaba, a manera de relámpago que divide un cielo oscuro, aquella +última y robusta esperanza en el advenimiento de la federal. ¡Cuán +triste veía el cielo, y el aire, y todo en derredor! Parecíale a Amparo +que los lugares testigos de sus dichas y sus yerros habían sido +devastados, arrasados por mano aleve. La tierra del huerto que Baltasar +había llamado _paraíso_, desnuda, en barbecho, aguardaba la vegetación. +De los verdes y gayos maizales sólo quedaban rastrojos. Los árboles de +la carretera alzaban sus ramas peladas y escuetas al brumoso cielo. El +piso, lleno de charcos formados por la lluvia, se hallaba intransitable, +y delante de la misma casa de la Tribuna una gran poza obstruía el paso; +para entrar, Amparo tenía que saltarla, y como no calculase bien el +brinco, sucedíale meter el pie en el agua helada y cenagosa, y haber de +mudarse después las medias y el calzado. Algunas veces encontraba a +Chinto, que se ofrecía a darle la mano para pasar el mal paso, y su +ademán compasivo la encendía en ira. ¡Ser compadecida por semejante +bestia! ¡A esto llegábamos después de tanto sueño, de tanta aspiración +hacia la vida fácil y brillante, hacia la dicha! + +Así iba desgranándose el racimo de los días de invierno, lentos aunque +breves, sin que Amparo viese brillar un rayo de claridad en el +firmamento ni en su destino. Aplanose su espíritu, y cometió un acto de +flaqueza. No veía a Baltasar desde la disputa en el merendero, y +entrole, de pronto, deseo invencible de hablar con él, para suplicar o +para increpar, ella misma no sabía para qué; pero, en suma, para +desfogar, para romper aquella horrible monotonía del tiempo que pasaba +inalterable. Enviole el mensaje por Ana. Baltasar respondió: «Ya iré». + +--¿Piensa usted ir?--le preguntaba Borrén aquella tarde.--¿A qué? ¿A oír +lástimas que no puedo remediar? ¡Algo bueno daría por estar ahora en +Guipúzcoa! + +--¡Hombre... pobre chica! + +Baltasar tomó su café a sorbos, muy pensativo. Calculaba que la avaricia +de su madre le exponía, tal vez, a un grave compromiso. Era falta de +habilidad no remitir a Amparo siquiera mil reales para tenerla contenta +mientras él no aseguraba a Josefina, que engreída ahora con la +perspectiva del caudal, le había acogido con hartos remilgos y +escrúpulos, dificultando reanudar sus antiguos amorcillos. ¡Bah! El caso +era ganar tiempo, porque apenas pusiese tierra en medio el peligro +cesaba.... No obstante, el prudente Baltasar temía, temía una campanada +inoportuna, que diese al traste con sus nuevos planes. + +--¿Qué te dijo?--interrogó ansiosamente Amparo. + +--Que vendría--repuso la Comadreja. + +--Pero... ¿cuándo? + +--No quiso explicar cuándo. + +--¿Piensa él que estoy yo para esas calmas? + +--Lo que él no tiene es gana de verte el pelo. + +Amparo dejó caer la cabeza sobre el pecho, y su rostro se anubló con +expresión tal de desconsuelo y enojo, que Ana la miró compadecida. + +--Si algún día... si pronto... viene la república... la santa federal... +¡así Dios me salve, Ana... lo arrastro! + +Ana se echó a reír con su delgada risa estridente. + +--No seas tonta, mujer... no seas tonta... ¡para divertirlo y darle un +mal rato no tienes que aguardar por república ni repúblico! + +--¿Que no? + +--¿Sabes lo que yo había de hacer? Pues esto mismo. Coger papel y +pluma.... ¿Conoce tu letra? + +--Nunca le escribí. + +--Mejor. Pues escribirle a la de García una carta bien explicada, para +que no se deje engañar por él. + +--¿Un anónimo? ¡Quita allá! + +--Un avisito... contándole lo que hizo contigo. No seas boba, anda, más +merece. + +Pasaba esta conversación a la salida de la Fábrica; Ana llevó a Amparo a +su casa, en la calle de la Sastrería. Subieron a un cuartuco; la +Comadreja dio a su amiga recado de escribir, y entre las dos compusieron +la siguiente epístola, que fielmente se traslada a la estampa: «Estimada +Srta.: halguien que la estima le abisa que quien se guiere casar con +Usté tiene compormetida huna Chica onrada, y lea dado palbra de casarse +con ella. Es el de Sobrado, parque Usté no dude, y Usté se iformará y +veraque es verdá. Q. b. s. m. Un afetísimo amigo». La Comadreja cerró, +dictó sobre y señas, puso lacre fino del que ella usaba para escribir a +su capitán, pegó un sello, y dijo a la Tribuna: + +--Ahora, de paso que vuelves a tu casa, la echas en el correo con +disimulo. + +Al bajar la escalera, estrecha y oscura como boca de lobo, zumbábanle a +Amparo los oídos y apretaba convulsivamente la carta, llevándola oculta +bajo el mantón. La oprimía como oprimiría un puñal, con vengativo empeño +y no sin cierto interior escalofrío. Se representaba a la orgullosa +señorita de García rompiendo el sobre, leyendo, palideciendo, +llorando...--¡Que pene!--decíase a sí propia la oradora--. ¡Que sufra +como yo!... ¿Y qué tiene que ver? Si ella pierde un pretendiente, yo he +perdido la conducta y cuanto perder cabe...--Después pensaba en +Baltasar... y en los Sobrados todos...--. ¡Ah!, ¡buen chasco esperaba a +la avarienta de la madre, que contaba con establecer brillantemente a su +hijo! No la habían querido a ella... pues ahora iban a verse desairados +a su turno.... ¡Ya probarían lo bien que sabe! + +Se le presentaban estas ideas a medida que adelantaba por la calle de la +Sastrería, calle torcida, mal empedrada, en cuyos adoquines tropezaba de +vez en cuando, mientras la luz vaga de los faroles del alumbrado +público, proyectándose un momento, arrojaba a las paredes blanqueadas de +las casas su silueta furtiva, de líneas desfiguradas, fantasmagóricas, +prolongadas por la funda del pañuelo. En la oscura noche invernal, +caminando con paso atentado para salvar los charcos que dejó la lluvia +de la tarde, parecíale a Amparo ir a cometer un delito, y, herida, +sintiendo el dolor de su agravio, este pensamiento la embriagaba. +Maquinalmente, al llegar a la entrada de la calle estrecha de San Efrén +bajó una mano para recoger el vestido que se iba manchando de barro, y +al hacerlo aflojáronse sus dedos y dejó de apretar la carta, cuyo +satinado papel le acariciaba las falanges.... Al cruzar la travesía del +Puerto, su cabeza pareció despejarse, y vio el escaparate de la tercena +y el buzón, con las fauces abiertas, como voceando «aquí estoy yo». +Amparo soltó el vestido y sacó de debajo del mantón la mano derecha y la +misiva.... Detúvose antes de alzar el brazo. + +--¡Un anónimo!--pensaba. + +Su indómita generosidad popular se despertó. La pequeñez de la villana +acción se le hacía muy patente al ir a perpetrarla. + +--Debí decirle a Ana que la echase ella.... Yo no tengo cara a esto +--murmuró entre sí--. Y si no la echo me llamará boba.... Pues mejor. +¡Esto es indecente!--balbució adelantando la carta hasta tocar con el +buzón--. No, repelo--exclamó casi en voz alta bajando la mano--. Esto es +una cochinada.... ¡Más vale ahogarlos donde los encuentre! + +Dio precipitadamente la vuelta y se metió por un callejón que lindaba +con la travesía del Puerto, desembocando en el muelle. Ofreciose de +pronto a sus ojos el agua negra de la bahía, que no alumbraban la luna +ni las estrellas, y donde los barcos inmóviles parecían más negros aún. +Arrimose al parapeto. Una brisa salitrosa, picante, le envolvió la faz. +Despejósele completamente el cerebro, y con viveza suma hizo pedazos la +epístola anónima. Los blancos fragmentos revolotearon un instante, como +voladoras falenas, y cayeron sordamente en el agua, que chapoteaba +contra el muro del embarcadero. + + + + +-XXXVI- + +Ensayo sobre la literatura dramática revolucionaria + + +No hay remedio, esto se va y lo otro avanza a galope. ¿Cuándo se retira +Amadeo? ¿Hoy? ¿Mañana? Y si el italiano no perdió de vista todavía la +tierra española, ya es como si viviésemos en plena república; no estará +proclamada, pero ¿qué más da? Todo el mundo cuenta con ella de un +instante a otro. Sólo bajo la monarquía de merengue que se va +derritiendo y consumiendo al calor de la revolución podía ser +representable el drama que anunciaban los carteles del coliseo +marinedino, Valencianos con honra. Aunque Amparo no iba a parte alguna, +tanto oyó hablar de lo intencionado y subversivo que era el drama +famoso, y de cómo pintaba a los republicanos tal cual son y no según los +ennegrece el pincel reaccionario, que resolvió asistir. Instalose con +Ana en el paraíso, donde se amontonaba inmensa concurrencia, que les +metía los pies por la cintura, los codos por las ingles; a duras penas +lograron las dos muchachas apoderarse de su sitio; al fin consiguieron +embutirse de medio lado en delanteras, y allí se mantuvieron prensadas, +comprimidas, sin ser dueñas ni de enjugarse el sudor de la frente. El +calor era espeso, asfixiante. Al alzarse el telón vino una bocanada de +aire más respirable a aquel horno; poco duró, pero al menos dio ánimos +para atender a las primeras escenas del drama. + +El cual merecía bien que se sufriese la asfixia y otros géneros de +tortura, a trueque de verlo representar. Desde la exposición tuvo +conmovidos y suspensos a los espectadores. No podía ser de más +actualidad el argumento, basado en los sucesos políticos de Valencia de +1869. Jugaba en el enredo un espía, un vil espía, perseguidor y delator +de una familia republicana a machamartillo. Perdonado este pícaro en el +primer acto por los magnánimos conspiradores a quienes vendió, claro +está que no había de enmendarse, y que en los actos siguientes volvería +a hacer de las suyas; no lo creyeron así los protagonistas del drama, +pero en cambio la concurrencia de la cazuela lo presintió, y en medio +del calor sofocante se oían voces ahogadas de emoción exclamando: «¡Ay! +¿Para qué perdonarán a ese tunante?... ¡Ya verás cómo los ha de vender +otra vez!... ¡Como yo le atrapase no le soltaba, no!». Verdad es que si +el bellaco del espía era tan malo que no tenía el diablo por donde +cogerlo, en cambio los personajes republicanos ofrecían modelos de +lealtad y dechados de virtudes. Cuando en el mismo acto primero una +esposa se abraza a su marido, que parte al combate, declarando con noble +resolución que quiere seguirle y compartir los riesgos de la lid, Amparo +sintió como un nudo, como una bola que se le formaba en la garganta, y +haciendo un supremo esfuerzo, se agarró a la barandilla de la cazuela y +gritó «¡bien!... ¡muy bien!» dos o tres veces, luciendo su voz de +contralto. Era aquel drama el mismo que ella había soñado en otro +tiempo, cuando llegaron a Marineda los delegados de Cantabria, de cuyos +riesgos y aventuras tanto deseara ser partícipe. La escena final del +acto, donde todos los voluntarios republicanos, entre el fragor de la +lid empeñada, doblan la rodilla al aparecer el Señor acompañado de las +monjas de San Gregorio, aflojó suavemente los tirantes nervios de la +concurrencia. Una especie de rocío refrigerante de honradez, dulzura y +religiosidad se derramó sobre el público; las gentes experimentaban +impulsos de abrazarse, de rezar y de charlar. ¡Después dirán que los +oscurantistas se levantan por la religión! ¡Sí, sí! ¡Por cobrar las +contribuciones y destruir _ferroscarriles_! ¡Que vengan a oír esto! +¿Quién duda que los mejores cristianos son los federales? + +Pasose el entreacto en vivos comentarios acerca del drama, que causaba +favorabilísima impresión. Personas grandes se limpiaban los ojos con el +dorso de la mano haciendo tiernos momos de llanto. ¡Cuidado que se +necesitaba talento y sabiduría para escribir piezas así! Sólo era +irritante lo de dejar al espía con vida, porque de fijo, en el acto +próximo, iba a salir con alguna barrabasada gorda. De tal suerte +imperaba el entusiasmo, que nadie se ocupaba en mirar a la gente de +abajo, a pesar de hallarse de bote en bote el coliseo; y como tardase en +subir el telón, hubo pateos y aplausos impacientes y furiosos. Al fin +dio principio el ansiado acto segundo. + +Graduaba el autor hábilmente los efectos dramáticos, manejando con +destreza los resortes del terror y la piedad. Ahora presentaba un +mancebito que volvía de la lucha callejera a su casa, herido +mortalmente, y consternando a su familia del modo que cualquiera puede +figurarse. La actriz encargada de este interesante papel se había puesto +sobre su cabello natural una peluca de ricitos cortos que la hacía +semejante a un perro de aguas; circundaban sus ojos románticas ojeras +marcadas al difumino; espesa capa de polvos de arroz imitaba la palidez +de la agonía; llevaba americana muy floja para disimular la amplitud de +las caderas, y entró tambaleándose y dando traspiés, con la mano apoyada +en la región del pecho donde se suponía estar la herida. Por el paraíso +circuló un rumor misterioso y profundo, el rugido opaco de la emoción +que se comprime y refrena para mejor estallar después. Comenzó la escena +de la despedida del moribundo y su familia. Cuando el padre, comandante +de los voluntarios republicanos, dijo adiós al hijo confiándole la +bandera, en unos versos que terminan así: + + _Lleva la palma en la mano_ + _Mientras la patria en ofrenda_ + _Te da este sudario en prenda..._ + +y corriendo hacia la concha del apuntador y mudando la voz llorona en un +vocejón estentóreo, gritó cerrando de puños: + + _¡Viva el pueblo soberano!_ + + +Los llantos histéricos de las mujeres fueron cubiertos, devorados por el +clamor que se alzó compacto y fortísimo, repitiendo frenéticamente el +¡viva!, a la vez que un huracán de palmadas asordó el coliseo. +Contagiados, electrizados por la exaltación del público, los actores se +esmeraban, bordaban su papel, y, poseyéndose, se abrazaban en realidad y +se daban verdaderas puñadas en el tórax. Amparo, con medio cuerpo fuera +de la barandilla, palmoteaba a más y mejor. + +Durante el segundo entreacto, las gentes prensadas en la cazuela se +hallaron unas miajas más anchas y cómodas, ya sea porque su volumen se +había ido sentando y acomodándose al espacio, ya porque algunas, +indispuestas con tan alta temperatura, mal de su grado hubieron de +retirarse. Ana logró, pues, revolverse y escudriñar con sus perspicaces +ojos de gato los ámbitos del teatro todo. Dio un expresivo codazo a la +Tribuna, que miró hacia donde le señalaba su amiga, y divisó a las de +García en un palco platea. + +Fijose especialmente en Josefina, que estaba elegante y sencilla, con +traje de alpaca blanca adornado de terciopelo negro. A toda su familia, +desde la madre hasta Nisita, les rebosaba el contento visiblemente; pero +Josefina, en particular, no parece sino que se había esponjado con las +buenas nuevas del pleito. La proximidad de la fortuna animaba, como un +reflejo dorado, su tez, y hacía fulgecer en sus ojos chispas áureas. +Recostada en la silla, gozaba beatíficamente del triunfo, exponiendo a +la admiración de los inquilinos de las _lunetas_ el cuerpecillo +ajustado, púdico, la línea fugitiva que se elevaba desde la cintura al +hombro, el gracioso manejo de abanico, el movimiento delicado con que +subía los gemelos a la altura de las cejas. No acertaba Amparo a apartar +los ojos de su vencedora rival, y a duras penas la distrajo de aquella +contemplación acerba el principio del tercer acto. + +Aparecía en éste un oficial del ejército, que, agradecido a la +hospitalidad que le habían otorgado en la casa republicana, salvaba a su +vez a los dueños de ella: patético rasgo, corona de todos los excelentes +sentimientos que abundaban en el drama. Cuando más moqueaba la gente y +se oían más jipíos y sollozos, Amparo sintió que su mirada, atraída por +irresistible imán, se clavaba otra vez en el palco de García. Abriose la +puerta de este, y entró Baltasar, ceñido el fino talle por un uniforme +intachable; y después de saludar cortésmente a la madre y a las niñas, +se sentó al lado de la mayor, arreglándose el pelo con la enguantada +mano, y estirando levemente, con notable desembarazo, la tirilla. +Dirigió a Josefina en voz baja dos o tres palabras que, según el +movimiento con que las acompañó, debían ser: «¿Qué tal esto?». Y la de +García alzó los hombros de un modo imperceptible, que claramente +significaba: «Psh.... Un dramón muy cursi y muy populachero». Definida +así la situación, Baltasar tomó familiarmente el abanico de la joven, y +mientras lo cerraba y abría y le daba vueltas como para informarse bien +del paisaje, se entabló una de esas conversaciones íntimas, salpicadas +de coqueterías, de reticencias, de miradas intensas y cortas, de +ahogadas risas, diálogos en que reina dulce abandono, que no serían +posibles mano a mano y en la soledad, y nunca se producen mejor que +entre el tumulto de un sitio público, ante miles de testigos, en el +desierto de las multitudes. + +--Pero no ves, mujer... ¡qué poca vergüenza!--exclamaba Ana señalando al +grupo, del cual no se separaban las pupilas de Amparo--. Después del... +del aviso, ¿no sabes?--añadió hablándole al oído. + +La Tribuna no contestó. Ana ignoraba la destrucción del anónimo: Amparo, +avergonzándose de su noble impulso, no quería confesarlo, temerosa de +que la Comadreja la tratase de _babiona_ y de _pápara_, y aun de que +repitiese la carta por cuenta propia. Ahora... ahora, clavando las uñas +en la franela roja del barandal, sentía que el corazón se le inundaba de +hiel y veneno: nada, estaba visto que era tonta; ¿por qué no echó la +carta en el correo? Pero no; esa miserable y artera venganza no la +satisfacía; cara a cara, sin miedo ni engaño, con la misma generosidad +de los personajes del drama, debía ella pedir cuenta de sus agravios. Y +mientras se le hinchaba el pecho, hirviendo en colérica indignación, el +grupo de abajo era cada vez más íntimo, y Baltasar y Josefina +conversaban con mayor confianza, aprovechándose de que el público, +impresionado por la muerte del espía infame que, al fin, hallaba +condigno castigo a sus fechorías, no curaba de lo que pudiese suceder +por los palcos. De Josefina, que tenía la cabeza vuelta, sólo se +alcanzaban a ver los bucles del artístico peinado, la mancha roja de una +camelia prendida entre la oreja y el arranque del blanco cuello, y la +bola de coral del pendiente, que oscilaba a cada movimiento de su dueña. + +Bien quisiera la Tribuna salir, librarse de la sensación lancinante que +le producía tal vista; pero la gente que la rodeaba por todas partes, +como las sardinas a las sardinas en la banasta, no le consentía moverse +mientras el telón no se bajase. Un poco antes de terminarse el drama +hubo de ver a las de García que se levantaban, y a Baltasar que les +ponía los abrigos a todas con suma deferencia, empezando por la madre; +después se cerró la puerta del palco, y quedose Amparo con las pupilas +fijas maquinalmente en aquel espacio vacío. Aún tardó algunos minutos en +comenzar el desagüe de la cazuela, y el estrepitoso descenso por las +escaleras abajo. Cogiéronse Amparo y Ana de bracero, y empujadas por +todos lados arribaron al vestíbulo y de allí salieron a la calle, donde +el frío cortante de la noche liquidó al punto el sudor en que estaban +ensopadas sus frentes. Sintió la Comadreja que el brazo de Amparo +temblaba, y la miró, y le halló desencajada la faz. + +--Tú no estás bien, chica... ¿qué tienes? ¿Te da algo por la cabeza? + +--Suéltame--contestó con voz opaca la Tribuna--. A donde voy no me hace +falta compañía. + +--¡María Santísima!, ¿a dónde vas, mujer?, ¿qué es esto? + +--¡Que a dónde voy! Pues a apedrearles la casa, para que lo sepas. + +Y recogió el mantón, como para quedarse con los brazos libres. + +--Tú loqueas.... Anda a dormir. + +--O me dejas o me tiro al mar--respondió con tal acento de desesperación +la muchacha, que Ana la soltó, y echó a andar a su lado, midiendo el +paso por el de la terrible y colérica Tribuna. + +--Te digo que se la apedreo, mujer; tan cierto como que ahora es de +noche y Dios nos ve. ¡Repelo!,¡no hay sino hacer irrisión de las +gentes... de las infelices mujeres... de los pobres! ¿Pero tú has visto +qué descaro, qué descaro tan atroz? En mi cara... en mi cara misma... +¡me valga san Dios!, ¡que esto no pasa entre los negros de allá de +Guinea! + +--Bueno... y ahora ¿qué se hace con perderse... con ir a la cárcel, +mujer? + +--Desahogarme, Ana... porque me ahogo, que toda la noche pensé que con +un cordel me estaban apretando la nuez.... ¡Romperles los vidrios, +retepelo!, ¡armar un belén, avergonzarlos, canario!, ¡y que no me piquen +las manos y que duerma yo a gusto hoy!, ¡que tengo las asaduras aquí +(señaló a la garganta) y el corazón apretao, apretao! + +--Pero mujer... mira, considera.... + +--No considero, no miro nada.... + +Este diálogo duraba mientras cruzaron las dos amigas el páramo de +Solares en dirección al barrio de Arriba, por donde suponía Amparo que +iba Baltasar acompañando a las de García hasta su casa. El aire frío y +el silencio de las calles del barrio templaron, no obstante, la sangre +enardecida de la Tribuna. Pareciole entrar en algún claustro donde todo +fuese quietud y melancolía. No hollaba un transeúnte el pavimento, que +resonaba con solemnidad, y cuando menos lo pensaban las dos +expedicionarias, les cerró el paso una iglesia, la de Santa María +Magdalena, alta, muda, con pórtico de ojiva, donde la luz de los faroles +dibujaba los vagos contornos de los santos de piedra que se miraban +inmóviles. Involuntariamente la Tribuna bajó la voz, y al cruzar por +delante del pórtico se santiguó, sin darse cuenta de lo que hacía, y +reportó y contuvo el paso. Ana iba a aprovechar la coyuntura para hacer +a la determinada Tribuna mil reflexiones, a tiempo que un oficial, que +volvía de la plaza de la Fruta, cruzó casi rozándose con ellas y sin +verlas, cantando entre dientes no sé qué polca o pasodoble. Reconoció +Amparo a Baltasar y echó tras él como el lebrel tras la res que +persigue. ¿Oyó Baltasar las pisadas de la Tribuna y pudo reconocerlas? +¿O era solamente que iba deprisa? Lo cierto es que se perdió de vista al +revolver de la esquina, y que, por muy diligentes que anduvieron las que +lo seguían, no lograron darle alcance. + +--Voy a llamarle a la puerta--exclamó Amparo. + +--Mujer, ¿estás loca?... ¡una casa de la calle Mayor!--murmuró Ana con +respetuoso miedo--. ¿Tú sabes la que se armaría? + +En horas semejantes la calle Mayor ofrecía imponente aspecto. Las altas +casas, defendidas por la brillante coraza de sus galerías refulgentes, +en cuyos vidrios centelleaba la luz de los faroles, estaban cerradas, +silenciosas y serias. Algún lejano aldabonazo retumbaba allá... en lo +más remoto, y sobre las losas el golpe del chuzo del sereno repercutía +majestuoso. Amparo se detuvo ante la casa de los Sobrados. Era ésta de +tres pisos, con dos galerías blancas muy encristaladas, y puerta +barnizada, en la cual se destacaba la mano de bronce del aldabón. Y +entre el silencio y la calma nocturna, se alzaba tan severa, tan +penetrada de su importante papel comercial, tan cerrada a los extraños, +tan protectora del sueño de sus respetables inquilinos, que la Tribuna +sintió repentino hervor en la sangre, y tembló nuevamente de estéril +rabia, viendo que por más que se deshiciese allí, al pie del impasible +edificio, no sería escuchada ni atendida. Accesos de furor sacudieron un +instante sus miembros al hallarse impotente contra los muros blancos, +que parecían mirarla con apacible indiferencia; y de pronto, bajándose, +recogió un trozo de ladrillo que la casualidad le mostró, a la luz de un +farol, caído en el suelo, y con airada mano trazó una cruz roja sobre la +oscura puerta reluciente de barniz, cruz roja que dio mucho que pensar +los días siguientes a doña Dolores y al tío Isidoro, que recelaban un +saqueo a mano armada. + + + + +-XXXVII- + +Lucina plebeya + + +Vestíase Amparo, antes de salir a la Fábrica, reflexionando que +diluviaba, que de noche se habían oído varios truenos, que se quedaría +gustosa en casa, y aún entre cobertores, si no necesitase saber +noticias, excitarse, oír voces anhelosas que decían: «Ahora sí que llegó +la nuestra.... Macarroni se va de esta vez... hay un parte de Madrí, que +viene la república... mañana se proclama». + +Al salir de su fementido lecho, la transición del calor al frío le hizo +sentir en las entrañas dolorcillos como si se las royese poquito a poco +un ratón. Púsose pálida, y le ocurrió la terrible idea de que llegaba la +hora. Volviose al lecho, creyendo que allí se calentaría: cerró los ojos +y no quiso pensar. Un deseo profundo de anonadamiento y de quietud se +unía en ella a tal vergüenza y aflicción, que se tapó la cara con la +sábana, prometiéndose no pedir socorro, no llamar a nadie. Mas como +quiera que el tiempo pasaba y los dolorcillos no volvían, se resolvió a +levantarse, y al atar la enagua, de nuevo le pareció que le mordían los +intestinos agudos dientes. Vistiose no obstante, y se dio a pasear por +la estancia, a tiempo que una mano llamó a la puerta del cuartuco, y +antes que Amparo se resolviese a decir «adelante», Ana entró. + +--¿Vienes? + +--No puedo. + +--¿Pasa algo, hay novedá? + +--Creo... que sí. + +--¿Qué sientes, mujer? + +--Frío, mucho frío... y sueño, un sueño que me dormiría de pie... pero +al mismo tiempo rabio por andar... ¡qué rareza! + +--¿Aviso a la señora Pepa? + +--No... qué vergüenza.... Jesús, mi Dios.... Ana querida, no la avises. + +--¡Qué remedio, mujer! ¿Sigue eso? + +--Sigue... ¡infeliz de mí, que nunca yo naciese! + +--Acuéstate sobre la cama.... + +Con su viveza ratonil, Ana arropó a la paciente, y ya se dirigía a la +puerta, cuando una quebrantada voz la llamó. + +--Llévale la cascarilla a mi madre... dile que me duele la cabeza... no +le digas la verdá, por el alma de quien más quieras.... + +--Sí que no se hará ella de cargo.... + +Amparo se quedó algo tranquila: sólo a veces un dolor lento y sordo la +obligaba a incorporarse apoyándose sobre el codo, exhalando reprimidos +ayes. Ana corría, corría, sin cuidarse de la lluvia, hacia la ciudad. +Cerca de dos horas tardó, a pesar de su ligereza, en volver acompañada +de un bulto enorme, del cual sólo se veían desde lejos dos magnos +chanclos que embarcaban el agua llovediza, y un paraguazo de algodón +azul con cuento y varillas de latón dorado. Bufaba la insigne comadrona +y resoplaba, ahogándose a pesar del ningún calor y de la mucha y glacial +humedad de la atmósfera; cuando penetró en la casucha, revolviose en +ella como un monstruo marino en la angosta tinaja en que el domador lo +enseña. Fuese derecha a la cama de la paralítica, y le dijo dos o tres +frases entre lástima y chunga, que a esta le supieron a acíbar; +cabalmente estaba deshaciéndose de ver que ni podía ayudar a su hija en +el trance, ni acompañarla siquiera; aquella habitación era tan próxima a +la calle, que ni soñaba en traer allí a la paciente. + +Consumíase la pobre mujer presa en su jergón, penetrada súbitamente de +la ternura que sienten las madres por sus hijas mientras estas sufren la +terrible crisis que ellas ya vencieron.... Chinto se encontraba allí, +semejante a un palomino atontado.... Entró la comadrona donde la llamaba +su deber, y el mozo y la vieja se quedaron tabique por medio, ayudándose +a sobrellevar la angustia de la tragedia que para ellos se representaba +a telón corrido.... La tullida maldecía de su hija que en tal ocasión se +había puesto, y al mismo tiempo lloriqueaba por no poder asistirla. Y a +cada cinco minutos la señora Pepa entraba en el cuartuco llenándolo con +su corpulencia descomunal, y ordenando militarmente a Chinto que +corriese a desempeñar algún recado indispensable. + +--Aceite, rapaz... ¡un poco de aceite! + +--¿Qué tal?--interrogaba la madre. + +--Bien, mujer, bien.... ¡Aceite, porreta! + +Lo que no se encontraba en la casa, Chinto salía disparado a pedirlo +fuera, prestado en la de un vecino, o fiado en las tiendas. +Generalmente, al recoger una cosa, la comadrona exigía ya otra. + +--Un gotito de anís.... + +--¿Anís? ¿Para qué?--preguntaba la tullida. + +--Para mí, porreta, que soy de Dios y tengo cuerpo y también se me abre +como si me lo cortasen con un cuchillo.... + +Y Chinto se echaba dócilmente a la calle en busca de anís.... Volvía a +presentarse la terrible comadre, toda fatigosa y sofocada. + +--Vino... ¿hay vino? + +--¿Para ti?--murmuraba sin poder contenerse la impedida. + +--Para ti, para ti.... ¡Para ella, demonche, que bien necesita ánimos la +pobre!... ¿Piensas tú que yo le doy desas jaropías de los médicos, desos +calmantes y durmientes? ¡Calmantes! Fuersa, fuersa es lo que hace falta, +y vino, que alegra al hombre las pajarillas, ¡porreta! + +Quince minutos después: + +--Tres onsas de chocolate, del mejor.... Y mira, de camino a ver si +encuentras una gallinita bien gorda, y le vas retorciendo el +pescuezo.... Pide también un cabito de cera... las planchadoras que haya +por aquí han de tener.... + +--¿De cera? + +--De cera, ¡porreta! ¿Si sabré yo lo que me pido? Y pon agua a la +lumbre. + +Y Chinto entraba, salía, dando zancajadas a través del lodo, trayendo a +la exigente facultativa cera, espliego, romero, vino blanco y tinto, +anís, aceite, ruda, todas las drogas y comestibles que reclamaba.... En +los breves intervalos que tenía de descanso el solícito mozo, se sentaba +en una silla baja, al lado del lecho de la tullida, quejándose de que le +faltaban las piernas de algún tiempo acá, él mismo no sabía cómo, y +parece que la respiración se le acababa enteramente: el médico le +afirmaba que se le había metido polvillo de tabaco en los _broncos_ y en +los _plumones_... Boh, boh... ¿qué saben los médicos lo que uno tiene +dentro del cuerpo? Hablaba así en voz baja, para no dejar de prestar +oído a los lamentos de la paciente, que recorrían variada escala de +tonos: primero habían sido gemidos sofocados; luego quejidos hondos y +rápidos, como los que arranca el reiterado golpe de un instrumento +cortante; en pos vinieron ayes articulados, violentos, anhelosos, cual +si la laringe quisiese beberse todo el aire ambiente para enviarlo a las +conturbadas entrañas; y trascurrido algún tiempo, la voz se alteró, se +hizo ronca, oscura, como si naciese más abajo del pulmón, en las +profundidades, en lo íntimo del organismo. A todo esto llovía, llovía, y +la tarde de invierno caía prontamente, y el celaje gris ceniza parecía +muy bajo, muy próximo a la tierra. Chinto encendió el candil de +petróleo, y trajo caldo a la paralítica, y permaneció sentado, sin +chistar, con las rodillas altas, los pies apoyados en el travesaño de la +silla, la barba entre las palmas de las manos. Hacía un rato que el +tabique no comunicaba queja alguna. Dos o tres amigas de la Fábrica, +entre ellas Guardiana, que ya no se quejaba de la paletilla, entraban un +momento, se ofrecían, se retiraban con ademanes compasivos, con +resignados movimientos de hombros, con reflexiones pesimistas acerca de +la fatalidad y de la ingratitud de los hombres. De improviso se +renovaron los gritos, que en el nocturno abandono parecían más lúgubres: +durante aquella hora de angustia suprema, la mujer moribunda retrocedía +al lenguaje inarticulado de la infancia, a la emisión prolongada, +plañidera, terrible, de una sola vocal. Y cada vez era más frecuente, +más desesperada, la queja. + +Serían las once cuando la señora Pepa se presentó en el cuarto de la +tullida, enjugándose el rostro con el reverso de la mano. Sobre su +frente baja y achatada, y en su grosera faz de Cibeles de granito, se +advertía una preocupación, una sombra. + +--¿Cómo va? + +--Tarda, porreta.... Estas primerizas, como no saben bien el +camino...--Y la comadre hizo que se reía para manifestar tranquilidad; +pero un segundo después añadió--: Puede ser que... porque uno no quiere +embrollos ni dolores de cabesa, ¿oyes? Yo soy clara como el agua, +vamos... y no se me murieron en las manos, ¡porreta!, sino dos, en la +edá que tengo.... Después los médicos hablan.... Y yo cuanto puedo hago, +y unturas y friegas de Dios llevo dado en ella.... + +Al afirmar esto, la comadre se limpiaba a las caderas sus gigantescas +manos pringosas. + +--¿Habrá que avisar al médico?--gimoteó la tullida. + +--Porreta, a mi edá no gusta verse envuelta en cuentos... luego después, +que si hizo así, que si pudo haser asá... que si la señora Pepa sabe o +no sabe el oficio.... Menéate ya, dormilón--añadió despóticamente +volviéndose a Chinto...--. Ya estás corriendo por el médico, ¡ganso! + +Chinto salió sin cuidarse del agua que continuaba cayendo tercamente del +negro cielo, y corrió, perseguido por aquella voz cada vez más dolorida, +más agonizante, que atravesaba el tabique, mientras la impedida se +lamentaba de que además de morírsele la hija, iba a tener que abonar--¿y +con qué, Jesús del alma?--los honorarios de un facultativo. El silencio +era tétrico, el tiempo pasaba con lentitud, medido por el chisporroteo +del candil y por un clamor ya exhausto, que más se parecía al aullido +del animal espirante que a la queja humana. Media noche era por filo +cuando Chinto entró acompañado del médico. Acostumbrado debía estar este +a tan críticas situaciones, porque lo primero que hizo fue dejar el +chorreante impermeable en una silla, remangarse tranquilamente las +mangas del gabán y los puños de la camisa, y tomar de manos de Chinto +una caja cuadrilonga que arrimó a un rincón. Después entró en el cuarto +de la paciente, y se oyó la voz gruñona de la comadre, empeñada en darle +explicaciones.... + +A eso de un cuarto de hora más tarde volvió el soldado de la ciencia a +presentarse y pidió agua para lavarse las manos.... Mientras Chinto +buscaba torpemente una jofaina, la madre, llorosa, temblando, preguntaba +nuevas. + +--Bah... no tenga usted cuidado... ese chico me dijo que se trataba de +un lance muy peligroso, y me traje los chismes... no sé para qué: una +muchacha como un castillo, con formación admirable, una versión que se +hizo en un decir Jesús.... Estamos concluyendo. Ahora la comadre basta, +pero yo seré testigo. + +Lavose las manos mientras esto decía, y tornó a su puesto. La mecha de +petróleo, consumida, carbonizada, atufaba la habitación, dejándola casi +en tinieblas, cuando dos o tres gritos, no ya desfallecidos, sino, al +contrario, grandes, potentes, victoriosos, conmovieron la habitación, y +tras de ellos se oyó, perceptible y claro, un vagido. + + + + +-XXXVIII- + +¡Por fin llegó! + + +Amparo descansa abismada en el reposo inefable de las primeras horas. +Sin embargo, a medida que la luz de la pálida mañana entra por el +ventanillo, vuélvele la memoria y la conciencia de sí misma. Llama a +Chinto ceceándolo. + +--¿Qué quieres, mujer? + +--Vas a ir corriendo al cuartel de infantería.... Parece que ahora no +sale la tropa de los cuarteles. + +--Bueno. + +--Si no está allí don Baltasar, a su casa.... ¿La sabes? + +--La sé. ¿Qué le digo? + +--Le dirás... ¡veremos cómo sabes dar el recado! Le dirás que tengo un +niño... ¿oyes? No vayas a equivocarte.... + +--Bueno, un niño.... + +--Un niño... no sea que digas una niña, tonto; un niño, un niño. + +--¿No le digo más? + +--Y que ya sabe lo que me ofreció... y que si quiere ponerse por padre +de la criatura... y que mañana se bautiza. + +--¿Nada más? + +--Nada más.... Esto... bien clarito. + +Chinto salía cuando entraba Ana, que se había ido a su casa a dormir. +Venía muy misteriosa, como el que trae nuevas estupendas. + +--¿Y ese valor, y el pequeño?--preguntó alzando la sábana y la manta y +sacando del tibio rincón donde yacía, un bulto, un paquete, un pañuelo +de lana, entre cuyos dobleces se columbraba una carita microscópica +amoratada, unos ojuelos cerrados, unas faccioncillas peregrinamente +serias, con la seriedad cómica de los recién nacidos. Ana empezó a +hablarle, a decirle mil zalamerías a aquel bollo que del mundo exterior +sólo conocía las sensaciones de calor y frío; buscó una cucharilla y le +paladeó con agua azucarada; arregló la gorra protectora del cráneo, +blando y colorado como una berenjena, y después se sentó a la cabecera +del lecho, depositando en el regazo el fajado muñeco. + +--¿No sabes?--exclamó abriendo por fin la esclusa de sus noticias--. +Encontré a la que les cose a las de García.... No te alteres, mujer, +alégrate; se largan esta tarde para Madrí, porque tuvieron parte de que +ganaron el pleito y van a arreglarlo allá todo. + +Volvió Amparo el rostro con lánguido movimiento, murmurando: + +--Dios vaya con ellas. + +--No sé que no les pase algo en el camino, porque anda todo revuelto.... +Me dijo esa misma chica que hoy sin falta venía la República.... + +--Hace... ocho días que la están anunciando.... + +--Calla, no hables, que te puede venir el delirio.... + +Y la Comadreja se dedicó a arrullar al infante mientras Amparo se +sepultaba otra vez en un sopor que le dejaba el cerebro hueco, la cabeza +vacía, anonadando su pensamiento y haciéndola insensible a lo que pasaba +en torno suyo. Los pasos de Chinto la llamaron a la vida otra vez. Abrió +los ojos, que, en la palidez amarillosa de su morena cara, parecían +mayores y azulados. Chinto se acercó andando de puntillas, torpón y +zambo como siempre. Además parecía hallarse muy turbado. + +--Caro me costó que me dejasen pasar al cuartel--murmuró con su +estropajosa habla de paisano, que salía a relucir de nuevo en los lances +difíciles--. No se puede andar.... Todo está revuelto.... La gente corre +como loca por las calles.... Allí... dice que se marchó el Rey.... Que +en Madrí hay República.... + +Medio se incorporó Amparo, apartando de la frente los negros cabellos +lacios con el sudor que los empapaba.... + +--¿Qué me dices?--balbució. + +--Lo que te digo, mujer.... El alcalde y el gobernador ya echaron muchos +bandos, que los vi en las esquinas.... Y están poniendo trapos de color +en los balcones.... + +--¡Será la cierta!--clamó alzando las manos--. Sigue, sigue. + +--Pues fui al cuartel... y allí no estaba.... + +--¿Irías a su casa volando?--interrogó Amparo temblona. + +--Fui... y dice que.... + +--Acaba, maldito. + +--Y dice que...--Chinto se devanó los sesos buscando una fórmula +diplomática--. Dice que no está en el pueblo, porque... porque ayer se +marchó a Madrí. + +Quiso abrir la boca Amparo y articular algo, pero su dolorida laringe no +alcanzó a emitir un sonido. Echose ambos puños a los cabellos y se los +mesó con tan repentina furia, que algunos, arrancados, cayeron +retorciéndose como negros viboreznos sobre el emboce de la cama.... Las +uñas, desatentadas, recorrieron el contraído semblante y lo arañaron y +ofendieron.... + +--Lárgate, que me voy a levantar--dijo por fin a Chinto--, a ver si +reúno gente y quemo aquella maldita madriguera de los de Sobrado. + +--Sí, lárgate--añadió Ana--. ¡Para las buenas noticias que traes! + +En vez de obedecer, acercose Chinto a la cama, donde jadeaba Amparo +partida, hecha rajas por el horrible esfuerzo de su cólera. + +--Mujer, oyes, mujer...--pronunció con voz que quería suavizar y que +sólo lograba ensordecer--no te aflijas, no te mates.... Allí... yo... yo +me pondré por padre y nos casaremos si quieres... y si no, no... lo que +digas. + +Como generosa yegua de pura sangre a la cual pretendiesen enganchar +haciendo tronco con un individuo de la raza asinina, la Tribuna se +irguió, y saltándosele los ojos de las órbitas, los carrillos inflamados +por la fiebre, gritó: + +--Sal, sal de ahí, bruto.... ¡Quieres condenarme! + +Fuese el emisario de malas nuevas con la música a otra parte, cabizbajo, +convencido de que era un criminal, y la oradora permaneció sentada en la +cama, arrugando las ropas en la contorsión desesperada de sus miembros y +cuerpo. + +--¡Justicia--clamaba--, justicia! ¡Justicia al pueblo... favor, madre +mía del Amparo! ¡Virgen de la Guardia!, ¿pero cómo consientes esto? ¡La +palabra, la palabra, la palaaaabra... los derechos que... matar a los +oficiales, a los oficia!... + +Un principio de fiebre y delirio se traslucía en la incoherencia de sus +palabras. Su cabeza se trastornaba y aguda jaqueca le atarazaba las +sienes. Dejose caer aletargada sobre las fundas, respirando +trabajosamente, casi convulsa. Ana se sintió iluminada por una idea +feliz. Tomó el muñeco vivo, y sin decir palabra, lo acostó con su madre, +arrimándolo al seno, que el angelito buscó a tientas, a hocicadas, con +su boca de seda, desdentada, húmeda y suave. Dos lágrimas refrigerantes +asomaron a los párpados de la Tribuna, rezumaron al través de las +pestañas espesas, humedecieron la escaldada mejilla, y en pos vinieron +otras, que se apresuraban desahogando el corazón y aliviando la +calentura incipiente.... + +Al exterior, las ráfagas de la triste brisa de febrero silbaban en los +deshojados árboles del camino y se estrellaban en las paredes de la +casita. Oíase el paso de las cigarreras que regresaban de la Fábrica; no +pisadas iguales, elásticas y cadenciosas como las que solían dar al +retirarse a sus hogares diariamente, sino un andar caprichoso, +apresurado, turbulento. Del grupo más compacto, del pelotón más resuelto +y numeroso, que tal vez se componía de veinte o treinta mujeres juntas, +salieron algunas voces gritando: + +--¡Viva la República federal! + +EMILIA PARDO BAZÁN + +Granja de Meirás, octubre de 1882. + + + +***END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK LA TRIBUNA*** + + +******* This file should be named 17491-8.txt or 17491-8.zip ******* + + +This and all associated files of various formats will be found in: +http://www.gutenberg.org/dirs/1/7/4/9/17491 + + + +Updated editions will replace the previous one--the old editions +will be renamed. + +Creating the works from public domain print editions means that no +one owns a United States copyright in these works, so the Foundation +(and you!) can copy and distribute it in the United States without +permission and without paying copyright royalties. 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It exists +because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from +people in all walks of life. + +Volunteers and financial support to provide volunteers with the +assistance they need, is critical to reaching Project Gutenberg-tm's +goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will +remain freely available for generations to come. In 2001, the Project +Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure +and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations. +To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation +and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4 +and the Foundation web page at http://www.gutenberg.org/fundraising/pglaf. + + +Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive +Foundation + +The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit +501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the +state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal +Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification +number is 64-6221541. Contributions to the Project Gutenberg +Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent +permitted by U.S. federal laws and your state's laws. + +The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S. +Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered +throughout numerous locations. Its business office is located at +809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email +business@pglaf.org. 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You may copy it, give it away or +re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included +with this eBook or online at <a href = "http://www.gutenberg.org">www.gutenberg.org</a></pre> +<p>Title: La Tribuna</p> +<p>Author: Emilia Pardo Barzán</p> +<p>Release Date: January 11, 2006 [eBook #17491]</p> +<p>Language: Spanish</p> +<p>Character set encoding: ISO-8859-1</p> +<p>***START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK LA TRIBUNA***</p> +<p> </p> +<h3 class="pg">E-text prepared by Chuck Greif<br /> + from digital material generously made available by<br /> + La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes<br /> + (<a href="http://www.cervantesvirtual.com/">http://www.cervantesvirtual.com/</a>)</h3> +<p> </p> +<table border="0" style="background-color: #ccccff;" cellpadding="10"> + <tr> + <td valign="top"> + Note: + </td> + <td> + The source material from which this e-book was taken can be seen + at + <a href="http://www.cervantesvirtual.com/FichaObra.html?Ref=61"> + http://www.cervantesvirtual.com/FichaObra.html?Ref=61</a> + </td> + </tr> +</table> +<p> </p> +<hr class="full" /> +<p> </p> +<p> </p> + +<h1><i>La Tribuna</i></h1> + +<h2>Por</h2> +<h1>Emilia Pardo Bazán</h1> + +<h3>Alfredo de Carlos, Madrid 1883</h3> + +<hr style="width: 65%;" /> + +<table summary="capitulos"><tr><td> +<h3>Capítulos</h3><a name="capitulos" id="capitulos"></a> +<a href="#I"><b>I,</b></a> +<a href="#II"><b>II,</b></a> +<a href="#III"><b>III,</b></a> +<a href="#IV"><b>IV,</b></a> +<a href="#V"><b>V,</b></a> +<a href="#VI"><b>VI,</b></a> +<a href="#VII"><b>VII,</b></a> +<a href="#VIII"><b>VIII,</b></a> +<a href="#IX"><b>IX,</b></a> +<a href="#X"><b>X,</b></a> +<a href="#XI"><b>XI,</b></a> +<a href="#XII"><b>XII,</b></a> +<a href="#XIII"><b>XIII,</b></a> +<a href="#XIV"><b>XIV,</b></a> +<a href="#XV"><b>XV,</b></a> +<a href="#XVI"><b>XVI,</b></a> +<a href="#XVII"><b>XVII,</b></a> +<a href="#XVIII"><b>XVIII,</b></a> +<a href="#XIX"><b>XIX,</b></a> +<a href="#XX"><b>XX,</b></a> +<a href="#XXI"><b>XXI,</b></a> +<a href="#XXII"><b>XXII,</b></a> +<a href="#XXIII"><b>XXIII,</b></a> +<a href="#XXIV"><b>XXIV,</b></a> +<a href="#XXV"><b>XXV,</b></a> +<a href="#XXVI"><b>XXVI,</b></a> +<a href="#XXVII"><b>XXVII,</b></a> +<a href="#XXVIII"><b>XXVIII,</b></a> +<a href="#XXIX"><b>XXIX,</b></a> +<a href="#XXX"><b>XXX,</b></a> +<a href="#XXXI"><b>XXXI,</b></a> +<a href="#XXXII"><b>XXXII,</b></a> +<a href="#XXXIII"><b>XXXIII,</b></a> +<a href="#XXXIV"><b>XXXIV,</b></a> +<a href="#XXXV"><b>XXXV,</b></a> +<a href="#XXXVI"><b>XXXVI,</b></a> +<a href="#XXXVII"><b>XXXVII,</b></a> +<a href="#XXXVIII"><b>XXXVIII</b></a><br /></td></tr> +</table> + +<hr style="width: 65%;" /> + +<h3>Prólogo</h3> + + +<p>Lector indulgente: No quiero perder la buena costumbre de empezar mis +novelas hablando contigo breves palabras. Más que nunca debo mantenerla +hoy, porque acerca de <i>La Tribuna</i> tengo varias advertencias que +hacerte, y así caminarán juntos en este prólogo el gusto y la necesidad.</p> + +<p>Si bien <i>La Tribuna</i> es en el fondo un estudio de costumbres locales, el +andar injeridos en su trama sucesos políticos tan recientes como la +Revolución de Setiembre de 1868, me impulsó a situarla en lugares que +pertenecen a aquella geografía moral de que habla el autor de las +<i>Escenas montañesas</i>, y que todo novelista, chico o grande, tiene el +indiscutible derecho de forjarse para su uso particular. Quien desee +conocer el plano de <i>Marineda</i>, búsquelo en el atlas de mapas y planos +privados, donde se colecciona, no sólo el de Orbajosa, Villabermeja y +Coteruco, sino el de las ciudades de R***, de L*** y de X***, que +abundan en las novelas románticas. Este privilegio concedido al +novelista de crearse un mundo suyo propio, permite más libre inventiva y +no se opone a que los elementos todos del <i>microcosmos</i> estén tomados, +como es debido, de la realidad. Tal fue el procedimiento que empleé en +<i>La Tribuna</i>, y lo considero suficiente—si el ingenio me ayudase—para +alcanzar la verosimilitud artística, el vigor analítico que infunde vida +a una obra.</p> + +<p>Al escribir <i>La Tribuna</i> no quise hacer sátira política; la sátira es +género que admito sin poderlo cultivar; sirvo poco o nada para el caso. +Pero así como niego la intención satírica, no sé encubrir que en este +libro, casi a pesar mío, entra un propósito que puede llamarse +<i>docente</i>. Baste a disculparlo el declarar que nació del espectáculo +mismo de las cosas, y vino a mí, sin ser llamado, por su propio impulso. +Al artista que sólo aspiraba retratar el aspecto pintoresco y +característico de una <i>capa social</i>, se le presentó por añadidura la +moraleja, y sería tan sistemático rechazarla como haberla buscado. +Porque no necesité agrupar sucesos, ni violentar sus consecuencias, ni +desviarme de la realidad concreta y positiva, para tropezar con pruebas +de que es absurdo el que un pueblo cifre sus esperanzas de redención y +ventura en formas de gobierno que desconoce, y a las cuales por lo mismo +atribuye prodigiosas virtudes y maravillosos efectos. Como la raza +latina practica mucho este género de culto fetichista e idolátrico, +opino que si escritores de más talento que yo lo combatiesen, prestarían +señalado servicio a la patria.</p> + +<p>Y vamos a otra cosa. Tal vez no falte quien me acuse de haber pintado al +pueblo con crudeza naturalista. Responderé que si nuestro pueblo fuese +igual al que describiesen Goncourt y Zola, yo podría meditar +profundamente en la conveniencia o inconveniencia de retratarlo; pero +resuelta a ello, nunca seguiría la escuela idealista de Trueba y de la +insigne Fernán, que riñe con mis principios artísticos. Lícito es +callar, pero no fingir. Afortunadamente, el pueblo que copiamos los que +vivimos del lado acá del Pirene no se parece todavía, en buen hora lo +digamos, al del lado allá. Sin adolecer de optimista, puedo afirmar que +la parte del pueblo que vi de cerca cuando tracé estos estudios, me +sorprendió gratamente con las cualidades y virtudes que, a manera de +agrestes renuevos de inculta planta, brotaban de él ante mis ojos. El +método de análisis implacable que nos impone el arte moderno me ayudó a +comprobar el calor de corazón, la generosidad viva, la caridad +inagotable y fácil, la religiosidad sincera, el recto sentir que abunda +en nuestro pueblo, mezclado con mil flaquezas, miserias y preocupaciones +que a primera vista lo oscurecen. Ojalá pudiese yo, sin caer en falso +idealismo, patentizar esta belleza recóndita.</p> + +<p>No, los tipos del pueblo español en general, y de la costa cantábrica en +particular, no son aún—salvas fenomenales excepciones—los que se +describen con terrible verdad en <i>L’Assommoir, Germinie Lacerteux</i> y +otras obras, donde parece que el novelista nos descubre las +abominaciones monstruosas de la Roma pagana, que unidas a la barbarie +más grosera, retoñan en el corazón de la Europa cristiana y civilizada. +Y ya que por dicha nuestra las faltas del pueblo que conocemos no +rebasan de aquel límite a que raras veces deja de llegar la flaca +decaída condición del hombre, pintémosle, si podemos, tal cual es, +huyendo del <i>patriarcalismo</i> de Trueba como del socialismo humanitario +de Sue, y del método de cuantos, trocando los frenos, atribuyen a +Calibán las seductoras gracias de Ariel.</p> + +<p>En abono de <i>La Tribuna</i> quiero añadir que los maestros Galdós y Pereda +abrieron camino a la licencia que me tomo de hacer hablar a mis +personajes como realmente se habla en la región de donde los saqué. +Pérez Galdós, admitiendo en su <i>Desheredada</i> el lenguaje de los barrios +bajos; Pereda, sentenciando a muerte a las zagalejas de porcelana y a +los pastorcillos de égloga, señalaron rumbos de los cuales no es +permitido apartarse ya. Y si yo debiese a Dios las facultades de alguno +de los ilustres narradores cuyo ejemplo invoco, ¡cuánto gozarías, oh +lector discreto, al dejar los trillados caminos de la retórica novelesca +diaria para beber en el vivo manantial de las expresiones populares, +incorrectas y desaliñadas, pero frescas, enérgicas y donosas!</p> + +<p>Queda adiós, lector, y ojalá te merezca este libro la misma acogida que +<i>Un viaje de novios</i>. Tu aplauso me sostendrá en la difícil vía de la +observación, donde no todo son flores para un alma compasiva.</p> + +<p class="derecha"><b>EMILIA PARDO BAZÁN</b></p> + +<p class="derecha">Granja de Meirás, octubre de 1882.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="I" id="I"></a><a href="#capitulos">-I-</a></h2> + +<h3>Barquillos</h3> + + +<p>Comenzaba a amanecer, pero las primeras y vagas luces del alba a duras +penas lograban colarse por las tortuosas curvas de la calle de los +Gastros, cuando el señor Rosendo, el barquillero que disfrutaba de más +parroquia y popularidad en Marineda, se asomó, abriendo a bostezos, a la +puerta de su mezquino cuarto bajo. Vestía el madrugador un desteñido +pantalón grancé, reliquia bélica, y estaba en mangas de camisa. Miró al +poco cielo que blanqueaba por entre los tejados, y se volvió a su +cocinilla, encendiendo un candil y colgándolo del estribadero de la +chimenea. Trajo del portal un brazado de astillas de pino, y sobre la +piedra del fogón las dispuso artísticamente en pirámide, cebada por su +base con virutas, a fin de conseguir una hoguera intensa y flameante. +Tomó del vasar un tarterón, en el cual vació cucuruchos de harina y +azúcar, derramó agua, cascó huevos y espolvoreó canela. Terminadas estas +operaciones preliminares, estremeciose de frío—porque la puerta había +quedado de par en par, sin que en cerrarla pensase y descargó en el +tabique dos formidables puñadas.</p> + +<p>Al punto salió rápidamente del dormitorio o cuchitril contiguo una +mozuela de hasta trece años, desgreñada, con el cierto andar de quien +acaba de despertarse bruscamente, sin más atavíos que una enagua de +lienzo y un justillo de dril, que adhería a su busto, anguloso aún, la +camisa de estopa. Ni miró la muchacha al señor Rosendo, ni le dio los +buenos días; atontada con el sueño y herida por el fresco matinal que le +mordía la epidermis, fue a dejarse caer en una silleta, y mientras el +barquillero encendía estrepitosamente fósforos y los aplicaba a las +virutas, la chiquilla se puso a frotar con una piel de gamuza el enorme +cañuto de hojalata donde se almacenaban los barquillos.</p> + +<p>Instalose el señor Rosendo en su alto trípode de madera ante la llama +chisporroteadora y crepitante ya, y metiendo en el fuego las magnas +tenazas, dio principio a la operación. Tenía a su derecha el barreño del +amohado, en el cual mojaba el cargador, especie de palillo grueso; y +extendiendo una leve capa de líquido sobre la cara interior de los +candentes hierros, apresurábase a envolverla en el molde con su dedo +pulgar, que a fuerza de repetir este acto se había convertido en una +callosidad tostada, sin uña, sin yema y sin forma casi. Los barquillos, +dorados y tibios, caían en el regazo de la muchacha, que los iba +introduciendo unos en otros a guisa de tubos de catalejo, y colocándolos +simétricamente en el fondo del cañuto; labor que se ejecutaba en +silencio, sin que se oyese más rumor que el crujir de la leña, el +rítmico chirrido de las tenazas al abrir y cerrar sus fauces de hierro, +el seco choque de los crocantes barquillos al tropezarse, y el silbo del +amohado al evaporar su humedad sobre la ardiente placa. La luz del +candil y los reflejos de la lumbre arrancaban destellos a la hojalata +limpia, al barro vidriado de las cazuelas del vasar, y la temperatura se +suavizaba, se elevaba, hasta el extremo de que el señor Rosendo se +quitase la gorra con visera de hule, descubriendo la calva sudorosa, y +la niña echase atrás con el dorso de la mano sus indómitas guedejas que +la sofocaban.</p> + +<p>Entre tanto, el sol, campante ya en los cielos, se empeñaba en cernir +alguna claridad al través de los vidrios verdosos y puercos del +ventanillo que tenía obligación de alumbrar la cocina. Sacudía el sueño +la calle de los Castros, y mujeres en trenza y en cabello, cuando no en +refajo y chancletas, pasaban apresuradas, cuál en busca de agua, cuál a +comprar provisiones a los vecinos mercados; oíanse llantos de +chiquillos, ladridos de perros; una gallina cloqueó; el canario de la +barbería de enfrente redobló trinando como un loco. De tiempo en tiempo +la niña del barquillero lanzaba codiciosas ojeadas a la calle. ¡Cuándo +sería Dios servido de disponer que ella abandonase la dura silla, y +pudiese asomarse a la puerta, que no es mucho pedir! Pronto darían las +nueve, y de los seis mil barquillos que admitía la caja sólo estaban +hechos cuatro mil y pico. Y la muchacha se desperezó maquinalmente. Es +que desde algunos meses acá bien poco le lucía el trabajo a su padre. +Antes despachaba más.</p> + +<p>El que viese aquellos cañutos dorados, ligeros y deleznables como las +ilusiones de la niñez, no podía figurarse el trabajo ímprobo que +representaba su elaboración. Mejor fuera manejar la azada o el pico que +abrir y cerrar sin tregua las tenazas abrasadoras, que además de quemar +los dedos, la mano y el brazo, cansaban dolorosamente los músculos del +hombro y del cuello. La mirada, siempre fija en la llama, se fatigaba; +la vista disminuía; el espinazo, encorvado de continuo, llevaba, a puros +esguinces, la cuenta de los barquillos que salían del molde. ¡Y ningún +día de descanso! No pueden los barquillos hacerse de víspera; si han de +gustar a la gente menuda y golosa, conviene que sean fresquitos. Un nada +de humedad los reblandece. Es preciso pasarse la mañana, y a veces la +noche, en fabricarlos, la tarde en vocearlos y venderlos. En verano, si +la estación es buena y se despacha mucho y se saca pingüe jornal, +también hay que estarse las horas caniculares, las horas perezosas, +derritiendo el alma sobre aquel fuego, sudando el quilo, preparando +provisión doble de barquillos para la venta pública y para los cafés. Y +no era que el señor Rosendo estuviese mal con su oficio; nada de eso; +artistas habría orgullosos de su destreza, pero tanto como él, ninguno. +Por más que los años le iban venciendo, aún se jactaba de llenar en +menos tiempo que nadie el tubo de hojalata. No ignoraba primor alguno de +los concernientes a su profesión; barquillos anchos y finos como seda +para rellenar de huevos hilados, barquillos recios y estrechos para el +agua de limón y el sorbete, hostias para las confiterías—y no las hacía +para las iglesias por falta de molde que tuviese una cruz—, flores, +hojuelas y <i>orejas de fraile</i> en Carnaval, buñuelos en todo tiempo.... +Pero nunca lo tenía de lucir estas habilidades accesorias, porque los +barquillos de diario eran absorbentes. ¡Bah!, en consiguiendo vivir y +mantener la familia....</p> + +<p>A las nueve muy largas, cuando cerca de cinco mil barquillos reposaban +en el tubo, todavía el padre y la hija no habían cruzado palabra. +Montones de brasa y ceniza rodeaban la hoguera, renovada dos o tres +veces. La niña suspiraba de calor, el viejo sacudía frecuentemente la +mano derecha, medio asada ya. Por fin, la muchacha profirió:</p> + +<p>—Tengo hambre.</p> + +<p>Volvió el padre la cabeza, y con expresivo arqueamiento de cejas indicó +un anaquel del vasar. Encaramose la chiquilla trepando sobre la artesa, +y bajó un mediano trozo de pan de mixtura, en el cual hincó el diente +con buen ánimo. Aún rebuscaba en su falda las migajas sobrantes para +aprovecharlas, cuando se oyeron crujidos de catre, carraspeos, los +ruidos característicos del despertar de una persona, y una voz entre +quejumbrosa y despótica llamó desde la alcoba cercana al portal:</p> + +<p>—¡Amparo!</p> + +<p>Se levantó la niña y acudió al llamamiento, resonando de allí a poco +rato su hablar.</p> + +<p>—Afiáncese, señora... así... cárguese más... aguarde que le voy a batir +este jergón... (Y aquí se escuchó una gran sinfonía de hojas de maíz, un +<i>sirrisssch</i>... prolongado y armonioso.)</p> + +<p>La voz mandona dijo opacamente algo, y la infantil contestó:</p> + +<p>—Ya la voy a poner a la lumbre, ahora mismito.... ¿Tendrá por ahí el +azúcar?</p> + +<p>Y respondiendo a una interpelación altamente ofensiva para su dignidad, +gritó la chiquilla:</p> + +<p>—Y piensa que.... ¡Aunque fuera oro puro! Lo escondería usted misma.... +Ahí está, detrás de la funda... ¿lo ve?</p> + +<p>Salió con una escudilla desportillada en la mano, llena de morena +melaza, y arrimando al fuego un pucherito donde estaba ya la cascarilla, +le añadió en debidas proporciones azúcar y leche, y volviose al cuarto +del portal con una taza humeante y colmada a reverter. En el fondo del +cacharro quedaba como cosa de otra taza. El barquillero se enderezó +llevándose las manos a la región lumbar, y sobriamente, sin +concupiscencia, se desayunó bebiendo las sobras por el puchero mismo. +Enjugó después su frente regada de sudor con la manga de la camisa, +entró a su vez en el cuarto próximo; y al volver a presentarse, vestido +con pantalón y chaqueta de paño pardo, se terció a las espaldas la caja +de hoja de lata y se echó a la calle. Amparo, cubriendo la brasa con +ceniza, juntaba en una cazuela berzas, patatas, una corteza de tocino, +un hueso rancio de cerdo, cumpliendo el deber de condimentar el caldo +del humilde menaje. Así que todo estuvo arreglado, metiose en el +cuchitril, donde consagró a su aliño personal seis minutos y medio, +repartidos como sigue: un minuto para calzarse los zapatos de becerro, +pues todavía estaba descalza; dos para echarse un refajo de bayeta y un +vestido de tartán; un minuto para pasarse la punta de un paño húmedo por +ojos y boca (más allá no alcanzó el aseo); dos minutos para escardar con +un peine desdentado la revuelta y rizosa crencha, y medio para tocarse +al cuello un pañolito de indiana. Hecho lo cual, se presentó más oronda +que una princesa a la persona encamada a quien había llevado el +desayuno. Era esta una mujer de edad madura, agujereada como una +espumadera por las viruelas, chata de frente, de ojos chicos. Viendo a +la chiquilla vestida se escandalizó: ¿a dónde iría ahora semejante +vagabunda?</p> + +<p>—A misa, señora, que es domingo.... ¿Qué volver con noche ni con noche? +Siempre vine con día, siempre.... ¡Una vez de cada mil! Queda el caldo +preparadito al fuego.... Vaya, abur.</p> + +<p>Y se lanzó a la calle con la impetuosidad y brío de un cohete bien +disparado.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="II" id="II"></a><a href="#capitulos">-II-</a></h2> + +<h3>Padre y madre</h3> + + +<p>Tres años antes, la imposibilitada estaba sana y robusta y ganaba su +vida en la Fábrica de Tabacos. Una noche de invierno fue a jabonar ropa +blanca al lavadero público, sudó, volvió desabrigada y despertó tullida +de las caderas.—Un aire, señor—decía ella al médico.</p> + +<p>Quedose reducida la familia a lo que trabajase el señor Rosendo: el real +diario que del <i>fondo de Hermandad</i> de la Fábrica recibía la enferma no +llegaba a medio diente. Y la chiquilla crecía, y comía pan y rompía +zapatos, y no había quien la sujetase a coser ni a otro género de +tareas. Mientras su padre no se marchaba, el miedo a un pasagonzalo +sacudido con el cargador la tenía quieta ensartando y colocando +barquillos; pero apenas el viejo se terciaba la correa del tubo, sentía +Amparo en las piernas un hormigueo, un bullir de la sangre, una +impaciencia como si le naciesen alas a miles en los talones. La calle +era su paraíso. El gentío la enamoraba, los codazos y enviones la +halagaban cual si fuesen caricias, la música militar penetraba en todo +su ser produciéndole escalofríos de entusiasmo. Pasábase horas y horas +correteando sin objeto al través de la ciudad, y volvía a casa con los +pies descalzos y manchados de lodo, la saya en jirones, hecha una sopa, +mocosa, despeinada, perdida, y rebosando dicha y salud por los poros de +su cuerpo. A fuerza de filípicas maternales corría una escoba por el +piso, sazonaba el caldo, traía una herrada de agua; en seguida, con +rapidez de ave, se evadía de la jaula y tornaba a su libre vagancia por +calles y callejones.</p> + +<p>De tales instintos erráticos tendría no poca culpa la vida que +forzosamente hizo la chiquilla mientras su madre asistió a la Fábrica. +Sola en casa con su padre, apenas este salía, ella le imitaba por no +quedarse metida entre cuatro paredes: vaya, y que no eran tan alegres +para que nadie se embelesase mirándolas. La cocina, oscura y angosta, +parecía una espelunca, y encima del fogón relucían siniestramente las +últimas brasas de la moribunda hoguera. En el patín, si es verdad que se +veía claro, no consolaba mucho los ojos el aspecto de un montón de cal y +residuos de albañilería, mezclados con cascos de loza, tarteras rotas, +un molinillo inservible, dos o tres guiñapos viejos y un innoble zapato +que se reía a carcajadas. Casi más lastimoso era el espectáculo de la +alcoba matrimonial: la cama en desorden, porque la salida precipitada a +la Fábrica no permitía hacerla; los cobertores color de hospital, que no +bastaba a encubrir una colcha rabicorta; la vela de sebo, goteando +tristemente a lo largo de la palmatoria de latón veteada de cardenillo; +la palangana puesta en una silla y henchida de agua jabonosa y +grasienta; en resumen, la historia de la pobreza y de la incuria narrada +en prosa por una multitud de objetos feos, y que la chiquilla comprendía +intuitivamente; pues hay quien sin haber nacido entre sedas y holandas, +presume y adivina todas aquellas comodidades y deleites que jamas gozó. +Así es que Amparo huía, huía de sus lares camino de la Fábrica, llevando +a su madre, en una fiambrera, el bazuqueante caldo; pero, soltando a lo +mejor la carga, poníase a jugar al corro, a <i>San Severín</i>, a la viudita, +a cualquier cosa, con las damiselas de su edad y pelaje.</p> + +<p>Cuando la madre se vio encamada quiso imponer a la hija el trabajo +sedentario: era tarde. La planta rústica no se sujetaba ya al espaller. +Amparo había ido a la escuela en sus primeros años, años de relativa +prosperidad para la familia, sucediéndole lo que a la mayor parte de las +niñas pobres, que al poco tiempo se cansan sus padres de enviarlas y +ellas de asistir, y se quedan sin más habilidad que la lectura, cuando +son listas, y unos rudimentos de escritura. De aguja apenas sabía Amparo +nada. La madre se resignó con la esperanza de colocarla en la Fábrica. +—«Que trabaje—decía—como yo trabajé». Y al murmurar esta sentencia +suspiraba, recordando treinta años de incesante afán. Ahora su carne y +sus molidos huesos se tendían gustosamente en la cama, donde reposaba +tumbada panza arriba ínterin sudaban otros para mantenerla. ¡Que +sudasen! Dominada por el terrible egoísmo que suele atacar a los viejos +cuya mocedad fue laboriosa, la impedida hizo del potro de dolor quinta +de recreo. Lo que es allí ya podían venir penas; lo que es allí a buen +seguro que la molestase el calor ni el frío. ¿Que era preciso lavar la +ropa? Bueno, ella no tenía que levantarse a jabonarla, le había costado +bien caro una vez. ¿Que estaba sucio el piso? Ya lo barrerían, y si no, +por ella, aunque en todo el año no se barriese.... ¿De qué le había +servido tanto romper el cuerpo cuando era joven? De verse ahora tullida +—«¡Ay, no se sabe lo que es la salud hasta después de que se pierde!» +—exclamaba sentenciosamente, sobre todo los días en que el dolor +artrítico le atarazaba las junturas. Otras veces, jactanciosa como todo +inválido, decía a su hija:—«Sácateme de delante, que irrita el verte; +de tu edad era yo una loba que daba en un cuarto de hora vuelta a una +casa».</p> + +<p>Sólo echaba de menos la animación de su Fábrica, las compañeras. A bien +que las vecinas de la calle solían acercarse a ofrecerle un rato de +palique: una sobre todo, Pepa la comadrona, por mal nombre señora +Porreta. Era esta mujer colosal, a lo ancho más aún que a lo alto; +parecíase a tosca estatua labrada para ser vista de lejos. Su cara +enorme, circuida por colgante papada, tenía palidez serosa. Calzaba +zapatillas de hombre y usaba una sortija, de tamaño masculino también, +en el dedo meñique. Acercábase a la cama de la impedida, le sometía las +ropas, le abofeteaba la almohada apoyando fuertemente ambas manos en los +muslos, a fin de sostener la mole de su vientre, y con voz sorda y +apagada empezaba a referir chismes del barrio, escabrosos pormenores de +su profesión, o las maravillosas curas que pueden obtenerse con un +cocimiento de ruda, huevo y aceite, con la hoja de la malva bien +machacadita, con romero hervido en vino, con unturas de enjundia de +gallina. Susurraban los maldicientes que entre parleta y parleta solía +la matrona entreabrir el pañuelo que le cubría los hombros y sacar una +botellica que fácilmente se ocultaba en cualquier rincón de su corpiño +gigantesco; y ya corroboraba con un trago de anís el exhausto gaznate, +ya ofrecía la botella a su interlocutora «para ir pasando las penas de +este mundo». A oídos del señor Rosendo llegó un día esta especie, y se +alarmó; porque mientras estuvo en la Fábrica no bebía nunca su mujer más +que agua pura; pero por mucho que entró impensadamente algunas tardes, +no cogió <i>infraganti</i> a las delincuentes. Sólo vio que estaban muy +amigotas y compinches. Para la ex-cigarrera valía un Perú la comadrona; +al menos esa hablaba, porque lo que es su marido.... Cuando este +regresaba de la diaria correría por paseos y sitios públicos, y bajando +el hombro soltaba con estrépito el tubo en la esquina de la habitación, +el diálogo del matrimonio era siempre el mismo:</p> + +<p>—¿Qué tal?—preguntaba la tullida.</p> + +<p>Y el señor Rosendo pronunciaba una de estas tres frases:</p> + +<p>—Menos mal.—Un regular.—Condenadamente.</p> + +<p>Aludía a la venta, y jamás se dio caso de que agregase género alguno de +amplificación o escolio a sus oraciones clásicas. Poseía el +inquebrantable laconismo popular, que vence al dolor, al hambre, a la +muerte y hasta a la dicha. Soldado reenganchado, uncido en sus mejores +años al férreo yugo de la disciplina militar, se convenció de la +ociosidad de la palabra y necesidad del silencio. Calló primero por +obediencia, luego por fatalismo, después por costumbre. En silencio +elaboraba los barquillos, en silencio los vendía, y casi puede decirse +que los voceaba en silencio, pues nada tenía de análogo a la afectuosa +comunicación que establece el lenguaje entre seres racionales y humanos, +aquel grito gutural en que, tal vez para ahorrar un fragmento de +palabra, el viejo suprimía la última sílaba, reemplazádola por doliente +prolongación de la vocal penúltima:</p> + +<p>—Barquilleeeeé....</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="III" id="III"></a><a href="#capitulos">-III-</a></h2> + +<h3>Pueblo de su nacimiento</h3> + + +<p>Al sentar el pie en la calle, Amparo respiró anchamente. El sol, llegado +al zenit, lo alegraba todo. En los umbrales de las puertas los gatos, +acurrucados, presentaban el lomo al benéfico calorcillo, guiñando sus +pupilas de tigre y roncando de gusto. Las gallinas iban y venían +escarbando. La bacía del barbero, colgada sobre la muestra y rodeada de +una sarta de muelas rancias ya, brillaba como plata. Reinaba la soledad, +los vecinos se habían ido a misa o de bureo, y media docena de párvulos, +confiados al Ángel de la Guarda, se solazaban entre el polvo y las +inmundicias del arroyo, con la chola descubierta y expuestos a un +tabardillo. Amparo se arrimó a una de las ventanas bajas, y tocó en los +cristales con el puño cerrado. Abriéronse las vidrieras, y se vio la +cara de una muchacha pelinegra y descolorida, que tenía en la mano una +almohadilla de labrar donde había clavados infinidad de menudos +alfileres.</p> + +<p>—¡Hola!</p> + +<p>—¿Hola, Carmela, andas con la labor a vueltas?—pues es día de misa.</p> + +<p>—Por eso me da rabia... contestó la muchacha pálida, que hablaba con +cierto ceceo, propio de los puertecitos de mar en la provincia de +Marineda.</p> + +<p>—Sal un poco, mujer... vente conmigo.</p> + +<p>—Hoy... ¡quién puede! Hay un encargo... diez y seis varas de puntilla +para una señora del barrio de Arriba.... El martes se han de entregar +sin falta.</p> + +<p>Carmela se sentó otra vez con su almohadilla en el regazo, mientras los +hombros de Amparo se alzaban entre compasivos e indiferentes, como si +murmurasen—«Lo de costumbre»—. Apartose de allí, y sus pies +descendieron con suma agilidad la escalinata de la plaza de Abastos, +llena a la sazón de cocineras y vendedoras, y enhebrándose por entre +cestas de gallinas, de huevos, de quesos, salió a la calle de San Efrén, +y luego al atrio de la iglesia, donde se detuvo deslumbrada.</p> + +<p>Cuanto lujo ostenta un domingo en una capital de provincia se veía +reunido ante el pórtico, que las gentes cruzaban con el paso majestuoso +de personas bien trajeadas y compuestas, gustosas en ser vistas y +mutuamente resueltas a respetarse y a no promover empujones. Hacían cola +las señoras aguardando su turno, empavesadas y solemnes, con mucha +mantilla de blonda, mucho devocionario de canto dorado, mucho rosario de +oro y nácar, las madres vestidas de seda negra, las niñas casaderas, de +colorines vistosos. Al llegar a los postigos que más allá del pórtico +daban entrada a la nave, había crujidos de enaguas almidonadas, blandos +empellones, codazos suaves, respiración agitada de damas obesas, cruces +de rosarios que se enganchaban en un encaje o en un fleco, frases de +miel con su poco de vinagre, como—ay, usted dispense.... A mí me +empujan, señora, por eso yo.... No tire usted así, que se romperá el +adorno.... Perdone usted.</p> + +<p>Deslizose Amparo entre el grupo de la buena sociedad marinedina, y se +introdujo en el templo. Hacia el presbiterio se colocaban las señoritas, +arrodilladas con estudio, a fin de no arrugarse los trapos de +cristianar, y como tenían la cabeza baja, veíanse blanquear sus nucas, y +alguna estrecha suela de elegante botita remangaba los pliegues de las +faldas de seda. El centro de la nave lo ocupaba el piquete y la banda de +música militar, en correcta formación. A ambos lados, filas de hombres, +que miraban al techo o a las capillas laterales, como si no supiesen qué +hacer de los ojos. De pronto lució en el altar mayor la vislumbre de oro +y colores de una casulla de tisú; quedó el concurso en mayor silencio; +las damas abrieron sus libros con las enguantadas manos, y a un tiempo +murmuró el sacerdote <i>Introito</i> y rompió en sonoro acorde la charanga, +haciendo oír las profanas notas de <i>Traviatta</i>, cabalmente los compases +ardientes y febriles del dúo erótico del primer acto. El son vibrante de +los metales añadía intensidad al canto, que, elevándose amplio y nutrido +hasta la bóveda, bajaba después a extenderse, contenido, pero brioso, +por la nave y el crucero, para cesar, de repente, al alzarse la hostia; +cuando esto sucedió, la marcha real, poderosa y magnífica, brotó de los +marciales instrumentos, sin que a intervalos dejase de escucharse en el +altar el misterioso repiqueteo de la campanilla del acólito.</p> + +<p>A la salida, repetición del desfile: junto a la pila se situaron tres o +cuatro de los que ya no se llamaban <i>dandys</i> ni todavía <i>gomosos</i>, sino +<i>pollos y gallos</i>, haciendo ademán de humedecer los dedos en agua +bendita, y tendiéndolos bien enjutos a las damiselas para conseguir un +fugaz contacto de guantes vigilado por el ojo avizor de las mamás. Una +vez en el pórtico, era lícito levantar la cabeza, mirar a todos lados, +sonreír, componerse furtivamente la mantilla, buscar un rostro conocido +y devolver un saludo. Tras el deber, el placer; ahora la selecta +multitud se dirigía al paseo, convidada de la música y de la alegría de +un benigno domingo de marzo, en que el sol sembraba la regocijada +atmósfera de átomos de oro y tibios efluvios primaverales. Amparo se +dejó llevar por la corriente y presto vino a encontrarse en el paseo.</p> + +<p>No tenía entonces Marineda el parque inglés que, andando el tiempo, +hermoseó su recinto: y <i>las Filas</i>, donde se daban vueltas durante las +mañanas de invierno y las tardes de verano, eran una estrecha avenida, +pavimentada de piedra, de una parte guarnecida por alta hilera de casas, +de otra por una serie de bancos que coronaban toscas estatuas alegóricas +de las Estaciones, de las Virtudes, mutiladas y privadas de manos y +narices por la travesura de los muchachos. Sombreaban los asientos +acacias de tronco enteco, de clorótico follaje (cuando Dios se lo daba); +sepultadas entre piedras por todos lados, como prisionero en torre +feudal. A la sazón carecían de hojas, pero la caricia abrasadora del sol +impelía a la savia a subir, a las yemas a hincharse. Las desnudas ramas +se recortaban sobre el limpio matiz del firmamento, y a lo lejos el mar, +de un azul metálico, como pavonado, reposaba, viéndose inmóviles las +jarcias y arboladura de los buques surtos en la bahía, y quietos hasta +los impacientes gallardetes de los mástiles. Ni un soplo de brisa, ni +nada que desdijese de la apacibilidad profunda y soñolienta del +ambiente.</p> + +<p>Caído el pañuelo y recibiendo a plomo el sol en la mollera, miraba +Amparo con gran interés el espectáculo que el paseo presentaba. Señoras +y caballeros giraban en el corto trecho de <i>las Filas</i>, a paso lento y +acompasado, guardando escrupulosamente la derecha. La implacable +claridad solar azuleaba el paño negro de las relucientes levitas, +suavizaba los fuertes colores de las sedas, descubría las menores +imperfecciones de los cutis, el salseo de los guantes, el sitio de las +antiguas puntadas en la ropa reformada ya. No era difícil conocer al +primer golpe de vista a las notabilidades de la ciudad: una fila de +altos sombreros de felpa, de bastones de roten o concha con puño de oro, +de gabanes de castor, todo puesto en caballeros provectos y seriotes, +revelaba claramente a las autoridades, regente, magistrados, segundo +cabo, gobernador civil; seis o siete pantalones gris perla, pares de +guantes claros y flamantes corbatas denunciaban a la dorada juventud; +unas cuantas sombrillas de raso, un ramillete de vestidos que +trascendían de mil leguas a importación madrileña, indicaban a las +dueñas del cetro de la moda. Las gentes pasaban, y volvían a pasar, y +estaban pasando continuamente, y a cada vuelta se renovaba la misma +profesión por el mismo orden.</p> + +<p>Un grupo de oficiales de Infantería y Caballería ocupaba un banco +entero, y el sol parecía concentrarse allí, atraído por el resplandor de +los galones y estrellas de oro, por los pantalones rojo vivo, por el +relampagueo de las vainas de sable y el hule reluciente del casco de los +roses. Los oficiales, gente de buen humor y jóvenes casi todos, reían, +charlaban y hasta jugaban con un enjambre de elegantes niñas, que ni la +mayor sumaría doce años, ni la menor bajaba de tres. Tenían a las más +pequeñas sentadas en las rodillas, mientras las otras, de pie y con unos +atisbos de timidez y pudor femenil, no osaban acercarse mucho al banco, +haciendo como que platicaban entre sí, cuando realmente sólo atendían a +la conversación de los militares. Al otro extremo del paseo se oyó +entonces un grito conocidísimo de la chiquillería.</p> + +<p>—Barquilleeeeé....</p> + +<p>—Batilos... a mí batilos, chilló al oírlo una rubilla carrilluda, que +cabalgaba en la pierna izquierda de un capitán de infantería portador de +formidables mostachos.</p> + +<p>—Nisita, no seas fastidiosa: te llevo a mamá—amonestó una de las +mayores, con gravedad imponente.</p> + +<p>—Pué teo batilos, batiiilos—berreó descompasadamente la rubia, +colorada como un pavo y apretando sus puñitos.</p> + +<p>—Tiene usted razón, señorita, díjole risueño un alférez de linda y +adamada figura, al ver que el angelito pateaba y hacía pucheros para +romper a llorar. Espérese usted, que habrá barquillos. Llamaremos a ese +digno funcionario.... Ya viene hacia acá. Usted, Borrén—añadió +dirigiéndose al capitán...—, ¿quiere usted darle una voz?</p> + +<p>—¡Eh... chss! ¡Barquilleeeeró!—gritó el capitán mostachudo, sin notar +que el círculo de las grandecitas se reía de su ronquera crónica. No +obstante la cual, el señor Rosendo le oyó, y se acercaba, derrengado con +el peso de la caja, que depositó en el suelo delante del grupo. Se +oyeron como píos y aleteos, el ruido de una canariera cuando le ponen +alpiste, y las chiquillas corrieron a rodear el tubo, mientras las +grandes se hacían las desdeñosas, cual si las humillase la idea de que a +su edad las convidaran a barquillos. Inclinada la rubia pedigüeña sobre +la especie de ruleta que coronaba la caja de hojalata, impulsaba con su +dedito la aguja, chillando de regocijo cuando se detenía en un número, +ya ganase, ya perdiese. Su júbilo rayó en paroxismo al momento que, +tendiendo la mano abierta, encima de cada dedo fue el señor Rosendo +calzándole una torre de barquillos: quedose extasiada mirándolos, sin +atreverse a abrir la boca para comérselos.</p> + +<p>Estando en esto, el alférez volvió casualmente la cabeza y divisó del +otro lado de los bancos un rostro de niña pobre que devoraba con los +ojos la reunión. Figurose que sería por apetito de barquillos, y le hizo +una seña, con ánimo de regalarle algunos. La muchacha se acercó, +fascinada por el brillo de la sociedad alegre y juvenil; pero al +entender que la brindaban con tomar parte en el banquete, encogiose de +hombros y movió negativamente la cabeza.</p> + +<p>—Bien harta estoy de ellos—pronunció con desdén.</p> + +<p>—Es la hija—explicó sin manifestar sorpresa el barquillero, que +embolsaba la calderilla y bajaba el hombro para ceñirse otra vez la +correa.</p> + +<p>—Por lo visto, eres la señorita de Rosendez—murmuró el alférez en son +de broma—. Vamos, Borrén, usted que es animado, dígale algo a esta +pollita.</p> + +<p>El de los mostachos consideraba a la recién venida atentamente, como un +arqueólogo miraría un ánfora acabada de encontrar en una excavación. A +las palabras del alférez contestó con ronco acento:</p> + +<p>—Pues vaya si le diré, hombre. Si estoy reparando esta chica, y es de +lo mejorcito que pasea por Marineda. Es decir, por ahora está sin +formar, ¿eh?—y el capitán abría y cerraba las dos manos como dibujando +en el aire unos contornos mujeriles—. Pero yo no necesito verlas cuando +se completan, hombre; yo las huelo antes, amigo Baltasar. Soy perro +viejo, ¿eh? Dentro de un par de años...—y Borrén hizo otro gesto +expresivo cual si se relamiese.</p> + +<p>Miraba el alférez a la muchacha, y admirábase de las predicciones de +Borrén: es verdad que había ojos grandes, pobladas pestañas, dientes +como gotas de leche; pero la tez era cetrina, el pelo embrollado +semejaba un felpudo, y el cuerpo y traje competían en desaliño y poca +gracia. Con todo, por seguir la broma, hizo el alférez que asentía a la +opinión del capitán, y pronunció:</p> + +<p>—Digo lo que el amigo Borrén: esta pollita nos va a dar muchos +disgustos.... Los oficiales se echaron a reír, y Amparo a su vez se fijó +en el que hablaba, sin comprender al pronto sus frases.</p> + +<p>—Cosas de Borrén.... Ese Borrén es célebre—exclamaron con algazara los +militares, a quienes no parecía ningún prodigio la chiquilla.</p> + +<p>—Reparen ustedes, señores—siguió el alférez—; la chica es una perla; +dentro de dos años nos mareará a todos. ¿Qué dices tú a eso, señorita de +Rosendez? Por de pronto, a mí me ha desairado no aceptando mis +barquillos.... Mira, te convido a lo que quieras, a dulces, a jerez... +pero con una condición.</p> + +<p>Amparo enrollaba las puntas del pañuelo sin dejar de mirar de reojo a su +interlocutor. No era lerda, y recelaba que se estuviesen burlando; sin +embargo, le agradaba oír aquella voz y mirar aquel uniforme refulgente.</p> + +<p>—¿Aceptas la condición? Lo dicho, te convido... pero tienes que darme +algo tú también: me darás un beso.</p> + +<p>Soltaron la carcajada los oficiales, ni más ni menos que si el alférez +hubiese proferido alguna notable agudeza; las niñas grandecitas se +volvieron haciendo que no oían, y Amparo, que tenía sus pupilas oscuras +clavadas en el rostro del mancebo, las bajó de pronto, quiso disparar +una callejera fresca, sintió que la voz se le atascaba en la laringe, se +encendió en rubor desde la frente hasta la barba, y echó a correr como +alma que lleva el diablo.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="IV" id="IV"></a><a href="#capitulos">-IV-</a></h2> + +<h3>Que los tenga muy felices</h3> + + +<p>Se ha mudado la decoración; ha pasado casi un año; corre el mes de +enero. No llueve; el cielo está aborregado de nubes lívidas que +presagian tormenta, y el viento costeño, redondo, giratorio como los +ciclones, arremolina el polvo, los fragmentos de papel, los residuos de +toda especie que deja la vida diaria en las calles de una ciudad. Parece +como si se hubiesen asociado vendaval y cierzo: aquel para aullar, +soplar, mugir; este para herir los semblantes con finísimos picotazos de +aguja, colgar gotitas de fluxión en las fosas nasales, azulear las +mejillas y enrojecer los párpados. En verdad que con semejante tiempo +los Santos Reyes, que caballeros en sus dromedarios venían desde el +misterioso país de la luz, atravesando la Palestina, a saludar al Niño, +debieron notar que se les helaban las manos, llenas de incienso y mirra, +y subir más que a paso la esclavina de aquellas dulletas de armiño y +púrpura con que los representan los pintores. A falta de esclavina, los +marinedinos alzaban cuanto podían el cuello del gabán o el embozo de la +capa. Es que el viento era frío de veras, y sobre todo, incómodo; +costaba un triunfo pelear con él. Entrábase por las bocacalles, +impetuoso y arrollador, bufando y barriendo a las gentes, a manera de +fuelle gigantesco. En el páramo de Solares, que separa el barrio de +Arriba del de Abajo, pasaban lances cómicos: capas que se enrollaban en +las piernas y no dejaban andar a sus dueños; enaguas almidonadas que se +volvían hacia arriba con fieros estallidos; aguadores que no podían con +la cuba, curiales a quienes una ráfaga arrebataba y dispersaba el +protocolo, señoritos que corrían diez minutos tras de una chistera +fugitiva, que, al fin, franqueando de un brinco el parapeto del muelle, +desaparecía entre las agitadas olas.... Hasta los edificios tomaban +parte en la batalla: aullaban los canalones, las fallebas de las +ventanas temblequeaban, retemblaban los cristales de las galerías, +coreando el dúo de bajos, profundo, amenazador y temeroso, entonado por +los dos mares, el de la bahía y el del Varadero. Tampoco estaban ellos +para bromas.</p> + +<p>En cambio, celebrábase gran fiesta en una casa de ricos comerciantes del +barrio de Abajo, la de <i>Sobrado Hermanos</i>. Era el santo de Baltasar, +único vástago masculino del tronco de los Sobrados, y cuando más +diabluras hacía fuera el viento, circulaban en el comedor los postres de +una pesada comida de provincia, en que el gusto no había enmendado la +abundancia. Sucediéranse, plato tras plato, los cebados capones, manidos +y con amarilla grasa; el pavo relleno; el jamón en dulce con costra de +azúcar tostado; las natillas, con arabescos de canela, y la tarta, el +indispensable ramillete de los días de días, con sus cimientos de +almendra, sus torres de piñonate, sus cresterías de caramelo y su +angelote de almidón ejecutando una pirueta con las alas tendidas. Ya se +aburrían los grandes de estar en la mesa; no así los niños. Ni a tres +tirones se levantarían ellos, cabalmente en el feliz instante en que era +lícito tirarse confites, comer con los dedos, hacer, de puro ahítos, mil +porquerías y comistrajos con su ración. Todo el mundo les dejaba +alborotar; era el momento de la desbandada; se habían pronunciado +brindis y contado anécdotas con mayor o menor donaire; pero ya nadie +tenía ánimos para sostener la conversación, y el Sobrado tío, que era +grueso y abotargado, se abanicaba con la servilleta. Levantó la sesión +el ama de casa, doña Dolores, diciendo que el café estaba prevenido en +la sala de recibir.</p> + +<p>En esta se habían prodigado las luces: dos bujías a los lados del piano +vertical; sobre la consola, en los candelabros de zinc, otras cuatro de +estearina rosa, acanaladas; en el velador central, entre los <i>albums</i> y +estereóscopos, un gran quinqué con pantalla de papel picado. Iluminación +completa. ¡Es que por Baltasar echaban gustosos los Sobrados la casa por +la ventana, y más ahora que lo veían de uniforme, tan lindo y galán +mozo! A la fiesta habían sido convidados todos los íntimos: Borrén, otro +alférez llamado Palacios, la viuda de García y sus niñas, de las cuales +la menor era Nisita, la rubia de los barquillos, y por último, la +maestra de piano de las hermanas de Baltasar. La velada se organizó, +mejor dicho, se desordenó gratamente en la sala: cada cual tomó el café +donde mejor le plugo: doña Dolores y su cuñado, que resoplaba como una +foca, se apoderaron del sofá para entablar una conferencia sobre +negocios. Sobrado el padre fumaba un puro del estanco, obsequio de +Borrén, y saboreaba su café, aprovechando hasta el del platillo. La niña +mayor de García, Josefina, se sentó al piano, después de muy rogada, y +tras mil repulgos dio principio a una fantasía sobre motivos de Bellini; +Baltasar se colocó a su lado para volver las hojas, mientras sus +hermanas gozaban con las gracias de Nisita, que roía un trozo de +piñonate: manos, hocico y narices, todo lo tenía empeguntado de almíbar +moreno.</p> + +<p>—¡Estás bonita!—exclamaba Lola, la mayor de Sobrado—. ¡Puerca, +babada, te quedarás sin dientes!</p> + +<p>—No me impies—chillaba el angelito—; no me impies... voy a chucharme +ota ves.—Y sacaba de la faltriquera un adarve del castillo de la tarta.</p> + +<p>—¿Ha visto usted qué día?—preguntaba Borrén a la viuda de García, que +bien quisiera dejar de serlo—. Una garita ha derribado el viento; por +más señas que cayó sobre el centinela, ¿eh?, y a poco le mata. Y usted, +¿cómo se vino desde su casa?</p> + +<p>—¡Jesús... puede usted figurarse! Con mil apuros.... Yo no sé cómo me +arreglé para sujetar la ropa... y así todo....</p> + +<p>—¡Quién estuviera allí! Ya conozco yo alguno....</p> + +<p>—¡Jesús... no sé para qué!</p> + +<p>—Para admirar un pie tan lindo... y para darle el brazo, ¡hombre!, a +fin de que el viento no se la llevase.</p> + +<p>Juzgó la viuda que aquí convenía fingirse distraída, y cogió el +estereóscopo, mirando por él la fachada de las Tullerías. Del piano +saltó entonces un <i>allegro vivace</i>, con muchas octavas, y el tecleo +cubrió las voces... sólo se oyeron fragmentos del diálogo que sostenían +la agria voz de doña Dolores y la voz becerril de su cuñado.</p> + +<p>—La fábrica, bien... de capa caída... las hipotecas... al ocho.... +Liquidaron con el socio... la competencia....</p> + +<p>—Josefina—gritó la viuda a la pianista—¿qué haces, niña? ¿No te +encargó doña Hermitas que pusieses el pedal en ese pasaje?</p> + +<p>—Y lo pone—intervino la maestra de piano—; pero debía ser desde el +compás anterior.... A ver, quiere usted repetir desde ahí... sol-la-do, +la-do....</p> + +<p>—¡Lo hace hoy.... Jesús, qué mal! ¡Por lo mismo que hay gente!—murmuró +la madre—. Cuando está sola, aunque embrolle....</p> + +<p>—Pues yo bien vuelvo las hojas; en mí no consiste—dijo risueño +Baltasar—. Y debe usted esmerarse, pollita, que estoy de días, y +Palacios la oye a usted boquiabierto y entusiasmado.</p> + +<p>—¡Bueno!—gritó la mujercita de trece años, suspendiendo de golpe su +fantasía—. Me están ustedes cortando... ea, ya no sé poner los dedos. +Como no aprendí la pieza de memoria, y este papel no es el mío.... Voy a +tocar otra cosa.</p> + +<p>Y echando atrás la cabeza y a Baltasar una mirada fugaz, arrancó del +teclado los primeros compases de mimosa habanera. La melodía comenzaba +soñolienta, perezosa, yámbica; después, de pronto, tenía un impulso de +pasión, un nervioso salto; luego tornaba a desmayarse, a caer en la +languidez criolla de su ritmo desigual. Y volvía monótona, repitiendo el +tema, y la mujercita, que no sabía interpretar la página clásica del +maestro italiano, traducía en cambio a maravilla la enervante molicie +amorosa, los poemas incendiarios que en la habanera se encerraban. +Josefina, al tocar, se cimbreaba levemente, cual si bailase, y Baltasar +estudiaba con curiosidad aquellos tempranos coqueteos, inconscientes +casi, todavía candorosos, mientras tarareaba a media voz la letra:</p> + +<p class="noindent"> +<span style="margin-left: 5em;"><i>Cuando en la noche la blanca luna...</i></span><br /> +</p> + + +<p>Diríase que fuera había aplacado la ventolina, pues los goznes de las +ventanas ya no gemían, ni temblaban los vidrios. Mas de improviso se +escuchó un derrumbamiento, un fragor como si el cielo se desfondase y +sus cataratas se abriesen de golpe. Lluvia torrencial, que azotó las +paredes, que inundó las tejas, que se precipitó por los canalones abajo, +estrellándose en las losas de la calle. En la sala hubo un instante de +sorpresa; Josefina interrumpió su habanera; Baltasar se aproximó a la +ventana; la viuda soltó el estereóscopo, y a Nisita se le cayó de las +manos el piñonate. Casi al mismo tiempo otro ruido, que subía del +portal, vino a dominar el ya formidable del aguacero; una algarabía, un +<i>chascarrás</i> desapacible, unas voces cantando destempladamente con +acompañamiento de panderos y castañuelas. Saltaron alborotadas las +chiquillas, con Nisita a la cabeza.</p> + +<p>—Ya están ahí esas holgazanas—dijo ásperamente doña Dolores—. Anda, +Lola—añadió dirigiéndose a su hija mayor—: dile a Juana que las eche +del portal, que lo ensuciarán.</p> + +<p>—Mamá... ¡lloviendo tanto!—suplicó Lola—. ¡Parece no sé qué decirles +que se vayan! ¡Se pondrán como sopas! ¿No oye usted que el cielo se +hunde?</p> + +<p>—¡Es que eres tonta!—pronunció con rabia la madre—. Si las dejas +tocar ahí, después no hay remedio sino darles algo a esas perdidas....</p> + +<p>—¿Qué importa, mamá?—intervino Baltasar—. Hoy es mi santo.</p> + +<p>—Que suban, que suban a cantar los Reyes—gritó unánime la concurrencia +menor de tres lustros.</p> + +<p>—Te uban.... Batasal, te uban, te uban—berreó Nisita cruzando sus +manos pringosas.</p> + +<p>—Que suban, hombre, veremos si son guapas—confirmó Borrén.</p> + +<p>Lola de esta vez no necesitó que le reiterasen la orden. Ya estaba +bajando las escaleras dos a dos.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="V" id="V"></a><a href="#capitulos">-V-</a></h2> + +<h3>Villancico de Reyes</h3> + + +<p>No tardaron en resonar pisadas en el corredor; pisadas tímidas y +brutales a la vez, de pies descalzos o calzados con zapatos rudos. Al +mismo tiempo las panderetas repicaban débilmente y las castañuelas se +entrechocaban bajito como los dientes del que tiene miedo.... Doña +Dolores se incorporó con el entrecejo desapaciblemente fruncido.</p> + +<p>—Esa Lola.... ¡Pues no las trae aquí mismo! ¿Por qué no las habrá +dejado en la antesala? ¡Bonita me van a poner la alfombra! ¡A ver si os +limpiáis las suelas antes de entrar!</p> + +<p>Hizo irrupción en la sala la orquesta callejera; pero al ver las niñas +pobres la claridad del alumbrado, se detuvieron azoradas sin osar +adelantarse. Lola, cogiendo de la mano a la que parecía capitanear el +grupo, la trajo casi a la fuerza al centro de la estancia.</p> + +<p>—Entra, mujer... que pasen las otras.... A ver si nos cantáis los +mejores villancicos que sepáis.</p> + +<p>Lo cierto es que la viva luz de las bujías, tan propicia a la hermosura, +patentizaba y descubría cruelmente las fealdades de aquella tropa, +mostrando los cutis cárdenos, fustigados por el cierzo; las ropas ajadas +y humildes, de colores desteñidos; la descalcez y flacura de pies y +piernas, todo el mísero pergenio de las cantoras. Entre estas las había +de muy diversas edades, desde la directora, una ágil morenilla de +catorce, hasta un rapaz de dos años y medio, todo muerto de vergüenza y +temor, y un mamón de cinco meses, que por supuesto venía en brazos.</p> + +<p>—¡Hombre!—exclamó Borrén al ver a la morena.</p> + +<p>—¡Pues si es la chiquilla del barquillero! Somos conocidos antiguos, +¿eh?</p> + +<p>—Sí, señor...—contestó ella intrépidamente—. La misma. Y yo le conocí +a usted también. Es usted el que estaba en <i>las Filas</i> el año pasado un +día de fiesta.</p> + +<p>Como para los pobres suele no haber estaciones, Amparo tenía el mismo +traje de tartán, pero muy deteriorado, y una toquilla de estambre rojo +era la única prenda que indicaba el tránsito de la primavera al +invierno. A despecho de tan mezquino atavío, no sé qué flor de +adolescencia empezaba a lucir en su persona; el moreno de su piel era +más claro y fino, sus ojos negros resplandecían.</p> + +<p>—¿Qué tal, eh?—murmuró Borrén volviéndose hacía Baltasar y Palacios—. +Esto empieza a picar como las guindillas.... Miren ustedes para aquí.</p> + +<p>Y tomado un candelero lo acercó al rostro de la muchacha. Como Baltasar +se había aproximado, sus pupilas se encontraron con las de Amparo, y +esta vio una fisonomía delicada, casi femenil, de efebo; un bigotillo +blondo incipiente, unos ojos entre verdosos y garzos que la registraban +con indiferencia. Acordose, y sintió que se le arrebataba la sangre a +las mejillas.</p> + +<p>—El señorito del paseo—balbució—. También me acuerdo de usted.</p> + +<p>—Y yo de ti, niña bonita—respondió él, por decir algo.</p> + +<p>—¿Quiere usted poner el candelero en su sitio, Borrén?—interpeló +Josefina con voz aguda—. Me ha manchado usted todo el traje.</p> + +<p>—¡Mire usted qué graciosilla es esta, hombre!—advirtió Borrén +señalando a Carmela la encajera, que tenía los ojos bajos—. Algo +descolorida... pero graciosa.</p> + +<p>—¡Calle!—dijo la viuda de García...—. ¿Tú por aquí? Me llevarás +mañana un pañuelo imitando Cluny....</p> + +<p>—¡La de las puntillas!—exclamó doña Dolores—. ¡Buena pieza! Ahora las +hacéis muy mal, tú y tu tía.... Ponéis hilo muy gordo.</p> + +<p>—¡Se ve tan poco... los días son tan cortos! Y tiene una las manos +frías; en hacer una cuarta de puntilla se va una mañana. Casi, +descontando lo que nos cuesta el hilo, no sacamos para arrimar el +puchero a la lumbre....</p> + +<p>Entre tanto Nisita se iba abriendo camino al través de piernas y sillas, +hasta acercarse a la niña de ocho años que llevaba en brazos al rorro.</p> + +<p>—Un tiquito... un tiquito—gritaba la rubilla mirándole compadecida y +embelesada—. Ámelo.</p> + +<p>—No podrás con él—respondía desdeñosamente la niñera.</p> + +<p>—Le oy teta—argüía Nisita haciendo el ademán correspondiente al +ofrecimiento.</p> + +<p>—¿Quién os enseñó a cantar?—preguntó a la encajera la viuda de García.</p> + +<p>—Enseñar, nadie.... Nos reunimos nosotras. Tenemos un libro de versos.</p> + +<p>—¿Y andáis por ahí divirtiéndoos?</p> + +<p>—Divertir, no nos divertimos... hace frío—contestó Carmela con su voz +cansada y dulce—. Es por llevar unos cuantos reales a la casa.</p> + +<p>—¡Mamá, Osepina, Loló!—vociferaba la rubilla—. Un tiquito, un nino +Quetús. Mía, mía.</p> + +<p>Todos se volvieron y divisaron a la infeliz oruga humana, envuelta en un +mantón viejísimo, con una gorra de lana morada, que aumentaba el tono de +cera de su menuda faz, arrugada y marchita como la de un anciano por +culpa de la mala alimentación y del desaseo. Sus ojuelos negros, muy +abiertos, miraban en derredor con vago asombro, y de sus labios fluía un +hilo de baba. La viuda de García, que era bonachona, lanzó una +exclamación que corearon las niñas de Sobrado.</p> + +<p>—¡Jesús... angelito de Dios... tan pequeño, por esas calles y con este +día! ¿Pero qué hace su madre?</p> + +<p>—Mi madre tiene tienda en la calle del Castillo.... Somos siete con +este, y yo soy la mayor...—alegó a guisa de disculpa la que llevaba la +criatura.</p> + +<p>—¡Jesús!... ¿Pero cómo hacéis para que no llore? ¿Y si tiene hambre?</p> + +<p>—Le meto la punta del pañuelo en la boca para que chupe.... Es muy +listito, ya se entretiene mucho.</p> + +<p>Riéronse las niñas, y Lola tomó al nene en brazos.</p> + +<p>—¡Qué ligero!—pronunció—. ¡Si pesa más la muñeca grande de Nisita!</p> + +<p>Pasó de mano en mano el leve fardo, hasta llegar a Josefina, que lo +devolvió a la portadora muy deprisa, declarando que olía mal.</p> + +<p>—No ven el agua ni una vez en el año—decía confidencialmente a su +cuñado doña Dolores—y salen más fuertes que los nuestros. Yo, +matándome, y sin poder conseguir que esa Lola se robustezca. Amparo +observaba la sala, el piano de reluciente barniz, el menguado espejo, +las conchas de Filipinas y aves disecadas que adornaban la consola, el +juego de café con filete dorado, los trajes de las de García, el grupo +imponente del sofá, y todo le parecía bello, ostentoso y distinguido, y +sentíase como en su elemento, sin pizca ya de cortedad ni extrañeza.</p> + +<p>—¿Y tú, qué haces, señorita de Rosendez?—interrogó Baltasar—. ¿Andar +de calle en calle canturreando? Bonito oficio, chica; me parece a mí que +tú....</p> + +<p>—¿Y qué quiere que haga?—replicó ella.</p> + +<p>—Encajes, como tu amiguita.</p> + +<p>—¡Ay!, no me aprendieron.</p> + +<p>—¿Pues qué te <i>aprendieron</i>, hija? ¿Coser?</p> + +<p>—¡Bah! Tampoco. Así, unas puntaditas....</p> + +<p>—¿Pues qué sabes tú? ¿Robar los corazones?</p> + +<p>—Sé leer muy bien y escribir regular. Fui a la escuela, y decía el +maestro que no había otra como yo. Le leo todos los días <i>La Soberanía +Nacional</i> al barbero de enfrente.</p> + +<p>—Pusiste una pica en Flandes. ¿No sabes más?</p> + +<p>—Liar puros.</p> + +<p>—¡Hola! ¿Eres cigarrera?</p> + +<p>—Fue mi madre.</p> + +<p>—Y tú, ¿por qué no?</p> + +<p>—No tengo quien me meta en la Fábrica.... Hacen falta empeños.</p> + +<p>—Pues mira este señor puede recomendarte casualmente.... Oiga usted. +Borrén, ¿no es usted primo del contador de la Fábrica? Diga usted.</p> + +<p>—¡Hombre! es cierto. Del contador no, pero de su señora.... Es +murciana, somos hijos de primos hermanos.</p> + +<p>—¡Magnífico! Dile tu nombre y tus señas, chica.</p> + +<p>—Sí, hija... se hará lo posible, ¿eh? Por servir a una morena tan +sandunguera.... Vas a valer más pesetas con el tiempo.... Hombre, ¿no +repara usted Baltasar, lo que ganó desde el año pasado?</p> + +<p>—Mucho más guapa está—declaró Baltasar.</p> + +<p>—¿Pero estas chiquillas no cantan?—interrumpió con dureza Josefina +García—. ¿Han venido aquí a hacernos tertulia? Para eso, que se +larguen. No se ganan los cuartos charlando.</p> + +<p>—¡A cantar!—contestaron resignadamente todas; y al punto redoblaron +las castañuelas, repiquetearon los panderos, rechinaron las conchas, +exhaló su estridente nota el triángulo de hierro, y diez voces mal +concertadas entonaron un villancico:</p> + +<p class="noindent"> +<span style="margin-left: 5em;"><i>Los pastores en Belén</i></span><br /> +<span style="margin-left: 5em;"><i>Todos a juntar en leña</i></span><br /> +<span style="margin-left: 5em;"><i>Para calentar al Niño</i></span><br /> +<span style="margin-left: 5em;"><i>Que nació en la Noche-Buena...</i></span><br /> +</p> + +<p>Y al llegar al estribillo:</p> + +<p class="noindent"> +<span style="margin-left: 5em;"><i>Toquen, toquen rabeles y gaitas,</i></span><br /> +<span style="margin-left: 5em;"><i>Panderetas, tambores y flautas...</i></span><br /> +</p> + +<p>se armó un estrépito de dos mil diablos: chillaban y tocaban a la vez, +con ambas manos, y aun hiriendo con los pies el suelo. Hasta el rorro, +asustado por la bulla o desentumecido por el calor y vuelto a la +conciencia de su hambre, se resolvió a tomar parte en el concierto. Las +niñas de Sobrado y García, locas de regocijo, se asieron de las manos, y +empezaron a bailar en rueda, con las trenzas flotantes y volanderas las +enaguas. Nisita, igualitaria como nadie, cogió el parvulillo de dos años +y lo metió en el corro, donde la pobre criatura hubo de danzar mal de su +grado, soltando a cada paso sus holgadas babuchas. Borrén, por hacer +algo, jaleó a las bailadoras. Aprovechando un momento de confusión, Lola +se escurrió y volvió trayendo en la falda del vestido una mescolanza de +naranjas, trozos de piñonate, almendras, bizcochos, pasas, galletas, +relieves de la mesa amontonados a escape, que comenzó a distribuir con +largueza y garbo. Doña Dolores saltó hecha una furia.</p> + +<p>—Esta chiquilla está loca..., me desperdicia todo... cosas finas... ¡y +para quién, vean ustedes!... ¡Con una taza de caldo que les diesen!... +¡Y el vestido... el vestido azul estropeado!</p> + +<p>Diciendo lo cual, se aproximó disimuladamente a Lola y le apretó con ira +el brazo. Baltasar intercedió una vez más: era su santo, un día en el +año. Sobrado padre tartamudeó también disculpas de su hija, a quien +quería entrañablemente; y Borrén, siempre obsequioso, acabó de repartir +las golosinas. Carmela la encajera y Amparo rehusaron con dignidad su +parte; pero la chiquillería despachó su ración atragantándose, en las +mismas barbas de doña Dolores, que consumó la venganza dando por +terminados los villancicos y poniendo en la escalera a músicos y +danzantes.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="VI" id="VI"></a><a href="#capitulos">-VI-</a></h2> + +<h3>Cigarros puros</h3> + + +<p>Hizo Borrén, la recomendación a su prima, que se la hizo al contador, +que se la hizo al jefe, y Amparo fue admitida en la Fábrica de cigarros. +El día en que recogió el nombramiento hubo en casa del barquillero la +fiesta acostumbrada en casos semejantes, fiesta no inferior a la que +celebrarían si se casase la muchacha. Hizo la madre decir una misa a +Nuestra Señora del Amparo, patrona de las cigarreras; y por la tarde +fueron convidados a un asiático festín el barbero de enfrente, Carmela, +su tía, y la señora Porreta la comadrona: hubo empanada de sardina, +bacalao, vino de Castilla, anís y caña a discreción, rosoli, una enorme +fuente de papas de arroz con leche.</p> + +<p>Privado de la ayuda de Amparo, el barquillero había tomado un aprendiz, +hijo de una lavandera de las cercanías. Jacinto, o <i>Chinto</i>, tenía +facciones abultadas e irregulares, piel de un moreno terroso, ojos +pequeños y a flor de cara: en resumen, la fealdad tosca de un villano +feudal. Sirvió a la mesa, escanció, y fue la diversión de los +comensales, por sus largas melenas, semejantes a un ruedo, que le comían +la frente; por su faja de lana, que le embastecía la ya no muy quebrada +cintura; por su andar torpe y desmañado, análogo al de un moscardón +cuando tiene las patas untadas de almíbar; por su puro dialecto de las +Rías Saladas, que provocaba la hilaridad de aquella urbana reunión. El +barbero, que era <i>leído, escribido</i> y muy redicho; la encajera, que la +daba de fina, y la comadrona, que gastaba unos chistes del tamaño de su +panza, compitieron en donaire burlándose de la rusticidad del mozo. +Amparo ni lo miró, tan ridículo le había parecido la víspera cuando +entró llorando, trayéndolo medio arrastro su madre: Carmela fue la única +que le habló humanamente, y le dijo el nombre de dos o tres cosas, que +él preguntaba sin lograr más respuesta que bromas y embustes. Así que +todos manducaron a su sabor, echaron las sobras revueltas en un plato, +como para un perro, y se las dieron al paisanillo, que se acostó ahíto, +roncando formidablemente hasta el otro día.</p> + +<p>Amparo madrugó para asistir a la Fábrica. Caminaba a buen paso, ligera y +contenta como el que va a tomar posesión del solar paterno. Al subir la +cuesta de San Hilario, sus ojos se fijaban en el mar, sereno y franjeado +de tintas de ópalo, mientras pensaba en que iba a ganar bastante desde +el primer día, en que casi no tendría aprendizaje, porque al fin los +puros la conocían, su madre le había enseñado a envolverlos, poseía los +heredados chismes del oficio, y no le arredraba la tarea. Discurriendo +así, cruzó la calzada y se halló en el patio de la Fábrica, la vieja +<i>Granera</i>. Embargó a la muchacha un sentimiento de respeto. La magnitud +del edificio compensaba su vetustez y lo poco airoso de su traza; y para +Amparo, acostumbrada a venerar la Fábrica desde sus tiernos años, +poseían aquellas murallas una aureola de majestad, y habitaba en su +recinto un poder misterioso, el Estado, con el cual sin duda era ocioso +luchar, un poder que exigía obediencia ciega, que a todas partes +alcanzaba y dominaba a todos. El adolescente que por vez primera huella +las aulas experimenta algo parecido a lo que sentía Amparo.</p> + +<p>Pudo tanto en ella este temor religioso, que apenas vio quién la +recibía, ni quién la llevaba a su puesto en el taller. Casi temblaba al +sentarse en la silla que le adjudicaron. En derredor suyo, las operarias +alzaban la cabeza, ojos curiosos y benévolos se fijaban en la novicia. +La maestra del partido estaba ya a su lado, entregándole con solicitud +el tabaco, acomodando los chismes, explicándole detenidamente cómo había +de arreglarse para empezar. Y Amparo, en un arranque de orgullo, atajaba +a las explicaciones con un «ya sé cómo» que la hizo blanco de miradas. +Sonriose la maestra y le dejó liar un puro, lo cual ejecutó con bastante +soltura; pero al presentarlo acabado, la maestra lo tomó y oprimió entre +el pulgar y el índice, desfigurándose el cigarro al punto.</p> + +<p>—Lo que es saber, como lo material de saber, sabrás...—dijo alzando +las cejas—. Pero si no despabilas más los dedos... y si no le das más +hechurita.... Que así, parece un espanta-pájaros.</p> + +<p>—Bueno—murmuró la novicia confusa—: nadie nace aprendido.</p> + +<p>—Con la práctica...—declaró la maestra sentenciosamente, mientras se +preparaba a unir el ejemplo a la enseñanza—. Mira, así... a modito....</p> + +<p>No valía apresurarse. Primero era preciso extender con sumo cuidado, +encima de la tabla de liar, la envoltura exterior, la epidermis del +cigarro, y cortarla con el cuchillo trazando una curva de quince +milímetros de inclinación sobre el centro de la hoja para que ciñese +exactamente el cigarro; y esta capa requería una hoja seca, ancha y +fina, de lo más selecto: así como la dermis del cigarro, el <i>capillo</i>, +ya la admitía de inferior calidad, lo propio que la tripa o cañizo. Pero +lo más esencial y difícil era rematar el puro, hacerle la punta con un +hábil giro de la yema del pulgar y una espátula mojada en líquida goma, +cercenándole después el rabo de un tijeretazo veloz. La punta aguda, el +cuerpo algo oblongo, la capa liada en elegante espiral, la tripa no tan +apretada que no deje respirar el humo ni tan floja que el cigarro se +arrugue al secarse, tales son las condiciones de una buena tagarnina. +Amparo se obstinó todo el día en fabricarla, tardando muchísimo en +elaborar algunas, cada vez más contrahechas, y estropeando malamente la +hoja. Sus vecinas de mesa le daban consejos oficiosos: había discordia +de pareceres: las viejas le encomendaban que cortase la capa más ancha, +porque sale el cigarro mejor formado y porque «así lo habían hecho ellas +toda la vida»; y las jóvenes, que más estrecha, que se enrolla más +pronto. Al salir de la Fábrica, le dolía a Amparo la nuca, el espinazo, +el pulpejo de los dedos.</p> + +<p>Poco a poco fue habituándose y adquiriendo destreza. Lo peor era que la +afligía la nostalgia de la calle, no acertando a hacerse a la prolija +jornada de trabajo sedentario. Para Amparo la calle era la patria, el +paraíso terrenal. La calle le brindaba mil distracciones, de balde +todas. Nadie le vedaba creer que eran suyos los lujosos escaparates de +las tiendas, los tentadores de las confiterías, las redomas de color de +las boticas, los pintorescos tinglados de la plaza; que para ella +tocaban las murgas, los organillos, la música militar en los paseos, +misas y serenatas; que por ella se revistaba la tropa y salía precedido +de sus maceros con blancas pelucas el Excelentísimo Ayuntamiento. ¿Quién +mejor que ella gozaba del aparato de las procesiones, del suelo sembrado +de espadaña, del palio majestuoso, de los santos que se tambalean en las +andas, de la Custodia cubierta de flores, de la hermosa Virgen con manto +azul sembrado de lentejuelas? ¿Quién lograba ver más de cerca al capitán +general portador del estandarte, a los señores que alumbraban, a los +oficiales que marcaban el paso en cadencia? Pues, ¿y en Carnaval? Las +mascaradas caprichosas, los confites arrojados de la calle a los +balcones, y viceversa, el entierro de la sardina, los cucuruchos de +dulce de la piñata, todo lo disfrutaba la hija de la calle. Si un +personaje ilustre pasaba por Marineda, a Amparo pertenecía durante el +tiempo de su residencia: a fuerza de empellones la chiquilla se colocaba +al lado del infante, del ministro, del hombre célebre; se arrimaba al +estribo de su coche, respiraba su aliento, inventariaba sus dichos y +hechos.</p> + +<p>¡La calle! ¡Espectáculo siempre variado y nuevo, siempre concurrido, +siempre abierto y franco! No había cosa más adecuada al temperamento de +Amparo, tan amiga del ruido, de la concurrencia, tan bullanguera, +meridional y extremosa, tan amante de lo que relumbraba. Además, como +sus pulmones estaban educados en la gimnasia del aire libre, se deja +entender la opresión que experimentarían en los primeros tiempos de +cautiverio en los talleres, donde la atmósfera estaba saturada del olor +ingrato y herbáceo del Virginia humedecido y de la hoja medio verde, +mezclado con las emanaciones de tanto cuerpo humano y con el fétido vaho +de las letrinas próximas. Por otra parte, el aspecto de aquellas grandes +salas de cigarros comunes era para entristecer el ánimo. Vastas +estanterías de madera ennegrecida por el uso, colocadas en el centro de +la estancia, parecían hileras de nichos. Entre las operarias, alineadas +a un lado y a otro, había sin duda algunos rostros jóvenes y lindos; +pero así como en una menestra se destaca la legumbre que más abunda, en +tan enorme ensalada femenina no se distinguían al pronto sino greñas +incultas, rostros arados por la vejez o curtidos por el trabajo, manos +nudosas como ramas de árbol seco.</p> + +<p>El colorido de los semblantes, el de las ropas y el de la decoración se +armonizaba y fundía en un tono general de madera y tierra, tono a la vez +crudo y apagado, combinación del castaño mate de la hoja, del amarillo +sucio de la vena, del dudoso matiz de los serones de esparto, de la +problemática blancura de las enyesadas paredes, y de los tintes sordos, +mortecinos al par que discordantes, de los pañuelos de cotonía, las +sayas de percal, los casacos de paño, los mantones de lana y los +paraguas de algodón. Amparo se perecía por los colores vivos y fuertes, +hasta el extremo de pasarse a veces una hora delante de algún escaparate +contemplando una pieza de seda roja: así es que los primeros días, el +taller con su colorido bajo le infundía ganas de morirse. Pero no tardó +en encariñarse con la Fábrica, en sentir ese orgullo y apego +inexplicables que infunde la colectividad y la asociación, la +fraternidad del trabajo. Fue conociendo los semblantes que la rodeaban, +tomándose interés por algunas operarias, señaladamente por una madre y +una hija que se sentaban a su lado. Medio ciega ya y muy temblona de +manos, la madre no podía hacer más que <i>niños</i>, o sea la envoltura del +cigarro; la hija se encargaba de las puntas y del corte, y entre las dos +mujeres despachaban bastante, siendo muy de notar la solicitud de la +hija y el afecto que se manifestaban las dos, sin hablarse, en mil +pormenores, en el modo de pasarse la goma, de enseñarse el mazo +terminado y sujeto ya con su faja de papel, de partir la moza la comida +con su navaja, y de acercarla a los labios de la vieja.</p> + +<p>Otra causa para que Amparo se reconciliase del todo con la Fábrica, fue +el hallarse en cierto modo emancipada y fuera de la patria potestad +desde su ingreso. Es verdad que daba a sus padres algo de las ganancias, +pero reservándose buena parte; y como la labor era a destajo, en las +yemas de los dedos tenía el medio de acrecentar sus rentas, sin que +nadie pudiese averiguar si cobraba ocho o cobraba diez. Desde el día de +su entrada vestía el traje clásico de las cigarreras: el mantón, el +pañuelo de seda para solemnidades, la falda de percal planchada y con +cola.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="VII" id="VII"></a><a href="#capitulos">-VII-</a></h2> + +<h3>Preludios</h3> + + +<p>Tardó Chinto en aclimatarse: mucho tiempo pasó echando de menos la +aldea. Dos cosas ayudaron a distraer su morriña: un amolador, que se +situaba bajo los soportales de la calle de Embarcaderos, y el mar. +Cuantos momentos tenía libres el paisanillo, dedicábalos a la +contemplación de alguno de sus dos amores. No se cansaba jamás de ver +los altibajos de la pierna del amolador, el girar sin fin de la rueda, +el rápido saltar de las chispas y arenitas al contacto del metal, ni de +oír el <i>¡rsss!</i> del hierro cuando el asperón lo mordía. Tampoco se +hartaba de mirar al mar, encontrándolo siempre distinto: unas veces +ataviado con traje azul claro, otras, al amanecer, semejante a estaño en +fusión; por la tarde, al ocaso, parecido a oro líquido, y de noche, +envuelto en túnica verde oscura listada de plata. ¡Y cuando entraban y +salían las embarcaciones! Ya era un gallardo bergantín, alzando sus dos +palos y su cuadrado velamen; ya una graciosa goleta, con su cangreja +desplegada, rozando las olas como una gaviota; ya un paquete, con sus +alas de espuma en los talones y su corona de humo en la frente; ya un +fino laúd; ya un elegante esquife; sin nombrar las lanchas pescadoras, +los pesados lanchones, los galeones panzudos, los botes que volaban al +golpe acompasado de los remos.... Si Chinto no fuese un animal, podría +alegar en su abono que el Océano y el voltear de una rueda son imágenes +apropiadas de lo infinito; pero Chinto no entendía de metafísicas.</p> + +<p>Más adelante, al reparar en Amparo, se halló mejor en el pueblo. Si algo +se burlaba de él la despabilada chiquilla, al fin era una muchacha, un +rostro juvenil, una voz fresca y sonora. Entre el señor Rosendo y su +triste laconismo; la tullida y su tiranía doméstica; Pepa la comadrona, +que lo asustaba de puro gorda, y lo crucificaba a chistes, o Amparo, +desde luego se declararon por esta sus simpatías. Todas las tardes, con +el cilindro de hojalata terciado al hombro, iba a buscarla a la salida +de la Fábrica. Esperaba rodeado de madres que aguardaban a sus hijas, de +niños que llevaban la comida a sus madres, de gente pobre, que rara vez +hacía gasto de barquillos, como no fuese por la exorbitante cantidad de +un octavo o un cuarto. No obstante, Chinto no faltaba un solo día a su +puesto.</p> + +<p>Algo variado en su exterior estaba el aprendiz. Patizambo como siempre, +era en sus movimientos menos brutal. La vida ciudadana le había enseñado +que un cuerpo humano no puede tomarse todo el espacio por suyo, antes +necesita ceñirse a que otros cuerpos transiten por los mismos lugares +que él. Chinto dejaba, pues, más hueco, se recogía, no se balanceaba +tanto. La blusa de cutí azul dibujaba sus recias espaldas, descubriendo +cuello y manos morenas; ancho sombrerón de detestable fieltro gris +honraba su cabeza, monda y lironda ya por obra y gracia del barbero.</p> + +<p>Una hermosa tarde estival aguardaba a Amparo muy ufano, porque en los +bolsillos de la blusa le traía melocotones, adquiridos en la plaza con +sus ahorros. Como un cuarto de hora llevaban de ir saliendo las +operarias ya, y la hija del barquillero sin aparecer. Gran animación a +la puerta, donde se estableciera un mercadillo; no faltaba el puesto de +cintas, dedales, hilos, alfileres y agujas; pero lo dominante era el +marisco, cestas llenas de mejillones cocidos ya, esmaltados de negro y +naranja; de erizos verdosos y cubiertos de púas, de percebes arracimados +y correosos, de argentadas sardinas, y de mil menudos frutos de mar, +bocinas, lapas, almejas, calamares que dejaban pender sus esparcidos +tentáculos como patas de arañas muertas. Semejante cuadro, cuyo fondo +era un trozo de mar sereno, un muelle de piedras desiguales, una ribera +peñascosa, tenía mucho de paisaje napolitano, completando la analogía +los trajes y actitudes de los pescadores que no muy lejos tendían al sol +redes para secarlas. De pie, en el umbral del patio, un ciego se +mantenía inmóvil, muerta la cara, mal afeitadas las barbas que le +azuleaban las mejillas, lacio y en trova el grasiento pelo, tendiendo un +sombrero abollado, donde llovían cuartos y mendrugos en abundancia.</p> + +<p>Miraba Chinto a la bahía con la boca abierta, y cuando al fin salió +Amparo, no pudo verla: ella en cambio le divisó desde lejos, y veloz +como una saeta, varió de rumbo, tomando por la insigne calle del Sol, +que componen media docena de casas gibosas y dos tapias coronadas de +hierba y alelíes silvestres. Corrió hasta alcanzar el camino del +Crucero, y dejándolo a un lado, atravesó a la carretera y a la cuesta de +San Hilario, donde refrenó el paso creyéndose en salvo ya. ¡También era +manía la del zopenco aquel, de no dejarla a sol ni a sombra, y darle +escolta todas las tardes! ¡Y como su compañía era tan divertida, y como +él hablaba tan graciosamente, que no parece sino que tenía la boca llena +de engrudo, según se le pegaban las palabras a la lengua! Así discurría +Amparo, mientras bajaba hacia la Puerta del Castillo, defendida todavía, +como <i>in illo tempore</i>, por su puente levadizo y sus cadenas +rechinantes.</p> + +<p>Al propio tiempo subían unas señoras, con las cuales se cruzó la +cigarrera. Iban casi en orden hierático; delante las niñas de corto, +entre quienes descollaba Nisita, ya espigada, provista de una gran +pelota; luego el grupo de las casaderas, Josefina García, Lola Sobrado, +luciendo sus mantillas y sus colas recientes; los flancos de este +pelotón los reforzaban Baltasar y Borrén, y como Baltasar no se había de +poner al ladito de su hermana, tocábale ir cerca de Josefina. Cerraban +la marcha la viuda de García y doña Dolores, ésta carilarga y +erisipelatosa de cutis, la viuda sin tocas ni lutos, antes muy +empavesada de colores alegres.</p> + +<p>Los destellos del sol poniente, muriendo en las aguas de la bahía, +alumbraron a un tiempo a Baltasar y a Amparo, haciendo que mutuamente se +viesen y se mirasen. El mancebo, con su bigote blondo, su pelo rubio, su +tez delicada y sanguínea, el brillo de sus galones que detenían los +últimos fulgores del astro, parecía de oro; y la muchacha, morena, de +rojos labios, con su pañuelo de seda carmesí, y las olas encendidas que +servían de marco a su figura, semejaba hecha de fuego. Ambos se miraron +en un instante, instante muy largo, durante el cual se creyeron +envueltos en la irradiación de una atmósfera de luz, calor y vida. Al +dejar de contemplarse, fuese que el esplendor del ocaso es breve y se +extingue luego, fuese por otras causas íntimas y psicológicas, +imaginaron que sentían un hálito frío y que empezaba a anochecer. Oyose +la palabra ronca de Borrén el inaguantable.</p> + +<p>—¿La has visto?</p> + +<p>—¿A quién?—balbució el teniente Baltasar, que fingía considerar con +suma atención la punta de sus botas, por no encontrarse con la ojeada +investigadora de Josefina.</p> + +<p>—¿A la chiquilla del barquillero... a la cigarrera?</p> + +<p>—¿Cuál? ¿Era esa que pasaba?—contestó al fin aceptando la situación.</p> + +<p>—Sí, hombre, ésa.... ¿Qué tal? ¿Tengo buen ojo?</p> + +<p>—Yo también la conocí—pronunció Josefina, cuya voz de tiple ascendía +al tono sobreagudo.</p> + +<p>—A mí no me ha saludado...—añadió Borrén—. No me conoció tal vez... y +eso que yo la metí en la Granera... yo la recomendé. ¡Bien dije siempre +que había de ser una chica preciosa! Lo que es de otra cosa no +entenderé, hombre; pero de ese género.... ¿Qué les pareció a ustedes?</p> + +<p>—¿A mí?—murmuró Josefina entre dientes y con agresivo silbido de +vocales—. No me pregunte usted, Borrén.... Esas mujeres ordinarias me +parecen todas iguales, cortadas por el mismo patrón. Morena... muy +basta.</p> + +<p>—¡Ave María, Josefina!—dijo escandalizada Lola Sobrado—. No tuviste +tiempo de verla: es hermosa y reúne mucha gracia. Fíjate otra vez en +ella... si vuelve a pasar, te daré al codo.</p> + +<p>—No te molestes... no merece la pena; es el tipo de una cocinera como +todas las de su especie.</p> + +<p>Baltasar hallaba incómoda la conversación y buscaba un pretexto para +cambiarla. Atravesaban por delante de un campo cubierto de hierba +marchita, especie de landa estéril cercada por lienzos de muralla de las +fortificaciones. Había allí una parada de borricos de alquiler, que +aguardaban pacíficamente, con las orejas gachas, a sus acostumbrados +parroquianos, mientras los burreros y espoliques, sentados en el +malecón, jugaban con sus varas, departían amigablemente, y picando con +la uña un cigarro de a cuarto, abrumaban a ofrecimientos a los +transeúntes.</p> + +<p>—¿Un burro, señorito? ¿Un burro precioso? ¿Un burro mejor que los +caballos? ¿Vamos a Aldeaparda? ¿Vamos a la Erbeda?</p> + +<p>Acercose Baltasar a las niñas de corto, y dijo a Nisita:</p> + +<p>—¿Una vuelta por el campo?</p> + +<p>A la chiquilla se la encandilaron los ojos, y soltando la pelota, echó +los brazos al teniente con sonrisa zalamera. Baltasar la aupó, +colocándola sobre los lomos de un asnillo, que aún tenía puestas jamugas +de dorados clavos. Y tomando la vara de manos del alquilador, comenzó a +arrear... «¡Arre, burro!, ¡arre!, ¡arre!, ¡arre!, ¡arre!».</p> + +<p>Amparo, al llegar a la entrada de <i>las Filas</i>, sintió detrás de sí una +respiración anhelosa y como el trotar de una acosada alimaña montés, y +casi al mismo tiempo emparejó con ella Chinto, sudoroso y jadeante. La +perseguida se volvió desdeñosamente, fulminando al perseguidor una +mirada de despide-huéspedes.</p> + +<p>—¿Para qué corres así, majadero?—díjole en desabrido tono—. ¿Si +creerás que me escapo? Cuidado que....</p> + +<p>—Allí...—contestó él echando los bofes, tal era su +sobrealiento...—allí... porque no te vinieses sin compaña... allí... +¡yo me entretuve con el vapor de la Habana, que salía... más bonito, +conchas!, ¡humo que echaba! ¿Por dónde viniste que no te vi?</p> + +<p>—Por donde me dio la gana, ¡repelo! Y ya te aviso que no me vuelvas a +pudrir la sangre con tus compañías.... ¿Soy yo aquí alguna niña pequeña? +Anda a vender barquillos, que ahí en el paseo hay quien compre, y en la +Fábrica maldito si sacas un real en toda la tarde....</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="VIII" id="VIII"></a><a href="#capitulos">-VIII-</a></h2> + +<h3>La chica vale un Perú</h3> + + +<p>Mal que le pese a Josefina y a todas las señoritas de Marineda, las +profecías de Borrén se han cumplido. No se equivoca un inteligente como +él al calificar una obra maestra. Sucede con la mujer lo que con las +plantas. Mientras dura el invierno, todas nos parecen iguales; son +troncos inertes; viene la savia de la primavera, las cubre de botones, +de hojas, de flores, y entonces las admiramos. Pocos meses bastan para +trasformar al arbusto y a la mujer. Hay un instante crítico en que la +belleza femenina toma consistencia, adquiere su carácter, cristaliza por +decirlo así. La metamorfosis es más impensada y pronta en el pueblo que +en las demás clases sociales. Cuando llega la edad en que +invenciblemente desea agradar la mujer, rompe su feo capullo, arroja la +librea de la miseria y del trabajo, y se adorna y aliña por instinto.</p> + +<p>El día en que «unos señores» dijeron a Amparo que era bonita, tuvo la +andariega chiquilla conciencia de su sexo: hasta entonces había sido un +muchacho con sayas. Ni nadie la consideraba de otro modo: si algún +granuja de la calle le recordó que formaba parte de la mitad más bella +del género humano, hízolo medio a cachetes, y ella rechazó a puñadas, +cuando no a coces y mordiscos, el bárbaro requiebro. Cosas todas que no +le quitaban el sueño ni el apetito. Hacía su tocado en la forma sumaria +que conocemos ya; correteaba por plazas, caminos y callejuelas; se metía +con las señoritas que llevaban alguna moda desusada, remiraba +escaparates, curioseaba ventaneros amoríos, y se acostaba rendida y sin +un pensamiento malo.</p> + +<p>Ahora... ¿quién le dijo a ella que el aseo y compostura que gastaba no +eran suficientes? ¡Vaya usted a saber! El espejo no, porque ninguno +tenían en su casa. Sería un espejo interior, clarísimo, en que ven las +mujeres su imagen propia y que jamás las engaña. Lo cierto es que +Amparo, que seguía leyéndole al barbero periódicos progresistas, pidió +el sueldo de la lectura en objetos de tocador. Y reunió un ajuar digno +de la reina, a saber: un escarpidor de cuerno y una lendrera de boj; dos +paquetes de horquillas, tomadas de orín; un bote de pomada de rosa; +medio jabón <i>aux amandes amères</i>, con pelitos de la barba de los +parroquianos, cortados y adheridos todavía; un frasco, casi vacío, de +esencia de heno, y otras baratijas del mismo jaez. Amalgamando tales +elementos logró Amparo desbastar su figura y sacarla a luz, descubriendo +su verdadero color y forma, como se descubre la de la legumbre enterrada +al arrancarla y lavarla. Su piel trabó amistosas relaciones con el agua, +y libre de la capa del polvo que atascaba sus poros finos, fue el cutis +moreno más suave, sano y terso que imaginarse pueda. No era tostado, ni +descolorido, ni encendido tampoco; de todo tenía, pero con su cuenta y +razón, y allí donde convenía que lo tuviese. La mocedad, la sangre rica, +el aire libre, las amorosas caricias del sol, habíanse dado la mano para +crear la coloración magnífica de aquella tez plebeya. La lisura de ágata +de la frente; el bermellón de los carnosos labios; el ámbar de la nuca, +el rosa trasparente del tabique de la nariz; el terciopelo castaño del +lunar que travesea en la comisura de la boca; el vello áureo que +desciende entre la mejilla y la oreja y vuelve a aparecer, más apretado +y oscuro, en el labio superior, como leve sombra al difumino cosas eran +para tentar a un colorista a que cogiese el pincel e intentase +copiarlas. Gracias sin duda a la pomada, el pelo no se quedó atrás y +también se mostró cual Dios lo hizo, negro, crespo, brillante. Sólo dos +accesorios del rostro no mejoraron, tal vez porque eran inmejorables: +ojos y dientes, el complemento indispensable de lo que se llama un <i>tipo +moreno</i>. Tenía Amparo por ojos dos globos, en que el azulado de la +córnea, bañado siempre en un líquido puro, hacía resaltar el negror de +la ancha pupila, mal velada por cortas y espesas pestañas. En cuanto a +los dientes, servidos por un estómago que no conocía la gastralgia, +parecían treinta y dos grumos de cuajada leche, graciosísimamente +desiguales y algo puntiagudos, como los de un perro cachorro.</p> + +<p>Observándose, no obstante, en tan gallardo ejemplar femenino rasgos +reveladores de su extracción: la frente era corta, un tanto arremangada +la nariz, largos los colmillos, el cabello recio al tacto, la mirada +directa, los tobillos y muñecas no muy delicados. Su mismo hermoso cutis +estaba predestinado a inyectarse, como el del señor Rosendo, que allá en +la fuerza de la edad había sido, al decir de las vecinas y de su mujer, +guapo mozo. Pero, ¿quién piensa en el invierno al ver el arbusto +florido? Si Baltasar no rondó desde luego las inmediaciones de la +Fábrica, fue que destinaron a Borrén por algún tiempo a Ciudad Real, y +temió aburrirse yendo solo.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="IX" id="IX"></a><a href="#capitulos">-IX-</a></h2> + +<h3>La Gloriosa</h3> + + +<p>Ocurrió poco después en España un suceso que entretuvo a la nación siete +años cabales, y aún la está entreteniendo de rechazo y en sus +consecuencias, a saber: que en vez de los pronunciamientos chicos +acostumbrados, se realizó otro muy grande, llamado Revolución de +Setiembre de 1868.</p> + +<p>Quedose España al pronto sin saber lo que le pasaba y como quien ve +visiones. No era para menos. ¡Un pronunciamiento de veras, que derrocaba +la dinastía! Por fin el país había hecho una hombrada, o se la daban +hecha: mejor que mejor para un pueblo meridional. De todo se encargaban +marina, ejército, progresistas y unionistas. González Bravo y la Reina +estaban ya en Francia cuando aún ignoraba la inmensa mayoría de los +españoles si era el Ministerio o los Borbones quienes caían «para +siempre», según rezaban los famosos letreros de Madrid. No obstante, en +breve se persuadió la nación de que el caso era serio, de que no sólo la +raza Real, sino la monarquía misma, iban a andar en tela de juicio, y +entonces cada quisque se dio a alborotar por su lado. Sólo guardaron +reserva y silencio relativo aquellos que al cabo de los siete años +habían de llevarse el gato al agua.</p> + +<p>Durante la deshecha borrasca de ideas políticas que se alzó de pronto, +observose que el campo y las ciudades situadas tierra adentro se +inclinaron a la tradición monárquica, mientras las poblaciones fabriles +y comerciales, y los puertos de mar, aclamaron la república. En la costa +cantábrica, el Malecón y Marineda se distinguieron por la abundancia de +comités, juntas, <i>clubs</i>, proclamas, periódicos y manifestaciones. Y es +de notar que desde el primer instante la forma republicana invocada fue +la federal. Nada, la unitaria no servía: tan sólo la federal brindaba al +pueblo la beatitud perfecta. ¿Y por qué así? ¡Vaya a saber! Un escritor +ingenioso dijo más adelante que la república federal no se le hubiera +ocurrido a nadie para España si Proudhon no escribe un libro sobre el +principio federativo y si Pi no le traduce y le comenta. Sea como sea, y +valga la explicación lo que valiere, es evidente que el federalismo se +improvisó allí y doquiera en menos que canta un gallo.</p> + +<p>La Fábrica de Tabacos de Marineda fue centro simpatizador (como ahora se +dice) para <i>la federal</i>. De la colectividad fabril nació la +confraternidad política; a las cigarreras se les abrió el horizonte +republicano de varias maneras: por medio de la propaganda oral, a la +sazón tan activa, y también, muy principalmente, de los periódicos que +pululaban. Hubo en cada taller una o dos lectoras; les abonaban sus +compañeras el tiempo perdido, y adelante. Amparo fue de las más +apreciadas, por el sentido que daba a la lectura; tenía ya adquirido +hábito de leer, habiéndolo practicado en la barbería tantas veces. Su +lengua era suelta, incansable su laringe, robusto su acento. Declamaba, +más bien que leía, con fuego y expresión, subrayando los pasajes que +merecían subrayarse, realzando las palabras de letra bastardilla, +añadiendo la mímica necesaria cuando lo requería el caso, y comenzando +con lentitud y misterio, y en voz contenida, los párrafos importantes, +para subir la ansiedad al grado eminente y arrancar involuntarios +estremecimientos de entusiasmo al auditorio, cuando adoptaba entonación +más rápida y vibrante a cada paso. Su alma impresionable, combustible, +móvil y superficial, se teñía fácilmente del color del periódico que +andaba en sus manos, y lo reflejaba con viveza y fidelidad +extraordinarias. Nadie más a propósito para un oficio que requiere gran +fogosidad, pero externa; caudal de energía incesantemente renovado y +disponible para gastarlo en exclamaciones, en escenas de indignación y +de fanática esperanza. La figura de la muchacha, el brillo de sus ojos, +las inflexiones cálidas y pastosas de su timbrada voz de contralto, +contribuían al sorprendente efecto de la lectura.</p> + +<p>Al comunicar la chispa eléctrica, Amparo se electrizaba también. Era a +la vez sujeto agente y paciente. A fuerza de leer todos los días unos +mismos periódicos, de seguir el flujo y reflujo de la controversia +política, iba penetrando en la lectora la convicción hasta los tuétanos. +La fe virgen con que creía en la prensa era inquebrantable, porque le +sucedía con el periódico lo que a los aldeanos con los aparatos +telegráficos: jamás intentó saber cómo sería por de dentro; sufría sus +efectos, sin analizar sus causas. ¡Y cuánto se sorprendería la fogosa +lectora si pudiese entrar en una redacción de diario político, ver de +qué modo un artículo trascendental y furibundo se escribe cabeceando de +sueño, en la esquina de la mugrienta mesa, despachando una chuleta o una +ración de merluza frita! La lectora, que tomaba al pie de la letra +aquello de «Cogemos la pluma trémulos de indignación», y lo otro de «La +emoción ahoga nuestra voz, la vergüenza enrojece nuestra faz», y hasta +lo de «Y si no bastan las palabras, ¡corramos a las armas y derramemos +la última gota de nuestra sangre!».</p> + +<p>Lo que en el periódico faltaba de sinceridad sobraba en Amparo de +crédulo asentimiento. Acostumbrábase a pensar en estilo de artículo de +fondo y a hablar lo mismo: acudían a sus labios los giros trillados, los +lugares comunes de la prensa diaria, y con ellos aderezaba y componía su +lenguaje. Iba adquiriendo gran soltura en el hablar; es verdad que +empleaba a veces palabras y hasta frases enteras cuyo sentido exacto no +le era patente, y otras las trabucaba; pero hasta en eso se parecía a la +desaliñada y antiliteraria prensa de entonces. ¡Daba tanto que hacer la +revuelta y absorbente política, que no había tiempo para escribir en +castellano! Ello es que Amparo iba teniendo un pico de oro; se la +estaría uno escuchando sin sentir cuando trataba de ciertas cuestiones. +El taller entero se embelesaba oyéndola, y compartía sus afectos y sus +odios. De común acuerdo, las operarias detestaban a Olózaga, llamándole +«el viejo del borrego» porque andaba el muy indino buscando un rey que +no nos hacía maldita la falta... sólo por cogerse él para sí embajadas y +otras prebendas; hablar de González Bravo era promover un motín; con +Prim estaban a mal, porque se inclinaba a la forma monárquica; a Serrano +había que darle de codo; era un ambicioso hipócrita, muy capaz, si +pudiese, de hacerse rey o emperador, cuando menos.</p> + +<p>Creció la efervescencia republicana mientras que trascurría el primer +invierno revolucionario; al acercarse el verano subió más grados aún el +termómetro político en la Fábrica. En el curso de horas de sol, sin +embargo, decaía la conversación, y entre tanto la atmósfera se cargaba +de asfixiantes vapores y espesaba hasta parecer que podía cortarse con +cuchillo. Penetrantes efluvios de nicotina subían de los serones llenos +de seca y prensada hoja. Las manos se movían a impulsos de la necesidad, +liando tagarninas; pero los cerebros rehuían el trabajo, abrumador del +pensamiento; a veces una cabeza caía inerte sobre la tabla de liar, y +una mujer, rendida de calor, se quedaba sepultada en sueño profundo. Más +felices que las demás, las que espurriaban la hoja, sentadas a la turca +en el suelo, con un montón de tabaco delante, tenían el puchero de agua +en la diestra, y al rociar, muy hinchadas de carrillos, el Virginia, las +consolaba un aura de frescura. Tendidas las barrenderas al lado del +montón de polvo que acababan de reunir, roncaban con la boca abierta y +se estremecían de gusto cuando la suave llovizna les salpicaba el +rostro. Revoloteaban las moscas con porfiado zumbido, y ya se unían en +el aire y caían rápidamente sobre la labor o las manos de las operarias, +ya se prendían las patas en la goma del tarrillo, pugnando en balde por +alzar el vuelo. Andaban esparcidos por las mesas, y mezclados con el +tabaco, pedazos de borona, tajadas de bacalao crudo, cebollas, sardinas +arenques. Con semejante temperatura, ¿quién había de tener ganas de +comerse la pitanza?</p> + +<p>Por fin, a eso de las cuatro de la tarde, la refrigerante brisa marina +comenzaba a correr, dilatábanse los oprimidos pechos, los dientes +funcionaban despachando los humildes manjares, y le tocaba su turno a la +lectura política.</p> + +<p>Leíanse publicaciones de Madrid y periódicos locales. En la prensa de la +Corte se llevaban la palma los discursos de Castelar, por entonces muy +distante de haberse gastado. ¡Cuánta palabra linda, y qué bien que +enganchaban unas en otras! Parecían versos. Es verdad que la mayor parte +no se entendían, y que danzaban por allí nombres tan raros, que sólo el +demonio de Amparo podía leerlos de corrido; mas no le hace: lo que es +bonito, era muy bonito aquello. Y bien se colegía que la sustancia del +discurso era a favor del pueblo y contra los tiranos, de suerte que lo +demás se tomaba por adorno y delicado floreo.</p> + +<p>Cuando en vez de discursos cuadraba leer artículos de fondo, de estos +kilométricos y soporíferos, que hablan de justicia social, redención de +las clases obreras, instrucción difundida, generalizada y gratis, +fraternidad universal, todo en estilo de homilía y con oraciones largas +y enmarañadas como fideos cocidos, alterábase la voz de Amparo y se +humedecían los ojos de sus oyentes. Leve escalofrío recorría las filas +de mujeres, las cuales se miraban como diciéndose: «¿Eh?, ¿qué tal? +¡Este sí que lo parla!». Y leído el último párrafo, que terminaba +anunciando el próximo advenimiento de una era de perfecta libertad y +bienestar absoluto, solían cruzar las manos, sonriendo y sintiéndose tan +relajadas en sus fibras, tan blandas y dulces como un plato de huevos +moles. Trabajo les costaba reprimir los impulsos de abrazarse que se les +iban y venían.</p> + +<p>En cambio, si el escrito pertenecía al género bélico y tocaba a somatén, +parecía que les daban a beber una mistura de pólvora y alcohol. Montaban +en cólera tan aína como se encrespan las olas del mar. Sordas +exclamaciones acompañaban y cubrían a veces la voz de la lectora. Era +contagiosa la ira, y mujer había allí de corazón más suave que la seda, +incapaz de matar una mosca, y capaz a la sazón de pedir cien mil cabezas +de los pícaros que viven chupando la sangre del pueblo.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="X" id="X"></a><a href="#capitulos">-X-</a></h2> + +<h3>Estudios históricos y políticos</h3> + + +<p>Más partido tenían en la Fábrica los periódicos locales que los de la +Corte. Naturalmente, los locales exageraban la nota, recargaban el +cuadro; sus títulos acostumbraban ser por este estilo: <i>El Vigilante +Federal, órgano de la democracia republicana federal-unionista; El +Representante de la Juventud Democrática; El Faro Salvador del Pueblo +Libre</i>. Y como, aparte de algunas huecas generalidades del artículo de +fondo, discurrían acerca de asuntos conocidos, era mucho mayor el +interés que despertaban.</p> + +<p>No es fácil imaginar cuán honda sensación producía en el concurso alguna +gacetilla rotulada, por ejemplo: «Acontecimiento incalificable».</p> + +<p>—A ver, a ver. Oír. Callar. Silencio, charlatanas.</p> + +<p>Y reinaba un mutismo palpitante, escuchándose tan sólo el retintín de +los tijeretazos que cercenaban el rabo de las tagarninas.</p> + +<p>—«Acontecimiento incalificable»—repetía Amparo—. «Se nos asegura que +hará dos días entraron tres guardias civiles francos de servicio en el +café de la Aurora, y un oficial que allí había los arrestó...»</p> + +<p>—Arrestaría, arrestaría....</p> + +<p>—Callar, bocas....</p> + +<p>—«... los arrestó por tan enorme delito...»</p> + +<p>—¿Por entrar en un café?</p> + +<p>—¡Y dicen que hay libertá!</p> + +<p>—¡Qué ha de haberla, mujer!</p> + +<p>—«Y preguntándoles la causa de su entrada en el local, le respondieron +que su objeto era tomar café. No obstante tan naturales explicaciones, +fueron arrestados por tres días, y hasta no faltan personas bien +informadas que aseguren se ha dado orden para que los individuos del +benemérito cuerpo no puedan entrar en los cafés de la Aurora ni del +Norte. De ser esto cierto, sobre constituir un ataque infundado a los +sagrados derechos individuales, lo es también a la industria libre y +honrosa de los cafeteros, y...»</p> + +<p>—¡Y le resobra la razón, así Dios me salve! ¿Y de qué come el pobre del +cafetero si le espantan la parroquia?</p> + +<p>—El pillo del oficial, como tiene su paga....</p> + +<p>—«... y no encontramos frases suficientes para anatematizar estos +atropellos, hoy que la bandera de la libertad nos da sombra con sus +pliegues...»</p> + +<p>—¡Eso, eso!</p> + +<p>—¡De ahí, de ahí!</p> + +<p>—Habiendo libertá no hay injusticias. ¡Olé por ella!</p> + +<p>—«¿Qué piensan los que así resucitan arranques del agonizante +despotismo militar, propios de épocas terroríficas que pasaron a la +historia? ¿Se les ha figurado que estamos en aquellos siglos, cuando un +señor tenía poder para abrir el vientre a sus vasallos?...»</p> + +<p>Aquí se salió de madre el río. Exclamaciones, interjecciones, gritos y +risas se cruzaron de un lado a otro; pero las risueñas estaban en +minoría: dominaban las espantadas. Una vieja medio sorda se hizo una +trompetilla con ambas manos, creyendo que sus oídos la engañaban.</p> + +<p>—¡Ave María de gracia!</p> + +<p>—¡En mi vida tal oí!</p> + +<p>—¡Abrir la barriga!</p> + +<p>—No sería en tierra de cristianos, mujer.</p> + +<p>—¿Y eso fue a los pobrecitos civiles?—interrogó la sorda.</p> + +<p>—¡Chss!—gritó Amparo—. Aquí viene lo bueno, señores: «... abrir el +vientre a sus vasallos para calentarse los pies con su sangre...»</p> + +<p>—¡Señor y Dios de los cielos!</p> + +<p>—Parece que todo el estómago se me revolvió.</p> + +<p>—¡Pobre del pobre!</p> + +<p>—¡Cuándo vendrá la federal para que se acaben esas infamias!</p> + +<p>Otra cuerda que siempre resonaba en aquel centro político femenino era +la del misterio. Cualquier periodiquillo, el más atrasado de noticias, +contenía un suelto que, hábilmente leído, despertaba temores y +esperanzas en el taller. Amparo empezaba por hacer señas al concurso +para que estuviese prevenido a importantes revelaciones. Después +comenzaba, con reposada voz:</p> + +<p>—«Atravesamos momentos solemnes. De un día a otro deben cambiar de +rumbo los acontecimientos...»</p> + +<p>—Lo que yo digo. Esta situación, de por fuerza se la tienen que llevar +los demonios.</p> + +<p>—Hasta que llegue la nuestra....</p> + +<p>—No, pues cuando este lo huele.... Por Madrid andará buena la cosa.</p> + +<p>—Así los parta a todos un rayo, comilones, tiránigos, chupadores.</p> + +<p>—A ver si calláis.</p> + +<p>—«La situación está próxima a entrar en el camino que desde el primer +día de la revolución debió emprender. Hay que vencer grandes +obstáculos...» (Movimiento general.) «Los enemigos encubiertos de la +revolución...»</p> + +<p>—¿Quién será? ¿Lo dirá por el alcalde?</p> + +<p>—No, mujer.... Por ese maldito de cuñado de la Reina....</p> + +<p>—Y por el Napoleón de allá de Francia, boba, que no nos puede ver.</p> + +<p>—¡Chsss! «... de la revolución, están acechando el instante en que +poder descargar sobre la situación un golpe decisivo y liberticida. No +desmayemos, sin embargo. La revolución pasará triunfante por cima de +tanto reaccionario como aparenta servirla con fines siniestros. En donde +menos se piensa se esconde la reacción fijando su ojo de tigre...»</p> + +<p>—Tiene razón, tiene razón. Está muy bien comparado.</p> + +<p>—«... ojo de tigre... en la libertad, para estrangularla. Los más +temibles son los que, llegados a la cima del poder, hacen traición a sus +antiguos ideales que les sirvieron de pedestal para escalar las +grandezas...»</p> + +<p>—Si es lo que yo os predico siempre—exclamaba al llegar aquí la +lectora, tomando la ampolleta—. Los peorcitos están arriba, arriba. +Quien no lo ve, ciego es. Ínterin no agarre el pueblo soberano una +escoba de silbarda, como esa que tenemos ahí... (y señaló a la que +manejaba la barrendera del taller) y barra sin misericordia las altas +esferas... ¡ya me entendéis! El mismo día en que se proclamó la libertad +y se le dio el puntapié a los Borbones, había yo de publicar un +decreto... ¿sabéis cómo? (la oradora abrió la mano izquierda, haciendo +ademán de escribir en ella con una tagarnina:) «Decreto yo, el Pueblo +soberano, en uso de mis derechos individuales, que todos los generales, +gobernadores, ministros y gente gorda salga del sitio que ocupan, y se +lo dejen a otros que nombraré yo del modo que me dé la realísima gana. +He dicho».</p> + +<p>—¡Bien, bien!</p> + +<p>—¡Venga de ahí!</p> + +<p>—¡Esa es la fija! Y a mí que no me digan....</p> + +<p>—¿Pues no estamos viendo, mujer, que hay empleados de los tiempos del +espotismo? ¿Se mudó, por si acaso, la oficialidá de los regimientos? Si +a hablar fuésemos....</p> + +<p>Y la arenga bajó de tono y se hizo cuchicheo.</p> + +<p>—¡Si a hablar va uno... aquí mismo... repelo! ¡Mudaron el jefe, por +plataforma... sólo faltaba! Pero los subalternos....</p> + +<p>Aquí, la maestra del partido, mujer alta y morena, de pocas y +dificultosas palabras, que solía oír a las operarias con seria +indiferencia, intervino.</p> + +<p>—A tratar cada uno de lo que importa... y a liar cigarritos....</p> + +<p>—No decimos cosa mala...—alegó Amparo.</p> + +<p>—Decir no dirás, pero hablar hablas sin saber lo que hablas.... Pensáis +que no hay más que mudar y mudar y meter pillos.... Aquí se requiere +honradez.</p> + +<p>—Eso ya se sabe.</p> + +<p>—Por de contado que sí... Demasiado.</p> + +<p>—Pues el que os oiga.... Y vamos acá. Si vierais, como yo vi, el último +del mes que se hace el arqueo, la caja abierta, con sacos de lienzo a +barullo, a barullo, así de oro y plata...—Y la maestra adelantó los +brazos en arco, indicando un vientre hidrópico—. ¿Pues se os figura que +si el contador y el depositario-pagador, y los oficiales, y los +ayudantes, fuesen, digo yo, fuesen, quiero decir...?</p> + +<p>—¿Fuesen... de la uña?</p> + +<p>—¡Pues! Ya veis que aquí no puede venir cualesquiera. Hay +responsabilidá.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XI" id="XI"></a><a href="#capitulos">-XI-</a></h2> + +<h3>Pitillos</h3> + + +<p>Quiso Amparo mudarse de taller, y solicitó pasar al de cigarrillos, +donde le agradaba más el trabajo y la compañía.</p> + +<p>Entre el taller de cigarros comunes y el de cigarrillos, que estaba un +piso más arriba, mediaba gran diferencia: podía decirse que este era a +aquel lo que el Paraíso de Dante al Purgatorio. Desde las ventanas del +taller de cigarrillos se registraba hermosa vista de mar y país +montañoso, y entraba sin tasa por ellas luz y aire. A pesar de su +abuhardillado techo, las estancias eran desahogadas y capaces, y la +infinidad de pontones y vigas de oscura madera que soportan la armazón +del tejado le daban cierto misterioso recogimiento de iglesia, formando +como columnatas y rincones sombríos en que puede descansar la fatigada +vista. Si bien en los desvanes se siente mucho el calor, la cantidad +relativamente escasa de operarias reunidas allí evitaba que la atmósfera +se viciase, como en las salas de abajo. Asimismo la labor es más +delicada y limpia, los colores más gratos, y hasta parece que la +claridad del sol entra más alegre a bañar los muros. La limpia blancura +de los librillos, el amarillo bajo de las fajas, el gris de estraza de +las cajetillas, componían una escala de tonos simpáticos a la pupila. Y +los personajes armonizaban con la decoración.</p> + +<p>Preponderaban en el taller de pitillos las muchachas de Marineda: apenas +se veían aldeanas; así es que abundaban los lindos palmitos, los rostros +juveniles. Abajo, la mayor parte de las operarias eran madres de +familia, que acuden a ganar el pan de sus hijos, agobiadas de trabajo, +rebujadas en un mantón, indiferentes a la compostura, pensando en las +criaturitas, que quedaron confiadas al cuidado de una vecina; en el +recién, que llorará por mamar, mientras a la madre la revientan los +pechos de leche.... Arriba florecen todavía las ilusiones de los +primeros años y las inocentes coqueterías que cuestan poco dinero y +revelan la sangre moza y la natural pretensión de hermosearse. La que +tiene buen pelo lo peina con esmero y gracia, que para eso se lo dio +Dios; la que presume de talle airoso se pone chaqueta ajustada; la que +sabe que es blanca se adorna con una toquilla celeste.</p> + +<p>Por derecho propio, Amparo pertenecía a aquel taller privilegiado.</p> + +<p>Encontró en él muy buena acogida y dos amigas: a la una se aficionó de +suyo, movida de un instinto protector; llamábanle Guardiana, era nacida +al pie del santuario de Nuestra Señora de Guardia, tan caro a Marineda; +y según ella misma decía, la Virgen le había de dar la gloria en el otro +mundo, porque en este no le mandaba más que penitas y trabajos. +Guardiana era huérfana; su padre y madre murieron del pecho, con +diferencia de días, quedando a cargo de una muchacha de dos lustros de +edad, cuatro hermanitos, todos marcados con la mano de hierro de la +enfermedad hereditaria: epiléptico el uno, escrofulosos y raquíticos +dos, y la última, niña de tres años, sordo-muda. Guardiana mendigó, +esperó a los devotos que iban al santuario, rondó a los que llevaban +merienda, pidiéndoles las sobras, y tanto hizo, que nunca les faltó a +sus chiquillos de comer, aunque ella ayunase a pan y agua. Al raquítico +dio en abultársele la cabeza, poniéndosele como un odre: fue preciso +traerle médico y medicinas, todo para salir al cabo con que era una +bolsa de agua, y que la bolsa se lo llevaba al otro mundo. A bien que el +médico no sólo se negó a cobrar nada, sino que, compadecido de +Guardiana, tuvo la caridad de meterla en la Fábrica, que fue como +abrirle el cielo, decía ella. Después de la Virgen de la Guardia, la +Fábrica era su madre. Nunca le había faltado nada a sus pequeños desde +que era cigarrera, y aún le sobraban siempre golosinas que llevarles; +fruta en verano, castañas y dulces en invierno. Amparo saqueaba la caja +de los barquillos de Chinto con objeto de enviar finezas a la +sordo-mudita. El taller entero tenía entrañas maternales para aquellos +niños y su valerosa hermana, afirmando que sólo la Virgen era capaz de +infundirle los ánimos con que trabajaba, sostenía las criaturas, y vivía +alegre y contenta como un cuco.</p> + +<p>Del casco mismo de Marineda procedía la otra amiga de Amparo: aunque +frisaba en los treinta, su menudo cuerpo la hacía parecer mucho más +joven. Pelirroja y pecosa, descarnada y puntiaguda de hocico, llamábanle +en el taller la Comadreja, mote felicísimo que da exacta idea de su +figura y ademanes. Bien sabía ella lo del apodo; pero ya se guardarían +de repetírselo en su cara, o si no.... Ana tenía por verdadero nombre, y +a pesar de su delgadez y pequeñez, era una fierecilla a quien nadie +osaba irritar. Sus manos, tan flacas que se veía en ellas patente el +juego de los huesos del metacarpo, llenaban el tablero de pitillos en un +decir Jesús; así es que el día le salía por mucho, y alcanzábale su +jornal para vivir y vestirse, y, añadía ella, para lo que le daba la +gana. Conversaba con causticidad y cinismo; estaba muy desasnada, +cogíanla de susto pocas cosas, y tenía no sé qué singular y picante +atractivo en medio de su fealdad indudable. Presumía de bien emparentada +y relacionada; un primo suyo desempeñaba la secretaría del Casino de +Industriales; una tía ricachona vendía percales, franelas y pañolería en +la calle estrecha de San Efrén; la mayor parte de sus amigas <i>cosían por +las casas</i>, o eran oficialas de la mejor modista. Además, conocía mucho +<i>señorío</i>, del cual hablaba con desenfado. ¡Buenas cosas sabía ella de +personas principales!</p> + +<p>Sentábanse las tres amigas juntas, no lejos de la ventana que daba al +puerto. Al través de los sucios vidrios, barnizados de polvo de rapé, +que se había ido depositando lentamente, y en cuyos ángulos trabajaban +muy a su sabor las arañas, se divisaba la concha de la bahía, el cielo y +la lejana costa. La zona luminosa de un rayo de sol, bullendo en átomos +dorados, cortaba el ambiente, y el molino de la picadura acompañaba las +conversaciones del taller con su acompasado y continuo <i>tacatá, tacatá</i>. +Agitábanse las manos de las muchachas con vertiginosa rapidez: se veía +un segundo revolotear el papel como blanca mariposa, luego aparecía +enrollado y cilíndrico, brillaba la uña de hojalata rematando el bonete, +y caía el pitillo en el tablero, sobre la pirámide de los hechos ya, +como otro copo de nieve encima de una nevera. No se sabía ciertamente +cuál de las amigas despachaba más: en cambio, a su lado, encaramada +sobre un almohadón, había una aprendiza, niña de ocho años, que con sus +deditos amorcillados y torpes apenas lograba en una hora liar media +docena de papeles. Guardiana le enseñaba y daba consejos, porque la +chiquilla, silenciosa y triste, le recordaba su sordo-mudita, +inspirándole lástima; mientras Ana contaba noticias de la ciudad, que +sabían al dedillo. Un día que hablaron de lo que suelen hablar las +muchachas cuando se reúnen, la Comadreja confesó que ella «tenía» un +capitán mercante, que le traía de sus viajes mil monadas y regalos, y +proyectaba casarse con ella, andando el tiempo, cuando pudiese. En +cuanto a Guardiana, declaró que no soñaba con tener novio, pues era +imposible: ¿qué marido había de cargar con sus pequeños? Y ella no los +dejaba ni por el mismo general Serrano que la pretendiese. Muchos le +decían cosas; pero si se tratase de boda, ¡quién los vería echando a sus +niños al Hospicio! ¡Ángeles de Dios! Y pensar que ella se metiese en +malos tratos, era excusado: así es que nada, nada; la Virgen es mejor +compañera que los hombrones. Animada por las confidencias, Amparo +insinuó que a ella un señorito, un militar, la seguía alguna vez por las +calles.</p> + +<p>—Ya sé quién es—chilló la Comadreja—. Es el de Sobrado.</p> + +<p>—¿Quién te lo dijo, mujer?—exclamó Amparo maravillada.</p> + +<p>—Todo se sabe—afirmó magistralmente Ana—. Pero estás fresca, hija. +Ese lo que quiere es pasar el tiempo, y a vivir. ¡Buena gente son los +Sobrados! Los conozco lo mismo que si viviese con ellos, porque +justamente la que les cose es hermana de una amiga mía íntima. Avaros, +miserables como la sarna. La madre y el tío son capaces de llorarle a +uno el agua que bebe; el padre no es tan cutre, pero es un infeliz; lo +tienen dominado, y pide permiso a su mujer cuando corta pan del mollete. +Para hacerles a las hijas un vestido echan cuentas seis mes s, y a la +chica que llaman a coserlo la hacen ir tempranísimo para sacarle bien el +jugo. Un día de convite parece que echan la casa por la ventana; pero +todo se recoge, y no va a la cocina ni tanto así. Y están achinados de +dinero.</p> + +<p>Amparo oía atónita. Nada más ajeno a su carácter rumboso, imprevisor, +que la estrechez voluntaria.</p> + +<p>—La madre... ¿ves aquella risita falsa?, pues es terrible. No puede +entrar en su casa una muchacha regular; en seguida abrasa al marido a +celos. Esta chica que les cosía no pudo aguantar.... Allí no hay nadie +bueno sino la chiquilla mayor.</p> + +<p>—Nos dio dulces una vez... es bien natural—respondió Amparo, que +sintió cruzar por su espíritu la visión de la noche de Reyes.</p> + +<p>—¿Esa? Una santa... y no le hacen caso ninguno. La segunda, idéntica a +su madre: le preguntaron un día con quién se había de casar, y dijo: +«Con el tío Isidoro, que es rico». ¡El hermano de su padre, aquel viejo +gordo, que parece una tinaja!</p> + +<p>Guardiana soltó el trapo a reír con la mejor voluntad del mundo: Amparo, +acordándose de una frase leída en un periódico, exclamó:</p> + +<p>—¡Pero ha de poder tanto el vil interés!—Y meneando la cabeza, +añadió—: Lo diría de broma, mujer.</p> + +<p>—¡Sí, sí... buena broma te dé Dios! En esa familia todos son iguales, +mujer; cortados por una tijera. Pues no digo nada del señorito, de tu +adorador. Hace la rosca a la chiquilla de García, una empalagosa que no +piensa más que en componerse y no sabe dar una puntada; pero el asunto +es que se la hace por lunas, porque esas de García.... ¿No te gusta el +cuento?</p> + +<p>—Sí, mujer—gritó la oradora amostazada—. ¿Piensas tú que estoy muerta +por semejante muñeco? Vaya, que me das gana de reír. Cuenta, mujer, que +también se pasa el tiempo.</p> + +<p>—Digo que le hace la rosca por lunas, porque esas de García tienen allá +un pleito en Madrid, de no sé qué intereses del marido, que era corredor +y se metió en una sociedad por acciones... en fin, no será así, pero es +lo mismo. Si ganan, quedarán millonarias o poco menos, y cuando hay +esperanzas de eso, la madre del de Sobrado le manda que se arrime a la +doña Melindritos, y cuando viene de Madrid una mala noticia, que se +desaparte.... ¡Uy, qué tipos!</p> + +<p>Amparo, con la cabeza baja, enrollaba a más y mejor, febrilmente. +Guardiana se hacía cruces.</p> + +<p>—Es una una pobre...—murmuraba—. Es una una pobre, y no lo haría +aunque le diesen....</p> + +<p>—¿Y el otro?—siguió la implacable Comadreja que estaba ya resuelta a +vaciar el saco—. ¿Y el amigote, el de los bigotazos, que parece que +habla dentro de una olla?</p> + +<p>—¿El que le llaman Borrén?</p> + +<p>—Ese, ese.... Un baboso con todas; a todas nos dice algo, y el caso es +que con ninguna, chicas. Podéis creerme: ni esto. Tan aficionado a +jarabe de pico, y tiene más miedo a una mujer que a los truenos.</p> + +<p>Detúvose la Comadreja, y mirando fijamente a Amparo, añadió:</p> + +<p>—Tú aún tienes otro obsequiante, pero te callas.</p> + +<p>—¿Quién, mujer?</p> + +<p>—El barquillero. ¡Sí, que no está derretido por ti!</p> + +<p>—¡Aquel animal!—exclamó Amparo—. Parece una patata cruda... mujer, +hazme más favor.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XII" id="XII"></a><a href="#capitulos">-XII-</a></h2> + +<h3>Aquel animal</h3> + + +<p>Aquel animal trabajaba entre tanto a más y mejor. Si faltase él, ¿quién +había de encargarse de toda la labor casera? Muy cascado iba estando el +señor Rosendo, y la tullida a cada paso se hallaba mejor en su cama, y +se extendía entre sábanas más voluptuosamente al ver el ademán de fatiga +con que soltaba su marido el cilindro por las noches. Y cuenta que de +algún tiempo acá, el señor Rosendo no fabricaba barquillos sino en casos +de gran necesidad, porque el fuego le inyectaba la tez, le arrebataba y +sofocaba todo. Pero allí estaba Chinto para dar vueltas a la noria, y +ser panacea universal de los males domésticos y comodín servible y +aplicable a cuanto se ofreciese. No sólo se levantaba con estrellas, a +fin de emprender la labor de Sísifo de llenar el tubo-labor que +desempeñaba con mecánica destreza y rapidez—, sino que antes de salir a +la venta, quedábale tiempo de barrer el portal y la cocina, de limpiar +los chismes del oficio, de ir por agua a la fuente, por sardinas al +muelle o al mercado, y freírlas luego; de arrimar el caldo a la lumbre, +de partir leña; de cumplir, en suma, todas las tareas de la casa, +incluso las propiamente femeniles, porque traía en la faltriquera un +dedal perforado y un ovillo de hilo, y en la solapa, clavada, una aguja +gorda; y así pegaba un botón en los calzones de su principal, como +echaba un gentil remiendo de estopa en su propia morena camisa. Y si no +se ofrecía a coser las sayas de Amparo y no le hacía la cama, era por +unos asomos de natural y rústico pudor que no faltan al más zafio +aldeano. A la tullida le daba vueltas, le sacudía los jergones, y la +sacaba en vilo del lecho, tendiéndola en un mal sofá comprado de lance, +mientras se arreglaba su cuarto.</p> + +<p>Lo gracioso del caso está en que, siendo el paisanillo tan útil, por +mejor decir, tan indispensable, no hubo criatura más maltratada, +insultada y reñida que él. Sus más leves faltas se volvían horribles +crímenes, y por ellos se le formaba una especie de consejo de guerra. +Llovían sobre él a todas horas improperios, burlas y vejaciones. La +explotación del hombre por el hombre tomaba carácter despiadado y feroz, +según suele acontecer cuando se ejerce de pobre a pobre, y Chinto se +veía estrujado, prensado, zarandeado y pisoteado al mismo tiempo. Le +habían calificado y definido ya: era un mulo.</p> + +<p>Acertó un día Chinto a volver unas miajas más tarde de lo acostumbrado, +y acercose a la cama de la tullida para vaciar sus faltriqueras, donde +danzaban los cuartos de la colecta diaria. Encontrábase allí Amparo, y +le dio al punto en la nariz un desusado tufillo. Por sorprendente que +parezca la noticia, la acuidad del sentido del olfato es notable en las +cigarreras: diríase que la nicotina, lejos de embotarles la pituitaria, +les aguza los nervios olfativos, hasta el extremo de que si entra +alguien en la fábrica fumando, se digan unas a otras con repugnancia: +«¡Puf, huele a hombre!». Así es que Amparo solía apartarse de Chinto +—aunque sea inverosímil—repelida por el olor de las malas colillas que +chupaba en secreto; pero lo que a la sazón percibía era peor que el +tabaco; así es que pegó un salto.</p> + +<p>—¡Vete de ahí—le gritó—; vete, maldito, que nos apestas! Anda, +pellejo, despabílate.</p> + +<p>Chinto la consideraba atónito, con los brazos colgantes, abriendo cuanto +podía los ojos, cual si por ellos oyese.</p> + +<p>—Que te largues; ¡repelo contigo!, que no se aguanta ese olor: +confundes a la gente.</p> + +<p>—¿A qué apestas, demontre?—preguntó la tullida—. Serán esos puros del +estanquillo.</p> + +<p>—¡No, señora, que es a vino!—exclamó Amparo.</p> + +<p>—¡A vino!—clamó la impedida alzando los brazos tan escandalizada como +si ella sólo catase el agua, porque en el pueblo los viejos, con +sinceridad completa, se otorgan a sí propios el derecho de «echar un +trago» que niegan a los mozos—. ¡A vino! ¡Tú quiéreste perder, +condenado!</p> + +<p>—Yo... pero yo... quiérese decir que yo...—balbució Chinto abrumado +por el peso de su culpa.</p> + +<p>—¡Aún tendrás valor para contar mentira!—chilló la enferma—. ¡Llégate +acá, bruto! (Chinto se llegó compungido.) Echa el aliento. (Chinto lo +echó.) Más fuerte, más fuerte... (Y la tullida asió de los indómitos +pelos al paisano y le obligó, mal de su grado, a carearse con ella.) +¡Puf!, ¡pues es verdá y muy verdá! ¿Dónde te metiste? ¿Andas ya +arrastrado por las tabernas, bribón?</p> + +<p>—Yo... no, no fue cosa mala ninguna... no fue perrita, ni licor.... +Fue....</p> + +<p>—Cuenta la verdá, borrachón de los infiernos, como si estuvieses +difunto en el tribunal del devino Señor....</p> + +<p>—No fue nada más sino que encontré un amigo de allí... de la Erbeda, +que cayó soldado... y allí... me convidó, me dijo así:—¿Quieres una +chiquita?—. Y yo... allí, le dije:—Bueno—. Y él me llevó allí... a +casa de....</p> + +<p>—¡Calla, calla y recalla ya, que siquiera sabes lo que dices, con la +mona que traes a cuestas!... ¡Como otra vez te vea yo así perdido de +vino, he de decirle a Rosendo que te arree una tunda con la correa de la +caja, que te has de chupar los dedos; chiquilicuatro, mocoso, viciosón! +Convidarte, ¿eh? Me convides. ¡Quien te da vino, no te da pan; mulo! +¡Anda afuera, que me mareas la cabeza toda!</p> + +<p>Amparo ejecutó el decreto materno empujando a Chinto por los hombros a +las tinieblas exteriores del portal, y Chinto resignado optó por +acostarse. Lo único que sentía confusamente era no poder ver a la +muchacha un rato. Ahora le entretenía casi tanto mirar a Amparo, como +antes contemplar la rueda del amolador y la bahía. Admirábale a él, rudo +y tardío de eloquio como suele serlo el aldeano, la facilidad y rapidez +con que la pitillera se expresaba, la copia de palabras que sin esfuerzo +salían de su boca. Si lo que experimentaba Chinto era enamoramiento, +podía llamarse el enamoramiento por pasmo. Ello es que se le venían con +frecuencia suma impulsos de tratar a Amparo como a las chiquillas de su +aldea, las tardes de gaita; de pellizcarla, de soltarle un pescozón +cariñoso, de echarle la zancadilla, de darle un varazo suave con la +recién cortada vara de mimbre. Pero tan osados pensamientos no llegaban +a realizarse nunca. Amparo sí que solía empujar a Chinto, y no por vía +de halago, bien lo sabe Dios, sino de pura rabia que le tuvo siempre. Si +pudiese leer en el alma del paisano, adivinar cómo le hervía la sangre +al acercarse a ella, le hubiera cobrado asco amén del odio inveterado +ya.</p> + +<p>Para Amparo, hija de las calles de Marineda, ciudadana hasta la médula +de los huesos, Chinto era un ilota. Alguna duquesa confinada en oscuro +pueblo, después de adornar los saraos de la corte, debe sentir por los +señoritos del poblachón lo que la pitillera por Chinto. Enfadábale todo +en él: la necia abertura de su boca, la pequeñez de sus ojos, lo sinuoso +y desgarbado de su andar, su glotona manera de comer el caldo. Le +entraban irritaciones sordas a la vista de objetos dejados por él, un +par de zapatos viejos y torcidos, una faja de lana roja pendiente de una +percha, una colilla negra y pegajosa, caída en el suelo. Y fortificaba +su antipatía el que Chinto, con la desconfianza socarrona propia del +paisano, lejos de resolverse a aceptar los ideales políticos de Amparo, +a su modo, daba a entender que le parecía huero y vano todo el bullicio +federal. Con risa entre idiota y maliciosa, solía decir a veces a la +muchacha:</p> + +<p>—Andas metiéndote en cuentos.... Aún han de venir a buscarte los +civiles, para te llevar a la cárcel....</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XIII" id="XIII"></a><a href="#capitulos">-XIII-</a></h2> + +<h3>Tirias y troyanas</h3> + + +<p>También en la Fábrica observaba Amparo que las paisanas eran las menos +federales, las menos calientes, llenas de escepticismo y de picardía, +decían, meneando la cabeza, que a ellas la república «no las había de +sacar de pobres». Alguna tenía sus puntas y ribetes de reaccionaria; y +en conjunto, todas profesaban el pesimismo fatalista del labrador, +agobiado siempre por la suerte, persuadido de que si las cosas se mudan, +será para empeorarse. No se arrancaba de ellas la más leve chispa de +fuego patriótico; empeñábanse en no exaltarse sino cuando viesen que +iban a menos las contribuciones y a más los frutos de la tierra. Así es +que en la Fábrica gozaban de detestable reputación, y eran tachadas de +ávidas, tacañas y apegadas al dinero, y acusadas de cebarse en la +ganancia abandonando su casa por un ochavo, al par que las de Marineda +se jactaban de rumbosas, y se preciaban de mejores madres. No obstante, +pronunció la revolución tres palabras áureas que a todas sacaron de +quicio: «¡No más quintas!». Hasta las mismas aldeanas abrieron +ansiosamente el corazón y el alma para beberse la dulce promesa.</p> + +<p>¡Si la república fuese, como decían diariamente los periódicos favoritos +del taller, la supresión del impuesto de sangre, vamos, merecía bien que +una mujer se dejase hacer pedazos por ella! En el taller de cigarrillos, +aunque dominaban las mocitas solteras, bastaba hablar de quintas para +que se moviese una tempestad de federalismo.</p> + +<p>—Miren ustedes—decía Amparo—que eso de que arranquen a una de sus +brazos al hijo de sus entrañas y lo lleven a que los cañones lo +despedacen por un rey, ¡clama al cielo, señores! Por lo mismo queremos +la república republicana, la santa república democrática federativa. Con +ella Marineda será capital, y Vilamorta también, y hasta Aldeaparda será +capital hecha y derecha. Sólo Madrí, que a ese se le acaba la ganga, ya +no nos chupará la sustancia; se va a hacer una cosa magnífica, que se +llama descentralizar; y veremos cómo después se le baja el orgullo a la +Corte. ¡Si es inicuo y absolutista lo que está pasando! Aquí no nos +mandan, voy a poner por caso, sino tabaco de segunda, filipino para eso, +espérelo usted un mes o dos. Las regalías y las conchas se hacen en +Madrid... ¡como si nuestros dedos no fuesen de carne humana! ¿Somos aquí +esclavas, o algunas torponas que no sabemos perficionar la labor? Y +luego allí, paguita siempre corriente, consignas a barullo.... +¡Ciudadanas, es preciso sacudir el yugo tiránico con nobleza y energía +cuando venga lo que se aguarda!, ¿eh chicas?</p> + +<p>A las dos formas de gobierno que por entonces contendían en España, se +las representaba el auditorio de Amparo tal como las veía en las +caricaturas de los periódicos satíricos: la Monarquía era una vieja +carrancuda, arrugada como una pasa, con nariz de pico de loro, manto de +púrpura muy estropeado, cetro teñido en sangre, y rodeada de bayonetas, +cadenas, mordazas e instrumentos de suplicio; la República, una moza +sana y fornida, con túnica blanca, flamante gorro frigio, y al brazo +izquierdo el clásico cuerno de la abundancia, del cual se escapaba una +cascada de ferro-carriles, vapores, atributos de las artes y las +ciencias, todo gratamente revuelto con monedas y flores. Cuando la +fogosa oradora soltaba la sin hueso, pronunciando una de sus +improvisaciones, terciándose el mantón y echando atrás su pañuelo de +seda roja, parecíase a la República misma, la bella República de las +grandes láminas cromolitográficas; cualquier dibujante, al verla así, la +tomaría por modelo.</p> + +<p>Y la muchacha iba ascendiendo a personaje político. En la ciudad +comenzaban a conocerla, y hasta oyó una vez, al pasar por la calle +Mayor, que murmuraban en un corrillo de hombres: «Esa es la cigarrera +guapa que amotina a las otras». En su barrio todos la embromaban: el +mancebo de la barbería pronunciaba un festivo «¡Viva la República!» +siempre que Amparo cruzaba ante su puerta; y la señora Porreta murmuraba +con voz cascajosa y opaca: «Salú y liquidación sosial». Si alguien cree +que fue rápida la metamorfosis de la niña callejera en agitadora y +oradora demagógica, tenga en cuenta que más prontamente aún que la +Fábrica de tabacos de Marineda, se gaseó la nación hispana. Ni visto ni +oído. Contaba la Gloriosa menos de un año, y ya nadie sabía a qué santo +encomendarse, ni a dónde íbamos a parar, ni dónde dar de cabeza. +Abundaban las manifestaciones pacíficas, acabando siempre como el +rosario de la aurora. En la frontera, agitación carlista; el Gobierno +interna que te internarás, y los internados acá, volviendo a meterse en +España media legua más allá, mientras en Madrid se fabricaban +activamente, y sin gran reserva, fornituras, arneses y mantillas, que en +los ángulos lucían una corona y las iniciales C. VII, y en Vitoria +recorrían las calles grupos de jóvenes con boina blanca y garrote en +mano, victoreando a las mismas iniciales. A bien que en Puerto Rico la +guarnición aclamaba otras cosas, y en Écija mil republicanos protestaban +contra «la presencia en España del intruso Antonio de Borbón», y en las +cercanías de Barcelona los payeses, armados de azadas y bieldos, +perseguían a un alcalde y le obligaban a encastillarse en las Casas +Consistoriales. A todo esto, el poder, representado por el regente +Serrano, al cual se tributaban honores casi regios, estaba realmente en +las vigorosas manos de Prim, que olfateando la ruina de la Gloriosa, +como el marino vislumbra en el remoto horizonte el huracán, sin +entretenerse en fruslerías demagógicas, sólo pensaba en traer un +monarca, llamado a sosegar el país. España estaba próxima a la gran +lucha de la tradición contra el liberalismo, del campo contra las +ciudades; magna lid que tenía en la Fábrica de Marineda su +representación microscópica.</p> + +<p>Todas las mañanas, en efecto, al entrar las operarias en los talleres, +al encontrarse en el camino, solían, urbanas y rurales, invectivarse +ásperamente y dirigirse homéricos insultos, ni más ni menos que si +fuesen las avanzadillas de los dos partidos enemigos que presto iban a +encender la guerra civil. El pretexto de las riñas era que las de +Marineda mostraban asombrarse de que las campesinas, viniendo quizá de +tres leguas de distancia, estuviesen ya allí cuando apenas asomaba el +día, y hacían rechifla de tal diligencia.</p> + +<p>—¡Vaya, que es buen madrugar de Dios, hijas!</p> + +<p>—¿Venides a caballo del Sol?</p> + +<p>—¡Andar, lamponas! ¡Dejáis la cama por hacer y el chiquillo por mamar! +¡Madrastras!</p> + +<p>—¡Ni os peinades tan siquiera!... ¡Andáis arañando en el pelo con los +dedos por llegar seis minutos antes, ansiosas de judas!</p> + +<p>—¡Tú dormiste en el camino, avariciosa! Imposible que a tu casa +llegases. Tanto madrugar, y tanto madrugar, y luego no hacedes ni medio +cigarro, en tó el día, que mismo no sabedes menear los dedos, que mismo +los tenedes que parecen chorizos, que mismo Dios os hizo torponas, que +mismo....</p> + +<p>Aquí ya la sorna y flema de las interpeladas tocaba a su fin, y +respondían coléricas, pero entre dientes:</p> + +<p>—¿Y luego? Cada uno se vale como puede, y vusté tendrá otras rentas, y +más otros señoríos... y ganaralo de otra manera diferente, y Dios sabe +cómo será... que yo no lo sé ganar sino trabajando, <i>hija</i>.</p> + +<p>—Yo lo gano con tanta honra como usté... y no injuriar a nadie.</p> + +<p>—Calle usté, que empezó. Yo no le dijen cosa mala.</p> + +<p>—¡Avarientas, rañas, ahorcádevos por un ochavo!</p> + +<p>—¡Sinvergüenzas!—replicaban furiosas las campesinas.</p> + +<p>—¡Servilonas, carlistas!—contestaban las ciudadanas, ya en actitud +agresiva.</p> + +<p>—¡Malvadas, que echades contra Dios!—rugían las insultadas. Y en medio +del tumulto se oía el agudísimo ¡ayyy!, de una mujer, a la cual manos +furibundas intentaban arrancar de un solo tirón la trenza entera de sus +cabellos. Por espacio de diez segundos imperaban la confusión y el +desorden, y había empujones, pellizcos convulsivos, arañazos, violentos +repelones; pero apenas iban aproximándose a las cercanías de la Fábrica, +donde el severo reglamento prohibía los escándalos, cesaba el griterío, +comenzaba el torrente femenil a precipitarse dentro del patio, y +restablecíase la paz, ya que no la serenidad interior, en la fiel imagen +abreviada de la nación española.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XIV" id="XIV"></a><a href="#capitulos">-XIV-</a></h2> + +<h3>Sorbete</h3> + + +<p>Josefina García estaba aquella noche muy compuesta y emperejilada en el +paseo de <i>las Filas</i>, y la acompañaban las de Sobrado. Cuanto se ponía +Josefina ajustábase siempre a los últimos decretos de la moda, no sin +cierta exageración y nimiedad, que olía a figurín casero. Era esa la +condición del cuerpo de Josefina semejante a la de la cola que los +escultores usan para vaciar sus estatuas, que recibe toda forma que se +le quiera imprimir. Josefina entraba dócil en los moldes impuestos por +la moda, sin rebelarse ni protestar jamás. Tenía su físico algo de +impersonal, una neutralidad que le permitía variar de peinado y de +adorno sin mudar de tipo. Mediana de estatura, su rostro prolongado y +sus agradables facciones no ofrecían rasgos característicos. Sus ojos, +ni chicos ni grandes, ni eran feos, pero sí dominantes y escudriñadores +más de lo que a su edad y doncellez convenía; su sonrisa, entre +reservada y cándida, demasiado permanente en los labios, para que no +tuviese visos de fingida y afectada; su talle, modelado por el corsé, +sería pobre de formas si hábiles artificios del traje, como un volante +sobre los hombros, o en la cadera, no reforzasen sus diámetros. Sin +aliño y despeinada, Josefina debía parecer poca cosa; ayudada por el +tocado, adquiría cierta postiza morbidez. En realidad, era un fruto +prematuramente caído del árbol, una doncella núbil antes de tiempo; a +los trece, cuando tocaba habaneras, tenía ya las coqueterías, los celos, +los caprichos de la mujer, y ahora aquella flor rápida y precoz se había +deshojado, y en vez de la lozanía seductora de la juventud, notábase en +Josefina la tiesura y empaque de una señora formal y los remilgos de una +lugareña. Figurábase que la distinción, el buen tono, consistían en +contrahacer los menores movimientos, ajustándolos a una pauta +preestablecida; que había un modo elegante y otro cursi de reír, de +estornudar, de abanicarse; que hasta existían opiniones distinguidas y +bien vistas, y opiniones que ya no se llevaban; y que en todo, lo más +selecto y fino eran las medias tintas, la insustancialidad, lo insípido, +inodoro e incoloro. Hablando de cosas superficiales, no le faltaba +cierta charla vivaz, semejante al trinar del jilguero; pero apenas se +tocaban asuntos serios, creíase obligada, por su papel de niña elegante +y casadera, a encogerse de hombros, hacer cuatro dengues y mudar de +conversación. Tal cual era Josefina, muchas señoritas la imitaban, +porque, según se decía, «sacaba las novedades»; y aunque tachándola de +exagerada y rara, a veces, con el rabillo del ojo observaban las +innovaciones de indumentaria que lucía, para reproducirlas al punto.</p> + +<p>Aquel año comenzaba a imperar el traje corto, revolución tan importante +para el atavío femenino, como la de Setiembre para España; las avanzadas +en ideas se habían apresurado a cercenar sus faldas, mientras las +conservadoras no se resolvían a suprimir la cuarta de tela con que +barrían las inmundicias del piso. Josefina, que en materia de vestir era +radical, llevaba la moda nueva en todo su rigor, con túnica de seda +negra adornada de bellotas de pasamanería, cayendo sobre redonda falda +de glasé azul. Un velo de rejilla formaba a su rostro la misteriosa +aureola de un confesionario, y los <i>cuernos</i> de su peinado bajaban con +gracia y simetría hacia la nariz. Por la espalda y en la cintura, un +lazo negro muy pronunciado servía para abultar lo que entonces quería la +<i>voluble diosa</i> que abultase. Echaba la señorita los codos atrás con +objeto de destacar el busto, actitud que escrupulosamente copiaba la +segunda de Sobrado, Clara. Lola, que iba en medio, era la única a poner +el cuerpo como Dios se lo dio. La luz de la luna, que se alzaba +iluminando el paseo de <i>las Filas</i> y el mar, la hora y la temperatura +envidiable de una noche de verano, incitaban a amantes efusiones, o +siquiera a galanteos, y hasta el ruido de la concurrencia se brindaba a +ser cómplice de tiernas palabras pronunciadas a media voz; así lo +comprendía Baltasar, que acompañaba a las muchachas, inamovible al lado +de Josefina, y haciendo, sin escrúpulo, que sus hermanas llevasen la +cesta. A lo lejos, el blando murmullo de las olas, que parecían un lago +de plata, decía cosas embriagadoras y poéticas; cantaba un idilio +intraducible al humano lenguaje. La conversación del grupo era, no +obstante, por todo extremo, vulgar.</p> + +<p>—Está desanimado el paseo. ¿Verdad, Sobrado?</p> + +<p>—Animadísimo lo encuentro yo. ¿Por qué dice usted eso?...—Y los ojos +de Baltasar buscaron los de Josefina, y una mirada se cruzó entre ambos.</p> + +<p>—¡Qué cosas tiene usted! Vaya, falta gente: usted no lo notará, pero sí +falta.</p> + +<p>—Yo, intervino Lola, me aburro con tanto dar y dar vueltas.... En +cualquier sitio me divertiría más. No hubiera salido hoy, si no fuese +por la Octava de San Hilario.... Pero ni aun la Octava estuvo a mi +gusto; faltó muchísima gente de la que acostumbra alumbrar.... ¿Sabéis +porqué?</p> + +<p>—No—dijo maquinalmente Josefina.</p> + +<p>—Sí—declaró Baltasar—, porque fueron a esperar al muelle a los +delegados de Cantabria.</p> + +<p>—Los delegados... ¿de qué?—preguntó Josefina jugando con el abanico.</p> + +<p>—De Cantabria.... Vienen a firmar la unión del Norte...—explicó +Lola—. ¡A mí me gustaría ver el desembarque! Si hubiese tenido con +quien ir.</p> + +<p>—Yo fui.... ¡Qué lástima!—dijo Baltasar.</p> + +<p>—Chica.... ¡Vaya una idea!—exclamó Josefina soltando menudas +carcajaditas—. Yo huyo de esas confusiones.... Me aterra pensar que +pueden gentes sin educación apachucarme, pisarme.... ¡Qué fastidio! Y al +fin poco tendrá que ver.... Diga usted, Sobrado, ¿se ha divertido usted +mucho?</p> + +<p>—No por cierto.... ¡Diversión! ¿Qué diversión ha de ser? Pero es +curioso.... ¡Hubo vivas, y mueras, y un silbido vergonzante, y abrazos, +y apretones de manos!</p> + +<p>—¡Bien por el que silbó!—dijo Lola batiendo palmas—. ¡A eso quería yo +ir, a silbar con la llave de la puerta!</p> + +<p>—Dice el tío Isidoro—intervino Clara—que si esto sigue así van a +tener que cerrarse los comercios y se concluirá la industria.</p> + +<p>—¡Y también se cerrarán las iglesias!—recalcó Lola con más calor +aún—. ¡Malditos revoltosos! ¡A silbar, a silbar debió ir todo el mundo!</p> + +<p>—¡Psss! ¡Por Dios!—suplicó Josefina—. Estamos llamando la +atención.... Luego dirán que nos metemos en política.</p> + +<p>—Pues yo me meto... ¿y qué? Ahora todo el mundo se mete—afirmó Lola.</p> + +<p>—¡Ay... yo no! Qué ridiculez, ¿eh, Sobrado? Yo no entiendo de eso.</p> + +<p>—¿No tiene usted opiniones, polla?</p> + +<p>—No... es decir, no me gustan los alborotos; ¡cuando hay trifulca el +teatro está tan soso!... Ni queda humor para vestirse y salir.</p> + +<p>—Vamos, usted debe tener sus preferencias.... ¿Será usted carlista?</p> + +<p>—¡Ay, no!... ¡La Inquisición me da un miedo!...—dijo riendo.</p> + +<p>—¿Republicana?</p> + +<p>—¡Qué horror! ¡Cosa más cursi...!</p> + +<p>—Moderada, ea. Es usted moderada, de fijo.</p> + +<p>—Tal vez, tal vez, algo moderada.... La pobre Reina me da mucha +lástima.</p> + +<p>—Bueno, ahora ya sé que es usted moderada y lo voy a divulgar por ahí +para que la prendan a usted por conspiradora.</p> + +<p>—No, por Dios, que no sueñen que hablamos de estas cosas.... Se reirían +de mí y dirían que parecemos un club. ¿No sabe usted alguna noticia? +¿Qué me cuenta usted del prestidigitador que trabaja en el teatro?</p> + +<p>—¿El húngaro? ¡Bah! Como todas esas funciones.... Muy pesado, mucho +cubilete y los pistoletazos de cajón....</p> + +<p>—¡Pistoletazos! Los odio: me asustan atrozmente. En viendo que preparan +la pistola, ya estoy tapándome los oídos: las chicas se ríen y mamá me +dice siempre: «Niña, que te miran...». Pero yo no puedo....</p> + +<p>—¡Mejor! Si la miran a usted, ¿qué más quieren los espectadores? +—declaró Baltasar cediendo a la destreza con que Josefina traía el +diálogo al terreno personal.</p> + +<p>Mientras pasaba este coloquio, las madres, que venían detrás, se +sentaron en un banco, sin que su plática, por versar sobre asuntos de +muy otra especie cediese en animación a la de la gente joven. Un +momento, al pasar por delante de ellas, Lola se volvió a preguntarles no +sé qué; al mismo tiempo Josefina tocó levemente en el codo a Baltasar, +el cual se inclinó, y por movimiento simultáneo cayeron los brazos de +ambos y sus manos se unieron el espacio de un segundo, depositando la +mano varonil en la femenina un papelito blanco, tamaño como una +mariposa. Susurraban las acacias, llenaba el aire el misterioso silabeo +de las conversaciones de última hora, y el amoroso gemido del mar, +besando el parapeto, completaba la sinfonía.</p> + +<p>Ni se escapó el detalle del papel al ojo avizor de la viuda ni a la +vigilante atención de doña Dolores, quien puso torcido y avinagrado +gesto, levantándose al punto y anunciando que era hora de retirarse. Al +tiempo que regresaban las dos familias, desde <i>las Filas</i> a la calle +Mayor, la señora de Sobrado meditaba una épica pequeñez, una tontería +trascendental y feroz que le sirviese para dar despachaderas a las de +García y quedarse sola con sus hijas. Y como llegasen cerca de las +puertas del café de la Aurora, que dejaban pasar la luz amarilla y cruda +del gas, ocurriósele, por fin, la liliputiense estratagema, y con felina +amabilidad dijo la viuda:</p> + +<p>—Y ahora, ¿qué se hacen? Nosotros pensábamos entrar a tomar un +refresco.... ¿Nos acompañarán ustedes? Un sorbetito, cualquier cosa....</p> + +<p>—¡Jesús... pues no faltaba más!—contestó la viuda, abochornada como +persona a quien ofrecen de mala gana y por fórmula un obsequio que +cuesta dinero—. Nosotras tenemos que hacer, y nos retiramos.</p> + +<p>—¡Baltasar!—gritó doña Dolores a su hijo, que iba delante con las +muchachas—. ¡Baltasarito, entra aquí, que vamos a tomar sorbete!...</p> + +<p>—Vengan ustedes, señoritas—murmuró el teniente, creyendo que se +trataba de convidar a la familia García.</p> + +<p>—No, estas señoras no quieren nada—se apresuró a advertir la madre, +clavando a su hijo a la puerta del café con una mirada elocuentísima.</p> + +<p>A pesar del aplomo de buen género que creía Josefinita poseer, se vieron +a la claridad del gas sus ojos preñados de lágrimas de orgullo y su tez +encendida, como si la abofeteasen. Dijo un seco «adiós» a Clara y Lola; +a Baltasar y a doña Dolores ni palabra. Cogiose del brazo de la viuda y +pronto se confundieron en la oscuridad del fin de la calle sus espaldas, +erguidas con dignidad propia de espaldas de destronadas reinas. Baltasar +se volvió hacia su madre.</p> + +<p>—Pero, mamá...—pronunció.</p> + +<p>—¡Chsss!—murmuró ella en voz baja, casi al oído del mancebo...—. Eres +un bolo, que te comprometes en público con ellas, y tienen medio perdido +su asunto. Van a quedar en la calle, chiquillo.... He confesado a la +infeliz de la madre y no pudo negármelo.... Yo ya lo sabía por un +abogado. Va muy mal todo eso.... Niñas, sentaos—añadió dirigiéndose a +Lola y Clara—. Mozo, cuatro medios de leche y barquillos....</p> + +<p>—Yo no tomo...—dijo Baltasar.</p> + +<p>—Mozo, tres medios no más.... Pues mira como andas, porque esa mocosa +con su gesto de todo me fastidia, te va a envolver.... La tendrás que +mantener, y a las cuñaditas, y a la viuda....</p> + +<p>—Pero si no pienso... usted todo lo abulta. Sólo que las cosas hechas +así de este modo se comentan y dan que hablar.... ¿No se empeñó usted +misma en que las acompañase?</p> + +<p>—Con permiso de ustedes—dijo el mozo colocando en la mesa tres vasos +de leche amerengada coronados de canela, y un cestito de paja lleno de +barquillos. Clara y Lola se pusieron a chupar su refresco, comprendiendo +que no debían oír el diálogo de su madre y hermano.</p> + +<p>—Que las acompañases, sí... porque no me figuraba yo que iba a resultar +tal compromiso.... Si pierden el pleito, ni sé cómo pagarán las +costas.... Han de acudir al bolsillo del prójimo; acuérdate de lo que te +digo; como si todo el mundo tuviese ahí el dinero a disposición....</p> + +<p>—Pues yo—declaró Baltasar—no vuelvo a meterme en otra.... Mire usted +bien las cosas antes, porque esto de andar así, hoy tomo y mañana dejo, +es ridículo y le pone a uno en evidencia. Dirá la gente que cazamos... +que cazo un dote.... ¡Ya ve usted!</p> + +<p>—¡Dios quiera que los cazados no seamos nosotros!—tartamudeó doña +Dolores con las mejillas horriblemente sumidas por los esfuerzos de +absorción que practicaba, a fin de convertir su barquillo en bomba +ascendente de la leche garrapiñada.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XV" id="XV"></a><a href="#capitulos">-XV-</a></h2> + +<h3>Himno de Riego, de Garibaldi. Marsellesa</h3> + + +<p>Era Baltasar un hijo, no de este siglo, sino de su último tercio, lo +cual es más característico y peculiar. Calificábanle las señoras de +atento; sus compañeros, de muchacho corriente y agradable; su tío, de +chico listo y con el cual se podía departir acerca de asuntos de +comercio. Su temperatura moral no subía ni bajaba a dos por tres; no se +le conocía ardor ni entusiasmo por ninguna cosa; la fiebre de la mocedad +no le había causado una hora de franca y declarada calentura. Ni juego, +ni bebida, ni mujeres le sacaban de quicio. En política era naturalmente +doctrinario. Su madre le juzgaba mozo de gran porvenir y altos destinos, +porque dejándole la paga para gastos menudos y diversiones, Baltasar +ahorraba y nunca se halló sin blanca en el bolsillo del chaleco. +Destinado a la carrera militar, más por vanidad de su familia que por +vocación, no era, sin embargo, cobarde, pero sí yerto; prefería los +ascensos a la gloria, y a la gloria y a los ascensos reunidos anteponía +una buena renta que disfrutar sin moverse de su casa ni estar a merced +del ministro de la Guerra. Secretamente, con cautela suma (porque +Baltasar respetaba la opinión pública y todo lo que hay que respetar +para vivir con sosiego), la ley y norte de su vida era el placer, +siempre que no riñese con el bienestar. Tenía vanidad, pero vanidad +encubierta y en cierto modo solitaria. A sus creencias, vacilantes y +endebles, no quería tocar, como si fuesen un diente próximo a caerse y +con el cual evitase morder cortezas duras. Vivía a su gusto y talante, +sin meterse en más libros de caballerías. Físicamente tenía Baltasar +mediana estatura, la tez fina y blanca, y de un rubio apagado el ralo +cabello; pero la parte inferior de su fisonomía era corta y poco noble; +la barbilla chica y sin energía, la boca delgada de labios, como la de +doña Dolores. En conjunto, su rostro pareciera afeminado a no acentuarlo +la aguda nariz, diseñada correctamente, y la frente espaciosa, +predestinada a la calvicie.</p> + +<p>Al huir del café, como si huyese de sí mismo, dejando a su madre y a sus +hermanas ocupadas en agotar los sorbetes, sintió que le daban una +palmadica en la espalda, y volviéndose conoció a Borrén, que ya hacía +días estaba de retorno de Ciudad Real, contando que allí había unas +chicas... hombre, ¡cosa notable! Se cogieron del brazo y se dieron a +vagar por las calles, que no aconsejaba otra cosa la serenidad y +hermosura de la noche de estío. Baltasar desahogó sus cuitas en aquel +amigo pecho. Él no estaba ciego por Josefina, ni cosa que lo valga; pero +ahora recelaba que sería mal visto plantarla de golpe y porrazo.</p> + +<p>—Entreténgala usted—aconsejó maquiavélicamente Borrén—y distráigase +por otro lado. ¿Va usted a vivir así a su edad? ¡Pues no faltaba más, +hombre!</p> + +<p>—Es una diablura: en este pueblo todo se sabe, y después, líos, +historias, lances que molestan.... Se me figura que voy a pedir que me +destinen a Andalucía o a Cataluña.... Si me quedo aquí, hay una muchacha +que me da, a veces, en que pensar... ¿y para qué se ha de meter uno en +un atolladero?</p> + +<p>—Una muchacha.... No es la de García, ¿eh?</p> + +<p>—No, hombre.... Esos son solaces a la alta escuela y por todo lo fino, +que no le quitan a uno el sueño.... Es... una cigarrera.</p> + +<p>—¡Hola... picarón! ¿Esas tenemos, y tan calladito?</p> + +<p>—Usted mismo me la enseñó y me habló de ella.... La chica del +barquillero.</p> + +<p>Borrén chasqueó la lengua contra el paladar.</p> + +<p>—¡Yaaaá lo creo! ¡Toma, toma! ¡Pues si es una joyita, hombre! ¡Caramba +con usted y cómo lo gasta! ¿No se lo decía yo a usted, eh?</p> + +<p>—Debo advertir que por ahora no hay nada. No se eche usted a maliciar +ya.</p> + +<p>—Principio quieren las cosas, hombre.</p> + +<p>Hablaban así al atravesar una calle principal, cuando de pronto les +llamó la atención el corro de gente parada a la puerta de una sociedad +de recreo. Dentro del marco de las iluminadas ventanas se veían agitarse +figuras negras que gesticulaban animadamente, y detrás de ellas medio se +columbraba una mesa servida con copas, botellas y dulces. A veces se +dibujaba sobre el fondo de luz la silueta de una mano que alzaba una +copa, y el clamor que seguía al brindis era delatado por el retemblido +de los cristales.</p> + +<p>—El Círculo Rojo—dijo Borrén—. Están obsequiando a los delegados de +Cantabria.</p> + +<p>—¡Llegar por mar ahora mismo y tener humor para correrla!—exclamó el +teniente—. ¡Lástima de naufragio!</p> + +<p>—¿A usted qué le parece de estas algaradas, Sobrado?</p> + +<p>—¿Qué me ha de parecer? Que antes de dos meses nos embromarán allá por +Navarra los del Terso....</p> + +<p>—¡Quia! Eso nunca, hombre. Eso murió, y los muertos no resucitan.</p> + +<p>—Usted entiende más de chicas guapas que de política, amigo Borrén. Nos +van a divertir, créame usted. Ya anda en danza Elío, un militar si los +hay.... Eso se va a organizar; verá usted cómo salen de la tierra igual +que los hongos cuando llueve, pero equipaditos y con armamento. Y estos +otros también van a sacar las uñas por Barcelona y donde haya blusas y +fábricas. Lo peor de todo es que harán de España mangas y capirotes....</p> + +<p>Un golpe de gente que desembocaba en la calle cortó la réplica de +Borrén. A la luz del astro nocturno se veía blanquear los instrumentos +de metal y los papeles de música. Al llegar ante el Círculo Rojo instaló +la banda sus atriles, en el centro del corro que aumentaba; y previas +algunas palabras en voz baja y un golpe de batuta, rasgó los aires el +bullanguero himno que todo español conoce y ama o detesta. Del concurso +partieron gritos.</p> + +<p>—¡Himno de Garibaldi!</p> + +<p>—¡Marsellesa, Marsellesa!—contestó un grupo más compacto.</p> + +<p>Y enmudecieron los metales, y presto volvió a alzarse su formidable +acento, entonando la trágica Marsellesa. Impensadamente se abrieron las +ventanas del Círculo, y fue como si la sala llena de claridad, de gente +y de tumulto, se viniese a meter entre los espectadores.</p> + +<p>En primer término asomaron las cabezas los recién venidos, y al punto +calló la música y se oyeron vivas a los delegados, a Cantabria, +dominando el clamoreo una voz aguardentosa que desde la esquina repetía +incansable «¡Viva la honradez!». Una mujer se adelantó, y entrando en el +círculo de luces, gritó con voz fresca y potente:</p> + +<p>—¡Que brinden a la salud del pueblo!... ¡Que brinden!...</p> + +<p>Volviose uno de los delegados, y al punto le trajeron una copa rebosando +Champaña, que elevó a los cielos al pronunciar el brindis. Las luces de +los atriles alumbraron su barba de nieve, sus mejillas sonrosadas como +las de los viejos de la pintura arcádica. Baltasar sacudió el brazo de +su confidente.</p> + +<p>—¿La ve usted?</p> + +<p>—La veo. ¡Olé y qué guapa se pone todos los días, hombre!</p> + +<p>—Pero se me hace muy cargante con estas cosas políticas. Las mujeres no +tienen más oficio que uno.</p> + +<p>—Sí, hombre... quién la mete a ella... tiene chiste.</p> + +<p>—Es una epidemia. Almorzamos política y comemos ídem. Se va volviendo +España un manicomio. ¡Bah! Si no estuviese aquí, donde todo el mundo me +conoce, las extravagancias de esa muchacha no dejarían de divertirme.... +¿La ve usted aplaudiendo a rabiar al del brindis? ¿Cómo se llamará ese +ciudadano? Parece el Oroveso de <i>Norma</i>.</p> + +<p>—Psh... mañana lo sabremos.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XVI" id="XVI"></a><a href="#capitulos">-XVI-</a></h2> + +<h3>Revolución y reacción mano a mano</h3> + + +<p>En la calle de los Castros estaba Carmela, la encajerita, descolorida +como siempre y ocupada en oír de boca de Amparo el relato de los sucesos +de la víspera. Asomada Carmela al tablero, disimulaba su talle encorvado +ya por la habitual labor; pero no sus ojos ribeteados y cansados de +fijarse en la blancura del hilo. No obstante su atareado vivir, la +encajera gastaba humor apacible e inalterable y poseía la dulzura de las +personas melancólicas, una benevolencia claustral. Amparo narraba +animadamente; los delegados de Cantabria habían desembarcado entre +inmenso gentío que llenaba el muelle y la ribera: ella pensó por la +mañana alumbrar en la octava de San Hilario; pero ¡qué octava ni +octava!, en cuanto supo la venida del buque, allá se plantó, en el +desembarcadero, abriéndose calle a codazos.... Los delegados son unos +señores..., ¡vaya!, de mucho trato y de mucho mundo: ¡saludan a todos y +se ríen para todos!, ¡republicanos de corazón, ea! (y aquí Amparo se +descargó una puñalada en el pecho). A la señora María, la <i>Rinchona</i>, +mira tú, porque dijo que les quería dar la mano, la abrazaron a vista de +todo Dios... luego los había acompañado al Círculo Rojo, y oído la +serenata, y el discurso que echó uno de ellos... ¡un viejo que parece un +santo!, y otro... un señor serio, de mal color....</p> + +<p>—¿Y qué tal, predican bien?</p> + +<p>—¡Dicen cosas... que se le hace a uno agua la boca de oírlas! Quisiera +yo que estuviesen allí los que creen que la federal trae desgracias y +belenes. El viejo no habló sino de que ya no había tiranía... de que +todo se iba a arreglar con moralidad y atención... de que nos +quisiésemos mucho los republicanos, porque ya todo ha de ser concordia +entre los hombres.</p> + +<p>—Tú tienes un memorión.... A mí se me iría el santo al cielo. Mi +memoria es de gallo. Y el otro, ¿qué dijo?</p> + +<p>—El otro, el otro... el otro habla despacio, pero echa unos términos, +que a veces cuesta caro entenderlo.... Predicó mucho de nuestros +derechos y del trabajo, y de lo que representa esta Unión del Norte... y +de que las clases trabajadoras, si se unen, pueden con las demás.... +Habían de venir allí arrastrados de las orejas los que piensan que los +republicanos dicen cosas malas. No señor, allí se cantaba clarito lo que +somos, paz, libertad, trabajo, honradez y la cara y las manos muy +limpias.</p> + +<p>—Dime una cosa, mujer.</p> + +<p>—Más que sean dos.</p> + +<p>—¿Y qué significa eso de república federal?</p> + +<p>—Significa... ¿qué ha de significar, repelo? Lo que predicaron esos.</p> + +<p>—Pero no me hice bien de cargo.... ¿Qué más tiene eso que el gobierno +que hay ahora?</p> + +<p>—Tiene, tiene, tiene... tiene que Madrí no se nos monte encima, y que +haya honradez, paz, libertá, trabajo....</p> + +<p>—Pero... vamos, una pregunta, por preguntar, mujer. ¿No decían cuando +vino el barullo de la revolución el año pasado, que nos iban a dar todo +eso? Conforme aquellos no lo dieron también podrá cuadrar que no lo den +estotros.</p> + +<p>—No puede ser, y no, y no, porque estos son otros hombres de otra +manera, que miran por el bien del pueblo.... No digas tontadas.</p> + +<p>La encajerita se rió con su risa tenue.</p> + +<p>—No, si lo que vienen a dar es trabajo, por acá no falta.... Y digo yo +y preguntando otra vez, si es verdá que quitan la estancación del +tabaco, vamos a ver, ¿cómo os valéis las cigarreras? Pidiendo limosna.</p> + +<p>—¡Esa es una burrada de las gordas!—exclamó Amparo, fuerte ya en la +controversia del punto concreto—. Oye y atiende, mujer, te lo voy a +poner claro como el sol. Ahora el Gobierno nos tiene allí sujetas, ¿no +es eso? Ganamos lo que a él se le antoja; si vienen, un suponer, buenas +consignas, porque vienen, y si no, fastidiarse. Él chupa y engorda y se +hace de oro, y nosotras, infelices, lo sudamos. Que se desestanca, que +se desestancó: ¡ala con ella!, las reinas somos nosotras, las que +tenemos nuestra habilidad en los dedos; con nosotras han de venir a +batir el consumidor y el estanquero, y si a mano viene, el ministro del +ramo.... ¿Aún no entendiste, tercona?</p> + +<p>Meneaba suavemente la cabeza la encajerita, mientras los hilos de la +labor se deslizaban, se cruzaban, se entretejían a través de sus dedos, +y los palillos de boj, chocando unos contra otros, hacían una musiquilla +flauteada.</p> + +<p>—Es que... tú pintas las cosas.... Pero dime.</p> + +<p>—¡Qué porfiosa del dianche!</p> + +<p>—Dime con verdad.... ¿Falta ahora gente que pretenda entrar en la +Fábrica?</p> + +<p>—¡Faltar! ¡Más empeños andan danzando!</p> + +<p>—Pues, catá... El día que quiten la estancación se echa medio mundo a +trabajar en cigarros, y habiendo mucho quien trabaje, el trabajo anda +por los suelos de barato. ¿Qué me está pasando a mí? Empezó la tía a +hacer encajes, y le salieron dos o tres de Portomar a poner la +competencia... porque ahora son mucha moda estas puntillas, hasta para +pañuelos; lo que estoy rematando es un pañuelo.</p> + +<p>Descubrió ufana su almohadilla alzando un pañizuelo que velaba parte de +labor terminada ya, y viose una afiligranada crestería, un alicatado de +hilo, donde el menudo dibujo se desplegaba en estrellitas microscópicas, +en finos rombos, en exquisitos rectángulos, todo ello unido con arte y +gracia formando primorosa orla. Amparo aprobó.</p> + +<p>—Está muy bonito—dijo.</p> + +<p>—Pues con todo y que se lleva tanto, como ya somos muchas a menear los +palitroques, hay que arreglar los precios.... Yo—murmuró suspirando +levemente—no puedo hacer más; a veces trabajo con luz, pero no me lo +resisten los ojos, y así me arrimo cuando más puedo al tablero hasta que +no se ve el día.... La tía también se quedó medio ciega; ya ni puntillas +gordas hace: sólo sirve para ir por las casas a vender lo que yo +trabajo....</p> + +<p>Batida en el terreno crematístico, Amparo tocó otra cuerda para seguir +hablando de lo que la gustaba; que no se le cocía el pan en el cuerpo +hasta desembuchar cuanto había visto y esperaba ver.</p> + +<p>—¡El día que lleguen por tierra los delegados de Cantabrialta... se +prepara una buena! ¿No sabes?</p> + +<p>—¿Mucha fiesta?</p> + +<p>—Los han de esperar con coches.... Y...—Amparo se detuvo, bajando la +voz para acrecentar el efecto de la estupenda noticia—les iremos a +alumbrar con hachas.</p> + +<p>—¡Ave María de gracia! ¿Qué me dices, mujer? ¿Alumbrarles como a los +santos?</p> + +<p>—Andando.</p> + +<p>—¿Y quién? ¿Las de la Fábrica?</p> + +<p>—Ajá. Una ristra de ellas. Ya estamos habladas.</p> + +<p>—¿Van tus amigas?... ¿Aquellas dos?...</p> + +<p>—¡Espera por ellas! No, mujer, no. Ana, como trata con un capitán +mercante, no se quiere rebajar a que la vean alumbrando; dice que cuando +llegue la <i>Bella Luisa</i> la avergonzaría su marino.... ¡Y aquella tonta +de Guardiana tuvo valor a decirme que ella sólo cogería un hacha para ir +en la procesión de Nuestra Señora de la Guardia!</p> + +<p>—Pues yo digo otro tanto... más que te enfades, mujer. ¡Vaya unos +dioses y unas imágenes que vais a llevar en procesión! Eso parece cosa +de idólatras. Alumbrar solamente a las cosas de la iglesia, el veático, +las octavas....</p> + +<p>—Calla, que eres más nea que los neos.</p> + +<p>—¡Y para el favor que me están haciendo a mí esos señores que predican +la libertá! ¡Dicen que van a echar a todas las monjas a la calle y a no +dejar convento con convento!</p> + +<p>Amparo retrocedió tres pasos, se puso en jarras, enarcó las cejas, y +después se persignó media docena de veces, con extraña prontitud.</p> + +<p>—Me valga San.... ¿Pero tú hablas formal, mujer? ¿Te quieres meter en +aquella prisión por toda, toda, toda la vida? Arreniégote.</p> + +<p>—Querer, quiero.... ¡Ay! Quise desde que fui así pequeñita.... Pero +¡bah!, ¡no puedo! ¿Dónde me van a recibir ahora sin el dote? ¡Buenas +están las monjas para meterse en despilfarros! ¿Y yo, cómo he de juntar +el dote, dime tú? Si pido, nadie me dará... A no ser que Dios me mande +una sorpresa....</p> + +<p>—Mujer, rica no soy; pero un par de duros aún no me hacen falta para +comer mañana—dijo espontáneamente Amparo.</p> + +<p>La pálida sonrisa de la encajerita alumbró su rostro.</p> + +<p>—Se estima la voluntá... Necesito una atrocidá de dinero para el caso, +y ya sé que juntar, no lo he de juntar nunca.... En fin, paciencia nos +dé Dios.</p> + +<p>—¿Y tú estarías a gusto presa entre cuatro paredes?</p> + +<p>—Bien presa vivo yo desde que acuerdo.... Siquiera los conventos tienen +huerta, y vería uno árboles y verduras que le alegrasen el corazón.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XVII" id="XVII"></a><a href="#capitulos">-XVII-</a></h2> + +<h3>Altos impulsos de la heroína</h3> + + +<p>Eran las horas meridianas, las horas de calor, cuando salieron +desempedrando las calles de Marineda carruajes en que iban las +comisiones del partido a esperar a los delegados de Cantabrialta. Las +dos leguas de camino real que van de la ciudad al ex-portazo (como se +decía entonces) hallábanse cuajadas de gente en expectativa, asaz +empolvada y sudorosa. Poca levita, mucha tuina y chaqueta, de higos a +brevas un uniforme; buen número de mujeres, roncas ya, con los labios +secos, los ojos inyectados, arrebatadas las mejillas, más o menos +descompuesto el peinado y el traje. Engalanadas con colgaduras ostentaba +sus casas el pobre suburbio de la Riberilla: quién había destinado a +manifestar su civismo la colcha de la cama, quién las cortinas de la +humilde alcoba, quién una sábana o mantel. Al ingreso de la barriada se +alzaban arcos de triunfo, entretejidos con ramaje.</p> + +<p>Cuando regresaron los coches trayendo ya a los esperados viajeros, el +contraste que ofrecía el espectáculo convidaba a parar la consideración +en él. Acercábase el sol a su ocaso y las colinas que limitaban el +horizonte pasaban del suave azul ceniciento al lila más delicado. Las +playas de la Barquera y el mar alternaban en zonas de nítida blancura y +de limpio color de zafiro; a los últimos destellos del Poniente, el +arenal brillaba como si estuviese salpicado de plata, y vaporosas +franjas de espuma, tan pronto formadas como deshechas, corrían un +instante por el borde de las olas. Soberana y majestuosa paz, unida al +recogimiento de la hora vespertina, se elevaba de aquellas diáfanas +lejanías al cielo puro, donde apenas de trecho en trecho leves +nubecillas, semejantes a copos de algodón, se esparcían tiñéndose de +oro. Así se preparaba al sueño la Naturaleza, mientras en la carretera +una multitud abigarrada y polvorosa se desojaba mirando al punto por +donde asomaría muy luego la comitiva, y recreaba la vista en contemplar +los guiñapos y telas de colorines pendientes de los balcones, y el +marchito verdor de los arcos de triunfo; y se recibían y daban pisotones +recios, y <i>metidos</i> feroces, y algún furtivo pellizco, y se tragaba y se +mascaba el árido polvo del camino, oyendo a poca distancia, como irónica +burla, el blando gemir de las ondas de la ría.</p> + +<p>De tiempo en tiempo, las bombas de palenque trataban de armar un +escándalo en la atmósfera, pero en balde: diríase que era la detonación +de algún vergonzante petardo, que así alteraba la amplia serenidad del +ambiente, como el zumbido de un mosquito turbaría el reposo de un +gigante. Las tocatas de la banda de música, hecha pedazos de puro soplar +himnos y más himnos patrióticos, se empequeñecían en el libre y +anchuroso espacio, hasta asemejarse al estallido de una docena de +buñuelos al caer en el aceite hirviendo donde se fríen. Y visto desde la +playa, el mismo numeroso gentío podía compararse a un avispero, y la +bandera roja a un trapo de los que los chicos cuelgan de una caña a fin +de pescar ranas en las ciénagas.</p> + +<p>Para que la comitiva adquiriese unos asomos de solemnidad, fue preciso +que entrase en los mezquinos arrabales del pueblo. Con la frescura de la +noche que caía todo el mundo se halló más a gusto, los de los coches +respiraron, sin dejar de saludar a diestro y siniestro, y comenzaron a +abrir en las tinieblas sus pupilas de fuego los reverberos de la ciudad, +la Farola, y las hachas de cera que encendían algunas mujeres para +alumbrar a los carruajes. Así que brilló el cordón de luces, las +portadoras de las hachas se alinearon en buen orden, bajando los ojos +modestamente porque aquello olía a procesión. Entonces algunos curiosos +de Marineda, que no habían querido molestarse en ir más lejos para ver +la función, se abrieron paso y situaron convenientemente con propósito +de estudiar los semblantes de las que en otra ocasión se llamarían +devotas. Si las encontraban mozas y lindas, decíanles cosas almibaradas; +si viejas y feas, barbaridades capaces de enojar y abochornar a un santo +de leño. Cuando pasaba Amparo, que iba una de las primeras, al lado del +rojo estandarte, era un fuego graneado de piropos, una descarga cerrada +de ternezas, a quemarropa. Es que la muchacha se lo merecía todo: la luz +del blandón descubría su rostro animado, encendía sus ojos +rechispeantes, y mostraba la crespa melena, desanudada por la agitación +de la caminata, y flotando en caprichosas roscas por su frente, hombros +y cuello. Baltasar y Borrén, de americana y hongo, se colocaron entre la +apiñada muchedumbre y quizá le murmuraron al oído cien mil dislates; +pero no estaba el alcacer para gaitas, es decir, no estaba Amparo de +humor de requiebros, hallándose exclusivamente poseída del fervor +político.</p> + +<p>Sentíase sobreexcitada, febril, en días tan memorables. Por todas partes +fingía su calenturienta imaginación peligros, luchas, negras tramas +urdidas para ahogar la libertad. De fijo de fijo el Gobierno de Madrid +sabía ya a tal hora que una heroica pitillera marinedina realizaba +inauditos esfuerzos para apresurar el triunfo de la federal: y con tales +pensamientos latíale a Amparo su corazoncillo y se le hinchaba el seno +agitado. En medio de la vulgaridad e insulsez de su vida diaria y de la +monotonía del trabajo siempre idéntico a sí mismo, tales azares +revolucionarios eran poesía, novela, aventura, espacio azul por donde +volar con alas de oro. Su fantasía inculta y briosa se apacentaba en +ellos. Las enfáticas frases de los artículos de fondo, los redundantes +períodos de los discursos resonaban en sus oídos como el <i>ritornelo</i> del +vals en los de la niña bailadora. Aquella llegada de los individuos de +la Asamblea de la Unión fue para Amparo lo que sería la de los Apóstoles +para un pueblo que oyese hablar del Evangelio y de pronto viese arribar +a sus costas a los encargados de anunciarlo.</p> + +<p>Tenía Amparo por cosa cierta que se acercaba la hora de señalarse con +algún hecho digno de memoria: ansiaba, sin declarárselo a sí misma, +emplear las fuerzas de abnegación y sacrificio que existen latentes en +el alma de la mujer del pueblo. ¡Sacrificarse por cualquiera de aquellos +hombres, venidos de Cantabria a vaticinar la redención; inmolarse por el +más viejo, por el más feo, prestándole algún extraordinario y capital +servicio! Llamar a su puerta a las altas horas de la noche; decirle con +voz entrecortada que «ahí viene la policía» y que se oculte; acompañarle +por recónditas callejuelas a un escondrijo seguro; meterle en la mano +unos cuantos pesos ahorrados a fuerza de liar pitillos; recibir, en +cambio, un haz de proclamas para repartir al día siguiente, con la +advertencia de que «si se las cogen, puede contarse ánima del +Purgatorio»; distribuirlas con sigilo y celo; y por recompensa de tantas +fatigas, de riesgos semejantes, ganar un expresivo apretón de manos, una +mirada de gratitud del proscrito.... Si el heroísmo es cuestión de +temperatura moral, Amparo, que se hallaba a cien grados, tal vez se +dejara fusilar por <i>la causa</i> sin decir esta boca es mía; y quién sabe +si andando los tiempos no figuraría su retrato al lado del de Mariana +Pineda en los cuadros que representan a los mártires de la libertad.... +Feliz o desgraciadamente, lo que ustedes quieran, que por eso no +reñiremos, los tiempos eran más cómicos que trágicos, y los loables +esfuerzos de Amparo no le obtuvieron otra corona de martirio sino el que +en la Fábrica se prohibiese la lectura de diarios, manifiestos, +proclamas y hojas sueltas, y que a ella y a otras cuantas que +pronunciaron vivas subversivos y cantaron canciones alusivas a la Unión +del Norte las suspendieran, como suele decirse, de empleo y sueldo.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XVIII" id="XVIII"></a><a href="#capitulos">-XVIII-</a></h2> + +<h3>Tribuna del pueblo</h3> + + +<p>El Círculo Rojo echa el resto; no se habla en Marineda sino del banquete +que ofrece a los delegados de Cantrabria y Cantabrialta. No tiene el +Círculo Rojo socios tan opulentos como el Casino de Industriales y la +Sociedad de Amigos; pero sóbrale alma y desprendimiento, cuando la +ocasión lo requiere, para sangrarse los bolsillos, empeñarse, si es +preciso, hasta los ojos y salir con color y presentar una mesa que no le +avergüence.</p> + +<p>Llamada a conferenciar con el presidente del Círculo la «persona de buen +gusto», que nunca falta en los pueblos para dirigir las solemnidades, +entró al punto en el desempeño de sus funciones, y se dio tal maña, que +en breve pudo negociar un empréstito de candeleros de plata, centros de +mesa, vajilla fina, mantelería adamascada y nueva, palilleros +caprichosos y pureras sorprendentes. Obtenido lo cual, el correveidile +se frotó las manos asegurando al presidente que la mesa estaría +regiamente exornada.</p> + +<p>—Regiamente, no señor—contestó el presidente algo fosco—. +Republicanamente, dirá usted.</p> + +<p>No quiso el organizador de la fiesta discutir el adverbio, y satisfecho +de haber encontrado los accesorios, se dio a buscar lo principal, o sea +la comida. Bregando con fondistas y cafeteros, consiguió combinar +platos, vinos y helados del modo que le parecía más ortodoxo y elegante; +pero quiso su desdicha que a última hora el entusiasmo político lo +echase todo a perder, instigando a este bodegonero federal a enviar «la +prueba» de sus vinos y a aquel hornero a remitir media docena de +robustas empanadas, que cayeron en el banquete como barbarismos en +selecto trozo de latinidad clásica. Menudencias que la Historia no +registrará seguramente.</p> + +<p>De propósito se empezó tarde la comida, y circulaban aún las dos sopas +de hierbas y de puré, cuando los camareros cerraron las maderas de las +ventanas y encendieron las bujías de los candelabros y los aparatos de +gas. Viose entonces salir de las vaguedades del crepúsculo la mesa, la +larga mesa de sesenta cubiertos, con sus brillantes objetos de plata, +sus ramos de flores simétricamente colocados, sus altos ramilletes de +dulce, sus temblorosas gelatinas, donde la luz rielaba como en un lago. +El presidente del Círculo tendió en derredor una mirada de orgullo. En +verdad que el aspecto del banquete era majestuoso. Imperaba en él +todavía la reserva de los primeros momentos: la gente comía con +moderación y delicadeza, los camareros y mozos de servicio andaban +discretamente sin taconear, las cucharas producían leve música al +tropezar con los platos, la virginidad del mantel alegraba los ojos, y +el vaho aperitivo de la sopa no desterraba del todo las fragantes +emanaciones de las rosas y claveles de los floreros. No obstante, al +servirse la primer entrada comenzaron a dialogar los vecinos de mesa, y +el rumor creciente de las conversaciones envalentonó a los mozos, que +pisaron ya más recio.</p> + +<p>Presidía la mesa el viejo de blanca barba, y la teatral nobleza de su +figura completaba la decoración. A su derecha tenía al presidente del +Círculo y a su izquierda al orador de tenebrosa faz, el que, según +Amparo, «echaba términos» difíciles de entender. Seguían los demás +delegados por orden de respetabilidad, alternando con individuos de la +Junta, de la Prensa, del partido.</p> + +<p>Fue poco a poco acrecentándose el ruido de la charla y desatándose las +lenguas, por donde rebosaba ya la abundancia del corazón. El que, merced +a su ancianidad venerable, podía ser llamado patriarca, sonreía, +aprobaba, estaba de acuerdo con todo el mundo, mientras el delegado +tétrico y ceñudo se las componía lo mejor posible para disputar. Al +tercer plato disparó con bala rasa contra la propiedad, el capital y la +clase media, y el presidente del Círculo, patrón y dueño del +establecimiento, hubo de amoscarse; poco después fue el patriarca mismo +el enojado, a causa de no sé qué frases sobre el derecho de insurrección +y el empleo de medios violentos y coercitivos. Ninguno le parecía al +patriarca lícito; en su concepto, el amor, la paz, la fraternidad, eran +las mejores bases para fundar la unión federativa, no sólo de Cantabria +y de España, sino del mundo. Cada cual alegaba sus razones, tratando de +quimera el ajeno parecer; la discusión se hacía general; intervenían en +ella periodistas y delegados desde los más remotos extremos de la mesa; +alguien brindaba sin ser oído; personas de voz escasa exclamaban en tono +suplicante: «Pero oigan ustedes, señores... si ustedes oyesen una +palabra...». Era en balde. El grupo central se lo hablaba todo; de su +confuso vocerío sólo se destacaban frases sueltas, airadas, empeñadas en +descollar. «Eso son utopías, utopías fatales.... No, es que le convenzo +a usted con la historia en la mano.... Sí, sí, hagámonos de miel.... La +Revolución Francesa.... Era otro régimen, señores.... No confundamos los +tiempos.... Está usted en un error.... Un hecho no es ley general.... +Eso lo ha dicho Pi.... Cantú es un reaccionario.... El bautismo de la +sangre.... Horrores infecundos...». Mientras duraba la polémica, los +mozos no se entendían para pasar las fuentes del asado y para escanciar +el Champaña.... Uno de ellos se inclinó hacia el presidente y le dijo al +oído no sé qué... El presidente se levantó al punto y salió de la sala, +volviendo a entrar presto seguido de un grupo de mujeres.</p> + +<p>Amparo lo capitaneaba. Penetró airosa, vestida con bata de percal claro +y pañolón de Manila de un rojo vivo que atraía la luz del gas, el rojo +del <i>trapo</i> de los toreros. Su pañuelito de seda era del mismo color, y +en la diestra sostenía un enorme ramo de flores artificiales, rosas de +Bengala de sangriento matiz, sujetas con largas cintas lacre, donde se +leía en letras de oro la dedicatoria. Diríase que era el genio protector +de aquel lugar, el duende del Círculo Rojo; las notas del mantón, del +pañuelo, de las flores y cintas se reunían en un vibrante acorde +escarlata, a manera de sinfonía de fuego.</p> + +<p>Adelantose intrépida la muchacha levantando en alto el ramo y +recogiendo, con el brazo libre, el pañolón, cuyos flecos le llovían +sobre las caderas. Y como el conspicuo disputador, dejando su asiento, +mostrase querer tomar el ex-voto que la muchacha ofrecía en aras de la +diosa Libertad, Amparo se desvió y fuese derecha al patriarca. El corro +se abrió para dejarla paso.</p> + +<p>La muchacha, sin soltar el ramo, miraba al viejo. Este, de pie, con su +barba plateada y levemente ondulosa como la de los ermitaños de +tragedia, con su calva central guarnecida de abundantes mechones canos, +con su alta estatura, un tanto encorvada ya, se le figuraba la +ancianidad clásica, adornada de sus atributos, coronando la cima de los +tiempos. Y el patriarca, a su vez, creía ver en aquella buena moza el +viviente símbolo del pueblo joven. Ambos formularon en sus adentros el +pensamiento de simpatía que les asaltaba.</p> + +<p>—Este señor mete respeto lo mismo que un obispo—se dijo Amparo.</p> + +<p>—Esta chica parece la Libertad—murmuró el patriarca.</p> + +<p>Entre tanto la muchacha comenzaba su peroración. Temblábale la voz al +principio; dos o tres veces tuvo que pasarse la mano, yerta, por la +frente húmeda, y sin saber lo que hacía accionó con el ramo, cuyas +cintas culebrearon como serpientes de llama, y carraspeó para deshacer +un nudo que le apretaba el galillo. Poco a poco, el rumor de la mesa, el +cuchicheo de los convidados más distantes, la luz de los mecheros de gas +que le calentaba los sesos, el aroma de los vinos y la espuma del +Champaña, que aún parecía bullir en la iluminada atmósfera, la +embriagaron, y sintió fluir de sus labios las palabras y habló con +afluencia, con desparpajo, sin cortarse ni tropezar. Los convidados se +daban al codo sonriendo, pronunciando entre dientes algún «¡bravo!, ¡muy +bien!», al oír que las operarias republicanas de la Fábrica ofrecían +aquel ramo a la Asamblea de la Unión del Norte y al Círculo Rojo en +prueba de que... y para manifestar cuanto... y como testimonio de que +los corazones que latían..., etc. El patriarca se colocaba la mano sobre +el pecho, se la llevaba a la boca con sincerísima complacencia, mientras +el disputador, tieso y serio, inclinaba de vez en cuando lentamente la +cabeza en señal de aprobación. Por fin, la oradora acabó su discurso +entregando el ramo al patriarca y gritando: «¡Ciudadanos delegados, +salud y fraternidad!».</p> + +<p>Tomó el viejo la ofrenda y la pasó al presidente, que se quedó con ella +muy empuñada y sin saber qué hacer. Confusas las compañeras de Amparo +por el silencio repentino, miraban de reojo hacia todas partes, +maravillándose del esplendor de la mesa y algo sorprendidas de que el +banquete republicano fuese cosa de tanto orden y de que los delegados +comiesen en vez de salvar la patria. El patriarca se acercó a Amparo; +sus mejillas arrugadas y marchitas tenían a la sazón sonrosados los +pómulos.</p> + +<p>—Gracias, hijas...—tartamudeó cabeceando senilmente—. Gracias, +ciudadanas.... Acércate, tribuna del pueblo... que nos una un santo +abrazo de fraternidad.... ¡Viva la tribuna del pueblo! ¡Viva la Unión +del Norte!</p> + +<p>—¡Viva!—balbució Amparo toda enternecida, ahogándose—. ¡Viva usted... +muchos años!—Y el viejo y la niña estaban a dos dedos de romper a +llorar, y algunos de los convidados se reían a socapa viendo aquel brazo +paternal que rodeaba aquel cuello juvenil.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XIX" id="XIX"></a><a href="#capitulos">-XIX-</a></h2> + +<h3>La Unión del Norte</h3> + +<p>Sobre el duro azul de un celaje no empañado por la más leve bruma, +ondean las flámulas, colocadas en mástiles a la veneciana alrededor del +baluarte de la Puerta del Castillo, y sus gayos colores no desdicen del +júbilo radiante del cielo y de la estrepitosa y alegre multitud. Arcos y +ondas de follaje verde corren de mástil a mástil, disonando y +contrastando con el tono cerúleo del firmamento. En mitad del anfiteatro +se alzaba el palco destinado a la Asamblea de la Unión, con su tribuna +al centro, y flanqueado de otros dos más bajos, pero mayores, destinados +a las comisiones del partido. Bien podía la Asamblea constitutiva de la +Unión del Norte de la costa ibérica—que así se nombraba en sus +documentos oficiales—ocupar oronda y satisfecha el palco presidencial: +pocas sesiones y breves horas le habían bastado para sentar las bases +del gran contrato unionista federativo; actividad gloriosa, sobre todo +comparándola con la flema y machaconería de aquellas holgazanas de +Cortes Constituyentes, que tardaban meses en redactar un código +fundamental y definitivo para la nación.</p> + +<p>Caminaba impetuosa hacia el anfiteatro la comitiva, compuesta del +partido y <i>juventud</i> republicana, de mucha chiquillería, de los comités +rurales, de los delegados y de todo fiel cristiano que movido de +curiosidad quiso injerirse en la procesión. Apresuradamente, como si +fuese un ser único animado por un solo soplo vital, y tuviese por voz la +banda de música que aturdía el ambiente con himnos y más himnos, +adelantábase la palpitante masa humana; y empujadas por la compacta +muchedumbre, las banderas, coronadas de flores, vacilaban cual si +estuviesen ebrias, y tan pronto daban traspiés y se inclinaban acá o +acullá, como tornaban a erguirse rectas y altivas. Y las casas del +tránsito parecían contemplar el cuadro y entender su asunto, y de unas +llovían flores, ramos, coronas, y otras, en menor número, cerradas a +piedra y lodo, dijérase que fruncían el ceño y se ponían hurañas y +serias al sentir el roce de las olas revolucionarias.</p> + +<p>Cuando estas llegaron a estrellarse en el baluarte, se esparcieron y +derramaron por doquiera. El gentío trepó a las escaleras, cabalgó en el +caballete de los bastiones, invadió los palcos de los comisionados, y se +extendió coronando las alturas vecinas; por los troncos de los mástiles +se encaramó más de un granuja, resuelto a dominar la situación. Penetró +majestuosamente en su palco la Asamblea, y así que los delegados +ocuparon sus asientos, el tumulto se apaciguó como por magia, y cerca de +veinte mil personas guardaron silencio religioso. Sólo se oyó salir de +algún rincón del anchuroso escenario, el melancólico grito que +pregonaba: «¡Agua de limón fría, barquillos, agua, azucarillos, agua!». +Dos fotógrafos, situados en el lugar oportuno para tomar la vista, +enfocaban cubriéndose la cabeza con el paño de bayeta verde, y sus +máquinas parecían los ojos de la Historia contemplando la escena. Casi +se oiría el volar de una mosca, sobre todo en las cercanías del palco +presidencial.</p> + +<p>Procediose a la firma y lectura del contrato de Unión. Desde lejos se +veía en el palco una agrupación de cabezas, entre las cuales se +destacaba la negra cabellera melodramática del disputador y sus quevedos +de oro, y la barba nívea del Patriarca, resplandeciente al sol como la +de Jehová en los cuadros bíblicos. Estaban Baltasar y Borrén apoyados en +un lienzo de parapeto, de pie sobre un sillar de piedra, lo cual les +permitía ver cuanto ocurriese. Ambos prestaban atención suma, +comprendiendo que presenciaban un episodio interesante del drama +político español.</p> + +<p>—Aquí se incuba algo, hombre—exclamó Borrén inclinándose hacia su +amigo.</p> + +<p>—¡Claro que se incuba! ¡El desbarajuste universal... y el picadillo que +van a hacer de España esos señores!</p> + +<p>—Hombre, dice que no.... Dice que lo que desean es confederarnos, para +que estemos más uniditos que antes... ¿no ve usted que esto se llama la +Unión?</p> + +<p>—¡Sí, sí, corte usted un dedo y péguelo después con saliva!</p> + +<p>—A bien que una nación no es ninguna naranja para hacerse cuarterones +tan fácilmente.... ¿Sabe usted lo que me contaron de ese viejecito... +del Patriarca? Mire usted, yo me explico que sea republicano... ¡había +cosas en aquellos tiempos antiguos! ¡Era el segundo de una casa rica... +poderosa, hombre! El mayorazgo arrampló con todo, ¿eh?, mimos y +hacienda, y a él le quedó un palomar viejo y la memoria de las +azotainas.... Otro se hubiera hecho misántropo... Él se hizo filántropo +y luego progresista, y luego federal... y es un bienaventurado que +abraza a todo el mundo, y oye misa, y es incapaz de hacer daño a +nadie... acá <i>inter nos</i> le tengo por algo chocho....</p> + +<p>—¿Y aquel moreno... el de los quevedos?</p> + +<p>—¡Ah! ese... ese dicen que es de los que quieren perder las colonias y +salvar los principios: hombre de línea recta, de geometría.... Según +Palacios, que lo conoce, la ecuación entre la lógica y el absurdo: no en +balde es ingeniero. Si para lograr sus ideales tuviese que +desollarnos... ¡pobre pellejo!</p> + +<p>—¿Y si tuviese que desollarse a sí mismo?</p> + +<p>—¡Cáspita!, de la epidermis ajena a la propia.... Con todo, no seamos +escépticos, hombre. Allí tiene usted a aquel otro... al del bigote +negro... el que está a la izquierda del Patriarca. Pues mire usted, +hombre, que le ha costado ya dinero y disgustos esta mojiganga +política... emigrado, encausado, maltratado... y se libró de ir a las +Marianas... no sé cómo.... Hay humor para todo en este mundo +sublunar.... ¡Y decir que cuando Dios produce chicas como esa se ocupen +en politiquear los muchachos!</p> + +<p>Al pronunciar estas palabras señalaba Borrén a Amparo, cuyos rojos +atavíos la distinguían del círculo femenino que la rodeaba.</p> + +<p>—Pues esa chica aún politiquea más que los barbudos... ¿no sabe +usted...?</p> + +<p>Y el incidente del banquete fue comentado, desmenuzado, acribillado por +las dos bocas masculinas, que lo adornaron con festones satíricos. Entre +tanto se leía el contrato de la Unión, y a pesar de que el sol no estaba +en el zenit ni mucho menos, la gente arracimada y prensada producía una +temperatura insufrible, y se oían exclamaciones de este jaez: «Nos +morimos.—Nos asfixiamos.—¡Cuándo vendrá un poco de fresco!—Pero, +hombre, no nos estruje usté.—Ave María, qué bárbaro.—Estese usté +quieto.—Pues si no ve, fastidiarse: ¿sa figurao que vemos los demás? +—¡Tan siquiera puede uno meter la mano en el bolsillo para sacar un +triste pañuelo!—Cuidado con el reloj, palpa si lo tienes». Y la voz del +lector del Contrato volaba por cima del mar de cabezas, y las palabras +«garantías sacrosantas... dogmas de libertad... derechos +invulnerables... ideales benditos... pueblo honrado y libre...» se +dilataban en el cálido y sereno ambiente. Una lluvia de flores vino, de +improviso, a oscurecerlo, y multitud de blancas palomas fueron lanzadas +a él, abatiendo al punto el vuelo con aletear trabajoso, y cayendo sobre +la muchedumbre, entorpecidas de tener tanto tiempo ligadas las patas. Un +estruendoso cubo de cohetes de lucería salió bufando en todas +direcciones; retumbó la música; hubo un minuto de gritos, vivas, +estruendo y confusión, y nadie reparó en que un pobre viejo, un +barquillero, salía del recinto mitad arrastrado y mitad en brazos de dos +hombres. «Le dio un accidente», decían al verlo pasar, sin añadir otro +comentario.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XX" id="XX"></a><a href="#capitulos">-XX-</a></h2> + +<h3>Zagal y zagala</h3> + + +<p>Y del accidente se murió aquella noche misma, sin confesión, sin +recobrar los sentidos. ¿Fue el sol abrasador? Mil veces le cayó +verticalmente sobre el cráneo al señor Rosendo en sus épocas de vida +militar, y vamos, que el de la isla de Cuba pica en regla.... ¿Fue el +haber vuelto a manejar las tenazas y a elaborar barquillos para el +extraordinario consumo de aquellos días solemnes? ¿Fue, como dijeron +algunas comadres, el orgullo de ver a su hija tan elocuente y bizarra, y +tan agasajada por los señores de la Asamblea? Quédese para la posteridad +el arduo fallo, si bien parece infundada la última suposición, por +cuanto el señor Rosendo, lejos de manifestar complacencia cuando la +chica se metía en semejantes trifulcas, rompiera pocos días antes su +mutismo para decirle cosas muy al alma sobre eso de buscar tres pies al +gato y perder su colocación por locuras. El servicio militar había +formado de tal suerte el carácter del viejo, que la insubordinación era +para él el más feo delito, y su divisa, obediencia pasiva, automática; +así es que amenazó a Amparo, poniendo los ojos fieros y la voz +tartajosa, con romperle una costilla si volvía a leer periódicos en la +Fábrica. Algunos años antes no hubiera amenazado sino ejecutado; pero la +cigarrera, desde que lo es, sale en cierto modo de la patria potestad, y +por eso se creyó el señor Rosendo en el caso de guardar consideraciones +a su progenitura. Sabiendo cuánto influyen en los sacudimientos +cerebrales y en las hemorragias internas los accesos de furor, puede +creerse que, tal vez, la rabia y no el orgullo de ver a su hija elevada +al rango de <i>Tribuna del pueblo</i> determinaron en la pletórica +constitución del viejo la apoplejía fulminante.</p> + +<p>En fin, a él lo enterraron y quedáronse las dos mujeres cual es de +suponer en los primeros momentos: aturdidas, maravilladas de ver cómo +«se va uno al otro mundo». Desequilibrio económico no lo hubo, porque +Amparo, indultada, había vuelto a la Fábrica, y Chinto, trabajando como +un mulo porfiado que era, ganaba lo mismo que antes y traía fielmente la +colecta todas las noches según costumbre, con la diferencia de que ni +recogía ni reclamaba su mezquino sueldo. Pareció el nuevo sistema muy +ventajoso y cómodo a la tullida, que venía a estar como si tuviese dos +hijos y ambos ganasen para sustentarla. Pero Amparo vivía inquieta +habiendo advertido cierto peregrino cambio en la actitud y modales de +Chinto. Mostrábase este mandón y muy interesado por las cosas de la +humilde casa, que indicaba considerar como suya; se tomaba otra vez la +libertad de esperar a la muchacha a la salida de la Fábrica, y aun de +acompañarla a la ida, si lo consentía la labor de los barquillos; +gastaba con ella chanzas finas como tafetán de albarda, y en suma, desde +la muerte del viejo, le daba de protector y cabeza de casa, sin que en +modo alguno procediese como criado, único papel que Amparo le señalaba +siempre, mortificada de ver que el tosco paisano le prestaba servicios. +Indignada y ofendida, tratole con más despego que nunca, y para colmo de +disgusto, vio que Chinto correspondía a sus desaires con rústicas +ternezas y a sus muestras de desvío con pruebas de confianza y afición. +Una vez le trajo un pliego de aleluyas, y otra, como le oyese alabar +ciertos pendientes de cristal negro, fue y se los presentó a la noche +muy orondo.</p> + +<p>Ella se negó a estrenarlos.</p> + +<p>Hallábase una mañana Amparo en su cuarto vistiéndose para salir a la +Fábrica, cuando sintió que una mano indiscreta alzaba el pestillo, y con +gran sorpresa encontró delante de sí a Chinto, de un talante como nunca +lo había visto la muchacha, pues traía el sombrerón ladeado sobre la +oreja, los carrillos sofocados, el aire resuelto y un cigarro de a +cuarto en la boca: preparativos todos que había juzgado indispensables +el paisanillo para realizar la proeza de «cantar claro». La muchacha +cruzó prestamente su bata que aún tenía sin abrochar, y arrojó al osado +una mirada olímpica; pero Chinto venía tal, que ni las ojeadas de un +basilisco le hicieran mella.</p> + +<p>—¿A qué entras aquí, a ver?—gritó la cigarrera—. ¿Qué se te ofrece?</p> + +<p>—Se me ofrecía... dos palabritas.</p> + +<p>—¿Palabritas? Tengo que hacer más que oír tus tontadas.</p> + +<p>—No, pues yo te quería decir de que... allí... como ya tengo aprendido +el oficio... es decir, vamos, que quedándome las herramientas por lo que +me debía tu padre de soldada... allí, yo, como ya en la quinta del mes +pasado libré... y como vamos....</p> + +<p>—¿Acabarás hoy o mañana? Habla expedito, que parece que estás comiendo +sopas.</p> + +<p>—Mujer, quiérese decir... que si tú admites el arriendo del trato, +puedes, es decir, podemos... casarnos los dos.</p> + +<p>La risa homérica que soltó la insigne Tribuna al verse requerida de +amores por aquella montés alimaña, se cambió presto en cólera al +advertir que Chinto continuaba brindándole su mano y corazón con las +discretas razones ya referidas.</p> + +<p>—Porque yo, lo que es tenerte voluntá... te tengo muchísima, ya desde +mismo que te vi... y me gustas que no sé, que parece que mismo no pienso +sino en tus quereres... así me veo yo tan destruido, que cuasimente no +como y propiamente no me quiere dormir el cuerpo.... Por trabajar, ya +sabes que trabajaré hasta que me reviente el alma... y por +mantenerte....</p> + +<p>—¡Mira... si no te sacas de delante, repelo, hago contigo una +desgracia!—gritó furiosa ya Amparo dando al mozo, que estaba próximo a +la puerta, un soberano empellón para arrojarle del cuarto. Pero el +movimiento brusco y familiar despertó la sangre aldeana de Chinto, y con +los brazos abiertos se fue hacia Amparo. Esta a su vez sintió que +renacía la chiquilla callejera de antaño, y bajándose prontamente, alzó +del suelo una botita y estampó el tacón de plano en la inflamada mejilla +que vio próxima a las suyas: y con tanto brío menudeó los golpes, que a +uno que le alcanzó entre los ojos, el bárbaro galán hubo de exhalar +imprecaciones sofocadas, retrocediendo y dejando el campo libre. Mal +segura aún la muchacha, agarró una silla; mas sobraban ya los aprestos +bélicos, porque el mozo, restituido a la razón por el vapuleo, se había +arrojado de bruces sobre la cama, y escondiendo y revolcando el rostro +en la ropa tibia aún del cuerpo de Amparo, lloraba como un becerro, +alzando en su dialecto el grito primitivo, el grito de los grandes +dolores de la infancia que reaparece en las siguientes crisis de la +existencia.</p> + +<p>—¡Madre mía, madre mía!</p> + +<p>Encogiose Amparo de hombros y fuese a su Fábrica, que urgía el tiempo y +era preciso ganar el pan, porque el entierro del viejo había consumido +sus menguados ahorros. Al regresar contó a su madre lo ocurrido, y con +no pequeña admiración oyó que la impedida la reprendía por no haber +aceptado la propuesta matrimonial; y es el caso que la lógica de la +tullida parecía contundente.</p> + +<p>—¿Tú qué eres, mujer?—le decía—. Cigarrera como yo. ¿Y él qué es, +mujer? Barquillero como tu padre que en paz descanse. Que te dicen por +ahí si eres graciosa, si eres tal y cual.... Conversación y más +conversación. ¿Él trabaja, eh? Pues a eso vamos, que lo otro... +patarata.</p> + +<p>Sin querer oír más, la muchacha declaró que no sólo repugnaba casarse +con semejante bestia, sino que iba a echarlo de casa volando: no era +cosa de tener que atrancar la puerta cada vez que se vistiese. No y no: +antes prefería que la aspasen viva que sufrirlo allí a todas horas. +Lamentose la tullida, recordó que el jornal de Chinto las ayudaba a +vivir; todo se estrelló contra la firmeza de la Tribuna. Y cuando volvió +de fuera Chinto a soltar el tubo vacío y a entregar, cabizbajo y humilde +como un borrego, sus ganancias del día, Amparo le intimó la orden de no +dormir ya aquella noche en casa. El mozo la oyó con rostro entre abatido +y atónito; y así que se convenció de que se le condenaba al ostracismo, +salió de la estancia a paso redoblado. La tullida se inclinó hacia su +hija cuanto pudo para decirle:</p> + +<p>—Mira que le debemos cuartos.</p> + +<p>—Se los restregaré por la cara—respondió Amparo con magnífico desdén.</p> + +<p>A los dos minutos se presentó otra vez Chinto, cargado con los chismes +de la barquillería, tenazas, cargador, lebrillo, y hasta un haz de leña; +Amparo se puso en actitud defensiva cuando le vio blandir en el aire los +hierros; mas no fue sino para desunirlos con fuerza bovina y tirarlos a +un rincón desdeñosamente; y en seguida, juntando las tarteras, la leña y +el cañuto de hojalata, lo pateó todo hasta reducir a añicos los +cacharros y a un bollo informe el reluciente tubo. Ejecutada la hazaña, +a puntapiés mandó los tristes restos a las esquinas de la habitación, de +la cual se retiró sin volver atrás el rostro.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XXI" id="XXI"></a><a href="#capitulos">-XXI-</a></h2> + +<h3>Tabaco picado</h3> + + +<p>A los pocos días supo Amparo en la Granera, convento laico donde nada se +ignora, que Chinto andaba pretendiendo ingresar en el taller de la +picadura. Empezó a correr y comentarse en la Fábrica la leyenda del mozo +transido de amor que por estar cerca de su adorado tormento se metía en +los infiernos del picado, en el lugar doliente a cuya puerta hay que +dejar toda esperanza. De qué manera se las compuso Chinto para lograr su +deseo, no hace al caso: lo cierto es que obtuvo la plaza, y que Amparo +se lo encontró frecuentemente a la entrada y a la salida, triste como +can apaleado por su amo, y sin que le dijese nunca más palabras que +«Adiós, mujer... vayas muy dichosa». No cabía que Amparo, generosa de +suyo, dejase de ser la primera en trabar otra vez conversación con él: +hablaron de cosas indiferentes, de sus respectivas labores, y Amparo +prometió visitar el taller de Chinto: que con venir diariamente a la +Granera, no lo conocía aún. La Comadreja la acompañó en la visita. +Descendieron juntas al piso inferior, con propósito de aprovechar la +ocasión y verlo todo. Si los pitillos eran el Paraíso y los cigarros +comunes el Purgatorio, la analogía continuaba en los talleres bajos, que +merecían el nombre de Infierno. Es verdad que abajo estaban las largas +salas del oreo, y sus simétricos y pulcros estantes; el despacho del +jefe, y el cuadro de las armas de España trabajadas con cigarros, +orgullo de la Fábrica; los almacenes; las oficinas; pero también el +lóbrego taller del desvenado y el espantoso taller de la picadura.</p> + +<p>En el taller del desvenado daba frío ver, agazapadas sobre las negras +baldosas y bajo sombría bóveda sostenida por arcos de mampostería y algo +semejante a una cripta sepulcral, muchas mujeres, viejas la mayor parte, +hundidas hasta la cintura en montones de hoja de tabaco, que revolvían +con sus manos trémulas, separando la vena de la hoja. Otras empujaban +enormes panes de prensado, del tamaño y forma de una rueda de molino, +arrimándolos a la pared para que esperasen el turno de ser escogidos y +desvenados. La atmósfera era a la vez espesa y glacial. La Comadreja +andaba a saltos por no pisar el tabaco, y a veces llamaba por su nombre +a una de las desvenadoras.</p> + +<p>—¡Hola... señora Porcona!—exclamó dirigiéndose a una que parecía tener +los párpados en carne viva y los labios blancos y colgantes, con lo cual +hacía la más extraña y espantable figura del mundo—. ¿Hola... cómo le +va? ¿Cómo están esos parientes? Tú no sabes—añadió volviéndose a +Amparo—que la señora Porcona es parienta, muy parienta, del señor de +las Guinderas, aquel tan rico que tiene dos hijas y vive en el Malecón y +viene aquí a veces: y él se empeña en negarlo y en no darle un ochavo; +pero ella se lo ha de ir a cantar a las hijas el día que vayan más majas +por el paseo. ¿Verdá, señora Porcona?</p> + +<p>—Yyyy... y es como el Evangelio, hiiigas...—contestó una voz temblona +como el balido de la cabra, y aguardentosa además.</p> + +<p>—Explíquenos el parentesco, ande—sugirió Amparo prestándose a la broma +de su amiga.</p> + +<p>La vieja alzó sus manos sarmentosas, se las pasó por los sangrientos +ojos, y con muchas oscilaciones del labio inferior:</p> + +<p>—Aunque.... Diiios en persona estuviese allí—pronunció señalando a uno +de los gigantescos panes de tabaco—, yo no he de contar mentira. Oíd, +espectadores del caso. Es de saber que el padre del padre de mi madre, o +quiérese decir mi bisabuelo, digo, el abuelo de mis padres, era cuñado +carnal, o quiérese decir, medio hermano de la abuela de la madre +política del señor de las Guinderas.... De modo y manera es, que yo +vengo a ser parienta de muy cerquita, por la infinidá de la sangre....</p> + +<p>—Y es mucha picardía que no le den siquiera un realito diario para +aguardiente—sugirió malignamente la Comadreja.</p> + +<p>—¡Aaaa... guardiente!—clamó la vieja acentuando el trémolo—. ¡Diera +Diiiios pan!</p> + +<p>—Vamos, que un sorbito ya entró.</p> + +<p>—Ni maldiito olor dél me llegó tan siquiera: y eso que a mis añitos, +hiiigas... ya os gustará calentar el estómago que se pone como la pura +nieve.</p> + +<p>—¿Qué años tendrá, señora Porcona? Sin mentir.</p> + +<p>—¡Busssss!—pronunció la desvenadora. Así Dios me salve, ni sé de +verdad el año que nací. Pero...—y bajó la temblona voz—sepades que +cuando se puso aquí la fábrica, de las diez y seis primeritas fui yo que +aquí trabajaron....</p> + +<p>—¡Dónde irá la fecha!—murmuró la Comadreja. Amparo le tiró del brazo +horrorizada de aquella imagen de la decrepitud que se le aparecía como +vaga visión del porvenir. Recorrieron la sala de oreos, donde miles de +mazos de cigarros se hallaban colocados en fila, y los almacenes, +henchidos de bocoyes, que, amontonados en la sombra, parecen sillares de +algún ciclópeo edificio, y de altas maniguetas de tabaco filipino +envueltas en sus finos miriñaques de tela vegetal; atravesaron los +corredores atestados de cajones de blanco pino, dispuestos para el +envase, y el patio interior lleno de duelas y aros sueltos de +destrozadas pipas; y por último, pararon en los talleres de la picadura.</p> + +<p>Dentro de una habitación caleada, pero negruzca ya por todas partes, y +donde apenas se filtraba luz al través de los vidrios sucios de alta +ventana, vieron las dos muchachas hasta veinte hombres vestidos con +zaragüelles de lienzo muy remangados y camisa de estopa muy abierta, y +saltando sin cesar. El tabaco los rodeaba: habíalos metidos en él hasta +media pierna: a todos les volaba por hombros, cuello y manos, y en la +atmósfera flotaban remolinos de él. Los trabajadores estribaban en la +punta de los pies y lo que se movía para brincar era el resto del +cuerpo, merced a repetido y automático esfuerzo de los músculos; el +punto de apoyo permanecía fijo. Cada dos hombres tenían ante sí una mesa +o tablero, y mientras el uno, saltando con rapidez, subía y bajaba la +cuchilla picando la hoja, el otro, con los brazos enterrados en el +tabaco, lo revolvía para que el ya picado fuese deslizándose y quedase +sólo en la mesa el entero, operación que requería gran agilidad y tino, +porque era fácil que al caer la cuchilla segase los dedos o la mano que +encontrara a su alcance. Como se trabajaba a destajo, los picadores no +se daban punto de reposo: corría el sudor de todos los poros de su +miserable cuerpo, y la ligereza del traje y violencia de las actitudes +patentizaba la delgadez de sus miembros, el hundimiento del jadeante +esternón, la pobreza de las Barrosas canillas, el térreo color de las +consumidas carnes. Desde la puerta, el primer golpe de vista era +singular: aquellos hombres, medio desnudos, color de tabaco, y rebotando +como pelotas, semejaban indios cumpliendo alguna ceremonia o rito de sus +extraños cultos. A Amparo no se le ocurrió este símil, pero gritó:</p> + +<p>—Jesús.... Parecen monos.</p> + +<p>Chinto, al ver a las muchachas, se paró de pronto, y soltando el mango +de la cuchilla, y sacudiéndose el tabaco, como un perro cuando sale de +bañarse sacude el agua, se les acercó todo sudoroso, y con un +sobrealiento terrible:</p> + +<p>—Aquí se trabaja firme... dijo con ronca voz y aire de taco. Se +trabaja... prosiguió jactanciosamente, y se gana el pan con los +puños.... ¡Se trabaja de Dios, conchas!</p> + +<p>—Estás bonito; parece que te chuparon—exclamó la Comadreja, mientras +Amparo lo miraba entre compadecida y asquillosa, admirándose de los +estragos que en tan poco tiempo había hecho en él su perruno oficio. Le +sobresalía la nuez, y bajo la grosera camisa se pronunciaban los +omóplatos y el cúbito. Su tez tenía matices de cera, y a trechos manchas +hepáticas; sus ojos parecían pálidos y grandes respecto de su cara +enflaquecida.</p> + +<p>—Pero, bruto—exclamó la Tribuna con bondadoso acento—, estás sudando +como un toro y te plantas aquí entre puertas, en este pasillo tan +ventilado... para coger la muerte.</p> + +<p>—Boh...—y el mozo se encogió de hombros—. Si reparásemos a eso.... +Todo el día de Dios estamos aquí saliendo y entrando y las puertas +abiertas, y frío de aquí y frío de allí... Mira onde afilamos la +cuchilla.</p> + +<p>Y señaló una rueda de amolar colocada en el mismo patio.</p> + +<p>—La calor y el abrigo, por dentro.... Ya se sabe que no teniendo aquí +una gota... (y se dio una palmada en el diafragma).</p> + +<p>—Así apestas, maldito—observó Ana—. Anda, que no sé qué sustancia le +sacáis al condenado vinazo.</p> + +<p>—Antes—pronunció sentenciosamente Amparo—sólo probabas vino algún día +de fiesta que otro.... Pues aquí no tienes por qué tomar vicios, que +gracias a Dios la borrachera poco daño nos hace....</p> + +<p>—Las de arriba bien habláis, bien habláis.... Si os metieran en estos +trabajitos.... Para lo que hacéis, que es labor de señoritas, con agua +basta.... Quiérese decir, vamos... que un hombre no ha de ponerse +chispo; pero un rifigelio... un tentacá... ¿Queréis ver cómo bailo?</p> + +<p>Volvió a manejar la cuchilla, mostrando su agilidad y fuerza en el duro +ejercicio. De esta entrevista quedaron reconciliados la pitillera y el +picador, que la acompañó algunas veces por la cuesta de San Hilario +abajo, sin renovar sus pretensiones amorosas.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XXII" id="XXII"></a><a href="#capitulos">-XXII-</a></h2> + +<h3>El Carnaval de las cigarreras</h3> + + +<p>Unos días antes de Carnavales se anuncia en la Fábrica la llegada del +<i>tiempo loco</i> por bromas de buen género que se dan entre sí las +operarias. Infeliz de la que, fiada en un engañoso recado, se aparta de +su taller un minuto; a la vuelta le falta su silla, y vaya usted a +encontrarla en aquel vasto océano de sillas y de mujeres que gritan a +coro: «Atrás te queda. Delante te queda». A las víctimas de estos +alegres deportes les resta el recurso de llevar bien escondido debajo +del mantón un puntiagudo cuerno, y enseñarlo por vía de desquite a quien +se divierte con ellas. También se puede, por medio de una tira estrecha +de papel y un alfiler doblado a manera de gancho, aplicar una <i>lárgala</i> +en la cintura, o estampar con cartón recortado y untado de tiza, la +figura de un borrico en la espalda. Otro chasco favorito de la Fábrica +es, averiguado el número del billete de lotería que tomó alguna +bobalicona, hacerle creer que está premiado. Todos los años se repiten +las mismas gracias, con igual éxito y causando idéntica algazara y +regocijo.</p> + +<p>Pero el jueves de Comadres es el día señalado entre todos para +divertirse y echar abajo los talleres. Desde por la mañana llegan las +cestas con los disfraces; y obtenido el permiso para bailar y formar +comparsas, las oscuras y tristes salas se trasforman. El Carnaval que +siguió al verano en que ocurrieron los sucesos de la Unión del Norte se +distinguió por su animación y bullicio; hubo nada menos que cinco +comparsas, todas extremadas y lucidas. Dos eran de mozas y mozos del +país, vestidos con ricos trajes que traían prestados de las aldeas +cercanas; otra, de grumetes; otra, de <i>señoritos</i> y <i>señoras</i>, y la +última comparsa era una estudiantina. Las dos de labradores se +diferenciaban harto. En la primera se había buscado, ante todo, el lujo +del atavío y la gallardía del cuerpo; las cigarreras más altas y bien +formadas vestían con suma gracia el calzón de rizo, la chaqueta de paño, +las polainas pespunteadas y la montera ornada con su refulgente pluma de +pavo real; y para las mozas se habían elegido las muchachas más frescas +y lindas, que lo parecían doblemente con el dengue de escarlata y la +cofia ceñida con cinta de seda. La segunda comparsa aspiraba, más que a +la bizarría del traje, a representar fielmente ciertos tipos de la +comarca. Enrollada la saya en torno de la cintura, tocada la cabeza con +un pañuelo de lana, cuyos flecos le formaban caprichosa aureola; asido +el ramo de tejo, de cuyas ramas pendían rosquillas, estaba la peregrina +que va a la romería famosa a que no se eximen de concurrir, según el +dicho popular, ni los muertos; a su lado, con largo redingote negro, +gruesa cadena de similor, barba corrida y hongo de anchas alas, el +<i>indiano</i>, acompañábanle dos mozos de las Rías Saladas, luciendo su +traje híbrido, pantalón azul con cuchillos castaños, chaleco de paño con +enorme <i>sacramento</i> de bayeta en la espalda, faja morada, sombrero de +paja con cinta de lana roja. Los estudiantes habían improvisado manteos +con sayas negras, y tricornios de cartón con cuchara y tenedor de palo +cruzados, completaban el avío; los grumetes tenían sencillos trajes de +lienzo blanco y cuellos azules; en cuanto a la comparsa de <i>señores</i>, +había en ella un poco de todo; guantes sucios, sombreros ajados, +vestidos de baile ya marchitos, mucho abanico, y antifaces de +terciopelo.</p> + +<p>En mitad del taller de cigarros comunes se formó un corro y se alzó gran +vocerío alrededor de la <i>Mincha</i>, barrendera vieja, pequeña, redonda +como una tinaja, que bailaba vestida de moharracho, con dos enormes +jorobas postizas, un serón por corona, una escoba por cetro, un ruedo +por manto real, la cara tiznada de hollín, y un letrero en la espalda +que decía en letras gordas: «Viva la broma». Incansable, pegaba brincos +y más brincos, llevando el compás con el cuento de la escoba, sobre las +carcomidas tablas del piso. Pero bien pronto le robó la atención de sus +admiradoras la estudiantina, que estaba toda encaramada en una mesa de +metro y medio de largo por un metro escaso de ancho. Cómo danzaban allí +unas doce chicas, es difícil decirlo; ellas danzaban, acompañándose con +panderetas y castañuelas y coreando al mismo tiempo habaneras y polcas. +En aquella comparsa, la más alborotadora y risueña, figuraba Guardiana. +Nunca el júbilo y la feliz imprevisión de los pocos años brillaron como +en el rostro de la pobre chica, que a tan poca costa y con tan poca cosa +divertía sus penas. Era la valerosa pitillera chiquita y delgada; tenía +a la sazón el rostro encendido, ladeado el tricornio, y con picaresco +ademán repicaba un pandero roto ya, y muy engalanado de cintas.</p> + +<p>Ana y Amparo figuraban entre los grumetes. La Comadreja hacía un grumete +chusco, travieso y cínico; Amparo, el más hermoso muchacho que +imaginarse pueda. Todo lo que su figura tenía de plebeyo lo disimulaba +el traje masculino; ni las gruesas muñecas, ni el recio pelo dañaban a +su gentileza, que era de cierto notable y extraordinaria. La comparsa +recorrió los talleres, bailando y cantando, recibiendo bromas de las +<i>señoras</i>, y alegrando la oscuridad de las salas con la nota blanca y +azul de sus trajes. Sin embargo, no se podía dudar que la victoria +quedaba por los labradores. A la cabeza de estos estaba una mujer, +casada ya, celebrada por buena moza, Rosa, la que llenaba con mayor +presteza los <i>faroles</i> de picadura. Con el traje propio de su sexo, Rosa +era un tanto corpulenta en demasía; con el de labrador no había que +pedirle. La camisa de lienzo labrado dibujaba su ancho pecho; el calzón +se ajustaba a maravilla a sus bien proporcionadas caderas; pendiente del +cuello llevaba un ancho escapulario de raso bordado de lentejuelas y +sedas de colores. Debajo de la montera, un pañuelo de fular azul, atado +como lo hacen los paisanos, le encubría el pelo. Apoyábase en la <i>moca</i> +o porra claveteada de clavos de plata, y con acento melancólico y +prolongado, cantaba una copla del país, y contestábale desde enfrente +una morenita vestida de ribereño, con su chaleco muy guarnecido de +botones de filigrana y su faja recamada de pájaros y flores +extravagantes, <i>echando la firma</i>, consistente en tres versos +irregulares, improvisados siempre, con sujeción al asunto de la copla; +al concluir la <i>firma</i>, salían del corro de espectadores varios ¡ju... +jurujú! agudísimos. Lo que hacía maravilloso efecto era oír, en los +intervalos en que callaban las cantoras, unas malagueñas resonando en el +otro extremo de la sala, mientras por su parte la estudiantina se +consagraba a las habaneras, cual si la anarquía de los trajes se +comunicase a las canciones. En la comparsa de las <i>señoras</i> había una +chica poseedora de bien timbrada voz y de muchísimo donaire para las +coplas propias de la ciudad, tan distintas de las rurales, que al paso +que en éstas las vocales se alargan como un gemido, en las otras se +pronuncian brevemente, produciendo al final de algunos versos una +inflexión burlesca:</p> + +<p class="noindent"> +<span style="margin-left: 5em;"><i>En el medio de la mar</i></span><br /> +<span style="margin-left: 5em;"><i>Suspiraba una ballenaú</i></span><br /> +<span style="margin-left: 5em;"><i>Y entre suspiros deciaú</i></span><br /> +<span style="margin-left: 5em;"><i>Muchachas de Cartagenaú.</i></span><br /> +</p> + + +<p>¿Y quién tenía valor para trabajar en medio de la bulliciosa +carnavalada? Algunas operarias hubo que al principio se encarnizaron en +la labor, bajando la cabeza por no ver las máscaras; pero a eso de las +tres de la tarde, cuando la inocente saturnal llegaba a su apogeo, las +manos cruzadas descansaban sobre la tabla de liar, y los ojos no sabían +apartarse de los corros de baile y canto. Ocurrió un incidente cómico: +el taller del desvenado quiso echar su cuarto a espadas, y organizó una +comparsa numerosa; empeñáronse en formar parte de ella las más ancianas, +las más infelices, y la mascarada se improvisó de la manera siguiente: +envolviéndose todas por la cabeza los mantones, sin dejar asomar más que +la nariz o una horrible careta de cartón, y colocándose en doble fila, +haciendo de batidores cuatro que llevaban cogida por las esquinas una +estera, en la cual reposaba, con los ojos cerrados, muy propia en su +papel de difunta, la decana del taller, la respetable señora Porcona. +Así colocadas y con extraño silencio recorrieron los talleres, dando no +sé qué aspecto de aquelarre a la bulliciosa fiesta. Al punto recibió +título aquella nueva y lúgubre comparsa; llamáronle la <i>Estadea</i>, nombre +que da la superstición popular a una procesión de espectros.</p> + +<p>Diríase que el mago Carnaval, con poderoso conjuro, había desencantado +la Fábrica, y vuelto a sus habitantes la verdadera figura en aquel día. +Muchachas en las cuales a diario nadie hubiera reparado quizá, +confundidas como estaban entre las restantes, resplandecían, alumbradas +por una ráfaga de hermosura, y un traje caprichoso, una flor en el pelo, +revelaban gracias hasta entonces recónditas. Y no porque la coquetería +desplegada en los disfraces llegase al grado que alcanza entre la gente +de alto coturno que asiste a bailes de trajes y suele reflexionar y +discurrir días y días antes de adoptar un disfraz—habiendo señorita que +se viste de <i>Africana</i> por lucir una buena mata de pelo, o de +<i>Pierrette</i> por mostrar un piececito menudo—; no por cierto. Semejantes +refinamientos se ignoraban en la Fábrica. Ni a las viejas se les daba un +comino de enseñar en la fuga del baile la seca anatomía de sus huesos, +ni a las mozas un rábano de desfigurarse, verbigracia, pintándose +bigotes con carbón. El caso era representar bien y fielmente tipos +dados; un mozo, un quinto, un estudiante, un grumete. Habíalas con tan +rara propiedad vestidas, que cualquiera las tomaría por varones; las +feas y hombrunas se brindaban sin repulgos a encajarse el traje +masculino, y lo llevaban con singular desenfado. Y de un extremo a otro +de los talleres, entre el calor creciente y la broma y bullicio que +aumentaban, corría una oleada de regocijo, de franca risa, de diversión +natural, de juego libre y sano; una afirmación enérgica de la femenidad +de la Fábrica. No cohibidas por la presencia del hombre, gozaban cuatro +mil mujeres aquel breve rayo de luz, aquel minuto de júbilo expansivo +colocado entre dos eternidades de monótona labor.</p> + +<p>Hacia las cuatro de la tarde no cabía ya la algazara y bulla en las +salas; todo el mundo perecía de calor; a las disfrazadas de paisanos las +ahogaba su traje de paño, y se apoyaban, descoyuntadas de tanto reír, +molidas de tanto bailar, roncas de tanto canticio, en los estantes, +abanicándose con la montera. La Comadreja, que ya no sabía cómo +procurarse un poco de fresco, tuvo una idea.</p> + +<p>—Si nos dejasen armar un corro en el patio, chicas, ¿eh?</p> + +<p>Pareció de perlas la ocurrencia, y salieron al patio de entrada, y de +allí al magro campillo colindante, y perteneciente también a la Fábrica. +Estaba el día sereno y apacible; el sol doraba las hierbas quemadas por +la escarcha, y se colaba en tibios rayos oblicuos al través de los +desnudos árboles. El ambiente era más templado que otra cosa, como suele +suceder en el clima de Marineda durante los meses de febrero y marzo. Al +desembocar en el campo la alegre multitud, huyeron espantadas unas +cuantas gallinas y algunos borregos sucios y torpes patos, que +correteaban por allí, y eran los únicos pobladores del mezquino oasis, +limitado de una parte por la vetusta tapia, de otra por cobertizos +atestados de fardos de vena, y de otra por el taller de cigarros +peninsulares, aislado del edificio de la Granera. Al punto se formaron +dos corros con más espacio que arriba, y la frescura de la tardecita +restituyó las ganas de bailar a las exhaustas máscaras.</p> + +<p>¡Oh, si ellas hubiesen sabido que desde las próximas alturas de Colinar +las miraban dos pares de ojos curiosos, indiscretos y osados! De la cima +de un cerrillo que permitía otear todo el patio de la Fábrica, dos +hombres apacentaban la vista en aquel curioso cuanto inesperado +espectáculo. Uno de ellos rondaba muchas veces las cercanías de la +Granera, pero nunca en aquel predio había visto más seres vivientes que +canteros picando sillares de granito, y aves de corral escarbando la +tierra. Baltasar ignoraba los detalles del Carnaval de las cigarreras, y +apenas entendería lo que estaba viendo, si Borrén, mejor informado, no +se tomase el trabajo de explicárselo.</p> + +<p>—Generalmente estas mascaradas son de puertas adentro; pero hoy, como +hace calor y el día está bueno, salen al fresco a bailar.... ¡Qué +casualidad, hombre!</p> + +<p>—Casualidad es, tiene usted razón. En todas partes he de encontrármela.</p> + +<p>Y al decir así, señalaba el teniente al corro de los grumetes. Mientras +los paisanos punteaban y repicaban un paso de baile regional, los +grumetillos habían elegido el <i>zapateado</i>, donde la viveza del +meridional bolero se une al vigor muscular que requieren las danzas del +Norte. Bien ajena que la viese ningún profano, puesta la mano en la +cadera, echada atrás la cabeza, alzando de tiempo en tiempo el brazo +para retirar la gorrilla que se le venía a la frente, Amparo bailaba. +Bailaba con la ingenuidad, con el desinterés, con la casta desenvoltura +que distingue a las mujeres cuando saben que no las ve varón alguno, ni +hay quien pueda interpretar malignamente sus pasos y movimientos. +Ninguna valla de pudor verdadero o falso se oponía a que se balancease +su cuerpo siguiendo el ritmo de la danza, dibujando una línea serpentina +desde el talón hasta el cuello. Su boca, abierta para respirar +ansiosamente, dejaba ver la limpia y firme dentadura, la rosada sombra +del paladar y de la lengua; su impaciente y rebelde cabello se salía a +mechones de la gorra, como revelación traidora del sexo a que pertenecía +el lindo grumete, si ya la suave comba del alto seno y las fugitivas +curvas del elegante torso no lo denunciasen asaz. Tan pronto, +describiendo un círculo, hería con el pie la tierra, como, sin moverse +de un sitio, <i>zapateaba</i> de plano, mientras sus brazos, armados de +castañuelas, se agitaban en el aire, bajaban y subían a modo de alas de +ave cautiva que prueba a levantar el vuelo.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XXIII" id="XXIII"></a><a href="#capitulos">-XXIII-</a></h2> + +<h3>El tentador</h3> + + +<p>Al descender de su observatorio, echados por las sombras de la noche, +que envolvían el patio de la Fábrica y cubrían la estruendosa retirada +de las cigarreras vestidas ya con sus trajes usuales, Baltasar iba +silencioso y concentrado. Borrén muy locuaz. El bueno del capitán no +cabía en sí de gozo, ni más ni menos que si la aventura de ver bailar a +la Tribuna le aconteciese a él directamente. Hay en el mundo aficiones y +gustos muy diversos; este chochea por monedas roñosas, aquel por +libracos viejos, el de más acá por caballos y el de más allá por sellos +y cajas de fósforos.... Borrén había chocheado, chocheaba y chochearía +toda su arrastrada vida por la hermosura, encantos y perfecciones de la +mujer. Había adquirido para conocer la belleza, y sobre todo el +atractivo, ese golpe de vista, ese tino especial que permite a los +expertos, sin ejercer ni dominar las artes, apreciar con exactitud el +mérito de un cuadro, el estilo de un mueble, la época de un monumento. +Nadie como Borrén para descubrir beldades inéditas, para predecir si una +muchacha valdría o no «muchas pesetas» andando el tiempo, y fallar si +poseía la quisicosa llamada <i>gracia, salero, gancho, ángel, chic, buena +sombra</i>, y de otros mil modos—lo cual prueba que es indefinible.</p> + +<p>La originalidad del caso está en que con toda su afición a las faldas, y +sus profundos conocimientos de estética aplicada, no se refería de +Borrén la más insignificante historieta. Viviendo siempre en una +atmósfera fuertemente cargada de electricidad amorosa, nunca le hirió la +chispa. Practicaba, en materia de amoríos, el más puro y desinteresado +<i>otroísmo</i>. Si no podía andar entre las muchachas asegurándoles que +Fulanito se alampaba por ellas, o que Zutanito se moría por sus pedazos, +se arrimaba a los jóvenes, calentándoles los cascos, encendiéndoles la +sangre, hablándoles del pie de tal chica:—hombre, un pie que me cabe en +la palma de la mano—o del color de cuál otra—hombre, si parece que se +da agua de Barcelona, y no, me consta que aquello es natural—. Borrén +sabía de las criadas que llevan y traen cartitas, de los paseos +retirados donde es fácil tropezarse cuando hay buena voluntad, de los +peladeros de pava, de las butacas que en el teatro ofrecen más comodidad +para <i>hacer el oso</i>; era el primero a olfatear los trapicheos, las +bodas, los escandalillos y los <i>truenos</i> incipientes. No era Borrén un +casamentero, porque, generalmente hablando, el casamentero se propone un +fin moral, y a Borrén la moral-hombre, con franqueza—le tenía sin +cuidado. Si el cuento acababa en nupcias, bien, y si no, lo propio; +Borrén hacía <i>arte por el arte</i>; el amor le parecía objeto suficiente de +sí mismo.</p> + +<p>Para todo enamorado de Marineda, especialmente si pertenecía a la +guarnición, el complemento de la dicha era esta idea:—Voy a contárselo +a Borrén—. Y Borrén, como un espejo complaciente, de los que <i>hacen +favor</i>, le devolvía la imagen de su felicidad, no exacta, sino +aumentada, embellecida, multiplicada, radiante.—Vamos a pasearle la +calle a la novia—le decían sus amigos cogiéndole del brazo—. Y Borrén +giraba tardes enteras delante de una manzana de casas, parafraseando las +observaciones de algún amador novel que exclamaba:—«Ya alzó el +visillo... se asoma... no, es la hermana... ahora sí... cómo me mira... +¡hola!, tiene la mantilla puesta...»—. Jamás mostró Borrén cansarse de +su papel de reflector y perro faldero; y cuenta que las chicas, guiadas +por infalible instinto, le trataban como se trata a los inofensivos y a +los mandrias; aunque él se derretía, acaramelaba y amerengaba todo, +jamás le tomaron en parte alguna por lo serio.</p> + +<p>Baltasar no le había buscado para confidente; Borrén se ofreció, y es +más, atizó el incendio, echó leña a la hoguera con sus frases de pólvora +y dinamita. Aquella tarde, cuando juntos bajaban hacia la ciudad, el más +animado, el más exaltado era Mefistófeles: Fausto callaba, meditando en +lo comprometidos y engorrosos que son ciertos enredos en poblaciones de +provincia, donde uno tiene madre y hermanas. Mefistófeles, ¡pobre +diablo!, no se cansaba, entre tanto, de ponderar los primores del +grumete. Cada vez que el confidente y el enamorado pasaban cerca de un +farol, la luz se proyectaba en la fisonomía de Borrén, siempre movida, +agitada y descompuesta, cómica a pesar del exagerado carácter viril que +a primera vista le imprimían los cerdosos mostachos, las pobladas cejas +y la prominente nuez. En su aspecto Borrén era semejante a los guardias +civiles de madera que suelen colocarse en el frontispicio de los hórreos +y molinos del país: a despecho de sus bigotazos formidables, bien se les +conoce que son muñecos.</p> + +<p>—Dígole a usted, Borrén—exclamó Baltasar resolviéndose por fin a +formular en alta voz su pensamiento—, que no comprende usted lo que es +Marineda... ni lo que es mi madre. Me resultarían mil disgustos, mil +complicaciones.... Aborrezco los escándalos.</p> + +<p>—¡Hombre, qué juventud tan sosa son ustedes! Parece mentira que +habiendo visto lo que vimos....</p> + +<p>—No me conviene, lo dicho; me alegraré de que me destinen a cualquiera +parte. Si me quedo aquí, es fácil.... Y después, ¿sabe usted lo que es +esa Fábrica? Una masonería de mujeres, que aunque hoy se arranquen el +moño, mañana se ayudan todas las unas a las otras. Me desacreditarían, +me crearían un conflicto.</p> + +<p>—No le hacía a usted tan medroso.</p> + +<p>—La verdad, Borrén; tengo más miedo a las hablillas, si cuadra, que a +un balazo. Será una tontería, pero me fastidia infinito ser el héroe de +la temporada.</p> + +<p>—Vamos, hombre, franqueza. Usted también recela verse envuelto en las +redes de esa chica, y tener que casarse.... Baltasar sonrió sin +afectación, pero con tal señorío de sí mismo, que Borrén se encogió de +hombros.</p> + +<p>—Pues entonces....</p> + +<p>—Por un lado, sí, lo acierta usted; soy un majadero en abrigar tales +escrúpulos. Pasa uno así los mejores años de su vida, y ¿qué?, llega uno +a viejo sin haber vivido....</p> + +<p>Aquí el teniente se detuvo; una idea burlesca le impulsaba a sonreírse +otra vez, pensando que el capitán se hallaba justamente en el caso de +declinar hacia la edad madura sin tener que ofrecer a Dios ni qué contar +al diablo. Borrén, entre tanto, aprobaba calurosamente las últimas +palabras de Baltasar, las desenvolvía, las consideraba desde nuevos +aspectos; en suma, soplaba para que la llama prendiese mejor. Tan bien +desempeñó su oficio mefistofélico, que Baltasar convino en reunirse al +día siguiente con él para meditar un plan de ataque que debelase la +republicana virtud de la oradora. Pero al acudir a la entrevista, que +era, por más señas, en el terreno neutral del café, Borrén conoció que +Baltasar traía alguna extraordinaria nueva.</p> + +<p>—Ya no hay necesidad de concertar planes—declaró el teniente con +forzada risa—. ¿No se lo decía yo a usted? Me destinan allá... a +Navarra. La cosa anda mal.</p> + +<p>—¡Bah!... cuatro bandidos que salen de aquí y de acullá; hombre, +partidillas sueltas.</p> + +<p>—Partidillas sueltas... ya, ya me lo contará usted dentro de unos +meses. El cariz del asunto se pone cada vez más feo. Entre esos bárbaros +que quieren entrar en burro en las iglesias y fusilan por chiste las +imágenes, y los otros salvajes que cortan el telégrafo y queman las +estaciones... verá usted, verá usted qué tortilla se nos prepara. Aquí +nadie se entiende. Mire usted que hasta Montpensier, que parecía formal, +meterse en ese desafío estúpido. Él quería ser rey; pero el haber matado +al perdis de su primo le cuesta la corona y a nosotros un ojo de la +cara, porque como no venga Satanás en persona a arreglarnos, no sé lo +que sucederá... Deme usted un cigarro... si lo tiene usted ahí.</p> + +<p>Borrén le alargó la petaca, y Baltasar encendió nerviosamente un +pitillo.</p> + +<p>—Vamos, ¿cuántos candidatos dirá usted que hay al trono?—prosiguió +echando leve bocanada de humo al techo—. Vaya usted contando por los +dedos, si la paciencia le alcanza. Espartero... uno. Dirá usted que es +un estafermo, bien; pero los restos del partido progresista, todo cuanto +gastó morrión, y algunos chiflados de buena fe, le aclaman. ¿No ha visto +usted en las tiendas el retrato de Baldomero I con manto real? El hijo +de Isabel II, dos; su madre abdicó o abdicará. Ese, al menos, representa +algo; pero es un rapaz; para jugar a la pelota serviría. El +Pretendiente, tres... y mire usted, lo que es ese dará mucho juego; ya +empieza todo el mundo a llamarle Carlos VII. Reúne él solo más +partidarios que todos los demás juntos, y gente cruda, de trabuco y pelo +en pecho. El duque de Aosta, un italiano... cuatro. Un alemán que se +llama Ho... ho... en fin, un nombre difícil; los periódicos satíricos lo +convirtieron en <i>Ole, ole, si me eligen</i>... cinco. La regencia trina... +seis, o por mejor decir, ocho. Y Ángel I... nueve. ¡Ah!, se me olvidaba +el de Portugal que anda remiso... y Montpensier. Once. ¿Qué tal?</p> + +<p>—Pero... así, candidatos formales.... ¡Mozo, café y <i>cognac</i>!</p> + +<p>—No, gracias, lo tomé en casa.... Claro: candidatos serios, por hoy, +don Carlos y la república. El caso es que entre todos no nos dejarán +hueso sano.... Por de pronto, yo me las guillo. ¿Quiere usted algo para +aquellos vericuetos?</p> + +<p>—Hombre... ¡qué lástima! ¡Ahora que íbamos a emprenderla con la +pitillera, que es de otro!</p> + +<p>—¡Pch!... Si algún trabucazo no lo impide... a la vuelta.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XXIV" id="XXIV"></a><a href="#capitulos">-XXIV-</a></h2> + +<h3>El conflicto religioso</h3> + + +<p>Desde que las Cortes Constituyentes votaron la monarquía, Amparo y sus +correligionarias andaban furiosas. Corría el tiempo, y las esperanzas de +la Unión del Norte no se realizaban, ni se cumplían los pronósticos de +los diarios. ¡Que hoy!... ¡que mañana!... ¡que nunca, por lo visto! ¡En +vez de la suspirada federal, un rey, un tirano de fijo, y tal vez un +extranjero! Por estas razones en la Fábrica se hacía política pesimista +y se anunciaba y deseaba que al Gobierno «se lo llevase Judas». Dos +cosas sobre todo alteraban la bilis de las cigarreras: el incremento del +partido carlista y los ataques a la Virgen y a los Santos. A despecho de +la acusación de «echar contra Dios» lanzada por las campesinas a las +ciudadanas, la verdad es que, con contadísimas excepciones, todas las +cigarreras se manifestaban acordes y unánimes en achaques de devoción. +Ella sería más o menos ilustrada; pero allí había mucha y fervorosa +piedad. Es cierto que sobre el altar de pésimo gusto dórico existente en +cada taller depositaban las operarias sus mantones, sus paraguas, el +atillo de la comida; mas este género de familiaridad no revelaba falta +de respeto, sino la misma costumbre de ver allí el ara santa, ante la +cual nadie pasaba sin persignarse y hacer una genuflexión. Y es lo +curioso que a medida que la revolución se desencadenaba y el +republicanismo de la Fábrica crecía, aumentáronse también las prácticas +religiosas. El cepillo colocado al lado del altar, donde los días de +cobranza cada operaria echaba alguna limosna, nunca se vio tan lleno de +monedas de cobre; el cajón que contenía la cera de alumbrar, estaba +atestado de blandones y velas; más de sesenta cirios iluminaban los días +de novena el retablo; primero les faltaría a las cigarreras agua para +beber, que aceite a la lámpara encendida diariamente ante sus imágenes +predilectas, una Nuestra Señora de la Merced de doble tamaño que los +cautivos arrodillados a sus plantas, un San Antón con el sayal muy +adornado de esterilla de oro, un Niño-Dios con faldellines huecos y un +mundito azul en las manos. Nunca se realizó con más lucimiento la novena +de San José, que todas rezaron mientras trabajaban, volviéndose de cara +al altar para decir los actos de fe y la letanía, y berreando el último +día los gozos con mucha unción, aunque sin afinación bastante. Jamás +produjo tanto la colecta para la procesión del Santo Entierro y novena +de los Dolores; y por último, en ocasión alguna tuvo el numen protector +de la Fábrica, la Virgen del Amparo, tantas ofertas, culto y limosnas, +sin que por eso quedase olvidada su rival Nuestra Señora de la Guardia, +estrella de los mares, patrona de los navegantes por la bravía costa.</p> + +<p>Bien habría en la <i>Granera</i> media docena de espíritus fuertes, capaces +de blasfemar y de hablar sin recato de cosas religiosas; pero dominados +por la mayoría, no osaban soltar la lengua. A lo sumo se permitían +maldecir de los curas, acusarles de inmorales y codiciosos, o renegar de +que se «metiesen en política» y tomasen las armas para traer el +«escurantismo y la Inquisición»: cuestiones más trascendentales y +profundas no se agitaban, y si a tanto se atreviese alguien, es seguro +que le caería encima un diluvio de cuchufletas y de injurias.</p> + +<p>—¡Está el mundo perdido!—decía la maestra del partido de Amparo, mujer +de edad madura, de tristes ojos, vestida de luto siempre desde que había +visto morir de viruelas a dos gallardos hijos que eran su orgullo—. +¡Está el mundo revuelto, muchachas! ¿No sabéis lo que pasa allá por las +Cortes?</p> + +<p>—¿Qué pasará?</p> + +<p>—Que un diputado por Cataluña dice que dijo que ya no había Dios, y que +la Virgen era esto y lo otro.... Dios me perdone, Jesús mil veces.</p> + +<p>—¿Y no lo mataron allí mismo? ¡Pícaro, infame!</p> + +<p>—¡Mal hablado, lengua de escorpión! ¡No habrá Dios para él, no; que él +no lo tendrá!</p> + +<p>—No, pues otro aún dijo otros horrores de barbaridá, que ya no me +acuerdan.</p> + +<p>—¡Empecatao! ¡Pimiento picante le debían echar en la boca!</p> + +<p>—¡Ay!, ¡y una cosa que mete miedo! Dice que por esas capitales toda la +gente anda asustadísima, porque se ha descubierto que hay una compañía +que roba niños.</p> + +<p>—¡Ángeles de mi alma! ¿Y para qué?, ¿para degollarlos?</p> + +<p>—No, mujer, que son los protestantes para llevarlos a educar allá a su +modo en tierra de ingleses.</p> + +<p>—¡Señor de la justicia! ¡Mucha maldad hay por el mundo adelante!</p> + +<p>Conocido este estado de la opinión pública, puede comprenderse el efecto +que produjo en la Fábrica un rumor que comenzó a esparcirse quedito, muy +quedo, y como en el aria famosa de la <i>Calumnia</i>, fue convirtiéndose de +cefirillo en huracán. Para comprender lo grave de la noticia, basta oír +la conversación de Guardiana con una vecina de mesa.</p> + +<p>—¿Tú no sabes, Guardia? La <i>Píntiga</i> se metió protestanta.</p> + +<p>—¿Y eso qué es?</p> + +<p>—Una religión de allá de los <i>inglis manglis</i>.</p> + +<p>—No sé por qué se consienten por acá esas religiones. Maldito sea quien +trae por acá semejantes demoniuras. ¡Y la bribona de la <i>Píntiga</i>, mire +usted! ¡Nunca me gustó su cara de intiricia!...</p> + +<p>—Le dieron cuartos, mujer, le dieron cuartos: sí que tú piensas....</p> + +<p>—A mí... ¡más y que me diesen mil pesos duros en oro! Y soy una pobre, +repobre, que sólo para tener bien vestiditos a mis pequeños me venían... +¡juy!</p> + +<p>—¡Condenar el alma por mil pesos! Yo tampoco, chicas—intervenía la +maestra.</p> + +<p>—Saque allá, maestra, saque allá... Comerá uno brona toda la vida, +gracias a Dios que la da, pero no andará en trapisondas.</p> + +<p>—Y diga... ¿qué le hacen hacer los protestantes a la <i>Píntiga</i>? ¿Mil +indecencias?</p> + +<p>—Le mandan que vaya todas las tardes a una cuadra, que dice que +pusieron allí la capilla de ellos... y le hacen que cante unas cosas en +una lengua, que... no las entiende.</p> + +<p>—Serán palabrotas y pecados. ¿Y ellos, quiénes son?</p> + +<p>—Unos clérigos que se casan....</p> + +<p>—¡En el nombre del Padre! ¿Pero se casan... como nosotros?</p> + +<p>—Como yo me casé... vamos al caso, delante de la gente... y llevan los +chiquillos de la mano, con la desvergüenza del mundo.</p> + +<p>—¡Anda, salero! ¿Y el arcebispo no los mete en la cárcel?</p> + +<p>—¡Si ellos son contra el arcebispo, y contra los canónigos, y contra el +Papa de Roma de acá! ¡Y contra Dios, y los Santos, y la Virgen de la +Guardia!</p> + +<p>—Pero esa lavada de esa <i>Píntiga</i>... ¡malos perros la coman! No, si se +arrima de esta banda, yo le diré cuántas son cinco.</p> + +<p>—Y yo.</p> + +<p>—Y yo.</p> + +<p>Así crecía la hostilidad y se amontonaban densas nubes sobre la cabeza +de la apóstata, a quien por el color de su tez biliosa y de su lacio +pelo, por lo sombrío y zaíno del mirar, llamaban <i>Píntiga</i>, nombre que +dan en el país a cierta salamandra manchada de amarillo y negro. Era +esta mujer capaz de comer suela de zapato a trueque de ahorrar un +maravedí, y no ajena a su conversión una libra esterlina, o doblón de a +cinco, que para el caso es igual. Si lo cobró y pudo coserlo en una +media con otras economías anteriores, amargolo aquellos días en forma. +Acercábase a una compañera, y esta le volvía la espalda; su mesa quedó +desierta, porque nadie quiso trabajar a su lado; ponía su mantón en el +estante, y al punto se lo empujaban disimuladamente desde la otra parte +de la sala, para que cayese y se manchase; dejaba su lío de comida en el +altar, y lo veía retirado de allí con horror por diez manos a un tiempo; +la maestra examinaba sus mazos de puros, antes de darlos por buenos y +cabales, con ofensiva minuciosidad y ademán desconfiado. Un día de gran +calor pidió a la operaria que halló más próxima que le prestase un poco +de agua, y esta, que acababa de destapar un colmado frasco de cristal +para beber por él, le contestó secamente: «No tengo meaja». Señaló la +<i>protestanta</i> al frasco, con ira silenciosa, y la operaria, +levantándose, lo tomó y derramó por el suelo su contenido sin pronunciar +una palabra. Púsose verde la <i>Píntiga</i>, y llevó la mano, sin saber lo +que hacía, al cuchillo semicircular: pero de todos los rincones del +taller se alzaron risas provocativas, y hubo de devorar el ultraje, so +pena de ser despedazada por un millar de furiosas uñas. En mucho tiempo +no se atrevió a volver a la Fábrica, donde la corrían.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XXV" id="XXV"></a><a href="#capitulos">-XXV-</a></h2> + +<h3>Primera hazaña de la Tribuna</h3> + + +<p>Extramuros, al pie de las fortificaciones de Marineda, celébrase todos +los años una fiesta conocida por <i>las Comiditas</i>, fiesta peculiar y +característica de las cigarreras, que aquel día sacan el fondo del cofre +a relucir y disponen una colación más o menos suculenta para despacharla +en el campo; campo mezquino, árido, donde sólo vegetan cardos +borriqueros y ortigas. Desde el lavadero público hasta el alto de Agua +santa, ameno y risueño, se había esparcido la gente, sentándose, si +podía, a la sombra de un vallado o en la pendiente de un ribazo, y si +no, donde Dios quería, al raso, sin paraguas ni quitasol. Y cuenta que +ambos chismes podrían ser igualmente necesarios, porque el astro diurno, +encapotado por nubarrones que amenazaban chubasquina, despedía claridad +lívida y sorda, y a veces por la ahogada calma de la atmósfera +atravesaban soplos de aire encendido, bocanadas de solano que amagaban +tempestad.</p> + +<p>No por eso había menos corros de baile y canto, menos puestos de +rosquillas y jinetes, menos meriendas y comilonas. Aquí se escuchaba el +rasgueo de guitarras y bandurrias, más adelante retumbaba el bombo, y la +gaita exhalaba su aguda y penetrante queja. Un ciego daba vueltas a una +<i>zanfona</i> que sonaba como el obstinado zumbido del moscardón, y al mismo +tiempo vendía romances de guapezas y crímenes. A pocos pasos de la gente +que comía, mendigos asquerosos imploraban la caridad; un elefancíaco +enseñaba su rostro bulboso, un herpético descubría el cráneo pelado y +lleno de pústulas, este tendía una mano seca, aquel señalaba a un muslo +ulcerado, invocando a Santa Margarita para que nos libre de «males +extraños». En un carretoncillo, un fenómeno sin piernas, sin brazos, con +enorme cabezón envuelto en trapos viejos, y gafas verdes, exhalaba un +grito ronco y suplicante, mientras una mocetona, de pie al lado del +vehículo, recogía las limosnas. En el aire flotaban los efluvios de dos +toneles de vino que ya iban quedando exangües, y el vaho del estofado, y +el olor de las viandas frías. Oíanse canciones entonadas con voz vinosa, +y llantos de niños, de los cuales nadie se cuidaba.</p> + +<p>Componíase el círculo en que figuraba Amparo de muchachas alegres, que +habían esgrimido briosamente los dientes contra una razonable merienda. +Allí estaba la Comadreja, a quien no era posible aguantar de puro +satisfecha y vana, porque tenía en Marineda al capitán de la <i>Bella +Luisa</i>, y si él no había querido convidarse a merendar «por el aquel del +bien parecer», contaba con que la acompañaría al final de la función. +Allí también Guardiana, penetrada de alegría por otra causa diversa: +porque había traído consigo a dos de sus pequeños, el escrofuloso y la +sordo-mudita; en cuanto al mayor, ni se podía soñar en llevarlo a sitio +alguno donde hubiese gente, porque le entraba enseguida la «aflición». +La niña sordo-muda miraba alrededor, con ojos reflexivos, aquel mundo +del cual sólo le llegaban las imágenes visibles; por su parte el niño, +que ya tendría sus trece años, y que hubiera sido gracioso a no +desfigurarlo los lamparones y la hipertrofia de los labios, gozaba mucho +de la fiesta, y se sonreía con la sonrisa inocente, semi-bestial, de los +<i>bobos</i> de Velázquez. Guardiana no se mostró muy comedora: los mejores +bocados los reservó para sus hermanos, y ella manifestó poco apetito.</p> + +<p>—¿Qué tienes, Guardia?—le preguntó la radiante Ana.</p> + +<p>—Mujer, algunos días parece que estoy así... cansada. He de ir a que me +levanten la paletilla, porque imposible que no se me cayese.</p> + +<p>—Aprensiones, aprensiones. Canta el <i>Joven Telémaco</i>, Amparo.</p> + +<p>Amparo, y otras dos o tres del taller de cigarrillos, rendidas de calor +y ahítas de comida, se habían tendido en una pequeña explanada, que +formaba el glacis de la fortificación, adoptando diversas posturas, más +o menos cómodas. Unas, desabrochándose el corpiño, se hacían aire con el +pañuelo de seda doblado; otras, tumbadas boca abajo, sostenían el cuerpo +en los codos y la barba en las palmas de las manos; otras, sentadas a la +turca, alzaban cuándo la pierna izquierda, cuándo la derecha, para +evitar los calambres. Por la seca hierba andaban esparcidos tapones de +botellas, papeles engrasados, espinas de merluza, cascos de vaso roto, +un pañuelo de seda, una servilleta gorda.</p> + +<p>Fuese efecto de la comida y del vinillo del país, ligero y alegre como +unas pascuas, o del aire solano, que tiene especial virtud excitante de +los nervios, hallábanse las muchachas alborotadas, deseosas de meterse +con alguien, de gritar, de hacer ruido. Estaban ebrias, no del escaso +mosto, sino del vaivén y mareo de la romería, de los colores chillones, +de los sonidos discordantes: sólo la sordo-muda permanecía indiferente, +con su límpida mirada infantil. La casualidad proporcionó a las briosas +mozas un desahogo que tuvo mucho de cómico y pudo tener algo de +dramático.</p> + +<p>Es el caso que vieron adelantarse y dirigirse hacia ellas un individuo +de extraña catadura, alto y delgado, vestido con larga hopalanda negra, +y acompañado de otro que formaba con él perfecto contraste, pues era +rechoncho, pequeño y sanguíneo, y llevaba americana gris rabicorta. Al +aspecto de la donosa pareja llovieron los comentarios.</p> + +<p>—El del gabanón parece un cura—dijo Guardiana.</p> + +<p>—No es cura—afirmó la Comadreja—. ¿No le ves unas patillitas como las +de un padronés?</p> + +<p>—Pero, mujer, si lleva alzacuello.</p> + +<p>—¡Qué alzacuello! Corbata negra.</p> + +<p>—El gordo es un <i>inguilis</i>.</p> + +<p>—¡Ay Jesús; parece que le pintaron la barba con azafrán!</p> + +<p>—¿Y aquello qué es? ¡Madre mía de la Guardia!; un anteojo en un ojo +solo, y colgado en el aire; ¡mira, mira!</p> + +<p>—Callar, que vienen para acá.</p> + +<p>—Vienen aquí en derechura.</p> + +<p>—No, mujer.</p> + +<p>—¡Dale! Vienen y vienen. ¿Te convences, porfiosa?</p> + +<p>—Es que les gustaste tú.</p> + +<p>—No, tú. El del azafrán viene a casarse contigo.</p> + +<p>—Pues a ti te mira mucho el clérigo mal comparado.</p> + +<p>—¡Chssss! Callar, que están cerca, alborotadoras de Judas.</p> + +<p>—¡Callaban! Que callen ellos si les da la gana.</p> + +<p>Y Amparo y Ana cantaron a dúo:</p> + +<p class="noindent"> +<span style="margin-left: 5em;"><i>Me gusta el gallo,</i></span><br /> +<span style="margin-left: 5em;"><i>Me gusta el gallo,</i></span><br /> +<span style="margin-left: 5em;"><i>Me gusta el gallo</i></span><br /> +<span style="margin-left: 5em;"><i>Con azafrán...</i></span><br /> +</p> + + +<p>No obstante estos primeros indicios de hostilidad, los dos graves +personajes se aproximaban al corro, con mucha prosopopeya. El de la +hopalanda, no bien se acercó lo suficiente, pronunció un «a los pies de +ustedes, zeñoras», que hubiera provocado una explosión de carcajadas, si +al pronto no pudiese más la curiosidad que la risa. ¡Tenía el bueno del +hombre una voz tan rara, ceceosa a la andaluza, y una pronunciación tan +recalcada!</p> + +<p>—Tengo el honor—prosiguió, metiendo las manos en los bolsillos de su +inmenso tabardo—de ofrecer a ustedes un librito de lectura muy +provechoza para el espíritu, y espero me dispenzarán el obsequio de +repazarlo con atención. Yo le ruego reflezionen sobre el contenío de +estos imprezo, zeñoras mías.</p> + +<p>Diciendo y haciendo, les presentaba tres o cuatro volúmenes empastados, +y un haz de hojas volantes. Nadie estiró la mano para recoger los +<i>imprezo</i>, y él fue depositando suavemente en los regazos de las +muchachas el alijo. El inglés tripudo observaba el reparto con su +fulgurante monóculo.</p> + +<p>—¡Así Dios me salve (Ana fue la primera en hablar), yo conozco a estos +pajarracos! Oyes tú, Bárbara, ¿este no es el que puso la capilla en la +cuadra?</p> + +<p>—El mismo... es el que berrea allí por las tardes.</p> + +<p>—¿El que le dio los cuartos a la Píntiga?</p> + +<p>—Sí, mujer.</p> + +<p>—Y este, ¿no dice que fue cura?</p> + +<p>—Dice que sí, allá en su país, y que ahora es cura de ellos, y está +casado....</p> + +<p>—¡Casado!!!</p> + +<p>—Bueno, está... con una viuda. Ya tienen...—y la muchacha remedó +burlescamente el llanto de un recién nacido.</p> + +<p>—¿Y el otro bazuncho?</p> + +<p>—Es el que...—y frotó el índice con el pulgar, ademán expresivo que +significa en todas partes soltar dinero.</p> + +<p>Mientras duraban estas explicaciones en voz baja, Amparo había leído el +título de algunos folletos: <i>«La verdadera Iglesia de Jesús.... La +redención del alma.... Cristo y Babilonia.... La fe del cristiano +purificada de errores.... Roma a la luz de la razón...»</i>. Entre los +retazos del diálogo que llegaban a sus oídos y los fragmentos de hoja +impresa en que fijaba la vista, penetró el misterio. Levantose grave, +determinada, como el día que peroró en el banquete del Círculo Rojo.</p> + +<p>—Oiga usté—pronunció con tono despreciativo—, esto que nos ha dado +usté no nos hace falta, ni para nada lo queremos. Vaya usté a engañar +con ello a donde haya bobos.</p> + +<p>—Zeñora, no ha zío mi ánimo....</p> + +<p>—Pensará usté que somos como otras, infelices, que las compran ustés +por una triste peseta; pues sepa usté, repelo, que acá ni por las minas +del Potosí renegamos como San Judas.</p> + +<p>—Zeñora... hermanas mía... tómense uzté la molestia de reflezionar, y +verán la puresa de mi intencionez, que zon darle a conosé la doctrina de +Jezú nuetro Zalvaor....</p> + +<p>Pronta como un rayo, y con fuerzas que duplicaba la cólera, Amparo +desbarató la encuadernada Biblia, hizo añicos las hojas volantes, y lo +disparó todo a la cara afilada del catequista y a la rubicunda del +silencioso inglés, los cuales, habituados, sin duda, a tal género de +escenas, volvieron grupas y trataron de escurrirse lo más pronto posible +entre el concurso. Por su mal, era éste tan apretado y numeroso en aquel +sitio, que o tenían que retroceder, dar un rodeo y volver a cruzar ante +el grupo de muchachas, o aguardar una ocasión de enhebrarse por medio de +la gente. Optaron por lo primero, y avínoles mal, porque Amparo, como el +corcel de batalla que ha olido la sangre, dilatadas las fosas nasales, +brillantes los ojos, se preparaba a renovar la lid, animando a sus +compañeras.</p> + +<p>—Son los protestantes. A correrlos.</p> + +<p>—A correrlos: ¡viva!</p> + +<p>—Van a pasar otra vez por aquí... ánimo... a ver quién les acierta +mejor.</p> + +<p>—¡Que vengan, que vengan! ¡Ahora entra lo bueno! Recelosos, arrimados +el uno al otro, probaron a deslizarse los dos apóstoles sin ser +observados de las mozas, que ya los aguardaban haldas en cinta. Así que +los vieron a tiro, enarbolaron cuál medio pan, cuál un trozo de +empanada, cuál una pera, y Ana, rabiosa, no encontrando proyectil a +mano, cogió a puñados la tierra para arrojársela. Cayó la granizada +sobre los protestantes cuando menos se percataban de ello; un queso se +aplanó sobre la faz del inglés, rompiéndole el monóculo; un gajo de +cerezas despedido por el hermano de Guardiana se estrelló en la nuca del +ministro, embadurnándosela lastimosamente. Al par que bombardeaban, +denostaban las intrépidas muchachas al enemigo.—Tomar, a ver si +reventáis—chillaba la Comadreja.—De parte de Nuestra Señora—gritaba +Guardiana.—Para que volváis a dar dinero por hacer maldades—vociferaba +Amparo lanzando con notable acierto un tenedor de palo al cura. Cerrados +los puños como para boxear, inyectado el rostro, fieros los azules ojos, +vínose sobre el grupo el hijo de la Gran Bretaña, resuelto, sin duda, a +hacer destrozos en las heroínas; amenazadora actitud que redobló el +coraje de estas.</p> + +<p>—Venga usté, venga usté, que aquí estamos, le decía Amparo con voz +vibrante, bella en su indignación como irritada leona, asiendo con la +diestra una botella; mientras Ana, pálida de ira, se apoderaba de la +cazuela en que había venido el guisado, y las restantes amazonas +buscaban armamento análogo. Pero ya, al ruido de la escaramuza, se +arremolinaba gente, y gente adversa a los catequistas, a quienes +conocían bastantes de los espectadores; y el ministro, verde de miedo, +con turbada lengua aconsejaba a su acompañante una prudente retirada.</p> + +<p>—Éjelas, míter Ezmite... (Smith). Éjelas, que no zaben lo que jazen... +Éjelas, que aquí nadie noz efenderá, de eguro.... Yo debo ar ejemplo de +manzedumbre....</p> + +<p>No hizo caso <i>míter Ezmite</i>, por demás mohíno y amostazado con el +bombardeo de comestibles; pero antes de que llegase al grupo cumpliose +la profecía del ministro, interponiéndose más de treinta personas, que +rodearon a los malaventurados apóstoles apretándolos en términos que no +les dejaban respirar. A poca distancia un agente de policía presenciaba +una rifa, y aunque harto veía con el rabo del ojo el motín, no dio el +más leve indicio de querer intervenir en él, y basta que vio a los dos +catequistas abrirse paso trabajosamente y huir como perro con maza, +perseguidos por la rechifla general, no volvió la cabeza ni se acercó, +preguntando al descuido: «¿Qué pasa aquí, señores?».</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XXVI" id="XXVI"></a><a href="#capitulos">-XXVI-</a></h2> + +<h3>Lados flacos</h3> + + +<p>Para la Comadreja el desenlace de la romería fue delicioso: comenzaron a +llover gotas anchas cuando ya se aproximaba la noche, y vino el capitán +mercante a ofrecerle el brazo y un paraguas. A la luz de los faroles de +la calle, que rielaba en el mojado pavimento, Amparo vio alejarse a la +pareja y quedose poseída de una especie de tristeza interior que rara +vez domina a los temperamentos sanguíneos, alegres de suyo. Aquella +melancolía atacaba a la Tribuna desde que no alimentaba su viva +imaginación con espectáculos políticos y desde que al bullicio de la +Unión del Norte sucedió la habitual y uniforme vida obrera de antes, sin +asomo de conspiración ni de otros romancescos incidentes. Por +distraerse, habló más con Ana de amoríos y menos de política. Ana se +prestaba gustosa a semejantes coloquios. Llegó la Tribuna a saber de +memoria al capitán de la <i>Bella Luisa</i>, sus hábitos, sus viajes, sus +caprichos, y el eterno proyecto de matrimonio, diferido siempre por +altas razones de conveniencia, que explicaba Ana con sumo juicio y +cordura. Si ella se quisiese casar con algún <i>artista</i> de esos +ordinarios, un zapatero, verbigracia, cansada estaría de tener marido; +pero ¿para qué? Para cargarse de familia, para vivir esclava, para +sufrir a un hombre sin educación. No en sus días.</p> + +<p>—¿Y si te deja plantada Raimundo?—preguntaba Amparo nombrando al galán +de su amiga, como lo hacía esta, por el nombre de pila.</p> + +<p>—¡Qué ha de dejar, mujer... qué ha de dejar! ¡Diez años de relaciones! +Y luego, aquel señorío de estar tanto tiempo con un chico fino, eso no +me lo quita nadie.</p> + +<p>Amparo protestó: ella no entraba por cosas de ese jaez; quería poder +enseñar la cara en cualquier parte; quería, como dijeron los señores de +la Unión, moral y honradez ante todo.</p> + +<p>—¿Si pensarás tú—replicó Ana viperinamente—que el de Sobrado venía a +casarse contigo?</p> + +<p>—¿El de Sobrado? ¿Y qué tengo yo que ver con el de Sobrado?</p> + +<p>—Anduvo tras de ti, y si no estuviese fuera, sabe Dios.... No digas, +mujer, no digas, que bastantes veces lo encontré yo por los alrededores +de la Fábrica.</p> + +<p>—Bueno, bueno, ¿y qué? ¿Por qué, un suponer, no se había de casar +conmigo? Yo seré de igual madera que otras que pertenecían a mi clase, y +ahora.... Tú bien conoces a la de Negrero... aquella tan guapa que lleva +abrigo de terciopelo y capota de tul blanco.... Pues, hija mía, +sardinera del muelle primero, cigarrera después, y luego la vino Dios a +ver con ese marido tan rico.... ¿Y la de Álvarez? A esa la acuerdan aquí +liando puros, y en el día tiene una casa de tres pisos y un buen +comercio en la calle de San Efrén.... ¿Y la que casó con aquel coronel +del regimiento de Zaragoza?... Una chiquilla, que también hacía +pitillos.... En la actualidad, para más, hay el aquel de que las clases +son iguales; ese rey que trajeron dice que da la mano a todo el mundo, y +la mujer abrazó en Madrí a una lavandera; y si viene la federal, +entonces....</p> + +<p>—Sí, sí, vele con eso a doña Dolores, la de Sobrado.</p> + +<p>—¡Pues.... Jesús, Ave María! ¡No se allegue usted, que mancho! Me +parece a mí que los de Sobrado no son de allá de la aristocracia, ni del +barrio de Arriba. Aún hay quien los vio cargando fardos en el almacén de +Freixé, el catalán; que por ahí empezaron, ¡repelo! Hijos del trabajo, +como tú y como yo.</p> + +<p>—Pero, mujer, si ya se sabe que son así; nada y nada, y vanidá que les +parte el alma. Como el hijo es de tropa piensan que sólo la Princesa de +Asturias sirve para él.... Mira tú como ahora que las de García pierden +el pleito están medio reñidas con ellas.... Y eso que la mayor de +Sobrado, la Lolita, no quiso apartarse de la amiga y sigue yendo +allá....</p> + +<p>—Bien; pues ellos no nos querrán a los demás, pero los demás bien nos +valemos sin ellos.... Para comer yo no les he de pedir. Y el hijo, si me +quiere decir algo, ha de ser con el cura de la mano, que si no....</p> + +<p>Echose a reír la Comadreja y le citó ejemplos dentro de la misma +Fábrica: ¿qué les había sucedido a Antonia, a Pepita, a Leocadia?, y +eran las que más hablaban y más cosas decían. La que se conformaba con +los de su clase, aún menos mal; pero la que andaba con señores.... Esas +cosas—añadía la Comadreja—no tienen remedio; nos hacen ver lo negro +blanco....</p> + +<p>—Si me quisiera perder—exclamó ofendida Amparo—no me faltaría por +dónde, como a todas.</p> + +<p>—¡Bueno! No cuadró, mujer, que lo demás.... También no te gustarían los +que se te pusieron delante, porque hay hombres que se tiraría uno a la +bahía por ellos, y otros que ni forrados de onzas.... Y a veces los que +le chistan a uno no se dan por entendidos.... Y al fin y al cabo, hija, +¿qué se gana con vivir mártir? Nadie cree en la dinidá de una pobre.</p> + +<p>—¿Y por qué ha de ser así? ¡Esa no es ley de Dios!</p> + +<p>—No, pero... ¿qué quieres tú?</p> + +<p>Quedábase Amparo pensativa. Cuantas sugestiones de inmoralidad trae +consigo la vida fabril, el contacto forzoso de las miserias humanas; +cuantas reflexiones de enervante fatalismo dicta el convencimiento de +hallarse indefenso ante el mal, de verse empujado por circunstancias +invencibles al precipicio, pesaban entonces sobre la cabeza gallarda de +la Tribuna. Acaso, acaso tenía sobrada razón la Comadreja. ¿De qué sirve +ser un santo si al fin la gente no lo cree ni lo estima; si por más que +uno se empeñe, no saldrá en toda la vida de ganar un jornal miserable; +si no le ha de reportar el sacrificio honra ni provecho? ¿Qué han de +hacer las pobres, despreciadas de todo el mundo, sin tener quien mire +por ellas, más que perderse? ¡Cuántas chicas bonitas, y buenas al +principio, había visto ella sucumbir en la batalla, desde que entró en +su taller! Pero... vamos a cuentas—añadía para su sayo la oradora—: +diga lo que quiera Ana, ¿no conozco yo muchachas de bien aquí? ¡Está esa +Guardiana, que es más pobre que las arañas y más limpia que el sol! Y de +fea no tiene nada; es así delgadita.... Ella se confiesa a menudo... +dice que el confesor le aconseja bien....</p> + +<p>Amparo se quedó cada vez más pensativa después de esta observación.</p> + +<p>—Yo, confesar, me confesaría.... Pero luego... si el cura sabe que me +meto en política.... ¡Bah! Bien basta en Semana Santa.... Tampoco yo, +gracias a Dios, no soy ninguna perdida... ¡me parece!</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XXVII" id="XXVII"></a><a href="#capitulos">-XXVII-</a></h2> + +<h3>Bodas de los pajaritos</h3> + + +<p>Regresó Baltasar de Navarra y las Provincias firmemente resuelto a +estrujar la vida, como si fuese un limón, para exprimirle bien el zumo. +Habiendo visto de cerca la guerra civil, comprendió que no hacía sino +empezar y que prometía ser encarnizada y duradera, a pesar de que la +<i>Gaceta</i> anunciaba diariamente la dispersión de las últimas partidas y +la presentación del postrer cabecilla. Desde luego Baltasar traía un +grado más, y ganas de precipitarse en algún abismo cubierto de flores, +ya que las balas carlistas se lo toleraban. Vista de lejos, la opinión +pública de su ciudad natal le pareció mucho menos temible, y resolviose +a arrostrarla, en caso de necesidad, si bien con maña y no provocándola +de frente.</p> + +<p>Más de una vez, en la ligera tienda de campaña o en algún caserío +vascongado, se acordó de la Tribuna y creyó verla con el rojo mantón de +Manila o con el traje blanco y azul de grumete. Las mujeres que +encontraba por aquellos países no le distrajeron, porque eran la mayor +parte toscas aldeanas curtidas del sol, y si tropezó con alguna beldad +<i>éuskara</i>, esta, en vez de sonreír al oficial amadeísta, le echó mil +maldiciones. Además, Baltasar, frío y concentrado, no era de los que +toman por asalto un corazón en un par de horas. De suerte que al volver +a Marineda, en vez de rondar la Fábrica, como antes, se resolvió, desde +el primer día, a acompañar a Amparo cuando la viese salir; y ejecutó el +propósito con su serenidad habitual. Mucho le favoreció para estos +acompañamientos el cambio de domicilio de la muchacha, que vivía cerca +del alto de la cuesta de San Hilario, en una casita que daba a la +Olmeda, desde que faltando el señor Rosendo y Chinto, el bajo de la +calle de los Castros se hizo muy caro y muy lujoso para dos mujeres +solas. Como la Olmeda puede decirse que es un rincón campestre, prestose +al naciente idilio con el género de complacencia que hace de la +naturaleza amiga perenne de todos los enamorados, hasta de los menos +poéticos y soñadores.</p> + +<p>Febrero vio la aurora de aquel amor en un día clásico, el de la +Candelaria, en que, según el dicho popular, celebran los pajaritos sus +bodas sobre las ramas todavía desnudas de los árboles, para que con la +llegada de la primavera coincida la fabricación del nido. Las vísperas +de la fiesta eran muy señaladas en la Fábrica: andaban esparcidos por +las estanterías, sobre los altares, ocultos en los justillos de las +mujeres, mezclados con la hoja, haces de rama de romero, y su perfume +tónico y penetrante vencía al del tabaco mojado. En el centro de los +haces se hincaban candelicas de blanca cera, y había de otras candelas +largas y amarillas, compradas por varas y que se cortaban en trozos para +hacer cuantas luces se quisiese; siendo el origen de traer estas +candelas la creencia de que los niños muertos antes del bautismo y +sepultados en las tinieblas del limbo sólo el día de la Candelaria ven +un rayo de claridad, la de la luz que encienden, pensando en ellos, sus +madres. Al día siguiente, en la iglesia, envueltas en el romero bendito, +habían de arder todas las velitas microscópicas.</p> + +<p>Ya se comprende que entre las cigarreras marinedinas—cuatro mil mujeres +al fin y al cabo—había muchas que querían enviar a sus hijos difuntos +aquella caricia de ultratumba, fundir el hielo de la muerte al calor de +la pobre candelilla; por otra parte, aun las que no tenían niños vivos +ni difuntos habían comprado romero gustándoles su olor, y propuestas a +llevarlo a la misa de la Candelaria, que al fin, como decía la señora +Porcona con tono sentencioso, era «un día de los más grandes, +hiiiigas... porque fue cuando la Virgen sintió el primer dolorito, por +razón de que un cura que le llamaban Simeón le anunció lo que tenía que +pasar Cristo en el mundo». La tarde de la Candelaria, Amparo, llevando +el romero bendito oculto en el pecho, despedía un aroma balsámico, que +pudiera tomarse por suyo propio; tal era la lozanía y vigor de su +organismo, cuya robustez, vencedora en la lucha con el medio ambiente, +había crecido en razón directa de los mismos peligros y combates. Si la +labor sedentaria, la viciada atmósfera, el alimento frío, pobre y +escaso, eran parte a que en la Fábrica hiciesen estragos anemia y +clorosis, el individuo que lograba triunfar de estas malas condiciones +ostentaba doble fuerza y salud. Así le acontecía a la Tribuna.</p> + +<p>Como era día festivo, Baltasar no la esperó a la salida de la Fábrica, +sino en la Olmeda, a corta distancia de su casita. Había llegado +Baltasar al mayor número de pulsaciones que determinaba en él la +calentura amorosa. Su pasión, ni tierna, ni delicada, ni comedida, pero +imperiosa y dominante, podía definirse gráfica y simbólicamente +llamándola apetito de fumador que a toda costa aspira a fumar el más +codiciadero cigarro que jamás se produjo, no ya en la Fábrica de +Marineda, sino en todas las de la Península. Amparo, con su garganta +tornátil gallardamente puesta sobre los redondos hombros, con los tonos +de ámbar de su satinada, morena y suave tez, parecíale a Baltasar un +puro aromático y exquisito, elaborado con singular esmero, que estaba +diciendo: «Fumadme». Era imposible que desechase esta idea al contemplar +de cerca el rostro lozano, los brillantes ojos, los mil pormenores que +acrecentaban el mérito de tan preciosa <i>regalía</i>. Y para que la +similitud fuese más completa, el olor del cigarro había impregnado toda +la ropa de la Tribuna, y exhalábase de ella un perfume fuerte, poderoso +y embriagador, semejante al que se percibe al levantar el papel de seda +que cubre a los habanos en el cajón donde se guardan. Cuando por las +tardes Baltasar lograba acercarse algún tanto a Amparo e inclinaba la +cabeza para hablarle, sentíase envuelto en la penetrante ráfaga que se +desprendía de ella, causándole en el paladar la grata titilación del +humo de un rico veguero y el delicioso mareo de las primeras chupadas. +Eran dos tentaciones que suelen andar aisladas y que se habían unido, +dos vicios que formaban alianza ofensiva, la mujer y el cigarro +íntimamente enlazados y comunicándose encanto y prestigio para +trastornar una cabeza masculina.</p> + +<p>El día espiraba tranquilamente en aquella alameda, que en hora y +estación semejante era casi un desierto. Sentáronse un rato Baltasar y +la Tribuna en el parapeto del camino, protegidos por el silencio que +reinaba en torno, y animados por la complicidad tácita del ocaso, del +paisaje, de la serenidad universal de las cosas, que los sepultaba en +profundo caimiento de ánimo, que relajaba sus fibras infundiéndoles +blanda pereza muy semejante a la indiferencia moral. El sol languidecía +como ellos; la naturaleza meditaba. Hasta la bahía se hallaba +aletargada; un gallardo queche blanco se mantenía inmóvil; dos paquetes +de vapor, con la negra y roja chimenea desprovista de su penacho de +humo, dormitaban, y solamente un frágil bote, una cascarita de nuez, +venía como una saeta desde la fronteriza playa de San Cosme, impulsado +por dos remeros, y el brillo del agua, a cada palada, le formaba movible +melena de chispas. Por donde no alcanzaban el último resplandor solar, +las olas estaban verdinegras y sombrías; al Poniente, dorada red de +movibles mallas parecía envolverlas.</p> + +<p>A medida que avanzaba la sombra, levantábase del mar una brisa fresca, +que agitaba por instantes los picos del pañuelo de Amparo y los cabellos +rubios de Baltasar, en los cuales se detenían las postreras luces del +sol, haciendo de su cabeza una testa de oro. Presto la abandonaron sin +embargo, y asimismo las montañas del horizonte empezaron a confundirse +con el agua, mientras la concha blanca del caserío marinedino se +destacaba aún, pero perdiéndose más cada vez, como si al ausentarse la +claridad se llevase consigo el rosario de edificios y el encendido +fulgor de los cristales en las galerías. Marineda, la <i>Nautilia</i> de los +romanos, se envolvía en una clámide de tinieblas. En breve comenzaron a +distinguirse algunas luces que oscilaban sobre la masa oscura de la +población, y presto se cubrió toda ella de puntos lucientes como +estrellas de oro en un celaje sombrío. La noche, que ya mostraba el +cuerpo entero, era de esas lácteas, pero frías, en que el equinoccio de +primavera se anuncia por no sé qué vaga trasparencia del cielo y del +aire, y en modo alguno por la temperatura, que más bien parece +recrudecerse. Baltasar y la muchacha, obligados quizá por el helado +ambiente, se aproximaban el uno al otro, hablando no obstante de cosas +indiferentes y poco importantes.</p> + +<p>—No, Bilbao no es más bonito... ni tampoco Santander, digan lo que +quieran los santanderinos, que son muy patriotas. ¿Sabe usted lo que ha +mejorado Marineda? ¿Y lo que está llamada a mejorar todavía? Esto crece +a cada paso; vamos a tener barrios nuevos, magníficos, a la americana, +ahí donde usted ve aquella lucecita... todo por ahí, a lo largo del +baluarte.</p> + +<p>—¿Y Madrí? ¿Es mucho mejor que Marineda?—interrogó Amparo por decir +algo, enrollando un cabo de su pañuelo.</p> + +<p>—¡Ah! Madrid, ya ve usted... al fin y al cabo, es la corte.... Sólo la +calle de Alcalá....</p> + +<p>Este apacible diálogo encubría en Baltasar tempestuosos pensamientos; +pero como no carecía de penetración y sabía que la muchacha era honrada, +y orgullosa, y vivía de su trabajo, comprendió que no debía tratarla +como a cualquier criatura abyecta, sino empezar mostrándole cierta +deferencia y aun respeto, género de adulación a que es más sensible +todavía la mujer del pueblo que la dama de alto copete, habituada ya a +que todos le manifiesten cortesía y miramientos. Lisonjeó mucho a la +Tribuna el ver que se habían con ella lo mismo que con las señoritas, y +auguró bien del rendido galán. Mas tan luego como la noche cauta señoreó +absolutamente el escenario, Baltasar creyó poder apoderarse a hurto de +una mano morena, hoyosa y suave al tacto como la seda. Amparo pegó un +respingo.</p> + +<p>—Estese usted quieto.... Y va de dos veces que se lo digo, caramba.</p> + +<p>—¿Por qué me trata usted así?—preguntó con pena fingida Baltasar, que +en sus adentros renegaba de la virtud plebeya ¿Qué mal hay en...?</p> + +<p>—¿Por qué?—repitió Amparo con sumo brío—. Porque no me conviene a mí +perderme por usted ni por nadie. ¡Sí que es uno tan bobo que no conozca +cuando quieren hacer burla de uno! Esas libertades se las toman ustedes +con las chicas de la Fábrica, que son tan buenas como cualquiera para +conservar la conducta. ¿A que no hace usted esto con la de García, ni +con las señoritas de la clase de usted?</p> + +<p>—¡Diantre!—pensó Baltasar—: no es boba.</p> + +<p>Y al punto, mudando de táctica, habló con gran rapidez, diciendo que +estaba enamorado, pero de veras; que para él no había categorías, +distinciones ni vallas sociales, encontrándose el amor de por medio; que +Amparo era tanto como la más encopetada señorita, y que su desliz no +provenía de falta de respeto, sino de sobra de cariño: todo lo cual +acompañó con mil dulces e insinuantes inflexiones de voz. Amparo +respondió estableciendo su credo y sus principios: ella no quería ser +como otras chicas conocidas suyas, que por fiarse de un pícaro allí +estaban perdidas: ella bien sabía lo que pasaba por el mundo, y cómo los +hombres pensaban que las hijas del pueblo las daba Dios para servirles +de juguete: lo que es ella, bien se había de librar de eso; bueno que se +hablase un rato, en lo cual no hay malicia; pero ciertas libertades, no; +ya podía saberlo el que se arrimase a ella. Baltasar juró y perjuró que +su amor era de la más probada y acendrada pureza, y que sólo limpios e +hidalgos propósitos cabían en él; y en el calor de la discusión, los dos +interlocutores se volvieron a hallar sentados en el parapeto, y la mano +antes esquiva se mostró más tratable, consintiendo que la prendiesen dos +manos ajenas.</p> + +<p>—Hoy se casan los pajaritos—murmuró Baltasar después de un breve +instante de silencio.</p> + +<p>—Día de la Candelaria.... Hoy se casan—repitió ella con turbada voz, +sintiendo en la palma de la mano el calor de la diestra de Baltasar, que +amorosamente la oprimía. Pero él fue discreto y no quiso abusar de la +victoria, por temor de perder las ventajas adquiridas, y también porque +empezaba a correr agudo frío en la solitaria alameda, y Amparo se +levantó quejándose del relente y del aire, que cortaba como un cuchillo. +Cruzáronse dos protestas de ternura, en voz baja, envueltas en el último +apretón de manos, delante de la casa de la pitillera.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XXVIII" id="XXVIII"></a><a href="#capitulos">-XXVIII-</a></h2> + +<h3>Consejera y amiga</h3> + + +<p>Alguna que otra vez volvía Amparo a visitar su antigua calle, por ver a +los amigos que allí había dejado. Pocos días después del de la +Candelaria sintió deseos de realizar una expedición hacia aquella parte. +Halló todo en el mismo estado; el barbero, muy ocupado en descañonar a +un sargento, la saludó jovialmente; a la puerta de su casa divisó a la +señora Porreta tomando el fresco, o el sol, que ambas cosas faltaban +dentro del tugurio de la comadrona, la cual hacía extraña y risible +figura sentada en una silleta baja, y muy esparrancada; sus pies, +calzados con zapatillas de orillo, miraban uno a Poniente y otro a +Levante; tenía caídas las medias, por deficiencia de ligas sin duda; en +el formidable hueco del regazo descansaban sus manos, y mientras una +chiquilla encanijada, nieta suya, le peinaba las canas greñas y le hacía +dos <i>chichos</i> tamaños como bellotas, la insigne matrona no perdía el +tiempo, y calcetaba con diligencia manejando las metálicas agujas, que +despedían vivos fulgores. Al ver a la Tribuna, se echó a reír con opaca +risa.</p> + +<p>—Hola, chica... salú y fraternidá. ¿Cómo está tu madre? ¿Y la +revolusión, cuándo la hasemos? ¿Cuándo me preclamas a mí reina de +España?</p> + +<p>Y como Amparo procurase escabullirse, la vieja subió el tono de sus +carcajadas, semejantes al chirrido de una polea, y que hacían retemblar +su vientre de ídolo chino.</p> + +<p>—Sí, escápate, escápate...—murmuró—. Ahora bien te escapas.... Ya +bajarás la soberbia cuando yo te haga falta... ¿oyes, Amparo? Cuando +necesitáis a la señora Pepa, venís como corderitos.... ¡Quién te verá +aquel día!, ¿eh?</p> + +<p>—Dios delante, señora Pepa—contestó altiva y picada Amparo—, otras la +llamarán más pronto, señora.</p> + +<p>—¡Sí, sí... echar por la boca! El tiempo todo lo vense—afirmó con +profético acento la comadre, cogiendo una hilera de puntos que se le +había soltado al reír.</p> + +<p>Siguió Amparo calle adelante, y llamó al tablero de Carmela la encajera; +pero con gran sorpresa suya, en vez de abrirse este, se entreabrió la +puerta interior que comunicaba con el portal, y se asomó Carmela +animada, encendida la tez y con un júbilo nunca visto en ella.</p> + +<p>—Entra, entra—dijo a la pitillera.</p> + +<p>Esta entró. El cuartito estaba en desorden; recogida la almohadilla de +los encajes; había un baúl abierto y ya casi colmado, y los cuadros de +lentejuela y estampas devotas, que solían adornar las paredes, faltaban +de ellas.</p> + +<p>—Hola... ¿parece que vamos de viaje?—preguntó Amparo.</p> + +<p>La respuesta de la encajera fue echarle al cuello los brazos, y +pronunciar, con voz entrecortada de alegría:</p> + +<p>—¿Luego tú no sabes, no sabes que Dios me dio la sorpresa? Ya tengo el +dote, chica... me voy a Portomar a ver si me reciben allá en el +convento....</p> + +<p>—¡Ahora que dicen que se acaban las monjas!</p> + +<p>—Las de Portomar no, mujer... esas no... hay un señorón liberal, allá +en Madrí, que pidió por ellas....</p> + +<p>—Pero... ¿y cómo, quién te dio el dote?</p> + +<p>—Verás.... Yo echaba todos los meses un décimo a la lotería... todos +los meses. Tú ya sabes que la tía me hacía trabajar los domingos por la +mañana; pero por las tardes, decía: «Anda, distráete... vete un poco a +rezar a la iglesia». Bien. Pues, señor, yo en vez de rezar, iba, ¿y qué +hacía? Trabajaba unas puntillitas estrechas, sin que la tía lo supiese, +y se las vendía a una mujer del mercado, diciéndole a Nuestra Señora: +«No es pecado esto que hago, porque es para sacar a la lotería, y si +saco es para entrar monja...». Pues etaquí que cada mes me tomaba mi +décimo, y para que saliese bien, siempre echaba con algún santo. Unas +veces llevaba de compañero a San Juan Bautista; otras, a San Antonio; +otras, a Santa Bárbara... y nada: ni tristes cinco duros. Entonces dije +yo para mí: hay que ir a la fuente limpia; estos compañeros no valen. ¿Y +qué se me ocurrió? Tomé un decimito con un número muy lindo, mil ciento +veintidós, y se lo fui a llevar al Niño Dios de las Madres Descalzas... +y le dije: mira, Jesusito, si sale premiado, la metá para ti.... Tenía +una carita tan alegre cuando se lo dije, lo mismo que si me entendiese. +Pues ¿quién te dice, mujer...?</p> + +<p>Pausa de gran efecto.</p> + +<p>—¿Quién te dice a ti... que al sorteo voy y miro la lista, y me veo un +mil ciento veintidós como un sol? Me quedé aturdida; y mucho más, porque +el premio era de los grandes: cerca de mil pesos. Sólo que, como la metá +es del Niño, a mí me queda el dote limpio y pelado....</p> + +<p>—¿Y tu tía?—preguntó Amparo, como si censurase el regocijo de Carmela.</p> + +<p>—¿Y sabes, mujer, que yo quise depositar el dote para cuando ella +muriese y quedarme en su compañía, y no quiso? Dice que no, que bien +claro está que Dios me llama para sí... Ella tiene buscada colocación en +casa de un cura... como está así, medio ciega, sólo en un sitio de poco +trabajo puede servir. ¡Ay, Niño Jesús de mi alma! ¡Cuántas lagrimitas +tengo llorado aquí sin que nadie me viese! ¡Qué días! Es mejor hacer +pitillos que encajes, chica. ¡Fumar, siempre fuma la gente; pero los +encajes en invierno... es como vivir de coser telarañas!</p> + +<p>Y levantándose, cogió un tiesto que estaba en la ventana y lo entregó a +Amparo.</p> + +<p>—Toma, me alegro de que vinieses... cuídame mucho la malva de olor, que +por el camino tengo miedo de que se rompa el tarro.</p> + +<p>Amparo cogió el tiesto y respiró el perfume de la planta, hundiendo la +faz entre las aterciopeladas hojas. La encajera la miraba con sus +pupilas siempre melancólicas y serenas.</p> + +<p>—Amparo—dijo de pronto....</p> + +<p>—¿Eh?...—respondió la Tribuna, sorprendida como si la despertasen de +golpe.</p> + +<p>—¿Te enfadas si te digo una cosa?</p> + +<p>—No, mujer... ¿y por qué me he de enfadar?—contestó fijando sus ojos +gruesos y brillantes en la futura concepcionista.</p> + +<p>—Pues quería decirte... que por ahí te pusieron un mote.</p> + +<p>—¿Un mote?, ¿y es cosa mala?</p> + +<p>—Mala... ¡qué sé yo! Te llaman la Tribuna.</p> + +<p>—¿Y quién me lo llama?</p> + +<p>—Los señoritos... los hombres. Dicen que fue porque el día del +convite... no te parezca mal, que a mí me lo contaron así, +inocentemente... te dio un abrazo uno de aquellos señores de la +<i>Samblea</i>... y que te dijo....</p> + +<p>—¡Me llamó Tribuna del pueblo!—exclamó orgullosamente la muchacha—. +¡Ya se ve que me lo llamó!</p> + +<p>—¿Yeso qué es, mujer?</p> + +<p>—¿Lo qué?</p> + +<p>—¿Eso de Tribuna del pueblo?</p> + +<p>—Es... ya se sabe, mujer, lo que es. Como tú no lees nunca un +periódico....</p> + +<p>—Ni falta que me hace... pero dímelo tú, anda.</p> + +<p>—Pues es... así a modo de una... de una que habla con todos, +supongamos....</p> + +<p>—¿Que habla con todos?... ¿y te lo dijo en tu cara?... ¡El Dulce nombre +de María!</p> + +<p>—Pero no hablar por mal, tonta; si no es eso.... Es hablar de los +deberes del pueblo, de lo que ha de hacerse; es istruir a las masas +públicas....</p> + +<p>—Vamos, como una maestra de escuela.... Jesús, si pensé que... ya decía +yo: ¿había de ser tan descarado que se lo encajase allí, sin más ni más? +Pero como por ahí se ríen cuando mentan eso....</p> + +<p>—¡Bah!... no tienen que hacer, y velay.</p> + +<p>—Y... mira, ¿te digo otro cuento?</p> + +<p>—Tú dirás....</p> + +<p>—Me contaron... no tomes pesadumbre, que son dichos... que andaba tras +de ti un señorito... de la oficialidá.</p> + +<p>—¿Y si anda?</p> + +<p>—Y si anda, haces muy mal en hacer caso de un oficial, mujer.... A las +chicas pobres no las buscan ellos para cosa buena, no y no.... Ya las +que son pobres y formales no se arriman porque ven que no sacan raja....</p> + +<p>—¡Eh!, a modo... no la armemos, Carmela. A mí nadie se arrima por la +raja que saque, sino por el aquel de que le gustaré, y vamos andando, +que cada uno tiene sus gustos.... Hoy en día, más que digan los +reacionarios, la istrución iguala las clases, y no es como algún +tiempo.... No hay oficial ni señorito que valga....</p> + +<p>—Mujer, yo no hablé por mal.... Te quise avisar porque siempre te tuve +ley, que eres así... una infeliz, un pedazo de pan en tus +interioridades.... Déjate de políticas, no seas tonta, y de +señoritos.... Fuera de eso, ¿a mí qué se me importa? Es por tu bien....</p> + +<p>Se dispuso Amparo a marcharse, cogiendo debajo del brazo su tarro; pero +la afectuosa encajera la quiso abrazar antes.</p> + +<p>—No quiero que quedemos reñidas.... ¿Vas enfadada? Bien sabe Dios mi +intención.... Escríbeme a Portomar.... Ya te contaré todo, todo.</p> + +<p>Y se asomó a la puerta para ver alejarse a la garbosa muchacha, cuyo +vestido de percal proyectó, por espacio de algunos segundos, una mancha +clara sobre las oscuras paredes de las casas de enfrente.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XXIX" id="XXIX"></a><a href="#capitulos">-XXIX-</a></h2> + +<h3>Un delito</h3> + + +<p>Desde la venida de Amadeo I tenían las cigarreras de Marineda a quien +echar la culpa de todos los males que afligían a la Fábrica. Cuando +caminaba hacia España el nuevo Rey, leíanse en los talleres, con pasión +vehementísima, todos los periódicos que decían: «No vendrá». Y el caso +es que vino, con gran asombro de las operarias, a quienes la prensa roja +había vaticinado que la monarquía era «un yerto cadáver, sentenciado por +la civilización a no abandonar su tumba». Alguna cigarrera abogó por el +hijo de Víctor Manuel, rey liberal al cabo, que daba la mano a todos y +no tenía maldita la soberbia; pero la inmensa mayoría convino en que, al +fin, un rey siempre era un rey, y en que la monarquía no era la +república federal, verdades tan palmarias que, por último, los +disidentes hubieron de reconocerlas.</p> + +<p>Otros motivos de irritación ayudaban a soliviantar los ánimos. +Escaseaban las consignas y la hoja tan pronto era quebradiza y seca, +como podrida y húmeda. No, trabajo habían de pasar los que fumasen +semejante veneno; pero las que lo manejaban también estaban servidas. Al +ir a estirar la hoja para hacer las capas, en vez de extenderse, se +rompía, y en fabricar un cigarro se tardaba el tiempo que antes en +concluir dos; y para mayor ignominia, había que echarle remiendos a la +capa por el revés lo mismo que a una camisa vieja, lo cual era gran +vergüenza para una cigarrera honrada y que sabe su obligación al +dedillo. Las operarias alzaban los brazos ejecutando la desesperada +pantomima popular, llevándose ambas manos a la cabeza, a la frente, al +pecho, señalando con enérgicos ademanes el tabaco averiado e inútil, de +imposible elaboración. Tan alteradas estaban, que al pasar las maestras +les metían puñados de hoja en las narices, gritando que «olía a berzas»; +y, envalentonándose, lo hicieron también con los inspectores, y si el +jefe se hubiera presentado en los talleres, apostaban que con el jefe +repetirían la escena. En vano algunas maestras intentaron calmar el +oleaje prometiendo, para el entrante mes, nuevas consignas: seguían las +turbulencias porque aquel Gobierno maldito, no contento con enviarles +hoja de desperdicio, para más, daba en la flor de no pagarles. Pasaban +días y días sin que la cobranza se abriese, y las pobres mujeres, +tímidamente al principio, después en voz alta y angustiosa, preguntaban +a las maestras: «Y luego, ¿cuándo nos darán los cuartos?». Fue en +<i>crescendo</i> el run run y se convirtió en formidable marejada. El +instinto que impele a los amotinados a ponerse a las órdenes de alguien, +aconsejó a las operarias del taller de cigarrillos arrimarse a Amparo +buscando el calor de su tribunicia frase. Halláronse chasqueadas: Amparo +no dio fuego. Oyó a todas y convino con ellas en que, efectivamente, era +una picardía no pagarles lo suyo; y, ventilado este punto, siguió liando +pitillos, sin añadir arenga, excitación, sermón político ni cosa que lo +valiese. Admiradas se quedaron las turbas de semejante frialdad. ¡Si +pudiesen penetrar en lo íntimo del alma de Amparo, en aquellos +inexplorados rincones donde quizá ella misma no sabía con total +exactitud lo que guardaba! ¡Si hubiesen visto brotar una figurita chica, +chica y remotísima, como las que se ven con los anteojos de teatro +cogidos a la inversa, pero que iba creciendo con rapidez asombrosa, y +que en la nomenclatura interior de las ilusiones se llamaba <i>señora de +Sobrado</i>! ¡Si advirtiesen cómo esa <i>señora</i>, microscópica, aun vestida +del color del deseo, iba avanzando, avanzando, hasta colocarse en el +eminente puesto que antes ocupaba la Tribuna, que se retiraba al fondo +envuelta en su manto de un rojo más pálido cada vez!</p> + +<p>Atribuyose a otras causas la indiferencia de la oradora. Amparo tenía +los dedos listos y una boca no más que mantener; la crisis económica no +podía importarle tanto como a las que reunían seis hijos, tres o cuatro +hermanos, familia dilatada, sin más recursos que el trabajo de una +mujer. El tiempo corría, y en la tienda se cansaban de fiarles; se veían +perdidas, ¿cómo salir del apuro? ¡A los angelitos no era cosa de darles +a comer las piedras de la calle! Guardiana, hablando de su sordo-muda, +partía el corazón; ella primero consentía morir, que privar a la niña de +su cascarillita con azúcar y de su pan fresco de trigo; si era preciso, +pediría una limosna: no sería la primera vez; y al oír esto todas sus +amigas la atajaron: ¡pedir limosna!, ¡qué humillación para la Fábrica! +No; se ayudarían mutuamente, como siempre; las que estaban mejor se +rascarían el bolsillo para atender a las más necesitadas; y en efecto, +así se hizo, verificándose numerosas cuestaciones, siempre con fruto +abundante.</p> + +<p>Cierto día se difundió por la Fábrica siniestro rumor: Rita de la +Riberilla, una operaria, había sido cogida con tabaco. ¡Con tabaco! +¡Jesús, si parecía una santa aquella mujer chiquita, flaca, con los ojos +ribeteados de llorar, que solía atarse a la cara un pañuelo negro a +causa, quizá, del dolor de muelas! Pero algunas cigarreras, mejor +informadas, se echaron a reír: ¿dolor de muelas?, ¡ya baja! Era que su +marido la solfeaba todas las noches, y ella, por tapar los tolondrones y +cardenales, se empañicaba así; también una vez se presentó arrastrando +la pierna derecha y diciendo que tenía reúma, y la reúma era un lapo +atroz sacudido por él. Cuando llevaron a la culpable al despacho del +jefe, lo primero que hizo fue llorar sin responder; y al cabo, hostigada +ya, asaeteada a preguntas, se resolvía a confesar que «el marido» la +abría a golpes si no le llevaba todos los días tres cigarros de a +cuarto.... La Comadreja, con su carilla acutangular, cómicamente +fruncida, remedaba a la perfección los entrecortados sollozos, el hipo y +las súplicas de la delincuente.</p> + +<p>—Tres cig...aaaarros, señor menistrad...ooooor, tres cig...aaaarros +sólo, que aun yo de aquí viva no saaaal...ga si otra triste hilacha de +taaaaab...aco apañé... que yo no lo hiiiice por cudicia, tan cierto como +que Dios bendito está en los diiiivinos sielos, sino que el marido me da +con el formón, que, perdonando la cara de usté, en una pierna me cortó +la carne, que puedo enseñar la llaga, que aún no curó... Y él sólo +quería el tabaco para fuuumar, que no era para vender ni hacer +negocio.... Y ahora yo pierdo el pan, y mis hijos también.... Porque +escuche, y perdone: él me decía: «Ya que no traes cuartos hace un mes a +la casa, tan siquiera trae cigarros...».</p> + +<p>El taller entero, a vueltas de la risa que le causaba la graciosa mímica +de Ana, rompió en exclamaciones de lástima: robar no estaba bien hecho, +claro que no; pero también hay que ponerse en la situación de cada uno; +¿cómo se había de gobernar la infeliz, si su marido la partía y hacía +picadillo con ella? ¡Ay! ¡Dios nos libre de un mal hombre, de un +vicioso! En fin, no era razón dejar morir de hambre a los chiquillos de +la Rita; la Fábrica daba limosna a bastantes pobres de fuera: con más +motivo a los de dentro; y la maestra recorrió el taller con el delantal +hecho bolsa, y llovieron en él cuartos, <i>perros</i> y monedas de diferentes +calibres en gran abundancia. Al llegar frente a Amparo esta tuvo un +rasgo que fue aplaudidísimo y le conquistó otra vez gran popularidad. +Hacía ya una semana que la pitillera vivía del crédito, porque sus +gastos de vestir la traían siempre atrasada; y cuando la cuestora se +acercó a pedirle, no tenía la futura señora de Sobrado ni un ochavo +roñoso en el bolsillo. Pero, cosa de un mes antes, había realizado uno +de sus caprichos, comprando con las economías, en otro tiempo destinadas +a salvar a la Asamblea, un par de pendientes largos de oro bajo, que +eran su orgullo: quitóselos sin vacilar, y los echó en el delantal de la +maestra. Alzose un clamoreo, una aprobación ruidosa y vehemente, gritos +agudos, voces humedecidas por el llanto, bendiciones casi inarticuladas; +y al punto, dos o tres objetos más de escaso valor, una sortija de +plata, un dedal de lo mismo, vinieron despedidos desde las mesas +próximas, cayeron en el delantal y se mezclaron con la calderilla.</p> + +<p>Aquella tarde, al salir de los talleres, vieron las operarias, colgado +cerca del quicio de la puerta, el cartel de rigor: «Habiendo sido cogida +con tabaco en el acto del registro la operaria del taller de cigarros +comunes, Rita Méndez, del partido núm. 3, rancho 11, queda expulsada +para siempre de la Fábrica.—<i>El Administrador Jefe</i>, FULANO DE TAL».</p> + +<p>Colocadas a ambos lados de la escalera, las cuadrilleras vigilaban para +que el despejo se hiciese con orden; y sentadas ya en sus sillas, +esperaban las maestras, más serias que de costumbre, a fin de proceder +al registro. Acercábanse las operarias como abochornadas, y alzaban de +prisa sus ropas, empeñándose en que se viese que no había gatuperio ni +contrabando.... Y las manos de las maestras palpaban y recorrían con +inusitada severidad la cintura, el sobaco, el seno, y sus dedos rígidos, +endurecidos por la sospecha, penetraban en las faltriqueras, separaban +los pliegues de las sayas.... Mientras los bandos de mujeres iban +saliendo con la cabeza caída—humilladas todas por el ajeno delito—, el +reloj antiguo de pesas, de tosca madera, pintado de color de ocre con +churriguerescos adornos dorados, que dominaba el zaguán grave y austero +como un juez, dio las seis.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XXX" id="XXX"></a><a href="#capitulos">-XXX-</a></h2> + +<h3>Dónde vivía la protagonista</h3> + + +<p>El barrio de Amparo era de gente pobre; abundaban en él cigarreras, +pescadores y <i>pescantinas</i>. Las diligencias y los carruajes, al cruzarlo +por la parte de la Olmeda, lo llenaban de polvo y ruido un instante; +pero presto volvía a su mortecina paz de aldea. Sobre el parapeto del +camino real que cae al mar estaban siempre de codos algunos marineros, +con gruesos zuecos de palo, faja de lana roja, gorro catalán; sus +rostros curtidos, su sotabarba poblada y recia, su mirar franco, decían +a las claras la libertad y rudeza de la existencia marítima; a pocos +pasos de este grupo, que rara vez faltaba de allí, se instalaba, en la +confluencia de la alameda y la cuesta, el mercadillo: cestas de +marchitas verduras, pescados, mariscos; pero nunca aves ni frutas de +mérito.</p> + +<p>Lo más característico del barrio eran los chiquillos. De cada casucha +baja y roma, al lucir el sol en el horizonte, salía una tribu, una +pollada, un hormiguero de ángeles, entre uno y doce años, que daba +gloria. De ellos los había patizambos, que corrían como asustados +palmípedos; de ellos, derechitos de piernas y ágiles como micos o +ardillas; de ellos, bonitos como querubines, y de ellos, horribles y +encogidos como los fetos que se conservan en aguardiente. Unos daban +indicios de no sonarse los mocos en toda su vida, y otros se oreaban sin +reparo, teniendo frescas aún las pústulas de la viruela o las ronchas +del sarampión; a algunos, al través de la capa de suciedad y polvo que +les afeaba el semblante, se les traslucía el carmín de la manzana y el +brillo de la salud; otros ostentaban desgreñadas cabelleras, que si +ahora eran zaleas o ruedos, hubieran sido suaves bucles cuando los +peinaran las cariñosas manos de una madre. No era menos curiosa la +indumentaria de esta pillería que sus figuras. Veíanse allí gabanes +aprovechados de un hermano mayor, y tan desmesuradamente largos, que el +talle besaba las corvas y los faldones barrían el piso, si ya un +tijeretazo oportuno no los había suprimido; en cambio, no faltaba +pantalón tan corto, que, no logrando encubrir la rodilla, arregazaba +impúdicamente descubriendo medio muslo. Zapatos, pocos, y esos muy +estropeados y risueños, abiertos de boca y endeblillos de suela; ropa +blanca, reducida a un jirón, porque, ¿quién les pone cosa sana para que +luego se revuelquen en la carretera, y se den de mojicones todo el santo +día, y se cojan a la zaga de todos los carruajes, gritando: «¡Tralla, +tralla!»?</p> + +<p>De lo que ninguno carecía era de cobertera para el cráneo: cuál lucía +hirsuta gorra de pelo, que le daba semejanza con un oso; cuál un +agujereado fieltro sin forma ni color; cuál un canasto de paja tejido en +el presidio, y cuál un enorme pañuelo de algodón, atado con tal arte, +que las puntas simulaban orejas de liebre. ¡Oh, y qué cariño profesaban +los benditos pilluelos a aquella parte de su vestido! Antes se dejarían +cortar el dedo meñique, que arrancar la gorra o el sombrero; nada les +importaba volver a casa de noche sin una pierna del calzón o sin un +brazo de la chaqueta; pero tornar con la cabeza descubierta sería para +ellos el más grave disgusto.</p> + +<p>Vivía el barrio entero en la calle, por poco que el tiempo estuviese +apacible y la temperatura benigna. Ventanas y puertas se abrían de par +en par, como diciendo que donde no hay, no importa que entren ladrones; +y en el marco de los agujeros por donde respiraban trabajosamente los +ahogados edificios, se asomaba ya una mujer peinándose las guedejas, y +de la cual sólo distinguía el transeúnte la rápida aparición del brazo +blanco y la oscura aureola del cabello suelto; ya otra, remendando una +saya vieja; ya lactando a un niño, cuyas carnes rollizas doraba el sol; +ya mondando patatas y echándolas, una a una, en grosera cazuela.... Esta +vecina atravesaba con la <i>sella</i> de relucientes aros camino de la +fuente; aquella se acomodaba a sacudir un refajo o a desocupar, mirando +hacia todos lados con recelo, una jofaina; la de más acá salía con +ímpetu a administrar una mano de azotes al chico que se tendía en el +polvo; la de más allá volvía con una pescada, cogida por las agallas, +que se balanceaba y le flagelaba el vestido. Todas las excrecencias de +la vida, los prosaicos menesteres que en los barrios opulentos se +cumplen a sombra de tejado, salían allí a luz y a vista del público. +Pañales pobres se secaban en las cancillas de las puertas; la cuna del +recién nacido, colocada en el umbral, se exhibía tan sin reparo como las +enaguas de la madre.... Y no obstante, el barrio no era triste; lejos de +eso, los árboles vecinos, el campo y mar colindantes, lo hacían por todo +extremo saludable; el paso de los coches lo alborotaba; los chiquillos, +piando como gorriones, le prestaban por momentos singular animación; +apenas había casa sin jaula de codorniz o jilguero, sin alelíes o +albahaca en el antepecho de las ventanas; y no bien lucía el sol, las +barricas de sardinas arenques, arrimadas a la pared y descubiertas, +brillaban como gigantesca rueda de plata.</p> + +<p>Tampoco faltaban allí comercios que, acatando la ley que obliga a los +organismos a adaptarse al medio ambiente, se acomodaban a la pobreza de +la barriada. Tiendecillas angostas, donde se vendían zarazas catalanas y +pañuelos; abacerías de sucio escaparate, tras de cuyos vidrios un galán +y una dama de pastaflora se miraban tristemente viéndose tan mosqueados +y tan añejos, y las cajas <i>tremendas</i> de fósforos se mezclaban con +garbanzos, fideos amarillos, aleluyas y naipes; figones que brindaban al +apetito sardinas fritas y callos; almacenes en que se feriaban cucharas +de palo, cestería, cribas y zuecos: tal era la industria de la cuesta de +San Hilario. Allí se tuvo por notable caso el que un objeto adquirido se +pagase de presente, y el crédito, palanca del moderno comercio, +funcionaba con extraordinaria actividad. Todo se compraba al fiado: +cigarrera había que tardaba un año en poder abonar los chismes del +oficio. Reinaba en el barrio cierta confianza, una especie de comadrazgo +perpetuo, un comunismo amigable: de casa a casa se pedían prestados, no +solamente enseres y utensilios, sino «una sed» de agua, «una nuez» de +manteca, «un chisquito» de aceite, «una lágrima» de leche, «un nadita» +de petróleo. Avisábanse mutuamente las madres cuando un niño se +escapaba, se descalabraba o hacía cualquier diablura análoga; y como el +derecho de azotar era recíproco, las infelices criaturas venían a estar +en potencia propincua de ser vapuleadas por el barrio entero.</p> + +<p>Pronto se acostumbró la madre de Amparo a su nueva vecindad: tenía la +cama próxima a la ventana, y nadie pasaba por allí sin detenerse a +conversar un rato.... Las pescaderas le referían sus lances, y la +tullida compraba desde su lecho sardinas, pedía agua, oía chismes sin +número, forjándose en cierto modo la ilusión de que tomaba el aire +libre.... Por lo que hace a Amparo, fue presto la reina del barrio: +reíanse los marineros, abierta la boca de oreja a oreja, dilatando sus +anchos semblantes de tritones, cuando la veían pasar; los carabineros +del Resguardo le echaban flores.... Casi todos manifestaron sentimiento +al saber que «andaba» con un oficial, un señorito de allá del barrio de +Abajo.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XXXI" id="XXXI"></a><a href="#capitulos">-XXXI-</a></h2> + +<h3>Palabra de casamiento</h3> + + +<p>Desde que tuvo secretos que confiar, por natural instinto Amparo se +arrimó a la Comadreja más que a Guardiana. Esta andaba no sé cómo, medio +enferma, con la paletilla caída, según decía; y por más que se la +levantó una saludadora con los rezos y ensalmos de costumbre, la +paletilla seguía en sus trece, y la muchacha tristona, pensando en cómo +quedarían sus pequeños si se muriese ella. Hallaba Amparo en el +semblante de Guardiana no sé qué limpidez, qué tranquilidad honesta, que +le helaban en los labios el cuento de amores cuando iba a empezarlo; al +paso que Ana, con su nervioso buen humor, su cara puntiaguda rebosando +curiosidad, convidaba a hablar. Amparo la tomó por confidente, y hasta +por compañera. Ana, viuda a la sazón de su capitán mercante, que andaba +allá por Ribadeo, se prestó gustosa a ser, en cierto modo, la dueña +guardadora de la Tribuna. Por su parte Baltasar se apoderó de Borrén. +Estaban aún los dos enamorados en el período comunicativo.</p> + +<p>—¿Te dio palabra de casarse contigo?—preguntaba Ana a su amiga.</p> + +<p>—No cuadró que yo se la pidiese.... Una vez, con disimulo, le indiqué +algo.... ¡Si no fuese por la familia! ¡La madre, sobre todo, que es así!</p> + +<p>Y Amparo cerraba el puño.</p> + +<p>—¡Bah! Ve tomando paciencia once añitos, como yo.... ¡Y si después lo +consigues!...</p> + +<p>—No, pues si no quiere casarse... me parece que le doy despachaderas.</p> + +<p>Ana notó en estas bravatas que se tambaleaba el alcázar de la firmeza +tribunicia. Desde entonces su curiosidad perversa la espoleó, y en +cierto modo le halagó la idea de que todas, por muy soberbias que +fuesen, paraban en caer como ella había caído. Organizose una especie de +sociedad compuesta de cuatro personas, Amparo, Ana, Borrén y Baltasar; +cada vez que celebraba sesión este círculo, ya se sabía que la Comadreja +«cargaba» con el ronco y galanteador Borrén. Entreteníale con pesadas +bromas, con todo género de indirectas y burletas, subrayadas por la risa +de sus labios flacos, por el fruncimiento de su hocico de roedor. Ana +sabía, como acostumbraba saberlo todo, la historia de Borrén, o por +mejor decir, su carencia de historia; y este carácter inofensivo del +incansable faldero daba asunto a la Comadreja para crucificarlo a puras +chanzas, para clavarle mil alfileres, para abrasarlo. La travesura de +pilluelo vicioso que distinguía a Ana le sirvió para olfatear la +horrible timidez, el pánico extraño que afligía a aquel hombre tan +pródigo de requiebros, tan aficionado al aroma del amor, y tan incapaz, +por carácter, de gustarlo, como los soñadores que contemplan la luna de +descolgarla del firmamento. ¡Pobre Borrén! Desde el sarcasmo hasta la +mal rebozada injuria, todo lo devoró con resignación que podría llamarse +angelical, si virtudes de este linaje negativo no fuesen más dignas del +limbo que del cielo.</p> + +<p>Vestía la primavera de verdor y hermosura cuanto tocaba, y convidados +por la amable estación, los cuatro socios acostumbraban aprovechar las +tardes de los días festivos, solazándose en los huertos que abundan en +la vega marinedina, dominada por el camino real. Pese a su temperamento +calculador y enemigo del escándalo, Baltasar cedía a la vehemente +codicia del aromático veguero, hasta el punto de acompañar en público a +la muchacha, si bien concretándose a aquel rincón apartado de la ciudad. +Hacíalo, sin embargo, con tales restricciones, que Amparo se figuraba +que lo comprometía dejándose ver a su lado.</p> + +<p>En la vega se cultivaban legumbres y algún maíz; pero la prosa de este +género de plantíos la encubría la estación primaveral, adornándolos con +una apretada red de floración: la col lucía un velo de oro pálido; la +patata estaba salpicada de blancas estrellas; el cebollino parecía +llovido de granizo copioso; las flores de coral del haba relucían como +bocas incitantes, y en los linderos temblaban las sangrientas amapolas, +y abría sus delicadas flores color lila el erizado cardo. Los sembrados +de maíz, cuyos cotiledones comenzaban a salir de la tierra, hacían de +trecho en trecho cuadrados de raso verdegay. Sobre todo, un rincón había +en la vega, donde la naturaleza, empeñada en vencer con su espontaneidad +los artificios de la horticultura, logró reunir alrededor de un rústico +pozo que suministraba muy fresca agua, dos o tres olmos más anchos que +copudos, un grupo gracioso de mimbres, helechos y escolopendras, un +rosal silvestre, algo, en fin, que rompía la uniformidad de la +hortaliza. Aquel paraje era el favorito de Amparo y Baltasar; sobre todo +desde que al lado, en los fresales, cuajados de flor blanca, empezaba a +madurar la roja fruta. El día de San José, Baltasar consiguió ya recoger +para la muchacha media docena de fresas en una hoja de col. Hasta +mediados de abril aumentó la cosecha de fresilla; a principios de mayo +comenzaba a disminuir, y escasearon los fresones de pulpa azucarosa, que +tan suavemente humedecían la lengua. Un domingo del hermoso mes, +hallándose reunida la <i>partie carrée</i> en la huerta a pretexto de fresas, +ya a duras penas se rastreaba alguna escondida entre las hojas y +gulusmeada de babosas y caracoles.</p> + +<p>—Don Enrique—exclamaba Ana dirigiéndose a Borrén—, ¿cuántas ha cogido +usted ya? ¿Una y media? A ese paso, dentro de quince días las +probaremos. No sirve usted... ni para coger fresas.</p> + +<p>—¿Cómo que no? Mire usted una preciosa que pillé ahora mismo.... Le +digo a usted, Anita, que sirvo para el caso.</p> + +<p>—¿A ver? ¡Eso es lo que usted encuentra! Comida de bicharracos.... +¡Uuuuy!</p> + +<p>—¿Qué pasa?—exclamó solícito Borrén.</p> + +<p>—¡Un babosón!—chilló ratonilmente Ana, sacudiendo los dedos y +disparando el glutinoso animalucho al rostro de Borrén, que se pasó +apaciblemente el pañuelo por las mejillas, amenazando a la Comadreja con +la mano.</p> + +<p>Amparo y Baltasar se hallaban un poco más apartados, y cerca del pozo +que sombreaban los árboles. Picaban por turno las pocas fresas que tenía +Amparo en el regazo sobre una hoja de berza. Las habían recogido juntos, +y al hacerlo sus manos trémulas y ávidas se encontraron entre el +follaje.</p> + +<p>—¡Eh... dejar algunas!—les gritaba inútilmente Ana.</p> + +<p>Amparo comía sin saber qué, por refrescarse la boca, donde notaba +sequedad y amargor. Borrén miraba el grupo paternalmente, con ojos +lánguidos de carnero a medio morir. La Tribuna pedía cuentas; Baltasar +estaba por todo extremo obediente y cortés.</p> + +<p>—¿Conque no fue usted a las <i>Flores de María</i>?</p> + +<p>—No, mujer... por quien soy que no fui. ¿No ves?, hoy es domingo; +estarán llenas de gentes las Flores, y el paseo brillante, con música y +todo; y yo no pienso poner los pies en él.</p> + +<p>—Los días de fiesta... ¡vaya que! Sólo faltaba... es el único día que +uno tiene libre; ¡y se había usted de ir al paseo! ¿Pero ayer? ¿No entró +usted ayer en San Efrén? ¿No cantaba la de García?</p> + +<p>—¡Para lo bien que canta, hija! Parece un grillo.</p> + +<p>—Pues ella dice que se alaba de que va allí toda la oficialidad por +oírla.</p> + +<p>—Alabará... ¿qué sé yo? Si no la veo hace mil años.... Esa fresa es mía +—exclamó arrebatando una que Amparo llevaba a sus labios. Ella se la +dejó robar, confusa, ruborizada y satisfecha.</p> + +<p>—¿Y a su casa... tampoco va usted?</p> + +<p>—Tampoco... no seas celosa, chica. ¿Por qué hemos de hablar siempre de +la de García, y no de ti? ¡De nosotros!—añadió con expresión de +contenida vehemencia. Sintió la muchacha como una ola de fuego que la +envolvía desde la planta de los pies hasta la raíz del cabello, y +después un leve frío que le agolpó la sangre al corazón. Borrén se +aproximó a la amante pareja, abriendo las manos llenas de tierra y de +fresas despachurradas.</p> + +<p>—Ya me duelen los riñones de andar a gatas—dijo—. Podíamos +merendar... si a ustedes no les molesta, pollos.</p> + +<p>—Por mí...—murmuró Amparo. Ana se acercaba también, trayendo una +servilleta anudada, que desató y tendió sobre el brocal del pozo. +Reducíase la merienda a unos pastelillos de dulce y una botella de +moscatel, regalo de Baltasar. Fueles preciso beber por un mismo vaso, +único que había, y Ana, que era asquillosa y aprensiva, prefirió echar +tragos por la botella, sin recelo de cortarse con los agudos cristales +del roto gollete. Sus carrillos chupados se colorearon, su lengua se +desató más que de costumbre; y por vía de diversión empezó a coger +tierra a puñados y a esparcirla por la cabeza de Borrén. Después, +levantándose, le propuso que «hiciesen el remolino». Borrén no quería, +ni a tres tirones; pero la Comadreja le asió de las manos, estribó en +las puntas de los pies, muy juntas y arrimadas a las de su pareja, y +echando el cuerpo atrás y dejando caer la cabeza hacia la espalda, +empezó a girar, con gran lentitud al principio; poco a poco fue +acelerando el volteo, hasta imprimirle vertiginosa rapidez. Cuando +pasaba se veían un punto sus pómulos encendidos, sus ojos vagos y +extraviados, su boca pálida, abierta para respirar mejor, su garganta +espasmodizada, rígida; mas no tardaba ni medio segundo en presentarse la +asustada faz de Borrén, que se dejaba arrastrar sin que acertase a decir +más palabra que «por Dios... por Dios...» con no fingida congoja. De +repente se detuvo la peonza humana, con brusco movimiento, y se oyó un +grito gutural. Ana se aplanó en el suelo.</p> + +<p>Al ir a socorrerla, notó Amparo que ya no estaba sonrosada, sino del +color de la cera, y que se le veía el blanco de los ojos. Baltasar subió +precipitadamente el cubo del pozo, y casi colmado se lo volcó encima a +la mareada Comadreja. Frotáronle mucho los pulsos, las sienes, con el +fresco líquido, y al fin la pupila fue bajando al globo de la córnea, +mientras el pelo se dilataba con ruidoso suspiro. Dos minutos después +estaba Ana en pie; pero quejándose de la cabeza, del corazón, declarando +que tenía los huesos rotos, que se moría de frío; todo en voz tan baja y +quejumbrosa, que nadie la tendría por la petulante moza de antes del +desmayo.</p> + +<p>—Mujer, vente a mi casa, te daré ropa seca—dijo Amparo.—No, a la mía, +a la mía.... El cuerpo me pide cama.</p> + +<p>—Duermes conmigo.</p> + +<p>—No, a mi casita—insistió la abatida Comadreja—. Si va conmigo una +fiebre, quiero estar en mi cuarto. Ea, adiós.</p> + +<p>—Toma mi mantón siquiera—porfió la Tribuna.</p> + +<p>—Bueno, venga.... ¡Brr!, estoy hecha una sopa.</p> + +<p>Y Ana, saludando con su esqueletada mano, ademán que indicaba un resto +de intención festiva que aún retoñaba en ella, tomó el sendero que +conducía al camino real. Entonces Baltasar miró a Borrén fijamente con +ojos expresivos, más claros y categóricos que palabra alguna. Hay que +decir en abono del confidente universal, que titubeó. Sin alardear de +moralista, bien puede un hombre blanco que viste uniforme y peina +barbas, encontrar que ciertos papeles son desairados y tontos. Una cosa +es hablar, acompañar, animar, y otra.... Por lo menos así pensaba +Borrén, que más tenía de sandio rematado que de perverso. Y no obstante +su flaqueza, no supo resistir a la segunda ojeada, coercitiva al par que +suplicante, de su amigo. Bebió la hiel hasta las heces, y echó tras la +Comadreja pisando aturdidamente coles y maíz tierno.</p> + +<p>—Espere usted, Anita, que la acompaño—murmuraba—. Espere usted... +puede ocurrírsele a usted algo.</p> + +<p>Encogiose de hombros Ana, y acortó el paso para dejar que se uniese +Borrén. Emparejaron y caminaron en silencio por la carretera; Ana con +los labios apretados y algo escalofriada y temblorosa, a pesar de ir muy +arropada en el mantón. Al llegar a la entrada de la ciudad, la cigarrera +se volvió y midió a Borrén con despreciativa ojeada de pies a cabeza.</p> + +<p>—¿Se le ocurre a usted alguna cosa?—preguntó él medio desvanecido aún, +con ronquera que rayaba en afonía.</p> + +<p>—Nada—respondió ella bruscamente. Y después, fijando en los de Borrén +sus ojuelos verdes—: Don Enrique—añadió—, ¿sabe usted lo que venía +pensando?</p> + +<p>—Diga usted....</p> + +<p>—Que es usted una alhaja.</p> + +<p>—¿Por qué me dice usted eso, bella Anita?—pronunció ya afablemente +Borrén, que al verse entre gentes y en calles transitadas había +recobrado su aplomo.</p> + +<p>—Porque... que uno se marche cuando enferma.... ¡Pero usted! ¡Pero qué +hombres!—articuló con ira—. ¡Si aunque se acabase la casta... no se +perdía tanto así! Vaya, abur... que estoy medio trastornada y me da poco +gusto ver gente.</p> + +<p>—Iré con usted por si....</p> + +<p>—¿Usted?—murmuró ella entre irónica y desdeñosa—. ¿Para qué? Abur, +abur; ¡que si lo ven con una muchacha de mi clase! Abur.</p> + +<p>Y la Comadreja se escurrió por una callejuela, dejando a Borrén sin +saber lo que le pasaba.</p> + +<p>Cuando Baltasar y la oradora se quedaron solos, la tarde caía, no +apacible y glacial como aquella de febrero, sino cálida, perezosa en +despedirse del sol; nubes grises, pesados cirros se amontonaban en el +cielo; el mar, picado y verdoso, mugía a lo lejos, y una franja de +topacio orlaba el horizonte por la parte del Poniente. Amparo tuvo un +instante de temor.</p> + +<p>—Me voy a mi casa—dijo levantándose.</p> + +<p>—¡Amparo... ahora no!—pronunció con suplicantes inflexiones en la voz +Baltasar—. No te marches, que estamos en el paraíso.</p> + +<p>La Tribuna, paralizada, miró en derredor. Mezquino era el paraíso en +verdad. Un cuadro de coles, otro de cebollas, el fresal polvoroso, +hollado por los pies de todo el mundo; los olmos bajos y achaparrados, +los acirates llenos de blanquecinas ortigas, el pozo triste con su +rechinante polea; mas estaban allí la juventud y el amor para hermosear +tan pobre edén. Sonrió la muchacha posando blandamente en Baltasar sus +abultados ojos negros.</p> + +<p>—¿Por qué quieres escaparte, vamos?—interrogó él con dulce +autoridad—. Si te escapas siempre de mí; si parece que te doy miedo, no +tiene nada de particular que yo me vaya también al paseo, o a donde se +me ocurra. Ya lo sabes.—Y acercándose más a ella, abrasándole el rostro +con su anhelosa respiración—: ¿Me voy al paseo?—preguntó.</p> + +<p>Amparo hizo un movimiento de cabeza que bien podía traducirse así:—No +se vaya usted de ningún modo.</p> + +<p>—Me tratas tan mal....</p> + +<p>—¿Usted qué quiere que haga?</p> + +<p>—Que te portes mejor....</p> + +<p>—Pues hablemos claros—exclamó ella sacudiendo su marasmo y apoyándose +en el brocal del pozo.</p> + +<p>La roja luz del ocaso la envolvió entonces; su rostro se encendió como +un ascua, y por segunda vez le pareció a Baltasar hecha de fuego.</p> + +<p>—Di, hermosa....</p> + +<p>—Usted... quiere comprometerme... quiere conducirse como se conducen +los demás con las muchachas de mi esfera.</p> + +<p>—No por cierto, hija; ¿de dónde lo infieres? No pienses tan mal de mí.</p> + +<p>—Mire usted que yo bien sé lo que pasa por el mundo... mucho de hablar, +y de hablar, pero después....</p> + +<p>Baltasar cogió una mano que trascendía a fresas.</p> + +<p>—Mi honor, don Baltasar, es como el de cualquiera, ¿sabe usted? Soy una +hija del pueblo; pero tengo mi altivez... por lo mismo.... Conque... ya +puede usted comprenderme. La sociedá se opone a que usted me dé la mano +de esposo.</p> + +<p>—¿Y por qué?—preguntó con soberano desparpajo el oficial.</p> + +<p>—¿Y por qué?—repitió la vanidad en el fondo del alma de la Tribuna.</p> + +<p>—No sería yo el primero, ni el segundo, que se casase con.... Hoy no +hay clases....</p> + +<p>—¿Y su familia... su familia... piensa usted que no se desdeñarían de +una hija del pueblo?</p> + +<p>—¡Bah!... ¿qué nos importa eso? Mi familia es una cosa, yo soy otra +—repuso Baltasar impaciente.</p> + +<p>—¿Me promete usted casarse conmigo?—murmuró la inocentona de la +oradora política.</p> + +<p>—¡Sí, vida mía!—exclamó él sin fijarse casi en lo que le preguntaban, +pues estaba resuelto a decir amén a todo.</p> + +<p>Pero Amparo retrocedió.</p> + +<p>—¡No, no!—balbució trémula y espantada—. No basta hablar así... ¿me +lo jura usted?</p> + +<p>Baltasar era joven aún y no tenía temple de seductor de oficio. Vaciló; +pero fue obra de un instante: carraspeó para afianzar la voz y exhaló +un:</p> + +<p>—Lo juro.</p> + +<p>Hubo un momento de silencio en que sólo se escuchó el delgado silbo del +aire cruzando las copas de los olmos del camino y el lejano quejido del +mar.</p> + +<p>—¿Por el alma de su madre?, ¿por su condenación eterna? Baltasar, con +ahogada voz, articuló el perjurio.</p> + +<p>—¿Delante de la cara de Dios?—prosiguió Amparo ansiosa.</p> + +<p>De nuevo vaciló Baltasar un minuto. No era creyente macizo y fervoroso +como Amparo, pero tampoco ateo persuadido; y sacudió sus labios ligero +temblor al proferir la horrible blasfemia. Una cabeza pesada, cubierta +de pelo copioso y rizo, descansaba ya sobre su pecho, y el balsámico +olor de tabaco que impregnaba a la Tribuna le envolvía. Disipáronse sus +escrúpulos y reiteró los juramentos y las promesas más solemnes.</p> + +<p>Iba acabando de cerrar la noche, y un cuarto de amorosa luna hendía como +un alfanje de plata los acumulados nubarrones. Por el camino real, mudo +y sombrío, no pasaba nadie.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XXXII" id="XXXII"></a><a href="#capitulos">-XXXII-</a></h2> + +<h3>La Tribuna se forja ilusiones</h3> + + +<p>En los primeros tiempos, Baltasar, embriagado por el aroma del cigarro, +se mostró asiduo, olvidó su habitual reserva y obró como si no temiese +la opinión del mundo ni de su familia. Es cierto que en el barrio +apartado donde Amparo moraba no era fácil que le viesen las gentes de su +trato; no obstante, alguna vez tropezó con conocidos, en ocasión de ir +acompañando a la muchacha. Fuese por esta razón o por otras, no tardó en +buscar lugares más recónditos para las entrevistas, a donde cada cual +iba por su lado, no reuniéndose hasta estar al abrigo de ojos +indiscretos. Uno de estos sitios era una especie de merendero unido a +una fábrica de gaseosa, bebida muy favorita de las cigarreras. Ante la +mesa de tosca piedra, roída por la intemperie, se sentaban Baltasar y +Amparo, y allí les traían las botellas de cerveza, de gaseosa, cuyo +alegre taponazo animaba de tiempo en tiempo el diálogo. Una parra tupida +les prestaba sombra; algunas gallinas picoteaban los cuadros de un +mezquino jardín; el lugar era silencioso, parecido a un gabinete muy +soleado, pero oculto. Por entre las hojas de vid se filtraban los rayos +del sol, y caían a veces, en movibles gotas de luz, sobre el rostro de +Amparo, mientras Baltasar la contemplaba, admirando involuntariamente +ciertas gracias y perfecciones de su rostro hechas para ser vistas de +cerca, como la delicada red de venas que oscurecía sus párpados, las +sinuosidades de su diminuta oreja, la nitidez del moreno cutis, donde la +luz se perdía en medias tintas de miel; la caliente riqueza del color +juvenil, la blancura de los dientes, la abundancia del cabello. Duró +este inventario minucioso algún tiempo, al cabo del cual, Baltasar, +habiendo aprendido de memoria estas y otras particularidades, y hablado +con la Tribuna de todo lo que se podía hablar con ella, empezó a +encontrar más largas las horas. Restringió las visitas al merendero, +limitándolas a los días festivos; y mientras Amparo le elaboraba <i>a +mano</i> los cigarrillos que acostumbraba a consumir, él leía, arrancando +al pitillo recién acabado nubes de humo. No sabiendo qué hacer, quiso +enseñar a Amparo cómo se fumaba, a lo cual ella se prestó con +repugnancia, alegando que las cigarreras no fuman, que casualmente están +«hartas de ver tabaco», y que este sólo era bueno para ponerse parches +en las sienes cuando duele la cabeza. Discurriendo medios de +entretenerse, Baltasar trajo a Amparo alguna novela para que se la +leyese en voz alta; pero era tan fácil en llorar la pitillera así que +los héroes se morían de amor o de otra enfermedad por el estilo, que +convencido el mancebo de que se ponía tonta, suprimió los libros. En +suma, Baltasar y Amparo se hallaron como dos cuerpos unidos un instante +por la afinidad amorosa, separados después por repulsiones invencibles, +y que tendían incesantemente a irse cada cual por su lado.</p> + +<p>Para colmo de aburrimiento, reparó Baltasar que, al paso que él aspiraba +a ocultar diestramente su aventura, Amparo, que ya tenía puesta toda su +esperanza en las falaces palabras y en el compromiso creado por el +mancebo, se desvivía porque los viesen juntos, porque la publicidad +remachase el clavo con que imaginaba haberle fijado para siempre. Quería +ostentarlo, como Ana ostentaba su capitán mercante; quería que la +familia de Sobrado supiese lo que sucedía y rabiase, y que la de García, +la orgullosa damisela, se enterase también de que Baltasar la dejaba por +la Tribuna; así como suena. Quemadas ya las naves, a Amparo le convenía +hacer ruido, tanto como a Baltasar guardar silencio. De esta diversa +disposición de ánimo nacieron las primeras disputas, leves y cortas aún, +de los dos amantes, reyertas que al principio sirvieron de diversión a +Baltasar, porque, a veces, hasta la contrariedad distrae. Al menos, +mientras duraban, no venía el importuno bostezo a descoyuntar las +mandíbulas. Peor sería hablar de política, conversación que Baltasar +había prohibido y a la cual la Tribuna se manifestaba más aficionada de +algún tiempo a esta parte.</p> + +<p>No era del todo sistemática la conducta de Amparo al buscar publicidad +en sus amoríos; su carácter la impulsaba a ello. Superficial y +vehemente, gustábanle las apariencias y exterioridades; la lisonjeaba +andar en lenguas y ser envidiada, nunca compadecida. El día que dio sus +pendientes de oro para la Rita, no le quedaba en casa un ochavo, y por +pueril orgullo dijo a todas que tenía dinero, amenguando así el valor de +su noble rasgo. Ahora, durante sus relaciones con Baltasar, trabajaba +más que nunca y se vestía lo mejor posible, para hacer creer que el +señorito de Sobrado era con ella dadivoso. Se regocijaba interiormente +de que la sostuviesen sus ágiles dedos, mientras el barrio le envidiaba +larguezas que no recibía: es más, que rechazaría con desdén si se las +ofrecieran. Su vanidad era doble: quería que el público tuviese a +Baltasar por liberal, y que Baltasar no la tuviese a ella por +mercenaria. Y Baltasar, si pagaba la gaseosa, los pastelillos, alguna +vez las entradas del teatro, en lo demás se mostraba digno heredero y +sucesor de doña Dolores Andeza de Sobrado. Nunca pensó o nunca quiso +pensar (que hasta a esto del pensar sobre una cosa suele determinarse la +voluntad libremente) en lo que comería aquella buena moza, si sería +caldo o borona, si bebería agua clara, y cómo se las compondría para +presentársele siempre con enagua almidonada y crujiente, bata de percal +saltando de limpia, botitas finas de rusel, pañuelo nuevo de seda. El +cigarro era aromático y selecto: ¿qué le importaba al fumador el modo de +elaborarlo?</p> + +<p>Entre tanto, Amparo disfrutaba viendo la rabia de sus rivales en la +Fábrica, la sonrisilla de Ana, las indirectas, los codazos, la atmósfera +de curiosidad que se condensaba en torno de su persona, llegando a tanto +su desvanecimiento, que se hacía a sí propia regalos misteriosos para +que creyese la gente que procedían de Sobrado; se prendía en el pecho +ramilletes de flores, y hasta llegó a adquirir una sortija de plata con +un corazón de esmalte azul, por el retegustazo de que pensasen ser +fineza de Baltasar. Cuando le preguntaban si era cierto que se casaba +con un señorito, sonreía, se hacía la enojada como de chanza, y fingía +mirar disimuladamente la sortija.... ¡Casarse! ¿Y por qué no? ¿No éramos +todos iguales desde la revolución acá? ¿No era soberano el pueblo? Y las +ideas igualitarias volvían en tropel a dominarla y a lisonjear sus +deseos. Pues si se había hecho la revolución y la Unión del Norte, y +todo, sería para que tuviésemos igualdad, que si no, bien pudieron las +cosas quedarse como estaban.... Lo malo era que nos mandase ese rey +italiano, ese Macarronini, que daba al traste con la libertad.... Pero +iba a caer, y ya no cabía duda, llegaba la república.</p> + +<p>Con estos pensamientos entretenía las horas de trabajo en la Fábrica. A +cada pitillo que enrollaba, al suave crujido del papel, una cándida +esperanza surgía en su corazón. Cuando ella fuese señora, no había de +portarse como otras altaneras, que estuvieron allí liando cigarros lo +mismo que ella, y ahora, porque arrastraban seda, miraban por cima del +hombro a sus amigas de ayer. ¡Quia! Ella las saludaría en la calle, +cuando las viese, con afabilidad suma. Por lo que hace a recibirlas de +visita... eso, según y conforme dispusiese su marido; pero, ¿qué trabajo +cuesta un saludo? A Ana le había de enseñar su casa. ¡Su casa! ¡Una casa +como la de Sobrado, con sillería de damasco carmesí, consola de caoba, +espejo de marco dorado, piano, reloj de sobremesa y tantas bujías +encendidas! Y Amparo, cerrando los ojos, creía sentir en el rostro el +frío cierzo de la noche de Reyes.... Cuando entraba descalza en el +portal de Sobrado a cantar villancicos, ¿pensó que se enamorase nunca de +ella Baltasar? Pues así como había sucedido esto, <i>lo otro</i>....</p> + +<p>No obstante, dentro de la Fábrica misma hubo escépticas que auguraron +mal de los enredos en que se metía Amparo. ¡Casarse, casarse! Pronto se +dice; pero del dicho al hecho.... ¿Regalos? ¡Vaya unos regalos para un +hijo de Sobrado! ¡Sortijas de plata, ramos de a dos cuartos! ¡Bah, bah! +Ya se sabía en lo que paraban ciertas cosas. Aunque sordos, estos +rumores no fueron tan disimulados que no llegasen a la interesada, y +unidos a otras pequeñeces que ella observaba también, empezaron a +clavarle en el alma el dardo de los más crueles recelos. Baltasar +enfriaba a ojos vistas: a cada paso mostraba más cautela, adoptaba +mayores precauciones, descubría más su carácter previsor y el interés de +esconder su trato con la muchacha como se oculta una enfermedad +humillante. Mostrábase aún tierno y apasionado en las entrevistas; pero +se negaba obstinadamente a acompañar a Amparo dos pasos más allá de la +puerta.</p> + +<p>Todo lo referido, notó desde su cama la paralítica, y hallábase +sumamente inquieta y quejosa, por varias razones, entre otras, porque +desde que Amparo gastaba cuanto ganaba en botas nuevas y enaguas +bordadas, ella se veía privada de algunas comodidades y golosinas que no +le escatimaban antes. Malo era que su hija se perdiese y malo también +que, tratando con señores, en vez de traer dinero a casa, se empeñase, y +tuviese que pasarse las noches haciendo pitillos de encargo para poder +comer. ¡Y mucho de flores! ¡Y mucho de chambras con puntillas! ¡Qué +necesidad!</p> + +<p>Confidente de estas lamentaciones era Chinto, que solía venir a pasarse +con la tullida largas horas al salir del trabajo, desde que supo cuán +propicia se mostrara un tiempo a su pretensión matrimonial. Aún volvía +la vieja a la carga de tiempo en tiempo, y hablaba de Chinto a su hija; +él no sería fino ni buen mozo, pero era un burro de carga, un lobo para +el trabajo y un infeliz. Autorizada, sin duda, por tan buenas +intenciones, la paralítica disponía de Chinto cual de un yerno. Una vez, +cuando empezó a escasear el dinero, rogole «que fuese por seis cuartos +de azúcar para la cascarilla a la tienda de la esquina, que ya le +pagaría». El mozo salió y volvió con un cucurucho de papel de estraza +henchido de azúcar moreno; del pago no se habló más. Otro día se encargó +de tomar un décimo para el próximo sorteo; la vieja, por tranquilizar su +conciencia de empedernida jugadora, le dijo que si «le caía» partirían +como buenos amigos. Poco a poco, y ayudando a ello lo muy distraída que +Amparo andaba, volvió Chinto a amarrarse al antiguo yugo, a obedecer +ciegamente a la despótica voz de la tullida; hízole los recados, le +arregló el cuarto, le trajo remedios, le dio unturas. Y no quiere decir +esto que la pobre mujer se propusiese deliberadamente explotar al mozo, +sino que, a su edad y en su estado, ciertos cuidados y mimos son tan +necesarios como el aire respirable.</p> + +<p>Curioso espectáculo en verdad el que ofrecía Chinto, descolorido, flaco, +casi harapiento, cuidando de aquella mujer que no era su madre, que +siempre le había tratado con dureza; y mientras él mondaba las patatas +para el caldo del día siguiente, o mullía el jergón de la impedida, +Amparo regresaba, a la plateada luz de la luna de verano, que prolongaba +sobre la carretera de la Olmeda la sombra de los majestuosos árboles, de +alguna cita en lugares escondidos, en los solitarios huertos, o en el +desierto camino del cerro de Aguasanta.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XXXIII" id="XXXIII"></a><a href="#capitulos">-XXXIII-</a></h2> + +<h3>Las hojas caen</h3> + + +<p>Aconteció que, cuando ya se aproximaba el otoño, la paralítica llamó a +Amparo a la cabecera de su lecho, con tono y ademanes desusados, +murmurando sordamente:</p> + +<p>—Acércate aquí, anda.</p> + +<p>Amparo se acercó con la cabeza baja. La madre extendió la mano, le cogió +violentamente la barbilla para que alzase el rostro, y con voz aguda y +terrible gritó:</p> + +<p>—¿Y ahora?</p> + +<p>Calló la hija. Constábale que la persona que la interrogaba así había +vivido largos años orgullosa de su matrimonio legítimo, de su honestidad +plebeya, de su marido trabajador, de que en la Fábrica los citasen a +entrambos por modelo de familia unida, de que en cierta ocasión el jefe +hubiese proferido palabras honrosas para ella, llamándole mujer «formal +y de bien». Sí, Amparo lo sabía, y por eso callaba. Repetidas veces la +paralítica le diera consejos, haciendo funestos vaticinios, que se +cumplían al fin. Incorporada a medias sobre la cama, concentrando en los +ojos la vida furiosa de su cuerpo, repitió la madre, con desprecio y con +ira:</p> + +<p>—¿Y ahora?</p> + +<p>Amparo permaneció pálida e inmóvil. La tullida sintió un hormigueo en la +palma de la mano, y la estampó ruidosamente en la mejilla de su hija, +que se tambaleó, retrocedió escondiendo el rostro, y se fue a sentar en +la silla más próxima.</p> + +<p>—¡Sinvergüenza, raída, eso de mí no lo aprendistes!—vociferó la +enferma, algo desahogada ya después del bofetón. No respondió nada la +oradora, que diera entonces de buen grado su popularidad, y hasta el +advenimiento de la ideal república, por hallarse siete estados debajo de +tierra. No obstante, se sorbió estoicamente las lágrimas abrasadoras que +asomaban a sus ojos, y, abatida, reconociendo y acatando la autoridad +maternal, balbució:</p> + +<p>—Me ha dado palabra de casamiento.</p> + +<p>—¡Y te lo creíste!</p> + +<p>—No sé por qué no...—exclamó la muchacha con acento más firme ya—. Yo +soy como otras, tan buena como la que más... hoy en día no estamos en +tiempos de ser los hombres desiguales... hoy todos somos unos, señora... +se acabaron esas tiranías.</p> + +<p>Meneó la cabeza la paralítica, con la tenaz desconfianza de los viejos +indigentes que nunca vieron llover del cielo torreznos asados.</p> + +<p>—El pobre, pobre es—pronunció melancólicamente...—. Tú te quedarás +pobre, y el señorito se irá riendo...—Y a esta idea, sintiendo renacer +su furor chilló—: Sácateme de delante, indina, que te mato: si te +dieron palabras, que te las cumplan.</p> + +<p>Amparo se agachó, y salió temblando. A solas, recobró energía, y calculó +que tal vez hacía mal en desesperarse; acaso su mala ventura sería un +lazo más que acabase de unir a Baltasar con ella para siempre. Sí, no +podía suceder de otro modo, a menos que tuviese entrañas de tigre.</p> + +<p>Esperó con afán el domingo, día de cita en el merendero de la gaseosa. +Madrugó, llegó mucho antes que Baltasar. El otoño iba despojando a la +parra de su pomposo follaje recortado, y los nudosos sarmientos parecían +brazos de esqueleto mal envueltos en los jirones de púrpura de las pocas +hojas restantes. Algún racimo negreaba en lo alto. En unas tinas viejas +arrimadas al banco de piedra, había botellas vacías que semejaban +embarcaciones náufragas varadas en un arenal. Amparo sentía mucho frío +cuando Baltasar llegó.</p> + +<p>Sentose este al lado de la muchacha, que le presentó un paquete de sus +cigarrillos predilectos, emboquillados, bastante largos, liados con gran +esmero. Baltasar tomó uno y lo encendió, chupándolo nerviosamente con +rápidas aspiraciones. Toda mujer prendada de un hombre llega a conocer +por sus movimientos más leves, por los actos que distraída y casi +mecánicamente ejecuta, el talante de que está. Amparo sabía que cuando +Baltasar fumaba así, no se distinguía por lo jocoso y afable. Como la +luz del sol no hallaba obstáculos para filtrarse al través de la +deshojada parra, el rostro del mancebo, bañado de claridad, parecía duro +y anguloso; su bigote, blondo a la sombra, tenía ahora un dorado +metálico; sus ojos zarcos miraban con glacial limpidez. La pobre +Tribuna, tan intrépida cuando peroraba, se halló del todo cortada y +recelosa, y creyó sentir que le anudaban la garganta con un dogal. +Esperó en vano una expansión, una caricia dulce y apasionada, que no +vino. Baltasar se callaba cosas muy buenas, y seguía taciturno. De +cuando en cuando el soplo de las ráfagas otoñales desprendía una de las +postreras hojas de vid, que caía arrugada y amarillenta sobre la mesa de +granito, entre los dos amantes, produciendo un ruidito seco. ¡Pin! En +los oídos de Baltasar resonaba la voz de doña Dolores, exclamando: +«¿Chico, no sabes que las de García... ¡pásmate!, ganan el pleito en el +Supremo? Lo sé de fijo por el mismo abogado de aquí». ¡Pin, pin! Y +Amparo, a su vez, escuchaba frases coléricas: «Si te dieron palabras, +que te las cumplan». ¡Pinnn!... Una hoja purpúrea descendía con +lentitud.... «Baltasarito, hijo, van a cogerse ciento y no sé cuántos +miles de duros, si ganan».</p> + +<p>Al fin, Baltasar fue el primero que rompió el silencio.... Habló del +trabajo que le costaba venir, de lo necesario que era el recato, de que +tendrían que verse menos.... Decía todo esto con acento duro, como si +Amparo fuese culpable respecto de él en algo. La cigarrera le escuchaba +muda, con los labios blancos, mirando fijamente al rostro de Baltasar, +que tenía la expresión distraída del mal pagador que no quiere recordar +su deuda. Y era lo peor del caso que, por más que la Tribuna quería +echar mano de su oratoria, que le hubiera venido de perlas a la sazón, +no encontraba frases con que empezar a tratar del asunto más importante. +Al fin, como viese con asombro levantarse a Baltasar diciendo que le +esperaba el coronel para asuntos del servicio, ella también se alzó +resuelta, y le dio la noticia clara y brutalmente, sin ambages ni +rodeos, sintiendo hervir dentro del pecho una cólera que centuplicaba su +natural valor.</p> + +<p>Un relámpago de sorpresa cruzó por las pupilas trasparentes y yertas de +Sobrado; mas al punto se plegó su delgada boca, y diríase que le habían +cerrado el semblante con llave doble y selládolo con siete sellos. Era +otro Baltasar distinto del mancebo gracioso, halagüeño y felino de las +horas veraniegas. Amparo notó que representaba diez años más.</p> + +<p>—Ahora—dijo, plantándose delante de él—es justo que me cumplas la +palabra.</p> + +<p>—Ahora...—repitió él con voz lenta—. La palabra....</p> + +<p>—¡De casarte conmigo! Me parece que me sobra derecho para pedir....</p> + +<p>—Mujer...—contestó Baltasar reposadamente, sacudiendo la ceniza del +pitillo—, no todas las cosas salen a medida del deseo. Las +circunstancias le obligan a uno a mil transacciones, que.... Yo +quisiera, lo mismo que tú, que fuese mañana, pero ponte en mi caso.... +Mi madre... mi padre... mi familia....</p> + +<p>—¡Tu familia, tu familia! ¿Pues no dijiste que ella era una cosa y tú +otra? ¿Le echo yo alguna mancha a tu familia, por si acaso? ¿Soy hija de +algún ajusticiado, o de algún capitán de gavilla? ¿No estamos en tiempos +de igualdá? ¿No es mi madre tan honrada como la tuya, repelo?</p> + +<p>—No es eso... yo no te digo que....</p> + +<p>—¿Pues qué dices entonces, que te quedas ahí callado? ¿Tienes algo que +echarme en cara? ¿No me gano yo la vida trabajando honradamente, sin +pedírtelo a ti ni a nadie? ¿Te he pedido algo, te he pedido algo? ¿Ando +yo con otros?</p> + +<p>—¿Quién te dice semejante cosa? Pero sucede que hoy por hoy lo que tú +deseas, es decir, lo que deseamos, es imposible.</p> + +<p>—¡Imposible!</p> + +<p>—Por algún tiempo no más.... No me hallo todavía en situación de +prescindir de mi familia... cuando alcance una graduación superior y +pueda vivir con el sueldo....</p> + +<p>—¿No eres ya capitán?</p> + +<p>—Graduado, pero la efectividad.... En fin, te lo repito, hazte cargo; +en las circunstancias por que atravieso no cabe una determinación +semejante. Sería menester estar loco. Y digo más, créeme, hija; tenemos +que ser muy prudentes para no comprometernos.</p> + +<p>—¡No comprometernos!—gimió con amargura la muchacha—. ¡No +comprometernos! ¿Pero tú te has figurado—pronunció, reponiéndose y +recobrando su impetuoso carácter—que yo soy tonta? ¿Piensas que me +puedes meter el dedo en la boca? ¿Qué compromiso ni qué... repelo, te +viene a ti de todo esto? ¡La comprometida, la engañada y la perdida soy +yo!</p> + +<p>Y dejose caer en el banco de piedras, y apoyando la frente en la fría +mesa de granito, rompió en convulsivos sollozos.</p> + +<p>—No grites, hija—murmuró Baltasar, aproximándose—. No llores... que +pueden oírte y es un escándalo. Amparo, mujer, vamos, no hay motivo para +esos gritos.</p> + +<p>La crisis fue corta. Levantose la oradora con los ojos encendidos, pero +sin que una lágrima escaldase su mejilla morena. Indignada, miró a +Baltasar y lo encontró sereno, inconmovible, con su fina y sonrosada tez +y sus ojos garzos y trasparentes, en los cuales se reflejaba la luz del +cielo sin comunicarles calor. Él quiso hacer dos o tres zalamerías a la +muchacha para conjurar la tormenta; pero su ademán era violento, sus +movimientos automáticos. Amparo lo rechazó, y se colocó por segunda vez +delante de él en actitud agresiva.</p> + +<p>—Habla claro... ¿nos casamos o no?</p> + +<p>—Ahora no puede ser, ya te lo he dicho—contestó él sin perder su +continente flemático.</p> + +<p>—¿Y cuándo?</p> + +<p>—¡Qué sé yo! El tiempo, el tiempo dirá. Pero has de tener calma, +hija... un poco de calma.</p> + +<p>—Pues abur, hasta que me pagues lo que me debes—exclamó ella en voz +vibrante, sin cuidarse de que la oyesen desde la casa o desde el camino +los transeúntes—. Yo no soy más tu juguete, para que lo sepas: no me da +la gana de andarme escondiendo, de ir con estas noches de frío a +Aguasanta y a mil sitios así por darte gusto.</p> + +<p>Avanzó tres pasos más, y poniendo la mano en el hombro del oficial:</p> + +<p>—El día menos pensado...—pronunció—, cuando te vea en <i>las Filas</i> o +en la calle Mayor... me cojo de tu brazo delante de las señoritas, +¿oyes?, y canto allí mismo, allí... todo lo que pasa. Y cuando venga la +nuestra... o te hacemos pedazos, o cumples con Dios y conmigo. +¿Entiendes, falsario?</p> + +<p>Y en voz queda, con acento de religioso terror:</p> + +<p>—¿Tú no tienes miedo a condenarte? Pues si mueres así... más fijo que +la luz, te condenas. Y si viene la federal... que Dios la traiga y la +Virgen Santísima... te mato, ¿oyes?, para que vayas más pronto al +infierno.</p> + +<p>Diciendo así, diole un empujón, y le volvió la espalda, saliendo con +paso rápido, la frente alta, la mirada llameante, a pesar del peregrino +desfallecimiento, de la desusada conmoción interior que le avisaba de +que ahorrase tales escenas. Al salir la Tribuna, una ráfaga más fuerte +desparramó por la mesa muchas hojas de vid, que danzaron un instante +sobre la superficie de granito, y cayeron al húmedo suelo.</p> + +<p>—¿Lo hará?—meditó Baltasar a sus solas—. ¿Me vendrá a marear en +público? Tengo para mí que no.... Estos genios vivos y prontos son del +primer momento: pasado ese, se quedan como malvas. Quia... no lo hace. +Sin embargo, me convendría salir de Marineda una temporada....</p> + +<p>Al pensar esto, miraba maquinalmente a las hojas secas, que valsaban con +lánguido y desmayado ritmo.</p> + +<p>—Pero ¿y Josefina? Si las noticias de mamá son ciertas, no va a ser +posible abandonar una proporción que tal vez no vuelva a encontrar en mi +vida. ¡Qué mil diablos! Y esa chica era guapa.... ¡Lo que es guapa! ¡Qué +tonterías! ¿Por qué se buscará uno estos conflictos? ¡Yo que tengo +juicio para diez!</p> + +<p>Impaciente, tiró el cigarro que estaba concluyendo. Un átomo de fuego +brilló entre las hojas, que crujieron encogiéndose, y a poco la colilla +se apagó.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XXXIV" id="XXXIV"></a><a href="#capitulos">-XXXIV-</a></h2> + +<h3>Segunda hazaña de la Tribuna</h3> + + +<p>Frío es el invierno que llega; pero las noticias de Madrid vienen +calentitas, abrasando. La cosa está abocada, el italiano va a abdicar +porque ya no es posible que resista más la atmósfera de hostilidad, de +inquina, que le rodea. Él mismo se declara aburrido y harto de tanto +contratiempo, de la grosería de sus áulicos, de la guerra carlista, del +vocerío cantonal, del universal desbarajuste. No hay remedio, las +distancias se estrechan, el horizonte se tiñe de rojo, la federal +avanza.</p> + +<p>La Fábrica ha recobrado su Tribuna. Es verdad que esta vuelve herida y +maltrecha de su primer salida en busca de aventuras; mas no por eso se +ha desprestigiado. Sin embargo, los momentos en que empezó a conocerse +su desdicha fueron para Amparo de una vergüenza quemante. Sus pocos +años, su falta de experiencia, su vanidad fogosa, contribuyeron a hacer +la prueba más terrible. Pero en tan crítica ocasión no se desmintió la +solidaridad de la Fábrica. Si alguna envidia excitaba antaño la +hermosura, garbo y labia irrestañable de la chica, ahora se volvió +lástima, y las imprecaciones fueron contra el eterno enemigo, el hombre. +¡Estos malditos de Dios, recondenados, que sólo están para echar a +perder a las muchachas buenas! ¡Estos señores, que se divierten en hacer +daño! ¡Ay, si alguien se portase así con sus hermanas, con sus hijitas, +quién los oiría y quién los vería echársele como perros! ¿Por qué no se +establecía una ley para eso, caramba? ¡Si al que debe una peseta se la +hacen pagar más que de prisa, me parece a mí que estas deudas aún son +más importantes, demontre! ¡Sólo que ya se ve: la justicia la hay de dos +maneras: una a rajatabla para los pobres, y otra de manga ancha, muy +complaciente, para los ricos!</p> + +<p>Algunas cigarreras optimistas se atrevieron a indicar que acaso Sobrado +se casaría, o por lo menos reconocería lo que viniese.</p> + +<p>—Sí, sí... ¡esperar por eso, papalanatas! ¡Ahora se estará sacudiendo +la levita y burlándose bien!</p> + +<p>—No sabes... yo no quiero que ella lo oiga, ni lo entienda—decía la +Comadreja a Guardiana—, pero ese descarado ya vuelve a andar tras de la +de García.</p> + +<p>—¡Bribón!—exclamaba Guardiana—. ¡Y quién lo ve, tan juicioso como +parece!</p> + +<p>—Pues conforme te lo digo.</p> + +<p>—Amparo tampoco debió hacerle caso.</p> + +<p>—Mujer, uno es de carne, que no es de piedra.</p> + +<p>—¿Se te figura a ti que a cada uno le faltan ocasiones?—replicó la +muchacha—. Pues si no hubiese más que.... ¡Madre querida de la Guardia! +No, Ana; la mujer se ha de defender ella. Civiles y carabineros no se +los pone nadie. Y las chicas pobres, que no heredamos más mayorazgo que +la honradez.... Hasta te digo que la culpa mayor la tiene quien se deja +embobar.</p> + +<p>—Pues a mí me da lástima ella, que es la que pierde.</p> + +<p>—A mí también. Lástima, sí.</p> + +<p>Ya todo el mundo se la daba. ¡Quién hubiera reconocido a la brillante +oradora del banquete del Círculo Rojo en aquella mujer que pasaba con el +mantón cruzado, vestida de oscuro, ojerosa, deshecha! Sin embargo, sus +facultades oratorias no habían disminuido; sólo sí cambiado algún tanto +de estilo y carácter. Tenían ahora sus palabras, en vez del impetuoso +brío de antes, un dejo amargo, una sombría y patética elocuencia. No era +su tono el enfático de la prensa, sino otro más sincero, que brotaba del +corazón ulcerado y del alma dolorida. En sus labios, la República +federal no fue tan sólo la mejor forma de gobierno, época ideal de +libertad, paz y fraternidad humana, sino período de vindicta, plazo +señalado por la justicia del cielo, reivindicación largo tiempo esperada +por el pueblo oprimido, vejado, trasquilado como mansa oveja. Un aura +socialista palpitó en sus palabras, que estremecieron la Fábrica toda, +máxime cuando el desconcierto de la Hacienda dio lugar a que se +retrasase nuevamente la paga en aquella dependencia del Estado. Entonces +pudo hablar a su sabor la Tribuna, despacharse a su gusto. ¡Ay de Dios! +¿Qué les importaba a los señorones de Madrid... a los pícaros de los +ministros, de los empleados, que ellas falleciesen de hambre? ¡Los +sueldos de ellos estarían bien pagados, de fijo! No, no se descuidarían +en cobrar, y en comer, y en llenar la bolsa. ¡Y si fuesen los ministros +los únicos a reírse del que está debajo! ¡Pero a todos los ricos del +mundo se les daba una higa de que cuatro mil mujeres careciesen de pan +que llevar a la boca!</p> + +<p>Y al decir esto, Amparo se incorporaba, casi se ponía de pie en la +silla, a pesar de los enérgicos y apremiantes ¡sttt!, de la maestra, a +pesar del inspector de labores, que no hacía un momento estaba asomado a +la entrada del taller, silencioso y grave.</p> + +<p>—¡Qué cuenta tan larga...—proseguía la oradora, animándose al ver el +mágico y terrible efecto de sus palabras...—, qué cuenta tan larga +darán a Dios algún día esas sanguijuelas, que nos chupan la sangre toda! +Digo yo, y quiero que me digan, por qué nadie me contesta a esto, ni +puede contestarme: ¿hizo Dios dos castas de hombres, por si acaso, una +de pobres y otra de ricos?, ¿hizo a unos para que se paseasen, +durmiesen, anduviesen majos, y hartos, y contentos, y a otros para sudar +siempre y arrimar el hombro a todas las labores, y morir como perros sin +que nadie se acuerde de que vinieron al mundo? ¿Qué justicia es esta, +retepelo? Unos trabajan la tierra, otros comen el trigo; unos siembran y +otros recogen; tú, un suponer, plantaste la viña, pues yo vengo con mis +manos lavadas y me bebo el vino....</p> + +<p>—Pero el que lo tiene, lo tiene—interrumpía la conservadora Comadreja.</p> + +<p>—Ya se sabe que el que lo tiene, lo tiene; pero ahora vamos al caso de +que es preciso que a todos les llegue su día, y que cuantos nacemos +iguales gocemos de lo mismo, ¡tan siquiera un par de horas! ¡Siempre +unos holgando y otros reventando! Pues no ha de durar hasta la fin de +los siglos, que alguna vez se ha de volver la tortilla.</p> + +<p>—El que está debajo, mujer, debajito se queda.</p> + +<p>—¡Conversación! Mira tú, en París de Francia, el cuento ese de la +<i>Comun</i>... ¡Anda si pusieron lo de arriba para abajo! ¡Anda si se +sacudieron! No quedó cosa con cosa... así, así debemos de hacer aquí, si +no nos pagan.</p> + +<p>—¿Y allá, qué hicieron?</p> + +<p>Amparo bajó la voz.</p> + +<p>—Prender fuego... a todos los edificios públicos....</p> + +<p>Un murmullo de indignación y horror salió de la mayor parte de las +bocas.</p> + +<p>—Y a las casas de los ricos... y....</p> + +<p>—¡Asús!, ¡fuego, mujer!</p> + +<p>—Y afusil... y afusil... ar....</p> + +<p>—¿Afusilar... a quién, mujer, a quién?</p> + +<p>—A... a los prisioneros, y al arzobispo, y a los cur....</p> + +<p>—¡Infames!</p> + +<p>—¡Tigres!</p> + +<p>—¡Calla, calla, que parece que la sangre se me cuajó toda!... ¿Y quién +hizo eso? ¡Pues vaya unas barbaridás que cuentas!</p> + +<p>—Si yo no las cuento para decir que... que esté bien hecho eso de... de +prender fuego y afusilar.... ¡No, caramba!, ¡no me entendéis, no os da +la gana de entenderme! Lo que digo es que... hay que tener hígados, y no +dejarse sobar ni que le echen a uno el yugo al cuello sin defenderse.... +Lo que digo es, que cuando no le dan a uno por bien lo suyo, lo muy +suyo, lo que tiene ganado y reganado.... Cuando no se lo dan, si uno no +es tonto... lo pide... y si se lo niegan... lo coge.</p> + +<p>—Eso, clarito.</p> + +<p>—Tienes razón. Nosotras hacemos cigarros, ¿eh?, pues bien regular es +que nos abonen lo nuestro.</p> + +<p>—No, y apuradamente no es ley de Dios esa desigualdá y esa diferiencia +de unos zampar y ayunar otros.</p> + +<p>—Lo que es yo, mañana, o me pagan, o no entro al trabajo.</p> + +<p>—Ni yo.</p> + +<p>—Ni yo.</p> + +<p>—Si todas hiciésemos otro tanto... y si además nos viesen bien +determinadas a armar el gran cristo....</p> + +<p>—¡Mañana... lo que es mañana! ¿Habéis de hacer lo que yo os diga?</p> + +<p>—Bueno.</p> + +<p>—Pues venir temprano... tempranito.</p> + +<p>A la madrugada siguiente los alrededores de la Fábrica, la calle del +Sol, la calzada que conduce al mar, se fueron llenando de mujeres que, +más silenciosas de lo que suelen mostrarse las hembras reunidas, tenían +vuelto el rostro hacia la puerta de entrada del patio principal. Cuando +esta se abrió, por unánime impulso se precipitaron dentro, e invadieron +el zaguán en tropel, sin hacer caso de los esfuerzos del portero para +conservar el orden; pero en vez de subir a los talleres, se estacionaron +allí, apretadas, amenazadoras, cerrando el paso a las que, llegando +tarde, o ajenas a la conjuración, intentaban atravesar más allá de la +portería. Sordos rumores, voces ahogadas, imprecaciones que presto +hallaban eco, corrían por el concurso, que se iba animando, y +comunicándose ardimiento y firmeza. En primera fila, al extremo del +zaguán, estaba Amparo, pálida y con los ojos encendidos, la voz ya algo +tomada de perorar, y, sin embargo, llena de energía, incitando y +conteniendo a la vez la humana marea.</p> + +<p>—Calma—decíales con hondo acento—, calma y serenidá... Tiempo habrá +para todo: aguardar.</p> + +<p>Pero algunos gritos, los empellones, y dos o tres disputas que se +promovieron entre el gentío, iban empujando, mal de su grado, a la +Tribuna hacia la vetusta escalera del taller, cuando en este se +sintieron pasos que conmovían el piso, y un inspector de labores, con la +fisonomía inquieta del que olfatea graves trastornos, apareció en el +descanso. Empezaba a preguntar, más bien con el ademán que con la boca: +«¿Qué es esto?», a tiempo que Amparo, sacando del bolsillo un pito de +barro, arrimolo a los labios y arrancó de él agudo silbido. Diez o doce +silbidos más, partiendo de diferentes puntos, corearon aquella romanza +de pito, y el inspector se detuvo, sin atreverse a bajar los escalones +que faltaban. Dos o tres viejas desvenadoras se adelantaron hacia él, +profiriendo chillidos temerosos, y tocándole casi, y se oyó un sordo +«¡muera!». Sin embargo, el funcionario se rehízo, y cruzándose de +brazos, se adelantó, algo mudada la color, pero resuelto.</p> + +<p>—¿Qué sucede?, ¿qué significa este escándalo?—preguntó a Amparo, a +quien halló más próxima—. ¿Qué modo es este de entrar en los talleres?</p> + +<p>—Es que no entramos hoy—respondió la Tribuna. Y cien voces confirmaron +la frase—: No se entra, no se entra.</p> + +<p>—No entran... ¿pues qué pasa?</p> + +<p>—Que se hacen con nosotras iniquidás, y no aguantamos.</p> + +<p>—No, no aguantamos. ¡Mueran las iniquidás! ¡Viva la libertá! ¡Justicia +seca!—clamaron desde todas partes. Y dos o tres maestras, cogidas en el +remolino, alzaban las manos desesperadamente, haciendo señas al +inspector.</p> + +<p>—¿Pero qué piden ustedes?</p> + +<p>—¿No oyes, hijo? Jos-ti-cia-berreó una desvenadora al oído mismo del +empleado.</p> + +<p>—Que nos paguen, que nos paguen, y que nos paguen—exclamó +enérgicamente Amparo, mientras el rumor de la muchedumbre se hacía +tempestuoso.</p> + +<p>—Vuelvan ustedes, por de pronto, al orden y a la compostura que....</p> + +<p>—No nos da la gana.</p> + +<p>—¡Que baile el can-can!</p> + +<p>—¡Muera!</p> + +<p>Y otra vez la sinfonía de pitos rasgó el aire.</p> + +<p>—No pedimos nada que no sea nuestro—explicó Amparo con gran sosiego—. +Es imposible que por más tiempo la Fábrica se esté así, sin cobrar un +cuarto.... Nuestro dinero, y abur.</p> + +<p>—Voy a consultar con mis superiores—respondió el inspector, +retirándose entre vociferaciones y risotadas.</p> + +<p>Apenas le vieron desaparecer, se calmó la efervescencia un tanto. «Va a +consultar» se decían las unas a las otras... «¿nos pagarán?».</p> + +<p>—Si nos pagan—declaró la Tribuna, belicosa y resuelta como nunca—, es +que nos tienen miedo. ¡Alante! Lo que es hoy, la hacemos, y buena.</p> + +<p>—Debimos cogerlo y rustrirlo en aceite—gruñó la voz oscura de la +vieja—. ¡Fretirlo como si fuera un pancho... que vea lo que es la +necesidá y los trabajitos que uno pasa!</p> + +<p>—Orden y unión, ciudadanas...—repetía Amparo con los brazos +extendidos.</p> + +<p>Trascurridos diez minutos volvió el inspector acompañado de un +viejecillo enjuto y seco como un pedazo de yesca, que era el mismo +contador en persona. El jefe no juzgaba oportuno por entonces +comprometer su dignidad presentándose ante las amotinadas, y por medida +de precaución había reunido en la oficina a los empleados y consultaba +con ellos, conviniendo en que la sublevación no era tan temible en la +Granera como lo sería en otras Fábricas de España, atendido el pacífico +carácter del país. No quisiera él estar ahora en Sevilla.</p> + +<p>—¿Qué recado nos trae?—gritaron al inspector las sublevadas.</p> + +<p>—Oíganme ustedes.</p> + +<p>—Cuartos, cuartos, y no tanta parolería.</p> + +<p>—Tengo chiquillos que aguardan que les compre mollete... ¿oyusté?, y no +puedo perder el tiempo.</p> + +<p>—Se pagará... hoy mismo... un mes de los que se adeudan.</p> + +<p>Hondo murmullo atravesó por la multitud llegando a las últimas filas. +«¿Él pagan, sí o no? pagan.... ¡Un mes...! ¡Un mes, para poca salú... no +consentir... todo, todo junto!». Amparo tomó la palabra.</p> + +<p>—Como usted conoce, ciudadano inspector... un mes no es lo que se nos +debe, y lo que nos corresponde, y a lo que tenemos derechos inalienables +e individuales.... Estamos resueltas, pero resueltas de verdá, a +conseguir que nos abonen nuestro jornal, ganado honrosamente con el +sudor de nuestras frentes, y del que sólo la injusticia y la opresión +más impía se nos pueden incautar....</p> + +<p>—Todo eso es muy cierto, pero ¿qué quieren ustedes que hagamos? Si la +Dirección nos hubiese remitido fondos, ya estarían satisfechos los dos +meses.... Por de pronto se les ofrece a ustedes uno, y se les advierte +que despejen el local en buen orden y sin ocasionar disturbios.... De lo +contrario, la guardia va a proceder al despejo....</p> + +<p>—¡La guardia!, ¡que nos la echen!, ¡que venga! ¡Acá la guardia!</p> + +<p>Cuatro soldados al mando de un cabo, total cinco hombres, bregaban ya en +la puerta de entrada con las más reacias y temibles. No tenían, dijeron +ellos después, corazón para hacer uso de sus armas; aparte de que no se +les había mandado tampoco semejante cosa. Limitábanse a coger del brazo +a las mujeres y a irlas sacando al patio: era una lucha parcial, en que +había de todo: chillidos, pellizcos, risas, palabras indecorosas, +amenazas sordas y feroces.</p> + +<p>Pero sucedió que un soldado, al cual una cigarrera clavó las uñas en la +nuca, echó a correr, trajo de la garita el fusil y apuntó al grupo: al +instante mismo un pánico indecible se apoderó de las más cercanas, y se +oyeron gritos convulsivos, imprecaciones, súplicas desgarradoras, ayes +de dolor que partían el alma, y las mujeres, en revuelto tropel, se +precipitaron fuera del zaguán, y corrieron buscando la salida del patio, +empujándose, cayendo, pisoteándose en su ciego terror, arracimadas como +locas en la puerta, impidiéndose mutuamente salir, y chillando lo mismo +que si todas las ametralladoras del mundo es tuviesen apuntadas y +prontas a disparar contra ellas.</p> + +<p>Quedose en medio del zaguán la insigne Tribuna, sola, rezagada, vencida, +llena de cólera ante tan vergonzosa dispersión de sus ejércitos. Para +mostrar que ella no temía ni se fugaba, fue saliendo a pasos lentos y +llegó al patio en ocasión que la guardia, aprovechándose de la ventaja +fácilmente adquirida, expulsaba a las últimas revolucionarias, sin +mostrar gran enojo. Por galantería, el soldado del fusil administró a +Amparo un blando culatazo, diciéndole «Ea... afuera...». La Tribuna se +volvió, mirole con regia dignidad ofendida, y sacando el pito, silbó al +soldado. Después cruzó la puerta que se le cerró en las mismas espaldas +con gran estrépito de gonces y cerrojos.</p> + +<p>Al verse fuera ya, miró asombrada en torno suyo y halló que una gran +multitud rodeaba el edificio por todos lados. No sólo las que estaban +dentro, sino otras muchas que habían ido llegando, formaban un cordón +amenazador en torno de los viejos muros de la Granera. La Tribuna, +viendo y oyendo que sus dispersas huestes se rehacían, comenzó a +animarlas y a exhortarlas, a fin de que no sufriesen otra vez tan +humillante derrota. Ya las que habían sido arrojadas por los soldados, +al contacto de la resuelta muchedumbre, recobraron los ánimos decaídos, +y enseñaban el puño a la muralla profiriendo invectivas.</p> + +<p>Hicieron ruidosa ovación a su capitana que empezó a recorrer las filas +calentando a las que aún tenían recelo o no estaban dispuestas a gritar. +Y eligiendo dos o tres de las más animosas, mandoles que arrancasen una +de las desiguales y vacilantes piedras de la calzada, que se movían como +dientes de viejo en sus alveolos, y, alzándola lo mejor posible, la +condujesen ante la puerta que les acababan de cerrar en sus mismas +narices. Brotó de entre los espectadores un clamoreo al ver ejecutar +esta operación con tino y rapidez y oír retemblar las hojas de la puerta +cuando la lápida cayó contra el quicio.</p> + +<p>—Hacen barricadas—exclamó una cigarrera que recordaba los tiempos de +la Milicia Nacional.</p> + +<p>—Borricadas, borricadas—exclamaba una maestra—, nos van a dar por +cara todo este barullo.</p> + +<p>El propósito de las desempedradoras no era ciertamente hacer barricadas, +sino otra cosa más sencilla: o bien echar abajo la puerta a puros +cantazos, o bien elevar delante un montón de piedras por el cual se +pudiese practicar el escalamiento. En su imprevisión estratégica +olvidaban que del otro lado, al extremo del callejón del Sol, existía un +portillo, un lado débil, sobre el cual debería cargar el empuje del +ataque. No estaba la generala en jefe para tales cálculos: cegada por la +rabia, Amparo no pensaba sino en atravesar otra vez la misma puerta por +donde la habían expulsado—¡oh rubor!—cuatro soldados y un cabo. Así es +que arrancada ya, casi con las uñas, la primer baldosa, se procedió a +desencajar la segunda.</p> + +<p>Apoyadas en el muro de una casita de pescadores, donde había redes +colgadas a secar, Guardiana y la Comadreja miraban el motín sin tomar +parte en él. Ana era remilgada, endeble como un junco, y jamás podrían +sus descarnadas manos, forzudas sólo en los momentos de excitación +nerviosa, levantar ni una peladilla de arroyo algo grande; en cuanto a +Guardiana, se creía obligada a permanecer allí, puesto que al fin el +tumulto era «cosa de la Fábrica»; pero desaprobándolo, porque +indudablemente, de todo aquello iban a resultar «desgracias».</p> + +<p>—¡Mira Amparo, tan adelantada en meses, y cómo ella trajina!</p> + +<p>—Es el demonche. Ella sola levanta la piedra—contestó Ana, con la +reverencia de los débiles hacia la fuerza física.</p> + +<p>Mas la primera piedra era enorme: una losa de un metro de longitud y +gruesa y ancha a proporción, y constituía un problema de dinámica al +trasportarla sin auxilio de máquina alguna. Para echada a hombros de una +sola persona era enorme y la aplastaría; para llevada en vilo entre +varias, no se sabía cómo subirla. Amparo discurrió irla enderezando y +rodando hasta la puerta, y en efecto, el sistema dio buen resultado y la +piedra llegó a su sitio. Al punto que la vio colocada, tornó con +infatigable ardor a intentar descuajar un nuevo proyectil. En esta faena +y brega estaban entretenidas las pronunciadas, sin reparar que el sol +calentaba más de lo justo y que ya eran casi las once de la mañana, +cuando un rumor contenido, temeroso, leve al principio, se propagó entre +el concurso cayendo como lluvia helada sobre el entusiasmo general, y +causando notable descenso en los gritos y vociferaciones que coreaban el +arranque de las piedras.</p> + +<p>¿Quién dio la noticia? Un pilluelo, que, con los calzones remangados, +venía al trote largo desde la plaza de la Fruta, allá en el barrio de +Arriba. Oídos sus informes, las miradas se volvieron ansiosamente hacia +los cuatro puntos cardinales, y cada boca murmuró pegándose a cada oído +ajeno dos palabras preñadas de espanto: «Viene tropa».</p> + +<p>Al notar la oleada del creciente rumor, abandonó la Tribuna la piedra +que traía entre manos, y volviose iracunda, con la mirada rechispeante, +a la inerme multitud. Su rostro, su ademán, decían claramente: «Ahora +vuelven estas cobardonas a dejarme aquí plantada». En efecto, el nombrar +tropa bastó para que tomasen el portante algunas de las más animosas +barricaderas. ¡Pero qué fue cuando, en el punto más lejano del +horizonte, se vio aparecer una nube de polvo, y cuando se oyó como el +trote de muchos caballos reunidos!</p> + +<p>Amparo anima a sus huestes. Con la nariz dilatada, los brazos +extendidos, diríase que la aparición de las brigadas de caballería y +fuerzas de la Guardia Civil que desembocan, unas por el camino real, +otras por San Hilario, redobla su guerrero ardor, acrecienta su cólera. +«No nos comerán, grita.... Vamos a tirarles piedras, a lo menos tengamos +ese gusto...». Nadie quiere tenerlo. La losa enorme es abandonada; las +que más gritaban se escurren por donde pueden; cuando las brigadas +llegan a las puertas de la Granera, el motín se ha disuelto, sin dejar +más señales de su existencia que dos medianas baldosas, arrimadas al +portón, y algunas mujeres dispersas, inofensivas, en medrosa actitud.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XXXV" id="XXXV"></a><a href="#capitulos">-XXXV-</a></h2> + +<h3>La Tribuna se porta como quien es</h3> + + +<p>Cada vez más fría la estación invernal y más calientes las noticias que +de allá fuera vienen a conmover la Fábrica. Por de pronto, no quedaron +estériles las disposiciones marciales demostradas el día del motín, y al +siguiente cobraron las operarias sus haberes a tocateja. No era cosa de +provocar el enojo del pueblo en el estado actual de España, que parecía +ya la casa de Tócame Roque. Nadie se entendía; al ejército se le conocía +por la «tropa amadeísta»; la artillería presentaba dimisión en masa; el +Maestrazgo ardía, Saballs llamaba «cabecilla» a Gaminde y Gaminde le +devolvía el calificativo; los Hierros ordenaban a una compañía entera de +ferro-carriles suspender la circulación de trenes; corría en Cataluña +moneda con el busto de Carlos VII, y la reina de más tristes destinos, +la mujer de Amadeo I, a la cual tirios y troyanos nombraban +desdeñosamente «la Cisterna», daba al mundo con terror y lágrimas un +mísero infante, y ningún obispo se prestaba a bautizar el vástago regio. +Así andaba la patria. Más adelante se ha visto que podía encontrarse +mucho peor.</p> + +<p>Amparo quedó algo abatida desde el memorable día del pronunciamiento. +Había hecho tal gasto de energía y de fuerza muscular removiendo los +pedruscos de la calzada, y tal dispendio de laringe, espoleando a las +remisas y vacilantes, que por algún tiempo no quedó de provecho para +cosa alguna. Entre el frío, la lluvia que, al ir a la Fábrica la +acribillaba a alfilerazos en la piel o la bañaba con gruesos y anchos +goterones que se deshacían aplastándose en su mantón, y la fatiga +inherente a su estado, viose sumida en marasmo constante, que a veces +iluminaba, a manera de relámpago que divide un cielo oscuro, aquella +última y robusta esperanza en el advenimiento de la federal. ¡Cuán +triste veía el cielo, y el aire, y todo en derredor! Parecíale a Amparo +que los lugares testigos de sus dichas y sus yerros habían sido +devastados, arrasados por mano aleve. La tierra del huerto que Baltasar +había llamado <i>paraíso</i>, desnuda, en barbecho, aguardaba la vegetación. +De los verdes y gayos maizales sólo quedaban rastrojos. Los árboles de +la carretera alzaban sus ramas peladas y escuetas al brumoso cielo. El +piso, lleno de charcos formados por la lluvia, se hallaba intransitable, +y delante de la misma casa de la Tribuna una gran poza obstruía el paso; +para entrar, Amparo tenía que saltarla, y como no calculase bien el +brinco, sucedíale meter el pie en el agua helada y cenagosa, y haber de +mudarse después las medias y el calzado. Algunas veces encontraba a +Chinto, que se ofrecía a darle la mano para pasar el mal paso, y su +ademán compasivo la encendía en ira. ¡Ser compadecida por semejante +bestia! ¡A esto llegábamos después de tanto sueño, de tanta aspiración +hacia la vida fácil y brillante, hacia la dicha!</p> + +<p>Así iba desgranándose el racimo de los días de invierno, lentos aunque +breves, sin que Amparo viese brillar un rayo de claridad en el +firmamento ni en su destino. Aplanose su espíritu, y cometió un acto de +flaqueza. No veía a Baltasar desde la disputa en el merendero, y +entrole, de pronto, deseo invencible de hablar con él, para suplicar o +para increpar, ella misma no sabía para qué; pero, en suma, para +desfogar, para romper aquella horrible monotonía del tiempo que pasaba +inalterable. Enviole el mensaje por Ana. Baltasar respondió: «Ya iré».</p> + +<p>—¿Piensa usted ir?—le preguntaba Borrén aquella tarde.—¿A qué? ¿A oír +lástimas que no puedo remediar? ¡Algo bueno daría por estar ahora en +Guipúzcoa!</p> + +<p>—¡Hombre... pobre chica!</p> + +<p>Baltasar tomó su café a sorbos, muy pensativo. Calculaba que la avaricia +de su madre le exponía, tal vez, a un grave compromiso. Era falta de +habilidad no remitir a Amparo siquiera mil reales para tenerla contenta +mientras él no aseguraba a Josefina, que engreída ahora con la +perspectiva del caudal, le había acogido con hartos remilgos y +escrúpulos, dificultando reanudar sus antiguos amorcillos. ¡Bah! El caso +era ganar tiempo, porque apenas pusiese tierra en medio el peligro +cesaba.... No obstante, el prudente Baltasar temía, temía una campanada +inoportuna, que diese al traste con sus nuevos planes.</p> + +<p>—¿Qué te dijo?—interrogó ansiosamente Amparo.</p> + +<p>—Que vendría—repuso la Comadreja.</p> + +<p>—Pero... ¿cuándo?</p> + +<p>—No quiso explicar cuándo.</p> + +<p>—¿Piensa él que estoy yo para esas calmas?</p> + +<p>—Lo que él no tiene es gana de verte el pelo.</p> + +<p>Amparo dejó caer la cabeza sobre el pecho, y su rostro se anubló con +expresión tal de desconsuelo y enojo, que Ana la miró compadecida.</p> + +<p>—Si algún día... si pronto... viene la república... la santa federal... +¡así Dios me salve, Ana... lo arrastro!</p> + +<p>Ana se echó a reír con su delgada risa estridente.</p> + +<p>—No seas tonta, mujer... no seas tonta... ¡para divertirlo y darle un +mal rato no tienes que aguardar por república ni repúblico!</p> + +<p>—¿Que no?</p> + +<p>—¿Sabes lo que yo había de hacer? Pues esto mismo. Coger papel y +pluma.... ¿Conoce tu letra?</p> + +<p>—Nunca le escribí.</p> + +<p>—Mejor. Pues escribirle a la de García una carta bien explicada, para +que no se deje engañar por él.</p> + +<p>—¿Un anónimo? ¡Quita allá!</p> + +<p>—Un avisito... contándole lo que hizo contigo. No seas boba, anda, más +merece.</p> + +<p>Pasaba esta conversación a la salida de la Fábrica; Ana llevó a Amparo a +su casa, en la calle de la Sastrería. Subieron a un cuartuco; la +Comadreja dio a su amiga recado de escribir, y entre las dos compusieron +la siguiente epístola, que fielmente se traslada a la estampa: «Estimada +Srta.: halguien que la estima le abisa que quien se guiere casar con +Usté tiene compormetida huna Chica onrada, y lea dado palbra de casarse +con ella. Es el de Sobrado, parque Usté no dude, y Usté se iformará y +veraque es verdá. Q. b. s. m. Un afetísimo amigo». La Comadreja cerró, +dictó sobre y señas, puso lacre fino del que ella usaba para escribir a +su capitán, pegó un sello, y dijo a la Tribuna:</p> + +<p>—Ahora, de paso que vuelves a tu casa, la echas en el correo con +disimulo.</p> + +<p>Al bajar la escalera, estrecha y oscura como boca de lobo, zumbábanle a +Amparo los oídos y apretaba convulsivamente la carta, llevándola oculta +bajo el mantón. La oprimía como oprimiría un puñal, con vengativo empeño +y no sin cierto interior escalofrío. Se representaba a la orgullosa +señorita de García rompiendo el sobre, leyendo, palideciendo, +llorando...—¡Que pene!—decíase a sí propia la oradora—. ¡Que sufra +como yo!... ¿Y qué tiene que ver? Si ella pierde un pretendiente, yo he +perdido la conducta y cuanto perder cabe...—Después pensaba en +Baltasar... y en los Sobrados todos...—. ¡Ah!, ¡buen chasco esperaba a +la avarienta de la madre, que contaba con establecer brillantemente a su +hijo! No la habían querido a ella... pues ahora iban a verse desairados +a su turno.... ¡Ya probarían lo bien que sabe!</p> + +<p>Se le presentaban estas ideas a medida que adelantaba por la calle de la +Sastrería, calle torcida, mal empedrada, en cuyos adoquines tropezaba de +vez en cuando, mientras la luz vaga de los faroles del alumbrado +público, proyectándose un momento, arrojaba a las paredes blanqueadas de +las casas su silueta furtiva, de líneas desfiguradas, fantasmagóricas, +prolongadas por la funda del pañuelo. En la oscura noche invernal, +caminando con paso atentado para salvar los charcos que dejó la lluvia +de la tarde, parecíale a Amparo ir a cometer un delito, y, herida, +sintiendo el dolor de su agravio, este pensamiento la embriagaba. +Maquinalmente, al llegar a la entrada de la calle estrecha de San Efrén +bajó una mano para recoger el vestido que se iba manchando de barro, y +al hacerlo aflojáronse sus dedos y dejó de apretar la carta, cuyo +satinado papel le acariciaba las falanges.... Al cruzar la travesía del +Puerto, su cabeza pareció despejarse, y vio el escaparate de la tercena +y el buzón, con las fauces abiertas, como voceando «aquí estoy yo». +Amparo soltó el vestido y sacó de debajo del mantón la mano derecha y la +misiva.... Detúvose antes de alzar el brazo.</p> + +<p>—¡Un anónimo!—pensaba.</p> + +<p>Su indómita generosidad popular se despertó. La pequeñez de la villana +acción se le hacía muy patente al ir a perpetrarla.</p> + +<p>—Debí decirle a Ana que la echase ella.... Yo no tengo cara a esto +—murmuró entre sí—. Y si no la echo me llamará boba.... Pues mejor. +¡Esto es indecente!—balbució adelantando la carta hasta tocar con el +buzón—. No, repelo—exclamó casi en voz alta bajando la mano—. Esto es +una cochinada.... ¡Más vale ahogarlos donde los encuentre!</p> + +<p>Dio precipitadamente la vuelta y se metió por un callejón que lindaba +con la travesía del Puerto, desembocando en el muelle. Ofreciose de +pronto a sus ojos el agua negra de la bahía, que no alumbraban la luna +ni las estrellas, y donde los barcos inmóviles parecían más negros aún. +Arrimose al parapeto. Una brisa salitrosa, picante, le envolvió la faz. +Despejósele completamente el cerebro, y con viveza suma hizo pedazos la +epístola anónima. Los blancos fragmentos revolotearon un instante, como +voladoras falenas, y cayeron sordamente en el agua, que chapoteaba +contra el muro del embarcadero.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XXXVI" id="XXXVI"></a><a href="#capitulos">-XXXVI-</a></h2> + +<h3>Ensayo sobre la literatura dramática revolucionaria</h3> + + +<p>No hay remedio, esto se va y lo otro avanza a galope. ¿Cuándo se retira +Amadeo? ¿Hoy? ¿Mañana? Y si el italiano no perdió de vista todavía la +tierra española, ya es como si viviésemos en plena república; no estará +proclamada, pero ¿qué más da? Todo el mundo cuenta con ella de un +instante a otro. Sólo bajo la monarquía de merengue que se va +derritiendo y consumiendo al calor de la revolución podía ser +representable el drama que anunciaban los carteles del coliseo +marinedino, Valencianos con honra. Aunque Amparo no iba a parte alguna, +tanto oyó hablar de lo intencionado y subversivo que era el drama +famoso, y de cómo pintaba a los republicanos tal cual son y no según los +ennegrece el pincel reaccionario, que resolvió asistir. Instalose con +Ana en el paraíso, donde se amontonaba inmensa concurrencia, que les +metía los pies por la cintura, los codos por las ingles; a duras penas +lograron las dos muchachas apoderarse de su sitio; al fin consiguieron +embutirse de medio lado en delanteras, y allí se mantuvieron prensadas, +comprimidas, sin ser dueñas ni de enjugarse el sudor de la frente. El +calor era espeso, asfixiante. Al alzarse el telón vino una bocanada de +aire más respirable a aquel horno; poco duró, pero al menos dio ánimos +para atender a las primeras escenas del drama.</p> + +<p>El cual merecía bien que se sufriese la asfixia y otros géneros de +tortura, a trueque de verlo representar. Desde la exposición tuvo +conmovidos y suspensos a los espectadores. No podía ser de más +actualidad el argumento, basado en los sucesos políticos de Valencia de +1869. Jugaba en el enredo un espía, un vil espía, perseguidor y delator +de una familia republicana a machamartillo. Perdonado este pícaro en el +primer acto por los magnánimos conspiradores a quienes vendió, claro +está que no había de enmendarse, y que en los actos siguientes volvería +a hacer de las suyas; no lo creyeron así los protagonistas del drama, +pero en cambio la concurrencia de la cazuela lo presintió, y en medio +del calor sofocante se oían voces ahogadas de emoción exclamando: «¡Ay! +¿Para qué perdonarán a ese tunante?... ¡Ya verás cómo los ha de vender +otra vez!... ¡Como yo le atrapase no le soltaba, no!». Verdad es que si +el bellaco del espía era tan malo que no tenía el diablo por donde +cogerlo, en cambio los personajes republicanos ofrecían modelos de +lealtad y dechados de virtudes. Cuando en el mismo acto primero una +esposa se abraza a su marido, que parte al combate, declarando con noble +resolución que quiere seguirle y compartir los riesgos de la lid, Amparo +sintió como un nudo, como una bola que se le formaba en la garganta, y +haciendo un supremo esfuerzo, se agarró a la barandilla de la cazuela y +gritó «¡bien!... ¡muy bien!» dos o tres veces, luciendo su voz de +contralto. Era aquel drama el mismo que ella había soñado en otro +tiempo, cuando llegaron a Marineda los delegados de Cantabria, de cuyos +riesgos y aventuras tanto deseara ser partícipe. La escena final del +acto, donde todos los voluntarios republicanos, entre el fragor de la +lid empeñada, doblan la rodilla al aparecer el Señor acompañado de las +monjas de San Gregorio, aflojó suavemente los tirantes nervios de la +concurrencia. Una especie de rocío refrigerante de honradez, dulzura y +religiosidad se derramó sobre el público; las gentes experimentaban +impulsos de abrazarse, de rezar y de charlar. ¡Después dirán que los +oscurantistas se levantan por la religión! ¡Sí, sí! ¡Por cobrar las +contribuciones y destruir <i>ferroscarriles</i>! ¡Que vengan a oír esto! +¿Quién duda que los mejores cristianos son los federales?</p> + +<p>Pasose el entreacto en vivos comentarios acerca del drama, que causaba +favorabilísima impresión. Personas grandes se limpiaban los ojos con el +dorso de la mano haciendo tiernos momos de llanto. ¡Cuidado que se +necesitaba talento y sabiduría para escribir piezas así! Sólo era +irritante lo de dejar al espía con vida, porque de fijo, en el acto +próximo, iba a salir con alguna barrabasada gorda. De tal suerte +imperaba el entusiasmo, que nadie se ocupaba en mirar a la gente de +abajo, a pesar de hallarse de bote en bote el coliseo; y como tardase en +subir el telón, hubo pateos y aplausos impacientes y furiosos. Al fin +dio principio el ansiado acto segundo.</p> + +<p>Graduaba el autor hábilmente los efectos dramáticos, manejando con +destreza los resortes del terror y la piedad. Ahora presentaba un +mancebito que volvía de la lucha callejera a su casa, herido +mortalmente, y consternando a su familia del modo que cualquiera puede +figurarse. La actriz encargada de este interesante papel se había puesto +sobre su cabello natural una peluca de ricitos cortos que la hacía +semejante a un perro de aguas; circundaban sus ojos románticas ojeras +marcadas al difumino; espesa capa de polvos de arroz imitaba la palidez +de la agonía; llevaba americana muy floja para disimular la amplitud de +las caderas, y entró tambaleándose y dando traspiés, con la mano apoyada +en la región del pecho donde se suponía estar la herida. Por el paraíso +circuló un rumor misterioso y profundo, el rugido opaco de la emoción +que se comprime y refrena para mejor estallar después. Comenzó la escena +de la despedida del moribundo y su familia. Cuando el padre, comandante +de los voluntarios republicanos, dijo adiós al hijo confiándole la +bandera, en unos versos que terminan así:</p> + +<p class="noindent"> +<span style="margin-left: 5em;"><i>Lleva la palma en la mano</i></span><br /> +<span style="margin-left: 5em;"><i>Mientras la patria en ofrenda</i></span><br /> +<span style="margin-left: 5em;"><i>Te da este sudario en prenda...</i></span><br /> +</p> + +<p>y corriendo hacia la concha del apuntador y mudando la voz llorona en un +vocejón estentóreo, gritó cerrando de puños:</p> + +<p class="noindent"> +<span style="margin-left: 5em;"><i>¡Viva el pueblo soberano!</i></span><br /> +</p> + + +<p>Los llantos histéricos de las mujeres fueron cubiertos, devorados por el +clamor que se alzó compacto y fortísimo, repitiendo frenéticamente el +¡viva!, a la vez que un huracán de palmadas asordó el coliseo. +Contagiados, electrizados por la exaltación del público, los actores se +esmeraban, bordaban su papel, y, poseyéndose, se abrazaban en realidad y +se daban verdaderas puñadas en el tórax. Amparo, con medio cuerpo fuera +de la barandilla, palmoteaba a más y mejor.</p> + +<p>Durante el segundo entreacto, las gentes prensadas en la cazuela se +hallaron unas miajas más anchas y cómodas, ya sea porque su volumen se +había ido sentando y acomodándose al espacio, ya porque algunas, +indispuestas con tan alta temperatura, mal de su grado hubieron de +retirarse. Ana logró, pues, revolverse y escudriñar con sus perspicaces +ojos de gato los ámbitos del teatro todo. Dio un expresivo codazo a la +Tribuna, que miró hacia donde le señalaba su amiga, y divisó a las de +García en un palco platea.</p> + +<p>Fijose especialmente en Josefina, que estaba elegante y sencilla, con +traje de alpaca blanca adornado de terciopelo negro. A toda su familia, +desde la madre hasta Nisita, les rebosaba el contento visiblemente; pero +Josefina, en particular, no parece sino que se había esponjado con las +buenas nuevas del pleito. La proximidad de la fortuna animaba, como un +reflejo dorado, su tez, y hacía fulgecer en sus ojos chispas áureas. +Recostada en la silla, gozaba beatíficamente del triunfo, exponiendo a +la admiración de los inquilinos de las <i>lunetas</i> el cuerpecillo +ajustado, púdico, la línea fugitiva que se elevaba desde la cintura al +hombro, el gracioso manejo de abanico, el movimiento delicado con que +subía los gemelos a la altura de las cejas. No acertaba Amparo a apartar +los ojos de su vencedora rival, y a duras penas la distrajo de aquella +contemplación acerba el principio del tercer acto.</p> + +<p>Aparecía en éste un oficial del ejército, que, agradecido a la +hospitalidad que le habían otorgado en la casa republicana, salvaba a su +vez a los dueños de ella: patético rasgo, corona de todos los excelentes +sentimientos que abundaban en el drama. Cuando más moqueaba la gente y +se oían más jipíos y sollozos, Amparo sintió que su mirada, atraída por +irresistible imán, se clavaba otra vez en el palco de García. Abriose la +puerta de este, y entró Baltasar, ceñido el fino talle por un uniforme +intachable; y después de saludar cortésmente a la madre y a las niñas, +se sentó al lado de la mayor, arreglándose el pelo con la enguantada +mano, y estirando levemente, con notable desembarazo, la tirilla. +Dirigió a Josefina en voz baja dos o tres palabras que, según el +movimiento con que las acompañó, debían ser: «¿Qué tal esto?». Y la de +García alzó los hombros de un modo imperceptible, que claramente +significaba: «Psh.... Un dramón muy cursi y muy populachero». Definida +así la situación, Baltasar tomó familiarmente el abanico de la joven, y +mientras lo cerraba y abría y le daba vueltas como para informarse bien +del paisaje, se entabló una de esas conversaciones íntimas, salpicadas +de coqueterías, de reticencias, de miradas intensas y cortas, de +ahogadas risas, diálogos en que reina dulce abandono, que no serían +posibles mano a mano y en la soledad, y nunca se producen mejor que +entre el tumulto de un sitio público, ante miles de testigos, en el +desierto de las multitudes.</p> + +<p>—Pero no ves, mujer... ¡qué poca vergüenza!—exclamaba Ana señalando al +grupo, del cual no se separaban las pupilas de Amparo—. Después del... +del aviso, ¿no sabes?—añadió hablándole al oído.</p> + +<p>La Tribuna no contestó. Ana ignoraba la destrucción del anónimo: Amparo, +avergonzándose de su noble impulso, no quería confesarlo, temerosa de +que la Comadreja la tratase de <i>babiona</i> y de <i>pápara</i>, y aun de que +repitiese la carta por cuenta propia. Ahora... ahora, clavando las uñas +en la franela roja del barandal, sentía que el corazón se le inundaba de +hiel y veneno: nada, estaba visto que era tonta; ¿por qué no echó la +carta en el correo? Pero no; esa miserable y artera venganza no la +satisfacía; cara a cara, sin miedo ni engaño, con la misma generosidad +de los personajes del drama, debía ella pedir cuenta de sus agravios. Y +mientras se le hinchaba el pecho, hirviendo en colérica indignación, el +grupo de abajo era cada vez más íntimo, y Baltasar y Josefina +conversaban con mayor confianza, aprovechándose de que el público, +impresionado por la muerte del espía infame que, al fin, hallaba +condigno castigo a sus fechorías, no curaba de lo que pudiese suceder +por los palcos. De Josefina, que tenía la cabeza vuelta, sólo se +alcanzaban a ver los bucles del artístico peinado, la mancha roja de una +camelia prendida entre la oreja y el arranque del blanco cuello, y la +bola de coral del pendiente, que oscilaba a cada movimiento de su dueña.</p> + +<p>Bien quisiera la Tribuna salir, librarse de la sensación lancinante que +le producía tal vista; pero la gente que la rodeaba por todas partes, +como las sardinas a las sardinas en la banasta, no le consentía moverse +mientras el telón no se bajase. Un poco antes de terminarse el drama +hubo de ver a las de García que se levantaban, y a Baltasar que les +ponía los abrigos a todas con suma deferencia, empezando por la madre; +después se cerró la puerta del palco, y quedose Amparo con las pupilas +fijas maquinalmente en aquel espacio vacío. Aún tardó algunos minutos en +comenzar el desagüe de la cazuela, y el estrepitoso descenso por las +escaleras abajo. Cogiéronse Amparo y Ana de bracero, y empujadas por +todos lados arribaron al vestíbulo y de allí salieron a la calle, donde +el frío cortante de la noche liquidó al punto el sudor en que estaban +ensopadas sus frentes. Sintió la Comadreja que el brazo de Amparo +temblaba, y la miró, y le halló desencajada la faz.</p> + +<p>—Tú no estás bien, chica... ¿qué tienes? ¿Te da algo por la cabeza?</p> + +<p>—Suéltame—contestó con voz opaca la Tribuna—. A donde voy no me hace +falta compañía.</p> + +<p>—¡María Santísima!, ¿a dónde vas, mujer?, ¿qué es esto?</p> + +<p>—¡Que a dónde voy! Pues a apedrearles la casa, para que lo sepas.</p> + +<p>Y recogió el mantón, como para quedarse con los brazos libres.</p> + +<p>—Tú loqueas.... Anda a dormir.</p> + +<p>—O me dejas o me tiro al mar—respondió con tal acento de desesperación +la muchacha, que Ana la soltó, y echó a andar a su lado, midiendo el +paso por el de la terrible y colérica Tribuna.</p> + +<p>—Te digo que se la apedreo, mujer; tan cierto como que ahora es de +noche y Dios nos ve. ¡Repelo!,¡no hay sino hacer irrisión de las +gentes... de las infelices mujeres... de los pobres! ¿Pero tú has visto +qué descaro, qué descaro tan atroz? En mi cara... en mi cara misma... +¡me valga san Dios!, ¡que esto no pasa entre los negros de allá de +Guinea!</p> + +<p>—Bueno... y ahora ¿qué se hace con perderse... con ir a la cárcel, +mujer?</p> + +<p>—Desahogarme, Ana... porque me ahogo, que toda la noche pensé que con +un cordel me estaban apretando la nuez.... ¡Romperles los vidrios, +retepelo!, ¡armar un belén, avergonzarlos, canario!, ¡y que no me piquen +las manos y que duerma yo a gusto hoy!, ¡que tengo las asaduras aquí +(señaló a la garganta) y el corazón apretao, apretao!</p> + +<p>—Pero mujer... mira, considera....</p> + +<p>—No considero, no miro nada....</p> + +<p>Este diálogo duraba mientras cruzaron las dos amigas el páramo de +Solares en dirección al barrio de Arriba, por donde suponía Amparo que +iba Baltasar acompañando a las de García hasta su casa. El aire frío y +el silencio de las calles del barrio templaron, no obstante, la sangre +enardecida de la Tribuna. Pareciole entrar en algún claustro donde todo +fuese quietud y melancolía. No hollaba un transeúnte el pavimento, que +resonaba con solemnidad, y cuando menos lo pensaban las dos +expedicionarias, les cerró el paso una iglesia, la de Santa María +Magdalena, alta, muda, con pórtico de ojiva, donde la luz de los faroles +dibujaba los vagos contornos de los santos de piedra que se miraban +inmóviles. Involuntariamente la Tribuna bajó la voz, y al cruzar por +delante del pórtico se santiguó, sin darse cuenta de lo que hacía, y +reportó y contuvo el paso. Ana iba a aprovechar la coyuntura para hacer +a la determinada Tribuna mil reflexiones, a tiempo que un oficial, que +volvía de la plaza de la Fruta, cruzó casi rozándose con ellas y sin +verlas, cantando entre dientes no sé qué polca o pasodoble. Reconoció +Amparo a Baltasar y echó tras él como el lebrel tras la res que +persigue. ¿Oyó Baltasar las pisadas de la Tribuna y pudo reconocerlas? +¿O era solamente que iba deprisa? Lo cierto es que se perdió de vista al +revolver de la esquina, y que, por muy diligentes que anduvieron las que +lo seguían, no lograron darle alcance.</p> + +<p>—Voy a llamarle a la puerta—exclamó Amparo.</p> + +<p>—Mujer, ¿estás loca?... ¡una casa de la calle Mayor!—murmuró Ana con +respetuoso miedo—. ¿Tú sabes la que se armaría?</p> + +<p>En horas semejantes la calle Mayor ofrecía imponente aspecto. Las altas +casas, defendidas por la brillante coraza de sus galerías refulgentes, +en cuyos vidrios centelleaba la luz de los faroles, estaban cerradas, +silenciosas y serias. Algún lejano aldabonazo retumbaba allá... en lo +más remoto, y sobre las losas el golpe del chuzo del sereno repercutía +majestuoso. Amparo se detuvo ante la casa de los Sobrados. Era ésta de +tres pisos, con dos galerías blancas muy encristaladas, y puerta +barnizada, en la cual se destacaba la mano de bronce del aldabón. Y +entre el silencio y la calma nocturna, se alzaba tan severa, tan +penetrada de su importante papel comercial, tan cerrada a los extraños, +tan protectora del sueño de sus respetables inquilinos, que la Tribuna +sintió repentino hervor en la sangre, y tembló nuevamente de estéril +rabia, viendo que por más que se deshiciese allí, al pie del impasible +edificio, no sería escuchada ni atendida. Accesos de furor sacudieron un +instante sus miembros al hallarse impotente contra los muros blancos, +que parecían mirarla con apacible indiferencia; y de pronto, bajándose, +recogió un trozo de ladrillo que la casualidad le mostró, a la luz de un +farol, caído en el suelo, y con airada mano trazó una cruz roja sobre la +oscura puerta reluciente de barniz, cruz roja que dio mucho que pensar +los días siguientes a doña Dolores y al tío Isidoro, que recelaban un +saqueo a mano armada.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XXXVII" id="XXXVII"></a><a href="#capitulos">-XXXVII-</a></h2> + +<h3>Lucina plebeya</h3> + + +<p>Vestíase Amparo, antes de salir a la Fábrica, reflexionando que +diluviaba, que de noche se habían oído varios truenos, que se quedaría +gustosa en casa, y aún entre cobertores, si no necesitase saber +noticias, excitarse, oír voces anhelosas que decían: «Ahora sí que llegó +la nuestra.... Macarroni se va de esta vez... hay un parte de Madrí, que +viene la república... mañana se proclama».</p> + +<p>Al salir de su fementido lecho, la transición del calor al frío le hizo +sentir en las entrañas dolorcillos como si se las royese poquito a poco +un ratón. Púsose pálida, y le ocurrió la terrible idea de que llegaba la +hora. Volviose al lecho, creyendo que allí se calentaría: cerró los ojos +y no quiso pensar. Un deseo profundo de anonadamiento y de quietud se +unía en ella a tal vergüenza y aflicción, que se tapó la cara con la +sábana, prometiéndose no pedir socorro, no llamar a nadie. Mas como +quiera que el tiempo pasaba y los dolorcillos no volvían, se resolvió a +levantarse, y al atar la enagua, de nuevo le pareció que le mordían los +intestinos agudos dientes. Vistiose no obstante, y se dio a pasear por +la estancia, a tiempo que una mano llamó a la puerta del cuartuco, y +antes que Amparo se resolviese a decir «adelante», Ana entró.</p> + +<p>—¿Vienes?</p> + +<p>—No puedo.</p> + +<p>—¿Pasa algo, hay novedá?</p> + +<p>—Creo... que sí.</p> + +<p>—¿Qué sientes, mujer?</p> + +<p>—Frío, mucho frío... y sueño, un sueño que me dormiría de pie... pero +al mismo tiempo rabio por andar... ¡qué rareza!</p> + +<p>—¿Aviso a la señora Pepa?</p> + +<p>—No... qué vergüenza.... Jesús, mi Dios.... Ana querida, no la avises.</p> + +<p>—¡Qué remedio, mujer! ¿Sigue eso?</p> + +<p>—Sigue... ¡infeliz de mí, que nunca yo naciese!</p> + +<p>—Acuéstate sobre la cama....</p> + +<p>Con su viveza ratonil, Ana arropó a la paciente, y ya se dirigía a la +puerta, cuando una quebrantada voz la llamó.</p> + +<p>—Llévale la cascarilla a mi madre... dile que me duele la cabeza... no +le digas la verdá, por el alma de quien más quieras....</p> + +<p>—Sí que no se hará ella de cargo....</p> + +<p>Amparo se quedó algo tranquila: sólo a veces un dolor lento y sordo la +obligaba a incorporarse apoyándose sobre el codo, exhalando reprimidos +ayes. Ana corría, corría, sin cuidarse de la lluvia, hacia la ciudad. +Cerca de dos horas tardó, a pesar de su ligereza, en volver acompañada +de un bulto enorme, del cual sólo se veían desde lejos dos magnos +chanclos que embarcaban el agua llovediza, y un paraguazo de algodón +azul con cuento y varillas de latón dorado. Bufaba la insigne comadrona +y resoplaba, ahogándose a pesar del ningún calor y de la mucha y glacial +humedad de la atmósfera; cuando penetró en la casucha, revolviose en +ella como un monstruo marino en la angosta tinaja en que el domador lo +enseña. Fuese derecha a la cama de la paralítica, y le dijo dos o tres +frases entre lástima y chunga, que a esta le supieron a acíbar; +cabalmente estaba deshaciéndose de ver que ni podía ayudar a su hija en +el trance, ni acompañarla siquiera; aquella habitación era tan próxima a +la calle, que ni soñaba en traer allí a la paciente.</p> + +<p>Consumíase la pobre mujer presa en su jergón, penetrada súbitamente de +la ternura que sienten las madres por sus hijas mientras estas sufren la +terrible crisis que ellas ya vencieron.... Chinto se encontraba allí, +semejante a un palomino atontado.... Entró la comadrona donde la llamaba +su deber, y el mozo y la vieja se quedaron tabique por medio, ayudándose +a sobrellevar la angustia de la tragedia que para ellos se representaba +a telón corrido.... La tullida maldecía de su hija que en tal ocasión se +había puesto, y al mismo tiempo lloriqueaba por no poder asistirla. Y a +cada cinco minutos la señora Pepa entraba en el cuartuco llenándolo con +su corpulencia descomunal, y ordenando militarmente a Chinto que +corriese a desempeñar algún recado indispensable.</p> + +<p>—Aceite, rapaz... ¡un poco de aceite!</p> + +<p>—¿Qué tal?—interrogaba la madre.</p> + +<p>—Bien, mujer, bien.... ¡Aceite, porreta!</p> + +<p>Lo que no se encontraba en la casa, Chinto salía disparado a pedirlo +fuera, prestado en la de un vecino, o fiado en las tiendas. +Generalmente, al recoger una cosa, la comadrona exigía ya otra.</p> + +<p>—Un gotito de anís....</p> + +<p>—¿Anís? ¿Para qué?—preguntaba la tullida.</p> + +<p>—Para mí, porreta, que soy de Dios y tengo cuerpo y también se me abre +como si me lo cortasen con un cuchillo....</p> + +<p>Y Chinto se echaba dócilmente a la calle en busca de anís.... Volvía a +presentarse la terrible comadre, toda fatigosa y sofocada.</p> + +<p>—Vino... ¿hay vino?</p> + +<p>—¿Para ti?—murmuraba sin poder contenerse la impedida.</p> + +<p>—Para ti, para ti.... ¡Para ella, demonche, que bien necesita ánimos la +pobre!... ¿Piensas tú que yo le doy desas jaropías de los médicos, desos +calmantes y durmientes? ¡Calmantes! Fuersa, fuersa es lo que hace falta, +y vino, que alegra al hombre las pajarillas, ¡porreta!</p> + +<p>Quince minutos después:</p> + +<p>—Tres onsas de chocolate, del mejor.... Y mira, de camino a ver si +encuentras una gallinita bien gorda, y le vas retorciendo el +pescuezo.... Pide también un cabito de cera... las planchadoras que haya +por aquí han de tener....</p> + +<p>—¿De cera?</p> + +<p>—De cera, ¡porreta! ¿Si sabré yo lo que me pido? Y pon agua a la +lumbre.</p> + +<p>Y Chinto entraba, salía, dando zancajadas a través del lodo, trayendo a +la exigente facultativa cera, espliego, romero, vino blanco y tinto, +anís, aceite, ruda, todas las drogas y comestibles que reclamaba.... En +los breves intervalos que tenía de descanso el solícito mozo, se sentaba +en una silla baja, al lado del lecho de la tullida, quejándose de que le +faltaban las piernas de algún tiempo acá, él mismo no sabía cómo, y +parece que la respiración se le acababa enteramente: el médico le +afirmaba que se le había metido polvillo de tabaco en los <i>broncos</i> y en +los <i>plumones</i>... Boh, boh... ¿qué saben los médicos lo que uno tiene +dentro del cuerpo? Hablaba así en voz baja, para no dejar de prestar +oído a los lamentos de la paciente, que recorrían variada escala de +tonos: primero habían sido gemidos sofocados; luego quejidos hondos y +rápidos, como los que arranca el reiterado golpe de un instrumento +cortante; en pos vinieron ayes articulados, violentos, anhelosos, cual +si la laringe quisiese beberse todo el aire ambiente para enviarlo a las +conturbadas entrañas; y trascurrido algún tiempo, la voz se alteró, se +hizo ronca, oscura, como si naciese más abajo del pulmón, en las +profundidades, en lo íntimo del organismo. A todo esto llovía, llovía, y +la tarde de invierno caía prontamente, y el celaje gris ceniza parecía +muy bajo, muy próximo a la tierra. Chinto encendió el candil de +petróleo, y trajo caldo a la paralítica, y permaneció sentado, sin +chistar, con las rodillas altas, los pies apoyados en el travesaño de la +silla, la barba entre las palmas de las manos. Hacía un rato que el +tabique no comunicaba queja alguna. Dos o tres amigas de la Fábrica, +entre ellas Guardiana, que ya no se quejaba de la paletilla, entraban un +momento, se ofrecían, se retiraban con ademanes compasivos, con +resignados movimientos de hombros, con reflexiones pesimistas acerca de +la fatalidad y de la ingratitud de los hombres. De improviso se +renovaron los gritos, que en el nocturno abandono parecían más lúgubres: +durante aquella hora de angustia suprema, la mujer moribunda retrocedía +al lenguaje inarticulado de la infancia, a la emisión prolongada, +plañidera, terrible, de una sola vocal. Y cada vez era más frecuente, +más desesperada, la queja.</p> + +<p>Serían las once cuando la señora Pepa se presentó en el cuarto de la +tullida, enjugándose el rostro con el reverso de la mano. Sobre su +frente baja y achatada, y en su grosera faz de Cibeles de granito, se +advertía una preocupación, una sombra.</p> + +<p>—¿Cómo va?</p> + +<p>—Tarda, porreta.... Estas primerizas, como no saben bien el +camino...—Y la comadre hizo que se reía para manifestar tranquilidad; +pero un segundo después añadió—: Puede ser que... porque uno no quiere +embrollos ni dolores de cabesa, ¿oyes? Yo soy clara como el agua, +vamos... y no se me murieron en las manos, ¡porreta!, sino dos, en la +edá que tengo.... Después los médicos hablan.... Y yo cuanto puedo hago, +y unturas y friegas de Dios llevo dado en ella....</p> + +<p>Al afirmar esto, la comadre se limpiaba a las caderas sus gigantescas +manos pringosas.</p> + +<p>—¿Habrá que avisar al médico?—gimoteó la tullida.</p> + +<p>—Porreta, a mi edá no gusta verse envuelta en cuentos... luego después, +que si hizo así, que si pudo haser asá... que si la señora Pepa sabe o +no sabe el oficio.... Menéate ya, dormilón—añadió despóticamente +volviéndose a Chinto...—. Ya estás corriendo por el médico, ¡ganso!</p> + +<p>Chinto salió sin cuidarse del agua que continuaba cayendo tercamente del +negro cielo, y corrió, perseguido por aquella voz cada vez más dolorida, +más agonizante, que atravesaba el tabique, mientras la impedida se +lamentaba de que además de morírsele la hija, iba a tener que abonar—¿y +con qué, Jesús del alma?—los honorarios de un facultativo. El silencio +era tétrico, el tiempo pasaba con lentitud, medido por el chisporroteo +del candil y por un clamor ya exhausto, que más se parecía al aullido +del animal espirante que a la queja humana. Media noche era por filo +cuando Chinto entró acompañado del médico. Acostumbrado debía estar este +a tan críticas situaciones, porque lo primero que hizo fue dejar el +chorreante impermeable en una silla, remangarse tranquilamente las +mangas del gabán y los puños de la camisa, y tomar de manos de Chinto +una caja cuadrilonga que arrimó a un rincón. Después entró en el cuarto +de la paciente, y se oyó la voz gruñona de la comadre, empeñada en darle +explicaciones....</p> + +<p>A eso de un cuarto de hora más tarde volvió el soldado de la ciencia a +presentarse y pidió agua para lavarse las manos.... Mientras Chinto +buscaba torpemente una jofaina, la madre, llorosa, temblando, preguntaba +nuevas.</p> + +<p>—Bah... no tenga usted cuidado... ese chico me dijo que se trataba de +un lance muy peligroso, y me traje los chismes... no sé para qué: una +muchacha como un castillo, con formación admirable, una versión que se +hizo en un decir Jesús.... Estamos concluyendo. Ahora la comadre basta, +pero yo seré testigo.</p> + +<p>Lavose las manos mientras esto decía, y tornó a su puesto. La mecha de +petróleo, consumida, carbonizada, atufaba la habitación, dejándola casi +en tinieblas, cuando dos o tres gritos, no ya desfallecidos, sino, al +contrario, grandes, potentes, victoriosos, conmovieron la habitación, y +tras de ellos se oyó, perceptible y claro, un vagido.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XXXVIII" id="XXXVIII"></a><a href="#capitulos">-XXXVIII-</a></h2> + +<h3>¡Por fin llegó!</h3> + + +<p>Amparo descansa abismada en el reposo inefable de las primeras horas. +Sin embargo, a medida que la luz de la pálida mañana entra por el +ventanillo, vuélvele la memoria y la conciencia de sí misma. Llama a +Chinto ceceándolo.</p> + +<p>—¿Qué quieres, mujer?</p> + +<p>—Vas a ir corriendo al cuartel de infantería.... Parece que ahora no +sale la tropa de los cuarteles.</p> + +<p>—Bueno.</p> + +<p>—Si no está allí don Baltasar, a su casa.... ¿La sabes?</p> + +<p>—La sé. ¿Qué le digo?</p> + +<p>—Le dirás... ¡veremos cómo sabes dar el recado! Le dirás que tengo un +niño... ¿oyes? No vayas a equivocarte....</p> + +<p>—Bueno, un niño....</p> + +<p>—Un niño... no sea que digas una niña, tonto; un niño, un niño.</p> + +<p>—¿No le digo más?</p> + +<p>—Y que ya sabe lo que me ofreció... y que si quiere ponerse por padre +de la criatura... y que mañana se bautiza.</p> + +<p>—¿Nada más?</p> + +<p>—Nada más.... Esto... bien clarito.</p> + +<p>Chinto salía cuando entraba Ana, que se había ido a su casa a dormir. +Venía muy misteriosa, como el que trae nuevas estupendas.</p> + +<p>—¿Y ese valor, y el pequeño?—preguntó alzando la sábana y la manta y +sacando del tibio rincón donde yacía, un bulto, un paquete, un pañuelo +de lana, entre cuyos dobleces se columbraba una carita microscópica +amoratada, unos ojuelos cerrados, unas faccioncillas peregrinamente +serias, con la seriedad cómica de los recién nacidos. Ana empezó a +hablarle, a decirle mil zalamerías a aquel bollo que del mundo exterior +sólo conocía las sensaciones de calor y frío; buscó una cucharilla y le +paladeó con agua azucarada; arregló la gorra protectora del cráneo, +blando y colorado como una berenjena, y después se sentó a la cabecera +del lecho, depositando en el regazo el fajado muñeco.</p> + +<p>—¿No sabes?—exclamó abriendo por fin la esclusa de sus noticias—. +Encontré a la que les cose a las de García.... No te alteres, mujer, +alégrate; se largan esta tarde para Madrí, porque tuvieron parte de que +ganaron el pleito y van a arreglarlo allá todo.</p> + +<p>Volvió Amparo el rostro con lánguido movimiento, murmurando:</p> + +<p>—Dios vaya con ellas.</p> + +<p>—No sé que no les pase algo en el camino, porque anda todo revuelto.... +Me dijo esa misma chica que hoy sin falta venía la República....</p> + +<p>—Hace... ocho días que la están anunciando....</p> + +<p>—Calla, no hables, que te puede venir el delirio....</p> + +<p>Y la Comadreja se dedicó a arrullar al infante mientras Amparo se +sepultaba otra vez en un sopor que le dejaba el cerebro hueco, la cabeza +vacía, anonadando su pensamiento y haciéndola insensible a lo que pasaba +en torno suyo. Los pasos de Chinto la llamaron a la vida otra vez. Abrió +los ojos, que, en la palidez amarillosa de su morena cara, parecían +mayores y azulados. Chinto se acercó andando de puntillas, torpón y +zambo como siempre. Además parecía hallarse muy turbado.</p> + +<p>—Caro me costó que me dejasen pasar al cuartel—murmuró con su +estropajosa habla de paisano, que salía a relucir de nuevo en los lances +difíciles—. No se puede andar.... Todo está revuelto.... La gente corre +como loca por las calles.... Allí... dice que se marchó el Rey.... Que +en Madrí hay República....</p> + +<p>Medio se incorporó Amparo, apartando de la frente los negros cabellos +lacios con el sudor que los empapaba....</p> + +<p>—¿Qué me dices?—balbució.</p> + +<p>—Lo que te digo, mujer.... El alcalde y el gobernador ya echaron muchos +bandos, que los vi en las esquinas.... Y están poniendo trapos de color +en los balcones....</p> + +<p>—¡Será la cierta!—clamó alzando las manos—. Sigue, sigue.</p> + +<p>—Pues fui al cuartel... y allí no estaba....</p> + +<p>—¿Irías a su casa volando?—interrogó Amparo temblona.</p> + +<p>—Fui... y dice que....</p> + +<p>—Acaba, maldito.</p> + +<p>—Y dice que...—Chinto se devanó los sesos buscando una fórmula +diplomática—. Dice que no está en el pueblo, porque... porque ayer se +marchó a Madrí.</p> + +<p>Quiso abrir la boca Amparo y articular algo, pero su dolorida laringe no +alcanzó a emitir un sonido. Echose ambos puños a los cabellos y se los +mesó con tan repentina furia, que algunos, arrancados, cayeron +retorciéndose como negros viboreznos sobre el emboce de la cama.... Las +uñas, desatentadas, recorrieron el contraído semblante y lo arañaron y +ofendieron....</p> + +<p>—Lárgate, que me voy a levantar—dijo por fin a Chinto—, a ver si +reúno gente y quemo aquella maldita madriguera de los de Sobrado.</p> + +<p>—Sí, lárgate—añadió Ana—. ¡Para las buenas noticias que traes!</p> + +<p>En vez de obedecer, acercose Chinto a la cama, donde jadeaba Amparo +partida, hecha rajas por el horrible esfuerzo de su cólera.</p> + +<p>—Mujer, oyes, mujer...—pronunció con voz que quería suavizar y que +sólo lograba ensordecer—no te aflijas, no te mates.... Allí... yo... yo +me pondré por padre y nos casaremos si quieres... y si no, no... lo que +digas.</p> + +<p>Como generosa yegua de pura sangre a la cual pretendiesen enganchar +haciendo tronco con un individuo de la raza asinina, la Tribuna se +irguió, y saltándosele los ojos de las órbitas, los carrillos inflamados +por la fiebre, gritó:</p> + +<p>—Sal, sal de ahí, bruto.... ¡Quieres condenarme!</p> + +<p>Fuese el emisario de malas nuevas con la música a otra parte, cabizbajo, +convencido de que era un criminal, y la oradora permaneció sentada en la +cama, arrugando las ropas en la contorsión desesperada de sus miembros y +cuerpo.</p> + +<p>—¡Justicia—clamaba—, justicia! ¡Justicia al pueblo... favor, madre +mía del Amparo! ¡Virgen de la Guardia!, ¿pero cómo consientes esto? ¡La +palabra, la palabra, la palaaaabra... los derechos que... matar a los +oficiales, a los oficia!...</p> + +<p>Un principio de fiebre y delirio se traslucía en la incoherencia de sus +palabras. Su cabeza se trastornaba y aguda jaqueca le atarazaba las +sienes. Dejose caer aletargada sobre las fundas, respirando +trabajosamente, casi convulsa. Ana se sintió iluminada por una idea +feliz. Tomó el muñeco vivo, y sin decir palabra, lo acostó con su madre, +arrimándolo al seno, que el angelito buscó a tientas, a hocicadas, con +su boca de seda, desdentada, húmeda y suave. Dos lágrimas refrigerantes +asomaron a los párpados de la Tribuna, rezumaron al través de las +pestañas espesas, humedecieron la escaldada mejilla, y en pos vinieron +otras, que se apresuraban desahogando el corazón y aliviando la +calentura incipiente....</p> + +<p>Al exterior, las ráfagas de la triste brisa de febrero silbaban en los +deshojados árboles del camino y se estrellaban en las paredes de la +casita. Oíase el paso de las cigarreras que regresaban de la Fábrica; no +pisadas iguales, elásticas y cadenciosas como las que solían dar al +retirarse a sus hogares diariamente, sino un andar caprichoso, +apresurado, turbulento. Del grupo más compacto, del pelotón más resuelto +y numeroso, que tal vez se componía de veinte o treinta mujeres juntas, +salieron algunas voces gritando:</p> + +<p>—¡Viva la República federal!</p> + +<p class="derecha"><b>EMILIA PARDO BAZÁN</b></p> + +<p class="derecha">Granja de Meirás, octubre de 1882.</p> + +<p> </p> +<p> </p> +<hr class="full" /> +<p>***END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK LA TRIBUNA***</p> +<p>******* This file should be named 17491-h.txt or 17491-h.zip *******</p> +<p>This and all associated files of various formats will be found in:<br /> +<a href="http://www.gutenberg.org/dirs/1/7/4/9/17491">http://www.gutenberg.org/1/7/4/9/17491</a></p> +<p>Updated editions will replace the previous one--the old editions +will be renamed.</p> + +<p>Creating the works from public domain print editions means that no +one owns a United States copyright in these works, so the Foundation +(and you!) can copy and distribute it in the United States without +permission and without paying copyright royalties. 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Thus, we do not necessarily +keep eBooks in compliance with any particular paper edition. + +Each eBook is in a subdirectory of the same number as the eBook's +eBook number, often in several formats including plain vanilla ASCII, +compressed (zipped), HTML and others. + +Corrected EDITIONS of our eBooks replace the old file and take over +the old filename and etext number. 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For +example an eBook of filename 10234 would be found at: + +http://www.gutenberg.org/dirs/1/0/2/3/10234 + +or filename 24689 would be found at: +http://www.gutenberg.org/dirs/2/4/6/8/24689 + +An alternative method of locating eBooks: +<a href="http://www.gutenberg.org/dirs/GUTINDEX.ALL">http://www.gutenberg.org/dirs/GUTINDEX.ALL</a> + +*** END: FULL LICENSE *** +</pre> +</body> +</html> diff --git a/LICENSE.txt b/LICENSE.txt new file mode 100644 index 0000000..6312041 --- /dev/null +++ b/LICENSE.txt @@ -0,0 +1,11 @@ +This eBook, including all associated images, markup, improvements, +metadata, and any other content or labor, has been confirmed to be +in the PUBLIC DOMAIN IN THE UNITED STATES. + +Procedures for determining public domain status are described in +the "Copyright How-To" at https://www.gutenberg.org. + +No investigation has been made concerning possible copyrights in +jurisdictions other than the United States. 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