summaryrefslogtreecommitdiff
path: root/old
diff options
context:
space:
mode:
authorRoger Frank <rfrank@pglaf.org>2025-10-15 04:51:08 -0700
committerRoger Frank <rfrank@pglaf.org>2025-10-15 04:51:08 -0700
commit17c5368acbab15da6d2b4f9c3c8f2ce87500ecaf (patch)
tree263f3ed7e479cdbc095115ff02b2c963851e567b /old
initial commit of ebook 17443HEADmain
Diffstat (limited to 'old')
-rw-r--r--old/17443-8.txt9225
-rw-r--r--old/17443-8.zipbin0 -> 200727 bytes
-rw-r--r--old/17443-h.zipbin0 -> 3387494 bytes
-rw-r--r--old/17443-h/17443-h.htm9022
-rw-r--r--old/17443-h/images/pag239.jpgbin0 -> 97843 bytes
-rw-r--r--old/17443-h/images/pag253.jpgbin0 -> 64153 bytes
-rw-r--r--old/17443-h/images/pag262.jpgbin0 -> 74110 bytes
-rw-r--r--old/17443-h/images/pag271.jpgbin0 -> 108449 bytes
-rw-r--r--old/17443-h/images/pag277.jpgbin0 -> 102184 bytes
-rw-r--r--old/17443-h/images/pag278.jpgbin0 -> 102241 bytes
-rw-r--r--old/17443-h/images/pag285.jpgbin0 -> 45627 bytes
-rw-r--r--old/17443-h/images/pag286.jpgbin0 -> 70791 bytes
-rw-r--r--old/17443-h/images/pag291.jpgbin0 -> 59936 bytes
-rw-r--r--old/17443-h/images/pag296.jpgbin0 -> 72786 bytes
-rw-r--r--old/17443-h/images/pag306.jpgbin0 -> 55430 bytes
-rw-r--r--old/17443-h/images/pag307.jpgbin0 -> 71393 bytes
-rw-r--r--old/17443-h/images/pag314.jpgbin0 -> 89450 bytes
-rw-r--r--old/17443-h/images/pag319.jpgbin0 -> 47408 bytes
-rw-r--r--old/17443-h/images/pag323.jpgbin0 -> 92993 bytes
-rw-r--r--old/17443-h/images/pag326.jpgbin0 -> 59746 bytes
-rw-r--r--old/17443-h/images/pag330.jpgbin0 -> 65591 bytes
-rw-r--r--old/17443-h/images/pag337.jpgbin0 -> 48054 bytes
-rw-r--r--old/17443-h/images/pag338.jpgbin0 -> 87747 bytes
-rw-r--r--old/17443-h/images/pag347.jpgbin0 -> 101529 bytes
-rw-r--r--old/17443-h/images/pag357.jpgbin0 -> 84412 bytes
-rw-r--r--old/17443-h/images/pag358.jpgbin0 -> 90819 bytes
-rw-r--r--old/17443-h/images/pag370.jpgbin0 -> 98813 bytes
-rw-r--r--old/17443-h/images/pag375.jpgbin0 -> 75894 bytes
-rw-r--r--old/17443-h/images/pag380.jpgbin0 -> 81653 bytes
-rw-r--r--old/17443-h/images/pag381.jpgbin0 -> 107219 bytes
-rw-r--r--old/17443-h/images/pag389.jpgbin0 -> 123483 bytes
-rw-r--r--old/17443-h/images/pag396.jpgbin0 -> 89599 bytes
-rw-r--r--old/17443-h/images/pag402.jpgbin0 -> 75842 bytes
-rw-r--r--old/17443-h/images/pag403.jpgbin0 -> 90332 bytes
-rw-r--r--old/17443-h/images/pag412.jpgbin0 -> 96995 bytes
-rw-r--r--old/17443-h/images/pag413.jpgbin0 -> 67999 bytes
-rw-r--r--old/17443-h/images/pag414.jpgbin0 -> 125053 bytes
-rw-r--r--old/17443-h/images/pag419.jpgbin0 -> 77106 bytes
-rw-r--r--old/17443-h/images/pag425.jpgbin0 -> 49069 bytes
-rw-r--r--old/17443-h/images/pag440.jpgbin0 -> 130265 bytes
-rw-r--r--old/17443-h/images/pag444.jpgbin0 -> 60565 bytes
-rw-r--r--old/17443-h/images/pag451.jpgbin0 -> 30321 bytes
-rw-r--r--old/17443-h/images/pag452.jpgbin0 -> 144263 bytes
43 files changed, 18247 insertions, 0 deletions
diff --git a/old/17443-8.txt b/old/17443-8.txt
new file mode 100644
index 0000000..0e380c6
--- /dev/null
+++ b/old/17443-8.txt
@@ -0,0 +1,9225 @@
+The Project Gutenberg eBook, Un faccioso más y algunos frailes menos, by
+Benito Pérez Galdós
+
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
+
+
+
+
+
+Title: Un faccioso más y algunos frailes menos
+
+
+Author: Benito Pérez Galdós
+
+
+
+Release Date: January 2, 2006 [eBook #17443]
+
+Language: Spanish
+
+Character set encoding: ISO-8859-1
+
+
+***START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK UN FACCIOSO MáS Y ALGUNOS FRAILES
+MENOS***
+
+
+E-text prepared by Chuck Greif from digital text and images generously
+made available by La Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes
+(http://www.cervantesvirtual.com/)
+
+
+
+Note: Project Gutenberg also has an HTML version of this
+ file which includes the original illustrations.
+ See 17443-h.htm or 17443-h.zip:
+ (https://www.gutenberg.org/dirs/1/7/4/4/17443/17443-h/17443-h.htm)
+ or
+ (https://www.gutenberg.org/dirs/1/7/4/4/17443/17443-h.zip)
+
+ The source material from which this e-book was taken can be seen
+ at http://www.cervantesvirtual.com/FichaObra.html?Ref=4765
+
+
+
+
+
+UN FACCIOSO MÁS Y ALGUNOS FRAILES MENOS
+
+Episodios nacionales. Segunda serie; 20
+
+Por
+
+BENITO PÉREZ GALDÓS
+
+Madrid
+
+1884
+
+
+
+
+
+
+
+-I-
+
+
+El 16 de Octubre de aquel año (y los lectores del libro precedente saben
+muy bien qué año era) fue un día que la historia no puede clasificar
+entre los desgraciados ni tampoco entre los felices, por haber ocurrido
+en él, juntamente con sucesos prósperos de esos que traen regocijo y
+bienestar a las naciones, otros muy lamentables que de seguro habrían
+afligido a todo el género humano si este hubiera tenido noticia de
+ellos.
+
+No sabemos, pues, si batir palmas y cantar victoria o llorar a lágrima
+viva, porque si bien es cierto que en aquel día terminó para siempre el
+aborrecido poder de Calomarde, también lo es que nuestro buen amigo D.
+Benigno padeció un accidente que puso en gran peligro su preciosa
+existencia. Cómo sucedió esto es cosa que no se sabe a punto fijo. Unos
+dicen que fue al subir al coche para marchar a Riofrío en expedición de
+recreo; otros que la causa del percance fue un resbalón dado con muy
+mala fortuna en día lluvioso, y Pipaón, que es buen testimonio para todo
+lo que se refiere a la residencia del héroe de Boteros en la Granja,
+asegura que cuando este supo la caída de Calomarde y la elevación de D.
+José Cafranga a la poltrona de Gracia y Justicia, dio tan fuerte brinco
+y manifestó su alegría en formas tan parecidas a las del arte de los
+volatineros, que perdiendo el equilibrio y cayendo con pesadez y
+estrépito se rompió una pierna. Pero no, no admitamos esta versión que
+empequeñece a nuestro héroe haciéndole casquivano y pueril. El vuelco de
+un detestable coche que iba a Segovia cuando había personas que
+consentían en descalabrarse por ver un acueducto romano, una catedral
+gótica y un alcázar arabesco, fue lo que puso a nuestro amigo en estado
+de perecer. Y gracias que no hubo más percance que la pierna rota, el
+cual fue en tan buenas condiciones y por tan buena parte, al decir de
+los médicos, que el paciente debía estar muy satisfecho y alabar la
+misericordia de Dios.
+
+--Como todo es relativo en el mundo--decía Cordero en su lecho, cuando se
+convenció de que su curación sería pronta y segura--, romperse una pierna
+sola es mejor que romperse las dos, y así, Sr. de Monsalud, yo estoy
+contentísimo, mayormente viendo que el pesado negocio que me trajo a la
+Granja está ya resuelto, y que gracias a mi amigo el gran D. José de
+Cafranga (que mil años viva) no tendré más cuestiones con el hipogrifo,
+de D. Pedro Abarca (a quien vea yo sin hueso sano). Dígame usted, amigo,
+¿ha observado usted que en este mundo pícaro, cien veces pícaro, no hay
+alegría que no venga contrapesada con un dolor, ni dulzura que no traiga
+su acíbar? Pues bien: todo no ha de ser malo. El contento que yo he
+tenido ¿no vale una pierna? ¿Qué significa un hueso roto de fácil
+soldadura, en comparación de las más puras satisfacciones del alma?
+Vengan averías de este jaez y cáigame yo, aunque sea de lo alto del
+acueducto, con tal que en proporción de los chichones y de las fracturas
+sean los gustos del espíritu y los regocijos del corazón.
+
+De esta manera un poco artificiosa y sutil se consolaba, y así, mientras
+duró su enfermedad, apenas perdió el buen humor ni la paz y dulzura de
+su condición sin igual. Deparole el cielo excelente compañía en Salvador
+Monsalud, que, a pesar de haber despachado también satisfactoriamente
+sus asuntos, no quiso salir de la Granja dejando solo y postrado en la
+cama a su honrado amigo. La corte se marchó, los cortesanos siguieron a
+la corte, el Real Sitio se quedó desierto, calladas las fuentes,
+desiertas las alamedas. Empezaron a despojarse de su follaje los
+árboles; enfriose el aire al compás del solemne y tristísimo crecimiento
+de las noches; soplaron céfiros asesinos, precursores de aguaceros y
+tormentas; los remolinos de hojas secas corrían por el suelo húmedo
+murmurando tristezas, y sobre todo derramaron llanto sin fin las nubes
+pardas, en tal manera que no parecía sino que en la superficie de la
+tierra había algo que debía ser para siempre borrado.
+
+Solos en su alojamiento, mal acompañados de una mediana lumbre, D.
+Benigno y su amigo pasaban los días. El enfermo, aunque postrado y sin
+movimiento, estaba casi siempre menos triste que el sano. Este,
+centinela en un sillón frente al hogar, reanimaba el fuego cuando se iba
+extinguiendo, y D. Benigno hacía revivir la conversación moribunda
+cuando Salvador la dejaba apagar con sus monosílabos o con su silencio.
+
+El tema más amado y más favorecido de Cordero era su familia, y no
+pasaba una hora sin que dijese: «¡qué hará en este momento el tunante de
+Juanillo Jacobo!» o bien: «¿habrá comprendido Sola, a pesar de mis
+precauciones, que me ha pasado desgracia?». Debe advertirse que nuestro
+buen señor había puesto singular empeño en que sus queridos hijos, su
+hermana y su amiga no se enterasen del triste motivo que en San
+Ildefonso le detenía, y por esto sus cartas todas parecían novelas,
+según las invenciones y mentiras de que iban llenas. Unas decían:
+«Esperadme ocho días más, porque si bien nuestro asunto está terminado,
+no quiero marcharme sin hacer una pequeña contrata de pinos, pues desde
+aquí oigo los gritos de la casa de los Cigarrales pidiéndome que la
+ensanche». Más adelante escribía: «Con estos malditos temporales no hay
+carricoche que se atreva con las Siete Revueltas», y una semana después
+se disculpaba así: «Un excelente amigo, que vive en la misma posada, ha
+caído en cama con tan fuerte pulmonía que no me es posible abandonarle
+en este solitario pueblo. Esperadme unos pocos días y rogad a Dios por
+el enfermo».
+
+Así les engañaba, dando tiempo al tiempo, hasta que llegara el de la
+soldadura del hueso, la cual venía con la tardanza que es natural,
+impacientando tanto al buen hombre que a ratos no podía contener su
+impaciencia y daba puñadas sobre la cama diciendo: «Esto no se puede
+aguantar. Soldada o sin soldar, señora pierna, usted tendrá que ponerse
+en polvorosa para Madrid la semana que viene».
+
+Salvador no se apartaba de su amigo ni de noche ni de día. Unas veces
+hablaban de política, empezando D. Benigno de este modo: «¿Cree usted
+que ese pobre Sr. Zea tendrá buena mano para el timón de la nave del
+Estado?».
+
+La enojosa permanencia y quietud en el lecho le ocasionaba insomnios
+frecuentes, cuando no letargos breves y febriles, acompañados de
+pesadillas o alucinaciones. A veces despertaba de súbito bañado en
+sudor, y exclamaba pasándose la mano por los ojos:--Jesús me valga y la
+Santa Virgen del Sagrario, ¡qué sueño he tenido! Me parecía estar viendo
+a Juanillo Jacobo rodando por un precipicio negro, mientras la pobre
+Sola, atada por los cabellos a la cola de un brioso caballo.... No lo
+quiero contar porque me parece que lo veo otra vez.... ¡Cuándo volveré a
+vuestro lado, queridos de mi corazón, para que con el placer de veros se
+acabe el suplicio de soñaros!
+
+Una noche observó Salvador que daba el enfermo un gran suspiro, y
+despertando acongojadísimo parecía reconocer la realidad de las cosas,
+medio seguro de espantar las embusteras percepciones del sueño.
+
+--Es todo mentira, Sr. D. Benigno--le dijo Monsalud riendo--. Ánimo.
+
+--¡Ay, Dios mío! ¡qué sueño!--exclamó el de Boteros--. Todavía me duran la
+angustia y el mortal frío que sentí. Figúrese usted, señor mío, que me
+acercaba a mi casa de los Cigarrales, y la visión era tan perfecta que
+todo estaba delante de mí claro, vivo, verdadero. Una soledad tristísima
+envolvía mi finca. Ni mis hijos, ni mis criados aparecían por ninguna
+parte.... Me acerco más, miro a las ventanas y las ventanas me miran con
+ceño. De pronto veo que aparece Sola por la puerta de la huerta; doy un
+paso hacia ella, me mira con semblante frío, serio como el de una
+estatua, mueve su cabeza como diciendo no, no. Luego, señor D. Salvador,
+me dice adiós con la mano derecha, y se aleja, huye, desaparece, se
+disipa como una sombra entre los almendros.... Me quedo yerto, miro a mi
+casa y mi casa... créalo usted... se echa a reír... yo no sé cómo era
+esto; pero lo cierto es que ella se reía, se reía....
+
+--Y ahora nos reímos nosotros.
+
+--¡Bendito sea Dios! ¿qué será esto del soñar? ¿Anunciarán los sueños
+realidades? ¿Estas horribles mentiras traerán consigo algo que con la
+misma verdad se relacione? Ello es que la pobre Sola no se aparta de
+esta cabeza a ninguna hora de la noche ni del día.... Que será feliz
+rasándome con ella es indudable; que ella lo será también no hay para
+qué decirlo.... Pienso muchas veces si el Señor habrá decidido que yo me
+muera antes de que pueda realizar mi deseo, al cual va unido el mayor
+beneficio que se puede hacer a una huérfana pobre y sin amparo. ¿Qué
+sería entonces de esa infeliz?...
+
+--La pobrecita tendría una gran pena--dijo Salvador.
+
+--¿Se moriría de pena?--preguntó Cordero con ingenuidad pueril.
+
+--Tanto como morirse....
+
+--No se moriría, no.... ¡pero qué desamparada, qué sola se quedaría en el
+mundo! ¿Quién comprendería su mérito? ¿quién le tendería una mano?
+
+--No podría reemplazar sin duda dignamente el bien que perdía--dijo
+Monsalud, sentándose junto al perniquebrado Cordero--; pero parte del
+bien que merece lo hallaría tal vez... casándose conmigo.
+
+Los dos se miraron asombrados y con ligero ceño.
+
+--¡Con usted!--exclamó el de Boteros volviendo de su sorpresa...--¿Ha
+pensado usted en eso alguna vez?
+
+--Muchas.
+
+--¡Si yo no existiese!... ¿Y ella consentiría?...
+
+--No lo aseguro. Pero pasado algún tiempo es fácil que consintiese. Sólo
+Dios es eterno.
+
+--Y usted desea....
+
+Lanzado de improviso a un mar de confusiones, D. Benigno no pudo decir
+más. Su amigo, quizás arrepentido de haber hecho una declaración
+imprudente, trató de tranquilizarle hablándole de lo bien que dirigía
+Cristina la dichosa nave del Estado. Entonces la alegoría del
+barquichuelo estaba en todo su auge, y no se mentaban las dificultades
+del Gobierno sin sacar a relucir la consabida embarcación, el mar
+borrascoso de la política, y principalmente el timón ministerial, que
+algunos llamaban gubernalle. Después dijo que el decreto abriendo las
+universidades era un golpe maestro; la amnistía, aunque muy restringida,
+un levantado pensamiento digno de los más grandes políticos, y la
+destitución de Eguía y González Moreno una obra maestra de previsión;
+pero añadió que muchas y muy peregrinas dotes de ingenio y energía había
+de desplegar la Reina para someter a la plaga de humanos monstruos que
+con el nombre de voluntarios realistas asolaba el Reino. A todo esto
+atendía poco el enfermo, porque tenía su pensamiento harto distante de
+los disturbios de España. No será ocioso decir que en aquel momento
+sintió D. Benigno renacer en su pecho la antipatía que en otras
+ocasiones le inspirara su amigote; pero como en tan noble alma no cabía
+la ingratitud, pensó en las atenciones y cuidados que al mismo debía
+durante la enfermedad, y con esto se le fue pasando el rencorcillo. En
+las conversaciones de los días siguientes tuvo el buen acuerdo de no
+nombrar a la familia ni los Cigarrales, ni mentar cosa alguna que
+pudiese relacionarse con el importuno asunto de sus futuras bodas.
+
+Un día, no obstante, en ocasión que comía en su lecho despaciosamente y
+gustando bien los manjares, como era en él costumbre, quedose un buen
+rato a medio mascar, sin quitar los ojos de Salvador; y volviendo luego
+a atender al plato, habló así:
+
+--Mis distracciones son tan chuscas como mis sueños. Hace un momento
+hallábame tan abstraído, tan engolfado con el pensamiento en ideas y
+cosas de mi familia que sin saberlo, aparté en el plato y corté con mi
+cuchillo los pedacitos con que suelo engolosinar a Juanillo Jacobo
+cuando come junto a mí. Me parecía que el pequeñuelo estaba a mi lado y
+que los demás distaban poco. Esto es tan frecuente en mí, Sr. D.
+Salvador, en el insoportable tedio de esta soldadura, que a veces,
+cuando siento pasos, me parece que son ellos que van a entrar, y cuando
+suena voz de mujer, si es bronca y regañona, me parece la de mi hermana,
+si es dulce y apacible como la de la misma discreción, me parece la de
+Sola. Cuando despierto por las mañanitas, mi alucinación es tal que con
+la propia evidencia se confunde, y siento que entran y salen, oigo a
+Cruz regañando con los chicos y haciendo mimos a los pájaros; oigo a
+Sola arreglando a los pequeñuelos para que vayan a la escuela, y me digo
+para mi sayo: «Tempranito se ha levantado mi gente. Ya, Sola ha puesto
+mi cuarto como el oro, y me ha preparado ese chocolate que, por lo
+exquisito, debe de caer en espesos chorros del mismo cielo».
+
+Dando luego un gran suspiro se sonrió y dijo:
+
+--Usted, solterón empedernido, no comprende estas deliciosas chocheces
+del alma. Diviértase usted con la política, con el conspirar, con la
+suerte de las monarquías, y derrítase los sesos pensando en si debe
+haber más o menos cantidad de Rey y tal o cual dosis de Constitución.
+Buen provecho, amiguito; yo me atengo a lo del poeta: denme
+_mantequillas y pan tierno_; sí señor, mantequillas, es decir amores
+puros y tranquilos: pan tierno, es decir, la sosegada compañía de una
+esposa honesta y casera, el besuqueo de los nenes, el trabajo y cien mil
+alegrías que cruzándose con algunas penillas van tejiendo nuestra vida.
+
+--Bueno es el cuadro, bueno--dijo el otro, ocultando medianamente su
+disgusto--. Cuando sea realidad avise usted.... Me consolaré de mi
+tristeza viendo la alegría de los que con sus buenas acciones han
+merecido vivir en paz. Solamente los perversos padecen contemplando el
+bien ageno. Yo, que no soy malo, pido un puesto, siquiera sea el último,
+en ese festín de regocijos y felicidades.... Pero me ocurre preguntar:
+«¿Cerrará usted la puerta a los amigos después de su casamiento?».
+
+D. Benigno no contestó nada, porque la afirmativa le pareció ridícula y
+la negación aventurada, bastante contraria, si se ha de decir verdad, a
+sus propósitos. El otro dio las buenas noches y se fue a su cuarto para
+acostarse. Aquella noche, que Cordero contó entre las más infaustas de
+su vida, no pudo este dignísimo sujeto conciliar el sueño, porque le
+asaltó, a causa de las últimas palabras de su amigo, un pensamiento tan
+mortificante que le cambiaría de buen grado por la quebradura de todos
+los huesos de su cuerpo; de tal modo padecía su espíritu. Incorporado en
+la cama, pasó largas horas en horrorosa cavilación. Allí fue el
+amenazador levantamiento de su conciencia, allí la reyerta encarnizada
+entre ciertas ilusiones suyas y ciertos temores que aparecieron de
+improviso como enemigos emboscados acechando la ocasión. El digno
+encajero no podía apartar de si el licor amarguísimo que un demonio
+invisible le ponía en los labios; ya suspiraba, ya se golpeaba la cabeza
+venerable, ya por fin elevaba los brazos y los ojos al cielo pidiendo a
+Dios que le librara de aquel fiero tormento. «Ni un momento más puedo
+vivir en esta incertidumbre, gritó.--Sr. D. Salvador, venga usted al
+momento; necesito hablarle».
+
+Golpeó fuertemente el tabique inmediato a su cama. En la habitación
+próxima dormía Salvador; y durante los días críticos de la enfermedad de
+D. Benigno, siempre que este necesitaba de la asistencia de su nuevo
+amigo le llamaba con un par de golpes suavemente dados en la pared.
+
+Era la media noche. Salvador, al oír aquel extraordinario ruido en el
+tabique, creyó, por la violencia del llamamiento, que a D. Benigno se le
+había roto la otra pierna cuando menos, o que había sido atacado de
+algún descomunal accidente. Levantose aprisa, y corriendo al lado del
+enfermo, hallole sentado en el lecho, pálido, con las gafas caladas, los
+ojos chispeantes y las manos en movimiento como quien acompaña de
+expresivos gestos las palabras que a sí mismo se dice:
+
+--¿Qué hay?--preguntó--¿se ha deshecho el entablillado? ¿Qué es eso?...
+¿calentura, dolores?
+
+--No, hombre de Dios o de cien Satanases; no es nada de eso--replicó el de
+Boteros señalándole la silla--. Esto es muy serio, repito a usted que es
+muy serio. Ya en ello la tranquilidad, la vida toda, el honor de un
+hombre de bien que jamás ha hecho mal a nadie, porque sepa usted, Sr. D.
+Salvador o D. Condenador, que yo no he hecho daño a ningún ser nacido, y
+cuando Dios me tome cuentas, no se presentará ni un mosquito, ni un
+miserable mosquito, a decir: «ese hombre fue mi enemigo».
+
+--Está bien.
+
+--Esto es muy serio, y así yo quiero una explicación categórica, leal,
+terminante, para tranquilidad de mi espíritu.
+
+--¿Y esa explicación debo darla yo?
+
+--Usted, sí, que desde hace algún tiempo se me ha puesto delante echando
+sobre mí como una ligera sombra, sí, y ahora me ha dicho cosas que
+aumentan esa sombra y la hacen más negra. Hablemos con claridad. Yo
+tengo ciertos proyectos que usted conoce. Yo pienso casarme, yo debo
+casarme, yo he creído que Dios ha dispuesto que yo me case. La que
+escogí para ser mi compañera es de tal condición... en fin, excuso de
+hacer su elogio, porque usted la conoce... a eso voy, Sr. D. Salvador.
+Ella estuvo en un tiempo bajo el amparo y protección de usted; usted le
+escribía desde Francia. ¡Ay! Cuando estuvo mala, le nombró a usted en
+sus delirios. Después usted la vio en los Cigarrales, según me escribió
+ella misma; más tarde, ahora, se me muestra tan admirador de ella y tan
+afligido de mi felicidad, que no puedo menos de volverme caviloso y
+preguntarme si usted ha tenido o tiene proyectos iguales a los míos, y
+si esos proyectos se refieren a la misma persona, que es, digámoslo
+claro, la mitad o la principal parte de mi vida.
+
+--Esos proyectos los tuve--replicó Salvador con firmeza--. No fui a los
+Cigarrales con otro objeto.
+
+Detuvo D. Benigno su voz y sus manos, como alelado, y preguntó:
+
+--¿Y ella?
+
+--No quiso oírme. Mi situación al salir de los Cigarrales era bastante
+desairada.
+
+--¿Y después?
+
+--He pensado que por negligente y confiado perdí la partida.
+
+--¿Y qué hay en usted ahora?
+
+--Resignación.
+
+--De modo que si yo no existiera....
+
+--No deben fundarse cálculos sobre la muerte. En el mundo no es fácil
+asegurar quien ayuda o quien estorba. Es posible que sea yo el que está
+demás.
+
+--¡Oh! Dios mío.... Pero usted no puede apreciar, como yo, sus infinitas
+cualidades, que la igualan a los ángeles--dijo D. Benigno con cierto
+desdén.
+
+--Quizás las aprecie mejor; quizás yo esté en situación de ver en ella
+méritos de abnegación que usted no puede ver.
+
+D. Benigno meditó breve rato. Había caído en un mar de cavilaciones que
+sin duda no tenía fondo.
+
+--¡Ah!--exclamó dando un gran suspiro con el cual pudo salir de aquellas
+honduras tenebrosas--, usted me confunde más, pero mucho más.
+
+Diciendo esto clavó los ojos en Salvador examinándole prolija y
+atentamente de pies a cabeza. Después dio otro gran suspiro y bajando
+los ojos murmuró para sí:
+
+--También él se va poniendo viejo.
+
+--¿No se necesitan más explicaciones?--preguntó Monsalud.
+
+--No--replicó Cordero brusca y desabridamente.
+
+--Pues yo voy a dar una que creo necesaria. No soy perverso; reconozco en
+usted a uno de los hombres mejores que existen en el mundo. Seré un
+miserable si sale de mí, por irresistible efecto de las pasiones, la
+más ligera oposición a la felicidad de usted.... Es evidente,
+evidentísimo que yo soy el que está demás. Declaro que mi deber es no
+volver a pisar la casa del que posee lo que yo quise para mí.
+
+--¡Barástolis!... Usted la ofende, señor mío.
+
+--No la ofendo. Mi resolución no indica desconfianza de ninguno de los
+dos, sino respeto a entrambos, y además el deseo de ponerme a salvo de
+la envidia, porque yo tengo más de hombre que de santo, y la
+contemplación del bien perdido no me hará bailar de gozo.
+
+Dijo esto en tono entro serio y festivo, y se retiró. Después de esta
+breve conferencia no se disiparon las confesiones ni se calmaron las
+ansias del insigne Cordero, antes bien, se dio a cavilar más en el
+silencio de la noche, buscando entre sus recuerdos alguna sentencia del
+ginebrino que iluminase un poco sus tenebrosos pensamientos; pero Juan
+Jacobo no decía nada, y hasta de su querido filósofo y consejero se vio
+desamparado en tan tristes horas el hombre más bondadoso que por
+aquellos tiempos existía en el mundo.
+
+
+
+
+-II-
+
+
+Muy avanzado estaba el invierno cuando Cordero y su amigo, despidiéndose
+con no poca alegría del Real Sitio, emprendieron su penoso viaje a la
+Corte por entre nieves y hielos. Separáronse del modo más cordial en la
+posada del Dragón, y D. Benigno, desmejorado y cojo, se fue a su casa
+con toda la rapidez que lo permitía su detestable andadura, mientras
+Salvador buscaba donde alojarse. Pocos días después hallábase instalado
+en habitación propia que alquiló en la calle del Duque de Alba, no lejos
+de D. Felicísimo Carnicero, de felicísima recordación. En Madrid no
+encontró novedad alguna, pues no merece tal nombre el furor con que todo
+el mundo fraguaba levantamiento s y sediciones. Conspiraban las infantas
+brasileñas con sin igual descaro; conspiraban los voluntarios realistas,
+ayudados por la turbamulta de frailes y clérigos mal avenidos con la
+idea de perder su omnipotencia; conspiraban las monjas y los
+sacristanes, muchos militares que se habían hecho familiares de los
+obispos, y para que no faltase su lado cómico a esta comparsa nacional,
+también se agitaban en pro de D. Carlos muchos señores que habían sido
+rabiosos _democratistas_ y jacobinos en los tres _llamados_ años de la
+_titulada_ segunda época constitucional. Antes habían gritado por el
+_sistema_ y ahora suspiraban por los _derechos de la soberanía en su
+inmemorial plenitud_.
+
+Oyó también Salvador los despropósitos del vulgo, a quien se había hecho
+creer que el Rey no vivía y que aquel buen señor que salía en coche a
+paseo era el cadáver embalsamado de Fernando VII. Por un sencillo
+mecanismo, la _napolitana_, que a su lado iba, le hacía mover las manos
+y la cabeza para saludar. ¡Y con un Rey relleno de paja se estaba
+engañando a esta heroica Nación!
+
+Vio un cambio de ministros fundado en que los del 16 de Octubre
+parecieron un poco dañados de liberalismo, pues la Corte deseaba un
+gobierno absolutamente agridulce que contentase a todos y conciliara el
+día con la noche, cosa en verdad más difícil que asar la manteca.
+También pudo ver la anulación del célebre codicilo, acto solemne de que
+se burlaron los carlistas, y oyó contar la fuga de Calomarde vestido de
+fraile, y los desmanes del obispo de León, el cual, ensoberbecido como
+un cacique indio y no pudiendo sublevar el reino, puso en armas su
+diócesis, dando la comandancia de voluntarios realistas a la Purísima
+Concepción.
+
+Otras muchas cosas supo y vio que no son para referidas a la ligera. Sus
+relaciones con gente de varias clases le informaban de todo. Pipaón, D.
+Felicísimo Carnicero y el marqués de Falfán no hacían misterio de los
+planes apostólicos, y Genara, furibunda sectaria del sistema del justo
+medio o de la conciliación, era el órgano más feliz que imaginarse puede
+de los pensamientos de aquel astuto Sr. Zea que gobernaba o aparentaba
+gobernar la nave (¡siempre la nave!), más cercana a los escollos que al
+deseado puerto.
+
+Genara se había establecido en su antigua casa, notoria tres años antes
+por la tertulia a que concurrían literatos tiernos y políticos maduros;
+pero ya en el invierno de 1833 no se abrían las puertas de aquella feliz
+morada para el primer poeta que viniese de su provincia cargado de
+tragedias, ni para los tenores italianos, ni para los abogados oradores
+que empezaban a nacer en las aulas con una lozanía hasta cierto punto
+calamitosa. El círculo era mucho más estrecho y las amistades más
+escogidas, con lo que ganaba en consideración la casa. Y aquí viene bien
+decir que la interesante señora había perdido por completo su afición a
+la poesía lírica (que no hay cosa durable en el mundo), y tanto caso
+hacía ya del prisionero de Cuéllar como de las nubes de antaño. Él era
+en verdad de un carácter poco a propósito para la constancia en los
+afectos. No se sabe si en la temporada a que nos vamos refiriendo había
+dado a conocer Genara preferencia o simpatía por alguna otra de las
+artes liberales, o por la artillería y la náutica, como se dijo.
+Careciendo de noticias ciertas, nos abstenemos de afirmar cosa alguna;
+que en casos dudosos vale más atenerse a la opinión buena, como mandan
+la moral de la historia y la caridad cristiana.
+
+D. Luis Fernández de Córdova, militar brillantísimo, pasaba, cuando vino
+de Berlín para encargarse de la embajada de Portugal, largas horas en
+casa de Genara. También iban, aunque no con mucha frecuencia, D.
+Francisco Javier de Burgos y Martínez de la Rosa. Era de los asiduos un
+joven oficial granadino llamado Narváez, muy vivo de genio, ceceoso,
+pendenciero y expeditivo. Pero la persona más digna de mención entre los
+que visitaban a la hermosa señora era un jesuita del colegio Imperial,
+llamado el padre Gracián, hombre de mucha piedad y oración. Decían
+algunos que de la amistad del buen religioso con Genara iba a salir la
+conversión de esta, o sea su entrada en las buenas vías católicas. Otros
+declaraban haber notado en ella resabios de mojigatería; pero sea lo que
+quiera, lo cierto es que las intenciones del padre Gracián eran
+altamente provechosas, porque (digámoslo de una vez) se había propuesto
+reconciliar a la señora con su marido.
+
+Que Pipaón visitaba casi diariamente a su antigua amiga y paisana no hay
+para qué decirlo. Por añadidura, el excelentísimo D. Juan Bragas había
+simpatizado mucho con el jesuita Gracián. Ambos platicaban con seriedad
+pasmosa de los negocios de Estado y de la Iglesia, deplorando mucho la
+tibieza de creencias que tanto dañaba a la sociedad española en aquellos
+tiempos y concluían deseando que viniesen otros mejores en que marchasen
+las naciones por el camino de la piedad, dulcemente pastoreadas por los
+ministros del altar. Como Gracián se interesaba tanto por sus amigos y
+quería llevar todos los beneficios posibles al seno de las familias
+cristianas, tomó muy a pecho la realización del casamiento de Bragas con
+Micaelita, proyecto de que ya hay noticias en el libro anterior.
+
+Acompañando a Pipaón iba Salvador algunas veces a casa de Genara; solían
+comer juntos los tres, y cuando se encontraban Monsalud y Gracián
+también hablaban largamente del Estado y de la Iglesia. Un día, después
+de hablar con él, el jesuita pidió informes a la señora de la casa sobre
+aquel desconocido amigo, quizás para ver si le podía reconciliar con
+alguien, porque el afán del buen discípulo de San Ignacio era la
+reconciliación. Genara respondió:
+
+--Si quiere usted ganar la palma del buen pacificador, hágale usted amigo
+de mi marido.
+
+--¿No se quieren bien?--preguntó Gracián con astucia.
+
+--Nada bien.... Es enemistad que data desde la guerra con los franceses.
+Ambos son tercos, soberbios, y quizás en su juventud aconteciera alguna
+cosa de esas que siempre son motivo de rivalidad entre los hombres....
+
+--Alguna mujer....
+
+--Puede ser, puede ser que eso haya sido--dijo ella con serenidad que
+tiraba a indiferencia.
+
+Algo más dijeron sobre esto; pero no nos importa todavía, y siendo más
+urgente seguir los pasos de la persona a quien aludían la dama y el
+sacerdote, vamos tras él sin pérdida de tiempo. Algunos días le vimos
+entrar en la casa de D. Felicísimo Carnicero, con quien aún tenía
+algunas cuentas pendientes. El agente le recibía como se recibe a todo
+aquel con quien se ha hecho un negocio muy lucrativo, y haciéndole
+sentar a su lado dábale palmaditas en el hombro y hasta se aventuraba a
+contarle cualquier sabrosa cosilla de la conspiración carlista.
+
+Una mañana, al entrar en casa de Carnicero, encontró en la escalera a un
+coronel de ejército amigo suyo. Era D. Tomás Zumalacárregui. Iba
+acompañado del conde de Negri, y esto le hizo comprender que el valiente
+vizcaíno, resistente hasta entonces a los halagos de la gente mojigata,
+se había dejado seducir al fin. Se saludaron y siguió adelante. Abriole
+la puerta Tablas. Al entrar pisó al gato, que escapó mayando, y luego, a
+causa de la oscuridad de los destartalados pasillos, tropezó con Doña
+María del Sagrario, que al choque dejó caer de las manos un enormísimo
+plato de puches. Puso el grito en el cielo la señora, y al ruido
+alarmose tanto D. Felicísimo, que se aventuró a salir de su nicho
+preguntando si había entrado en la casa un tropel de _cristinos_.
+Salvador se deshacía en excusas, y al acercarse a la pared, manchósele
+la negra ropa de tal modo que parecía un molinero. Al sacudirse, no sin
+comentar con algunas frases aquel rudimentario blanqueo de las paredes,
+hubo de tropezar con una de las vigas que sostenían la casa y pareció
+que toda la frágil fábrica se estremecía y que del techo caían pedazos
+de yeso, como si por entre las maderas superiores corriesen a paso de
+carga belicosos ejércitos de ratones. Por fin llegó a dar la mano a
+Carnicero y entraron juntos en el despacho.
+
+--Parece que entra un temporal en mi casa--dijo el anciano colocándose en
+su nicho--. ¿Y qué tal? ¿Ha encontrado usted en la escalera a
+Zumalacárregui y al señor conde? Buen militar y buen diplomático, jí,
+jí...
+
+--Zumalacárregui es una buena adquisición--respondió Salvador--. Tiene
+valor y talento.
+
+--Pues hay otras adquisiciones mucho mejores todavía--dijo Carnicero
+frotándose las manos--. ¿Con que ese desdichado Gobierno del Sr. Zea ha
+emprendido el desarme de los voluntarios realistas?... Sí, el fantasmón
+de Castroterreño en León y el mentecato de Llauder en Cataluña ponen
+despachos al Gobierno diciendo que han quitado las armas a los
+voluntarios realistas. ¿Usted lo cree? ¿Usted cree que se pueden quitar
+los rayos al sol? Jí, jí. ¡Y creerá el bobillo que ha puesto una pica en
+Flandes!... Yo llamo el _bobillo_ a ese señor Zea, que es una especie de
+ministro embalsamado, como el Rey ha venido a ser un Rey de papelón.
+
+--El Gobierno se cree fuerte, Sr. Carnicero, y parece decidido a echar
+una losa sobre el partido de D. Carlos. Mucho cuidado, amigo, que ahora
+parece que tiran a dar.
+
+--¡Oh! por mí no temo nada--manifestó D. Felicísimo con énfasis, echándose
+atrás--. Pero vamos a lo que urge. Ya sé a lo que viene usted hoy.
+
+--A lo mismo que vine ayer.
+
+--Y anteayer y el martes y el sábado pasado. Hoy no ha venido usted en
+balde. Al fin, al fin....
+
+--¿Llegó?
+
+--Sí, sí, el Sr. D. Carlos Navarro, nuestro valiente amigo, llegó
+anteanoche de su excursión por el reino de Navarra y por Álava y
+Vizcaya. Es un guapo sujeto. Dice que en todo aquel religioso país hasta
+las piedras tienen corazón para palpitar por D. Carlos, hasta las
+calabazas echarán manos para coger fusiles. Las campanas allí, cuando
+tocan a misa dicen «no más masones» y el día en que haya guerra los
+hombres de aquella tierra serán capaces de conquistar a la Europa
+mientras las mujeres conquistan al resto de España.... Bueno, muy
+bueno.... ¿Con que usted desea ver a ese señor? Le prevengo a usted que
+está oculto.
+
+--No importa: sólo pienso hablarle de asuntos de familia. En el último
+verano estuvo en la Granja pero no le pude ver, porque siempre se negó a
+recibirme. Ahora me será más fácil, porque le escribirá usted dos
+palabras.
+
+--Lo haré con mucho gusto; pero prevengo a usted también que el Sr. D.
+Carlos está enfermo del hígado. Ya se ve ¡ha trabajado tanto! Es un
+incansable campeón de las buenas doctrinas. Anoche se quejaba de atroces
+dolores, y, cosa rara en hombre tan religioso, jí, jí, más invocaba a
+los demonios que a la Santísima Virgen. Si quiere usted tener segura la
+entrevista que desea, se lo diremos al padre Gracián, jesuita, excelente
+sujeto que viene aquí algunas tardes, y después solemos ir a tomar
+chocolate a casa de Maroto, adonde va también el Padre Carasa.... Pues
+bien, Gracián es amigo del Sr. D. Carlos, y ya hace tiempo que se ha
+propuesto reconciliarle con su señora esposa.... ¡Oh! es un neblí para
+las reconciliaciones ese buen padre Gracián.
+
+--Le conozco. Es un digno sacerdote que tiene las mejores intenciones del
+mundo, y si no consigue hacer feliz a la humanidad toda es porque Dios
+no quiere.... En conclusión, entiéndanse usted y el Padre Gracián para
+que yo pueda ver al Sr. Navarro y hablarle de un asunto que no es
+político y sólo a él y a mí nos interesa. ¿Él vive...?
+
+--No sé si debo decírselo a usted en este momento, antes de que el mismo
+Sr. D. Carlos, bellísima persona, jí, jí... antes de que el mismo Sr. D.
+Carlos Navarro de licencia para que usted le vea. Ya lo arreglaré yo.
+Vuélvase mañana por esta su casa.
+
+Luego que Salvador se fue, D. Felicísimo escribió una carta en cuyo
+sobre, después de trazar tres cruces, puso: _A la Señora Doña María de
+la Paz Porreño, calle de Belén_.
+
+
+
+
+-III-
+
+
+Las pobres señoras casi vivían en la misma estrechez que en 1822, porque
+las mudanzas políticas y sociales se detenían respetuosas en la puerta
+de aquella casa, que era sin duda uno de los mejores museos de fósiles
+que por entonces existían en España. Los períodos de tiempo en que
+imperaba el absolutismo eran para el medro de la casa y abundancia de
+las despensas Porreñanas lo mismo que aquellos en que prevalecía la vil
+canalla de los _clubs_. De modo que en punto a comodidades y vituallas
+el agonizante marquesado habría terminado con un desastre igual al que
+han sufrido formidables imperios si no viniera en su auxilio una
+industria que, si bien es algo prosaica, tiene algo de noble por estar
+emparentada con la hospitalidad. Las dos ilustres cuanto desgraciadas
+señoras aposentaban en su casa un caballero tan respetable como rico
+durante las temporadas, a veces muy largas, que dicho sujeto pasaba en
+Madrid. El trato era excelente, la remuneración buena, y la armonía
+entre el huésped y las damas tan perfecta que los tres parecían
+hermanos. La familiaridad realzada por el respeto y una llaneza decorosa
+reinaban en la silenciosa mansión que parecía habitada por sombras.
+
+Bueno es decir, para que lo sepan los historiadores, que con las módicas
+ventajas pecuniarias adquiridas por aquel medio honestísimo habían
+renovado las señoras parte del mueblaje, aunque todas las piezas de
+antaño se conservaban, sostenidas por los remiendos y pulidas por el
+tiempo y el aseo. ¡Cosa admirable! el reló 2 había vuelto a andar; mas
+por malicia del relojero o por un misterio mecánico imposible de
+penetrar, andaba para atrás, y así después de las doce daba las once,
+luego las diez y así sucesivamente. El cuadro de santos de la Orden
+Dominica había sido restaurado por la misma Doña Paz, asistida de un
+hábil vejete carpintero, sacristán y encuadernador, y emplasto por aquí,
+pegote por allá, con media docena de brochazos negros en las sombras y
+una buena mano de barniz de coches por toda la superficie, había quedado
+como el día en que vino al mundo. Por el mismo estilo se habían salvado
+de completa ruina las urnas de santos y las cornucopias, que por no
+tener ya en sus cristales sino irregulares manchas de azogue parecían
+una colección de mapas geográficos. Lo nuevo, que era muy humilde,
+consistía en sillas de paja, cortinas de percal, ruedos de estera de
+colores; pero alegraba la casa y su vetusto matalotaje. Por tal manera
+aquella imagen cadavérica de los pasados siglos se reía en su tumba.
+
+En la época en que nuevamente la encontramos, Doña María de la Paz se
+acercaba velozmente a una vejez apoplética, marchando a ella con los
+pies gotosos, la cabeza temblona, los hombros y el cuello crasos. Sus
+cabellos, no obstante, se conservaban negros lo mismo que el lunar, y
+era que ella perseguía las canas como si fueran liberales, y no daba
+cuartel a ninguna, siendo tan implacable con ellas, que cuando vinieron
+en tropel y no pudo arrancarlas por temor a quedarse en el puro casco,
+las disfrazó vistiéndolas de luto para que nadie las conociera. Así
+cuando esta operación no estaba hecha con habilidad (porque con las
+fuerzas había mermado la vista) aparecían las sienes y la frente
+empañadas con ciertas nubes negras por encima de las cuales brillaba la
+nieve remedando un admirable paisaje de invierno.
+
+Doña María Salomé estaba tan momificada que parecía haber sido remitida
+en aquellos días del Egipto y que la acababan de desembalar para
+exponerla a la curiosidad de los amantes de la etnografía. Fija en una
+silleta baja, que había llegado a ser parte de su persona, se ocupaba en
+arreglar perifollos para decorarse, y a su lado se veían, en diversas
+cestillas de mimbre, plumas apolilladas, cintas de matices mustios,
+trapos de seda arrugados y descoloridos como las hojas de otoño, todo
+impregnado de un cierto olor de tumba mezclado de perfume de alcanfor.
+Decían malas lenguas que al hacerse la ropa juntaba los pedazos y se los
+cosía en la misma piel; también decían que comía alcanfor para
+conservarse, y que estaba, forrada en cabritilla. Boberías maliciosas
+son estas de que los historiadores serios no debemos hacer caso.
+
+Una mañana.... Olvidaba decir que en la casa había una gran pieza
+interior que daba a un patio o corralón muy espacioso, de donde recibía
+el sol casi todo el día. En dicha pieza tendía Doña Paz la ropa lavada
+en casa. De muro a muro todo era cuerdas, y cuando estaban llenas de
+ropa, aquello parecía un bosque de trapos húmedos. Pues bien, una mañana
+se paseaba Doña María de la Paz por aquellas alamedas del aseo, cuando
+entró Doña María Salomé, y dándole una carta que acababan de traer a la
+casa, le dijo:
+
+--Otra carta para el Sr. D. Carlos. Viene con sobre a ti; pero es para
+él. Mira las tres cruces. La letra parece del Sr. D. Felicísimo.
+
+--Se la daremos cuando despierte--replicó Doña Paz--. El pobre señor ha
+pasado muy mala noche.
+
+--Por cierto--manifestó Doña Salomé con semblante muy serio, en el cual se
+revelaba una aprensión escrupulosa--por cierto que no sé si será
+conveniente recibir cartas de esta manera. Esto puede dar lugar a
+interpretaciones contrarias a nuestro honor y buen nombre. Los vecinos
+se enteran de todo... ven que recibimos cartas... ven que entran aquí de
+noche muchos hombres.... No sé, no sé...
+
+--Calla, mujer--dijo Doña Paz asomando la cabeza por entre el ramaje
+blanco--. ¿Qué pueden sospechar de nosotras?
+
+--Puede caer alguna tacha, mujer, sobre nuestra reputación--afirmó Salomé
+de muy mal talante--. Bien sabes tú que no basta ser honrada, sino
+parecerlo, y dos señoras solas, como nosotras, han de tener mucho
+cuidado, para no andar en lenguas de maliciosos.
+
+--¡Siempre tonta!--murmuró Doña María de la Paz desapareciendo en lo más
+espeso del bosque de ropa.
+
+--Yo estoy decidida a hablar claramente al Sr. D. Carlos--añadió la otra--.
+Nadie le aprecia más que yo; pero este entrar y salir de hombres a todas
+horas del día y de la noche no está en conformidad con lo que ha sido
+siempre nuestra casa. ¿Qué quieres? no me puedo acostumbrar: yo soy así.
+Lo digo y lo repito, hablaré al Sr. D. Carlos.
+
+--No faltaba más sino marear al Sr. D. Carlos con semejante
+impertinencia--dijo Doña Paz reapareciendo en una alameda de lienzo.
+
+--Lo digo y lo repito.... Además, los compañeros, ayudantes o lo que sean
+del Sr. D. Carlos, no nos guardan las consideraciones que merecemos.
+¿Qué más?... Ayer no me había acabado de peinar cuando ese bárbaro de
+Zugarramurdi entró en mi cuarto sin pedir permiso.... ¡Y para qué! para
+decirme si había yo visto una de sus espuelas que no podía encontrar.
+
+--Bobadas.... Habla más bajo.... Me parece que se ha despertado el Sr.
+Navarro.
+
+Apareció en la puerta una enorme barba a la cual estaba pegado un
+hombre. De entre aquel enorme vellón castaño salió una voz seca y
+desabrida que dijo:--El chocolate.
+
+--En seguida, Sr. Zagarramurdi. Tome usted esta carta que han traído para
+el Sr. D. Carlos. ¿Qué tal está hoy?
+
+--Mal--respondió el de la barba dando media vuelta y desapareciendo por
+donde había venido.
+
+--¡Qué modos!--murmuró Salomé dirigiéndose a su cuarto--. Ya no hay
+caballeros.
+
+Navarro moraba en la misma habitación ocupada algunos años antes por una
+mujer que murió en olor de santidad. Poco o ningún cambio había tenido
+la pieza, que más que gabinete parecía capilla, o mejor un abreviado
+trasunto de la corte celestial, pues todo en ella era santicos pintados
+y de bulto, reliquias, estampas de santuarios y monasterios, corazones
+bordados, palmitos, y un altar completo con sus candeleros de estaño,
+sus arañas colgadas del techo, sus misales y sus tres curitas de cartón
+con casullas de papel, en actitud de celebrar misa cantada. Completaban
+la decoración una enorme espada pendiente del mismo clavo que sostenla
+un niño Jesús bordado en cañamazo, dos escopetas arrimadas a un rincón,
+dos guantes y dos mascarillas de esgrima junto a dos pares de floretes,
+tres maletas muy usadas y un hombre.
+
+Este hombre hallábase sentado o más bien sumergido en un sillón, con las
+piernas ocultas bajo gruesa manta que le llegaba a la cintura, la cabeza
+inclinada sobre el pecho y tan inmóvil que parecía dormido o muerto. Un
+brasero de cisco bien pasado mostraba su montoncillo de ceniza esmaltado
+de fuego cerca del envoltorio que debía contener los pies del individuo,
+el cual si alguna vez daba señales de existencia era dándolas de frío.
+Su cara era morena tirando a verde a causa de la palidez, así como el
+blanco de los ojos no era blanco sino amarillo. El cabello negro y
+áspero tenía bastantes canas, y generalmente se veía la potente cabeza
+apoyada en una mano negra, tostada, cuyas venas retorcidas y tendones y
+músculos recordaban la mano que D. Quijote enseñó a Maritornes cuando lo
+colgaron del tragaluz de la venta.
+
+En un velador cercano tenía el guerrillero medicinas que tomaba cartas
+que leía, tabaco, un libro, un rosario y una pistola. Beber y fumar:
+alternando con lecturas, era su ocupación en las aburridas horas del día
+precursoras de los insomnios de las noches. No gustaba de que los amigos
+le dieran conversación. Su mejor amigo era el más discreto de todos, el
+silencio.
+
+Pero Zugarramurdi y Oricaín tenían un recurso para distraerle, aunque
+por poco tiempo. Tiraban al florete, y entonces los ojos del guerrillero
+se animaban; seguía con atención los movimientos de los fingidos
+duelistas y aun arrojaba alguna palabra picante o algún comentario de
+maestro entre los rechinantes aceros. Pero de repente decía «basta» y
+los dos atletas soltaban el florete y se quitaban la máscara, sacando a
+luz el rostro sudoroso. En aquel momento Zagarramurdi parecía el hombre
+prehistórico embutido en sus feroces barbas, y Oricaín, el formidable
+oso navarro, perdía mucho en belleza, porque la máscara de alambre
+disimulaba su fealdad.
+
+Aquel día (nos referimos al día de la carta de D. Felicísimo) D. Carlos
+se cansó más pronto que nunca.
+
+--Basta de estocadas--dijo--. Zugarramurdi, pásate por casa de don Tomás
+Zumalacárregui y dile que le espero mañana. Oricaín, alcánzame mi
+rosario y voto. Cuando llegue el padre Gracián, entras y si duermo, me
+despiertas.... Hoy no como.
+
+Pasada la hora de la siesta vino el padre Gracián. Era un mocetón de
+alta estatura, de treinta y ocho o cuarenta años de edad, moreno, los
+labios gruesos, la nariz aberenjenada, áspero el pellejo y curtido, como
+formado expresamente por Dios para resistir a los abrasadores climas del
+trópico y a los hielos polares.
+
+Su barba era tan negra y espesa que aun afeitada del mismo día dejaba
+una mancha oscura en toda la parte inferior del rostro. Debía tener
+fuerzas hercúleas aquel arrogante granadero de la Iglesia, y si bajo el
+punto de vista corporal estaba admirablemente constituido para las
+misiones, no lo estaba menos en el orden espiritual, por ser hombre de
+muchas sabidurías, eruditísimo en las letras sagradas y bastante fuerte
+en las profanas, elocuente en el púlpito y persuasivo en la
+conversación, águila en la cátedra y lince en el confesionario. También
+sabía de medicina y había hecho curas que pasaron por milagrosas. Era
+tan grandón que su manteo parecía tener una pieza de tela, y cuando se
+embozaba no concluía nunca de echar paño al viento. Su sombrero de teja
+no medía menos de una vara, y como lo llevaba siempre un poco echado
+atrás y su cuerpo se encorvaba hacia adelante, parecía que iba cargando
+una pesada viga. Sus desmesurados pies, sepultados en zapatos de paño,
+pisaban con la pesadez y adherencia de la robusta planta calzada de
+alpargata, que golpea como una maza las baldosas de muelles y almacenes.
+
+Después de saludar con escogida afabilidad al guerrillero enfermo, tomó
+asiento junto a él, y metiendo la mano por ciertas aberturas de la
+sotana tras de las cuales había bolsillos tan hondos como el mar, empezó
+a sacar varios cucuruchos de papel semejantes en tamaño y forma a los
+que hacen en las tiendas para contener dos cuartos de azúcar, de café o
+de anises. Conforme los sacaba los iba poniendo sobre el velador y
+miraba el rotulillo que de su puño y letra estaba escrito en cada uno.
+
+--¿Qué es eso?--preguntó Navarro picado de curiosidad, sospechando que su
+amigo había puesto tienda de comestibles o droguería.
+
+--Esto es tierra de la ruta de San Ignacio en Manresa, reliquia que
+solicitan mucho las personas devotas. He recibido hoy una pequeña
+remesa, y la distribuyo entre las amigas que ha tiempo me la han
+pedido.... Si habré olvidado el cucurucho de Doña María de la Paz....
+¡Ah! no, aquí está. Me hará usted el favor de entregárselo. Estos otros
+son para la Excelentísima Señora Condesa de Rumblar, para las monjas de
+Góngora, para el Sr. D. Pedro Rey, que ha tenido a la muerte a su
+preciosa niña Perfectita, y para otras diversas familias....
+
+En seguida guardó los cucuruchos en sus bolsillos insondables como la
+mar, y dando después violenta palmada en la rodilla del guerrillero, le
+dijo:
+
+--Veo que está usted mejor.... Esa cara ya es otra.... Pronto estará
+usted bien.
+
+El guerrillero dio un suspiro y se sonrió. Ambas demostraciones
+indicaban incredulidad del pronóstico y gratitud por el consuelo.
+
+--Pronto, muy pronto, cuando llegue el momento de dirimir en los campos
+de batalla la cuestión entablada entre el Altísimo y los masones, podrá
+contar el Altísimo con su más valiente Macabeo.
+
+--Eso es lo que pido a Dios con todo el fervor de mi alma--dijo Navarro
+echando amargura por la boca y por los ojos--y lo que Dios no me
+concederá.
+
+--Yo tengo para mí--manifestó el clérigo con mucha fe--, que Dios no se
+amputará un brazo tan poderoso.... La enfermedad de usted no vale nada,
+repito que no vale nada. No hay lesión, repito que no hay lesión. Es un
+abatimiento producido por una acumulación biliosa, cuyo origen hemos de
+buscar en la trabajosa vida de usted y en los disgustos domésticos que
+han acibarado su alma. El alma, el alma, señor mío, es la que está
+enferma, y al alma se ha de aplicar la medicina. ¿Cuál es esta? Pues es
+un confortamiento dulce que se consigue mezclando la confianza con la
+paz y la indulgencia con la piedad.
+
+Navarro manifestó en su semblante, sin decir palabra alguna, el disgusto
+que le causaba un tema planteado ya muchísimas veces, aunque, sin fruto,
+por el venerable padre Gracián.
+
+--No, no frunza usted el entrecejo--dijo este, mostrándose decidido--. No
+cejaré sino cuando usted me retire su amistad y me arroje de su casa.
+
+--Eso no....
+
+--Pues si eso no, resígnese usted a sentir el moscón en su oído. ¿Y qué
+dirá el moscón? Dirá que usted no tendrá salud mientras no tenga paz en
+su espíritu, y no tendrá paz en su espíritu mientras no tenga familia.
+¿Y cuándo tendrá usted familia? Cuando se reconcilie con su esposa,
+previo el arrepentimiento de ella y el perdón de usted.
+¡Arrepentimiento, perdón! Sobre estos dos polos se mueve el mundo
+inmenso de las almas. Todo el saber moral se condensa en estas dos ideas
+que establecen el parentesco del hombre con Dios....
+
+Navarro quiso hablar.
+
+--No, no admito réplica sobre esto. Lo digo yo y basta--manifestó el
+jesuita, fuerte en su autoridad--. Cuando yo he planteado a usted este
+problema incitándole a resolverlo, ya se comprende que no puede haber
+deshonra para usted. La verdadera deshonra es cerrar los oídos a las
+amonestaciones de la Iglesia que dice a los esposos: «amaos, uníos». Los
+juicios del mundo son pérfidos y vanos. ¿Debe hacer caso de ellos un
+hombre religioso y prudente? No. ¿Cuál es el peor consejero del hombre?
+El orgullo. ¿Y el mejor? La piedad. ¿Qué le dice a usted su orgullo? le
+dice: «no cedas y muere envenenado por el rencor antes que pronunciar
+una palabra indulgente». ¿Qué le dice la piedad? le dice: «perdona para
+que seas perdonado».... Sé que hay razones de aparente fuerza; pero yo
+he estudiado el asunto con cariño y he visto que lo que usted presenta
+como obstáculo no lo es.... Dios quiere sin duda que esta obra se
+realice, porque desde que la emprendí, estoy viendo con mucha claridad
+el camino de ella. ¿Y qué veo? Veo en esa señora el hastío de la soledad
+y un deseo muy vivo de establecer en su vida el orden interrumpido; veo
+que lejos de guardar a usted rencor lo respeta y lo ama. He podido
+llegar a vencer ciertas resistencias que en su alma había, y con poco
+que usted me ayude....
+
+--Padre, padre--dijo D. Carlos respirando fuerte, porque estaba abrumado
+bajo el insoportable peso del sermón--, eso no puede ser. Hay roturas que
+no pueden soldarse nunca, nunca, ni en el cielo. Suponga usted que yo me
+retiro a un desierto, hago penitencia, me santifico, muero, me salvo y
+entro en el reino de Dios como bienaventurado, más aún, como santo.
+Suponga usted también que ella se arrepiente de su mala conducta, que
+recibe de Dios aflicciones y justas calamidades, que se pudre en vida,
+que se retira a hacer vida claustral, que luego cae en poder de
+infieles, que la martirizan, que la queman, que la achicharran, que
+muere, que se salva, que es santa, que es pura como un ángel.... Bueno,
+suponga usted que nos encontramos en el cielo....
+
+--Y ábrazados llorarán lágrimas de perdón--exclamó el padre muy conmovido
+y cruzando las manos.
+
+--¡No!--gritó Navarro, y aquella sílaba sonó como un tiro.
+
+El jesuita se quedó perplejo, mirando a su amigo con espanto. No se
+atrevía a insistir en su empeño ante la inalterable dureza de aquella
+roca en forma humana, que exteriormente tenía todas las escabrosidades
+de la peña y por dentro todos los amargores del mar; pero también él, el
+jesuita, tenía a falta de aparentes durezas, la constancia y persistente
+fuerza de la ola. No creyó prudente insistir por el momento, y
+encalmándose sin esfuerzo, bajó la cabeza, echó un suspiro y murmuró en
+tono de paz estas suaves palabras:
+
+--Todo sea por Dios. Hablemos de otra cosa.
+
+--Hablemos de otra cosa--dijo Navarro con alegría--. Hábleme usted de otra
+cosa, aunque 4 sea de los cucuruchos.
+
+--Tenía que decir a usted no sé qué--indicó Gracián algo confuso; mas
+dándose una palmada en la frente añadió--: ¡Ah! ya me acuerdo.... Tengo
+aquí la apuntación. Un caballero amigo mío, mejor dicho, conocido, desea
+hablar con usted. Lo conocí en casa de Doña Genara.
+
+--¡En su casa!--exclamó Navarro poniéndose más verde, y clavando las uñas
+en los brazos del sillón.
+
+--Sí; también D. Felicísimo me habló de él esta mañana.... No me acuerdo
+de su nombre... pero lo apunté y aquí debe de estar.
+
+Diciendo esto el buen jesuita metía la mano y después el brazo hasta el
+codo en el infinito bolsillo.
+
+--No se moleste usted--dijo Navarro tomando la carta de D. Felicísimo que
+abierta sobre el velador estaba, y mostrándosela a su amigo--. ¿Es este
+su nombre?
+
+--El mismo--replicó Gracián.
+
+Y en el propio instante se abrió la puerta y apareció la cara, mejor
+dicho, la zalea con ojos del Sr. Zugarramurdi, el cual no dijo más que
+una sola palabra:
+
+--Ese....
+
+Después de mirar un rato muy hoscamente al suelo, Carlos habló así:
+
+--Que entre.... Usted, queridísimo padre, me hará el favor de dejarme
+solo.... Mañana tampoco puedo asistir a la junta, pero me representa el
+Padre Carasa. Deseo saber inmediatamente lo que se decida. ¿Vendrá usted
+a decírmelo?
+
+Después de contestar afirmativamente con su afabilidad no estudiada, el
+dignísimo Padre Gracián salió para seguir repartiendo sus cucuruchos
+entre las damas piadosas que sabían apreciar tan interesante objeto
+devoto.
+
+
+
+
+-IV-
+
+
+Bien se le conocía a Salvador la emoción que sentía al verse delante del
+guerrillero, y este, que no esperaba hallar en el semblante de su mortal
+enemigo otra cosa que desconfianza y altanería, se sorprendió al mirarle
+cohibido y algo acobardado, mas no sospechó la razón de esta mudanza.
+Mandole sentar y un buen rato estuvieron los dos mirándose, sin que
+ninguno se decidiera a hablar el primero. Por fin Carlos rompió el
+silencio diciendo:
+
+--No podía desairar a D. Felicísimo... por eso te he recibido,
+exponiéndome a las consecuencias de este mal rato. Ya sabes que estoy
+enfermo y el médico dice que no debo incomodarme.
+
+--Eso depende de ti. Yo vengo con bandera de paz y decidido a no
+incomodarme. Has hecho bien en recibirme. Hace tiempo que te busco, y
+ahora que te encuentro te pregunto si crees que no me has perseguido y
+vejado bastante.
+
+--¿Quieres que sea bastante ya?--dijo Garrote con sarcasmo--. Pues sea y
+déjame en paz. Si no me acuerdo de ti, si te desprecio....
+
+--¡Pobre hombre!--exclamó Salvador--. Tu orgullo dice tan mal con tus
+alardes de piedad religiosa.... Yo vengo ahora a ponerte a prueba y a
+ver si tu alma rencorosa es, como parece, incapaz de todo sentimiento
+que no sea el de la venganza....
+
+--¿Vienes a ponerme a prueba?... Con cien mil rábanos, hombre, que seas
+benigno--dijo Navarro empezando a enfurecerse--. ¡Y luego me dirá el
+médico que tenga paciencia, que no me sulfure, que no se me suba a la
+boca y a los ojos la hiel de mis entrañas!... Oye tú, menguado, por no
+darte otro nombre, ¿vienes a gozarte en mi desgracia, viéndome enfermo y
+sin fuerza para castigar un insulto, o vienes a espiarme por encargo de
+los masones? Si es esta tu intención, no necesitas aguzar el ingenio
+para descubrir mis acciones. Puedes decir a esos señores que sí, que
+estoy conspirando ¡rábano! que hago lo que me da la gana, que trabajo
+como un negro por la causa del Rey legítimo y que yo y mis amigos nos
+reunimos y nos concertamos, despreciando a este Gobierno estúpido, cuya
+policía hemos comprado. Al ejército lo seducimos y lo traemos
+habilidosamente a nuestra causa; al Gobierno le engañamos, y a vosotros
+los masones de bulla y gallardete os compramos a razón de dos pesetas
+por barba. Ea, ya lo sabes todo; ya puedes ir con el cuento.
+
+--Ya sé que conspiras--dijo Monsalud manteniéndose sereno--y no me
+importa.... Otro asunto me trae, asunto que es de mucho interés para
+entrambos, al menos para mí. Dime, ¿no has pensado alguna vez,
+principalmente en estos días de dolencias, aislamiento y tristeza, en la
+esterilidad de los infinitos medios que has empleado para exterminarme?
+¿No te han venido a la mente consideraciones sobre esto, no te has
+sorprendido a ti mismo, en ciertos momentos, meditando, sin saber cómo
+ni por qué, sobre el hecho de que todos tus actos de venganza han sido
+inútiles, y que Dios me ha preservado casi milagrosamente de tus
+crueldades?
+
+Mientras esto decía Salvador, le miraba Navarro con cierto asombro que
+no carecía de estupidez, y era que, en efecto, había meditado no pocas
+veces sobre aquel problema. Sin embargo, por no declarar que su sombrío
+interior había sido descubierto, dijo bruscamente:
+
+--Pues jamás he pensado en tal cosa. ¿A qué vienen esas sandeces?
+
+--Estas sandeces--dijo Salvador creciéndose más--son para demostrarte que
+Dios, a quien tú, llevado de una piedad absurda, crees cómplice de tus
+violencias y de tus sañudas venganzas, es quien te ha burlado y me ha
+protegido. ¡Qué bien y con cuanta oportunidad ha deshecho tus
+combinaciones implacables, permitiendo que llegara un día como este, en
+el cual voy a desarmarte para siempre!
+
+Navarro seguía mirándole con estupidez.
+
+--Por muy malo que te suponga--añadió Salvador--no te creo capaz de
+conservar tus rencores después de saber que tú y yo somos hijos de un
+mismo padre.
+
+El guerrillero saltó en su asiento, como quien oye un insulto. Su cara
+se congestionó a borbotones echó de su boca estas palabras:
+
+--¡Es mentira, es mentira!
+
+--¿Mentira, eh? ¿con que es mentira? Tengo de ello un testimonio para mí
+sagrado, escrito por la mano de la persona más querida para mí en el
+mundo, y ratificado en su lecho de muerte. Tú puedes creerlo o no, según
+se te antoje: a tu conciencia lo dejo. Cumplo con mi deber diciéndotelo.
+La mitad de este secreto te corresponde a ti, mal que te pese. Yo no
+puedo quedarme con él todo entero.
+
+Inquieto en su asiento, Navarro vaciló entre la ira y la curiosidad.
+
+--Esas cosas--dijo--no se pueden creer sin algo que lo pruebe.... ¿A ver,
+qué es eso? ¿Qué significa ese paquete atado con cintas encarnadas?
+
+Salvador había sacado un paquete y escogía en él los papeles que quería
+mostrar a Carlos.
+
+--Esta es la carta que mi madre me escribió poco antes de morir--dijo
+poniéndola en manos de Navarro--. Es la confesión de una falta redimida
+por una existencia de penas y oscuridad; es una declaración santa, que
+respira honradez, paciencia y bondad. Se necesita ser un monstruo para
+no inclinarse con respeto ante esa vida de abnegación y deberes
+trascurrida a la sombra de una vergüenza jamás reparada....
+
+El otro leía, leía. Salvador le miraba leer y mentalmente seguía los
+conceptos de la carta. Concluida la lectura Navarro dio un suspiro y
+dijo:
+
+--¡Qué sed tengo!... Si quisieras echar agua de la alcarraza en aquel
+vaso que allí está y alcanzármelo....
+
+Monsalud le dio agua, y luego que le vio aplacar su sed, diole otros
+papeles diciéndole:
+
+--¿Conoces esa letra?
+
+--Son cartas de mi padre--murmuró Navarro, devorándolas con la vista.
+
+--No es ocasión ahora--dijo Salvador--, de hacer comentarios sobre las
+promesas hechas en esas cartas y jamás cumplidas. Esas viejas cuentas se
+habrán arreglado en otra parte.
+
+Callaron ambos, y Navarro, puesta su alma toda en los ojos, leía las
+pocas páginas de aquel drama oscuro, desenlazado ya por la muerte. Al
+concluir se quedó mirando al suelo por larguísimo espacio de tiempo, y
+luego, evitando el fijar los ojos en su hermano, le dijo lo siguiente:
+
+--Bueno, convengo en que esto no tiene duda. Parece evidente que por la
+Naturaleza.... Pero no, la fraternidad no se improvisa. Eres hijo de mi
+padre; pero no eres ni serás mi hermano.
+
+--Ni lo pretendo, ni me importa tu fraternidad--replicó Salvador
+devolviéndole su desvío--. No necesito de ti para nada. Sólo he querido
+que sepas cuán cerca nos puso la Naturaleza, mejor dicho Dios, para que
+comprendas que el papel de Caín es malo, y hasta desairado.
+
+--Una carta vieja no puede hacer de dos enemigos irreconciliables dos
+hermanos queridos.... Convengo en que no puedo perseguirte más: la
+memoria de mi buen padre, aquel valiente caballero que murió por la
+patria, se interpone y te salva....
+
+--Antes me salvaré yo con la ayuda de Dios--dijo Salvador con desprecio--.
+No he venido a solicitar la indulgencia, que no necesito.
+
+--Pues yo te la doy, ¡cien rábanos!--exclamó el guerrillero sulfurándose--.
+Mira, dame agua otra vez; tengo mucha sed; tu secreto me sabe a hiel y
+vinagre.
+
+Bebió, y después, cavilando un poco, dijo como si masticara las
+palabras:
+
+--Además, antes de hablar de reconciliación es preciso determinar bien
+quien es el ofendido y quien el ofensor. Te quejas de que te he
+perseguido y hablas de mis crueldades. Pues yo digo que tú eres el
+monstruo, tú el criminal, tú el indigno de perdón.
+
+--Acuérdate de aquellos días del año 13, cuando se dio la batalla de
+Vitoria dijo Salvador con violencia--. ¡Oh! fuiste tú quien me provocó.
+
+--¡Fuiste tú!.
+
+--¡Tú!
+
+--Repito que tú.
+
+La disputa se agriaba. Salvador quiso calmarla con un ademán de
+conciliación. Navarro respiraba como quien se va a ahogar.
+
+--Mira--dijo con desabrimiento--lo mejor es que te vayas.
+
+--Antes has de oír lo que voy a decirte.
+
+--Pues di.
+
+--Sí, sostengo que fuiste tú quien primero entabló nuestra rivalidad, no
+por eso desconozco que cometí después faltas graves, que te ofendí...
+
+--¡Lo confiesa el menguado!...
+
+--Yo no soy como tú; yo no tengo el orgullo de mis crímenes, ni los
+defiendo, por ser míos, contra la razón y el derecho de los demás.
+
+--¡Me has ofendido, y de qué modo!--exclamó Carlos que era todo acíbar--.
+Con cien vidas que tuvieras no pagarías tu delito.... ¡y vienes a
+amansarme ahora con la pamplina de que somos hermanos, hermanos por la
+casualidad, por el capricho!... Peor, peor mil veces para tu conciencia.
+
+--Si fuéramos a hacer un análisis--manifestó Salvador--, de todo lo que ha
+pasado entre nosotros desde el año 13, asignando a cada uno la parte de
+responsabilidad y de culpa que le corresponde, creo que todos
+quedaríamos muy mal parados. Bien sé que hay culpas completamente
+irreparables en el mundo, y ofensas que no se pueden perdonar. Así, mal
+que le pese a nuestro flamante parentesco, no podemos ser nunca amigos.
+Pero....
+
+--¿Pero qué?
+
+--Pero debemos extinguir hasta donde sea posible nuestros odios,
+considerando que hay un tercer culpable a quien corresponde parte muy
+principal de esta enorme carga de faltas que tú y yo llevamos....
+
+Navarro no le dejó concluir la frase; se levantó y alargando la mano
+como en ademán de tapar la boca a su hermano, gritó de este modo:
+
+--No la nombres, no la nombres, porque volveremos a las andadas.... Has
+puesto el dedo en la herida de mi corazón, que aún mana sangre y la
+manará mientras yo viva.... ¡Desgraciado de ti, que al ponérteme delante
+no puedes excitar en mí la clemencia de la fraternidad sin excitar al
+mismo tiempo el bochorno de la deshonra! ¿Cómo he de acostumbrarme a ver
+con sentimientos cariñosos a la misma persona a quien he visto siempre
+con horror?... Déjame en paz. Ya sé que no te puedo matar. Esto basta
+para ti y para mí. Márchate.
+
+Se quedó tan ronco que sus últimas palabras apenas se entendían....
+Después de hablar algo más con ronquidos y manotadas, pudo hacerse oír
+nuevamente.
+
+--Aguarda.... La úlcera de mi vida, lo que me ha envenenado el cuerpo y
+ha trasformado mi carácter haciéndole displicente y salvaje, ha sido mi
+deshonra. Este puñal, Dios poderoso, ¡cuándo se desclavará de mis
+entrañas!... ¡Este cartel horrible que en mi frente llevo, cuando
+caerá!... Soy un menguado, porque no he sabido castigar. ¡He cortado las
+ramas y he dejado crecer el tronco! Pero el tronco caerá: ese es mi
+afán, esa es mi locura.... Bien sabes que la infame--añadió expresándose
+con mucha rapidez en voz baja--, lejos de corregirse, progresa
+horriblemente en el escándalo.... Me han dicho que tú también la
+desprecias.... Pues bien, unámonos para castigarla.... Merece la
+muerte.... Castiguémosla y después... después seremos hermanos.
+
+--Veo--dijo Salvador horrorizado--que estás tan enfermo de alma como de
+cuerpo. No me propongas tales monstruosidades. Estás demasiado embebido
+en los hábitos y en las ideas del guerrillero para pensar
+razonablemente.
+
+Al furor sucedió el abatimiento en la irritable persona de Carlos, y por
+largo rato no dio señales de vida. Salvador le dijo:
+
+--Renuncia a toda idea de violencia y asesinato. Pensando en un castigo
+imposible, te envenenas el alma. Renuncia también a la agitación de la
+política y no conspires, no seas instrumento de ambiciones de príncipes.
+Retírate a nuestro pueblo, busca en la paz la reparación que necesitas y
+cúrate con la medicina del olvido.
+
+--¡Retirarme al pueblo!...--exclamó Carlos alzando los ojos para mirar de
+frente a su hermano--. ¿Para qué? ¿para sentir más el horrible vacío de
+mi alma y la soledad en que vivo? La agitación de estas luchas civiles y
+el afán de hacer algo por una causa justa, me distraen haciéndome
+llevadera la vida; pero la soledad del pueblo me abate y entristece de
+tal modo que si yo pudiera llorar, lloraría sobre los muros de mi casa
+desierta. Si al menos encontrara allí familia, algún pariente, amigos,
+antiguos criados... pero no; nadie. Mi casa parece un panteón; y las
+calles de la Puebla repiten mis pasos como ecos de cementerio. Los
+recuerdos son allí mi única compañía, y los recuerdos me asesinan.
+
+--Lo mismo me pasa a mí--exclamó Salvador--. Sin familia, solo, privado de
+todo afecto, parece que estoy condenado, por mis culpas, a vivir sobre
+el hielo. También yo he visitado hace poco nuestra villa y se me han
+caído las alas del corazón al verme forastero en mi pueblo natal.
+
+--A mí me perseguían de noche no sé qué sombras que salían de aquel negro
+caserío. Todos los perros del pueblo me ladraban ¡mil rábanos! con furia
+horripilante.
+
+--También a mí. Encontré algunas personas y me reconocieron; pero me
+miraban con mucho recelo, como si fuera a quitarles algo.
+
+--Me pasó lo mismo. Entonces conocí cuán triste es no tener a nadie en el
+mundo a quien confiar una pena del corazón, una alegría, una esperanza.
+
+--Yo también. Y entonces me sentí viejo, muy viejo.
+
+--Lo mismo yo. Y dije: «si yo tuviera junto a mí a un ser cualquiera,
+aunque fuese un niño, no saldría a los campos en busca de aventuras, ni
+me afanaría tanto porque reinase Juan o Pedro».
+
+--Igual he pensado yo.... Si algo me consolaba en aquella soledad lúgubre
+era el recordar cosas de la niñez. ¡Y las veía tan claras cuando pasaba
+por los sitios donde solíamos jugar, por el sitio donde estuvo la
+escuela, por el atrio de la iglesia y el puente, y casa del tío Roque el
+herrero...!
+
+--Pues yo me pasaba las horas muertas reproduciendo en mi memoria
+aquellos días.... ¡Cuántas veces me acordó de la pobre Doña Fermina tu
+madre! ¡Era tan buena!... ¿No se ponía a hacer media sentada junto a una
+puerta que hay a mano derecha como entramos en el patio?
+
+--Sí, sí.
+
+--Y me parece ver al Padre Respaldiza, contando chascarrillos, y a
+aquella Doña Perpetua que vivió más de cien años. Yo recuerdo que tu
+madre me agasajaba mucho cuando yo, jugando contigo y con otros
+chicuelos, me metía en el patio de tu casa. Me abrazaba, me besaba y me
+ponía sobre sus rodillas; pero yo me desasía de sus brazos para correr y
+subirme a un montón de vigas.... ¿No había un montón de vigas en el
+patio?
+
+--Sí, sí.
+
+--¿Y no tenía tu madre muchas gallinas?
+
+--Sí.
+
+--Un día reñimos por un pollo y nos dimos de bofetadas tú y yo. Otro día
+nos hicimos sangre a fuerza de darnos porrazos y quedamos como dos
+_Ecce-homos_.... Después....
+
+Navarro dio un gran suspiro diciendo luego:
+
+--Parecía que estábamos destinados a una rivalidad espantosa por toda la
+vida.... Un día, cuando ya éramos grandecitos, volvíamos de componer un
+aro de hierro en casa del tío Roque, y encontramos a Genara que salía de
+la escuela....
+
+Aquí concluyeron los recuerdos. Como una luz que se apaga al soplo del
+viento, Navarro cerró la boca, apretó los labios fuertemente cual si
+quisiera hacer de los dos un labio solo, frunció las cejas haciendo de
+ellas como un nudo encargado de contener y apretar toda la piel de la
+frente, y descargó al fin la mano con tanta fuerza sobre el brazo del
+sillón, que a punto estuvo este buen inválido de saltar en astillas.
+
+--Parece imposible--dijo después--que basten algunos años para que los
+ángeles se conviertan en demonios, y los hombres en fieras.... Tú,
+oye...--añadió con altanería--, no hagas caso de mis habladurías... dígolo
+por si se me ha escapado alguna frase que indique disposición a
+perdonar, blandurillas de corazón u otra cosa semejante, indigna de mi
+carácter entero y de mi honor. Ella será siempre para mí el tormento y
+la mala tentación de mi vida, y tú... un hombre a quien no veo ni podré
+ver nunca sin violentísima antipatía. Haz aprecio de mi rara franqueza,
+ya que no puedas apreciar en mí otra cosa.... ¿Quieres que te lo diga
+más claro? Pues lo mismo me quemas la sangre ahora que antes. Desconfío
+de tus palabras, desconfío de tus acciones, desconfío de nuestro
+parentesco, que bien puede ser tramoya inventada por ti, desconfío de
+tus arrepentimientos, y como ha de serte más difícil ganar mi voluntad
+que ganar el cielo, será bien que me dejes en paz y que no vengas acá
+con hermanazgos ni embajadas sentimentales, porque otra vez no tendré la
+santísima paciencia que ahora he tenido: ya me conoces, ya sabes mi
+genial. Esta enfermedad del demonio me ha echado cadenas y grillos; pero
+yo sanaré, con mil rábanos, sanará, y te juro que no habrá quien me
+sufra. ¿Has oído bien? no habrá quien me aguante.... Las bromas que yo
+gasto pasan por barbaridades en el mundo.... No me busques, pues, y yo
+te prometo que no te buscaré. Es todo lo que puedo hacer.
+
+Diciendo esto le señaló la puerta. Era ya casi de noche, y en la
+sacristanesca pieza oscura cada uno de los personajes veía a su
+interlocutor como si fuera su propia sombra. Levantose Salvador de su
+asiento y despidiose del guerrillero con esta lacónica frase:
+
+--Adiós. No te buscaré. Si llegas alguna vez a mi puerta, según como
+llames a ella te responderé.
+
+
+
+
+-V-
+
+
+Salió, y cuando iba en busca de la puerta por el pasillo, que oscurísimo
+como la caverna de Montesinos estaba, tropezó con un bulto, el cual, por
+el agudo chillido que siguió al choque, demostró ser mujer y mujer muy
+sensible.
+
+--Brutísimo, salvaje.... ¿no tiene usted ojos en la cara?--gritó la voz--.
+¿Qué modos son esos?
+
+--Señora--dijo Salvador quitándose el sombrero, mas sin ver gota--,
+dispénseme usted. Ojos tengo, pero de nada me sirven, pues no hay luz en
+el pasillo. Buscaba la puerta....
+
+--¿Y soy yo acaso la puerta, señor majadero?... ¡Qué consideraciones
+gastan con las señoras los hombres de esta casa!...
+
+Hablando así la dama abrió la puerta y con la claridad indecisa que de
+la escalera venía pudo Salvador verla y advertir que parecía dispuesta a
+salir también. Llevaba mantilla negra y una dulleta en cuyo adorno
+habían entrado pieles de diversos animales domésticos, hábilmente
+combinadas con galones que siglos antes lucieron en la túnica de algún
+santo o en el valiente pecho de algún oficial de guardias walonas.
+Salvador, que había visto algunas veces a la dama, la conoció.
+Acostumbraba a mirar con respeto aquella decadencia más lastimosa que
+risible.
+
+--Vuelvo a pedir a usted mil perdones--le dijo--, por mi torpeza.... Veo
+que también sale usted, señora, y si me lo permite tendrá mucho gusto en
+acompañarla.
+
+--Gracias, muchas gracias--replicó la momia dando en dirección a la
+escalera algunos pasos en los cuales se advertía marcado prurito de
+agilidad--. Yo también necesito excusarme por haber dicho a usted algunas
+palabras inconvenientes, confundiéndole con ese hombre basto, ese
+Zugarramurdi, que es un mueble con andadura.
+
+Salvador le ofreció el brazo que ella no tuvo inconveniente en aceptar.
+Bajando la momia, arrojó de sí esta pregunta, metida dentro de un
+suspiro:
+
+--¿Es usted amigo del Sr. D. Carlos?
+
+--Sí, señora.
+
+--Si no me engaño, es la primera vez que viene usted a casa. ¡Ah! esto
+parece la casa de Tócame Roque, según la gente que entra y sale. Y no es
+toda gente de principios, ni se nos guardan los miramientos que nos
+corresponden. No extrañe usted que me admire de su urbanidad, pues
+vivimos en una época en la cual se puede decir que no hay caballeros....
+¿Por ventura es usted el que estaban esperando?
+
+--Sí, señora, me esperaban...--indicó Salvador por decir algo.
+
+--El que esperaban de Cataluña, para empezar la danza.... ¡Pero ha visto
+usted, caballero, qué estupidez! pretender que esta nación heroica sea
+gobernada por una reina en mantillas.
+
+--Una necedad, sí señora.
+
+--Porque usted será indudablemente de los primeros espadas en esta
+sacratísima guerra que se prepara.
+
+--De los primeros no... mas....
+
+--No sea usted modesto. La modestia es compañera inseparable del
+verdadero mérito--dijo la dama trayendo a los labios con no poco trabajo,
+desde el fondo de su alma seca una gota de fiambre dulzura--. Quizás me
+equivoque, ¿pero no es usted D. José O'Donnell?
+
+--No soy O'Donnell.
+
+--¿No es usted comisionado de la Regencia secreta que se ha formado en
+Cataluña, presidida por el prepósito de los Jesuitas? Yo estoy al tanto
+de todo, y conmigo, caballero, no valen los misterios.
+
+--Juro a usted, señora, que no soy el que usted supone.
+
+--¿Ni tampoco el coronel D. Juan Bautista 6 Campos, que tiene en el hueco
+de la mano, como quien dice, a los voluntarios realistas de media
+España?
+
+--Tampoco.
+
+--Mire usted que soy algo pícara--dijo la momia contrayendo de tal modo el
+amojamado rostro para sonreír, que Salvador, al mirarla, tuvo algo de
+miedo--. ¡Oh! no me falta penetración, y en punto a relaciones con
+personas comprometidas en la causa del trono legítimo, no habrá
+seguramente quien me gane.... Caballero, ¿sabe usted que hace un frío
+espantoso?
+
+Salvador notó que la dama se agarraba más fuertemente a su brazo. Al
+sentir los puntiagudos dedos de esqueleto y el roce de los viejos
+tafetanes del vestido, así como el de las pieles impregnadas de olor de
+sepulcro, sintió que era una verdad aquel frío glacial de que la dama
+hablaba.
+
+--Hace mucho frío, sí señora.
+
+--Y las calles están muy solitarias. Si fuera usted tan bueno que
+quisiera acompañarme hasta la casa adonde voy de visita....
+
+--Con muchísimo gusto, señora.
+
+--Es cerca: junto a San Sebastián.
+
+--Media legua--dijo para sí Monsalud; pero no teniendo ocupaciones, dio
+por bien empleado el paseo en obsequio de una desvalida señora que tan
+bien parecía agradecerlo.
+
+--Doy a usted otra vez las gracias--dijo esta--, por su amabilidad, que es
+más digna de aprecio en una época en que se han acabado los
+caballeros.... Pronto llegaremos: voy a casa de Paquita de Aransis, la
+señora del coronel D. Pedro Rey. ¿Conoce usted a esa digna familia?
+
+--No tengo el honor de conocerla; pero ese apellido de Aransis no es
+extraño para mí.
+
+--Es una alcurnia noble de Cataluña. ¿Ha estado usted en Cataluña?...
+Quizás haya usted conocido al conde de Miralcamp, que es Aransis, al
+alcalde de Cervera, que es D. Raimundo Aransis. También conozco yo en
+Solsona una monja Aransis, que es hermana de Paquita.
+
+--¡Ah! sí, la conozco--dijo Salvador prontamente, herido por vivísimos
+recuerdos.
+
+--Esa familia está emparentad a con la nuestra--añadió la señora, que era
+harto redicha para ser momia--. Paquita es tan buena, tan cariñosa, tan
+excelente cristiana y tan mujer de su casa.... Tiene dos hijos que son
+dos pedazos de gloria, según dice el padre Gracián, Juanito que ahora va
+a Sevilla a estudiar leyes, al lado de sus tíos paternos, y Perfecta,
+que es un perfecto ángel de Dios. La pobre niña ha estado enferma hace
+poco con unas calenturas malignas que la han puesto al borde del
+sepulcro.... ¡Cuánto hemos sufrido! La condesa de Rumblar y yo
+alternábamos para velarla... una noche ella, otra yo.... Usted conocerá
+seguramente a la condesa de Rumblar, y a su hija Presentacioncita, y a
+su yerno Gasparito Grijalva, ese tronera, liberalote que concluirá en la
+horca....
+
+--Si es liberal, no concluirá en bien.
+
+Salvador tuvo que moderar el paso, al notar que su compañera se sofocaba
+bastante.
+
+--Usted--dijo esta, aspirando el aire con celeridad, como un fuelle viejo
+que para nutrirse necesita agitarse mucho--, ha vivido al parecer lo
+bastante, para conocer a mucha gente, tener muchos amigos y presenciar
+multitud de sucesos; pero no lo necesario para ver pasar épocas y
+familias, para ver extinguirse las amistades, mudarse las fortunas,
+morir las ilusiones y caer en ruinas las cosas más reales de la vida.
+
+--Algo y aun algos de eso he visto por desgracia, señora--dijo Salvador
+sorprendido de aquel sentimentalismo que por cierto modo artístico se
+avenía bien con el empaque funerario de su distinguida interlocutora.
+
+--¡Oh! caballero--exclamó esta deteniéndose y clavando en él sus ojos que
+brillaron como las últimas ascuas de un hachón sepulcral--, ¿no es muy
+triste ver tanta cosa muerta en derredor nuestro, y sentir ese frío del
+alma que dan las memorias marchitas, cuando pasan? Hacen un murmullo
+triste como el remolino de hojas secas, y dan escalofríos como la
+llovizna de otoño ¿No es verdad, no es verdad esto?
+
+--Es verdad--dijo Salvador participando de aquel escalofrío.
+
+Y vio extinguirse la chispa funeraria en los ojos de Salomé, porque sus
+flacos párpados cayeron como apagadores de iglesia, y dejaron el
+amarillo semblante en su primitivo aspecto de cosa completamente
+acecinada y seca.
+
+--¡Caballero, tengo un frío horrible!--murmuró la dama temblando--. Vamos a
+prisa.
+
+El cielo estaba como suele verse en las noches de invierno, limpio,
+estrellado hasta la profusión, hasta el derroche, cual si saliesen a la
+bóveda del cielo más astros de los que caben y pugnasen por quitarse el
+puesto unos a otros. El aire quieto, sereno, tenía un no sé qué, sólo
+comparable al fulgor horripilante de la cuchilla acabada de afilar. Las
+estrellas alargaban sus fríos rayos atravesando la inmensa región de
+invisible hielo, y la luna, pues también había luna, difundía claridad
+verdosa por calles y plazas. El suelo parecía el lecho de un río que se
+acaba de secar, dejando al descubierto su limo lleno de fosforescencias.
+Tres o cuatro calles atravesó la pareja sin decir palabra, y al llegar a
+un portal de mediano aspecto en la calle de las Huertas detúvose la
+muerta viva, y sin soltar el brazo del caballero, anunció con una sola
+voz el fin de la jornada.
+
+--Ya--dijo con expresión de lástima, y luego fue retirando su mano poco a
+poco para llevarla a la cabeza, donde pedían reparación los pliegues de
+la mantilla y una guedeja rubia, que desertaba de las filas donde la
+había puesto el peine pocas horas antes--. Ya se ha molestado usted
+bastante. Bueno ha sido el paseo... y debemos dar gracias a Dios de que
+no nos haya visto nadie, porque si nos hubieran visto.... ¡Ah! no sabe
+usted hasta qué punto es atrevida la calumnia en estos tiempos....
+¿Quién me asegura que mañana no dirán de mí herejías sin cuento por
+haberme dejado acompañar de noche por usted?
+
+--Señora, creo que no dirán nada--observó Salvador, reprimiendo la sonrisa
+que a sus labios venía.
+
+--¡Oh! quién sabe.... Ahora todo se juzga por el aspecto malo. ¡Ah! ni la
+nieve misma está libre de mancharse o de ser manchada.... Retírese
+usted... yo comprendo que deseará prolongar la conversación en el
+portal; pero no puede ser, no puede ser de ningún modo.
+
+Después de ofrecerle su casa con no pocas zalamerías, rogó al caballero
+tuviese la bondad de decirle su nombre para conocer mejor a la persona a
+quien debía agradecer galanterías inauditas en una época ¡ay! en una
+época calamitosa y estéril en que no había caballeros. Dicho el nombre,
+la momia lo repitió con agrado y después dijo:
+
+--¿Militar?
+
+--No, señora, paisano.
+
+--¿Andaluz?
+
+--Alavés.
+
+--¿Y hasta la muerte defensor del trono legítimo...?
+
+--Del trono de Isabel II.
+
+--¿Pues qué? es usted....
+
+--Masón, señora.
+
+Al expresarse así, con la sonrisa en los labios, Salvador creyó que no
+merecía respuestas serias aquel interrogatorio impertinente. La momia
+estuvo a punto de deshacerse en polvo al oír la nefanda palabra.
+Estremecida dentro de sus apolilladas pieles y de sus ajados tafetanes,
+llevose las manos a la cabeza, lanzó una exclamación de lástima y
+desconsuelo, y por breve rato no apartó del cielo sus ojos fijos allí en
+demanda de misericordia.
+
+--¡Masón!--repitió luego mirando al que, según ella, era un soldado de las
+milicias de Satanás--. ¡Quién lo diría!
+
+Y señalando con su mano flaca, cubierta de guante canelo, una luz que a
+cierta distancia se veía, como farolillo de taberna o café, dijo entre
+suspiros:
+
+--En donde está aquella luz se reúnen sus amigotes de usted....
+Caballero, si me permite usted que le dirija un ruego, le diré que por
+nada del mundo sea usted masón. Todo está preparado para el triunfo de
+la monarquía verdadera y legítima, y es una lástima que usted perezca,
+porque perecerán todos, no hay duda.... Cuando usted me dijo que es
+masón, vi... yo siempre estoy viendo cosas extrañas que luego resultan
+verdaderas... vi un montón de muertos en medio de los cuales asomaba una
+cabeza....
+
+Le tomó una mano, y al contacto del guante canelo, que por su delgadez
+apenas disimulaba la dureza de los dedos fosilizados, Salvador sintió
+que se le comunicaba un frío glacial, llegando hasta su corazón.
+
+--Aquella cabeza era la de usted--prosiguió la momia--. Usted se reirá;
+pero yo no; porque la experiencia me ha enseñado a dar un gran valor a
+mis corazonadas, y en el tiempo escaso de nuestro conocimiento he podido
+apreciar las notables prendas de usted. ¡Oh! sí, todavía hay caballeros;
+pero pronto, muy pronto quizás no haya ninguno. Adiós.
+
+Le estrechó un momento la mano y desapareció dentro del portal, oscuro y
+profundo como un sarcófago.
+
+Salvador permaneció un rato en la puerta, mirando al hueco oscurísimo
+que se había tragado a su dama de aquella noche, y murmuró estas
+palabras:
+
+--¡Pobre señora!... sin duda está loca.
+
+Alejose despacio, sin poder echar de su mente tan pronto como quisiera
+la imagen de la fantasma a quien había dado el brazo y que parecía el
+duendecillo propio de las heladas y claras noches de Enero en el clima
+de Madrid. Después de andar un poco maquinalmente y sin dirección fija,
+hallose bajo el farol que poco antes le señalara la mano del guante
+canelo.
+
+--El café de San Sebastián--pensó--. Ya que estoy aquí entraré. No faltarán
+amigos con quienes pasar un rato.
+
+
+
+
+-VI-
+
+
+El café no estaba lleno de gente, y en su pesada y brumosa atmósfera se
+podían contar los grupos diseminados, y aun las personas. Algunos
+individuos, con el sombrero echado atrás, la capa colgando de los dos
+hombros o de uno solo, charlaban a gritos entre sorbo y sorbo, sin tocar
+asuntos de política, por ser género que no se podía tratar a gritos.
+Otros en baja y temerosa voz, cual si pronunciaran algún conjuro sobre
+el líquido negro, a quién daban cierto carácter quiromántico los
+misteriosos ingredientes de que se componía. Estos señores de la capa
+arrastrada y de los codos sobre la mesa y del sombrero hasta las cejas
+hundido, eran los arregladores de la cosa pública. Ya desde entonces se
+dedicaban con preferencia a esta patriótica tarea de arreglar al país
+los hombres sin oficio ni ganas de aprenderlo, que sentían la
+irresistible vocación del empleo lucrativo. Algunos lo hacían también
+por cierta desavenencia ingénita con el poder público, y los menos por
+exaltación de ideas o por leal deseo de labrar el bien de la
+muchedumbre. De todas estas especies de patricios había la noche aquella
+pocas aunque buenas muestras en el café de San Sebastián.
+
+No había andado Monsalud cuatro pasos dentro del local, cuando se sintió
+llamado desde lados opuestos. Acudió allí donde había visto caras más de
+su gusto, y después de saludar a varios individuos sentose en la más
+apartada mesa en compañía de dos sujetos. Uno de ellos parecía tener con
+Salvador amistad antigua y estrecha porque se saludaron con mucho
+afecto. Era de edad mediana y buena presencia; llamábase don Eugenio
+Aviraneta: su patria era Guipúzcoa y tenía el especialísimo talento de
+la conversación, calidad no escasa en España, donde se han hecho grandes
+carreras por saber contar cuentos o referir bien o plantear con arte los
+asuntos y cuestiones de todas clases. El otro era más joven, de color
+pálido tirando a aceitunado, el pelo y cejas de grandísima negrura, la
+nariz afilada el bigote corto y espeso, modelado por la navaja de una
+manera singular con arreglo a la moda más ridícula que puede imaginarse,
+la cual consistía en trazar dos líneas rectas desde las ventanillas de
+la nariz a los extremos de la boca, dibujando así un pequeño mostacho
+rigurosamente triangular que llevó el nombre de _bigotillo de moco_.
+También llevaba el aceitunado personaje una perilla de rabo de conejo, y
+en los cachetes patillas o chuletas cortas, también modeladas por la
+navaja con un esmero tal que casi venía a confundirse el oficio de
+rapista con el arte del escultor. Esto y el breve tupé acompañado de
+mechoncillos sobre las orejas estaban declarando a gritos que el remate
+y coronamiento de tan singular cabeza había de ser uno de aquellos
+ingentes morriones de base estrecha y anchísima tapa, visera menuda y
+carrilleras de cobre suspendidas a los lados de la placa frontal. El tal
+morrión inconmensurable se estaba viendo, sí, sobre la cabeza de aquel
+buen señor por la fuerza de la analogía, aunque estaba descubierto y
+vestido de paisano. Pero si por un hilo se saca un ovillo, suele también
+sacarse por una cara un morrión, y así se podía decir a boca llena que
+nuestro individuo era militar y por más señas _ayacucho_.
+
+--Te presento a mi amigo el capitán Rufete--dijo Aviraneta poniendo en
+relaciones a sus dos camaradas--. Y ahora cuéntanos algo, dinos qué es de
+tu vida, hombre. Después que eres rico no hay quien te vea.
+
+Hablaron largo rato de cosas de la vida, de viajes, de caza, de
+enfermedades, y sin saber cómo pararon en la cuestión magna del día, a
+saber, que el Rey no se moría tan presto como algunos pillos quisieran,
+que se había decidido jurar solemnemente a Isabelita como heredera del
+trono, y que el buenazo de D. Carlos se marchaba a Portugal. Rodó la
+conversación de idea en idea, hasta que Aviraneta tocó a Salvador en el
+brazo y le dijo con misterio:
+
+--Si quieres encargarte de una misión delicada, no hay ningún
+inconveniente en confiártela.
+
+--Ya sé que conspiras, ¿pero por quién?--replicó Salvador riendo--¿Por
+Cristina, por D. Carlos o por ambos a la vez?
+
+--Tú me conoces, y sabes que con alas mías no ha de volar ningún
+murciélago. Me ha comprometido a explorar los ánimos de la gente liberal
+para saber en qué condiciones se podría contar con ella en caso de una
+guerra civil.
+
+--Los libres--dijo el _ayacucho_ con énfasis--, están y estarán siempre al
+lado de la Princesa, si a la Princesa le ponen por almohada en su cuna
+_el mejor de los códigos_.
+
+El llamar _libres_ a los liberales y _el mejor de los códigos_ a la
+Constitución del 12 constituía, con otras muchas frases, un estilo
+especial que por largo tiempo prevaleció en todas las manifestaciones
+literarias del partido avanzado.
+
+--Calle usted, hombre, por amor de Dios--dijo Aviraneta reprendiendo con
+un gesto la espontaneidad del capitán--. Los _libres_, como usted dice, y
+los liberales, como los llamo yo, están tan divididos que no oye usted
+dos opiniones iguales si habla con ellos. Hay multitud de tontos a
+quienes no se puede arrancar de la cabeza lo _del mejor de los códigos_;
+hay algunos solemnes pillos que por malicia y por tener poder ante la
+canalla, gritarán, si les dejan, _constitución o muerte_; hay el grupo
+de los _anilleros_ o de los _sabios_, que reniegan de todo si no les dan
+las dos Cámaras con Carta, a la francesa, y aun creo que alguien quiere
+que haya tres Cámaras, por no parecerle bastante dos. Unos piden que
+haya mucha religión sin dejar de haber libertad, mientras los
+_iluminados_ desean acabar con la gente de cogulla y quemar los
+conventos, para que _suprimidos los nidos no haya miedo de que vuelvan
+los pájaros_. Yo he tanteado aquí y allí y he encontrado asperezas que
+no es fácil suavizar, y antagonismos que no es posible vencer. Martínez
+de la Rosa, Toreno, Burgos y comparsa se niegan a todo lo que sea
+revolución, Palafox se aviene siempre con el parecer de Calvo de Rozas,
+y Calvo de Rozas, unido con Flores Estrada, ha hecho una constitución
+templadita. La quieren tanto, como buenos padres, que si no es
+preferida, dicen que no se cuente con ellos para nada. Romero Alpuente y
+los exaltados juran y perjuran que no hay más Constitución que la del 12
+en todo el globo terráqueo, y que ellos la harán triunfar, pese a quien
+pese. Vamos, esta es una casa de fieras, y yo digo que convendría que
+estallase la guerra y viniesen grandes peligros para que entonces se
+unieran tantas voluntades y se llegara a un acuerdo en lo de la
+Constitución definitiva, aunque hubiese siete Cámaras y cuatrocientas
+alcobas.
+
+--La Nación soberana--dijo el _ayacucho_ hablando como hablaría Solón--,
+decidirá en su día lo que mejor convenga. Un pueblo libre no se
+equivoca.
+
+--Con sentencias sacadas de las _Gacetas_, amigo Rufete, poco
+adelantamos. Yo veo que las divisiones son hondas, que el partido
+liberal, por estar disperso y perseguido, no tiene ya una idea fija y
+común sobre nada. El ejército, que antes era amigo de la Constitución
+del 12, ahora va donde le llevan, y es realista con el conde de España y
+templado con Llauder. Pues bien, en vista de este desconcierto, ¿no es
+patriótico intentar la reconciliación de todos los que aborrecen la
+tiranía? ¿Qué te parece, Salvador, no es patriótico, altamente
+patriótico?
+
+--Me parece tan patriótico como imposible--replicó el interrogado.
+
+--Conozco a mi país, conozco a mis paisanos, he pulsado teclas de
+conspiración en distintas épocas; sé el valor que tienen las ideas,
+insignificante junto al valor de las pasiones; sé muy bien que a los
+políticos de nuestra tierra les gobierna casi siempre la envidia, y que
+la mayoría de ellos tienen una idea, sólo porque el vecino de enfrente
+tiene la idea contraria.
+
+--Pesimista estás--dijo Aviraneta severamente.
+
+Luego se llevó el dedo a la boca con cierto aire solemne, y levantándose
+ordenó con una seña a sus dos amigos que le siguiesen, lo que hicieron
+de buen grado Rufete y Salvador, el uno por disciplina de conspirador y
+el otro por curiosidad. Atravesando una puertecilla que junto al
+mostrador había, pasaron a un cuartucho estrecho y oscuro, formado en el
+anguloso hueco de la escalera que a las terulias conducía. Un ruinoso
+banco ofreció durísimo y no muy limpio asiento a los tres individuos, y
+dábanle compañía algunas cafeteras de largo pico, cajas vacías, escobas
+y enormes cangilones destinados a usos distintos. Aquel era el
+laboratorio químico de donde salían las ingeniosas mezclas a qué debió
+su fortuna el amo del establecimiento (el cual, dicho sea de paso, era
+fervientísimo patriota); allí era donde se verificaba la multiplicación
+de las raciones de leche, gracias al agua que Dios crió; allí se
+fabricaba con diversas sustancias europeas y asiáticas el café de Moka,
+y allí las libras de azúcar se convertían en arrobas de la noche a la
+mañana, lo mismo que un quidam se convierte en ministro.
+
+Sentáronse en aquello que más parecía nicho que cuarto, y como no tenían
+luz, no eran vistos de fuera y podían ver a todos los que desde el café
+subían a las regiones altas.
+
+--Aquí podemos hablar cómodamente--dijo el guipuzcoano--, y explicaré mi
+idea sin que nadie se entere. Para poner remedio al grave mal que antes
+indiqué, he determinado fundar una sociedad secreta....
+
+--Ya pareció aquello--dijo Salvador interrumpiendo con su risa el grave
+exordio de su amigo--. En eso habíamos de parar.
+
+--Cállate, no juzgues lo que no conoces todavía.... Una sociedad secreta
+que se llamará _La Isabelina_ o _de los Isabelinos_.
+
+--Insisto en mi opinión de que se llame de los _Patriotas
+isabelinos_--dijo el ayacucho, demostrando en su acento y en la tiesura
+de su mano enérgica la importancia que daba al bautismo de la sociedad
+proyectada.
+
+--El nombre debe ser breve y sencillo.
+
+--Ya tenemos el masonismo en planta--indicó Salvador--, con sus irrisorios
+misterios, sus fórmulas y necedades.
+
+--No, no, hijo, aquí no hay misterios.
+
+--¿Ni iniciación, ni torres, ni orientes?...
+
+--Nada de eso.
+
+--¿Ni vocabulario especial, ni mandiles?
+
+--Nada, nada.
+
+--No habrá más que el juramento de someterse intencionalmente a la
+soberanía de la Nación--afirmó Rufete.
+
+--Aquí es todo corriente. No hay misterios. La sociedad trabajará en
+silencio, pero sin fórmulas masónicas, y nos llamamos por nuestros
+nombres, si bien en los actos y documentos adoptamos un signo
+convencional para designarnos.
+
+--¿De modo que la sociedad funciona ya?
+
+--Se está formando. Todavía no hemos tenido una reunión total de
+asociados.... ¿Cuántos hay en la lista, querido Rufete?
+
+--Trescientos veinte y uno--dijo el ayacucho, que por lo visto desempeñaba
+las funciones de secretario.
+
+--No se ha hecho nada todavía, no ha ido a provincias ningún comisionado.
+Se necesita uno de toda confianza y muy listo, que vaya a París y
+Londres a entenderse con los emigrados que quedan por allá y con otras
+personas residentes en el extranjero, y que no nombro porque no puedo
+nombrarlas.
+
+--Ya... y ese correveidile que se necesita....
+
+--Correveidile no, sino agente; ese agente que se necesita eres tú.
+
+--Pues te juro--dijo Salvador de la manera más jovial--, que si la sociedad
+_Isabelina_ o de los _Patriotas isabelinos_, como pretende el señor... y
+se me figura que lo pretende con razón....
+
+--La idea del patriotismo--exclamó Rufete sin poderse contener--, es tan
+primordial, que debe ponerse al frente de todas las denominaciones, para
+que se grabe más y más en la mente del pueblo.
+
+--Pues, decía--prosiguió el otro--, que si la sociedad espera para
+extenderse y prosperar a que yo sea su agente, llegará el Juicio final
+sin que de todos los frutos que el país y tú esperáis de ella.
+
+Aviraneta meditaba, la mejilla apoyada en la mano. A cada instante se
+oían los pasos de los que subían por la escalera 7, y como esta era
+endeble y estaba tan cerca de las cabezas de los tres sujetos, parecía
+que se les venía la casa encima siempre que un patriota se encaramaba a
+los aposentos altos.
+
+--¡Malditos!--exclamó Aviraneta, en ocasión que subían tres cuatro
+mozalbetes metiendo más ruido que los monaguillos en día de repicar
+recio--. Esos son los que todo lo echan a perder con sus inocentadas.
+Ahora los tiernos angelitos, en vez de chuparse el dedo, han dado en la
+flor de jugar a la masonería y al carbonarismo, y entre burlas y risas
+tienen arriba sus _Cámaras de honor_ y sus _Hornos_, donde hacen varias
+mojigangas, que es preciso denunciar a la policía. Son casi todos
+chicuelos con más ganas de hacer bulla que de estudiar. ¡Y qué discursos
+los suyos! Es esa una empolladura de oradores que, si no me engaño, ha
+de dar a España más peroratas que garbanzos dará Castilla.
+
+--Estos pajarillos cantores--dijo Monsalud riendo--, vienen siempre delante
+de las tormentas políticas, anunciándolas con sus angelicales trinos. Es
+un fenómeno que observé en la tormenta pasada y que se repetirá, no lo
+duden ustedes, en las que han de venir; y así veremos siempre que toda
+trasformación política de carácter progresivo viene precedida de grandes
+eflorescencias de sabiduría infantil y discursos en las aulas.
+
+--Pues grande va a ser la trasformación--manifestó Aviraneta--, si se ha de
+juzgar de ella por lo que chilla esta caterva de pavipollos.... ¡Santa
+Mónica, cuántos suben ahora, y qué pico tienen! Esa voz... oigan ustedes
+qué órgano tan admirable: es González Bravo, un mozo terrorista, más
+listo que Cardona y con más veneno que un áspid.... Pero, volviendo a
+nuestro asunto, nosotros, al fundar la sociedad isabelina, llevamos el
+objeto de unificar el pensamiento de los liberales y de traer al
+ejército a una idea común que sea precursora de una acción común.
+
+--El ejército está profundamente dividido--dijo Salvador--, pues me consta
+que el bando apostólico o _carlino_, como ahora se llama, ha hecho
+últimamente grandes adquisiciones en la Guardia Real.
+
+--El ejército es liberal--exclamó Rufete, que no pudiendo estar por más
+tiempo callado tomó la palabra con estruendo en la primera coyuntura--.
+El ejército se compone de hombres libres que aman _el más perfecto de
+los códigos_ y aborrecen la tiranía. Dígase _Constitución_, y el
+ejército responderá _Constitución_.
+
+Y echando un poco atrás el sombrero, que debía ser morrión de los de
+tinaja invertida, se puso más amarillo y acompañó su alteración facial
+de estas patrióticas palabras:
+
+--Muchos hablan del ejército sin conocerlo, y yo, que lo conozco, que
+pertenezco a él, que me glorio de pertenecer a él, digo que con
+excepción de media docena de traidores, todos somos liberalísimos, aquí
+y en América. Yo he estado en América, señores; me he batido en aquellos
+colosales combates de Chuquisaca y Cochabamba, y puedo decir que nada
+nos consolaba de nuestras privaciones y trabajos como hablar de la
+Constitución, pensar en ella y poder escribirla en nuestras banderas
+para hacer doblar la rodilla a los indios más bravos. Recuerdo bien que
+después de la famosa expedición de Jujuí, nos llegó la noticia del
+triunfo de la Constitución en las Cabezas de San Juan, y nos volvimos
+locos de contento. Deseábamos, o que nos trajeran a España, o que nos
+llevaran allá al bendito Código, y no pudiendo ser ni una cosa ni otra,
+celebramos con fiestas, bailes, versos y meriendas aquel gran suceso. La
+alegría era general. Algunos tuvimos el proyecto de proclamar la
+Constitución en el Perú; pero el traidor de Maroto se opuso. Los
+_libres_ deseábamos que la América adoptase el _sistema_, los traidores
+no querían sino hierro y sangre; y yo pregunto ahora lo que he
+preguntado siempre: ¿quién es responsable de que se perdiera la tremenda
+batalla de Ayacucho? ¿Quién?...
+
+--Esa cuestión, querido Rufete--observó Aviraneta viendo con disgusto que
+la musa histórica de su secretario remontaba el vuelo en demasía--, ha
+perdido su oportunidad. Poco nos importa saber quien lo hizo peor en
+América. En cuanto al ejército, ya sabemos que en su mayoría es liberal;
+pero usted mismo ha hablado de traidores: traidores hubo en América, y
+también los hay en España.
+
+--Aquí tengo la lista--exclamó prontamente Rufete haciendo ademán de sacar
+un papel.
+
+--No, no saque usted la lista. Tampoco eso nos importa gran cosa
+ahora.... Nuestra sociedad cuenta ya con un brillantísimo contingente de
+personajes civiles.
+
+--Espere usted--insistió Rufete revolviendo sus papeles--, aquí está.
+
+--No.... ¡Con cien mil palitroques! tampoco nos hace falta ahora la lista
+de _isabelinos_. Envaine usted sus listas, hombre. Lo que yo quiero es
+traer a nuestras filas a este buen amigo, para darle una comisión que
+desempeñará bonitamente.
+
+Salvador hizo con la cabeza repetidos signos negativos.
+
+--Eso lo veremos--dijo el guipuzcoano--. Peñas más duras he quebrantado yo.
+¿Tienes ocupaciones?
+
+--Las de mis intereses, que no son muchas.
+
+--Es verdad que casi eres rico; ¡mal negocio! ¿Te has casado?
+
+--No.
+
+--¿No ambicionas una posición elevada?
+
+--No ambiciono nada más alto que este banco, y lo que llaman aura popular
+me incomoda más que la tristeza de estar solo.
+
+--A pesar de todo--dijo Aviraneta--, creo que te conquistaré.
+
+Y calló después. De buena gana se habría desprendido en aquel momento de
+los servicios de su secretario Rufete, cargado de listas, para estar
+solo con Monsalud y hablarle franca y descubiertamente, pues bien se
+conocía que el astuto conspirador había manifestado su idea de un modo
+harto enigmático. Pero Rufete no se movía, y a la dudosa claridad que en
+el cuarto entraba se entretenía en revisar sus listas de traidores y sus
+listas de _isabelinos_.
+
+
+
+
+-VII-
+
+
+Hallábanse, pues, el uno aburridísimo, el otro ideando motivos para
+despedir al _ayacucho_, y el tercero discurriendo el modo de pasar algún
+nombre de un papel a otro, cuando entró en el café un jefe de
+caballería, haciendo con el sable rastrero, con las espuelas y los
+tacones tan grande estrépito, que no parecía sino que un escuadrón había
+asaltado el establecimiento. Traía fango en las botas y polvo en el
+traje, manifestando en esto, así como en la oficiosidad con que iba de
+mesa en mesa dando noticias, que acababa de llegar de una expedición o
+quizás de un campo de batalla. Era D. Rafael Seudoquis, exaltado
+patriota primero, después indefinido, luego conspirador perseguido y
+condenado a horca, pero indultado otra vez y admitido en el servicio por
+influencias de parientes poderosos. Después que satisfizo la curiosidad
+de los del café, dirigiose arriba, y al entrar en el hueco de la
+escalera llamole Aviraneta desde su escondrijo. Entró Seudoquis,
+reconoció a Salvador, se abrazaron; pero tanta gana tenía el buen hombre
+de contar lo que sabía, que sin poder aguardar a que acabaran los
+saludos, habló así:
+
+--¡Ya les hemos cogido! ¡buena caza hemos hecho!
+
+--¿Qué? ¿qué ha sido?... ¿una batida de voluntarios realistas?
+
+--Sí, y con media docena como esta pronto quedaba la Nación limpia de
+sacristanes.... Ya saben ustedes que salí con la columna de Bassa a
+perseguir la partida de aguiluchos que se levantó en Villaverde mandada
+por el traidor coronel Campos.... Al principio nos daba que hacer... que
+por aquí, que por allá.... Total, señores, en Alares a cinco leguas de
+Navahermosa les sorprendimos rezando el rosario, les copamos... no se
+escapó uno para simiente de monaguillos.
+
+--¿Les arcabucearon?
+
+--No hay órdenes para tanto. El Gobierno es conciliador, o por otro
+hombre pastelero, y en una mano tiene las disciplinas y en otra el
+emplasto. Como no soy partidario de andar con mantecas tratándose de esa
+gente, yo les hubiera dado a todos un poco de tuétano de fusil. En el
+otro barrio están mejor que aquí.... Pero no se trata ahora de fusilar:
+ellos lo harán cuando nos cojan debajo. Total, que les hemos traído codo
+con codo, y el bribón de Campos es tan cobarde que se echó a llorar, y
+sin que nadie se lo preguntara nos reveló todo el _diebus ille_ de la
+junta carlista de Madrid, citando nombres uno por uno. A estas horas el
+traidor habrá vomitado todas sus delaciones ante la policía y ya andará
+esta haciendo prisiones. Medio Madrid va calentito a la cárcel esta
+noche. He encontrado en la Puerta del Sol a un escuadrón, no miento, sí,
+un escuadrón de policías que iban a la calle de Belén, donde parece hay
+un cabildo máximo de subdiáconos con puñal y de guerrilleros de estola.
+Total, señores, que nos hemos lucido los de Bassa, y que esta noche van
+a ser ventiladas muchas madrigueras. Con que _viva la angélica_ y abur,
+señores, que me voy arriba a cenar.
+
+--Y yo a ponerme el uniforme y a correr al cuartel--dijo Rufete
+levantándose presuroso--. Es fácil que se altere la pública tranquilidad
+esta noche. Vamos a nuestro puesto, que cuando menos se piensa, viene el
+desbordamiento carlino, y la patria necesita de todos sus hijos.
+
+--Vaya usted con Dios, valiente--dijo Aviraneta gozoso de verle partir--.
+Aquí nos quedamos nosotros procurando entendernos.
+
+Luego que estuvieron solos, Aviraneta dijo a su amigo que pues arreciaba
+el calor dentro del café, harían bien en salir a la calle y dar un par
+de vueltas, con lo que además de respirar el aire libre, podían hablar
+sin recelo. Cuando se hallaron en la plazuela del Ángel, Salvador tomó
+el brazo de su amigo y burlonamente le dijo:
+
+--¡Pillo!... ¿qué nueva farsa de sociedad secreta es esa? ¿qué trama
+traes tú ahora entre mano?
+
+--Poco a poco... pase lo de trama; pero no lo de farsa.
+
+--¿Quién te paga?
+
+--Mucho ahondas, ¡palitroques! Has de comprar mi franqueza con tu
+benevolencia, no con tus burlas, y si persistes en negarme tu apoyo, no
+tendrás de mí ni una palabra. Cosas podría decirte que te dejarían
+pasmado; pero ya sabes... no se dan gratis los secretos como los buenos
+días. Venga tu voluntad y abriré el pico.
+
+--Es que no puedo dar mi voluntad no conociendo a quién la doy ni por qué
+la doy.
+
+Aviraneta insistió en que su pensamiento era unir a los liberales para
+preparar una acción común; pero esto, si no encerraba una intención
+distinta, era de lo más inocente que se podía ocurrir por aquellos días
+a hombre nacido, y Aviraneta, justo es decirlo, tenía de todo menos de
+espíritu puro. Por más que el guipuzcoano se diera aires de inventor de
+aquel plan sapientísimo, se podía jurar que sólo era instrumento de una
+voluntad superior, maquinilla engrasada por el oro y movida por una mano
+misteriosa. Sobre esto no quiso decir una sola palabra que no fuese la
+misma confusión; pero Monsalud, que era listísimo y además tenía la
+experiencia de aquellos líos, supo sacar la verdad de entre tanta
+mentira. Su creencia era que D. Eugenio había recibido de altas regiones
+la misión de desunir a los liberales y enzarzarlos en disputas sin fin;
+pero no podía fácilmente averiguarse si el impulso partía del cuarto de
+María Cristina o del gabinete ministerial de Zea Bermúdez. Salvador hizo
+una y otra pregunta caprichosa para coger por sorpresa el principal
+secreto de su amigo; mas este era tan diestro en aquellas artes, que
+evadió los lazos con extremada gracia.
+
+Este señor Aviraneta fue el que después adquirió celebridad fingiéndose
+carlista para penetrar en los círculos más familiares de la gente
+facciosa y enredarla en intrigas mil, sembrando entre ella discordias,
+sospechas y recelos, hasta que precipitó la defección de Maroto,
+preparando el convenio de Vergara y la ruina de las facciones.
+Admirablemente dotado para estas empresas, era aquel hombre un colosal
+genio de la intriga y un histrión inimitable para el gigantesco
+escenario de los partidos. Las circunstancias y el tiempo hiciéronle un
+gran intrigante; otra época y otro lugar hubieran hecho de él quizás el
+primer diplomático del siglo. Ya desde 1829 venía metido en oscuros
+enredos y misteriosos trabajos, y por lo general su maquinación era
+doble, su juego combinado. Probablemente en la época de este encuentro
+que con él tenemos, durante el invierno de 1833, las incomprensibles
+diabluras de este juglar político constituían también una labor fina y
+doble, es decir, revolver los partidos en provecho del ministerio y
+vender el ministerio a los partidos.
+
+La fundación de la sociedad _isabelina_ servíale de pretexto para entrar
+en tratos con gente diversa, con cándidos patriotas o políticos ladinos,
+poniéndose también en relación con militares bullangueros; y así,
+hablando del bueno del Sr. Rufete, dijo a Salvador:
+
+--Este infeliz _ayacucho_ es una alhaja que no se paga con dinero. Él se
+presta desinteresadamente a entusiasmarse y a entusiasmar a un centenar
+de oficiales como él. Se morirá de hambre antes de cobrar un céntimo por
+sus servicios secretos al _Sistema_, y se dejará fusilar antes que hacer
+revelaciones que comprometan a la sociedad. Es un prodigio de inocencia
+y de lealtad. El pobre Rufete trabaja como un negro, y se pasa la vida
+haciendo listas de sospechosos, listas de traidores, listas de tibios y
+listas de calientes. En su compañía pasa por un Séneca empalmado en un
+Catón. Los sargentos lo adoran y son capaces de meterse con él en un
+horno encendido, si les dicen que es preciso salvar del fuego _el
+precioso código_. ¡Oh! amigo, respetemos y admiremos la buena fe y la
+valentía de esta gente. ¡Si en todas las clases sociales se encontraran
+muchos Rufetes!... ¡Pero hay tanta canalla indomesticable de esa que no
+sirve sino para hacer _pueblo_, para gritar, para meter bulla, de esa
+que en los días solemnes desacredita las mejores causas, entregándose a
+la ferocidad que le inspiran su cobardía y su apetito!...
+
+Entre estos y otros dichos y observaciones, llegaron a la calle del
+Duque de Alba, porque Salvador, no pudiendo sacar cosa limpia y concreta
+de las confusas indicaciones de D. Eugenio, había decidido retirarse a
+su casa. Echaban el último párrafo en el portal de esta, cuando del de
+la inmediata vieron salir a un hombre silbando el estribillo de una
+canción político-tabernaria. A pesar del embozo, Aviraneta le conoció al
+momento y Salvador también.
+
+--Tablillas--dijo D. Eugenio--, cuartéate aquí, que somos amigos.
+
+El atleta se acercó, examinando con atención recelosa a los dos
+caballeros.
+
+--Señor _Vinagrete_ y la compañía, buenas noches.... Estaba encandilado y
+no les conocía.
+
+--¿Está durmiendo ya el Sr. D. Felicísimo?
+
+--Todavía están en brega. Han venido tantos señores esta noche que
+aquello es la bóveda de San Ginés.
+
+--¿Pues qué, se dan disciplinazos?
+
+--Con la lengua... hablan por los codos, y todo se vuelve manotadas y
+_perjuraciones_.
+
+--¿Qué entiendes tú por _perjuraciones_?
+
+--Decir, pongo el caso, _señores, muramos por el Trono legítimo_.
+
+--¿Y todavía están reunidos?
+
+--Todavía.
+
+--Pero di, ¿no ha venido esta noche la policía? Yo creí que a estas horas
+D. Felicísimo y su comunidad estaban echando _perjuraciones_ en la
+cárcel de Corte.
+
+--Vino la policía, sí señor; vinieron tres y llamaron tan fuerte que la
+casa estuvo si cae o no cae. Los señores se asustaron, y D. Felicísimo
+les consolaba diciendo: «no hay nada que temer, la policía es la
+policía. Que entre el que llama». Yo bajé a abrir la puerta, y se
+colaron tres señores de cara de perro con bastones de porra. Subieron, y
+al entrar en la sala, se dejaron a un lado las porras y todo fue
+cortesía limpia y vengan esos cinco. D. Felicísimo me mandó traer vino y
+bizcochos, y bebieron, cosa la más desacostumbrada que puede verse en
+esta casa; y uno de los de porra alzó el vaso y dijo: «Por el triunfo de
+la monarquía legítima y de la religión sacratísima».
+
+--Brindaron.
+
+--Y los tres tomaron el olivo.
+
+--¿Está Pipaón arriba?
+
+--Es de los más lenguaraces. Cuando brindaron, D. Juan echó no sé cuantos
+_loores_...
+
+--¿Y qué es eso?
+
+--Que se sopló mucho, echando fuera toda la caja del pecho, y dijo _loor
+a esto, loor a lo otro_.
+
+--¿Se casa con Micaelita?
+
+--Dios los cría y ellos se juntan.
+
+--¿Y te retiras ya?
+
+--Si, porque yo he dicho a D. Felicísimo que estoy enfermo.
+
+--¿A dónde vas?
+
+--Allá--replicó Tablas manifestando en la mirada recelosa que a Salvador
+dirigió, que no debía hablar con más claridad.
+
+--Bien--dijo Aviraneta--. Nos veremos luego. ¿Y la Pimentosa cómo está?
+
+--Agria.
+
+--¿Qué es eso?
+
+--Enojada, porque le pica la despensa.
+
+--¿Qué quieres decir? ¿Qué despensa es esa?
+
+--El estómago.
+
+--Es verdad que padece mi señora males de estómago.... Aguarda, que me
+voy contigo.
+
+Tablas, que había dado ya algunos pasos hacia San Millán se detuvo,
+mientras el guipuzcoano, estrechando con el más vivo afecto la mano de
+su amigo, lo dijo estas palabras:
+
+--Mañana... y quien dice mañana dice el mes que viene o el año que
+viene... estarás conmigo en la _Isabelina_.
+
+
+
+
+-VIII-
+
+
+Las escenas y conversaciones de aquella noche dejaron en el espíritu de
+Salvador un dejo de amargura, y así se esforzaba en apartarlas de su
+memoria, considerando que reproducían en pequeño cuadro lastimoso de la
+Nación española. La confusión de pareceres, el incesante conspirar con
+recursos misteriosos y fines mal determinados, las repugnantes
+connivencias de la policía con los conspiradores de todas clases, no
+eran cosa nueva para él; pero había cobrado tal odio a estos fenómenos
+políticos, manifestación morbosa de nuestra miseria, que de buena gana
+se marchara a los antípodas o a cualquier región apartada dónde no oyera
+ni viera lo que allí mortificaba sus ojos y sus oídos.
+
+La experiencia, el profundo conocimiento de las personas, los viajes y
+la desgracia, habíanle dado elementos bastantes para construir en su
+pensamiento una patria muy distinta de la que pisaba, y la inmensa
+superioridad de esta patria soñada en parangón con la auténtica era en
+él motivo constante de padecer y aburrimiento. Por eso decía:--«Mucho han
+de variar las cosas, mucho han de aprender los hombres para que la
+política de mi desventurado país pueda llegar a serme simpática, y como
+yo, por muchos años que Dios me conceda, no he de vivir lo bastante para
+ver a mis compatriotas instruidos en lo que es libertad, en lo que es
+ley y en lo que es gobernar, lo mejor será que no me afane por esto, y
+que deje pasar, pasar, contemplando desde mi indiferencia los sucesos
+que han de venir, como se miran desde un balcón las figuras de una
+mascarada».
+
+Estos propósitos no eran constantes, porque otras veces meditaba sobre
+el mismo tema y hacía las siguientes consideraciones, llenas de buen
+sentido y de tolerancia.--«No puede sostenerse en las acciones de la vida
+el criterio pesimista, que suele ser el disimulo del egoísmo. ¿Quién
+duda que existen en nuestro país, al lado de esa cáfila de
+alborotadores, cabecillas, intrigantes, charlatanes, aventureros, muchos
+caracteres nobilísimos, innumerables hombres de buena fe, patricios
+desinteresados, verdaderos y leales que se aplicarían a la política y
+serían discretos en la idea, enérgicos en la acción y honrados en la
+conducta? Pues bien, si yo me siento capaz de inculcar a esos hombres un
+pensamiento feliz y de ayudarles en el desempeño, ¿por qué no he de
+hacerlo?».
+
+Después de vacilar un momento se contestaba con amargura,--«Porque no me
+creerían. ¿Cómo habían de creerme y hacer caso de mí, si yo también he
+sido alborotador, cabecilla, intrigante, aventurero y hasta un poco
+charlatán? ¿Si he sido todo lo que condeno, cómo han de fiar de mí al
+verme condenar lo que he sido? ¿Si exploté la industria del pobre en
+este país, que es la conspiración, cómo han de ver en mí lo que
+realmente soy? No, yo he quedado inútil en esta refriega espantosa con
+la necesidad. Ha salido vivo, sí, pero sin autoridad, sin crédito para
+tomar en mis labios ese ideal noble, por donde van las vías rectas y
+francas del progreso de los pueblos. Mi destino es callar y
+arrinconarme, sopena de que me tengan por un Aviraneta, cuando no por un
+Rufete».
+
+Al pensar esto, el propósito de condenarse a oscuridad perpetua
+triunfaba en su ánimo de una manera completa. Pero esta oscuridad sin
+familia y sin afectos era el cenobitismo más triste que puede
+imaginarse. Y aquí, en esta lóbrega caverna sin salida, terminaban las
+excursiones mentales del misántropo. Pero la salida no era absolutamente
+imposible. Si hacía falta una familia, ¿por qué no la buscaba? Hay
+ciertos bienes que valen más encontrados al azar que buscados con
+cálculo, y es muy general que quien despreció la suerte cuando pasó a su
+lado, ande después a cabezadas tras ella, y no la encuentre ni siquiera
+pintada, o halle cualquier falsificación del bien y la coja gozoso y la
+abrace y se desengañe y rabie, deplorando su torpe indolencia.
+
+Quería vencer su extraordinario tedio frecuentando la sociedad. Había
+renovado mucho sus amistades, dando un poco de mano a las que le
+recordaban su juventud de trapisondas y procurando contar entre sus
+íntimos a personas de mayor fuste. Su buena figura, su conducta
+intachable, su instrucción, su entretenida palabra 8, tratándose de
+referir viajes o verosímiles casos y peligros le dieron muchas simpatías
+en todas partes. Había dejado de visitar a Genara y a D. Benigno Cordero
+por razones poderosas; pero en cambio frecuentaba otras muchas casas
+decentes, a donde concurría en personal de ambos sexos lo más selecto de
+la Corte. Por las noches gustaba mucho de pasear un poco por las calles
+antes de retirarse a su casa, poniendo así entre la tertulia y el sueño
+un trozo de meditación trans-urbana de más gusto para él que la más
+entretenida y docta lectura. La soledad sospechosa de algunas calles, el
+bullicio de otras, el rumor báquico de la entreabierta taberna, la
+canción que de una calleja salía con pretensiones de trova amorosa, el
+cuchicheo de las rejas, el desfile de inesperados bultos, indicio del
+robo perpetrado, del contrabando o quizás de una broma furtiva; la
+disputa entre viejecillas terminada con estrépito de bofetadas... por
+otra parte el rodar de magníficos coches; la salmodia insufrible del
+dormido sereno que bostezaba la horas como un reló 9 del sueño,
+funcionando por misterioso influjo del aguardiente; el rechinar de las
+puertas vidrieras de los cafés, por donde salían y entraban los
+patriotas; el triste agasajo de las castañeras que se abrigaban con lo
+que vendían tendiendo una mano helada para recibir los cuartos y otra
+mano caliente para dar las castañas; las singulares sombras que hacían
+las casas construidas sin orden, unas arrumbadas hacia atrás, las otras
+alargando un ángulo ruinoso sobre la vía pública; los caprichos de
+claridad y tinieblas que formaban las luces de aceite encendidas por el
+Ayuntamiento y que podían compararse a lágrimas vertidas por la noche
+para ensuciar su manto negro; el peregrino efecto de la escarcha en las
+calles empedradas, que parecían cubrirse de cristal esmerilado con
+reflejos tristes; el mismo efecto sobre los tejados, en cuya superficie
+se veía como una capa de moho esmaltada por polvo de diamante, el
+grandioso efecto de la helada, que en flechazos invisibles se desprendía
+del cielo azul ante las miradas aterradoras de la luna, la deidad
+funesta de Enero; la consideración del frío general hecha dentro de una
+caliente pañosa; el estrépito de la diligencia al entrar en la calle,
+barquichuelo que navegaba sobre un mar de guijarros, espantando a los
+perros, ahuyentando a los chiquillos y a los curiosos;... el buen paso
+marcial de los soldados que iban a llevar la orden prendida en lo alto
+del fusil; el coro sordo de los mercados al concluir las transacciones,
+cuando se cuenta la calderilla, se barre el puesto y se recogen los
+restos; el olor de cenas y guisotes que salía por las desvencijadas
+puertas de las casas a la malicia, y el rasgueo de guitarras que sonaba
+allá en lo profundo de moradas humildes; la puerta sobre la cual había
+un nombre de mujer groseramente tallado con navaja, o una cruz o un
+cartel de toros, o una insignia industrial, o una amenaza de asesinato,
+o una retahíla de palabras groseras, o una luz mortecina indicando
+posada, o un macho de perdiz que cantará a la madrugada, o un cuadrito
+de vacas de leche, o un objeto negro algo semejante a un zapato, o una
+armadura de fuegos artificiales pregonando el arte de polvorista, o una
+alambrera cubierta con un guiñapo, señal de la industria de prendería, o
+una bacía de cobre, o un tarro de sanguijuelas... todo esto, en fin, y
+otros muchos accidentes de la fisonomía urbana durante la noche, páginas
+vivas y reales, abiertas entre la vulgaridad de la tertulia y el tedio
+de su casa solitaria, le cautivaban por todo extremo.
+
+Pero una noche tuvo un encuentro triste. Al entrar en la Plaza de
+Provincia vio una persona, dos, tres. Eran un hombre cojo, bien envuelto
+en su capa, una mujer tan bien resguardada del frío, que sólo se le
+veían los ojos, y un niño con gabán y bufanda, mostrando la nariz húmeda
+y los carrillos rojos de frío. Los tres iban en una misma fila: se
+detenían en todos los escaparates para ver las mantillas, los lujosos
+vestidos, las telas riquísimas, las joyas, y parecían muy gozosos y
+entretenidos de lo que veían. En la esquina había una castañera.
+Detuviéronse. El cojo sacó cuartos del bolsillo, la mujer un pañuelo,
+compraron, probó el chico y luego siguieron. La mujer agasajó el pañuelo
+lleno de castañas, como para calentarse las manos con él....
+Avanzaron.... desaparecieron por una puerta.
+
+Salvador se sintió estremecer de desesperación y envidia. El hombre
+cojo, el niño, la placentera unión de los tres, los cuartos sacados del
+bolsillo, los saltos del chico cuando se estaba haciendo el trato con la
+vendedora, las castañas, el pañuelo, las manos que tenían el pañuelo....
+En vista de las insolentes burlas del destino, juró no volver a pasar
+por allí.
+
+
+
+
+-IX-
+
+
+El hombre cojo entró en su casa, como hemos dicho, y después de un
+ligero altercado entre la familia por saber cuál había de acostarse
+primero, retiráronse todos. La paz, el orden, el silencio, la quietud se
+ampararon de todo el ámbito de la vivienda, y bien pronto no hubo en
+ella un individuo que no durmiese, a excepción de aquel buen señor de la
+cojera, el cual, despierto en su lecho, daba vueltas a una idea como si
+la devanase, sacándola del enredado pensamiento al corriente ovillo del
+discurso.
+
+--Cuanto más cerca veo el día--pensaba--, más indeciso y perplejo me
+encuentro. ¿Por qué dudo, decídmelo, Virgen Santa del Sagrario y tú, San
+Ildefonso bendito? ¿Por qué mi anhelo se ha trocado en vacilación y mi
+fe en temor de causar gravísimo daño? ¿Qué dices a esto, conciencia
+pura, qué razones me das? ¿Sale acaso de ti esa voz que siento y que me
+dice: «detente, ciego?...». Y tú, caviloso Benigno, ¿has notado, por
+ventura, frialdad en los afectos de ella, arrepentimiento en su voluntad
+o siquiera desvío? Nada: ella es siempre la misma. Aún me parece más
+cariñosa, más apegada a mis intereses, más amante, más diligente....
+Entonces, mentecato, hombre bobísimo y pueril, digno de salir por esas
+calles con babero y chichonera, ¿por qué vacilas, por qué temes?...
+Adelante y cúmplase mi plan, que tiene algo, ¡barástolis! algo, sí, de
+inspiración divina.... ¡Ah! ya vienen los malditos dolores.... ¡todo sea
+por Dios! ¡Oh! ¿por qué te me has torcido en el camino del Cielo, oh
+pierna?...
+
+Las historias están conformes en asegurar que D. Benigno, después de
+decir «¡oh, pierna!» lanzó un gran suspiro y se durmió como un santo. A
+la mañana siguiente tenía la cabeza despejada, el humor alegre. Lo
+primero que leyó cuando le trajeron la _Gaceta_ fue el decreto
+convocando a la Nación en Cortes a la usanza antigua, para jurar a la
+princesa Isabel, por heredera de la corona de ambos mundos. Esto le dio
+mucho contento, y viendo la fecha del 20 de Junio marcada para aquel
+notable suceso, dijo así:
+
+--Para entonces, ya estaremos casados.... Es preciso fijar
+definitivamente esta fecha que es mi martirio. Ella dice que cuando yo
+quiera, y yo digo que la semana que entra, y cuando entra la semana que
+entra, entran ¡ay! también mis escrúpulos como un tropel de acreedores,
+y así estamos y así vivimos.
+
+Parte de los escrúpulos de hombre tan bueno provenían de sentirse
+achacoso. No era ya aquel hombre que engañaba al siglo con sus cincuenta
+y ocho años disimulados por una salud de hierro, por alientos y espíritu
+dignos de un joven de treinta, con ilusiones y sin vicios. Aquella
+funesta rotura de la pierna había ocasionado en él pérdida brusca de la
+juventud que disfrutaba, y se sentía entrar, con paso vacilante y cojo,
+en una región fría y triste que hasta entonces no había conocido. Con
+las lluvias primaverales y los cambios de temperatura se le renovaron
+los dolores, complicándose con pertinaz afección reumática, y el pobre
+señor estuvo mes y medio sin poder moverse de un sillón.
+
+«¿Apostamos, decía, a que llega también el 20 de Junio y se reúnen las
+Cortes y juran a la princesa, y yo no habrá soltado aún este grillete
+que Dios se ha servido ponerme? ¿Qué presidio es este? ¿Temes, oh, Dios
+mío, que marche muy a prisa? ¿Esto es acaso para bien de mí alma,
+amenazada de correr demasiado y estrellarse?».
+
+¡Y qué pesadas habrían sido las horas de aquella temporada, que él
+llamaba su condena, si no las aligerasen con su cariño y con mil
+solicitudes y ternezas las seis personas que él designaba con el
+dulcísimo nombre de _la sacra familia_! Sola le cuidaba como podría
+cuidarse a un niño enfermo, y de su cuenta corría todo lo relativo a
+aquella dichosa pierna averiada que no se quería componer sino a medias.
+Ella parecía haber robado a los ángeles de la medicina el delicado arte
+del apósito, y sus dedos eran tan conocidos del dolor que este les veía
+cerca de sí sin irritarse. Cumplida esta obligación suprema, la futura
+esposa del mejor de los hombres se ocupaba de todo lo de la casa con la
+diligencia de siempre, con más diligencia, si cabe, pues sin
+sospecharlo, se había ido acostumbrando a considerarse partícipe de
+aquel trono doméstico y co-propietaria de tan dulces dominios.
+
+Por las noches, la familia se reunía en el comedor, en torno del
+patriarca claudicante. Doña Crucita, que se había dedicado a bordar
+pájaros, despachaba semanalmente una bandada de aquellos preciosos
+seres, y a veces el comedor parecía una selva americana, porque los
+había de todos colores, y además mariposas y florecillas, todo inventado
+por la señora que creaba las especies con su rica fantasía, de tal modo
+que se viera muy perplejo Buffón ante tal maravilla. Este interesante
+autor era leído algunos ratos en voz alta por uno de los hijos mayores,
+pues no había lectura más sabrosa que aquella para D. Benigno, después
+de la de Rousseau; y todos se quedaban pasmados oyendo la magnífica
+descripción del caballo, la pintura del león, o la peregrina industria
+de los castores. El mismo muchacho o su hermano solía leer también las
+_Gacetas_ para dar variedad a los conocimientos y saber lo que pasaba en
+Hungría, Cracovia o Finlandia. Los sucesos de España eran los que jamás
+se sabían por _Gacetas_ ni papelotes, y era preciso recibirlos por el
+vehículo del padre Alelí, amigo fiel sobre todos los fieles amigos, cada
+vez más perturbado de caletre y más difuso de explicaderas. Por él
+supieron que D. Carlos se marchaba a Portugal, haciendo la comedia de
+que su esposa quería abrazar a D. Miguel (otro que tal) y a las infantas
+portuguesas; pero realmente por no verse en el caso de jurar a
+Isabelita. El mismo _Tío Engarza Credos_ les informó de que en una casa
+de la calle de Belén había sido sorprendida una junta carlista y presos
+todos los que la formaban. Si el interés político de las tertulias
+corderiles estaba en estas noticias, su amenidad dependía de las gracias
+y atrevimientos de Juanito Jacobo, que con su media lengua decía más que
+si la tuviera toda entera, y ya recitara fábulas o romances, ya se
+despachara a su gusto con frasecillas y observaciones de su propia
+cosecha, hacía morir de risa a toda la familia, menos cuando le daba por
+enojarse, hacer pucheros y tirar a la cabeza de su hermano un zapato,
+libro, palmatoria, tintero o cualquier otro proyectil mortífero.
+
+La tienda había sido traspasada por Cordero a otro comerciante, amigo y
+pariente suyo, y con esto quedó retirado absolutamente del comercio. Su
+capital, si no muy grande, sólido como el que más, le aseguraba rentas
+modestas y saneadas. Tenía vastos proyectos de ensanche y mejoramiento
+en los Cigarrales, y no esperaba sino a que aclarase el tiempo para
+trasladarse allá con toda la familia.
+
+En Mayo sintiose tan mejorado de su pierna que pensó era llegado el
+momento de poner fin a sus vacilaciones. Era una tarde hermosa. Habían
+concluido de comer en paz y en gracia de Dios. D. Benigno, dejando que
+Alelí se durmiera en el sillón del comedor y que Crucita hiciera lo
+mismo en su cuarto, envió a los muchachos a la escuela, y a su cuarto a
+Sola, entabló con ella una conversación de la cual es preciso no perder
+punto ni coma.
+
+--Querida Sola--le dijo--, tengo que dar a usted explicaciones acerca de un
+hecho que le habrá sorprendido y que tal vez (y esto es lo que más
+siento) habrá lastimado su amor propio de usted.
+
+Sola manifestaba grandísima sorpresa.
+
+--El hecho es que, habiéndose resuelto desde que estuve en la Granja
+todas las dificultades que se oponían a nuestro matrimonio, haya
+aplazado yo varias veces desde aquella época un suceso tan lisonjero
+para mí. Como usted podría sospechar que estos aplazamientos
+significaban algo de mala gana, frialdad o escaso deseo de ser su
+marido, y como nada sería más contrario a la verdad que esa sospecha de
+usted, tengo que explicarme, hija, tengo que revelar ciertos
+pensamientos íntimos y ciertas cosillas.... ¿me entiende usted?
+
+Con su verbosidad indicaba el héroe estar muy lleno de su asunto, como
+dicen los oradores, y es probable que desde la noche anterior hubiese
+preparado en su cabeza y hasta construido algunas de las frases de aquel
+memorable discurso.
+
+--Pues bien, la causa de esta poca prisa... darémosle este nombre, que es
+el que más le cuadra... ha sido cierto escrúpulo que me ha asaltado,
+cierto temor de que nuestro matrimonio hiciera a usted desgraciada en
+vez de hacerla feliz, como es mi deseo.
+
+--¡Desgraciada!--exclamó Sola, recibiendo aquella idea como una ofensa.
+
+--¡Oh! no apresurarse... falta mucho que decir. Estos escrúpulos y
+temores no se refieren a cosa alguna que pueda menoscabar los
+extraordinarios méritos de la que elegí por esposa; son cosa pura y
+exclusivamente mía. Ha llegado el momento de hablar con absoluta
+franqueza, y de no ocultar idea alguna por penosa que sea para mí. Pues
+bien, hay una persona, un hombre, hija mía, que la aprecia a usted en lo
+mucho que vale, que la conoce a usted desde su niñez, que la ha
+protegido, que la quiere, que la ama; hombre que tal vez, ¿por qué no?
+es amado de usted.... ¡Ah! querida Sola, hija mía, me parece que he
+puesto el dedo en una llaga antigua de ese corazón sin par, hecho a
+resistir y padecer como ninguno.... En su cara de usted veo....
+
+Ella se había quedado pálida cual si tuviera por rostro una máscara de
+cera, y miraba a su delantal, cuya punta tenía entre los dedos.
+
+--Esa palidez--dijo D. Benigno conmovido--no indica en manera alguna que
+usted tenga que arrepentirse de nada, pues no se trata de faltas; indica
+que yo he despertado un sentimiento que dormía, ¿no es verdad?
+
+La palidez de Sola se disipó como un velo que se rasga dejando ver la
+claridad que encubre, y así fue, por modo parecido al brusco descorrer
+de una cortina, como se encendió en ella un rubor vivísimo. Echándose a
+llorar, murmuró estas palabras:
+
+--Es verdad, sí señor. Usted es más bueno que los ángeles.
+
+El de Boteros estuvo callado un mediano rato contemplándola.
+
+--Pero yo no he faltado, yo no he mentido...--balbució _Doña Sola y Monda_
+entre suspiro y suspiro--. Lo que usted dice, muerto estaba y enterrado
+en mi corazón para no resucitar jamás.
+
+--Lo sé, lo sé--dijo Cordero no menos turbado que su amiga--. ¡Oh! la voz
+aquella, la voz aquella blanda y un poco triste que hablaba aquí en mi
+conciencia, ¡qué bien me lo decía! Pues oiga usted todo. En este tiempo
+que ha pasado desde que vine de la Granja, se puede decir que no he
+vivido sino para pensar en esto y hacer comparaciones. Sí, he vivido
+comparándome, querida hija, he vivido atormentado por un análisis
+comparativo de las cualidades que creo tener y las que reúne el
+hombre a quien usted conoce mejor que yo, resultando que él es
+extraordinariamente superior a mí.
+
+--¡Oh! no, cien veces no--replicó Sola con energía--. Es todo lo contrario.
+
+--No violentemos la naturaleza, hija mía; no violentemos tampoco la
+lógica. Concedo que en honradez y en prendas morales no me aventaje, si
+bien no hay motivo para no reconocer que me iguala, pero en cambio, ¡qué
+superioridad tan grande la suya en el exterior y los atractivos de la
+persona!... Las cosas claritas.... ¿eh?... ¿por qué no se ha de decir
+que él es un hombre que cautiva, un hombre que despierta simpatías en
+todo aquel que le trata, mientras yo...?
+
+--Usted también, usted también--dijo Sola prontamente. D. Benigno movía la
+cabeza con triste ademán.
+
+--No violentemos la naturaleza, querida, no violentemos la
+lógica--repitió--. Concedo que no sea yo enteramente antipático; pero
+usted, que siente y discurre muy bien, podrá decir si hay nada en la
+persona y en el alma de un viejo que pueda competir con la juventud, con
+el rostro alegre y expresivo de un hombre sano en la plenitud de sus
+afectos, de su fuerza, de su vida toda.
+
+--Según como se mire, según como se mire--dijo Sola arrebatada de
+compasión por su amigo y anhelante de concederle todas las ventajas.
+
+--¡Oh!--exclamó D. Benigno sonriendo--, por más que usted se empeñe en
+echarme flores, no conseguirá que yo me enfatúe, ni que me obceque hasta
+el punto de no ver claramente lo que soy. La vejez tiene sus
+preeminencias, tiene sus bellezas; pero estas preeminencias y estas
+bellezas no son de gran valor para el caso de que tratamos. Yo me
+conozco bien, no me doy ni me quito ni un adarme de lo que realmente
+peso, puesto en la balanza del matrimonio; creo que no carezco de
+algunas cualidades que me harían apreciar y respetar y aun amar de una
+mujer joven; pero la comparación con otro me revela mis años, que no son
+floja cuenta para el caso; me revela mis achaques, que se han iniciado
+precisamente ahora como un aviso, como una advertencia que Dios me hace
+por conducto de la Naturaleza. En fin, querida mía, si se tratará de
+cualquiera extraño, de cualquier advenedizo que en esta ocasión se
+presentase, ni por el pensamiento me pasaría que usted pudiera
+preferirle a mí; pero ¡ay! se trata de una antigua amistad, de un cariño
+antiguo en él y antiguo en usted.... Usted me lo ha revelado, diciéndome
+con el acento más noble y leal: «es verdad, es verdad».
+
+--Es cierto--replicó Sola--, y ahora, para que no quede en mi corazón ni un
+fondo siquiera de los secretos que he guardado en él por tantísimo
+tiempo, voy a confesarme con usted.... Delante de un sacerdote, delante
+de Dios mismo no sería más sincera, créamelo usted.... Si antes no hablé
+de esto, fue porque yo quería considerarlo como cosa muerta y sepultada.
+Creía que mientras más lo callara y menos lo pensara, mayor sería el
+olvido, y no me atrevía a confesarlo, por temor de que con la confesión
+renaciera y me atormentara otra vez.
+
+Se había sentado en una silla baja y sus brazos tocaban las venerables
+rodillas del héroe. Quien no la viera de cerca, creería que estaba de
+hinojos.
+
+--Mucha parte de lo que usted ha callado con tanto afán, por su empeño de
+echar tierra y más tierra sobre un sentimiento desgraciado--dijo
+Cordero--, me lo reveló él mismo.
+
+--Habrá dicho a usted que me recogió a la muerte de mi padre, poniéndome
+al amparo de su madre, y mirándome como a hermana. Si se jactó de sus
+beneficios hizo bien, porque estos fueron grandes en aquella época.
+
+--No se jactó. Adelante.
+
+--Diría también que yo le cuidaba como una hermana y le servía como una
+esclava. Su voluntad me parecía una cosa de que no se podía dudar; sus
+palabras como el Evangelio.
+
+--¿Y él?...
+
+--Me trataba con consideración; pero....
+
+--¿No tenía a usted más cariño que el de hermano?
+
+--Ninguno más; pero aquel cariño me consolaba en mi tristeza.
+
+--Tengo idea de que fue bastante calavera y que tuvo amores con
+algunas.... ¿Pero a usted jamás...?
+
+--Jamás--dijo Sola ingenuamente--, quería a otras mujeres; pero a mí no me
+quería.
+
+D. Benigno se sonrió.
+
+--¿Pero usted--dijo--, le quería desde entonces?...
+
+--Me da vergüenza decirlo--replicó Sola--, por el desairado papel que hice:
+pero puesta a confesar, no oculto nada. Le quería, sí, muchísimo.
+
+--¿Cómo?
+
+--Todo lo que se puede querer a una persona--dijo ella, inclinando la
+cabeza, que le pesó, sin duda, por una extraordinaria aglomeración de
+recuerdos.
+
+Cordero sintió un nudo en su garganta. Necesitó tragar algo para quitar
+aquel estorbo y poder decir:
+
+--¿Y siempre lo mismo?
+
+--Siempre le quería lo mismo y no pensaba más que en él, a todas horas,
+dormida y despierta.
+
+--¿Y cuando estaba ausente?
+
+--Le quería más.
+
+--¿Y cuando volvía?
+
+--Más. Era una cosa superior a mí, una especie de enfermedad o desgracia
+que me enviaba Dios.
+
+--¿No procuró usted librarse de ese tormento, pensando en otro?
+
+--¡En otro hombre!--exclamó Sola como horrorizada--. Eso no, eso era
+imposible.... Lo que yo sentía, aquel tormento mío me era necesario para
+vivir, como el aire y la luz.
+
+--¿Nunca le demostró usted con acciones y palabras la grandísima afición
+que le tenía?
+
+--¡Oh! no.... A veces hacía yo proyectos disparatados y me imaginaba no
+sé qué medios para hacérselo comprender; pero luego me daba mucha
+vergüenza.
+
+--¡Qué horroroso tormento! ¡Qué agonía!
+
+--Casi siempre, sí; pero a veces era feliz.
+
+--¿Cómo, criatura?
+
+--Pensando tonterías... y echándome a discurrir que de pronto se le
+antojaba quererme como yo le quería a él.
+
+--¡Oh! barástolis--exclamó D. Benigno, cerrando el puño amenazador--, por
+vida de.... Estoy indignado contra ese hombre, y bien merecía que usted
+lo despreciara.... Si usted viene a mí entonces y me cuenta lo que le
+pasa, como me lo cuenta ahora, juro a usted que voy derecho a ese hombre
+y le cojo, y le digo: «Oiga usted, caballero...».
+
+Sola no pudo menos de reír un poco, y dijo:
+
+--No tenía usted más que hacerle daño para ser mi mayor enemigo. Pues
+sí... que lo tomaba yo con poco tesón.... Ahora comprendo que era muy
+extremada y que yo misma me recalentaba la imaginación noche y día, como
+cuando se echa leña en un fuego que se teme ver apagado. Como no había
+nadie a quien yo pudiera contar tales cosas, me las contaba a mí misma.
+Yo me consolaba diciéndome tonterías y resignándome, pues las muchas
+desgracias que he tenido desde niña y el verme siempre privada de todo
+lo que más he querido, me acostumbraron a tener mucha paciencia,
+muchísima. Es un consuelo un poco triste este de la paciencia; pero
+usándolo mucho, concluye uno por quererle y familiarizarse con él.... Yo
+tenía... hasta mis alegrías, sí señor, alegrías a mi modo, ¡pues qué
+sería de nuestra alivia si no tuviese medios de sacar alguna vez de sí
+misma lo que los de fuera no quieren darle!... En fin, señor, así iba
+pasando el tiempo, pasando, él ausente, yo sin esperanza. Me parece que
+los días eran como unos velos que se corrían despacio, uno sobre otro, y
+estos velos caían sobre mi memoria, y poco a poco iban apagando y
+oscureciendo lo que en ella había. Al cabo de cierto tiempo empecé a
+verle... así como entre brumas, lejos; y con las ocupaciones, todo lo
+que yo pensaba se interrumpió para dar lugar a otras cosas. A veces
+perdía bruscamente el terreno perdido, quiero decir, que por causa de
+algún sueño, de alguna conversación que me recordaba las cosas pasadas,
+o por nada, por simpleza mía, volvía a sentirme atormentadísima, y me
+parecía tenerle delante y oírle, ¡siempre tan cariñoso, siempre tan
+bueno, pero siempre hermano!... En fin, aquellas recaídas... porque eran
+como las recaídas de una enfermedad... pasaban también. Yo sentía que
+iba cayendo tierra sobre aquello, y si he de decir verdad, yo la echaba
+también a puñados, unas veces rezando, otras trabajando en demasía....
+¡Ay! al fin me encontré triunfante, y si pudiera valerme de una
+expresión rara....
+
+--A ver, diga usted esa expresión rara, querida sepulturera.
+
+--Pues diré que últimamente me paseaba sobre el grandísimo montón de
+tierra que yo había echado sobre aquellas penas sepultadas.... Algunas
+veces no iba segura, porque me parecía que sentía moverse debajo de mis
+pies la tierra... pero yo, valiente como debía serlo, daba golpes con
+los pies y todo se quedaba entonces quieto.... ¿Ve usted qué
+pamplinas?...
+
+--Siga usted--exclamó Cordero con la voz entrecortada--. Estoy lelo de
+admiración.
+
+--Pues en estas y otras cosas, llegué a tener conocimiento con una
+persona que me manifestó tanto interés, tanta consideración.... Yo no
+sabía cómo pagarle, y decía: «Es una desgracia para mí no tener algo de
+gran valor que ofrecer a este hombre generoso». ¡Qué lejos estaba
+entonces de suponer que mi hombre generoso, mi segundo padre había de
+querer cobrarse sus beneficios de un modo que me obligaba más a la
+gratitud! Yo trabajaba en su casa: hubiera deseado que se multiplicaran
+las obligaciones para poder esclavizarme más. Yo comprendí.... Dios y
+mis desgracias me han dado alguna penetración... comprendí que mi buen
+amigo había encontrado en esta pobre algunos méritos personales, y no
+estaba conforme con que yo fuera su criada, ni su pupila, ni tampoco su
+hija; quería llevar su generosidad hasta un extremo tal.... El
+agradecimiento llenaba mi corazón; ¡qué regocijo me causa el agradecer y
+el pagar, aunque sea con poco!... Yo acepté entonces los favores de mi
+protector, y me dije que debía hacer todo lo posible por merecer el bien
+inmenso que aquel hombre quería hacerme. ¡Ay! cómo luchó entonces por
+arrancarme lo que aún restaba de lo pasado.... Aún quedaba algo: negarlo
+sería mentir. Mi buen protector se apoderaba de mi alma de una manera
+dulce y lenta. Llegué a acostumbrarme a su compañía de tal modo, que si
+esta me faltara, faltaríame lo principal de la vida. La idea de ser su
+mujer se clavó en mí, echó raíces, y me prometí entonces a él sin
+escrúpulo y con la conciencia serena. Mi corazón, reconquistado por mí,
+podía ser ofrecido a quien mejor que nadie lo merecía. ¿Qué mejor dueño
+podía desear que aquel hombre sin igual, por quien sentí además de la
+gratitud un afecto tan grande, tan grande que no sé cómo expresarlo?
+
+D. Benigno hacía los imposibles por impedir que las lágrimas salieran de
+sus ojos, y ya miraba al lecho, sin dejar de atender con toda su alma a
+lo que Sola decía, ya estiraba los músculos de su cara, ya en fin ponía
+diques al llanto queriendo convertirlo en benévola risa. Por último,
+pudo más su emoción que su dignidad y se llevó la mano a los ojos.
+
+--Reconozco con mucho gusto, con muchísimo gusto--dijo hablando con
+turbación, pero sin llanto--, que al aceptar usted mis ofrecimientos lo
+ha hecho con lealtad... sí, señora mía, lo reconozco... estoy
+agradecido... yo no valgo nada... reconozco que usted, al responder
+afirmativamente a mis ruegos, echó el último puñado de tierra sobre un
+pasado triste; me ofreció su cariño y me consagró su persona toda, su
+porvenir... yo lo agradezco... pero, pero... luego cambiaron las cosas,
+se presentó a usted de improviso aquel sobre quien había caído tanta,
+tantísima tierra....
+
+--No--exclamó Sola enérgicamente, levantándose--. Nada puede alterar mi
+resolución. Cuando apareció, ya yo no me pertenecía. Me considero tan
+ligada por mi palabra antes como después de aquella visita, y no debo,
+ni quiero... ni quiero, repito, volver atrás.
+
+--No es posible que la presencia de ese señor lo fuera a usted
+indiferente.
+
+--Indiferente no; pero quien tanto ha luchado y tanto ha vencido, no
+podía de ningún modo comprometer su victoria. Soy la misma ahora que
+cuando fui por primera vez a los Cigarrales a pasar los mejores días de
+mi vida.... La menor duda de usted sobre esto será para mí una ofensa.
+Soy toda en cuerpo y alma del que miró a esta huérfana sola y abandonada
+y tuvo la incomparable generosidad de querer hacerla su señora.
+
+La actitud firme de Sola, la energía y la lealtad que en su semblante se
+pintaban, como la expresión más propia y adecuada de su alma
+hermosísima, tenían al buen Cordero sobrecogido de admiración, de
+gratitud, de entusiasmo, de amor.
+
+--Una sola palabra--añadió--una sola pregunta quiero hacer. Lo que usted
+diga será para mí como declaración bajada del cielo y lo creeré, como se
+cree en Dios.... Una palabrita nada más. Somos dos, dos hombres, el uno
+joven, lleno de vida y salud, de inmejorable presencia, despejado, rico,
+honrado, con innumerables prendas que aumentará la imaginación de la que
+tanto supo amarle de niña; el otro viejo, enfermo, pesado....
+
+--Pesado no--gritó Sola protestando con calor.
+
+--Bueno, quitemos lo de pesado... enfermo, feo....
+
+--En los hombres no hay fealdad.
+
+--Enfermo--prosiguió Cordero contando por los dedos--, poco agraciado,
+corto de vista, honrado sí, como el primero, de buen corazón.... En fin,
+voy al objeto. Los dos quieren casarse con una tal Sola, y esto parece
+fin de comedia. Una palabra de la dama va a decidir la cuestión, ¿a cuál
+de los dos quiero por marido?
+
+¡Oh! quién tuviera pincel para pintar aquel destello de verdad suprema
+que brilló en los ojos de Sola, aquel gesto de heroína con que llevó la
+mano al pecho y elevó al cielo los ojos, bella por la verdad, sublime
+por lo que de abnegación había en el fondo de aquella verdad, y quién
+pudiera expresar el acento suyo cuando pronunció estas palabras:
+
+--¡Como Dios es mi padre celestial, así es verdad que quiero casarme con
+el viejo!
+
+D. Benigno no la había abrazado nunca. Aquel día la abrazó por primera
+vez, y aquel abrazo bien valía por mil.
+
+
+
+
+-X-
+
+
+Contaba el padre Alelí, historiador desmemoriado y chocho, que aquella
+noche estuvo D. Benigno durante seis horas seguidas sin moverse de su
+asiento, con los ojos fijos en las puntas de los pies, y el puño en la
+mejilla, y tal fue, añade, la duración de su éxtasis, cavilación o
+modorra, que al dejar aquella actitud tenía marcadas las coyunturas en
+los rojos mofletes de su cara, y el codo había dejado un hoyo
+profundísimo en el cojinete del brazo del sillón. Pero nuestro buen
+criterio no nos permite admitir ciegamente esta versión, y así reducimos
+a tres las seis horas de que habla Alelí, el cual como Herodoto era muy
+inclinado a exagerar y dar proporciones a lo que veía. Mejor sería aún,
+reducir a una hora nada más el plazo de aquella perplejidad de nuestro
+querido señor, y así lo haremos. Conste, pues, que meditó largo rato, y
+que después apareció como ensimismado y lleno de confusiones. ¿No se
+habían disipado sus recelos? Sin duda no. De su talante sólo puede
+decirse que tan pronto parecía muy alegre como muy triste.
+
+Al día siguiente muy temprano, después de un sueño ni profundo ni largo,
+se levantó, y despachando a toda prisa el desayuno, salió y fue derecho
+en busca de un sujeto que vivía en la calle del Duque de Alba, junto a
+D. Felicísimo. Aquel era día de mala suerte para el de Boteros, porque
+el individuo a quien buscaba había salido más temprano que de costumbre,
+dejando dicho a sus criados que no le esperaran en todo el día.
+
+--¡Barástolis y más que barástolis! ya podía haber esperado un poco.
+
+--Si llega usted cinco minutos antes--dijo el criado--, le encuentra
+bajando la escalera.
+
+--Cinco minutos.... ¿y cómo había de llegar cinco minutos antes, hombre
+de Dios? ¿No ve usted que soy cojo?... ¿no lo ve usted?
+
+--No se incomode usted, caballero.
+
+--¡Malaventurados los cojos--dijo el héroe para sí con tristeza--, porque
+ellos llegaron siempre tarde!
+
+El señor a quien D. Benigno buscaba con tanto empeño no estaba lejos de
+su casa. Si Cordero, en vez de retroceder hacia la Merced y calle de
+Carretas con ánimo de encontrarle, hubiera seguido hacia San Millán y la
+calle de los Estudios, le habría de seguro hallado. Estaba frente a una
+puerta de la citada calle, con la vista fija en un hombre y en un
+caldero, en una mesilla forrada de latón, en un enorme perol de masa y
+en un gancho. En el caldero que era grandísimo, ventrudo y negro, hervía
+un mediano mar amarillo con burbujas que parecían gotas de ámbar
+bailando sobre una superficie de oro.
+
+Del líquido hirviente salía un chillón murmullo, como el reír de una
+vieja, y del hogar o rescoldo, profundo son como el resuello de un
+demonio. La llama extendía sus lenguas, que más bien parecían manos con
+dedos de fuego y uñas de humo, las cuales acariciaban la convexidad del
+cazuelón, y ora se escondían, ora se alargaban resbalando por el hollín.
+El hombre que estaba junto al cazuelón y sobre él trabajaba, habría
+pasado en otro país por prestidigitador o por mono, pues sólo estos
+individuos podrían igualarle en la ligereza de sus brazos y blandura de
+sus manos. En el espacio de pocos segundos metía la izquierda en el
+cacharro de la masa, daba en ella un pellizco, sacaba un pedazo, que más
+parecía piltrafa; estrujaba ligerísimamente aquella piltrafa, haciendo
+entro sus dedos como un pequeño disco u oblea grande; arrojaba esto al
+hervidero amarillo, y en el mismo instante, con una varilla que en la
+mano tenía, agujereaba el disco, haciendo un movimiento circular como
+quien traza signo cabalístico. Unos cuantos segundos más y el disco se
+llenaba de viento y se convertía en aro. Con un brusco impulso de la
+varilla echábalo fuera para empezar de nuevo la operación. No será
+necesario decir que aquellos roscos amarillos, vidriados y tiesos como
+vejigas eran buñuelos. Una mujer flaca, bigotuda, con parches en las
+sienes, y las cejas como dos parches negros, se ocupaba en poner
+ordenadamente los buñuelos y en espolvorearles azúcar con un cacharrillo
+de lata, agujereado cual salvadera. La misma mujer de los parches era
+quien vendía, cuando alguien compraba, ensartando las docenas de
+buñuelos en juncos verdes que a la mano tenía.
+
+El prestidigitador buñuelista era un hombre pequeño, antipático, tirando
+a viejo. Sudaba tanto con aquel continuo y fatigoso ejercicio, que su
+cara parecía haber estado en remojo poco antes. Para entretener el
+fastidio canturreaba 10 esta copla:
+
+ Reinará D Carlos
+ con la Inquisición,
+ cuando la naranja
+ se vuelva limón.
+
+Salvador reconoció la puerta de la casa que buscaba, y acercándose,
+preguntó si vivía allí el señor Pedro López, por otro nombre Tablas.
+Mientras el hombre se limpiaba el sudor, la hembra de los parches
+contestó que sí. La tiendecita ahumada donde estaba el puesto de
+buñuelos y aguardiente comunicábase con una lonja grande y espaciosa,
+donde había espléndido comercio de carne y salchichería. Ambos
+establecimientos eran, al parecer, de un mismo dueño: el pequeño tenía
+una puerta a la calle y el grande dos.
+
+--Es en la tienda de al lado--dijo el buñuelero sin urbanidad--; pero se
+puede entrar por aquí. Pase usted, caballero.... Señá Nazaria, aquí
+preguntan por usted.
+
+ Cuando la naranja
+ se vuelva limón.
+
+Salvador penetró en la gran tienda donde podía admirarse todo lo más
+hermoso y rico que producen las industrias de Montánchez y Candelario, y
+si no hubiera freno para las comparaciones, si todo lo visible pudiese
+entrar en el dominio del arte metafórico, bien podría llamarse a aquello
+el palacio de las morcillas o el templo del jamón. Además de la
+extraordinaria abundancia de lo que en el comercio se llama _género_,
+cautivaba en tal sitio el buen orden y, si se quiere, la elegancia con
+que todo estaba colocado y mostrando que había allí buen ojo y buena
+mano para que lo destinado a complacer al estómago embelesase primero a
+la vista. El techo era un portento, pues no parecía sino la convexidad
+de admirable gruta adornada de estalactitas, de corales, madréporas y
+raras especies de aquella parte del reino vegetal que con el mineral se
+confunden. Fijándose en los jamones que colgaban de un barrote de hierro
+y en las oscuras morcillas que les acompañaban, no se podía menos de
+pensar en algún inmenso árbol de Jauja, que había metido allí una de sus
+ramas, completamente llena de gigantescas frutas, tan sabrosas como
+picantes. En graciosas cenefas y en madejas ondeadas pendían las
+salchichas rojas como el pimiento de quien tomaban su afectado colorete,
+y las sartas de chorizos se entremezclaban con los perniles,
+acariciándolos suavemente con su piel crasosa. Por una columna abajo
+descendían en cuelga millares de salchichones, los unos vestidos con
+coraza de plata, los otros desnudos y tiesos como garrotes, en tal
+número, que con ellos se podría armar un ejército, si los ejércitos se
+batieran a cachiporrazos. En el mostrador, de pintada tabla, estaba el
+peso de metal amarillo, que como el más fino oro de Arabia relucía, y de
+unos ganchos que traían a la memoria las horcas alzadas por Chaperón en
+la vecina plazuela, colgaban las orondas reses puestas al despacho. Allí
+era de ver la hercúlea fiereza con que un fornido inocentón manejaba el
+hacha sobre el tajo, haciendo trizas a la víctima, que había sido un
+inocentísimo carnero manchego, o benemérita vaca de la sierra de Gredos.
+Insensible como un verdugo, había en él también algo de la estricta
+equidad de quien cumple justicias superiores, porque cortaba los pedazos
+de modo que resultasen conforme al peso pedido, y era muy comedido de
+huesos y escrupuloso de piltrafas. El tajo era quizás el objeto que
+menos conforme estaba con el aspecto ordenado y hasta bonito de la
+tienda. ¿Quién nos asegura que no salió del mismo tronco de donde
+sacaron el que sirvió para hacer justicia a los Comuneros? Cuando
+nuestro buen amigo Rufete le miraba, las edades ominosas acudían a su
+mente y con ellas la imagen de los terribles escarmientos aplicados al
+hombre por el hombre. Las rayas trazadas sobre el madero por el filo del
+hacha le parecían una página histórica.
+
+Las pesas subían y bajaban golpeando el mostrador duro, y de mano en
+mano iba pasando el sustento de todo el barrio, aquí pobre y esquilmado,
+allá rico y sustancioso. Sobre la tabla caía una lluvia de cuartos
+negros manchados de verde, y con la música que estos hacían, se
+concordaba el choque de las medias libras y onzas de cobre, sin cesar
+dando sobre el platillo. La aguja de la balanza oscilaba constantemente
+como un péndulo invertido. Cuando se distribuía una res, dividiéndose en
+innumerables pedazos destinados a tan diversas necesidades humanas, se
+descolgaba otra. Tan continuado rasgar de fibras y estallido de huesos
+causaría horror a los que no lo presenciaran todos los días. Entre el
+murmullo se oía: «Señá Nazaria, péseme, bien, que soy parroquiana....
+Señá Nazaria, córteme pierna de abajo.... Señá Nazaria, tenga conciencia
+y vea que eso es cordilla para los gatos.... Señá Nazaria, el solomillo
+limpio y mondo o no cobrado.... Señá Nazaria, tenga conciencia en las
+chuletas».
+
+Y señá Nazaria atendía a todos los términos de esta baraúnda,
+demostrando actividad pasmosa, inteligencia múltiple y compleja. Unía al
+talento para distribuir la grandeza de alma para conceder siempre un
+poco más del peso. No era cicatera, pero cuando se creía engañada en el
+dinero, hacía justicia pronta y seca. En cierta ocasión agarró un moño
+como se podría coger una fruta, tiró de él y una copiosa cabellera negra
+se le quedó en la mano, por lo que se dijo que en sus grandezas imitaba
+a Julio César, y en su modo de guerrear a los salvajes. Era una mujer
+alta y gorda, no tan gorda que llegara a ser repugnante, sino llena,
+redondeada y bien compartida. Si era verdad que parecía haber absorbido
+parte considerable de la infinita sustancia que en la tierra existe,
+también lo es que conservaba mucha ligereza en todo su cuerpo, y que no
+lo pesaban las mantecas. Su rostro era de admirable blancura, sus ojos
+garzos y negros, su nariz basta y respingada, abierta descaradamente al
+aire, como gran ventana, necesaria a la respiración de un grande y
+profundo edificio. El chorro de viento que entraba por aquella nariz
+modelada para el desparpajo, imponía miedo a los espectadores de su
+cólera. Nazaria tenía la hermosura que por extraña amalgama de los tipos
+humanos, hace simpático al descaro.
+
+Lucía enormes amatistas montadas en pendientes de filigrana como
+relicarios, de modo que parecía llevar en cada oreja el pectoral de un
+obispo. Sus manos eran bonitas y gordezuelas, y los anillos que de
+antiguo llevaba no se le podían sacar, porque su carne había crecido y
+el oro no. Tenía treinta y tantos años y era viuda de un opulento
+negociante de Candelario.
+
+Por qué la llamaban Pimentosa es cosa que no se sabe; pero algunos
+decían que picaba mucho y levantaba ampolla a la manera de guindilla. Se
+podía ir a la tienda por verla despachar. También ella era
+prestidigitadora como el de los buñuelos, y parecía que se le
+multiplicaban milagrosamente las manos para coger pesar, cobrar, contar
+y devolver, todo sin dejar de charlar ni un solo momento. Enormes
+calderos de manteca blanca como espuma ocupaban un extremo del
+mostrador, y era bonito ver resbalando por aquellas blanduras de grasa
+las esmeraldas y los diamantes clavados en los dedos de Nazaria. Otras
+veces aquellos dedos, en sangre tintos, ocupábanse en usos industriales
+del género de Candelario; pero pronto recobraban su belleza revolcándose
+en espuma de jabón y estrujándose en agua hasta quedar limpios como el
+oro y finos como la seda. Así y todo se pirraban por dar una bofetada.
+
+
+
+
+-XI-
+
+
+--¿Qué se le ofrecía a usted, caballero?
+
+--¿Está ese Sr. Tablas?
+
+--Perico querrá usted decir. Esta no es hora.
+
+--Eso es, D. Pedro López.
+
+--No tan arriba. Pique más bajo.
+
+--¿Se le puede ver, sí o no?
+
+--Creo que está durmiendo. Suba usted.... Eh, tú, Rumalda... ve con este
+caballero.... Di a Perico que si no tiene vergüenza de dormir a estas
+horas.
+
+Romualda era una mujercita encanijada y vestida de harapos que en la
+tienda inmediata ayudaba a la mujer de los parches a ensartar buñuelos.
+La fisonomía de Romualda estaba de tal manera desvirtuada por la palidez
+y por la suciedad, que no se podía decir si era fea o bonita. Igual
+dificultad había para declararla niña o mujer, y así lo menos expuesto a
+equivocaciones será decir que no tenía edad ninguna.
+
+El fenómeno (pues no de otro modo era llamada en el barrio) echó a andar
+delante de Salvador para guiarlo. Pero como el fenómeno cojeaba ninguno
+de los dos podía ir a prisa. Tardaron algunos minutos en vencer la
+escalera, cuya tortuosidad igualaba a las oscuras revueltas de la
+conciencia de un asesino. Por decir algo durante el fastidio de tan
+penosa ascensión, Salvador preguntó a su compañera si era de la familia
+del Sr. Tablas.
+
+--Es mi padre--replicó la cojuela.
+
+--Pues no lo parece--dijo el caballero--. El Sr. Tablas y la señora Nazaria
+están, según parece, en muy buena posición.
+
+El fenómeno no dijo nada, y siguió subiendo. Parecía subir con un solo
+pie. Al llegar arriba detúvose para tomar aliento. Sin duda no respiraba
+más que con un pulmón.
+
+--¿Se ha cansado usted, caballero?
+
+--No tal... piso tercero. La escalera no es larga, y se subiría bien si
+no fuese tan oscura.... Tú sí estás cansada. ¿Cuántas veces al día
+subes?
+
+El fenómeno se quedó pensando. Por último, dijo:
+
+--Unas sesenta veces.
+
+--Es buena renta, hija. Tres mil escalones diarios.
+
+--Con poco más al cielo.
+
+Romualda no dijo más, y entrando en la casa despertó a Pedro López, que
+dor mía como un canto. Desde la sala en que esperaba entretenido en
+contemplar las estampas de santos y toreros que cubrían las paredes, oyó
+Salvador los gruñidos del atleta al ser arrancado de su dulce sueño por
+la mano áspera y aceitosa del fenómeno. Oyó después imprecaciones y
+desperezos, y luego una ronquísima voz que decía:
+
+--Baja a la tienda y tráeme los cigarros que dejé en el cajón grande del
+mostrador.
+
+Poco después Tablas y Salvador se saludaban en la sala. Hablaron con
+interés un largo rato, y al fin dijo López:
+
+--Vámonos al café, y almorzando hablaremos de eso despacito. Aquí no se
+puede hablar de nada. Nazaria es muy re-curiosa, y todo lo quiere saber.
+
+Se fueron. En la escalera hallaron al fenómeno, que después de haber
+subido para llevar los cigarros al Sr. Tablas, volvía a subir (¡oh
+Cristo de la cruz acuestas!) en busca de la sal para un huevo frito que
+se estaba comiendo la señora Nazaria.
+
+Se comprenderá por este último y no insignificante detalle que la
+hermosa carnicera había concluido el despacho de la mañana. Al fin podía
+gozar algún descanso después de aquella espantosa brega de cortar,
+pesar, cobrar y devolver, y en el rescoldo de la buñolería le aderezaba
+la de los parches un ligero almuerzo. Detrás del mostrador ponía su mesa
+Nazaria; se lavaba manos y brazos hasta el codo; quitábase aquel
+horrible mandil que le sirviera poco antes, y acompañada de alguna
+discreta amiga que de la próxima tienda de lienzos venía o de la mujer
+del vinatero, restauraban sus fuerzas. Después solía tomar una
+almohadilla con algo de costura, y a cada instante volvía la cabeza
+hacia la otra tienda para decir:--«Rumalda, sube y tráeme el dedal...».
+Más tarde:--«Rumalda, la seda negra que está en mi costurero...».
+
+En la buñolería, que a eso de las diez apagó sus fuegos, estaba la de
+los parches al frente de sus menguados despachillos de escarola, perejil
+y lechugas. Romualda se comía un pedazo de pan, engañado con los restos
+del almuerzo de Nazaria.
+
+--Rumalda--dijo esta después de medio día--, sube y dile a Petrilla que no
+ponga las perdices.
+
+Y media hora después Romualda subió a preguntar si estaba la comida.
+Siendo la respuesta negativa, volvió a subir para dar prisa, y cuando
+Nazaria se remontó despacio a su alojamiento para comer y dormir la
+siesta, el fenómeno bajó a buscar las tijeras que se habían quedado en
+la tienda, y más tarde a decir al cortador que cerrara, y luego fue por
+aceite a la lonja de la esquina.
+
+La Pimentosa comió abundantemente, como solía hacerlo, y antes de dormir
+la siesta mandó al fenómeno que bajase para ver si Tablas estaba en la
+taberna de la calle de las Maldonadas. Malísimo humor tenía la señora
+por aquella tardanza de su hombre, aunque acostumbrada estaba a tales
+ausencias y a otras mayores. Del mal humor pasó a la furia, y después de
+poner como ropa de pascuas a Petrilla, a la mujer de los parches, al
+cortador, al lucero del alba, al Preste Juan de las Indias, al rey
+David, miró a Romualda con dictatorial ceño.
+
+--¿Y tú qué haces ahí, holgazana? ¿En dónde está la media?
+
+El fenómeno respondió temblando que la media estaba abajo.... ¿pues
+dónde había de estar?
+
+--Pues correndito por ella.
+
+Y se echó a dormir. Después de la siesta recibió varias visitas, a
+saber: el respetable vinatero que venía con importantísimos chismes de
+la vecindad; la inquilina del segundo, que era prestamista, con más
+conchas que un galápago y más dinero que la Real Hacienda; una criada de
+la señora de D. Pedro Rey que vino a traer recados de su ama, (pues
+Nazaria era hija de una antigua sirvienta de los Rey), y el padre
+Carantoña, de la orden de Predicadores, que algunas veces solía ir a la
+casa para llevarse una cestilla repleta de ricos chorizos y butifarras,
+con otras vituallas de consideración.
+
+--Padre Carantoña--dijo Nazaria al despedir al fraile--. Hágame un favor.
+Si ve a Rumaldilla en la tienda o jugando en la calle, dígale que suba.
+
+Aquella tarde sintiose la insigne carnicera bastante molestada de la
+dispepsia que padecía. Hallábase en disposición de abofetear a todo el
+género humano, porque las malas digestiones exacerbaban su carácter
+agrio y despótico. Desconfiando de los médicos, sólo se aplicaba
+remedios que llamaremos populares, recomendados por las comadres de la
+vecindad, los unos del orden supersticioso, los otros del género
+terapéutico familiar; y como se los administraba todos a la vez o _in
+solidum_, sin criterio, sin tino, la buena mujer estaba cada día peor.
+Por eso aquella tarde, se oyeron muchas veces sus vehementes gritos de
+mando: «--Rumalda, a la botica.--Rumalda, a casa de la tía Pistacha... que
+te de aquellos polvos...».
+
+En estos y otros lances, recibió una visita altamente honrosa. La sala
+se llenó de negro, quiero decir que entró en ella el padre Gracián
+acompañado de otro clérigo, no tan grande como Su Reverencia, pero
+también bastante talludo. El padre Gracián era bien recibido en una y
+otra parte y muy querido del vecindario de Madrid, porque a todas las
+casas que se honraban con su presencia, y eran muchas (aunque él no
+pecaba de pedigüeño ni de entrometido, como algunos individuos
+monacales), llevaba siempre una misión desinteresada y evangélica. El
+palacio del rico y el cuarto numerado del pobre abrían con igual amor
+sus puertas a aquel enemigo del escándalo, a aquel trabajador incansable
+de la viña del Señor, a aquel guerrero de la moral cristiana, a aquel
+perseguidor de las malas costumbres. Hacía la propaganda de los
+matrimonios leales y bien acordados, de las familias pacíficas; llevaba
+por todas partes el pabellón de las reconciliaciones y de la paz;
+perseguía sin tregua las irregularidades, los odios domésticos, los
+amancebamientos, los desórdenes, y su mayor gloria era encarrilar un
+marido extraviado, enderezar una esposa torcida, atraer un hijo pródigo,
+ablandar a un padre cruel. No abandonaba ni un punto su arriesgado
+puesto de combate enfrente de las baterías de Satanás, y exponía su
+noble pecho a las burlas, a las injurias, a la mala interpretación, con
+tal de defender el baluarte de Cristo en que asentaba su planta, y no
+dejarse quitar un palmo de terreno, sino antes bien ganar al pecado
+palmos, varas y leguas.
+
+La Pimentosa se turbó al verle entrar. Ella, que no respetaba nada en el
+mundo, respetaba al clérigo por un sentimiento natural adquirido desde
+la cuna y, si se quiere, mamado con la leche. Ofreció una silla al Padre
+y otra al Hermano que acompañaba al Padre.
+
+--No, no me siento--dijo con áspera voz Gracián, blandiendo su sombrero de
+teja, como si fuera un montante para cortar cabezas--; nos vamos
+enseguida. Yo no vengo aquí como el padre Carantoña a tomar chocolate y
+a recibir morcillas; vengo a arrojar una semilla fructífera en este
+erial; vengo a arrojar una palabra en este desierto, con esperanza de
+que alguna vez sea oída.... Me intereso por vosotros porque sois
+pecadores. El sano no necesita de médico, el leproso sí. Conocí a la
+señora Nazaria en casa de D. Pedro Rey, y allí supe su mala vida. Conocí
+a López en casa de D. Felicísimo, y allí supe su extravío. Pues bien,
+aquí vengo hoy con el mismo fin que me trajo la semana pasada; vengo a
+deciros: «Casaos, casaos, casaos, que estáis perdiendo vuestras almas y
+dando mal ejemplo». Soy misionero de Cristo, apóstol de gentiles, y veo
+que no es preciso ir al Asia ni al África para encontrar salvajes.
+Aquellos son mejores que vosotros, porque ellos son nacidos ciegos, y
+vosotros, que nacisteis con vista, cerráis los ojos a la luz. Vuestra
+unión ilícita es un pecado mortal para vosotros y un escándalo para los
+fieles. Casaos, almas de cántaro, y vivid como Dios manda y la sociedad
+desea.
+
+En la cara de la Pimentosa parecían fluctuar batallando la cólera y el
+respeto, y con turbada lengua se disculpó así:
+
+--Bueno, ya lo sé.... ¡Caramba, qué trompeta de Padre!.. No soy sorda....
+Yo bien sé que Su Reverencia habla con razón. Pero yo me voy a separar
+de Tablas, yo reniego de Tablas, que es un holgazán, que me está
+comiendo lo que gano y lo que heredé de mi difunto.
+
+--Pues separaos, por la Virgen Santísima--dijo Gracián con más suaves
+modos--. Si él es un borracho, un haragán y un libertino, váyase
+enhoramala. Ayer lo calentó las orejas en casa del Sr. Carnicero. Pero
+él no desea romper esta unión ilícita, sino casarse. Tiene buen fondo.
+Decidid una cosa u otra; estáis llenos de pecados, vivís como fieras, no
+como cristianos.
+
+--Padre, por amor de Dios--dijo Nazaria aterrada por las palabras del
+clérigo--. No me caliente la cabeza. Estoy esta tarde que si me acercan a
+la lumbre, ardo. El mal que padezco....
+
+--Sí, ya sé que padeces un mal insufrible. ¿Pero de qué proviene ese mal?
+Proviene de tus infames vicios, de la glotonería primero, de la cólera
+después y de otros grandes y deplorables pecados. Luego no quieres
+atenerte a la medicina ni al dictamen de entendidos físicos, sino que te
+entregas a la superstición. Has de saber que es ultrajar a Dios y a los
+santos creer que con palitroques pasados por los pies de una imagen se
+curan las enfermedades, y que el romero guisado al compás de un credo
+sirve para hacer buen quilo. ¡Error, necedad, irreverencia,
+sacrilegio!... No veo en esta casa más que escándalo y
+profanación--añadió colérico, revolviendo sus ojos y mirando las estampas
+que llenaban las paredes--. ¿Qué significan estos retratos de toreros
+confundidos con los santos más venerables? ¿Qué significan esas muletas
+y esos estoques, banderillas y puyas, colocadas en pabellón y como al
+modo de ofrenda al pie de la Santísima Virgen? ¿Y esa cabeza de toro que
+tiene pendiente de cada cuerno un Niño Jesús de alcorza?... Mujer
+escandalosa, hasta en los adornos de esta casa se conoce que reinan aquí
+la profanación, el escándalo y el vicio.
+
+--Así tenía mi marido la casa--dijo Nazaria alzando su nariz provocativa,
+por donde entró un chorro de aire que sonaba a resoplido de fragua.
+
+--Bueno estaría también tu marido--dijo Gracián, haciendo un mohín de
+escarnio--. Los sentimientos de la gente de esta casa se revelan hasta en
+lo más insignificante. Pues si fuera a ocuparme de todo lo que hay aquí
+de reprensible, ¿qué diría, señora Nazaria, qué diría de la bárbara
+crudeza con que es tratada esa pobre niña, o mujer canija, hija del
+señor Tablas?... Os tratáis como duques, y ella se confunde con los más
+lastimosos pordioseros. ¿Qué tal? ¿Es esto cristiano, es esto honrado?
+Pero donde no hay verdadera familia no puede haber sentimientos
+humanitarios ni caridad. Casaos, casaos, reconciliaos con Dios y con la
+Iglesia, no me cansará de decirlo. Si así lo hacéis, después todo se os
+hará fácil. Salvad vuestra alma, y no contaminéis otras almas que aún
+están puras. Curaos de vuestro daño, y así ninguno que esté próximo a
+vosotros se contaminará de él.... Os amonesto por tercera vez, y os
+amonestaré la cuarta y la quinta, porque yo, que he despreciado tantas
+veces la muerte, ¿qué caso puedo hacer de vuestra resistencia? Nazaria,
+vuelve en ti, oye mis consejos. Citando tu corazón de un grito, corre a
+la iglesia, no te detengas. Me hallarás en mi confesionario. Adiós.
+
+Sin hacer reverencia alguna, impávido, formidable, como el guerrero que
+ha cumplido su deber en lo más recio de un combate, salió seguido del
+Hermano. Cuando bajaba la escalera, Tablas subía.
+
+
+
+
+-XII-
+
+
+Abrió el gigante la puerta de la sala donde su giganta estaba, y antes
+de entrar echó en redondo una mirada recelosa, bajando la barba al pecho
+y escondiendo los ojos bajo las negras cejas. La amenazadora expresión
+de su ceño, la prominencia de su frente abultada y aquel mirar hosco
+daban a su cabeza semejanza con la espantable testa del toro jarameño
+cuando aparece en el circo, y reconoce con su mirar de fuego el ansioso
+público, y parece que él mismo, antes de empezar la lidia, se espanta de
+la barbarie que se prepara.
+
+La nariz de Nazaria se infló hasta no poder más. En aquellos momentos
+necesitaba mucho aire. Tablas dio algunos pasos hacia ella, y echándose
+ambas manos a la estrecha cintura, se meneó a un lado y otro como muñeco
+de goma, y escupió estas palabras:
+
+--¡Cristo!... si habré dicho alguna vez que no quiero clerigones en
+casa.... ¿Por qué los has recibido?
+
+Pimentosa echó mano de un abanico y replicó así:
+
+--Porque me ha dado la real gana.... En paz.
+
+--En guerra.... Si les vuelvo a encontrar... van a la calle por el
+balcón... y tú detrás.
+
+--¡Valiente papamoscas! Pero hombre, no mates tanta gente, que se acaba
+el mundo.
+
+--¿Qué buscaban esos pillos?
+
+--El pillo eres tú... salvaje. ¡Tanto rezar rosarios en casa de D.
+Felicísimo, y llama pillos a los señores sacerdotes!...
+
+--¿A qué venían?
+
+--A lo que nos ha dado la gana.
+
+--Vamos, vamos--dijo Tablas contoneándose otra vez--, que hoy estoy tan
+bromista, que si me tocan, por cada dedo me sale un tiro.
+
+--Lo que a ti te sale es el aguardiente que has bebido.
+
+--¡Nazaria!...
+
+--Úrgame tanto así, y verás lo que es canela.
+
+--¡Nazaria!...
+
+--¿En dónde has estado hoy? dilo pronto--gritó la Pimentosa hablando a
+borbotones--. ¿Quién es ese _futraque_ que vino a buscarte?
+
+--A ti no te importa eso.... Toma varas con los sayos negros y déjame a
+mí.
+
+--¡Borracho!
+
+--¡Pues y tú!..--exclamó Tablas, mascando su cólera--. Vamos, no quiero
+incomodarme.... ¿Por qué has recibido a los clérigos?
+
+--Porque es mi santa voluntad. Soy reina de mi casa.
+
+--Reinita nada menos....
+
+Tablas miró a un palo que en el rincón de la sala había, y que sin duda
+iba a intervenir como tercer personaje en aquella escena.
+
+--Sí, reina soy y ama de todo--bramó Nazaria pálida y furiosa, extendiendo
+los brazos--. Mío es el pan que comes, mía la ropa que vistes, mío el
+tabaco que fumas, y mías las copas, las copas....
+
+No pudo decir más porque la ahogó la tos. Su abultado seno trepidaba
+saltando, como vejiga de payaso.
+
+--Todo es de la señora, já, já...--dijo grotescamente López queriendo
+tornar en burlas afirmación que tanto le humillaba--. Después hablaremos
+de eso; pero ahora, dígame la reina por qué estaban aquí otra vez los
+sacripantes negros.
+
+--Porque yo les llamó ¿estamos?... porque me gusta el sermón y quise dar
+para las ánimas.
+
+--¡_Anima mea_!... Cristo.... Con que hay _pedriques_ en mi casa.... Pues
+mira yo te voy a dar la _Extrema_. ¿No te pido el cuerpo _hinsopo_?...
+Pues verás.
+
+Volvió a mirar el palo, que ya estaba, como si dijéramos, al paño,
+esperando el momento de salir al escenario.
+
+--Ladrón, si te mueves, te como...--gritó Nazaria en voz tan imponente,
+que Tablas, ya en camino de traer al tercer personaje, se detuvo en
+medio de la sala--. Ponte en la puerta de la calle ahora mismo, holgazán,
+gorrón, que el pan que me has comido, mejor habría sido echarlo a los
+perros.... ¿Pues no te contentas con gastarme mi dinero y arruinarme la
+casa, sino que me amenazas?... ¡Por vida del arpa del tío David, yo
+tenía más dinero y más _comenencia_ que cuatro reyes, y tú me has
+llenado de trampas! Por ti y tus vicios estoy empeñada en más miles que
+pesas, trapalón, y cuando toquen a embargar, la viuda de Peribáñez el de
+Candelario tendrá que ponerse al buñuelo, a la castaña, al aguardiente o
+al mondongo.... Sacados te vea yo los ojos, hi de mujer mala. Dime,
+calzonazos, ¿en dónde están mis alhajas qué daban envidia a las de la
+Pilarica en Zaragoza? ¿en dónde están mis cuatro mantones de Manila que
+parecía que los habían bordado ángeles con manos de rosa?... ¡Ah! ¿dónde
+ha de estar todo aquel tesoro? En _Peñíscola_, para que el señor beba,
+para que el señor monte a caballo y vaya a derribar vacas, para que el
+muy mamarracho convide a los gorrones y tenga mozas.... Ea, fuera
+espantajos. Por aquella puerta se va a la calle....
+
+--¿Sabes lo que te digo?... pues que eres una cotorra charlatana y hay
+que cortarte el pescuezo.
+
+--¿Sabes lo que te digo? pues que a otros de más hígados que tú los he
+tendido yo de un soplamocos. Mejor tuvieras vergüenza y fueras persona
+decente como yo. ¿En dónde pasas las noches?... ¿en qué gastas el
+dinero?... Y luego viene diciendo el bobo que se trata con esos señores
+de política, y que está armando un gatuperio como el de los tiempos en
+que cayó la Mamancia.... ¿Qué entiendes tú de eso, cafre, si andas en
+dos pies porque al Señor se le olvidó hacerte la cruz en el lomo?...
+Mira que no se ha acabado la madera de que hicieron las horcas en la
+plazuela. Allá te quisiera ver colgado como una butifarra para ir a
+tirarte de las piernazas y verte haciendo más visajes que un cómico con
+hambre. ¡Política el señor Tragacantos! ¿De cuándo acá tenemos esas
+sabidurías? Lo que tú harás será engañar al pobre D. Felicísimo que te
+dio la primer bazofia que comiste en el mundo, y venderle a los masones,
+contándoles lo que pasa en su casa. ¡Ah! bribonazo, si creerás embobarme
+a mí, que conozco tus mañas y sé dónde te aprieta la herradura.
+
+--¡Ah!... ¡re-sangre! si digo que voy a echar al gato esa
+lengüecita...--dijo Tablas abalanzando sus pesadas manos hacia la cara de
+la Pimentosa.
+
+--Quita allá esas aspas de molino--replicó ella rechazando con
+extraordinaria energía las manos de su hombre.
+
+--Maldita sea la hora....
+
+Bramando así con insensata ira, Tablas hizo un gesto, o instantáneamente
+enganchó en su garra el moño negro de la giganta. La giganta rugió como
+una leona, levantose, hubo formidable choque de cuerpos y cruzamiento
+horrible de brazos tiesos. Se balancearon, se oyó un doble gemido y un
+estertor siniestro, señal de violentos esfuerzos. Pero la gigantona
+logró desasirse, blandió sus fornidos brazos, echó un temporal por su
+nariz, y rápida como el pensamiento, dio un salto, dos, tres. El piso
+temblaba como si pasara un carro. Nazaria llegó a una mesa y cogió un
+objeto voluminoso que encima de ella había. ¿Qué era aquello? Era una
+urna de madera y cristal, alta de tres cuartas. Dentro de ella había una
+virgen de los Dolores, y encima un toro de yeso, dos toreros, un niño
+Jesús, una enormísima moña. Alzó en sus manos la mujerona todo aquel
+catafalco religioso-taurino, y en menos tiempo del que se necesita para
+pensarlo, cayó todo con estrépito formidable sobre la cabeza de Tablas.
+La increpación o voz felina que este lanzó al recibir el golpe no es
+para descrita. Los vidrios rotos sobre su cráneo rasgaron su frente. Sin
+sentir manar la sangre corrió en busca del palo; pero antes de llegar,
+ya se le interpuso la Pimentosa con una silla enarbolada en ambas manos.
+El gigante tomó otra silla. Se detuvieron un momento mirándose cara a
+cara; echándose mutuamente su ardiente resuello y cruzando los rayos de
+sus ojos llenos de ira. De repente la giganta soltó el mueble; había
+tenido una idea feliz, salvadora. Dio un paso atrás, revolvió en su
+cesto de costura, sacó una navaja enorme, y corriendo en seguimiento del
+gigante, que retrocedía espantado, exclamó con bramido:
+
+--Te degüello....
+
+Entraron algunos vecinos, para quienes no era nuevo aquel laberinto,
+aunque hasta entonces no había ocurrido pendencia tan ruidosa en casa de
+Nazaria; entró también Romualda dando gritos, y todos se dedicaron a la
+grande obra de la pacificación. Cada contendiente se vio rodeado de un
+grupo y oyó las exhortaciones más razonables. ¡Cosa extraordinaria! El
+primero en quien se notaron síntomas de aplacamiento fue el descalabrado
+López, el ofendido de palabra y de obra. Gruñendo como un mastín
+apaleado, dijo que él no quería perderse, que era demasiado hombre de
+bien para perderse, y que no había mujer alguna en el mundo merecedora
+de que se perdiera por ella un hombre. Nazaria no decía nada, pero con
+los resoplidos mostraba el desfogamiento de su cólera que parecía salir
+en mangas de aire desalojando el henchido seno. La navaja yacía en el
+suelo junto a los restos de lo que fue urna y a los pedacitos de toro de
+yeso que, pisados en la contienda, manchaban de blanco la fina estera.
+
+--¡Y está sangrando el canalla!--dijo la Pimentosa lanzando de su boca
+esas chispas de risa que saltan entre las llamas de la ira iluminando el
+rostro--. Parece un _Decehomo_.
+
+--No es nada, no es nada--dijo Tablas llevándose a la frente un pañuelo
+que le dio el fenómeno.
+
+--Rumalda--gritó la giganta--, baja y trae un poco de vino y aceite.
+
+Viendo que la furia de uno y otro se aplacaba poco a poco, los vecinos
+se fueron retirando.
+
+--Se incomoda uno por cualquier majadería--murmuró López, dejando que
+Nazaria le aplicase el pañuelo a la frente--. Cuando uno va a reparar ya
+ha hecho una barbaridad... y hombre perdido.
+
+--Le hablan a una con malos modos, y a una se le sube la mostaza a la
+nariz, y allá te vas lengua.
+
+--Y gracias que uno es prudente y sabe las mañas de la fiera y le para
+los pies...--dijo López queriendo dar explicaciones de su cobardía.
+
+--Y si a una le preguntaran con buen modo lo que buscaban los padres
+caras, una contestaría que venían a sus _pedriques_, y en paz. Pero se
+incomoda la gente por una palabra.... Hay lenguas que tiran coces.... No
+se puede remediar....
+
+--Yo soy un ángel; pero cuando me solicitan, embisto. ¡Qué genio me ha
+dado Dios! Yo mismo me tengo miedo a veces.... Rumalda....
+
+Rumalda había llegado con el aceite y con el vino, y Nazaria aprontaba
+el remedio que reclama toda cabeza sobre la cual se ha hecho pedazos una
+urna.
+
+--Rumalda, no tengo tabaco--dijo el atleta--; bájate al estanco... pronto,
+chica.... Pues como iba diciendo, si a un hombre como yo, que es todo
+pólvora, se le hubiera preguntado con decencia dónde había pasado el día
+y qué negocios traía con el _futraque_, el hombre habría contestado como
+un caballero. ¡Si aquí no hay misterio...! Que un señor, a quien conocí
+en casa de D. Felicísimo, viene a buscarme y me dice: «Sr. López, me va
+usted a hacer un favor muy grande.--Usted disponga, señor mío...--Pues
+hace dos meses, la policía registró una casa de la calle de Belén, donde
+se reunían unos cuantos partidarios de D. Carlos. La policía fue
+sobornada en aquella ocasión y no prendió a nadie. Pero el Gobierno ha
+cambiado los guindillas de soflama por otros, y anoche volvió la policía
+a registrar la casa de la calle de Belén, y pescó a cinco sujetos, y les
+puso en la cárcel de Villa.--De lo cual me alegro, Sr. D. Salvador.--Pues
+mire usted, Sr. Tablas, yo vengo a que usted me haga el favor de
+proporcionar a uno de esos cinco sujetos los medios de fugarse, porque
+corre el run run de que les van a fusilar.--¿Es pariente de usted?--Sí
+señor. ¿Usted ha estado empleado en la cárcel de Villa?--Sí señor.--Usted
+favoreció la escapatoria de Olózaga.--Sí, señor.--Usted podrá hacer ahora
+otro tanto.--Sí señor.--Pues es preciso hacerlo.--¿Cuánto vamos
+ganando?--Tanto.--Es poco.--Pues cuanto.--Nos arreglaremos.--¿Quién es el
+sujeto?--Pues es Fulano de Tal.--Adelante, empezaremos a trabajar hoy
+mismo. Vamos al café y a la taberna; hablaremos con los chicos de la
+cárcel...». Total, que hemos estado todo el día inventando diabluras, y
+luego fuimos a casa de don Felicísimo, que también está empeñado en
+poner en salvo a ese preso. Y de unos y de otros he de sacar metal,
+mujer, mucho metal, para desempeñar lo que hemos empeñado, y quitar
+trampas... fuera trampas, venga acá dinerazo de la gente carlina, y
+juntándolo con el dinerito de la gente masona, verás como nuestra
+hacienda se pone otra vez de pie....
+
+La reconciliación era ya segura, y los endurecidos ánimos se ablandaban
+rápidamente al calor de la confianza. La idea de que Tablas ganase algún
+dinero, idea novísima y extravagante, produjo en el espíritu de Nazaria
+benéfica y reparadora reacción. Aunque no era tonta, se dejaba alucinar
+fácilmente por risueñas quimeras, como persona crédula y sin experiencia
+que había vivido siempre en el mayor desorden moral y económico, y ya le
+parecía estar viendo las talegas que entraban por la puerta, ganadas en
+la explotación de toda aquella caterva política que ya se llamaba
+carlina ya masónica. Tablas había derrochado sumas relativamente
+considerables. Si ahora traía a la casa otras sumas mayores, se trocaba
+de libertino y perdido en el hombre más allegador y apersonado de todo
+el barrio. ¡Bien, re-Cristo! Nazaria, que juntamente con la fiereza
+tenía la inocencia de la bestia cornúpeta a quien tan fácilmente engaña
+un vil trapo rojo, se calmó y sintió dolor muy vivo de haber ofendido a
+su gigante. Así procede siempre, pasando de salvajes cóleras a
+vergonzosas condescendencias, toda esa gente desalmada, ignorante y tan
+incapaz de calcular sus intereses como de refrenar sus pasiones.
+
+Se reconciliaron. El aceite juntó su pringosa suavidad con la acritud
+astringente del vino, y batidos y juntados sellaron el pacto, cuando los
+dedos gordezuelos de Nazaria vendaban aquella frente merecedora del yugo
+para tirar de un arado.
+
+Dignos de lástima eran aquellos dos seres, pertenecientes a la clase más
+numerosa y más compleja del país, por la confusión de vicios y virtudes
+que en ella había; pero Nazaria merecía más que su cómplice la
+compasión, porque valía un poco más, valiendo muy poco. En ella la
+barbarie y la tosquedad eran tales, que ahogaban los sentimientos
+generosos que a veces brotaban en su corazón cual hierbecilla en la
+grieta húmeda. Una religiosidad sonora y supersticiosa no bastaba a
+suplir en ella la falta absoluta de luces y de ideas morales. Vivía en
+el escándalo, sostenida por el ejemplo de otros escándalos mayores, y
+aunque alguna vez nacía y se agitaba en su alma como un misterioso
+prurito del bien, una especie de adivinación que ella no podía precisar,
+eran tales las exigencias de la naturaleza en ella, que no podía, ni en
+pensamiento, separar su persona de la persona de aquel monstruo.
+¡Irresistible atracción la de un gigante que ni era listo, ni simpático,
+ni noble, ni siquiera guapo! Tan grande es la miseria humana, que allí
+donde aparentemente no hay cualidades que sirvan de base a un verdadero
+amor, suelen encontrar alguna las gigantas fogosas como la hermosa viuda
+de Peribáñez.
+
+
+
+
+-XIII-
+
+
+¡Qué lejos estaba el excelente padre Gracián de que su exhortación moral
+había motivado una reyerta que pudo ser drama sangriento! Él se retiró
+aquella tarde muy satisfecho después de haber predicado la unión, la
+concordia y la paz matrimonial en otras dos o tres casas. Al entrar en
+su celda pensó que el día había sido fecundo en resultados evangélicos,
+y que con muchas batallas semejantes, pronto había de verse el Enemigo
+muy mal y acorralado en las últimas trincheras del pecado.
+
+Antes de dormir, consagró dos horas al estudio y a la ciencia de que era
+maestro en las aulas del Colegio Imperial, la profunda y enmarañada
+Ética. Después oró y meditó por espacio de otras dos horas largas,
+puesto de hinojos a ratos, y a ratos tendido boca abajo sobre el suelo.
+Lejos de haber en este las blanduras suntuarias con que los pecadores
+atienden al sibaritismo de los pies, era la dureza misma combinada con
+la frialdad, para que la mortificación fuese conforme a la implacable
+saña con que varón tan santo trataba a su carne miserable. Allí no habla
+alfombra, ni estera, ni cosa que a tal se pareciese, sino ligera capa de
+tierra, rojiza extendida sobre los ladrillos, la cual era traída de la
+cueva de San Ignacio en Manresa y servía para producir en el espíritu
+del clérigo la piadosa ilusión de que en la misma santa cueva estaba.
+Últimamente había repartido entre sus buenos amigotes tantas
+porcioncillas de aquella bendita y quizás milagrosa arcilla, que la
+celda se iba quedando limpia, y por varias partes pedía algunos
+escobazos que la acabaran de limpiar. Lo demás de la reducida estancia
+era insignificante y revelaba la humildad y el estudio, cosas en verdad
+que fraternizan perfectamente.
+
+El jesuita durmió después de estudiar y de mortificarse, y abandonó de
+madrugada el lecho. Rezó, dijo misa, (y las suyas por lo tempranas y lo
+largas, eran muy elogiadas entre las personas piadosas de aquel populoso
+barrio) y después entró en su cátedra, seguido de muchedumbre de
+escolares. Esto se repetía diariamente, mes tras mes, año tras año. En
+sus explicaciones filosóficas, Gracián realizaba el prodigio de volver
+claro lo oscuro y de hacer ver las honduras de aquella ciencia,
+iluminando la superficie con la luz de un método admirable y de un decir
+ameno. Sus discípulos le querían por todo extremo, y era uno de esos
+maestros siempre preferidos y siempre elogiados que hacen amable el
+estudio. En las horas de recreo veíase rodeado de enjambre de
+colegiales, que dejaban el escaso solaz de aquella hora para consultar
+con el Padre puntos oscuros de la conferencia señalada, y platicar sobre
+cualquier tema de humanidades o teología, pues en todo ello y aun en
+otra clase de sabidurías era muy versado el bendito clérigo.
+
+En aquellos tiempos, ¡oh tiempos clásicos! todo se estudiaba en latín,
+incluso el latín mismo, y era de ver la gran confusión en que caía un
+alumno novel, cuando le ponían en la mano el Nebrija con sus reglas
+escritas en aquella misma lengua que no se había aprendido todavía. Poco
+a poco iba saliendo del paso con el admirable método de enseñanza
+adoptado por la Compañía, y acostumbrándose al manejo del Calepino para
+los significados castellanos, y del _Thesaurus_ para la operación
+inversa, pronto llegaba a explicarse como Quinto Curcio o Cornelio
+Nepote. Las lecciones se daban en latín, y para que los chicos se
+familiarizasen con la lengua que era llave maestra de todo el saber
+divino y humano, hasta se les exigía que hablasen latín en sus
+conversaciones privadas, de donde vino esa graciosa latinidad
+macarrónica, que ha producido inmenso centón de chistes, y hasta algunas
+piezas literarias, que no carecen de mérito, como la _Metrificatio
+invectivalis_ de Iriarte y las sátiras políticas que se han hecho
+después. Si Horacio y Cicerón hubieran, por arte del Demonio, salido de
+sus tumbas para oír como hablaban los malditos chicos del Colegio
+Imperial, habría sido curioso ver la cara que ponían aquellos dignos
+sujetos a cada instante se oía: _Quantas habeo ganas manducandi!...
+Carissime, hodie castigavit me Pater Fernández (vel á Ferdinando),
+propter charlationen meam.... ¡Eheu, paupérrime! ¿Ibis in calabozum?...
+Non; sed fugit meriendicula mea. Dum tu chocolate bollisque amplificas
+barrigam tuam, ego meos soplabo dedos. Guarda mihi quamquam
+frioleritam._
+
+El que así se expresaba era un muchacho despiertísimo, nombrado Calisto
+Rodríguez, aunque en el colegio, sin dada por lo diminuto de su persona
+y por su inquietud de ardilla, nadie le llamaba sino Don Rodriguín. Era
+tan bizco que, al mirar, un ojo se le metía detrás del otro, como
+malicioso flechero, que se esconde para hacer mejor la puntería de su
+dardo. Su travesura y charlatanismo daban no poco que hacer a los
+Padres, y si adelantaba en sus estudios era más bien por sus brillantes
+dotes que por su aplicación. El estrabismo daba chocarrera gracia a su
+rostro, y con el bonete terciado, como solía llevarlo, parecía un
+diablillo enmascarado de clérigo. Alborotaba mucho en las horas de
+recreo; sublevaba las masas escolares en las de estudio, y a pesar de
+pertenecer a una familia rabiosamente carlina, en la cual había muchos
+canónigos, frailes y hasta un obispo, sus inclinaciones eclesiásticas no
+eran muy decididas.
+
+Por jácara, más que por espíritu de erudición, D. Rodriguín se había
+prohibido en absoluto la lengua castellana, y hasta las frases más
+familiares y las más insignificantes expresiones las latinizaba con
+zandunga, entremezclando siempre en su charla trozos de los clásicos y
+fragmentos de verso y prosa, vinieran o no a cuento. Así, cuando se
+escabullía de la sala de estudio para ir a fumar un cigarro a
+hurtadillas, decía: _Eo in chupatorium, procul negotiis_. El
+_chupatorio_ era un rinconcillo del claustro alto, que daba al patio, y
+recibió este nombre por ser lugar a propósito para echar una fumada sin
+ser visto de los Padres. Para anunciar a sus compañeros en la sala de
+estudio que venía el Padre Fernández, varón pesado cuyos pies de plomo
+hacían temblar el pavimento, decía: _Cavete Ferdinandum.... Ecce
+draco.... Exaudite... quatit ungula campum_. En las horas de recreo, en
+el claustro bajo, no perdía ripio para motejar a los condiscípulos, y si
+algún extraño entraba en la casa para hablar con los jesuitas, Grijalva
+le había de echar su latín correspondiente, _verbi gratia_:
+
+«_Videte Piaonem ad petendum Gratianum... arcades ambo_».
+
+El bueno de D. Juan iba muchas tardes en busca del Padre Gracián para
+conferenciar con él de los últimos obstáculos que convenía allanar para
+casarse con Micaelita.
+
+Hablando de la tierra con que el profesor de Ética alfombraba su celda,
+decía el estudiante: «_Sunt quos pulverum manresianum collegisse
+jurat_».
+
+Durante las partidas de pelota, a que era muy aficionado, se le oía
+constantemente: «_Bene... fortiter.... Italiam contra... ego valeo....
+amen dico... vobis... fuerunt vel fuere... pasce capellas_».
+
+Era el capitán de todas las fechorías perpetradas en el colegio, de
+noche, burlando la vigilancia de los Padres, bien para hacer un escalo
+en la despensa y proveerse de víveres, bien para efectuar un bromazo,
+eligiendo por víctima a un desdichado novato sin experiencia. Si alguna
+tarde lograba escaparse y subir a las boardillas, se entretenía en tirar
+cáscaras de nueces a los balcones de Nazaria que fronteros de la fachada
+del colegio estaban, o en disparar peladillas contra la cojuela, que
+solía sentarse por las tardes en la puerta de la carnecería, _templum
+mantecationis_.
+
+Otras muchas barrabasadas hacía para matar el fastidio y hacerse
+aplaudir de sus compañeros, pues le gustaba, como a todos los traviesos,
+oír los encomios de sus atrevimientos. Pero su mayor lucimiento provino
+de una memorable invención suya, con la cual alcanzó aplausos y
+lisonjas, que traspasando el círculo del colegio, llegaron al público.
+Fue que compuso un _Discurso apologético macarrónico_ sobre un suceso
+público de la más alta importancia en aquellos días, y lo hizo con tan
+gracioso desparpajo, tanta donosura en los disparates, tan grande
+agudeza en lo descriptivo y tan furibunda intención en la sátira
+personal, que la composición produjo en el colegio un verdadero
+escándalo.
+
+Habiendo enfermado D. Rodriguín a principios de Junio, su familia le
+sacó del colegio. Restablecido en un par de semanas, no quiso volver a
+la clausura hasta no presenciar las grandiosas ceremonias de la jura de
+la Princesa Isabel, y las alegres fiestas de los tres días que siguieron
+al 20. Todo lo vio y en todo metió las narices el bullicioso estudiante,
+desde la imponente función de San Jerónimo, hasta la justa de los
+maestrantes fuera de la puerta de Alcalá; desde la fiesta nacional de
+toros con caballeros en plaza, en la Mayor, hasta el simulacro militar.
+Cansado de tanto correr, durante los tres días, entró en el colegio,
+tomó la pluma, y enjaretó su famoso _Discurso apologético macarrónico_.
+A medida que iba escribiéndolo, leía trozos de él en los corrillos de
+estudiantes, y bien pronto la fama de aquellos graciosos dislates se
+extendió por San Isidro, llegó a oídos de los Padres, y estos pidieron
+el manuscrito 11. Negolo y no quiso darlo D. Rodriguín por temor a una
+reprimenda; pero como ya los escolares amigos del autor habían sacado
+varias copias, facilitaron una al Padre Fernández (_vel a Ferdinando_),
+el cual se regocijó mucho con la lectura. Enterados los demás jesuitas
+se rieron en coro y a todo trapo, porque además de las chuscadas de la
+forma, había en el discurso una intención satírica que les agradaba en
+extremo. Don Rodriguín no fue castigado por su travesura latinizante;
+entregó a los Padres el manuscrito original donde se conservaba, según
+dijo, toda la pureza clásica del texto, libre de los múltiples errores
+de las copias, y gozó extraordinariamente con su triunfo literario.
+
+Es lástima que no podamos dar a conocer en toda su extensión esta obra,
+que uno a sus gracias, el mérito de ser un precioso documento histórico,
+pues en ella está descrito con detalles mil el solemnísimo acto de la
+jura, y narradas las fiestas con que la monarquía quiso hacer memorable
+aquel suceso. Los personajes todos de la época, retratados en
+caricatura, dan mayor realce al discurso, y la intención perversa que en
+cada comentario campea, pinta el espíritu de un bando político que era
+en aquellos días, si no la mayoría, parte grande y granada de la Nación
+española. En la imposibilidad de transcribir la composición entera,
+daremos cuenta de ella según el arte y modo de la crítica ligera,
+haciendo resaltar algunas de sus caprichosas donosuras, y callando mucho
+de lo que contiene, por ser materia vedada a la publicidad.
+
+Empezaba describiendo la comitiva que salió del palacio de San Juan para
+San Jerónimo, el aspecto de este templo, la corte y su servidumbre, los
+obispos, los procuradores de las ciudades con voto en Cortes y los
+treinta títulos de Castilla que representaban la nobleza del reino.
+Luego venía el _Magister ceremoniarum_, el _Indiarum Patriarca_, el
+duque de Medinaceli (_Coelico-Metinensi dux_) presidiendo a los
+nobles.... «_Concurrebant cortesani frailesque_, decía el texto,
+_milites cum morrione atque canonici cum piporro. Turbamulta sequebat
+guardiarum Corporis cum ban doleris, et damarum caterva inter mayordomos
+miscuebatur_». Pintando al Rey, que en su trono presidía el acto, se
+expresaba Rodriguín en estos irrespetuosos términos: «_Regium estafermum
+in throno posuerunt. Inmovilis tanquam sacus furfuris lascivis oculis
+circunspicebat danarum pectorem quasi nudum et caritas guapas_». A
+Cristina y demás familia la nombraba en términos más irreverentes aún.
+«_Venus Partenopea, graciositer fecebat perendengues inter caballeritos,
+dum tenera Isabella pendebat a nodrizae_ _mamellis. Dominus
+Francisquitus cum Carlota ejus sedebat in aureo rincone. ¡Oh quantum
+erat inflammata Carlota propter vinum!_».
+
+_Conticuere omnes_, decía al narrar la ceremonia, y luego contaba cómo
+había jurado D. Francisco poniéndose de rodillas y extendiendo la mano
+sobre el crucifijo; cómo le había abrazado el Rey, cómo había el Infante
+besado la mano de Cristina y de la Princesa. Al llegar aquí lanzaba el
+autor una larga epifonema y luego ariadía: _Sic itur ad astra_.
+
+Describía el desfilar de los Procuradores, obispos y grandes, que uno
+tras otro se adelantaban lentamente para jurar, _sicut recua_, y en el
+párrafo siguiente ponía la salida pública de la corte desde San Jerónimo
+hasta Palacio. _Cum repeto diem_, exclamaba parodiando a Ovidio,
+_agitantur in manibus castañuelae meis_. La famosa función de toros con
+caballeros en plaza, espectáculo nuevo en Madrid por aquel tiempo, era
+tratada por D. Rodriguín con la amplitud que el caso merecía. No se
+libraron de sus dardos los caballeros rejoneadores, ni las damas que les
+apadrinaron, ni los alcaldes de Corte que dirigían la fiesta. No se dejó
+en el tintero ninguna de las partes de la fiesta, y en toda su charla
+macarrónica se veía claramente la idea de representar en el pobre toro
+aburrido y pinchado por todas partes al partido cristino, de quien daban
+cuenta al fin, rematándolo, los apostólicos, representados en el
+simbólico circo por espadas, picadores y puntilleros. _Plaudite cives_,
+decía al fin, _et ruant masones, turba mentecatorum_. Concluía este
+párrafo diciendo que pronto empezaría la corrida en los campos de
+batalla, y exclamaba: _Cedant cornu armae_.
+
+No nos ocuparemos del resto de la composición porque su contenido es
+demasiado extenso y quizás harto desenfadado. Para completar su obra, el
+pícaro estudiante satirizó también al Comisario de Cruzada, Sr. Varela,
+_plena cruoris hirudo_ (sanguijuela llena de sangre), que hizo
+cuantiosos donativos a los pobres para celebrar la jura; también flageló
+al general Castaños, nombrado duque de Bailén, y a todos los demás que
+recibieron mercedes en aquellos días. Y amenazándoles les decía en el
+último delirio macarrónico: _Jam vobis dicabitur misis_, ya os lo dirán
+de misas.
+
+
+
+
+-XIV-
+
+
+No marchaba muy bien el negocio que Salvador entre manos traía, porque
+la vigilancia en la cárcel de Villa era más estrecha y rigurosa que en
+los tiempos de la dramática evasión de Olózaga. En vano Tablas llenaba
+de aguardiente los cuerpos de uno y otro mandadero, sin olvidar la
+conquista de los alcaides por medio de merendonas y duros; en vano se
+hacían trabajos en esfera, más alta, dirigidos a ablandar o corromper a
+sujetos de mayor categoría. Con disimulo, pero también con brío
+gestionaba Genara, más que por afecto al preso, por librarse de la
+situación desagradable en que el encierro de su esposo la ponía; y
+Pipaón (_patriarca zascandilorum_, según el macarrónico), de acuerdo con
+Carnicero y otros compadres, manejaba también con arte sus considerables
+influencias. Tantos esfuerzos reunidos dieron al fin el resultado feliz
+que todos deseaban; pero hay indicios seguros de que el Sr. Navarro
+debió principalmente su venturosa escapatoria, a la condescendencia o
+complicidad de la gente menuda, siempre venal; de modo que Salvador no
+se arrepintió de haber recurrido al buenazo de Pedro López, ni este se
+arrepintió de servirle, porque, habiendo cobrado en moneda corriente sus
+estipendios y el importe de todos los gastos, pudo ofrecer a la iracunda
+Nazaria parte del caudal que le había derrochado. Después se verá en qué
+emplearon el dinero adquirido por tan extraña industria.
+
+Los presos eran tres: D. Carlos, un fraile aragonés que pereció el año
+35 en Zaragoza cuando la célebre causa y conspiración de D. Vicente Ena,
+y un capitán de caballería que desde mucho antes andaba en aquellos
+trotes, y después de ser masón el 20 e indefinido el 24, había ingresado
+en los nacientes y aún no fogueados ejércitos del Infante. No habría
+sucedido nada si todos los señores congregados en casa de las de Porreño
+hubieran procedido con la discreción que se acostumbraba en tales
+reuniones ilícitas cuando las sorprendía la justicia. Seis de los
+conspiradores se escondieron en lo más hondo de la casa; el capitán y el
+fraile se pusieron a rezar el rosario; mas D. Carlos Navarro, que era,
+por su geniazo díscolo y entero, enemigo de bajas comedias y de
+disimulos viles, afrentó a los polizontes, les dijo mil herejías, y no
+pudiendo contener su ira, abofeteó al que parecía principal entre ellos.
+Este acto de violencia, cuando lo que hacía falta era maña y dulzura,
+les llevó a los tres a la cárcel de Villa, donde habrían estado todo el
+tiempo que exige una buena y voluminosa causa de mil folios, si no
+vinieran en auxilio de Navarro las tramas que hemos mencionado, en
+auxilio del fraile el fuero eclesiástico, y del capitán la muerte, que
+se le llevó a los seis meses de encierro.
+
+La desolación que causó a las dignas señoras de Porreño aquel suceso, no
+se expresa con las frías palabras de la historia. El descrédito de su
+casa, la vergüenza y el azoramiento en que desde entonces vivían, y por
+último, la falta del auxilio pecuniario que D. Carlos les daba,
+precipitaron de tal modo su decadencia, que bien pronto se vieron en
+aquel término lastimoso en que la estrechez se confunde con la miseria.
+
+El atroz Navarro, luego que se vio fuera de la cárcel no quiso averiguar
+el poder que le había salvado. Su orgullo le inclinaba a no atribuir su
+salvación a ninguna persona que le tuviera afecto. «A mí nadie me
+quiere, decía, nada tengo que agradecer a ningún hombre. Sólo Dios me ha
+salvado». Pasó algunas horas en casa de las señoras, en cuya compañía
+había vivido, los dio una limosna con carácter de liquidación de
+atrasos, y acompañado de Oricaín y Zugarramurdi, que habían quedado
+libres y que siempre le eran fieles, partió disfrazado de arriero para
+las Provincias Vascongadas y Navarra. Nadie le vio. Se fue con su
+indignación crónica y su incurable soberbia, siempre enfermo, gruñón
+siempre. A nadie dio cuenta de sus planes, y parecía detestar a sus
+comilitones políticos lo mismo que a sus enemigos. No quería tratos con
+nadie, ni con su hermano, a quien no podía amar aunque lo intentase, ni
+con su mujer, a quien aborrecía de la manera extraña que se aborrece lo
+amado. Aquel carácter tétrico, compuesto de orgullo y tenacidad,
+endurecido más por el tedio, la desconfianza y la lesión hepática,
+necesitaba manifestarse en una acción propia y libre. La disciplina
+había concluido para él. Sonaba en la historia la trompeta lúgubre de
+las guerrillas. El feroz soldado de partidas la oía resonar en su alma
+solitaria y sombría, y marchaba sin saber adonde ni por donde. Sólo
+aquel eco podía despertar en aquella alma el amor a la vida, evocar la
+fe, o infundirle el ardor de un trabajo glorioso. Como estos soldados
+misántropos de corazón entenebrecido son más dignos de lástima que de
+odio, y como tienen, en medio de sus graves errores, cierta nobleza y
+lealtad que infunde simpatías, saludamos con respeto al fugitivo
+guerrillero, diciéndole: «Dios vaya contigo, salvaje».
+
+Entre tanto, el interés que Salvador había puesto en favorecer a su
+desagradecido hermano le ocasionó algunos disgustos, porque enterados de
+él algunos de sus antiguos amigotes y no acertando a comprender la
+verdadera causa de tal protección a un furioso enemigo del _Sistema_,
+declararon a Monsalud inconsecuente y traidor. «Después que tiene
+dinero, decían, se ha afiliado en las banderas del absolutismo y de los
+frailuchos, para poner en seguridad sus fondos». Aviraneta, que no
+gustaba de perder amigos, y era en el fondo un escéptico glacial, no
+dejó de tratarle por esto; pero Rufete, hombrecillo de gran vehemencia,
+que había hecho de sus ideas políticas una superstición india, le
+manifestó en briosas frases que sería su irreconciliable enemigo, y que
+si él (Rufete), partidario de todas las libertades, tropezaba en un
+campo de batalla o en una barricada con quien se había hecho prosélito
+de todas las tiranías, no estaba decidido a perdonarle. De estas
+baladronadas y de otros desprecios y majaderías que oyó, se reía el buen
+hombre, porque hallándose seguro de su rectitud, y deseando vivir lejos
+de los manejos políticos, no quería dar explicaciones ni menos complacer
+a la turba de falsos patriotas.
+
+El que siempre se le mostró leal y agradecido amigo fue Seudoquis,
+ascendido a coronel en los días de la jura, por los servicios prestados
+en la persecución de la partida de Campos. Estrechó más aquella antigua
+amistad, originada en peligros y desgracias comunes, la generosidad con
+que Monsalud salvó por entonces al flamante coronel de sus ahogos
+pecuniarios, que le habían traído a un estado de horrible desesperación.
+Seudoquis fue destinado a servir en Vitoria. Los dos amigos se separaron
+después de algunos meses de vida común y de pesares y alegrías;
+fraternalmente confiados. Gozoso Salvador de una amistad que en parte
+atenuaba la aridez de su vida, abandonose al afecto que Seudoquis le
+inspiraba y le confió algunos secretos de los que más quería.
+
+D. Benigno Cordero hizo a nuestro amigo algunas visitas, en todo el
+tiempo que medió desde Mayo hasta Setiembre. En la primera maravillose
+Salvador de oírle decir que no se había casado todavía. En las sucesivas
+maravillose más por la propia causa, y aún dijo algo acerca de lo mucho
+que pensaba y maduraba el insigne, cien veces insigne héroe de Boteros
+sus resoluciones. En estas visitas ocurría la particularidad
+inexplicable de que D. Benigno no hablaba de Sola ni de cosa alguna que
+con el cansado matrimonio tuviese relación. Hablaban de ocupaciones, de
+los negocios públicos, de las probabilidades de una guerra sangrienta,
+de la enfermedad de Su Majestad, la cual iba en tal manera creciendo,
+que pronto aquel animado muerto sería todo cadáver, entre el espanto de
+la monarquía huérfana. En las conversaciones de D. Benigno notaba
+Salvador una particularidad extraña y que no acertaba a explicarse. Era
+que el buen encajero no hacía más que preguntas y más preguntas, cual si
+antes fuese inquisidor que amigo, y no llevase más propósito que indagar
+la vida, conducta y pensamientos de su compañero de casa en San
+Ildefonso. Después de la primera visita D. Benigno bajó cojeando la
+escalera; y ciñendo estrechamente al cuello el embozo para abrigarse
+bien, dijo dentro de su capa: «No sirve, no sirve para el caso».
+
+En una de las visitas sucesivas (y entre unas y otras pasaban
+próximamente veinte días), dijo para sí: «No es digno, no, del
+incomparable regalo que he pensado hacerle». Más adelante aconteció que
+al compás de su trote cojo, murmuraba, marchando hacia su casa: «Quizás,
+quizás, sepa hacer buen uso de tan incomparable joya». Y por último,
+(allá por Julio o principios de 12 Agosto, el día antes de partir para
+los Cigarrales) salió de la visita, pensando así: «Bien va esto,
+Benigno, esto va bien».
+
+Partió, pues, a los Cigarrales en compañía de Alelí, que ya casi no se
+podía tener derecho, y allí, en aquel delicioso edén de almendros,
+aconteció lo que pronto, muy pronto verá el juicioso lector.
+
+
+
+
+-XV-
+
+
+Fue seguramente en aquellos mismos días cuando Pipaón, deseando rematar
+convenientemente sus honestas relaciones con Micaelita, determinó
+echarse al cuello la soga del matrimonio. Exigíalo su posición social,
+ya considerable, y lo pedía a grito herido su peculio, el cual con el
+acrecentamiento de los gastos y comodidades necesitaba refuerzos
+grandes. La idea de ver entrar en sus arcas dentro de poco tiempo las
+misteriosas sumas encarceladas por D. Felicísimo le quitaba los últimos
+escrúpulos que pudieran turbarle, y por ver aquella idea hecha realidad
+tangible y sonante se desposara él, no digo yo con Micaela, sino con el
+mismo individuo que está a los pies del patriarca San Miguel.
+
+Había pasado bastante tiempo para que el público diese al olvido las
+manchas que empañaron el antes limpio cristal de la reputación de su
+novia. ¡Bendito olvido, que es la moneda falsa del perdón, y corre de
+mano en mano produciendo admirables efectos! Aquel olvido, su propia
+conveniencia y las exhortaciones del Padre Gracián, que había puesto en
+tal unión empeño particular, labraron el propósito del ilustrísimo D.
+Juan Bragas, y una mañanita de Julio se levantó con la cabeza fresca y
+dijo frotándose las manos: «Boda tenemos; esto es hecho».
+
+Visitó a Gracián, a quien halló en su celda, (_inescobata célula_, según
+la expresión del consabido macarronizante) y el buen jesuita le felicitó
+por su buen acuerdo, diciendo que, al casarse, D. Juan honraba a su
+novia y se honraba a sí mismo, que la sociedad y la Iglesia se alegraban
+juntamente de ver concluídos en boda los noviazgos largos, y por último
+que él (_Gratianus horridus_) pediría a Dios concediese a los dignos
+esposos prole robusta y numerosa para bien de la cristiandad. D.
+Felicísimo también recibió con alegría la noticia, porque la colocación
+de su nieta había llegado a parecerle problema poco menos difícil que la
+cuadratura del círculo, y Doña María del Sagrario echó un gran suspiro
+que interpretado libremente expresaba las infinitas gracias que daba a
+Dios la buena señora por verse libre pronto del inaguantable genio de su
+sobrina.
+
+No hay que decir cuanto se regocijó la novia al ver próximo el término
+de la situación equívoca en que estaba, y al considerarse señora y dueña
+de una casa. Ella contaba con manejar al buenazo de Pipaón como a un
+dominguillo, y vivir a sus anchas gastando y triunfando. Pajarraco largo
+tiempo aprisionado y de no muy buenos instintos, ¿a dónde iría al salir
+de su jaula? De la esclavitud del matrimonio iba ella a hacer la
+libertad de sus apetitos vanos. Cuando vio asegurada la conquista de don
+Juan, empezó a hacer sus preparativos.
+
+Quiso Pipaón que su boda fuese de mucho aparato y bullanga. Hasta llegó
+a imaginar que le apadrinaran los Reyes, o en su nombre algún
+empingorotado magnate, pero fue tan mal recibido en Palacio, al tantear
+la voluntad de las personas elegidas _in mente_ por el cortesano para
+aquel fin, que se trastornaron sus planes. Esto le ocasionó suma
+tristeza, pero fue causa de una importante determinación, que más tarde
+había de conceptuar como una de las más felices de su vida. Debe
+advertirse aquí que, aunque el _patriarca zascandilorum_ asistía a las
+juntas carlistas del Sr. Carnicero, y en ellas trataba de hacerse pasar
+por uno de los más ardientes devotos de la causa del Altísimo, no estaba
+resueltamente decidido a embarcarse de un modo definitivo en tan
+arriesgado golfo. Como hombre de grandísimo espíritu práctico y
+acostumbrado a no dar un paso sin estar seguro de la firmeza del suelo
+en que iba a poner el cauteloso pie, mantenía en su pecho una
+imparcialidad saludable, que era, si bien se mira, el colmo de la
+sabiduría. Con sagacidad finísima observaba los elementos de uno y otro
+partido, la calidad y número de las personas que en ellos militaban, el
+grado de fuerza y vitalidad que en el país tenían, y hallándolos casi
+iguales y contrapesados, esperaba a que el tiempo y la Providencia
+robusteciera al uno con detrimento y merma del otro. Es claro como la
+luz del mediodía que en el momento de declararse la desnivelación, el
+hábil cortesano se lanzaría con entusiasmo férvido a las filas del
+partido mayor y más poderoso.
+
+Hallábase en lo más perplejo de su perplejidad, cuando le entró, sin
+duda por inspiración divina, el deseo de casarse. ¡Oh, _fortunate nate_!
+como dirían Virgilio y D. Rodriguín. ¡Quién había de decir que de sus
+proyectos matrimoniales le vendría la profesión de fe política que le
+salvó, apartándole del partido guerrero y de una causa que no triunfó
+entonces ni había de triunfar en lo sucesivo! ¡Ay! en un tris estuvo que
+personaje de tanta valía se perdiera para siempre, privando a la
+Administración española de sus eminentes servicios.... Es el caso que
+aquel desprecio con que fue recibido en Palacio afligió mucho al
+cortesano; la pena lo hizo reflexionar profundamente, y... no parece
+sino que Dios y la Santísima Virgen le tocaron en el corazón, porque
+desde aquel día empezó a tener presentimientos de que no triunfarían
+jamás las ideas absolutistas. Tuvo, si se quiere, cierta presciencia o
+adivinación genial de los venideros sucesos. A nuestro juicio, debe
+tenerse por cierto que la inspiración divina alienta no pocas veces a
+los cortesanos en todas las edades, y les ilumina y conduce para que no
+den esos terribles traspiés que a veces truncan lastimosamente las más
+brillantes carreras.
+
+Pipaón, después de pasar algunas semanas apartado de las logias
+mojigatas (¿por qué no se han de llamar así?) volvió a Palacio; hízose
+introducir con no pocas dificultades en la Cámara de la Reina, y allí
+juró y perjuró que él no era ni había sido nunca carlino; que él tenía a
+Su Alteza por uno de los más desatinados locos nacidos de madre; que si
+sostenía amistades con algunos individuos del bando de la fe, Dios era
+testigo de las exhortaciones que él (Pipaón) les había dirigido para
+desviarles de tan peligrosa y antipatriótica senda; _item_ más, que sin
+hacer gala de ello había trabajado como un negro (nos consta que empleó
+la misma frase) por la causa de su Reina niña, ganando voluntades,
+disuadiendo a este de sus herejías apostólicas, fortaleciendo el
+desmayado espíritu de aquel, desbaratando planes, y preconizando en
+todas partes las excelencias de aquella Monarquía ideal, histórica y
+libre, generosa y fuerte. Dijo también, que la niña era muy bonita y que
+los españoles todos la querían mucho, lo mismo que a su interesante y
+bondadosa mamá, y, por último, que él (D. Juan) seguía en sus propósitos
+de siempre, los cuales eran nada menos que derramar la última gota de su
+inútil sangre por la Reinita de tres arios, que había de ser (en esto no
+tenía duda; era una corazonada, una nueva inspiración divina) que había
+de ser, repetía, no sólo la segunda Isabel, sino la segunda Isabel la
+Católica.
+
+Cuentan los testigos presenciales de la anterior manifestación
+Pipaónica, que las ilustres personas a quienes el cortesano se dirigía
+no le dieron todo el crédito a que por sus honrados antecedentes era
+acreedor D. Juan. Cuentan también que este sacó de su inagotable ingenio
+nuevas y más enérgicas razones, y hasta se asegura (no garantizamos la
+exactitud de este último dato) que en los ojos del cortesano brilló una
+lágrima. Mas, ¿por qué no hemos de admitir una versión que tanto honra
+al bueno de Bragas? Sí; recojamos aquella lágrima de lealtad, vertida a
+los pies de una Reina, y guardémosla para engarzarla veinte años más
+tarde en la corona del marquesado de Casa-Pipaón, concedido para premiar
+eminentes servicios al Tesoro y al Estado.
+
+Dejando a un lado el testimonio de los presentes en aquella escena, a
+nosotros nos consta que antes de admitir al señor de Bragas a la gracia
+soberana, se le exigieron pruebas de que su adhesión no era una mentira.
+Que él se apresuró a darlas no hay para qué decirlo, y que estas pruebas
+consistieron en una delación circunstanciada de todo lo ocurrido en dos
+años en casa de D. Felicísimo, fácilmente lo comprenderá quien haya
+penetrado, por estas fieles relaciones nuestras, aquel carácter adornado
+de todas las virtudes de la serpiente. Y no pararon aquí los servicios
+prestados a la Monarquía infantil por el digno personaje, sino que
+reveló cosas muy hondas, sólo de él sabidas, y en las cuales había
+tenido cooperación aparente, con el único fin de profundizar el abismo
+de iniquidades del partido mil veces execrable (frase suya) que se
+aprestaba a escribir el nombre de Dios en las banderas del asesinato.
+
+Véase aquí cómo supo embarcarse en bajel seguro y mantener en su
+compañía a la veleidosa fortuna, su hermana querida y tutelar maestra.
+El ministro de Hacienda, D. Antonio Martínez, que ya le tenía en capilla
+para dejarle cesante de su pingüe destino en el Consejo, cejó en sus
+intenciones perversas. El ilustre funcionario adquirió nuevamente el
+favor que había perdido en Palacio, y no pudiendo lograr que un Príncipe
+apadrinara sus felices bodas, encontró marqueses y condes que se
+ofrecieron con bonísimo talante a hacerlo. ¡Ejemplo admirable de las
+recompensas que el cielo da a la gente amaestrada en el supino arte de
+la vida!
+
+La boda se fijó para últimos de Setiembre. Mientras la anhelada fecha
+llegaba, Pipaón iba tres veces al día a Palacio a enterarse de la salud,
+o mejor dicho de la enfermedad del Rey, la cual se agravaba con tanta
+rapidez, que el panteón del Escorial le tenía ya por suyo. Su Majestad
+andaba con mucha dificultad, comía poco, dormía menos, y ya se le
+hinchaba una mano, ya una pierna. El vulgo, que le tenía por cadáver
+embalsamado, era en esta creencia menos necio de lo que a primera vista
+parecía, y en los ataques fuertes casi todo el Rey estaba dentro de
+vendas negras. Su mirada triste vagaba por los objetos, como depositando
+en ellos parte de aquella tristeza de que impregnado estaba. Su
+corpulencia era pesadez; su gordura hinchazón; su cara sonrosada de
+otros días, una máscara violácea y amarillenta que parecía llena de
+contusiones. La nariz colgante casi le tocaba a la boca, y en el pelo
+negro, como ala de cuervo, aparecían y se propagaban las canas
+rápidamente. Los negocios de Estado, en aquellos días más graves y
+espinosos que nunca, le aburrían 13 y le preocupaban. La imagen de su
+hermano, que a veces le parecía un buen hombre a veces un hipócrita
+ambicioso, no se apartaba de su mente, sobreexcitada por el desvelo. Ya
+pensaba ablandarle con sus sentimientos fraternales, ya confundirle con
+las amenazas de Rey. Fue D. Carlos la persona a quien más quiso en el
+mundo, y había llegado a ser su espantajo, el martirio de su
+pensamiento, la fantasma de sus insomnios y el tema de sus berrinchines.
+Adivino de su próxima muerte, el Rey veía arrebatado a su sucesión
+directa aquel trono que quiso asegurar con el absolutismo. ¡Y era el
+absolutismo quien le destronaba! ¡La fiera a quien había alimentado con
+carne humana, para que le ayudara a dominar, se le tragaba a él, después
+de bien harta! ¡Cómo se reirían en sus tumbas, si posible fuera, los
+seis mil españoles que subieron al patíbulo para servir de cebo a la
+mencionada fierecita! Pues y los doscientos cincuenta mil que murieron
+en la guerra de la Independencia, en la del 23 y en la de los
+agraviados, ¿qué dirían a esto? ¡Justicia divina! si la mente de
+Fernando VII se poblaba con estas cifras en aquel tristísimo fin de su
+reinado y de su vida, ¡qué horrible mareo para hacer juego con la gota!
+¡Qué insoportable peso el de aquella corona carcomida! Ya no eran el
+pueblo descontento ni el ejército minado por la masonería quienes
+atormentaban al tirano; eran el clero y los milicianos realistas,
+capitaneados por un hermano querido. La víctima antigua, inmolada sobre
+el libro de la Constitución con el cuchillo de la teocracia, no infundía
+cuidado; lo que perturbaba era el cuchillo mismo revolviéndose fiero
+contra el pecho del amo. ¡Oh, qué error tan grande haber sacado de su
+vaina aquella arma antigua cuando ya comenzaba a enmohecer!... El pobre
+Rey, a quien la Nación no amaba ni temía ya, debió, sin duda, los pocos
+consuelos de sus últimos meses al espíritu tolerante de su mujer, y si
+él no se dejaba arrastrar públicamente al liberalismo, sabía tener
+secretas alegrías cada vez que el Gobierno mortificaba a la gente
+apostólica. Su alma rencorosa hubiera llegado a la aceptación de las
+nuevas ideas, no por convencimiento sino por venganza, porque estaba
+harto de clérigos, harto de absolutismo, harto de camarillas, harto de
+su hermano, y si viviera más, hubiéramos visto un liberalismo verdugo,
+como antes vimos una teocracia cazadora de hombres.
+
+El Rey empleaba largas horas escribiendo al Infante. Creía que con
+cartas y amonestaciones podría convencer a aquella piedra viva que se
+llamó D. Carlos, piedra por la tenacidad y falta de inteligencia. En la
+célebre correspondencia de ambos hermanos, las frases más cariñosas
+envuelven amenazas terribles. Se ven ríos de sangre corriendo bajo
+aquellas flores de la zalamería fraternal. Fernando hacía alarde de su
+autoridad, de su prestigio de Rey y Señor; D. Carlos manifestaba en cada
+renglón profundo convencimiento de sus derechos, arraigado en la falsa
+piedad. En sus cartas se veía, bajo las protestas de honradez y buena
+fe, la ferocidad de la ambición de las infantas brasileñas. Ellas lo
+instigaban a desobedecer al Rey; ellas le sugerían fórmulas hábiles para
+disimular con razones y pretextos la rebeldía; ellas eran el alma, la
+acción, la furia y la iniciativa del partido, mientras D. Carlos era la
+pantalla de santurronería, que tan bien cuadraba a la cansa para hacerse
+pasar por causa religiosa.
+
+Cuando no escribía cartas, Fernando, comúnmente aburrido de su ordinaria
+tertulia, pasaba largas horas en el cuarto de las niñas. Era la primera
+vez en su vida que probaba los deleites puros de la familia. Aquel
+vicioso que tan mal había empleado su tiempo, se sorprendía ahora de
+verso ocupado en puerilidades, y bastaba cualquier síntoma de dolencia
+en Isabelita, para que se olvidase de los negocios de Estado y de los
+malos pasos en que andaba la corona. Preguntaba con frecuencia por las
+más insignificantes cosas referentes a las niñas, y si Luisita Fernanda
+daba en no querer mamar, ya había motivo para graves cuestiones,
+preguntas y comentarios. Cuando todo iba bien, cuando las niñas parecían
+estar sanas y contentas, o Isabelita se quedaba dormida abrazada a su
+muñeca, el Rey solía pasear por las anchas cámaras, dando el brazo a
+Cristina. Ambos marchaban despacio, porque la cojera del Rey exigía un
+lento y cauteloso modo de sentar los pies. Cristina hablaba poco de
+negocios políticos, y hacía pronósticos alegres sobre la salud de su
+marido. La gota, según ella decía, iba cediendo, y era de esperar que en
+el próximo invierno no hubiese ataques fuertes. El Rey suspiraba
+incrédulo, y se acordaba de su conducta, que era la premisa lógica de su
+gota. De pronto cesaba el paseo: Su Majestad se detenía un rato ante el
+balcón por donde se veía la Plaza de Oriente, que entonces era un
+páramo. Miraba un rato las casas de Madrid, y dando un gran suspiro,
+tornaba al paseo lento y trabajoso. No se oían los pasos, sino el golpe
+del fuerte bastón en que se apoyaba el Rey, y que con lúgubre compás
+sonaba en el alfombrado suelo.
+
+Desde el 19 de Julio hasta el 27 de Setiembre el Rey sufrió mucho de un
+dolor en la cadera izquierda; pero no guardó cama. Sus comidas eran
+penosas por falta de apetito. Cristina le acompañaba incitándole a tomar
+alimento con las mil zalamerías que usan, para estos casos, las mujeres
+cariñosas. De este modo Fernando se engañaba a sí mismo algunas veces,
+creyendo que comía con gana.
+
+El 27 el Rey quiso levantarse de la cama; pero advirtió que sus
+extremidades no le obedecían. Estaba débil, tan débil que no se podía
+mover. Vinieron los médicos y le llenaron de cantáridas. La mano derecha
+se hinchó de tal modo que parecía una cabeza. Su Majestad notaba dentro
+de si un enorme volumen inexplicable, como si otro cuerpo entrase dentro
+de su cuerpo y le invadiese y ocupase poco a poco. Los dolores se
+apaciguaron, dejándole dormir con pesado y brumoso sueño. El 29 Su
+Majestad se encontró torpe para hablar, torpe para discurrir. Empezaba a
+reinar en él una indiferencia triste. Le pusieron cantáridas en la nuca.
+Con esto el Rey de España se reconoció otra vez Rey de España. La
+mostaza, prolongando un reinado, tomó parte en la historia. Los médicos
+parecían satisfechos y quisieron ver cenar al Rey. Cristina dispuso la
+comida y Fernando comió mejor que los días anteriores. Después dijo,
+«tengo sueño», y los médicos salieron para dejarle descansar. Era
+costumbre en él, durante los últimos tiempos de su enfermedad, dormir
+una breve siesta. Aquel día, Cristina, quedose con él en la estancia y
+se sentó al lado del lecho real. El Rey cerró los ojos sin decir nada, y
+pareció que se dormía con sueño tranquilo. Cristina le miraba. Una
+secreta intuición le decía que se estaba quedando viuda.... De repente
+observó en el rostro de su esposo un movimiento extraño y un cambio de
+color más extraño aún. Llamó con espanto, entraron los médicos que
+estaban de guardia y el capitán de guardias duque de Alagón. Los tres
+médicos, el duque y Cristina contemplaron la cara del Rey. El médico
+pulsaba, y luego dejaba de pulsar, como un piloto que abandona el timón
+cuando no hay esperanzas de evitar el naufragio. Cinco minutos duró
+aquel estado, en que cinco personas miraban un semblante. Pasados los
+cinco minutos Fernando VII no existía.
+
+Fue una muerte breve, sin aparato, sin agonías tormentosas. Estaba
+muerto y nadie tenía la persuasión de que el Rey no vivía, porque aquel
+estado inerte podía ser un desmayo como otras veces. A pesar de que los
+médicos aseguraron que ya no había Rey, Cristina dispuso que no se
+tocase el cadáver hasta las veinticuatro horas. Retiráronse todos y en
+Palacio hubo el movimiento vertiginoso que acompaña a los grandes
+sucesos de las monarquías. Nadie lloraba. Los cortesanos que habían sido
+fieles a la persona, pero que no simpatizaban con las ideas, se
+preparaban a abandonar la casa. Las salas, las galerías, las cámaras,
+estaban llenas de corrillos. La curiosidad, el recelo, la desconfianza,
+el miedo, la duda, formaban aquel extraño duelo, en el cual había todo
+menos lágrimas. «Ahora sí que se ha muerto de veras», murmuraba el labio
+cortesano en pasillos y galerías, y tras esto surgían infinitos planes
+de conducta.
+
+En la madrugada del 30 la descomposición selló la muerte del Rey, para
+que nadie pudiese dudar de ella. Estaba escrito que la conclusión de
+aquel reinado fuera en todo conforme al reinado mismo. Entregose el
+cuerpo a la etiqueta, que hizo con él lo que es de rigor en tales casos.
+Dejémosle en poder de la mayordomía, que le lleva de ceremonia en
+ceremonia hasta depositarle en el Escorial. La Corte, los pueblos, le
+veían pasar sin sentimiento. No ha habido Rey más amado en su juventud
+ni menos llorado en su muerte. Abierto su testamento se vio que dejaba
+veinticinco millones de duros, y que mandaba decir veinte mil misas por
+su alma... _Requiescat_...
+
+
+
+
+-XVI-
+
+
+No se le cocía el pan a D. Benigno Cordero hasta no ver realizado un
+pensamiento suyo de grandísima importancia. Desde aquella noche en que
+Sola se expresó con tanto calor, diciendo, «quiero casarme con el
+viejo», este, lejos de mostrarse ensoberbecido con declaración tan
+halagüeña, se volvió más taciturno. Fueron a pasar el verano a los
+Cigarrales, y dos tardes después de instalarse en su casa de campo,
+Cordero salió a paseo con Sola, bajando hacia la margen del río. El
+héroe se apoyaba en su bastón nudoso, y en los pasos difíciles, que eran
+los más, pedía auxilio al brazo de Sola. Esta no deseaba otra cosa que
+servirle y complacerle.
+
+--Hijita--le dijo, cuando pasaron de las higueras del tío _Reza-quedito_,
+punto desde el cual ya no se veía la casa--, hoy tengo que decirte la
+última palabra acerca del asunto que hace tiempo me trae muy caviloso.
+Me he dado una batalla, querida Sola, me he dado una batalla y me he
+arrollado completamente, me he derrotado en toda la línea. Acaso no me
+entenderás.
+
+--No mucho--dijo Sola, creyendo deber decir que no, aunque algo se le iba
+entendiendo de aquellas cosas, y aun algos había ella penetrado en días
+anteriores, con su natural agudeza.
+
+--Pues se han concluido mis vacilaciones y a casarse tocan. Entre los dos
+se establecerá un parentesco de cariño, de agradecimiento y de amistad
+que no nos separará sino en el sepulcro. ¿Insiste usted en lo que
+manifestó aquella noche? Creo que no lo habrá olvidado usted, pues yo,
+si cien años viviera, no lo olvidaría.
+
+--No lo he olvidado, y ahora repito lo que dije, y me confirmo en ello.
+
+El héroe se detuvo y la miró con seriedad afable....
+
+--Repare usted bien que pronunció palabras muy categóricas y muy
+graves--le dijo en tono de queja--. Grabadas están en mi memoria. «Como
+Dios es mi padre.... ¿no fue así?... como Dios es mi padre, juro que
+quiero casarme con el viejo».
+
+--Así fue--afirmó Sola, repitiendo aquel eco de su alma--; con el viejo,
+con el viejo.
+
+--Es decir, conmigo.
+
+--Con usted.
+
+D. Benigno anduvo algunos pasos, y deteniéndose luego, habló así entre
+turbado y festivo:
+
+--Pues bien, hija de mi corazón, yo tengo ahora un antojo que quizás
+usted lleva a mal; a mí me ha entrado un capricho, una manía.... Qué
+quiere usted... siento decírselo... quizás se enfade.
+
+--¿Qué?
+
+--Pues es que... que ahora me tocan a mí los mimos... y, en una palabra,
+que ya no quiero casarme con usted.
+
+Y echándose a reír, añadió:
+
+--Nada, hijita, le doy a usted calabazas.... ¿no contaba con mis
+veleidades, eh? ¿No contaba usted con las coqueterías del viejo?
+
+Y al decir esto abrió los brazos, derramó una lágrima, y riendo siempre,
+estrechó a Sola contra su corazón, en el cual se desbordaban los afectos
+más puros.
+
+--Venga acá, hija de mi corazón--exclamó--, venga acá y abráceme también.
+Dios me ha iluminado para hacerla el mayor bien que podría usted esperar
+de mí. Felicitémonos ambos de este triunfo de mi razón, y ahora
+entonemos un himno al sentido común que ha sido nuestro salvador.
+
+Sola comprendía a medias.
+
+--¿Quiere usted que nos sentemos en esta piedra?
+
+--Sí--dijo Sola, ávida de hablar, de oír explicaciones--, sentémonos. Usted
+aquí... que está más seco.
+
+--Cuando me dijo usted aquellas palabras--manifestó D. Benigno, quitándose
+los anteojos para limpiar los vidrios que se habían empañado
+ligeramente--me quedó en el primer momento en éxtasis y como deslumbrado.
+Después tuve la suerte de no dejarme alucinar por las pasiones, y de ver
+claro en un asunto tan expuesto al error. Parece que el buen sentido se
+redobló en mí, preparándose para la gran batalla que se iba a dar en el
+campo de mi espíritu, y que las pasiones se aterrorizaron, anunciando su
+vencimiento. ¡Ah! hija de mi corazón, el viejo fue iluminado por Dios y
+pudo pesar sus escasos méritos, sus achaques, sus... condiciones,
+poniendo todo esto al lado de tu lozana juventud, merecedora de mejor
+destino. No sé cómo fue aquello; pero recuerdo que se agrandaban a mis
+ojos los inconvenientes y se amenguaban las ventajas mutuas; comprendí
+que iba a hacer un disparate y a dar un resbalón más grave que el que me
+ocasionó la rotura de esta endiablada pierna: me sorprendí arrepentido,
+hija; no sé cómo fue aquello, sí, me sorprendí arrepentido, y sin saber
+cómo empecé a ver claro, clarísimo, y me dije: «la quiero demasiado para
+casarla conmigo».
+
+Sola no sabía qué decir. Las palabras que oía revelaban tal convicción y
+D. Benigno le infundía tanto respeto, que no se atrevió a contestarle ni
+a defenderle contra su buen sentido. Pensó primero que debía insistir en
+lo del matrimonio; pero afortunadamente desistió de una idea que habría
+sido impropia. Su bondad lo inspiró la declaración más digna en sus
+labios, diciendo:
+
+--No tengo más voluntad que la de usted.... Haga usted de mí lo que
+quiera.
+
+--Barástolis, muy bien dicho. Pues yo quiero hacer de usted una hija....
+Hasta ahora no había querido tener con usted esa familiaridad inocente
+que consiste en tratarla de tú. Pues ya que no hay nada de casorio,
+quiero tener contigo, contigo que eres mi hija, la familiaridad propia
+de un padre; quiero tutearte.... Y en este momento es preciso que
+sellemos nuestro parentesco dándonos un abrazo pero muy apretado....
+así... no hay cuidado. Ya no somos novios, hijita.
+
+Se abrazaron estrechamente, confundiendo la bondad de sus corazones.
+
+--Ya no somos novios--repitió D. Benigno--. Aquello era una tontería. ¡Me
+lo ha revelado Dios por conducto de estos achaques míos, y mi razón me
+dijo tantas, tantas cosas!... No dudé, ni por un instante, de la
+sinceridad de tu consentimiento. Convencido estoy de que te habrías
+casado gustosamente con el viejo, de que le habrías querido, de que le
+habrías sido fiel, de que le habrías cuidado mucho cuando pasara, el
+pobre, de viejo a viejecito, cosa que no puede tardar.... Pero, hija
+mía, tu consentimiento y aquellas palabras admirables que me dijiste
+brotaban de tu gratitud, del afecto filial que me tienes. ¡Ay! No se
+hacen los buenos matrimonios, no, con estos ingredientes. Es preciso no
+forzar la naturaleza, no forzar los sentimientos naturales, haciendo de
+la gratitud amor; es preciso, sobre todo, dar a cada edad lo suyo y no
+empeñarse en reverdecer la venerable vejez, ni marchitar la hermosa
+juventud, uniendo una cosa con otra fuera de sazón. No, mil veces no.
+Tú, al querer ser mi esposa, domando un sentimiento robusto que vivía y
+vive en tu corazón, hacías un sacrificio sublime. Yo te lo agradezco,
+porque comprendo cuán sincero era aquel sacrificio; pero no quiero
+aceptarlo.... Dicen que yo fuí héroe en cierta ocasión; pues aquello de
+Boteros es tortas y pan pintado en comparación de este arranque de
+energía que acabas de ver, hija mía, porque esto me ha costado más
+luchas, porque yo también sé hacer un sacrificio. No se renuncia sin
+trabajo a un bien seguro, a un bien tan delicioso, a todo lo que me
+prometían tu juventud, tu cariño leal, tus méritos inmensos, tu belleza,
+hija... pues ahora que no soy novio, puedo decirte que cada vez te vas
+poniendo más guapa.... En fin, hija, he creído amarte mejor y servirte
+mejor, y amar y servir mejor a Dios, dándome a ti por padre que por
+esposo.... Y aún me queda otra cosa mejor que decirte. Esto que he hecho
+sería incompleto, muy incompleto. Si quedara así.... Pero no, yo no hago
+las cosas a medias. Mis heroísmos, cuando salen de mí, no son pamplinas.
+Al hacerte mi hija, quiero llenar el vacío que hay en tu existencia, y
+poner a tus sentimientos la corona que has ganado; quiero llenar de
+felicidad hasta los bordes ese vaso de tu vida que poco a poco se ha ido
+vaciando de sus antiguas tristezas; quiero casarte con el hombre que
+amas, con ese de quien ya puedo asegurar que te merece.
+
+Sola se quedó espantada. Tan grande era la novedad de aquella idea, que
+necesitó algún tiempo para tenerla por lisonja. Se quedó pálida como una
+muerta, y tanto se trastornó su fisonomía, que teniendo vergüenza de que
+D. Benigno sorprendiera en ella la impresión hondísima que
+experimentaba, bajó la cabeza. Cordero puso las palmas de sus manos en
+las sienes de ella, y atrayéndola, le dio un beso en la frente,
+diciendo:
+
+--Gracias a Dios que te puedo dar este besillo, para demostrarte de un
+modo material el cariño honesto que te profeso, cariño de padre, que yo
+quise echar a perder tontamente. No te avergüences de lo que sientes al
+oír lo que acabo de decirte. Es natural.... Con este otro beso te quito
+la vergüenza. Que venga tu futuro esposo a impedirme que te bese.... Si
+alguien nos viera, ¿qué diría?... Pero nosotros, nos reiríamos y
+contestaríamos sin ponernos colorados: «Ya no somos novios, ya no somos
+novios».
+
+Sola se echó a reír. Después se puso muy seria. En su trastorno no sabía
+qué manifestaciones serían más convenientes, y así dejó a su rostro que
+expresara lo que quisiera.
+
+--Veo que te has puesto muy seria y como enojada--le dijo el héroe--. ¿No
+te gusta mi proyecto?
+
+--Es, que...--balbució Sola, no disimulando el gran temor, que de
+improviso llenó su alma--. Es que... podría suceder.... Y ¿quién me
+asegura?...
+
+--¿Qué podría suceder, tonta?
+
+--Podría suceder que él no me quisiera ya.
+
+--¡Bonita idea! ¿Me tienes por un necio? ¿Me crees capaz de inclinarte a
+ser esposa de un hombre, sin saber si ese hombre te quiere, y lo que es
+más aún, que te merece?
+
+--¡Entonces, ha hablado usted con él!... ¿le ha dicho?... y ¿él le ha
+dicho?... ¿ustedes se han ocupado de esto antes de hablarme a mí?... ¿Él
+sabe?... ¿usted y él?...
+
+De este modo expresaba Sola su curiosidad, no acertando a interrogar sin
+que preguntas mil, inconexas y atropelladas, se enredaran en sus labios,
+queriendo salir todas a la vez.
+
+--Todo se ha previsto...--afirmó con paternal reposo D. Benigno--. Calma,
+calma. No puedo decirte en pocas palabras lo que he hablado con ese buen
+señor; pero puedo asegurarte que tiene por ti un cariño bastante
+parecido a la idolatría.... Cuando este pensamiento mío empezó a
+atormentarme el cerebro fui a ver a mi hombre. No sé qué agitación, qué
+falta de asiento y aplomo encontré en él. Te juro que no me gustó nada,
+y al salir, dije para mí. «No la merece: no le entregaré yo el ángel de
+mi casa». Volví poco después y hablamos de varias cosas. Su conversación
+me encantó. Hallole, como siempre, leal y discreto. Pero se me antojó
+que se ocupaba demasiado de política, y dije: «Nones, están verdes para
+ti. No quiero que mi hija viva sobre ascuas, pensando si ahorcan o
+fusilan a su marido.... Guarda, Pablo». En una tercera visita... estas
+visitas mías fueron exploraciones habilidosas y tanteos para conocer si
+era digno o no del tesoro que yo le iba a regalar, y así jamás le revelé
+mis planes... pues decía que en una tercera entrevista hablamos
+cordialmente, y él se espontaneó de tal modo conmigo, me abrió su
+corazón con tanta franqueza, me expuso sus ideas y planes de vida con
+tanta sinceridad, que al salir me dije para mi sayo: «Sí, es preciso
+dársela. Le corresponde de hecho y derecho». Después corrieron entre los
+amigos rumores malévolos respecto a él.... Dijeron que se había hecho
+carlista....
+
+--¡Él!
+
+--Calumnias y simplezas. Fui a verle, charlamos. Aquel día le hice
+indicaciones de mi proyecto. Él pareció comprenderlo y se puso pálido,
+muy pálido.
+
+--¡Pálido!--repitió Sola, que tenía sus claros ojos fijos en D. Benigno, y
+no perdía ni la más ligera inflexión de sus labios elocuentes.
+
+--Pues... pareció que se conmovía, y me abrazó, ¿entiendes? me abrazó. Yo
+le dije que nos volveríamos a ver pronto.
+
+--¿Y eso fue...?
+
+--La semana pasada, hija, en mi último viaje a Madrid. ¿Recuerdas que
+dije iba a comprar bisagras y fallebas para las puertas nuevas? En
+efecto, compró mucho hierro; pero el principal móvil de mi viaje fue
+saber de la propia boca, de ese señor novio tuyo... démosle este
+nombre... saber de su propia boca si era verdad que se había hecho
+carlista.
+
+--¡Qué asquerosa calumnia!--exclamó Sola con ardor, confundiendo con una
+frase a los inventores de tan maligno despropósito.
+
+--Él me desengañó quitándome aquel escrúpulo.... porque, a la verdad,
+hija de mi corazón, si mi yerno sale con la patochada de afiliarse a esa
+bandera odiosa y se echa al campo a defender la religión a tiros.... No
+lo quiero pensar, ¡barástolis!... ¡Bonito negocio habríamos hecho!
+Afortunadamente para él, quedé convencido de que no ha pensado nunca
+ingresar en la orden sacristanesca, y cuando salí de la casa, dije:
+«¡Tuya es, bribón, te la has ganado, pillo! Dios me manda que te la
+entregue. Ahora, que San Pedro te la bendiga».
+
+--¿Y tampoco ese día lo dijo usted claramente...?--preguntó Sola,
+deteniéndose a media pregunta, porque le quemaba un poco los labios la
+segunda mitad o el rabillo de la pregunta entera.
+
+--No le dije nada claramente, porque no me pareció discreto abrirle de
+par en par las puertas del cielo sin contar antes contigo. Pero le abrí
+un resquicio, le di a entender mis intenciones, y el bendito hombre
+parecía, como vulgarmente se dice, que veía el cielo abierto; de tal
+modo le brillaban los negros ojos. Quedó envolver a principios de
+Octubre, y cuando me despedí, le dije: «volveré un día de estos. Vendré,
+y quizás, o sin quizás, le traerá a usted noticias que le contenten
+mucho».
+
+--Hoy es 1.º de Octubre--dijo Sola, con frase rápida, como centella de
+palabra que de sus labios saliera.
+
+--No, que es mañana--apuntó Cordero riendo--; yo tengo el Calendario en el
+dedo. No quieras ahora que los días salten unos sobre otros. El tiempo
+es un señor a quien se ha de tratar con muchísimo respeto. Observa la
+calma y el método con que anda. A veces parece que va despacio, a veces
+que corre como un galgo; pero es ilusión nuestra: su señoría no sale
+nunca de su paso. Mañana, hija querida, iremos a Madrid.
+
+--¡Yo también!
+
+--Pues es claro. Quiero que os veáis, que os habléis. Luego vosotros os
+entenderéis, y mi papel quedará reducido a preparar algunas cosillas que
+para la boda sean necesarias....
+
+Dio un suspiro, y estrechando luego entre sus manos las de Sola, que
+estaban frías, sin duda porque todo el calor se recogió en su corazón
+alborozado, dijo Cordero estas palabras:
+
+--Te voy a dirigir un ruego. ¿Lo atenderás?
+
+--¡Qué pregunta!--exclamó Sola, echándose a llorar antes de conocer el
+ruego.
+
+--Pues quiero suplicarte, que después de casada, ya que mis hijos no
+puedan ser tus hijos, como proyectábamos, les mires como tus hermanos.
+
+Sola le contestó con el río de sus lágrimas, que no permitían palabras.
+Ni eran necesarias las palabras.
+
+--Si me ves llorar--dijo D. Benigno, secándose una lágrima con gesto
+heroico--, no creas que estoy afligido ni desconsolado. En mi pecho no
+caben ni envidias de mozalbete ni el duelo de deseos frustrados.
+Tranquilo estoy y contento, contentísimo. Si lloro es por la atracción
+de tus lágrimas que hacen correr las mías, sin saber por qué. Tuve un
+poquillo de pena, sí; pero me consuela el saber que si mis hijos han
+perdido su segunda madre, buena hermana se llevan, ¿no es verdad?
+
+Principiaba a caer la tarde y se sentía el fresco del Tajo. D. Benigno
+propuso que se retiraran a casa, y dejando la perla dura, tomaron el
+camino áspero y tortuoso.
+
+--Ya van creciendo las noches--dijo Sola, dando el brazo a su padre.
+
+--Sí, hija mía--replicó este--, y el mañana tarda un poco más; pero viene,
+no tengas cuidado.
+
+--Ya no recuerdo cuánto se tarda de aquí a Madrid.
+
+--Pues no es mucho. Tomaremos el coche de Peralvillo, que es el que va
+más pronto. ¿No sabes la novedad que hay en el mundo? Pues ahora han
+inventado en Inglaterra unas máquinas para correr, un coche diabólico
+que va como el viento, y anda, anda.... No sé lo que anda; pero si
+hubiera uno desde Toledo a Madrid, iríamos en dos horas.
+
+--¡En dos horas! Eso es fábula.
+
+--¿Fábula? Me lo ha dicho D. Salvador, que lo ha visto.
+
+--¿Él ha visto esa máquina?
+
+--Y ha andado en ella.
+
+--¿Él ha andado en ella? Será cosa magnífica.
+
+--Figúrate....
+
+D. Benigno se detuvo, y con la complacencia que producían en él las
+maravillas de la naciente industria del siglo, se preparó a dar a su
+hija explicaciones demostrativas, para lo cual puso horizontal el bastón
+y deslizó los dedos sobre él.
+
+--Figúrate que hay en el suelo dos barras de hierro donde se ajustan las
+ruedas de unos enormes coches... así como casas. Estos coches van atados
+unos a otros. A poco que les empujen, como las ruedas se ajustan a las
+barras de hierro, ¡zás! aquello corre como una exhalación.
+
+--Ya entiendo... las mulas....
+
+--Si no hay mulas, tonta.... Ya te lo explicará D. Salvador, que ha
+montado en esos vehículos. Esa diablura la han puesto los ingleses entre
+un pueblo que llaman Liverpool y otro que nombran Manchester. Dice D.
+Salvador que aquello es volar.
+
+--¡Volar! ¡Soberbia cosa!...--exclamó Sola con entusiasmo--. Decir «quiero
+ir a tal parte ahora mismo» y....
+
+--Y salirse uno con la suya. Pues, te dirá: no hay caballos. Todo aquel
+rosario de coches está movido por un endemoniado artificio o mecanismo,
+que tiene dentro fuego y vapor, y sopla que sopla, va andando. Yo no sé
+cómo es ello. Me lo ha explicado D. Salvador; pero no lo he podido
+entender.
+
+--¿Y esa manera de ir acá y allá no se pondrá en otras partes?
+
+--Sí, dice nuestro amigo que se va extendiendo; que en Inglaterra están
+haciendo más de esos benditos caminos de hierro, y que en Francia, van a
+empezar a ponerlos también.
+
+--¿Y en España?, ¿no los pondrán?
+
+Cordero dio un suspiro.
+
+--Ahora va a empezar una guerra, si Dios no lo remedia--dijo con tristeza.
+
+--Cuando concluya....
+
+--Quizás empiece otra.... Pero, al fin y al cabo, también tendremos aquí
+esos caminitos, aunque sólo sea para muestra. D. Salvador dice que se
+extenderán por toda la tierra, y que hasta las regiones más incultas
+llegará esa máquina que corre a soplos.
+
+--¿Y la veremos por aquí, por este caminejo?
+
+--¿Por qué no?
+
+--Y podremos decir: «A Madrid...».
+
+--Sí; pero ese prodigio no acontecerá mañana, hija querida--dijo Cordero
+sonriendo--. Por ahora nos contentaremos con las tres mulitas de
+Peralvillo.
+
+Entraron la casa, donde hallaron a D. Primitivo Cordero, sobrino de D.
+Benigno, que venía a pasar unos días en los Cigarrales, y traía
+estupendas nuevas de la Corte, entre ellas la muerte del Rey. Cenaron
+todos un poco tristes por la influencia melancólica de tales noticias,
+de los comentarios lúgubres con que las acompañó el ex-capitán
+miliciano, y de los presagios fatídicos que hizo.
+
+Cuando D. Benigno manifestó su propósito de ir a Madrid el día venidero,
+Primitivo le anunció con oficioso pesimismo que probablemente
+encontraría las tropas insurreccionadas en las calles, la anarquía
+imperante, y la villa entera, la Corte y la monarquía, dadas a todos los
+demonios.
+
+Al despuntar la aurora del siguiente día Sola se levantó, y abriendo de
+par en par la ventana de su cuarto, que daba al campo, y a cuyo alféizar
+subían las ramas más altas de los almendros, aspiró el aire balsámico de
+la mañana y miró los senderos, el suelo, la torre de la catedral
+insigne, que a lo lejos y en medio del verdor oscuro del paisaje lucía
+como un ciprés de piedra, dejó correr luego sus miradas por el suelo
+adelante hasta el horizonte, término de amarillentas lomas y de azulados
+pedregales; fue con su espíritu más allá del horizonte mismo; volvió con
+tristeza. Se podría haber creído que echaba de menos aquellas barras de
+hierro de que D. Benigno hablara la tarde anterior y que, de existir,
+permitirían a los hombres remedar el maravilloso viajar de los pájaros.
+Nada vio en los torcidos senderos que indicase que las hadas se habían
+ocupado la pasada noche en tender aquellas vías metálicas, milagro de la
+locomoción, increíble camino más propio para ser recorrido con las alas
+del espíritu, que con los pies de la materia.
+
+Poco después se levantó Cordero. El coche de Peralvillo no podía tardar,
+y era preciso sustentarse de chocolate y bollos para el largo y molesto
+viaje. Sola dio punto a las meditaciones para atender a los diversos
+menesteres de aquella hora, y cuando D. Benigno y ella se encontraron
+solos, el héroe no pudo menos de preguntarle por qué había en sus ojos
+huellas de lágrimas, siendo las circunstancias más bien propicias que
+adversas. Sola contestó que no había podido dormir en toda la noche,
+porque las cosas tremendas que contó Primitivo y los augurios que hizo
+llenaron de misterioso pavor su espíritu. Verdad era esto que dijo; pero
+también había influido mucho en su insomnio doloroso la brusca y radical
+mudanza en su destino, en sus ideas todas por la conversación que ella y
+su dignísimo protector tuvieron a orillas del río. Sola no quiso ocultar
+a Cordero todo lo que sentía y pensaba.
+
+--Estoy tan aturdida desde ayer tarde--le dijo--, que no sé lo que me pasa.
+He pasado toda la noche imaginando catástrofes o soñando tropiezos y
+caídas. No me puedo convencer de que Dios me lleve ahora por ese camino
+tan distinto del que antes seguía, sin que sea para ir derecha a una
+desventura muy grande. Yo nací con mala estrella.
+
+--Patrañas, querida hija; cosas de la imaginación--replicó D. Benigno,
+apurando su chocolate--. No nos entreguemos a cavilaciones hueras y
+tengamos confianza en Dios. Eso de malas y buenas estrellas no es muy
+cristiano que digamos.
+
+--Es verdad; pero yo no puedo evitar el sospechar peligros, el tener
+miedo de todo, y el presentir desgracias. Es una especialidad mía. Si
+Primitivo no hubiera contado tantos horrores.... Ahora, con la muerte
+del Rey, se va a encender una guerra tal, que España va a ser una Nación
+de huérfanos y viudas. Sí, así será.... Correrán ríos de sangre, ríos
+caudalosos como los de agua, y los hermanos matarán a los hermanos....
+todo por saber si ha de reinar la sobrina del tío o el tío de la
+sobrina. ¡Qué horrorosos disparates! ¡Y estas cosas pasan en reuniones
+de gente que se llaman países y naciones!... ¡Y esta es la decantada
+sabiduría de los hombres de Europa que se ríen de los salvajes! Yo,
+mujer ignorante, digo que esos sabios no tienen sentido común.
+
+--Hija de mi alma--exclamó D. Benigno--, estás hablando como el patriarca
+de la filosofía, como Juan Jacobo Rousseau. Sí, el estado actual de las
+naciones y el sentido común son incompatibles.
+
+En su entusiasmo, Cordero tremoló la servilleta que acababa de
+desprender del ojal de su levita. Aquel lienzo era la bandera del
+sentido común, pabellón sin colores y sin heráldica.
+
+--No he podido apartar de mí en toda la noche--dijo Sola--, una idea que me
+hace estremecer de pena. ¿Quién nos asegura que el hombre a quien vamos
+a buscar, no estará ya comprometido en la guerra civil? ¿No será
+probable que esté disparando tiros en las calles? ¿No puede suceder que
+está ya muerto?
+
+--Calla, tonta.... Un hombre tan juicioso.... ¿No comprendes tú...?
+
+--Yo no comprendo nada, yo siento y nada más. El corazón suele tener unas
+adivinaciones tan raras.... A veces, el muy pícaro, se empeña en una
+cosa, y Dios se encarga después de darle gusto.... Ojalá me equivoque. Y
+ahora Dios no nos manda tan sólo el azote de la guerra civil, nos manda
+también otro, esa terrible enfermedad.... ¿no oyó usted hablar a
+Primitivo de esto? Es un mal muy raro, por el cual se muere la gente en
+pocas horas, a veces en minutos; es una puñalada invisible que sorprende
+y mata, y nadie está seguro de vivir dentro de media hora.
+
+--Sí--dijo D. Benigno, cayendo en sombría tristeza--, es el _Cólera morbo
+asiático_.
+
+Al oír este nombre repulsivo y espantoso, Sola sintió correr por su
+cuerpo un frío displicente. Cordero sintió lo mismo.
+
+--Esa enfermedad--añadió--, ha aparecido en Andalucía. Las personas van muy
+tranquilas por la calle, y de repente ¡plaf! se caen al suelo y se
+mueren. Pero esta infección no llegará a Madrid.... Vamos, en marcha,
+ahí está el coche.
+
+Oyeron las alegres campanillas de las mulas de Peralvillo. Sola se
+despidió de los niños llorando, y les prometió que volvería muy pronto.
+Al subir al coche, dijo:
+
+--¿Tardaremos mucho?
+
+--Volaremos--afirmó el héroe--. Peralvillo, llévanos a prisa.... ¡Oh! ¡qué
+lástima que no tengamos ya por aquí esos carriles de Satanás!
+
+Y tenía razón. ¡Lástima grande que en aquella ocasión crítica no
+existieran los carriles de Satanás!
+
+
+
+
+-XVII-
+
+
+La mañana del 29 y cuando nadie sospechaba que la muerte del Rey
+estuviese tan próxima, dejó de ser soltero Pipaón. Los tiernos esposos
+recibieron la bendición nupcial en la hermosa iglesia de San Cayetano,
+que hace esquina a la calle del Oso, y el encargado de darla fue el
+Padre Carantoña, de la orden dominica, grande amigote del desposado.
+Asistieron personas de calidad, hubo mucha pompa eclesiástica y mundana,
+se repartieron limosnas, y todo fue dispuesto para que en los barrios
+del Sur quedara memoria del suceso por dilatados tiempos. La sordidez de
+D. Felicísimo no permitió que el almuerzo de rúbrica se diera, como
+parecía natural, en la casa de la desposada y diole en la suya Pipaón
+con mucho rumbo y magnificencia. Pero lo más notable del día fue el
+altercado que tuvo nuestro cortesano con D. Felicísimo. Los recién
+casados, creyendo que si el vejete no les daba de almorzar, no les
+negaría su bendición, fueron allá muy gozosos; pero el Demonio, que
+jamás descansa, hizo que Carnicero tuviese noticias ciertas aquella
+misma mañana de las traicioncillas de Pipaón y de los soplos infames que
+había llevado a la antecámara de Su Majestad la Reina Cristina. Estaba
+el buen señor trinando cuando llegaron los cónyuges, y ojalá que no
+hubieran llegado jamás, porque así como estalla un volcán, reventó la
+cólera de D. Felicísimo, y no quedó dentro de su boca palabra mal
+sonante ni epíteto quemador. Púsose blanco el bendito agente, como
+piedra caliza, y su rostro plano causaba terror, porque parecía próximo
+a descomponerse en piezas, cayendo cada fracción por su lado. En vano
+quiso disculparse Pipaón, en vano Micaelita intentó disculparle también,
+llevada del amor que aquel día le tuvo, y hasta Doña María del Sagrario
+arrojó con timidez una palabra de paz en medio de la ardiente filípica.
+Aumentábase el furor del terco viejo con las réplicas, y para concluir
+echó a sus nietos a la calle, ordenándoles que no volviesen a poner los
+pies en aquella _casa de lealtad_, y conminándoles con desheredarles del
+mejor modo que pudiese. Los esposos salieron cabizbajos, y cuando se
+despedían de Doña Sagrario en la puerta, el condenado vejete agarró con
+su zarpa acerada el brazo de Tablas, que a su lado estaba, y con
+ardiente anhelo le dijo:
+
+--Tablas, cuatro duros, cuatro duros para ti, si vas ahora y le das un
+puntapié a ese tunante y le arrojas rodando por la escaleras. No hagas
+daño a mi nieta, ¿entiendes? a mi nieta no.
+
+El atleta no quiso desempeñar el indigno papel de cachetero que en
+aquella repugnante contienda doméstica se le designaba, y todo quedó en
+tal estado. Después riñó D. Felicísimo con Doña María del Sagrario, con
+la criada, con Tablas, y a todos les mandó que se fuesen a la calle y le
+dejaran solo, pues para vivir entre espías o traidores, prefería estar
+solo con el leal y desinteresado gato. El buen señor desahogaba su
+cólera sonándose, sonándose fuerte y repetidamente, y aquel furioso
+trompeteo resonaba en la casa como las cornetas de un llamamiento
+militar. No era en verdad ilusión que los frágiles tabiques de la casa
+temblaran como las murallas de Jericó, porque durante el ir y venir de
+la gente en el momento del berrinchín, el piso se estremecía de tal modo
+y con tan amenazadora trepidación, que los expulsados tomaban con gusto
+la puerta.
+
+Por la tarde, y cuando no se habían aplacado aún los irritados espíritus
+del agente eclesiástico, entró a verle Salvador Monsalud. D. Felicísimo
+lo recibió con desabrimiento.
+
+--Le he mandado venir a usted--dijo tomando el pie de cabrón y dando con
+él fuerte porrazo sobre la mesa--, para comunicarle noticias muy
+desagradables acerca de nuestro amigo el Sr. D. Carlos Navarro. Usted,
+jí, jí, se tomó por él tanto interés cuando aquella diablura de su
+encierro en la cárcel de Villa, que no dudo en acudir a usted, ahora que
+el insigne guerrero del Altísimo se halla en un trance mucho más
+peligroso.
+
+Oyó Salvador con notorio interés estas palabras, y después de manifestar
+que no había favorecido a Navarro por simpatías carlinas, sino por
+consideraciones de gratitud y de amistad absolutamente personales, rogó
+a Carnicero no ocultara nada de lo que al digno soldado del Altísimo
+ocurría. El vejete se revolvía en su asiento. Tomando y dejando con las
+inquietas manos, este o el otro papel, porque estaban sus nervios en
+completa anarquía, dijo así:
+
+--Ya llegará la hora de esos canallas, ya llegará, ¡vive Cristo! Ahora,
+al amparo de esa sombra de Rey, bailan sobre nuestras costillas; pero
+los papeles se truecan, jí.... Figúrese usted que el bravo D. Carlos
+partió hacia Navarra para conferenciar con Santos Ladrón y otros
+valientes capitanes, la buena gente, la gente sana, la gente de Dios.
+Pues bien, hubo una algarada de voluntarios realistas en Viana, por
+impaciencias tontas y celo mal entendido. El Virrey 14 de Navarra mandó
+contra ellos una columna. La columna no derrotó a nadie... como siempre;
+pero cogió a D. Carlos, que estaba en el convento de frailes franciscos,
+jí, jí, y juntamente con un sobrino de Santos Ladrón y un capuchino, a
+quien sorprendieron haciendo cartuchos, le llevaron a Estella. Se formó
+sumaria; dieron parte a Madrid, y este Gobierno cobarde y rastrero ha
+mandado hoy, hoy mismo, jí, ha mandado que sean pasados por las armas el
+señor D. Carlos, el sobrino de Santos Ladrón y el capuchinito de los
+cartuchos. He sabido todos estos pormenores por un oficial del
+Ministerio de la Guerra, que nos pertenece en cuerpo y alma, y no hay
+duda alguna, jí, de que la execrable orden del Ministro irá, lo más
+tarde, por el correo de mañana.
+
+--Es un deplorable incidente--dijo Salvador meditabundo--; pero no podemos
+negar al Gobierno el derecho de defensa. Usted, que tanto poder tiene,
+¿no podrá evitar esa catástrofe, aunque sólo sea en la parte que a
+nuestro desgraciado amigo corresponde?
+
+--¿Yo?...--chilló Carnicero, en tono de lástima de sí mismo--. ¿Yo? Bueno
+está el ramo de Guerra en los tiempos que corren para que yo pueda
+lograr.... Usted, usted....
+
+--¿Yo?--dijo Salvador, condoliéndose de su impotencia política y militar--.
+Apenas tengo relaciones oficiales. ¿Qué caso han de hacer de mí? Para
+mayor desgracia, he sido tildado de apostólico por algunos necios, y en
+el ejército corren hoy vientos muy liberales. Yo no puedo nada.
+
+Ambos meditaron breve rato, D. Felicísimo con los ojos fósiles puestos
+en el ensangrentado Cristo de la columna, Salvador leyendo en las rayas
+de la estera.
+
+--¿En poder de quién está Navarro? ¿Conoce usted al jefe de la columna
+que lo aprehendió, o al gobernador de Estella?
+
+--Pues, ya... el bribón que le capturó y el jefe militar de Estella son
+una misma endemoniada persona, jí, jí, y esta persona es el perdido de
+los perdidos, el gran maestre de los canallas, Seudoquis, más masón que
+Caifás y más liberal que Caín.... ¿Le conoce usted?
+
+--Mucho--replicó Salvador acabando de leer en la estera--. Tanta amistad
+tenemos, que seguramente lo que Seudoquis no haga por mí no lo hará por
+nadie.
+
+--¡Qué lástima, Santo Cristo de la Vega! ¡qué lástima, Santísima Señora
+del Sagrario, que no está Navarra en Móstoles o que las leguas no se
+trocaran en varas!... porque en este caso la distancia nos mata. Ni
+valen para este delicado asunto las cartas de recomendación....
+
+--Es verdad que nada de eso vale.
+
+--¡La distancia, la distancia!... Si pudiéramos traer aquí a Navarra....
+
+--Llevaremos allá a Madrid.
+
+--¿Cómo?
+
+--Sr. D. Felicísimo--dijo Salvador levantándose--, me marcho a Navarra.
+
+--¡Usted!... ¿cuándo?
+
+--Lo más pronto que pueda. Depende de los medios que encuentre. Si esta
+tarde hallo un coche, esta tarde me voy.
+
+--¿Y confía usted sacar partido de su amistad con ese desollado masón?...
+¡Pero qué amigos tiene usted!... Estoy asustado.
+
+--Creo que podré conseguir algo.
+
+--Pero ¿de veras va usted?...
+
+--Ya está decidido. Yo soy así--afirmó el caballero dando algunos paseos
+de un ángulo a otro en la polvorosa estancia.
+
+--¿Quiere usted cartas de recomendación?
+
+--¿Para clérigos, canónigos, guerrilleros, frailes que hacen cartuchos, y
+abades que organizan partidas? Sí, sí, vengan cartas. Nada de eso es
+inútil para mi propósito.
+
+--Entérese usted bien de lo que ha pasado--dijo D. Felicísimo, entregando
+a Salvador varias cartas, que este empezó a leer con avidez--. Vea usted
+lo que me escribe el guardián de franciscos de Estella.... Vea usted
+también la relación detalladísima que del suceso me hace el prior de los
+descalzos de Viana. Ahí verá usted las lindezas de su amigo Seudoquis,
+que fuma en las iglesias, insulta a las monjas, y dice públicamente que
+Dios es _isabelino_.
+
+--No creo que Seudoquis se haya vuelto tonto.
+
+--Lea usted, lea usted.
+
+Leyendo, el caballero se enteró del caso y tuvo anticipado conocimiento
+de personajes, cosas y lugares que ordenó en su mente con asombrosa
+presteza. Concluida la lectura, ya había imaginado un plan que no debía
+sufrir gran variación con la marcha de los sucesos. Para poner en
+ejecución lo que pensaba, urgía aprovechar el tiempo lo mejor posible.
+Su temperamento impaciente se adaptaba a las resoluciones rápidas y a un
+procedimiento ejecutivo y precipitado para realizar pronto la idea,
+anticipándose a las contrariedades y tomando la delantera a los
+peligros. Aquella tarde arregló sus cosas, buscó un cochecito y dio
+cuantos pasos preliminares creía menester para no hallar obstáculos en
+su largo viaje. Ya anochecía cuando escribió una carta a don Benigno
+Cordero, manifestándole lo que más adelante sabrá el curioso lector.
+Esta carta la dejó en poder de D. Felicísimo, previa formal promesa de
+entregarla a Cordero, que vendría pronto de los Cigarrales y se
+encontraría en su casa de la subida a Santa Cruz. Despidiose del anciano
+y partió aquella misma noche. La noticia de la muerte del Rey, que ya
+sabía todo Madrid, lejos de hacerle desistir de su propósito, lo
+confirmó más en él, porque iba a empezarse el período de crueldades,
+amenazas y represalias, precursor del desencadenamiento de la hidra,
+cuyos broncos rugidos resonaban ya en toda la Península. No se nos
+quedará en el tintero un incidente ocurrido al partir Monsalud de la
+morada Carniceril. Iba a tientas por el pasillo lóbrego (pues razones
+económicas habían retrasado aquella noche, como otras muchas del año, la
+aparición de la luz), cuando del techo se desprendió un pedazo de yeso o
+cascote, mucho mayor que los que a todas horas caían. Afortunadamente,
+al chocar con los puntales se partió en dos o tres fragmentos, y
+Salvador no recibió en su cabeza sino uno de estos, que produjo un
+mediano porrazo, rozándole después la cara. Cualquier supersticioso
+habría visto en tan insignificante suceso augurio adverso o quizás
+favorable; pero Salvador sacudió del hombro el yeso y siguió adelante
+sin contestar a D. Felicísimo, que en la puerta de su cuarto decía:
+
+--¿Qué es eso?... ¿se ha hecho usted daño?... ¿se cae la casa?... ¡luz,
+luz!
+
+
+
+
+-XVIII-
+
+
+«El Rey ha muerto. ¡Viva el Rey!».
+
+Cuando Elías Orejón entró en casa de D. Felicísimo y pronunció esta
+frase con hiperbólico entusiasmo, el famoso Carnicero estuvo a punto de
+perder el sentido; tan grande fueron su sorpresa y júbilo. Unidos ambos
+en estrecho abrazo, diéronse palmetadas en las espaldas durante un par
+de minutos, sosteniéndose el uno al otro para no caer al suelo con la
+fuerza del contento y la debilidad de las piernas. Esto ocurría poco
+después del fallecimiento del Monarca y tres horas más tarde del
+altercado con Pipaón, por donde se ve, que en un mismo día reservaba la
+Divina Providencia al señor de Carnicero impresiones totalmente
+contrarias, haciéndole pasar de la ira más atroz a un contento febril y
+casi rabioso. Los dos viejos expresaron con afán, y quitándose
+simultáneamente las palabras de la boca, opiniones diversas sobre el
+suceso, y proclamaron que Dios había concedido a la monarquía el más
+precioso de los dones, abriendo camino al soberano verdaderamente
+católico y al Rey de verdad. Orejón se despidió para volver a la noche,
+trayendo las últimas noticias, y Carnicero se quedó solo, saboreando en
+deliciosas meditaciones su júbilo apostólico, ideando planes y
+considerando el triunfo rápido de la España religiosa sobre la España
+masónica. Después fue Salvador a despedirse y a llevar la carta para
+Cordero, y otra vez se quedó solo el anciano con la criada que le
+aprestó la cena. Doña María del Sagrario, que estaba muy a mal con su
+padre por el sofoco de Pipaón, le acompañó breve rato y fuese después a
+la casa de su sobrino con intento de no volver hasta las diez de la
+noche.
+
+Las ocho serían cuando volvió a aparecer Orejón acompañado del conde de
+Negri, y vieron cenar a D. Felicísimo, que entre bocado y bocado había
+de incrustar una opinión, preguntilla, apóstrofe o interjección
+apostólica, todo entreverado de hipos que dividían en minúsculas
+porciones sus conceptos, dando idea de lo que sería un discurso en
+mosaico o una oración en cañamazo.
+
+--A poco de dar el último suspiro Su Majestad--dijo el conde--, el pobre
+Sr. Zea reunió en la Cámara Real a varios militares.... He oído hablar
+de Quesada, San Martín, Freire y otros muchos que no recuerdo....
+Recibioles la napolitana llorando y gimiendo, y no de pesadumbre de
+quedarse viuda, no, sino porque la corona y el trono de su hija van
+rodando ya como los juguetes de las niñas.... Pero vean ustedes lo que
+ha discurrido ese Sr. Zea, ese talentazo, ese inventor de la pólvora y
+de los pasteles.... Pues nada: rogó a los militares que juraran defender
+la sucesión directa y el tronito de la titulada, Isabel II. Tenemos
+monarquía de muñecas.... Y ellos juraron, y tras de aquellos fueron
+otros y juraron también.
+
+--¡Patarata!--exclamó Orejón--todo eso es música, música. También se han
+reunido esta tarde muchos locos masones, con Aviraneta a la cabeza, y
+han deliberado.... ¡Deliberado los postes! ¿cuándo se ha visto eso?...
+Señores, llegó el momento de la gran barrida. España ha resucitado. Ya
+nuestro Señor no puede tener el escrúpulo de conspirar contra su
+hermano. El mejor día le veremos aparecer en la raya de Portugal para
+ponerse al frente de nuestros ejércitos.... Pero si no se necesitarán
+ejércitos. Esto se cae, esto se hunde, esto se desmenuza. Esto no es
+monarquía, es una tienda de tiroleses. Por nuestra parte ya sabemos lo
+que nos corresponde hacer, porque tenemos las instrucciones dadas por
+Doña Francisca en presunción del caso que ya ha ocurrido.
+
+--Aquí están las instrucciones--dijo Carnicero, soltando el tenedor para
+sacar un papel de su gaveta.
+
+--Las sé de memoria--replicó Orejón--. Ahora, señor conde, no perdamos el
+tiempo y corramos a ver a los jefes de la guarnición a quienes hemos
+hablado del negocio, y que no han querido soltar prenda mientras viviera
+el Rey.
+
+--Esta noche no hay junta.
+
+--Esta noche no--dijo Elías, tomando el vaso de vino que sobre la mesa
+estaba y acercándolo a sus labios--. Pero, ¿qué aguachirle es este?
+
+--Es lo que yo bebo. Es del propio cosechero de Esquivias.
+
+--Esto es veneno puro.... Pero ¿no has de tener en tu despensa ni
+siquiera dos azumbres de blanquillo para que los amigos brinden por el
+triunfo de la mejor de las causas?
+
+--¡Tablas, Tablas!--gritó Carnicero, y cuando el atleta apareció en la
+puerta, le dijo--: Gandul, ¿estás sordo?... Vete a la taberna de la calle
+del Burro y trae una botella de Jerez seco o de cosa que lo parezca.
+Anda pronto. Oye, ¿no hay bizcochos en casa? trae también bizcochos....
+Jerez seco... pronto.
+
+Tablas era siempre diligente para traer vino, porque la expectativa de
+las sobras le aligeraba los pies. Así volvió prontamente con la compra,
+y un instante después los dos furiosos evangelistas de D. Carlos mojaban
+un bizcocho en el dotado licor. Después bebieron con prudencia, por ser
+ambos como D. Felicísimo, varones de mucha sobriedad.
+
+--Por la religión triunfante--dijo Elías, empinando con gravedad.
+
+--Por los buenos principios de gobierno--apuntó Negri--.... Pero no bebe
+usted, Sr. D. Felicísimo.
+
+--¿No bebes, Felicísimo? Eso no se puede consentir--manifestó Orejón con
+brío, apresurándose a ser Ganimedes del Júpiter de la agencia
+eclesiástica--. Verdad es que este Jerez quema como pimienta.
+
+--Será viejo como yo--dijo Carnicero tomando la copa--. Pues brindo....
+
+Las tres copas chocaron con alegre campanilleo, debido principalmente al
+temblor del pulso de D. Felicísimo.
+
+--Brindo por la felicidad de España.
+
+--Que ya está segura.
+
+--Otra copa.
+
+--Hombre....
+
+--Otra.
+
+Orejón llenó obra vez las tres copas, con no poco sentimiento de Tablas,
+que alejado por el respeto, contemplaba las mermas de la botella.
+
+--Es buen vino--indicó Carnicero, en tono de conocedor--. Pero yo no sé si
+mi cabeza....
+
+--¡Qué cobarde!... Felicísimo, otro trago.... Vamos, a la salud de la
+familia real.
+
+Este brindis fue acogido con tanto entusiasmo, que Carnicero se levantó
+de su asiento para dar más solemnidad al acto de envasarse en el cuerpo
+el generoso vino.
+
+--¡Viva Su Majestad el Rey, Su Majestad la Reina y los serenísimos
+señores infantes!--exclamó Negri--. De las ruinas del masonismo se levanta
+el legítimo trono de España.
+
+--Y de Indias... porque se volverán a conquistar las Indias.
+
+--Se volverán a conquistar--dijo Carnicero, que se notó ágil y dio algunos
+pasos con cierta ligereza relativa--. Adiós, mis queridos amigos. Hasta
+mañana.
+
+--Hasta mañana.
+
+Orejón y el conde se retiraron. En el pasillo, donde salió a despedirles
+el dueño de la casa, fueron sorprendidos, como otro visitante anterior,
+por un gran desprendimiento de cascotes del techo.
+
+--Llueven piedras, ¿o qué es esto?--gruñó Orejón deteniéndose.
+
+--No es nada. Los ratones me tienen minado el techo. Ya os arreglaré,
+masoncillos.
+
+El conde soltó una carcajada y se limpió la levita manchada de yeso.
+
+--Pero ¿no tienes Inquisición en casa?
+
+El gato saltó de un rincón, bufando, y subió por los maderos.
+
+--Sí, allí veo la Suprema.... ¡cómo maya! ¿Qué ruido es este?
+
+Los tres se detuvieron con recelo, poniendo atención a un rumor que se
+sintió instantáneo, y que no era fácil referir a las paredes, ni al
+techo, ni al suelo, pues en todas estas partes de la casa parece que
+sonaba a la vez.
+
+--Hombre, juraría que vi moverse una de estas vigas--dijo Orejón.
+
+--Y yo juraría que he sentido temblar el piso.
+
+D. Felicísimo prorrumpió en risas, diciendo:
+
+--¡Qué cabezas pone un vaso de vino! ¡Vaya un par de camaradas!... El uno
+ve visiones, y el otro oye terremotos....
+
+--Abur, abur.
+
+--Hasta mañana.
+
+Cuando se fueron, D. Felicísimo se quedó solo. Tablas se había retirado
+a su casa, y la criada, no pudiendo resistir al deseo natural de hablar
+con su novio, de quien había recibido aquella tarde palabra de próximos
+desposorios, se fue a la carbonería del número 8. El anciano agente
+cerró bien la puerta y volvió a su cuarto, único de la casa que tenía
+luz. Nada de esto merece contarse; pero sí lo merece muy mucho el
+fenómeno de que D. Felicísimo vio las paredes del cuarto dando vueltas
+en torno suyo, primero con lento giro, después con rapidez mareante. En
+vano trataremos de dar explicación a este peregrino hecho pidiendo datos
+a la ciencia de los terremotos, o buscando su origen en la inseguridad
+del edificio, que era, por desgracia, bastante grande y notoria. Todo
+cuanto se diga en este sentido será contrario a las reglas de la sana
+crítica, y así nos resolvemos a explicar lógicamente aquel volteo de
+paredes por la detestable calidad del vino que bebieron poco antes los
+tres dignos señores. El vino era tal, que si le hubieran tomado
+juramento habría declarado francamente no haber visto en toda su vida
+las bodegas jerezanas. Su padre y creador era el tabernero, un gran
+artífice de vidueños que habría sido capaz de fabricar agua, si el agua
+no estuviera ya fabricada para provecho del gremio. El aguardiente
+disfrazado que Tablas trajo de la taberna, hizo tal efecto en el cuerpo
+de D. Felicísimo y de tal modo se aposentó en su flaco cerebro, que el
+buen viejo perdió el uso regular de sus perspicaces facultades. Como
+hacía tanto tiempo que no probaba licores fuertes, su incontinencia de
+aquella noche (disculpable por el motivo patriótico que la originó) le
+puso en estado de ver las paredes jugando al corro, y le sugirió
+extravagancias y puerilidades indignas de persona tan respetable. Dando
+fuerte golpe en el suelo con su pesado pie, exclamó bruscamente:
+
+--¡Quieta, España, quieta!... ¿Bailas de gusto por la felicidad que te ha
+caído?... Ten calma, Nación, ten calma y espera tranquila el triunfo de
+tu Rey sacratísimo.
+
+Carnicero creyó que su valiente exhortación al reino danzante había
+hecho efecto, porque dejó de ver movimiento en las paredes.
+
+--Así, así te quiero--dijo dando algunos pasos para llegar a su sillón y
+sentarse--pero en vez de andar hacia la mesa, dirigiose al testero
+opuesto. No paró hasta tropezar con la pared, y al sentir el choque,
+llenose de cólera y dijo:
+
+--¿Quién me estorba el paso?... ¿Quién es el atrevido que no me deja
+llegar al sillón?
+
+Esperó respuesta; puso atento oído a los rumores que creía sentir. Todo,
+no obstante, era silencio. Pero a D. Felicísimo se lo antojó que oía
+fuertes golpes en la puerta de su casa. «¡Quién!» gritó tres veces
+poniendo entre cada grito larga pausa de espera. Mas un silencio lúgubre
+seguía reinando en la mansión desierta. De improviso sintiose por el
+techo como un aluvión de pisadas tenues, pero en tal número que formaban
+imponente estrépito. Eran los ratones que en tropel corrían por aquellas
+regiones baldías donde habían abierto con su habilidad y paciencia
+infinitos caminos y derroteros.
+
+--¡Ah!--exclamó Carnicero riendo con lastimosa imbecilidad--. Son los
+reales ejércitos que van al combate. Adelante, bravos batallones. La
+hora del triunfo se acerca. Que no quede de masonismo ni el grueso de
+una uña.
+
+Pasado algún tiempo, oyose reproducida a lo lejos la misma algazara en
+el techo. Parecía que reñían en la sombra de los pasillos los ejércitos
+de alimañas y que había retiradas tumultuosas, furibundas embestidas,
+victorias súbitas, heroicos choques y horribles desmayos. Carnicero dejó
+de atender a aquel fragor lejano y empujó la pared, queriendo vencer el
+obstáculo que, según él, le impedía llegar a su cómodo asiento.
+
+--Digo que necesito llegar a mi sillón--repitió--. ¿Quién eres tú?
+
+Alzó los alucinados ojos el anciano y vio lo que en la mitad de la pared
+había. Era un hermoso cuadro, retrato de Fernando VII, colgado allí
+treinta años antes, y que D. Felicísimo había contemplado desde su
+asiento muchas veces, recreándose en la perfección de la pintura y en la
+exactitud del parecido. El cuadro era bueno y representaba a Su Majestad
+en gran uniforme, de medio cuerpo, con aire y bríos juveniles, nariz
+luenga, cabellos negros, ojazos llenos de relámpagos y aquella expresión
+sensual y poco simpática que caracterizó al Deseado Aborrecido. Tan
+trastornado estaba Carnicero, que le parecía ver por primera vez aquella
+figura en su gabinete, y retrocedió con cierto espanto. Mas reponiéndose
+y haciéndole frente, como si también la figura hacia él caminase, se
+encaró con ella, amenazando con su semblante plano el pintado rostro del
+Rey, y le dirigió estas arrogantes palabras 16:
+
+--¿Qué tal le va a Vuestra Majestad en los Infiernos?... ¡Ah!
+Perfectamente sin duda. Vuestra Majestad lo ha querido. ¿Qué tal saben
+los tizonazos? Yo me permito decir a Vuestra Majestad con todo respeto
+que Vuestra Majestad está bien donde está. Las cosas vuelven a su
+natural ser, y el Reino se ha salvado. España está libre de su monarca
+impuro y acepta el dulcísimo yugo de ese arcángel a quien Dios hizo
+nacer hermano de Vuestra Majestad Real.
+
+Calló el viejo y siguió mirando la figura, que de agradable se hizo
+repentinamente espantosa, porque sus ojos echaron llamas, su nariz tomó
+las dimensiones de elefantina trompa, y su mano soltó el bastón de mando
+para echarse fuera del cuadro.... La mano, sí, se echó fuera del cuadro,
+y todo el cuerpo del Rey salió en seguida cual si traspasase el umbral
+de una puerta. D. Felicísimo retrocedió sintiendo que su valor se
+extinguía, que sus bríos se aplacaban, que toda su sangre se
+congestionaba en el corazón. Vio venir la horrenda estampa del Rey
+cubierto de galones y cruces; vio que el brazo se extendía, que la mano
+se alargaba y le cogía por la muñeca, a él, el pobre anciano flaco y
+canijo; sintió que aquella mano pesada como el sueño y más fría, mucho
+más fría que el mármol apretaba sus huesos hasta deshacerlos, mientras
+los ojos fulgurantes del Deseado le traspasaban con mortífero rayo. El
+pobre anciano no podía gritar, ni desprenderse de aquella tenaza, ni
+siquiera encomendarse a Dios, porque había en su mente una perturbación
+horrible y se volvía tonto. La imagen infernal no sólo le atenazaba sino
+que se le llevaba consigo, empujándole a profundidades negras abiertas
+por el delirio y pobladas de feos demonios.
+
+Y así pasó un rato sin que cesasen los efectos del licor que tan
+alevosamente tomara el nombre y la figura del Jerez. Mientras a D.
+Felicísimo se le antojaba realidad el desvarío que hemos descrito, la
+realidad era que el retrato estaba en su sitio y D. Felicísimo tendido
+en el suelo en completo trastorno físico y mental, sumergido en las
+tenebrosas honduras de la embriaguez. El buen señor no oyó, pues, los
+fúnebres maullidos del gato; no le vio entrar en la estancia con los
+bigotes tiesos, el lomo erizado, los ojos como esmeraldas atravesadas de
+rayos de oro, las uñas amenazantes: no le sintió saltar y hacer locuras
+cual si perdiera el juicio o estuviese tocado de mal de amores; no oyó
+sus horribles lamentos, seguidos de roncos bramidos, ni presenció la
+ferocidad con que a la postre se lanzó fuera, escalando la pared,
+cayendo, levantándose, subiendo por un poste, precipitándose por oscuros
+agujeros, para reaparecer luego desesperado y jadeante. El infeliz
+Carnicero no vio nada de esto, librándose así de una impresión
+horrorosa; no oyó tampoco el estruendo de las alimañas en el techo,
+retirándose al través de los tabiques y haciendo saltar bajo su paso
+débil innumerables pedazos de yeso; no pudo ver cómo cayó de pronto
+enorme porción de cascote en medio del pasillo, ni cómo algunos de los
+puntales se movieron y otros se rompieron cediendo al fin al peso de la
+techumbre podrida; no vio la primera oscilación de esta sobre la sala,
+ni la inclinación del tabique medianero, ni el vacilar de los de carga,
+ni la pavorosa lentitud con que las vigas del tejado cayeron sobre las
+del techo plano, aplastando la bohardilla como un bizcocho; ni oyó los
+crujidos de las maderas resistiendo todo lo posible el peso, ni el
+quebrantamiento de algunos tabiques, ni el cuartearse de los yesos,
+salpicando chinitas menudas que luego fueron piedras; ni vio
+desprenderse polvo de las alturas, precediendo a una lluvia de cal que
+luego fue pedrisco de guijarros; ni presenció la desviación de la pared
+maestra, que empezó haciendo una cortesía a la pared frontera por la
+calle del Duque de Alba, y luego se rompió por las ventanas y en la
+parte más frágil. D. Felicísimo no vio nada de esto, y así, cuando
+aquella mole podrida se desplomó en una pieza con estruendo más grande
+que el de cien cañonazos, él se agitó un instante en su sepulcro de
+ruinas, murmuró estas dos palabras: «suéltame ya», y pasó a la
+eternidad, no como quien se duerme, sino como quien despierta.
+
+El rico archivo eclesiástico, cuyos legajos asomaban por las rejillas de
+los estantes excitando la veneración del espectador, estaba tan comido
+de la polilla, que al desplomarse la casa se desmoronó como seco amasijo
+de polvo, y parecía que todo entraba en el caos tras la dispersión de
+tanta materia inútil, de tanta borrosa letra y de tanta ranciedad como
+se acumulaba en los podridos escritos. Así los siglos y las
+instituciones caducadas entran como ríos de polvo en el mar de ruinas de
+lo pasado, que se agita por algún tiempo y se emborrasca, hasta que al
+fin se asienta y se endurece, se petrifica y queda para siempre muerto.
+Nada sabríamos de lo que contiene este sepulcro inmenso en que tantas
+grandezas yacen, si no existiese el epitafio que se llama historia.
+
+La noticia del desastre se extendió rápidamente por todo el barrio. Vino
+Pipaón temblando de miedo y harto intranquilo por la suerte que en aquel
+inopinado hundimiento hubiese cabido a las gruesas cantidades que D.
+Felicísimo guardaba en su propia casa. Más tarde se congratulaba en lo
+íntimo de su pecho de una catástrofe que inutilizó en el díscolo viejo
+el perverso intento de privar, en lo posible, a su nieta de la herencia
+que le correspondía. Hasta en aquel deplorable accidente se manifestó la
+decidida protección que el cielo dispensaba al cortesano de 1815,
+apartándole de todos los peligros y allanándole los caminos todos para
+que llegase a donde sin duda alguna debía llegar. Por esto decía Don
+Rodriguín: _Divisum cum Jove imperium Pipao habet_.
+
+En la tarde del día 1.º de Octubre D. Benigno Cordero contemplaba, con
+afligido semblante las ruinas de la casa del absolutismo. Una docena de
+ganapanes, vigilados por individuos de la policía y de la curia, removía
+los escombros, sacando cascote, podridas vigas, y muebles hechos
+astillas. El dinero y el cuerpo de D. Felicísimo aparecieron al fin como
+objetos extraídos de una excavación pompeyana, entre el pasmo y la
+consternación de los espectadores, movidos quien de curiosidad, quien de
+codicia. Él de Boteros tenía en aquella tarde ocupaciones que no le
+permitían estar como un bobo mirando la exhumación, y después de rezar
+un par de Padre-nuestros por el alma del que fue paisano y amigo, y de
+encomendarle a Dios con devoción, entró en una casa próxima. Recibiole
+un criado, y aquí fue la sorpresa, aquí la suspensión de D. Benigno, que
+se tuvo por más hundido y aplastado que Carnicero, al oír lo que oía.
+
+--¿Pero se ha ido, se ha ido de Madrid por mucho tiempo?--preguntó el buen
+señor, después de larga pausa, en que no supo lo que le pasaba.
+
+--Para mucho tiempo, sí señor.
+
+--Luego ha ido lejos.
+
+--Muy lejos, aunque no dijo adonde.
+
+--¿Pero usted está seguro de lo que dice? Usted está trastornado.
+
+--El señor se ha ido y no volverá pronto.
+
+--Entonces habrá dejado algún recado o carta....
+
+--El señor escribió una carta; pero no la dejó en casa.
+
+--¿Pues dónde, hombre de Dios, dónde?
+
+--La dejó a D. Felicísimo Carnicero.
+
+--¡Bendito Dios!--exclamó D. Benigno, golpeando en el suelo con un pie--.
+¿Y a usted no le dejó recado verbal para mí?
+
+--¿Para el Sr. de Cordero? Sí señor. Me dijo que D. Felicísimo enteraría
+a usted del motivo de su viaje y le daría una carta.
+
+--¡Barástolis!... Hay cosas que parecen obra de Satanás.
+
+Y reproduciendo en su mente el espectáculo de los escombros que había
+visto a dos pasos de allí, pensó que para encontrar la carta era preciso
+levantar muchas varas cúbicas de polvo y astillas, un cadáver y el
+pesadísimo pie de la curia, puesto sobre el tesoro, como el pie del
+pilluelo que pisa la moneda caída, mientras su dueño la busca paseando
+los ojos por la tierra. Exhaló Cordero de su pecho un suspiro en que
+parecía que la mejor parte de su alma se escapaba en busca del fugitivo,
+y salió abrumado de pena. En la calle el gentío que se agolpaba junto a
+las ruinas le dio a entender que sacaban aquel precioso fósil que fue
+agente eclesiástico. Entonces dio un suspiro mayor, diciendo para
+sí:--También nosotros nos hundimos; también a nosotros se nos ha caído la
+casa encima.
+
+Acordose entonces de Sola, a quien había dejado en su casa esperando el
+resultado de aquella visita, y no pudo menos de traer también a la
+memoria las corazonadas de la huérfana antes de salir de los Cigarrales.
+No queriendo dar a esta la desagradable noticia sin acompañarla de algún
+consuelo, hizo averiguaciones prolijas aquella misma tarde, y después de
+hablar con algunos amigos del fugitivo y de hacer mil preguntas en
+varios mesones y paradores, se retiró a su casa si no con la
+certidumbre, con la sospecha fundadísima de que Salvador había ido al
+Norte. Esto, las voces que habían corrido acerca de las opiniones
+últimamente adoptadas por su amigo y la circunstancia de haber partido
+en el mismo día en que murió Su Majestad, llevaron a Cordero de
+cavilación en cavilación hasta ponerle en el trance de creer lo que el
+día anterior le parecía increíble.
+
+--No--pensaba andando hacía su casa--, aquel tesoro no puede ser para un
+aventurero. Mi hija no se casará con un hombre que así juega con los
+santos principios, con un hombre que ayer fue exaltado liberal y hoy
+absolutista de trabuco y sobrepelliz. Ella misma apartará de él su
+espíritu y su corazón, y entonces....
+
+El semblante del de Boteros se animó. Toda idea nueva y feliz produce
+como una llamarada interior, cuyo reflejo sube al rostro, cuando este no
+se ha educado en el disimulo y la hipocresía. Cordero avivó el paso y
+apretó fuertemente el puño del bastón, repitiendo:
+
+--Entonces....
+
+
+
+
+-XIX-
+
+
+Como la vista del geógrafo se extiende sobre el mapa, así la imaginación
+del excelente D. Benigno volaba hacia el Norte en seguimiento del
+prófugo, buscándole por llanos y laderas, sendas y atajos. Veía media
+Castilla, medio Aragón, el caudaloso Ebro, y luego las estribaciones
+pirenaicas cubiertas de verdura y plagadas de serpientes que de mil
+escondrijos salían. Y no será aventurado afirmar también que la
+imaginación del fugitivo se iba quedando atrás como un hilo desenvuelto
+del ovillo que rueda. Rodaba nuestro hombre con la prisa que tan
+cachazudos tiempos permitían, anhelando llegar pronto, y pues todo es
+relativo en el mundo, su tartana, galera o silla de postas (que en la
+categoría del vehículo no están conformes las referencias) llevaba un
+paso que en comparación del de la tortuga habría podido llamarse veloz.
+Cruzó el llano de Alcalá, la aromosa y pobre Alcarria, hacia donde cae
+el reino de las abejas; vio a Sigüenza donde hay colmenas de clérigos, y
+atravesó la estrecha cuenca del Jalón, que corre silbando por la
+angostura como una espada de agua que se envaina en montañas. La romana
+Bilblíis lo mostró ya la tierra aragonesa. En la feraz vega de Zaragoza,
+pasó por entre pilas de melocotones que parecían balas de fuego, y vio
+las lozanas viñas de uva retinta, cuyo zumo enardece la sangre de los
+paisanos de Lanuza. Sin detenerse pasó por la ciudad que lleva el nombre
+más preclaro en las justas militares del siglo, y que tuvo en los
+harapos de sus tapias rotas mejor defensa que otras en la coraza de sus
+murallas de piedra. En Tudela pasó el Ebro entrando en franca tierra de
+Navarra, semillero de gente brava, pues si Rioja fue hecha para criar
+pimientos, Navarra fue hecha para criar soldados. Halló gran agitación
+en los pueblos del camino, y la gente detenía el cochecillo para pedir
+noticias. Era preciso satisfacer a todos, diciendo: «Sí, es cierto que
+ha muerto el Rey».
+
+«¿Pero es verdad que Madrid ha proclamado ya a D. Carlos? ¿Es verdad que
+Cristina se ha embarcado o va en camino de embarcarse? ¿Es cierto que el
+Infante ha vuelto de Portugal, y está al frente del ejército?». A estas
+preguntas no podía contestar el viajero porque nada sabía, pero bien se
+le alcanzaba que provenían de falsas noticias y embustes, semilla que
+hábilmente sembrada en tales países había de dar pronto cosecha de
+tiros. Siguió su camino y al fin entró en Estella. Aunque eran las doce
+de un hermoso día cuando pisó la plaza Mayor, antojósele que las
+próximas alturas arrojaban sombra muy lúgubre sobre la ciudad y que esta
+se ahogaba en su cinturón de montañas. A cada paso hallaba pandillas de
+clérigos con capa de esclavina, paraguas y gorro de borla, charlando en
+lenguaje vivo sobre el asunto del día, que era la muerte del Rey y el
+problema de la sucesión.
+
+Dirigiose a uno de aquellos señores para preguntarle por la residencia
+del coronel Seudoquis, a quien quería ver sin pérdida de tiempo, y el
+clérigo, hombre gordito y lucio, le contestó de esta manera:
+
+--Nuevo es usted en esta tierra. Si no lo fuera usted, sabría que para
+encontrar al famoso Seudoquis no hay más que averiguar donde se juega y
+donde se bebe.
+
+Apuntando con su paraguas a una esquina de la acera de enfrente, añadió
+el buen hombre lo que sigue:--¿Ve usted aquella casa donde dice en letras
+muy gordas _Licores_? Pues allí encontrará usted al borracho.
+
+Y se marchó riendo y a prisa para reunirse a la cuadrilla que había
+seguido andando mientras él se detenía. Todos los demás individuos de
+paraguas encarnado y gorro negro eran también lucios y gorditos, señal
+indudable de no ser gente muy dada a la penitencia.
+
+Pronto encontró Salvador a su amigo, y no le encontró embriagado ni
+jugando, sino en tertulia con otros tres militares y dos paisanos. La
+sorpresa y alegría del coronel fueron grandes. Después de abrazarse,
+retiráronse a un desvencijado cuarto del mesón (pues mesón, café,
+taberna y algo más era la tal casa) y hablaron a solas más de una hora.
+Cuando Salvador se retiró a descansar en la estancia que allí mismo le
+destinaron, creía haber ganado la partida y estaba satisfecho de su
+aventurado viaje, que ya tenía por venturoso. Pero Dios quiso que todos
+sus planes se trastornasen y que a cada dificultad vencida naciese otra
+imponente dificultad. Aquella misma tarde recibiose aviso de que don
+Santos Ladrón, el atrevido guerrillero riojano, venía sobre Estella con
+quinientos voluntarios, al grito de _España por Carlos V_. Púsose en
+movimiento la escasa guarnición de la plaza, y Dios sabe lo que hubiera
+ocurrido si no llegara oportunamente el brigadier Lorenzo, mandado por
+el Virrey Solá con el regimiento de Córdoba y los provinciales de
+Sigüenza. Lorenzo no descansó en Estella. Aquella noche vio Salvador las
+calles Mayor y de Santiago atestadas de soldados, que se racionaban con
+pan y vino; habló con ellos y pudo notar que reinaba en la tropa buen
+espíritu, si bien su entusiasmo por la causa que empezaban a defender no
+era muy grande todavía.
+
+Lorenzo salió a media noche. Al día siguiente se tuvo noticia del
+combate de los Arcos, en que fueron destrozados los voluntarios de
+Ladrón y este hecho prisionero. Salvador vio por segunda vez la tropa de
+Lorenzo, de regreso a Pamplona, llevando consigo al guerrillero don
+Santos y a Iribarren. Lo peor del caso para nuestro amigo, fue que
+Lorenzo se llevó también a Pamplona a los tres prisioneros que en la
+cárcel de Estella estaban, y con esta determinación vino a tierra el
+plan construido por Monsalud de concierto con Seudoquis. Contrariedad
+tan inesperada parecía anunciar malísimo éxito a las tentativas
+generosas de Salvador, porque los prisioneros de Estella estaban ya
+condenados a muerte. Pero no desmayó por esto, y se puso en marcha para
+Pamplona, siguiendo a la brigada vencedora. Fue para él una ventaja
+relativa que le acompañara Seudoquis, con cuya cooperación humanitaria
+contaba, si bien lo sería muy difícil ejercerla en la misma residencia
+del Virrey.
+
+Por el camino pudo Salvador ver a su hermano prisionero y en tal estado
+de extenuación y abatimiento que inspiraba lástima a cuantos le miraban.
+En un desvencijado carro de trasportes iba tendido sobre jergones, cuya
+dureza con la de las piedras competía. Como el carro tenía toldo y unos
+palitroques laterales al modo de rejas, su semejanza con una jaula era
+grande, de donde resultaba que el Sr. Navarro, mirado desde fuera,
+escuálido, aburrido, entumecido y soñoliento, se pareciese algo a D.
+Quijote cuando le llevaban encantado desde la venta a su aldea. Salvador
+pudo acercarse, con la venia de la escolta, y cambió algunas palabras
+con el preso, el cual tardó mucho en reconocerle y le miró despacio con
+ojos semejantes a los de un demente.
+
+--¿Qué haces tú por aquí?--dijo acercando su rostro a los palos--. ¿Eres tú
+el que parece o eres otro?
+
+--Soy el que parece--replicó Salvador inclinándose lo más posible sobre el
+arzón de su cabalgadura--. ¿No esperabas verme por aquí?
+
+--No habrás venido a nada bueno.
+
+--He venido por ti.
+
+--¡Ah!... eres de los ministriles del Virrey. ¿Te has hecho asesor de Su
+Excelencia? Mira, oye, acércate más.... Di al canalla de Su Excelencia
+que no tarde en fusilarme. Ya no puedo más.
+
+--¿Te sientes mal? ¿Padeces mucho?
+
+--¿A ti te importa algo que yo padezca o no? ¡Pues sí, padezco mucho, por
+vida del mismo rábano!... Tengo una lámpara encendida aquí.
+
+Incorporándose dificultosamente, llevose ambas manos a los hijares. Su
+cara lívida causaba miedo, y cuando dilataba los labios morados con
+expresión equívoca y asomaban sus dientes blanquísimos, se veía en él
+clara y patente la sonrisa del dolor, o sea la casi imperceptible burla
+que el dolor hace de sí mismo cuando han concluido todos los consuelos y
+aun los sofismas del consuelo.
+
+--Tú estás muy enfermo--le dijo Salvador con profunda pena--, y yo creo que
+el Virrey te perdonará la vida.
+
+--¡Y al dejarme vivir llamas perdón!... vaya un perdón el tuyo.
+¡Indultarme!... No, por muy masón que sea el Virrey, no será tan cruel o
+inhumano.
+
+--Estás alucinado, y el sufrimiento te enloquece un poco, haciéndote
+disparatar.
+
+--Yo estoy cuerdo y sé lo que me digo. Tú estás tonto y hablas más de la
+cuenta.
+
+--Yo sólo te diré que no te desesperes. Ta enfermedad puede curarse
+todavía.
+
+--Con cuatro tiros.... ¡Rábanos! no sufrirá que sea por la espalda.
+
+--No serán por ninguna parte. Estás enfermo y exaltado. Yo te juro que se
+harán esfuerzos grandes por salvarte.
+
+--¿Y quién me salvará, tú? ¿tú?--dijo Garrote con desprecio.
+
+--Podrá ser. No he venido a otra cosa.
+
+--¿Desde Madrid?
+
+--Sí. Y a Pamplona voy.
+
+--¡Salvarme tú!... ¡Conservarme la vida! Veo que también hay verdugos de
+la vida.
+
+--Yo quiero ser contigo ese verdugo de vidas.
+
+--Mira, mira, ¿quieres dejarme en paz, intruso, y volverte otra vez a tu
+Madrid?
+
+--Nos iremos
+
+--Yo seré feliz mañana--dijo Navarro con hosca expresión--, en el foso de
+Pamplona. ¡Qué frío hará allí!
+
+El prisionero temblaba.
+
+--¿Tienes frío?--le preguntó su hermano.
+
+--Hombre, sí, tengo frío. ¿No lo ves? ¿para qué lo preguntas? Tus
+pesadeces acabarían con la paciencia de un santo.
+
+--Te proporcionaré una manta.
+
+Alejose Salvador y al poco rato volvió con lo que había ofrecido. El
+prisionero tomó la manta y arrebujose en ella, añadiéndola a la manta y
+al capote que ya sobre sí tenía; pero ni por esas entraba en calor.
+
+--Veo que sigues tan helado como antes. Sin embargo, el día está bueno.
+Pica el sol.
+
+--Mi frío no es el frío de todo el mundo. Cien soles no lo
+destruirían.... abur.
+
+--No, todavía no. Tengo que hacerte una advertencia. Es indispensable que
+te vuelvas loco, quiero decir, que mañana, cuando te reconozcan los
+médicos, hallen en ti síntomas de locura.
+
+--Hallarán el contento de morir--repuso Navarro, dando diente con diente--.
+¡Ah! ya te entiendo: me fingiré cuerdo para que me maten más pronto. Me
+fingiré cuerdo, gritaré: «¡Viva Carlos V, mueran los masones!...». Está
+bien, hombrecillo, adiós. Vete, que quiero echarme a dormir.
+
+Y se tendió, envolviéndose todo y cubriéndose cara y manos, de modo que,
+si no fuera por el temblor, parecería un muerto a quien llevaban a
+enterrar.
+
+Salvador se retiró muy desesperanzado. El convoy se detuvo para
+distribuir raciones. Era la época de la vendimia, y el vino estaba poco
+menos que de balde, porque necesitaban desalojar las tinajas para dar
+cabida al mosto, que era aquel año abundantísimo. Así es que el convoy
+pasaba, según la expresión de Seudoquis, por una calle de borracheras. A
+cada instante hallaban grupos jaleadores; oíanse dicharachos, cantorrios
+y pendencias. Bailes y jotas festejaban el pingüe Octubre, y los mozos
+vendimiadores aparecían manchados de mosto, feos y soeces como
+sacristanes, que no sacerdotes, de un Baco pedestre y envilecido. Con la
+caída de la tarde se fue amortiguando el escándalo de aquella bacanal
+campesina; se extinguieron los ruidos de guitarras y panderetas, y al
+anochecer, las pandillas de clérigos aparecían paseando en el camino a
+la entrada de las aldeas. Oscura, oscurísima era la noche cuando el
+convoy entró en la capital de Navarra. Y a pesar de ser tal que todo se
+veía negro, a Salvador le pareció que no había en ella bastantes
+tinieblas para ocultar lo que hacer pensaba.
+
+
+
+
+-XX-
+
+
+Pero todo fue inútil por falta de elementos. Arrebatar sigilosamente un
+prisionero a la autoridad militar, dentro de una plaza fuerte y en
+momentos en que el fanatismo de los partidos redoblaba la vigilancia,
+era empresa demasiado temeraria y difícil para que saliera bien no
+contando con altos auxilios. Salvador no tenía amistad con el Virrey, y
+aunque la tuviera de nada le valdría por ser D. Antonio Solá hombre muy
+inflexible. De los jefes militares importantes trataba a algunos, y con
+varios de ellos tenía conocimiento que rayaba en amistad, por antiguo
+compañerismo en el Grande Oriente masónico del 22. Pero no era a
+propósito la ocasión para corruptelas humanitarias. Seudoquis, con quien
+siempre contaba, le dio esperanza, asegurándole que si el prisionero
+perseveraba en sus locas extravagancias, era fácil que el Virrey, en vez
+de mandarle al foso, le enviase al hospital de orates.
+
+El cuidado de reanudar sus relaciones antiguas, y procurarse otras
+nuevas ocupaba a Salvador las mejores horas del día y de la noche. Los
+militares se reunían en una especie de casino, situado junto a la fonda
+principal, y allí se jugaba, mezclando los entretenimientos lícitos con
+los prohibidos; se bebía café, se vaciaban botellas y se charlaba de lo
+lindo. Fuera de aquel círculo halló nuestro amigo algunos que, a pesar
+de pertenecer a la clase militar, se mantenían retraídos. Una mañana
+paseaba solo por la Taconera, cuando tropezó con una persona cuyo rostro
+no era extraño para él. Detúvose, saludó, y el desconocido conocido le
+contestó fríamente. Era un hombre de alta estatura, moreno, de ojos
+negros, bigote y patillas. Recortadas estas con esmero por la navaja
+formaban una curva sobre las mejillas y venían a unirse al bigote,
+resolviéndose en él, por decirlo así, de lo que resultaba como una
+carrillera de pelo. Su nariz aguileña de perfecta forma, el mirar
+penetrante, y un no sé qué de reserva, de seriedad profunda que en él
+había, indicaban que no era hombre vulgar aquel que en tal hora paseaba
+envuelto en capa de paisano, y calzado de altas botas, que el buen
+estado del piso hacía innecesarias. Al soltar el embozo dejó ver su
+cuerpo, vestido con zamarreta peluda, estrechamente ajustada con
+cordones negros. Las patillas, las botas, la zamarreta, la aguileña y
+delgada nariz, los ojos de cuervo y la gravedad taciturna son rasgos
+suficientes a trazar sobre el lienzo o sobre el papel la inequívoca
+figura de Zumalacárregui.
+
+El que después fue el más grande de los cabecillas y el genio militar de
+D. Carlos, estaba a la sazón de cuartel en Pamplona, vigilado por la
+autoridad militar. Varias veces le había amonestado Solá. Se contaban
+sus pasos y se le había prohibido tener caballo. Vivía con su familia y
+era hombre muy morigerado. No daba a conocer fácilmente sus opiniones;
+pero pasaba por ferviente partidario de D. Carlos. Iba a misa todos los
+días y después de misa paseaba dos horas por la Taconera, cualquiera que
+fuese el tiempo.
+
+Salvador y D. Tomás hablaron breve rato. D. Tomás compadeció a su amigo
+D. Carlos Navarro, y después, como el otro sacara a relucir la guerra y
+el aspecto que tomaba, dijo con aparente candor, verdadera máscara de su
+marrullería, que, según su opinión, las cosas no pasarían adelante. Por
+no verse precisado a hablar más, apretó la mano de su amigo y siguió
+paseando por la muralla.
+
+Al día siguiente fue pasado por las armas en el foso de las
+fortificaciones D. Santos Ladrón, que murió valiente como español y
+resignado como cristiano. Después sufrió igual suerte Iribarren,
+cabecilla menos célebre que el primero. Ya estaba señalado el sacrificio
+de Garrote para el 15, cuando el Virrey, en vista del estado lastimoso
+del reo, difirió su muerte, mejor dicho, la encomendó a la Naturaleza.
+Los médicos habían dicho que Navarro no viviría dos semanas, y Solá tuvo
+ocasión de mostrar su humanidad. El enfermo fue trasladado al hospital,
+de lo que recibió su hermano mucho contento, porque algo más vale
+desahuciado que muerto.
+
+Cada día llegaban a la ciudad noticias alarmantes del vuelo que tomaba
+la insurrección. En Oñate se echaba al campo Alzaá, en Salvatierra
+Uranga, en Toranzo Bárcena, Balmaseda en Fuentecén, y en Navarra, que
+era el centro de aquel motín semi-nacional fraguado por el absolutismo
+con la bandera de Cristo, se habían alzado Goñi y Eraso, Iturraldo
+y el cura de Irañeta. Eraso tenía por suyo a Roncesvalles, Goñi la
+Borunda, y el párroco asolaba la parte llana. Era un bravo soldado
+el de Irañeta y podía ocupar lugar excelso en esos extraños fastos
+eclesiástico-militares, donde están escritas con horribles letras negras
+las hazañas de Merino, Antón Coll y el Trapense.
+
+Navarro fue trasladado al hospital, donde su hermano pudo verle con
+frecuencia. El áspero carácter, los bruscos modos y la amarguísima pena
+del enfermo no cambiaron nada pasando del poder de los carceleros al de
+los cirujanos, si bien su dolencia entró en un período de alivio por las
+ventajas higiénicas del cambio de vivienda. Postrado en la cama, pasaba
+a veces días enteros sin pronunciar una sola palabra, aunque Salvador
+hacía los imposibles por sacar una siquiera de aquel pecho que era un
+mar de melancolías. En cambio, otros días era tal su locuacidad que no
+podían seguirle la conversación incoherente y exaltada. Salvador y el
+cirujano procuraban con esfuerzos de gallardo ingenio llevar su charla a
+los términos de la discreción y del buen razonar; pero mientras más
+querían ir ellos por el camino del juicio, con más ahínco se arrojaba D.
+Carlos por los despeñaderos del desatino. Si ellos hablaban de las
+cosechas, del crudo invierno y entremezclaban donosos cuentos en su
+coloquio, a él no le sacaba nadie de la guerra, del empuje carlista y de
+la necesidad de que un jefe militar de prestigio y valor se pusiese al
+frente de las partidas navarras para organizarlas y hacer con ellas un
+poderoso ejército reglado. Imaginaron hacerlo creer que no había ya tal
+guerra y que los rebeldes se habían sometido ya al Gobierno; pero esto
+dio resultado contrario al buen deseo de Salvador, porque oyendo Navarro
+lo del someterse, poníase furioso, echaba ternos y quería arrojarse del
+lecho. Más fácil era pacificar a Navarra que introducir en aquel cerebro
+insurreccionado la idea de la paz.
+
+El sistema más eficaz para calmarle y hacerle tomar las medicinas era
+contarle las hazañas del cura de Irañeta y del cabecilla Mongelos, dos
+tipos de la guerra de salteadores. Pero si le decían que todo el furor
+religioso carlino de tales héroes no era más que una pantalla para
+encubrir contrabando, entonces el enfermo sacaba los puños de entre las
+sábanas, llamaba al cirujano _mequetrefe_, y decía a su hermano:
+
+--Tú eres un intrigante forrado en masón. Márchate de aquí y déjame solo.
+Me estorbas, te juro que me estorbas. Tus cuidados me cargan, porque no
+quiero agradecerte nada. ¿Lo oyes bien? no quiero agradecerte nada, ni
+esto. Pesas sobre mí como una montaña, y creo que no tendré salud
+mientras no estés lejos de mí y pueda yo decir: «no le debo nada, no es
+mi hermano, es un intruso».
+
+De estas cosas se reía Salvador, y para captarse su voluntad y amansar
+un poco su arisco genio, hasta ideó afectar simpatías por el Infante y
+la apostólica insurrección. Una mañana le llevó la noticia que circulaba
+por la ciudad, dando motivo a infinitos comentarios. Zumalacárregui se
+había pasado al campo carlista. Según dijo quien le vio, dos días antes
+había salido muy de mañana, con capote militar, por la puerta del
+Carmen, y se había encaminado a pie hacia una venta próxima, donde le
+esperaban tres hombres con un caballo. A escape se dirigió el coronel
+cabecilla a Huarte Araquil, donde le aguardaban el cura Irañeta y
+Mongelos. Los tres partieron juntos hacia la sierra en busca de
+Iturralde, según se creía.
+
+Mucho extrañó a Monsalud el ver que su hermano, en lugar de recibir esta
+noticia con la alegría que siempre mostraba, tratándose de ventajas
+carlistas, la oyó con gran asombro, y después de larguísima pausa, se
+afligió mucho y se dio un golpe en la frente como en señal de
+abatimiento y desesperación. De pronto extendió una mano. Asiendo el
+brazo de su hermano, atrájole hacia sí y en voz baja, con el acento más
+lúgubre que puede imaginarse, le dijo estas palabras:
+
+--¿Ves lo que hace Zumalacárregui? Pues eso debía haberlo hecho yo. ¿No
+te dije que era necesario que un jefe militar se pusiese al frente de
+esta sagrada insurrección para organizarla? Pues ese jefe debía ser yo,
+yo. ¿Qué hace Zumalacárregui? Lo mismo que habría hecho yo. Su papel es
+el mío, sus laureles los míos, su triunfo mi triunfo. Si yo no estuviera
+en esta aborrecida cama, estaría donde él está ahora, y lo que él piensa
+hacer y hará de seguro, ya estaría hecho.... ¡Qué desesperación, Dios de
+Dios!
+
+Dicho esto, puso sus ojos fieros en los de su hermano tristes y serenos;
+le envolvió en una mirada aterradora y le apretó con más fuerza el
+brazo, diciendo:
+
+--Oye tú, si me sacas de esta cama, si me sacas de Pamplona y me pones en
+salvo en Huarte Araquil o en Oricaín y me das un caballo, te juro que se
+acabará el odio que te tengo y serás mi hermano querido, y daré una
+interpretación buena a tus cuidados, agradeciéndolos en vez de
+rechazarlos. Hazlo, hazlo por mí y por nuestro padre, cuya memoria y
+cuyo nombre pongo hora como lazo de reconciliación entre los dos....
+
+Salvador sintió frío en el corazón. En el primer instante tuvo la idea
+de aparentar complacer a su hermano, dando cuerda a su demencia; pero
+consideró al punto que era muy peligroso el sistema de fomentar, siquier
+fuese momentáneamente, tan descabelladas manías, y tan sólo dijo:--Si
+insistes en esa locura, te abandonaré y entonces sí que llamarás a tu
+querido hermano.
+
+Navarro gritó: ¡_Intruso_! y al punto su cabeza y sus brazos
+desaparecieron entre las sábanas. Era aquel el movimiento final de su
+enfado y su manera genuina de romper con el mando.
+
+Desde aquel día, si halló alivio en su enfermedad, declinó más por la
+pendiente de la locura, y tales disparates hizo, que el Virrey le
+absolvió en definitiva como indigno del patíbulo. Estaba incapacitado
+para morir a manos de los hombres. Una noche le hallaron medio desnudo
+en un desván del hospital buscando salida para salir al tejado. Dos días
+después dio de puñadas al cirujano, y frecuentemente se arrojaba del
+lecho para correr por la sala injuriando a imaginarios enemigos, sólo
+vistos de su extraviado entendimiento. Por último, pasados tres meses de
+hospital, y cuando mediaba Enero del 34, fue declarado baja en el
+ejército, y el Virrey dispuso que se hiciera cargo de él su familia, si
+alguna tenía. En tal resolución no tuvieron poca parte las buenas
+amistades de Salvador. Así vio colmados sus deseos, y llevándose consigo
+al enfermo, lo instaló en su casa cómodamente, decidido a llevárselo a
+Madrid cuando su estado lo permitiese y se apaciguaran los rigores de
+aquel crudo invierno.
+
+El descenso de la temperatura había extendido sobre algunas partes de la
+nieve planchas de durísimo y resbaladizo cristal. Las fuentes,
+enmudecidas en su parlero rumor, parecían decoraciones de azúcar por la
+quietud de sus chorros helados de mil facetas. En las murallas las
+formidables piezas de gran calibre estaban arrebujadas en la nieve, y
+por un pliegue del frío capote asomaban sus bostezantes bocas negras
+amenazando al campo. En los fosos, la inmaculada blancura casi cegaba la
+vista, y las alegres márgenes del Arga no se conocían de puro vestidas.
+Los árboles con sus escuetas ramas perfiladas de blanco no parecían
+árboles, sino urdimbres rotas de un tejido deshecho. Las casas medio
+sepultadas echaban a duras penas por su chimenea, cubierta de finas
+cremas y cristalinos picachos, un chorro de humo que subía lentamente a
+manchar el cielo y se resolvía en el pesado gris de la atmósfera como
+masas de tinta arrojadas en un inmenso mar de almidón. Dentro de las
+casas reinaban, por el contrario, la animación y el bullicio, por estar
+recogidos los habitantes todos al amor de los hogares, donde ardían
+encinas enteras. Fuera, todo estaba congelado, incluso la guerra, que
+había dejado de moverse en el campo para latir en el corazón de las
+viviendas.
+
+Contra lo que Salvador esperaba y temía, Navarro se dejó llevar, y
+después de instalado en vivienda tan distinta del lóbrego y tristísimo
+hospital en que antes moraba, su exaltación se trocó en abatimiento y su
+aspereza en indiferencia, no exenta en algunos instantes de suavidad y
+aun de discretas y sosegadas razones.
+
+No contribuyó poco a su alivio la soledad en que estaba y el no permitir
+Salvador que le visitara persona alguna, porque en el hospital los demás
+enfermos se complacían en calentarle los cascos, contradiciéndole en sus
+vehemencias o alentándole en sus majaderías. Una mujer de carácter
+excelente, tan notable por su solicitud como por su paciencia, le
+asistía, y un clérigo pacífico le acompañaba algunos ratos. Doña
+Hermenegilda, que así se llamaba la dueña, era viuda de un guarda-montes
+de la Borunda y había tenido siete hijos, de los cuales, a excepción del
+más pequeño, que emigró a las Américas, no quedaba ninguno por haberlos
+absorbido todos sucesivamente las distintas guerras de la Península,
+desde la famosa de la Independencia hasta la de los agraviados en
+Cataluña. Tan guerreros eran, que en los pequeños claros o intervalos de
+paz, ninguno supo hacer cosa de provecho, y la poca hacienda que tenían
+fue pasando a los prestamistas, disolviéndose toda en comilonas, timbas,
+inútiles viajes, cacerías y compras de armas para camorras. De esto y
+del desastroso fin de todos ellos, nació en Doña Hermenegilda un
+aborrecimiento tan vivo de las guerras, que no se le podía mentar nada
+de lo tocante al fiero Marte y su culto sangriento. Ella decía que una
+nación de cobardes sería la más feliz y próspera del mundo, y cuando le
+objetaban que esa nación no sería dueña de sí misma porque la
+esclavizaría cualquier conquistador extraño, respondía que su bello
+ideal era que todas las naciones del mundo fueran igualmente cobardes,
+para que resultara un globo terráqueo poblado en absoluto de seres
+prudentes. Doña Hermenegilda no era navarra.
+
+No podía haber escogido Salvador persona más a propósito para cuidar a
+un hombre tocado, como se sabe, del mal de batallas. No tenía igual
+seguridad de acierto en la elección del Padre Zorraquín para acompañante
+y amigo espiritual del enfermo, porque si bien en ocasiones podría
+tenerse al tal clérigo por la persona más bondadosa y mansa del mundo,
+en otras parecía un si es no es levantisco y ambicioso. Era Zorraquín
+capellán de unas monjas pobres y no podía ocultar sus febriles ganas de
+llegar a otra posición eclesiástica más elevada. Ya no era joven el
+capellán y había dejado trascurrir lo más florido de su existencia sin
+hacer valer los méritos que creía poseer. Todas sus peroratas sobre este
+tema de la vanidad concluían diciendo: «Ya, ya vendrán tiempos de
+justicia, sí, ya vendrán.... Entonces no veremos los coros de las
+catedrales llenos de masones con sotana, mientras los buenos
+eclesiásticos perecen».
+
+No pasaba ya Garrote la mayor parte del día en la cama. Había recobrado
+las fuerzas, y su mal, que antes parecía profundamente arraigado y dueño
+de la persona, le permitía ya algunas horas de completo bienestar. Muy
+sensible al frío, se acercaba con frecuencia a la lumbre, la observaba
+con fijeza, arrojando en medio de las ascuas su mirada, como si quisiera
+encenderla en ellas, y no se movía hasta que, inflamándose su cara con
+los rojos reflejos, llegaba a un grado de irritación insoportable.
+Entonces se retiraba, conservando en su pupila la imagen de las brasas
+deslumbradoras. Después de dar algunos paseos por la estancia, hasta
+enfriarse, volvía junto a las llamas y se extasiaba contemplando otra
+vez las lenguas rojas de azulada punta, las quemadas astillas que caían
+del consumido leño con murmullo de hojas secas, y languidecían luego en
+la ceniza durmiéndose.
+
+Comía poco. No leía nada, y su única distracción era tirar al florete
+con su hermano. Pero este entretenimiento duraba minutos nada más, por
+la escasa fuerza del convaleciente. Hablaba tan poco, que a veces hasta
+se privaba de lo necesario por no pedirlo. En el largo espacio de un mes
+no pasaron de tres las conversaciones tiradas que ambos hermanos
+sostuvieron. En la primera hablaron de las condiciones de las casas de
+Pamplona, de la catedral, de la ciudadela, de las fortificaciones, de la
+Rochapea y de otros temas locales, en que Navarro mostró su prolijo
+conocimiento de la ciudad. En la segunda, Salvador le habló de la
+guerra, procurando poner a prueba el juicio de su hermano, y no tuvo
+poca sorpresa al observar que Garrote trató el asunto con un aplomo y
+una serenidad de ideas admirable. El tercer coloquio fue todo él
+expresión de sentimientos personales, y habría podido servir de base de
+concordia entre dos hombres que tanto se habían aborrecido. Por esto
+debe ser puesto entre lo más precioso que han hablado nuestros
+personajes, y reproducido con integridad para que sea edificación de
+nuestros lectores, como lo fue de Doña Hermenegilda, que tuvo el honor
+de hallarse presente en aquel palique.
+
+
+
+
+-XXI-
+
+
+Una tarde, después de comer, hicieron ambos elogios muy ardientes de un
+exquisito guisado de palomas silvestres que les puso Doña Hermenegilda.
+Después Navarro se acercó a la chimenea, cual si fuera a arrojarse
+dentro de ella, y como Salvador le amonestara por aquel singular gusto
+de achicharrarse, Navarro se retiró, miró a su hermano sin el
+acostumbrado fruncimiento de cejas, y le dijo estas blandas palabras:
+
+--Acabarás por manejarme como a un chiquillo. ¿Qué más quieres? Poco a
+poco me has ido haciendo tu prisionero sin combatir, y con medicinas
+primero, con cuidados después, has ido venciéndome. Si no hay en todo
+esto una intención desconocida, desde ahora declaro que estoy agradecido
+del bien que me has hecho.
+
+--Una intención y un plan hay en mí--replicó Salvador--pero ambos son harto
+claros. He querido vencerte con las armas del bien y dominarte por la
+fuerza de la caridad, emanada de un parentesco que no querías reconocer.
+¿Lo reconocerás ahora? ¿Se hace por un extraño lo que yo he hecho?
+
+--No--dijo con noble decisión Garrote--. No se hace por un extraño lo que
+has hecho por mí. He tenido días de gran oscurecimiento en mi cabeza;
+pero ya veo claro, y aunque imagino sofismas y sutilezas para desvirtuar
+tu comportamiento conmigo, no puedo. La verdad es más fuerte que mis
+cavilaciones. Te me has ido imponiendo, imponiendo, y ahora estás encima
+de mí con un doble carácter, pues no puedo separar completamente en ti
+el hermano cariñoso del hombre aborrecido, ni creo que separarlos pueda
+mientras los dos vivamos.
+
+--He sido más afortunado que tú--dijo Salvador, apartándole otra vez del
+fuego, que le atraía como a mariposa--, porque yo hace tiempo que he
+olvidado todas las ofensas; hace tiempo que he cogido todos los rencores
+y arrancándolos de mí los he echado fuera, como se echa este papel al
+fuego.
+
+Salvador arrojó al fuego un papel que ardió instantáneamente con
+llamarada juguetona. Instintivamente Navarro se acercó a la chimenea y
+quiso sacar el papel que ardía; pero retrocedió quemándose los dedos.
+Esto, que parecía un chispazo de locura, inspiró a Salvador lo
+siguiente:
+
+--No metas tu mano en el fuego para sacar lo que ha caído en él. Tú, como
+yo, necesitas hacerte perdonar para ser perdonado, necesitas comprar la
+generosidad con generosidad y el olvido con el olvido.
+
+--Si pudiera olvidar...--murmuró Navarro, embelesado siempre en la
+contemplación de la llama--. Si pudiera borrar todo lo que no fuera
+presente.... ¡Qué tranquilo viviría!... Porque el presente me agrada, y
+esta serenidad que ahora disfruto es un bien muy precioso. Fáltame saber
+si lo debo a la casualidad, a la Providencia o a ti.
+
+--A los tres--replicó el otro--. La Providencia y el hombre, ya amigo ya
+enemigo, suelen obrar de acuerdo para salvarnos o perdernos. Tu memoria
+se ha aclarado lo bastante para recordarte, lo que has pasado, la ruina
+de tus descabellados planes de guerrillero, tu prisión, tu enfermedad
+gravísima, tu condenación a muerte. Pero hay cosas que no puedes saber
+por tu memoria, y son la curiosidad interesada con que yo observaba tus
+pasos desde Madrid, y mí resuelto propósito de socorrerte cuando caíste
+en el mayor peligro en que puede caer un hombre. Yo dejé mi casa,
+comodidades de esas que empiezan a valer mucho cuando se nos va acabando
+la juventud, y quehaceres importantes; yo corrí a este país de Navarra
+decidido a emplear todo lo que en mí hubiera de actividad, de celo y de
+ingenio para salvarte. He vivido algunos meses consagrado a ti, velando
+por ti, y luchando contra tu mal, contra tu genio, contra tu locura,
+contra los enemigos, contra la ley y contra todo, sin desmayar nunca,
+sin fatigarme un punto hasta conseguir mi objeto. Sobre todos los
+enemigos me han resistido siempre tu carácter y tu antipatía. Pero esto,
+lejos de desanimarme, me encendía más, y más me estimulaba a pretender
+una victoria completa. Estoy satisfecho, te he salvado de la muerte, te
+he cazado, te he domado, y ahora te tengo en mi poder, no como enemigo
+prisionero, sino como podría tener un padre a su hijo débil y pecador,
+sojuzgado y no sé si arrepentido. Yo conceptuaba como la mayor gloria
+apetecible esta victoria mía por la fraternidad cristiana, y esa
+sumisión tuya por la gratitud. Ahora, cuando parece que recobras tu
+salud perdida y tu libertad, ¿qué harás? Desde el momento en que yo me
+aleje, tu soledad será espantosa. ¿Irás a la guerra? No lo creo. Si te
+retiras a alguna parte a vivir pacífica y honradamente, ¿a quién
+volverás los ojos para decir: «tú eres mío»? ¿Los volverás a tu mujer?
+No. ¿Buscarás algún pariente en la Puebla? No los tienes. ¿Buscarás
+amigos? Tu carácter rechaza las amistades nuevas. Abre los ojos y ve
+claro, desgraciado; no niegues la evidencia. Por más que busques no
+hallarás más familia que yo. Yo soy el único que puedo llenar tu vacío y
+hacer a tu lado un bulto, una sombra que indique la presencia de un
+amigo.
+
+--Cállate--dijo Navarro, ya lejos de la chimenea--cállate, que me haces
+daño. Insensiblemente te has atado a mí y has soldado la cadena. Está
+bien, te arrastraré conmigo. ¿Podrá separar algún día el hermano
+cuidadoso del hombre aborrecido? No lo sé. Deja que pase el tiempo, que
+pasen días. Yo tengo ahora ocupaciones graves, muy graves.
+
+Esto de las ocupaciones graves hizo en Monsalud el efecto de un golpe.
+Tembló por el juicio de su hermano, que poco antes había visto
+manifestarse claro y hermoso, y que de repente se oscurecía. Como pasa
+una nube por delante del sol, así pasó aquella frase por encima de la
+discreción del enfermo, ocultándola.
+
+--Ocupaciones graves, gravísimas--repitió Navarro, frotándose las manos--.
+Por ahora sólo te diré que, si es verdad lo que me has dicho, resultará
+que eres digno de admiración. Yo no te la niego, y en cuanto a tenerte
+cariño. Yo me entenderé. El cariño no es cosa de quita y pon. Ya creo
+que siento un cierto interés por ti y que no me gustaría verte
+desgraciado. Pórtate bien, y veremos.
+
+Este tono de protección, tan impropio del estado de ambos, chocó
+extraordinariamente a Salvador; pero su asombro y alarma subieron de
+punto cuando Navarro, después de tener un rato las palmas de las manos
+sobre la lumbre, fue hacia su hermano, y poniéndole sobre el rostro una
+de aquellas manos que quemaban como plancha de hierro, le dijo
+pausadamente:
+
+--Deja que acabe esta gran campaña, y luego veremos.
+
+Salvador no dijo nada. Sospechaba que en la cabeza de su hermano había
+una idea monstruosa, y no quiso perseguir aquella idea, temiendo ver
+confirmada la triste sospecha. Dejándole que se achicharrase otra vez
+las manos, se acercó a la ventana para ver la nevada, que aquel día era
+abundantísima. Parecía que el mundo navegaba por un piélago infinito de
+plumas de cisne.
+
+Entró a la sazón el padre Zorraquín muerto de frío y se sentó a
+horcajadas en una silla, frente a la chimenea, extendiendo sus pies
+hacia el fuego. Poco después el vivo calor de la llama le obligó a
+apartarse. Empezó a oscurecer, por ser en aquella estación las tardes
+más cortas que la esperanza del pobre, y Doña Hermenegilda dio luz a un
+esplendoroso quinqué, competidor del sol de invierno. Cerradas las
+maderas, se prepararon los cuatro a echarse a pechos la larguísima
+velada, que parecía un siglo, cuando no era conllevada de interesantes y
+variados entretenimientos. Doña Hermenegilda hacía media con ligereza
+suma. Aquella noche necesitó devanar madejas de hilo, y como no tenía
+devanadera, prestose, como otras veces, a suplirla el bendito Padre
+Zorraquín. Era hombre amabilísimo. El cura charla que charla, y la dueña
+devana que devana, parecía que de los labios de aquel salía la palabra,
+como de la madeja de sus manos el hilo, y que Doña Hermenegilda iba
+envolviendo el interminable discurso, haciendo de él un corpulento
+ovillo, que bien podría pasar por abultado libro. El cura hablaba,
+moviendo brazos y manos con lenta oscilación para que saliese la hebra,
+el ovillo crecía, pasando de nuez a manzana, de manzana a calabaza, y
+los dos hermanos oían y callaban, el uno inmóvil, el otro marcando cada
+vuelta de la madeja con un golpecito dado con las tenazas en el borde de
+la chimenea. Cada vez que el hilo se deslizaba, rozando con el dedo
+gordo de la mano derecha del cura, Navarro daba un golpe. Era como el
+ritmo de un reló 17. Creeríase que los cuatro individuos formaban un
+mecanismo dentado construido para hablar ovillando, y para ovillar los
+segundos. Salvador habría podido pasar por la muestra de aquel humano
+reló 18, pues su cara no expresaba nada, a no ser la inmutable tristeza
+de un horario.
+
+¿Qué contaba Zorraquín? Las hazañas de Zumalacárregui, que era el asunto
+obligado en Pamplona y en toda Navarra. La prolijidad del buen cura no
+es para imitada aquí, pues él se había propuesto ser en lo futuro
+historiador de aquella gran guerra, y apuntaba todas las noticias para
+reunir materiales. Aprovechándolo todo, lo mismo lo cierto que lo
+dudoso, y utilizando lo histórico así como lo anecdótico, allegaba
+elementos para un colosal almacén literario que, por fortuna, pereció en
+un incendio años adelante.
+
+Zorraquín refería las acciones, describía los lugares, reproducía las
+palabras, dando a las alocuciones el tono y tamaño de discursos a lo
+Tito Livio. Hasta imitaba los gestos de los guerreros, y al llegar un
+punto en que hubiese aclamaciones de la muchedumbre, lo hacía tan al
+vivo, que era preciso suplicarle que bajase la voz para no alarmar a la
+vecindad.
+
+Abreviando todo lo posible la empalagosa narración, sólo diremos que
+Zumalacárregui había tropezado con el antagonismo de los díscolos jefes
+que se sublevaron antes que él. Aclamado por algunos como jefe de todos
+los voluntarios navarros, halló resistencia en Iturralde. El cura de
+Irañeta, y Mongelos no vacilaron en ponerse a sus órdenes. Dividiéronse
+los carlinos; pero una insurrección pequeña nacida dentro de la
+insurrección grande resolvió el problema. El cabecilla Sarasa se sublevó
+una mañana, y haciendo prisionero a Iturralde, proclamó a Zumalacárregui
+comandante general de Navarra. Por este procedimiento, que más que
+navarro era español puro, se unificó la insurrección, y los voluntarios
+carlistas no tuvieron ya sino un solo jefe. Este desplegó desde el
+primer momento energía colosal. Rebajó a un real la soldada de dos
+reales que percibían los voluntarios, y empezó a combatir con gran
+fortuna. Dictó aquellas célebres disposiciones que tan extraordinario
+vigor infundieron a las armas carlistas, y en todo mostró ser insigne
+guerrillero, digno sucesor de los Viriatos, Empecinados y Merinos, con
+más saber militar que todos ellos. Sus terribles castigos revelaron un
+carácter de hierro tal como se necesitaba en aquella sangrienta ocasión.
+Condenó a muerte en un bando que hacía cumplir estrictamente, a todo el
+que volviera la espalda al enemigo durante el combate, a todo el que sin
+vacilar no se dirigiese al puesto designado por su jefe, aun cuando
+viese en él una muerte segura, y a todo el que pronunciase voces
+alarmantes, como _que nos cortan_, _que viene la caballería_, etc....
+
+Todo esto lo oía Navarro sin decir nada, cejijunto y torvo, hasta que al
+fin rompió la palabra:
+
+--Basta ya de charla, Sr. Zorraquín. Si eso ha de escribirse que se
+escriba; pero conste que no es por mandato mío, pues no tengo vanidad en
+ello.
+
+Salvador y Doña Hermenegilda se miraron a las diez de la noche, cuando
+los dos hermanos se quedaron solos, después de cenar, Salvador rogó a
+Navarro que se acostase.
+
+--No será malo--dijo este con mucha naturalidad--, pues fatiga sobre
+fatiga, se llega a un punto en que no hay cuerpo que resista. Sigo tu
+consejo, pues no ha sido mala la jornada de este día.
+
+Salvador le acompañó a su alcoba. Acostose Navarro, y sumergido en el
+lecho con el rebozo de las sábanas en la boca, sin mostrar de su persona
+más que media cara y tres dedos de una mano, habló a su hermano de este
+modo:
+
+--Natural era que se supiese ya en Navarra y aun en toda España la
+resistencia que hallé en Iturralde, la sublevación de Sarasa, y por
+último, la concentración de todas las fuerzas de este país bajo mi
+mando. Lo que extraño mucho es que se sepa ya, y aun que ande escrita y
+parlada, la orden del día que di en la Amezcoa, mandando fusilar a los
+que vuelvan la espalda, a los que pronuncien voces subversivas y a los
+que no acudan a los puestos de peligro.... Esta idea, que hace tiempo
+tenía yo y que acabo de poner en ejecución, será la clave de esta gran
+guerra y la base sobre que se forme el más temido y belicoso ejército
+que han visto las naciones.
+
+Salvador no pudo contenerse.
+
+--No eres tú--le dijo--, quien ha hecho esas cosas, sino Zumalacárregui.
+
+Sonrió con desdén Navarro, y como si su hermano hubiese dicho una gran
+necedad, le contestó de este modo:
+
+--¿Pero no sabes, pobre hombre, que ese infeliz Zumalacárregui fue hecho
+prisionero en la Rioja, conducido a Estella, en cuya cárcel se agravó su
+enfermedad del hígado, y después trasportado en un carro a Pamplona? ¿No
+sabes que está en el hospital con un mal gravísimo, que algunos tienen
+por hepatitis y otros por locura? ¡Lástima de hombre! le aprecio mucho y
+deseo que sane.
+
+Dijo, y volviéndose del otro lado se fue aletargando. Poco después
+dormía profundamente. Después de contemplarle un rato, considerando que
+era cosa perdida, Salvador se retiró con el alma llena de tristeza.
+
+Pasaron tres días. Una mañana entró Salvador en su casa y halló a Doña
+Hermenegilda consternada, llorosa. La buena señora no se atrevía a darle
+la tristísima nueva del suceso ocurrido durante la ausencia del amo de
+la casa. Salvador creyó comprenderlo, corrió a la habitación de su
+hermano, pasó de una estancia a otra.... No estaba.
+
+--Se escapó, sí señor, se escapó no hace media hora.... En un momento que
+me descuidé.... Salí a comprar varias cosas.... Le dejé paseando en el
+comedor con el capote puesto y la espada ceñida. Como otras veces andaba
+en el mismo empaque, no sospeché.... Todavía no habrá salido de la
+ciudad. Todavía se le podrá detener.... ¡Qué desgracia!... Cuando
+parecía curado.... ¡Esta mañana me hablaba con tan buen juicio!...
+
+
+
+
+-XXII-
+
+
+Sin perder un instante se empezaron las indagaciones. Algunos vecinos de
+la calle le vieron, y según la dirección que llevaba, debió de salir por
+la puerta de la Rochapea. Salvador preguntaba a todo el mundo, y como el
+pobre enfermo era bastante conocido en Pamplona, no tardó en tener
+noticias del rumbo que había tomado. En compañía del Padre Zorraquín,
+que se le unió desde que tuvo noticia del suceso, recorrió
+inmediatamente todo el arrabal de la Rochapea. Al principio las
+indicaciones que recibió eran vagas y contradictorias; pero al fin supo
+que Carlos había comprado un caballo y había partido a escape en
+dirección de Villaba. La circunstancia de estar el pobre Navarro en
+posesión de su dinero fue causa de esta fuga, porque si no tuviera oro
+no habría encontrado caballo, y a pie no hubiera podido alejarse mucho.
+En el acto trató Salvador de adquirir dos cabalgaduras, una para sí y
+otra para Zorraquín, que se brindó a acompañarle en la humanitaria
+empresa que iba a acometer; pero la escasez de caballería era tal con
+motivo de la guerra, que en toda aquella noche y en parte del siguiente
+día no pudieron obtener nada de provecho. Por fin, después de recorrer
+todos los arrabales exteriores y las cuadras de la ciudad, lograron
+obtener a precio muy alto dos cuartagos de desecho, veteranos del
+trabajo de arrastre, cuya presencia infundía 19 veneración y un vivo
+deseo de andar a pie. Al verse dueño de aquellas dos piezas, Salvador no
+pudo tener la risa; pero, pues no había otras mejores, forzoso era
+tomarlas, y dispuso que antes de emprender la primera jornada se les
+diera una copiosa ración de cebada, a ver si de este modo recordaban su
+mocedad. Hartáronse de tal manera, que después fue preciso darles igual
+ración de palos para hacerles abandonar la cuadra y el desusado
+sibaritismo que les permitió su nuevo dueño. Al fin aquellas
+desvencijadas máquinas se pusieron en movimiento, llevando a nuestros
+dos jinetes por el camino de Villaba. Era de noche y la helada dejábase
+sentir con intensidad. Iba Salvador en trajo de camino y Zorraquín en un
+pergenio mixto de viajero y eclesiástico, sin sotana, con botas negras,
+capa de cura y un gorro de terciopelo negro, cuyo borlón bailaba al duro
+compás de la caballería.
+
+Durante las primeras horas de su expedición hablaron del objeto de ella,
+discutiendo las probabilidades de éxito. Zorraquín opinaba que Navarro
+no había tomado el camino del Baztán, sino el de las Amezcuas, donde a
+la sazón estaba empeñada la guerra, a lo que objetó Salvador que, siendo
+esta dirección la razonable, no debía creerse que la había tomado el
+fugitivo, pues lo lógico parecía que este caminara siempre en contra del
+sentido común. Con todo, las noticias que adquirieron en la madrugada
+confirmaron la sospecha del buen cura. Antes de llegar a Villaba
+dijéronles que el demente había retrocedido y vuelto hasta cerca de
+Pamplona, tomando después, al parecer, el camino de Lecumberri.
+Volvieron grupas los dos jinetes y se encaminaron a la Amezcua, sin
+hallar noticia alguna en seis días de molestísimo viaje, entre sustos y
+contrariedades. Frecuentemente tenían que apartarse del camino por no
+tropezar con una guerrilla que apostada en las alturas hacía fuego sobre
+todo viajante sospechoso, y las columnas isabelinas inspiraban tanto
+recelo al capellán, que no pasara cerca de ellas por nada de este mundo,
+temiendo infundir sospechas con su empaque de cura jinete. Los
+hospedajes eran infernales, pero los suplía con ventaja la caridad de
+los aldeanos, excitada por el Sr. Zorraquín. En algunas partes les
+trataron tan a cuerpo de rey, como si fueran familiares del Infante, y
+el astuto sacerdote no disimulaba sus opiniones para verse de este modo
+mejor agasajado y atendido.
+
+Un día perdió Zorraquín su gorro negro, no se sabe cómo (aunque hay
+opiniones diversas sobre este suceso, sosteniendo algunos que el mismo
+cura lo arrojó a un muladar). Los dueños de la casa en que ambos amigos
+se habían hospedado le ofrecieron una boina blanca, también de borla,
+ancha, redonda, con aro de madera para sostener la forma de plato.
+Púsosela el cura historiador, mirose al espejo, echose a reír, y dijo
+que no se la había de quitar más, pues le caía que ni pintada.
+Partieron, y admitidos en el campo carlista corrieron toda la áspera
+sierra sin encontrar al individuo que buscaban, ni siquiera indicios de
+que hubiera estado por allí en ninguna época.
+
+En todas estas andaduras y averiguaciones pasaron el mes de Febrero y
+parte de Marzo, Salvador muy contrariado y melancólico, Zorraquín
+contento y satisfecho de verse entre aquella gente. Una mañana,
+regresando de visitar el caserío donde los carlistas tenían sus
+hospitales, se le enredó la capa en un espino y quedó en dos mitades
+como la de San Martín. Un oficial carlista le ofreció al punto una
+zamarreta de piel; púsosela nuestro cura y se encontró tan bien, tan
+ágil, tan a gusto con aquella prenda, propia para abrigar sin impedir
+los movimientos, que gustosísimo la tuvo por suya y prometió llevarla
+siempre de allí en adelante. Como le crecía la barba, y no había querido
+afeitarse, ya no parecía tal cura sino un capitán de malhechores, jefe
+de guerrilla o cosa así. Él se reía, se reía y estaba cada vez más
+contento.
+
+Con la certidumbre de que Navarro no estaba en la Amezcua, partieron
+para Levante. Pero el temor de encontrar alguna columna del ejército de
+Saarsfield les obligó a tomar precauciones. «Aunque son impropias de
+mí--dijo el cura--, no será malo que llevemos algún arma». Un guerrillero
+que les acompañaba, por ser amigo o hijo espiritual de Zorraquín, dio a
+este un sable. Al ponérselo ¡cómo se reía el buen cura!... Salvador le
+regaló un cinto con dos pistolas que no necesitaba. Cuando se vio con
+tales arreos el capellán, a quien ya no conocería ni la Iglesia su madre
+ni la madre que le parió, soltó tan gran carcajada, que las gentes
+salían al camino para verle. El mismo Salvador, que había asistido a su
+lenta trasformación, casi no le reconocía bien.
+
+--Sr. D. Salvador amigo--dijo el cura--. Según asegura un buen hombre que
+ayer llegó de Pamplona, allí corre la voz de que yo me he pasado a las
+facciones y estoy al frente de una compañía de escopeteros. Podrá ser
+mentira, ¿eh? pero parece que es verdad. El Señor ha guiado mis pasos,
+trayendome insensiblemente hasta aquí; ha mudado mi figura, me ha puesto
+en una vía de la que no puedo apartarme ya. Usted, como incrédulo, dirá
+que la casualidad es quien me ha dado esta guerrera facha, y yo digo que
+es Dios, el mismísimo Dios quien se ha servido dármela.... Por tanto,
+amigo, es llegado el momento de que nos separemos. Usted se irá tras su
+humanitario objeto, y yo me quedo aquí en cumplimiento de la voluntad de
+Dios, que de seguro no me destina a soldado de combate, sino a otras
+funciones modestas, tales como a la intendencia militar, a la sanidad, a
+cuidar la impedimenta o a cualquier otro empleo modesto. Dígolo, porque,
+si bien siento en mí cierto ardorcillo, no puedo menos de asustarme
+cuando oigo muy de cerca los tiros.... Pero eso pasará; que a todo se
+hacen los hombres.... Voy a presentarme al general, para que disponga de
+mí. Adiós... buena suerte y cuente usted con un amigo. Venga un abrazo.
+
+Salvador le abrazó riendo. Después de augurarle un brillante porvenir en
+la nueva carrera que emprendía, se despidió para tomar la senda de
+Pamplona. Por el camino iba pensando que debía dar por suficientemente
+apurados los medios de investigar el paradero del pobre enfermo
+fugitivo, pues no daban noticias de él en todo el territorio de la
+Amezcua. De seguirlo buscando, era preciso recorrer minuciosamente la
+Navarra entera, para lo que no bastarían dos ni tres años. Pero Dios que
+lo había dispuesto de otra manera, hizo que cuando había perdido la
+esperanza de tener noticias del desgraciado Navarro, las tuviese
+auténticas por un testigo de vista. Loado sea Dios. El Sr. Garrote
+vivía, aunque en estado deplorable, pues había llegado a servir de
+diversión a los chicos. Hallábase cerca de Elizondo en un caserío, al
+cual bajó desde los Alduides a mediados de Marzo. Era ya evidente que el
+fugitivo al escaparse de Pamplona había salido a Villaba, y tomando el
+valle del Arga había subido a la sierra, en cuyos riscos y espesuras
+pasó, no se sabe cómo, la mayor parte del tiempo de su misteriosa
+peregrinación.
+
+Saber el otro estas noticias y ponerse en camino para el Baztán fue todo
+uno. Las facciones de Eraso, que operaban por aquella parte, le
+impidieron la marcha muchas veces, deteniéndole días y más días, a veces
+no sin riesgo de su vida; pero al fin, a principios de Mayo vio las
+casas de Elizondo. Hallábase en tierra carlista, absolutamente dominada
+por las facciones.
+
+La casa en que le dijeron hallarse su hermano estaba a tres cuartos de
+legua de Elizondo por el camino de Urdax. Presentose en ella y su
+asombro fue grande al ver que el demente, lejos de servir de diversión a
+los chicos, pasaba en el país por un hombre pacífico y hasta razonable.
+La casa era viejísima y ruinosa, de esas que después de haber sido
+palacio de ricos pasan a ser morada de labradores miserables. Habitábala
+una mujer con cuatro chicos menores. El esposo y dos hijos adolescentes
+estaban en la acción. Personas, vivienda, mueblaje, animales domésticos,
+todo allí tenía un triste sello de abandono, indigencia y atraso. Cuando
+Salvador preguntó por su hermano, la mujer refirió que el Sr. Navarro
+había sido hallado una noche sobre la nieve, como muerto; que le habían
+conducido en hombros a aquella casa, donde aún seguía por no poder
+moverse, a causa de la perlesía que le cogía medio cuerpo. Salvador
+subió, y vio a su hermano arrojado en el más desigual y abominable
+jergón que ha sostenido cuerpos en el mundo. El cuarto correspondía a la
+cama y el enfermo no desmerecía de tan atroz conjunto. Tendido a lo
+largo, D. Carlos se apoyaba en el codo izquierdo. Delante tenía una
+silla, sobre la cual había un papel, y en aquel papel fijaba los ojos y
+la mano vacilante, trazando, al parecer líneas o puntos. Aquello, que
+tenía aspecto de mapa, absorbía tan profundamente su atención, que no
+alzó los ojos de la silla cuando sintió los pasos de su hermano cerca de
+sí:
+
+--¿Quién es? ¿quién me interrumpe?--dijo sin apartar la mirada del papel--.
+No quiero que me interrumpa nadie ahora. No he encontrado todavía el
+sitio más a propósito para dar la batalla; pero ya me parece que le
+tengo, ya le tengo.... ¿Sr. Eraso, ve usted esta línea?
+
+Como no recibiera contestación volvió a decir:
+
+--¿Ve usted esta línea? Pues las fuerzas de usted no me han de pasar de
+esta línea... aquí.
+
+Alzando entonces los ojos vio a su hermano, y fue tal su sorpresa que se
+le cayó el lápiz de la mano y estuvo como lelo bastante tiempo.
+
+--¿Ya estás aquí otra vez?--dijo con ahogada voz.
+
+Parecía tener miedo. Salvador observaba en la fisonomía de su hermano
+los estragos de la enfermedad. Estaba cadavérico. Sólo la mitad de su
+cuerpo se movía difícil y temblorosamente, y a veces la lengua no le
+obedecía bien y trituraba las palabras.
+
+--Sí--dijo Salvador--. Me dijeron que estabas muy solo, y he venido a
+hacerte compañía.
+
+--No la necesito--replicó Carlos con desprecio--. Yo creía estar ya libre
+de tus beneficios, y vienes otra vez con ellos.
+
+--No los aceptes si no quieres. Cuando me lo mandes me marcharé.
+
+Diciendo esto Salvador buscó con sus ojos una silla; pero como no era
+fácil que la encontrase aunque la buscase con los ojos de todo el género
+humano, sentose a los pies de la cama.
+
+--Bueno, pues ahora mismo. Temo que tu presencia me estorbe para
+encontrar el sitio más a propósito para la batalla.... Vete, ya estoy
+turbado, ya se me han ido las ideas, ya no sé lo que pasa en mí. Tú
+tienes la culpa, tú, que hace tiempo te has propuesto trastornar todas
+mis ideas.
+
+--¿Sabes--dijo Salvador--que estás muy mal alojado?
+
+--Me encuentro bien aquí. Cuando mejore de mi herida....
+
+--¿Estás herido?
+
+--Sí... el lado izquierdo... poca cosa.... Cuando mejore, seguiré mi
+camino, y hallado el sitio más a propósito....
+
+--Ven conmigo, y yo te aseguro que encontraremos juntos el mejor sitio
+para esa batalla.
+
+Esto decía cuando empezó a llover. El agua entraba por el techo, que
+tenía más agujeros que una criba, y después que las gotas salpicaron de
+agua el suelo polvoroso, siguieron menudos chorros que formaban charcos
+en diversos puntos.
+
+--Esto es vivir en campo raso--dijo Salvador con escalofrío--. ¿Sabes que
+me parece has encontrado el sitio de la batalla?
+
+--¿Cuál?
+
+--Este páramo.... Es indispensable que salgas de aquí.
+
+--Choza o palacio--dijo el enfermo en tono solemne y sentencioso--son
+iguales para mí.
+
+--Es que estás muy enfermo.
+
+--No importa.
+
+--Y estarás peor cada día.
+
+--No importa.
+
+--Y en este sitio no podrás restablecerte.
+
+--Te digo que no importa--gritó Navarro exaltándose--. Harías bien en
+dejarme solo.
+
+Salvador pensó que no había más remedio que recurrir a la fuerza. Sin
+embargo, trató de apurar todos los recursos de su ingenio para
+dominarle.
+
+--¡Estábamos tan bien en nuestra casa de Pamplona!...--dijo con pena--.
+Nada faltaba allí.
+
+--Pero sobraban muchas cosas.
+
+--¿Qué?
+
+--¡Tus beneficios tus cuidados, tu... tú!...--gritó agrandando la voz a
+cada palabra--. Como me llamo Zumalacárregui, así es verdad que me
+incomodan tus beneficios. No quiero nada tuyo.
+
+Salvador calló. Un hilo de agua que cayó del techo sobre su cabeza,
+obligole a apartarse de allí. El viento entraba por distintos lados
+formando pequeñas tempestades que arrebataron de la silla el papel en
+que Navarro trazaba sus garabatos, llevándolo al otro extremo de la
+titulada habitación.
+
+--¡Mi plano...!--dijo Carlos extendiendo su brazo.
+
+Salvador se lo alcanzó.
+
+En la desvencijada escalera de la casa hacían tal ruido los cuatro
+chicos, hijos de la aldeana propietaria de tan singular edificio, que
+bastara aquella música para volver loco a cualquiera que en tales
+regiones habitase.
+
+
+
+
+-XXIII-
+
+
+Monsalud decidió buscar inmediatamente mejor albergue. Salió, recorrió
+todo Elizondo. Al fin tuvo la bondad de proporcionarle alojamiento en su
+propio domicilio el cura del pueblo, anciano muy respetable y sencillo.
+Por la noche, aprovechando la ocasión en que el enfermo dormía
+profundamente, tomáronle en brazos cuatro robustas mujeres y le
+condujeron a la nueva vivienda, no sin que se resistiese en el camino,
+aunque sin lograr soltarse, por haber sido fuertemente sujeto. El motivo
+de ser llevado por manos femeninas fue que en Elizondo, como en todo el
+territorio del Baztán, escaseaban los hombres, hasta el punto de que las
+faenas más rudas eran desempeñadas por niños y mujeres. Durante los
+cuarenta días que pasaron ambos hermanos en casa del cura de Elizondo,
+nada ocurrió de memorable, si no es un ligero alivio de Carlos y la
+constante humanidad de Salvador, que preparaba lo necesario para sacar
+al enfermo de aquel país y conducirle a un asilo de orates. Necesitaba
+un buen coche, dos o tres personas, que le acompañaran y sirvieran, y un
+permiso de las autoridades carlistas para recorrer toda Navarra sin ser
+molestados ni detenidos. Todo esto era de dificilísima adquisición; pero
+al fin, con paciencia, actividad y repetidos desembolsos, venció las
+contrariedades y se dispuso a partir.
+
+Una noche del mes de Julio las facciones se presentaron en Elizondo.
+Bajaban por aquellos cerros, como bestias hambrientas, y sus gestos, sus
+pisadas, la viveza de su andar, el estrépito de las armas ponían miedo
+en el corazón más esforzado. Por todas las entradas del valle aparecían
+cuadrillas de facciosos, vestidos de zamarra, cubiertos con la boina
+blanca o azul y calzados con alpargatas o zapatos rotos. Al anochecer,
+Elizondo estaba lleno, y aún entraban más. La ferocidad pintada en los
+semblantes no excluía la expresión de sufrimiento por las privaciones y
+trabajos; pero estaban alegres, cantaban, reían y se las prometían muy
+felices. En las filas se codeaban los muchachos con los viejos, y al
+lado del niño, precoz guerrero lleno de ilusiones de gloria, estaba el
+veterano que se había batido en las campañas heroicas del año 8. Las
+estaturas eran tan desacordes, que la bayoneta del enano tocaba los
+doblados hombros del gigante. Por la desigualdad, por la irregularidad,
+por el valor ciego y salvaje, por la fe estúpida y la sobriedad casi
+inverosímil, a ningún ejército conocido podrían compararse, como no
+fuera a los ejércitos de Mahoma.
+
+A la mañana siguiente salieron muchos para Urdax. Los demás tomaron
+posiciones en las alturas. Se les vela subir como gatos, escalando los
+empinados cerros con agilidad increíble. El calor les hacía tan poca
+impresión como les habla hecho el frío. Tenían cara de pergamino,
+músculos de acero, corazón de piedra y sesos de algodón, que ni el sol
+derretía ni el pensamiento inflamaba jamás. La guerra había llegado a
+ser en ellos fenómeno de costumbre, un estado normal, admirablemente
+conformado con su naturaleza agreste, dura, sufrida, refractaria a las
+fatigas como a las ideas, y con especialidad inclinada al movimiento. Si
+no hubiera habido montañas, las habrían hecho para subir y esconderse en
+ellas.
+
+Por la noche, tres jinetes llegaron a casa del cura. Seguíales numerosa
+escolta. Se apearon y los tres entraron. Uno de ellos era de buena
+estatura y a todos infundía un respeto que más bien parecía miedo o
+superstición. El cura se arrodilló delante de él y le besó la mano. Su
+Majestad (pues no era otro) manifestó deseos de descansar. Tenía mucha
+jaqueca y ningún apetito. Subió, encerrose en la habitación que se lo
+tenía preparada. Ordenose el mayor silencio para no molestar a Su
+Majestad, que no quiso tomar más que un huevo cocido y un poco de
+chocolate claro. Pidió agua helada; pero en esto no le podían complacer.
+Quedose solo, y al poco rato llamó pidiendo le llevaran una venda y un
+poco de sebo para ponérselo en la frente. Uno de los que le habían
+acompañado entró a darle lo que pedía, y después Su Real Majestad se
+acostó y apagó la luz. Durante dos horas reinó el más profundo silencio,
+y el cura andaba casi a gatas por no hacer ruido que pudiera turbar el
+sueño del primero de los facciosos. Pero de repente sonó en las calles
+de Elizondo estrépito de caballería; llegaron muchos jinetes a la casa
+del párroco; se apearon y el jefe de ellos entró en la casa sin pedir
+permiso ni hacer caso del cura, que salió trinando y bufando a pedir
+cuenta de tan irreverentes ruidos. A pesar de esto, la calidad del
+personaje exigía que se pasase recado a Su Majestad. Hiciéronlo así y el
+Soberano mandó que entrase al momento Zumalacárregui. Oyose la voz del
+Rey que decía:
+
+--Traigan una luz.
+
+Zumalacárregui estaba en el pasillo, boina en mano.
+
+--Venga la luz--dijo, cogiéndola de las manos del cura que con ella venía
+presuroso.
+
+Era una vela, puesta no muy gallardamente en un candelero de barro. Se
+acercó Zumalacárregui y entró en el cuarto oscuro. Su Majestad se había
+incorporado en el lecho. Aún tenía puesta la venda. El general avanzó
+lentamente, con respeto y cortedad. Extendió la mano con el candelero.
+La luz iluminó de lleno el semblante de D. Carlos, en el cual no
+resplandecía ningún destello ni aun chispa leve de inteligencia. Con la
+venda, la palidez, el bigote afeitado (a causa del disfraz del viaje),
+si no era una cara estúpida estaba muy cerca de serlo. Zumalacárregui
+dijo con voz ahogada por la emoción:--«Señor»: y se inclinó. Parecía un
+pino que se dobla.
+
+--Acércate--dijo el Rey alargando su mano.
+
+El general dejó el candelero de barro sobre la mesa, y acercándose al
+lecho puso una rodilla en tierra. Seguía conmovido. El Rey recibió, con
+júbilo que no podría definirse, aquel primer homenaje tributado a su
+reciente majestad por el más ilustre y más poderoso de sus vasallos.
+
+Zumalacárregui encendió después en la vela que había traído la que
+apagada estaba en la real estancia. Las dos luces, a pesar de aumentar
+la claridad, hacían más lúgubre el desmantelado recinto. El Rey y el
+general hablaron.
+
+En tanto dos hombres que en un apartado y estrecho cuarto del piso bajo
+de la casa parroquial estaban, entretenían el insomnio charlando acerca
+del suceso que motivaba tanto ruido y tan extremosas entradas y salidas
+de gente.
+
+--¿Quién anda por ahí, que tanto ruido hace?--preguntó Navarro a su
+hermano.
+
+--No es cosa que deba desvelarte, porque ni a ti ni a mí nos interesa.
+Esta noche duerme en casa del señor cura un desgraciado loco que va de
+paso.
+
+--¿Para donde?... ¿Y cuál es su manía?
+
+--La más extraña y disparatada que puedes imaginar. Ha dado en creer y
+sostener que es Rey de España.
+
+--¿Y quién lo conduce?
+
+--Otros tan locos como él.
+
+--Eso no puede ser--dijo Navarro prontamente--, porque los locos no
+conducen a los locos.... Alguien habrá entre ellos que tenga razón.
+
+Aquella tarde había hablado el anciano cura de la probable entrada de D.
+Carlos en el Baztán y de la aproximación de las tropas de Zumalacárregui
+y Eraso para proteger la entrada del Rey y hacerle los primeros honores.
+Recordándolo, dijo Navarro con cierta exaltación que encandilaba sus
+extraviados ojos.
+
+--Este ruido, este ir y venir, este pisar de caballos, no pueden ser otra
+cosa más que la entrada de Su Majestad, y como yo he venido aquí con mi
+ejército para esperarle, conferenciar con él y recibir sus reales
+órdenes, voy a vestirme al momento y a subir, porque no conviene que
+aguarde nuestro señor.
+
+Arrojose del lecho, y no poco trabajo costó a Salvador detenerle.
+Empleando argumentos ingeniosos, y a ratos la fuerza, pudo calmarle
+repitiendo lo del loco conducido por locos.
+
+--Su Majestad no vendrá todavía--añadió--. Yo te juro por el nombre que
+llevas que serás el primero que sepa su llegada.
+
+Poco después Navarro dormía, y en su febril sueño recibió a Su Majestad,
+le rindió pleito homenaje; oídas sus órdenes, le llevó consigo al teatro
+de la guerra. Al despertar, su decaimiento era tan grande como si
+acabara de ganar treinta batallas y de recorrer a caballo sin descanso
+toda Navarra. Ardiente fiebre le consumía, y la inercia de la mitad de
+su cuerpo era casi absoluta. Salvador tenía ya dispuesto todo lo
+necesario para llevárselo. No le faltaba más que un salvo-conducto para
+recorrer sin tropiezo el territorio dominado por los carlistas, y
+Zumalacárregui se lo dio aquella noche de muy buena voluntad. Pero un
+médico que acompañaba al General en jefe vio a Navarro y examinándole
+cuidadosamente, aseguró que, si bien el cambio de clima le sería de
+grandísima ventaja, no estaba en situación de emprender un viaje. Sus
+días estaban contados. La parálisis haría pronto nuevas invasiones y los
+centros nerviosos no tenían poder para defenderse. En vista de esto
+resolvió Salvador esperar allí el triste desenlace, aunque tardara algún
+tiempo; pero no quiso Dios que el martirio del uno y la dolorosa
+expectación del otro se prolongasen mucho, porque a la tarde siguiente
+Navarro fue acometido de un accidente convulsivo, después del cual quedó
+sin conocimiento. Toda la noche la pasó así, de lo que Salvador y el
+cura coligieron que entregaba su alma al Señor, sin decir ni hacer más
+locuras. Pero por la mañana volvió en su acuerdo, y dando una gran voz
+llamó a su hermano y le rogó que se sentara junto a la cama para
+responder a las preguntas que a hacerle iba. Garrote empezó por
+desperezarse, estirándose tanto que cada remo parecía dispuesto a
+arrancarse por sí mismo del tronco y a caer al suelo por los lados de la
+cama. Las contracciones de la cara y el crujir de huesos eran como si el
+hombre despertase, más que del sueño de una noche, de un encantamiento
+de siglos. Luego clavó los ojos en su hermano y le dijo:
+
+--Vas a hablarme con franqueza. ¿He hecho muchos disparates? ¿he dicho
+muchas necedades?
+
+--Ni una cosa ni otra--replicó caritativamente Monsalud--. Todos están
+acordes en juzgarte bien y es cosa indudable que diriges admirablemente
+la guerra, llevando la bandera absolutista de victoria en victoria.
+
+--No, no, no--dijo Navarro demostrando grandísimo dolor--, yo no soy
+Zumalacárregui, yo no soy lo que mi cerebro abrasado y enfermo me
+fingió. De repente, lo mismo que se rasga un velo, se ha roto en mi
+cerebro no sé qué cortina de telarañas, y aquí me tienes con una
+claridad en el pensar y un tino en el discurrir cual creo no los he
+tenido en mi vida. Pasmado estoy de que un hombre como yo, jamás
+inclinado a fantasías ni figuraciones, haya estado por tanto tiempo... y
+a propósito de tiempo.... ¿en qué día vivimos? Vuelvo del país de la
+necedad, donde no rigen almanaques.
+
+Salvador le dijo la fecha, y Navarro prosiguió:
+
+--No se han borrado de mi mente estos días tristes, pero la noción que
+tengo de ellos es muy oscura. Sé que he creído ser Zumalacárregui,
+aunque si he de decirte verdad, aún en los momentos de más exaltada
+demencia había en el fondo de mi alma ciertas dudas... quiero decir, que
+no estaba yo completamente seguro de ser lo que decía, y mis dos
+personas, la verídica y la falsa se confundían y se separaban por
+momentos.... La manía de ser Zumalacárregui nació en mí del deseo de
+emularle. Yo vine al Norte convencido de mi valer y seguro de formar con
+las facciones de este país un ejército irresistible. En suma, yo pensaba
+hacer todo lo que hace Zumalacárregui, y dicho sea sin jactancia ni
+locura, creo firmemente que lo habría hecho lo mismo y quizás mejor, si
+Dios no hubiera dispuesto que se trocaran los papeles; que todas mis
+ideas las pusiese él en práctica y mis planes todos pasasen a ser obra y
+provecho suyo.... Ya es tarde; pasa el tiempo y yo me muero, porque
+seguramente esta vuelta mía a la razón, es como en D. Quijote, señal de
+muerte próxima.
+
+No lo creyó así Salvador, viéndole con tan buenas explicaderas, sereno
+de aspecto y fácil de palabra. Contento de este cambio que parecía
+milagro, le reanimó con palabras cariñosas y le hizo un resumen del
+estado de la guerra y de la política. Pero Navarro no pareció
+interesarse mucho en estas cosas profanas, y dando un gran suspiro, dijo
+así:
+
+--La salvación de mi alma es lo que me interesa; que lo demás, como cosa
+del mundo, acabó para mí. Venga un cura, que me quiero confesar.
+
+Salvador pensó en el cura de Elizondo, a cuya generosidad debían su
+asilo; pero como Navarro se enterase de que había venido con las tropas
+el padre Zorraquín, su antiguo amigo, quiso verle y que fuese él quien
+le ayudara a bien morir oyendo la confesión sincera de sus culpas.
+Salvador le buscó por todo el pueblo y al fin halló al cura historiador
+y guerrero en una taberna, escanciando con marcial donaire una azumbre
+de vino, ganada al juego de las damas la noche antes.
+
+Acudió Zorraquín al llamamiento de su amigo. Cuando este salía del
+segundo desmayo, que fue más profundo y grave que el primero, vio entrar
+en la alcoba, anunciándose antes con rechinar de espuelas y resoplidos
+de cansancio, un figurón inverosímil y que en otras circunstancias
+habría traído al moribundo, en vez de consuelo, una agonía mayor que la
+de la misma muerte. También vinieron a verle Oricaín y Zugarramurdi, que
+le habían abandonado cuando cayó prisionero. Recibioles con
+indiferencia, y ellos se retiraron pronto.
+
+La cara de Zorraquín, que rapada era bondadosa, desaparecía ya entre un
+vellón áspero, negro y erizado, como bala de lana sin cardar. Los ojos
+pequeños, la nariz agarbanzada y la desabrida sonrisa del capellán
+apenas se abrían paso por tan enmarañado bosque de pelos. La boina
+blanca caída de un lado parecía impedir con su peso que el cabello, no
+menos áspero que la barba, tomase la dirección del techo, como un
+escobillón que se cree ciprés. En la zamarreta del cura veíanse diversos
+cintajos que manifestaban sus grados y condecoraciones. El sable le
+arrastraba por el suelo, sonando a pandereta rota. Las botas
+desaparecían bajo salpicaduras de fango; las pistolas eran negras como
+la zamarra, y las manos de color de hierro viejo. Por donde quiera que
+iba el guerrero, difundía en torno suyo un complejo olor a pólvora, a
+cuadra y a vino.
+
+--Vamos, vamos, Sr. D. Carlos--dijo Zorraquín abrazando al enfermo--. Ahora
+que los dedos se nos hacen triunfos, y tenemos a nuestro Rey con
+nosotros, y nos preparamos para ir sobre Madrid ¿se le antoja a usted
+morirse? Eso no se puede consentir.
+
+Navarro se acongojó mucho y dijo que la voluntad de Dios no le permitía
+guerrear en aquella grande y sublime campaña. Hablaron un momento del
+alma y de la bondad de Dios. Zorraquín halló en su espíritu cierta
+dificultad para retrotraerse a su antiguo oficio, tan distinto del que
+entonces tenía; pero al fin pudo vencer su desgana de oír pecados.
+Quitose la boina, sentose, apoyó el codo izquierdo en la cama, y
+acariciando con la derecha mano el sable, preparose a escuchar la
+confesión de su infeliz amigo.
+
+Navarro no fue breve en aquella ocasión, y los escrúpulos sucedían a los
+escrúpulos, las consultas a las consultas. Al principio le oyó con
+paciencia y bondad Zorraquín, dirigiendo al penitente los más
+edificantes consuelos; pero tanto y tanto machacaba Navarro, y
+dimensiones tales daba al acto de limpiar su conciencia, que el buen
+clérigo no pudo menos de considerar cuán incompatibles eran en aquel
+caso las funciones de comandante de armas y las de pastor de almas.
+Empezó a sonar en el pueblo ruido de tambores tocando llamada. El
+ejército se iba a poner en marcha, y héteme aquí a uno de los más
+importantes jefes clavado al lecho de un moribundo. Abandonar a este
+cuando más contrito parecía y más necesitado de consuelos, era
+imposible, y dejar de acudir a donde el honor militar y el deber le
+llamaban también era imposible para Zorraquín. Colocado él entre estos
+dos imposibles, padeció horriblemente en breves instantes. Los toques de
+clarín y tambor arreciaban y se sentían pasar las tropas por la calle
+con algazara y gritos. Las pisadas de tantos hombres producían hondo
+rumor, como mugido lejanísimo de la tierra por tantos pies herida.
+Cuando Zorraquín oyó el piafar de los caballos, no supo lo que por sí
+pasaba y un sudor se le iba y otro se le venía, mientras D. Carlos
+Garrote, charla que charla, no se contentaba con hablar de sí y de su
+conciencia, sino que se entraba en ciertos laberintos de teologías. No
+le hacía ya maldito caso Zorraquín, y acariciaba el sable, como si fuera
+aquella arma necesaria para encaminar almas al cielo; movía
+alternativamente una y otra pierna, resollaba fuerte, se acariciaba la
+cerdosa barba, hasta que una destemplada voz sonó en la calle,
+gritando... «¡Zorraquín!» y tras esta palabra otra no muy edificante ni
+culta. Como si estallara dentro de su cuerpo un petardo, se levantó el
+confesor. No se había podido contener.
+
+--Usted me... dispensará, Sr. D. Carlos--dijo con torpe lengua--, pero mis
+deberes militares.... No se pertenece uno desde que se mete en ciertos
+trotes.
+
+--Sí, sí... vaya usted.... ¿Cuántos hombres hay en Elizondo?
+
+--Doce mil y ochenta caballos. Con permiso de usted....
+
+Y extendiendo su brazo, murmuró muy a prisa latines que más bien
+parecían escupidos que hablados. Desde la puerta dijo _ego te absolvo_;
+hizo la señal de la cruz como quien da bofetadas en el aire, y echó a
+correr, arrastrando el sable y tropezando contra todo lo que se hallaba
+a su paso. Parecía una bestia recién escapada de la jaula, que busca su
+libertad entre la muchedumbre. Navarro, al verle salir, dio un gran
+suspiro. ¿Era porque su conciencia estaba aún algo turbada o por
+desconsuelo de que sus amigos guerrearan mientras él se moría?
+
+Dejemos a Zorraquín subiendo a su caballo, cosa para él bien distinta de
+subir al púlpito. La tropa carlista salía de Elizondo. En el centro iba
+D. Carlos con su Estado Mayor de clérigos y generales, y a la cola
+algunos carros con vituallas y coches con damas y palaciegos de la corte
+que empezaba a formarse. El reino apócrifo no se habría creído con visos
+de verdadero, si no tuviera su cola de rabillos de lagartija.
+
+Navarro empezó a decaer después de la confesión, y se aplanó tanto
+aquella noche, que no podía moverse y hablaba con mucha dificultad. Su
+hermano no se movía de su lado.
+
+--Tengo que hablarte--le dijo Carlos, esforzándose en sacar del pecho la
+voz--. Yo me muero y no quiero morirme sin confesar que te debo inmensos
+beneficios, que te has conducido cristianamente conmigo. Si viviera más,
+¿podría llegar a quererte?
+
+--Si vives (y no debemos perder la esperanza de ello), nos separaremos, y
+no tendrás tú el enojo de agradecerme ni yo la necesidad de servirte.
+
+--Pues bien, por más que se empeñen en unirnos la Naturaleza y el mundo,
+tienes unas cosas.... Dame agua....
+
+Salvador le dio agua. El beber reanimó un tanto al enfermo, que pudo
+decir esto:
+
+--¡Qué habría sido de mí sin tu ayuda, sin tu generosidad en estos meses
+de locura y abandono!... Mucho te debo, mucho. Se me viene a la boca la
+palabra hermano, las palabras hermano querido, y sin embargo.... Dame
+más agua.
+
+--No te sofoques. Tiempo tendrás de decirme lo que quieras.... No
+necesitas darme satisfacción de nada. Lo que he hecho contigo, por deber
+lo hice, no por jactancia, por impulso de mi conciencia, no por
+humillarte con beneficios que contrastaran con tus crueldades. Si vives,
+no quiero de ti más que olvido, olvido de todo.
+
+--Sé que debo perdón a todos los que me han ofendido; pero hay ofensas
+que no se pueden perdonar. No está en nuestro poder perdonar, por más
+que lo digan Zorraquín y todos los clérigos juntos.... Yo me
+muero--añadió haciendo un esfuerzo para detener la palabra que se iba,
+abriendo paso a la vida que se iba también--, yo me acabo. Tú vivirás,
+volverás a Madrid, verás a la que fue tormento y bochorno de mi vida.
+Dile... dile que no la perdono, que no la puedo perdonar.
+
+Salvador le dio la mano. Navarro, tomándola, la apretó en la suya
+fuertemente. Le miró con espanto. En aquel momento postrero parecía que
+se reproducían en su alma todas las amarguras de su vida y que
+espantosas imágenes le turbaban la vista. Con voz que parecía un
+suspiro, pronunció estas palabras, aflojando los músculos de la mano con
+que estrechaba la de su hermano:
+
+--¡Ni a ti tampoco!
+
+Y dejando caer la cabeza sobre el pecho, dejó de existir.
+
+¡Extraña cosa! Cuando llegó el momento de dar sepultura al valiente
+soldado, víctima de una dolencia nacida de sus propias melancolías y de
+su irritable carácter, no se encontraron hombres que cargaran aquel
+desfigurado y un tiempo hermoso cuerpo. Todos los hombres de Elizondo
+estaban en la facción. Las mujeres prestáronse gustosas a conducir el
+cadáver; pero como el cementerio estaba muy cerca de la casa del cura,
+Salvador tomó en sus brazos el cuerpo frío, y acompañado del cura y
+sacristán, precedido de una turba de chiquillos y seguido de dos docenas
+de mujeres curiosas, le depositó junto al hoyo. Con ayuda de femeninas
+manos fue bajado a lo profundo y se le echó mucha tierra encima. El día
+estaba húmedo, la tierra blanda, el cielo triste y lacrimoso.
+
+Aquella misma tarde partió Salvador de Elizondo, deseando huir de un
+país que le infundía repugnancia y miedo, a causa de las muchas locuras
+que en él había visto; y así como el que visita una casa de orates se
+siente tocado de enajenación y con cierto misterioso impulso de imitar
+los disparates que ve, sentía nuestro hombre en sí cierta levadura
+recóndita de demencia, por lo cual se echó fuera a toda prisa. Un hombre
+que se cree Zumalacárregui, un Zumalacárregui auténtico que sacrifica su
+genio y su dignidad militar a ambicioso príncipe sin más talento que su
+fatuidad ni más idea que su ambición; un país que abandona en masa
+hogares, trabajo, campo y familia por conquistar una soberanía que no es
+la suya y una corona que no ha de aumentar sus derechos; ríos de sangre
+derramados diariamente entre hombres de una misma Nación; clérigos que
+esgrimen espadas, moribundos que se confiesan con capitanes, villas
+pobladas por mujeres y chiquillos; cerros erizados de frailes y poblados
+de hombres lobos, que deliran con la matanza y el pillaje, son
+incongruencias que repetidas y condensadas en un solo día y lugar pueden
+hacer perder el juicio a la mejor templada cabeza y hacer dudar de que
+habitamos un país cristiano y de que el Rey de la civilización es el
+hombre. Así lo pensaba Salvador, huyendo de Elizondo y de Navarra, como
+el que huye de una epidemia, Deseando perder de vista pronto a la gente
+facciosa y el sangriento teatro de sus hazañas, tomó el camino de Urdax
+con ánimo de salir de Navarra por los Pirineos y entrar en la España
+Isabelina por la Francia Orleanista.
+
+
+
+
+-XXIV-
+
+
+_Rodfriquine, ¿vidiste hodie ceremoniam in capella Dolorosae?_
+
+_--¡Eheu! amice. Vidi (et invideo) satisfactionem Agni Benedictinei (vel
+Benigni Corderi) in desposorium suum cum puella._
+
+_--¿Quid tibi videtur?_
+
+_--Ille senex, superlative frescachona illa. ¡Matrimonius slultus!
+Acababerit sicut rosarium albae matutinae._
+
+_--¡Oh fortunate senex!_
+
+_--¡Oh terque quaterque beatus! Ille laetificat senectutem suam cum moza
+matrimoniale (vel uxore) dum nobis nulla res amatoria licet. ¡Miserere
+nobis, Domine, miserere nobis, qui Thesaurum Calepinum et horridos
+mamotretos desposamus! Gramatica muchacha nostra est._
+
+_--¡Eheu!... ¡pergaminosa et frigidissima uxor semper nobiscum in aula,
+in mensa, in thoro!..._
+
+Al oír este diálogo se comprenderá que anda por aquí el maligno y
+siempre macarrónico D. Rodriguín. En efecto, él era quien sostenía esta
+conversación latina con otro colegial no menos travieso, valiéndose para
+ello de una especie de comunicación postal establecida debajo de las
+carpetas por medio de un hilo corredizo que funcionaba de un puesto a
+otro a escondidas de los demás colegiales y de los padres. Ambos amigos
+afectaban hallarse muy ocupados en sus tareas estudiantiles. Ni con
+rumor, ni con miradas, turbaban el silencio plácido de la sala de
+estudio. Los asientos de uno y otro estaban cerca. El hilo corría
+suavemente por debajo de las mesas, llevando y trayendo un papelito, en
+el cual cada uno escribía su macarrón, referente por lo común a los
+sucesos del día, y así pasaban las horas dulcemente entretenidos con
+gran detrimento de la lección señalada. A veces funcionaba el telégrafo
+sub--carpetano tan sólo para observar que al padre Fernández se le caía
+la baba o que al padre Solís se le rodaba el bonete. Por poco versado
+que el lector esté en humanidades macarrónicas, habrá deducido del
+diálogo trascrito que aquella mañana se había casado D. Benigno Cordero
+en la capilla de los Dolores de San Isidro. Este gran suceso se verificó
+a fines de Junio.
+
+Estuvo D. Benigno en aquella ocasión sereno y grave, como hombre que da
+cumplimiento al más importante de los deberes. Sola parecía contenta sin
+afectación, los muchachos estaban alegres y Crucita renegando. La
+bendición fue dada por el padre Gracián, con quien celebró Cordero larga
+conferencia en la tarde de aquel día cien veces fausto.
+
+Dejemos ahora a esta digna familia, para quien parecerán siempre pocas
+todas las bendiciones del cielo, y sigamos al venerable jesuita, cuyos
+pasos son ahora del mayor interés. Acompañado del joven que solía pasear
+con él, salió del Colegio Imperial, tomó por la calle de los Estudios, y
+entrando en la de las Maldonadas, detuvo sus pasos en la puerta de un
+llamado establecimiento, cuyo nombre más propio fuera tenducho. Miró
+adentro, no vio a nadie, volvió a mirar, llamando, y al conjuro de la
+voz, moviose un enorme tinajón de hacer buñuelos que arrinconado estaba.
+Cayó de él una estera vieja, apartáronse dos escobas, y por el hueco que
+del movimiento de estas piezas resultara, viose aparecer una figura de
+mujercilla raquítica, que se adelantó cojeando.
+
+--Romualda, ¿qué hacías ahí?
+
+La muchacha se restregó los ojos.
+
+--Estaba durmiendo--replicó.
+
+--¿Y así cuidas tú la tienda?
+
+¡La tienda! Sólo por prurito de hacer hipérboles podía darse este nombre
+al mezquino aguaducho, consistente en media docena de botellas, un gran
+tarro de cerezas en aguardiente, caja de latón con delantera de vidrio,
+medio llena de bollos y azucarillos, y un par de botijos de agua de la
+Arganzuela.
+
+--Tenía mucho sueño--dijo Romualda--. Anoche me tuvieron en vela esperando
+a padre López, que vino entre dos luces.
+
+--Embriagado tal vez.... ¡Bendito Dios!... ¿Y ahora está tu padre en
+casa?
+
+--No lo sé... subirá. Mi madrastra está en la cama.
+
+--Sube, y si está tu padre, dile que baje al momento. Necesito darle un
+recado.
+
+Mientras Romualda sube, dejando al buen clérigo y su acompañante en la
+puerta del establecimiento, digamos cómo de la opulencia y desahogo de
+la carnecería pasó aquella desmoralizada familia a la estrechez de un
+miserable comercio de agua y vino. En casa donde no existen ni los
+vínculos ni los afectos que constituyen la familia, donde la paz deja su
+puesto a la discordia y los vicios ocupan el lugar de la economía y la
+sobriedad, no pueden de modo alguno afincar las prosperidades. La
+actividad de Nazaria y su inteligencia no bastaban a atenuar los malos
+efectos de la holgazanería de López, el cual no sólo derrochaba en
+torpes fraucachelas lo adquirido con sus malas artes y conexiones
+políticas, sino que también sabía apurar, dejándolos en las puras
+tablas, los cajones del mostrador, llenos del pingüe esquilmo de la
+mañana. Nazaria no gastaba en liviandades, pero sí en lujo y ruinosos
+caprichos. Empeñaba una joya para comprar otra, y a ninguna prendera
+dejaba salir de su casa sin quitarle de las manos, a cambio de buen
+dinero, el rico mantón de Manila, la peineta de concha, el abanico de
+marfil, los soberbios encajes flamencos y otras prendas valiosas que las
+casas ricas de Madrid arrojan diariamente al oscuro mercado de lance. La
+carnecería producía mucho; pero el género de Mortanchez y Candelario no
+cae llovido del cielo, por lo que pronto empezó a declinar la casa, y
+dando tumbos y traspiés cayó, a la vuelta de un año, en el abismo del
+descrédito. Los acreedores se repartieron el botín y hubo una desbandada
+de chorizos y una dispersión de jamones, que dieron mucho que hablar a
+todo el barrio de San Millán. Los muebles de la casa fueron embargados,
+y salieron en busca de más seguro domicilio las imágenes y santicos,
+juntamente con los toreros. Tres o cuatro puestos del Rastro lucieron
+durante una semana parte muy principal del ajuar de la Pimentosa, que
+sólo pudo retener lo indispensable para no pedir un hueco en San
+Bernardino, fundado por Pontejos en aquel mismo año. Ciertos dineros no
+muy lucidos que se salvaron del desastre casi por milagro sirvieron a la
+viuda de Peralvillo para poner la tienda acuática antes descrita; y
+entre aquellos cuatro fementidos trastos la infeliz mujer se mecía otra
+vez en locas ilusiones, pensando en volver a ser favorecida de la
+fortuna, para sacar del comercio pequeñito un tráfico grande y rico.
+Ella tenía genio, sabía comprar, sabía vender, pero ignoraba el arte de
+guardar, que es el arte de enriquecer. Su mala estrella o su naturaleza
+física y moral (que esto no está bien averiguado) le agravaron el mal
+que ha tiempo padecía, llegando al extremo de no tener hora de completo
+sosiego; y si los duelos con pan son menos, la enfermedad acompañada de
+duelos y quebrantos cierra la puerta a todo remedio. A la escasez se
+unían las continuas reyertas domésticas para abatir más el espíritu de
+la pobre viuda de Peralvillo y poner su estómago más dolorido. Un hecho
+importante ocurrió poco después de la ruina. No lo pasemos en silencio
+por lo mucho que a ambos favorece. Se casaron; pero la legalización de
+aquella inmoral alianza no la hizo más pacífica, y después de los
+desposorios llevó López más arañazos en su rostro y ella mayor número de
+cardenales en su hermoso cuerpo.
+
+El desastroso acabamiento de D. Felicísimo y el desplome de la casa en
+que vivía pusieron a Tablas en gran desesperación, porque él creía
+segura una buena manda en el testamento de su protector. Como el
+testamento no se encontró entre los escombros, o si se encontró lo
+inutilizaron hábilmente Bragas y los de la curia, quedáronse en ayunas
+López y los señores eclesiásticos, que también tenían sus cinco sentidos
+en las mandas de misas y legados piadosos. Del abintestato del Sr. de
+Carnicero se había aprovechado a sus anchas, sin el estorbo de repartir,
+el siempre venturosísimo Pipaón, a quien el cielo deparó un vástago a
+los nueve meses (día más día menos) de su matrimonio.
+
+Chasqueado por aquella parte, Tablas se obstinó más y más en apretar los
+lazos que le unían a las sociedades secretas y al conventículo formado
+por Aviraneta, Rufete y comparsa. Bien se comprende que López, hombre
+sin letras ni palabra, incapaz de formular discretamente un juicio ni de
+aposentar una idea en la espesura de su cerebro, no podía ser en el club
+populachero más que un instrumento brutal para funcionar en días de
+escándalo y griterío. Todos cuantos han tenido la desgracia de trabajar
+en conspiraciones burdas saben perfectamente que los despabilados y
+parlanchines forman a sus espaldas una guardia de hombres soeces y
+brutales, que sirven para dar a la idea, en la ocasión precisa, su voz
+estentórea, su brazo salvaje y su representación apasionadamente
+popular. Tablas era de esta guardia, mejor dicho, era el jefe de ella, y
+había conseguido llevar al club a otros mocetones, que ni desmerecían de
+él en fuerzas corporales, ni le ganaban un ardite en talento.
+
+Pero, desgraciadamente para él, las conspiraciones de aquel tiempo
+carecían de fondos. Eran conspiraciones pobres, no por esto honradas. Se
+esperaban auxilios; pero los auxilios no venían, porque los destinados a
+darlos no habían llegado aún a ese grado de candidez en que la ambición
+cierra los ojos y abre la mano.
+
+Para atender a sus gastos, que no había sabido disminuir después de la
+miseria, Tablas se colocó en el establecimiento de coches de la posada
+del Dragón, con cuyo dueño tenía amistad antigua. Pero su holgazanería
+le vedaba siempre entrar en faenas duras, y sólo se ocupaba de cuidar el
+almacén de equipajes y encargos. En destino tan poco brillante aguardaba
+el imaginario triunfo de aquellos buenos señores del club, tan sabios,
+según él, o la señal de armar camorra a las autoridades. El majadero de
+López estaba dispuesto a todo, apretado por la miseria, la envidia y los
+apetitos que devoraban su alma.
+
+
+
+
+-XXV-
+
+
+Ya se cansaba de esperar el venerable Gracián, cuando apareció Romualda,
+jadeante y sofocada. Por su conducto la señora Nazaria suplicaba al
+Padre tuviera la bondad de subir, porque se encontraba muy mala. No
+desoía jamás esta clase de ruegos Gracián, que además de eclesiástico
+bondadoso era médico hábil, y precedido de la coja, llevando tras sí al
+cleriguito joven que le acompañaba, acometidos cien escalones que
+conducían a la morada del infeliz matrimonio. Esta era muy humilde; pero
+Nazaria, que tenía instintos de embellecimiento doméstico, la había
+arreglado de modo que pareciese menos fea de lo que realmente era.
+Estaba la Pimentosa postrada en desvencijado sofá. Había desmerecido
+tanto su persona desde el año anterior que no parecía la misma. Aquel
+continente de matrona, aquel aire simpático, aquel rostro lleno de
+atractivos no eran ya sino sombra de sí mismos. Gordura fofa en su
+cuerpo, languidez en su semblante y un decaimiento general en su persona
+toda anunciaban que la maja no volvería a ser lo que fue. A su lado
+estaba la mujer demacrada, pálida y huesuda que vimos en la buñolería
+algunos meses antes, y que había permanecido al lado de su ama, como uno
+de esos cortesanos de la desgracia que con menos mérito alardean de
+fidelidad en esferas más altas. A primera vista la mujer aquella parecía
+imagen de la Muerte esperando su presa. Su brazo, que no debía de tener
+más que el hueso seco, se extendía oscilando con lúgubre cadencia. Su
+mano empuñaba una rama de acacia, para espantar con ella las moscas que
+molestaban a Nazaria.
+
+Gracián y el otro clérigo se sentaron después de saludar a la enferma
+con mucho interés. Nazaria agradeció mucho la visita y estuvo quejándose
+durante diez minutos, dando cuenta prolija de los distintos dolores que
+sentía, en partes diversas, los unos afilados como cuchillos, los otros
+duros como pedradas, y algunos múltiples y horripilantes como el rasgar
+de una sierra. Después calló. Gracián dijo solemnemente que más, mucho
+más había padecido Cristo por nosotros, y luego reinó un silencio
+tristísimo, durante el cual no se oía más que el rumor de las hojuelas
+de acacia, batiendo el aire y desconcertando las bandadas de moscas. Al
+punto que estas vieron a los dos clérigos, se fueron derechas a ellos,
+manifestando singular preferencia por el joven acompañante.
+
+--Lo pasaría menos mal--dijo Nazaria--, si no tuviera miedo, muchísimo
+miedo a esa enfermedad que ha entrado ahora, y que, según dicen, mata a
+la gente en un abrir y cerrar de ojos.
+
+--Se llama el _Cólera_--dijo la flaca con vocecilla ronca que hizo
+estremecer al curita.
+
+Al decir esto Maricadalso (que así la llamaban) se asemejó más que nunca
+a la madre Muerte, nombrando a una de las más fúnebres herramientas de
+su oficio.
+
+--El cólera, sí--dijo Gracián--. Esta epidemia viene del Ganges, de donde
+saca su apellido de _asiática_. Ha empezado a hacer grandes estragos en
+Europa, y Dios no ha querido librar a España de tan tremendo azote.
+Tengamos paciencia. Hasta ahora Madrid va librando bien. Las invasiones
+no son muchas. Empezó en Vallecas y parece como que va pasando de Norte
+a Sur.
+
+Nazaria le preguntó por los remedios que para tan atroz dolencia habían
+descubierto las facultades, y Gracián, con apariencias de no creer mucho
+en ellos, habló de varios, tales como friegas, infusiones teínas y
+revulsivos. El mejor antídoto contra el mal era, a su juicio, el valor y
+el desprecio del mal mismo.
+
+--Entonces--dijo Nazaria con temblor y abatimiento--, esa maldita _cólera
+de Dios_ no me perdonará a mí, porque le tengo más miedo que a una
+centella, y si miro a la puerta me parece que entra en figura de gente,
+si miro a la ventana me parece que entra con el aire, con el sol y con
+el polvo de la calle. No como, por miedo a que entre en mi cuerpo con la
+comida, ni duermo temiendo que me coja en sueños y me lleve antes de
+despertar.
+
+Gracián se rió de estos pueriles temores, y también se habría reído el
+subdiácono si no estuviera muy ocupado en ahuyentar las moscas que
+invadían su cara. Maricadalso le vio dando manotadas. Alargando la rama,
+diole un escobazo en el rostro para líbrarle de la ferocidad insectil.
+
+--Confianza en Dios y no dar a esta miserable existencia mundana más
+valor del que tiene, son los más eficaces remedios--afirmó Gracián con
+autorizada voz.
+
+La vocecilla ronca de Maricadalso se dejó oír. Parecía una corneja que
+cantaba en la propia rama de acacia. Moviendo su cabeza con aire de
+incredulidad, cantó estas palabras:
+
+--A mí no me emboban. Esto no es epidemia que venga de las Asias, sino
+_malos quereres_.
+
+--¿Y a qué llama malos quereres, buena mujer?--preguntó Gracián riendo, no
+tan fuerte como el subdiácono, que soltó una carcajada.
+
+--Al mal tercio que hacen algunos, los malos... los pillos que quieren
+que se acabe medio mundo para quedarse ellos solos.
+
+--¿Y qué pillos son esos?
+
+--Yo me lo sé--dijo la imagen de la Muerte, cuyos ojos lucían en el
+amarillo casco como agujeros de calavera--. ¡Llaman cólera al mal
+querer!... ya, ya.... Más vale que nos lleven a la horca que no
+acabarnos de esta manera.
+
+Estas misteriosas apreciaciones sobre cosa tan notoria como la
+existencia de la epidemia no llamó la atención de Gracián, porque su
+trato frecuente con el pueblo bajo de Madrid le había acostumbrado a oír
+sin sorpresa los despropósitos del vulgo. Todo lo que es razonable y
+conforme al sentido común se resiste a la mente del vulgo. Para que en
+él halle resonancia y acogida una idea es necesario que sea
+perfectamente absurda.
+
+--Señora Cadahalso--manifestó con bondad el jesuita--, usted es de las que
+ponen en duda que vuelan los pájaros, y creerá que los bueyes se pasean
+por los aires. Muy bien, con su pan se lo coma.
+
+--Otros se comen nuestro pan, que no yo--dijo la espantosa mujer,
+enseñando sus dos filas de dientes iguales y puntiagudos--. Yo me sé lo
+que creo, y creo lo que yo me sé.... Y toque su paternidad a otra
+puerta, que ya vamos abriendo el ojo.
+
+--Todo sea por Dios....
+
+--Más respeto, canalla, más respeto--añadió Nazaria, tomando a su vez la
+rama y azotando suavemente a la estampa de la Muerte--.... Señor cura, no
+haga su merced caso, y dígame si para mi mal debo tomar una medicina que
+me han recomendado.
+
+--¿Cuál es?...
+
+--No es cosa de la botica, sino del cielo.
+
+--No entiendo.
+
+--Es cosa santa. Es un polvillo que dicen se saca de la cueva en que hizo
+oración San Ignacio.
+
+--¡Ave María Purísima!--dijo Gracián llevándose las manos a la cabeza.
+
+--¿Se espanta su merced?... Ese polvillo lo tiene, como gran reliquia, mi
+señora Doña Josefa, la mujer de D. Pedro Rey. Dice que su niña
+Perfectita sanó con él.
+
+--¡Sacrilegio, profanación!--exclamó el jesuita--. ¡Abuso nefando de las
+cosas piadosas! Esa tierra bendita es un objeto de piedad que debe
+venerarse como recuerdo de uno de los varones más insignes que ha habido
+en el mundo. Las cosas santas han de ser tratadas con mucho respeto y
+puestas a tanta altura que no pueda llegar a ellas el charlatanismo. Dad
+a Dios lo que es de Dios, y a la botica lo que a la botica pertenece, y
+no mezcléis berzas con capachos, o sea santidades con vomitivos.
+
+Más, mucho más hubiera dicho el discreto clérigo, si en lo mejor de su
+perorata no entrase Tablas, sorprendiendo a todos con los _buenos días_
+que dio desde la puerta. Detenido en ella estuvo un buen rato mirando el
+cuadro que las dos mujeres y los dos eclesiásticos ofrecían. Entró al
+fin; limpiose el sudor que mojaba su frente, y tomando una silla la
+colocó con fuerte golpazo en el punto en que quería sentarse. Después,
+gesticulando con recia manotada, echó de sí las moscas y dijo:
+
+--Se ha muerto el boticario de la calle de Rodas y el carbonero de la
+calle de las Velas. En la casa del tío Caro no ha quedado más que el
+gato. Anoche no había novedad, y esta mañana la casa era un cementerio.
+
+--No exagere usted--dijo amostazado el Padre Gracián, observando el mal
+efecto que aquellas nuevas hacían en Nazaria--. Defunciones hay; pero no
+en tal número.
+
+--No se llaman defunciones; se llaman _casos_--replicó con estúpida risa
+Tablas--. Y podrá ser verdad lo que vuestra Paternidad dice; pero yo sé
+que anoche Gregorio Tinajas y yo, bebimos juntos una copa al salir de
+cierta parte, y sé también que le he visto hace un momento tieso y frío.
+
+--¡Se ha muerto!--exclamó Maricadalso con espanto.
+
+--Como mi abuelo. ¿Lo sientes tú?
+
+--Dígolo porque ya las pagó todas juntas.
+
+--También se ha muerto la _Fraila_.
+
+Nazaria cerró los ojos, no pudiendo cerrar los oídos. Pero el atleta se
+volvió a Maricadalso, y a boca de jarro le disparó estas palabras:
+
+--Y tu hija, Maricadalso, tu hija Ildefonsa, iba ahora con un cántaro de
+agua por la calle de la Paloma, y se cayó en la calle, diciendo que se
+moría....
+
+--¡Mi hija!... Tú mientes.... Corro a ver....
+
+Diciendo esto con entrecortados rugidos, Maricadalso saltó de su
+asiento, como azorado gato, y salió a escape. Oyéronse sus violentes
+pasos extinguiéndose en la escalera, como se apaga el ruido de la piedra
+que chocando y rebotando se precipita en el abismo.
+
+--Rumalda--dijo Tablas mirando a la cojuela que acababa de subir después
+de cerrada la tienda--; baja y tráeme tabaco.
+
+--Romualda bajó, y sus pasos lentos y fatigados resonaron por largo rato
+en la escalera. Después Tablas siguió enumerando muertos y enfermos, y
+volvió a limpiarse el sudor. El calor era sofocante. La habitación, no
+bien templada por la oscuridad, parecía un horno por la proximidad del
+tejado, donde caía como lluvia de fuego el ardiente sol de Julio.
+Empezaba a caer la tarde, y el calor parecía aumentar en aquella hora a
+causa de los vapores que del suelo se desprendían. El aire en calma no
+daba ningún consuelo a los pulmones, y sólo las moscas parecían
+regocijarse en la pesada y miasmática atmósfera, como sibaritas viviendo
+en medio de todas las delicias que puede apetecer su naturaleza.
+
+Gracián reprendió con cierta aspereza a Pedro López su afán de dar
+noticias fúnebres que afligían y apocaban a la pobre enferma. Echose a
+reír el bárbaro, diciendo que él no tenía miedo a _los cóleras_ ni a
+muertes de ninguna clase. Después hablaron de lo que motivó la visita de
+Gracián.
+
+--Tengo aviso de Cataluña de la remisión de un encargo que me interesa
+mucho--dijo este sacando una carta--. Me dicen que recoja el bulto....
+porque es un costal como de media fanega, Sr. López... en la posada del
+Dragón. He pasado varios avisos, y mi encargo no parece. Sr. López, ¿me
+hará usted el favor de buscar bien en el almacén, de preguntar a los
+ordinarios y arrieros, de hacer, en fin, cuanto de su parte esté para
+que parezca ese bulto?
+
+--¿Es fruta?
+
+--No señor.
+
+--¿Jamones?
+
+--Tampoco. Es cosa de poco valor en sí; pero que yo estimo en mucho. Es
+un saco lleno de tierra. Debe venir perfectamente dispuesto y liado en
+esteras.
+
+--¡Ah!... Será tierra de limpiar metales.
+
+--Pagaré dos veces el porte si parece y está intacto--dijo el reverendo
+levantándose.
+
+--¿No recibió vuestra Paternidad el año pasado otro saco como ese por
+conducto de D. Felicísimo?
+
+--Justamente. Los padres de Manresa lo consignaron a D. Felicísimo. Y
+usted mismo, Sr. López, me lo llevó a mi casa.
+
+--Pues este lo llevaré también.
+
+--Gracias. Vámonos, Sancho.
+
+Este nombre, aplicado al subdiácono, dio por un momento al padre Gracián
+cierta apariencia quijotesca. Pero no es aquel nombre capricho del
+narrador. Llamábase en efecto el subdiácono José Sancho; era natural de
+Palma de Mallorca, y tenía veinticuatro años de edad y siete de
+Compañía.
+
+Gracián procuró animar con palabras consoladoras a Nazaria, exhortándola
+a desechar su infundado temor, y después de reiterar a Tablas la súplica
+que le hizo poco antes, salió de la casa escoltado por las moscas.
+
+Aproximábase al Colegio Imperial, cuando un vil pillete que rasguñaba
+una destemplada guitarra se le puso delante, cortándole el paso, y con
+voz que más tenía de infernal que de humana, cantó esta copla:
+
+ ¡Muera Cristo,
+ viva Luzbel!
+ ¡Muera D. Carlos,
+ viva Isabel!
+
+Apartó suavemente el jesuita al cantor y siguió adelante. Pero Sancho
+fue más expresivo, y empujó al pillastre, expulsándole con violencia de
+la acera. Instantáneamente recibió en el hombro un golpe dado con la
+guitarra. Los dos se hallaron frente a frente mirándose con ojos de ira.
+Quizás habría seguido adelante la contienda, si Gracián no dijera con
+voz reposada:--Sancho, ¿qué es eso?
+
+Ambos entraron en el Colegio. En la puerta oíase un rugidillo que no por
+ser infantil dejaba de ser insolente. Parecía el rumor de un poco de
+plebe menuda de esa que suele encresparse en las plazuelas de verdura, y
+que la autoridad sabe contener sin más artillería que las escobas
+municipales.
+
+
+
+
+-XXVI-
+
+
+En el claustro halló Gracián al Padre Francisco Sauri, buen sujeto,
+catalán, ministro y procurador del seminario. Tenía 39 años y llevaba ya
+17 de Compañía. Su celo por el esplendor de la casa era extraordinario.
+Refiriole Gracián lo que había oído cantar en la puerta, y Sauri le dijo
+que aquel día había recibido el rector diferentes avisos misteriosos,
+unos amenazando, otros recomendando precauciones. El profesor de Ética
+no dio importancia al hecho, porque otras veces habían llegado a la casa
+anónimos espeluznantes, sin que ocurriese después de ellos nada de
+particular. En su celda le visitó más tarde el Padre Artigas,
+bibliotecario, y hablaron de la guerra, leyendo luego muchas cartas y
+papeles. Después del refectorio se habló mucho de los anónimos, de las
+voces que corrían, poco lisonjeras para los regulares, del cólera
+reciente y de otras zarandajas. Algo más tarde los colegiales dormían
+con la dulce tranquilidad de la infancia, y los Padres o dormían o
+hacían penitencia en sus celdas.
+
+Sin temor de equivocación se habría podido asegurar que Gracián pasó la
+noche en austeridades atroces sólo de él acometidas. La _inescobata
+cellula_, había perdido cantidad no pequeña del _humus manresianus_ que
+cubría su suelo; pero Gracián tuvo el gusto de recibir la nueva y
+abundante remesa de aquel polvo al día siguiente de hacer al Sr. Tablas
+la recomendación que nuestros lectores conocen. Ocupábase aquella
+mañana, después de la clase de Ética, en extender por el suelo parte de
+la tierra, cuando lo anunciaron la visita de D. Benigno Cordero. Hízole
+entrar suspendiendo su tarea. El héroe popular y el jesuita se apretaron
+afectuosamente las manos.
+
+--Vamos--dijo Cordero sonriendo--, que bien podría entrar el arado en la
+celda de usted.... Esto es un campo.
+
+--Los árboles que nacen aquí no se ven--replicó gravemente el jesuita
+cortando las bromas--. Vamos a otra cosa. Ya sé a lo que viene usted....
+Siento decirle que no hay nada.
+
+--¿No hay noticias?
+
+--Ninguna.
+
+Cordero cerró el pico y apretó los labios.
+
+--Es particular--dijo--. Desde que me mandó el poder para casarse... (y fue
+con fecha 15 de Abril), no hemos tenido más noticias suyas.... Aquí me
+tiene usted en la mayor zozobra. Me he casado por otro.... Soy un marido
+de fórmula, un marido de procedimientos, y tengo que ocuparme del marido
+verdadero más de lo que yo quisiera. La esposa de mi amigo... la que me
+dio su mano, casándose conmigo como se podría casar con un documento....
+está también en gran zozobra.
+
+--Pues no hay más noticias--dijo Gracián--, que las del otro día. Zorraquín
+me escribe con fecha del 14 y dice que se había separado del amigo,
+porque él (Zorraquín) fue solicitado por el carlismo militante para
+ocupar una plaza que hacía mucha falta en las filas de Zumalacárregui,
+la plaza de capellán o director espiritual. Es posible que después de
+separarse Zorraquín, no haya tenido ese señor medio seguro para enviar a
+Madrid sus cartas, que antes venían por conducto de aquel dignísimo
+sacerdote. Esperemos.
+
+Cordero dio un suspiro, diciendo:
+
+--Tranquilizaré como pueda a la señora de mi amigo. Y ya que estoy aquí
+no quiero marcharme sin advertir a usted de ciertos rumores....
+
+--¡Ah! Hemos recibido anónimos y cartas amenazadoras. Es la vigésima vez.
+
+--No creo yo que esto sea cosa de gran importancia--dijo el héroe
+dándosela a sí mismo en grado sumo--. Con todo, no está de más el
+prevenirse, porque las bromas populares se sabe donde empiezan... pero
+no se sabe nunca donde ni como acaban.
+
+El clérigo hizo un mohín desdeñoso, manifestando ocuparse poco de lo que
+Cordero decía. Este prosiguió así:
+
+--Yo tengo un primo a quien llaman Primitivo Cordero, el cual si en el
+tratado de la honradez no tiene pero, en el de la tontería tiene
+manzanas, quiero decir que es un politicastro de estos que con cuatro
+palabras pescadas en un mal libro, media idea que se les pegó de
+cualquiera de nuestros grandes hombres, porción no pequeña de envidia y
+algunos granos de patriotismo mal entendido, se entretienen en fabricar
+castillos de viento, fundando instituciones, dictando leyes, mudando
+personas. Yo siempre he creído a mi primo tan inofensivo como una
+paloma; pero los que le rodean no lo son. Como la mariposa es impulsada
+al fuego por un secreto anhelo de quemarse, mi primo Primitivo es
+arrastrado a los clubs por un desdichado prurito de bullanga que puede
+en él más que la razón, si es que razón hay dentro de aquella cabeza.
+Pues bien, amigo y Padre: por mi bendito primo y por un tal Rufete que
+sería igual a mi primo si no fuera más exagerado, más vacío de mollera y
+de peores intenciones, sé que en una reunión semi-secreta que varios
+patriotas tienen en la plaza de San Javier han acordado dar un susto a
+Vuestras Paternidades.
+
+Al decir esto, Cordero le miró atentamente, por sorprender en su cara el
+efecto que aquella declaración le causaba; pero la cara del jesuita no
+expresó nada. Era una cara de palo.
+
+--Llevaremos el susto con paciencia--dijo el Padre Gracián, ofreciendo al
+héroe un polvo, que por no ser de Manresa, aceptó gustoso D. Benigno.
+
+--Según mi informe-añadió este--y son informes verdaderos, procedentes del
+horno mismo donde se cuecen tales pasteles, la broma, susto o como
+queramos llamarlo, no pasará a mayores. Los patriotas sólo quieren
+manifestar su antipatía a Vuestras Reverencias y protestar de la
+protección que Vuestras Reverencias dan al carlismo. Es cierto que esa
+protección existe por la misma naturaleza de las cosas y los
+antecedentes de las personas. ¡Hecho lógico, imprescindible, abrumador!
+Es cierto también que el régimen liberal no puede coexistir con el
+carlismo, de donde resulta un antagonismo imponente entro dos hechos,
+entre dos verdades, entre....
+
+--Y usted no cuenta para nada con Dios--dijo Gracián, siempre con desdén.
+
+--Sí, cuento con él, y en él espero que lo que se anuncia no será nada,
+en provecho de todos. Pero algún día, Señor y Padre, ha de haber una
+como la de San Quintín, porque o Vuestras Reverencias dejan de amparar a
+los carlistas, o los carlistas absorben al liberalismo, o el liberalismo
+se los traga a ellos y a Vuestras reverendísimas Paternidades.
+
+--Grandes fauces ha menester... pero por falta de apetito no lo
+dejará--indicó Gracián dignándose sonreír un poco.
+
+Cordero dio un suspiro y dijo:
+
+--Veremos quien traga a quien.... Repito que las noticias que me han dado
+mi primo y Rufetillo... yo siempre le llamo Rufetillo... no son
+espeluznantes. Gritos y bulla nada más.... Puede ser que haya algunos
+palos, pero esos no caerán sobre las costillas de ningún eclesiástico.
+Siempre se los encontrará algún desdichado que no lo coma ni lo beba. En
+esa reunión secreta no hay hombres de gran empuje, ni conspiradores
+temibles, ni jacobinos de tente tieso. El más enredador de todos ellos,
+el viborezno D. Eugenio Aviraneta ha desaparecido misteriosamente,
+cuando más enfrascado parecía en sus intrigas. Y ahora dicen que está
+con los carlistas.
+
+Gracián levantó un pisa-papeles que en la mesa de su escritorio oprimía
+varias cartas. Tenía aquel objeto la forma de un pie de cabrón, y
+habiendo salido ileso de los escombros de la casa de D. Felicísimo,
+Pipaón lo regaló al padre Gracián como recuerdo de su amantísimo suegro,
+que era amigo íntimo del jesuita. Este miró la carta que bajo el pie de
+cabrón estaba y dijo:
+
+--Aviraneta llegó a Tolosa de Francia. Me escribe con fecha del 13. Ya ve
+usted que le confío mis secretos.
+
+--Y ya sabe Vuestra Reverencia que soy un sepulcro--replicó Cordero
+levantándose--. Muchas felicidades y pocos sustos.
+
+Despidiose y fue a ver a Genara, esperando hallar en su casa las
+noticias que no pudo o no quiso darle Gracián. La dama estaba preparando
+sus maletas para huir de Madrid y de la epidemia que empezaba a difundir
+horroroso pánico en los habitantes de la Villa. De los informes que
+Cordero buscaba, nada podía darle Genara, porque nada había sabido
+después de la salida de su esposo enfermo y demente del hospital militar
+de Pamplona.
+
+La señora no pensaba más que en huir, huir de aquel azote de Dios que
+había empezado hiriendo a los pobres y pronto descargaría sobre los
+ricos. Ya había casos, sí, ya había casos de gente acomodada. Un
+consejero jubilado, la señora de un Alcalde de Corte, un exento de
+guardias, un oficial de correos y un poeta habían caído el día
+anterior.... ¡Bendito Dios! los que no eran pobres tenían al menos el
+recurso de la fuga, siempre que el cólera no fuera con ellos, invisible,
+en la zaga del coche, como solía acontecer. Genara tenía mucho miedo a
+la muerte, señal de turbada conciencia; pero ella se esforzaba en
+aparecer serena y animábase con sus propias sonrisas, como el soldado
+cobarde con sus propias bravatas. Iba, venía, recogiendo ropas, llenando
+baúles, haciendo y deshaciendo paquetes, dictando órdenes; contando su
+dinero y apuntando encargos. Contestaba breve y fríamente a D. Benigno;
+pero cuando este le habló de su matrimonio de fórmula, mediante poder de
+un novio ausente, volviose a él con brusco impulso y le dijo:
+
+--¿Por qué no me buscó usted para madrina?... No, no guardo yo rencor.
+Deseo perdonar y que me perdonen.... Eso de darse las manos con cien
+leguas de por medio no está en mis libros.... ¡Qué matrimonio tan
+desgraciado, D. Benigno! Dios quiera que el cólera no separe más a
+marido y mujer.
+
+--¡Señora, por amor de Dios!...
+
+--No crea usted que es mala intención. Es lo contrario.... Les deseo toda
+clase de felicidades. No crea usted que soy mala.... ¡Y ahora que el
+hallarse en pecado mortal es tan peligroso!... No, no, reconciliación,
+piedad, perdón, amor a todos, conciencia limpia, ese es mi tema. ¿Es
+cierto que ha muerto anoche mucha gente?
+
+--Mucha, replicó Cordero observando la palidez que el miedo pintaba en el
+agraciado rostro de Genara.
+
+No me lo diga usted.... Esta tarde me voy. Me confesaré primero. ¿No
+creo usted que es buena idea?
+
+--Me parece muy acertada.
+
+--Vivimos casi de milagro.
+
+--Es verdad. Ya que nos coja, que nos coja confesados--dijo Cordero con
+algo de sorna.
+
+--Sí, sí.... Paz con todo el mundo, paz con Dios....
+
+Pronunció estas palabras con gran zozobra, y siguió ocupándose con
+febril actividad en sus preparativos de viaje. Los objetos se le caían
+de las manos; equivocaba una cosa con otra; empaquetaba ropas que debían
+quedar en la casa, y ponía bajo llaves lo más indispensable para el
+viaje.
+
+Fueron llegando unos tras otros los amigos, noticiosos de su viaje. La
+veían partir con sentimiento, y ella por su parte les abandonaba con
+tristeza, porque la tertulia era el encanto de su vida, y el charlar de
+cosas de gobierno la más regalada comidilla de su travieso espíritu.
+¿Nombraremos a aquellos señores? Más vale que no, porque algunos han
+vivido hasta hace poco; la mayor parte han ocupado altísimos puestos, y
+todos llevaron, cual más cual menos, piedra y cascote al edificio de un
+partido tan poderoso como impopular. Como nada es duradero en el mundo,
+el cielo quiso que a aquel edificio le llegase como a la casa de D.
+Felicísimo, su día final, y hoy crece en sus rotos muros el _amarillo
+jaramago_, y sus huecos _son ¡ay! de lagartos vil morada_.
+
+Entonces, en los tiempos verdes del gran Martínez de la Rosa, daba gozo
+ver la juventud lozana de un partido que hoy es vejete decrépito con
+lastimosas pretensiones de andar derecho, de alzar la voz y aun de
+infundir algo de miedo. Entonces se nutría de hábiles retóricas, de
+erudición doctrinaria carlista, y hacía esgrima de sable con el brazo
+valentón y pendenciero de jóvenes oficiales granadinos. En el seno de
+este partido, que en un tiempo se llamó de _los sabios_ y en sus albores
+se llamó de los _anilleros_, había gente de gran mérito, aleccionados
+los unos en la práctica estéril de liberalismo, otros algo amaestrados
+en el arte político que faltaba a los liberales. Ellos fueron los
+primeros maquiavélicos ante quienes sucumbió la inocencia angélica de
+aquellos candorosos doceañistas que principiaban a no servir para nada.
+A falta de principios tenían un sistema, compuesto de engaño y energía.
+Su credo político fue una comedia de cuarenta años. Su éxito debiose a
+haber vigorizado el principio de autoridad, y su descrédito o
+impopularidad a haber impedido el desarrollo progresivo de las ideas. En
+religión eran volterianos, y en sus costumbres privadas enemigos de la
+templanza; pero tenían un _coram vobis_ de santurronería que hacía el
+efecto de ver la silueta de Satanás en la sombra de un confesonario. Uno
+de los primeros elementos de fuerza que allegaron fue el clero, a quien
+adulaban, disponiéndose, no obstante, a comprar por poco dinero sus
+bienes, cuando los progresistas los arrancaron de las manos que llamaban
+muertas. A excepción de dos o tres individualidades de intachable
+pureza, eran gente de economías, y andando el tiempo, con las compras de
+bienes desamortizados, formaron una aristocracia que poco a poco se hizo
+respetable, y en la cual hay muchos marqueses y un formidable elemento
+de orden. En lo militar fueron poco escrupulosos, y se les ha visto
+pronunciarse con naturalidad y hasta con gracia.
+
+En los días de nuestra narración presentaban el grato aspecto de un
+ejército joven, lleno de bríos y de valor. Su programa de moderación
+contrariaba a mucha gente. Aquel habilidoso sistema de ser y no ser, de
+equilibrarse entre el absolutismo y los liberales, valiéndose de los
+unos contra los otros, de prometer y no cumplir, de encubrir con
+fórmulas, retóricas y dicharachos hoy desacreditados, pero entonces muy
+en boga, el lazo de la arbitrariedad y el espadón de la fuerza, dio
+resultados en época de tanta inocencia política, cuando la libertad era
+como un niño generoso y no exento de mimos, más fácil de engañar que de
+convencer.
+
+La tertulia de Genara fue el centro donde las aspiraciones de aquella
+gente lista empezaron a tomar cuerpo. Allí fue precisándose el sistema y
+haciéndose práctico. Allí se establecieron relaciones que no habían de
+romperse sino con la muerte y se conocieron y se escogieron, digámoslo
+así, los hombres. Los jóvenes tomaron de los viejos el saber astuto y
+estos de aquellos el desenfado y el vigor. Humanamente considerada,
+aquella gente tenía una superioridad especial que ha sido la causa de su
+dominio durante un tercio de siglo: era la superioridad de los modales,
+cosa importantísima en nuestra edad. Había en aquellos tiempos como una
+línea divisoria clara y precisa que separaba en dos grandes mitades el
+inmenso personal político, creado por las revoluciones. En el trazado de
+esta línea tenían alguna parte las tijeras de los sastres. No había
+término medio, y fue lástima grande que tantas ideas generosas y
+salvadoras no pudieran por fatal destino, emanciparse de la grosería,
+del mal vestir y peor hablar.
+
+Por esto el advenimiento de la clase media fue laborioso y pesado.
+Aquella clase, frailunamente educada, no supo echar de sí ciertas
+asperezas, por lo que sólo prevalecieron en la vida pública los pocos
+que supieron ponerse el frac.
+
+Despidieron a Genara aquel día, 16 de Julio de 1834, y se retiraron
+todos, los unos a su oficina, pues casi todos eran empleados, los otros
+a dormir la siesta. Todavía en aquellos tiempos se dormía la siesta, y
+al día siguiente de aquel 16 da Julio fue cuando la Providencia dispuso
+que el Gobierno durmiera una siesta célebre.
+
+La dama partió llena de pena y miedo, de miedo porque ignoraba si
+alejándose de Madrid se alejaría del aire ponzoñoso; de pena, porque
+dejaba su vida dulce y regalada, sus tertulias llenas de amenidad o
+interés, su influencia en el partido dominante, y quizás, quizás algo
+que más vivamente interesaba a su corazón. Renunciar al brillo de su
+ingenio y hermosura, a las adulaciones de la pequeña corte masculina que
+la festejaba un día y otro día; abdicar esta corona y huir de la capital
+de su reino de galanterías para sepultarse en un rústico lugarón donde
+no había de tener más solaz que lecturas insípidas y donde había de
+recibir la noticia del fin tristísimo de su marido, era fuerte cosa para
+un corazón amigo de impresiones lisonjeras, para una fantasía siempre
+joven y siempre soñadora, para una conciencia alarmada.
+
+Esta mujer acabó ya para nosotros. Dentro de los límites señalados a
+estas historias, no cabe ya el resto de su vida llena de accidentes, y
+que no tomarán por modelo los cenobitas ni los que se propongan ser
+santos o algo que a santos se parezca. Sólo diremos, que vivió muchos
+años y que a los sesenta todavía era guapa. Ingeniosa, amable y algo
+intrigante, lo fue hasta los setenta, y durante dos años más fue un
+modelo de devoción cristiana y de edificante trato con clérigos y
+cofradías, hasta que Dios quiso llevársela de este mundo. No se le cayó
+la casa encima como a D. Felicísimo, sino que murió de repente hacia el
+último tercio del 68, si no están equivocadas las crónicas.
+
+Aquel día (volvemos a nuestro 16 de Julio del 34), D. Benigno fue el
+último que le apretó la mano. Después el héroe dio una vuelta por la
+calle de Toledo y plazuela de la Cebada, porque oyó decir que había
+agitación en aquellos barrios y gustaba de curiosear. Un espectáculo
+horrible le detuvo en su excursión. Vio asesinar cruelmente a un chico
+por echar tierra en las cubas de los aguadores. Esta travesura frecuente
+entonces, se castigaba comúnmente a pescozones. Las cosas habían
+variado, y los ángeles traviesos eran tratados como los mis grandes
+criminales. Cordero retrocedió para entrar en la calle del Duque de
+Alba, y en la de los Estudios recibió un testarazo que le hizo saltar de
+la acera al arroyo. El duro objeto que le embistió era un ataúd. Un
+hombre le llevaba sobre su cabeza, dando porrazos a cuantos transeúntes
+hallaba en su camino.
+
+--¡Bestia!--gritó Cordero.
+
+Al punto reconoció a Tablas, y suavizando la voz le preguntó:
+
+--¿Para quién es, hermano?
+
+--Para aquella, para aquella--replicó López sin detener el paso. Cordero
+vio algunas mujeres que lloraban.
+
+
+
+
+-XXVII-
+
+
+Desgreñada, lívida, con los ojos chispeando furia, las manos
+temblorosas, los dedos tiesos y esgrimidos al modo de cuchillos, la boca
+seca, por ser las voces que de ella salían más bien ascuas que palabras;
+más parecida a demonio hembra que a mujer, estaba Maricadalso en la
+puerta de una casa humildísima de la calle del Peñón. Sus gritos
+pusieron en alarma a la calle toda, como las campanadas de un incendio,
+y por ventanas y puertas aparecieron los vecinos. ¡Qué caras y qué
+fachas! El gritar de Maricadalso era por momentos lastimero y dolorido,
+a veces amenazador y delirante. Sus cláusulas sueltas, saliendo de la
+boca en chispazos violentos, no entran en la jurisdicción del lenguaje
+escrito, porque lo característico de ellas dejaría de serlo al separarse
+de lo grosero. Palabras eran de esas que matizan y salpimentan las
+disputas populares; equivalen al siniestro brillo de la navaja en el
+aire y al salpicar de sangre soez entre las inmundicias que de un
+corazón rudo salen a una boca sedienta de injuria. Entre lo que no puede
+reproducirse se destacaban estas frases.--¡Mi hija muerta!... ¡Cosas
+malas en el agua!... ¡Esos pillos!...
+
+Muchas damas de candil, vestigio envilecido de las que inmortalizó D.
+Ramón de la Cruz, rodearon a Maricadalso. Una harpía que grita en medio
+de la calle del Peñón o de otra cualquiera de aquellos barrios, tiene la
+seguridad de llevar el convencimiento más profundo al ánimo de su
+auditorio, sobre todo si lo que dice es un disparate de esos que no
+entran jamás en cabeza discreta. Con mágica rapidez, todas las mujeres
+que rodearon a Maricadalso se asimilaron las opiniones y sentimientos de
+esta. El pueblo es conductor admirable de las buenas como de las malas
+ideas, y cuando una de estas cae bien en él, le gana por completo y le
+invade en masa. Bien pronto la harpía individual fue una harpía
+colectiva, un monstruo horripilante que ocupaba media calle y tenía
+cuatrocientas manos para amenazar y doscientas bocas para decir: _¡Cosas
+malas en el agua!_
+
+Quien no piensa nunca, acepta con júbilo el pensamiento extraño,
+mayormente si es un pensamiento grande por lo terrorífico, nuevo por lo
+absurdo. Aquel día habían ocurrido muchas defunciones. Varias familias
+tenían en su casa un muerto o agonizante. En presencia de una catástrofe
+o desventura enorme, al pueblo no le ocurren las razones naturales de lo
+que ve y padece. Su ignorancia no lo permite saber lo que es contagio,
+infección morbosa, desarrollo miasmático. ¿Y cómo lo ha de saber la
+ignorancia, si aún lo sabe apenas la ciencia? El pueblo se ve morir con
+síntomas y caracteres espantosos, y no puede pensar en causas
+patológicas. Cristiano de rutina, tampoco puede pensar en rigores de
+Dios. Bestial y grosero en todo, no sabe decir sino: _¡Cosas malas en el
+agua!_
+
+Esta idea de las _cosas malas_ arrojadas infamemente en la riquísima
+agua de Madrid, con el objeto puro y simple de _matar a la gente_, cayó
+en el magín del populacho como la llama en la paja. No ha habido idea
+que más pronto se propagase ni que más velozmente corriese, ni que más
+presto fuera elevada a artículo de fe. ¿Cómo no, si era el absurdo
+mismo?
+
+Algunas mujeres subieron a ver el cadáver de la hija de Maricadalso,
+cuyo ataúd acababa de traer López. Era una muchacha bonita, cigarrera,
+con opinión de honrada. Maricadalso subía a su casa, lloraba junto al
+cuerpo de su hija, bajaba a gritar de nuevo, blasfemando, volvía a subir
+y a llorar.... Ya no parecía la Muerte sino la Locura cantando a su modo
+el _Dies irae_. En tanto veinte, treinta, cuarenta hombres subían hacia
+la plaza de la Cebada propagando aquel satánico evangelio de las _cosas
+malas en el agua_. Encontraron a Timoteo Pelumbres, esposo de
+Maricadalso y padre de la muerta. Oyó este el griterío y soltando las
+herramientas que llevaba, corrió presuroso a una taberna donde varios
+hombres disputaban.
+
+--¿Veis?--gritó mostrando el puño--. Todo el mundo lo dice.... ¡Han
+envenenado las aguas!
+
+Inquieto, feroz y pequeño, Timoteo tenía todas las apariencias del
+chacal, la mirada baja y traidora, los músculos ágiles, el golpe
+certero. Atacaba de salto. Era el mismo a quien vimos haciendo buñuelos
+en la tienda inmediata a la gran carnecería de la Pimentosa, de quien
+era protegido, lo mismo que su mujer. Era el mismo a quien vimos hace
+mucho tiempo, acaudillando la fiera cáfila que asesinó a martillazos al
+cura Vinuesa 21 en la cárcel de la calle de la Cabeza. Aquel tigre
+pequeño vivió mucho. Alcanzó los tiempos de Chico.
+
+En la taberna hacía falta un orador para electrizar el selecto concurso.
+Aquel orador fue Pelumbres, que hablaba mostrando el puño y frunciendo
+las cejas. Las mujeres pasaron gritando. Entre ellas se divulgó una de
+esas noticias que electrizan, que redoblan el entusiasmo y aguzan el
+soez pensamiento. La noticia era esta: De los dos chicos a quienes se
+había sorprendido poco más arriba echando _unas tierras amarillas_ en
+las cubas de los aguadores, el uno fue muerto al instante, el otro logró
+escaparse y se refugió.... ¿dónde? en el mismo San Isidro.
+
+--Como que de allí ha salido todo...--dijo una voz que se esforzaba en ser
+autorizada y convincente a pesar de ser la voz de un salvaje.
+
+--¿Qué ha salido de allí?
+
+--Los polvos.
+
+--¡Los polvos!
+
+El que esto aseguraba era un hombrón, un animal de esos que aparecen en
+las tempestades populares, sin que se sepa bien quien los trajo, y en
+todas ellas dejan señal sangrienta de su paso. Seguíale una docena de
+individuos de esos que al mirarnos muestran cara humana, si bien es muy
+dudoso que sean hombres.
+
+--Sí, señores, todo está averiguado--añadió el desaliñado orador, que era
+Tablas en persona--. Y si faltase testimonio, aquí estoy yo para darlo.
+
+Dos mujeres se le colgaron de cada brazo. En torno suyo hízose un
+corrillo. Formábalo esa curiosidad de lo horrible que reúne gente en
+derredor de los patíbulos, del charco de sangre, señal de un crimen, o
+junto a la oscura agonía de un perro. Tablas se enorgulleció de su
+papel. Aquel día era un día suyo, un día en que iba a mostrar su poder
+con pretensiones de poder político, ¡oh! ¡qué gran momento! Dos docenas
+de perdidos le obedecían, como obedece la piedra a la honda. Tablas era
+la honda; pero distaba mucho de ser la mano.
+
+--Pues, sí señores--añadió López--. ¡Yo mismo les he llevado ayer un saco
+con media fanega de veneno!
+
+--¡Media fanega de veneno!
+
+--¿Y tú se lo has llevado?
+
+--Sí, porque no sabía lo que era. No es la primera vez que esos malvados
+reciben remesas de veneno. El saco que les llevé ayer vino de Cataluña
+para ese.... No le quiero nombrar.
+
+--Di tú, parlanchín--gritó una voz detrás del corrillo--. ¿Se ha muerto
+también la Pimentosa?
+
+--Para eso va. Esta mañana despertó con el mal.
+
+--¿Ha bebido agua?
+
+--Ha tomado los mismos polvos como medicina.
+
+Una exclamación de horror acogió esta terrorífica aseveración.
+
+--¿Quién se los ha dado?
+
+--Curas y frailes que todos son unos. Diéronselos como medicina santa, y
+tomarlos y empezar a sentir las arcadas del cólera, fue todo una misma
+cosa.
+
+Esto era demasiado espantoso para que el digno concurso pudiera hacer
+comentarios. El silencio torvo con que lo oyó probaba su escasez de
+ideas ante aquel hecho y el alarmante recogimiento de sus pasiones, que
+se concentraron para brotar en seguida con más fuerza. Tablas puso cara
+afligida. Deseaba excitar en favor suyo la compasión de la multitud y
+pasar por una víctima de las malas artes de cierta gente. Pero en su
+rudeza no acertaba a ingerir la idea política en aquella serie de locos
+desatinos. Tratándose de difundir un disparate y de darle la
+inverosimilitud que le hace más asequible a la mente del vulgo, Tablas
+no carecía de habilidad, porque así como el búho ve en las tinieblas,
+ciertos entendimientos tienen la aptitud del absurdo. Pero él quería
+razonar, emitir un fundamento, más que por justificar la asonada, por
+darse satisfacción a sí mismo, como hombre de opiniones políticas.
+Necesitaba una fórmula que le diese prestigio entre sus oyentes
+adjudicándole cierta iniciativa con asomos de jefatura.
+
+Frunció el ceño, bajó la cabeza, recogió su pensamiento para buscar la
+fórmula que necesitaba. Como en ocasiones parecidas, en aquella su
+frente semejaba el duro testuz del toro, previniendo la acometida. La
+chispa brotó entre las nieblas de aquel caletre, pues no hay cerebro por
+tenebroso que sea, que no tenga sus rehendijas por donde entre a veces
+algo de luz.
+
+--¿No sabéis lo que es esto?--dijo con gran animación--, sintiendo
+vislumbres de genio--. ¿No sabéis lo que esto significa? Envenenar por
+gusto de envenenar no es....
+
+Buscaba la palabra _lógico_, que había oído muchas veces en el club:
+pero no daba con ella. La palabra se le atarugaba sin querer pasar, como
+una moneda grande que no puede entrar por la pequeña hendidura de una
+hucha.
+
+--No es, no es...--añadió forcejeando con el vocablo y echándole fuera al
+fin, aunque desfigurado, no es _ilógico_. ¿Por qué envenenan a la gente?
+Para acabar con los liberales. Ellos dicen: «No podemos aniquilar a
+nuestros enemigos uno a uno, pues acabemos con todo el género humano».
+(Sensación profundísima.)
+
+Comprendió que le vendría muy bien en aquel caso un recuerdo histórico,
+y volvió a fruncir el ceño. Esto era difícil en extremo y su cerebro no
+tenía capacidad para contener un suceso histórico. Equivalía a querer
+meter, no ya una moneda, sino un camello dentro de la hucha. Pensó mucho
+y se rascó la frente. Había oído en el club multitud de menciones y
+referencias de acontecimientos pretéritos; pero a él ninguna se le venía
+a las mientes. De pronto una mujer, ¡oh genio de la mujer! dijo esto:
+
+--Es como lo de Herodes.
+
+Tablas se estremeció de júbilo. Tenía lo que necesitaba. Ahuecando la
+voz y marcando con su manaza un compasillo oratorio, prosiguió su
+discurso así:
+
+--Sí, señores; así como el tirano Herodes, para ver de perder al niño
+Jesús, mandó matar a todos los niños, según rezan los Evangelistas,
+estos canallas, para ver de acabar con un partido, con el partido
+liberal, quieren matar a todos los españoles, a todo el género humano, a
+todo el globo terráqueo.
+
+Describió con el brazo extendido un vasto y rapidísimo círculo. Sabe
+Dios hasta donde habrían llegado las retóricas del antiguo tablajero, si
+en aquel momento no permitiese Dios una repentina tragedia. Era el
+primer hecho terrible, brotando de la última palabra de López. En el
+populacho las palabras ardientes tienen una propagación pasmosa, y pasma
+también la rapidez con que de estas flores de la barbarie salen frutos
+de sangre. Un lego atravesó por delante de la Latina, dobló la esquina
+de la plazuela siguiendo en dirección a Puerta de Moros. Iba presuroso y
+acobardado, llevando un paquete de papel en la mano, algo como dos
+libras de azúcar, recién compradas en la tienda.
+
+--¡Aquel lleva veneno!--gritaron varias mujeres corriendo hacia él.
+
+El lego fue rodeado por un grupo y desapareció en él. No se vio más que
+un estremecimiento de brazos y cabezas, un enjambre de cuerpos que
+forcejearon entre gritos. Algunos ayes lastimeros se deslizaron entre el
+vocerío. Después sólo se veía una masa de gente en lúgubre cerco
+silencioso mirando al suelo.
+
+Tablas había tomado otra dirección. Por un momento el populacho se
+dividió. Los girones de aquella nube negra vagaron un rato por las
+calles de los Estudios, Toledo, plazuelas de San Millán y de la Cebada.
+Gran confusión reinaba. El atleta, con su media docena de facinerosos
+caminó hacia la calle de las Maldonadas. Cerca de la puerta de su casa
+vio a Romualda que salía presurosa, y la llamó:
+
+--¿Y Nazaria?
+
+--Lo mismo.
+
+--¿Hay alguien arriba 22?
+
+--Nadie, yo sola; digo, yo he bajado.
+
+--Sube y tráeme mi navaja grande que está sobre la cómoda.
+
+--Madre Nazaria me ha mandado por agua. Tiene sed.
+
+--Ve primero por la navaja.
+
+Romualda subió, mientras Tablas y sus amigos conferenciaban gravemente
+en la puerta. Era un consejo de guerra de caníbales en la expectativa de
+una gran batalla-merienda. Cuando Romualda bajó con la navaja, López
+dijo a los amigos:
+
+--El Gobierno mandará tropas a defenderles. Bueno es estar prevenido.
+Mira, Rumalda....
+
+Romualda había pasado ya a la otra acera, y desde allí les miraba con
+espanto. Su cara de hambre y miseria, su aspecto de cansancio no
+excitaban la compasión de aquellos caballeros andantes de la plebe.
+
+--Rumalda.
+
+--Señor.
+
+--Sube y tráeme las dos pistolas que están colgadas junto a la cama....
+Después llevarás el agua a Nazaria.
+
+--Madre Nazaria no me ha mandado por agua. Ya no tiene sed. Me ha mandado
+por un cura. Dice que se muere.
+
+--¿Por un cura?... ¿Y dónde están los curas, mentecata?... Di a Nazaria
+que no se muera, que volveré pronto.... Corre y tráeme las pistolas.
+
+--Voy por el cura.
+
+--Sube y trae las pistolas--gritó López.
+
+La coja entró en el portal, y emprendió su lucha con la escalera. Esto
+empezaba a ser para ella como beberse el mar. Y se lo bebía.
+
+Poco después el atleta y sus amigos volvían a la calle de los Estudios.
+Un reloj dio la hora. Eran las tres de la tarde. Ya en la puerta que el
+Seminario tiene por la calle del Duque de Alba, los sicarios del lego
+formaban un grupo imponente, montón de humanidad digno de un basurero,
+en el cual brillaban aceros de navajas y burbujeaban blasfemias.
+Gritaron, golpeando la puerta. Tablas se presentó, quiso mandar; pero no
+le hicieron caso. Abriose la puerta, o franqueada por dentro o rota
+desde fuera, que esto no se sabe bien. El populacho entró. Detúvose en
+el vestíbulo ante una figura que estaba allí sola, imponente, inmóvil,
+como imagen bajada de los altares. Era el Padre Sauri, joven, flaco,
+pálido, valiente. La palidez, la energía de las facciones del jesuita,
+sus ropas negras, su valor quizás contuvieron un instante al populacho.
+Aquella repentina quietud parecía la perplejidad del arrepentimiento. El
+jesuita dijo con voz sonora y conmovida: _¿qué queréis?_
+
+Difícil era contestar a esta pregunta con palabras. Los sicarios no
+sabían bien lo que querían. De entre ellos salió una voz que gritó:
+_Queremos tu sangre, perro_. No fue preciso más. El Padre Sauri
+desapareció. No puede describirse su horroroso martirio. De manos de los
+monstruos pasó a las de unas cuantas harpías que le arrastraron hasta la
+plazuela de San Millán, mutilando su cadáver en el sangriento camino.
+
+En tanto los asesinos se difundieron por los inmensos claustros del
+vasto edificio. Oíanse pasos precipitados y ayes lastimeros en lo alto
+violentos golpes de puertas que se cerraban. Era jueves, y los
+colegiales externos estaban en sus casas. Muchos jovenzuelos internos
+fueron acometidos. Para saber si eran realmente colegiales o Padres
+disfrazados de alumnos, los sicarios les quitaban el bonete buscando la
+corona sacerdotal.
+
+
+
+
+-XXVIII-
+
+
+Aquella mañana había funcionado con mayor actividad que otros días el
+aparato de trasmisión, establecido por D. Rodriguín entre su carpeta y
+la de su amigo.
+
+_--Amice,¿exaudisti hodie susurrationes trapisondarum?_
+
+_--Utique; videte carátulam Gratiani. ¡Quantum est ille canguelatus!_
+
+_--Ecce Ferdinandez, vel a Ferdinando. Ille ahorcabitur cum capillo._
+
+¡Quién le había de decir al juguetón estudiante que a las pocas horas de
+estas bromas había de ver morir trágicamente al infeliz Fernández,
+maestro dulce, tolerante amigo de los buenos alumnos y docto humanista!
+Rodriguín le vio sorprendido por los sicarios al salir de su celda.
+Espantado el jesuita ante el horrendo aspecto de la multitud, permaneció
+un instante perplejo o inmóvil sin acertar a huir, ni a defenderse, ni
+siquiera a traducir su terror en palabras. La plebe aprovechó aquel
+momento. Fue devorado en un soplo como seca arista en el fuego.
+
+Rodriguín bajó la escalera. Su temor le daba alas. En el patio vio matar
+al Padre Artigas, bibliotecario, y al hermano Elola, ambos cazados
+ferozmente a lo largo de los claustros, y siguiendo la dirección de
+algunos escolares que huían, refugiose en la capilla doméstica. Allí
+estaba el Padre Carasa con algunos colegiales rezando el rosario.
+Rodriguín les vio a todos arrodillados pidiendo a Dios misericordia, y
+quiso imitarles; pero sus piernas no podían doblarse y eran incapaces de
+todo lo que no fuera correr, huir, desaparecer. Salió de la capilla. Era
+todo pies. Bajó, volvió a subir, y en aquel viaje anheloso, semejante al
+de la liebre perseguida, vio morir al Hermano Sancho, el que acompañaba
+a Gracián en sus paseos y excursiones, y al Hermano coadjutor Ostolazo,
+que pereció en el patio y fue arrastrado a la calle por las mujeres. El
+pánico horrible redoblaba las fuerzas del macarrónico para correr. Subió
+a los desvanes, pasó por el sitio a que él y los de su pandilla
+nombraban _chupatorium_ por ser el escondrijo donde fumaban, y al fin se
+encontró solo. Los rugidos de la plebe sonaban lejos abajo. Rodriguín,
+al sentirse en salvo, perdió súbitamente las milagrosas fuerzas que le
+habían hecho volar, y cayó sin sentido. La colosal energía contractil
+que desplegara se concentró en su cerebro, haciéndole delirar. La fiebre
+reprodújole los mismos peligros de que ya parecía libre, y vio los
+puñales corriendo tras sí. Imaginose que corría con sobrehumana
+presteza, sin poder apartarse de los ensangrentados aceros; imaginose
+que subía a los tejados, seguido tan cerca por los sicarios que sentía
+su abrasador aliento. Soñaba (pues como sueño eran sus figuraciones) que
+se arrojaba de cabeza al patio, y que los sayones se arrojaban también
+detrás de él. Después subía como desesperado gato por la cuerda de las
+campanas, y por la misma vía subían también los puñales terribles. Luego
+se lanzaba por el interior angosto y húmedo de las cañerías que recibían
+el agua de los tejados, y la turba se precipitaba también por el
+interior del tubo, haciendo un ruido semejante al del agua. Seguido
+siempre y nunca alcanzado, pero tampoco en salvo, se precipitaba en la
+iglesia, subía por las paredes, bajaba por los empolvados altares, y la
+plebe subía y bajaba con él. Se metía al fin entre las hojas de los
+misales, como una cinta de marcar, y allí, en aquel doblez seguro, le
+seguían también las manos armadas de puñales. Las navajas brillaban
+entre las doradas letras.
+
+Refugiábase luego entre los vestidos de la Virgen, en el aceite de la
+lámpara, en el recinto sagrado del copón; y en los vestidos, en el
+aceite, en el copón, los tigres no se apartaban de él, siguiéndole sin
+descanso y tocándolo sin llegar a cogerle.... Al fin acabó este
+espantoso delirio y quedó el escolar en inacción parecida a la de la
+muerte. Cuando terminó aquel estado y cobró el conocimiento, hallose
+tendido boca abajo en el suelo del oscuro desván. Puso atención a los
+ruidos de abajo y le pareció que se alejaban. Arrastrándose trató de
+subir al tejado y salió al fin aunque con dificultades, porque le dolía
+una rodilla y movía muy mal el brazo derecho. Desde el tejado que daba a
+la calle del Duque de Alba, vio la multitud que parecía abandonar el
+edificio; pero él ni por todos los tesoros del orbe, fuera capaz de
+descender al Colegio.... Dos o tres gatos le salieron al encuentro, y
+con tan buena compañía avanzó un buen trecho. El espacio vacío donde un
+año antes estuviera la casa de D. Felicísimo, le detuvo en su penoso
+viaje aéreo; pero dando algunos saltos llegó a una casa que parecía
+brindar al pobre fugitivo seguro y cómodo asilo. Por una de las ventanas
+de las bohardillas veíase ropa tendida; en obra había dos chicuelos que
+se entretenían en izar banderas de toallas 23 y servilletas a un asta de
+caña, que muy bien amarrada en el antepecho estaba. Alrededor de este
+cuadro revoloteaban pardas palomas que no lejos de allí tenían su
+vivienda. D. Rodriguín indicó por señas a los chicos que iba a entrar
+por el hueco de la bohardilla, con lo que ambos se asustaron y huyeron
+adentro. Mas sin arredrarse por esto el atrevido estudiante escurriose
+tejas abajo. Trepando gatunamente con los cuatro remos, penetró en la
+casa. Una mujer y un señor mayor le salieron al encuentro; pero D.
+Rodriguín no supo darse cuenta de lo que le dijeron, porque extenuado de
+fatiga y perdidas las fuerzas, se arrojó sobre un montón de ropa blanca.
+Dejémosle allí.
+
+El Padre Gracián estaba tranquilo en su celda escribiendo algunas
+cartas, cuando sintió el tumulto. Sin creer que este tuviera la
+importancia que realmente tenía, pensó que la Casa y sus pacíficos
+habitantes corrían peligro. Saliendo a la galería miró al patio, y lo
+primero que vieron sus ojos aterrados fue el cadáver del Hermano
+Artigas, bárbaramente acribillado. Retrocedió con espanto al interior de
+su celda; sacó precipitadamente cartas y papeles, encendió lumbre, y en
+poco más tiempo del necesario para contarlo, hizo un auto de fe que
+redujo a cenizas preciosos documentos, cartas elocuentes fechadas en el
+Carrascal, en la Amezcua, en la Borunda y en los Alduides, curiosísimas
+notas y apuntes. Con el humo que se levantó en la celda llenándola toda,
+sintió picor en los ojos y salió como quien llora. El santo varón quiso
+revestir su fisonomía y su persona de las apariencias de severidad y
+estoicismo que tan propias eran del momento, y aunque la proximidad y el
+aullido de los asesinos hicieron palpitar de temor su corazón fuerte, se
+sobrepuso a la angustia del momento y avanzó con paso seguro por la
+galería. Encomendándose mentalmente a Dios, hizo propósito firme de no
+perderse con una exhibición imprudente ni envilecerse con cobarde fuga.
+A su lado pasó despavorido el Hermano Fermín Barba, que huía de los
+sicarios. Gracián no se animó a seguirle ni se atrevió a detenerle.
+
+Aturdido el infeliz Hermano, que había logrado ponerse a salvo de los
+primeros perseguidores, cayó en manos de otro grupo no menos feroz,
+mientras Gracián, sin salir de su paso acertó a encontrarse junto a la
+puerta que conducía al coro de la Iglesia. Entró.... Dos o tres,
+estancias oscuras llenas de muebles viejos y de objetos de culto, de
+esos que bien podrían llamarse decoraciones, tales como cortinas,
+escalinatas, templetes, pabellones, piezas de monumento, etc., separaban
+el coro del claustro alto. Los asesinos no habían penetrado aún allí.
+
+Gracián llegó al coro, y arrodillándose junto a la barandilla, oró en
+silencio, con las manos sobre los hierros y la frente en las coyunturas.
+¿Se creía ya salvo y seguro? ¿Daba gracias o le pedía misericordia? ¿Le
+ofrecía su vida, aceptando gustoso su martirio, que ni buscaba ni rehuía
+para que fuese más meritorio? Imposible será sondear aquella alma en
+momentos de tanta turbación. Pero si la apariencia y el rostro, el gesto
+reposado y la lengua muda son señales de un espíritu fuerte y sereno,
+Gracián tenía serenidad y fortaleza. O más bien sofocaba los estímulos
+de ese instinto invencible que es quizás el sello de humanidad puesto a
+las criaturas, instinto que nos encarece con elocuente modo las ventajas
+de vivir, contrapesando los alientos del espíritu, ansioso a veces de la
+muerte.
+
+Así, cuando llegaron al coro, donde Gracián estaba solo con su
+fortaleza, los bramidos de la plebe; cuando se oyó distintamente una voz
+que dijo _por aquí_; cuando las pisadas de los asesinos sonaron en las
+baldosas mismas del coro, Gracián no abandonó su recogida postura. Fue
+preciso, para hacerlo mover, que una mano descortés y ensangrentada le
+tocase en el hombro. Volvió la cabeza, vio a Tablas con aires de capitán
+matón, armado de pistolas y cuchillo.... Entonces el hombre se sobrepuso
+bruscamente al asceta. Dentro de Gracián estalló una mina de
+indignación. No supo lo que hacía, y sus fuerzas hercúleas asumieron
+todas sus facultades, oscureciendo al filósofo, al místico, al clérigo,
+para revelar el gigante.
+
+En el coro había, junto al facistol grande, otro pequeño, pero
+suficientemente pesado para que no lo levantase con facilidad un solo
+hombre. Gracián lo cogió con formidable y rápido movimiento. Parecía que
+arrancaba un árbol del suelo, y al levantarlo asemejose a San Cristóbal
+apoyado en su palma. Estrépito de carcajadas acogió este movimiento.
+Fulminando ira de sus ojos, Gracián gritó: _¡Canallas!... ¡Masones!_ y
+alzando el mueble apuntó a la cabeza del capitán de la vil tropa....
+Pero en mitad de su movimiento fue herido en el costado con golpe
+certero, instantáneo. Vaciló en el aire el facistol. El mueble y el
+cuerpo enorme del clérigo cayeron de un golpe. Estremeciose el piso.
+Inmóviles y espantados los asesinos, contemplaron el cuerpo a la
+distancia del terror.
+
+--Era el peor de todos--murmuró sordamente López, apartando sus ojos de a
+víctima.
+
+Salieron. Un instante después reinaba en el coro y en la Iglesia, en
+torno a lo que fue Padre Gracián, el silencio del olvido.
+
+
+
+
+-XXIX-
+
+
+Tan turbado estaba D. Rodriguín, que las primeras palabras salidas de su
+boca fueron un latinajo incomprensible. No acertaba a pedir socorro en
+castellano ni a expresarse tampoco en vulgar latín.
+
+--Ya, ya sabemos lo que usted desea--dijo cariñosamente el señor mayor,
+poniéndole la mano en el hombro--. Usted viene huyendo de la degollina de
+San Isidro.... Aquí no hay que temer.... Sola, querida hija, a este
+caballerito le vendrá bien una taza de caldo.
+
+--_Utique... gratias agere..._
+
+--O un vasito de vino blanco con bizcochos.
+
+--Mejor vino que caldo--dijo entonces en claro español el estudiante.
+
+Y no se saciaba de mirar al señor de los espejuelos de oro, y a la
+joven, y a los chicos, que no menos espantados que él le rodeaban.
+
+Sola (pues no era otra la señora de aquella casa) salió en busca del
+reconfortante, y D. Rodriguín, ya completamente recobrado el sentido,
+pudo reconocer a D. Benigno.
+
+--Ya sé donde estoy--dijo--. Ya sé que debo esta hospitalidad a don Benigno
+Cordero y a su digna esposa.
+
+--No es esta señora mi mujer--replicó el de Boteros algo amostazado--,
+aunque sí lo fuera nada tendría de particular.... Esta casa, no es mi
+casa, es de un amigo que está ausente, es del esposo de esa dignísima
+señora, ¿entiende usted?... Vamos a otra cosa.... Podrían verlo a usted
+desde el tejado, si a los sicarios se les antoja subir para que no
+queden vivos ni los gatos.... ¡qué horrible día, Virgen del Sagrario!...
+Bajemos, señor subdiácono....
+
+--No soy subdiácono, sino colegial--dijo Rodriguín, siguiendo a don
+Benigno 24 por la escalera abajo--. _Suum cuique_.
+
+La casa no era de vecindad. Tenía dos pisos altos, ocupados por un solo
+inquilino. Demasiado grande para un soltero, era tal que para un casado
+sin hijos, sobraba más de la mitad. Sola se instaló en ella desde el día
+de su boda para limpiarla y tenerla en tal disposición que todo lo
+hallase a punto su marido cuando viniese. Una criada elegida por ella,
+Juanito Jacobo y el criado que Salvador había dejado en la casa, daban
+compañía y custodia a Sola por la noche, y por el día D. Benigno, su
+hermana y sus hijos mayores apenas salían de allí. Todos ayudaban a la
+grande obra de la limpieza y buena distribución de los muebles, al
+adorno y arreglo de la casa, que estaba primorosa. No faltaba en ella
+más que una cosa, el amo. Esperábanle cada semana, cada día, cada hora.
+Se habían recibido cartas suyas. Su esposa no cesaba de cavilar y de
+calentarse el cerebro, ya contando horas y minutos, ya imaginando
+obstáculos, o bien discurriendo el modo de ir al encuentro de su cara
+mitad, cosa harto difícil ciertamente por no saber qué camino traía.
+
+El cólera había llenado de consternación y luto el alma de la señora,
+afectando también a sus leales amigos. Más que por sí mismos, temían
+ella y ellos por el ausente. ¡Santo Dios, si la epidemia le atacara en
+el camino!... ¿Tendría Dios dispuesto que no llegara a disfrutar el bien
+por tanto tiempo esperado?
+
+--Lo peor de todo--decía Cordero, constante en su entrañable afecto--,
+sería que Dios te llevase a ti antes o después de que tu marido viniese,
+porque entonces.... Y... yo pregunto: «¿dónde se encontrará otra Sola?»
+
+Y añadía para sí:
+
+--Si esta idea no implicara la pérdida de un ser tan querido, me
+regocijaría con ella.... ¡Qué chasco para el amiguito! ¿eh?... ¡Pero no,
+Señor Dios Poderoso! ¡Barástolis, no! Antes de matarla a ella, mátame
+tres veces a mí, y que mi salvación me consuele de su felicidad.
+
+El tremendo día 16 fue para todos los que en aquella casa habitaban, día
+de grandísima angustia, por la proximidad de la catástrofe. Reproducir
+aquí los apóstrofes que de su venerable boca echó D. Benigno al ver la
+matanza, las observaciones atinadísimas que hizo acerca de las justicias
+populares y del aborrecido imperio del vulgo, fuera imposible, sin dar a
+este relato dimensiones desproporcionadas. Puede ser que todos estos
+dichos sean recogidos escrupulosamente por algún cachazudo historiador
+que los perpetúe, como sin duda merecen.
+
+Por la noche, cuando el barrio quedó tranquilo y se supo la verdad de lo
+ocurrido, viendo el hecho en todo su horror, el héroe no daba paz a la
+lengua para maldecir a aquel indolente Gobierno, que tales crímenes
+había permitido, si no por expreso consentimiento, por pereza y descuido
+casi tan execrables como el consentimiento mismo. Y aquí tenía el
+compadecer a la libertad, deplorando que su causa estuviese en tales
+manos, y el sacar a relucir ejemplos de Grecia y de Roma para sentar el
+principio de que las manos bárbaras y sucias del vulgo envilecen cuanto
+tocan y destrozan aquello mismo que quieren defender.
+
+D. Rodriguín oía esto y callaba, admirando la elocuencia del buen señor;
+pero como las palabras carlista y liberal saliesen a relucir, tal vez
+impensadamente, en la perorata de Cordero, encrespose el colegial,
+cambiáronse serias réplicas y reticencias, y trabose al fin una
+disputilla que no se sabe a dónde habría parado, si Sola no ordenase el
+silencio para restablecer la paz. Al día siguiente, D. Benigno dijo a su
+amiga con mucho misterio:
+
+--Es preciso mandar a su casa a este subdiácono. Es un espía carlista....
+¡Barástolis! tan bueno es Juan como Pedro, y entre las chaquetas de los
+desalmados y las sotanas de estas culebrillas no se sabe qué escoger.
+
+Dicho y hecho. Avisose a la familia del colegial, y vestido este de
+seglar abandonó la casa, aunque ningún peligro había ya de que saliera
+en traje eclesiástico. Despidiose chuscamente hasta las _kalendas
+carolinas_, a lo que contestó el héroe con disparates latini-parlantes,
+que también se le alcanzaba algo de macarronismo.
+
+Al ver Sola que pasaba un día y otro, que arreciaba la epidemia, que se
+cometían asesinatos horrorosos a ciencia y paciencia de las autoridades,
+pareciole que el Universo se descuajaba, que la máquina social y física
+del mundo se hacía pedazos, y que por jamás de los jamases se vería al
+lado de su legítimo dueño y consorte. Amarga tristeza se apoderó de
+ella, y no se le ocurría pensamiento alguno que no fuese de muerte o
+duelo. Pensó salir de Madrid, corriendo a la ventura en busca del esposo
+que Dios y la ley le habían dado; pero Cordero le quitó de la cabeza
+esta atrevida idea, impropia de persona tan razonable. Durante tres días
+el héroe no se ocupaba más que de reunir datos para escribir una memoria
+sobre el sangriento acontecimiento del día 16, y buscaba referencias,
+interrogaba a los testigos oculares, bebía en las mismas fuentes de la
+verdad histórica, perseguía detalles, frases, accidentes mil, y esas
+pequeñeces de que tanto jugo suele sacar la diligente Clio. Escudriñando
+tan escandalosos sucesos, vio que a los horrores del colegio Imperial y
+de Santo Tomás habían excedido los de San Francisco el Grande, donde
+perecieron a navajazos cincuenta individuos. En la Merced Calzada
+también fue grande el estrago. De los de San Francisco dio noticias
+prolijas el menguado Rufete, que estaba de guardia aquel día y adquirió
+cierta fama no envidiable, por haber dado seguridades al general de la
+Orden de que nada ocurriría en la casa, y haber poco después permitido
+el libre paso de los viles asesinos. Rufete desfiguraba los hechos para
+velar su cobardía, que quizás, o sin quizás, más que cobardía, fue
+complicidad con los infames asesinos. El oficialete declaraba haber
+salvado de la muerte a muchos franciscanos; pero los que lograron salir
+vivos de la infame jornada aseguraban que en el momento del conflicto no
+se vio al señor oficial por ninguna parte. Había razones sobradas para
+afirmar que el Sr. Rufete hubo de esconderse en los sótanos del
+edificio, no dando señales de vida hasta que, muerta ya media comunidad,
+apareció muy fiero, echando ternos y venablos contra la _pillería_.
+Todos estos datos, noticias y versiones las iba recogiendo Cordero de
+los mismos héroes de la tragedia, para poner luego a cada cual en el
+lugar que le correspondía. Es indudable que el exaltado Rufete ocupó el
+que por sí mismo eligiera en lo más crudo del degüello, es a saber, la
+alcantarilla.
+
+Faltara a todas las exigencias de la Historia el buen Cordero, si
+omitiera lo que se dijo de envenenamiento de aguas, y la parte que tuvo
+en esta brutal creencia la bendita y entonces malhadada _tierra de San
+Ignacio_. Este ingrediente desempeñó en aquellos sucesos terribles un
+papel de primer orden. Fue arma odiosa de la mala fe, de la ignorancia,
+y absurdo pretexto, ya que no causa, de uno de los más feos crímenes
+políticos que se han cometido en España. Conocemos la víctima y el
+grosero instrumento. La mano, ¿qué mano era y dónde estaba? ¿Creeremos
+en el espontáneo error del populacho y en un movimiento instintivo y
+ciego de su barbarie?... Difícil es creer esto. Pero el aguijón que
+inquietó al bruto, haciéndole morder y cocear, quedó escondido en el
+misterio. ¿Fue el degüello cosa resuelta y ordenada en círculos oscuros,
+ávidos de maldad y escándalo? También es difícil asegurar esto, que por
+su enormidad se resiste a la razón humana. La Fatalidad, causa cómoda de
+los hechos oscuros, y luz mentirosa de lo que no puede alumbrarse, se
+presenta aquí reclamando su página, la página a que le dan derecho las
+perplejidades del narrador y el convencionalismo de la Historia....
+Bienvenida sea esa madrastra Fatalidad, que tan bondadosamente se presta
+a adoptar todo hijo abandonado, por lo general feo y enclenque, a quien
+rechaza la misma Lógica que en las tinieblas lo engendró.
+
+Rumores corrieron de que el bondadoso Padre Alelí había perecido en las
+ferocidades del 16. Esto no resultó cierto por fortuna. Hallábase el
+anciano en la enfermería de su convento, ya completamente perturbado y
+sin juicio, cuando acaecieron los asesinatos. De nada se dio cuenta.
+Cordero le acompañaba un buen rato todos los días, hasta el de su
+muerte, la cual fue por lo tranquila y suave, casi inadvertida. Una
+siesta más larga que las de costumbre ocultó el momento de su tránsito,
+ocurrido a fines de Julio.
+
+Nazaria murió del colera al siguiente día de la matanza. Heredó Tablas
+su mal; pero por aquel don de inmunidad que acompaña, según un viejo
+refrán, a la mala hierba, el animal venció a la epidemia asiática, o
+esta quizás asustose de él, dejándole libre, aunque muy bien recomendado
+a un cáncer que le tomó por su cuenta algunos años adelante. Por
+Romualda, a quien hallamos una mañana subiendo casi a gatas la empinada
+escalera de una casa de la calle de la Ruda, supimos que López llevaba
+con poca resignación su desgracia. Romualda subió tanto y tanto, que una
+noche la hallaron detenida en el peldaño octogésimo. Estaba prosternada,
+como besando la escalera. Tanto subió que sin pensarlo había llegado al
+cielo. López fue al hospital. Que murió no puede dudarse, por la índole
+incurable de su mal, pero nadie sabe cuándo ni cómo se extinguió aquella
+miserable vida, ni hay noticias del lugar de su sepultura. Acabó en el
+misterio, enteramente a solas si no le acompañaran el dolor y su
+conciencia, única compañía que le cuadraba.
+
+
+
+
+-XXX-
+
+
+Era sábado. Habían pasado seis días desde el nunca bastante execrado 16
+de Julio, y Sola, desesperanzada ya y sin sosiego, incapaz de encontrar
+un consuelo en su propio pensamiento, convocó a los amigos en familiar
+consejo. Crucita opinó que no debía pensarse ya en que aquel endiablado
+hombre viniese; los chicos mayores se ofrecieron a salir y recorrer toda
+la Península para buscarle, y D. Benigno propuso que se fueran todos a
+los Cigarrales donde le aguardarían más tranquilos, libres de la zozobra
+que embargaba el espíritu de todos en la Corte y Villa.
+
+Sola se resistió a ir a los Cigarrales mientras no tuviese noticias de
+su marido o no le viese entrar sano y salvo. Aquel día pasó en soledades
+y suspiros, en mirar al suelo y al cielo, en interrogarse con los ojos,
+sin atreverse a formular verbalmente el triste pensamiento. Pero si
+agitada estaba el alma de la señora, no lo estaba menos la del bendito
+héroe del Arco famoso, pues al paso que ganaba terreno en ella la idea
+de que no parecería jamás el _marido de su mujer_, se iba apoderando
+traidoramente de aquel mismo espíritu suyo un sentimiento expansivo, un
+no sé qué, una cosa semejante a la alegría.... El pobre señor, cuya
+rectitud, aún sometida a las mayores pruebas, era siempre grande y
+firme, padeció muchísimo con esto que llamaba _caricia del Demonio_, con
+esta tentación o asomos de pecado grave. Pero como podía tanto en él la
+voluntad, se sobrepuso a todo, arrojó de su pecho la culebrilla que se
+deslizara en él furtivamente, o invocando a Dios primero y al Ginebrino
+después, exclamó con enérgico arrebato de cristiano y filósofo: «Lejos
+de mí esa infame alegría por la desaparición del que triunfó de mí. Si
+Dios le mata y paso a heredar su dicha, enhorabuena; pero maldito sea yo
+si deseo su muerte, y antes me vea comido de gusanos que envidioso. Bien
+dijo aquel gran pensador en el libro V del _Emilio_, que _la virtud que
+sólo se funda en las acciones es virtud falsa y postiza_».
+
+Por la noche se retiró a su casa lleno de congoja, por no poder ya
+aliviar con palabras y ficciones la de su infeliz amiga. Esta acostó a
+Juanito Jacobo, que no había querido separarse de ella y dormía junto a
+su cuarto; mandó a los criados que se acostaran también, y sola en su
+alcoba estuvo rezando hasta muy avanzada la noche. Durmiose al fin en su
+lecho, y en sueños creyó sentir desusado estrépito en la calle y en la
+casa. Era una pesadilla. Parecíale que la casa se hundía, o que un
+ejército entraba en ella o que un gigante la hacía pedazos con su pesado
+pie. Despertose sobresaltada. El corazón le palpitaba tanto que por la
+mucha viveza estuvo a punto de producirse la inercia cardíaca y por
+consiguiente el síncope. Pero al reconocerse bien despierta y al
+observar que continuaba el ruido, se incorporó en el lecho, puso
+atención.... Se oían pasos en la casa... tocaron suavemente a la puerta
+de su alcoba... sonó una voz....
+
+Sola saltó instintivamente 25 de su lecho. Empezó a vestirse a toda
+prisa.... No acertaba a vestirse....
+
+--Soy yo....
+
+--Espera... un momento.... Espera que me vista....
+
+Y a medio vestir corrió a la puerta y abrió a su esposo.
+
+--Pero no te veo...--le dijo dejándose abrazar.
+
+El criado se acercó con luz, a punto que él soltaba capa y sombrero.
+
+Cuando D. Benigno llegó a la mañana siguiente, se quedó pasmado, y
+absorto en la mitad del pasillo al saber que el _marido de la señora_
+estaba sano y salvo en Madrid y en su casa. El héroe dio un gran
+suspiro. Mirando después al cielo, lanzó un piadoso apóstrofe y dijo
+así:
+
+--¡Barástolis! Por Dios trino y uno, por la Virgen del Sagrario, por
+Rousseau, por mi vida honrada y por mi conciencia de cristiano juro y
+rejuro que me alegro con toda el alma.
+
+Cuando Salvador salió de su alcoba, abrazáronse estrechamente ambos
+señores y juraron ser amigos fieles en lo que les quedara de vida.
+Muchos conocidos visitaron al recién llegado, y aquel mismo día tuvo
+éste ocasión de hacer una obra de caridad, mejor dicho, de aprobarla y
+sancionarla, pues ya estaba hecha condicionalmente por su esposa. Sola
+había cedido gratuitamente la bohardilla de la casa a las señoras de
+Porreño, en quienes la rancia nobleza no fue parte a poner un dique a la
+invasora miseria. Muerto Fernando VII, faltoles la modesta pensión qué
+este les daba. Su dignidad no les permitía implorar la caridad pública.
+Su arreglo, las distintas aptitudes de Doña María de la Paz les
+permitían aspirar a sostenerse, aunque mal, de su honrado trabajo. Sola
+les ayudó en trances tan aflictivos, dándoles la casa y encargándoles no
+se sabe cuanta obra de ropa blanca. La gratitud de las dos dignísimas
+cuanto infelices damas era extraordinaria. Doña Salomé bajó de punta en
+blanco a dar las gracias al generoso dueño de la casa. Presentose
+envuelta en ajadísimos tafetanes, adornada de podridas pieles y plumas
+pulverulentas. Con toda la finura y dignidad de su carácter, con toda la
+cortesía de su educación y toda la tiesura de su embalsamado cuerpo
+expresó sus sentimientos, diciendo que aquel caso de liberalidad debía
+agradecerse más en una época funesta ¡ay! en que habían desaparecido,
+por completo los caballeros.
+
+Partieron a los Cigarrales. Allí trascurrían dulces y lentas las horas.
+El sosiego era completo, el tiempo delicioso, la salud admirable, en
+concierto dulcísimo con la paz y alegría de las almas.
+
+Salvador y D. Benigno hablaban de política, cada cual según su criterio,
+su experiencia y diversos conocimientos; el segundo inclinado, a las
+generalidades, a las teorías; el primero más aferrado a los hechos, y
+deduciendo de la incompatibilidad de estos con la idea, desconsoladoras
+consecuencias; Cordero dejándose llevar del optimismo y confiando mucho
+en el entusiasmo, en la virtud de los hombres y en la fuerza de ciertas
+ideas; Salvador inclinándose al pesimismo, revelándose muy aleccionado
+por la experiencia, creyendo poco en las personas y menos en las ideas
+verdes y desazonadas. D. Benigno opinaba que todos los españoles debían
+abrazar la bandera de la libertad, respetando y enalteciendo siempre la
+Religión y el Trono: admitir todos los progresos del siglo, y aplicarlos
+a las leyes, a las costumbres, al vivir y al pensar, evitando las
+guerras y colisiones. Añadía que si todos los españoles no gustaban de
+entrar por este camino, los rebeldes debían ser convencidos a palos,
+para lo cual convenía que los libres se armaran formando una milicia
+organizada, ni más ni menos que como la famosísima de Julio del 22,
+émula de los espartanos en el famoso Arco de Boteros.
+
+Salvador no desaprobaba estas ideas, pero fiaba poco en los buenos
+propósitos de los que pensaban como su amigo; fiaba también poquísimo en
+la milicia, en los palos de la milicia y en la soñada concordia entre la
+libertad y la Iglesia. Declarando todo su pensamiento, aseguró que no
+esperaba ver en toda su vida más que desaciertos, errores, luchas
+estériles, ensayos, tentativas, saltos atrás y adelante, corrupciones de
+los nuevos sistemas, que aumentarían los partidarios del antiguo, nobles
+ideas bastardeadas por la mala fe, y el progreso casi siempre vencido en
+su lucha con la ignorancia.
+
+--Los días mejores--dijo señalando con su bastón el horizonte--, están aún
+tan lejos que seguramente ni usted ni yo los veremos. La reforma es
+lenta, porque el mal es grave y profundo, y sólo se ha de curar
+trabajándose a sí mismo. Pienso vivir alejado de toda acción política.
+Estoy abrumado de experiencias; he visto mucho; cumplí mi misión. Hay
+mil caminos abiertos por donde pueden lanzarse los hombres nuevos. Los
+que no lo son, deben quedarse a un lado mirando y viviendo. Mi ideal
+está lejos. El tiempo le tiene tan guardado aún, que no se le vislumbra
+aquí por ninguna parte. Pero vendrá, y aunque no hemos de ver esa
+realidad, digna de ser admirada, desde aquí nos consuela el penetrar con
+el pensamiento en un porvenir oscuro, y contemplar las hermosas
+novedades de la España de nuestros nietos. En tanto, no puedo tener
+entusiasmo como usted, porque no creo en el presente. Me parece que
+asisto a una mala comedia. Ni aplaudo ni silbo. Callo, y quizás me
+duermo en mi luneta. No tengo que soñar en mi felicidad doméstica, que
+es ya un hecho positivo; soñaré con ese porvenir lejano de nuestra
+patria, con ese tiempo, querido amigo mío, en que la mayoría de los
+españoles se reirá de la angelical inocencia política de usted.
+
+
+
+
+-XXXI-
+
+
+Basta ya.
+
+Aquí concluye el narrador su tarea, seguro de haberla desempeñado muy
+imperfectamente, pero también de haberla terminado en tiempo oportuno
+(váyase lo uno por lo otro) y cuando el continuarla habría sido causa de
+que las imperfecciones y faltas de la obra llegaran a ser imperdonables.
+Los años que siguen al 34 están demasiado cerca, nos tocan, nos codean,
+se familiarizan con nosotros. Los hombres de ellos casi se confunden con
+nuestros hombres. Son años a quienes no se puede disecar, porque algo
+vive en ellos que duele y salta al ser tocado con escalpelo. Quédese,
+pues, aquí este largo trabajo sobre cuya última página (a la cual
+suplico que me sirva de Evangelio) hago juramento de no abusar de la
+bondad del público, añadiendo más cuartillas a las diez mil de que
+constan los _Episodios Nacionales_. Aquí concluyen definitivamente
+estos. Si algún bien intencionado no lo cree así y quiere continuarlos,
+hechos históricos y curiosidades políticas y sociales en gran número
+tiene a su disposición. Pero los personajes novelescos, que han quedado
+vivos en esta dilatadísima jornada, los guardo, como legítima
+pertenencia mía, y los conservará para casta de tipos contemporáneos,
+como verá el lector que no me abandone al abandonar yo para siempre y
+con entera resolución el llamado _género histórico_.
+
+
+
+
+FIN DE LA NOVELA Y DE LOS EPISODIOS NACIONALES
+
+Santander.--Noviembre-Diciembre de 1879.
+
+En el breve Prólogo impreso a la cabeza de la presente edición me dejé
+decir que tenía preparado un largo escrito sobre el origen e intención
+de esta obra, los elementos históricos de que dispuse, y los datos y
+anécdotas que recogí, comprendiendo además algunos desahogos _sobre la
+novela española contemporánea_. Pronto me arrepentí de esta precipitada
+oferta, y la tuve por grandísima tontería en la parte que se refiere a
+juicios generales de crítica y a opiniones sobre el género literario que
+más se cultiva en España. Y al desempolvar los papelotes en que estaba
+el mal pensado y peor escrito _Ensayo_, me revolví airado contra mí
+mismo por la pícara maña de ofrecer lo que en manera alguna puedo ahora
+cumplir.
+
+Me desdigo resueltamente, recojo mi palabra, y como en aquella
+espontaneidad pueril no hubo nada de juramento, ni se trata de un caso
+de conducta moral, espero quedar bien con mis lectores y con mi
+conciencia. Y si me apuran, prefiero pasar por poco formal a meterme en
+sabidurías y honduras de crítica, investigando las recónditas leyes de
+la belleza o las mudanzas que el tiempo y la moda les imprimen, y
+olfateando los caminos que este y el otro autor siguieron para su gloria
+o descrédito. Para cumplir lo prometido sería preciso que me saliese de
+las filas de la procesión y me pusiese a repicar. Hay escritores
+dichosos que desempeñan admirablemente este doble trabajo, y andan en la
+procesión y repican que se las pelan. Estos tienen el don maravilloso de
+practicar el arte y de legislar sobre él, y son maestros en todo cuanto
+cae debajo del fuero de la pluma. Sabe Dios que daría cualquier cosa por
+que me infundiesen algo de su aptitud, aunque no fuera sino para salir
+airoso en la ocasión presente; pero como esto no puede ser, me resigno,
+y queda circunscrito el compromiso a la primera parte tan sólo de lo
+ofrecido, es decir, que no tengo ya más obligación que hablar un poco de
+cómo y cuándo se escribieron estas páginas. Esto me lo tengo muy sabido,
+no es cosa de ciencia sino de experiencia; pertenece a la erudición
+fácil y profunda de las propias acciones, y saldrá como una seda, sin
+temor de opiniones adversas ni de que los descontentadizos lo tengan por
+más o menos aproximado a la verdad; como que es la certeza misma.
+
+A principios de 1873, año de grandes trastornos, fue escrita y publicada
+la primera de estas novelas, hallándome tan indeciso respecto al plan,
+desarrollo y extensión de mi trabajo, que ni aun había fijado los
+títulos de las novelas que debían componer la serie anunciada y
+prometida con más entusiasmo que reflexión. Pero el agrado con que el
+público recibió _La Corte de Carlos IV_ sirviome como de luz o
+inspiración, sugiriéndome, con el plan completo de los EPISODIOS
+NACIONALES, el enlace de las diez obritas de que se compone y la
+distribución graduada, de los asuntos, de modo que resultase toda la
+unidad posible en la extremada variedad que esta clase de narraciones
+exige. Cuatro novelas aparecieron puntualmente cada año con regularidad
+de Almanaque, y en la Primavera de 1875 quedó terminada con _La Batalla
+de los Arapiles_ la primera serie. Tantos lectores tuvo (dentro de la
+cifra reducida de lectores españoles), que creí oportuno emprender una
+segunda serie. Verdaderamente, la pintura de la guerra quedaba manca,
+incompleta y como descabalada si no se le ponía pareja en el cuadro de
+las alteraciones y trapisondas que a la campaña siguieron. El furor de
+los guerreros de 1808 sólo había cambiado de lugar y de forma, porque
+continuaba en el campo de las Conciencias y de las ideas. Esta segunda
+guerra, más ardiente tal vez aunque menos brillante que la anterior,
+pareciome buen asunto para otras diez narraciones, consagradas a la
+política, a los partidos y a las luchas entre la tradición y la
+libertad, soldado veterano la primera, soldado bisoño la segunda; pero
+ambos tan frenéticos y encarnizados, que aun en nuestros días, y cuando
+los dos van para viejos, no se nota en sus acometidas síntoma alguno de
+cansancio.
+
+Con _Un Faccioso más y algunos frailes menos_ quedaron terminados los
+EPISODIOS NACIONALES, y no obstante las excitaciones de algunos
+aficionados a estas lecturas, me pareció juicioso dejar en aquel punto
+mi trabajo, porque la excesiva extensión habría mermado su escaso valor,
+y porque, pasado el año 34, los sucesos son demasiado recientes para
+tener el hechizo de la historia y no tan cercanos que puedan llevar en
+sí los elementos de verdad de lo contemporáneo. Abrazan, pues, los
+EPISODIOS NACIONALES veintinueve años, los cuales, de fijo, dieron de sí
+más acontecimientos y produjeron más hombres, y, en una palabra,
+hicieron más historia que todo el siglo precedente. Si damos valor a una
+ilusión de tiempo, podremos decir que aquellos veintinueve años fueron
+nuestro siglo décimo octavo, la paternidad verdadera de la civilización
+presente, o del conjunto de progresos y resabios, de vicios y cualidades
+que por tal nombre conocemos.
+
+Por más que la generación actual se precie de vivir casi exclusivamente
+de sus propias ideas, la verdad es que no hay adelanto en nuestros días
+que no haya tenido su ensayo más o menos feliz, ni error al cual no se
+le encuentre fácilmente la veta a poco que se escarbe en la historia
+para buscarla. Todos los disparates que hacemos hoy los hemos hecho
+antes en mayor grado. Y si parece que faltan ahora los grandes impulsos
+que en otro tiempo determinaron hechos inmortales, es porque no se
+producen las circunstancias que los estimulan; que si se produjeran,
+aquellos impulsos saldrían. Y si no, que lo prueben de veras.
+
+Es y será siempre un gran placer para toda generación el mirarse en el
+espejo de la que le ha precedido inmediatamente. De esto, en primer
+término, y de la circunstancia, feliz para mí, de no existir en la
+literatura española contemporánea novelas de historia reciente, ha
+dependido el buen éxito de estos libros y la estimación que por sus
+condiciones literarias no habrían alcanzado nunca.
+
+Esta obra fue empezada antes de que estuvieran en boga las tendencias en
+literatura, al menos aquí; pero aunque se hubiera escrito un poco más
+tarde, seguro que habría nacido limpia de toda intención que no fuera la
+de presentar en forma agradable los principales hechos militares y
+políticos del período más dramático del siglo, con objeto de recrear (y
+enseñar también, aunque no gran cosa) a los aficionados a esta clase de
+lecturas. Ni remotamente se me ocurrió mortificar poco ni mucho a los
+naturales de un país enemistado con el nuestro en aquellos trágicos
+días. La demencia patriótica que nuestros vecinos llaman _chauvinisme_
+es tan contraria a mi manera de sentir, que me tengo por libre de tal
+enfermedad ahora y siempre. Consigno aquí esta declaración como
+respuesta, tardía sí, pero categórica a lo escrito en una célebre
+revista de circulación universal por un discretísimo y malogrado
+publicista francés 26, que al mismo tiempo que favorecía mi obra con
+apreciaciones lisonjeras, indicaba que el autor de ella se proponía
+concitar los ánimos de sus compatriotas contra Francia. De que en una o
+varias novelas aparezcan pintados los sentimientos de los españoles de
+1808 con la vehemencia que exige la propiedad histórica, no se puede
+deducir que los presentes sintamos antipatía hacia una nación a la cual
+nos unen hoy vínculos más fuertes que todas las alianzas políticas. La
+proximidad entre ambos países es tan grande a cansa del mutuo comercio y
+de las fáciles comunicaciones; es tan incontrastable la influencia que
+en nosotros ejercen las ideas, las costumbres, la industria y aun la
+riqueza de nuestros vecinos, que aunque existiera aquí el _chauvinisme_,
+los hechos lo curarían de golpe. Por lo demás, los franceses mismos, en
+su literatura patriótica, no han sido nunca tan escrupulosos ni se han
+parado en barras en lo de molestar con más o menos justicia a naciones
+que han tenido con ellos algún altercado. Otros dos escritores
+extranjeros, al ocuparse ligeramente del mismo asunto, han seguido el
+criterio de Mr. Louis-Lande. A ellos dirijo también estas observaciones.
+
+Lo que comúnmente se llama _Historia_, es decir, los abultados libros en
+que sólo se trata de casamientos de Reyes y Príncipes, de tratados y
+alianzas, de las campañas de mar y tierra, dejando en olvido todo lo
+demás que constituye la existencia de los pueblos, no bastaba para
+fundamento de estas relaciones, que o no son nada, o son el vivir, el
+sentir y hasta el respirar de la gente. Era forzoso pedir datos a los
+olvidados anales de las costumbres y aun de los trajes, a todo eso que
+la tradición no sabe defender de las revoluciones de la moda, y que se
+pierde en la marejada del tiempo, dejando rastro muy débil en los
+archivos del Estado. Era indispensable pedir también auxilio a la
+literatura anecdótica y personal, como Memorias y colecciones
+epistolares. Pero de estos tesoros están muy pobres nuestras
+bibliotecas. Son pocos los que han referido los lances verídicos de su
+vida. Hay en nuestro carácter un fondo de modestia que perjudica a la
+formación de la verdadera historia, y adolecemos además de falta de
+sinceridad. Lo que llaman _vida pública_ es una fastidiosa comedia
+representada por confabulación de todos, amigos y enemigos. La vida
+efectiva no aparece nunca, y nos apresuramos a hacer desaparecer los
+documentos de ella, arrebatando a la publicidad las cartas de personajes
+fenecidos, por ese ridículo miedo a la verdad que es propia de los que
+se habitúan a vivir en una atmósfera de artificios. De aquí la oscuridad
+que envuelve sucesos casi recientes. Las cartas escritas _para el
+público_ no llenan este vacío, y las verdaderas no salen nunca a luz, o
+por la razón de falsos respetos, o quizás porque el público mismo no
+manifiesta inclinación a esta literatura de verdad palpitante, y protege
+con su demanda las cosas sobadas, compuestas y mentirosas. Poco o ningún
+fruto obtuve, pues, de la literatura familiar.
+
+La prensa periódica ha podido, en algún caso, prestar servicios al
+novelista, aunque en las épocas de régimen autoritario es difícil hallar
+en los papeles públicos un reflejo, ni aun siquiera pálido, de la vida
+común. En cuanto a la _Gaceta_ de aquellos tiempos, justo es reconocer
+que arroja gran luz sobre los sucesos de Turquía, Moscovia, Transilvania
+y Galitzia, observando, respecto a lo que en Madrid pasaba, una
+discreción tal, que no es posible imaginar papel más estúpido. Pero
+donde menos se piensa hallamos un tesoro. El _Diario de Avisos_, que en
+estupidez iguala a la _Gaceta_ y le supera en garrulería, ha sido para
+mí de grande utilidad, por los infinitos datos de la vida ordinaria que
+atesora.... ¿dónde creeréis? en sus anuncios. En esta parte del
+periódico más antiguo de España he hallado una mina inagotable para
+sacar noticias del vestir, del comer, de las pequeñas industrias, de las
+grandes tonterías, de los placeres y diversiones, de la supina inocencia
+de aquella generación. Créanlo o no, digo que todo lo que en esta obra
+es colorido, acento de época y dejo nacional, procede casi
+exclusivamente de los anuncios del _Diario de Avisos_. Para la
+ensambladura histórica tuve siempre a la vista la historia anónima de
+Fernando VII, que se atribuye a D. Estanislao de Koska Bayo, y para
+_Zaragoza_ los _Sitios_ de Alcaide Ibieca. Con esto, las _Memorias_ de
+algunos generales del Imperio y otras historias menos conocidas y una
+buena dosis de buena voluntad, que suple a veces la falta de ciertas
+facultades, salí del paso como Dios me dio a entender.
+
+Gran ventura habría sido para mí tropezar con testigos presenciales;
+pero no habiendo hallado ninguno que pudiera contar hechos de la primera
+época, tuve que fiar la empresa a las fatigas del trabajo inductivo y de
+probabilidades, auxiliado por datos de tercera mano y referencias
+incompletas o desvirtuadas. Después, al acometer la segunda serie, pude
+obtener ventajas de la conversación con personas de tanto ingenio,
+sagacidad y feliz memoria como el Sr. Mesonero Romanos y algún otro. En
+las obras de este insigne fundador de la literatura de costumbres en
+España, en las de Larra, Miñano, Gallardo, Quintana, etc., y aun en las
+comedias, sainetes o articulillos de escritores oscuros, así como en
+diferentes periódicos no políticos, sin excluir los de modas, he
+allegado elementos indirectos para sortear las dificultades de empresa
+tan ruda.
+
+En la primera serie adopté la forma autobiográfica, que tiene por sí
+mucho atractivo y favorece la unidad; pero impone cierta rigidez de
+procedimiento y pone mil trabas a las narraciones largas. Difícil es
+sostenerla en el género novelesco con base histórica, porque la acción y
+trama se construyen aquí con multitud de sucesos que no debe alterar la
+fantasía, unidos a otros de existencia ideal, y porque el autor no
+puede, las más de las veces, escoger a su albedrío ni el lugar de la
+escena ni los móviles de la acción. Tales dificultades obligáronme a
+preferir en casi todas las novelas de la segunda serie la narración
+libre, y como en ellas la acción pasa de los campos de batalla y de las
+plazas sitiadas a los palenques políticos y al gran teatro de la vida
+común, resulta más movimiento, más novela, y por tanto, un interés
+mayor. La novela histórica viene a confundirse así con la de costumbres.
+En los tipos presentados en las dos series y que pasan de quinientos,
+traté de buscar la configuración, los rasgos y aun los mohines de la
+fisonomía nacional, mirando mucho los semblantes de hoy para aprender en
+ellos la verdad de los pasados. Y la diferencia entre unos y otros, o no
+existe, o es muy débil. Si en el orden material las trasformaciones de
+nuestro país han sido tan grandes y rápidas que apenas se conoce ya lo
+que fue, en el orden espiritual la raza defiende del tiempo sus
+acentuados caracteres con la tenacidad que pone siempre en sus defensas,
+ya lo sean de una ciudad, como en Numancia y Zaragoza, ya de una
+costumbre, como se muestra en la perpetuidad de los Toros y de otras
+mañas nacionales. No es difícil, pues, encontrar el español de ayer, a
+poco que se observe el que tenemos delante.
+
+Al pensar en la ilustración de esta obra, quise, como he dicho al
+principio de la edición, que manos de otros artistas vinieran a dar a
+las escenas y figuras presentadas por mí la vida, la variedad, el acento
+y relieve que yo no podía darles. Poco tengo que añadir a lo que dije al
+principio de la edición. Bien se ha visto que el plan primitivo ha
+sufrido alguna mudanza. Anuncié que la ilustración total estaba a cargo
+de dos artistas eminentes; pero las dificultades que en la práctica
+ofreció lo excesivo del trabajo en obra tan extensa, obligáronme a
+repartir la ilustración entre mayor número de artistas. Tuve la suerte
+de que todos cuantos llamé en mi auxilio respondieron con entusiasmo;
+todos han trabajado con fe, encariñados con la obra más de lo que esta
+merecía. El resultado ha sido admirable. La habilidad de los insignes
+pintores y dibujantes que han trabajado en esta edición, su entusiasmo y
+mi constancia (que no quiero renunciar a la parte de gloria que me
+toca), han producido una obra editorial de relevante mérito, un
+verdadero museo de las artes del diseño aplicadas a la tipografía, y
+marcan un verdadero progreso en el gusto nacional. Creo haber acertado
+al preferir los facsímiles ejecutados sobre zinc a los antiguos
+procedimientos del boj, pues si la madera bien trabajada da finezas y
+matices, que en el clisé directo se obtienen pocas veces, en cambio este
+reproduce fielmente la creación del artista, y traslada el acento, el
+trazo, la personalidad. De aquí la seducción que ejerce en el observador
+entendido un relieve de zinc cuando es de manos bien ejercitadas en el
+lápiz o la pluma. Muy grande tiene que ser la destreza de un grabador
+para arrancar de la madera efectos iguales, y sobre todo, para imprimir
+con el buril ese sello de espontaneidad y frescura que en el clisé
+directo compensa la tosquedad del trazo.
+
+No he de ocultar que la escasez de medios industriales en nuestro país
+ha sido parte a mermar los efectos que habrían podido obtenerse en esta
+ilustración, utilizando todos los progresos que la zincografía ha
+realizado últimamente en Europa. Pero en la ruda campaña que ha sido
+preciso sostener con la carencia de elementos materiales se ha llegado
+hasta donde se ha podido, y sólo han cesado los esfuerzos ante el
+convencimiento de no poder avanzar más en esta senda de asperezas y
+entorpecimientos de todas clases. Se ha ido hasta el fin del terreno
+conocido en nuestra limitada vida industrial, no retrocediendo sino
+cuando era humanamente imposible dar un paso más. La tristeza que
+produce el no haber llegado a la perfección se atenúa con la idea de
+haber puesto los cinco sentidos y los recursos todos en la empresa, y
+con la seguridad de que otros llegarían hasta donde hemos llegado: pero
+no más allá.
+
+Cuatro años y medio ha durado la publicación, plazo relativamente corto
+y que aún lo parecerá más si se atiende a que la obra consta de
+_quinientos veintiocho pliegos_, a que ha sido preciso obtener de
+nuestros artistas, algunos de ellos avecindados en Barcelona y en el
+extranjero, mil doscientos dibujos próximamente, enviarlos fuera de
+Madrid casi siempre, para la elaboración de los clisés, y estampar al
+fin estos con la prolijidad y el esmero que exige tal trabajo. Los que
+conozcan de cerca las faenas tipográficas y además hayan visto
+experimentalmente los horizontes que tiene en España el comercio de
+libros, se pondrán de mi parte cuando me oigan repetir lo que dijo
+primero el loco de Cervantes y después Pereda en esta forma: _«no es
+para todos la tarea de hinchar perros en esta catadura»_.
+
+Los nombres de los colaboradores artísticos de esta edición, pintores
+eximios los unos, dibujantes habilísimos los otros, van a la cabeza de
+los diez tomos. Estos nombres, algunos de los cuales gozan ya de
+universal fama, y los demás la obtendrán seguramente, son demasiado
+conocidos y no necesitan que se les haga aquí un panegírico. Poco
+añadirían a su reputación mis encarecimientos, que, por otra parte,
+parecerían quizás interesados. Es ocioso encomiar lo que está a la
+vista. Ponerse a describir bellezas fácilmente apreciables por cuantos
+tienen ojos y gusto es más de _cicerone_ que de crítico. Penetrad por la
+primera página, salid por la última después de haber recorrido esta
+inmensa galería, y tengo por cierto que haréis justicia, sin necesidad
+de apuntador, al ingenio, la fuerza de expresión y la gracia con que el
+arte del dibujo ha hermoseado estas pobres letras.
+
+Otros colaboradores ha tenido, en esfera más modesta, la presente
+edición, los cuales nadie conoce, y que, no obstante, merecen que sus
+nombres sean sacados de la oscuridad. Yo lo haré como recompensa a los
+constantes esfuerzos, a la inteligencia y buena voluntad con que han
+coadyuvado al éxito de este difícil trabajo. Servicios, tan útiles no
+son los menos importantes, ni la parte de gloria que les corresponde en
+el resultado total es la más pequeña. Merece, pues, una mención aquí el
+encargado de los trabajos tipográficos de la edición, D. Guillermo Cano,
+por cuyas manos han pasado todas mis obras desde _La Fontana de Oro_
+hasta la última que he compuesto, y todas las ediciones, grandes y
+chicas, buenas y malas que de ellas se han hecho. La tirada de los
+EPISODIOS NACIONALES ilustrados y de sus innumerables grabados ha sido
+hecha con el mayor esmero, desde el principio hasta el fin, por el
+maquinista D. Antonio López.
+
+Creo haber dicho todo lo que tenía que decir, cumpliendo la oferta de
+marras, y pagando el acostumbrado tributo de cortesía a un público con
+el cual se ha estado en comunicación no interrumpida durante muchos
+años. A este público que me admitió la edición primitiva de estos
+libros, que recibe bien la ilustrada, y que tal vez, andando el tiempo,
+no ponga mala cara a otra, presentada en forma y condiciones diferentes,
+debo gratitud eterna. Mientras su favor me dure, yo no he de pecar de
+ingrato ni de perezoso. Este es el único poderoso de la tierra, cuya
+munificencia no tiene límites y cuyos dones se pueden admitir siempre
+sin ofensa del decoro, porque es el único que sabe y puede ser Mecenas
+en los tiempos que corren. Cuando el favor desmaye y observe yo en el
+inmenso semblante asomos de ceño o de cansancio, me dejaré caer poco a
+poco del lado de la oscuridad, hasta quitarme de en medio completamente,
+siempre con la debida reverencia.
+
+
+
+Madrid.--Noviembre de 1885
+
+
+
+***END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK UN FACCIOSO MáS Y ALGUNOS FRAILES
+MENOS***
+
+
+******* This file should be named 17443-8.txt or 17443-8.zip *******
+
+
+This and all associated files of various formats will be found in:
+https://www.gutenberg.org/dirs/1/7/4/4/17443
+
+
+
+Updated editions will replace the previous one--the old editions
+will be renamed.
+
+Creating the works from public domain print editions means that no
+one owns a United States copyright in these works, so the Foundation
+(and you!) can copy and distribute it in the United States without
+permission and without paying copyright royalties. Special rules,
+set forth in the General Terms of Use part of this license, apply to
+copying and distributing Project Gutenberg-tm electronic works to
+protect the PROJECT GUTENBERG-tm concept and trademark. Project
+Gutenberg is a registered trademark, and may not be used if you
+charge for the eBooks, unless you receive specific permission. If you
+do not charge anything for copies of this eBook, complying with the
+rules is very easy. You may use this eBook for nearly any purpose
+such as creation of derivative works, reports, performances and
+research. They may be modified and printed and given away--you may do
+practically ANYTHING with public domain eBooks. Redistribution is
+subject to the trademark license, especially commercial
+redistribution.
+
+
+
+*** START: FULL LICENSE ***
+
+THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE
+PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK
+
+To protect the Project Gutenberg-tm mission of promoting the free
+distribution of electronic works, by using or distributing this work
+(or any other work associated in any way with the phrase "Project
+Gutenberg"), you agree to comply with all the terms of the Full Project
+Gutenberg-tm License (available with this file or online at
+https://www.gutenberg.org/license).
+
+
+Section 1. General Terms of Use and Redistributing Project Gutenberg-tm
+electronic works
+
+1.A. By reading or using any part of this Project Gutenberg-tm
+electronic work, you indicate that you have read, understand, agree to
+and accept all the terms of this license and intellectual property
+(trademark/copyright) agreement. If you do not agree to abide by all
+the terms of this agreement, you must cease using and return or destroy
+all copies of Project Gutenberg-tm electronic works in your possession.
+If you paid a fee for obtaining a copy of or access to a Project
+Gutenberg-tm electronic work and you do not agree to be bound by the
+terms of this agreement, you may obtain a refund from the person or
+entity to whom you paid the fee as set forth in paragraph 1.E.8.
+
+1.B. "Project Gutenberg" is a registered trademark. It may only be
+used on or associated in any way with an electronic work by people who
+agree to be bound by the terms of this agreement. There are a few
+things that you can do with most Project Gutenberg-tm electronic works
+even without complying with the full terms of this agreement. See
+paragraph 1.C below. There are a lot of things you can do with Project
+Gutenberg-tm electronic works if you follow the terms of this agreement
+and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm electronic
+works. See paragraph 1.E below.
+
+1.C. The Project Gutenberg Literary Archive Foundation ("the Foundation"
+or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection of Project
+Gutenberg-tm electronic works. Nearly all the individual works in the
+collection are in the public domain in the United States. If an
+individual work is in the public domain in the United States and you are
+located in the United States, we do not claim a right to prevent you from
+copying, distributing, performing, displaying or creating derivative
+works based on the work as long as all references to Project Gutenberg
+are removed. Of course, we hope that you will support the Project
+Gutenberg-tm mission of promoting free access to electronic works by
+freely sharing Project Gutenberg-tm works in compliance with the terms of
+this agreement for keeping the Project Gutenberg-tm name associated with
+the work. You can easily comply with the terms of this agreement by
+keeping this work in the same format with its attached full Project
+Gutenberg-tm License when you share it without charge with others.
+
+1.D. The copyright laws of the place where you are located also govern
+what you can do with this work. Copyright laws in most countries are in
+a constant state of change. If you are outside the United States, check
+the laws of your country in addition to the terms of this agreement
+before downloading, copying, displaying, performing, distributing or
+creating derivative works based on this work or any other Project
+Gutenberg-tm work. The Foundation makes no representations concerning
+the copyright status of any work in any country outside the United
+States.
+
+1.E. Unless you have removed all references to Project Gutenberg:
+
+1.E.1. The following sentence, with active links to, or other immediate
+access to, the full Project Gutenberg-tm License must appear prominently
+whenever any copy of a Project Gutenberg-tm work (any work on which the
+phrase "Project Gutenberg" appears, or with which the phrase "Project
+Gutenberg" is associated) is accessed, displayed, performed, viewed,
+copied or distributed:
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
+
+1.E.2. If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is derived
+from the public domain (does not contain a notice indicating that it is
+posted with permission of the copyright holder), the work can be copied
+and distributed to anyone in the United States without paying any fees
+or charges. If you are redistributing or providing access to a work
+with the phrase "Project Gutenberg" associated with or appearing on the
+work, you must comply either with the requirements of paragraphs 1.E.1
+through 1.E.7 or obtain permission for the use of the work and the
+Project Gutenberg-tm trademark as set forth in paragraphs 1.E.8 or
+1.E.9.
+
+1.E.3. If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is posted
+with the permission of the copyright holder, your use and distribution
+must comply with both paragraphs 1.E.1 through 1.E.7 and any additional
+terms imposed by the copyright holder. Additional terms will be linked
+to the Project Gutenberg-tm License for all works posted with the
+permission of the copyright holder found at the beginning of this work.
+
+1.E.4. Do not unlink or detach or remove the full Project Gutenberg-tm
+License terms from this work, or any files containing a part of this
+work or any other work associated with Project Gutenberg-tm.
+
+1.E.5. Do not copy, display, perform, distribute or redistribute this
+electronic work, or any part of this electronic work, without
+prominently displaying the sentence set forth in paragraph 1.E.1 with
+active links or immediate access to the full terms of the Project
+Gutenberg-tm License.
+
+1.E.6. You may convert to and distribute this work in any binary,
+compressed, marked up, nonproprietary or proprietary form, including any
+word processing or hypertext form. However, if you provide access to or
+distribute copies of a Project Gutenberg-tm work in a format other than
+"Plain Vanilla ASCII" or other format used in the official version
+posted on the official Project Gutenberg-tm web site (www.gutenberg.org),
+you must, at no additional cost, fee or expense to the user, provide a
+copy, a means of exporting a copy, or a means of obtaining a copy upon
+request, of the work in its original "Plain Vanilla ASCII" or other
+form. Any alternate format must include the full Project Gutenberg-tm
+License as specified in paragraph 1.E.1.
+
+1.E.7. Do not charge a fee for access to, viewing, displaying,
+performing, copying or distributing any Project Gutenberg-tm works
+unless you comply with paragraph 1.E.8 or 1.E.9.
+
+1.E.8. You may charge a reasonable fee for copies of or providing
+access to or distributing Project Gutenberg-tm electronic works provided
+that
+
+- You pay a royalty fee of 20% of the gross profits you derive from
+ the use of Project Gutenberg-tm works calculated using the method
+ you already use to calculate your applicable taxes. The fee is
+ owed to the owner of the Project Gutenberg-tm trademark, but he
+ has agreed to donate royalties under this paragraph to the
+ Project Gutenberg Literary Archive Foundation. Royalty payments
+ must be paid within 60 days following each date on which you
+ prepare (or are legally required to prepare) your periodic tax
+ returns. Royalty payments should be clearly marked as such and
+ sent to the Project Gutenberg Literary Archive Foundation at the
+ address specified in Section 4, "Information about donations to
+ the Project Gutenberg Literary Archive Foundation."
+
+- You provide a full refund of any money paid by a user who notifies
+ you in writing (or by e-mail) within 30 days of receipt that s/he
+ does not agree to the terms of the full Project Gutenberg-tm
+ License. You must require such a user to return or
+ destroy all copies of the works possessed in a physical medium
+ and discontinue all use of and all access to other copies of
+ Project Gutenberg-tm works.
+
+- You provide, in accordance with paragraph 1.F.3, a full refund of any
+ money paid for a work or a replacement copy, if a defect in the
+ electronic work is discovered and reported to you within 90 days
+ of receipt of the work.
+
+- You comply with all other terms of this agreement for free
+ distribution of Project Gutenberg-tm works.
+
+1.E.9. If you wish to charge a fee or distribute a Project Gutenberg-tm
+electronic work or group of works on different terms than are set
+forth in this agreement, you must obtain permission in writing from
+both the Project Gutenberg Literary Archive Foundation and Michael
+Hart, the owner of the Project Gutenberg-tm trademark. Contact the
+Foundation as set forth in Section 3 below.
+
+1.F.
+
+1.F.1. Project Gutenberg volunteers and employees expend considerable
+effort to identify, do copyright research on, transcribe and proofread
+public domain works in creating the Project Gutenberg-tm
+collection. Despite these efforts, Project Gutenberg-tm electronic
+works, and the medium on which they may be stored, may contain
+"Defects," such as, but not limited to, incomplete, inaccurate or
+corrupt data, transcription errors, a copyright or other intellectual
+property infringement, a defective or damaged disk or other medium, a
+computer virus, or computer codes that damage or cannot be read by
+your equipment.
+
+1.F.2. LIMITED WARRANTY, DISCLAIMER OF DAMAGES - Except for the "Right
+of Replacement or Refund" described in paragraph 1.F.3, the Project
+Gutenberg Literary Archive Foundation, the owner of the Project
+Gutenberg-tm trademark, and any other party distributing a Project
+Gutenberg-tm electronic work under this agreement, disclaim all
+liability to you for damages, costs and expenses, including legal
+fees. YOU AGREE THAT YOU HAVE NO REMEDIES FOR NEGLIGENCE, STRICT
+LIABILITY, BREACH OF WARRANTY OR BREACH OF CONTRACT EXCEPT THOSE
+PROVIDED IN PARAGRAPH F3. YOU AGREE THAT THE FOUNDATION, THE
+TRADEMARK OWNER, AND ANY DISTRIBUTOR UNDER THIS AGREEMENT WILL NOT BE
+LIABLE TO YOU FOR ACTUAL, DIRECT, INDIRECT, CONSEQUENTIAL, PUNITIVE OR
+INCIDENTAL DAMAGES EVEN IF YOU GIVE NOTICE OF THE POSSIBILITY OF SUCH
+DAMAGE.
+
+1.F.3. LIMITED RIGHT OF REPLACEMENT OR REFUND - If you discover a
+defect in this electronic work within 90 days of receiving it, you can
+receive a refund of the money (if any) you paid for it by sending a
+written explanation to the person you received the work from. If you
+received the work on a physical medium, you must return the medium with
+your written explanation. The person or entity that provided you with
+the defective work may elect to provide a replacement copy in lieu of a
+refund. If you received the work electronically, the person or entity
+providing it to you may choose to give you a second opportunity to
+receive the work electronically in lieu of a refund. If the second copy
+is also defective, you may demand a refund in writing without further
+opportunities to fix the problem.
+
+1.F.4. Except for the limited right of replacement or refund set forth
+in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS', WITH NO OTHER
+WARRANTIES OF ANY KIND, EXPRESS OR IMPLIED, INCLUDING BUT NOT LIMITED TO
+WARRANTIES OF MERCHANTIBILITY OR FITNESS FOR ANY PURPOSE.
+
+1.F.5. Some states do not allow disclaimers of certain implied
+warranties or the exclusion or limitation of certain types of damages.
+If any disclaimer or limitation set forth in this agreement violates the
+law of the state applicable to this agreement, the agreement shall be
+interpreted to make the maximum disclaimer or limitation permitted by
+the applicable state law. The invalidity or unenforceability of any
+provision of this agreement shall not void the remaining provisions.
+
+1.F.6. INDEMNITY - You agree to indemnify and hold the Foundation, the
+trademark owner, any agent or employee of the Foundation, anyone
+providing copies of Project Gutenberg-tm electronic works in accordance
+with this agreement, and any volunteers associated with the production,
+promotion and distribution of Project Gutenberg-tm electronic works,
+harmless from all liability, costs and expenses, including legal fees,
+that arise directly or indirectly from any of the following which you do
+or cause to occur: (a) distribution of this or any Project Gutenberg-tm
+work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any
+Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause.
+
+
+Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm
+
+Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
+electronic works in formats readable by the widest variety of computers
+including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
+because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
+people in all walks of life.
+
+Volunteers and financial support to provide volunteers with the
+assistance they need, is critical to reaching Project Gutenberg-tm's
+goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
+remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
+and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at https://www.gutenberg.org/fundraising/pglaf.
+
+
+Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541. Contributions to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
+permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
+
+The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
+Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
+throughout numerous locations. Its business office is located at
+809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
+business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
+information can be found at the Foundation's web site and official
+page at https://www.gutenberg.org/about/contact
+
+For additional contact information:
+ Dr. Gregory B. Newby
+ Chief Executive and Director
+ gbnewby@pglaf.org
+
+Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation
+
+Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
+spread public support and donations to carry out its mission of
+increasing the number of public domain and licensed works that can be
+freely distributed in machine readable form accessible by the widest
+array of equipment including outdated equipment. Many small donations
+($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
+status with the IRS.
+
+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
+charities and charitable donations in all 50 states of the United
+States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
+considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
+with these requirements. We do not solicit donations in locations
+where we have not received written confirmation of compliance. To
+SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
+particular state visit https://www.gutenberg.org/fundraising/donate
+
+While we cannot and do not solicit contributions from states where we
+have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
+against accepting unsolicited donations from donors in such states who
+approach us with offers to donate.
+
+International donations are gratefully accepted, but we cannot make
+any statements concerning tax treatment of donations received from
+outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
+
+Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
+methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
+ways including including checks, online payments and credit card
+donations. To donate, please visit:
+https://www.gutenberg.org/fundraising/donate
+
+
+Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
+works.
+
+Professor Michael S. Hart was the originator of the Project Gutenberg-tm
+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
+Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
+
+Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
+editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
+unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
+keep eBooks in compliance with any particular paper edition.
+
+Most people start at our Web site which has the main PG search facility:
+
+ https://www.gutenberg.org
+
+This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
+including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
+Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
+subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.
+
diff --git a/old/17443-8.zip b/old/17443-8.zip
new file mode 100644
index 0000000..ea9f0c9
--- /dev/null
+++ b/old/17443-8.zip
Binary files differ
diff --git a/old/17443-h.zip b/old/17443-h.zip
new file mode 100644
index 0000000..b46350f
--- /dev/null
+++ b/old/17443-h.zip
Binary files differ
diff --git a/old/17443-h/17443-h.htm b/old/17443-h/17443-h.htm
new file mode 100644
index 0000000..d63805c
--- /dev/null
+++ b/old/17443-h/17443-h.htm
@@ -0,0 +1,9022 @@
+<!DOCTYPE html PUBLIC "-//W3C//DTD XHTML 1.0 Strict//EN"
+ "http://www.w3.org/TR/xhtml1/DTD/xhtml1-strict.dtd">
+<html xmlns="http://www.w3.org/1999/xhtml">
+<head>
+<meta http-equiv="Content-Type" content="text/html; charset=UTF-8" />
+<title>The Project Gutenberg eBook of Un faccioso más y algunos frailes menos, by Benito Pérez Galdós</title>
+ <style type="text/css">
+/*<![CDATA[ XML blockout */
+<!--
+ p { margin-top: .75em;
+ text-align: justify;
+ margin-bottom: .75em;
+ text-indent: 2%
+ }
+ img { border: 1px solid black; padding: 0px;
+ }
+ p.noindent {text-indent: 0%;}
+ h1,h2,h3 {
+ text-align: left;
+ clear: both;
+ }
+ h1.pg {
+ text-align: center;
+ clear: both;
+ }
+ h3.pg {
+ text-align: center;
+ clear: both;
+ }
+ hr { width: 33%;
+ margin-top: 2em;
+ margin-bottom: 2em;
+ margin-left: auto;
+ margin-right: auto;
+ text-align: left;
+ clear: both;
+ }
+ table {margin-left: auto; margin-right: auto;}
+ body{margin-left: 10%;
+ margin-right: 10%;
+ }
+ a:link {color: blue; text-decoration: none; }
+ link {color: blue; text-decoration: none; }
+ a:visited {color: blue; text-decoration: none; }
+ a:hover {color: red }
+ hr.full { width: 100%; }
+ pre {font-size: 75%;}
+ .center { text-align: center; }
+ // -->
+ /* XML end ]]>*/
+ </style>
+</head>
+<body>
+
+<h1>Un faccioso m&aacute;s y algunos frailes menos</h1>
+<h3>Episodios nacionales. Segunda serie; 20</h3>
+<h2>Por</h2>
+<h2>Benito P&eacute;rez Gald&oacute;s</h2>
+<h3>Ilustrada por los Sres.<br /> M&eacute;lida, Ferrant, Beruete, Ferriz, G&oacute;mez Soler, Alc&aacute;zar,
+Hern&aacute;ndez N&aacute;jera y Mestres</h3>
+<h3>Madrid</h3>
+<h3>1884</h3>
+<hr style="width: 65%;" />
+<h3>Capítulos:</h3>
+<table summary="capitulos"><tr><td>
+<a href="#I"><b>I,</b></a>
+<a href="#II"><b>II,</b></a>
+<a href="#III"><b>III,</b></a>
+<a href="#IV"><b>IV,</b></a>
+<a href="#V"><b>V,</b></a>
+<a href="#VI"><b>VI,</b></a>
+<a href="#VII"><b>VII,</b></a>
+<a href="#VIII"><b>VIII,</b></a>
+<a href="#IX"><b>IX,</b></a>
+<a href="#X"><b>X,</b></a>
+<a href="#XI"><b>XI,</b></a>
+<a href="#XII"><b>XII,</b></a>
+<a href="#XIII"><b>XIII,</b></a>
+<a href="#XIV"><b>XIV,</b></a>
+<a href="#XV"><b>XV,</b></a>
+<a href="#XVI"><b>XVI,</b></a>
+<a href="#XVII"><b>XVII,</b></a>
+<a href="#XVIII"><b>XVIII,</b></a>
+<a href="#XIX"><b>XIX,</b></a>
+<a href="#XX"><b>XX,</b></a>
+<a href="#XXI"><b>XXI,</b></a>
+<a href="#XXII"><b>XXII,</b></a>
+<a href="#XXIII"><b>XXIII,</b></a>
+<a href="#XXIV"><b>XXIV,</b></a>
+<a href="#XXV"><b>XXV,</b></a>
+<a href="#XXVI"><b>XXVI,</b></a>
+<a href="#XXVII"><b>XXVII,</b></a>
+<a href="#XXVIII"><b>XXVIII,</b></a>
+<a href="#XXIX"><b>XXIX,</b></a>
+<a href="#XXX"><b>XXX,</b></a>
+<a href="#XXXI"><b>XXXI,</b></a><br />
+<a href="#FIN_DE_LA_NOVELA_Y_DE_LOS_EPISODIOS_NACIONALES"><b>FIN LOS EPISODIOS NACIONALES</b></a><br />
+</td></tr>
+</table>
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="I" id="I"></a>-I-</h2>
+
+
+<p>El 16 de Octubre de aquel a&ntilde;o (y los lectores del libro precedente saben
+muy bien qu&eacute; a&ntilde;o era) fue un d&iacute;a que la historia no puede clasificar
+entre los desgraciados ni tampoco entre los felices, por haber ocurrido
+en &eacute;l, juntamente con sucesos pr&oacute;speros de esos que traen regocijo y
+bienestar a las naciones, otros muy lamentables que de seguro habr&iacute;an
+afligido a todo el g&eacute;nero humano si este hubiera tenido noticia de
+ellos.</p>
+
+<p>No sabemos, pues, si batir palmas y cantar victoria o llorar a l&aacute;grima
+viva, porque si bien es cierto que en aquel d&iacute;a termin&oacute; para siempre el
+aborrecido poder de Calomarde, tambi&eacute;n lo es que nuestro buen amigo D.
+Benigno padeci&oacute; un accidente que puso en gran peligro su preciosa
+existencia. C&oacute;mo sucedi&oacute; esto es cosa que no se sabe a punto fijo. Unos
+dicen que fue al subir al coche para marchar a Riofr&iacute;o en expedici&oacute;n de
+recreo; otros que la causa del percance fue un resbal&oacute;n dado con muy
+mala fortuna en d&iacute;a lluvioso, y Pipa&oacute;n, que es buen testimonio para todo
+lo que se refiere a la residencia del h&eacute;roe de Boteros en la Granja,
+asegura que cuando este supo la ca&iacute;da de Calomarde y la elevaci&oacute;n de D.
+Jos&eacute; Cafranga a la poltrona de Gracia y Justicia, dio tan fuerte brinco
+y manifest&oacute; su alegr&iacute;a en formas tan parecidas a las del arte de los
+volatineros, que perdiendo el equilibrio y cayendo con pesadez y
+estr&eacute;pito se rompi&oacute; una pierna. Pero no, no admitamos esta versi&oacute;n que
+empeque&ntilde;ece a nuestro h&eacute;roe haci&eacute;ndole casquivano y pueril. El vuelco de
+un detestable coche que iba a Segovia cuando hab&iacute;a personas que
+consent&iacute;an en descalabrarse por ver un acueducto romano, una catedral
+g&oacute;tica y un alc&aacute;zar arabesco, fue lo que puso a nuestro amigo en estado
+de perecer. Y gracias que no hubo m&aacute;s percance que la pierna rota, el
+cual fue en tan buenas condiciones y por tan buena parte, al decir de
+los m&eacute;dicos, que el paciente deb&iacute;a estar muy satisfecho y alabar la
+misericordia de Dios.</p>
+
+<p>
+ <img src="images/pag239.jpg"
+ alt="image" title="image" />
+</p>
+
+<p>&mdash;Como todo es relativo en el mundo&mdash;dec&iacute;a Cordero en su lecho, cuando se
+convenci&oacute; de que su curaci&oacute;n ser&iacute;a pronta y segura&mdash;, romperse una pierna
+sola es mejor que romperse las dos, y as&iacute;, Sr. de Monsalud, yo estoy
+content&iacute;simo, mayormente viendo que el pesado negocio que me trajo a la
+Granja est&aacute; ya resuelto, y que gracias a mi amigo el gran D. Jos&eacute; de
+Cafranga (que mil a&ntilde;os viva) no tendr&eacute; m&aacute;s cuestiones con el hipogrifo
+de D. Pedro Abarca (a quien vea yo sin hueso sano). D&iacute;game usted, amigo,
+&iquest;ha observado usted que en este mundo p&iacute;caro, cien veces p&iacute;caro, no hay
+alegr&iacute;a que no venga contrapesada con un dolor, ni dulzura que no traiga
+su ac&iacute;bar? Pues bien: todo no ha de ser malo. El contento que yo he
+tenido &iquest;no vale una pierna? &iquest;Qu&eacute; significa un hueso roto de f&aacute;cil
+soldadura, en comparaci&oacute;n de las m&aacute;s puras satisfacciones del alma?
+Vengan aver&iacute;as de este jaez y c&aacute;igame yo, aunque sea de lo alto del
+acueducto, con tal que en proporci&oacute;n de los chichones y de las fracturas
+sean los gustos del esp&iacute;ritu y los regocijos del coraz&oacute;n.</p>
+
+<p>De esta manera un poco artificiosa y sutil se consolaba, y as&iacute;, mientras
+dur&oacute; su enfermedad, apenas perdi&oacute; el buen humor ni la paz y dulzura de
+su condici&oacute;n sin igual. Deparole el cielo excelente compa&ntilde;&iacute;a en Salvador
+Monsalud, que, a pesar de haber despachado tambi&eacute;n satisfactoriamente
+sus asuntos, no quiso salir de la Granja dejando solo y postrado en la
+cama a su honrado amigo. La corte se march&oacute;, los cortesanos siguieron a
+la corte, el Real Sitio se qued&oacute; desierto, calladas las fuentes,
+desiertas las alamedas. Empezaron a despojarse de su follaje los
+&aacute;rboles; enfriose el aire al comp&aacute;s del solemne y trist&iacute;simo crecimiento
+de las noches; soplaron c&eacute;firos asesinos, precursores de aguaceros y
+tormentas; los remolinos de hojas secas corr&iacute;an por el suelo h&uacute;medo
+murmurando tristezas, y sobre todo derramaron llanto sin fin las nubes
+pardas, en tal manera que no parec&iacute;a sino que en la superficie de la
+tierra hab&iacute;a algo que deb&iacute;a ser para siempre borrado.</p>
+
+<p>Solos en su alojamiento, mal acompa&ntilde;ados de una mediana lumbre, D.
+Benigno y su amigo pasaban los d&iacute;as. El enfermo, aunque postrado y sin
+movimiento, estaba casi siempre menos triste que el sano. Este,
+centinela en un sill&oacute;n frente al hogar, reanimaba el fuego cuando se iba
+extinguiendo, y D. Benigno hac&iacute;a revivir la conversaci&oacute;n moribunda
+cuando Salvador la dejaba apagar con sus monos&iacute;labos o con su silencio.</p>
+
+<p>El tema m&aacute;s amado y m&aacute;s favorecido de Cordero era su familia, y no
+pasaba una hora sin que dijese: &laquo;&iexcl;qu&eacute; har&aacute; en este momento el tunante de
+Juanillo Jacobo!&raquo; o bien: &laquo;&iquest;habr&aacute; comprendido Sola, a pesar de mis
+precauciones, que me ha pasado desgracia?&raquo;. Debe advertirse que nuestro
+buen se&ntilde;or hab&iacute;a puesto singular empe&ntilde;o en que sus queridos hijos, su
+hermana y su amiga no se enterasen del triste motivo que en San
+Ildefonso le deten&iacute;a, y por esto sus cartas todas parec&iacute;an novelas,
+seg&uacute;n las invenciones y mentiras de que iban llenas. Unas dec&iacute;an:
+&laquo;Esperadme ocho d&iacute;as m&aacute;s, porque si bien nuestro asunto est&aacute; terminado,
+no quiero marcharme sin hacer una peque&ntilde;a contrata de pinos, pues desde
+aqu&iacute; oigo los gritos de la casa de los Cigarrales pidi&eacute;ndome que la
+ensanche&raquo;. M&aacute;s adelante escrib&iacute;a: &laquo;Con estos malditos temporales no hay
+carricoche que se atreva con las Siete Revueltas&raquo;, y una semana despu&eacute;s
+se disculpaba as&iacute;: &laquo;Un excelente amigo, que vive en la misma posada, ha
+ca&iacute;do en cama con tan fuerte pulmon&iacute;a que no me es posible abandonarle
+en este solitario pueblo. Esperadme unos pocos d&iacute;as y rogad a Dios por
+el enfermo&raquo;.</p>
+
+<p>As&iacute; les enga&ntilde;aba, dando tiempo al tiempo, hasta que llegara el de la
+soldadura del hueso, la cual ven&iacute;a con la tardanza que es natural,
+impacientando tanto al buen hombre que a ratos no pod&iacute;a contener su
+impaciencia y daba pu&ntilde;adas sobre la cama diciendo: &laquo;Esto no se puede
+aguantar. Soldada o sin soldar, se&ntilde;ora pierna, usted tendr&aacute; que ponerse
+en polvorosa para Madrid la semana que viene&raquo;.</p>
+
+<p>Salvador no se apartaba de su amigo ni de noche ni de d&iacute;a. Unas veces
+hablaban de pol&iacute;tica, empezando D. Benigno de este modo: &laquo;&iquest;Cree usted
+que ese pobre Sr. Zea tendr&aacute; buena mano para el tim&oacute;n de la nave del
+Estado?&raquo;.</p>
+
+<p>La enojosa permanencia y quietud en el lecho le ocasionaba insomnios
+frecuentes, cuando no letargos breves y febriles, acompa&ntilde;ados de
+pesadillas o alucinaciones. A veces despertaba de s&uacute;bito ba&ntilde;ado en
+sudor, y exclamaba pas&aacute;ndose la mano por los ojos:&mdash;Jes&uacute;s me valga y la
+Santa Virgen del Sagrario, &iexcl;qu&eacute; sue&ntilde;o he tenido! Me parec&iacute;a estar viendo
+a Juanillo Jacobo rodando por un precipicio negro, mientras la pobre
+Sola, atada por los cabellos a la cola de un brioso caballo... No lo
+quiero contar porque me parece que lo veo otra vez... &iexcl;Cu&aacute;ndo volver&eacute; a
+vuestro lado, queridos de mi coraz&oacute;n, para que con el placer de veros se
+acabe el suplicio de so&ntilde;aros!</p>
+
+<p>Una noche observ&oacute; Salvador que daba el enfermo un gran suspiro, y
+despertando acongojad&iacute;simo parec&iacute;a reconocer la realidad de las cosas,
+medio seguro de espantar las embusteras percepciones del sue&ntilde;o.</p>
+
+<p>&mdash;Es todo mentira, Sr. D. Benigno&mdash;le dijo Monsalud riendo&mdash;. &Aacute;nimo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ay, Dios m&iacute;o! &iexcl;qu&eacute; sue&ntilde;o!&mdash;exclam&oacute; el de Boteros&mdash;. Todav&iacute;a me duran la
+angustia y el mortal fr&iacute;o que sent&iacute;. Fig&uacute;rese usted, se&ntilde;or m&iacute;o, que me
+acercaba a mi casa de los Cigarrales, y la visi&oacute;n era tan perfecta que
+todo estaba delante de m&iacute; claro, vivo, verdadero. Una soledad trist&iacute;sima
+envolv&iacute;a mi finca. Ni mis hijos, ni mis criados aparec&iacute;an por ninguna
+parte... Me acerco m&aacute;s, miro a las ventanas y las ventanas me miran con
+ce&ntilde;o. De pronto veo que aparece Sola por la puerta de la huerta; doy un
+paso hacia ella, me mira con semblante fr&iacute;o, serio como el de una
+estatua, mueve su cabeza como diciendo no, no. Luego, se&ntilde;or D. Salvador,
+me dice adi&oacute;s con la mano derecha, y se aleja, huye, desaparece, se
+disipa como una sombra entre los almendros... Me quedo yerto, miro a mi
+casa y mi casa... cr&eacute;alo usted... se echa a re&iacute;r... yo no s&eacute; c&oacute;mo era
+esto; pero lo cierto es que ella se re&iacute;a, se re&iacute;a...</p>
+
+<p>&mdash;Y ahora nos re&iacute;mos nosotros.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bendito sea Dios! &iquest;qu&eacute; ser&aacute; esto del so&ntilde;ar? &iquest;Anunciar&aacute;n los sue&ntilde;os
+realidades? &iquest;Estas horribles mentiras traer&aacute;n consigo algo que con la
+misma verdad se relacione? Ello es que la pobre Sola no se aparta de
+esta cabeza a ninguna hora de la noche ni del d&iacute;a... Que ser&aacute; feliz
+cas&aacute;ndome con ella es indudable; que ella lo ser&aacute; tambi&eacute;n no hay para
+qu&eacute; decirlo... Pienso muchas veces si el Se&ntilde;or habr&aacute; decidido que yo me
+muera antes de que pueda realizar mi deseo, al cual va unido el mayor
+beneficio que se puede hacer a una hu&eacute;rfana pobre y sin amparo. &iquest;Qu&eacute;
+ser&iacute;a entonces de esa infeliz?...</p>
+
+<p>&mdash;La pobrecita tendr&iacute;a una gran pena&mdash;dijo Salvador.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Se morir&iacute;a de pena?&mdash;pregunt&oacute; Cordero con ingenuidad pueril.</p>
+
+<p>&mdash;Tanto como morirse...</p>
+
+<p>&mdash;No se morir&iacute;a, no... &iexcl;pero qu&eacute; desamparada, qu&eacute; sola se quedar&iacute;a en el
+mundo! &iquest;Qui&eacute;n comprender&iacute;a su m&eacute;rito? &iquest;qui&eacute;n le tender&iacute;a una mano?</p>
+
+<p>&mdash;No podr&iacute;a reemplazar sin duda dignamente el bien que perd&iacute;a&mdash;dijo
+Monsalud, sent&aacute;ndose junto al perniquebrado Cordero&mdash;; pero parte del
+bien que merece lo hallar&iacute;a tal vez... cas&aacute;ndose conmigo.</p>
+
+<p>Los dos se miraron asombrados y con ligero ce&ntilde;o.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Con usted!&mdash;exclam&oacute; el de Boteros volviendo de su sorpresa...&mdash;&iquest;Ha
+pensado usted en eso alguna vez?</p>
+
+<p>&mdash;Muchas.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Si yo no existiese!... &iquest;Y ella consentir&iacute;a?...</p>
+
+<p>&mdash;No lo aseguro. Pero pasado alg&uacute;n tiempo es f&aacute;cil que consintiese. S&oacute;lo
+Dios es eterno.</p>
+
+<p>&mdash;Y usted desea...</p>
+
+<p>Lanzado de improviso a un mar de confusiones, D. Benigno no pudo decir
+m&aacute;s. Su amigo, quiz&aacute;s arrepentido de haber hecho una declaraci&oacute;n
+imprudente, trat&oacute; de tranquilizarle habl&aacute;ndole de lo bien que dirig&iacute;a
+Cristina la dichosa nave del Estado. Entonces la alegor&iacute;a del
+barquichuelo estaba en todo su auge, y no se mentaban las dificultades
+del Gobierno sin sacar a relucir la consabida embarcaci&oacute;n, el mar
+borrascoso de la pol&iacute;tica, y principalmente el tim&oacute;n ministerial, que
+algunos llamaban gubernalle. Despu&eacute;s dijo que el decreto abriendo las
+universidades era un golpe maestro; la amnist&iacute;a, aunque muy restringida,
+un levantado pensamiento digno de los m&aacute;s grandes pol&iacute;ticos, y la
+destituci&oacute;n de Egu&iacute;a y Gonz&aacute;lez Moreno una obra maestra de previsi&oacute;n;
+pero a&ntilde;adi&oacute; que muchas y muy peregrinas dotes de ingenio y energ&iacute;a hab&iacute;a
+de desplegar la Reina para someter a la plaga de humanos monstruos que
+con el nombre de voluntarios realistas asolaba el Reino. A todo esto
+atend&iacute;a poco el enfermo, porque ten&iacute;a su pensamiento harto distante de
+los disturbios de Espa&ntilde;a. No ser&aacute; ocioso decir que en aquel momento
+sinti&oacute; D. Benigno renacer en su pecho la antipat&iacute;a que en otras
+ocasiones le inspirara su amigote; pero como en tan noble alma no cab&iacute;a
+la ingratitud, pens&oacute; en las atenciones y cuidados que al mismo deb&iacute;a
+durante la enfermedad, y con esto se le fue pasando el rencorcillo. En
+las conversaciones de los d&iacute;as siguientes tuvo el buen acuerdo de no
+nombrar a la familia ni los Cigarrales, ni mentar cosa alguna que
+pudiese relacionarse con el importuno asunto de sus futuras bodas.</p>
+
+<p>Un d&iacute;a, no obstante, en ocasi&oacute;n que com&iacute;a en su lecho despaciosamente y
+gustando bien los manjares, como era en &eacute;l costumbre, quedose un buen
+rato a medio mascar, sin quitar los ojos de Salvador; y volviendo luego
+a atender al plato, habl&oacute; as&iacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Mis distracciones son tan chuscas como mis sue&ntilde;os. Hace un momento
+hall&aacute;bame tan abstra&iacute;do, tan engolfado con el pensamiento en ideas y
+cosas de mi familia que sin saberlo, apart&eacute; en el plato y cort&eacute; con mi
+cuchillo los pedacitos con que suelo engolosinar a Juanillo Jacobo
+cuando come junto a m&iacute;. Me parec&iacute;a que el peque&ntilde;uelo estaba a mi lado y
+que los dem&aacute;s distaban poco. Esto es tan frecuente en m&iacute;, Sr. D.
+Salvador, en el insoportable tedio de esta soldadura, que a veces,
+cuando siento pasos, me parece que son ellos que van a entrar, y cuando
+suena voz de mujer, si es bronca y rega&ntilde;ona, me parece la de mi hermana,
+si es dulce y apacible como la de la misma discreci&oacute;n, me parece la de
+Sola. Cuando despierto por las ma&ntilde;anitas, mi alucinaci&oacute;n es tal que con
+la propia evidencia se confunde, y siento que entran y salen, oigo a
+Cruz rega&ntilde;ando con los chicos y haciendo mimos a los p&aacute;jaros; oigo a
+Sola arreglando a los peque&ntilde;uelos para que vayan a la escuela, y me digo
+para mi sayo: &laquo;Tempranito se ha levantado mi gente. Ya, Sola ha puesto
+mi cuarto como el oro, y me ha preparado ese chocolate que, por lo
+exquisito, debe de caer en espesos chorros del mismo cielo&raquo;.</p>
+
+<p>Dando luego un gran suspiro se sonri&oacute; y dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Usted, solter&oacute;n empedernido, no comprende estas deliciosas chocheces
+del alma. Divi&eacute;rtase usted con la pol&iacute;tica, con el conspirar, con la
+suerte de las monarqu&iacute;as, y derr&iacute;tase los sesos pensando en si debe
+haber m&aacute;s o menos cantidad de Rey y tal o cual dosis de Constituci&oacute;n.
+Buen provecho, amiguito; yo me atengo a lo del poeta: denme
+<i>mantequillas y pan tierno</i>; s&iacute; se&ntilde;or, mantequillas, es decir amores
+puros y tranquilos: pan tierno, es decir, la sosegada compa&ntilde;&iacute;a de una
+esposa honesta y casera, el besuqueo de los nenes, el trabajo y cien mil
+alegr&iacute;as que cruz&aacute;ndose con algunas penillas van tejiendo nuestra vida.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno es el cuadro, bueno&mdash;dijo el otro, ocultando medianamente su
+disgusto&mdash;. Cuando sea realidad avise usted... Me consolar&eacute; de mi
+tristeza viendo la alegr&iacute;a de los que con sus buenas acciones han
+merecido vivir en paz. Solamente los perversos padecen contemplando el
+bien ageno. Yo, que no soy malo, pido un puesto, siquiera sea el &uacute;ltimo,
+en ese fest&iacute;n de regocijos y felicidades... Pero me ocurre preguntar:
+&laquo;&iquest;Cerrar&aacute; usted la puerta a los amigos despu&eacute;s de su casamiento?&raquo;.</p>
+
+<p>D. Benigno no contest&oacute; nada, porque la afirmativa le pareci&oacute; rid&iacute;cula y
+la negaci&oacute;n aventurada, bastante contraria, si se ha de decir verdad, a
+sus prop&oacute;sitos. El otro dio las buenas noches y se fue a su cuarto para
+acostarse. Aquella noche, que Cordero cont&oacute; entre las m&aacute;s infaustas de
+su vida, no pudo este dign&iacute;simo sujeto conciliar el sue&ntilde;o, porque le
+asalt&oacute;, a causa de las &uacute;ltimas palabras de su amigo, un pensamiento tan
+mortificante que le cambiar&iacute;a de buen grado por la quebradura de todos
+los huesos de su cuerpo; de tal modo padec&iacute;a su esp&iacute;ritu. Incorporado en
+la cama, pas&oacute; largas horas en horrorosa cavilaci&oacute;n. All&iacute; fue el
+amenazador levantamiento de su conciencia, all&iacute; la reyerta encarnizada
+entre ciertas ilusiones suyas y ciertos temores que aparecieron de
+improviso como enemigos emboscados acechando la ocasi&oacute;n. El digno
+encajero no pod&iacute;a apartar de si el licor amargu&iacute;simo que un demonio
+invisible le pon&iacute;a en los labios; ya suspiraba, ya se golpeaba la cabeza
+venerable, ya por fin elevaba los brazos y los ojos al cielo pidiendo a
+Dios que le librara de aquel fiero tormento. &laquo;Ni un momento m&aacute;s puedo
+vivir en esta incertidumbre, grit&oacute;.&mdash;Sr. D. Salvador, venga usted al
+momento; necesito hablarle&raquo;.</p>
+
+<p>Golpe&oacute; fuertemente el tabique inmediato a su cama. En la habitaci&oacute;n
+pr&oacute;xima dorm&iacute;a Salvador; y durante los d&iacute;as cr&iacute;ticos de la enfermedad de
+D. Benigno, siempre que este necesitaba de la asistencia de su nuevo
+amigo le llamaba con un par de golpes suavemente dados en la pared.</p>
+
+<p>Era la media noche. Salvador, al o&iacute;r aquel extraordinario ruido en el
+tabique, crey&oacute;, por la violencia del llamamiento, que a D. Benigno se le
+hab&iacute;a roto la otra pierna cuando menos, o que hab&iacute;a sido atacado de
+alg&uacute;n descomunal accidente. Levantose aprisa, y corriendo al lado del
+enfermo, hallole sentado en el lecho, p&aacute;lido, con las gafas caladas, los
+ojos chispeantes y las manos en movimiento como quien acompa&ntilde;a de
+expresivos gestos las palabras que a s&iacute; mismo se dice:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; hay?&mdash;pregunt&oacute;&mdash;&iquest;se ha deshecho el entablillado? &iquest;Qu&eacute; es eso?...
+&iquest;calentura, dolores?</p>
+
+<p>&mdash;No, hombre de Dios o de cien Satanases; no es nada de eso&mdash;replic&oacute; el de
+Boteros se&ntilde;al&aacute;ndole la silla&mdash;. Esto es muy serio, repito a usted que es
+muy serio. Ya en ello la tranquilidad, la vida toda, el honor de un
+hombre de bien que jam&aacute;s ha hecho mal a nadie, porque sepa usted, Sr. D.
+Salvador o D. Condenador, que yo no he hecho da&ntilde;o a ning&uacute;n ser nacido, y
+cuando Dios me tome cuentas, no se presentar&aacute; ni un mosquito, ni un
+miserable mosquito, a decir: &laquo;ese hombre fue mi enemigo&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Est&aacute; bien.</p>
+
+<p>&mdash;Esto es muy serio, y as&iacute; yo quiero una explicaci&oacute;n categ&oacute;rica, leal,
+terminante, para tranquilidad de mi esp&iacute;ritu.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y esa explicaci&oacute;n debo darla yo?</p>
+
+<p>&mdash;Usted, s&iacute;, que desde hace alg&uacute;n tiempo se me ha puesto delante echando
+sobre m&iacute; como una ligera sombra, s&iacute;, y ahora me ha dicho cosas que
+aumentan esa sombra y la hacen m&aacute;s negra. Hablemos con claridad. Yo
+tengo ciertos proyectos que usted conoce. Yo pienso casarme, yo debo
+casarme, yo he cre&iacute;do que Dios ha dispuesto que yo me case. La que
+escog&iacute; para ser mi compa&ntilde;era es de tal condici&oacute;n... en fin, excuso de
+hacer su elogio, porque usted la conoce... a eso voy, Sr. D. Salvador.
+Ella estuvo en un tiempo bajo el amparo y protecci&oacute;n de usted; usted le
+escrib&iacute;a desde Francia. &iexcl;Ay! Cuando estuvo mala, le nombr&oacute; a usted en
+sus delirios. Despu&eacute;s usted la vio en los Cigarrales, seg&uacute;n me escribi&oacute;
+ella misma; m&aacute;s tarde, ahora, se me muestra tan admirador de ella y tan
+afligido de mi felicidad, que no puedo menos de volverme caviloso y
+preguntarme si usted ha tenido o tiene proyectos iguales a los m&iacute;os, y
+si esos proyectos se refieren a la misma persona, que es, dig&aacute;moslo
+claro, la mitad o la principal parte de mi vida.</p>
+
+<p>&mdash;Esos proyectos los tuve&mdash;replic&oacute; Salvador con firmeza&mdash;. No fui a los
+Cigarrales con otro objeto.</p>
+
+<p>Detuvo D. Benigno su voz y sus manos, como alelado, y pregunt&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y ella?</p>
+
+<p>&mdash;No quiso o&iacute;rme. Mi situaci&oacute;n al salir de los Cigarrales era bastante
+desairada.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y despu&eacute;s?</p>
+
+<p>&mdash;He pensado que por negligente y confiado perd&iacute; la partida.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y qu&eacute; hay en usted ahora?</p>
+
+<p>&mdash;Resignaci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;De modo que si yo no existiera...</p>
+
+<p>&mdash;No deben fundarse c&aacute;lculos sobre la muerte. En el mundo no es f&aacute;cil
+asegurar quien ayuda o quien estorba. Es posible que sea yo el que est&aacute;
+dem&aacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh! Dios m&iacute;o... Pero usted no puede apreciar, como yo, sus infinitas
+cualidades, que la igualan a los &aacute;ngeles&mdash;dijo D. Benigno con cierto
+desd&eacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Quiz&aacute;s las aprecie mejor; quiz&aacute;s yo est&eacute; en situaci&oacute;n de ver en ella
+m&eacute;ritos de abnegaci&oacute;n que usted no puede ver.</p>
+
+<p>D. Benigno medit&oacute; breve rato. Hab&iacute;a ca&iacute;do en un mar de cavilaciones que
+sin duda no ten&iacute;a fondo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah!&mdash;exclam&oacute; dando un gran suspiro con el cual pudo salir de aquellas
+honduras tenebrosas&mdash;, usted me confunde m&aacute;s, pero mucho m&aacute;s.</p>
+
+<p>Diciendo esto clav&oacute; los ojos en Salvador examin&aacute;ndole prolija y
+atentamente de pies a cabeza. Despu&eacute;s dio otro gran suspiro y bajando
+los ojos murmur&oacute; para s&iacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Tambi&eacute;n &eacute;l se va poniendo viejo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No se necesitan m&aacute;s explicaciones?&mdash;pregunt&oacute; Monsalud.</p>
+
+<p>&mdash;No&mdash;replic&oacute; Cordero brusca y desabridamente.</p>
+
+<p>&mdash;Pues yo voy a dar una que creo necesaria. No soy perverso; reconozco en
+usted a uno de los hombres mejores que existen en el mundo. Ser&eacute; un
+miserable si sale de m&iacute;, por irresistible efecto de las pasiones, la
+m&aacute;s ligera oposici&oacute;n a la felicidad de usted... Es evidente,
+evident&iacute;simo que yo soy el que est&aacute; dem&aacute;s. Declaro que mi deber es no
+volver a pisar la casa del que posee lo que yo quise para m&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bar&aacute;stolis!... Usted la ofende, se&ntilde;or m&iacute;o.</p>
+
+<p>&mdash;No la ofendo. Mi resoluci&oacute;n no indica desconfianza de ninguno de los
+dos, sino respeto a entrambos, y adem&aacute;s el deseo de ponerme a salvo de
+la envidia, porque yo tengo m&aacute;s de hombre que de santo, y la
+contemplaci&oacute;n del bien perdido no me har&aacute; bailar de gozo.</p>
+
+<p>Dijo esto en tono entro serio y festivo, y se retir&oacute;. Despu&eacute;s de esta
+breve conferencia no se disiparon las confesiones ni se calmaron las
+ansias del insigne Cordero, antes bien, se dio a cavilar m&aacute;s en el
+silencio de la noche, buscando entre sus recuerdos alguna sentencia del
+ginebrino que iluminase un poco sus tenebrosos pensamientos; pero Juan
+Jacobo no dec&iacute;a nada, y hasta de su querido fil&oacute;sofo y consejero se vio
+desamparado en tan tristes horas el hombre m&aacute;s bondadoso que por
+aquellos tiempos exist&iacute;a en el mundo.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="II" id="II"></a>-II-</h2>
+
+
+<p>Muy avanzado estaba el invierno cuando Cordero y su amigo, despidi&eacute;ndose
+con no poca alegr&iacute;a del Real Sitio, emprendieron su penoso viaje a la
+Corte por entre nieves y hielos. Separ&aacute;ronse del modo m&aacute;s cordial en la
+posada del Drag&oacute;n, y D. Benigno, desmejorado y cojo, se fue a su casa
+con toda la rapidez que lo permit&iacute;a su detestable andadura, mientras
+Salvador buscaba donde alojarse. Pocos d&iacute;as despu&eacute;s hall&aacute;base instalado
+en habitaci&oacute;n propia que alquil&oacute; en la calle del Duque de Alba, no lejos
+de D. Felic&iacute;simo Carnicero, de felic&iacute;sima recordaci&oacute;n. En Madrid no
+encontr&oacute; novedad alguna, pues no merece tal nombre el furor con que todo
+el mundo fraguaba levantamiento s y sediciones. Conspiraban las infantas
+brasile&ntilde;as con sin igual descaro; conspiraban los voluntarios realistas,
+ayudados por la turbamulta de frailes y cl&eacute;rigos mal avenidos con la
+idea de perder su omnipotencia; conspiraban las monjas y los
+sacristanes, muchos militares que se hab&iacute;an hecho familiares de los
+obispos, y para que no faltase su lado c&oacute;mico a esta comparsa nacional,
+tambi&eacute;n se agitaban en pro de D. Carlos muchos se&ntilde;ores que hab&iacute;an sido
+rabiosos <i>democratistas</i> y jacobinos en los tres <i>llamados</i> a&ntilde;os de la
+<i>titulada</i> segunda &eacute;poca constitucional. Antes hab&iacute;an gritado por el
+<i>sistema</i> y ahora suspiraban por los <i>derechos de la soberan&iacute;a en su
+inmemorial plenitud</i>.</p>
+
+<p>Oy&oacute; tambi&eacute;n Salvador los desprop&oacute;sitos del vulgo, a quien se hab&iacute;a hecho
+creer que el Rey no viv&iacute;a y que aquel buen se&ntilde;or que sal&iacute;a en coche a
+paseo era el cad&aacute;ver embalsamado de Fernando VII. Por un sencillo
+mecanismo, la <i>napolitana</i>, que a su lado iba, le hac&iacute;a mover las manos
+y la cabeza para saludar. &iexcl;Y con un Rey relleno de paja se estaba
+enga&ntilde;ando a esta heroica Naci&oacute;n!</p>
+
+<p>Vio un cambio de ministros fundado en que los del 16 de Octubre
+parecieron un poco da&ntilde;ados de liberalismo, pues la Corte deseaba un
+gobierno absolutamente agridulce que contentase a todos y conciliara el
+d&iacute;a con la noche, cosa en verdad m&aacute;s dif&iacute;cil que asar la manteca.
+Tambi&eacute;n pudo ver la anulaci&oacute;n del c&eacute;lebre codicilo, acto solemne de que
+se burlaron los carlistas, y oy&oacute; contar la fuga de Calomarde vestido de
+fraile, y los desmanes del obispo de Le&oacute;n, el cual, ensoberbecido como
+un cacique indio y no pudiendo sublevar el reino, puso en armas su
+di&oacute;cesis, dando la comandancia de voluntarios realistas a la Pur&iacute;sima
+Concepci&oacute;n.</p>
+
+<p>Otras muchas cosas supo y vio que no son para referidas a la ligera. Sus
+relaciones con gente de varias clases le informaban de todo. Pipa&oacute;n, D.
+Felic&iacute;simo Carnicero y el marqu&eacute;s de Falf&aacute;n no hac&iacute;an misterio de los
+planes apost&oacute;licos, y Jenara, furibunda sectaria del sistema del justo
+medio o de la conciliaci&oacute;n, era el &oacute;rgano m&aacute;s feliz que imaginarse puede
+de los pensamientos de aquel astuto Sr. Zea que gobernaba o aparentaba
+gobernar la nave (&iexcl;siempre la nave!), m&aacute;s cercana a los escollos que al
+deseado puerto.</p>
+
+<p>Jenara se hab&iacute;a establecido en su antigua casa, notoria tres a&ntilde;os antes
+por la tertulia a que concurr&iacute;an literatos tiernos y pol&iacute;ticos maduros;
+pero ya en el invierno de 1833 no se abr&iacute;an las puertas de aquella feliz
+morada para el primer poeta que viniese de su provincia cargado de
+tragedias, ni para los tenores italianos, ni para los abogados oradores
+que empezaban a nacer en las aulas con una lozan&iacute;a hasta cierto punto
+calamitosa. El c&iacute;rculo era mucho m&aacute;s estrecho y las amistades m&aacute;s
+escogidas, con lo que ganaba en consideraci&oacute;n la casa. Y aqu&iacute; viene bien
+decir que la interesante se&ntilde;ora hab&iacute;a perdido por completo su afici&oacute;n a
+la poes&iacute;a l&iacute;rica (que no hay cosa durable en el mundo), y tanto caso
+hac&iacute;a ya del prisionero de Cu&eacute;llar como de las nubes de anta&ntilde;o. &Eacute;l era
+en verdad de un car&aacute;cter poco a prop&oacute;sito para la constancia en los
+afectos. No se sabe si en la temporada a que nos vamos refiriendo hab&iacute;a
+dado a conocer Jenara preferencia o simpat&iacute;a por alguna otra de las
+artes liberales, o por la artiller&iacute;a y la n&aacute;utica, como se dijo.
+Careciendo de noticias ciertas, nos abstenemos de afirmar cosa alguna;
+que en casos dudosos vale m&aacute;s atenerse a la opini&oacute;n buena, como mandan
+la moral de la historia y la caridad cristiana.</p>
+
+<p>D. Luis Fern&aacute;ndez de C&oacute;rdova, militar brillant&iacute;simo, pasaba, cuando vino
+de Berl&iacute;n para encargarse de la embajada de Portugal, largas horas en
+casa de Jenara. Tambi&eacute;n iban, aunque no con mucha frecuencia, D.
+Francisco Javier de Burgos y Mart&iacute;nez de la Rosa. Era de los asiduos un
+joven oficial granadino llamado Narv&aacute;ez, muy vivo de genio, ceceoso,
+pendenciero y expeditivo. Pero la persona m&aacute;s digna de menci&oacute;n entre los
+que visitaban a la hermosa se&ntilde;ora era un jesuita del colegio Imperial,
+llamado el padre Graci&aacute;n, hombre de mucha piedad y oraci&oacute;n. Dec&iacute;an
+algunos que de la amistad del buen religioso con Jenara iba a salir la
+conversi&oacute;n de esta, o sea su entrada en las buenas v&iacute;as cat&oacute;licas. Otros
+declaraban haber notado en ella resabios de mojigater&iacute;a; pero sea lo que
+quiera, lo cierto es que las intenciones del padre Graci&aacute;n eran
+altamente provechosas, porque (dig&aacute;moslo de una vez) se hab&iacute;a propuesto
+reconciliar a la se&ntilde;ora con su marido.</p>
+
+<p>Que Pipa&oacute;n visitaba casi diariamente a su antigua amiga y paisana no hay
+para qu&eacute; decirlo. Por a&ntilde;adidura, el excelent&iacute;simo D. Juan Bragas hab&iacute;a
+simpatizado mucho con el jesuita Graci&aacute;n. Ambos platicaban con seriedad
+pasmosa de los negocios de Estado y de la Iglesia, deplorando mucho la
+tibieza de creencias que tanto da&ntilde;aba a la sociedad espa&ntilde;ola en aquellos
+tiempos y conclu&iacute;an deseando que viniesen otros mejores en que marchasen
+las naciones por el camino de la piedad, dulcemente pastoreadas por los
+ministros del altar. Como Graci&aacute;n se interesaba tanto por sus amigos y
+quer&iacute;a llevar todos los beneficios posibles al seno de las familias
+cristianas, tom&oacute; muy a pecho la realizaci&oacute;n del casamiento de Bragas con
+Micaelita, proyecto de que ya hay noticias en el libro anterior.</p>
+
+<p>Acompa&ntilde;ando a Pipa&oacute;n iba Salvador algunas veces a casa de Jenara; sol&iacute;an
+comer juntos los tres, y cuando se encontraban Monsalud y Graci&aacute;n
+tambi&eacute;n hablaban largamente del Estado y de la Iglesia. Un d&iacute;a, despu&eacute;s
+de hablar con &eacute;l, el jesuita pidi&oacute; informes a la se&ntilde;ora de la casa sobre
+aquel desconocido amigo, quiz&aacute;s para ver si le pod&iacute;a reconciliar con
+alguien, porque el af&aacute;n del buen disc&iacute;pulo de San Ignacio era la
+reconciliaci&oacute;n. Jenara respondi&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Si quiere usted ganar la palma del buen pacificador, h&aacute;gale usted amigo
+de mi marido.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No se quieren bien?&mdash;pregunt&oacute; Graci&aacute;n con astucia.</p>
+
+<p>&mdash;Nada bien... Es enemistad que data desde la guerra con los franceses.
+Ambos son tercos, soberbios, y quiz&aacute;s en su juventud aconteciera alguna
+cosa de esas que siempre son motivo de rivalidad entre los hombres...</p>
+
+<p>&mdash;Alguna mujer...</p>
+
+<p>&mdash;Puede ser, puede ser que eso haya sido&mdash;dijo ella con serenidad que
+tiraba a indiferencia.</p>
+
+<p>Algo m&aacute;s dijeron sobre esto; pero no nos importa todav&iacute;a, y siendo m&aacute;s
+urgente seguir los pasos de la persona a quien alud&iacute;an la dama y el
+sacerdote, vamos tras &eacute;l sin p&eacute;rdida de tiempo. Algunos d&iacute;as le vimos
+entrar en la casa de D. Felic&iacute;simo Carnicero, con quien a&uacute;n ten&iacute;a
+algunas cuentas pendientes. El agente le recib&iacute;a como se recibe a todo
+aquel con quien se ha hecho un negocio muy lucrativo, y haci&eacute;ndole
+sentar a su lado d&aacute;bale palmaditas en el hombro y hasta se aventuraba a
+contarle cualquier sabrosa cosilla de la conspiraci&oacute;n carlista.</p>
+
+<p>Una ma&ntilde;ana, al entrar en casa de Carnicero, encontr&oacute; en la escalera a un
+coronel de ej&eacute;rcito amigo suyo. Era D. Tom&aacute;s Zumalac&aacute;rregui. Iba
+acompa&ntilde;ado del conde de Negri, y esto le hizo comprender que el valiente
+vizca&iacute;no, resistente hasta entonces a los halagos de la gente mojigata,
+se hab&iacute;a dejado seducir al fin. Se saludaron y sigui&oacute; adelante. Abriole
+la puerta Tablas. Al entrar pis&oacute; al gato, que escap&oacute; mayando, y luego, a
+causa de la oscuridad de los destartalados pasillos, tropez&oacute; con Do&ntilde;a
+Mar&iacute;a del Sagrario, que al choque dej&oacute; caer de las manos un enorm&iacute;simo
+plato de puches. Puso el grito en el cielo la se&ntilde;ora, y al ruido
+alarmose tanto D. Felic&iacute;simo, que se aventur&oacute; a salir de su nicho
+preguntando si hab&iacute;a entrado en la casa un tropel de <i>cristinos</i>.
+Salvador se deshac&iacute;a en excusas, y al acercarse a la pared, manch&oacute;sele
+la negra ropa de tal modo que parec&iacute;a un molinero. Al sacudirse, no sin
+comentar con algunas frases aquel rudimentario blanqueo de las paredes,
+hubo de tropezar con una de las vigas que sosten&iacute;an la casa y pareci&oacute;
+que toda la fr&aacute;gil f&aacute;brica se estremec&iacute;a y que del techo ca&iacute;an pedazos
+de yeso, como si por entre las maderas superiores corriesen a paso de
+carga belicosos ej&eacute;rcitos de ratones. Por fin lleg&oacute; a dar la mano a
+Carnicero y entraron juntos en el despacho.</p>
+
+<p>&mdash;Parece que entra un temporal en mi casa&mdash;dijo el anciano coloc&aacute;ndose en
+su nicho&mdash;. &iquest;Y qu&eacute; tal? &iquest;Ha encontrado usted en la escalera a
+Zumalac&aacute;rregui y al se&ntilde;or conde? Buen militar y buen diplom&aacute;tico, j&iacute;,
+j&iacute;...</p>
+
+<p>&mdash;Zumalac&aacute;rregui es una buena adquisici&oacute;n&mdash;respondi&oacute; Salvador&mdash;. Tiene
+valor y talento.</p>
+
+<p>&mdash;Pues hay otras adquisiciones mucho mejores todav&iacute;a&mdash;dijo Carnicero
+frot&aacute;ndose las manos&mdash;. &iquest;Con que ese desdichado Gobierno del Sr. Zea ha
+emprendido el desarme de los voluntarios realistas?... S&iacute;, el fantasm&oacute;n
+de Castroterre&ntilde;o en Le&oacute;n y el mentecato de Llauder en Catalu&ntilde;a ponen
+despachos al Gobierno diciendo que han quitado las armas a los
+voluntarios realistas. &iquest;Usted lo cree? &iquest;Usted cree que se pueden quitar
+los rayos al sol? J&iacute;, j&iacute;. &iexcl;Y creer&aacute; el bobillo que ha puesto una pica en
+Flandes!... Yo llamo el <i>bobillo</i> a ese se&ntilde;or Zea, que es una especie de
+ministro embalsamado, como el Rey ha venido a ser un Rey de papel&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;El Gobierno se cree fuerte, Sr. Carnicero, y parece decidido a echar
+una losa sobre el partido de D. Carlos. Mucho cuidado, amigo, que ahora
+parece que tiran a dar.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh! por m&iacute; no temo nada&mdash;manifest&oacute; D. Felic&iacute;simo con &eacute;nfasis, ech&aacute;ndose
+atr&aacute;s&mdash;. Pero vamos a lo que urge. Ya s&eacute; a lo que viene usted hoy.</p>
+
+<p>&mdash;A lo mismo que vine ayer.</p>
+
+<p>&mdash;Y anteayer y el martes y el s&aacute;bado pasado. Hoy no ha venido usted en
+balde. Al fin, al fin...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Lleg&oacute;?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, s&iacute;, el Sr. D. Carlos Navarro, nuestro valiente amigo, lleg&oacute;
+anteanoche de su excursi&oacute;n por el reino de Navarra y por &Aacute;lava y
+Vizcaya. Es un guapo sujeto. Dice que en todo aquel religioso pa&iacute;s hasta
+las piedras tienen coraz&oacute;n para palpitar por D. Carlos, hasta las
+calabazas echar&aacute;n manos para coger fusiles. Las campanas all&iacute;, cuando
+tocan a misa dicen &laquo;no m&aacute;s masones&raquo; y el d&iacute;a en que haya guerra los
+hombres de aquella tierra ser&aacute;n capaces de conquistar a la Europa
+mientras las mujeres conquistan al resto de Espa&ntilde;a... Bueno, muy
+bueno... &iquest;Con que usted desea ver a ese se&ntilde;or? Le prevengo a usted que
+est&aacute; oculto.</p>
+
+<p>&mdash;No importa: s&oacute;lo pienso hablarle de asuntos de familia. En el &uacute;ltimo
+verano estuvo en la Granja pero no le pude ver, porque siempre se neg&oacute; a
+recibirme. Ahora me ser&aacute; m&aacute;s f&aacute;cil, porque le escribir&aacute; usted dos
+palabras.</p>
+
+<p>&mdash;Lo har&eacute; con mucho gusto; pero prevengo a usted tambi&eacute;n que el Sr. D.
+Carlos est&aacute; enfermo del h&iacute;gado. Ya se ve &iexcl;ha trabajado tanto! Es un
+incansable campe&oacute;n de las buenas doctrinas. Anoche se quejaba de atroces
+dolores, y, cosa rara en hombre tan religioso, j&iacute;, j&iacute;, m&aacute;s invocaba a
+los demonios que a la Sant&iacute;sima Virgen. Si quiere usted tener segura la
+entrevista que desea, se lo diremos al padre Graci&aacute;n, jesuita, excelente
+sujeto que viene aqu&iacute; algunas tardes, y despu&eacute;s solemos ir a tomar
+chocolate a casa de Maroto, adonde va tambi&eacute;n el Padre Carasa... Pues
+bien, Graci&aacute;n es amigo del Sr. D. Carlos, y ya hace tiempo que se ha
+propuesto reconciliarle con su se&ntilde;ora esposa... &iexcl;Oh! es un nebl&iacute; para
+las reconciliaciones ese buen padre Graci&aacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Le conozco. Es un digno sacerdote que tiene las mejores intenciones del
+mundo, y si no consigue hacer feliz a la humanidad toda es porque Dios
+no quiere... En conclusi&oacute;n, enti&eacute;ndanse usted y el Padre Graci&aacute;n para
+que yo pueda ver al Sr. Navarro y hablarle de un asunto que no es
+pol&iacute;tico y s&oacute;lo a &eacute;l y a m&iacute; nos interesa. &iquest;&Eacute;l vive...?</p>
+
+<p>&mdash;No s&eacute; si debo dec&iacute;rselo a usted en este momento, antes de que el mismo
+Sr. D. Carlos, bell&iacute;sima persona, j&iacute;, j&iacute;... antes de que el mismo Sr. D.
+Carlos Navarro de licencia para que usted le vea. Ya lo arreglar&eacute; yo.
+Vu&eacute;lvase ma&ntilde;ana por esta su casa.</p>
+
+<p>
+ <img src="images/pag253.jpg"
+ alt="image" title="image" />
+</p>
+<p>Luego que Salvador se fue, D. Felic&iacute;simo escribi&oacute; una carta en cuyo
+sobre, despu&eacute;s de trazar tres cruces, puso: <i>A la Se&ntilde;ora Do&ntilde;a Mar&iacute;a de
+la Paz Porre&ntilde;o, calle de Bel&eacute;n</i>.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="III" id="III"></a>-III-</h2>
+
+
+<p>Las pobres se&ntilde;oras casi viv&iacute;an en la misma estrechez que en 1822, porque
+las mudanzas pol&iacute;ticas y sociales se deten&iacute;an respetuosas en la puerta
+de aquella casa, que era sin duda uno de los mejores museos de f&oacute;siles
+que por entonces exist&iacute;an en Espa&ntilde;a. Los per&iacute;odos de tiempo en que
+imperaba el absolutismo eran para el medro de la casa y abundancia de
+las despensas Porre&ntilde;anas lo mismo que aquellos en que prevalec&iacute;a la vil
+canalla de los <i>clubs</i>. De modo que en punto a comodidades y vituallas
+el agonizante marquesado habr&iacute;a terminado con un desastre igual al que
+han sufrido formidables imperios si no viniera en su auxilio una
+industria que, si bien es algo prosaica, tiene algo de noble por estar
+emparentada con la hospitalidad. Las dos ilustres cuanto desgraciadas
+se&ntilde;oras aposentaban en su casa un caballero tan respetable como rico
+durante las temporadas, a veces muy largas, que dicho sujeto pasaba en
+Madrid. El trato era excelente, la remuneraci&oacute;n buena, y la armon&iacute;a
+entre el hu&eacute;sped y las damas tan perfecta que los tres parec&iacute;an
+hermanos. La familiaridad realzada por el respeto y una llaneza decorosa
+reinaban en la silenciosa mansi&oacute;n que parec&iacute;a habitada por sombras.</p>
+
+<p>Bueno es decir, para que lo sepan los historiadores, que con las m&oacute;dicas
+ventajas pecuniarias adquiridas por aquel medio honest&iacute;simo hab&iacute;an
+renovado las se&ntilde;oras parte del mueblaje, aunque todas las piezas de
+anta&ntilde;o se conservaban, sostenidas por los remiendos y pulidas por el
+tiempo y el aseo. &iexcl;Cosa admirable! el reloj hab&iacute;a vuelto a andar; mas
+por malicia del relojero o por un misterio mec&aacute;nico imposible de
+penetrar, andaba para atr&aacute;s, y as&iacute; despu&eacute;s de las doce daba las once,
+luego las diez y as&iacute; sucesivamente. El cuadro de santos de la Orden
+Dominica hab&iacute;a sido restaurado por la misma Do&ntilde;a Paz, asistida de un
+h&aacute;bil vejete carpintero, sacrist&aacute;n y encuadernador, y emplasto por aqu&iacute;,
+pegote por all&aacute;, con media docena de brochazos negros en las sombras y
+una buena mano de barniz de coches por toda la superficie, hab&iacute;a quedado
+como el d&iacute;a en que vino al mundo. Por el mismo estilo se hab&iacute;an salvado
+de completa ruina las urnas de santos y las cornucopias, que por no
+tener ya en sus cristales sino irregulares manchas de azogue parec&iacute;an
+una colecci&oacute;n de mapas geogr&aacute;ficos. Lo nuevo, que era muy humilde,
+consist&iacute;a en sillas de paja, cortinas de percal, ruedos de estera de
+colores; pero alegraba la casa y su vetusto matalotaje. Por tal manera
+aquella imagen cadav&eacute;rica de los pasados siglos se re&iacute;a en su tumba.</p>
+
+<p>En la &eacute;poca en que nuevamente la encontramos, Do&ntilde;a Mar&iacute;a de la Paz se
+acercaba velozmente a una vejez apopl&eacute;tica, marchando a ella con los
+pies gotosos, la cabeza temblona, los hombros y el cuello crasos. Sus
+cabellos, no obstante, se conservaban negros lo mismo que el lunar, y
+era que ella persegu&iacute;a las canas como si fueran liberales, y no daba
+cuartel a ninguna, siendo tan implacable con ellas, que cuando vinieron
+en tropel y no pudo arrancarlas por temor a quedarse en el puro casco,
+las disfraz&oacute; visti&eacute;ndolas de luto para que nadie las conociera. As&iacute;
+cuando esta operaci&oacute;n no estaba hecha con habilidad (porque con las
+fuerzas hab&iacute;a mermado la vista) aparec&iacute;an las sienes y la frente
+empa&ntilde;adas con ciertas nubes negras por encima de las cuales brillaba la
+nieve remedando un admirable paisaje de invierno.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Mar&iacute;a Salom&eacute; estaba tan momificada que parec&iacute;a haber sido remitida
+en aquellos d&iacute;as del Egipto y que la acababan de desembalar para
+exponerla a la curiosidad de los amantes de la etnograf&iacute;a. Fija en una
+silleta baja, que hab&iacute;a llegado a ser parte de su persona, se ocupaba en
+arreglar perifollos para decorarse, y a su lado se ve&iacute;an, en diversas
+cestillas de mimbre, plumas apolilladas, cintas de matices mustios,
+trapos de seda arrugados y descoloridos como las hojas de oto&ntilde;o, todo
+impregnado de un cierto olor de tumba mezclado de perfume de alcanfor.
+Dec&iacute;an malas lenguas que al hacerse la ropa juntaba los pedazos y se los
+cos&iacute;a en la misma piel; tambi&eacute;n dec&iacute;an que com&iacute;a alcanfor para
+conservarse, y que estaba forrada en cabritilla. Bober&iacute;as maliciosas
+son estas de que los historiadores serios no debemos hacer caso.</p>
+
+<p>Una ma&ntilde;ana... Olvidaba decir que en la casa hab&iacute;a una gran pieza
+interior que daba a un patio o corral&oacute;n muy espacioso, de donde recib&iacute;a
+el sol casi todo el d&iacute;a. En dicha pieza tend&iacute;a Do&ntilde;a Paz la ropa lavada
+en casa. De muro a muro todo era cuerdas, y cuando estaban llenas de
+ropa, aquello parec&iacute;a un bosque de trapos h&uacute;medos. Pues bien, una ma&ntilde;ana
+se paseaba Do&ntilde;a Mar&iacute;a de la Paz por aquellas alamedas del aseo, cuando
+entr&oacute; Do&ntilde;a Mar&iacute;a Salom&eacute;, y d&aacute;ndole una carta que acababan de traer a la
+casa, le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Otra carta para el Sr. D. Carlos. Viene con sobre a ti; pero es para
+&eacute;l. Mira las tres cruces. La letra parece del Sr. D. Felic&iacute;simo.</p>
+
+<p>&mdash;Se la daremos cuando despierte&mdash;replic&oacute; Do&ntilde;a Paz&mdash;. El pobre se&ntilde;or ha
+pasado muy mala noche.</p>
+
+<p>&mdash;Por cierto&mdash;manifest&oacute; Do&ntilde;a Salom&eacute; con semblante muy serio, en el cual se
+revelaba una aprensi&oacute;n escrupulosa&mdash;por cierto que no s&eacute; si ser&aacute;
+conveniente recibir cartas de esta manera. Esto puede dar lugar a
+interpretaciones contrarias a nuestro honor y buen nombre. Los vecinos
+se enteran de todo... ven que recibimos cartas... ven que entran aqu&iacute; de
+noche muchos hombres... No s&eacute;, no s&eacute;...</p>
+
+<p>&mdash;Calla, mujer&mdash;dijo Do&ntilde;a Paz asomando la cabeza por entre el ramaje
+blanco&mdash;. &iquest;Qu&eacute; pueden sospechar de nosotras?</p>
+
+<p>&mdash;Puede caer alguna tacha, mujer, sobre nuestra reputaci&oacute;n&mdash;afirm&oacute; Salom&eacute;
+de muy mal talante&mdash;. Bien sabes t&uacute; que no basta ser honrada, sino
+parecerlo, y dos se&ntilde;oras solas, como nosotras, han de tener mucho
+cuidado, para no andar en lenguas de maliciosos.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Siempre tonta!&mdash;murmur&oacute; Do&ntilde;a Mar&iacute;a de la Paz desapareciendo en lo m&aacute;s
+espeso del bosque de ropa.</p>
+
+<p>&mdash;Yo estoy decidida a hablar claramente al Sr. D. Carlos&mdash;a&ntilde;adi&oacute; la otra&mdash;.
+Nadie le aprecia m&aacute;s que yo; pero este entrar y salir de hombres a todas
+horas del d&iacute;a y de la noche no est&aacute; en conformidad con lo que ha sido
+siempre nuestra casa. &iquest;Qu&eacute; quieres? no me puedo acostumbrar: yo soy as&iacute;.
+Lo digo y lo repito, hablar&eacute; al Sr. D. Carlos.</p>
+
+<p>&mdash;No faltaba m&aacute;s sino marear al Sr. D. Carlos con semejante
+impertinencia&mdash;dijo Do&ntilde;a Paz reapareciendo en una alameda de lienzo.</p>
+
+<p>&mdash;Lo digo y lo repito... Adem&aacute;s, los compa&ntilde;eros, ayudantes o lo que sean
+del Sr. D. Carlos, no nos guardan las consideraciones que merecemos.
+&iquest;Qu&eacute; m&aacute;s?... Ayer no me hab&iacute;a acabado de peinar cuando ese b&aacute;rbaro de
+Zugarramurdi entr&oacute; en mi cuarto sin pedir permiso... &iexcl;Y para qu&eacute;! para
+decirme si hab&iacute;a yo visto una de sus espuelas que no pod&iacute;a encontrar.</p>
+
+<p>&mdash;Bobadas... Habla m&aacute;s bajo... Me parece que se ha despertado el Sr.
+Navarro.</p>
+
+<p>Apareci&oacute; en la puerta una enorme barba a la cual estaba pegado un
+hombre. De entre aquel enorme vell&oacute;n casta&ntilde;o sali&oacute; una voz seca y
+desabrida que dijo:&mdash;El chocolate.</p>
+
+<p>&mdash;En seguida, Sr. Zagarramurdi. Tome usted esta carta que han tra&iacute;do para
+el Sr. D. Carlos. &iquest;Qu&eacute; tal est&aacute; hoy?</p>
+
+<p>&mdash;Mal&mdash;respondi&oacute; el de la barba dando media vuelta y desapareciendo por
+donde hab&iacute;a venido.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; modos!&mdash;murmur&oacute; Salom&eacute; dirigi&eacute;ndose a su cuarto&mdash;. Ya no hay
+caballeros.</p>
+
+<p>Navarro moraba en la misma habitaci&oacute;n ocupada algunos a&ntilde;os antes por una
+mujer que muri&oacute; en olor de santidad. Poco o ning&uacute;n cambio hab&iacute;a tenido
+la pieza, que m&aacute;s que gabinete parec&iacute;a capilla, o mejor un abreviado
+trasunto de la corte celestial, pues todo en ella era santicos pintados
+y de bulto, reliquias, estampas de santuarios y monasterios, corazones
+bordados, palmitos, y un altar completo con sus candeleros de esta&ntilde;o,
+sus ara&ntilde;as colgadas del techo, sus misales y sus tres curitas de cart&oacute;n
+con casullas de papel, en actitud de celebrar misa cantada. Completaban
+la decoraci&oacute;n una enorme espada pendiente del mismo clavo que sostenla
+un ni&ntilde;o Jes&uacute;s bordado en ca&ntilde;amazo, dos escopetas arrimadas a un rinc&oacute;n,
+dos guantes y dos mascarillas de esgrima junto a dos pares de floretes,
+tres maletas muy usadas y un hombre.</p>
+
+<p>Este hombre hall&aacute;base sentado o m&aacute;s bien sumergido en un sill&oacute;n, con las
+piernas ocultas bajo gruesa manta que le llegaba a la cintura, la cabeza
+inclinada sobre el pecho y tan inm&oacute;vil que parec&iacute;a dormido o muerto. Un
+brasero de cisco bien pasado mostraba su montoncillo de ceniza esmaltado
+de fuego cerca del envoltorio que deb&iacute;a contener los pies del individuo,
+el cual si alguna vez daba se&ntilde;ales de existencia era d&aacute;ndolas de fr&iacute;o.
+Su cara era morena tirando a verde a causa de la palidez, as&iacute; como el
+blanco de los ojos no era blanco sino amarillo. El cabello negro y
+&aacute;spero ten&iacute;a bastantes canas, y generalmente se ve&iacute;a la potente cabeza
+apoyada en una mano negra, tostada, cuyas venas retorcidas y tendones y
+m&uacute;sculos recordaban la mano que D. Quijote ense&ntilde;&oacute; a Maritornes cuando lo
+colgaron del tragaluz de la venta.</p>
+
+<p>En un velador cercano ten&iacute;a el guerrillero medicinas que tomaba, cartas
+que le&iacute;a, tabaco, un libro, un rosario y una pistola. Beber y fumar:
+alternando con lecturas, era su ocupaci&oacute;n en las aburridas horas del d&iacute;a
+precursoras de los insomnios de las noches. No gustaba de que los amigos
+le dieran conversaci&oacute;n. Su mejor amigo era el m&aacute;s discreto de todos, el
+silencio.</p>
+
+<p>Pero Zugarramurdi y Orica&iacute;n ten&iacute;an un recurso para distraerle, aunque
+por poco tiempo. Tiraban al florete, y entonces los ojos del guerrillero
+se animaban; segu&iacute;a con atenci&oacute;n los movimientos de los fingidos
+duelistas y aun arrojaba alguna palabra picante o alg&uacute;n comentario de
+maestro entre los rechinantes aceros. Pero de repente dec&iacute;a &laquo;basta&raquo; y
+los dos atletas soltaban el florete y se quitaban la m&aacute;scara, sacando a
+luz el rostro sudoroso. En aquel momento Zagarramurdi parec&iacute;a el hombre
+prehist&oacute;rico embutido en sus feroces barbas, y Orica&iacute;n, el formidable
+oso navarro, perd&iacute;a mucho en belleza, porque la m&aacute;scara de alambre
+disimulaba su fealdad.</p>
+
+<p>Aquel d&iacute;a (nos referimos al d&iacute;a de la carta de D. Felic&iacute;simo) D. Carlos
+se cans&oacute; m&aacute;s pronto que nunca.</p>
+
+<p>&mdash;Basta de estocadas&mdash;dijo&mdash;. Zugarramurdi, p&aacute;sate por casa de don Tom&aacute;s
+Zumalac&aacute;rregui y dile que le espero ma&ntilde;ana. Orica&iacute;n, alc&aacute;nzame mi
+rosario y voto. Cuando llegue el padre Graci&aacute;n, entras y si duermo, me
+despiertas... Hoy no como.</p>
+
+<p>Pasada la hora de la siesta vino el padre Graci&aacute;n. Era un mocet&oacute;n de
+alta estatura, de treinta y ocho o cuarenta a&ntilde;os de edad, moreno, los
+labios gruesos, la nariz aberenjenada, &aacute;spero el pellejo y curtido, como
+formado expresamente por Dios para resistir a los abrasadores climas del
+tr&oacute;pico y a los hielos polares.</p>
+
+<p>Su barba era tan negra y espesa que aun afeitada del mismo d&iacute;a dejaba
+una mancha oscura en toda la parte inferior del rostro. Deb&iacute;a tener
+fuerzas herc&uacute;leas aquel arrogante granadero de la Iglesia, y si bajo el
+punto de vista corporal estaba admirablemente constituido para las
+misiones, no lo estaba menos en el orden espiritual, por ser hombre de
+muchas sabidur&iacute;as, erudit&iacute;simo en las letras sagradas y bastante fuerte
+en las profanas, elocuente en el p&uacute;lpito y persuasivo en la
+conversaci&oacute;n, &aacute;guila en la c&aacute;tedra y lince en el confesionario. Tambi&eacute;n
+sab&iacute;a de medicina y hab&iacute;a hecho curas que pasaron por milagrosas. Era
+tan grand&oacute;n que su manteo parec&iacute;a tener una pieza de tela, y cuando se
+embozaba no conclu&iacute;a nunca de echar pa&ntilde;o al viento. Su sombrero de teja
+no med&iacute;a menos de una vara, y como lo llevaba siempre un poco echado
+atr&aacute;s y su cuerpo se encorvaba hacia adelante, parec&iacute;a que iba cargando
+una pesada viga. Sus desmesurados pies, sepultados en zapatos de pa&ntilde;o,
+pisaban con la pesadez y adherencia de la robusta planta calzada de
+alpargata, que golpea como una maza las baldosas de muelles y almacenes.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s de saludar con escogida afabilidad al guerrillero enfermo, tom&oacute;
+asiento junto a &eacute;l, y metiendo la mano por ciertas aberturas de la
+sotana tras de las cuales hab&iacute;a bolsillos tan hondos como el mar, empez&oacute;
+a sacar varios cucuruchos de papel semejantes en tama&ntilde;o y forma a los
+que hacen en las tiendas para contener dos cuartos de az&uacute;car, de caf&eacute; o
+de anises. Conforme los sacaba los iba poniendo sobre el velador y
+miraba el rotulillo que de su pu&ntilde;o y letra estaba escrito en cada uno.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; es eso?&mdash;pregunt&oacute; Navarro picado de curiosidad, sospechando que su
+amigo hab&iacute;a puesto tienda de comestibles o droguer&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;Esto es tierra de la ruta de San Ignacio en Manresa, reliquia que
+solicitan mucho las personas devotas. He recibido hoy una peque&ntilde;a
+remesa, y la distribuyo entre las amigas que ha tiempo me la han
+pedido... Si habr&eacute; olvidado el cucurucho de Do&ntilde;a Mar&iacute;a de la Paz...
+&iexcl;Ah! no, aqu&iacute; est&aacute;. Me har&aacute; usted el favor de entreg&aacute;rselo. Estos otros
+son para la Excelent&iacute;sima Se&ntilde;ora Condesa de Rumblar, para las monjas de
+G&oacute;ngora, para el Sr. D. Pedro Rey, que ha tenido a la muerte a su
+preciosa ni&ntilde;a Perfectita, y para otras diversas familias...</p>
+
+<p>En seguida guard&oacute; los cucuruchos en sus bolsillos insondables como la
+mar, y dando despu&eacute;s violenta palmada en la rodilla del guerrillero, le
+dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Veo que est&aacute; usted mejor... Esa cara ya es otra... Pronto estar&aacute;
+usted bien.</p>
+
+<p>El guerrillero dio un suspiro y se sonri&oacute;. Ambas demostraciones
+indicaban incredulidad del pron&oacute;stico y gratitud por el consuelo.</p>
+
+<p>&mdash;Pronto, muy pronto, cuando llegue el momento de dirimir en los campos
+de batalla la cuesti&oacute;n entablada entre el Alt&iacute;simo y los masones, podr&aacute;
+contar el Alt&iacute;simo con su m&aacute;s valiente Macabeo.</p>
+
+<p>&mdash;Eso es lo que pido a Dios con todo el fervor de mi alma&mdash;dijo Navarro
+echando amargura por la boca y por los ojos&mdash;y lo que Dios no me
+conceder&aacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Yo tengo para m&iacute;&mdash;manifest&oacute; el cl&eacute;rigo con mucha fe&mdash;, que Dios no se
+amputar&aacute; un brazo tan poderoso... La enfermedad de usted no vale nada,
+repito que no vale nada. No hay lesi&oacute;n, repito que no hay lesi&oacute;n. Es un
+abatimiento producido por una acumulaci&oacute;n biliosa, cuyo origen hemos de
+buscar en la trabajosa vida de usted y en los disgustos dom&eacute;sticos que
+han acibarado su alma. El alma, el alma, se&ntilde;or m&iacute;o, es la que est&aacute;
+enferma, y al alma se ha de aplicar la medicina. &iquest;Cu&aacute;l es esta? Pues es
+un confortamiento dulce que se consigue mezclando la confianza con la
+paz y la indulgencia con la piedad.</p>
+
+<p>Navarro manifest&oacute; en su semblante, sin decir palabra alguna, el disgusto
+que le causaba un tema planteado ya much&iacute;simas veces, aunque, sin fruto,
+por el venerable padre Graci&aacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;No, no frunza usted el entrecejo&mdash;dijo este, mostr&aacute;ndose decidido&mdash;. No
+cejar&eacute; sino cuando usted me retire su amistad y me arroje de su casa.</p>
+
+<p>&mdash;Eso no...</p>
+
+<p>&mdash;Pues si eso no, res&iacute;gnese usted a sentir el mosc&oacute;n en su o&iacute;do. &iquest;Y qu&eacute;
+dir&aacute; el mosc&oacute;n? Dir&aacute; que usted no tendr&aacute; salud mientras no tenga paz en
+su esp&iacute;ritu, y no tendr&aacute; paz en su esp&iacute;ritu mientras no tenga familia.
+&iquest;Y cu&aacute;ndo tendr&aacute; usted familia? Cuando se reconcilie con su esposa,
+previo el arrepentimiento de ella y el perd&oacute;n de usted.
+&iexcl;Arrepentimiento, perd&oacute;n! Sobre estos dos polos se mueve el mundo
+inmenso de las almas. Todo el saber moral se condensa en estas dos ideas
+que establecen el parentesco del hombre con Dios...</p>
+
+<p>Navarro quiso hablar.</p>
+
+<p>&mdash;No, no admito r&eacute;plica sobre esto. Lo digo yo y basta&mdash;manifest&oacute; el
+jesuita, fuerte en su autoridad&mdash;. Cuando yo he planteado a usted este
+problema incit&aacute;ndole a resolverlo, ya se comprende que no puede haber
+deshonra para usted. La verdadera deshonra es cerrar los o&iacute;dos a las
+amonestaciones de la Iglesia que dice a los esposos: &laquo;amaos, un&iacute;os&raquo;. Los
+juicios del mundo son p&eacute;rfidos y vanos. &iquest;Debe hacer caso de ellos un
+hombre religioso y prudente? No. &iquest;Cu&aacute;l es el peor consejero del hombre?
+El orgullo. &iquest;Y el mejor? La piedad. &iquest;Qu&eacute; le dice a usted su orgullo? le
+dice: &laquo;no cedas y muere envenenado por el rencor antes que pronunciar
+una palabra indulgente&raquo;. &iquest;Qu&eacute; le dice la piedad? le dice: &laquo;perdona para
+que seas perdonado&raquo;... S&eacute; que hay razones de aparente fuerza; pero yo
+he estudiado el asunto con cari&ntilde;o y he visto que lo que usted presenta
+como obst&aacute;culo no lo es... Dios quiere sin duda que esta obra se
+realice, porque desde que la emprend&iacute;, estoy viendo con mucha claridad
+el camino de ella. &iquest;Y qu&eacute; veo? Veo en esa se&ntilde;ora el hast&iacute;o de la soledad
+y un deseo muy vivo de establecer en su vida el orden interrumpido; veo
+que lejos de guardar a usted rencor lo respeta y lo ama. He podido
+llegar a vencer ciertas resistencias que en su alma hab&iacute;a, y con poco
+que usted me ayude...</p>
+
+<p>&mdash;Padre, padre&mdash;dijo D. Carlos respirando fuerte, porque estaba abrumado
+bajo el insoportable peso del serm&oacute;n&mdash;, eso no puede ser. Hay roturas que
+no pueden soldarse nunca, nunca, ni en el cielo. Suponga usted que yo me
+retiro a un desierto, hago penitencia, me santifico, muero, me salvo y
+entro en el reino de Dios como bienaventurado, m&aacute;s a&uacute;n, como santo.
+Suponga usted tambi&eacute;n que ella se arrepiente de su mala conducta, que
+recibe de Dios aflicciones y justas calamidades, que se pudre en vida,
+que se retira a hacer vida claustral, que luego cae en poder de
+infieles, que la martirizan, que la queman, que la achicharran, que
+muere, que se salva, que es santa, que es pura como un &aacute;ngel... Bueno,
+suponga usted que nos encontramos en el cielo...</p>
+
+<p>&mdash;Y &aacute;brazados llorar&aacute;n l&aacute;grimas de perd&oacute;n&mdash;exclam&oacute; el padre muy conmovido
+y cruzando las manos.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;No!&mdash;grit&oacute; Navarro, y aquella s&iacute;laba son&oacute; como un tiro.</p>
+
+<p>El jesuita se qued&oacute; perplejo, mirando a su amigo con espanto. No se
+atrev&iacute;a a insistir en su empe&ntilde;o ante la inalterable dureza de aquella
+roca en forma humana, que exteriormente ten&iacute;a todas las escabrosidades
+de la pe&ntilde;a y por dentro todos los amargores del mar; pero tambi&eacute;n &eacute;l, el
+jesuita, ten&iacute;a a falta de aparentes durezas, la constancia y persistente
+fuerza de la ola. No crey&oacute; prudente insistir por el momento, y
+encalm&aacute;ndose sin esfuerzo, baj&oacute; la cabeza, ech&oacute; un suspiro y murmur&oacute; en
+tono de paz estas suaves palabras:</p>
+
+<p>&mdash;Todo sea por Dios. Hablemos de otra cosa.</p>
+
+<p>&mdash;Hablemos de otra cosa&mdash;dijo Navarro con alegr&iacute;a&mdash;. H&aacute;bleme usted de otra
+cosa, aunque sea de los cucuruchos.</p>
+
+<p>&mdash;Ten&iacute;a que decir a usted no s&eacute; qu&eacute;&mdash;indic&oacute; Graci&aacute;n algo confuso; mas
+d&aacute;ndose una palmada en la frente a&ntilde;adi&oacute;&mdash;: &iexcl;Ah! ya me acuerdo... Tengo
+aqu&iacute; la apuntaci&oacute;n. Un caballero amigo m&iacute;o, mejor dicho, conocido, desea
+hablar con usted. Lo conoc&iacute; en casa de Do&ntilde;a Jenara.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;En su casa!&mdash;exclam&oacute; Navarro poni&eacute;ndose m&aacute;s verde, y clavando las u&ntilde;as
+en los brazos del sill&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;; tambi&eacute;n D. Felic&iacute;simo me habl&oacute; de &eacute;l esta ma&ntilde;ana... No me acuerdo
+de su nombre... pero lo apunt&eacute; y aqu&iacute; debe de estar.</p>
+
+<p>Diciendo esto el buen jesuita met&iacute;a la mano y despu&eacute;s el brazo hasta el
+codo en el infinito bolsillo.</p>
+
+<p>&mdash;No se moleste usted&mdash;dijo Navarro tomando la carta de D. Felic&iacute;simo que
+abierta sobre el velador estaba, y mostr&aacute;ndosela a su amigo&mdash;. &iquest;Es este
+su nombre?</p>
+
+<p>&mdash;El mismo&mdash;replic&oacute; Graci&aacute;n.</p>
+
+<p>Y en el propio instante se abri&oacute; la puerta y apareci&oacute; la cara, mejor
+dicho, la zalea con ojos del Sr. Zugarramurdi, el cual no dijo m&aacute;s que
+una sola palabra:</p>
+
+<p>&mdash;Ese...</p>
+
+<p>Despu&eacute;s de mirar un rato muy hoscamente al suelo, Carlos habl&oacute; as&iacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Que entre... Usted, querid&iacute;simo padre, me har&aacute; el favor de dejarme
+solo... Ma&ntilde;ana tampoco puedo asistir a la junta, pero me representa el
+Padre Carasa. Deseo saber inmediatamente lo que se decida. &iquest;Vendr&aacute; usted
+a dec&iacute;rmelo?</p>
+<p>
+ <img src="images/pag262.jpg"
+ alt="Padre Gracián " title="Padre Gracián " />
+</p>
+<p>Despu&eacute;s de contestar afirmativamente con su afabilidad no estudiada, el
+dign&iacute;simo Padre Graci&aacute;n sali&oacute; para seguir repartiendo sus cucuruchos
+entre las damas piadosas que sab&iacute;an apreciar tan interesante objeto
+devoto.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="IV" id="IV"></a>-IV-</h2>
+
+
+<p>Bien se le conoc&iacute;a a Salvador la emoci&oacute;n que sent&iacute;a al verse delante del
+guerrillero, y este, que no esperaba hallar en el semblante de su mortal
+enemigo otra cosa que desconfianza y altaner&iacute;a, se sorprendi&oacute; al mirarle
+cohibido y algo acobardado, mas no sospech&oacute; la raz&oacute;n de esta mudanza.
+Mandole sentar y un buen rato estuvieron los dos mir&aacute;ndose, sin que
+ninguno se decidiera a hablar el primero. Por fin Carlos rompi&oacute; el
+silencio diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;No pod&iacute;a desairar a D. Felic&iacute;simo... por eso te he recibido,
+exponi&eacute;ndome a las consecuencias de este mal rato. Ya sabes que estoy
+enfermo y el m&eacute;dico dice que no debo incomodarme.</p>
+
+<p>&mdash;Eso depende de ti. Yo vengo con bandera de paz y decidido a no
+incomodarme. Has hecho bien en recibirme. Hace tiempo que te busco, y
+ahora que te encuentro te pregunto si crees que no me has perseguido y
+vejado bastante.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Quieres que sea bastante ya?&mdash;dijo Garrote con sarcasmo&mdash;. Pues sea y
+d&eacute;jame en paz. Si no me acuerdo de ti, si te desprecio...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pobre hombre!&mdash;exclam&oacute; Salvador&mdash;. Tu orgullo dice tan mal con tus
+alardes de piedad religiosa... Yo vengo ahora a ponerte a prueba y a
+ver si tu alma rencorosa es, como parece, incapaz de todo sentimiento
+que no sea el de la venganza...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Vienes a ponerme a prueba?... Con cien mil r&aacute;banos, hombre, que seas
+benigno&mdash;dijo Navarro empezando a enfurecerse&mdash;. &iexcl;Y luego me dir&aacute; el
+m&eacute;dico que tenga paciencia, que no me sulfure, que no se me suba a la
+boca y a los ojos la hiel de mis entra&ntilde;as!... Oye t&uacute;, menguado, por no
+darte otro nombre, &iquest;vienes a gozarte en mi desgracia, vi&eacute;ndome enfermo y
+sin fuerza para castigar un insulto, o vienes a espiarme por encargo de
+los masones? Si es esta tu intenci&oacute;n, no necesitas aguzar el ingenio
+para descubrir mis acciones. Puedes decir a esos se&ntilde;ores que s&iacute;, que
+estoy conspirando &iexcl;r&aacute;bano! que hago lo que me da la gana, que trabajo
+como un negro por la causa del Rey leg&iacute;timo y que yo y mis amigos nos
+reunimos y nos concertamos, despreciando a este Gobierno est&uacute;pido, cuya
+polic&iacute;a hemos comprado. Al ej&eacute;rcito lo seducimos y lo traemos
+habilidosamente a nuestra causa; al Gobierno le enga&ntilde;amos, y a vosotros
+los masones de bulla y gallardete os compramos a raz&oacute;n de dos pesetas
+por barba. Ea, ya lo sabes todo; ya puedes ir con el cuento.</p>
+
+<p>&mdash;Ya s&eacute; que conspiras&mdash;dijo Monsalud manteni&eacute;ndose sereno&mdash;y no me
+importa... Otro asunto me trae, asunto que es de mucho inter&eacute;s para
+entrambos, al menos para m&iacute;. Dime, &iquest;no has pensado alguna vez,
+principalmente en estos d&iacute;as de dolencias, aislamiento y tristeza, en la
+esterilidad de los infinitos medios que has empleado para exterminarme?
+&iquest;No te han venido a la mente consideraciones sobre esto, no te has
+sorprendido a ti mismo, en ciertos momentos, meditando, sin saber c&oacute;mo
+ni por qu&eacute;, sobre el hecho de que todos tus actos de venganza han sido
+in&uacute;tiles, y que Dios me ha preservado casi milagrosamente de tus
+crueldades?</p>
+
+<p>Mientras esto dec&iacute;a Salvador, le miraba Navarro con cierto asombro que
+no carec&iacute;a de estupidez, y era que, en efecto, hab&iacute;a meditado no pocas
+veces sobre aquel problema. Sin embargo, por no declarar que su sombr&iacute;o
+interior hab&iacute;a sido descubierto, dijo bruscamente:</p>
+
+<p>&mdash;Pues jam&aacute;s he pensado en tal cosa. &iquest;A qu&eacute; vienen esas sandeces?</p>
+
+<p>&mdash;Estas sandeces&mdash;dijo Salvador creci&eacute;ndose m&aacute;s&mdash;son para demostrarte que
+Dios, a quien t&uacute;, llevado de una piedad absurda, crees c&oacute;mplice de tus
+violencias y de tus sa&ntilde;udas venganzas, es quien te ha burlado y me ha
+protegido. &iexcl;Qu&eacute; bien y con cuanta oportunidad ha deshecho tus
+combinaciones implacables, permitiendo que llegara un d&iacute;a como este, en
+el cual voy a desarmarte para siempre!</p>
+
+<p>Navarro segu&iacute;a mir&aacute;ndole con estupidez.</p>
+
+<p>&mdash;Por muy malo que te suponga&mdash;a&ntilde;adi&oacute; Salvador&mdash;no te creo capaz de
+conservar tus rencores despu&eacute;s de saber que t&uacute; y yo somos hijos de un
+mismo padre.</p>
+
+<p>El guerrillero salt&oacute; en su asiento, como quien oye un insulto. Su cara
+se congestion&oacute; a borbotones ech&oacute; de su boca estas palabras:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Es mentira, es mentira!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Mentira, eh? &iquest;Conque es mentira? Tengo de ello un testimonio para m&iacute;
+sagrado, escrito por la mano de la persona m&aacute;s querida para m&iacute; en el
+mundo, y ratificado en su lecho de muerte. T&uacute; puedes creerlo o no, seg&uacute;n
+se te antoje: a tu conciencia lo dejo. Cumplo con mi deber dici&eacute;ndotelo.
+La mitad de este secreto te corresponde a ti, mal que te pese. Yo no
+puedo quedarme con &eacute;l todo entero.</p>
+
+<p>Inquieto en su asiento, Navarro vacil&oacute; entre la ira y la curiosidad.</p>
+
+<p>&mdash;Esas cosas&mdash;dijo&mdash;no se pueden creer sin algo que lo pruebe... &iquest;A ver,
+qu&eacute; es eso? &iquest;Qu&eacute; significa ese paquete atado con cintas encarnadas?</p>
+
+<p>Salvador hab&iacute;a sacado un paquete y escog&iacute;a en &eacute;l los papeles que quer&iacute;a
+mostrar a Carlos.</p>
+
+<p>&mdash;Esta es la carta que mi madre me escribi&oacute; poco antes de morir&mdash;dijo
+poni&eacute;ndola en manos de Navarro&mdash;. Es la confesi&oacute;n de una falta redimida
+por una existencia de penas y oscuridad; es una declaraci&oacute;n santa, que
+respira honradez, paciencia y bondad. Se necesita ser un monstruo para
+no inclinarse con respeto ante esa vida de abnegaci&oacute;n y deberes
+trascurrida a la sombra de una verg&uuml;enza jam&aacute;s reparada...</p>
+
+<p>El otro le&iacute;a, le&iacute;a. Salvador le miraba leer y mentalmente segu&iacute;a los
+conceptos de la carta. Concluida la lectura Navarro dio un suspiro y
+dijo:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; sed tengo!... Si quisieras echar agua de la alcarraza en aquel
+vaso que all&iacute; est&aacute; y alcanz&aacute;rmelo...</p>
+
+<p>Monsalud le dio agua, y luego que le vio aplacar su sed, diole otros
+papeles dici&eacute;ndole:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Conoces esa letra?</p>
+
+<p>&mdash;Son cartas de mi padre&mdash;murmur&oacute; Navarro, devor&aacute;ndolas con la vista.</p>
+
+<p>&mdash;No es ocasi&oacute;n ahora&mdash;dijo Salvador&mdash;, de hacer comentarios sobre las
+promesas hechas en esas cartas y jam&aacute;s cumplidas. Esas viejas cuentas se
+habr&aacute;n arreglado en otra parte.</p>
+
+<p>Callaron ambos, y Navarro, puesta su alma toda en los ojos, le&iacute;a las
+pocas p&aacute;ginas de aquel drama oscuro, desenlazado ya por la muerte. Al
+concluir se qued&oacute; mirando al suelo por largu&iacute;simo espacio de tiempo, y
+luego, evitando el fijar los ojos en su hermano, le dijo lo siguiente:</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, convengo en que esto no tiene duda. Parece evidente que por la
+Naturaleza... Pero no, la fraternidad no se improvisa. Eres hijo de mi
+padre; pero no eres ni ser&aacute;s mi hermano.</p>
+
+<p>&mdash;Ni lo pretendo, ni me importa tu fraternidad&mdash;replic&oacute; Salvador
+devolvi&eacute;ndole su desv&iacute;o&mdash;. No necesito de ti para nada. S&oacute;lo he querido
+que sepas cu&aacute;n cerca nos puso la Naturaleza, mejor dicho Dios, para que
+comprendas que el papel de Ca&iacute;n es malo, y hasta desairado.</p>
+
+<p>&mdash;Una carta vieja no puede hacer de dos enemigos irreconciliables dos
+hermanos queridos... Convengo en que no puedo perseguirte m&aacute;s: la
+memoria de mi buen padre, aquel valiente caballero que muri&oacute; por la
+patria, se interpone y te salva...</p>
+
+<p>&mdash;Antes me salvar&eacute; yo con la ayuda de Dios&mdash;dijo Salvador con desprecio&mdash;.
+No he venido a solicitar la indulgencia, que no necesito.</p>
+
+<p>&mdash;Pues yo te la doy, &iexcl;cien r&aacute;banos!&mdash;exclam&oacute; el guerrillero sulfur&aacute;ndose&mdash;.
+Mira, dame agua otra vez; tengo mucha sed; tu secreto me sabe a hiel y
+vinagre.</p>
+
+<p>Bebi&oacute;, y despu&eacute;s, cavilando un poco, dijo como si masticara las
+palabras:</p>
+
+<p>&mdash;Adem&aacute;s, antes de hablar de reconciliaci&oacute;n es preciso determinar bien
+quien es el ofendido y quien el ofensor. Te quejas de que te he
+perseguido y hablas de mis crueldades. Pues yo digo que t&uacute; eres el
+monstruo, t&uacute; el criminal, t&uacute; el indigno de perd&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Acu&eacute;rdate de aquellos d&iacute;as del a&ntilde;o 13, cuando se dio la batalla de
+Vitoria&mdash;dijo Salvador con violencia&mdash;. &iexcl;Oh! fuiste t&uacute; quien me provoc&oacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Fuiste t&uacute;!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;T&uacute;!</p>
+
+<p>&mdash;Repito que t&uacute;.</p>
+
+<p>La disputa se agriaba. Salvador quiso calmarla con un adem&aacute;n de
+conciliaci&oacute;n. Navarro respiraba como quien se va a ahogar.</p>
+
+<p>&mdash;Mira&mdash;dijo con desabrimiento&mdash;lo mejor es que te vayas.</p>
+
+<p>&mdash;Antes has de o&iacute;r lo que voy a decirte.</p>
+
+<p>&mdash;Pues di.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, sostengo que fuiste t&uacute; quien primero entabl&oacute; nuestra rivalidad, no
+por eso desconozco que comet&iacute; despu&eacute;s faltas graves, que te ofend&iacute;...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Lo confiesa el menguado!...</p>
+
+<p>&mdash;Yo no soy como t&uacute;; yo no tengo el orgullo de mis cr&iacute;menes, ni los
+defiendo, por ser m&iacute;os, contra la raz&oacute;n y el derecho de los dem&aacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Me has ofendido, y de qu&eacute; modo!&mdash;exclam&oacute; Carlos que era todo ac&iacute;bar&mdash;.
+Con cien vidas que tuvieras no pagar&iacute;as tu delito... &iexcl;y vienes a
+amansarme ahora con la pamplina de que somos hermanos, hermanos por la
+casualidad, por el capricho!... Peor, peor mil veces para tu conciencia.</p>
+
+<p>&mdash;Si fu&eacute;ramos a hacer un an&aacute;lisis&mdash;manifest&oacute; Salvador&mdash;, de todo lo que ha
+pasado entre nosotros desde el a&ntilde;o 13, asignando a cada uno la parte de
+responsabilidad y de culpa que le corresponde, creo que todos
+quedar&iacute;amos muy mal parados. Bien s&eacute; que hay culpas completamente
+irreparables en el mundo, y ofensas que no se pueden perdonar. As&iacute;, mal
+que le pese a nuestro flamante parentesco, no podemos ser nunca amigos.
+Pero...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero qu&eacute;?</p>
+
+<p>&mdash;Pero debemos extinguir hasta donde sea posible nuestros odios,
+considerando que hay un tercer culpable a quien corresponde parte muy
+principal de esta enorme carga de faltas que t&uacute; y yo llevamos...</p>
+
+<p>Navarro no le dej&oacute; concluir la frase; se levant&oacute; y alargando la mano
+como en adem&aacute;n de tapar la boca a su hermano, grit&oacute; de este modo:</p>
+
+<p>&mdash;No la nombres, no la nombres, porque volveremos a las andadas... Has
+puesto el dedo en la herida de mi coraz&oacute;n, que a&uacute;n mana sangre y la
+manar&aacute; mientras yo viva... &iexcl;Desgraciado de ti, que al pon&eacute;rteme delante
+no puedes excitar en m&iacute; la clemencia de la fraternidad sin excitar al
+mismo tiempo el bochorno de la deshonra! &iquest;C&oacute;mo he de acostumbrarme a ver
+con sentimientos cari&ntilde;osos a la misma persona a quien he visto siempre
+con horror?... D&eacute;jame en paz. Ya s&eacute; que no te puedo matar. Esto basta
+para ti y para m&iacute;. M&aacute;rchate.</p>
+
+<p>Se qued&oacute; tan ronco que sus &uacute;ltimas palabras apenas se entend&iacute;an...
+Despu&eacute;s de hablar algo m&aacute;s con ronquidos y manotadas, pudo hacerse o&iacute;r
+nuevamente.</p>
+
+<p>&mdash;Aguarda... La &uacute;lcera de mi vida, lo que me ha envenenado el cuerpo y
+ha trasformado mi car&aacute;cter haci&eacute;ndole displicente y salvaje, ha sido mi
+deshonra. Este pu&ntilde;al, Dios poderoso, &iexcl;cu&aacute;ndo se desclavar&aacute; de mis
+entra&ntilde;as!... &iexcl;Este cartel horrible que en mi frente llevo, cuando
+caer&aacute;!... Soy un menguado, porque no he sabido castigar. &iexcl;He cortado las
+ramas y he dejado crecer el tronco! Pero el tronco caer&aacute;: ese es mi
+af&aacute;n, esa es mi locura... Bien sabes que la infame&mdash;a&ntilde;adi&oacute; expres&aacute;ndose
+con mucha rapidez en voz baja&mdash;, lejos de corregirse, progresa
+horriblemente en el esc&aacute;ndalo... Me han dicho que t&uacute; tambi&eacute;n la
+desprecias... Pues bien, un&aacute;monos para castigarla... Merece la
+muerte... Castigu&eacute;mosla y despu&eacute;s... despu&eacute;s seremos hermanos.</p>
+
+<p>&mdash;Veo&mdash;dijo Salvador horrorizado&mdash;que est&aacute;s tan enfermo de alma como de
+cuerpo. No me propongas tales monstruosidades. Est&aacute;s demasiado embebido
+en los h&aacute;bitos y en las ideas del guerrillero para pensar
+razonablemente.</p>
+
+<p>Al furor sucedi&oacute; el abatimiento en la irritable persona de Carlos, y por
+largo rato no dio se&ntilde;ales de vida. Salvador le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Renuncia a toda idea de violencia y asesinato. Pensando en un castigo
+imposible, te envenenas el alma. Renuncia tambi&eacute;n a la agitaci&oacute;n de la
+pol&iacute;tica y no conspires, no seas instrumento de ambiciones de pr&iacute;ncipes.
+Ret&iacute;rate a nuestro pueblo, busca en la paz la reparaci&oacute;n que necesitas y
+c&uacute;rate con la medicina del olvido.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Retirarme al pueblo!...&mdash;exclam&oacute; Carlos alzando los ojos para mirar de
+frente a su hermano&mdash;. &iquest;Para qu&eacute;? &iquest;para sentir m&aacute;s el horrible vac&iacute;o de
+mi alma y la soledad en que vivo? La agitaci&oacute;n de estas luchas civiles y
+el af&aacute;n de hacer algo por una causa justa, me distraen haci&eacute;ndome
+llevadera la vida; pero la soledad del pueblo me abate y entristece de
+tal modo que si yo pudiera llorar, llorar&iacute;a sobre los muros de mi casa
+desierta. Si al menos encontrara all&iacute; familia, alg&uacute;n pariente, amigos,
+antiguos criados... pero no; nadie. Mi casa parece un pante&oacute;n; y las
+calles de la Puebla repiten mis pasos como ecos de cementerio. Los
+recuerdos son all&iacute; mi &uacute;nica compa&ntilde;&iacute;a, y los recuerdos me asesinan.</p>
+
+<p>&mdash;Lo mismo me pasa a m&iacute;&mdash;exclam&oacute; Salvador&mdash;. Sin familia, solo, privado de
+todo afecto, parece que estoy condenado, por mis culpas, a vivir sobre
+el hielo. Tambi&eacute;n yo he visitado hace poco nuestra villa y se me han
+ca&iacute;do las alas del coraz&oacute;n al verme forastero en mi pueblo natal.</p>
+
+<p>&mdash;A m&iacute; me persegu&iacute;an de noche no s&eacute; qu&eacute; sombras que sal&iacute;an de aquel negro
+caser&iacute;o. Todos los perros del pueblo me ladraban &iexcl;mil r&aacute;banos! con furia
+horripilante.</p>
+
+<p>&mdash;Tambi&eacute;n a m&iacute;. Encontr&eacute; algunas personas y me reconocieron; pero me
+miraban con mucho recelo, como si fuera a quitarles algo.</p>
+
+<p>&mdash;Me pas&oacute; lo mismo. Entonces conoc&iacute; cu&aacute;n triste es no tener a nadie en el
+mundo a quien confiar una pena del coraz&oacute;n, una alegr&iacute;a, una esperanza.</p>
+
+<p>&mdash;Yo tambi&eacute;n. Y entonces me sent&iacute; viejo, muy viejo.</p>
+
+<p>&mdash;Lo mismo yo. Y dije: &laquo;si yo tuviera junto a m&iacute; a un ser cualquiera,
+aunque fuese un ni&ntilde;o, no saldr&iacute;a a los campos en busca de aventuras, ni
+me afanar&iacute;a tanto porque reinase Juan o Pedro&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Igual he pensado yo... Si algo me consolaba en aquella soledad l&uacute;gubre
+era el recordar cosas de la ni&ntilde;ez. &iexcl;Y las ve&iacute;a tan claras cuando pasaba
+por los sitios donde sol&iacute;amos jugar, por el sitio donde estuvo la
+escuela, por el atrio de la iglesia y el puente, y casa del t&iacute;o Roque el
+herrero...!</p>
+
+<p>&mdash;Pues yo me pasaba las horas muertas reproduciendo en mi memoria
+aquellos d&iacute;as... &iexcl;Cu&aacute;ntas veces me acord&eacute; de la pobre Do&ntilde;a Fermina tu
+madre! &iexcl;Era tan buena!... &iquest;No se pon&iacute;a a hacer media sentada junto a una
+puerta que hay a mano derecha como entramos en el patio?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, s&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Y me parece ver al Padre Respaldiza, contando chascarrillos, y a
+aquella Do&ntilde;a Perpetua que vivi&oacute; m&aacute;s de cien a&ntilde;os. Yo recuerdo que tu
+madre me agasajaba mucho cuando yo, jugando contigo y con otros
+chicuelos, me met&iacute;a en el patio de tu casa. Me abrazaba, me besaba y me
+pon&iacute;a sobre sus rodillas; pero yo me desas&iacute;a de sus brazos para correr y
+subirme a un mont&oacute;n de vigas... &iquest;No hab&iacute;a un mont&oacute;n de vigas en el
+patio?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, s&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y no ten&iacute;a tu madre muchas gallinas?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Un d&iacute;a re&ntilde;imos por un pollo y nos dimos de bofetadas t&uacute; y yo. Otro d&iacute;a
+nos hicimos sangre a fuerza de darnos porrazos y quedamos como dos
+<i>Ecce-homos</i>... Despu&eacute;s...</p>
+
+<p>Navarro dio un gran suspiro diciendo luego:</p>
+
+<p>&mdash;Parec&iacute;a que est&aacute;bamos destinados a una rivalidad espantosa por toda la
+vida... Un d&iacute;a, cuando ya &eacute;ramos grandecitos, volv&iacute;amos de componer un
+aro de hierro en casa del t&iacute;o Roque, y encontramos a Jenara que sal&iacute;a de
+la escuela...</p>
+
+<p>Aqu&iacute; concluyeron los recuerdos. Como una luz que se apaga al soplo del
+viento, Navarro cerr&oacute; la boca, apret&oacute; los labios fuertemente cual si
+quisiera hacer de los dos un labio solo, frunci&oacute; las cejas haciendo de
+ellas como un nudo encargado de contener y apretar toda la piel de la
+frente, y descarg&oacute; al fin la mano con tanta fuerza sobre el brazo del
+sill&oacute;n, que a punto estuvo este buen inv&aacute;lido de saltar en astillas.</p>
+
+<p>&mdash;Parece imposible&mdash;dijo despu&eacute;s&mdash;que basten algunos a&ntilde;os para que los
+&aacute;ngeles se conviertan en demonios, y los hombres en fieras... T&uacute;,
+oye...&mdash;a&ntilde;adi&oacute; con altaner&iacute;a&mdash;, no hagas caso de mis habladur&iacute;as... d&iacute;golo
+por si se me ha escapado alguna frase que indique disposici&oacute;n a
+perdonar, blandurillas de coraz&oacute;n u otra cosa semejante, indigna de mi
+car&aacute;cter entero y de mi honor. Ella ser&aacute; siempre para m&iacute; el tormento y
+la mala tentaci&oacute;n de mi vida, y t&uacute;... un hombre a quien no veo ni podr&eacute;
+ver nunca sin violent&iacute;sima antipat&iacute;a. Haz aprecio de mi rara franqueza,
+ya que no puedas apreciar en m&iacute; otra cosa... &iquest;Quieres que te lo diga
+m&aacute;s claro? Pues lo mismo me quemas la sangre ahora que antes. Desconf&iacute;o
+de tus palabras, desconf&iacute;o de tus acciones, desconf&iacute;o de nuestro
+parentesco, que bien puede ser tramoya inventada por ti, desconf&iacute;o de
+tus arrepentimientos, y como ha de serte m&aacute;s dif&iacute;cil ganar mi voluntad
+que ganar el cielo, ser&aacute; bien que me dejes en paz y que no vengas ac&aacute;
+con hermanazgos ni embajadas sentimentales, porque otra vez no tendr&eacute; la
+sant&iacute;sima paciencia que ahora he tenido: ya me conoces, ya sabes mi
+genial. Esta enfermedad del demonio me ha echado cadenas y grillos; pero
+yo sanar&eacute;, con mil r&aacute;banos, sanar&eacute;, y te juro que no habr&aacute; quien me
+sufra. &iquest;Has o&iacute;do bien? no habr&aacute; quien me aguante... Las bromas que yo
+gasto pasan por barbaridades en el mundo... No me busques, pues, y yo
+te prometo que no te buscar&eacute;. Es todo lo que puedo hacer.</p>
+
+<p>Diciendo esto le se&ntilde;al&oacute; la puerta. Era ya casi de noche, y en la
+sacristanesca pieza oscura cada uno de los personajes ve&iacute;a a su
+interlocutor como si fuera su propia sombra. Levantose Salvador de su
+asiento y despidiose del guerrillero con esta lac&oacute;nica frase:</p>
+
+<p>&mdash;Adi&oacute;s. No te buscar&eacute;. Si llegas alguna vez a mi puerta, seg&uacute;n como
+llames a ella te responder&eacute;.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="V" id="V"></a>-V-</h2>
+
+
+<p>Sali&oacute;, y cuando iba en busca de la puerta por el pasillo, que oscur&iacute;simo
+como la caverna de Montesinos estaba, tropez&oacute; con un bulto, el cual, por
+el agudo chillido que sigui&oacute; al choque, demostr&oacute; ser mujer y mujer muy
+sensible.</p>
+
+<p>&mdash;Brut&iacute;simo, salvaje... &iquest;no tiene usted ojos en la cara?&mdash;grit&oacute; la voz&mdash;.
+&iquest;Qu&eacute; modos son esos?</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;ora&mdash;dijo Salvador quit&aacute;ndose el sombrero, mas sin ver gota&mdash;,
+disp&eacute;nseme usted. Ojos tengo, pero de nada me sirven, pues no hay luz en
+el pasillo. Buscaba la puerta...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y soy yo acaso la puerta, se&ntilde;or majadero?... &iexcl;Qu&eacute; consideraciones
+gastan con las se&ntilde;oras los hombres de esta casa!...</p>
+
+<p>Hablando as&iacute; la dama abri&oacute; la puerta y con la claridad indecisa que de
+la escalera ven&iacute;a pudo Salvador verla y advertir que parec&iacute;a dispuesta a
+salir tambi&eacute;n. Llevaba mantilla negra y una dulleta en cuyo adorno
+hab&iacute;an entrado pieles de diversos animales dom&eacute;sticos, h&aacute;bilmente
+combinadas con galones que siglos antes lucieron en la t&uacute;nica de alg&uacute;n
+santo o en el valiente pecho de alg&uacute;n oficial de guardias walonas.
+Salvador, que hab&iacute;a visto algunas veces a la dama, la conoci&oacute;.
+Acostumbraba a mirar con respeto aquella decadencia m&aacute;s lastimosa que
+risible.</p>
+
+<p>&mdash;Vuelvo a pedir a usted mil perdones&mdash;le dijo&mdash;, por mi torpeza... Veo
+que tambi&eacute;n sale usted, se&ntilde;ora, y si me lo permite tendr&aacute; mucho gusto en
+acompa&ntilde;arla.</p>
+
+<p>&mdash;Gracias, muchas gracias&mdash;replic&oacute; la momia dando en direcci&oacute;n a la
+escalera algunos pasos en los cuales se advert&iacute;a marcado prurito de
+agilidad&mdash;. Yo tambi&eacute;n necesito excusarme por haber dicho a usted algunas
+palabras inconvenientes, confundi&eacute;ndole con ese hombre basto, ese
+Zugarramurdi, que es un mueble con andadura.</p>
+<p>
+ <img src="images/pag271.jpg"
+ alt="image" title="image" />
+</p>
+<p>Salvador le ofreci&oacute; el brazo que ella no tuvo inconveniente en aceptar.
+Bajando la momia, arroj&oacute; de s&iacute; esta pregunta, metida dentro de un
+suspiro:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Es usted amigo del Sr. D. Carlos?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, se&ntilde;ora.</p>
+
+<p>&mdash;Si no me enga&ntilde;o, es la primera vez que viene usted a casa. &iexcl;Ah! esto
+parece la casa de T&oacute;came Roque, seg&uacute;n la gente que entra y sale. Y no es
+toda gente de principios, ni se nos guardan los miramientos que nos
+corresponden. No extra&ntilde;e usted que me admire de su urbanidad, pues
+vivimos en una &eacute;poca en la cual se puede decir que no hay caballeros...
+&iquest;Por ventura es usted el que estaban esperando?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, se&ntilde;ora, me esperaban...&mdash;indic&oacute; Salvador por decir algo.</p>
+
+<p>&mdash;El que esperaban de Catalu&ntilde;a, para empezar la danza... &iexcl;Pero ha visto
+usted, caballero, qu&eacute; estupidez! pretender que esta naci&oacute;n heroica sea
+gobernada por una reina en mantillas.</p>
+
+<p>&mdash;Una necedad, s&iacute; se&ntilde;ora.</p>
+
+<p>&mdash;Porque usted ser&aacute; indudablemente de los primeros espadas en esta
+sacrat&iacute;sima guerra que se prepara.</p>
+
+<p>&mdash;De los primeros no... mas...</p>
+
+<p>&mdash;No sea usted modesto. La modestia es compa&ntilde;era inseparable del
+verdadero m&eacute;rito&mdash;dijo la dama trayendo a los labios con no poco trabajo,
+desde el fondo de su alma seca una gota de fiambre dulzura&mdash;. Quiz&aacute;s me
+equivoque, &iquest;pero no es usted D. Jos&eacute; O'Donnell?</p>
+
+<p>&mdash;No soy O'Donnell.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No es usted comisionado de la Regencia secreta que se ha formado en
+Catalu&ntilde;a, presidida por el prep&oacute;sito de los Jesuitas? Yo estoy al tanto
+de todo, y conmigo, caballero, no valen los misterios.</p>
+
+<p>&mdash;Juro a usted, se&ntilde;ora, que no soy el que usted supone.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Ni tampoco el coronel D. Juan Bautista Campos, que tiene en el hueco
+de la mano, como quien dice, a los voluntarios realistas de media
+Espa&ntilde;a?</p>
+
+<p>&mdash;Tampoco.</p>
+
+<p>&mdash;Mire usted que soy algo p&iacute;cara&mdash;dijo la momia contrayendo de tal modo el
+amojamado rostro para sonre&iacute;r, que Salvador, al mirarla, tuvo algo de
+miedo&mdash;. &iexcl;Oh! no me falta penetraci&oacute;n, y en punto a relaciones con
+personas comprometidas en la causa del trono leg&iacute;timo, no habr&aacute;
+seguramente quien me gane... Caballero, &iquest;sabe usted que hace un fr&iacute;o
+espantoso?</p>
+
+<p>Salvador not&oacute; que la dama se agarraba m&aacute;s fuertemente a su brazo. Al
+sentir los puntiagudos dedos de esqueleto y el roce de los viejos
+tafetanes del vestido, as&iacute; como el de las pieles impregnadas de olor de
+sepulcro, sinti&oacute; que era una verdad aquel fr&iacute;o glacial de que la dama
+hablaba.</p>
+
+<p>&mdash;Hace mucho fr&iacute;o, s&iacute; se&ntilde;ora.</p>
+
+<p>&mdash;Y las calles est&aacute;n muy solitarias. Si fuera usted tan bueno que
+quisiera acompa&ntilde;arme hasta la casa adonde voy de visita...</p>
+
+<p>&mdash;Con much&iacute;simo gusto, se&ntilde;ora.</p>
+
+<p>&mdash;Es cerca: junto a San Sebasti&aacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Media legua&mdash;dijo para s&iacute; Monsalud; pero no teniendo ocupaciones, dio
+por bien empleado el paseo en obsequio de una desvalida se&ntilde;ora que tan
+bien parec&iacute;a agradecerlo.</p>
+
+<p>&mdash;Doy a usted otra vez las gracias&mdash;dijo esta&mdash;, por su amabilidad, que es
+m&aacute;s digna de aprecio en una &eacute;poca en que se han acabado los
+caballeros... Pronto llegaremos: voy a casa de Paquita de Aransis, la
+se&ntilde;ora del coronel D. Pedro Rey. &iquest;Conoce usted a esa digna familia?</p>
+
+<p>&mdash;No tengo el honor de conocerla; pero ese apellido de Aransis no es
+extra&ntilde;o para m&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Es una alcurnia noble de Catalu&ntilde;a. &iquest;Ha estado usted en Catalu&ntilde;a?...
+Quiz&aacute;s haya usted conocido al conde de Miralcamp, que es Aransis, al
+alcalde de Cervera, que es D. Raimundo Aransis. Tambi&eacute;n conozco yo en
+Solsona una monja Aransis, que es hermana de Paquita.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah! s&iacute;, la conozco&mdash;dijo Salvador prontamente, herido por viv&iacute;simos
+recuerdos.</p>
+
+<p>&mdash;Esa familia est&aacute; emparentada con la nuestra&mdash;a&ntilde;adi&oacute; la se&ntilde;ora, que era
+harto redicha para ser momia&mdash;. Paquita es tan buena, tan cari&ntilde;osa, tan
+excelente cristiana y tan mujer de su casa... Tiene dos hijos que son
+dos pedazos de gloria, seg&uacute;n dice el padre Graci&aacute;n, Juanito que ahora va
+a Sevilla a estudiar leyes, al lado de sus t&iacute;os paternos, y Perfecta,
+que es un perfecto &aacute;ngel de Dios. La pobre ni&ntilde;a ha estado enferma hace
+poco con unas calenturas malignas que la han puesto al borde del
+sepulcro... &iexcl;Cu&aacute;nto hemos sufrido! La condesa de Rumblar y yo
+altern&aacute;bamos para velarla... una noche ella, otra yo... Usted conocer&aacute;
+seguramente a la condesa de Rumblar, y a su hija Presentacioncita, y a
+su yerno Gasparito Grijalva, ese tronera, liberalote que concluir&aacute; en la
+horca...</p>
+
+<p>&mdash;Si es liberal, no concluir&aacute; en bien.</p>
+
+<p>Salvador tuvo que moderar el paso, al notar que su compa&ntilde;era se sofocaba
+bastante.</p>
+
+<p>&mdash;Usted&mdash;dijo esta, aspirando el aire con celeridad, como un fuelle viejo
+que para nutrirse necesita agitarse mucho&mdash;, ha vivido al parecer lo
+bastante, para conocer a mucha gente, tener muchos amigos y presenciar
+multitud de sucesos; pero no lo necesario para ver pasar &eacute;pocas y
+familias, para ver extinguirse las amistades, mudarse las fortunas,
+morir las ilusiones y caer en ruinas las cosas m&aacute;s reales de la vida.</p>
+
+<p>&mdash;Algo y aun algos de eso he visto por desgracia, se&ntilde;ora&mdash;dijo Salvador
+sorprendido de aquel sentimentalismo que por cierto modo art&iacute;stico se
+aven&iacute;a bien con el empaque funerario de su distinguida interlocutora.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh! caballero&mdash;exclam&oacute; esta deteni&eacute;ndose y clavando en &eacute;l sus ojos que
+brillaron como las &uacute;ltimas ascuas de un hach&oacute;n sepulcral&mdash;, &iquest;no es muy
+triste ver tanta cosa muerta en derredor nuestro, y sentir ese fr&iacute;o del
+alma que dan las memorias marchitas, cuando pasan? Hacen un murmullo
+triste como el remolino de hojas secas, y dan escalofr&iacute;os como la
+llovizna de oto&ntilde;o &iquest;No es verdad, no es verdad esto?</p>
+
+<p>&mdash;Es verdad&mdash;dijo Salvador participando de aquel escalofr&iacute;o.</p>
+
+<p>Y vio extinguirse la chispa funeraria en los ojos de Salom&eacute;, porque sus
+flacos p&aacute;rpados cayeron como apagadores de iglesia, y dejaron el
+amarillo semblante en su primitivo aspecto de cosa completamente
+acecinada y seca.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Caballero, tengo un fr&iacute;o horrible!&mdash;murmur&oacute; la dama temblando&mdash;. Vamos a
+prisa.</p>
+
+<p>El cielo estaba como suele verse en las noches de invierno, limpio,
+estrellado hasta la profusi&oacute;n, hasta el derroche, cual si saliesen a la
+b&oacute;veda del cielo m&aacute;s astros de los que caben y pugnasen por quitarse el
+puesto unos a otros. El aire quieto, sereno, ten&iacute;a un no s&eacute; qu&eacute;, s&oacute;lo
+comparable al fulgor horripilante de la cuchilla acabada de afilar. Las
+estrellas alargaban sus fr&iacute;os rayos atravesando la inmensa regi&oacute;n de
+invisible hielo, y la luna, pues tambi&eacute;n hab&iacute;a luna, difund&iacute;a claridad
+verdosa por calles y plazas. El suelo parec&iacute;a el lecho de un r&iacute;o que se
+acaba de secar, dejando al descubierto su limo lleno de fosforescencias.
+Tres o cuatro calles atraves&oacute; la pareja sin decir palabra, y al llegar a
+un portal de mediano aspecto en la calle de las Huertas det&uacute;vose la
+muerta viva, y sin soltar el brazo del caballero, anunci&oacute; con una sola
+voz el fin de la jornada.</p>
+
+<p>&mdash;Ya&mdash;dijo con expresi&oacute;n de l&aacute;stima, y luego fue retirando su mano poco a
+poco para llevarla a la cabeza, donde ped&iacute;an reparaci&oacute;n los pliegues de
+la mantilla y una guedeja rubia, que desertaba de las filas donde la
+hab&iacute;a puesto el peine pocas horas antes&mdash;. Ya se ha molestado usted
+bastante. Bueno ha sido el paseo... y debemos dar gracias a Dios de que
+no nos haya visto nadie, porque si nos hubieran visto... &iexcl;Ah! no sabe
+usted hasta qu&eacute; punto es atrevida la calumnia en estos tiempos...
+&iquest;Qui&eacute;n me asegura que ma&ntilde;ana no dir&aacute;n de m&iacute; herej&iacute;as sin cuento por
+haberme dejado acompa&ntilde;ar de noche por usted?</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;ora, creo que no dir&aacute;n nada&mdash;observ&oacute; Salvador, reprimiendo la sonrisa
+que a sus labios ven&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh! qui&eacute;n sabe... Ahora todo se juzga por el aspecto malo. &iexcl;Ah! ni la
+nieve misma est&aacute; libre de mancharse o de ser manchada... Ret&iacute;rese
+usted... yo comprendo que desear&aacute; prolongar la conversaci&oacute;n en el
+portal; pero no puede ser, no puede ser de ning&uacute;n modo.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s de ofrecerle su casa con no pocas zalamer&iacute;as, rog&oacute; al caballero
+tuviese la bondad de decirle su nombre para conocer mejor a la persona a
+quien deb&iacute;a agradecer galanter&iacute;as inauditas en una &eacute;poca &iexcl;ay! en una
+&eacute;poca calamitosa y est&eacute;ril en que no hab&iacute;a caballeros. Dicho el nombre,
+la momia lo repiti&oacute; con agrado y despu&eacute;s dijo:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Militar?</p>
+
+<p>&mdash;No, se&ntilde;ora, paisano.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Andaluz?</p>
+
+<p>&mdash;Alav&eacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y hasta la muerte defensor del trono leg&iacute;timo...?</p>
+
+<p>&mdash;Del trono de Isabel II.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pues qu&eacute;? es usted...</p>
+
+<p>&mdash;Mas&oacute;n, se&ntilde;ora.</p>
+
+<p>Al expresarse as&iacute;, con la sonrisa en los labios, Salvador crey&oacute; que no
+merec&iacute;a respuestas serias aquel interrogatorio impertinente. La momia
+estuvo a punto de deshacerse en polvo al o&iacute;r la nefanda palabra.
+Estremecida dentro de sus apolilladas pieles y de sus ajados tafetanes,
+llevose las manos a la cabeza, lanz&oacute; una exclamaci&oacute;n de l&aacute;stima y
+desconsuelo, y por breve rato no apart&oacute; del cielo sus ojos fijos all&iacute; en
+demanda de misericordia.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Mas&oacute;n!&mdash;repiti&oacute; luego mirando al que, seg&uacute;n ella, era un soldado de las
+milicias de Satan&aacute;s&mdash;. &iexcl;Qui&eacute;n lo dir&iacute;a!</p>
+
+<p>Y se&ntilde;alando con su mano flaca, cubierta de guante canelo, una luz que a
+cierta distancia se ve&iacute;a, como farolillo de taberna o caf&eacute;, dijo entre
+suspiros:</p>
+
+<p>&mdash;En donde est&aacute; aquella luz se re&uacute;nen sus amigotes de usted...
+Caballero, si me permite usted que le dirija un ruego, le dir&eacute; que por
+nada del mundo sea usted mas&oacute;n. Todo est&aacute; preparado para el triunfo de
+la monarqu&iacute;a verdadera y leg&iacute;tima, y es una l&aacute;stima que usted perezca,
+porque perecer&aacute;n todos, no hay duda... Cuando usted me dijo que es
+mas&oacute;n, vi... yo siempre estoy viendo cosas extra&ntilde;as que luego resultan
+verdaderas... vi un mont&oacute;n de muertos en medio de los cuales asomaba una
+cabeza...</p>
+
+<p>Le tom&oacute; una mano, y al contacto del guante canelo, que por su delgadez
+apenas disimulaba la dureza de los dedos fosilizados, Salvador sinti&oacute;
+que se le comunicaba un fr&iacute;o glacial, llegando hasta su coraz&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Aquella cabeza era la de usted&mdash;prosigui&oacute; la momia&mdash;. Usted se reir&aacute;;
+pero yo no; porque la experiencia me ha ense&ntilde;ado a dar un gran valor a
+mis corazonadas, y en el tiempo escaso de nuestro conocimiento he podido
+apreciar las notables prendas de usted. &iexcl;Oh! s&iacute;, todav&iacute;a hay caballeros;
+pero pronto, muy pronto quiz&aacute;s no haya ninguno. Adi&oacute;s.</p>
+
+<p>Le estrech&oacute; un momento la mano y desapareci&oacute; dentro del portal, oscuro y
+profundo como un sarc&oacute;fago.</p>
+
+<p>Salvador permaneci&oacute; un rato en la puerta, mirando al hueco oscur&iacute;simo
+que se hab&iacute;a tragado a su dama de aquella noche, y murmur&oacute; estas
+palabras:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pobre se&ntilde;ora!... sin duda est&aacute; loca.</p>
+<p>
+ <img src="images/pag277.jpg"
+ alt="image" title="image" />
+</p>
+<p>Alejose despacio, sin poder echar de su mente tan pronto como quisiera
+la imagen de la fantasma a quien hab&iacute;a dado el brazo y que parec&iacute;a el
+duendecillo propio de las heladas y claras noches de Enero en el clima
+de Madrid. Despu&eacute;s de andar un poco maquinalmente y sin direcci&oacute;n fija,
+hallose bajo el farol que poco antes le se&ntilde;alara la mano del guante
+canelo.</p>
+
+<p>&mdash;El caf&eacute; de San Sebasti&aacute;n&mdash;pens&oacute;&mdash;. Ya que estoy aqu&iacute; entrar&eacute;. No faltar&aacute;n
+amigos con quienes pasar un rato.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="VI" id="VI"></a>-VI-</h2>
+
+<p>
+ <img src="images/pag278.jpg"
+ alt="image" title="image" />
+</p>
+<p>El caf&eacute; no estaba lleno de gente, y en su pesada y brumosa atm&oacute;sfera se
+pod&iacute;an contar los grupos diseminados, y aun las personas. Algunos
+individuos, con el sombrero echado atr&aacute;s, la capa colgando de los dos
+hombros o de uno solo, charlaban a gritos entre sorbo y sorbo, sin tocar
+asuntos de pol&iacute;tica, por ser g&eacute;nero que no se pod&iacute;a tratar a gritos.
+Otros en baja y temerosa voz, cual si pronunciaran alg&uacute;n conjuro sobre
+el l&iacute;quido negro, a qui&eacute;n daban cierto car&aacute;cter quirom&aacute;ntico los
+misteriosos ingredientes de que se compon&iacute;a. Estos se&ntilde;ores de la capa
+arrastrada y de los codos sobre la mesa y del sombrero hasta las cejas
+hundido, eran los arregladores de la cosa p&uacute;blica. Ya desde entonces se
+dedicaban con preferencia a esta patri&oacute;tica tarea de arreglar al pa&iacute;s
+los hombres sin oficio ni ganas de aprenderlo, que sent&iacute;an la
+irresistible vocaci&oacute;n del empleo lucrativo. Algunos lo hac&iacute;an tambi&eacute;n
+por cierta desavenencia ing&eacute;nita con el poder p&uacute;blico, y los menos por
+exaltaci&oacute;n de ideas o por leal deseo de labrar el bien de la
+muchedumbre. De todas estas especies de patricios hab&iacute;a la noche aquella
+pocas aunque buenas muestras en el caf&eacute; de San Sebasti&aacute;n.</p>
+
+<p>No hab&iacute;a andado Monsalud cuatro pasos dentro del local, cuando se sinti&oacute;
+llamado desde lados opuestos. Acudi&oacute; all&iacute; donde hab&iacute;a visto caras m&aacute;s de
+su gusto, y despu&eacute;s de saludar a varios individuos sentose en la m&aacute;s
+apartada mesa en compa&ntilde;&iacute;a de dos sujetos. Uno de ellos parec&iacute;a tener con
+Salvador amistad antigua y estrecha porque se saludaron con mucho
+afecto. Era de edad mediana y buena presencia; llam&aacute;base don Eugenio
+Aviraneta: su patria era Guip&uacute;zcoa y ten&iacute;a el especial&iacute;simo talento de
+la conversaci&oacute;n, calidad no escasa en Espa&ntilde;a, donde se han hecho grandes
+carreras por saber contar cuentos o referir bien o plantear con arte los
+asuntos y cuestiones de todas clases. El otro era m&aacute;s joven, de color
+p&aacute;lido tirando a aceitunado, el pelo y cejas de grand&iacute;sima negrura, la
+nariz afilada el bigote corto y espeso, modelado por la navaja de una
+manera singular con arreglo a la moda m&aacute;s rid&iacute;cula que puede imaginarse,
+la cual consist&iacute;a en trazar dos l&iacute;neas rectas desde las ventanillas de
+la nariz a los extremos de la boca, dibujando as&iacute; un peque&ntilde;o mostacho
+rigurosamente triangular que llev&oacute; el nombre de <i>bigotillo de moco</i>.
+Tambi&eacute;n llevaba el aceitunado personaje una perilla de rabo de conejo, y
+en los cachetes patillas o chuletas cortas, tambi&eacute;n modeladas por la
+navaja con un esmero tal que casi ven&iacute;a a confundirse el oficio de
+rapista con el arte del escultor. Esto y el breve tup&eacute; acompa&ntilde;ado de
+mechoncillos sobre las orejas estaban declarando a gritos que el remate
+y coronamiento de tan singular cabeza hab&iacute;a de ser uno de aquellos
+ingentes morriones de base estrecha y anch&iacute;sima tapa, visera menuda y
+carrilleras de cobre suspendidas a los lados de la placa frontal. El tal
+morri&oacute;n inconmensurable se estaba viendo, s&iacute;, sobre la cabeza de aquel
+buen se&ntilde;or por la fuerza de la analog&iacute;a, aunque estaba descubierto y
+vestido de paisano. Pero si por un hilo se saca un ovillo, suele tambi&eacute;n
+sacarse por una cara un morri&oacute;n, y as&iacute; se pod&iacute;a decir a boca llena que
+nuestro individuo era militar y por m&aacute;s se&ntilde;as <i>ayacucho</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Te presento a mi amigo el capit&aacute;n Rufete&mdash;dijo Aviraneta poniendo en
+relaciones a sus dos camaradas&mdash;. Y ahora cu&eacute;ntanos algo, dinos qu&eacute; es de
+tu vida, hombre. Despu&eacute;s que eres rico no hay quien te vea.</p>
+
+<p>Hablaron largo rato de cosas de la vida, de viajes, de caza, de
+enfermedades, y sin saber c&oacute;mo pararon en la cuesti&oacute;n magna del d&iacute;a, a
+saber, que el Rey no se mor&iacute;a tan presto como algunos pillos quisieran,
+que se hab&iacute;a decidido jurar solemnemente a Isabelita como heredera del
+trono, y que el buenazo de D. Carlos se marchaba a Portugal. Rod&oacute; la
+conversaci&oacute;n de idea en idea, hasta que Aviraneta toc&oacute; a Salvador en el
+brazo y le dijo con misterio:</p>
+
+<p>&mdash;Si quieres encargarte de una misi&oacute;n delicada, no hay ning&uacute;n
+inconveniente en confi&aacute;rtela.</p>
+
+<p>&mdash;Ya s&eacute; que conspiras, &iquest;pero por qui&eacute;n?&mdash;replic&oacute; Salvador riendo&mdash;&iquest;Por
+Cristina, por D. Carlos o por ambos a la vez?</p>
+
+<p>&mdash;T&uacute; me conoces, y sabes que con alas m&iacute;as no ha de volar ning&uacute;n
+murci&eacute;lago. Me ha comprometido a explorar los &aacute;nimos de la gente liberal
+para saber en qu&eacute; condiciones se podr&iacute;a contar con ella en caso de una
+guerra civil.</p>
+
+<p>&mdash;Los libres&mdash;dijo el <i>ayacucho</i> con &eacute;nfasis&mdash;, est&aacute;n y estar&aacute;n siempre al
+lado de la Princesa, si a la Princesa le ponen por almohada en su cuna
+<i>el mejor de los c&oacute;digos</i>.</p>
+
+<p>El llamar <i>libres</i> a los liberales y <i>el mejor de los c&oacute;digos</i> a la
+Constituci&oacute;n del 12 constitu&iacute;a, con otras muchas frases, un estilo
+especial que por largo tiempo prevaleci&oacute; en todas las manifestaciones
+literarias del partido avanzado.</p>
+
+<p>&mdash;Calle usted, hombre, por amor de Dios&mdash;dijo Aviraneta reprendiendo con
+un gesto la espontaneidad del capit&aacute;n&mdash;. Los <i>libres</i>, como usted dice, y
+los liberales, como los llamo yo, est&aacute;n tan divididos que no oye usted
+dos opiniones iguales si habla con ellos. Hay multitud de tontos a
+quienes no se puede arrancar de la cabeza lo <i>del mejor de los c&oacute;digos</i>;
+hay algunos solemnes pillos que por malicia y por tener poder ante la
+canalla, gritar&aacute;n, si les dejan, <i>constituci&oacute;n o muerte</i>; hay el grupo
+de los <i>anilleros</i> o de los <i>sabios</i>, que reniegan de todo si no les dan
+las dos C&aacute;maras con Carta, a la francesa, y aun creo que alguien quiere
+que haya tres C&aacute;maras, por no parecerle bastante dos. Unos piden que
+haya mucha religi&oacute;n sin dejar de haber libertad, mientras los
+<i>iluminados</i> desean acabar con la gente de cogulla y quemar los
+conventos, para que <i>suprimidos los nidos no haya miedo de que vuelvan
+los p&aacute;jaros</i>. Yo he tanteado aqu&iacute; y all&iacute; y he encontrado asperezas que
+no es f&aacute;cil suavizar, y antagonismos que no es posible vencer. Mart&iacute;nez
+de la Rosa, Toreno, Burgos y comparsa se niegan a todo lo que sea
+revoluci&oacute;n, Palafox se aviene siempre con el parecer de Calvo de Rozas,
+y Calvo de Rozas, unido con Flores Estrada, ha hecho una constituci&oacute;n
+templadita. La quieren tanto, como buenos padres, que si no es
+preferida, dicen que no se cuente con ellos para nada. Romero Alpuente y
+los exaltados juran y perjuran que no hay m&aacute;s Constituci&oacute;n que la del 12
+en todo el globo terr&aacute;queo, y que ellos la har&aacute;n triunfar, pese a quien
+pese. Vamos, esta es una casa de fieras, y yo digo que convendr&iacute;a que
+estallase la guerra y viniesen grandes peligros para que entonces se
+unieran tantas voluntades y se llegara a un acuerdo en lo de la
+Constituci&oacute;n definitiva, aunque hubiese siete C&aacute;maras y cuatrocientas
+alcobas.</p>
+
+<p>&mdash;La Naci&oacute;n soberana&mdash;dijo el <i>ayacucho</i> hablando como hablar&iacute;a Sol&oacute;n&mdash;,
+decidir&aacute; en su d&iacute;a lo que mejor convenga. Un pueblo libre no se
+equivoca.</p>
+
+<p>&mdash;Con sentencias sacadas de las <i>Gacetas</i>, amigo Rufete, poco
+adelantamos. Yo veo que las divisiones son hondas, que el partido
+liberal, por estar disperso y perseguido, no tiene ya una idea fija y
+com&uacute;n sobre nada. El ej&eacute;rcito, que antes era amigo de la Constituci&oacute;n
+del 12, ahora va donde le llevan, y es realista con el conde de Espa&ntilde;a y
+templado con Llauder. Pues bien, en vista de este desconcierto, &iquest;no es
+patri&oacute;tico intentar la reconciliaci&oacute;n de todos los que aborrecen la
+tiran&iacute;a? &iquest;Qu&eacute; te parece, Salvador, no es patri&oacute;tico, altamente
+patri&oacute;tico?</p>
+
+<p>&mdash;Me parece tan patri&oacute;tico como imposible&mdash;replic&oacute; el interrogado
+&mdash;. Conozco a mi pa&iacute;s, conozco a mis paisanos, he pulsado teclas de
+conspiraci&oacute;n en distintas &eacute;pocas; s&eacute; el valor que tienen las ideas,
+insignificante junto al valor de las pasiones; s&eacute; muy bien que a los
+pol&iacute;ticos de nuestra tierra les gobierna casi siempre la envidia, y que
+la mayor&iacute;a de ellos tienen una idea, s&oacute;lo porque el vecino de enfrente
+tiene la idea contraria.</p>
+
+<p>&mdash;Pesimista est&aacute;s&mdash;dijo Aviraneta severamente.</p>
+
+<p>Luego se llev&oacute; el dedo a la boca con cierto aire solemne, y levant&aacute;ndose
+orden&oacute; con una se&ntilde;a a sus dos amigos que le siguiesen, lo que hicieron
+de buen grado Rufete y Salvador, el uno por disciplina de conspirador y
+el otro por curiosidad. Atravesando una puertecilla que junto al
+mostrador hab&iacute;a, pasaron a un cuartucho estrecho y oscuro, formado en el
+anguloso hueco de la escalera que a las terulias conduc&iacute;a. Un ruinoso
+banco ofreci&oacute; dur&iacute;simo y no muy limpio asiento a los tres individuos, y
+d&aacute;banle compa&ntilde;&iacute;a algunas cafeteras de largo pico, cajas vac&iacute;as, escobas
+y enormes cangilones destinados a usos distintos. Aquel era el
+laboratorio qu&iacute;mico de donde sal&iacute;an las ingeniosas mezclas a qu&eacute; debi&oacute;
+su fortuna el amo del establecimiento (el cual, dicho sea de paso, era
+fervient&iacute;simo patriota); all&iacute; era donde se verificaba la multiplicaci&oacute;n
+de las raciones de leche, gracias al agua que Dios cri&oacute;; all&iacute; se
+fabricaba con diversas sustancias europeas y asi&aacute;ticas el caf&eacute; de Moka,
+y all&iacute; las libras de az&uacute;car se convert&iacute;an en arrobas de la noche a la
+ma&ntilde;ana, lo mismo que un quidam se convierte en ministro.</p>
+
+<p>Sent&aacute;ronse en aquello que m&aacute;s parec&iacute;a nicho que cuarto, y como no ten&iacute;an
+luz, no eran vistos de fuera y pod&iacute;an ver a todos los que desde el caf&eacute;
+sub&iacute;an a las regiones altas.</p>
+
+<p>&mdash;Aqu&iacute; podemos hablar c&oacute;modamente&mdash;dijo el guipuzcoano&mdash;, y explicar&eacute; mi
+idea sin que nadie se entere. Para poner remedio al grave mal que antes
+indiqu&eacute;, he determinado fundar una sociedad secreta...</p>
+
+<p>&mdash;Ya pareci&oacute; aquello&mdash;dijo Salvador interrumpiendo con su risa el grave
+exordio de su amigo&mdash;. En eso hab&iacute;amos de parar.</p>
+
+<p>&mdash;C&aacute;llate, no juzgues lo que no conoces todav&iacute;a... Una sociedad secreta
+que se llamar&aacute; <i>La Isabelina</i> o <i>de los Isabelinos</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Insisto en mi opini&oacute;n de que se llame de los <i>Patriotas
+isabelinos</i>&mdash;dijo el ayacucho, demostrando en su acento y en la tiesura
+de su mano en&eacute;rgica la importancia que daba al bautismo de la sociedad
+proyectada.</p>
+
+<p>&mdash;El nombre debe ser breve y sencillo.</p>
+
+<p>&mdash;Ya tenemos el masonismo en planta&mdash;indic&oacute; Salvador&mdash;, con sus irrisorios
+misterios, sus f&oacute;rmulas y necedades.</p>
+
+<p>&mdash;No, no, hijo, aqu&iacute; no hay misterios.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Ni iniciaci&oacute;n, ni torres, ni orientes?...</p>
+
+<p>&mdash;Nada de eso.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Ni vocabulario especial, ni mandiles?</p>
+
+<p>&mdash;Nada, nada.</p>
+
+<p>&mdash;No habr&aacute; m&aacute;s que el juramento de someterse intencionalmente a la
+soberan&iacute;a de la Naci&oacute;n&mdash;afirm&oacute; Rufete.</p>
+
+<p>&mdash;Aqu&iacute; es todo corriente. No hay misterios. La sociedad trabajar&aacute; en
+silencio, pero sin f&oacute;rmulas mas&oacute;nicas, y nos llamamos por nuestros
+nombres, si bien en los actos y documentos adoptamos un signo
+convencional para designarnos.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;De modo que la sociedad funciona ya?</p>
+
+<p>&mdash;Se est&aacute; formando. Todav&iacute;a no hemos tenido una reuni&oacute;n total de
+asociados... &iquest;Cu&aacute;ntos hay en la lista, querido Rufete?</p>
+
+<p>&mdash;Trescientos veinte y uno&mdash;dijo el ayacucho, que por lo visto desempe&ntilde;aba
+las funciones de secretario.</p>
+
+<p>&mdash;No se ha hecho nada todav&iacute;a, no ha ido a provincias ning&uacute;n comisionado.
+Se necesita uno de toda confianza y muy listo, que vaya a Par&iacute;s y
+Londres a entenderse con los emigrados que quedan por all&aacute; y con otras
+personas residentes en el extranjero, y que no nombro porque no puedo
+nombrarlas.</p>
+
+<p>&mdash;Ya... y ese correveidile que se necesita...</p>
+
+<p>&mdash;Correveidile no, sino agente; ese agente que se necesita eres t&uacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Pues te juro&mdash;dijo Salvador de la manera m&aacute;s jovial&mdash;, que si la sociedad
+<i>Isabelina</i> o de los <i>Patriotas isabelinos</i>, como pretende el se&ntilde;or... y
+se me figura que lo pretende con raz&oacute;n...</p>
+
+<p>&mdash;La idea del patriotismo&mdash;exclam&oacute; Rufete sin poderse contener&mdash;, es tan
+primordial, que debe ponerse al frente de todas las denominaciones, para
+que se grabe m&aacute;s y m&aacute;s en la mente del pueblo.</p>
+
+<p>&mdash;Pues, dec&iacute;a&mdash;prosigui&oacute; el otro&mdash;, que si la sociedad espera para
+extenderse y prosperar a que yo sea su agente, llegar&aacute; el Juicio final
+sin que de todos los frutos que el pa&iacute;s y t&uacute; esper&aacute;is de ella.</p>
+
+<p>Aviraneta meditaba, la mejilla apoyada en la mano. A cada instante se
+o&iacute;an los pasos de los que sub&iacute;an por la escalera 7, y como esta era
+endeble y estaba tan cerca de las cabezas de los tres sujetos, parec&iacute;a
+que se les ven&iacute;a la casa encima siempre que un patriota se encaramaba a
+los aposentos altos.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Malditos!&mdash;exclam&oacute; Aviraneta, en ocasi&oacute;n que sub&iacute;an tres cuatro
+mozalbetes metiendo m&aacute;s ruido que los monaguillos en d&iacute;a de repicar
+recio&mdash;. Esos son los que todo lo echan a perder con sus inocentadas.
+Ahora los tiernos angelitos, en vez de chuparse el dedo, han dado en la
+flor de jugar a la masoner&iacute;a y al carbonarismo, y entre burlas y risas
+tienen arriba sus <i>C&aacute;maras de honor</i> y sus <i>Hornos</i>, donde hacen varias
+mojigangas, que es preciso denunciar a la polic&iacute;a. Son casi todos
+chicuelos con m&aacute;s ganas de hacer bulla que de estudiar. &iexcl;Y qu&eacute; discursos
+los suyos! Es esa una empolladura de oradores que, si no me enga&ntilde;o, ha
+de dar a Espa&ntilde;a m&aacute;s peroratas que garbanzos dar&aacute; Castilla.</p>
+
+<p>&mdash;Estos pajarillos cantores&mdash;dijo Monsalud riendo&mdash;, vienen siempre delante
+de las tormentas pol&iacute;ticas, anunci&aacute;ndolas con sus angelicales trinos. Es
+un fen&oacute;meno que observ&eacute; en la tormenta pasada y que se repetir&aacute;, no lo
+duden ustedes, en las que han de venir; y as&iacute; veremos siempre que toda
+trasformaci&oacute;n pol&iacute;tica de car&aacute;cter progresivo viene precedida de grandes
+eflorescencias de sabidur&iacute;a infantil y discursos en las aulas.</p>
+
+<p>&mdash;Pues grande va a ser la trasformaci&oacute;n&mdash;manifest&oacute; Aviraneta&mdash;, si se ha de
+juzgar de ella por lo que chilla esta caterva de pavipollos... &iexcl;Santa
+M&oacute;nica, cu&aacute;ntos suben ahora, y qu&eacute; pico tienen! Esa voz... oigan ustedes
+qu&eacute; &oacute;rgano tan admirable: es Gonz&aacute;lez Bravo, un mozo terrorista, m&aacute;s
+listo que Cardona y con m&aacute;s veneno que un &aacute;spid... Pero, volviendo a
+nuestro asunto, nosotros, al fundar la sociedad isabelina, llevamos el
+objeto de unificar el pensamiento de los liberales y de traer al
+ej&eacute;rcito a una idea com&uacute;n que sea precursora de una acci&oacute;n com&uacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;El ej&eacute;rcito est&aacute; profundamente dividido&mdash;dijo Salvador&mdash;, pues me consta
+que el bando apost&oacute;lico o <i>carlino</i>, como ahora se llama, ha hecho
+&uacute;ltimamente grandes adquisiciones en la Guardia Real.</p>
+
+<p>&mdash;El ej&eacute;rcito es liberal&mdash;exclam&oacute; Rufete, que no pudiendo estar por m&aacute;s
+tiempo callado tom&oacute; la palabra con estruendo en la primera coyuntura&mdash;.
+El ej&eacute;rcito se compone de hombres libres que aman <i>el m&aacute;s perfecto de
+los c&oacute;digos</i> y aborrecen la tiran&iacute;a. D&iacute;gase <i>Constituci&oacute;n</i>, y el
+ej&eacute;rcito responder&aacute; <i>Constituci&oacute;n</i>.</p>
+
+<p>Y echando un poco atr&aacute;s el sombrero, que deb&iacute;a ser morri&oacute;n de los de
+tinaja invertida, se puso m&aacute;s amarillo y acompa&ntilde;&oacute; su alteraci&oacute;n facial
+de estas patri&oacute;ticas palabras:</p>
+
+<p>&mdash;Muchos hablan del ej&eacute;rcito sin conocerlo, y yo, que lo conozco, que
+pertenezco a &eacute;l, que me glorio de pertenecer a &eacute;l, digo que con
+excepci&oacute;n de media docena de traidores, todos somos liberal&iacute;simos, aqu&iacute;
+y en Am&eacute;rica. Yo he estado en Am&eacute;rica, se&ntilde;ores; me he batido en aquellos
+colosales combates de Chuquisaca y Cochabamba, y puedo decir que nada
+nos consolaba de nuestras privaciones y trabajos como hablar de la
+Constituci&oacute;n, pensar en ella y poder escribirla en nuestras banderas
+para hacer doblar la rodilla a los indios m&aacute;s bravos. Recuerdo bien que
+despu&eacute;s de la famosa expedici&oacute;n de Juju&iacute;, nos lleg&oacute; la noticia del
+triunfo de la Constituci&oacute;n en las Cabezas de San Juan, y nos volvimos
+locos de contento. Dese&aacute;bamos, o que nos trajeran a Espa&ntilde;a, o que nos
+llevaran all&aacute; al bendito C&oacute;digo, y no pudiendo ser ni una cosa ni otra,
+celebramos con fiestas, bailes, versos y meriendas aquel gran suceso. La
+alegr&iacute;a era general. Algunos tuvimos el proyecto de proclamar la
+Constituci&oacute;n en el Per&uacute;; pero el traidor de Maroto se opuso. Los
+<i>libres</i> dese&aacute;bamos que la Am&eacute;rica adoptase el <i>sistema</i>, los traidores
+no quer&iacute;an sino hierro y sangre; y yo pregunto ahora lo que he
+preguntado siempre: &iquest;qui&eacute;n es responsable de que se perdiera la tremenda
+batalla de Ayacucho? &iquest;Qui&eacute;n?...</p>
+
+<p>&mdash;Esa cuesti&oacute;n, querido Rufete&mdash;observ&oacute; Aviraneta viendo con disgusto que
+la musa hist&oacute;rica de su secretario remontaba el vuelo en demas&iacute;a&mdash;, ha
+perdido su oportunidad. Poco nos importa saber quien lo hizo peor en
+Am&eacute;rica. En cuanto al ej&eacute;rcito, ya sabemos que en su mayor&iacute;a es liberal;
+pero usted mismo ha hablado de traidores: traidores hubo en Am&eacute;rica, y
+tambi&eacute;n los hay en Espa&ntilde;a.</p>
+
+<p>&mdash;Aqu&iacute; tengo la lista&mdash;exclam&oacute; prontamente Rufete haciendo adem&aacute;n de sacar
+un papel.</p>
+
+<p>&mdash;No, no saque usted la lista. Tampoco eso nos importa gran cosa
+ahora... Nuestra sociedad cuenta ya con un brillant&iacute;simo contingente de
+personajes civiles.</p>
+
+<p>&mdash;Espere usted&mdash;insisti&oacute; Rufete revolviendo sus papeles&mdash;, aqu&iacute; est&aacute;.</p>
+
+<p>&mdash;No... &iexcl;Con cien mil palitroques! tampoco nos hace falta ahora la lista
+de <i>isabelinos</i>. Envaine usted sus listas, hombre. Lo que yo quiero es
+traer a nuestras filas a este buen amigo, para darle una comisi&oacute;n que
+desempe&ntilde;ar&aacute; bonitamente.</p>
+
+<p>Salvador hizo con la cabeza repetidos signos negativos.</p>
+
+<p>&mdash;Eso lo veremos&mdash;dijo el guipuzcoano&mdash;. Pe&ntilde;as m&aacute;s duras he quebrantado yo.
+&iquest;Tienes ocupaciones?</p>
+
+<p>&mdash;Las de mis intereses, que no son muchas.</p>
+
+<p>&mdash;Es verdad que casi eres rico; &iexcl;mal negocio! &iquest;Te has casado?</p>
+
+<p>&mdash;No.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No ambicionas una posici&oacute;n elevada?</p>
+
+<p>&mdash;No ambiciono nada m&aacute;s alto que este banco, y lo que llaman aura popular
+me incomoda m&aacute;s que la tristeza de estar solo.</p>
+
+<p>&mdash;A pesar de todo&mdash;dijo Aviraneta&mdash;, creo que te conquistar&eacute;.</p>
+
+<p>Y call&oacute; despu&eacute;s. De buena gana se habr&iacute;a desprendido en aquel momento de
+los servicios de su secretario Rufete, cargado de listas, para estar
+solo con Monsalud y hablarle franca y descubiertamente, pues bien se
+conoc&iacute;a que el astuto conspirador hab&iacute;a manifestado su idea de un modo
+harto enigm&aacute;tico. Pero Rufete no se mov&iacute;a, y a la dudosa claridad que en
+el cuarto entraba se entreten&iacute;a en revisar sus listas de traidores y sus
+listas de <i>isabelinos</i>.</p>
+<p>
+ <img src="images/pag285.jpg"
+ alt="Rufete" title="Rufete" />
+</p>
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="VII" id="VII"></a>-VII-</h2>
+
+
+<p>Hall&aacute;banse, pues, el uno aburrid&iacute;simo, el otro ideando motivos para
+despedir al <i>ayacucho</i>, y el tercero discurriendo el modo de pasar alg&uacute;n
+nombre de un papel a otro, cuando entr&oacute; en el caf&eacute; un jefe de
+caballer&iacute;a, haciendo con el sable rastrero, con las espuelas y los
+tacones tan grande estr&eacute;pito, que no parec&iacute;a sino que un escuadr&oacute;n hab&iacute;a
+asaltado el establecimiento. Tra&iacute;a fango en las botas y polvo en el
+traje, manifestando en esto, as&iacute; como en la oficiosidad con que iba de
+mesa en mesa dando noticias, que acababa de llegar de una expedici&oacute;n o
+quiz&aacute;s de un campo de batalla. Era D. Rafael Seudoquis, exaltado
+patriota primero, despu&eacute;s indefinido, luego conspirador perseguido y
+condenado a horca, pero indultado otra vez y admitido en el servicio por
+influencias de parientes poderosos. Despu&eacute;s que satisfizo la curiosidad
+de los del caf&eacute;, dirigiose arriba, y al entrar en el hueco de la
+escalera llamole Aviraneta desde su escondrijo. Entr&oacute; Seudoquis,
+reconoci&oacute; a Salvador, se abrazaron; pero tanta gana ten&iacute;a el buen hombre
+de contar lo que sab&iacute;a, que sin poder aguardar a que acabaran los
+saludos, habl&oacute; as&iacute;:</p>
+<p>
+ <img src="images/pag286.jpg"
+ alt="image" title="image" />
+</p>
+<p>&mdash;&iexcl;Ya les hemos cogido! &iexcl;buena caza hemos hecho!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute;? &iquest;qu&eacute; ha sido?... &iquest;una batida de voluntarios realistas?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, y con media docena como esta pronto quedaba la Naci&oacute;n limpia de
+sacristanes... Ya saben ustedes que sal&iacute; con la columna de Bassa a
+perseguir la partida de aguiluchos que se levant&oacute; en Villaverde mandada
+por el traidor coronel Campos... Al principio nos daba que hacer... que
+por aqu&iacute;, que por all&aacute;... Total, se&ntilde;ores, en Alares a cinco leguas de
+Navahermosa les sorprendimos rezando el rosario, les copamos... no se
+escap&oacute; uno para simiente de monaguillos.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Les arcabucearon?</p>
+
+<p>&mdash;No hay &oacute;rdenes para tanto. El Gobierno es conciliador, o por otro
+hombre pastelero, y en una mano tiene las disciplinas y en otra el
+emplasto. Como no soy partidario de andar con mantecas trat&aacute;ndose de esa
+gente, yo les hubiera dado a todos un poco de tu&eacute;tano de fusil. En el
+otro barrio est&aacute;n mejor que aqu&iacute;... Pero no se trata ahora de fusilar:
+ellos lo har&aacute;n cuando nos cojan debajo. Total, que les hemos tra&iacute;do codo
+con codo, y el brib&oacute;n de Campos es tan cobarde que se ech&oacute; a llorar, y
+sin que nadie se lo preguntara nos revel&oacute; todo el <i>diebus ille</i> de la
+junta carlista de Madrid, citando nombres uno por uno. A estas horas el
+traidor habr&aacute; vomitado todas sus delaciones ante la polic&iacute;a y ya andar&aacute;
+esta haciendo prisiones. Medio Madrid va calentito a la c&aacute;rcel esta
+noche. He encontrado en la Puerta del Sol a un escuadr&oacute;n, no miento, s&iacute;,
+un escuadr&oacute;n de polic&iacute;as que iban a la calle de Bel&eacute;n, donde parece hay
+un cabildo m&aacute;ximo de subdi&aacute;conos con pu&ntilde;al y de guerrilleros de estola.
+Total, se&ntilde;ores, que nos hemos lucido los de Bassa, y que esta noche van
+a ser ventiladas muchas madrigueras. Con que <i>viva la ang&eacute;lica</i> y abur,
+se&ntilde;ores, que me voy arriba a cenar.</p>
+
+<p>&mdash;Y yo a ponerme el uniforme y a correr al cuartel&mdash;dijo Rufete
+levant&aacute;ndose presuroso&mdash;. Es f&aacute;cil que se altere la p&uacute;blica tranquilidad
+esta noche. Vamos a nuestro puesto, que cuando menos se piensa, viene el
+desbordamiento carlino, y la patria necesita de todos sus hijos.</p>
+
+<p>&mdash;Vaya usted con Dios, valiente&mdash;dijo Aviraneta gozoso de verle partir&mdash;.
+Aqu&iacute; nos quedamos nosotros procurando entendernos.</p>
+
+<p>Luego que estuvieron solos, Aviraneta dijo a su amigo que pues arreciaba
+el calor dentro del caf&eacute;, har&iacute;an bien en salir a la calle y dar un par
+de vueltas, con lo que adem&aacute;s de respirar el aire libre, pod&iacute;an hablar
+sin recelo. Cuando se hallaron en la plazuela del &Aacute;ngel, Salvador tom&oacute;
+el brazo de su amigo y burlonamente le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pillo!... &iquest;qu&eacute; nueva farsa de sociedad secreta es esa? &iquest;qu&eacute; trama
+traes t&uacute; ahora entre mano?</p>
+
+<p>&mdash;Poco a poco... pase lo de trama; pero no lo de farsa.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qui&eacute;n te paga?</p>
+
+<p>&mdash;Mucho ahondas, &iexcl;palitroques! Has de comprar mi franqueza con tu
+benevolencia, no con tus burlas, y si persistes en negarme tu apoyo, no
+tendr&aacute;s de m&iacute; ni una palabra. Cosas podr&iacute;a decirte que te dejar&iacute;an
+pasmado; pero ya sabes... no se dan gratis los secretos como los buenos
+d&iacute;as. Venga tu voluntad y abrir&eacute; el pico.</p>
+
+<p>&mdash;Es que no puedo dar mi voluntad no conociendo a qui&eacute;n la doy ni por qu&eacute;
+la doy.</p>
+
+<p>Aviraneta insisti&oacute; en que su pensamiento era unir a los liberales para
+preparar una acci&oacute;n com&uacute;n; pero esto, si no encerraba una intenci&oacute;n
+distinta, era de lo m&aacute;s inocente que se pod&iacute;a ocurrir por aquellos d&iacute;as
+a hombre nacido, y Aviraneta, justo es decirlo, ten&iacute;a de todo menos de
+esp&iacute;ritu puro. Por m&aacute;s que el guipuzcoano se diera aires de inventor de
+aquel plan sapient&iacute;simo, se pod&iacute;a jurar que s&oacute;lo era instrumento de una
+voluntad superior, maquinilla engrasada por el oro y movida por una mano
+misteriosa. Sobre esto no quiso decir una sola palabra que no fuese la
+misma confusi&oacute;n; pero Monsalud, que era list&iacute;simo y adem&aacute;s ten&iacute;a la
+experiencia de aquellos l&iacute;os, supo sacar la verdad de entre tanta
+mentira. Su creencia era que D. Eugenio hab&iacute;a recibido de altas regiones
+la misi&oacute;n de desunir a los liberales y enzarzarlos en disputas sin fin;
+pero no pod&iacute;a f&aacute;cilmente averiguarse si el impulso part&iacute;a del cuarto de
+Mar&iacute;a Cristina o del gabinete ministerial de Zea Berm&uacute;dez. Salvador hizo
+una y otra pregunta caprichosa para coger por sorpresa el principal
+secreto de su amigo; mas este era tan diestro en aquellas artes, que
+evadi&oacute; los lazos con extremada gracia.</p>
+
+<p>Este se&ntilde;or Aviraneta fue el que despu&eacute;s adquiri&oacute; celebridad fingi&eacute;ndose
+carlista para penetrar en los c&iacute;rculos m&aacute;s familiares de la gente
+facciosa y enredarla en intrigas mil, sembrando entre ella discordias,
+sospechas y recelos, hasta que precipit&oacute; la defecci&oacute;n de Maroto,
+preparando el convenio de Vergara y la ruina de las facciones.
+Admirablemente dotado para estas empresas, era aquel hombre un colosal
+genio de la intriga y un histri&oacute;n inimitable para el gigantesco
+escenario de los partidos. Las circunstancias y el tiempo hici&eacute;ronle un
+gran intrigante; otra &eacute;poca y otro lugar hubieran hecho de &eacute;l quiz&aacute;s el
+primer diplom&aacute;tico del siglo. Ya desde 1829 ven&iacute;a metido en oscuros
+enredos y misteriosos trabajos, y por lo general su maquinaci&oacute;n era
+doble, su juego combinado. Probablemente en la &eacute;poca de este encuentro
+que con &eacute;l tenemos, durante el invierno de 1833, las incomprensibles
+diabluras de este juglar pol&iacute;tico constitu&iacute;an tambi&eacute;n una labor fina y
+doble, es decir, revolver los partidos en provecho del ministerio y
+vender el ministerio a los partidos.</p>
+
+<p>La fundaci&oacute;n de la sociedad <i>isabelina</i> serv&iacute;ale de pretexto para entrar
+en tratos con gente diversa, con c&aacute;ndidos patriotas o pol&iacute;ticos ladinos,
+poni&eacute;ndose tambi&eacute;n en relaci&oacute;n con militares bullangueros; y as&iacute;,
+hablando del bueno del Sr. Rufete, dijo a Salvador:</p>
+
+<p>&mdash;Este infeliz <i>ayacucho</i> es una alhaja que no se paga con dinero. &Eacute;l se
+presta desinteresadamente a entusiasmarse y a entusiasmar a un centenar
+de oficiales como &eacute;l. Se morir&aacute; de hambre antes de cobrar un c&eacute;ntimo por
+sus servicios secretos al <i>Sistema</i>, y se dejar&aacute; fusilar antes que hacer
+revelaciones que comprometan a la sociedad. Es un prodigio de inocencia
+y de lealtad. El pobre Rufete trabaja como un negro, y se pasa la vida
+haciendo listas de sospechosos, listas de traidores, listas de tibios y
+listas de calientes. En su compa&ntilde;&iacute;a pasa por un S&eacute;neca empalmado en un
+Cat&oacute;n. Los sargentos lo adoran y son capaces de meterse con &eacute;l en un
+horno encendido, si les dicen que es preciso salvar del fuego <i>el
+precioso c&oacute;digo</i>. &iexcl;Oh! amigo, respetemos y admiremos la buena fe y la
+valent&iacute;a de esta gente. &iexcl;Si en todas las clases sociales se encontraran
+muchos Rufetes!... &iexcl;Pero hay tanta canalla indomesticable de esa que no
+sirve sino para hacer <i>pueblo</i>, para gritar, para meter bulla, de esa
+que en los d&iacute;as solemnes desacredita las mejores causas, entreg&aacute;ndose a
+la ferocidad que le inspiran su cobard&iacute;a y su apetito!...</p>
+
+<p>Entre estos y otros dichos y observaciones, llegaron a la calle del
+Duque de Alba, porque Salvador, no pudiendo sacar cosa limpia y concreta
+de las confusas indicaciones de D. Eugenio, hab&iacute;a decidido retirarse a
+su casa. Echaban el &uacute;ltimo p&aacute;rrafo en el portal de esta, cuando del de
+la inmediata vieron salir a un hombre silbando el estribillo de una
+canci&oacute;n pol&iacute;tico-tabernaria. A pesar del embozo, Aviraneta le conoci&oacute; al
+momento y Salvador tambi&eacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Tablillas&mdash;dijo D. Eugenio&mdash;, cuart&eacute;ate aqu&iacute;, que somos amigos.</p>
+
+<p>El atleta se acerc&oacute;, examinando con atenci&oacute;n recelosa a los dos
+caballeros.</p>
+<p>
+ <img src="images/pag291.jpg"
+ alt="image" title="image" />
+</p>
+<p>&mdash;Se&ntilde;or <i>Vinagrete</i> y la compa&ntilde;&iacute;a, buenas noches... Estaba encandilado y
+no les conoc&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Est&aacute; durmiendo ya el Sr. D. Felic&iacute;simo?</p>
+
+<p>&mdash;Todav&iacute;a est&aacute;n en brega. Han venido tantos se&ntilde;ores esta noche que
+aquello es la b&oacute;veda de San Gin&eacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pues qu&eacute;, se dan disciplinazos?</p>
+
+<p>&mdash;Con la lengua... hablan por los codos, y todo se vuelve manotadas y
+<i>perjuraciones</i>.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; entiendes t&uacute; por <i>perjuraciones</i>?</p>
+
+<p>&mdash;Decir, pongo el caso, <i>se&ntilde;ores, muramos por el Trono leg&iacute;timo</i>.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y todav&iacute;a est&aacute;n reunidos?</p>
+
+<p>&mdash;Todav&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;Pero di, &iquest;no ha venido esta noche la polic&iacute;a? Yo cre&iacute; que a estas horas
+D. Felic&iacute;simo y su comunidad estaban echando <i>perjuraciones</i> en la
+c&aacute;rcel de Corte.</p>
+
+<p>&mdash;Vino la polic&iacute;a, s&iacute; se&ntilde;or; vinieron tres y llamaron tan fuerte que la
+casa estuvo si cae o no cae. Los se&ntilde;ores se asustaron, y D. Felic&iacute;simo
+les consolaba diciendo: &laquo;no hay nada que temer, la polic&iacute;a es la
+polic&iacute;a. Que entre el que llama&raquo;. Yo baj&eacute; a abrir la puerta, y se
+colaron tres se&ntilde;ores de cara de perro con bastones de porra. Subieron, y
+al entrar en la sala, se dejaron a un lado las porras y todo fue
+cortes&iacute;a limpia y vengan esos cinco. D. Felic&iacute;simo me mand&oacute; traer vino y
+bizcochos, y bebieron, cosa la m&aacute;s desacostumbrada que puede verse en
+esta casa; y uno de los de porra alz&oacute; el vaso y dijo: &laquo;Por el triunfo de
+la monarqu&iacute;a leg&iacute;tima y de la religi&oacute;n sacrat&iacute;sima&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Brindaron.</p>
+
+<p>&mdash;Y los tres tomaron el olivo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Est&aacute; Pipa&oacute;n arriba?</p>
+
+<p>&mdash;Es de los m&aacute;s lenguaraces. Cuando brindaron, D. Juan ech&oacute; no s&eacute; cuantos
+<i>loores</i>...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y qu&eacute; es eso?</p>
+
+<p>&mdash;Que se sopl&oacute; mucho, echando fuera toda la caja del pecho, y dijo <i>loor
+a esto, loor a lo otro</i>.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Se casa con Micaelita?</p>
+
+<p>&mdash;Dios los cr&iacute;a y ellos se juntan.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y te retiras ya?</p>
+
+<p>&mdash;Si, porque yo he dicho a D. Felic&iacute;simo que estoy enfermo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;A d&oacute;nde vas?</p>
+
+<p>&mdash;All&aacute;&mdash;replic&oacute; Tablas manifestando en la mirada recelosa que a Salvador
+dirigi&oacute;, que no deb&iacute;a hablar con m&aacute;s claridad.</p>
+
+<p>&mdash;Bien&mdash;dijo Aviraneta&mdash;. Nos veremos luego. &iquest;Y la Pimentosa c&oacute;mo est&aacute;?</p>
+
+<p>&mdash;Agria.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; es eso?</p>
+
+<p>&mdash;Enojada, porque le pica la despensa.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; quieres decir? &iquest;Qu&eacute; despensa es esa?</p>
+
+<p>&mdash;El est&oacute;mago.</p>
+
+<p>&mdash;Es verdad que padece mi se&ntilde;ora males de est&oacute;mago... Aguarda, que me
+voy contigo.</p>
+
+<p>Tablas, que hab&iacute;a dado ya algunos pasos hacia San Mill&aacute;n se detuvo,
+mientras el guipuzcoano, estrechando con el m&aacute;s vivo afecto la mano de
+su amigo, lo dijo estas palabras:</p>
+
+<p>&mdash;Ma&ntilde;ana... y quien dice ma&ntilde;ana dice el mes que viene o el a&ntilde;o que
+viene... estar&aacute;s conmigo en la <i>Isabelina</i>.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="VIII" id="VIII"></a>-VIII-</h2>
+
+
+<p>Las escenas y conversaciones de aquella noche dejaron en el esp&iacute;ritu de
+Salvador un dejo de amargura, y as&iacute; se esforzaba en apartarlas de su
+memoria, considerando que reproduc&iacute;an en peque&ntilde;o cuadro lastimoso de la
+Naci&oacute;n espa&ntilde;ola. La confusi&oacute;n de pareceres, el incesante conspirar con
+recursos misteriosos y fines mal determinados, las repugnantes
+connivencias de la polic&iacute;a con los conspiradores de todas clases, no
+eran cosa nueva para &eacute;l; pero hab&iacute;a cobrado tal odio a estos fen&oacute;menos
+pol&iacute;ticos, manifestaci&oacute;n morbosa de nuestra miseria, que de buena gana
+se marchara a los ant&iacute;podas o a cualquier regi&oacute;n apartada d&oacute;nde no oyera
+ni viera lo que all&iacute; mortificaba sus ojos y sus o&iacute;dos.</p>
+
+<p>La experiencia, el profundo conocimiento de las personas, los viajes y
+la desgracia, hab&iacute;anle dado elementos bastantes para construir en su
+pensamiento una patria muy distinta de la que pisaba, y la inmensa
+superioridad de esta patria so&ntilde;ada en parang&oacute;n con la aut&eacute;ntica era en
+&eacute;l motivo constante de padecer y aburrimiento. Por eso dec&iacute;a:&mdash;&laquo;Mucho han
+de variar las cosas, mucho han de aprender los hombres para que la
+pol&iacute;tica de mi desventurado pa&iacute;s pueda llegar a serme simp&aacute;tica, y como
+yo, por muchos a&ntilde;os que Dios me conceda, no he de vivir lo bastante para
+ver a mis compatriotas instruidos en lo que es libertad, en lo que es
+ley y en lo que es gobernar, lo mejor ser&aacute; que no me afane por esto, y
+que deje pasar, pasar, contemplando desde mi indiferencia los sucesos
+que han de venir, como se miran desde un balc&oacute;n las figuras de una
+mascarada&raquo;.</p>
+
+<p>Estos prop&oacute;sitos no eran constantes, porque otras veces meditaba sobre
+el mismo tema y hac&iacute;a las siguientes consideraciones, llenas de buen
+sentido y de tolerancia.&mdash;&laquo;No puede sostenerse en las acciones de la vida
+el criterio pesimista, que suele ser el disimulo del ego&iacute;smo. &iquest;Qui&eacute;n
+duda que existen en nuestro pa&iacute;s, al lado de esa c&aacute;fila de
+alborotadores, cabecillas, intrigantes, charlatanes, aventureros, muchos
+caracteres nobil&iacute;simos, innumerables hombres de buena fe, patricios
+desinteresados, verdaderos y leales que se aplicar&iacute;an a la pol&iacute;tica y
+ser&iacute;an discretos en la idea, en&eacute;rgicos en la acci&oacute;n y honrados en la
+conducta? Pues bien, si yo me siento capaz de inculcar a esos hombres un
+pensamiento feliz y de ayudarles en el desempe&ntilde;o, &iquest;por qu&eacute; no he de
+hacerlo?&raquo;.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s de vacilar un momento se contestaba con amargura:&mdash;&laquo;Porque no me
+creer&iacute;an. &iquest;C&oacute;mo hab&iacute;an de creerme y hacer caso de m&iacute;, si yo tambi&eacute;n he
+sido alborotador, cabecilla, intrigante, aventurero y hasta un poco
+charlat&aacute;n? &iquest;Si he sido todo lo que condeno, c&oacute;mo han de fiar de m&iacute; al
+verme condenar lo que he sido? &iquest;Si explot&eacute; la industria del pobre en
+este pa&iacute;s, que es la conspiraci&oacute;n, c&oacute;mo han de ver en m&iacute; lo que
+realmente soy? No, yo he quedado in&uacute;til en esta refriega espantosa con
+la necesidad. He salido vivo, s&iacute;, pero sin autoridad, sin cr&eacute;dito para
+tomar en mis labios ese ideal noble, por donde van las v&iacute;as rectas y
+francas del progreso de los pueblos. Mi destino es callar y
+arrinconarme, sopena de que me tengan por un Aviraneta, cuando no por un
+Rufete&raquo;.</p>
+
+<p>Al pensar esto, el prop&oacute;sito de condenarse a oscuridad perpetua
+triunfaba en su &aacute;nimo de una manera completa. Pero esta oscuridad sin
+familia y sin afectos era el cenobitismo m&aacute;s triste que puede
+imaginarse. Y aqu&iacute;, en esta l&oacute;brega caverna sin salida, terminaban las
+excursiones mentales del mis&aacute;ntropo. Pero la salida no era absolutamente
+imposible. Si hac&iacute;a falta una familia, &iquest;por qu&eacute; no la buscaba? Hay
+ciertos bienes que valen m&aacute;s encontrados al azar que buscados con
+c&aacute;lculo, y es muy general que quien despreci&oacute; la suerte cuando pas&oacute; a su
+lado, ande despu&eacute;s a cabezadas tras ella, y no la encuentre ni siquiera
+pintada, o halle cualquier falsificaci&oacute;n del bien y la coja gozoso y la
+abrace y se desenga&ntilde;e y rabie, deplorando su torpe indolencia.</p>
+
+<p>Quer&iacute;a vencer su extraordinario tedio frecuentando la sociedad. Hab&iacute;a
+renovado mucho sus amistades, dando un poco de mano a las que le
+recordaban su juventud de trapisondas y procurando contar entre sus
+&iacute;ntimos a personas de mayor fuste. Su buena figura, su conducta
+intachable, su instrucci&oacute;n, su entretenida palabra, trat&aacute;ndose de
+referir viajes o veros&iacute;miles casos y peligros le dieron muchas simpat&iacute;as
+en todas partes. Hab&iacute;a dejado de visitar a Jenara y a D. Benigno Cordero
+por razones poderosas; pero en cambio frecuentaba otras muchas casas
+decentes, a donde concurr&iacute;a lo m&aacute;s selecto de
+la Corte. Por las noches gustaba mucho de pasear un poco por las calles
+antes de retirarse a su casa, poniendo as&iacute; entre la tertulia y el sue&ntilde;o
+un trozo de meditaci&oacute;n trans-urbana de m&aacute;s gusto para &eacute;l que la m&aacute;s
+entretenida y docta lectura. La soledad sospechosa de algunas calles, el
+bullicio de otras, el rumor b&aacute;quico de la entreabierta taberna, la
+canci&oacute;n que de una calleja sal&iacute;a con pretensiones de trova amorosa, el
+cuchicheo de las rejas, el desfile de inesperados bultos, indicio del
+robo perpetrado, del contrabando o quiz&aacute;s de una broma furtiva; la
+disputa entre viejecillas terminada con estr&eacute;pito de bofetadas... por
+otra parte el rodar de magn&iacute;ficos coches; la salmodia insufrible del
+dormido sereno que bostezaba la horas como un reloj del sue&ntilde;o,
+funcionando por misterioso influjo del aguardiente; el rechinar de las
+puertas vidrieras de los caf&eacute;s, por donde sal&iacute;an y entraban los
+patriotas; el triste agasajo de las casta&ntilde;eras que se abrigaban con lo
+que vend&iacute;an tendiendo una mano helada para recibir los cuartos y otra
+mano caliente para dar las casta&ntilde;as; las singulares sombras que hac&iacute;an
+las casas construidas sin orden, unas arrumbadas hacia atr&aacute;s, las otras
+alargando un &aacute;ngulo ruinoso sobre la v&iacute;a p&uacute;blica; los caprichos de
+claridad y tinieblas que formaban las luces de aceite encendidas por el
+Ayuntamiento y que pod&iacute;an compararse a l&aacute;grimas vertidas por la noche
+para ensuciar su manto negro; el peregrino efecto de la escarcha en las
+calles empedradas, que parec&iacute;an cubrirse de cristal esmerilado con
+reflejos tristes; el mismo efecto sobre los tejados, en cuya superficie
+se ve&iacute;a como una capa de moho esmaltada por polvo de diamante, el
+grandioso efecto de la helada, que en flechazos invisibles se desprend&iacute;a
+del cielo azul ante las miradas aterradoras de la luna, la deidad
+funesta de Enero; la consideraci&oacute;n del fr&iacute;o general hecha dentro de una
+caliente pa&ntilde;osa; el estr&eacute;pito de la diligencia al entrar en la calle,
+barquichuelo que navegaba sobre un mar de guijarros, espantando a los
+perros, ahuyentando a los chiquillos y a los curiosos;... el buen paso
+marcial de los soldados que iban a llevar la orden prendida en lo alto
+del fusil; el coro sordo de los mercados al concluir las transacciones,
+cuando se cuenta la calderilla, se barre el puesto y se recogen los
+restos; el olor de cenas y guisotes que sal&iacute;a por las desvencijadas
+puertas de las casas a la malicia, y el rasgueo de guitarras que sonaba
+all&aacute; en lo profundo de moradas humildes; la puerta sobre la cual hab&iacute;a
+un nombre de mujer groseramente tallado con navaja, o una cruz o un
+cartel de toros, o una insignia industrial, o una amenaza de asesinato,
+o una retah&iacute;la de palabras groseras, o una luz mortecina indicando
+posada, o un macho de perdiz que cantar&aacute; a la madrugada, o un cuadrito
+de vacas de leche, o un objeto negro algo semejante a un zapato, o una
+armadura de fuegos artificiales pregonando el arte de polvorista, o una
+alambrera cubierta con un gui&ntilde;apo, se&ntilde;al de la industria de prender&iacute;a, o
+una bac&iacute;a de cobre, o un tarro de sanguijuelas... todo esto, en fin, y
+otros muchos accidentes de la fisonom&iacute;a urbana durante la noche, p&aacute;ginas
+vivas y reales, abiertas entre la vulgaridad de la tertulia y el tedio
+de su casa solitaria, le cautivaban por todo extremo.</p>
+
+<p>Pero una noche tuvo un encuentro triste. Al entrar en la Plaza de
+Provincia vio una persona, dos, tres. Eran un hombre cojo, bien envuelto
+en su capa, una mujer tan bien resguardada del fr&iacute;o, que s&oacute;lo se le
+ve&iacute;an los ojos, y un ni&ntilde;o con gab&aacute;n y bufanda, mostrando la nariz h&uacute;meda
+y los carrillos rojos de fr&iacute;o. Los tres iban en una misma fila: se
+deten&iacute;an en todos los escaparates para ver las mantillas, los lujosos
+vestidos, las telas riqu&iacute;simas, las joyas, y parec&iacute;an muy gozosos y
+entretenidos de lo que ve&iacute;an. En la esquina hab&iacute;a una casta&ntilde;era.
+Detuvi&eacute;ronse. El cojo sac&oacute; cuartos del bolsillo, la mujer un pa&ntilde;uelo,
+compraron, prob&oacute; el chico y luego siguieron. La mujer agasaj&oacute; el pa&ntilde;uelo
+lleno de casta&ntilde;as, como para calentarse las manos con &eacute;l...
+Avanzaron... desaparecieron por una puerta.</p>
+
+<p>Salvador se sinti&oacute; estremecer de desesperaci&oacute;n y envidia. El hombre
+cojo, el ni&ntilde;o, la placentera uni&oacute;n de los tres, los cuartos sacados del
+bolsillo, los saltos del chico cuando se estaba haciendo el trato con la
+vendedora, las casta&ntilde;as, el pa&ntilde;uelo, las manos que ten&iacute;an el pa&ntilde;uelo...
+En vista de las insolentes burlas del destino, jur&oacute; no volver a pasar
+por all&iacute;.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="IX" id="IX"></a>-IX-</h2>
+
+
+<p>El hombre cojo entr&oacute; en su casa, como hemos dicho, y despu&eacute;s de un
+ligero altercado entre la familia por saber cu&aacute;l hab&iacute;a de acostarse
+primero, retir&aacute;ronse todos. La paz, el orden, el silencio, la quietud se
+ampararon de todo el &aacute;mbito de la vivienda, y bien pronto no hubo en
+ella un individuo que no durmiese, a excepci&oacute;n de aquel buen se&ntilde;or de la
+cojera, el cual, despierto en su lecho, daba vueltas a una idea como si
+la devanase, sac&aacute;ndola del enredado pensamiento al corriente ovillo del
+discurso.</p>
+
+<p>&mdash;Cuanto m&aacute;s cerca veo el d&iacute;a&mdash;pensaba&mdash;, m&aacute;s indeciso y perplejo me
+encuentro. &iquest;Por qu&eacute; dudo, dec&iacute;dmelo, Virgen Santa del Sagrario y t&uacute;, San
+Ildefonso bendito? &iquest;Por qu&eacute; mi anhelo se ha trocado en vacilaci&oacute;n y mi
+fe en temor de causar grav&iacute;simo da&ntilde;o? &iquest;Qu&eacute; dices a esto, conciencia
+pura, qu&eacute; razones me das? &iquest;Sale acaso de ti esa voz que siento y que me
+dice: &laquo;detente, ciego?...&raquo;. Y t&uacute;, caviloso Benigno, &iquest;has notado, por
+ventura, frialdad en los afectos de ella, arrepentimiento en su voluntad
+o siquiera desv&iacute;o? Nada: ella es siempre la misma. A&uacute;n me parece m&aacute;s
+cari&ntilde;osa, m&aacute;s apegada a mis intereses, m&aacute;s amante, m&aacute;s diligente...
+Entonces, mentecato, hombre bob&iacute;simo y pueril, digno de salir por esas
+calles con babero y chichonera, &iquest;por qu&eacute; vacilas, por qu&eacute; temes?...
+Adelante y c&uacute;mplase mi plan, que tiene algo, &iexcl;bar&aacute;stolis! algo, s&iacute;, de
+inspiraci&oacute;n divina... &iexcl;Ah! ya vienen los malditos dolores... &iexcl;todo sea
+por Dios! &iexcl;Oh! &iquest;por qu&eacute; te me has torcido en el camino del Cielo, oh
+pierna?...</p>
+
+<p>Las historias est&aacute;n conformes en asegurar que D. Benigno, despu&eacute;s de
+decir &laquo;&iexcl;oh, pierna!&raquo; lanz&oacute; un gran suspiro y se durmi&oacute; como un santo. A
+la ma&ntilde;ana siguiente ten&iacute;a la cabeza despejada, el humor alegre. Lo
+primero que ley&oacute; cuando le trajeron la <i>Gaceta</i> fue el decreto
+convocando a la Naci&oacute;n en Cortes a la usanza antigua, para jurar a la
+princesa Isabel, por heredera de la corona de ambos mundos. Esto le dio
+mucho contento, y viendo la fecha del 20 de Junio marcada para aquel
+notable suceso, dijo as&iacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Para entonces, ya estaremos casados... Es preciso fijar
+definitivamente esta fecha que es mi martirio. Ella dice que cuando yo
+quiera, y yo digo que la semana que entra, y cuando entra la semana que
+entra, entran &iexcl;ay! tambi&eacute;n mis escr&uacute;pulos como un tropel de acreedores,
+y as&iacute; estamos y as&iacute; vivimos.</p>
+
+<p>Parte de los escr&uacute;pulos de hombre tan bueno proven&iacute;an de sentirse
+achacoso. No era ya aquel hombre que enga&ntilde;aba al siglo con sus cincuenta
+y ocho a&ntilde;os disimulados por una salud de hierro, por alientos y esp&iacute;ritu
+dignos de un joven de treinta, con ilusiones y sin vicios. Aquella
+funesta rotura de la pierna hab&iacute;a ocasionado en &eacute;l p&eacute;rdida brusca de la
+juventud que disfrutaba, y se sent&iacute;a entrar, con paso vacilante y cojo,
+en una regi&oacute;n fr&iacute;a y triste que hasta entonces no hab&iacute;a conocido. Con
+las lluvias primaverales y los cambios de temperatura se le renovaron
+los dolores, complic&aacute;ndose con pertinaz afecci&oacute;n reum&aacute;tica, y el pobre
+se&ntilde;or estuvo mes y medio sin poder moverse de un sill&oacute;n.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Apostamos, dec&iacute;a, a que llega tambi&eacute;n el 20 de Junio y se re&uacute;nen las
+Cortes y juran a la princesa, y yo no habr&eacute; soltado a&uacute;n este grillete
+que Dios se ha servido ponerme? &iquest;Qu&eacute; presidio es este? &iquest;Temes, oh, Dios
+m&iacute;o, que marche muy a prisa? &iquest;Esto es acaso para bien de m&iacute; alma,
+amenazada de correr demasiado y estrellarse?&raquo;.</p>
+
+<p>&iexcl;Y qu&eacute; pesadas habr&iacute;an sido las horas de aquella temporada, que &eacute;l
+llamaba su condena, si no las aligerasen con su cari&ntilde;o y con mil
+solicitudes y ternezas las seis personas que &eacute;l designaba con el
+dulc&iacute;simo nombre de <i>la sacra familia</i>! Sola le cuidaba como podr&iacute;a
+cuidarse a un ni&ntilde;o enfermo, y de su cuenta corr&iacute;a todo lo relativo a
+aquella dichosa pierna averiada que no se quer&iacute;a componer sino a medias.
+Ella parec&iacute;a haber robado a los &aacute;ngeles de la medicina el delicado arte
+del ap&oacute;sito, y sus dedos eran tan conocidos del dolor que este les ve&iacute;a
+cerca de s&iacute; sin irritarse. Cumplida esta obligaci&oacute;n suprema, la futura
+esposa del mejor de los hombres se ocupaba de todo lo de la casa con la
+diligencia de siempre, con m&aacute;s diligencia, si cabe, pues sin
+sospecharlo, se hab&iacute;a ido acostumbrando a considerarse part&iacute;cipe de
+aquel trono dom&eacute;stico y co-propietaria de tan dulces dominios.</p>
+<p>
+ <img src="images/pag296.jpg"
+ alt="image" title="image" />
+</p>
+<p>Por las noches, la familia se reun&iacute;a en el comedor, en torno del
+patriarca claudicante. Do&ntilde;a Crucita, que se hab&iacute;a dedicado a bordar
+p&aacute;jaros, despachaba semanalmente una bandada de aquellos preciosos
+seres, y a veces el comedor parec&iacute;a una selva americana, porque los
+hab&iacute;a de todos colores, y adem&aacute;s mariposas y florecillas, todo inventado
+por la se&ntilde;ora que creaba las especies con su rica fantas&iacute;a, de tal modo
+que se viera muy perplejo Buff&oacute;n ante tal maravilla. Este interesante
+autor era le&iacute;do algunos ratos en voz alta por uno de los hijos mayores,
+pues no hab&iacute;a lectura m&aacute;s sabrosa que aquella para D. Benigno, despu&eacute;s
+de la de Rousseau; y todos se quedaban pasmados oyendo la magn&iacute;fica
+descripci&oacute;n del caballo, la pintura del le&oacute;n, o la peregrina industria
+de los castores. El mismo muchacho o su hermano sol&iacute;a leer tambi&eacute;n las
+<i>Gacetas</i> para dar variedad a los conocimientos y saber lo que pasaba en
+Hungr&iacute;a, Cracovia o Finlandia. Los sucesos de Espa&ntilde;a eran los que jam&aacute;s
+se sab&iacute;an por <i>Gacetas</i> ni papelotes, y era preciso recibirlos por el
+veh&iacute;culo del padre Alel&iacute;, amigo fiel sobre todos los fieles amigos, cada
+vez m&aacute;s perturbado de caletre y m&aacute;s difuso de explicaderas. Por &eacute;l
+supieron que D. Carlos se marchaba a Portugal, haciendo la comedia de
+que su esposa quer&iacute;a abrazar a D. Miguel (otro que tal) y a las infantas
+portuguesas; pero realmente por no verse en el caso de jurar a
+Isabelita. El mismo <i>T&iacute;o Engarza Credos</i> les inform&oacute; de que en una casa
+de la calle de Bel&eacute;n hab&iacute;a sido sorprendida una junta carlista y presos
+todos los que la formaban. Si el inter&eacute;s pol&iacute;tico de las tertulias
+corderiles estaba en estas noticias, su amenidad depend&iacute;a de las gracias
+y atrevimientos de Juanito Jacobo, que con su media lengua dec&iacute;a m&aacute;s que
+si la tuviera toda entera, y ya recitara f&aacute;bulas o romances, ya se
+despachara a su gusto con frasecillas y observaciones de su propia
+cosecha, hac&iacute;a morir de risa a toda la familia, menos cuando le daba por
+enojarse, hacer pucheros y tirar a la cabeza de su hermano un zapato,
+libro, palmatoria, tintero o cualquier otro proyectil mort&iacute;fero.</p>
+
+<p>La tienda hab&iacute;a sido traspasada por Cordero a otro comerciante, amigo y
+pariente suyo, y con esto qued&oacute; retirado absolutamente del comercio. Su
+capital, si no muy grande, s&oacute;lido como el que m&aacute;s, le aseguraba rentas
+modestas y saneadas. Ten&iacute;a vastos proyectos de ensanche y mejoramiento
+en los Cigarrales, y no esperaba sino a que aclarase el tiempo para
+trasladarse all&aacute; con toda la familia.</p>
+
+<p>En Mayo sintiose tan mejorado de su pierna que pens&oacute; era llegado el
+momento de poner fin a sus vacilaciones. Era una tarde hermosa. Hab&iacute;an
+concluido de comer en paz y en gracia de Dios. D. Benigno, dejando que
+Alel&iacute; se durmiera en el sill&oacute;n del comedor y que Crucita hiciera lo
+mismo en su cuarto, envi&oacute; a los muchachos a la escuela, y a su cuarto a
+Sola, entabl&oacute; con ella una conversaci&oacute;n de la cual es preciso no perder
+punto ni coma.</p>
+
+<p>&mdash;Querida Sola&mdash;le dijo&mdash;, tengo que dar a usted explicaciones acerca de un
+hecho que le habr&aacute; sorprendido y que tal vez (y esto es lo que m&aacute;s
+siento) habr&aacute; lastimado su amor propio de usted.</p>
+
+<p>Sola manifestaba grand&iacute;sima sorpresa.</p>
+
+<p>&mdash;El hecho es que, habi&eacute;ndose resuelto desde que estuve en la Granja
+todas las dificultades que se opon&iacute;an a nuestro matrimonio, haya
+aplazado yo varias veces desde aquella &eacute;poca un suceso tan lisonjero
+para m&iacute;. Como usted podr&iacute;a sospechar que estos aplazamientos
+significaban algo de mala gana, frialdad o escaso deseo de ser su
+marido, y como nada ser&iacute;a m&aacute;s contrario a la verdad que esa sospecha de
+usted, tengo que explicarme, hija, tengo que revelar ciertos
+pensamientos &iacute;ntimos y ciertas cosillas... &iquest;me entiende usted?</p>
+
+<p>Con su verbosidad indicaba el h&eacute;roe estar muy lleno de su asunto, como
+dicen los oradores, y es probable que desde la noche anterior hubiese
+preparado en su cabeza y hasta construido algunas de las frases de aquel
+memorable discurso.</p>
+
+<p>&mdash;Pues bien, la causa de esta poca prisa... dar&eacute;mosle este nombre, que es
+el que m&aacute;s le cuadra... ha sido cierto escr&uacute;pulo que me ha asaltado,
+cierto temor de que nuestro matrimonio hiciera a usted desgraciada en
+vez de hacerla feliz, como es mi deseo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Desgraciada!&mdash;exclam&oacute; Sola, recibiendo aquella idea como una ofensa.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh! no apresurarse... falta mucho que decir. Estos escr&uacute;pulos y
+temores no se refieren a cosa alguna que pueda menoscabar los
+extraordinarios m&eacute;ritos de la que eleg&iacute; por esposa; son cosa pura y
+exclusivamente m&iacute;a. Ha llegado el momento de hablar con absoluta
+franqueza, y de no ocultar idea alguna por penosa que sea para m&iacute;. Pues
+bien, hay una persona, un hombre, hija m&iacute;a, que la aprecia a usted en lo
+mucho que vale, que la conoce a usted desde su ni&ntilde;ez, que la ha
+protegido, que la quiere, que la ama; hombre que tal vez, &iquest;por qu&eacute; no?
+es amado de usted... &iexcl;Ah! querida Sola, hija m&iacute;a, me parece que he
+puesto el dedo en una llaga antigua de ese coraz&oacute;n sin par, hecho a
+resistir y padecer como ninguno... En su cara de usted veo...</p>
+
+<p>Ella se hab&iacute;a quedado p&aacute;lida cual si tuviera por rostro una m&aacute;scara de
+cera, y miraba a su delantal, cuya punta ten&iacute;a entre los dedos.</p>
+
+<p>&mdash;Esa palidez&mdash;dijo D. Benigno conmovido&mdash;no indica en manera alguna que
+usted tenga que arrepentirse de nada, pues no se trata de faltas; indica
+que yo he despertado un sentimiento que dorm&iacute;a, &iquest;no es verdad?</p>
+
+<p>La palidez de Sola se disip&oacute; como un velo que se rasga dejando ver la
+claridad que encubre, y as&iacute; fue, por modo parecido al brusco descorrer
+de una cortina, como se encendi&oacute; en ella un rubor viv&iacute;simo. Ech&aacute;ndose a
+llorar, murmur&oacute; estas palabras:</p>
+
+<p>&mdash;Es verdad, s&iacute; se&ntilde;or. Usted es m&aacute;s bueno que los &aacute;ngeles.</p>
+
+<p>El de Boteros estuvo callado un mediano rato contempl&aacute;ndola.</p>
+
+<p>&mdash;Pero yo no he faltado, yo no he mentido...&mdash;balbuci&oacute; <i>Do&ntilde;a Sola y Monda</i>
+entre suspiro y suspiro&mdash;. Lo que usted dice, muerto estaba y enterrado
+en mi coraz&oacute;n para no resucitar jam&aacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;Lo s&eacute;, lo s&eacute;&mdash;dijo Cordero no menos turbado que su amiga&mdash;. &iexcl;Oh! la voz
+aquella, la voz aquella blanda y un poco triste que hablaba aqu&iacute; en mi
+conciencia, &iexcl;qu&eacute; bien me lo dec&iacute;a! Pues oiga usted todo. En este tiempo
+que ha pasado desde que vine de la Granja, se puede decir que no he
+vivido sino para pensar en esto y hacer comparaciones. S&iacute;, he vivido
+compar&aacute;ndome, querida hija, he vivido atormentado por un an&aacute;lisis
+comparativo de las cualidades que creo tener y las que re&uacute;ne el hombre a
+quien usted conoce mejor que yo, resultando que &eacute;l es
+extraordinariamente superior a m&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh! no, cien veces no&mdash;replic&oacute; Sola con energ&iacute;a&mdash;. Es todo lo contrario.</p>
+
+<p>&mdash;No violentemos la naturaleza, hija m&iacute;a; no violentemos tampoco la
+l&oacute;gica. Concedo que en honradez y en prendas morales no me aventaje, si
+bien no hay motivo para no reconocer que me iguala, pero en cambio, &iexcl;qu&eacute;
+superioridad tan grande la suya en el exterior y los atractivos de la
+persona!... Las cosas claritas... &iquest;eh?... &iquest;por qu&eacute; no se ha de decir
+que &eacute;l es un hombre que cautiva, un hombre que despierta simpat&iacute;as en
+todo aquel que le trata, mientras yo...?</p>
+
+<p>&mdash;Usted tambi&eacute;n, usted tambi&eacute;n&mdash;dijo Sola prontamente. D. Benigno mov&iacute;a la
+cabeza con triste adem&aacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;No violentemos la naturaleza, querida, no violentemos la
+l&oacute;gica&mdash;repiti&oacute;&mdash;. Concedo que no sea yo enteramente antip&aacute;tico; pero
+usted, que siente y discurre muy bien, podr&aacute; decir si hay nada en la
+persona y en el alma de un viejo que pueda competir con la juventud, con
+el rostro alegre y expresivo de un hombre sano en la plenitud de sus
+afectos, de su fuerza, de su vida toda.</p>
+
+<p>&mdash;Seg&uacute;n como se mire, seg&uacute;n como se mire&mdash;dijo Sola arrebatada de
+compasi&oacute;n por su amigo y anhelante de concederle todas las ventajas.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh!&mdash;exclam&oacute; D. Benigno sonriendo&mdash;, por m&aacute;s que usted se empe&ntilde;e en
+echarme flores, no conseguir&aacute; que yo me enfat&uacute;e, ni que me obceque hasta
+el punto de no ver claramente lo que soy. La vejez tiene sus
+preeminencias, tiene sus bellezas; pero estas preeminencias y estas
+bellezas no son de gran valor para el caso de que tratamos. Yo me
+conozco bien, no me doy ni me quito ni un adarme de lo que realmente
+peso, puesto en la balanza del matrimonio; creo que no carezco de
+algunas cualidades que me har&iacute;an apreciar y respetar y aun amar de una
+mujer joven; pero la comparaci&oacute;n con otro me revela mis a&ntilde;os, que no son
+floja cuenta para el caso; me revela mis achaques, que se han iniciado
+precisamente ahora como un aviso, como una advertencia que Dios me hace
+por conducto de la Naturaleza. En fin, querida m&iacute;a, si se tratara de
+cualquiera extra&ntilde;o, de cualquier advenedizo que en esta ocasi&oacute;n se
+presentase, ni por el pensamiento me pasar&iacute;a que usted pudiera
+preferirle a m&iacute;; pero &iexcl;ay! se trata de una antigua amistad, de un cari&ntilde;o
+antiguo en &eacute;l y antiguo en usted... Usted me lo ha revelado, dici&eacute;ndome
+con el acento m&aacute;s noble y leal: &laquo;es verdad, es verdad&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Es cierto&mdash;replic&oacute; Sola&mdash;, y ahora, para que no quede en mi coraz&oacute;n ni un
+fondo siquiera de los secretos que he guardado en &eacute;l por tant&iacute;simo
+tiempo, voy a confesarme con usted... Delante de un sacerdote, delante
+de Dios mismo no ser&iacute;a m&aacute;s sincera, cr&eacute;amelo usted... Si antes no habl&eacute;
+de esto, fue porque yo quer&iacute;a considerarlo como cosa muerta y sepultada.
+Cre&iacute;a que mientras m&aacute;s lo callara y menos lo pensara, mayor ser&iacute;a el
+olvido, y no me atrev&iacute;a a confesarlo, por temor de que con la confesi&oacute;n
+renaciera y me atormentara otra vez.</p>
+
+<p>Se hab&iacute;a sentado en una silla baja y sus brazos tocaban las venerables
+rodillas del h&eacute;roe. Quien no la viera de cerca, creer&iacute;a que estaba de
+hinojos.</p>
+
+<p>&mdash;Mucha parte de lo que usted ha callado con tanto af&aacute;n, por su empe&ntilde;o de
+echar tierra y m&aacute;s tierra sobre un sentimiento desgraciado&mdash;dijo
+Cordero&mdash;, me lo revel&oacute; &eacute;l mismo.</p>
+
+<p>&mdash;Habr&aacute; dicho a usted que me recogi&oacute; a la muerte de mi padre, poni&eacute;ndome
+al amparo de su madre, y mir&aacute;ndome como a hermana. Si se jact&oacute; de sus
+beneficios hizo bien, porque estos fueron grandes en aquella &eacute;poca.</p>
+
+<p>&mdash;No se jact&oacute;. Adelante.</p>
+
+<p>&mdash;Dir&iacute;a tambi&eacute;n que yo le cuidaba como una hermana y le serv&iacute;a como una
+esclava. Su voluntad me parec&iacute;a una cosa de que no se pod&iacute;a dudar; sus
+palabras como el Evangelio.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y &eacute;l?...</p>
+
+<p>&mdash;Me trataba con consideraci&oacute;n; pero...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No ten&iacute;a a usted m&aacute;s cari&ntilde;o que el de hermano?</p>
+
+<p>&mdash;Ninguno m&aacute;s; pero aquel cari&ntilde;o me consolaba en mi tristeza.</p>
+
+<p>&mdash;Tengo idea de que fue bastante calavera y que tuvo amores con
+algunas... &iquest;Pero a usted jam&aacute;s...?</p>
+
+<p>&mdash;Jam&aacute;s&mdash;dijo Sola ingenuamente&mdash;, quer&iacute;a a otras mujeres; pero a m&iacute; no me
+quer&iacute;a.</p>
+
+<p>D. Benigno se sonri&oacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero usted&mdash;dijo&mdash;, le quer&iacute;a desde entonces?...</p>
+
+<p>&mdash;Me da verg&uuml;enza decirlo&mdash;replic&oacute; Sola&mdash;, por el desairado papel que hice:
+pero puesta a confesar, no oculto nada. Le quer&iacute;a, s&iacute;, much&iacute;simo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo?</p>
+
+<p>&mdash;Todo lo que se puede querer a una persona&mdash;dijo ella, inclinando la
+cabeza, que le pes&oacute;, sin duda, por una extraordinaria aglomeraci&oacute;n de
+recuerdos.</p>
+
+<p>Cordero sinti&oacute; un nudo en su garganta. Necesit&oacute; tragar algo para quitar
+aquel estorbo y poder decir:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y siempre lo mismo?</p>
+
+<p>&mdash;Siempre le quer&iacute;a lo mismo y no pensaba m&aacute;s que en &eacute;l, a todas horas,
+dormida y despierta.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y cuando estaba ausente?</p>
+
+<p>&mdash;Le quer&iacute;a m&aacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y cuando volv&iacute;a?</p>
+
+<p>&mdash;M&aacute;s. Era una cosa superior a m&iacute;, una especie de enfermedad o desgracia
+que me enviaba Dios.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No procur&oacute; usted librarse de ese tormento, pensando en otro?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;En otro hombre!&mdash;exclam&oacute; Sola como horrorizada&mdash;. Eso no, eso era
+imposible... Lo que yo sent&iacute;a, aquel tormento m&iacute;o me era necesario para
+vivir, como el aire y la luz.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Nunca le demostr&oacute; usted con acciones y palabras la grand&iacute;sima afici&oacute;n
+que le ten&iacute;a?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh! no... A veces hac&iacute;a yo proyectos disparatados y me imaginaba no
+s&eacute; qu&eacute; medios para hac&eacute;rselo comprender; pero luego me daba mucha
+verg&uuml;enza.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; horroroso tormento! &iexcl;Qu&eacute; agon&iacute;a!</p>
+
+<p>&mdash;Casi siempre, s&iacute;; pero a veces era feliz.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo, criatura?</p>
+
+<p>&mdash;Pensando tonter&iacute;as... y ech&aacute;ndome a discurrir que de pronto se le
+antojaba quererme como yo le quer&iacute;a a &eacute;l.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh! bar&aacute;stolis&mdash;exclam&oacute; D. Benigno, cerrando el pu&ntilde;o amenazador&mdash;, por
+vida de... Estoy indignado contra ese hombre, y bien merec&iacute;a que usted
+lo despreciara... Si usted viene a m&iacute; entonces y me cuenta lo que le
+pasa, como me lo cuenta ahora, juro a usted que voy derecho a ese hombre
+y le cojo, y le digo: &laquo;Oiga usted, caballero...&raquo;.</p>
+
+<p>Sola no pudo menos de re&iacute;r un poco, y dijo:</p>
+
+<p>&mdash;No ten&iacute;a usted m&aacute;s que hacerle da&ntilde;o para ser mi mayor enemigo. Pues
+s&iacute;... que lo tomaba yo con poco tes&oacute;n... Ahora comprendo que era muy
+extremada y que yo misma me recalentaba la imaginaci&oacute;n noche y d&iacute;a, como
+cuando se echa le&ntilde;a en un fuego que se teme ver apagado. Como no hab&iacute;a
+nadie a quien yo pudiera contar tales cosas, me las contaba a m&iacute; misma.
+Yo me consolaba dici&eacute;ndome tonter&iacute;as y resign&aacute;ndome, pues las muchas
+desgracias que he tenido desde ni&ntilde;a y el verme siempre privada de todo
+lo que m&aacute;s he querido, me acostumbraron a tener mucha paciencia,
+much&iacute;sima. Es un consuelo un poco triste este de la paciencia; pero
+us&aacute;ndolo mucho, concluye uno por quererle y familiarizarse con &eacute;l... Yo
+ten&iacute;a... hasta mis alegr&iacute;as, s&iacute; se&ntilde;or, alegr&iacute;as a mi modo, &iexcl;pues qu&eacute;
+ser&iacute;a de nuestra alma si no tuviese medios de sacar alguna vez de s&iacute;
+misma lo que los de fuera no quieren darle!... En fin, se&ntilde;or, as&iacute; iba
+pasando el tiempo, pasando, &eacute;l ausente, yo sin esperanza. Me parece que
+los d&iacute;as eran como unos velos que se corr&iacute;an despacio, uno sobre otro, y
+estos velos ca&iacute;an sobre mi memoria, y poco a poco iban apagando y
+oscureciendo lo que en ella hab&iacute;a. Al cabo de cierto tiempo empec&eacute; a
+verle... as&iacute; como entre brumas, lejos; y con las ocupaciones, todo lo
+que yo pensaba se interrumpi&oacute; para dar lugar a otras cosas. A veces
+perd&iacute;a bruscamente el terreno perdido, quiero decir, que por causa de
+alg&uacute;n sue&ntilde;o, de alguna conversaci&oacute;n que me recordaba las cosas pasadas,
+o por nada, por simpleza m&iacute;a, volv&iacute;a a sentirme atormentad&iacute;sima, y me
+parec&iacute;a tenerle delante y o&iacute;rle, &iexcl;siempre tan cari&ntilde;oso, siempre tan
+bueno, pero siempre hermano!... En fin, aquellas reca&iacute;das... porque eran
+como las reca&iacute;das de una enfermedad... pasaban tambi&eacute;n. Yo sent&iacute;a que
+iba cayendo tierra sobre aquello, y si he de decir verdad, yo la echaba
+tambi&eacute;n a pu&ntilde;ados, unas veces rezando, otras trabajando en demas&iacute;a...
+&iexcl;Ay! al fin me encontr&eacute; triunfante, y si pudiera valerme de una
+expresi&oacute;n rara...</p>
+
+<p>&mdash;A ver, diga usted esa expresi&oacute;n rara, querida sepulturera.</p>
+
+<p>&mdash;Pues dir&eacute; que &uacute;ltimamente me paseaba sobre el grand&iacute;simo mont&oacute;n de
+tierra que yo hab&iacute;a echado sobre aquellas penas sepultadas... Algunas
+veces no iba segura, porque me parec&iacute;a que sent&iacute;a moverse debajo de mis
+pies la tierra... pero yo, valiente como deb&iacute;a serlo, daba golpes con
+los pies y todo se quedaba entonces quieto... &iquest;Ve usted qu&eacute;
+pamplinas?...</p>
+
+<p>&mdash;Siga usted&mdash;exclam&oacute; Cordero con la voz entrecortada&mdash;. Estoy lelo de
+admiraci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Pues en estas y otras cosas, llegu&eacute; a tener conocimiento con una
+persona que me manifest&oacute; tanto inter&eacute;s, tanta consideraci&oacute;n... Yo no
+sab&iacute;a c&oacute;mo pagarle, y dec&iacute;a: &laquo;Es una desgracia para m&iacute; no tener algo de
+gran valor que ofrecer a este hombre generoso&raquo;. &iexcl;Qu&eacute; lejos estaba
+entonces de suponer que mi hombre generoso, mi segundo padre hab&iacute;a de
+querer cobrarse sus beneficios de un modo que me obligaba m&aacute;s a la
+gratitud! Yo trabajaba en su casa: hubiera deseado que se multiplicaran
+las obligaciones para poder esclavizarme m&aacute;s. Yo comprend&iacute;... Dios y
+mis desgracias me han dado alguna penetraci&oacute;n... comprend&iacute; que mi buen
+amigo hab&iacute;a encontrado en esta pobre algunos m&eacute;ritos personales, y no
+estaba conforme con que yo fuera su criada, ni su pupila, ni tampoco su
+hija; quer&iacute;a llevar su generosidad hasta un extremo tal... El
+agradecimiento llenaba mi coraz&oacute;n; &iexcl;qu&eacute; regocijo me causa el agradecer y
+el pagar, aunque sea con poco!... Yo acept&eacute; entonces los favores de mi
+protector, y me dije que deb&iacute;a hacer todo lo posible por merecer el bien
+inmenso que aquel hombre quer&iacute;a hacerme. &iexcl;Ay! c&oacute;mo luch&oacute; entonces por
+arrancarme lo que a&uacute;n restaba de lo pasado... A&uacute;n quedaba algo: negarlo
+ser&iacute;a mentir. Mi buen protector se apoderaba de mi alma de una manera
+dulce y lenta. Llegu&eacute; a acostumbrarme a su compa&ntilde;&iacute;a de tal modo, que si
+esta me faltara, faltar&iacute;ame lo principal de la vida. La idea de ser su
+mujer se clav&oacute; en m&iacute;, ech&oacute; ra&iacute;ces, y me promet&iacute; entonces a &eacute;l sin
+escr&uacute;pulo y con la conciencia serena. Mi coraz&oacute;n, reconquistado por m&iacute;,
+pod&iacute;a ser ofrecido a quien mejor que nadie lo merec&iacute;a. &iquest;Qu&eacute; mejor due&ntilde;o
+pod&iacute;a desear que aquel hombre sin igual, por quien sent&iacute; adem&aacute;s de la
+gratitud un afecto tan grande, tan grande que no s&eacute; c&oacute;mo expresarlo?</p>
+
+<p>D. Benigno hac&iacute;a los imposibles por impedir que las l&aacute;grimas salieran de
+sus ojos, y ya miraba al lecho, sin dejar de atender con toda su alma a
+lo que Sola dec&iacute;a, ya estiraba los m&uacute;sculos de su cara, ya en fin pon&iacute;a
+diques al llanto queriendo convertirlo en ben&eacute;vola risa. Por &uacute;ltimo,
+pudo m&aacute;s su emoci&oacute;n que su dignidad y se llev&oacute; la mano a los ojos.</p>
+
+<p>&mdash;Reconozco con mucho gusto, con much&iacute;simo gusto&mdash;dijo hablando con
+turbaci&oacute;n, pero sin llanto&mdash;, que al aceptar usted mis ofrecimientos lo
+ha hecho con lealtad... s&iacute;, se&ntilde;ora m&iacute;a, lo reconozco... estoy
+agradecido... yo no valgo nada... reconozco que usted, al responder
+afirmativamente a mis ruegos, ech&oacute; el &uacute;ltimo pu&ntilde;ado de tierra sobre un
+pasado triste; me ofreci&oacute; su cari&ntilde;o y me consagr&oacute; su persona toda, su
+porvenir... yo lo agradezco... pero, pero... luego cambiaron las cosas,
+se present&oacute; a usted de improviso aquel sobre quien hab&iacute;a ca&iacute;do tanta,
+tant&iacute;sima tierra...</p>
+
+<p>&mdash;No&mdash;exclam&oacute; Sola en&eacute;rgicamente, levant&aacute;ndose&mdash;. Nada puede alterar mi
+resoluci&oacute;n. Cuando apareci&oacute;, ya yo no me pertenec&iacute;a. Me considero tan
+ligada por mi palabra antes como despu&eacute;s de aquella visita, y no debo,
+ni quiero... ni quiero, repito, volver atr&aacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;No es posible que la presencia de ese se&ntilde;or lo fuera a usted
+indiferente.</p>
+
+<p>&mdash;Indiferente no; pero quien tanto ha luchado y tanto ha vencido, no
+pod&iacute;a de ning&uacute;n modo comprometer su victoria. Soy la misma ahora que
+cuando fui por primera vez a los Cigarrales a pasar los mejores d&iacute;as de
+mi vida... La menor duda de usted sobre esto ser&aacute; para m&iacute; una ofensa.
+Soy toda en cuerpo y alma del que mir&oacute; a esta hu&eacute;rfana sola y abandonada
+y tuvo la incomparable generosidad de querer hacerla su se&ntilde;ora.</p>
+
+<p>La actitud firme de Sola, la energ&iacute;a y la lealtad que en su semblante se
+pintaban, como la expresi&oacute;n m&aacute;s propia y adecuada de su alma
+hermos&iacute;sima, ten&iacute;an al buen Cordero sobrecogido de admiraci&oacute;n, de
+gratitud, de entusiasmo, de amor.</p>
+
+<p>&mdash;Una sola palabra&mdash;a&ntilde;adi&oacute;&mdash;una sola pregunta quiero hacer. Lo que usted
+diga ser&aacute; para m&iacute; como declaraci&oacute;n bajada del cielo y lo creer&eacute;, como se
+cree en Dios... Una palabrita nada m&aacute;s. Somos dos, dos hombres, el uno
+joven, lleno de vida y salud, de inmejorable presencia, despejado, rico,
+honrado, con innumerables prendas que aumentar&aacute; la imaginaci&oacute;n de la que
+tanto supo amarle de ni&ntilde;a; el otro viejo, enfermo, pesado...</p>
+
+<p>&mdash;Pesado no&mdash;grit&oacute; Sola protestando con calor.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, quitemos lo de pesado... enfermo, feo...</p>
+
+<p>&mdash;En los hombres no hay fealdad.</p>
+
+<p>&mdash;Enfermo&mdash;prosigui&oacute; Cordero contando por los dedos&mdash;, poco agraciado,
+corto de vista, honrado s&iacute;, como el primero, de buen coraz&oacute;n... En fin,
+voy al objeto. Los dos quieren casarse con una tal Sola, y esto parece
+fin de comedia. Una palabra de la dama va a decidir la cuesti&oacute;n, &iquest;a cu&aacute;l
+de los dos quiere por marido?</p>
+
+<p>&iexcl;Oh! qui&eacute;n tuviera pincel para pintar aquel destello de verdad suprema
+que brill&oacute; en los ojos de Sola, aquel gesto de hero&iacute;na con que llev&oacute; la
+mano al pecho y elev&oacute; al cielo los ojos, bella por la verdad, sublime
+por lo que de abnegaci&oacute;n hab&iacute;a en el fondo de aquella verdad, y qui&eacute;n
+pudiera expresar el acento suyo cuando pronunci&oacute; estas palabras:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Como Dios es mi padre celestial, as&iacute; es verdad que quiero casarme con
+el viejo!</p>
+
+<p>D. Benigno no la hab&iacute;a abrazado nunca. Aquel d&iacute;a la abraz&oacute; por primera
+vez, y aquel abrazo bien val&iacute;a por mil.</p>
+<p>
+ <img src="images/pag306.jpg"
+ alt="image" title="image" />
+</p>
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="X" id="X"></a>-X-</h2>
+
+
+<p>Contaba el padre Alel&iacute;, historiador desmemoriado y chocho, que aquella
+noche estuvo D. Benigno durante seis horas seguidas sin moverse de su
+asiento, con los ojos fijos en las puntas de los pies, y el pu&ntilde;o en la
+mejilla, y tal fue, a&ntilde;ade, la duraci&oacute;n de su &eacute;xtasis, cavilaci&oacute;n o
+modorra, que al dejar aquella actitud ten&iacute;a marcadas las coyunturas en
+los rojos mofletes de su cara, y el codo hab&iacute;a dejado un hoyo
+profund&iacute;simo en el cojinete del brazo del sill&oacute;n. Pero nuestro buen
+criterio no nos permite admitir ciegamente esta versi&oacute;n, y as&iacute; reducimos
+a tres las seis horas de que habla Alel&iacute;, el cual como Herodoto era muy
+inclinado a exagerar y dar proporciones a lo que ve&iacute;a. Mejor ser&iacute;a a&uacute;n,
+reducir a una hora nada m&aacute;s el plazo de aquella perplejidad de nuestro
+querido se&ntilde;or, y as&iacute; lo haremos. Conste, pues, que medit&oacute; largo rato, y
+que despu&eacute;s apareci&oacute; como ensimismado y lleno de confusiones. &iquest;No se
+hab&iacute;an disipado sus recelos? Sin duda no. De su talante s&oacute;lo puede
+decirse que tan pronto parec&iacute;a muy alegre como muy triste.</p>
+
+<p>Al d&iacute;a siguiente muy temprano, despu&eacute;s de un sue&ntilde;o ni profundo ni largo,
+se levant&oacute;, y despachando a toda prisa el desayuno, sali&oacute; y fue derecho
+en busca de un sujeto que viv&iacute;a en la calle del Duque de Alba, junto a
+D. Felic&iacute;simo. Aquel era d&iacute;a de mala suerte para el de Boteros, porque
+el individuo a quien buscaba hab&iacute;a salido m&aacute;s temprano que de costumbre,
+dejando dicho a sus criados que no le esperaran en todo el d&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bar&aacute;stolis y m&aacute;s que bar&aacute;stolis! ya pod&iacute;a haber esperado un poco.</p>
+
+<p>&mdash;Si llega usted cinco minutos antes&mdash;dijo el criado&mdash;, le encuentra
+bajando la escalera.</p>
+
+<p>&mdash;Cinco minutos... &iquest;y c&oacute;mo hab&iacute;a de llegar cinco minutos antes, hombre
+de Dios? &iquest;No ve usted que soy cojo?... &iquest;no lo ve usted?</p>
+
+<p>&mdash;No se incomode usted, caballero.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Malaventurados los cojos&mdash;dijo el h&eacute;roe para s&iacute; con tristeza&mdash;, porque
+ellos llegaron siempre tarde!</p>
+
+<p>El se&ntilde;or a quien D. Benigno buscaba con tanto empe&ntilde;o no estaba lejos de
+su casa. Si Cordero, en vez de retroceder hacia la Merced y calle de
+Carretas con &aacute;nimo de encontrarle, hubiera seguido hacia San Mill&aacute;n y la
+calle de los Estudios, le habr&iacute;a de seguro hallado. Estaba frente a una
+puerta de la citada calle, con la vista fija en un hombre y en un
+caldero, en una mesilla forrada de lat&oacute;n, en un enorme perol de masa y
+en un gancho. En el caldero que era grand&iacute;simo, ventrudo y negro, herv&iacute;a
+un mediano mar amarillo con burbujas que parec&iacute;an gotas de &aacute;mbar
+bailando sobre una superficie de oro.</p>
+
+<p>Del l&iacute;quido hirviente sal&iacute;a un chill&oacute;n murmullo, como el re&iacute;r de una
+vieja, y del hogar o rescoldo, profundo son como el resuello de un
+demonio. La llama extend&iacute;a sus lenguas, que m&aacute;s bien parec&iacute;an manos con
+dedos de fuego y u&ntilde;as de humo, las cuales acariciaban la convexidad del
+cazuel&oacute;n, y ora se escond&iacute;an, ora se alargaban resbalando por el holl&iacute;n.
+El hombre que estaba junto al cazuel&oacute;n y sobre &eacute;l trabajaba, habr&iacute;a
+pasado en otro pa&iacute;s por prestidigitador o por mono, pues s&oacute;lo estos
+individuos podr&iacute;an igualarle en la ligereza de sus brazos y blandura de
+sus manos. En el espacio de pocos segundos met&iacute;a la izquierda en el
+cacharro de la masa, daba en ella un pellizco, sacaba un pedazo, que m&aacute;s
+parec&iacute;a piltrafa; estrujaba liger&iacute;simamente aquella piltrafa, haciendo
+entro sus dedos como un peque&ntilde;o disco u oblea grande; arrojaba esto al
+hervidero amarillo, y en el mismo instante, con una varilla que en la
+mano ten&iacute;a, agujereaba el disco, haciendo un movimiento circular como
+quien traza signo cabal&iacute;stico. Unos cuantos segundos m&aacute;s y el disco se
+llenaba de viento y se convert&iacute;a en aro. Con un brusco impulso de la
+varilla ech&aacute;balo fuera para empezar de nuevo la operaci&oacute;n. No ser&aacute;
+necesario decir que aquellos roscos amarillos, vidriados y tiesos como
+vejigas eran bu&ntilde;uelos. Una mujer flaca, bigotuda, con parches en las
+sienes, y las cejas como dos parches negros, se ocupaba en poner
+ordenadamente los bu&ntilde;uelos y en espolvorearles az&uacute;car con un cacharrillo
+de lata, agujereado cual salvadera. La misma mujer de los parches era
+quien vend&iacute;a, cuando alguien compraba, ensartando las docenas de
+bu&ntilde;uelos en juncos verdes que a la mano ten&iacute;a.</p>
+
+<p>El prestidigitador bu&ntilde;uelista era un hombre peque&ntilde;o, antip&aacute;tico, tirando
+a viejo. Sudaba tanto con aquel continuo y fatigoso ejercicio, que su
+cara parec&iacute;a haber estado en remojo poco antes. Para entretener el
+fastidio canturreaba 10 esta copla:</p>
+
+<p class="noindent">
+<span style="margin-left: 5em;">Reinar&aacute; D Carlos</span><br />
+<span style="margin-left: 5em;">con la Inquisici&oacute;n,</span><br />
+<span style="margin-left: 5em;">cuando la naranja</span><br />
+<span style="margin-left: 5em;">se vuelva lim&oacute;n.</span><br />
+</p>
+
+<p>Salvador reconoci&oacute; la puerta de la casa que buscaba, y acerc&aacute;ndose,
+pregunt&oacute; si viv&iacute;a all&iacute; el se&ntilde;or Pedro L&oacute;pez, por otro nombre Tablas.
+Mientras el hombre se limpiaba el sudor, la hembra de los parches
+contest&oacute; que s&iacute;. La tiendecita ahumada donde estaba el puesto de
+bu&ntilde;uelos y aguardiente comunic&aacute;base con una lonja grande y espaciosa,
+donde hab&iacute;a espl&eacute;ndido comercio de carne y salchicher&iacute;a. Ambos
+establecimientos eran, al parecer, de un mismo due&ntilde;o: el peque&ntilde;o ten&iacute;a
+una puerta a la calle y el grande dos.</p>
+<p>
+ <img src="images/pag307.jpg"
+ alt="image" title="image" />
+</p>
+<p>&mdash;Es en la tienda de al lado&mdash;dijo el bu&ntilde;uelero sin urbanidad&mdash;; pero se
+puede entrar por aqu&iacute;. Pase usted, caballero... Se&ntilde;&aacute; Nazaria, aqu&iacute;
+preguntan por usted.</p>
+
+<p class="noindent">
+<span style="margin-left: 5em;">Cuando la naranja</span><br />
+<span style="margin-left: 5em;">se vuelva lim&oacute;n.</span><br />
+</p>
+
+<p>Salvador penetr&oacute; en la gran tienda donde pod&iacute;a admirarse todo lo m&aacute;s
+hermoso y rico que producen las industrias de Mont&aacute;nchez y Candelario, y
+si no hubiera freno para las comparaciones, si todo lo visible pudiese
+entrar en el dominio del arte metaf&oacute;rico, bien podr&iacute;a llamarse a aquello
+el palacio de las morcillas o el templo del jam&oacute;n. Adem&aacute;s de la
+extraordinaria abundancia de lo que en el comercio se llama <i>g&eacute;nero</i>,
+cautivaba en tal sitio el buen orden y, si se quiere, la elegancia con
+que todo estaba colocado y mostrando que hab&iacute;a all&iacute; buen ojo y buena
+mano para que lo destinado a complacer al est&oacute;mago embelesase primero a
+la vista. El techo era un portento, pues no parec&iacute;a sino la convexidad
+de admirable gruta adornada de estalactitas, de corales, madr&eacute;poras y
+raras especies de aquella parte del reino vegetal que con el mineral se
+confunden. Fij&aacute;ndose en los jamones que colgaban de un barrote de hierro
+y en las oscuras morcillas que les acompa&ntilde;aban, no se pod&iacute;a menos de
+pensar en alg&uacute;n inmenso &aacute;rbol de Jauja, que hab&iacute;a metido all&iacute; una de sus
+ramas, completamente llena de gigantescas frutas, tan sabrosas como
+picantes. En graciosas cenefas y en madejas ondeadas pend&iacute;an las
+salchichas rojas como el pimiento de quien tomaban su afectado colorete,
+y las sartas de chorizos se entremezclaban con los perniles,
+acarici&aacute;ndolos suavemente con su piel crasosa. Por una columna abajo
+descend&iacute;an en cuelga millares de salchichones, los unos vestidos con
+coraza de plata, los otros desnudos y tiesos como garrotes, en tal
+n&uacute;mero, que con ellos se podr&iacute;a armar un ej&eacute;rcito, si los ej&eacute;rcitos se
+batieran a cachiporrazos. En el mostrador, de pintada tabla, estaba el
+peso de metal amarillo, que como el m&aacute;s fino oro de Arabia reluc&iacute;a, y de
+unos ganchos que tra&iacute;an a la memoria las horcas alzadas por Chaper&oacute;n en
+la vecina plazuela, colgaban las orondas reses puestas al despacho. All&iacute;
+era de ver la herc&uacute;lea fiereza con que un fornido inocent&oacute;n manejaba el
+hacha sobre el tajo, haciendo trizas a la v&iacute;ctima, que hab&iacute;a sido un
+inocent&iacute;simo carnero manchego, o benem&eacute;rita vaca de la sierra de Gredos.
+Insensible como un verdugo, hab&iacute;a en &eacute;l tambi&eacute;n algo de la estricta
+equidad de quien cumple justicias superiores, porque cortaba los pedazos
+de modo que resultasen conforme al peso pedido, y era muy comedido de
+huesos y escrupuloso de piltrafas. El tajo era quiz&aacute;s el objeto que
+menos conforme estaba con el aspecto ordenado y hasta bonito de la
+tienda. &iquest;Qui&eacute;n nos asegura que no sali&oacute; del mismo tronco de donde
+sacaron el que sirvi&oacute; para hacer justicia a los Comuneros? Cuando
+nuestro buen amigo Rufete le miraba, las edades ominosas acud&iacute;an a su
+mente y con ellas la imagen de los terribles escarmientos aplicados al
+hombre por el hombre. Las rayas trazadas sobre el madero por el filo del
+hacha le parec&iacute;an una p&aacute;gina hist&oacute;rica.</p>
+
+<p>Las pesas sub&iacute;an y bajaban golpeando el mostrador duro, y de mano en
+mano iba pasando el sustento de todo el barrio, aqu&iacute; pobre y esquilmado,
+all&aacute; rico y sustancioso. Sobre la tabla ca&iacute;a una lluvia de cuartos
+negros manchados de verde, y con la m&uacute;sica que estos hac&iacute;an, se
+concordaba el choque de las medias libras y onzas de cobre, sin cesar
+dando sobre el platillo. La aguja de la balanza oscilaba constantemente
+como un p&eacute;ndulo invertido. Cuando se distribu&iacute;a una res, dividi&eacute;ndose en
+innumerables pedazos destinados a tan diversas necesidades humanas, se
+descolgaba otra. Tan continuado rasgar de fibras y estallido de huesos
+causar&iacute;a horror a los que no lo presenciaran todos los d&iacute;as. Entre el
+murmullo se o&iacute;a: &laquo;Se&ntilde;&aacute; Nazaria, p&eacute;seme bien, que soy parroquiana...
+Se&ntilde;&aacute; Nazaria, c&oacute;rteme pierna de abajo... Se&ntilde;&aacute; Nazaria, tenga conciencia
+y vea que eso es cordilla para los gatos... Se&ntilde;&aacute; Nazaria, el solomillo
+limpio y mondo o no cobrado... Se&ntilde;&aacute; Nazaria, tenga conciencia en las
+chuletas&raquo;.</p>
+
+<p>Y se&ntilde;&aacute; Nazaria atend&iacute;a a todos los t&eacute;rminos de esta bara&uacute;nda,
+demostrando actividad pasmosa, inteligencia m&uacute;ltiple y compleja. Un&iacute;a al
+talento para distribuir la grandeza de alma para conceder siempre un
+poco m&aacute;s del peso. No era cicatera, pero cuando se cre&iacute;a enga&ntilde;ada en el
+dinero, hac&iacute;a justicia pronta y seca. En cierta ocasi&oacute;n agarr&oacute; un mo&ntilde;o
+como se podr&iacute;a coger una fruta, tir&oacute; de &eacute;l y una copiosa cabellera negra
+se le qued&oacute; en la mano, por lo que se dijo que en sus grandezas imitaba
+a Julio C&eacute;sar, y en su modo de guerrear a los salvajes. Era una mujer
+alta y gorda, no tan gorda que llegara a ser repugnante, sino llena,
+redondeada y bien compartida. Si era verdad que parec&iacute;a haber absorbido
+parte considerable de la infinita sustancia que en la tierra existe,
+tambi&eacute;n lo es que conservaba mucha ligereza en todo su cuerpo, y que no
+lo pesaban las mantecas. Su rostro era de admirable blancura, sus ojos
+garzos y negros, su nariz basta y respingada, abierta descaradamente al
+aire, como gran ventana, necesaria a la respiraci&oacute;n de un grande y
+profundo edificio. El chorro de viento que entraba por aquella nariz
+modelada para el desparpajo, impon&iacute;a miedo a los espectadores de su
+c&oacute;lera. Nazaria ten&iacute;a la hermosura que por extra&ntilde;a amalgama de los tipos
+humanos, hace simp&aacute;tico al descaro.</p>
+
+<p>Luc&iacute;a enormes amatistas montadas en pendientes de filigrana como
+relicarios, de modo que parec&iacute;a llevar en cada oreja el pectoral de un
+obispo. Sus manos eran bonitas y gordezuelas, y los anillos que de
+antiguo llevaba no se le pod&iacute;an sacar, porque su carne hab&iacute;a crecido y
+el oro no. Ten&iacute;a treinta y tantos a&ntilde;os y era viuda de un opulento
+negociante de Candelario.</p>
+
+<p>Por qu&eacute; la llamaban Pimentosa es cosa que no se sabe; pero algunos
+dec&iacute;an que picaba mucho y levantaba ampolla a la manera de guindilla. Se
+pod&iacute;a ir a la tienda por verla despachar. Tambi&eacute;n ella era
+prestidigitadora como el de los bu&ntilde;uelos, y parec&iacute;a que se le
+multiplicaban milagrosamente las manos para coger pesar, cobrar, contar
+y devolver, todo sin dejar de charlar ni un solo momento. Enormes
+calderos de manteca blanca como espuma ocupaban un extremo del
+mostrador, y era bonito ver resbalando por aquellas blanduras de grasa
+las esmeraldas y los diamantes clavados en los dedos de Nazaria. Otras
+veces aquellos dedos, en sangre tintos, ocup&aacute;banse en usos industriales
+del g&eacute;nero de Candelario; pero pronto recobraban su belleza revolc&aacute;ndose
+en espuma de jab&oacute;n y estruj&aacute;ndose en agua hasta quedar limpios como el
+oro y finos como la seda. As&iacute; y todo se pirraban por dar una bofetada.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XI" id="XI"></a>-XI-</h2>
+
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; se le ofrec&iacute;a a usted, caballero?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Est&aacute; ese Sr. Tablas?</p>
+
+<p>&mdash;Perico querr&aacute; usted decir. Esta no es hora.</p>
+
+<p>&mdash;Eso es, D. Pedro L&oacute;pez.</p>
+
+<p>&mdash;No tan arriba. Pique m&aacute;s bajo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Se le puede ver, s&iacute; o no?</p>
+
+<p>&mdash;Creo que est&aacute; durmiendo. Suba usted... Eh, t&uacute;, Rumalda... ve con este
+caballero... Di a Perico que si no tiene verg&uuml;enza de dormir a estas
+horas.</p>
+
+<p>Romualda era una mujercita encanijada y vestida de harapos que en la
+tienda inmediata ayudaba a la mujer de los parches a ensartar bu&ntilde;uelos.
+La fisonom&iacute;a de Romualda estaba de tal manera desvirtuada por la palidez
+y por la suciedad, que no se pod&iacute;a decir si era fea o bonita. Igual
+dificultad hab&iacute;a para declararla ni&ntilde;a o mujer, y as&iacute; lo menos expuesto a
+equivocaciones ser&aacute; decir que no ten&iacute;a edad ninguna.</p>
+
+<p>El fen&oacute;meno (pues no de otro modo era llamada en el barrio) ech&oacute; a andar
+delante de Salvador para guiarlo. Pero como el fen&oacute;meno cojeaba ninguno
+de los dos pod&iacute;a ir a prisa. Tardaron algunos minutos en vencer la
+escalera, cuya tortuosidad igualaba a las oscuras revueltas de la
+conciencia de un asesino. Por decir algo durante el fastidio de tan
+penosa ascensi&oacute;n, Salvador pregunt&oacute; a su compa&ntilde;era si era de la familia
+del Sr. Tablas.</p>
+
+<p>&mdash;Es mi padre&mdash;replic&oacute; la cojuela.</p>
+
+<p>&mdash;Pues no lo parece&mdash;dijo el caballero&mdash;. El Sr. Tablas y la se&ntilde;ora Nazaria
+est&aacute;n, seg&uacute;n parece, en muy buena posici&oacute;n.</p>
+
+<p>El fen&oacute;meno no dijo nada, y sigui&oacute; subiendo. Parec&iacute;a subir con un solo
+pie. Al llegar arriba det&uacute;vose para tomar aliento. Sin duda no respiraba
+m&aacute;s que con un pulm&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Se ha cansado usted, caballero?</p>
+
+<p>&mdash;No tal... piso tercero. La escalera no es larga, y se subir&iacute;a bien si
+no fuese tan oscura... T&uacute; s&iacute; est&aacute;s cansada. &iquest;Cu&aacute;ntas veces al d&iacute;a
+subes?</p>
+<p>
+ <img src="images/pag314.jpg"
+ alt="image" title="image" />
+</p>
+<p>El fen&oacute;meno se qued&oacute; pensando. Por &uacute;ltimo, dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Unas sesenta veces.</p>
+
+<p>&mdash;Es buena renta, hija. Tres mil escalones diarios.</p>
+
+<p>&mdash;Con poco m&aacute;s al cielo.</p>
+
+<p>Romualda no dijo m&aacute;s, y entrando en la casa despert&oacute; a Pedro L&oacute;pez, que
+dorm&iacute;a como un canto. Desde la sala en que esperaba entretenido en
+contemplar las estampas de santos y toreros que cubr&iacute;an las paredes, oy&oacute;
+Salvador los gru&ntilde;idos del atleta al ser arrancado de su dulce sue&ntilde;o por
+la mano &aacute;spera y aceitosa del fen&oacute;meno. Oy&oacute; despu&eacute;s imprecaciones y
+desperezos, y luego una ronqu&iacute;sima voz que dec&iacute;a:</p>
+
+<p>&mdash;Baja a la tienda y tr&aacute;eme los cigarros que dej&eacute; en el caj&oacute;n grande del
+mostrador.</p>
+
+<p>Poco despu&eacute;s Tablas y Salvador se saludaban en la sala. Hablaron con
+inter&eacute;s un largo rato, y al fin dijo L&oacute;pez:</p>
+
+<p>&mdash;V&aacute;monos al caf&eacute;, y almorzando hablaremos de eso despacito. Aqu&iacute; no se
+puede hablar de nada. Nazaria es muy re-curiosa, y todo lo quiere saber.</p>
+
+<p>Se fueron. En la escalera hallaron al fen&oacute;meno, que despu&eacute;s de haber
+subido para llevar los cigarros al Sr. Tablas, volv&iacute;a a subir (&iexcl;oh
+Cristo de la cruz acuestas!) en busca de la sal para un huevo frito que
+se estaba comiendo la se&ntilde;ora Nazaria.</p>
+
+<p>Se comprender&aacute; por este &uacute;ltimo y no insignificante detalle que la
+hermosa carnicera hab&iacute;a concluido el despacho de la ma&ntilde;ana. Al fin pod&iacute;a
+gozar alg&uacute;n descanso despu&eacute;s de aquella espantosa brega de cortar,
+pesar, cobrar y devolver, y en el rescoldo de la bu&ntilde;oler&iacute;a le aderezaba
+la de los parches un ligero almuerzo. Detr&aacute;s del mostrador pon&iacute;a su mesa
+Nazaria; se lavaba manos y brazos hasta el codo; quit&aacute;base aquel
+horrible mandil que le sirviera poco antes, y acompa&ntilde;ada de alguna
+discreta amiga que de la pr&oacute;xima tienda de lienzos ven&iacute;a o de la mujer
+del vinatero, restauraban sus fuerzas. Despu&eacute;s sol&iacute;a tomar una
+almohadilla con algo de costura, y a cada instante volv&iacute;a la cabeza
+hacia la otra tienda para decir:&mdash;&laquo;Rumalda, sube y tr&aacute;eme el dedal...&raquo;.
+M&aacute;s tarde:&mdash;&laquo;Rumalda, la seda negra que est&aacute; en mi costurero...&raquo;.</p>
+
+<p>En la bu&ntilde;oler&iacute;a, que a eso de las diez apag&oacute; sus fuegos, estaba la de
+los parches al frente de sus menguados despachillos de escarola, perejil
+y lechugas. Romualda se com&iacute;a un pedazo de pan, enga&ntilde;ado con los restos
+del almuerzo de Nazaria.</p>
+
+<p>&mdash;Rumalda&mdash;dijo esta despu&eacute;s de medio d&iacute;a&mdash;, sube y dile a Petrilla que no
+ponga las perdices.</p>
+
+<p>Y media hora despu&eacute;s Romualda subi&oacute; a preguntar si estaba la comida.
+Siendo la respuesta negativa, volvi&oacute; a subir para dar prisa, y cuando
+Nazaria se remont&oacute; despacio a su alojamiento para comer y dormir la
+siesta, el fen&oacute;meno baj&oacute; a buscar las tijeras que se hab&iacute;an quedado en
+la tienda, y m&aacute;s tarde a decir al cortador que cerrara, y luego fue por
+aceite a la lonja de la esquina.</p>
+
+<p>La Pimentosa comi&oacute; abundantemente, como sol&iacute;a hacerlo, y antes de dormir
+la siesta mand&oacute; al fen&oacute;meno que bajase para ver si Tablas estaba en la
+taberna de la calle de las Maldonadas. Mal&iacute;simo humor ten&iacute;a la se&ntilde;ora
+por aquella tardanza de su hombre, aunque acostumbrada estaba a tales
+ausencias y a otras mayores. Del mal humor pas&oacute; a la furia, y despu&eacute;s de
+poner como ropa de pascuas a Petrilla, a la mujer de los parches, al
+cortador, al lucero del alba, al Preste Juan de las Indias, al rey
+David, mir&oacute; a Romualda con dictatorial ce&ntilde;o.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y t&uacute; qu&eacute; haces ah&iacute;, holgazana? &iquest;En d&oacute;nde est&aacute; la media?</p>
+
+<p>El fen&oacute;meno respondi&oacute; temblando que la media estaba abajo... &iquest;pues
+d&oacute;nde hab&iacute;a de estar?</p>
+
+<p>&mdash;Pues correndito por ella.</p>
+
+<p>Y se ech&oacute; a dormir. Despu&eacute;s de la siesta recibi&oacute; varias visitas, a
+saber: el respetable vinatero que ven&iacute;a con important&iacute;simos chismes de
+la vecindad; la inquilina del segundo, que era prestamista, con m&aacute;s
+conchas que un gal&aacute;pago y m&aacute;s dinero que la Real Hacienda; una criada de
+la se&ntilde;ora de D. Pedro Rey que vino a traer recados de su ama, (pues
+Nazaria era hija de una antigua sirvienta de los Rey), y el padre
+Caranto&ntilde;a, de la orden de Predicadores, que algunas veces sol&iacute;a ir a la
+casa para llevarse una cestilla repleta de ricos chorizos y butifarras,
+con otras vituallas de consideraci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Padre Caranto&ntilde;a&mdash;dijo Nazaria al despedir al fraile&mdash;. H&aacute;game un favor.
+Si ve a Rumaldilla en la tienda o jugando en la calle, d&iacute;gale que suba.</p>
+
+<p>Aquella tarde sintiose la insigne carnicera bastante molestada de la
+dispepsia que padec&iacute;a. Hall&aacute;base en disposici&oacute;n de abofetear a todo el
+g&eacute;nero humano, porque las malas digestiones exacerbaban su car&aacute;cter
+agrio y desp&oacute;tico. Desconfiando de los m&eacute;dicos, s&oacute;lo se aplicaba
+remedios que llamaremos populares, recomendados por las comadres de la
+vecindad, los unos del orden supersticioso, los otros del g&eacute;nero
+terap&eacute;utico familiar; y como se los administraba todos a la vez o <i>in
+solidum</i>, sin criterio, sin tino, la buena mujer estaba cada d&iacute;a peor.
+Por eso aquella tarde, se oyeron muchas veces sus vehementes gritos de
+mando: &laquo;&mdash;Rumalda, a la botica.&mdash;Rumalda, a casa de la t&iacute;a Pistacha... que
+te d&eacute; aquellos polvos...&raquo;.</p>
+
+<p>En estos y otros lances, recibi&oacute; una visita altamente honrosa. La sala
+se llen&oacute; de negro, quiero decir que entr&oacute; en ella el padre Graci&aacute;n
+acompa&ntilde;ado de otro cl&eacute;rigo, no tan grande como Su Reverencia, pero
+tambi&eacute;n bastante talludo. El padre Graci&aacute;n era bien recibido en una y
+otra parte y muy querido del vecindario de Madrid, porque a todas las
+casas que se honraban con su presencia, y eran muchas (aunque &eacute;l no
+pecaba de pedig&uuml;e&ntilde;o ni de entrometido, como algunos individuos
+monacales), llevaba siempre una misi&oacute;n desinteresada y evang&eacute;lica. El
+palacio del rico y el cuarto numerado del pobre abr&iacute;an con igual amor
+sus puertas a aquel enemigo del esc&aacute;ndalo, a aquel trabajador incansable
+de la vi&ntilde;a del Se&ntilde;or, a aquel guerrero de la moral cristiana, a aquel
+perseguidor de las malas costumbres. Hac&iacute;a la propaganda de los
+matrimonios leales y bien acordados, de las familias pac&iacute;ficas; llevaba
+por todas partes el pabell&oacute;n de las reconciliaciones y de la paz;
+persegu&iacute;a sin tregua las irregularidades, los odios dom&eacute;sticos, los
+amancebamientos, los des&oacute;rdenes, y su mayor gloria era encarrilar un
+marido extraviado, enderezar una esposa torcida, atraer un hijo pr&oacute;digo,
+ablandar a un padre cruel. No abandonaba ni un punto su arriesgado
+puesto de combate enfrente de las bater&iacute;as de Satan&aacute;s, y expon&iacute;a su
+noble pecho a las burlas, a las injurias, a la mala interpretaci&oacute;n, con
+tal de defender el baluarte de Cristo en que asentaba su planta, y no
+dejarse quitar un palmo de terreno, sino antes bien ganar al pecado
+palmos, varas y leguas.</p>
+
+<p>La Pimentosa se turb&oacute; al verle entrar. Ella, que no respetaba nada en el
+mundo, respetaba al cl&eacute;rigo por un sentimiento natural adquirido desde
+la cuna y, si se quiere, mamado con la leche. Ofreci&oacute; una silla al Padre
+y otra al Hermano que acompa&ntilde;aba al Padre.</p>
+
+<p>&mdash;No, no me siento&mdash;dijo con &aacute;spera voz Graci&aacute;n, blandiendo su sombrero de
+teja, como si fuera un montante para cortar cabezas&mdash;; nos vamos
+enseguida. Yo no vengo aqu&iacute; como el padre Caranto&ntilde;a a tomar chocolate y
+a recibir morcillas; vengo a arrojar una semilla fruct&iacute;fera en este
+erial; vengo a arrojar una palabra en este desierto, con esperanza de
+que alguna vez sea o&iacute;da... Me intereso por vosotros porque sois
+pecadores. El sano no necesita de m&eacute;dico, el leproso s&iacute;. Conoc&iacute; a la
+se&ntilde;ora Nazaria en casa de D. Pedro Rey, y all&iacute; supe su mala vida. Conoc&iacute;
+a L&oacute;pez en casa de D. Felic&iacute;simo, y all&iacute; supe su extrav&iacute;o. Pues bien,
+aqu&iacute; vengo hoy con el mismo fin que me trajo la semana pasada; vengo a
+deciros: &laquo;Casaos, casaos, casaos, que est&aacute;is perdiendo vuestras almas y
+dando mal ejemplo&raquo;. Soy misionero de Cristo, ap&oacute;stol de gentiles, y veo
+que no es preciso ir al Asia ni al &Aacute;frica para encontrar salvajes.
+Aquellos son mejores que vosotros, porque ellos son nacidos ciegos, y
+vosotros, que nacisteis con vista, cerr&aacute;is los ojos a la luz. Vuestra
+uni&oacute;n il&iacute;cita es un pecado mortal para vosotros y un esc&aacute;ndalo para los
+fieles. Casaos, almas de c&aacute;ntaro, y vivid como Dios manda y la sociedad
+desea.</p>
+
+<p>En la cara de la Pimentosa parec&iacute;an fluctuar batallando la c&oacute;lera y el
+respeto, y con turbada lengua se disculp&oacute; as&iacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, ya lo s&eacute;... &iexcl;Caramba, qu&eacute; trompeta de Padre!... No soy sorda...
+Yo bien s&eacute; que Su Reverencia habla con raz&oacute;n. Pero yo me voy a separar
+de Tablas, yo reniego de Tablas, que es un holgaz&aacute;n, que me est&aacute;
+comiendo lo que gano y lo que hered&eacute; de mi difunto.</p>
+
+<p>&mdash;Pues separaos, por la Virgen Sant&iacute;sima&mdash;dijo Graci&aacute;n con m&aacute;s suaves
+modos&mdash;. Si &eacute;l es un borracho, un harag&aacute;n y un libertino, v&aacute;yase
+enhoramala. Ayer le calent&eacute; las orejas en casa del Sr. Carnicero. Pero
+&eacute;l no desea romper esta uni&oacute;n il&iacute;cita, sino casarse. Tiene buen fondo.
+Decidid una cosa u otra; est&aacute;is llenos de pecados, viv&iacute;s como fieras, no
+como cristianos.</p>
+
+<p>&mdash;Padre, por amor de Dios&mdash;dijo Nazaria aterrada por las palabras del
+cl&eacute;rigo&mdash;. No me caliente la cabeza. Estoy esta tarde que si me acercan a
+la lumbre, ardo. El mal que padezco...</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, ya s&eacute; que padeces un mal insufrible. &iquest;Pero de qu&eacute; proviene ese mal?
+Proviene de tus infames vicios, de la glotoner&iacute;a primero, de la c&oacute;lera
+despu&eacute;s y de otros grandes y deplorables pecados. Luego no quieres
+atenerte a la medicina ni al dictamen de entendidos f&iacute;sicos, sino que te
+entregas a la superstici&oacute;n. Has de saber que es ultrajar a Dios y a los
+santos creer que con palitroques pasados por los pies de una imagen se
+curan las enfermedades, y que el romero guisado al comp&aacute;s de un credo
+sirve para hacer buen quilo. &iexcl;Error, necedad, irreverencia,
+sacrilegio!... No veo en esta casa m&aacute;s que esc&aacute;ndalo y
+profanaci&oacute;n&mdash;a&ntilde;adi&oacute; col&eacute;rico, revolviendo sus ojos y mirando las estampas
+que llenaban las paredes&mdash;. &iquest;Qu&eacute; significan estos retratos de toreros
+confundidos con los santos m&aacute;s venerables? &iquest;Qu&eacute; significan esas muletas
+y esos estoques, banderillas y puyas, colocadas en pabell&oacute;n y como al
+modo de ofrenda al pie de la Sant&iacute;sima Virgen? &iquest;Y esa cabeza de toro que
+tiene pendiente de cada cuerno un Ni&ntilde;o Jes&uacute;s de alcorza?... Mujer
+escandalosa, hasta en los adornos de esta casa se conoce que reinan aqu&iacute;
+la profanaci&oacute;n, el esc&aacute;ndalo y el vicio.</p>
+
+<p>&mdash;As&iacute; ten&iacute;a mi marido la casa&mdash;dijo Nazaria alzando su nariz provocativa,
+por donde entr&oacute; un chorro de aire que sonaba a resoplido de fragua.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno estar&iacute;a tambi&eacute;n tu marido&mdash;dijo Graci&aacute;n, haciendo un moh&iacute;n de
+escarnio&mdash;. Los sentimientos de la gente de esta casa se revelan hasta en
+lo m&aacute;s insignificante. Pues si fuera a ocuparme de todo lo que hay aqu&iacute;
+de reprensible, &iquest;qu&eacute; dir&iacute;a, se&ntilde;ora Nazaria, qu&eacute; dir&iacute;a de la b&aacute;rbara
+crudeza con que es tratada esa pobre ni&ntilde;a, o mujer canija, hija del
+se&ntilde;or Tablas?... Os trat&aacute;is como duques, y ella se confunde con los m&aacute;s
+lastimosos pordioseros. &iquest;Qu&eacute; tal? &iquest;Es esto cristiano, es esto honrado?
+Pero donde no hay verdadera familia no puede haber sentimientos
+humanitarios ni caridad. Casaos, casaos, reconciliaos con Dios y con la
+Iglesia, no me cansar&eacute; de decirlo. Si as&iacute; lo hac&eacute;is, despu&eacute;s todo se os
+har&aacute; f&aacute;cil. Salvad vuestra alma, y no contamin&eacute;is otras almas que a&uacute;n
+est&aacute;n puras. Curaos de vuestro da&ntilde;o, y as&iacute; ninguno que est&eacute; pr&oacute;ximo a
+vosotros se contaminar&aacute; de &eacute;l... Os amonesto por tercera vez, y os
+amonestar&eacute; la cuarta y la quinta, porque yo, que he despreciado tantas
+veces la muerte, &iquest;qu&eacute; caso puedo hacer de vuestra resistencia? Nazaria,
+vuelve en ti, oye mis consejos. Citando tu coraz&oacute;n de un grito, corre a
+la iglesia, no te detengas. Me hallar&aacute;s en mi confesionario. Adi&oacute;s.</p>
+
+<p>Sin hacer reverencia alguna, imp&aacute;vido, formidable, como el guerrero que
+ha cumplido su deber en lo m&aacute;s recio de un combate, sali&oacute; seguido del
+Hermano. Cuando bajaba la escalera, Tablas sub&iacute;a.</p>
+<p>
+ <img src="images/pag319.jpg"
+ alt="image" title="image" />
+</p>
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XII" id="XII"></a>-XII-</h2>
+
+
+<p>Abri&oacute; el gigante la puerta de la sala donde su giganta estaba, y antes
+de entrar ech&oacute; en redondo una mirada recelosa, bajando la barba al pecho
+y escondiendo los ojos bajo las negras cejas. La amenazadora expresi&oacute;n
+de su ce&ntilde;o, la prominencia de su frente abultada y aquel mirar hosco
+daban a su cabeza semejanza con la espantable testa del toro jarame&ntilde;o
+cuando aparece en el circo, y reconoce con su mirar de fuego el ansioso
+p&uacute;blico, y parece que &eacute;l mismo, antes de empezar la lidia, se espanta de
+la barbarie que se prepara.</p>
+
+<p>La nariz de Nazaria se infl&oacute; hasta no poder m&aacute;s. En aquellos momentos
+necesitaba mucho aire. Tablas dio algunos pasos hacia ella, y ech&aacute;ndose
+ambas manos a la estrecha cintura, se mene&oacute; a un lado y otro como mu&ntilde;eco
+de goma, y escupi&oacute; estas palabras:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Cristo!... si habr&eacute; dicho alguna vez que no quiero clerigones en
+casa... &iquest;Por qu&eacute; los has recibido?</p>
+
+<p>Pimentosa ech&oacute; mano de un abanico y replic&oacute; as&iacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Porque me ha dado la real gana... En paz.</p>
+
+<p>&mdash;En guerra... Si les vuelvo a encontrar... van a la calle por el
+balc&oacute;n... y t&uacute; detr&aacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Valiente papamoscas! Pero hombre, no mates tanta gente, que se acaba
+el mundo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; buscaban esos pillos?</p>
+
+<p>&mdash;El pillo eres t&uacute;... salvaje. &iexcl;Tanto rezar rosarios en casa de D.
+Felic&iacute;simo, y llama pillos a los se&ntilde;ores sacerdotes!...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;A qu&eacute; ven&iacute;an?</p>
+
+<p>&mdash;A lo que nos ha dado la gana.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, vamos&mdash;dijo Tablas contone&aacute;ndose otra vez&mdash;, que hoy estoy tan
+bromista, que si me tocan, por cada dedo me sale un tiro.</p>
+
+<p>&mdash;Lo que a ti te sale es el aguardiente que has bebido.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Nazaria!...</p>
+
+<p>&mdash;&Uacute;rgame tanto as&iacute;, y ver&aacute;s lo que es canela.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Nazaria!...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;En d&oacute;nde has estado hoy? dilo pronto&mdash;grit&oacute; la Pimentosa hablando a
+borbotones&mdash;. &iquest;Qui&eacute;n es ese <i>futraque</i> que vino a buscarte?</p>
+
+<p>&mdash;A ti no te importa eso... Toma varas con los sayos negros y d&eacute;jame a
+m&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Borracho!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pues y t&uacute;!..&mdash;exclam&oacute; Tablas, mascando su c&oacute;lera&mdash;. Vamos, no quiero
+incomodarme... &iquest;Por qu&eacute; has recibido a los cl&eacute;rigos?</p>
+
+<p>&mdash;Porque es mi santa voluntad. Soy reina de mi casa.</p>
+
+<p>&mdash;Reinita nada menos...</p>
+
+<p>Tablas mir&oacute; a un palo que en el rinc&oacute;n de la sala hab&iacute;a, y que sin duda
+iba a intervenir como tercer personaje en aquella escena.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, reina soy y ama de todo&mdash;bram&oacute; Nazaria p&aacute;lida y furiosa, extendiendo
+los brazos&mdash;. M&iacute;o es el pan que comes, m&iacute;a la ropa que vistes, m&iacute;o el
+tabaco que fumas, y m&iacute;as las copas, las copas...</p>
+
+<p>No pudo decir m&aacute;s porque la ahog&oacute; la tos. Su abultado seno trepidaba
+saltando, como vejiga de payaso.</p>
+
+<p>&mdash;Todo es de la se&ntilde;ora, j&aacute;, j&aacute;...&mdash;dijo grotescamente L&oacute;pez queriendo
+tornar en burlas afirmaci&oacute;n que tanto le humillaba&mdash;. Despu&eacute;s hablaremos
+de eso; pero ahora, d&iacute;game la reina por qu&eacute; estaban aqu&iacute; otra vez los
+sacripantes negros.</p>
+
+<p>&mdash;Porque yo les llam&eacute;, &iquest;estamos?... porque me gusta el serm&oacute;n y quise dar
+para las &aacute;nimas.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;<i>Anima mea</i>!... Cristo... Con que hay <i>pedriques</i> en mi casa... Pues
+mira yo te voy a dar la <i>Extrema</i>. &iquest;No te pide el cuerpo <i>hinsopo</i>?...
+Pues ver&aacute;s.</p>
+
+<p>Volvi&oacute; a mirar el palo, que ya estaba, como si dij&eacute;ramos, al pa&ntilde;o,
+esperando el momento de salir al escenario.</p>
+
+<p>&mdash;Ladr&oacute;n, si te mueves, te como...&mdash;grit&oacute; Nazaria en voz tan imponente,
+que Tablas, ya en camino de traer al tercer personaje, se detuvo en
+medio de la sala&mdash;. Ponte en la puerta de la calle ahora mismo, holgaz&aacute;n,
+gorr&oacute;n, que el pan que me has comido, mejor habr&iacute;a sido echarlo a los
+perros... &iquest;Pues no te contentas con gastarme mi dinero y arruinarme la
+casa, sino que me amenazas?... &iexcl;Por vida del arpa del t&iacute;o David, yo
+ten&iacute;a m&aacute;s dinero y m&aacute;s <i>comenencia</i> que cuatro reyes, y t&uacute; me has
+llenado de trampas! Por ti y tus vicios estoy empe&ntilde;ada en m&aacute;s miles que
+pesas, trapal&oacute;n, y cuando toquen a embargar, la viuda de Perib&aacute;&ntilde;ez el de
+Candelario tendr&aacute; que ponerse al bu&ntilde;uelo, a la casta&ntilde;a, al aguardiente o
+al mondongo... Sacados te vea yo los ojos, hi de mujer mala. Dime,
+calzonazos, &iquest;en d&oacute;nde est&aacute;n mis alhajas qu&eacute; daban envidia a las de la
+Pilarica en Zaragoza? &iquest;en d&oacute;nde est&aacute;n mis cuatro mantones de Manila que
+parec&iacute;a que los hab&iacute;an bordado &aacute;ngeles con manos de rosa?... &iexcl;Ah! &iquest;d&oacute;nde
+ha de estar todo aquel tesoro? En <i>Pe&ntilde;&iacute;scola</i>, para que el se&ntilde;or beba,
+para que el se&ntilde;or monte a caballo y vaya a derribar vacas, para que el
+muy mamarracho convide a los gorrones y tenga mozas... Ea, fuera
+espantajos. Por aquella puerta se va a la calle...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Sabes lo que te digo?... pues que eres una cotorra charlatana y hay
+que cortarte el pescuezo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Sabes lo que te digo? pues que a otros de m&aacute;s h&iacute;gados que t&uacute; los he
+tendido yo de un soplamocos. Mejor tuvieras verg&uuml;enza y fueras persona
+decente como yo. &iquest;En d&oacute;nde pasas las noches?... &iquest;en qu&eacute; gastas el
+dinero?... Y luego viene diciendo el bobo que se trata con esos se&ntilde;ores
+de pol&iacute;tica, y que est&aacute; armando un gatuperio como el de los tiempos en
+que cay&oacute; la Mamancia... &iquest;Qu&eacute; entiendes t&uacute; de eso, cafre, si andas en
+dos pies porque al Se&ntilde;or se le olvid&oacute; hacerte la cruz en el lomo?...
+Mira que no se ha acabado la madera de que hicieron las horcas en la
+plazuela. All&aacute; te quisiera ver colgado como una butifarra para ir a
+tirarte de las piernazas y verte haciendo m&aacute;s visajes que un c&oacute;mico con
+hambre. &iexcl;Pol&iacute;tica el se&ntilde;or Tragacantos! &iquest;De cu&aacute;ndo ac&aacute; tenemos esas
+sabidur&iacute;as? Lo que t&uacute; har&aacute;s ser&aacute; enga&ntilde;ar al pobre D. Felic&iacute;simo que te
+dio la primer bazofia que comiste en el mundo, y venderle a los masones,
+cont&aacute;ndoles lo que pasa en su casa. &iexcl;Ah! bribonazo, si creer&aacute;s embobarme
+a m&iacute;, que conozco tus ma&ntilde;as y s&eacute; d&oacute;nde te aprieta la herradura.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah!... &iexcl;resangre! si digo que voy a echar al gato esa
+leng&uuml;ecita...&mdash;dijo Tablas abalanzando sus pesadas manos hacia la cara de
+la Pimentosa.</p>
+
+<p>&mdash;Quita all&aacute; esas aspas de molino&mdash;replic&oacute; ella rechazando con
+extraordinaria energ&iacute;a las manos de su hombre.</p>
+
+<p>&mdash;Maldita sea la hora...</p>
+
+<p>Bramando as&iacute; con insensata ira, Tablas hizo un gesto, e instant&aacute;neamente
+enganch&oacute; en su garra el mo&ntilde;o negro de la giganta. La giganta rugi&oacute; como
+una leona, levantose, hubo formidable choque de cuerpos y cruzamiento
+horrible de brazos tiesos. Se balancearon, se oy&oacute; un doble gemido y un
+estertor siniestro, se&ntilde;al de violentos esfuerzos. Pero la gigantona
+logr&oacute; desasirse, blandi&oacute; sus fornidos brazos, ech&oacute; un temporal por su
+nariz, y r&aacute;pida como el pensamiento, dio un salto, dos, tres. El piso
+temblaba como si pasara un carro. Nazaria lleg&oacute; a una mesa y cogi&oacute; un
+objeto voluminoso que encima de ella hab&iacute;a. &iquest;Qu&eacute; era aquello? Era una
+urna de madera y cristal, alta de tres cuartas. Dentro de ella hab&iacute;a una
+virgen de los Dolores, y encima un toro de yeso, dos toreros, un ni&ntilde;o
+Jes&uacute;s, una enorm&iacute;sima mo&ntilde;a. Alz&oacute; en sus manos la mujerona todo aquel
+catafalco religioso-taurino, y en menos tiempo del que se necesita para
+pensarlo, cay&oacute; todo con estr&eacute;pito formidable sobre la cabeza de Tablas.
+La increpaci&oacute;n o voz felina que este lanz&oacute; al recibir el golpe no es
+para descrita. Los vidrios rotos sobre su cr&aacute;neo rasgaron su frente. Sin
+sentir manar la sangre corri&oacute; en busca del palo; pero antes de llegar,
+ya se le interpuso la Pimentosa con una silla enarbolada en ambas manos.
+El gigante tom&oacute; otra silla. Se detuvieron un momento mir&aacute;ndose cara a
+cara; ech&aacute;ndose mutuamente su ardiente resuello y cruzando los rayos de
+sus ojos llenos de ira. De repente la giganta solt&oacute; el mueble; hab&iacute;a
+tenido una idea feliz, salvadora. Dio un paso atr&aacute;s, revolvi&oacute; en su
+cesto de costura, sac&oacute; una navaja enorme, y corriendo en seguimiento del
+gigante, que retroced&iacute;a espantado, exclam&oacute; con bramido:</p>
+<p>
+ <img src="images/pag323.jpg"
+ alt="image" title="image" />
+</p>
+<p>&mdash;Te deg&uuml;ello...</p>
+
+<p>Entraron algunos vecinos, para quienes no era nuevo aquel laberinto,
+aunque hasta entonces no hab&iacute;a ocurrido pendencia tan ruidosa en casa de
+Nazaria; entr&oacute; tambi&eacute;n Romualda dando gritos, y todos se dedicaron a la
+grande obra de la pacificaci&oacute;n. Cada contendiente se vio rodeado de un
+grupo y oy&oacute; las exhortaciones m&aacute;s razonables. &iexcl;Cosa extraordinaria! El
+primero en quien se notaron s&iacute;ntomas de aplacamiento fue el descalabrado
+L&oacute;pez, el ofendido de palabra y de obra. Gru&ntilde;endo como un mast&iacute;n
+apaleado, dijo que &eacute;l no quer&iacute;a perderse, que era demasiado hombre de
+bien para perderse, y que no hab&iacute;a mujer alguna en el mundo merecedora
+de que se perdiera por ella un hombre. Nazaria no dec&iacute;a nada, pero con
+los resoplidos mostraba el desfogamiento de su c&oacute;lera que parec&iacute;a salir
+en mangas de aire desalojando el henchido seno. La navaja yac&iacute;a en el
+suelo junto a los restos de lo que fue urna y a los pedacitos de toro de
+yeso que, pisados en la contienda, manchaban de blanco la fina estera.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Y est&aacute; sangrando el canalla!&mdash;dijo la Pimentosa lanzando de su boca
+esas chispas de risa que saltan entre las llamas de la ira iluminando el
+rostro&mdash;. Parece un <i>Decehomo</i>.</p>
+
+<p>&mdash;No es nada, no es nada&mdash;dijo Tablas llev&aacute;ndose a la frente un pa&ntilde;uelo
+que le dio el fen&oacute;meno.</p>
+
+<p>&mdash;Rumalda&mdash;grit&oacute; la giganta&mdash;, baja y trae un poco de vino y aceite.</p>
+
+<p>Viendo que la furia de uno y otro se aplacaba poco a poco, los vecinos
+se fueron retirando.</p>
+
+<p>&mdash;Se incomoda uno por cualquier majader&iacute;a&mdash;murmur&oacute; L&oacute;pez, dejando que
+Nazaria le aplicase el pa&ntilde;uelo a la frente&mdash;. Cuando uno va a reparar ya
+ha hecho una barbaridad... y hombre perdido.</p>
+
+<p>&mdash;Le hablan a una con malos modos, y a una se le sube la mostaza a la
+nariz, y all&aacute; te vas lengua.</p>
+
+<p>&mdash;Y gracias que uno es prudente y sabe las ma&ntilde;as de la fiera y le para
+los pies...&mdash;dijo L&oacute;pez queriendo dar explicaciones de su cobard&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;Y si a una le preguntaran con buen modo lo que buscaban los padres
+caras, una contestar&iacute;a que ven&iacute;an a sus <i>pedriques</i>, y en paz. Pero se
+incomoda la gente por una palabra... Hay lenguas que tiran coces... No
+se puede remediar...</p>
+
+<p>&mdash;Yo soy un &aacute;ngel; pero cuando me solicitan, embisto. &iexcl;Qu&eacute; genio me ha
+dado Dios! Yo mismo me tengo miedo a veces... Rumalda...</p>
+
+<p>Rumalda hab&iacute;a llegado con el aceite y con el vino, y Nazaria aprontaba
+el remedio que reclama toda cabeza sobre la cual se ha hecho pedazos una
+urna.</p>
+
+<p>&mdash;Rumalda, no tengo tabaco&mdash;dijo el atleta&mdash;; b&aacute;jate al estanco... pronto,
+chica... Pues como iba diciendo, si a un hombre como yo, que es todo
+p&oacute;lvora, se le hubiera preguntado con decencia d&oacute;nde hab&iacute;a pasado el d&iacute;a
+y qu&eacute; negocios tra&iacute;a con el <i>futraque</i>, el hombre habr&iacute;a contestado como
+un caballero. &iexcl;Si aqu&iacute; no hay misterio...! Que un se&ntilde;or, a quien conoc&iacute;
+en casa de D. Felic&iacute;simo, viene a buscarme y me dice: &laquo;Sr. L&oacute;pez, me va
+usted a hacer un favor muy grande.&mdash;Usted disponga, se&ntilde;or m&iacute;o...&mdash;Pues
+hace dos meses, la polic&iacute;a registr&oacute; una casa de la calle de Bel&eacute;n, donde
+se reun&iacute;an unos cuantos partidarios de D. Carlos. La polic&iacute;a fue
+sobornada en aquella ocasi&oacute;n y no prendi&oacute; a nadie. Pero el Gobierno ha
+cambiado los guindillas de soflama por otros, y anoche volvi&oacute; la polic&iacute;a
+a registrar la casa de la calle de Bel&eacute;n, y pesc&oacute; a cinco sujetos, y les
+puso en la c&aacute;rcel de Villa.&mdash;De lo cual me alegro, Sr. D. Salvador.&mdash;Pues
+mire usted, Sr. Tablas, yo vengo a que usted me haga el favor de
+proporcionar a uno de esos cinco sujetos los medios de fugarse, porque
+corre el run run de que les van a fusilar.&mdash;&iquest;Es pariente de usted?&mdash;S&iacute;
+se&ntilde;or.&mdash;&iquest;Usted ha estado empleado en la c&aacute;rcel de Villa?&mdash;S&iacute; se&ntilde;or.&mdash;Usted
+favoreci&oacute; la escapatoria de Ol&oacute;zaga.&mdash;S&iacute;, se&ntilde;or.&mdash;Usted podr&aacute; hacer ahora
+otro tanto.&mdash;S&iacute; se&ntilde;or.&mdash;Pues es preciso hacerlo.&mdash;&iquest;Cu&aacute;nto vamos
+ganando?&mdash;Tanto.&mdash;Es poco.&mdash;Pues cuanto.&mdash;Nos arreglaremos.&mdash;&iquest;Qui&eacute;n es el
+sujeto?&mdash;Pues es Fulano de Tal.&mdash;Adelante, empezaremos a trabajar hoy
+mismo. Vamos al caf&eacute; y a la taberna; hablaremos con los chicos de la
+c&aacute;rcel...&raquo;. Total, que hemos estado todo el d&iacute;a inventando diabluras, y
+luego fuimos a casa de don Felic&iacute;simo, que tambi&eacute;n est&aacute; empe&ntilde;ado en
+poner en salvo a ese preso. Y de unos y de otros he de sacar metal,
+mujer, mucho metal, para desempe&ntilde;ar lo que hemos empe&ntilde;ado, y quitar
+trampas... fuera trampas, venga ac&aacute; dinerazo de la gente carlina, y
+junt&aacute;ndolo con el dinerito de la gente masona, ver&aacute;s como nuestra
+hacienda se pone otra vez de pie...</p>
+
+<p>La reconciliaci&oacute;n era ya segura, y los endurecidos &aacute;nimos se ablandaban
+r&aacute;pidamente al calor de la confianza. La idea de que Tablas ganase alg&uacute;n
+dinero, idea nov&iacute;sima y extravagante, produjo en el esp&iacute;ritu de Nazaria
+ben&eacute;fica y reparadora reacci&oacute;n. Aunque no era tonta, se dejaba alucinar
+f&aacute;cilmente por risue&ntilde;as quimeras, como persona cr&eacute;dula y sin experiencia
+que hab&iacute;a vivido siempre en el mayor desorden moral y econ&oacute;mico, y ya le
+parec&iacute;a estar viendo las talegas que entraban por la puerta, ganadas en
+la explotaci&oacute;n de toda aquella caterva pol&iacute;tica que ya se llamaba
+carlina ya mas&oacute;nica. Tablas hab&iacute;a derrochado sumas relativamente
+considerables. Si ahora tra&iacute;a a la casa otras sumas mayores, se trocaba
+de libertino y perdido en el hombre m&aacute;s allegador y apersonado de todo
+el barrio. &iexcl;Bien, re-Cristo! Nazaria, que juntamente con la fiereza
+ten&iacute;a la inocencia de la bestia corn&uacute;peta a quien tan f&aacute;cilmente enga&ntilde;a
+un vil trapo rojo, se calm&oacute; y sinti&oacute; dolor muy vivo de haber ofendido a
+su gigante. As&iacute; procede siempre, pasando de salvajes c&oacute;leras a
+vergonzosas condescendencias, toda esa gente desalmada, ignorante y tan
+incapaz de calcular sus intereses como de refrenar sus pasiones.</p>
+<p>
+ <img src="images/pag326.jpg"
+ alt="image" title="image" />
+</p>
+<p>Se reconciliaron. El aceite junt&oacute; su pringosa suavidad con la acritud
+astringente del vino, y batidos y juntados sellaron el pacto, cuando los
+dedos gordezuelos de Nazaria vendaban aquella frente merecedora del yugo
+para tirar de un arado.</p>
+<p>
+ <img src="images/pag419.jpg"
+ alt="image" title="image" />
+</p>
+<p>Dignos de l&aacute;stima eran aquellos dos seres, pertenecientes a la clase m&aacute;s
+numerosa y m&aacute;s compleja del pa&iacute;s, por la confusi&oacute;n de vicios y virtudes
+que en ella hab&iacute;a; pero Nazaria merec&iacute;a m&aacute;s que su c&oacute;mplice la
+compasi&oacute;n, porque val&iacute;a un poco m&aacute;s, valiendo muy poco. En ella la
+barbarie y la tosquedad eran tales, que ahogaban los sentimientos
+generosos que a veces brotaban en su coraz&oacute;n cual hierbecilla en la
+grieta h&uacute;meda. Una religiosidad sonora y supersticiosa no bastaba a
+suplir en ella la falta absoluta de luces y de ideas morales. Viv&iacute;a en
+el esc&aacute;ndalo, sostenida por el ejemplo de otros esc&aacute;ndalos mayores, y
+aunque alguna vez nac&iacute;a y se agitaba en su alma como un misterioso
+prurito del bien, una especie de adivinaci&oacute;n que ella no pod&iacute;a precisar,
+eran tales las exigencias de la naturaleza en ella, que no pod&iacute;a, ni en
+pensamiento, separar su persona de la persona de aquel monstruo.
+&iexcl;Irresistible atracci&oacute;n la de un gigante que ni era listo, ni simp&aacute;tico,
+ni noble, ni siquiera guapo! Tan grande es la miseria humana, que all&iacute;
+donde aparentemente no hay cualidades que sirvan de base a un verdadero
+amor, suelen encontrar alguna las gigantas fogosas como la hermosa viuda
+de Perib&aacute;&ntilde;ez.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XIII" id="XIII"></a>-XIII-</h2>
+
+
+<p>&iexcl;Qu&eacute; lejos estaba el excelente padre Graci&aacute;n de que su exhortaci&oacute;n moral
+hab&iacute;a motivado una reyerta que pudo ser drama sangriento! &Eacute;l se retir&oacute;
+aquella tarde muy satisfecho despu&eacute;s de haber predicado la uni&oacute;n, la
+concordia y la paz matrimonial en otras dos o tres casas. Al entrar en
+su celda pens&oacute; que el d&iacute;a hab&iacute;a sido fecundo en resultados evang&eacute;licos,
+y que con muchas batallas semejantes, pronto hab&iacute;a de verse el Enemigo
+muy mal y acorralado en las &uacute;ltimas trincheras del pecado.</p>
+
+<p>Antes de dormir, consagr&oacute; dos horas al estudio y a la ciencia de que era
+maestro en las aulas del Colegio Imperial, la profunda y enmara&ntilde;ada
+&Eacute;tica. Despu&eacute;s or&oacute; y medit&oacute; por espacio de otras dos horas largas,
+puesto de hinojos a ratos, y a ratos tendido boca abajo sobre el suelo.
+Lejos de haber en este las blanduras suntuarias con que los pecadores
+atienden al sibaritismo de los pies, era la dureza misma combinada con
+la frialdad, para que la mortificaci&oacute;n fuese conforme a la implacable
+sa&ntilde;a con que var&oacute;n tan santo trataba a su carne miserable. All&iacute; no habla
+alfombra, ni estera, ni cosa que a tal se pareciese, sino ligera capa de
+tierra, rojiza extendida sobre los ladrillos, la cual era tra&iacute;da de la
+cueva de San Ignacio en Manresa y serv&iacute;a para producir en el esp&iacute;ritu
+del cl&eacute;rigo la piadosa ilusi&oacute;n de que en la misma santa cueva estaba.
+&Uacute;ltimamente hab&iacute;a repartido entre sus buenos amigotes tantas
+porcioncillas de aquella bendita y quiz&aacute;s milagrosa arcilla, que la
+celda se iba quedando limpia, y por varias partes ped&iacute;a algunos
+escobazos que la acabaran de limpiar. Lo dem&aacute;s de la reducida estancia
+era insignificante y revelaba la humildad y el estudio, cosas en verdad
+que fraternizan perfectamente.</p>
+
+<p>El jesuita durmi&oacute; despu&eacute;s de estudiar y de mortificarse, y abandon&oacute; de
+madrugada el lecho. Rez&oacute;, dijo misa, (y las suyas por lo tempranas y lo
+largas, eran muy elogiadas entre las personas piadosas de aquel populoso
+barrio) y despu&eacute;s entr&oacute; en su c&aacute;tedra, seguido de muchedumbre de
+escolares. Esto se repet&iacute;a diariamente, mes tras mes, a&ntilde;o tras a&ntilde;o. En
+sus explicaciones filos&oacute;ficas, Graci&aacute;n realizaba el prodigio de volver
+claro lo oscuro y de hacer ver las honduras de aquella ciencia,
+iluminando la superficie con la luz de un m&eacute;todo admirable y de un decir
+ameno. Sus disc&iacute;pulos le quer&iacute;an por todo extremo, y era uno de esos
+maestros siempre preferidos y siempre elogiados que hacen amable el
+estudio. En las horas de recreo ve&iacute;ase rodeado de enjambre de
+colegiales, que dejaban el escaso solaz de aquella hora para consultar
+con el Padre puntos oscuros de la conferencia se&ntilde;alada, y platicar sobre
+cualquier tema de humanidades o teolog&iacute;a, pues en todo ello y aun en
+otra clase de sabidur&iacute;as era muy versado el bendito cl&eacute;rigo.</p>
+
+<p>En aquellos tiempos, &iexcl;oh tiempos cl&aacute;sicos! todo se estudiaba en lat&iacute;n,
+incluso el lat&iacute;n mismo, y era de ver la gran confusi&oacute;n en que ca&iacute;a un
+alumno novel, cuando le pon&iacute;an en la mano el Nebrija con sus reglas
+escritas en aquella misma lengua que no se hab&iacute;a aprendido todav&iacute;a. Poco
+a poco iba saliendo del paso con el admirable m&eacute;todo de ense&ntilde;anza
+adoptado por la Compa&ntilde;&iacute;a, y acostumbr&aacute;ndose al manejo del Calepino para
+los significados castellanos, y del <i>Thesaurus</i> para la operaci&oacute;n
+inversa, pronto llegaba a explicarse como Quinto Curcio o Cornelio
+Nepote. Las lecciones se daban en lat&iacute;n, y para que los chicos se
+familiarizasen con la lengua que era llave maestra de todo el saber
+divino y humano, hasta se les exig&iacute;a que hablasen lat&iacute;n en sus
+conversaciones privadas, de donde vino esa graciosa latinidad
+macarr&oacute;nica, que ha producido inmenso cent&oacute;n de chistes, y hasta algunas
+piezas literarias, que no carecen de m&eacute;rito, como la <i>Metrificatio
+invectivalis</i> de Iriarte y las s&aacute;tiras pol&iacute;ticas que se han hecho
+despu&eacute;s. Si Horacio y Cicer&oacute;n hubieran, por arte del Demonio, salido de
+sus tumbas para o&iacute;r como hablaban los malditos chicos del Colegio
+Imperial, habr&iacute;a sido curioso ver la cara que pon&iacute;an aquellos dignos
+sujetos a cada instante se o&iacute;a: <i>Quantas habeo ganas manducandi!...
+Carissime, hodie castigavit me Pater Fern&aacute;ndez (vel &aacute; Ferdinando),
+propter charlationen meam... &iexcl;Eheu, paup&eacute;rrime! &iquest;Ibis in calabozum?...
+Non; sed fugit meriendicula mea. Dum tu chocolate bollisque amplificas
+barrigam tuam, ego meos soplabo dedos. Guarda mihi quamquam
+frioleritam.</i></p>
+<p>
+ <img src="images/pag330.jpg"
+ alt="Don Rodriguín" title="Don Rodriguín" />
+</p>
+<p>El que as&iacute; se expresaba era un muchacho despiert&iacute;simo, nombrado Calisto
+Rodr&iacute;guez, aunque en el colegio, sin dada por lo diminuto de su persona
+y por su inquietud de ardilla, nadie le llamaba sino Don Rodrigu&iacute;n. Era
+tan bizco que, al mirar, un ojo se le met&iacute;a detr&aacute;s del otro, como
+malicioso flechero, que se esconde para hacer mejor la punter&iacute;a de su
+dardo. Su travesura y charlatanismo daban no poco que hacer a los
+Padres, y si adelantaba en sus estudios era m&aacute;s bien por sus brillantes
+dotes que por su aplicaci&oacute;n. El estrabismo daba chocarrera gracia a su
+rostro, y con el bonete terciado, como sol&iacute;a llevarlo, parec&iacute;a un
+diablillo enmascarado de cl&eacute;rigo. Alborotaba mucho en las horas de
+recreo; sublevaba las masas escolares en las de estudio, y a pesar de
+pertenecer a una familia rabiosamente carlina, en la cual hab&iacute;a muchos
+can&oacute;nigos, frailes y hasta un obispo, sus inclinaciones eclesi&aacute;sticas no
+eran muy decididas.</p>
+
+<p>Por j&aacute;cara, m&aacute;s que por esp&iacute;ritu de erudici&oacute;n, D. Rodrigu&iacute;n se hab&iacute;a
+prohibido en absoluto la lengua castellana, y hasta las frases m&aacute;s
+familiares y las m&aacute;s insignificantes expresiones las latinizaba con
+zandunga, entremezclando siempre en su charla trozos de los cl&aacute;sicos y
+fragmentos de verso y prosa, vinieran o no a cuento. As&iacute;, cuando se
+escabull&iacute;a de la sala de estudio para ir a fumar un cigarro a
+hurtadillas, dec&iacute;a: <i>Eo in chupatorium, procul negotiis</i>. El
+<i>chupatorio</i> era un rinconcillo del claustro alto, que daba al patio, y
+recibi&oacute; este nombre por ser lugar a prop&oacute;sito para echar una fumada sin
+ser visto de los Padres. Para anunciar a sus compa&ntilde;eros en la sala de
+estudio que ven&iacute;a el Padre Fern&aacute;ndez, var&oacute;n pesado cuyos pies de plomo
+hac&iacute;an temblar el pavimento, dec&iacute;a: <i>Cavete Ferdinandum... Ecce
+draco... Exaudite... quatit ungula campum</i>. En las horas de recreo, en
+el claustro bajo, no perd&iacute;a ripio para motejar a los condisc&iacute;pulos, y si
+alg&uacute;n extra&ntilde;o entraba en la casa para hablar con los jesuitas, Grijalva
+le hab&iacute;a de echar su lat&iacute;n correspondiente, <i>verbi gratia</i>:</p>
+
+<p>&laquo;<i>Videte Piaonem ad petendum Gratianum... arcades ambo</i>&raquo;.</p>
+
+<p>El bueno de D. Juan iba muchas tardes en busca del Padre Graci&aacute;n para
+conferenciar con &eacute;l de los &uacute;ltimos obst&aacute;culos que conven&iacute;a allanar para
+casarse con Micaelita.</p>
+
+<p>Hablando de la tierra con que el profesor de &Eacute;tica alfombraba su celda,
+dec&iacute;a el estudiante: &laquo;<i>Sunt quos pulverum manresianum collegisse
+jurat</i>&raquo;.</p>
+
+<p>Durante las partidas de pelota, a que era muy aficionado, se le o&iacute;a
+constantemente: &laquo;<i>Bene... fortiter... Italiam contra... ego valeo...
+amen dico... vobis... fuerunt vel fuere... pasce capellas</i>&raquo;.</p>
+
+<p>Era el capit&aacute;n de todas las fechor&iacute;as perpetradas en el colegio, de
+noche, burlando la vigilancia de los Padres, bien para hacer un escalo
+en la despensa y proveerse de v&iacute;veres, bien para efectuar un bromazo,
+eligiendo por v&iacute;ctima a un desdichado novato sin experiencia. Si alguna
+tarde lograba escaparse y subir a las boardillas, se entreten&iacute;a en tirar
+c&aacute;scaras de nueces a los balcones de Nazaria que fronteros de la fachada
+del colegio estaban, o en disparar peladillas contra la cojuela, que
+sol&iacute;a sentarse por las tardes en la puerta de la carnecer&iacute;a, <i>templum
+mantecationis</i>.</p>
+
+<p>Otras muchas barrabasadas hac&iacute;a para matar el fastidio y hacerse
+aplaudir de sus compa&ntilde;eros, pues le gustaba, como a todos los traviesos,
+o&iacute;r los encomios de sus atrevimientos. Pero su mayor lucimiento provino
+de una memorable invenci&oacute;n suya, con la cual alcanz&oacute; aplausos y
+lisonjas, que traspasando el c&iacute;rculo del colegio, llegaron al p&uacute;blico.
+Fue que compuso un <i>Discurso apolog&eacute;tico macarr&oacute;nico</i> sobre un suceso
+p&uacute;blico de la m&aacute;s alta importancia en aquellos d&iacute;as, y lo hizo con tan
+gracioso desparpajo, tanta donosura en los disparates, tan grande
+agudeza en lo descriptivo y tan furibunda intenci&oacute;n en la s&aacute;tira
+personal, que la composici&oacute;n produjo en el colegio un verdadero
+esc&aacute;ndalo.</p>
+
+<p>Habiendo enfermado D. Rodrigu&iacute;n a principios de Junio, su familia le
+sac&oacute; del colegio. Restablecido en un par de semanas, no quiso volver a
+la clausura hasta no presenciar las grandiosas ceremonias de la jura de
+la Princesa Isabel, y las alegres fiestas de los tres d&iacute;as que siguieron
+al 20. Todo lo vio y en todo meti&oacute; las narices el bullicioso estudiante,
+desde la imponente funci&oacute;n de San Jer&oacute;nimo, hasta la justa de los
+maestrantes fuera de la puerta de Alcal&aacute;; desde la fiesta nacional de
+toros con caballeros en plaza, en la Mayor, hasta el simulacro militar.
+Cansado de tanto correr, durante los tres d&iacute;as, entr&oacute; en el colegio,
+tom&oacute; la pluma, y enjaret&oacute; su famoso <i>Discurso apolog&eacute;tico macarr&oacute;nico</i>.
+A medida que iba escribi&eacute;ndolo, le&iacute;a trozos de &eacute;l en los corrillos de
+estudiantes, y bien pronto la fama de aquellos graciosos dislates se
+extendi&oacute; por San Isidro, lleg&oacute; a o&iacute;dos de los Padres, y estos pidieron
+el manuscrito. Negolo y no quiso darlo D. Rodrigu&iacute;n por temor a una
+reprimenda; pero como ya los escolares amigos del autor hab&iacute;an sacado
+varias copias, facilitaron una al Padre Fern&aacute;ndez (<i>vel a Ferdinando</i>),
+el cual se regocij&oacute; mucho con la lectura. Enterados los dem&aacute;s jesuitas
+se rieron en coro y a todo trapo, porque adem&aacute;s de las chuscadas de la
+forma, hab&iacute;a en el discurso una intenci&oacute;n sat&iacute;rica que les agradaba en
+extremo. Don Rodrigu&iacute;n no fue castigado por su travesura latinizante;
+entreg&oacute; a los Padres el manuscrito original donde se conservaba, seg&uacute;n
+dijo, toda la pureza cl&aacute;sica del texto, libre de los m&uacute;ltiples errores
+de las copias, y goz&oacute; extraordinariamente con su triunfo literario.</p>
+
+<p>Es l&aacute;stima que no podamos dar a conocer en toda su extensi&oacute;n esta obra,
+que uno a sus gracias, el m&eacute;rito de ser un precioso documento hist&oacute;rico,
+pues en ella est&aacute; descrito con detalles mil el solemn&iacute;simo acto de la
+jura, y narradas las fiestas con que la monarqu&iacute;a quiso hacer memorable
+aquel suceso. Los personajes todos de la &eacute;poca, retratados en
+caricatura, dan mayor realce al discurso, y la intenci&oacute;n perversa que en
+cada comentario campea, pinta el esp&iacute;ritu de un bando pol&iacute;tico que era
+en aquellos d&iacute;as, si no la mayor&iacute;a, parte grande y granada de la Naci&oacute;n
+espa&ntilde;ola. En la imposibilidad de transcribir la composici&oacute;n entera,
+daremos cuenta de ella seg&uacute;n el arte y modo de la cr&iacute;tica ligera,
+haciendo resaltar algunas de sus caprichosas donosuras, y callando mucho
+de lo que contiene, por ser materia vedada a la publicidad.</p>
+
+<p>Empezaba describiendo la comitiva que sali&oacute; del palacio de San Juan para
+San Jer&oacute;nimo, el aspecto de este templo, la corte y su servidumbre, los
+obispos, los procuradores de las ciudades con voto en Cortes y los
+treinta t&iacute;tulos de Castilla que representaban la nobleza del reino.
+Luego ven&iacute;a el <i>Magister ceremoniarum</i>, el <i>Indiarum Patriarca</i>, el
+duque de Medinaceli (<i>Coelico-Metinensi dux</i>) presidiendo a los
+nobles... &laquo;<i>Concurrebant cortesani frailesque</i>, dec&iacute;a el texto,
+<i>milites cum morrione atque canonici cum piporro. Turbamulta sequebat
+guardiarum Corporis cum bandoleris, et damarum caterva inter mayordomos
+miscuebatur</i>&raquo;. Pintando al Rey, que en su trono presid&iacute;a el acto, se
+expresaba Rodrigu&iacute;n en estos irrespetuosos t&eacute;rminos: &laquo;<i>Regium estafermum
+in throno posuerunt. Inmovilis tanquam sacus furfuris lascivis oculis
+circunspicebat damarum pectorem quasi nudum et caritas guapas</i>&raquo;. A
+Cristina y dem&aacute;s familia la nombraba en t&eacute;rminos m&aacute;s irreverentes a&uacute;n.
+&laquo;<i>Venus Partenopea, graciositer fecebat perendengues inter caballeritos,
+dum tenera Isabella pendebat a nodrizae mamellis. Dominus
+Francisquitus cum Carlota ejus sedebat in aureo rincone. &iexcl;Oh quantum
+erat inflammata Carlota propter vinum!</i>&raquo;.</p>
+
+<p><i>Conticuere omnes</i>, dec&iacute;a al narrar la ceremonia, y luego contaba c&oacute;mo
+hab&iacute;a jurado D. Francisco poni&eacute;ndose de rodillas y extendiendo la mano
+sobre el crucifijo; c&oacute;mo le hab&iacute;a abrazado el Rey, c&oacute;mo hab&iacute;a el Infante
+besado la mano de Cristina y de la Princesa. Al llegar aqu&iacute; lanzaba el
+autor una larga epifonema y luego ariad&iacute;a: <i>Sic itur ad astra</i>.</p>
+
+<p>Describ&iacute;a el desfilar de los Procuradores, obispos y grandes, que uno
+tras otro se adelantaban lentamente para jurar, <i>sicut recua</i>, y en el
+p&aacute;rrafo siguiente pon&iacute;a la salida p&uacute;blica de la corte desde San Jer&oacute;nimo
+hasta Palacio. <i>Cum repeto diem</i>, exclamaba parodiando a Ovidio,
+<i>agitantur in manibus casta&ntilde;uelae meis</i>. La famosa funci&oacute;n de toros con
+caballeros en plaza, espect&aacute;culo nuevo en Madrid por aquel tiempo, era
+tratada por D. Rodrigu&iacute;n con la amplitud que el caso merec&iacute;a. No se
+libraron de sus dardos los caballeros rejoneadores, ni las damas que les
+apadrinaron, ni los alcaldes de Corte que dirig&iacute;an la fiesta. No se dej&oacute;
+en el tintero ninguna de las partes de la fiesta, y en toda su charla
+macarr&oacute;nica se ve&iacute;a claramente la idea de representar en el pobre toro
+aburrido y pinchado por todas partes al partido cristino, de quien daban
+cuenta al fin, remat&aacute;ndolo, los apost&oacute;licos, representados en el
+simb&oacute;lico circo por espadas, picadores y puntilleros. <i>Plaudite cives</i>,
+dec&iacute;a al fin, <i>et ruant masones, turba mentecatorum</i>. Conclu&iacute;a este
+p&aacute;rrafo diciendo que pronto empezar&iacute;a la corrida en los campos de
+batalla, y exclamaba: <i>Cedant cornu armae</i>.</p>
+
+<p>No nos ocuparemos del resto de la composici&oacute;n porque su contenido es
+demasiado extenso y quiz&aacute;s harto desenfadado. Para completar su obra, el
+p&iacute;caro estudiante satiriz&oacute; tambi&eacute;n al Comisario de Cruzada, Sr. Varela,
+<i>plena cruoris hirudo</i> (sanguijuela llena de sangre), que hizo
+cuantiosos donativos a los pobres para celebrar la jura; tambi&eacute;n flagel&oacute;
+al general Casta&ntilde;os, nombrado duque de Bail&eacute;n, y a todos los dem&aacute;s que
+recibieron mercedes en aquellos d&iacute;as. Y amenaz&aacute;ndoles les dec&iacute;a en el
+&uacute;ltimo delirio macarr&oacute;nico: <i>Jam vobis dicebitur misis</i>, ya os lo dir&aacute;n
+de misas.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XIV" id="XIV"></a>-XIV-</h2>
+
+
+<p>No marchaba muy bien el negocio que Salvador entre manos tra&iacute;a, porque
+la vigilancia en la c&aacute;rcel de Villa era m&aacute;s estrecha y rigurosa que en
+los tiempos de la dram&aacute;tica evasi&oacute;n de Ol&oacute;zaga. En vano Tablas llenaba
+de aguardiente los cuerpos de uno y otro mandadero, sin olvidar la
+conquista de los alcaides por medio de merendonas y duros; en vano se
+hac&iacute;an trabajos en esfera m&aacute;s alta, dirigidos a ablandar o corromper a
+sujetos de mayor categor&iacute;a. Con disimulo, pero tambi&eacute;n con br&iacute;o
+gestionaba Jenara, m&aacute;s que por afecto al preso, por librarse de la
+situaci&oacute;n desagradable en que el encierro de su esposo la pon&iacute;a; y
+Pipa&oacute;n (<i>patriarca zascandilorum</i>, seg&uacute;n el macarr&oacute;nico), de acuerdo con
+Carnicero y otros compadres, manejaba tambi&eacute;n con arte sus considerables
+influencias. Tantos esfuerzos reunidos dieron al fin el resultado feliz
+que todos deseaban; pero hay indicios seguros de que el Sr. Navarro
+debi&oacute; principalmente su venturosa escapatoria, a la condescendencia o
+complicidad de la gente menuda, siempre venal; de modo que Salvador no
+se arrepinti&oacute; de haber recurrido al buenazo de Pedro L&oacute;pez, ni este se
+arrepinti&oacute; de servirle, porque, habiendo cobrado en moneda corriente sus
+estipendios y el importe de todos los gastos, pudo ofrecer a la iracunda
+Nazaria parte del caudal que le hab&iacute;a derrochado. Despu&eacute;s se ver&aacute; en qu&eacute;
+emplearon el dinero adquirido por tan extra&ntilde;a industria.</p>
+
+<p>Los presos eran tres: D. Carlos, un fraile aragon&eacute;s que pereci&oacute; el a&ntilde;o
+35 en Zaragoza cuando la c&eacute;lebre causa y conspiraci&oacute;n de D. Vicente Ena,
+y un capit&aacute;n de caballer&iacute;a que desde mucho antes andaba en aquellos
+trotes, y despu&eacute;s de ser mas&oacute;n el 20 e indefinido el 24, hab&iacute;a ingresado
+en los nacientes y a&uacute;n no fogueados ej&eacute;rcitos del Infante. No habr&iacute;a
+sucedido nada si todos los se&ntilde;ores congregados en casa de las de Porre&ntilde;o
+hubieran procedido con la discreci&oacute;n que se acostumbraba en tales
+reuniones il&iacute;citas cuando las sorprend&iacute;a la justicia. Seis de los
+conspiradores se escondieron en lo m&aacute;s hondo de la casa; el capit&aacute;n y el
+fraile se pusieron a rezar el rosario; mas D. Carlos Navarro, que era,
+por su geniazo d&iacute;scolo y entero, enemigo de bajas comedias y de
+disimulos viles, afrent&oacute; a los polizontes, les dijo mil herej&iacute;as, y no
+pudiendo contener su ira, abofete&oacute; al que parec&iacute;a principal entre ellos.
+Este acto de violencia, cuando lo que hac&iacute;a falta era ma&ntilde;a y dulzura,
+les llev&oacute; a los tres a la c&aacute;rcel de Villa, donde habr&iacute;an estado todo el
+tiempo que exige una buena y voluminosa causa de mil folios, si no
+vinieran en auxilio de Navarro las tramas que hemos mencionado, en
+auxilio del fraile el fuero eclesi&aacute;stico, y del capit&aacute;n la muerte, que
+se le llev&oacute; a los seis meses de encierro.</p>
+
+<p>La desolaci&oacute;n que caus&oacute; a las dignas se&ntilde;oras de Porre&ntilde;o aquel suceso, no
+se expresa con las fr&iacute;as palabras de la historia. El descr&eacute;dito de su
+casa, la verg&uuml;enza y el azoramiento en que desde entonces viv&iacute;an, y por
+&uacute;ltimo, la falta del auxilio pecuniario que D. Carlos les daba,
+precipitaron de tal modo su decadencia, que bien pronto se vieron en
+aquel t&eacute;rmino lastimoso en que la estrechez se confunde con la miseria.</p>
+
+<p>El atroz Navarro, luego que se vio fuera de la c&aacute;rcel no quiso averiguar
+el poder que le hab&iacute;a salvado. Su orgullo le inclinaba a no atribuir su
+salvaci&oacute;n a ninguna persona que le tuviera afecto. &laquo;A m&iacute; nadie me
+quiere, dec&iacute;a, nada tengo que agradecer a ning&uacute;n hombre. S&oacute;lo Dios me ha
+salvado&raquo;. Pas&oacute; algunas horas en casa de las se&ntilde;oras, en cuya compa&ntilde;&iacute;a
+hab&iacute;a vivido, les dio una limosna con car&aacute;cter de liquidaci&oacute;n de
+atrasos, y acompa&ntilde;ado de Orica&iacute;n y Zugarramurdi, que hab&iacute;an quedado
+libres y que siempre le eran fieles, parti&oacute; disfrazado de arriero para
+las Provincias Vascongadas y Navarra. Nadie le vio. Se fue con su
+indignaci&oacute;n cr&oacute;nica y su incurable soberbia, siempre enfermo, gru&ntilde;&oacute;n
+siempre. A nadie dio cuenta de sus planes, y parec&iacute;a detestar a sus
+comilitones pol&iacute;ticos lo mismo que a sus enemigos. No quer&iacute;a tratos con
+nadie, ni con su hermano, a quien no pod&iacute;a amar aunque lo intentase, ni
+con su mujer, a quien aborrec&iacute;a de la manera extra&ntilde;a que se aborrece lo
+amado. Aquel car&aacute;cter t&eacute;trico, compuesto de orgullo y tenacidad,
+endurecido m&aacute;s por el tedio, la desconfianza y la lesi&oacute;n hep&aacute;tica,
+necesitaba manifestarse en una acci&oacute;n propia y libre. La disciplina
+hab&iacute;a concluido para &eacute;l. Sonaba en la historia la trompeta l&uacute;gubre de
+las guerrillas. El feroz soldado de partidas la o&iacute;a resonar en su alma
+solitaria y sombr&iacute;a, y marchaba sin saber adonde ni por donde. S&oacute;lo
+aquel eco pod&iacute;a despertar en aquella alma el amor a la vida, evocar la
+fe, o infundirle el ardor de un trabajo glorioso. Como estos soldados
+mis&aacute;ntropos de coraz&oacute;n entenebrecido son m&aacute;s dignos de l&aacute;stima que de
+odio, y como tienen, en medio de sus graves errores, cierta nobleza y
+lealtad que infunde simpat&iacute;as, saludamos con respeto al fugitivo
+guerrillero, dici&eacute;ndole: &laquo;Dios vaya contigo, salvaje&raquo;.</p>
+
+<p>Entre tanto, el inter&eacute;s que Salvador hab&iacute;a puesto en favorecer a su
+desagradecido hermano le ocasion&oacute; algunos disgustos, porque enterados de
+&eacute;l algunos de sus antiguos amigotes y no acertando a comprender la
+verdadera causa de tal protecci&oacute;n a un furioso enemigo del <i>Sistema</i>,
+declararon a Monsalud inconsecuente y traidor. &laquo;Despu&eacute;s que tiene
+dinero, dec&iacute;an, se ha afiliado en las banderas del absolutismo y de los
+frailuchos, para poner en seguridad sus fondos&raquo;. Aviraneta, que no
+gustaba de perder amigos, y era en el fondo un esc&eacute;ptico glacial, no
+dej&oacute; de tratarle por esto; pero Rufete, hombrecillo de gran vehemencia,
+que hab&iacute;a hecho de sus ideas pol&iacute;ticas una superstici&oacute;n india, le
+manifest&oacute; en briosas frases que ser&iacute;a su irreconciliable enemigo, y que
+si &eacute;l (Rufete), partidario de todas las libertades, tropezaba en un
+campo de batalla o en una barricada con quien se hab&iacute;a hecho pros&eacute;lito
+de todas las tiran&iacute;as, no estaba decidido a perdonarle. De estas
+baladronadas y de otros desprecios y majader&iacute;as que oy&oacute;, se re&iacute;a el buen
+hombre, porque hall&aacute;ndose seguro de su rectitud, y deseando vivir lejos
+de los manejos pol&iacute;ticos, no quer&iacute;a dar explicaciones ni menos complacer
+a la turba de falsos patriotas.</p>
+
+<p>El que siempre se le mostr&oacute; leal y agradecido amigo fue Seudoquis,
+ascendido a coronel en los d&iacute;as de la jura, por los servicios prestados
+en la persecuci&oacute;n de la partida de Campos. Estrech&oacute; m&aacute;s aquella antigua
+amistad, originada en peligros y desgracias comunes, la generosidad con
+que Monsalud salv&oacute; por entonces al flamante coronel de sus ahogos
+pecuniarios, que le hab&iacute;an tra&iacute;do a un estado de horrible desesperaci&oacute;n.
+Seudoquis fue destinado a servir en Vitoria. Los dos amigos se separaron
+despu&eacute;s de algunos meses de vida com&uacute;n y de pesares y alegr&iacute;as;
+fraternalmente confiados. Gozoso Salvador de una amistad que en parte
+atenuaba la aridez de su vida, abandonose al afecto que Seudoquis le
+inspiraba y le confi&oacute; algunos secretos de los que m&aacute;s quer&iacute;a.</p>
+
+<p>D. Benigno Cordero hizo a nuestro amigo algunas visitas, en todo el
+tiempo que medi&oacute; desde Mayo hasta Setiembre. En la primera maravillose
+Salvador de o&iacute;rle decir que no se hab&iacute;a casado todav&iacute;a. En las sucesivas
+maravillose m&aacute;s por la propia causa, y a&uacute;n dijo algo acerca de lo mucho
+que pensaba y maduraba el insigne, cien veces insigne h&eacute;roe de Boteros
+sus resoluciones. En estas visitas ocurr&iacute;a la particularidad
+inexplicable de que D. Benigno no hablaba de Sola ni de cosa alguna que
+con el cansado matrimonio tuviese relaci&oacute;n. Hablaban de ocupaciones, de
+los negocios p&uacute;blicos, de las probabilidades de una guerra sangrienta,
+de la enfermedad de Su Majestad, la cual iba en tal manera creciendo,
+que pronto aquel animado muerto ser&iacute;a todo cad&aacute;ver, entre el espanto de
+la monarqu&iacute;a hu&eacute;rfana. En las conversaciones de D. Benigno notaba
+Salvador una particularidad extra&ntilde;a y que no acertaba a explicarse. Era
+que el buen encajero no hac&iacute;a m&aacute;s que preguntas y m&aacute;s preguntas, cual si
+antes fuese inquisidor que amigo, y no llevase m&aacute;s prop&oacute;sito que indagar
+la vida, conducta y pensamientos de su compa&ntilde;ero de casa en San
+Ildefonso. Despu&eacute;s de la primera visita D. Benigno baj&oacute; cojeando la
+escalera; y ci&ntilde;endo estrechamente al cuello el embozo para abrigarse
+bien, dijo dentro de su capa: &laquo;No sirve, no sirve para el caso&raquo;.</p>
+
+<p>
+ <img src="images/pag337.jpg"
+ alt="D. Benigno" title="D. Benigno" />
+</p>
+<p>En una de las visitas sucesivas (y entre unas y otras pasaban
+pr&oacute;ximamente veinte d&iacute;as), dijo para s&iacute;: &laquo;No es digno, no, del
+incomparable regalo que he pensado hacerle&raquo;. M&aacute;s adelante aconteci&oacute; que
+al comp&aacute;s de su trote cojo, murmuraba, marchando hacia su casa: &laquo;Quiz&aacute;s,
+quiz&aacute;s, sepa hacer buen uso de tan incomparable joya&raquo;. Y por &uacute;ltimo,
+(all&aacute; por Julio o principios de Agosto, el d&iacute;a antes de partir para
+los Cigarrales) sali&oacute; de la visita, pensando as&iacute;: &laquo;Bien va esto,
+Benigno, esto va bien&raquo;.</p>
+
+<p>Parti&oacute;, pues, a los Cigarrales en compa&ntilde;&iacute;a de Alel&iacute;, que ya casi no se
+pod&iacute;a tener derecho, y all&iacute;, en aquel delicioso ed&eacute;n de almendros,
+aconteci&oacute; lo que pronto, muy pronto ver&aacute; el juicioso lector.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XV" id="XV"></a>-XV-</h2>
+
+
+<p>Fue seguramente en aquellos mismos d&iacute;as cuando Pipa&oacute;n, deseando rematar
+convenientemente sus honestas relaciones con Micaelita, determin&oacute;
+echarse al cuello la soga del matrimonio. Exig&iacute;alo su posici&oacute;n social,
+ya considerable, y lo ped&iacute;a a grito herido su peculio, el cual con el
+acrecentamiento de los gastos y comodidades necesitaba refuerzos
+grandes. La idea de ver entrar en sus arcas dentro de poco tiempo las
+misteriosas sumas encarceladas por D. Felic&iacute;simo le quitaba los &uacute;ltimos
+escr&uacute;pulos que pudieran turbarle, y por ver aquella idea hecha realidad
+tangible y sonante se desposara &eacute;l, no digo yo con Micaela, sino con el
+mismo individuo que est&aacute; a los pies del patriarca San Miguel.</p>
+
+<p>Hab&iacute;a pasado bastante tiempo para que el p&uacute;blico diese al olvido las
+manchas que empa&ntilde;aron el antes limpio cristal de la reputaci&oacute;n de su
+novia. &iexcl;Bendito olvido, que es la moneda falsa del perd&oacute;n, y corre de
+mano en mano produciendo admirables efectos! Aquel olvido, su propia
+conveniencia y las exhortaciones del Padre Graci&aacute;n, que hab&iacute;a puesto en
+tal uni&oacute;n empe&ntilde;o particular, labraron el prop&oacute;sito del ilustr&iacute;simo D.
+Juan Bragas, y una ma&ntilde;anita de Julio se levant&oacute; con la cabeza fresca y
+dijo frot&aacute;ndose las manos: &laquo;Boda tenemos; esto es hecho&raquo;.</p>
+<p>
+ <img src="images/pag338.jpg"
+ alt="Visit&oacute; a Graci&aacute;n" title="Visit&oacute; a Graci&aacute;n" />
+</p>
+<p>Visit&oacute; a Graci&aacute;n, a quien hall&oacute; en su celda, (<i>inescobata c&eacute;lula</i>, seg&uacute;n
+la expresi&oacute;n del consabido macarronizante) y el buen jesuita le felicit&oacute;
+por su buen acuerdo, diciendo que, al casarse, D. Juan honraba a su
+novia y se honraba a s&iacute; mismo, que la sociedad y la Iglesia se alegraban
+juntamente de ver conclu&iacute;dos en boda los noviazgos largos, y por &uacute;ltimo
+que &eacute;l (<i>Gratianus horridus</i>) pedir&iacute;a a Dios concediese a los dignos
+esposos prole robusta y numerosa para bien de la cristiandad. D.
+Felic&iacute;simo tambi&eacute;n recibi&oacute; con alegr&iacute;a la noticia, porque la colocaci&oacute;n
+de su nieta hab&iacute;a llegado a parecerle problema poco menos dif&iacute;cil que la
+cuadratura del c&iacute;rculo, y Do&ntilde;a Mar&iacute;a del Sagrario ech&oacute; un gran suspiro
+que interpretado libremente expresaba las infinitas gracias que daba a
+Dios la buena se&ntilde;ora por verse libre pronto del inaguantable genio de su
+sobrina.</p>
+
+<p>No hay que decir cu&aacute;nto se regocij&oacute; la novia al ver pr&oacute;ximo el t&eacute;rmino
+de la situaci&oacute;n equ&iacute;voca en que estaba, y al considerarse se&ntilde;ora y due&ntilde;a
+de una casa. Ella contaba con manejar al buenazo de Pipa&oacute;n como a un
+dominguillo, y vivir a sus anchas gastando y triunfando. Pajarraco largo
+tiempo aprisionado y de no muy buenos instintos, &iquest;a d&oacute;nde ir&iacute;a al salir
+de su jaula? De la esclavitud del matrimonio iba ella a hacer la
+libertad de sus apetitos vanos. Cuando vio asegurada la conquista de don
+Juan, empez&oacute; a hacer sus preparativos.</p>
+
+<p>Quiso Pipa&oacute;n que su boda fuese de mucho aparato y bullanga. Hasta lleg&oacute;
+a imaginar que le apadrinaran los Reyes, o en su nombre alg&uacute;n
+empingorotado magnate, pero fue tan mal recibido en Palacio, al tantear
+la voluntad de las personas elegidas <i>in mente</i> por el cortesano para
+aquel fin, que se trastornaron sus planes. Esto le ocasion&oacute; suma
+tristeza, pero fue causa de una importante determinaci&oacute;n, que m&aacute;s tarde
+hab&iacute;a de conceptuar como una de las m&aacute;s felices de su vida. Debe
+advertirse aqu&iacute; que, aunque el <i>patriarca zascandilorum</i> asist&iacute;a a las
+juntas carlistas del Sr. Carnicero, y en ellas trataba de hacerse pasar
+por uno de los m&aacute;s ardientes devotos de la causa del Alt&iacute;simo, no estaba
+resueltamente decidido a embarcarse de un modo definitivo en tan
+arriesgado golfo. Como hombre de grand&iacute;simo esp&iacute;ritu pr&aacute;ctico y
+acostumbrado a no dar un paso sin estar seguro de la firmeza del suelo
+en que iba a poner el cauteloso pie, manten&iacute;a en su pecho una
+imparcialidad saludable, que era, si bien se mira, el colmo de la
+sabidur&iacute;a. Con sagacidad fin&iacute;sima observaba los elementos de uno y otro
+partido, la calidad y n&uacute;mero de las personas que en ellos militaban, el
+grado de fuerza y vitalidad que en el pa&iacute;s ten&iacute;an, y hall&aacute;ndolos casi
+iguales y contrapesados, esperaba a que el tiempo y la Providencia
+robusteciera al uno con detrimento y merma del otro. Es claro como la
+luz del mediod&iacute;a que en el momento de declararse la desnivelaci&oacute;n, el
+h&aacute;bil cortesano se lanzar&iacute;a con entusiasmo f&eacute;rvido a las filas del
+partido mayor y m&aacute;s poderoso.</p>
+
+<p>Hall&aacute;base en lo m&aacute;s perplejo de su perplejidad, cuando le entr&oacute;, sin
+duda por inspiraci&oacute;n divina, el deseo de casarse. &iexcl;Oh, <i>fortunate nate</i>!
+como dir&iacute;an Virgilio y D. Rodrigu&iacute;n. &iexcl;Qui&eacute;n hab&iacute;a de decir que de sus
+proyectos matrimoniales le vendr&iacute;a la profesi&oacute;n de fe pol&iacute;tica que le
+salv&oacute;, apart&aacute;ndole del partido guerrero y de una causa que no triunf&oacute;
+entonces ni hab&iacute;a de triunfar en lo sucesivo! &iexcl;Ay! en un tris estuvo que
+personaje de tanta val&iacute;a se perdiera para siempre, privando a la
+Administraci&oacute;n espa&ntilde;ola de sus eminentes servicios... Es el caso que
+aquel desprecio con que fue recibido en Palacio afligi&oacute; mucho al
+cortesano; la pena lo hizo reflexionar profundamente, y... no parece
+sino que Dios y la Sant&iacute;sima Virgen le tocaron en el coraz&oacute;n, porque
+desde aquel d&iacute;a empez&oacute; a tener presentimientos de que no triunfar&iacute;an
+jam&aacute;s las ideas absolutistas. Tuvo, si se quiere, cierta presciencia o
+adivinaci&oacute;n genial de los venideros sucesos. A nuestro juicio, debe
+tenerse por cierto que la inspiraci&oacute;n divina alienta no pocas veces a
+los cortesanos en todas las edades, y les ilumina y conduce para que no
+den esos terribles traspi&eacute;s que a veces truncan lastimosamente las m&aacute;s
+brillantes carreras.</p>
+
+<p>Pipa&oacute;n, despu&eacute;s de pasar algunas semanas apartado de las logias
+mojigatas (&iquest;por qu&eacute; no se han de llamar as&iacute;?) volvi&oacute; a Palacio; h&iacute;zose
+introducir con no pocas dificultades en la C&aacute;mara de la Reina, y all&iacute;
+jur&oacute; y perjur&oacute; que &eacute;l no era ni hab&iacute;a sido nunca carlino; que &eacute;l ten&iacute;a a
+Su Alteza por uno de los m&aacute;s desatinados locos nacidos de madre; que si
+sosten&iacute;a amistades con algunos individuos del bando de la fe, Dios era
+testigo de las exhortaciones que &eacute;l (Pipa&oacute;n) les hab&iacute;a dirigido para
+desviarles de tan peligrosa y antipatri&oacute;tica senda; <i>item</i> m&aacute;s, que sin
+hacer gala de ello hab&iacute;a trabajado como un negro (nos consta que emple&oacute;
+la misma frase) por la causa de su Reina ni&ntilde;a, ganando voluntades,
+disuadiendo a este de sus herej&iacute;as apost&oacute;licas, fortaleciendo el
+desmayado esp&iacute;ritu de aquel, desbaratando planes, y preconizando en
+todas partes las excelencias de aquella Monarqu&iacute;a ideal, hist&oacute;rica y
+libre, generosa y fuerte. Dijo tambi&eacute;n, que la ni&ntilde;a era muy bonita y que
+los espa&ntilde;oles todos la quer&iacute;an mucho, lo mismo que a su interesante y
+bondadosa mam&aacute;, y, por &uacute;ltimo, que &eacute;l (D. Juan) segu&iacute;a en sus prop&oacute;sitos
+de siempre, los cuales eran nada menos que derramar la &uacute;ltima gota de su
+in&uacute;til sangre por la Reinita de tres años, que hab&iacute;a de ser (en esto no
+ten&iacute;a duda; era una corazonada, una nueva inspiraci&oacute;n divina) que hab&iacute;a
+de ser, repet&iacute;a, no s&oacute;lo la segunda Isabel, sino la segunda Isabel la
+Cat&oacute;lica.</p>
+
+<p>Cuentan los testigos presenciales de la anterior manifestaci&oacute;n
+Pipa&oacute;nica, que las ilustres personas a quienes el cortesano se dirig&iacute;a
+no le dieron todo el cr&eacute;dito a que por sus honrados antecedentes era
+acreedor D. Juan. Cuentan tambi&eacute;n que este sac&oacute; de su inagotable ingenio
+nuevas y m&aacute;s en&eacute;rgicas razones, y hasta se asegura (no garantizamos la
+exactitud de este &uacute;ltimo dato) que en los ojos del cortesano brill&oacute; una
+l&aacute;grima. Mas, &iquest;por qu&eacute; no hemos de admitir una versi&oacute;n que tanto honra
+al bueno de Bragas? S&iacute;; recojamos aquella l&aacute;grima de lealtad, vertida a
+los pies de una Reina, y guard&eacute;mosla para engarzarla veinte a&ntilde;os m&aacute;s
+tarde en la corona del marquesado de Casa-Pipa&oacute;n, concedido para premiar
+eminentes servicios al Tesoro y al Estado.</p>
+
+<p>Dejando a un lado el testimonio de los presentes en aquella escena, a
+nosotros nos consta que antes de admitir al se&ntilde;or de Bragas a la gracia
+soberana, se le exigieron pruebas de que su adhesi&oacute;n no era una mentira.
+Que &eacute;l se apresur&oacute; a darlas no hay para qu&eacute; decirlo, y que estas pruebas
+consistieron en una delaci&oacute;n circunstanciada de todo lo ocurrido en dos
+a&ntilde;os en casa de D. Felic&iacute;simo, f&aacute;cilmente lo comprender&aacute; quien haya
+penetrado, por estas fieles relaciones nuestras, aquel car&aacute;cter adornado
+de todas las virtudes de la serpiente. Y no pararon aqu&iacute; los servicios
+prestados a la Monarqu&iacute;a infantil por el digno personaje, sino que
+revel&oacute; cosas muy hondas, s&oacute;lo de &eacute;l sabidas, y en las cuales hab&iacute;a
+tenido cooperaci&oacute;n aparente, con el &uacute;nico fin de profundizar el abismo
+de iniquidades del partido mil veces execrable (frase suya) que se
+aprestaba a escribir el nombre de Dios en las banderas del asesinato.</p>
+
+<p>V&eacute;ase aqu&iacute; c&oacute;mo supo embarcarse en bajel seguro y mantener en su
+compa&ntilde;&iacute;a a la veleidosa fortuna, su hermana querida y tutelar maestra.
+El ministro de Hacienda, D. Antonio Mart&iacute;nez, que ya le ten&iacute;a en capilla
+para dejarle cesante de su ping&uuml;e destino en el Consejo, cej&oacute; en sus
+intenciones perversas. El ilustre funcionario adquiri&oacute; nuevamente el
+favor que hab&iacute;a perdido en Palacio, y no pudiendo lograr que un Pr&iacute;ncipe
+apadrinara sus felices bodas, encontr&oacute; marqueses y condes que se
+ofrecieron con bon&iacute;simo talante a hacerlo. &iexcl;Ejemplo admirable de las
+recompensas que el cielo da a la gente amaestrada en el supino arte de
+la vida!</p>
+
+<p>La boda se fij&oacute; para &uacute;ltimos de Setiembre. Mientras la anhelada fecha
+llegaba, Pipa&oacute;n iba tres veces al d&iacute;a a Palacio a enterarse de la salud,
+o mejor dicho de la enfermedad del Rey, la cual se agravaba con tanta
+rapidez, que el pante&oacute;n del Escorial le ten&iacute;a ya por suyo. Su Majestad
+andaba con mucha dificultad, com&iacute;a poco, dorm&iacute;a menos, y ya se le
+hinchaba una mano, ya una pierna. El vulgo, que le ten&iacute;a por cad&aacute;ver
+embalsamado, era en esta creencia menos necio de lo que a primera vista
+parec&iacute;a, y en los ataques fuertes casi todo el Rey estaba dentro de
+vendas negras. Su mirada triste vagaba por los objetos, como depositando
+en ellos parte de aquella tristeza de que impregnado estaba. Su
+corpulencia era pesadez; su gordura hinchaz&oacute;n; su cara sonrosada de
+otros d&iacute;as, una m&aacute;scara viol&aacute;cea y amarillenta que parec&iacute;a llena de
+contusiones. La nariz colgante casi le tocaba a la boca, y en el pelo
+negro, como ala de cuervo, aparec&iacute;an y se propagaban las canas
+r&aacute;pidamente. Los negocios de Estado, en aquellos d&iacute;as m&aacute;s graves y
+espinosos que nunca, le aburr&iacute;an y le preocupaban. La imagen de su
+hermano, que a veces le parec&iacute;a un buen hombre a veces un hip&oacute;crita
+ambicioso, no se apartaba de su mente, sobreexcitada por el desvelo. Ya
+pensaba ablandarle con sus sentimientos fraternales, ya confundirle con
+las amenazas de Rey. Fue D. Carlos la persona a quien m&aacute;s quiso en el
+mundo, y hab&iacute;a llegado a ser su espantajo, el martirio de su
+pensamiento, la fantasma de sus insomnios y el tema de sus berrinchines.
+Adivino de su pr&oacute;xima muerte, el Rey ve&iacute;a arrebatado a su sucesi&oacute;n
+directa aquel trono que quiso asegurar con el absolutismo. &iexcl;Y era el
+absolutismo quien le destronaba! &iexcl;La fiera a quien hab&iacute;a alimentado con
+carne humana, para que le ayudara a dominar, se le tragaba a &eacute;l, despu&eacute;s
+de bien harta! &iexcl;C&oacute;mo se reir&iacute;an en sus tumbas, si posible fuera, los
+seis mil espa&ntilde;oles que subieron al pat&iacute;bulo para servir de cebo a la
+mencionada fierecita! Pues y los doscientos cincuenta mil que murieron
+en la guerra de la Independencia, en la del y en la de los
+agraviados, &iquest;qu&eacute; dir&iacute;an a esto? &iexcl;Justicia divina! si la mente de
+Fernando VII se poblaba con estas cifras en aquel trist&iacute;simo fin de su
+reinado y de su vida, &iexcl;qu&eacute; horrible mareo para hacer juego con la gota!
+&iexcl;Qu&eacute; insoportable peso el de aquella corona carcomida! Ya no eran el
+pueblo descontento ni el ej&eacute;rcito minado por la masoner&iacute;a quienes
+atormentaban al tirano; eran el clero y los milicianos realistas,
+capitaneados por un hermano querido. La v&iacute;ctima antigua, inmolada sobre
+el libro de la Constituci&oacute;n con el cuchillo de la teocracia, no infund&iacute;a
+cuidado; lo que perturbaba era el cuchillo mismo revolvi&eacute;ndose fiero
+contra el pecho del amo. &iexcl;Oh, qu&eacute; error tan grande haber sacado de su
+vaina aquella arma antigua cuando ya comenzaba a enmohecer!... El pobre
+Rey, a quien la Naci&oacute;n no amaba ni tem&iacute;a ya, debi&oacute;, sin duda, los pocos
+consuelos de sus &uacute;ltimos meses al esp&iacute;ritu tolerante de su mujer, y si
+&eacute;l no se dejaba arrastrar p&uacute;blicamente al liberalismo, sab&iacute;a tener
+secretas alegr&iacute;as cada vez que el Gobierno mortificaba a la gente
+apost&oacute;lica. Su alma rencorosa hubiera llegado a la aceptaci&oacute;n de las
+nuevas ideas, no por convencimiento sino por venganza, porque estaba
+harto de cl&eacute;rigos, harto de absolutismo, harto de camarillas, harto de
+su hermano, y si viviera m&aacute;s, hubi&eacute;ramos visto un liberalismo verdugo,
+como antes vimos una teocracia cazadora de hombres.</p>
+
+<p>El Rey empleaba largas horas escribiendo al Infante. Cre&iacute;a que con
+cartas y amonestaciones podr&iacute;a convencer a aquella piedra viva que se
+llam&oacute; D. Carlos, piedra por la tenacidad y falta de inteligencia. En la
+c&eacute;lebre correspondencia de ambos hermanos, las frases m&aacute;s cari&ntilde;osas
+envuelven amenazas terribles. Se ven r&iacute;os de sangre corriendo bajo
+aquellas flores de la zalamer&iacute;a fraternal. Fernando hac&iacute;a alarde de su
+autoridad, de su prestigio de Rey y Se&ntilde;or; D. Carlos manifestaba en cada
+rengl&oacute;n profundo convencimiento de sus derechos, arraigado en la falsa
+piedad. En sus cartas se ve&iacute;a, bajo las protestas de honradez y buena
+fe, la ferocidad de la ambici&oacute;n de las infantas brasile&ntilde;as. Ellas lo
+instigaban a desobedecer al Rey; ellas le suger&iacute;an f&oacute;rmulas h&aacute;biles para
+disimular con razones y pretextos la rebeld&iacute;a; ellas eran el alma, la
+acci&oacute;n, la furia y la iniciativa del partido, mientras D. Carlos era la
+pantalla de santurroner&iacute;a, que tan bien cuadraba a la causa para hacerse
+pasar por causa religiosa.</p>
+
+<p>Cuando no escrib&iacute;a cartas, Fernando, com&uacute;nmente aburrido de su ordinaria
+tertulia, pasaba largas horas en el cuarto de las ni&ntilde;as. Era la primera
+vez en su vida que probaba los deleites puros de la familia. Aquel
+vicioso que tan mal hab&iacute;a empleado su tiempo, se sorprend&iacute;a ahora de
+verse ocupado en puerilidades, y bastaba cualquier s&iacute;ntoma de dolencia
+en Isabelita, para que se olvidase de los negocios de Estado y de los
+malos pasos en que andaba la corona. Preguntaba con frecuencia por las
+m&aacute;s insignificantes cosas referentes a las ni&ntilde;as, y si Luisita Fernanda
+daba en no querer mamar, ya hab&iacute;a motivo para graves cuestiones,
+preguntas y comentarios. Cuando todo iba bien, cuando las ni&ntilde;as parec&iacute;an
+estar sanas y contentas, o Isabelita se quedaba dormida abrazada a su
+mu&ntilde;eca, el Rey sol&iacute;a pasear por las anchas c&aacute;maras, dando el brazo a
+Cristina. Ambos marchaban despacio, porque la cojera del Rey exig&iacute;a un
+lento y cauteloso modo de sentar los pies. Cristina hablaba poco de
+negocios pol&iacute;ticos, y hac&iacute;a pron&oacute;sticos alegres sobre la salud de su
+marido. La gota, seg&uacute;n ella dec&iacute;a, iba cediendo, y era de esperar que en
+el pr&oacute;ximo invierno no hubiese ataques fuertes. El Rey suspiraba
+incr&eacute;dulo, y se acordaba de su conducta, que era la premisa l&oacute;gica de su
+gota. De pronto cesaba el paseo: Su Majestad se deten&iacute;a un rato ante el
+balc&oacute;n por donde se ve&iacute;a la Plaza de Oriente, que entonces era un
+p&aacute;ramo. Miraba un rato las casas de Madrid, y dando un gran suspiro,
+tornaba al paseo lento y trabajoso. No se o&iacute;an los pasos, sino el golpe
+del fuerte bast&oacute;n en que se apoyaba el Rey, y que con l&uacute;gubre comp&aacute;s
+sonaba en el alfombrado suelo.</p>
+
+<p>Desde el 19 de Julio hasta el 27 de Setiembre el Rey sufri&oacute; mucho de un
+dolor en la cadera izquierda; pero no guard&oacute; cama. Sus comidas eran
+penosas por falta de apetito. Cristina le acompa&ntilde;aba incit&aacute;ndole a tomar
+alimento con las mil zalamer&iacute;as que usan, para estos casos, las mujeres
+cari&ntilde;osas. De este modo Fernando se enga&ntilde;aba a s&iacute; mismo algunas veces,
+creyendo que com&iacute;a con gana.</p>
+
+<p>El 27 el Rey quiso levantarse de la cama; pero advirti&oacute; que sus
+extremidades no le obedec&iacute;an. Estaba d&eacute;bil, tan d&eacute;bil que no se pod&iacute;a
+mover. Vinieron los m&eacute;dicos y le llenaron de cant&aacute;ridas. La mano derecha
+se hinch&oacute; de tal modo que parec&iacute;a una cabeza. Su Majestad notaba dentro
+de si un enorme volumen inexplicable, como si otro cuerpo entrase dentro
+de su cuerpo y le invadiese y ocupase poco a poco. Los dolores se
+apaciguaron, dej&aacute;ndole dormir con pesado y brumoso sue&ntilde;o. El 29 Su
+Majestad se encontr&oacute; torpe para hablar, torpe para discurrir. Empezaba a
+reinar en &eacute;l una indiferencia triste. Le pusieron cant&aacute;ridas en la nuca.
+Con esto el Rey de Espa&ntilde;a se reconoci&oacute; otra vez Rey de Espa&ntilde;a. La
+mostaza, prolongando un reinado, tom&oacute; parte en la historia. Los m&eacute;dicos
+parec&iacute;an satisfechos y quisieron ver cenar al Rey. Cristina dispuso la
+comida y Fernando comi&oacute; mejor que los d&iacute;as anteriores. Despu&eacute;s dijo,
+&laquo;tengo sue&ntilde;o&raquo;, y los m&eacute;dicos salieron para dejarle descansar. Era
+costumbre en &eacute;l, durante los &uacute;ltimos tiempos de su enfermedad, dormir
+una breve siesta. Aquel d&iacute;a, Cristina, quedose con &eacute;l en la estancia y
+se sent&oacute; al lado del lecho real. El Rey cerr&oacute; los ojos sin decir nada, y
+pareci&oacute; que se dorm&iacute;a con sue&ntilde;o tranquilo. Cristina le miraba. Una
+secreta intuici&oacute;n le dec&iacute;a que se estaba quedando viuda... De repente
+observ&oacute; en el rostro de su esposo un movimiento extra&ntilde;o y un cambio de
+color m&aacute;s extra&ntilde;o a&uacute;n. Llam&oacute; con espanto, entraron los m&eacute;dicos que
+estaban de guardia y el capit&aacute;n de guardias duque de Alag&oacute;n. Los tres
+m&eacute;dicos, el duque y Cristina contemplaron la cara del Rey. El m&eacute;dico
+pulsaba, y luego dejaba de pulsar, como un piloto que abandona el tim&oacute;n
+cuando no hay esperanzas de evitar el naufragio. Cinco minutos dur&oacute;
+aquel estado, en que cinco personas miraban un semblante. Pasados los
+cinco minutos Fernando VII no exist&iacute;a.</p>
+
+<p>Fue una muerte breve, sin aparato, sin agon&iacute;as tormentosas. Estaba
+muerto y nadie ten&iacute;a la persuasi&oacute;n de que el Rey no viv&iacute;a, porque aquel
+estado inerte pod&iacute;a ser un desmayo como otras veces. A pesar de que los
+m&eacute;dicos aseguraron que ya no hab&iacute;a Rey, Cristina dispuso que no se
+tocase el cad&aacute;ver hasta las veinticuatro horas. Retir&aacute;ronse todos y en
+Palacio hubo el movimiento vertiginoso que acompa&ntilde;a a los grandes
+sucesos de las monarqu&iacute;as. Nadie lloraba. Los cortesanos que hab&iacute;an sido
+fieles a la persona, pero que no simpatizaban con las ideas, se
+preparaban a abandonar la casa. Las salas, las galer&iacute;as, las c&aacute;maras,
+estaban llenas de corrillos. La curiosidad, el recelo, la desconfianza,
+el miedo, la duda, formaban aquel extra&ntilde;o duelo, en el cual hab&iacute;a todo
+menos l&aacute;grimas. &laquo;Ahora s&iacute; que se ha muerto de veras&raquo;, murmuraba el labio
+cortesano en pasillos y galer&iacute;as, y tras esto surg&iacute;an infinitos planes
+de conducta.</p>
+
+<p>En la madrugada del 30 la descomposici&oacute;n sell&oacute; la muerte del Rey, para
+que nadie pudiese dudar de ella. Estaba escrito que la conclusi&oacute;n de
+aquel reinado fuera en todo conforme al reinado mismo. Entregose el
+cuerpo a la etiqueta, que hizo con &eacute;l lo que es de rigor en tales casos.
+Dej&eacute;mosle en poder de la mayordom&iacute;a, que le lleva de ceremonia en
+ceremonia hasta depositarle en el Escorial. La Corte, los pueblos, le
+ve&iacute;an pasar sin sentimiento. No ha habido Rey m&aacute;s amado en su juventud
+ni menos llorado en su muerte. Abierto su testamento se vio que dejaba
+veinticinco millones de duros, y que mandaba decir veinte mil misas por
+su alma... <i>Requiescat</i>...</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XVI" id="XVI"></a>-XVI-</h2>
+
+
+<p>No se le coc&iacute;a el pan a D. Benigno Cordero hasta no ver realizado un
+pensamiento suyo de grand&iacute;sima importancia. Desde aquella noche en que
+Sola se expres&oacute; con tanto calor, diciendo, &laquo;quiero casarme con el
+viejo&raquo;, este, lejos de mostrarse ensoberbecido con declaraci&oacute;n tan
+halag&uuml;e&ntilde;a, se volvi&oacute; m&aacute;s taciturno. Fueron a pasar el verano a los
+Cigarrales, y dos tardes despu&eacute;s de instalarse en su casa de campo,
+Cordero sali&oacute; a paseo con Sola, bajando hacia la margen del r&iacute;o. El
+h&eacute;roe se apoyaba en su bast&oacute;n nudoso, y en los pasos dif&iacute;ciles, que eran
+los m&aacute;s, ped&iacute;a auxilio al brazo de Sola. Esta no deseaba otra cosa que
+servirle y complacerle.</p>
+<p>
+ <img src="images/pag347.jpg"
+ alt="image" title="image" />
+</p>
+<p>&mdash;Hijita&mdash;le dijo, cuando pasaron de las higueras del t&iacute;o <i>Reza-quedito</i>,
+punto desde el cual ya no se ve&iacute;a la casa&mdash;, hoy tengo que decirte la
+&uacute;ltima palabra acerca del asunto que hace tiempo me trae muy caviloso.
+Me he dado una batalla, querida Sola, me he dado una batalla y me he
+arrollado completamente, me he derrotado en toda la l&iacute;nea. Acaso no me
+entender&aacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;No mucho&mdash;dijo Sola, creyendo deber decir que no, aunque algo se le iba
+entendiendo de aquellas cosas, y aun algos hab&iacute;a ella penetrado en d&iacute;as
+anteriores, con su natural agudeza.</p>
+
+<p>&mdash;Pues se han concluido mis vacilaciones y a casarse tocan. Entre los dos
+se establecer&aacute; un parentesco de cari&ntilde;o, de agradecimiento y de amistad
+que no nos separar&aacute; sino en el sepulcro. &iquest;Insiste usted en lo que
+manifest&oacute; aquella noche? Creo que no lo habr&aacute; olvidado usted, pues yo,
+si cien a&ntilde;os viviera, no lo olvidar&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;No lo he olvidado, y ahora repito lo que dije, y me confirmo en ello.</p>
+
+<p>El h&eacute;roe se detuvo y la mir&oacute; con seriedad afable...</p>
+
+<p>&mdash;Repare usted bien que pronunci&oacute; palabras muy categ&oacute;ricas y muy
+graves&mdash;le dijo en tono de queja&mdash;. Grabadas est&aacute;n en mi memoria. &laquo;Como
+Dios es mi padre... &iquest;no fue as&iacute;?... como Dios es mi padre, juro que
+quiero casarme con el viejo&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;As&iacute; fue&mdash;afirm&oacute; Sola, repitiendo aquel eco de su alma&mdash;; con el viejo,
+con el viejo.</p>
+
+<p>&mdash;Es decir, conmigo.</p>
+
+<p>&mdash;Con usted.</p>
+
+<p>D. Benigno anduvo algunos pasos, y deteni&eacute;ndose luego, habl&oacute; as&iacute; entre
+turbado y festivo:</p>
+
+<p>&mdash;Pues bien, hija de mi coraz&oacute;n, yo tengo ahora un antojo que quiz&aacute;s
+usted lleva a mal; a m&iacute; me ha entrado un capricho, una man&iacute;a... Qu&eacute;
+quiere usted... siento dec&iacute;rselo... quiz&aacute;s se enfade.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute;?</p>
+
+<p>&mdash;Pues es que... que ahora me tocan a m&iacute; los mimos... y, en una palabra,
+que ya no quiero casarme con usted.</p>
+
+<p>Y ech&aacute;ndose a re&iacute;r, a&ntilde;adi&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Nada, hijita, le doy a usted calabazas... &iquest;no contaba con mis
+veleidades, eh? &iquest;No contaba usted con las coqueter&iacute;as del viejo?</p>
+
+<p>Y al decir esto abri&oacute; los brazos, derram&oacute; una l&aacute;grima, y riendo siempre,
+estrech&oacute; a Sola contra su coraz&oacute;n, en el cual se desbordaban los afectos
+m&aacute;s puros.</p>
+
+<p>&mdash;Venga ac&aacute;, hija de mi coraz&oacute;n&mdash;exclam&oacute;&mdash;, venga ac&aacute; y abr&aacute;ceme tambi&eacute;n.
+Dios me ha iluminado para hacerla el mayor bien que podr&iacute;a usted esperar
+de m&iacute;. Felicit&eacute;monos ambos de este triunfo de mi raz&oacute;n, y ahora
+entonemos un himno al sentido com&uacute;n que ha sido nuestro salvador.</p>
+
+<p>Sola comprend&iacute;a a medias.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Quiere usted que nos sentemos en esta piedra?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;&mdash;dijo Sola, &aacute;vida de hablar, de o&iacute;r explicaciones&mdash;, sent&eacute;monos. Usted
+aqu&iacute;... que est&aacute; m&aacute;s seco.</p>
+
+<p>&mdash;Cuando me dijo usted aquellas palabras&mdash;manifest&oacute; D. Benigno, quit&aacute;ndose
+los anteojos para limpiar los vidrios que se hab&iacute;an empa&ntilde;ado
+ligeramente&mdash;me qued&oacute; en el primer momento en &eacute;xtasis y como deslumbrado.
+Despu&eacute;s tuve la suerte de no dejarme alucinar por las pasiones, y de ver
+claro en un asunto tan expuesto al error. Parece que el buen sentido se
+redobl&oacute; en m&iacute;, prepar&aacute;ndose para la gran batalla que se iba a dar en el
+campo de mi esp&iacute;ritu, y que las pasiones se aterrorizaron, anunciando su
+vencimiento. &iexcl;Ah! hija de mi coraz&oacute;n, el viejo fue iluminado por Dios y
+pudo pesar sus escasos m&eacute;ritos, sus achaques, sus... condiciones,
+poniendo todo esto al lado de tu lozana juventud, merecedora de mejor
+destino. No s&eacute; c&oacute;mo fue aquello; pero recuerdo que se agrandaban a mis
+ojos los inconvenientes y se amenguaban las ventajas mutuas; comprend&iacute;
+que iba a hacer un disparate y a dar un resbal&oacute;n m&aacute;s grave que el que me
+ocasion&oacute; la rotura de esta endiablada pierna: me sorprend&iacute; arrepentido,
+hija; no s&eacute; c&oacute;mo fue aquello, s&iacute;, me sorprend&iacute; arrepentido, y sin saber
+c&oacute;mo empec&eacute; a ver claro, clar&iacute;simo, y me dije: &laquo;la quiero demasiado para
+casarla conmigo&raquo;.</p>
+
+<p>Sola no sab&iacute;a qu&eacute; decir. Las palabras que o&iacute;a revelaban tal convicci&oacute;n y
+D. Benigno le infund&iacute;a tanto respeto, que no se atrevi&oacute; a contestarle ni
+a defenderle contra su buen sentido. Pens&oacute; primero que deb&iacute;a insistir en
+lo del matrimonio; pero afortunadamente desisti&oacute; de una idea que habr&iacute;a
+sido impropia. Su bondad lo inspir&oacute; la declaraci&oacute;n m&aacute;s digna en sus
+labios, diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;No tengo m&aacute;s voluntad que la de usted... Haga usted de m&iacute; lo que
+quiera.</p>
+
+<p>&mdash;Bar&aacute;stolis, muy bien dicho. Pues yo quiero hacer de usted una hija...
+Hasta ahora no hab&iacute;a querido tener con usted esa familiaridad inocente
+que consiste en tratarla de t&uacute;. Pues ya que no hay nada de casorio,
+quiero tener contigo, contigo que eres mi hija, la familiaridad propia
+de un padre; quiero tutearte... Y en este momento es preciso que
+sellemos nuestro parentesco d&aacute;ndonos un abrazo pero muy apretado...
+as&iacute;... no hay cuidado. Ya no somos novios, hijita.</p>
+
+<p>Se abrazaron estrechamente, confundiendo la bondad de sus corazones.</p>
+
+<p>&mdash;Ya no somos novios&mdash;repiti&oacute; D. Benigno&mdash;. Aquello era una tonter&iacute;a. &iexcl;Me
+lo ha revelado Dios por conducto de estos achaques m&iacute;os, y mi raz&oacute;n me
+dijo tantas, tantas cosas!... No dud&eacute;, ni por un instante, de la
+sinceridad de tu consentimiento. Convencido estoy de que te habr&iacute;as
+casado gustosamente con el viejo, de que le habr&iacute;as querido, de que le
+habr&iacute;as sido fiel, de que le habr&iacute;as cuidado mucho cuando pasara, el
+pobre, de viejo a viejecito, cosa que no puede tardar... Pero, hija
+m&iacute;a, tu consentimiento y aquellas palabras admirables que me dijiste
+brotaban de tu gratitud, del afecto filial que me tienes. &iexcl;Ay! No se
+hacen los buenos matrimonios, no, con estos ingredientes. Es preciso no
+forzar la naturaleza, no forzar los sentimientos naturales, haciendo de
+la gratitud amor; es preciso, sobre todo, dar a cada edad lo suyo y no
+empe&ntilde;arse en reverdecer la venerable vejez, ni marchitar la hermosa
+juventud, uniendo una cosa con otra fuera de saz&oacute;n. No, mil veces no.
+T&uacute;, al querer ser mi esposa, domando un sentimiento robusto que viv&iacute;a y
+vive en tu coraz&oacute;n, hac&iacute;as un sacrificio sublime. Yo te lo agradezco,
+porque comprendo cu&aacute;n sincero era aquel sacrificio; pero no quiero
+aceptarlo... Dicen que yo fu&iacute; h&eacute;roe en cierta ocasi&oacute;n; pues aquello de
+Boteros es tortas y pan pintado en comparaci&oacute;n de este arranque de
+energ&iacute;a que acabas de ver, hija m&iacute;a, porque esto me ha costado m&aacute;s
+luchas, porque yo tambi&eacute;n s&eacute; hacer un sacrificio. No se renuncia sin
+trabajo a un bien seguro, a un bien tan delicioso, a todo lo que me
+promet&iacute;an tu juventud, tu cari&ntilde;o leal, tus m&eacute;ritos inmensos, tu belleza,
+hija... pues ahora que no soy novio, puedo decirte que cada vez te vas
+poniendo m&aacute;s guapa... En fin, hija, he cre&iacute;do amarte mejor y servirte
+mejor, y amar y servir mejor a Dios, d&aacute;ndome a ti por padre que por
+esposo... Y a&uacute;n me queda otra cosa mejor que decirte. Esto que he hecho
+ser&iacute;a incompleto, muy incompleto. Si quedara as&iacute;... Pero no, yo no hago
+las cosas a medias. Mis hero&iacute;smos, cuando salen de m&iacute;, no son pamplinas.
+Al hacerte mi hija, quiero llenar el vac&iacute;o que hay en tu existencia, y
+poner a tus sentimientos la corona que has ganado; quiero llenar de
+felicidad hasta los bordes ese vaso de tu vida que poco a poco se ha ido
+vaciando de sus antiguas tristezas; quiero casarte con el hombre que
+amas, con ese de quien ya puedo asegurar que te merece.</p>
+
+<p>Sola se qued&oacute; espantada. Tan grande era la novedad de aquella idea, que
+necesit&oacute; alg&uacute;n tiempo para tenerla por lisonja. Se qued&oacute; p&aacute;lida como una
+muerta, y tanto se trastorn&oacute; su fisonom&iacute;a, que teniendo verg&uuml;enza de que
+D. Benigno sorprendiera en ella la impresi&oacute;n hond&iacute;sima que
+experimentaba, baj&oacute; la cabeza. Cordero puso las palmas de sus manos en
+las sienes de ella, y atray&eacute;ndola, le dio un beso en la frente,
+diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;Gracias a Dios que te puedo dar este besillo, para demostrarte de un
+modo material el cari&ntilde;o honesto que te profeso, cari&ntilde;o de padre, que yo
+quise echar a perder tontamente. No te averg&uuml;ences de lo que sientes al
+o&iacute;r lo que acabo de decirte. Es natural... Con este otro beso te quito
+la verg&uuml;enza. Que venga tu futuro esposo a impedirme que te bese... Si
+alguien nos viera, &iquest;qu&eacute; dir&iacute;a?... Pero nosotros, nos reir&iacute;amos y
+contestar&iacute;amos sin ponernos colorados: &laquo;Ya no somos novios, ya no somos
+novios&raquo;.</p>
+
+<p>Sola se ech&oacute; a re&iacute;r. Despu&eacute;s se puso muy seria. En su trastorno no sab&iacute;a
+qu&eacute; manifestaciones ser&iacute;an m&aacute;s convenientes, y as&iacute; dej&oacute; a su rostro que
+expresara lo que quisiera.</p>
+
+<p>&mdash;Veo que te has puesto muy seria y como enojada&mdash;le dijo el h&eacute;roe&mdash;. &iquest;No
+te gusta mi proyecto?</p>
+
+<p>&mdash;Es, que...&mdash;balbuci&oacute; Sola, no disimulando el gran temor, que de
+improviso llen&oacute; su alma&mdash;. Es que... podr&iacute;a suceder... Y &iquest;qui&eacute;n me
+asegura?...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; podr&iacute;a suceder, tonta?</p>
+
+<p>&mdash;Podr&iacute;a suceder que &eacute;l no me quisiera ya.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bonita idea! &iquest;Me tienes por un necio? &iquest;Me crees capaz de inclinarte a
+ser esposa de un hombre, sin saber si ese hombre te quiere, y lo que es
+m&aacute;s a&uacute;n, que te merece?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Entonces, ha hablado usted con &eacute;l!... &iquest;le ha dicho?... y &iquest;&eacute;l le ha
+dicho?... &iquest;ustedes se han ocupado de esto antes de hablarme a m&iacute;?... &iquest;&Eacute;l
+sabe?... &iquest;usted y &eacute;l?...</p>
+
+<p>De este modo expresaba Sola su curiosidad, no acertando a interrogar sin
+que preguntas mil, inconexas y atropelladas, se enredaran en sus labios,
+queriendo salir todas a la vez.</p>
+
+<p>&mdash;Todo se ha previsto...&mdash;afirm&oacute; con paternal reposo D. Benigno&mdash;. Calma,
+calma. No puedo decirte en pocas palabras lo que he hablado con ese buen
+se&ntilde;or; pero puedo asegurarte que tiene por ti un cari&ntilde;o bastante
+parecido a la idolatr&iacute;a... Cuando este pensamiento m&iacute;o empez&oacute; a
+atormentarme el cerebro fui a ver a mi hombre. No s&eacute; qu&eacute; agitaci&oacute;n, qu&eacute;
+falta de asiento y aplomo encontr&eacute; en &eacute;l. Te juro que no me gust&oacute; nada,
+y al salir, dije para m&iacute;. &laquo;No la merece: no le entregar&eacute; yo el &aacute;ngel de
+mi casa&raquo;. Volv&iacute; poco despu&eacute;s y hablamos de varias cosas. Su conversaci&oacute;n
+me encant&oacute;. Hallele, como siempre, leal y discreto. Pero se me antoj&oacute;
+que se ocupaba demasiado de pol&iacute;tica, y dije: &laquo;Nones, est&aacute;n verdes para
+ti. No quiero que mi hija viva sobre ascuas, pensando si ahorcan o
+fusilan a su marido... Guarda, Pablo&raquo;. En una tercera visita... estas
+visitas m&iacute;as fueron exploraciones habilidosas y tanteos para conocer si
+era digno o no del tesoro que yo le iba a regalar, y as&iacute; jam&aacute;s le revel&eacute;
+mis planes... pues dec&iacute;a que en una tercera entrevista hablamos
+cordialmente, y &eacute;l se espontane&oacute; de tal modo conmigo, me abri&oacute; su
+coraz&oacute;n con tanta franqueza, me expuso sus ideas y planes de vida con
+tanta sinceridad, que al salir me dije para mi sayo: &laquo;S&iacute;, es preciso
+d&aacute;rsela. Le corresponde de hecho y derecho&raquo;. Despu&eacute;s corrieron entre los
+amigos rumores mal&eacute;volos respecto a &eacute;l... Dijeron que se hab&iacute;a hecho
+carlista...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;&Eacute;l!</p>
+
+<p>&mdash;Calumnias y simplezas. Fui a verle, charlamos. Aquel d&iacute;a le hice
+indicaciones de mi proyecto. &Eacute;l pareci&oacute; comprenderlo y se puso p&aacute;lido,
+muy p&aacute;lido.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;P&aacute;lido!&mdash;repiti&oacute; Sola, que ten&iacute;a sus claros ojos fijos en D. Benigno, y
+no perd&iacute;a ni la m&aacute;s ligera inflexi&oacute;n de sus labios elocuentes.</p>
+
+<p>&mdash;Pues... pareci&oacute; que se conmov&iacute;a, y me abraz&oacute;, &iquest;entiendes? me abraz&oacute;. Yo
+le dije que nos volver&iacute;amos a ver pronto.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y eso fue...?</p>
+
+<p>&mdash;La semana pasada, hija, en mi &uacute;ltimo viaje a Madrid. &iquest;Recuerdas que
+dije iba a comprar bisagras y fallebas para las puertas nuevas? En
+efecto, compr&eacute; mucho hierro; pero el principal m&oacute;vil de mi viaje fue
+saber de la propia boca, de ese se&ntilde;or novio tuyo... d&eacute;mosle este
+nombre... saber de su propia boca si era verdad que se hab&iacute;a hecho
+carlista.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; asquerosa calumnia!&mdash;exclam&oacute; Sola con ardor, confundiendo con una
+frase a los inventores de tan maligno desprop&oacute;sito.</p>
+
+<p>&mdash;&Eacute;l me desenga&ntilde;&oacute; quit&aacute;ndome aquel escr&uacute;pulo... porque, a la verdad,
+hija de mi coraz&oacute;n, si mi yerno sale con la patochada de afiliarse a esa
+bandera odiosa y se echa al campo a defender la religi&oacute;n a tiros... No
+lo quiero pensar, &iexcl;bar&aacute;stolis!... &iexcl;Bonito negocio habr&iacute;amos hecho!
+Afortunadamente para &eacute;l, qued&eacute; convencido de que no ha pensado nunca
+ingresar en la orden sacristanesca, y cuando sal&iacute; de la casa, dije:
+&laquo;&iexcl;Tuya es, brib&oacute;n, te la has ganado, pillo! Dios me manda que te la
+entregue. Ahora, que San Pedro te la bendiga&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y tampoco ese d&iacute;a lo dijo usted claramente...?&mdash;pregunt&oacute; Sola,
+deteni&eacute;ndose a media pregunta, porque le quemaba un poco los labios la
+segunda mitad o el rabillo de la pregunta entera.</p>
+
+<p>&mdash;No le dije nada claramente, porque no me pareci&oacute; discreto abrirle de
+par en par las puertas del cielo sin contar antes contigo. Pero le abr&iacute;
+un resquicio, le di a entender mis intenciones, y el bendito hombre
+parec&iacute;a, como vulgarmente se dice, que ve&iacute;a el cielo abierto; de tal
+modo le brillaban los negros ojos. Qued&oacute; envolver a principios de
+Octubre, y cuando me desped&iacute;, le dije: &laquo;volver&eacute; un d&iacute;a de estos. Vendr&eacute;,
+y quiz&aacute;s, o sin quiz&aacute;s, le traer&aacute; a usted noticias que le contenten
+mucho&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Hoy es 1.&ordm; de Octubre&mdash;dijo Sola, con frase r&aacute;pida, como centella de
+palabra que de sus labios saliera.</p>
+
+<p>&mdash;No, que es ma&ntilde;ana&mdash;apunt&oacute; Cordero riendo&mdash;; yo tengo el Calendario en el
+dedo. No quieras ahora que los d&iacute;as salten unos sobre otros. El tiempo
+es un se&ntilde;or a quien se ha de tratar con much&iacute;simo respeto. Observa la
+calma y el m&eacute;todo con que anda. A veces parece que va despacio, a veces
+que corre como un galgo; pero es ilusi&oacute;n nuestra: su se&ntilde;or&iacute;a no sale
+nunca de su paso. Ma&ntilde;ana, hija querida, iremos a Madrid.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Yo tambi&eacute;n!</p>
+
+<p>&mdash;Pues es claro. Quiero que os ve&aacute;is, que os habl&eacute;is. Luego vosotros os
+entender&eacute;is, y mi papel quedar&aacute; reducido a preparar algunas cosillas que
+para la boda sean necesarias...</p>
+
+<p>Dio un suspiro, y estrechando luego entre sus manos las de Sola, que
+estaban fr&iacute;as, sin duda porque todo el calor se recogi&oacute; en su coraz&oacute;n
+alborozado, dijo Cordero estas palabras:</p>
+
+<p>&mdash;Te voy a dirigir un ruego. &iquest;Lo atender&aacute;s?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; pregunta!&mdash;exclam&oacute; Sola, ech&aacute;ndose a llorar antes de conocer el
+ruego.</p>
+
+<p>&mdash;Pues quiero suplicarte, que despu&eacute;s de casada, ya que mis hijos no
+puedan ser tus hijos, como proyect&aacute;bamos, les mires como tus hermanos.</p>
+
+<p>Sola le contest&oacute; con el r&iacute;o de sus l&aacute;grimas, que no permit&iacute;an palabras.
+Ni eran necesarias las palabras.</p>
+
+<p>&mdash;Si me ves llorar&mdash;dijo D. Benigno, sec&aacute;ndose una l&aacute;grima con gesto
+heroico&mdash;, no creas que estoy afligido ni desconsolado. En mi pecho no
+caben ni envidias de mozalbete ni el duelo de deseos frustrados.
+Tranquilo estoy y contento, content&iacute;simo. Si lloro es por la atracci&oacute;n
+de tus l&aacute;grimas que hacen correr las m&iacute;as, sin saber por qu&eacute;. Tuve un
+poquillo de pena, s&iacute;; pero me consuela el saber que si mis hijos han
+perdido su segunda madre, buena hermana se llevan, &iquest;no es verdad?</p>
+
+<p>Principiaba a caer la tarde y se sent&iacute;a el fresco del Tajo. D. Benigno
+propuso que se retiraran a casa, y dejando la pe&ntilde;a dura, tomaron el
+camino &aacute;spero y tortuoso.</p>
+
+<p>&mdash;Ya van creciendo las noches&mdash;dijo Sola, dando el brazo a su padre.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, hija m&iacute;a&mdash;replic&oacute; este&mdash;, y el ma&ntilde;ana tarda un poco m&aacute;s; pero viene,
+no tengas cuidado.</p>
+
+<p>&mdash;Ya no recuerdo cu&aacute;nto se tarda de aqu&iacute; a Madrid.</p>
+
+<p>&mdash;Pues no es mucho. Tomaremos el coche de Peralvillo, que es el que va
+m&aacute;s pronto. &iquest;No sabes la novedad que hay en el mundo? Pues ahora han
+inventado en Inglaterra unas m&aacute;quinas para correr, un coche diab&oacute;lico
+que va como el viento, y anda, anda... No s&eacute; lo que anda; pero si
+hubiera uno desde Toledo a Madrid, ir&iacute;amos en dos horas.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;En dos horas! Eso es f&aacute;bula.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;F&aacute;bula? Me lo ha dicho D. Salvador, que lo ha visto.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;&Eacute;l ha visto esa m&aacute;quina?</p>
+
+<p>&mdash;Y ha andado en ella.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;&Eacute;l ha andado en ella? Ser&aacute; cosa magn&iacute;fica.</p>
+
+<p>&mdash;Fig&uacute;rate...</p>
+
+<p>D. Benigno se detuvo, y con la complacencia que produc&iacute;an en &eacute;l las
+maravillas de la naciente industria del siglo, se prepar&oacute; a dar a su
+hija explicaciones demostrativas, para lo cual puso horizontal el bast&oacute;n
+y desliz&oacute; los dedos sobre &eacute;l.</p>
+
+<p>&mdash;Fig&uacute;rate que hay en el suelo dos barras de hierro donde se ajustan las
+ruedas de unos enormes coches... as&iacute; como casas. Estos coches van atados
+unos a otros. A poco que les empujen, como las ruedas se ajustan a las
+barras de hierro, &iexcl;z&aacute;s! aquello corre como una exhalaci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Ya entiendo... las mulas...</p>
+
+<p>&mdash;Si no hay mulas, tonta... Ya te lo explicar&aacute; D. Salvador, que ha
+montado en esos veh&iacute;culos. Esa diablura la han puesto los ingleses entre
+un pueblo que llaman Liverpool y otro que nombran Manchester. Dice D.
+Salvador que aquello es volar.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Volar! &iexcl;Soberbia cosa!...&mdash;exclam&oacute; Sola con entusiasmo&mdash;. Decir &laquo;quiero
+ir a tal parte ahora mismo&raquo; y...</p>
+
+<p>&mdash;Y salirse uno con la suya. Pues, te dir&aacute;: no hay caballos. Todo aquel
+rosario de coches est&aacute; movido por un endemoniado artificio o mecanismo,
+que tiene dentro fuego y vapor, y sopla que sopla, va andando. Yo no s&eacute;
+c&oacute;mo es ello. Me lo ha explicado D. Salvador; pero no lo he podido
+entender.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y esa manera de ir ac&aacute; y all&aacute; no se pondr&aacute; en otras partes?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, dice nuestro amigo que se va extendiendo; que en Inglaterra est&aacute;n
+haciendo m&aacute;s de esos benditos caminos de hierro, y que en Francia, van a
+empezar a ponerlos tambi&eacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y en Espa&ntilde;a?, &iquest;no los pondr&aacute;n?</p>
+
+<p>Cordero dio un suspiro.</p>
+
+<p>&mdash;Ahora va a empezar una guerra, si Dios no lo remedia&mdash;dijo con tristeza.</p>
+
+<p>&mdash;Cuando concluya...</p>
+
+<p>&mdash;Quiz&aacute;s empiece otra... Pero, al fin y al cabo, tambi&eacute;n tendremos aqu&iacute;
+esos caminitos, aunque s&oacute;lo sea para muestra. D. Salvador dice que se
+extender&aacute;n por toda la tierra, y que hasta las regiones m&aacute;s incultas
+llegar&aacute; esa m&aacute;quina que corre a soplos.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y la veremos por aqu&iacute;, por este caminejo?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute; no?</p>
+
+<p>&mdash;Y podremos decir: &laquo;A Madrid...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;; pero ese prodigio no acontecer&aacute; ma&ntilde;ana, hija querida&mdash;dijo Cordero
+sonriendo&mdash;. Por ahora nos contentaremos con las tres mulitas de
+Peralvillo.</p>
+
+<p>Entraron la casa, donde hallaron a D. Primitivo Cordero, sobrino de D.
+Benigno, que ven&iacute;a a pasar unos d&iacute;as en los Cigarrales, y tra&iacute;a
+estupendas nuevas de la Corte, entre ellas la muerte del Rey. Cenaron
+todos un poco tristes por la influencia melanc&oacute;lica de tales noticias,
+de los comentarios l&uacute;gubres con que las acompa&ntilde;&oacute; el ex-capit&aacute;n
+miliciano, y de los presagios fat&iacute;dicos que hizo.</p>
+
+<p>Cuando D. Benigno manifest&oacute; su prop&oacute;sito de ir a Madrid el d&iacute;a venidero,
+Primitivo le anunci&oacute; con oficioso pesimismo que probablemente
+encontrar&iacute;a las tropas insurreccionadas en las calles, la anarqu&iacute;a
+imperante, y la villa entera, la Corte y la monarqu&iacute;a, dadas a todos los
+demonios.</p>
+<p>
+ <img src="images/pag357.jpg"
+ alt="image" title="image" />
+</p>
+<p>Al despuntar la aurora del siguiente d&iacute;a Sola se levant&oacute;, y abriendo de
+par en par la ventana de su cuarto, que daba al campo, y a cuyo alf&eacute;izar
+sub&iacute;an las ramas m&aacute;s altas de los almendros, aspir&oacute; el aire bals&aacute;mico de
+la ma&ntilde;ana y mir&oacute; los senderos, el suelo, la torre de la catedral
+insigne, que a lo lejos y en medio del verdor oscuro del paisaje luc&iacute;a
+como un cipr&eacute;s de piedra, dej&oacute; correr luego sus miradas por el suelo
+adelante hasta el horizonte, t&eacute;rmino de amarillentas lomas y de azulados
+pedregales; fue con su esp&iacute;ritu m&aacute;s all&aacute; del horizonte mismo; volvi&oacute; con
+tristeza. Se podr&iacute;a haber cre&iacute;do que echaba de menos aquellas barras de
+hierro de que D. Benigno hablara la tarde anterior y que, de existir,
+permitir&iacute;an a los hombres remedar el maravilloso viajar de los p&aacute;jaros.
+Nada vio en los torcidos senderos que indicase que las hadas se hab&iacute;an
+ocupado la pasada noche en tender aquellas v&iacute;as met&aacute;licas, milagro de la
+locomoci&oacute;n, incre&iacute;ble camino m&aacute;s propio para ser recorrido con las alas
+del esp&iacute;ritu, que con los pies de la materia.</p>
+
+<p>Poco despu&eacute;s se levant&oacute; Cordero. El coche de Peralvillo no pod&iacute;a tardar,
+y era preciso sustentarse de chocolate y bollos para el largo y molesto
+viaje. Sola dio punto a las meditaciones para atender a los diversos
+menesteres de aquella hora, y cuando D. Benigno y ella se encontraron
+solos, el h&eacute;roe no pudo menos de preguntarle por qu&eacute; hab&iacute;a en sus ojos
+huellas de l&aacute;grimas, siendo las circunstancias m&aacute;s bien propicias que
+adversas. Sola contest&oacute; que no hab&iacute;a podido dormir en toda la noche,
+porque las cosas tremendas que cont&oacute; Primitivo y los augurios que hizo
+llenaron de misterioso pavor su esp&iacute;ritu. Verdad era esto que dijo; pero
+tambi&eacute;n hab&iacute;a influido mucho en su insomnio doloroso la brusca y radical
+mudanza en su destino, en sus ideas todas por la conversaci&oacute;n que ella y
+su dign&iacute;simo protector tuvieron a orillas del r&iacute;o. Sola no quiso ocultar
+a Cordero todo lo que sent&iacute;a y pensaba.</p>
+
+<p>&mdash;Estoy tan aturdida desde ayer tarde&mdash;le dijo&mdash;, que no s&eacute; lo que me pasa.
+He pasado toda la noche imaginando cat&aacute;strofes o so&ntilde;ando tropiezos y
+ca&iacute;das. No me puedo convencer de que Dios me lleve ahora por ese camino
+tan distinto del que antes segu&iacute;a, sin que sea para ir derecha a una
+desventura muy grande. Yo nac&iacute; con mala estrella.</p>
+
+<p>&mdash;Patra&ntilde;as, querida hija; cosas de la imaginaci&oacute;n&mdash;replic&oacute; D. Benigno,
+apurando su chocolate&mdash;. No nos entreguemos a cavilaciones hueras y
+tengamos confianza en Dios. Eso de malas y buenas estrellas no es muy
+cristiano que digamos.</p>
+
+<p>&mdash;Es verdad; pero yo no puedo evitar el sospechar peligros, el tener
+miedo de todo, y el presentir desgracias. Es una especialidad m&iacute;a. Si
+Primitivo no hubiera contado tantos horrores... Ahora, con la muerte
+del Rey, se va a encender una guerra tal, que Espa&ntilde;a va a ser una Naci&oacute;n
+de hu&eacute;rfanos y viudas. S&iacute;, as&iacute; ser&aacute;... Correr&aacute;n r&iacute;os de sangre, r&iacute;os
+caudalosos como los de agua, y los hermanos matar&aacute;n a los hermanos...
+todo por saber si ha de reinar la sobrina del t&iacute;o o el t&iacute;o de la
+sobrina. &iexcl;Qu&eacute; horrorosos disparates! &iexcl;Y estas cosas pasan en reuniones
+de gente que se llaman pa&iacute;ses y naciones!... &iexcl;Y esta es la decantada
+sabidur&iacute;a de los hombres de Europa que se r&iacute;en de los salvajes! Yo,
+mujer ignorante, digo que esos sabios no tienen sentido com&uacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Hija de mi alma&mdash;exclam&oacute; D. Benigno&mdash;, est&aacute;s hablando como el patriarca
+de la filosof&iacute;a, como Juan Jacobo Rousseau. S&iacute;, el estado actual de las
+naciones y el sentido com&uacute;n son incompatibles.</p>
+
+<p>En su entusiasmo, Cordero tremol&oacute; la servilleta que acababa de
+desprender del ojal de su levita. Aquel lienzo era la bandera del
+sentido com&uacute;n, pabell&oacute;n sin colores y sin her&aacute;ldica.</p>
+
+<p>&mdash;No he podido apartar de m&iacute; en toda la noche&mdash;dijo Sola&mdash;, una idea que me
+hace estremecer de pena. &iquest;Qui&eacute;n nos asegura que el hombre a quien vamos
+a buscar, no estar&aacute; ya comprometido en la guerra civil? &iquest;No ser&aacute;
+probable que est&eacute; disparando tiros en las calles? &iquest;No puede suceder que
+est&aacute; ya muerto?</p>
+
+<p>&mdash;Calla, tonta... Un hombre tan juicioso... &iquest;No comprendes t&uacute;...?</p>
+
+<p>&mdash;Yo no comprendo nada, yo siento y nada m&aacute;s. El coraz&oacute;n suele tener unas
+adivinaciones tan raras... A veces, el muy p&iacute;caro, se empe&ntilde;a en una
+cosa, y Dios se encarga despu&eacute;s de darle gusto... Ojal&aacute; me equivoque. Y
+ahora Dios no nos manda tan s&oacute;lo el azote de la guerra civil, nos manda
+tambi&eacute;n otro, esa terrible enfermedad... &iquest;no oy&oacute; usted hablar a
+Primitivo de esto? Es un mal muy raro, por el cual se muere la gente en
+pocas horas, a veces en minutos; es una pu&ntilde;alada invisible que sorprende
+y mata, y nadie est&aacute; seguro de vivir dentro de media hora.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;&mdash;dijo D. Benigno, cayendo en sombr&iacute;a tristeza&mdash;, es el <i>C&oacute;lera morbo
+asi&aacute;tico</i>.</p>
+
+<p>Al o&iacute;r este nombre repulsivo y espantoso, Sola sinti&oacute; correr por su
+cuerpo un fr&iacute;o displicente. Cordero sinti&oacute; lo mismo.</p>
+
+<p>&mdash;Esa enfermedad&mdash;a&ntilde;adi&oacute;&mdash;, ha aparecido en Andaluc&iacute;a. Las personas van muy
+tranquilas por la calle, y de repente &iexcl;plaf! se caen al suelo y se
+mueren. Pero esta infecci&oacute;n no llegar&aacute; a Madrid... Vamos, en marcha,
+ah&iacute; est&aacute; el coche.</p>
+
+<p>Oyeron las alegres campanillas de las mulas de Peralvillo. Sola se
+despidi&oacute; de los ni&ntilde;os llorando, y les prometi&oacute; que volver&iacute;a muy pronto.
+Al subir al coche, dijo:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Tardaremos mucho?</p>
+
+<p>&mdash;Volaremos&mdash;afirm&oacute; el h&eacute;roe&mdash;. Peralvillo, ll&eacute;vanos a prisa... &iexcl;Oh! &iexcl;qu&eacute;
+l&aacute;stima que no tengamos ya por aqu&iacute; esos carriles de Satan&aacute;s!</p>
+
+<p>Y ten&iacute;a raz&oacute;n. &iexcl;L&aacute;stima grande que en aquella ocasi&oacute;n cr&iacute;tica no
+existieran los carriles de Satan&aacute;s!</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XVII" id="XVII"></a>-XVII-</h2>
+
+<p>
+ <img src="images/pag358.jpg"
+ alt="image" title="image" />
+</p>
+<p>La ma&ntilde;ana del 29 y cuando nadie sospechaba que la muerte del Rey
+estuviese tan pr&oacute;xima, dej&oacute; de ser soltero Pipa&oacute;n. Los tiernos esposos
+recibieron la bendici&oacute;n nupcial en la hermosa iglesia de San Cayetano,
+que hace esquina a la calle del Oso, y el encargado de darla fue el
+Padre Caranto&ntilde;a, de la orden dominica, grande amigote del desposado.
+Asistieron personas de calidad, hubo mucha pompa eclesi&aacute;stica y mundana,
+se repartieron limosnas, y todo fue dispuesto para que en los barrios
+del Sur quedara memoria del suceso por dilatados tiempos. La sordidez de
+D. Felic&iacute;simo no permiti&oacute; que el almuerzo de r&uacute;brica se diera, como
+parec&iacute;a natural, en la casa de la desposada y diole en la suya Pipa&oacute;n
+con mucho rumbo y magnificencia. Pero lo m&aacute;s notable del d&iacute;a fue el
+altercado que tuvo nuestro cortesano con D. Felic&iacute;simo. Los reci&eacute;n
+casados, creyendo que si el vejete no les daba de almorzar, no les
+negar&iacute;a su bendici&oacute;n, fueron all&aacute; muy gozosos; pero el Demonio, que
+jam&aacute;s descansa, hizo que Carnicero tuviese noticias ciertas aquella
+misma ma&ntilde;ana de las traicioncillas de Pipa&oacute;n y de los soplos infames que
+hab&iacute;a llevado a la antec&aacute;mara de Su Majestad la Reina Cristina. Estaba
+el buen se&ntilde;or trinando cuando llegaron los c&oacute;nyuges, y ojal&aacute; que no
+hubieran llegado jam&aacute;s, porque as&iacute; como estalla un volc&aacute;n, revent&oacute; la
+c&oacute;lera de D. Felic&iacute;simo, y no qued&oacute; dentro de su boca palabra mal
+sonante ni ep&iacute;teto quemador. P&uacute;sose blanco el bendito agente, como
+piedra caliza, y su rostro plano causaba terror, porque parec&iacute;a pr&oacute;ximo
+a descomponerse en piezas, cayendo cada fracci&oacute;n por su lado. En vano
+quiso disculparse Pipa&oacute;n, en vano Micaelita intent&oacute; disculparle tambi&eacute;n,
+llevada del amor que aquel d&iacute;a le tuvo, y hasta Do&ntilde;a Mar&iacute;a del Sagrario
+arroj&oacute; con timidez una palabra de paz en medio de la ardiente fil&iacute;pica.
+Aument&aacute;base el furor del terco viejo con las r&eacute;plicas, y para concluir
+ech&oacute; a sus nietos a la calle, orden&aacute;ndoles que no volviesen a poner los
+pies en aquella <i>casa de lealtad</i>, y conmin&aacute;ndoles con desheredarles del
+mejor modo que pudiese. Los esposos salieron cabizbajos, y cuando se
+desped&iacute;an de Do&ntilde;a Sagrario en la puerta, el condenado vejete agarr&oacute; con
+su zarpa acerada el brazo de Tablas, que a su lado estaba, y con
+ardiente anhelo le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Tablas, cuatro duros, cuatro duros para ti, si vas ahora y le das un
+puntapi&eacute; a ese tunante y le arrojas rodando por la escaleras. No hagas
+da&ntilde;o a mi nieta, &iquest;entiendes? a mi nieta no.</p>
+
+<p>El atleta no quiso desempe&ntilde;ar el indigno papel de cachetero que en
+aquella repugnante contienda dom&eacute;stica se le designaba, y todo qued&oacute; en
+tal estado. Despu&eacute;s ri&ntilde;&oacute; D. Felic&iacute;simo con Do&ntilde;a Mar&iacute;a del Sagrario, con
+la criada, con Tablas, y a todos les mand&oacute; que se fuesen a la calle y le
+dejaran solo, pues para vivir entre esp&iacute;as o traidores, prefer&iacute;a estar
+solo con el leal y desinteresado gato. El buen se&ntilde;or desahogaba su
+c&oacute;lera son&aacute;ndose, son&aacute;ndose fuerte y repetidamente, y aquel furioso
+trompeteo resonaba en la casa como las cornetas de un llamamiento
+militar. No era en verdad ilusi&oacute;n que los fr&aacute;giles tabiques de la casa
+temblaran como las murallas de Jeric&oacute;, porque durante el ir y venir de
+la gente en el momento del berrinch&iacute;n, el piso se estremec&iacute;a de tal modo
+y con tan amenazadora trepidaci&oacute;n, que los expulsados tomaban con gusto
+la puerta.</p>
+
+<p>Por la tarde, y cuando no se hab&iacute;an aplacado a&uacute;n los irritados esp&iacute;ritus
+del agente eclesi&aacute;stico, entr&oacute; a verle Salvador Monsalud. D. Felic&iacute;simo
+lo recibi&oacute; con desabrimiento.</p>
+
+<p>&mdash;Le he mandado venir a usted&mdash;dijo tomando el pie de cabr&oacute;n y dando con
+&eacute;l fuerte porrazo sobre la mesa&mdash;, para comunicarle noticias muy
+desagradables acerca de nuestro amigo el Sr. D. Carlos Navarro. Usted,
+j&iacute;, j&iacute;, se tom&oacute; por &eacute;l tanto inter&eacute;s cuando aquella diablura de su
+encierro en la c&aacute;rcel de Villa, que no dudo en acudir a usted, ahora que
+el insigne guerrero del Alt&iacute;simo se halla en un trance mucho m&aacute;s
+peligroso.</p>
+
+<p>Oy&oacute; Salvador con notorio inter&eacute;s estas palabras, y despu&eacute;s de manifestar
+que no hab&iacute;a favorecido a Navarro por simpat&iacute;as carlinas, sino por
+consideraciones de gratitud y de amistad absolutamente personales, rog&oacute;
+a Carnicero no ocultara nada de lo que al digno soldado del Alt&iacute;simo
+ocurr&iacute;a. El vejete se revolv&iacute;a en su asiento. Tomando y dejando con las
+inquietas manos, este o el otro papel, porque estaban sus nervios en
+completa anarqu&iacute;a, dijo as&iacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Ya llegar&aacute; la hora de esos canallas, ya llegar&aacute;, &iexcl;vive Cristo! Ahora,
+al amparo de esa sombra de Rey, bailan sobre nuestras costillas; pero
+los papeles se truecan, j&iacute;... Fig&uacute;rese usted que el bravo D. Carlos
+parti&oacute; hacia Navarra para conferenciar con Santos Ladr&oacute;n y otros
+valientes capitanes, la buena gente, la gente sana, la gente de Dios.
+Pues bien, hubo una algarada de voluntarios realistas en Viana, por
+impaciencias tontas y celo mal entendido. El Virrey de Navarra mand&oacute;
+contra ellos una columna. La columna no derrot&oacute; a nadie... como siempre;
+pero cogi&oacute; a D. Carlos, que estaba en el convento de frailes franciscos,
+j&iacute;, j&iacute;, y juntamente con un sobrino de Santos Ladr&oacute;n y un capuchino, a
+quien sorprendieron haciendo cartuchos, le llevaron a Estella. Se form&oacute;
+sumaria; dieron parte a Madrid, y este Gobierno cobarde y rastrero ha
+mandado hoy, hoy mismo, j&iacute;, ha mandado que sean pasados por las armas el
+se&ntilde;or D. Carlos, el sobrino de Santos Ladr&oacute;n y el capuchinito de los
+cartuchos. He sabido todos estos pormenores por un oficial del
+Ministerio de la Guerra, que nos pertenece en cuerpo y alma, y no hay
+duda alguna, j&iacute;, de que la execrable orden del Ministro ir&aacute;, lo m&aacute;s
+tarde, por el correo de ma&ntilde;ana.</p>
+
+<p>&mdash;Es un deplorable incidente&mdash;dijo Salvador meditabundo&mdash;; pero no podemos
+negar al Gobierno el derecho de defensa. Usted, que tanto poder tiene,
+&iquest;no podr&aacute; evitar esa cat&aacute;strofe, aunque s&oacute;lo sea en la parte que a
+nuestro desgraciado amigo corresponde?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Yo?...&mdash;chill&oacute; Carnicero, en tono de l&aacute;stima de s&iacute; mismo&mdash;. &iquest;Yo? Bueno
+est&aacute; el ramo de Guerra en los tiempos que corren para que yo pueda
+lograr... Usted, usted...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Yo?&mdash;dijo Salvador, condoli&eacute;ndose de su impotencia pol&iacute;tica y militar&mdash;.
+Apenas tengo relaciones oficiales. &iquest;Qu&eacute; caso han de hacer de m&iacute;? Para
+mayor desgracia, he sido tildado de apost&oacute;lico por algunos necios, y en
+el ej&eacute;rcito corren hoy vientos muy liberales. Yo no puedo nada.</p>
+
+<p>Ambos meditaron breve rato, D. Felic&iacute;simo con los ojos f&oacute;siles puestos
+en el ensangrentado Cristo de la columna, Salvador leyendo en las rayas
+de la estera.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;En poder de qui&eacute;n est&aacute; Navarro? &iquest;Conoce usted al jefe de la columna
+que lo aprehendi&oacute;, o al gobernador de Estella?</p>
+
+<p>&mdash;Pues, ya... el brib&oacute;n que le captur&oacute; y el jefe militar de Estella son
+una misma endemoniada persona, j&iacute;, j&iacute;, y esta persona es el perdido de
+los perdidos, el gran maestre de los canallas, Seudoquis, m&aacute;s mas&oacute;n que
+Caif&aacute;s y m&aacute;s liberal que Ca&iacute;n... &iquest;Le conoce usted?</p>
+
+<p>&mdash;Mucho&mdash;replic&oacute; Salvador acabando de leer en la estera&mdash;. Tanta amistad
+tenemos, que seguramente lo que Seudoquis no haga por m&iacute; no lo har&aacute; por
+nadie.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; l&aacute;stima, Santo Cristo de la Vega! &iexcl;qu&eacute; l&aacute;stima, Sant&iacute;sima Se&ntilde;ora
+del Sagrario, que no est&aacute; Navarra en M&oacute;stoles o que las leguas no se
+trocaran en varas!... porque en este caso la distancia nos mata. Ni
+valen para este delicado asunto las cartas de recomendaci&oacute;n...</p>
+
+<p>&mdash;Es verdad que nada de eso vale.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;La distancia, la distancia!... Si pudi&eacute;ramos traer aqu&iacute; a Navarra...</p>
+
+<p>&mdash;Llevaremos all&aacute; a Madrid.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo?</p>
+
+<p>&mdash;Sr. D. Felic&iacute;simo&mdash;dijo Salvador levant&aacute;ndose&mdash;, me marcho a Navarra.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Usted!... &iquest;cu&aacute;ndo?</p>
+
+<p>&mdash;Lo m&aacute;s pronto que pueda. Depende de los medios que encuentre. Si esta
+tarde hallo un coche, esta tarde me voy.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y conf&iacute;a usted sacar partido de su amistad con ese desollado mas&oacute;n?...
+&iexcl;Pero qu&eacute; amigos tiene usted!... Estoy asustado.</p>
+
+<p>&mdash;Creo que podr&eacute; conseguir algo.</p>
+
+<p>&mdash;Pero &iquest;de veras va usted?...</p>
+
+<p>&mdash;Ya est&aacute; decidido. Yo soy as&iacute;&mdash;afirm&oacute; el caballero dando algunos paseos
+de un &aacute;ngulo a otro en la polvorosa estancia.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Quiere usted cartas de recomendaci&oacute;n?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Para cl&eacute;rigos, can&oacute;nigos, guerrilleros, frailes que hacen cartuchos, y
+abades que organizan partidas? S&iacute;, s&iacute;, vengan cartas. Nada de eso es
+in&uacute;til para mi prop&oacute;sito.</p>
+
+<p>&mdash;Ent&eacute;rese usted bien de lo que ha pasado&mdash;dijo D. Felic&iacute;simo, entregando
+a Salvador varias cartas, que este empez&oacute; a leer con avidez&mdash;. Vea usted
+lo que me escribe el guardi&aacute;n de franciscos de Estella... Vea usted
+tambi&eacute;n la relaci&oacute;n detallad&iacute;sima que del suceso me hace el prior de los
+descalzos de Viana. Ah&iacute; ver&aacute; usted las lindezas de su amigo Seudoquis,
+que fuma en las iglesias, insulta a las monjas, y dice p&uacute;blicamente que
+Dios es <i>isabelino</i>.</p>
+
+<p>&mdash;No creo que Seudoquis se haya vuelto tonto.</p>
+
+<p>&mdash;Lea usted, lea usted.</p>
+
+<p>Leyendo, el caballero se enter&oacute; del caso y tuvo anticipado conocimiento
+de personajes, cosas y lugares que orden&oacute; en su mente con asombrosa
+presteza. Concluida la lectura, ya hab&iacute;a imaginado un plan que no deb&iacute;a
+sufrir gran variaci&oacute;n con la marcha de los sucesos. Para poner en
+ejecuci&oacute;n lo que pensaba, urg&iacute;a aprovechar el tiempo lo mejor posible.
+Su temperamento impaciente se adaptaba a las resoluciones r&aacute;pidas y a un
+procedimiento ejecutivo y precipitado para realizar pronto la idea,
+anticip&aacute;ndose a las contrariedades y tomando la delantera a los
+peligros. Aquella tarde arregl&oacute; sus cosas, busc&oacute; un cochecito y dio
+cuantos pasos preliminares cre&iacute;a menester para no hallar obst&aacute;culos en
+su largo viaje. Ya anochec&iacute;a cuando escribi&oacute; una carta a don Benigno
+Cordero, manifest&aacute;ndole lo que m&aacute;s adelante sabr&aacute; el curioso lector.
+Esta carta la dej&oacute; en poder de D. Felic&iacute;simo, previa formal promesa de
+entregarla a Cordero, que vendr&iacute;a pronto de los Cigarrales y se
+encontrar&iacute;a en su casa de la subida a Santa Cruz. Despidiose del anciano
+y parti&oacute; aquella misma noche. La noticia de la muerte del Rey, que ya
+sab&iacute;a todo Madrid, lejos de hacerle desistir de su prop&oacute;sito, lo
+confirm&oacute; m&aacute;s en &eacute;l, porque iba a empezarse el per&iacute;odo de crueldades,
+amenazas y represalias, precursor del desencadenamiento de la hidra,
+cuyos broncos rugidos resonaban ya en toda la Pen&iacute;nsula. No se nos
+quedar&aacute; en el tintero un incidente ocurrido al partir Monsalud de la
+morada Carniceril. Iba a tientas por el pasillo l&oacute;brego (pues razones
+econ&oacute;micas hab&iacute;an retrasado aquella noche, como otras muchas del a&ntilde;o, la
+aparici&oacute;n de la luz), cuando del techo se desprendi&oacute; un pedazo de yeso o
+cascote, mucho mayor que los que a todas horas ca&iacute;an. Afortunadamente,
+al chocar con los puntales se parti&oacute; en dos o tres fragmentos, y
+Salvador no recibi&oacute; en su cabeza sino uno de estos, que produjo un
+mediano porrazo, roz&aacute;ndole despu&eacute;s la cara. Cualquier supersticioso
+habr&iacute;a visto en tan insignificante suceso augurio adverso o quiz&aacute;s
+favorable; pero Salvador sacudi&oacute; del hombro el yeso y sigui&oacute; adelante
+sin contestar a D. Felic&iacute;simo, que en la puerta de su cuarto dec&iacute;a:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; es eso?... &iquest;se ha hecho usted da&ntilde;o?... &iquest;se cae la casa?... &iexcl;luz,
+luz!</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XVIII" id="XVIII"></a>-XVIII-</h2>
+
+
+<p>&laquo;El Rey ha muerto. &iexcl;Viva el Rey!&raquo;.</p>
+
+<p>Cuando El&iacute;as Orej&oacute;n entr&oacute; en casa de D. Felic&iacute;simo y pronunci&oacute; esta
+frase con hiperb&oacute;lico entusiasmo, el famoso Carnicero estuvo a punto de
+perder el sentido; tan grande fueron su sorpresa y j&uacute;bilo. Unidos ambos
+en estrecho abrazo, di&eacute;ronse palmetadas en las espaldas durante un par
+de minutos, sosteni&eacute;ndose el uno al otro para no caer al suelo con la
+fuerza del contento y la debilidad de las piernas. Esto ocurr&iacute;a poco
+despu&eacute;s del fallecimiento del Monarca y tres horas m&aacute;s tarde del
+altercado con Pipa&oacute;n, por donde se ve, que en un mismo d&iacute;a reservaba la
+Divina Providencia al se&ntilde;or de Carnicero impresiones totalmente
+contrarias, haci&eacute;ndole pasar de la ira m&aacute;s atroz a un contento febril y
+casi rabioso. Los dos viejos expresaron con af&aacute;n, y quit&aacute;ndose
+simult&aacute;neamente las palabras de la boca, opiniones diversas sobre el
+suceso, y proclamaron que Dios hab&iacute;a concedido a la monarqu&iacute;a el m&aacute;s
+precioso de los dones, abriendo camino al soberano verdaderamente
+cat&oacute;lico y al Rey de verdad. Orej&oacute;n se despidi&oacute; para volver a la noche,
+trayendo las &uacute;ltimas noticias, y Carnicero se qued&oacute; solo, saboreando en
+deliciosas meditaciones su j&uacute;bilo apost&oacute;lico, ideando planes y
+considerando el triunfo r&aacute;pido de la Espa&ntilde;a religiosa sobre la Espa&ntilde;a
+mas&oacute;nica. Despu&eacute;s fue Salvador a despedirse y a llevar la carta para
+Cordero, y otra vez se qued&oacute; solo el anciano con la criada que le
+aprest&oacute; la cena. Do&ntilde;a Mar&iacute;a del Sagrario, que estaba muy a mal con su
+padre por el sofoco de Pipa&oacute;n, le acompa&ntilde;&oacute; breve rato y fuese despu&eacute;s a
+la casa de su sobrino con intento de no volver hasta las diez de la
+noche.</p>
+
+<p>Las ocho ser&iacute;an cuando volvi&oacute; a aparecer Orej&oacute;n acompa&ntilde;ado del conde de
+Negri, y vieron cenar a D. Felic&iacute;simo, que entre bocado y bocado hab&iacute;a
+de incrustar una opini&oacute;n, preguntilla, ap&oacute;strofe o interjecci&oacute;n
+apost&oacute;lica, todo entreverado de hipos que divid&iacute;an en min&uacute;sculas
+porciones sus conceptos, dando idea de lo que ser&iacute;a un discurso en
+mosaico o una oraci&oacute;n en ca&ntilde;amazo.</p>
+
+<p>&mdash;A poco de dar el &uacute;ltimo suspiro Su Majestad&mdash;dijo el conde&mdash;, el pobre
+Sr. Zea reuni&oacute; en la C&aacute;mara Real a varios militares... He o&iacute;do hablar
+de Quesada, San Mart&iacute;n, Freire y otros muchos que no recuerdo...
+Recibioles la napolitana llorando y gimiendo, y no de pesadumbre de
+quedarse viuda, no, sino porque la corona y el trono de su hija van
+rodando ya como los juguetes de las ni&ntilde;as... Pero vean ustedes lo que
+ha discurrido ese Sr. Zea, ese talentazo, ese inventor de la p&oacute;lvora y
+de los pasteles... Pues nada: rog&oacute; a los militares que juraran defender
+la sucesi&oacute;n directa y el tronito de la titulada, Isabel II. Tenemos
+monarqu&iacute;a de mu&ntilde;ecas... Y ellos juraron, y tras de aquellos fueron
+otros y juraron tambi&eacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Patarata!&mdash;exclam&oacute; Orej&oacute;n&mdash;todo eso es m&uacute;sica, m&uacute;sica. Tambi&eacute;n se han
+reunido esta tarde muchos locos masones, con Aviraneta a la cabeza, y
+han deliberado... &iexcl;Deliberado los postes! &iquest;cu&aacute;ndo se ha visto eso?...
+Se&ntilde;ores, lleg&oacute; el momento de la gran barrida. Espa&ntilde;a ha resucitado. Ya
+nuestro Se&ntilde;or no puede tener el escr&uacute;pulo de conspirar contra su
+hermano. El mejor d&iacute;a le veremos aparecer en la raya de Portugal para
+ponerse al frente de nuestros ej&eacute;rcitos... Pero si no se necesitar&aacute;n
+ej&eacute;rcitos. Esto se cae, esto se hunde, esto se desmenuza. Esto no es
+monarqu&iacute;a, es una tienda de tiroleses. Por nuestra parte ya sabemos lo
+que nos corresponde hacer, porque tenemos las instrucciones dadas por
+Do&ntilde;a Francisca en presunci&oacute;n del caso que ya ha ocurrido.</p>
+
+<p>&mdash;Aqu&iacute; est&aacute;n las instrucciones&mdash;dijo Carnicero, soltando el tenedor para
+sacar un papel de su gaveta.</p>
+
+<p>&mdash;Las s&eacute; de memoria&mdash;replic&oacute; Orej&oacute;n&mdash;. Ahora, se&ntilde;or conde, no perdamos el
+tiempo y corramos a ver a los jefes de la guarnici&oacute;n a quienes hemos
+hablado del negocio, y que no han querido soltar prenda mientras viviera
+el Rey.</p>
+
+<p>&mdash;Esta noche no hay junta.</p>
+
+<p>&mdash;Esta noche no&mdash;dijo El&iacute;as, tomando el vaso de vino que sobre la mesa
+estaba y acerc&aacute;ndolo a sus labios&mdash;. Pero, &iquest;qu&eacute; aguachirle es este?</p>
+
+<p>&mdash;Es lo que yo bebo. Es del propio cosechero de Esquivias.</p>
+
+<p>&mdash;Esto es veneno puro... Pero &iquest;no has de tener en tu despensa ni
+siquiera dos azumbres de blanquillo para que los amigos brinden por el
+triunfo de la mejor de las causas?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Tablas, Tablas!&mdash;grit&oacute; Carnicero, y cuando el atleta apareci&oacute; en la
+puerta, le dijo&mdash;: Gandul, &iquest;est&aacute;s sordo?... Vete a la taberna de la calle
+del Burro y trae una botella de Jerez seco o de cosa que lo parezca.
+Anda pronto. Oye, &iquest;no hay bizcochos en casa? trae tambi&eacute;n bizcochos...
+Jerez seco... pronto.</p>
+
+<p>Tablas era siempre diligente para traer vino, porque la expectativa de
+las sobras le aligeraba los pies. As&iacute; volvi&oacute; prontamente con la compra,
+y un instante despu&eacute;s los dos furiosos evangelistas de D. Carlos mojaban
+un bizcocho en el dotado licor. Despu&eacute;s bebieron con prudencia, por ser
+ambos como D. Felic&iacute;simo, varones de mucha sobriedad.</p>
+
+<p>&mdash;Por la religi&oacute;n triunfante&mdash;dijo El&iacute;as, empinando con gravedad.</p>
+
+<p>&mdash;Por los buenos principios de gobierno&mdash;apunt&oacute; Negri&mdash;... Pero no bebe
+usted, Sr. D. Felic&iacute;simo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No bebes, Felic&iacute;simo? Eso no se puede consentir&mdash;manifest&oacute; Orej&oacute;n con
+br&iacute;o, apresur&aacute;ndose a ser Ganimedes del J&uacute;piter de la agencia
+eclesi&aacute;stica&mdash;. Verdad es que este Jerez quema como pimienta.</p>
+
+<p>&mdash;Ser&aacute; viejo como yo&mdash;dijo Carnicero tomando la copa&mdash;. Pues brindo...</p>
+
+<p>Las tres copas chocaron con alegre campanilleo, debido principalmente al
+temblor del pulso de D. Felic&iacute;simo.</p>
+
+<p>&mdash;Brindo por la felicidad de Espa&ntilde;a.</p>
+
+<p>&mdash;Que ya est&aacute; segura.</p>
+
+<p>&mdash;Otra copa.</p>
+
+<p>&mdash;Hombre...</p>
+
+<p>&mdash;Otra.</p>
+
+<p>Orej&oacute;n llen&oacute; obra vez las tres copas, con no poco sentimiento de Tablas,
+que alejado por el respeto, contemplaba las mermas de la botella.</p>
+
+<p>&mdash;Es buen vino&mdash;indic&oacute; Carnicero, en tono de conocedor&mdash;. Pero yo no s&eacute; si
+mi cabeza...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; cobarde!... Felic&iacute;simo, otro trago... Vamos, a la salud de la
+familia real.</p>
+
+<p>Este brindis fue acogido con tanto entusiasmo, que Carnicero se levant&oacute;
+de su asiento para dar m&aacute;s solemnidad al acto de envasarse en el cuerpo
+el generoso vino.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Viva Su Majestad el Rey, Su Majestad la Reina y los seren&iacute;simos
+se&ntilde;ores infantes!&mdash;exclam&oacute; Negri&mdash;. De las ruinas del masonismo se levanta
+el leg&iacute;timo trono de Espa&ntilde;a.</p>
+
+<p>&mdash;Y de Indias... porque se volver&aacute;n a conquistar las Indias.</p>
+
+<p>&mdash;Se volver&aacute;n a conquistar&mdash;dijo Carnicero, que se not&oacute; &aacute;gil y dio algunos
+pasos con cierta ligereza relativa&mdash;. Adi&oacute;s, mis queridos amigos. Hasta
+ma&ntilde;ana.</p>
+
+<p>&mdash;Hasta ma&ntilde;ana.</p>
+
+<p>Orej&oacute;n y el conde se retiraron. En el pasillo, donde sali&oacute; a despedirles
+el due&ntilde;o de la casa, fueron sorprendidos, como otro visitante anterior,
+por un gran desprendimiento de cascotes del techo.</p>
+
+<p>&mdash;Llueven piedras, &iquest;o qu&eacute; es esto?&mdash;gru&ntilde;&oacute; Orej&oacute;n deteni&eacute;ndose.</p>
+
+<p>&mdash;No es nada. Los ratones me tienen minado el techo. Ya os arreglar&eacute;,
+masoncillos.</p>
+
+<p>El conde solt&oacute; una carcajada y se limpi&oacute; la levita manchada de yeso.</p>
+
+<p>&mdash;Pero &iquest;no tienes Inquisici&oacute;n en casa?</p>
+
+<p>El gato salt&oacute; de un rinc&oacute;n, bufando, y subi&oacute; por los maderos.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, all&iacute; veo la Suprema... &iexcl;c&oacute;mo maya! &iquest;Qu&eacute; ruido es este?</p>
+
+<p>Los tres se detuvieron con recelo, poniendo atenci&oacute;n a un rumor que se
+sinti&oacute; instant&aacute;neo, y que no era f&aacute;cil referir a las paredes, ni al
+techo, ni al suelo, pues en todas estas partes de la casa parece que
+sonaba a la vez.</p>
+
+<p>&mdash;Hombre, jurar&iacute;a que vi moverse una de estas vigas&mdash;dijo Orej&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Y yo jurar&iacute;a que he sentido temblar el piso.</p>
+
+<p>D. Felic&iacute;simo prorrumpi&oacute; en risas, diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; cabezas pone un vaso de vino! &iexcl;Vaya un par de camaradas!... El uno
+ve visiones, y el otro oye terremotos...</p>
+
+<p>&mdash;Abur, abur.</p>
+
+<p>&mdash;Hasta ma&ntilde;ana.</p>
+
+<p>Cuando se fueron, D. Felic&iacute;simo se qued&oacute; solo. Tablas se hab&iacute;a retirado
+a su casa, y la criada, no pudiendo resistir al deseo natural de hablar
+con su novio, de quien hab&iacute;a recibido aquella tarde palabra de pr&oacute;ximos
+desposorios, se fue a la carboner&iacute;a del n&uacute;mero 8. El anciano agente
+cerr&oacute; bien la puerta y volvi&oacute; a su cuarto, &uacute;nico de la casa que ten&iacute;a
+luz. Nada de esto merece contarse; pero s&iacute; lo merece muy mucho el
+fen&oacute;meno de que D. Felic&iacute;simo vio las paredes del cuarto dando vueltas
+en torno suyo, primero con lento giro, despu&eacute;s con rapidez mareante. En
+vano trataremos de dar explicaci&oacute;n a este peregrino hecho pidiendo datos
+a la ciencia de los terremotos, o buscando su origen en la inseguridad
+del edificio, que era, por desgracia, bastante grande y notoria. Todo
+cuanto se diga en este sentido ser&aacute; contrario a las reglas de la sana
+cr&iacute;tica, y as&iacute; nos resolvemos a explicar l&oacute;gicamente aquel volteo de
+paredes por la detestable calidad del vino que bebieron poco antes los
+tres dignos se&ntilde;ores. El vino era tal, que si le hubieran tomado
+juramento habr&iacute;a declarado francamente no haber visto en toda su vida
+las bodegas jerezanas. Su padre y creador era el tabernero, un gran
+art&iacute;fice de vidue&ntilde;os que habr&iacute;a sido capaz de fabricar agua, si el agua
+no estuviera ya fabricada para provecho del gremio. El aguardiente
+disfrazado que Tablas trajo de la taberna, hizo tal efecto en el cuerpo
+de D. Felic&iacute;simo y de tal modo se aposent&oacute; en su flaco cerebro, que el
+buen viejo perdi&oacute; el uso regular de sus perspicaces facultades. Como
+hac&iacute;a tanto tiempo que no probaba licores fuertes, su incontinencia de
+aquella noche (disculpable por el motivo patri&oacute;tico que la origin&oacute;) le
+puso en estado de ver las paredes jugando al corro, y le sugiri&oacute;
+extravagancias y puerilidades indignas de persona tan respetable. Dando
+fuerte golpe en el suelo con su pesado pie, exclam&oacute; bruscamente:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Quieta, Espa&ntilde;a, quieta!... &iquest;Bailas de gusto por la felicidad que te ha
+ca&iacute;do?... Ten calma, Naci&oacute;n, ten calma y espera tranquila el triunfo de
+tu Rey sacrat&iacute;simo.</p>
+
+<p>Carnicero crey&oacute; que su valiente exhortaci&oacute;n al reino danzante hab&iacute;a
+hecho efecto, porque dej&oacute; de ver movimiento en las paredes.</p>
+
+<p>&mdash;As&iacute;, as&iacute; te quiero&mdash;dijo dando algunos pasos para llegar a su sill&oacute;n y
+sentarse&mdash;pero en vez de andar hacia la mesa, dirigiose al testero
+opuesto. No par&oacute; hasta tropezar con la pared, y al sentir el choque,
+llenose de c&oacute;lera y dijo:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qui&eacute;n me estorba el paso?... &iquest;Qui&eacute;n es el atrevido que no me deja
+llegar al sill&oacute;n?</p>
+
+<p>Esper&oacute; respuesta; puso atento o&iacute;do a los rumores que cre&iacute;a sentir. Todo,
+no obstante, era silencio. Pero a D. Felic&iacute;simo se lo antoj&oacute; que o&iacute;a
+fuertes golpes en la puerta de su casa. &laquo;&iexcl;Qui&eacute;n!&raquo; grit&oacute; tres veces
+poniendo entre cada grito larga pausa de espera. Mas un silencio l&uacute;gubre
+segu&iacute;a reinando en la mansi&oacute;n desierta. De improviso sintiose por el
+techo como un aluvi&oacute;n de pisadas tenues, pero en tal n&uacute;mero que formaban
+imponente estr&eacute;pito. Eran los ratones que en tropel corr&iacute;an por aquellas
+regiones bald&iacute;as donde hab&iacute;an abierto con su habilidad y paciencia
+infinitos caminos y derroteros.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah!&mdash;exclam&oacute; Carnicero riendo con lastimosa imbecilidad&mdash;. Son los
+reales ej&eacute;rcitos que van al combate. Adelante, bravos batallones. La
+hora del triunfo se acerca. Que no quede de masonismo ni el grueso de
+una u&ntilde;a.</p>
+
+<p>Pasado alg&uacute;n tiempo, oyose reproducida a lo lejos la misma algazara en
+el techo. Parec&iacute;a que re&ntilde;&iacute;an en la sombra de los pasillos los ej&eacute;rcitos
+de alima&ntilde;as y que hab&iacute;a retiradas tumultuosas, furibundas embestidas,
+victorias s&uacute;bitas, heroicos choques y horribles desmayos. Carnicero dej&oacute;
+de atender a aquel fragor lejano y empuj&oacute; la pared, queriendo vencer el
+obst&aacute;culo que, seg&uacute;n &eacute;l, le imped&iacute;a llegar a su c&oacute;modo asiento.</p>
+
+<p>&mdash;Digo que necesito llegar a mi sill&oacute;n&mdash;repiti&oacute;&mdash;. &iquest;Qui&eacute;n eres t&uacute;?</p>
+
+<p>Alz&oacute; los alucinados ojos el anciano y vio lo que en la mitad de la pared
+hab&iacute;a. Era un hermoso cuadro, retrato de Fernando VII, colgado all&iacute;
+treinta a&ntilde;os antes, y que D. Felic&iacute;simo hab&iacute;a contemplado desde su
+asiento muchas veces, recre&aacute;ndose en la perfecci&oacute;n de la pintura y en la
+exactitud del parecido. El cuadro era bueno y representaba a Su Majestad
+en gran uniforme, de medio cuerpo, con aire y br&iacute;os juveniles, nariz
+luenga, cabellos negros, ojazos llenos de rel&aacute;mpagos y aquella expresi&oacute;n
+sensual y poco simp&aacute;tica que caracteriz&oacute; al Deseado Aborrecido. Tan
+trastornado estaba Carnicero, que le parec&iacute;a ver por primera vez aquella
+figura en su gabinete, y retrocedi&oacute; con cierto espanto. Mas reponi&eacute;ndose
+y haci&eacute;ndole frente, como si tambi&eacute;n la figura hacia &eacute;l caminase, se
+encar&oacute; con ella, amenazando con su semblante plano el pintado rostro del
+Rey, y le dirigi&oacute; estas arrogantes palabras 16:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; tal le va a Vuestra Majestad en los Infiernos?... &iexcl;Ah!
+Perfectamente sin duda. Vuestra Majestad lo ha querido. &iquest;Qu&eacute; tal saben
+los tizonazos? Yo me permito decir a Vuestra Majestad con todo respeto
+que Vuestra Majestad est&aacute; bien donde est&aacute;. Las cosas vuelven a su
+natural ser, y el Reino se ha salvado. Espa&ntilde;a est&aacute; libre de su monarca
+impuro y acepta el dulc&iacute;simo yugo de ese arc&aacute;ngel a quien Dios hizo
+nacer hermano de Vuestra Majestad Real.</p>
+
+<p>Call&oacute; el viejo y sigui&oacute; mirando la figura, que de agradable se hizo
+repentinamente espantosa, porque sus ojos echaron llamas, su nariz tom&oacute;
+las dimensiones de elefantina trompa, y su mano solt&oacute; el bast&oacute;n de mando
+para echarse fuera del cuadro... La mano, s&iacute;, se ech&oacute; fuera del cuadro,
+y todo el cuerpo del Rey sali&oacute; en seguida cual si traspasase el umbral
+de una puerta. D. Felic&iacute;simo retrocedi&oacute; sintiendo que su valor se
+extingu&iacute;a, que sus br&iacute;os se aplacaban, que toda su sangre se
+congestionaba en el coraz&oacute;n. Vio venir la horrenda estampa del Rey
+cubierto de galones y cruces; vio que el brazo se extend&iacute;a, que la mano
+se alargaba y le cog&iacute;a por la mu&ntilde;eca, a &eacute;l, el pobre anciano flaco y
+canijo; sinti&oacute; que aquella mano pesada como el sue&ntilde;o y m&aacute;s fr&iacute;a, mucho
+m&aacute;s fr&iacute;a que el m&aacute;rmol apretaba sus huesos hasta deshacerlos, mientras
+los ojos fulgurantes del Deseado le traspasaban con mort&iacute;fero rayo. El
+pobre anciano no pod&iacute;a gritar, ni desprenderse de aquella tenaza, ni
+siquiera encomendarse a Dios, porque hab&iacute;a en su mente una perturbaci&oacute;n
+horrible y se volv&iacute;a tonto. La imagen infernal no s&oacute;lo le atenazaba sino
+que se le llevaba consigo, empuj&aacute;ndole a profundidades negras abiertas
+por el delirio y pobladas de feos demonios.</p>
+<p>
+ <img src="images/pag370.jpg"
+ alt="image" title="image" />
+</p>
+<p>Y as&iacute; pas&oacute; un rato sin que cesasen los efectos del licor que tan
+alevosamente tomara el nombre y la figura del Jerez. Mientras a D.
+Felic&iacute;simo se le antojaba realidad el desvar&iacute;o que hemos descrito, la
+realidad era que el retrato estaba en su sitio y D. Felic&iacute;simo tendido
+en el suelo en completo trastorno f&iacute;sico y mental, sumergido en las
+tenebrosas honduras de la embriaguez. El buen se&ntilde;or no oy&oacute;, pues, los
+f&uacute;nebres maullidos del gato; no le vio entrar en la estancia con los
+bigotes tiesos, el lomo erizado, los ojos como esmeraldas atravesadas de
+rayos de oro, las u&ntilde;as amenazantes: no le sinti&oacute; saltar y hacer locuras
+cual si perdiera el juicio o estuviese tocado de mal de amores; no oy&oacute;
+sus horribles lamentos, seguidos de roncos bramidos, ni presenci&oacute; la
+ferocidad con que a la postre se lanz&oacute; fuera, escalando la pared,
+cayendo, levant&aacute;ndose, subiendo por un poste, precipit&aacute;ndose por oscuros
+agujeros, para reaparecer luego desesperado y jadeante. El infeliz
+Carnicero no vio nada de esto, libr&aacute;ndose as&iacute; de una impresi&oacute;n
+horrorosa; no oy&oacute; tampoco el estruendo de las alima&ntilde;as en el techo,
+retir&aacute;ndose al trav&eacute;s de los tabiques y haciendo saltar bajo su paso
+d&eacute;bil innumerables pedazos de yeso; no pudo ver c&oacute;mo cay&oacute; de pronto
+enorme porci&oacute;n de cascote en medio del pasillo, ni c&oacute;mo algunos de los
+puntales se movieron y otros se rompieron cediendo al fin al peso de la
+techumbre podrida; no vio la primera oscilaci&oacute;n de esta sobre la sala,
+ni la inclinaci&oacute;n del tabique medianero, ni el vacilar de los de carga,
+ni la pavorosa lentitud con que las vigas del tejado cayeron sobre las
+del techo plano, aplastando la bohardilla como un bizcocho; ni oy&oacute; los
+crujidos de las maderas resistiendo todo lo posible el peso, ni el
+quebrantamiento de algunos tabiques, ni el cuartearse de los yesos,
+salpicando chinitas menudas que luego fueron piedras; ni vio
+desprenderse polvo de las alturas, precediendo a una lluvia de cal que
+luego fue pedrisco de guijarros; ni presenci&oacute; la desviaci&oacute;n de la pared
+maestra, que empez&oacute; haciendo una cortes&iacute;a a la pared frontera por la
+calle del Duque de Alba, y luego se rompi&oacute; por las ventanas y en la
+parte m&aacute;s fr&aacute;gil. D. Felic&iacute;simo no vio nada de esto, y as&iacute;, cuando
+aquella mole podrida se desplom&oacute; en una pieza con estruendo m&aacute;s grande
+que el de cien ca&ntilde;onazos, &eacute;l se agit&oacute; un instante en su sepulcro de
+ruinas, murmur&oacute; estas dos palabras: &laquo;su&eacute;ltame ya&raquo;, y pas&oacute; a la
+eternidad, no como quien se duerme, sino como quien despierta.</p>
+
+<p>El rico archivo eclesi&aacute;stico, cuyos legajos asomaban por las rejillas de
+los estantes excitando la veneraci&oacute;n del espectador, estaba tan comido
+de la polilla, que al desplomarse la casa se desmoron&oacute; como seco amasijo
+de polvo, y parec&iacute;a que todo entraba en el caos tras la dispersi&oacute;n de
+tanta materia in&uacute;til, de tanta borrosa letra y de tanta ranciedad como
+se acumulaba en los podridos escritos. As&iacute; los siglos y las
+instituciones caducadas entran como r&iacute;os de polvo en el mar de ruinas de
+lo pasado, que se agita por alg&uacute;n tiempo y se emborrasca, hasta que al
+fin se asienta y se endurece, se petrifica y queda para siempre muerto.
+Nada sabr&iacute;amos de lo que contiene este sepulcro inmenso en que tantas
+grandezas yacen, si no existiese el epitafio que se llama historia.</p>
+
+<p>La noticia del desastre se extendi&oacute; r&aacute;pidamente por todo el barrio. Vino
+Pipa&oacute;n temblando de miedo y harto intranquilo por la suerte que en aquel
+inopinado hundimiento hubiese cabido a las gruesas cantidades que D.
+Felic&iacute;simo guardaba en su propia casa. M&aacute;s tarde se congratulaba en lo
+&iacute;ntimo de su pecho de una cat&aacute;strofe que inutiliz&oacute; en el d&iacute;scolo viejo
+el perverso intento de privar, en lo posible, a su nieta de la herencia
+que le correspond&iacute;a. Hasta en aquel deplorable accidente se manifest&oacute; la
+decidida protecci&oacute;n que el cielo dispensaba al cortesano de 1815,
+apart&aacute;ndole de todos los peligros y allan&aacute;ndole los caminos todos para
+que llegase a donde sin duda alguna deb&iacute;a llegar. Por esto dec&iacute;a Don
+Rodrigu&iacute;n: <i>Divisum cum Jove imperium Pipao habet</i>.</p>
+
+<p>En la tarde del d&iacute;a 1.&ordm; de Octubre D. Benigno Cordero contemplaba, con
+afligido semblante las ruinas de la casa del absolutismo. Una docena de
+ganapanes, vigilados por individuos de la polic&iacute;a y de la curia, remov&iacute;a
+los escombros, sacando cascote, podridas vigas, y muebles hechos
+astillas. El dinero y el cuerpo de D. Felic&iacute;simo aparecieron al fin como
+objetos extra&iacute;dos de una excavaci&oacute;n pompeyana, entre el pasmo y la
+consternaci&oacute;n de los espectadores, movidos quien de curiosidad, quien de
+codicia. El de Boteros ten&iacute;a en aquella tarde ocupaciones que no le
+permit&iacute;an estar como un bobo mirando la exhumaci&oacute;n, y despu&eacute;s de rezar
+un par de Padre-nuestros por el alma del que fue paisano y amigo, y de
+encomendarle a Dios con devoci&oacute;n, entr&oacute; en una casa pr&oacute;xima. Recibiole
+un criado, y aqu&iacute; fue la sorpresa, aqu&iacute; la suspensi&oacute;n de D. Benigno, que
+se tuvo por m&aacute;s hundido y aplastado que Carnicero, al o&iacute;r lo que o&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero se ha ido, se ha ido de Madrid por mucho tiempo?&mdash;pregunt&oacute; el buen
+se&ntilde;or, despu&eacute;s de larga pausa, en que no supo lo que le pasaba.</p>
+
+<p>&mdash;Para mucho tiempo, s&iacute; se&ntilde;or.</p>
+
+<p>&mdash;Luego ha ido lejos.</p>
+
+<p>&mdash;Muy lejos, aunque no dijo adonde.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero usted est&aacute; seguro de lo que dice? Usted est&aacute; trastornado.</p>
+
+<p>&mdash;El se&ntilde;or se ha ido y no volver&aacute; pronto.</p>
+
+<p>&mdash;Entonces habr&aacute; dejado alg&uacute;n recado o carta...</p>
+
+<p>&mdash;El se&ntilde;or escribi&oacute; una carta; pero no la dej&oacute; en casa.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pues d&oacute;nde, hombre de Dios, d&oacute;nde?</p>
+
+<p>&mdash;La dej&oacute; a D. Felic&iacute;simo Carnicero.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bendito Dios!&mdash;exclam&oacute; D. Benigno, golpeando en el suelo con un pie&mdash;.
+&iquest;Y a usted no le dej&oacute; recado verbal para m&iacute;?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Para el Sr. de Cordero? S&iacute; se&ntilde;or. Me dijo que D. Felic&iacute;simo enterar&iacute;a
+a usted del motivo de su viaje y le dar&iacute;a una carta.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bar&aacute;stolis!... Hay cosas que parecen obra de Satan&aacute;s.</p>
+
+<p>Y reproduciendo en su mente el espect&aacute;culo de los escombros que hab&iacute;a
+visto a dos pasos de all&iacute;, pens&oacute; que para encontrar la carta era preciso
+levantar muchas varas c&uacute;bicas de polvo y astillas, un cad&aacute;ver y el
+pesad&iacute;simo pie de la curia, puesto sobre el tesoro, como el pie del
+pilluelo que pisa la moneda ca&iacute;da, mientras su due&ntilde;o la busca paseando
+los ojos por la tierra. Exhal&oacute; Cordero de su pecho un suspiro en que
+parec&iacute;a que la mejor parte de su alma se escapaba en busca del fugitivo,
+y sali&oacute; abrumado de pena. En la calle el gent&iacute;o que se agolpaba junto a
+las ruinas le dio a entender que sacaban aquel precioso f&oacute;sil que fue
+agente eclesi&aacute;stico. Entonces dio un suspiro mayor, diciendo para
+s&iacute;:&mdash;Tambi&eacute;n nosotros nos hundimos; tambi&eacute;n a nosotros se nos ha ca&iacute;do la
+casa encima.</p>
+
+<p>Acordose entonces de Sola, a quien hab&iacute;a dejado en su casa esperando el
+resultado de aquella visita, y no pudo menos de traer tambi&eacute;n a la
+memoria las corazonadas de la hu&eacute;rfana antes de salir de los Cigarrales.
+No queriendo dar a esta la desagradable noticia sin acompa&ntilde;arla de alg&uacute;n
+consuelo, hizo averiguaciones prolijas aquella misma tarde, y despu&eacute;s de
+hablar con algunos amigos del fugitivo y de hacer mil preguntas en
+varios mesones y paradores, se retir&oacute; a su casa si no con la
+certidumbre, con la sospecha fundad&iacute;sima de que Salvador hab&iacute;a ido al
+Norte. Esto, las voces que hab&iacute;an corrido acerca de las opiniones
+&uacute;ltimamente adoptadas por su amigo y la circunstancia de haber partido
+en el mismo d&iacute;a en que muri&oacute; Su Majestad, llevaron a Cordero de
+cavilaci&oacute;n en cavilaci&oacute;n hasta ponerle en el trance de creer lo que el
+d&iacute;a anterior le parec&iacute;a incre&iacute;ble.</p>
+
+<p>&mdash;No&mdash;pensaba andando hac&iacute;a su casa&mdash;, aquel tesoro no puede ser para un
+aventurero. Mi hija no se casar&aacute; con un hombre que as&iacute; juega con los
+santos principios, con un hombre que ayer fue exaltado liberal y hoy
+absolutista de trabuco y sobrepelliz. Ella misma apartar&aacute; de &eacute;l su
+esp&iacute;ritu y su coraz&oacute;n, y entonces...</p>
+
+<p>El semblante del de Boteros se anim&oacute;. Toda idea nueva y feliz produce
+como una llamarada interior, cuyo reflejo sube al rostro, cuando este no
+se ha educado en el disimulo y la hipocres&iacute;a. Cordero aviv&oacute; el paso y
+apret&oacute; fuertemente el pu&ntilde;o del bast&oacute;n, repitiendo:</p>
+
+<p>&mdash;Entonces...</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XIX" id="XIX"></a>-XIX-</h2>
+
+
+<p>Como la vista del ge&oacute;grafo se extiende sobre el mapa, as&iacute; la imaginaci&oacute;n
+del excelente D. Benigno volaba hacia el Norte en seguimiento del
+pr&oacute;fugo, busc&aacute;ndole por llanos y laderas, sendas y atajos. Ve&iacute;a media
+Castilla, medio Arag&oacute;n, el caudaloso Ebro, y luego las estribaciones
+pirenaicas cubiertas de verdura y plagadas de serpientes que de mil
+escondrijos sal&iacute;an. Y no ser&aacute; aventurado afirmar tambi&eacute;n que la
+imaginaci&oacute;n del fugitivo se iba quedando atr&aacute;s como un hilo desenvuelto
+del ovillo que rueda. Rodaba nuestro hombre con la prisa que tan
+cachazudos tiempos permit&iacute;an, anhelando llegar pronto, y pues todo es
+relativo en el mundo, su tartana, galera o silla de postas (que en la
+categor&iacute;a del veh&iacute;culo no est&aacute;n conformes las referencias) llevaba un
+paso que en comparaci&oacute;n del de la tortuga habr&iacute;a podido llamarse veloz.
+Cruz&oacute; el llano de Alcal&aacute;, la aromosa y pobre Alcarria, hacia donde cae
+el reino de las abejas; vio a Sig&uuml;enza donde hay colmenas de cl&eacute;rigos, y
+atraves&oacute; la estrecha cuenca del Jal&oacute;n, que corre silbando por la
+angostura como una espada de agua que se envaina en monta&ntilde;as. La romana
+B&iacute;lbilis le mostr&oacute; ya la tierra aragonesa. En la feraz vega de Zaragoza,
+pas&oacute; por entre pilas de melocotones que parec&iacute;an balas de fuego, y vio
+las lozanas vi&ntilde;as de uva retinta, cuyo zumo enardece la sangre de los
+paisanos de Lanuza. Sin detenerse pas&oacute; por la ciudad que lleva el nombre
+m&aacute;s preclaro en las justas militares del siglo, y que tuvo en los
+harapos de sus tapias rotas mejor defensa que otras en la coraza de sus
+murallas de piedra. En Tudela pas&oacute; el Ebro entrando en franca tierra de
+Navarra, semillero de gente brava, pues si Rioja fue hecha para criar
+pimientos, Navarra fue hecha para criar soldados. Hall&oacute; gran agitaci&oacute;n
+en los pueblos del camino, y la gente deten&iacute;a el cochecillo para pedir
+noticias. Era preciso satisfacer a todos, diciendo: &laquo;S&iacute;, es cierto que
+ha muerto el Rey&raquo;.</p>
+<p>
+ <img src="images/pag375.jpg"
+ alt="image" title="image" />
+</p>
+<p>&laquo;&iquest;Pero es verdad que Madrid ha proclamado ya a D. Carlos? &iquest;Es verdad que
+Cristina se ha embarcado o va en camino de embarcarse? &iquest;Es cierto que el
+Infante ha vuelto de Portugal, y est&aacute; al frente del ej&eacute;rcito?&raquo;. A estas
+preguntas no pod&iacute;a contestar el viajero porque nada sab&iacute;a, pero bien se
+le alcanzaba que proven&iacute;an de falsas noticias y embustes, semilla que
+h&aacute;bilmente sembrada en tales pa&iacute;ses hab&iacute;a de dar pronto cosecha de
+tiros. Sigui&oacute; su camino y al fin entr&oacute; en Estella. Aunque eran las doce
+de un hermoso d&iacute;a cuando pis&oacute; la plaza Mayor, antoj&oacute;sele que las
+pr&oacute;ximas alturas arrojaban sombra muy l&uacute;gubre sobre la ciudad y que esta
+se ahogaba en su cintur&oacute;n de monta&ntilde;as. A cada paso hallaba pandillas de
+cl&eacute;rigos con capa de esclavina, paraguas y gorro de borla, charlando en
+lenguaje vivo sobre el asunto del d&iacute;a, que era la muerte del Rey y el
+problema de la sucesi&oacute;n.</p>
+
+<p>Dirigiose a uno de aquellos se&ntilde;ores para preguntarle por la residencia
+del coronel Seudoquis, a quien quer&iacute;a ver sin p&eacute;rdida de tiempo, y el
+cl&eacute;rigo, hombre gordito y lucio, le contest&oacute; de esta manera:</p>
+
+<p>&mdash;Nuevo es usted en esta tierra. Si no lo fuera usted, sabr&iacute;a que para
+encontrar al famoso Seudoquis no hay m&aacute;s que averiguar donde se juega y
+donde se bebe.</p>
+
+<p>Apuntando con su paraguas a una esquina de la acera de enfrente, a&ntilde;adi&oacute;
+el buen hombre lo que sigue:&mdash;&iquest;Ve usted aquella casa donde dice en letras
+muy gordas <i>Licores</i>? Pues all&iacute; encontrar&aacute; usted al borracho.</p>
+
+<p>Y se march&oacute; riendo y a prisa para reunirse a la cuadrilla que hab&iacute;a
+seguido andando mientras &eacute;l se deten&iacute;a. Todos los dem&aacute;s individuos de
+paraguas encarnado y gorro negro eran tambi&eacute;n lucios y gorditos, se&ntilde;al
+indudable de no ser gente muy dada a la penitencia.</p>
+
+<p>Pronto encontr&oacute; Salvador a su amigo, y no le encontr&oacute; embriagado ni
+jugando, sino en tertulia con otros tres militares y dos paisanos. La
+sorpresa y alegr&iacute;a del coronel fueron grandes. Despu&eacute;s de abrazarse,
+retir&aacute;ronse a un desvencijado cuarto del mes&oacute;n (pues mes&oacute;n, caf&eacute;,
+taberna y algo m&aacute;s era la tal casa) y hablaron a solas m&aacute;s de una hora.
+Cuando Salvador se retir&oacute; a descansar en la estancia que all&iacute; mismo le
+destinaron, cre&iacute;a haber ganado la partida y estaba satisfecho de su
+aventurado viaje, que ya ten&iacute;a por venturoso. Pero Dios quiso que todos
+sus planes se trastornasen y que a cada dificultad vencida naciese otra
+imponente dificultad. Aquella misma tarde recibiose aviso de que don
+Santos Ladr&oacute;n, el atrevido guerrillero riojano, ven&iacute;a sobre Estella con
+quinientos voluntarios, al grito de <i>Espa&ntilde;a por Carlos V</i>. P&uacute;sose en
+movimiento la escasa guarnici&oacute;n de la plaza, y Dios sabe lo que hubiera
+ocurrido si no llegara oportunamente el brigadier Lorenzo, mandado por
+el Virrey Sol&aacute; con el regimiento de C&oacute;rdoba y los provinciales de
+Sig&uuml;enza. Lorenzo no descans&oacute; en Estella. Aquella noche vio Salvador las
+calles Mayor y de Santiago atestadas de soldados, que se racionaban con
+pan y vino; habl&oacute; con ellos y pudo notar que reinaba en la tropa buen
+esp&iacute;ritu, si bien su entusiasmo por la causa que empezaban a defender no
+era muy grande todav&iacute;a.</p>
+
+<p>Lorenzo sali&oacute; a media noche. Al d&iacute;a siguiente se tuvo noticia del
+combate de los Arcos, en que fueron destrozados los voluntarios de
+Ladr&oacute;n y este hecho prisionero. Salvador vio por segunda vez la tropa de
+Lorenzo, de regreso a Pamplona, llevando consigo al guerrillero don
+Santos y a Iribarren. Lo peor del caso para nuestro amigo, fue que
+Lorenzo se llev&oacute; tambi&eacute;n a Pamplona a los tres prisioneros que en la
+c&aacute;rcel de Estella estaban, y con esta determinaci&oacute;n vino a tierra el
+plan construido por Monsalud de concierto con Seudoquis. Contrariedad
+tan inesperada parec&iacute;a anunciar mal&iacute;simo &eacute;xito a las tentativas
+generosas de Salvador, porque los prisioneros de Estella estaban ya
+condenados a muerte. Pero no desmay&oacute; por esto, y se puso en marcha para
+Pamplona, siguiendo a la brigada vencedora. Fue para &eacute;l una ventaja
+relativa que le acompa&ntilde;ara Seudoquis, con cuya cooperaci&oacute;n humanitaria
+contaba, si bien lo ser&iacute;a muy dif&iacute;cil ejercerla en la misma residencia
+del Virrey.</p>
+
+<p>Por el camino pudo Salvador ver a su hermano prisionero y en tal estado
+de extenuaci&oacute;n y abatimiento que inspiraba l&aacute;stima a cuantos le miraban.
+En un desvencijado carro de transportes iba tendido sobre jergones, cuya
+dureza con la de las piedras compet&iacute;a. Como el carro ten&iacute;a toldo y unos
+palitroques laterales al modo de rejas, su semejanza con una jaula era
+grande, de donde resultaba que el Sr. Navarro, mirado desde fuera,
+escu&aacute;lido, aburrido, entumecido y so&ntilde;oliento, se pareciese algo a D.
+Quijote cuando le llevaban encantado desde la venta a su aldea. Salvador
+pudo acercarse, con la venia de la escolta, y cambi&oacute; algunas palabras
+con el preso, el cual tard&oacute; mucho en reconocerle y le mir&oacute; despacio con
+ojos semejantes a los de un demente.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; haces t&uacute; por aqu&iacute;?&mdash;dijo acercando su rostro a los palos&mdash;. &iquest;Eres t&uacute;
+el que parece o eres otro?</p>
+
+<p>&mdash;Soy el que parece&mdash;replic&oacute; Salvador inclin&aacute;ndose lo m&aacute;s posible sobre el
+arz&oacute;n de su cabalgadura&mdash;. &iquest;No esperabas verme por aqu&iacute;?</p>
+
+<p>&mdash;No habr&aacute;s venido a nada bueno.</p>
+
+<p>&mdash;He venido por ti.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah!... eres de los ministriles del Virrey. &iquest;Te has hecho asesor de Su
+Excelencia? Mira, oye, ac&eacute;rcate m&aacute;s... Di al canalla de Su Excelencia
+que no tarde en fusilarme. Ya no puedo m&aacute;s.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Te sientes mal? &iquest;Padeces mucho?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;A ti te importa algo que yo padezca o no? &iexcl;Pues s&iacute;, padezco mucho, por
+vida del mismo r&aacute;bano!... Tengo una l&aacute;mpara encendida aqu&iacute;.</p>
+
+<p>Incorpor&aacute;ndose dificultosamente, llevose ambas manos a los hijares. Su
+cara l&iacute;vida causaba miedo, y cuando dilataba los labios morados con
+expresi&oacute;n equ&iacute;voca y asomaban sus dientes blanqu&iacute;simos, se ve&iacute;a en &eacute;l
+clara y patente la sonrisa del dolor, o sea la casi imperceptible burla
+que el dolor hace de s&iacute; mismo cuando han concluido todos los consuelos y
+aun los sofismas del consuelo.</p>
+
+<p>&mdash;T&uacute; est&aacute;s muy enfermo&mdash;le dijo Salvador con profunda pena&mdash;, y yo creo que
+el Virrey te perdonar&aacute; la vida.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Y al dejarme vivir llamas perd&oacute;n!... vaya un perd&oacute;n el tuyo.
+&iexcl;Indultarme!... No, por muy mas&oacute;n que sea el Virrey, no ser&aacute; tan cruel o
+inhumano.</p>
+
+<p>&mdash;Est&aacute;s alucinado, y el sufrimiento te enloquece un poco, haci&eacute;ndote
+disparatar.</p>
+
+<p>&mdash;Yo estoy cuerdo y s&eacute; lo que me digo. T&uacute; est&aacute;s tonto y hablas m&aacute;s de la
+cuenta.</p>
+
+<p>&mdash;Yo s&oacute;lo te dir&eacute; que no te desesperes. T&uacute; enfermedad puede curarse
+todav&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;Con cuatro tiros... &iexcl;R&aacute;banos! no sufrir&aacute; que sea por la espalda.</p>
+
+<p>&mdash;No ser&aacute;n por ninguna parte. Est&aacute;s enfermo y exaltado. Yo te juro que se
+har&aacute;n esfuerzos grandes por salvarte.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y qui&eacute;n me salvar&aacute;, t&uacute;? &iquest;t&uacute;?&mdash;dijo Garrote con desprecio.</p>
+
+<p>&mdash;Podr&aacute; ser. No he venido a otra cosa.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Desde Madrid?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;. Y a Pamplona voy.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Salvarme t&uacute;!... &iexcl;Conservarme la vida! Veo que tambi&eacute;n hay verdugos de
+la vida.</p>
+
+<p>&mdash;Yo quiero ser contigo ese verdugo de vidas.</p>
+
+<p>&mdash;Mira, mira, &iquest;quieres dejarme en paz, intruso, y volverte otra vez a tu
+Madrid?</p>
+
+<p>&mdash;Nos iremos</p>
+
+<p>&mdash;Yo ser&eacute; feliz ma&ntilde;ana&mdash;dijo Navarro con hosca expresi&oacute;n&mdash;, en el foso de
+Pamplona. &iexcl;Qu&eacute; fr&iacute;o har&aacute; all&iacute;!</p>
+
+<p>El prisionero temblaba.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Tienes fr&iacute;o?&mdash;le pregunt&oacute; su hermano.</p>
+
+<p>&mdash;Hombre, s&iacute;, tengo fr&iacute;o. &iquest;No lo ves? &iquest;para qu&eacute; lo preguntas? Tus
+pesadeces acabar&iacute;an con la paciencia de un santo.</p>
+
+<p>&mdash;Te proporcionar&eacute; una manta.</p>
+
+<p>Alejose Salvador y al poco rato volvi&oacute; con lo que hab&iacute;a ofrecido. El
+prisionero tom&oacute; la manta y arrebujose en ella, a&ntilde;adi&eacute;ndola a la manta y
+al capote que ya sobre s&iacute; ten&iacute;a; pero ni por esas entraba en calor.</p>
+
+<p>&mdash;Veo que sigues tan helado como antes. Sin embargo, el d&iacute;a est&aacute; bueno.
+Pica el sol.</p>
+
+<p>&mdash;Mi fr&iacute;o no es el fr&iacute;o de todo el mundo. Cien soles no lo
+destruir&iacute;an... abur.</p>
+
+<p>&mdash;No, todav&iacute;a no. Tengo que hacerte una advertencia. Es indispensable que
+te vuelvas loco, quiero decir, que ma&ntilde;ana, cuando te reconozcan los
+m&eacute;dicos, hallen en ti s&iacute;ntomas de locura.</p>
+
+<p>&mdash;Hallar&aacute;n el contento de morir&mdash;repuso Navarro, dando diente con diente&mdash;.
+&iexcl;Ah! ya te entiendo: me fingir&eacute; cuerdo para que me maten m&aacute;s pronto. Me
+fingir&eacute; cuerdo, gritar&eacute;: &laquo;&iexcl;Viva Carlos V, mueran los masones!...&raquo;. Est&aacute;
+bien, hombrecillo, adi&oacute;s. Vete, que quiero echarme a dormir.</p>
+
+<p>Y se tendi&oacute;, envolvi&eacute;ndose todo y cubri&eacute;ndose cara y manos, de modo que,
+si no fuera por el temblor, parecer&iacute;a un muerto a quien llevaban a
+enterrar.</p>
+
+<p>Salvador se retir&oacute; muy desesperanzado. El convoy se detuvo para
+distribuir raciones. Era la &eacute;poca de la vendimia, y el vino estaba poco
+menos que de balde, porque necesitaban desalojar las tinajas para dar
+cabida al mosto, que era aquel a&ntilde;o abundant&iacute;simo. As&iacute; es que el convoy
+pasaba, seg&uacute;n la expresi&oacute;n de Seudoquis, por una calle de borracheras. A
+cada instante hallaban grupos jaleadores; o&iacute;anse dicharachos, cantorrios
+y pendencias. Bailes y jotas festejaban el ping&uuml;e Octubre, y los mozos
+vendimiadores aparec&iacute;an manchados de mosto, feos y soeces como
+sacristanes, que no sacerdotes, de un Baco pedestre y envilecido. Con la
+ca&iacute;da de la tarde se fue amortiguando el esc&aacute;ndalo de aquella bacanal
+campesina; se extinguieron los ruidos de guitarras y panderetas, y al
+anochecer, las pandillas de cl&eacute;rigos aparec&iacute;an paseando en el camino a
+la entrada de las aldeas. Oscura, oscur&iacute;sima era la noche cuando el
+convoy entr&oacute; en la capital de Navarra. Y a pesar de ser tal que todo se
+ve&iacute;a negro, a Salvador le pareci&oacute; que no hab&iacute;a en ella bastantes
+tinieblas para ocultar lo que hacer pensaba.</p>
+<p>
+ <img src="images/pag380.jpg"
+ alt="image" title="image" />
+</p>
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XX" id="XX"></a>-XX-</h2>
+
+<p>
+ <img src="images/pag381.jpg"
+ alt="image" title="image" />
+</p>
+<p>Pero todo fue in&uacute;til por falta de elementos. Arrebatar sigilosamente un
+prisionero a la autoridad militar, dentro de una plaza fuerte y en
+momentos en que el fanatismo de los partidos redoblaba la vigilancia,
+era empresa demasiado temeraria y dif&iacute;cil para que saliera bien no
+contando con altos auxilios. Salvador no ten&iacute;a amistad con el Virrey, y
+aunque la tuviera de nada le valdr&iacute;a por ser D. Antonio Sol&aacute; hombre muy
+inflexible. De los jefes militares importantes trataba a algunos, y con
+varios de ellos ten&iacute;a conocimiento que rayaba en amistad, por antiguo
+compa&ntilde;erismo en el Grande Oriente mas&oacute;nico del 22. Pero no era a
+prop&oacute;sito la ocasi&oacute;n para corruptelas humanitarias. Seudoquis, con quien
+siempre contaba, le dio esperanza, asegur&aacute;ndole que si el prisionero
+perseveraba en sus locas extravagancias, era f&aacute;cil que el Virrey, en vez
+de mandarle al foso, le enviase al hospital de orates.</p>
+
+<p>El cuidado de reanudar sus relaciones antiguas, y procurarse otras
+nuevas ocupaba a Salvador las mejores horas del d&iacute;a y de la noche. Los
+militares se reun&iacute;an en una especie de casino, situado junto a la fonda
+principal, y all&iacute; se jugaba, mezclando los entretenimientos l&iacute;citos con
+los prohibidos; se beb&iacute;a caf&eacute;, se vaciaban botellas y se charlaba de lo
+lindo. Fuera de aquel c&iacute;rculo hall&oacute; nuestro amigo algunos que, a pesar
+de pertenecer a la clase militar, se manten&iacute;an retra&iacute;dos. Una ma&ntilde;ana
+paseaba solo por la Taconera, cuando tropez&oacute; con una persona cuyo rostro
+no era extra&ntilde;o para &eacute;l. Det&uacute;vose, salud&oacute;, y el desconocido conocido le
+contest&oacute; fr&iacute;amente. Era un hombre de alta estatura, moreno, de ojos
+negros, bigote y patillas. Recortadas estas con esmero por la navaja
+formaban una curva sobre las mejillas y ven&iacute;an a unirse al bigote,
+resolvi&eacute;ndose en &eacute;l, por decirlo as&iacute;, de lo que resultaba como una
+carrillera de pelo. Su nariz aguile&ntilde;a de perfecta forma, el mirar
+penetrante, y un no s&eacute; qu&eacute; de reserva, de seriedad profunda que en &eacute;l
+hab&iacute;a, indicaban que no era hombre vulgar aquel que en tal hora paseaba
+envuelto en capa de paisano, y calzado de altas botas, que el buen
+estado del piso hac&iacute;a innecesarias. Al soltar el embozo dej&oacute; ver su
+cuerpo, vestido con zamarreta peluda, estrechamente ajustada con
+cordones negros. Las patillas, las botas, la zamarreta, la aguile&ntilde;a y
+delgada nariz, los ojos de cuervo y la gravedad taciturna son rasgos
+suficientes a trazar sobre el lienzo o sobre el papel la inequ&iacute;voca
+figura de Zumalac&aacute;rregui.</p>
+
+<p>El que despu&eacute;s fue el m&aacute;s grande de los cabecillas y el genio militar de
+D. Carlos, estaba a la saz&oacute;n de cuartel en Pamplona, vigilado por la
+autoridad militar. Varias veces le hab&iacute;a amonestado Sol&aacute;. Se contaban
+sus pasos y se le hab&iacute;a prohibido tener caballo. Viv&iacute;a con su familia y
+era hombre muy morigerado. No daba a conocer f&aacute;cilmente sus opiniones;
+pero pasaba por ferviente partidario de D. Carlos. Iba a misa todos los
+d&iacute;as y despu&eacute;s de misa paseaba dos horas por la Taconera, cualquiera que
+fuese el tiempo.</p>
+
+<p>Salvador y D. Tom&aacute;s hablaron breve rato. D. Tom&aacute;s compadeci&oacute; a su amigo
+D. Carlos Navarro, y despu&eacute;s, como el otro sacara a relucir la guerra y
+el aspecto que tomaba, dijo con aparente candor, verdadera m&aacute;scara de su
+marruller&iacute;a, que, seg&uacute;n su opini&oacute;n, las cosas no pasar&iacute;an adelante. Por
+no verse precisado a hablar m&aacute;s, apret&oacute; la mano de su amigo y sigui&oacute;
+paseando por la muralla.</p>
+
+<p>Al d&iacute;a siguiente fue pasado por las armas en el foso de las
+fortificaciones D. Santos Ladr&oacute;n, que muri&oacute; valiente como espa&ntilde;ol y
+resignado como cristiano. Despu&eacute;s sufri&oacute; igual suerte Iribarren,
+cabecilla menos c&eacute;lebre que el primero. Ya estaba se&ntilde;alado el sacrificio
+de Garrote para el 15, cuando el Virrey, en vista del estado lastimoso
+del reo, difiri&oacute; su muerte, mejor dicho, la encomend&oacute; a la Naturaleza.
+Los m&eacute;dicos hab&iacute;an dicho que Navarro no vivir&iacute;a dos semanas, y Sol&aacute; tuvo
+ocasi&oacute;n de mostrar su humanidad. El enfermo fue trasladado al hospital,
+de lo que recibi&oacute; su hermano mucho contento, porque algo m&aacute;s vale
+desahuciado que muerto.</p>
+
+<p>Cada d&iacute;a llegaban a la ciudad noticias alarmantes del vuelo que tomaba
+la insurrecci&oacute;n. En O&ntilde;ate se echaba al campo Alza&aacute;, en Salvatierra
+Uranga, en Toranzo B&aacute;rcena, Balmaseda en Fuentec&eacute;n, y en Navarra, que
+era el centro de aquel mot&iacute;n semi-nacional fraguado por el absolutismo
+con la bandera de Cristo, se hab&iacute;an alzado Go&ntilde;i y Eraso, Iturraldo y el
+cura de Ira&ntilde;eta. Eraso ten&iacute;a por suyo a Roncesvalles, Go&ntilde;i la Borunda, y
+el p&aacute;rroco asolaba la parte llana. Era un bravo soldado el de Ira&ntilde;eta y
+pod&iacute;a ocupar lugar excelso en esos extra&ntilde;os fastos
+eclesi&aacute;stico-militares, donde est&aacute;n escritas con horribles letras negras
+las haza&ntilde;as de Merino, Ant&oacute;n Coll y el Trapense.</p>
+
+<p>Navarro fue trasladado al hospital, donde su hermano pudo verle con
+frecuencia. El &aacute;spero car&aacute;cter, los bruscos modos y la amargu&iacute;sima pena
+del enfermo no cambiaron nada pasando del poder de los carceleros al de
+los cirujanos, si bien su dolencia entr&oacute; en un per&iacute;odo de alivio por las
+ventajas higi&eacute;nicas del cambio de vivienda. Postrado en la cama, pasaba
+a veces d&iacute;as enteros sin pronunciar una sola palabra, aunque Salvador
+hac&iacute;a los imposibles por sacar una siquiera de aquel pecho que era un
+mar de melancol&iacute;as. En cambio, otros d&iacute;as era tal su locuacidad que no
+pod&iacute;an seguirle la conversaci&oacute;n incoherente y exaltada. Salvador y el
+cirujano procuraban con esfuerzos de gallardo ingenio llevar su charla a
+los t&eacute;rminos de la discreci&oacute;n y del buen razonar; pero mientras m&aacute;s
+quer&iacute;an ir ellos por el camino del juicio, con m&aacute;s ah&iacute;nco se arrojaba D.
+Carlos por los despe&ntilde;aderos del desatino. Si ellos hablaban de las
+cosechas, del crudo invierno y entremezclaban donosos cuentos en su
+coloquio, a &eacute;l no le sacaba nadie de la guerra, del empuje carlista y de
+la necesidad de que un jefe militar de prestigio y valor se pusiese al
+frente de las partidas navarras para organizarlas y hacer con ellas un
+poderoso ej&eacute;rcito reglado. Imaginaron hacerlo creer que no hab&iacute;a ya tal
+guerra y que los rebeldes se hab&iacute;an sometido ya al Gobierno; pero esto
+dio resultado contrario al buen deseo de Salvador, porque oyendo Navarro
+lo del someterse, pon&iacute;ase furioso, echaba ternos y quer&iacute;a arrojarse del
+lecho. M&aacute;s f&aacute;cil era pacificar a Navarra que introducir en aquel cerebro
+insurreccionado la idea de la paz.</p>
+
+<p>El sistema m&aacute;s eficaz para calmarle y hacerle tomar las medicinas era
+contarle las haza&ntilde;as del cura de Ira&ntilde;eta y del cabecilla Mongelos, dos
+tipos de la guerra de salteadores. Pero si le dec&iacute;an que todo el furor
+religioso carlino de tales h&eacute;roes no era m&aacute;s que una pantalla para
+encubrir contrabando, entonces el enfermo sacaba los pu&ntilde;os de entre las
+s&aacute;banas, llamaba al cirujano <i>mequetrefe</i>, y dec&iacute;a a su hermano:</p>
+
+<p>&mdash;T&uacute; eres un intrigante forrado en mas&oacute;n. M&aacute;rchate de aqu&iacute; y d&eacute;jame solo.
+Me estorbas, te juro que me estorbas. Tus cuidados me cargan, porque no
+quiero agradecerte nada. &iquest;Lo oyes bien? no quiero agradecerte nada, ni
+esto. Pesas sobre m&iacute; como una monta&ntilde;a, y creo que no tendr&eacute; salud
+mientras no est&eacute;s lejos de m&iacute; y pueda yo decir: &laquo;no le debo nada, no es
+mi hermano, es un intruso&raquo;.</p>
+
+<p>De estas cosas se re&iacute;a Salvador, y para captarse su voluntad y amansar
+un poco su arisco genio, hasta ide&oacute; afectar simpat&iacute;as por el Infante y
+la apost&oacute;lica insurrecci&oacute;n. Una ma&ntilde;ana le llev&oacute; la noticia que circulaba
+por la ciudad, dando motivo a infinitos comentarios. Zumalac&aacute;rregui se
+hab&iacute;a pasado al campo carlista. Seg&uacute;n dijo quien le vio, dos d&iacute;as antes
+hab&iacute;a salido muy de ma&ntilde;ana, con capote militar, por la puerta del
+Carmen, y se hab&iacute;a encaminado a pie hacia una venta pr&oacute;xima, donde le
+esperaban tres hombres con un caballo. A escape se dirigi&oacute; el coronel
+cabecilla a Huarte Araquil, donde le aguardaban el cura Ira&ntilde;eta y
+Mongelos. Los tres partieron juntos hacia la sierra en busca de
+Iturralde, seg&uacute;n se cre&iacute;a.</p>
+
+<p>Mucho extra&ntilde;&oacute; a Monsalud el ver que su hermano, en lugar de recibir esta
+noticia con la alegr&iacute;a que siempre mostraba, trat&aacute;ndose de ventajas
+carlistas, la oy&oacute; con gran asombro, y despu&eacute;s de largu&iacute;sima pausa, se
+afligi&oacute; mucho y se dio un golpe en la frente como en se&ntilde;al de
+abatimiento y desesperaci&oacute;n. De pronto extendi&oacute; una mano. Asiendo el
+brazo de su hermano, atr&aacute;jole hacia s&iacute; y en voz baja, con el acento m&aacute;s
+l&uacute;gubre que puede imaginarse, le dijo estas palabras:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Ves lo que hace Zumalac&aacute;rregui? Pues eso deb&iacute;a haberlo hecho yo. &iquest;No
+te dije que era necesario que un jefe militar se pusiese al frente de
+esta sagrada insurrecci&oacute;n para organizarla? Pues ese jefe deb&iacute;a ser yo,
+yo. &iquest;Qu&eacute; hace Zumalac&aacute;rregui? Lo mismo que habr&iacute;a hecho yo. Su papel es
+el m&iacute;o, sus laureles los m&iacute;os, su triunfo mi triunfo. Si yo no estuviera
+en esta aborrecida cama, estar&iacute;a donde &eacute;l est&aacute; ahora, y lo que &eacute;l piensa
+hacer y har&aacute; de seguro, ya estar&iacute;a hecho... &iexcl;Qu&eacute; desesperaci&oacute;n, Dios de
+Dios!</p>
+
+<p>Dicho esto, puso sus ojos fieros en los de su hermano tristes y serenos;
+le envolvi&oacute; en una mirada aterradora y le apret&oacute; con m&aacute;s fuerza el
+brazo, diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;Oye t&uacute;, si me sacas de esta cama, si me sacas de Pamplona y me pones en
+salvo en Huarte Araquil o en Orica&iacute;n y me das un caballo, te juro que se
+acabar&aacute; el odio que te tengo y ser&aacute;s mi hermano querido, y dar&eacute; una
+interpretaci&oacute;n buena a tus cuidados, agradeci&eacute;ndolos en vez de
+rechazarlos. Hazlo, hazlo por m&iacute; y por nuestro padre, cuya memoria y
+cuyo nombre pongo hora como lazo de reconciliaci&oacute;n entre los dos...</p>
+
+<p>Salvador sinti&oacute; fr&iacute;o en el coraz&oacute;n. En el primer instante tuvo la idea
+de aparentar complacer a su hermano, dando cuerda a su demencia; pero
+consider&oacute; al punto que era muy peligroso el sistema de fomentar, siquier
+fuese moment&aacute;neamente, tan descabelladas man&iacute;as, y tan s&oacute;lo dijo:&mdash;Si
+insistes en esa locura, te abandonar&eacute; y entonces s&iacute; que llamar&aacute;s a tu
+querido hermano.</p>
+
+<p>Navarro grit&oacute;: &iexcl;<i>Intruso</i>! y al punto su cabeza y sus brazos
+desaparecieron entre las s&aacute;banas. Era aquel el movimiento final de su
+enfado y su manera genuina de romper con el mando.</p>
+
+<p>Desde aquel d&iacute;a, si hall&oacute; alivio en su enfermedad, declin&oacute; m&aacute;s por la
+pendiente de la locura, y tales disparates hizo, que el Virrey le
+absolvi&oacute; en definitiva como indigno del pat&iacute;bulo. Estaba incapacitado
+para morir a manos de los hombres. Una noche le hallaron medio desnudo
+en un desv&aacute;n del hospital buscando salida para salir al tejado. Dos d&iacute;as
+despu&eacute;s dio de pu&ntilde;adas al cirujano, y frecuentemente se arrojaba del
+lecho para correr por la sala injuriando a imaginarios enemigos, s&oacute;lo
+vistos de su extraviado entendimiento. Por &uacute;ltimo, pasados tres meses de
+hospital, y cuando mediaba Enero del 34, fue declarado baja en el
+ej&eacute;rcito, y el Virrey dispuso que se hiciera cargo de &eacute;l su familia, si
+alguna ten&iacute;a. En tal resoluci&oacute;n no tuvieron poca parte las buenas
+amistades de Salvador. As&iacute; vio colmados sus deseos, y llev&aacute;ndose consigo
+al enfermo, lo instal&oacute; en su casa c&oacute;modamente, decidido a llev&aacute;rselo a
+Madrid cuando su estado lo permitiese y se apaciguaran los rigores de
+aquel crudo invierno.</p>
+
+<p>El descenso de la temperatura hab&iacute;a extendido sobre algunas partes de la
+nieve planchas de dur&iacute;simo y resbaladizo cristal. Las fuentes,
+enmudecidas en su parlero rumor, parec&iacute;an decoraciones de az&uacute;car por la
+quietud de sus chorros helados de mil facetas. En las murallas las
+formidables piezas de gran calibre estaban arrebujadas en la nieve, y
+por un pliegue del fr&iacute;o capote asomaban sus bostezantes bocas negras
+amenazando al campo. En los fosos, la inmaculada blancura casi cegaba la
+vista, y las alegres m&aacute;rgenes del Arga no se conoc&iacute;an de puro vestidas.
+Los &aacute;rboles con sus escuetas ramas perfiladas de blanco no parec&iacute;an
+&aacute;rboles, sino urdimbres rotas de un tejido deshecho. Las casas medio
+sepultadas echaban a duras penas por su chimenea, cubierta de finas
+cremas y cristalinos picachos, un chorro de humo que sub&iacute;a lentamente a
+manchar el cielo y se resolv&iacute;a en el pesado gris de la atm&oacute;sfera como
+masas de tinta arrojadas en un inmenso mar de almid&oacute;n. Dentro de las
+casas reinaban, por el contrario, la animaci&oacute;n y el bullicio, por estar
+recogidos los habitantes todos al amor de los hogares, donde ard&iacute;an
+encinas enteras. Fuera, todo estaba congelado, incluso la guerra, que
+hab&iacute;a dejado de moverse en el campo para latir en el coraz&oacute;n de las
+viviendas.</p>
+
+<p>Contra lo que Salvador esperaba y tem&iacute;a, Navarro se dej&oacute; llevar, y
+despu&eacute;s de instalado en vivienda tan distinta del l&oacute;brego y trist&iacute;simo
+hospital en que antes moraba, su exaltaci&oacute;n se troc&oacute; en abatimiento y su
+aspereza en indiferencia, no exenta en algunos instantes de suavidad y
+aun de discretas y sosegadas razones.</p>
+
+<p>No contribuy&oacute; poco a su alivio la soledad en que estaba y el no permitir
+Salvador que le visitara persona alguna, porque en el hospital los dem&aacute;s
+enfermos se complac&iacute;an en calentarle los cascos, contradici&eacute;ndole en sus
+vehemencias o alent&aacute;ndole en sus majader&iacute;as. Una mujer de car&aacute;cter
+excelente, tan notable por su solicitud como por su paciencia, le
+asist&iacute;a, y un cl&eacute;rigo pac&iacute;fico le acompa&ntilde;aba algunos ratos. Do&ntilde;a
+Hermenegilda, que as&iacute; se llamaba la due&ntilde;a, era viuda de un guarda-montes
+de la Borunda y hab&iacute;a tenido siete hijos, de los cuales, a excepci&oacute;n del
+m&aacute;s peque&ntilde;o, que emigr&oacute; a las Am&eacute;ricas, no quedaba ninguno por haberlos
+absorbido todos sucesivamente las distintas guerras de la Pen&iacute;nsula,
+desde la famosa de la Independencia hasta la de los agraviados en
+Catalu&ntilde;a. Tan guerreros eran, que en los peque&ntilde;os claros o intervalos de
+paz, ninguno supo hacer cosa de provecho, y la poca hacienda que ten&iacute;an
+fue pasando a los prestamistas, disolvi&eacute;ndose toda en comilonas, timbas,
+in&uacute;tiles viajes, cacer&iacute;as y compras de armas para camorras. De esto y
+del desastroso fin de todos ellos, naci&oacute; en Do&ntilde;a Hermenegilda un
+aborrecimiento tan vivo de las guerras, que no se le pod&iacute;a mentar nada
+de lo tocante al fiero Marte y su culto sangriento. Ella dec&iacute;a que una
+naci&oacute;n de cobardes ser&iacute;a la m&aacute;s feliz y pr&oacute;spera del mundo, y cuando le
+objetaban que esa naci&oacute;n no ser&iacute;a due&ntilde;a de s&iacute; misma porque la
+esclavizar&iacute;a cualquier conquistador extra&ntilde;o, respond&iacute;a que su bello
+ideal era que todas las naciones del mundo fueran igualmente cobardes,
+para que resultara un globo terr&aacute;queo poblado en absoluto de seres
+prudentes. Do&ntilde;a Hermenegilda no era navarra.</p>
+
+<p>No pod&iacute;a haber escogido Salvador persona m&aacute;s a prop&oacute;sito para cuidar a
+un hombre tocado, como se sabe, del mal de batallas. No ten&iacute;a igual
+seguridad de acierto en la elecci&oacute;n del Padre Zorraqu&iacute;n para acompa&ntilde;ante
+y amigo espiritual del enfermo, porque si bien en ocasiones podr&iacute;a
+tenerse al tal cl&eacute;rigo por la persona m&aacute;s bondadosa y mansa del mundo,
+en otras parec&iacute;a un s&iacute; es no es levantisco y ambicioso. Era Zorraqu&iacute;n
+capell&aacute;n de unas monjas pobres y no pod&iacute;a ocultar sus febriles ganas de
+llegar a otra posici&oacute;n eclesi&aacute;stica m&aacute;s elevada. Ya no era joven el
+capell&aacute;n y hab&iacute;a dejado trascurrir lo m&aacute;s florido de su existencia sin
+hacer valer los m&eacute;ritos que cre&iacute;a poseer. Todas sus peroratas sobre este
+tema de la vanidad conclu&iacute;an diciendo: &laquo;Ya, ya vendr&aacute;n tiempos de
+justicia, s&iacute;, ya vendr&aacute;n... Entonces no veremos los coros de las
+catedrales llenos de masones con sotana, mientras los buenos
+eclesi&aacute;sticos perecen&raquo;.</p>
+
+<p>No pasaba ya Garrote la mayor parte del d&iacute;a en la cama. Hab&iacute;a recobrado
+las fuerzas, y su mal, que antes parec&iacute;a profundamente arraigado y due&ntilde;o
+de la persona, le permit&iacute;a ya algunas horas de completo bienestar. Muy
+sensible al fr&iacute;o, se acercaba con frecuencia a la lumbre, la observaba
+con fijeza, arrojando en medio de las ascuas su mirada, como si quisiera
+encenderla en ellas, y no se mov&iacute;a hasta que, inflam&aacute;ndose su cara con
+los rojos reflejos, llegaba a un grado de irritaci&oacute;n insoportable.
+Entonces se retiraba, conservando en su pupila la imagen de las brasas
+deslumbradoras. Despu&eacute;s de dar algunos paseos por la estancia, hasta
+enfriarse, volv&iacute;a junto a las llamas y se extasiaba contemplando otra
+vez las lenguas rojas de azulada punta, las quemadas astillas que ca&iacute;an
+del consumido le&ntilde;o con murmullo de hojas secas, y languidec&iacute;an luego en
+la ceniza durmi&eacute;ndose.</p>
+
+<p>Com&iacute;a poco. No le&iacute;a nada, y su &uacute;nica distracci&oacute;n era tirar al florete
+con su hermano. Pero este entretenimiento duraba minutos nada m&aacute;s, por
+la escasa fuerza del convaleciente. Hablaba tan poco, que a veces hasta
+se privaba de lo necesario por no pedirlo. En el largo espacio de un mes
+no pasaron de tres las conversaciones tiradas que ambos hermanos
+sostuvieron. En la primera hablaron de las condiciones de las casas de
+Pamplona, de la catedral, de la ciudadela, de las fortificaciones, de la
+Rochapea y de otros temas locales, en que Navarro mostr&oacute; su prolijo
+conocimiento de la ciudad. En la segunda, Salvador le habl&oacute; de la
+guerra, procurando poner a prueba el juicio de su hermano, y no tuvo
+poca sorpresa al observar que Garrote trat&oacute; el asunto con un aplomo y
+una serenidad de ideas admirable. El tercer coloquio fue todo &eacute;l
+expresi&oacute;n de sentimientos personales, y habr&iacute;a podido servir de base de
+concordia entre dos hombres que tanto se hab&iacute;an aborrecido. Por esto
+debe ser puesto entre lo m&aacute;s precioso que han hablado nuestros
+personajes, y reproducido con integridad para que sea edificaci&oacute;n de
+nuestros lectores, como lo fue de Do&ntilde;a Hermenegilda, que tuvo el honor
+de hallarse presente en aquel palique.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XXI" id="XXI"></a>-XXI-</h2>
+<p>
+ <img src="images/pag389.jpg"
+ alt="image" title="image" />
+</p>
+
+<p>Una tarde, despu&eacute;s de comer, hicieron ambos elogios muy ardientes de un
+exquisito guisado de palomas silvestres que les puso Do&ntilde;a Hermenegilda.
+Despu&eacute;s Navarro se acerc&oacute; a la chimenea, cual si fuera a arrojarse
+dentro de ella, y como Salvador le amonestara por aquel singular gusto
+de achicharrarse, Navarro se retir&oacute;, mir&oacute; a su hermano sin el
+acostumbrado fruncimiento de cejas, y le dijo estas blandas palabras:</p>
+
+<p>&mdash;Acabar&aacute;s por manejarme como a un chiquillo. &iquest;Qu&eacute; m&aacute;s quieres? Poco a
+poco me has ido haciendo tu prisionero sin combatir, y con medicinas
+primero, con cuidados despu&eacute;s, has ido venci&eacute;ndome. Si no hay en todo
+esto una intenci&oacute;n desconocida, desde ahora declaro que estoy agradecido
+del bien que me has hecho.</p>
+
+<p>&mdash;Una intenci&oacute;n y un plan hay en m&iacute;&mdash;replic&oacute; Salvador&mdash;pero ambos son harto
+claros. He querido vencerte con las armas del bien y dominarte por la
+fuerza de la caridad, emanada de un parentesco que no quer&iacute;as reconocer.
+&iquest;Lo reconocer&aacute;s ahora? &iquest;Se hace por un extra&ntilde;o lo que yo he hecho?</p>
+
+<p>&mdash;No&mdash;dijo con noble decisi&oacute;n Garrote&mdash;. No se hace por un extra&ntilde;o lo que
+has hecho por m&iacute;. He tenido d&iacute;as de gran oscurecimiento en mi cabeza;
+pero ya veo claro, y aunque imagino sofismas y sutilezas para desvirtuar
+tu comportamiento conmigo, no puedo. La verdad es m&aacute;s fuerte que mis
+cavilaciones. Te me has ido imponiendo, imponiendo, y ahora est&aacute;s encima
+de m&iacute; con un doble car&aacute;cter, pues no puedo separar completamente en ti
+el hermano cari&ntilde;oso del hombre aborrecido, ni creo que separarlos pueda
+mientras los dos vivamos.</p>
+
+<p>&mdash;He sido m&aacute;s afortunado que t&uacute;&mdash;dijo Salvador, apart&aacute;ndole otra vez del
+fuego, que le atra&iacute;a como a mariposa&mdash;, porque yo hace tiempo que he
+olvidado todas las ofensas; hace tiempo que he cogido todos los rencores
+y arranc&aacute;ndolos de m&iacute; los he echado fuera, como se echa este papel al
+fuego.</p>
+
+<p>Salvador arroj&oacute; al fuego un papel que ardi&oacute; instant&aacute;neamente con
+llamarada juguetona. Instintivamente Navarro se acerc&oacute; a la chimenea y
+quiso sacar el papel que ard&iacute;a; pero retrocedi&oacute; quem&aacute;ndose los dedos.
+Esto, que parec&iacute;a un chispazo de locura, inspir&oacute; a Salvador lo
+siguiente:</p>
+
+<p>&mdash;No metas tu mano en el fuego para sacar lo que ha ca&iacute;do en &eacute;l. T&uacute;, como
+yo, necesitas hacerte perdonar para ser perdonado, necesitas comprar la
+generosidad con generosidad y el olvido con el olvido.</p>
+
+<p>&mdash;Si pudiera olvidar...&mdash;murmur&oacute; Navarro, embelesado siempre en la
+contemplaci&oacute;n de la llama&mdash;. Si pudiera borrar todo lo que no fuera
+presente... &iexcl;Qu&eacute; tranquilo vivir&iacute;a!... Porque el presente me agrada, y
+esta serenidad que ahora disfruto es un bien muy precioso. F&aacute;ltame saber
+si lo debo a la casualidad, a la Providencia o a ti.</p>
+
+<p>&mdash;A los tres&mdash;replic&oacute; el otro&mdash;. La Providencia y el hombre, ya amigo, ya
+enemigo, suelen obrar de acuerdo para salvarnos o perdernos. Tu memoria
+se ha aclarado lo bastante para recordarte lo que has pasado, la ruina
+de tus descabellados planes de guerrillero, tu prisi&oacute;n, tu enfermedad
+grav&iacute;sima, tu condenaci&oacute;n a muerte. Pero hay cosas que no puedes saber
+por tu memoria, y son la curiosidad interesada con que yo observaba tus
+pasos desde Madrid, y m&iacute; resuelto prop&oacute;sito de socorrerte cuando ca&iacute;ste
+en el mayor peligro en que puede caer un hombre. Yo dej&eacute; mi casa,
+comodidades de esas que empiezan a valer mucho cuando se nos va acabando
+la juventud, y quehaceres importantes; yo corr&iacute; a este pa&iacute;s de Navarra
+decidido a emplear todo lo que en m&iacute; hubiera de actividad, de celo y de
+ingenio para salvarte. He vivido algunos meses consagrado a ti, velando
+por ti, y luchando contra tu mal, contra tu genio, contra tu locura,
+contra los enemigos, contra la ley y contra todo, sin desmayar nunca,
+sin fatigarme un punto hasta conseguir mi objeto. Sobre todos los
+enemigos me han resistido siempre tu car&aacute;cter y tu antipat&iacute;a. Pero esto,
+lejos de desanimarme, me encend&iacute;a m&aacute;s, y m&aacute;s me estimulaba a pretender
+una victoria completa. Estoy satisfecho, te he salvado de la muerte, te
+he cazado, te he domado, y ahora te tengo en mi poder, no como enemigo
+prisionero, sino como podr&iacute;a tener un padre a su hijo d&eacute;bil y pecador,
+sojuzgado y no s&eacute; si arrepentido. Yo conceptuaba como la mayor gloria
+apetecible esta victoria m&iacute;a por la fraternidad cristiana, y esa
+sumisi&oacute;n tuya por la gratitud. Ahora, cuando parece que recobras tu
+salud perdida y tu libertad, &iquest;qu&eacute; har&aacute;s? Desde el momento en que yo me
+aleje, tu soledad ser&aacute; espantosa. &iquest;Ir&aacute;s a la guerra? No lo creo. Si te
+retiras a alguna parte a vivir pac&iacute;fica y honradamente, &iquest;a qui&eacute;n
+volver&aacute;s los ojos para decir: &laquo;t&uacute; eres m&iacute;o&raquo;? &iquest;Los volver&aacute;s a tu mujer?
+No. &iquest;Buscar&aacute;s alg&uacute;n pariente en la Puebla? No los tienes. &iquest;Buscar&aacute;s
+amigos? Tu car&aacute;cter rechaza las amistades nuevas. Abre los ojos y ve
+claro, desgraciado; no niegues la evidencia. Por m&aacute;s que busques no
+hallar&aacute;s m&aacute;s familia que yo. Yo soy el &uacute;nico que puedo llenar tu vac&iacute;o y
+hacer a tu lado un bulto, una sombra que indique la presencia de un
+amigo.</p>
+
+<p>&mdash;C&aacute;llate&mdash;dijo Navarro, ya lejos de la chimenea&mdash;c&aacute;llate, que me haces
+da&ntilde;o. Insensiblemente te has atado a m&iacute; y has soldado la cadena. Est&aacute;
+bien, te arrastrar&eacute; conmigo. &iquest;Podr&aacute; separar alg&uacute;n d&iacute;a el hermano
+cuidadoso del hombre aborrecido? No lo s&eacute;. Deja que pase el tiempo, que
+pasen d&iacute;as. Yo tengo ahora ocupaciones graves, muy graves.</p>
+
+<p>Esto de las ocupaciones graves hizo en Monsalud el efecto de un golpe.
+Tembl&oacute; por el juicio de su hermano, que poco antes hab&iacute;a visto
+manifestarse claro y hermoso, y que de repente se oscurec&iacute;a. Como pasa
+una nube por delante del sol, as&iacute; pas&oacute; aquella frase por encima de la
+discreci&oacute;n del enfermo, ocult&aacute;ndola.</p>
+
+<p>&mdash;Ocupaciones graves, grav&iacute;simas&mdash;repiti&oacute; Navarro, frot&aacute;ndose las manos&mdash;.
+Por ahora s&oacute;lo te dir&eacute; que, si es verdad lo que me has dicho, resultar&aacute;
+que eres digno de admiraci&oacute;n. Yo no te la niego; y en cuanto a tenerte
+cari&ntilde;o..., Yo me entender&eacute;. El cari&ntilde;o no es cosa de quita y pon. Ya creo
+que siento un cierto inter&eacute;s por ti y que no me gustar&iacute;a verte
+desgraciado. P&oacute;rtate bien, y veremos.</p>
+
+<p>Este tono de protecci&oacute;n, tan impropio del estado de ambos, choc&oacute;
+extraordinariamente a Salvador; pero su asombro y alarma subieron de
+punto cuando Navarro, despu&eacute;s de tener un rato las palmas de las manos
+sobre la lumbre, fue hacia su hermano, y poni&eacute;ndole sobre el rostro una
+de aquellas manos que quemaban como plancha de hierro, le dijo
+pausadamente:</p>
+
+<p>&mdash;Deja que acabe esta gran campa&ntilde;a, y luego veremos.</p>
+
+<p>Salvador no dijo nada. Sospechaba que en la cabeza de su hermano hab&iacute;a
+una idea monstruosa, y no quiso perseguir aquella idea, temiendo ver
+confirmada la triste sospecha. Dej&aacute;ndole que se achicharrase otra vez
+las manos, se acerc&oacute; a la ventana para ver la nevada, que aquel d&iacute;a era
+abundant&iacute;sima. Parec&iacute;a que el mundo navegaba por un pi&eacute;lago infinito de
+plumas de cisne.</p>
+
+<p>Entr&oacute; a la saz&oacute;n el padre Zorraqu&iacute;n muerto de fr&iacute;o y se sent&oacute; a
+horcajadas en una silla, frente a la chimenea, extendiendo sus pies
+hacia el fuego. Poco despu&eacute;s el vivo calor de la llama le oblig&oacute; a
+apartarse. Empez&oacute; a oscurecer, por ser en aquella estaci&oacute;n las tardes
+m&aacute;s cortas que la esperanza del pobre, y Do&ntilde;a Hermenegilda dio luz a un
+esplendoroso quinqu&eacute;, competidor del sol de invierno. Cerradas las
+maderas, se prepararon los cuatro a echarse a pechos la largu&iacute;sima
+velada, que parec&iacute;a un siglo, cuando no era conllevada de interesantes y
+variados entretenimientos. Do&ntilde;a Hermenegilda hac&iacute;a media con ligereza
+suma. Aquella noche necesit&oacute; devanar madejas de hilo, y como no ten&iacute;a
+devanadera, prestose, como otras veces, a suplirla el bendito Padre
+Zorraqu&iacute;n. Era hombre amabil&iacute;simo. El cura charla que charla, y la due&ntilde;a
+devana que devana, parec&iacute;a que de los labios de aquel sal&iacute;a la palabra,
+como de la madeja de sus manos el hilo, y que Do&ntilde;a Hermenegilda iba
+envolviendo el interminable discurso, haciendo de &eacute;l un corpulento
+ovillo, que bien podr&iacute;a pasar por abultado libro. El cura hablaba,
+moviendo brazos y manos con lenta oscilaci&oacute;n para que saliese la hebra,
+el ovillo crec&iacute;a, pasando de nuez a manzana, de manzana a calabaza, y
+los dos hermanos o&iacute;an y callaban, el uno inm&oacute;vil, el otro marcando cada
+vuelta de la madeja con un golpecito dado con las tenazas en el borde de
+la chimenea. Cada vez que el hilo se deslizaba, rozando con el dedo
+gordo de la mano derecha del cura, Navarro daba un golpe. Era como el
+ritmo de un reloj. Creer&iacute;ase que los cuatro individuos formaban un
+mecanismo dentado construido para hablar ovillando, y para ovillar los
+segundos. Salvador habr&iacute;a podido pasar por la muestra de aquel humano
+reloj, pues su cara no expresaba nada, a no ser la inmutable tristeza
+de un horario.</p>
+
+<p>&iquest;Qu&eacute; contaba Zorraqu&iacute;n? Las haza&ntilde;as de Zumalac&aacute;rregui, que era el asunto
+obligado en Pamplona y en toda Navarra. La prolijidad del buen cura no
+es para imitada aqu&iacute;, pues &eacute;l se hab&iacute;a propuesto ser en lo futuro
+historiador de aquella gran guerra, y apuntaba todas las noticias para
+reunir materiales. Aprovech&aacute;ndolo todo, lo mismo lo cierto que lo
+dudoso, y utilizando lo hist&oacute;rico as&iacute; como lo anecd&oacute;tico, allegaba
+elementos para un colosal almac&eacute;n literario que, por fortuna, pereci&oacute; en
+un incendio a&ntilde;os adelante.</p>
+
+<p>Zorraqu&iacute;n refer&iacute;a las acciones, describ&iacute;a los lugares, reproduc&iacute;a las
+palabras, dando a las alocuciones el tono y tama&ntilde;o de discursos a lo
+Tito Livio. Hasta imitaba los gestos de los guerreros, y al llegar un
+punto en que hubiese aclamaciones de la muchedumbre, lo hac&iacute;a tan al
+vivo, que era preciso suplicarle que bajase la voz para no alarmar a la
+vecindad.</p>
+
+<p>Abreviando todo lo posible la empalagosa narraci&oacute;n, s&oacute;lo diremos que
+Zumalac&aacute;rregui hab&iacute;a tropezado con el antagonismo de los d&iacute;scolos jefes
+que se sublevaron antes que &eacute;l. Aclamado por algunos como jefe de todos
+los voluntarios navarros, hall&oacute; resistencia en Iturralde. El cura de
+Ira&ntilde;eta, y Mongelos no vacilaron en ponerse a sus &oacute;rdenes. Dividi&eacute;ronse
+los carlinos; pero una insurrecci&oacute;n peque&ntilde;a nacida dentro de la
+insurrecci&oacute;n grande resolvi&oacute; el problema. El cabecilla Sarasa se sublev&oacute;
+una ma&ntilde;ana, y haciendo prisionero a Iturralde, proclam&oacute; a Zumalac&aacute;rregui
+comandante general de Navarra. Por este procedimiento, que m&aacute;s que
+navarro era espa&ntilde;ol puro, se unific&oacute; la insurrecci&oacute;n, y los voluntarios
+carlistas no tuvieron ya sino un solo jefe. Este despleg&oacute; desde el
+primer momento energ&iacute;a colosal. Rebaj&oacute; a un real la soldada de dos
+reales que percib&iacute;an los voluntarios, y empez&oacute; a combatir con gran
+fortuna. Dict&oacute; aquellas c&eacute;lebres disposiciones que tan extraordinario
+vigor infundieron a las armas carlistas, y en todo mostr&oacute; ser insigne
+guerrillero, digno sucesor de los Viriatos, Empecinados y Merinos, con
+m&aacute;s saber militar que todos ellos. Sus terribles castigos revelaron un
+car&aacute;cter de hierro tal como se necesitaba en aquella sangrienta ocasi&oacute;n.
+Conden&oacute; a muerte en un bando que hac&iacute;a cumplir estrictamente, a todo el
+que volviera la espalda al enemigo durante el combate, a todo el que sin
+vacilar no se dirigiese al puesto designado por su jefe, aun cuando
+viese en &eacute;l una muerte segura, y a todo el que pronunciase voces
+alarmantes, como <i>que nos cortan</i>, <i>que viene la caballer&iacute;a</i>, etc...</p>
+
+<p>Todo esto lo o&iacute;a Navarro sin decir nada, cejijunto y torvo, hasta que al
+fin rompi&oacute; la palabra:</p>
+
+<p>&mdash;Basta ya de charla, Sr. Zorraqu&iacute;n. Si eso ha de escribirse que se
+escriba; pero conste que no es por mandato m&iacute;o, pues no tengo vanidad en
+ello.</p>
+
+<p>Salvador y Do&ntilde;a Hermenegilda se miraron a las diez de la noche, cuando
+los dos hermanos se quedaron solos, despu&eacute;s de cenar, Salvador rog&oacute; a
+Navarro que se acostase.</p>
+
+<p>&mdash;No ser&aacute; malo&mdash;dijo este con mucha naturalidad&mdash;, pues fatiga sobre
+fatiga, se llega a un punto en que no hay cuerpo que resista. Sigo tu
+consejo, pues no ha sido mala la jornada de este d&iacute;a.</p>
+
+<p>Salvador le acompa&ntilde;&oacute; a su alcoba. Acostose Navarro, y sumergido en el
+lecho con el rebozo de las s&aacute;banas en la boca, sin mostrar de su persona
+m&aacute;s que media cara y tres dedos de una mano, habl&oacute; a su hermano de este
+modo:</p>
+
+<p>&mdash;Natural era que se supiese ya en Navarra y aun en toda Espa&ntilde;a la
+resistencia que hall&eacute; en Iturralde, la sublevaci&oacute;n de Sarasa, y por
+&uacute;ltimo, la concentraci&oacute;n de todas las fuerzas de este pa&iacute;s bajo mi
+mando. Lo que extra&ntilde;o mucho es que se sepa ya, y aun que ande escrita y
+parlada, la orden del d&iacute;a que di en la Amezcoa, mandando fusilar a los
+que vuelvan la espalda, a los que pronuncien voces subversivas y a los
+que no acudan a los puestos de peligro... Esta idea, que hace tiempo
+ten&iacute;a yo y que acabo de poner en ejecuci&oacute;n, ser&aacute; la clave de esta gran
+guerra y la base sobre que se forme el m&aacute;s temido y belicoso ej&eacute;rcito
+que han visto las naciones.</p>
+
+<p>Salvador no pudo contenerse.</p>
+
+<p>&mdash;No eres t&uacute;&mdash;le dijo&mdash;, quien ha hecho esas cosas, sino Zumalac&aacute;rregui.</p>
+
+<p>Sonri&oacute; con desd&eacute;n Navarro, y como si su hermano hubiese dicho una gran
+necedad, le contest&oacute; de este modo:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero no sabes, pobre hombre, que ese infeliz Zumalac&aacute;rregui fue hecho
+prisionero en la Rioja, conducido a Estella, en cuya c&aacute;rcel se agrav&oacute; su
+enfermedad del h&iacute;gado, y despu&eacute;s trasportado en un carro a Pamplona? &iquest;No
+sabes que est&aacute; en el hospital con un mal grav&iacute;simo, que algunos tienen
+por hepatitis y otros por locura? &iexcl;L&aacute;stima de hombre! le aprecio mucho y
+deseo que sane.</p>
+
+<p>Dijo, y volvi&eacute;ndose del otro lado se fue aletargando. Poco despu&eacute;s
+dorm&iacute;a profundamente. Despu&eacute;s de contemplarle un rato, considerando que
+era cosa perdida, Salvador se retir&oacute; con el alma llena de tristeza.</p>
+
+<p>Pasaron tres d&iacute;as. Una ma&ntilde;ana entr&oacute; Salvador en su casa y hall&oacute; a Do&ntilde;a
+Hermenegilda consternada, llorosa. La buena se&ntilde;ora no se atrev&iacute;a a darle
+la trist&iacute;sima nueva del suceso ocurrido durante la ausencia del amo de
+la casa. Salvador crey&oacute; comprenderlo, corri&oacute; a la habitaci&oacute;n de su
+hermano, pas&oacute; de una estancia a otra... No estaba.</p>
+
+<p>&mdash;Se escap&oacute;, s&iacute; se&ntilde;or, se escap&oacute; no hace media hora... En un momento que
+me descuid&eacute;... Sal&iacute; a comprar varias cosas... Le dej&eacute; paseando en el
+comedor con el capote puesto y la espada ce&ntilde;ida. Como otras veces andaba
+en el mismo empaque, no sospech&eacute;... Todav&iacute;a no habr&aacute; salido de la
+ciudad. Todav&iacute;a se le podr&aacute; detener... &iexcl;Qu&eacute; desgracia!... Cuando
+parec&iacute;a curado... &iexcl;Esta ma&ntilde;ana me hablaba con tan buen juicio!...</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XXII" id="XXII"></a>-XXII-</h2>
+
+
+<p>Sin perder un instante se empezaron las indagaciones. Algunos vecinos de
+la calle le vieron, y seg&uacute;n la direcci&oacute;n que llevaba, debi&oacute; de salir por
+la puerta de la Rochapea. Salvador preguntaba a todo el mundo, y como el
+pobre enfermo era bastante conocido en Pamplona, no tard&oacute; en tener
+noticias del rumbo que hab&iacute;a tomado. En compa&ntilde;&iacute;a del Padre Zorraqu&iacute;n,
+que se le uni&oacute; desde que tuvo noticia del suceso, recorri&oacute;
+inmediatamente todo el arrabal de la Rochapea. Al principio las
+indicaciones que recibi&oacute; eran vagas y contradictorias; pero al fin supo
+que Carlos hab&iacute;a comprado un caballo y hab&iacute;a partido a escape en
+direcci&oacute;n de Villaba. La circunstancia de estar el pobre Navarro en
+posesi&oacute;n de su dinero fue causa de esta fuga, porque si no tuviera oro
+no habr&iacute;a encontrado caballo, y a pie no hubiera podido alejarse mucho.
+En el acto trat&oacute; Salvador de adquirir dos cabalgaduras, una para s&iacute; y
+otra para Zorraqu&iacute;n, que se brind&oacute; a acompa&ntilde;arle en la humanitaria
+empresa que iba a acometer; pero la escasez de caballer&iacute;a era tal con
+motivo de la guerra, que en toda aquella noche y en parte del siguiente
+d&iacute;a no pudieron obtener nada de provecho. Por fin, despu&eacute;s de recorrer
+todos los arrabales exteriores y las cuadras de la ciudad, lograron
+obtener a precio muy alto dos cuartagos de desecho, veteranos del
+trabajo de arrastre, cuya presencia infund&iacute;a veneraci&oacute;n y un vivo
+deseo de andar a pie. Al verse due&ntilde;o de aquellas dos piezas, Salvador no
+pudo tener la risa; pero, pues no hab&iacute;a otras mejores, forzoso era
+tomarlas, y dispuso que antes de emprender la primera jornada se les
+diera una copiosa raci&oacute;n de cebada, a ver si de este modo recordaban su
+mocedad. Hart&aacute;ronse de tal manera, que despu&eacute;s fue preciso darles igual
+raci&oacute;n de palos para hacerles abandonar la cuadra y el desusado
+sibaritismo que les permiti&oacute; su nuevo due&ntilde;o. Al fin aquellas
+desvencijadas m&aacute;quinas se pusieron en movimiento, llevando a nuestros
+dos jinetes por el camino de Villaba. Era de noche y la helada dej&aacute;base
+sentir con intensidad. Iba Salvador en traje de camino y Zorraqu&iacute;n en un
+pergenio mixto de viajero y eclesi&aacute;stico, sin sotana, con botas negras,
+capa de cura y un gorro de terciopelo negro, cuyo borl&oacute;n bailaba al duro
+comp&aacute;s de la caballer&iacute;a.</p>
+<p>
+ <img src="images/pag396.jpg"
+ alt="image" title="image" />
+</p>
+<p>Durante las primeras horas de su expedici&oacute;n hablaron del objeto de ella,
+discutiendo las probabilidades de &eacute;xito. Zorraqu&iacute;n opinaba que Navarro
+no hab&iacute;a tomado el camino del Bazt&aacute;n, sino el de las Amezcuas, donde a
+la saz&oacute;n estaba empe&ntilde;ada la guerra, a lo que objet&oacute; Salvador que, siendo
+esta direcci&oacute;n la razonable, no deb&iacute;a creerse que la hab&iacute;a tomado el
+fugitivo, pues lo l&oacute;gico parec&iacute;a que este caminara siempre en contra del
+sentido com&uacute;n. Con todo, las noticias que adquirieron en la madrugada
+confirmaron la sospecha del buen cura. Antes de llegar a Villaba
+dij&eacute;ronles que el demente hab&iacute;a retrocedido y vuelto hasta cerca de
+Pamplona, tomando despu&eacute;s, al parecer, el camino de Lecumberri.
+Volvieron grupas los dos jinetes y se encaminaron a la Amezcua, sin
+hallar noticia alguna en seis d&iacute;as de molest&iacute;simo viaje, entre sustos y
+contrariedades. Frecuentemente ten&iacute;an que apartarse del camino por no
+tropezar con una guerrilla que apostada en las alturas hac&iacute;a fuego sobre
+todo viajante sospechoso, y las columnas isabelinas inspiraban tanto
+recelo al capell&aacute;n, que no pasara cerca de ellas por nada de este mundo,
+temiendo infundir sospechas con su empaque de cura jinete. Los
+hospedajes eran infernales, pero los supl&iacute;a con ventaja la caridad de
+los aldeanos, excitada por el Sr. Zorraqu&iacute;n. En algunas partes les
+trataron tan a cuerpo de rey, como si fueran familiares del Infante, y
+el astuto sacerdote no disimulaba sus opiniones para verse de este modo
+mejor agasajado y atendido.</p>
+
+<p>Un d&iacute;a perdi&oacute; Zorraqu&iacute;n su gorro negro, no se sabe c&oacute;mo (aunque hay
+opiniones diversas sobre este suceso, sosteniendo algunos que el mismo
+cura lo arroj&oacute; a un muladar). Los due&ntilde;os de la casa en que ambos amigos
+se hab&iacute;an hospedado le ofrecieron una boina blanca, tambi&eacute;n de borla,
+ancha, redonda, con aro de madera para sostener la forma de plato.
+P&uacute;sosela el cura historiador, mirose al espejo, echose a re&iacute;r, y dijo
+que no se la hab&iacute;a de quitar m&aacute;s, pues le ca&iacute;a que ni pintada.
+Partieron, y admitidos en el campo carlista corrieron toda la &aacute;spera
+sierra sin encontrar al individuo que buscaban, ni siquiera indicios de
+que hubiera estado por all&iacute; en ninguna &eacute;poca.</p>
+
+<p>En todas estas andaduras y averiguaciones pasaron el mes de Febrero y
+parte de Marzo, Salvador muy contrariado y melanc&oacute;lico, Zorraqu&iacute;n
+contento y satisfecho de verse entre aquella gente. Una ma&ntilde;ana,
+regresando de visitar el caser&iacute;o donde los carlistas ten&iacute;an sus
+hospitales, se le enred&oacute; la capa en un espino y qued&oacute; en dos mitades
+como la de San Mart&iacute;n. Un oficial carlista le ofreci&oacute; al punto una
+zamarreta de piel; p&uacute;sosela nuestro cura y se encontr&oacute; tan bien, tan
+&aacute;gil, tan a gusto con aquella prenda, propia para abrigar sin impedir
+los movimientos, que gustos&iacute;simo la tuvo por suya y prometi&oacute; llevarla
+siempre de all&iacute; en adelante. Como le crec&iacute;a la barba, y no hab&iacute;a querido
+afeitarse, ya no parec&iacute;a tal cura sino un capit&aacute;n de malhechores, jefe
+de guerrilla o cosa as&iacute;. &Eacute;l se re&iacute;a, se re&iacute;a y estaba cada vez m&aacute;s
+contento.</p>
+
+<p>Con la certidumbre de que Navarro no estaba en la Amezcua, partieron
+para Levante. Pero el temor de encontrar alguna columna del ej&eacute;rcito de
+Saarsfield les oblig&oacute; a tomar precauciones. &laquo;Aunque son impropias de
+m&iacute;&mdash;dijo el cura&mdash;, no ser&aacute; malo que llevemos alg&uacute;n arma&raquo;. Un guerrillero
+que les acompa&ntilde;aba, por ser amigo o hijo espiritual de Zorraqu&iacute;n, dio a
+este un sable. Al pon&eacute;rselo &iexcl;c&oacute;mo se re&iacute;a el buen cura!... Salvador le
+regal&oacute; un cinto con dos pistolas que no necesitaba. Cuando se vio con
+tales arreos el capell&aacute;n, a quien ya no conocer&iacute;a ni la Iglesia su madre
+ni la madre que le pari&oacute;, solt&oacute; tan gran carcajada, que las gentes
+sal&iacute;an al camino para verle. El mismo Salvador, que hab&iacute;a asistido a su
+lenta trasformaci&oacute;n, casi no le reconoc&iacute;a bien.</p>
+
+<p>&mdash;Sr. D. Salvador amigo&mdash;dijo el cura&mdash;. Seg&uacute;n asegura un buen hombre que
+ayer lleg&oacute; de Pamplona, all&iacute; corre la voz de que yo me he pasado a las
+facciones y estoy al frente de una compa&ntilde;&iacute;a de escopeteros. Podr&aacute; ser
+mentira, &iquest;eh? pero parece que es verdad. El Se&ntilde;or ha guiado mis pasos,
+trayendome insensiblemente hasta aqu&iacute;; ha mudado mi figura, me ha puesto
+en una v&iacute;a de la que no puedo apartarme ya. Usted, como incr&eacute;dulo, dir&aacute;
+que la casualidad es quien me ha dado esta guerrera facha, y yo digo que
+es Dios, el mism&iacute;simo Dios quien se ha servido d&aacute;rmela... Por tanto,
+amigo, es llegado el momento de que nos separemos. Usted se ir&aacute; tras su
+humanitario objeto, y yo me quedo aqu&iacute; en cumplimiento de la voluntad de
+Dios, que de seguro no me destina a soldado de combate, sino a otras
+funciones modestas, tales como a la intendencia militar, a la sanidad, a
+cuidar la impedimenta o a cualquier otro empleo modesto. D&iacute;golo, porque,
+si bien siento en m&iacute; cierto ardorcillo, no puedo menos de asustarme
+cuando oigo muy de cerca los tiros... Pero eso pasar&aacute;; que a todo se
+hacen los hombres... Voy a presentarme al general, para que disponga de
+m&iacute;. Adi&oacute;s... buena suerte y cuente usted con un amigo. Venga un abrazo.</p>
+
+<p>Salvador le abraz&oacute; riendo. Despu&eacute;s de augurarle un brillante porvenir en
+la nueva carrera que emprend&iacute;a, se despidi&oacute; para tomar la senda de
+Pamplona. Por el camino iba pensando que deb&iacute;a dar por suficientemente
+apurados los medios de investigar el paradero del pobre enfermo
+fugitivo, pues no daban noticias de &eacute;l en todo el territorio de la
+Amezcua. De seguirlo buscando, era preciso recorrer minuciosamente la
+Navarra entera, para lo que no bastar&iacute;an dos ni tres a&ntilde;os. Pero Dios que
+lo hab&iacute;a dispuesto de otra manera, hizo que cuando hab&iacute;a perdido la
+esperanza de tener noticias del desgraciado Navarro, las tuviese
+aut&eacute;nticas por un testigo de vista. Loado sea Dios. El Sr. Garrote
+viv&iacute;a, aunque en estado deplorable, pues hab&iacute;a llegado a servir de
+diversi&oacute;n a los chicos. Hall&aacute;base cerca de Elizondo en un caser&iacute;o, al
+cual baj&oacute; desde los Alduides a mediados de Marzo. Era ya evidente que el
+fugitivo al escaparse de Pamplona hab&iacute;a salido a Villaba, y tomando el
+valle del Arga hab&iacute;a subido a la sierra, en cuyos riscos y espesuras
+pas&oacute;, no se sabe c&oacute;mo, la mayor parte del tiempo de su misteriosa
+peregrinaci&oacute;n.</p>
+
+<p>Saber el otro estas noticias y ponerse en camino para el Bazt&aacute;n fue todo
+uno. Las facciones de Eraso, que operaban por aquella parte, le
+impidieron la marcha muchas veces, deteni&eacute;ndole d&iacute;as y m&aacute;s d&iacute;as, a veces
+no sin riesgo de su vida; pero al fin, a principios de Mayo vio las
+casas de Elizondo. Hall&aacute;base en tierra carlista, absolutamente dominada
+por las facciones.</p>
+
+<p>La casa en que le dijeron hallarse su hermano estaba a tres cuartos de
+legua de Elizondo por el camino de Urdax. Presentose en ella y su
+asombro fue grande al ver que el demente, lejos de servir de diversi&oacute;n a
+los chicos, pasaba en el pa&iacute;s por un hombre pac&iacute;fico y hasta razonable.
+La casa era viej&iacute;sima y ruinosa, de esas que despu&eacute;s de haber sido
+palacio de ricos pasan a ser morada de labradores miserables. Habit&aacute;bala
+una mujer con cuatro chicos menores. El esposo y dos hijos adolescentes
+estaban en la acci&oacute;n. Personas, vivienda, mueblaje, animales dom&eacute;sticos,
+todo all&iacute; ten&iacute;a un triste sello de abandono, indigencia y atraso. Cuando
+Salvador pregunt&oacute; por su hermano, la mujer refiri&oacute; que el Sr. Navarro
+hab&iacute;a sido hallado una noche sobre la nieve, como muerto; que le hab&iacute;an
+conducido en hombros a aquella casa, donde a&uacute;n segu&iacute;a por no poder
+moverse, a causa de la perles&iacute;a que le cog&iacute;a medio cuerpo. Salvador
+subi&oacute;, y vio a su hermano arrojado en el m&aacute;s desigual y abominable
+jerg&oacute;n que ha sostenido cuerpos en el mundo. El cuarto correspond&iacute;a a la
+cama y el enfermo no desmerec&iacute;a de tan atroz conjunto. Tendido a lo
+largo, D. Carlos se apoyaba en el codo izquierdo. Delante ten&iacute;a una
+silla, sobre la cual hab&iacute;a un papel, y en aquel papel fijaba los ojos y
+la mano vacilante, trazando, al parecer l&iacute;neas o puntos. Aquello, que
+ten&iacute;a aspecto de mapa, absorb&iacute;a tan profundamente su atenci&oacute;n, que no
+alz&oacute; los ojos de la silla cuando sinti&oacute; los pasos de su hermano cerca de
+s&iacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qui&eacute;n es? &iquest;qui&eacute;n me interrumpe?&mdash;dijo sin apartar la mirada del papel&mdash;.
+No quiero que me interrumpa nadie ahora. No he encontrado todav&iacute;a el
+sitio m&aacute;s a prop&oacute;sito para dar la batalla; pero ya me parece que le
+tengo, ya le tengo... &iquest;Sr. Eraso, ve usted esta l&iacute;nea?</p>
+
+<p>Como no recibiera contestaci&oacute;n volvi&oacute; a decir:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Ve usted esta l&iacute;nea? Pues las fuerzas de usted no me han de pasar de
+esta l&iacute;nea... aqu&iacute;.</p>
+
+<p>Alzando entonces los ojos vio a su hermano, y fue tal su sorpresa que se
+le cay&oacute; el l&aacute;piz de la mano y estuvo como lelo bastante tiempo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Ya est&aacute;s aqu&iacute; otra vez?&mdash;dijo con ahogada voz.</p>
+
+<p>Parec&iacute;a tener miedo. Salvador observaba en la fisonom&iacute;a de su hermano
+los estragos de la enfermedad. Estaba cadav&eacute;rico. S&oacute;lo la mitad de su
+cuerpo se mov&iacute;a dif&iacute;cil y temblorosamente, y a veces la lengua no le
+obedec&iacute;a bien y trituraba las palabras.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;&mdash;dijo Salvador&mdash;. Me dijeron que estabas muy solo, y he venido a
+hacerte compa&ntilde;&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;No la necesito&mdash;replic&oacute; Carlos con desprecio&mdash;. Yo cre&iacute;a estar ya libre
+de tus beneficios, y vienes otra vez con ellos.</p>
+
+<p>&mdash;No los aceptes si no quieres. Cuando me lo mandes me marchar&eacute;.</p>
+
+<p>Diciendo esto Salvador busc&oacute; con sus ojos una silla; pero como no era
+f&aacute;cil que la encontrase aunque la buscase con los ojos de todo el g&eacute;nero
+humano, sentose a los pies de la cama.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, pues ahora mismo. Temo que tu presencia me estorbe para
+encontrar el sitio m&aacute;s a prop&oacute;sito para la batalla... Vete, ya estoy
+turbado, ya se me han ido las ideas, ya no s&eacute; lo que pasa en m&iacute;. T&uacute;
+tienes la culpa, t&uacute;, que hace tiempo te has propuesto trastornar todas
+mis ideas.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Sabes&mdash;dijo Salvador&mdash;que est&aacute;s muy mal alojado?</p>
+
+<p>&mdash;Me encuentro bien aqu&iacute;. Cuando mejore de mi herida...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Est&aacute;s herido?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;... el lado izquierdo... poca cosa... Cuando mejore, seguir&eacute; mi
+camino, y hallado el sitio m&aacute;s a prop&oacute;sito...</p>
+
+<p>&mdash;Ven conmigo, y yo te aseguro que encontraremos juntos el mejor sitio
+para esa batalla.</p>
+
+<p>Esto dec&iacute;a cuando empez&oacute; a llover. El agua entraba por el techo, que
+ten&iacute;a m&aacute;s agujeros que una criba, y despu&eacute;s que las gotas salpicaron de
+agua el suelo polvoroso, siguieron menudos chorros que formaban charcos
+en diversos puntos.</p>
+
+<p>&mdash;Esto es vivir en campo raso&mdash;dijo Salvador con escalofr&iacute;o&mdash;. &iquest;Sabes que
+me parece has encontrado el sitio de la batalla?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Cu&aacute;l?</p>
+
+<p>&mdash;Este p&aacute;ramo... Es indispensable que salgas de aqu&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Choza o palacio&mdash;dijo el enfermo en tono solemne y sentencioso&mdash;son
+iguales para m&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Es que est&aacute;s muy enfermo.</p>
+
+<p>&mdash;No importa.</p>
+
+<p>&mdash;Y estar&aacute;s peor cada d&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;No importa.</p>
+
+<p>&mdash;Y en este sitio no podr&aacute;s restablecerte.</p>
+
+<p>&mdash;Te digo que no importa&mdash;grit&oacute; Navarro exalt&aacute;ndose&mdash;. Har&iacute;as bien en
+dejarme solo.</p>
+
+<p>Salvador pens&oacute; que no hab&iacute;a m&aacute;s remedio que recurrir a la fuerza. Sin
+embargo, trat&oacute; de apurar todos los recursos de su ingenio para
+dominarle.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Est&aacute;bamos tan bien en nuestra casa de Pamplona!...&mdash;dijo con pena&mdash;.
+Nada faltaba all&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Pero sobraban muchas cosas.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute;?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Tus beneficios tus cuidados, tu... t&uacute;!...&mdash;grit&oacute; agrandando la voz a
+cada palabra&mdash;. Como me llamo Zumalac&aacute;rregui, as&iacute; es verdad que me
+incomodan tus beneficios. No quiero nada tuyo.</p>
+
+<p>Salvador call&oacute;. Un hilo de agua que cay&oacute; del techo sobre su cabeza,
+obligole a apartarse de all&iacute;. El viento entraba por distintos lados
+formando peque&ntilde;as tempestades que arrebataron de la silla el papel en
+que Navarro trazaba sus garabatos, llev&aacute;ndolo al otro extremo de la
+titulada habitaci&oacute;n.</p>
+<p>
+ <img src="images/pag402.jpg"
+ alt="image" title="image" />
+</p>
+<p>&mdash;&iexcl;Mi plano...!&mdash;dijo Carlos extendiendo su brazo.</p>
+
+<p>Salvador se lo alcanz&oacute;.</p>
+
+<p>En la desvencijada escalera de la casa hac&iacute;an tal ruido los cuatro
+chicos, hijos de la aldeana propietaria de tan singular edificio, que
+bastara aquella m&uacute;sica para volver loco a cualquiera que en tales
+regiones habitase.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XXIII" id="XXIII"></a>-XXIII-</h2>
+
+
+<p>Monsalud decidi&oacute; buscar inmediatamente mejor albergue. Sali&oacute;, recorri&oacute;
+todo Elizondo. Al fin tuvo la bondad de proporcionarle alojamiento en su
+propio domicilio el cura del pueblo, anciano muy respetable y sencillo.
+Por la noche, aprovechando la ocasi&oacute;n en que el enfermo dorm&iacute;a
+profundamente, tom&aacute;ronle en brazos cuatro robustas mujeres y le
+condujeron a la nueva vivienda, no sin que se resistiese en el camino,
+aunque sin lograr soltarse, por haber sido fuertemente sujeto. El motivo
+de ser llevado por manos femeninas fue que en Elizondo, como en todo el
+territorio del Bazt&aacute;n, escaseaban los hombres, hasta el punto de que las
+faenas m&aacute;s rudas eran desempe&ntilde;adas por ni&ntilde;os y mujeres. Durante los
+cuarenta d&iacute;as que pasaron ambos hermanos en casa del cura de Elizondo,
+nada ocurri&oacute; de memorable, si no es un ligero alivio de Carlos y la
+constante humanidad de Salvador, que preparaba lo necesario para sacar
+al enfermo de aquel pa&iacute;s y conducirle a un asilo de orates. Necesitaba
+un buen coche, dos o tres personas, que le acompa&ntilde;aran y sirvieran, y un
+permiso de las autoridades carlistas para recorrer toda Navarra sin ser
+molestados ni detenidos. Todo esto era de dificil&iacute;sima adquisici&oacute;n; pero
+al fin, con paciencia, actividad y repetidos desembolsos, venci&oacute; las
+contrariedades y se dispuso a partir.</p>
+
+<p>Una noche del mes de Julio las facciones se presentaron en Elizondo.
+Bajaban por aquellos cerros, como bestias hambrientas, y sus gestos, sus
+pisadas, la viveza de su andar, el estr&eacute;pito de las armas pon&iacute;an miedo
+en el coraz&oacute;n m&aacute;s esforzado. Por todas las entradas del valle aparec&iacute;an
+cuadrillas de facciosos, vestidos de zamarra, cubiertos con la boina
+blanca o azul y calzados con alpargatas o zapatos rotos. Al anochecer,
+Elizondo estaba lleno, y a&uacute;n entraban m&aacute;s. La ferocidad pintada en los
+semblantes no exclu&iacute;a la expresi&oacute;n de sufrimiento por las privaciones y
+trabajos; pero estaban alegres, cantaban, re&iacute;an y se las promet&iacute;an muy
+felices. En las filas se codeaban los muchachos con los viejos, y al
+lado del ni&ntilde;o, precoz guerrero lleno de ilusiones de gloria, estaba el
+veterano que se hab&iacute;a batido en las campa&ntilde;as heroicas del a&ntilde;o 8. Las
+estaturas eran tan desacordes, que la bayoneta del enano tocaba los
+doblados hombros del gigante. Por la desigualdad, por la irregularidad,
+por el valor ciego y salvaje, por la fe est&uacute;pida y la sobriedad casi
+inveros&iacute;mil, a ning&uacute;n ej&eacute;rcito conocido podr&iacute;an compararse, como no
+fuera a los ej&eacute;rcitos de Mahoma.</p>
+
+<p>A la ma&ntilde;ana siguiente salieron muchos para Urdax. Los dem&aacute;s tomaron
+posiciones en las alturas. Se les vela subir como gatos, escalando los
+empinados cerros con agilidad incre&iacute;ble. El calor les hac&iacute;a tan poca
+impresi&oacute;n como les habla hecho el fr&iacute;o. Ten&iacute;an cara de pergamino,
+m&uacute;sculos de acero, coraz&oacute;n de piedra y sesos de algod&oacute;n, que ni el sol
+derret&iacute;a ni el pensamiento inflamaba jam&aacute;s. La guerra hab&iacute;a llegado a
+ser en ellos fen&oacute;meno de costumbre, un estado normal, admirablemente
+conformado con su naturaleza agreste, dura, sufrida, refractaria a las
+fatigas como a las ideas, y con especialidad inclinada al movimiento. Si
+no hubiera habido monta&ntilde;as, las habr&iacute;an hecho para subir y esconderse en
+ellas.</p>
+
+<p>Por la noche, tres jinetes llegaron a casa del cura. Segu&iacute;ales numerosa
+escolta. Se apearon y los tres entraron. Uno de ellos era de buena
+estatura y a todos infund&iacute;a un respeto que m&aacute;s bien parec&iacute;a miedo o
+superstici&oacute;n. El cura se arrodill&oacute; delante de &eacute;l y le bes&oacute; la mano. Su
+Majestad (pues no era otro) manifest&oacute; deseos de descansar. Ten&iacute;a mucha
+jaqueca y ning&uacute;n apetito. Subi&oacute;, encerrose en la habitaci&oacute;n que se le
+ten&iacute;a preparada. Ordenose el mayor silencio para no molestar a Su
+Majestad, que no quiso tomar m&aacute;s que un huevo cocido y un poco de
+chocolate claro. Pidi&oacute; agua helada; pero en esto no le pod&iacute;an complacer.
+Quedose solo, y al poco rato llam&oacute; pidiendo le llevaran una venda y un
+poco de sebo para pon&eacute;rselo en la frente. Uno de los que le hab&iacute;an
+acompa&ntilde;ado entr&oacute; a darle lo que ped&iacute;a, y despu&eacute;s Su Real Majestad se
+acost&oacute; y apag&oacute; la luz. Durante dos horas rein&oacute; el m&aacute;s profundo silencio,
+y el cura andaba casi a gatas por no hacer ruido que pudiera turbar el
+sue&ntilde;o del primero de los facciosos. Pero de repente son&oacute; en las calles
+de Elizondo estr&eacute;pito de caballer&iacute;a; llegaron muchos jinetes a la casa
+del p&aacute;rroco; se apearon y el jefe de ellos entr&oacute; en la casa sin pedir
+permiso ni hacer caso del cura, que sali&oacute; trinando y bufando a pedir
+cuenta de tan irreverentes ruidos. A pesar de esto, la calidad del
+personaje exig&iacute;a que se pasase recado a Su Majestad. Hici&eacute;ronlo as&iacute; y el
+Soberano mand&oacute; que entrase al momento Zumalac&aacute;rregui. Oyose la voz del
+Rey que dec&iacute;a:</p>
+
+<p>&mdash;Traigan una luz.</p>
+
+<p>Zumalac&aacute;rregui estaba en el pasillo, boina en mano.</p>
+
+<p>&mdash;Venga la luz&mdash;dijo, cogi&eacute;ndola de las manos del cura que con ella ven&iacute;a
+presuroso.</p>
+<p>
+ <img src="images/pag403.jpg"
+ alt="Zumalacárregui" title="Zumalacárregui" />
+</p>
+<p>Era una vela, puesta no muy gallardamente en un candelero de barro. Se
+acerc&oacute; Zumalac&aacute;rregui y entr&oacute; en el cuarto oscuro. Su Majestad se hab&iacute;a
+incorporado en el lecho. A&uacute;n ten&iacute;a puesta la venda. El general avanz&oacute;
+lentamente, con respeto y cortedad. Extendi&oacute; la mano con el candelero.
+La luz ilumin&oacute; de lleno el semblante de D. Carlos, en el cual no
+resplandec&iacute;a ning&uacute;n destello ni aun chispa leve de inteligencia. Con la
+venda, la palidez, el bigote afeitado (a causa del disfraz del viaje),
+si no era una cara est&uacute;pida estaba muy cerca de serlo. Zumalac&aacute;rregui
+dijo con voz ahogada por la emoci&oacute;n: &laquo;Se&ntilde;or&raquo;: y se inclin&oacute;. Parec&iacute;a un
+pino que se dobla.</p>
+
+<p>&mdash;Ac&eacute;rcate&mdash;dijo el Rey alargando su mano.</p>
+
+<p>El general dej&oacute; el candelero de barro sobre la mesa, y acerc&aacute;ndose al
+lecho puso una rodilla en tierra. Segu&iacute;a conmovido. El Rey recibi&oacute;, con
+j&uacute;bilo que no podr&iacute;a definirse, aquel primer homenaje tributado a su
+reciente majestad por el m&aacute;s ilustre y m&aacute;s poderoso de sus vasallos.</p>
+
+<p>Zumalac&aacute;rregui encendi&oacute; despu&eacute;s en la vela que hab&iacute;a tra&iacute;do la que
+apagada estaba en la real estancia. Las dos luces, a pesar de aumentar
+la claridad, hac&iacute;an m&aacute;s l&uacute;gubre el desmantelado recinto. El Rey y el
+general hablaron.</p>
+
+<p>En tanto dos hombres que en un apartado y estrecho cuarto del piso bajo
+de la casa parroquial estaban, entreten&iacute;an el insomnio charlando acerca
+del suceso que motivaba tanto ruido y tan extremosas entradas y salidas
+de gente.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qui&eacute;n anda por ah&iacute;, que tanto ruido hace?&mdash;pregunt&oacute; Navarro a su
+hermano.</p>
+
+<p>&mdash;No es cosa que deba desvelarte, porque ni a ti ni a m&iacute; nos interesa.
+Esta noche duerme en casa del se&ntilde;or cura un desgraciado loco que va de
+paso.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Para donde?... &iquest;Y cu&aacute;l es su man&iacute;a?</p>
+
+<p>&mdash;La m&aacute;s extra&ntilde;a y disparatada que puedes imaginar. Ha dado en creer y
+sostener que es Rey de Espa&ntilde;a.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y qui&eacute;n lo conduce?</p>
+
+<p>&mdash;Otros tan locos como &eacute;l.</p>
+
+<p>&mdash;Eso no puede ser&mdash;dijo Navarro prontamente&mdash;, porque los locos no
+conducen a los locos... Alguien habr&aacute; entre ellos que tenga raz&oacute;n.</p>
+
+<p>Aquella tarde hab&iacute;a hablado el anciano cura de la probable entrada de D.
+Carlos en el Bazt&aacute;n y de la aproximaci&oacute;n de las tropas de Zumalac&aacute;rregui
+y Eraso para proteger la entrada del Rey y hacerle los primeros honores.
+Record&aacute;ndolo, dijo Navarro con cierta exaltaci&oacute;n que encandilaba sus
+extraviados ojos.</p>
+
+<p>&mdash;Este ruido, este ir y venir, este pisar de caballos, no pueden ser otra
+cosa m&aacute;s que la entrada de Su Majestad, y como yo he venido aqu&iacute; con mi
+ej&eacute;rcito para esperarle, conferenciar con &eacute;l y recibir sus reales
+&oacute;rdenes, voy a vestirme al momento y a subir, porque no conviene que
+aguarde nuestro se&ntilde;or.</p>
+
+<p>Arrojose del lecho, y no poco trabajo cost&oacute; a Salvador detenerle.
+Empleando argumentos ingeniosos, y a ratos la fuerza, pudo calmarle
+repitiendo lo del loco conducido por locos.</p>
+
+<p>&mdash;Su Majestad no vendr&aacute; todav&iacute;a&mdash;a&ntilde;adi&oacute;&mdash;. Yo te juro por el nombre que
+llevas que ser&aacute;s el primero que sepa su llegada.</p>
+
+<p>Poco despu&eacute;s Navarro dorm&iacute;a, y en su febril sue&ntilde;o recibi&oacute; a Su Majestad,
+le rindi&oacute; pleito homenaje; o&iacute;das sus &oacute;rdenes, le llev&oacute; consigo al teatro
+de la guerra. Al despertar, su decaimiento era tan grande como si
+acabara de ganar treinta batallas y de recorrer a caballo sin descanso
+toda Navarra. Ardiente fiebre le consum&iacute;a, y la inercia de la mitad de
+su cuerpo era casi absoluta. Salvador ten&iacute;a ya dispuesto todo lo
+necesario para llev&aacute;rselo. No le faltaba m&aacute;s que un salvo-conducto para
+recorrer sin tropiezo el territorio dominado por los carlistas, y
+Zumalac&aacute;rregui se lo dio aquella noche de muy buena voluntad. Pero un
+m&eacute;dico que acompa&ntilde;aba al General en jefe vio a Navarro y examin&aacute;ndole
+cuidadosamente, asegur&oacute; que, si bien el cambio de clima le ser&iacute;a de
+grand&iacute;sima ventaja, no estaba en situaci&oacute;n de emprender un viaje. Sus
+d&iacute;as estaban contados. La par&aacute;lisis har&iacute;a pronto nuevas invasiones y los
+centros nerviosos no ten&iacute;an poder para defenderse. En vista de esto
+resolvi&oacute; Salvador esperar all&iacute; el triste desenlace, aunque tardara alg&uacute;n
+tiempo; pero no quiso Dios que el martirio del uno y la dolorosa
+expectaci&oacute;n del otro se prolongasen mucho, porque a la tarde siguiente
+Navarro fue acometido de un accidente convulsivo, despu&eacute;s del cual qued&oacute;
+sin conocimiento. Toda la noche la pas&oacute; as&iacute;, de lo que Salvador y el
+cura coligieron que entregaba su alma al Se&ntilde;or, sin decir ni hacer m&aacute;s
+locuras. Pero por la ma&ntilde;ana volvi&oacute; en su acuerdo, y dando una gran voz
+llam&oacute; a su hermano y le rog&oacute; que se sentara junto a la cama para
+responder a las preguntas que a hacerle iba. Garrote empez&oacute; por
+desperezarse, estir&aacute;ndose tanto que cada remo parec&iacute;a dispuesto a
+arrancarse por s&iacute; mismo del tronco y a caer al suelo por los lados de la
+cama. Las contracciones de la cara y el crujir de huesos eran como si el
+hombre despertase, m&aacute;s que del sue&ntilde;o de una noche, de un encantamiento
+de siglos. Luego clav&oacute; los ojos en su hermano y le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Vas a hablarme con franqueza. &iquest;He hecho muchos disparates? &iquest;he dicho
+muchas necedades?</p>
+
+<p>&mdash;Ni una cosa ni otra&mdash;replic&oacute; caritativamente Monsalud&mdash;. Todos est&aacute;n
+acordes en juzgarte bien y es cosa indudable que diriges admirablemente
+la guerra, llevando la bandera absolutista de victoria en victoria.</p>
+
+<p>&mdash;No, no, no&mdash;dijo Navarro demostrando grand&iacute;simo dolor&mdash;, yo no soy
+Zumalac&aacute;rregui, yo no soy lo que mi cerebro abrasado y enfermo me
+fingi&oacute;. De repente, lo mismo que se rasga un velo, se ha roto en mi
+cerebro no s&eacute; qu&eacute; cortina de telara&ntilde;as, y aqu&iacute; me tienes con una
+claridad en el pensar y un tino en el discurrir cual creo no los he
+tenido en mi vida. Pasmado estoy de que un hombre como yo, jam&aacute;s
+inclinado a fantas&iacute;as ni figuraciones, haya estado por tanto tiempo... y
+a prop&oacute;sito de tiempo... &iquest;en qu&eacute; d&iacute;a vivimos? Vuelvo del pa&iacute;s de la
+necedad, donde no rigen almanaques.</p>
+
+<p>Salvador le dijo la fecha, y Navarro prosigui&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;No se han borrado de mi mente estos d&iacute;as tristes, pero la noci&oacute;n que
+tengo de ellos es muy oscura. S&eacute; que he cre&iacute;do ser Zumalac&aacute;rregui,
+aunque si he de decirte verdad, a&uacute;n en los momentos de m&aacute;s exaltada
+demencia hab&iacute;a en el fondo de mi alma ciertas dudas... quiero decir, que
+no estaba yo completamente seguro de ser lo que dec&iacute;a, y mis dos
+personas, la ver&iacute;dica y la falsa se confund&iacute;an y se separaban por
+momentos... La man&iacute;a de ser Zumalac&aacute;rregui naci&oacute; en m&iacute; del deseo de
+emularle. Yo vine al Norte convencido de mi valer y seguro de formar con
+las facciones de este pa&iacute;s un ej&eacute;rcito irresistible. En suma, yo pensaba
+hacer todo lo que hace Zumalac&aacute;rregui, y dicho sea sin jactancia ni
+locura, creo firmemente que lo habr&iacute;a hecho lo mismo y quiz&aacute;s mejor, si
+Dios no hubiera dispuesto que se trocaran los papeles; que todas mis
+ideas las pusiese &eacute;l en pr&aacute;ctica y mis planes todos pasasen a ser obra y
+provecho suyo... Ya es tarde; pasa el tiempo y yo me muero, porque
+seguramente esta vuelta m&iacute;a a la raz&oacute;n, es como en D. Quijote, se&ntilde;al de
+muerte pr&oacute;xima.</p>
+
+<p>No lo crey&oacute; as&iacute; Salvador, vi&eacute;ndole con tan buenas explicaderas, sereno
+de aspecto y f&aacute;cil de palabra. Contento de este cambio que parec&iacute;a
+milagro, le reanim&oacute; con palabras cari&ntilde;osas y le hizo un resumen del
+estado de la guerra y de la pol&iacute;tica. Pero Navarro no pareci&oacute;
+interesarse mucho en estas cosas profanas, y dando un gran suspiro, dijo
+as&iacute;:</p>
+
+<p>&mdash;La salvaci&oacute;n de mi alma es lo que me interesa; que lo dem&aacute;s, como cosa
+del mundo, acab&oacute; para m&iacute;. Venga un cura, que me quiero confesar.</p>
+
+<p>Salvador pens&oacute; en el cura de Elizondo, a cuya generosidad deb&iacute;an su
+asilo; pero como Navarro se enterase de que hab&iacute;a venido con las tropas
+el padre Zorraqu&iacute;n, su antiguo amigo, quiso verle y que fuese &eacute;l quien
+le ayudara a bien morir oyendo la confesi&oacute;n sincera de sus culpas.
+Salvador le busc&oacute; por todo el pueblo y al fin hall&oacute; al cura historiador
+y guerrero en una taberna, escanciando con marcial donaire una azumbre
+de vino, ganada al juego de las damas la noche antes.</p>
+
+<p>Acudi&oacute; Zorraqu&iacute;n al llamamiento de su amigo. Cuando este sal&iacute;a del
+segundo desmayo, que fue m&aacute;s profundo y grave que el primero, vio entrar
+en la alcoba, anunci&aacute;ndose antes con rechinar de espuelas y resoplidos
+de cansancio, un figur&oacute;n inveros&iacute;mil y que en otras circunstancias
+habr&iacute;a tra&iacute;do al moribundo, en vez de consuelo, una agon&iacute;a mayor que la
+de la misma muerte. Tambi&eacute;n vinieron a verle Orica&iacute;n y Zugarramurdi, que
+le hab&iacute;an abandonado cuando cay&oacute; prisionero. Recibioles con
+indiferencia, y ellos se retiraron pronto.</p>
+
+<p>La cara de Zorraqu&iacute;n, que rapada era bondadosa, desaparec&iacute;a ya entre un
+vell&oacute;n &aacute;spero, negro y erizado, como bala de lana sin cardar. Los ojos
+peque&ntilde;os, la nariz agarbanzada y la desabrida sonrisa del capell&aacute;n
+apenas se abr&iacute;an paso por tan enmara&ntilde;ado bosque de pelos. La boina
+blanca ca&iacute;da de un lado parec&iacute;a impedir con su peso que el cabello, no
+menos &aacute;spero que la barba, tomase la direcci&oacute;n del techo, como un
+escobill&oacute;n que se cree cipr&eacute;s. En la zamarreta del cura ve&iacute;anse diversos
+cintajos que manifestaban sus grados y condecoraciones. El sable le
+arrastraba por el suelo, sonando a pandereta rota. Las botas
+desaparec&iacute;an bajo salpicaduras de fango; las pistolas eran negras como
+la zamarra, y las manos de color de hierro viejo. Por donde quiera que
+iba el guerrero, difund&iacute;a en torno suyo un complejo olor a p&oacute;lvora, a
+cuadra y a vino.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, vamos, Sr. D. Carlos&mdash;dijo Zorraqu&iacute;n abrazando al enfermo&mdash;. Ahora
+que los dedos se nos hacen triunfos, y tenemos a nuestro Rey con
+nosotros, y nos preparamos para ir sobre Madrid &iquest;se le antoja a usted
+morirse? Eso no se puede consentir.</p>
+
+<p>Navarro se acongoj&oacute; mucho y dijo que la voluntad de Dios no le permit&iacute;a
+guerrear en aquella grande y sublime campa&ntilde;a. Hablaron un momento del
+alma y de la bondad de Dios. Zorraqu&iacute;n hall&oacute; en su esp&iacute;ritu cierta
+dificultad para retrotraerse a su antiguo oficio, tan distinto del que
+entonces ten&iacute;a; pero al fin pudo vencer su desgana de o&iacute;r pecados.
+Quitose la boina, sentose, apoy&oacute; el codo izquierdo en la cama, y
+acariciando con la derecha mano el sable, preparose a escuchar la
+confesi&oacute;n de su infeliz amigo.</p>
+
+<p>Navarro no fue breve en aquella ocasi&oacute;n, y los escr&uacute;pulos suced&iacute;an a los
+escr&uacute;pulos, las consultas a las consultas. Al principio le oy&oacute; con
+paciencia y bondad Zorraqu&iacute;n, dirigiendo al penitente los m&aacute;s
+edificantes consuelos; pero tanto y tanto machacaba Navarro, y
+dimensiones tales daba al acto de limpiar su conciencia, que el buen
+cl&eacute;rigo no pudo menos de considerar cu&aacute;n incompatibles eran en aquel
+caso las funciones de comandante de armas y las de pastor de almas.
+Empez&oacute; a sonar en el pueblo ruido de tambores tocando llamada. El
+ej&eacute;rcito se iba a poner en marcha, y h&eacute;teme aqu&iacute; a uno de los m&aacute;s
+importantes jefes clavado al lecho de un moribundo. Abandonar a este
+cuando m&aacute;s contrito parec&iacute;a y m&aacute;s necesitado de consuelos, era
+imposible, y dejar de acudir a donde el honor militar y el deber le
+llamaban tambi&eacute;n era imposible para Zorraqu&iacute;n. Colocado &eacute;l entre estos
+dos imposibles, padeci&oacute; horriblemente en breves instantes. Los toques de
+clar&iacute;n y tambor arreciaban y se sent&iacute;an pasar las tropas por la calle
+con algazara y gritos. Las pisadas de tantos hombres produc&iacute;an hondo
+rumor, como mugido lejan&iacute;simo de la tierra por tantos pies herida.
+Cuando Zorraqu&iacute;n oy&oacute; el piafar de los caballos, no supo lo que por s&iacute;
+pasaba y un sudor se le iba y otro se le ven&iacute;a, mientras D. Carlos
+Garrote, charla que charla, no se contentaba con hablar de s&iacute; y de su
+conciencia, sino que se entraba en ciertos laberintos de teolog&iacute;as. No
+le hac&iacute;a ya maldito caso Zorraqu&iacute;n, y acariciaba el sable, como si fuera
+aquella arma necesaria para encaminar almas al cielo; mov&iacute;a
+alternativamente una y otra pierna, resollaba fuerte, se acariciaba la
+cerdosa barba, hasta que una destemplada voz son&oacute; en la calle,
+gritando... &laquo;&iexcl;Zorraqu&iacute;n!&raquo; y tras esta palabra otra no muy edificante ni
+culta. Como si estallara dentro de su cuerpo un petardo, se levant&oacute; el
+confesor. No se hab&iacute;a podido contener.</p>
+
+<p>&mdash;Usted me... dispensar&aacute;, Sr. D. Carlos&mdash;dijo con torpe lengua&mdash;, pero mis
+deberes militares... No se pertenece uno desde que se mete en ciertos
+trotes.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, s&iacute;... vaya usted... &iquest;Cu&aacute;ntos hombres hay en Elizondo?</p>
+
+<p>&mdash;Doce mil y ochenta caballos. Con permiso de usted...</p>
+
+<p>Y extendiendo su brazo, murmur&oacute; muy a prisa latines que m&aacute;s bien
+parec&iacute;an escupidos que hablados. Desde la puerta dijo <i>ego te absolvo</i>;
+hizo la se&ntilde;al de la cruz como quien da bofetadas en el aire, y ech&oacute; a
+correr, arrastrando el sable y tropezando contra todo lo que se hallaba
+a su paso. Parec&iacute;a una bestia reci&eacute;n escapada de la jaula, que busca su
+libertad entre la muchedumbre. Navarro, al verle salir, dio un gran
+suspiro. &iquest;Era porque su conciencia estaba a&uacute;n algo turbada o por
+desconsuelo de que sus amigos guerrearan mientras &eacute;l se mor&iacute;a?</p>
+
+<p>Dejemos a Zorraqu&iacute;n subiendo a su caballo, cosa para &eacute;l bien distinta de
+subir al p&uacute;lpito. La tropa carlista sal&iacute;a de Elizondo. En el centro iba
+D. Carlos con su Estado Mayor de cl&eacute;rigos y generales, y a la cola
+algunos carros con vituallas y coches con damas y palaciegos de la corte
+que empezaba a formarse. El reino ap&oacute;crifo no se habr&iacute;a cre&iacute;do con visos
+de verdadero, si no tuviera su cola de rabillos de lagartija.</p>
+
+<p>Navarro empez&oacute; a decaer despu&eacute;s de la confesi&oacute;n, y se aplan&oacute; tanto
+aquella noche, que no pod&iacute;a moverse y hablaba con mucha dificultad. Su
+hermano no se mov&iacute;a de su lado.</p>
+
+<p>&mdash;Tengo que hablarte&mdash;le dijo Carlos, esforz&aacute;ndose en sacar del pecho la
+voz&mdash;. Yo me muero y no quiero morirme sin confesar que te debo inmensos
+beneficios, que te has conducido cristianamente conmigo. Si viviera m&aacute;s,
+&iquest;podr&iacute;a llegar a quererte?</p>
+
+<p>&mdash;Si vives (y no debemos perder la esperanza de ello), nos separaremos, y
+no tendr&aacute;s t&uacute; el enojo de agradecerme ni yo la necesidad de servirte.</p>
+
+<p>&mdash;Pues bien, por m&aacute;s que se empe&ntilde;en en unirnos la Naturaleza y el mundo,
+tienes unas cosas... Dame agua...</p>
+
+<p>Salvador le dio agua. El beber reanim&oacute; un tanto al enfermo, que pudo
+decir esto:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; habr&iacute;a sido de m&iacute; sin tu ayuda, sin tu generosidad en estos meses
+de locura y abandono!... Mucho te debo, mucho. Se me viene a la boca la
+palabra hermano, las palabras hermano querido, y sin embargo... Dame
+m&aacute;s agua.</p>
+
+<p>&mdash;No te sofoques. Tiempo tendr&aacute;s de decirme lo que quieras... No
+necesitas darme satisfacci&oacute;n de nada. Lo que he hecho contigo, por deber
+lo hice, no por jactancia, por impulso de mi conciencia, no por
+humillarte con beneficios que contrastaran con tus crueldades. Si vives,
+no quiero de ti m&aacute;s que olvido, olvido de todo.</p>
+
+<p>&mdash;S&eacute; que debo perd&oacute;n a todos los que me han ofendido; pero hay ofensas
+que no se pueden perdonar. No est&aacute; en nuestro poder perdonar, por m&aacute;s
+que lo digan Zorraqu&iacute;n y todos los cl&eacute;rigos juntos... Yo me
+muero&mdash;a&ntilde;adi&oacute; haciendo un esfuerzo para detener la palabra que se iba,
+abriendo paso a la vida que se iba tambi&eacute;n&mdash;, yo me acabo. T&uacute; vivir&aacute;s,
+volver&aacute;s a Madrid, ver&aacute;s a la que fue tormento y bochorno de mi vida.
+Dile... dile que no la perdono, que no la puedo perdonar.</p>
+
+<p>Salvador le dio la mano. Navarro, tom&aacute;ndola, la apret&oacute; en la suya
+fuertemente. Le mir&oacute; con espanto. En aquel momento postrero parec&iacute;a que
+se reproduc&iacute;an en su alma todas las amarguras de su vida y que
+espantosas im&aacute;genes le turbaban la vista. Con voz que parec&iacute;a un
+suspiro, pronunci&oacute; estas palabras, aflojando los m&uacute;sculos de la mano con
+que estrechaba la de su hermano:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ni a ti tampoco!</p>
+
+<p>Y dejando caer la cabeza sobre el pecho, dej&oacute; de existir.</p>
+
+<p>&iexcl;Extra&ntilde;a cosa! Cuando lleg&oacute; el momento de dar sepultura al valiente
+soldado, v&iacute;ctima de una dolencia nacida de sus propias melancol&iacute;as y de
+su irritable car&aacute;cter, no se encontraron hombres que cargaran aquel
+desfigurado y un tiempo hermoso cuerpo. Todos los hombres de Elizondo
+estaban en la facci&oacute;n. Las mujeres prest&aacute;ronse gustosas a conducir el
+cad&aacute;ver; pero como el cementerio estaba muy cerca de la casa del cura,
+Salvador tom&oacute; en sus brazos el cuerpo fr&iacute;o, y acompa&ntilde;ado del cura y
+sacrist&aacute;n, precedido de una turba de chiquillos y seguido de dos docenas
+de mujeres curiosas, le deposit&oacute; junto al hoyo. Con ayuda de femeninas
+manos fue bajado a lo profundo y se le ech&oacute; mucha tierra encima. El d&iacute;a
+estaba h&uacute;medo, la tierra blanda, el cielo triste y lacrimoso.</p>
+<p>
+ <img src="images/pag412.jpg"
+ alt="image" title="image" />
+</p>
+<p>Aquella misma tarde parti&oacute; Salvador de Elizondo, deseando huir de un
+pa&iacute;s que le infund&iacute;a repugnancia y miedo, a causa de las muchas locuras
+que en &eacute;l hab&iacute;a visto; y as&iacute; como el que visita una casa de orates se
+siente tocado de enajenaci&oacute;n y con cierto misterioso impulso de imitar
+los disparates que ve, sent&iacute;a nuestro hombre en s&iacute; cierta levadura
+rec&oacute;ndita de demencia, por lo cual se ech&oacute; fuera a toda prisa. Un hombre
+que se cree Zumalac&aacute;rregui, un Zumalac&aacute;rregui aut&eacute;ntico que sacrifica su
+genio y su dignidad militar a ambicioso pr&iacute;ncipe sin m&aacute;s talento que su
+fatuidad ni m&aacute;s idea que su ambici&oacute;n; un pa&iacute;s que abandona en masa
+hogares, trabajo, campo y familia por conquistar una soberan&iacute;a que no es
+la suya y una corona que no ha de aumentar sus derechos; r&iacute;os de sangre
+derramados diariamente entre hombres de una misma Naci&oacute;n; cl&eacute;rigos que
+esgrimen espadas, moribundos que se confiesan con capitanes, villas
+pobladas por mujeres y chiquillos; cerros erizados de frailes y poblados
+de hombres lobos, que deliran con la matanza y el pillaje, son
+incongruencias que repetidas y condensadas en un solo d&iacute;a y lugar pueden
+hacer perder el juicio a la mejor templada cabeza y hacer dudar de que
+habitamos un pa&iacute;s cristiano y de que el Rey de la civilizaci&oacute;n es el
+hombre. As&iacute; lo pensaba Salvador, huyendo de Elizondo y de Navarra, como
+el que huye de una epidemia, Deseando perder de vista pronto a la gente
+facciosa y el sangriento teatro de sus haza&ntilde;as, tom&oacute; el camino de Urdax
+con &aacute;nimo de salir de Navarra por los Pirineos y entrar en la Espa&ntilde;a
+Isabelina por la Francia Orleanista.</p>
+<p>
+ <img src="images/pag413.jpg"
+ alt="image" title="image" />
+</p>
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XXIV" id="XXIV"></a>-XXIV-</h2>
+
+
+<p><i>&mdash;Rodfriquine, &iquest;vidiste hodie ceremoniam in capella Dolorosae?</i></p>
+
+<p><i>&mdash;&iexcl;Eheu! amice. Vidi (et invideo) satisfactionem Agni Benedictinei (vel
+Benigni Corderi) in desposorium suum cum puella.</i></p>
+
+<p><i>&mdash;&iquest;Quid tibi videtur?</i></p>
+
+<p><i>&mdash;Ille senex, superlative frescachona illa. &iexcl;Matrimonius slultus!
+Acababerit sicut rosarium albae matutinae.</i></p>
+
+<p><i>&mdash;&iexcl;Oh fortunate senex!</i></p>
+
+<p><i>&mdash;&iexcl;Oh terque quaterque beatus! Ille laetificat senectutem suam cum moza
+matrimoniale (vel uxore) dum nobis nulla res amatoria licet. &iexcl;Miserere
+nobis, Domine, miserere nobis, qui Thesaurum Calepinum et horridos
+mamotretos desposamus! Gramatica muchacha nostra est.</i></p>
+
+<p><i>&mdash;&iexcl;Eheu!... &iexcl;pergaminosa et frigidissima uxor semper nobiscum in aula,
+in mensa, in thoro!...</i></p>
+
+<p>Al o&iacute;r este di&aacute;logo se comprender&aacute; que anda por aqu&iacute; el maligno y
+siempre macarr&oacute;nico D. Rodrigu&iacute;n. En efecto, &eacute;l era quien sosten&iacute;a esta
+conversaci&oacute;n latina con otro colegial no menos travieso, vali&eacute;ndose para
+ello de una especie de comunicaci&oacute;n postal establecida debajo de las
+carpetas por medio de un hilo corredizo que funcionaba de un puesto a
+otro a escondidas de los dem&aacute;s colegiales y de los padres. Ambos amigos
+afectaban hallarse muy ocupados en sus tareas estudiantiles. Ni con
+rumor, ni con miradas, turbaban el silencio pl&aacute;cido de la sala de
+estudio. Los asientos de uno y otro estaban cerca. El hilo corr&iacute;a
+suavemente por debajo de las mesas, llevando y trayendo un papelito, en
+el cual cada uno escrib&iacute;a su macarr&oacute;n, referente por lo com&uacute;n a los
+sucesos del d&iacute;a, y as&iacute; pasaban las horas dulcemente entretenidos con
+gran detrimento de la lecci&oacute;n se&ntilde;alada. A veces funcionaba el tel&eacute;grafo
+sub&mdash;carpetano tan s&oacute;lo para observar que al padre Fern&aacute;ndez se le ca&iacute;a
+la baba o que al padre Sol&iacute;s se le rodaba el bonete. Por poco versado
+que el lector est&eacute; en humanidades macarr&oacute;nicas, habr&aacute; deducido del
+di&aacute;logo trascrito que aquella ma&ntilde;ana se hab&iacute;a casado D. Benigno Cordero
+en la capilla de los Dolores de San Isidro. Este gran suceso se verific&oacute;
+a fines de Junio.</p>
+
+<p>Estuvo D. Benigno en aquella ocasi&oacute;n sereno y grave, como hombre que da
+cumplimiento al m&aacute;s importante de los deberes. Sola parec&iacute;a contenta sin
+afectaci&oacute;n, los muchachos estaban alegres y Crucita renegando. La
+bendici&oacute;n fue dada por el padre Graci&aacute;n, con quien celebr&oacute; Cordero larga
+conferencia en la tarde de aquel d&iacute;a cien veces fausto.</p>
+
+<p>Dejemos ahora a esta digna familia, para quien parecer&aacute;n siempre pocas
+todas las bendiciones del cielo, y sigamos al venerable jesuita, cuyos
+pasos son ahora del mayor inter&eacute;s. Acompa&ntilde;ado del joven que sol&iacute;a pasear
+con &eacute;l, sali&oacute; del Colegio Imperial, tom&oacute; por la calle de los Estudios, y
+entrando en la de las Maldonadas, detuvo sus pasos en la puerta de un
+llamado establecimiento, cuyo nombre m&aacute;s propio fuera tenducho. Mir&oacute;
+adentro, no vio a nadie, volvi&oacute; a mirar, llamando, y al conjuro de la
+voz, moviose un enorme tinaj&oacute;n de hacer bu&ntilde;uelos que arrinconado estaba.
+Cay&oacute; de &eacute;l una estera vieja, apart&aacute;ronse dos escobas, y por el hueco que
+del movimiento de estas piezas resultara, viose aparecer una figura de
+mujercilla raqu&iacute;tica, que se adelant&oacute; cojeando.</p>
+
+<p>&mdash;Romualda, &iquest;qu&eacute; hac&iacute;as ah&iacute;?</p>
+<p>
+ <img src="images/pag414.jpg"
+ alt="image" title="image" />
+</p>
+<p>La muchacha se restreg&oacute; los ojos.</p>
+
+<p>&mdash;Estaba durmiendo&mdash;replic&oacute;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y as&iacute; cuidas t&uacute; la tienda?</p>
+
+<p>&iexcl;La tienda! S&oacute;lo por prurito de hacer hip&eacute;rboles pod&iacute;a darse este nombre
+al mezquino aguaducho, consistente en media docena de botellas, un gran
+tarro de cerezas en aguardiente, caja de lat&oacute;n con delantera de vidrio,
+medio llena de bollos y azucarillos, y un par de botijos de agua de la
+Arganzuela.</p>
+
+<p>&mdash;Ten&iacute;a mucho sue&ntilde;o&mdash;dijo Romualda&mdash;. Anoche me tuvieron en vela esperando
+a padre L&oacute;pez, que vino entre dos luces.</p>
+
+<p>&mdash;Embriagado tal vez... &iexcl;Bendito Dios!... &iquest;Y ahora est&aacute; tu padre en
+casa?</p>
+
+<p>&mdash;No lo s&eacute;... subir&eacute;. Mi madrastra est&aacute; en la cama.</p>
+
+<p>&mdash;Sube, y si est&aacute; tu padre, dile que baje al momento. Necesito darle un
+recado.</p>
+
+<p>Mientras Romualda sube, dejando al buen cl&eacute;rigo y su acompa&ntilde;ante en la
+puerta del establecimiento, digamos c&oacute;mo de la opulencia y desahogo de
+la carnicer&iacute;a pas&oacute; aquella desmoralizada familia a la estrechez de un
+miserable comercio de agua y vino. En casa donde no existen ni los
+v&iacute;nculos ni los afectos que constituyen la familia, donde la paz deja su
+puesto a la discordia y los vicios ocupan el lugar de la econom&iacute;a y la
+sobriedad, no pueden de modo alguno afincar las prosperidades. La
+actividad de Nazaria y su inteligencia no bastaban a atenuar los malos
+efectos de la holgazaner&iacute;a de L&oacute;pez, el cual no s&oacute;lo derrochaba en
+torpes fraucachelas lo adquirido con sus malas artes y conexiones
+pol&iacute;ticas, sino que tambi&eacute;n sab&iacute;a apurar, dej&aacute;ndolos en las puras
+tablas, los cajones del mostrador, llenos del ping&uuml;e esquilmo de la
+ma&ntilde;ana. Nazaria no gastaba en liviandades, pero s&iacute; en lujo y ruinosos
+caprichos. Empe&ntilde;aba una joya para comprar otra, y a ninguna prendera
+dejaba salir de su casa sin quitarle de las manos, a cambio de buen
+dinero, el rico mant&oacute;n de Manila, la peineta de concha, el abanico de
+marfil, los soberbios encajes flamencos y otras prendas valiosas que las
+casas ricas de Madrid arrojan diariamente al oscuro mercado de lance. La
+carnicer&iacute;a produc&iacute;a mucho; pero el g&eacute;nero de Mont&aacute;nchez y Candelario no
+cae llovido del cielo, por lo que pronto empez&oacute; a declinar la casa, y
+dando tumbos y traspi&eacute;s cay&oacute;, a la vuelta de un a&ntilde;o, en el abismo del
+descr&eacute;dito. Los acreedores se repartieron el bot&iacute;n y hubo una desbandada
+de chorizos y una dispersi&oacute;n de jamones, que dieron mucho que hablar a
+todo el barrio de San Mill&aacute;n. Los muebles de la casa fueron embargados,
+y salieron en busca de m&aacute;s seguro domicilio las im&aacute;genes y santicos,
+juntamente con los toreros. Tres o cuatro puestos del Rastro lucieron
+durante una semana parte muy principal del ajuar de la Pimentosa, que
+s&oacute;lo pudo retener lo indispensable para no pedir un hueco en San
+Bernardino, fundado por Pontejos en aquel mismo a&ntilde;o. Ciertos dineros no
+muy lucidos que se salvaron del desastre casi por milagro sirvieron a la
+viuda de Peralvillo para poner la tienda acu&aacute;tica antes descrita; y
+entre aquellos cuatro fementidos trastos la infeliz mujer se mec&iacute;a otra
+vez en locas ilusiones, pensando en volver a ser favorecida de la
+fortuna, para sacar del comercio peque&ntilde;ito un tr&aacute;fico grande y rico.
+Ella ten&iacute;a genio, sab&iacute;a comprar, sab&iacute;a vender, pero ignoraba el arte de
+guardar, que es el arte de enriquecer. Su mala estrella o su naturaleza
+f&iacute;sica y moral (que esto no est&aacute; bien averiguado) le agravaron el mal
+que ha tiempo padec&iacute;a, llegando al extremo de no tener hora de completo
+sosiego; y si los duelos con pan son menos, la enfermedad acompa&ntilde;ada de
+duelos y quebrantos cierra la puerta a todo remedio. A la escasez se
+un&iacute;an las continuas reyertas dom&eacute;sticas para abatir m&aacute;s el esp&iacute;ritu de
+la pobre viuda de Peralvillo y poner su est&oacute;mago m&aacute;s dolorido. Un hecho
+importante ocurri&oacute; poco despu&eacute;s de la ruina. No lo pasemos en silencio
+por lo mucho que a ambos favorece. Se casaron; pero la legalizaci&oacute;n de
+aquella inmoral alianza no la hizo m&aacute;s pac&iacute;fica, y despu&eacute;s de los
+desposorios llev&oacute; L&oacute;pez m&aacute;s ara&ntilde;azos en su rostro y ella mayor n&uacute;mero de
+cardenales en su hermoso cuerpo.</p>
+
+<p>El desastroso acabamiento de D. Felic&iacute;simo y el desplome de la casa en
+que viv&iacute;a pusieron a Tablas en gran desesperaci&oacute;n, porque &eacute;l cre&iacute;a
+segura una buena manda en el testamento de su protector. Como el
+testamento no se encontr&oacute; entre los escombros, o si se encontr&oacute; lo
+inutilizaron h&aacute;bilmente Bragas y los de la curia, qued&aacute;ronse en ayunas
+L&oacute;pez y los se&ntilde;ores eclesi&aacute;sticos, que tambi&eacute;n ten&iacute;an sus cinco sentidos
+en las mandas de misas y legados piadosos. Del abintestato del Sr. de
+Carnicero se hab&iacute;a aprovechado a sus anchas, sin el estorbo de repartir,
+el siempre venturos&iacute;simo Pipa&oacute;n, a quien el cielo depar&oacute; un v&aacute;stago a
+los nueve meses (d&iacute;a m&aacute;s d&iacute;a menos) de su matrimonio.</p>
+
+<p>Chasqueado por aquella parte, Tablas se obstin&oacute; m&aacute;s y m&aacute;s en apretar los
+lazos que le un&iacute;an a las sociedades secretas y al convent&iacute;culo formado
+por Aviraneta, Rufete y comparsa. Bien se comprende que L&oacute;pez, hombre
+sin letras ni palabra, incapaz de formular discretamente un juicio ni de
+aposentar una idea en la espesura de su cerebro, no pod&iacute;a ser en el club
+populachero m&aacute;s que un instrumento brutal para funcionar en d&iacute;as de
+esc&aacute;ndalo y griter&iacute;o. Todos cuantos han tenido la desgracia de trabajar
+en conspiraciones burdas saben perfectamente que los despabilados y
+parlanchines forman a sus espaldas una guardia de hombres soeces y
+brutales, que sirven para dar a la idea, en la ocasi&oacute;n precisa, su voz
+estent&oacute;rea, su brazo salvaje y su representaci&oacute;n apasionadamente
+popular. Tablas era de esta guardia, mejor dicho, era el jefe de ella, y
+hab&iacute;a conseguido llevar al club a otros mocetones, que ni desmerec&iacute;an de
+&eacute;l en fuerzas corporales, ni le ganaban un ardite en talento.</p>
+
+<p>Pero, desgraciadamente para &eacute;l, las conspiraciones de aquel tiempo
+carec&iacute;an de fondos. Eran conspiraciones pobres, no por esto honradas. Se
+esperaban auxilios; pero los auxilios no ven&iacute;an, porque los destinados a
+darlos no hab&iacute;an llegado a&uacute;n a ese grado de candidez en que la ambici&oacute;n
+cierra los ojos y abre la mano.</p>
+
+<p>Para atender a sus gastos, que no hab&iacute;a sabido disminuir despu&eacute;s de la
+miseria, Tablas se coloc&oacute; en el establecimiento de coches de la posada
+del Drag&oacute;n, con cuyo due&ntilde;o ten&iacute;a amistad antigua. Pero su holgazaner&iacute;a
+le vedaba siempre entrar en faenas duras, y s&oacute;lo se ocupaba de cuidar el
+almac&eacute;n de equipajes y encargos. En destino tan poco brillante aguardaba
+el imaginario triunfo de aquellos buenos se&ntilde;ores del club, tan sabios,
+seg&uacute;n &eacute;l, o la se&ntilde;al de armar camorra a las autoridades. El majadero de
+L&oacute;pez estaba dispuesto a todo, apretado por la miseria, la envidia y los
+apetitos que devoraban su alma.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XXV" id="XXV"></a>-XXV-</h2>
+
+
+<p>Ya se cansaba de esperar el venerable Graci&aacute;n, cuando apareci&oacute; Romualda,
+jadeante y sofocada. Por su conducto la se&ntilde;ora Nazaria suplicaba al
+Padre tuviera la bondad de subir, porque se encontraba muy mala. No
+deso&iacute;a jam&aacute;s esta clase de ruegos Graci&aacute;n, que adem&aacute;s de eclesi&aacute;stico
+bondadoso era m&eacute;dico h&aacute;bil, y precedido de la coja, llevando tras s&iacute; al
+cleriguito joven que le acompa&ntilde;aba, acometidos cien escalones que
+conduc&iacute;an a la morada del infeliz matrimonio. Esta era muy humilde; pero
+Nazaria, que ten&iacute;a instintos de embellecimiento dom&eacute;stico, la hab&iacute;a
+arreglado de modo que pareciese menos fea de lo que realmente era.
+Estaba la Pimentosa postrada en desvencijado sof&aacute;. Hab&iacute;a desmerecido
+tanto su persona desde el a&ntilde;o anterior que no parec&iacute;a la misma. Aquel
+continente de matrona, aquel aire simp&aacute;tico, aquel rostro lleno de
+atractivos no eran ya sino sombra de s&iacute; mismos. Gordura fofa en su
+cuerpo, languidez en su semblante y un decaimiento general en su persona
+toda anunciaban que la maja no volver&iacute;a a ser lo que fue. A su lado
+estaba la mujer demacrada, p&aacute;lida y huesuda que vimos en la bu&ntilde;oler&iacute;a
+algunos meses antes, y que hab&iacute;a permanecido al lado de su ama, como uno
+de esos cortesanos de la desgracia que con menos m&eacute;rito alardean de
+fidelidad en esferas m&aacute;s altas. A primera vista la mujer aquella parec&iacute;a
+imagen de la Muerte esperando su presa. Su brazo, que no deb&iacute;a de tener
+m&aacute;s que el hueso seco, se extend&iacute;a oscilando con l&uacute;gubre cadencia. Su
+mano empu&ntilde;aba una rama de acacia, para espantar con ella las moscas que
+molestaban a Nazaria.</p>
+<p>
+ <img src="images/pag419.jpg"
+ alt="image" title="image" />
+</p>
+<p>Graci&aacute;n y el otro cl&eacute;rigo se sentaron despu&eacute;s de saludar a la enferma
+con mucho inter&eacute;s. Nazaria agradeci&oacute; mucho la visita y estuvo quej&aacute;ndose
+durante diez minutos, dando cuenta prolija de los distintos dolores que
+sent&iacute;a, en partes diversas, los unos afilados como cuchillos, los otros
+duros como pedradas, y algunos m&uacute;ltiples y horripilantes como el rasgar
+de una sierra. Despu&eacute;s call&oacute;. Graci&aacute;n dijo solemnemente que m&aacute;s, mucho
+m&aacute;s hab&iacute;a padecido Cristo por nosotros, y luego rein&oacute; un silencio
+trist&iacute;simo, durante el cual no se o&iacute;a m&aacute;s que el rumor de las hojuelas
+de acacia, batiendo el aire y desconcertando las bandadas de moscas. Al
+punto que estas vieron a los dos cl&eacute;rigos, se fueron derechas a ellos,
+manifestando singular preferencia por el joven acompa&ntilde;ante.</p>
+
+<p>&mdash;Lo pasar&iacute;a menos mal&mdash;dijo Nazaria&mdash;, si no tuviera miedo, much&iacute;simo
+miedo a esa enfermedad que ha entrado ahora, y que, seg&uacute;n dicen, mata a
+la gente en un abrir y cerrar de ojos.</p>
+
+<p>&mdash;Se llama el <i>C&oacute;lera</i>&mdash;dijo la flaca con vocecilla ronca que hizo
+estremecer al curita.</p>
+
+<p>Al decir esto Maricadalso (que as&iacute; la llamaban) se asemej&oacute; m&aacute;s que nunca
+a la madre Muerte, nombrando a una de las m&aacute;s f&uacute;nebres herramientas de
+su oficio.</p>
+
+<p>&mdash;El c&oacute;lera, s&iacute;&mdash;dijo Graci&aacute;n&mdash;. Esta epidemia viene del Ganges, de donde
+saca su apellido de <i>asi&aacute;tica</i>. Ha empezado a hacer grandes estragos en
+Europa, y Dios no ha querido librar a Espa&ntilde;a de tan tremendo azote.
+Tengamos paciencia. Hasta ahora Madrid va librando bien. Las invasiones
+no son muchas. Empez&oacute; en Vallecas y parece como que va pasando de Norte
+a Sur.</p>
+
+<p>Nazaria le pregunt&oacute; por los remedios que para tan atroz dolencia hab&iacute;an
+descubierto las facultades, y Graci&aacute;n, con apariencias de no creer mucho
+en ellos, habl&oacute; de varios, tales como friegas, infusiones te&iacute;nas y
+revulsivos. El mejor ant&iacute;doto contra el mal era, a su juicio, el valor y
+el desprecio del mal mismo.</p>
+
+<p>&mdash;Entonces&mdash;dijo Nazaria con temblor y abatimiento&mdash;, esa maldita <i>c&oacute;lera
+de Dios</i> no me perdonar&aacute; a m&iacute;, porque le tengo m&aacute;s miedo que a una
+centella, y si miro a la puerta me parece que entra en figura de gente,
+si miro a la ventana me parece que entra con el aire, con el sol y con
+el polvo de la calle. No como, por miedo a que entre en mi cuerpo con la
+comida, ni duermo temiendo que me coja en sue&ntilde;os y me lleve antes de
+despertar.</p>
+
+<p>Graci&aacute;n se ri&oacute; de estos pueriles temores, y tambi&eacute;n se habr&iacute;a re&iacute;do el
+subdi&aacute;cono si no estuviera muy ocupado en ahuyentar las moscas que
+invad&iacute;an su cara. Maricadalso le vio dando manotadas. Alargando la rama,
+diole un escobazo en el rostro para l&iacute;brarle de la ferocidad insectil.</p>
+
+<p>&mdash;Confianza en Dios y no dar a esta miserable existencia mundana m&aacute;s
+valor del que tiene, son los m&aacute;s eficaces remedios&mdash;afirm&oacute; Graci&aacute;n con
+autorizada voz.</p>
+
+<p>La vocecilla ronca de Maricadalso se dej&oacute; o&iacute;r. Parec&iacute;a una corneja que
+cantaba en la propia rama de acacia. Moviendo su cabeza con aire de
+incredulidad, cant&oacute; estas palabras:</p>
+
+<p>&mdash;A m&iacute; no me emboban. Esto no es epidemia que venga de las Asias, sino
+<i>malos quereres</i>.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y a qu&eacute; llama malos quereres, buena mujer?&mdash;pregunt&oacute; Graci&aacute;n riendo, no
+tan fuerte como el subdi&aacute;cono, que solt&oacute; una carcajada.</p>
+
+<p>&mdash;Al mal tercio que hacen algunos, los malos... los pillos que quieren
+que se acabe medio mundo para quedarse ellos solos.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y qu&eacute; pillos son esos?</p>
+
+<p>&mdash;Yo me lo s&eacute;&mdash;dijo la imagen de la Muerte, cuyos ojos luc&iacute;an en el
+amarillo casco como agujeros de calavera&mdash;. &iexcl;Llaman c&oacute;lera al mal
+querer!... ya, ya... M&aacute;s vale que nos lleven a la horca que no
+acabarnos de esta manera.</p>
+
+<p>Estas misteriosas apreciaciones sobre cosa tan notoria como la
+existencia de la epidemia no llam&oacute; la atenci&oacute;n de Graci&aacute;n, porque su
+trato frecuente con el pueblo bajo de Madrid le hab&iacute;a acostumbrado a o&iacute;r
+sin sorpresa los desprop&oacute;sitos del vulgo. Todo lo que es razonable y
+conforme al sentido com&uacute;n se resiste a la mente del vulgo. Para que en
+&eacute;l halle resonancia y acogida una idea es necesario que sea
+perfectamente absurda.</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;ora Cadahalso&mdash;manifest&oacute; con bondad el jesuita&mdash;, usted es de las que
+ponen en duda que vuelan los p&aacute;jaros, y creer&aacute; que los bueyes se pasean
+por los aires. Muy bien, con su pan se lo coma.</p>
+
+<p>&mdash;Otros se comen nuestro pan, que no yo&mdash;dijo la espantosa mujer,
+ense&ntilde;ando sus dos filas de dientes iguales y puntiagudos&mdash;. Yo me s&eacute; lo
+que creo, y creo lo que yo me s&eacute;... Y toque su paternidad a otra
+puerta, que ya vamos abriendo el ojo.</p>
+
+<p>&mdash;Todo sea por Dios...</p>
+
+<p>&mdash;M&aacute;s respeto, canalla, m&aacute;s respeto&mdash;a&ntilde;adi&oacute; Nazaria, tomando a su vez la
+rama y azotando suavemente a la estampa de la Muerte&mdash;... Se&ntilde;or cura, no
+haga su merced caso, y d&iacute;game si para mi mal debo tomar una medicina que
+me han recomendado.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Cu&aacute;l es?...</p>
+
+<p>&mdash;No es cosa de la botica, sino del cielo.</p>
+
+<p>&mdash;No entiendo.</p>
+
+<p>&mdash;Es cosa santa. Es un polvillo que dicen se saca de la cueva en que hizo
+oraci&oacute;n San Ignacio.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ave Mar&iacute;a Pur&iacute;sima!&mdash;dijo Graci&aacute;n llev&aacute;ndose las manos a la cabeza.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Se espanta su merced?... Ese polvillo lo tiene, como gran reliquia, mi
+se&ntilde;ora Do&ntilde;a Josefa, la mujer de D. Pedro Rey. Dice que su ni&ntilde;a
+Perfectita san&oacute; con &eacute;l.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Sacrilegio, profanaci&oacute;n!&mdash;exclam&oacute; el jesuita&mdash;. &iexcl;Abuso nefando de las
+cosas piadosas! Esa tierra bendita es un objeto de piedad que debe
+venerarse como recuerdo de uno de los varones m&aacute;s insignes que ha habido
+en el mundo. Las cosas santas han de ser tratadas con mucho respeto y
+puestas a tanta altura que no pueda llegar a ellas el charlatanismo. Dad
+a Dios lo que es de Dios, y a la botica lo que a la botica pertenece, y
+no mezcl&eacute;is berzas con capachos, o sea santidades con vomitivos.</p>
+
+<p>M&aacute;s, mucho m&aacute;s hubiera dicho el discreto cl&eacute;rigo, si en lo mejor de su
+perorata no entrase Tablas, sorprendiendo a todos con los <i>buenos d&iacute;as</i>
+que dio desde la puerta. Detenido en ella estuvo un buen rato mirando el
+cuadro que las dos mujeres y los dos eclesi&aacute;sticos ofrec&iacute;an. Entr&oacute; al
+fin; limpiose el sudor que mojaba su frente, y tomando una silla la
+coloc&oacute; con fuerte golpazo en el punto en que quer&iacute;a sentarse. Despu&eacute;s,
+gesticulando con recia manotada, ech&oacute; de s&iacute; las moscas y dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Se ha muerto el boticario de la calle de Rodas y el carbonero de la
+calle de las Velas. En la casa del t&iacute;o Caro no ha quedado m&aacute;s que el
+gato. Anoche no hab&iacute;a novedad, y esta ma&ntilde;ana la casa era un cementerio.</p>
+
+<p>&mdash;No exagere usted&mdash;dijo amostazado el Padre Graci&aacute;n, observando el mal
+efecto que aquellas nuevas hac&iacute;an en Nazaria&mdash;. Defunciones hay; pero no
+en tal n&uacute;mero.</p>
+
+<p>&mdash;No se llaman defunciones; se llaman <i>casos</i>&mdash;replic&oacute; con est&uacute;pida risa
+Tablas&mdash;. Y podr&aacute; ser verdad lo que vuestra Paternidad dice; pero yo s&eacute;
+que anoche Gregorio Tinajas y yo, bebimos juntos una copa al salir de
+cierta parte, y s&eacute; tambi&eacute;n que le he visto hace un momento tieso y fr&iacute;o.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Se ha muerto!&mdash;exclam&oacute; Maricadalso con espanto.</p>
+
+<p>&mdash;Como mi abuelo. &iquest;Lo sientes t&uacute;?</p>
+
+<p>&mdash;D&iacute;golo porque ya las pag&oacute; todas juntas.</p>
+
+<p>&mdash;Tambi&eacute;n se ha muerto la <i>Fraila</i>.</p>
+
+<p>Nazaria cerr&oacute; los ojos, no pudiendo cerrar los o&iacute;dos. Pero el atleta se
+volvi&oacute; a Maricadalso, y a boca de jarro le dispar&oacute; estas palabras:</p>
+
+<p>&mdash;Y tu hija, Maricadalso, tu hija Ildefonsa, iba ahora con un c&aacute;ntaro de
+agua por la calle de la Paloma, y se cay&oacute; en la calle, diciendo que se
+mor&iacute;a...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Mi hija!... T&uacute; mientes... Corro a ver...</p>
+
+<p>Diciendo esto con entrecortados rugidos, Maricadalso salt&oacute; de su
+asiento, como azorado gato, y sali&oacute; a escape. Oy&eacute;ronse sus violentes
+pasos extingui&eacute;ndose en la escalera, como se apaga el ruido de la piedra
+que chocando y rebotando se precipita en el abismo.</p>
+
+<p>&mdash;Rumalda&mdash;dijo Tablas mirando a la cojuela que acababa de subir despu&eacute;s
+de cerrada la tienda&mdash;; baja y tr&aacute;eme tabaco.</p>
+
+<p>Romualda baj&oacute;, y sus pasos lentos y fatigados resonaron por largo rato
+en la escalera. Despu&eacute;s Tablas sigui&oacute; enumerando muertos y enfermos, y
+volvi&oacute; a limpiarse el sudor. El calor era sofocante. La habitaci&oacute;n, no
+bien templada por la oscuridad, parec&iacute;a un horno por la proximidad del
+tejado, donde ca&iacute;a como lluvia de fuego el ardiente sol de Julio.
+Empezaba a caer la tarde, y el calor parec&iacute;a aumentar en aquella hora a
+causa de los vapores que del suelo se desprend&iacute;an. El aire en calma no
+daba ning&uacute;n consuelo a los pulmones, y s&oacute;lo las moscas parec&iacute;an
+regocijarse en la pesada y miasm&aacute;tica atm&oacute;sfera, como sibaritas viviendo
+en medio de todas las delicias que puede apetecer su naturaleza.</p>
+
+<p>Graci&aacute;n reprendi&oacute; con cierta aspereza a Pedro L&oacute;pez su af&aacute;n de dar
+noticias f&uacute;nebres que aflig&iacute;an y apocaban a la pobre enferma. Echose a
+re&iacute;r el b&aacute;rbaro, diciendo que &eacute;l no ten&iacute;a miedo a <i>los c&oacute;leras</i> ni a
+muertes de ninguna clase. Despu&eacute;s hablaron de lo que motiv&oacute; la visita de
+Graci&aacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Tengo aviso de Catalu&ntilde;a de la remisi&oacute;n de un encargo que me interesa
+mucho&mdash;dijo este sacando una carta&mdash;. Me dicen que recoja el bulto...
+porque es un costal como de media fanega, Sr. L&oacute;pez... en la posada del
+Drag&oacute;n. He pasado varios avisos, y mi encargo no parece. Sr. L&oacute;pez, &iquest;me
+har&aacute; usted el favor de buscar bien en el almac&eacute;n, de preguntar a los
+ordinarios y arrieros, de hacer, en fin, cuanto de su parte est&eacute; para
+que parezca ese bulto?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Es fruta?</p>
+
+<p>&mdash;No se&ntilde;or.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Jamones?</p>
+
+<p>&mdash;Tampoco. Es cosa de poco valor en s&iacute;; pero que yo estimo en mucho. Es
+un saco lleno de tierra. Debe venir perfectamente dispuesto y liado en
+esteras.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah!... Ser&aacute; tierra de limpiar metales.</p>
+
+<p>&mdash;Pagar&eacute; dos veces el porte si parece y est&aacute; intacto&mdash;dijo el reverendo
+levant&aacute;ndose.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No recibi&oacute; vuestra Paternidad el a&ntilde;o pasado otro saco como ese por
+conducto de D. Felic&iacute;simo?</p>
+
+<p>&mdash;Justamente. Los padres de Manresa lo consignaron a D. Felic&iacute;simo. Y
+usted mismo, Sr. L&oacute;pez, me lo llev&oacute; a mi casa.</p>
+
+<p>&mdash;Pues este lo llevar&eacute; tambi&eacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Gracias. V&aacute;monos, Sancho.</p>
+
+<p>Este nombre, aplicado al subdi&aacute;cono, dio por un momento al padre Graci&aacute;n
+cierta apariencia quijotesca. Pero no es aquel nombre capricho del
+narrador. Llam&aacute;base en efecto el subdi&aacute;cono Jos&eacute; Sancho; era natural de
+Palma de Mallorca, y ten&iacute;a veinticuatro a&ntilde;os de edad y siete de
+Compa&ntilde;&iacute;a.</p>
+
+<p>Graci&aacute;n procur&oacute; animar con palabras consoladoras a Nazaria, exhort&aacute;ndola
+a desechar su infundado temor, y despu&eacute;s de reiterar a Tablas la s&uacute;plica
+que le hizo poco antes, sali&oacute; de la casa escoltado por las moscas.</p>
+
+<p>Aproxim&aacute;base al Colegio Imperial, cuando un vil pillete que rasgu&ntilde;aba
+una destemplada guitarra se le puso delante, cort&aacute;ndole el paso, y con
+voz que m&aacute;s ten&iacute;a de infernal que de humana, cant&oacute; esta copla:</p>
+
+<p class="noindent">
+<span style="margin-left: 5em;">&iexcl;Muera Cristo,</span><br />
+<span style="margin-left: 5em;">viva Luzbel!</span><br />
+<span style="margin-left: 5em;">&iexcl;Muera D. Carlos,</span><br />
+<span style="margin-left: 5em;">viva Isabel!</span><br />
+</p>
+
+<p>Apart&oacute; suavemente el jesuita al cantor y sigui&oacute; adelante. Pero Sancho
+fue m&aacute;s expresivo, y empuj&oacute; al pillastre, expuls&aacute;ndole con violencia de
+la acera. Instant&aacute;neamente recibi&oacute; en el hombro un golpe dado con la
+guitarra. Los dos se hallaron frente a frente mir&aacute;ndose con ojos de ira.
+Quiz&aacute;s habr&iacute;a seguido adelante la contienda, si Graci&aacute;n no dijera con
+voz reposada:&mdash;Sancho, &iquest;qu&eacute; es eso?</p>
+<p>
+ <img src="images/pag425.jpg"
+ alt="image" title="image" />
+</p>
+<p>Ambos entraron en el Colegio. En la puerta o&iacute;ase un rugidillo que no por
+ser infantil dejaba de ser insolente. Parec&iacute;a el rumor de un poco de
+plebe menuda de esa que suele encresparse en las plazuelas de verdura, y
+que la autoridad sabe contener sin m&aacute;s artiller&iacute;a que las escobas
+municipales.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XXVI" id="XXVI"></a>-XXVI-</h2>
+
+
+<p>En el claustro hall&oacute; Graci&aacute;n al Padre Francisco Sauri, buen sujeto,
+catal&aacute;n, ministro y procurador del seminario. Ten&iacute;a 39 a&ntilde;os y llevaba ya
+17 de Compa&ntilde;&iacute;a. Su celo por el esplendor de la casa era extraordinario.
+Refiriole Graci&aacute;n lo que hab&iacute;a o&iacute;do cantar en la puerta, y Sauri le dijo
+que aquel d&iacute;a hab&iacute;a recibido el rector diferentes avisos misteriosos,
+unos amenazando, otros recomendando precauciones. El profesor de &Eacute;tica
+no dio importancia al hecho, porque otras veces hab&iacute;an llegado a la casa
+an&oacute;nimos espeluznantes, sin que ocurriese despu&eacute;s de ellos nada de
+particular. En su celda le visit&oacute; m&aacute;s tarde el Padre Artigas,
+bibliotecario, y hablaron de la guerra, leyendo luego muchas cartas y
+papeles. Despu&eacute;s del refectorio se habl&oacute; mucho de los an&oacute;nimos, de las
+voces que corr&iacute;an, poco lisonjeras para los regulares, del c&oacute;lera
+reciente y de otras zarandajas. Algo m&aacute;s tarde los colegiales dorm&iacute;an
+con la dulce tranquilidad de la infancia, y los Padres o dorm&iacute;an o
+hac&iacute;an penitencia en sus celdas.</p>
+
+<p>Sin temor de equivocaci&oacute;n se habr&iacute;a podido asegurar que Graci&aacute;n pas&oacute; la
+noche en austeridades atroces s&oacute;lo de &eacute;l acometidas. La <i>inescobata
+cellula</i>, hab&iacute;a perdido cantidad no peque&ntilde;a del <i>humus manresianus</i> que
+cubr&iacute;a su suelo; pero Graci&aacute;n tuvo el gusto de recibir la nueva y
+abundante remesa de aquel polvo al d&iacute;a siguiente de hacer al Sr. Tablas
+la recomendaci&oacute;n que nuestros lectores conocen. Ocup&aacute;base aquella
+ma&ntilde;ana, despu&eacute;s de la clase de &Eacute;tica, en extender por el suelo parte de
+la tierra, cuando lo anunciaron la visita de D. Benigno Cordero. H&iacute;zole
+entrar suspendiendo su tarea. El h&eacute;roe popular y el jesuita se apretaron
+afectuosamente las manos.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos&mdash;dijo Cordero sonriendo&mdash;, que bien podr&iacute;a entrar el arado en la
+celda de usted... Esto es un campo.</p>
+
+<p>&mdash;Los &aacute;rboles que nacen aqu&iacute; no se ven&mdash;replic&oacute; gravemente el jesuita
+cortando las bromas&mdash;. Vamos a otra cosa. Ya s&eacute; a lo que viene usted...
+Siento decirle que no hay nada.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No hay noticias?</p>
+
+<p>&mdash;Ninguna.</p>
+
+<p>Cordero cerr&oacute; el pico y apret&oacute; los labios.</p>
+
+<p>&mdash;Es particular&mdash;dijo&mdash;. Desde que me mand&oacute; el poder para casarse... (y fue
+con fecha 15 de Abril), no hemos tenido m&aacute;s noticias suyas... Aqu&iacute; me
+tiene usted en la mayor zozobra. Me he casado por otro... Soy un marido
+de f&oacute;rmula, un marido de procedimientos, y tengo que ocuparme del marido
+verdadero m&aacute;s de lo que yo quisiera. La esposa de mi amigo... la que me
+dio su mano, cas&aacute;ndose conmigo como se podr&iacute;a casar con un documento...
+est&aacute; tambi&eacute;n en gran zozobra.</p>
+
+<p>&mdash;Pues no hay m&aacute;s noticias&mdash;dijo Graci&aacute;n&mdash;, que las del otro d&iacute;a. Zorraqu&iacute;n
+me escribe con fecha del 14 y dice que se hab&iacute;a separado del amigo,
+porque &eacute;l (Zorraqu&iacute;n) fue solicitado por el carlismo militante para
+ocupar una plaza que hac&iacute;a mucha falta en las filas de Zumalac&aacute;rregui,
+la plaza de capell&aacute;n o director espiritual. Es posible que despu&eacute;s de
+separarse Zorraqu&iacute;n, no haya tenido ese se&ntilde;or medio seguro para enviar a
+Madrid sus cartas, que antes ven&iacute;an por conducto de aquel dign&iacute;simo
+sacerdote. Esperemos.</p>
+
+<p>Cordero dio un suspiro, diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;Tranquilizar&eacute; como pueda a la se&ntilde;ora de mi amigo. Y ya que estoy aqu&iacute;
+no quiero marcharme sin advertir a usted de ciertos rumores...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah! Hemos recibido an&oacute;nimos y cartas amenazadoras. Es la vig&eacute;sima vez.</p>
+
+<p>&mdash;No creo yo que esto sea cosa de gran importancia&mdash;dijo el h&eacute;roe
+d&aacute;ndosela a s&iacute; mismo en grado sumo&mdash;. Con todo, no est&aacute; de m&aacute;s el
+prevenirse, porque las bromas populares se sabe donde empiezan... pero
+no se sabe nunca d&oacute;nde ni c&oacute;mo acaban.</p>
+
+<p>El cl&eacute;rigo hizo un moh&iacute;n desde&ntilde;oso, manifestando ocuparse poco de lo que
+Cordero dec&iacute;a. Este prosigui&oacute; as&iacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Yo tengo un primo a quien llaman Primitivo Cordero, el cual si en el
+tratado de la honradez no tiene pero, en el de la tonter&iacute;a tiene
+manzanas, quiero decir que es un politicastro de estos que con cuatro
+palabras pescadas en un mal libro, media idea que se les peg&oacute; de
+cualquiera de nuestros grandes hombres, porci&oacute;n no peque&ntilde;a de envidia y
+algunos granos de patriotismo mal entendido, se entretienen en fabricar
+castillos de viento, fundando instituciones, dictando leyes, mudando
+personas. Yo siempre he cre&iacute;do a mi primo tan inofensivo como una
+paloma; pero los que le rodean no lo son. Como la mariposa es impulsada
+al fuego por un secreto anhelo de quemarse, mi primo Primitivo es
+arrastrado a los clubs por un desdichado prurito de bullanga que puede
+en &eacute;l m&aacute;s que la raz&oacute;n, si es que raz&oacute;n hay dentro de aquella cabeza.
+Pues bien, amigo y Padre: por mi bendito primo y por un tal Rufete que
+ser&iacute;a igual a mi primo si no fuera m&aacute;s exagerado, m&aacute;s vac&iacute;o de mollera y
+de peores intenciones, s&eacute; que en una reuni&oacute;n semi-secreta que varios
+patriotas tienen en la plaza de San Javier han acordado dar un susto a
+Vuestras Paternidades.</p>
+
+<p>Al decir esto, Cordero le mir&oacute; atentamente, por sorprender en su cara el
+efecto que aquella declaraci&oacute;n le causaba; pero la cara del jesuita no
+expres&oacute; nada. Era una cara de palo.</p>
+
+<p>&mdash;Llevaremos el susto con paciencia&mdash;dijo el Padre Graci&aacute;n, ofreciendo al
+h&eacute;roe un polvo, que por no ser de Manresa, acept&oacute; gustoso D. Benigno.</p>
+
+<p>&mdash;Seg&uacute;n mi informe&mdash;a&ntilde;adi&oacute; este&mdash;y son informes verdaderos, procedentes del
+horno mismo donde se cuecen tales pasteles, la broma, susto o como
+queramos llamarlo, no pasar&aacute; a mayores. Los patriotas s&oacute;lo quieren
+manifestar su antipat&iacute;a a Vuestras Reverencias y protestar de la
+protecci&oacute;n que Vuestras Reverencias dan al carlismo. Es cierto que esa
+protecci&oacute;n existe por la misma naturaleza de las cosas y los
+antecedentes de las personas. &iexcl;Hecho l&oacute;gico, imprescindible, abrumador!
+Es cierto tambi&eacute;n que el r&eacute;gimen liberal no puede coexistir con el
+carlismo, de donde resulta un antagonismo imponente entre dos hechos,
+entre dos verdades, entre...</p>
+
+<p>&mdash;Y usted no cuenta para nada con Dios&mdash;dijo Graci&aacute;n, siempre con desd&eacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, cuento con Èl, y en Èl espero que lo que se anuncia no ser&aacute; nada,
+en provecho de todos. Pero alg&uacute;n d&iacute;a, Se&ntilde;or y Padre, ha de haber una
+como la de San Quint&iacute;n, porque o Vuestras Reverencias dejan de amparar a
+los carlistas, o los carlistas absorben al liberalismo, o el liberalismo
+se los traga a ellos y a Vuestras reverend&iacute;simas Paternidades.</p>
+
+<p>&mdash;Grandes fauces ha menester... pero por falta de apetito no lo
+dejar&aacute;&mdash;indic&oacute; Graci&aacute;n dign&aacute;ndose sonre&iacute;r un poco.</p>
+
+<p>Cordero dio un suspiro y dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Veremos qui&eacute;n traga a quien... Repito que las noticias que me han dado
+mi primo y Rufetillo... yo siempre le llamo Rufetillo... no son
+espeluznantes. Gritos y bulla nada m&aacute;s... Puede ser que haya algunos
+palos, pero esos no caer&aacute;n sobre las costillas de ning&uacute;n eclesi&aacute;stico.
+Siempre se los encontrar&aacute; alg&uacute;n desdichado que no lo coma ni lo beba. En
+esa reuni&oacute;n secreta no hay hombres de gran empuje, ni conspiradores
+temibles, ni jacobinos de tente tieso. El m&aacute;s enredador de todos ellos,
+el viborezno D. Eugenio Aviraneta ha desaparecido misteriosamente,
+cuando m&aacute;s enfrascado parec&iacute;a en sus intrigas. Y ahora dicen que est&aacute;
+con los carlistas.</p>
+
+<p>Graci&aacute;n levant&oacute; un pisapapeles que en la mesa de su escritorio oprim&iacute;a
+varias cartas. Ten&iacute;a aquel objeto la forma de un pie de cabr&oacute;n, y
+habiendo salido ileso de los escombros de la casa de D. Felic&iacute;simo,
+Pipa&oacute;n lo regal&oacute; al padre Graci&aacute;n como recuerdo de su amant&iacute;simo suegro,
+que era amigo &iacute;ntimo del jesuita. Este mir&oacute; la carta que bajo el pie de
+cabr&oacute;n estaba y dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Aviraneta lleg&oacute; a Tolosa de Francia. Me escribe con fecha del 13. Ya ve
+usted que le conf&iacute;o mis secretos.</p>
+
+<p>&mdash;Y ya sabe Vuestra Reverencia que soy un sepulcro&mdash;replic&oacute; Cordero
+levant&aacute;ndose&mdash;. Muchas felicidades y pocos sustos.</p>
+
+<p>Despidiose y fue a ver a Jenara, esperando hallar en su casa las
+noticias que no pudo o no quiso darle Graci&aacute;n. La dama estaba preparando
+sus maletas para huir de Madrid y de la epidemia que empezaba a difundir
+horroroso p&aacute;nico en los habitantes de la Villa. De los informes que
+Cordero buscaba, nada pod&iacute;a darle Jenara, porque nada hab&iacute;a sabido
+despu&eacute;s de la salida de su esposo enfermo y demente del hospital militar
+de Pamplona.</p>
+
+<p>La se&ntilde;ora no pensaba m&aacute;s que en huir, huir de aquel azote de Dios que
+hab&iacute;a empezado hiriendo a los pobres y pronto descargar&iacute;a sobre los
+ricos. Ya hab&iacute;a casos, s&iacute;, ya hab&iacute;a casos de gente acomodada. Un
+consejero jubilado, la se&ntilde;ora de un Alcalde de Corte, un exento de
+guardias, un oficial de correos y un poeta hab&iacute;an ca&iacute;do el d&iacute;a
+anterior... &iexcl;Bendito Dios! los que no eran pobres ten&iacute;an al menos el
+recurso de la fuga, siempre que el c&oacute;lera no fuera con ellos, invisible,
+en la zaga del coche, como sol&iacute;a acontecer. Jenara ten&iacute;a mucho miedo a
+la muerte, se&ntilde;al de turbada conciencia; pero ella se esforzaba en
+aparecer serena y anim&aacute;base con sus propias sonrisas, como el soldado
+cobarde con sus propias bravatas. Iba, ven&iacute;a, recogiendo ropas, llenando
+ba&uacute;les, haciendo y deshaciendo paquetes, dictando &oacute;rdenes; contando su
+dinero y apuntando encargos. Contestaba breve y fr&iacute;amente a D. Benigno;
+pero cuando este le habl&oacute; de su matrimonio de f&oacute;rmula, mediante poder de
+un novio ausente, volviose a &eacute;l con brusco impulso y le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute; no me busc&oacute; usted para madrina?... No, no guardo yo rencor.
+Deseo perdonar y que me perdonen... Eso de darse las manos con cien
+leguas de por medio no est&aacute; en mis libros... &iexcl;Qu&eacute; matrimonio tan
+desgraciado, D. Benigno! Dios quiera que el c&oacute;lera no separe m&aacute;s a
+marido y mujer.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Se&ntilde;ora, por amor de Dios!...</p>
+
+<p>&mdash;No crea usted que es mala intenci&oacute;n. Es lo contrario... Les deseo toda
+clase de felicidades. No crea usted que soy mala... &iexcl;Y ahora que el
+hallarse en pecado mortal es tan peligroso!... No, no, reconciliaci&oacute;n,
+piedad, perd&oacute;n, amor a todos, conciencia limpia, ese es mi tema. &iquest;Es
+cierto que ha muerto anoche mucha gente?</p>
+
+<p>&mdash;Mucha, replic&oacute; Cordero observando la palidez que el miedo pintaba en el
+agraciado rostro de Jenara.</p>
+
+<p>&mdash;No me lo diga usted... Esta tarde me voy. Me confesar&eacute; primero. &iquest;No
+cree usted que es buena idea?</p>
+
+<p>&mdash;Me parece muy acertada.</p>
+
+<p>&mdash;Vivimos casi de milagro.</p>
+
+<p>&mdash;Es verdad. Ya que nos coja, que nos coja confesados&mdash;dijo Cordero con
+algo de sorna.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, s&iacute;... Paz con todo el mundo, paz con Dios...</p>
+
+<p>Pronunci&oacute; estas palabras con gran zozobra, y sigui&oacute; ocup&aacute;ndose con
+febril actividad en sus preparativos de viaje. Los objetos se le ca&iacute;an
+de las manos; equivocaba una cosa con otra; empaquetaba ropas que deb&iacute;an
+quedar en la casa, y pon&iacute;a bajo llaves lo m&aacute;s indispensable para el
+viaje.</p>
+
+<p>Fueron llegando unos tras otros los amigos, noticiosos de su viaje. La
+ve&iacute;an partir con sentimiento, y ella por su parte les abandonaba con
+tristeza, porque la tertulia era el encanto de su vida, y el charlar de
+cosas de gobierno la m&aacute;s regalada comidilla de su travieso esp&iacute;ritu.
+&iquest;Nombraremos a aquellos se&ntilde;ores? M&aacute;s vale que no, porque algunos han
+vivido hasta hace poco; la mayor parte han ocupado alt&iacute;simos puestos, y
+todos llevaron, cual m&aacute;s cual menos, piedra y cascote al edificio de un
+partido tan poderoso como impopular. Como nada es duradero en el mundo,
+el cielo quiso que a aquel edificio le llegase como a la casa de D.
+Felic&iacute;simo, su d&iacute;a final, y hoy crece en sus rotos muros el <i>amarillo
+jaramago</i>, y sus huecos <i>son &iexcl;ay! de lagartos vil morada</i>.</p>
+
+<p>Entonces, en los tiempos verdes del gran Mart&iacute;nez de la Rosa, daba gozo
+ver la juventud lozana de un partido que hoy es vejete decr&eacute;pito con
+lastimosas pretensiones de andar derecho, de alzar la voz y aun de
+infundir algo de miedo. Entonces se nutr&iacute;a de h&aacute;biles ret&oacute;ricas, de
+erudici&oacute;n doctrinaria carlista, y hac&iacute;a esgrima de sable con el brazo
+valent&oacute;n y pendenciero de j&oacute;venes oficiales granadinos. En el seno de
+este partido, que en un tiempo se llam&oacute; de <i>los sabios</i> y en sus albores
+se llam&oacute; de los <i>anilleros</i>, hab&iacute;a gente de gran m&eacute;rito, aleccionados
+los unos en la pr&aacute;ctica est&eacute;ril de liberalismo, otros algo amaestrados
+en el arte pol&iacute;tico que faltaba a los liberales. Ellos fueron los
+primeros maquiav&eacute;licos ante quienes sucumbi&oacute; la inocencia ang&eacute;lica de
+aquellos candorosos docea&ntilde;istas que principiaban a no servir para nada.
+A falta de principios ten&iacute;an un sistema, compuesto de enga&ntilde;o y energ&iacute;a.
+Su credo pol&iacute;tico fue una comedia de cuarenta a&ntilde;os. Su &eacute;xito debiose a
+haber vigorizado el principio de autoridad, y su descr&eacute;dito o
+impopularidad a haber impedido el desarrollo progresivo de las ideas. En
+religi&oacute;n eran volterianos, y en sus costumbres privadas enemigos de la
+templanza; pero ten&iacute;an un <i>coram vobis</i> de santurroner&iacute;a que hac&iacute;a el
+efecto de ver la silueta de Satan&aacute;s en la sombra de un confesonario. Uno
+de los primeros elementos de fuerza que allegaron fue el clero, a quien
+adulaban, disponi&eacute;ndose, no obstante, a comprar por poco dinero sus
+bienes, cuando los progresistas los arrancaron de las manos que llamaban
+muertas. A excepci&oacute;n de dos o tres individualidades de intachable
+pureza, eran gente de econom&iacute;as, y andando el tiempo, con las compras de
+bienes desamortizados, formaron una aristocracia que poco a poco se hizo
+respetable, y en la cual hay muchos marqueses y un formidable elemento
+de orden. En lo militar fueron poco escrupulosos, y se les ha visto
+pronunciarse con naturalidad y hasta con gracia.</p>
+
+<p>En los d&iacute;as de nuestra narraci&oacute;n presentaban el grato aspecto de un
+ej&eacute;rcito joven, lleno de br&iacute;os y de valor. Su programa de moderaci&oacute;n
+contrariaba a mucha gente. Aquel habilidoso sistema de ser y no ser, de
+equilibrarse entre el absolutismo y los liberales, vali&eacute;ndose de los
+unos contra los otros, de prometer y no cumplir, de encubrir con
+f&oacute;rmulas, ret&oacute;ricas y dicharachos hoy desacreditados, pero entonces muy
+en boga, el lazo de la arbitrariedad y el espad&oacute;n de la fuerza, dio
+resultados en &eacute;poca de tanta inocencia pol&iacute;tica, cuando la libertad era
+como un ni&ntilde;o generoso y no exento de mimos, m&aacute;s f&aacute;cil de enga&ntilde;ar que de
+convencer.</p>
+
+<p>La tertulia de Jenara fue el centro donde las aspiraciones de aquella
+gente lista empezaron a tomar cuerpo. All&iacute; fue precis&aacute;ndose el sistema y
+haci&eacute;ndose pr&aacute;ctico. All&iacute; se establecieron relaciones que no hab&iacute;an de
+romperse sino con la muerte y se conocieron y se escogieron, dig&aacute;moslo
+as&iacute;, los hombres. Los j&oacute;venes tomaron de los viejos el saber astuto y
+estos de aquellos el desenfado y el vigor. Humanamente considerada,
+aquella gente ten&iacute;a una superioridad especial que ha sido la causa de su
+dominio durante un tercio de siglo: era la superioridad de los modales,
+cosa important&iacute;sima en nuestra edad. Hab&iacute;a en aquellos tiempos como una
+l&iacute;nea divisoria clara y precisa que separaba en dos grandes mitades el
+inmenso personal pol&iacute;tico, creado por las revoluciones. En el trazado de
+esta l&iacute;nea ten&iacute;an alguna parte las tijeras de los sastres. No hab&iacute;a
+t&eacute;rmino medio, y fue l&aacute;stima grande que tantas ideas generosas y
+salvadoras no pudieran por fatal destino, emanciparse de la groser&iacute;a,
+del mal vestir y peor hablar.</p>
+
+<p>Por esto el advenimiento de la clase media fue laborioso y pesado.
+Aquella clase, frailunamente educada, no supo echar de s&iacute; ciertas
+asperezas, por lo que s&oacute;lo prevalecieron en la vida p&uacute;blica los pocos
+que supieron ponerse el frac.</p>
+
+<p>Despidieron a Jenara aquel d&iacute;a, 16 de Julio de 1834, y se retiraron
+todos, los unos a su oficina, pues casi todos eran empleados, los otros
+a dormir la siesta. Todav&iacute;a en aquellos tiempos se dorm&iacute;a la siesta, y
+al d&iacute;a siguiente de aquel 16 da Julio fue cuando la Providencia dispuso
+que el Gobierno durmiera una siesta c&eacute;lebre.</p>
+
+<p>La dama parti&oacute; llena de pena y miedo, de miedo porque ignoraba si
+alej&aacute;ndose de Madrid se alejar&iacute;a del aire ponzo&ntilde;oso; de pena, porque
+dejaba su vida dulce y regalada, sus tertulias llenas de amenidad o
+inter&eacute;s, su influencia en el partido dominante, y quiz&aacute;s, quiz&aacute;s algo
+que m&aacute;s vivamente interesaba a su coraz&oacute;n. Renunciar al brillo de su
+ingenio y hermosura, a las adulaciones de la peque&ntilde;a corte masculina que
+la festejaba un d&iacute;a y otro d&iacute;a; abdicar esta corona y huir de la capital
+de su reino de galanter&iacute;as para sepultarse en un r&uacute;stico lugar&oacute;n donde
+no hab&iacute;a de tener m&aacute;s solaz que lecturas ins&iacute;pidas y donde hab&iacute;a de
+recibir la noticia del fin trist&iacute;simo de su marido, era fuerte cosa para
+un coraz&oacute;n amigo de impresiones lisonjeras, para una fantas&iacute;a siempre
+joven y siempre so&ntilde;adora, para una conciencia alarmada.</p>
+
+<p>Esta mujer acab&oacute; ya para nosotros. Dentro de los l&iacute;mites se&ntilde;alados a
+estas historias, no cabe ya el resto de su vida llena de accidentes, y
+que no tomar&aacute;n por modelo los cenobitas ni los que se propongan ser
+santos o algo que a santos se parezca. S&oacute;lo diremos, que vivi&oacute; muchos
+a&ntilde;os y que a los sesenta todav&iacute;a era guapa. Ingeniosa, amable y algo
+intrigante, lo fue hasta los setenta, y durante dos a&ntilde;os m&aacute;s fue un
+modelo de devoci&oacute;n cristiana y de edificante trato con cl&eacute;rigos y
+cofrad&iacute;as, hasta que Dios quiso llev&aacute;rsela de este mundo. No se le cay&oacute;
+la casa encima como a D. Felic&iacute;simo, sino que muri&oacute; de repente hacia el
+&uacute;ltimo tercio del 68, si no est&aacute;n equivocadas las cr&oacute;nicas.</p>
+
+<p>Aquel d&iacute;a (volvemos a nuestro 16 de Julio del 34), D. Benigno fue el
+&uacute;ltimo que le apret&oacute; la mano. Despu&eacute;s el h&eacute;roe dio una vuelta por la
+calle de Toledo y plazuela de la Cebada, porque oy&oacute; decir que hab&iacute;a
+agitaci&oacute;n en aquellos barrios y gustaba de curiosear. Un espect&aacute;culo
+horrible le detuvo en su excursi&oacute;n. Vio asesinar cruelmente a un chico
+por echar tierra en las cubas de los aguadores. Esta travesura frecuente
+entonces, se castigaba com&uacute;nmente a pescozones. Las cosas hab&iacute;an
+variado, y los &aacute;ngeles traviesos eran tratados como los mis grandes
+criminales. Cordero retrocedi&oacute; para entrar en la calle del Duque de
+Alba, y en la de los Estudios recibi&oacute; un testarazo que le hizo saltar de
+la acera al arroyo. El duro objeto que le embisti&oacute; era un ata&uacute;d. Un
+hombre le llevaba sobre su cabeza, dando porrazos a cuantos transe&uacute;ntes
+hallaba en su camino.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bestia!&mdash;grit&oacute; Cordero.</p>
+
+<p>Al punto reconoci&oacute; a Tablas, y suavizando la voz le pregunt&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Para qui&eacute;n es, hermano?</p>
+
+<p>&mdash;Para aquella, para aquella&mdash;replic&oacute; L&oacute;pez sin detener el paso. Cordero
+vio algunas mujeres que lloraban.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XXVII" id="XXVII"></a>-XXVII-</h2>
+
+
+<p>Desgre&ntilde;ada, l&iacute;vida, con los ojos chispeando furia, las manos
+temblorosas, los dedos tiesos y esgrimidos al modo de cuchillos, la boca
+seca, por ser las voces que de ella sal&iacute;an m&aacute;s bien ascuas que palabras;
+m&aacute;s parecida a demonio hembra que a mujer, estaba Maricadalso en la
+puerta de una casa humild&iacute;sima de la calle del Pe&ntilde;&oacute;n. Sus gritos
+pusieron en alarma a la calle toda, como las campanadas de un incendio,
+y por ventanas y puertas aparecieron los vecinos. &iexcl;Qu&eacute; caras y qu&eacute;
+fachas! El gritar de Maricadalso era por momentos lastimero y dolorido,
+a veces amenazador y delirante. Sus cl&aacute;usulas sueltas, saliendo de la
+boca en chispazos violentos, no entran en la jurisdicci&oacute;n del lenguaje
+escrito, porque lo caracter&iacute;stico de ellas dejar&iacute;a de serlo al separarse
+de lo grosero. Palabras eran de esas que matizan y salpimentan las
+disputas populares; equivalen al siniestro brillo de la navaja en el
+aire y al salpicar de sangre soez entre las inmundicias que de un
+coraz&oacute;n rudo salen a una boca sedienta de injuria. Entre lo que no puede
+reproducirse se destacaban estas frases.&mdash;&iexcl;Mi hija muerta!... &iexcl;Cosas
+malas en el agua!... &iexcl;Esos pillos!...</p>
+
+<p>Muchas damas de candil, vestigio envilecido de las que inmortaliz&oacute; D.
+Ram&oacute;n de la Cruz, rodearon a Maricadalso. Una harp&iacute;a que grita en medio
+de la calle del Pe&ntilde;&oacute;n o de otra cualquiera de aquellos barrios, tiene la
+seguridad de llevar el convencimiento m&aacute;s profundo al &aacute;nimo de su
+auditorio, sobre todo si lo que dice es un disparate de esos que no
+entran jam&aacute;s en cabeza discreta. Con m&aacute;gica rapidez, todas las mujeres
+que rodearon a Maricadalso se asimilaron las opiniones y sentimientos de
+esta. El pueblo es conductor admirable de las buenas como de las malas
+ideas, y cuando una de estas cae bien en &eacute;l, le gana por completo y le
+invade en masa. Bien pronto la harp&iacute;a individual fue una harp&iacute;a
+colectiva, un monstruo horripilante que ocupaba media calle y ten&iacute;a
+cuatrocientas manos para amenazar y doscientas bocas para decir: <i>&iexcl;Cosas
+malas en el agua!</i></p>
+
+<p>Quien no piensa nunca, acepta con j&uacute;bilo el pensamiento extra&ntilde;o,
+mayormente si es un pensamiento grande por lo terror&iacute;fico, nuevo por lo
+absurdo. Aquel d&iacute;a hab&iacute;an ocurrido muchas defunciones. Varias familias
+ten&iacute;an en su casa un muerto o agonizante. En presencia de una cat&aacute;strofe
+o desventura enorme, al pueblo no le ocurren las razones naturales de lo
+que ve y padece. Su ignorancia no lo permite saber lo que es contagio,
+infecci&oacute;n morbosa, desarrollo miasm&aacute;tico. &iquest;Y c&oacute;mo lo ha de saber la
+ignorancia, si a&uacute;n lo sabe apenas la ciencia? El pueblo se ve morir con
+s&iacute;ntomas y caracteres espantosos, y no puede pensar en causas
+patol&oacute;gicas. Cristiano de rutina, tampoco puede pensar en rigores de
+Dios. Bestial y grosero en todo, no sabe decir sino: <i>&iexcl;Cosas malas en el
+agua!</i></p>
+
+<p>Esta idea de las <i>cosas malas</i> arrojadas infamemente en la riqu&iacute;sima
+agua de Madrid, con el objeto puro y simple de <i>matar a la gente</i>, cay&oacute;
+en el mag&iacute;n del populacho como la llama en la paja. No ha habido idea
+que m&aacute;s pronto se propagase ni que m&aacute;s velozmente corriese, ni que m&aacute;s
+presto fuera elevada a art&iacute;culo de fe. &iquest;C&oacute;mo no, si era el absurdo
+mismo?</p>
+
+<p>Algunas mujeres subieron a ver el cad&aacute;ver de la hija de Maricadalso,
+cuyo ata&uacute;d acababa de traer L&oacute;pez. Era una muchacha bonita, cigarrera,
+con opini&oacute;n de honrada. Maricadalso sub&iacute;a a su casa, lloraba junto al
+cuerpo de su hija, bajaba a gritar de nuevo, blasfemando, volv&iacute;a a subir
+y a llorar... Ya no parec&iacute;a la Muerte sino la Locura cantando a su modo
+el <i>Dies irae</i>. En tanto veinte, treinta, cuarenta hombres sub&iacute;an hacia
+la plaza de la Cebada propagando aquel sat&aacute;nico evangelio de las <i>cosas
+malas en el agua</i>. Encontraron a Timoteo Pelumbres, esposo de
+Maricadalso y padre de la muerta. Oy&oacute; este el griter&iacute;o y soltando las
+herramientas que llevaba, corri&oacute; presuroso a una taberna donde varios
+hombres disputaban.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Veis?&mdash;grit&oacute; mostrando el pu&ntilde;o&mdash;. Todo el mundo lo dice... &iexcl;Han
+envenenado las aguas!</p>
+
+<p>Inquieto, feroz y peque&ntilde;o, Timoteo ten&iacute;a todas las apariencias del
+chacal, la mirada baja y traidora, los m&uacute;sculos &aacute;giles, el golpe
+certero. Atacaba de salto. Era el mismo a quien vimos haciendo bu&ntilde;uelos
+en la tienda inmediata a la gran carnecer&iacute;a de la Pimentosa, de quien
+era protegido, lo mismo que su mujer. Era el mismo a quien vimos hace
+mucho tiempo, acaudillando la fiera c&aacute;fila que asesin&oacute; a martillazos al
+cura Vinuesa en la c&aacute;rcel de la calle de la Cabeza. Aquel tigre
+peque&ntilde;o vivi&oacute; mucho. Alcanz&oacute; los tiempos de Chico.</p>
+
+<p>En la taberna hac&iacute;a falta un orador para electrizar el selecto concurso.
+Aquel orador fue Pelumbres, que hablaba mostrando el pu&ntilde;o y frunciendo
+las cejas. Las mujeres pasaron gritando. Entre ellas se divulg&oacute; una de
+esas noticias que electrizan, que redoblan el entusiasmo y aguzan el
+soez pensamiento. La noticia era esta: De los dos chicos a quienes se
+hab&iacute;a sorprendido poco m&aacute;s arriba echando <i>unas tierras amarillas</i> en
+las cubas de los aguadores, el uno fue muerto al instante, el otro logr&oacute;
+escaparse y se refugi&oacute;... &iquest;d&oacute;nde? en el mismo San Isidro.</p>
+
+<p>&mdash;Como que de all&iacute; ha salido todo...&mdash;dijo una voz que se esforzaba en ser
+autorizada y convincente a pesar de ser la voz de un salvaje.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; ha salido de all&iacute;?</p>
+
+<p>&mdash;Los polvos.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Los polvos!</p>
+
+<p>El que esto aseguraba era un hombr&oacute;n, un animal de esos que aparecen en
+las tempestades populares, sin que se sepa bien quien los trajo, y en
+todas ellas dejan se&ntilde;al sangrienta de su paso. Segu&iacute;ale una docena de
+individuos de esos que al mirarnos muestran cara humana, si bien es muy
+dudoso que sean hombres.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, se&ntilde;ores, todo est&aacute; averiguado&mdash;a&ntilde;adi&oacute; el desali&ntilde;ado orador, que era
+Tablas en persona&mdash;. Y si faltase testimonio, aqu&iacute; estoy yo para darlo.</p>
+
+<p>Dos mujeres se le colgaron de cada brazo. En torno suyo h&iacute;zose un
+corrillo. Form&aacute;balo esa curiosidad de lo horrible que re&uacute;ne gente en
+derredor de los pat&iacute;bulos, del charco de sangre, se&ntilde;al de un crimen, o
+junto a la oscura agon&iacute;a de un perro. Tablas se enorgulleci&oacute; de su
+papel. Aquel d&iacute;a era un d&iacute;a suyo, un d&iacute;a en que iba a mostrar su poder
+con pretensiones de poder pol&iacute;tico, &iexcl;oh! &iexcl;qu&eacute; gran momento! Dos docenas
+de perdidos le obedec&iacute;an, como obedece la piedra a la honda. Tablas era
+la honda; pero distaba mucho de ser la mano.</p>
+
+<p>&mdash;Pues, s&iacute; se&ntilde;ores&mdash;a&ntilde;adi&oacute; L&oacute;pez&mdash;. &iexcl;Yo mismo les he llevado ayer un saco
+con media fanega de veneno!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Media fanega de veneno!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y t&uacute; se lo has llevado?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, porque no sab&iacute;a lo que era. No es la primera vez que esos malvados
+reciben remesas de veneno. El saco que les llev&eacute; ayer vino de Catalu&ntilde;a
+para ese... No le quiero nombrar.</p>
+
+<p>&mdash;Di t&uacute;, parlanch&iacute;n&mdash;grit&oacute; una voz detr&aacute;s del corrillo&mdash;. &iquest;Se ha muerto
+tambi&eacute;n la Pimentosa?</p>
+
+<p>&mdash;Para eso va. Esta ma&ntilde;ana despert&oacute; con el mal.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Ha bebido agua?</p>
+
+<p>&mdash;Ha tomado los mismos polvos como medicina.</p>
+
+<p>Una exclamaci&oacute;n de horror acogi&oacute; esta terror&iacute;fica aseveraci&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qui&eacute;n se los ha dado?</p>
+
+<p>&mdash;Curas y frailes que todos son unos. Di&eacute;ronselos como medicina santa, y
+tomarlos y empezar a sentir las arcadas del c&oacute;lera, fue todo una misma
+cosa.</p>
+
+<p>Esto era demasiado espantoso para que el digno concurso pudiera hacer
+comentarios. El silencio torvo con que lo oy&oacute; probaba su escasez de
+ideas ante aquel hecho y el alarmante recogimiento de sus pasiones, que
+se concentraron para brotar en seguida con m&aacute;s fuerza. Tablas puso cara
+afligida. Deseaba excitar en favor suyo la compasi&oacute;n de la multitud y
+pasar por una v&iacute;ctima de las malas artes de cierta gente. Pero en su
+rudeza no acertaba a ingerir la idea pol&iacute;tica en aquella serie de locos
+desatinos. Trat&aacute;ndose de difundir un disparate y de darle la
+inverosimilitud que le hace m&aacute;s asequible a la mente del vulgo, Tablas
+no carec&iacute;a de habilidad, porque as&iacute; como el b&uacute;ho ve en las tinieblas,
+ciertos entendimientos tienen la aptitud del absurdo. Pero &eacute;l quer&iacute;a
+razonar, emitir un fundamento, m&aacute;s que por justificar la asonada, por
+darse satisfacci&oacute;n a s&iacute; mismo, como hombre de opiniones pol&iacute;ticas.
+Necesitaba una f&oacute;rmula que le diese prestigio entre sus oyentes
+adjudic&aacute;ndole cierta iniciativa con asomos de jefatura.</p>
+
+<p>Frunci&oacute; el ce&ntilde;o, baj&oacute; la cabeza, recogi&oacute; su pensamiento para buscar la
+f&oacute;rmula que necesitaba. Como en ocasiones parecidas, en aquella su
+frente semejaba el duro testuz del toro, previniendo la acometida. La
+chispa brot&oacute; entre las nieblas de aquel caletre, pues no hay cerebro por
+tenebroso que sea, que no tenga sus rehendijas por donde entre a veces
+algo de luz.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;No sab&eacute;is lo que es esto?&mdash;dijo con gran animaci&oacute;n&mdash;, sintiendo
+vislumbres de genio&mdash;. &iquest;No sab&eacute;is lo que esto significa? Envenenar por
+gusto de envenenar no es...</p>
+
+<p>Buscaba la palabra <i>l&oacute;gico</i>, que hab&iacute;a o&iacute;do muchas veces en el club:
+pero no daba con ella. La palabra se le atarugaba sin querer pasar, como
+una moneda grande que no puede entrar por la peque&ntilde;a hendidura de una
+hucha.</p>
+
+<p>&mdash;No es, no es...&mdash;a&ntilde;adi&oacute; forcejeando con el vocablo y ech&aacute;ndole fuera al
+fin, aunque desfigurado, no es <i>il&oacute;gico</i>. &iquest;Por qu&eacute; envenenan a la gente?
+Para acabar con los liberales. Ellos dicen: &laquo;No podemos aniquilar a
+nuestros enemigos uno a uno, pues acabemos con todo el g&eacute;nero humano&raquo;.
+(Sensaci&oacute;n profund&iacute;sima.)</p>
+
+<p>Comprendi&oacute; que le vendr&iacute;a muy bien en aquel caso un recuerdo hist&oacute;rico,
+y volvi&oacute; a fruncir el ce&ntilde;o. Esto era dif&iacute;cil en extremo y su cerebro no
+ten&iacute;a capacidad para contener un suceso hist&oacute;rico. Equival&iacute;a a querer
+meter, no ya una moneda, sino un camello dentro de la hucha. Pens&oacute; mucho
+y se rasc&oacute; la frente. Hab&iacute;a o&iacute;do en el club multitud de menciones y
+referencias de acontecimientos pret&eacute;ritos; pero a &eacute;l ninguna se le ven&iacute;a
+a las mientes. De pronto una mujer, &iexcl;oh genio de la mujer! dijo esto:</p>
+
+<p>&mdash;Es como lo de Herodes.</p>
+
+<p>Tablas se estremeci&oacute; de j&uacute;bilo. Ten&iacute;a lo que necesitaba. Ahuecando la
+voz y marcando con su manaza un compasillo oratorio, prosigui&oacute; su
+discurso as&iacute;:</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, se&ntilde;ores; as&iacute; como el tirano Herodes, para ver de perder al ni&ntilde;o
+Jes&uacute;s, mand&oacute; matar a todos los ni&ntilde;os, seg&uacute;n rezan los Evangelistas,
+estos canallas, para ver de acabar con un partido, con el partido
+liberal, quieren matar a todos los espa&ntilde;oles, a todo el g&eacute;nero humano, a
+todo el globo terr&aacute;queo.</p>
+
+<p>Describi&oacute; con el brazo extendido un vasto y rapid&iacute;simo c&iacute;rculo. Sabe
+Dios hasta donde habr&iacute;an llegado las ret&oacute;ricas del antiguo tablajero, si
+en aquel momento no permitiese Dios una repentina tragedia. Era el
+primer hecho terrible, brotando de la &uacute;ltima palabra de L&oacute;pez. En el
+populacho las palabras ardientes tienen una propagaci&oacute;n pasmosa, y pasma
+tambi&eacute;n la rapidez con que de estas flores de la barbarie salen frutos
+de sangre. Un lego atraves&oacute; por delante de la Latina, dobl&oacute; la esquina
+de la plazuela siguiendo en direcci&oacute;n a Puerta de Moros. Iba presuroso y
+acobardado, llevando un paquete de papel en la mano, algo como dos
+libras de az&uacute;car, reci&eacute;n compradas en la tienda.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Aquel lleva veneno!&mdash;gritaron varias mujeres corriendo hacia &eacute;l.</p>
+
+<p>El lego fue rodeado por un grupo y desapareci&oacute; en &eacute;l. No se vio m&aacute;s que
+un estremecimiento de brazos y cabezas, un enjambre de cuerpos que
+forcejearon entre gritos. Algunos ayes lastimeros se deslizaron entre el
+vocer&iacute;o. Despu&eacute;s s&oacute;lo se ve&iacute;a una masa de gente en l&uacute;gubre cerco
+silencioso mirando al suelo.</p>
+
+<p>Tablas hab&iacute;a tomado otra direcci&oacute;n. Por un momento el populacho se
+dividi&oacute;. Los girones de aquella nube negra vagaron un rato por las
+calles de los Estudios, Toledo, plazuelas de San Mill&aacute;n y de la Cebada.
+Gran confusi&oacute;n reinaba. El atleta, con su media docena de facinerosos
+camin&oacute; hacia la calle de las Maldonadas. Cerca de la puerta de su casa
+vio a Romualda que sal&iacute;a presurosa, y la llam&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y Nazaria?</p>
+
+<p>&mdash;Lo mismo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Hay alguien arriba?</p>
+
+<p>&mdash;Nadie, yo sola; digo, yo he bajado.</p>
+
+<p>&mdash;Sube y tr&aacute;eme mi navaja grande que est&aacute; sobre la c&oacute;moda.</p>
+
+<p>&mdash;Madre Nazaria me ha mandado por agua. Tiene sed.</p>
+
+<p>&mdash;Ve primero por la navaja.</p>
+
+<p>Romualda subi&oacute;, mientras Tablas y sus amigos conferenciaban gravemente
+en la puerta. Era un consejo de guerra de can&iacute;bales en la expectativa de
+una gran batalla-merienda. Cuando Romualda baj&oacute; con la navaja, L&oacute;pez
+dijo a los amigos:</p>
+
+<p>&mdash;El Gobierno mandar&aacute; tropas a defenderles. Bueno es estar prevenido.
+Mira, Rumalda...</p>
+
+<p>Romualda hab&iacute;a pasado ya a la otra acera, y desde all&iacute; les miraba con
+espanto. Su cara de hambre y miseria, su aspecto de cansancio no
+excitaban la compasi&oacute;n de aquellos caballeros andantes de la plebe.</p>
+
+<p>&mdash;Rumalda.</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;or.</p>
+
+<p>&mdash;Sube y tr&aacute;eme las dos pistolas que est&aacute;n colgadas junto a la cama...
+Despu&eacute;s llevar&aacute;s el agua a Nazaria.</p>
+
+<p>&mdash;Madre Nazaria no me ha mandado por agua. Ya no tiene sed. Me ha mandado
+por un cura. Dice que se muere.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Por un cura?... &iquest;Y d&oacute;nde est&aacute;n los curas, mentecata?... Di a Nazaria
+que no se muera, que volver&eacute; pronto... Corre y tr&aacute;eme las pistolas.</p>
+
+<p>&mdash;Voy por el cura.</p>
+
+<p>&mdash;Sube y trae las pistolas&mdash;grit&oacute; L&oacute;pez.</p>
+
+<p>La coja entr&oacute; en el portal, y emprendi&oacute; su lucha con la escalera. Esto
+empezaba a ser para ella como beberse el mar. Y se lo beb&iacute;a.</p>
+<p>
+ <img src="images/pag440.jpg"
+ alt="image" title="image" />
+</p>
+<p>Poco despu&eacute;s el atleta y sus amigos volv&iacute;an a la calle de los Estudios.
+Un reloj dio la hora. Eran las tres de la tarde. Ya en la puerta que el
+Seminario tiene por la calle del Duque de Alba, los sicarios del lego
+formaban un grupo imponente, mont&oacute;n de humanidad digno de un basurero,
+en el cual brillaban aceros de navajas y burbujeaban blasfemias.
+Gritaron, golpeando la puerta. Tablas se present&oacute;, quiso mandar; pero no
+le hicieron caso. Abriose la puerta, o franqueada por dentro o rota
+desde fuera, que esto no se sabe bien. El populacho entr&oacute;. Det&uacute;vose en
+el vest&iacute;bulo ante una figura que estaba all&iacute; sola, imponente, inm&oacute;vil,
+como imagen bajada de los altares. Era el Padre Sauri, joven, flaco,
+p&aacute;lido, valiente. La palidez, la energ&iacute;a de las facciones del jesuita,
+sus ropas negras, su valor quiz&aacute;s contuvieron un instante al populacho.
+Aquella repentina quietud parec&iacute;a la perplejidad del arrepentimiento. El
+jesuita dijo con voz sonora y conmovida: <i>&iquest;qu&eacute; quer&eacute;is?</i></p>
+
+<p>Dif&iacute;cil era contestar a esta pregunta con palabras. Los sicarios no
+sab&iacute;an bien lo que quer&iacute;an. De entre ellos sali&oacute; una voz que grit&oacute;:
+<i>Queremos tu sangre, perro</i>. No fue preciso m&aacute;s. El Padre Sauri
+desapareci&oacute;. No puede describirse su horroroso martirio. De manos de los
+monstruos pas&oacute; a las de unas cuantas harp&iacute;as que le arrastraron hasta la
+plazuela de San Mill&aacute;n, mutilando su cad&aacute;ver en el sangriento camino.</p>
+<p>
+ <img src="images/pag451.jpg"
+ alt="image" title="image" />
+</p>
+<p>En tanto los asesinos se difundieron por los inmensos claustros del
+vasto edificio. O&iacute;anse pasos precipitados y ayes lastimeros en lo alto
+violentos golpes de puertas que se cerraban. Era jueves, y los
+colegiales externos estaban en sus casas. Muchos jovenzuelos internos
+fueron acometidos. Para saber si eran realmente colegiales o Padres
+disfrazados de alumnos, los sicarios les quitaban el bonete buscando la
+corona sacerdotal.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XXVIII" id="XXVIII"></a>-XXVIII-</h2>
+
+
+<p>Aquella ma&ntilde;ana hab&iacute;a funcionado con mayor actividad que otros d&iacute;as el
+aparato de trasmisi&oacute;n, establecido por D. Rodrigu&iacute;n entre su carpeta y
+la de su amigo.</p>
+
+<p><i>&mdash;Amice, &iquest;exaudisti hodie susurrationes trapisondarum?</i></p>
+
+<p><i>&mdash;Utique; videte car&aacute;tulam Gratiani. &iexcl;Quantum est ille canguelatus!</i></p>
+
+<p><i>&mdash;Ecce Ferdinandez, vel a Ferdinando. Ille ahorcabitur cum capillo.</i></p>
+
+<p>&iexcl;Qui&eacute;n le hab&iacute;a de decir al juguet&oacute;n estudiante que a las pocas horas de
+estas bromas hab&iacute;a de ver morir tr&aacute;gicamente al infeliz Fern&aacute;ndez,
+maestro dulce, tolerante amigo de los buenos alumnos y docto humanista!
+Rodrigu&iacute;n le vio sorprendido por los sicarios al salir de su celda.
+Espantado el jesuita ante el horrendo aspecto de la multitud, permaneci&oacute;
+un instante perplejo o inm&oacute;vil sin acertar a huir, ni a defenderse, ni
+siquiera a traducir su terror en palabras. La plebe aprovech&oacute; aquel
+momento. Fue devorado en un soplo como seca arista en el fuego.</p>
+
+<p>Rodrigu&iacute;n baj&oacute; la escalera. Su temor le daba alas. En el patio vio matar
+al Padre Artigas, bibliotecario, y al hermano Elola, ambos cazados
+ferozmente a lo largo de los claustros, y siguiendo la direcci&oacute;n de
+algunos escolares que hu&iacute;an, refugiose en la capilla dom&eacute;stica. All&iacute;
+estaba el Padre Carasa con algunos colegiales rezando el rosario.
+Rodrigu&iacute;n les vio a todos arrodillados pidiendo a Dios misericordia, y
+quiso imitarles; pero sus piernas no pod&iacute;an doblarse y eran incapaces de
+todo lo que no fuera correr, huir, desaparecer. Sali&oacute; de la capilla. Era
+todo pies. Baj&oacute;, volvi&oacute; a subir, y en aquel viaje anheloso, semejante al
+de la liebre perseguida, vio morir al Hermano Sancho, el que acompa&ntilde;aba
+a Graci&aacute;n en sus paseos y excursiones, y al Hermano coadjutor Ostolazo,
+que pereci&oacute; en el patio y fue arrastrado a la calle por las mujeres. El
+p&aacute;nico horrible redoblaba las fuerzas del macarr&oacute;nico para correr. Subi&oacute;
+a los desvanes, pas&oacute; por el sitio a que &eacute;l y los de su pandilla
+nombraban <i>chupatorium</i> por ser el escondrijo donde fumaban, y al fin se
+encontr&oacute; solo. Los rugidos de la plebe sonaban lejos abajo. Rodrigu&iacute;n,
+al sentirse en salvo, perdi&oacute; s&uacute;bitamente las milagrosas fuerzas que le
+hab&iacute;an hecho volar, y cay&oacute; sin sentido. La colosal energ&iacute;a contractil
+que desplegara se concentr&oacute; en su cerebro, haci&eacute;ndole delirar. La fiebre
+reprod&uacute;jole los mismos peligros de que ya parec&iacute;a libre, y vio los
+pu&ntilde;ales corriendo tras s&iacute;. Imaginose que corr&iacute;a con sobrehumana
+presteza, sin poder apartarse de los ensangrentados aceros; imaginose
+que sub&iacute;a a los tejados, seguido tan cerca por los sicarios que sent&iacute;a
+su abrasador aliento. So&ntilde;aba (pues como sue&ntilde;o eran sus figuraciones) que
+se arrojaba de cabeza al patio, y que los sayones se arrojaban tambi&eacute;n
+detr&aacute;s de &eacute;l. Despu&eacute;s sub&iacute;a como desesperado gato por la cuerda de las
+campanas, y por la misma v&iacute;a sub&iacute;an tambi&eacute;n los pu&ntilde;ales terribles. Luego
+se lanzaba por el interior angosto y h&uacute;medo de las ca&ntilde;er&iacute;as que recib&iacute;an
+el agua de los tejados, y la turba se precipitaba tambi&eacute;n por el
+interior del tubo, haciendo un ruido semejante al del agua. Seguido
+siempre y nunca alcanzado, pero tampoco en salvo, se precipitaba en la
+iglesia, sub&iacute;a por las paredes, bajaba por los empolvados altares, y la
+plebe sub&iacute;a y bajaba con &eacute;l. Se met&iacute;a al fin entre las hojas de los
+misales, como una cinta de marcar, y all&iacute;, en aquel doblez seguro, le
+segu&iacute;an tambi&eacute;n las manos armadas de pu&ntilde;ales. Las navajas brillaban
+entre las doradas letras.</p>
+
+<p>Refugi&aacute;base luego entre los vestidos de la Virgen, en el aceite de la
+l&aacute;mpara, en el recinto sagrado del cop&oacute;n; y en los vestidos, en el
+aceite, en el cop&oacute;n, los tigres no se apartaban de &eacute;l, sigui&eacute;ndole sin
+descanso y toc&aacute;ndolo sin llegar a cogerle... Al fin acab&oacute; este
+espantoso delirio y qued&oacute; el escolar en inacci&oacute;n parecida a la de la
+muerte. Cuando termin&oacute; aquel estado y cobr&oacute; el conocimiento, hallose
+tendido boca abajo en el suelo del oscuro desv&aacute;n. Puso atenci&oacute;n a los
+ruidos de abajo y le pareci&oacute; que se alejaban. Arrastr&aacute;ndose trat&oacute; de
+subir al tejado y sali&oacute; al fin aunque con dificultades, porque le dol&iacute;a
+una rodilla y mov&iacute;a muy mal el brazo derecho. Desde el tejado que daba a
+la calle del Duque de Alba, vio la multitud que parec&iacute;a abandonar el
+edificio; pero &eacute;l ni por todos los tesoros del orbe, fuera capaz de
+descender al Colegio... Dos o tres gatos le salieron al encuentro, y
+con tan buena compa&ntilde;&iacute;a avanz&oacute; un buen trecho. El espacio vac&iacute;o donde un
+a&ntilde;o antes estuviera la casa de D. Felic&iacute;simo, le detuvo en su penoso
+viaje a&eacute;reo; pero dando algunos saltos lleg&oacute; a una casa que parec&iacute;a
+brindar al pobre fugitivo seguro y c&oacute;modo asilo. Por una de las ventanas
+de las bohardillas ve&iacute;ase ropa tendida; en obra hab&iacute;a dos chicuelos que
+se entreten&iacute;an en izar banderas de toallas y servilletas a un asta de
+ca&ntilde;a, que muy bien amarrada en el antepecho estaba. Alrededor de este
+cuadro revoloteaban pardas palomas que no lejos de all&iacute; ten&iacute;an su
+vivienda. D. Rodrigu&iacute;n indic&oacute; por se&ntilde;as a los chicos que iba a entrar
+por el hueco de la bohardilla, con lo que ambos se asustaron y huyeron
+adentro. Mas sin arredrarse por esto el atrevido estudiante escurriose
+tejas abajo. Trepando gatunamente con los cuatro remos, penetr&oacute; en la
+casa. Una mujer y un se&ntilde;or mayor le salieron al encuentro; pero D.
+Rodrigu&iacute;n no supo darse cuenta de lo que le dijeron, porque extenuado de
+fatiga y perdidas las fuerzas, se arroj&oacute; sobre un mont&oacute;n de ropa blanca.
+Dej&eacute;mosle all&iacute;.</p>
+<p>
+ <img src="images/pag444.jpg"
+ alt="image" title="image" />
+</p>
+<p>El Padre Graci&aacute;n estaba tranquilo en su celda escribiendo algunas
+cartas, cuando sinti&oacute; el tumulto. Sin creer que este tuviera la
+importancia que realmente ten&iacute;a, pens&oacute; que la Casa y sus pac&iacute;ficos
+habitantes corr&iacute;an peligro. Saliendo a la galer&iacute;a mir&oacute; al patio, y lo
+primero que vieron sus ojos aterrados fue el cad&aacute;ver del Hermano
+Artigas, b&aacute;rbaramente acribillado. Retrocedi&oacute; con espanto al interior de
+su celda; sac&oacute; precipitadamente cartas y papeles, encendi&oacute; lumbre, y en
+poco m&aacute;s tiempo del necesario para contarlo, hizo un auto de fe que
+redujo a cenizas preciosos documentos, cartas elocuentes fechadas en el
+Carrascal, en la Amezcua, en la Borunda y en los Alduides, curios&iacute;simas
+notas y apuntes. Con el humo que se levant&oacute; en la celda llen&aacute;ndola toda,
+sinti&oacute; picor en los ojos y sali&oacute; como quien llora. El santo var&oacute;n quiso
+revestir su fisonom&iacute;a y su persona de las apariencias de severidad y
+estoicismo que tan propias eran del momento, y aunque la proximidad y el
+aullido de los asesinos hicieron palpitar de temor su coraz&oacute;n fuerte, se
+sobrepuso a la angustia del momento y avanz&oacute; con paso seguro por la
+galer&iacute;a. Encomend&aacute;ndose mentalmente a Dios, hizo prop&oacute;sito firme de no
+perderse con una exhibici&oacute;n imprudente ni envilecerse con cobarde fuga.
+A su lado pas&oacute; despavorido el Hermano Ferm&iacute;n Barba, que hu&iacute;a de los
+sicarios. Graci&aacute;n no se anim&oacute; a seguirle ni se atrevi&oacute; a detenerle.</p>
+
+<p>Aturdido el infeliz Hermano, que hab&iacute;a logrado ponerse a salvo de los
+primeros perseguidores, cay&oacute; en manos de otro grupo no menos feroz,
+mientras Graci&aacute;n, sin salir de su paso acert&oacute; a encontrarse junto a la
+puerta que conduc&iacute;a al coro de la Iglesia. Entr&oacute;... Dos o tres,
+estancias oscuras llenas de muebles viejos y de objetos de culto, de
+esos que bien podr&iacute;an llamarse decoraciones, tales como cortinas,
+escalinatas, templetes, pabellones, piezas de monumento, etc., separaban
+el coro del claustro alto. Los asesinos no hab&iacute;an penetrado a&uacute;n all&iacute;.</p>
+
+<p>Graci&aacute;n lleg&oacute; al coro, y arrodill&aacute;ndose junto a la barandilla, or&oacute; en
+silencio, con las manos sobre los hierros y la frente en las coyunturas.
+&iquest;Se cre&iacute;a ya salvo y seguro? &iquest;Daba gracias o le ped&iacute;a misericordia? &iquest;Le
+ofrec&iacute;a su vida, aceptando gustoso su martirio, que ni buscaba ni rehu&iacute;a
+para que fuese m&aacute;s meritorio? Imposible ser&aacute; sondear aquella alma en
+momentos de tanta turbaci&oacute;n. Pero si la apariencia y el rostro, el gesto
+reposado y la lengua muda son se&ntilde;ales de un esp&iacute;ritu fuerte y sereno,
+Graci&aacute;n ten&iacute;a serenidad y fortaleza. O m&aacute;s bien sofocaba los est&iacute;mulos
+de ese instinto invencible que es quiz&aacute;s el sello de humanidad puesto a
+las criaturas, instinto que nos encarece con elocuente modo las ventajas
+de vivir, contrapesando los alientos del esp&iacute;ritu, ansioso a veces de la
+muerte.</p>
+
+<p>As&iacute;, cuando llegaron al coro, donde Graci&aacute;n estaba solo con su
+fortaleza, los bramidos de la plebe; cuando se oy&oacute; distintamente una voz
+que dijo <i>por aqu&iacute;</i>; cuando las pisadas de los asesinos sonaron en las
+baldosas mismas del coro, Graci&aacute;n no abandon&oacute; su recogida postura. Fue
+preciso, para hacerlo mover, que una mano descort&eacute;s y ensangrentada le
+tocase en el hombro. Volvi&oacute; la cabeza, vio a Tablas con aires de capit&aacute;n
+mat&oacute;n, armado de pistolas y cuchillo... Entonces el hombre se sobrepuso
+bruscamente al asceta. Dentro de Graci&aacute;n estall&oacute; una mina de
+indignaci&oacute;n. No supo lo que hac&iacute;a, y sus fuerzas herc&uacute;leas asumieron
+todas sus facultades, oscureciendo al fil&oacute;sofo, al m&iacute;stico, al cl&eacute;rigo,
+para revelar el gigante.</p>
+
+<p>En el coro hab&iacute;a, junto al facistol grande, otro peque&ntilde;o, pero
+suficientemente pesado para que no lo levantase con facilidad un solo
+hombre. Graci&aacute;n lo cogi&oacute; con formidable y r&aacute;pido movimiento. Parec&iacute;a que
+arrancaba un &aacute;rbol del suelo, y al levantarlo asemejose a San Crist&oacute;bal
+apoyado en su palma. Estr&eacute;pito de carcajadas acogi&oacute; este movimiento.
+Fulminando ira de sus ojos, Graci&aacute;n grit&oacute;: <i>&iexcl;Canallas!... &iexcl;Masones!</i> y
+alzando el mueble apunt&oacute; a la cabeza del capit&aacute;n de la vil tropa...
+Pero en mitad de su movimiento fue herido en el costado con golpe
+certero, instant&aacute;neo. Vacil&oacute; en el aire el facistol. El mueble y el
+cuerpo enorme del cl&eacute;rigo cayeron de un golpe. Estremeciose el piso.
+Inm&oacute;viles y espantados los asesinos, contemplaron el cuerpo a la
+distancia del terror.</p>
+
+<p>&mdash;Era el peor de todos&mdash;murmur&oacute; sordamente L&oacute;pez, apartando sus ojos de a
+v&iacute;ctima.</p>
+
+<p>Salieron. Un instante despu&eacute;s reinaba en el coro y en la Iglesia, en
+torno a lo que fue Padre Graci&aacute;n, el silencio del olvido.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XXIX" id="XXIX"></a>-XXIX-</h2>
+
+
+<p>Tan turbado estaba D. Rodrigu&iacute;n, que las primeras palabras salidas de su
+boca fueron un latinajo incomprensible. No acertaba a pedir socorro en
+castellano ni a expresarse tampoco en vulgar lat&iacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Ya, ya sabemos lo que usted desea&mdash;dijo cari&ntilde;osamente el se&ntilde;or mayor,
+poni&eacute;ndole la mano en el hombro&mdash;. Usted viene huyendo de la degollina de
+San Isidro... Aqu&iacute; no hay que temer... Sola, querida hija, a este
+caballerito le vendr&aacute; bien una taza de caldo.</p>
+
+<p>&mdash;<i>Utique... gratias agere...</i></p>
+
+<p>&mdash;O un vasito de vino blanco con bizcochos.</p>
+
+<p>&mdash;Mejor vino que caldo&mdash;dijo entonces en claro espa&ntilde;ol el estudiante.</p>
+
+<p>Y no se saciaba de mirar al se&ntilde;or de los espejuelos de oro, y a la
+joven, y a los chicos, que no menos espantados que &eacute;l le rodeaban.</p>
+
+<p>Sola (pues no era otra la se&ntilde;ora de aquella casa) sali&oacute; en busca del
+reconfortante, y D. Rodrigu&iacute;n, ya completamente recobrado el sentido,
+pudo reconocer a D. Benigno.</p>
+
+<p>&mdash;Ya s&eacute; donde estoy&mdash;dijo&mdash;. Ya s&eacute; que debo esta hospitalidad a don Benigno
+Cordero y a su digna esposa.</p>
+
+<p>&mdash;No es esta se&ntilde;ora mi mujer&mdash;replic&oacute; el de Boteros algo amostazado&mdash;,
+aunque s&iacute; lo fuera nada tendr&iacute;a de particular... Esta casa, no es mi
+casa, es de un amigo que est&aacute; ausente, es del esposo de esa dign&iacute;sima
+se&ntilde;ora, &iquest;entiende usted?... Vamos a otra cosa... Podr&iacute;an verlo a usted
+desde el tejado, si a los sicarios se les antoja subir para que no
+queden vivos ni los gatos... &iexcl;qu&eacute; horrible d&iacute;a, Virgen del Sagrario!...
+Bajemos, se&ntilde;or subdi&aacute;cono...</p>
+
+<p>&mdash;No soy subdi&aacute;cono, sino colegial&mdash;dijo Rodrigu&iacute;n, siguiendo a don
+Benigno 24 por la escalera abajo&mdash;. <i>Suum cuique</i>.</p>
+
+<p>La casa no era de vecindad. Ten&iacute;a dos pisos altos, ocupados por un solo
+inquilino. Demasiado grande para un soltero, era tal que para un casado
+sin hijos, sobraba m&aacute;s de la mitad. Sola se instal&oacute; en ella desde el d&iacute;a
+de su boda para limpiarla y tenerla en tal disposici&oacute;n que todo lo
+hallase a punto su marido cuando viniese. Una criada elegida por ella,
+Juanito Jacobo y el criado que Salvador hab&iacute;a dejado en la casa, daban
+compa&ntilde;&iacute;a y custodia a Sola por la noche, y por el d&iacute;a D. Benigno, su
+hermana y sus hijos mayores apenas sal&iacute;an de all&iacute;. Todos ayudaban a la
+grande obra de la limpieza y buena distribuci&oacute;n de los muebles, al
+adorno y arreglo de la casa, que estaba primorosa. No faltaba en ella
+m&aacute;s que una cosa, el amo. Esper&aacute;banle cada semana, cada d&iacute;a, cada hora.
+Se hab&iacute;an recibido cartas suyas. Su esposa no cesaba de cavilar y de
+calentarse el cerebro, ya contando horas y minutos, ya imaginando
+obst&aacute;culos, o bien discurriendo el modo de ir al encuentro de su cara
+mitad, cosa harto dif&iacute;cil ciertamente por no saber qu&eacute; camino tra&iacute;a.</p>
+
+<p>El c&oacute;lera hab&iacute;a llenado de consternaci&oacute;n y luto el alma de la se&ntilde;ora,
+afectando tambi&eacute;n a sus leales amigos. M&aacute;s que por s&iacute; mismos, tem&iacute;an
+ella y ellos por el ausente. &iexcl;Santo Dios, si la epidemia le atacara en
+el camino!... &iquest;Tendr&iacute;a Dios dispuesto que no llegara a disfrutar el bien
+por tanto tiempo esperado?</p>
+
+<p>&mdash;Lo peor de todo&mdash;dec&iacute;a Cordero, constante en su entra&ntilde;able afecto&mdash;,
+ser&iacute;a que Dios te llevase a ti antes o despu&eacute;s de que tu marido viniese,
+porque entonces... Y... yo pregunto: &laquo;&iquest;d&oacute;nde se encontrar&aacute; otra Sola?&raquo;</p>
+
+<p>Y a&ntilde;ad&iacute;a para s&iacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Si esta idea no implicara la p&eacute;rdida de un ser tan querido, me
+regocijar&iacute;a con ella... &iexcl;Qu&eacute; chasco para el amiguito! &iquest;eh?... &iexcl;Pero no,
+Se&ntilde;or Dios Poderoso! &iexcl;Bar&aacute;stolis, no! Antes de matarla a ella, m&aacute;tame
+tres veces a m&iacute;, y que mi salvaci&oacute;n me consuele de su felicidad.</p>
+
+<p>El tremendo d&iacute;a 16 fue para todos los que en aquella casa habitaban, d&iacute;a
+de grand&iacute;sima angustia, por la proximidad de la cat&aacute;strofe. Reproducir
+aqu&iacute; los ap&oacute;strofes que de su venerable boca ech&oacute; D. Benigno al ver la
+matanza, las observaciones atinad&iacute;simas que hizo acerca de las justicias
+populares y del aborrecido imperio del vulgo, fuera imposible, sin dar a
+este relato dimensiones desproporcionadas. Puede ser que todos estos
+dichos sean recogidos escrupulosamente por alg&uacute;n cachazudo historiador
+que los perpet&uacute;e, como sin duda merecen.</p>
+
+<p>Por la noche, cuando el barrio qued&oacute; tranquilo y se supo la verdad de lo
+ocurrido, viendo el hecho en todo su horror, el h&eacute;roe no daba paz a la
+lengua para maldecir a aquel indolente Gobierno, que tales cr&iacute;menes
+hab&iacute;a permitido, si no por expreso consentimiento, por pereza y descuido
+casi tan execrables como el consentimiento mismo. Y aqu&iacute; ten&iacute;a el
+compadecer a la libertad, deplorando que su causa estuviese en tales
+manos, y el sacar a relucir ejemplos de Grecia y de Roma para sentar el
+principio de que las manos b&aacute;rbaras y sucias del vulgo envilecen cuanto
+tocan y destrozan aquello mismo que quieren defender.</p>
+
+<p>D. Rodrigu&iacute;n o&iacute;a esto y callaba, admirando la elocuencia del buen se&ntilde;or;
+pero como las palabras carlista y liberal saliesen a relucir, tal vez
+impensadamente, en la perorata de Cordero, encrespose el colegial,
+cambi&aacute;ronse serias r&eacute;plicas y reticencias, y trabose al fin una
+disputilla que no se sabe a d&oacute;nde habr&iacute;a parado, si Sola no ordenase el
+silencio para restablecer la paz. Al d&iacute;a siguiente, D. Benigno dijo a su
+amiga con mucho misterio:</p>
+
+<p>&mdash;Es preciso mandar a su casa a este subdi&aacute;cono. Es un esp&iacute;a carlista...
+&iexcl;Bar&aacute;stolis! tan bueno es Juan como Pedro, y entre las chaquetas de los
+desalmados y las sotanas de estas culebrillas no se sabe qu&eacute; escoger.</p>
+
+<p>Dicho y hecho. Avisose a la familia del colegial, y vestido este de
+seglar abandon&oacute; la casa, aunque ning&uacute;n peligro hab&iacute;a ya de que saliera
+en traje eclesi&aacute;stico. Despidiose chuscamente hasta las <i>kalendas
+carolinas</i>, a lo que contest&oacute; el h&eacute;roe con disparates latini-parlantes,
+que tambi&eacute;n se le alcanzaba algo de macarronismo.</p>
+
+<p>Al ver Sola que pasaba un d&iacute;a y otro, que arreciaba la epidemia, que se
+comet&iacute;an asesinatos horrorosos a ciencia y paciencia de las autoridades,
+pareciole que el Universo se descuajaba, que la m&aacute;quina social y f&iacute;sica
+del mundo se hac&iacute;a pedazos, y que por jam&aacute;s de los jamases se ver&iacute;a al
+lado de su leg&iacute;timo due&ntilde;o y consorte. Amarga tristeza se apoder&oacute; de
+ella, y no se le ocurr&iacute;a pensamiento alguno que no fuese de muerte o
+duelo. Pens&oacute; salir de Madrid, corriendo a la ventura en busca del esposo
+que Dios y la ley le hab&iacute;an dado; pero Cordero le quit&oacute; de la cabeza
+esta atrevida idea, impropia de persona tan razonable. Durante tres d&iacute;as
+el h&eacute;roe no se ocupaba m&aacute;s que de reunir datos para escribir una memoria
+sobre el sangriento acontecimiento del d&iacute;a 16, y buscaba referencias,
+interrogaba a los testigos oculares, beb&iacute;a en las mismas fuentes de la
+verdad hist&oacute;rica, persegu&iacute;a detalles, frases, accidentes mil, y esas
+peque&ntilde;eces de que tanto jugo suele sacar la diligente Clio. Escudri&ntilde;ando
+tan escandalosos sucesos, vio que a los horrores del colegio Imperial y
+de Santo Tom&aacute;s hab&iacute;an excedido los de San Francisco el Grande, donde
+perecieron a navajazos cincuenta individuos. En la Merced Calzada
+tambi&eacute;n fue grande el estrago. De los de San Francisco dio noticias
+prolijas el menguado Rufete, que estaba de guardia aquel d&iacute;a y adquiri&oacute;
+cierta fama no envidiable, por haber dado seguridades al general de la
+Orden de que nada ocurrir&iacute;a en la casa, y haber poco despu&eacute;s permitido
+el libre paso de los viles asesinos. Rufete desfiguraba los hechos para
+velar su cobard&iacute;a, que quiz&aacute;s, o sin quiz&aacute;s, m&aacute;s que cobard&iacute;a, fue
+complicidad con los infames asesinos. El oficialete declaraba haber
+salvado de la muerte a muchos franciscanos; pero los que lograron salir
+vivos de la infame jornada aseguraban que en el momento del conflicto no
+se vio al se&ntilde;or oficial por ninguna parte. Hab&iacute;a razones sobradas para
+afirmar que el Sr. Rufete hubo de esconderse en los s&oacute;tanos del
+edificio, no dando se&ntilde;ales de vida hasta que, muerta ya media comunidad,
+apareci&oacute; muy fiero, echando ternos y venablos contra la <i>piller&iacute;a</i>.
+Todos estos datos, noticias y versiones las iba recogiendo Cordero de
+los mismos h&eacute;roes de la tragedia, para poner luego a cada cual en el
+lugar que le correspond&iacute;a. Es indudable que el exaltado Rufete ocup&oacute; el
+que por s&iacute; mismo eligiera en lo m&aacute;s crudo del deg&uuml;ello, es a saber, la
+alcantarilla.</p>
+
+<p>Faltara a todas las exigencias de la Historia el buen Cordero, si
+omitiera lo que se dijo de envenenamiento de aguas, y la parte que tuvo
+en esta brutal creencia la bendita y entonces malhadada <i>tierra de San
+Ignacio</i>. Este ingrediente desempe&ntilde;&oacute; en aquellos sucesos terribles un
+papel de primer orden. Fue arma odiosa de la mala fe, de la ignorancia,
+y absurdo pretexto, ya que no causa, de uno de los m&aacute;s feos cr&iacute;menes
+pol&iacute;ticos que se han cometido en Espa&ntilde;a. Conocemos la v&iacute;ctima y el
+grosero instrumento. La mano, &iquest;qu&eacute; mano era y d&oacute;nde estaba? &iquest;Creeremos
+en el espont&aacute;neo error del populacho y en un movimiento instintivo y
+ciego de su barbarie?... Dif&iacute;cil es creer esto. Pero el aguij&oacute;n que
+inquiet&oacute; al bruto, haci&eacute;ndole morder y cocear, qued&oacute; escondido en el
+misterio. &iquest;Fue el deg&uuml;ello cosa resuelta y ordenada en c&iacute;rculos oscuros,
+&aacute;vidos de maldad y esc&aacute;ndalo? Tambi&eacute;n es dif&iacute;cil asegurar esto, que por
+su enormidad se resiste a la raz&oacute;n humana. La Fatalidad, causa c&oacute;moda de
+los hechos oscuros, y luz mentirosa de lo que no puede alumbrarse, se
+presenta aqu&iacute; reclamando su p&aacute;gina, la p&aacute;gina a que le dan derecho las
+perplejidades del narrador y el convencionalismo de la Historia...
+Bienvenida sea esa madrastra Fatalidad, que tan bondadosamente se presta
+a adoptar todo hijo abandonado, por lo general feo y enclenque, a quien
+rechaza la misma L&oacute;gica que en las tinieblas lo engendr&oacute;.</p>
+
+<p>Rumores corrieron de que el bondadoso Padre Alel&iacute; hab&iacute;a perecido en las
+ferocidades del 16. Esto no result&oacute; cierto por fortuna. Hall&aacute;base el
+anciano en la enfermer&iacute;a de su convento, ya completamente perturbado y
+sin juicio, cuando acaecieron los asesinatos. De nada se dio cuenta.
+Cordero le acompa&ntilde;aba un buen rato todos los d&iacute;as, hasta el de su
+muerte, la cual fue por lo tranquila y suave, casi inadvertida. Una
+siesta m&aacute;s larga que las de costumbre ocult&oacute; el momento de su tr&aacute;nsito,
+ocurrido a fines de Julio.</p>
+
+<p>Nazaria muri&oacute; del colera al siguiente d&iacute;a de la matanza. Hered&oacute; Tablas
+su mal; pero por aquel don de inmunidad que acompa&ntilde;a, seg&uacute;n un viejo
+refr&aacute;n, a la mala hierba, el animal venci&oacute; a la epidemia asi&aacute;tica, o
+esta quiz&aacute;s asustose de &eacute;l, dej&aacute;ndole libre, aunque muy bien recomendado
+a un c&aacute;ncer que le tom&oacute; por su cuenta algunos a&ntilde;os adelante. Por
+Romualda, a quien hallamos una ma&ntilde;ana subiendo casi a gatas la empinada
+escalera de una casa de la calle de la Ruda, supimos que L&oacute;pez llevaba
+con poca resignaci&oacute;n su desgracia. Romualda subi&oacute; tanto y tanto, que una
+noche la hallaron detenida en el pelda&ntilde;o octog&eacute;simo. Estaba prosternada,
+como besando la escalera. Tanto subi&oacute; que sin pensarlo hab&iacute;a llegado al
+cielo. L&oacute;pez fue al hospital. Que muri&oacute; no puede dudarse, por la &iacute;ndole
+incurable de su mal, pero nadie sabe cu&aacute;ndo ni c&oacute;mo se extingui&oacute; aquella
+miserable vida, ni hay noticias del lugar de su sepultura. Acab&oacute; en el
+misterio, enteramente a solas si no le acompa&ntilde;aran el dolor y su
+conciencia, &uacute;nica compa&ntilde;&iacute;a que le cuadraba.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XXX" id="XXX"></a>-XXX-</h2>
+
+<p>
+ <img src="images/pag452.jpg"
+ alt="image" title="image" />
+</p>
+<p>Era s&aacute;bado. Hab&iacute;an pasado seis d&iacute;as desde el nunca bastante execrado 16
+de Julio, y Sola, desesperanzada ya y sin sosiego, incapaz de encontrar
+un consuelo en su propio pensamiento, convoc&oacute; a los amigos en familiar
+consejo. Crucita opin&oacute; que no deb&iacute;a pensarse ya en que aquel endiablado
+hombre viniese; los chicos mayores se ofrecieron a salir y recorrer toda
+la Pen&iacute;nsula para buscarle, y D. Benigno propuso que se fueran todos a
+los Cigarrales donde le aguardar&iacute;an m&aacute;s tranquilos, libres de la zozobra
+que embargaba el esp&iacute;ritu de todos en la Corte y Villa.</p>
+
+<p>Sola se resisti&oacute; a ir a los Cigarrales mientras no tuviese noticias de
+su marido o no le viese entrar sano y salvo. Aquel d&iacute;a pas&oacute; en soledades
+y suspiros, en mirar al suelo y al cielo, en interrogarse con los ojos,
+sin atreverse a formular verbalmente el triste pensamiento. Pero si
+agitada estaba el alma de la se&ntilde;ora, no lo estaba menos la del bendito
+h&eacute;roe del Arco famoso, pues al paso que ganaba terreno en ella la idea
+de que no parecer&iacute;a jam&aacute;s el <i>marido de su mujer</i>, se iba apoderando
+traidoramente de aquel mismo esp&iacute;ritu suyo un sentimiento expansivo, un
+no s&eacute; qu&eacute;, una cosa semejante a la alegr&iacute;a... El pobre se&ntilde;or, cuya
+rectitud, a&uacute;n sometida a las mayores pruebas, era siempre grande y
+firme, padeci&oacute; much&iacute;simo con esto que llamaba <i>caricia del Demonio</i>, con
+esta tentaci&oacute;n o asomos de pecado grave. Pero como pod&iacute;a tanto en &eacute;l la
+voluntad, se sobrepuso a todo, arroj&oacute; de su pecho la culebrilla que se
+deslizara en &eacute;l furtivamente, o invocando a Dios primero y al Ginebrino
+despu&eacute;s, exclam&oacute; con en&eacute;rgico arrebato de cristiano y fil&oacute;sofo: &laquo;Lejos
+de m&iacute; esa infame alegr&iacute;a por la desaparici&oacute;n del que triunf&oacute; de m&iacute;. Si
+Dios le mata y paso a heredar su dicha, enhorabuena; pero maldito sea yo
+si deseo su muerte, y antes me vea comido de gusanos que envidioso. Bien
+dijo aquel gran pensador en el libro V del <i>Emilio</i>, que <i>la virtud que
+s&oacute;lo se funda en las acciones es virtud falsa y postiza</i>&raquo;.</p>
+
+<p>Por la noche se retir&oacute; a su casa lleno de congoja, por no poder ya
+aliviar con palabras y ficciones la de su infeliz amiga. Esta acost&oacute; a
+Juanito Jacobo, que no hab&iacute;a querido separarse de ella y dorm&iacute;a junto a
+su cuarto; mand&oacute; a los criados que se acostaran tambi&eacute;n, y sola en su
+alcoba estuvo rezando hasta muy avanzada la noche. Durmiose al fin en su
+lecho, y en sue&ntilde;os crey&oacute; sentir desusado estr&eacute;pito en la calle y en la
+casa. Era una pesadilla. Parec&iacute;ale que la casa se hund&iacute;a, o que un
+ej&eacute;rcito entraba en ella o que un gigante la hac&iacute;a pedazos con su pesado
+pie. Despertose sobresaltada. El coraz&oacute;n le palpitaba tanto que por la
+mucha viveza estuvo a punto de producirse la inercia card&iacute;aca y por
+consiguiente el s&iacute;ncope. Pero al reconocerse bien despierta y al
+observar que continuaba el ruido, se incorpor&oacute; en el lecho, puso
+atenci&oacute;n... Se o&iacute;an pasos en la casa... tocaron suavemente a la puerta
+de su alcoba... son&oacute; una voz...</p>
+
+<p>Sola salt&oacute; instintivamente 25 de su lecho. Empez&oacute; a vestirse a toda
+prisa... No acertaba a vestirse...</p>
+
+<p>&mdash;Soy yo...</p>
+
+<p>&mdash;Espera... un momento... Espera que me vista...</p>
+
+<p>Y a medio vestir corri&oacute; a la puerta y abri&oacute; a su esposo.</p>
+
+<p>&mdash;Pero no te veo...&mdash;le dijo dej&aacute;ndose abrazar.</p>
+
+<p>El criado se acerc&oacute; con luz, a punto que &eacute;l soltaba capa y sombrero.</p>
+
+<p>Cuando D. Benigno lleg&oacute; a la ma&ntilde;ana siguiente, se qued&oacute; pasmado, y
+absorto en la mitad del pasillo al saber que el <i>marido de la se&ntilde;ora</i>
+estaba sano y salvo en Madrid y en su casa. El h&eacute;roe dio un gran
+suspiro. Mirando despu&eacute;s al cielo, lanz&oacute; un piadoso ap&oacute;strofe y dijo
+as&iacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bar&aacute;stolis! Por Dios trino y uno, por la Virgen del Sagrario, por
+Rousseau, por mi vida honrada y por mi conciencia de cristiano juro y
+rejuro que me alegro con toda el alma.</p>
+
+<p>Cuando Salvador sali&oacute; de su alcoba, abraz&aacute;ronse estrechamente ambos
+se&ntilde;ores y juraron ser amigos fieles en lo que les quedara de vida.
+Muchos conocidos visitaron al reci&eacute;n llegado, y aquel mismo d&iacute;a tuvo
+&eacute;ste ocasi&oacute;n de hacer una obra de caridad, mejor dicho, de aprobarla y
+sancionarla, pues ya estaba hecha condicionalmente por su esposa. Sola
+hab&iacute;a cedido gratuitamente la bohardilla de la casa a las se&ntilde;oras de
+Porre&ntilde;o, en quienes la rancia nobleza no fue parte a poner un dique a la
+invasora miseria. Muerto Fernando VII, faltoles la modesta pensi&oacute;n qu&eacute;
+este les daba. Su dignidad no les permit&iacute;a implorar la caridad p&uacute;blica.
+Su arreglo, las distintas aptitudes de Do&ntilde;a Mar&iacute;a de la Paz les
+permit&iacute;an aspirar a sostenerse, aunque mal, de su honrado trabajo. Sola
+les ayud&oacute; en trances tan aflictivos, d&aacute;ndoles la casa y encarg&aacute;ndoles no
+se sabe cuanta obra de ropa blanca. La gratitud de las dos dign&iacute;simas
+cuanto infelices damas era extraordinaria. Do&ntilde;a Salom&eacute; baj&oacute; de punta en
+blanco a dar las gracias al generoso due&ntilde;o de la casa. Presentose
+envuelta en ajad&iacute;simos tafetanes, adornada de podridas pieles y plumas
+pulverulentas. Con toda la finura y dignidad de su car&aacute;cter, con toda la
+cortes&iacute;a de su educaci&oacute;n y toda la tiesura de su embalsamado cuerpo
+expres&oacute; sus sentimientos, diciendo que aquel caso de liberalidad deb&iacute;a
+agradecerse m&aacute;s en una &eacute;poca funesta &iexcl;ay! en que hab&iacute;an desaparecido,
+por completo los caballeros.</p>
+
+<p>Partieron a los Cigarrales. All&iacute; trascurr&iacute;an dulces y lentas las horas.
+El sosiego era completo, el tiempo delicioso, la salud admirable, en
+concierto dulc&iacute;simo con la paz y alegr&iacute;a de las almas.</p>
+
+<p>Salvador y D. Benigno hablaban de pol&iacute;tica, cada cual seg&uacute;n su criterio,
+su experiencia y diversos conocimientos; el segundo inclinado, a las
+generalidades, a las teor&iacute;as; el primero m&aacute;s aferrado a los hechos, y
+deduciendo de la incompatibilidad de estos con la idea, desconsoladoras
+consecuencias; Cordero dej&aacute;ndose llevar del optimismo y confiando mucho
+en el entusiasmo, en la virtud de los hombres y en la fuerza de ciertas
+ideas; Salvador inclin&aacute;ndose al pesimismo, revel&aacute;ndose muy aleccionado
+por la experiencia, creyendo poco en las personas y menos en las ideas
+verdes y desazonadas. D. Benigno opinaba que todos los espa&ntilde;oles deb&iacute;an
+abrazar la bandera de la libertad, respetando y enalteciendo siempre la
+Religi&oacute;n y el Trono: admitir todos los progresos del siglo, y aplicarlos
+a las leyes, a las costumbres, al vivir y al pensar, evitando las
+guerras y colisiones. A&ntilde;ad&iacute;a que si todos los espa&ntilde;oles no gustaban de
+entrar por este camino, los rebeldes deb&iacute;an ser convencidos a palos,
+para lo cual conven&iacute;a que los libres se armaran formando una milicia
+organizada, ni m&aacute;s ni menos que como la famos&iacute;sima de Julio del 22,
+&eacute;mula de los espartanos en el famoso Arco de Boteros.</p>
+
+<p>Salvador no desaprobaba estas ideas, pero fiaba poco en los buenos
+prop&oacute;sitos de los que pensaban como su amigo; fiaba tambi&eacute;n poqu&iacute;simo en
+la milicia, en los palos de la milicia y en la so&ntilde;ada concordia entre la
+libertad y la Iglesia. Declarando todo su pensamiento, asegur&oacute; que no
+esperaba ver en toda su vida m&aacute;s que desaciertos, errores, luchas
+est&eacute;riles, ensayos, tentativas, saltos atr&aacute;s y adelante, corrupciones de
+los nuevos sistemas, que aumentar&iacute;an los partidarios del antiguo, nobles
+ideas bastardeadas por la mala fe, y el progreso casi siempre vencido en
+su lucha con la ignorancia.</p>
+
+<p>&mdash;Los d&iacute;as mejores&mdash;dijo se&ntilde;alando con su bast&oacute;n el horizonte&mdash;, est&aacute;n a&uacute;n
+tan lejos que seguramente ni usted ni yo los veremos. La reforma es
+lenta, porque el mal es grave y profundo, y s&oacute;lo se ha de curar
+trabaj&aacute;ndose a s&iacute; mismo. Pienso vivir alejado de toda acci&oacute;n pol&iacute;tica.
+Estoy abrumado de experiencias; he visto mucho; cumpl&iacute; mi misi&oacute;n. Hay
+mil caminos abiertos por donde pueden lanzarse los hombres nuevos. Los
+que no lo son, deben quedarse a un lado mirando y viviendo. Mi ideal
+est&aacute; lejos. El tiempo le tiene tan guardado a&uacute;n, que no se le vislumbra
+aqu&iacute; por ninguna parte. Pero vendr&aacute;, y aunque no hemos de ver esa
+realidad, digna de ser admirada, desde aqu&iacute; nos consuela el penetrar con
+el pensamiento en un porvenir oscuro, y contemplar las hermosas
+novedades de la Espa&ntilde;a de nuestros nietos. En tanto, no puedo tener
+entusiasmo como usted, porque no creo en el presente. Me parece que
+asisto a una mala comedia. Ni aplaudo ni silbo. Callo, y quiz&aacute;s me
+duermo en mi luneta. No tengo que so&ntilde;ar en mi felicidad dom&eacute;stica, que
+es ya un hecho positivo; so&ntilde;ar&eacute; con ese porvenir lejano de nuestra
+patria, con ese tiempo, querido amigo m&iacute;o, en que la mayor&iacute;a de los
+espa&ntilde;oles se reir&aacute; de la angelical inocencia pol&iacute;tica de usted.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XXXI" id="XXXI"></a>-XXXI-</h2>
+
+
+<p>Basta ya.</p>
+
+<p>Aqu&iacute; concluye el narrador su tarea, seguro de haberla desempe&ntilde;ado muy
+imperfectamente, pero tambi&eacute;n de haberla terminado en tiempo oportuno
+(v&aacute;yase lo uno por lo otro) y cuando el continuarla habr&iacute;a sido causa de
+que las imperfecciones y faltas de la obra llegaran a ser imperdonables.
+Los a&ntilde;os que siguen al 34 est&aacute;n demasiado cerca, nos tocan, nos codean,
+se familiarizan con nosotros. Los hombres de ellos casi se confunden con
+nuestros hombres. Son a&ntilde;os a quienes no se puede disecar, porque algo
+vive en ellos que duele y salta al ser tocado con escalpelo. Qu&eacute;dese,
+pues, aqu&iacute; este largo trabajo sobre cuya &uacute;ltima p&aacute;gina (a la cual
+suplico que me sirva de Evangelio) hago juramento de no abusar de la
+bondad del p&uacute;blico, a&ntilde;adiendo m&aacute;s cuartillas a las diez mil de que
+constan los <i>Episodios Nacionales</i>. Aqu&iacute; concluyen definitivamente
+estos. Si alg&uacute;n bien intencionado no lo cree as&iacute; y quiere continuarlos,
+hechos hist&oacute;ricos y curiosidades pol&iacute;ticas y sociales en gran n&uacute;mero
+tiene a su disposici&oacute;n. Pero los personajes novelescos, que han quedado
+vivos en esta dilatad&iacute;sima jornada, los guardo, como leg&iacute;tima
+pertenencia m&iacute;a, y los conservar&aacute; para casta de tipos contempor&aacute;neos,
+como ver&aacute; el lector que no me abandone al abandonar yo para siempre y
+con entera resoluci&oacute;n el llamado <i>g&eacute;nero hist&oacute;rico</i>.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="FIN_DE_LA_NOVELA_Y_DE_LOS_EPISODIOS_NACIONALES" id="FIN_DE_LA_NOVELA_Y_DE_LOS_EPISODIOS_NACIONALES"></a>FIN DE LA NOVELA Y DE LOS EPISODIOS NACIONALES</h2>
+
+<p>Santander.&mdash;Noviembre-Diciembre de 1879.</p>
+
+<p>En el breve Pr&oacute;logo impreso a la cabeza de la presente edici&oacute;n me dej&eacute;
+decir que ten&iacute;a preparado un largo escrito sobre el origen e intenci&oacute;n
+de esta obra, los elementos hist&oacute;ricos de que dispuse, y los datos y
+an&eacute;cdotas que recog&iacute;, comprendiendo adem&aacute;s algunos desahogos <i>sobre la
+novela espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea</i>. Pronto me arrepent&iacute; de esta precipitada
+oferta, y la tuve por grand&iacute;sima tonter&iacute;a en la parte que se refiere a
+juicios generales de cr&iacute;tica y a opiniones sobre el g&eacute;nero literario que
+m&aacute;s se cultiva en Espa&ntilde;a. Y al desempolvar los papelotes en que estaba
+el mal pensado y peor escrito <i>Ensayo</i>, me revolv&iacute; airado contra m&iacute;
+mismo por la p&iacute;cara ma&ntilde;a de ofrecer lo que en manera alguna puedo ahora
+cumplir.</p>
+
+<p>Me desdigo resueltamente, recojo mi palabra, y como en aquella
+espontaneidad pueril no hubo nada de juramento, ni se trata de un caso
+de conducta moral, espero quedar bien con mis lectores y con mi
+conciencia. Y si me apuran, prefiero pasar por poco formal a meterme en
+sabidur&iacute;as y honduras de cr&iacute;tica, investigando las rec&oacute;nditas leyes de
+la belleza o las mudanzas que el tiempo y la moda les imprimen, y
+olfateando los caminos que este y el otro autor siguieron para su gloria
+o descr&eacute;dito. Para cumplir lo prometido ser&iacute;a preciso que me saliese de
+las filas de la procesi&oacute;n y me pusiese a repicar. Hay escritores
+dichosos que desempe&ntilde;an admirablemente este doble trabajo, y andan en la
+procesi&oacute;n y repican que se las pelan. Estos tienen el don maravilloso de
+practicar el arte y de legislar sobre &eacute;l, y son maestros en todo cuanto
+cae debajo del fuero de la pluma. Sabe Dios que dar&iacute;a cualquier cosa por
+que me infundiesen algo de su aptitud, aunque no fuera sino para salir
+airoso en la ocasi&oacute;n presente; pero como esto no puede ser, me resigno,
+y queda circunscrito el compromiso a la primera parte tan s&oacute;lo de lo
+ofrecido, es decir, que no tengo ya m&aacute;s obligaci&oacute;n que hablar un poco de
+c&oacute;mo y cu&aacute;ndo se escribieron estas p&aacute;ginas. Esto me lo tengo muy sabido,
+no es cosa de ciencia sino de experiencia; pertenece a la erudici&oacute;n
+f&aacute;cil y profunda de las propias acciones, y saldr&aacute; como una seda, sin
+temor de opiniones adversas ni de que los descontentadizos lo tengan por
+m&aacute;s o menos aproximado a la verdad; como que es la certeza misma.</p>
+
+<p>A principios de 1873, a&ntilde;o de grandes trastornos, fue escrita y publicada
+la primera de estas novelas, hall&aacute;ndome tan indeciso respecto al plan,
+desarrollo y extensi&oacute;n de mi trabajo, que ni aun hab&iacute;a fijado los
+t&iacute;tulos de las novelas que deb&iacute;an componer la serie anunciada y
+prometida con m&aacute;s entusiasmo que reflexi&oacute;n. Pero el agrado con que el
+p&uacute;blico recibi&oacute; <i>La Corte de Carlos IV</i> sirviome como de luz o
+inspiraci&oacute;n, sugiri&eacute;ndome, con el plan completo de los EPISODIOS
+NACIONALES, el enlace de las diez obritas de que se compone y la
+distribuci&oacute;n graduada, de los asuntos, de modo que resultase toda la
+unidad posible en la extremada variedad que esta clase de narraciones
+exige. Cuatro novelas aparecieron puntualmente cada a&ntilde;o con regularidad
+de Almanaque, y en la Primavera de 1875 qued&oacute; terminada con <i>La Batalla
+de los Arapiles</i> la primera serie. Tantos lectores tuvo (dentro de la
+cifra reducida de lectores espa&ntilde;oles), que cre&iacute; oportuno emprender una
+segunda serie. Verdaderamente, la pintura de la guerra quedaba manca,
+incompleta y como descabalada si no se le pon&iacute;a pareja en el cuadro de
+las alteraciones y trapisondas que a la campa&ntilde;a siguieron. El furor de
+los guerreros de 1808 s&oacute;lo hab&iacute;a cambiado de lugar y de forma, porque
+continuaba en el campo de las Conciencias y de las ideas. Esta segunda
+guerra, m&aacute;s ardiente tal vez aunque menos brillante que la anterior,
+pareciome buen asunto para otras diez narraciones, consagradas a la
+pol&iacute;tica, a los partidos y a las luchas entre la tradici&oacute;n y la
+libertad, soldado veterano la primera, soldado biso&ntilde;o la segunda; pero
+ambos tan fren&eacute;ticos y encarnizados, que aun en nuestros d&iacute;as, y cuando
+los dos van para viejos, no se nota en sus acometidas s&iacute;ntoma alguno de
+cansancio.</p>
+
+<p>Con <i>Un Faccioso m&aacute;s y algunos frailes menos</i> quedaron terminados los
+EPISODIOS NACIONALES, y no obstante las excitaciones de algunos
+aficionados a estas lecturas, me pareci&oacute; juicioso dejar en aquel punto
+mi trabajo, porque la excesiva extensi&oacute;n habr&iacute;a mermado su escaso valor,
+y porque, pasado el a&ntilde;o 34, los sucesos son demasiado recientes para
+tener el hechizo de la historia y no tan cercanos que puedan llevar en
+s&iacute; los elementos de verdad de lo contempor&aacute;neo. Abrazan, pues, los
+EPISODIOS NACIONALES veintinueve a&ntilde;os, los cuales, de fijo, dieron de s&iacute;
+m&aacute;s acontecimientos y produjeron m&aacute;s hombres, y, en una palabra,
+hicieron m&aacute;s historia que todo el siglo precedente. Si damos valor a una
+ilusi&oacute;n de tiempo, podremos decir que aquellos veintinueve a&ntilde;os fueron
+nuestro siglo d&eacute;cimo octavo, la paternidad verdadera de la civilizaci&oacute;n
+presente, o del conjunto de progresos y resabios, de vicios y cualidades
+que por tal nombre conocemos.</p>
+
+<p>Por m&aacute;s que la generaci&oacute;n actual se precie de vivir casi exclusivamente
+de sus propias ideas, la verdad es que no hay adelanto en nuestros d&iacute;as
+que no haya tenido su ensayo m&aacute;s o menos feliz, ni error al cual no se
+le encuentre f&aacute;cilmente la veta a poco que se escarbe en la historia
+para buscarla. Todos los disparates que hacemos hoy los hemos hecho
+antes en mayor grado. Y si parece que faltan ahora los grandes impulsos
+que en otro tiempo determinaron hechos inmortales, es porque no se
+producen las circunstancias que los estimulan; que si se produjeran,
+aquellos impulsos saldr&iacute;an. Y si no, que lo prueben de veras.</p>
+
+<p>Es y ser&aacute; siempre un gran placer para toda generaci&oacute;n el mirarse en el
+espejo de la que le ha precedido inmediatamente. De esto, en primer
+t&eacute;rmino, y de la circunstancia, feliz para m&iacute;, de no existir en la
+literatura espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea novelas de historia reciente, ha
+dependido el buen &eacute;xito de estos libros y la estimaci&oacute;n que por sus
+condiciones literarias no habr&iacute;an alcanzado nunca.</p>
+
+<p>Esta obra fue empezada antes de que estuvieran en boga las tendencias en
+literatura, al menos aqu&iacute;; pero aunque se hubiera escrito un poco m&aacute;s
+tarde, seguro que habr&iacute;a nacido limpia de toda intenci&oacute;n que no fuera la
+de presentar en forma agradable los principales hechos militares y
+pol&iacute;ticos del per&iacute;odo m&aacute;s dram&aacute;tico del siglo, con objeto de recrear (y
+ense&ntilde;ar tambi&eacute;n, aunque no gran cosa) a los aficionados a esta clase de
+lecturas. Ni remotamente se me ocurri&oacute; mortificar poco ni mucho a los
+naturales de un pa&iacute;s enemistado con el nuestro en aquellos tr&aacute;gicos
+d&iacute;as. La demencia patri&oacute;tica que nuestros vecinos llaman <i>chauvinisme</i>
+es tan contraria a mi manera de sentir, que me tengo por libre de tal
+enfermedad ahora y siempre. Consigno aqu&iacute; esta declaraci&oacute;n como
+respuesta, tard&iacute;a s&iacute;, pero categ&oacute;rica a lo escrito en una c&eacute;lebre
+revista de circulaci&oacute;n universal por un discret&iacute;simo y malogrado
+publicista franc&eacute;s, que al mismo tiempo que favorec&iacute;a mi obra con
+apreciaciones lisonjeras, indicaba que el autor de ella se propon&iacute;a
+concitar los &aacute;nimos de sus compatriotas contra Francia. De que en una o
+varias novelas aparezcan pintados los sentimientos de los espa&ntilde;oles de
+1808 con la vehemencia que exige la propiedad hist&oacute;rica, no se puede
+deducir que los presentes sintamos antipat&iacute;a hacia una naci&oacute;n a la cual
+nos unen hoy v&iacute;nculos m&aacute;s fuertes que todas las alianzas pol&iacute;ticas. La
+proximidad entre ambos pa&iacute;ses es tan grande a causa del mutuo comercio y
+de las f&aacute;ciles comunicaciones; es tan incontrastable la influencia que
+en nosotros ejercen las ideas, las costumbres, la industria y aun la
+riqueza de nuestros vecinos, que aunque existiera aqu&iacute; el <i>chauvinisme</i>,
+los hechos lo curar&iacute;an de golpe. Por lo dem&aacute;s, los franceses mismos, en
+su literatura patri&oacute;tica, no han sido nunca tan escrupulosos ni se han
+parado en barras en lo de molestar con m&aacute;s o menos justicia a naciones
+que han tenido con ellos alg&uacute;n altercado. Otros dos escritores
+extranjeros, al ocuparse ligeramente del mismo asunto, han seguido el
+criterio de Mr. Louis-Lande. A ellos dirijo tambi&eacute;n estas observaciones.</p>
+
+<p>Lo que com&uacute;nmente se llama <i>Historia</i>, es decir, los abultados libros en
+que s&oacute;lo se trata de casamientos de Reyes y Pr&iacute;ncipes, de tratados y
+alianzas, de las campa&ntilde;as de mar y tierra, dejando en olvido todo lo
+dem&aacute;s que constituye la existencia de los pueblos, no bastaba para
+fundamento de estas relaciones, que o no son nada, o son el vivir, el
+sentir y hasta el respirar de la gente. Era forzoso pedir datos a los
+olvidados anales de las costumbres y aun de los trajes, a todo eso que
+la tradici&oacute;n no sabe defender de las revoluciones de la moda, y que se
+pierde en la marejada del tiempo, dejando rastro muy d&eacute;bil en los
+archivos del Estado. Era indispensable pedir tambi&eacute;n auxilio a la
+literatura anecd&oacute;tica y personal, como Memorias y colecciones
+epistolares. Pero de estos tesoros est&aacute;n muy pobres nuestras
+bibliotecas. Son pocos los que han referido los lances ver&iacute;dicos de su
+vida. Hay en nuestro car&aacute;cter un fondo de modestia que perjudica a la
+formaci&oacute;n de la verdadera historia, y adolecemos adem&aacute;s de falta de
+sinceridad. Lo que llaman <i>vida p&uacute;blica</i> es una fastidiosa comedia
+representada por confabulaci&oacute;n de todos, amigos y enemigos. La vida
+efectiva no aparece nunca, y nos apresuramos a hacer desaparecer los
+documentos de ella, arrebatando a la publicidad las cartas de personajes
+fenecidos, por ese rid&iacute;culo miedo a la verdad que es propia de los que
+se habit&uacute;an a vivir en una atm&oacute;sfera de artificios. De aqu&iacute; la oscuridad
+que envuelve sucesos casi recientes. Las cartas escritas <i>para el
+p&uacute;blico</i> no llenan este vac&iacute;o, y las verdaderas no salen nunca a luz, o
+por la raz&oacute;n de falsos respetos, o quiz&aacute;s porque el p&uacute;blico mismo no
+manifiesta inclinaci&oacute;n a esta literatura de verdad palpitante, y protege
+con su demanda las cosas sobadas, compuestas y mentirosas. Poco o ning&uacute;n
+fruto obtuve, pues, de la literatura familiar.</p>
+
+<p>La prensa peri&oacute;dica ha podido, en alg&uacute;n caso, prestar servicios al
+novelista, aunque en las &eacute;pocas de r&eacute;gimen autoritario es dif&iacute;cil hallar
+en los papeles p&uacute;blicos un reflejo, ni aun siquiera p&aacute;lido, de la vida
+com&uacute;n. En cuanto a la <i>Gaceta</i> de aquellos tiempos, justo es reconocer
+que arroja gran luz sobre los sucesos de Turqu&iacute;a, Moscovia, Transilvania
+y Galitzia, observando, respecto a lo que en Madrid pasaba, una
+discreci&oacute;n tal, que no es posible imaginar papel m&aacute;s est&uacute;pido. Pero
+donde menos se piensa hallamos un tesoro. El <i>Diario de Avisos</i>, que en
+estupidez iguala a la <i>Gaceta</i> y le supera en garruler&iacute;a, ha sido para
+m&iacute; de grande utilidad, por los infinitos datos de la vida ordinaria que
+atesora... &iquest;d&oacute;nde creer&eacute;is? en sus anuncios. En esta parte del
+peri&oacute;dico m&aacute;s antiguo de Espa&ntilde;a he hallado una mina inagotable para
+sacar noticias del vestir, del comer, de las peque&ntilde;as industrias, de las
+grandes tonter&iacute;as, de los placeres y diversiones, de la supina inocencia
+de aquella generaci&oacute;n. Cr&eacute;anlo o no, digo que todo lo que en esta obra
+es colorido, acento de &eacute;poca y deje nacional, procede casi
+exclusivamente de los anuncios del <i>Diario de Avisos</i>. Para la
+ensambladura hist&oacute;rica tuve siempre a la vista la historia an&oacute;nima de
+Fernando VII, que se atribuye a D. Estanislao de Koska Bayo, y para
+<i>Zaragoza</i> los <i>Sitios</i> de Alcaide Ibieca. Con esto, las <i>Memorias</i> de
+algunos generales del Imperio y otras historias menos conocidas y una
+buena dosis de buena voluntad, que suple a veces la falta de ciertas
+facultades, sal&iacute; del paso como Dios me dio a entender.</p>
+
+<p>Gran ventura habr&iacute;a sido para m&iacute; tropezar con testigos presenciales;
+pero no habiendo hallado ninguno que pudiera contar hechos de la primera
+&eacute;poca, tuve que fiar la empresa a las fatigas del trabajo inductivo y de
+probabilidades, auxiliado por datos de tercera mano y referencias
+incompletas o desvirtuadas. Despu&eacute;s, al acometer la segunda serie, pude
+obtener ventajas de la conversaci&oacute;n con personas de tanto ingenio,
+sagacidad y feliz memoria como el Sr. Mesonero Romanos y alg&uacute;n otro. En
+las obras de este insigne fundador de la literatura de costumbres en
+Espa&ntilde;a, en las de Larra, Mi&ntilde;ano, Gallardo, Quintana, etc., y aun en las
+comedias, sainetes o articulillos de escritores oscuros, as&iacute; como en
+diferentes peri&oacute;dicos no pol&iacute;ticos, sin excluir los de modas, he
+allegado elementos indirectos para sortear las dificultades de empresa
+tan ruda.</p>
+
+<p>En la primera serie adopt&eacute; la forma autobiogr&aacute;fica, que tiene por s&iacute;
+mucho atractivo y favorece la unidad; pero impone cierta rigidez de
+procedimiento y pone mil trabas a las narraciones largas. Dif&iacute;cil es
+sostenerla en el g&eacute;nero novelesco con base hist&oacute;rica, porque la acci&oacute;n y
+trama se construyen aqu&iacute; con multitud de sucesos que no debe alterar la
+fantas&iacute;a, unidos a otros de existencia ideal, y porque el autor no
+puede, las m&aacute;s de las veces, escoger a su albedr&iacute;o ni el lugar de la
+escena ni los m&oacute;viles de la acci&oacute;n. Tales dificultades oblig&aacute;ronme a
+preferir en casi todas las novelas de la segunda serie la narraci&oacute;n
+libre, y como en ellas la acci&oacute;n pasa de los campos de batalla y de las
+plazas sitiadas a los palenques pol&iacute;ticos y al gran teatro de la vida
+com&uacute;n, resulta m&aacute;s movimiento, m&aacute;s novela, y por tanto, un inter&eacute;s
+mayor. La novela hist&oacute;rica viene a confundirse as&iacute; con la de costumbres.
+En los tipos presentados en las dos series y que pasan de quinientos,
+trat&eacute; de buscar la configuraci&oacute;n, los rasgos y aun los mohines de la
+fisonom&iacute;a nacional, mirando mucho los semblantes de hoy para aprender en
+ellos la verdad de los pasados. Y la diferencia entre unos y otros, o no
+existe, o es muy d&eacute;bil. Si en el orden material las trasformaciones de
+nuestro pa&iacute;s han sido tan grandes y r&aacute;pidas que apenas se conoce ya lo
+que fue, en el orden espiritual la raza defiende del tiempo sus
+acentuados caracteres con la tenacidad que pone siempre en sus defensas,
+ya lo sean de una ciudad, como en Numancia y Zaragoza, ya de una
+costumbre, como se muestra en la perpetuidad de los Toros y de otras
+ma&ntilde;as nacionales. No es dif&iacute;cil, pues, encontrar el espa&ntilde;ol de ayer, a
+poco que se observe el que tenemos delante.</p>
+
+<p>Al pensar en la ilustraci&oacute;n de esta obra, quise, como he dicho al
+principio de la edici&oacute;n, que manos de otros artistas vinieran a dar a
+las escenas y figuras presentadas por m&iacute; la vida, la variedad, el acento
+y relieve que yo no pod&iacute;a darles. Poco tengo que a&ntilde;adir a lo que dije al
+principio de la edici&oacute;n. Bien se ha visto que el plan primitivo ha
+sufrido alguna mudanza. Anunci&eacute; que la ilustraci&oacute;n total estaba a cargo
+de dos artistas eminentes; pero las dificultades que en la pr&aacute;ctica
+ofreci&oacute; lo excesivo del trabajo en obra tan extensa, oblig&aacute;ronme a
+repartir la ilustraci&oacute;n entre mayor n&uacute;mero de artistas. Tuve la suerte
+de que todos cuantos llam&eacute; en mi auxilio respondieron con entusiasmo;
+todos han trabajado con fe, encari&ntilde;ados con la obra m&aacute;s de lo que esta
+merec&iacute;a. El resultado ha sido admirable. La habilidad de los insignes
+pintores y dibujantes que han trabajado en esta edici&oacute;n, su entusiasmo y
+mi constancia (que no quiero renunciar a la parte de gloria que me
+toca), han producido una obra editorial de relevante m&eacute;rito, un
+verdadero museo de las artes del dise&ntilde;o aplicadas a la tipograf&iacute;a, y
+marcan un verdadero progreso en el gusto nacional. Creo haber acertado
+al preferir los facs&iacute;miles ejecutados sobre zinc a los antiguos
+procedimientos del boj, pues si la madera bien trabajada da finezas y
+matices, que en el clis&eacute; directo se obtienen pocas veces, en cambio este
+reproduce fielmente la creaci&oacute;n del artista, y traslada el acento, el
+trazo, la personalidad. De aqu&iacute; la seducci&oacute;n que ejerce en el observador
+entendido un relieve de zinc cuando es de manos bien ejercitadas en el
+l&aacute;piz o la pluma. Muy grande tiene que ser la destreza de un grabador
+para arrancar de la madera efectos iguales, y sobre todo, para imprimir
+con el buril ese sello de espontaneidad y frescura que en el clis&eacute;
+directo compensa la tosquedad del trazo.</p>
+
+<p>No he de ocultar que la escasez de medios industriales en nuestro pa&iacute;s
+ha sido parte a mermar los efectos que habr&iacute;an podido obtenerse en esta
+ilustraci&oacute;n, utilizando todos los progresos que la zincograf&iacute;a ha
+realizado &uacute;ltimamente en Europa. Pero en la ruda campa&ntilde;a que ha sido
+preciso sostener con la carencia de elementos materiales se ha llegado
+hasta donde se ha podido, y s&oacute;lo han cesado los esfuerzos ante el
+convencimiento de no poder avanzar m&aacute;s en esta senda de asperezas y
+entorpecimientos de todas clases. Se ha ido hasta el fin del terreno
+conocido en nuestra limitada vida industrial, no retrocediendo sino
+cuando era humanamente imposible dar un paso m&aacute;s. La tristeza que
+produce el no haber llegado a la perfecci&oacute;n se aten&uacute;a con la idea de
+haber puesto los cinco sentidos y los recursos todos en la empresa, y
+con la seguridad de que otros llegar&iacute;an hasta donde hemos llegado: pero
+no m&aacute;s all&aacute;.</p>
+
+<p>Cuatro a&ntilde;os y medio ha durado la publicaci&oacute;n, plazo relativamente corto
+y que a&uacute;n lo parecer&aacute; m&aacute;s si se atiende a que la obra consta de
+<i>quinientos veintiocho pliegos</i>, a que ha sido preciso obtener de
+nuestros artistas, algunos de ellos avecindados en Barcelona y en el
+extranjero, mil doscientos dibujos pr&oacute;ximamente, enviarlos fuera de
+Madrid casi siempre, para la elaboraci&oacute;n de los clis&eacute;s, y estampar al
+fin estos con la prolijidad y el esmero que exige tal trabajo. Los que
+conozcan de cerca las faenas tipogr&aacute;ficas y adem&aacute;s hayan visto
+experimentalmente los horizontes que tiene en Espa&ntilde;a el comercio de
+libros, se pondr&aacute;n de mi parte cuando me oigan repetir lo que dijo
+primero el loco de Cervantes y despu&eacute;s Pereda en esta forma: <i>&laquo;no es
+para todos la tarea de hinchar perros en esta catadura&raquo;</i>.</p>
+
+<p>Los nombres de los colaboradores art&iacute;sticos de esta edici&oacute;n, pintores
+eximios los unos, dibujantes habil&iacute;simos los otros, van a la cabeza de
+los diez tomos. Estos nombres, algunos de los cuales gozan ya de
+universal fama, y los dem&aacute;s la obtendr&aacute;n seguramente, son demasiado
+conocidos y no necesitan que se les haga aqu&iacute; un paneg&iacute;rico. Poco
+a&ntilde;adir&iacute;an a su reputaci&oacute;n mis encarecimientos, que, por otra parte,
+parecer&iacute;an quiz&aacute;s interesados. Es ocioso encomiar lo que est&aacute; a la
+vista. Ponerse a describir bellezas f&aacute;cilmente apreciables por cuantos
+tienen ojos y gusto es m&aacute;s de <i>cicerone</i> que de cr&iacute;tico. Penetrad por la
+primera p&aacute;gina, salid por la &uacute;ltima despu&eacute;s de haber recorrido esta
+inmensa galer&iacute;a, y tengo por cierto que har&eacute;is justicia, sin necesidad
+de apuntador, al ingenio, la fuerza de expresi&oacute;n y la gracia con que el
+arte del dibujo ha hermoseado estas pobres letras.</p>
+
+<p>Otros colaboradores ha tenido, en esfera m&aacute;s modesta, la presente
+edici&oacute;n, los cuales nadie conoce, y que, no obstante, merecen que sus
+nombres sean sacados de la oscuridad. Yo lo har&eacute; como recompensa a los
+constantes esfuerzos, a la inteligencia y buena voluntad con que han
+coadyuvado al &eacute;xito de este dif&iacute;cil trabajo. Servicios, tan &uacute;tiles no
+son los menos importantes, ni la parte de gloria que les corresponde en
+el resultado total es la m&aacute;s peque&ntilde;a. Merece, pues, una menci&oacute;n aqu&iacute; el
+encargado de los trabajos tipogr&aacute;ficos de la edici&oacute;n, D. Guillermo Cano,
+por cuyas manos han pasado todas mis obras desde <i>La Fontana de Oro</i>
+hasta la &uacute;ltima que he compuesto, y todas las ediciones, grandes y
+chicas, buenas y malas que de ellas se han hecho. La tirada de los
+EPISODIOS NACIONALES ilustrados y de sus innumerables grabados ha sido
+hecha con el mayor esmero, desde el principio hasta el fin, por el
+maquinista D. Antonio L&oacute;pez.</p>
+
+<p>Creo haber dicho todo lo que ten&iacute;a que decir, cumpliendo la oferta de
+marras, y pagando el acostumbrado tributo de cortes&iacute;a a un p&uacute;blico con
+el cual se ha estado en comunicaci&oacute;n no interrumpida durante muchos
+a&ntilde;os. A este p&uacute;blico que me admiti&oacute; la edici&oacute;n primitiva de estos
+libros, que recibe bien la ilustrada, y que tal vez, andando el tiempo,
+no ponga mala cara a otra, presentada en forma y condiciones diferentes,
+debo gratitud eterna. Mientras su favor me dure, yo no he de pecar de
+ingrato ni de perezoso. Este es el &uacute;nico poderoso de la tierra, cuya
+munificencia no tiene l&iacute;mites y cuyos dones se pueden admitir siempre
+sin ofensa del decoro, porque es el &uacute;nico que sabe y puede ser Mecenas
+en los tiempos que corren. Cuando el favor desmaye y observe yo en el
+inmenso semblante asomos de ce&ntilde;o o de cansancio, me dejar&eacute; caer poco a
+poco del lado de la oscuridad, hasta quitarme de en medio completamente,
+siempre con la debida reverencia.</p>
+
+<p>Madrid.&mdash;Noviembre de 1885</p>
+
+</body>
+</html>
diff --git a/old/17443-h/images/pag239.jpg b/old/17443-h/images/pag239.jpg
new file mode 100644
index 0000000..f8a7da0
--- /dev/null
+++ b/old/17443-h/images/pag239.jpg
Binary files differ
diff --git a/old/17443-h/images/pag253.jpg b/old/17443-h/images/pag253.jpg
new file mode 100644
index 0000000..7b9df50
--- /dev/null
+++ b/old/17443-h/images/pag253.jpg
Binary files differ
diff --git a/old/17443-h/images/pag262.jpg b/old/17443-h/images/pag262.jpg
new file mode 100644
index 0000000..9944d8d
--- /dev/null
+++ b/old/17443-h/images/pag262.jpg
Binary files differ
diff --git a/old/17443-h/images/pag271.jpg b/old/17443-h/images/pag271.jpg
new file mode 100644
index 0000000..2e8957c
--- /dev/null
+++ b/old/17443-h/images/pag271.jpg
Binary files differ
diff --git a/old/17443-h/images/pag277.jpg b/old/17443-h/images/pag277.jpg
new file mode 100644
index 0000000..b2fa96e
--- /dev/null
+++ b/old/17443-h/images/pag277.jpg
Binary files differ
diff --git a/old/17443-h/images/pag278.jpg b/old/17443-h/images/pag278.jpg
new file mode 100644
index 0000000..888a44f
--- /dev/null
+++ b/old/17443-h/images/pag278.jpg
Binary files differ
diff --git a/old/17443-h/images/pag285.jpg b/old/17443-h/images/pag285.jpg
new file mode 100644
index 0000000..cc8d0ab
--- /dev/null
+++ b/old/17443-h/images/pag285.jpg
Binary files differ
diff --git a/old/17443-h/images/pag286.jpg b/old/17443-h/images/pag286.jpg
new file mode 100644
index 0000000..8efbb56
--- /dev/null
+++ b/old/17443-h/images/pag286.jpg
Binary files differ
diff --git a/old/17443-h/images/pag291.jpg b/old/17443-h/images/pag291.jpg
new file mode 100644
index 0000000..4a257b3
--- /dev/null
+++ b/old/17443-h/images/pag291.jpg
Binary files differ
diff --git a/old/17443-h/images/pag296.jpg b/old/17443-h/images/pag296.jpg
new file mode 100644
index 0000000..bd8da03
--- /dev/null
+++ b/old/17443-h/images/pag296.jpg
Binary files differ
diff --git a/old/17443-h/images/pag306.jpg b/old/17443-h/images/pag306.jpg
new file mode 100644
index 0000000..06b2a1a
--- /dev/null
+++ b/old/17443-h/images/pag306.jpg
Binary files differ
diff --git a/old/17443-h/images/pag307.jpg b/old/17443-h/images/pag307.jpg
new file mode 100644
index 0000000..51857ff
--- /dev/null
+++ b/old/17443-h/images/pag307.jpg
Binary files differ
diff --git a/old/17443-h/images/pag314.jpg b/old/17443-h/images/pag314.jpg
new file mode 100644
index 0000000..d34f1f6
--- /dev/null
+++ b/old/17443-h/images/pag314.jpg
Binary files differ
diff --git a/old/17443-h/images/pag319.jpg b/old/17443-h/images/pag319.jpg
new file mode 100644
index 0000000..107a5ba
--- /dev/null
+++ b/old/17443-h/images/pag319.jpg
Binary files differ
diff --git a/old/17443-h/images/pag323.jpg b/old/17443-h/images/pag323.jpg
new file mode 100644
index 0000000..d0bb301
--- /dev/null
+++ b/old/17443-h/images/pag323.jpg
Binary files differ
diff --git a/old/17443-h/images/pag326.jpg b/old/17443-h/images/pag326.jpg
new file mode 100644
index 0000000..4a6dfc9
--- /dev/null
+++ b/old/17443-h/images/pag326.jpg
Binary files differ
diff --git a/old/17443-h/images/pag330.jpg b/old/17443-h/images/pag330.jpg
new file mode 100644
index 0000000..b67a229
--- /dev/null
+++ b/old/17443-h/images/pag330.jpg
Binary files differ
diff --git a/old/17443-h/images/pag337.jpg b/old/17443-h/images/pag337.jpg
new file mode 100644
index 0000000..28657cd
--- /dev/null
+++ b/old/17443-h/images/pag337.jpg
Binary files differ
diff --git a/old/17443-h/images/pag338.jpg b/old/17443-h/images/pag338.jpg
new file mode 100644
index 0000000..47eee60
--- /dev/null
+++ b/old/17443-h/images/pag338.jpg
Binary files differ
diff --git a/old/17443-h/images/pag347.jpg b/old/17443-h/images/pag347.jpg
new file mode 100644
index 0000000..2883f9e
--- /dev/null
+++ b/old/17443-h/images/pag347.jpg
Binary files differ
diff --git a/old/17443-h/images/pag357.jpg b/old/17443-h/images/pag357.jpg
new file mode 100644
index 0000000..382566f
--- /dev/null
+++ b/old/17443-h/images/pag357.jpg
Binary files differ
diff --git a/old/17443-h/images/pag358.jpg b/old/17443-h/images/pag358.jpg
new file mode 100644
index 0000000..726678d
--- /dev/null
+++ b/old/17443-h/images/pag358.jpg
Binary files differ
diff --git a/old/17443-h/images/pag370.jpg b/old/17443-h/images/pag370.jpg
new file mode 100644
index 0000000..79dd630
--- /dev/null
+++ b/old/17443-h/images/pag370.jpg
Binary files differ
diff --git a/old/17443-h/images/pag375.jpg b/old/17443-h/images/pag375.jpg
new file mode 100644
index 0000000..e591ace
--- /dev/null
+++ b/old/17443-h/images/pag375.jpg
Binary files differ
diff --git a/old/17443-h/images/pag380.jpg b/old/17443-h/images/pag380.jpg
new file mode 100644
index 0000000..6c9d1a9
--- /dev/null
+++ b/old/17443-h/images/pag380.jpg
Binary files differ
diff --git a/old/17443-h/images/pag381.jpg b/old/17443-h/images/pag381.jpg
new file mode 100644
index 0000000..d3f36eb
--- /dev/null
+++ b/old/17443-h/images/pag381.jpg
Binary files differ
diff --git a/old/17443-h/images/pag389.jpg b/old/17443-h/images/pag389.jpg
new file mode 100644
index 0000000..377375c
--- /dev/null
+++ b/old/17443-h/images/pag389.jpg
Binary files differ
diff --git a/old/17443-h/images/pag396.jpg b/old/17443-h/images/pag396.jpg
new file mode 100644
index 0000000..0089033
--- /dev/null
+++ b/old/17443-h/images/pag396.jpg
Binary files differ
diff --git a/old/17443-h/images/pag402.jpg b/old/17443-h/images/pag402.jpg
new file mode 100644
index 0000000..f9cdfda
--- /dev/null
+++ b/old/17443-h/images/pag402.jpg
Binary files differ
diff --git a/old/17443-h/images/pag403.jpg b/old/17443-h/images/pag403.jpg
new file mode 100644
index 0000000..c3e85a6
--- /dev/null
+++ b/old/17443-h/images/pag403.jpg
Binary files differ
diff --git a/old/17443-h/images/pag412.jpg b/old/17443-h/images/pag412.jpg
new file mode 100644
index 0000000..ecb2319
--- /dev/null
+++ b/old/17443-h/images/pag412.jpg
Binary files differ
diff --git a/old/17443-h/images/pag413.jpg b/old/17443-h/images/pag413.jpg
new file mode 100644
index 0000000..6a9b6b5
--- /dev/null
+++ b/old/17443-h/images/pag413.jpg
Binary files differ
diff --git a/old/17443-h/images/pag414.jpg b/old/17443-h/images/pag414.jpg
new file mode 100644
index 0000000..2ad38f2
--- /dev/null
+++ b/old/17443-h/images/pag414.jpg
Binary files differ
diff --git a/old/17443-h/images/pag419.jpg b/old/17443-h/images/pag419.jpg
new file mode 100644
index 0000000..cc0596b
--- /dev/null
+++ b/old/17443-h/images/pag419.jpg
Binary files differ
diff --git a/old/17443-h/images/pag425.jpg b/old/17443-h/images/pag425.jpg
new file mode 100644
index 0000000..94e5cde
--- /dev/null
+++ b/old/17443-h/images/pag425.jpg
Binary files differ
diff --git a/old/17443-h/images/pag440.jpg b/old/17443-h/images/pag440.jpg
new file mode 100644
index 0000000..a2dafa5
--- /dev/null
+++ b/old/17443-h/images/pag440.jpg
Binary files differ
diff --git a/old/17443-h/images/pag444.jpg b/old/17443-h/images/pag444.jpg
new file mode 100644
index 0000000..3b91b2d
--- /dev/null
+++ b/old/17443-h/images/pag444.jpg
Binary files differ
diff --git a/old/17443-h/images/pag451.jpg b/old/17443-h/images/pag451.jpg
new file mode 100644
index 0000000..3a38b16
--- /dev/null
+++ b/old/17443-h/images/pag451.jpg
Binary files differ
diff --git a/old/17443-h/images/pag452.jpg b/old/17443-h/images/pag452.jpg
new file mode 100644
index 0000000..b3a025c
--- /dev/null
+++ b/old/17443-h/images/pag452.jpg
Binary files differ