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diff --git a/.gitattributes b/.gitattributes new file mode 100644 index 0000000..6833f05 --- /dev/null +++ b/.gitattributes @@ -0,0 +1,3 @@ +* text=auto +*.txt text +*.md text diff --git a/17430-8.txt b/17430-8.txt new file mode 100644 index 0000000..efd7511 --- /dev/null +++ b/17430-8.txt @@ -0,0 +1,9330 @@ +The Project Gutenberg EBook of Morsamor, by Juan Valera + +This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with +almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or +re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included +with this eBook or online at www.gutenberg.org + + +Title: Morsamor + peregrinaciones heroicas y lances de amor y fortuna de + Miguel de Zuheros y Tiburcio de Simahonda + +Author: Juan Valera + +Release Date: December 31, 2005 [EBook #17430] + +Language: Spanish + +Character set encoding: ISO-8859-1 + +*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK MORSAMOR *** + + + + +Produced by Chuck Greif + + + + +Morsamor: peregrinaciones heroicas y lances de amor y fortuna de Miguel +de Zuheros y Tiburcio de Simahonda + +Por + +Juan Valera + +Librería de Fernando Fé + +Madrid + +1899 + + + + +Al Excmo. Sr. Conde de Casa Valencia + + +Mi querido primo: Para distraer mis penas egoístas al considerarme tan +viejo y tan quebrantado de salud, y mis penas patrióticas al considerar +a España tan abatida, he soltado el freno a la imaginación, que no le +tuvo nunca muy firme, y la he echado a volar por esos mundos de Dios, +para escribir la novela que te dedico. + +Tomando por lo serio algunos preceptos irónicos de don Leandro Fernández +de Moratín, en su _Lección poética_, he puesto en mi libro cuanto se ha +presentado a mi memoria de lo que he oído o leído en alabanza de una +época muy distinta de la presente, cuando era España la primera nación +de Europa. Así he procurado consolarme de que hoy no lo sea, si bien +escribiendo la más _antimoratinesca_ de mis composiciones literarias. +Bien puedo asegurar que hay en ella + + Cuanto puede hacinar la fantasía, + en concebir delirios eminente: + magia, blasón, alquimia, teosofía, + náutica, bellas artes, oratoria, + brahmánica y gentil mitología, + sacra, profana, universal historia + +Y otras mil curiosidades. + +Si a pesar de tanta riqueza de ingredientes el pasto espiritual que doy +al público resulta desabrido o empalagoso, no te negaré que he de +afligirme, pero me servirá de consuelo lo inocente de mi trabajo. Nada +más inocente que componer un libro de entretenimiento aunque no +entretenga. Con no leerle evitará toda persona discreta el mal que +involuntariamente pudiera yo causarle. Yo no trato de enseñar nada ni de +probar nada. Si alguien deduce consecuencias o moralejas de la lectura +de este libro, él, y no yo, será responsable de ellas. Yo sólo pretendo +divertir un rato a quien me lea, dejando a los sabios enseñar y +adoctrinar a sus semejantes, y dejando a nuestros hombres políticos la +difícil tarea de regenerarnos y de sacarnos del atolladero en que nos +hemos metido. + +He de confesarte, sin embargo, que a veces tengo yo pensamientos algo +presuntuosos, porque creo que el mejor modo de obtener la regeneración +de que tanto se habla, es entretenerse en los ratos de ocio contando +cuentos, aunque sean poco divertidos, y no pensar en barcos nuevos, ni +en fortificaciones, ni en tener sino muy pocos soldados, hasta que +seamos ricos, indispensable condición en el día para ser fuertes. Ser +fuertes en el día es cuestión de lujo. Seamos pues débiles e inermes +mientras que no podemos ser lujosos. Imitemos a Don Quijote, cuando +quiso hacerse pastor después de vencido por el Caballero de la Blanca +Luna. Mientras que unos esquilan las ovejas y mientras que otros recogen +la leche en colodras y hacen requesones y quesos, aumentando así la +riqueza individual, y por consiguiente, la colectiva, nosotros, o al +menos yo, incapacitados por la vejez para tan útiles operaciones, +empleémonos en tocar la churumbela, el violón u otro instrumento +pastoril para que se recreen las ovejas. + + De pacer olvidadas escuchando + +o quizás consolándose de que poco o nada les dejen que pacer los +rabadanes. A fin de vivir contentos en esta forzosa Arcadia, recordemos +vuestras pasadas glorias, no superadas aún por los pueblos más pujantes +y engreídos que hay ahora en el mundo, y compongamos, con dichos +recuerdos y con el buen humor que no debe abandonarnos, historias como +la que yo te ofrezco, la cual, si no es amena, es por su benigna y +candorosa intención, digna de todo aplauso. Date tú el tuyo, defiéndeme +con indulgente habilidad de los que me censuren y créeme siempre tu +afectísimo amigo y pariente, + +Juan Valera + + + + +En el claustro + + + + +-I- + + +En el primer tercio del siglo XVI, y en un convento de frailes +franciscanos, situado no lejos de la ciudad de Sevilla, casi en la +margen del Guadalquivir y en soledad amena, vivía un buen religioso +profeso, llamado Fray Miguel de Zuheros, probablemente porque era +natural de la enriscada y pequeña villa de dicho nombre. + +No era el Padre alto ni bajo, ni delgado ni grueso. Y como no se +distinguía tampoco por extremado ascetismo, ni por elocuencia en el +púlpito, ni por saber mucho de teología y de cánones, ni por ninguna +otra cosa, pasaba sin ser notado entre los treinta y cinco o treinta y +seis frailes que había en el convento. + +Hacía más de cuarenta años que había profesado. Y su vida iba +deslizándose allí tranquila y silenciosa, sin la menor señal ni indicio +de que pudiese dejar rastro de sí en el trillado camino que la llevaba a +su término: a una muerte obscura y no llorada ni lamentada de nadie, +porque Fray Miguel, aunque no era antipático, no era simpático tampoco, +se daba poquísima maña para ganar voluntades y amigos, y, al parecer, ni +en el convento ni fuera del convento los tenía. + +En vista de lo expuesto, nadie puede extrañar que hayan caído en el +olvido más profundo el nombre y la vida de Fray Miguel. + +Ya verá el curioso lector, si tiene paciencia para leer sin cansarse +esta historia, las causas que me mueven a sacar del olvido a tan +insignificante personaje. + +Son estas causas de dos clases: unas, particularísimas, que se sabrán +cuando esta historia termine; y otras tan generales, que bien pueden +declararse desde el principio y que voy a declarar aquí. + +Todo ser humano, considerado exterior y someramente, es indigno de +memoria, si no ha logrado por virtud de sus hechos o de sus palabras, +habladas o escritas, influir poderosamente en los sucesos de su época, +haciendo ruido en el mundo. Los que ni por la acción ni por el +pensamiento, revestido de una forma sensible, logran señalarse, pasan +como sombras sin dejar rastro ni huella en el sendero de la vida y van a +hundirse en olvidada sepultura, sin que nadie deplore su muerte y sin +que nadie, al cabo de pocos años, y a veces al cabo de pocos días, se +acuerde de que vivieron. + +Y, sin embargo, cuando por cualquier medio o estilo acertamos a penetrar +en las profundidades del corazón y en los más apartados y obscuros +aposentos del cerebro del personaje al parecer más insignificante, todo +suele cambiar de aspecto en la idea que formamos de él, ya que +descubrimos allí multitud de pensamientos maravillosos y de soberanas +aspiraciones, y un mar tempestuoso de apasionados sentimientos, que ora +sean buenos, ora sean malos, si llegan a ser grandes, dan valer e +importancia a la persona que los concibe e inspiran hacia ella un +interés acaso mayor del que nos han inspirado los más famosos varones al +saber sus altas hazañas o al leer sus inmortales escritos. + +Fray Miguel, al empezar este relato y al presentarle yo a mis lectores, +no era escritor, ni predicador, ni por nada se distinguía. Cualquiera +otro fraile de su mismo convento era más notable que él. + +Antes de entrar en la vida religiosa tampoco había conseguido señalarse. +Tenía ya setenta y cinco años cumplidos, y, para todos sus semejantes, +no pasaba de ser una de las innumerables unidades que forman la gran +suma del linaje humano. + +En el convento se sabía poco y a nadie le importaba saber de la vida +pasada de Fray Miguel antes de que fuera fraile. + +Como otros muchos hombres, en aquel largo período de anarquía, +discordias y guerras civiles, que precedió al reinado de los Reyes +Católicos, había buscado por diversos caminos la notoriedad, el poder y +la fortuna, y no había logrado hallarlos. + +Fray Miguel había sido soldado y poeta, que eran las dos profesiones, +por las cuales, no siendo clérigo o fraile, podía un hombre del estado +llano en aquella edad encumbrarse o darse a conocer al menos. + +Fray Miguel había trabajado en balde. No decidiremos aquí si fue la +capacidad o si fue la ventura lo que le faltó en su empresa. Su ambición +y sus propósitos no debieron de ser pequeños si los calculamos por la +significación del nombre que él como trovador y aventurero de armas +tomar había adoptado. + +Fray Miguel se había llamado Morsamor en el siglo. + +Sus versos fueron tan malos o fueron tan infelices que no entraron en +ningún Cancionero, aunque en muchos Cancioneros abundan los detestables, +tontos o fríos. Sus hazañas, si las hizo, no le dieron riqueza, ni +valimiento, ni poder, y no hubo cronista que hablase de ellas en sus +narraciones, ni épico callejero que escribiese un mal romance para +referirlas y ensalzarlas. Dice el refrán que el lobo, harto de carne, se +mete fraile. Morsamor no fue como el lobo. Morsamor no cogió la carne: +apenas columbró la sombra. La desilusión, la esperanza perdida, le trajo +a la vida monástica. + +En ambos reinos, unidos ya bajo el centro de Isabel y Fernando, había +cambiado todo y era menester que Morsamor también cambiase. La paz y el +orden con enérgica severidad habían venido a sobreponerse a la confusión +y al alboroto que estimulaban tanto la ambición y la codicia. Los falsos +antiguos ideales de la Edad Media habían caído por tierra como ídolos +quebradizos, desbaratados y rotos bajo los certeros golpes del cetro de +hierro de los nuevos soberanos. Morsamor no acertaba a descubrir nuevos +ideales: nuevos objetos, término y meta de la ambición humana. A sus +ojos sólo quedaba en pie el venerando e indestructible ideal religioso, +que se alzaba como elevadísima y solitaria torre en medio de un campo +arrasado y lleno de ruinas. Lo único que quedaba como refugio, consuelo +y fin de la vida de Morsamor era la religión. Hízose, pues, religioso +por no saber qué hacerse. Y ya se comprende que esta manera de hacerse +religioso de poco o de nada podía valerle así en la tierra como en el +cielo. + +Harto se comprenderá también, se explicará y se justificará por lo +dicho, el pobre papel que Fray Miguel de Zuheros hacía entre los demás +frailes. + +Sólo Dios sabía lo que guardaba él en el centro del alma. En lo exterior +la figura inconsistente de Fray Miguel, sin color, sin energía y sin +carácter propio, se esfumaba en el espacio e iba lenta y desabridamente +a desaparecer en el tiempo. + + + + +-II- + + +De vez en cuando, creciendo en importancia y en frecuencia e +interrumpiendo la monotonía de la vida claustral, llegaban al convento +noticias vagas y confusas que revelaban una pasmosa renovación en la +vida social de la recién formada nación española. Los ideales, por susto +de cuya ausencia se había refugiado Fray Miguel en el claustro, brotaron +entonces en el suelo fecundo de España, le cubrieron todo y vinieron a +llamar con estrépito en su celda al desengañado solitario. Mientras que +Fray Miguel vivía vida contemplativa y obscura, una vida fecunda en +acciones maravillosas se había desenvuelto en toda nuestra Península, +salvando sus límites y confines, y derramándose con irresistible +expansión por el mundo todo. Los reyes unidos de Aragón y Castilla +habían vencido a los portugueses en Toro, vengando la afrenta de +Aljubarrota; habían conquistado el hermoso reino de Granada; habían +expulsado de Italia a los franceses, enseñoreándose de Nápoles y de +Sicilia. Un aventurero genovés había ofrecido llegar a Cipango y al +Catay, atravesando con sus naves el nunca surcado y tenebroso mar de +Sargaso, y el aventurero había descubierto extensas y hasta entonces +incógnitas regiones, donde había ido a plantar la cruz del Redentor y el +pendón de Castilla, dejando entrever y haciendo augurar que la tierra en +que vivimos es mayor de lo que se pensaba y que todo lo oculto y +misterioso que hasta entonces había habido en ella, iba a revelarse y a +manifestarse a nuestros ojos y a ser dominado por castellanos y +aragoneses. + +En competencia con ellos y movidos por idéntico impulso, los portugueses +habían persistido en su casi secular empeño de navegar hasta el extremo +Sur de África, de ir más allá navegando, y de llegar a la India y de +apoderarse allí del comercio, y de la riqueza de que hasta entonces +habían gozado árabes, persas, venecianos y genoveses. + +Iba Fray Miguel enterándose vaga y confusamente de todas estas +novedades. Como era poco comunicativo no decía a nadie la impresión que +le hacían; pero la impresión era profunda, acrecentando su profundidad y +su fuerza, la reconcentración y el sigilo con que en el centro de su +alma lo escondía todo. + +Cualquier ser humano, como no sea depravadísimo, tiene el amor de la +patria, del pueblo, de la tierra en que ha nacido y de la gente a que +pertenece. Este sentimiento es tan natural y tan general que no he de +hacer yo el elogio de Fray Miguel porque le tuviese. Me limito a afirmar +que le tenía. Los triunfos de su nación, el verla trocada de sociedad +desquiciada y anárquica en Potencia temida, influyente y gloriosa, +lisonjeaban el orgullo de Fray Miguel y le tenía muy satisfecho y +orondo. Por nada del mundo hubiera anhelado él que lo que era no fuese; +que de todas las glorias, grandezas y triunfos su nación, resultasen +falsedad y sueño vano de la fantasía. Su corazón se alegraba de que +fuesen reales; pero al mismo tiempo, por extraña aunque frecuente +contradicción de nuestro espíritu, había en el suyo vergüenza y +abatimiento de no haber contribuido a la elevación nacional de que se +admiraba y se enorgullecía. Ni con sus humildes rezos, ya en el templo +solitario, ya en su mezquina celda, había contribuido Fray Miguel a +ninguna de las altas empresas que se habían llevado a cabo. Su corazón +falto de fe y de esperanza y su mente inclinada y torcida a no prever +sino lo peor, no habían podido pedir ni habían pedido al cielo lo +inasequible, lo absurdo, lo que no habían concebido ni en sueños, +comprendiéndolo sólo al verlo en realidad efectiva. España, pobre, +desgarrada por discordias civiles, sin dominio y sin influjo en lo +exterior, se había transformado de repente en la primera nación del +mundo, y Fray Miguel, que en sus verdes mocedades había aspirado a +llenarle de su ama, como trovador y como guerrero, tenía entonces que +confesarse asimismo, en amargo vejamen, que ni como devoto fraile, con +oraciones y súplicas, había contribuido a tan maravillosa transformación +y a tan no prevista ni imaginada grandeza. + +Los nombres gloriosos de navegantes intrépidos, de dichosos e invictos +capitanes, de habilísimos políticos, de negociadores que sabían ganar +ajenas voluntades e imponer la propia, y de administradores juiciosos y +atinados que encontraban recursos sin esquilmar a la nación, todo esto, +a par que halagaba el alma de Fray Miguel en lo que tenía de alma +española y en lo que era como parte del alma superior y colectiva de su +pueblo y de su casta, lastimaba, hería y destrozaba su alma individual, +colmándola de amargo abatimiento y de ponzoñosa envidia. + +Durante muchos años, desde que se retiró Fray Miguel al claustro hasta +mucho después, el completo menosprecio del mundo, o sea del linaje +humano en general y de su pueblo en particular, había estado en perfecta +consonancia con el menosprecio de sí mismo que Fray Miguel sentía, de +donde resultaba una tranquilidad fúnebre. Fray Miguel había estado, +durante muchos años, fúnebremente tranquilo; pero el reciente alto +concepto que de su patria había formado y la consideración del valer, de +las hazañas y de la gloria de los hombres que habían encumbrado su +patria, se contraponían ahora al menosprecio de sí mismo que no podía +menos de seguir sintiendo, y esto levantaba en su alma una tempestad de +celos y hacía retoñar y reverdecer en ella la antigua ambición de su +mocedad, volviendo a ser ambicioso con más de setenta y cinco años +cumplidos. Su corazón latía con violencia lleno de extrañas aspiraciones +bajo el humilde sayal franciscano. Su corazón se agitaba en la vejez +acaso con más poderosas energías que en la juventud. En su juventud +había habido siempre algo de vano en todos sus propósitos ambiciosos: +había puesto la mira en fines confusos o efímeros y poco elevados: en +distinguirse en un torneo o en alguna otra empresa caballeresca +atrayendo la atención y conquistando el afecto de alguna dama hermosa, +encumbrada y noble. Ahora los fines que se proponían, que buscaban y que +alcanzaban los hombres de acción, eran más consistentes, eran más altos +y no por eso menos positivos y sustanciales. El mundo, ignorado antes, +había venido a revelarse con una grandeza real hasta entonces no +percibida y por toda ella iban a extenderse y a triunfar la religión de +Cristo y la civilización de Europa, llevadas par los hijos de Iberia +hasta las regiones más remotas, ya entre gentes bárbaras y selváticas +que separadas del resto del humano linaje no habían seguido su marcha +progresiva y hasta habían olvidado la nobleza de su origen común, ya +entre los pueblos de Oriente donde persistían y florecían aún la poesía +y el saber y el arte de las edades divinas, cuando entendían los hombres +que estaban en comunicación y trato con los dioses y con los genios; por +todas partes, entre todas las lenguas, tribus y gentes, así entre +aquellas, que olvidadas de las primitivas aspiraciones y revelaciones, +se habían hundido en una vida casi selvática, como entre aquellas que, +combinando y fecundando esas aspiraciones y revelaciones primitivas con +los ensueños de una exuberante fantasía, habían creado una portentosa +cultura, en cuya ponderación y admiración permanecían inmóviles. + +Si nos figuramos a todo el humano linaje como inmensa hueste que marcha +a la conquista de una tierra de promisión, los pueblos selváticos y +rudos que hacia el Occidente se habían descubierto, eran como parte de +la hueste que se había extraviado en el camino y que no sólo había +desistido de la empresa sino que la habían olvidado. Por el contrario, +los pueblos que los portugueses habían vuelto a visitar en el Oriente, +abriéndose camino por los mares, se diría que, embelesados en el regalo +y deleite de encantados jardines y orgullosos de su primitivo saber y +del rico florecimiento de la antigua cultura, permanecían aún parados e +inertes. Misión providencial de los hijos de Iberia era sin duda sacar a +los unos de la abyecta postración en que habían caído y despertar a los +otros del sueño secular, del profundísimo letargo en que estaban. + +Esta parte de la misión parecía especialmente confiada a los +portugueses. Habían, como el gentil caballero del antiguo cuento de +hadas, venciendo mil obstáculos y dificultades, penetrado en los +deliciosos jardines y luego en el encantado palacio donde, desde hacía +muchos siglos, la hermosísima princesa estaba dormida. + +El modo que los portugueses emplearon para despertarla del sueño, no fue +a la verdad tan dulce y tan delicado como el del cuento; pero la +realidad tiene sus impurezas y aquellos tiempos eran más rudos que los +de ahora. Valga esto para disculpa de los portugueses. + +Como quiera que ello sea, ya las noticias de nuestros triunfos en +Italia, ya las vagas y confusas narraciones de los descubrimientos que +hacia el Occidente hacían los castellanos de grandes y fértiles islas y +de un dilatado continente, habitado todo por tribus salvajes y decaídas +que no habían llegado o que habían retrocedido hasta el extremo de no +tener animales domésticos, de no ser pastores, de vivir en un estado de +humanidad más rudimentario que el de los pueblos errantes de Asia y de +África, ya las expediciones, victorias y conquistas de Portugal en la +India, que renovaban o eclipsaban las glorias fabulosas del Dios +Ditirambo y las hazañas y empresas reales del Macedón Alejandro y que +obscurecían las leyendas de los siglos medios, todo entusiasmaba y +solevantaba a Fray Miguel de Zuheros; pero lo que más le seducía, lo que +ejercía fascinador influjo en su ánimo y le atraía poderosamente, era el +éxito de los portugueses en la India. + +Acostumbrado Fray Miguel a disimular sus emociones, a no confiarse a +nadie y a no desahogar confesándolo lo que tenía en su pecho, no +mostraba en lo exterior ni para cuantos le rodeaban alteración ni +cambio. + +Como además fijaba poco la atención y todos le tenían por persona menos +notable de lo que era, nadie advertía el cambio imperceptible y lento +que en él se había realizado. Fray Miguel estaba más retraído y +silencioso que nunca. De sus labios no brotaban sino las indispensables +palabras que la necesidad o la cortesía nos obligan a pronunciar en la +vida diaria, y no sonaba su voz en más largos discursos que los de las +devotas oraciones que rezaba en el coro. + + + + +-III- + + +En contraposición a la insignificancia y obscuridad de Fray Miguel, +había en el mismo convento otro fraile cuya fama y alta reputación de +sabio se extendían por toda la Península y aun trascendían a Italia y a +otras naciones. Se llamaba este fraile el Padre Ambrosio de Utrera. No +había disciplina ni facultad en que no se le proclamase maestro. Era +gran humanista, diestro y sutil en las controversias, teólogo y +jurisconsulto, y muy versado en el estudio de los seres que componen el +mundo visible. Se suponía que de magia natural, astrología y alquimia +sabía cuanto podía saberse en su tiempo, y que él además, a fuerza de +estudios, meditaciones y experiencias, había descubierto grandes +misterios y secretas propiedades y leyes de las cosas creadas, de lo +cual revelaba algo a sus contemporáneos y ocultaba mucho, por considerar +que el humano linaje no alcanzaba aún la madurez y la capacidad, +convenientes para que pudiera confiársele sin profanación o sin +gravísimo peligro la llave de aquellos temerosos arcanos, de los que sin +embargo, se valía él para aliviar muchos males, corregir muchos vicios y +mejorar la condición y la suerte de sus semejantes, los demás hombres. + +El Padre Ambrosio había ido por orden superior y en misión secreta a +Roma. + +No importa a nuestra historia, ni sabríamos declarar aquí, aunque +importase, cuál había sido el objeto de la misión del Padre Ambrosio. +Baste saber que estuvo siete años en Roma, bajo el pontificado de León +X, y que volvió a su convento de Sevilla el año de 1521 en que va a +empezar la historia que aquí referimos. + +A pesar de su grande autoridad como hombre de ciencia y a pesar de la +austeridad de sus costumbres, el Padre Ambrosio era benigno y afable con +todos los hombres y más aún con los desatendidos y desdeñados. + +De aquí que Fray Miguel de Zuheros, si de alguien había recibido +muestras de cariñosa simpatía, había sido del Padre Ambrosio, y si algo +los interiores tormentos de su espíritu había revelado a alguna persona, +esta persona había sido el mencionado Padre. + +Durante su ausencia, pues, Fray Miguel había vivido más aislado y mudo +que nunca. + +Con frecuencia, en las horas de recreo y solaz que en el convento había, +cuando ni los Padres ni los novicios estudiaban, meditaban o rezaban, en +el extremo de la huerta donde había árboles de sombra y asientos de +piedra, el Padre Ambrosio se sentaba rodeado de muchas personas que +componían un atento auditorio, y con fácil palabra les relataba lo que +llamaríamos hoy sus impresiones de viaje. + +Describía el Padre elocuentemente las magnificencias de la Ciudad +Eterna: sus palacios, sus templos y sus majestuosas ruinas. + +El Padre Ambrosio no consideraba sin embargo a Roma como +ciudad-relicario, museo de antigüedades, residuo maravilloso pero inerte +de poderío y grandeza jamás igualados antes ni después en la historia. +Roma para él había sido siempre, y entonces era más que nunca, porque +volvía deslumbrado y hechizado por el esplendor, la elegancia y el lujo +de la corte de León X, Roma era para él en realidad la Ciudad Eterna, la +reina de las ciudades, la capital del mundo. El pensamiento +profundamente católico y español del Padre Ambrosio, si no auguraba, si +no se atrevía a profetizar una monarquía universal, la creía posible y +hasta probable y creía ver en el giro de los sucesos y en el +desenvolvimiento que iban tomando las cosas humanas, que todo se +encaminaba la formación de tan gloriosa monarquía, si monarquía podía +llamarse, y no debía darse otro nombre a lo que imaginaba el Padre. Él +imaginaba que el sucesor de San Pedro, vicario de Cristo y cabeza +visible de la iglesia, había de ser y era menester que fuese el Soberano +que dominase sobre toda la tierra y gobernase y dirigiese al humano +linaje como único pastor a una sola grey. Pero el Padre Santo era +principal ministro de un Dios de paz; en vez de cetro y espada tenía +cayado. No eran sus armas visibles ni capaces de herir el cuerpo sino +los espíritus: sus armas eran la bendición y el anatema. Determinando +mejor su concepto, el Padre Ambrosio miraba todos los territorios, donde +se había plantado la Cruz redentora, como redil amplio, gobernado por el +sucesor del príncipe de los apóstoles, pero gobernado por la persuasión +y por la dulzura y realizando la paz perpetua. Antes sin embargo de +llegar a término tan deseado, era menester el empleo de la fuerza +material para traer a Cristo las cosas todas, para impeler a entrar en +el aprisco a las ovejas descarriadas, y para combatir, matar o domar a +los leones bravos y a los hambrientos lobos que amenazaban el rebaño y +que no le dejaban vivir y pacer tranquilo. El Padre Santo, pues, a pesar +de su inmenso poder espiritual, necesitaba aún, y así estaba prescrito y +decretado en el plan divino de la historia, un poderoso y enérgico brazo +secular que le ayudase en su empresa, que le valiese para la +pacificación de la tierra toda y para lograr que Roma, al cabo, +transfigurada y purificada, en nada se pareciese a la antigua Babilonia, +sino a la Jerusalem refulgente, que el Águila de Patmos vio descender +del cielo, ricamente ataviada con admirables joyas y con la vestidura +nupcial y con las regias galas de la esposa de Cristo. Para el Padre +Ambrosio, en suma, el Padre Santo, en nuestra Ley de Gracia, y en la +nueva Era, en cuyo principio creía él vivir, parecía permanente y más +dichoso Moisés, que no había de ver la tierra prometida desde lo alto +del monte Nebo y allá a lo lejos, sino que había de entrar en ella y +dominarla para bien de todo nuestro linaje. A este fin, el Moisés +permanente pedía al cielo un Josué activo y belicoso, cuya espada +desbaratase y rompiese las huestes enemigas y al son de cuyos clarines +cayesen derribados con espantoso fragor los muros de las fortalezas +infieles, cuya poderosa hacha de armas quebrase y derribase todos los +ídolos y cuyo brazo infatigable acabase por plantar la Cruz del Redentor +en todas las latitudes y en todas las alturas, haciendo que las gentes +fieras y las más remotas y bárbaras naciones, desconocidas antes, +cayesen ante ella postradas de hinojos. + +Este brazo secular, este permanente Josué con que el Padre Ambrosio +soñaba, era el pueblo español y era su soberano: flamante pueblo de Dios +y nuevo e inmortal caudillo que la providencia suscitaría a fin de que +se cumpliesen sus altos designios, de todo lo cual la lozanía juvenil de +todo Portugal, Aragón y Castilla era como signo precursor, era como +primavera riquísima en flores, que alegraban el corazón y ya le daban en +esperanza segura el venturoso y sazonado fruto. + +Tales eran en cifra los ensueños y las ideas con que a su vuelta de Roma +trajo el Padre Ambrosio embargado el espíritu. + + + + +-IV- + + +En su trato y relaciones, así con la gente seglar y profana como con la +mayoría de sus hermanos los religiosos, el Padre Ambrosio de Utrera, si +bien mostraba, sin vanidosa ostentación y cuando convenía, la ciencia +teológica que con sus estudios había adquirido y que atesoraba su +inteligencia, todavía guardaba, en lo más hondo y arcano de su mente, +cierta filosofía oculta que la prudencia, y tal vez compromisos y +deberes de secta, le prescribían no revelar por completo a nadie. Algo +sólo podía comunicar a los adeptos e iniciados, según los grados de la +iniciación que tuviesen y según las pruebas que hubiesen hecho. + +Con dificultad hallaba y reconocía el Padre Ambrosio en las personas con +quien trataba las prendas y requisitos necesarios para la iniciación. + +En el convento sólo había tres frailes con los cuales el Padre Ambrosio +se entendía, uniéndolos a él por virtud de misterioso lazo y haciéndolos +participantes con profundo sigilo de sus doctrinas esotéricas, no del +todo ni por igual, sino a cada uno según la aptitud y el vigor de +entendimiento y de voluntad que en él reconocía. + +No se presuma, con todo, que el Padre Ambrosio imaginase que su saber +oculto se oponía en lo más mínimo a las ortodoxas afirmaciones en que +por fe creía y que forman la base de la religión de que era ministro y +sacerdote. + +Sencillo y mero narrador de esta historia, no afirmaré ni negaré yo, que +hubiese o no hubiese error en el pensamiento del Padre Ambrosio. Sólo +diré lo que él pensaba, dejando que la responsabilidad sea suya. Verdad +incontrovertible era para él cuanto está contenido en las sagradas +escrituras, interpretadas recta y autorizadamente por los santos Padres, +por los concilios y por la cabeza visible de la Iglesia; pero, con +independencia de esta verdad, contra la cual nada podía prevalecer, veía +el Padre Ambrosio una amplia extensión, un inmenso y casi ilimitado +campo, por donde la inteligencia, la voluntad ansiosa de descubrir +misterios y hasta la fantasía creadora que forjando hipótesis tal vez +los explica y los aclara, podían volar libremente, sin ofender a Dios, +antes bien, ensalzándole y glorificándole hasta donde es capaz de ello +la pobre criatura humana. + +Para el Padre Ambrosio la revelación era de varios modos y no acababa +nunca. Con frecuencia salían de su boca estas palabras que San Juan, en +su evangelio, pone en los labios de Cristo: _Aún tengo que deciros +muchas cosas; mas no las podéis llevar ahora_. Muchas cosas quedaban aún +por revelar. De algunas de ellas suponía el Padre Ambrosio que él tenía +conocimiento, pero este conocimiento era incomunicable, al menos para la +generalidad de los hombres, porque _ahora_, entonces, en el momento en +que el Padre Ambrosio hablaba y pensaba, _no las podían llevar_, esto +es, no podían comprenderlas. + +Así fundaba el Padre Ambrosio su _ocultismo_ en un texto sagrado. + +Y no por eso desconocía los peligros a que se hallaba expuesto, +penetrando con su espíritu por medio de hondas e inexploradas tinieblas +en busca de nuevas verdades. + +Hasta por prudencia, hasta por caridad repugnaba que le siguieran en tan +peligroso camino los que no tuviesen valor probado y la serenidad y la +elevación de juicio convenientes para no extraviarse, y en vez de hallar +nueva luz caer en transcendentales errores como en profundísima sima. + +En la mente del Padre Ambrosio había además otro motivo que justificaba +la no transmisión de mucha parte de su ciencia. La palabra alada no +podía llevarla materialmente y atravesando el aire desde un cerebro +humano a otro cerebro humano. No había frase, ni giro, ni idioma capaz +de expresar y de formular de modo sensible lo que el Padre suponía haber +aprendido o descubierto allá en las raíces y abismos de su mente cuando +tan hondo penetraba. A resurgir de allí su espíritu se figuraba que +volvía, no ya bañado, sino impregnado de luz vivísima, que sólo podía +pasar inmediatamente a otras almas y no mediatamente por los sentidos +corporales y groseros. Quien anhelase poseer aquella ciencia y el poder +que ejerce sobre la naturaleza quien la posee, no podía adquirirla por +la enseñanza oral o escrita de hombre alguno, sino descendiendo en su +busca hasta los abismos donde quien la traía consigo la había alcanzado. + +En suma, el Padre Ambrosio podía enseñar, y enseñaba, toda aquella parte +más vulgar de su magia, que se fundaba en el conocimiento experimental +del organismo de los seres animados, de hierbas y de metales, de +linimentos y pociones; pero la potencia mágica de su alma, la fuerza que +había tomado el espíritu en la propia raíz de su ser y con la que +avasallaba las substancias materiales y dominaba la naturaleza, esto no +podía transmitirse. Ni por difusión ni por intensidad cabía en esto +adelanto o mejora en la serie de los siglos. Hermes sabía y podía más +que el Padre Ambrosio. En su ciencia intransmisible no había habido ni +podía haber habido progreso. El progreso, la difusión por enseñanza era +dable para los menos iniciados en no pequeño conjunto de noticias, de +secretos raros y de atinada averiguación de propiedades de los seres. + +De los tres adeptos que el Padre Ambrosio tenía, el más adelantado era +el hermano Tiburcio, humilde lego, aunque señaladísimo y estimadísimo en +el convento por su ferviente piedad religiosa. + +Esta piedad había hecho que en un principio mirase el hermano Tiburcio +con repugnancia y hasta con horror al Padre Ambrosio por la fama que con +vaguedad le acusaba de hechicero; mas vencida al cabo la repugnancia, la +doctrina del Padre Ambrosio penetró con ímpetu en el espíritu del +hermano Tiburcio, arrollando toda contradicción y produciendo allí +vivísima fe y devoto entusiasmo. + +El mayor recelo del hermano Tiburcio se había disipado. Había pensado él +que la doctrina ortodoxa debía circundar y encerrar el espíritu como +fuerte muro flanqueado de eminentes torres; y temía que al salir de él +el espíritu orgulloso le derribase o al menos le quebrantase, apagando +los faros luminosos que en las torres resplandecían, y que el espíritu +entonces, perdido, sin guía y sin luz en las tinieblas, jamás volvería a +encontrar su santo refugio. + +A esta objeción, había contestado el Padre Ambrosio valiéndose de un +símil semejante. Así había dominado el temor del hermano Tiburcio. + +--Mi fe religiosa--le había dicho el Padre Ambrosio--es sin duda como +fortaleza inexpugnable, mas no para que yo me quede encerrado en ella +cobarde y ocioso, sino para que me valga como apoyo, y como centro de +mis más atrevidas excursiones y de mis conquistas más gloriosas por las +inmensas e ignoradas regiones, donde el pensamiento humano ha de erigir +un día su trono y ha de fundar su imperio. Sin duda con la fe y con el +amor ayudado de los dones sobrenaturales de la gracia, el alma puede +llegar hasta Dios mismo y unirse en cierto modo con él; pero mi ciencia +profana, sin contradecir la obra sobrenatural de las divinas virtudes, +tiene distinto objeto, que agrada también a Dios, aunque en muy inferior +grado. Yo no soy, ni merezco ser, un santo; pero ¿por qué no he de ser +un sabio, un conocedor de aquella magia, que sin ofender al cielo, sin +buscar el auxilio de genios o de ángeles réprobos y valiéndose sólo de +medios naturales, acierta a producir prodigios pasmosos? En esta ciencia +te iniciaré yo, porque te creo capaz de estudiarla y de alcanzarla. Y +bien puedes estar seguro de que esta mi ciencia profana no se opone ni a +la santidad ni a la pureza de la fe, ni a la perfección ascética y +mística a que puedas elevarte. + +En suma, tantas y tales razones alegó el Padre Ambrosio, que el hermano +Tiburcio hubo de quedar convencido, convirtiéndose en su más apasionado +discípulo y en su más constante satélite. + +De los otros dos iniciados que tenía el Padre Ambrosio, no se fiaba +tanto, aunque también les comunicaba algunos de sus menos hondos +secretos. + +Para los demás frailes y para el resto del humano linaje no iniciado, el +Padre Ambrosio jamás hablaba de su ciencia oculta, pero discurría con +fácil elocuencia sobre todo cuanto del saber paladino o no oculto se +alcanzaba en su época, y trataba de viajes, de planes políticos y de +cuanto presumía que había de suceder en el mundo o que convenía que +sucediese. + +Tales eran en cifra los ensueños y las ideas con que, a su vuelta de +Roma, trajo el Padre Ambrosio embargado el espíritu. + + + + +-V- + + +El Padre Ambrosio era inagotable en las descripciones y pinturas de +cuanto había visto en Roma y de los grandes sucesos que allí había +presenciado o que había allí comprendido mejor por encontrarse él en el +centro del mundo. + +Cada día, en el extremo de la huerta, bajo los álamos frondosos, hacía +el Padre Ambrosio un largo discurso que frailes y novicios escuchaban en +religioso silencio. No siempre comprendía la mayoría del auditorio todo +cuanto el padre describía o contaba; pero, hasta lo menos comprendido +tenía un no sé qué de peregrino y poético que deleitaba y cautivaba la +atención. + +Los discursos del Padre Ambrosio eran como una serie de lecciones en las +cuales instruía a sus oyentes y les mostraba el estado del mundo, en la +edad aquella, y contemplado todo desde el foco mismo de la civilización +cristiana. A veces pintaba el Padre el florecimiento de las artes, y +encomiaba las obras pasmosas de Leonardo de Vinci, de Rafael y de Miguel +Ángel, que venían a eclipsar las obras del arte antiguo, o a competir al +menos con las que resurgían y se extraían del seno de la tierra, en +donde habían estado sepultadas durante largos siglos de obscuridad y de +barbarie. Pugnaba el arte nuevo por imitar el antiguo, pero la misma no +vencida dificultad de la imitación daba ser a un arte distinto. + +Algo semejante ocurría en ciencias y en letras humanas. Comentando, +explicando e interpretando los antiguos filósofos, como Platón y +Aristóteles, se formaba una nueva filosofía, se abrían esplendidos y +dilatados horizontes, y se descubrían caminos y términos con los que +Aristóteles y Platón jamás habían soñado. Como si la tierra de Italia +estuviese fecundada por un espíritu nuevo, hasta los prófugos de la +antigua Bizancio, que habían traído como penates la ciencia y las letras +de los antiguos, las transformaban, al transmitirlas y enseñarlas a los +italianos, en algo lleno de novedad, de vida y de sugestión poderosa. +Esos mismos prófugos, que sin dejar huella, mudos e inactivos, hubieran +acabado en el viejo imperio de Bizancio por disiparse como sombras y por +hundirse en el olvido, arrojados de su patria y en el nuevo suelo que +les daba hospitalidad, habían cobrado inesperada energía, y, difundiendo +su saber, cumplían alta misión civilizadora y dejaban en pos de ellos un +imperecedero y luminoso rastro. En la magnífica puerta de la edad +moderna, arco triunfal que daba entrada a una nueva Era, esos hombres, +escapados de las ruinas de un destrozado imperio y como exhumados y +vueltos a la vida, figuraban y resplandecían ahora entre los fundadores +de nueva y mayor civilización, entre los hierofantes de la ciencia del +porvenir. Bessarión, Láscaris, Teodoro Gaza, Juan Argirópulos, +Chrisóloras, Jemistio Pleton y no pocos otros fueron los iniciadores y +maestros del saber antiguo y como los paraninfos que procuraron y +concertaron las fecundas bodas del poderoso genio del renacimiento y de +la musa helénica. + +En otros días pintaba el Padre Ambrosio el esplendor y la magnificencia +de la corte de León X, a quien rendían tributo todas las naciones y +prestaban respetuoso homenaje los más altos príncipes y poderosos +monarcas. Dábale esto ocasión para ensalzar al pueblo y a los soberanos +de España, que pasmosamente cumplían su misión de dilatar por el mundo +el imperio de la fe cristiana. Entusiasmado con esto el Padre Ambrosio, +pintó a los frailes la pompa triunfal con que Tristán de Acuña entró en +Roma. Tal vez desde los tiempos en que volvió el andaluz Trajano de +conquistar la Dacia, moviendo por última vez al dios Término para que +ensanchase el imperio de Roma, Roma no había presenciado espectáculo más +grandioso. Esta vez los nuevos romanos, los fuertes hijos de Lusitania, +habían llevado al dios Término más allá de donde le llevaron o soñaron +en llevarle Osiris, el hijo de Semele, y Alejandro de Macedonia. Le +habían llevado más allá del Indo y del Ganges. El tremendo conquistador +Alfonso de Alburquerque había recorrido victorioso los mares de Oriente +desde Aden hasta Borneo; había conquistado y destruido reinos, había +hecho tributarias o entrado a saco populosas y ricas ciudades desde +Ormuz, emporio de Persia, India y Arabia, hasta Malaca, en el extremo +sur de Siam. Para capital de los nuevos dominios portugueses había +tomado dos veces por asalto a Goa, en el vecino reino de Villapor, +realizando increíbles hazañas y cometiendo inauditas crueldades. Había +visitado a Ceilán, tierra encantada de las piedras preciosas, delicia +del mundo, patria de la canela y de las perlas. El apóstol Santiago, +montado en su caballo blanco, se aparecía en las más sangrientas +batallas de Alburquerque e iba matando moros. Cristo mismo, para dar +testimonio de la misión divina que a Alburquerque había confiado, le +mostró en el cielo una gran cruz luminosa, hacia el lado de Arabia, +convidándole y excitándole a conquistar a Aden, a ir luego a la Meca a +incendiar y destruir el templo de la Caaba, y a dirigirse por último a +Jerusalem para libertar el Santo Sepulcro. La muerte sorprendió a +Albuquerque en medio de estos últimos colosales proyectos; pero antes de +morir había realizado tan grandes cosas, que el rey D. Manuel, su +augusto y dichoso amo, se complació en darlas a conocer al Papa de un +modo digno y solemne, y para ello le envió como embajador a Tristán de +Acuña, quien había precedido a Albuquerque en el mando de la India y +bajo cuyas órdenes al principio Albuquerque había militado. + +De esta gloriosa embajada portuguesa, que el Padre Ambrosio presenció +durante su permanencia en Roma, hizo el Padre a los frailes un +entusiasta relato. + + + + +-VI- + + +La fama, decía el Padre Ambrosio, había anunciado por toda Italia la +novedad singular de la Embajada portuguesa. Gran multitud de forasteros +de todas las repúblicas y principados de Italia acudieron a Roma. +Calles, plazas, balcones y azoteas estaban llenas de gente que se +apiñaba y empujaba para coger buen sitio y ver pasar la procesión desde +la puerta del pueblo hasta el punto en que León X debía recibirla. Era a +fines de Marzo: una hermosa mañana de la naciente primavera. Rompían la +marcha varios heraldos a caballo con los estandartes de Portugal. +Seguían luego, a caballo también, los trompeteros y los músicos tocando +clarines y chirimías. Trescientos palafreneros, vestidos de seda, +llevaban de la rienda otras tantas briosas y bellísimas alfanas, +ricamente enjaezadas con gualdrapas y paramentos de brocado y caireles +de oro. Iba en pos vistosa turba de pajes y de escuderos. Luego todos +los portugueses, eclesiásticos y seculares, que entonces residían en +Roma. Luego los parientes del Embajador, todos en caballos que +ostentaban ricos jaeces. Eran los jinetes más de sesenta hidalgos, que +lucían sedas y encajes, collares y cadenas de oro y de piedras +preciosas, y en los sombreros, cubiertos de perlas, airosas y blancas +plumas. Para mayor decoro y ostentación de la Embajada, marchaban +enseguida muchos empleados y gentiles hombres asistentes al solio +pontificio, y la guardia de honor de Su Santidad, compuesta de arqueros +suizos y de lanceros griegos y albaneses. Capitaneaba la segunda parte +de la procesión el caballerizo mayor del rey, Nicolás de Faría, quien +montaba un magnífico caballo con arreos cubiertos de oro y tachonados de +perlas. + +Inmediatamente marchaban dos elefantes, en cuyas torres iban los +presentes que el rey don Manuel enviaba al Papa. Con fantásticos y +vistosos trajes, _naires_ de la India, montados en el cuello de aquellos +gigantescos cuadrúpedos, los iban dirigiendo. Después aparecía lo más +espantoso de aquella pompa. Montado en un soberbio alazán de Persia iba +un domador de Ormuz, que llevaba a las ancas, en el mismo caballo y casi +abrazado con él, un tigre domesticado. En carros, y encerrados en +jaulas, iban después leopardos y otras alimañas feroces que el rey don +Manuel regalaba al Papa, además de las joyas, de la canela, de la +pimienta, del clavo, de las armas y de los tejidos y bordados del +Oriente. La Embajada venía en pos de todo esto formando un conjunto +deslumbrador. Marchaba primero el ilustre poeta García de Resende, +recopilador del Cancionero que lleva su nombre, y Secretario de la +Embajada, y le seguían los reyes de armas de Portugal con sus lucientes +cotas y los maceros del Papa, que precedían al Embajador Tristán de +Acuña. Este, por la riqueza de su traje, por su gentil y noble presencia +y por la pujanza y hermosura del corcel en que cabalgaba, dejaba +eclipsados a todos los caballeros y personajes que iban en torno de él +formando comitiva; al Gobernador de Roma, al duque de Bari, a los +Obispos y a los Arzobispos y a los Embajadores de Alemania, Francia, +Castilla, Inglaterra, Polonia, Venecia, Milán y otros Estados. + +Al ir desfilando esta procesión, la multitud entusiasta lanzaba sonoros +vivas y altos gritos de admiración y de aplauso, mientras que +estremecían el aire el estruendo de las salvas de artillería y el +repique de campanas de todas las iglesias de Roma. + +El Padre Santo aguardó la Embajada y la vio venir desde el balcón +principal de la Mole Adriana o Castillo de Santángelo, donde se parecía +cercado de cardenales, príncipes y altos dignatarios. Los elefantes, +cuando estuvieron a la vista del Papa, metieron las trompas en unas +calderetas de oro, que para el caso iban preparadas y llenas de +exquisita agua de olor, y lanzaron luego el líquido que en las trompas +habían absorbido, perfumando a la muchedumbre. + +Al referir todo esto, el Padre Ambrosio encumbraba el concepto que de +Portugal debía tenerse; pero, en su mente, era más alto aún el concepto +que Aragón y Castilla le merecían. El Papa Alejandro VI había repartido +y dividido el mundo entre las dos monarquías de la Península. Por lo +pronto, Portugal brillaba más, pero la empresa de Aragón y Castilla era +más sublime, gloriosa y difícil, y por lo mismo tardaba más en +realizarse. Ambos pueblos iban buscando la cuna de las primeras +civilizaciones; los orientales alcázares del Sol, donde le recibía en su +tálamo la Aurora; el imperio en que se cría la seda, y la tierra fértil +de las especias y de los aromas. Los portugueses habían llegado ya, +caminando hacia Oriente. Los castellanos, caminando hacia el Occidente, +ansiosos de circunnavegar el planeta, habían hallado un imprevisto +obstáculo, un valladar inmenso, un continente extensísimo que se +dilataba millares de leguas, casi desde un polo a otro, y que les +cerraba el camino de Cipango, del Catay y de la India. El mundo +resultaba mucho mayor de lo que se habían imaginado. En la realidad, o +más bien en el concepto de los hombres, era ya más que doble. Colón, +creyendo hallar la India y la China, había hallado un nuevo mundo. A los +castellanos incumbía civilizarle, erigir en él la cruz de Cristo, +edificar en él templos y palacios y fundar en él ciudades y repúblicas. +La tarea era más ardua, aunque al principio menos lucida. Todo ello, no +obstante, no se oponía, y ya el Padre Ambrosio lo pronosticaba, a que, +salvado el valladar del enorme continente nuevo, surcasen las quillas +castellanas más largos y desconocidos mares, diesen la vuelta al mundo y +encontrasen, caminando siempre hacia el ocaso, a los portugueses en el +extremo Oriente victorioso. + +Agitado por inspiración profética, el Padre Ambrosio predecía ya como +muy cercano, como muy próximo a realizarse este glorioso acontecimiento, +el mayor y el más trascendente de la historia humana después de la +tempestuosa proclamación de la Ley antigua en la cumbre del Sinaí, y +después del tremendo drama del Calvario que redimió a los hombres, y que +con sangre divina lavó sus pecados y confirmó la Ley nueva. + + + + +-VII- + + +Con mayor atención que nadie, y con avidez reconcentrada y silenciosa, +oía Fray Miguel todos los discursos del Padre Ambrosio, y su alma ardía +cada vez más en el fuego de dos violentas pasiones. Una de ellas, el +orgullo de nación y de casta, plenamente satisfecho, ensanchaba su +corazón y tal vez le hacía latir, brioso y alegre, como allá en los años +de su juventud primera. La otra pasión era de envidia, de creciente +abatimiento, de rabia y de menosprecio de sí mismo, al considerar su +obscura insignificancia, y sus ocios viles y abyectos, durante mis de +cuarenta años, en los cuales se había renovado el mundo, se había +revelado y más que duplicado a los ojos de las asombradas naciones +europeas, y España había surgido entre ellas y se había levantado por +cima de ellas, triunfante, cubierta de laureles, abriendo ancha entrada +y largo camino a un porvenir de mayores glorias y conquistas. Este +segundo sentimiento predominaba en el alma de Fray Miguel y le ponía más +tétrico y silencioso. Ninguno de los frailes, sus compañeros, notaba ni +por indicios el tormento infernal que desgarraba el corazón del +ambicioso Fray Miguel, y que para un observador perspicaz y que sintiese +por él algún afecto, se vislumbraba en su pálido y demacrado rostro, en +las muecas nerviosas y como de réprobo que involuntariamente hacía de +vez en cuando, y en el brillo calenturiento de sus hundidos negros ojos, +a los cuales, así como a la despejada y blanca frente, daba casi siempre +sombra la capucha. + +El Padre Ambrosio fue el único que entrevió el tempestuoso estado del +ánimo de Fray Miguel y la ambición y la envidia que le devoraban y que +el propio Padre Ambrosio, al principio irreflexiva e involuntariamente, +había con sus discursos solevantado y exacerbado. + +El Padre Ambrosio tuvo compasión de Fray Miguel: pensó en consolarle y +hasta en curarle y anheló en esta obra de misericordia desplegar todos +los poderes que su ciencia oculta le había dado y acudir a los +misteriosos recursos de la magia, de la alquimia y de otras artes +adquiridas por él a fuerza de estudios y de largas vigilias. + +El Padre Ambrosio jamás había ejercido ni querido ejercer cargo en el +convento. Hubiera podido ser guardián, pero era sencillamente un fraile +como otro cualquiera. Su extraordinaria reputación inspiraba, no +obstante, el respeto más profundo. Y más que el Padre guardián por su +dignidad y oficio, se hacía él respetar, obedecer y temer por las +singulares prendas de su carácter, por su inteligencia, por su saber y +por los poderes sobrenaturales que se le atribuían. + +Movido a compasión como ya hemos dicho, y excitado también por la +curiosidad y el empeño de penetrar en el fondo obscuro de un corazón +humano cuya profundidad vislumbraba, el Padre Ambrosio, después de uno +de los discursos que solía pronunciar bajo los álamos, citó a Fray +Miguel para que fuese a hablar con él en su celda. + +--Tengo--le dijo--no pocas cosas que confiarle y muchas más que +preguntarle a las que quiero que en puridad me responda, sin reserva ni +disimulo. + +Fray Miguel acudió a la cita a altas horas de la noche, entre completas +y maitines. + +El Padre Ambrosio aguardaba en su celda. Sobre la mesa de nogal ardía +una lámpara que iluminaba el rostro del Padre Ambrosio. Era el Padre más +anciano que Fray Miguel. Su frente calva y su barba luenga y blanquísima +le daban muy venerable aspecto. Sobre la mesa, además de la lámpara, +había recado de escribir, un crucifijo de metal sobre una cruz de ébano, +varios libros manuscritos e impresos y una calavera. + +Cuando entró Fray Miguel, el Padre Ambrosio le indicó para que se +sentase un sillón de brazos, al otro lado de la mesa y enfrente al que +él ocupaba. + +Sentado Fray Miguel y en silencio, el Padre Ambrosio habló de esta +suerte: + +--Hermano, mi vista, que penetra y escudriña los corazones, ha penetrado +en el tuyo y ha visto que está lleno de ambición, de codicia, de sed de +deleites, honores y poder, y de desesperación, porque en tu mocedad no +pudiste alcanzarlos, y hoy, abrumado por la vejez, no te queda ni la más +leve esperanza. Por despecho, hace ya más de cuarenta años, abandonaste +el mundo y la vida activa, creyéndote capaz de la vida contemplativa y +mística. Mas por el pensamiento eres menos capaz de elevarte que por la +acción, y ahora, al ver cuánto han conseguido por la acción los hombres +de tu edad y de tu pueblo, aunque como español te enorgulleces, te +acibaran el patriótico orgullo y te roen las entrañas la envidia de esos +hombres y la contemplación de la obscura y estéril inercia en que tú has +vivido. Si yo creyese que se aproximaba la plenitud de los tiempos y que +el linaje humano en las vías que sigue, trazado por el mismo Dios, se +hallaba cerca del término que deseo y que considero infalible, yo +condenaría esas pasiones que te agitan y te atormentan. Pero como hay +mucho que combatir y muchos obstáculos que vencer todavía, tal vez +durante siglos, yo aplaudo los poderosos estímulos que en ti hay, y +aunque renacidos tan tarde y tan fuera de sazón, no quiero sofocarlos, +sino darles pábulo y hasta satisfacción en cuanto esté a mi alcance, +valiéndome para ello de mi ciencia portentosa. Yo, al contrario que tú, +he desdeñado siempre la acción material; en vez de dominar el mundo, me +he satisfecho con contemplarle, pero al contemplarle, le he comprendido, +y comprendiéndole, me he enseñoreado de él con poder más amplio y más +hondo y seguro que el de los más poderosos soberanos. Ellos además no +dominan sino lo presente; el término de su vida ha de ser el término de +su imperio. Yo hasta cierto punto domino también en el porvenir. Mi +dominio es de dos modos: uno por el conocer; en los casos humanos hay +una parte que indefectiblemente se cumple en virtud de leyes eternas y +de plan divino. La marcha de los sucesos es como el curso de los astros: +no hay potencia humana que los desvíe de la senda que tienen trazada +desde la eternidad, en el tiempo y en el espacio, en la tierra y en el +cielo. Pero al comprender yo la ley que siguen, mi inteligencia se +enseñorea de la ley como si la impusiera, porque mi voluntad coincide en +tan elevado punto con la inteligencia y con ella se identifica. Dentro +de esta ley, dentro de la amplia senda que siguen los sucesos, se mueve +con holgura el libre albedrío del hombre, y caben determinaciones y +hechos, que nosotros podemos modificar o producir. + +En esta parte secundaria puedo yo valerte. Acudiré a una comparación a +fin de que mejor lo entiendas. Figúrate que la historia de nuestro +linaje es como drama maravilloso, compuesto por un divino poeta, el cual +ni consiente ni puede consentir que se altere, ni se cambie ni una +sílaba, ni un tilde de lo que ha compuesto. El drama ha de representarse +sin modificación, sin supresión y sin añadidura: tal como lo escribió el +poeta: pero tal vez el sabio empresario, tal vez el director de escena +pueda repartir a su gusto los papeles. La sabiduría eterna, que todo lo +prevé, previó también esta repartición, pero no la dispuso. Dejó que la +libertad humana la dispusiera. Ahora bien, yo creo, o mejor dicho, yo +doy por seguro que, en virtud de mi ciencia y por los poderes que mi +ciencia me otorga, puedo conceder o dar un papel brillante a quien mejor +me parezca, aunque no ciegamente, sino después de ciertas pruebas y +examen que justifiquen mi elección y que me demuestren a las claras ser +digno de ella el elegido. Las pruebas son terribles. ¿Querrás tú, podrás +tú someterte a esas pruebas? + +En el rostro de Fray Miguel, al escuchar con atención el anterior +discurso, se pintaban muy diversos sentimientos que ya se sucedían, ya +coexistían, combatiendo unos contra otros por la posesión de su alma. +Interrogado por el Padre Ambrosio, le contestó de esta manera: + +--Me deleita y me pasma lo que dices, pero he de confesarte que entiendo +algo de ello de un modo confuso, que hay algo que no entiendo de ningún +modo, y que sin dudar de tu buena fe, dudo del poder de tu ciencia y +recelo que el amor propio te lleve a dilatar fantásticamente sus límites +mucho más allá de donde en realidad llega su imperio. No negaré yo que +tú has leído en mi alma como en un libro abierto y sabes cuanto en ella +hay. No admiro, sin embargo, tu penetración. Antes de que años ha te +fueses a Roma, ganaste mi confianza y lograste que te descubriera yo +entonces parte de las pasiones que me agitaban. No lo has olvidado. +Después ha sido fácil y es poco pasmoso, aunque yo nada te he dicho, que +hayas adivinado que mi mal, en vez de remediarse, ha ido en aumento. De +lo que yo dudo ahora es de que esté en tu mano dar a mi mal remedio. Ni +mi mal le tiene ni tú se le buscas ya por medio de la religión. Lo +repugna mi espíritu cada vez más pervertido y agriado. Cuando abandoné +el siglo y el mundo y vine a refugiarme en el claustro, me impulsaban y +halagaban ambiciosas esperanzas que también al fin se han desvanecido. +En la tierra no había logrado yo, o por caprichos de la adversa fortuna, +o por mengua de mi entendimiento, o de mi voluntad, elevarme entre los +demás hombres por fama, poder o riqueza, pero confiaba en que con las +energías de mi anhelo podría yo conquistar el reino de Dios y alcanzar +en él bienes superiores a todo el poder que en la tierra despliegan los +hombres, a toda la riqueza de que gozan y a toda la fama y crédito que +conceden. En el día de hoy estoy ya desesperado. Reconozco que todo fue +vana ilusión de mi orgullo. Ignoro si es culpa mía o de mis hados +adversos. Bien puede ser que mi entendimiento carezca de alas para +elevarse a ciertas alturas, que no haya impulso en él para penetrar en +el abismo de lo sobrenatural, ni que mi alma acierte a hundirse en él +valerosamente por un arranque de abnegación y por la irresistible fuerza +del amor divino. Ello es que yo, y perdóneme Dios el concepto grosero +que formo de su reino, ello es, repito, que aun suponiendo que, +acrisolado y purificado por mil tormentos, que hacen un purgatorio de mi +vida, logre entrar en el cielo, haré en él tan insignificante, vil y +desairado papel como el que en la tierra he hecho. ¿Qué seré yo al lado +de los santos gloriosos, de los heroicos mártires, de los que asombraron +al mundo con sus penitencias, de los que difundieron por cuantos son sus +climas y, regiones la hermosa doctrina del Cordero inmaculado? En el +cielo, pues, será delirio de mi imaginación perversa, pero aun cuando yo +me ponga, me pongo entre la más baja plebe. Y mi envidia, y mis celos, y +mi rabia, en intensidad y en duración, toman las colosales proporciones +de la vida eterna, y me burlan y me convierten el cielo en infierno. A +extremo tan horrible ha venido a parar mi fe religiosa, que hasta +imaginándome salvado, soy precito. Mi ser íntimo está formado de suerte, +que nunca en mi sentir, ni en otra vida mejor, como nunca no atine yo a +ganarlas en esta, podrá hallar satisfacción, paz y ventura. El desengaño +amargo, el conocimiento de mi impotencia, el recuerdo ponzoñoso de mis +derrotas, subirán conmigo a la gloria, aunque yo suba a la gloria, y me +la trocarán en espantoso infierno. Sí, Padre, el infierno está en mi +alma; en lo más profundo de ella he querido esconderle, pero no he +podido engañar a Dios; Dios lo ha visto y no me llevará a su cielo +cuando el infierno está en mí. Yo me explico la abnegación, yo me siento +capaz de todo sacrificio, yo desdeñaría honras, poder y deleites, y lo +dejaría todo, y haría vida penitente y me abrasaría entonces en amor +divino; pero necesito antes tener esas honras, alcanzar ese poder, tener +en mi mano cuantos deleites y venturas hay en la tierra, para poder +luego desdeñarlos y sacrificarlos. Pero no teniéndolos ¿qué desdeño ni +qué sacrifico? Yo me he metido fraile creyendo que no servía sino para +fraile. Luego he descubierto con horror y asco de mí mismo que ni para +fraile sirvo. Ahora quisiera yo desgarrar y tirar mis hábitos, volver al +mundo y acometer y llevar a cabo empresas tales que justificasen mi +ambición, que la justificasen a mis propios ojos y que anonadasen el +desprecio con que a mí mismo me miro y con que al mirame me mato, pero +con muerte que no tiene fin y cuya horrible eternidad está en mi +conciencia. + +--Singular extravío de tu espíritu--interpuso con calma el Padre +Ambrosio--fue el que te trajo al claustro, confundiendo y tomando el +despecho por verdadera y santa vocación. Pero tú eres tan valiente como +ambicioso, si nada te asusta ni te arredra, yo podré, no remediar tu +mal, pero ponerte en situación de que tú mismo le remedies, de que +satisfagas tus ambiciosos propósitos, de que apartes de ti la duda que +puedes o de que no puedes, y de que realices los esfuerzos de tu +voluntad, haciéndolos fecundos. Mi ciencia, por ti, puede hacer un +milagro. Te advierto, no obstante, que no puede hacerle ni le hará mi +ciencia sin tu auxilio. En la producción del milagro, por tanto o por +más que mi ciencia han de entrar y han de ser parte tu fe, tu plena +confianza en mí, tu firme decisión y tu brío. He de poner a prueba tu +valor. Veremos si desfalleces. + + + + +-VIII- + + +El Padre Ambrosio, en pago de la confianza que a Fray Miguel infundía, +quiso mostrarse no menos confiado. + +--Yo no puedo revelarte--le dijo--mi oculto saber. Se oponen a ello por +sentencia unánime los iniciados y maestros. En el estado que hoy tiene +la sociedad humana, divulgar mis secretos sería causa de una +perturbación espantosa. El gran Raimundo Lulio amenaza con la +condenación eterna a quien los divulgue. La doctrina debe permanecer +oculta y sólo transmitirse entre los iniciados por medio de misteriosos +símbolos y para el vulgo indescifrables figuras. La llave del tesoro ha +de confiarse sólo a quien sea capaz de custodiarla. La ciencia no es un +sueño vano. Todo está escrito desde hace más de sesenta siglos, pero son +pocos, muy pocos los que entienden lo escrito y lo interpretan. Hermes, +tres veces grande, con un buril de diamante hecho ascua grabó todo lo +sustancial de la ciencia en una lámina de esmeralda y dejó escondida la +lámina en la mayor de las pirámides de Egipto, en recóndito y estrecho +aposento, a donde no podía llegarse sino por un revuelto e inextricable +laberinto, o bien por la violencia de un héroe conquistador de +sobrehumanas facultades. Alejandro de Macedonia halló la lámina de +esmeraldas, pero no la comprendió. Ni Aristóteles ni ninguno de los +sabios que después ha habido, la han interpretado y comentado como se +debe. Yo me lisonjeo de entender todo su sentido, pero no quiero ni +puedo explicártele ni me entenderías aunque te le explicase. El que le +entiende, la lámina misma lo declara, tendrá toda la gloria del mundo y +de en torno suyo se apartarán las tinieblas. Yo no puedo darte la +ciencia. La ciencia que poseo es intransmisible, pero puedo y quiero +darte los bienes que de la ciencia dimanan, que yo desdeño porque soy +superior a ellos, pero que sujeto a mis órdenes. Sígueme si tienes +valor; sube conmigo a mi laboratorio y allí verás cómo se agitan los +misteriosos poderes y cómo las energías ocultas realizan +transformaciones y van más allá, y trasmutan las sustancias, y de lo +sólido y duro sacan el oro, y en lo aéreo y difuso hallan el movimiento +y la fuerza y los medios de renovar y de reconstituir la vida. Si tienes +valor, si presencias sin temblar y sin desmayarte mis tremendas +operaciones y te sometes a ellas, yo te prometo que te devolveré el +vigor de la mocedad y los medios de ponerte a prueba por segunda vez, y +sin perder tiempo ver de un modo definitivo si vales o no vales. + +Dicho esto, el Padre Ambrosio, tomando en la mano la lámpara que ardía +sobre la mesa y sirviendo de guía, hizo entrar a Fray Miguel en la +mezquina alcoba donde tenía su cama. Allí había en el ángulo formado por +las paredes del fondo y lado derecho una estrechísima escalera de +caracol, por donde ambos frailes subieron más de treinta escalones. Al +extremo de ellos había una compuerta que el Padre Ambrosio levantó con +facilidad. Ambos se encontraron entonces en un espacioso camaranchón, +lleno de extraños objetos que provocaron la admiración y el asombro y +despertaron la curiosidad de Fray Miguel de Zuheros. En varios anaqueles +multitud de vasijas de barro, ampolletas de vidrio, redomas y pomos, que +contenían sin duda extrañas drogas; arrimados a la pared o suspendidos +de ella dos esqueletos humanos y pájaros y reptiles disecados; en +diversos poyos, en mesas, en hornillas y en anafes, retortas, embudos y +vasos de metal y de arcilla; en la gran chimenea de campana, que estaba +en la pared opuesta al sitio por donde habían entrado, ardía un poco de +leña en medio de rescoldo y ceniza. En el centro de la estancia una +lámpara de bronce, pendiente del techo por una cadena, derramaba luz más +viva, clara e intensa que la producida por la combustión de la cera y +del aceite. Casi debajo de la lámpara había un atril y en el atril un +gran libro manuscrito en pergamino. El Padre Ambrosio se acercó al libro +y dijo: + +--Esta es la Alegoría de Merlín. + +Luego leyó, extractando e interpretando en nuestra lengua vernácula el +contenido de las páginas por donde el libro estaba abierto: + +«Él quiso beber del agua que le agradaba. Se la trajeron y bebió. Se +puso muy pálido. Sintió grandes dolores como si le arrancasen con +tenazas pedazos de su cuerpo. Invadieron su ser la pesadez y la fatiga. +Cayó por último en profundo letargo. Ha muerto, decía la gente. El +médico que le dio el agua le ha envenenado. Menester será enterrarle o +quemarle antes de que se pudra e inficione toda la tierra. Pero el sabio +médico no consintió que le enterrasen. Le puso en una caja de hierro en +forma de cruz, ungiéndole antes con raros linimentos y olorosos +bálsamos. Cercó de fuego y de llamas el féretro metálico, y pronto, muy +pronto volvió a la vida el que parecía muerto, y volvió tan lleno de +hermosura y de fuerza, que todos le amaban y los reyes y los poderosos +de cuantas naciones hay en el mundo le honraban y le temían». + +El Padre Ambrosio cerró entonces el libro y continuó hablando de esta +suerte: + +--Algo semejante al procedimiento alegórico del sabio puedo yo hacer +contigo. De tu confianza en mí y de tu valor depende el logro de tu +deseo. Un extracto, una quinta esencia de la piedra filosofal es +ardiente líquido que puede y debe dar, ya que no la inmortalidad, +juventud, fuerza y plena duración de vida. Si te sometes, me atrevo a +hacer en ti la peligrosa experiencia. Hay quien afirma que mi maestro +Lulio consiguió remozarse, que Alán de la Isla vivió cerca de dos +siglos, que Nicolás Flamel vivió cuatro, y que frisó en la edad de mil +años el sabio Artefio. Algo de esto entiendo yo que podré hacer contigo +si tú te prestas y si Dios me ayuda. + +Fray Miguel de Zuheros permaneció en silencio por no saber qué +contestar, lleno de dudas y recelos. Era naturalmente incrédulo y +desconfiado, y su corta ventura y los muchos y tristes años que había +vivido, habían arraigado en su alma y acrecentado más cada día la +incredulidad y la desconfianza. Ora dudaba del saber del Padre Ambrosio +atribuyendo a jactancia sus ofrecimientos, ora recelaba de un modo +confuso que el Padre Ambrosio intentaba hacerle juguete de una burla +cruel para reprimir y humillar su ambición impotente e inveterada. + +Notando el Padre Ambrosio que la vacilación, que el recelo causaba el +silencio de Fray Miguel, habló de nuevo y dijo: + +--Te callas y vacilas y no lo extraño ni lo censuro. Para que yo haga +contigo lo que puedo hacer, se necesita que te fíes de mí por completo, +que me rindas todas las potencias de tu alma, que seas entre mis manos, +mientras duren mis operaciones mágicas, como masa inerte, sin voluntad, +sin entendimiento y sin sentido. No bastaría que yo por fuerza o por +astucia te despojase de todo. Se requiere que tú mismo te despojes y te +sometas a mi poder con abnegación sin límites. Y no quiero ni exijo yo +que esto sea de repente y como por sorpresa. Te concedo tres días para +que lo pienses y lo decidas. Al cabo de ellos, ven por aquí, a la misma +hora en que has venido esta noche, a decirme la determinación que hayas +tomado. Ahora vete a tu celda. + +Respondiendo sólo con una profunda inclinación de cabeza, obedeció Fray +Miguel; bajó del camaranchón antes que el Padre Ambrosio, y +despidiéndose de él atravesó los oscuros claustros, levemente iluminados +por la luz de las estrellas y por una lamparilla que ardía ante un +crucifijo pendiente del muro, y se retiró a su celda, todo conmovido por +los mil encontrados pensamientos, deseos y temores que combatían por la +posesión de su alma. + + + + +-IX- + + +Desde que se retiró a su celda Fray Miguel de Zuheros, hasta que pasaron +los tres días y se cumplió el plazo señalado por el Padre Ambrosio, la +agitación del ánimo de Fray Miguel fue grandísima y apenas le dejó pocos +instantes de reposo. Su sueño fue breve y lleno de extrañas visiones. La +destemplanza de su sangre y la excitación de sus nervios ya le hacían +tiritar con intenso frío, ya sofocarse hasta sudar con el calor de la +calentura. Motivo y no pretexto tuvo para no asistir por enfermo ni al +coro ni al refectorio. Acudió, no obstante, aunque sin comer apenas y +casi sin desplegar los labios sino para murmurar sus rezos. + +Fray Miguel no habló con nadie, pero habló mucho consigo mismo, en +aquella conversación interior y profunda, cuyas palabras y frases no es +menester que suenen o en la que tal vez se dice y se representa todo de +un modo más directo y más vivo, sin acudir a los signos arbitrarios de +las frases y de las palabras. + +Punto menos que imposible, es reproducir aquí lo que Fray Miguel pensó y +se dijo. En todo discurso, si se enuncia por el lenguaje humano, las +imágenes, las pasiones y los pensamientos van tomando forma, +sucediéndose y mostrándose con cierto orden y gradación, unos en pos de +otros. En Fray Miguel no era así: en silencio exterior estaba él, sin +voz y sin acento que pudiesen percibir los sentidos; pero allá en los +abismos de su alma se levantaba tempestad espantosa. Recuerdos, +esperanzas, dudas y desengaños, todo acudía en tumulto y asaltaba y +atormentaba su mente. Fray Miguel por involuntario impulso hacía un raro +examen de conciencia. El bien y el mal de cuanto había hecho se le +aparecían como presente y no como desvanecido y pasado, y al mismo +tiempo hacían irrupción en su espíritu, en tropel contradictorio y +confuso, triunfos y derrotas, crímenes y virtudes, gloria y oprobio y +mil portentosos lances y sucesos, que flotaban sin encadenamiento que +los ligase, en un porvenir nebuloso. + +Arduo sería penetrar en el espíritu de Fray Miguel y descubrir cuanto en +aquel momento le agitaba; pero aún es arduo el empeño de distinguir lo +que bullía en aquel caos y darlo a conocer por medio de la palabra +escrita. Haré, no obstante, un esfuerzo, a fin de que se sepa algo de lo +que entonces Fray Miguel sentía y pensaba. Lo que en su mente era +simultáneo no podrá menos de sucederse en el soliloquio, pero lo que él +interiormente se hablaba, carecía de conclusión y de principio y se +manifestaba todo a la vez. + +Desesperado de lograr en el mundo la fortuna que buscaba, Fray Miguel a +los treinta y cinco años de su edad se había refugiado en el claustro. +Su última derrota había sido en la batalla de Toro, donde militó en +defensa de doña Juana, en las huestes portuguesas. + +Ya en el claustro, pensó que la paz le bastaría. Se propuso no aspirar +sino a la paz, pero conoció pronto que la paz no le bastaba. Su ambición +y su codicia de riquezas, bienes, poder y deleites materiales, le +alejaron del mundo, mas no para hundirse y perecer, sino para buscar su +satisfacción más allá del mundo: en algo tan sublime y tan luminoso que +todas las excelsitudes y resplandores del mundo fuesen, en su +comparación, ruindad, misericordia y sombra. En la fertilidad y verdura +de los campos, en las umbrías solitarias, durante las horas meridianas, +cuando vierte el sol a torrentes sus rayos esplendorosos, en el augusto +silencio de la noche, en la amplitud del cielo lleno de estrellas, en el +movimiento y en la vida de los seres, en la yerbecilla que pisaban sus +pies, en la flor silvestre que deshojaban sus dedos y en el astro remoto +que sus ojos apenas distinguían, en lo más cercano y en lo más distante, +Fray Miguel buscó la clave del misterio, quiso hallar la cifra de un +nombre incomunicable, pugnó porque se le apareciese y se le revelase lo +sobrenatural y lo sobrehumano. Sin duda era el orgullo y no el amor +quien impulsaba a Fray Miguel; Fray Miguel no consiguió nada. + +Entonces apartó el sentido y distrajo la atención de todo lo creado, de +cuanto se muestra en lo exterior a nuestros ojos o resuena en nuestros +oídos. Como buzo que baja en busca de coral y de perlas al fondo de los +mares, hundió su mente en la íntima contemplación de su propio ser, +buscando allí la raíz por donde estaba asido y como pendiente de lo +infinito. Tampoco así halló nada, sino obscuridad vacía y lúgubre. + +Volvió el pensamiento de Fray Miguel al mundo exterior. Desechando la +idea de estar poseído, concibió la esperanza de poder estar obseso. ¿Era +él tan vil y tan indigno que no lograse ponerse en comunicación con +seres inteligentes que no formen parte del linaje humano? El universo +está lleno de tales seres. ¿Por qué eran tan groseros sus sentidos que +no los percibían? ¿No podría él evocarlos, formar pacto y alianza con +ellos y adquirir virtudes, poder y fuerzas superiores a cuanto posee la +generalidad de los mortales de su misma especie? + +Cuando se paraba Fray Miguel en esta impía imaginación, solía caer en el +más hondo abatimiento, y tal vez exclamaba: + +--Sin duda no me ha faltado ni la intención, ni el propósito, ni el +valor de darme al diablo; pero el diablo no me quiere y me desdeña. Yo +no consigo lo que consigue cualquiera vieja ignorante y estúpida. Las +puertas que defienden la mansión del milagro, ya celestial, ya infernal, +están cerradas para mí. Llamo a ellas y nadie me responde. + +La reacción del orgullo venía luego a levantar su espíritu y a elevarle +al extremo contrario: al mayor grado de soberbia: + +--Ningún demonio viene y me ayuda--decía--porque son inferiores a mí, +porque no pueden darme lo que me falta, porque yo valgo más que ellos. +En balde me humillo pidiéndoles que me socorran. Lo que me conviene es +buscar el camino del lugar hasta donde mi aptitud y mi predestinación +pueden conducirme, y, desde allí, llamarlos y sujetarlos a mi mandado, +no tomándolos como protectores sino como siervos sumisos. + +En estas y en otras cavilaciones, que entonces se presentaban juntas en +la mente de Fray Miguel, habían pasado muchos años de su vida claustral. +Su orgullo no había consentido que fuese un santo, pero también su +orgullo se había opuesto a que ningún poder infernal viniese a dominar +su alma, ocupada y dominada toda por su orgullo mismo. + +En el espíritu de Fray Miguel había además poco briosas facultades que +le habilitasen para conquistar y dominar nada por medio del pensamiento, +Era distraído, poco insistente, ambicioso de ciencia como de todo, pero +sin la paciente perseverancia que se requiere para adquirirla. Fray +Miguel, si era algo, si algo valía, era como hombre de acción, aunque su +poca fortuna o su mucha torpeza le habían extraviado en el camino, +encontrando sólo, cuando se cansó y se hartó de andar por él, el +desengaño más negro. Aborrecía la vida, pero tenía miedo de la muerte. +Así por la época de fe en que vivía como por la natural condición de su +espíritu, en la cabeza de Fray Miguel no cabía imaginar que fuera la +muerte la aniquilación del individuo, la desaparición de la persona, el +olvido de todo. Él veía en el término de su vida mortal, no sueño +eterno, sino tránsito a vida nueva. Y no le asustaba tanto el temor de +ser condenado y no salvado, cuanto el humillante recelo de ser tan +insignificante en la vida futura como en la vida presente, y de que así +en el cielo, como en el infierno, se le hiciese poquísimo caso: se le +tratase con el mismo desdén con que en este mundo sublunar sus +semejantes le habían tratado. + +La monotonía y la uniformidad de la vida habían hecho que el tiempo +pareciese que pasaba con inaguantable lentitud, según iba pasando; pero, +pasado ya, transcurridos los cuarenta años de convento, Fray Miguel +volvía la vista atrás y no veía el larguísimo camino que había seguido y +la enorme distancia que del punto de partida le separaba. Como no tenía +variedad de sucesos con qué llenar, diversificar y distinguir aquella +larga serie de años, toda ella le parecía soplo, relámpago fugitivo, +desmayo y letargo que al disiparse se lo había llevado todo consigo, +esperanzas y proyectos y hasta la posibilidad de forjarlos de nuevo. La +horrible vejez había caído sobre él sin sentir. Su cabeza se había +cubierto de canas y su rostro de arrugas. Cascada y temblona estaba su +voz, sin brío sus brazos, flojas y vacilantes sus piernas. La luz hería +y lastimaba sus ojos, sin dejarle ver con distinción, claridad y deleite +las formas y los colores. Y aun esta amarga luz, que le ofendía más que +le iluminaba, estaba amenazándole con abandonarle para siempre y sumirle +en tinieblas. Y ya sabía él por sus experiencias y por sus frustrados +conatos anteriores, que por mucho que penetrase y ahondase en estas +tinieblas, no lograría romper su duro y tupido velo y bañar su espíritu +en el infinito y luminoso mar donde le habían dicho que se bañan las +almas, si se reconcentran en ellas mismas y se desprenden de lo terrenal +y caduco. + +Su vida iba tocando a su fin: hasta entonces había sido lastimosa y +estéril, y, sin embargo, él daba inmenso precio a la vida. En esta baja +tierra, encerrado nuestro espíritu en este cuerpo mortal y flaco, y +asistido y servido por sus órganos durante breve tiempo, que huye para +nunca volver, Fray Miguel entendía que era menester conquistar el +respeto, la nombradía y el valor y el mérito que por toda una eternidad +hemos de poseer, siendo por ello remunerados o castigados, glorificados +o despreciados. Tan alta era la importancia que Fray Miguel daba a +nuestra existencia efímera y transitoria en este planeta. De mucho +dudaba Fray Miguel, en mucho no creía; pero, como roca, cuyo cimiento y +raíz se hunde tanto en el seno de la tierra que no hay impetuoso +torrente que la derribe y la arrastre, así su firme creencia en el valer +de la vida humana, en este mundo, para preparación y prueba y para +conquista de otra más alta vida, se conservaba firme y arraigada en su +espíritu contra todas las tempestades y contra todas las avenidas de +dudas y pasiones que habían pugnado y que pugnaban aún por arrancarla de +allí y por sepultarla en la vana región de los sueños. + +Cuán enorme no sería el pesar de Fray Miguel, que tamaña importancia +atribuía a la vida, al ver que la suya iba ya a consumirse, tocaba a su +fin, sin que persistiese más en ella que la energía de atormentarse y de +desesperarse. + +Si el Padre Ambrosio no se burlaba de él, si no se jactaba en vano, si +por medio de sus artes mágicas podía volverle la mocedad, Fray Miguel +estaba seguro de que sabría aprovecharla y no perderla sin fruto como +había perdido la mocedad pasada. Ahora tenía él más claro concepto del +valor de la vida y de los fines a que podía y debía aspirar en el mundo. +La ociosa y larga meditación de sus cuarenta años de vida claustral, las +estupendas novedades y sucesos cuya resonancia había llegado a +conmoverle y alborotarle en su retiro, la explicación que el Padre +Ambrosio hacía de todo y de que él se había penetrado con pasmo oyendo +sus discursos, todo le persuadía de que se mostraba ante sus ojos el +blanco a donde le importaba dirigir la mira, el digno empleo de su +resucitada actividad, la misión que le tocaba cumplir secundando el +propósito y cooperando al plan de la Providencia. + +Con lógica inconsecuencia, Fray Miguel estaba lleno de dudas, y por +momentos de negaciones, cuando en lo interior de su propio ser buscaba +la verdad; pero, no bien su pensamiento salía fuera de sí y se extendía +sobre la faz de la tierra, todo era en Fray Miguel fe y esperanza en los +sublimes destinos del humano linaje y en el papel principal y brillante +que le tocaba hacer a su pueblo. La fe del Padre Ambrosio había sido +como llama voraz que había incendiado su alma haciéndola de luz y de +fuego. El entusiasmo le poseía, pero hasta entonces la envidia, nacida a +par del entusiasmo, le había desgarrado el pecho y le había devorado las +entrañas. Vivir y morir en la obscuridad y en la inercia cuando tan +grandes cosas realizaba el esfuerzo de los hombres, para Fray Miguel era +insufrible. Resolvió, pues, someterse a todas las pruebas y a todas las +operaciones mágicas de que el Padre Ambrosio había hablado a fin de +remozarse y de lanzarse de nuevo en la palestra y tomar parte en la +lucha. La agitación y el estruendo de esta lucha penetraba en el +claustro, rompían su silencio, llamaba a la puerta de su celda y le +excitaba y le convidaba a armarse y a ir al combate. Se le antojaba a +veces que resonaba en sus oídos como la trompeta del día del juicio y +que le resucitaba de entre los muertos. + +El portentoso poema épico que el Padre Ambrosio fantaseaba en sus +discursos iba verificándose y desarrollándose en la consistente realidad +de la historia, y Fray Miguel no se contentaba con ser oyente o lector +del poema, sino que anhelaba ser uno de sus héroes. Y ora fuese por +severidad de juicio, ora porque Fray Miguel no quería que ningún +individuo descollase mucho sobre él, Fray Miguel ponía como héroe +principal del poema a todo su pueblo, mirándole como pueblo elegido, +como nuevo pueblo de Dios que había de vencer a todos los enemigos de su +ley, que había de arrostrar todos los peligros y que había de dar cima a +mil inauditas empresas. + +Fray Miguel no veía ni se forjaba en la mente un campeón que todo lo +dirigiese y que se llevase la palma. Por bajo del pueblo estaban o +surgían todos los campeones. Alborotados los reinos de Castilla y +Valencia por las comunidades y germanías, allá en su pensar sigiloso +Fray Miguel no estimaba mucho al joven, extranjero y ausente Emperador. +Sospechaba que había de heredar algo de la extravagante locura materna y +de la ligera futilidad de su padre, y que una inquietud sin propósito +había de tejer la tela de su vida. Pero el pueblo español era grande, y +de su seno surgirían adalides que venciesen y dominasen. Ellos +derrotarían al turco, que amenazaba la cristiandad; ellos, con armas +temporales y espirituales, lograrían sofocar la herejía que estaba +naciendo en Alemania y que, barbarie mental, ansiaba derrocar el imperio +de Roma en los espíritus, como los antiguos bárbaros habían destruido el +imperio material de Roma. España, con sus héroes y con sus santos, había +de sostener y conservar la unidad divina que informa y da vigor a la +civilización europea. Y esta civilización poderosa y benéfica había de +continuar difundiéndose por todos los climas y regiones, tierras y mares +del mundo que habitamos. + +Fray Miguel había ya oído hablar con horror y sabía las audacias del +fraile Martín Lutero y sus propósitos infernales; pero, en el fervoroso +espíritu de Fray Miguel, estaba ya la convicción profunda de que Dios +había suscitado en España un gigantesco contrario al sajón heresiarca +para arrebatarle sus conquistas. Entre tanto seguían extendiéndose +magnificándose las de nuestra fe y nuestras armas en los más apartados y +hasta entonces inexplorados países y entre gentes infieles y selváticas, +alucinadas por el demonio y entregadas a crueles supersticiones y a +monstruosos y nefandos ritos. A esta difusión de la luz y de la verdad, +aunque más por medio de las armas que por medio de vanos discursos, se +consideraba llamado y predestinado Fray Miguel, en cuanto el Padre +Ambrosio realizase en él el prometido milagro de remozarle. + +Fray Miguel acudió, pues, a la celda del Padre Ambrosio, resuelto a +todo, y en la noche y en la hora convenidas. + + + + +-X- + + +El Padre Ambrosio estaba aguardándole. Saludó a Fray Miguel con una leve +inclinación de cabeza, y sin decir palabra, le indicó que le siguiese. +Ambos subieron por la escalera de caracol a la ancha cámara que ya +conocemos. + +Todo estaba en ella como lo hemos descrito antes. Sólo había tres +objetos que por su novedad llamaron en seguida la atención de Fray +Miguel. En la chimenea, en vez de no haber más que rescoldo y cenizas, +ardía bastante leña que levantaba llamas, en cuyo centro, sobre unas +trébedes se veía una retorta de cobre donde empezaba a hervir un +líquido. El tubo encorvado, con que terminaba la cobertera de aquel +pequeño alambique, iba a parar a una urna de vidrio suspendida en la +pared y llena de agua clara. Dentro de la urna o refriante se veían las +roscas de la culebra de metal. La cabeza de la culebra aparecía fuera de +la urna en su parte baja. + +No lejos de la chimenea estaba por el suelo un féretro abierto y vacío. +Y por último, ocupado en mullir y arreglar los almohadones, donde había +de reposar la cabeza la persona que en el féretro se encerrase, estaba +el hermano Tiburcio, predilecto y aprovechado discípulo del Padre +Ambrosio. + +Encarándose este con Fray Miguel, apenas dejó caer la compuerta por +donde había entrado, le dijo con gravedad solemne: + +--Si fuera lícito valerse de palabras sagradas, aplicándolas a lo +profano, con el único propósito de hacerse entender mejor, yo me +atrevería a decirte, a fin de inspirarte denuedo y a fin de infundirte +omnímoda confianza en mí, que yo soy resurrección y vida, y que si crees +en mí, vivirás, cuando mueras. + +--A todo estoy dispuesto. Mátame, si es necesario o conveniente a +nuestros fines. + +--A decir verdad y desechando toda jactancia, la muerte que yo te dé ha +de ser aparente y no real. La virtud de volver a la vida a quien la +pierde no es dada aún, ni acaso sea dada nunca, a la ciencia meramente +natural y humana. Y yo, conviene que así lo entiendas, no acudo ni +quiero ni puedo acudir a medios sobrenaturales para obrar mis prodigios. +Mi magia es toda natural y lícita, aunque es de dos maneras: la que se +funda en el conocimiento de hierbas, de drogas y de otros recursos +enteramente materiales, en la cual está instruido el hermano Tiburcio, +que como ves ha venido a ayudarme, y la magia superior, incomunicable y +pura, cuyo poder estriba en el centro del espíritu, en el ápice de la +mente, en la raíz misma por donde nuestro limitado pensamiento, no sólo +toca, sino está asido a lo infinito. De esta más elevada ciencia, aunque +todavía natural y nada más que humana, el hermano Tiburcio tiene pocas +nociones. Yo sólo soy aquí quien la posee. De ella depende el éxito de +mi empresa. Y no debo ocultarte que si bien tengo yo el éxito por +seguro, reconozco modestamente que puede engañarme el amor propio. Si +así fuese, si el amor propio me engañase, yo te mataría sin querer, pero +te mataría. Ya ves a lo que me aventuro. ¿Quieres tú también +aventurarte? + +--Quiero--contestó sin arrogancia y con tranquilidad Fray Miguel. + +--Para el rejuvenecimiento--continuó el Padre Ambrosio--que ha de +verificarse en ti, se requiere algo parecido a la muerte, aunque no sea +muerte. ¿Te sometes a ello? + +--Me someto. + +--Pues bien, dentro de poco te sumiré en letargo profundísimo; el +hermano Tiburcio y yo te ungiremos las sienes y la frente con un +precioso bálsamo, te tenderemos y te encerraremos en ese féretro que +miras abierto en el suelo; y al cabo de poco, si no son falsas mis +teorías, aunque nunca corroboradas aún por la experiencia, así como la +crisálida rompe la tela que la envuelve y sale convertida en mariposa, +aparecerás tú, mozo robusto y capaz, si tienes brío en el alma, de +acometer y de dar cima a las empresas más arriesgadas y espantables. Veo +con satisfacción que estás muy animado. Ya no dudo de tus bríos +espirituales. Pero, aunque el espíritu sea fuerte, la carne flaquea, y +es menester que se fortalezca tu mísera carne. Así, antes de remozarte, +a par que sientas el deseo en el alma sentirás en tu cuerpo debilitado +ya por los años el prurito de que se remoce. Para ello has a tomar una +poción preparatoria, sabiamente compuesta de substancias eficacísimas, +con tal habilidad y tino combinadas y templadas que no se neutralizan +sus encontrados efectos, sino que se armonizan y conspiran todos al +mismo fin. + +Dirigiose entonces el Padre Ambrosio, hacia un ángulo de la estancia +donde había un pequeño velador y sobre él una bandeja, un jarro y una +ancha copa de plata. Llenó luego la copa del líquido que el jarro +contenía, y llamando a Fray Miguel y dándosela para que bebiese le dijo: + +--Con esto se fortalecerá tu cuerpo y se hará apto para las operaciones +ulteriores. Es un elixir exquisito, en cuya composición entran el +_nepenthes_ que dio Elena a Telémaco para disipar su melancolía; la flor +del cáñamo de la India; el _soma_ o licor divino de los antiguos +brahmanes; el hongo de Siberia que infunde furor bélico, y el zumo de +las mandrágoras, con que Lía amó y deseó con mayor vehemencia a Jacob y +se hizo de él amada y deseada. + +Fray Miguel tomó la copa, y, casi de un solo trago, apuró todo el licor +que contenía. + +El hermano Tiburcio que lo presenciaba y miraba todo en silencio, +aproximó un taburete e indicó por señas a Fray Miguel, que en él se +sentase. En seguida tomó en los dedos cierto linimento oloroso, que +había en un pomito de vidrio, y ungió con él lo más alto de la cabeza, +la frente y las sienes del fraile. + +Mientras se verificaba la untura, el Padre Ambrosio, recitó no corta +serie de palabras y frases, al parecer de un lenguaje exótico y punto +menos que inaudito. Al extraño son de aquellas palabras, o acaso por +obra del linimento, Fray Miguel imaginó que todo brincaba y giraba en +torno suyo con rapidez vertiginosa; que los muros y el suelo se +estremecían y amenazaban derrumbarse, y que el edificio no estaba parado +y fijo sobre su cimiento, sino que iba lanzado por el espacio sin +límites. + +Por dicha, cesó pronto en el cerebro de Fray Miguel, aquel a modo de +mareo. Y, terminada también la serie de conjuros ininteligibles, oyó que +el Padre Ambrosio le decía: + +--No es todo alucinación mental lo que acabas de experimentar ahora. En +gran parte, es efecto de las palabras mágicas que he pronunciado. Nada +sin embargo más natural. No receles artes ni prestigios diabólicos. Las +palabras que he pronunciado ignoro yo lo que significan, pero me consta +que nada hay en ellas de pecaminoso. Se han ido conservando por +tradición oral entre varones piadosos aficionados a la magia lícita, y +son palabras del idioma primitivo que se hablaba mucho antes de Abraham, +en Ur de los caldeos, y aun antes, en el imperio que fundó Nemrod en el +centro del Asia. La clave de este idioma se perdió siglos ha, y acaso no +vuelva nunca a encontrarse. Yo he oído referir que un antiguo rey de +Nínive, llamado Asurbanipal, siete siglos antes de nuestra era, formó +una biblioteca de libros escritos en esta lengua, que era ya una lengua +muerta, como el latín hoy entre nosotros. Pero los libros reunidos por +Asurbanipal, sepultados hoy entre las ruinas y escombros de antiquísima +ciudad y regio alcázar, eran ya de una época de gran decadencia, cuando +el mencionado primitivo idioma estaba corrompidísimo, y la alta +filosofía que le había informado viciada y cuajada de supersticiones. En +cambio, las palabras que yo he dicho son del idioma primitivo y puro, y +no son signos arbitrarios, sino que tienen relación íntima y substancial +con los objetos que expresan o designan. De aquí el alboroto, la +agitación y el tumulto de todas las cosas creadas cuando tales palabras +se pronuncian. Juzgo de mi deber explicarte todo esto para que no te des +a sospechar que soy brujo, que me valgo de prestigios o que ando en +tratos con el diablo. Aunque peque yo de sobrado llano y pedestre, diré +para mayor claridad, que juego limpio. + +Fray Miguel estaba tan impaciente y tan ansioso ya de rejuvenecerse, que +las explicaciones del Padre Ambrosio le parecían inútiles y le cansaban. +Por el debido respeto, sin embargo, no se atrevió a dar la menor señal +de impaciencia. + +El Padre Ambrosio se complacía en perorar y prosiguió de esta suerte: + +--Ten calma y espera. La destilación del maravilloso filtro, que va a +remozarte, se está verificando en ese pequeño alambique. Apenas empiece +a salir por la boca de la culebra la refinada quinta esencia, acudiré a +recogerla en la misma copa en que bebiste la poción preparatoria, y tú +la beberás sin vacilar. + +--La beberé con ansia--contestó Fray Miguel--para apagar la sed de vida +y de juventud que me devora. + +--Todavía me incumbe decirte--interpuso el Padre--que no quiero, cuando +te remoces, dejarte ir solo por esos mundos de Dios. Deseo que lleves en +tu compañía a alguien de toda mi confianza, que sabrá, sin duda, +conquistar la tuya y que vendrá a ser como tu criado, paje, escudero y +secretario todo en una pieza. + +--¿Y quién va a ser ese acompañante que me designas? + +--El hermano Tiburcio que está presente--contestó el Padre Ambrosio--. +Más gana tiene él de correr mundo que de estar metido en su celda. Con +todo, no es esta la razón que me induce a que el hermano Tiburcio te +acompañe. Los caballeros que salen en busca de aventuras llevan siempre +escuderos y tú no has de infringir esta ley o esta costumbre. En cuantas +historias conozco de hombres que para medrar o para divertirse y +holgarse se han dado al diablo, el diablo figura después constantemente +al lado de ellos como ayudante o espolique, y tú no has de ser menos +aunque distes muchísimo de haberte dado al diablo. Tendrás, pues, +escudero, aunque natural y humano. El hermano Tiburcio, si bien es un +mozuelo barbilampiño, sabe más que el diablo y te valdrá de mucho. Por +otra parte, yo he observado que tú eres sobrado serio y esta seriedad +continua a la larga a ti mismo te aburriría. Importa, pues, que la +temple y modere un sujeto algo cómico y jocoso, como lo será el +mencionado hermano. Jovial será él, si tú saturnino, y juntos recibiréis +combinado el influjo mirífico de los dos más poderosos planetas. He +pensado además que necesito tener con frecuencia noticias tuyas, +satisfacer mi curiosidad y ver cómo va saliendo esta experiencia que +ahora hago. En las venideras edades sé yo que inventarán los hombres +medios ingeniosos para ponerse en comunicación con la rapidez del rayo y +dirigirse la palabra desde un extremo a otro de la tierra. Pero tales +inventos distan mucho aún de verse realizados y de ser vulgares. Sólo +los iniciados en mi ciencia oculta se entienden ya y se hablan desde muy +lejos, sin aparato alguno físico ni mecánico, sino por el arte y la +fuerza del alma. El hermano Tiburcio, irá pues contigo también, para que +se entienda conmigo y me informe de todo. Y por último, si tú acometes +altas empresas, las llevas a cabo y vences y triunfas, no quiero yo que +todo esto se ignore, se sepa mal o se olvide, y el hermano Tiburcio, que +es un buen letrado, te acompañará para ponerlo por escrito con el mayor +esmero y legarlo a la posteridad más remota. Será para ti, válgame como +ejemplo, lo que para Don Pedro Niño, valeroso y galante Conde de Buelna, +fue Gutierre Díez de Games, su alférez. + +A este punto de su algo prolija disertación llegó el Padre Ambrosio, +cuando empezó a manar por la piquera del alambique, el líquido +destilado. Sin darse un instante de vagar, tomó el Padre la copa de +plata, se acercó a la piquera, la llenó del líquido y se le dio a beber +a Fray Miguel sin decir más palabra. + +En silencio también, sin susto y con ansia, Fray Miguel se llevó la copa +a los labios y bebió el licor que había en ella. + +El efecto fue rápido y terrible. A Fray Miguel se le trabó la lengua y +no pudo exhalar ni queja ni suspiro. Palidez mortal cubrió su rostro. A +los pocos instantes cayó como herido del rayo. Y sin duda hubiera dado +en tierra de golpe, si el Padre Ambrosio y el hermano Tiburcio, +apercibidos ya para el caso, no le hubiesen sostenido. + +Todo el cuerpo de Fray Miguel, adquirió de súbito una rigidez más que +cadavérica. No parecía ya de carne sino de madera o de barro. + +El Padre Ambrosio, no obstante, tuvo a tiempo la precaución de cruzar a +Fray Miguel las manos sobre el pecho. + +El hermano Tiburcio tomó por la espalda a Fray Miguel. Por los pies le +levantó el Padre Ambrosio. Ambos le llevaron al féretro y allí le +dejaron tendido. + +_Juan Valera_ + + + + +Las aventuras + + + + +-I- + + +En el año 1521 era Lisboa la más espléndida, animada, pintoresca y +original ciudad de Europa. Fundada sobre varias colinas, se extendía ya +por la margen derecha del Tajo, siguiendo su curso hacia el mar. Los +palacios y jardines de dicha margen hacían delicioso el camino que iba y +va hasta el sitio donde el rey D. Manuel el Dichoso había erigido +graciosa y elegante torre, en conmemoración de que allí se embarcó Vasco +de Gama para ir por vez primera a la India, y no lejos el magnífico +templo y claustro de Belén, obra de singular y bellísima arquitectura. +Frente del más populoso centro de la ciudad, en la opuesta orilla del +río, se alzaba la villa de Almada, sobre enriscado promontorio. Y desde +allí, mirando en dirección contraria a la que trae el agua, esta se +extiende y la orilla se aleja, formando una extensa y grandiosa bahía, +capaz de contener entonces todos los barcos de guerra y de comercio que +surcaban los mares. + +Aquella bahía estaba concurridísima. En ella había naves inglesas y +francesas, de Holanda y de las ciudades anseáticas, de Aragón y de +Castilla, de Génova y de Venecia y de otras Repúblicas y principados de +Italia. Todas acudían allí para traer telas, alhajas, primores y otros +objetos de arte producto de la industria europea, conque satisfacer el +amor al fausto de los portugueses, y para llevar, en cambio clavo y +pimienta, perfumes de Arabia, canela de Ceilán, sedas y porcelanas del +Catay, marfil de Guinea, alfombras de Persia, chales y albornoces de +Cachemira, perlas, diamantes y rubíes de las montañas y de los golfos de +la India, bambúes y cañas y tejidos de algodón y de nipa de Bengala, +monos, papagayos y otras aves de vistosas plumas, y mil exóticas +curiosidades del extremo Oriente. + +La muchedumbre de hombres y mujeres que hervía en los muelles y paseos, +calles y plazas de Lisboa, tenía extraño y pasmoso aspecto por la +variedad de sus rostros, de sus trajes y de los idiomas que iban +hablando. Por donde quiera se notaban movimiento y bullicio, pero más +que en ninguna parte en la Calle Nueva y Plaza del Rocío, donde estaban +las tiendas de los más ricos mercaderes, y a lo largo de la orilla, casi +hasta Belén, donde a la par de las quintas y de los parques había +grandes almacenes o depósitos para las mercancías que se embarcaban o +desembarcaban. Millares de esclavos negros, empleados en las faenas del +puerto y en otros trabajos, discurrían solícitos por donde quiera. +Marineros, soldados y hombres y mujeres del pueblo, paseaban o formaban +grupos para charlar y reír, tratar de amores o promover pendencias. +Entonadas hidalgas, ya caminasen a pie ya a las ancas de una mula que +montaba y dirigía respetable escudero, ya en soberbios y dorados +palanquines, solían llevar lucido séquito de dueñas, lacayos y pajes +para mayor autoridad y decoro. Los magnates y señores ricos se mostraban +cabalgando en hermosos caballos con ricos jaeces y con numerosa comitiva +de criados y familiares de sus casas. Y el Señor Rey, que gustaba como +nadie de la pompa y del aparato, salía con frecuencia en público +formando con su lujoso y raro acompañamiento una procesión admirable. No +semejaba el monarca portugués, príncipe de Europa, sino déspota +oriental, soberano de cuentos de hadas o de _Las mil y una noches_, +merced al brillo y al lujo que le circundaban. Le precedían a veces +elefantes y rinocerontes, domadores que llevaban serpientes y tigres +domesticados, y el rey iba a caballo, en medio de los más brillantes +señores de la corte, sus favoritos y validos, todos con muy elegantes y +vistosas ropas y con airosas y blancas plumas en los birretes. Don +Manuel, que era regocijado y festivo, también se hacía acompañar a +menudo de juglares y bufones, que le divertían con sus chistes y burlas, +y casi nunca prescindía de los músicos, que iban tocando sonoros +instrumentos, anunciando así que el rey venía y alegrando los sitios por +donde transitaba. + +Todo era animación y movimiento, todo alborozado y estruendoso júbilo en +Lisboa, en la hermosa mañana del día del Corpus de aquel año de 1521, en +que el rey Don Manuel cumplía los cincuenta y dos de su edad, celebrando +con gran pompa su natalicio. + +Terminada además la soberbia fábrica del templo de Belén, el monarca +lusitano le abría y le mostraba por vez primera a su pueblo haciendo +cantar en él un solemne _Te Deum_. + +Su alteza, acompañado de su tercera mujer, la reina Doña Leonor, hermana +del César Carlos V, con más ricas y pomposas galas que nunca y +circundado de brillante y vistosa comitiva, había acudido a la iglesia +para presenciar la ceremonia religiosa y darle mayor lustre. + +Aunque el templo es espacioso, sólo se había permitido entrar en él a +los convidados; porque si hubiera tenido franca entrada la muchedumbre, +no pocos se hubieran maltratado allí dentro, a causa de los miles y +miles de personas que habían venido a la fiesta, no sólo de Lisboa, sino +de otras ciudades y villas de Portugal y aun de reinos extraños. + +La muchedumbre, pues, se agitaba y bullía fuera del templo, +extendiéndose a un lado y a otro hasta la misma orilla del Tajo como +enorme mosaico de cabezas humanas. + +La mayor parte de la gente estaba a pie, si bien a trechos descollaban +no pocas personas montadas en caballos y en mulas o levantadas en sillas +de manos por esclavos o sirvientes. + +A la puerta del santuario, en el atrio y también a la puerta del +convento, guardaban los caballos de los reyes y de su séquito, +custodiados por pajes y lacayos y por buen golpe de lanceros de la +guardia del Rey. + +A pesar de los mil murmullos y gritos de tan gran número de gentes, que +reían, chillaban, hablaban o disputaban, el majestuoso sonido del órgano +y el canto sagrado de los frailes, repercutiendo en las altas bóvedas +del templo, salía a veces de él y se difundía en ráfagas sonoras sobre +los asistentes que se hallaban más cerca. + +Apenas estaría mediada aquella fiesta, que parecía absorber enteramente +la atención del pueblo, cuando sobrevino algo que distrajo dicha +atención, excitando la curiosidad general. + +Por el camino de Lisboa, y abriéndose paso por entre el apiñado gentío, +aparecieron en sendos y magníficos caballos, ricamente enjaezados, dos +muy lozanos caballeros, bizarramente vestidos de gala. + +Parecía uno de ellos hombre de veinticinco años de edad, de barba y ojos +negros, airoso talle, anchas espaldas, robustos hombros y rostro +hermosísimo. En todo él había además algo de noble, raro y peregrino, +como procedente de tierras extrañas, y en el gesto y en los ademanes un +no sé qué de soberbio e imperativo que infundía involuntariamente +respeto. + +Era el otro jinete mozo barbilampiño. Su blanco y sonrosado rostro, sus +ojos azules y los rubios cabellos que coronaban su cabeza, cubierta de +un lindo birrete de velludo blanco, por bajo del cual caían dichos +cabellos en rizadas ondas de oro, casi hubieran dado al gentil +extranjero la apariencia de una disfrazada andante damisela, si no +hubieran mostrado que era muy hombre, la energía insolente de su mirar, +su briosa apostura y el desahogo y la destreza conque manejaba y +dominaba su fogoso caballo, que retenido por él hacía piernas, se +encabritaba impaciente y tascaba el freno, cubriéndole de espuma. + +Entre la plebe, las personas curiosas se preguntaban unas a otras +quiénes eran aquellos dos galanes. Y como no faltó allí quien ya los +hubiera visto, en la gran posada de la Calle Nueva, donde ellos habían +venido a parar y donde habían declarado su condición y sus nombres, +pronto pasaron estos de boca en boca, y por donde quiera se oía decir: + +--Esos son dos ricos y elegantes aventureros de Castilla; el más granado +se llama Miguel de Zuheros, por sobrenombre Morsamor; y el jovencito, +que es su doncel, se llama Tiburcio de Simahonda. + + + + +-II- + + +La función de iglesia llegó pronto a su término. Los soldados de la +guardia empezaron a abrir calle, a fin de que la regia comitiva pudiese +pasar holgadamente por entre la muchedumbre que a un lado y a otro se +apiñaba, procurando cada cual ponerse delante para ver y acaso para ser +visto del Rey, de la Reina o de los señores y damas de la corte y +alcanzar de alguno de ellos un saludo o una amable sonrisa. + +Miguel de Zuheros y Tiburcio no se hallaban por dicha muy lejos de la +calle que se iba abriendo, y como estaban a caballo bien podían verlo +todo por cima de las cabezas de los que estaban a pie. Así es que no se +molestaron ni se movieron para buscar mejor sitio, como si se +avergonzasen de mostrar curiosidad plebeya. + +No salió el Rey por la puerta del templo, sino por la del atrio cercado +de magnífico claustro, donde habían montado a caballo él y cuantos le +acompañaban. + +Cuando la lucida cabalgata apareció ante el gran público, la admiración +general dio muestras de sí en murmullos, exclamaciones y vítores. +Aquello era verdaderamente espléndido: un derroche de sedas, randas, +plumas, oro y pedrería. Los caballos, magníficos; vistosos, los arreos. +Los rayos del sol refulgente herían el bruñido acero de las armas, las +joyas, los metales preciosos y los áureos bordados, deslumbrando todo la +vista con fúlgidos destellos. El Rey llevaba aquel día el _bonete_ y el +estoque de honor, que le había regalado el Padre Santo y que sólo sacaba +en las más solemnes ocasiones. La Reina Doña Leonor, muy bizarra y +lujosamente vestida y tocada, cabalgaba a la derecha del Rey. Les +seguían y lo circundaban las principales damas de la corte y muchos +egregios personajes del reino, ilustres por su nacimiento o por armas y +letras. + +El hermano Tiburcio, convertido en escudero o doncel, era un prodigio +para enterarse de todo a escape. No sabemos, si sólo por naturaleza o +por virtud de la magia que había estudiado, gozaba de pasmosa aptitud +para averiguarlo todo; para reconocer a los sujetos notables, aunque +nunca los hubiese visto; y para narrar la historia de cada uno hasta en +sus más insignificantes pormenores. Además de esta habilidad, poseía +otra más rara aún, que en lo sucesivo valió de mucho a su señor, Miguel +de Zuheros. Tiburcio de Simahonda era, en aquella edad, aunque en grado +más eminente, lo que ha sido en la nuestra el célebre Cardenal +Mezzofanti. Ya fuese empleando un método ingenioso y secreto o caminando +por ignorados atajos, ya fuese por preciosa capacidad nativa, ello es +que Tiburcio a los dos o tres días de oír hablar cualquier idioma, se +penetraba de su organismo, se enseñoreaba de sus formas y leyes +gramaticales, atesoraba en su feliz memoria cuanto había de esencial y +de radical en su léxico, y se soltaba a hablarle correcta y lindamente y +con muy buena pronunciación, como si no hubiera hecho otra cosa en toda +su vida. + +Al notar Miguel de Zuheros lo mucho que sabía su doncel, en apariencia +con tan poca edad que apenas le apuntaba el bozo, se daba a sospechar si +sería más viejo que él y si estaría como él remozado o si de cualquiera +otra suerte habría vivido largas y sospechosas vidas anteriores. Miguel +de Zuheros, sin embargo, no persistía en cavilar sobre estas cosas +cuando notaba la sencillez y la naturalidad con que Tiburcio, sin hacer +gala de su ciencia, la mostraba si era menester, y afirmaba haberla +adquirido por medios y caminos, no raros y reprobados, si no lícitos y +vulgares. + +En aquella ocasión Tiburcio dio pruebas de lo bien que se enteraba de +todo, señalando a su señor los más conspicuos caballeros y las más +garridas damas, que en aquella procesión se parecían, y diciendo sus +nombres, sus cualidades y su historia. + +Nadie llamó tanto la atención de Miguel de Zuheros, como una dama muy +hermosa y muy joven que iba cerca de la Reina. + +--Esa es--dijo Tiburcio--la señora doña Sol de Quiñones, íntima amiga y +favorita de la Reina, y nieta de aquel famoso y enamorado D. Suero que +sostuvo el Paso honroso en el puente de Órbigo. Ya ves que es muy bella. +Su beldad, no obstante, queda eclipsada por su discreción, por su +talento, por sus virtudes y por la ingenua candidez de su carácter. +Cuantos la tratan se prendan de ella y se hacen lenguas en su elogio. + +Al contemplar tanta pompa y hermosura, Miguel de Zuheros sentía viva +impaciencia de darse a conocer y de ser presentado en la corte. Pensando +en cómo lo conseguiría de la manera para él más favorable, vio pasar la +comitiva toda. + +Aún salía mucha más gente del templo, y nuestros dos aventureros +permanecieron parados para verla salir. + +Ya de los últimos, apareció un pequeño grupo que montó a caballo a la +puerta del templo y que pasó muy cerca de Miguel de Zuheros, excitando +su curiosidad. Tiburcio la satisfizo diciéndole: + +--Esos dos galanes, que van como cautivos al lado de las damas, son +Pedro Carvallo y Ramón de Acevedo, valientes soldados de fortuna ambos, +que han vuelto de la India con más oro que pesan. La graciosa morenita, +que ríe a carcajadas y se zarandea y se mueve come si estuviera hecha de +rabillos de lagartijas, es la muy ponderada ninfa gaditana, conocida ya +en gran parte del mundo, con el extraño apodo que su compañera le ha +dado. La llaman Teletusa la Culebrosa, en conmemoración de la Teletusa +antigua y clásica, a quien celebra Marcial en uno de sus epigramas por +lo bien que bailaba, repiqueteaba las castañuelas y hacía otros +primores. La principal figura del grupo, y por serlo la he dejado para +lo último, es nada menos que donna Olimpia de Belfiore, una de las más +artísticas, hermosas, sabias y elocuentes mujeres, que ha producido +Italia en nuestros días, en que renacen, más allí que en otras regiones, +la antigua cultura greco-romana y las ciencias y artes de amor, de paz y +de guerra. Atraída donna Olimpia por la trascendente fama del esplendor +y de la riqueza de esta capital, ha venido a ella, hará dos semanas, en +compañía de su amiga y en cierto modo discípula, la de Cádiz, a quien ha +dado el nombre que ya te he dicho de Teletusa. Porque es de saber, que +la tal donna Olimpia, lejos de ser una hembra adocenada, tiene +portentoso ingenio y despunta por su mucha doctrina. En Italia la +celebran de _mirabilmente colta_. Sabe latín como Nebrija; sabe también +algo de griego; ha leído los poetas e historiadores antiguos y clásicos +y los de su patria, y entiende tanto de cuanto hay que entender, que +pasa por un Pico de la Mirándola o por un Fernando de Córdoba, con +faldas. + +A este punto de su perorata llegaba Tiburcio, cuando donna Olimpia y los +que le acompañaban pasaron casi tocando con Miguel de Zuheros, el cual +pudo ver bien y de frente a la dama. Estrella de amor le pereció y de +primera magnitud y deslumbrante brillo. Sus cabellos relucían como oro +candente, suponiéndose que se los adobaba y doraba con cierta loción +cosmética de muy pocos conocida, y usada también por la famosa Lucrecia +Borgia, Duquesa de Ferrara. Tanto hubo de ser así que no faltó en aquel +tiempo quien asegurase, que el precioso rizo que tenía Pietro Bembo en +el principio de su ejemplar de Lucrecio, donde está la invocación a +Venus, rizo que se conserva aún en la Biblioteca Ambrosiana de Milán, no +era de la Duquesa de Ferrara, sino de la tal donna Olimpia. Sea de esto +lo que se quiera, lo que nos importa añadir aquí es que el aspecto, +ademán y entono de donna Olimpia estaban llenos de reposada majestad. De +sus años no sabemos qué decir. Como las deidades mitológicas, como los +seres inmortales, su edad era problemática; era casi un misterio. Se +diría, no obstante, que aquel astro culminaba entonces en el meridiano +de su belleza y de su gloria. Sobre la hacanea torda en que iba y +sentada sobre blandos cojines en elegantísimo sillón o jamugas, semejaba +una emperatriz en su trono. + +Al encararse con Miguel de Zuheros, mirándole de frente, le hizo bajar +los ojos deslumbrado por la viveza de aquel mirar y por la fuerza +magnética de aquellos ojos verdes o glaucos como los de Minerva, Medea y +Circe, y que podrían compararse a dos esmeraldas ardiendo en llamas. + +Donna Olimpia era alta y bien formada, pero, más que esbelta, amplia y +exuberante sin perder la gracia y el hechizo, como las ninfas y diosas +que pintaba Tiziano Vecelli. + +Cuando pasaron los del grupo, Tiburcio prosiguió su arenga diciendo: + +--Esta donna Olimpia es un prodigio singular. Se ignora la edad que +tiene. Quizá sea como la hechicera Arleta, que se disfrazaba de moza y +enamoraba y seducía a todos los hombres. Su hermosura, sustancial o +aparente, no se puede negar. Tiziano, no hace mucho tiempo, se complació +en retratarla en un cuadro delicioso. Ella está figurando a Venus, con +la ligereza de ropas que tal figuración requiere, pero en su soberbia +cabeza lleva el morrión penachudo, y a sus pies tiene por tierra la +truculenta espada de Marte. Por dichas prendas, que le ha entregado el +Dios de la guerra que está allí contemplándola en éxtasis, le entrega +ella un travieso amorcito, que tiene cogido por las alas y que ha sacado +de una jaula, donde quedan aún presos otros varios hermanos suyos. +Paréceme, señor Miguel, que no os disgustaría que os regalase o vendiese +donna Olimpia alguno de los mencionados hermanos. + +Interpelado así bruscamente, contestó Miguel de Zuheros: + +--Déjate de eso ahora. En asuntos más graves debemos ocuparnos y más +gloriosas empresas nos conviene acometer. Dime, sin embargo, pues no te +niego que soy curioso, algo más que sepas de donna Olimpia. + +--Poco más puedo contarte. Si hemos de creer lo que ella refiere, no ha +habido, en lo que va de siglo, mujer más victoriosa. A sus pies han +estado príncipes y duques, guerreros invictos, acaudalados mercaderes y +laureados poetas como Ludovico Ariosto, Fracastoro, el Aretino, +Sannazaro y muchos más cuyos nombres no acuden a mi memoria. En cierta +farsa o representación alegórica, en el palacio de Alejandro VI, hizo +una vez la figura de la Justicia, con la balanza en su fiel, pesando +méritos y repartiendo premios según a cada uno le tocaba. Se cuenta, por +último, que donna Olimpia, allá en su primera mocedad, se lució una vez +en la academia platónica de Florencia, pronunciando un sublime discurso +sobre el amor, que oyó Marcilio Ficino, ya viejo, y quedó embelesado de +oírle. + +--Vamos, vamos, no me cuentes más de esa mujer. Basta con lo que has +dicho para comprender que es la más desvergonzada de las aventureras. + +Terminada aquella conversación, Miguel de Zuheros y su doncel soltaron +las riendas a sus caballos, y a buen trote, y buscando rodeos para no +tropezar con la muchedumbre que atajaba el paso, se dirigieron a la +Plaza del Rocío, para ver de nuevo la procesión o pompa regia, que debía +pasar por allí. En seguida, según estaba anunciado, la procesión subiría +a iglesia del Carmen, edificada sobre un cerro, que domina dicha plaza, +y donde se ven y persisten aún sus ruinas, después del terremoto +horrible que la destruyó en 1755. + +En la iglesia del Carmen se venera una imagen de la Virgen de los +Dolores, de quien era el Rey muy devoto y a quien iba a presentar rica +ofrenda y a dar fervorosas gracias por los recientes triunfos que las +armas portuguesas habían alcanzado en Ceilán y en otras islas más +remotas. + + + + +-III- + + +La procesión iba con tanta pausa, que Miguel de Zuheros y Tiburcio no +tuvieron que apresurarse para llegar a la Plaza del Rocío antes de que +la procesión llegara. + +Poca gente había aún en dicha plaza, en uno de cuyos ángulos se pararon +nuestros aventureros. Todo en torno estaba sosegado. El escaso público +hablaba en voz baja y hacía poco ruido, pero de súbito todo cambió de +aspecto, levantándose allí cerca furioso tumulto. La gente se agolpaba a +donde el tumulto había empezado: unas personas para tomar parte en él y +por curiosidad otras. Un anciano de venerable aspecto, de blanca y +luenga barba, vestido de negro a la italiana, y acompañado sólo de otro +de menos edad, que parecía ser su familiar o secretario, estaba rodeado +de hombres y mujeres del pueblo, de esclavos negros y de muchachuelos +vagabundos, que en ademán hostil le insultaban y amenazaban a gritos, +llamándole marrano, enemigo de Cristo y perro judío. + +Sin provocar más la furia del populacho, y sin tratar tampoco de huir, +el anciano miraba con serenidad y calma a los que le ofendían, +manifestando en sus miradas, no indignación, sino dulce y resignada +tristeza. + +Aquel grave modo de sufrir la injuria, así como el valor pasivo de que +el anciano daba pruebas, contuvieron por algunos momentos la furia del +populacho. Los gritos no obstante de perro judío y de marrano, que los +más desaliñados y maleantes no se cansaban de repetir, sobreexcitaron +las malas pasiones. Todavía quedaba alrededor del denostado, un claro o +vacío no pequeño; pero el círculo se iba estrechando, y era de temer, +era casi seguro, que pronto las ofensas de palabra iban a convertirse en +rudas ofensas de hecho. Ya algunos pilletes y mujercillas habían +disparado contra el anciano desperdicios de berzas y frutas, y alguien +también había escupido sobre él, aunque sin tocarle. + +Un mulato, el más insolente de la chusma, avanzó hacia el anciano con la +mano levantada como para darle en el rostro. El anciano permaneció +impasible e inmóvil, apoyado en la larga bengala que le servía de +báculo; pero su secretario o familiar, más joven y robusto, perdió +paciencia, se interpuso, hizo cara al mulato y le sacudió tan fuerte +puñetazo, que lo derribó por tierra. + +La ira popular rompió entonces todo freno. Hombres, mujeres y chiquillos +cayeron sobre los dos, al parecer forasteros y judíos, y sin duda los +hubieran despedazado, si no acuden muy a tiempo Miguel de Zuheros y +Tiburcio, abriéndose paso por entre la alborotada y amontonada +muchedumbre y sacudiendo golpes sobre ella, con las espadas desnudas, +aunque procurando que fuese de plano, para no causar heridas ni muertes. + +Sorprendida y asustada la turba por aquella súbita e imprevista +intervención, retrocedió no poco, dejando despejado un largo trecho en +torno de los forasteros inermes, delante de los cuales se pusieron +prontos a defenderlos los otros dos forasteros a caballo. + +El populacho, no obstante, pasado su primer asombro, arremetió contra +Miguel de Zuheros y Tiburcio, yendo algunos de los que acometían armados +de garrotes y de puñales. + +Sangrienta hubiera sido aquella pendencia, y tal vez de éxito fatal para +nuestros dos héroes, si de repente no hubieran recibido el socorro de un +gallardo mozo, más joven en apariencia que Tiburcio, a caballo también, +elegante y ricamente vestido, y con el escudo de las armas reales +bordado en la sobreveste, manifestando así que era mozo fidalgo o menino +de la cámara del Rey. + +Su nombre corrió entonces de boca en boca entre la plebe. Era el +simpático Damián de Goes, que privaba mucho con el soberano. + +Por lo pronto tuvo esto a raya a la multitud, pero no faltó quien la +irritase, y empezó entre los tres caballeros por una parte, y siete u +ocho fidalgos que estaban a pie y vinieron a auxiliarlos, y por otra +parte la desarrapada muchedumbre, una muy reñida escaramuza, que hubiera +terminado en tragedia, si por dicha no hubiesen amortiguado la cólera de +todos, parándolos atónitos y respetuosos el resonar de los clarines y el +estruendo jubiloso de las aclamaciones que anunciaban la entrada en la +plaza del Rey y de su comitiva. + +Aunque la lucha cesó, no cesó tan a tiempo que el Rey no se enterase de +ella. Y mandados por él, se adelantaron algunos soldados de su guardia, +rompieron por medio de la apiñada multitud y llegaron al centro mismo +donde se hallaban los que dieron ocasión al alboroto. + +Damián de Goes, haciéndose seguir de Miguel de Zuheros, de Tiburcio y de +los dos forasteros desconocidos, llegó donde estaba el Rey y le refirió +todo el suceso. + +Dirigiéndose el Rey al anciano desconocido, le preguntó: + +--¿Y tú quién eres y de dónde sales, viniendo a perturbar la alegría y +la paz de Lisboa en ocasión tan solemne? + +Con serenidad y desenfado respetuoso y en correcta y elegante lengua +portuguesa, el anciano contestó al Rey: + +--Yo señor, he nacido en Lisboa. Aquí he pasado los mejores años de mi +vida. Las _saudades_ de mi ciudad natal y (¿por qué he de negárselo a +Vuestra Alteza?) negocios importantes de mi casa me han hecho volver a +Portugal, que abandoné muy niño, cuando ya estoy viejo, aunque más +abrumado por los pesares que por los años. Pensaba yo permanecer en +Portugal muy poco tiempo, y no recelaba que nadie me reconociese, +descubriendo y divulgando mi nombre, mi religión y mi casta, tan +aborrecida hoy en España toda. Por desgracia no ha sido así. Interesados +enemigos míos me han reconocido, han hecho correr la voz entre el vulgo +de que soy israelita y han causado el atropello de que yo hubiera sido +víctima, si estos nobles caballeros no me socorren. + +--¿Y cuáles son tu condición y tu nombre?--preguntó el Rey. + +Temeroso de que no le diesen crédito, vaciló en declararlos el anciano. + +García de Resende, que acompañaba al Rey y no estaba muy lejos, se +acercó entonces y dijo: + +--Bien puede Vuestra Alteza estar satisfecho de que este anciano haya +quedado libre de toda injuria. No sólo es portugués, sino uno de +aquellos portugueses que dan más gloria a Portugal en esta nuestra edad +para Portugal tan gloriosa. + +Y dirigiéndose luego al anciano y alargándole la diestra para estrechar +amistosamente la suya, añadió el ínclito trovador: + +--¿Te has olvidado acaso de mí y del amistoso lazo con que nos unimos en +Roma y de las largas pláticas que allí teníamos, cuando estuve yo como +Secretario de la pomposa Embajada de Tristán de Acuña? + +--¿Cómo había yo de olvidarme de García de Resende?--respondió el +interrogado--. Yo no podía olvidar a uno de mis mejores amigos, cuyo +Cancionero además, regalado por él, hace mi delicia y me vale, +leyéndole, para conservar y perfeccionar en mi alma la lengua +portuguesa, que fue la primera que hablé. + +--Pero a todo esto--exclamó el Rey con impaciencia y encarándose con el +anciano--tú no acabas de decirme quién eres. + +--Perdona mi tardanza, señor. + +Y añadió luego, echándose a los pies del Rey: + +--Yo soy el hijo de un leal criado de tu heroico antecesor Alfonso V el +Africano. Yo soy Judas Abravanel, más conocido hoy en el mundo con el +nombre de León Hebreo. + +Apenas Judas Abravanel hubo pronunciado estas palabras, muchos de la +comitiva, y particularmente las damas, le cercaron para contemplarle y +aplaudirle. Sus discretísimos _Diálogos de amor_ eran muy admirados en +la corte. La Reina, la Infanta doña Beatriz y otras muy sabias señoras +se deleitaban leyendo en italiano aquellas tan sublimes filosofías. +Todas, pues, se dieron el parabién de que León Hebreo no hubiera sido +gravemente ofendido. + +El Rey, no sin meditar para mejor ocasión algo en desagravio y obsequio +de León Hebreo, hizo que, por lo pronto, dos de su guardia de a pie le +acompañasen y le escoltasen hasta su posada. + +Aunque Damián de Goes había dicho al Rey los nombres de los dos +aventureros castellanos que habían tomado la defensa del ilustre +filósofo israelita, el Rey, por distracción fingida o verdadera, y acaso +por estar depriesa, no les dirigió la palabra y aparentó no fijar la +atención en ellos. Conocedor de las más notables alcurnias y casas de la +nobleza castellana, los apellidos de Zuheros y de Simahonda sonaron mal +y sordamente en sus oídos. + +Harto contrariado se sintió de esto Morsamor. No valía la pena de +remozarse y de aparecer otra vez en el mundo como resucitando o +resurgiendo a nueva vida para que le desdeñasen y le hiciesen tan +poquísimo caso como en la vida antigua. Un reniego, apenas articulado, +brotó de sus labios. Morsamor, no obstante, se repuso y disimuló su +enojo, pero Tiburcio no dejó de notarlo y le dijo en voz baja: + +--No pierdas paciencia, y ya verás cómo pronto te es propicia la +fortuna. + +En efecto, o por benevolencia, o porque los dos aventureros le eran +simpáticos, o para mitigar el desdén o descuido del Rey, Damián de Goes +estuvo afabilísimo con ellos y los movió a seguirle a la iglesia del +Carmen, en pos de la comitiva del Rey. + +Contrariado y triste se mostraba Damián de Goes, que era muy humano y +benigno, de la feroz conducta que había tenido la plebe lisbonense con +Judas Abravanel. Esto retrajo a su memoria la horrible matanza de judíos +que pocos años antes, siendo él todavía muchacho, había hecho la plebe +de Lisboa, fanatizada y enfurecida por algunos frailes y secundada por +marineros de diversos países de cuantos barcos estaban anclados en el +Tajo. Tres días duraron el saqueo y la matanza. Más de quinientos judíos +murieron quemados, y degollados cerca de dos mil. El hedor de la carne +chamuscada, de los cadáveres insepultos y de la sangre corrompida +infectaba el aire. El Rey Don Manuel el Dichoso se hallaba entonces en +Évora. Cuando volvió a su capital castigó, severamente justo, tan cruel +infamia, haciendo ahorcar a varios de los amotinados y a dos o tres de +los frailes instigadores. Los judíos portugueses, y no pocos de los +expulsados de Castilla que en Portugal se habían refugiado, con mayor +recelo del rencor de la plebe que confianza en el escarmiento que pudo +causar el castigo, no osaban desde entonces aparecer en público en días +de fiesta y solemnidad religiosa. Lamentable imprudencia había sido la +de León Hebreo. + +Pensando casi en alta voz, y según iban subiendo a la iglesia del +Carmen, el futuro historiador del Rey Don Manuel, más excitado por el +amor de la humanidad que por el amor de la patria, deploraba y condenaba +la ferocidad de sus compatriotas contemporáneos así contra los judíos en +Portugal como allá en la India contra las diversas gentes, musulmanas y +gentiles, que iban venciendo y sujetando. + +Nuestro Tiburcio, que iba al lado de Damián de Goes, procuró consolarle +diciendo de esta manera: + +--No os apesadumbréis tanto, mi buen señor, por lo tremendos y feroces +que suelen mostrarse en el día los hombres de esta península, engreídos +por sus triunfos y por su predominio en la tierra. Al cabo, no sin +piadoso designio, entiendo yo que ha dispuesto la Providencia que sean +las naciones de Aragón, Portugal y Castilla las que prevalezcan y +descuellen en esta edad, todavía algo bárbara y de costumbres poco +suaves. El sentimiento y la creencia de la fraternidad y de la igualdad +humanas están más hondamente arraigados y grabados en el corazón y en la +mente de los pueblos del Mediodía de Europa que en el corazón y en la +mente de los pueblos del Norte. No hay castellano, ni portugués, que se +juzgue de una raza superior; que deje de tener por hermanos suyos a los +demás hombres; pero a veces la codicia rompe este lazo fraternal, y por +robar se mata, y a veces una caridad mal entendida mueve al creyente +celoso a infligir duras penas temporales con el intento y buen propósito +de sacar del poder del diablo y de libertar de las penas eternas a los +que están dados al diablo y son sus esclavos. Confieso que lo dicho +tiene inconvenientes enormes, pero aún sería incomparablemente peor si +fuese un pueblo más soberbio quien hoy predominara. Dentro de dos o tres +siglos, cuando el corazón humano se ablande mucho con la cultura, acaso +sean los pueblos del Norte los que predominen sin los horrores y +estragos que hoy causaría su predominio. En el engreimiento del triunfo, +tendrían por evidente que eran una raza superior y nos exterminarían a +todos sus prójimos no creyéndonos tales. Dentro de dos o tres siglos, +según ya he dicho, la culta filantropía no consentirá tan horrible caso. +Lo más que podrá ocurrir, será que con su desdén orgulloso abatan y +hundan en la abyección a los pueblos de que se enseñoreen, y que tal +vez, predicándoles y enseñándoles doctrinas religiosas contrarias a la +fe católica, sin el esplendor artístico y sin la pompa de sus ritos y +con un concepto tremendo y duro de la justicia divina, no templada por +la misericordia, entristezcan y desesperen a sus catecúmenos y los hagan +morir de aburrimiento. Así presumirán ellos que, sin crueldad, van +despejando de razas inferiores la superficie de nuestro planeta para que +se extienda por toda ella, crezca y se multiplique la raza superior a +que pertenecen. + +La extraña teoría de Tiburcio no convenció a Damián de Goes, pero le +hizo reír; y si no la halló verdadera, la halló chistosa. + +Morsamor, distraído y taciturno, no prestó atención a lo que Tiburcio +decía. + +Así llegaron a la puerta de la iglesia del Carmen, y, encomendando sus +caballos a sendos palafreneros de la Casa Real, que los tuvieron de la +brida, entraron en la iglesia, donde se hallaban ya el Rey y todo su +séquito. + + + + +-IV- + + +Poco tiempo permaneció Morsamor en la iglesia. Pronto salió de ella +acompañado de Tiburcio que le seguía como su sombra. + +--Yo no podía estar allí--dijo Morsamor--. Aquel ambiente me sofocaba. +Me consideré reo del sacrilegio más espantoso. Fraile perjuro a sus +votos imaginé que me arrojaban del santuario aquellos mismos tres +ángeles poderosos que armados de azotes y montados en fantásticos +corceles, arrojaron del templo de Jerusalén, para que no le profanase, +al impío Heliodoro, ministro del rey de Siria. + +--Mucho exageras tu pecado y el castigo que merece--contestó Tiburcio--. +Te atormentas en demasía. Es muy excepcional tu situación. Tú debes ser +también excepcionalmente juzgado. Tu vida de ahora es vida nueva por +completo. Tu remozamiento casi es resurrección. Desecha remordimientos +vanos. No te tengas por la misma persona que hizo sus votos en el +convento de Sevilla. Cree más bien que eres el hijo de aquel fraile, que +te engendró antes de entrar en la regla, y hasta que eres el nieto de +aquel otro aventurero Morsamor que andaba por el mundo en el reinado de +Enrique IV de Castilla. + +Morsamor replicó: + +--Quiero suponer que tienes razón en lo que dices. Me serenaré; me +aquietaré creyéndome otro del que era. Algo hay, no obstante, que me +amarga y emponzoña esta nueva vida y me persuade de que soy el mismo: el +desdén, el menosprecio con que todos me miran. Con rapidez ha pasado por +mi alma, pero dejando en ella doloroso rastro como si fuese metal +derretido, un abominable pensamiento. Si yo me hubiese lanzado de súbito +sobre ese rey presuntuoso que me desdeñaba, y le hubiese dado violenta +muerte, de súbito también hubiera salido yo de la insignificante +obscuridad en que me veo y las diez mil voces de la Fama hubieran +llevado mi nombre por el mundo todo. + +--Menester es--interpuso Tiburcio--que deseches esa ridícula y constante +preocupación de que no te hacen caso. El tenerla ha sido hasta hoy causa +principal de que no te le hagan. Tal preocupación proviene de sobra de +vanidad y de falta de orgullo. Quien anhela que le hagan caso es quien +no está seguro de su propio valer. Ora duda de él y quiere que los +extraños confirmen y acrediten que le tiene; ora en el fondo de su +atribulada conciencia se ve ruin, necio y para poco, y aspira sin +embargo, a imponerse, engañando al mundo. Al orgulloso, al que hace alta +estimación de sí propio, poco o nada le preocupa la estimación de los +demás. Si no le estiman es porque no le comprenden. Y si le estiman, +todo el caso que hagan de él no aumentará en un escrúpulo, en un átomo, +la importancia que él se atribuye. En lo antiguo, entre los gentiles, +era muy frecuente esa preocupación que tú tienes ahora. Sin duda por el +afán de lucirse y de inmortalizarse, así como Eróstrato incendió el +templo de Diana en Efeso, hubo muchos que, sintiéndose ruines, amaron la +celebridad más que la vida, y no por amor a la libertad y a la patria, +sino por amor de la vanagloria, dieron muerte a sendos reyes o tiranos. +El gran satírico de Roma lo consigna en sus versos: _Pocos son los +tiranos y los reyes que descienden al infierno con muerte sosegada y +pacífica y sin violencia ni sangre_. La religión de Cristo ha mitigado +este furor de celebridad. Acaso llegue un día en que las creencias sean +menos firmes, y entonces movidos los miserables por la sed de nombradía, +volverán a intentar o a perpetrar crímenes que los levanten sobre los +demás hombres, aunque sea en el patíbulo. Tiene de bueno la humildad +cristiana, que es de todo punto contraria a la vanidad aviniéndose con +el orgullo recto y sano. Después de exclamar, con el muy elocuente +Obispo de Hipona: _¡Gran cosa es el hombre hecho a imagen y semejanza de +Dios!_, ¿quién ha de preocuparse de que en esta baja tierra le hagan o +no le hagan caso? Si ha de consistir nuestra aspiración en _ser +perfectos como nuestro Padre que está en el cielo_, ¿qué añaden a la +suma de lo perfectible las vulgares alabanzas y los honores mundanos? El +buen imitador de Cristo se muestra sin duda muy humilde, pero es con +relación al Dios que ama y adora. Postrado ante su Dios es despreciable +pecador, es vil gusano, pero esa misma humillación le encumbra luego. El +humilde Francisco de Asís sube al cielo, y, si hemos de dar fe a la +revelación que tuvieron sus hijos espirituales, fue a sentarse en el +esplendoroso y elevadísimo trono que dejó allí vacante Lucifer después +de su rebeldía. Y no dilato más mi razonamiento. Básteme concluir +aconsejándote que no hagas el menor caso de que te hagan o de que no te +hagan caso. La estimación se la da uno mismo sin necesidad de que se la +dé nadie. Otras son las mil cosas materiales e inmateriales que están +fuera de nosotros y que fuera de nosotros es menester buscar y hallar. +Como ejemplo de las inmateriales pongo el amor. Ya encontrarás tú quien +te ame. Como ejemplo de las materiales, casi como cifra y compendio de +todas ellas, pongo el dinero, y ese le tenemos en abundancia, gracias a +la espléndida munificencia del Padre Ambrosio. Alégrate pues, y ten +pecho ancho. Ya el Padre Ambrosio, en su previsora sabiduría, habrá +dispuesto los sucesos de tal manera que pronto te atiendan, no como fin, +pues basta que te atiendas tú, sino como medio de realizar otros fines. + +Aquí llegaba Tiburcio en su singular perorata, cuando salió de la +iglesia un viejo venerable, ricamente vestido, como muy principal +hidalgo que era. Y parándose delante de Morsamor y mirándole de hito en +hito con jubilosa sorpresa, le dijo: + +--Sois, señor, el vivo retrato, no sé si de vuestro padre o de vuestro +abuelo, a quien conocí y traté hará ya medio siglo, pero cuya imagen +está grabada en mi memoria con rasgos indelebles. Le debí primero +franca, leal y cariñosa amistad y después, la vida. Yo me llamo Duarte y +soy hijo del heroico Pedro de Mendaña, quien después de la batalla de +Toro se mantuvo tanto tiempo en el castillo de Castronuño, contra todo +el poder de Castilla. Un valeroso aventurero de aquella nación, cuyo +nombre era como el vuestro Miguel de Zuheros, y cuyo sobrenombre de +guerra era también Morsamor, fue en aquel castillo mi constante +compañero de armas. Audaces correrías hicimos a menudo en el país +enemigo. Talamos sus panes, saqueamos alquerías y granjas y volvimos no +pocas veces a nuestra fortaleza cargados de botín riquísimo. En una de +estas excursiones, que no olvidaré nunca, nos cercó gran golpe de +villanos armados y de gente guerrera a caballo. Allí me derribaron del +mío, asaz mal herido, y allí hubiera muerto yo, si Morsamor no me +defiende con extraordinario brío. Él pudo rechazar por algunos instantes +a los que nos cercaban, ponerme con increíble ligereza a las ancas de su +corcel, y huir conmigo a todo escape entre un diluvio de flechas y de +balas. Así pudimos refugiarnos en el castillo de Castronuño. Poco tiempo +después desalojó mi padre el castillo en virtud de muy honrada y +ventajosa capitulación. Siete mil florines cobró mi padre del castellano +por el favor que le hizo de abandonar la fortaleza y de volverse a su +patria. Entonces nos separamos de Morsamor que se quedó en Castilla. +Como yo le debo tanto, jamás he podido olvidarle, aunque no volví a +verle ni a saber de él después. Ya en aquella época era él, sin duda, de +mayor edad que tú ahora. Precoces arrugas surcaban su rostro, y en sus +cabellos y en su barba, negros como la endrina, blanqueaban bastantes +hilos de plata. Morsamor era más joven, pero aparentaba tener más de +cuarenta años. Tú resplandeces ahora en juventud lozana. Acaso no hayas +cumplido aún los veinticinco. Entiendo, pues, que no eres el hijo, sino +el nieto de mi salvador y amigo de tu mismo nombre. Permíteme que +reanude contigo los lazos de aquella amistad, que te pague la deuda de +mi gratitud y que estrechamente te abrace. + +Morsamor se dejó abrazar y abrazó también con efusión a Duarte de +Mendaña, recordando el beneficio que le hizo, aunque aceptando que el +bienhechor no había sido él, sino su abuelo. + +--Así es mejor--dijo Tiburcio riendo y por lo bajo--. Así te triplicas y +de ti mismo te forjas antepasados. Así te asemejas a cierto mercader que +el Padre Ambrosio conoció en Roma, de quien contaba que se hizo retratar +en escultura y en pintura, con trajes de todas las edades, hasta de +aquella en que florecieron los Scipiones y los Favios. Con tan buena +maña se formó larga serie de progenitores ilustres. + +Como quiera que ello fuese, el reconocimiento que Duarte de Mendaña hizo +de Morsamor, le sirvió de mucho, allanó dificultades, disipó recelos e +hizo que el Rey le hablase y le recibiese en su corte. + + + + +-V- + + +Recibidos ya en la corte Morsamor y su doncel Tiburcio, lograron pronto +ser estimados y queridos. + +Las fiestas de todo género se sucedían entonces sin un momento de +descanso. El Rey quería celebrar el concertado enlace de su hija la +Infanta doña Beatriz con el Duque de Saboya, y anhelaba deslumbrar a los +embajadores de aquel potentado, que iba a ser su yerno, con el lujo, la +magnificencia y el esplendor de la capital de sus dominios. El tiempo +volaba sin sentir en medio de tantos deleites. Hubo brillantes saraos, +festines, cacerías y giras campestres variadas y amenas. + +Tiburcio, que era muy alegre y decidor, divertía y regocijaba a las +damas y tenía con ellas mucho partido. No alcanzaba tanto favor con los +hombres. Tal vez le envidiaban muchos. Tal vez se dolían otros de la +insolente suerte con que les ganaba el dinero cuando jugaban a los +dados. + +De todos modos, aunque era muy lucido el papel que Tiburcio hacía, +Morsamor se adelantaba en lucimiento y obtenía aplausos mayores. + +Muy celebrado fue Tiburcio por la serenidad y la destreza con que en una +montería a caballo, hirió con su rejón un enorme y espumante jabalí, +dejándole muerto. Pero Morsamor aún fue más aplaudido, porque, en +cerrado coso, a caballo, y armado también de frágil bastón en cuya +extremidad había acicalado hierro, lidió y mató bravos toros entre las +entusiastas aclamaciones de caballeros y de damas. + +Sin duda entonces hubo de prendarse de Morsamor doña Sol de Quiñones. Lo +cierto es que él se prendó de ella, hizo gala de que la servía y vistió +sus colores. + +Cuando se dispuso que hubiese también algo a modo de justas, donde los +caballeros luciesen su habilidad en varios ejercicios a la jineta, +corriendo sortijas y tirando bohordos, Morsamor quiso tomar parte en las +justas y lucir en ellas una empresa significativa de los sentimientos +amorosos que doña Sol le había inspirado. + +Consultado sobre el caso a Tiburcio, que de todo entendía, Tiburcio hubo +de decirle que no le parecía mal su propósito, con tal de que la empresa +no fuese sobrado jactanciosa, ni tampoco muy clara ni muy obscura, sino +dotada de la discreción conveniente y con lema, mote o divisa de notable +concisión y más bien en latín que en idioma moderno. + +Tiburcio añadió luego: + +--Esto de las empresas es usanza muy agradable y muy seguida en el día. +No hay príncipe, ni monarca, ni valiente y enamorado caballero que no +guste ahora de salir luciendo alguna empresa, ya en su sobreveste, ya en +su bandera o estandarte, ya en la cimera de su yelmo. Algunas de estas +empresas han sido y son muy celebradas por el tino y primor con que +expresan el pensamiento, la intención o el valer de quien las usa. De +aquí que varones muy doctos no han desdeñado inventarlas, sino que lo +han tenido a mucha gloria. De Antonio de Nebrija, egregio maestro en +Castilla de letras humanas, se cuenta que inventó la empresa del Rey D. +Fernando el Católico, la cual era el nudo gordiano, desbaratado y roto +por la mano y espada de Alejandro, con un letrero que decía: _Tanto +monta_, o sea que es lo mismo romper que desatar. Y más tarde el Sr. +Luis Marliani, Obispo de Tuy y médico y matemático insigne, inventó +empresa todavía mejor, para el César Carlos V, reemplazando el eslabón +de Carlos el Atrevido, Duque de Borgoña. Y fue y es la tal empresa la +representación de las columnas de Hércules, con esta letra: _Plus +ultra_; breves, elocuentes y sublimes palabras, que evocan en la mente +de quien las lee la inmensidad del Océano, las islas y los continentes +incógnitos, el nuevo mundo en suma, descubierto y dominado por la +tenacidad, la osadía y la ventura de los hijos de Iberia. Empresas +políticas son estas; pero también los galanes enamorados han solido +inventar en ocasiones muy graciosas y gentiles empresas. Veamos si a ti +se te ha ocurrido alguna que merezca elogio y que convenga a tus fines. + +Morsamor contestó: + +--En verdad, se me ha ocurrido una empresa, que me parece bien. Si peca +por algo, es por ser sobrado clara. Pongo yo un campo dividido en +quiñones o suertes, pero que nadie puede cultivar ni gozar porque le +rodea una salamandra que en torno del campo se enrosca. Y en el centro +hay un sol de oro cuyos rayos enamoran a la salamandra a par que la +queman. Y de la boca de la salamandra sale una cinta que va hacia el sol +y lleva este escrito: _En ti vivo, muero y ardo_. + +Tiburcio no pudo menos de hallar la empresa sutil e ingeniosa; pero como +era muy franco y decía su parecer sin rodeos y aconsejaba con toda +libertad, habló a Morsamor de esta suerte: + +--De perlas encuentro yo todo eso. He de permitirme, no obstante, hacer +algunas observaciones, y aun de atreverme a aconsejarte y amonestarte, +pues aunque novicio y más joven que tú, soy como el apoderado y +representante del sapientísimo Padre Ambrosio, en cuyo nombre hablo. +Declaro, pues, en su nombre, que estos enamoramientos son un tanto +cuanto pueriles y pueden ser perjudiciales. ¿Has venido acaso a nueva +vida por la virtud pasmosa de la ciencia para volver a las andadas e +incurrir (perdóname que así las califique) en las mismas locuras y +sandeces de tu vida anterior? Tú te has remozado para acometer grandes +empresas que honren y glorifiquen a ti y a todo el linaje humano y no +para enamorarte como un bobo de una damisela entonada y cogotuda que +acabará por apartarse de sí con melindroso desprecio cuando se satisfaga +y harte su amor propio de recibir adoraciones. Si yo creyese como +Pitágoras que las almas transmigran y que van sucesivamente informando +distintos cuerpos, lo que recelo que pasa en ti, me inclinaría a +entender que de nada vale la tal transmigración para el adelanto de las +almas. Aunque tuviésemos siete vidas como los gatos, haríamos en la +séptima simplezas no menores que en la primera y daríamos idénticos +tropiezos y caídas. Nada censuraría yo si se limitasen estos amoríos a +ser un galante y fugaz pasatiempo, pero los hallo muy mal si son serios. +El inaudito esfuerzo que el Padre Ambrosio hizo para remozarte, no debe +tener tan mezquino resultado. + +--Tu amonestación--contestó Miguel de Zuheros--es infundada y hasta +perversa. Blasfemas calificando de sandio y de mezquino al amor, germen +fecundo de virtudes y de grandes acciones. Acuérdate de la divina fábula +de Esopo. Amor bajó del Olimpo para consolar al linaje humano. En el +banquete de los dioses faltó la antigua alegría porque Amor estaba +ausente. Amor volvió entonces al cielo y rara vez y muy de pasada acude +al mundo, donde sus menores hermanos, hijos de las ninfas, toman su +apariencia y le imitan hiriendo las almas vulgares. Pero el verdadero y +celeste Amor hiere las almas escogidas, e hiriéndolas, las habilita y +dispone para llevar a cabo las más altas hazañas. De este celeste Amor +imagino y pretendo yo estar herido. ¿En qué contraría, en qué desluce o +esteriliza semejante enamoramiento el propósito que pudo tener el Padre +Ambrosio al remozarme? + +--Mucho podría yo argumentar en contra--replicó Tiburcio--. Para impulso +de grandes hazañas, preferiría yo en ti el amor de la gloria, el de la +patria, el de todo el humano linaje, el de Dios mismo y no el de una +mujer cualquiera. Tal amor tiene no poco de idolatría. Tú te le finges +espiritual y alambicado, mas yo sospecho que no lo es. Yo le creo nacido +del consorcio de tu vanidad mundana con cierto prurito que proviene sin +duda de que al Padre Ambrosio se le fue la mano cuando compuso la poción +preparatoria que te propinó antes de remozarte, vertiendo en ella en +demasía cierto ingrediente: el zumo de las mandrágoras con que Lía +apartaba a Jacob de Raquel y le atraía a su regazo. + +--Inverosímil parece--interpuso Morsamor--que tú, siendo tan mozo, dudes +de lo verdaderamente poético o más bien lo niegues, entregándote a +cavilaciones diabólicas. + +--¿Quién sabe?--dijo Tiburcio--. Posible es que tenga yo algo de diablo, +pero, aun así, yo sería siempre un diablo muy puesto en razón y muy +juicioso. + +Sin enojo oyó Morsamor las amonestaciones de Tiburcio, pero no atendió a +sus consejos y siguió pretendiendo y rindiendo culto a doña Sol de +Quiñones. + +En las justas figuró con brillantez y lució la empresa que él mismo nos +ha descrito. + +Hubo en palacio otra magnífica fiesta. El egregio poeta Gil Vicente +había compuesto un auto alegórico y mitológico para celebrar la boda de +la Infanta y desearle toda ventura en su viaje a los Estados de su +esposo. El auto se representó en palacio con gran lujo y primor en los +adornos y vestimentas de cuantos farsantes figuraron en él. + +Nada menos que la Divina Providencia toma las convenientes medidas y lo +apercibe todo para que la navegación de la recién desposada sea +próspera, decorosa y grata. A este fin llama a Júpiter y le encomienda +el asunto. Júpiter entonces convoca y reúne a las divinidades de los +mares y de los vientos y con ellas arregla y ordena tan benignamente las +cosas que la Infanta puede llegar al puerto de Villafranca, sana, salva +y complacida, como llegó en efecto. + +El lindo y candoroso auto de Gil Vicente se titula _Cortes de Júpiter_, +y fue muy aplaudido por el noble auditorio. Pero, en medio de los +aplausos, no faltaron cortesanos y damas que en voz baja hablasen de un +sujeto cuya ausencia no extrañaban aunque hacían sobre ella comentarios, +tal vez piadosos, tal vez malignos. + +Era este sujeto el trovador Bernardín Riveiro, estimado como nuevo +Macías. Nadie ignoraba su audacia, su fervoroso amor a doña Beatriz. Y +no pocos creían que ella había correspondido a aquel amor con afecto tan +puro como vehemente. Por cierta se daba la desesperación de Bernardín +Riveiro al ver que iba a ausentarse el alto objeto de su adoración y de +su culto. ¿Dónde habría ido Bernardín Riveiro a ocultar su dolor o más +bien a darle en la soledad rienda suelta? Esto se preguntaban los +caballeros y las damas, si bien se lo preguntaban como profundo misterio +que todos sin embargo sabían. De lo que tal vez se dudaba era de si +compartía doña Beatriz la pena del trovador, de si engreída con la pompa +nupcial y con su triunfo, no se cuidaba de aquella pena o de si la +convertía en su corazón en melancolía suave, en algo a modo de ensueño +dulce, triste y vago que la brillante realidad iba desvaneciendo como se +desvanece la pálida luz de las estrellas ante el alegre esplendor de la +rosada aurora. + +Como quiera que fuese, la Infanta doña Beatriz, acompañada de los +embajadores, de su esposo y de gran comitiva de damas y de señores +ilustres de la primera nobleza de Portugal, partió al fin de Lisboa para +Villafranca de Niza. El Rey, su padre, y la señora Reina fueron +embarcados hasta el convento de Belén para despedirla. Y de allí zarpó +la magnífica armada de dieciocho bajeles, tan poderosos y bien +artillados que, como dice Gil Vicente en su auto, no podían menos de +hacer temblar al turco. + +A poco de la partida de la Infanta doña Beatriz, la corte se fue a +Cintra, deliciosa residencia de verano. + +Morsamor, como gran forastero, siguió a la corte, acompañado de su +doncel Tiburcio. + +Aún no hermoseaban a Cintra los espléndidos bosques de camelias que le +prestan hoy tan singular atractivo. En la más elevada cumbre de sus +montes no resplandecía aún restaurado el castillo que llaman de la Peña, +donde el maravilloso ingenio artístico del Rey D. Fernando, consorte de +doña María de la Gloria, ha mostrado su inspiración y lucido su +inventiva, labrando la piedra con mil primorosos caprichos y dando ser a +un extraño monumento arquitectónico que más que de hombres parece +vivienda de silfos y de hadas. + +Cintra, no obstante, era entonces tan encantadora como en el día. +Aquellos cerros, que estriban en el Atlántico y forman el promontorio +más occidental de Europa, parecían tener, en edad de tanto predominio y +triunfo de los portugueses, un simbólico significado; eran el trono de +flores y de perenne verdura, donde había venido a sentarse el Genio de +Portugal para derramar luz sobre el Mar Tenebroso, abrir nunca hollados +caminos y extender su conocimiento y su dominación por los más apartados +países y entre los más diversos pueblos. + +Flora y Pales han prodigado sus tesoros en aquellos sitios. Arroyos de +agua cristalina fecundan por donde quiera el suelo y dan grata frescura +al ambiente, embalsamado por la esencia olorosa de una vegetación +exuberante. Árboles lozanos y gigantescos crecen hasta en los más +elevados picos, arraigan hasta en las hendiduras de las peñas y forman +enramadas y verde bóveda sobre los mil senderos y veredas que cruzan los +valles y que serpentean por la falda de los cerros, dibujándose como +bordado de oro sobre el florido manto y sobre la mullida alfombra de +hierba fresca que por todas partes se extiende. + +Además del regio alcázar, ya había entonces en Cintra no pocos palacios +y quintas de particulares ricos y no faltaban hospederías donde los +extranjeros pudieran albergarse. + + + + +-VI- + + +Doña Sol y algunas otras damas de palacio habían acompañado a la Reina a +Cintra. Natural era que hubiesen acudido allí también los galanes que a +estas damas servían. + +Algo me incumbe decir aquí de que me pesa por dos razones. Es la +primera, que lo que yo diga como historiador verídico redunda quizá en +menoscabo, aunque ligero, de la alta opinión que de doña Sol debe +tenerse. Y es la segunda que no acierto a decirlo, sin grandes rodeos y +perífrasis, a no valerme de términos o vocablos disonantes por su +anacronismo. + +Nadie ignora en el día lo que significa _coquetear_. Otro verbo novísimo +se va introduciendo ya en nuestro idioma, verbo que no sé bien si +expresa la misma acción del coqueteo o si tiene un leve diferente matiz, +que se opone a la completa sinonimia. _Flirtear_ es el verbo novísimo. + +Permítaseme, pues, que, desechando mis escrúpulos morales y +lingüísticos, me atreva a declarar aquí que doña Sol era muy inclinada a +coquetear o a _flirtear_ y que con Morsamor había coqueteado o +_flirteado_ mucho. + +El anhelo de ser servidas y adoradas es tan poderoso en las mujeres, aun +en las más recatadas y honestas, que las mueve a atropellar muchos +respetos y a ponerse en ocasión de graves dificultades y compromisos. + +Sin duda no fue amor lo que Miguel de Zuheros inspiró a aquella dama: +fue sólo sobrada y muy poética estimación de su gallarda apostura, +elegancia, bizarría y ameno trato. Pero, al distinguir a Morsamor con +inocentes favores, al atraerle con blandas sonrisas y con apenas +perceptibles, fugaces y dulces miradas, y al mostrarse con él más +conversable y benigna que con los otros hombres, doña Sol hizo que él se +engriese y se juzgase correspondido. Doña Sol entonces hubo de asustarse +de su poca prudencia, y deseosa sin duda de cortar las alas a los +atrevidos pensamientos que ella misma había hecho nacer en el alma de +Morsamor, apeló a un recurso, empleado con harta frecuencia, aunque por +demás peligroso. Para que Miguel de Zuheros reconociese que no era amor +lo que por él sentía, sino gratitud a sus rendimientos y obsequios y +cierta vaga e indecisa predilección doña Sol atrajo y cautivó, aunque +con menos marcados favores, con menos blandas sonrisas y con miradas +menos dulces y más fugaces, a otro caballero de los que en la corte +asistían. + +El remedio fue peor que la enfermedad. El nuevo galán semi-favorecido +fue Pedro Carvallo, hidalgo poco sufrido y en extremo orgulloso por las +riquezas y por la fama de valiente soldado que de la India había traído. +Pedro Carvallo era además infatigable emprendedor en conquistas amorosas +de todo linaje. Con igual ahínco acometía la más fácil como la más +difícil empresa, y ya le hemos visto aparecer en esta historia +acompañando a la célebre aventurera italiana Donna Olimpia de Belfiore. + +Con gusto entró Pedro Carvallo en más arduo y noble empeño. Y sobre el +contento y la satisfacción de amor propio que por enamorar a tan bella e +ilustre dama se prometía, hubo de prometerse también desbancar y +humillar a aquel castellano intruso, a quien sin saber porqué, puede ser +que por envidia, había cobrado odio desde que le vio por vez primera. + +Pedro Carvallo, no obstante, distó mucho de conseguir su propósito. Doña +Sol no le favoreció sino hasta el punto de hacer notar que su afecto +hacia Morsamor no era exclusivo, y siguió otorgando a Morsamor favores +más marcados y preferencia más clara. + +Así acrecentó y emponzoñó doña Sol en el alma de Pedro Carvallo el enojo +que Morsamor le Inspiraba. Y como Pedro Carvallo era poco circunspecto y +muy jactancioso y no sabía refrenar la lengua, habló en varios sitios y +con no pocas personas, contra el aventurero castellano y hasta llegó a +decir que le provocaría, le retaría y le daría muerte. + +Nadie, por fortuna, llevó a los oídos de Morsamor tales fieros y +jactancias. Pero la Reina, con la propia condición de mujer, y más aún +de la que vive retraída y desocupada, se complacía en saber todas las +intrigas y sucesos, sobrando siempre damas de la servidumbre que se +empleasen a porfía en averiguarlos y en contárselos luego. + +Pronto, pues, supo la Reina la rivalidad de Pedro Carvallo y de +Morsamor, así como las coqueterías de doña Sol que la habían causado. La +Reina no tardó entonces en reprender severamente a su dama favorita. +Doña Sol se arrepintió, lloró y prometió enmendarse. Hizo examen de +conciencia y creyó sacar en limpio del examen que no amaba aunque +agradecía; que la habían deleitado y lisonjeado el acatamiento y las +finuras amorosas de ambos galanes, pero que no estaba prendada de +ninguno de ellos y que sin pena quería y podía despedir al uno y al +otro. + +Entre tanto, en Cintra no era como en Lisboa. En Cintra no había en +palacio grandes fiestas, sino íntimas reuniones. + +Morsamor y Pedro Carvallo no eran de los íntimos, no iban a palacio y en +balde procuraban acercarse y hablar a doña Sol, a quien sólo veían rara +vez y desde lejos. + +No por eso desistían ellos de sus pretensiones. Muy pertinaces y tercos +eran los dos. La Reina acabó por enfadarse de encontrarlos siempre a su +paso cuando salía del alcázar e iba a cualquiera parte. El temor de que +sobreviniese un conflicto aumentaba su enfado. + +La Reina volvió entonces a reprender a doña Sol y esta alegó que ya no +tenía culpa. Y al cabo para mostrar mejor que no la tenía y para lograr +que acabasen aquellos obstinados galanteos, concertó con la Reina el +medio que le pareció más prudente. + +Doña Sol no podía escribir decorosamente a ninguno de los dos galanes ni +para despedirlos siquiera. El encargado de todo, por la Reina misma, fue +el anciano Duarte de Mendaña, que tenía empleo en palacio y que había +sido el que introdujo a Morsamor en la corte, según ya referimos. + +Duarte de Mendaña se apresuró a cumplir con su comisión. Visitó primero +a Pedro Carvallo, le enteró del enfado de la Reina y en nombre de su +Alteza y con pleno y libre consentimiento de doña Sol, le intimó que +desistiese de sus pretensiones y persecuciones. + +Duarte de Mendaña, más severamente aún y con no menor recato, habló con +Morsamor, le robó de parte de doña Sol toda esperanza de ser amado de +ella y le exigió que no siguiese pretendiéndola. + +Grandes fueron el pesar y la rabia de Morsamor luego que recibió tan mal +recado. + +Con descompuestos ademanes, el entrecejo fruncido y crispados los puños, +acudió Morsamor a su confidente Tiburcio para desahogarse hablando del +caso. + + + + +-VII- + + +Con entrecortadas y rápidas frases refirió Morsamor a Tiburcio su +conversación con Duarte de Mendaña. + +Luego añadió Morsamor: + +--Ya ves cuán cruel ha sido mi desengaño. Casi me arrepiento de haber +querido volver a ser joven. Viejo y retirado del mundo, ni yo me +enamoraba de nadie ni nadie me desdeñaba. ¿Qué puedo yo ser en esta +nueva vida sino el arrendajo miserable, la mal trazada copia del pobre +Bernardín Riveiro? + +--Cálmate, Miguel, y no imagines que debes ser copia de original tan +menguado y atribulado. Yo topé con él varias veces y me dio lástima y +grima el verle. Ya iba cruzando por entre las breñas e internándose en +lo más esquivo, ya emulando con las cabras monteses, saltaba por esos +vericuetos. Dos o tres veces pasó cerca de mí y me causó horror. Rota y +manchada la vestidura y enmarañado el cabello, más parece fiera que +hombre. Seguro estoy de que en las venideras edades no han de creer y +han de negar los críticos juiciosos estos ridículos desatinos; pero yo +los he visto y no puedo negarlos. Bernardín Riveiro, por otro lado, +tiene algún fundamento para hacer lo que hace. La Infanta había +correspondido a su pasión; le había querido y había dejado de quererle, +pues se casó con otro. Tú distas mucho de hallarte en el mismo caso. Ni +doña Sol es Infanta, ni doña Sol te ha querido nunca, ni inspirado tú +por doña Sol has de escribir églogas, canciones, romances e historias en +prosa que te inmortalicen. Dado que le imitases, sólo imitarías a +Bernardín Riveiro en lo tonto. Serías la víctima candorosa de ciertas +invenciones poéticas, falsas o exageradas, que deleitan mucho en el día, +como, por ejemplo, la famosa _Questión de Amor_. Indigno de ti y más que +ridículo sería que te empeñases en traer a la vida real los ensueños de +la fantasía y en convertir las flores retóricas en hechos. Bien está que +se diga: + + El primer día que os vi + tan mortal fue mi ferida + que en veros quedé sin vida + y el vivir se vio sin mí. + +Y todavía me parece mejor, más alambicado y más agudo, aquello otro que +con tintas variantes suele repetirse: + + Morir a vivir prefiero; + y de tu beldad cautivo, + o no vivo porque vivo + o muero porque no muero. + +No creas que no me deleitan estas y otras coplas parecidas. Son muy +ingeniosas. Pero del dicho al hecho, hay gran trecho. Y el Padre +Ambrosio tendría una desazón enorme si viese frustrado el buen éxito de +su ciencia pasmosa y que no había valido el remozarte sino para que tú +hicieses sin razón la parodia de Beltenebros en la Peña pobre. Si es +verdad lo que se refiere de D. Enrique de Villena, yo me complazco en +esperar que no salga jamás de la redoma a vivir segunda vida para +incurrir en las mismas necedades que hizo en la primera. Escarmienta tú +en el caso del monje Teófilo, cuya historia nos refirió el poeta Berceo, +y escarmienta en otros casos de algunos sujetos que ya se remozaron con +el auxilio del demonio y no disparates como ellos disparataron. +Considera que tú tendrías menos disculpa, porque no te has dado al +demonio como se dieron ellos y porque esta juventud nueva, que te ha +caído encima como llovida del cielo, no se debe a Satanás, sino a +ciencia y arte muy sanas. Indispensable es, por consiguiente, que tú te +conserves sano también, que mires por tu gloria, que aproveches la +ocasión que de alcanzarla se te ofrece y que no hagas muchas tonterías. +Lícito te será, a mi ver, hacer algunas, por distracción y como de +pasada, pero tu mira principal debe ponerse muy alto. + +--Tan conforme estoy contigo en lo esencial--dijo Morsamor--que tu +sermón es inútil porque predicas a un convertido. Antes que todo y sobre +todo yo quiero gloria y harto sabes tú cuan dispuesto y apercibido estoy +a buscarla. Concertado lo tengo todo con los ricos mercaderes genoveses +Gabriel Adorno y Gaspar Salvago. La gruesa nave que ellos han fletado y +con real privilegio han cargado de mercancías nos aguarda ya en Cascaes, +pronta a zarpar para la India. Las direcciones náutica y mercantil están +encomendadas por dichos mercaderes a un hábil piloto y a un +administrador inteligente, pero yo he de ser el verdadero capitán de la +nave y el que gobierne y ordene en ella cuanto importe a la defensa de +las riquezas que conduce y cuanto sea menester para castigar y arrollar +a los enemigos de la fe de Cristo, mahometanos o idólatras, que se +atraviesen en nuestro camino. Iremos con la expedición que manda a +Oriente el Rey D. Manuel y estaremos a las órdenes de su almirante y de +su virrey, pero gozaremos de cierta independencia que yo sabré hacer +mayor cuando conviniere. Acaso mañana mismo nos podremos ya dar a la +vela. ¿Qué inconveniente hubiera habido en que yo, en vez de salir +desdeñado, saliese alentado por el favor de una dama, señora de mis +pensamientos, por sus promesas de ser mía cuando yo volviese triunfante +y por el anhelo de acometer y dar cima a grandes hazañas para poner a +sus pies mis laureles y mis trofeos? + +--Bello era tu plan--replicó Tiburcio--pero de falsa y vana belleza. Un +gran propósito se empequeñece cuando se subordina a fin pequeño. Por la +patria a que perteneces, por la raza de hombres, cuya religión, cultura +y lenguaje sostienes y defiendes, por amor de todo el humano linaje, por +el afán de lograr altos fines a que puedes creerte como fadado y +predestinado, comprendo que no haya empresa a que no te aventures; +comprendo que todas ellas sean sublimes por la elevación del término que +tú les busques. Pero, si todo se hace por lisonjear la vanidad de una +dama, todo será también vanidad y lisonja, y nada serio habrá en ello ni +digno de varón discreto y prudente. Extraños fueron a los sandios +enamoramientos que tú fantaseas los héroes sanos de cuerpo y de alma que +hubo en las antiguas edades. Y si por acaso caía alguno de ellos en +sandez por el estilo era para su vencimiento y vergonzosa desventura. +Sírvante de lección la vida y los amores de Marco Antonio y Cleopatra, +que habrás leído o habrás oído referir a personas doctas. + +--Juiciosa es la doctrina que expones--interpuso Miguel de Zuheros--. No +atino contradecirla ni a disputar contigo. El corazón, no obstante, +puede más que la cabeza. Y no bastan todas tus reflexiones, que hago +mías, para que deje yo de lamentar la pérdida de la ilusión que me había +forjado: que el recuerdo de doña Sol fuese como la estrella que me +guiase en mis peregrinaciones, y que mi amor y mi esperanza de ser amado +me prestasen aliento para dar cima a las proezas más altas. Te confieso +que la pérdida de esta ilusión me tiene harto triste, aunque me esfuerzo +para no estarlo. + +--Bueno será--dijo Tiburcio--que sacudas de ti esa melancolía. El +abatimiento y la tristeza enervan a los hombres y los incapacitan para +todo. Menester es que tu ánimo se regocije. No se riegan con lágrimas +los laureles. La alegría es quien mejor cuida de ellos y hace que +florezcan lozanos. + + + + +-VIII- + + +De acuerdo con lo ya expuesto, el previsor y hábil Tiburcio lo preparó +todo de la manera más conveniente, para que la partida de Morsamor no +fuese con lágrimas humillantes y amargas, como nacidas de desdenes, sino +con alegría, y hasta con cierto estrépito y alborozo según a un héroe y +futuro conquistador correspondía y cuadraba. + +Tiburcio era un hurón para descubrir y acosar su presa, por muy borrado +que el rastro quedase en la pista y por muy oculta que fuese la +madriguera. + +No acertaremos a explicar con qué arte diabólico Tiburcio había +averiguado que al anochecer del día anterior dos gentiles damas, +conocidas suyas, habían llegado a Cintra muy recatadamente, y habían ido +a instalarse en una hermosa casa de campo que allí poseían los señores +Adorno y Salvago. + +La casa estaba lejos de la población, en lugar retirado y esquivo, más +allá de la sombría quinta que fue más tarde de D. Juan de Castro, y en +amenísimo valle, camino de Colares. + +Los genoveses, viudo el uno y solterón el otro, aunque eran ambos de +edad provecta, enemigos del escándalo y muy inclinados a la devoción, +gustaban de echar de vez en cuando una cana al aire, sin perder su grave +circunspección y con la debida cautela. En aquellos días, estaban +afanadísimos con los preparativos y el embarque de víveres y de otros +bastimentos que por contrata debían hacer y que hacían para la salida de +la flota. + +No bien esta se diese a la vela, se proponían ellos reposar de sus +fatigas y recrearse y holgarse en su retiro campestre, con un idilio +delicioso y bien concertado. A este fin, enviaron por delante, para que +lo tuviesen todo dispuesto y los aguardasen nada menos que a donna +Olimpia de Belfiore y a su compañera Teletusa. Ambas, se comprometieron +con gusto y fueron a esta excursión. + +Donna Olimpia era muy singular mujer por todos estilos. Se preciaba de +bien nacida, de leal en sus tratos, de fiel a sus compromisos y de tener +una conciencia tan escrupulosa y estrecha, cuanto su profesión +consentía. + +Jactábase donna Olimpia de la nobleza de su cuna, procuraba hacer creer +que era su familia del patriciado de Venecia y que figuraba en el _Libro +de oro_, y aun llegaba a afirmar en ocasiones que en el Tribunal de los +Díez se había sentado un tío suyo. + +Años atrás, donna Olimpia había figurado con brillo en los saraos de la +bella Imperia, Aspacia del siglo de León X, como la cortesana de Mileto +lo había sido del de Pericles. Donna Olimpia, satélite ya de un astro +tan refulgente, acaso hubiera llegado a igualarse con dicho astro, si su +desatentada afición a correr mundo y ver tierras extrañas no lo hubiese +estorbado. Era tal afición, que Pedro Aretino, autor de la preciosa +historia de _La p... errante_, pensó con insistencia en tomar a donna +Olimpia por modelo, para dotar su historia de una segunda parte más +variada y peregrina. Acaso impidió que dicho propósito se realizase la +repentina muerte de Pedro Aretino, el cual, según aseguran, aunque donna +Olimpia, que era muy su amiga, lo negaba como calumniosa patraña, murió +de risa, al oír contar los embustes, embelecos y travesuras de una +hermana suya, famosa por sus devaneos. + +Como quiera que fuese, donna Olimpia, según hemos dicho, tenía la +conciencia muy estrecha y jamás faltaba a sus compromisos, a no ser +sorprendida por irrupciones y agresiones inesperadas y violentas. + +Había, sin embargo, quien la acusase de que una vieja, llamada la señora +Claudia, que iba siempre en su compañía como aya o como dueña, solía +preparar dichas irrupciones y agresiones. A lo que parece, la señora +Claudia había caído en aquellos días del favor de su ama, suplantándola +Teletusa que se había apoderado de su voluntad por completo. + +Empleado Morsamor en sus rendimientos y obsequios a doña Sol, no había +vuelto a ver y apenas había recordado a donna Olimpia, desde que la vio +salir de Belén el día del Rey: pero donna Olimpia, aunque distraída y +empleada también a su manera, nunca había dejado de recordar a Morsamor +desde entonces, porque le hizo impresión viva y profunda y porque daba +por cierto que en toda nuestra península no había ni podía haber galán +más apuesto y hermoso, ni más gallardo y gentil hombre. + +Tiburcio que, libre de amores platónicos, privaba tiempo hacía con +Teletusa, sabía por ella el buen concepto que donna Olimpia tenía de su +amigo y la inclinación que hacia él le llevaba. + +Aquella tarde vio Tiburcio a Teletusa, y juntos concertaron un plan muy +alegre y una grata sorpresa para donna Olimpia. + +A la hora de ánimas, Miguel y Tiburcio cenaron juntos en su posada, y ya +solos y de sobremesa, con la regocijada confianza que el haber comido y +bebido bien inspiran, Tiburcio expuso a Morsamor lo sustancial de su +plan, venció su repugnancia y logró que le aceptase para desechar +melancolías y para consolarse de los desdenes y sobreponerse a la +altivez de la noble amiga de la Reina. + +Para no dar tiempo a que Morsamor lo reflexionase y se arrepintiese, +Tiburcio le condujo enseguida a la casa de campo donde las dos ninfas +vivían. + +A un silbido de Tiburcio, que era la convenida señal, Teletusa, que +estaba aguardando, abrió sin ruido la puertecilla falsa del jardín, y +guiándolos por lo más umbrío de la frondosa espesura, los introdujo en +la casa, subió con ellos la escalera, atravesó corredores y salas, y +vino a parar a amplio dormitorio escasamente alumbrado por tres velas de +cera, puestas en un candelabro de plata, sobre una mesa que estaba en el +centro de la estancia. Teletusa que tenía a Morsamor de la mano, le dijo +entonces con voz dulce y sumisa: + +--Quedaos aquí, señor Morsamor, que pronto vendrá quien os alegre y se +alegre de veros. + +Y dicho esto, sin que hubiese vagar para contestación o pregunta, +desaparecieron Teletusa y Tiburcio con ella, dejando a Morsamor solo. + +Solo ya, recapacitó Morsamor sobre lo que había hecho y casi se +arrepintió y se afligió de su viciosa ligereza. Indigno del héroe que él +anhelaba ser, hallaba aquel tan ruin comienzo de altas caballerías: +entrar con engañoso recato en casa ajena como ladrón astuto, y todo para +alcanzar los venales y fáciles favores de una cortesana. + +Donna Olimpia tardaba en venir, y con la soledad y, con la impaciencia +crecía en Morsamor el disgusto de haber cedido a los propósitos de su +doncel, tan juicioso cuando hablaba en contra de las locuras sublimes, +como ligero y hasta cínico cuando se trataba de otra clase de locuras. + +Contrariado Morsamor, se sentó en una silla en el rincón más obscuro de +la estancia y casi a los pies del lecho con colgadura que había en ella. + +En medio de sus cavilaciones, oyó o creyó oír de súbito voces y +carcajadas que a lo lejos sonaban por el lado derecho del sitio en que +estaba él. Sin tiempo para pensar en lo que aquello sería, pero movido +de recelosa curiosidad, intentó Morsamor ir adonde sonaba el ruido a fin +de enterarse de todo. En pie estaba ya para realizar su intento, cuando +por el lado contrario, se abrió una puertecilla, penetró por ella un +bulto y Morsamor oyó una voz varonil que decía: + +--¡Voto a los demonios todos del infierno! ¡Olimpia! ¡Olimpia! ¿Estás +ahí? Al fin, tropezando en la obscuridad y dándome de calabazadas contra +las paredes creo que he logrado llegar a tu cuarto. Esa maldita vieja +Claudia me dejó solo, prometiendo volver para guiarme. Tardaba en volver +y yo me cansé y he venido sin guía. Aquí estoy, Olimpia. + +Con pasmosa serenidad y reposo, aunque harto previó las fatales +consecuencias que podía tener aquel encuentro, Morsamor se adelantó +hacia el personaje que había entrado y le dijo: + +--Mucho lamento, señor Pedro Carvallo, pues la luz de las bujías os da +de lleno en la cara y os he reconocido, que la casualidad nos reúna aquí +donde y cuando los dos esperábamos encuentro más grato y suave. + +Era Pedro Carvallo, el hombre de más violento carácter y más iracundo +que hubo en Portugal en aquellas edades. Terrible era además su encono +contra Morsamor, primero por natural antipatía, y después por su +rivalidad en amores con doña Sol, de quien Morsamor, en cierto modo +había sido harto más favorecido. + +Pedro Carvallo ardió, pues, en cólera al oír y ver a Morsamor, y le +replicó de esta suerte: + +--Mi encuentro contigo, no será ni quiero que sea suave, pero me será +grato. Tiempo ha, que me tienta el demonio con el prurito de matarte, y +ahora me ofrece la ocasión más propicia. ¡Defiéndete, miserable! + +Y Pedro Carvallo desenvainó la espada y se puso en guardia adelantándose +hacia Morsamor. + +Este, desdeñando la provocación y el insulto y procurando aún excusar un +lance que le parecía poco o nada honroso, dijo a Pedro Carvallo: + +--Sosegaos, señor, y no llevemos a tan crudo extremo este negocio. Ruin +fundamento tendrían nuestro duelo y la muerte de cualquiera de nosotros +dos en esta casa extraña, y que ambos hemos asaltado. Vergonzosa sería +la victoria del que saliese vivo de aquí, y más vergonzoso el término de +quien aquí quedase muerto o herido. + +--La poca vergüenza--contestó Pedro Carvallo feroz y groseramente--es la +de esas viles palabras con que tratáis de disimular vuestra cobardía. +Defendeos o mataros he como a un perro. + +Pedro Carvallo se abalanzó entonces con furia contra Morsamor. + +Morsamor sacó la espada, le recibió con calma y paró con inaudita +destreza todas sus cuchilladas y estocadas. Repugnaba Morsamor darle +muerte. Estaba seguro de su inmensa superioridad. Lo descompuesto y sin +arte del ataque ponía en su poder a Pedro Carvallo; pero Morsamor, por +eso mismo, consideraba más odioso dar sangriento término a la lucha con +aquel energúmeno, ciego por el rencor y la soberbia. + +La lucha, no obstante, se iba prolongando demasiado. Pedro Carvallo, +aunque inhábil, era fuerte y menudeaba sus golpes con tanto brío, que +los quites de Morsamor tenían que ser también muy violentos. En uno de +estos quites, Morsamor dio de plano y con tanta fuerza en el brazo de su +contrario, que le derribó por tierra la espada. + +Generosamente se contuvo Morsamor, para que el desarmado volviera a +armarse. Y ya Pedro Carvallo había recogido la espada; y sin tener en +cuenta en su furiosa locura la magnanimidad de Morsamor, se disponía de +nuevo a embestirle, cuando Morsamor se sintió de repente ceñido el +cuerpo en estrecho abrazo y cubierto el rostro de besos. + +Donna Olimpia, + + _In tutto il vezzo, della sua persona,_ + +le tenía asido y exclamaba con jubiloso entusiasmo: + +--_¡O gioja ed orgoglio del mio core! ¡O coraggioso mio drudo!_ + + + + +-IX- + + +Las tiernas y repentinas caricias de la vaga italiana, fueron +acompañadas de un diluvio de improperios y de blasfemias, que salían de +la boca de Pedro Carvallo, haciéndole coro con risotadas alegres +Teletusa y Tiburcio. + +Pedro Carvallo sólo podía herir ya con la lengua. Dos robustos y +estupendos rufianes le tenían bien cogido entre sus enormes manazas +fuertes como el hierro, y Teletusa y Tiburcio, sin dejar de reír, le +ataban de pies y manos con suma destreza y valiéndose de lienzos +retorcidos a falta de cuerdas que por allí no había. + +--¡Matadme o soltadme para que le mate!--gritaba Pedro Carvallo. + +Y Tiburcio respondía riendo siempre: + +--Tiempo te sobró para matarle cuando estabas suelto. Ahora te atamos +por caridad y para que no mueras. + +Blasfemó, chilló e insultó de nuevo Pedro Carvallo. Teletusa pensó y +propuso ponerle una mordaza, pero no lo consintió donna Olimpia y con +voz imperiosa dijo: + +--Llevadle al desván con los otros, echad la llave y traédmela. Que +pasen allí la noche. Ya veremos cómo sin peligro ni escándalo se les da +suelta cuando sea de día. + +Aquellos dos formidables satélites, escuderos de donna Olimpia, y que +ella traía siempre consigo para imponer respeto y tener a raya a los +insolentes, sobre todo, cuando eran _spiantati_, oído el mandato de su +señora, tomaron en volandas a Pedro Carvallo y se le llevaron al desván +con delicadeza y esmero cuidadoso. + +Donna Olimpia así lo recomendaba diciendo: + +--Nada de malos tratamientos. No le hagáis el menor daño. Hasta podéis +desatarle las manos cuando esté en el desván y llevarle de comer y de +beber y un colchón para que duerma. + +Dirigiéndose luego a Miguel de Zuheros, donna Olimpia le dijo: + +--Yo os ruego, señor, que me perdonéis el grave disgusto que os ha +causado el venir a verme. No hubo en ello la menor culpa mía. Toda la +culpa fue de la vieja Claudia, mi criada. Sin encomendarse más que a su +propia codicia, y creyendo que podía disponer a su antojo de Teletusa y +de mí, cuando menos lo recelábamos, cuando ni sabíamos que estuviesen en +Cintra los señores Carvallo y Acevedo, los introdujo aquí a ambos +furtivamente. Dejó solo a Carvallo para que aguardase por un momento su +vuelta y vino con Acevedo a la estancia de Teletusa. Hallábase allí +vuestro amigo el señor Tiburcio, mancebo prudente y listo a maravilla. +Buen doncel y consejero tenéis en él. Si la imaginación humana fuese tan +viva y creadora en nuestros días como lo fue en la antigua Grecia, yo me +daría a sospechar que la diosa Minerva, así como acompañó y guió a +Telémaco en sus peregrinaciones, tomando la figura de Mentor, así os +acompaña y guía al presente bajo la figura de un garzón barbilindo, +disfraz más adecuado, en mi sentir, que el de un vejestorio barbudo. +Pero dejando a un lado alabanzas, diré en cifra y resumen, que Acevedo, +lo mismo que Carvallo, quiso llevarlo todo por la tremenda, y que +prevenidos a tiempo mis dos escuderos, que andan siempre alerta y ojo +avizor, aun antes de que Acevedo y Tiburcio desenvainasen las espadas, +se apoderaron de Acevedo, y con el auxilio de Teletusa y de vuestro +doncel, le ataron chistosamente abrazado a la vieja Claudia y +traspusieron con ellos al desván, donde se los encontrará el Sr. +Carvallo cuando allí llegue. La algazara promovida por estos sucesos que +atrajo al cuarto de Teletusa en donde ocurrían. Tal ha sido la causa de +mi tardanza en venir por aquí, donde algún indicio leve tenía yo de que +tan dulce bien me aguardaba. Por dicha, y merced a vuestra destreza, +serenidad y generosa sangre fría, todos hemos llegado a tiempo de evitar +una tragedia. + +--Y ya que no la hubo--dijo Teletusa--celebrémoslo bebiendo un trago a +la salud de los amos de esta casa que no tienen mal provista la +despensa. No os propongo que cenéis, porque no tendréis gana. Tal vez +habréis cenado ya. Siempre, no obstante, habrá quedado lugar para un +bocadillo de algo picante y salado que sea despertador de la sed. Las +dos criadas de esta casa van a serviros al punto en esta misma mesa. + +En efecto, salió Teletusa y a poco volvió, riendo, brincando y bailando, +con un gran plato levantado en alto en sus manos como si representase a +Herodias. + +--No os asustéis--exclamó--que no os traigo la cabeza de Juan, sino la +de un jabalí, rellena de verdes alfónsigos y de lengua y lomo con mucha +sal, pimienta y otros aliños. Estas manos, que se ha de comer la tierra, +lo han condimentado todo. Estoy orgullosa de mi habilidad culinaria. Ha +sido mi tarea del día de hoy. + +--Bien puedes decir como Tito--interpuso donna Olimpia--que no has +perdido tu día. + +--¿Lo oyes, Tiburcio? Llámame tu Tita que es más breve y más dulce que +tu Teletusa. + +Y diciendo esto, puso sobre la mesa el plato con la cabeza de jabalí. + +Las dos criadas, que entraron en pos de ella, colocaron también sobre la +mesa blanco pan, anchas copas y sendos y grandes jarros. + +Señalándolos Teletusa con el dedo, habló así: + +--Este es vino rancio y seco de Chipre, néctar exquisito, consagrado a +Venus, cuya fue aquella isla, allá en las edades felices en que vivieron +y reinaron las diosas entre los mortales. Este otro es moscatel de +Siracusa, vino del que se embriagaba el Cíclope para consolarse de los +desdenes de Galatea, con el que Arquímedes se inspiraba para sus más +raras invenciones y del que siempre bebía Teócrito antes de componer sus +idilios. No os pasméis, señores, de mi notable erudición. No en balde +soy la discípula predilecta de donna Olimpia. De tal palo tal astilla, +como suele decirse. + +Donna Olimpia y Tiburcio aplaudieron a Teletusa. Y Morsamor, algo +pensativo aún y no muy conforme con que todo aquello se aviniese bien +con su papel de héroe, empezó a rendirse y a contagiarse del regocijo +harto profano que allí reinaba. Morsamor se sintió ebrio antes de beber +el vino. + +--Que mis escuderos vuelvan aquí también--dijo donna Olimpia--para que +coman y beban patriarcalmente con nosotros, que bien lo merecen después +del primor con que se han conducido. + +--Y vaya si lo merecen--dijo Teletusa--. ¡Hola! Asmodeo y Belcebú, +acudid a beber y a regocijaros. Y vosotros, señores Morsamor y Tiburcio, +no os maravilléis ni asustéis de los fingidos nombres que damos a estos +dos galanes (y como ya habían entrado los señalaba), porque sus nombres +verdaderos se guardan para mayores cosas. Ambos son de noble prosapia y +aun creo que algo parientes de donna Olimpia. + +--No hay duda en ello--interpuso esta--. Nuestro parentesco es evidente +aunque remoto. Soy prima quinta de Belcebú y sexta de Asmodeo. + +--Pues que sea enhorabuena--dijo Morsamor, desechando escrúpulos, echado +a rodar su formalidad y tomando parte y aun haciendo el papel principal +en la orgía que hubo de seguirse. + + + + +-X- + + +Resbaladizo y difícil sería describir aquí lo que allí ocurrió después. +La cabeza de jabalí casi desapareció. Los dos enormes jarros quedaron +vacíos. A las risas, a los brincos y a los cantares, con que se animó la +cena, sucedió profundo silencio. Tiburcio y Teletusa se fueron por un +lado. Asmodeo y Belcebú, por otro. + +Sólo la tenue luz de una lámpara velada por el vaso de alabastro en que +ardía iluminó la estancia tranquila, hasta que rayó el alba y sus +resplandores primeros penetraron por la ventana, entreabierta a causa +del calor del estío, penetrando también fresco y manso vientecillo, +impregnado de aromas de mil flores, y el gorjeo de los pájaros que +cantaban en la enramada y saludaban el día naciente. Poco más tarde, en +la gran sala de la quinta, aparecieron Morsamor y Tiburcio, donna +Olimpia y Teletusa y los dos formidables escuderos. Todos se movían y se +afanaban como en el momento que precede a un largo viaje. + +Donna Olimpia y Teletusa estaban hartas de Portugal y habían resuelto +acompañar a Morsamor y a Tiburcio al extremo Oriente. Los hijos de +Lusitania no se les habían mostrado pródigos de los tesoros que de allá +venían y así determinaron ellas ir a buscarlos. El imprevisto lance, +además, de la noche anterior podría acarrearles no pocas desazones, +sobre todo cuando las abandonaran sus dos triunfantes amigos. + +Donna Olimpia había expresado su resolución del modo más terminante. + +--Os seguiremos--había dicho--y os seremos fieles. Unidos, +conquistaremos el mundo. Si fuese menester, hasta nos convertiremos en +amazonas. Teletusa será Bradamente y yo la propia Pentesilea. Yo estaré +contigo, Morsamor, hasta que se harte de mí tu alma. Sólo entonces, y si +acertamos a dar con el verdadero y legítimo Preste Juan, que tantos han +buscado en balde hasta ahora, yo le rendiré, le cautivaré, me sentaré en +su trono y vendré a ser la Papisa Juana del Oriente. + +Teletusa, Tiburcio y los dos jaques, holgaron mucho de oír este +razonamiento; le aplaudieron y le celebraron con risas estrepitosas. + +Allá en su interior, todo aquello repugnaba no poco a Miguel de Zuheros; +pero cierto vehemente atractivo de amor vicioso luchaba con la +repugnancia y la vencía. Morsamor no quiso o no se atrevió a rechazar +los propósitos y ofrecimientos de donna Olimpia. + +Dichos propósitos se cumplieron. + +Apenas despuntó el día, acudieron a la puerta de la quinta dos criados +de Morsamor y Tiburcio con caballos y bagaje. Donna Olimpia y Teletusa, +auxiliadas por los dos jaques, empaquetaron y embaularon sus alhajas, +vestidos y demás prendas. + +Todo esto, así como las mismas damas y sus escuderos, habían de viajar +en mulas que los genoveses tenían en la caballeriza y de las que se +dispuso como de bienes mostrencos. Y no mucho después, antes de que el +sol apareciese y dorase con sus rayos la tierra, todos se pusieron en +marcha, formando alegre caravana y caminando a paso largo hacia Cascaes. + +La llave del desván quedó en poder de las sirvientas de los señores +Adorno y Salvago, para que pusiesen en franquía a la vieja Claudia y a +los señores Carvallo y Acevedo, a las tres horas de haber salido de la +quinta Morsamor y su acompañamiento. + +La nave que mandaba Morsamor era grande y capaz y él podía tripularla a +su antojo. Con holgura, pues, instaló en ella a su gente. Y aquel mismo +día, antes de que el sol rayase en lo más alto del cielo, + + _Yá no largo Oceano navegavam_, + _As inquietas ondas apartando_: + _Os ventos brandamente respiravam_, + _ Das naos as velas concavas inchando_. + + + + +-XI- + + +Donna Olimpia y Teletusa no se mareaban. Se hallaban en el mar como +nacidas: como si fuesen nereidas y no mujeres. Morsamor se sentía +también más a gusto que en tierra, lleno de esperanzas y forjando en su +mente los más audaces y ambiciosos planes. En cuanto a Tiburcio eran de +maravillar sus conocimientos náuticos, su alegre humor y su útil +actividad a bordo. Por la traza seguía pareciendo mancebo de menos de +veinte años, mas por las acciones podría suponérsele viejo y +experimentado navegante. Así se lo decía Lorenzo Fréitas, piloto de la +nave, que tenía más de sesenta años, que había navegado mucho y que +había hecho ya otros dos viajes de ida y vuelta a la India. + +Pronto Lorenzo Fréitas trabó amistad íntima con Tiburcio y se ganó el +afecto y la confianza de Morsamor y de las damas aventureras. + +Iba asimismo en la nave un piadoso y entusiasta misionero franciscano, +cuyo nombre era Fray Juan de Santarén. Grandísima gana llevaba este de +difundir la luz del Evangelio, de convertir idólatras y mahometanos y de +bautizarlos a centenares. No se oponía todo ello a que Fray Juan, +reservando la gravedad solemne para sus futuras predicaciones, fuese por +lo pronto jocoso y alegre como unas sonajas, inclinado a cuidarse y a +tratarse bien para sufrir más tarde las fatigas del apostolado, y harto +propenso a contar chascarrillos y a decir chirigotas, que no siempre +despuntaban por su urbanidad y delicadeza. + +Como cielo y mar estaban serenos y el viento era próspero, el viaje iba +haciéndose con felicidad y prontitud. + +Al subir una mañana sobre cubierta, nuestros seis principales personajes +se extasiaron admirando el azul transparente de las aguas, rizadas +apenas por el soplo de la brisa, donde se reflejaban el más claro azul +del cielo y las ligeras nubes, que parecían de nácar, purpura y oro. La +luz del sol, que se iba levantando, formaba en las ondas rieles +luminosos y se diría que penetraba por curiosidad en el seno +transparente del agua para iluminar las grutas y los alcázares +submarinos que allí se esconden. + +La costa europea había quedado lejos. Sólo mar y cielo se hubiera visto, +sino apareciese ante los ojos encantados de los de la nave, no lejos de +ella y en medio del piélago azul, algo a modo de ingente y precioso +canastillo de flores y verdura, que parecía flotar sobre la superficie +del Atlántico. Mil lozanos y frondosos árboles subían hasta la cima del +cerro que en el centro de la isla se alzaba, como ramillete en forma de +piña, en cuya punta, destacándose sobre el limpio fondo del aire, +resplandecía un blanco santuario de la Virgen, dorado ya por los casi +horizontales rayos del sol naciente. + +--Esa--dijo Lorenzo Fréitas a nuestros cuatro aventureros--es la isla de +Madera, descubierta por Juan Gonzalves y Tristán Vaz en tiempo del +glorioso Infante Don Enrique, instigador y fundador de nuestras grandes +empresas marítimas, hoy tan en auge. + +A la vista de la isla de Madera, tomando el fresco sobre cubierta y bajo +un toldo, se desayunaron aquel día Miguel y Tiburcio, ambas damas, el +misionero Fray Juan y el viejo piloto. + +No hemos de seguir nosotros punto por punto a los viajeros. Pasaremos de +largo cuando nada les ocurra de singular y memorable. Si ahora nos +detenemos aquí es por considerar que, durante aquel desayuno, todos +estuvieron expansivos y casi elocuentes y dijeron cosas muy importantes +a la narración que vamos haciendo. + +Hasta el desayuno que tomaron los seis, sentados en torno de una mesa +redonda, tenía algo de exótico para los europeos de entonces, porque +bebieron en hondas tazas, mezclada con leche y azúcar, una infusión de +cierta hierba olorosa y salubre, que llamaban cha y que ya se traía a +Portugal de los remotos reinos del Catay, que están mucho más allá del +Indo y del Ganges. + +--Larga y penosa--dijo Miguel de Zuheros--va a ser nuestra navegación +hasta llegar a las regiones del extremo Oriente. Enorme es el rodeo que +tenemos que dar, bajando hasta el Cabo de las Tormentas, hoy de Buena +Esperanza, que Bartolomé Díaz dobló por vez primera. Pasman el esfuerzo +constante y el secular empeño, primero del Infante Don Enrique y después +de sus sucesores y de su pueblo para conseguir el triunfo que han +conseguido. + +--Con menos tiempo y trabajo--repuso donna Olimpia--me parece a mí que, +si mis compatriotas los venecianos se hubiesen puesto de acuerdo con +árabes y turcos y con el Soldan de Babilonia y con el de Egipto, tal vez +hubieran podido abrir algún ancho canal por donde sin tantos rodeos +hubieran pasado sus naves del mar Mediterráneo al mar Rojo, +encaminándose luego por allí hasta más allá de Trapobana, a Cipango y al +remoto país de los seras. El pensamiento de abrir ese canal no es cosa +nueva. Ya le tuvieron algunos Faraones, y sin duda le tuvieron también +Salomón e Hiran rey de Tiro, cuando unidos en estrecha alianza enviaban +sus flotas a Ofir, de donde volvían cargadas de riquezas. Si tal +pensamiento se hubiera realizado no hubieran perdido Venecia y toda +Italia la supremacía en la navegación y en el comercio, y el poder que +consigo trae y que hoy tienen los portugueses. + +Fray Juan de Santarén tomó parte en la conversación y exclamó: + +--Lo que menos importa al bien de la cristiandad y del humano linaje es +que decaigan Venecia y otros Estados de Italia a causa de los +descubrimientos y conquistas de los portugueses. Más alto es el fin que +estos han tenido y han de tener en lo futuro. No van los de mi nación a +despojar en Oriente a los venecianos: van a que la religión de Cristo +prevalezca allí sobre la de Mahoma: van a quebrantar allí el poderío de +turcos, árabes y persas; y van, por último, a despertar del hondo sueño +de muchos siglos a las dormidas naciones orientales, que aletargadas e +inertes yacen en el seno letal de la idolatría. + +--Todo eso, estará muy bien--interrumpió Tiburcio, riendo como tenía de +costumbre--. Pero ¿a qué tanto rodeo? ¿A qué ir por tan extraviado +camino hasta el extremo Sur de África? ¿A qué dejar atrás misterioso e +inexplorado, este continente enorme, en cuyo centro, que nos fingimos +abrasado, acaso esté el Paraíso que perdieron nuestros primeros padres? +¿A qué, en fin, dar tan desaforada vuelta y buscar el bien tan lejos, +cuando le tenemos cercano? + +El piloto Lorenzo Fréitas, aunque sospechaba que Tiburcio no hablaba con +seriedad, sino para embromarlos, se enojó y no quiso consentir que ni en +broma se tildara de poco razonable la gloriosa y secular empresa de los +portugueses, y habló así en su defensa: + +--No es sólo la codicia mercantil la que nos ha llevado a la India, no +es sólo el deseo de sobreponernos a la Señoría del Adriático, ni es sólo +tampoco el afán de vencer al Islam, buscándole en la fuente misma de su +mayor riqueza y despojándole de sus ocultos tesoros, lo que movió al +Infante Don Enrique y ha movido después a sus sucesores a hacer cuanto +han hecho. Mil veces más elevadas eran y son sus miras. Noble curiosidad +nos impulsó y nos impulsa. Anhelamos desgarrar el velo en que Naturaleza +se envuelve aún y se encubre a nuestros ojos mortales. Y hemos aspirado +y aspiramos todavía a que, así como se nos reveló el misterio del Mar +Tenebroso, por la persistente violencia que sobre él ejercimos, se nos +revelen también la magnitud y estructura de la tierra, y después todo el +artificio y la máquina del Universo, con las leyes de su movimiento y +vida. + +--En verdad--dijo Fray Juan de Santarén--el señor Fréitas tiene razón +que le sobra. Hay un enigma de la mayor transcendencia, no resuelto aún, +que trae sin sosiego a cuantos hombres piensan y discurren en el día. + +--Años ha, siendo yo muy mozo y reinando Don Juan II--interrumpió +entonces Lorenzo Fréitas--aportó a Lisboa un genovés muy presumido y +soberbio que estaba al servicio de Castilla y se llamaba Cristóbal +Colón. A ser cierto lo que él imaginaba y afirmaba, el enigma se hubiera +explicado y dejado de serlo. Aquel hombre audaz, fiado en sentencias e +insinuaciones de antiguos sabios griegos, y singularmente de +Aristóteles, había ido en busca de la India navegando hacia Occidente, y +casi creía haberla hallado y se jactaba de ello. Había aportado a +grandes y fértiles islas, y poco más allá casi daba por seguro que +debían de estar Cipango y otros países visitados por Marco Polo. Se +jactó también Colón de haber descubierto extensa costa al parecer de un +gran continente, y supuso que aquello era el extremo oriental del Asia, +y que más al Norte estaba el Catay, y la India más al Mediodía. A punto +estuvo de costarle la vida esta jactancia, porque algunos señores de la +corte, muy poco sufridos, creyeron lo que aseguraba y recelando que así +el rey de Castilla iba antes y por camino más corto a llegar a la India, +donde todavía no habían llegado los portugueses, decidieron provocar a +Colón, y como era poco sufrido reñir con él y darle muerte, con lo cual +su descubrimiento quedaría para Portugal y no aprovecharía a los +castellanos. Por dicha, los mencionados señores expusieron su proyecto +al Rey Don Juan II, apellidado con razón el Príncipe Perfecto, el cual, +aunque vehementísimo en su cólera y de ímpetus tan vitandos que mataba a +puñaladas a quien juzgaba que le ofendía, sin excluir al hermano de su +mujer, reflexivamente era tan recto, tan temeroso de Dios y tan buen +Católico, que rechazó el plan, indignado. Colón pudo pues volver a +Castilla a lucir su descubrimiento y a que los reyes Don Fernando y Doña +Isabel le aprovechasen. Suscitó esto, no obstante, recelos y diferencias +entre los soberanos de España; pero pronto se arregló todo por virtud de +aquella línea, que tiraron idealmente desde un Polo a otro, dividiéndose +así las tierras y los mares apenas explorados y los que pudieran +explorarse en lo venidero. El Padre Santo sancionó el convenio con el +poder y la autoridad de que goza como Vicario de Cristo. Pocos años +después, enviado por el rey Don Manuel, llegó a Malabar Vasco de Gama, +Tristán de Acuña, el grande Albuquerque y otros héroes de Lusitania +dilataron nuestro dominio y nuestra gloria por el Oriente. Y los +castellanos en tanto llenos de noble emulación, hicieron nuevas +conquistas y descubrimientos en aquellas tierras occidentales a donde +Colón había llegado por vez primera y que por su magnitud merecieron +llamarse Nuevo Mundo. Según las últimas noticias que yo tengo, un +extremeño, cuyo nombre es Hernán Cortés, ha surcado el mar, ha pasado +por medio de vastos territorios y ha llegado a la capital populosa de un +bárbaro y desconocido Imperio, del que está a punto de enseñorearse. +Todavía pretenden algunos que este Imperio, donde Hernán Cortés ha +entrado a saco, está al Sur del Catay y al Norte de la India. De aquí +presumo yo que está aclarado el enigma, que hay antípodas y que es +evidente la redondez de la tierra. + +--Poquito a poco, señor Fréitas--replicó Tiburcio--. Las cosas distan +mucho de ser tan claras. Yo tengo noticias más recientes que invalidan +lo que el señor Fréitas dice. Otro castellano, no menos valiente aunque +menos venturoso que Hernán Cortés, un tal Vasco Núñez de Balboa ha +cruzado ese continente por una región en que es muy estrecho; ha salvado +altas montañas y ha descubierto más allá un mar extensísimo que tiene +toda la traza de dilatarse más que el mar de Atlante. El enigma queda +por consiguiente en pie en toda su obscuridad misteriosa. Posible será +que los castellanos, navegando siempre hacia el Occidente por ese mar +recién descubierto se alejen cada vez más de la India. Y posible será +que los portugueses yendo siempre en dirección contraria a la que el sol +sigue, no aporten jamás a las regiones visitadas ya por Colón, Cortés y +Balboa. + +--Ya sabía yo--dijo Morsamor--que ese Balboa de que habla Tiburcio había +descubierto un gran mar al otro lado del mundo de Colón, entrando en sus +aguas con la espada desnuda en la diestra y enseñoreándose de él en +nombre del César Carlos V. Esto complica y retarda la resolución del +problema, pero no me induce a creer que la resolución sea otra de la que +yo pensaba. Para mí es evidente la forma esférica o casi esférica de la +tierra. A la extremidad de ese mar han de estar Cipango, el Catay y la +India. Lo difícil ahora ha de ser para el que navegue hacia el Occidente +hallar el término de ese valladar o hallar un canal o estrecho, por +donde se pase del mar del Atlante a ese otro mar de Balboa. El que esto +logre y tenga además valor y fortuna para surcar el nuevo mar +desconocido, aportará sin duda a la India y podrá luego dar la vuelta al +mundo en que vivimos. Y el que navegue hacia Oriente, como navegaremos +nosotros cuando salvemos el obstáculo que África nos opone, podrá volver +también a su patria por opuesto camino si encuentra modo de salvar el +valladar que el Nuevo Mundo de Colón le ofrece. Yo os confieso, señores, +que la ambición me induce a señalarme en la India en empresas guerreras, +pero como no cuento con muchos soldados para eclipsar allí las hazañas +de Alejandro de Macedonia, preferiría yo sin estrago y sin sangre +emprender y llevar a cabo un propósito que me daría gloria nueva y sin +rival entre los seres nacidos de mujer: la gloria de circunnavegar este +planeta. Así probaría yo experimentalmente que no es enorme disco, +suspendido en el éter y asido por eje de diamante a las cristalinas +esferas que giran en torno suyo sobre dicho eje con arrebatada y pasmosa +armonía. Así aduciría yo razones y pruebas a los que pretenden que +nuestra tierra no es el centro del Universo, sino astro pequeño y opaco, +que va rodando en torno del sol, como Venus, Marte, Saturno y otros +planetas. + +--Atrevida es la tal suposición--dijo Fray Juan de Santarén--pero ni en +Coimbra ni en Salamanca faltan doctores que la tienen por probable y aun +por casi demostrada, respondiendo a los que tratan de invalidarla por +mal entendidas sentencias de las Sagradas Escrituras, con aquellas +célebres frases de Francisco de Villalobos, médico de la Reina Católica: +los que acuden a la religión en asuntos de ciencias naturales son como +los delincuentes que buscan en la iglesia un asilo. + +--También en Italia--añadió donna Olimpia--anda desde hace años muy +válida la opinión de que no es la tierra, sino el sol quien está en el +centro; y ya, en mi primera mocedad, conocí yo y traté en Roma a cierto +doctor polaco, cuyo nombre era Nicolás Copérnico, que enseñaba dicho +sistema y andaba muy afanado componiendo un libro, que pensaba dedicar +al Papa, sobre las revoluciones de los orbes celestes. No sería impío ni +herético tal sistema cuando con semejante dedicatoria intentaba su autor +santificar el libro que le defendiese. + +--Así podrá ser--dijo Tiburcio--. Nadie, sin embargo, logrará quitarme +de la cabeza un endiablado razonamiento que agua o mejor diré envenena +el gozo de esta invención. Por ella resulta degradado y hasta envilecido +este mundo en que habitamos. No es ya el centro y objeto principal de la +creación entera para cuya iluminación, regocijo y deleite salieron de la +nada el sol, la luna y todas las estrellas. Nuestro globo queda reducido +a un astro opaco, pequeñuelo y hasta deforme que gira como otros muchos +planetas más grandes y más hermosos que él, perdido en la inmensidad del +éter. ¿Qué será de nuestra preeminencia sobre las demás criaturas; qué +de la dignidad humana, si tal suposición llega a demostrarse por +completo? + +Morsamor, que coincidía por lo común con las opiniones de su joven amigo +y se complacía en aceptar su parecer y su consejo, estaba en aquella +ocasión tan poseído del parecer contrario y tan lleno de la fe y de la +esperanza de contribuir a la demostración de su verdad, que encarándose +con Tiburcio, exclamó con enojo: + +--Sin duda tendrías razón si por lo material aspirase el hombre al +principado y si su valer se midiese por varas o se pesase por arrobas. +Pero como el gran ser del hombre es por el espíritu, lo mismo importa +para que le conserve que tenga su vivienda corporal en el centro del +Universo o en el más ruin y esquivo lugar de las profundidades del éter. +Donde quiera que mi espíritu se halle, allí estará, allí creará el +centro de todo; y en la capacidad inmensa de su entender encerrará +cuantos seres existen y pueden existir, y comprendiendo sus leyes, será +como si se las impusiera, porque si Dios está en todas partes, más +esencialmente está en el alma humana. Y así el alma humana, si procura +estar conforme con Dios y unirse con Dios, sólo será inferior a Dios +mismo y no a los habitantes de otros mundos, dado que tales habitantes +haya. Podrán ser más corpulentos, podrán tener sentidos más variados y +perspicaces, pero la ley moral y los primeros principios absolutos, raíz +de todo saber, y el amor inextinguible de lo infinito que sólo en lo +infinito se aquieta, en nadie podrán asistir con mayor energía y virtud +creadora que en el hombre, hecho a imagen y semejanza de Dios. + +Todos aplaudieron el discurso de Morsamor. El propio Fray Juan de +Santarén, aunque con escrúpulos de que en el calor de la improvisación +hubiese dejado escapar alguna herejía, aplaudió también a Morsamor, en +gracia del entusiasmo y de la buena fe con que había hablado. +Convinieron además en que no hay ni habrá sistema de astrólogos o de +sabios empíricos que baste a desbaratar ninguna teología ni ninguna +metafísica bien cimentada. Y decidieron, por último, que Morsamor, sin +perjuicio de mostrarse en la India, dando allí razón de quién era, debía +volver a Lisboa, caminando siempre hacia Oriente y circunnavegando el +mundo en que vivimos, cuya redondez resolvieron todos que era innegable. + + + + +-XII- + + +Bien se puede afirmar que el poder de los elementos, sojuzgado y +hechizado por la confianza magnánima de nuestros navegantes, se +complació en favorecerlos, haciendo fácil y rápido su viaje. Pronto, +casi siempre a la vista de la extensísima costa, llegaron al extremo sur +del continente negro. El terrible gigante Adamastor, domado ya por la +secular constancia y el valor de los portugueses, estaba sin duda de muy +buen talante en aquella ocasión, y sin tormentas ni furores dejó que +entrasen en el mar de la India la nave de Morsamor y otras cuatro naves +más, que formaban la escuadra en cuya compañía Morsamor navegaba. + +La pequeña flota iba como refuerzo de otra mucho mayor y más poderosa, +que tres meses antes había salido del Tajo, conduciendo a don Duarte de +Meneses. + +Este personaje, que se había señalado mucho por su valor y pericia, como +Gobernador de Tánger, en la guerra que de continuo sostenían los +portugueses contra los marroquíes, iba como Virrey de la India con más +sueldo y más amplias facultades que sus predecesores. Le llevó una +armada de quince velas, en donde fueron Francisco Pereira Pestana para +Gobernador de Goa, Juan Silveira, para ejercer el mando en Cananor, y +para el gobierno de Calecut, Juan de Lima. + +Habían ido también, custodiando al nuevo Virrey, cuatro naves a las +órdenes de Martín Alfonso de Melo, el cual debía después visitar el +Imperio chino. + +La escuadra de que formaba parte la nave de Morsamor, viniendo a ser +complemento de dicha grande flota, con la misma felicidad que había +pasado el Cabo, aportó más tarde a Sofala, puerto muy estimado entonces +de los portugueses por creer que era el antiguo Ofir, de donde Salomón e +Hiran llevaron a Jerusalén mucho oro. De aquí que los portugueses +buscasen allí con afán aunque poco dichoso, las antiguas minas que el +hijo de David había laboreado. + +Algo se detuvo en Sofala la pequeña flota, pero no tardó en zarpar para +Goa. + +La nave de Morsamor no pudo seguirla. Tenía antes que ir a Melinda, a +donde enviaban los señores Adorno y Salvago no pocos artículos de +comercio. En Melinda debían venderlos o dejarlos en depósito y tomar en +cambio mercancías de Abexin, Arabia y Egipto y aun algunas de Siria, de +las islas de la Grecia y de la misma Italia que todavía llegaban hasta +allí, importadas en Egipto por los venecianos, a pesar del golpe mortal +que a su comercio habían dado los portugueses. + +Durante tan larga navegación el tiempo pasó muy agradablemente para +Morsamor y Tiburcio, merced a la precaución o a la buena suerte que +habían tenido de embarcar con ellos a donna Olimpia y a Teletusa. Podía +considerarse la primera como la personificación de la amenidad serena y +elevada, y la segunda como la del regocijo y bullicioso trastulo de los +seres humanos: de tal al menos calificaba donna Olimpia a su compañera. +Y Tiburcio añadía, en alabanza de ambas, que eran, por estilo profano, +como Marta y María, representando una de ellas la vida contemplativa y +la vida activa la otra. + +Dulce y modesta era donna Olimpia. Nadie con justicia hubiera podido +censurarla de marisabidilla y bachillera; pero en su trato íntimo, y +cuando Morsamor la estimulaba a hablar, mostraba su rara discreción y su +mucha doctrina con sencillez y sin pedantería ni jactancia. Habían +traído a bordo los _Diálogos de amor_ de León Hebreo, a quien Morsamor +quedó muy aficionado desde que logró salvarle de los insultos de la +plebe. + +A veces leían en dichos _Diálogos_ y luego los comentaban. Y eran tan +atinadas y profundas las ilustraciones de donna Olimpia que, si se +hubiesen conservado y reunido en un volumen, formarían hoy la Filosofía +de amor más interesante y sublime. + +En otras ocasiones, Morsamor y donna Olimpia ponían por las nubes mil +invenciones y descubrimientos recientes, que en sentir de ellos hacían +de la época en que vivían la más fecunda e ilustre de todas. Y como +sobre este punto no estuviese de acuerdo Teletusa, la ninfa gaditana no +quería callarse y asentir con su silencio, sino que tomaba la palabra y +decía de esta manera: + +--No he de negar yo lo muy ingeniosas que son las invenciones de nuestra +edad: el empleo de la pólvora, en arcabuces, bombardas, culebrinas y +falconetes; la brújula y la imprenta; los instrumentos del famoso +estrellero y geómetra portugués Pedro Núñez, y el hallazgo y la +observación de nuevos astros en el cielo, y en la tierra de nuevos +continentes, islas y mares. Todo esto, no obstante, se explica con +facilidad por el entendimiento humano. Si Satanás ha intervenido en +ello, ha sido de tapadillo y sin dar la cara dejando que los inventores +se jacten de haberlo logrado sin sobrenatural auxilio. En cambio, las +invenciones primitivas son las que no se pueden explicar humanamente y +las que tenemos que admirar. ¿Quién inventó el habla? ¿Quién la +escritura? Estas y otras cosas por el estilo son las que no se +comprenden ni se explican sin acudir a la enseñanza y a la revelación de +Dios mismo, de los ángeles o de los genios. Yo doy por seguro que el +primero que cultivó el trigo y luego sacó de él harina e hizo pan, +realizó algo más estupendo que cuanto hace un siglo se ha descubierto o +inventado. + +Todos aplaudieron el breve discurso de Teletusa, y animada ella con el +aplauso, se atrevió a proseguir: + +--La pólvora da muerte y la harina es el mejor y más usado sustento de +la vida. A la harina, pues, me atengo. Quiero que sepáis, señores, que +una prima mía muy guapa fue la buena amiga y tal vez el oíslo del famoso +cocinero Ruperto de Nola. De él aprendió a condimentar exquisitos +guisos, no pocos de los cuales tuvo luego la bondad de enseñarme. Ahora +bien, yo quiero mostraros mi habilidad y probar al mismo tiempo la +extraordinaria importancia de la harina. Voy a ser, además, como cierto +tocador de viola en extremo habilidoso que tocaba en una sola cuerda +multitud de sonatas. Yo me he apoderado de un barril de harina y de una +enorme botija llena de aceite, y valiéndome de estas sustancias voy a +daros, mientras dure nuestra navegación, una fruta de sartén, distinta +cada día. + +Teletusa cumplió su promesa, y sin estropear sus manos, que las tenía +bonitas y bien cuidadas, amasó y frió de diario los más deliciosos y +diferentes manjares farináceos que imaginarse pueden. Ya eran buñuelos +de una clase, ya buñuelos de otra, ya sopaipas, ya empanadillas, ya +gajarros, ya pestiños, ya hojuelas, ya piñonate. + +Aun sobre estas frutas de sartén filosofaba Teletusa con agudeza y con +gracia exclamando: + +--Nadie me quitará de la cabeza, que la materia prima es única, sin que +sean menester elementos distintos para producir las mil distintas cosas +que llenan y enriquecen el universo. Cierta fuerza que hay, reside o se +pone en la materia prima, agita y ordena sus partecillas infinitamente +sutiles, y de los diversos movimientos y coordinaciones de dichas +partecillas, que los sabios llaman átomos, resulta la infinita variedad +de los seres. De fijo la diferencia de ellos está en la forma. Por la +forma es uno feo y otro bonito, uno triaca y otro veneno, uno soso y +otro salado, uno amargo y otro dulce, uno huele bien y otro hiede, ¿qué +no podrá hacer la naturaleza cuando yo flaca mujer, con harina sólo, +hago cosas tan distintas y de tan diferente sabor sin que sean +sustancialmente más que harina? Y sin embargo, ¿cuán de otro modo que el +esponjado buñuelo sabe por ejemplo, el piñonate o la _crocante_ +empanadilla, que con tan grato crujidito se desmorona entre los dientes? + +No se limitaba Teletusa a freír masa y a filosofar sobre la fritura. Más +alegre pasatiempo solía proporcionar casi de diario y particularmente +cuando el tiempo era muy bueno, a sus dichosos compañeros de navegación. +Todos formaban corro en torno de ella. Tiburcio tocaba la vihuela o la +flauta, y Teletusa, repiqueteando las castañuelas bailaba como una +sílfide. + +Teletusa era asimismo egregia cantora, no indigna del siglo y de la +patria en que la música estaba tan floreciente, merced a Bartolomé Ramos +de Pareja, a Pedro Ciruelo, a Juan Anchieta, a Juan de la Encina y a +otros insignes compositores y maestros. + +La propia Teletusa, acompañándose con la vihuela, cantaba deliciosos +villancicos y coplas. Ora cantaba + + Dos ánades madre + Que van por aquí. + +Ora por lo sentimental y lo tierno, coplas como esta: + + Pues que jamás olvidaro + No puede mi corazón + Si me falta galardón + ¡Ay que mal hice en miraros! + +Ora, por último siguiendo el estilo picaresco, aquello de + + Yo me iba, mi madre, + Las rosas coger, + Hallé mis amores + Dentro en el vergel. + +Cualquiera pensará que, en medio de tanto deleite, Morsamor estaba +contento. Mucho distaba, no obstante, de ser así. En cierto modo puede +bien afirmarse que Morsamor se hallaba cada día más prendado de donna +Olimpia. El apasionado mirar de sus ojos glaucos le fascinaba; le +encantaban su discreta conversación y su apacible trato; y de continuo +prestaba pábulo a la encendida llama de sus afectos la presencia de +aquella mujer dechado de elegancia y de majestuosa hermosura. Entonces +se creía ligado a ella para siempre por invencible hechizo. Entonces +presumía que ella era su bien, que la amaba y que no podía vivir sin +ella. + +En la mente y en el corazón humanos hay un mar tempestuoso de ideas y de +sentimientos que se combaten. Así eran el corazón y la mente de +Morsamor. Y cuando no los subyugaba ni los rendía el influjo encantador +de la aventurera italiana, acudían en tropel a atormentarlos mil amargas +cavilaciones que le herían y emponzoñaban el alma y sacaban a su rostro +el color rojo de la vergüenza. ¿Qué héroe de tan ruin condición era él +cuando tal dama llevaba consigo? Si hubiese robado a doña Sol de +Quiñones, y a despecho de la Reina y de todo el mundo, la tuviese a +bordo, el caso, aunque pecaminoso, sería digno de él; pero llevar a +donna Olimpia, que lo mismo se hubiera ido acaso con otro cualquiera, +era triunfo tan miserable, que, en vez de lisonjear su amor propio, le +lastimaba y abatía. + +Hasta el indisputable mérito de donna Olimpia, su talento, su belleza y +la fuerza misteriosa que había en todo su ser para dominar y cautivar a +cuantos la veían y trataban, si bien complacían a Morsamor cuando +pensaba que era suyo aquel tesoro, le ofendían más a menudo al +considerar que su brillo atraía las miradas, la voluntad y la admiración +de las gentes, y a él le dejaba obscurecido y como eclipsado. + +Algunas bromas de Tiburcio, dichas sin duda irreflexivamente y para +reír, ofendían y herían a Morsamor en lo íntimo de su conciencia y le +ponían de un humor de todos los diablos. Cuando Morsamor le abría su +corazón a Tiburcio y le confiaba parte de sus pesares, Tiburcio, con el +propósito de despojar de gravedad el asunto, le decía burlando: + +--En verdad que tiene sus contras el poseer tan gentiles enamoradas y +tan famosas amigas como la mía y la tuya. Debemos, con todo, +conformarnos y hasta convertir el inconveniente en estímulo. Voy a +explicarme mejor. El marido o el amante de una mujer muy bella, sabia o +ilustre, queda mil veces peor que en la obscuridad si él es un +cualquiera. En la obscuridad nadie le recordaría ni le nombraría, +mientras que, en el caso que supongo gozaría, o mejor dicho padecería de +ridícula e indeleble fama. En todo el mundo sería conocido por su mujer +o por su amiga y no le llamarían Fulano ni Mengano, sino el de Mengana o +el de Fulana. No floja contrariedad es esta, pero bien puedes tú +sobreponerte a la contrariedad, dando razón de quién eres por virtud de +tus altos hechos, a fin de que seas célebre y ensalzado como Morsamor y +no meramente conocido y mencionado por amigo de donna Olimpia. Lo propio +digo de mi persona. Yo quiero hacer de suerte que no me conozcan sólo +por el amigo de Teletusa, sino que me celebren por mis audaces y +dichosas empresas como Tiburcio de Simahonda. No he de negarte yo, +porque quiero ser franco, que nuestro propósito es difícil de realizar. +Estas dos mujeres (permíteme lo vulgar de la expresión) que nos hemos +echado a cuestas, son de tal magnitud y valer, que nos abruman con su +peso. Y es tal el resplandor con que brillan, que ha de costarnos +muchísimo resplandecer por nuestras acciones por cima del resplandor que +despiden ellas con sólo manifestarse. No creas tú que Putifar fue un +personaje insignificante. Yo he leído en antiguas historias y sé de +buena tinta que se distinguió como hábil capitán, venciendo al Faraón +del alto Egipto, acérrimo contrario del Faraón pastor a quien él servía, +y domando en Chipre los filisteos, gente rubia y belicosa que habían +venido del Norte, que se habían apoderado de aquella isla, y que mucho +más tarde se repuso, invadió la tierra de Canaan y le dio nuevo nombre, +aunque hizo en ella grandes estragos. Hay además quien asegura que +Putifar era muy buen letrado, que poseía casi toda la ciencia de los +egipcios, y que compuso memorias sobre las inundaciones del Nilo y sobre +otros puntos no menos importantes. Pero todo esto se ha olvidado y ya +nadie le recuerda ni le nombra, sino a causa o por culpa de su mujer. +Sólo se habla de él cuando de ella se habla, llamándola, la mujer de +Putifar, por donde él es sólo mencionado como marido. Escarmentemos pues +en cabeza ajena y procuremos que nada semejante nos ocurra. + +Este y otros razonamientos por el mismo estilo tenía a Morsamor sobre +ascuas. Y verdaderamente era poco honroso y nada glorioso ir a la +conquista de un nombre inmortal en compañía de damas tan desenfadadas y +alegres, cuyas conquistas era de temer que se realizasen más pronto. + +Aunque Morsamor disimulaba su disgusto, que solía rayar a veces en +repugnancia, donna Olimpia, era muy avisada y no dejó de conocerle; pero +donna Olimpia era muy soberbia y no se dio por entendida ni formuló la +menor queja. + + + + +-XIII- + + +A bordo toda la tripulación estaba encantada de la bondadosa amenidad de +donna Olimpia y más aún del regocijo de Teletusa, de sus danzas y +cantares y hasta de sus frutas de sartén, hechas a veces con tal +abundancia que había para que todos comieran. Ya hemos visto cómo el +piloto intimó con Morsamor y formó parte de su corro, y cómo Fray Juan +se holgaba de estar en él y hasta de reír y charlar con las dos +aventureras, pues, aunque piadoso, era indulgente, muy conocedor de las +flaquezas humanas y bastante ejercitado en la virtud de la eutropelia. + +Había, no obstante, un personaje que no llevaba bien aquel alboroto, +sino que estaba escandalizado de la constante huelga, si bien lo +disimulaba y sufría porque era prudentísimo. + +Era este personaje el administrador o comisionista encargado de las +mercancías y de sus ventas, compras y cambios. Notable por su habilidad +mercantil y por su experiencia y largas peregrinaciones, poseía además +el talento de hablar afluentemente la lengua arábiga, lo cual le valía y +había de valerle para sus tratos y negocios con los mercaderes de +aquellas regiones. + +El tal administrador, holandés o flamenco que en esto no están de +acuerdo los autores, se llamaba Gastón Vandenpeereboom, nombre y +apellido en completo desacuerdo con sus prendas personales, como si por +antífrasis los llevara. En lugar de ser Gastón tenía fama de roñoso y +por no gastar en nada, no hablaba nunca sino por necesidad o provecho, a +fin de no gastar saliva. Y su apellido, semejante al resonar del trueno +o de la artillería, también se concertaba mal con sus lacónicos y +pausados discursos, pronunciados siempre en voz baja y suave. El señor +Vandenpeereboom era además tan pequeñuelo y delgado, que parecía un +duende. Casi no se le oía ni se le veía. Cuando no estaba haciendo +cuentas estaba rezando sus devociones, por ser muy religioso y devoto. +Era harto feo de cara, pero en ella, y singularmente en la viveza +penetrante de sus ojillos, se revelaba su inteligencia y su astucia. + +Nadie podía acusarle de que murmurase, pero harto se notaba, a pesar de +su disimulo, que el señor Vandenpeereboom aguantaba con repugnancia la +presencia a bordo de las dos aventureras y el jaleo continuo que allí +armaban. Como quiera que fuese, y sin más novedad ni disgusto, la nave +de Morsamor llegó al fin al puerto de Melinda. + +La ciudad de este nombre era entonces populosa y estaba floreciente y +rica. Era hijo su rey del que tan cortés y lealmente recibió a Vasco de +Gama y le proporcionó piloto para llegar a Calecut con menos peligro. + +Feridún se llamaba el rey nuevo, joven todavía, gallardo y muy agraciado +de rostro. Tenía un hermano menor, llamado Rustán, a quien estimaba y +quería tanto que casi compartía con él su trono. Y no debe extrañarse +que tuviesen estos príncipes nombres propios de los antiguos persas o +iranios, porque era más blancos que morenos, y pretendían descender, así +como la más ilustre nobleza del reino, de gente venida del Irán. +Asegurábase que la ciudad de Chiraz y el fértil territorio que la rodea +habían sido la cuna de los antiguos emigrantes. Y asegurábase, por +último, que estos habían abandonado la madre patria, llegando a la +remota costa de África y fundando allí una colonia, expulsados por el +tremendo conquistador Temugín, alias Gengis Khan, emperador de los +tártaros mongoles. + +Causa de la expulsión o más bien de la fuga para sustraerse a una +tiránica intolerancia, había sido la refinada cultura de aquellos +persas, y el modo incompleto y libre con que se llamaban mahometanos. La +antigua religión de la luz increada vivía en sus almas sobrepuesta al +islamismo. Zoroastro valía para ellos más que Mahoma, como anterior y +superior en la serie de los profetas. Las tradiciones patrióticas +sostenían y fomentaban en la mente de ellos la fe en los dogmas del +_Avesta_ y del _Bundehesch_, libros sagrados que tal vez ya no poseían +ni conocían. La poesía maravillosa, tan floreciente en el reinado de +Mahamud de Gazna el Grande, había hecho que resurgiesen aquellas ideas y +aquellos sentimientos en los espíritus y en los corazones. Dicen las +historias que aquel rey glorioso tuvo muy regalados y agasajados en su +corte, para mayor ostentación y brillo, a más de cuatrocientos poetas: +cosa que aturde y pasma, sobre todo en el día, cuando críticos tan +juiciosos e ilustrados como Clarín apenas conceden que tengamos en +España dos y medio. Lo cierto es que entonces se escribieron en Persia +lindísimos poemas descollando sobre todos el colosal de Firdusi, +titulado _Libro de los Reyes_. En él renacen y viven idealmente las +glorias del Irán y sus seculares luchas, en defensa y para difusión de +la luz, contra los turaníes, propugnadores de las tinieblas. El rey +Mahamud gustó tanto de la obra de Firdusi que pensó en darle por ella +todo el oro que pudiese sostener y llevar como carga el más gigantesco y +poderoso de sus elefantes. No llegó el rey, por malquerencia y chismes +de sus cortesanos, a premiar tan generosamente al poeta, pero consta que +le envió a Tus, lugar de su nacimiento, donde él estaba retirado, un +regalo casi equivalente, si bien fue ya tarde, porque le llevaban a +enterrar cuando entraron en Tus los que dicho regalo traían. + +No fue sólo la epopeya la que pervirtió la ortodoxia muslímica de los +habitantes de Chiraz y de toda su comarca, sino también los cuentos y +novelas que después se escribieron, los tratados de filosofía moral +harto poco severa, y más que nada, la poesía lírica, consagrada a +ensalzar el vino, los amores y toda clase de deleites. Mal podían +avenirse con el Corán las sentencias y los versos del _Gulistán_, de +Sadí y los voluptuosos madrigales de Hafiz que él titulaba _Gacelas_. + +Todavía, por último, se corrompieron más las creencias y las costumbres +con un misticismo que después se puso de moda, merced a muy eminentes +escritores. Era el tal misticismo todo lo contrario de ascético. En lo +tocante a indulgencia con pasiones y goces, echaba la zancadilla al de +nuestro famoso Padre Miguel de Molinos, no siendo menester la +mortificación y la penitencia para que el alma se uniese con lo +infinito, sino más bien absolver en ella toda la hermosura, todo el +deleite y todo el bien de las cosas creadas. El libro titulado _El habla +de los pájaros_, fue precursor de esta doctrina. Y quien más la propagó +e ilustró luego fue el admirable poeta y filósofo Chelaledín Rumí, autor +del poema _Mesnewi_. Así se fundó una secta herética muy dada al +sibaritismo y una a modo de orden religiosa de derviches, inclinadísimos +a todo linaje de diversiones, músicas y danzas. + +Tales sectarios fugitivos fueron los fundadores de la colonia de +Melinda, donde se habían dado tan buena maña que habían atraído millares +y millares de negros, formando un reino importante del que dichos negros +constituían la numerosa plebe. + +Cuando Vasco de Gama aportó allí veinte y tres años antes, el rey +melindeño, que era muy pacífico, le recibió leal y amistosamente. El +héroe portugués, ya por sí mismo, ya por medio de su alférez Nicolás +Coello, había acrecentado tan buenas disposiciones, ponderando la +grandeza y el poderío de Portugal y de su monarca. Gama y Coello +trataron de hacer creer a los de Melinda que España era la cabeza de +Europa y Portugal la cumbre de la cabeza; que el rey portugués era el +primero de los reyes y que el mismo nombre de Dios era su nombre; que +con su innumerable caballería imponía respeto y subyugaba a las demás +naciones; que sus naves, bien artilladas, recorrían el mar a centenares; +y que las rentas y tributos, que le rendían sus vasallos y los pueblos +vencidos, eran tan abundantes, que, después de pagados todos los gastos, +dejaban cada luna un sobrante de doscientos mil cruzados lo menos. + +No se sabe hasta qué punto creerían los melindeños tan enormes +exageraciones; pero, como vieron después que los portugueses enviaron al +mar de la India poderosas flotas, que eran valientes y terribles, que +conquistaron muchos puertos y ciudades, que asolaron no pocas provincias +y que iban enseñoreándose de todo, acabaron por creer lo que al +principio les habían dicho; a formar de Portugal el más elevado +concepto, y a considerar como la mejor política la conservación y el +acrecentamiento de la amistad portuguesa. + +Esta era la opinión que prevalecía entre los de Melinda cuando la nave +de Morsamor entró en su puerto. + + + + +-XIV- + + +No bien saltaron en tierra algunas personas de a bordo, visitaron la +ciudad y hablaron con sus mercaderes y con otros de sus habitantes, +entre los cuales no faltaba ya quien chapurrease el portugués o el +italiano, corrió por todas partes la voz de que mandaba la nave recién +llegada un señor de mucho fuste y campanillas, cuyo nombre era Miguel de +Zuheros. Se difundió también que venían en la nave dos princesas de lo +más encopetado de Europa, que iban viajando para su instrucción y +recreo. + +Hubo no pocos curiosos y desocupados que fueron a visitar la nave, donde +Morsamor los recibió con franca cordialidad y agasajo. Y como allí +viesen a donna Olimpia y a Teletusa, se maravillaron y embelesaron, +dándose a propalar entre sus compatricios que en la nave europea había, +no dos mujeres bonitas, sino dos _péris_ o dos huríes. Donna Olimpia fue +la que más agradó y sorprendió por su porte majestuoso, y más aún por la +nítida blancura de su tez y por el áureo fulgor de sus cabellos rubios, +prendas muy raras en aquella tierra. Así es que la consideraron y +ponderaron como si fuese criatura sobrehumana y hasta la propia +Parabanú, emperatriz de las hadas. + +Cuando todos estos rumores llegaron a los oídos del rey y de su hermano, +ambos anhelaron obsequiar a Morsamor, ver a las dos hermosas princesas y +mostrar a él y a ellas el esplendor de la capital de su reino y la +fértil amenidad de los huertos y cármenes que a imitación y en +competencia de Chiraz había en su ruedo y en ambas orillas del Sabaki, +que desemboca en la mar a corta distancia. + +Pronto se concertó y dispuso una fiesta y jira campestre a la que +Morsamor, Tiburcio, el piloto, Fray Juan de Santarén, las dos princesas +y el señor Vandenpeereboom fueron convidados. + +En bateles del país, empavesados con vistosos gallardetes y flámulas +multicolores, y defendidos de los ardores del sol por elegantes toldos, +los convidados fueron a tierra, donde había para las damas dos soberbios +palanquines llevados por robustos negros; para Morsamor y Tiburcio, +hermosos caballos árabes ricamente enjaezados; y para el piloto, el +comisionista y el fraile, sendos pollinos tordos y lustrosos, con +primorosas albardas, de las que pendían caireles y flecos de seda y con +las cabezadas y jáquimas de seda también, alegrando los oídos el sonar +de los cascabeles de plata que había en los pretales, y alegrando la +vista los relucientes y airosos penachos que descollaban muy por cima de +las largas y puntiagudas orejas. + +Debemos advertir aquí que en Oriente no es el asno, como en nuestros +países, animal plebeyo y vilipendiado, sino que, por el contrario, goza +de notable crédito y suele servir de cabalgadura a las personas graves, +constituidas en dignidad y que conviene que caminen con reposo y pausada +prosopopeya. + +Con muy brillante acompañamiento el rey y su hermano llegaron a recibir +a sus huéspedes en una gran plaza que estaba cerca del muelle. Varios +ulemas, magos y astrólogos del Real Consejo privado, venían también en +burros; monteros y cazadores, de a pie y de a caballo, traían la jauría +de podencos y lebreles; doce diestros cazadores de altanería, todos a +caballo, llevaban en el antebrazo izquierdo, asidos a la lúa de becerro +con las acicaladas garras, ya poderosos neblíes, traídos a mucha costa +de las montañas de Elburz o de Mazenderán a orillas de mar Caspio, ya +ágiles alfaneques africanos, retenidos por la pihuela para que no +echasen a volar, y todos con sus capirotes de grana y con sutiles +cascabelillos de oro en las nervudas patas. + +El rey se presentó en un lujoso carro, tirado por cuatro caballos +blancos y conducido por su propio hermano Rustán, que se ufanaba de ser +hábil auriga. Se parecían también en el carro un venerable escudero, que +sostenía el quitasol de raso amarillo, bordado de oro, dando sombra al +rey y siendo símbolo e insignia de su poder soberano; y dos pajecillos, +muy graciosos y compuestos, que oseaban las moscas y movían y +refrescaban el aire que circundaba a la persona regia, agitando grandes +abanicos, uno de pintadas plumas de pavo real, y otro de plumas de +avestruz blancas como la leche. + +El rey y su hermano recibieron y saludaron a las damas, a Morsamor y a +los suyos con gran cortesía y finura, y después de recorrer las +principales calles de la ciudad y de mostrarles las más interesantes +curiosidades, los llevaron al campo, donde los cazadores y las bien +industriadas aves de rapiña lucieron su destreza en la cetrería, arte +cultivadísimo en Persia desde los tiempos primitivos de Jemshyd, +fundador del primer imperio. + +Todos fueron luego a un parque o coto muy extenso que poseía el rey en +la margen del río, y donde había mucha caza, especialmente de ciervos. +Espantados y perseguidos por los ojeadores, los ciervos pasaron en +manadas por muy cerca de las paranzas donde el rey y los que le +acompañaban se habían puesto a aguardarlos. Así hicieron en ellos no +pequeña carnicería, lanzándoles flechas, venablos y azagayas. + +El rey Feridún obsequió por último a sus convidados y a los individuos +de su servidumbre con una exquisita merienda, en la que el guiso que más +agradó fue uno de ánades silvestres en arroz blanco, condimentado con la +picante salsa llamada _curry_. Los almíbares de azahar y de rosas fueron +también muy celebrados. Y los señores principales consumieron en +abundancia el famoso vino de Chiraz a pesar de Mahoma, mientras que la +gente menuda se regaló con _arrack_, bebida fermentada de la India, +harto menos costosa. + +Las dos damas fueron muy admiradas y requebradas, rayando en frenesí el +entusiasmo que excitaron, sobre todo hacia el fin de la merienda. + +El rey, el príncipe, su hermano, los ulemas y los astrólogos, todos en +suma, apenas se atrevieron a dirigirles la palabra en prosa, sino que +les echaron a porfía mil piropos, ya en versos persas, ya en versos +arábigos, que los señores Vandenpeereboom y Tiburcio se encargaban de +traducir. Porque según la costumbre de aquella tierra casi hubiera sido +desacato o irreverencia hablar en prosa a señoras tan bellas y de tan +alta guisa. Por fortuna no era difícil a las personas elegantes de por +allí hablar siempre en verso, porque la menos instruida de todas ellas +sabia de memoria millares de _kasidas_ y de _gacelas_, apropósito para +todos los casos, y que podían ensartarse unas en otras, como las perlas +en un hilo, por medio de la prosa rimada. + +En resolución, los viajeros se divirtieron mucho aquel día y todos +volvieron a bordo muy lisonjeados y satisfechos. + + + + +-XV- + + +Después de la jira campestre y contrariando los planes de Morsamor, su +nave permaneció aún en el puerto de Melinda una semana entera. La carga +y descarga de artículos de comercio y los tratos y contratos que tuvo +que hacer el señor Gastón Vandenpeereboom fueron la causa de tales +estadías. + +Llegó al fin el momento de continuar el viaje. Era una hermosa tarde de +otoño, víspera de la salida. Morsamor, Tiburcio, las damas y toda la +tripulación estaban a bordo. + +Una almadía, conduciendo gente muy bulliciosa y regocijada, se acercó al +costado de la nave. Uno de los de la almadía pidió permiso para que +visitasen la nave él y sus compañeros. + +Componían estos una tropa o cofradía de los derviches místicos, +apellidados _mevlevies_, de que fue fundador y patriarca el ya citado +celebérrimo Chelaledín-Rumí, egregio poeta entre los orientales y +melodioso _ruiseñor de la vida contemplativa_. + +Miguel de Zuheros no estaba de muy buen humor y repugnaba recibir a los +derviches; pero donna Olimpia y Teletusa, que habían oído hablar de sus +extravagantes y vertiginosos bailes y del extraño método que empleaban +para llenarse de furor divino y entrar en la vía unitiva, intercedieron +por ellos y consiguieron que subiesen sobre cubierta. Hasta veinte +serían los de aquella tropa, todos vestidos de flotantes y ligeros +paños, todos contentos y satisfechos como quien priva con la divinidad y +de los demás seres del mundo no se le importa un prisco. + +Al son de una música muy rara entonaron los derviches algunas de las más +bellas canciones panteísticas de su fundador. Luego tejieron la más +arrebatada y frenética danza que puede imaginarse. Y, por último, cuatro +de los derviches, trompeteros de resuello pujante, hicieron resonar las +_kernas_ de que venían provistos. La danza se precipitó entonces con +rapidez sobrehumana. Verlos bailar causaba mareo. + +Aquel espectáculo asustaba más que divertía, pero tenía tan invencible +atractivo que todas las miradas quedaban fijas en los derviches sin +poder apartarse de ellos. + +Atronador era el sonido de las _kernas_, trompetas enormes de más de dos +metros de longitud, en figura de serpientes y enroscadas en giro +tortuoso. + +--Nadie me quitará de la cabeza--dijo Tiburcio a donna Olimpia, que +estaba a su lado--que si bien la música, como todas las demás artes, ha +adelantado mucho en estos últimos tiempos, todavía hay en ella secretos +misteriosos, descubiertos en las edades primitivas y conservados +ocultamente en los santuarios y en los colegios sacerdotales. Al oír +estas trompetas se entrevé y se adivina la relación, conocida en lo +antiguo y desconocida hoy, entre la música y la arquitectura. Al oír +estas trompetas no parece del todo ponderación, encarecimiento o +milagro, lo que se cuenta de Anfión erigiendo al son de la música las +murallas de Tebas, y lo que se cuenta de Josué derribando las murallas +de Jericó a trompetazos. Tal vez la música del porvenir llegue en +Europa, dentro de cuatro siglos o antes a tener eficacia parecida, mas +por ahora distamos mucho de ello. + +Donna Olimpia estaba tan absorta oyendo el trompeteo y contemplando la +danza, que no contestó palabra alguna. + +La observación de Tiburcio era, sin embargo, muy atinada aunque +incompleta. + +Sin duda aquella música profunda y sabiamente bárbara no estaba sólo en +relación con la arquitectura, no era sólo una fuerza motriz material, +sino que era asimismo un pasmoso vehículo de la fuerza psíquica, +trasmitiendo con el aliento vital por el retorcido tubo de bronce el +deseo imperioso del espíritu. Esto que recientemente han inventado los +hombres y han apellidado magnetismo animal no es más que un leve e +imperfecto atisbo y un ensayo rudo y embrionario, digámoslo así, del +empleo de la fuerza psíquica, que en los venideros tiempos ha de +conocerse mejor y ejercitarse con gran fruto. + +Como quiera que ello sea, lo cierto es que aquellos trompeteros o +sonadores de _kerna_ podían ya, por virtud de la ciencia oculta +custodiada en Oriente, emplear la fuerza del alma y producir el letargo +magnético en quien se les antojaba. + +No nos maravillemos pues, de que Morsamor, que también veía la danza y +escuchaba el trompeteo, viniese a caer en hondísimo letargo. No hubo +modo de despertarle, y permaneció traspuesto cerca de veinticuatro +horas. + +Cuando Morsamor volvió a su acuerdo, la nave estaba en alta mar, lejos +de Melinda, y navegando con viento favorable hacia las distantes playas +de Malabar. + +Cuán extraordinaria sorpresa y cuán tremenda cólera no serían las de +Morsamor no bien supo que donna Olimpia y Teletusa, así como sus +escuderos Asmodeo y Belcebú, habían desaparecido, sin que se hallasen en +la nave por más que los habían buscado. + +Sin duda, en la tremolina y rebullicio que se armó cuando Miguel de +Zuheros cayó en su hondo letargo, las dos damas y los dos escuderos +hubieron de escabullirse yéndose con los derviches. + +Las órdenes de levar anclas y darse a la vela al amanecer habían sido +tan terminantes que, a pesar de lo ocurrido, el piloto no quiso +desobedecerlas. El letargo de Morsamor podía por otra parte terminar en +muerte, y lo más seguro era salir para la India, por no considerarse +nadie a bordo con poder bastante para desembarcar y tomar venganza de +aquel desaguisado, en la suposición de que los derviches o algunas otras +personas tuviesen la culpa de todo. + +Interrogado por Morsamor, Tiburcio le dijo: + +--De tu letargo, no sé qué pensar. Yo creo que le produjeron las +trompetas mágicas, pero tal vez la intención de los derviches no fue en +tu daño. Y por lo tocante a donna Olimpia y a Teletusa nada tenemos que +reclamar. No ha habido rapto. Ni la violencia ni la astucia han sido +parte en su fuga. Ellas nos han abandonado en el pleno uso y ejercicio +del libre albedrío. De nadie, pues, ni de ellas mismas, podemos +quejarnos. Lee esta carta que me dejó escrita Teletusa antes de partir. + +Morsamor tomó la carta y leyó lo que sigue: + +«Mi adorado Tiburcio: La fatalidad lo quiere y lo dispone y es menester +someterse a ella. En las entretelas de mi corazón llevo yo pintada tu +imagen con preciosos y vivos colores que nunca han de desteñirse. Estoy +convencida de que no volveré a hallar jamás hombre tan guapo como tú y +que me pete tanto, aunque, como el Infante don Pedro de Portugal, +recorra yo en su busca las siete partidas del mundo. Y, sin embargo, +tengo que abandonarte. Donna Olimpia lo quiere. Seguirla es para mí +deber ineludible. Si ella abandona a Morsamor es porque conoce que, si +bien Morsamor la quiere, Morsamor tiene vergüenza de llevarla en su +compañía. Harto ha notado ella que cuando Morsamor no está bajo el +hechizo de su mirada y recobra la calma y el juicio que le roba la +embriaguez del deleite amoroso, ella, si no es objeto de repugnancia +para Morsamor, es considerada por él como un estorbo y como un +escándalo. No queremos estorbar ni escandalizar y por eso nos quedamos +en Melinda. Hemos celebrado un contrato con el Rey Feridún y con el +príncipe Rustán, los cuales, bajo palabra de honor, corroborada por +solemnes juramentos, nos dejan en completa libertad de largarnos donde +se nos antoje, si dentro de seis meses nos hartamos de ser el adorno y +el esplendor de su corte. Donna Olimpia ha querido que nuestra +separación sea súbita y por sorpresa para ahorrarnos a todos el trance +desgarrador de la despedida. Ella desea que Morsamor alcance grandes +victorias, triunfos y laureles en la India; entiende que para esto +perjudicaría a Morsamor si le siguiese y por eso le deja. Si él por un +lado, ella también separadamente por otro, puede vencer y triunfar sola. +El continuar juntos, dice ella, sería causa de debilidad y a todos nos +dañaría. Ella sola tiene también colosales proyectos. Quiere visitar la +Meca, el reino del Preste Juan, el Egipto, la Tierra Santa y qué sé yo +cuántas otras regiones. Por Dios no tengáis pesadumbre de que nos +separemos de vosotros. La pesadumbre de Morsamor sólo podría nacer, si +la tuviese, de su vanidad ofendida. En el fondo de su alma debe +alegrarse y de fijo se alegrará de verse libre de nosotras. Lo que es tú +bien sé yo que me quieres un poquito y que sentirás algo mi ausencia. No +me olvides. Guarda de mí tan dulce recuerdo como el que yo de ti guardo. +¿Quién sabe? Ya nos volveremos a encontrar algún día. Entre tanto, quede +yo en tu memoria tan gentil y enamorada, como tú en la mía quedas, y ten +por cierto que nunca dejará de amarte tu _Teletusa_». + +Leída esta carta, Tiburcio entregó a Morsamor otra que donna Olimpia +había dejado escrita para él. Era esta carta tan elocuente y tan sentida +que no me atrevo a recomponerla aquí, pues no teniéndola a mano tal como +se escribió la falsearía yo y la echaría a perder, recomponiéndola y +ofreciéndola a mis lectores. Baste, pues, que sepan que donna Olimpia se +despedía de Morsamor con inmensa ternura, y tratando de justificar la +separación por ineludible. + +Morsamor sintió muy mortificado su amor propio, pero en el fondo de su +alma tuvo que dar la razón a donna Olimpia, y no halló motivo para +quejarse de ella ni de nadie. Sospechó, con todo que el mediador que +había habido entre Feridún y Rustán y las dos aventureras no podía haber +sido otro que el Sr. Gastón Vandenpeereboom, pero disimiló su enojo por +vergüenza y no quiso vengarse, al menos por lo pronto. + + + + +-XVI- + + +El piloto Lorenzo Fréitas dirigió la nave con habilidad pasmosa, +aprovechando la monzón favorable del sud-oeste, y, con mayor rapidez que +la ordinaria, cruzó el Mar de la India hasta hallarse ya, según sus +cálculos, a cuatro o cinco días de distancia del puerto de Goa. Allí +estaba sin duda el virrey Don Duarte de Meneses, a quien Morsamor quería +presentarse, poniéndose a sus órdenes, aunque hubiera preferido que esto +fuera llevándole algún presente y después de haber dado cima a empresas +de importancia y de lucimiento. + +Para tratar sobre este punto, Morsamor llamó a consejo una mañana al +piloto Fréitas, al administrador Vandenpeereboom y hasta a Fray Juan de +Santarén y al amigo Tiburcio, con cuyos pareceres quería asesorarse. + +Por noticias que en Sofala y en Melinda le habían llegado, Morsamor +sabía que los negocios de Portugal en la India andaban harto revueltos. +Y aunque presentaban mayor peligro que de ordinario, podían también dar +ocasión a grandes triunfos si la destreza y el brio eran secundados por +la fortuna. Tiempo hacía ya que el soldán del Cairo no construía +auxiliado para ello por los venecianos a toda costa en Berenice, puerto +del Mar Rojo, naves con que salir a combatir a los portugueses en el +Golfo de Omán y en lo más ancho del Eritreo, pero habían corrido rumores +de que el régulo de Ormuz se había rebelado, sacudiendo la pleitesía y +negando el tributo que antes pagaba. Asegurábase además, que el gran +turco, a quien arrebataban los portugueses en la India el fructuoso +comercio que hubiera acrecentado y hecho incontrastable su poder, había +alentado, por medio de emisarios secretos, y tal vez con promesas de +auxilio, a varios rajaes o príncipes soberanos indostaníes, mahometanos +unos y gentiles otros, para que contra Portugal se ligasen y armasen. +Alma de esta liga era un marino audaz y experto, llamado Aga Mahamud, el +cual tenía gran crédito y alto nombre, y había llegado a reunir bajo su +mando una poderosa flota de más de cincuenta ligeras y bien artilladas +fustas, sin contar varias galeras, almadías, _zambucos_ y otros pequeños +bajeles, cuyos tripulantes, aunque de diversas razas, lenguas y +creencias, eran todos gente desalmada y fiera, avezada a la mar, sufrida +en los trabajos y despreciadora de los peligros. + +No lejos de Diu, florecía entonces, en el fondo de un estero y a orillas +de un río caudaloso, la ciudad de Chaul, emporio del comercio que, para +sustraerse al poder marítimo de Portugal, hacían entonces con la India, +por tierra, Persia y Arabia. Chaul era singularmente famosa como mercado +de caballos, y allí iban a surtirse los grandes señores y príncipes +indianos para remontar su caballería. + +Los portugueses habían obtenido del príncipe de Chaul el permiso de +erigir una gran fortaleza no lejos de la ciudad y al borde del estero, +adquiriendo así la llave y el dominio de emporio tan importante. + +La fortaleza había empezado a construirse, pero Aga Mahamud había +acudido a estorbarlo con sus fustas, y se decía que se habían dado ya +algunos combates en que no siempre los portugueses salieron bien +librados. + +Peligroso era ir allí con una nave sola exponiéndose a un encuentro con +fuerzas superiores enemigas, pero Morsamor, deseoso de señalarse por +actos heroicos, propuso a sus compañeros de navegación y de armas +dirigir el rumbo hacia Chaul y acudir en auxilio de la flota portuguesa +que defendía allí la construcción del castillo y que tal vez en aquellos +momentos estaba sitiada y vigorosamente combatida. Posible era sucumbir +allí con gloria, pero si por dicha se vencía, Morsamor gozaba en +imaginar la brillantez y la pompa de su entrada en Goa ya victorioso y +llevando de presente a Don Duarte treinta o cuarenta caballos árabes y +persas rápidos en la carrera, de pura sangre y de hermosísima estampa. + +Habló Morsamor con tanto fuego que logró penetrar y encender con él los +corazones de su pequeño auditorio. El mismo Fray Juan de Santarén hubo +de entusiasmarse y dijo que, dejando por lo pronto los medios de +persuasión, hasta que aprendiese él con facilidad alguna de las lenguas +que por allí se hablaban, empuñaría un arcabuz y transmitiría así sus +creencias a los infieles por medio de terribles lenguas de fuego. + +Había recelado Morsamor hallar oposición en el señor Vandenpeereboom, +pero se llevó agradable chasco. El señor Vandenpeereboom siempre con la +fría suavidad y con la lentitud de sus palabras, dijo de esta suerte, +cuando le llegó el turno de hablar: + +--En los peligros grandes el temor es casi siempre mayor que el peligro. +Mucho aventuramos, pero, ¿quién sabe? Acaso salgamos bien de la empresa, +y harto se comprende el provecho y la gloria que de ello nos +resultarían. Si somos vencidos, si las fustas de Aga Mahamud echan a +pique nuestra nave ¿qué le hemos de hacer? Morir tenemos, como dicen los +cartujos, y lo mismo es hoy que mañana. Yo aquí, como apoderado +comercial de los señores Adorno y Salvago, sólo debo mirar por sus +intereses. Y para disipar escrúpulos diré que aunque esta nave se hunda +en la mar con toda la riqueza que contiene, si se hunde con gloria y con +la conveniente y debida resonancia, los señores Adorno y Salvago saldrán +ganando y no perdiendo. Esto lo calculamos muy bien antes de zarpar de +Lisboa y por eso se dio el mando militar de la nave a tan atrevido +sujeto como el señor Miguel de Zuheros que está presente. Si a nosotros +nos hacen trizas y si descendemos al fondo del mar a que los peces nos +devoren, los señores Adorno y Salvago se afligirán o supondrán que se +afligen, pero ya tienen echadas sus cuentas y hechos sus cálculos y +sabrán poner alto precio a nuestro heroísmo, impetrando de Su Alteza +Fidelísima honores, mercedes y privilegios muy provechosos. Con que haga +el señor Miguel de Zuheros lo que mejor le convenga, y atrévase a todo, +que por nosotros no ha de quedar. + +En vista de tan unánime concordancia de pareceres, Morsamor dispuso que +se navegase hacia Chaul, y así lo hizo Fréitas, con todo el cauteloso +esmero que convenía para esquivar el encuentro de superiores fuerzas +contrarias y para acudir en la más oportuna sazón a dar a los amigos +inesperado socorro. + + + + +-XVII- + + +Al amanecer de un día del mes de Septiembre, la nave de Morsamor se +hallaba a la vista de Chaul, muy cerca de la costa. Densísima niebla +quitaba su transparencia al aire y extendida sobre la superficie del +mar, ofuscaba la vista. + +Morsamor y los suyos creyeron oír frecuentes estampidos como de disparos +de bombardas, y hasta imaginaron columbrar el resplandor siniestro que a +los estampidos precedía. Sin temor, no obstante, aunque sí con +extraordinarias precauciones, se fueron acercando hacia donde sonaban +los disparos. No soplaba el viento muy en su favor, pero el piloto +Fréitas y sus ágiles marineros le dominaban y aprovechaban con diestras +maniobras. + +A pesar de la niebla, descubrieron de repente un esquife que se recataba +de ellos y procuraba huir. Echaron entonces al agua el de la nave, en el +que izaron la bandera portuguesa, y a todo remo dieron caza y alcanzaron +al que huía. Los que le tripulaban, no bien distinguieron la bandera de +Portugal, trocaron su recelo en alegría y se pusieron al habla con los +de la nave. Pronto el que mandaba el esquife fugitivo subió a bordo de +la nave y llegó a la presencia de Morsamor. Interrogado por él el del +esquife fugitivo habló de este modo: + +--Yo, que me llamo Antonio Vaz, y los que vienen conmigo, formábamos +parte de la tripulación de la galera que mandaba Diego Fernández y que +había ido a ponerse a la entrada del estero para impedir que las fustas +de Aga Mahamud penetrasen en él y fuesen a combatir la fortaleza, ya +desde el agua, disparando bombardas, arcabuces y flechas, ya +desembarcando gente a fin de tomarla por asalto, con el auxilio de los +hombres de armas que Hamet, gran enemigo de los portugueses y dominador +hoy en Chaul, ha enviado contra nosotros. Atacada nuestra galera por +cinco fustas de Aga Mahamud había perdido mucha gente. Apenas quedaba +esperanza de salvación. La chusma de forzados, moros y gentiles, que +estaba al remo empezó a rebelarse, gritando en su lengua a los de las +fustas que se acercasen sin temor, que ya poca resistencia hallarían y +que ellos procurarían ayudarlos y salvarse. Entendió el capitán Diego +Fernández las palabras y el traidor propósito de los forzados y cayendo +sobre ellos, porque el cómitre había muerto atravesado por una flecha, +mató con su espada a cinco de los más rebeldes y furiosos. Por desgracia +una gruesa bala de bombarda vino a chocar contra el hierro del ancla que +estaba allí cerca suspendida, y saltando de rebote, dio tan tremendo +golpe en la armadura de acero de Diego Fernández que se la hizo pedazos, +hundiéndole en el pecho algunos de sus punzantes y afilados picos. Diego +Fernández perdió la vida en el acto. A reemplazarle en el mando acudió +oportunamente don Jorge de Meneses. Con él habían venido de refresco +cerca de cuarenta soldados que estaban antes en otro navío. Para que no +desmayasen y se acobardasen a la vista del capitán muerto, don Jorge nos +mandó que le envolviésemos en la manta de un forzado y que le +escondiésemos en el fondo del buque. Así lo hicimos al punto. La +fortaleza entre tanto nos pareció asaltada por la gente de la ciudad que +Hamet había enviado contra ella. Quiso entonces don Jorge dar a la +fortaleza algún auxilio, me consideró más capaz que nadie para tan +arriesgada empresa, recibí sus órdenes y lancé al agua el esquife en que +me habéis visto venir. Dos fustes y algunos pequeños bateles de Aga +Mahamud me cerraron el paso y me impidieron saltar en tierra. No pude +tampoco volver a la galera, porque se interpusieron persiguiéndome. De +ellos venía huyendo cuando me habéis encontrado. + +Oída esta relación de Antonio Vaz, Morsamor le animó y le tomó por guía +para que le llevase hacia donde estaban las dos fustas y los pequeños +bateles que le habían perseguido. + +Con gran rapidez, en silencio, arriada la bandera, y hasta cierto punto +oculta por la neblina, la nave de Morsamor cayó de repente sobre las dos +fustas, que se habían apartado del grueso de la flota persiguiendo al +pequeño esquife, y echó a pique una de ellas con certeros tiros de su +artillería, que dirigía Tiburcio con tino verdaderamente diabólico. +Pasmados los de la otra fusta y aterrorizados del imprevisto ataque, no +acertaron a huir ni a poner resistencia. La nave se acercó a la fusta y +la gente de Morsamor la entró al abordaje, pasando a cuchillo a cuantos +había en ella. Tiburcio tomó entonces el mando de la fusta apresada. + +Morsamor y Tiburcio se apresuraron luego a llegar donde combatían la +galera de don Jorge y el grueso de la flota portuguesa contra las fustas +de Aga Mahamud, en las cuales hizo Morsamor tremendo estrago con la +artillería y arcabucería de su nave, cooperando eficazmente a la +victoria una audaz estratagema de Tiburcio, porque desordenó las fustas +de Aga Mahamud penetrando en sus filas como si su fusta fuese aún una de +ellas y no hubiese pasado a poder del enemigo. + +En suma, las fustas de Aga Mahamud tuvieren que retirarse todas con +grandísima pérdida y quebranto, y don Jorge, a hora de medio día hizo +resonar las trompetas y clarines en señal de victoria, si bien no se +resolvió a perseguir la armada de los infieles. + +La situación en que estaba la fortaleza le atraía antes que todo. Era +menester libertarla de los sitiadores que Hamet había mandado contra +ella. Y como ya no había que hacer cara a las fustas de Aga Mahamud, los +más aptos y valerosos de los hombres que tripulaban la flota portuguesa +desembarcaron no lejos del castillo, que sólo defendían sesenta hombres, +los cuales, de acuerdo con los desembarcados, a quienes desde las +almenas y saetías vieron llegar, hicieron a tiempo una salida muy +vigorosa, cayendo sobre los sitiadores a quienes los desembarcados +atacaron por el flanco y por la espalda. Al frente de una tropa de más +de cuarenta, entre los que se distinguían Tiburcio dando cuchilladas y +Fray Juan de Santarén animando a los combatientes con oraciones +fervorosas, Morsamor hizo atroz carnicería en los musulmanes y gentiles +de Chaul, que pronto abandonaron el campo y huyeron despavoridos +refugiándose en la ciudad. + +Para aterrar a Hamet y a los que en la ciudad le obedecían, don Jorge de +Meneses les envió un presente horrible: cincuenta cabezas de los que +habían muerto atacando la fortaleza y rechazados por él. Amilanado Hamet +y temiendo el incendio y saco de la ciudad y muertes innumerables si era +entrada por asalto, pidió la paz, capituló, y dejó entrar a los +portugueses que de la ciudad se enseñorearon. + +Morsamor, cuyo inesperado auxilio había sido parte tan principal en la +victoria, gozó del triunfo a par de don Jorge, siendo vitoreado y +ensalzado por los de la hueste. + +El contento de los vencedores llegó a su colmo cuando pudieron +apoderarse, como tributo, de parte de las riquezas allí reunidas y +repartírselas entre todos. Morsamor, persistiendo en su propósito, no +dejó de tomar veinte hermosos caballos ricamente enjaezados, para +llevárselos de presente a don Duarte, cuando se presentase ante él en +Goa, como pensaba hacerlo, con la noticia de aquel triunfo. + + + + +-XVIII- + + +Pronto llegó al puerto de Goa la nave de Morsamor: este y Tiburcio, muy +orondos y satisfechos de la gloria militar que habían adquirido; el +piloto Fréitas no menos pagado del aumento de su crédito como hábil +navegante, y contento el señor Vandenpeereboom de las compras y ventas +que iba haciendo y que pensaba hacer, aprovechándose de los triunfos y +sin perder las buenas ocasiones. + +Don Duarte de Meneses recibió con grande aprecio al aventurero +castellano que tan bien le había servido y aceptó gustoso el rico +obsequio de los veinte hermosos caballos. + +Por aquellos días todo era júbilo en Goa, porque de Ormuz llegaron +también muy buenas nuevas. Amedrentado el rey rebelde, había entrado en +tratos con los portugueses para entregarles la plaza, pero su visir, que +era un _rumí_, o griego renegado, se puso de acuerdo con la princesa +hija del monarca que había reinado allí en tiempo del grande +Albuquerque. El _rumí_ la tomó por mujer o por amiga y movido por la +ambición y excitado por la princesa, asesinó al rey y se apoderó en +lugar suyo de aquellos Estados. Los portugueses entonces lucharon contra +el usurpador, lograron vencerle y entraron en Ormuz a saco, apoderándose +de un botín espléndido. + +Poco después de llegar a Goa la nueva de la victoria de Chaul, llegó +también la nueva de esta victoria. + +Goa resplandecía entonces en su mayor auge como centro y capital del +imperio lusitano en Oriente; imperio que se extendía desde Sofala a +Malaca, por todas las costas del Océano Índico y del Golfo de Bengala, y +dilatándose además por muchas islas del mar del Sur, como Ceilán, +Sumatra, Java y las Molucas, donde el rey de Portugal había levantado +fortalezas e imponía tributos. + +A Goa acudían agentes o enviados de muchos soberanos a negociar alianzas +y a mendigar el favor y el auxilio del virrey. Los rajaes de Cambaya y +de Narsinga, el samori, los príncipes y sultanes de Aracan, de Bengala y +del Pegu, y hasta el propio shah de Persia, anhelaban la amistad de los +portugueses, les enviaban presentes o les rendían parias. + +Los portugueses, sin embargo, no penetraban por punto alguno en lo +interior de las tierras y sólo de la mar eran señores. Carecían de +fuerzas suficientes para hacer incursiones y conquistas en lo interior +de aquellos dilatados países, que seguían para ellos, no sólo +independentes, sino casi desconocidos. Los príncipes y señores +orientales, cuando la victoria encumbraba a los portugueses, se +postraban ante ellos y se les sometían medrosos; pero la sumisión era +insegura y falsa. De aquí que el imperio portugués en la India fuese más +brillante que sólido. Era como árbol frondoso, rico en flores y frutos, +cuyas raíces no penetraban hondo en la tierra y que el ímpetu de los +vientos podía sacar fácilmente de cuajo. Era como la estatua simbólica, +que Nabucodonosor vio en sueños, con la cabeza de oro y los pies de +barro y que una piedrecilla, que de improviso rodó de la montaña, +desmenuzó y redujo a polvo. + +Morsamor aplicaba a veces al imperio portugués la visión de este sueño y +algo de la interpretación que el profeta Daniel le había dado. + +Los portugueses, con terrible heroísmo, habían hecho y seguían haciendo +_más de lo que prometía fuerza humana_. Espléndidas páginas habían de +dar aún para su historia virreyes tan ilustres como don Juan de Castro y +don Luis de Ataide; pero la piedrecilla había de sobrevenir derribando +por último el coloso y engrandeciéndose luego como ingente montaña que +sobre firme y arraigado cimiento se erguiría sobre la tierra y la +dominaría. + +Morsamor se desalentaba al pensar así, no veía plan ni concierto en +todas aquellas bizarrías, ni acertaba a traslucir que pudieran tener fin +dichoso. Sólo veía horrores, estragos y muertes, y volvía a arrepentirse +de haberse remozado y de haber huido del convento. Imputaba luego aquel +arrepentimiento suyo a cansancio y a flaqueza de ánimo. Y entonces +renacía en él el ansia de señalarse y de probar su valor, volviendo a +lanzarse en las más peligrosas aventuras. + +Las buenas ocasiones no habían de faltarle. La primera que se le ofreció +fue la de ir a la grande y hermosa isla, donde se crían la canela y el +clavo y abundan las perlas en el mar que la ciñe. Los antiguos griegos y +romanos la llamaron Trapobana, Lanca los indios, los árabes Serendib, y +por último se llamó Ceilán. En sus Costas habían fundado los portugueses +varios fuertes y factorías, desde donde procuraban dominar toda la isla. +Reinaba en ella, sobre la raza indómita y guerrera de los singaleses, un +rey tan valiente como astuto llamado Rayasinga. Lejos del alcance del +poder portugués estaba la capital y residencia de este rey a donde sólo +podía llegarse salvando enriscadas montañas a través de peligrosos +desfiladeros. + +Imaginaban los portugueses que aquel reino había sido cristiano en lo +antiguo, gracias a las predicaciones del apóstol Santo Tomás que hasta +él había llegado, pero imaginaban también que el cristianismo de los +singaleses se había pervertido y maleado con el transcurso del tiempo, +turbando la pureza de su doctrina mil absurdas supersticiones. La verdad +era que lo que creían los portugueses cristianismo viciado era la +religión fundada por Sidarta, príncipe de las sakias de Kapilabastu, y +predicada en Ceilán algunos siglos antes de Cristo. La moral de esta +religión no podía ser más santa ni más hermosa, pero su metafísica era +errónea y desconsoladora. En el amor y en la compasión por el infeliz +linaje humano, sin distinción de castas ni de jerarquías, estribaba +aquella moral, pero no tenía un Dios misericordioso. Su Dios, si tal +podía llamarse, era el ser único, infinito e indeterminado en quien todo +cuanto es y en quien todo cuanto puede ser se contiene. El término de la +aspiración, la suprema bienaventuranza de religión tan extraña era +romper el límite que nos separa del todo, y perdiendo tal vez la +conciencia individual, hundirnos en la inmensidad de la sustancia única, +acabada ya la serie de transmigraciones del alma y gozando de inefable +reposo. A tales dogmas, sin embargo, el amor y la compasión prestaban +como ya hemos dicho, una moral muy pura. + +Entre la teoría y la práctica hay a menudo gran contradicción y no era +pequeña la del caso de que hablamos. El piadoso rey Rayasinga, con la +aprobación acaso o con la indulgencia al menos del gran sacerdote +Sumangala, había destronado a un hermano suyo, que andaba forajido, y +había envenenado a otro de sus hermanos, reinando así en lugar de los +dos y dando unidad a su reino. Para darle también completa independencia +y gloria combatía con frecuencia a los portugueses. Estos combates, +sangrientos y obstinados, eran estériles siempre. Ni Rayasinga lograba +apoderarse de ningún fuerte de los portugueses, ni estos, salvando las +montañas y atravesando los desfiladeros, llegaban a asediar la capital +de Rayasinga. + +Poniéndose a las órdenes de Juan Silveira, que mandaba en Cananor, +Miguel de Zuheros fue a Ceilán a combatir y a escarmentar al mencionado +rey; en varios encuentros que tuvo con sus huestes alcanzó siempre la +victoria y contribuyó no poco a que cansados de luchar por una y otra +parte, se sentasen paces de nuevo. + +Morsamor pasó luego a Sumatra y tomó parte en otra expedición guerrera +contra el monarca de Pacen, que los portugueses consideraban intruso y a +quien destronaron dando su trono y reino a un sobrino suyo que había +ganado el favor y auxilio de los portugueses declarándose vasallo del +rey don Manuel. + +Alentado con esta conquista del reino de Pacen, en la que tuvo no +pequeña parte, Morsamor se puso a las órdenes de Jorge Brito y fue con +él a una expedición contra el rey de Achin, cuyos súbditos, inquietos y +belicosos, infestaban con sus piraterías aquellos mares. + +En balde reclamó Jorge Brito del rey Achin la entrega de mercancías, de +armas y hasta de portugueses cautivos, de que se había apoderado por +sorpresa o aprovechándose del naufragio de dos buques de Portugal en +aquellas costas. Esto dio motivo o pretexto a Jorge Brito para romper +las hostilidades, empeñándose imprudentemente en empresa muy peligrosa. +En dos fustas y con menos de trescientos hombres de desembarco navegó +contra la corriente del río hacia la capital de los achineses. Casi a la +mitad del camino tenían estos una fortaleza, donde había bastantes +arcabuceros y algunas bombardas, cuyos disparos impidieron a las fustas +seguir adelante y mataron a cuatro de los hombres que las tripulaban. + +Ansioso Jorge Brito de tomar venganza desembarcó con sus trescientos +soldados, entre los cuales había no pocos ilustres y valerosos +caballeros de la corte del rey don Manuel. Morsamor estaba entre ellos. + +Muy reñidos y sangrientos fueron el ataque y la defensa del fuerte de +los achineses, los cuales hicieron vigorosas salidas. En una de ellas +estuvieron a punto de desordenar y derrotar por completo la hueste +lusitana, merced a una inesperada estratagema de que se valieron, +lanzando contra los portugueses una manada de búfalos que tenían +acorralados. + +Los portugueses, no obstante, iban ya triunfando de todo. Los sitiados, +casi en fuga, se retiraban al fuerte, y ya Jorge Brito y Morsamor tenían +la esperanza de tomarle por asalto cuando el propio rey de Achin llegó +en defensa del fuerte con más de dos mil infantes, con algunos caballos +y con seis elefantes poderosos adiestrados para la lucha, defendidos por +muy firmes corazas y dirigidos por cornacas hábiles y denodados. Los +portugueses estaban todos a pie. Casi envueltos por tan superiores +fuerzas enemigas, retrocedieron con espanto hacia la orilla del río. +Sólo reembarcándose podían lograr ya salvar las vidas, mas para +reembarcarse era menester, no sólo hacer cara al enemigo, sino tenerle a +cierta distancia durante algún tiempo. + +Los valientes caballeros que de esto se encargaron hicieron prodigios +apenas creíbles. En aquel trance murieron más de cincuenta portugueses, +no pocos de ilustre familia y entre ellos el mismo Jorge Brito capitán +de la hueste, y los cinco músicos que siempre llevaban consigo, Porque +gustaba en extremo de que le exaltasen y animasen en el combate cantando +y tocando instrumentos sonoros. + +La muerte que amedrantó más a los portugueses fue la de Gaspar +Fernández. El elefante más gigantesco le cogió con la trompa, le tiró +por el aire, y no bien cayó al suelo, le acabó de matar estrujándole el +pecho y rompiéndole el cráneo con sus gruesas patas delanteras. + +Morsamor quiso vengar a aquel compañero de armas, que tal vez era el que +más estimaba y quería. Acometió por un lado al elefante y logró derribar +a su cornac hiriéndole de una estocada. El elefante se revolvió contra +Morsamor y le asió también con la trompa. La espada se le cayó a +Morsamor de la diestra; pero, con la rapidez del rayo, y sin dar tiempo +a que el elefante le lanzase o le ahogase apretando, le agarró con la +mano izquierda de una oreja, y desenvainando con la otra mano el +acicalado puñal, que llevaba al cinto, le hundió hasta el puño en la +cerviz de aquella fiera, con tino tan eficaz que en el acto perdió la +vida, cayendo con estruendo por tierra su espantosa mole. Morsamor cayó +también, pero cauto y ligero, no cayó debajo sino encima de su víctima. + +Aunque Morsamor se levantó con rapidez, allí hubiera muerto, circundado +de muchos enemigos, si los de la hueste portuguesa, maravillados y +reanimados al ver su hazaña, no hubieran acudido en su auxilio. Aquella +hazaña de Morsamor contuvo el ímpetu de las gentes del rey de Achin y +prestó bríos y dio tiempo a los portugueses para que se reembarcasen, si +bien con lamentable pérdida, no completamente derrotados. + + + + +-XIX- + + +De vuelta Morsamor a Goa para reposar sobre sus laureles, se complació +en ver cundir su fama y crecer el número de sus admiradores, convertidos +muchos de ellos en parciales devotos. La emulación y la envidia hacían +que también sus enemigos se aumentasen. Y a todo contribuía en gran +manera Tiburcio de Simahonda que, menos retraído y mucho más expansivo +que Morsamor, se mostraba por donde quiera y trataba toda clase de +gente. Tiburcio, como en Lisboa, sabía ganar amigos en la India, pero su +buena fortuna con las mujeres y en el juego le creaba muchos envidiosos. +Menester era de toda la prudencia y tino de Morsamor, para evitar riñas +entre dichos envidiosos y los del bando que sin pretenderlo él querían +seguirle y cuyo aparente adalid era Tiburcio. Los más desalmados +aventureros y los menos favorecidos de la suerte, acudían a Tiburcio, +esperando por su medio ganarse la voluntad de Morsamor y embelesados por +lo pronto por el alegre carácter, burlas y chistes de aquel doncel +atrevido. + +Francisco Pereira Pestana, gobernador de Goa, recelaba de continuo que +la rivalidad entre la gente que acaudillaba Tiburcio y los que le +envidiaban y odiaban originase desórdenes sangrientos. El más vivo deseo +del gobernador se cifraba en que Miguel de Zuheros y Tiburcio +abandonasen la ciudad llevando consigo a los más turbulentos aventureros +y acometiendo alguna arriesgada empresa de la que tal vez sería lo mejor +que nunca volviesen. + +Aunque movido Morsamor de sentimientos contrarios, coincidía con el +gobernador en hallar difícil y enojosa su posición en Goa, ansiando +salir de allí en busca de aventuras, con toda independencia de Portugal +y campando por su respeto. + +En tal situación de ánimo y después de aconsejar a Tiburcio que fuese +circunspecto y sufrido a fin de vivir en paz, Morsamor le manifestó el +ansia que tenía de salir de Goa y de buscar honra y provecho por nuevos +y no trillados caminos. + +Poco tiempo después de esta confidencia de Morsamor, Tiburcio, que al +principio se había callado, hubo de hacerle el siguiente razonamiento: + +--He meditado sobre lo que te trae caviloso y que días pasados me +confiaste. He hecho más: he gustado de tu propósito y he empezado a +abrir el camino para que se logre. Para nosotros siempre será aquí el +peligro mayor que la gloria. Debemos, pues, salir de aquí. Fuera de aquí +el peligro podrá ser grandísimo, pero la gloria estará en proporción y +será también grande. Para que me entiendas bien, te diré el concepto que +formo yo de la tierra en que ahora estamos y de la gente que la habita. +Mi trato con ella y mi facilidad para entender su idioma, hacen que yo +lo comprenda todo con más claridad y exactitud que los portugueses. + +Lleno de curiosidad Morsamor, prestó grande atención a Tiburcio que +continuó diciendo: + +--Hay en la India muchas y muy diversas naciones, castas, lenguas y +tribus, pero desde hace más de tres mil años, existe en la India una +casta predominante, que se enseñoreó de todo y que supo conservar el +imperio por fuerza, por astucia y por sabiduría. Mucho antes de que +floreciesen Atenas y Roma, mucho antes de que Salomón e Hirán enviasen +sus flotas a Ofir y de que los fenicios fundasen a Cádiz, bajó del +montañoso centro del Asia a las fértiles llanuras que riegan el Indo y +el Ganges, un pueblo nobilísimo e inteligente, valientes guerreros los +más y algunos de ellos inspirados y divinos poetas, que los guiaban y +entusiasmaban. Este pueblo de superior condición redujo a su obediencia +y mandado a los otros pueblos que en la India vivían. Y de allí en +adelante, los guerreros del pueblo conquistador fueron los reyes y los +nobles de la India, y sus poetas o _richis_, convertidos en sacerdotes, +sabios y filósofos, no sólo prevalecieron sobre las naciones +conquistadas, sino también sobre los reyes y los nobles que las habían +sometido. La primitiva y sencilla religión que los _richis_ habían +formulado en sus himnos vino a convertirse en complicadísimo sistema y +en sutil teología, cuyos intérpretes y depositarios fueron los +descendientes de los _richis_ a quienes en el día llamamos brahmanes. +Estos han conservado su poder, sobreponiéndose durante siglos a +interiores rebeldías y a conquistas e invasiones extrañas. Amenazado se +halla hoy este poder por los portugueses, pero sólo en el litoral. Los +sectarios de Mahoma son quienes tierra adentro le combaten. ¿Por qué no +hemos de ir nosotros tierra adentro a promover la rebelión de los +brahmanes y a darles auxilio contra los muslimes? + +--¿Qué ganaría yo con eso, interpuso Morsamor, o para mí, o para la +nación a que pertenezco, o para la religión que sigo, aunque pecador y +fraile escapado de su convento? + +--Ganarías mucho--replicó Tiburcio--. En primer lugar, combatirías el +islamismo y quebrantarías por aquí el imperio de turcos y de moros, que +han sido hasta ahora los mayores enemigos de nuestra católica España. Y +en segundo lugar, sólo Dios sabe hasta qué extremo de ventura, hasta qué +dichoso y espantable éxito pudieras llegar con tu audacia. Si +consiguieses dar aliento y ayuda a los brahmanes, vencer con ellos el +Islam y restablecer en toda su amplitud el influjo y el imperio de casta +tan inteligente, no lo dudes, los brahmanes, agradecidos, te +reconocerían por nuevo y resplandeciente _avatar_ y harían que por tan +alto carácter, todos los indios te reverenciasen y temiesen. Así acaso +podrías tú más tarde, con habilidad y prudencia, convertir a la religión +cristiana a los que fuesen súbditos tuyos y crear el reino del Preste +Juan, que tal vez no existió nunca sino en la fantasía de los europeos, +o renovarle con mayor esplendor y gloria, dado que existiese en el +centro del Asia antes de que Temugin le destruyera, como sienten algunos +autores. Setenta y dos reyes rendían homenaje, feudo, obediencia y +tributo al antiguo Preste Juan, real o soñado. ¿Por qué habías tú de ser +menos y no tener a tu servicio otros setenta y dos reyes? + +--Todo eso estaría muy bien--dijo Morsamor--. Aunque parezca fantástico +e inasequible, yo me siento capaz de todo. Pero, ¿dónde están los +brahmanes que quieran sublevarse y sacudir el yugo del Islam? + +--A eso voy--contestó Tiburcio--. Lo dicho hasta aquí es mero preámbulo +antes de entrar en materia. Me han hecho proposiciones para ti y vengo a +comunicártelas. Así como en España, cuando se hundió el Califato de +Córdoba, surgió de sus ruinas multitud de Estadillos, donde alzaron sus +trenes no pocos régulos, aquí también se han formado reinos musulmanes +diversos, que se sostienen aún, a pesar de las sucesivas y pasajeras +invasiones de los mongoles y a pesar de la malquerencia de los sectarios +de Brahma que no han sabido sacudir el yugo extraño. Ahora al cabo +tienen el propósito de sacudirle. En la ciudad santa de la India, foco +ardiente y luminoso de su religión y centro de su antiquísima cultura, +abrigan tan gran propósito. Conspiran para lograrle los brahmanes más +ilustres y algunos _chatrias_ de generoso carácter y de regia extirpe. +No cuentan bastante con el pueblo, ni confían en él considerándole +enervado por siglos de esclavitud y porque además el pueblo no +combatiría para ser libre, sino para sacudir un yugo y someterse a otro +yugo. Los brahmanes esperan con todo que el pueblo combata en favor de +ellos, impulsado por el fanatismo religioso que procuran infundirle. Mas +al principio y para dar el primer golpe, necesitan de un núcleo, aunque +pequeño muy firme, de varones esforzados, de héroes verdaderos, capaces +de exponer la vida en los lances más terribles y de realizar prodigios +de sobrehumana osadía. El núcleo de que hablo sólo puedes formarle tú o +por mejor decir, le tienes ya formado con más de doscientos aventureros +que hay en Goa dispuestos a seguirte a donde quiera que los guíes. La +fama a llevado todo esto hasta la gran ciudad de Benarés. El jefe +supremo de los brahmanes, el sublime y venerando Balarán, alma de la +conjuración, sabe lo que vales y solicita misteriosa y recatadamente tu +auxilio. Para alcanzarle ha venido a Goa en tu busca el sabio brahmán +Narada, confidente de Balarán, que ha hablado ya conmigo y que pide +audiencia para hablarte. Narada, que sabe muchísimas cosas, sabe también +las lenguas latina e italiana y podrá entenderse perfectamente contigo. +¿Quieres oírle y tratar con él de tan importante negocio? + +Exaltada la ambición de Morsamor con lo que Tiburcio acababa de +revelarle, se prestó a recibir y a oír a Narada y le aguardó con +impaciencia. + +Guiado por Tiburcio e introducido en la estancia de Morsamor, no tardó +en aparecer ante sus ojos el sabio Narada bajo el desarrapado traje de +fakir o penitente vagabundo, a través de cuyo desaliño y de cuyos +miserables harapos, resplandecían la majestad del noble e inteligente +anciano, la despejada tersura de su frente y la limpia nitidez de su +blanca y luenga barba. + +Lo que dijo Narada a Morsamor merece capítulo aparte. + + + + +-XX- + + +--El brillo de tu gloria--dijo Narada--ha llegado hasta nuestra santa +ciudad y ha penetrado en nuestros corazones cual rayo de esperanza. Yo +vengo a buscarte para que la esperanza se logre. No; tú no eres para +nosotros un ser humano inferior y de distinta raza. Sin duda eres puro y +legítimo descendiente de egregios hermanos nuestros que, en edad remota, +emigraron hasta las últimas regiones de Occidente desde la verde falda +del Paropamiso. Tu pensamiento y tu creencia coinciden en el fondo con +lo que nosotros pensamos y creemos: son radicalmente iguales: flores de +la misma planta, frutos del mismo árbol. Ideas análogas nacidas en +espíritus de idéntica condición y alta nobleza. No es nuestro Dios como +el de los muslimes, déspota caprichoso y cruel, gobernando a los +hombres, allá en su distante y cerrado cielo, como sultán que se esconde +a los ojos de la vil muchedumbre de sus esclavos, y desde su encumbrado +alcázar con vara de hierro los domina. Nuestro Dios está con nosotros y +en nosotros. Presente por dondequiera, lo llena y lo penetra todo y más +que todo nuestras almas. El alma enamorada que le busca, le halla y le +goza en esta vida mortal. Para nosotros el hombre es divino, porque +nuestro Dios es humano. No pocas veces ha tomado nuestro Dios ser y +forma de hombre en el seno dichoso de una mujer escogida. Nuestros +héroes son _avatares_ o encarnaciones de Vishnú. Crishna es el más +glorioso de ellos y al que más devotamente adoramos. Libertador y +redentor de las almas, las atrae, las enamora y con su hermosura las +cautiva. Bello pastor apacienta su rebaño en la fértil orilla de un río +de aguas limpias y claras y al melodioso son de su flauta danzan en +torno suyo las _gopies_, las _apsaras_ y hasta Sarasvati y las otras +diosas inmortales, humanadas y convertidas por él en lindas zagalas. Tal +es Crishna en la tierra, como genio de paz y de amor, pero el acento +blando de su flauta se trueca en el medroso resonar del clarín guerrero +cuando su paciencia se agota, se despierta en su corazón la ira y se +resuelve a librarnos del tirano Cansia. Terror de muerte invade y hiela +entonces el ánimo de sus enemigos. Así es Crishna en la tierra, como +hombre y viviendo vida mortal. En su ilimitada y superior existencia, +dominador Crishna de los tres mundos, dirige al son de su música el +eterno giro de las esferas celestes que en arrebatada consonancia +producen el perpetuo cambio de luz y tinieblas, en día y en noche, de +alternadas estaciones durante el año, y en ingentes períodos de siglos +desde el renacer del universo hasta su caída, extinción y reposo en el +seno de Brahma. Crishna nos protege, Crishna nos anuncia venturoso +éxito, nos declara que la ocasión es propicia, y nos manda que acudamos +a ti e impetremos tu auxilio para sacudir el yugo de los muslimes. Dos +años ha, Babur, emperador de los mongoles, se apoderó de Lahor desde +donde amenazaba conquistar con rapidez toda la India; pero Babur ha +tenido que abandonar a Lahor para vencer a los rebeldes que pugnan por +desbaratar todo su imperio. Bactra, Kiva, Bokara, y hasta su misma +capital Samarcanda se han levantado contra él. Sus enemigos se conjuran +en su daño por todas las fronteras de sus extensos dominios: los chinos +por el Oriente y por el Occidente los turcos, poderosísimos en el día y +contra los cuales luchan con corta eficacia las naciones europeas, +enflaquecidas por constantes rivalidades y empeñadas hoy en largas +guerras religiosas y políticas. Así el turco, aliviado del temor que +esas naciones debieran inspirarle, puede hacer cara a Babur y a sus +mongoles. Contra ellos se levantan los persas y los pueblos guerreros +del Cáucaso, las gentes de Georgia, de Circasia y de Armenia, y más al +Norte, otro pueblo belicoso recién salido de la barbarie, que vive en +las regiones boreales, límites entre Asia y Europa, y que después de +vencer y de humillar la Horda de oro penetra en Asia anhelando +predominios y conquistas. La ocasión como he dicho es hoy más propicia +que nunca. Para no perderla anhelamos tu auxilio. ¿Nos le concedes? + +--Dime cuál es vuestro plan--respondió Morsamor. + +--En Benarés--replicó Narada--reina hoy el tirano musulmán Abdul ben +Hixen. Si le destronamos y si logramos enseñorearnos de aquella ciudad, +centro de la cultura y de la religión brahmánicas, no será difícil +promover la sublevación contra los demás príncipes muslimes y crear un +Estado independiente y único, en que prevalezcan e imperen los +adoradores de Vishnú y de Crishna, desde los lagos de Cachemira y las +nevadas cumbres del Himalaya hasta el Kersoneso de oro y hasta el +enriscado promontorio donde se levanta el templo de la diosa virgen +Kumari. Así tal vez podamos fortalecernos y oponer eficaz resistencia a +Babur, si por desgracia reconstituye su imperio y vuelve sobre la India +para conquistarla y asolarla como hace más de un siglo hizo su espantoso +antecesor Tamerlán o Timur. + +--Tu proyecto me parece excelente--dijo Morsamor--, pero su realización +harto difícil. + +Narada entró luego en pormenores a fin de exponer y de explicar los +medios con que contaba y las probabilidades de buen éxito. + +El ambicioso Morsamor se dejó convencer al cabo. + +Narada y otros importantes personajes que habían venido con él +disfrazados de fakires, debían servir de guía a Morsamor y a su hueste, +compuesta de 300 aguerridos y audaces aventureros. Irían estos en la +expedición, no sólo impulsados por la esperanza de botín riquísimo, sino +con grandes pagas, de que habían de cobrar por adelantado las de seis +meses. Para esto, para otros gastos de la expedición y para excitar +también la codicia y el celo de Morsamor, Narada entregó a este no corta +cantidad de rupias de oro y además, en un pequeño saco de cuero, +diamantes de Golconda y perlas rubíes de Ceilán, por cualquiera de los +cuales había en Goa joyeros que darían considerables sumas. + +Tiburcio, bajo la inspección y dirección de Morsamor eligió a la gente +de leva, hizo el ajuste y enganche y con el mayor secreto lo dispuso +todo para la partida. + + + + +-XXI- + + +Goa era en aquella edad la Síbaris del Oriente, centro de lujo, regalo y +lascivia, donde los vencedores de Adamastor y de todos los genios del +Mar Tenebroso recibían el galardón de sus estupendas victorias. En Goa, +sin duda, hubo más tarde de inspirarse Camoens para imaginar aquella +deliciosa y encantada isla que Venus hizo surgir del fondo del Océano, +cubriéndola de amenos jardines, de fragantes selvas y de limpios y +tranquilos lagos y poblándola de hermosísimas ninfas que, heridas todas +por las ardientes flechas de un ejército de Amores, brindasen mil +deleites a los felices héroes de su poema y se rindiesen a su talante y +deseo. La riqueza y el esplendor de Goa habían atraído a su seno alegres +y lindas mujeres de diversos y distintos países: almeas de Egipto; +cortesanas de Bética, Italia y Grecia; odaliscas de Georgia, Armenia y +Persia, y bayaderas y _devadasis_ de toda la India. Sus variados y +exóticos cantares alegraban los oídos. Sus lánguidos y livianos bailes y +la mórbida esbeltez de sus formas eran encanto de los ojos y dulce lazo +en que los corazones quedaban cautivos. + +En medio de tanto deleite, Morsamor se había mostrado impasible, +silencioso y tétrico. Ninguna mujer había logrado prenderle, ni aun con +las ligeras y frágiles cadenas en que donna Olimpia le había prendido. +Al contrario, Morsamor había esquivado cuantos placeres Goa brindaba, y +había mostrado singular repugnancia y disgusto hacia todas aquellas +cantoras y bailarinas, como si recobrasen fuerza sus votos y renaciese +en su espíritu la desatendida severidad del claustro. Las bayaderas de +la India, sobre todo, le inspiraban horror. No sólo para alcanzar los +triunfos que se prometía, sino también para dejar de ver a las +bayaderas, Morsamor anhelaba impaciente salir de Goa. Muy pronto se +cumplió su anhelo; pero antes, movido por sentimientos que llenaban su +espíritu, que le atormentaban y que acabaron por desbordarse, hizo a +Tiburcio, que sobre todo le interrogaba, confidencias que jamás a nadie +había hecho y que en cifra declararemos aquí. + +--Un recuerdo penosísimo--dijo Morsamor--se despierta en mí al ver la +danza de las bayaderas y evoca un espectro que dormía desde hace medio +siglo en los abismos de mi memoria, espectro que aparece ante mi +conciencia, afligiéndola y atormentándola. Fue en mi primera juventud, +en la magnífica feria de Medina del Campo. Allí vi y conocí a Beatriz: a +la única mujer que de veras me ha amado. + +Tiburcio quiso contradecir a Morsamor en este punto, suponiendo que le +había amado también donna Olimpia, y hasta que doña Sol había estado a +punto de amarle y tal vez le hubiera amado a insistir él con firmeza en +sus pretensiones. + +Morsamor no aceptó la lisonja. Harto probaban que lo era el frío desdén +con que le despidió doña Sol y la traidora fuga de la italiana. + +--Sí--prosiguió Miguel de Zuheros--, Beatriz es la única mujer que me ha +amado. No era como doña Sol ninguna ilustre y orgullosa dama, ni +siquiera, como donna Olimpia célebre daifa de alto precio; era una +humilde muchacha, nacida y criada entre gente abyecta, sin patria y sin +hogar; hija de una raza maldita y vagabunda, que no hacía muchos años se +había difundido por toda Europa y al fin penetrado en España. +Ignorábanse su origen y su procedencia. Ahora, cuando contemplo a las +bayaderas, me explico de dónde aquella raza procede. Fue de seguro un +pueblo de la India que, huyendo de los estragos que causó Timur, y +aguijoneado por el miedo, llegó hasta los confines occidentales de +Europa. A una tribu de este pueblo, a un errante aduar de gitanos, +pertenecía Beatriz. Era como flor que brota en el cieno. Era como perla +que se esconde en un muladar. Ella me amó con el fervor y la ternura que +hubiera yo querido hallar para mí en el corazón de alguna gran señora o +de alguna princesa. Y yo gocé mal de aquel amor sin llegar a +comprenderle, y le desprecié y me harté de él después de haberle gozado. +La plebeya ruindad de mi enamorada trocó mi afecto y mi gratitud en +vergüenza. Abandonada Beatriz por mí, murió a poco trágica y +misteriosamente. No falté yo a ninguna promesa, porque nada había +prometido. Fueron, no obstante, enormes mi pena y mi remordimiento. Y +más aún, cuando, poco tiempo después, tuve un raro encuentro en Sevilla. +Pasando un día entre la Catedral y el Alcázar se me acercó una vieja y +desarrapada gitana y se empeñó tan obstinadamente en decirme la +buenaventura que no supe negarme a su ruego y le entregué mi mano para +que la examinase. La vieja gitana me dijo: + +--En buena hora naciste, gallardo y gentil caballero, si la ambición +satisfecha basta para hacerte dichoso. Las rayas de tu mano me revelan +que ha de favorecerte la fortuna, que has de sobrenadar como el aceite, +que has de llevarte a la gente de calle, y que has de dominar en el +mundo. Pero tu amor se trocará en ponzoña y muerte. Tus amorosas miradas +seguirán aojando y marchitando los corazones como (y aquí bajó la voz la +vieja gitana haciéndola casi imperceptible), como aojaron y marchitaron +el de la pobre Beatricica, que buen poso haya. Perdónete Dios la +desesperación que le ocasionaste y a ella perdone el mal fin que tuvo. + +--¡Déjame en paz, maldita bruja!--exclamé yo entonces, retirando mi mano +de entre sus manos. + +--La bruja fue Beatricica, y no yo--replicó la vieja--. En sus últimos +días se sospecha que fue al aquelarre, donde la mató el diablo, no sin +prometerle que tú volverías a amarla y a ser suyo, sin ingratitud ni +mudanza. Tú nada has prometido, pero Satanás ha prometido por ti y +cumplirá su promesa. + +Dicho esto soltó la vieja una carcajada nerviosa y se alejó +precipitadamente de mi lado. Desde entonces tomé yo el extraño apodo o +sobrenombre de Morsamor. + +En balde procuró Tiburcio serenar el ánimo y disipar las melancólicas +aprensiones de su amigo. + +--No tienes tú la culpa--le dijo--de que el diablo tentase a Beatricica, +y de que ella se diese al diablo. + +--Pero ¿crees tú--dijo Morsamor, en un arranque de escepticismo, porque +era muy escéptico para su época--, crees tú que ande tan suelto el +diablo y que Dios permita que nos tiente y seduzca? + +--¡Y vaya si lo creo!--contestó el doncel sutil--. En nada se opone eso +a la bondad divina y a la persistencia del humano libre albedrío. Contra +toda instigación diabólica el cielo presta al hombre fuerza suficiente o +por naturaleza o por gracia. + +--¿Qué vale ni qué importa entonces el oficio del diablo?--interpuso +Morsamor con desdeñosa sonrisa. + +--Vale e importa--dijo Tiburcio--para que el diablo, aunque no tuerza la +voluntad del hombre ni destruya la responsabilidad de sus actos, +encamine estos actos hacia un fin y según un plan predeterminado, al +cual obedece el diablo muy a pesar suyo y sin el cual no consentiría +Dios que tentase a nadie. Tal, a mi ver, es la utilidad del oficio +diabólico. De donde se infiere que hasta el diablo es útil y dista mucho +de estar de sobra. + +A pesar de sus melancolías, Morsamor no pudo menos de reírse de las +extravagantes opiniones de su doncel. + +Algo menos preocupado por sus tristes memorias, renovadas en su espíritu +con tanto brío, Morsamor acabó por prepararlo todo, y al fin salió +recatadamente de Goa, acompañado de su tropa y sirviéndole de guía los +fingidos fakires por las más solitarias veredas. + + + + +-XXII- + + +Después de largo y penoso viaje, de noche, desperdigados a fin de no +infundir sospechas y con recato esmeradísimo, fueron penetrando todos en +hipogeo enorme. Era un dilatado y obscuro laberinto, excavado en la +tierra y a trechos en durísimas rocas: admirable labor de la tenacidad, +de la paciencia y del humano esfuerzo: obra cuya antigüedad se contaba +por millares de años. + +Por medio de estrechos pasadizos se comunicaban las diversas y numerosas +estancias que allí había. Unas eran cámaras sepulcrales, otras, +viviendas de las personas consagradas al culto y a la custodia de +aquellos sitios; y otras, más recónditas y de más difícil acceso, +escondido depósito y tesoro de preciosos exvotos y de amontonadas +ofrendas. Ensanchado a veces el subterráneo y elevándose su techo a +mayor altura formaba amplias salas, donde se parecía, esculpida en +piedra, la imagen simbólica de alguna de las más veneradas deidades del +panteón brahmánico. La mayor de estas salas era la del hijo de Dasarata, +la de Rama el virtuoso, fiel consorte y vengador de Sita, vencedor de +Ravana y conquistador de Lanka. Pero en medio de aquellas salas y en el +centro de aquel intrincado laberinto, se erguía el grandioso templo +erigido en honor de Crishna. En multitud de gruesos pilares, cuyas +cuadradas bases tenían por pedestal sendas tortugas, se alzaban +monstruosos elefantes, sosteniendo en sus lomos robustos el arquitrabe y +el amplio friso sobre el cual se extendía la plana y sólida techumbre. +En el friso, representados en alto relieve, tosco aunque rico de +inspiración y de carácter, se veían los principales sucesos de la vida +heroica y bienhechora del _avatar_. Notábanse allí sus amores con +innumerable caterva de diosas, ninfas, princesas y zagalas, a cada una +de las cuales se entregó y se unió todo el Dios, desdoblándose y +multiplicándose en idéntica forma y substancia y sin dejar de ser nunca +uno y el mismo, porque toda alma piadosa, encendida en amor divino, +posee a Crishna por completo, como si Crishna y ella fuesen solos o +absorbiesen en su unión cuanto es y cuanto puede ser en los tres mundos. +En el centro de aquel templo fantástico, iluminado por lámparas de +plata, resplandecía la estatua colosal del hijo de Devaki. + +Morsamor, conducido por Narada, había admirado todo aquello. + +La tropa de aventureros que le había seguido, prestándole omnímoda +confianza, sin saber sino confusamente los peligros que tendría que +arrostrar y los obstáculos que tendría que vencer, para el buen éxito de +la empresa, cuyo fin apenas presumía, se hallaba acuartelada en dos +amplios salones del subterráneo y aguardaba impaciente la hora oportuna +para la acción que debía empeñarse cumpliendo las órdenes de sus +adalides Morsamor y Tiburcio. + +Aunque se hallaban bajo tierra, sin que disipase la obscuridad más luz +que la de algunas lámparas, harto bien medían todos el tiempo y +calculaban que era más de media noche. Ningún ruido exterior penetraba +en el oculto lugar donde todos estaban congregados, lugar en que se oían +sus animadas conversaciones, porque nadie les había exigido que callasen +ni que hablasen en voz baja, y donde resonaban, al andar y al moverse +ellos, el ludir y el chocar de las armas que no habían depuesto y que +pronto debían emplear aunque sin saber ni prever el instante mismo. + +Entre tanto, en la santa ciudad de Benarés, cerca de cuyos muros se +hallaba el hipogeo, se celebraba, aquella noche, espléndida, alegre y +ruidosa velada: la fiesta más solemne del culto de Crishna. No era la +conmemoración de sus triunfos guerreros, cuando daba muerte a tiranos y +a monstruos, a endriagos y serpientes. Crishna, vencedor y libertador +ya, aparecía precedido de Kureva y de Lakshmi, númenes de la opulencia, +y de Karnala y Smara, númenes del amor. Sobre su pecho resplandecía el +conquistado Samantaka, talismán de todas las venturas. Y Crishna iba +difundiéndolas a su paso por donde quiera; y no había corazón de mujer, +mortal o diosa, que al contemplarle no ardiese en amoroso fuego. Los +Gandarvas descendían del Baikounta o paraíso de Vishnú para cantar sus +alabanzas y las Apsaras para tejer danzas en torno suyo. + +Esta serenata y este baile famosos, apellidados la _rasa_, se +representaban aquella noche. En anchas plazas bailaban lindas bayaderas. +La circunstante y bulliciosa muchedumbre gozaba en mirar y aplaudía con +locura. En la alucinación del entusiasmo, tal vez imaginaba que todos +los seres inmortales acudían a ver la velada y a honrarla con su +presencia. Desde el fondo del Océano, desde el ardiente centro de la +tierra, desde las crestas nevadas del Himalaya y desde las serenas +profundidades del éter luminoso, acudían Varuna, Agni, cuantas son las +inteligencias que mueven las esferas celestes y guían a los astros en su +curso, y el propio Indra, cabalgando en el pájaro Garuda, y no ya con +rayos en la diestra, sino con aljófares y flores, que así él como las +otras divinidades derramaban a manos llenas sobre la muchedumbre devota. + +En la conjuración se había guardado profundo secreto. Nada sospechaba +Abdul ben Hixen. La mayoría de su gente de armas, aunque era de +muslimes, discurría por la ciudad, sin cautela ni reparo y se divertía +en la fiesta, requebrando a las mozas y retozando también con ellas. El +sultán, no obstante, se hallaba encastillado en la fortaleza, en cuyo +centro se levantaba el regio alcázar. Allí vigilaba siempre por su +autoridad y su dominio lo más aguerrido y selecto de sus guerreros. Su +guardia se componía de más de mil veteranos fieles, diestros en el +manejo de las armas. + +Dos horas antes de que amaneciese, Morsamor y Tiburcio se pusieron al +frente de los aventureros que habían traído, los sacaron de aquel a modo +de encierro en que se hallaban, y guiados por dos jóvenes brahmanes, +caminaron largo rato por un extenso pasadizo del subterráneo hasta +llegar a un punto donde había una fortísima compuerta de madera y de +hierro, horizontalmente colocada en la techumbre, hasta la cual se subía +por una escalera de piedra. Al empuje de algunos hombres forzudos se +levantó la compuerta, a pesar de la tierra y las hierbas que la cubrían +y ocultaban, y se dejó ver el cielo sin luna y sólo débilmente iluminado +por el pálido fulgor de las estrellas que a trechos entre obscuras nubes +lucían. + +En hondo silencio y procurando no hacer ruido, los aventureros todos +fueron saliendo del subterráneo, encontrándose en un parque espacioso, +dentro de los muros de la misma fortaleza y contiguo al alcázar donde el +sultán habitaba. + +La hueste de Morsamor buscó la mayor obscuridad, bajo las copas de +algunos corpulentos árboles, para recatarse de los que pudieran estar +vigilando y no ser vista ni sentida hasta que a una señal, que aguardaba +con impaciencia, pudiese caer sobre los enemigos descuidados. + +No llevaba la hueste de Morsamor armas de fuego, poco usadas y nada +portátiles todavía. Los aventureros vestían coraza o cota de malla e +iban armados, de espada todos, y unos de flechas, y otros de picas y +venablos. + +A pesar de que en la fortaleza se ignoraba el oculto camino por donde en +ella se podía penetrar y a pesar del descuido de la guarnición, la +empresa de Morsamor estuvo a punto de malograrse. + +Un viejo jardinero que andaba en vela y que tenía ojos de lince, vio con +asombro que se abría el seno de la tierra y que surgía gente armada por +la abertura. Al pronto acudió a dar aviso al capitán de una parte de la +guarnición que se abrigaba en ancha sala de armas del piso bajo del +alcázar. En seguida los muslimes se apercibieron a resistir y a acometer +a los intrusos. El jardinero indicó dónde estaban, y con no menor +sorpresa y asombro los vieron los muslimes, a pesar de la obscura +frondosidad en que ellos se encubrían. Sonaron entonces los clarines y +cundió la alarma por todo el parque y el alcázar. A la entrada de este y +en algunas de sus ventanas, había mosquetes, puestos sobre firmes +horquillas y previamente cargados. Los mosqueteros encendieron las +mechas valiéndose del eslabón y el pedernal que en los esqueros +llevaban. + +Abdul ben Hixen se alzó con sobresalto de su lecho, se vistió, se armó y +se dispuso al combate. + +Por dicha para Morsamor, casi en el mismo punto se oyó la señal que +esperaba: era el sonido de las trompetas, avisando la sublevación de la +ciudad, donde la plebe amotinada combatía ya e iba venciendo a los +musulmanes. + +La señal inspiró a Morsamor ánimo y confianza, pero era indispensable +vencer en la fortaleza para obtener el triunfo. Si el sultán vencía y +caía con su tropa sobre el pueblo, todo estaba perdido. + +Las bombardas y falconetes que guarnecían la muralla, aunque puestos +sobre rudos encabalgamientos o cureñas, y nada apropósito para que la +puntería fuese certera, podían barrer la turba de amotinados que se +arrojase al asalto de la fortaleza, circundada de foso profundo. + +El sultán hubiera podido también lanzar contra la ciudad la caballería +selecta de los guardias de su persona, que eran cerca de doscientos, y +ocho terribles elefantes para la pelea y dirigidos por hábiles cornacas +negros. + +Esto fue lo primero que logró evitarse merced a un dichoso golpe de +mano. A las órdenes de Tiburcio, Morsamor destacó cien hombres de los +más audaces, que con astucia diabólica lograron penetrar en el apartado +edificio donde se guarecían caballos, elefantes, cornacas y guardias. +Ningún aviso había llegado hasta allí. Sin sospecha ni recelo, dormían +todos. Y si bien acudieron a las armas y procuraron defenderse, fue con +tal aturdimiento y desorden, que les valió de poco. Con escasa pérdida +de la gente que Tiburcio capitaneaba, muchos de los guardias fueron +muertos. Otros se rindieron, depusieron las armas y se dejaron encerrar. +Los caballos y los elefantes cayeron también en poder de la gente de +Morsamor y quedaron custodiados en los establos, cobertizos y anchos +corrales en que estaban. Todo esto, no obstante, no le consiguió sin +prolongada lucha. Tiburcio y su gente no pudieron, pues, acudir en +auxilio de Morsamor, empeñado en no menos ardua empresa, que las +circunstancias hicieron harto más difícil. + +Aunque eran pocos los mosquetes, que podían dirigirse para dentro del +parque, por donde no se preveía ataque alguno, y aunque estaban +manejados por mosqueteros torpes, sin conocimiento práctico de aquellas +armas, todavía hicieron algunos disparos sobre los guerreros de +Morsamor, causándole cerca de treinta bajas entre muertos y heridos. + +Lejos de arredrarse con esto, el denuedo de Morsamor y de los suyos +creció con la cólera y con el deseo de venganza. + +En una salida que el sultán hizo del alcázar con la gente que tenía +cerca de sí, el sultán fue rechazado y tuvo que hacer cerrar rápidamente +la puerta para que los enemigos no penetrasen en pos de él dentro del +alcázar. + +Aprovechó Morsamor aquella retirada y el desaliento que había infundido +en la guarnición que estaba fuera defendiendo el parque, para caer con +todos los suyos, en buen orden y con embestida furiosa, sobre la gente +que defendía la puerta de la fortaleza que daba a la ciudad y en la que +había alzado un firme y ancho puente levadizo que hacía practicable el +hondo foso. + +Por fortuna, la plebe amotinada de la ciudad, fanatizada por los +brahmanes y provista de armas, había vencido a los más resistentes de la +exterior guarnición, mientras que otros, codiciosos y traidores, se +habían dejado comprar por dinero suministrado por los brahmanes y por +mercaderes ricos. Parte pues, de la sublevación triunfante, se había +adelantado hasta el borde del foso en tumultuosa muchedumbre. Sus gritos +de júbilo llegaban claros a los oídos de Miguel de Zuheros, alentaban su +valor y corroboraban su confianza. Así, a pesar de la obstinada +resistencia de los que defendían la puerta, Morsamor y los suyos, no sin +sacrificar allí muchas vidas, se apoderaron de la puerta al cabo, la +abrieron y dejaron caer sobre el foso el puente levadizo. La noche en +esto había pasado ya. La obscuridad se había, disipado. La penumbra del +crepúsculo matutino se había trocado con rápida transición en claridad +luminosa, apagándose las estrellas en el éter, matizándose las nubes de +carmín y de oro y transmitiéndose por el ambiente despejado y limpio el +movimiento, los colores y las formas de los distintos seres. + +Los de la guarnición interior, aturdidos y empeñados en luchar con los +que estaban dentro, sólo habían hecho cinco disparos de lombardas, +causando apenas daño en la muchedumbre, aunque sí algún miedo y mucha +ira. + +Al abrirse la puerta y caer el puente levadizo, la plebe retrocedió con +espanto, temiendo que iban a salir el sultán, y su caballería y sus +elefantes, y a cargar sobre ella. Pero los dos jóvenes brahmanes, que +acompañaban a Morsamor y que eran muy decididos, pasaron desde la +fortaleza al otro lado del foso, y gritando en medio de la turba, le +quitaron el miedo y la persuadieron de que eran aliados y amigos los que +abrían el paso y los que reclamaban su apoyo para terminar aquella +grande obra. La plebe entonces, como desbordado torrente que rompe el +dique que le retiene y en violentas oleadas lo inunda todo, se precipitó +por la puerta y llenó en un instante el parque que se extendía en torno +del alcázar dentro del recinto murado. + + + + +-XXIII- + + +El rey, según hemos dicho ya, tuvo que replegarse y encerrarse de nuevo +en el alcázar después de su vigorosa salida. La causa principal de la +retirada había quedado oculta. El rey procuró y logró que se ocultase +para que su gente no desmayara. Un dardo enemigo había atravesado su +muslo derecho. De la honda herida manaba mucha sangre, y el rey apenas +podía tenerse en pie. + +Encerrado en la ancha cámara, donde estaba el único acceso para penetrar +en el harén, y asistido sólo por su médico, por su viejo confidente y +valido el jefe de los eunucos, y por cuatro de sus más fieles e íntimos +servidores, el rey siguió dando órdenes y excitando a la resistencia. +Joven y robusto aún, era además fiero y orgulloso, aunque debilitado su +brío por la vida muelle y deleitosa que había vivido, en paz con los +extraños y en lo interior hasta entonces, sin rebeliones ni motines. + +Cuando vio a las claras que sus soldados habían sido vencidos, que la +plebe triunfante había invadido la fortaleza y que ya se disponía a +romper las puertas y a entrar en el alcázar, su desesperación fue +completa y horrible. + +Abdul ben Hixen se jactaba de su nobilísima estirpe. Pretendía +descender, por una ilustre serie de monarcas guerreros, del propio +Mohamud de Gazna el Grande. Altísimo era el concepto en que tenía él la +sagrada dignidad de su persona. ¿Cómo sufrir, pues, el oprobio de caer +vivo entre las manos inmundas de aquel vil populacho? + +Inevitable era la muerte y convenía aceptarla con valor y recibirla +cuanto antes. + +Los clamores de la turba, que oía cerca de sí, se diría que le excitaban +a tomar la tremenda resolución. No podía ya morir peleando y matando, +pero podía y debía morir en seguida antes de caer en infamante +cautiverio. + +Abdul ben Hixen ya pidió con ruegos, ya ordenó con furia que le matasen +a los cuatro soldados fieles que estaban cerca de él, al médico +impasible y al jefe de los eunucos que le miraba lleno de asombro y +temblaba como un azogado. + +El profundo respeto que el rey infundía no consintió que ninguno de sus +cuatro guardias cumpliese sus órdenes ni accediese a sus ruegos. + +--Carecéis de valor--dijo entonces--para ser misericordiosos conmigo. Yo +supliré el valor que os falta. Así os daré ejemplo para que os mostréis +dignos de mí, para que impidáis que caigan vivas mis mujeres en poder de +esa canalla infame, para que no insulten mi cadáver y para que todo, si +es posible, sea presa de las llamas. + +Sin oír ni aguardar contestación alguna, Abdul ben Hixen desenvainó con +rapidez el acicalado yatagán de doble filo que de rico talabarte le +pendía, fijó en el suelo la costosa empuñadura, cuajada de diamantes y +esmeraldas, y poniéndose en el pecho la agudísima punta, se arrojó +encima con tal ímpetu que se traspasó y destrozó las entrañas con la +ancha hoja, quedando muerto en el acto. + +El astuto médico, con previsora serenidad y sin ninguna gana de acabar +también trágicamente, desapareció como por ensalmo, yéndose por el lado +opuesto al harén y escondiéndose donde pudo. Oportunísima fue la fuga. +El entusiasmo heroico y destructor de los cuatro eunucos rayó en delirio +y no tuvo límites al ver muerto y en medio de una charca de sangre a su +querido y augusto amo. + +Se creyeron en la obligación de matar y de incendiar y era menester +cumplir con ella. + +El jefe de los eunucos la facilitó por lo que a él tocaba. El espanto le +sobrecogió de tal suerte, que, desfigurado su rugoso y pálido rostro por +horrible mueca, torcida y muy abierta la boca como para exhalar a escape +el último aliento, desencajados los ojos y dilatadas las pupilas, se +desplomó sin vida en el suelo. + +Los eunucos hacinaron telas, papeles, muebles, cuantos objetos +consideraron más combustibles, alzándolos en montón contra la pared de +la espléndida sala, cubierta de sedas del Catay y de chales y tapices de +Cachemira, y cuya artesonada techumbre era de nácar, concha, sándalo, +cedro y otras preciosas maderas que en delicados embutidos y en linda +taracea se combinaban. + +Con destiladas quintas esencias, con ungüentos y aceites aromáticos, con +cuanto pudieron hallar a mano a propósito para que prendiese el fuego y +se propagase, rociaron los eunucos el montón de objetos, la tapicería de +la pared y hasta el mismo techo. Encendieron fuego en seguida, le +aplicaron a papeles y a trapos que había en la base del montón, y muy +pronto con feroz alegría vieron surgir el humo y las llamas. Luego +penetraron en el harén dispuestos a destruirlo todo y a dar muerte a las +mujeres para que no fuesen profanadas y ultrajadas por el vulgo. + +Entre tanto, los guardias que custodiaban el alcázar, con el intento de +vender caras sus vidas, abrieron la ancha puerta y se lanzaron de nuevo +al combate desesperadamente. La plebe, apiñada delante de la puerta, +tuvo que lamentar no pocas víctimas de aquel primer ímpetu. + +En esto, Morsamor, así como Tiburcio que, vencedor de la caballería, +estaba ya a su lado, vieron en el extremo del palacio, hacia donde +estaba el harén y en una gran ventana que acababa de abrirse, una +extraña figura que los llenó de pasmo. Nunca mujer más bella, elegante y +majestuosa, había concebido Morsamor en su fantasía de poeta, ni había +aparecido en sus más radiantes y amorosos ensueños. Brillaban sus negros +ojos, por entre las largas y sedosas pestañas, como la luz del sol que +arreboladas nubes mitigan. Era su tez como de leche y rosas. Esbelto su +talle: elevada su estatura. A pesar de las flotantes y blancas ropas que +velaban su cuerpo, se presentía y se adivinaba que era todo él +maravilloso y armónico conjunto de perfecciones casi divinas. + +Aunque no cuadraba a la dignidad aristocrática de aquella mujer ni +mostrar angustia y terror en el semblante, ni pedir socorro a gritos, +Morsamor, a la vez que sintió en el alma una jamás sentida y amorosa +admiración y un irresistible impulso que hacia aquella mujer le llevaba, +sintió también o más bien comprendió, como si un genio o espíritu +invisible le hablase al oído, que aquella mujer se hallaba en el peligro +más espantoso, y que él debía a toda costa libertarla y salvarla. +Alrededor suyo, entretanto, se alzaban centenares de voces diciendo: + +--¡Urbási! ¡Urbási! ¡Es ella! ¡Es ella!--la que el tirano había robado. + +Sin más reflexionar, y sin ponerse con nadie de acuerdo, Morsamor espada +en mano corrió hacia la puerta del alcázar, se abrió paso por entre +cuantos allí peleaban, quedando milagrosamente ileso, y pronto subió a +saltos la grande escalera que al piso principal conducía. Sintió pasos +detrás de él, volvió la cara, vio a Tiburcio que le seguía dispuesto a +ayudarle, y con mirada expresiva se lo agradeció sin pronunciar palabra. + +No era menester que la pronunciase; Tiburcio lo había adivinado todo y +se puso delante de Morsamor, como para servirle de guía. + +Así llegaron a la cámara, donde yacía muerto Abdul ben Hixen. El humo +era sofocante. Las llamas habían subido ya por la pared y habían +empezado a cebarse en la techumbre que crujía y amenazaba desprenderse a +pedazos. + +Tiburcio pasó impávido por la cámara. En pos de él pasó Miguel de +Zuheros. + +Ambos iban con precipitación, aunque no sin cuidado, para no resbalar en +la sangre que humedecía y manchaba el pavimento, para no tropezar en +seres humanos muertos o moribundos y para no ser sorprendidos por los +vivos aún armados y furiosos que sin duda por aquellos sitios vagaban. + +Con certero instinto y con tan ligeros y sordos pasos, que no levantaban +rumor, como si los que marchaban fuesen sombras, llegaron al extremo del +palacio, donde estaba la estancia en que Urbási se guarecía. Cerrada la +firme puerta, resistía aún a los reiterados y furibundos golpes que +sacudían en ella los cuatro eunucos, ansiosos de derribarla. + +Algo de siniestramente sobrehumano parecía traslucirse entonces en el +gracioso rostro de Tiburcio, casi sin bozo, como de gentil adolescente. +Acalorada la imaginación de Morsamor, creyó ver que la espada que +Tiburcio llevaba en la diestra no era inerte acero, sino serpiente viva +que se hundía en el pecho de los contrarios y mordía y destrozaba los +corazones. Súbitamente, antes de que le viesen y le hiciesen cara, +Tiburcio hizo caer por tierra mortalmente heridos a dos de los cuatro +eunucos. No fue larga la lucha con los otros dos. Morsamor peleó contra +el uno, Tiburcio peleó contra el otro, y ambos perecieron también. + +Sin un leve instante de reposo, Tiburcio tocó en la puerta con el pomo +de su espada y gritó alto para que le oyese quien estaba dentro: + +--¡Urbási! ¡Urbási! Abre. Ten confianza en nosotros. Venimos a salvarte. + +La puerta se abrió enseguida y Urbási se mostró bajo el dintel, +serenamente hermosa, como una aparición del cielo. Desalumbrado, +extático quedó Morsamor al contemplar de cerca tanta hermosura. Luego se +repuso haciendo un esfuerzo, y con la mano izquierda, desnuda de la +manopla que en la escarcela guardaba, asió a Urbási de la diestra, y +guiado siempre por Tiburcio, buscó por donde había venido la única +salida del harén. + +Al llegar al salón, donde el rey yacía muerto, Morsamor retrocedió +horrorizado. + +En torno del salón no había cundido el incendio porque eran los muros de +sólida mampostería, revestida de mármoles, que sin arder se calcinaban; +pero lo interior del salón parecía un infierno: medroso torbellino de +humo y de llamas. + +Inevitable era pasar por allí. Tiburcio dio el ejemplo. Se diría que a +su paso se apartaban las llamas y el humo como si le conociesen y +respetasen. + +Vergüenza tuvo Morsamor de quedarse atrás, pero temía que, si Urbási +seguía andando, prendiese el fuego en su larga y flotante vestidura, +cuya fimbria tocaba y se extendía sobre el pavimento. Morsamor, +entonces, tomó a Urbási en sus brazos, recogiéndole cuidadosamente la +falda; atravesó con rapidez y valentía por el salón incendiado; y, +precedido de Tiburcio llegó sano y salvo hasta el arranque de la grande +escalera. + +Hechizado y orgulloso de su dulce carga, nada le fatigaba su peso, y +Morsamor no la hubiera soltado a no exigir ella descender la escalera +por su pie. + +Rápidamente la bajaron, asidos de nuevo de la mano Morsamor y Urbási. + +Con cariñoso afecto estrechó Morsamor la mano de Urbási, blanca, suave y +admirablemente formada. + +Al llegar al último tramo, ella estrechó también la mano de Morsamor; y +de su fresca boca, que a él pareció cáliz de perlas y rubíes, colmado +del aroma y del néctar que aspiran y beben los inmortales, salieron en +voz baja y suave estas dulces palabras: + +--Me has salvado la vida. Tómala si lo deseas. Eres su dueño. + +Absorto en su alegría, nada acertaba a contestar Morsamor, cuando se vio +cercado de multitud de gente, así del pueblo como de los mismos +aventureros que militaban bajo sus órdenes. Entusiasmados todos por sus +hazañas, le aclamaban por héroe, casi le adoraban como a un semidiós y +le levantaban en hombros para llevarle en triunfo. + +En aquel bullicio y alborozo Urbási y Morsamor se separaron. Y él estuvo +largo rato desesperado e inquieto, en medio del aplauso popular y de la +multitud que le vitoreaba, hasta que vio por dicha que a no mucha +distancia, Urbási en compañía del viejo brahmán Narada, subía en un +palanquín e iba a salir fuera del recinto murado. Antes de salir, ella, +que tenía en él la vista fija, le miró con amor e hizo ondear en su mano +un blanco cendal, como despidiéndose. Su larga mirada fue elocuentísima +y decía con toda claridad: hasta que pronto, muy pronto volvamos a +vernos. + + + + +-XXIV- + + +En un extremo de la ciudad y en espacioso edificio, Morsamor con toda su +gente estaba acuartelado. No llegaban a ciento ochenta, porque más de +ciento habían perecido en la batalla. Cargados de riquísimo botín, +consolábanse los vivos de la muerte de sus compañeros de armas. Limitado +el incendio a la gran cámara, el alcázar dio extraordinarias riquezas a +los que, después de Morsamor, le entraron a saco. Los caballos y los +elefantes, de que Tiburcio y los suyos se habían apoderado, cedidos +luego o vendidos a Balarán, príncipe de los brahmanes, produjeron +cuantiosa suma de rupias. + +La rebelión triunfante, había entronizado a Balarán, invistiéndole de +omnímodos poderes; concediéndole lo que en Europa llamamos la dictadura. + +Era Balarán de nobilísima prosapia, de majestuosa presencia y de bello +rostro resplandeciente en juventud lozana; era celebrado por su profundo +conocimiento de los Vedas, de las Leyes de Manú, de los Puranas y demás +libros sagrados, y de todos los sistemas filosóficos-ortodoxos y +heterodoxos de la India; y era venerado además por su energía, por su fe +inquebrantable en los altos destinos de su religión y de su casta, y por +otras raras virtudes aparentes o verdaderas. Gozaba, por último, de +pingüe y casi regio patrimonio, parte del cual había consumido, +comprometiéndole todo en la conjura. + +Fundamento tenía su propósito de que fuese seguido el ejemplo que +acababa de dar; de que la rebelión se propagase a otros Estados y de que +se extirpase de la India el predominio del Islam. Así quedaría su +ambición plenamente satisfecha; llevaría él con justo título el nombre +de Balarán; el mismo nombre del pasmoso hermano de Crishna. Y así +lograría él ser Brahmatma o jefe supremo de su casta, de su secta y del +imperio que en ella se fundase. + +Repugnaba Morsamor ser mero y dócil instrumento del brahmán ambicioso. +Harto conocía que era delirio aspirar a más. Lo razonable, pues, era +retirarse con sus aventureros, volviendo todos a Goa victoriosos y +opulentos como nababos. Sólo un interés personalísimo retenía a Morsamor +en Benarés. La bella Urbási había cautivado su alma. Necesitaba volver a +verla, declararle su amor y pedirle el cumplimiento de lo prometido en +aquellas dulces palabras que ella pronunció, dejándolas grabadas en el +centro de su corazón: _Me has salvado la vida. Tómala si lo deseas. Eres +su dueño_. + +Harto presentía Morsamor lo aventurado y peligroso de su nueva empresa. +No quiso comprometer en ella sino a los que le fuesen completamente +adictos y estuviesen resueltos a arrostrar el enojo de Balarán y a +resistir el poder que ellos habían contribuido a poner en sus manos. + +Morsamor convocó, pues, a su gente, expuso su determinación de +permanecer en Benarés con algunos pocos aventureros que quisiesen +acompañarle y reconociendo que todos habían cumplido ya con el +compromiso y la obligación que contrajeron, los dejó en libertad de +volver a Goa, conducidos por buenos guías y con el espléndido botín que +habían conquistado. + +Deplorando o aparentando deplorar la separación, ciento veinte +abandonaron a Miguel de Zuheros. Con él sólo quedaron sesenta valientes +de los más devotos a su persona. No hay que decir que el fiel Tiburcio +quedó también con él. + +Después de esto, de noche y con misterioso recato, el anciano Narada +vino a visitar a Morsamor. Previos muy corteses saludos y sin otro +preámbulo, Narada, dijo lo siguiente: + +--La verdad, sin jactancia, es que yo he fomentado y estimulado la +ambición de Balarán desde mucho tiempo ha, infundiendo en su alma mi +ardiente deseo de sacudir el yugo de los muslimes. Nada a pesar de mi +empeño hubiéramos hecho todavía, si un imprevisto suceso no hubiera +reanimado el espíritu reacio de Balarán, atizando su ambición con la ira +y los celos y prestándole actividad y arrojo. La bella Urbási, a quien +Balarán pretendía y adoraba rendido, desapareció de su magnífica +vivienda; fue víctima de misterioso rapto. No bastó la habilidad de los +raptores y no bastó el secreto con que la ejercieron, para que Balarán +dejase de presumir y aun de tener por seguro que el tirano Abdul ben +Hixen, ardiendo por Urbási en lascivos amores, era quien la había robado +y quien en su harén la guardaba cautiva. Entonces Balarán no vaciló un +instante. Forjó su plan y lo realizó con presteza de acuerdo conmigo. La +fama de tus bizarrías había llegado hasta nosotros. Consideramos útil tu +auxilio y yo fui a buscarte. Harto bien sabes lo demás por haber sido +tan principal actor en todo. Lo que tú ignoras es que Urbási se halla de +nuevo en grave peligro. Ha desdeñado al rey muslime y se le ha +resistido, pero no desdeña menos a Balarán, el cual la adora y está +resuelto a hacerla suya de grado o por fuerza. + +--No será, no será mientras yo viva--interrumpió Morsamor con ímpetu +apasionado--. Yo liberté y salvé a Urbási, y Urbási será mía o pereceré +en la demanda. + +--No sé cómo ponderarte--dijo Narada--la alegría y la confianza que tus +nobles palabras infunden en mi pecho. Bien puedo ya declarártelo todo +sin recelo alguno. Urbási, nobilísima doncella, huérfana de padre y +madre, es venerada por mí como una deidad y amada como el más tierno de +los padres puede amar a la mejor de sus hijas en quien se mira como en +un espejo y en quien contempla el limpio dechado de todas las +excelencias y perfecciones. Por sus venas azules corre la etérea y +purísima sangre de nuestros antiquísimos _richis_, héroes y monarcas, +celebrados en leyendas divinas y en inmortales epopeyas. La naturaleza, +pródiga con Urbási, la adornó de todos sus primores y prestó a su alma y +a su cuerpo gentileza tal que bien pudiera creerse que cuantos son los +númenes que pueblan y dirigen los tres mundos, acudieron en la hora del +nacimiento de ella otorgándole cada uno el don más precioso y la más +alta virtud de que dispone. Ilustrada luego la mente de Urbási por +superior inteligencia, ha concebido el ideal completo de la mujer. Y +Urbási con voluntad firme y constante, ha logrado realizarle en sí +misma, tanto en lo íntimo del espíritu como en la visible y terrenal +apariencia. Sabe, sin hacer le ello alarde, las ciencias reveladas y +ocultas de los brahmanes. Y sin ignorar el conjunto de las sesenta y +cuatro artes de amor y deleite, que constituyen la _padmini_ o hembra +humana de mérito supremo, es casta, inocente e inmaculada virgen, así en +el sentir y en el pensar como de hecho. No; el claro y abundante +manantial de amorosas venturas, el tesoro de hechizos, el cáliz colmado +de licor de celestial bienandanza, que con el auxilio de los dioses ella +ha creado y en sí tiene, no puede ni debe tocar a labios impuros, +apagando su sed, ni puede ser entregado para que le goce y profane a +quien no sobresalga entre el vulgo de los mortales con eminencia +desmedida. + +--¿Es posible--interpuso Morsamor, con cierto despecho--que ella, en +cuyas encarecidas alabanzas te quedas corto, se complazca tanto en su +propio valer, le tome por objeto de culto y se haga incapaz de amar a +otro ser humano? Yo que la amo, yo que la adoro, ¿he de perder la +esperanza de ser correspondido? + +--Urge que lo sepas todo--replicó Narada--. No hay vagar para rodeos ni +disimulos. Urbási, desde que llegó a ser núbil, se sintió atormentada +por amor sin objeto; pero no sin objeto, sino por objeto a su ver +imaginario, que columbraba su mente en la vaga penumbra de confusos +recuerdos, en las casi borradas impresiones que anteriores existencias +acaso han dejado en el alma. El ser que Urbási fingía, recordaba o +creaba, (¿por qué no confesártelo, si ella lo confiesa?) se parecía a ti +¡oh venturoso Miguel de Zuheros! Antes de que te viese, Urbási te amaba. +Te vio, y tú fuiste su salvador. En el día, Urbási te idolatra. Ella +cree que los cisnes de alas de oro, fatídicos nuncios del destino, +vinieron a pronosticar su amor por ti y tu amor por ella, como +pronosticaron a Damayanti que Nal debía ser su enamorado esposo. Y +Urbási, no menos enamorada que Damayanti, desdeñaría por ti, no sólo a +Balarán, sino a Indra, a Varuna y a los demás dioses, que desde el +Baikounta bajasen a pretenderla. Por ti se siente Urbási capaz de los +mayores sacrificios. Por seguirte lo abandonaría todo, e imitando a +Savitri fiel consorte de Satyavat, acosaría sin temor a Yama, dios de la +muerte, para sacarte de entre sus manos, como tú la sacaste a ella, y +estrecharte luego apasionadamente en sus hermosos brazos. + +Al oír a Narada, el corazón de Morsamor latía y saltaba agitadísimo por +júbilo inefable. Morsamor se echó a los pies de Narada para mostrar su +gratitud besándolos. Narada le alzó, le abrazó y se despidió de él, +designando el momento en que volvería para llevarle donde Urbási estaba. + + + + +-XXV- + + +En una quinta, a corta distancia de la ciudad, secretamente estaba todo +dispuesto para la boda que había de ser clandestina, sin festín para los +convidados, sin baile y sin música. No por eso dejaba de estar revestido +de costosos tapices y de otros raros adornos, el salón donde se elevaba +el _pandal_, estrado o sitio consagrado a la ceremonia. + +En compañía de Narada, Morsamor entró allí primero. Llevaba el viejo +brahmán vestimenta litúrgica de escarlata, sobre cuyo fondo carmesí se +destacaba la barba blanquísima y luenga. Morsamor, ataviado con esmero y +elegancia, parecía más joven y más gentil que nunca. De su cinto, +bordado de oro, pendían la espada, la daga y la primorosa escarcela; +coleto de finísimo ante, lleno de prolijas labores, cubría su pecho y +sus espaldas. Las mangas acuchilladas, así como los gregüescos eran de +blanco raso. La calza muy ceñida, de elástico punto de seda, hacía que +luciesen las bien modeladas formas de sus ágiles piernas musculosas a +par que enjutas. Muy lindo gabán colgaba airosamente de sus hombros. +Tenía la mano derecha libre y desnuda, y en la izquierda los guantes de +ámbar y la graciosa gorra de Milán con airón de blancas y rizadas +plumas, prendido a la gorra por una piocha de esmeraldas y rubíes. + +Narada, al contemplar a Morsamor a la luz de las muchas lámparas que en +el estrado había, no pudo menos de decirle que competía con el divino +Hari, cuando se casó Rukmini en el magnífico palacio de Duarika. + +No tardó la bella Urbási en aparecer sobre el estrado. La acompañaban +cuatro matronas casadas y la seguían sus siervas, y los pocos +convidados, amigos íntimos o parientes de su familia. + +La presencia de Urbási, deslumbradora de hermosura, excitó la admiración +de todos. En el alma de Morsamor se avivó con violencia el amoroso +fuego. + +El andar de Urbási más parecía de deidad que de criatura humana. Sin +oprimir su esbelto talle, le ceñía amplia zona de púrpura recamada de +perlas, sosteniendo las flotantes ropas talares de cándido lino, que +descendían en artísticos pliegues y dejaban adivinar la armoniosa +corrección del delicado cuerpo. La doble redondez del firme pecho, sin +compresión ni arrimo, se estremecía suavemente, al moverse la hermosa, +entreviéndose por la transparencia de la tela su puro color de rosa y +nieve. Recogidas con gracia en alto las abundantes crenchas de sus +negros cabellos, dejaban ver el cuello despejado y cuan bien puesta se +erguía sobre él la noble cabeza. Verde-obscuras y hondas como la mar, +eran las pupilas de sus ojos; su brillo como el del sol; y la sonrisa de +su fresca boca, como presentimiento del Paraíso. + +Según el rito, la novia debía acabar de adornarse en el _pandal_, en +presencia de todos, y las cuatro matronas casadas procedieron a hacerlo. +De diamantes y perlas eran las joyas con que la adornaron. Pusieron una +diadema sobre su frente; en sus pequeñas orejas, a guisa de zarcillos, +dos gruesos solitarios asidos a sendos y sutiles aretes; junto a los +hombros y en las finas muñecas de los desnudos brazo y en las gargantas +de los pies ligeros, brazaletes y ajorcas; y varios anillos en los +afilados dedos de las manos y también en los dos dedos gruesos de ambos +pies, cuyo admirable dibujo no estragó jamás rudo calzado de cuero, y +cuya desnudez dejaba ver la nítida blancura de la piel sonrosada y el +limpio nácar de las pulidas uñas, sobre las elegantes sandalias. + +En la cabeza de Urbási las cuatro matronas echaron por último un rojo y +transparente velo. + +Recitando himnos con entonada melopeya, Narada invocó a los lares y a +los manes, genios protectores del hogar y espíritus de los antepasados. + +Dos _purohitas_ o brahmanes que oficiaban asistiendo a Narada, pusieron +en la mano derecha de Morsamor algunos hilos de azafrán, enlazados por +larga cinta a otros hilos de azafrán que pusieron en la mano izquierda +de Urbási. + +Narada asió después la diestra de Morsamor y la unió a la diestra de +Urbási. Sobre ambas manos juntas fueron todos los asistentes vertiendo +algunas gotas de agua lustral perfumada. + +Morsamor enseguida dio a Urbási algunas hojas de betel picante. + +Entonces se renovó la invocación, dirigiéndola Narada a los más egregios +seres divinos, a la propia Trimurti con el complemento femenino de +Sarasvati, esposa de Brahma; de Laksmi, esposa de Vishnú, y de Uma, +esposa de Siva. + +En amplio canastillo de flexibles entretejidos juncos, de pie y +abrazándose se colocaron los novios; y cuantos allí asistían derramaron +sobre sus cabezas puñados de arroz que tomaban de otros canastillos +menores. + +Morsamor asió luego el _táli_, largo cordón de seda y oro en cuyos +extremos resplandecían dos esmeraldas. Morsamor enredó el _táli_ a la +garganta de Urbási, dándole tres vueltas y sujetándole con triple +lazada. La novia miraba hacia el Oriente mientras que el novio así la +prendía. + +Sentados ambos después en blandos cojines, comieron juntos, sobre anchas +hojas de plátano, butiro fresco extendido en leves y esponjadas tortas +de flor de harina, y miel de azahar a la postre: manjares simbólicos de +iniciación en los misterios orientales, para aprender a reprobar lo malo +y a elegir lo bueno. + +En el centro del _pandal_ se levantaba el ara, donde había algunas +brasas. Los _purohitas_ echaron sobre las brasas canela, sándalo, +espliego y otras plantas y yerbas secas y fragantes. Se levantó llama y +Narada la avivó más con libaciones de _soma_ divino. + +Narada entonces habló así con Agni, dios del fuego, devorador de la +ofrecida hostia, conductor alado del holocausto: + +--¡Oh, tú que te ocultas en el seno de los seres todos, que sin ti no +serían, escúchame, Agni, tú que animas el universo. Concede a Urbási la +lealtad y la firmeza que Satchi consagró a su marido cuando él la +abandonó, y lleno de remordimientos, huyó a empequeñecerse y a +esconderse en el tallo hueco de una de las flores de loto que cubrían el +lago donde tú le hallaste, más allá de los montes de Himabat, en los +últimos términos de la tierra. Movido tú por las súplicas de Satchi y de +acuerdo con los dioses, corriste por la tierra, volaste con tus alas de +llamas por el aire y el éter, y hasta penetraste en el agua, tu temida +madre, para encontrar a Satacrátu en su penitente y escondido refugio! +El pecado de Satacrátu vino a recaer entonces y a diluirse en todas las +criaturas, y recobrando él sus bríos, las hizo dichosas, venció al +tirano Nahucha y volvió a reinar en los tres mundos. ¡Oh, Agni, haz que +Urbási sea para Morsamor tan regeneradora y purificante como Dara +Satacrátu fue Satchi! Oye también y sé testigo, ¡oh Agni, del solemne +juramento de amor y de fidelidad, que van a pronunciar ambos esposos! + +Morsamor y Urbási, en efecto, extendidas las manos sobre el ara y cerca +del fuego prestaron el juramento debido. + +Así terminó el acto religioso. + +En aquella misma noche, sin demora ni reposo, a fin de sustraerse a la +celosa furia, a la venganza y al poder de Balarán, Morsamor y Urbási, +depuestas las galas y en traje de camino emprendieron un largo viaje. + + + + +-XXVI- + + +Muchos días, fugitivo de Balarán, caminó Morsamor con su dulce +compañera. Dejándose persuadir por Narada, había creído en el +levantamiento general de toda la India, en favor del predominio +brahmánico, y no juzgó prudente ni seguro tratar de volver a Goa, ni +dirigirse a otro lugar que no estuviese fuera de los límites de la +India. + +En grandes barcas que de antemano contrató Narada, Morsamor había pasado +el Ganges, y había ido hacia el nordeste, esquivando los sitios +poblados. + +Con él iban, todos a caballo, Tiburcio y los sesenta valientes devotos a +su persona. En ligero palanquín que veinte robustos negros sostenían y +llevaban turnando, iba la bella Urbási, asistida sólo por su sierva +favorita Rohini. Completaban la caravana treinta poderosas mulas, +alquiladas a dos ricos banianes en quienes Narada fiaba mucho y que se +habían comprometido a ir a donde se les mandase, cuidando y guiando las +mulas con el auxilio de cinco hábiles naires. Las mulas llevaban a lomo +el espléndido equipaje de Urbási, abundancia de víveres, cuanto se +requiere para desplegar tiendas en el campo y otros objetos útiles a la +comodidad y regalo de los ilustres viajeros y al alivio de sus fatigas. + +Harto presentía Morsamor que el Brahmatma, con gran golpe de gente de +guerra, había salido a perseguirle, aunque no había podido hasta +entonces darle alcance por la mucha delantera que Morsamor y los suyos +habían tomado. + +Sin tropiezo vi encuentro alguno desagradable, llegaron los que huían a +una vastísima e intrincada selva, resplandeciente de lozana pompa y +florida verdura. + +La frondosidad era tan densa por algunos puntos, que era menester +abrirse paso rompiendo y destrozando con la segur los enormes bejucos y +demás plantas enredaderas que, formando festones y guirnaldas, pendían y +se entrelazaban de unos árboles en otros. Las alimañas esquivas y +feroces huían a la aproximación de la hueste, pero no faltaban seres +animados, más mansos y menos recelosos del hombre, que apenas se +apartaban al sentirle llegar, y hasta que se adelantaban y mostraban +como si acudiesen a darle la bienvenida. A veces, con alegre desentono, +graznaban los pavos reales, desplegando la brillante rueda de sus +pintadas plumas. Zumbaban las abejas que en los huecos de añosos árboles +labraban sus panales. Las libélulas y las mariposas de los más nítidos +colores y variados matices poblaban y esmaltaban el ambiente. La +abundancia de hojas en lo más alto de las plantas formaba verde toldo, +por el cual se filtraba tamizada y tenue la lumbre solar, mitigando sus +ardores y formando caprichosos cambiantes de refulgente claridad y de +sombra apacible. El _kokila_ y otras aves cantoras entonaban sus trinos +y gorjeos. Un vientecillo suave que apenas movía los más tiernos tallos +y renuevos, esparcía con sus alas el grato aroma de las flores, +trasladaba a larga distancia las aladas semillas y llevaba de unos +cálices a otros el polen fecundante. Arroyuelos de agua cristalina +corrían serpenteando y murmurando por el somero cauce que naturalmente +habían abierto, y en cuyas márgenes crecían violetas, rosas silvestres y +mil hierbas de olor. No bien empezaba a anochecer discurrían por el aire +en multitud sin cuento las luciérnagas, como brillantes joyas con que +bordaba allí su manto la primavera. + +Tan amenos eran aquellos lugares que, embelesados Morsamor y los suyos, +olvidaban casi el peligro que corrían. + +Continuaban, no obstante, su peregrinación, aunque a la aventura y sin +saber a punto fijo en dónde podrían refugiarse para escapar o para +defenderse de sus perseguidores. + +La selva parecía interminable y desierta. Los fugitivos no hallaron en +ella criatura humana. + +Al cabo llegaron a un ancho espacio, casi despejado de árboles, y en +cuyo centro se alzaba un grande edificio de extraña arquitectura, +palacio, fortaleza o tal vez abandonado asilo de anacoretas penitentes. +Los peregrinos le visitaron y reconocieron, hallando que en él no vivía +nadie. + +Morsamor resolvió parar allí, reposar y hacerse fuerte, si por acaso le +descubrían y sorprendían sus enemigos en aquel misterioso retiro. + +Sólo Tiburcio de Simahonda, con cuatro soldados que le escoltasen, todos +en buenos y ligeros caballos, debía seguir adelante, como explorador, +para ver si hallaba no muy largo y seguro camino por donde todos +pudiesen ir a la corte del gran monarca de los mongoles, Babur, si este +había apaciguado ya sus dominios, si se hallaba en alguna ciudad menos +distante que la remota Samarcanda, y si concedía su favor y la esperanza +de una recepción amistosa. + +La gente de Morsamor estaba cansadísima. Y Urbási, rendida por la fatiga +y emociones violentas, necesitaba para reponerse tranquilidad y reposo. + +En el desierto edificio había muchas estancias separadas y capaces, pero +muy pocos y antiguos muebles, rotos o desvencijados. Por dicha, las +mulas traían de repuesto cuanto era conveniente para hacer agradable +aquella vivienda. + +En el patio del edificio manaba agua abundante y clara de una hermosa +fuente. Y cerca de ella había en amplio sótano una alberca para bañarse. + +En el edificio no había provisiones de boca, pero la caravana distaba +mucho de haber consumido las que sacó de Benarés, y en la selva además +abundaban los cocoteros, los plátanos, los mangos, las palmeras, los +naranjos, los limoneros y otros árboles cargados de fruta. Y todos +aquellos contornos convidaban con fácil y riquísimo éxito a la caza y a +la pesca. + +Alabando, pues, al cielo, que por lo pronto tan buen refugio le ofrecía, +Morsamor se instaló con su gente en el abandonado edificio que se alzaba +en el centro de la intrincada y vastísima selva. + + + + +-XXVII- + + +El edificio estaba casi al pie de muy altos montes. La ingente +cordillera del Himalaya se erguía cerca de él, extendiéndose a un lado y +a otro. Las cumbres, que se alzaban en el aire a millares de codos, +estaban cubiertas de hielo perpetuo y de cándida nieve, que heridos por +los rayos del sol, vertían destellos radiantes y hacían más bella la +templada y apacible llanura en que se hallaba el palacio, bañándolo +todo, a la hora del crepúsculo, en mágicos reflejos. + +Morsamor había enviado esculcas y puesto atalayas, que debían renovarse +con frecuencia y vigilar de continuo para avisar la llegada de cualquier +enemigo y evitar una sorpresa. El terreno quebrado y áspero y los +intrincados y revueltos desfiladeros estaban tan próximos, que era +fácil, previo aviso de que llegaban fuerzas muy superiores, escapar a +toda persecución, refugiándose en las entrañas de la serranía. + +Confiado en esto, Morsamor hacía en el palacio larga parada, aguardando +la vuelta de Tiburcio. + +Era alta noche. Morsamor reposaba al lado de Urbási en la repuesta +alcoba. La tenue luz de una lámpara, que ardía en vaso de diáfana +porcelana, iluminaba suavemente el hermoso rostro y las gallardas y +juveniles formas de la mujer dormida. + +Morsamor se despertó y se puso a contemplarla extasiado. No acertando a +reprimir su admiración amorosa, se acercó con lentitud y cuidado, para +que ella no despertase e imprimió dos tiernos besos sobre los párpados y +largas pestañas de sus cerrados ojos. Aunque el toque de los labios de +Morsamor fue delicadísimo, sacudida Urbási como por una conmoción +eléctrica, volvió en su acuerdo, abrió los ojos, llenos de dulzura, miró +a su amante esposo y le estrechó afectuosamente en sus desnudos y +blancos brazos. La felicidad y la vehemencia del amor de ambos, no hubo +palabra articulada con que pudiera expresarse en aquel punto. + +Después, sostenida en el brazo derecho de Morsamor y reclinada en su +hombro, tras no breve pausa de silencio y reposo, Urbási con lánguida y +entrecortada voz, dijo a Morsamor casi al oído: + +--No; este amor invencible, fuerte, gigante, inmenso, no ha podido nacer +en mí, ni ha nacido de súbito. Antes de conocerte yo te presentía y te +amaba. Al verte por vez primera, recordé tu rostro y columbré su +semejanza en la nebulosa lejanía de tiempos pasados. Reminiscencias +confusas de una vida anterior se despertaron en mi alma. En tierras muy +remotas, nacida yo en humilde, en casi vil condición, te había amado y +había sido tuya. ¡Tú te avergonzabas de mí, cruel! Tú me abandonaste. +Morir fue mi sino, pero no quise morir desesperada. Entregué mi alma a +Smara, dios del amor, y él me hizo en pago la promesa de poseerte de +nuevo: de hacerme renacer, rica, noble y venerada para que no te +avergonzases de mí y mil veces más hermosa para que me amases mil veces +más que hasta entonces me habías amado. Dime, Morsamor, ¿no es cierto +que Smara ha cumplido su promesa? + +Al oír Morsamor las palabras de Urbási, retrajo a su memoria la imagen +de Beatricica y pensó tenerla allí presente y que ella le encadenaba +entre sus brazos y le besaba y le acariciaba. Como si hiriesen otra vez +sus oídos, percibió las palabras de la vieja gitana que le dijo en +Sevilla la buenaventura. Los cabellos de Morsamor se erizaron de +espanto. A pesar del contacto íntimo y delicioso de su prenda querida, a +pesar del tibio y grato mador de aquella piel, cuya tersura, suavidad y +fragancia envidiarían los pétalos de la magnolia y de la flor del loto, +Morsamor sintió el frío de la calentura y se santiguó maquinalmente. +Entonces recordó con horror que era católico cristiano, aunque apóstata +y réprobo. + +En aquel momento sonaron fuera de la alcoba voces, precipitados pasos, +ruido de armas y rechinar de puertas. + +Aquella sensación, que avisaba a Miguel de Zuheros un peligro presente y +real, disipó de su espíritu las sombrías imaginaciones, que sin duda una +muy natural coincidencia había creado. Natural era que Urbási, bajo el +influjo de las creencias religiosas, propias de su nación y de su casta, +se diese a entender que había transmigrado su alma, que en otras vidas +había amado a Morsamor, y que más tarde había renacido para volver a +amarle. + +Miguel de Zuheros desechó, pues, aquellos vanos pensamientos, se serenó, +recobró su brío indomable, se arrojó del lecho y se revistió a escape +las armas. + +Tomás Cardoso, teniendo de la pequeña hueste por ausencia de Tiburcio, +acudió a llamarle desde la puerta de la alcoba. Armado ya Morsamor, +salió a juntarse con Tomás Cardoso. + +Numerosa hueste enemiga había sorprendido y muerto a los descuidados y +dormidos atalayas, había invadido la selva y había cercado por todas +partes el edificio. + +A la luz del alba naciente, miró Morsamor por las ventanas en varias +direcciones, y por donde quiera vio guerreros indios capitaneados sin +duda por Balarán, el Brahmatma. No había medio de huir. Era inevitable +combatir hasta la muerte o hasta lograr milagrosa victoria. + +Los sitiadores dieron sin tardanza un furioso asalto por la fachada de +la quinta, pugnando por derribar la puerta. Morsamor y los suyos se +defendían con valor y con tino, causando en los sitiadores grande +estrago y haciendo repetidas veces que retrocedieran, poseídos de +terror. + +La puerta resistía aún al embate del enemigo; pero, en la previsión de +que pronto la derribase, Morsamor no vacilaba en defender sin reparo la +entrada abierta. + +A este fin, iba ya a descender al piso bajo del edificio, cuando oyó, en +el piso principal, angustiosos gritos y clamores. El enemigo había +entrado por una pequeña puerta, a espaldas del palacio, le había +invadido, y llenaba ya el piso en que Morsamor se hallaba. Entonces +acudió Morsamor a la defensa de Urbási, pero ya fue tarde. El mismo +Balarán, rodeado de sus más audaces satélites, había llegado donde ella +estaba, la había asido de un brazo e intentaba apartarla de aquel sitio +para acabar luego con Morsamor y los suyos sin que ella padeciese ni +peligrase. + +No como débil mujer, sino como fiera leona, se resistió Urbási al +propósito de Balarán, lanzando contra él enérgicas palabras de odio y +desprecio. + +En aquel punto apareció Morsamor donde Urbási pugnaba por que Balarán no +se la llevase consigo. + +--¡Sálvame, Morsamor!--dijo al verle--. ¡Amor mío, libértame de este +aborrecido tirano! + +El corazón del Brahmatma ardió en celosa ira, al ver a su rival y al oír +las amorosas palabras con que Urbási le llamaba. + +En su ciego arrebato, desnudó Balarán la daga que llevaba en el cinto y +se la hundió a Urbási en el seno, causándole instantánea muerte. + +Atónitos, estupefactos quedaron los de uno y otro bando, al ver caer a +Urbási desplomada en el suelo. + +Con ímpetu irresistible se lanzó Morsamor contra Balarán, yendo a su +lado Tomás Cardoso y otros ocho valientes, que arrollaban o derribaban +cuanto obstáculo se les oponía. Así llegó Morsamor hasta donde se alzaba +Balarán con la sangrienta daga en la diestra y tomó rápida venganza, +atravesándole el cuerpo con su espada. + +La gente de Morsamor le defendía a un lado y a otro, rechazando a los +indios. Morsamor pudo entonces asir de la barba al muerto Brahmatma y +arrastrarle hasta la ventana principal del edificio. La abrió, sin temer +el diluvio de flechas que le dispararon; alzó a Balarán en sus brazos +para que los de su bando le vieran, y en seguida, con titánica fuerza, +arrojo por el aire el cuerpo inerte, que dio tremendo golpe en el +despejado o en el claro abierto por la gente de guerra al apartarse +horrorizada. + +En los primeros instantes que a la venganza de Morsamor se siguieron, +parecía que Morsamor iba a triunfar por raro prodigio de su feroz +valentía. + +Los que habían entrado en el edificio con Balarán huyeron al verle +muerto. Volvió a cerrarse la puerta por donde habían entrado. La +posición de Morsamor y de los suyos parecía inexpugnable, merced a su +desesperada resistencia y a la consternación de unos contrarios sin +caudillo. + +Pronto, no obstante, se rehicieron estos, fiados en su muchedumbre y +aguijoneados por la vergüenza y por el deseo de que la muerte de Balarán +no quedase impune. + +No era como el alcázar de Benarés el edificio en que Morsamor se +refugiaba. Apenas se había empleado la piedra para construirle, sino la +madera, tan abundante en la selva que en torno se extendía. Allí era +fácil de conseguir el incendio, y el incendio era el medio más seguro de +vencer sin sacrificar muchas vidas. + +Gran número de sitiadores, con actividad diligente, solícita, casi +frenética, allegó y trajo leña y hojas secas, y, formando con ellas +enormes montones y altos rimeros, las arrimó a las puertas y a las +paredes. Los sitiadores más decididos prendieron fuego por varios +puntos, y, favorable el viento a su intención, estimuló el fuego +soplando. Rojas llamas se levantaron lamiendo y escalando los muros. +Negra y espesa humareda envolvió el edificio como en velo enlutado de +fúnebres crespones. + +Nada había advertido Morsamor. Satisfecha en Balarán su venganza, daba +rienda suelta a su pena, abrazado al cuerpo inerte de Urbási, +cubriéndole de besos y de lágrimas y anhelando hacerle revivir con su +aliento. + +Tomás Cardoso y los demás aventureros tuvieron que apartarle de allí, +bajándole casi en volandas hasta la puerta principal del edificio. Era +menester salir fuera, abrirse paso o morir hiriendo y matando, si no +querían todos perecer ahogados por el humo o devorados por las llamas. + +Morsamor se repuso de su doloroso desfallecimiento, hizo abrir la +puerta, que ya empezaba a arder, y con heroica furia se abalanzó contra +los sitiadores. + + + + +-XXVIII- + + +Aunque Morsamor parecía invulnerable y aunque los cincuenta hombres que +permanecían vivos bajo su mando eran diestros y prodigiosamente +valerosos, todos sin duda iban a perecer allí peleando contra un +ejército. No peleaban por la victoria. No peleaban por la salvación en +la fuga. Peleaban sólo para vender caras sus vidas. Caras las vendían, +en efecto, pero Morsamor notaba con angustia compasiva que sus fieles y +devotos amigos iban cayendo también. + +De súbito el ronco clangor de retorcidas y bárbaras trompetas estremeció +el ambiente. Mil y mil gritos salieron de las bocas de los indios, +medrosos y aterrados. Morsamor y los suyos vieron con sorpresa que sus +contrarios, en confuso desorden, huían a la desbandada, tiraban las +armas para correr con mayor ligereza y buscaban refugio y escondite en +lo más intrincado del bosque, ya que no en las entrañas de la tierra. + +¿Qué poder misterioso acudía en auxilio de Morsamor? No tardaron en +aparecer los imprevistos auxiliares. Venían en ligeros caballos. Eran +guerreros, de fea y terrible catadura, armados de largas lanzas, de +agudas flechas y de flexibles arcos. En sus rostros, casi imberbes, +aunque varoniles y fieros, resplandecía, sobre el amarillo obscuro de la +tez curtida, la exultación alegre del triunfo. Sus pómulos eran +salientes, gruesos sus labios y la nariz aplastada, oblicuos y pequeños +sus ojos, y negras las ralas cerdas del largo bigote, y negros los +cabellos que pendían lacios sin ondas ni rizos. Cubrían sus cabezas +gorras de hirsutas pieles, envolviendo capacetes de cobre, y sostenidas +por barbuquejos de lana cuyas extremidades flotaban sobre el pecho. + +Extraordinaria fue la sorpresa de Morsamor cuando vio en medio de esta +tropa, que parecía fantástica legión de demonios, a su doncel sutil +Tiburcio, que venía como guiándola y capitaneándola, más gallardo y +gentil que nunca. + +Fugados o muertos los indios, Tiburcio llegó donde estaba Morsamor y le +estrechó en sus brazos. Algunos de los al parecer más importantes +soldados de su extraña tropa desmontaron de los caballos, lanzaron +aullidos, en señal de alabanza, admiración y júbilo, alzaron a Morsamor +en hombros, y se apartaron del palacio que el voraz incendio ya +consumía. Hicieron luego que Morsamor y los suyos montasen todos a +caballo, y con profundo acatamiento y pompa triunfal se pusieron en +marcha. + +Tiburcio cabalgaba al lado de Morsamor y se lo explicó todo. + +Aquellos hombres eran los mongoles. Babur, su monarca, apaciguados ya +sus vastos dominios, había caído como el rayo sobre la India. Acababa de +reconquistar a Lahor y se había apoderado luego de Delhí y de Benarés, +la ciudad santa, donde le habían dicho que Balarán se había declarado +Brahmatma. No encontró allí a Balarán y salió en su busca, a fin de +vencerle y de vencer su ejército. Internado Balarán en la selva, Babur +hubiera tardado en encontrarle o no le hubiera encontrado, si Tiburcio, +acertando a presentarse ante él, no se hubiera ofrecido a servirle y no +le hubiera servido de guía. + +Muerto Balarán, y sabiendo ya Babur por sus esculcas las apenas creíbles +hazañas de Miguel de Zuheros, iba, según anunciaba Tiburcio, a recibirle +con palmas y laureles. + +Cualquiera otro héroe, no atormentado del dolor más acerbo, hubiera +tenido por altamente dichoso el éxito de aquella jornada y se hubiera +enorgullecido de las distinciones honrosas de que colmó Babur a Miguel +de Zuheros cuando este llegó a su presencia. + +Babur quiso tomarle a su servicio, pero Morsamor se excusó cortésmente, +alegando su honda melancolía y afirmando que su destino le llamaba por +muy distinta senda y que él no podía menos de acudir a su misteriosa +vocación y de cumplir las órdenes del destino. + +Tiburcio de Simahonda, Tomás Cardoso y cuarenta aventureros portugueses, +que sobrevivieron a la batalla, acompañaron a Morsamor, y cargados de +presentes y riquezas se separaron de Babur y de sus mongoles. + +Babur dio a Miguel de Zuheros una áurea lámina, como la que Kubilai-Kan +había dado a Marco Polo, para que le sirviese de salvoconducto o +pasaporte por donde quiera que fuese. En el oro de la lámina estaban +grabadas, en caracteres mongólicos, las más encarecidas recomendaciones, +autorizado todo ello por la firma de Babur y por su regia marca. + +Como curioso accidente, que no debe omitirse aquí, haremos constar que +la tropa de Morsamor partió reforzada por seis mongoles que se +resolvieron a seguirle, movidos de afecto a España y de vivo deseo de +ver aquella tierra distante. No parecerá el caso inverosímil si decimos +que dos de los mongoles se apellidaban Pérez, dos Fernández y Jiménez +otros dos. Aunque confusa y enmarañadamente, los seis presumían de +buenos cristianos, y todos eran tataranietos de tres elegantes y lindos +escuderos de Castilla, que habían acompañado a Ruy González de Clavijo +cuando visitó a Tamerlán como Embajador de Enrique III. Tres señoronas +de la corte de Samarcanda, tan encopetadas como antojadizas, se habían +prendado de los escuderos susodichos, se habían casado con ellos, +reteniéndolos en el centro del Asia, y de tales enlaces procedían los +Pérez, los Fernández y los Jiménez, de cuyo patriótico atavismo aquí +damos cuenta. + + + + +-XXIX- + + +Transida el alma de dolor por el trágico fin de Urbási y por la +mortífera lucha que había sostenido, Morsamor huyó de la India, como +para librarse de los malos espíritus que le acosaban y le atormentaban. +Como Orestes, perseguido por las Furias, caminaba Morsamor sin saber +casi hacia dónde caminaba. Confiado en él y en su ventura, le seguía su +valiente tropa. Tiburcio solía cabalgar junto a él y procuraba +consolarle y entretenerle con pláticas amenas y con juiciosas +reflexiones. + +--El mal y el bien--dijo una vez--, la próspera o la adversa fortuna +carecen a menudo de ser real y dependen de nuestro modo de entender las +cosas. De aquí que yo pueda afirmar razonablemente que tú no debes +quejarte de tu suerte, sino tenerla por próspera. El problema más +difícil que hay que resolver, la suerte te le dio resuelto desde el +principio. En la más penosa e ingrata tarea en que los hombres tienen +que emplearse no te has empleado tú, pudiendo elevarte así sin estorbo +hasta una posición donde tanto la felicidad como la infelicidad tienen +superior magnitud a las del vulgo de los mortales. + +--Cada día me convenzo más--interrumpió Morsamor--del fundamento y de la +justicia, con que te llamo doncel sutil. Tales son en este momento tus +sutilezas, que no las entiendo. + +--Pues préstame atención y óyeme--replicó Tiburcio--y ya verás, cuán +bien me entiendes y cuán claro me explico. Por la generosidad primero y +por la alquimia del Padre Ambrosio, y más tarde por lo mucho que hemos +garbeado en guerras, saqueos y batallas, no somos pobres, sino ricos. A +lomo de unas cuantas mulas traes contigo un tesoro de despojos; oculta +en bolsa de cuero, bajo el sayo y pegada a tu carne, llevas gran +cantidad de piedras preciosas, de tal valor algunas que podrías, +vendiéndolas, adquirir con su precio la mitad de Castilla, o restaurar +en todo su esplendor a Medina del Campo, que el ejército fiel a nuestro +monarca Carlos de Gante, robó y asoló casi en los mismos días en que nos +escapamos nosotros del convento en busca de aventuras. Te hallas, pues, +y te has hallado desde que te escapaste en posición muy ventajosa. La +mayoría de los hombres consumen la vida en ganarse la vida, y, como se +la ganan perdiéndola y gastándola, no les queda vida de sobra ni para +amar, ni para deleitarse, ni para trazar heroicos planes y realizarlos +luego, ni para otros mil asuntos que debemos calificar de lujo y de +poesía. La gente humilde y trabajadora, los ganapanes y +destripaterrones, que sudan y se afanan para procurarse el sustento, son +como las orugas y como los míseros gusanos, que se arrastran con +lentitud, que se esconden entre el follaje, y que no pueden ejercer otra +función sino la de nutrirse, mientras que tú y otros como tú, siempre +bien nutridos y exentos de tan ruin cuidado y de menester tan vil, sois +como las mariposas, que desplegáis a la luz del sol los nítidos colores +de vuestras alas, que voláis entre las flores, que libáis el néctar de +sus cálices y que gozáis de amor y de gloria. + +--Algo de verdad hay en lo que afirmas--dijo Morsamor--. No carezco de +riquezas. Además de las que llevo conmigo, tengo confiadas no pocas al +fiel y cauto Gastón Vandenpeereboom. Puedo con desahogo aventurarme en +las más altas empresas. Y sin embargo, me considero tan infeliz que +preferiría volver a ser un pobre fraile, despreciado, viejo y enfermizo, +o ser un ruin y hambriento pordiosero. + +Ingeniosamente impugnó Tiburcio estas razones, manifestando que el +pordiosero y el fraile, sobre ser desvalidos y menesterosos, lo cual no +es chica pena, pueden padecer además tormentos insufribles. + +--¿Has olvidado, acaso--concluyó Tiburcio--, cuánto te atormentabas en +el claustro? No me parecías allí virtuoso penitente, ministro del +Altísimo, sino energúmeno o criatura poseída de un enjambre de demonios. + +Así cuidaba Tiburcio de consolar a Morsamor, no probando que era +dichoso, sino tratando de probar que otros habían sido más desdichados. + +Poco a poco, y aunque algo a la ventura, con el propósito de llegar al +grande imperio del Catay, nuestros viajeros se internaron por tortuosas +y revueltas cañadas, que a cada instante se tornaban más ásperas y +solitarias. Por donde quiera breñas, matorrales y riscos, y con +frecuencia despeñaderos medrosos, en cuyo borde resbaladizo se +desenvolvía la apenas trazada senda que iba hollando. + +El horror y la esquividad del paisaje crecían a cada paso. Hasta los más +audaces se asustaban y anhelaban volver atrás. La terca persistencia de +Morsamor y el respeto que Morsamor infundía los forzaba a seguir +adelante. Con prudente cautela, y como por milagro, lograban que no +tropezasen los caballos y las mulas en aquellos vericuetos y que no +cayesen rodando en hondo precipicio con el jinete o con la carga que +llevaban. Más propios de cabras monteses que de hombres eran aquellos +sitios. Podría asegurarse que jamás se había estampado en ellos la +planta humana. Era terreno desconocido, por donde, si lograban +atravesarle, llegarían sin duda a no menos desconocida e inexplorada +comarca. + +La vereda daba innumerables rodeos. A veces iba en muy pendiente cuesta +abajo, pero más a menudo se elevaba en cuesta no menos pendiente. Los +cerros, a un lado y a otro, parecían ir creciendo. En sus enhiestos +picos relucía el hielo perpetuo. La amontonada nieve bajaba hasta no muy +lejos del camino, si era camino el desfiladero, cada vez más angosto, +por donde marchaban. + +Lo terrible de aquella peregrinación estaba por cima de todo +encarecimiento cuando la noche envolvía en sus tinieblas a los viajeros. + +Una noche, por último, fue indescriptible la angustia de todos. A pesar +de la densa y casi impenetrable obscuridad, sintieron que se hallaban en +una grande altura; que los cerros, por medio de los cuales habían +caminado, quedaban atrás; que a un lado y a otro se les abría despejado, +extenso horizonte; y que, delante de ellos, o descendía la senda, con +inclinación que la hacía intransitable para hombres y para bestias de +carga, o se convertía en despeñadero o abismo. Allí se pararon +aguardando ansiosos el día y acurrucados bajo algunas tiendas de campaña +que un viento frío e impetuoso amenazaba derribar y que los amedrentaba +con siniestros silbidos. + +Larga como un siglo se les antojó aquella noche, pero el alba perezosa +vino al cabo a disipar las sombras, a dorar las nubes, a teñir el cielo +de azul y de púrpura y a impregnar el aire en claridad luminosa. + +Extraordinarias fueron la sorpresa y la alegría de los peregrinos cuando +vieron extenderse a sus pies, desde la elevación en que se hallaban, la +más amena, fértil y bien cultivada llanura que imaginarse puede. La vega +deleitosa estaba regada por dos ríos y por muchos arroyos y acequias de +agua cristalina. Se veían huertos, sembrados, y muy elegantes jardines. +Bien cuidadas sendas iban de un lugar a otro, entre dos hileras de +árboles copudos y umbríos. Los frutales más preciosos se ostentaban en +las huertas. Se distinguían bien los muros, palacios, templos y +monumentos de una muy hermosa ciudad; y más cerca, casi al pie de la +sierra, un edificio amplísimo, a modo de suntuoso monasterio, tal por su +esplendor y grandeza, que nada en la mente de los viajeros se le +igualaba en España ni en Portugal, ni en la propia Samarcanda, aunque +ellos magnificasen con el afectuoso recuerdo la esplendidez de lo que +cada cual había visto y admirado en su patria. + +La cuestión ahora era bajar hasta la vega desde la enriscada cumbre o +viso en que estaban. Harto se afanaron por conseguirlo, pero lo +consiguieron al fin dando muchas vueltas y describiendo muchas eses, +para no despeñarse por los tajos de aquella agria ladera. + +Ya casi en lo llano, se hallaron en un verde soto, en medio de frondosos +y gigantescos árboles, y por cuyo centro se precipitaba caudaloso +arroyo, dando saltos y formando copos de rizada y cándida espuma sobre +el haz de sus agitados cristales. + +Muchas aves había por allí que ya trinaban alegres, ya volaban de rama +en rama, sin el menor recelo de los hombres. Francolines de vistosas +plumas corrían en bandadas. + +Tomás Cardoso, que era gran cazador, no pudo resistir a su deseo de +matar el que le pareció más grueso y más cercano. Disparó una flecha, y +el pájaro cayó herido a poca distancia. + +Entonces salió de la espesura un viejo, algo encorvado por la edad, que +parecía llegar a cien años, y con airado acento censuró la cruel +conducta de Tomás Cardoso y hasta le amenazó con un castigo. Con burla y +desprecio respondió el portugués al pobre anciano y dirigió sobre él el +caballo para asustarle. Mas, ¡oh raro prodigio!, el viejezuelo alzó en +el aire el báculo en que se apoyaba y dirigió la contera hacia el +caballo que sobre él venía. El caballo dobló al punto las rodillas y +bajó la cabeza hasta el suelo, como para besarle con humildad. Aquellos +movimientos fueron tan rápidos, y fue tanto el descuido de Tomás +Cardoso, por no preverlos, que el caballo le botó de la silla y le apeó +por las orejas, excitando el caído la risa de sus compañeros a pesar del +asombro que el sobrehumano poder del viejo les había causado. + +Se adelantó entonces Tiburcio, y, sirviendo de intérprete, en vulgar +dialecto indostaní, preguntó al viejo quién era él y en qué país se +hallaban ellos. + +El viejo contestó al punto en un idioma de cuyos vocablos no sabían uno +siquiera ni Tiburcio, ni Morsamor, ni ninguno de los que iban +acompañándolos. + +Pero esto fue lo más raro y maravilloso. Ni Tiburcio, ni Morsamor, ni el +más rudo de los allí presentes dejó de entender lo que el viejo decía, +como si a cada uno en su patria lengua le hablase. + +El viejo les dijo: + +--Os hago saber que yo soy ayuda de cámara, secretario o fámulo del muy +egregio señor Sankarachária. Gracias a él, y comunicados por él, poseo +varios importantes dones. Es uno de ellos el de adivinar los +pensamientos ajenos, y es otro el de sugestionar o infundir los +pensamientos propios en las ajenas mentes sin valerme del auxilio de la +palabra y del intermedio de los sentidos corporales. Os he escuchado y +os he hablado por costumbre y rutina y para no faltar al uso corriente, +pero sin hablar entiendo y me hago entender y así continuaremos nuestra +conversación. Os digo con franqueza que no comprendo cómo habéis podido +llegar hasta aquí. Mi amo me lo explicará todo, porque todo lo sabe. +Ahora conviene que os lleve a su presencia. Es cortés y benigno; +perdonará vuestra audacia y os recibirá amistosamente. Seguidme y os +serviré de guía. + +Dicho esto, volvió la espalda, empezó a andar y todos le siguieron. + + + + +-XXX- + + +No tardaron mucho en hallarse a la vista de un edificio tan suntuoso, +grande y de tan florido estilo, que en su comparación, parecía miserable +choza, la casa más capaz y elegante de Padres Jesuitas, sin exceptuar la +que tienen en Loyola. Sobre la puerta principal había una inscripción en +gruesas letras de oro. Como ya estaban todos sugestionados por el +fámulo, aunque la inscripción estaba en sánscrito, la leyeron y +entendieron, como si estuviese en portugués o en castellano. La +inscripción decía: _Cenobio de la jubilación varonil_. + +El fámulo aclaró el concepto de esta suerte: + +--Los señores que aquí viven, son los señores más sabios que hay en el +mundo. Con su exquisito régimen higiénico, con su dieta herbívora, y con +su prudente y morigerada conducta, prolongan mucho la vida. Aquí no +contamos por decenas sino por docenas. El término natural y ordinario de +la existencia, es aquí de una gruesa de años o dígase de ciento cuarenta +y cuatro. Cuando alguien por accidente muere antes, decimos que se +malogra. Siete son los principios o elementos que en armonioso conjunto +constituyen el ser humano. El número siete es simbólico y posee no pocas +virtudes. Según nuestra Constitución social y política, histórica y +filosófica, interna y externa, la vida de acción acaba en cada individuo +cuando este cumple siete docenas de años. El día en que los cumple, es +el día de su jubilación y él se retira a este _Cenobio_ y pasa de la +vida activa a la vida contemplativa. + +Así, el fámulo iba enterando de todo a Morsamor y a su tropa. Y gracias +a la sugestión, no sólo les daba noticias, sino que también les inspira +sanos, juiciosos y vehementes deseos. El de bañarse, fregarse y +escamondarse, fue el primero que les inspiró, y para que le lograsen, +como le lograron, los introdujo en unas maravillosas termas, donde +brochas y suaves cepillos automáticos los ungieron con aromático y +espumoso jabón y les dieron gratas y purificantes fricciones. Recibieron +luego duchas de agua perfumada, se secaron con finísimas sábanas de lino +y quedaron como nuevos de puro lustrosos. Todos parecían más guapos y +más jóvenes que antes. Al revestirse, notaron con agradable pasmo que la +ropa interior había sido lavada y planchada, (permítaseme lo familiar de +la expresión) en un periquete, y que asimismo olía muy bien, gracias a +un exquisito sahumerio. Los coletos, los gregüescos, las calzas y demás +ropilla exterior todo se había limpiado, quedando muy decente y +desapareciendo las manchas sin el empleo de la bencina ni de otras +sustancias apestosas. + +El fámulo les dijo que era muy conveniente que ellos se presentasen de +un modo decoroso ante el señor Sankarachária. + +Los llevó enseguida a un bonito y capaz refectorio, donde almorzaron +sutiles extractos, que paladeaban y saboreaban con raro deleite y que +eran tan nutritivos y tan poco groseros, que bastaba para alimentar y +satisfacer a un jayán, lo que cabe en una jícara de chocolate. + +A todo esto, Morsamor y los suyos notaban con extrañeza que no aparecía +nadie y que el _Cenobio_ estaba como desierto. Adivinó el fámulo lo que +pensaban y aclaró el caso de este modo: + +--No quiero que andéis maravillados y suspensos al ver esta mansión +desierta. En ella no hay en este momento sino otros pocos fámulos como +yo, retirados sin duda, cada uno en su celda. Los señores han salido +todos. No volverán hasta tres horas después de mediodía, porque hoy +tienen _Recordatorio galante_. + +Impaciente Morsamor por averiguar lo que aquello significaba, +interrumpió al viejo preguntándole: + +--¿Y qué _recordatorio_ es ese? + +--El _Recordatorio galante_--contestó el viejo--consiste en la costumbre +que tienen los señores de ir una vez por semana al cercano _Cenobio de +la jubilación femenina_, donde las señoras ancianas, dulces compañeras +de su mocedad, los reciben de visita, los agasajan con un delicado +banquete, recuerdan con ellos los juveniles gozos y hasta cantan y +bailan y huelgan y se entretienen, si bien con la majestad, el entono y +el sereno juicio que importan en la edad madura. + +Paseando por los alrededores del _Cenobio_ y admirando los vergeles que +le circundaban, estuvieron Morsamor y su gente hasta que pasaron las +horas del _Recordatorio_ y volvieron al _Cenobio_ los señores ancianos. + +Cosa de encanto les pareció el verlos venir. Con pausa solemne venían en +dos hileras, como dos centenares de venerables viejos, vestidos de +largas, flotantes y cándidas vestiduras. Todavía eran más cándidos y +relucientes sus cabellos levemente rizados y sus luengas y bien peinadas +barbas. Al andar, se apoyaban algunos en dorados báculos. Otros traían y +tocaban arpas, violines y salterios. Guirnaldas de verdura y de flores +ceñían las sienes de todos aquellos ancianos. + +El fámulo, que para verlos pasar se había echado a un lado con los +forasteros, dijo a estos cuando llegó frente de donde estaban el viejo +tal vez de mayor estatura y de más gravedad y belleza de rostro. + +--Ese es mi amo, el señor Sankarachária. Trae, como veis, una guirnalda +de hiedra y de violetas, con que le ha coronado hoy su esposa, para +simbolizar el púdico, modesto y apretado lazo con que siempre la tuvo +ceñida y prendida. + +Al son de los instrumentos músicos, venían todos cantando, con deliciosa +melodía, un himno del _Rig-Veda_, del que Morsamor comprendió +milagrosamente y conservó en la memoria, no sabemos si con entera +fidelidad, las siguientes estrofas: + + «Áureo germen de luz apareciste al principio. Soberano del mundo + llenaste la tierra y el cielo. ¿Eres tú el Dios a quien debemos + ofrecer holocausto?». + + «Tú das la vida y la fuerza. Los otros dioses anhelan que los + bendigas. La inmortalidad y la muerte son tu sombra. ¿Eres tú el + Dios a quien debemos ofrecer holocausto?». + + «Las montañas cubiertas de nieve y las agitadas olas del mar + anuncian tu poderío. Tus brazos abarcan la extensión de los cielos. + ¿Eres tú el Dios a quien debemos ofrecer holocausto?». + + «Tú iluminas el éter. Tú afirmas la tierra y difundes la claridad + por entre las nubes. Cielo y tierra te miran temblando a ti que los + criaste. De tu radiante cabeza nace la aurora. Sobre las aguas que + engendraron la luz primera y que se precipitan en el abismo, + tiendes tú la serena mirada. Sobre todos los númenes te elevas cual + Dios único. ¡Oh custodia y faro de la verdad! ¿Eres tú el Dios a + quien debemos ofrecer holocausto?». + + + + +-XXXI- + + +Como los sabios ancianos venían algo fatigados de la inocente huelga que +habían tenido, el fámulo dejó que reposasen y durmiesen la siesta un par +de horas, y luego llevó a Morsamor y a los suyos a la presencia del +señor Sankarachária, quien los recibió con distinguida afabilidad y +extremada finura. + +Ya sabía Morsamor por el fámulo que el señor Sankarachária era el +escritor más notable que había entonces en el _Cenobio_ y en toda +aquella República. Los libros que había compuesto y que componía, eran +epítomes o brevísimos compendios, en estilo llano, para poner al alcance +del vulgo los más útiles conocimientos. Por el método, orden y nitidez +de la exposición, ensalzaba el fámulo, entre dichos libros, los que se +titulan _Tattva Bodha, Conocimiento de la existencia; Atma Bodha, +Conocimiento de yo (Dios)_; y _Viveka Chudamani, El Paladión de la +sabiduría_. + +--Aunque estos libros--añadía el fámulo--son sólo rudimentos y +preparativos para iniciación más alta, nadie consiente por acá que se +comuniquen a los europeos, cuya inteligencia carece de la sólida madurez +que para comprenderlos se requiere. Sólo dentro de tres siglos y pico, +podrán ser y serán traducidos, leídos y semi-comprendidos en Europa por +algunas pocas almas excepcionalmente superiores. + +Ya conjeturará el lector de la singular historia que vamos escribiendo, +el mar de confusiones en que un espíritu tan escéptico y tan crítico, +como el de Morsamor, hubo de engolfarse y hasta de anegarse al ver y al +oír tan estupendas cosas. + +--¿Qué diantres de personajes serán estos viejos?--se preguntaba él +cavilando--. ¿Serán en realidad profundamente sabios, estarán de buena +fe, llenos de vanidad y de soberbia por la comodidad y el regalo con que +viven, gracias a sus envidiables inventos o habrá en ellos algo de +embaucadores y de farsantes? + +Así discurría Miguel de Zuheros, pero se callaba y ni al doncel sutil +confiaba su discurso. De todos modos, Miguel de Zuheros sentía muy +picada su curiosidad y anhelaba investigar y averiguar más de lo que ya +sabía por el fámulo. Y como el señor Sankarachária era muy conversable y +muy fino, procuró charlar con él, lo consiguió fácilmente y le interrogó +sobre diversos puntos. De las contestaciones que obtuvo el sabio viejo, +hemos podido recoger aquella parte que por ser menos profunda está más a +nuestro alcance y vamos a ver si acertamos a transcribirla clara y +fielmente. + +--El _ocultismo_--dijo Morsamor--no acaba de justificarse a mis ojos. +¿Por qué escondéis avara y egoístamente vuestra ciencia, si vuestra +ciencia es buena y puede hacer a los hombres, mejores y más dichosos? + +--No transmitimos nuestra ciencia--respondió el sabio viejo--porque lo +esencial de ella es intransmisible. Cada ser humano la crea en sí y para +sí, sumergiéndose en el abismo de su propia alma, con intuición sólo +eficaz cuando el alma está ya purificada y educada, exenta de egoísmo, +libre de pasiones, apetitos y concupiscencias vulgares y apta para +entrar en el santuario íntimo de la conciencia suprema, donde todo es +uno, el conocer, el que conoce y lo conocido. Para adquirir esta +indispensable previa aptitud, jamás basta una sola vida. Sólo puede +conseguirse después de muchas _reincarnaciones_. + +--¿Sabes tú--preguntó Morsamor--por cuántas has pasado ya? + +--Mi _clarividencia_, en este punto, no es completa todavía--replicó el +anciano--; pero entreveo y percibo en la penumbra confusa de mis +recuerdos _ultranatales_ que he muerto y renacido ya treinta veces en +esta mansión terrenal. Y todavía sé poco y todavía para seguir +estudiando tendré que morir y que renacer dos o tres veces más antes de +alcanzar el _nirvana_. + +--¿Y qué es el _nirvana_?--dijo Morsamor. + +Declárartelo bien--contestó el viejo--implicaría dos cosas tan difíciles +que rayan en lo imposible. Es la primera que si lo supiese yo, yo +estaría ya en el _nirvana_ y sería omnicio o digase conocedor de cuanto +ha sido, es y será; del sujeto, del objeto y de la síntesis en que se +enlazan e identifican, siendo todo y uno y disipándose las aparentes +ilusiones que distinguen, individualizan y separan. Y es la segunda que, +aun poseyendo yo tan alta bienaventuranza, no hallaría para transmitirte +su concepto medio alguno de expresión en lenguaje humano, ni tampoco en +la sugestión directa y pura. Por ahora, reprime tu curiosidad y +aguántate sin saber lo que es el _nirvana_. Acaso, dentro de algunos +siglos, cuando subas a vida más alta, trasluzcas o columbres lo que es. + +Morsamor se resignó porque no había otro remedio; mas para consolarse +hizo preguntas menos trascendentes. + +--Aunque lo más substancial y elevado de vuestra ciencia sea +intrasmisible, todavía no me explico y deploro que viváis tan aislados +en este esquivo rincón del mundo, sin influir en las andanzas del humano +linaje, y sin enseñar a alguien que no sea de los vuestros, ya que no lo +más elemental de vuestra ciencia, el método o camino que a ella conduce. + +--Tu suposición es infundada--dijo el anciano--. Nosotros distamos mucho +de vivir aislados. Desde hace miles de años estamos en comunicación y +tenemos trato con no pocos espíritus selectos, aun de los que han vivido +y viven más lejos de aquí. Nosotros les hemos comunicado generosamente +algo de lo que sabemos y podemos comunicar. Sobre todo, hemos sido +dadivosos, espléndidos, con aquellos que han logrado penetrar hasta aquí +y hacernos una visita. Uno de los primeros que vino a vernos desde +Europa fue Pitágoras de Samos, y a nosotros se nos debe no pequeña parte +de su sistema filosófico. A despecho de nuestra prudencia y de nuestra +ancianidad, he de confesarte que pecamos por un exceso de galantería, y +siempre que aparece en nuestra tierra alguna dama extranjera de +distinción y aficionada a saber, la recibimos con finísimas atenciones y +hacemos cuanto está a nuestro alcance para ilustrarla. Valgan como +ejemplo la famosa Sibila Eritrea y más aun la linda hija de un honrado +_lucumon_ etrusco que vino acompañándola. Ella cautivó de tal suerte con +su gentil presencia y con su mucha discreción a nuestros antepasados, +que consiguió la dotasen de pasmosa sabiduría. Cuando volvió a Italia +con su señor padre, se prendó de cierto reyezuelo de un pequeño Estado, +tuvo con él frecuentes coloquios y le dio tan sanos consejos y le +inspiró tan admirables leyes, que su ciudad, única en la historia, se +enseñoreó de lo mejor del mundo y fundó hasta hoy el más persistente de +los imperios. Ya comprenderás que hablo de Egeria, la ninfa inspiradora +de Numa. Otros peregrinos se han presentado por aquí, que se han +aprovechado muy mal de nuestras generosas lecciones, moviéndonos a +arrepentirnos de habérselas dado. No se han servido de ellas con el +desinterés y la abnegación indispensables para que den buen fruto, sino +con malvado egoísmo, para engañar al prójimo y seducirle. Cuando esto +ocurre, la magia blanca o _rajah yoga_ que nosotros aprendemos y +transmitimos, se malea y se tuerce, y convertida en _hatha yoga_ o magia +negra, suele hacer mil estragos como si fuese obra de los númenes +infernales. Entre estos peregrinos que nos han dado chasco, te citaré a +Simón el Mago, a Apolonio de Tiana, a Máximo de Efeso, consejero de +Juliano el Apóstata, y por último, al encantador Merlín, a quien +consideran en Europa como hijo del diablo, lo cual no hay para qué decir +que es absurda mentira. + +--¿Pero es menester--preguntó Morsamor--llegar a estos sitios para +participar de vuestra sabiduría? + +--En manera alguna--dijo Sankarachária--. Los más aprovechados e +iluminados de entre nosotros, poseemos la facultad de entendernos, si +queremos, con las personas que están más distantes. Nuestro cuerpo +material y pesado es como la creación de nuestro cuerpo etéreo y +plasmante, cuya ligereza raya casi en ubicuidad. Nosotros podemos +desprender del cuerpo material y pesado dicha forma etérea, mal llamada +cuerpo, recorrer con ella inmensas distancias, filtrarnos o colarnos por +cualquier resquicio en la más severa clausura y conversar a todo nuestro +sabor con nuestros amigos y adeptos. Así nos comunicamos y entendimos, +hace ya sobre poco más o menos veintidós siglos, con el príncipe +Sidarta, entrando en el hermoso palacio de Kapilavastu, donde su padre +Sudhodan, rey de los sakias, le tenían encerrado. Con nuestras +amonestaciones y consejos fomentamos su vocación e ilustramos su +nobilísimo espíritu. Bien podemos, pues, jactarnos de haber influido en +que se fundase una religión que en el día profesan más de cuatrocientos +millones de seres humanos. + +--¿Y habéis tratado y seguís tratando de la misma suerte a algunos +sabios europeos, yendo vosotros de visita donde ellos residen? + +--¿Y cómo no?--contestó Sankarachária--. Yo tengo y visito así a varios +amigos de Europa. Uno de ellos, suizo de nación, médico excelente y +filósofo de raro y agudísimo ingenio, está avecindado en Basilea, y es +generalmente conocido con el nombre de Paracelso; otro, no menos +singular, se llama Cornelio Agripa, natural de Colonia, en las orillas +del Rhin; otro, que tiene más fama de brujo que los demás, y dicen que +va siempre acompañado de un diablo en figura de paje, lo cual ya +comprenderás que es una patraña, se llama el doctor Juan Fausto; y otro, +por último, con quien estoy yo en más frecuentes y cordiales relaciones, +vive ahora junto a Sevilla, en un convento en la margen del +Guadalquivir, y se llama el Reverendo Padre Fray Ambrosio de Utrera. + +Suspenso y como turulato se quedó Morsamor al oír en boca de +Sankarachária el nombre de su benéfico amigo. + +--Entonces--exclamó--sabrás quién soy yo. El Padre Ambrosio te lo habrá +contado todo. + +--Y vaya si me lo ha contado. Yo sabía quién tú eras, he influido en que +vengas por aquí; puedo asegurar que invisiblemente te he guiado para +llegar adonde no llega nadie sin nuestra venia, y encargando a mi fámulo +el disimulo, le ordené que te aguardase en el soto, como, en efecto, lo +hizo. + + + + +-XXXII- + + +No fue una sola vez, sino varias, las que tuvo Morsamor diálogos por el +estilo con el sabio viejo. Así aclaró o creyó aclarar muchas dudas y +formar idea, aproximada ya que no exacta, del país a que había llegado y +de la gente que en él vivía. + +Pondremos aquí, en resumen, el resultado de sus investigaciones o dígase +lo que él acertó a comprender y lo que nosotros podemos expresar sin +trabucarlo ni alterarlo. + +Era aquel país el de los llamados _mahatmas_, rodeado de montañas tan +intransitables, que los profanos no podían llegar a él. Era como unas +Batuecas, no groseras y rústicas, sino cultas, elegantes y felices. +Cuatro mil años, sobre poco más o menos, hacía ya que los habitantes de +aquel país vivían apartados de la mayoría del humano linaje, formando +una República pacífica y próspera, cuyo único gobierno era el consejo de +los señores del _Cenobio_ o sea de los _mahatmas_. + +Sankarachária explicaba de modo harto singular el origen de aquella +República. Lo que él contaba dista mucho de parecer verdadero; antes +bien, lo consideramos como fábula impía y absurda, pero nos parece tan +curiosa que no podemos resistir a la tentación de ponerla aquí, en +breves palabras, remitiendo a los lectores que quieran saber más sobre +ello a un libro escrito no hace mucho tiempo y cuyo título es _Dios y su +tocayo_. + +Prescindamos de la mayor o menor antigüedad de la especie humana. +Dejemos a la prehistoria, ya fundada en la geología, ya valiéndose del +estudio comparativo de los idiomas y de otros primitivos documentos, +conceder muchos miles o pocos miles de años a la existencia del hombre +en nuestro planeta. Tengamos sólo por cierto, para no disputar con el +señor Sankarachária, que, antes de que apareciese la raza blanca, hubo +otras razas que progresaron y se elevaron a no pocos grados de +civilización. Así la raza negra, la amarilla y la raza de piel roja, +cuyos individuos se llamaron atlantes y se esparcieron por el mundo +cuando la Atlántida se hundió. No hablemos aquí de los proto-scitas o +hiperbóreos, colonia de los atlantes que se estableció más allá de las +Montañas Rifeas y que fue muy culta y floreciente. A nuestro propósito +basta saber que más de dos mil y cuatrocientos años antes de la era +vulgar, había dos poderosos y civilizados imperios: uno en Egipto, de +atlantes y de negros mezclados, y otro en China, no menos adelantado o +quizá más adelantado que el de los egipcios. En China reinaba en aquella +época un Emperador llamado Iao, y hacía muy poco que, por evolución y +selección, había aparecido sobre el haz de la tierra la raza blanca, que +es la más perfecta de todas. + +Ciertos espíritus, muy pulidos y desbastados ya, después de pasar por +bastantes _reincarnaciones_, no se avinieron a _reincarnarse_ en chino, +ni en negro, ni en mulato. Con la fuerza plasmante que tenían en su +forma etérea se condimentaron o confeccionaron cuerpos sólidos más +perfectos, y de esta suerte creía el sabio viejo, cuyas ideas +extractamos, que apareció la raza blanca en el mundo. En una fértil y +bonita comarca del Tibet, vivió y se propagó, bajo la dependencia del ya +citado Emperador de la China, a quien sus súbditos llamaban Iao y Padre +Celeste. Este soberano empezó a temer que aquellos nuevos hombres se +instruyesen demasiado, se ensoberbeciesen y se rebelasen. Procuró, pues, +conservarlos en la ignorancia, pero ellos desobedecieron sus mandatos y +aprendieron muchas cosas buenas y malas. Iao entonces envió un ejército +contra ellos, que los expulsó del paraíso en que vivían. Y ellos, +expulsados ya, fueron poco a poco emigrando por diversas regiones y +dominando y acogotando a las razas inferiores donde quiera que llegaban. +Algo, no obstante, se pervirtieron, malearon y bastardearon con el trato +y convivencia de las tales razas, harto inferiores, como ya queda dicho. + +Sólo una escasa minoría de la raza blanca se conservó pura y sin mezcla +y subió como la espuma en virtud y en saber. Para ello, en el momento de +la expulsión ordenada por Iao, tuvo la cautela de escabullirse en aquel +valle recóndito, circundado de altísimos montes y de casi impenetrables +desfiladeros. Tal fue el origen de la República de los _mahatmas_, según +ellos mismos lo entendían y declaraban. + +--¿Y cuándo saldréis de vuestro retraimiento?--preguntó Morsamor a +Sankarachária. + +Y Sankarachária contestó: + +--Cuando la Humanidad sea capaz de comprendernos. Cuando nazca a la vida +colectiva. + +--Pues qué, ¿no ha nacido aún? + +--Aún dista mucho de nacer. Está en germen caótico: en incubación. No +nacerá a la vida colectiva hasta dentro de quince mil años. + +--¿Y cómo no hacéis nada para que la incubación se apresure? + +--Hacemos lo que se puede--dijo Sankarachária--. Ya te he citado a no +pocas personas que recibieron antiguamente nuestra inspiración y a +algunas que la reciben hoy en Europa, ávida de saber y con la curiosidad +científica muy despierta. Así los mencionados Paracelso, Cornelio +Agripa, Fausto y tu valedor, Fray Ambrosio de Utrera. Pero quien más ha +de influir en que la incubación siga preparándose sin que salga huero lo +que se incuba, ha de ser una mujer privilegiada, semi-tudesca, +semi-moscovita, que el cielo no subcitará en Europa hasta dentro de unos +tres siglos. Pronosticado está que esta mujer vendrá a visitarnos, nos +encantusará, se apoderará de muchos de nuestros secretos, los divulgará +en luminosos tratados y enseñará una ciencia que poco modestamente +apellidará teosofía. No será lo que enseñe sino los prolegómenos de +nuestra ciencia verdadera; pero, aun así, se pasmará el mundo de oírla y +de leerla y se crearán escuelas teosóficas en todas las naciones. + +Ya suponemos que el pío lector habrá adivinado que Sankarachária, aunque +no la nombra, alude a la señora Blavatski. + +Todavía Morsamor, no satisfecho con las primeras nociones de aquella +ciencia nueva, imitó proféticamente lo que hacen los periodistas del día +en las _interviews_ y siguió preguntando. Para abreviar, sin que nada de +lo más importante quede obscuro, prescindiremos de consignar las +preguntas y sólo pondremos aquí tres o cuatro de las más notables +contestaciones que Morsamor obtuvo. Por ellas empezará a comprender las +doctrinas teosóficas quien esto lea y a sentir el prurito de estudiarlas +a fondo en la multitud de libros que sobre el particular han escrito y +publicado recientemente la citada señora Blavatski, el coronel Olcott, +Annie Besant, Francisco Hartmann, Sinnett y otros autores, españoles +algunos de ellos. Entiéndase, con todo, que esta ciencia de la teosofía +no debe con propiedad llamarse nueva en Europa. Debe llamarse renovada. +Sus adeptos de hoy le dan ya antiquísimo origen entre nosotros o sea +fuera de la India. Hermes Trimegisto fue teósofo, y, bastantes siglos +después, cultivó y propagó la teosofía entre griegos y latinos el +ilustre Ammonio Sacas, fundador de la escuela de Alejandría. + +Pero no divaguemos y vamos a las contestaciones que dio Sankarachária y +que no conviene queden en el tintero. + +El caudal de experiencias y de merecimientos con que el ser humano se va +afirmando en sus diferentes vidas y haciéndose digno de más altas +_reincarnaciones_ se llama _Karma_. + +El principio que persiste, que no muere y que se _reincarna_, es el +tercero de los siete que componen nuestro ser, se llama _Manas_, y es +como la raíz imperecedera de nuestro individuo. Por cima de _Manas_ no +hay más que _Budhi_ y _Atma_. _Atma_ es el más alto principio de vida, +el alma del Universo, y _Budhi_ el lazo que a _Atma_ nos une. Por bajo +de _Manas_ hay otros cuatro principios: el del amor, del odio y demás +afectos, la fuerza vital, el cuerpo etéreo, y, por último, el cuerpo +sólido, visible y tangible. + +Sankarachária enseñó además a Morsamor que había dos métodos +científicos: uno, por lo común empleado en Europa, que, valiéndose de +los sentidos corporales e informándose de lo que se ve, se oye o se +palpa, investiga las leyes de todo y procura elevarse a la causa +primera; y otro, que es el indiano o teosófico, que se funda en la +introinspección y por medio de _Budhi_ logra que _Manas_ se encarame y +se enlace con _Atma_, y entonces no hay cosa que el hombre no sepa, y +apenas hay cosa que el hombre no pueda. De aquí la verdadera magia +blanca, que, según queda dicho, se llama _rajah-yoga_, aunque alguien la +designa también con el nombre de _lokothra_ o ciencia y poder nacidos de +nuestro interior desenvolvimiento, en oposición a _laukika_, magia +blanca también, pero vulgar y rastrera, que se funda en conocimientos +experimentales y exteriores y en el empleo de drogas, hierbas y otros +ingredientes. + + + + +-XXXIII- + + +Morsamor hablaba a menudo con Tiburcio, que andaba retraído, y le +comunicaba cuanto iba aprendiendo. Tiburcio le oía, no daba crédito a +nada y se reía de todo. + +--Pero no me negarás--le decía Morsamor--que Sankarachária sabe y puede +mucho. + +--Yo no te lo niego--contestó Tiburcio--. Lo que te niego, es que su +saber y su poder se funden en lo que él dice. + +Y Tiburcio no pasaba nunca más adelante, ni aclaraba mejor su +pensamiento. Por sus reticencias, con todo, presumía Morsamor que +Tiburcio atribula las artes y las ciencias de los _mahatmas_ a la +intervención del diablo. + +--¿Crees tú--le decía Morsamor--que el diablo interviene en esto? + +Tiburcio no contestaba sí, ni no. Se reía y se callaba. + +Entretanto, ni Morsamor, ni Tiburcio, ninguno de la pequeña hueste, +podía ir a la ciudad de los _mahatmas_ jóvenes o no jubilados, ni mucho +menos ver a las mujeres. Sin duda era ley inquebrantable aquel +retraimiento, mil veces más severo que el que hubo más tarde en el +Paraguay, para evitar que las ciudadanas y los ciudadanos fuesen +perturbados y contaminados por extrañas visitas. + +Todos los forasteros, por consiguiente, aunque estaban muy agasajados en +el _Cenobio_ y tratados a qué quieres boca, se aburrían de muerte y +ansiaban salir de allí para gozar de plena libertad aunque tuviesen que +sufrir trabajos. + +El mismo Morsamor empezaba a cansarse. Dispuso su partida, pero antes de +despedirse de Sankarachária, le hizo una última pregunta y le pidió un +favor. + +--Yo estoy harto--dijo Miguel de Zuheros--de guerras y de amores. En +extremo me afligen los estragos y las muertes que preceden o suceden a +cada victoria y a cada triunfo. Aún ansío laureles, pero han de ser +incruentos y pacíficos. ¿Y qué más pacíficos laureles que los que yo +alcanzaría, si me embarcase de nuevo, y por mar, navegando siempre hacia +oriente, volviese a mi patria? Dime si esto es posible. + +--Ya sabes--contestó el anciano _mahatma_--que mi ciencia es más de lo +interior que de lo exterior. Todo eso y más sabré yo cuando llegue a +enlazarme con _Atma_. Por ahora, ni lo sé, ni me importa saberlo, ni te +lo diría aunque lo supiese. Y la razón es obvia. Si te dijera que es +imposible, te quitaría la esperanza, te retraería de la empresa y te +despojaría del mérito de haberla acometido. Y si te dijera que es +posible, aún te despojaría más del mérito y de la gloria, porque con la +seguridad de alcanzar fin tan alto, ¿quién, a no ser muy cobarde no pone +los medios? No extrañes, pues, que me calle y dame gracias por mi +silencio. + +En el favor que pidió Miguel de Zuheros fue más dichoso que en la +consulta. Sankarachária se le otorgó a medias. Morsamor quiso ver y +hablar al Padre Ambrosio. Y el _mahatma_, si bien se excusó de ponerle +al habla con el Padre para que el Padre no averiguase que él había +revelado sus ocultas relaciones y tratos, todavía le prometió hacer que +le viese, y en efecto, cumplió la promesa. + +Para ello, exigiendo primero a Morsamor, que no había de chistar, ni +alborotar, ni moverse, viera lo que viera, le condujo a un obscurísimo +sótano y le sentó en una silla, donde había de quedar, y quedó como +clavado. + +De repente brotó un punto luminoso en el seno de las tinieblas. El punto +se desenvolvió luego en multitud de rayos que trazaron un círculo lleno +de claridad. Morsamor percibió en él con asombro el camaranchón donde el +Padre Ambrosio tenía su laboratorio. El Padre estaba de pie, delante del +atril donde leía un libro de magia. La lámpara que ardía sobre el atril, +colgada del techo, parecía ser el punto o foco de luz, por cuya +dilatación el círculo se había formado. Otro fraile estaba al lado del +Padre Ambrosio con la capucha calada y volviendo a Morsamor las +espaldas. Inesperadamente cambió este fraile de postura y mostró a +Morsamor la cara. El pasmo de este rayó entonces en delirio. Creyó ver +su propio rostro como en un espejo, pero no joven y gallardo, sino +marchito, lleno de arrugas y con la barba blanca como la nieve. Su +terror casi fue más intenso cuando notó que aquel rostro, que se le +había aparecido, caía como una máscara o se disipaba como vapor muy +tenue dejando en la capucha un hueco. La capucha y todo el hábito se +diría que no encerraban ya sino aire vano: una ilusión, un espectro. El +sayal vacío continuaba erguido, no obstante, y hasta se movía y +marchaba, como si le llenase y le animase un espíritu. + +Vio después Morsamor que el féretro donde le habían encerrado se hallaba +en el mismo lugar; que el Padre Ambrosio levantó la tapa, y que dentro +había un cuerpo humano tendido e inmóvil. No descubrió quién era. Un +lienzo velaba su cara. El Padre Ambrosio alzó un pico del lienzo, hasta +descubrir la boca del que allí reposaba, e introduciendo en aquella boca +el agudo extremo de un pequeño embudo, vertió por él algunas gotas del +líquido contenido en un pomo que llevaba en la mano. + +La visión se disipó enseguida, como las figuras de una linterna mágica o +de un cinematógrafo. + +No acertó Morsamor a explicarse bien todo aquello por ningún estilo, +pero pensó en su propio ser, se tocó y se reconoció materialmente, y +tanto en lo exterior como en lo íntimo se declaró a sí mismo que el +verdadero Morsamor era él y no otro. Encomendó a todos los diablos a +Sankarachária, a los demás _mahatmas_ y al _Cenobio_ de la jubilación +varonil, y no bien despuntó la próxima aurora se escapó de allí con +Tiburcio y los demás de su hueste. + + + + +-XXXIV- + + +Los diversos apuntes manuscritos de los que hemos ido extractando y +compaginando esta historia hasta ahora clarísima, presentan aquí +contradicciones que conviene resolver y obscuridades que conviene +disipar por medio de hipótesis. + +¿Cómo pudo Morsamor salir del misterioso y fantástico país de los +_mahatmas_ y hallarse de nuevo en terreno de ser y realidad más +reconocidos? + +Sin el poderoso auxilio de Sankarachária, jamás acaso hubiera logrado +tal cosa. Nunca Morsamor hubiera salido de allí ni hubiera vuelto al +mundo real, como volvió el doctor Fausto desde el país de las quimeras. +Allí se hubiera quedado, no durante años, como se quedó Bompland en el +Paraguay, sino para siempre: hasta la consumación de los siglos. + +Morsamor, pues, y su hueste salieron, según unos, en una barca +encantada, que se hallaron junto a la orilla de un lago, y que, +arrastrada por la corriente, los lanzó en un río, por donde el lago se +desaguaba, y cuyas ondas por rapidísimo declive se abrían cauce en la +estrecha y tortuosa garganta que formaban tajados peñascos de +empinadísimos cerros. Aseguran otros que Morsamor y su hueste se fueron +por el aire, en una máquina o ingenioso artificio que les suministró +Sankarachária y que sin ser juguete de las corrientes atmosféricas como +los globos aerostáticos de ahora, se movía en la deseada y prescrita +dirección, atraído por la fuerza psíquica o magnético-espiritual de un +gran sabio, amigo de Sankarachária, que vivía en la ciudad de Lasa y era +nada menos que el Secretario de Estado o ministro principal del +Dalai-Lama. Si es lícito comparar lo falso con lo verdadero y la mala +copia o remedo con el original, este Secretario de Estado era, respecto +al Dalai-Lama, lo que fue Pedro Bembo respecto a León X. + +Como quiera que sea, lo cierto es, que Morsamor y su hueste se hallaron +en Lasa como por encanto. + +La lámina de oro o salvoconducto de Babur les valió de mucho. ¿Cómo no +habían de respetar en el Tibet, las encarecidas recomendaciones del +sucesor de Tamerlán y de Kubilai-Kan, príncipe que había conquistado la +China, que había reinado benéfica y gloriosamente en ella, y que por los +consejos e insinuaciones de su privado Marco Polo, había fundado el +poder temporal del Dalai-Lama como Constantino y Carlo Magno el de los +pontífices de Roma? + +El aviso además, que al Secretario de Estado dio Sankarachária por los +medios mágicos de que disponía, y que dicho Secretario trasmitió a +varios adeptos de los muchos que entonces tenían los _mahatmas_ en el +Tibet y en China, facilitó el largo y peligroso tránsito de Morsamor por +todos aquellos países, inexplorados hasta entonces por los europeos. + +Taciturno y afligido Morsamor, había hecho voto de no enamorar ya a +mujer alguna, de no reñir con ningún hombre y de no tomar parte en +ninguna contienda armada. Y como merced a las recomendaciones de Babur +por un lado y a las del _mahatma_ por otro, se le facilitaron todos los +medios de comodidad y de transporte, no se ha de extrañar, que Morsamor, +por sus pasos contados, con la mayor premura posible, y sin que nada +memorable le sucediera, llegase a Canton felizmente. + +De lo que vio y observó en la China, bien pudiéramos poner aquí +bastante, ya que en los archivos de Sevilla, privados y públicos, se +conservan curiosísimas notas de Morsamor y de Tiburcio. Pero nosotros +juzgamos conveniente pasar por alto todo esto. Nuestros ilustres +viandantes sólo figuran como meros observadores y las noticias que dan +no difieren mucho de las consignadas en las relaciones de viajes del +Reverendo Padre Agustino Fray Juan González de Mendoza, del nunca bien +ponderado Fernán Méndez Pinto, del Padre Maestro Fray Domingo Fernández +Navarrete, de la orden de predicadores, y de otros sinólogos, españoles +y portugueses no pocos de ellos, sin excluir a don Sinibaldo de Más, +nuestro antiguo amigo. + +Lo que aquí nos importa saber es que Morsamor se fue enseguida desde +Cantón a Macao, pequeña colonia recién fundada por los portugueses. + +En la rada de la nueva ciudad, Morsamor halló lo que deseaba y esperaba, +según lo había concertado con el piloto Lorenzo Fréitas. Su nave, hacía +dos o tres semanas que estaba allí aguardándole, lo cual no pesaba al +señor Vandenpeereboom que había traficado con los chinos y hecho muy +buenos negocios, ni pesaba tampoco a Fray Juan de Santarén, que +predicaba con gran fruto, aunque valiéndose de intérpretes, y que +bautizaba chinos a centenares, hallando sus neófitos entre la gente +pobre y trabajadora que hoy pudiéramos llamar _coolies_. + +Ni el comisionista, ni el misionero, gustaron de la nueva empresa que +Morsamor quería acometer; pero Morsamor poseía grandes riquezas y con +ellas se allanan dificultades y todo se compone. A Fray Juan le +proporcionó recursos suficientes para socorrer a sus más desvalidos +catecúmenos y fundar un asilo piadoso, y al señor Vandenpeereboom, que +tenía amplios poderes de los señores Adorno y Salvago, le compró la +nave, pagándola espléndidamente, por una mitad más de su justo precio. + +El piloto Lorenzo Fréitas y muchos de la tripulación, decidieron no +abandonar a Morsamor e ir con él donde quisiera llevarlos. + +Bajo la inteligente dirección de dicho piloto, hábiles calafates del +país, limpiaron los fondos de la nave, que estaban harto sucios, la +carenaron bien y la pusieron como nueva. + +Morsamor y el piloto la proveyeron, por último, de todo género de +vituallas y bastimentos como para una navegación muy larga. + +Más de la mitad de los guerreros portugueses que hasta allí habían +acompañado a Morsamor, resolvieron quedarse en Macao; pero los otros más +decididos, así como los antiguos tripulantes, formaban muy completa +dotación para la nave a la que Morsamor quiso cambiar el nombre que +antes tenía sin duda, aunque no sabemos cuál fuese, y la confirmó con el +antiguo, clásico y mitológico nombre de _Argo_. + +No pocos días se pasaron en tan importantes asuntos, y si bien Morsamor +se empleaba en ellos, lejos de mostrarse comunicativo y alegre, andaba +triste y silencioso, esquivaba el trato y la conversación de todos, +hasta del fiel Tiburcio, y para reposar de sus afanes gustaba de ir a +escondese en cierta pintoresca gruta que había entre los peñascos de un +cerro y desde la cual se oteaba el mar azul y se descubría muy extenso +horizonte. + +Al escribir la historia de Morsamor, nosotros haríamos célebre esta +gruta, aunque ya no lo fuese, pero nos ahorra el trabajo de darle +celebridad la que ya tiene desde antiguo por la circunstancia de haber +imitado a Morsamor, sin saberlo, el glorioso poeta Luís de Camoens, que, +pocos años después, solía ir allí a meditar y a entregarse a los más +poéticos soliloquios. Los de Morsamor eran poéticos también, aunque +todavía más que poéticos eran filosóficos, por lo cual pondremos aquí +muy en resumen uno de estos soliloquios, a fin de que el sentir y el +pensar de Morsamor sean entendidos sin que se fatiguen y sin que +califiquen el soliloquio de _latoso_ los lectores poco inclinados a la +filosofía. + + + + +-XXXV- + + +--Mi segunda mocedad--decía Morsamor--ha sido peor empleada que la +primera. _¡Vanidad de vanidades!_ Todo es vanidad y singularmente +nuestros afanes, trabajos y aspiraciones. Pienso a veces que me valiera +más no haberme remozado; pero, arrastrado por esa corriente de ideas +negras, voy más lejos aún y exclamo: ¡mejor sería no haber nacido! He +buscado el amor para gozarle y he hallado vergüenza, desolación y +muerte. Doña Sol paga mi amor con su desprecio. El desprecio mío mata el +amor de donna Olimpia. Y cuando no nos despreciamos y nos amamos, la ira +y los celos dan espantosa muerte al objeto de mis amores. Mi ambición no +ha sido menos burlada que mi cariño. Salvo una ruin satisfacción de amor +propio; ¿qué ventaja he sacado, ni para mí ni para mis semejantes, de +mis triunfos guerreros? + +Así discurría Morsamor con profunda tristeza. Luego, para consolarse, +imaginaba tener una misión y cumplir con ella. Se creía factor poderoso +en el engrandecimiento de su patria. Pero también de esto dudaba; y +mirando con inquietud hacia el porvenir, conceptuaba tal +engrandecimiento caduco y efímero. + +Cierta idea, más clara y consistente en nuestra edad que en la suya, +aparecía después a su espíritu, para justificar su ambición; para que +sus propósitos no fuesen tenidos por vanos. Morsamor suponía que el +humano linaje iba subiendo a más altas esferas de bondad y de luz y que +él contribuía enérgicamente a la ascensión magnífica, predeterminada por +el cielo. Desconsoladoras reflexiones venían al punto a invalidar o al +menos a poner muy en duda, el valer de esto último. + +--No escatimaré yo mis alabanzas, ni negaré mi admiración--pensaba +nuestro héroe--a los descubrimientos, invenciones y adelantos que los +hombres realizan. Se diría que doman la naturaleza material, que +encadenan con su inteligencia y sujetan a su voluntad las fuerzas del +universo, y que se valen de ellas para evitar fatigas y crear placeres y +goces. Laudable es, en este sentido, el fecundo renacimiento en Europa +de ciencias, artes y letras. Laudable es la activa curiosidad de +nuestros navegantes que atraviesan nunca surcados mares y penetran en +las más apartadas e incógnitas regiones. Y si no es más laudable, es mil +veces más asombroso el mágico saber de los _mahatmas_, que no puedo +negar, porque de él he sido testigo. ¿Pero en lo fundamental, hay +progreso acaso o hay mejora en Europa, en la India o en la China? Yo +sospecho lo contrario. En las antiguas edades los hombres acertaban a +veces o por estar más cerca de la revelación primitiva, o porque +alambicaban menos y no se quebraban de puro sutiles, o porque la mente +de ellos, no abrumaba aún con la pesada carga de lo observado y +experimentado, levantaba el fácil vuelo a las esferas superiores y era +capaz de una inspiración inocente y casi divina. Hoy, a fuerza de +cavilar y de sutilizar, el entendimiento se pervierte y disparata mucho. +No hay progreso, sino perversión, desde el himno compuesto hace más de +tres mil años, que venían cantando los _mahatmas_, cuando los vi volver +al _Cenobio_, hasta las doctrinas que me expuso luego Sankarachária y +que implican la negación de Dios, el concepto de que el mundo casi es +ilusión y fantasmagoría, y la mal velada afirmación de que la conciencia +nace de lo que no tiene conciencia, la voluntad del ciego prurito de los +átomos, y de sus desordenadas evoluciones el entendimiento y las leyes a +que el entendimiento sujeta así lo exterior y visible como lo más hondo +e íntimo del alma. Cuanto he oído en Benarés en boca de los brahmanes y +cuanto después me ha expuesto Sankarachária en su misterioso retiro son +la corrupción del mencionado himno del _Rig-Veda_, donde el vate de los +primeros tiempos busca a Dios, le columbra y le admira en las cosas +creadas y le reconoce y le adora. En este mismo Imperio en que ahora +estoy, he conversado con los mandarines y sólo he visto en su saber +ateísmo materialista y grosero; he conversado con lamas y bonzos y +despojando sus doctrinas de supersticiones y de símbolos, sólo he visto +en ellas la confusión de Dios y del mundo y el destino y el fin del alma +humana fluctuando entre el aniquilamiento y la apoteosis. + +Así cavilaba Morsamor y creía sacar en claro de sus cavilaciones la +verdad real de su ser, del universo y de Dios que lo ha creado todo. Las +muchas contradicciones que al afirmarlo así surgían en su mente le +repugnaban mil veces meros que todas las otras contradicciones nacidas +de cualquier otra metafísica por sutil y profunda que fuese. + +--Hará ya más de dos mil años--decía Morsamor--que vivió en este Imperio +el filósofo Laotse y escribió su doctrina del Tao. Allí está la verdad, +al menos en germen. Cuanto después han inventado los chinos o han +importado de la India es perversión o extravío. + +De esta suerte, en la misma gruta donde más tarde meditó Camoens, +Morsamor meditaba y filosofaba, se lisonjeaba de ir por el buen camino, +y, hasta cierto punto se consideraba desengañado. Morsamor, no obstante, +no se resignaba a despojarse de toda ambición. Aún quería recobrar el +tiempo perdido, ganar gloria sobre la tierra, hacer inmortal su memoria +entre los hombres, cosechar laureles sin verter sangre, revelar arcanos +y realizar algo de inaudito o de antes no realizado por nadie. ¿Cuál +sería el término de aquel inmenso mar que ante sus ojos se extendía? +¿Podría llegar por él hasta el mundo por Colón descubierto, salvar el +valladar que le opusiera y volver a su patria navegando siempre hacia +oriente? + +Los letrados chinos, a quienes había consultado, nada sabían de todo +esto. Acaso el extremo de aquel Océano oriental recelaba un obscuro +abismo, algo de inaccesible para el hombre. Más allá tal vez estaría un +infinito piélago de color y de luz, de donde al amanecer surgiría la +aurora vertiendo claridad y oro, zafiros y rubíes por el éter, y +abriendo paso al resplandeciente carro del sol, que vendría en pos de +ella. Tal vez eran sueños y delirios las opiniones de antiguos sabios +griegos sobre la esfericidad de la tierra. Tal vez era fábula cuanto +había oído contar a los letrados de la primera expedición mística al +Fusang de los discípulos de Fo en busca de un elixir que los hiciese +inmortales. Tal vez eran fábulas también otras expediciones ulteriores. +Los barcos de la flota que Kubilai-Kan envió a la conquista del Japón, +dispersos e impulsados por una tempestad, pudieron llegar acaso al +Fusang misterioso; pero de seguro que jamás volvieron de allí trayendo +nuevas de lo que habían visto. No era el Fusang el mundo de Colón, sino +un país imaginario donde la fantasía vulgar y materialista de los chinos +ponía mayor fertilidad, abundancia y riqueza que los europeos pusieron +más tarde en el Dorado. Lo único cierto era que más al oriente del Japón +poco o nada conocían los chinos. Sólo presumían la indefinida extensión +de un Océano mucho más ancho que el que separa a España de las tierras +por Colón descubiertas. ¿Qué había en el extremo de este Océano? Quién +sabe. Acaso el extremo de la tierra en que vivimos; el borde del disco; +los lazos que atan la tierra al firmamento y que la sostienen suspendida +en el éter. Morsamor veía en todo esto un misterio hasta entonces +velado; pero le impulsaban a romper el velo su misma oscuridad y la vaga +esperanza de que fuese cierto lo que habían pensado los sabios antiguos +de Grecia y lo que Colón había intentado y hasta había creído demostrar +yendo por Occidente al extremo Oriente. + +Decidido, pues, Miguel de Zuheros, y habiendo infundido en los de la +nave confianza en su decisión, dejó en Macao al señor Vandenpeereboom y +a Fray Juan de Santarén, haciendo el uno negocios, y haciendo sermones +el otro, y zarpó con su nave con rumbo hacia la desconocido. + + + + +-XXXVI- + + +Mientras más se piensa en ello más axioma parece la sentencia de don +Hermógenes, declarando que todo es relativo. En el viaje _Desde Toledo a +Madrid_, del maestro Tirso de Molina, apenas había caminado legua y +media y llegado a las ventas de Olías, cuando exclama la melindrosa Doña +Mayor: _nunca imaginé que era tan largo el mundo_. En cambio, el egregio +poeta Leopardi prorrumpe en amargos lamentos porque el mundo le parece +muy chico. Y es lo peor para él, que mientras más mundo se descubre más +el mundo se empequeñece. Leopardi no cabe en el mundo. + +Los tripulantes de la nave de Morsamor, de la nueva _Argo_, ya que con +tal nombre había sido confirmada, se asemejaban más a Doña Mayor que al +poeta. Todos hallaban y no sin motivo, que el mundo era mayor de lo que +habían imaginado. En efecto, habían ido más allá de cuanto habían +surcado con sus quillas los más audaces navegantes, árabes, chinos, +japoneses y portugueses; más allá de lo hasta entonces explorado y hasta +soñado. Nadie había llegado jamás adonde ellos estaban, o si había +llegado nadie había vuelto. Hacía ya no pocas semanas que sólo veían +cielo y mar. El mar se les antojaba infinito como el cielo. Y no sólo +era pasmosa la extensión de su superficie, sino que también lo era su +profundidad insondable. En aquella soledad imponente, sublime terror +pesaba sobre los espíritus durante la noche; pero rayada la aurora, todo +se bañaba en luz y en vivos colores, y el sol rutilante y glorioso +doraba el aire y esmaltaba de púrpura y de líquida plata las ondas +azules. + +El piloto Lorenzo Fréitas y el mismo Morsamor, que en el retiro de su +convento había estudiado y aprendido no poco de la náutica y de la +cosmografía, conocidas entonces, no habían dejado de hacer sus +observaciones y sus cálculos y sabían que habían pasado la línea +equinoccial, y que iban navegando con viento favorable y con rumbo al +sureste. Lo que no acertaban a determinar por su ignorancia del tamaño +de la tierra era si habían llegado o habían pasado ya bajo el +semicírculo imaginario que, completando el semicírculo que pasa por +Lisboa y toca en los polos del mundo, le divide en dos partes iguales. +Si esto hubiesen sabido, hubieran sabido también lo que por experiencia +trataban de inquirir: la forma y el tamaño de nuestro planeta. El +intrépido aventurero y el hábil piloto, presumían, no obstante, que +habían pasado ya el meridiano, o mejor diremos el antimeridiano de +Lisboa. En la imaginación de ambos, cuando culminaba el sol sobre sus +cabezas, aquella hermosa ciudad se mostraba envuelta en las densas +sombras de media noche, merced al imperioso giro del firmamento todo, +que daba rapidísimas vueltas e iba iluminando alternativamente nuestra +pobre morada, o merced acaso al rodar de la tierra que en Salamanca, en +Coimbra y en Sevilla habían presentido y sospechado antes de que Galileo +lo sintiese y lo asegurase. En Sevilla, Morsamor había oído hablar mucho +de todo esto a Fray Ambrosio de Utrera y a sus ilustres amigos, +cosmógrafos y pilotos examinadores de la Casa de Contratación, entre los +cuales se contaban Alonso de Chaves, Rodrigo Zamorano y el joven y +magnífico caballero Pedro Mexía. De ellos, y de su propio estudio, había +aprendido Morsamor, y algo se le alcanzaba del uso del astrolabio, del +cuadrante, de la brújula y de otros instrumentos y de la manera de +marcar el punto en que un barco se halla. Y como él y Lorenzo Fréitas +coincidían en la opinión de que cada grado de la esfera tenía por el +ecuador o por su anchura máxima quinientos estadios, cuando se creyeron +en la parte opuesta del meridiano de Lisboa, creyeron también que +distaban noventa mil estadios de dicha ciudad, y que todavía, sin contar +los rodeos que tendrían que dar, necesitaban navegar otros noventa mil +estadios para volver a la patria. Calculando por leguas, aunque es +medida menos exacta y más variable, y atribuyendo a cada grado veinte +leguas de longitud, aún tenían que andar tres mil y seiscientas leguas +para llegar a Lisboa en línea recta y sin ningún tropiezo. + +Para no asustar a la gente de a bordo, Morsamor y Fréitas se guardaron +bien de comunicarles el resultado de sus cálculos. + +En la nave, que había salido abundantemente provista de Macao, había +agua potable y víveres para bastante tiempo. Todos, sin embargo, +empezaban a tener miedo, aunque lo disimulaban y aunque todavía no se +había convertido en descontento. Sólo Tiburcio se mostraba impasible y +alegre, procurando con sus chistes ahuyentar del ánimo de Morsamor los +malos espíritus que le atormentaban, a pesar de su esperanza de salir +triunfante de aquel empeño. + +Muy raras cavilaciones solían asaltar la mente de Morsamor, y no eran +las menos raras las que tenía al pensar en Tiburcio. Nunca se atrevía a +comunicárselo. Procuraba, además, arrojarlo de su propio pensamiento +como indigna extravagancia; pero recelaba a veces que en Tiburcio había +algo de sobrehumano o de _extrahumano_; un no sabemos qué de diabólico, +a pesar de que Tiburcio era tan fiel, tan servicial y para con él tan +bondadoso y tan divertido, que aun suponiéndole diablo, le calificaba de +_buen diablo_. Entendía Morsamor, que si Tiburcio se deleitaba en actos +pecaminosos, era con superior permiso, para sacar bálsamo del veneno y +para dirigir y levantar la maldad rastrera a fines excelentes, ordenados +por la Providencia. Y yendo más lejos aún, en esta suposición, que +desechaba al punto por herética, y de la que nunca dejaba de +retractarse, fantaseaba que, así como hay diablos en el infierno, +también debía de haberlos en el purgatorio, para cuidar de las ánimas +benditas y para atormentarlas, no por mero y cruel castigo, sino a fin +de que quedasen limpias de toda mácula y capaces ya de perdurable vida. +Claro está, que si había diablos de esta clase y si Tiburcio contaba +entre ellos, al cabo llegaría un momento en que Tiburcio cumpliría su +condena y se encontraría indultado y horro de la esclavitud de la culpa. +No poco de tan extraña opinión podía apoyarse, según Miguel de Zuheros +había oído al Padre Ambrosio, en varias sentencias de Orígenes y de San +Gregorio de Nisa. Entiéndase, a pesar de lo expuesto, que Morsamor no +perseveraba en tales errores y que abjuraba de ellos por vitandos y +nefandos. + +Como quiera que fuese, esta navegación que iban haciendo ahora era tan +melancólica y tan tétrica como había sido amena y bulliciosa la que +Morsamor y Tiburcio, acompañados de donna Olimpia y Teletusa, habían +hecho desde Lisboa hasta Melinda. + + + + +-XXXVII- + + +Siguieron pasando días sin que nada interrumpiese la monotonía de +aquella larga navegación. La Providencia, el destino, los genios o los +númenes que gobiernan el viento y las olas, o la misma estrella de +Morsamor, según cada uno quisiera explicárselo, dispusieron las cosas de +manera que la nueva _Argo_ no halló en su camino tierra alguna donde +pararse. Aquellos mares parecían tan hondos, que habían reprimido el +empuje del fuego central impidiendo que brotasen islas montañosas sobre +su superficie. El coral y las madréporas no habían levantado arrecifes +por ninguna parte ni habían formado atolones. Así al menos lo presumían +Morsamor y los demás tripulantes cuando, cada vez que rayaba el alba, +tendían la vista hacia los cuatro puntos del horizonte y sólo percibían +el haz azulada y uniforme del vasto Océano. Tal vez habría islas y hasta +grandes e ignorados continentes al norte o al Sur de la derrota que +seguían, pero todo se ocultaba a la vista de ellos. + +El terror de los tripulantes se aumentaba con la persistencia de tanta +soledad. Aunque había abundancia de víveres, arroz, harina de trigo, +aceite y galleta hasta para años, se temía que faltase el agua potable. +En la nave no dejaba de haber ya quien encontrase el agua malsana y +corrompida. El cansancio, lo poco variado y apetitoso de la +alimentación, el miedo, el mal humor y hasta el aburrimiento trajeron la +enfermedad a bordo. En pos de ella vino la muerte y empezó a sacrificar +víctimas. La resignación y la paciencia se fueron agotando. El amor, el +respeto y la confianza que Morsamor inspiraba se trocaban ya en +descontento y hasta en odio. + +Tiburcio era quien permanecía más entero y confiado en medio de todo. +Hasta de la no aparición de tierra alguna deducía él faustos pronósticos +y la consideraba como signo de buen agüero: + +--O no hay--decía--, o si hay no quiere el destino que descubramos +terreno donde fijar el pie para obligarnos así a que lleguemos al fin +del continente que descubrió Colón; a que le atravesemos por un estrecho +de mar o a que le rodeemos por su extremidad Sur, como ya rodeamos el +África por el Cabo de las Tormentas y a que volvamos triunfantes a la +gran ciudad de Lisboa. + +A menudo arengaba Tiburcio a los marineros y a los soldados, pero los +hechos eran más elocuentes y persuasivos que las palabras. Ora vientos +contrarios y borrascas que combatían la nave, ora pesadas calmas que la +detenían en su carrera, vinieron a dar pábulo a la irritación general. +De temer era que la sublevación estallase de un momento a otro. + +Tomás Cardoso, grande amigo, admirador y fiel satélite de Miguel de +Zuheros, había apaciguado los ánimos durante no poco tiempo y había +procurado mantener viva en todos la esperanza; pero Tomás Cardoso acabó +también por perderla y por cambiar su papel de apaciguador en el de +cabeza de motín. + +Era Tomás Cardoso el más a propósito para este oficio. Por su gigantesca +estatura descollaba sobre los demás hombres. Ágil y fornido, los +dominaba y acaudillaba. + +En su desesperación, no sabiendo a qué arbitrio recurrir, los +tripulantes decidieron volver atrás con diferente rumbo, o para ver si +hallaban alguna tierra en que remediarse, o para ver si lograban aportar +al Japón o volver a la China o a la India. + +Con esta embajada fue Tomás Cardoso para imponerse a Morsamor, a quien +halló solo en la pequeña cámara del buque. + +Morsamor se negó a todo, si bien más suplicante que enojado, y alegando +con suavidad y dulzura que, en el extremo a que habían llegado, era ya +más peligroso volver atrás que seguir adelante; que la misma razón había +para suponer tierras intermedias siguiendo hacia el Oriente que +dirigiéndose hacia cualquier otro punto; y que, si el mar que surcaban +no era interminable, más cerca debían de estar ya del mundo de Colón que +del puerto de que habían salido y hasta que de las costas japonesas. + +Tomás Cardoso replicó a Morsamor no con razones sino con quejas. La +conversación se fue agriando y se trocó en disputa. Los dos +interlocutores estaban solos. Cardoso había echado a rodar todo respeto. +Tenía muy poca fe en la elocuencia de sus razonamientos y sobrada fe en +la energía de sus puños. En mal hora quiso intimidar a Morsamor, quiso +abusar de su fuerza y le echó mano al cuello con violento ultraje. Firme +y poderosa era la mano de Cardoso. Si hubiera asido bien a Morsamor, le +hubiera derribado y hasta aplastado; pero Morsamor, antes de que Cardoso +le agarrase bien, se desprendió y se deslizó de entre sus garras, +retrocediendo de un brinco hasta la pared de la cámara. Morsamor +desenvainó entonces la daga que llevaba en el cinto, y, +exclamando,--¡defiéndete, miserable!--, se arrojó sobre Cardoso, que +desnudó también su puñal y le aguardó sereno. + +El ímpetu y la destreza de Morsamor eran incontrastables. Con el brazo +izquierdo paró el golpe que Cardoso le asestaba, y con acierto pasmoso +hundió su daga en el pecho del rebelde hasta la empuñadura. Atravesado +el corazón, Cardoso cayó con estruendo en el suelo sin poder decir ¡Dios +me valga! Al ruido abrieron la puerta y entraron en la cámara varios +parciales de Cardoso. Allí hubieran vengado su muerte con la de +Morsamor, si no hubiera acudido Tiburcio en su socorro con no pocos que +permanecían fieles. La lucha fue entonces horrible en toda la nave, y +Morsamor, que tanto deseaba laureles incruentos, antes de los laureles +tuvo la sangre. Mucha se vertió, aunque la rebelión fue vencida. Con la +muerte sofocaron y castigaron Morsamor y Tiburcio aquella rebeldía. +Quince cuerpos muertos de sus más valientes compañeros fueron arrojados +al mar y pasto de los peces. + +La autoridad de Miguel de Zuheros se restableció y fortaleció en cuantos +quedaron con vida. Y aterrados unos por el castigo y entusiasmados otros +por el valor y la serenidad que Morsamor y Tiburcio habían mostrado, +resolvieron seguirlos sin más dudar ni vacilar, aunque los llevasen al +mismo infierno. + +Honda tristeza abrumó el ánimo de Morsamor después de su triunfo. A par +que se complacía en él, se afligía de haberle pagado tan caro. + +En la melancólica hora del crepúsculo vespertino su preocupación fue más +intensa y revistieron más negros colores los fantasmas de su imaginación +atribulada. Parecía que estos fantasmas, saliendo de lo profundo de su +mente, tomaban cuerpos vaporosos y se proyectaban y se hacían visibles +en el aire. De esta suerte, con ceño adusto y vertiendo sangre de su +honda herida, el espectro de Tomás Cardoso se mostraba a los ojos de +Morsamor siguiendo la nave. En el rumor, que al quebrarse en sus +costados hacían las olas, Morsamor creía oír por momentos sollozos, +maldiciones y gritos de venganza, y tal vez se figuraba que surgían de +la mar las cabezas de los compañeros muertos, que venían nadando y +pugnando por detener la nave o por hacerla virar hacia el Oeste. + +Creció la obscuridad. La noche se venía encima. Miguel de Zuheros tuvo +entonces una visión extraña de tal consistencia, que le pareció realidad +y no delirio de la mente. Podría ser espejismo, algo cuya causa él no se +explicaba, pero algo que estaba fuera de él: que era real y no +imaginado. A no mucha distancia de su nave, vio Morsamor otra nave que +navegaba a toda vela con próspero viento y en dirección contraria. Sin +duda no era falsa la visión, porque Tiburcio y los marinos afirmaban que +la habían visto, aunque pronto se había perdido en la sombra. El piloto +Lorenzo Fréitas afirmaba más aún porque su vista era perspicaz como la +del águila. El piloto afirmaba que también había visto la nave, que en +el tope de su palo mayor ondeaba la bandera de Castilla y que en su proa +se figuraba haber leído este nombre simbólico: _Victoria_. + + + + +-XXXVIII- + + +Aquella noche caviló mucho Morsamor sobre la aparición, real o +fantástica, de la nave _Victoria_, y habló del caso con Fréitas y +Tiburcio. Tiburcio sostenía que todo había sido ilusión óptica, fenómeno +parecido al de la _fata morgana_. Y por el contrario, Fréitas concedía +completa realidad a la visión y hasta llegaba a triplicarla, sosteniendo +que en pos de la nave _Victoria_, aunque a mayor distancia y esfumadas +en la vaga penumbra, había visto pasar otras dos naves. Más que a la +opinión de su doncel, se inclinaba Morsamor a la del piloto. Sobre ella +alzaba un cúmulo de suposiciones. Recordaba que, hacía ya tres o cuatro +años, dos portugueses, uno de los cuales se llamaba Ruy Falero, habían +ido a ofrecerse al soberano de España para ir a la India, navegando +hacia Occidente, salvando el mundo de Colón y surcando juego el ancho +mar descubierto por Balboa. ¿Llevaría la nave _Victoria_ por capitán al +mencionado Ruy Falero? + +Tiburcio respondía a esto que él también recordaba lo que decía +Morsamor, pero que recordaba asimismo que Ruy Falero había perdido el +juicio y, que habían tenido que encerrarle en una casa de locos. Fréitas +dijo entonces: + +--Será cierta la locura de Ruy Falero, mas yo os aseguro que el camarada +que iba con él, y a quien conozco y trato desde hace años, tiene tan +bien sentado el juicio que es muy difícil que le pierda, y es tan tenaz +en sus propósitos y tan brioso y capaz de realizarlos, que no me +pasmaría yo de que lo consiguiera. Acaso la nave que hemos visto no +lleva en vano el nombre de _Victoria_. Acaso va mandándola el otro +portugués de cuyo nombre no os acordáis. + +--¿Y cómo se llama ese otro portugués?--preguntó Miguel de Zuheros. + +--Ese otro portugués--contestó Fréitas--se llama Fernando de Magallanes. + +Rarísimo personaje era Morsamor. Tal vez los que lean esta historia +calificarán de inverosímil su carácter, pero a menudo parece inverosímil +lo más verdadero. Morsamor carecía de vanidad y era todo orgullo. La +envidia y los celos no entraban en su alma. Hasta la misma emulación +tenía en ella poca cabida. Y su orgullo era tan expansivo, que Morsamor, +con tal de que él alcanzase y mereciese el triunfo, no se apesadumbraba, +sino que se alegraba de que alguien pudiera alcanzarle al mismo tiempo +que él, asegurándole así para la gente de su nación o de su casta. + +--Si en la nave que hemos visto o imaginado ver va Fernando de +Magallanes, yo--dijo Morsamor--me alegro con toda mi alma. Él o yo, o +ambos, volveremos a la patria, después de haber recorrido toda la +redondez de la tierra. Segura es ya nuestra gloria, y no será menor +aunque sea compartida. Él y yo mereceremos que se diga de nosotros que, +al dar cima a nuestra empresa, ambos levantamos un arco triunfal y +abrimos una nueva era en la historia del humano linaje; agrandamos por +experiencia el concepto de las cosas creadas, y empezamos a revelar los +arcanos del universo visible. Poco me importa que no sea sólo del camino +que llevo y de la nave en que voy, sitio también de la nave en que él va +y del camino que él lleva de quien digan los contemporáneos +entusiasmados: «Fue el camino que esta nao hizo el mayor y más nueva +cosa que desde que Dios creó el primer hombre y compuso el mundo hasta +nuestro tiempo se ha visto, y no se ha oído ni escrito cosa más de notar +en todas las navegaciones después de aquella del Patriarca Noé; ni +aquella nao o arca en que él se salvó del universal diluvio navegó tanto +como esta». + +Al rayar el alba de la noche en que Morsamor había pensado y hablado +así, como si Dios quisiese darle premio, aparecieron en lontananza, +destacándose sobre el fondo de púrpura y nácar del cielo oriental +iluminado ya por el día, elevadas montañas que parecían dilatarse de +Norte a Sur en extensión grandísima. La nueva _Argo_ estaba ya cerca del +continente que buscaba y todos sus tripulantes doblaron las rodillas y +dieron gracias al cielo. + +Harto sabía Morsamor, desde antes de que abandonase su convento, las +tentativas infructuosas y desgraciadas que, para hallar paso por mar del +Atlántico al Pacífico, se habían hecho hasta entonces. Recordaba sobre +todo, por ser más reciente, el viaje de Juan Díaz de Solís, piloto de la +Casa de Contratación de Sevilla, el cual había navegado por los mares +del hemisferio austral hasta más allá de los 35 grados de latitud, sin +hallar término al nuevo continente ni estrecho alguno por donde se +pudiese salir navegando al mar del Sur descubierto por Balboa. Juan Díaz +de Solís había llegado hasta una inmensa bahía por donde desembocaba en +el mar un río muy caudaloso. Luchando allí con ciertos belicosos y +fieros salvajes, llamados charrúas, Solís había perdido la vida. El +barco que él mandaba quedó abandonado en aquellas distantes e incógnitas +playas, pero otros barcos que le habían acompañado en su expedición +volvieron a Sevilla y dieron cuenta de todo. Morsamor sabía, pues, que +no hallaría paso al Atlántico sino más al Sur de los 35 grados. Por eso +había navegado con rumbo al Sudeste y cuando se aproximó a la costa +occidental del Nuevo Mundo, se hallaba a los 36 grados de latitud +austral. No sin recelo y con extraordinaria cautela para evitar +encuentros y combates con gentes desconocidas y bárbaras, Morsamor y los +suyos saltaron en tierra en busca de agua potable. Fertilísimo era el +agreste e inculto suelo que pisaron. Majestuosas montañas se levantaban +no lejos de la costa, y desde los manantiales que brotaban en lo alto, +por entre las rocas, descendían por la agria pendiente arroyos de agua +cristalina y hasta caudalosos ríos de rápido curso. Selvas de lozana y +frondosa vegetación, que en algunos puntos las hacía impenetrables, se +extendían por donde quiera y venían avanzando hasta la orilla del mar. +Nuestros viajeros reprimían su curiosidad y no querían explorar nada, +anhelando sólo hallar el paso que buscaban. Se contentaron, pues, con +tomar agua potable y llevarla en odres y en pipas al buque y con cazar +multitud de palomas y de ánades silvestres y algunos a modo de ciervos +que en grandes manadas vagaban por la espesura de aquellos bosques. + +El país era espléndido. Abetos y pinos de airosas y extrañas formas, +nunca vistas por los europeos, descollaban sobre la pomposa verdura de +helechos arborescentes, mirtos, laureles y otros árboles hermosos, +desconocidos y sin nombre hasta aquel día. Pero Morsamor buscaba con +ansia el estrecho o el fin del continente y nada de aquello le seducía +ni le convidaba a detenerse. + +El viento le fue propicio y avanzó con rapidez hacia el Sur. Aunque +había llegado el verano de aquellas regiones, el frío empezó a sentirse. +La costa parecía que no acababa nunca. Lo que iba acabando era la +paciencia de Morsamor y de sus compañeros. + +El estrecho deseado apareció por fin, consolándolos y entusiasmándolos. +La nave _Argo_ entró por él con valentía. Por intrincado laberinto de +densos bosques, de tajados riscos y de altos cerros cubiertos de nieve +iba prolongándose el canal en mil tortuosos rodeos. Ya menguaba su +anchura como comprimida por los abruptos cantiles que se alzaban en una +y otra margen alpestre, ya dilatándose el estrecho formaba ingente lago, +en cuya faz, que apenas rizaba la brisa, se reflejaban la luz del cielo, +ora nubes obscuras, ora el sol refulgente, y los escarpados cerros que +parecían circundar el agua formando anfiteatro. La nieve de sus picos, +como obeliscos y pirámides de bruñida plata, se duplicaba por el +reflejo, y a par que resplandecía en lo sumo del aire se veía en el +temeroso fondo del agua, donde, duplicándose también el cielo, hacía que +imaginase Morsamor que la nueva _Argo_ estaba suspendida entre dos +abismos. + +Los que navegan hoy cómodamente por aquel estrecho, a bordo de un barco +de vapor, no pueden ver la sublimidad de la escena ni pueden sentir el +pasmo aterrador de los que por vez primera le cruzaron. No van, como +Morsamor iba entonces, en frágil barco y a merced del viento, que se +oponía a su marcha, si era contrario, o si amainaba, casi le dejaba +inmóvil a pesar de las más hábiles maniobras. + +Hoy es corto el tránsito por aquel estrecho. Entonces parecía que duraba +un siglo. Y la naturaleza circunstante, esquiva hasta entonces al hombre +civilizado, que nunca fijó en ella sus miradas dominadoras, se alzaba +soberbia en contra de él, procurando atajarle y sobreexcitando su ánimo +con la amenaza de mil peligros, ya verdaderos, ya exagerados por la +fantasía. + +Espesa niebla envolvía a veces la nave, y a causa de la niebla, así como +durante la noche, era menester ir con lentitud y precaución, para no +tropezar en un escollo o encallar en un bajío. A veces se encapotaba el +cielo, deslumbraban los relámpagos y resonaba el trueno repercutido por +los peñascos y multiplicado por los ecos. La tempestad acababa +desatándose en torrentes de lluvia o en abundantes copos de nieve. Luego +se serenaba el aire y el sol resplandecía. Tal vez el iris se dilataba +sobre el estrecho en arco majestuoso, cuyos estribos eran los cerros de +una y otra margen. + +A veces asaltaba a los atrevidos navegantes el recelo de no acertar a +salir de aquel laberinto y de tener que morir allí. Los peligros, que en +cierto modo habían sido silenciosos e invisibles en el grande Océano, se +mostraban allí más a la vista y turbaban los espíritus y molestaban y +herían los oídos con acentos y voces. Ya aparecían en los peñascos +voraces lobos marinos, ya se veían revolando y cerniéndose a grande +altura águilas o buitres de mayor tamaño y pujanza que los de Europa, ya +seguían o cercaban la nave bandadas de enormes _albatros_, hostigados +por el hambre y buscando alimento. Lorenzo Fréitas y algunos otros +marinos que, a falta de catalejo, tenían muy perspicaz la vista, +aseguraban haber columbrado en la costa de la izquierda vagar hombres +salvajes y feroces de descomunal corpulencia. No vacilaban en conjeturar +que el menor de dichos hombres era de tan colosal estatura, que de fijo +el más alto de cuantos iban en la nave no le llegaría con la cabeza +debajo del brazo. Para acrecentar más el susto, no bien declinaba la +tarde salían de sus ocultas madrigueras feos murciélagos, que tenían en +el hocico como un hierro de lanza y que se suponía que eran vampiros y +vagaban en torno de la nave y hasta se posaban en los mástiles y en las +velas. En medio de las tinieblas nocturnas solía oírse el lúgubre +silbido de las lechuzas y de los búhos. + +Como no hay mala ventura que no tenga término, la nave _Argo_ logró casi +vencer los obstáculos todos y se encontró al final del estrecho y muy +próxima a lanzarse en la amplitud del Atlántico. Larga y profunda calma +tuvo, sin embargo, parada la nave e impaciente su tripulación durante +muchas horas. Pero, no hay mal que por bien no venga. Sin esta forzosa +detención no hubiera ocurrido el extraño caso de que se dará cuenta en +el siguiente capítulo. + + + + +-XXXIX- + + +Cuán pasmosa no sería la sorpresa de Morsamor, de Tiburcio y de sus +compañeros, cuando, al llegar la noche del día desde cuya mañana estaban +detenidos, oyeron lastimeros gritos que se alzaban por el costado +izquierdo de la nave y que decían en lengua castellana: ¡Socorrednos: +tened compasión de nosotros! ¡Recibidnos a bordo! + +Dirigieron entonces las miradas hacia el punto de donde venían las voces +y vieron cerca de la orilla a dos hombres vestidos a la europea, si bien +con trajes desordenados y rotos. Echaron al agua la chalupa, fueron en +busca de aquellos dos hombres, los trajeron y se los presentaron al +capitán que, maravillado y compasivo, contemplaba los desencajados +rostros, la palidez enfermiza y el aspecto abatido y miserable de sus +huéspedes imprevistos. + +--¿Quiénes sois, desventurados?--les preguntó Morsamor. + +Uno de ellos, al parecer el más joven y el menos fatigado y enfermo, +tomó la palabra y dijo: + +--Yo, señor, soy Juan de Cartagena y salí de Castilla mandando uno de +los cinco bajeles que trajo el portugués Fernando de Magallanes para +lograr su propósito de ir más allá de este continente, de llegar a la +India, caminando siempre hacia el Oeste. La insufrible soberbia del +portugués y los malos modos y la aspereza con que me trataba me movieron +a rebelarme contra él cuando aún estábamos en el Golfo de Guinea. +Magallanes me venció y me tuvo preso. Fue tanta su crueldad que +permanecí en el cepo, durante muchas semanas, hasta que llegamos cerca +de estos lugares. Hartos mis compañeros de sufrir al portugués, a quien +ya tenían por loco, y recelando que los llevaba a perdición segura, se +sublevaron contra él en una bahía que no dista mucho de aquí. Tres +fueron los bajeles sublevados. Las principales cabezas de la sublevación +fueron Luis de Mendoza y Gaspar de Quesada. Ellos me pusieron en +libertad, y yo combatí en favor de ellos. Sólo dos bajeles quedaron +sujetos al portugués. De los otros tres disponíamos nosotros. +Magallanes, no obstante, pudo vencernos. Entró al abordaje en nuestros +navíos y Luis de Mendoza murió cosido a puñaladas. Horribles fueron los +castigos que Magallanes impuso. A Gaspar de Quesada, por mano de su +propio criado, que sirvió de verdugo, hizo que le cortaran la cabeza. Y +descuartizados los miembros de Quesada y de Mendoza, fueron suspendidos +de los mástiles para espantoso escarmiento de todos. No sé por qué +Magallanes me perdonó la vida y tuvo compasión de mí, si compasión puede +llamarse. El feroz capitán, al ir a entrar en el Estrecho, me dejó +abandonado sobre la costa inhospitalaria. Él siguió su viaje con sólo +tres bajeles, porque de los cinco uno naufragó y otro, el _San Antonio_, +logró escapar, y yo espero en Dios que a estas horas se hallará de +vuelta en Sevilla, donde dará cuenta de la ferocidad y de la locura de +que hemos sido víctimas. + +Al oír Morsamor aquel relato, reflexionó melancólicamente que los +laureles incruentos que él había imaginado acaso eran imposibles en +aquella edad en que él vivía. Pensó que sin duda era menester regarlos +con sangre: que el temple de voluntad de quien los cultivase había de +ser como el del acero y las entrañas como las del tigre. Así se absolvió +de su pecado, si le hubo, en la muerte de Tomás Cardoso. Así se calificó +hasta de benigno. No por eso en absolución fue acompañada de alegría, +sino que sintió pesar más negro en el fondo del alma al imaginar cuán +difícil era, sin culpa, sin estrago y muerte, conquistar por la acción +la suspirada gloria. + +Sustrayéndose luego a las tristes reflexiones de su harto exagerado +pesimismo, Morsamor preguntó a Juan de Cartagena: + +--¿Y quién es este que Magallanes dejó abandonado en tu compañía? + +--Este--respondió Juan de Cartagena--fue quien más nos solevantó y +alborotó con sus discursos. Es un fraile cordobés, llamado Fray Blas de +Villabermeja. + +Morsamor fijó entonces su atención en el fraile, le reconoció, fue hacia +él y le echó los brazos al cuello. + +--¡Querido Paisano!--le dijo--. Cuánto me alegro de poder servirte y +valerte en esta ocasión. Tú eres de un lugar que apenas dista un cuarto +de legua de mi patria, Zuheros. + +Morsamor y también Tiburcio reconocieron en el fraile abandonado a un +antiguo colega del mismo convento en que ellos habían vivido, pero el +fraile no reconocía a ninguno de los dos por más que maravillado los +contemplaba. Se lo impedían el mágico remozamiento del uno y la gallarda +e insolente apostura del otro, tan distinta de la humildad claustral que +había afectado cuando era novicio. Pero sin que le importase mucho +reconocerlos o no, Fray Blas de Villabermeja se dejó querer y agasajar y +dio gracias al cielo que de su abominable destierro le libertaba. + +Después de tan raro encuentro, la historia de la navegación de la nueva +_Argo_ nada notable ofrece ni refiere durante más de cuarenta días. Sólo +se sabe que Morsamor fue tan venturoso, que navegó con velocidad +increíble. Al fin vino a hallarse a corta distancia, casi a la vista de +Sagres, como si la Providencia dispusiese que en el punto que había +hecho famoso el Infante don Enrique, iniciador de los grandes +descubrimientos, terminase su viaje el hombre que iba a cerrar el ciclo +y a dar comienzo a nueva Era. + + + + +-XL- + + +No todas las dificultades se habían allanado. Nadie hasta el fin puede +cantar victoria. A veces el más hábil auriga, al ir a alcanzar la palma +salvando la meta, suele tocar en ella y dar lastimoso y mortífero +vuelco. + +De repente vieron Morsamor y los de su nave un gravísimo peligro que +venía sobre ellos, de que ya no podían esquivarse con la fuga y que era +menester arrostrar con heroica y casi sobrehumana valentía. + +Una enorme galera se aproximaba dándoles caza. En su proa y en su popa +tenía sendas bombardas, y tres falconetes en cada costado. Estrecho era +el barco de babor a estribor, y la longitud de su eslora hacía que +hendiese rápidamente las olas a impulso de los treinta remos que llevaba +en cada banda. + +Lorenzo Fréitas no dudó ni un instante de que aquella nave era de +corsarios argelinos. + +--Salvarse huyendo--decía--sería un milagro que no debemos esperar de la +bondad divina. Nuestra artillería vale poco o nada, y, si la empleamos, +sólo conseguiremos provocar y enojar al cosario, que con la suya nos +echará pronto a pique, sobreponiéndose su cólera a la codicia que le +mueve a apoderarse de la presa. Rica debe de imaginársela. Nuestro barco +no tiene aspecto guerrero, sino trazas de lo que es: de nave mercante +que vuelve de la India. En su imaginación verá ya el corsario los ricos +tesoros de que pronto va a hacerse dueño. Podemos pelear y defendernos, +pero sin esperanza. Señor Miguel de Zuheros, creo de mi deber deciros mi +opinión con franqueza. + +--Yo la acepto y la estimo--respondió Morsamor--. Y con la misma +franqueza voy a exponer mi parecer, aunque ya en forma de órdenes +imperativas e ineludibles, porque no hay tiempo para discusiones ni +discursos. Espero que todos cumpliréis con vuestro deber, me obedeceréis +ciegamente y haréis con puntualidad y exactitud lo que yo prescriba. + +Soldados y marineros juraron obedecer a su capitán. Morsamor entonces +dispuso las cosas con arreglo al plan que había concebido y dividió en +tres partes sus fuerzas: la marinería al mando del piloto; al mando de +Tiburcio lo mejor de la hueste, contándose en ella Juan de Cartagena y +Fray Blas de Villabermeja, a quienes excitó para que se luciesen, +pagando así la franca hospitalidad con que los había acogido. Él guardó +bajo su inmediato gobierno a veinticuatro de sus más leales, astutos y +valientes aventureros, en cuyo número figuraban los mestizos +mongoles-castellanos. + +En seguida dio Morsamor sus instrucciones a los jefes y ordenó que +ocupase su puesto cada uno. La nueva _Argo_ siguió huyendo, pero con +muestras de desesperación y de miedo, sin desplegar más velas, como si +pareciese resignada ya a entregarse al enemigo. + +El corsario, impaciente, lanzó, no obstante, tres disparos de falconete +para que la nueva _Argo_ se rindiera. Una de las balas tocó en el casco +del buque y abrió en él ancho agujero, aunque por fortuna muy sobre la +línea de flotación, cerca de la popa. Sólo con mar muy alborotado y con +arfar muy violento podría la nave hacer agua. Nada contestó Morsamor a +aquel daño y a aquel ultraje. Su nave, inerme, dejó que se le aproxímase +la galera, que la prendiese con enormes garfios, y que los corsarios, +armados de hachas, se lanzasen al abordaje, o más bien, confiados en su +poder incontrastable, a tomar posesión de la nave sin recelar +resistencia alguna. + +Así fue en un principio. Morsamor y los veinticuatro capitaneados por él +cejaron como amedrentados, aunque sin desordenarse ni separarse. Los +corsarios, con su capitán al frente, llenaban ya la cubierta. El grupo +de Morsamor se arrinconó hacia la popa; hacia la proa, Fréitas y sus +marineros. En el barco no parecía haber más tripulantes. El aspecto de +ambos grupos inspiraba compasión y fomentaba la confianza y el descuido +de los corsarios. Sin duda Morsamor y Fréitas querían rendirse anhelando +sólo las menos duras condiciones. No intentaban hacer uso de las armas, +aunque las tenían en las manos. A fin de que las entregasen, los +corsarios se dividieron, dirigiéndose a un grupo y a otro. + +En la pequeña cámara de Morsamor, que estaba sobre cubierta, no parecía +posible que hubiese capacidad bastante para que en ella se ocultasen +muchos hombres armados. En ella, no obstante, estaban hacinados y +apretados Tiburcio y su tropa. + +De súbito abrieron la puerta de la cámara y salieron con inaudita +rapidez. Todos corrieron hacia el lado opuesto al en que estaban +Morsamor y Fréitas y hacia el punto en que la nueva _Argo_ estaba asida +al barco corsario. Con prodigiosa agilidad y con tal prontitud que no +dieron tiempo para que se apercibiesen y cerrasen paso, saltaron todos +en la galera. Y entonces, más listos y expeditos aún, dieron muerte a +los cómitres, quitaron grillos y cadenas y pusieron en libertad a los +galeotes, que eran más de sesenta cristianos cautivos. Estos hallaron +sin dificultad armas de que apoderarse. + +Tarde semi-comprendió el capitán corsario la estratagema que le habían +urdido, mas no desmayó por eso. Antes bien, arremetió impetuoso contra +el grupo de Morsamor, mientras que otro buen golpe de su gente caía +sobre Fréitas y sus marineros, los cuales tuvieron por desgracia que +luchar proporcionalmente contra mayor número de contrarios. Fréitas fue +uno de los primeros que perdieron la vida, abierta su cabeza de un +hachazo. Otros ocho de su tropa sucumbieron también, al principio casi +de la pelea. + +Morsamor, entre tanto, parecía invulnerable, pero también sus enemigos +eran más que los hombres de que él disponía. Acorralados Morsamor y los +suyos se mantenían a la defensiva. + +Todo esto, no obstante, fue obra de pocos minutos. Tiburcio supo darse +prisa. En la galera corsaria dejó a Juan de Cartagena y a Fray Blas con +diez hombres más de su fuerza y con veinte galeotes, ya libres y +armados, y se precipitó en la nueva _Argo_ con todos los demás que le +seguían y que eran más de sesenta. Ansiosos de combatir se sentían +todos, y particularmente los ya libres forzados, a quienes aguijoneaba +el rencor e impulsaba el deseo de curar con la sangre de los corsarios +las llagas y los verdugones que la penca del cómitre había hecho en sus +espaldas desnudas. + +Atacados los corsarios por todas partes, no pudieron resistir. Aunque +vendieron caras sus vidas, perecieron los más valientes y el capitán +argelino, rindiéndose a discreción los otros, que fueron aherrojados y +convertidos en nueva chusma. + +Morsamor pasó en triunfo a la conquistada galera. Resonar de clarines, +vivas, altos aplausos y el estampido de algunos disparos de los +falconetes solemnizaron la victoria. Con lamentos y hasta con lágrimas +se deploró la muerte de Fréitas y de las otras víctimas. + +Para escarmiento ejemplar y para dar testimonio del brillante éxito de +aquella lucha, Morsamor mandó colgar el cadáver del capitán argelino en +el mástil de la galera, sobre el cual dispuso que se izase la bandera de +Castilla. + +Rodeado de Tiburcio, Cartagena, Fray Blas y otros, se hallaba Morsamor +presenciando aquella maniobra y recibiendo plácemes, cuando a deshora +apareció una rubia y majestuosa dama, vestida de luto, y se arrojó en +los brazos de Morsamor y cubrió su rostro de besos, exclamando +entusiasmada: + +_--¡O givia ed orgoglio del mio core! ¡O coraggioso mio drudo!_ + + + + +-XLI- + + +Más sorprendido que complacido vio Morsamor la aparición de donna +Olimpia de Belfiore, pues no era otra la dama enlutada que le saludó con +tanto entusiasmo y cariño. + +Hermosa como siempre estaba donna Olimpia. El tiempo no imprimía la +destructora huella en su rostro, en el cual se notaba mayor majestad que +antes y honda tristeza. + +Donna Olimpia no había aparecido sola. Teletusa, tan regocijada como de +costumbre, apareció con ella. Y aparecieron igualmente entre los +libertados galeotes, siendo de los que mejor pagaron la libertad +combatiendo a los corsarios, los dos fieles y robustos escuderos a +quienes llamaban Asmodeo y Belcebú, más por broma que con suficiente +motivo. + +Para satisfacer la curiosidad natural de Morsamor y de Tiburcio, donna +Olimpia, en presencia de Teletusa y del doncel, no tardó en contar a +grandes rasgos sus aventuras. Y como donna Olimpia era tan latina y tan +abastada de erudición clásica, empezó diciendo como el Eneas de +Virgilio: + + _¡In fandum, Morsamor, jubes renovare dolorem!_ + +Traía ella consignados en precioso manuscrito todos los peregrinos +sucesos de que había sido testigo, agente o paciente. Con ellos, +imitando a César, se proponía dar al público sus comentarios. Es +indudable que si los hubiese publicado y si no se hubiesen perdido, +serían casi tan interesantes como los del Dictador romano. Si nosotros +los poseyésemos o pudiésemos reconstruirlos, compondríamos con ellos una +historia no menos extensa que la presente, pero aquí deben entrar como +episodio, y el episodio no debe extenderse más que el principal asunto. +Para no faltar a esta regla de los preceptistas y cumplir con el _semper +ad aventum festina_ de Horacio, nos abstendremos de referir las cosas +con la pausa con que las refirió donna Olimpia, y las referiremos tan en +resumen, que más parezcan el plan o el índice de la historia que la +historia misma. + +Con la presencia en Melinda de nuestras dos damas, la corte estaba +brillantísima: las fiestas y diversiones se sucedían sin tregua: +cacerías, banquetes, cabalgatas, simulacros de batallas, o algo a modo +de bárbaros torneos, todo se sucedía con grande lujo y no menores +gastos. El pueblo, negro y tacaño, se hartó de tanta magnificencia y +halló que le costaba muy cara. Donna Olimpia tuvo indicios de que se +conspiraba contra ella y contra el rey. Para aquel generoso príncipe +temió un mal percance y para ella fin no menos trágico que el de la +famosa Raquel, judía de Toledo, o que el de doña Inés de Castro, tan +celebrada más tarde por los poetas épicos y dramáticos portugueses. + +Donna Olimpia sabía eclipsarse y evadirse a tiempo. En esta ocasión no +le faltó su habilidad. Con raro disimulo ganó el corazón y hechizó al +capitán de una nave lusitana que tocó en Melinda de paso para Massauá a +donde iba a reunirse con la flota, que había llevado a don Rodrigo de +Lima y que debía volver a la India con dicho señor y con toda su pomposa +Embajada, después que hubiesen visitado al Preste Juan, o sea al monarca +de Abisinia o por otro nombre de la alta Etiopía. + +No tenemos espacio para describir aquí aquel país desconocido hasta +entonces de los europeos ni para relatar los peligros y trabajos que +pasaron y los triunfos que obtuvieron nuestras dos atrevidas viajeras. + +La Etiopía alta era y es a modo de inmensa fortaleza natural, de nava +dilatadísima, que se levanta, sostenida por abruptos cerros, muy sobre +el nivel de las otras circunstantes tierras africanas. Allí +encastillado, resistiendo a la creciente inundación del Islamismo, +vivía, desde muy antiguo, un pueblo cristiano, y había un reino un tanto +decaído ya, pero en otro tiempo muy poderoso que se extendía por Arabia +y por otras regiones. + +Hacía ya más de treinta años que Pedro de Covillán había sido enviado a +aquel reino por el príncipe perfecto don Juan II. Aquel varón simpático +y astuto se había ganado la voluntad de los etíopes y singularmente la +de la sapientísima reina Elena, quien le tuvo por consejero y muy por su +privado. Pedro de Covillán se había hecho abisinio, Grande del reino y +Gobernador o más bien príncipe feudatario de fértiles y dilatadas +comarcas. Él influyó para que viniese a Lisboa y viviese en la corte de +don Manuel el ilustre señor Mateo, Embajador del rey David y de la reina +Elena. + +En respuesta a dicha Embajada, había ido a visitar al Preste Juan el ya +mencionado don Rodrigo de Lima con gran pompa y séquito. En el séquito +descollaba el Reverendo Padre Fray Francisco Álvarez, elocuente y +verídico historiador de la Embajada misma, a cuya narración nos +remitimos, y alma además de las negociaciones diplomáticas, porque el +tal don Rodrigo era _muito parvo_, si hemos de dar crédito a las +hablillas y murmuraciones de sus subordinados. Todo esto, no obstante, +importa tan poco a nuestra historia, que debiéramos pasarlo en silencio. +Bástenos decir que donna Olimpia se ingenió de tal suerte y se dio tan +buena maña, que se hizo amiga de Pedro de Covillán, de don Rodrigo, y de +todo el personal de la Embajada. Por este medio fue presentada en la +corte que iba siempre vagando de un lugar a otro y habitaba bajo +hermosas tiendas en campamento vastísimo capaz de contener y que +contenía más de veinte mil personas, desde el Abuna o Patriarca, la +clerecía, las princesas de la sangre y los altos dignatarios, hasta los +soldados y sirvientes. + +En fin, y para no cansar a los lectores, consignaremos sin más preámbulo +que el Preste Juan o soberano de aquella tierra que se llamaba entonces +David, se enamoró perdidamente de donna Olimpia, y acabó por casarse con +ella. + +David era ya casado, pero esto no era óbice, porque allí el rey podía y +solía tener dos mujeres legítimas: una se llamaba _cuan-baaltihat_ o +reina de la mano derecha, y la otra, _gerâ--baaltihat_ o reina de la +mano zurda. Esta última dignidad fue la que obtuvo donna Olimpia, mas no +por eso fue menos considerada, y según la etiqueta de la corte, severa y +minuciosa por todo extremo, donna Olimpia fue tratada, respetada y +atendida como esposa del _Negus Nagat_, o Rey de reyes y Soberano Señor +de Aksum, de Homer, de Raydan, de Habaset, de Sabá, de Silhi, de Tiyam, +de Kas, de Bega y de otros Estados, de la mayor parte de los cuales, ya +_in partibus infidelium_, sólo quedaba el título. + +Algo influyó donna Olimpia en la renaciente cultura de los abisinios, y +de ello con razón se jactaba. Censuró y condenó las muy frecuentes +borracheras de onfacomeli, bebida de que se abusaba mucho en Abisinia, y +de cuya composición, tal como la explica el diccionario de la Real +Academia Española, tantos donaires y chistes acertó a decir nuestro +amigo don Manuel Silvela. Con más eficaz energía se opuso aún a que los +súbditos de su esposo comiesen carne cruda, y sobre todo, a que los +refinados y sibaríticos la comiesen invirtiendo los trámites, o sea (no +lo creeríamos si no nos lo contasen autores de grave autoridad y +respeto), cortando la carne del buey vivo para que, sazonada con sal y +pimienta, entrase en la boca conservando aún el calor vital inimitable y +delicioso. + +Nuestra heroína logró modificar también el desorden abominable con que +solían terminar los banquetes, cuando se abusaba del onfacomeli y del +buey vivo. El desenfreno era tal, que el pudor de donna Olimpia hubo de +sublevarse, transmitiendo tan honrada sublevación a su esposo. Como en +aquel país hay muchísimas hienas, que tan cobardes como carniceras +devoran las bestias de carga y tienen miedo del hombre, aunque rodean e +invaden a veces el campamento regio, cada personaje de la corte y el +mismo rey van siempre armados de un látigo para osear y castigar las +hienas con que tropiezan a su paso. De este látigo se valió, pues, el +rey David, incitado por donna Olimpia, para infundir recato y compostura +a sus cortesanos y hasta a las princesas de la real familia en una de +aquellas orgías endemoniadas. + +Un poco atenuó también donna Olimpia lo sobrado servil de algunas +etiquetas o ceremonias de aquel ambulante palacio, impidiendo que en lo +sucesivo se pusiesen todos de rodillas, besasen la tierra y +prorrumpiesen en jaculatorias o breves y fervorosas oraciones, no sólo +cuando aparecía el _Negus_, sino cuando cualquier rumor, como suspiro, +tos o estornudo, indicaba su cercanía. + +Con tales mejoras, con tan buenos consejos y con el ameno trato de donna +Olimpia, el rey estaba cada día más prendado de ella. El nacimiento de +un Principito puso el colmo a la ventura de amantes esposos. Pero el rey +enfermó y creyó a pies juntillas que era llegada su última hora. + +No había que vacilar ni que retardarse. Muerto el rey, le sucedería al +punto su primogénito, hijo de la reina de la mano derecha, príncipe muy +apegado a los antiguos usos y muy receloso además. De seguro que no bien +empuñase el cetro, encerraría a donna Olimpia y a su vástago en cierto +castillo, levantado a este propósito encima de muy alta y escarpada +roca, a donde sólo podía subirse por estrecha escalera abierta en los +duros peñascos y muy bien defendida y custodiada. En aquel retiro, a fin +de evitar contiendas civiles, eran encerrados cuantos podían tener algún +derecho a la sucesión de la corona, arrancándoles a menudo los ojos con +sabia cautela. + +Era menester evitar tan ruda catástrofe. El _Negus_ tenía que enviar un +Embajador al bajá que, derribado ya el poder anárquico de los mamelucos, +gobernaba en el Cairo. El Abuna, al mismo tiempo, tenía que enviar un +mensajero y parte del diezmo al Patriarca de Alejandría, de quien era +sufragáneo. Se aprovechó, pues, aquella excelente ocasión, y con la +lucida y bien custodiada caravana, se largó de Abisinia donna Olimpia, +en compañía del Principito, de Teletusa y de sus dos fieles escuderos +que nunca la abandonaron. + +En su tránsito por Egipto, vio y admiró donna Olimpia la esfinge, las +pirámides y multitud de otros monumentos del tiempo de los Faraones. + +Llegada sana y salva a Alejandría, se embarcó con su gente en un barco +mercante de Venecia, que navegaba con diploma o patente del gran turco +Solimán, a quien para obtener tales diplomas pagaba un considerable +tributo anual la Señoría. + +A la vista ya de la costa occidental de Italia ocurrió la enorme +desventura de que el barco veneciano fuese apresado por el corsario o +más bien por el feroz y desalmado pirata cuya merecida y trágica muerte +hemos ya narrado. El diploma del gran Sultán de los osmanlíes, aunque +fue exhibido, estaba escrito en vítela con letras de púrpura y oro y era +una maravilla caligráfica, no sirvió absolutamente de nada. El pícaro +corsario supuso que era falso a fin de no darle cumplimiento y se llevó +a remolque el barco veneciano, transbordando a su galera y hasta a su +camarote a donna Olimpia y a Teletusa. + + + + +-XLII- + + +Terrible situación era esta para una reina, aunque fuese de Abisinia y +de la mano zurda. + +Según los anales etiópicos, allá en tiempo del Rey Salomón, hubo en +Etiopía una señora llamada Makeda que no fue otra sino la misma reina de +Sabá, la cual visitó al monarca de Israel, examinó y tomó el pulso a su +sabiduría poniéndole mil acertijos y enigmas, y le enamoró además, hasta +el punto de volver ella a su país muy ilustrada y en estado interesante. +El augusto niño que nació de resultas, se llamó Menilek o Menelik y fue +antiquísimo y reverendísimo tronco de la dinastía a la sazón reinante, +en cuya comparación eran frescas, plebeyas de ayer y de mañana todas las +dinastías de Europa. + +Ansiosa estaba donna Olimpia de rivalizar con la señora Makeda y aun de +obscurecer la gloria de otra reina de Etiopía llamada Candace que se +hizo cristiana y difundió la verdadera religión entre sus súbditos, +inducida a ello por su virtuoso valido, aquel eunuco a quien convirtió +el diácono Felipe, explicándole un texto obscuro de Isaías. + +Donna Olimpia proyectaba criar y educar a su Principito con el mayor +esmero por monjes benedictinos, ya que todavía ni San Ignacio de Loyola, +ni San José de Calasanz habían fundado escuelas; y luego que estuviese +bien educado y crecido, enviarle a conquistar la Abisinia y a sacarla de +la barbarie en que había caído. + +El corsario argelino había venido en mal hora a contrariar tan altos +proyectos. + +Durante dos o tres días, sin embargo, renació la esperanza de donna +Olimpia. + +El Mediterráneo se hallaba a la sazón surcado de continuo por muchas +galeras de los Caballeros de San Juan de Jerusalem, los cuales vagaban +sin hogar de un punto a otro. Acababan de perder la isla de Rodas que +era su dominio. Solimán, poderoso monarca de los osmanlíes, había +dirigido todas sus fuerzas contra aquella isla, la cual, después de +largo asedio y de una defensa pasmosamente heroica en que perecieron más +de cien mil turcos, tuvo necesidad de rendirse. Honrosa fue la +capitulación que firmó el Gran Maestre Felipe de Villiers de Lisle Adan, +quien salió con armas y banderas desplegadas y con cinco mil personas +que le siguieron. La noble emulación entre los Caballeros de las ocho +lenguas, su espíritu militar y su ardiente fe religiosa, dieron aspecto +de triunfo a aquella pérdida, hermoseándola con palmas y laureles. + +Los expulsados Caballeros de Rodas vagaban por el Mediterráneo en sus +galeras, ansiosos de tomar en los corsarios algún desquite. + +Dos galeras de los Caballeros de Rodas avistaron la galera del corsario +y la persiguieron con ahínco; pero la galera del corsario era ligerísima +y despiadados sus cómitres. El rebenque, cayendo sobre las espaldas de +los forzados, acrecentó su fuerza locomotora, y el corsario logró +escapar de la persecución, aunque sin arribar a Argel, sino llegando en +su fuga hasta cerca de las costas de Málaga. Desde este puerto, +divisaron el bajel corsario barcos de guerra de Castilla que salieron a +darle caza. Acosado el corsario por todas partes, pasó el Estrecho de +Gibraltar para ponerse en cobro. + +En aquellos días de angustia, el corsario, como era natural, estaba muy +rabioso y se sentía capaz de toda suerte de atrocidades. +Infortunadamente, el Principito estaba muy empalagoso con los dolores y +molestias de la dentición. De noche, sobre todo, tomaba estruendosas +perras, berreaba mucho y no dejaba que ni donna Olimpia, ni Teletusa, ni +el corsario, pegasen los ojos. El corsario, durante tres noches, lo +aguantó todo por galantería; pero en la noche cuarta, se puso tan +nervioso y tan frenético que apenas nos atrevemos a decir lo que hizo, +tanto es el horror que nos causa. Imitando, o mejor diremos, +prefigurando al héroe de una novela de Gabriel d'Anunnzio, aunque sin +premeditación ni alevosía, sin sutilezas psicológicas y sin celos +retrospectivos, sino en el arrebato y en la excitación del insomnio, +agarró al Principito y lo arrojó al mar por la ventana del camarote. + +Desgarradores fueron los gritos que en aquella ocasión lanzó donna +Olimpia, al considerar que se ahogaban sus más bellas esperanzas. Donna +Olimpia tuvo, sin embargo, que callarse, porque el corsario, brutal e +iracundo, la amenazó con arrojarla también al mar si no se callaba. + +De lo que ocurrió al día siguiente ya hemos dado cuenta. Ya sabemos cómo +el corsario pagó de una vez todos sus delitos. + +Cuando Morsamor supo los lastimeros ocasos que acabamos de referir, se +compadeció de donna Olimpia y procuró consolarla; pero el cuidado de su +nave le preocupaba más todavía. Y como iba ya acercándose a la costa, +Fréitas había muerto y no era muy de fiar el contramaestre, Morsamor +velaba y sólo por breve rato entraba a reposar en la cámara. + + + + +-XLIII- + + +Antes de amanecer, se levantó Morsamor y fue sobre cubierta. + +Fresco vientecillo de Poniente empujaba la nave hacia la costa. Era de +esperar que, al rayar el alba llegase la nave a la desembocadura del +Tajo y penetrando y subiendo por el río, se presentase frente a Lisboa. + +En pos de la nave de Morsamor iba el barco del vencido corsario +argelino, brillante trofeo de la recién alcanzada victoria. + +Tiburcio de Simahonda había tomado en él el mando. La bandera de +Castilla, izada en el mastelero de gavia, continuaba allí en señal de +posesión, a pesar de la noche. De las entenas pendían, cual horrible +adorno y para ejemplar escarmiento, los cadáveres del capitán argelino y +de ocho satélites suyos, cada uno de ellos colgando por el pescuezo con +un lazo escurridizo. + +Densísima niebla lo envolvía todo. En la vaga penumbra del crepúsculo +sólo se percibía la forma indecisa del bajel apresado, como negro bulto +que se destacaba sobre un fondo de color de ceniza. + +Ni los cercanos montes de la costa, ni las pálidas y moribundas +estrellas, ni mar ni cielo se percibían con claridad. Si algo se +vislumbraba era como a través de muy tupido velo. + +Morsamor triunfante se engreía y deleitaba en la contemplación de su +gloria, sólo compartida acaso por Fernando de Magallanes. ¿Habría este +logrado o iría pronto a lograr su propósito después de pasar el Estrecho +donde encontró Morsamor el rastro y las muestras de su cruel energía? +Morsamor se lo preguntaba y no acertaba a responderse. Pero fuera cual +fuera la respuesta que diese al cabo el destino, la gloria de Morsamor, +aunque compartida, no menguaba. Él había circunnavegado el planeta, +obtenido experimental conocimiento de su magnitud y de su forma, y +cerrado el ciclo de los grandes descubrimientos y navegaciones. + +Soberbio, engreído estaba Morsamor por todo ello. Y sin embargo, en vez +de ensancharse su corazón y de regocijarse, se sentía abrumado en +aquellos momentos por amarga tristeza. Un enjambre de pensamientos +desconsoladores acudían a su espíritu y le atormentaban y picaban con +ponzoñoso estímulo. Y en aquel estímulo ponzoñoso había, como en el +estro de los poetas, la eficacia de revestir de imágenes lo pensado, +prestándoles movimiento y vida y poblando y animando con ellas el +ambiente de nieblas que a Morsamor circundaba. + +No, no era arco triunfal el que acababa de erigir y por donde +gloriosamente se entraba en la edad moderna. Era más bien puerta con que +él cerraba y terminaba un inmenso periodo histórico, una larga serie de +más de treinta siglos, durante los cuales los pueblos que habitan en +torno del Mar Mediterráneo habían sido guías, iniciadores, maestros y +hierofantes del humano linaje. Egipto, Fenicia, Grecia, Italia y España, +habían tenido sucesivamente el primado, el cetro y la virtud +civilizadora. + +El mismo orgullo de Morsamor, el superior valer que atribuía a sus +hechos se revolvía en daño suyo y servía para deprimirle. Acabada por él +la obra que incumbía a los pueblos meridionales de nuestro continente, +la fuerza, el imperio y la inteligencia dominadora iban a pasar a otras +manos. + +Al reconocer Morsamor tal como es la tierra en que vivimos, había +disipado el encanto que nos hizo señores de ella. La abandonaba su fe y +con su fe la abandonaban los genios, los dioses y los poderes e +inteligencias sobrenaturales que sucesivamente su fe había creado. +Esquilmado y seco el suelo, no se prestaba ya, aun herido de nuevo por +el corcel con alas, a que brotase de él otra Hipocrene. Circe y Calipso +huían buscando refugio y sin hallar en los mares espacio misterioso y +esquivo y afortunadas islas donde erigir espléndidos palacios, socavar +frescas grutas y plantar deleitosos jardines para recibir, agasajar y +embriagar de amor a los héroes. Venus no surgía ya del seno de las ondas +salobres, ni las Nereidas, abandonando sus alcázares submarinos, venían +a consolar a Aquiles por la muerte del amigo, ni aparecían en limpia y +hermosa desnudez ante los ojos mortales de Jasón y de sus compañeros que +iban a conquistar el Vellocino. Los oráculos callaban; cesaban los +milagros. Parados y ocultos los cíclopes, ni en Letnos ni en las +cavernas del Etna forjaban armaduras lucientes. Apolo y las musas +sentían el prurito de abandonar a Delos, el Parnaso y el Pindo, de +salvar las Montañas Rifeas y de instalarse en las regiones hiperbóreas, +mientras no las visitaba algún viajero curioso y les quitaba todo su +hechizo. En suma, era tan temeroso y destructor el desencanto que Miguel +de Zuheros imaginaba haber producido, que hasta los santos y los ángeles +se iban volando y abandonaban nuestra tierra desengañada. Pero las +cristalinas esferas se habían desbaratado y roto, no giraban ya en +arrebatada consonancia y nadie podía oír su musical armonía en los +arrobamientos del éxtasis. Soledad y fúnebre silencio reinaban en la +fría y desierta amplitud del éter sin límites. Muy lejos, muy lejos de +los hombres tenían que subir los coros celestiales para acercarse al +primer móvil y descubrir el Empíreo. + +Así se atormentaba Morsamor con cavilaciones nacidas de vanidad +atrabiliaria en que muchos después de él han caído y caen. Han creído +que llevaban en una mano la férula del progreso y la antorcha de la +razón en la otra, y que iban arrollando con ellas cuantas creencias y +poesía se les paraban delante, despejando el mundo de visiones y de +fantasmas para que sólo quedase en él la realidad monda y escueta. + +Y sin aquietarse Morsamor y pasando adelante en su cavilar lastimoso, +supuso, por último, que la ciencia empírica, hija del exterior sentido, +iba a arrebatarnos el imperio y a dársele a los pueblos del Norte, +patentizando el jactancioso embuste de las profecías del Padre Ambrosio. +Morsamor dio entonces forma y vida a este nuevo pensamiento, y vio en +torno suyo, discurrir entre la niebla diminutas y vaporosas +semideidades, geniecillos sutiles que apenas eran algo y casi se +convertían en flores retóricas: gnomos deformes y enanos, que trabajaban +sin cesar en el centro obscuro de la tierra y sacaban de allí para sus +naciones favoritas piedras y metales preciosos, raros documentos de los +archivos subterráneos, y primitivas selvas, alimento del fuego, motor y +artífice infatigable. En pos venían los silfos y las ondinas. Y luego +las aladas salamandras extraían del escondido seno de las cosas una +incomprensible virtud, de mayor ligereza que la luz y el fuego, rápida y +potente como el rayo, y se la prestaban a los hombres para que +iluminasen y moviesen con ella los seres inertes y obscuros y +transmitiesen con instantánea y casi ubicua rapidez el pensar y el +sentir, la palabra y el sonido. + +Salió al fin Morsamor de aquel piélago de tristes meditaciones en que se +había engolfado. + +El sol, que se alzaba sobre los montes, desgarró los velos de niebla que +los envolvían. Morsamor vio entonces el promontorio que estaba cerca y +hacia donde dirigía el rumbo su nave. En seguida reconoció que eran los +cerros de Cintra, cubiertos de feraz y lozana verdura. En la más alta +cima de la Peña, creyó distinguir con envidia al enamorado Bernardín +Riveiro, que todavía oteaba la extensión del Atlántico y buscaba con +lágrimas la estela de la nave que le arrebató a doña Beatriz. + +Y vagando por la frondosidad umbría de aquellos valles, apareció también +a Miguel de Zuheros la virginal figura de doña Sol de Quiñones, que no +le censuraba, sino que le compadecía de que volviese a verla, olvidado +de su poético enamoramiento y acompañado y consolado por donna Olimpia. +La Ínsula Firme se había sumergido también en el Atlántico como otras +mil fábulas venerandas. En ningún mapa habría ya sitio en que ponerla. +Ni era menester porque el mágico Apolidón había derribado el Arco de los +leales amadores, enojado de que ya nadie pasara por él, como pasó Amadís +fiel a Oriana. + + + + +-XLIV- + + +Poco satisfecho estaba Morsamor de sí mismo en aquellos instantes. +Cuando iba a llegar al término de su peregrinación, un fúnebre +presentimiento contristaba su alma. La agitaba negra tempestad de +pasiones. + +De súbito se encapotó el cielo con densas nubes. Por breve rato hubo +calma abrumadora como si algo pesado oprimiese el ambiente. Pero pronto +se desencadenó la tempestad más furiosa. El viento del Norte sobrevino +con ímpetu rabioso y sacudió y levantó las aguas del mar en gigantescas +olas. Chocaron las nubes con estruendo. Intensos relámpagos iluminaron +siniestramente el aire. Los rayos le surcaban de continuo. + +El bajel apresado no tardó en apartarse de la nave de Morsamor. La +borrasca le llevó lejos de su vista. + +Morsamor hizo esfuerzos inauditos para salvar su nave, harto trabajada +ya por larguísima navegación y por el choque y combate con el bajel +corsario. + +Los marineros todos le ayudaron con celo y con brío en la ruda faena, +mientras que conservaban esperanzas; pero la nave, impulsada por los +vientos y por las olas, ya parecía elevarse a las nubes, ya hundirse +entre dos enormes montañas de agua, y no obedecía al timón, y se ladeaba +a veces como si fuera a volcarse, y el agua subía por cima de la +cubierta, la barría con furia y penetraba hasta el fondo. + +Muchos tripulantes, en el delirio ya de la desesperación, blasfemaban o +rezaban y no acudían a la maniobra. + +Casi abandonada la nave de dirección y de auxilios humanos, corrió aún +no poco tiempo con velocidad vertiginosa, a merced del huracán que la +impelía sobre la líquida faz del Océano, que ya la levantaba en sus +oleadas, ya la precipitaba en la medrosa hondura que entre dos montes de +agua a cada momento se abría. + +La nave de Morsamor no pudo resistir más. Acaso bastó a destrozarla el +furor de los vientos y de las olas. Acaso fue a romperse, chocando +contra oculto bajío. Ello es que la nave, desbaratada la trabazón de sus +tablas se deshizo en pedazos. + +Cada uno de los que la tripulaban luchó por la vida y procuró salvarse +como pudo. + +En aquel momento de angustia, Morsamor cayó en el agua y pensó salvarse +nadando, pero pronto sintió un peso que le oprimía, que le estorbaba +nadar y que fatalmente iba a ahogarle. Despavorida donna Olimpia, pálida +por el miedo de la muerte, frenética de terror y de funesto cariño, se +había agarrado a Miguel de Zuheros, ciñéndole y estrechándole entre sus +brazos. + +O la falta de brío o la sobra de piedad impidió a Morsamor apartar de sí +aquel obstáculo que se oponía a su salvación; aquella mujer por quien +iba a perderse sin que ella se salvara. + +Morsamor, en vez de rechazarla, en aquellos instantes, acaso los últimos +de su vida, la cogió con ternura. Y movida ella por gratitud y por +amorosa vehemencia, unió su boca a la de Morsamor y la regaló con hondo +y prolongadísimo beso. + +Extrañas fueron las impresiones de Morsamor. Se figuró que donna Olimpia +absorbía con sus labios toda la mocedad y toda la vida nueva que las +pociones mágicas del Padre Ambrosio le habían infundido. Volvió la vejez +a apoderarse de su cuerpo y empezó a sentirse casi decrépito. El frío +del agua atravesaba su carne, penetraba en sus huesos y le congelaba los +tuétanos y la sangre descolorida y pobre. + +Todavía se sostuvo Morsamor en la superficie del agua a su parecer por +extraño e imprevisto socorro. + +Tiburcio de Simahonda le tenía asido por la cabeza, impidiendo que se +hundiese; pero de sus hombres brotaron negras alas que velaron a +Morsamor la horrenda claridad de aquel día. + +Por último, una sensación grotesca, a par que espantosa, vino a colmar +el delirio de aquella en su sentir postrera agonía. Los dos tremendos +rufianes, Asmodeo y Belcebú, le habían cogido cada uno por una pierna, +tiraban de él y le arrastraban al fondo de los mares. + +Entonces Morsamor perdió el conocimiento y el sentido. + + + + +Reconciliación suprema + + + + +-I- + + +Después de las portentosas aventuras que acabamos de referir y del +trágico fin que tuvieron, bien podemos asegurar que no murió Morsamor. +No nos consta de qué suerte pudo salvarse. En nuestra historia hay aquí +una tenebrosa laguna. Saltemos por cima de ella y volvamos al convento +en que el Padre Ambrosio seguía viviendo y ejerciendo sus artes mágicas. + +Por su virtud, aunque se ignore de qué manera, nadie en el convento +había notado la ausencia de Fray Miguel y del hermano Tiburcio. + +Acaso el Padre Ambrosio había evocado y atraído a dos espíritus, que +habían tomado la apariencia del fraile y del lego. Acaso, sin evocar +espíritu alguno, aquel gran mago había creado dos fantasmas que +reemplazasen en el claustro a los dos ausentes. Ello es que nadie los +echó de menos. Por lo demás, según imaginaban los otros frailes, Fray +Miguel vivía siempre retraído, encerrado en su celda y casi de continuo +postrado en cama. + +Lo que es ahora, bien podemos asegurar también nosotros que Morsamor o +Fray Miguel, de vuelta ya de sus excursiones, yacía en cama, en muy +mísero estado. Sin duda su segunda mocedad se había consumido toda en el +cumplimiento de las grandes empresas a que su voluntad y la ciencia del +Padre Ambrosio la consagraron. Fray Miguel se hallaba casi ciego, más +viejo, más acabado, más baldado por los dolores que antes de remozarse y +de encontrarse apto para la fuga. Se diría que aquel impetuoso +renacimiento de vitalidad, que aquella fuerza nueva que de la +profundidad de su ser había surgido, se había derramado como torrente, +se había volcado como ingente catarata, y se había gastado toda con +rapidez en inauditas acciones, sin dejar resto alguno, sino llevándose y +arrastrando en su curso parte de la vida que él conservaba aun antes del +cambio prodigioso. + +Pasaron algunos días en esta situación. Fray Miguel estaba cada vez más +enfermo y débil. Y sin embargo, lejos de ofuscarse o de anublarse, su +inteligencia se sentía bañada en luz serena y clara y Fray Miguel creía +o más bien estaba seguro de que iban disipándose las nieblas o +rasgándose los velos que le encubrían la verdad, y de que empezaba a ver +las cosas todas sin alucinación alguna que se las desfigurase y +trastrocase. Era, no obstante, tan sigiloso y tan reservado que nadie, +ni el mismo Padre Ambrosio, descubría los cambios que iban realizándose +en el fondo de aquel alma, aunque el Padre Ambrosio visitaba a menudo a +Fray Miguel y era perspicaz zahorí de los pensamientos ajenos. + +Llegó por fin un momento en que Fray Miguel se encontró menos agobiado +de sus males, con la mente despejada, con las piernas y los brazos más +firmes para accionar y moverse y con la voz entera para poder expresar +sin fatiga ni esfuerzo cuanto sentía y pensaba. + +Desvelado, en las altas horas de la noche, se levantó de su mezquino +lecho, se vistió precipitadamente el sayal, encendió con eslabón, yesca +y pajuela, una lamparilla de hierro, salió de su celda, atravesó los +claustros desiertos y sombríos, se dirigió a la puerta de la celda del +Padre Ambrosio, y llamó golpeando en ella. + +Había cierto reposo enérgico en el espíritu de Fray Miguel; mas, aunque +parezca contradictorio, coexistía con este reposo la impaciente +decisión, que no daba espera, de hablar al Padre Ambrosio, de +interrogarle sobre no pocas dudas y de pedirle cuenta y explicaciones +que las resolviesen. + +El Padre Ambrosio se oyó llamar, reconoció la voz de Fray Miguel, no +pudo resistirse al imperio con que este exigía que le oyese, se vistió +el hábito y le abrió la puerta refunfuñando. + +Entró en la celda Fray Miguel, colocó su lamparilla sobre la mesa, donde +había papeles y libros, y la misma calavera y el mismo crucifijo que la +primera vez que allí había entrado. Se sentó Fray Miguel en la silla en +que también se había sentado la primera vez, y diciendo, tengo que +hablarte, excitó por señas al Padre Ambrosio a que tomase asiento. + +El diálogo que hubo entre ambos, y que Fray Miguel comenzó, requiere +capítulo aparte. + + + + +-II- + + +--¿Qué delirio es el tuyo?--dijo el Padre Ambrosio--. Me pasma que hayas +venido a verme. Si te he de hablar con franqueza, no creía yo posible +que pudieses salir de tu celda, débil como estás, baldado por los +dolores y velados tus ojos de densa nube que desde hace algún tiempo +apenas te deja ver distintamente las cosas, sino de un modo vago y +confuso y como al través de una neblina. ¿Qué quieres de mí? ¿Por qué +has venido hasta aquí, con paso vacilante e incierto, a tientas y sin +duda apoyándote en las paredes? ¿Qué es lo que de mí pretendes todavía? + +Fray Miguel contestó: + +--Pretendo que seas conmigo franco y leal, como yo lo he sido contigo. +Yo abrí para ti los más escondidos senos de mi alma y te mostré todos +sus arcanos. Nada te oculté ni de mis pensamientos ni de mis pasiones. +Mi espíritu, lleno de confianza en ti se te rindió por completo. Derecho +tengo a que tú también seas franco y leal conmigo. Vengo a pedirte +cuenta de tu conducta y de tus promesas. Dime toda la verdad. ¿Te has +burlado de mí? ¿Me has hecho víctima de un engaño? ¿Es cierto cuanto me +ha ocurrido o ha sido todo, como yo recelo, una endiablada +fantasmagoría? ¿Acaso las pociones mágicas que me administraste, +hundiéndome en hondo letargo, han suscitado visiones en mi cerebro, +grabándose en él con el poderoso vigor y con la clara distinción de la +realidad misma? + +Interrogado el Padre Ambrosio tan de improviso y de manera que hacía +imposible toda respuesta ambigua, permaneció en silencio y como quien +duda y cavila sobre lo que le incumbe contestar y sobre la forma en que +la contestación ha de ir expresada, para que implique la justificación o +la disculpa al menos. Después de larga pausa, contestó al cabo el Padre +Ambrosio: + +--Sean cuales sean los medios que he empleado, ora se consideren +realidad, ora vano prestigio, no debes tú dudar de la bondad de mis +intenciones. Yo he querido sanarte a toda costa del peor de los males. +Recuérdalo bien, de un orgullo satánico despechado que te hacía +aborrecible hasta la misma bienaventuranza del cielo. Contra enfermedad +tan horrenda, no hay remedio, por duro que sea, que pueda censurarse. +Supongamos por un momento que cuanto viste, y cuanto hiciste, desde que +por virtud de las pociones mágicas imaginaste despertar remozado, todo +carece de ser real fuera de ti. Aun así, aunque yo haya tenido fuerza +para crear en tu mente un mundo imaginario y para dártele en espectáculo +y para hacer de él amplio y pasmoso teatro en que tú fueses el principal +actor, bien puedes estar seguro de que he carecido de fuerza para +sujetar a mi propósito tu juicio y para someter tu voluntad a la mía. Yo +podré haberte ofrecido y presentado todas las ocasiones, todos los +objetos, todos los premios a que podía aspirar tu codicia, en que podía +hartarse tu sed de deleites y donde tu ambición y tu orgullo podían +quedar satisfechos; mas para lo que yo no tuve fuerzas, ni aun +teniéndolas las hubiera empleado, fue para violentar tu libre albedrío. +Sueño o no, te considero responsable de todos los actos de tu extraña +vida de descubridor y navegante. Si me cabe alguna duda es sobre el +grado mayor o menor, sobre la intensidad de tus méritos y de tus culpas. +Hay no pocos extremos hasta donde no llega mi ciencia, si bien presumo +que no es tan sereno y firme el juicio en quien duerme como en quien +vela, y que tu voluntad, sin ser violentada por mí, pudo ceder más +fácilmente que en la vigilia a los incentivos que en sueños se le +presentaron. De todos modos, aunque tu gloria hubiese sido soñada, tú +has sabido mostrarte capaz de esa gloria, y aunque hayan sido soñados +tus delitos, también eres responsable de ellos, aunque no en tanto +grado. En sueños tiene la voluntad menos brío para resistir a la +tentación que la provoca. Si no resiste y cede, entonces es menor su +delito; pero esa mayor flaqueza de la voluntad, que atenúa su falta si +incurre en pecado, tal vez da superior valer a toda acción buena que en +sueños se realiza, porque si la voluntad, poco briosa, basta a +realizarla soñando, mayor será su virtud cuando al despertar recobre +todo su poder y le emplee en darle cima. La diferencia entre el éxito +dichoso, ya en la realidad ya en el sueño, es que en la realidad depende +en gran parte de lo que llama el vulgo caprichos de la fortuna, o sea de +lo que los juiciosos y piadosos califican de inescrutables designios de +Dios, a fin de que se cumpla el plan maravilloso de la historia y de que +camine la humanidad hacia su término con dirección invariable y segura. +Todos nos agitamos y todos contribuimos a que se cumpla dicho plan, +quedando, no obstante, nuestra libertad en salvo, merced al soberano +concierto prescrito desde la eternidad por la Providencia. + +--Tu discurso--dijo Fray Miguel--se quiebra de puro sutil. En mi sentir +son alambicados y obscuros tus conceptos. Presumo, pues, o que no +entiendes o que entiendes lo contrario de lo que dices para mi consuelo, +y para atenuar la crueldad de la burla que me hiciste. Es falsedad, es +sofisma lo que sostienes. Si no debo condenarme porque mis crímenes han +sido soñados, tampoco debo glorificarme si también han sido soñadas mis +proezas. Convengo en que el mal éxito o el buen éxito final es obra de +la fortuna o hablando cristianamente, de Dios mismo; pero la acción, +independientemente del éxito, no vale sino en la vigilia para quien la +ejecuta. En sueños, el avaro es generoso, y tal vez quien despierto no +se desprende de un maravedí, para socorrer a un pordiosero, es capaz +soñando de prodigar todas las riquezas de los Cresos y de los Fúcares. +El cobarde puede soñar que es valiente. Hasta por lo mismo que despierto +le humilla y le atormenta su incurable cobardía, en sueños se consuela +creando y atribuyéndose el denuedo de que carece. En suma, yo infiero, +de lo que me dices, estas desconsoladoras y amargas verdades; que te has +burlado de mí; que mi segunda juventud, mis hazañas y mi gloria fueron +soñadas; que mis delitos también lo fueron; y que siéndolo, quedan en +duda las energías de mi ser y no merezco ahora, ni más ni menos que +antes, alabanza o vituperio, galardón o castigo. + +--Muy extremada manera es la de tu discurso y a mi ver es falsa, pero no +quiero que discutamos, porque así no lograríamos convencernos. Baste +para mi intento de convencerte de la aptitud y del poder que hay en ti, +tanto para lo bueno como para lo malo, la ilimitada confianza que en mí +pusiste y la constancia y el valor con que te sujetaste a mis conjuros, +arrostraste pruebas tremendas y no retrocediste, lleno de terror, ante +mis mágicas operaciones. Quien fue capaz de todo esto es capaz también +de todas las hazañas y digno de las victorias y de los triunfos. Sólo de +la fortuna, sólo de las circunstancias exteriores, y no de la virtud del +alma, depende que en realidad se logren o que sólo se logren en sueños. +Eres injusto al afirmar que me he burlado de ti. No; yo no me he +burlado; yo quise confortarte, puse los medios para conseguirlo, y lo +hubiera conseguido si no fueses tú tan descontentadizo y caviloso. Antes +de que mi magia se emplease en ti, tú no habías sido héroe y además +dudabas de que pudieses serlo. Ahora, aunque puedes dudar de que en +realidad lo hayas sido, no puedes dudar del poder que para serlo había +en tu alma. + +A estas últimas palabras del Padre Ambrosio, no replicó Fray Miguel para +contradecirlas ni mucho menos para manifestar que había quedado +convencido y satisfecho. Su única contestación fue un sonido +inarticulado que exhaló su pecho y que brotó de sus labios, de tan +indefinible condición que podía dudarse de si era suspiro o refunfuño, +bendición o maldición, muestra de gratitud o de queja. + +Hubo una larga pausa. Los ojos casi sin vista de Fray Miguel se fijaron +intensamente en el Padre Ambrosio, como si fuese el alma sin el +intermedio del material aparato quien por ellos mirase y viese. A pesar +de su poder mágico, y a pesar de su ánimo brioso, bajó los ojos el padre +no pudiendo resistir la intensidad y el fuego de aquella mirada. El +Padre, con todo, estaba sereno y tranquilo. No le remordía la +conciencia. Su conducta con Fray Miguel había procedido de la intención +más sana. + +Sin duda Fray Miguel pensó lo mismo, después de la larga pausa y de la +mirada escrutadora. + +No quiso, sin embargo, hablar más. Se levantó de la silla, tomó su +lámpara, pronunció un Dios te guarde, inclinando la cabeza, y se volvió +a su celda sin más explicaciones, preguntas ni discursos. + + + + +-III- + + +Pasaron aún más de cinco semanas después del coloquio nocturno de que +acabamos de dar cuenta. El esfuerzo violento y el consumo de vitalidad, +hechos por Fray Miguel, para ir hasta la celda del Padre Ambrosio y para +hablar con él lo que había hablado, produjeron terrible reacción, +hundiendo a Fray Miguel en el mayor abatimiento físico. Se diría que +hasta para hablar, hasta para pronunciar algunas palabras, le faltaban +ya bríos. Fray Miguel estaba postrado en cama y callado como muerto. + +Sólo acudían a visitarle en su celda el Padre Ambrosio, cuya reputación +de excelente médico era grandísima e indiscutible, y el hermano Tiburcio +que, ayudante del Padre, cuidaba de Fray Miguel, y le suministraba +alimentos y medicinas. + +En medio, no obstante, de aquella enfermiza inacción de su ser material +y de aquel desmadejamiento y quebrante de su organismo, el pensamiento +de Fray Miguel lucía con más viveza dentro de su cerebro, y como si le +hubieran nacido pujantes alas, se remontaba a luminosas esferas y veía o +creía ver con mayor claridad y serenidad que nunca, lo pasado, lo +presente y lo futuro, fijando la mirada de águila en el radiante foco, +donde lo real y lo ideal se compenetran, se confunden y son una cosa +misma. + +En la mente de Fray Miguel se realizó así saludable mudanza. En virtud +de ella, depuso todo enojo contra el Padre Ambrosio. Lo que tal vez +consideraba antes como burla, le pareció lección provechosa, rica en +beatíficos resultados. + +Harto bien conocía Fray Miguel la postración de su cuerpo y la +proximidad de su muerte; pero, al mismo tiempo, conocía con reposado +júbilo que nunca había estado su espíritu más sano, más perspicaz, ni +más sereno que entonces. + +En tal disposición, quiso Fray Miguel comunicar a alguien que le +comprendiese los pensamientos y las ideas que en aquellos momentos +supremos había en su alma. Y movido por este anhelo, con voz sumisa y +débil, no en una vez sola, sino en varias veces, en diferentes visitas +que el Padre Ambrosio le hizo, le fue manifestando en breves discursos +su pensar y su sentir más íntimos. + +Piadosamente recogió el Padre Ambrosio y puso por escrito aquellas +confidencias, que ahora trasladamos aquí y que son como siguen: + +--Veo con claridad, Padre Ambrosio, que la hora de mi muerte se +aproxima. La veo sin desearla y también sin temerla. Rara vez la duda ha +entrado en mi espíritu, y menos aún ha entrado en él una negativa +convicción. Pero, aunque yo estuviese convencido de que la muerte era +completa, de que para mí no había nada después, ni pena, ni gloria de +que yo tuviese conciencia, ni siquiera una inconsciente prolongación de +mi ser en el recuerdo de los demás hombres, la muerte no me aterraría ni +me afligiría. No es que yo esté resignado. Es algo de más noble y de +menos pasivo. Es que, dando yo aún inmenso precio a mi vida, la daría, +la vertería toda en el seno de la naturaleza, en una efusión de amor +hacia ella y hacia el ser inmenso que lo ha creado todo y que todo lo +llena. Pero no, yo no dudo de mi inmortalidad individual y consciente. +Yo creo en ella y ahora, cuando mis ojos, débiles y enfermos, apenas +perciben la luz material, de la que huyen medrosos, luz clarísima, +procedente de foco increado, penetra e inunda mi mente, ilustrándola y +enseñándole la verdad. Yo fui, días ha, a tu celda con el intento de +interrogarte y de disipar dudas sobre mi última vida pasada. Ahora me +arrepiento y nada te pregunto porque nada quiero saber. Me es igual, me +es indiferente que hayan sido realidad mi razonamiento, mis +peregrinaciones y mis ulteriores crímenes y hazañas, o que todo haya +sido prestigios, embustes o creaciones fantásticas formadas y sugeridas +por tus elixires y linimentos y por el pasmoso poder de tus mágicas +artes. En estos últimos días, desde que volví vi convento o desde que +creí que había vuelto al convento, desde que me hallé más viejo y +abatido que antes, casi ciego, baldado y postrado en el lecho, he +cavilado y meditado mucho y siento que se ha mejorado y casi se ha +transformado mi alma. Tal vez sin los últimos sucesos de mi vida, ora +sean imaginarios, ora sean reales, no hubiera sobrevenido en mi ser esta +transformación, esta conversión, que califico de dichosa. A ti te la +debo y por ello te doy las gracias. El pensamiento, cuando no se expresa +y se determina por medio de la palabra, cuando persiste hundido en las +profundidades de nuestro ser, sin comunicarse y declararse a otro ser +inteligente, es confuso caos, de cuya verdad o de cuya mentira, de cuya +bondad o de cuya insignificancia, no estamos seguros. La plena +conciencia no aparece sino con la palabra emitida y comunicada. Por eso +es con Dios coeterno su Verbo. Ni el amor inefable y divino hubiera +brotado nunca en la mente suprema, si de la contemplación del propio +Verbo desde la eternidad no hubiera nacido. Débil trasunto, pobre +semejanza de tan altos misterios hay sin duda en el fondo del alma +humana. Dios, con su palabra, engendró el amor y creó el Universo. Yo, +con mi palabra, si acierto a expresar con ella lo que agita mi mente de +un modo confuso, engendraré también mi amor y daré consistencia a la +todavía vaga creación en que este amor mío ha de satisfacerse y +aquietarse, cumpliéndose así mi destino. Tales son los motivos que me +impulsan hoy a dirigirme a ti y a hacerte una confesión sincera y +amplia, procurando poner orden y concierto en mis ideas y expresarlas +luego y presentarlas a tu inteligencia, creando yo así mi luz, mi amor y +mi universo hasta donde alcancen mis limitadas y débiles facultades +humanas. + + + + +-IV- + + +Fray Miguel se fatigaba tanto al hablar, que, en breve, tenía que +suspender su discurso y dejarle para otro día. Prescindiendo nosotros de +tales interrupciones, aunque en cierto modo marcándolas e indicándolas, +pondremos aquí los diversos fragmentos, unos en pos de otros, en el +orden en que Fray Miguel los pronunció y en el que el Padre Ambrosio los +conservó por escrito. + +--Convencido estoy de que has querido darme una lección de moral, +parecida en su traza a la que dio don Illán de Toledo, famoso mágico, a +cierto ambicioso Deán de Santiago. Tú, con todo, no has querido +demostrar que yo soy ingrato. Tú estabas seguro de mi gratitud. Más alta +era la moraleja que de mi historia, semejante a la que refirió al Conde +Lucanor su consejero Patronio, has querido tú sacar ahora. Yo soy buen +discípulo, aspiro a ayudarte en tu trabajo, y voy a sacar de él +deducciones tan trascendentales que ya coincidan con las que tú +esperabas sacar, ya vayan más lejos o suban más alto todavía. + +--Alégrate y enorgullécete. Has querido curarme de mi ambición +desesperada. Duro ha sido el remedio. Como quien con hierro candente +quema un cáncer, tú has curado el que roía mis entrañas. No sólo te +perdono, sino que te agradezco la cauterización dolorosa. Mi sed de +poder y de gloria se aquietó y sació con satisfacciones soñadas. Hoy, al +reconocer que fueron sueño, reconozco también la vanidad de tales +satisfacciones, aun cuando sean reales. El sabio lo ha dicho: _que ni la +carrera es de los ligeros, ni la guerra de los fuertes, ni el pan de los +sabios, ni las riquezas de los doctos, ni la gracia de los artífices; +sino el tiempo y la casualidad en todo_. De mis victorias y de mis +triunfos no debo, pues, jactarme. Si al tiempo y a la casualidad se +deben, para contentamiento de mi orgullo, lo mismo valen e importan, ora +hayan sido realidad, ora sueño. + +--Tales son las consideraciones que me mueven a desechar primero el +engreimiento personal y más tarde el engreimiento de nación y de casta. +Por cima de todo está Dios, y con él y en él la fe y la esperanza de que +no hay mal que no sea aparente o caduco y que no se ordene a fin dichoso +y grande. Así, en mi interior meditación vine yo a resignarme y a buscar +y hallar dulce quietud y algo a modo de bienaventuranza en mi plena +conformidad con los designios divinos. Me desnudé del estrecho egoísmo y +arrojé lejos de mí el amor propio sin anhelar ya gozarle complacido y +sin el temor ya de sufrirle lastimado. + +--Conforme hubiera estado desde entonces mi voluntad, con la voluntad +del Altísimo, si un obstáculo, que me pareció insuperable, no se hubiera +opuesto. Con este obstáculo he tenido que trabar tremenda lucha. Yo pude +libertarme de la ambición y de la codicia, pude desdeñar y desdeñé +gloria, poder y riqueza. El amor de la mujer quedó, no obstante, firme +en contra mía, atajando el camino por donde ansiaba yo acercarme a la +reconciliación suprema. Disípense en buena hora como niebla o como humo +todas las proezas de que me sentí capaz y que realicé o soñé. Lo que yo +no consentía era que el amor de la mujer también se disipase. Hasta los +crímenes, hasta las horribles tragedias que este amor produjo, no me +resignaba yo a que se convirtiese en sueños, convirtiendo en sueños el +amor mismo. Urbási, la bella Urbási, se me aparecía, como recuerdo vivo +le algo real, no como sombra fantástica, y me mostraba su admirable y +hermosa figura y el blanco pecho desnudo, donde yo veía, en el lado del +corazón, profunda herida brotando hirviente y roja sangre que ansiaba yo +restañar y represar con mis labios. Pena infernal me causaba esta +aparición trágica, pero me causaba a la vez tan inefable y sublime +deleite, que mi alma toda se enfurecía de que fuese aquello ilusorio y +vano y pugnaba aún por mantenerlo, al menos por recuerdo, como real y +consistente. No; la causa de nuestro amor a la mujer no reside sólo en +nuestro miserable cuerpo. Aunque el cuerpo decaiga, envejezca y enferme, +el alma, inmortal, sigue amándola. El alma inmortal es alma de mujer o +de hombre, y a veces imaginaba yo que esta diferencia de inmortal +duración hacía también inmortalmente duradero e invencible el amor que +una mujer me había inspirado. Y esta mujer, o si se quiere este +hermosísimo aunque terrible fantasma de mi mente, se interponía entre +ella y lo infinito en que su raíz estriba, y no me dejaba llegar hasta +él, reteniéndome cautivo y arrancando a mi espíritu las alas con que +anhelaba volar tan alto y el ímpetu vigoroso con que pensaba sumirse en +el abismo del ser y hacerse superior a todo lo creado y contingente al +penetrar en dicho abismo. No acierto a ponderar el esfuerzo pasmoso de +mi voluntad para llegar a destruir, después de haber destruido y roto +los demás ídolos, la imagen seductora de la mujer amada. Esta imagen, +que llegué a suponer indeleble, lo perturbaba y lo bastardeaba todo en +mi alma. No había concepto moral ni religioso al que ella no diese +forma, profanando mi religión y convirtiéndola en idolatría. Ella, su +imagen, ya se me mostraba representando la ciencia, ya la filosofía, ya +la caridad, ya cualquiera de las otras virtudes, ya la ninfa pulquérrima +y predilecta del cielo, esposa o amante de los dioses inmortales y madre +dichosa de los semi-dioses o héroes salvadores. Yo me explicaba a mi +modo, porque también los sentía, los encontrados sentimientos que +inspira la mujer, desde hace muchos siglos. Ora el misticismo amoroso y +caballeresco la ensalza y la purifica como algo venido del Empíreo, como +fuente inexhausta de todo noble sentir y de todo arranque generoso, y +crea la Beatriz y la Laura de los egregios poetas, ora el ascetismo +adusto la aborrece y la teme, como nido de víboras, como oficina de +embustes y de pecados, y como el más seguro anzuelo de que se vale +Satanás para perdernos. Rudo combate y grandísima pena me costó lanzar +de mi pensamiento la imagen de la mujer, que con tan contrarios aspectos +se me mostraba y que del efímero enlace o de la mentida concordia, +producida por la atracción irresistible que nos lleva hacia ella, hacía +brotar discordias sin término y dualidad irreducible, como si hubiese +dos eternos creadores y conservadores del mundo y no uno solo. En fin, +mi empeño fue tan obstinado que logré borrar la imagen de Urbási, +grabada en mi corazón como sello puesto allí por el demonio en señal de +que yo era su esclavo. Entonces brotaron de nuevo y más pujantes las +alas de mi espíritu. Y no por la ciencia, no por el presunto conocer, +sino con humildad, desprendiéndome de todo afecto pasajero, de toda +liviana inclinación a las cosas creadas, logré subir hasta el manantial +inagotable de donde todas manan y en el amor del bien soberano cifrar y +confundir todos mis otros amores, empezando por el de mí mismo. Hoy no +hay mal que bien no me parezca, ni desdicha que no me parezca ventura, +porque lo que Dios quiere no puede menos de ser lo mejor y lo más +deseable. Aunque para el cumplimiento de su inflexible justicia, y a +pesar de su infinita misericordia, tuviese yo que padecer las penas +eternas, al padecerlas yo por su amor, gozaría de tan inefable deleite, +que se me transformaría el infierno en cielo, de la misma manera que +antes, dominado yo por el egoísmo, transformaba el cielo en infierno. + + + + + +End of the Project Gutenberg EBook of Morsamor, by Juan Valera + +*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK MORSAMOR *** + +***** This file should be named 17430-8.txt or 17430-8.zip ***** +This and all associated files of various formats will be found in: + http://www.gutenberg.org/1/7/4/3/17430/ + +Produced by Chuck Greif + +Updated editions will replace the previous one--the old editions +will be renamed. + +Creating the works from public domain print editions means that no +one owns a United States copyright in these works, so the Foundation +(and you!) can copy and distribute it in the United States without +permission and without paying copyright royalties. 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It exists +because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from +people in all walks of life. + +Volunteers and financial support to provide volunteers with the +assistance they need, is critical to reaching Project Gutenberg-tm's +goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will +remain freely available for generations to come. In 2001, the Project +Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure +and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations. +To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation +and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4 +and the Foundation web page at http://www.pglaf.org. + + +Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive +Foundation + +The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit +501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the +state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal +Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification +number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at +http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg +Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent +permitted by U.S. federal laws and your state's laws. + +The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S. +Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered +throughout numerous locations. Its business office is located at +809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email +business@pglaf.org. 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Thus, we do not necessarily +keep eBooks in compliance with any particular paper edition. + + +Most people start at our Web site which has the main PG search facility: + + http://www.gutenberg.org + +This Web site includes information about Project Gutenberg-tm, +including how to make donations to the Project Gutenberg Literary +Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to +subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks. diff --git a/17430-8.zip b/17430-8.zip Binary files differnew file mode 100644 index 0000000..2b95ef4 --- /dev/null +++ b/17430-8.zip diff --git a/17430-h.zip b/17430-h.zip Binary files differnew file mode 100644 index 0000000..10422cc --- /dev/null +++ b/17430-h.zip diff --git a/17430-h/17430-h.htm b/17430-h/17430-h.htm new file mode 100644 index 0000000..502909d --- /dev/null +++ b/17430-h/17430-h.htm @@ -0,0 +1,9484 @@ +<!DOCTYPE html PUBLIC "-//W3C//DTD XHTML 1.0 Strict//EN" + "http://www.w3.org/TR/xhtml1/DTD/xhtml1-strict.dtd"> + +<html xmlns="http://www.w3.org/1999/xhtml"> + <head> + <meta http-equiv="Content-Type" content="text/html;charset=iso-8859-1" /> + <title> + The Project Gutenberg eBook of Morsamor: Peregrinaciones Heroicas Y Lances De Amor Y Fortuna De Miguel + de Zuheros y Tiburcio de Simahonda, por Juan Valera. + </title> + <style type="text/css"> +/*<![CDATA[ XML blockout */ +<!-- + p { margin-top: .75em; + text-align: justify; + margin-bottom: .75em; + text-indent: 2% + } + p.derecha { + text-align: right; + } + p.noindent { + text-indent: 0%; + } + h1,h2,h3 { + text-align: left; + clear: both; + } + hr { width: 33%; + text-align: left + } + table {margin-left: auto; margin-right: auto;} + body{margin-left: 10%; + margin-right: 10%; + } + a:link {color: blue; text-decoration: none; } + link {color: blue; text-decoration: none; } + a:visited {color: blue; text-decoration: none; } + a:hover {color: red } + // --> + /* XML end ]]>*/ + </style> + </head> +<body> + + +<pre> + +The Project Gutenberg EBook of Morsamor, by Juan Valera + +This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with +almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or +re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included +with this eBook or online at www.gutenberg.org + + +Title: Morsamor + peregrinaciones heroicas y lances de amor y fortuna de + Miguel de Zuheros y Tiburcio de Simahonda + +Author: Juan Valera + +Release Date: December 31, 2005 [EBook #17430] + +Language: Spanish + +Character set encoding: ISO-8859-1 + +*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK MORSAMOR *** + + + + +Produced by Chuck Greif + + + + + +</pre> + + +<hr style="width: 65%;" /> + +<h1>Morsamor:<br /> peregrinaciones heroicas y lances de amor y fortuna de Miguel +de Zuheros y Tiburcio de Simahonda</h1> + +<h2>Por</h2> + +<h1>Juan Valera</h1> + +<h3>Librería de Fernando Fé</h3> + +<h3>Madrid</h3> + +<h3>1899</h3> +<hr style="width: 65%;" /> + +<table summary="capitulos"><tr><td> +<a href="#Al_Excmo_Sr_Conde_de_Casa_Valencia"><b>Al Excmo. Sr. Conde de Casa Valencia</b></a><br /> +<a href="#En_el_claustro"><b>En el claustro</b></a><br /> +<a href="#Ia"><b>I,</b></a> +<a href="#IIa"><b>II,</b></a> +<a href="#IIIa"><b>III,</b></a> +<a href="#IVa"><b>IV,</b></a> +<a href="#Va"><b>V,</b></a> +<a href="#VIa"><b>VI,</b></a> +<a href="#VIIa"><b>VII,</b></a> +<a href="#VIIIa"><b>VIII,</b></a> +<a href="#IXa"><b>IX,</b></a> +<a href="#Xa"><b>X</b></a><br /> +<a href="#Las_aventuras"><b>Las aventuras</b></a><br /> +<a href="#I"><b>I,</b></a> +<a href="#II"><b>II,</b></a> +<a href="#III"><b>III,</b></a> +<a href="#IV"><b>IV,</b></a> +<a href="#V"><b>V,</b></a> +<a href="#VI"><b>VI,</b></a> +<a href="#VII"><b>VII,</b></a> +<a href="#VIII"><b>VIII,</b></a> +<a href="#IX"><b>IX,</b></a> +<a href="#X"><b>X,</b></a> +<a href="#XI"><b>XI,</b></a> +<a href="#XII"><b>XII,</b></a> +<a href="#XIII"><b>XIII,</b></a> +<a href="#XIV"><b>XIV,</b></a> +<a href="#XV"><b>XV,</b></a> +<a href="#XVI"><b>XVI,</b></a> +<a href="#XVII"><b>XVII,</b></a> +<a href="#XVIII"><b>XVIII,</b></a> +<a href="#XIX"><b>XIX,</b></a> +<a href="#XX"><b>XX,</b></a> +<a href="#XXI"><b>XXI,</b></a> +<a href="#XXII"><b>XXII,</b></a> +<a href="#XXIII"><b>XXIII,</b></a> +<a href="#XXIV"><b>XXIV,</b></a> +<a href="#XXV"><b>XXV,</b></a> +<a href="#XXVI"><b>XXVI,</b></a> +<a href="#XXVII"><b>XXVII,</b></a> +<a href="#XXVIII"><b>XXVIII,</b></a> +<a href="#XXIX"><b>XXIX,</b></a> +<a href="#XXX"><b>XXX,</b></a> +<a href="#XXXI"><b>XXXI,</b></a> +<a href="#XXXII"><b>XXXII,</b></a> +<a href="#XXXIII"><b>XXXIII,</b></a> +<a href="#XXXIV"><b>XXXIV,</b></a> +<a href="#XXXV"><b>XXXV,</b></a> +<a href="#XXXVI"><b>XXXVI,</b></a> +<a href="#XXXVII"><b>XXXVII,</b></a> +<a href="#XXXVIII"><b>XXXVIII,</b></a> +<a href="#XXXIX"><b>XXXIX,</b></a> +<a href="#XL"><b>XL,</b></a> +<a href="#XLI"><b>XLI,</b></a> +<a href="#XLII"><b>XLII,</b></a> +<a href="#XLIII"><b>XLIII,</b></a> +<a href="#XLIV"><b>XLIV</b></a><br /> +<a href="#Reconciliacion_suprema"><b>Reconciliación suprema</b></a><br /> +<a href="#Ir"><b>I,</b></a> +<a href="#IIr"><b>II,</b></a> +<a href="#IIIr"><b>III,</b></a> +<a href="#IVr"><b>IV</b></a><br /></td></tr> +</table> + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="Al_Excmo_Sr_Conde_de_Casa_Valencia" id="Al_Excmo_Sr_Conde_de_Casa_Valencia"></a>Al Excmo. Sr. Conde de Casa Valencia</h2> + + +<p>Mi querido primo: Para distraer mis penas egoístas al considerarme tan +viejo y tan quebrantado de salud, y mis penas patrióticas al considerar +a España tan abatida, he soltado el freno a la imaginación, que no le +tuvo nunca muy firme, y la he echado a volar por esos mundos de Dios, +para escribir la novela que te dedico.</p> + +<p>Tomando por lo serio algunos preceptos irónicos de don Leandro Fernández +de Moratín, en su <i>Lección poética</i>, he puesto en mi libro cuanto se ha +presentado a mi memoria de lo que he oído o leído en alabanza de una +época muy distinta de la presente, cuando era España la primera nación +de Europa. Así he procurado consolarme de que hoy no lo sea, si bien +escribiendo la más <i>antimoratinesca</i> de mis composiciones literarias. +Bien puedo asegurar que hay en ella</p> + +<p class="noindent"> +<span style="margin-left: 5em;">Cuanto puede hacinar la fantasía,</span><br /> +<span style="margin-left: 5em;">en concebir delirios eminente:</span><br /> +<span style="margin-left: 5em;">magia, blasón, alquimia, teosofía,</span><br /> +<span style="margin-left: 5em;">náutica, bellas artes, oratoria,</span><br /> +<span style="margin-left: 5em;">brahmánica y gentil mitología,</span><br /> +<span style="margin-left: 5em;">sacra, profana, universal historia</span><br /> +</p> + +<p>Y otras mil curiosidades.</p> + +<p>Si a pesar de tanta riqueza de ingredientes el pasto espiritual que doy +al público resulta desabrido o empalagoso, no te negaré que he de +afligirme, pero me servirá de consuelo lo inocente de mi trabajo. Nada +más inocente que componer un libro de entretenimiento aunque no +entretenga. Con no leerle evitará toda persona discreta el mal que +involuntariamente pudiera yo causarle. Yo no trato de enseñar nada ni de +probar nada. Si alguien deduce consecuencias o moralejas de la lectura +de este libro, él, y no yo, será responsable de ellas. Yo sólo pretendo +divertir un rato a quien me lea, dejando a los sabios enseñar y +adoctrinar a sus semejantes, y dejando a nuestros hombres políticos la +difícil tarea de regenerarnos y de sacarnos del atolladero en que nos +hemos metido.</p> + +<p>He de confesarte, sin embargo, que a veces tengo yo pensamientos algo +presuntuosos, porque creo que el mejor modo de obtener la regeneración +de que tanto se habla, es entretenerse en los ratos de ocio contando +cuentos, aunque sean poco divertidos, y no pensar en barcos nuevos, ni +en fortificaciones, ni en tener sino muy pocos soldados, hasta que +seamos ricos, indispensable condición en el día para ser fuertes. Ser +fuertes en el día es cuestión de lujo. Seamos pues débiles e inermes +mientras que no podemos ser lujosos. Imitemos a Don Quijote, cuando +quiso hacerse pastor después de vencido por el Caballero de la Blanca +Luna. Mientras que unos esquilan las ovejas y mientras que otros recogen +la leche en colodras y hacen requesones y quesos, aumentando así la +riqueza individual, y por consiguiente, la colectiva, nosotros, o al +menos yo, incapacitados por la vejez para tan útiles operaciones, +empleémonos en tocar la churumbela, el violón u otro instrumento +pastoril para que se recreen las ovejas.</p> + +<p> +<span style="margin-left: 5em;">De pacer olvidadas escuchando</span><br /> +</p> + +<p>o quizás consolándose de que poco o nada les dejen que pacer los +rabadanes. A fin de vivir contentos en esta forzosa Arcadia, recordemos +vuestras pasadas glorias, no superadas aún por los pueblos más pujantes +y engreídos que hay ahora en el mundo, y compongamos, con dichos +recuerdos y con el buen humor que no debe abandonarnos, historias como +la que yo te ofrezco, la cual, si no es amena, es por su benigna y +candorosa intención, digna de todo aplauso. Date tú el tuyo, defiéndeme +con indulgente habilidad de los que me censuren y créeme siempre tu +afectísimo amigo y pariente,</p> + +<p class="derecha">Juan Valera</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="En_el_claustro" id="En_el_claustro"></a>En el claustro</h2> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="Ia" id="Ia"></a>-I-</h2> + + +<p>En el primer tercio del siglo XVI, y en un convento de frailes +franciscanos, situado no lejos de la ciudad de Sevilla, casi en la +margen del Guadalquivir y en soledad amena, vivía un buen religioso +profeso, llamado Fray Miguel de Zuheros, probablemente porque era +natural de la enriscada y pequeña villa de dicho nombre.</p> + +<p>No era el Padre alto ni bajo, ni delgado ni grueso. Y como no se +distinguía tampoco por extremado ascetismo, ni por elocuencia en el +púlpito, ni por saber mucho de teología y de cánones, ni por ninguna +otra cosa, pasaba sin ser notado entre los treinta y cinco o treinta y +seis frailes que había en el convento.</p> + +<p>Hacía más de cuarenta años que había profesado. Y su vida iba +deslizándose allí tranquila y silenciosa, sin la menor señal ni indicio +de que pudiese dejar rastro de sí en el trillado camino que la llevaba a +su término: a una muerte obscura y no llorada ni lamentada de nadie, +porque Fray Miguel, aunque no era antipático, no era simpático tampoco, +se daba poquísima maña para ganar voluntades y amigos, y, al parecer, ni +en el convento ni fuera del convento los tenía.</p> + +<p>En vista de lo expuesto, nadie puede extrañar que hayan caído en el +olvido más profundo el nombre y la vida de Fray Miguel.</p> + +<p>Ya verá el curioso lector, si tiene paciencia para leer sin cansarse +esta historia, las causas que me mueven a sacar del olvido a tan +insignificante personaje.</p> + +<p>Son estas causas de dos clases: unas, particularísimas, que se sabrán +cuando esta historia termine; y otras tan generales, que bien pueden +declararse desde el principio y que voy a declarar aquí.</p> + +<p>Todo ser humano, considerado exterior y someramente, es indigno de +memoria, si no ha logrado por virtud de sus hechos o de sus palabras, +habladas o escritas, influir poderosamente en los sucesos de su época, +haciendo ruido en el mundo. Los que ni por la acción ni por el +pensamiento, revestido de una forma sensible, logran señalarse, pasan +como sombras sin dejar rastro ni huella en el sendero de la vida y van a +hundirse en olvidada sepultura, sin que nadie deplore su muerte y sin +que nadie, al cabo de pocos años, y a veces al cabo de pocos días, se +acuerde de que vivieron.</p> + +<p>Y, sin embargo, cuando por cualquier medio o estilo acertamos a penetrar +en las profundidades del corazón y en los más apartados y obscuros +aposentos del cerebro del personaje al parecer más insignificante, todo +suele cambiar de aspecto en la idea que formamos de él, ya que +descubrimos allí multitud de pensamientos maravillosos y de soberanas +aspiraciones, y un mar tempestuoso de apasionados sentimientos, que ora +sean buenos, ora sean malos, si llegan a ser grandes, dan valer e +importancia a la persona que los concibe e inspiran hacia ella un +interés acaso mayor del que nos han inspirado los más famosos varones al +saber sus altas hazañas o al leer sus inmortales escritos.</p> + +<p>Fray Miguel, al empezar este relato y al presentarle yo a mis lectores, +no era escritor, ni predicador, ni por nada se distinguía. Cualquiera +otro fraile de su mismo convento era más notable que él.</p> + +<p>Antes de entrar en la vida religiosa tampoco había conseguido señalarse. +Tenía ya setenta y cinco años cumplidos, y, para todos sus semejantes, +no pasaba de ser una de las innumerables unidades que forman la gran +suma del linaje humano.</p> + +<p>En el convento se sabía poco y a nadie le importaba saber de la vida +pasada de Fray Miguel antes de que fuera fraile.</p> + +<p>Como otros muchos hombres, en aquel largo período de anarquía, +discordias y guerras civiles, que precedió al reinado de los Reyes +Católicos, había buscado por diversos caminos la notoriedad, el poder y +la fortuna, y no había logrado hallarlos.</p> + +<p>Fray Miguel había sido soldado y poeta, que eran las dos profesiones, +por las cuales, no siendo clérigo o fraile, podía un hombre del estado +llano en aquella edad encumbrarse o darse a conocer al menos.</p> + +<p>Fray Miguel había trabajado en balde. No decidiremos aquí si fue la +capacidad o si fue la ventura lo que le faltó en su empresa. Su ambición +y sus propósitos no debieron de ser pequeños si los calculamos por la +significación del nombre que él como trovador y aventurero de armas +tomar había adoptado.</p> + +<p>Fray Miguel se había llamado Morsamor en el siglo.</p> + +<p>Sus versos fueron tan malos o fueron tan infelices que no entraron en +ningún Cancionero, aunque en muchos Cancioneros abundan los detestables, +tontos o fríos. Sus hazañas, si las hizo, no le dieron riqueza, ni +valimiento, ni poder, y no hubo cronista que hablase de ellas en sus +narraciones, ni épico callejero que escribiese un mal romance para +referirlas y ensalzarlas. Dice el refrán que el lobo, harto de carne, se +mete fraile. Morsamor no fue como el lobo. Morsamor no cogió la carne: +apenas columbró la sombra. La desilusión, la esperanza perdida, le trajo +a la vida monástica.</p> + +<p>En ambos reinos, unidos ya bajo el centro de Isabel y Fernando, había +cambiado todo y era menester que Morsamor también cambiase. La paz y el +orden con enérgica severidad habían venido a sobreponerse a la confusión +y al alboroto que estimulaban tanto la ambición y la codicia. Los falsos +antiguos ideales de la Edad Media habían caído por tierra como ídolos +quebradizos, desbaratados y rotos bajo los certeros golpes del cetro de +hierro de los nuevos soberanos. Morsamor no acertaba a descubrir nuevos +ideales: nuevos objetos, término y meta de la ambición humana. A sus +ojos sólo quedaba en pie el venerando e indestructible ideal religioso, +que se alzaba como elevadísima y solitaria torre en medio de un campo +arrasado y lleno de ruinas. Lo único que quedaba como refugio, consuelo +y fin de la vida de Morsamor era la religión. Hízose, pues, religioso +por no saber qué hacerse. Y ya se comprende que esta manera de hacerse +religioso de poco o de nada podía valerle así en la tierra como en el +cielo.</p> + +<p>Harto se comprenderá también, se explicará y se justificará por lo +dicho, el pobre papel que Fray Miguel de Zuheros hacía entre los demás +frailes.</p> + +<p>Sólo Dios sabía lo que guardaba él en el centro del alma. En lo exterior +la figura inconsistente de Fray Miguel, sin color, sin energía y sin +carácter propio, se esfumaba en el espacio e iba lenta y desabridamente +a desaparecer en el tiempo.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="IIa" id="IIa"></a>-II-</h2> + + +<p>De vez en cuando, creciendo en importancia y en frecuencia e +interrumpiendo la monotonía de la vida claustral, llegaban al convento +noticias vagas y confusas que revelaban una pasmosa renovación en la +vida social de la recién formada nación española. Los ideales, por susto +de cuya ausencia se había refugiado Fray Miguel en el claustro, brotaron +entonces en el suelo fecundo de España, le cubrieron todo y vinieron a +llamar con estrépito en su celda al desengañado solitario. Mientras que +Fray Miguel vivía vida contemplativa y obscura, una vida fecunda en +acciones maravillosas se había desenvuelto en toda nuestra Península, +salvando sus límites y confines, y derramándose con irresistible +expansión por el mundo todo. Los reyes unidos de Aragón y Castilla +habían vencido a los portugueses en Toro, vengando la afrenta de +Aljubarrota; habían conquistado el hermoso reino de Granada; habían +expulsado de Italia a los franceses, enseñoreándose de Nápoles y de +Sicilia. Un aventurero genovés había ofrecido llegar a Cipango y al +Catay, atravesando con sus naves el nunca surcado y tenebroso mar de +Sargaso, y el aventurero había descubierto extensas y hasta entonces +incógnitas regiones, donde había ido a plantar la cruz del Redentor y el +pendón de Castilla, dejando entrever y haciendo augurar que la tierra en +que vivimos es mayor de lo que se pensaba y que todo lo oculto y +misterioso que hasta entonces había habido en ella, iba a revelarse y a +manifestarse a nuestros ojos y a ser dominado por castellanos y +aragoneses.</p> + +<p>En competencia con ellos y movidos por idéntico impulso, los portugueses +habían persistido en su casi secular empeño de navegar hasta el extremo +Sur de África, de ir más allá navegando, y de llegar a la India y de +apoderarse allí del comercio, y de la riqueza de que hasta entonces +habían gozado árabes, persas, venecianos y genoveses.</p> + +<p>Iba Fray Miguel enterándose vaga y confusamente de todas estas +novedades. Como era poco comunicativo no decía a nadie la impresión que +le hacían; pero la impresión era profunda, acrecentando su profundidad y +su fuerza, la reconcentración y el sigilo con que en el centro de su +alma lo escondía todo.</p> + +<p>Cualquier ser humano, como no sea depravadísimo, tiene el amor de la +patria, del pueblo, de la tierra en que ha nacido y de la gente a que +pertenece. Este sentimiento es tan natural y tan general que no he de +hacer yo el elogio de Fray Miguel porque le tuviese. Me limito a afirmar +que le tenía. Los triunfos de su nación, el verla trocada de sociedad +desquiciada y anárquica en Potencia temida, influyente y gloriosa, +lisonjeaban el orgullo de Fray Miguel y le tenía muy satisfecho y +orondo. Por nada del mundo hubiera anhelado él que lo que era no fuese; +que de todas las glorias, grandezas y triunfos su nación, resultasen +falsedad y sueño vano de la fantasía. Su corazón se alegraba de que +fuesen reales; pero al mismo tiempo, por extraña aunque frecuente +contradicción de nuestro espíritu, había en el suyo vergüenza y +abatimiento de no haber contribuido a la elevación nacional de que se +admiraba y se enorgullecía. Ni con sus humildes rezos, ya en el templo +solitario, ya en su mezquina celda, había contribuido Fray Miguel a +ninguna de las altas empresas que se habían llevado a cabo. Su corazón +falto de fe y de esperanza y su mente inclinada y torcida a no prever +sino lo peor, no habían podido pedir ni habían pedido al cielo lo +inasequible, lo absurdo, lo que no habían concebido ni en sueños, +comprendiéndolo sólo al verlo en realidad efectiva. España, pobre, +desgarrada por discordias civiles, sin dominio y sin influjo en lo +exterior, se había transformado de repente en la primera nación del +mundo, y Fray Miguel, que en sus verdes mocedades había aspirado a +llenarle de su ama, como trovador y como guerrero, tenía entonces que +confesarse asimismo, en amargo vejamen, que ni como devoto fraile, con +oraciones y súplicas, había contribuido a tan maravillosa transformación +y a tan no prevista ni imaginada grandeza.</p> + +<p>Los nombres gloriosos de navegantes intrépidos, de dichosos e invictos +capitanes, de habilísimos políticos, de negociadores que sabían ganar +ajenas voluntades e imponer la propia, y de administradores juiciosos y +atinados que encontraban recursos sin esquilmar a la nación, todo esto, +a par que halagaba el alma de Fray Miguel en lo que tenía de alma +española y en lo que era como parte del alma superior y colectiva de su +pueblo y de su casta, lastimaba, hería y destrozaba su alma individual, +colmándola de amargo abatimiento y de ponzoñosa envidia.</p> + +<p>Durante muchos años, desde que se retiró Fray Miguel al claustro hasta +mucho después, el completo menosprecio del mundo, o sea del linaje +humano en general y de su pueblo en particular, había estado en perfecta +consonancia con el menosprecio de sí mismo que Fray Miguel sentía, de +donde resultaba una tranquilidad fúnebre. Fray Miguel había estado, +durante muchos años, fúnebremente tranquilo; pero el reciente alto +concepto que de su patria había formado y la consideración del valer, de +las hazañas y de la gloria de los hombres que habían encumbrado su +patria, se contraponían ahora al menosprecio de sí mismo que no podía +menos de seguir sintiendo, y esto levantaba en su alma una tempestad de +celos y hacía retoñar y reverdecer en ella la antigua ambición de su +mocedad, volviendo a ser ambicioso con más de setenta y cinco años +cumplidos. Su corazón latía con violencia lleno de extrañas aspiraciones +bajo el humilde sayal franciscano. Su corazón se agitaba en la vejez +acaso con más poderosas energías que en la juventud. En su juventud +había habido siempre algo de vano en todos sus propósitos ambiciosos: +había puesto la mira en fines confusos o efímeros y poco elevados: en +distinguirse en un torneo o en alguna otra empresa caballeresca +atrayendo la atención y conquistando el afecto de alguna dama hermosa, +encumbrada y noble. Ahora los fines que se proponían, que buscaban y que +alcanzaban los hombres de acción, eran más consistentes, eran más altos +y no por eso menos positivos y sustanciales. El mundo, ignorado antes, +había venido a revelarse con una grandeza real hasta entonces no +percibida y por toda ella iban a extenderse y a triunfar la religión de +Cristo y la civilización de Europa, llevadas par los hijos de Iberia +hasta las regiones más remotas, ya entre gentes bárbaras y selváticas +que separadas del resto del humano linaje no habían seguido su marcha +progresiva y hasta habían olvidado la nobleza de su origen común, ya +entre los pueblos de Oriente donde persistían y florecían aún la poesía +y el saber y el arte de las edades divinas, cuando entendían los hombres +que estaban en comunicación y trato con los dioses y con los genios; por +todas partes, entre todas las lenguas, tribus y gentes, así entre +aquellas, que olvidadas de las primitivas aspiraciones y revelaciones, +se habían hundido en una vida casi selvática, como entre aquellas que, +combinando y fecundando esas aspiraciones y revelaciones primitivas con +los ensueños de una exuberante fantasía, habían creado una portentosa +cultura, en cuya ponderación y admiración permanecían inmóviles.</p> + +<p>Si nos figuramos a todo el humano linaje como inmensa hueste que marcha +a la conquista de una tierra de promisión, los pueblos selváticos y +rudos que hacia el Occidente se habían descubierto, eran como parte de +la hueste que se había extraviado en el camino y que no sólo había +desistido de la empresa sino que la habían olvidado. Por el contrario, +los pueblos que los portugueses habían vuelto a visitar en el Oriente, +abriéndose camino por los mares, se diría que, embelesados en el regalo +y deleite de encantados jardines y orgullosos de su primitivo saber y +del rico florecimiento de la antigua cultura, permanecían aún parados e +inertes. Misión providencial de los hijos de Iberia era sin duda sacar a +los unos de la abyecta postración en que habían caído y despertar a los +otros del sueño secular, del profundísimo letargo en que estaban.</p> + +<p>Esta parte de la misión parecía especialmente confiada a los +portugueses. Habían, como el gentil caballero del antiguo cuento de +hadas, venciendo mil obstáculos y dificultades, penetrado en los +deliciosos jardines y luego en el encantado palacio donde, desde hacía +muchos siglos, la hermosísima princesa estaba dormida.</p> + +<p>El modo que los portugueses emplearon para despertarla del sueño, no fue +a la verdad tan dulce y tan delicado como el del cuento; pero la +realidad tiene sus impurezas y aquellos tiempos eran más rudos que los +de ahora. Valga esto para disculpa de los portugueses.</p> + +<p>Como quiera que ello sea, ya las noticias de nuestros triunfos en +Italia, ya las vagas y confusas narraciones de los descubrimientos que +hacia el Occidente hacían los castellanos de grandes y fértiles islas y +de un dilatado continente, habitado todo por tribus salvajes y decaídas +que no habían llegado o que habían retrocedido hasta el extremo de no +tener animales domésticos, de no ser pastores, de vivir en un estado de +humanidad más rudimentario que el de los pueblos errantes de Asia y de +África, ya las expediciones, victorias y conquistas de Portugal en la +India, que renovaban o eclipsaban las glorias fabulosas del Dios +Ditirambo y las hazañas y empresas reales del Macedón Alejandro y que +obscurecían las leyendas de los siglos medios, todo entusiasmaba y +solevantaba a Fray Miguel de Zuheros; pero lo que más le seducía, lo que +ejercía fascinador influjo en su ánimo y le atraía poderosamente, era el +éxito de los portugueses en la India.</p> + +<p>Acostumbrado Fray Miguel a disimular sus emociones, a no confiarse a +nadie y a no desahogar confesándolo lo que tenía en su pecho, no +mostraba en lo exterior ni para cuantos le rodeaban alteración ni +cambio.</p> + +<p>Como además fijaba poco la atención y todos le tenían por persona menos +notable de lo que era, nadie advertía el cambio imperceptible y lento +que en él se había realizado. Fray Miguel estaba más retraído y +silencioso que nunca. De sus labios no brotaban sino las indispensables +palabras que la necesidad o la cortesía nos obligan a pronunciar en la +vida diaria, y no sonaba su voz en más largos discursos que los de las +devotas oraciones que rezaba en el coro.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="IIIa" id="IIIa"></a>-III-</h2> + + +<p>En contraposición a la insignificancia y obscuridad de Fray Miguel, +había en el mismo convento otro fraile cuya fama y alta reputación de +sabio se extendían por toda la Península y aun trascendían a Italia y a +otras naciones. Se llamaba este fraile el Padre Ambrosio de Utrera. No +había disciplina ni facultad en que no se le proclamase maestro. Era +gran humanista, diestro y sutil en las controversias, teólogo y +jurisconsulto, y muy versado en el estudio de los seres que componen el +mundo visible. Se suponía que de magia natural, astrología y alquimia +sabía cuanto podía saberse en su tiempo, y que él además, a fuerza de +estudios, meditaciones y experiencias, había descubierto grandes +misterios y secretas propiedades y leyes de las cosas creadas, de lo +cual revelaba algo a sus contemporáneos y ocultaba mucho, por considerar +que el humano linaje no alcanzaba aún la madurez y la capacidad, +convenientes para que pudiera confiársele sin profanación o sin +gravísimo peligro la llave de aquellos temerosos arcanos, de los que sin +embargo, se valía él para aliviar muchos males, corregir muchos vicios y +mejorar la condición y la suerte de sus semejantes, los demás hombres.</p> + +<p>El Padre Ambrosio había ido por orden superior y en misión secreta a +Roma.</p> + +<p>No importa a nuestra historia, ni sabríamos declarar aquí, aunque +importase, cuál había sido el objeto de la misión del Padre Ambrosio. +Baste saber que estuvo siete años en Roma, bajo el pontificado de León +X, y que volvió a su convento de Sevilla el año de 1521 en que va a +empezar la historia que aquí referimos.</p> + +<p>A pesar de su grande autoridad como hombre de ciencia y a pesar de la +austeridad de sus costumbres, el Padre Ambrosio era benigno y afable con +todos los hombres y más aún con los desatendidos y desdeñados.</p> + +<p>De aquí que Fray Miguel de Zuheros, si de alguien había recibido +muestras de cariñosa simpatía, había sido del Padre Ambrosio, y si algo +los interiores tormentos de su espíritu había revelado a alguna persona, +esta persona había sido el mencionado Padre.</p> + +<p>Durante su ausencia, pues, Fray Miguel había vivido más aislado y mudo +que nunca.</p> + +<p>Con frecuencia, en las horas de recreo y solaz que en el convento había, +cuando ni los Padres ni los novicios estudiaban, meditaban o rezaban, en +el extremo de la huerta donde había árboles de sombra y asientos de +piedra, el Padre Ambrosio se sentaba rodeado de muchas personas que +componían un atento auditorio, y con fácil palabra les relataba lo que +llamaríamos hoy sus impresiones de viaje.</p> + +<p>Describía el Padre elocuentemente las magnificencias de la Ciudad +Eterna: sus palacios, sus templos y sus majestuosas ruinas.</p> + +<p>El Padre Ambrosio no consideraba sin embargo a Roma como +ciudad-relicario, museo de antigüedades, residuo maravilloso pero inerte +de poderío y grandeza jamás igualados antes ni después en la historia. +Roma para él había sido siempre, y entonces era más que nunca, porque +volvía deslumbrado y hechizado por el esplendor, la elegancia y el lujo +de la corte de León X, Roma era para él en realidad la Ciudad Eterna, la +reina de las ciudades, la capital del mundo. El pensamiento +profundamente católico y español del Padre Ambrosio, si no auguraba, si +no se atrevía a profetizar una monarquía universal, la creía posible y +hasta probable y creía ver en el giro de los sucesos y en el +desenvolvimiento que iban tomando las cosas humanas, que todo se +encaminaba la formación de tan gloriosa monarquía, si monarquía podía +llamarse, y no debía darse otro nombre a lo que imaginaba el Padre. Él +imaginaba que el sucesor de San Pedro, vicario de Cristo y cabeza +visible de la iglesia, había de ser y era menester que fuese el Soberano +que dominase sobre toda la tierra y gobernase y dirigiese al humano +linaje como único pastor a una sola grey. Pero el Padre Santo era +principal ministro de un Dios de paz; en vez de cetro y espada tenía +cayado. No eran sus armas visibles ni capaces de herir el cuerpo sino +los espíritus: sus armas eran la bendición y el anatema. Determinando +mejor su concepto, el Padre Ambrosio miraba todos los territorios, donde +se había plantado la Cruz redentora, como redil amplio, gobernado por el +sucesor del príncipe de los apóstoles, pero gobernado por la persuasión +y por la dulzura y realizando la paz perpetua. Antes sin embargo de +llegar a término tan deseado, era menester el empleo de la fuerza +material para traer a Cristo las cosas todas, para impeler a entrar en +el aprisco a las ovejas descarriadas, y para combatir, matar o domar a +los leones bravos y a los hambrientos lobos que amenazaban el rebaño y +que no le dejaban vivir y pacer tranquilo. El Padre Santo, pues, a pesar +de su inmenso poder espiritual, necesitaba aún, y así estaba prescrito y +decretado en el plan divino de la historia, un poderoso y enérgico brazo +secular que le ayudase en su empresa, que le valiese para la +pacificación de la tierra toda y para lograr que Roma, al cabo, +transfigurada y purificada, en nada se pareciese a la antigua Babilonia, +sino a la Jerusalem refulgente, que el Águila de Patmos vio descender +del cielo, ricamente ataviada con admirables joyas y con la vestidura +nupcial y con las regias galas de la esposa de Cristo. Para el Padre +Ambrosio, en suma, el Padre Santo, en nuestra Ley de Gracia, y en la +nueva Era, en cuyo principio creía él vivir, parecía permanente y más +dichoso Moisés, que no había de ver la tierra prometida desde lo alto +del monte Nebo y allá a lo lejos, sino que había de entrar en ella y +dominarla para bien de todo nuestro linaje. A este fin, el Moisés +permanente pedía al cielo un Josué activo y belicoso, cuya espada +desbaratase y rompiese las huestes enemigas y al son de cuyos clarines +cayesen derribados con espantoso fragor los muros de las fortalezas +infieles, cuya poderosa hacha de armas quebrase y derribase todos los +ídolos y cuyo brazo infatigable acabase por plantar la Cruz del Redentor +en todas las latitudes y en todas las alturas, haciendo que las gentes +fieras y las más remotas y bárbaras naciones, desconocidas antes, +cayesen ante ella postradas de hinojos.</p> + +<p>Este brazo secular, este permanente Josué con que el Padre Ambrosio +soñaba, era el pueblo español y era su soberano: flamante pueblo de Dios +y nuevo e inmortal caudillo que la providencia suscitaría a fin de que +se cumpliesen sus altos designios, de todo lo cual la lozanía juvenil de +todo Portugal, Aragón y Castilla era como signo precursor, era como +primavera riquísima en flores, que alegraban el corazón y ya le daban en +esperanza segura el venturoso y sazonado fruto.</p> + +<p>Tales eran en cifra los ensueños y las ideas con que a su vuelta de Roma +trajo el Padre Ambrosio embargado el espíritu.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="IVa" id="IVa"></a>-IV-</h2> + + +<p>En su trato y relaciones, así con la gente seglar y profana como con la +mayoría de sus hermanos los religiosos, el Padre Ambrosio de Utrera, si +bien mostraba, sin vanidosa ostentación y cuando convenía, la ciencia +teológica que con sus estudios había adquirido y que atesoraba su +inteligencia, todavía guardaba, en lo más hondo y arcano de su mente, +cierta filosofía oculta que la prudencia, y tal vez compromisos y +deberes de secta, le prescribían no revelar por completo a nadie. Algo +sólo podía comunicar a los adeptos e iniciados, según los grados de la +iniciación que tuviesen y según las pruebas que hubiesen hecho.</p> + +<p>Con dificultad hallaba y reconocía el Padre Ambrosio en las personas con +quien trataba las prendas y requisitos necesarios para la iniciación.</p> + +<p>En el convento sólo había tres frailes con los cuales el Padre Ambrosio +se entendía, uniéndolos a él por virtud de misterioso lazo y haciéndolos +participantes con profundo sigilo de sus doctrinas esotéricas, no del +todo ni por igual, sino a cada uno según la aptitud y el vigor de +entendimiento y de voluntad que en él reconocía.</p> + +<p>No se presuma, con todo, que el Padre Ambrosio imaginase que su saber +oculto se oponía en lo más mínimo a las ortodoxas afirmaciones en que +por fe creía y que forman la base de la religión de que era ministro y +sacerdote.</p> + +<p>Sencillo y mero narrador de esta historia, no afirmaré ni negaré yo, que +hubiese o no hubiese error en el pensamiento del Padre Ambrosio. Sólo +diré lo que él pensaba, dejando que la responsabilidad sea suya. Verdad +incontrovertible era para él cuanto está contenido en las sagradas +escrituras, interpretadas recta y autorizadamente por los santos Padres, +por los concilios y por la cabeza visible de la Iglesia; pero, con +independencia de esta verdad, contra la cual nada podía prevalecer, veía +el Padre Ambrosio una amplia extensión, un inmenso y casi ilimitado +campo, por donde la inteligencia, la voluntad ansiosa de descubrir +misterios y hasta la fantasía creadora que forjando hipótesis tal vez +los explica y los aclara, podían volar libremente, sin ofender a Dios, +antes bien, ensalzándole y glorificándole hasta donde es capaz de ello +la pobre criatura humana.</p> + +<p>Para el Padre Ambrosio la revelación era de varios modos y no acababa +nunca. Con frecuencia salían de su boca estas palabras que San Juan, en +su evangelio, pone en los labios de Cristo: <i>Aún tengo que deciros +muchas cosas; mas no las podéis llevar ahora</i>. Muchas cosas quedaban aún +por revelar. De algunas de ellas suponía el Padre Ambrosio que él tenía +conocimiento, pero este conocimiento era incomunicable, al menos para la +generalidad de los hombres, porque <i>ahora</i>, entonces, en el momento en +que el Padre Ambrosio hablaba y pensaba, <i>no las podían llevar</i>, esto +es, no podían comprenderlas.</p> + +<p>Así fundaba el Padre Ambrosio su <i>ocultismo</i> en un texto sagrado.</p> + +<p>Y no por eso desconocía los peligros a que se hallaba expuesto, +penetrando con su espíritu por medio de hondas e inexploradas tinieblas +en busca de nuevas verdades.</p> + +<p>Hasta por prudencia, hasta por caridad repugnaba que le siguieran en tan +peligroso camino los que no tuviesen valor probado y la serenidad y la +elevación de juicio convenientes para no extraviarse, y en vez de hallar +nueva luz caer en transcendentales errores como en profundísima sima.</p> + +<p>En la mente del Padre Ambrosio había además otro motivo que justificaba +la no transmisión de mucha parte de su ciencia. La palabra alada no +podía llevarla materialmente y atravesando el aire desde un cerebro +humano a otro cerebro humano. No había frase, ni giro, ni idioma capaz +de expresar y de formular de modo sensible lo que el Padre suponía haber +aprendido o descubierto allá en las raíces y abismos de su mente cuando +tan hondo penetraba. A resurgir de allí su espíritu se figuraba que +volvía, no ya bañado, sino impregnado de luz vivísima, que sólo podía +pasar inmediatamente a otras almas y no mediatamente por los sentidos +corporales y groseros. Quien anhelase poseer aquella ciencia y el poder +que ejerce sobre la naturaleza quien la posee, no podía adquirirla por +la enseñanza oral o escrita de hombre alguno, sino descendiendo en su +busca hasta los abismos donde quien la traía consigo la había alcanzado.</p> + +<p>En suma, el Padre Ambrosio podía enseñar, y enseñaba, toda aquella parte +más vulgar de su magia, que se fundaba en el conocimiento experimental +del organismo de los seres animados, de hierbas y de metales, de +linimentos y pociones; pero la potencia mágica de su alma, la fuerza que +había tomado el espíritu en la propia raíz de su ser y con la que +avasallaba las substancias materiales y dominaba la naturaleza, esto no +podía transmitirse. Ni por difusión ni por intensidad cabía en esto +adelanto o mejora en la serie de los siglos. Hermes sabía y podía más +que el Padre Ambrosio. En su ciencia intransmisible no había habido ni +podía haber habido progreso. El progreso, la difusión por enseñanza era +dable para los menos iniciados en no pequeño conjunto de noticias, de +secretos raros y de atinada averiguación de propiedades de los seres.</p> + +<p>De los tres adeptos que el Padre Ambrosio tenía, el más adelantado era +el hermano Tiburcio, humilde lego, aunque señaladísimo y estimadísimo en +el convento por su ferviente piedad religiosa.</p> + +<p>Esta piedad había hecho que en un principio mirase el hermano Tiburcio +con repugnancia y hasta con horror al Padre Ambrosio por la fama que con +vaguedad le acusaba de hechicero; mas vencida al cabo la repugnancia, la +doctrina del Padre Ambrosio penetró con ímpetu en el espíritu del +hermano Tiburcio, arrollando toda contradicción y produciendo allí +vivísima fe y devoto entusiasmo.</p> + +<p>El mayor recelo del hermano Tiburcio se había disipado. Había pensado él +que la doctrina ortodoxa debía circundar y encerrar el espíritu como +fuerte muro flanqueado de eminentes torres; y temía que al salir de él +el espíritu orgulloso le derribase o al menos le quebrantase, apagando +los faros luminosos que en las torres resplandecían, y que el espíritu +entonces, perdido, sin guía y sin luz en las tinieblas, jamás volvería a +encontrar su santo refugio.</p> + +<p>A esta objeción, había contestado el Padre Ambrosio valiéndose de un +símil semejante. Así había dominado el temor del hermano Tiburcio.</p> + +<p>—Mi fe religiosa—le había dicho el Padre Ambrosio—es sin duda como +fortaleza inexpugnable, mas no para que yo me quede encerrado en ella +cobarde y ocioso, sino para que me valga como apoyo, y como centro de +mis más atrevidas excursiones y de mis conquistas más gloriosas por las +inmensas e ignoradas regiones, donde el pensamiento humano ha de erigir +un día su trono y ha de fundar su imperio. Sin duda con la fe y con el +amor ayudado de los dones sobrenaturales de la gracia, el alma puede +llegar hasta Dios mismo y unirse en cierto modo con él; pero mi ciencia +profana, sin contradecir la obra sobrenatural de las divinas virtudes, +tiene distinto objeto, que agrada también a Dios, aunque en muy inferior +grado. Yo no soy, ni merezco ser, un santo; pero ¿por qué no he de ser +un sabio, un conocedor de aquella magia, que sin ofender al cielo, sin +buscar el auxilio de genios o de ángeles réprobos y valiéndose sólo de +medios naturales, acierta a producir prodigios pasmosos? En esta ciencia +te iniciaré yo, porque te creo capaz de estudiarla y de alcanzarla. Y +bien puedes estar seguro de que esta mi ciencia profana no se opone ni a +la santidad ni a la pureza de la fe, ni a la perfección ascética y +mística a que puedas elevarte.</p> + +<p>En suma, tantas y tales razones alegó el Padre Ambrosio, que el hermano +Tiburcio hubo de quedar convencido, convirtiéndose en su más apasionado +discípulo y en su más constante satélite.</p> + +<p>De los otros dos iniciados que tenía el Padre Ambrosio, no se fiaba +tanto, aunque también les comunicaba algunos de sus menos hondos +secretos.</p> + +<p>Para los demás frailes y para el resto del humano linaje no iniciado, el +Padre Ambrosio jamás hablaba de su ciencia oculta, pero discurría con +fácil elocuencia sobre todo cuanto del saber paladino o no oculto se +alcanzaba en su época, y trataba de viajes, de planes políticos y de +cuanto presumía que había de suceder en el mundo o que convenía que +sucediese.</p> + +<p>Tales eran en cifra los ensueños y las ideas con que, a su vuelta de +Roma, trajo el Padre Ambrosio embargado el espíritu.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="Va" id="Va"></a>-V-</h2> + + +<p>El Padre Ambrosio era inagotable en las descripciones y pinturas de +cuanto había visto en Roma y de los grandes sucesos que allí había +presenciado o que había allí comprendido mejor por encontrarse él en el +centro del mundo.</p> + +<p>Cada día, en el extremo de la huerta, bajo los álamos frondosos, hacía +el Padre Ambrosio un largo discurso que frailes y novicios escuchaban en +religioso silencio. No siempre comprendía la mayoría del auditorio todo +cuanto el padre describía o contaba; pero, hasta lo menos comprendido +tenía un no sé qué de peregrino y poético que deleitaba y cautivaba la +atención.</p> + +<p>Los discursos del Padre Ambrosio eran como una serie de lecciones en las +cuales instruía a sus oyentes y les mostraba el estado del mundo, en la +edad aquella, y contemplado todo desde el foco mismo de la civilización +cristiana. A veces pintaba el Padre el florecimiento de las artes, y +encomiaba las obras pasmosas de Leonardo de Vinci, de Rafael y de Miguel +Ángel, que venían a eclipsar las obras del arte antiguo, o a competir al +menos con las que resurgían y se extraían del seno de la tierra, en +donde habían estado sepultadas durante largos siglos de obscuridad y de +barbarie. Pugnaba el arte nuevo por imitar el antiguo, pero la misma no +vencida dificultad de la imitación daba ser a un arte distinto.</p> + +<p>Algo semejante ocurría en ciencias y en letras humanas. Comentando, +explicando e interpretando los antiguos filósofos, como Platón y +Aristóteles, se formaba una nueva filosofía, se abrían esplendidos y +dilatados horizontes, y se descubrían caminos y términos con los que +Aristóteles y Platón jamás habían soñado. Como si la tierra de Italia +estuviese fecundada por un espíritu nuevo, hasta los prófugos de la +antigua Bizancio, que habían traído como penates la ciencia y las letras +de los antiguos, las transformaban, al transmitirlas y enseñarlas a los +italianos, en algo lleno de novedad, de vida y de sugestión poderosa. +Esos mismos prófugos, que sin dejar huella, mudos e inactivos, hubieran +acabado en el viejo imperio de Bizancio por disiparse como sombras y por +hundirse en el olvido, arrojados de su patria y en el nuevo suelo que +les daba hospitalidad, habían cobrado inesperada energía, y, difundiendo +su saber, cumplían alta misión civilizadora y dejaban en pos de ellos un +imperecedero y luminoso rastro. En la magnífica puerta de la edad +moderna, arco triunfal que daba entrada a una nueva Era, esos hombres, +escapados de las ruinas de un destrozado imperio y como exhumados y +vueltos a la vida, figuraban y resplandecían ahora entre los fundadores +de nueva y mayor civilización, entre los hierofantes de la ciencia del +porvenir. Bessarión, Láscaris, Teodoro Gaza, Juan Argirópulos, +Chrisóloras, Jemistio Pleton y no pocos otros fueron los iniciadores y +maestros del saber antiguo y como los paraninfos que procuraron y +concertaron las fecundas bodas del poderoso genio del renacimiento y de +la musa helénica.</p> + +<p>En otros días pintaba el Padre Ambrosio el esplendor y la magnificencia +de la corte de León X, a quien rendían tributo todas las naciones y +prestaban respetuoso homenaje los más altos príncipes y poderosos +monarcas. Dábale esto ocasión para ensalzar al pueblo y a los soberanos +de España, que pasmosamente cumplían su misión de dilatar por el mundo +el imperio de la fe cristiana. Entusiasmado con esto el Padre Ambrosio, +pintó a los frailes la pompa triunfal con que Tristán de Acuña entró en +Roma. Tal vez desde los tiempos en que volvió el andaluz Trajano de +conquistar la Dacia, moviendo por última vez al dios Término para que +ensanchase el imperio de Roma, Roma no había presenciado espectáculo más +grandioso. Esta vez los nuevos romanos, los fuertes hijos de Lusitania, +habían llevado al dios Término más allá de donde le llevaron o soñaron +en llevarle Osiris, el hijo de Semele, y Alejandro de Macedonia. Le +habían llevado más allá del Indo y del Ganges. El tremendo conquistador +Alfonso de Alburquerque había recorrido victorioso los mares de Oriente +desde Aden hasta Borneo; había conquistado y destruido reinos, había +hecho tributarias o entrado a saco populosas y ricas ciudades desde +Ormuz, emporio de Persia, India y Arabia, hasta Malaca, en el extremo +sur de Siam. Para capital de los nuevos dominios portugueses había +tomado dos veces por asalto a Goa, en el vecino reino de Villapor, +realizando increíbles hazañas y cometiendo inauditas crueldades. Había +visitado a Ceilán, tierra encantada de las piedras preciosas, delicia +del mundo, patria de la canela y de las perlas. El apóstol Santiago, +montado en su caballo blanco, se aparecía en las más sangrientas +batallas de Alburquerque e iba matando moros. Cristo mismo, para dar +testimonio de la misión divina que a Alburquerque había confiado, le +mostró en el cielo una gran cruz luminosa, hacia el lado de Arabia, +convidándole y excitándole a conquistar a Aden, a ir luego a la Meca a +incendiar y destruir el templo de la Caaba, y a dirigirse por último a +Jerusalem para libertar el Santo Sepulcro. La muerte sorprendió a +Albuquerque en medio de estos últimos colosales proyectos; pero antes de +morir había realizado tan grandes cosas, que el rey D. Manuel, su +augusto y dichoso amo, se complació en darlas a conocer al Papa de un +modo digno y solemne, y para ello le envió como embajador a Tristán de +Acuña, quien había precedido a Albuquerque en el mando de la India y +bajo cuyas órdenes al principio Albuquerque había militado.</p> + +<p>De esta gloriosa embajada portuguesa, que el Padre Ambrosio presenció +durante su permanencia en Roma, hizo el Padre a los frailes un +entusiasta relato.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="VIa" id="VIa"></a>-VI-</h2> + + +<p>La fama, decía el Padre Ambrosio, había anunciado por toda Italia la +novedad singular de la Embajada portuguesa. Gran multitud de forasteros +de todas las repúblicas y principados de Italia acudieron a Roma. +Calles, plazas, balcones y azoteas estaban llenas de gente que se +apiñaba y empujaba para coger buen sitio y ver pasar la procesión desde +la puerta del pueblo hasta el punto en que León X debía recibirla. Era a +fines de Marzo: una hermosa mañana de la naciente primavera. Rompían la +marcha varios heraldos a caballo con los estandartes de Portugal. +Seguían luego, a caballo también, los trompeteros y los músicos tocando +clarines y chirimías. Trescientos palafreneros, vestidos de seda, +llevaban de la rienda otras tantas briosas y bellísimas alfanas, +ricamente enjaezadas con gualdrapas y paramentos de brocado y caireles +de oro. Iba en pos vistosa turba de pajes y de escuderos. Luego todos +los portugueses, eclesiásticos y seculares, que entonces residían en +Roma. Luego los parientes del Embajador, todos en caballos que +ostentaban ricos jaeces. Eran los jinetes más de sesenta hidalgos, que +lucían sedas y encajes, collares y cadenas de oro y de piedras +preciosas, y en los sombreros, cubiertos de perlas, airosas y blancas +plumas. Para mayor decoro y ostentación de la Embajada, marchaban +enseguida muchos empleados y gentiles hombres asistentes al solio +pontificio, y la guardia de honor de Su Santidad, compuesta de arqueros +suizos y de lanceros griegos y albaneses. Capitaneaba la segunda parte +de la procesión el caballerizo mayor del rey, Nicolás de Faría, quien +montaba un magnífico caballo con arreos cubiertos de oro y tachonados de +perlas.</p> + +<p>Inmediatamente marchaban dos elefantes, en cuyas torres iban los +presentes que el rey don Manuel enviaba al Papa. Con fantásticos y +vistosos trajes, <i>naires</i> de la India, montados en el cuello de aquellos +gigantescos cuadrúpedos, los iban dirigiendo. Después aparecía lo más +espantoso de aquella pompa. Montado en un soberbio alazán de Persia iba +un domador de Ormuz, que llevaba a las ancas, en el mismo caballo y casi +abrazado con él, un tigre domesticado. En carros, y encerrados en +jaulas, iban después leopardos y otras alimañas feroces que el rey don +Manuel regalaba al Papa, además de las joyas, de la canela, de la +pimienta, del clavo, de las armas y de los tejidos y bordados del +Oriente. La Embajada venía en pos de todo esto formando un conjunto +deslumbrador. Marchaba primero el ilustre poeta García de Resende, +recopilador del Cancionero que lleva su nombre, y Secretario de la +Embajada, y le seguían los reyes de armas de Portugal con sus lucientes +cotas y los maceros del Papa, que precedían al Embajador Tristán de +Acuña. Este, por la riqueza de su traje, por su gentil y noble presencia +y por la pujanza y hermosura del corcel en que cabalgaba, dejaba +eclipsados a todos los caballeros y personajes que iban en torno de él +formando comitiva; al Gobernador de Roma, al duque de Bari, a los +Obispos y a los Arzobispos y a los Embajadores de Alemania, Francia, +Castilla, Inglaterra, Polonia, Venecia, Milán y otros Estados.</p> + +<p>Al ir desfilando esta procesión, la multitud entusiasta lanzaba sonoros +vivas y altos gritos de admiración y de aplauso, mientras que +estremecían el aire el estruendo de las salvas de artillería y el +repique de campanas de todas las iglesias de Roma.</p> + +<p>El Padre Santo aguardó la Embajada y la vio venir desde el balcón +principal de la Mole Adriana o Castillo de Santángelo, donde se parecía +cercado de cardenales, príncipes y altos dignatarios. Los elefantes, +cuando estuvieron a la vista del Papa, metieron las trompas en unas +calderetas de oro, que para el caso iban preparadas y llenas de +exquisita agua de olor, y lanzaron luego el líquido que en las trompas +habían absorbido, perfumando a la muchedumbre.</p> + +<p>Al referir todo esto, el Padre Ambrosio encumbraba el concepto que de +Portugal debía tenerse; pero, en su mente, era más alto aún el concepto +que Aragón y Castilla le merecían. El Papa Alejandro VI había repartido +y dividido el mundo entre las dos monarquías de la Península. Por lo +pronto, Portugal brillaba más, pero la empresa de Aragón y Castilla era +más sublime, gloriosa y difícil, y por lo mismo tardaba más en +realizarse. Ambos pueblos iban buscando la cuna de las primeras +civilizaciones; los orientales alcázares del Sol, donde le recibía en su +tálamo la Aurora; el imperio en que se cría la seda, y la tierra fértil +de las especias y de los aromas. Los portugueses habían llegado ya, +caminando hacia Oriente. Los castellanos, caminando hacia el Occidente, +ansiosos de circunnavegar el planeta, habían hallado un imprevisto +obstáculo, un valladar inmenso, un continente extensísimo que se +dilataba millares de leguas, casi desde un polo a otro, y que les +cerraba el camino de Cipango, del Catay y de la India. El mundo +resultaba mucho mayor de lo que se habían imaginado. En la realidad, o +más bien en el concepto de los hombres, era ya más que doble. Colón, +creyendo hallar la India y la China, había hallado un nuevo mundo. A los +castellanos incumbía civilizarle, erigir en él la cruz de Cristo, +edificar en él templos y palacios y fundar en él ciudades y repúblicas. +La tarea era más ardua, aunque al principio menos lucida. Todo ello, no +obstante, no se oponía, y ya el Padre Ambrosio lo pronosticaba, a que, +salvado el valladar del enorme continente nuevo, surcasen las quillas +castellanas más largos y desconocidos mares, diesen la vuelta al mundo y +encontrasen, caminando siempre hacia el ocaso, a los portugueses en el +extremo Oriente victorioso.</p> + +<p>Agitado por inspiración profética, el Padre Ambrosio predecía ya como +muy cercano, como muy próximo a realizarse este glorioso acontecimiento, +el mayor y el más trascendente de la historia humana después de la +tempestuosa proclamación de la Ley antigua en la cumbre del Sinaí, y +después del tremendo drama del Calvario que redimió a los hombres, y que +con sangre divina lavó sus pecados y confirmó la Ley nueva.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="VIIa" id="VIIa"></a>-VII-</h2> + + +<p>Con mayor atención que nadie, y con avidez reconcentrada y silenciosa, +oía Fray Miguel todos los discursos del Padre Ambrosio, y su alma ardía +cada vez más en el fuego de dos violentas pasiones. Una de ellas, el +orgullo de nación y de casta, plenamente satisfecho, ensanchaba su +corazón y tal vez le hacía latir, brioso y alegre, como allá en los años +de su juventud primera. La otra pasión era de envidia, de creciente +abatimiento, de rabia y de menosprecio de sí mismo, al considerar su +obscura insignificancia, y sus ocios viles y abyectos, durante mis de +cuarenta años, en los cuales se había renovado el mundo, se había +revelado y más que duplicado a los ojos de las asombradas naciones +europeas, y España había surgido entre ellas y se había levantado por +cima de ellas, triunfante, cubierta de laureles, abriendo ancha entrada +y largo camino a un porvenir de mayores glorias y conquistas. Este +segundo sentimiento predominaba en el alma de Fray Miguel y le ponía más +tétrico y silencioso. Ninguno de los frailes, sus compañeros, notaba ni +por indicios el tormento infernal que desgarraba el corazón del +ambicioso Fray Miguel, y que para un observador perspicaz y que sintiese +por él algún afecto, se vislumbraba en su pálido y demacrado rostro, en +las muecas nerviosas y como de réprobo que involuntariamente hacía de +vez en cuando, y en el brillo calenturiento de sus hundidos negros ojos, +a los cuales, así como a la despejada y blanca frente, daba casi siempre +sombra la capucha.</p> + +<p>El Padre Ambrosio fue el único que entrevió el tempestuoso estado del +ánimo de Fray Miguel y la ambición y la envidia que le devoraban y que +el propio Padre Ambrosio, al principio irreflexiva e involuntariamente, +había con sus discursos solevantado y exacerbado.</p> + +<p>El Padre Ambrosio tuvo compasión de Fray Miguel: pensó en consolarle y +hasta en curarle y anheló en esta obra de misericordia desplegar todos +los poderes que su ciencia oculta le había dado y acudir a los +misteriosos recursos de la magia, de la alquimia y de otras artes +adquiridas por él a fuerza de estudios y de largas vigilias.</p> + +<p>El Padre Ambrosio jamás había ejercido ni querido ejercer cargo en el +convento. Hubiera podido ser guardián, pero era sencillamente un fraile +como otro cualquiera. Su extraordinaria reputación inspiraba, no +obstante, el respeto más profundo. Y más que el Padre guardián por su +dignidad y oficio, se hacía él respetar, obedecer y temer por las +singulares prendas de su carácter, por su inteligencia, por su saber y +por los poderes sobrenaturales que se le atribuían.</p> + +<p>Movido a compasión como ya hemos dicho, y excitado también por la +curiosidad y el empeño de penetrar en el fondo obscuro de un corazón +humano cuya profundidad vislumbraba, el Padre Ambrosio, después de uno +de los discursos que solía pronunciar bajo los álamos, citó a Fray +Miguel para que fuese a hablar con él en su celda.</p> + +<p>—Tengo—le dijo—no pocas cosas que confiarle y muchas más que +preguntarle a las que quiero que en puridad me responda, sin reserva ni +disimulo.</p> + +<p>Fray Miguel acudió a la cita a altas horas de la noche, entre completas +y maitines.</p> + +<p>El Padre Ambrosio aguardaba en su celda. Sobre la mesa de nogal ardía +una lámpara que iluminaba el rostro del Padre Ambrosio. Era el Padre más +anciano que Fray Miguel. Su frente calva y su barba luenga y blanquísima +le daban muy venerable aspecto. Sobre la mesa, además de la lámpara, +había recado de escribir, un crucifijo de metal sobre una cruz de ébano, +varios libros manuscritos e impresos y una calavera.</p> + +<p>Cuando entró Fray Miguel, el Padre Ambrosio le indicó para que se +sentase un sillón de brazos, al otro lado de la mesa y enfrente al que +él ocupaba.</p> + +<p>Sentado Fray Miguel y en silencio, el Padre Ambrosio habló de esta +suerte:</p> + +<p>—Hermano, mi vista, que penetra y escudriña los corazones, ha penetrado +en el tuyo y ha visto que está lleno de ambición, de codicia, de sed de +deleites, honores y poder, y de desesperación, porque en tu mocedad no +pudiste alcanzarlos, y hoy, abrumado por la vejez, no te queda ni la más +leve esperanza. Por despecho, hace ya más de cuarenta años, abandonaste +el mundo y la vida activa, creyéndote capaz de la vida contemplativa y +mística. Mas por el pensamiento eres menos capaz de elevarte que por la +acción, y ahora, al ver cuánto han conseguido por la acción los hombres +de tu edad y de tu pueblo, aunque como español te enorgulleces, te +acibaran el patriótico orgullo y te roen las entrañas la envidia de esos +hombres y la contemplación de la obscura y estéril inercia en que tú has +vivido. Si yo creyese que se aproximaba la plenitud de los tiempos y que +el linaje humano en las vías que sigue, trazado por el mismo Dios, se +hallaba cerca del término que deseo y que considero infalible, yo +condenaría esas pasiones que te agitan y te atormentan. Pero como hay +mucho que combatir y muchos obstáculos que vencer todavía, tal vez +durante siglos, yo aplaudo los poderosos estímulos que en ti hay, y +aunque renacidos tan tarde y tan fuera de sazón, no quiero sofocarlos, +sino darles pábulo y hasta satisfacción en cuanto esté a mi alcance, +valiéndome para ello de mi ciencia portentosa. Yo, al contrario que tú, +he desdeñado siempre la acción material; en vez de dominar el mundo, me +he satisfecho con contemplarle, pero al contemplarle, le he comprendido, +y comprendiéndole, me he enseñoreado de él con poder más amplio y más +hondo y seguro que el de los más poderosos soberanos. Ellos además no +dominan sino lo presente; el término de su vida ha de ser el término de +su imperio. Yo hasta cierto punto domino también en el porvenir. Mi +dominio es de dos modos: uno por el conocer; en los casos humanos hay +una parte que indefectiblemente se cumple en virtud de leyes eternas y +de plan divino. La marcha de los sucesos es como el curso de los astros: +no hay potencia humana que los desvíe de la senda que tienen trazada +desde la eternidad, en el tiempo y en el espacio, en la tierra y en el +cielo. Pero al comprender yo la ley que siguen, mi inteligencia se +enseñorea de la ley como si la impusiera, porque mi voluntad coincide en +tan elevado punto con la inteligencia y con ella se identifica. Dentro +de esta ley, dentro de la amplia senda que siguen los sucesos, se mueve +con holgura el libre albedrío del hombre, y caben determinaciones y +hechos, que nosotros podemos modificar o producir.</p> + +<p>En esta parte secundaria puedo yo valerte. Acudiré a una comparación a +fin de que mejor lo entiendas. Figúrate que la historia de nuestro +linaje es como drama maravilloso, compuesto por un divino poeta, el cual +ni consiente ni puede consentir que se altere, ni se cambie ni una +sílaba, ni un tilde de lo que ha compuesto. El drama ha de representarse +sin modificación, sin supresión y sin añadidura: tal como lo escribió el +poeta: pero tal vez el sabio empresario, tal vez el director de escena +pueda repartir a su gusto los papeles. La sabiduría eterna, que todo lo +prevé, previó también esta repartición, pero no la dispuso. Dejó que la +libertad humana la dispusiera. Ahora bien, yo creo, o mejor dicho, yo +doy por seguro que, en virtud de mi ciencia y por los poderes que mi +ciencia me otorga, puedo conceder o dar un papel brillante a quien mejor +me parezca, aunque no ciegamente, sino después de ciertas pruebas y +examen que justifiquen mi elección y que me demuestren a las claras ser +digno de ella el elegido. Las pruebas son terribles. ¿Querrás tú, podrás +tú someterte a esas pruebas?</p> + +<p>En el rostro de Fray Miguel, al escuchar con atención el anterior +discurso, se pintaban muy diversos sentimientos que ya se sucedían, ya +coexistían, combatiendo unos contra otros por la posesión de su alma. +Interrogado por el Padre Ambrosio, le contestó de esta manera:</p> + +<p>—Me deleita y me pasma lo que dices, pero he de confesarte que entiendo +algo de ello de un modo confuso, que hay algo que no entiendo de ningún +modo, y que sin dudar de tu buena fe, dudo del poder de tu ciencia y +recelo que el amor propio te lleve a dilatar fantásticamente sus límites +mucho más allá de donde en realidad llega su imperio. No negaré yo que +tú has leído en mi alma como en un libro abierto y sabes cuanto en ella +hay. No admiro, sin embargo, tu penetración. Antes de que años ha te +fueses a Roma, ganaste mi confianza y lograste que te descubriera yo +entonces parte de las pasiones que me agitaban. No lo has olvidado. +Después ha sido fácil y es poco pasmoso, aunque yo nada te he dicho, que +hayas adivinado que mi mal, en vez de remediarse, ha ido en aumento. De +lo que yo dudo ahora es de que esté en tu mano dar a mi mal remedio. Ni +mi mal le tiene ni tú se le buscas ya por medio de la religión. Lo +repugna mi espíritu cada vez más pervertido y agriado. Cuando abandoné +el siglo y el mundo y vine a refugiarme en el claustro, me impulsaban y +halagaban ambiciosas esperanzas que también al fin se han desvanecido. +En la tierra no había logrado yo, o por caprichos de la adversa fortuna, +o por mengua de mi entendimiento, o de mi voluntad, elevarme entre los +demás hombres por fama, poder o riqueza, pero confiaba en que con las +energías de mi anhelo podría yo conquistar el reino de Dios y alcanzar +en él bienes superiores a todo el poder que en la tierra despliegan los +hombres, a toda la riqueza de que gozan y a toda la fama y crédito que +conceden. En el día de hoy estoy ya desesperado. Reconozco que todo fue +vana ilusión de mi orgullo. Ignoro si es culpa mía o de mis hados +adversos. Bien puede ser que mi entendimiento carezca de alas para +elevarse a ciertas alturas, que no haya impulso en él para penetrar en +el abismo de lo sobrenatural, ni que mi alma acierte a hundirse en él +valerosamente por un arranque de abnegación y por la irresistible fuerza +del amor divino. Ello es que yo, y perdóneme Dios el concepto grosero +que formo de su reino, ello es, repito, que aun suponiendo que, +acrisolado y purificado por mil tormentos, que hacen un purgatorio de mi +vida, logre entrar en el cielo, haré en él tan insignificante, vil y +desairado papel como el que en la tierra he hecho. ¿Qué seré yo al lado +de los santos gloriosos, de los heroicos mártires, de los que asombraron +al mundo con sus penitencias, de los que difundieron por cuantos son sus +climas y, regiones la hermosa doctrina del Cordero inmaculado? En el +cielo, pues, será delirio de mi imaginación perversa, pero aun cuando yo +me ponga, me pongo entre la más baja plebe. Y mi envidia, y mis celos, y +mi rabia, en intensidad y en duración, toman las colosales proporciones +de la vida eterna, y me burlan y me convierten el cielo en infierno. A +extremo tan horrible ha venido a parar mi fe religiosa, que hasta +imaginándome salvado, soy precito. Mi ser íntimo está formado de suerte, +que nunca en mi sentir, ni en otra vida mejor, como nunca no atine yo a +ganarlas en esta, podrá hallar satisfacción, paz y ventura. El desengaño +amargo, el conocimiento de mi impotencia, el recuerdo ponzoñoso de mis +derrotas, subirán conmigo a la gloria, aunque yo suba a la gloria, y me +la trocarán en espantoso infierno. Sí, Padre, el infierno está en mi +alma; en lo más profundo de ella he querido esconderle, pero no he +podido engañar a Dios; Dios lo ha visto y no me llevará a su cielo +cuando el infierno está en mí. Yo me explico la abnegación, yo me siento +capaz de todo sacrificio, yo desdeñaría honras, poder y deleites, y lo +dejaría todo, y haría vida penitente y me abrasaría entonces en amor +divino; pero necesito antes tener esas honras, alcanzar ese poder, tener +en mi mano cuantos deleites y venturas hay en la tierra, para poder +luego desdeñarlos y sacrificarlos. Pero no teniéndolos ¿qué desdeño ni +qué sacrifico? Yo me he metido fraile creyendo que no servía sino para +fraile. Luego he descubierto con horror y asco de mí mismo que ni para +fraile sirvo. Ahora quisiera yo desgarrar y tirar mis hábitos, volver al +mundo y acometer y llevar a cabo empresas tales que justificasen mi +ambición, que la justificasen a mis propios ojos y que anonadasen el +desprecio con que a mí mismo me miro y con que al mirame me mato, pero +con muerte que no tiene fin y cuya horrible eternidad está en mi +conciencia.</p> + +<p>—Singular extravío de tu espíritu—interpuso con calma el Padre +Ambrosio—fue el que te trajo al claustro, confundiendo y tomando el +despecho por verdadera y santa vocación. Pero tú eres tan valiente como +ambicioso, si nada te asusta ni te arredra, yo podré, no remediar tu +mal, pero ponerte en situación de que tú mismo le remedies, de que +satisfagas tus ambiciosos propósitos, de que apartes de ti la duda que +puedes o de que no puedes, y de que realices los esfuerzos de tu +voluntad, haciéndolos fecundos. Mi ciencia, por ti, puede hacer un +milagro. Te advierto, no obstante, que no puede hacerle ni le hará mi +ciencia sin tu auxilio. En la producción del milagro, por tanto o por +más que mi ciencia han de entrar y han de ser parte tu fe, tu plena +confianza en mí, tu firme decisión y tu brío. He de poner a prueba tu +valor. Veremos si desfalleces.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="VIIIa" id="VIIIa"></a>-VIII-</h2> + + +<p>El Padre Ambrosio, en pago de la confianza que a Fray Miguel infundía, +quiso mostrarse no menos confiado.</p> + +<p>—Yo no puedo revelarte—le dijo—mi oculto saber. Se oponen a ello por +sentencia unánime los iniciados y maestros. En el estado que hoy tiene +la sociedad humana, divulgar mis secretos sería causa de una +perturbación espantosa. El gran Raimundo Lulio amenaza con la +condenación eterna a quien los divulgue. La doctrina debe permanecer +oculta y sólo transmitirse entre los iniciados por medio de misteriosos +símbolos y para el vulgo indescifrables figuras. La llave del tesoro ha +de confiarse sólo a quien sea capaz de custodiarla. La ciencia no es un +sueño vano. Todo está escrito desde hace más de sesenta siglos, pero son +pocos, muy pocos los que entienden lo escrito y lo interpretan. Hermes, +tres veces grande, con un buril de diamante hecho ascua grabó todo lo +sustancial de la ciencia en una lámina de esmeralda y dejó escondida la +lámina en la mayor de las pirámides de Egipto, en recóndito y estrecho +aposento, a donde no podía llegarse sino por un revuelto e inextricable +laberinto, o bien por la violencia de un héroe conquistador de +sobrehumanas facultades. Alejandro de Macedonia halló la lámina de +esmeraldas, pero no la comprendió. Ni Aristóteles ni ninguno de los +sabios que después ha habido, la han interpretado y comentado como se +debe. Yo me lisonjeo de entender todo su sentido, pero no quiero ni +puedo explicártele ni me entenderías aunque te le explicase. El que le +entiende, la lámina misma lo declara, tendrá toda la gloria del mundo y +de en torno suyo se apartarán las tinieblas. Yo no puedo darte la +ciencia. La ciencia que poseo es intransmisible, pero puedo y quiero +darte los bienes que de la ciencia dimanan, que yo desdeño porque soy +superior a ellos, pero que sujeto a mis órdenes. Sígueme si tienes +valor; sube conmigo a mi laboratorio y allí verás cómo se agitan los +misteriosos poderes y cómo las energías ocultas realizan +transformaciones y van más allá, y trasmutan las sustancias, y de lo +sólido y duro sacan el oro, y en lo aéreo y difuso hallan el movimiento +y la fuerza y los medios de renovar y de reconstituir la vida. Si tienes +valor, si presencias sin temblar y sin desmayarte mis tremendas +operaciones y te sometes a ellas, yo te prometo que te devolveré el +vigor de la mocedad y los medios de ponerte a prueba por segunda vez, y +sin perder tiempo ver de un modo definitivo si vales o no vales.</p> + +<p>Dicho esto, el Padre Ambrosio, tomando en la mano la lámpara que ardía +sobre la mesa y sirviendo de guía, hizo entrar a Fray Miguel en la +mezquina alcoba donde tenía su cama. Allí había en el ángulo formado por +las paredes del fondo y lado derecho una estrechísima escalera de +caracol, por donde ambos frailes subieron más de treinta escalones. Al +extremo de ellos había una compuerta que el Padre Ambrosio levantó con +facilidad. Ambos se encontraron entonces en un espacioso camaranchón, +lleno de extraños objetos que provocaron la admiración y el asombro y +despertaron la curiosidad de Fray Miguel de Zuheros. En varios anaqueles +multitud de vasijas de barro, ampolletas de vidrio, redomas y pomos, que +contenían sin duda extrañas drogas; arrimados a la pared o suspendidos +de ella dos esqueletos humanos y pájaros y reptiles disecados; en +diversos poyos, en mesas, en hornillas y en anafes, retortas, embudos y +vasos de metal y de arcilla; en la gran chimenea de campana, que estaba +en la pared opuesta al sitio por donde habían entrado, ardía un poco de +leña en medio de rescoldo y ceniza. En el centro de la estancia una +lámpara de bronce, pendiente del techo por una cadena, derramaba luz más +viva, clara e intensa que la producida por la combustión de la cera y +del aceite. Casi debajo de la lámpara había un atril y en el atril un +gran libro manuscrito en pergamino. El Padre Ambrosio se acercó al libro +y dijo:</p> + +<p>—Esta es la Alegoría de Merlín.</p> + +<p>Luego leyó, extractando e interpretando en nuestra lengua vernácula el +contenido de las páginas por donde el libro estaba abierto:</p> + +<p>«Él quiso beber del agua que le agradaba. Se la trajeron y bebió. Se +puso muy pálido. Sintió grandes dolores como si le arrancasen con +tenazas pedazos de su cuerpo. Invadieron su ser la pesadez y la fatiga. +Cayó por último en profundo letargo. Ha muerto, decía la gente. El +médico que le dio el agua le ha envenenado. Menester será enterrarle o +quemarle antes de que se pudra e inficione toda la tierra. Pero el sabio +médico no consintió que le enterrasen. Le puso en una caja de hierro en +forma de cruz, ungiéndole antes con raros linimentos y olorosos +bálsamos. Cercó de fuego y de llamas el féretro metálico, y pronto, muy +pronto volvió a la vida el que parecía muerto, y volvió tan lleno de +hermosura y de fuerza, que todos le amaban y los reyes y los poderosos +de cuantas naciones hay en el mundo le honraban y le temían».</p> + +<p>El Padre Ambrosio cerró entonces el libro y continuó hablando de esta +suerte:</p> + +<p>—Algo semejante al procedimiento alegórico del sabio puedo yo hacer +contigo. De tu confianza en mí y de tu valor depende el logro de tu +deseo. Un extracto, una quinta esencia de la piedra filosofal es +ardiente líquido que puede y debe dar, ya que no la inmortalidad, +juventud, fuerza y plena duración de vida. Si te sometes, me atrevo a +hacer en ti la peligrosa experiencia. Hay quien afirma que mi maestro +Lulio consiguió remozarse, que Alán de la Isla vivió cerca de dos +siglos, que Nicolás Flamel vivió cuatro, y que frisó en la edad de mil +años el sabio Artefio. Algo de esto entiendo yo que podré hacer contigo +si tú te prestas y si Dios me ayuda.</p> + +<p>Fray Miguel de Zuheros permaneció en silencio por no saber qué +contestar, lleno de dudas y recelos. Era naturalmente incrédulo y +desconfiado, y su corta ventura y los muchos y tristes años que había +vivido, habían arraigado en su alma y acrecentado más cada día la +incredulidad y la desconfianza. Ora dudaba del saber del Padre Ambrosio +atribuyendo a jactancia sus ofrecimientos, ora recelaba de un modo +confuso que el Padre Ambrosio intentaba hacerle juguete de una burla +cruel para reprimir y humillar su ambición impotente e inveterada.</p> + +<p>Notando el Padre Ambrosio que la vacilación, que el recelo causaba el +silencio de Fray Miguel, habló de nuevo y dijo:</p> + +<p>—Te callas y vacilas y no lo extraño ni lo censuro. Para que yo haga +contigo lo que puedo hacer, se necesita que te fíes de mí por completo, +que me rindas todas las potencias de tu alma, que seas entre mis manos, +mientras duren mis operaciones mágicas, como masa inerte, sin voluntad, +sin entendimiento y sin sentido. No bastaría que yo por fuerza o por +astucia te despojase de todo. Se requiere que tú mismo te despojes y te +sometas a mi poder con abnegación sin límites. Y no quiero ni exijo yo +que esto sea de repente y como por sorpresa. Te concedo tres días para +que lo pienses y lo decidas. Al cabo de ellos, ven por aquí, a la misma +hora en que has venido esta noche, a decirme la determinación que hayas +tomado. Ahora vete a tu celda.</p> + +<p>Respondiendo sólo con una profunda inclinación de cabeza, obedeció Fray +Miguel; bajó del camaranchón antes que el Padre Ambrosio, y +despidiéndose de él atravesó los oscuros claustros, levemente iluminados +por la luz de las estrellas y por una lamparilla que ardía ante un +crucifijo pendiente del muro, y se retiró a su celda, todo conmovido por +los mil encontrados pensamientos, deseos y temores que combatían por la +posesión de su alma.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="IXa" id="IXa"></a>-IX-</h2> + + +<p>Desde que se retiró a su celda Fray Miguel de Zuheros, hasta que pasaron +los tres días y se cumplió el plazo señalado por el Padre Ambrosio, la +agitación del ánimo de Fray Miguel fue grandísima y apenas le dejó pocos +instantes de reposo. Su sueño fue breve y lleno de extrañas visiones. La +destemplanza de su sangre y la excitación de sus nervios ya le hacían +tiritar con intenso frío, ya sofocarse hasta sudar con el calor de la +calentura. Motivo y no pretexto tuvo para no asistir por enfermo ni al +coro ni al refectorio. Acudió, no obstante, aunque sin comer apenas y +casi sin desplegar los labios sino para murmurar sus rezos.</p> + +<p>Fray Miguel no habló con nadie, pero habló mucho consigo mismo, en +aquella conversación interior y profunda, cuyas palabras y frases no es +menester que suenen o en la que tal vez se dice y se representa todo de +un modo más directo y más vivo, sin acudir a los signos arbitrarios de +las frases y de las palabras.</p> + +<p>Punto menos que imposible, es reproducir aquí lo que Fray Miguel pensó y +se dijo. En todo discurso, si se enuncia por el lenguaje humano, las +imágenes, las pasiones y los pensamientos van tomando forma, +sucediéndose y mostrándose con cierto orden y gradación, unos en pos de +otros. En Fray Miguel no era así: en silencio exterior estaba él, sin +voz y sin acento que pudiesen percibir los sentidos; pero allá en los +abismos de su alma se levantaba tempestad espantosa. Recuerdos, +esperanzas, dudas y desengaños, todo acudía en tumulto y asaltaba y +atormentaba su mente. Fray Miguel por involuntario impulso hacía un raro +examen de conciencia. El bien y el mal de cuanto había hecho se le +aparecían como presente y no como desvanecido y pasado, y al mismo +tiempo hacían irrupción en su espíritu, en tropel contradictorio y +confuso, triunfos y derrotas, crímenes y virtudes, gloria y oprobio y +mil portentosos lances y sucesos, que flotaban sin encadenamiento que +los ligase, en un porvenir nebuloso.</p> + +<p>Arduo sería penetrar en el espíritu de Fray Miguel y descubrir cuanto en +aquel momento le agitaba; pero aún es arduo el empeño de distinguir lo +que bullía en aquel caos y darlo a conocer por medio de la palabra +escrita. Haré, no obstante, un esfuerzo, a fin de que se sepa algo de lo +que entonces Fray Miguel sentía y pensaba. Lo que en su mente era +simultáneo no podrá menos de sucederse en el soliloquio, pero lo que él +interiormente se hablaba, carecía de conclusión y de principio y se +manifestaba todo a la vez.</p> + +<p>Desesperado de lograr en el mundo la fortuna que buscaba, Fray Miguel a +los treinta y cinco años de su edad se había refugiado en el claustro. +Su última derrota había sido en la batalla de Toro, donde militó en +defensa de doña Juana, en las huestes portuguesas.</p> + +<p>Ya en el claustro, pensó que la paz le bastaría. Se propuso no aspirar +sino a la paz, pero conoció pronto que la paz no le bastaba. Su ambición +y su codicia de riquezas, bienes, poder y deleites materiales, le +alejaron del mundo, mas no para hundirse y perecer, sino para buscar su +satisfacción más allá del mundo: en algo tan sublime y tan luminoso que +todas las excelsitudes y resplandores del mundo fuesen, en su +comparación, ruindad, misericordia y sombra. En la fertilidad y verdura +de los campos, en las umbrías solitarias, durante las horas meridianas, +cuando vierte el sol a torrentes sus rayos esplendorosos, en el augusto +silencio de la noche, en la amplitud del cielo lleno de estrellas, en el +movimiento y en la vida de los seres, en la yerbecilla que pisaban sus +pies, en la flor silvestre que deshojaban sus dedos y en el astro remoto +que sus ojos apenas distinguían, en lo más cercano y en lo más distante, +Fray Miguel buscó la clave del misterio, quiso hallar la cifra de un +nombre incomunicable, pugnó porque se le apareciese y se le revelase lo +sobrenatural y lo sobrehumano. Sin duda era el orgullo y no el amor +quien impulsaba a Fray Miguel; Fray Miguel no consiguió nada.</p> + +<p>Entonces apartó el sentido y distrajo la atención de todo lo creado, de +cuanto se muestra en lo exterior a nuestros ojos o resuena en nuestros +oídos. Como buzo que baja en busca de coral y de perlas al fondo de los +mares, hundió su mente en la íntima contemplación de su propio ser, +buscando allí la raíz por donde estaba asido y como pendiente de lo +infinito. Tampoco así halló nada, sino obscuridad vacía y lúgubre.</p> + +<p>Volvió el pensamiento de Fray Miguel al mundo exterior. Desechando la +idea de estar poseído, concibió la esperanza de poder estar obseso. ¿Era +él tan vil y tan indigno que no lograse ponerse en comunicación con +seres inteligentes que no formen parte del linaje humano? El universo +está lleno de tales seres. ¿Por qué eran tan groseros sus sentidos que +no los percibían? ¿No podría él evocarlos, formar pacto y alianza con +ellos y adquirir virtudes, poder y fuerzas superiores a cuanto posee la +generalidad de los mortales de su misma especie?</p> + +<p>Cuando se paraba Fray Miguel en esta impía imaginación, solía caer en el +más hondo abatimiento, y tal vez exclamaba:</p> + +<p>—Sin duda no me ha faltado ni la intención, ni el propósito, ni el +valor de darme al diablo; pero el diablo no me quiere y me desdeña. Yo +no consigo lo que consigue cualquiera vieja ignorante y estúpida. Las +puertas que defienden la mansión del milagro, ya celestial, ya infernal, +están cerradas para mí. Llamo a ellas y nadie me responde.</p> + +<p>La reacción del orgullo venía luego a levantar su espíritu y a elevarle +al extremo contrario: al mayor grado de soberbia:</p> + +<p>—Ningún demonio viene y me ayuda—decía—porque son inferiores a mí, +porque no pueden darme lo que me falta, porque yo valgo más que ellos. +En balde me humillo pidiéndoles que me socorran. Lo que me conviene es +buscar el camino del lugar hasta donde mi aptitud y mi predestinación +pueden conducirme, y, desde allí, llamarlos y sujetarlos a mi mandado, +no tomándolos como protectores sino como siervos sumisos.</p> + +<p>En estas y en otras cavilaciones, que entonces se presentaban juntas en +la mente de Fray Miguel, habían pasado muchos años de su vida claustral. +Su orgullo no había consentido que fuese un santo, pero también su +orgullo se había opuesto a que ningún poder infernal viniese a dominar +su alma, ocupada y dominada toda por su orgullo mismo.</p> + +<p>En el espíritu de Fray Miguel había además poco briosas facultades que +le habilitasen para conquistar y dominar nada por medio del pensamiento, +Era distraído, poco insistente, ambicioso de ciencia como de todo, pero +sin la paciente perseverancia que se requiere para adquirirla. Fray +Miguel, si era algo, si algo valía, era como hombre de acción, aunque su +poca fortuna o su mucha torpeza le habían extraviado en el camino, +encontrando sólo, cuando se cansó y se hartó de andar por él, el +desengaño más negro. Aborrecía la vida, pero tenía miedo de la muerte. +Así por la época de fe en que vivía como por la natural condición de su +espíritu, en la cabeza de Fray Miguel no cabía imaginar que fuera la +muerte la aniquilación del individuo, la desaparición de la persona, el +olvido de todo. Él veía en el término de su vida mortal, no sueño +eterno, sino tránsito a vida nueva. Y no le asustaba tanto el temor de +ser condenado y no salvado, cuanto el humillante recelo de ser tan +insignificante en la vida futura como en la vida presente, y de que así +en el cielo, como en el infierno, se le hiciese poquísimo caso: se le +tratase con el mismo desdén con que en este mundo sublunar sus +semejantes le habían tratado.</p> + +<p>La monotonía y la uniformidad de la vida habían hecho que el tiempo +pareciese que pasaba con inaguantable lentitud, según iba pasando; pero, +pasado ya, transcurridos los cuarenta años de convento, Fray Miguel +volvía la vista atrás y no veía el larguísimo camino que había seguido y +la enorme distancia que del punto de partida le separaba. Como no tenía +variedad de sucesos con qué llenar, diversificar y distinguir aquella +larga serie de años, toda ella le parecía soplo, relámpago fugitivo, +desmayo y letargo que al disiparse se lo había llevado todo consigo, +esperanzas y proyectos y hasta la posibilidad de forjarlos de nuevo. La +horrible vejez había caído sobre él sin sentir. Su cabeza se había +cubierto de canas y su rostro de arrugas. Cascada y temblona estaba su +voz, sin brío sus brazos, flojas y vacilantes sus piernas. La luz hería +y lastimaba sus ojos, sin dejarle ver con distinción, claridad y deleite +las formas y los colores. Y aun esta amarga luz, que le ofendía más que +le iluminaba, estaba amenazándole con abandonarle para siempre y sumirle +en tinieblas. Y ya sabía él por sus experiencias y por sus frustrados +conatos anteriores, que por mucho que penetrase y ahondase en estas +tinieblas, no lograría romper su duro y tupido velo y bañar su espíritu +en el infinito y luminoso mar donde le habían dicho que se bañan las +almas, si se reconcentran en ellas mismas y se desprenden de lo terrenal +y caduco.</p> + +<p>Su vida iba tocando a su fin: hasta entonces había sido lastimosa y +estéril, y, sin embargo, él daba inmenso precio a la vida. En esta baja +tierra, encerrado nuestro espíritu en este cuerpo mortal y flaco, y +asistido y servido por sus órganos durante breve tiempo, que huye para +nunca volver, Fray Miguel entendía que era menester conquistar el +respeto, la nombradía y el valor y el mérito que por toda una eternidad +hemos de poseer, siendo por ello remunerados o castigados, glorificados +o despreciados. Tan alta era la importancia que Fray Miguel daba a +nuestra existencia efímera y transitoria en este planeta. De mucho +dudaba Fray Miguel, en mucho no creía; pero, como roca, cuyo cimiento y +raíz se hunde tanto en el seno de la tierra que no hay impetuoso +torrente que la derribe y la arrastre, así su firme creencia en el valer +de la vida humana, en este mundo, para preparación y prueba y para +conquista de otra más alta vida, se conservaba firme y arraigada en su +espíritu contra todas las tempestades y contra todas las avenidas de +dudas y pasiones que habían pugnado y que pugnaban aún por arrancarla de +allí y por sepultarla en la vana región de los sueños.</p> + +<p>Cuán enorme no sería el pesar de Fray Miguel, que tamaña importancia +atribuía a la vida, al ver que la suya iba ya a consumirse, tocaba a su +fin, sin que persistiese más en ella que la energía de atormentarse y de +desesperarse.</p> + +<p>Si el Padre Ambrosio no se burlaba de él, si no se jactaba en vano, si +por medio de sus artes mágicas podía volverle la mocedad, Fray Miguel +estaba seguro de que sabría aprovecharla y no perderla sin fruto como +había perdido la mocedad pasada. Ahora tenía él más claro concepto del +valor de la vida y de los fines a que podía y debía aspirar en el mundo. +La ociosa y larga meditación de sus cuarenta años de vida claustral, las +estupendas novedades y sucesos cuya resonancia había llegado a +conmoverle y alborotarle en su retiro, la explicación que el Padre +Ambrosio hacía de todo y de que él se había penetrado con pasmo oyendo +sus discursos, todo le persuadía de que se mostraba ante sus ojos el +blanco a donde le importaba dirigir la mira, el digno empleo de su +resucitada actividad, la misión que le tocaba cumplir secundando el +propósito y cooperando al plan de la Providencia.</p> + +<p>Con lógica inconsecuencia, Fray Miguel estaba lleno de dudas, y por +momentos de negaciones, cuando en lo interior de su propio ser buscaba +la verdad; pero, no bien su pensamiento salía fuera de sí y se extendía +sobre la faz de la tierra, todo era en Fray Miguel fe y esperanza en los +sublimes destinos del humano linaje y en el papel principal y brillante +que le tocaba hacer a su pueblo. La fe del Padre Ambrosio había sido +como llama voraz que había incendiado su alma haciéndola de luz y de +fuego. El entusiasmo le poseía, pero hasta entonces la envidia, nacida a +par del entusiasmo, le había desgarrado el pecho y le había devorado las +entrañas. Vivir y morir en la obscuridad y en la inercia cuando tan +grandes cosas realizaba el esfuerzo de los hombres, para Fray Miguel era +insufrible. Resolvió, pues, someterse a todas las pruebas y a todas las +operaciones mágicas de que el Padre Ambrosio había hablado a fin de +remozarse y de lanzarse de nuevo en la palestra y tomar parte en la +lucha. La agitación y el estruendo de esta lucha penetraba en el +claustro, rompían su silencio, llamaba a la puerta de su celda y le +excitaba y le convidaba a armarse y a ir al combate. Se le antojaba a +veces que resonaba en sus oídos como la trompeta del día del juicio y +que le resucitaba de entre los muertos.</p> + +<p>El portentoso poema épico que el Padre Ambrosio fantaseaba en sus +discursos iba verificándose y desarrollándose en la consistente realidad +de la historia, y Fray Miguel no se contentaba con ser oyente o lector +del poema, sino que anhelaba ser uno de sus héroes. Y ora fuese por +severidad de juicio, ora porque Fray Miguel no quería que ningún +individuo descollase mucho sobre él, Fray Miguel ponía como héroe +principal del poema a todo su pueblo, mirándole como pueblo elegido, +como nuevo pueblo de Dios que había de vencer a todos los enemigos de su +ley, que había de arrostrar todos los peligros y que había de dar cima a +mil inauditas empresas.</p> + +<p>Fray Miguel no veía ni se forjaba en la mente un campeón que todo lo +dirigiese y que se llevase la palma. Por bajo del pueblo estaban o +surgían todos los campeones. Alborotados los reinos de Castilla y +Valencia por las comunidades y germanías, allá en su pensar sigiloso +Fray Miguel no estimaba mucho al joven, extranjero y ausente Emperador. +Sospechaba que había de heredar algo de la extravagante locura materna y +de la ligera futilidad de su padre, y que una inquietud sin propósito +había de tejer la tela de su vida. Pero el pueblo español era grande, y +de su seno surgirían adalides que venciesen y dominasen. Ellos +derrotarían al turco, que amenazaba la cristiandad; ellos, con armas +temporales y espirituales, lograrían sofocar la herejía que estaba +naciendo en Alemania y que, barbarie mental, ansiaba derrocar el imperio +de Roma en los espíritus, como los antiguos bárbaros habían destruido el +imperio material de Roma. España, con sus héroes y con sus santos, había +de sostener y conservar la unidad divina que informa y da vigor a la +civilización europea. Y esta civilización poderosa y benéfica había de +continuar difundiéndose por todos los climas y regiones, tierras y mares +del mundo que habitamos.</p> + +<p>Fray Miguel había ya oído hablar con horror y sabía las audacias del +fraile Martín Lutero y sus propósitos infernales; pero, en el fervoroso +espíritu de Fray Miguel, estaba ya la convicción profunda de que Dios +había suscitado en España un gigantesco contrario al sajón heresiarca +para arrebatarle sus conquistas. Entre tanto seguían extendiéndose +magnificándose las de nuestra fe y nuestras armas en los más apartados y +hasta entonces inexplorados países y entre gentes infieles y selváticas, +alucinadas por el demonio y entregadas a crueles supersticiones y a +monstruosos y nefandos ritos. A esta difusión de la luz y de la verdad, +aunque más por medio de las armas que por medio de vanos discursos, se +consideraba llamado y predestinado Fray Miguel, en cuanto el Padre +Ambrosio realizase en él el prometido milagro de remozarle.</p> + +<p>Fray Miguel acudió, pues, a la celda del Padre Ambrosio, resuelto a +todo, y en la noche y en la hora convenidas.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="Xa" id="Xa"></a>-X-</h2> + + +<p>El Padre Ambrosio estaba aguardándole. Saludó a Fray Miguel con una leve +inclinación de cabeza, y sin decir palabra, le indicó que le siguiese. +Ambos subieron por la escalera de caracol a la ancha cámara que ya +conocemos.</p> + +<p>Todo estaba en ella como lo hemos descrito antes. Sólo había tres +objetos que por su novedad llamaron en seguida la atención de Fray +Miguel. En la chimenea, en vez de no haber más que rescoldo y cenizas, +ardía bastante leña que levantaba llamas, en cuyo centro, sobre unas +trébedes se veía una retorta de cobre donde empezaba a hervir un +líquido. El tubo encorvado, con que terminaba la cobertera de aquel +pequeño alambique, iba a parar a una urna de vidrio suspendida en la +pared y llena de agua clara. Dentro de la urna o refriante se veían las +roscas de la culebra de metal. La cabeza de la culebra aparecía fuera de +la urna en su parte baja.</p> + +<p>No lejos de la chimenea estaba por el suelo un féretro abierto y vacío. +Y por último, ocupado en mullir y arreglar los almohadones, donde había +de reposar la cabeza la persona que en el féretro se encerrase, estaba +el hermano Tiburcio, predilecto y aprovechado discípulo del Padre +Ambrosio.</p> + +<p>Encarándose este con Fray Miguel, apenas dejó caer la compuerta por +donde había entrado, le dijo con gravedad solemne:</p> + +<p>—Si fuera lícito valerse de palabras sagradas, aplicándolas a lo +profano, con el único propósito de hacerse entender mejor, yo me +atrevería a decirte, a fin de inspirarte denuedo y a fin de infundirte +omnímoda confianza en mí, que yo soy resurrección y vida, y que si crees +en mí, vivirás, cuando mueras.</p> + +<p>—A todo estoy dispuesto. Mátame, si es necesario o conveniente a +nuestros fines.</p> + +<p>—A decir verdad y desechando toda jactancia, la muerte que yo te dé ha +de ser aparente y no real. La virtud de volver a la vida a quien la +pierde no es dada aún, ni acaso sea dada nunca, a la ciencia meramente +natural y humana. Y yo, conviene que así lo entiendas, no acudo ni +quiero ni puedo acudir a medios sobrenaturales para obrar mis prodigios. +Mi magia es toda natural y lícita, aunque es de dos maneras: la que se +funda en el conocimiento de hierbas, de drogas y de otros recursos +enteramente materiales, en la cual está instruido el hermano Tiburcio, +que como ves ha venido a ayudarme, y la magia superior, incomunicable y +pura, cuyo poder estriba en el centro del espíritu, en el ápice de la +mente, en la raíz misma por donde nuestro limitado pensamiento, no sólo +toca, sino está asido a lo infinito. De esta más elevada ciencia, aunque +todavía natural y nada más que humana, el hermano Tiburcio tiene pocas +nociones. Yo sólo soy aquí quien la posee. De ella depende el éxito de +mi empresa. Y no debo ocultarte que si bien tengo yo el éxito por +seguro, reconozco modestamente que puede engañarme el amor propio. Si +así fuese, si el amor propio me engañase, yo te mataría sin querer, pero +te mataría. Ya ves a lo que me aventuro. ¿Quieres tú también +aventurarte?</p> + +<p>—Quiero—contestó sin arrogancia y con tranquilidad Fray Miguel.</p> + +<p>—Para el rejuvenecimiento—continuó el Padre Ambrosio—que ha de +verificarse en ti, se requiere algo parecido a la muerte, aunque no sea +muerte. ¿Te sometes a ello?</p> + +<p>—Me someto.</p> + +<p>—Pues bien, dentro de poco te sumiré en letargo profundísimo; el +hermano Tiburcio y yo te ungiremos las sienes y la frente con un +precioso bálsamo, te tenderemos y te encerraremos en ese féretro que +miras abierto en el suelo; y al cabo de poco, si no son falsas mis +teorías, aunque nunca corroboradas aún por la experiencia, así como la +crisálida rompe la tela que la envuelve y sale convertida en mariposa, +aparecerás tú, mozo robusto y capaz, si tienes brío en el alma, de +acometer y de dar cima a las empresas más arriesgadas y espantables. Veo +con satisfacción que estás muy animado. Ya no dudo de tus bríos +espirituales. Pero, aunque el espíritu sea fuerte, la carne flaquea, y +es menester que se fortalezca tu mísera carne. Así, antes de remozarte, +a par que sientas el deseo en el alma sentirás en tu cuerpo debilitado +ya por los años el prurito de que se remoce. Para ello has a tomar una +poción preparatoria, sabiamente compuesta de substancias eficacísimas, +con tal habilidad y tino combinadas y templadas que no se neutralizan +sus encontrados efectos, sino que se armonizan y conspiran todos al +mismo fin.</p> + +<p>Dirigiose entonces el Padre Ambrosio, hacia un ángulo de la estancia +donde había un pequeño velador y sobre él una bandeja, un jarro y una +ancha copa de plata. Llenó luego la copa del líquido que el jarro +contenía, y llamando a Fray Miguel y dándosela para que bebiese le dijo:</p> + +<p>—Con esto se fortalecerá tu cuerpo y se hará apto para las operaciones +ulteriores. Es un elixir exquisito, en cuya composición entran el +<i>nepenthes</i> que dio Elena a Telémaco para disipar su melancolía; la flor +del cáñamo de la India; el <i>soma</i> o licor divino de los antiguos +brahmanes; el hongo de Siberia que infunde furor bélico, y el zumo de +las mandrágoras, con que Lía amó y deseó con mayor vehemencia a Jacob y +se hizo de él amada y deseada.</p> + +<p>Fray Miguel tomó la copa, y, casi de un solo trago, apuró todo el licor +que contenía.</p> + +<p>El hermano Tiburcio que lo presenciaba y miraba todo en silencio, +aproximó un taburete e indicó por señas a Fray Miguel, que en él se +sentase. En seguida tomó en los dedos cierto linimento oloroso, que +había en un pomito de vidrio, y ungió con él lo más alto de la cabeza, +la frente y las sienes del fraile.</p> + +<p>Mientras se verificaba la untura, el Padre Ambrosio, recitó no corta +serie de palabras y frases, al parecer de un lenguaje exótico y punto +menos que inaudito. Al extraño son de aquellas palabras, o acaso por +obra del linimento, Fray Miguel imaginó que todo brincaba y giraba en +torno suyo con rapidez vertiginosa; que los muros y el suelo se +estremecían y amenazaban derrumbarse, y que el edificio no estaba parado +y fijo sobre su cimiento, sino que iba lanzado por el espacio sin +límites.</p> + +<p>Por dicha, cesó pronto en el cerebro de Fray Miguel, aquel a modo de +mareo. Y, terminada también la serie de conjuros ininteligibles, oyó que +el Padre Ambrosio le decía:</p> + +<p>—No es todo alucinación mental lo que acabas de experimentar ahora. En +gran parte, es efecto de las palabras mágicas que he pronunciado. Nada +sin embargo más natural. No receles artes ni prestigios diabólicos. Las +palabras que he pronunciado ignoro yo lo que significan, pero me consta +que nada hay en ellas de pecaminoso. Se han ido conservando por +tradición oral entre varones piadosos aficionados a la magia lícita, y +son palabras del idioma primitivo que se hablaba mucho antes de Abraham, +en Ur de los caldeos, y aun antes, en el imperio que fundó Nemrod en el +centro del Asia. La clave de este idioma se perdió siglos ha, y acaso no +vuelva nunca a encontrarse. Yo he oído referir que un antiguo rey de +Nínive, llamado Asurbanipal, siete siglos antes de nuestra era, formó +una biblioteca de libros escritos en esta lengua, que era ya una lengua +muerta, como el latín hoy entre nosotros. Pero los libros reunidos por +Asurbanipal, sepultados hoy entre las ruinas y escombros de antiquísima +ciudad y regio alcázar, eran ya de una época de gran decadencia, cuando +el mencionado primitivo idioma estaba corrompidísimo, y la alta +filosofía que le había informado viciada y cuajada de supersticiones. En +cambio, las palabras que yo he dicho son del idioma primitivo y puro, y +no son signos arbitrarios, sino que tienen relación íntima y substancial +con los objetos que expresan o designan. De aquí el alboroto, la +agitación y el tumulto de todas las cosas creadas cuando tales palabras +se pronuncian. Juzgo de mi deber explicarte todo esto para que no te des +a sospechar que soy brujo, que me valgo de prestigios o que ando en +tratos con el diablo. Aunque peque yo de sobrado llano y pedestre, diré +para mayor claridad, que juego limpio.</p> + +<p>Fray Miguel estaba tan impaciente y tan ansioso ya de rejuvenecerse, que +las explicaciones del Padre Ambrosio le parecían inútiles y le cansaban. +Por el debido respeto, sin embargo, no se atrevió a dar la menor señal +de impaciencia.</p> + +<p>El Padre Ambrosio se complacía en perorar y prosiguió de esta suerte:</p> + +<p>—Ten calma y espera. La destilación del maravilloso filtro, que va a +remozarte, se está verificando en ese pequeño alambique. Apenas empiece +a salir por la boca de la culebra la refinada quinta esencia, acudiré a +recogerla en la misma copa en que bebiste la poción preparatoria, y tú +la beberás sin vacilar.</p> + +<p>—La beberé con ansia—contestó Fray Miguel—para apagar la sed de vida +y de juventud que me devora.</p> + +<p>—Todavía me incumbe decirte—interpuso el Padre—que no quiero, cuando +te remoces, dejarte ir solo por esos mundos de Dios. Deseo que lleves en +tu compañía a alguien de toda mi confianza, que sabrá, sin duda, +conquistar la tuya y que vendrá a ser como tu criado, paje, escudero y +secretario todo en una pieza.</p> + +<p>—¿Y quién va a ser ese acompañante que me designas?</p> + +<p>—El hermano Tiburcio que está presente—contestó el Padre Ambrosio—. +Más gana tiene él de correr mundo que de estar metido en su celda. Con +todo, no es esta la razón que me induce a que el hermano Tiburcio te +acompañe. Los caballeros que salen en busca de aventuras llevan siempre +escuderos y tú no has de infringir esta ley o esta costumbre. En cuantas +historias conozco de hombres que para medrar o para divertirse y +holgarse se han dado al diablo, el diablo figura después constantemente +al lado de ellos como ayudante o espolique, y tú no has de ser menos +aunque distes muchísimo de haberte dado al diablo. Tendrás, pues, +escudero, aunque natural y humano. El hermano Tiburcio, si bien es un +mozuelo barbilampiño, sabe más que el diablo y te valdrá de mucho. Por +otra parte, yo he observado que tú eres sobrado serio y esta seriedad +continua a la larga a ti mismo te aburriría. Importa, pues, que la +temple y modere un sujeto algo cómico y jocoso, como lo será el +mencionado hermano. Jovial será él, si tú saturnino, y juntos recibiréis +combinado el influjo mirífico de los dos más poderosos planetas. He +pensado además que necesito tener con frecuencia noticias tuyas, +satisfacer mi curiosidad y ver cómo va saliendo esta experiencia que +ahora hago. En las venideras edades sé yo que inventarán los hombres +medios ingeniosos para ponerse en comunicación con la rapidez del rayo y +dirigirse la palabra desde un extremo a otro de la tierra. Pero tales +inventos distan mucho aún de verse realizados y de ser vulgares. Sólo +los iniciados en mi ciencia oculta se entienden ya y se hablan desde muy +lejos, sin aparato alguno físico ni mecánico, sino por el arte y la +fuerza del alma. El hermano Tiburcio, irá pues contigo también, para que +se entienda conmigo y me informe de todo. Y por último, si tú acometes +altas empresas, las llevas a cabo y vences y triunfas, no quiero yo que +todo esto se ignore, se sepa mal o se olvide, y el hermano Tiburcio, que +es un buen letrado, te acompañará para ponerlo por escrito con el mayor +esmero y legarlo a la posteridad más remota. Será para ti, válgame como +ejemplo, lo que para Don Pedro Niño, valeroso y galante Conde de Buelna, +fue Gutierre Díez de Games, su alférez.</p> + +<p>A este punto de su algo prolija disertación llegó el Padre Ambrosio, +cuando empezó a manar por la piquera del alambique, el líquido +destilado. Sin darse un instante de vagar, tomó el Padre la copa de +plata, se acercó a la piquera, la llenó del líquido y se le dio a beber +a Fray Miguel sin decir más palabra.</p> + +<p>En silencio también, sin susto y con ansia, Fray Miguel se llevó la copa +a los labios y bebió el licor que había en ella.</p> + +<p>El efecto fue rápido y terrible. A Fray Miguel se le trabó la lengua y +no pudo exhalar ni queja ni suspiro. Palidez mortal cubrió su rostro. A +los pocos instantes cayó como herido del rayo. Y sin duda hubiera dado +en tierra de golpe, si el Padre Ambrosio y el hermano Tiburcio, +apercibidos ya para el caso, no le hubiesen sostenido.</p> + +<p>Todo el cuerpo de Fray Miguel, adquirió de súbito una rigidez más que +cadavérica. No parecía ya de carne sino de madera o de barro.</p> + +<p>El Padre Ambrosio, no obstante, tuvo a tiempo la precaución de cruzar a +Fray Miguel las manos sobre el pecho.</p> + +<p>El hermano Tiburcio tomó por la espalda a Fray Miguel. Por los pies le +levantó el Padre Ambrosio. Ambos le llevaron al féretro y allí le +dejaron tendido.</p> + +<p class="derecha"><i>Juan Valera</i></p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="Las_aventuras" id="Las_aventuras"></a>Las aventuras</h2> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="I" id="I"></a>-I-</h2> + + +<p>En el año 1521 era Lisboa la más espléndida, animada, pintoresca y +original ciudad de Europa. Fundada sobre varias colinas, se extendía ya +por la margen derecha del Tajo, siguiendo su curso hacia el mar. Los +palacios y jardines de dicha margen hacían delicioso el camino que iba y +va hasta el sitio donde el rey D. Manuel el Dichoso había erigido +graciosa y elegante torre, en conmemoración de que allí se embarcó Vasco +de Gama para ir por vez primera a la India, y no lejos el magnífico +templo y claustro de Belén, obra de singular y bellísima arquitectura. +Frente del más populoso centro de la ciudad, en la opuesta orilla del +río, se alzaba la villa de Almada, sobre enriscado promontorio. Y desde +allí, mirando en dirección contraria a la que trae el agua, esta se +extiende y la orilla se aleja, formando una extensa y grandiosa bahía, +capaz de contener entonces todos los barcos de guerra y de comercio que +surcaban los mares.</p> + +<p>Aquella bahía estaba concurridísima. En ella había naves inglesas y +francesas, de Holanda y de las ciudades anseáticas, de Aragón y de +Castilla, de Génova y de Venecia y de otras Repúblicas y principados de +Italia. Todas acudían allí para traer telas, alhajas, primores y otros +objetos de arte producto de la industria europea, conque satisfacer el +amor al fausto de los portugueses, y para llevar, en cambio clavo y +pimienta, perfumes de Arabia, canela de Ceilán, sedas y porcelanas del +Catay, marfil de Guinea, alfombras de Persia, chales y albornoces de +Cachemira, perlas, diamantes y rubíes de las montañas y de los golfos de +la India, bambúes y cañas y tejidos de algodón y de nipa de Bengala, +monos, papagayos y otras aves de vistosas plumas, y mil exóticas +curiosidades del extremo Oriente.</p> + +<p>La muchedumbre de hombres y mujeres que hervía en los muelles y paseos, +calles y plazas de Lisboa, tenía extraño y pasmoso aspecto por la +variedad de sus rostros, de sus trajes y de los idiomas que iban +hablando. Por donde quiera se notaban movimiento y bullicio, pero más +que en ninguna parte en la Calle Nueva y Plaza del Rocío, donde estaban +las tiendas de los más ricos mercaderes, y a lo largo de la orilla, casi +hasta Belén, donde a la par de las quintas y de los parques había +grandes almacenes o depósitos para las mercancías que se embarcaban o +desembarcaban. Millares de esclavos negros, empleados en las faenas del +puerto y en otros trabajos, discurrían solícitos por donde quiera. +Marineros, soldados y hombres y mujeres del pueblo, paseaban o formaban +grupos para charlar y reír, tratar de amores o promover pendencias. +Entonadas hidalgas, ya caminasen a pie ya a las ancas de una mula que +montaba y dirigía respetable escudero, ya en soberbios y dorados +palanquines, solían llevar lucido séquito de dueñas, lacayos y pajes +para mayor autoridad y decoro. Los magnates y señores ricos se mostraban +cabalgando en hermosos caballos con ricos jaeces y con numerosa comitiva +de criados y familiares de sus casas. Y el Señor Rey, que gustaba como +nadie de la pompa y del aparato, salía con frecuencia en público +formando con su lujoso y raro acompañamiento una procesión admirable. No +semejaba el monarca portugués, príncipe de Europa, sino déspota +oriental, soberano de cuentos de hadas o de <i>Las mil y una noches</i>, +merced al brillo y al lujo que le circundaban. Le precedían a veces +elefantes y rinocerontes, domadores que llevaban serpientes y tigres +domesticados, y el rey iba a caballo, en medio de los más brillantes +señores de la corte, sus favoritos y validos, todos con muy elegantes y +vistosas ropas y con airosas y blancas plumas en los birretes. Don +Manuel, que era regocijado y festivo, también se hacía acompañar a +menudo de juglares y bufones, que le divertían con sus chistes y burlas, +y casi nunca prescindía de los músicos, que iban tocando sonoros +instrumentos, anunciando así que el rey venía y alegrando los sitios por +donde transitaba.</p> + +<p>Todo era animación y movimiento, todo alborozado y estruendoso júbilo en +Lisboa, en la hermosa mañana del día del Corpus de aquel año de 1521, en +que el rey Don Manuel cumplía los cincuenta y dos de su edad, celebrando +con gran pompa su natalicio.</p> + +<p>Terminada además la soberbia fábrica del templo de Belén, el monarca +lusitano le abría y le mostraba por vez primera a su pueblo haciendo +cantar en él un solemne <i>Te Deum</i>.</p> + +<p>Su alteza, acompañado de su tercera mujer, la reina Doña Leonor, hermana +del César Carlos V, con más ricas y pomposas galas que nunca y +circundado de brillante y vistosa comitiva, había acudido a la iglesia +para presenciar la ceremonia religiosa y darle mayor lustre.</p> + +<p>Aunque el templo es espacioso, sólo se había permitido entrar en él a +los convidados; porque si hubiera tenido franca entrada la muchedumbre, +no pocos se hubieran maltratado allí dentro, a causa de los miles y +miles de personas que habían venido a la fiesta, no sólo de Lisboa, sino +de otras ciudades y villas de Portugal y aun de reinos extraños.</p> + +<p>La muchedumbre, pues, se agitaba y bullía fuera del templo, +extendiéndose a un lado y a otro hasta la misma orilla del Tajo como +enorme mosaico de cabezas humanas.</p> + +<p>La mayor parte de la gente estaba a pie, si bien a trechos descollaban +no pocas personas montadas en caballos y en mulas o levantadas en sillas +de manos por esclavos o sirvientes.</p> + +<p>A la puerta del santuario, en el atrio y también a la puerta del +convento, guardaban los caballos de los reyes y de su séquito, +custodiados por pajes y lacayos y por buen golpe de lanceros de la +guardia del Rey.</p> + +<p>A pesar de los mil murmullos y gritos de tan gran número de gentes, que +reían, chillaban, hablaban o disputaban, el majestuoso sonido del órgano +y el canto sagrado de los frailes, repercutiendo en las altas bóvedas +del templo, salía a veces de él y se difundía en ráfagas sonoras sobre +los asistentes que se hallaban más cerca.</p> + +<p>Apenas estaría mediada aquella fiesta, que parecía absorber enteramente +la atención del pueblo, cuando sobrevino algo que distrajo dicha +atención, excitando la curiosidad general.</p> + +<p>Por el camino de Lisboa, y abriéndose paso por entre el apiñado gentío, +aparecieron en sendos y magníficos caballos, ricamente enjaezados, dos +muy lozanos caballeros, bizarramente vestidos de gala.</p> + +<p>Parecía uno de ellos hombre de veinticinco años de edad, de barba y ojos +negros, airoso talle, anchas espaldas, robustos hombros y rostro +hermosísimo. En todo él había además algo de noble, raro y peregrino, +como procedente de tierras extrañas, y en el gesto y en los ademanes un +no sé qué de soberbio e imperativo que infundía involuntariamente +respeto.</p> + +<p>Era el otro jinete mozo barbilampiño. Su blanco y sonrosado rostro, sus +ojos azules y los rubios cabellos que coronaban su cabeza, cubierta de +un lindo birrete de velludo blanco, por bajo del cual caían dichos +cabellos en rizadas ondas de oro, casi hubieran dado al gentil +extranjero la apariencia de una disfrazada andante damisela, si no +hubieran mostrado que era muy hombre, la energía insolente de su mirar, +su briosa apostura y el desahogo y la destreza conque manejaba y +dominaba su fogoso caballo, que retenido por él hacía piernas, se +encabritaba impaciente y tascaba el freno, cubriéndole de espuma.</p> + +<p>Entre la plebe, las personas curiosas se preguntaban unas a otras +quiénes eran aquellos dos galanes. Y como no faltó allí quien ya los +hubiera visto, en la gran posada de la Calle Nueva, donde ellos habían +venido a parar y donde habían declarado su condición y sus nombres, +pronto pasaron estos de boca en boca, y por donde quiera se oía decir:</p> + +<p>—Esos son dos ricos y elegantes aventureros de Castilla; el más granado +se llama Miguel de Zuheros, por sobrenombre Morsamor; y el jovencito, +que es su doncel, se llama Tiburcio de Simahonda.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="II" id="II"></a>-II-</h2> + + +<p>La función de iglesia llegó pronto a su término. Los soldados de la +guardia empezaron a abrir calle, a fin de que la regia comitiva pudiese +pasar holgadamente por entre la muchedumbre que a un lado y a otro se +apiñaba, procurando cada cual ponerse delante para ver y acaso para ser +visto del Rey, de la Reina o de los señores y damas de la corte y +alcanzar de alguno de ellos un saludo o una amable sonrisa.</p> + +<p>Miguel de Zuheros y Tiburcio no se hallaban por dicha muy lejos de la +calle que se iba abriendo, y como estaban a caballo bien podían verlo +todo por cima de las cabezas de los que estaban a pie. Así es que no se +molestaron ni se movieron para buscar mejor sitio, como si se +avergonzasen de mostrar curiosidad plebeya.</p> + +<p>No salió el Rey por la puerta del templo, sino por la del atrio cercado +de magnífico claustro, donde habían montado a caballo él y cuantos le +acompañaban.</p> + +<p>Cuando la lucida cabalgata apareció ante el gran público, la admiración +general dio muestras de sí en murmullos, exclamaciones y vítores. +Aquello era verdaderamente espléndido: un derroche de sedas, randas, +plumas, oro y pedrería. Los caballos, magníficos; vistosos, los arreos. +Los rayos del sol refulgente herían el bruñido acero de las armas, las +joyas, los metales preciosos y los áureos bordados, deslumbrando todo la +vista con fúlgidos destellos. El Rey llevaba aquel día el <i>bonete</i> y el +estoque de honor, que le había regalado el Padre Santo y que sólo sacaba +en las más solemnes ocasiones. La Reina Doña Leonor, muy bizarra y +lujosamente vestida y tocada, cabalgaba a la derecha del Rey. Les +seguían y lo circundaban las principales damas de la corte y muchos +egregios personajes del reino, ilustres por su nacimiento o por armas y +letras.</p> + +<p>El hermano Tiburcio, convertido en escudero o doncel, era un prodigio +para enterarse de todo a escape. No sabemos, si sólo por naturaleza o +por virtud de la magia que había estudiado, gozaba de pasmosa aptitud +para averiguarlo todo; para reconocer a los sujetos notables, aunque +nunca los hubiese visto; y para narrar la historia de cada uno hasta en +sus más insignificantes pormenores. Además de esta habilidad, poseía +otra más rara aún, que en lo sucesivo valió de mucho a su señor, Miguel +de Zuheros. Tiburcio de Simahonda era, en aquella edad, aunque en grado +más eminente, lo que ha sido en la nuestra el célebre Cardenal +Mezzofanti. Ya fuese empleando un método ingenioso y secreto o caminando +por ignorados atajos, ya fuese por preciosa capacidad nativa, ello es +que Tiburcio a los dos o tres días de oír hablar cualquier idioma, se +penetraba de su organismo, se enseñoreaba de sus formas y leyes +gramaticales, atesoraba en su feliz memoria cuanto había de esencial y +de radical en su léxico, y se soltaba a hablarle correcta y lindamente y +con muy buena pronunciación, como si no hubiera hecho otra cosa en toda +su vida.</p> + +<p>Al notar Miguel de Zuheros lo mucho que sabía su doncel, en apariencia +con tan poca edad que apenas le apuntaba el bozo, se daba a sospechar si +sería más viejo que él y si estaría como él remozado o si de cualquiera +otra suerte habría vivido largas y sospechosas vidas anteriores. Miguel +de Zuheros, sin embargo, no persistía en cavilar sobre estas cosas +cuando notaba la sencillez y la naturalidad con que Tiburcio, sin hacer +gala de su ciencia, la mostraba si era menester, y afirmaba haberla +adquirido por medios y caminos, no raros y reprobados, si no lícitos y +vulgares.</p> + +<p>En aquella ocasión Tiburcio dio pruebas de lo bien que se enteraba de +todo, señalando a su señor los más conspicuos caballeros y las más +garridas damas, que en aquella procesión se parecían, y diciendo sus +nombres, sus cualidades y su historia.</p> + +<p>Nadie llamó tanto la atención de Miguel de Zuheros, como una dama muy +hermosa y muy joven que iba cerca de la Reina.</p> + +<p>—Esa es—dijo Tiburcio—la señora doña Sol de Quiñones, íntima amiga y +favorita de la Reina, y nieta de aquel famoso y enamorado D. Suero que +sostuvo el Paso honroso en el puente de Órbigo. Ya ves que es muy bella. +Su beldad, no obstante, queda eclipsada por su discreción, por su +talento, por sus virtudes y por la ingenua candidez de su carácter. +Cuantos la tratan se prendan de ella y se hacen lenguas en su elogio.</p> + +<p>Al contemplar tanta pompa y hermosura, Miguel de Zuheros sentía viva +impaciencia de darse a conocer y de ser presentado en la corte. Pensando +en cómo lo conseguiría de la manera para él más favorable, vio pasar la +comitiva toda.</p> + +<p>Aún salía mucha más gente del templo, y nuestros dos aventureros +permanecieron parados para verla salir.</p> + +<p>Ya de los últimos, apareció un pequeño grupo que montó a caballo a la +puerta del templo y que pasó muy cerca de Miguel de Zuheros, excitando +su curiosidad. Tiburcio la satisfizo diciéndole:</p> + +<p>—Esos dos galanes, que van como cautivos al lado de las damas, son +Pedro Carvallo y Ramón de Acevedo, valientes soldados de fortuna ambos, +que han vuelto de la India con más oro que pesan. La graciosa morenita, +que ríe a carcajadas y se zarandea y se mueve come si estuviera hecha de +rabillos de lagartijas, es la muy ponderada ninfa gaditana, conocida ya +en gran parte del mundo, con el extraño apodo que su compañera le ha +dado. La llaman Teletusa la Culebrosa, en conmemoración de la Teletusa +antigua y clásica, a quien celebra Marcial en uno de sus epigramas por +lo bien que bailaba, repiqueteaba las castañuelas y hacía otros +primores. La principal figura del grupo, y por serlo la he dejado para +lo último, es nada menos que donna Olimpia de Belfiore, una de las más +artísticas, hermosas, sabias y elocuentes mujeres, que ha producido +Italia en nuestros días, en que renacen, más allí que en otras regiones, +la antigua cultura greco-romana y las ciencias y artes de amor, de paz y +de guerra. Atraída donna Olimpia por la trascendente fama del esplendor +y de la riqueza de esta capital, ha venido a ella, hará dos semanas, en +compañía de su amiga y en cierto modo discípula, la de Cádiz, a quien ha +dado el nombre que ya te he dicho de Teletusa. Porque es de saber, que +la tal donna Olimpia, lejos de ser una hembra adocenada, tiene +portentoso ingenio y despunta por su mucha doctrina. En Italia la +celebran de <i>mirabilmente colta</i>. Sabe latín como Nebrija; sabe también +algo de griego; ha leído los poetas e historiadores antiguos y clásicos +y los de su patria, y entiende tanto de cuanto hay que entender, que +pasa por un Pico de la Mirándola o por un Fernando de Córdoba, con +faldas.</p> + +<p>A este punto de su perorata llegaba Tiburcio, cuando donna Olimpia y los +que le acompañaban pasaron casi tocando con Miguel de Zuheros, el cual +pudo ver bien y de frente a la dama. Estrella de amor le pereció y de +primera magnitud y deslumbrante brillo. Sus cabellos relucían como oro +candente, suponiéndose que se los adobaba y doraba con cierta loción +cosmética de muy pocos conocida, y usada también por la famosa Lucrecia +Borgia, Duquesa de Ferrara. Tanto hubo de ser así que no faltó en aquel +tiempo quien asegurase, que el precioso rizo que tenía Pietro Bembo en +el principio de su ejemplar de Lucrecio, donde está la invocación a +Venus, rizo que se conserva aún en la Biblioteca Ambrosiana de Milán, no +era de la Duquesa de Ferrara, sino de la tal donna Olimpia. Sea de esto +lo que se quiera, lo que nos importa añadir aquí es que el aspecto, +ademán y entono de donna Olimpia estaban llenos de reposada majestad. De +sus años no sabemos qué decir. Como las deidades mitológicas, como los +seres inmortales, su edad era problemática; era casi un misterio. Se +diría, no obstante, que aquel astro culminaba entonces en el meridiano +de su belleza y de su gloria. Sobre la hacanea torda en que iba y +sentada sobre blandos cojines en elegantísimo sillón o jamugas, semejaba +una emperatriz en su trono.</p> + +<p>Al encararse con Miguel de Zuheros, mirándole de frente, le hizo bajar +los ojos deslumbrado por la viveza de aquel mirar y por la fuerza +magnética de aquellos ojos verdes o glaucos como los de Minerva, Medea y +Circe, y que podrían compararse a dos esmeraldas ardiendo en llamas.</p> + +<p>Donna Olimpia era alta y bien formada, pero, más que esbelta, amplia y +exuberante sin perder la gracia y el hechizo, como las ninfas y diosas +que pintaba Tiziano Vecelli.</p> + +<p>Cuando pasaron los del grupo, Tiburcio prosiguió su arenga diciendo:</p> + +<p>—Esta donna Olimpia es un prodigio singular. Se ignora la edad que +tiene. Quizá sea como la hechicera Arleta, que se disfrazaba de moza y +enamoraba y seducía a todos los hombres. Su hermosura, sustancial o +aparente, no se puede negar. Tiziano, no hace mucho tiempo, se complació +en retratarla en un cuadro delicioso. Ella está figurando a Venus, con +la ligereza de ropas que tal figuración requiere, pero en su soberbia +cabeza lleva el morrión penachudo, y a sus pies tiene por tierra la +truculenta espada de Marte. Por dichas prendas, que le ha entregado el +Dios de la guerra que está allí contemplándola en éxtasis, le entrega +ella un travieso amorcito, que tiene cogido por las alas y que ha sacado +de una jaula, donde quedan aún presos otros varios hermanos suyos. +Paréceme, señor Miguel, que no os disgustaría que os regalase o vendiese +donna Olimpia alguno de los mencionados hermanos.</p> + +<p>Interpelado así bruscamente, contestó Miguel de Zuheros:</p> + +<p>—Déjate de eso ahora. En asuntos más graves debemos ocuparnos y más +gloriosas empresas nos conviene acometer. Dime, sin embargo, pues no te +niego que soy curioso, algo más que sepas de donna Olimpia.</p> + +<p>—Poco más puedo contarte. Si hemos de creer lo que ella refiere, no ha +habido, en lo que va de siglo, mujer más victoriosa. A sus pies han +estado príncipes y duques, guerreros invictos, acaudalados mercaderes y +laureados poetas como Ludovico Ariosto, Fracastoro, el Aretino, +Sannazaro y muchos más cuyos nombres no acuden a mi memoria. En cierta +farsa o representación alegórica, en el palacio de Alejandro VI, hizo +una vez la figura de la Justicia, con la balanza en su fiel, pesando +méritos y repartiendo premios según a cada uno le tocaba. Se cuenta, por +último, que donna Olimpia, allá en su primera mocedad, se lució una vez +en la academia platónica de Florencia, pronunciando un sublime discurso +sobre el amor, que oyó Marcilio Ficino, ya viejo, y quedó embelesado de +oírle.</p> + +<p>—Vamos, vamos, no me cuentes más de esa mujer. Basta con lo que has +dicho para comprender que es la más desvergonzada de las aventureras.</p> + +<p>Terminada aquella conversación, Miguel de Zuheros y su doncel soltaron +las riendas a sus caballos, y a buen trote, y buscando rodeos para no +tropezar con la muchedumbre que atajaba el paso, se dirigieron a la +Plaza del Rocío, para ver de nuevo la procesión o pompa regia, que debía +pasar por allí. En seguida, según estaba anunciado, la procesión subiría +a iglesia del Carmen, edificada sobre un cerro, que domina dicha plaza, +y donde se ven y persisten aún sus ruinas, después del terremoto +horrible que la destruyó en 1755.</p> + +<p>En la iglesia del Carmen se venera una imagen de la Virgen de los +Dolores, de quien era el Rey muy devoto y a quien iba a presentar rica +ofrenda y a dar fervorosas gracias por los recientes triunfos que las +armas portuguesas habían alcanzado en Ceilán y en otras islas más +remotas.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="III" id="III"></a>-III-</h2> + + +<p>La procesión iba con tanta pausa, que Miguel de Zuheros y Tiburcio no +tuvieron que apresurarse para llegar a la Plaza del Rocío antes de que +la procesión llegara.</p> + +<p>Poca gente había aún en dicha plaza, en uno de cuyos ángulos se pararon +nuestros aventureros. Todo en torno estaba sosegado. El escaso público +hablaba en voz baja y hacía poco ruido, pero de súbito todo cambió de +aspecto, levantándose allí cerca furioso tumulto. La gente se agolpaba a +donde el tumulto había empezado: unas personas para tomar parte en él y +por curiosidad otras. Un anciano de venerable aspecto, de blanca y +luenga barba, vestido de negro a la italiana, y acompañado sólo de otro +de menos edad, que parecía ser su familiar o secretario, estaba rodeado +de hombres y mujeres del pueblo, de esclavos negros y de muchachuelos +vagabundos, que en ademán hostil le insultaban y amenazaban a gritos, +llamándole marrano, enemigo de Cristo y perro judío.</p> + +<p>Sin provocar más la furia del populacho, y sin tratar tampoco de huir, +el anciano miraba con serenidad y calma a los que le ofendían, +manifestando en sus miradas, no indignación, sino dulce y resignada +tristeza.</p> + +<p>Aquel grave modo de sufrir la injuria, así como el valor pasivo de que +el anciano daba pruebas, contuvieron por algunos momentos la furia del +populacho. Los gritos no obstante de perro judío y de marrano, que los +más desaliñados y maleantes no se cansaban de repetir, sobreexcitaron +las malas pasiones. Todavía quedaba alrededor del denostado, un claro o +vacío no pequeño; pero el círculo se iba estrechando, y era de temer, +era casi seguro, que pronto las ofensas de palabra iban a convertirse en +rudas ofensas de hecho. Ya algunos pilletes y mujercillas habían +disparado contra el anciano desperdicios de berzas y frutas, y alguien +también había escupido sobre él, aunque sin tocarle.</p> + +<p>Un mulato, el más insolente de la chusma, avanzó hacia el anciano con la +mano levantada como para darle en el rostro. El anciano permaneció +impasible e inmóvil, apoyado en la larga bengala que le servía de +báculo; pero su secretario o familiar, más joven y robusto, perdió +paciencia, se interpuso, hizo cara al mulato y le sacudió tan fuerte +puñetazo, que lo derribó por tierra.</p> + +<p>La ira popular rompió entonces todo freno. Hombres, mujeres y chiquillos +cayeron sobre los dos, al parecer forasteros y judíos, y sin duda los +hubieran despedazado, si no acuden muy a tiempo Miguel de Zuheros y +Tiburcio, abriéndose paso por entre la alborotada y amontonada +muchedumbre y sacudiendo golpes sobre ella, con las espadas desnudas, +aunque procurando que fuese de plano, para no causar heridas ni muertes.</p> + +<p>Sorprendida y asustada la turba por aquella súbita e imprevista +intervención, retrocedió no poco, dejando despejado un largo trecho en +torno de los forasteros inermes, delante de los cuales se pusieron +prontos a defenderlos los otros dos forasteros a caballo.</p> + +<p>El populacho, no obstante, pasado su primer asombro, arremetió contra +Miguel de Zuheros y Tiburcio, yendo algunos de los que acometían armados +de garrotes y de puñales.</p> + +<p>Sangrienta hubiera sido aquella pendencia, y tal vez de éxito fatal para +nuestros dos héroes, si de repente no hubieran recibido el socorro de un +gallardo mozo, más joven en apariencia que Tiburcio, a caballo también, +elegante y ricamente vestido, y con el escudo de las armas reales +bordado en la sobreveste, manifestando así que era mozo fidalgo o menino +de la cámara del Rey.</p> + +<p>Su nombre corrió entonces de boca en boca entre la plebe. Era el +simpático Damián de Goes, que privaba mucho con el soberano.</p> + +<p>Por lo pronto tuvo esto a raya a la multitud, pero no faltó quien la +irritase, y empezó entre los tres caballeros por una parte, y siete u +ocho fidalgos que estaban a pie y vinieron a auxiliarlos, y por otra +parte la desarrapada muchedumbre, una muy reñida escaramuza, que hubiera +terminado en tragedia, si por dicha no hubiesen amortiguado la cólera de +todos, parándolos atónitos y respetuosos el resonar de los clarines y el +estruendo jubiloso de las aclamaciones que anunciaban la entrada en la +plaza del Rey y de su comitiva.</p> + +<p>Aunque la lucha cesó, no cesó tan a tiempo que el Rey no se enterase de +ella. Y mandados por él, se adelantaron algunos soldados de su guardia, +rompieron por medio de la apiñada multitud y llegaron al centro mismo +donde se hallaban los que dieron ocasión al alboroto.</p> + +<p>Damián de Goes, haciéndose seguir de Miguel de Zuheros, de Tiburcio y de +los dos forasteros desconocidos, llegó donde estaba el Rey y le refirió +todo el suceso.</p> + +<p>Dirigiéndose el Rey al anciano desconocido, le preguntó:</p> + +<p>—¿Y tú quién eres y de dónde sales, viniendo a perturbar la alegría y +la paz de Lisboa en ocasión tan solemne?</p> + +<p>Con serenidad y desenfado respetuoso y en correcta y elegante lengua +portuguesa, el anciano contestó al Rey:</p> + +<p>—Yo señor, he nacido en Lisboa. Aquí he pasado los mejores años de mi +vida. Las <i>saudades</i> de mi ciudad natal y (¿por qué he de negárselo a +Vuestra Alteza?) negocios importantes de mi casa me han hecho volver a +Portugal, que abandoné muy niño, cuando ya estoy viejo, aunque más +abrumado por los pesares que por los años. Pensaba yo permanecer en +Portugal muy poco tiempo, y no recelaba que nadie me reconociese, +descubriendo y divulgando mi nombre, mi religión y mi casta, tan +aborrecida hoy en España toda. Por desgracia no ha sido así. Interesados +enemigos míos me han reconocido, han hecho correr la voz entre el vulgo +de que soy israelita y han causado el atropello de que yo hubiera sido +víctima, si estos nobles caballeros no me socorren.</p> + +<p>—¿Y cuáles son tu condición y tu nombre?—preguntó el Rey.</p> + +<p>Temeroso de que no le diesen crédito, vaciló en declararlos el anciano.</p> + +<p>García de Resende, que acompañaba al Rey y no estaba muy lejos, se +acercó entonces y dijo:</p> + +<p>—Bien puede Vuestra Alteza estar satisfecho de que este anciano haya +quedado libre de toda injuria. No sólo es portugués, sino uno de +aquellos portugueses que dan más gloria a Portugal en esta nuestra edad +para Portugal tan gloriosa.</p> + +<p>Y dirigiéndose luego al anciano y alargándole la diestra para estrechar +amistosamente la suya, añadió el ínclito trovador:</p> + +<p>—¿Te has olvidado acaso de mí y del amistoso lazo con que nos unimos en +Roma y de las largas pláticas que allí teníamos, cuando estuve yo como +Secretario de la pomposa Embajada de Tristán de Acuña?</p> + +<p>—¿Cómo había yo de olvidarme de García de Resende?—respondió el +interrogado—. Yo no podía olvidar a uno de mis mejores amigos, cuyo +Cancionero además, regalado por él, hace mi delicia y me vale, +leyéndole, para conservar y perfeccionar en mi alma la lengua +portuguesa, que fue la primera que hablé.</p> + +<p>—Pero a todo esto—exclamó el Rey con impaciencia y encarándose con el +anciano—tú no acabas de decirme quién eres.</p> + +<p>—Perdona mi tardanza, señor.</p> + +<p>Y añadió luego, echándose a los pies del Rey:</p> + +<p>—Yo soy el hijo de un leal criado de tu heroico antecesor Alfonso V el +Africano. Yo soy Judas Abravanel, más conocido hoy en el mundo con el +nombre de León Hebreo.</p> + +<p>Apenas Judas Abravanel hubo pronunciado estas palabras, muchos de la +comitiva, y particularmente las damas, le cercaron para contemplarle y +aplaudirle. Sus discretísimos <i>Diálogos de amor</i> eran muy admirados en +la corte. La Reina, la Infanta doña Beatriz y otras muy sabias señoras +se deleitaban leyendo en italiano aquellas tan sublimes filosofías. +Todas, pues, se dieron el parabién de que León Hebreo no hubiera sido +gravemente ofendido.</p> + +<p>El Rey, no sin meditar para mejor ocasión algo en desagravio y obsequio +de León Hebreo, hizo que, por lo pronto, dos de su guardia de a pie le +acompañasen y le escoltasen hasta su posada.</p> + +<p>Aunque Damián de Goes había dicho al Rey los nombres de los dos +aventureros castellanos que habían tomado la defensa del ilustre +filósofo israelita, el Rey, por distracción fingida o verdadera, y acaso +por estar depriesa, no les dirigió la palabra y aparentó no fijar la +atención en ellos. Conocedor de las más notables alcurnias y casas de la +nobleza castellana, los apellidos de Zuheros y de Simahonda sonaron mal +y sordamente en sus oídos.</p> + +<p>Harto contrariado se sintió de esto Morsamor. No valía la pena de +remozarse y de aparecer otra vez en el mundo como resucitando o +resurgiendo a nueva vida para que le desdeñasen y le hiciesen tan +poquísimo caso como en la vida antigua. Un reniego, apenas articulado, +brotó de sus labios. Morsamor, no obstante, se repuso y disimuló su +enojo, pero Tiburcio no dejó de notarlo y le dijo en voz baja:</p> + +<p>—No pierdas paciencia, y ya verás cómo pronto te es propicia la +fortuna.</p> + +<p>En efecto, o por benevolencia, o porque los dos aventureros le eran +simpáticos, o para mitigar el desdén o descuido del Rey, Damián de Goes +estuvo afabilísimo con ellos y los movió a seguirle a la iglesia del +Carmen, en pos de la comitiva del Rey.</p> + +<p>Contrariado y triste se mostraba Damián de Goes, que era muy humano y +benigno, de la feroz conducta que había tenido la plebe lisbonense con +Judas Abravanel. Esto retrajo a su memoria la horrible matanza de judíos +que pocos años antes, siendo él todavía muchacho, había hecho la plebe +de Lisboa, fanatizada y enfurecida por algunos frailes y secundada por +marineros de diversos países de cuantos barcos estaban anclados en el +Tajo. Tres días duraron el saqueo y la matanza. Más de quinientos judíos +murieron quemados, y degollados cerca de dos mil. El hedor de la carne +chamuscada, de los cadáveres insepultos y de la sangre corrompida +infectaba el aire. El Rey Don Manuel el Dichoso se hallaba entonces en +Évora. Cuando volvió a su capital castigó, severamente justo, tan cruel +infamia, haciendo ahorcar a varios de los amotinados y a dos o tres de +los frailes instigadores. Los judíos portugueses, y no pocos de los +expulsados de Castilla que en Portugal se habían refugiado, con mayor +recelo del rencor de la plebe que confianza en el escarmiento que pudo +causar el castigo, no osaban desde entonces aparecer en público en días +de fiesta y solemnidad religiosa. Lamentable imprudencia había sido la +de León Hebreo.</p> + +<p>Pensando casi en alta voz, y según iban subiendo a la iglesia del +Carmen, el futuro historiador del Rey Don Manuel, más excitado por el +amor de la humanidad que por el amor de la patria, deploraba y condenaba +la ferocidad de sus compatriotas contemporáneos así contra los judíos en +Portugal como allá en la India contra las diversas gentes, musulmanas y +gentiles, que iban venciendo y sujetando.</p> + +<p>Nuestro Tiburcio, que iba al lado de Damián de Goes, procuró consolarle +diciendo de esta manera:</p> + +<p>—No os apesadumbréis tanto, mi buen señor, por lo tremendos y feroces +que suelen mostrarse en el día los hombres de esta península, engreídos +por sus triunfos y por su predominio en la tierra. Al cabo, no sin +piadoso designio, entiendo yo que ha dispuesto la Providencia que sean +las naciones de Aragón, Portugal y Castilla las que prevalezcan y +descuellen en esta edad, todavía algo bárbara y de costumbres poco +suaves. El sentimiento y la creencia de la fraternidad y de la igualdad +humanas están más hondamente arraigados y grabados en el corazón y en la +mente de los pueblos del Mediodía de Europa que en el corazón y en la +mente de los pueblos del Norte. No hay castellano, ni portugués, que se +juzgue de una raza superior; que deje de tener por hermanos suyos a los +demás hombres; pero a veces la codicia rompe este lazo fraternal, y por +robar se mata, y a veces una caridad mal entendida mueve al creyente +celoso a infligir duras penas temporales con el intento y buen propósito +de sacar del poder del diablo y de libertar de las penas eternas a los +que están dados al diablo y son sus esclavos. Confieso que lo dicho +tiene inconvenientes enormes, pero aún sería incomparablemente peor si +fuese un pueblo más soberbio quien hoy predominara. Dentro de dos o tres +siglos, cuando el corazón humano se ablande mucho con la cultura, acaso +sean los pueblos del Norte los que predominen sin los horrores y +estragos que hoy causaría su predominio. En el engreimiento del triunfo, +tendrían por evidente que eran una raza superior y nos exterminarían a +todos sus prójimos no creyéndonos tales. Dentro de dos o tres siglos, +según ya he dicho, la culta filantropía no consentirá tan horrible caso. +Lo más que podrá ocurrir, será que con su desdén orgulloso abatan y +hundan en la abyección a los pueblos de que se enseñoreen, y que tal +vez, predicándoles y enseñándoles doctrinas religiosas contrarias a la +fe católica, sin el esplendor artístico y sin la pompa de sus ritos y +con un concepto tremendo y duro de la justicia divina, no templada por +la misericordia, entristezcan y desesperen a sus catecúmenos y los hagan +morir de aburrimiento. Así presumirán ellos que, sin crueldad, van +despejando de razas inferiores la superficie de nuestro planeta para que +se extienda por toda ella, crezca y se multiplique la raza superior a +que pertenecen.</p> + +<p>La extraña teoría de Tiburcio no convenció a Damián de Goes, pero le +hizo reír; y si no la halló verdadera, la halló chistosa.</p> + +<p>Morsamor, distraído y taciturno, no prestó atención a lo que Tiburcio +decía.</p> + +<p>Así llegaron a la puerta de la iglesia del Carmen, y, encomendando sus +caballos a sendos palafreneros de la Casa Real, que los tuvieron de la +brida, entraron en la iglesia, donde se hallaban ya el Rey y todo su +séquito.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="IV" id="IV"></a>-IV-</h2> + + +<p>Poco tiempo permaneció Morsamor en la iglesia. Pronto salió de ella +acompañado de Tiburcio que le seguía como su sombra.</p> + +<p>—Yo no podía estar allí—dijo Morsamor—. Aquel ambiente me sofocaba. +Me consideré reo del sacrilegio más espantoso. Fraile perjuro a sus +votos imaginé que me arrojaban del santuario aquellos mismos tres +ángeles poderosos que armados de azotes y montados en fantásticos +corceles, arrojaron del templo de Jerusalén, para que no le profanase, +al impío Heliodoro, ministro del rey de Siria.</p> + +<p>—Mucho exageras tu pecado y el castigo que merece—contestó Tiburcio—. +Te atormentas en demasía. Es muy excepcional tu situación. Tú debes ser +también excepcionalmente juzgado. Tu vida de ahora es vida nueva por +completo. Tu remozamiento casi es resurrección. Desecha remordimientos +vanos. No te tengas por la misma persona que hizo sus votos en el +convento de Sevilla. Cree más bien que eres el hijo de aquel fraile, que +te engendró antes de entrar en la regla, y hasta que eres el nieto de +aquel otro aventurero Morsamor que andaba por el mundo en el reinado de +Enrique IV de Castilla.</p> + +<p>Morsamor replicó:</p> + +<p>—Quiero suponer que tienes razón en lo que dices. Me serenaré; me +aquietaré creyéndome otro del que era. Algo hay, no obstante, que me +amarga y emponzoña esta nueva vida y me persuade de que soy el mismo: el +desdén, el menosprecio con que todos me miran. Con rapidez ha pasado por +mi alma, pero dejando en ella doloroso rastro como si fuese metal +derretido, un abominable pensamiento. Si yo me hubiese lanzado de súbito +sobre ese rey presuntuoso que me desdeñaba, y le hubiese dado violenta +muerte, de súbito también hubiera salido yo de la insignificante +obscuridad en que me veo y las diez mil voces de la Fama hubieran +llevado mi nombre por el mundo todo.</p> + +<p>—Menester es—interpuso Tiburcio—que deseches esa ridícula y constante +preocupación de que no te hacen caso. El tenerla ha sido hasta hoy causa +principal de que no te le hagan. Tal preocupación proviene de sobra de +vanidad y de falta de orgullo. Quien anhela que le hagan caso es quien +no está seguro de su propio valer. Ora duda de él y quiere que los +extraños confirmen y acrediten que le tiene; ora en el fondo de su +atribulada conciencia se ve ruin, necio y para poco, y aspira sin +embargo, a imponerse, engañando al mundo. Al orgulloso, al que hace alta +estimación de sí propio, poco o nada le preocupa la estimación de los +demás. Si no le estiman es porque no le comprenden. Y si le estiman, +todo el caso que hagan de él no aumentará en un escrúpulo, en un átomo, +la importancia que él se atribuye. En lo antiguo, entre los gentiles, +era muy frecuente esa preocupación que tú tienes ahora. Sin duda por el +afán de lucirse y de inmortalizarse, así como Eróstrato incendió el +templo de Diana en Efeso, hubo muchos que, sintiéndose ruines, amaron la +celebridad más que la vida, y no por amor a la libertad y a la patria, +sino por amor de la vanagloria, dieron muerte a sendos reyes o tiranos. +El gran satírico de Roma lo consigna en sus versos: <i>Pocos son los +tiranos y los reyes que descienden al infierno con muerte sosegada y +pacífica y sin violencia ni sangre</i>. La religión de Cristo ha mitigado +este furor de celebridad. Acaso llegue un día en que las creencias sean +menos firmes, y entonces movidos los miserables por la sed de nombradía, +volverán a intentar o a perpetrar crímenes que los levanten sobre los +demás hombres, aunque sea en el patíbulo. Tiene de bueno la humildad +cristiana, que es de todo punto contraria a la vanidad aviniéndose con +el orgullo recto y sano. Después de exclamar, con el muy elocuente +Obispo de Hipona: <i>¡Gran cosa es el hombre hecho a imagen y semejanza de +Dios!</i>, ¿quién ha de preocuparse de que en esta baja tierra le hagan o +no le hagan caso? Si ha de consistir nuestra aspiración en <i>ser +perfectos como nuestro Padre que está en el cielo</i>, ¿qué añaden a la +suma de lo perfectible las vulgares alabanzas y los honores mundanos? El +buen imitador de Cristo se muestra sin duda muy humilde, pero es con +relación al Dios que ama y adora. Postrado ante su Dios es despreciable +pecador, es vil gusano, pero esa misma humillación le encumbra luego. El +humilde Francisco de Asís sube al cielo, y, si hemos de dar fe a la +revelación que tuvieron sus hijos espirituales, fue a sentarse en el +esplendoroso y elevadísimo trono que dejó allí vacante Lucifer después +de su rebeldía. Y no dilato más mi razonamiento. Básteme concluir +aconsejándote que no hagas el menor caso de que te hagan o de que no te +hagan caso. La estimación se la da uno mismo sin necesidad de que se la +dé nadie. Otras son las mil cosas materiales e inmateriales que están +fuera de nosotros y que fuera de nosotros es menester buscar y hallar. +Como ejemplo de las inmateriales pongo el amor. Ya encontrarás tú quien +te ame. Como ejemplo de las materiales, casi como cifra y compendio de +todas ellas, pongo el dinero, y ese le tenemos en abundancia, gracias a +la espléndida munificencia del Padre Ambrosio. Alégrate pues, y ten +pecho ancho. Ya el Padre Ambrosio, en su previsora sabiduría, habrá +dispuesto los sucesos de tal manera que pronto te atiendan, no como fin, +pues basta que te atiendas tú, sino como medio de realizar otros fines.</p> + +<p>Aquí llegaba Tiburcio en su singular perorata, cuando salió de la +iglesia un viejo venerable, ricamente vestido, como muy principal +hidalgo que era. Y parándose delante de Morsamor y mirándole de hito en +hito con jubilosa sorpresa, le dijo:</p> + +<p>—Sois, señor, el vivo retrato, no sé si de vuestro padre o de vuestro +abuelo, a quien conocí y traté hará ya medio siglo, pero cuya imagen +está grabada en mi memoria con rasgos indelebles. Le debí primero +franca, leal y cariñosa amistad y después, la vida. Yo me llamo Duarte y +soy hijo del heroico Pedro de Mendaña, quien después de la batalla de +Toro se mantuvo tanto tiempo en el castillo de Castronuño, contra todo +el poder de Castilla. Un valeroso aventurero de aquella nación, cuyo +nombre era como el vuestro Miguel de Zuheros, y cuyo sobrenombre de +guerra era también Morsamor, fue en aquel castillo mi constante +compañero de armas. Audaces correrías hicimos a menudo en el país +enemigo. Talamos sus panes, saqueamos alquerías y granjas y volvimos no +pocas veces a nuestra fortaleza cargados de botín riquísimo. En una de +estas excursiones, que no olvidaré nunca, nos cercó gran golpe de +villanos armados y de gente guerrera a caballo. Allí me derribaron del +mío, asaz mal herido, y allí hubiera muerto yo, si Morsamor no me +defiende con extraordinario brío. Él pudo rechazar por algunos instantes +a los que nos cercaban, ponerme con increíble ligereza a las ancas de su +corcel, y huir conmigo a todo escape entre un diluvio de flechas y de +balas. Así pudimos refugiarnos en el castillo de Castronuño. Poco tiempo +después desalojó mi padre el castillo en virtud de muy honrada y +ventajosa capitulación. Siete mil florines cobró mi padre del castellano +por el favor que le hizo de abandonar la fortaleza y de volverse a su +patria. Entonces nos separamos de Morsamor que se quedó en Castilla. +Como yo le debo tanto, jamás he podido olvidarle, aunque no volví a +verle ni a saber de él después. Ya en aquella época era él, sin duda, de +mayor edad que tú ahora. Precoces arrugas surcaban su rostro, y en sus +cabellos y en su barba, negros como la endrina, blanqueaban bastantes +hilos de plata. Morsamor era más joven, pero aparentaba tener más de +cuarenta años. Tú resplandeces ahora en juventud lozana. Acaso no hayas +cumplido aún los veinticinco. Entiendo, pues, que no eres el hijo, sino +el nieto de mi salvador y amigo de tu mismo nombre. Permíteme que +reanude contigo los lazos de aquella amistad, que te pague la deuda de +mi gratitud y que estrechamente te abrace.</p> + +<p>Morsamor se dejó abrazar y abrazó también con efusión a Duarte de +Mendaña, recordando el beneficio que le hizo, aunque aceptando que el +bienhechor no había sido él, sino su abuelo.</p> + +<p>—Así es mejor—dijo Tiburcio riendo y por lo bajo—. Así te triplicas y +de ti mismo te forjas antepasados. Así te asemejas a cierto mercader que +el Padre Ambrosio conoció en Roma, de quien contaba que se hizo retratar +en escultura y en pintura, con trajes de todas las edades, hasta de +aquella en que florecieron los Scipiones y los Favios. Con tan buena +maña se formó larga serie de progenitores ilustres.</p> + +<p>Como quiera que ello fuese, el reconocimiento que Duarte de Mendaña hizo +de Morsamor, le sirvió de mucho, allanó dificultades, disipó recelos e +hizo que el Rey le hablase y le recibiese en su corte.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="V" id="V"></a>-V-</h2> + + +<p>Recibidos ya en la corte Morsamor y su doncel Tiburcio, lograron pronto +ser estimados y queridos.</p> + +<p>Las fiestas de todo género se sucedían entonces sin un momento de +descanso. El Rey quería celebrar el concertado enlace de su hija la +Infanta doña Beatriz con el Duque de Saboya, y anhelaba deslumbrar a los +embajadores de aquel potentado, que iba a ser su yerno, con el lujo, la +magnificencia y el esplendor de la capital de sus dominios. El tiempo +volaba sin sentir en medio de tantos deleites. Hubo brillantes saraos, +festines, cacerías y giras campestres variadas y amenas.</p> + +<p>Tiburcio, que era muy alegre y decidor, divertía y regocijaba a las +damas y tenía con ellas mucho partido. No alcanzaba tanto favor con los +hombres. Tal vez le envidiaban muchos. Tal vez se dolían otros de la +insolente suerte con que les ganaba el dinero cuando jugaban a los +dados.</p> + +<p>De todos modos, aunque era muy lucido el papel que Tiburcio hacía, +Morsamor se adelantaba en lucimiento y obtenía aplausos mayores.</p> + +<p>Muy celebrado fue Tiburcio por la serenidad y la destreza con que en una +montería a caballo, hirió con su rejón un enorme y espumante jabalí, +dejándole muerto. Pero Morsamor aún fue más aplaudido, porque, en +cerrado coso, a caballo, y armado también de frágil bastón en cuya +extremidad había acicalado hierro, lidió y mató bravos toros entre las +entusiastas aclamaciones de caballeros y de damas.</p> + +<p>Sin duda entonces hubo de prendarse de Morsamor doña Sol de Quiñones. Lo +cierto es que él se prendó de ella, hizo gala de que la servía y vistió +sus colores.</p> + +<p>Cuando se dispuso que hubiese también algo a modo de justas, donde los +caballeros luciesen su habilidad en varios ejercicios a la jineta, +corriendo sortijas y tirando bohordos, Morsamor quiso tomar parte en las +justas y lucir en ellas una empresa significativa de los sentimientos +amorosos que doña Sol le había inspirado.</p> + +<p>Consultado sobre el caso a Tiburcio, que de todo entendía, Tiburcio hubo +de decirle que no le parecía mal su propósito, con tal de que la empresa +no fuese sobrado jactanciosa, ni tampoco muy clara ni muy obscura, sino +dotada de la discreción conveniente y con lema, mote o divisa de notable +concisión y más bien en latín que en idioma moderno.</p> + +<p>Tiburcio añadió luego:</p> + +<p>—Esto de las empresas es usanza muy agradable y muy seguida en el día. +No hay príncipe, ni monarca, ni valiente y enamorado caballero que no +guste ahora de salir luciendo alguna empresa, ya en su sobreveste, ya en +su bandera o estandarte, ya en la cimera de su yelmo. Algunas de estas +empresas han sido y son muy celebradas por el tino y primor con que +expresan el pensamiento, la intención o el valer de quien las usa. De +aquí que varones muy doctos no han desdeñado inventarlas, sino que lo +han tenido a mucha gloria. De Antonio de Nebrija, egregio maestro en +Castilla de letras humanas, se cuenta que inventó la empresa del Rey D. +Fernando el Católico, la cual era el nudo gordiano, desbaratado y roto +por la mano y espada de Alejandro, con un letrero que decía: <i>Tanto +monta</i>, o sea que es lo mismo romper que desatar. Y más tarde el Sr. +Luis Marliani, Obispo de Tuy y médico y matemático insigne, inventó +empresa todavía mejor, para el César Carlos V, reemplazando el eslabón +de Carlos el Atrevido, Duque de Borgoña. Y fue y es la tal empresa la +representación de las columnas de Hércules, con esta letra: <i>Plus +ultra</i>; breves, elocuentes y sublimes palabras, que evocan en la mente +de quien las lee la inmensidad del Océano, las islas y los continentes +incógnitos, el nuevo mundo en suma, descubierto y dominado por la +tenacidad, la osadía y la ventura de los hijos de Iberia. Empresas +políticas son estas; pero también los galanes enamorados han solido +inventar en ocasiones muy graciosas y gentiles empresas. Veamos si a ti +se te ha ocurrido alguna que merezca elogio y que convenga a tus fines.</p> + +<p>Morsamor contestó:</p> + +<p>—En verdad, se me ha ocurrido una empresa, que me parece bien. Si peca +por algo, es por ser sobrado clara. Pongo yo un campo dividido en +quiñones o suertes, pero que nadie puede cultivar ni gozar porque le +rodea una salamandra que en torno del campo se enrosca. Y en el centro +hay un sol de oro cuyos rayos enamoran a la salamandra a par que la +queman. Y de la boca de la salamandra sale una cinta que va hacia el sol +y lleva este escrito: <i>En ti vivo, muero y ardo</i>.</p> + +<p>Tiburcio no pudo menos de hallar la empresa sutil e ingeniosa; pero como +era muy franco y decía su parecer sin rodeos y aconsejaba con toda +libertad, habló a Morsamor de esta suerte:</p> + +<p>—De perlas encuentro yo todo eso. He de permitirme, no obstante, hacer +algunas observaciones, y aun de atreverme a aconsejarte y amonestarte, +pues aunque novicio y más joven que tú, soy como el apoderado y +representante del sapientísimo Padre Ambrosio, en cuyo nombre hablo. +Declaro, pues, en su nombre, que estos enamoramientos son un tanto +cuanto pueriles y pueden ser perjudiciales. ¿Has venido acaso a nueva +vida por la virtud pasmosa de la ciencia para volver a las andadas e +incurrir (perdóname que así las califique) en las mismas locuras y +sandeces de tu vida anterior? Tú te has remozado para acometer grandes +empresas que honren y glorifiquen a ti y a todo el linaje humano y no +para enamorarte como un bobo de una damisela entonada y cogotuda que +acabará por apartarse de sí con melindroso desprecio cuando se satisfaga +y harte su amor propio de recibir adoraciones. Si yo creyese como +Pitágoras que las almas transmigran y que van sucesivamente informando +distintos cuerpos, lo que recelo que pasa en ti, me inclinaría a +entender que de nada vale la tal transmigración para el adelanto de las +almas. Aunque tuviésemos siete vidas como los gatos, haríamos en la +séptima simplezas no menores que en la primera y daríamos idénticos +tropiezos y caídas. Nada censuraría yo si se limitasen estos amoríos a +ser un galante y fugaz pasatiempo, pero los hallo muy mal si son serios. +El inaudito esfuerzo que el Padre Ambrosio hizo para remozarte, no debe +tener tan mezquino resultado.</p> + +<p>—Tu amonestación—contestó Miguel de Zuheros—es infundada y hasta +perversa. Blasfemas calificando de sandio y de mezquino al amor, germen +fecundo de virtudes y de grandes acciones. Acuérdate de la divina fábula +de Esopo. Amor bajó del Olimpo para consolar al linaje humano. En el +banquete de los dioses faltó la antigua alegría porque Amor estaba +ausente. Amor volvió entonces al cielo y rara vez y muy de pasada acude +al mundo, donde sus menores hermanos, hijos de las ninfas, toman su +apariencia y le imitan hiriendo las almas vulgares. Pero el verdadero y +celeste Amor hiere las almas escogidas, e hiriéndolas, las habilita y +dispone para llevar a cabo las más altas hazañas. De este celeste Amor +imagino y pretendo yo estar herido. ¿En qué contraría, en qué desluce o +esteriliza semejante enamoramiento el propósito que pudo tener el Padre +Ambrosio al remozarme?</p> + +<p>—Mucho podría yo argumentar en contra—replicó Tiburcio—. Para impulso +de grandes hazañas, preferiría yo en ti el amor de la gloria, el de la +patria, el de todo el humano linaje, el de Dios mismo y no el de una +mujer cualquiera. Tal amor tiene no poco de idolatría. Tú te le finges +espiritual y alambicado, mas yo sospecho que no lo es. Yo le creo nacido +del consorcio de tu vanidad mundana con cierto prurito que proviene sin +duda de que al Padre Ambrosio se le fue la mano cuando compuso la poción +preparatoria que te propinó antes de remozarte, vertiendo en ella en +demasía cierto ingrediente: el zumo de las mandrágoras con que Lía +apartaba a Jacob de Raquel y le atraía a su regazo.</p> + +<p>—Inverosímil parece—interpuso Morsamor—que tú, siendo tan mozo, dudes +de lo verdaderamente poético o más bien lo niegues, entregándote a +cavilaciones diabólicas.</p> + +<p>—¿Quién sabe?—dijo Tiburcio—. Posible es que tenga yo algo de diablo, +pero, aun así, yo sería siempre un diablo muy puesto en razón y muy +juicioso.</p> + +<p>Sin enojo oyó Morsamor las amonestaciones de Tiburcio, pero no atendió a +sus consejos y siguió pretendiendo y rindiendo culto a doña Sol de +Quiñones.</p> + +<p>En las justas figuró con brillantez y lució la empresa que él mismo nos +ha descrito.</p> + +<p>Hubo en palacio otra magnífica fiesta. El egregio poeta Gil Vicente +había compuesto un auto alegórico y mitológico para celebrar la boda de +la Infanta y desearle toda ventura en su viaje a los Estados de su +esposo. El auto se representó en palacio con gran lujo y primor en los +adornos y vestimentas de cuantos farsantes figuraron en él.</p> + +<p>Nada menos que la Divina Providencia toma las convenientes medidas y lo +apercibe todo para que la navegación de la recién desposada sea +próspera, decorosa y grata. A este fin llama a Júpiter y le encomienda +el asunto. Júpiter entonces convoca y reúne a las divinidades de los +mares y de los vientos y con ellas arregla y ordena tan benignamente las +cosas que la Infanta puede llegar al puerto de Villafranca, sana, salva +y complacida, como llegó en efecto.</p> + +<p>El lindo y candoroso auto de Gil Vicente se titula <i>Cortes de Júpiter</i>, +y fue muy aplaudido por el noble auditorio. Pero, en medio de los +aplausos, no faltaron cortesanos y damas que en voz baja hablasen de un +sujeto cuya ausencia no extrañaban aunque hacían sobre ella comentarios, +tal vez piadosos, tal vez malignos.</p> + +<p>Era este sujeto el trovador Bernardín Riveiro, estimado como nuevo +Macías. Nadie ignoraba su audacia, su fervoroso amor a doña Beatriz. Y +no pocos creían que ella había correspondido a aquel amor con afecto tan +puro como vehemente. Por cierta se daba la desesperación de Bernardín +Riveiro al ver que iba a ausentarse el alto objeto de su adoración y de +su culto. ¿Dónde habría ido Bernardín Riveiro a ocultar su dolor o más +bien a darle en la soledad rienda suelta? Esto se preguntaban los +caballeros y las damas, si bien se lo preguntaban como profundo misterio +que todos sin embargo sabían. De lo que tal vez se dudaba era de si +compartía doña Beatriz la pena del trovador, de si engreída con la pompa +nupcial y con su triunfo, no se cuidaba de aquella pena o de si la +convertía en su corazón en melancolía suave, en algo a modo de ensueño +dulce, triste y vago que la brillante realidad iba desvaneciendo como se +desvanece la pálida luz de las estrellas ante el alegre esplendor de la +rosada aurora.</p> + +<p>Como quiera que fuese, la Infanta doña Beatriz, acompañada de los +embajadores, de su esposo y de gran comitiva de damas y de señores +ilustres de la primera nobleza de Portugal, partió al fin de Lisboa para +Villafranca de Niza. El Rey, su padre, y la señora Reina fueron +embarcados hasta el convento de Belén para despedirla. Y de allí zarpó +la magnífica armada de dieciocho bajeles, tan poderosos y bien +artillados que, como dice Gil Vicente en su auto, no podían menos de +hacer temblar al turco.</p> + +<p>A poco de la partida de la Infanta doña Beatriz, la corte se fue a +Cintra, deliciosa residencia de verano.</p> + +<p>Morsamor, como gran forastero, siguió a la corte, acompañado de su +doncel Tiburcio.</p> + +<p>Aún no hermoseaban a Cintra los espléndidos bosques de camelias que le +prestan hoy tan singular atractivo. En la más elevada cumbre de sus +montes no resplandecía aún restaurado el castillo que llaman de la Peña, +donde el maravilloso ingenio artístico del Rey D. Fernando, consorte de +doña María de la Gloria, ha mostrado su inspiración y lucido su +inventiva, labrando la piedra con mil primorosos caprichos y dando ser a +un extraño monumento arquitectónico que más que de hombres parece +vivienda de silfos y de hadas.</p> + +<p>Cintra, no obstante, era entonces tan encantadora como en el día. +Aquellos cerros, que estriban en el Atlántico y forman el promontorio +más occidental de Europa, parecían tener, en edad de tanto predominio y +triunfo de los portugueses, un simbólico significado; eran el trono de +flores y de perenne verdura, donde había venido a sentarse el Genio de +Portugal para derramar luz sobre el Mar Tenebroso, abrir nunca hollados +caminos y extender su conocimiento y su dominación por los más apartados +países y entre los más diversos pueblos.</p> + +<p>Flora y Pales han prodigado sus tesoros en aquellos sitios. Arroyos de +agua cristalina fecundan por donde quiera el suelo y dan grata frescura +al ambiente, embalsamado por la esencia olorosa de una vegetación +exuberante. Árboles lozanos y gigantescos crecen hasta en los más +elevados picos, arraigan hasta en las hendiduras de las peñas y forman +enramadas y verde bóveda sobre los mil senderos y veredas que cruzan los +valles y que serpentean por la falda de los cerros, dibujándose como +bordado de oro sobre el florido manto y sobre la mullida alfombra de +hierba fresca que por todas partes se extiende.</p> + +<p>Además del regio alcázar, ya había entonces en Cintra no pocos palacios +y quintas de particulares ricos y no faltaban hospederías donde los +extranjeros pudieran albergarse.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="VI" id="VI"></a>-VI-</h2> + + +<p>Doña Sol y algunas otras damas de palacio habían acompañado a la Reina a +Cintra. Natural era que hubiesen acudido allí también los galanes que a +estas damas servían.</p> + +<p>Algo me incumbe decir aquí de que me pesa por dos razones. Es la +primera, que lo que yo diga como historiador verídico redunda quizá en +menoscabo, aunque ligero, de la alta opinión que de doña Sol debe +tenerse. Y es la segunda que no acierto a decirlo, sin grandes rodeos y +perífrasis, a no valerme de términos o vocablos disonantes por su +anacronismo.</p> + +<p>Nadie ignora en el día lo que significa <i>coquetear</i>. Otro verbo novísimo +se va introduciendo ya en nuestro idioma, verbo que no sé bien si +expresa la misma acción del coqueteo o si tiene un leve diferente matiz, +que se opone a la completa sinonimia. <i>Flirtear</i> es el verbo novísimo.</p> + +<p>Permítaseme, pues, que, desechando mis escrúpulos morales y +lingüísticos, me atreva a declarar aquí que doña Sol era muy inclinada a +coquetear o a <i>flirtear</i> y que con Morsamor había coqueteado o +<i>flirteado</i> mucho.</p> + +<p>El anhelo de ser servidas y adoradas es tan poderoso en las mujeres, aun +en las más recatadas y honestas, que las mueve a atropellar muchos +respetos y a ponerse en ocasión de graves dificultades y compromisos.</p> + +<p>Sin duda no fue amor lo que Miguel de Zuheros inspiró a aquella dama: +fue sólo sobrada y muy poética estimación de su gallarda apostura, +elegancia, bizarría y ameno trato. Pero, al distinguir a Morsamor con +inocentes favores, al atraerle con blandas sonrisas y con apenas +perceptibles, fugaces y dulces miradas, y al mostrarse con él más +conversable y benigna que con los otros hombres, doña Sol hizo que él se +engriese y se juzgase correspondido. Doña Sol entonces hubo de asustarse +de su poca prudencia, y deseosa sin duda de cortar las alas a los +atrevidos pensamientos que ella misma había hecho nacer en el alma de +Morsamor, apeló a un recurso, empleado con harta frecuencia, aunque por +demás peligroso. Para que Miguel de Zuheros reconociese que no era amor +lo que por él sentía, sino gratitud a sus rendimientos y obsequios y +cierta vaga e indecisa predilección doña Sol atrajo y cautivó, aunque +con menos marcados favores, con menos blandas sonrisas y con miradas +menos dulces y más fugaces, a otro caballero de los que en la corte +asistían.</p> + +<p>El remedio fue peor que la enfermedad. El nuevo galán semi-favorecido +fue Pedro Carvallo, hidalgo poco sufrido y en extremo orgulloso por las +riquezas y por la fama de valiente soldado que de la India había traído. +Pedro Carvallo era además infatigable emprendedor en conquistas amorosas +de todo linaje. Con igual ahínco acometía la más fácil como la más +difícil empresa, y ya le hemos visto aparecer en esta historia +acompañando a la célebre aventurera italiana Donna Olimpia de Belfiore.</p> + +<p>Con gusto entró Pedro Carvallo en más arduo y noble empeño. Y sobre el +contento y la satisfacción de amor propio que por enamorar a tan bella e +ilustre dama se prometía, hubo de prometerse también desbancar y +humillar a aquel castellano intruso, a quien sin saber porqué, puede ser +que por envidia, había cobrado odio desde que le vio por vez primera.</p> + +<p>Pedro Carvallo, no obstante, distó mucho de conseguir su propósito. Doña +Sol no le favoreció sino hasta el punto de hacer notar que su afecto +hacia Morsamor no era exclusivo, y siguió otorgando a Morsamor favores +más marcados y preferencia más clara.</p> + +<p>Así acrecentó y emponzoñó doña Sol en el alma de Pedro Carvallo el enojo +que Morsamor le Inspiraba. Y como Pedro Carvallo era poco circunspecto y +muy jactancioso y no sabía refrenar la lengua, habló en varios sitios y +con no pocas personas, contra el aventurero castellano y hasta llegó a +decir que le provocaría, le retaría y le daría muerte.</p> + +<p>Nadie, por fortuna, llevó a los oídos de Morsamor tales fieros y +jactancias. Pero la Reina, con la propia condición de mujer, y más aún +de la que vive retraída y desocupada, se complacía en saber todas las +intrigas y sucesos, sobrando siempre damas de la servidumbre que se +empleasen a porfía en averiguarlos y en contárselos luego.</p> + +<p>Pronto, pues, supo la Reina la rivalidad de Pedro Carvallo y de +Morsamor, así como las coqueterías de doña Sol que la habían causado. La +Reina no tardó entonces en reprender severamente a su dama favorita. +Doña Sol se arrepintió, lloró y prometió enmendarse. Hizo examen de +conciencia y creyó sacar en limpio del examen que no amaba aunque +agradecía; que la habían deleitado y lisonjeado el acatamiento y las +finuras amorosas de ambos galanes, pero que no estaba prendada de +ninguno de ellos y que sin pena quería y podía despedir al uno y al +otro.</p> + +<p>Entre tanto, en Cintra no era como en Lisboa. En Cintra no había en +palacio grandes fiestas, sino íntimas reuniones.</p> + +<p>Morsamor y Pedro Carvallo no eran de los íntimos, no iban a palacio y en +balde procuraban acercarse y hablar a doña Sol, a quien sólo veían rara +vez y desde lejos.</p> + +<p>No por eso desistían ellos de sus pretensiones. Muy pertinaces y tercos +eran los dos. La Reina acabó por enfadarse de encontrarlos siempre a su +paso cuando salía del alcázar e iba a cualquiera parte. El temor de que +sobreviniese un conflicto aumentaba su enfado.</p> + +<p>La Reina volvió entonces a reprender a doña Sol y esta alegó que ya no +tenía culpa. Y al cabo para mostrar mejor que no la tenía y para lograr +que acabasen aquellos obstinados galanteos, concertó con la Reina el +medio que le pareció más prudente.</p> + +<p>Doña Sol no podía escribir decorosamente a ninguno de los dos galanes ni +para despedirlos siquiera. El encargado de todo, por la Reina misma, fue +el anciano Duarte de Mendaña, que tenía empleo en palacio y que había +sido el que introdujo a Morsamor en la corte, según ya referimos.</p> + +<p>Duarte de Mendaña se apresuró a cumplir con su comisión. Visitó primero +a Pedro Carvallo, le enteró del enfado de la Reina y en nombre de su +Alteza y con pleno y libre consentimiento de doña Sol, le intimó que +desistiese de sus pretensiones y persecuciones.</p> + +<p>Duarte de Mendaña, más severamente aún y con no menor recato, habló con +Morsamor, le robó de parte de doña Sol toda esperanza de ser amado de +ella y le exigió que no siguiese pretendiéndola.</p> + +<p>Grandes fueron el pesar y la rabia de Morsamor luego que recibió tan mal +recado.</p> + +<p>Con descompuestos ademanes, el entrecejo fruncido y crispados los puños, +acudió Morsamor a su confidente Tiburcio para desahogarse hablando del +caso.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="VII" id="VII"></a>-VII-</h2> + + +<p>Con entrecortadas y rápidas frases refirió Morsamor a Tiburcio su +conversación con Duarte de Mendaña.</p> + +<p>Luego añadió Morsamor:</p> + +<p>—Ya ves cuán cruel ha sido mi desengaño. Casi me arrepiento de haber +querido volver a ser joven. Viejo y retirado del mundo, ni yo me +enamoraba de nadie ni nadie me desdeñaba. ¿Qué puedo yo ser en esta +nueva vida sino el arrendajo miserable, la mal trazada copia del pobre +Bernardín Riveiro?</p> + +<p>—Cálmate, Miguel, y no imagines que debes ser copia de original tan +menguado y atribulado. Yo topé con él varias veces y me dio lástima y +grima el verle. Ya iba cruzando por entre las breñas e internándose en +lo más esquivo, ya emulando con las cabras monteses, saltaba por esos +vericuetos. Dos o tres veces pasó cerca de mí y me causó horror. Rota y +manchada la vestidura y enmarañado el cabello, más parece fiera que +hombre. Seguro estoy de que en las venideras edades no han de creer y +han de negar los críticos juiciosos estos ridículos desatinos; pero yo +los he visto y no puedo negarlos. Bernardín Riveiro, por otro lado, +tiene algún fundamento para hacer lo que hace. La Infanta había +correspondido a su pasión; le había querido y había dejado de quererle, +pues se casó con otro. Tú distas mucho de hallarte en el mismo caso. Ni +doña Sol es Infanta, ni doña Sol te ha querido nunca, ni inspirado tú +por doña Sol has de escribir églogas, canciones, romances e historias en +prosa que te inmortalicen. Dado que le imitases, sólo imitarías a +Bernardín Riveiro en lo tonto. Serías la víctima candorosa de ciertas +invenciones poéticas, falsas o exageradas, que deleitan mucho en el día, +como, por ejemplo, la famosa <i>Questión de Amor</i>. Indigno de ti y más que +ridículo sería que te empeñases en traer a la vida real los ensueños de +la fantasía y en convertir las flores retóricas en hechos. Bien está que +se diga:</p> + +<p class="noindent"> +<span style="margin-left: 5em;">El primer día que os vi</span><br /> +<span style="margin-left: 5em;">tan mortal fue mi ferida</span><br /> +<span style="margin-left: 5em;">que en veros quedé sin vida</span><br /> +<span style="margin-left: 5em;">y el vivir se vio sin mí.</span><br /> +</p> + +<p>Y todavía me parece mejor, más alambicado y más agudo, aquello otro que +con tintas variantes suele repetirse:</p> + +<p class="noindent"> +<span style="margin-left: 5em;">Morir a vivir prefiero;</span><br /> +<span style="margin-left: 5em;">y de tu beldad cautivo,</span><br /> +<span style="margin-left: 5em;">o no vivo porque vivo</span><br /> +<span style="margin-left: 5em;">o muero porque no muero.</span><br /> +</p> + +<p>No creas que no me deleitan estas y otras coplas parecidas. Son muy +ingeniosas. Pero del dicho al hecho, hay gran trecho. Y el Padre +Ambrosio tendría una desazón enorme si viese frustrado el buen éxito de +su ciencia pasmosa y que no había valido el remozarte sino para que tú +hicieses sin razón la parodia de Beltenebros en la Peña pobre. Si es +verdad lo que se refiere de D. Enrique de Villena, yo me complazco en +esperar que no salga jamás de la redoma a vivir segunda vida para +incurrir en las mismas necedades que hizo en la primera. Escarmienta tú +en el caso del monje Teófilo, cuya historia nos refirió el poeta Berceo, +y escarmienta en otros casos de algunos sujetos que ya se remozaron con +el auxilio del demonio y no disparates como ellos disparataron. +Considera que tú tendrías menos disculpa, porque no te has dado al +demonio como se dieron ellos y porque esta juventud nueva, que te ha +caído encima como llovida del cielo, no se debe a Satanás, sino a +ciencia y arte muy sanas. Indispensable es, por consiguiente, que tú te +conserves sano también, que mires por tu gloria, que aproveches la +ocasión que de alcanzarla se te ofrece y que no hagas muchas tonterías. +Lícito te será, a mi ver, hacer algunas, por distracción y como de +pasada, pero tu mira principal debe ponerse muy alto.</p> + +<p>—Tan conforme estoy contigo en lo esencial—dijo Morsamor—que tu +sermón es inútil porque predicas a un convertido. Antes que todo y sobre +todo yo quiero gloria y harto sabes tú cuan dispuesto y apercibido estoy +a buscarla. Concertado lo tengo todo con los ricos mercaderes genoveses +Gabriel Adorno y Gaspar Salvago. La gruesa nave que ellos han fletado y +con real privilegio han cargado de mercancías nos aguarda ya en Cascaes, +pronta a zarpar para la India. Las direcciones náutica y mercantil están +encomendadas por dichos mercaderes a un hábil piloto y a un +administrador inteligente, pero yo he de ser el verdadero capitán de la +nave y el que gobierne y ordene en ella cuanto importe a la defensa de +las riquezas que conduce y cuanto sea menester para castigar y arrollar +a los enemigos de la fe de Cristo, mahometanos o idólatras, que se +atraviesen en nuestro camino. Iremos con la expedición que manda a +Oriente el Rey D. Manuel y estaremos a las órdenes de su almirante y de +su virrey, pero gozaremos de cierta independencia que yo sabré hacer +mayor cuando conviniere. Acaso mañana mismo nos podremos ya dar a la +vela. ¿Qué inconveniente hubiera habido en que yo, en vez de salir +desdeñado, saliese alentado por el favor de una dama, señora de mis +pensamientos, por sus promesas de ser mía cuando yo volviese triunfante +y por el anhelo de acometer y dar cima a grandes hazañas para poner a +sus pies mis laureles y mis trofeos?</p> + +<p>—Bello era tu plan—replicó Tiburcio—pero de falsa y vana belleza. Un +gran propósito se empequeñece cuando se subordina a fin pequeño. Por la +patria a que perteneces, por la raza de hombres, cuya religión, cultura +y lenguaje sostienes y defiendes, por amor de todo el humano linaje, por +el afán de lograr altos fines a que puedes creerte como fadado y +predestinado, comprendo que no haya empresa a que no te aventures; +comprendo que todas ellas sean sublimes por la elevación del término que +tú les busques. Pero, si todo se hace por lisonjear la vanidad de una +dama, todo será también vanidad y lisonja, y nada serio habrá en ello ni +digno de varón discreto y prudente. Extraños fueron a los sandios +enamoramientos que tú fantaseas los héroes sanos de cuerpo y de alma que +hubo en las antiguas edades. Y si por acaso caía alguno de ellos en +sandez por el estilo era para su vencimiento y vergonzosa desventura. +Sírvante de lección la vida y los amores de Marco Antonio y Cleopatra, +que habrás leído o habrás oído referir a personas doctas.</p> + +<p>—Juiciosa es la doctrina que expones—interpuso Miguel de Zuheros—. No +atino contradecirla ni a disputar contigo. El corazón, no obstante, +puede más que la cabeza. Y no bastan todas tus reflexiones, que hago +mías, para que deje yo de lamentar la pérdida de la ilusión que me había +forjado: que el recuerdo de doña Sol fuese como la estrella que me +guiase en mis peregrinaciones, y que mi amor y mi esperanza de ser amado +me prestasen aliento para dar cima a las proezas más altas. Te confieso +que la pérdida de esta ilusión me tiene harto triste, aunque me esfuerzo +para no estarlo.</p> + +<p>—Bueno será—dijo Tiburcio—que sacudas de ti esa melancolía. El +abatimiento y la tristeza enervan a los hombres y los incapacitan para +todo. Menester es que tu ánimo se regocije. No se riegan con lágrimas +los laureles. La alegría es quien mejor cuida de ellos y hace que +florezcan lozanos.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="VIII" id="VIII"></a>-VIII-</h2> + + +<p>De acuerdo con lo ya expuesto, el previsor y hábil Tiburcio lo preparó +todo de la manera más conveniente, para que la partida de Morsamor no +fuese con lágrimas humillantes y amargas, como nacidas de desdenes, sino +con alegría, y hasta con cierto estrépito y alborozo según a un héroe y +futuro conquistador correspondía y cuadraba.</p> + +<p>Tiburcio era un hurón para descubrir y acosar su presa, por muy borrado +que el rastro quedase en la pista y por muy oculta que fuese la +madriguera.</p> + +<p>No acertaremos a explicar con qué arte diabólico Tiburcio había +averiguado que al anochecer del día anterior dos gentiles damas, +conocidas suyas, habían llegado a Cintra muy recatadamente, y habían ido +a instalarse en una hermosa casa de campo que allí poseían los señores +Adorno y Salvago.</p> + +<p>La casa estaba lejos de la población, en lugar retirado y esquivo, más +allá de la sombría quinta que fue más tarde de D. Juan de Castro, y en +amenísimo valle, camino de Colares.</p> + +<p>Los genoveses, viudo el uno y solterón el otro, aunque eran ambos de +edad provecta, enemigos del escándalo y muy inclinados a la devoción, +gustaban de echar de vez en cuando una cana al aire, sin perder su grave +circunspección y con la debida cautela. En aquellos días, estaban +afanadísimos con los preparativos y el embarque de víveres y de otros +bastimentos que por contrata debían hacer y que hacían para la salida de +la flota.</p> + +<p>No bien esta se diese a la vela, se proponían ellos reposar de sus +fatigas y recrearse y holgarse en su retiro campestre, con un idilio +delicioso y bien concertado. A este fin, enviaron por delante, para que +lo tuviesen todo dispuesto y los aguardasen nada menos que a donna +Olimpia de Belfiore y a su compañera Teletusa. Ambas, se comprometieron +con gusto y fueron a esta excursión.</p> + +<p>Donna Olimpia era muy singular mujer por todos estilos. Se preciaba de +bien nacida, de leal en sus tratos, de fiel a sus compromisos y de tener +una conciencia tan escrupulosa y estrecha, cuanto su profesión +consentía.</p> + +<p>Jactábase donna Olimpia de la nobleza de su cuna, procuraba hacer creer +que era su familia del patriciado de Venecia y que figuraba en el <i>Libro +de oro</i>, y aun llegaba a afirmar en ocasiones que en el Tribunal de los +Díez se había sentado un tío suyo.</p> + +<p>Años atrás, donna Olimpia había figurado con brillo en los saraos de la +bella Imperia, Aspacia del siglo de León X, como la cortesana de Mileto +lo había sido del de Pericles. Donna Olimpia, satélite ya de un astro +tan refulgente, acaso hubiera llegado a igualarse con dicho astro, si su +desatentada afición a correr mundo y ver tierras extrañas no lo hubiese +estorbado. Era tal afición, que Pedro Aretino, autor de la preciosa +historia de <i>La p... errante</i>, pensó con insistencia en tomar a donna +Olimpia por modelo, para dotar su historia de una segunda parte más +variada y peregrina. Acaso impidió que dicho propósito se realizase la +repentina muerte de Pedro Aretino, el cual, según aseguran, aunque donna +Olimpia, que era muy su amiga, lo negaba como calumniosa patraña, murió +de risa, al oír contar los embustes, embelecos y travesuras de una +hermana suya, famosa por sus devaneos.</p> + +<p>Como quiera que fuese, donna Olimpia, según hemos dicho, tenía la +conciencia muy estrecha y jamás faltaba a sus compromisos, a no ser +sorprendida por irrupciones y agresiones inesperadas y violentas.</p> + +<p>Había, sin embargo, quien la acusase de que una vieja, llamada la señora +Claudia, que iba siempre en su compañía como aya o como dueña, solía +preparar dichas irrupciones y agresiones. A lo que parece, la señora +Claudia había caído en aquellos días del favor de su ama, suplantándola +Teletusa que se había apoderado de su voluntad por completo.</p> + +<p>Empleado Morsamor en sus rendimientos y obsequios a doña Sol, no había +vuelto a ver y apenas había recordado a donna Olimpia, desde que la vio +salir de Belén el día del Rey: pero donna Olimpia, aunque distraída y +empleada también a su manera, nunca había dejado de recordar a Morsamor +desde entonces, porque le hizo impresión viva y profunda y porque daba +por cierto que en toda nuestra península no había ni podía haber galán +más apuesto y hermoso, ni más gallardo y gentil hombre.</p> + +<p>Tiburcio que, libre de amores platónicos, privaba tiempo hacía con +Teletusa, sabía por ella el buen concepto que donna Olimpia tenía de su +amigo y la inclinación que hacia él le llevaba.</p> + +<p>Aquella tarde vio Tiburcio a Teletusa, y juntos concertaron un plan muy +alegre y una grata sorpresa para donna Olimpia.</p> + +<p>A la hora de ánimas, Miguel y Tiburcio cenaron juntos en su posada, y ya +solos y de sobremesa, con la regocijada confianza que el haber comido y +bebido bien inspiran, Tiburcio expuso a Morsamor lo sustancial de su +plan, venció su repugnancia y logró que le aceptase para desechar +melancolías y para consolarse de los desdenes y sobreponerse a la +altivez de la noble amiga de la Reina.</p> + +<p>Para no dar tiempo a que Morsamor lo reflexionase y se arrepintiese, +Tiburcio le condujo enseguida a la casa de campo donde las dos ninfas +vivían.</p> + +<p>A un silbido de Tiburcio, que era la convenida señal, Teletusa, que +estaba aguardando, abrió sin ruido la puertecilla falsa del jardín, y +guiándolos por lo más umbrío de la frondosa espesura, los introdujo en +la casa, subió con ellos la escalera, atravesó corredores y salas, y +vino a parar a amplio dormitorio escasamente alumbrado por tres velas de +cera, puestas en un candelabro de plata, sobre una mesa que estaba en el +centro de la estancia. Teletusa que tenía a Morsamor de la mano, le dijo +entonces con voz dulce y sumisa:</p> + +<p>—Quedaos aquí, señor Morsamor, que pronto vendrá quien os alegre y se +alegre de veros.</p> + +<p>Y dicho esto, sin que hubiese vagar para contestación o pregunta, +desaparecieron Teletusa y Tiburcio con ella, dejando a Morsamor solo.</p> + +<p>Solo ya, recapacitó Morsamor sobre lo que había hecho y casi se +arrepintió y se afligió de su viciosa ligereza. Indigno del héroe que él +anhelaba ser, hallaba aquel tan ruin comienzo de altas caballerías: +entrar con engañoso recato en casa ajena como ladrón astuto, y todo para +alcanzar los venales y fáciles favores de una cortesana.</p> + +<p>Donna Olimpia tardaba en venir, y con la soledad y, con la impaciencia +crecía en Morsamor el disgusto de haber cedido a los propósitos de su +doncel, tan juicioso cuando hablaba en contra de las locuras sublimes, +como ligero y hasta cínico cuando se trataba de otra clase de locuras.</p> + +<p>Contrariado Morsamor, se sentó en una silla en el rincón más obscuro de +la estancia y casi a los pies del lecho con colgadura que había en ella.</p> + +<p>En medio de sus cavilaciones, oyó o creyó oír de súbito voces y +carcajadas que a lo lejos sonaban por el lado derecho del sitio en que +estaba él. Sin tiempo para pensar en lo que aquello sería, pero movido +de recelosa curiosidad, intentó Morsamor ir adonde sonaba el ruido a fin +de enterarse de todo. En pie estaba ya para realizar su intento, cuando +por el lado contrario, se abrió una puertecilla, penetró por ella un +bulto y Morsamor oyó una voz varonil que decía:</p> + +<p>—¡Voto a los demonios todos del infierno! ¡Olimpia! ¡Olimpia! ¿Estás +ahí? Al fin, tropezando en la obscuridad y dándome de calabazadas contra +las paredes creo que he logrado llegar a tu cuarto. Esa maldita vieja +Claudia me dejó solo, prometiendo volver para guiarme. Tardaba en volver +y yo me cansé y he venido sin guía. Aquí estoy, Olimpia.</p> + +<p>Con pasmosa serenidad y reposo, aunque harto previó las fatales +consecuencias que podía tener aquel encuentro, Morsamor se adelantó +hacia el personaje que había entrado y le dijo:</p> + +<p>—Mucho lamento, señor Pedro Carvallo, pues la luz de las bujías os da +de lleno en la cara y os he reconocido, que la casualidad nos reúna aquí +donde y cuando los dos esperábamos encuentro más grato y suave.</p> + +<p>Era Pedro Carvallo, el hombre de más violento carácter y más iracundo +que hubo en Portugal en aquellas edades. Terrible era además su encono +contra Morsamor, primero por natural antipatía, y después por su +rivalidad en amores con doña Sol, de quien Morsamor, en cierto modo +había sido harto más favorecido.</p> + +<p>Pedro Carvallo ardió, pues, en cólera al oír y ver a Morsamor, y le +replicó de esta suerte:</p> + +<p>—Mi encuentro contigo, no será ni quiero que sea suave, pero me será +grato. Tiempo ha, que me tienta el demonio con el prurito de matarte, y +ahora me ofrece la ocasión más propicia. ¡Defiéndete, miserable!</p> + +<p>Y Pedro Carvallo desenvainó la espada y se puso en guardia adelantándose +hacia Morsamor.</p> + +<p>Este, desdeñando la provocación y el insulto y procurando aún excusar un +lance que le parecía poco o nada honroso, dijo a Pedro Carvallo:</p> + +<p>—Sosegaos, señor, y no llevemos a tan crudo extremo este negocio. Ruin +fundamento tendrían nuestro duelo y la muerte de cualquiera de nosotros +dos en esta casa extraña, y que ambos hemos asaltado. Vergonzosa sería +la victoria del que saliese vivo de aquí, y más vergonzoso el término de +quien aquí quedase muerto o herido.</p> + +<p>—La poca vergüenza—contestó Pedro Carvallo feroz y groseramente—es la +de esas viles palabras con que tratáis de disimular vuestra cobardía. +Defendeos o mataros he como a un perro.</p> + +<p>Pedro Carvallo se abalanzó entonces con furia contra Morsamor.</p> + +<p>Morsamor sacó la espada, le recibió con calma y paró con inaudita +destreza todas sus cuchilladas y estocadas. Repugnaba Morsamor darle +muerte. Estaba seguro de su inmensa superioridad. Lo descompuesto y sin +arte del ataque ponía en su poder a Pedro Carvallo; pero Morsamor, por +eso mismo, consideraba más odioso dar sangriento término a la lucha con +aquel energúmeno, ciego por el rencor y la soberbia.</p> + +<p>La lucha, no obstante, se iba prolongando demasiado. Pedro Carvallo, +aunque inhábil, era fuerte y menudeaba sus golpes con tanto brío, que +los quites de Morsamor tenían que ser también muy violentos. En uno de +estos quites, Morsamor dio de plano y con tanta fuerza en el brazo de su +contrario, que le derribó por tierra la espada.</p> + +<p>Generosamente se contuvo Morsamor, para que el desarmado volviera a +armarse. Y ya Pedro Carvallo había recogido la espada; y sin tener en +cuenta en su furiosa locura la magnanimidad de Morsamor, se disponía de +nuevo a embestirle, cuando Morsamor se sintió de repente ceñido el +cuerpo en estrecho abrazo y cubierto el rostro de besos.</p> + +<p>Donna Olimpia,</p> + +<p> +<span style="margin-left: 5em;"><i>In tutto il vezzo, della sua persona,</i></span><br /> +</p> + +<p>le tenía asido y exclamaba con jubiloso entusiasmo:</p> + +<p>—<i>¡O gioja ed orgoglio del mio core! ¡O coraggioso mio drudo!</i></p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="IX" id="IX"></a>-IX-</h2> + + +<p>Las tiernas y repentinas caricias de la vaga italiana, fueron +acompañadas de un diluvio de improperios y de blasfemias, que salían de +la boca de Pedro Carvallo, haciéndole coro con risotadas alegres +Teletusa y Tiburcio.</p> + +<p>Pedro Carvallo sólo podía herir ya con la lengua. Dos robustos y +estupendos rufianes le tenían bien cogido entre sus enormes manazas +fuertes como el hierro, y Teletusa y Tiburcio, sin dejar de reír, le +ataban de pies y manos con suma destreza y valiéndose de lienzos +retorcidos a falta de cuerdas que por allí no había.</p> + +<p>—¡Matadme o soltadme para que le mate!—gritaba Pedro Carvallo.</p> + +<p>Y Tiburcio respondía riendo siempre:</p> + +<p>—Tiempo te sobró para matarle cuando estabas suelto. Ahora te atamos +por caridad y para que no mueras.</p> + +<p>Blasfemó, chilló e insultó de nuevo Pedro Carvallo. Teletusa pensó y +propuso ponerle una mordaza, pero no lo consintió donna Olimpia y con +voz imperiosa dijo:</p> + +<p>—Llevadle al desván con los otros, echad la llave y traédmela. Que +pasen allí la noche. Ya veremos cómo sin peligro ni escándalo se les da +suelta cuando sea de día.</p> + +<p>Aquellos dos formidables satélites, escuderos de donna Olimpia, y que +ella traía siempre consigo para imponer respeto y tener a raya a los +insolentes, sobre todo, cuando eran <i>spiantati</i>, oído el mandato de su +señora, tomaron en volandas a Pedro Carvallo y se le llevaron al desván +con delicadeza y esmero cuidadoso.</p> + +<p>Donna Olimpia así lo recomendaba diciendo:</p> + +<p>—Nada de malos tratamientos. No le hagáis el menor daño. Hasta podéis +desatarle las manos cuando esté en el desván y llevarle de comer y de +beber y un colchón para que duerma.</p> + +<p>Dirigiéndose luego a Miguel de Zuheros, donna Olimpia le dijo:</p> + +<p>—Yo os ruego, señor, que me perdonéis el grave disgusto que os ha +causado el venir a verme. No hubo en ello la menor culpa mía. Toda la +culpa fue de la vieja Claudia, mi criada. Sin encomendarse más que a su +propia codicia, y creyendo que podía disponer a su antojo de Teletusa y +de mí, cuando menos lo recelábamos, cuando ni sabíamos que estuviesen en +Cintra los señores Carvallo y Acevedo, los introdujo aquí a ambos +furtivamente. Dejó solo a Carvallo para que aguardase por un momento su +vuelta y vino con Acevedo a la estancia de Teletusa. Hallábase allí +vuestro amigo el señor Tiburcio, mancebo prudente y listo a maravilla. +Buen doncel y consejero tenéis en él. Si la imaginación humana fuese tan +viva y creadora en nuestros días como lo fue en la antigua Grecia, yo me +daría a sospechar que la diosa Minerva, así como acompañó y guió a +Telémaco en sus peregrinaciones, tomando la figura de Mentor, así os +acompaña y guía al presente bajo la figura de un garzón barbilindo, +disfraz más adecuado, en mi sentir, que el de un vejestorio barbudo. +Pero dejando a un lado alabanzas, diré en cifra y resumen, que Acevedo, +lo mismo que Carvallo, quiso llevarlo todo por la tremenda, y que +prevenidos a tiempo mis dos escuderos, que andan siempre alerta y ojo +avizor, aun antes de que Acevedo y Tiburcio desenvainasen las espadas, +se apoderaron de Acevedo, y con el auxilio de Teletusa y de vuestro +doncel, le ataron chistosamente abrazado a la vieja Claudia y +traspusieron con ellos al desván, donde se los encontrará el Sr. +Carvallo cuando allí llegue. La algazara promovida por estos sucesos que +atrajo al cuarto de Teletusa en donde ocurrían. Tal ha sido la causa de +mi tardanza en venir por aquí, donde algún indicio leve tenía yo de que +tan dulce bien me aguardaba. Por dicha, y merced a vuestra destreza, +serenidad y generosa sangre fría, todos hemos llegado a tiempo de evitar +una tragedia.</p> + +<p>—Y ya que no la hubo—dijo Teletusa—celebrémoslo bebiendo un trago a +la salud de los amos de esta casa que no tienen mal provista la +despensa. No os propongo que cenéis, porque no tendréis gana. Tal vez +habréis cenado ya. Siempre, no obstante, habrá quedado lugar para un +bocadillo de algo picante y salado que sea despertador de la sed. Las +dos criadas de esta casa van a serviros al punto en esta misma mesa.</p> + +<p>En efecto, salió Teletusa y a poco volvió, riendo, brincando y bailando, +con un gran plato levantado en alto en sus manos como si representase a +Herodias.</p> + +<p>—No os asustéis—exclamó—que no os traigo la cabeza de Juan, sino la +de un jabalí, rellena de verdes alfónsigos y de lengua y lomo con mucha +sal, pimienta y otros aliños. Estas manos, que se ha de comer la tierra, +lo han condimentado todo. Estoy orgullosa de mi habilidad culinaria. Ha +sido mi tarea del día de hoy.</p> + +<p>—Bien puedes decir como Tito—interpuso donna Olimpia—que no has +perdido tu día.</p> + +<p>—¿Lo oyes, Tiburcio? Llámame tu Tita que es más breve y más dulce que +tu Teletusa.</p> + +<p>Y diciendo esto, puso sobre la mesa el plato con la cabeza de jabalí.</p> + +<p>Las dos criadas, que entraron en pos de ella, colocaron también sobre la +mesa blanco pan, anchas copas y sendos y grandes jarros.</p> + +<p>Señalándolos Teletusa con el dedo, habló así:</p> + +<p>—Este es vino rancio y seco de Chipre, néctar exquisito, consagrado a +Venus, cuya fue aquella isla, allá en las edades felices en que vivieron +y reinaron las diosas entre los mortales. Este otro es moscatel de +Siracusa, vino del que se embriagaba el Cíclope para consolarse de los +desdenes de Galatea, con el que Arquímedes se inspiraba para sus más +raras invenciones y del que siempre bebía Teócrito antes de componer sus +idilios. No os pasméis, señores, de mi notable erudición. No en balde +soy la discípula predilecta de donna Olimpia. De tal palo tal astilla, +como suele decirse.</p> + +<p>Donna Olimpia y Tiburcio aplaudieron a Teletusa. Y Morsamor, algo +pensativo aún y no muy conforme con que todo aquello se aviniese bien +con su papel de héroe, empezó a rendirse y a contagiarse del regocijo +harto profano que allí reinaba. Morsamor se sintió ebrio antes de beber +el vino.</p> + +<p>—Que mis escuderos vuelvan aquí también—dijo donna Olimpia—para que +coman y beban patriarcalmente con nosotros, que bien lo merecen después +del primor con que se han conducido.</p> + +<p>—Y vaya si lo merecen—dijo Teletusa—. ¡Hola! Asmodeo y Belcebú, +acudid a beber y a regocijaros. Y vosotros, señores Morsamor y Tiburcio, +no os maravilléis ni asustéis de los fingidos nombres que damos a estos +dos galanes (y como ya habían entrado los señalaba), porque sus nombres +verdaderos se guardan para mayores cosas. Ambos son de noble prosapia y +aun creo que algo parientes de donna Olimpia.</p> + +<p>—No hay duda en ello—interpuso esta—. Nuestro parentesco es evidente +aunque remoto. Soy prima quinta de Belcebú y sexta de Asmodeo.</p> + +<p>—Pues que sea enhorabuena—dijo Morsamor, desechando escrúpulos, echado +a rodar su formalidad y tomando parte y aun haciendo el papel principal +en la orgía que hubo de seguirse.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="X" id="X"></a>-X-</h2> + + +<p>Resbaladizo y difícil sería describir aquí lo que allí ocurrió después. +La cabeza de jabalí casi desapareció. Los dos enormes jarros quedaron +vacíos. A las risas, a los brincos y a los cantares, con que se animó la +cena, sucedió profundo silencio. Tiburcio y Teletusa se fueron por un +lado. Asmodeo y Belcebú, por otro.</p> + +<p>Sólo la tenue luz de una lámpara velada por el vaso de alabastro en que +ardía iluminó la estancia tranquila, hasta que rayó el alba y sus +resplandores primeros penetraron por la ventana, entreabierta a causa +del calor del estío, penetrando también fresco y manso vientecillo, +impregnado de aromas de mil flores, y el gorjeo de los pájaros que +cantaban en la enramada y saludaban el día naciente. Poco más tarde, en +la gran sala de la quinta, aparecieron Morsamor y Tiburcio, donna +Olimpia y Teletusa y los dos formidables escuderos. Todos se movían y se +afanaban como en el momento que precede a un largo viaje.</p> + +<p>Donna Olimpia y Teletusa estaban hartas de Portugal y habían resuelto +acompañar a Morsamor y a Tiburcio al extremo Oriente. Los hijos de +Lusitania no se les habían mostrado pródigos de los tesoros que de allá +venían y así determinaron ellas ir a buscarlos. El imprevisto lance, +además, de la noche anterior podría acarrearles no pocas desazones, +sobre todo cuando las abandonaran sus dos triunfantes amigos.</p> + +<p>Donna Olimpia había expresado su resolución del modo más terminante.</p> + +<p>—Os seguiremos—había dicho—y os seremos fieles. Unidos, +conquistaremos el mundo. Si fuese menester, hasta nos convertiremos en +amazonas. Teletusa será Bradamente y yo la propia Pentesilea. Yo estaré +contigo, Morsamor, hasta que se harte de mí tu alma. Sólo entonces, y si +acertamos a dar con el verdadero y legítimo Preste Juan, que tantos han +buscado en balde hasta ahora, yo le rendiré, le cautivaré, me sentaré en +su trono y vendré a ser la Papisa Juana del Oriente.</p> + +<p>Teletusa, Tiburcio y los dos jaques, holgaron mucho de oír este +razonamiento; le aplaudieron y le celebraron con risas estrepitosas.</p> + +<p>Allá en su interior, todo aquello repugnaba no poco a Miguel de Zuheros; +pero cierto vehemente atractivo de amor vicioso luchaba con la +repugnancia y la vencía. Morsamor no quiso o no se atrevió a rechazar +los propósitos y ofrecimientos de donna Olimpia.</p> + +<p>Dichos propósitos se cumplieron.</p> + +<p>Apenas despuntó el día, acudieron a la puerta de la quinta dos criados +de Morsamor y Tiburcio con caballos y bagaje. Donna Olimpia y Teletusa, +auxiliadas por los dos jaques, empaquetaron y embaularon sus alhajas, +vestidos y demás prendas.</p> + +<p>Todo esto, así como las mismas damas y sus escuderos, habían de viajar +en mulas que los genoveses tenían en la caballeriza y de las que se +dispuso como de bienes mostrencos. Y no mucho después, antes de que el +sol apareciese y dorase con sus rayos la tierra, todos se pusieron en +marcha, formando alegre caravana y caminando a paso largo hacia Cascaes.</p> + +<p>La llave del desván quedó en poder de las sirvientas de los señores +Adorno y Salvago, para que pusiesen en franquía a la vieja Claudia y a +los señores Carvallo y Acevedo, a las tres horas de haber salido de la +quinta Morsamor y su acompañamiento.</p> + +<p>La nave que mandaba Morsamor era grande y capaz y él podía tripularla a +su antojo. Con holgura, pues, instaló en ella a su gente. Y aquel mismo +día, antes de que el sol rayase en lo más alto del cielo,</p> + +<p class="noindent"> +<span style="margin-left: 5em;"><i>Yá no largo Oceano navegavam</i>,</span><br /> +<span style="margin-left: 5em;"><i>As inquietas ondas apartando</i>:</span><br /> +<span style="margin-left: 5em;"><i>Os ventos brandamente respiravam</i>,</span><br /> +<span style="margin-left: 5em;"><i> Das naos as velas concavas inchando</i>.</span><br /> +</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XI" id="XI"></a>-XI-</h2> + + +<p>Donna Olimpia y Teletusa no se mareaban. Se hallaban en el mar como +nacidas: como si fuesen nereidas y no mujeres. Morsamor se sentía +también más a gusto que en tierra, lleno de esperanzas y forjando en su +mente los más audaces y ambiciosos planes. En cuanto a Tiburcio eran de +maravillar sus conocimientos náuticos, su alegre humor y su útil +actividad a bordo. Por la traza seguía pareciendo mancebo de menos de +veinte años, mas por las acciones podría suponérsele viejo y +experimentado navegante. Así se lo decía Lorenzo Fréitas, piloto de la +nave, que tenía más de sesenta años, que había navegado mucho y que +había hecho ya otros dos viajes de ida y vuelta a la India.</p> + +<p>Pronto Lorenzo Fréitas trabó amistad íntima con Tiburcio y se ganó el +afecto y la confianza de Morsamor y de las damas aventureras.</p> + +<p>Iba asimismo en la nave un piadoso y entusiasta misionero franciscano, +cuyo nombre era Fray Juan de Santarén. Grandísima gana llevaba este de +difundir la luz del Evangelio, de convertir idólatras y mahometanos y de +bautizarlos a centenares. No se oponía todo ello a que Fray Juan, +reservando la gravedad solemne para sus futuras predicaciones, fuese por +lo pronto jocoso y alegre como unas sonajas, inclinado a cuidarse y a +tratarse bien para sufrir más tarde las fatigas del apostolado, y harto +propenso a contar chascarrillos y a decir chirigotas, que no siempre +despuntaban por su urbanidad y delicadeza.</p> + +<p>Como cielo y mar estaban serenos y el viento era próspero, el viaje iba +haciéndose con felicidad y prontitud.</p> + +<p>Al subir una mañana sobre cubierta, nuestros seis principales personajes +se extasiaron admirando el azul transparente de las aguas, rizadas +apenas por el soplo de la brisa, donde se reflejaban el más claro azul +del cielo y las ligeras nubes, que parecían de nácar, purpura y oro. La +luz del sol, que se iba levantando, formaba en las ondas rieles +luminosos y se diría que penetraba por curiosidad en el seno +transparente del agua para iluminar las grutas y los alcázares +submarinos que allí se esconden.</p> + +<p>La costa europea había quedado lejos. Sólo mar y cielo se hubiera visto, +sino apareciese ante los ojos encantados de los de la nave, no lejos de +ella y en medio del piélago azul, algo a modo de ingente y precioso +canastillo de flores y verdura, que parecía flotar sobre la superficie +del Atlántico. Mil lozanos y frondosos árboles subían hasta la cima del +cerro que en el centro de la isla se alzaba, como ramillete en forma de +piña, en cuya punta, destacándose sobre el limpio fondo del aire, +resplandecía un blanco santuario de la Virgen, dorado ya por los casi +horizontales rayos del sol naciente.</p> + +<p>—Esa—dijo Lorenzo Fréitas a nuestros cuatro aventureros—es la isla de +Madera, descubierta por Juan Gonzalves y Tristán Vaz en tiempo del +glorioso Infante Don Enrique, instigador y fundador de nuestras grandes +empresas marítimas, hoy tan en auge.</p> + +<p>A la vista de la isla de Madera, tomando el fresco sobre cubierta y bajo +un toldo, se desayunaron aquel día Miguel y Tiburcio, ambas damas, el +misionero Fray Juan y el viejo piloto.</p> + +<p>No hemos de seguir nosotros punto por punto a los viajeros. Pasaremos de +largo cuando nada les ocurra de singular y memorable. Si ahora nos +detenemos aquí es por considerar que, durante aquel desayuno, todos +estuvieron expansivos y casi elocuentes y dijeron cosas muy importantes +a la narración que vamos haciendo.</p> + +<p>Hasta el desayuno que tomaron los seis, sentados en torno de una mesa +redonda, tenía algo de exótico para los europeos de entonces, porque +bebieron en hondas tazas, mezclada con leche y azúcar, una infusión de +cierta hierba olorosa y salubre, que llamaban cha y que ya se traía a +Portugal de los remotos reinos del Catay, que están mucho más allá del +Indo y del Ganges.</p> + +<p>—Larga y penosa—dijo Miguel de Zuheros—va a ser nuestra navegación +hasta llegar a las regiones del extremo Oriente. Enorme es el rodeo que +tenemos que dar, bajando hasta el Cabo de las Tormentas, hoy de Buena +Esperanza, que Bartolomé Díaz dobló por vez primera. Pasman el esfuerzo +constante y el secular empeño, primero del Infante Don Enrique y después +de sus sucesores y de su pueblo para conseguir el triunfo que han +conseguido.</p> + +<p>—Con menos tiempo y trabajo—repuso donna Olimpia—me parece a mí que, +si mis compatriotas los venecianos se hubiesen puesto de acuerdo con +árabes y turcos y con el Soldan de Babilonia y con el de Egipto, tal vez +hubieran podido abrir algún ancho canal por donde sin tantos rodeos +hubieran pasado sus naves del mar Mediterráneo al mar Rojo, +encaminándose luego por allí hasta más allá de Trapobana, a Cipango y al +remoto país de los seras. El pensamiento de abrir ese canal no es cosa +nueva. Ya le tuvieron algunos Faraones, y sin duda le tuvieron también +Salomón e Hiran rey de Tiro, cuando unidos en estrecha alianza enviaban +sus flotas a Ofir, de donde volvían cargadas de riquezas. Si tal +pensamiento se hubiera realizado no hubieran perdido Venecia y toda +Italia la supremacía en la navegación y en el comercio, y el poder que +consigo trae y que hoy tienen los portugueses.</p> + +<p>Fray Juan de Santarén tomó parte en la conversación y exclamó:</p> + +<p>—Lo que menos importa al bien de la cristiandad y del humano linaje es +que decaigan Venecia y otros Estados de Italia a causa de los +descubrimientos y conquistas de los portugueses. Más alto es el fin que +estos han tenido y han de tener en lo futuro. No van los de mi nación a +despojar en Oriente a los venecianos: van a que la religión de Cristo +prevalezca allí sobre la de Mahoma: van a quebrantar allí el poderío de +turcos, árabes y persas; y van, por último, a despertar del hondo sueño +de muchos siglos a las dormidas naciones orientales, que aletargadas e +inertes yacen en el seno letal de la idolatría.</p> + +<p>—Todo eso, estará muy bien—interrumpió Tiburcio, riendo como tenía de +costumbre—. Pero ¿a qué tanto rodeo? ¿A qué ir por tan extraviado +camino hasta el extremo Sur de África? ¿A qué dejar atrás misterioso e +inexplorado, este continente enorme, en cuyo centro, que nos fingimos +abrasado, acaso esté el Paraíso que perdieron nuestros primeros padres? +¿A qué, en fin, dar tan desaforada vuelta y buscar el bien tan lejos, +cuando le tenemos cercano?</p> + +<p>El piloto Lorenzo Fréitas, aunque sospechaba que Tiburcio no hablaba con +seriedad, sino para embromarlos, se enojó y no quiso consentir que ni en +broma se tildara de poco razonable la gloriosa y secular empresa de los +portugueses, y habló así en su defensa:</p> + +<p>—No es sólo la codicia mercantil la que nos ha llevado a la India, no +es sólo el deseo de sobreponernos a la Señoría del Adriático, ni es sólo +tampoco el afán de vencer al Islam, buscándole en la fuente misma de su +mayor riqueza y despojándole de sus ocultos tesoros, lo que movió al +Infante Don Enrique y ha movido después a sus sucesores a hacer cuanto +han hecho. Mil veces más elevadas eran y son sus miras. Noble curiosidad +nos impulsó y nos impulsa. Anhelamos desgarrar el velo en que Naturaleza +se envuelve aún y se encubre a nuestros ojos mortales. Y hemos aspirado +y aspiramos todavía a que, así como se nos reveló el misterio del Mar +Tenebroso, por la persistente violencia que sobre él ejercimos, se nos +revelen también la magnitud y estructura de la tierra, y después todo el +artificio y la máquina del Universo, con las leyes de su movimiento y +vida.</p> + +<p>—En verdad—dijo Fray Juan de Santarén—el señor Fréitas tiene razón +que le sobra. Hay un enigma de la mayor transcendencia, no resuelto aún, +que trae sin sosiego a cuantos hombres piensan y discurren en el día.</p> + +<p>—Años ha, siendo yo muy mozo y reinando Don Juan II—interrumpió +entonces Lorenzo Fréitas—aportó a Lisboa un genovés muy presumido y +soberbio que estaba al servicio de Castilla y se llamaba Cristóbal +Colón. A ser cierto lo que él imaginaba y afirmaba, el enigma se hubiera +explicado y dejado de serlo. Aquel hombre audaz, fiado en sentencias e +insinuaciones de antiguos sabios griegos, y singularmente de +Aristóteles, había ido en busca de la India navegando hacia Occidente, y +casi creía haberla hallado y se jactaba de ello. Había aportado a +grandes y fértiles islas, y poco más allá casi daba por seguro que +debían de estar Cipango y otros países visitados por Marco Polo. Se +jactó también Colón de haber descubierto extensa costa al parecer de un +gran continente, y supuso que aquello era el extremo oriental del Asia, +y que más al Norte estaba el Catay, y la India más al Mediodía. A punto +estuvo de costarle la vida esta jactancia, porque algunos señores de la +corte, muy poco sufridos, creyeron lo que aseguraba y recelando que así +el rey de Castilla iba antes y por camino más corto a llegar a la India, +donde todavía no habían llegado los portugueses, decidieron provocar a +Colón, y como era poco sufrido reñir con él y darle muerte, con lo cual +su descubrimiento quedaría para Portugal y no aprovecharía a los +castellanos. Por dicha, los mencionados señores expusieron su proyecto +al Rey Don Juan II, apellidado con razón el Príncipe Perfecto, el cual, +aunque vehementísimo en su cólera y de ímpetus tan vitandos que mataba a +puñaladas a quien juzgaba que le ofendía, sin excluir al hermano de su +mujer, reflexivamente era tan recto, tan temeroso de Dios y tan buen +Católico, que rechazó el plan, indignado. Colón pudo pues volver a +Castilla a lucir su descubrimiento y a que los reyes Don Fernando y Doña +Isabel le aprovechasen. Suscitó esto, no obstante, recelos y diferencias +entre los soberanos de España; pero pronto se arregló todo por virtud de +aquella línea, que tiraron idealmente desde un Polo a otro, dividiéndose +así las tierras y los mares apenas explorados y los que pudieran +explorarse en lo venidero. El Padre Santo sancionó el convenio con el +poder y la autoridad de que goza como Vicario de Cristo. Pocos años +después, enviado por el rey Don Manuel, llegó a Malabar Vasco de Gama, +Tristán de Acuña, el grande Albuquerque y otros héroes de Lusitania +dilataron nuestro dominio y nuestra gloria por el Oriente. Y los +castellanos en tanto llenos de noble emulación, hicieron nuevas +conquistas y descubrimientos en aquellas tierras occidentales a donde +Colón había llegado por vez primera y que por su magnitud merecieron +llamarse Nuevo Mundo. Según las últimas noticias que yo tengo, un +extremeño, cuyo nombre es Hernán Cortés, ha surcado el mar, ha pasado +por medio de vastos territorios y ha llegado a la capital populosa de un +bárbaro y desconocido Imperio, del que está a punto de enseñorearse. +Todavía pretenden algunos que este Imperio, donde Hernán Cortés ha +entrado a saco, está al Sur del Catay y al Norte de la India. De aquí +presumo yo que está aclarado el enigma, que hay antípodas y que es +evidente la redondez de la tierra.</p> + +<p>—Poquito a poco, señor Fréitas—replicó Tiburcio—. Las cosas distan +mucho de ser tan claras. Yo tengo noticias más recientes que invalidan +lo que el señor Fréitas dice. Otro castellano, no menos valiente aunque +menos venturoso que Hernán Cortés, un tal Vasco Núñez de Balboa ha +cruzado ese continente por una región en que es muy estrecho; ha salvado +altas montañas y ha descubierto más allá un mar extensísimo que tiene +toda la traza de dilatarse más que el mar de Atlante. El enigma queda +por consiguiente en pie en toda su obscuridad misteriosa. Posible será +que los castellanos, navegando siempre hacia el Occidente por ese mar +recién descubierto se alejen cada vez más de la India. Y posible será +que los portugueses yendo siempre en dirección contraria a la que el sol +sigue, no aporten jamás a las regiones visitadas ya por Colón, Cortés y +Balboa.</p> + +<p>—Ya sabía yo—dijo Morsamor—que ese Balboa de que habla Tiburcio había +descubierto un gran mar al otro lado del mundo de Colón, entrando en sus +aguas con la espada desnuda en la diestra y enseñoreándose de él en +nombre del César Carlos V. Esto complica y retarda la resolución del +problema, pero no me induce a creer que la resolución sea otra de la que +yo pensaba. Para mí es evidente la forma esférica o casi esférica de la +tierra. A la extremidad de ese mar han de estar Cipango, el Catay y la +India. Lo difícil ahora ha de ser para el que navegue hacia el Occidente +hallar el término de ese valladar o hallar un canal o estrecho, por +donde se pase del mar del Atlante a ese otro mar de Balboa. El que esto +logre y tenga además valor y fortuna para surcar el nuevo mar +desconocido, aportará sin duda a la India y podrá luego dar la vuelta al +mundo en que vivimos. Y el que navegue hacia Oriente, como navegaremos +nosotros cuando salvemos el obstáculo que África nos opone, podrá volver +también a su patria por opuesto camino si encuentra modo de salvar el +valladar que el Nuevo Mundo de Colón le ofrece. Yo os confieso, señores, +que la ambición me induce a señalarme en la India en empresas guerreras, +pero como no cuento con muchos soldados para eclipsar allí las hazañas +de Alejandro de Macedonia, preferiría yo sin estrago y sin sangre +emprender y llevar a cabo un propósito que me daría gloria nueva y sin +rival entre los seres nacidos de mujer: la gloria de circunnavegar este +planeta. Así probaría yo experimentalmente que no es enorme disco, +suspendido en el éter y asido por eje de diamante a las cristalinas +esferas que giran en torno suyo sobre dicho eje con arrebatada y pasmosa +armonía. Así aduciría yo razones y pruebas a los que pretenden que +nuestra tierra no es el centro del Universo, sino astro pequeño y opaco, +que va rodando en torno del sol, como Venus, Marte, Saturno y otros +planetas.</p> + +<p>—Atrevida es la tal suposición—dijo Fray Juan de Santarén—pero ni en +Coimbra ni en Salamanca faltan doctores que la tienen por probable y aun +por casi demostrada, respondiendo a los que tratan de invalidarla por +mal entendidas sentencias de las Sagradas Escrituras, con aquellas +célebres frases de Francisco de Villalobos, médico de la Reina Católica: +los que acuden a la religión en asuntos de ciencias naturales son como +los delincuentes que buscan en la iglesia un asilo.</p> + +<p>—También en Italia—añadió donna Olimpia—anda desde hace años muy +válida la opinión de que no es la tierra, sino el sol quien está en el +centro; y ya, en mi primera mocedad, conocí yo y traté en Roma a cierto +doctor polaco, cuyo nombre era Nicolás Copérnico, que enseñaba dicho +sistema y andaba muy afanado componiendo un libro, que pensaba dedicar +al Papa, sobre las revoluciones de los orbes celestes. No sería impío ni +herético tal sistema cuando con semejante dedicatoria intentaba su autor +santificar el libro que le defendiese.</p> + +<p>—Así podrá ser—dijo Tiburcio—. Nadie, sin embargo, logrará quitarme +de la cabeza un endiablado razonamiento que agua o mejor diré envenena +el gozo de esta invención. Por ella resulta degradado y hasta envilecido +este mundo en que habitamos. No es ya el centro y objeto principal de la +creación entera para cuya iluminación, regocijo y deleite salieron de la +nada el sol, la luna y todas las estrellas. Nuestro globo queda reducido +a un astro opaco, pequeñuelo y hasta deforme que gira como otros muchos +planetas más grandes y más hermosos que él, perdido en la inmensidad del +éter. ¿Qué será de nuestra preeminencia sobre las demás criaturas; qué +de la dignidad humana, si tal suposición llega a demostrarse por +completo?</p> + +<p>Morsamor, que coincidía por lo común con las opiniones de su joven amigo +y se complacía en aceptar su parecer y su consejo, estaba en aquella +ocasión tan poseído del parecer contrario y tan lleno de la fe y de la +esperanza de contribuir a la demostración de su verdad, que encarándose +con Tiburcio, exclamó con enojo:</p> + +<p>—Sin duda tendrías razón si por lo material aspirase el hombre al +principado y si su valer se midiese por varas o se pesase por arrobas. +Pero como el gran ser del hombre es por el espíritu, lo mismo importa +para que le conserve que tenga su vivienda corporal en el centro del +Universo o en el más ruin y esquivo lugar de las profundidades del éter. +Donde quiera que mi espíritu se halle, allí estará, allí creará el +centro de todo; y en la capacidad inmensa de su entender encerrará +cuantos seres existen y pueden existir, y comprendiendo sus leyes, será +como si se las impusiera, porque si Dios está en todas partes, más +esencialmente está en el alma humana. Y así el alma humana, si procura +estar conforme con Dios y unirse con Dios, sólo será inferior a Dios +mismo y no a los habitantes de otros mundos, dado que tales habitantes +haya. Podrán ser más corpulentos, podrán tener sentidos más variados y +perspicaces, pero la ley moral y los primeros principios absolutos, raíz +de todo saber, y el amor inextinguible de lo infinito que sólo en lo +infinito se aquieta, en nadie podrán asistir con mayor energía y virtud +creadora que en el hombre, hecho a imagen y semejanza de Dios.</p> + +<p>Todos aplaudieron el discurso de Morsamor. El propio Fray Juan de +Santarén, aunque con escrúpulos de que en el calor de la improvisación +hubiese dejado escapar alguna herejía, aplaudió también a Morsamor, en +gracia del entusiasmo y de la buena fe con que había hablado. +Convinieron además en que no hay ni habrá sistema de astrólogos o de +sabios empíricos que baste a desbaratar ninguna teología ni ninguna +metafísica bien cimentada. Y decidieron, por último, que Morsamor, sin +perjuicio de mostrarse en la India, dando allí razón de quién era, debía +volver a Lisboa, caminando siempre hacia Oriente y circunnavegando el +mundo en que vivimos, cuya redondez resolvieron todos que era innegable.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XII" id="XII"></a>-XII-</h2> + + +<p>Bien se puede afirmar que el poder de los elementos, sojuzgado y +hechizado por la confianza magnánima de nuestros navegantes, se +complació en favorecerlos, haciendo fácil y rápido su viaje. Pronto, +casi siempre a la vista de la extensísima costa, llegaron al extremo sur +del continente negro. El terrible gigante Adamastor, domado ya por la +secular constancia y el valor de los portugueses, estaba sin duda de muy +buen talante en aquella ocasión, y sin tormentas ni furores dejó que +entrasen en el mar de la India la nave de Morsamor y otras cuatro naves +más, que formaban la escuadra en cuya compañía Morsamor navegaba.</p> + +<p>La pequeña flota iba como refuerzo de otra mucho mayor y más poderosa, +que tres meses antes había salido del Tajo, conduciendo a don Duarte de +Meneses.</p> + +<p>Este personaje, que se había señalado mucho por su valor y pericia, como +Gobernador de Tánger, en la guerra que de continuo sostenían los +portugueses contra los marroquíes, iba como Virrey de la India con más +sueldo y más amplias facultades que sus predecesores. Le llevó una +armada de quince velas, en donde fueron Francisco Pereira Pestana para +Gobernador de Goa, Juan Silveira, para ejercer el mando en Cananor, y +para el gobierno de Calecut, Juan de Lima.</p> + +<p>Habían ido también, custodiando al nuevo Virrey, cuatro naves a las +órdenes de Martín Alfonso de Melo, el cual debía después visitar el +Imperio chino.</p> + +<p>La escuadra de que formaba parte la nave de Morsamor, viniendo a ser +complemento de dicha grande flota, con la misma felicidad que había +pasado el Cabo, aportó más tarde a Sofala, puerto muy estimado entonces +de los portugueses por creer que era el antiguo Ofir, de donde Salomón e +Hiran llevaron a Jerusalén mucho oro. De aquí que los portugueses +buscasen allí con afán aunque poco dichoso, las antiguas minas que el +hijo de David había laboreado.</p> + +<p>Algo se detuvo en Sofala la pequeña flota, pero no tardó en zarpar para +Goa.</p> + +<p>La nave de Morsamor no pudo seguirla. Tenía antes que ir a Melinda, a +donde enviaban los señores Adorno y Salvago no pocos artículos de +comercio. En Melinda debían venderlos o dejarlos en depósito y tomar en +cambio mercancías de Abexin, Arabia y Egipto y aun algunas de Siria, de +las islas de la Grecia y de la misma Italia que todavía llegaban hasta +allí, importadas en Egipto por los venecianos, a pesar del golpe mortal +que a su comercio habían dado los portugueses.</p> + +<p>Durante tan larga navegación el tiempo pasó muy agradablemente para +Morsamor y Tiburcio, merced a la precaución o a la buena suerte que +habían tenido de embarcar con ellos a donna Olimpia y a Teletusa. Podía +considerarse la primera como la personificación de la amenidad serena y +elevada, y la segunda como la del regocijo y bullicioso trastulo de los +seres humanos: de tal al menos calificaba donna Olimpia a su compañera. +Y Tiburcio añadía, en alabanza de ambas, que eran, por estilo profano, +como Marta y María, representando una de ellas la vida contemplativa y +la vida activa la otra.</p> + +<p>Dulce y modesta era donna Olimpia. Nadie con justicia hubiera podido +censurarla de marisabidilla y bachillera; pero en su trato íntimo, y +cuando Morsamor la estimulaba a hablar, mostraba su rara discreción y su +mucha doctrina con sencillez y sin pedantería ni jactancia. Habían +traído a bordo los <i>Diálogos de amor</i> de León Hebreo, a quien Morsamor +quedó muy aficionado desde que logró salvarle de los insultos de la +plebe.</p> + +<p>A veces leían en dichos <i>Diálogos</i> y luego los comentaban. Y eran tan +atinadas y profundas las ilustraciones de donna Olimpia que, si se +hubiesen conservado y reunido en un volumen, formarían hoy la Filosofía +de amor más interesante y sublime.</p> + +<p>En otras ocasiones, Morsamor y donna Olimpia ponían por las nubes mil +invenciones y descubrimientos recientes, que en sentir de ellos hacían +de la época en que vivían la más fecunda e ilustre de todas. Y como +sobre este punto no estuviese de acuerdo Teletusa, la ninfa gaditana no +quería callarse y asentir con su silencio, sino que tomaba la palabra y +decía de esta manera:</p> + +<p>—No he de negar yo lo muy ingeniosas que son las invenciones de nuestra +edad: el empleo de la pólvora, en arcabuces, bombardas, culebrinas y +falconetes; la brújula y la imprenta; los instrumentos del famoso +estrellero y geómetra portugués Pedro Núñez, y el hallazgo y la +observación de nuevos astros en el cielo, y en la tierra de nuevos +continentes, islas y mares. Todo esto, no obstante, se explica con +facilidad por el entendimiento humano. Si Satanás ha intervenido en +ello, ha sido de tapadillo y sin dar la cara dejando que los inventores +se jacten de haberlo logrado sin sobrenatural auxilio. En cambio, las +invenciones primitivas son las que no se pueden explicar humanamente y +las que tenemos que admirar. ¿Quién inventó el habla? ¿Quién la +escritura? Estas y otras cosas por el estilo son las que no se +comprenden ni se explican sin acudir a la enseñanza y a la revelación de +Dios mismo, de los ángeles o de los genios. Yo doy por seguro que el +primero que cultivó el trigo y luego sacó de él harina e hizo pan, +realizó algo más estupendo que cuanto hace un siglo se ha descubierto o +inventado.</p> + +<p>Todos aplaudieron el breve discurso de Teletusa, y animada ella con el +aplauso, se atrevió a proseguir:</p> + +<p>—La pólvora da muerte y la harina es el mejor y más usado sustento de +la vida. A la harina, pues, me atengo. Quiero que sepáis, señores, que +una prima mía muy guapa fue la buena amiga y tal vez el oíslo del famoso +cocinero Ruperto de Nola. De él aprendió a condimentar exquisitos +guisos, no pocos de los cuales tuvo luego la bondad de enseñarme. Ahora +bien, yo quiero mostraros mi habilidad y probar al mismo tiempo la +extraordinaria importancia de la harina. Voy a ser, además, como cierto +tocador de viola en extremo habilidoso que tocaba en una sola cuerda +multitud de sonatas. Yo me he apoderado de un barril de harina y de una +enorme botija llena de aceite, y valiéndome de estas sustancias voy a +daros, mientras dure nuestra navegación, una fruta de sartén, distinta +cada día.</p> + +<p>Teletusa cumplió su promesa, y sin estropear sus manos, que las tenía +bonitas y bien cuidadas, amasó y frió de diario los más deliciosos y +diferentes manjares farináceos que imaginarse pueden. Ya eran buñuelos +de una clase, ya buñuelos de otra, ya sopaipas, ya empanadillas, ya +gajarros, ya pestiños, ya hojuelas, ya piñonate.</p> + +<p>Aun sobre estas frutas de sartén filosofaba Teletusa con agudeza y con +gracia exclamando:</p> + +<p>—Nadie me quitará de la cabeza, que la materia prima es única, sin que +sean menester elementos distintos para producir las mil distintas cosas +que llenan y enriquecen el universo. Cierta fuerza que hay, reside o se +pone en la materia prima, agita y ordena sus partecillas infinitamente +sutiles, y de los diversos movimientos y coordinaciones de dichas +partecillas, que los sabios llaman átomos, resulta la infinita variedad +de los seres. De fijo la diferencia de ellos está en la forma. Por la +forma es uno feo y otro bonito, uno triaca y otro veneno, uno soso y +otro salado, uno amargo y otro dulce, uno huele bien y otro hiede, ¿qué +no podrá hacer la naturaleza cuando yo flaca mujer, con harina sólo, +hago cosas tan distintas y de tan diferente sabor sin que sean +sustancialmente más que harina? Y sin embargo, ¿cuán de otro modo que el +esponjado buñuelo sabe por ejemplo, el piñonate o la <i>crocante</i> +empanadilla, que con tan grato crujidito se desmorona entre los dientes?</p> + +<p>No se limitaba Teletusa a freír masa y a filosofar sobre la fritura. Más +alegre pasatiempo solía proporcionar casi de diario y particularmente +cuando el tiempo era muy bueno, a sus dichosos compañeros de navegación. +Todos formaban corro en torno de ella. Tiburcio tocaba la vihuela o la +flauta, y Teletusa, repiqueteando las castañuelas bailaba como una +sílfide.</p> + +<p>Teletusa era asimismo egregia cantora, no indigna del siglo y de la +patria en que la música estaba tan floreciente, merced a Bartolomé Ramos +de Pareja, a Pedro Ciruelo, a Juan Anchieta, a Juan de la Encina y a +otros insignes compositores y maestros.</p> + +<p>La propia Teletusa, acompañándose con la vihuela, cantaba deliciosos +villancicos y coplas. Ora cantaba</p> + +<p class="noindent"> +<span style="margin-left: 5em;">Dos ánades madre</span><br /> +<span style="margin-left: 5em;">Que van por aquí.</span><br /> +</p> + +<p>Ora por lo sentimental y lo tierno, coplas como esta:</p> + +<p class="noindent"> +<span style="margin-left: 5em;">Pues que jamás olvidaro</span><br /> +<span style="margin-left: 5em;">No puede mi corazón</span><br /> +<span style="margin-left: 5em;">Si me falta galardón</span><br /> +<span style="margin-left: 5em;">¡Ay que mal hice en miraros!</span><br /> +</p> + +<p>Ora, por último siguiendo el estilo picaresco, aquello de</p> + +<p class="noindent"> +<span style="margin-left: 5em;">Yo me iba, mi madre,</span><br /> +<span style="margin-left: 5em;">Las rosas coger,</span><br /> +<span style="margin-left: 5em;">Hallé mis amores</span><br /> +<span style="margin-left: 5em;">Dentro en el vergel.</span><br /> +</p> + +<p>Cualquiera pensará que, en medio de tanto deleite, Morsamor estaba +contento. Mucho distaba, no obstante, de ser así. En cierto modo puede +bien afirmarse que Morsamor se hallaba cada día más prendado de donna +Olimpia. El apasionado mirar de sus ojos glaucos le fascinaba; le +encantaban su discreta conversación y su apacible trato; y de continuo +prestaba pábulo a la encendida llama de sus afectos la presencia de +aquella mujer dechado de elegancia y de majestuosa hermosura. Entonces +se creía ligado a ella para siempre por invencible hechizo. Entonces +presumía que ella era su bien, que la amaba y que no podía vivir sin +ella.</p> + +<p>En la mente y en el corazón humanos hay un mar tempestuoso de ideas y de +sentimientos que se combaten. Así eran el corazón y la mente de +Morsamor. Y cuando no los subyugaba ni los rendía el influjo encantador +de la aventurera italiana, acudían en tropel a atormentarlos mil amargas +cavilaciones que le herían y emponzoñaban el alma y sacaban a su rostro +el color rojo de la vergüenza. ¿Qué héroe de tan ruin condición era él +cuando tal dama llevaba consigo? Si hubiese robado a doña Sol de +Quiñones, y a despecho de la Reina y de todo el mundo, la tuviese a +bordo, el caso, aunque pecaminoso, sería digno de él; pero llevar a +donna Olimpia, que lo mismo se hubiera ido acaso con otro cualquiera, +era triunfo tan miserable, que, en vez de lisonjear su amor propio, le +lastimaba y abatía.</p> + +<p>Hasta el indisputable mérito de donna Olimpia, su talento, su belleza y +la fuerza misteriosa que había en todo su ser para dominar y cautivar a +cuantos la veían y trataban, si bien complacían a Morsamor cuando +pensaba que era suyo aquel tesoro, le ofendían más a menudo al +considerar que su brillo atraía las miradas, la voluntad y la admiración +de las gentes, y a él le dejaba obscurecido y como eclipsado.</p> + +<p>Algunas bromas de Tiburcio, dichas sin duda irreflexivamente y para +reír, ofendían y herían a Morsamor en lo íntimo de su conciencia y le +ponían de un humor de todos los diablos. Cuando Morsamor le abría su +corazón a Tiburcio y le confiaba parte de sus pesares, Tiburcio, con el +propósito de despojar de gravedad el asunto, le decía burlando:</p> + +<p>—En verdad que tiene sus contras el poseer tan gentiles enamoradas y +tan famosas amigas como la mía y la tuya. Debemos, con todo, +conformarnos y hasta convertir el inconveniente en estímulo. Voy a +explicarme mejor. El marido o el amante de una mujer muy bella, sabia o +ilustre, queda mil veces peor que en la obscuridad si él es un +cualquiera. En la obscuridad nadie le recordaría ni le nombraría, +mientras que, en el caso que supongo gozaría, o mejor dicho padecería de +ridícula e indeleble fama. En todo el mundo sería conocido por su mujer +o por su amiga y no le llamarían Fulano ni Mengano, sino el de Mengana o +el de Fulana. No floja contrariedad es esta, pero bien puedes tú +sobreponerte a la contrariedad, dando razón de quién eres por virtud de +tus altos hechos, a fin de que seas célebre y ensalzado como Morsamor y +no meramente conocido y mencionado por amigo de donna Olimpia. Lo propio +digo de mi persona. Yo quiero hacer de suerte que no me conozcan sólo +por el amigo de Teletusa, sino que me celebren por mis audaces y +dichosas empresas como Tiburcio de Simahonda. No he de negarte yo, +porque quiero ser franco, que nuestro propósito es difícil de realizar. +Estas dos mujeres (permíteme lo vulgar de la expresión) que nos hemos +echado a cuestas, son de tal magnitud y valer, que nos abruman con su +peso. Y es tal el resplandor con que brillan, que ha de costarnos +muchísimo resplandecer por nuestras acciones por cima del resplandor que +despiden ellas con sólo manifestarse. No creas tú que Putifar fue un +personaje insignificante. Yo he leído en antiguas historias y sé de +buena tinta que se distinguió como hábil capitán, venciendo al Faraón +del alto Egipto, acérrimo contrario del Faraón pastor a quien él servía, +y domando en Chipre los filisteos, gente rubia y belicosa que habían +venido del Norte, que se habían apoderado de aquella isla, y que mucho +más tarde se repuso, invadió la tierra de Canaan y le dio nuevo nombre, +aunque hizo en ella grandes estragos. Hay además quien asegura que +Putifar era muy buen letrado, que poseía casi toda la ciencia de los +egipcios, y que compuso memorias sobre las inundaciones del Nilo y sobre +otros puntos no menos importantes. Pero todo esto se ha olvidado y ya +nadie le recuerda ni le nombra, sino a causa o por culpa de su mujer. +Sólo se habla de él cuando de ella se habla, llamándola, la mujer de +Putifar, por donde él es sólo mencionado como marido. Escarmentemos pues +en cabeza ajena y procuremos que nada semejante nos ocurra.</p> + +<p>Este y otros razonamientos por el mismo estilo tenía a Morsamor sobre +ascuas. Y verdaderamente era poco honroso y nada glorioso ir a la +conquista de un nombre inmortal en compañía de damas tan desenfadadas y +alegres, cuyas conquistas era de temer que se realizasen más pronto.</p> + +<p>Aunque Morsamor disimulaba su disgusto, que solía rayar a veces en +repugnancia, donna Olimpia, era muy avisada y no dejó de conocerle; pero +donna Olimpia era muy soberbia y no se dio por entendida ni formuló la +menor queja.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XIII" id="XIII"></a>-XIII-</h2> + + +<p>A bordo toda la tripulación estaba encantada de la bondadosa amenidad de +donna Olimpia y más aún del regocijo de Teletusa, de sus danzas y +cantares y hasta de sus frutas de sartén, hechas a veces con tal +abundancia que había para que todos comieran. Ya hemos visto cómo el +piloto intimó con Morsamor y formó parte de su corro, y cómo Fray Juan +se holgaba de estar en él y hasta de reír y charlar con las dos +aventureras, pues, aunque piadoso, era indulgente, muy conocedor de las +flaquezas humanas y bastante ejercitado en la virtud de la eutropelia.</p> + +<p>Había, no obstante, un personaje que no llevaba bien aquel alboroto, +sino que estaba escandalizado de la constante huelga, si bien lo +disimulaba y sufría porque era prudentísimo.</p> + +<p>Era este personaje el administrador o comisionista encargado de las +mercancías y de sus ventas, compras y cambios. Notable por su habilidad +mercantil y por su experiencia y largas peregrinaciones, poseía además +el talento de hablar afluentemente la lengua arábiga, lo cual le valía y +había de valerle para sus tratos y negocios con los mercaderes de +aquellas regiones.</p> + +<p>El tal administrador, holandés o flamenco que en esto no están de +acuerdo los autores, se llamaba Gastón Vandenpeereboom, nombre y +apellido en completo desacuerdo con sus prendas personales, como si por +antífrasis los llevara. En lugar de ser Gastón tenía fama de roñoso y +por no gastar en nada, no hablaba nunca sino por necesidad o provecho, a +fin de no gastar saliva. Y su apellido, semejante al resonar del trueno +o de la artillería, también se concertaba mal con sus lacónicos y +pausados discursos, pronunciados siempre en voz baja y suave. El señor +Vandenpeereboom era además tan pequeñuelo y delgado, que parecía un +duende. Casi no se le oía ni se le veía. Cuando no estaba haciendo +cuentas estaba rezando sus devociones, por ser muy religioso y devoto. +Era harto feo de cara, pero en ella, y singularmente en la viveza +penetrante de sus ojillos, se revelaba su inteligencia y su astucia.</p> + +<p>Nadie podía acusarle de que murmurase, pero harto se notaba, a pesar de +su disimulo, que el señor Vandenpeereboom aguantaba con repugnancia la +presencia a bordo de las dos aventureras y el jaleo continuo que allí +armaban. Como quiera que fuese, y sin más novedad ni disgusto, la nave +de Morsamor llegó al fin al puerto de Melinda.</p> + +<p>La ciudad de este nombre era entonces populosa y estaba floreciente y +rica. Era hijo su rey del que tan cortés y lealmente recibió a Vasco de +Gama y le proporcionó piloto para llegar a Calecut con menos peligro.</p> + +<p>Feridún se llamaba el rey nuevo, joven todavía, gallardo y muy agraciado +de rostro. Tenía un hermano menor, llamado Rustán, a quien estimaba y +quería tanto que casi compartía con él su trono. Y no debe extrañarse +que tuviesen estos príncipes nombres propios de los antiguos persas o +iranios, porque era más blancos que morenos, y pretendían descender, así +como la más ilustre nobleza del reino, de gente venida del Irán. +Asegurábase que la ciudad de Chiraz y el fértil territorio que la rodea +habían sido la cuna de los antiguos emigrantes. Y asegurábase, por +último, que estos habían abandonado la madre patria, llegando a la +remota costa de África y fundando allí una colonia, expulsados por el +tremendo conquistador Temugín, alias Gengis Khan, emperador de los +tártaros mongoles.</p> + +<p>Causa de la expulsión o más bien de la fuga para sustraerse a una +tiránica intolerancia, había sido la refinada cultura de aquellos +persas, y el modo incompleto y libre con que se llamaban mahometanos. La +antigua religión de la luz increada vivía en sus almas sobrepuesta al +islamismo. Zoroastro valía para ellos más que Mahoma, como anterior y +superior en la serie de los profetas. Las tradiciones patrióticas +sostenían y fomentaban en la mente de ellos la fe en los dogmas del +<i>Avesta</i> y del <i>Bundehesch</i>, libros sagrados que tal vez ya no poseían +ni conocían. La poesía maravillosa, tan floreciente en el reinado de +Mahamud de Gazna el Grande, había hecho que resurgiesen aquellas ideas y +aquellos sentimientos en los espíritus y en los corazones. Dicen las +historias que aquel rey glorioso tuvo muy regalados y agasajados en su +corte, para mayor ostentación y brillo, a más de cuatrocientos poetas: +cosa que aturde y pasma, sobre todo en el día, cuando críticos tan +juiciosos e ilustrados como Clarín apenas conceden que tengamos en +España dos y medio. Lo cierto es que entonces se escribieron en Persia +lindísimos poemas descollando sobre todos el colosal de Firdusi, +titulado <i>Libro de los Reyes</i>. En él renacen y viven idealmente las +glorias del Irán y sus seculares luchas, en defensa y para difusión de +la luz, contra los turaníes, propugnadores de las tinieblas. El rey +Mahamud gustó tanto de la obra de Firdusi que pensó en darle por ella +todo el oro que pudiese sostener y llevar como carga el más gigantesco y +poderoso de sus elefantes. No llegó el rey, por malquerencia y chismes +de sus cortesanos, a premiar tan generosamente al poeta, pero consta que +le envió a Tus, lugar de su nacimiento, donde él estaba retirado, un +regalo casi equivalente, si bien fue ya tarde, porque le llevaban a +enterrar cuando entraron en Tus los que dicho regalo traían.</p> + +<p>No fue sólo la epopeya la que pervirtió la ortodoxia muslímica de los +habitantes de Chiraz y de toda su comarca, sino también los cuentos y +novelas que después se escribieron, los tratados de filosofía moral +harto poco severa, y más que nada, la poesía lírica, consagrada a +ensalzar el vino, los amores y toda clase de deleites. Mal podían +avenirse con el Corán las sentencias y los versos del <i>Gulistán</i>, de +Sadí y los voluptuosos madrigales de Hafiz que él titulaba <i>Gacelas</i>.</p> + +<p>Todavía, por último, se corrompieron más las creencias y las costumbres +con un misticismo que después se puso de moda, merced a muy eminentes +escritores. Era el tal misticismo todo lo contrario de ascético. En lo +tocante a indulgencia con pasiones y goces, echaba la zancadilla al de +nuestro famoso Padre Miguel de Molinos, no siendo menester la +mortificación y la penitencia para que el alma se uniese con lo +infinito, sino más bien absolver en ella toda la hermosura, todo el +deleite y todo el bien de las cosas creadas. El libro titulado <i>El habla +de los pájaros</i>, fue precursor de esta doctrina. Y quien más la propagó +e ilustró luego fue el admirable poeta y filósofo Chelaledín Rumí, autor +del poema <i>Mesnewi</i>. Así se fundó una secta herética muy dada al +sibaritismo y una a modo de orden religiosa de derviches, inclinadísimos +a todo linaje de diversiones, músicas y danzas.</p> + +<p>Tales sectarios fugitivos fueron los fundadores de la colonia de +Melinda, donde se habían dado tan buena maña que habían atraído millares +y millares de negros, formando un reino importante del que dichos negros +constituían la numerosa plebe.</p> + +<p>Cuando Vasco de Gama aportó allí veinte y tres años antes, el rey +melindeño, que era muy pacífico, le recibió leal y amistosamente. El +héroe portugués, ya por sí mismo, ya por medio de su alférez Nicolás +Coello, había acrecentado tan buenas disposiciones, ponderando la +grandeza y el poderío de Portugal y de su monarca. Gama y Coello +trataron de hacer creer a los de Melinda que España era la cabeza de +Europa y Portugal la cumbre de la cabeza; que el rey portugués era el +primero de los reyes y que el mismo nombre de Dios era su nombre; que +con su innumerable caballería imponía respeto y subyugaba a las demás +naciones; que sus naves, bien artilladas, recorrían el mar a centenares; +y que las rentas y tributos, que le rendían sus vasallos y los pueblos +vencidos, eran tan abundantes, que, después de pagados todos los gastos, +dejaban cada luna un sobrante de doscientos mil cruzados lo menos.</p> + +<p>No se sabe hasta qué punto creerían los melindeños tan enormes +exageraciones; pero, como vieron después que los portugueses enviaron al +mar de la India poderosas flotas, que eran valientes y terribles, que +conquistaron muchos puertos y ciudades, que asolaron no pocas provincias +y que iban enseñoreándose de todo, acabaron por creer lo que al +principio les habían dicho; a formar de Portugal el más elevado +concepto, y a considerar como la mejor política la conservación y el +acrecentamiento de la amistad portuguesa.</p> + +<p>Esta era la opinión que prevalecía entre los de Melinda cuando la nave +de Morsamor entró en su puerto.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XIV" id="XIV"></a>-XIV-</h2> + + +<p>No bien saltaron en tierra algunas personas de a bordo, visitaron la +ciudad y hablaron con sus mercaderes y con otros de sus habitantes, +entre los cuales no faltaba ya quien chapurrease el portugués o el +italiano, corrió por todas partes la voz de que mandaba la nave recién +llegada un señor de mucho fuste y campanillas, cuyo nombre era Miguel de +Zuheros. Se difundió también que venían en la nave dos princesas de lo +más encopetado de Europa, que iban viajando para su instrucción y +recreo.</p> + +<p>Hubo no pocos curiosos y desocupados que fueron a visitar la nave, donde +Morsamor los recibió con franca cordialidad y agasajo. Y como allí +viesen a donna Olimpia y a Teletusa, se maravillaron y embelesaron, +dándose a propalar entre sus compatricios que en la nave europea había, +no dos mujeres bonitas, sino dos <i>péris</i> o dos huríes. Donna Olimpia fue +la que más agradó y sorprendió por su porte majestuoso, y más aún por la +nítida blancura de su tez y por el áureo fulgor de sus cabellos rubios, +prendas muy raras en aquella tierra. Así es que la consideraron y +ponderaron como si fuese criatura sobrehumana y hasta la propia +Parabanú, emperatriz de las hadas.</p> + +<p>Cuando todos estos rumores llegaron a los oídos del rey y de su hermano, +ambos anhelaron obsequiar a Morsamor, ver a las dos hermosas princesas y +mostrar a él y a ellas el esplendor de la capital de su reino y la +fértil amenidad de los huertos y cármenes que a imitación y en +competencia de Chiraz había en su ruedo y en ambas orillas del Sabaki, +que desemboca en la mar a corta distancia.</p> + +<p>Pronto se concertó y dispuso una fiesta y jira campestre a la que +Morsamor, Tiburcio, el piloto, Fray Juan de Santarén, las dos princesas +y el señor Vandenpeereboom fueron convidados.</p> + +<p>En bateles del país, empavesados con vistosos gallardetes y flámulas +multicolores, y defendidos de los ardores del sol por elegantes toldos, +los convidados fueron a tierra, donde había para las damas dos soberbios +palanquines llevados por robustos negros; para Morsamor y Tiburcio, +hermosos caballos árabes ricamente enjaezados; y para el piloto, el +comisionista y el fraile, sendos pollinos tordos y lustrosos, con +primorosas albardas, de las que pendían caireles y flecos de seda y con +las cabezadas y jáquimas de seda también, alegrando los oídos el sonar +de los cascabeles de plata que había en los pretales, y alegrando la +vista los relucientes y airosos penachos que descollaban muy por cima de +las largas y puntiagudas orejas.</p> + +<p>Debemos advertir aquí que en Oriente no es el asno, como en nuestros +países, animal plebeyo y vilipendiado, sino que, por el contrario, goza +de notable crédito y suele servir de cabalgadura a las personas graves, +constituidas en dignidad y que conviene que caminen con reposo y pausada +prosopopeya.</p> + +<p>Con muy brillante acompañamiento el rey y su hermano llegaron a recibir +a sus huéspedes en una gran plaza que estaba cerca del muelle. Varios +ulemas, magos y astrólogos del Real Consejo privado, venían también en +burros; monteros y cazadores, de a pie y de a caballo, traían la jauría +de podencos y lebreles; doce diestros cazadores de altanería, todos a +caballo, llevaban en el antebrazo izquierdo, asidos a la lúa de becerro +con las acicaladas garras, ya poderosos neblíes, traídos a mucha costa +de las montañas de Elburz o de Mazenderán a orillas de mar Caspio, ya +ágiles alfaneques africanos, retenidos por la pihuela para que no +echasen a volar, y todos con sus capirotes de grana y con sutiles +cascabelillos de oro en las nervudas patas.</p> + +<p>El rey se presentó en un lujoso carro, tirado por cuatro caballos +blancos y conducido por su propio hermano Rustán, que se ufanaba de ser +hábil auriga. Se parecían también en el carro un venerable escudero, que +sostenía el quitasol de raso amarillo, bordado de oro, dando sombra al +rey y siendo símbolo e insignia de su poder soberano; y dos pajecillos, +muy graciosos y compuestos, que oseaban las moscas y movían y +refrescaban el aire que circundaba a la persona regia, agitando grandes +abanicos, uno de pintadas plumas de pavo real, y otro de plumas de +avestruz blancas como la leche.</p> + +<p>El rey y su hermano recibieron y saludaron a las damas, a Morsamor y a +los suyos con gran cortesía y finura, y después de recorrer las +principales calles de la ciudad y de mostrarles las más interesantes +curiosidades, los llevaron al campo, donde los cazadores y las bien +industriadas aves de rapiña lucieron su destreza en la cetrería, arte +cultivadísimo en Persia desde los tiempos primitivos de Jemshyd, +fundador del primer imperio.</p> + +<p>Todos fueron luego a un parque o coto muy extenso que poseía el rey en +la margen del río, y donde había mucha caza, especialmente de ciervos. +Espantados y perseguidos por los ojeadores, los ciervos pasaron en +manadas por muy cerca de las paranzas donde el rey y los que le +acompañaban se habían puesto a aguardarlos. Así hicieron en ellos no +pequeña carnicería, lanzándoles flechas, venablos y azagayas.</p> + +<p>El rey Feridún obsequió por último a sus convidados y a los individuos +de su servidumbre con una exquisita merienda, en la que el guiso que más +agradó fue uno de ánades silvestres en arroz blanco, condimentado con la +picante salsa llamada <i>curry</i>. Los almíbares de azahar y de rosas fueron +también muy celebrados. Y los señores principales consumieron en +abundancia el famoso vino de Chiraz a pesar de Mahoma, mientras que la +gente menuda se regaló con <i>arrack</i>, bebida fermentada de la India, +harto menos costosa.</p> + +<p>Las dos damas fueron muy admiradas y requebradas, rayando en frenesí el +entusiasmo que excitaron, sobre todo hacia el fin de la merienda.</p> + +<p>El rey, el príncipe, su hermano, los ulemas y los astrólogos, todos en +suma, apenas se atrevieron a dirigirles la palabra en prosa, sino que +les echaron a porfía mil piropos, ya en versos persas, ya en versos +arábigos, que los señores Vandenpeereboom y Tiburcio se encargaban de +traducir. Porque según la costumbre de aquella tierra casi hubiera sido +desacato o irreverencia hablar en prosa a señoras tan bellas y de tan +alta guisa. Por fortuna no era difícil a las personas elegantes de por +allí hablar siempre en verso, porque la menos instruida de todas ellas +sabia de memoria millares de <i>kasidas</i> y de <i>gacelas</i>, apropósito para +todos los casos, y que podían ensartarse unas en otras, como las perlas +en un hilo, por medio de la prosa rimada.</p> + +<p>En resolución, los viajeros se divirtieron mucho aquel día y todos +volvieron a bordo muy lisonjeados y satisfechos.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XV" id="XV"></a>-XV-</h2> + + +<p>Después de la jira campestre y contrariando los planes de Morsamor, su +nave permaneció aún en el puerto de Melinda una semana entera. La carga +y descarga de artículos de comercio y los tratos y contratos que tuvo +que hacer el señor Gastón Vandenpeereboom fueron la causa de tales +estadías.</p> + +<p>Llegó al fin el momento de continuar el viaje. Era una hermosa tarde de +otoño, víspera de la salida. Morsamor, Tiburcio, las damas y toda la +tripulación estaban a bordo.</p> + +<p>Una almadía, conduciendo gente muy bulliciosa y regocijada, se acercó al +costado de la nave. Uno de los de la almadía pidió permiso para que +visitasen la nave él y sus compañeros.</p> + +<p>Componían estos una tropa o cofradía de los derviches místicos, +apellidados <i>mevlevies</i>, de que fue fundador y patriarca el ya citado +celebérrimo Chelaledín-Rumí, egregio poeta entre los orientales y +melodioso <i>ruiseñor de la vida contemplativa</i>.</p> + +<p>Miguel de Zuheros no estaba de muy buen humor y repugnaba recibir a los +derviches; pero donna Olimpia y Teletusa, que habían oído hablar de sus +extravagantes y vertiginosos bailes y del extraño método que empleaban +para llenarse de furor divino y entrar en la vía unitiva, intercedieron +por ellos y consiguieron que subiesen sobre cubierta. Hasta veinte +serían los de aquella tropa, todos vestidos de flotantes y ligeros +paños, todos contentos y satisfechos como quien priva con la divinidad y +de los demás seres del mundo no se le importa un prisco.</p> + +<p>Al son de una música muy rara entonaron los derviches algunas de las más +bellas canciones panteísticas de su fundador. Luego tejieron la más +arrebatada y frenética danza que puede imaginarse. Y, por último, cuatro +de los derviches, trompeteros de resuello pujante, hicieron resonar las +<i>kernas</i> de que venían provistos. La danza se precipitó entonces con +rapidez sobrehumana. Verlos bailar causaba mareo.</p> + +<p>Aquel espectáculo asustaba más que divertía, pero tenía tan invencible +atractivo que todas las miradas quedaban fijas en los derviches sin +poder apartarse de ellos.</p> + +<p>Atronador era el sonido de las <i>kernas</i>, trompetas enormes de más de dos +metros de longitud, en figura de serpientes y enroscadas en giro +tortuoso.</p> + +<p>—Nadie me quitará de la cabeza—dijo Tiburcio a donna Olimpia, que +estaba a su lado—que si bien la música, como todas las demás artes, ha +adelantado mucho en estos últimos tiempos, todavía hay en ella secretos +misteriosos, descubiertos en las edades primitivas y conservados +ocultamente en los santuarios y en los colegios sacerdotales. Al oír +estas trompetas se entrevé y se adivina la relación, conocida en lo +antiguo y desconocida hoy, entre la música y la arquitectura. Al oír +estas trompetas no parece del todo ponderación, encarecimiento o +milagro, lo que se cuenta de Anfión erigiendo al son de la música las +murallas de Tebas, y lo que se cuenta de Josué derribando las murallas +de Jericó a trompetazos. Tal vez la música del porvenir llegue en +Europa, dentro de cuatro siglos o antes a tener eficacia parecida, mas +por ahora distamos mucho de ello.</p> + +<p>Donna Olimpia estaba tan absorta oyendo el trompeteo y contemplando la +danza, que no contestó palabra alguna.</p> + +<p>La observación de Tiburcio era, sin embargo, muy atinada aunque +incompleta.</p> + +<p>Sin duda aquella música profunda y sabiamente bárbara no estaba sólo en +relación con la arquitectura, no era sólo una fuerza motriz material, +sino que era asimismo un pasmoso vehículo de la fuerza psíquica, +trasmitiendo con el aliento vital por el retorcido tubo de bronce el +deseo imperioso del espíritu. Esto que recientemente han inventado los +hombres y han apellidado magnetismo animal no es más que un leve e +imperfecto atisbo y un ensayo rudo y embrionario, digámoslo así, del +empleo de la fuerza psíquica, que en los venideros tiempos ha de +conocerse mejor y ejercitarse con gran fruto.</p> + +<p>Como quiera que ello sea, lo cierto es que aquellos trompeteros o +sonadores de <i>kerna</i> podían ya, por virtud de la ciencia oculta +custodiada en Oriente, emplear la fuerza del alma y producir el letargo +magnético en quien se les antojaba.</p> + +<p>No nos maravillemos pues, de que Morsamor, que también veía la danza y +escuchaba el trompeteo, viniese a caer en hondísimo letargo. No hubo +modo de despertarle, y permaneció traspuesto cerca de veinticuatro +horas.</p> + +<p>Cuando Morsamor volvió a su acuerdo, la nave estaba en alta mar, lejos +de Melinda, y navegando con viento favorable hacia las distantes playas +de Malabar.</p> + +<p>Cuán extraordinaria sorpresa y cuán tremenda cólera no serían las de +Morsamor no bien supo que donna Olimpia y Teletusa, así como sus +escuderos Asmodeo y Belcebú, habían desaparecido, sin que se hallasen en +la nave por más que los habían buscado.</p> + +<p>Sin duda, en la tremolina y rebullicio que se armó cuando Miguel de +Zuheros cayó en su hondo letargo, las dos damas y los dos escuderos +hubieron de escabullirse yéndose con los derviches.</p> + +<p>Las órdenes de levar anclas y darse a la vela al amanecer habían sido +tan terminantes que, a pesar de lo ocurrido, el piloto no quiso +desobedecerlas. El letargo de Morsamor podía por otra parte terminar en +muerte, y lo más seguro era salir para la India, por no considerarse +nadie a bordo con poder bastante para desembarcar y tomar venganza de +aquel desaguisado, en la suposición de que los derviches o algunas otras +personas tuviesen la culpa de todo.</p> + +<p>Interrogado por Morsamor, Tiburcio le dijo:</p> + +<p>—De tu letargo, no sé qué pensar. Yo creo que le produjeron las +trompetas mágicas, pero tal vez la intención de los derviches no fue en +tu daño. Y por lo tocante a donna Olimpia y a Teletusa nada tenemos que +reclamar. No ha habido rapto. Ni la violencia ni la astucia han sido +parte en su fuga. Ellas nos han abandonado en el pleno uso y ejercicio +del libre albedrío. De nadie, pues, ni de ellas mismas, podemos +quejarnos. Lee esta carta que me dejó escrita Teletusa antes de partir.</p> + +<p>Morsamor tomó la carta y leyó lo que sigue:</p> + +<p>«Mi adorado Tiburcio: La fatalidad lo quiere y lo dispone y es menester +someterse a ella. En las entretelas de mi corazón llevo yo pintada tu +imagen con preciosos y vivos colores que nunca han de desteñirse. Estoy +convencida de que no volveré a hallar jamás hombre tan guapo como tú y +que me pete tanto, aunque, como el Infante don Pedro de Portugal, +recorra yo en su busca las siete partidas del mundo. Y, sin embargo, +tengo que abandonarte. Donna Olimpia lo quiere. Seguirla es para mí +deber ineludible. Si ella abandona a Morsamor es porque conoce que, si +bien Morsamor la quiere, Morsamor tiene vergüenza de llevarla en su +compañía. Harto ha notado ella que cuando Morsamor no está bajo el +hechizo de su mirada y recobra la calma y el juicio que le roba la +embriaguez del deleite amoroso, ella, si no es objeto de repugnancia +para Morsamor, es considerada por él como un estorbo y como un +escándalo. No queremos estorbar ni escandalizar y por eso nos quedamos +en Melinda. Hemos celebrado un contrato con el Rey Feridún y con el +príncipe Rustán, los cuales, bajo palabra de honor, corroborada por +solemnes juramentos, nos dejan en completa libertad de largarnos donde +se nos antoje, si dentro de seis meses nos hartamos de ser el adorno y +el esplendor de su corte. Donna Olimpia ha querido que nuestra +separación sea súbita y por sorpresa para ahorrarnos a todos el trance +desgarrador de la despedida. Ella desea que Morsamor alcance grandes +victorias, triunfos y laureles en la India; entiende que para esto +perjudicaría a Morsamor si le siguiese y por eso le deja. Si él por un +lado, ella también separadamente por otro, puede vencer y triunfar sola. +El continuar juntos, dice ella, sería causa de debilidad y a todos nos +dañaría. Ella sola tiene también colosales proyectos. Quiere visitar la +Meca, el reino del Preste Juan, el Egipto, la Tierra Santa y qué sé yo +cuántas otras regiones. Por Dios no tengáis pesadumbre de que nos +separemos de vosotros. La pesadumbre de Morsamor sólo podría nacer, si +la tuviese, de su vanidad ofendida. En el fondo de su alma debe +alegrarse y de fijo se alegrará de verse libre de nosotras. Lo que es tú +bien sé yo que me quieres un poquito y que sentirás algo mi ausencia. No +me olvides. Guarda de mí tan dulce recuerdo como el que yo de ti guardo. +¿Quién sabe? Ya nos volveremos a encontrar algún día. Entre tanto, quede +yo en tu memoria tan gentil y enamorada, como tú en la mía quedas, y ten +por cierto que nunca dejará de amarte tu <i>Teletusa</i>».</p> + +<p>Leída esta carta, Tiburcio entregó a Morsamor otra que donna Olimpia +había dejado escrita para él. Era esta carta tan elocuente y tan sentida +que no me atrevo a recomponerla aquí, pues no teniéndola a mano tal como +se escribió la falsearía yo y la echaría a perder, recomponiéndola y +ofreciéndola a mis lectores. Baste, pues, que sepan que donna Olimpia se +despedía de Morsamor con inmensa ternura, y tratando de justificar la +separación por ineludible.</p> + +<p>Morsamor sintió muy mortificado su amor propio, pero en el fondo de su +alma tuvo que dar la razón a donna Olimpia, y no halló motivo para +quejarse de ella ni de nadie. Sospechó, con todo que el mediador que +había habido entre Feridún y Rustán y las dos aventureras no podía haber +sido otro que el Sr. Gastón Vandenpeereboom, pero disimiló su enojo por +vergüenza y no quiso vengarse, al menos por lo pronto.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XVI" id="XVI"></a>-XVI-</h2> + + +<p>El piloto Lorenzo Fréitas dirigió la nave con habilidad pasmosa, +aprovechando la monzón favorable del sud-oeste, y, con mayor rapidez que +la ordinaria, cruzó el Mar de la India hasta hallarse ya, según sus +cálculos, a cuatro o cinco días de distancia del puerto de Goa. Allí +estaba sin duda el virrey Don Duarte de Meneses, a quien Morsamor quería +presentarse, poniéndose a sus órdenes, aunque hubiera preferido que esto +fuera llevándole algún presente y después de haber dado cima a empresas +de importancia y de lucimiento.</p> + +<p>Para tratar sobre este punto, Morsamor llamó a consejo una mañana al +piloto Fréitas, al administrador Vandenpeereboom y hasta a Fray Juan de +Santarén y al amigo Tiburcio, con cuyos pareceres quería asesorarse.</p> + +<p>Por noticias que en Sofala y en Melinda le habían llegado, Morsamor +sabía que los negocios de Portugal en la India andaban harto revueltos. +Y aunque presentaban mayor peligro que de ordinario, podían también dar +ocasión a grandes triunfos si la destreza y el brio eran secundados por +la fortuna. Tiempo hacía ya que el soldán del Cairo no construía +auxiliado para ello por los venecianos a toda costa en Berenice, puerto +del Mar Rojo, naves con que salir a combatir a los portugueses en el +Golfo de Omán y en lo más ancho del Eritreo, pero habían corrido rumores +de que el régulo de Ormuz se había rebelado, sacudiendo la pleitesía y +negando el tributo que antes pagaba. Asegurábase además, que el gran +turco, a quien arrebataban los portugueses en la India el fructuoso +comercio que hubiera acrecentado y hecho incontrastable su poder, había +alentado, por medio de emisarios secretos, y tal vez con promesas de +auxilio, a varios rajaes o príncipes soberanos indostaníes, mahometanos +unos y gentiles otros, para que contra Portugal se ligasen y armasen. +Alma de esta liga era un marino audaz y experto, llamado Aga Mahamud, el +cual tenía gran crédito y alto nombre, y había llegado a reunir bajo su +mando una poderosa flota de más de cincuenta ligeras y bien artilladas +fustas, sin contar varias galeras, almadías, <i>zambucos</i> y otros pequeños +bajeles, cuyos tripulantes, aunque de diversas razas, lenguas y +creencias, eran todos gente desalmada y fiera, avezada a la mar, sufrida +en los trabajos y despreciadora de los peligros.</p> + +<p>No lejos de Diu, florecía entonces, en el fondo de un estero y a orillas +de un río caudaloso, la ciudad de Chaul, emporio del comercio que, para +sustraerse al poder marítimo de Portugal, hacían entonces con la India, +por tierra, Persia y Arabia. Chaul era singularmente famosa como mercado +de caballos, y allí iban a surtirse los grandes señores y príncipes +indianos para remontar su caballería.</p> + +<p>Los portugueses habían obtenido del príncipe de Chaul el permiso de +erigir una gran fortaleza no lejos de la ciudad y al borde del estero, +adquiriendo así la llave y el dominio de emporio tan importante.</p> + +<p>La fortaleza había empezado a construirse, pero Aga Mahamud había +acudido a estorbarlo con sus fustas, y se decía que se habían dado ya +algunos combates en que no siempre los portugueses salieron bien +librados.</p> + +<p>Peligroso era ir allí con una nave sola exponiéndose a un encuentro con +fuerzas superiores enemigas, pero Morsamor, deseoso de señalarse por +actos heroicos, propuso a sus compañeros de navegación y de armas +dirigir el rumbo hacia Chaul y acudir en auxilio de la flota portuguesa +que defendía allí la construcción del castillo y que tal vez en aquellos +momentos estaba sitiada y vigorosamente combatida. Posible era sucumbir +allí con gloria, pero si por dicha se vencía, Morsamor gozaba en +imaginar la brillantez y la pompa de su entrada en Goa ya victorioso y +llevando de presente a Don Duarte treinta o cuarenta caballos árabes y +persas rápidos en la carrera, de pura sangre y de hermosísima estampa.</p> + +<p>Habló Morsamor con tanto fuego que logró penetrar y encender con él los +corazones de su pequeño auditorio. El mismo Fray Juan de Santarén hubo +de entusiasmarse y dijo que, dejando por lo pronto los medios de +persuasión, hasta que aprendiese él con facilidad alguna de las lenguas +que por allí se hablaban, empuñaría un arcabuz y transmitiría así sus +creencias a los infieles por medio de terribles lenguas de fuego.</p> + +<p>Había recelado Morsamor hallar oposición en el señor Vandenpeereboom, +pero se llevó agradable chasco. El señor Vandenpeereboom siempre con la +fría suavidad y con la lentitud de sus palabras, dijo de esta suerte, +cuando le llegó el turno de hablar:</p> + +<p>—En los peligros grandes el temor es casi siempre mayor que el peligro. +Mucho aventuramos, pero, ¿quién sabe? Acaso salgamos bien de la empresa, +y harto se comprende el provecho y la gloria que de ello nos +resultarían. Si somos vencidos, si las fustas de Aga Mahamud echan a +pique nuestra nave ¿qué le hemos de hacer? Morir tenemos, como dicen los +cartujos, y lo mismo es hoy que mañana. Yo aquí, como apoderado +comercial de los señores Adorno y Salvago, sólo debo mirar por sus +intereses. Y para disipar escrúpulos diré que aunque esta nave se hunda +en la mar con toda la riqueza que contiene, si se hunde con gloria y con +la conveniente y debida resonancia, los señores Adorno y Salvago saldrán +ganando y no perdiendo. Esto lo calculamos muy bien antes de zarpar de +Lisboa y por eso se dio el mando militar de la nave a tan atrevido +sujeto como el señor Miguel de Zuheros que está presente. Si a nosotros +nos hacen trizas y si descendemos al fondo del mar a que los peces nos +devoren, los señores Adorno y Salvago se afligirán o supondrán que se +afligen, pero ya tienen echadas sus cuentas y hechos sus cálculos y +sabrán poner alto precio a nuestro heroísmo, impetrando de Su Alteza +Fidelísima honores, mercedes y privilegios muy provechosos. Con que haga +el señor Miguel de Zuheros lo que mejor le convenga, y atrévase a todo, +que por nosotros no ha de quedar.</p> + +<p>En vista de tan unánime concordancia de pareceres, Morsamor dispuso que +se navegase hacia Chaul, y así lo hizo Fréitas, con todo el cauteloso +esmero que convenía para esquivar el encuentro de superiores fuerzas +contrarias y para acudir en la más oportuna sazón a dar a los amigos +inesperado socorro.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XVII" id="XVII"></a>-XVII-</h2> + + +<p>Al amanecer de un día del mes de Septiembre, la nave de Morsamor se +hallaba a la vista de Chaul, muy cerca de la costa. Densísima niebla +quitaba su transparencia al aire y extendida sobre la superficie del +mar, ofuscaba la vista.</p> + +<p>Morsamor y los suyos creyeron oír frecuentes estampidos como de disparos +de bombardas, y hasta imaginaron columbrar el resplandor siniestro que a +los estampidos precedía. Sin temor, no obstante, aunque sí con +extraordinarias precauciones, se fueron acercando hacia donde sonaban +los disparos. No soplaba el viento muy en su favor, pero el piloto +Fréitas y sus ágiles marineros le dominaban y aprovechaban con diestras +maniobras.</p> + +<p>A pesar de la niebla, descubrieron de repente un esquife que se recataba +de ellos y procuraba huir. Echaron entonces al agua el de la nave, en el +que izaron la bandera portuguesa, y a todo remo dieron caza y alcanzaron +al que huía. Los que le tripulaban, no bien distinguieron la bandera de +Portugal, trocaron su recelo en alegría y se pusieron al habla con los +de la nave. Pronto el que mandaba el esquife fugitivo subió a bordo de +la nave y llegó a la presencia de Morsamor. Interrogado por él el del +esquife fugitivo habló de este modo:</p> + +<p>—Yo, que me llamo Antonio Vaz, y los que vienen conmigo, formábamos +parte de la tripulación de la galera que mandaba Diego Fernández y que +había ido a ponerse a la entrada del estero para impedir que las fustas +de Aga Mahamud penetrasen en él y fuesen a combatir la fortaleza, ya +desde el agua, disparando bombardas, arcabuces y flechas, ya +desembarcando gente a fin de tomarla por asalto, con el auxilio de los +hombres de armas que Hamet, gran enemigo de los portugueses y dominador +hoy en Chaul, ha enviado contra nosotros. Atacada nuestra galera por +cinco fustas de Aga Mahamud había perdido mucha gente. Apenas quedaba +esperanza de salvación. La chusma de forzados, moros y gentiles, que +estaba al remo empezó a rebelarse, gritando en su lengua a los de las +fustas que se acercasen sin temor, que ya poca resistencia hallarían y +que ellos procurarían ayudarlos y salvarse. Entendió el capitán Diego +Fernández las palabras y el traidor propósito de los forzados y cayendo +sobre ellos, porque el cómitre había muerto atravesado por una flecha, +mató con su espada a cinco de los más rebeldes y furiosos. Por desgracia +una gruesa bala de bombarda vino a chocar contra el hierro del ancla que +estaba allí cerca suspendida, y saltando de rebote, dio tan tremendo +golpe en la armadura de acero de Diego Fernández que se la hizo pedazos, +hundiéndole en el pecho algunos de sus punzantes y afilados picos. Diego +Fernández perdió la vida en el acto. A reemplazarle en el mando acudió +oportunamente don Jorge de Meneses. Con él habían venido de refresco +cerca de cuarenta soldados que estaban antes en otro navío. Para que no +desmayasen y se acobardasen a la vista del capitán muerto, don Jorge nos +mandó que le envolviésemos en la manta de un forzado y que le +escondiésemos en el fondo del buque. Así lo hicimos al punto. La +fortaleza entre tanto nos pareció asaltada por la gente de la ciudad que +Hamet había enviado contra ella. Quiso entonces don Jorge dar a la +fortaleza algún auxilio, me consideró más capaz que nadie para tan +arriesgada empresa, recibí sus órdenes y lancé al agua el esquife en que +me habéis visto venir. Dos fustes y algunos pequeños bateles de Aga +Mahamud me cerraron el paso y me impidieron saltar en tierra. No pude +tampoco volver a la galera, porque se interpusieron persiguiéndome. De +ellos venía huyendo cuando me habéis encontrado.</p> + +<p>Oída esta relación de Antonio Vaz, Morsamor le animó y le tomó por guía +para que le llevase hacia donde estaban las dos fustas y los pequeños +bateles que le habían perseguido.</p> + +<p>Con gran rapidez, en silencio, arriada la bandera, y hasta cierto punto +oculta por la neblina, la nave de Morsamor cayó de repente sobre las dos +fustas, que se habían apartado del grueso de la flota persiguiendo al +pequeño esquife, y echó a pique una de ellas con certeros tiros de su +artillería, que dirigía Tiburcio con tino verdaderamente diabólico. +Pasmados los de la otra fusta y aterrorizados del imprevisto ataque, no +acertaron a huir ni a poner resistencia. La nave se acercó a la fusta y +la gente de Morsamor la entró al abordaje, pasando a cuchillo a cuantos +había en ella. Tiburcio tomó entonces el mando de la fusta apresada.</p> + +<p>Morsamor y Tiburcio se apresuraron luego a llegar donde combatían la +galera de don Jorge y el grueso de la flota portuguesa contra las fustas +de Aga Mahamud, en las cuales hizo Morsamor tremendo estrago con la +artillería y arcabucería de su nave, cooperando eficazmente a la +victoria una audaz estratagema de Tiburcio, porque desordenó las fustas +de Aga Mahamud penetrando en sus filas como si su fusta fuese aún una de +ellas y no hubiese pasado a poder del enemigo.</p> + +<p>En suma, las fustas de Aga Mahamud tuvieren que retirarse todas con +grandísima pérdida y quebranto, y don Jorge, a hora de medio día hizo +resonar las trompetas y clarines en señal de victoria, si bien no se +resolvió a perseguir la armada de los infieles.</p> + +<p>La situación en que estaba la fortaleza le atraía antes que todo. Era +menester libertarla de los sitiadores que Hamet había mandado contra +ella. Y como ya no había que hacer cara a las fustas de Aga Mahamud, los +más aptos y valerosos de los hombres que tripulaban la flota portuguesa +desembarcaron no lejos del castillo, que sólo defendían sesenta hombres, +los cuales, de acuerdo con los desembarcados, a quienes desde las +almenas y saetías vieron llegar, hicieron a tiempo una salida muy +vigorosa, cayendo sobre los sitiadores a quienes los desembarcados +atacaron por el flanco y por la espalda. Al frente de una tropa de más +de cuarenta, entre los que se distinguían Tiburcio dando cuchilladas y +Fray Juan de Santarén animando a los combatientes con oraciones +fervorosas, Morsamor hizo atroz carnicería en los musulmanes y gentiles +de Chaul, que pronto abandonaron el campo y huyeron despavoridos +refugiándose en la ciudad.</p> + +<p>Para aterrar a Hamet y a los que en la ciudad le obedecían, don Jorge de +Meneses les envió un presente horrible: cincuenta cabezas de los que +habían muerto atacando la fortaleza y rechazados por él. Amilanado Hamet +y temiendo el incendio y saco de la ciudad y muertes innumerables si era +entrada por asalto, pidió la paz, capituló, y dejó entrar a los +portugueses que de la ciudad se enseñorearon.</p> + +<p>Morsamor, cuyo inesperado auxilio había sido parte tan principal en la +victoria, gozó del triunfo a par de don Jorge, siendo vitoreado y +ensalzado por los de la hueste.</p> + +<p>El contento de los vencedores llegó a su colmo cuando pudieron +apoderarse, como tributo, de parte de las riquezas allí reunidas y +repartírselas entre todos. Morsamor, persistiendo en su propósito, no +dejó de tomar veinte hermosos caballos ricamente enjaezados, para +llevárselos de presente a don Duarte, cuando se presentase ante él en +Goa, como pensaba hacerlo, con la noticia de aquel triunfo.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XVIII" id="XVIII"></a>-XVIII-</h2> + + +<p>Pronto llegó al puerto de Goa la nave de Morsamor: este y Tiburcio, muy +orondos y satisfechos de la gloria militar que habían adquirido; el +piloto Fréitas no menos pagado del aumento de su crédito como hábil +navegante, y contento el señor Vandenpeereboom de las compras y ventas +que iba haciendo y que pensaba hacer, aprovechándose de los triunfos y +sin perder las buenas ocasiones.</p> + +<p>Don Duarte de Meneses recibió con grande aprecio al aventurero +castellano que tan bien le había servido y aceptó gustoso el rico +obsequio de los veinte hermosos caballos.</p> + +<p>Por aquellos días todo era júbilo en Goa, porque de Ormuz llegaron +también muy buenas nuevas. Amedrentado el rey rebelde, había entrado en +tratos con los portugueses para entregarles la plaza, pero su visir, que +era un <i>rumí</i>, o griego renegado, se puso de acuerdo con la princesa +hija del monarca que había reinado allí en tiempo del grande +Albuquerque. El <i>rumí</i> la tomó por mujer o por amiga y movido por la +ambición y excitado por la princesa, asesinó al rey y se apoderó en +lugar suyo de aquellos Estados. Los portugueses entonces lucharon contra +el usurpador, lograron vencerle y entraron en Ormuz a saco, apoderándose +de un botín espléndido.</p> + +<p>Poco después de llegar a Goa la nueva de la victoria de Chaul, llegó +también la nueva de esta victoria.</p> + +<p>Goa resplandecía entonces en su mayor auge como centro y capital del +imperio lusitano en Oriente; imperio que se extendía desde Sofala a +Malaca, por todas las costas del Océano Índico y del Golfo de Bengala, y +dilatándose además por muchas islas del mar del Sur, como Ceilán, +Sumatra, Java y las Molucas, donde el rey de Portugal había levantado +fortalezas e imponía tributos.</p> + +<p>A Goa acudían agentes o enviados de muchos soberanos a negociar alianzas +y a mendigar el favor y el auxilio del virrey. Los rajaes de Cambaya y +de Narsinga, el samori, los príncipes y sultanes de Aracan, de Bengala y +del Pegu, y hasta el propio shah de Persia, anhelaban la amistad de los +portugueses, les enviaban presentes o les rendían parias.</p> + +<p>Los portugueses, sin embargo, no penetraban por punto alguno en lo +interior de las tierras y sólo de la mar eran señores. Carecían de +fuerzas suficientes para hacer incursiones y conquistas en lo interior +de aquellos dilatados países, que seguían para ellos, no sólo +independentes, sino casi desconocidos. Los príncipes y señores +orientales, cuando la victoria encumbraba a los portugueses, se +postraban ante ellos y se les sometían medrosos; pero la sumisión era +insegura y falsa. De aquí que el imperio portugués en la India fuese más +brillante que sólido. Era como árbol frondoso, rico en flores y frutos, +cuyas raíces no penetraban hondo en la tierra y que el ímpetu de los +vientos podía sacar fácilmente de cuajo. Era como la estatua simbólica, +que Nabucodonosor vio en sueños, con la cabeza de oro y los pies de +barro y que una piedrecilla, que de improviso rodó de la montaña, +desmenuzó y redujo a polvo.</p> + +<p>Morsamor aplicaba a veces al imperio portugués la visión de este sueño y +algo de la interpretación que el profeta Daniel le había dado.</p> + +<p>Los portugueses, con terrible heroísmo, habían hecho y seguían haciendo +<i>más de lo que prometía fuerza humana</i>. Espléndidas páginas habían de +dar aún para su historia virreyes tan ilustres como don Juan de Castro y +don Luis de Ataide; pero la piedrecilla había de sobrevenir derribando +por último el coloso y engrandeciéndose luego como ingente montaña que +sobre firme y arraigado cimiento se erguiría sobre la tierra y la +dominaría.</p> + +<p>Morsamor se desalentaba al pensar así, no veía plan ni concierto en +todas aquellas bizarrías, ni acertaba a traslucir que pudieran tener fin +dichoso. Sólo veía horrores, estragos y muertes, y volvía a arrepentirse +de haberse remozado y de haber huido del convento. Imputaba luego aquel +arrepentimiento suyo a cansancio y a flaqueza de ánimo. Y entonces +renacía en él el ansia de señalarse y de probar su valor, volviendo a +lanzarse en las más peligrosas aventuras.</p> + +<p>Las buenas ocasiones no habían de faltarle. La primera que se le ofreció +fue la de ir a la grande y hermosa isla, donde se crían la canela y el +clavo y abundan las perlas en el mar que la ciñe. Los antiguos griegos y +romanos la llamaron Trapobana, Lanca los indios, los árabes Serendib, y +por último se llamó Ceilán. En sus Costas habían fundado los portugueses +varios fuertes y factorías, desde donde procuraban dominar toda la isla. +Reinaba en ella, sobre la raza indómita y guerrera de los singaleses, un +rey tan valiente como astuto llamado Rayasinga. Lejos del alcance del +poder portugués estaba la capital y residencia de este rey a donde sólo +podía llegarse salvando enriscadas montañas a través de peligrosos +desfiladeros.</p> + +<p>Imaginaban los portugueses que aquel reino había sido cristiano en lo +antiguo, gracias a las predicaciones del apóstol Santo Tomás que hasta +él había llegado, pero imaginaban también que el cristianismo de los +singaleses se había pervertido y maleado con el transcurso del tiempo, +turbando la pureza de su doctrina mil absurdas supersticiones. La verdad +era que lo que creían los portugueses cristianismo viciado era la +religión fundada por Sidarta, príncipe de las sakias de Kapilabastu, y +predicada en Ceilán algunos siglos antes de Cristo. La moral de esta +religión no podía ser más santa ni más hermosa, pero su metafísica era +errónea y desconsoladora. En el amor y en la compasión por el infeliz +linaje humano, sin distinción de castas ni de jerarquías, estribaba +aquella moral, pero no tenía un Dios misericordioso. Su Dios, si tal +podía llamarse, era el ser único, infinito e indeterminado en quien todo +cuanto es y en quien todo cuanto puede ser se contiene. El término de la +aspiración, la suprema bienaventuranza de religión tan extraña era +romper el límite que nos separa del todo, y perdiendo tal vez la +conciencia individual, hundirnos en la inmensidad de la sustancia única, +acabada ya la serie de transmigraciones del alma y gozando de inefable +reposo. A tales dogmas, sin embargo, el amor y la compasión prestaban +como ya hemos dicho, una moral muy pura.</p> + +<p>Entre la teoría y la práctica hay a menudo gran contradicción y no era +pequeña la del caso de que hablamos. El piadoso rey Rayasinga, con la +aprobación acaso o con la indulgencia al menos del gran sacerdote +Sumangala, había destronado a un hermano suyo, que andaba forajido, y +había envenenado a otro de sus hermanos, reinando así en lugar de los +dos y dando unidad a su reino. Para darle también completa independencia +y gloria combatía con frecuencia a los portugueses. Estos combates, +sangrientos y obstinados, eran estériles siempre. Ni Rayasinga lograba +apoderarse de ningún fuerte de los portugueses, ni estos, salvando las +montañas y atravesando los desfiladeros, llegaban a asediar la capital +de Rayasinga.</p> + +<p>Poniéndose a las órdenes de Juan Silveira, que mandaba en Cananor, +Miguel de Zuheros fue a Ceilán a combatir y a escarmentar al mencionado +rey; en varios encuentros que tuvo con sus huestes alcanzó siempre la +victoria y contribuyó no poco a que cansados de luchar por una y otra +parte, se sentasen paces de nuevo.</p> + +<p>Morsamor pasó luego a Sumatra y tomó parte en otra expedición guerrera +contra el monarca de Pacen, que los portugueses consideraban intruso y a +quien destronaron dando su trono y reino a un sobrino suyo que había +ganado el favor y auxilio de los portugueses declarándose vasallo del +rey don Manuel.</p> + +<p>Alentado con esta conquista del reino de Pacen, en la que tuvo no +pequeña parte, Morsamor se puso a las órdenes de Jorge Brito y fue con +él a una expedición contra el rey de Achin, cuyos súbditos, inquietos y +belicosos, infestaban con sus piraterías aquellos mares.</p> + +<p>En balde reclamó Jorge Brito del rey Achin la entrega de mercancías, de +armas y hasta de portugueses cautivos, de que se había apoderado por +sorpresa o aprovechándose del naufragio de dos buques de Portugal en +aquellas costas. Esto dio motivo o pretexto a Jorge Brito para romper +las hostilidades, empeñándose imprudentemente en empresa muy peligrosa. +En dos fustas y con menos de trescientos hombres de desembarco navegó +contra la corriente del río hacia la capital de los achineses. Casi a la +mitad del camino tenían estos una fortaleza, donde había bastantes +arcabuceros y algunas bombardas, cuyos disparos impidieron a las fustas +seguir adelante y mataron a cuatro de los hombres que las tripulaban.</p> + +<p>Ansioso Jorge Brito de tomar venganza desembarcó con sus trescientos +soldados, entre los cuales había no pocos ilustres y valerosos +caballeros de la corte del rey don Manuel. Morsamor estaba entre ellos.</p> + +<p>Muy reñidos y sangrientos fueron el ataque y la defensa del fuerte de +los achineses, los cuales hicieron vigorosas salidas. En una de ellas +estuvieron a punto de desordenar y derrotar por completo la hueste +lusitana, merced a una inesperada estratagema de que se valieron, +lanzando contra los portugueses una manada de búfalos que tenían +acorralados.</p> + +<p>Los portugueses, no obstante, iban ya triunfando de todo. Los sitiados, +casi en fuga, se retiraban al fuerte, y ya Jorge Brito y Morsamor tenían +la esperanza de tomarle por asalto cuando el propio rey de Achin llegó +en defensa del fuerte con más de dos mil infantes, con algunos caballos +y con seis elefantes poderosos adiestrados para la lucha, defendidos por +muy firmes corazas y dirigidos por cornacas hábiles y denodados. Los +portugueses estaban todos a pie. Casi envueltos por tan superiores +fuerzas enemigas, retrocedieron con espanto hacia la orilla del río. +Sólo reembarcándose podían lograr ya salvar las vidas, mas para +reembarcarse era menester, no sólo hacer cara al enemigo, sino tenerle a +cierta distancia durante algún tiempo.</p> + +<p>Los valientes caballeros que de esto se encargaron hicieron prodigios +apenas creíbles. En aquel trance murieron más de cincuenta portugueses, +no pocos de ilustre familia y entre ellos el mismo Jorge Brito capitán +de la hueste, y los cinco músicos que siempre llevaban consigo, Porque +gustaba en extremo de que le exaltasen y animasen en el combate cantando +y tocando instrumentos sonoros.</p> + +<p>La muerte que amedrantó más a los portugueses fue la de Gaspar +Fernández. El elefante más gigantesco le cogió con la trompa, le tiró +por el aire, y no bien cayó al suelo, le acabó de matar estrujándole el +pecho y rompiéndole el cráneo con sus gruesas patas delanteras.</p> + +<p>Morsamor quiso vengar a aquel compañero de armas, que tal vez era el que +más estimaba y quería. Acometió por un lado al elefante y logró derribar +a su cornac hiriéndole de una estocada. El elefante se revolvió contra +Morsamor y le asió también con la trompa. La espada se le cayó a +Morsamor de la diestra; pero, con la rapidez del rayo, y sin dar tiempo +a que el elefante le lanzase o le ahogase apretando, le agarró con la +mano izquierda de una oreja, y desenvainando con la otra mano el +acicalado puñal, que llevaba al cinto, le hundió hasta el puño en la +cerviz de aquella fiera, con tino tan eficaz que en el acto perdió la +vida, cayendo con estruendo por tierra su espantosa mole. Morsamor cayó +también, pero cauto y ligero, no cayó debajo sino encima de su víctima.</p> + +<p>Aunque Morsamor se levantó con rapidez, allí hubiera muerto, circundado +de muchos enemigos, si los de la hueste portuguesa, maravillados y +reanimados al ver su hazaña, no hubieran acudido en su auxilio. Aquella +hazaña de Morsamor contuvo el ímpetu de las gentes del rey de Achin y +prestó bríos y dio tiempo a los portugueses para que se reembarcasen, si +bien con lamentable pérdida, no completamente derrotados.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XIX" id="XIX"></a>-XIX-</h2> + + +<p>De vuelta Morsamor a Goa para reposar sobre sus laureles, se complació +en ver cundir su fama y crecer el número de sus admiradores, convertidos +muchos de ellos en parciales devotos. La emulación y la envidia hacían +que también sus enemigos se aumentasen. Y a todo contribuía en gran +manera Tiburcio de Simahonda que, menos retraído y mucho más expansivo +que Morsamor, se mostraba por donde quiera y trataba toda clase de +gente. Tiburcio, como en Lisboa, sabía ganar amigos en la India, pero su +buena fortuna con las mujeres y en el juego le creaba muchos envidiosos. +Menester era de toda la prudencia y tino de Morsamor, para evitar riñas +entre dichos envidiosos y los del bando que sin pretenderlo él querían +seguirle y cuyo aparente adalid era Tiburcio. Los más desalmados +aventureros y los menos favorecidos de la suerte, acudían a Tiburcio, +esperando por su medio ganarse la voluntad de Morsamor y embelesados por +lo pronto por el alegre carácter, burlas y chistes de aquel doncel +atrevido.</p> + +<p>Francisco Pereira Pestana, gobernador de Goa, recelaba de continuo que +la rivalidad entre la gente que acaudillaba Tiburcio y los que le +envidiaban y odiaban originase desórdenes sangrientos. El más vivo deseo +del gobernador se cifraba en que Miguel de Zuheros y Tiburcio +abandonasen la ciudad llevando consigo a los más turbulentos aventureros +y acometiendo alguna arriesgada empresa de la que tal vez sería lo mejor +que nunca volviesen.</p> + +<p>Aunque movido Morsamor de sentimientos contrarios, coincidía con el +gobernador en hallar difícil y enojosa su posición en Goa, ansiando +salir de allí en busca de aventuras, con toda independencia de Portugal +y campando por su respeto.</p> + +<p>En tal situación de ánimo y después de aconsejar a Tiburcio que fuese +circunspecto y sufrido a fin de vivir en paz, Morsamor le manifestó el +ansia que tenía de salir de Goa y de buscar honra y provecho por nuevos +y no trillados caminos.</p> + +<p>Poco tiempo después de esta confidencia de Morsamor, Tiburcio, que al +principio se había callado, hubo de hacerle el siguiente razonamiento:</p> + +<p>—He meditado sobre lo que te trae caviloso y que días pasados me +confiaste. He hecho más: he gustado de tu propósito y he empezado a +abrir el camino para que se logre. Para nosotros siempre será aquí el +peligro mayor que la gloria. Debemos, pues, salir de aquí. Fuera de aquí +el peligro podrá ser grandísimo, pero la gloria estará en proporción y +será también grande. Para que me entiendas bien, te diré el concepto que +formo yo de la tierra en que ahora estamos y de la gente que la habita. +Mi trato con ella y mi facilidad para entender su idioma, hacen que yo +lo comprenda todo con más claridad y exactitud que los portugueses.</p> + +<p>Lleno de curiosidad Morsamor, prestó grande atención a Tiburcio que +continuó diciendo:</p> + +<p>—Hay en la India muchas y muy diversas naciones, castas, lenguas y +tribus, pero desde hace más de tres mil años, existe en la India una +casta predominante, que se enseñoreó de todo y que supo conservar el +imperio por fuerza, por astucia y por sabiduría. Mucho antes de que +floreciesen Atenas y Roma, mucho antes de que Salomón e Hirán enviasen +sus flotas a Ofir y de que los fenicios fundasen a Cádiz, bajó del +montañoso centro del Asia a las fértiles llanuras que riegan el Indo y +el Ganges, un pueblo nobilísimo e inteligente, valientes guerreros los +más y algunos de ellos inspirados y divinos poetas, que los guiaban y +entusiasmaban. Este pueblo de superior condición redujo a su obediencia +y mandado a los otros pueblos que en la India vivían. Y de allí en +adelante, los guerreros del pueblo conquistador fueron los reyes y los +nobles de la India, y sus poetas o <i>richis</i>, convertidos en sacerdotes, +sabios y filósofos, no sólo prevalecieron sobre las naciones +conquistadas, sino también sobre los reyes y los nobles que las habían +sometido. La primitiva y sencilla religión que los <i>richis</i> habían +formulado en sus himnos vino a convertirse en complicadísimo sistema y +en sutil teología, cuyos intérpretes y depositarios fueron los +descendientes de los <i>richis</i> a quienes en el día llamamos brahmanes. +Estos han conservado su poder, sobreponiéndose durante siglos a +interiores rebeldías y a conquistas e invasiones extrañas. Amenazado se +halla hoy este poder por los portugueses, pero sólo en el litoral. Los +sectarios de Mahoma son quienes tierra adentro le combaten. ¿Por qué no +hemos de ir nosotros tierra adentro a promover la rebelión de los +brahmanes y a darles auxilio contra los muslimes?</p> + +<p>—¿Qué ganaría yo con eso, interpuso Morsamor, o para mí, o para la +nación a que pertenezco, o para la religión que sigo, aunque pecador y +fraile escapado de su convento?</p> + +<p>—Ganarías mucho—replicó Tiburcio—. En primer lugar, combatirías el +islamismo y quebrantarías por aquí el imperio de turcos y de moros, que +han sido hasta ahora los mayores enemigos de nuestra católica España. Y +en segundo lugar, sólo Dios sabe hasta qué extremo de ventura, hasta qué +dichoso y espantable éxito pudieras llegar con tu audacia. Si +consiguieses dar aliento y ayuda a los brahmanes, vencer con ellos el +Islam y restablecer en toda su amplitud el influjo y el imperio de casta +tan inteligente, no lo dudes, los brahmanes, agradecidos, te +reconocerían por nuevo y resplandeciente <i>avatar</i> y harían que por tan +alto carácter, todos los indios te reverenciasen y temiesen. Así acaso +podrías tú más tarde, con habilidad y prudencia, convertir a la religión +cristiana a los que fuesen súbditos tuyos y crear el reino del Preste +Juan, que tal vez no existió nunca sino en la fantasía de los europeos, +o renovarle con mayor esplendor y gloria, dado que existiese en el +centro del Asia antes de que Temugin le destruyera, como sienten algunos +autores. Setenta y dos reyes rendían homenaje, feudo, obediencia y +tributo al antiguo Preste Juan, real o soñado. ¿Por qué habías tú de ser +menos y no tener a tu servicio otros setenta y dos reyes?</p> + +<p>—Todo eso estaría muy bien—dijo Morsamor—. Aunque parezca fantástico +e inasequible, yo me siento capaz de todo. Pero, ¿dónde están los +brahmanes que quieran sublevarse y sacudir el yugo del Islam?</p> + +<p>—A eso voy—contestó Tiburcio—. Lo dicho hasta aquí es mero preámbulo +antes de entrar en materia. Me han hecho proposiciones para ti y vengo a +comunicártelas. Así como en España, cuando se hundió el Califato de +Córdoba, surgió de sus ruinas multitud de Estadillos, donde alzaron sus +trenes no pocos régulos, aquí también se han formado reinos musulmanes +diversos, que se sostienen aún, a pesar de las sucesivas y pasajeras +invasiones de los mongoles y a pesar de la malquerencia de los sectarios +de Brahma que no han sabido sacudir el yugo extraño. Ahora al cabo +tienen el propósito de sacudirle. En la ciudad santa de la India, foco +ardiente y luminoso de su religión y centro de su antiquísima cultura, +abrigan tan gran propósito. Conspiran para lograrle los brahmanes más +ilustres y algunos <i>chatrias</i> de generoso carácter y de regia extirpe. +No cuentan bastante con el pueblo, ni confían en él considerándole +enervado por siglos de esclavitud y porque además el pueblo no +combatiría para ser libre, sino para sacudir un yugo y someterse a otro +yugo. Los brahmanes esperan con todo que el pueblo combata en favor de +ellos, impulsado por el fanatismo religioso que procuran infundirle. Mas +al principio y para dar el primer golpe, necesitan de un núcleo, aunque +pequeño muy firme, de varones esforzados, de héroes verdaderos, capaces +de exponer la vida en los lances más terribles y de realizar prodigios +de sobrehumana osadía. El núcleo de que hablo sólo puedes formarle tú o +por mejor decir, le tienes ya formado con más de doscientos aventureros +que hay en Goa dispuestos a seguirte a donde quiera que los guíes. La +fama a llevado todo esto hasta la gran ciudad de Benarés. El jefe +supremo de los brahmanes, el sublime y venerando Balarán, alma de la +conjuración, sabe lo que vales y solicita misteriosa y recatadamente tu +auxilio. Para alcanzarle ha venido a Goa en tu busca el sabio brahmán +Narada, confidente de Balarán, que ha hablado ya conmigo y que pide +audiencia para hablarte. Narada, que sabe muchísimas cosas, sabe también +las lenguas latina e italiana y podrá entenderse perfectamente contigo. +¿Quieres oírle y tratar con él de tan importante negocio?</p> + +<p>Exaltada la ambición de Morsamor con lo que Tiburcio acababa de +revelarle, se prestó a recibir y a oír a Narada y le aguardó con +impaciencia.</p> + +<p>Guiado por Tiburcio e introducido en la estancia de Morsamor, no tardó +en aparecer ante sus ojos el sabio Narada bajo el desarrapado traje de +fakir o penitente vagabundo, a través de cuyo desaliño y de cuyos +miserables harapos, resplandecían la majestad del noble e inteligente +anciano, la despejada tersura de su frente y la limpia nitidez de su +blanca y luenga barba.</p> + +<p>Lo que dijo Narada a Morsamor merece capítulo aparte.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XX" id="XX"></a>-XX-</h2> + + +<p>—El brillo de tu gloria—dijo Narada—ha llegado hasta nuestra santa +ciudad y ha penetrado en nuestros corazones cual rayo de esperanza. Yo +vengo a buscarte para que la esperanza se logre. No; tú no eres para +nosotros un ser humano inferior y de distinta raza. Sin duda eres puro y +legítimo descendiente de egregios hermanos nuestros que, en edad remota, +emigraron hasta las últimas regiones de Occidente desde la verde falda +del Paropamiso. Tu pensamiento y tu creencia coinciden en el fondo con +lo que nosotros pensamos y creemos: son radicalmente iguales: flores de +la misma planta, frutos del mismo árbol. Ideas análogas nacidas en +espíritus de idéntica condición y alta nobleza. No es nuestro Dios como +el de los muslimes, déspota caprichoso y cruel, gobernando a los +hombres, allá en su distante y cerrado cielo, como sultán que se esconde +a los ojos de la vil muchedumbre de sus esclavos, y desde su encumbrado +alcázar con vara de hierro los domina. Nuestro Dios está con nosotros y +en nosotros. Presente por dondequiera, lo llena y lo penetra todo y más +que todo nuestras almas. El alma enamorada que le busca, le halla y le +goza en esta vida mortal. Para nosotros el hombre es divino, porque +nuestro Dios es humano. No pocas veces ha tomado nuestro Dios ser y +forma de hombre en el seno dichoso de una mujer escogida. Nuestros +héroes son <i>avatares</i> o encarnaciones de Vishnú. Crishna es el más +glorioso de ellos y al que más devotamente adoramos. Libertador y +redentor de las almas, las atrae, las enamora y con su hermosura las +cautiva. Bello pastor apacienta su rebaño en la fértil orilla de un río +de aguas limpias y claras y al melodioso son de su flauta danzan en +torno suyo las <i>gopies</i>, las <i>apsaras</i> y hasta Sarasvati y las otras +diosas inmortales, humanadas y convertidas por él en lindas zagalas. Tal +es Crishna en la tierra, como genio de paz y de amor, pero el acento +blando de su flauta se trueca en el medroso resonar del clarín guerrero +cuando su paciencia se agota, se despierta en su corazón la ira y se +resuelve a librarnos del tirano Cansia. Terror de muerte invade y hiela +entonces el ánimo de sus enemigos. Así es Crishna en la tierra, como +hombre y viviendo vida mortal. En su ilimitada y superior existencia, +dominador Crishna de los tres mundos, dirige al son de su música el +eterno giro de las esferas celestes que en arrebatada consonancia +producen el perpetuo cambio de luz y tinieblas, en día y en noche, de +alternadas estaciones durante el año, y en ingentes períodos de siglos +desde el renacer del universo hasta su caída, extinción y reposo en el +seno de Brahma. Crishna nos protege, Crishna nos anuncia venturoso +éxito, nos declara que la ocasión es propicia, y nos manda que acudamos +a ti e impetremos tu auxilio para sacudir el yugo de los muslimes. Dos +años ha, Babur, emperador de los mongoles, se apoderó de Lahor desde +donde amenazaba conquistar con rapidez toda la India; pero Babur ha +tenido que abandonar a Lahor para vencer a los rebeldes que pugnan por +desbaratar todo su imperio. Bactra, Kiva, Bokara, y hasta su misma +capital Samarcanda se han levantado contra él. Sus enemigos se conjuran +en su daño por todas las fronteras de sus extensos dominios: los chinos +por el Oriente y por el Occidente los turcos, poderosísimos en el día y +contra los cuales luchan con corta eficacia las naciones europeas, +enflaquecidas por constantes rivalidades y empeñadas hoy en largas +guerras religiosas y políticas. Así el turco, aliviado del temor que +esas naciones debieran inspirarle, puede hacer cara a Babur y a sus +mongoles. Contra ellos se levantan los persas y los pueblos guerreros +del Cáucaso, las gentes de Georgia, de Circasia y de Armenia, y más al +Norte, otro pueblo belicoso recién salido de la barbarie, que vive en +las regiones boreales, límites entre Asia y Europa, y que después de +vencer y de humillar la Horda de oro penetra en Asia anhelando +predominios y conquistas. La ocasión como he dicho es hoy más propicia +que nunca. Para no perderla anhelamos tu auxilio. ¿Nos le concedes?</p> + +<p>—Dime cuál es vuestro plan—respondió Morsamor.</p> + +<p>—En Benarés—replicó Narada—reina hoy el tirano musulmán Abdul ben +Hixen. Si le destronamos y si logramos enseñorearnos de aquella ciudad, +centro de la cultura y de la religión brahmánicas, no será difícil +promover la sublevación contra los demás príncipes muslimes y crear un +Estado independiente y único, en que prevalezcan e imperen los +adoradores de Vishnú y de Crishna, desde los lagos de Cachemira y las +nevadas cumbres del Himalaya hasta el Kersoneso de oro y hasta el +enriscado promontorio donde se levanta el templo de la diosa virgen +Kumari. Así tal vez podamos fortalecernos y oponer eficaz resistencia a +Babur, si por desgracia reconstituye su imperio y vuelve sobre la India +para conquistarla y asolarla como hace más de un siglo hizo su espantoso +antecesor Tamerlán o Timur.</p> + +<p>—Tu proyecto me parece excelente—dijo Morsamor—, pero su realización +harto difícil.</p> + +<p>Narada entró luego en pormenores a fin de exponer y de explicar los +medios con que contaba y las probabilidades de buen éxito.</p> + +<p>El ambicioso Morsamor se dejó convencer al cabo.</p> + +<p>Narada y otros importantes personajes que habían venido con él +disfrazados de fakires, debían servir de guía a Morsamor y a su hueste, +compuesta de 300 aguerridos y audaces aventureros. Irían estos en la +expedición, no sólo impulsados por la esperanza de botín riquísimo, sino +con grandes pagas, de que habían de cobrar por adelantado las de seis +meses. Para esto, para otros gastos de la expedición y para excitar +también la codicia y el celo de Morsamor, Narada entregó a este no corta +cantidad de rupias de oro y además, en un pequeño saco de cuero, +diamantes de Golconda y perlas rubíes de Ceilán, por cualquiera de los +cuales había en Goa joyeros que darían considerables sumas.</p> + +<p>Tiburcio, bajo la inspección y dirección de Morsamor eligió a la gente +de leva, hizo el ajuste y enganche y con el mayor secreto lo dispuso +todo para la partida.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XXI" id="XXI"></a>-XXI-</h2> + + +<p>Goa era en aquella edad la Síbaris del Oriente, centro de lujo, regalo y +lascivia, donde los vencedores de Adamastor y de todos los genios del +Mar Tenebroso recibían el galardón de sus estupendas victorias. En Goa, +sin duda, hubo más tarde de inspirarse Camoens para imaginar aquella +deliciosa y encantada isla que Venus hizo surgir del fondo del Océano, +cubriéndola de amenos jardines, de fragantes selvas y de limpios y +tranquilos lagos y poblándola de hermosísimas ninfas que, heridas todas +por las ardientes flechas de un ejército de Amores, brindasen mil +deleites a los felices héroes de su poema y se rindiesen a su talante y +deseo. La riqueza y el esplendor de Goa habían atraído a su seno alegres +y lindas mujeres de diversos y distintos países: almeas de Egipto; +cortesanas de Bética, Italia y Grecia; odaliscas de Georgia, Armenia y +Persia, y bayaderas y <i>devadasis</i> de toda la India. Sus variados y +exóticos cantares alegraban los oídos. Sus lánguidos y livianos bailes y +la mórbida esbeltez de sus formas eran encanto de los ojos y dulce lazo +en que los corazones quedaban cautivos.</p> + +<p>En medio de tanto deleite, Morsamor se había mostrado impasible, +silencioso y tétrico. Ninguna mujer había logrado prenderle, ni aun con +las ligeras y frágiles cadenas en que donna Olimpia le había prendido. +Al contrario, Morsamor había esquivado cuantos placeres Goa brindaba, y +había mostrado singular repugnancia y disgusto hacia todas aquellas +cantoras y bailarinas, como si recobrasen fuerza sus votos y renaciese +en su espíritu la desatendida severidad del claustro. Las bayaderas de +la India, sobre todo, le inspiraban horror. No sólo para alcanzar los +triunfos que se prometía, sino también para dejar de ver a las +bayaderas, Morsamor anhelaba impaciente salir de Goa. Muy pronto se +cumplió su anhelo; pero antes, movido por sentimientos que llenaban su +espíritu, que le atormentaban y que acabaron por desbordarse, hizo a +Tiburcio, que sobre todo le interrogaba, confidencias que jamás a nadie +había hecho y que en cifra declararemos aquí.</p> + +<p>—Un recuerdo penosísimo—dijo Morsamor—se despierta en mí al ver la +danza de las bayaderas y evoca un espectro que dormía desde hace medio +siglo en los abismos de mi memoria, espectro que aparece ante mi +conciencia, afligiéndola y atormentándola. Fue en mi primera juventud, +en la magnífica feria de Medina del Campo. Allí vi y conocí a Beatriz: a +la única mujer que de veras me ha amado.</p> + +<p>Tiburcio quiso contradecir a Morsamor en este punto, suponiendo que le +había amado también donna Olimpia, y hasta que doña Sol había estado a +punto de amarle y tal vez le hubiera amado a insistir él con firmeza en +sus pretensiones.</p> + +<p>Morsamor no aceptó la lisonja. Harto probaban que lo era el frío desdén +con que le despidió doña Sol y la traidora fuga de la italiana.</p> + +<p>—Sí—prosiguió Miguel de Zuheros—, Beatriz es la única mujer que me ha +amado. No era como doña Sol ninguna ilustre y orgullosa dama, ni +siquiera, como donna Olimpia célebre daifa de alto precio; era una +humilde muchacha, nacida y criada entre gente abyecta, sin patria y sin +hogar; hija de una raza maldita y vagabunda, que no hacía muchos años se +había difundido por toda Europa y al fin penetrado en España. +Ignorábanse su origen y su procedencia. Ahora, cuando contemplo a las +bayaderas, me explico de dónde aquella raza procede. Fue de seguro un +pueblo de la India que, huyendo de los estragos que causó Timur, y +aguijoneado por el miedo, llegó hasta los confines occidentales de +Europa. A una tribu de este pueblo, a un errante aduar de gitanos, +pertenecía Beatriz. Era como flor que brota en el cieno. Era como perla +que se esconde en un muladar. Ella me amó con el fervor y la ternura que +hubiera yo querido hallar para mí en el corazón de alguna gran señora o +de alguna princesa. Y yo gocé mal de aquel amor sin llegar a +comprenderle, y le desprecié y me harté de él después de haberle gozado. +La plebeya ruindad de mi enamorada trocó mi afecto y mi gratitud en +vergüenza. Abandonada Beatriz por mí, murió a poco trágica y +misteriosamente. No falté yo a ninguna promesa, porque nada había +prometido. Fueron, no obstante, enormes mi pena y mi remordimiento. Y +más aún, cuando, poco tiempo después, tuve un raro encuentro en Sevilla. +Pasando un día entre la Catedral y el Alcázar se me acercó una vieja y +desarrapada gitana y se empeñó tan obstinadamente en decirme la +buenaventura que no supe negarme a su ruego y le entregué mi mano para +que la examinase. La vieja gitana me dijo:</p> + +<p>—En buena hora naciste, gallardo y gentil caballero, si la ambición +satisfecha basta para hacerte dichoso. Las rayas de tu mano me revelan +que ha de favorecerte la fortuna, que has de sobrenadar como el aceite, +que has de llevarte a la gente de calle, y que has de dominar en el +mundo. Pero tu amor se trocará en ponzoña y muerte. Tus amorosas miradas +seguirán aojando y marchitando los corazones como (y aquí bajó la voz la +vieja gitana haciéndola casi imperceptible), como aojaron y marchitaron +el de la pobre Beatricica, que buen poso haya. Perdónete Dios la +desesperación que le ocasionaste y a ella perdone el mal fin que tuvo.</p> + +<p>—¡Déjame en paz, maldita bruja!—exclamé yo entonces, retirando mi mano +de entre sus manos.</p> + +<p>—La bruja fue Beatricica, y no yo—replicó la vieja—. En sus últimos +días se sospecha que fue al aquelarre, donde la mató el diablo, no sin +prometerle que tú volverías a amarla y a ser suyo, sin ingratitud ni +mudanza. Tú nada has prometido, pero Satanás ha prometido por ti y +cumplirá su promesa.</p> + +<p>Dicho esto soltó la vieja una carcajada nerviosa y se alejó +precipitadamente de mi lado. Desde entonces tomé yo el extraño apodo o +sobrenombre de Morsamor.</p> + +<p>En balde procuró Tiburcio serenar el ánimo y disipar las melancólicas +aprensiones de su amigo.</p> + +<p>—No tienes tú la culpa—le dijo—de que el diablo tentase a Beatricica, +y de que ella se diese al diablo.</p> + +<p>—Pero ¿crees tú—dijo Morsamor, en un arranque de escepticismo, porque +era muy escéptico para su época—, crees tú que ande tan suelto el +diablo y que Dios permita que nos tiente y seduzca?</p> + +<p>—¡Y vaya si lo creo!—contestó el doncel sutil—. En nada se opone eso +a la bondad divina y a la persistencia del humano libre albedrío. Contra +toda instigación diabólica el cielo presta al hombre fuerza suficiente o +por naturaleza o por gracia.</p> + +<p>—¿Qué vale ni qué importa entonces el oficio del diablo?—interpuso +Morsamor con desdeñosa sonrisa.</p> + +<p>—Vale e importa—dijo Tiburcio—para que el diablo, aunque no tuerza la +voluntad del hombre ni destruya la responsabilidad de sus actos, +encamine estos actos hacia un fin y según un plan predeterminado, al +cual obedece el diablo muy a pesar suyo y sin el cual no consentiría +Dios que tentase a nadie. Tal, a mi ver, es la utilidad del oficio +diabólico. De donde se infiere que hasta el diablo es útil y dista mucho +de estar de sobra.</p> + +<p>A pesar de sus melancolías, Morsamor no pudo menos de reírse de las +extravagantes opiniones de su doncel.</p> + +<p>Algo menos preocupado por sus tristes memorias, renovadas en su espíritu +con tanto brío, Morsamor acabó por prepararlo todo, y al fin salió +recatadamente de Goa, acompañado de su tropa y sirviéndole de guía los +fingidos fakires por las más solitarias veredas.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XXII" id="XXII"></a>-XXII-</h2> + + +<p>Después de largo y penoso viaje, de noche, desperdigados a fin de no +infundir sospechas y con recato esmeradísimo, fueron penetrando todos en +hipogeo enorme. Era un dilatado y obscuro laberinto, excavado en la +tierra y a trechos en durísimas rocas: admirable labor de la tenacidad, +de la paciencia y del humano esfuerzo: obra cuya antigüedad se contaba +por millares de años.</p> + +<p>Por medio de estrechos pasadizos se comunicaban las diversas y numerosas +estancias que allí había. Unas eran cámaras sepulcrales, otras, +viviendas de las personas consagradas al culto y a la custodia de +aquellos sitios; y otras, más recónditas y de más difícil acceso, +escondido depósito y tesoro de preciosos exvotos y de amontonadas +ofrendas. Ensanchado a veces el subterráneo y elevándose su techo a +mayor altura formaba amplias salas, donde se parecía, esculpida en +piedra, la imagen simbólica de alguna de las más veneradas deidades del +panteón brahmánico. La mayor de estas salas era la del hijo de Dasarata, +la de Rama el virtuoso, fiel consorte y vengador de Sita, vencedor de +Ravana y conquistador de Lanka. Pero en medio de aquellas salas y en el +centro de aquel intrincado laberinto, se erguía el grandioso templo +erigido en honor de Crishna. En multitud de gruesos pilares, cuyas +cuadradas bases tenían por pedestal sendas tortugas, se alzaban +monstruosos elefantes, sosteniendo en sus lomos robustos el arquitrabe y +el amplio friso sobre el cual se extendía la plana y sólida techumbre. +En el friso, representados en alto relieve, tosco aunque rico de +inspiración y de carácter, se veían los principales sucesos de la vida +heroica y bienhechora del <i>avatar</i>. Notábanse allí sus amores con +innumerable caterva de diosas, ninfas, princesas y zagalas, a cada una +de las cuales se entregó y se unió todo el Dios, desdoblándose y +multiplicándose en idéntica forma y substancia y sin dejar de ser nunca +uno y el mismo, porque toda alma piadosa, encendida en amor divino, +posee a Crishna por completo, como si Crishna y ella fuesen solos o +absorbiesen en su unión cuanto es y cuanto puede ser en los tres mundos. +En el centro de aquel templo fantástico, iluminado por lámparas de +plata, resplandecía la estatua colosal del hijo de Devaki.</p> + +<p>Morsamor, conducido por Narada, había admirado todo aquello.</p> + +<p>La tropa de aventureros que le había seguido, prestándole omnímoda +confianza, sin saber sino confusamente los peligros que tendría que +arrostrar y los obstáculos que tendría que vencer, para el buen éxito de +la empresa, cuyo fin apenas presumía, se hallaba acuartelada en dos +amplios salones del subterráneo y aguardaba impaciente la hora oportuna +para la acción que debía empeñarse cumpliendo las órdenes de sus +adalides Morsamor y Tiburcio.</p> + +<p>Aunque se hallaban bajo tierra, sin que disipase la obscuridad más luz +que la de algunas lámparas, harto bien medían todos el tiempo y +calculaban que era más de media noche. Ningún ruido exterior penetraba +en el oculto lugar donde todos estaban congregados, lugar en que se oían +sus animadas conversaciones, porque nadie les había exigido que callasen +ni que hablasen en voz baja, y donde resonaban, al andar y al moverse +ellos, el ludir y el chocar de las armas que no habían depuesto y que +pronto debían emplear aunque sin saber ni prever el instante mismo.</p> + +<p>Entre tanto, en la santa ciudad de Benarés, cerca de cuyos muros se +hallaba el hipogeo, se celebraba, aquella noche, espléndida, alegre y +ruidosa velada: la fiesta más solemne del culto de Crishna. No era la +conmemoración de sus triunfos guerreros, cuando daba muerte a tiranos y +a monstruos, a endriagos y serpientes. Crishna, vencedor y libertador +ya, aparecía precedido de Kureva y de Lakshmi, númenes de la opulencia, +y de Karnala y Smara, númenes del amor. Sobre su pecho resplandecía el +conquistado Samantaka, talismán de todas las venturas. Y Crishna iba +difundiéndolas a su paso por donde quiera; y no había corazón de mujer, +mortal o diosa, que al contemplarle no ardiese en amoroso fuego. Los +Gandarvas descendían del Baikounta o paraíso de Vishnú para cantar sus +alabanzas y las Apsaras para tejer danzas en torno suyo.</p> + +<p>Esta serenata y este baile famosos, apellidados la <i>rasa</i>, se +representaban aquella noche. En anchas plazas bailaban lindas bayaderas. +La circunstante y bulliciosa muchedumbre gozaba en mirar y aplaudía con +locura. En la alucinación del entusiasmo, tal vez imaginaba que todos +los seres inmortales acudían a ver la velada y a honrarla con su +presencia. Desde el fondo del Océano, desde el ardiente centro de la +tierra, desde las crestas nevadas del Himalaya y desde las serenas +profundidades del éter luminoso, acudían Varuna, Agni, cuantas son las +inteligencias que mueven las esferas celestes y guían a los astros en su +curso, y el propio Indra, cabalgando en el pájaro Garuda, y no ya con +rayos en la diestra, sino con aljófares y flores, que así él como las +otras divinidades derramaban a manos llenas sobre la muchedumbre devota.</p> + +<p>En la conjuración se había guardado profundo secreto. Nada sospechaba +Abdul ben Hixen. La mayoría de su gente de armas, aunque era de +muslimes, discurría por la ciudad, sin cautela ni reparo y se divertía +en la fiesta, requebrando a las mozas y retozando también con ellas. El +sultán, no obstante, se hallaba encastillado en la fortaleza, en cuyo +centro se levantaba el regio alcázar. Allí vigilaba siempre por su +autoridad y su dominio lo más aguerrido y selecto de sus guerreros. Su +guardia se componía de más de mil veteranos fieles, diestros en el +manejo de las armas.</p> + +<p>Dos horas antes de que amaneciese, Morsamor y Tiburcio se pusieron al +frente de los aventureros que habían traído, los sacaron de aquel a modo +de encierro en que se hallaban, y guiados por dos jóvenes brahmanes, +caminaron largo rato por un extenso pasadizo del subterráneo hasta +llegar a un punto donde había una fortísima compuerta de madera y de +hierro, horizontalmente colocada en la techumbre, hasta la cual se subía +por una escalera de piedra. Al empuje de algunos hombres forzudos se +levantó la compuerta, a pesar de la tierra y las hierbas que la cubrían +y ocultaban, y se dejó ver el cielo sin luna y sólo débilmente iluminado +por el pálido fulgor de las estrellas que a trechos entre obscuras nubes +lucían.</p> + +<p>En hondo silencio y procurando no hacer ruido, los aventureros todos +fueron saliendo del subterráneo, encontrándose en un parque espacioso, +dentro de los muros de la misma fortaleza y contiguo al alcázar donde el +sultán habitaba.</p> + +<p>La hueste de Morsamor buscó la mayor obscuridad, bajo las copas de +algunos corpulentos árboles, para recatarse de los que pudieran estar +vigilando y no ser vista ni sentida hasta que a una señal, que aguardaba +con impaciencia, pudiese caer sobre los enemigos descuidados.</p> + +<p>No llevaba la hueste de Morsamor armas de fuego, poco usadas y nada +portátiles todavía. Los aventureros vestían coraza o cota de malla e +iban armados, de espada todos, y unos de flechas, y otros de picas y +venablos.</p> + +<p>A pesar de que en la fortaleza se ignoraba el oculto camino por donde en +ella se podía penetrar y a pesar del descuido de la guarnición, la +empresa de Morsamor estuvo a punto de malograrse.</p> + +<p>Un viejo jardinero que andaba en vela y que tenía ojos de lince, vio con +asombro que se abría el seno de la tierra y que surgía gente armada por +la abertura. Al pronto acudió a dar aviso al capitán de una parte de la +guarnición que se abrigaba en ancha sala de armas del piso bajo del +alcázar. En seguida los muslimes se apercibieron a resistir y a acometer +a los intrusos. El jardinero indicó dónde estaban, y con no menor +sorpresa y asombro los vieron los muslimes, a pesar de la obscura +frondosidad en que ellos se encubrían. Sonaron entonces los clarines y +cundió la alarma por todo el parque y el alcázar. A la entrada de este y +en algunas de sus ventanas, había mosquetes, puestos sobre firmes +horquillas y previamente cargados. Los mosqueteros encendieron las +mechas valiéndose del eslabón y el pedernal que en los esqueros +llevaban.</p> + +<p>Abdul ben Hixen se alzó con sobresalto de su lecho, se vistió, se armó y +se dispuso al combate.</p> + +<p>Por dicha para Morsamor, casi en el mismo punto se oyó la señal que +esperaba: era el sonido de las trompetas, avisando la sublevación de la +ciudad, donde la plebe amotinada combatía ya e iba venciendo a los +musulmanes.</p> + +<p>La señal inspiró a Morsamor ánimo y confianza, pero era indispensable +vencer en la fortaleza para obtener el triunfo. Si el sultán vencía y +caía con su tropa sobre el pueblo, todo estaba perdido.</p> + +<p>Las bombardas y falconetes que guarnecían la muralla, aunque puestos +sobre rudos encabalgamientos o cureñas, y nada apropósito para que la +puntería fuese certera, podían barrer la turba de amotinados que se +arrojase al asalto de la fortaleza, circundada de foso profundo.</p> + +<p>El sultán hubiera podido también lanzar contra la ciudad la caballería +selecta de los guardias de su persona, que eran cerca de doscientos, y +ocho terribles elefantes para la pelea y dirigidos por hábiles cornacas +negros.</p> + +<p>Esto fue lo primero que logró evitarse merced a un dichoso golpe de +mano. A las órdenes de Tiburcio, Morsamor destacó cien hombres de los +más audaces, que con astucia diabólica lograron penetrar en el apartado +edificio donde se guarecían caballos, elefantes, cornacas y guardias. +Ningún aviso había llegado hasta allí. Sin sospecha ni recelo, dormían +todos. Y si bien acudieron a las armas y procuraron defenderse, fue con +tal aturdimiento y desorden, que les valió de poco. Con escasa pérdida +de la gente que Tiburcio capitaneaba, muchos de los guardias fueron +muertos. Otros se rindieron, depusieron las armas y se dejaron encerrar. +Los caballos y los elefantes cayeron también en poder de la gente de +Morsamor y quedaron custodiados en los establos, cobertizos y anchos +corrales en que estaban. Todo esto, no obstante, no le consiguió sin +prolongada lucha. Tiburcio y su gente no pudieron, pues, acudir en +auxilio de Morsamor, empeñado en no menos ardua empresa, que las +circunstancias hicieron harto más difícil.</p> + +<p>Aunque eran pocos los mosquetes, que podían dirigirse para dentro del +parque, por donde no se preveía ataque alguno, y aunque estaban +manejados por mosqueteros torpes, sin conocimiento práctico de aquellas +armas, todavía hicieron algunos disparos sobre los guerreros de +Morsamor, causándole cerca de treinta bajas entre muertos y heridos.</p> + +<p>Lejos de arredrarse con esto, el denuedo de Morsamor y de los suyos +creció con la cólera y con el deseo de venganza.</p> + +<p>En una salida que el sultán hizo del alcázar con la gente que tenía +cerca de sí, el sultán fue rechazado y tuvo que hacer cerrar rápidamente +la puerta para que los enemigos no penetrasen en pos de él dentro del +alcázar.</p> + +<p>Aprovechó Morsamor aquella retirada y el desaliento que había infundido +en la guarnición que estaba fuera defendiendo el parque, para caer con +todos los suyos, en buen orden y con embestida furiosa, sobre la gente +que defendía la puerta de la fortaleza que daba a la ciudad y en la que +había alzado un firme y ancho puente levadizo que hacía practicable el +hondo foso.</p> + +<p>Por fortuna, la plebe amotinada de la ciudad, fanatizada por los +brahmanes y provista de armas, había vencido a los más resistentes de la +exterior guarnición, mientras que otros, codiciosos y traidores, se +habían dejado comprar por dinero suministrado por los brahmanes y por +mercaderes ricos. Parte pues, de la sublevación triunfante, se había +adelantado hasta el borde del foso en tumultuosa muchedumbre. Sus gritos +de júbilo llegaban claros a los oídos de Miguel de Zuheros, alentaban su +valor y corroboraban su confianza. Así, a pesar de la obstinada +resistencia de los que defendían la puerta, Morsamor y los suyos, no sin +sacrificar allí muchas vidas, se apoderaron de la puerta al cabo, la +abrieron y dejaron caer sobre el foso el puente levadizo. La noche en +esto había pasado ya. La obscuridad se había, disipado. La penumbra del +crepúsculo matutino se había trocado con rápida transición en claridad +luminosa, apagándose las estrellas en el éter, matizándose las nubes de +carmín y de oro y transmitiéndose por el ambiente despejado y limpio el +movimiento, los colores y las formas de los distintos seres.</p> + +<p>Los de la guarnición interior, aturdidos y empeñados en luchar con los +que estaban dentro, sólo habían hecho cinco disparos de lombardas, +causando apenas daño en la muchedumbre, aunque sí algún miedo y mucha +ira.</p> + +<p>Al abrirse la puerta y caer el puente levadizo, la plebe retrocedió con +espanto, temiendo que iban a salir el sultán, y su caballería y sus +elefantes, y a cargar sobre ella. Pero los dos jóvenes brahmanes, que +acompañaban a Morsamor y que eran muy decididos, pasaron desde la +fortaleza al otro lado del foso, y gritando en medio de la turba, le +quitaron el miedo y la persuadieron de que eran aliados y amigos los que +abrían el paso y los que reclamaban su apoyo para terminar aquella +grande obra. La plebe entonces, como desbordado torrente que rompe el +dique que le retiene y en violentas oleadas lo inunda todo, se precipitó +por la puerta y llenó en un instante el parque que se extendía en torno +del alcázar dentro del recinto murado.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XXIII" id="XXIII"></a>-XXIII-</h2> + + +<p>El rey, según hemos dicho ya, tuvo que replegarse y encerrarse de nuevo +en el alcázar después de su vigorosa salida. La causa principal de la +retirada había quedado oculta. El rey procuró y logró que se ocultase +para que su gente no desmayara. Un dardo enemigo había atravesado su +muslo derecho. De la honda herida manaba mucha sangre, y el rey apenas +podía tenerse en pie.</p> + +<p>Encerrado en la ancha cámara, donde estaba el único acceso para penetrar +en el harén, y asistido sólo por su médico, por su viejo confidente y +valido el jefe de los eunucos, y por cuatro de sus más fieles e íntimos +servidores, el rey siguió dando órdenes y excitando a la resistencia. +Joven y robusto aún, era además fiero y orgulloso, aunque debilitado su +brío por la vida muelle y deleitosa que había vivido, en paz con los +extraños y en lo interior hasta entonces, sin rebeliones ni motines.</p> + +<p>Cuando vio a las claras que sus soldados habían sido vencidos, que la +plebe triunfante había invadido la fortaleza y que ya se disponía a +romper las puertas y a entrar en el alcázar, su desesperación fue +completa y horrible.</p> + +<p>Abdul ben Hixen se jactaba de su nobilísima estirpe. Pretendía +descender, por una ilustre serie de monarcas guerreros, del propio +Mohamud de Gazna el Grande. Altísimo era el concepto en que tenía él la +sagrada dignidad de su persona. ¿Cómo sufrir, pues, el oprobio de caer +vivo entre las manos inmundas de aquel vil populacho?</p> + +<p>Inevitable era la muerte y convenía aceptarla con valor y recibirla +cuanto antes.</p> + +<p>Los clamores de la turba, que oía cerca de sí, se diría que le excitaban +a tomar la tremenda resolución. No podía ya morir peleando y matando, +pero podía y debía morir en seguida antes de caer en infamante +cautiverio.</p> + +<p>Abdul ben Hixen ya pidió con ruegos, ya ordenó con furia que le matasen +a los cuatro soldados fieles que estaban cerca de él, al médico +impasible y al jefe de los eunucos que le miraba lleno de asombro y +temblaba como un azogado.</p> + +<p>El profundo respeto que el rey infundía no consintió que ninguno de sus +cuatro guardias cumpliese sus órdenes ni accediese a sus ruegos.</p> + +<p>—Carecéis de valor—dijo entonces—para ser misericordiosos conmigo. Yo +supliré el valor que os falta. Así os daré ejemplo para que os mostréis +dignos de mí, para que impidáis que caigan vivas mis mujeres en poder de +esa canalla infame, para que no insulten mi cadáver y para que todo, si +es posible, sea presa de las llamas.</p> + +<p>Sin oír ni aguardar contestación alguna, Abdul ben Hixen desenvainó con +rapidez el acicalado yatagán de doble filo que de rico talabarte le +pendía, fijó en el suelo la costosa empuñadura, cuajada de diamantes y +esmeraldas, y poniéndose en el pecho la agudísima punta, se arrojó +encima con tal ímpetu que se traspasó y destrozó las entrañas con la +ancha hoja, quedando muerto en el acto.</p> + +<p>El astuto médico, con previsora serenidad y sin ninguna gana de acabar +también trágicamente, desapareció como por ensalmo, yéndose por el lado +opuesto al harén y escondiéndose donde pudo. Oportunísima fue la fuga. +El entusiasmo heroico y destructor de los cuatro eunucos rayó en delirio +y no tuvo límites al ver muerto y en medio de una charca de sangre a su +querido y augusto amo.</p> + +<p>Se creyeron en la obligación de matar y de incendiar y era menester +cumplir con ella.</p> + +<p>El jefe de los eunucos la facilitó por lo que a él tocaba. El espanto le +sobrecogió de tal suerte, que, desfigurado su rugoso y pálido rostro por +horrible mueca, torcida y muy abierta la boca como para exhalar a escape +el último aliento, desencajados los ojos y dilatadas las pupilas, se +desplomó sin vida en el suelo.</p> + +<p>Los eunucos hacinaron telas, papeles, muebles, cuantos objetos +consideraron más combustibles, alzándolos en montón contra la pared de +la espléndida sala, cubierta de sedas del Catay y de chales y tapices de +Cachemira, y cuya artesonada techumbre era de nácar, concha, sándalo, +cedro y otras preciosas maderas que en delicados embutidos y en linda +taracea se combinaban.</p> + +<p>Con destiladas quintas esencias, con ungüentos y aceites aromáticos, con +cuanto pudieron hallar a mano a propósito para que prendiese el fuego y +se propagase, rociaron los eunucos el montón de objetos, la tapicería de +la pared y hasta el mismo techo. Encendieron fuego en seguida, le +aplicaron a papeles y a trapos que había en la base del montón, y muy +pronto con feroz alegría vieron surgir el humo y las llamas. Luego +penetraron en el harén dispuestos a destruirlo todo y a dar muerte a las +mujeres para que no fuesen profanadas y ultrajadas por el vulgo.</p> + +<p>Entre tanto, los guardias que custodiaban el alcázar, con el intento de +vender caras sus vidas, abrieron la ancha puerta y se lanzaron de nuevo +al combate desesperadamente. La plebe, apiñada delante de la puerta, +tuvo que lamentar no pocas víctimas de aquel primer ímpetu.</p> + +<p>En esto, Morsamor, así como Tiburcio que, vencedor de la caballería, +estaba ya a su lado, vieron en el extremo del palacio, hacia donde +estaba el harén y en una gran ventana que acababa de abrirse, una +extraña figura que los llenó de pasmo. Nunca mujer más bella, elegante y +majestuosa, había concebido Morsamor en su fantasía de poeta, ni había +aparecido en sus más radiantes y amorosos ensueños. Brillaban sus negros +ojos, por entre las largas y sedosas pestañas, como la luz del sol que +arreboladas nubes mitigan. Era su tez como de leche y rosas. Esbelto su +talle: elevada su estatura. A pesar de las flotantes y blancas ropas que +velaban su cuerpo, se presentía y se adivinaba que era todo él +maravilloso y armónico conjunto de perfecciones casi divinas.</p> + +<p>Aunque no cuadraba a la dignidad aristocrática de aquella mujer ni +mostrar angustia y terror en el semblante, ni pedir socorro a gritos, +Morsamor, a la vez que sintió en el alma una jamás sentida y amorosa +admiración y un irresistible impulso que hacia aquella mujer le llevaba, +sintió también o más bien comprendió, como si un genio o espíritu +invisible le hablase al oído, que aquella mujer se hallaba en el peligro +más espantoso, y que él debía a toda costa libertarla y salvarla. +Alrededor suyo, entretanto, se alzaban centenares de voces diciendo:</p> + +<p>—¡Urbási! ¡Urbási! ¡Es ella! ¡Es ella!—la que el tirano había robado.</p> + +<p>Sin más reflexionar, y sin ponerse con nadie de acuerdo, Morsamor espada +en mano corrió hacia la puerta del alcázar, se abrió paso por entre +cuantos allí peleaban, quedando milagrosamente ileso, y pronto subió a +saltos la grande escalera que al piso principal conducía. Sintió pasos +detrás de él, volvió la cara, vio a Tiburcio que le seguía dispuesto a +ayudarle, y con mirada expresiva se lo agradeció sin pronunciar palabra.</p> + +<p>No era menester que la pronunciase; Tiburcio lo había adivinado todo y +se puso delante de Morsamor, como para servirle de guía.</p> + +<p>Así llegaron a la cámara, donde yacía muerto Abdul ben Hixen. El humo +era sofocante. Las llamas habían subido ya por la pared y habían +empezado a cebarse en la techumbre que crujía y amenazaba desprenderse a +pedazos.</p> + +<p>Tiburcio pasó impávido por la cámara. En pos de él pasó Miguel de +Zuheros.</p> + +<p>Ambos iban con precipitación, aunque no sin cuidado, para no resbalar en +la sangre que humedecía y manchaba el pavimento, para no tropezar en +seres humanos muertos o moribundos y para no ser sorprendidos por los +vivos aún armados y furiosos que sin duda por aquellos sitios vagaban.</p> + +<p>Con certero instinto y con tan ligeros y sordos pasos, que no levantaban +rumor, como si los que marchaban fuesen sombras, llegaron al extremo del +palacio, donde estaba la estancia en que Urbási se guarecía. Cerrada la +firme puerta, resistía aún a los reiterados y furibundos golpes que +sacudían en ella los cuatro eunucos, ansiosos de derribarla.</p> + +<p>Algo de siniestramente sobrehumano parecía traslucirse entonces en el +gracioso rostro de Tiburcio, casi sin bozo, como de gentil adolescente. +Acalorada la imaginación de Morsamor, creyó ver que la espada que +Tiburcio llevaba en la diestra no era inerte acero, sino serpiente viva +que se hundía en el pecho de los contrarios y mordía y destrozaba los +corazones. Súbitamente, antes de que le viesen y le hiciesen cara, +Tiburcio hizo caer por tierra mortalmente heridos a dos de los cuatro +eunucos. No fue larga la lucha con los otros dos. Morsamor peleó contra +el uno, Tiburcio peleó contra el otro, y ambos perecieron también.</p> + +<p>Sin un leve instante de reposo, Tiburcio tocó en la puerta con el pomo +de su espada y gritó alto para que le oyese quien estaba dentro:</p> + +<p>—¡Urbási! ¡Urbási! Abre. Ten confianza en nosotros. Venimos a salvarte.</p> + +<p>La puerta se abrió enseguida y Urbási se mostró bajo el dintel, +serenamente hermosa, como una aparición del cielo. Desalumbrado, +extático quedó Morsamor al contemplar de cerca tanta hermosura. Luego se +repuso haciendo un esfuerzo, y con la mano izquierda, desnuda de la +manopla que en la escarcela guardaba, asió a Urbási de la diestra, y +guiado siempre por Tiburcio, buscó por donde había venido la única +salida del harén.</p> + +<p>Al llegar al salón, donde el rey yacía muerto, Morsamor retrocedió +horrorizado.</p> + +<p>En torno del salón no había cundido el incendio porque eran los muros de +sólida mampostería, revestida de mármoles, que sin arder se calcinaban; +pero lo interior del salón parecía un infierno: medroso torbellino de +humo y de llamas.</p> + +<p>Inevitable era pasar por allí. Tiburcio dio el ejemplo. Se diría que a +su paso se apartaban las llamas y el humo como si le conociesen y +respetasen.</p> + +<p>Vergüenza tuvo Morsamor de quedarse atrás, pero temía que, si Urbási +seguía andando, prendiese el fuego en su larga y flotante vestidura, +cuya fimbria tocaba y se extendía sobre el pavimento. Morsamor, +entonces, tomó a Urbási en sus brazos, recogiéndole cuidadosamente la +falda; atravesó con rapidez y valentía por el salón incendiado; y, +precedido de Tiburcio llegó sano y salvo hasta el arranque de la grande +escalera.</p> + +<p>Hechizado y orgulloso de su dulce carga, nada le fatigaba su peso, y +Morsamor no la hubiera soltado a no exigir ella descender la escalera +por su pie.</p> + +<p>Rápidamente la bajaron, asidos de nuevo de la mano Morsamor y Urbási.</p> + +<p>Con cariñoso afecto estrechó Morsamor la mano de Urbási, blanca, suave y +admirablemente formada.</p> + +<p>Al llegar al último tramo, ella estrechó también la mano de Morsamor; y +de su fresca boca, que a él pareció cáliz de perlas y rubíes, colmado +del aroma y del néctar que aspiran y beben los inmortales, salieron en +voz baja y suave estas dulces palabras:</p> + +<p>—Me has salvado la vida. Tómala si lo deseas. Eres su dueño.</p> + +<p>Absorto en su alegría, nada acertaba a contestar Morsamor, cuando se vio +cercado de multitud de gente, así del pueblo como de los mismos +aventureros que militaban bajo sus órdenes. Entusiasmados todos por sus +hazañas, le aclamaban por héroe, casi le adoraban como a un semidiós y +le levantaban en hombros para llevarle en triunfo.</p> + +<p>En aquel bullicio y alborozo Urbási y Morsamor se separaron. Y él estuvo +largo rato desesperado e inquieto, en medio del aplauso popular y de la +multitud que le vitoreaba, hasta que vio por dicha que a no mucha +distancia, Urbási en compañía del viejo brahmán Narada, subía en un +palanquín e iba a salir fuera del recinto murado. Antes de salir, ella, +que tenía en él la vista fija, le miró con amor e hizo ondear en su mano +un blanco cendal, como despidiéndose. Su larga mirada fue elocuentísima +y decía con toda claridad: hasta que pronto, muy pronto volvamos a +vernos.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XXIV" id="XXIV"></a>-XXIV-</h2> + + +<p>En un extremo de la ciudad y en espacioso edificio, Morsamor con toda su +gente estaba acuartelado. No llegaban a ciento ochenta, porque más de +ciento habían perecido en la batalla. Cargados de riquísimo botín, +consolábanse los vivos de la muerte de sus compañeros de armas. Limitado +el incendio a la gran cámara, el alcázar dio extraordinarias riquezas a +los que, después de Morsamor, le entraron a saco. Los caballos y los +elefantes, de que Tiburcio y los suyos se habían apoderado, cedidos +luego o vendidos a Balarán, príncipe de los brahmanes, produjeron +cuantiosa suma de rupias.</p> + +<p>La rebelión triunfante, había entronizado a Balarán, invistiéndole de +omnímodos poderes; concediéndole lo que en Europa llamamos la dictadura.</p> + +<p>Era Balarán de nobilísima prosapia, de majestuosa presencia y de bello +rostro resplandeciente en juventud lozana; era celebrado por su profundo +conocimiento de los Vedas, de las Leyes de Manú, de los Puranas y demás +libros sagrados, y de todos los sistemas filosóficos-ortodoxos y +heterodoxos de la India; y era venerado además por su energía, por su fe +inquebrantable en los altos destinos de su religión y de su casta, y por +otras raras virtudes aparentes o verdaderas. Gozaba, por último, de +pingüe y casi regio patrimonio, parte del cual había consumido, +comprometiéndole todo en la conjura.</p> + +<p>Fundamento tenía su propósito de que fuese seguido el ejemplo que +acababa de dar; de que la rebelión se propagase a otros Estados y de que +se extirpase de la India el predominio del Islam. Así quedaría su +ambición plenamente satisfecha; llevaría él con justo título el nombre +de Balarán; el mismo nombre del pasmoso hermano de Crishna. Y así +lograría él ser Brahmatma o jefe supremo de su casta, de su secta y del +imperio que en ella se fundase.</p> + +<p>Repugnaba Morsamor ser mero y dócil instrumento del brahmán ambicioso. +Harto conocía que era delirio aspirar a más. Lo razonable, pues, era +retirarse con sus aventureros, volviendo todos a Goa victoriosos y +opulentos como nababos. Sólo un interés personalísimo retenía a Morsamor +en Benarés. La bella Urbási había cautivado su alma. Necesitaba volver a +verla, declararle su amor y pedirle el cumplimiento de lo prometido en +aquellas dulces palabras que ella pronunció, dejándolas grabadas en el +centro de su corazón: <i>Me has salvado la vida. Tómala si lo deseas. Eres +su dueño</i>.</p> + +<p>Harto presentía Morsamor lo aventurado y peligroso de su nueva empresa. +No quiso comprometer en ella sino a los que le fuesen completamente +adictos y estuviesen resueltos a arrostrar el enojo de Balarán y a +resistir el poder que ellos habían contribuido a poner en sus manos.</p> + +<p>Morsamor convocó, pues, a su gente, expuso su determinación de +permanecer en Benarés con algunos pocos aventureros que quisiesen +acompañarle y reconociendo que todos habían cumplido ya con el +compromiso y la obligación que contrajeron, los dejó en libertad de +volver a Goa, conducidos por buenos guías y con el espléndido botín que +habían conquistado.</p> + +<p>Deplorando o aparentando deplorar la separación, ciento veinte +abandonaron a Miguel de Zuheros. Con él sólo quedaron sesenta valientes +de los más devotos a su persona. No hay que decir que el fiel Tiburcio +quedó también con él.</p> + +<p>Después de esto, de noche y con misterioso recato, el anciano Narada +vino a visitar a Morsamor. Previos muy corteses saludos y sin otro +preámbulo, Narada, dijo lo siguiente:</p> + +<p>—La verdad, sin jactancia, es que yo he fomentado y estimulado la +ambición de Balarán desde mucho tiempo ha, infundiendo en su alma mi +ardiente deseo de sacudir el yugo de los muslimes. Nada a pesar de mi +empeño hubiéramos hecho todavía, si un imprevisto suceso no hubiera +reanimado el espíritu reacio de Balarán, atizando su ambición con la ira +y los celos y prestándole actividad y arrojo. La bella Urbási, a quien +Balarán pretendía y adoraba rendido, desapareció de su magnífica +vivienda; fue víctima de misterioso rapto. No bastó la habilidad de los +raptores y no bastó el secreto con que la ejercieron, para que Balarán +dejase de presumir y aun de tener por seguro que el tirano Abdul ben +Hixen, ardiendo por Urbási en lascivos amores, era quien la había robado +y quien en su harén la guardaba cautiva. Entonces Balarán no vaciló un +instante. Forjó su plan y lo realizó con presteza de acuerdo conmigo. La +fama de tus bizarrías había llegado hasta nosotros. Consideramos útil tu +auxilio y yo fui a buscarte. Harto bien sabes lo demás por haber sido +tan principal actor en todo. Lo que tú ignoras es que Urbási se halla de +nuevo en grave peligro. Ha desdeñado al rey muslime y se le ha +resistido, pero no desdeña menos a Balarán, el cual la adora y está +resuelto a hacerla suya de grado o por fuerza.</p> + +<p>—No será, no será mientras yo viva—interrumpió Morsamor con ímpetu +apasionado—. Yo liberté y salvé a Urbási, y Urbási será mía o pereceré +en la demanda.</p> + +<p>—No sé cómo ponderarte—dijo Narada—la alegría y la confianza que tus +nobles palabras infunden en mi pecho. Bien puedo ya declarártelo todo +sin recelo alguno. Urbási, nobilísima doncella, huérfana de padre y +madre, es venerada por mí como una deidad y amada como el más tierno de +los padres puede amar a la mejor de sus hijas en quien se mira como en +un espejo y en quien contempla el limpio dechado de todas las +excelencias y perfecciones. Por sus venas azules corre la etérea y +purísima sangre de nuestros antiquísimos <i>richis</i>, héroes y monarcas, +celebrados en leyendas divinas y en inmortales epopeyas. La naturaleza, +pródiga con Urbási, la adornó de todos sus primores y prestó a su alma y +a su cuerpo gentileza tal que bien pudiera creerse que cuantos son los +númenes que pueblan y dirigen los tres mundos, acudieron en la hora del +nacimiento de ella otorgándole cada uno el don más precioso y la más +alta virtud de que dispone. Ilustrada luego la mente de Urbási por +superior inteligencia, ha concebido el ideal completo de la mujer. Y +Urbási con voluntad firme y constante, ha logrado realizarle en sí +misma, tanto en lo íntimo del espíritu como en la visible y terrenal +apariencia. Sabe, sin hacer le ello alarde, las ciencias reveladas y +ocultas de los brahmanes. Y sin ignorar el conjunto de las sesenta y +cuatro artes de amor y deleite, que constituyen la <i>padmini</i> o hembra +humana de mérito supremo, es casta, inocente e inmaculada virgen, así en +el sentir y en el pensar como de hecho. No; el claro y abundante +manantial de amorosas venturas, el tesoro de hechizos, el cáliz colmado +de licor de celestial bienandanza, que con el auxilio de los dioses ella +ha creado y en sí tiene, no puede ni debe tocar a labios impuros, +apagando su sed, ni puede ser entregado para que le goce y profane a +quien no sobresalga entre el vulgo de los mortales con eminencia +desmedida.</p> + +<p>—¿Es posible—interpuso Morsamor, con cierto despecho—que ella, en +cuyas encarecidas alabanzas te quedas corto, se complazca tanto en su +propio valer, le tome por objeto de culto y se haga incapaz de amar a +otro ser humano? Yo que la amo, yo que la adoro, ¿he de perder la +esperanza de ser correspondido?</p> + +<p>—Urge que lo sepas todo—replicó Narada—. No hay vagar para rodeos ni +disimulos. Urbási, desde que llegó a ser núbil, se sintió atormentada +por amor sin objeto; pero no sin objeto, sino por objeto a su ver +imaginario, que columbraba su mente en la vaga penumbra de confusos +recuerdos, en las casi borradas impresiones que anteriores existencias +acaso han dejado en el alma. El ser que Urbási fingía, recordaba o +creaba, (¿por qué no confesártelo, si ella lo confiesa?) se parecía a ti +¡oh venturoso Miguel de Zuheros! Antes de que te viese, Urbási te amaba. +Te vio, y tú fuiste su salvador. En el día, Urbási te idolatra. Ella +cree que los cisnes de alas de oro, fatídicos nuncios del destino, +vinieron a pronosticar su amor por ti y tu amor por ella, como +pronosticaron a Damayanti que Nal debía ser su enamorado esposo. Y +Urbási, no menos enamorada que Damayanti, desdeñaría por ti, no sólo a +Balarán, sino a Indra, a Varuna y a los demás dioses, que desde el +Baikounta bajasen a pretenderla. Por ti se siente Urbási capaz de los +mayores sacrificios. Por seguirte lo abandonaría todo, e imitando a +Savitri fiel consorte de Satyavat, acosaría sin temor a Yama, dios de la +muerte, para sacarte de entre sus manos, como tú la sacaste a ella, y +estrecharte luego apasionadamente en sus hermosos brazos.</p> + +<p>Al oír a Narada, el corazón de Morsamor latía y saltaba agitadísimo por +júbilo inefable. Morsamor se echó a los pies de Narada para mostrar su +gratitud besándolos. Narada le alzó, le abrazó y se despidió de él, +designando el momento en que volvería para llevarle donde Urbási estaba.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XXV" id="XXV"></a>-XXV-</h2> + + +<p>En una quinta, a corta distancia de la ciudad, secretamente estaba todo +dispuesto para la boda que había de ser clandestina, sin festín para los +convidados, sin baile y sin música. No por eso dejaba de estar revestido +de costosos tapices y de otros raros adornos, el salón donde se elevaba +el <i>pandal</i>, estrado o sitio consagrado a la ceremonia.</p> + +<p>En compañía de Narada, Morsamor entró allí primero. Llevaba el viejo +brahmán vestimenta litúrgica de escarlata, sobre cuyo fondo carmesí se +destacaba la barba blanquísima y luenga. Morsamor, ataviado con esmero y +elegancia, parecía más joven y más gentil que nunca. De su cinto, +bordado de oro, pendían la espada, la daga y la primorosa escarcela; +coleto de finísimo ante, lleno de prolijas labores, cubría su pecho y +sus espaldas. Las mangas acuchilladas, así como los gregüescos eran de +blanco raso. La calza muy ceñida, de elástico punto de seda, hacía que +luciesen las bien modeladas formas de sus ágiles piernas musculosas a +par que enjutas. Muy lindo gabán colgaba airosamente de sus hombros. +Tenía la mano derecha libre y desnuda, y en la izquierda los guantes de +ámbar y la graciosa gorra de Milán con airón de blancas y rizadas +plumas, prendido a la gorra por una piocha de esmeraldas y rubíes.</p> + +<p>Narada, al contemplar a Morsamor a la luz de las muchas lámparas que en +el estrado había, no pudo menos de decirle que competía con el divino +Hari, cuando se casó Rukmini en el magnífico palacio de Duarika.</p> + +<p>No tardó la bella Urbási en aparecer sobre el estrado. La acompañaban +cuatro matronas casadas y la seguían sus siervas, y los pocos +convidados, amigos íntimos o parientes de su familia.</p> + +<p>La presencia de Urbási, deslumbradora de hermosura, excitó la admiración +de todos. En el alma de Morsamor se avivó con violencia el amoroso +fuego.</p> + +<p>El andar de Urbási más parecía de deidad que de criatura humana. Sin +oprimir su esbelto talle, le ceñía amplia zona de púrpura recamada de +perlas, sosteniendo las flotantes ropas talares de cándido lino, que +descendían en artísticos pliegues y dejaban adivinar la armoniosa +corrección del delicado cuerpo. La doble redondez del firme pecho, sin +compresión ni arrimo, se estremecía suavemente, al moverse la hermosa, +entreviéndose por la transparencia de la tela su puro color de rosa y +nieve. Recogidas con gracia en alto las abundantes crenchas de sus +negros cabellos, dejaban ver el cuello despejado y cuan bien puesta se +erguía sobre él la noble cabeza. Verde-obscuras y hondas como la mar, +eran las pupilas de sus ojos; su brillo como el del sol; y la sonrisa de +su fresca boca, como presentimiento del Paraíso.</p> + +<p>Según el rito, la novia debía acabar de adornarse en el <i>pandal</i>, en +presencia de todos, y las cuatro matronas casadas procedieron a hacerlo. +De diamantes y perlas eran las joyas con que la adornaron. Pusieron una +diadema sobre su frente; en sus pequeñas orejas, a guisa de zarcillos, +dos gruesos solitarios asidos a sendos y sutiles aretes; junto a los +hombros y en las finas muñecas de los desnudos brazo y en las gargantas +de los pies ligeros, brazaletes y ajorcas; y varios anillos en los +afilados dedos de las manos y también en los dos dedos gruesos de ambos +pies, cuyo admirable dibujo no estragó jamás rudo calzado de cuero, y +cuya desnudez dejaba ver la nítida blancura de la piel sonrosada y el +limpio nácar de las pulidas uñas, sobre las elegantes sandalias.</p> + +<p>En la cabeza de Urbási las cuatro matronas echaron por último un rojo y +transparente velo.</p> + +<p>Recitando himnos con entonada melopeya, Narada invocó a los lares y a +los manes, genios protectores del hogar y espíritus de los antepasados.</p> + +<p>Dos <i>purohitas</i> o brahmanes que oficiaban asistiendo a Narada, pusieron +en la mano derecha de Morsamor algunos hilos de azafrán, enlazados por +larga cinta a otros hilos de azafrán que pusieron en la mano izquierda +de Urbási.</p> + +<p>Narada asió después la diestra de Morsamor y la unió a la diestra de +Urbási. Sobre ambas manos juntas fueron todos los asistentes vertiendo +algunas gotas de agua lustral perfumada.</p> + +<p>Morsamor enseguida dio a Urbási algunas hojas de betel picante.</p> + +<p>Entonces se renovó la invocación, dirigiéndola Narada a los más egregios +seres divinos, a la propia Trimurti con el complemento femenino de +Sarasvati, esposa de Brahma; de Laksmi, esposa de Vishnú, y de Uma, +esposa de Siva.</p> + +<p>En amplio canastillo de flexibles entretejidos juncos, de pie y +abrazándose se colocaron los novios; y cuantos allí asistían derramaron +sobre sus cabezas puñados de arroz que tomaban de otros canastillos +menores.</p> + +<p>Morsamor asió luego el <i>táli</i>, largo cordón de seda y oro en cuyos +extremos resplandecían dos esmeraldas. Morsamor enredó el <i>táli</i> a la +garganta de Urbási, dándole tres vueltas y sujetándole con triple +lazada. La novia miraba hacia el Oriente mientras que el novio así la +prendía.</p> + +<p>Sentados ambos después en blandos cojines, comieron juntos, sobre anchas +hojas de plátano, butiro fresco extendido en leves y esponjadas tortas +de flor de harina, y miel de azahar a la postre: manjares simbólicos de +iniciación en los misterios orientales, para aprender a reprobar lo malo +y a elegir lo bueno.</p> + +<p>En el centro del <i>pandal</i> se levantaba el ara, donde había algunas +brasas. Los <i>purohitas</i> echaron sobre las brasas canela, sándalo, +espliego y otras plantas y yerbas secas y fragantes. Se levantó llama y +Narada la avivó más con libaciones de <i>soma</i> divino.</p> + +<p>Narada entonces habló así con Agni, dios del fuego, devorador de la +ofrecida hostia, conductor alado del holocausto:</p> + +<p>—¡Oh, tú que te ocultas en el seno de los seres todos, que sin ti no +serían, escúchame, Agni, tú que animas el universo. Concede a Urbási la +lealtad y la firmeza que Satchi consagró a su marido cuando él la +abandonó, y lleno de remordimientos, huyó a empequeñecerse y a +esconderse en el tallo hueco de una de las flores de loto que cubrían el +lago donde tú le hallaste, más allá de los montes de Himabat, en los +últimos términos de la tierra. Movido tú por las súplicas de Satchi y de +acuerdo con los dioses, corriste por la tierra, volaste con tus alas de +llamas por el aire y el éter, y hasta penetraste en el agua, tu temida +madre, para encontrar a Satacrátu en su penitente y escondido refugio! +El pecado de Satacrátu vino a recaer entonces y a diluirse en todas las +criaturas, y recobrando él sus bríos, las hizo dichosas, venció al +tirano Nahucha y volvió a reinar en los tres mundos. ¡Oh, Agni, haz que +Urbási sea para Morsamor tan regeneradora y purificante como Dara +Satacrátu fue Satchi! Oye también y sé testigo, ¡oh Agni, del solemne +juramento de amor y de fidelidad, que van a pronunciar ambos esposos!</p> + +<p>Morsamor y Urbási, en efecto, extendidas las manos sobre el ara y cerca +del fuego prestaron el juramento debido.</p> + +<p>Así terminó el acto religioso.</p> + +<p>En aquella misma noche, sin demora ni reposo, a fin de sustraerse a la +celosa furia, a la venganza y al poder de Balarán, Morsamor y Urbási, +depuestas las galas y en traje de camino emprendieron un largo viaje.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XXVI" id="XXVI"></a>-XXVI-</h2> + + +<p>Muchos días, fugitivo de Balarán, caminó Morsamor con su dulce +compañera. Dejándose persuadir por Narada, había creído en el +levantamiento general de toda la India, en favor del predominio +brahmánico, y no juzgó prudente ni seguro tratar de volver a Goa, ni +dirigirse a otro lugar que no estuviese fuera de los límites de la +India.</p> + +<p>En grandes barcas que de antemano contrató Narada, Morsamor había pasado +el Ganges, y había ido hacia el nordeste, esquivando los sitios +poblados.</p> + +<p>Con él iban, todos a caballo, Tiburcio y los sesenta valientes devotos a +su persona. En ligero palanquín que veinte robustos negros sostenían y +llevaban turnando, iba la bella Urbási, asistida sólo por su sierva +favorita Rohini. Completaban la caravana treinta poderosas mulas, +alquiladas a dos ricos banianes en quienes Narada fiaba mucho y que se +habían comprometido a ir a donde se les mandase, cuidando y guiando las +mulas con el auxilio de cinco hábiles naires. Las mulas llevaban a lomo +el espléndido equipaje de Urbási, abundancia de víveres, cuanto se +requiere para desplegar tiendas en el campo y otros objetos útiles a la +comodidad y regalo de los ilustres viajeros y al alivio de sus fatigas.</p> + +<p>Harto presentía Morsamor que el Brahmatma, con gran golpe de gente de +guerra, había salido a perseguirle, aunque no había podido hasta +entonces darle alcance por la mucha delantera que Morsamor y los suyos +habían tomado.</p> + +<p>Sin tropiezo vi encuentro alguno desagradable, llegaron los que huían a +una vastísima e intrincada selva, resplandeciente de lozana pompa y +florida verdura.</p> + +<p>La frondosidad era tan densa por algunos puntos, que era menester +abrirse paso rompiendo y destrozando con la segur los enormes bejucos y +demás plantas enredaderas que, formando festones y guirnaldas, pendían y +se entrelazaban de unos árboles en otros. Las alimañas esquivas y +feroces huían a la aproximación de la hueste, pero no faltaban seres +animados, más mansos y menos recelosos del hombre, que apenas se +apartaban al sentirle llegar, y hasta que se adelantaban y mostraban +como si acudiesen a darle la bienvenida. A veces, con alegre desentono, +graznaban los pavos reales, desplegando la brillante rueda de sus +pintadas plumas. Zumbaban las abejas que en los huecos de añosos árboles +labraban sus panales. Las libélulas y las mariposas de los más nítidos +colores y variados matices poblaban y esmaltaban el ambiente. La +abundancia de hojas en lo más alto de las plantas formaba verde toldo, +por el cual se filtraba tamizada y tenue la lumbre solar, mitigando sus +ardores y formando caprichosos cambiantes de refulgente claridad y de +sombra apacible. El <i>kokila</i> y otras aves cantoras entonaban sus trinos +y gorjeos. Un vientecillo suave que apenas movía los más tiernos tallos +y renuevos, esparcía con sus alas el grato aroma de las flores, +trasladaba a larga distancia las aladas semillas y llevaba de unos +cálices a otros el polen fecundante. Arroyuelos de agua cristalina +corrían serpenteando y murmurando por el somero cauce que naturalmente +habían abierto, y en cuyas márgenes crecían violetas, rosas silvestres y +mil hierbas de olor. No bien empezaba a anochecer discurrían por el aire +en multitud sin cuento las luciérnagas, como brillantes joyas con que +bordaba allí su manto la primavera.</p> + +<p>Tan amenos eran aquellos lugares que, embelesados Morsamor y los suyos, +olvidaban casi el peligro que corrían.</p> + +<p>Continuaban, no obstante, su peregrinación, aunque a la aventura y sin +saber a punto fijo en dónde podrían refugiarse para escapar o para +defenderse de sus perseguidores.</p> + +<p>La selva parecía interminable y desierta. Los fugitivos no hallaron en +ella criatura humana.</p> + +<p>Al cabo llegaron a un ancho espacio, casi despejado de árboles, y en +cuyo centro se alzaba un grande edificio de extraña arquitectura, +palacio, fortaleza o tal vez abandonado asilo de anacoretas penitentes. +Los peregrinos le visitaron y reconocieron, hallando que en él no vivía +nadie.</p> + +<p>Morsamor resolvió parar allí, reposar y hacerse fuerte, si por acaso le +descubrían y sorprendían sus enemigos en aquel misterioso retiro.</p> + +<p>Sólo Tiburcio de Simahonda, con cuatro soldados que le escoltasen, todos +en buenos y ligeros caballos, debía seguir adelante, como explorador, +para ver si hallaba no muy largo y seguro camino por donde todos +pudiesen ir a la corte del gran monarca de los mongoles, Babur, si este +había apaciguado ya sus dominios, si se hallaba en alguna ciudad menos +distante que la remota Samarcanda, y si concedía su favor y la esperanza +de una recepción amistosa.</p> + +<p>La gente de Morsamor estaba cansadísima. Y Urbási, rendida por la fatiga +y emociones violentas, necesitaba para reponerse tranquilidad y reposo.</p> + +<p>En el desierto edificio había muchas estancias separadas y capaces, pero +muy pocos y antiguos muebles, rotos o desvencijados. Por dicha, las +mulas traían de repuesto cuanto era conveniente para hacer agradable +aquella vivienda.</p> + +<p>En el patio del edificio manaba agua abundante y clara de una hermosa +fuente. Y cerca de ella había en amplio sótano una alberca para bañarse.</p> + +<p>En el edificio no había provisiones de boca, pero la caravana distaba +mucho de haber consumido las que sacó de Benarés, y en la selva además +abundaban los cocoteros, los plátanos, los mangos, las palmeras, los +naranjos, los limoneros y otros árboles cargados de fruta. Y todos +aquellos contornos convidaban con fácil y riquísimo éxito a la caza y a +la pesca.</p> + +<p>Alabando, pues, al cielo, que por lo pronto tan buen refugio le ofrecía, +Morsamor se instaló con su gente en el abandonado edificio que se alzaba +en el centro de la intrincada y vastísima selva.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XXVII" id="XXVII"></a>-XXVII-</h2> + + +<p>El edificio estaba casi al pie de muy altos montes. La ingente +cordillera del Himalaya se erguía cerca de él, extendiéndose a un lado y +a otro. Las cumbres, que se alzaban en el aire a millares de codos, +estaban cubiertas de hielo perpetuo y de cándida nieve, que heridos por +los rayos del sol, vertían destellos radiantes y hacían más bella la +templada y apacible llanura en que se hallaba el palacio, bañándolo +todo, a la hora del crepúsculo, en mágicos reflejos.</p> + +<p>Morsamor había enviado esculcas y puesto atalayas, que debían renovarse +con frecuencia y vigilar de continuo para avisar la llegada de cualquier +enemigo y evitar una sorpresa. El terreno quebrado y áspero y los +intrincados y revueltos desfiladeros estaban tan próximos, que era +fácil, previo aviso de que llegaban fuerzas muy superiores, escapar a +toda persecución, refugiándose en las entrañas de la serranía.</p> + +<p>Confiado en esto, Morsamor hacía en el palacio larga parada, aguardando +la vuelta de Tiburcio.</p> + +<p>Era alta noche. Morsamor reposaba al lado de Urbási en la repuesta +alcoba. La tenue luz de una lámpara, que ardía en vaso de diáfana +porcelana, iluminaba suavemente el hermoso rostro y las gallardas y +juveniles formas de la mujer dormida.</p> + +<p>Morsamor se despertó y se puso a contemplarla extasiado. No acertando a +reprimir su admiración amorosa, se acercó con lentitud y cuidado, para +que ella no despertase e imprimió dos tiernos besos sobre los párpados y +largas pestañas de sus cerrados ojos. Aunque el toque de los labios de +Morsamor fue delicadísimo, sacudida Urbási como por una conmoción +eléctrica, volvió en su acuerdo, abrió los ojos, llenos de dulzura, miró +a su amante esposo y le estrechó afectuosamente en sus desnudos y +blancos brazos. La felicidad y la vehemencia del amor de ambos, no hubo +palabra articulada con que pudiera expresarse en aquel punto.</p> + +<p>Después, sostenida en el brazo derecho de Morsamor y reclinada en su +hombro, tras no breve pausa de silencio y reposo, Urbási con lánguida y +entrecortada voz, dijo a Morsamor casi al oído:</p> + +<p>—No; este amor invencible, fuerte, gigante, inmenso, no ha podido nacer +en mí, ni ha nacido de súbito. Antes de conocerte yo te presentía y te +amaba. Al verte por vez primera, recordé tu rostro y columbré su +semejanza en la nebulosa lejanía de tiempos pasados. Reminiscencias +confusas de una vida anterior se despertaron en mi alma. En tierras muy +remotas, nacida yo en humilde, en casi vil condición, te había amado y +había sido tuya. ¡Tú te avergonzabas de mí, cruel! Tú me abandonaste. +Morir fue mi sino, pero no quise morir desesperada. Entregué mi alma a +Smara, dios del amor, y él me hizo en pago la promesa de poseerte de +nuevo: de hacerme renacer, rica, noble y venerada para que no te +avergonzases de mí y mil veces más hermosa para que me amases mil veces +más que hasta entonces me habías amado. Dime, Morsamor, ¿no es cierto +que Smara ha cumplido su promesa?</p> + +<p>Al oír Morsamor las palabras de Urbási, retrajo a su memoria la imagen +de Beatricica y pensó tenerla allí presente y que ella le encadenaba +entre sus brazos y le besaba y le acariciaba. Como si hiriesen otra vez +sus oídos, percibió las palabras de la vieja gitana que le dijo en +Sevilla la buenaventura. Los cabellos de Morsamor se erizaron de +espanto. A pesar del contacto íntimo y delicioso de su prenda querida, a +pesar del tibio y grato mador de aquella piel, cuya tersura, suavidad y +fragancia envidiarían los pétalos de la magnolia y de la flor del loto, +Morsamor sintió el frío de la calentura y se santiguó maquinalmente. +Entonces recordó con horror que era católico cristiano, aunque apóstata +y réprobo.</p> + +<p>En aquel momento sonaron fuera de la alcoba voces, precipitados pasos, +ruido de armas y rechinar de puertas.</p> + +<p>Aquella sensación, que avisaba a Miguel de Zuheros un peligro presente y +real, disipó de su espíritu las sombrías imaginaciones, que sin duda una +muy natural coincidencia había creado. Natural era que Urbási, bajo el +influjo de las creencias religiosas, propias de su nación y de su casta, +se diese a entender que había transmigrado su alma, que en otras vidas +había amado a Morsamor, y que más tarde había renacido para volver a +amarle.</p> + +<p>Miguel de Zuheros desechó, pues, aquellos vanos pensamientos, se serenó, +recobró su brío indomable, se arrojó del lecho y se revistió a escape +las armas.</p> + +<p>Tomás Cardoso, teniendo de la pequeña hueste por ausencia de Tiburcio, +acudió a llamarle desde la puerta de la alcoba. Armado ya Morsamor, +salió a juntarse con Tomás Cardoso.</p> + +<p>Numerosa hueste enemiga había sorprendido y muerto a los descuidados y +dormidos atalayas, había invadido la selva y había cercado por todas +partes el edificio.</p> + +<p>A la luz del alba naciente, miró Morsamor por las ventanas en varias +direcciones, y por donde quiera vio guerreros indios capitaneados sin +duda por Balarán, el Brahmatma. No había medio de huir. Era inevitable +combatir hasta la muerte o hasta lograr milagrosa victoria.</p> + +<p>Los sitiadores dieron sin tardanza un furioso asalto por la fachada de +la quinta, pugnando por derribar la puerta. Morsamor y los suyos se +defendían con valor y con tino, causando en los sitiadores grande +estrago y haciendo repetidas veces que retrocedieran, poseídos de +terror.</p> + +<p>La puerta resistía aún al embate del enemigo; pero, en la previsión de +que pronto la derribase, Morsamor no vacilaba en defender sin reparo la +entrada abierta.</p> + +<p>A este fin, iba ya a descender al piso bajo del edificio, cuando oyó, en +el piso principal, angustiosos gritos y clamores. El enemigo había +entrado por una pequeña puerta, a espaldas del palacio, le había +invadido, y llenaba ya el piso en que Morsamor se hallaba. Entonces +acudió Morsamor a la defensa de Urbási, pero ya fue tarde. El mismo +Balarán, rodeado de sus más audaces satélites, había llegado donde ella +estaba, la había asido de un brazo e intentaba apartarla de aquel sitio +para acabar luego con Morsamor y los suyos sin que ella padeciese ni +peligrase.</p> + +<p>No como débil mujer, sino como fiera leona, se resistió Urbási al +propósito de Balarán, lanzando contra él enérgicas palabras de odio y +desprecio.</p> + +<p>En aquel punto apareció Morsamor donde Urbási pugnaba por que Balarán no +se la llevase consigo.</p> + +<p>—¡Sálvame, Morsamor!—dijo al verle—. ¡Amor mío, libértame de este +aborrecido tirano!</p> + +<p>El corazón del Brahmatma ardió en celosa ira, al ver a su rival y al oír +las amorosas palabras con que Urbási le llamaba.</p> + +<p>En su ciego arrebato, desnudó Balarán la daga que llevaba en el cinto y +se la hundió a Urbási en el seno, causándole instantánea muerte.</p> + +<p>Atónitos, estupefactos quedaron los de uno y otro bando, al ver caer a +Urbási desplomada en el suelo.</p> + +<p>Con ímpetu irresistible se lanzó Morsamor contra Balarán, yendo a su +lado Tomás Cardoso y otros ocho valientes, que arrollaban o derribaban +cuanto obstáculo se les oponía. Así llegó Morsamor hasta donde se alzaba +Balarán con la sangrienta daga en la diestra y tomó rápida venganza, +atravesándole el cuerpo con su espada.</p> + +<p>La gente de Morsamor le defendía a un lado y a otro, rechazando a los +indios. Morsamor pudo entonces asir de la barba al muerto Brahmatma y +arrastrarle hasta la ventana principal del edificio. La abrió, sin temer +el diluvio de flechas que le dispararon; alzó a Balarán en sus brazos +para que los de su bando le vieran, y en seguida, con titánica fuerza, +arrojo por el aire el cuerpo inerte, que dio tremendo golpe en el +despejado o en el claro abierto por la gente de guerra al apartarse +horrorizada.</p> + +<p>En los primeros instantes que a la venganza de Morsamor se siguieron, +parecía que Morsamor iba a triunfar por raro prodigio de su feroz +valentía.</p> + +<p>Los que habían entrado en el edificio con Balarán huyeron al verle +muerto. Volvió a cerrarse la puerta por donde habían entrado. La +posición de Morsamor y de los suyos parecía inexpugnable, merced a su +desesperada resistencia y a la consternación de unos contrarios sin +caudillo.</p> + +<p>Pronto, no obstante, se rehicieron estos, fiados en su muchedumbre y +aguijoneados por la vergüenza y por el deseo de que la muerte de Balarán +no quedase impune.</p> + +<p>No era como el alcázar de Benarés el edificio en que Morsamor se +refugiaba. Apenas se había empleado la piedra para construirle, sino la +madera, tan abundante en la selva que en torno se extendía. Allí era +fácil de conseguir el incendio, y el incendio era el medio más seguro de +vencer sin sacrificar muchas vidas.</p> + +<p>Gran número de sitiadores, con actividad diligente, solícita, casi +frenética, allegó y trajo leña y hojas secas, y, formando con ellas +enormes montones y altos rimeros, las arrimó a las puertas y a las +paredes. Los sitiadores más decididos prendieron fuego por varios +puntos, y, favorable el viento a su intención, estimuló el fuego +soplando. Rojas llamas se levantaron lamiendo y escalando los muros. +Negra y espesa humareda envolvió el edificio como en velo enlutado de +fúnebres crespones.</p> + +<p>Nada había advertido Morsamor. Satisfecha en Balarán su venganza, daba +rienda suelta a su pena, abrazado al cuerpo inerte de Urbási, +cubriéndole de besos y de lágrimas y anhelando hacerle revivir con su +aliento.</p> + +<p>Tomás Cardoso y los demás aventureros tuvieron que apartarle de allí, +bajándole casi en volandas hasta la puerta principal del edificio. Era +menester salir fuera, abrirse paso o morir hiriendo y matando, si no +querían todos perecer ahogados por el humo o devorados por las llamas.</p> + +<p>Morsamor se repuso de su doloroso desfallecimiento, hizo abrir la +puerta, que ya empezaba a arder, y con heroica furia se abalanzó contra +los sitiadores.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XXVIII" id="XXVIII"></a>-XXVIII-</h2> + + +<p>Aunque Morsamor parecía invulnerable y aunque los cincuenta hombres que +permanecían vivos bajo su mando eran diestros y prodigiosamente +valerosos, todos sin duda iban a perecer allí peleando contra un +ejército. No peleaban por la victoria. No peleaban por la salvación en +la fuga. Peleaban sólo para vender caras sus vidas. Caras las vendían, +en efecto, pero Morsamor notaba con angustia compasiva que sus fieles y +devotos amigos iban cayendo también.</p> + +<p>De súbito el ronco clangor de retorcidas y bárbaras trompetas estremeció +el ambiente. Mil y mil gritos salieron de las bocas de los indios, +medrosos y aterrados. Morsamor y los suyos vieron con sorpresa que sus +contrarios, en confuso desorden, huían a la desbandada, tiraban las +armas para correr con mayor ligereza y buscaban refugio y escondite en +lo más intrincado del bosque, ya que no en las entrañas de la tierra.</p> + +<p>¿Qué poder misterioso acudía en auxilio de Morsamor? No tardaron en +aparecer los imprevistos auxiliares. Venían en ligeros caballos. Eran +guerreros, de fea y terrible catadura, armados de largas lanzas, de +agudas flechas y de flexibles arcos. En sus rostros, casi imberbes, +aunque varoniles y fieros, resplandecía, sobre el amarillo obscuro de la +tez curtida, la exultación alegre del triunfo. Sus pómulos eran +salientes, gruesos sus labios y la nariz aplastada, oblicuos y pequeños +sus ojos, y negras las ralas cerdas del largo bigote, y negros los +cabellos que pendían lacios sin ondas ni rizos. Cubrían sus cabezas +gorras de hirsutas pieles, envolviendo capacetes de cobre, y sostenidas +por barbuquejos de lana cuyas extremidades flotaban sobre el pecho.</p> + +<p>Extraordinaria fue la sorpresa de Morsamor cuando vio en medio de esta +tropa, que parecía fantástica legión de demonios, a su doncel sutil +Tiburcio, que venía como guiándola y capitaneándola, más gallardo y +gentil que nunca.</p> + +<p>Fugados o muertos los indios, Tiburcio llegó donde estaba Morsamor y le +estrechó en sus brazos. Algunos de los al parecer más importantes +soldados de su extraña tropa desmontaron de los caballos, lanzaron +aullidos, en señal de alabanza, admiración y júbilo, alzaron a Morsamor +en hombros, y se apartaron del palacio que el voraz incendio ya +consumía. Hicieron luego que Morsamor y los suyos montasen todos a +caballo, y con profundo acatamiento y pompa triunfal se pusieron en +marcha.</p> + +<p>Tiburcio cabalgaba al lado de Morsamor y se lo explicó todo.</p> + +<p>Aquellos hombres eran los mongoles. Babur, su monarca, apaciguados ya +sus vastos dominios, había caído como el rayo sobre la India. Acababa de +reconquistar a Lahor y se había apoderado luego de Delhí y de Benarés, +la ciudad santa, donde le habían dicho que Balarán se había declarado +Brahmatma. No encontró allí a Balarán y salió en su busca, a fin de +vencerle y de vencer su ejército. Internado Balarán en la selva, Babur +hubiera tardado en encontrarle o no le hubiera encontrado, si Tiburcio, +acertando a presentarse ante él, no se hubiera ofrecido a servirle y no +le hubiera servido de guía.</p> + +<p>Muerto Balarán, y sabiendo ya Babur por sus esculcas las apenas creíbles +hazañas de Miguel de Zuheros, iba, según anunciaba Tiburcio, a recibirle +con palmas y laureles.</p> + +<p>Cualquiera otro héroe, no atormentado del dolor más acerbo, hubiera +tenido por altamente dichoso el éxito de aquella jornada y se hubiera +enorgullecido de las distinciones honrosas de que colmó Babur a Miguel +de Zuheros cuando este llegó a su presencia.</p> + +<p>Babur quiso tomarle a su servicio, pero Morsamor se excusó cortésmente, +alegando su honda melancolía y afirmando que su destino le llamaba por +muy distinta senda y que él no podía menos de acudir a su misteriosa +vocación y de cumplir las órdenes del destino.</p> + +<p>Tiburcio de Simahonda, Tomás Cardoso y cuarenta aventureros portugueses, +que sobrevivieron a la batalla, acompañaron a Morsamor, y cargados de +presentes y riquezas se separaron de Babur y de sus mongoles.</p> + +<p>Babur dio a Miguel de Zuheros una áurea lámina, como la que Kubilai-Kan +había dado a Marco Polo, para que le sirviese de salvoconducto o +pasaporte por donde quiera que fuese. En el oro de la lámina estaban +grabadas, en caracteres mongólicos, las más encarecidas recomendaciones, +autorizado todo ello por la firma de Babur y por su regia marca.</p> + +<p>Como curioso accidente, que no debe omitirse aquí, haremos constar que +la tropa de Morsamor partió reforzada por seis mongoles que se +resolvieron a seguirle, movidos de afecto a España y de vivo deseo de +ver aquella tierra distante. No parecerá el caso inverosímil si decimos +que dos de los mongoles se apellidaban Pérez, dos Fernández y Jiménez +otros dos. Aunque confusa y enmarañadamente, los seis presumían de +buenos cristianos, y todos eran tataranietos de tres elegantes y lindos +escuderos de Castilla, que habían acompañado a Ruy González de Clavijo +cuando visitó a Tamerlán como Embajador de Enrique III. Tres señoronas +de la corte de Samarcanda, tan encopetadas como antojadizas, se habían +prendado de los escuderos susodichos, se habían casado con ellos, +reteniéndolos en el centro del Asia, y de tales enlaces procedían los +Pérez, los Fernández y los Jiménez, de cuyo patriótico atavismo aquí +damos cuenta.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XXIX" id="XXIX"></a>-XXIX-</h2> + + +<p>Transida el alma de dolor por el trágico fin de Urbási y por la +mortífera lucha que había sostenido, Morsamor huyó de la India, como +para librarse de los malos espíritus que le acosaban y le atormentaban. +Como Orestes, perseguido por las Furias, caminaba Morsamor sin saber +casi hacia dónde caminaba. Confiado en él y en su ventura, le seguía su +valiente tropa. Tiburcio solía cabalgar junto a él y procuraba +consolarle y entretenerle con pláticas amenas y con juiciosas +reflexiones.</p> + +<p>—El mal y el bien—dijo una vez—, la próspera o la adversa fortuna +carecen a menudo de ser real y dependen de nuestro modo de entender las +cosas. De aquí que yo pueda afirmar razonablemente que tú no debes +quejarte de tu suerte, sino tenerla por próspera. El problema más +difícil que hay que resolver, la suerte te le dio resuelto desde el +principio. En la más penosa e ingrata tarea en que los hombres tienen +que emplearse no te has empleado tú, pudiendo elevarte así sin estorbo +hasta una posición donde tanto la felicidad como la infelicidad tienen +superior magnitud a las del vulgo de los mortales.</p> + +<p>—Cada día me convenzo más—interrumpió Morsamor—del fundamento y de la +justicia, con que te llamo doncel sutil. Tales son en este momento tus +sutilezas, que no las entiendo.</p> + +<p>—Pues préstame atención y óyeme—replicó Tiburcio—y ya verás, cuán +bien me entiendes y cuán claro me explico. Por la generosidad primero y +por la alquimia del Padre Ambrosio, y más tarde por lo mucho que hemos +garbeado en guerras, saqueos y batallas, no somos pobres, sino ricos. A +lomo de unas cuantas mulas traes contigo un tesoro de despojos; oculta +en bolsa de cuero, bajo el sayo y pegada a tu carne, llevas gran +cantidad de piedras preciosas, de tal valor algunas que podrías, +vendiéndolas, adquirir con su precio la mitad de Castilla, o restaurar +en todo su esplendor a Medina del Campo, que el ejército fiel a nuestro +monarca Carlos de Gante, robó y asoló casi en los mismos días en que nos +escapamos nosotros del convento en busca de aventuras. Te hallas, pues, +y te has hallado desde que te escapaste en posición muy ventajosa. La +mayoría de los hombres consumen la vida en ganarse la vida, y, como se +la ganan perdiéndola y gastándola, no les queda vida de sobra ni para +amar, ni para deleitarse, ni para trazar heroicos planes y realizarlos +luego, ni para otros mil asuntos que debemos calificar de lujo y de +poesía. La gente humilde y trabajadora, los ganapanes y +destripaterrones, que sudan y se afanan para procurarse el sustento, son +como las orugas y como los míseros gusanos, que se arrastran con +lentitud, que se esconden entre el follaje, y que no pueden ejercer otra +función sino la de nutrirse, mientras que tú y otros como tú, siempre +bien nutridos y exentos de tan ruin cuidado y de menester tan vil, sois +como las mariposas, que desplegáis a la luz del sol los nítidos colores +de vuestras alas, que voláis entre las flores, que libáis el néctar de +sus cálices y que gozáis de amor y de gloria.</p> + +<p>—Algo de verdad hay en lo que afirmas—dijo Morsamor—. No carezco de +riquezas. Además de las que llevo conmigo, tengo confiadas no pocas al +fiel y cauto Gastón Vandenpeereboom. Puedo con desahogo aventurarme en +las más altas empresas. Y sin embargo, me considero tan infeliz que +preferiría volver a ser un pobre fraile, despreciado, viejo y enfermizo, +o ser un ruin y hambriento pordiosero.</p> + +<p>Ingeniosamente impugnó Tiburcio estas razones, manifestando que el +pordiosero y el fraile, sobre ser desvalidos y menesterosos, lo cual no +es chica pena, pueden padecer además tormentos insufribles.</p> + +<p>—¿Has olvidado, acaso—concluyó Tiburcio—, cuánto te atormentabas en +el claustro? No me parecías allí virtuoso penitente, ministro del +Altísimo, sino energúmeno o criatura poseída de un enjambre de demonios.</p> + +<p>Así cuidaba Tiburcio de consolar a Morsamor, no probando que era +dichoso, sino tratando de probar que otros habían sido más desdichados.</p> + +<p>Poco a poco, y aunque algo a la ventura, con el propósito de llegar al +grande imperio del Catay, nuestros viajeros se internaron por tortuosas +y revueltas cañadas, que a cada instante se tornaban más ásperas y +solitarias. Por donde quiera breñas, matorrales y riscos, y con +frecuencia despeñaderos medrosos, en cuyo borde resbaladizo se +desenvolvía la apenas trazada senda que iba hollando.</p> + +<p>El horror y la esquividad del paisaje crecían a cada paso. Hasta los más +audaces se asustaban y anhelaban volver atrás. La terca persistencia de +Morsamor y el respeto que Morsamor infundía los forzaba a seguir +adelante. Con prudente cautela, y como por milagro, lograban que no +tropezasen los caballos y las mulas en aquellos vericuetos y que no +cayesen rodando en hondo precipicio con el jinete o con la carga que +llevaban. Más propios de cabras monteses que de hombres eran aquellos +sitios. Podría asegurarse que jamás se había estampado en ellos la +planta humana. Era terreno desconocido, por donde, si lograban +atravesarle, llegarían sin duda a no menos desconocida e inexplorada +comarca.</p> + +<p>La vereda daba innumerables rodeos. A veces iba en muy pendiente cuesta +abajo, pero más a menudo se elevaba en cuesta no menos pendiente. Los +cerros, a un lado y a otro, parecían ir creciendo. En sus enhiestos +picos relucía el hielo perpetuo. La amontonada nieve bajaba hasta no muy +lejos del camino, si era camino el desfiladero, cada vez más angosto, +por donde marchaban.</p> + +<p>Lo terrible de aquella peregrinación estaba por cima de todo +encarecimiento cuando la noche envolvía en sus tinieblas a los viajeros.</p> + +<p>Una noche, por último, fue indescriptible la angustia de todos. A pesar +de la densa y casi impenetrable obscuridad, sintieron que se hallaban en +una grande altura; que los cerros, por medio de los cuales habían +caminado, quedaban atrás; que a un lado y a otro se les abría despejado, +extenso horizonte; y que, delante de ellos, o descendía la senda, con +inclinación que la hacía intransitable para hombres y para bestias de +carga, o se convertía en despeñadero o abismo. Allí se pararon +aguardando ansiosos el día y acurrucados bajo algunas tiendas de campaña +que un viento frío e impetuoso amenazaba derribar y que los amedrentaba +con siniestros silbidos.</p> + +<p>Larga como un siglo se les antojó aquella noche, pero el alba perezosa +vino al cabo a disipar las sombras, a dorar las nubes, a teñir el cielo +de azul y de púrpura y a impregnar el aire en claridad luminosa.</p> + +<p>Extraordinarias fueron la sorpresa y la alegría de los peregrinos cuando +vieron extenderse a sus pies, desde la elevación en que se hallaban, la +más amena, fértil y bien cultivada llanura que imaginarse puede. La vega +deleitosa estaba regada por dos ríos y por muchos arroyos y acequias de +agua cristalina. Se veían huertos, sembrados, y muy elegantes jardines. +Bien cuidadas sendas iban de un lugar a otro, entre dos hileras de +árboles copudos y umbríos. Los frutales más preciosos se ostentaban en +las huertas. Se distinguían bien los muros, palacios, templos y +monumentos de una muy hermosa ciudad; y más cerca, casi al pie de la +sierra, un edificio amplísimo, a modo de suntuoso monasterio, tal por su +esplendor y grandeza, que nada en la mente de los viajeros se le +igualaba en España ni en Portugal, ni en la propia Samarcanda, aunque +ellos magnificasen con el afectuoso recuerdo la esplendidez de lo que +cada cual había visto y admirado en su patria.</p> + +<p>La cuestión ahora era bajar hasta la vega desde la enriscada cumbre o +viso en que estaban. Harto se afanaron por conseguirlo, pero lo +consiguieron al fin dando muchas vueltas y describiendo muchas eses, +para no despeñarse por los tajos de aquella agria ladera.</p> + +<p>Ya casi en lo llano, se hallaron en un verde soto, en medio de frondosos +y gigantescos árboles, y por cuyo centro se precipitaba caudaloso +arroyo, dando saltos y formando copos de rizada y cándida espuma sobre +el haz de sus agitados cristales.</p> + +<p>Muchas aves había por allí que ya trinaban alegres, ya volaban de rama +en rama, sin el menor recelo de los hombres. Francolines de vistosas +plumas corrían en bandadas.</p> + +<p>Tomás Cardoso, que era gran cazador, no pudo resistir a su deseo de +matar el que le pareció más grueso y más cercano. Disparó una flecha, y +el pájaro cayó herido a poca distancia.</p> + +<p>Entonces salió de la espesura un viejo, algo encorvado por la edad, que +parecía llegar a cien años, y con airado acento censuró la cruel +conducta de Tomás Cardoso y hasta le amenazó con un castigo. Con burla y +desprecio respondió el portugués al pobre anciano y dirigió sobre él el +caballo para asustarle. Mas, ¡oh raro prodigio!, el viejezuelo alzó en +el aire el báculo en que se apoyaba y dirigió la contera hacia el +caballo que sobre él venía. El caballo dobló al punto las rodillas y +bajó la cabeza hasta el suelo, como para besarle con humildad. Aquellos +movimientos fueron tan rápidos, y fue tanto el descuido de Tomás +Cardoso, por no preverlos, que el caballo le botó de la silla y le apeó +por las orejas, excitando el caído la risa de sus compañeros a pesar del +asombro que el sobrehumano poder del viejo les había causado.</p> + +<p>Se adelantó entonces Tiburcio, y, sirviendo de intérprete, en vulgar +dialecto indostaní, preguntó al viejo quién era él y en qué país se +hallaban ellos.</p> + +<p>El viejo contestó al punto en un idioma de cuyos vocablos no sabían uno +siquiera ni Tiburcio, ni Morsamor, ni ninguno de los que iban +acompañándolos.</p> + +<p>Pero esto fue lo más raro y maravilloso. Ni Tiburcio, ni Morsamor, ni el +más rudo de los allí presentes dejó de entender lo que el viejo decía, +como si a cada uno en su patria lengua le hablase.</p> + +<p>El viejo les dijo:</p> + +<p>—Os hago saber que yo soy ayuda de cámara, secretario o fámulo del muy +egregio señor Sankarachária. Gracias a él, y comunicados por él, poseo +varios importantes dones. Es uno de ellos el de adivinar los +pensamientos ajenos, y es otro el de sugestionar o infundir los +pensamientos propios en las ajenas mentes sin valerme del auxilio de la +palabra y del intermedio de los sentidos corporales. Os he escuchado y +os he hablado por costumbre y rutina y para no faltar al uso corriente, +pero sin hablar entiendo y me hago entender y así continuaremos nuestra +conversación. Os digo con franqueza que no comprendo cómo habéis podido +llegar hasta aquí. Mi amo me lo explicará todo, porque todo lo sabe. +Ahora conviene que os lleve a su presencia. Es cortés y benigno; +perdonará vuestra audacia y os recibirá amistosamente. Seguidme y os +serviré de guía.</p> + +<p>Dicho esto, volvió la espalda, empezó a andar y todos le siguieron.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XXX" id="XXX"></a>-XXX-</h2> + + +<p>No tardaron mucho en hallarse a la vista de un edificio tan suntuoso, +grande y de tan florido estilo, que en su comparación, parecía miserable +choza, la casa más capaz y elegante de Padres Jesuitas, sin exceptuar la +que tienen en Loyola. Sobre la puerta principal había una inscripción en +gruesas letras de oro. Como ya estaban todos sugestionados por el +fámulo, aunque la inscripción estaba en sánscrito, la leyeron y +entendieron, como si estuviese en portugués o en castellano. La +inscripción decía: <i>Cenobio de la jubilación varonil</i>.</p> + +<p>El fámulo aclaró el concepto de esta suerte:</p> + +<p>—Los señores que aquí viven, son los señores más sabios que hay en el +mundo. Con su exquisito régimen higiénico, con su dieta herbívora, y con +su prudente y morigerada conducta, prolongan mucho la vida. Aquí no +contamos por decenas sino por docenas. El término natural y ordinario de +la existencia, es aquí de una gruesa de años o dígase de ciento cuarenta +y cuatro. Cuando alguien por accidente muere antes, decimos que se +malogra. Siete son los principios o elementos que en armonioso conjunto +constituyen el ser humano. El número siete es simbólico y posee no pocas +virtudes. Según nuestra Constitución social y política, histórica y +filosófica, interna y externa, la vida de acción acaba en cada individuo +cuando este cumple siete docenas de años. El día en que los cumple, es +el día de su jubilación y él se retira a este <i>Cenobio</i> y pasa de la +vida activa a la vida contemplativa.</p> + +<p>Así, el fámulo iba enterando de todo a Morsamor y a su tropa. Y gracias +a la sugestión, no sólo les daba noticias, sino que también les inspira +sanos, juiciosos y vehementes deseos. El de bañarse, fregarse y +escamondarse, fue el primero que les inspiró, y para que le lograsen, +como le lograron, los introdujo en unas maravillosas termas, donde +brochas y suaves cepillos automáticos los ungieron con aromático y +espumoso jabón y les dieron gratas y purificantes fricciones. Recibieron +luego duchas de agua perfumada, se secaron con finísimas sábanas de lino +y quedaron como nuevos de puro lustrosos. Todos parecían más guapos y +más jóvenes que antes. Al revestirse, notaron con agradable pasmo que la +ropa interior había sido lavada y planchada, (permítaseme lo familiar de +la expresión) en un periquete, y que asimismo olía muy bien, gracias a +un exquisito sahumerio. Los coletos, los gregüescos, las calzas y demás +ropilla exterior todo se había limpiado, quedando muy decente y +desapareciendo las manchas sin el empleo de la bencina ni de otras +sustancias apestosas.</p> + +<p>El fámulo les dijo que era muy conveniente que ellos se presentasen de +un modo decoroso ante el señor Sankarachária.</p> + +<p>Los llevó enseguida a un bonito y capaz refectorio, donde almorzaron +sutiles extractos, que paladeaban y saboreaban con raro deleite y que +eran tan nutritivos y tan poco groseros, que bastaba para alimentar y +satisfacer a un jayán, lo que cabe en una jícara de chocolate.</p> + +<p>A todo esto, Morsamor y los suyos notaban con extrañeza que no aparecía +nadie y que el <i>Cenobio</i> estaba como desierto. Adivinó el fámulo lo que +pensaban y aclaró el caso de este modo:</p> + +<p>—No quiero que andéis maravillados y suspensos al ver esta mansión +desierta. En ella no hay en este momento sino otros pocos fámulos como +yo, retirados sin duda, cada uno en su celda. Los señores han salido +todos. No volverán hasta tres horas después de mediodía, porque hoy +tienen <i>Recordatorio galante</i>.</p> + +<p>Impaciente Morsamor por averiguar lo que aquello significaba, +interrumpió al viejo preguntándole:</p> + +<p>—¿Y qué <i>recordatorio</i> es ese?</p> + +<p>—El <i>Recordatorio galante</i>—contestó el viejo—consiste en la costumbre +que tienen los señores de ir una vez por semana al cercano <i>Cenobio de +la jubilación femenina</i>, donde las señoras ancianas, dulces compañeras +de su mocedad, los reciben de visita, los agasajan con un delicado +banquete, recuerdan con ellos los juveniles gozos y hasta cantan y +bailan y huelgan y se entretienen, si bien con la majestad, el entono y +el sereno juicio que importan en la edad madura.</p> + +<p>Paseando por los alrededores del <i>Cenobio</i> y admirando los vergeles que +le circundaban, estuvieron Morsamor y su gente hasta que pasaron las +horas del <i>Recordatorio</i> y volvieron al <i>Cenobio</i> los señores ancianos.</p> + +<p>Cosa de encanto les pareció el verlos venir. Con pausa solemne venían en +dos hileras, como dos centenares de venerables viejos, vestidos de +largas, flotantes y cándidas vestiduras. Todavía eran más cándidos y +relucientes sus cabellos levemente rizados y sus luengas y bien peinadas +barbas. Al andar, se apoyaban algunos en dorados báculos. Otros traían y +tocaban arpas, violines y salterios. Guirnaldas de verdura y de flores +ceñían las sienes de todos aquellos ancianos.</p> + +<p>El fámulo, que para verlos pasar se había echado a un lado con los +forasteros, dijo a estos cuando llegó frente de donde estaban el viejo +tal vez de mayor estatura y de más gravedad y belleza de rostro.</p> + +<p>—Ese es mi amo, el señor Sankarachária. Trae, como veis, una guirnalda +de hiedra y de violetas, con que le ha coronado hoy su esposa, para +simbolizar el púdico, modesto y apretado lazo con que siempre la tuvo +ceñida y prendida.</p> + +<p>Al son de los instrumentos músicos, venían todos cantando, con deliciosa +melodía, un himno del <i>Rig-Veda</i>, del que Morsamor comprendió +milagrosamente y conservó en la memoria, no sabemos si con entera +fidelidad, las siguientes estrofas:</p> + +<div class="blockquot"><p>«Áureo germen de luz apareciste al principio. Soberano del mundo +llenaste la tierra y el cielo. ¿Eres tú el Dios a quien debemos +ofrecer holocausto?».</p> + +<p>«Tú das la vida y la fuerza. Los otros dioses anhelan que los +bendigas. La inmortalidad y la muerte son tu sombra. ¿Eres tú el +Dios a quien debemos ofrecer holocausto?».</p> + +<p>«Las montañas cubiertas de nieve y las agitadas olas del mar +anuncian tu poderío. Tus brazos abarcan la extensión de los cielos. +¿Eres tú el Dios a quien debemos ofrecer holocausto?».</p> + +<p>«Tú iluminas el éter. Tú afirmas la tierra y difundes la claridad +por entre las nubes. Cielo y tierra te miran temblando a ti que los +criaste. De tu radiante cabeza nace la aurora. Sobre las aguas que +engendraron la luz primera y que se precipitan en el abismo, +tiendes tú la serena mirada. Sobre todos los númenes te elevas cual +Dios único. ¡Oh custodia y faro de la verdad! ¿Eres tú el Dios a +quien debemos ofrecer holocausto?».</p></div> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XXXI" id="XXXI"></a>-XXXI-</h2> + + +<p>Como los sabios ancianos venían algo fatigados de la inocente huelga que +habían tenido, el fámulo dejó que reposasen y durmiesen la siesta un par +de horas, y luego llevó a Morsamor y a los suyos a la presencia del +señor Sankarachária, quien los recibió con distinguida afabilidad y +extremada finura.</p> + +<p>Ya sabía Morsamor por el fámulo que el señor Sankarachária era el +escritor más notable que había entonces en el <i>Cenobio</i> y en toda +aquella República. Los libros que había compuesto y que componía, eran +epítomes o brevísimos compendios, en estilo llano, para poner al alcance +del vulgo los más útiles conocimientos. Por el método, orden y nitidez +de la exposición, ensalzaba el fámulo, entre dichos libros, los que se +titulan <i>Tattva Bodha, Conocimiento de la existencia; Atma Bodha, +Conocimiento de yo (Dios)</i>; y <i>Viveka Chudamani, El Paladión de la +sabiduría</i>.</p> + +<p>—Aunque estos libros—añadía el fámulo—son sólo rudimentos y +preparativos para iniciación más alta, nadie consiente por acá que se +comuniquen a los europeos, cuya inteligencia carece de la sólida madurez +que para comprenderlos se requiere. Sólo dentro de tres siglos y pico, +podrán ser y serán traducidos, leídos y semi-comprendidos en Europa por +algunas pocas almas excepcionalmente superiores.</p> + +<p>Ya conjeturará el lector de la singular historia que vamos escribiendo, +el mar de confusiones en que un espíritu tan escéptico y tan crítico, +como el de Morsamor, hubo de engolfarse y hasta de anegarse al ver y al +oír tan estupendas cosas.</p> + +<p>—¿Qué diantres de personajes serán estos viejos?—se preguntaba él +cavilando—. ¿Serán en realidad profundamente sabios, estarán de buena +fe, llenos de vanidad y de soberbia por la comodidad y el regalo con que +viven, gracias a sus envidiables inventos o habrá en ellos algo de +embaucadores y de farsantes?</p> + +<p>Así discurría Miguel de Zuheros, pero se callaba y ni al doncel sutil +confiaba su discurso. De todos modos, Miguel de Zuheros sentía muy +picada su curiosidad y anhelaba investigar y averiguar más de lo que ya +sabía por el fámulo. Y como el señor Sankarachária era muy conversable y +muy fino, procuró charlar con él, lo consiguió fácilmente y le interrogó +sobre diversos puntos. De las contestaciones que obtuvo el sabio viejo, +hemos podido recoger aquella parte que por ser menos profunda está más a +nuestro alcance y vamos a ver si acertamos a transcribirla clara y +fielmente.</p> + +<p>—El <i>ocultismo</i>—dijo Morsamor—no acaba de justificarse a mis ojos. +¿Por qué escondéis avara y egoístamente vuestra ciencia, si vuestra +ciencia es buena y puede hacer a los hombres, mejores y más dichosos?</p> + +<p>—No transmitimos nuestra ciencia—respondió el sabio viejo—porque lo +esencial de ella es intransmisible. Cada ser humano la crea en sí y para +sí, sumergiéndose en el abismo de su propia alma, con intuición sólo +eficaz cuando el alma está ya purificada y educada, exenta de egoísmo, +libre de pasiones, apetitos y concupiscencias vulgares y apta para +entrar en el santuario íntimo de la conciencia suprema, donde todo es +uno, el conocer, el que conoce y lo conocido. Para adquirir esta +indispensable previa aptitud, jamás basta una sola vida. Sólo puede +conseguirse después de muchas <i>reincarnaciones</i>.</p> + +<p>—¿Sabes tú—preguntó Morsamor—por cuántas has pasado ya?</p> + +<p>—Mi <i>clarividencia</i>, en este punto, no es completa todavía—replicó el +anciano—; pero entreveo y percibo en la penumbra confusa de mis +recuerdos <i>ultranatales</i> que he muerto y renacido ya treinta veces en +esta mansión terrenal. Y todavía sé poco y todavía para seguir +estudiando tendré que morir y que renacer dos o tres veces más antes de +alcanzar el <i>nirvana</i>.</p> + +<p>—¿Y qué es el <i>nirvana</i>?—dijo Morsamor.</p> + +<p>Declárartelo bien—contestó el viejo—implicaría dos cosas tan difíciles +que rayan en lo imposible. Es la primera que si lo supiese yo, yo +estaría ya en el <i>nirvana</i> y sería omnicio o digase conocedor de cuanto +ha sido, es y será; del sujeto, del objeto y de la síntesis en que se +enlazan e identifican, siendo todo y uno y disipándose las aparentes +ilusiones que distinguen, individualizan y separan. Y es la segunda que, +aun poseyendo yo tan alta bienaventuranza, no hallaría para transmitirte +su concepto medio alguno de expresión en lenguaje humano, ni tampoco en +la sugestión directa y pura. Por ahora, reprime tu curiosidad y +aguántate sin saber lo que es el <i>nirvana</i>. Acaso, dentro de algunos +siglos, cuando subas a vida más alta, trasluzcas o columbres lo que es.</p> + +<p>Morsamor se resignó porque no había otro remedio; mas para consolarse +hizo preguntas menos trascendentes.</p> + +<p>—Aunque lo más substancial y elevado de vuestra ciencia sea +intrasmisible, todavía no me explico y deploro que viváis tan aislados +en este esquivo rincón del mundo, sin influir en las andanzas del humano +linaje, y sin enseñar a alguien que no sea de los vuestros, ya que no lo +más elemental de vuestra ciencia, el método o camino que a ella conduce.</p> + +<p>—Tu suposición es infundada—dijo el anciano—. Nosotros distamos mucho +de vivir aislados. Desde hace miles de años estamos en comunicación y +tenemos trato con no pocos espíritus selectos, aun de los que han vivido +y viven más lejos de aquí. Nosotros les hemos comunicado generosamente +algo de lo que sabemos y podemos comunicar. Sobre todo, hemos sido +dadivosos, espléndidos, con aquellos que han logrado penetrar hasta aquí +y hacernos una visita. Uno de los primeros que vino a vernos desde +Europa fue Pitágoras de Samos, y a nosotros se nos debe no pequeña parte +de su sistema filosófico. A despecho de nuestra prudencia y de nuestra +ancianidad, he de confesarte que pecamos por un exceso de galantería, y +siempre que aparece en nuestra tierra alguna dama extranjera de +distinción y aficionada a saber, la recibimos con finísimas atenciones y +hacemos cuanto está a nuestro alcance para ilustrarla. Valgan como +ejemplo la famosa Sibila Eritrea y más aun la linda hija de un honrado +<i>lucumon</i> etrusco que vino acompañándola. Ella cautivó de tal suerte con +su gentil presencia y con su mucha discreción a nuestros antepasados, +que consiguió la dotasen de pasmosa sabiduría. Cuando volvió a Italia +con su señor padre, se prendó de cierto reyezuelo de un pequeño Estado, +tuvo con él frecuentes coloquios y le dio tan sanos consejos y le +inspiró tan admirables leyes, que su ciudad, única en la historia, se +enseñoreó de lo mejor del mundo y fundó hasta hoy el más persistente de +los imperios. Ya comprenderás que hablo de Egeria, la ninfa inspiradora +de Numa. Otros peregrinos se han presentado por aquí, que se han +aprovechado muy mal de nuestras generosas lecciones, moviéndonos a +arrepentirnos de habérselas dado. No se han servido de ellas con el +desinterés y la abnegación indispensables para que den buen fruto, sino +con malvado egoísmo, para engañar al prójimo y seducirle. Cuando esto +ocurre, la magia blanca o <i>rajah yoga</i> que nosotros aprendemos y +transmitimos, se malea y se tuerce, y convertida en <i>hatha yoga</i> o magia +negra, suele hacer mil estragos como si fuese obra de los númenes +infernales. Entre estos peregrinos que nos han dado chasco, te citaré a +Simón el Mago, a Apolonio de Tiana, a Máximo de Efeso, consejero de +Juliano el Apóstata, y por último, al encantador Merlín, a quien +consideran en Europa como hijo del diablo, lo cual no hay para qué decir +que es absurda mentira.</p> + +<p>—¿Pero es menester—preguntó Morsamor—llegar a estos sitios para +participar de vuestra sabiduría?</p> + +<p>—En manera alguna—dijo Sankarachária—. Los más aprovechados e +iluminados de entre nosotros, poseemos la facultad de entendernos, si +queremos, con las personas que están más distantes. Nuestro cuerpo +material y pesado es como la creación de nuestro cuerpo etéreo y +plasmante, cuya ligereza raya casi en ubicuidad. Nosotros podemos +desprender del cuerpo material y pesado dicha forma etérea, mal llamada +cuerpo, recorrer con ella inmensas distancias, filtrarnos o colarnos por +cualquier resquicio en la más severa clausura y conversar a todo nuestro +sabor con nuestros amigos y adeptos. Así nos comunicamos y entendimos, +hace ya sobre poco más o menos veintidós siglos, con el príncipe +Sidarta, entrando en el hermoso palacio de Kapilavastu, donde su padre +Sudhodan, rey de los sakias, le tenían encerrado. Con nuestras +amonestaciones y consejos fomentamos su vocación e ilustramos su +nobilísimo espíritu. Bien podemos, pues, jactarnos de haber influido en +que se fundase una religión que en el día profesan más de cuatrocientos +millones de seres humanos.</p> + +<p>—¿Y habéis tratado y seguís tratando de la misma suerte a algunos +sabios europeos, yendo vosotros de visita donde ellos residen?</p> + +<p>—¿Y cómo no?—contestó Sankarachária—. Yo tengo y visito así a varios +amigos de Europa. Uno de ellos, suizo de nación, médico excelente y +filósofo de raro y agudísimo ingenio, está avecindado en Basilea, y es +generalmente conocido con el nombre de Paracelso; otro, no menos +singular, se llama Cornelio Agripa, natural de Colonia, en las orillas +del Rhin; otro, que tiene más fama de brujo que los demás, y dicen que +va siempre acompañado de un diablo en figura de paje, lo cual ya +comprenderás que es una patraña, se llama el doctor Juan Fausto; y otro, +por último, con quien estoy yo en más frecuentes y cordiales relaciones, +vive ahora junto a Sevilla, en un convento en la margen del +Guadalquivir, y se llama el Reverendo Padre Fray Ambrosio de Utrera.</p> + +<p>Suspenso y como turulato se quedó Morsamor al oír en boca de +Sankarachária el nombre de su benéfico amigo.</p> + +<p>—Entonces—exclamó—sabrás quién soy yo. El Padre Ambrosio te lo habrá +contado todo.</p> + +<p>—Y vaya si me lo ha contado. Yo sabía quién tú eras, he influido en que +vengas por aquí; puedo asegurar que invisiblemente te he guiado para +llegar adonde no llega nadie sin nuestra venia, y encargando a mi fámulo +el disimulo, le ordené que te aguardase en el soto, como, en efecto, lo +hizo.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XXXII" id="XXXII"></a>-XXXII-</h2> + + +<p>No fue una sola vez, sino varias, las que tuvo Morsamor diálogos por el +estilo con el sabio viejo. Así aclaró o creyó aclarar muchas dudas y +formar idea, aproximada ya que no exacta, del país a que había llegado y +de la gente que en él vivía.</p> + +<p>Pondremos aquí, en resumen, el resultado de sus investigaciones o dígase +lo que él acertó a comprender y lo que nosotros podemos expresar sin +trabucarlo ni alterarlo.</p> + +<p>Era aquel país el de los llamados <i>mahatmas</i>, rodeado de montañas tan +intransitables, que los profanos no podían llegar a él. Era como unas +Batuecas, no groseras y rústicas, sino cultas, elegantes y felices. +Cuatro mil años, sobre poco más o menos, hacía ya que los habitantes de +aquel país vivían apartados de la mayoría del humano linaje, formando +una República pacífica y próspera, cuyo único gobierno era el consejo de +los señores del <i>Cenobio</i> o sea de los <i>mahatmas</i>.</p> + +<p>Sankarachária explicaba de modo harto singular el origen de aquella +República. Lo que él contaba dista mucho de parecer verdadero; antes +bien, lo consideramos como fábula impía y absurda, pero nos parece tan +curiosa que no podemos resistir a la tentación de ponerla aquí, en +breves palabras, remitiendo a los lectores que quieran saber más sobre +ello a un libro escrito no hace mucho tiempo y cuyo título es <i>Dios y su +tocayo</i>.</p> + +<p>Prescindamos de la mayor o menor antigüedad de la especie humana. +Dejemos a la prehistoria, ya fundada en la geología, ya valiéndose del +estudio comparativo de los idiomas y de otros primitivos documentos, +conceder muchos miles o pocos miles de años a la existencia del hombre +en nuestro planeta. Tengamos sólo por cierto, para no disputar con el +señor Sankarachária, que, antes de que apareciese la raza blanca, hubo +otras razas que progresaron y se elevaron a no pocos grados de +civilización. Así la raza negra, la amarilla y la raza de piel roja, +cuyos individuos se llamaron atlantes y se esparcieron por el mundo +cuando la Atlántida se hundió. No hablemos aquí de los proto-scitas o +hiperbóreos, colonia de los atlantes que se estableció más allá de las +Montañas Rifeas y que fue muy culta y floreciente. A nuestro propósito +basta saber que más de dos mil y cuatrocientos años antes de la era +vulgar, había dos poderosos y civilizados imperios: uno en Egipto, de +atlantes y de negros mezclados, y otro en China, no menos adelantado o +quizá más adelantado que el de los egipcios. En China reinaba en aquella +época un Emperador llamado Iao, y hacía muy poco que, por evolución y +selección, había aparecido sobre el haz de la tierra la raza blanca, que +es la más perfecta de todas.</p> + +<p>Ciertos espíritus, muy pulidos y desbastados ya, después de pasar por +bastantes <i>reincarnaciones</i>, no se avinieron a <i>reincarnarse</i> en chino, +ni en negro, ni en mulato. Con la fuerza plasmante que tenían en su +forma etérea se condimentaron o confeccionaron cuerpos sólidos más +perfectos, y de esta suerte creía el sabio viejo, cuyas ideas +extractamos, que apareció la raza blanca en el mundo. En una fértil y +bonita comarca del Tibet, vivió y se propagó, bajo la dependencia del ya +citado Emperador de la China, a quien sus súbditos llamaban Iao y Padre +Celeste. Este soberano empezó a temer que aquellos nuevos hombres se +instruyesen demasiado, se ensoberbeciesen y se rebelasen. Procuró, pues, +conservarlos en la ignorancia, pero ellos desobedecieron sus mandatos y +aprendieron muchas cosas buenas y malas. Iao entonces envió un ejército +contra ellos, que los expulsó del paraíso en que vivían. Y ellos, +expulsados ya, fueron poco a poco emigrando por diversas regiones y +dominando y acogotando a las razas inferiores donde quiera que llegaban. +Algo, no obstante, se pervirtieron, malearon y bastardearon con el trato +y convivencia de las tales razas, harto inferiores, como ya queda dicho.</p> + +<p>Sólo una escasa minoría de la raza blanca se conservó pura y sin mezcla +y subió como la espuma en virtud y en saber. Para ello, en el momento de +la expulsión ordenada por Iao, tuvo la cautela de escabullirse en aquel +valle recóndito, circundado de altísimos montes y de casi impenetrables +desfiladeros. Tal fue el origen de la República de los <i>mahatmas</i>, según +ellos mismos lo entendían y declaraban.</p> + +<p>—¿Y cuándo saldréis de vuestro retraimiento?—preguntó Morsamor a +Sankarachária.</p> + +<p>Y Sankarachária contestó:</p> + +<p>—Cuando la Humanidad sea capaz de comprendernos. Cuando nazca a la vida +colectiva.</p> + +<p>—Pues qué, ¿no ha nacido aún?</p> + +<p>—Aún dista mucho de nacer. Está en germen caótico: en incubación. No +nacerá a la vida colectiva hasta dentro de quince mil años.</p> + +<p>—¿Y cómo no hacéis nada para que la incubación se apresure?</p> + +<p>—Hacemos lo que se puede—dijo Sankarachária—. Ya te he citado a no +pocas personas que recibieron antiguamente nuestra inspiración y a +algunas que la reciben hoy en Europa, ávida de saber y con la curiosidad +científica muy despierta. Así los mencionados Paracelso, Cornelio +Agripa, Fausto y tu valedor, Fray Ambrosio de Utrera. Pero quien más ha +de influir en que la incubación siga preparándose sin que salga huero lo +que se incuba, ha de ser una mujer privilegiada, semi-tudesca, +semi-moscovita, que el cielo no subcitará en Europa hasta dentro de unos +tres siglos. Pronosticado está que esta mujer vendrá a visitarnos, nos +encantusará, se apoderará de muchos de nuestros secretos, los divulgará +en luminosos tratados y enseñará una ciencia que poco modestamente +apellidará teosofía. No será lo que enseñe sino los prolegómenos de +nuestra ciencia verdadera; pero, aun así, se pasmará el mundo de oírla y +de leerla y se crearán escuelas teosóficas en todas las naciones.</p> + +<p>Ya suponemos que el pío lector habrá adivinado que Sankarachária, aunque +no la nombra, alude a la señora Blavatski.</p> + +<p>Todavía Morsamor, no satisfecho con las primeras nociones de aquella +ciencia nueva, imitó proféticamente lo que hacen los periodistas del día +en las <i>interviews</i> y siguió preguntando. Para abreviar, sin que nada de +lo más importante quede obscuro, prescindiremos de consignar las +preguntas y sólo pondremos aquí tres o cuatro de las más notables +contestaciones que Morsamor obtuvo. Por ellas empezará a comprender las +doctrinas teosóficas quien esto lea y a sentir el prurito de estudiarlas +a fondo en la multitud de libros que sobre el particular han escrito y +publicado recientemente la citada señora Blavatski, el coronel Olcott, +Annie Besant, Francisco Hartmann, Sinnett y otros autores, españoles +algunos de ellos. Entiéndase, con todo, que esta ciencia de la teosofía +no debe con propiedad llamarse nueva en Europa. Debe llamarse renovada. +Sus adeptos de hoy le dan ya antiquísimo origen entre nosotros o sea +fuera de la India. Hermes Trimegisto fue teósofo, y, bastantes siglos +después, cultivó y propagó la teosofía entre griegos y latinos el +ilustre Ammonio Sacas, fundador de la escuela de Alejandría.</p> + +<p>Pero no divaguemos y vamos a las contestaciones que dio Sankarachária y +que no conviene queden en el tintero.</p> + +<p>El caudal de experiencias y de merecimientos con que el ser humano se va +afirmando en sus diferentes vidas y haciéndose digno de más altas +<i>reincarnaciones</i> se llama <i>Karma</i>.</p> + +<p>El principio que persiste, que no muere y que se <i>reincarna</i>, es el +tercero de los siete que componen nuestro ser, se llama <i>Manas</i>, y es +como la raíz imperecedera de nuestro individuo. Por cima de <i>Manas</i> no +hay más que <i>Budhi</i> y <i>Atma</i>. <i>Atma</i> es el más alto principio de vida, +el alma del Universo, y <i>Budhi</i> el lazo que a <i>Atma</i> nos une. Por bajo +de <i>Manas</i> hay otros cuatro principios: el del amor, del odio y demás +afectos, la fuerza vital, el cuerpo etéreo, y, por último, el cuerpo +sólido, visible y tangible.</p> + +<p>Sankarachária enseñó además a Morsamor que había dos métodos +científicos: uno, por lo común empleado en Europa, que, valiéndose de +los sentidos corporales e informándose de lo que se ve, se oye o se +palpa, investiga las leyes de todo y procura elevarse a la causa +primera; y otro, que es el indiano o teosófico, que se funda en la +introinspección y por medio de <i>Budhi</i> logra que <i>Manas</i> se encarame y +se enlace con <i>Atma</i>, y entonces no hay cosa que el hombre no sepa, y +apenas hay cosa que el hombre no pueda. De aquí la verdadera magia +blanca, que, según queda dicho, se llama <i>rajah-yoga</i>, aunque alguien la +designa también con el nombre de <i>lokothra</i> o ciencia y poder nacidos de +nuestro interior desenvolvimiento, en oposición a <i>laukika</i>, magia +blanca también, pero vulgar y rastrera, que se funda en conocimientos +experimentales y exteriores y en el empleo de drogas, hierbas y otros +ingredientes.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XXXIII" id="XXXIII"></a>-XXXIII-</h2> + + +<p>Morsamor hablaba a menudo con Tiburcio, que andaba retraído, y le +comunicaba cuanto iba aprendiendo. Tiburcio le oía, no daba crédito a +nada y se reía de todo.</p> + +<p>—Pero no me negarás—le decía Morsamor—que Sankarachária sabe y puede +mucho.</p> + +<p>—Yo no te lo niego—contestó Tiburcio—. Lo que te niego, es que su +saber y su poder se funden en lo que él dice.</p> + +<p>Y Tiburcio no pasaba nunca más adelante, ni aclaraba mejor su +pensamiento. Por sus reticencias, con todo, presumía Morsamor que +Tiburcio atribula las artes y las ciencias de los <i>mahatmas</i> a la +intervención del diablo.</p> + +<p>—¿Crees tú—le decía Morsamor—que el diablo interviene en esto?</p> + +<p>Tiburcio no contestaba sí, ni no. Se reía y se callaba.</p> + +<p>Entretanto, ni Morsamor, ni Tiburcio, ninguno de la pequeña hueste, +podía ir a la ciudad de los <i>mahatmas</i> jóvenes o no jubilados, ni mucho +menos ver a las mujeres. Sin duda era ley inquebrantable aquel +retraimiento, mil veces más severo que el que hubo más tarde en el +Paraguay, para evitar que las ciudadanas y los ciudadanos fuesen +perturbados y contaminados por extrañas visitas.</p> + +<p>Todos los forasteros, por consiguiente, aunque estaban muy agasajados en +el <i>Cenobio</i> y tratados a qué quieres boca, se aburrían de muerte y +ansiaban salir de allí para gozar de plena libertad aunque tuviesen que +sufrir trabajos.</p> + +<p>El mismo Morsamor empezaba a cansarse. Dispuso su partida, pero antes de +despedirse de Sankarachária, le hizo una última pregunta y le pidió un +favor.</p> + +<p>—Yo estoy harto—dijo Miguel de Zuheros—de guerras y de amores. En +extremo me afligen los estragos y las muertes que preceden o suceden a +cada victoria y a cada triunfo. Aún ansío laureles, pero han de ser +incruentos y pacíficos. ¿Y qué más pacíficos laureles que los que yo +alcanzaría, si me embarcase de nuevo, y por mar, navegando siempre hacia +oriente, volviese a mi patria? Dime si esto es posible.</p> + +<p>—Ya sabes—contestó el anciano <i>mahatma</i>—que mi ciencia es más de lo +interior que de lo exterior. Todo eso y más sabré yo cuando llegue a +enlazarme con <i>Atma</i>. Por ahora, ni lo sé, ni me importa saberlo, ni te +lo diría aunque lo supiese. Y la razón es obvia. Si te dijera que es +imposible, te quitaría la esperanza, te retraería de la empresa y te +despojaría del mérito de haberla acometido. Y si te dijera que es +posible, aún te despojaría más del mérito y de la gloria, porque con la +seguridad de alcanzar fin tan alto, ¿quién, a no ser muy cobarde no pone +los medios? No extrañes, pues, que me calle y dame gracias por mi +silencio.</p> + +<p>En el favor que pidió Miguel de Zuheros fue más dichoso que en la +consulta. Sankarachária se le otorgó a medias. Morsamor quiso ver y +hablar al Padre Ambrosio. Y el <i>mahatma</i>, si bien se excusó de ponerle +al habla con el Padre para que el Padre no averiguase que él había +revelado sus ocultas relaciones y tratos, todavía le prometió hacer que +le viese, y en efecto, cumplió la promesa.</p> + +<p>Para ello, exigiendo primero a Morsamor, que no había de chistar, ni +alborotar, ni moverse, viera lo que viera, le condujo a un obscurísimo +sótano y le sentó en una silla, donde había de quedar, y quedó como +clavado.</p> + +<p>De repente brotó un punto luminoso en el seno de las tinieblas. El punto +se desenvolvió luego en multitud de rayos que trazaron un círculo lleno +de claridad. Morsamor percibió en él con asombro el camaranchón donde el +Padre Ambrosio tenía su laboratorio. El Padre estaba de pie, delante del +atril donde leía un libro de magia. La lámpara que ardía sobre el atril, +colgada del techo, parecía ser el punto o foco de luz, por cuya +dilatación el círculo se había formado. Otro fraile estaba al lado del +Padre Ambrosio con la capucha calada y volviendo a Morsamor las +espaldas. Inesperadamente cambió este fraile de postura y mostró a +Morsamor la cara. El pasmo de este rayó entonces en delirio. Creyó ver +su propio rostro como en un espejo, pero no joven y gallardo, sino +marchito, lleno de arrugas y con la barba blanca como la nieve. Su +terror casi fue más intenso cuando notó que aquel rostro, que se le +había aparecido, caía como una máscara o se disipaba como vapor muy +tenue dejando en la capucha un hueco. La capucha y todo el hábito se +diría que no encerraban ya sino aire vano: una ilusión, un espectro. El +sayal vacío continuaba erguido, no obstante, y hasta se movía y +marchaba, como si le llenase y le animase un espíritu.</p> + +<p>Vio después Morsamor que el féretro donde le habían encerrado se hallaba +en el mismo lugar; que el Padre Ambrosio levantó la tapa, y que dentro +había un cuerpo humano tendido e inmóvil. No descubrió quién era. Un +lienzo velaba su cara. El Padre Ambrosio alzó un pico del lienzo, hasta +descubrir la boca del que allí reposaba, e introduciendo en aquella boca +el agudo extremo de un pequeño embudo, vertió por él algunas gotas del +líquido contenido en un pomo que llevaba en la mano.</p> + +<p>La visión se disipó enseguida, como las figuras de una linterna mágica o +de un cinematógrafo.</p> + +<p>No acertó Morsamor a explicarse bien todo aquello por ningún estilo, +pero pensó en su propio ser, se tocó y se reconoció materialmente, y +tanto en lo exterior como en lo íntimo se declaró a sí mismo que el +verdadero Morsamor era él y no otro. Encomendó a todos los diablos a +Sankarachária, a los demás <i>mahatmas</i> y al <i>Cenobio</i> de la jubilación +varonil, y no bien despuntó la próxima aurora se escapó de allí con +Tiburcio y los demás de su hueste.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XXXIV" id="XXXIV"></a>-XXXIV-</h2> + + +<p>Los diversos apuntes manuscritos de los que hemos ido extractando y +compaginando esta historia hasta ahora clarísima, presentan aquí +contradicciones que conviene resolver y obscuridades que conviene +disipar por medio de hipótesis.</p> + +<p>¿Cómo pudo Morsamor salir del misterioso y fantástico país de los +<i>mahatmas</i> y hallarse de nuevo en terreno de ser y realidad más +reconocidos?</p> + +<p>Sin el poderoso auxilio de Sankarachária, jamás acaso hubiera logrado +tal cosa. Nunca Morsamor hubiera salido de allí ni hubiera vuelto al +mundo real, como volvió el doctor Fausto desde el país de las quimeras. +Allí se hubiera quedado, no durante años, como se quedó Bompland en el +Paraguay, sino para siempre: hasta la consumación de los siglos.</p> + +<p>Morsamor, pues, y su hueste salieron, según unos, en una barca +encantada, que se hallaron junto a la orilla de un lago, y que, +arrastrada por la corriente, los lanzó en un río, por donde el lago se +desaguaba, y cuyas ondas por rapidísimo declive se abrían cauce en la +estrecha y tortuosa garganta que formaban tajados peñascos de +empinadísimos cerros. Aseguran otros que Morsamor y su hueste se fueron +por el aire, en una máquina o ingenioso artificio que les suministró +Sankarachária y que sin ser juguete de las corrientes atmosféricas como +los globos aerostáticos de ahora, se movía en la deseada y prescrita +dirección, atraído por la fuerza psíquica o magnético-espiritual de un +gran sabio, amigo de Sankarachária, que vivía en la ciudad de Lasa y era +nada menos que el Secretario de Estado o ministro principal del +Dalai-Lama. Si es lícito comparar lo falso con lo verdadero y la mala +copia o remedo con el original, este Secretario de Estado era, respecto +al Dalai-Lama, lo que fue Pedro Bembo respecto a León X.</p> + +<p>Como quiera que sea, lo cierto es, que Morsamor y su hueste se hallaron +en Lasa como por encanto.</p> + +<p>La lámina de oro o salvoconducto de Babur les valió de mucho. ¿Cómo no +habían de respetar en el Tibet, las encarecidas recomendaciones del +sucesor de Tamerlán y de Kubilai-Kan, príncipe que había conquistado la +China, que había reinado benéfica y gloriosamente en ella, y que por los +consejos e insinuaciones de su privado Marco Polo, había fundado el +poder temporal del Dalai-Lama como Constantino y Carlo Magno el de los +pontífices de Roma?</p> + +<p>El aviso además, que al Secretario de Estado dio Sankarachária por los +medios mágicos de que disponía, y que dicho Secretario trasmitió a +varios adeptos de los muchos que entonces tenían los <i>mahatmas</i> en el +Tibet y en China, facilitó el largo y peligroso tránsito de Morsamor por +todos aquellos países, inexplorados hasta entonces por los europeos.</p> + +<p>Taciturno y afligido Morsamor, había hecho voto de no enamorar ya a +mujer alguna, de no reñir con ningún hombre y de no tomar parte en +ninguna contienda armada. Y como merced a las recomendaciones de Babur +por un lado y a las del <i>mahatma</i> por otro, se le facilitaron todos los +medios de comodidad y de transporte, no se ha de extrañar, que Morsamor, +por sus pasos contados, con la mayor premura posible, y sin que nada +memorable le sucediera, llegase a Canton felizmente.</p> + +<p>De lo que vio y observó en la China, bien pudiéramos poner aquí +bastante, ya que en los archivos de Sevilla, privados y públicos, se +conservan curiosísimas notas de Morsamor y de Tiburcio. Pero nosotros +juzgamos conveniente pasar por alto todo esto. Nuestros ilustres +viandantes sólo figuran como meros observadores y las noticias que dan +no difieren mucho de las consignadas en las relaciones de viajes del +Reverendo Padre Agustino Fray Juan González de Mendoza, del nunca bien +ponderado Fernán Méndez Pinto, del Padre Maestro Fray Domingo Fernández +Navarrete, de la orden de predicadores, y de otros sinólogos, españoles +y portugueses no pocos de ellos, sin excluir a don Sinibaldo de Más, +nuestro antiguo amigo.</p> + +<p>Lo que aquí nos importa saber es que Morsamor se fue enseguida desde +Cantón a Macao, pequeña colonia recién fundada por los portugueses.</p> + +<p>En la rada de la nueva ciudad, Morsamor halló lo que deseaba y esperaba, +según lo había concertado con el piloto Lorenzo Fréitas. Su nave, hacía +dos o tres semanas que estaba allí aguardándole, lo cual no pesaba al +señor Vandenpeereboom que había traficado con los chinos y hecho muy +buenos negocios, ni pesaba tampoco a Fray Juan de Santarén, que +predicaba con gran fruto, aunque valiéndose de intérpretes, y que +bautizaba chinos a centenares, hallando sus neófitos entre la gente +pobre y trabajadora que hoy pudiéramos llamar <i>coolies</i>.</p> + +<p>Ni el comisionista, ni el misionero, gustaron de la nueva empresa que +Morsamor quería acometer; pero Morsamor poseía grandes riquezas y con +ellas se allanan dificultades y todo se compone. A Fray Juan le +proporcionó recursos suficientes para socorrer a sus más desvalidos +catecúmenos y fundar un asilo piadoso, y al señor Vandenpeereboom, que +tenía amplios poderes de los señores Adorno y Salvago, le compró la +nave, pagándola espléndidamente, por una mitad más de su justo precio.</p> + +<p>El piloto Lorenzo Fréitas y muchos de la tripulación, decidieron no +abandonar a Morsamor e ir con él donde quisiera llevarlos.</p> + +<p>Bajo la inteligente dirección de dicho piloto, hábiles calafates del +país, limpiaron los fondos de la nave, que estaban harto sucios, la +carenaron bien y la pusieron como nueva.</p> + +<p>Morsamor y el piloto la proveyeron, por último, de todo género de +vituallas y bastimentos como para una navegación muy larga.</p> + +<p>Más de la mitad de los guerreros portugueses que hasta allí habían +acompañado a Morsamor, resolvieron quedarse en Macao; pero los otros más +decididos, así como los antiguos tripulantes, formaban muy completa +dotación para la nave a la que Morsamor quiso cambiar el nombre que +antes tenía sin duda, aunque no sabemos cuál fuese, y la confirmó con el +antiguo, clásico y mitológico nombre de <i>Argo</i>.</p> + +<p>No pocos días se pasaron en tan importantes asuntos, y si bien Morsamor +se empleaba en ellos, lejos de mostrarse comunicativo y alegre, andaba +triste y silencioso, esquivaba el trato y la conversación de todos, +hasta del fiel Tiburcio, y para reposar de sus afanes gustaba de ir a +escondese en cierta pintoresca gruta que había entre los peñascos de un +cerro y desde la cual se oteaba el mar azul y se descubría muy extenso +horizonte.</p> + +<p>Al escribir la historia de Morsamor, nosotros haríamos célebre esta +gruta, aunque ya no lo fuese, pero nos ahorra el trabajo de darle +celebridad la que ya tiene desde antiguo por la circunstancia de haber +imitado a Morsamor, sin saberlo, el glorioso poeta Luís de Camoens, que, +pocos años después, solía ir allí a meditar y a entregarse a los más +poéticos soliloquios. Los de Morsamor eran poéticos también, aunque +todavía más que poéticos eran filosóficos, por lo cual pondremos aquí +muy en resumen uno de estos soliloquios, a fin de que el sentir y el +pensar de Morsamor sean entendidos sin que se fatiguen y sin que +califiquen el soliloquio de <i>latoso</i> los lectores poco inclinados a la +filosofía.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XXXV" id="XXXV"></a>-XXXV-</h2> + + +<p>—Mi segunda mocedad—decía Morsamor—ha sido peor empleada que la +primera. <i>¡Vanidad de vanidades!</i> Todo es vanidad y singularmente +nuestros afanes, trabajos y aspiraciones. Pienso a veces que me valiera +más no haberme remozado; pero, arrastrado por esa corriente de ideas +negras, voy más lejos aún y exclamo: ¡mejor sería no haber nacido! He +buscado el amor para gozarle y he hallado vergüenza, desolación y +muerte. Doña Sol paga mi amor con su desprecio. El desprecio mío mata el +amor de donna Olimpia. Y cuando no nos despreciamos y nos amamos, la ira +y los celos dan espantosa muerte al objeto de mis amores. Mi ambición no +ha sido menos burlada que mi cariño. Salvo una ruin satisfacción de amor +propio; ¿qué ventaja he sacado, ni para mí ni para mis semejantes, de +mis triunfos guerreros?</p> + +<p>Así discurría Morsamor con profunda tristeza. Luego, para consolarse, +imaginaba tener una misión y cumplir con ella. Se creía factor poderoso +en el engrandecimiento de su patria. Pero también de esto dudaba; y +mirando con inquietud hacia el porvenir, conceptuaba tal +engrandecimiento caduco y efímero.</p> + +<p>Cierta idea, más clara y consistente en nuestra edad que en la suya, +aparecía después a su espíritu, para justificar su ambición; para que +sus propósitos no fuesen tenidos por vanos. Morsamor suponía que el +humano linaje iba subiendo a más altas esferas de bondad y de luz y que +él contribuía enérgicamente a la ascensión magnífica, predeterminada por +el cielo. Desconsoladoras reflexiones venían al punto a invalidar o al +menos a poner muy en duda, el valer de esto último.</p> + +<p>—No escatimaré yo mis alabanzas, ni negaré mi admiración—pensaba +nuestro héroe—a los descubrimientos, invenciones y adelantos que los +hombres realizan. Se diría que doman la naturaleza material, que +encadenan con su inteligencia y sujetan a su voluntad las fuerzas del +universo, y que se valen de ellas para evitar fatigas y crear placeres y +goces. Laudable es, en este sentido, el fecundo renacimiento en Europa +de ciencias, artes y letras. Laudable es la activa curiosidad de +nuestros navegantes que atraviesan nunca surcados mares y penetran en +las más apartadas e incógnitas regiones. Y si no es más laudable, es mil +veces más asombroso el mágico saber de los <i>mahatmas</i>, que no puedo +negar, porque de él he sido testigo. ¿Pero en lo fundamental, hay +progreso acaso o hay mejora en Europa, en la India o en la China? Yo +sospecho lo contrario. En las antiguas edades los hombres acertaban a +veces o por estar más cerca de la revelación primitiva, o porque +alambicaban menos y no se quebraban de puro sutiles, o porque la mente +de ellos, no abrumaba aún con la pesada carga de lo observado y +experimentado, levantaba el fácil vuelo a las esferas superiores y era +capaz de una inspiración inocente y casi divina. Hoy, a fuerza de +cavilar y de sutilizar, el entendimiento se pervierte y disparata mucho. +No hay progreso, sino perversión, desde el himno compuesto hace más de +tres mil años, que venían cantando los <i>mahatmas</i>, cuando los vi volver +al <i>Cenobio</i>, hasta las doctrinas que me expuso luego Sankarachária y +que implican la negación de Dios, el concepto de que el mundo casi es +ilusión y fantasmagoría, y la mal velada afirmación de que la conciencia +nace de lo que no tiene conciencia, la voluntad del ciego prurito de los +átomos, y de sus desordenadas evoluciones el entendimiento y las leyes a +que el entendimiento sujeta así lo exterior y visible como lo más hondo +e íntimo del alma. Cuanto he oído en Benarés en boca de los brahmanes y +cuanto después me ha expuesto Sankarachária en su misterioso retiro son +la corrupción del mencionado himno del <i>Rig-Veda</i>, donde el vate de los +primeros tiempos busca a Dios, le columbra y le admira en las cosas +creadas y le reconoce y le adora. En este mismo Imperio en que ahora +estoy, he conversado con los mandarines y sólo he visto en su saber +ateísmo materialista y grosero; he conversado con lamas y bonzos y +despojando sus doctrinas de supersticiones y de símbolos, sólo he visto +en ellas la confusión de Dios y del mundo y el destino y el fin del alma +humana fluctuando entre el aniquilamiento y la apoteosis.</p> + +<p>Así cavilaba Morsamor y creía sacar en claro de sus cavilaciones la +verdad real de su ser, del universo y de Dios que lo ha creado todo. Las +muchas contradicciones que al afirmarlo así surgían en su mente le +repugnaban mil veces meros que todas las otras contradicciones nacidas +de cualquier otra metafísica por sutil y profunda que fuese.</p> + +<p>—Hará ya más de dos mil años—decía Morsamor—que vivió en este Imperio +el filósofo Laotse y escribió su doctrina del Tao. Allí está la verdad, +al menos en germen. Cuanto después han inventado los chinos o han +importado de la India es perversión o extravío.</p> + +<p>De esta suerte, en la misma gruta donde más tarde meditó Camoens, +Morsamor meditaba y filosofaba, se lisonjeaba de ir por el buen camino, +y, hasta cierto punto se consideraba desengañado. Morsamor, no obstante, +no se resignaba a despojarse de toda ambición. Aún quería recobrar el +tiempo perdido, ganar gloria sobre la tierra, hacer inmortal su memoria +entre los hombres, cosechar laureles sin verter sangre, revelar arcanos +y realizar algo de inaudito o de antes no realizado por nadie. ¿Cuál +sería el término de aquel inmenso mar que ante sus ojos se extendía? +¿Podría llegar por él hasta el mundo por Colón descubierto, salvar el +valladar que le opusiera y volver a su patria navegando siempre hacia +oriente?</p> + +<p>Los letrados chinos, a quienes había consultado, nada sabían de todo +esto. Acaso el extremo de aquel Océano oriental recelaba un obscuro +abismo, algo de inaccesible para el hombre. Más allá tal vez estaría un +infinito piélago de color y de luz, de donde al amanecer surgiría la +aurora vertiendo claridad y oro, zafiros y rubíes por el éter, y +abriendo paso al resplandeciente carro del sol, que vendría en pos de +ella. Tal vez eran sueños y delirios las opiniones de antiguos sabios +griegos sobre la esfericidad de la tierra. Tal vez era fábula cuanto +había oído contar a los letrados de la primera expedición mística al +Fusang de los discípulos de Fo en busca de un elixir que los hiciese +inmortales. Tal vez eran fábulas también otras expediciones ulteriores. +Los barcos de la flota que Kubilai-Kan envió a la conquista del Japón, +dispersos e impulsados por una tempestad, pudieron llegar acaso al +Fusang misterioso; pero de seguro que jamás volvieron de allí trayendo +nuevas de lo que habían visto. No era el Fusang el mundo de Colón, sino +un país imaginario donde la fantasía vulgar y materialista de los chinos +ponía mayor fertilidad, abundancia y riqueza que los europeos pusieron +más tarde en el Dorado. Lo único cierto era que más al oriente del Japón +poco o nada conocían los chinos. Sólo presumían la indefinida extensión +de un Océano mucho más ancho que el que separa a España de las tierras +por Colón descubiertas. ¿Qué había en el extremo de este Océano? Quién +sabe. Acaso el extremo de la tierra en que vivimos; el borde del disco; +los lazos que atan la tierra al firmamento y que la sostienen suspendida +en el éter. Morsamor veía en todo esto un misterio hasta entonces +velado; pero le impulsaban a romper el velo su misma oscuridad y la vaga +esperanza de que fuese cierto lo que habían pensado los sabios antiguos +de Grecia y lo que Colón había intentado y hasta había creído demostrar +yendo por Occidente al extremo Oriente.</p> + +<p>Decidido, pues, Miguel de Zuheros, y habiendo infundido en los de la +nave confianza en su decisión, dejó en Macao al señor Vandenpeereboom y +a Fray Juan de Santarén, haciendo el uno negocios, y haciendo sermones +el otro, y zarpó con su nave con rumbo hacia la desconocido.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XXXVI" id="XXXVI"></a>-XXXVI-</h2> + + +<p>Mientras más se piensa en ello más axioma parece la sentencia de don +Hermógenes, declarando que todo es relativo. En el viaje <i>Desde Toledo a +Madrid</i>, del maestro Tirso de Molina, apenas había caminado legua y +media y llegado a las ventas de Olías, cuando exclama la melindrosa Doña +Mayor: <i>nunca imaginé que era tan largo el mundo</i>. En cambio, el egregio +poeta Leopardi prorrumpe en amargos lamentos porque el mundo le parece +muy chico. Y es lo peor para él, que mientras más mundo se descubre más +el mundo se empequeñece. Leopardi no cabe en el mundo.</p> + +<p>Los tripulantes de la nave de Morsamor, de la nueva <i>Argo</i>, ya que con +tal nombre había sido confirmada, se asemejaban más a Doña Mayor que al +poeta. Todos hallaban y no sin motivo, que el mundo era mayor de lo que +habían imaginado. En efecto, habían ido más allá de cuanto habían +surcado con sus quillas los más audaces navegantes, árabes, chinos, +japoneses y portugueses; más allá de lo hasta entonces explorado y hasta +soñado. Nadie había llegado jamás adonde ellos estaban, o si había +llegado nadie había vuelto. Hacía ya no pocas semanas que sólo veían +cielo y mar. El mar se les antojaba infinito como el cielo. Y no sólo +era pasmosa la extensión de su superficie, sino que también lo era su +profundidad insondable. En aquella soledad imponente, sublime terror +pesaba sobre los espíritus durante la noche; pero rayada la aurora, todo +se bañaba en luz y en vivos colores, y el sol rutilante y glorioso +doraba el aire y esmaltaba de púrpura y de líquida plata las ondas +azules.</p> + +<p>El piloto Lorenzo Fréitas y el mismo Morsamor, que en el retiro de su +convento había estudiado y aprendido no poco de la náutica y de la +cosmografía, conocidas entonces, no habían dejado de hacer sus +observaciones y sus cálculos y sabían que habían pasado la línea +equinoccial, y que iban navegando con viento favorable y con rumbo al +sureste. Lo que no acertaban a determinar por su ignorancia del tamaño +de la tierra era si habían llegado o habían pasado ya bajo el +semicírculo imaginario que, completando el semicírculo que pasa por +Lisboa y toca en los polos del mundo, le divide en dos partes iguales. +Si esto hubiesen sabido, hubieran sabido también lo que por experiencia +trataban de inquirir: la forma y el tamaño de nuestro planeta. El +intrépido aventurero y el hábil piloto, presumían, no obstante, que +habían pasado ya el meridiano, o mejor diremos el antimeridiano de +Lisboa. En la imaginación de ambos, cuando culminaba el sol sobre sus +cabezas, aquella hermosa ciudad se mostraba envuelta en las densas +sombras de media noche, merced al imperioso giro del firmamento todo, +que daba rapidísimas vueltas e iba iluminando alternativamente nuestra +pobre morada, o merced acaso al rodar de la tierra que en Salamanca, en +Coimbra y en Sevilla habían presentido y sospechado antes de que Galileo +lo sintiese y lo asegurase. En Sevilla, Morsamor había oído hablar mucho +de todo esto a Fray Ambrosio de Utrera y a sus ilustres amigos, +cosmógrafos y pilotos examinadores de la Casa de Contratación, entre los +cuales se contaban Alonso de Chaves, Rodrigo Zamorano y el joven y +magnífico caballero Pedro Mexía. De ellos, y de su propio estudio, había +aprendido Morsamor, y algo se le alcanzaba del uso del astrolabio, del +cuadrante, de la brújula y de otros instrumentos y de la manera de +marcar el punto en que un barco se halla. Y como él y Lorenzo Fréitas +coincidían en la opinión de que cada grado de la esfera tenía por el +ecuador o por su anchura máxima quinientos estadios, cuando se creyeron +en la parte opuesta del meridiano de Lisboa, creyeron también que +distaban noventa mil estadios de dicha ciudad, y que todavía, sin contar +los rodeos que tendrían que dar, necesitaban navegar otros noventa mil +estadios para volver a la patria. Calculando por leguas, aunque es +medida menos exacta y más variable, y atribuyendo a cada grado veinte +leguas de longitud, aún tenían que andar tres mil y seiscientas leguas +para llegar a Lisboa en línea recta y sin ningún tropiezo.</p> + +<p>Para no asustar a la gente de a bordo, Morsamor y Fréitas se guardaron +bien de comunicarles el resultado de sus cálculos.</p> + +<p>En la nave, que había salido abundantemente provista de Macao, había +agua potable y víveres para bastante tiempo. Todos, sin embargo, +empezaban a tener miedo, aunque lo disimulaban y aunque todavía no se +había convertido en descontento. Sólo Tiburcio se mostraba impasible y +alegre, procurando con sus chistes ahuyentar del ánimo de Morsamor los +malos espíritus que le atormentaban, a pesar de su esperanza de salir +triunfante de aquel empeño.</p> + +<p>Muy raras cavilaciones solían asaltar la mente de Morsamor, y no eran +las menos raras las que tenía al pensar en Tiburcio. Nunca se atrevía a +comunicárselo. Procuraba, además, arrojarlo de su propio pensamiento +como indigna extravagancia; pero recelaba a veces que en Tiburcio había +algo de sobrehumano o de <i>extrahumano</i>; un no sabemos qué de diabólico, +a pesar de que Tiburcio era tan fiel, tan servicial y para con él tan +bondadoso y tan divertido, que aun suponiéndole diablo, le calificaba de +<i>buen diablo</i>. Entendía Morsamor, que si Tiburcio se deleitaba en actos +pecaminosos, era con superior permiso, para sacar bálsamo del veneno y +para dirigir y levantar la maldad rastrera a fines excelentes, ordenados +por la Providencia. Y yendo más lejos aún, en esta suposición, que +desechaba al punto por herética, y de la que nunca dejaba de +retractarse, fantaseaba que, así como hay diablos en el infierno, +también debía de haberlos en el purgatorio, para cuidar de las ánimas +benditas y para atormentarlas, no por mero y cruel castigo, sino a fin +de que quedasen limpias de toda mácula y capaces ya de perdurable vida. +Claro está, que si había diablos de esta clase y si Tiburcio contaba +entre ellos, al cabo llegaría un momento en que Tiburcio cumpliría su +condena y se encontraría indultado y horro de la esclavitud de la culpa. +No poco de tan extraña opinión podía apoyarse, según Miguel de Zuheros +había oído al Padre Ambrosio, en varias sentencias de Orígenes y de San +Gregorio de Nisa. Entiéndase, a pesar de lo expuesto, que Morsamor no +perseveraba en tales errores y que abjuraba de ellos por vitandos y +nefandos.</p> + +<p>Como quiera que fuese, esta navegación que iban haciendo ahora era tan +melancólica y tan tétrica como había sido amena y bulliciosa la que +Morsamor y Tiburcio, acompañados de donna Olimpia y Teletusa, habían +hecho desde Lisboa hasta Melinda.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XXXVII" id="XXXVII"></a>-XXXVII-</h2> + + +<p>Siguieron pasando días sin que nada interrumpiese la monotonía de +aquella larga navegación. La Providencia, el destino, los genios o los +númenes que gobiernan el viento y las olas, o la misma estrella de +Morsamor, según cada uno quisiera explicárselo, dispusieron las cosas de +manera que la nueva <i>Argo</i> no halló en su camino tierra alguna donde +pararse. Aquellos mares parecían tan hondos, que habían reprimido el +empuje del fuego central impidiendo que brotasen islas montañosas sobre +su superficie. El coral y las madréporas no habían levantado arrecifes +por ninguna parte ni habían formado atolones. Así al menos lo presumían +Morsamor y los demás tripulantes cuando, cada vez que rayaba el alba, +tendían la vista hacia los cuatro puntos del horizonte y sólo percibían +el haz azulada y uniforme del vasto Océano. Tal vez habría islas y hasta +grandes e ignorados continentes al norte o al Sur de la derrota que +seguían, pero todo se ocultaba a la vista de ellos.</p> + +<p>El terror de los tripulantes se aumentaba con la persistencia de tanta +soledad. Aunque había abundancia de víveres, arroz, harina de trigo, +aceite y galleta hasta para años, se temía que faltase el agua potable. +En la nave no dejaba de haber ya quien encontrase el agua malsana y +corrompida. El cansancio, lo poco variado y apetitoso de la +alimentación, el miedo, el mal humor y hasta el aburrimiento trajeron la +enfermedad a bordo. En pos de ella vino la muerte y empezó a sacrificar +víctimas. La resignación y la paciencia se fueron agotando. El amor, el +respeto y la confianza que Morsamor inspiraba se trocaban ya en +descontento y hasta en odio.</p> + +<p>Tiburcio era quien permanecía más entero y confiado en medio de todo. +Hasta de la no aparición de tierra alguna deducía él faustos pronósticos +y la consideraba como signo de buen agüero:</p> + +<p>—O no hay—decía—, o si hay no quiere el destino que descubramos +terreno donde fijar el pie para obligarnos así a que lleguemos al fin +del continente que descubrió Colón; a que le atravesemos por un estrecho +de mar o a que le rodeemos por su extremidad Sur, como ya rodeamos el +África por el Cabo de las Tormentas y a que volvamos triunfantes a la +gran ciudad de Lisboa.</p> + +<p>A menudo arengaba Tiburcio a los marineros y a los soldados, pero los +hechos eran más elocuentes y persuasivos que las palabras. Ora vientos +contrarios y borrascas que combatían la nave, ora pesadas calmas que la +detenían en su carrera, vinieron a dar pábulo a la irritación general. +De temer era que la sublevación estallase de un momento a otro.</p> + +<p>Tomás Cardoso, grande amigo, admirador y fiel satélite de Miguel de +Zuheros, había apaciguado los ánimos durante no poco tiempo y había +procurado mantener viva en todos la esperanza; pero Tomás Cardoso acabó +también por perderla y por cambiar su papel de apaciguador en el de +cabeza de motín.</p> + +<p>Era Tomás Cardoso el más a propósito para este oficio. Por su gigantesca +estatura descollaba sobre los demás hombres. Ágil y fornido, los +dominaba y acaudillaba.</p> + +<p>En su desesperación, no sabiendo a qué arbitrio recurrir, los +tripulantes decidieron volver atrás con diferente rumbo, o para ver si +hallaban alguna tierra en que remediarse, o para ver si lograban aportar +al Japón o volver a la China o a la India.</p> + +<p>Con esta embajada fue Tomás Cardoso para imponerse a Morsamor, a quien +halló solo en la pequeña cámara del buque.</p> + +<p>Morsamor se negó a todo, si bien más suplicante que enojado, y alegando +con suavidad y dulzura que, en el extremo a que habían llegado, era ya +más peligroso volver atrás que seguir adelante; que la misma razón había +para suponer tierras intermedias siguiendo hacia el Oriente que +dirigiéndose hacia cualquier otro punto; y que, si el mar que surcaban +no era interminable, más cerca debían de estar ya del mundo de Colón que +del puerto de que habían salido y hasta que de las costas japonesas.</p> + +<p>Tomás Cardoso replicó a Morsamor no con razones sino con quejas. La +conversación se fue agriando y se trocó en disputa. Los dos +interlocutores estaban solos. Cardoso había echado a rodar todo respeto. +Tenía muy poca fe en la elocuencia de sus razonamientos y sobrada fe en +la energía de sus puños. En mal hora quiso intimidar a Morsamor, quiso +abusar de su fuerza y le echó mano al cuello con violento ultraje. Firme +y poderosa era la mano de Cardoso. Si hubiera asido bien a Morsamor, le +hubiera derribado y hasta aplastado; pero Morsamor, antes de que Cardoso +le agarrase bien, se desprendió y se deslizó de entre sus garras, +retrocediendo de un brinco hasta la pared de la cámara. Morsamor +desenvainó entonces la daga que llevaba en el cinto, y, +exclamando,—¡defiéndete, miserable!—, se arrojó sobre Cardoso, que +desnudó también su puñal y le aguardó sereno.</p> + +<p>El ímpetu y la destreza de Morsamor eran incontrastables. Con el brazo +izquierdo paró el golpe que Cardoso le asestaba, y con acierto pasmoso +hundió su daga en el pecho del rebelde hasta la empuñadura. Atravesado +el corazón, Cardoso cayó con estruendo en el suelo sin poder decir ¡Dios +me valga! Al ruido abrieron la puerta y entraron en la cámara varios +parciales de Cardoso. Allí hubieran vengado su muerte con la de +Morsamor, si no hubiera acudido Tiburcio en su socorro con no pocos que +permanecían fieles. La lucha fue entonces horrible en toda la nave, y +Morsamor, que tanto deseaba laureles incruentos, antes de los laureles +tuvo la sangre. Mucha se vertió, aunque la rebelión fue vencida. Con la +muerte sofocaron y castigaron Morsamor y Tiburcio aquella rebeldía. +Quince cuerpos muertos de sus más valientes compañeros fueron arrojados +al mar y pasto de los peces.</p> + +<p>La autoridad de Miguel de Zuheros se restableció y fortaleció en cuantos +quedaron con vida. Y aterrados unos por el castigo y entusiasmados otros +por el valor y la serenidad que Morsamor y Tiburcio habían mostrado, +resolvieron seguirlos sin más dudar ni vacilar, aunque los llevasen al +mismo infierno.</p> + +<p>Honda tristeza abrumó el ánimo de Morsamor después de su triunfo. A par +que se complacía en él, se afligía de haberle pagado tan caro.</p> + +<p>En la melancólica hora del crepúsculo vespertino su preocupación fue más +intensa y revistieron más negros colores los fantasmas de su imaginación +atribulada. Parecía que estos fantasmas, saliendo de lo profundo de su +mente, tomaban cuerpos vaporosos y se proyectaban y se hacían visibles +en el aire. De esta suerte, con ceño adusto y vertiendo sangre de su +honda herida, el espectro de Tomás Cardoso se mostraba a los ojos de +Morsamor siguiendo la nave. En el rumor, que al quebrarse en sus +costados hacían las olas, Morsamor creía oír por momentos sollozos, +maldiciones y gritos de venganza, y tal vez se figuraba que surgían de +la mar las cabezas de los compañeros muertos, que venían nadando y +pugnando por detener la nave o por hacerla virar hacia el Oeste.</p> + +<p>Creció la obscuridad. La noche se venía encima. Miguel de Zuheros tuvo +entonces una visión extraña de tal consistencia, que le pareció realidad +y no delirio de la mente. Podría ser espejismo, algo cuya causa él no se +explicaba, pero algo que estaba fuera de él: que era real y no +imaginado. A no mucha distancia de su nave, vio Morsamor otra nave que +navegaba a toda vela con próspero viento y en dirección contraria. Sin +duda no era falsa la visión, porque Tiburcio y los marinos afirmaban que +la habían visto, aunque pronto se había perdido en la sombra. El piloto +Lorenzo Fréitas afirmaba más aún porque su vista era perspicaz como la +del águila. El piloto afirmaba que también había visto la nave, que en +el tope de su palo mayor ondeaba la bandera de Castilla y que en su proa +se figuraba haber leído este nombre simbólico: <i>Victoria</i>.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XXXVIII" id="XXXVIII"></a>-XXXVIII-</h2> + + +<p>Aquella noche caviló mucho Morsamor sobre la aparición, real o +fantástica, de la nave <i>Victoria</i>, y habló del caso con Fréitas y +Tiburcio. Tiburcio sostenía que todo había sido ilusión óptica, fenómeno +parecido al de la <i>fata morgana</i>. Y por el contrario, Fréitas concedía +completa realidad a la visión y hasta llegaba a triplicarla, sosteniendo +que en pos de la nave <i>Victoria</i>, aunque a mayor distancia y esfumadas +en la vaga penumbra, había visto pasar otras dos naves. Más que a la +opinión de su doncel, se inclinaba Morsamor a la del piloto. Sobre ella +alzaba un cúmulo de suposiciones. Recordaba que, hacía ya tres o cuatro +años, dos portugueses, uno de los cuales se llamaba Ruy Falero, habían +ido a ofrecerse al soberano de España para ir a la India, navegando +hacia Occidente, salvando el mundo de Colón y surcando juego el ancho +mar descubierto por Balboa. ¿Llevaría la nave <i>Victoria</i> por capitán al +mencionado Ruy Falero?</p> + +<p>Tiburcio respondía a esto que él también recordaba lo que decía +Morsamor, pero que recordaba asimismo que Ruy Falero había perdido el +juicio y, que habían tenido que encerrarle en una casa de locos. Fréitas +dijo entonces:</p> + +<p>—Será cierta la locura de Ruy Falero, mas yo os aseguro que el camarada +que iba con él, y a quien conozco y trato desde hace años, tiene tan +bien sentado el juicio que es muy difícil que le pierda, y es tan tenaz +en sus propósitos y tan brioso y capaz de realizarlos, que no me +pasmaría yo de que lo consiguiera. Acaso la nave que hemos visto no +lleva en vano el nombre de <i>Victoria</i>. Acaso va mandándola el otro +portugués de cuyo nombre no os acordáis.</p> + +<p>—¿Y cómo se llama ese otro portugués?—preguntó Miguel de Zuheros.</p> + +<p>—Ese otro portugués—contestó Fréitas—se llama Fernando de Magallanes.</p> + +<p>Rarísimo personaje era Morsamor. Tal vez los que lean esta historia +calificarán de inverosímil su carácter, pero a menudo parece inverosímil +lo más verdadero. Morsamor carecía de vanidad y era todo orgullo. La +envidia y los celos no entraban en su alma. Hasta la misma emulación +tenía en ella poca cabida. Y su orgullo era tan expansivo, que Morsamor, +con tal de que él alcanzase y mereciese el triunfo, no se apesadumbraba, +sino que se alegraba de que alguien pudiera alcanzarle al mismo tiempo +que él, asegurándole así para la gente de su nación o de su casta.</p> + +<p>—Si en la nave que hemos visto o imaginado ver va Fernando de +Magallanes, yo—dijo Morsamor—me alegro con toda mi alma. Él o yo, o +ambos, volveremos a la patria, después de haber recorrido toda la +redondez de la tierra. Segura es ya nuestra gloria, y no será menor +aunque sea compartida. Él y yo mereceremos que se diga de nosotros que, +al dar cima a nuestra empresa, ambos levantamos un arco triunfal y +abrimos una nueva era en la historia del humano linaje; agrandamos por +experiencia el concepto de las cosas creadas, y empezamos a revelar los +arcanos del universo visible. Poco me importa que no sea sólo del camino +que llevo y de la nave en que voy, sitio también de la nave en que él va +y del camino que él lleva de quien digan los contemporáneos +entusiasmados: «Fue el camino que esta nao hizo el mayor y más nueva +cosa que desde que Dios creó el primer hombre y compuso el mundo hasta +nuestro tiempo se ha visto, y no se ha oído ni escrito cosa más de notar +en todas las navegaciones después de aquella del Patriarca Noé; ni +aquella nao o arca en que él se salvó del universal diluvio navegó tanto +como esta».</p> + +<p>Al rayar el alba de la noche en que Morsamor había pensado y hablado +así, como si Dios quisiese darle premio, aparecieron en lontananza, +destacándose sobre el fondo de púrpura y nácar del cielo oriental +iluminado ya por el día, elevadas montañas que parecían dilatarse de +Norte a Sur en extensión grandísima. La nueva <i>Argo</i> estaba ya cerca del +continente que buscaba y todos sus tripulantes doblaron las rodillas y +dieron gracias al cielo.</p> + +<p>Harto sabía Morsamor, desde antes de que abandonase su convento, las +tentativas infructuosas y desgraciadas que, para hallar paso por mar del +Atlántico al Pacífico, se habían hecho hasta entonces. Recordaba sobre +todo, por ser más reciente, el viaje de Juan Díaz de Solís, piloto de la +Casa de Contratación de Sevilla, el cual había navegado por los mares +del hemisferio austral hasta más allá de los 35 grados de latitud, sin +hallar término al nuevo continente ni estrecho alguno por donde se +pudiese salir navegando al mar del Sur descubierto por Balboa. Juan Díaz +de Solís había llegado hasta una inmensa bahía por donde desembocaba en +el mar un río muy caudaloso. Luchando allí con ciertos belicosos y +fieros salvajes, llamados charrúas, Solís había perdido la vida. El +barco que él mandaba quedó abandonado en aquellas distantes e incógnitas +playas, pero otros barcos que le habían acompañado en su expedición +volvieron a Sevilla y dieron cuenta de todo. Morsamor sabía, pues, que +no hallaría paso al Atlántico sino más al Sur de los 35 grados. Por eso +había navegado con rumbo al Sudeste y cuando se aproximó a la costa +occidental del Nuevo Mundo, se hallaba a los 36 grados de latitud +austral. No sin recelo y con extraordinaria cautela para evitar +encuentros y combates con gentes desconocidas y bárbaras, Morsamor y los +suyos saltaron en tierra en busca de agua potable. Fertilísimo era el +agreste e inculto suelo que pisaron. Majestuosas montañas se levantaban +no lejos de la costa, y desde los manantiales que brotaban en lo alto, +por entre las rocas, descendían por la agria pendiente arroyos de agua +cristalina y hasta caudalosos ríos de rápido curso. Selvas de lozana y +frondosa vegetación, que en algunos puntos las hacía impenetrables, se +extendían por donde quiera y venían avanzando hasta la orilla del mar. +Nuestros viajeros reprimían su curiosidad y no querían explorar nada, +anhelando sólo hallar el paso que buscaban. Se contentaron, pues, con +tomar agua potable y llevarla en odres y en pipas al buque y con cazar +multitud de palomas y de ánades silvestres y algunos a modo de ciervos +que en grandes manadas vagaban por la espesura de aquellos bosques.</p> + +<p>El país era espléndido. Abetos y pinos de airosas y extrañas formas, +nunca vistas por los europeos, descollaban sobre la pomposa verdura de +helechos arborescentes, mirtos, laureles y otros árboles hermosos, +desconocidos y sin nombre hasta aquel día. Pero Morsamor buscaba con +ansia el estrecho o el fin del continente y nada de aquello le seducía +ni le convidaba a detenerse.</p> + +<p>El viento le fue propicio y avanzó con rapidez hacia el Sur. Aunque +había llegado el verano de aquellas regiones, el frío empezó a sentirse. +La costa parecía que no acababa nunca. Lo que iba acabando era la +paciencia de Morsamor y de sus compañeros.</p> + +<p>El estrecho deseado apareció por fin, consolándolos y entusiasmándolos. +La nave <i>Argo</i> entró por él con valentía. Por intrincado laberinto de +densos bosques, de tajados riscos y de altos cerros cubiertos de nieve +iba prolongándose el canal en mil tortuosos rodeos. Ya menguaba su +anchura como comprimida por los abruptos cantiles que se alzaban en una +y otra margen alpestre, ya dilatándose el estrecho formaba ingente lago, +en cuya faz, que apenas rizaba la brisa, se reflejaban la luz del cielo, +ora nubes obscuras, ora el sol refulgente, y los escarpados cerros que +parecían circundar el agua formando anfiteatro. La nieve de sus picos, +como obeliscos y pirámides de bruñida plata, se duplicaba por el +reflejo, y a par que resplandecía en lo sumo del aire se veía en el +temeroso fondo del agua, donde, duplicándose también el cielo, hacía que +imaginase Morsamor que la nueva <i>Argo</i> estaba suspendida entre dos +abismos.</p> + +<p>Los que navegan hoy cómodamente por aquel estrecho, a bordo de un barco +de vapor, no pueden ver la sublimidad de la escena ni pueden sentir el +pasmo aterrador de los que por vez primera le cruzaron. No van, como +Morsamor iba entonces, en frágil barco y a merced del viento, que se +oponía a su marcha, si era contrario, o si amainaba, casi le dejaba +inmóvil a pesar de las más hábiles maniobras.</p> + +<p>Hoy es corto el tránsito por aquel estrecho. Entonces parecía que duraba +un siglo. Y la naturaleza circunstante, esquiva hasta entonces al hombre +civilizado, que nunca fijó en ella sus miradas dominadoras, se alzaba +soberbia en contra de él, procurando atajarle y sobreexcitando su ánimo +con la amenaza de mil peligros, ya verdaderos, ya exagerados por la +fantasía.</p> + +<p>Espesa niebla envolvía a veces la nave, y a causa de la niebla, así como +durante la noche, era menester ir con lentitud y precaución, para no +tropezar en un escollo o encallar en un bajío. A veces se encapotaba el +cielo, deslumbraban los relámpagos y resonaba el trueno repercutido por +los peñascos y multiplicado por los ecos. La tempestad acababa +desatándose en torrentes de lluvia o en abundantes copos de nieve. Luego +se serenaba el aire y el sol resplandecía. Tal vez el iris se dilataba +sobre el estrecho en arco majestuoso, cuyos estribos eran los cerros de +una y otra margen.</p> + +<p>A veces asaltaba a los atrevidos navegantes el recelo de no acertar a +salir de aquel laberinto y de tener que morir allí. Los peligros, que en +cierto modo habían sido silenciosos e invisibles en el grande Océano, se +mostraban allí más a la vista y turbaban los espíritus y molestaban y +herían los oídos con acentos y voces. Ya aparecían en los peñascos +voraces lobos marinos, ya se veían revolando y cerniéndose a grande +altura águilas o buitres de mayor tamaño y pujanza que los de Europa, ya +seguían o cercaban la nave bandadas de enormes <i>albatros</i>, hostigados +por el hambre y buscando alimento. Lorenzo Fréitas y algunos otros +marinos que, a falta de catalejo, tenían muy perspicaz la vista, +aseguraban haber columbrado en la costa de la izquierda vagar hombres +salvajes y feroces de descomunal corpulencia. No vacilaban en conjeturar +que el menor de dichos hombres era de tan colosal estatura, que de fijo +el más alto de cuantos iban en la nave no le llegaría con la cabeza +debajo del brazo. Para acrecentar más el susto, no bien declinaba la +tarde salían de sus ocultas madrigueras feos murciélagos, que tenían en +el hocico como un hierro de lanza y que se suponía que eran vampiros y +vagaban en torno de la nave y hasta se posaban en los mástiles y en las +velas. En medio de las tinieblas nocturnas solía oírse el lúgubre +silbido de las lechuzas y de los búhos.</p> + +<p>Como no hay mala ventura que no tenga término, la nave <i>Argo</i> logró casi +vencer los obstáculos todos y se encontró al final del estrecho y muy +próxima a lanzarse en la amplitud del Atlántico. Larga y profunda calma +tuvo, sin embargo, parada la nave e impaciente su tripulación durante +muchas horas. Pero, no hay mal que por bien no venga. Sin esta forzosa +detención no hubiera ocurrido el extraño caso de que se dará cuenta en +el siguiente capítulo.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XXXIX" id="XXXIX"></a>-XXXIX-</h2> + + +<p>Cuán pasmosa no sería la sorpresa de Morsamor, de Tiburcio y de sus +compañeros, cuando, al llegar la noche del día desde cuya mañana estaban +detenidos, oyeron lastimeros gritos que se alzaban por el costado +izquierdo de la nave y que decían en lengua castellana: ¡Socorrednos: +tened compasión de nosotros! ¡Recibidnos a bordo!</p> + +<p>Dirigieron entonces las miradas hacia el punto de donde venían las voces +y vieron cerca de la orilla a dos hombres vestidos a la europea, si bien +con trajes desordenados y rotos. Echaron al agua la chalupa, fueron en +busca de aquellos dos hombres, los trajeron y se los presentaron al +capitán que, maravillado y compasivo, contemplaba los desencajados +rostros, la palidez enfermiza y el aspecto abatido y miserable de sus +huéspedes imprevistos.</p> + +<p>—¿Quiénes sois, desventurados?—les preguntó Morsamor.</p> + +<p>Uno de ellos, al parecer el más joven y el menos fatigado y enfermo, +tomó la palabra y dijo:</p> + +<p>—Yo, señor, soy Juan de Cartagena y salí de Castilla mandando uno de +los cinco bajeles que trajo el portugués Fernando de Magallanes para +lograr su propósito de ir más allá de este continente, de llegar a la +India, caminando siempre hacia el Oeste. La insufrible soberbia del +portugués y los malos modos y la aspereza con que me trataba me movieron +a rebelarme contra él cuando aún estábamos en el Golfo de Guinea. +Magallanes me venció y me tuvo preso. Fue tanta su crueldad que +permanecí en el cepo, durante muchas semanas, hasta que llegamos cerca +de estos lugares. Hartos mis compañeros de sufrir al portugués, a quien +ya tenían por loco, y recelando que los llevaba a perdición segura, se +sublevaron contra él en una bahía que no dista mucho de aquí. Tres +fueron los bajeles sublevados. Las principales cabezas de la sublevación +fueron Luis de Mendoza y Gaspar de Quesada. Ellos me pusieron en +libertad, y yo combatí en favor de ellos. Sólo dos bajeles quedaron +sujetos al portugués. De los otros tres disponíamos nosotros. +Magallanes, no obstante, pudo vencernos. Entró al abordaje en nuestros +navíos y Luis de Mendoza murió cosido a puñaladas. Horribles fueron los +castigos que Magallanes impuso. A Gaspar de Quesada, por mano de su +propio criado, que sirvió de verdugo, hizo que le cortaran la cabeza. Y +descuartizados los miembros de Quesada y de Mendoza, fueron suspendidos +de los mástiles para espantoso escarmiento de todos. No sé por qué +Magallanes me perdonó la vida y tuvo compasión de mí, si compasión puede +llamarse. El feroz capitán, al ir a entrar en el Estrecho, me dejó +abandonado sobre la costa inhospitalaria. Él siguió su viaje con sólo +tres bajeles, porque de los cinco uno naufragó y otro, el <i>San Antonio</i>, +logró escapar, y yo espero en Dios que a estas horas se hallará de +vuelta en Sevilla, donde dará cuenta de la ferocidad y de la locura de +que hemos sido víctimas.</p> + +<p>Al oír Morsamor aquel relato, reflexionó melancólicamente que los +laureles incruentos que él había imaginado acaso eran imposibles en +aquella edad en que él vivía. Pensó que sin duda era menester regarlos +con sangre: que el temple de voluntad de quien los cultivase había de +ser como el del acero y las entrañas como las del tigre. Así se absolvió +de su pecado, si le hubo, en la muerte de Tomás Cardoso. Así se calificó +hasta de benigno. No por eso en absolución fue acompañada de alegría, +sino que sintió pesar más negro en el fondo del alma al imaginar cuán +difícil era, sin culpa, sin estrago y muerte, conquistar por la acción +la suspirada gloria.</p> + +<p>Sustrayéndose luego a las tristes reflexiones de su harto exagerado +pesimismo, Morsamor preguntó a Juan de Cartagena:</p> + +<p>—¿Y quién es este que Magallanes dejó abandonado en tu compañía?</p> + +<p>—Este—respondió Juan de Cartagena—fue quien más nos solevantó y +alborotó con sus discursos. Es un fraile cordobés, llamado Fray Blas de +Villabermeja.</p> + +<p>Morsamor fijó entonces su atención en el fraile, le reconoció, fue hacia +él y le echó los brazos al cuello.</p> + +<p>—¡Querido Paisano!—le dijo—. Cuánto me alegro de poder servirte y +valerte en esta ocasión. Tú eres de un lugar que apenas dista un cuarto +de legua de mi patria, Zuheros.</p> + +<p>Morsamor y también Tiburcio reconocieron en el fraile abandonado a un +antiguo colega del mismo convento en que ellos habían vivido, pero el +fraile no reconocía a ninguno de los dos por más que maravillado los +contemplaba. Se lo impedían el mágico remozamiento del uno y la gallarda +e insolente apostura del otro, tan distinta de la humildad claustral que +había afectado cuando era novicio. Pero sin que le importase mucho +reconocerlos o no, Fray Blas de Villabermeja se dejó querer y agasajar y +dio gracias al cielo que de su abominable destierro le libertaba.</p> + +<p>Después de tan raro encuentro, la historia de la navegación de la nueva +<i>Argo</i> nada notable ofrece ni refiere durante más de cuarenta días. Sólo +se sabe que Morsamor fue tan venturoso, que navegó con velocidad +increíble. Al fin vino a hallarse a corta distancia, casi a la vista de +Sagres, como si la Providencia dispusiese que en el punto que había +hecho famoso el Infante don Enrique, iniciador de los grandes +descubrimientos, terminase su viaje el hombre que iba a cerrar el ciclo +y a dar comienzo a nueva Era.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XL" id="XL"></a>-XL-</h2> + + +<p>No todas las dificultades se habían allanado. Nadie hasta el fin puede +cantar victoria. A veces el más hábil auriga, al ir a alcanzar la palma +salvando la meta, suele tocar en ella y dar lastimoso y mortífero +vuelco.</p> + +<p>De repente vieron Morsamor y los de su nave un gravísimo peligro que +venía sobre ellos, de que ya no podían esquivarse con la fuga y que era +menester arrostrar con heroica y casi sobrehumana valentía.</p> + +<p>Una enorme galera se aproximaba dándoles caza. En su proa y en su popa +tenía sendas bombardas, y tres falconetes en cada costado. Estrecho era +el barco de babor a estribor, y la longitud de su eslora hacía que +hendiese rápidamente las olas a impulso de los treinta remos que llevaba +en cada banda.</p> + +<p>Lorenzo Fréitas no dudó ni un instante de que aquella nave era de +corsarios argelinos.</p> + +<p>—Salvarse huyendo—decía—sería un milagro que no debemos esperar de la +bondad divina. Nuestra artillería vale poco o nada, y, si la empleamos, +sólo conseguiremos provocar y enojar al cosario, que con la suya nos +echará pronto a pique, sobreponiéndose su cólera a la codicia que le +mueve a apoderarse de la presa. Rica debe de imaginársela. Nuestro barco +no tiene aspecto guerrero, sino trazas de lo que es: de nave mercante +que vuelve de la India. En su imaginación verá ya el corsario los ricos +tesoros de que pronto va a hacerse dueño. Podemos pelear y defendernos, +pero sin esperanza. Señor Miguel de Zuheros, creo de mi deber deciros mi +opinión con franqueza.</p> + +<p>—Yo la acepto y la estimo—respondió Morsamor—. Y con la misma +franqueza voy a exponer mi parecer, aunque ya en forma de órdenes +imperativas e ineludibles, porque no hay tiempo para discusiones ni +discursos. Espero que todos cumpliréis con vuestro deber, me obedeceréis +ciegamente y haréis con puntualidad y exactitud lo que yo prescriba.</p> + +<p>Soldados y marineros juraron obedecer a su capitán. Morsamor entonces +dispuso las cosas con arreglo al plan que había concebido y dividió en +tres partes sus fuerzas: la marinería al mando del piloto; al mando de +Tiburcio lo mejor de la hueste, contándose en ella Juan de Cartagena y +Fray Blas de Villabermeja, a quienes excitó para que se luciesen, +pagando así la franca hospitalidad con que los había acogido. Él guardó +bajo su inmediato gobierno a veinticuatro de sus más leales, astutos y +valientes aventureros, en cuyo número figuraban los mestizos +mongoles-castellanos.</p> + +<p>En seguida dio Morsamor sus instrucciones a los jefes y ordenó que +ocupase su puesto cada uno. La nueva <i>Argo</i> siguió huyendo, pero con +muestras de desesperación y de miedo, sin desplegar más velas, como si +pareciese resignada ya a entregarse al enemigo.</p> + +<p>El corsario, impaciente, lanzó, no obstante, tres disparos de falconete +para que la nueva <i>Argo</i> se rindiera. Una de las balas tocó en el casco +del buque y abrió en él ancho agujero, aunque por fortuna muy sobre la +línea de flotación, cerca de la popa. Sólo con mar muy alborotado y con +arfar muy violento podría la nave hacer agua. Nada contestó Morsamor a +aquel daño y a aquel ultraje. Su nave, inerme, dejó que se le aproxímase +la galera, que la prendiese con enormes garfios, y que los corsarios, +armados de hachas, se lanzasen al abordaje, o más bien, confiados en su +poder incontrastable, a tomar posesión de la nave sin recelar +resistencia alguna.</p> + +<p>Así fue en un principio. Morsamor y los veinticuatro capitaneados por él +cejaron como amedrentados, aunque sin desordenarse ni separarse. Los +corsarios, con su capitán al frente, llenaban ya la cubierta. El grupo +de Morsamor se arrinconó hacia la popa; hacia la proa, Fréitas y sus +marineros. En el barco no parecía haber más tripulantes. El aspecto de +ambos grupos inspiraba compasión y fomentaba la confianza y el descuido +de los corsarios. Sin duda Morsamor y Fréitas querían rendirse anhelando +sólo las menos duras condiciones. No intentaban hacer uso de las armas, +aunque las tenían en las manos. A fin de que las entregasen, los +corsarios se dividieron, dirigiéndose a un grupo y a otro.</p> + +<p>En la pequeña cámara de Morsamor, que estaba sobre cubierta, no parecía +posible que hubiese capacidad bastante para que en ella se ocultasen +muchos hombres armados. En ella, no obstante, estaban hacinados y +apretados Tiburcio y su tropa.</p> + +<p>De súbito abrieron la puerta de la cámara y salieron con inaudita +rapidez. Todos corrieron hacia el lado opuesto al en que estaban +Morsamor y Fréitas y hacia el punto en que la nueva <i>Argo</i> estaba asida +al barco corsario. Con prodigiosa agilidad y con tal prontitud que no +dieron tiempo para que se apercibiesen y cerrasen paso, saltaron todos +en la galera. Y entonces, más listos y expeditos aún, dieron muerte a +los cómitres, quitaron grillos y cadenas y pusieron en libertad a los +galeotes, que eran más de sesenta cristianos cautivos. Estos hallaron +sin dificultad armas de que apoderarse.</p> + +<p>Tarde semi-comprendió el capitán corsario la estratagema que le habían +urdido, mas no desmayó por eso. Antes bien, arremetió impetuoso contra +el grupo de Morsamor, mientras que otro buen golpe de su gente caía +sobre Fréitas y sus marineros, los cuales tuvieron por desgracia que +luchar proporcionalmente contra mayor número de contrarios. Fréitas fue +uno de los primeros que perdieron la vida, abierta su cabeza de un +hachazo. Otros ocho de su tropa sucumbieron también, al principio casi +de la pelea.</p> + +<p>Morsamor, entre tanto, parecía invulnerable, pero también sus enemigos +eran más que los hombres de que él disponía. Acorralados Morsamor y los +suyos se mantenían a la defensiva.</p> + +<p>Todo esto, no obstante, fue obra de pocos minutos. Tiburcio supo darse +prisa. En la galera corsaria dejó a Juan de Cartagena y a Fray Blas con +diez hombres más de su fuerza y con veinte galeotes, ya libres y +armados, y se precipitó en la nueva <i>Argo</i> con todos los demás que le +seguían y que eran más de sesenta. Ansiosos de combatir se sentían +todos, y particularmente los ya libres forzados, a quienes aguijoneaba +el rencor e impulsaba el deseo de curar con la sangre de los corsarios +las llagas y los verdugones que la penca del cómitre había hecho en sus +espaldas desnudas.</p> + +<p>Atacados los corsarios por todas partes, no pudieron resistir. Aunque +vendieron caras sus vidas, perecieron los más valientes y el capitán +argelino, rindiéndose a discreción los otros, que fueron aherrojados y +convertidos en nueva chusma.</p> + +<p>Morsamor pasó en triunfo a la conquistada galera. Resonar de clarines, +vivas, altos aplausos y el estampido de algunos disparos de los +falconetes solemnizaron la victoria. Con lamentos y hasta con lágrimas +se deploró la muerte de Fréitas y de las otras víctimas.</p> + +<p>Para escarmiento ejemplar y para dar testimonio del brillante éxito de +aquella lucha, Morsamor mandó colgar el cadáver del capitán argelino en +el mástil de la galera, sobre el cual dispuso que se izase la bandera de +Castilla.</p> + +<p>Rodeado de Tiburcio, Cartagena, Fray Blas y otros, se hallaba Morsamor +presenciando aquella maniobra y recibiendo plácemes, cuando a deshora +apareció una rubia y majestuosa dama, vestida de luto, y se arrojó en +los brazos de Morsamor y cubrió su rostro de besos, exclamando +entusiasmada:</p> + +<p><i>—¡O givia ed orgoglio del mio core! ¡O coraggioso mio drudo!</i></p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XLI" id="XLI"></a>-XLI-</h2> + + +<p>Más sorprendido que complacido vio Morsamor la aparición de donna +Olimpia de Belfiore, pues no era otra la dama enlutada que le saludó con +tanto entusiasmo y cariño.</p> + +<p>Hermosa como siempre estaba donna Olimpia. El tiempo no imprimía la +destructora huella en su rostro, en el cual se notaba mayor majestad que +antes y honda tristeza.</p> + +<p>Donna Olimpia no había aparecido sola. Teletusa, tan regocijada como de +costumbre, apareció con ella. Y aparecieron igualmente entre los +libertados galeotes, siendo de los que mejor pagaron la libertad +combatiendo a los corsarios, los dos fieles y robustos escuderos a +quienes llamaban Asmodeo y Belcebú, más por broma que con suficiente +motivo.</p> + +<p>Para satisfacer la curiosidad natural de Morsamor y de Tiburcio, donna +Olimpia, en presencia de Teletusa y del doncel, no tardó en contar a +grandes rasgos sus aventuras. Y como donna Olimpia era tan latina y tan +abastada de erudición clásica, empezó diciendo como el Eneas de +Virgilio:</p> + +<p> +<span style="margin-left: 5em;"><i>¡In fandum, Morsamor, jubes renovare dolorem!</i></span><br /> +</p> + +<p>Traía ella consignados en precioso manuscrito todos los peregrinos +sucesos de que había sido testigo, agente o paciente. Con ellos, +imitando a César, se proponía dar al público sus comentarios. Es +indudable que si los hubiese publicado y si no se hubiesen perdido, +serían casi tan interesantes como los del Dictador romano. Si nosotros +los poseyésemos o pudiésemos reconstruirlos, compondríamos con ellos una +historia no menos extensa que la presente, pero aquí deben entrar como +episodio, y el episodio no debe extenderse más que el principal asunto. +Para no faltar a esta regla de los preceptistas y cumplir con el <i>semper +ad aventum festina</i> de Horacio, nos abstendremos de referir las cosas +con la pausa con que las refirió donna Olimpia, y las referiremos tan en +resumen, que más parezcan el plan o el índice de la historia que la +historia misma.</p> + +<p>Con la presencia en Melinda de nuestras dos damas, la corte estaba +brillantísima: las fiestas y diversiones se sucedían sin tregua: +cacerías, banquetes, cabalgatas, simulacros de batallas, o algo a modo +de bárbaros torneos, todo se sucedía con grande lujo y no menores +gastos. El pueblo, negro y tacaño, se hartó de tanta magnificencia y +halló que le costaba muy cara. Donna Olimpia tuvo indicios de que se +conspiraba contra ella y contra el rey. Para aquel generoso príncipe +temió un mal percance y para ella fin no menos trágico que el de la +famosa Raquel, judía de Toledo, o que el de doña Inés de Castro, tan +celebrada más tarde por los poetas épicos y dramáticos portugueses.</p> + +<p>Donna Olimpia sabía eclipsarse y evadirse a tiempo. En esta ocasión no +le faltó su habilidad. Con raro disimulo ganó el corazón y hechizó al +capitán de una nave lusitana que tocó en Melinda de paso para Massauá a +donde iba a reunirse con la flota, que había llevado a don Rodrigo de +Lima y que debía volver a la India con dicho señor y con toda su pomposa +Embajada, después que hubiesen visitado al Preste Juan, o sea al monarca +de Abisinia o por otro nombre de la alta Etiopía.</p> + +<p>No tenemos espacio para describir aquí aquel país desconocido hasta +entonces de los europeos ni para relatar los peligros y trabajos que +pasaron y los triunfos que obtuvieron nuestras dos atrevidas viajeras.</p> + +<p>La Etiopía alta era y es a modo de inmensa fortaleza natural, de nava +dilatadísima, que se levanta, sostenida por abruptos cerros, muy sobre +el nivel de las otras circunstantes tierras africanas. Allí +encastillado, resistiendo a la creciente inundación del Islamismo, +vivía, desde muy antiguo, un pueblo cristiano, y había un reino un tanto +decaído ya, pero en otro tiempo muy poderoso que se extendía por Arabia +y por otras regiones.</p> + +<p>Hacía ya más de treinta años que Pedro de Covillán había sido enviado a +aquel reino por el príncipe perfecto don Juan II. Aquel varón simpático +y astuto se había ganado la voluntad de los etíopes y singularmente la +de la sapientísima reina Elena, quien le tuvo por consejero y muy por su +privado. Pedro de Covillán se había hecho abisinio, Grande del reino y +Gobernador o más bien príncipe feudatario de fértiles y dilatadas +comarcas. Él influyó para que viniese a Lisboa y viviese en la corte de +don Manuel el ilustre señor Mateo, Embajador del rey David y de la reina +Elena.</p> + +<p>En respuesta a dicha Embajada, había ido a visitar al Preste Juan el ya +mencionado don Rodrigo de Lima con gran pompa y séquito. En el séquito +descollaba el Reverendo Padre Fray Francisco Álvarez, elocuente y +verídico historiador de la Embajada misma, a cuya narración nos +remitimos, y alma además de las negociaciones diplomáticas, porque el +tal don Rodrigo era <i>muito parvo</i>, si hemos de dar crédito a las +hablillas y murmuraciones de sus subordinados. Todo esto, no obstante, +importa tan poco a nuestra historia, que debiéramos pasarlo en silencio. +Bástenos decir que donna Olimpia se ingenió de tal suerte y se dio tan +buena maña, que se hizo amiga de Pedro de Covillán, de don Rodrigo, y de +todo el personal de la Embajada. Por este medio fue presentada en la +corte que iba siempre vagando de un lugar a otro y habitaba bajo +hermosas tiendas en campamento vastísimo capaz de contener y que +contenía más de veinte mil personas, desde el Abuna o Patriarca, la +clerecía, las princesas de la sangre y los altos dignatarios, hasta los +soldados y sirvientes.</p> + +<p>En fin, y para no cansar a los lectores, consignaremos sin más preámbulo +que el Preste Juan o soberano de aquella tierra que se llamaba entonces +David, se enamoró perdidamente de donna Olimpia, y acabó por casarse con +ella.</p> + +<p>David era ya casado, pero esto no era óbice, porque allí el rey podía y +solía tener dos mujeres legítimas: una se llamaba <i>cuan-baaltihat</i> o +reina de la mano derecha, y la otra, <i>gerâ—baaltihat</i> o reina de la +mano zurda. Esta última dignidad fue la que obtuvo donna Olimpia, mas no +por eso fue menos considerada, y según la etiqueta de la corte, severa y +minuciosa por todo extremo, donna Olimpia fue tratada, respetada y +atendida como esposa del <i>Negus Nagat</i>, o Rey de reyes y Soberano Señor +de Aksum, de Homer, de Raydan, de Habaset, de Sabá, de Silhi, de Tiyam, +de Kas, de Bega y de otros Estados, de la mayor parte de los cuales, ya +<i>in partibus infidelium</i>, sólo quedaba el título.</p> + +<p>Algo influyó donna Olimpia en la renaciente cultura de los abisinios, y +de ello con razón se jactaba. Censuró y condenó las muy frecuentes +borracheras de onfacomeli, bebida de que se abusaba mucho en Abisinia, y +de cuya composición, tal como la explica el diccionario de la Real +Academia Española, tantos donaires y chistes acertó a decir nuestro +amigo don Manuel Silvela. Con más eficaz energía se opuso aún a que los +súbditos de su esposo comiesen carne cruda, y sobre todo, a que los +refinados y sibaríticos la comiesen invirtiendo los trámites, o sea (no +lo creeríamos si no nos lo contasen autores de grave autoridad y +respeto), cortando la carne del buey vivo para que, sazonada con sal y +pimienta, entrase en la boca conservando aún el calor vital inimitable y +delicioso.</p> + +<p>Nuestra heroína logró modificar también el desorden abominable con que +solían terminar los banquetes, cuando se abusaba del onfacomeli y del +buey vivo. El desenfreno era tal, que el pudor de donna Olimpia hubo de +sublevarse, transmitiendo tan honrada sublevación a su esposo. Como en +aquel país hay muchísimas hienas, que tan cobardes como carniceras +devoran las bestias de carga y tienen miedo del hombre, aunque rodean e +invaden a veces el campamento regio, cada personaje de la corte y el +mismo rey van siempre armados de un látigo para osear y castigar las +hienas con que tropiezan a su paso. De este látigo se valió, pues, el +rey David, incitado por donna Olimpia, para infundir recato y compostura +a sus cortesanos y hasta a las princesas de la real familia en una de +aquellas orgías endemoniadas.</p> + +<p>Un poco atenuó también donna Olimpia lo sobrado servil de algunas +etiquetas o ceremonias de aquel ambulante palacio, impidiendo que en lo +sucesivo se pusiesen todos de rodillas, besasen la tierra y +prorrumpiesen en jaculatorias o breves y fervorosas oraciones, no sólo +cuando aparecía el <i>Negus</i>, sino cuando cualquier rumor, como suspiro, +tos o estornudo, indicaba su cercanía.</p> + +<p>Con tales mejoras, con tan buenos consejos y con el ameno trato de donna +Olimpia, el rey estaba cada día más prendado de ella. El nacimiento de +un Principito puso el colmo a la ventura de amantes esposos. Pero el rey +enfermó y creyó a pies juntillas que era llegada su última hora.</p> + +<p>No había que vacilar ni que retardarse. Muerto el rey, le sucedería al +punto su primogénito, hijo de la reina de la mano derecha, príncipe muy +apegado a los antiguos usos y muy receloso además. De seguro que no bien +empuñase el cetro, encerraría a donna Olimpia y a su vástago en cierto +castillo, levantado a este propósito encima de muy alta y escarpada +roca, a donde sólo podía subirse por estrecha escalera abierta en los +duros peñascos y muy bien defendida y custodiada. En aquel retiro, a fin +de evitar contiendas civiles, eran encerrados cuantos podían tener algún +derecho a la sucesión de la corona, arrancándoles a menudo los ojos con +sabia cautela.</p> + +<p>Era menester evitar tan ruda catástrofe. El <i>Negus</i> tenía que enviar un +Embajador al bajá que, derribado ya el poder anárquico de los mamelucos, +gobernaba en el Cairo. El Abuna, al mismo tiempo, tenía que enviar un +mensajero y parte del diezmo al Patriarca de Alejandría, de quien era +sufragáneo. Se aprovechó, pues, aquella excelente ocasión, y con la +lucida y bien custodiada caravana, se largó de Abisinia donna Olimpia, +en compañía del Principito, de Teletusa y de sus dos fieles escuderos +que nunca la abandonaron.</p> + +<p>En su tránsito por Egipto, vio y admiró donna Olimpia la esfinge, las +pirámides y multitud de otros monumentos del tiempo de los Faraones.</p> + +<p>Llegada sana y salva a Alejandría, se embarcó con su gente en un barco +mercante de Venecia, que navegaba con diploma o patente del gran turco +Solimán, a quien para obtener tales diplomas pagaba un considerable +tributo anual la Señoría.</p> + +<p>A la vista ya de la costa occidental de Italia ocurrió la enorme +desventura de que el barco veneciano fuese apresado por el corsario o +más bien por el feroz y desalmado pirata cuya merecida y trágica muerte +hemos ya narrado. El diploma del gran Sultán de los osmanlíes, aunque +fue exhibido, estaba escrito en vítela con letras de púrpura y oro y era +una maravilla caligráfica, no sirvió absolutamente de nada. El pícaro +corsario supuso que era falso a fin de no darle cumplimiento y se llevó +a remolque el barco veneciano, transbordando a su galera y hasta a su +camarote a donna Olimpia y a Teletusa.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XLII" id="XLII"></a>-XLII-</h2> + + +<p>Terrible situación era esta para una reina, aunque fuese de Abisinia y +de la mano zurda.</p> + +<p>Según los anales etiópicos, allá en tiempo del Rey Salomón, hubo en +Etiopía una señora llamada Makeda que no fue otra sino la misma reina de +Sabá, la cual visitó al monarca de Israel, examinó y tomó el pulso a su +sabiduría poniéndole mil acertijos y enigmas, y le enamoró además, hasta +el punto de volver ella a su país muy ilustrada y en estado interesante. +El augusto niño que nació de resultas, se llamó Menilek o Menelik y fue +antiquísimo y reverendísimo tronco de la dinastía a la sazón reinante, +en cuya comparación eran frescas, plebeyas de ayer y de mañana todas las +dinastías de Europa.</p> + +<p>Ansiosa estaba donna Olimpia de rivalizar con la señora Makeda y aun de +obscurecer la gloria de otra reina de Etiopía llamada Candace que se +hizo cristiana y difundió la verdadera religión entre sus súbditos, +inducida a ello por su virtuoso valido, aquel eunuco a quien convirtió +el diácono Felipe, explicándole un texto obscuro de Isaías.</p> + +<p>Donna Olimpia proyectaba criar y educar a su Principito con el mayor +esmero por monjes benedictinos, ya que todavía ni San Ignacio de Loyola, +ni San José de Calasanz habían fundado escuelas; y luego que estuviese +bien educado y crecido, enviarle a conquistar la Abisinia y a sacarla de +la barbarie en que había caído.</p> + +<p>El corsario argelino había venido en mal hora a contrariar tan altos +proyectos.</p> + +<p>Durante dos o tres días, sin embargo, renació la esperanza de donna +Olimpia.</p> + +<p>El Mediterráneo se hallaba a la sazón surcado de continuo por muchas +galeras de los Caballeros de San Juan de Jerusalem, los cuales vagaban +sin hogar de un punto a otro. Acababan de perder la isla de Rodas que +era su dominio. Solimán, poderoso monarca de los osmanlíes, había +dirigido todas sus fuerzas contra aquella isla, la cual, después de +largo asedio y de una defensa pasmosamente heroica en que perecieron más +de cien mil turcos, tuvo necesidad de rendirse. Honrosa fue la +capitulación que firmó el Gran Maestre Felipe de Villiers de Lisle Adan, +quien salió con armas y banderas desplegadas y con cinco mil personas +que le siguieron. La noble emulación entre los Caballeros de las ocho +lenguas, su espíritu militar y su ardiente fe religiosa, dieron aspecto +de triunfo a aquella pérdida, hermoseándola con palmas y laureles.</p> + +<p>Los expulsados Caballeros de Rodas vagaban por el Mediterráneo en sus +galeras, ansiosos de tomar en los corsarios algún desquite.</p> + +<p>Dos galeras de los Caballeros de Rodas avistaron la galera del corsario +y la persiguieron con ahínco; pero la galera del corsario era ligerísima +y despiadados sus cómitres. El rebenque, cayendo sobre las espaldas de +los forzados, acrecentó su fuerza locomotora, y el corsario logró +escapar de la persecución, aunque sin arribar a Argel, sino llegando en +su fuga hasta cerca de las costas de Málaga. Desde este puerto, +divisaron el bajel corsario barcos de guerra de Castilla que salieron a +darle caza. Acosado el corsario por todas partes, pasó el Estrecho de +Gibraltar para ponerse en cobro.</p> + +<p>En aquellos días de angustia, el corsario, como era natural, estaba muy +rabioso y se sentía capaz de toda suerte de atrocidades. +Infortunadamente, el Principito estaba muy empalagoso con los dolores y +molestias de la dentición. De noche, sobre todo, tomaba estruendosas +perras, berreaba mucho y no dejaba que ni donna Olimpia, ni Teletusa, ni +el corsario, pegasen los ojos. El corsario, durante tres noches, lo +aguantó todo por galantería; pero en la noche cuarta, se puso tan +nervioso y tan frenético que apenas nos atrevemos a decir lo que hizo, +tanto es el horror que nos causa. Imitando, o mejor diremos, +prefigurando al héroe de una novela de Gabriel d'Anunnzio, aunque sin +premeditación ni alevosía, sin sutilezas psicológicas y sin celos +retrospectivos, sino en el arrebato y en la excitación del insomnio, +agarró al Principito y lo arrojó al mar por la ventana del camarote.</p> + +<p>Desgarradores fueron los gritos que en aquella ocasión lanzó donna +Olimpia, al considerar que se ahogaban sus más bellas esperanzas. Donna +Olimpia tuvo, sin embargo, que callarse, porque el corsario, brutal e +iracundo, la amenazó con arrojarla también al mar si no se callaba.</p> + +<p>De lo que ocurrió al día siguiente ya hemos dado cuenta. Ya sabemos cómo +el corsario pagó de una vez todos sus delitos.</p> + +<p>Cuando Morsamor supo los lastimeros ocasos que acabamos de referir, se +compadeció de donna Olimpia y procuró consolarla; pero el cuidado de su +nave le preocupaba más todavía. Y como iba ya acercándose a la costa, +Fréitas había muerto y no era muy de fiar el contramaestre, Morsamor +velaba y sólo por breve rato entraba a reposar en la cámara.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XLIII" id="XLIII"></a>-XLIII-</h2> + + +<p>Antes de amanecer, se levantó Morsamor y fue sobre cubierta.</p> + +<p>Fresco vientecillo de Poniente empujaba la nave hacia la costa. Era de +esperar que, al rayar el alba llegase la nave a la desembocadura del +Tajo y penetrando y subiendo por el río, se presentase frente a Lisboa.</p> + +<p>En pos de la nave de Morsamor iba el barco del vencido corsario +argelino, brillante trofeo de la recién alcanzada victoria.</p> + +<p>Tiburcio de Simahonda había tomado en él el mando. La bandera de +Castilla, izada en el mastelero de gavia, continuaba allí en señal de +posesión, a pesar de la noche. De las entenas pendían, cual horrible +adorno y para ejemplar escarmiento, los cadáveres del capitán argelino y +de ocho satélites suyos, cada uno de ellos colgando por el pescuezo con +un lazo escurridizo.</p> + +<p>Densísima niebla lo envolvía todo. En la vaga penumbra del crepúsculo +sólo se percibía la forma indecisa del bajel apresado, como negro bulto +que se destacaba sobre un fondo de color de ceniza.</p> + +<p>Ni los cercanos montes de la costa, ni las pálidas y moribundas +estrellas, ni mar ni cielo se percibían con claridad. Si algo se +vislumbraba era como a través de muy tupido velo.</p> + +<p>Morsamor triunfante se engreía y deleitaba en la contemplación de su +gloria, sólo compartida acaso por Fernando de Magallanes. ¿Habría este +logrado o iría pronto a lograr su propósito después de pasar el Estrecho +donde encontró Morsamor el rastro y las muestras de su cruel energía? +Morsamor se lo preguntaba y no acertaba a responderse. Pero fuera cual +fuera la respuesta que diese al cabo el destino, la gloria de Morsamor, +aunque compartida, no menguaba. Él había circunnavegado el planeta, +obtenido experimental conocimiento de su magnitud y de su forma, y +cerrado el ciclo de los grandes descubrimientos y navegaciones.</p> + +<p>Soberbio, engreído estaba Morsamor por todo ello. Y sin embargo, en vez +de ensancharse su corazón y de regocijarse, se sentía abrumado en +aquellos momentos por amarga tristeza. Un enjambre de pensamientos +desconsoladores acudían a su espíritu y le atormentaban y picaban con +ponzoñoso estímulo. Y en aquel estímulo ponzoñoso había, como en el +estro de los poetas, la eficacia de revestir de imágenes lo pensado, +prestándoles movimiento y vida y poblando y animando con ellas el +ambiente de nieblas que a Morsamor circundaba.</p> + +<p>No, no era arco triunfal el que acababa de erigir y por donde +gloriosamente se entraba en la edad moderna. Era más bien puerta con que +él cerraba y terminaba un inmenso periodo histórico, una larga serie de +más de treinta siglos, durante los cuales los pueblos que habitan en +torno del Mar Mediterráneo habían sido guías, iniciadores, maestros y +hierofantes del humano linaje. Egipto, Fenicia, Grecia, Italia y España, +habían tenido sucesivamente el primado, el cetro y la virtud +civilizadora.</p> + +<p>El mismo orgullo de Morsamor, el superior valer que atribuía a sus +hechos se revolvía en daño suyo y servía para deprimirle. Acabada por él +la obra que incumbía a los pueblos meridionales de nuestro continente, +la fuerza, el imperio y la inteligencia dominadora iban a pasar a otras +manos.</p> + +<p>Al reconocer Morsamor tal como es la tierra en que vivimos, había +disipado el encanto que nos hizo señores de ella. La abandonaba su fe y +con su fe la abandonaban los genios, los dioses y los poderes e +inteligencias sobrenaturales que sucesivamente su fe había creado. +Esquilmado y seco el suelo, no se prestaba ya, aun herido de nuevo por +el corcel con alas, a que brotase de él otra Hipocrene. Circe y Calipso +huían buscando refugio y sin hallar en los mares espacio misterioso y +esquivo y afortunadas islas donde erigir espléndidos palacios, socavar +frescas grutas y plantar deleitosos jardines para recibir, agasajar y +embriagar de amor a los héroes. Venus no surgía ya del seno de las ondas +salobres, ni las Nereidas, abandonando sus alcázares submarinos, venían +a consolar a Aquiles por la muerte del amigo, ni aparecían en limpia y +hermosa desnudez ante los ojos mortales de Jasón y de sus compañeros que +iban a conquistar el Vellocino. Los oráculos callaban; cesaban los +milagros. Parados y ocultos los cíclopes, ni en Letnos ni en las +cavernas del Etna forjaban armaduras lucientes. Apolo y las musas +sentían el prurito de abandonar a Delos, el Parnaso y el Pindo, de +salvar las Montañas Rifeas y de instalarse en las regiones hiperbóreas, +mientras no las visitaba algún viajero curioso y les quitaba todo su +hechizo. En suma, era tan temeroso y destructor el desencanto que Miguel +de Zuheros imaginaba haber producido, que hasta los santos y los ángeles +se iban volando y abandonaban nuestra tierra desengañada. Pero las +cristalinas esferas se habían desbaratado y roto, no giraban ya en +arrebatada consonancia y nadie podía oír su musical armonía en los +arrobamientos del éxtasis. Soledad y fúnebre silencio reinaban en la +fría y desierta amplitud del éter sin límites. Muy lejos, muy lejos de +los hombres tenían que subir los coros celestiales para acercarse al +primer móvil y descubrir el Empíreo.</p> + +<p>Así se atormentaba Morsamor con cavilaciones nacidas de vanidad +atrabiliaria en que muchos después de él han caído y caen. Han creído +que llevaban en una mano la férula del progreso y la antorcha de la +razón en la otra, y que iban arrollando con ellas cuantas creencias y +poesía se les paraban delante, despejando el mundo de visiones y de +fantasmas para que sólo quedase en él la realidad monda y escueta.</p> + +<p>Y sin aquietarse Morsamor y pasando adelante en su cavilar lastimoso, +supuso, por último, que la ciencia empírica, hija del exterior sentido, +iba a arrebatarnos el imperio y a dársele a los pueblos del Norte, +patentizando el jactancioso embuste de las profecías del Padre Ambrosio. +Morsamor dio entonces forma y vida a este nuevo pensamiento, y vio en +torno suyo, discurrir entre la niebla diminutas y vaporosas +semideidades, geniecillos sutiles que apenas eran algo y casi se +convertían en flores retóricas: gnomos deformes y enanos, que trabajaban +sin cesar en el centro obscuro de la tierra y sacaban de allí para sus +naciones favoritas piedras y metales preciosos, raros documentos de los +archivos subterráneos, y primitivas selvas, alimento del fuego, motor y +artífice infatigable. En pos venían los silfos y las ondinas. Y luego +las aladas salamandras extraían del escondido seno de las cosas una +incomprensible virtud, de mayor ligereza que la luz y el fuego, rápida y +potente como el rayo, y se la prestaban a los hombres para que +iluminasen y moviesen con ella los seres inertes y obscuros y +transmitiesen con instantánea y casi ubicua rapidez el pensar y el +sentir, la palabra y el sonido.</p> + +<p>Salió al fin Morsamor de aquel piélago de tristes meditaciones en que se +había engolfado.</p> + +<p>El sol, que se alzaba sobre los montes, desgarró los velos de niebla que +los envolvían. Morsamor vio entonces el promontorio que estaba cerca y +hacia donde dirigía el rumbo su nave. En seguida reconoció que eran los +cerros de Cintra, cubiertos de feraz y lozana verdura. En la más alta +cima de la Peña, creyó distinguir con envidia al enamorado Bernardín +Riveiro, que todavía oteaba la extensión del Atlántico y buscaba con +lágrimas la estela de la nave que le arrebató a doña Beatriz.</p> + +<p>Y vagando por la frondosidad umbría de aquellos valles, apareció también +a Miguel de Zuheros la virginal figura de doña Sol de Quiñones, que no +le censuraba, sino que le compadecía de que volviese a verla, olvidado +de su poético enamoramiento y acompañado y consolado por donna Olimpia. +La Ínsula Firme se había sumergido también en el Atlántico como otras +mil fábulas venerandas. En ningún mapa habría ya sitio en que ponerla. +Ni era menester porque el mágico Apolidón había derribado el Arco de los +leales amadores, enojado de que ya nadie pasara por él, como pasó Amadís +fiel a Oriana.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="XLIV" id="XLIV"></a>-XLIV-</h2> + + +<p>Poco satisfecho estaba Morsamor de sí mismo en aquellos instantes. +Cuando iba a llegar al término de su peregrinación, un fúnebre +presentimiento contristaba su alma. La agitaba negra tempestad de +pasiones.</p> + +<p>De súbito se encapotó el cielo con densas nubes. Por breve rato hubo +calma abrumadora como si algo pesado oprimiese el ambiente. Pero pronto +se desencadenó la tempestad más furiosa. El viento del Norte sobrevino +con ímpetu rabioso y sacudió y levantó las aguas del mar en gigantescas +olas. Chocaron las nubes con estruendo. Intensos relámpagos iluminaron +siniestramente el aire. Los rayos le surcaban de continuo.</p> + +<p>El bajel apresado no tardó en apartarse de la nave de Morsamor. La +borrasca le llevó lejos de su vista.</p> + +<p>Morsamor hizo esfuerzos inauditos para salvar su nave, harto trabajada +ya por larguísima navegación y por el choque y combate con el bajel +corsario.</p> + +<p>Los marineros todos le ayudaron con celo y con brío en la ruda faena, +mientras que conservaban esperanzas; pero la nave, impulsada por los +vientos y por las olas, ya parecía elevarse a las nubes, ya hundirse +entre dos enormes montañas de agua, y no obedecía al timón, y se ladeaba +a veces como si fuera a volcarse, y el agua subía por cima de la +cubierta, la barría con furia y penetraba hasta el fondo.</p> + +<p>Muchos tripulantes, en el delirio ya de la desesperación, blasfemaban o +rezaban y no acudían a la maniobra.</p> + +<p>Casi abandonada la nave de dirección y de auxilios humanos, corrió aún +no poco tiempo con velocidad vertiginosa, a merced del huracán que la +impelía sobre la líquida faz del Océano, que ya la levantaba en sus +oleadas, ya la precipitaba en la medrosa hondura que entre dos montes de +agua a cada momento se abría.</p> + +<p>La nave de Morsamor no pudo resistir más. Acaso bastó a destrozarla el +furor de los vientos y de las olas. Acaso fue a romperse, chocando +contra oculto bajío. Ello es que la nave, desbaratada la trabazón de sus +tablas se deshizo en pedazos.</p> + +<p>Cada uno de los que la tripulaban luchó por la vida y procuró salvarse +como pudo.</p> + +<p>En aquel momento de angustia, Morsamor cayó en el agua y pensó salvarse +nadando, pero pronto sintió un peso que le oprimía, que le estorbaba +nadar y que fatalmente iba a ahogarle. Despavorida donna Olimpia, pálida +por el miedo de la muerte, frenética de terror y de funesto cariño, se +había agarrado a Miguel de Zuheros, ciñéndole y estrechándole entre sus +brazos.</p> + +<p>O la falta de brío o la sobra de piedad impidió a Morsamor apartar de sí +aquel obstáculo que se oponía a su salvación; aquella mujer por quien +iba a perderse sin que ella se salvara.</p> + +<p>Morsamor, en vez de rechazarla, en aquellos instantes, acaso los últimos +de su vida, la cogió con ternura. Y movida ella por gratitud y por +amorosa vehemencia, unió su boca a la de Morsamor y la regaló con hondo +y prolongadísimo beso.</p> + +<p>Extrañas fueron las impresiones de Morsamor. Se figuró que donna Olimpia +absorbía con sus labios toda la mocedad y toda la vida nueva que las +pociones mágicas del Padre Ambrosio le habían infundido. Volvió la vejez +a apoderarse de su cuerpo y empezó a sentirse casi decrépito. El frío +del agua atravesaba su carne, penetraba en sus huesos y le congelaba los +tuétanos y la sangre descolorida y pobre.</p> + +<p>Todavía se sostuvo Morsamor en la superficie del agua a su parecer por +extraño e imprevisto socorro.</p> + +<p>Tiburcio de Simahonda le tenía asido por la cabeza, impidiendo que se +hundiese; pero de sus hombres brotaron negras alas que velaron a +Morsamor la horrenda claridad de aquel día.</p> + +<p>Por último, una sensación grotesca, a par que espantosa, vino a colmar +el delirio de aquella en su sentir postrera agonía. Los dos tremendos +rufianes, Asmodeo y Belcebú, le habían cogido cada uno por una pierna, +tiraban de él y le arrastraban al fondo de los mares.</p> + +<p>Entonces Morsamor perdió el conocimiento y el sentido.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="Reconciliacion_suprema" id="Reconciliacion_suprema"></a>Reconciliación suprema</h2> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="Ir" id="Ir"></a>-I-</h2> + + +<p>Después de las portentosas aventuras que acabamos de referir y del +trágico fin que tuvieron, bien podemos asegurar que no murió Morsamor. +No nos consta de qué suerte pudo salvarse. En nuestra historia hay aquí +una tenebrosa laguna. Saltemos por cima de ella y volvamos al convento +en que el Padre Ambrosio seguía viviendo y ejerciendo sus artes mágicas.</p> + +<p>Por su virtud, aunque se ignore de qué manera, nadie en el convento +había notado la ausencia de Fray Miguel y del hermano Tiburcio.</p> + +<p>Acaso el Padre Ambrosio había evocado y atraído a dos espíritus, que +habían tomado la apariencia del fraile y del lego. Acaso, sin evocar +espíritu alguno, aquel gran mago había creado dos fantasmas que +reemplazasen en el claustro a los dos ausentes. Ello es que nadie los +echó de menos. Por lo demás, según imaginaban los otros frailes, Fray +Miguel vivía siempre retraído, encerrado en su celda y casi de continuo +postrado en cama.</p> + +<p>Lo que es ahora, bien podemos asegurar también nosotros que Morsamor o +Fray Miguel, de vuelta ya de sus excursiones, yacía en cama, en muy +mísero estado. Sin duda su segunda mocedad se había consumido toda en el +cumplimiento de las grandes empresas a que su voluntad y la ciencia del +Padre Ambrosio la consagraron. Fray Miguel se hallaba casi ciego, más +viejo, más acabado, más baldado por los dolores que antes de remozarse y +de encontrarse apto para la fuga. Se diría que aquel impetuoso +renacimiento de vitalidad, que aquella fuerza nueva que de la +profundidad de su ser había surgido, se había derramado como torrente, +se había volcado como ingente catarata, y se había gastado toda con +rapidez en inauditas acciones, sin dejar resto alguno, sino llevándose y +arrastrando en su curso parte de la vida que él conservaba aun antes del +cambio prodigioso.</p> + +<p>Pasaron algunos días en esta situación. Fray Miguel estaba cada vez más +enfermo y débil. Y sin embargo, lejos de ofuscarse o de anublarse, su +inteligencia se sentía bañada en luz serena y clara y Fray Miguel creía +o más bien estaba seguro de que iban disipándose las nieblas o +rasgándose los velos que le encubrían la verdad, y de que empezaba a ver +las cosas todas sin alucinación alguna que se las desfigurase y +trastrocase. Era, no obstante, tan sigiloso y tan reservado que nadie, +ni el mismo Padre Ambrosio, descubría los cambios que iban realizándose +en el fondo de aquel alma, aunque el Padre Ambrosio visitaba a menudo a +Fray Miguel y era perspicaz zahorí de los pensamientos ajenos.</p> + +<p>Llegó por fin un momento en que Fray Miguel se encontró menos agobiado +de sus males, con la mente despejada, con las piernas y los brazos más +firmes para accionar y moverse y con la voz entera para poder expresar +sin fatiga ni esfuerzo cuanto sentía y pensaba.</p> + +<p>Desvelado, en las altas horas de la noche, se levantó de su mezquino +lecho, se vistió precipitadamente el sayal, encendió con eslabón, yesca +y pajuela, una lamparilla de hierro, salió de su celda, atravesó los +claustros desiertos y sombríos, se dirigió a la puerta de la celda del +Padre Ambrosio, y llamó golpeando en ella.</p> + +<p>Había cierto reposo enérgico en el espíritu de Fray Miguel; mas, aunque +parezca contradictorio, coexistía con este reposo la impaciente +decisión, que no daba espera, de hablar al Padre Ambrosio, de +interrogarle sobre no pocas dudas y de pedirle cuenta y explicaciones +que las resolviesen.</p> + +<p>El Padre Ambrosio se oyó llamar, reconoció la voz de Fray Miguel, no +pudo resistirse al imperio con que este exigía que le oyese, se vistió +el hábito y le abrió la puerta refunfuñando.</p> + +<p>Entró en la celda Fray Miguel, colocó su lamparilla sobre la mesa, donde +había papeles y libros, y la misma calavera y el mismo crucifijo que la +primera vez que allí había entrado. Se sentó Fray Miguel en la silla en +que también se había sentado la primera vez, y diciendo, tengo que +hablarte, excitó por señas al Padre Ambrosio a que tomase asiento.</p> + +<p>El diálogo que hubo entre ambos, y que Fray Miguel comenzó, requiere +capítulo aparte.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="IIr" id="IIr"></a>-II-</h2> + + +<p>—¿Qué delirio es el tuyo?—dijo el Padre Ambrosio—. Me pasma que hayas +venido a verme. Si te he de hablar con franqueza, no creía yo posible +que pudieses salir de tu celda, débil como estás, baldado por los +dolores y velados tus ojos de densa nube que desde hace algún tiempo +apenas te deja ver distintamente las cosas, sino de un modo vago y +confuso y como al través de una neblina. ¿Qué quieres de mí? ¿Por qué +has venido hasta aquí, con paso vacilante e incierto, a tientas y sin +duda apoyándote en las paredes? ¿Qué es lo que de mí pretendes todavía?</p> + +<p>Fray Miguel contestó:</p> + +<p>—Pretendo que seas conmigo franco y leal, como yo lo he sido contigo. +Yo abrí para ti los más escondidos senos de mi alma y te mostré todos +sus arcanos. Nada te oculté ni de mis pensamientos ni de mis pasiones. +Mi espíritu, lleno de confianza en ti se te rindió por completo. Derecho +tengo a que tú también seas franco y leal conmigo. Vengo a pedirte +cuenta de tu conducta y de tus promesas. Dime toda la verdad. ¿Te has +burlado de mí? ¿Me has hecho víctima de un engaño? ¿Es cierto cuanto me +ha ocurrido o ha sido todo, como yo recelo, una endiablada +fantasmagoría? ¿Acaso las pociones mágicas que me administraste, +hundiéndome en hondo letargo, han suscitado visiones en mi cerebro, +grabándose en él con el poderoso vigor y con la clara distinción de la +realidad misma?</p> + +<p>Interrogado el Padre Ambrosio tan de improviso y de manera que hacía +imposible toda respuesta ambigua, permaneció en silencio y como quien +duda y cavila sobre lo que le incumbe contestar y sobre la forma en que +la contestación ha de ir expresada, para que implique la justificación o +la disculpa al menos. Después de larga pausa, contestó al cabo el Padre +Ambrosio:</p> + +<p>—Sean cuales sean los medios que he empleado, ora se consideren +realidad, ora vano prestigio, no debes tú dudar de la bondad de mis +intenciones. Yo he querido sanarte a toda costa del peor de los males. +Recuérdalo bien, de un orgullo satánico despechado que te hacía +aborrecible hasta la misma bienaventuranza del cielo. Contra enfermedad +tan horrenda, no hay remedio, por duro que sea, que pueda censurarse. +Supongamos por un momento que cuanto viste, y cuanto hiciste, desde que +por virtud de las pociones mágicas imaginaste despertar remozado, todo +carece de ser real fuera de ti. Aun así, aunque yo haya tenido fuerza +para crear en tu mente un mundo imaginario y para dártele en espectáculo +y para hacer de él amplio y pasmoso teatro en que tú fueses el principal +actor, bien puedes estar seguro de que he carecido de fuerza para +sujetar a mi propósito tu juicio y para someter tu voluntad a la mía. Yo +podré haberte ofrecido y presentado todas las ocasiones, todos los +objetos, todos los premios a que podía aspirar tu codicia, en que podía +hartarse tu sed de deleites y donde tu ambición y tu orgullo podían +quedar satisfechos; mas para lo que yo no tuve fuerzas, ni aun +teniéndolas las hubiera empleado, fue para violentar tu libre albedrío. +Sueño o no, te considero responsable de todos los actos de tu extraña +vida de descubridor y navegante. Si me cabe alguna duda es sobre el +grado mayor o menor, sobre la intensidad de tus méritos y de tus culpas. +Hay no pocos extremos hasta donde no llega mi ciencia, si bien presumo +que no es tan sereno y firme el juicio en quien duerme como en quien +vela, y que tu voluntad, sin ser violentada por mí, pudo ceder más +fácilmente que en la vigilia a los incentivos que en sueños se le +presentaron. De todos modos, aunque tu gloria hubiese sido soñada, tú +has sabido mostrarte capaz de esa gloria, y aunque hayan sido soñados +tus delitos, también eres responsable de ellos, aunque no en tanto +grado. En sueños tiene la voluntad menos brío para resistir a la +tentación que la provoca. Si no resiste y cede, entonces es menor su +delito; pero esa mayor flaqueza de la voluntad, que atenúa su falta si +incurre en pecado, tal vez da superior valer a toda acción buena que en +sueños se realiza, porque si la voluntad, poco briosa, basta a +realizarla soñando, mayor será su virtud cuando al despertar recobre +todo su poder y le emplee en darle cima. La diferencia entre el éxito +dichoso, ya en la realidad ya en el sueño, es que en la realidad depende +en gran parte de lo que llama el vulgo caprichos de la fortuna, o sea de +lo que los juiciosos y piadosos califican de inescrutables designios de +Dios, a fin de que se cumpla el plan maravilloso de la historia y de que +camine la humanidad hacia su término con dirección invariable y segura. +Todos nos agitamos y todos contribuimos a que se cumpla dicho plan, +quedando, no obstante, nuestra libertad en salvo, merced al soberano +concierto prescrito desde la eternidad por la Providencia.</p> + +<p>—Tu discurso—dijo Fray Miguel—se quiebra de puro sutil. En mi sentir +son alambicados y obscuros tus conceptos. Presumo, pues, o que no +entiendes o que entiendes lo contrario de lo que dices para mi consuelo, +y para atenuar la crueldad de la burla que me hiciste. Es falsedad, es +sofisma lo que sostienes. Si no debo condenarme porque mis crímenes han +sido soñados, tampoco debo glorificarme si también han sido soñadas mis +proezas. Convengo en que el mal éxito o el buen éxito final es obra de +la fortuna o hablando cristianamente, de Dios mismo; pero la acción, +independientemente del éxito, no vale sino en la vigilia para quien la +ejecuta. En sueños, el avaro es generoso, y tal vez quien despierto no +se desprende de un maravedí, para socorrer a un pordiosero, es capaz +soñando de prodigar todas las riquezas de los Cresos y de los Fúcares. +El cobarde puede soñar que es valiente. Hasta por lo mismo que despierto +le humilla y le atormenta su incurable cobardía, en sueños se consuela +creando y atribuyéndose el denuedo de que carece. En suma, yo infiero, +de lo que me dices, estas desconsoladoras y amargas verdades; que te has +burlado de mí; que mi segunda juventud, mis hazañas y mi gloria fueron +soñadas; que mis delitos también lo fueron; y que siéndolo, quedan en +duda las energías de mi ser y no merezco ahora, ni más ni menos que +antes, alabanza o vituperio, galardón o castigo.</p> + +<p>—Muy extremada manera es la de tu discurso y a mi ver es falsa, pero no +quiero que discutamos, porque así no lograríamos convencernos. Baste +para mi intento de convencerte de la aptitud y del poder que hay en ti, +tanto para lo bueno como para lo malo, la ilimitada confianza que en mí +pusiste y la constancia y el valor con que te sujetaste a mis conjuros, +arrostraste pruebas tremendas y no retrocediste, lleno de terror, ante +mis mágicas operaciones. Quien fue capaz de todo esto es capaz también +de todas las hazañas y digno de las victorias y de los triunfos. Sólo de +la fortuna, sólo de las circunstancias exteriores, y no de la virtud del +alma, depende que en realidad se logren o que sólo se logren en sueños. +Eres injusto al afirmar que me he burlado de ti. No; yo no me he +burlado; yo quise confortarte, puse los medios para conseguirlo, y lo +hubiera conseguido si no fueses tú tan descontentadizo y caviloso. Antes +de que mi magia se emplease en ti, tú no habías sido héroe y además +dudabas de que pudieses serlo. Ahora, aunque puedes dudar de que en +realidad lo hayas sido, no puedes dudar del poder que para serlo había +en tu alma.</p> + +<p>A estas últimas palabras del Padre Ambrosio, no replicó Fray Miguel para +contradecirlas ni mucho menos para manifestar que había quedado +convencido y satisfecho. Su única contestación fue un sonido +inarticulado que exhaló su pecho y que brotó de sus labios, de tan +indefinible condición que podía dudarse de si era suspiro o refunfuño, +bendición o maldición, muestra de gratitud o de queja.</p> + +<p>Hubo una larga pausa. Los ojos casi sin vista de Fray Miguel se fijaron +intensamente en el Padre Ambrosio, como si fuese el alma sin el +intermedio del material aparato quien por ellos mirase y viese. A pesar +de su poder mágico, y a pesar de su ánimo brioso, bajó los ojos el padre +no pudiendo resistir la intensidad y el fuego de aquella mirada. El +Padre, con todo, estaba sereno y tranquilo. No le remordía la +conciencia. Su conducta con Fray Miguel había procedido de la intención +más sana.</p> + +<p>Sin duda Fray Miguel pensó lo mismo, después de la larga pausa y de la +mirada escrutadora.</p> + +<p>No quiso, sin embargo, hablar más. Se levantó de la silla, tomó su +lámpara, pronunció un Dios te guarde, inclinando la cabeza, y se volvió +a su celda sin más explicaciones, preguntas ni discursos.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="IIIr" id="IIIr"></a>-III-</h2> + + +<p>Pasaron aún más de cinco semanas después del coloquio nocturno de que +acabamos de dar cuenta. El esfuerzo violento y el consumo de vitalidad, +hechos por Fray Miguel, para ir hasta la celda del Padre Ambrosio y para +hablar con él lo que había hablado, produjeron terrible reacción, +hundiendo a Fray Miguel en el mayor abatimiento físico. Se diría que +hasta para hablar, hasta para pronunciar algunas palabras, le faltaban +ya bríos. Fray Miguel estaba postrado en cama y callado como muerto.</p> + +<p>Sólo acudían a visitarle en su celda el Padre Ambrosio, cuya reputación +de excelente médico era grandísima e indiscutible, y el hermano Tiburcio +que, ayudante del Padre, cuidaba de Fray Miguel, y le suministraba +alimentos y medicinas.</p> + +<p>En medio, no obstante, de aquella enfermiza inacción de su ser material +y de aquel desmadejamiento y quebrante de su organismo, el pensamiento +de Fray Miguel lucía con más viveza dentro de su cerebro, y como si le +hubieran nacido pujantes alas, se remontaba a luminosas esferas y veía o +creía ver con mayor claridad y serenidad que nunca, lo pasado, lo +presente y lo futuro, fijando la mirada de águila en el radiante foco, +donde lo real y lo ideal se compenetran, se confunden y son una cosa +misma.</p> + +<p>En la mente de Fray Miguel se realizó así saludable mudanza. En virtud +de ella, depuso todo enojo contra el Padre Ambrosio. Lo que tal vez +consideraba antes como burla, le pareció lección provechosa, rica en +beatíficos resultados.</p> + +<p>Harto bien conocía Fray Miguel la postración de su cuerpo y la +proximidad de su muerte; pero, al mismo tiempo, conocía con reposado +júbilo que nunca había estado su espíritu más sano, más perspicaz, ni +más sereno que entonces.</p> + +<p>En tal disposición, quiso Fray Miguel comunicar a alguien que le +comprendiese los pensamientos y las ideas que en aquellos momentos +supremos había en su alma. Y movido por este anhelo, con voz sumisa y +débil, no en una vez sola, sino en varias veces, en diferentes visitas +que el Padre Ambrosio le hizo, le fue manifestando en breves discursos +su pensar y su sentir más íntimos.</p> + +<p>Piadosamente recogió el Padre Ambrosio y puso por escrito aquellas +confidencias, que ahora trasladamos aquí y que son como siguen:</p> + +<p>—Veo con claridad, Padre Ambrosio, que la hora de mi muerte se +aproxima. La veo sin desearla y también sin temerla. Rara vez la duda ha +entrado en mi espíritu, y menos aún ha entrado en él una negativa +convicción. Pero, aunque yo estuviese convencido de que la muerte era +completa, de que para mí no había nada después, ni pena, ni gloria de +que yo tuviese conciencia, ni siquiera una inconsciente prolongación de +mi ser en el recuerdo de los demás hombres, la muerte no me aterraría ni +me afligiría. No es que yo esté resignado. Es algo de más noble y de +menos pasivo. Es que, dando yo aún inmenso precio a mi vida, la daría, +la vertería toda en el seno de la naturaleza, en una efusión de amor +hacia ella y hacia el ser inmenso que lo ha creado todo y que todo lo +llena. Pero no, yo no dudo de mi inmortalidad individual y consciente. +Yo creo en ella y ahora, cuando mis ojos, débiles y enfermos, apenas +perciben la luz material, de la que huyen medrosos, luz clarísima, +procedente de foco increado, penetra e inunda mi mente, ilustrándola y +enseñándole la verdad. Yo fui, días ha, a tu celda con el intento de +interrogarte y de disipar dudas sobre mi última vida pasada. Ahora me +arrepiento y nada te pregunto porque nada quiero saber. Me es igual, me +es indiferente que hayan sido realidad mi razonamiento, mis +peregrinaciones y mis ulteriores crímenes y hazañas, o que todo haya +sido prestigios, embustes o creaciones fantásticas formadas y sugeridas +por tus elixires y linimentos y por el pasmoso poder de tus mágicas +artes. En estos últimos días, desde que volví vi convento o desde que +creí que había vuelto al convento, desde que me hallé más viejo y +abatido que antes, casi ciego, baldado y postrado en el lecho, he +cavilado y meditado mucho y siento que se ha mejorado y casi se ha +transformado mi alma. Tal vez sin los últimos sucesos de mi vida, ora +sean imaginarios, ora sean reales, no hubiera sobrevenido en mi ser esta +transformación, esta conversión, que califico de dichosa. A ti te la +debo y por ello te doy las gracias. El pensamiento, cuando no se expresa +y se determina por medio de la palabra, cuando persiste hundido en las +profundidades de nuestro ser, sin comunicarse y declararse a otro ser +inteligente, es confuso caos, de cuya verdad o de cuya mentira, de cuya +bondad o de cuya insignificancia, no estamos seguros. La plena +conciencia no aparece sino con la palabra emitida y comunicada. Por eso +es con Dios coeterno su Verbo. Ni el amor inefable y divino hubiera +brotado nunca en la mente suprema, si de la contemplación del propio +Verbo desde la eternidad no hubiera nacido. Débil trasunto, pobre +semejanza de tan altos misterios hay sin duda en el fondo del alma +humana. Dios, con su palabra, engendró el amor y creó el Universo. Yo, +con mi palabra, si acierto a expresar con ella lo que agita mi mente de +un modo confuso, engendraré también mi amor y daré consistencia a la +todavía vaga creación en que este amor mío ha de satisfacerse y +aquietarse, cumpliéndose así mi destino. Tales son los motivos que me +impulsan hoy a dirigirme a ti y a hacerte una confesión sincera y +amplia, procurando poner orden y concierto en mis ideas y expresarlas +luego y presentarlas a tu inteligencia, creando yo así mi luz, mi amor y +mi universo hasta donde alcancen mis limitadas y débiles facultades +humanas.</p> + + + +<hr style="width: 65%;" /> +<h2><a name="IVr" id="IVr"></a>-IV-</h2> + + +<p>Fray Miguel se fatigaba tanto al hablar, que, en breve, tenía que +suspender su discurso y dejarle para otro día. Prescindiendo nosotros de +tales interrupciones, aunque en cierto modo marcándolas e indicándolas, +pondremos aquí los diversos fragmentos, unos en pos de otros, en el +orden en que Fray Miguel los pronunció y en el que el Padre Ambrosio los +conservó por escrito.</p> + +<p>—Convencido estoy de que has querido darme una lección de moral, +parecida en su traza a la que dio don Illán de Toledo, famoso mágico, a +cierto ambicioso Deán de Santiago. Tú, con todo, no has querido +demostrar que yo soy ingrato. Tú estabas seguro de mi gratitud. Más alta +era la moraleja que de mi historia, semejante a la que refirió al Conde +Lucanor su consejero Patronio, has querido tú sacar ahora. Yo soy buen +discípulo, aspiro a ayudarte en tu trabajo, y voy a sacar de él +deducciones tan trascendentales que ya coincidan con las que tú +esperabas sacar, ya vayan más lejos o suban más alto todavía.</p> + +<p>—Alégrate y enorgullécete. Has querido curarme de mi ambición +desesperada. Duro ha sido el remedio. Como quien con hierro candente +quema un cáncer, tú has curado el que roía mis entrañas. No sólo te +perdono, sino que te agradezco la cauterización dolorosa. Mi sed de +poder y de gloria se aquietó y sació con satisfacciones soñadas. Hoy, al +reconocer que fueron sueño, reconozco también la vanidad de tales +satisfacciones, aun cuando sean reales. El sabio lo ha dicho: <i>que ni la +carrera es de los ligeros, ni la guerra de los fuertes, ni el pan de los +sabios, ni las riquezas de los doctos, ni la gracia de los artífices; +sino el tiempo y la casualidad en todo</i>. De mis victorias y de mis +triunfos no debo, pues, jactarme. Si al tiempo y a la casualidad se +deben, para contentamiento de mi orgullo, lo mismo valen e importan, ora +hayan sido realidad, ora sueño.</p> + +<p>—Tales son las consideraciones que me mueven a desechar primero el +engreimiento personal y más tarde el engreimiento de nación y de casta. +Por cima de todo está Dios, y con él y en él la fe y la esperanza de que +no hay mal que no sea aparente o caduco y que no se ordene a fin dichoso +y grande. Así, en mi interior meditación vine yo a resignarme y a buscar +y hallar dulce quietud y algo a modo de bienaventuranza en mi plena +conformidad con los designios divinos. Me desnudé del estrecho egoísmo y +arrojé lejos de mí el amor propio sin anhelar ya gozarle complacido y +sin el temor ya de sufrirle lastimado.</p> + +<p>—Conforme hubiera estado desde entonces mi voluntad, con la voluntad +del Altísimo, si un obstáculo, que me pareció insuperable, no se hubiera +opuesto. Con este obstáculo he tenido que trabar tremenda lucha. Yo pude +libertarme de la ambición y de la codicia, pude desdeñar y desdeñé +gloria, poder y riqueza. El amor de la mujer quedó, no obstante, firme +en contra mía, atajando el camino por donde ansiaba yo acercarme a la +reconciliación suprema. Disípense en buena hora como niebla o como humo +todas las proezas de que me sentí capaz y que realicé o soñé. Lo que yo +no consentía era que el amor de la mujer también se disipase. Hasta los +crímenes, hasta las horribles tragedias que este amor produjo, no me +resignaba yo a que se convirtiese en sueños, convirtiendo en sueños el +amor mismo. Urbási, la bella Urbási, se me aparecía, como recuerdo vivo +le algo real, no como sombra fantástica, y me mostraba su admirable y +hermosa figura y el blanco pecho desnudo, donde yo veía, en el lado del +corazón, profunda herida brotando hirviente y roja sangre que ansiaba yo +restañar y represar con mis labios. Pena infernal me causaba esta +aparición trágica, pero me causaba a la vez tan inefable y sublime +deleite, que mi alma toda se enfurecía de que fuese aquello ilusorio y +vano y pugnaba aún por mantenerlo, al menos por recuerdo, como real y +consistente. No; la causa de nuestro amor a la mujer no reside sólo en +nuestro miserable cuerpo. Aunque el cuerpo decaiga, envejezca y enferme, +el alma, inmortal, sigue amándola. El alma inmortal es alma de mujer o +de hombre, y a veces imaginaba yo que esta diferencia de inmortal +duración hacía también inmortalmente duradero e invencible el amor que +una mujer me había inspirado. Y esta mujer, o si se quiere este +hermosísimo aunque terrible fantasma de mi mente, se interponía entre +ella y lo infinito en que su raíz estriba, y no me dejaba llegar hasta +él, reteniéndome cautivo y arrancando a mi espíritu las alas con que +anhelaba volar tan alto y el ímpetu vigoroso con que pensaba sumirse en +el abismo del ser y hacerse superior a todo lo creado y contingente al +penetrar en dicho abismo. No acierto a ponderar el esfuerzo pasmoso de +mi voluntad para llegar a destruir, después de haber destruido y roto +los demás ídolos, la imagen seductora de la mujer amada. Esta imagen, +que llegué a suponer indeleble, lo perturbaba y lo bastardeaba todo en +mi alma. No había concepto moral ni religioso al que ella no diese +forma, profanando mi religión y convirtiéndola en idolatría. Ella, su +imagen, ya se me mostraba representando la ciencia, ya la filosofía, ya +la caridad, ya cualquiera de las otras virtudes, ya la ninfa pulquérrima +y predilecta del cielo, esposa o amante de los dioses inmortales y madre +dichosa de los semi-dioses o héroes salvadores. Yo me explicaba a mi +modo, porque también los sentía, los encontrados sentimientos que +inspira la mujer, desde hace muchos siglos. Ora el misticismo amoroso y +caballeresco la ensalza y la purifica como algo venido del Empíreo, como +fuente inexhausta de todo noble sentir y de todo arranque generoso, y +crea la Beatriz y la Laura de los egregios poetas, ora el ascetismo +adusto la aborrece y la teme, como nido de víboras, como oficina de +embustes y de pecados, y como el más seguro anzuelo de que se vale +Satanás para perdernos. Rudo combate y grandísima pena me costó lanzar +de mi pensamiento la imagen de la mujer, que con tan contrarios aspectos +se me mostraba y que del efímero enlace o de la mentida concordia, +producida por la atracción irresistible que nos lleva hacia ella, hacía +brotar discordias sin término y dualidad irreducible, como si hubiese +dos eternos creadores y conservadores del mundo y no uno solo. En fin, +mi empeño fue tan obstinado que logré borrar la imagen de Urbási, +grabada en mi corazón como sello puesto allí por el demonio en señal de +que yo era su esclavo. Entonces brotaron de nuevo y más pujantes las +alas de mi espíritu. Y no por la ciencia, no por el presunto conocer, +sino con humildad, desprendiéndome de todo afecto pasajero, de toda +liviana inclinación a las cosas creadas, logré subir hasta el manantial +inagotable de donde todas manan y en el amor del bien soberano cifrar y +confundir todos mis otros amores, empezando por el de mí mismo. Hoy no +hay mal que bien no me parezca, ni desdicha que no me parezca ventura, +porque lo que Dios quiere no puede menos de ser lo mejor y lo más +deseable. Aunque para el cumplimiento de su inflexible justicia, y a +pesar de su infinita misericordia, tuviese yo que padecer las penas +eternas, al padecerlas yo por su amor, gozaría de tan inefable deleite, +que se me transformaría el infierno en cielo, de la misma manera que +antes, dominado yo por el egoísmo, transformaba el cielo en infierno.</p> +<hr style="width: 65%;" /> + + + + + + + +<pre> + + + + + +End of the Project Gutenberg EBook of Morsamor, by Juan Valera + +*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK MORSAMOR *** + +***** This file should be named 17430-h.htm or 17430-h.zip ***** +This and all associated files of various formats will be found in: + http://www.gutenberg.org/1/7/4/3/17430/ + +Produced by Chuck Greif + +Updated editions will replace the previous one--the old editions +will be renamed. + +Creating the works from public domain print editions means that no +one owns a United States copyright in these works, so the Foundation +(and you!) can copy and distribute it in the United States without +permission and without paying copyright royalties. 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It exists +because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from +people in all walks of life. + +Volunteers and financial support to provide volunteers with the +assistance they need, is critical to reaching Project Gutenberg-tm's +goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will +remain freely available for generations to come. In 2001, the Project +Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure +and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations. +To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation +and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4 +and the Foundation web page at http://www.pglaf.org. + + +Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive +Foundation + +The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit +501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the +state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal +Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification +number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at +http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg +Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent +permitted by U.S. federal laws and your state's laws. + +The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S. +Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered +throughout numerous locations. Its business office is located at +809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email +business@pglaf.org. 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Thus, we do not necessarily +keep eBooks in compliance with any particular paper edition. + + +Most people start at our Web site which has the main PG search facility: + + http://www.gutenberg.org + +This Web site includes information about Project Gutenberg-tm, +including how to make donations to the Project Gutenberg Literary +Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to +subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks. + + +</pre> + +</body> +</html> diff --git a/LICENSE.txt b/LICENSE.txt new file mode 100644 index 0000000..6312041 --- /dev/null +++ b/LICENSE.txt @@ -0,0 +1,11 @@ +This eBook, including all associated images, markup, improvements, +metadata, and any other content or labor, has been confirmed to be +in the PUBLIC DOMAIN IN THE UNITED STATES. + +Procedures for determining public domain status are described in +the "Copyright How-To" at https://www.gutenberg.org. + +No investigation has been made concerning possible copyrights in +jurisdictions other than the United States. 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