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+The Project Gutenberg EBook of Morsamor, by Juan Valera
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
+
+
+Title: Morsamor
+ peregrinaciones heroicas y lances de amor y fortuna de
+ Miguel de Zuheros y Tiburcio de Simahonda
+
+Author: Juan Valera
+
+Release Date: December 31, 2005 [EBook #17430]
+
+Language: Spanish
+
+Character set encoding: ISO-8859-1
+
+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK MORSAMOR ***
+
+
+
+
+Produced by Chuck Greif
+
+
+
+
+Morsamor: peregrinaciones heroicas y lances de amor y fortuna de Miguel
+de Zuheros y Tiburcio de Simahonda
+
+Por
+
+Juan Valera
+
+Librería de Fernando Fé
+
+Madrid
+
+1899
+
+
+
+
+Al Excmo. Sr. Conde de Casa Valencia
+
+
+Mi querido primo: Para distraer mis penas egoístas al considerarme tan
+viejo y tan quebrantado de salud, y mis penas patrióticas al considerar
+a España tan abatida, he soltado el freno a la imaginación, que no le
+tuvo nunca muy firme, y la he echado a volar por esos mundos de Dios,
+para escribir la novela que te dedico.
+
+Tomando por lo serio algunos preceptos irónicos de don Leandro Fernández
+de Moratín, en su _Lección poética_, he puesto en mi libro cuanto se ha
+presentado a mi memoria de lo que he oído o leído en alabanza de una
+época muy distinta de la presente, cuando era España la primera nación
+de Europa. Así he procurado consolarme de que hoy no lo sea, si bien
+escribiendo la más _antimoratinesca_ de mis composiciones literarias.
+Bien puedo asegurar que hay en ella
+
+ Cuanto puede hacinar la fantasía,
+ en concebir delirios eminente:
+ magia, blasón, alquimia, teosofía,
+ náutica, bellas artes, oratoria,
+ brahmánica y gentil mitología,
+ sacra, profana, universal historia
+
+Y otras mil curiosidades.
+
+Si a pesar de tanta riqueza de ingredientes el pasto espiritual que doy
+al público resulta desabrido o empalagoso, no te negaré que he de
+afligirme, pero me servirá de consuelo lo inocente de mi trabajo. Nada
+más inocente que componer un libro de entretenimiento aunque no
+entretenga. Con no leerle evitará toda persona discreta el mal que
+involuntariamente pudiera yo causarle. Yo no trato de enseñar nada ni de
+probar nada. Si alguien deduce consecuencias o moralejas de la lectura
+de este libro, él, y no yo, será responsable de ellas. Yo sólo pretendo
+divertir un rato a quien me lea, dejando a los sabios enseñar y
+adoctrinar a sus semejantes, y dejando a nuestros hombres políticos la
+difícil tarea de regenerarnos y de sacarnos del atolladero en que nos
+hemos metido.
+
+He de confesarte, sin embargo, que a veces tengo yo pensamientos algo
+presuntuosos, porque creo que el mejor modo de obtener la regeneración
+de que tanto se habla, es entretenerse en los ratos de ocio contando
+cuentos, aunque sean poco divertidos, y no pensar en barcos nuevos, ni
+en fortificaciones, ni en tener sino muy pocos soldados, hasta que
+seamos ricos, indispensable condición en el día para ser fuertes. Ser
+fuertes en el día es cuestión de lujo. Seamos pues débiles e inermes
+mientras que no podemos ser lujosos. Imitemos a Don Quijote, cuando
+quiso hacerse pastor después de vencido por el Caballero de la Blanca
+Luna. Mientras que unos esquilan las ovejas y mientras que otros recogen
+la leche en colodras y hacen requesones y quesos, aumentando así la
+riqueza individual, y por consiguiente, la colectiva, nosotros, o al
+menos yo, incapacitados por la vejez para tan útiles operaciones,
+empleémonos en tocar la churumbela, el violón u otro instrumento
+pastoril para que se recreen las ovejas.
+
+ De pacer olvidadas escuchando
+
+o quizás consolándose de que poco o nada les dejen que pacer los
+rabadanes. A fin de vivir contentos en esta forzosa Arcadia, recordemos
+vuestras pasadas glorias, no superadas aún por los pueblos más pujantes
+y engreídos que hay ahora en el mundo, y compongamos, con dichos
+recuerdos y con el buen humor que no debe abandonarnos, historias como
+la que yo te ofrezco, la cual, si no es amena, es por su benigna y
+candorosa intención, digna de todo aplauso. Date tú el tuyo, defiéndeme
+con indulgente habilidad de los que me censuren y créeme siempre tu
+afectísimo amigo y pariente,
+
+Juan Valera
+
+
+
+
+En el claustro
+
+
+
+
+-I-
+
+
+En el primer tercio del siglo XVI, y en un convento de frailes
+franciscanos, situado no lejos de la ciudad de Sevilla, casi en la
+margen del Guadalquivir y en soledad amena, vivía un buen religioso
+profeso, llamado Fray Miguel de Zuheros, probablemente porque era
+natural de la enriscada y pequeña villa de dicho nombre.
+
+No era el Padre alto ni bajo, ni delgado ni grueso. Y como no se
+distinguía tampoco por extremado ascetismo, ni por elocuencia en el
+púlpito, ni por saber mucho de teología y de cánones, ni por ninguna
+otra cosa, pasaba sin ser notado entre los treinta y cinco o treinta y
+seis frailes que había en el convento.
+
+Hacía más de cuarenta años que había profesado. Y su vida iba
+deslizándose allí tranquila y silenciosa, sin la menor señal ni indicio
+de que pudiese dejar rastro de sí en el trillado camino que la llevaba a
+su término: a una muerte obscura y no llorada ni lamentada de nadie,
+porque Fray Miguel, aunque no era antipático, no era simpático tampoco,
+se daba poquísima maña para ganar voluntades y amigos, y, al parecer, ni
+en el convento ni fuera del convento los tenía.
+
+En vista de lo expuesto, nadie puede extrañar que hayan caído en el
+olvido más profundo el nombre y la vida de Fray Miguel.
+
+Ya verá el curioso lector, si tiene paciencia para leer sin cansarse
+esta historia, las causas que me mueven a sacar del olvido a tan
+insignificante personaje.
+
+Son estas causas de dos clases: unas, particularísimas, que se sabrán
+cuando esta historia termine; y otras tan generales, que bien pueden
+declararse desde el principio y que voy a declarar aquí.
+
+Todo ser humano, considerado exterior y someramente, es indigno de
+memoria, si no ha logrado por virtud de sus hechos o de sus palabras,
+habladas o escritas, influir poderosamente en los sucesos de su época,
+haciendo ruido en el mundo. Los que ni por la acción ni por el
+pensamiento, revestido de una forma sensible, logran señalarse, pasan
+como sombras sin dejar rastro ni huella en el sendero de la vida y van a
+hundirse en olvidada sepultura, sin que nadie deplore su muerte y sin
+que nadie, al cabo de pocos años, y a veces al cabo de pocos días, se
+acuerde de que vivieron.
+
+Y, sin embargo, cuando por cualquier medio o estilo acertamos a penetrar
+en las profundidades del corazón y en los más apartados y obscuros
+aposentos del cerebro del personaje al parecer más insignificante, todo
+suele cambiar de aspecto en la idea que formamos de él, ya que
+descubrimos allí multitud de pensamientos maravillosos y de soberanas
+aspiraciones, y un mar tempestuoso de apasionados sentimientos, que ora
+sean buenos, ora sean malos, si llegan a ser grandes, dan valer e
+importancia a la persona que los concibe e inspiran hacia ella un
+interés acaso mayor del que nos han inspirado los más famosos varones al
+saber sus altas hazañas o al leer sus inmortales escritos.
+
+Fray Miguel, al empezar este relato y al presentarle yo a mis lectores,
+no era escritor, ni predicador, ni por nada se distinguía. Cualquiera
+otro fraile de su mismo convento era más notable que él.
+
+Antes de entrar en la vida religiosa tampoco había conseguido señalarse.
+Tenía ya setenta y cinco años cumplidos, y, para todos sus semejantes,
+no pasaba de ser una de las innumerables unidades que forman la gran
+suma del linaje humano.
+
+En el convento se sabía poco y a nadie le importaba saber de la vida
+pasada de Fray Miguel antes de que fuera fraile.
+
+Como otros muchos hombres, en aquel largo período de anarquía,
+discordias y guerras civiles, que precedió al reinado de los Reyes
+Católicos, había buscado por diversos caminos la notoriedad, el poder y
+la fortuna, y no había logrado hallarlos.
+
+Fray Miguel había sido soldado y poeta, que eran las dos profesiones,
+por las cuales, no siendo clérigo o fraile, podía un hombre del estado
+llano en aquella edad encumbrarse o darse a conocer al menos.
+
+Fray Miguel había trabajado en balde. No decidiremos aquí si fue la
+capacidad o si fue la ventura lo que le faltó en su empresa. Su ambición
+y sus propósitos no debieron de ser pequeños si los calculamos por la
+significación del nombre que él como trovador y aventurero de armas
+tomar había adoptado.
+
+Fray Miguel se había llamado Morsamor en el siglo.
+
+Sus versos fueron tan malos o fueron tan infelices que no entraron en
+ningún Cancionero, aunque en muchos Cancioneros abundan los detestables,
+tontos o fríos. Sus hazañas, si las hizo, no le dieron riqueza, ni
+valimiento, ni poder, y no hubo cronista que hablase de ellas en sus
+narraciones, ni épico callejero que escribiese un mal romance para
+referirlas y ensalzarlas. Dice el refrán que el lobo, harto de carne, se
+mete fraile. Morsamor no fue como el lobo. Morsamor no cogió la carne:
+apenas columbró la sombra. La desilusión, la esperanza perdida, le trajo
+a la vida monástica.
+
+En ambos reinos, unidos ya bajo el centro de Isabel y Fernando, había
+cambiado todo y era menester que Morsamor también cambiase. La paz y el
+orden con enérgica severidad habían venido a sobreponerse a la confusión
+y al alboroto que estimulaban tanto la ambición y la codicia. Los falsos
+antiguos ideales de la Edad Media habían caído por tierra como ídolos
+quebradizos, desbaratados y rotos bajo los certeros golpes del cetro de
+hierro de los nuevos soberanos. Morsamor no acertaba a descubrir nuevos
+ideales: nuevos objetos, término y meta de la ambición humana. A sus
+ojos sólo quedaba en pie el venerando e indestructible ideal religioso,
+que se alzaba como elevadísima y solitaria torre en medio de un campo
+arrasado y lleno de ruinas. Lo único que quedaba como refugio, consuelo
+y fin de la vida de Morsamor era la religión. Hízose, pues, religioso
+por no saber qué hacerse. Y ya se comprende que esta manera de hacerse
+religioso de poco o de nada podía valerle así en la tierra como en el
+cielo.
+
+Harto se comprenderá también, se explicará y se justificará por lo
+dicho, el pobre papel que Fray Miguel de Zuheros hacía entre los demás
+frailes.
+
+Sólo Dios sabía lo que guardaba él en el centro del alma. En lo exterior
+la figura inconsistente de Fray Miguel, sin color, sin energía y sin
+carácter propio, se esfumaba en el espacio e iba lenta y desabridamente
+a desaparecer en el tiempo.
+
+
+
+
+-II-
+
+
+De vez en cuando, creciendo en importancia y en frecuencia e
+interrumpiendo la monotonía de la vida claustral, llegaban al convento
+noticias vagas y confusas que revelaban una pasmosa renovación en la
+vida social de la recién formada nación española. Los ideales, por susto
+de cuya ausencia se había refugiado Fray Miguel en el claustro, brotaron
+entonces en el suelo fecundo de España, le cubrieron todo y vinieron a
+llamar con estrépito en su celda al desengañado solitario. Mientras que
+Fray Miguel vivía vida contemplativa y obscura, una vida fecunda en
+acciones maravillosas se había desenvuelto en toda nuestra Península,
+salvando sus límites y confines, y derramándose con irresistible
+expansión por el mundo todo. Los reyes unidos de Aragón y Castilla
+habían vencido a los portugueses en Toro, vengando la afrenta de
+Aljubarrota; habían conquistado el hermoso reino de Granada; habían
+expulsado de Italia a los franceses, enseñoreándose de Nápoles y de
+Sicilia. Un aventurero genovés había ofrecido llegar a Cipango y al
+Catay, atravesando con sus naves el nunca surcado y tenebroso mar de
+Sargaso, y el aventurero había descubierto extensas y hasta entonces
+incógnitas regiones, donde había ido a plantar la cruz del Redentor y el
+pendón de Castilla, dejando entrever y haciendo augurar que la tierra en
+que vivimos es mayor de lo que se pensaba y que todo lo oculto y
+misterioso que hasta entonces había habido en ella, iba a revelarse y a
+manifestarse a nuestros ojos y a ser dominado por castellanos y
+aragoneses.
+
+En competencia con ellos y movidos por idéntico impulso, los portugueses
+habían persistido en su casi secular empeño de navegar hasta el extremo
+Sur de África, de ir más allá navegando, y de llegar a la India y de
+apoderarse allí del comercio, y de la riqueza de que hasta entonces
+habían gozado árabes, persas, venecianos y genoveses.
+
+Iba Fray Miguel enterándose vaga y confusamente de todas estas
+novedades. Como era poco comunicativo no decía a nadie la impresión que
+le hacían; pero la impresión era profunda, acrecentando su profundidad y
+su fuerza, la reconcentración y el sigilo con que en el centro de su
+alma lo escondía todo.
+
+Cualquier ser humano, como no sea depravadísimo, tiene el amor de la
+patria, del pueblo, de la tierra en que ha nacido y de la gente a que
+pertenece. Este sentimiento es tan natural y tan general que no he de
+hacer yo el elogio de Fray Miguel porque le tuviese. Me limito a afirmar
+que le tenía. Los triunfos de su nación, el verla trocada de sociedad
+desquiciada y anárquica en Potencia temida, influyente y gloriosa,
+lisonjeaban el orgullo de Fray Miguel y le tenía muy satisfecho y
+orondo. Por nada del mundo hubiera anhelado él que lo que era no fuese;
+que de todas las glorias, grandezas y triunfos su nación, resultasen
+falsedad y sueño vano de la fantasía. Su corazón se alegraba de que
+fuesen reales; pero al mismo tiempo, por extraña aunque frecuente
+contradicción de nuestro espíritu, había en el suyo vergüenza y
+abatimiento de no haber contribuido a la elevación nacional de que se
+admiraba y se enorgullecía. Ni con sus humildes rezos, ya en el templo
+solitario, ya en su mezquina celda, había contribuido Fray Miguel a
+ninguna de las altas empresas que se habían llevado a cabo. Su corazón
+falto de fe y de esperanza y su mente inclinada y torcida a no prever
+sino lo peor, no habían podido pedir ni habían pedido al cielo lo
+inasequible, lo absurdo, lo que no habían concebido ni en sueños,
+comprendiéndolo sólo al verlo en realidad efectiva. España, pobre,
+desgarrada por discordias civiles, sin dominio y sin influjo en lo
+exterior, se había transformado de repente en la primera nación del
+mundo, y Fray Miguel, que en sus verdes mocedades había aspirado a
+llenarle de su ama, como trovador y como guerrero, tenía entonces que
+confesarse asimismo, en amargo vejamen, que ni como devoto fraile, con
+oraciones y súplicas, había contribuido a tan maravillosa transformación
+y a tan no prevista ni imaginada grandeza.
+
+Los nombres gloriosos de navegantes intrépidos, de dichosos e invictos
+capitanes, de habilísimos políticos, de negociadores que sabían ganar
+ajenas voluntades e imponer la propia, y de administradores juiciosos y
+atinados que encontraban recursos sin esquilmar a la nación, todo esto,
+a par que halagaba el alma de Fray Miguel en lo que tenía de alma
+española y en lo que era como parte del alma superior y colectiva de su
+pueblo y de su casta, lastimaba, hería y destrozaba su alma individual,
+colmándola de amargo abatimiento y de ponzoñosa envidia.
+
+Durante muchos años, desde que se retiró Fray Miguel al claustro hasta
+mucho después, el completo menosprecio del mundo, o sea del linaje
+humano en general y de su pueblo en particular, había estado en perfecta
+consonancia con el menosprecio de sí mismo que Fray Miguel sentía, de
+donde resultaba una tranquilidad fúnebre. Fray Miguel había estado,
+durante muchos años, fúnebremente tranquilo; pero el reciente alto
+concepto que de su patria había formado y la consideración del valer, de
+las hazañas y de la gloria de los hombres que habían encumbrado su
+patria, se contraponían ahora al menosprecio de sí mismo que no podía
+menos de seguir sintiendo, y esto levantaba en su alma una tempestad de
+celos y hacía retoñar y reverdecer en ella la antigua ambición de su
+mocedad, volviendo a ser ambicioso con más de setenta y cinco años
+cumplidos. Su corazón latía con violencia lleno de extrañas aspiraciones
+bajo el humilde sayal franciscano. Su corazón se agitaba en la vejez
+acaso con más poderosas energías que en la juventud. En su juventud
+había habido siempre algo de vano en todos sus propósitos ambiciosos:
+había puesto la mira en fines confusos o efímeros y poco elevados: en
+distinguirse en un torneo o en alguna otra empresa caballeresca
+atrayendo la atención y conquistando el afecto de alguna dama hermosa,
+encumbrada y noble. Ahora los fines que se proponían, que buscaban y que
+alcanzaban los hombres de acción, eran más consistentes, eran más altos
+y no por eso menos positivos y sustanciales. El mundo, ignorado antes,
+había venido a revelarse con una grandeza real hasta entonces no
+percibida y por toda ella iban a extenderse y a triunfar la religión de
+Cristo y la civilización de Europa, llevadas par los hijos de Iberia
+hasta las regiones más remotas, ya entre gentes bárbaras y selváticas
+que separadas del resto del humano linaje no habían seguido su marcha
+progresiva y hasta habían olvidado la nobleza de su origen común, ya
+entre los pueblos de Oriente donde persistían y florecían aún la poesía
+y el saber y el arte de las edades divinas, cuando entendían los hombres
+que estaban en comunicación y trato con los dioses y con los genios; por
+todas partes, entre todas las lenguas, tribus y gentes, así entre
+aquellas, que olvidadas de las primitivas aspiraciones y revelaciones,
+se habían hundido en una vida casi selvática, como entre aquellas que,
+combinando y fecundando esas aspiraciones y revelaciones primitivas con
+los ensueños de una exuberante fantasía, habían creado una portentosa
+cultura, en cuya ponderación y admiración permanecían inmóviles.
+
+Si nos figuramos a todo el humano linaje como inmensa hueste que marcha
+a la conquista de una tierra de promisión, los pueblos selváticos y
+rudos que hacia el Occidente se habían descubierto, eran como parte de
+la hueste que se había extraviado en el camino y que no sólo había
+desistido de la empresa sino que la habían olvidado. Por el contrario,
+los pueblos que los portugueses habían vuelto a visitar en el Oriente,
+abriéndose camino por los mares, se diría que, embelesados en el regalo
+y deleite de encantados jardines y orgullosos de su primitivo saber y
+del rico florecimiento de la antigua cultura, permanecían aún parados e
+inertes. Misión providencial de los hijos de Iberia era sin duda sacar a
+los unos de la abyecta postración en que habían caído y despertar a los
+otros del sueño secular, del profundísimo letargo en que estaban.
+
+Esta parte de la misión parecía especialmente confiada a los
+portugueses. Habían, como el gentil caballero del antiguo cuento de
+hadas, venciendo mil obstáculos y dificultades, penetrado en los
+deliciosos jardines y luego en el encantado palacio donde, desde hacía
+muchos siglos, la hermosísima princesa estaba dormida.
+
+El modo que los portugueses emplearon para despertarla del sueño, no fue
+a la verdad tan dulce y tan delicado como el del cuento; pero la
+realidad tiene sus impurezas y aquellos tiempos eran más rudos que los
+de ahora. Valga esto para disculpa de los portugueses.
+
+Como quiera que ello sea, ya las noticias de nuestros triunfos en
+Italia, ya las vagas y confusas narraciones de los descubrimientos que
+hacia el Occidente hacían los castellanos de grandes y fértiles islas y
+de un dilatado continente, habitado todo por tribus salvajes y decaídas
+que no habían llegado o que habían retrocedido hasta el extremo de no
+tener animales domésticos, de no ser pastores, de vivir en un estado de
+humanidad más rudimentario que el de los pueblos errantes de Asia y de
+África, ya las expediciones, victorias y conquistas de Portugal en la
+India, que renovaban o eclipsaban las glorias fabulosas del Dios
+Ditirambo y las hazañas y empresas reales del Macedón Alejandro y que
+obscurecían las leyendas de los siglos medios, todo entusiasmaba y
+solevantaba a Fray Miguel de Zuheros; pero lo que más le seducía, lo que
+ejercía fascinador influjo en su ánimo y le atraía poderosamente, era el
+éxito de los portugueses en la India.
+
+Acostumbrado Fray Miguel a disimular sus emociones, a no confiarse a
+nadie y a no desahogar confesándolo lo que tenía en su pecho, no
+mostraba en lo exterior ni para cuantos le rodeaban alteración ni
+cambio.
+
+Como además fijaba poco la atención y todos le tenían por persona menos
+notable de lo que era, nadie advertía el cambio imperceptible y lento
+que en él se había realizado. Fray Miguel estaba más retraído y
+silencioso que nunca. De sus labios no brotaban sino las indispensables
+palabras que la necesidad o la cortesía nos obligan a pronunciar en la
+vida diaria, y no sonaba su voz en más largos discursos que los de las
+devotas oraciones que rezaba en el coro.
+
+
+
+
+-III-
+
+
+En contraposición a la insignificancia y obscuridad de Fray Miguel,
+había en el mismo convento otro fraile cuya fama y alta reputación de
+sabio se extendían por toda la Península y aun trascendían a Italia y a
+otras naciones. Se llamaba este fraile el Padre Ambrosio de Utrera. No
+había disciplina ni facultad en que no se le proclamase maestro. Era
+gran humanista, diestro y sutil en las controversias, teólogo y
+jurisconsulto, y muy versado en el estudio de los seres que componen el
+mundo visible. Se suponía que de magia natural, astrología y alquimia
+sabía cuanto podía saberse en su tiempo, y que él además, a fuerza de
+estudios, meditaciones y experiencias, había descubierto grandes
+misterios y secretas propiedades y leyes de las cosas creadas, de lo
+cual revelaba algo a sus contemporáneos y ocultaba mucho, por considerar
+que el humano linaje no alcanzaba aún la madurez y la capacidad,
+convenientes para que pudiera confiársele sin profanación o sin
+gravísimo peligro la llave de aquellos temerosos arcanos, de los que sin
+embargo, se valía él para aliviar muchos males, corregir muchos vicios y
+mejorar la condición y la suerte de sus semejantes, los demás hombres.
+
+El Padre Ambrosio había ido por orden superior y en misión secreta a
+Roma.
+
+No importa a nuestra historia, ni sabríamos declarar aquí, aunque
+importase, cuál había sido el objeto de la misión del Padre Ambrosio.
+Baste saber que estuvo siete años en Roma, bajo el pontificado de León
+X, y que volvió a su convento de Sevilla el año de 1521 en que va a
+empezar la historia que aquí referimos.
+
+A pesar de su grande autoridad como hombre de ciencia y a pesar de la
+austeridad de sus costumbres, el Padre Ambrosio era benigno y afable con
+todos los hombres y más aún con los desatendidos y desdeñados.
+
+De aquí que Fray Miguel de Zuheros, si de alguien había recibido
+muestras de cariñosa simpatía, había sido del Padre Ambrosio, y si algo
+los interiores tormentos de su espíritu había revelado a alguna persona,
+esta persona había sido el mencionado Padre.
+
+Durante su ausencia, pues, Fray Miguel había vivido más aislado y mudo
+que nunca.
+
+Con frecuencia, en las horas de recreo y solaz que en el convento había,
+cuando ni los Padres ni los novicios estudiaban, meditaban o rezaban, en
+el extremo de la huerta donde había árboles de sombra y asientos de
+piedra, el Padre Ambrosio se sentaba rodeado de muchas personas que
+componían un atento auditorio, y con fácil palabra les relataba lo que
+llamaríamos hoy sus impresiones de viaje.
+
+Describía el Padre elocuentemente las magnificencias de la Ciudad
+Eterna: sus palacios, sus templos y sus majestuosas ruinas.
+
+El Padre Ambrosio no consideraba sin embargo a Roma como
+ciudad-relicario, museo de antigüedades, residuo maravilloso pero inerte
+de poderío y grandeza jamás igualados antes ni después en la historia.
+Roma para él había sido siempre, y entonces era más que nunca, porque
+volvía deslumbrado y hechizado por el esplendor, la elegancia y el lujo
+de la corte de León X, Roma era para él en realidad la Ciudad Eterna, la
+reina de las ciudades, la capital del mundo. El pensamiento
+profundamente católico y español del Padre Ambrosio, si no auguraba, si
+no se atrevía a profetizar una monarquía universal, la creía posible y
+hasta probable y creía ver en el giro de los sucesos y en el
+desenvolvimiento que iban tomando las cosas humanas, que todo se
+encaminaba la formación de tan gloriosa monarquía, si monarquía podía
+llamarse, y no debía darse otro nombre a lo que imaginaba el Padre. Él
+imaginaba que el sucesor de San Pedro, vicario de Cristo y cabeza
+visible de la iglesia, había de ser y era menester que fuese el Soberano
+que dominase sobre toda la tierra y gobernase y dirigiese al humano
+linaje como único pastor a una sola grey. Pero el Padre Santo era
+principal ministro de un Dios de paz; en vez de cetro y espada tenía
+cayado. No eran sus armas visibles ni capaces de herir el cuerpo sino
+los espíritus: sus armas eran la bendición y el anatema. Determinando
+mejor su concepto, el Padre Ambrosio miraba todos los territorios, donde
+se había plantado la Cruz redentora, como redil amplio, gobernado por el
+sucesor del príncipe de los apóstoles, pero gobernado por la persuasión
+y por la dulzura y realizando la paz perpetua. Antes sin embargo de
+llegar a término tan deseado, era menester el empleo de la fuerza
+material para traer a Cristo las cosas todas, para impeler a entrar en
+el aprisco a las ovejas descarriadas, y para combatir, matar o domar a
+los leones bravos y a los hambrientos lobos que amenazaban el rebaño y
+que no le dejaban vivir y pacer tranquilo. El Padre Santo, pues, a pesar
+de su inmenso poder espiritual, necesitaba aún, y así estaba prescrito y
+decretado en el plan divino de la historia, un poderoso y enérgico brazo
+secular que le ayudase en su empresa, que le valiese para la
+pacificación de la tierra toda y para lograr que Roma, al cabo,
+transfigurada y purificada, en nada se pareciese a la antigua Babilonia,
+sino a la Jerusalem refulgente, que el Águila de Patmos vio descender
+del cielo, ricamente ataviada con admirables joyas y con la vestidura
+nupcial y con las regias galas de la esposa de Cristo. Para el Padre
+Ambrosio, en suma, el Padre Santo, en nuestra Ley de Gracia, y en la
+nueva Era, en cuyo principio creía él vivir, parecía permanente y más
+dichoso Moisés, que no había de ver la tierra prometida desde lo alto
+del monte Nebo y allá a lo lejos, sino que había de entrar en ella y
+dominarla para bien de todo nuestro linaje. A este fin, el Moisés
+permanente pedía al cielo un Josué activo y belicoso, cuya espada
+desbaratase y rompiese las huestes enemigas y al son de cuyos clarines
+cayesen derribados con espantoso fragor los muros de las fortalezas
+infieles, cuya poderosa hacha de armas quebrase y derribase todos los
+ídolos y cuyo brazo infatigable acabase por plantar la Cruz del Redentor
+en todas las latitudes y en todas las alturas, haciendo que las gentes
+fieras y las más remotas y bárbaras naciones, desconocidas antes,
+cayesen ante ella postradas de hinojos.
+
+Este brazo secular, este permanente Josué con que el Padre Ambrosio
+soñaba, era el pueblo español y era su soberano: flamante pueblo de Dios
+y nuevo e inmortal caudillo que la providencia suscitaría a fin de que
+se cumpliesen sus altos designios, de todo lo cual la lozanía juvenil de
+todo Portugal, Aragón y Castilla era como signo precursor, era como
+primavera riquísima en flores, que alegraban el corazón y ya le daban en
+esperanza segura el venturoso y sazonado fruto.
+
+Tales eran en cifra los ensueños y las ideas con que a su vuelta de Roma
+trajo el Padre Ambrosio embargado el espíritu.
+
+
+
+
+-IV-
+
+
+En su trato y relaciones, así con la gente seglar y profana como con la
+mayoría de sus hermanos los religiosos, el Padre Ambrosio de Utrera, si
+bien mostraba, sin vanidosa ostentación y cuando convenía, la ciencia
+teológica que con sus estudios había adquirido y que atesoraba su
+inteligencia, todavía guardaba, en lo más hondo y arcano de su mente,
+cierta filosofía oculta que la prudencia, y tal vez compromisos y
+deberes de secta, le prescribían no revelar por completo a nadie. Algo
+sólo podía comunicar a los adeptos e iniciados, según los grados de la
+iniciación que tuviesen y según las pruebas que hubiesen hecho.
+
+Con dificultad hallaba y reconocía el Padre Ambrosio en las personas con
+quien trataba las prendas y requisitos necesarios para la iniciación.
+
+En el convento sólo había tres frailes con los cuales el Padre Ambrosio
+se entendía, uniéndolos a él por virtud de misterioso lazo y haciéndolos
+participantes con profundo sigilo de sus doctrinas esotéricas, no del
+todo ni por igual, sino a cada uno según la aptitud y el vigor de
+entendimiento y de voluntad que en él reconocía.
+
+No se presuma, con todo, que el Padre Ambrosio imaginase que su saber
+oculto se oponía en lo más mínimo a las ortodoxas afirmaciones en que
+por fe creía y que forman la base de la religión de que era ministro y
+sacerdote.
+
+Sencillo y mero narrador de esta historia, no afirmaré ni negaré yo, que
+hubiese o no hubiese error en el pensamiento del Padre Ambrosio. Sólo
+diré lo que él pensaba, dejando que la responsabilidad sea suya. Verdad
+incontrovertible era para él cuanto está contenido en las sagradas
+escrituras, interpretadas recta y autorizadamente por los santos Padres,
+por los concilios y por la cabeza visible de la Iglesia; pero, con
+independencia de esta verdad, contra la cual nada podía prevalecer, veía
+el Padre Ambrosio una amplia extensión, un inmenso y casi ilimitado
+campo, por donde la inteligencia, la voluntad ansiosa de descubrir
+misterios y hasta la fantasía creadora que forjando hipótesis tal vez
+los explica y los aclara, podían volar libremente, sin ofender a Dios,
+antes bien, ensalzándole y glorificándole hasta donde es capaz de ello
+la pobre criatura humana.
+
+Para el Padre Ambrosio la revelación era de varios modos y no acababa
+nunca. Con frecuencia salían de su boca estas palabras que San Juan, en
+su evangelio, pone en los labios de Cristo: _Aún tengo que deciros
+muchas cosas; mas no las podéis llevar ahora_. Muchas cosas quedaban aún
+por revelar. De algunas de ellas suponía el Padre Ambrosio que él tenía
+conocimiento, pero este conocimiento era incomunicable, al menos para la
+generalidad de los hombres, porque _ahora_, entonces, en el momento en
+que el Padre Ambrosio hablaba y pensaba, _no las podían llevar_, esto
+es, no podían comprenderlas.
+
+Así fundaba el Padre Ambrosio su _ocultismo_ en un texto sagrado.
+
+Y no por eso desconocía los peligros a que se hallaba expuesto,
+penetrando con su espíritu por medio de hondas e inexploradas tinieblas
+en busca de nuevas verdades.
+
+Hasta por prudencia, hasta por caridad repugnaba que le siguieran en tan
+peligroso camino los que no tuviesen valor probado y la serenidad y la
+elevación de juicio convenientes para no extraviarse, y en vez de hallar
+nueva luz caer en transcendentales errores como en profundísima sima.
+
+En la mente del Padre Ambrosio había además otro motivo que justificaba
+la no transmisión de mucha parte de su ciencia. La palabra alada no
+podía llevarla materialmente y atravesando el aire desde un cerebro
+humano a otro cerebro humano. No había frase, ni giro, ni idioma capaz
+de expresar y de formular de modo sensible lo que el Padre suponía haber
+aprendido o descubierto allá en las raíces y abismos de su mente cuando
+tan hondo penetraba. A resurgir de allí su espíritu se figuraba que
+volvía, no ya bañado, sino impregnado de luz vivísima, que sólo podía
+pasar inmediatamente a otras almas y no mediatamente por los sentidos
+corporales y groseros. Quien anhelase poseer aquella ciencia y el poder
+que ejerce sobre la naturaleza quien la posee, no podía adquirirla por
+la enseñanza oral o escrita de hombre alguno, sino descendiendo en su
+busca hasta los abismos donde quien la traía consigo la había alcanzado.
+
+En suma, el Padre Ambrosio podía enseñar, y enseñaba, toda aquella parte
+más vulgar de su magia, que se fundaba en el conocimiento experimental
+del organismo de los seres animados, de hierbas y de metales, de
+linimentos y pociones; pero la potencia mágica de su alma, la fuerza que
+había tomado el espíritu en la propia raíz de su ser y con la que
+avasallaba las substancias materiales y dominaba la naturaleza, esto no
+podía transmitirse. Ni por difusión ni por intensidad cabía en esto
+adelanto o mejora en la serie de los siglos. Hermes sabía y podía más
+que el Padre Ambrosio. En su ciencia intransmisible no había habido ni
+podía haber habido progreso. El progreso, la difusión por enseñanza era
+dable para los menos iniciados en no pequeño conjunto de noticias, de
+secretos raros y de atinada averiguación de propiedades de los seres.
+
+De los tres adeptos que el Padre Ambrosio tenía, el más adelantado era
+el hermano Tiburcio, humilde lego, aunque señaladísimo y estimadísimo en
+el convento por su ferviente piedad religiosa.
+
+Esta piedad había hecho que en un principio mirase el hermano Tiburcio
+con repugnancia y hasta con horror al Padre Ambrosio por la fama que con
+vaguedad le acusaba de hechicero; mas vencida al cabo la repugnancia, la
+doctrina del Padre Ambrosio penetró con ímpetu en el espíritu del
+hermano Tiburcio, arrollando toda contradicción y produciendo allí
+vivísima fe y devoto entusiasmo.
+
+El mayor recelo del hermano Tiburcio se había disipado. Había pensado él
+que la doctrina ortodoxa debía circundar y encerrar el espíritu como
+fuerte muro flanqueado de eminentes torres; y temía que al salir de él
+el espíritu orgulloso le derribase o al menos le quebrantase, apagando
+los faros luminosos que en las torres resplandecían, y que el espíritu
+entonces, perdido, sin guía y sin luz en las tinieblas, jamás volvería a
+encontrar su santo refugio.
+
+A esta objeción, había contestado el Padre Ambrosio valiéndose de un
+símil semejante. Así había dominado el temor del hermano Tiburcio.
+
+--Mi fe religiosa--le había dicho el Padre Ambrosio--es sin duda como
+fortaleza inexpugnable, mas no para que yo me quede encerrado en ella
+cobarde y ocioso, sino para que me valga como apoyo, y como centro de
+mis más atrevidas excursiones y de mis conquistas más gloriosas por las
+inmensas e ignoradas regiones, donde el pensamiento humano ha de erigir
+un día su trono y ha de fundar su imperio. Sin duda con la fe y con el
+amor ayudado de los dones sobrenaturales de la gracia, el alma puede
+llegar hasta Dios mismo y unirse en cierto modo con él; pero mi ciencia
+profana, sin contradecir la obra sobrenatural de las divinas virtudes,
+tiene distinto objeto, que agrada también a Dios, aunque en muy inferior
+grado. Yo no soy, ni merezco ser, un santo; pero ¿por qué no he de ser
+un sabio, un conocedor de aquella magia, que sin ofender al cielo, sin
+buscar el auxilio de genios o de ángeles réprobos y valiéndose sólo de
+medios naturales, acierta a producir prodigios pasmosos? En esta ciencia
+te iniciaré yo, porque te creo capaz de estudiarla y de alcanzarla. Y
+bien puedes estar seguro de que esta mi ciencia profana no se opone ni a
+la santidad ni a la pureza de la fe, ni a la perfección ascética y
+mística a que puedas elevarte.
+
+En suma, tantas y tales razones alegó el Padre Ambrosio, que el hermano
+Tiburcio hubo de quedar convencido, convirtiéndose en su más apasionado
+discípulo y en su más constante satélite.
+
+De los otros dos iniciados que tenía el Padre Ambrosio, no se fiaba
+tanto, aunque también les comunicaba algunos de sus menos hondos
+secretos.
+
+Para los demás frailes y para el resto del humano linaje no iniciado, el
+Padre Ambrosio jamás hablaba de su ciencia oculta, pero discurría con
+fácil elocuencia sobre todo cuanto del saber paladino o no oculto se
+alcanzaba en su época, y trataba de viajes, de planes políticos y de
+cuanto presumía que había de suceder en el mundo o que convenía que
+sucediese.
+
+Tales eran en cifra los ensueños y las ideas con que, a su vuelta de
+Roma, trajo el Padre Ambrosio embargado el espíritu.
+
+
+
+
+-V-
+
+
+El Padre Ambrosio era inagotable en las descripciones y pinturas de
+cuanto había visto en Roma y de los grandes sucesos que allí había
+presenciado o que había allí comprendido mejor por encontrarse él en el
+centro del mundo.
+
+Cada día, en el extremo de la huerta, bajo los álamos frondosos, hacía
+el Padre Ambrosio un largo discurso que frailes y novicios escuchaban en
+religioso silencio. No siempre comprendía la mayoría del auditorio todo
+cuanto el padre describía o contaba; pero, hasta lo menos comprendido
+tenía un no sé qué de peregrino y poético que deleitaba y cautivaba la
+atención.
+
+Los discursos del Padre Ambrosio eran como una serie de lecciones en las
+cuales instruía a sus oyentes y les mostraba el estado del mundo, en la
+edad aquella, y contemplado todo desde el foco mismo de la civilización
+cristiana. A veces pintaba el Padre el florecimiento de las artes, y
+encomiaba las obras pasmosas de Leonardo de Vinci, de Rafael y de Miguel
+Ángel, que venían a eclipsar las obras del arte antiguo, o a competir al
+menos con las que resurgían y se extraían del seno de la tierra, en
+donde habían estado sepultadas durante largos siglos de obscuridad y de
+barbarie. Pugnaba el arte nuevo por imitar el antiguo, pero la misma no
+vencida dificultad de la imitación daba ser a un arte distinto.
+
+Algo semejante ocurría en ciencias y en letras humanas. Comentando,
+explicando e interpretando los antiguos filósofos, como Platón y
+Aristóteles, se formaba una nueva filosofía, se abrían esplendidos y
+dilatados horizontes, y se descubrían caminos y términos con los que
+Aristóteles y Platón jamás habían soñado. Como si la tierra de Italia
+estuviese fecundada por un espíritu nuevo, hasta los prófugos de la
+antigua Bizancio, que habían traído como penates la ciencia y las letras
+de los antiguos, las transformaban, al transmitirlas y enseñarlas a los
+italianos, en algo lleno de novedad, de vida y de sugestión poderosa.
+Esos mismos prófugos, que sin dejar huella, mudos e inactivos, hubieran
+acabado en el viejo imperio de Bizancio por disiparse como sombras y por
+hundirse en el olvido, arrojados de su patria y en el nuevo suelo que
+les daba hospitalidad, habían cobrado inesperada energía, y, difundiendo
+su saber, cumplían alta misión civilizadora y dejaban en pos de ellos un
+imperecedero y luminoso rastro. En la magnífica puerta de la edad
+moderna, arco triunfal que daba entrada a una nueva Era, esos hombres,
+escapados de las ruinas de un destrozado imperio y como exhumados y
+vueltos a la vida, figuraban y resplandecían ahora entre los fundadores
+de nueva y mayor civilización, entre los hierofantes de la ciencia del
+porvenir. Bessarión, Láscaris, Teodoro Gaza, Juan Argirópulos,
+Chrisóloras, Jemistio Pleton y no pocos otros fueron los iniciadores y
+maestros del saber antiguo y como los paraninfos que procuraron y
+concertaron las fecundas bodas del poderoso genio del renacimiento y de
+la musa helénica.
+
+En otros días pintaba el Padre Ambrosio el esplendor y la magnificencia
+de la corte de León X, a quien rendían tributo todas las naciones y
+prestaban respetuoso homenaje los más altos príncipes y poderosos
+monarcas. Dábale esto ocasión para ensalzar al pueblo y a los soberanos
+de España, que pasmosamente cumplían su misión de dilatar por el mundo
+el imperio de la fe cristiana. Entusiasmado con esto el Padre Ambrosio,
+pintó a los frailes la pompa triunfal con que Tristán de Acuña entró en
+Roma. Tal vez desde los tiempos en que volvió el andaluz Trajano de
+conquistar la Dacia, moviendo por última vez al dios Término para que
+ensanchase el imperio de Roma, Roma no había presenciado espectáculo más
+grandioso. Esta vez los nuevos romanos, los fuertes hijos de Lusitania,
+habían llevado al dios Término más allá de donde le llevaron o soñaron
+en llevarle Osiris, el hijo de Semele, y Alejandro de Macedonia. Le
+habían llevado más allá del Indo y del Ganges. El tremendo conquistador
+Alfonso de Alburquerque había recorrido victorioso los mares de Oriente
+desde Aden hasta Borneo; había conquistado y destruido reinos, había
+hecho tributarias o entrado a saco populosas y ricas ciudades desde
+Ormuz, emporio de Persia, India y Arabia, hasta Malaca, en el extremo
+sur de Siam. Para capital de los nuevos dominios portugueses había
+tomado dos veces por asalto a Goa, en el vecino reino de Villapor,
+realizando increíbles hazañas y cometiendo inauditas crueldades. Había
+visitado a Ceilán, tierra encantada de las piedras preciosas, delicia
+del mundo, patria de la canela y de las perlas. El apóstol Santiago,
+montado en su caballo blanco, se aparecía en las más sangrientas
+batallas de Alburquerque e iba matando moros. Cristo mismo, para dar
+testimonio de la misión divina que a Alburquerque había confiado, le
+mostró en el cielo una gran cruz luminosa, hacia el lado de Arabia,
+convidándole y excitándole a conquistar a Aden, a ir luego a la Meca a
+incendiar y destruir el templo de la Caaba, y a dirigirse por último a
+Jerusalem para libertar el Santo Sepulcro. La muerte sorprendió a
+Albuquerque en medio de estos últimos colosales proyectos; pero antes de
+morir había realizado tan grandes cosas, que el rey D. Manuel, su
+augusto y dichoso amo, se complació en darlas a conocer al Papa de un
+modo digno y solemne, y para ello le envió como embajador a Tristán de
+Acuña, quien había precedido a Albuquerque en el mando de la India y
+bajo cuyas órdenes al principio Albuquerque había militado.
+
+De esta gloriosa embajada portuguesa, que el Padre Ambrosio presenció
+durante su permanencia en Roma, hizo el Padre a los frailes un
+entusiasta relato.
+
+
+
+
+-VI-
+
+
+La fama, decía el Padre Ambrosio, había anunciado por toda Italia la
+novedad singular de la Embajada portuguesa. Gran multitud de forasteros
+de todas las repúblicas y principados de Italia acudieron a Roma.
+Calles, plazas, balcones y azoteas estaban llenas de gente que se
+apiñaba y empujaba para coger buen sitio y ver pasar la procesión desde
+la puerta del pueblo hasta el punto en que León X debía recibirla. Era a
+fines de Marzo: una hermosa mañana de la naciente primavera. Rompían la
+marcha varios heraldos a caballo con los estandartes de Portugal.
+Seguían luego, a caballo también, los trompeteros y los músicos tocando
+clarines y chirimías. Trescientos palafreneros, vestidos de seda,
+llevaban de la rienda otras tantas briosas y bellísimas alfanas,
+ricamente enjaezadas con gualdrapas y paramentos de brocado y caireles
+de oro. Iba en pos vistosa turba de pajes y de escuderos. Luego todos
+los portugueses, eclesiásticos y seculares, que entonces residían en
+Roma. Luego los parientes del Embajador, todos en caballos que
+ostentaban ricos jaeces. Eran los jinetes más de sesenta hidalgos, que
+lucían sedas y encajes, collares y cadenas de oro y de piedras
+preciosas, y en los sombreros, cubiertos de perlas, airosas y blancas
+plumas. Para mayor decoro y ostentación de la Embajada, marchaban
+enseguida muchos empleados y gentiles hombres asistentes al solio
+pontificio, y la guardia de honor de Su Santidad, compuesta de arqueros
+suizos y de lanceros griegos y albaneses. Capitaneaba la segunda parte
+de la procesión el caballerizo mayor del rey, Nicolás de Faría, quien
+montaba un magnífico caballo con arreos cubiertos de oro y tachonados de
+perlas.
+
+Inmediatamente marchaban dos elefantes, en cuyas torres iban los
+presentes que el rey don Manuel enviaba al Papa. Con fantásticos y
+vistosos trajes, _naires_ de la India, montados en el cuello de aquellos
+gigantescos cuadrúpedos, los iban dirigiendo. Después aparecía lo más
+espantoso de aquella pompa. Montado en un soberbio alazán de Persia iba
+un domador de Ormuz, que llevaba a las ancas, en el mismo caballo y casi
+abrazado con él, un tigre domesticado. En carros, y encerrados en
+jaulas, iban después leopardos y otras alimañas feroces que el rey don
+Manuel regalaba al Papa, además de las joyas, de la canela, de la
+pimienta, del clavo, de las armas y de los tejidos y bordados del
+Oriente. La Embajada venía en pos de todo esto formando un conjunto
+deslumbrador. Marchaba primero el ilustre poeta García de Resende,
+recopilador del Cancionero que lleva su nombre, y Secretario de la
+Embajada, y le seguían los reyes de armas de Portugal con sus lucientes
+cotas y los maceros del Papa, que precedían al Embajador Tristán de
+Acuña. Este, por la riqueza de su traje, por su gentil y noble presencia
+y por la pujanza y hermosura del corcel en que cabalgaba, dejaba
+eclipsados a todos los caballeros y personajes que iban en torno de él
+formando comitiva; al Gobernador de Roma, al duque de Bari, a los
+Obispos y a los Arzobispos y a los Embajadores de Alemania, Francia,
+Castilla, Inglaterra, Polonia, Venecia, Milán y otros Estados.
+
+Al ir desfilando esta procesión, la multitud entusiasta lanzaba sonoros
+vivas y altos gritos de admiración y de aplauso, mientras que
+estremecían el aire el estruendo de las salvas de artillería y el
+repique de campanas de todas las iglesias de Roma.
+
+El Padre Santo aguardó la Embajada y la vio venir desde el balcón
+principal de la Mole Adriana o Castillo de Santángelo, donde se parecía
+cercado de cardenales, príncipes y altos dignatarios. Los elefantes,
+cuando estuvieron a la vista del Papa, metieron las trompas en unas
+calderetas de oro, que para el caso iban preparadas y llenas de
+exquisita agua de olor, y lanzaron luego el líquido que en las trompas
+habían absorbido, perfumando a la muchedumbre.
+
+Al referir todo esto, el Padre Ambrosio encumbraba el concepto que de
+Portugal debía tenerse; pero, en su mente, era más alto aún el concepto
+que Aragón y Castilla le merecían. El Papa Alejandro VI había repartido
+y dividido el mundo entre las dos monarquías de la Península. Por lo
+pronto, Portugal brillaba más, pero la empresa de Aragón y Castilla era
+más sublime, gloriosa y difícil, y por lo mismo tardaba más en
+realizarse. Ambos pueblos iban buscando la cuna de las primeras
+civilizaciones; los orientales alcázares del Sol, donde le recibía en su
+tálamo la Aurora; el imperio en que se cría la seda, y la tierra fértil
+de las especias y de los aromas. Los portugueses habían llegado ya,
+caminando hacia Oriente. Los castellanos, caminando hacia el Occidente,
+ansiosos de circunnavegar el planeta, habían hallado un imprevisto
+obstáculo, un valladar inmenso, un continente extensísimo que se
+dilataba millares de leguas, casi desde un polo a otro, y que les
+cerraba el camino de Cipango, del Catay y de la India. El mundo
+resultaba mucho mayor de lo que se habían imaginado. En la realidad, o
+más bien en el concepto de los hombres, era ya más que doble. Colón,
+creyendo hallar la India y la China, había hallado un nuevo mundo. A los
+castellanos incumbía civilizarle, erigir en él la cruz de Cristo,
+edificar en él templos y palacios y fundar en él ciudades y repúblicas.
+La tarea era más ardua, aunque al principio menos lucida. Todo ello, no
+obstante, no se oponía, y ya el Padre Ambrosio lo pronosticaba, a que,
+salvado el valladar del enorme continente nuevo, surcasen las quillas
+castellanas más largos y desconocidos mares, diesen la vuelta al mundo y
+encontrasen, caminando siempre hacia el ocaso, a los portugueses en el
+extremo Oriente victorioso.
+
+Agitado por inspiración profética, el Padre Ambrosio predecía ya como
+muy cercano, como muy próximo a realizarse este glorioso acontecimiento,
+el mayor y el más trascendente de la historia humana después de la
+tempestuosa proclamación de la Ley antigua en la cumbre del Sinaí, y
+después del tremendo drama del Calvario que redimió a los hombres, y que
+con sangre divina lavó sus pecados y confirmó la Ley nueva.
+
+
+
+
+-VII-
+
+
+Con mayor atención que nadie, y con avidez reconcentrada y silenciosa,
+oía Fray Miguel todos los discursos del Padre Ambrosio, y su alma ardía
+cada vez más en el fuego de dos violentas pasiones. Una de ellas, el
+orgullo de nación y de casta, plenamente satisfecho, ensanchaba su
+corazón y tal vez le hacía latir, brioso y alegre, como allá en los años
+de su juventud primera. La otra pasión era de envidia, de creciente
+abatimiento, de rabia y de menosprecio de sí mismo, al considerar su
+obscura insignificancia, y sus ocios viles y abyectos, durante mis de
+cuarenta años, en los cuales se había renovado el mundo, se había
+revelado y más que duplicado a los ojos de las asombradas naciones
+europeas, y España había surgido entre ellas y se había levantado por
+cima de ellas, triunfante, cubierta de laureles, abriendo ancha entrada
+y largo camino a un porvenir de mayores glorias y conquistas. Este
+segundo sentimiento predominaba en el alma de Fray Miguel y le ponía más
+tétrico y silencioso. Ninguno de los frailes, sus compañeros, notaba ni
+por indicios el tormento infernal que desgarraba el corazón del
+ambicioso Fray Miguel, y que para un observador perspicaz y que sintiese
+por él algún afecto, se vislumbraba en su pálido y demacrado rostro, en
+las muecas nerviosas y como de réprobo que involuntariamente hacía de
+vez en cuando, y en el brillo calenturiento de sus hundidos negros ojos,
+a los cuales, así como a la despejada y blanca frente, daba casi siempre
+sombra la capucha.
+
+El Padre Ambrosio fue el único que entrevió el tempestuoso estado del
+ánimo de Fray Miguel y la ambición y la envidia que le devoraban y que
+el propio Padre Ambrosio, al principio irreflexiva e involuntariamente,
+había con sus discursos solevantado y exacerbado.
+
+El Padre Ambrosio tuvo compasión de Fray Miguel: pensó en consolarle y
+hasta en curarle y anheló en esta obra de misericordia desplegar todos
+los poderes que su ciencia oculta le había dado y acudir a los
+misteriosos recursos de la magia, de la alquimia y de otras artes
+adquiridas por él a fuerza de estudios y de largas vigilias.
+
+El Padre Ambrosio jamás había ejercido ni querido ejercer cargo en el
+convento. Hubiera podido ser guardián, pero era sencillamente un fraile
+como otro cualquiera. Su extraordinaria reputación inspiraba, no
+obstante, el respeto más profundo. Y más que el Padre guardián por su
+dignidad y oficio, se hacía él respetar, obedecer y temer por las
+singulares prendas de su carácter, por su inteligencia, por su saber y
+por los poderes sobrenaturales que se le atribuían.
+
+Movido a compasión como ya hemos dicho, y excitado también por la
+curiosidad y el empeño de penetrar en el fondo obscuro de un corazón
+humano cuya profundidad vislumbraba, el Padre Ambrosio, después de uno
+de los discursos que solía pronunciar bajo los álamos, citó a Fray
+Miguel para que fuese a hablar con él en su celda.
+
+--Tengo--le dijo--no pocas cosas que confiarle y muchas más que
+preguntarle a las que quiero que en puridad me responda, sin reserva ni
+disimulo.
+
+Fray Miguel acudió a la cita a altas horas de la noche, entre completas
+y maitines.
+
+El Padre Ambrosio aguardaba en su celda. Sobre la mesa de nogal ardía
+una lámpara que iluminaba el rostro del Padre Ambrosio. Era el Padre más
+anciano que Fray Miguel. Su frente calva y su barba luenga y blanquísima
+le daban muy venerable aspecto. Sobre la mesa, además de la lámpara,
+había recado de escribir, un crucifijo de metal sobre una cruz de ébano,
+varios libros manuscritos e impresos y una calavera.
+
+Cuando entró Fray Miguel, el Padre Ambrosio le indicó para que se
+sentase un sillón de brazos, al otro lado de la mesa y enfrente al que
+él ocupaba.
+
+Sentado Fray Miguel y en silencio, el Padre Ambrosio habló de esta
+suerte:
+
+--Hermano, mi vista, que penetra y escudriña los corazones, ha penetrado
+en el tuyo y ha visto que está lleno de ambición, de codicia, de sed de
+deleites, honores y poder, y de desesperación, porque en tu mocedad no
+pudiste alcanzarlos, y hoy, abrumado por la vejez, no te queda ni la más
+leve esperanza. Por despecho, hace ya más de cuarenta años, abandonaste
+el mundo y la vida activa, creyéndote capaz de la vida contemplativa y
+mística. Mas por el pensamiento eres menos capaz de elevarte que por la
+acción, y ahora, al ver cuánto han conseguido por la acción los hombres
+de tu edad y de tu pueblo, aunque como español te enorgulleces, te
+acibaran el patriótico orgullo y te roen las entrañas la envidia de esos
+hombres y la contemplación de la obscura y estéril inercia en que tú has
+vivido. Si yo creyese que se aproximaba la plenitud de los tiempos y que
+el linaje humano en las vías que sigue, trazado por el mismo Dios, se
+hallaba cerca del término que deseo y que considero infalible, yo
+condenaría esas pasiones que te agitan y te atormentan. Pero como hay
+mucho que combatir y muchos obstáculos que vencer todavía, tal vez
+durante siglos, yo aplaudo los poderosos estímulos que en ti hay, y
+aunque renacidos tan tarde y tan fuera de sazón, no quiero sofocarlos,
+sino darles pábulo y hasta satisfacción en cuanto esté a mi alcance,
+valiéndome para ello de mi ciencia portentosa. Yo, al contrario que tú,
+he desdeñado siempre la acción material; en vez de dominar el mundo, me
+he satisfecho con contemplarle, pero al contemplarle, le he comprendido,
+y comprendiéndole, me he enseñoreado de él con poder más amplio y más
+hondo y seguro que el de los más poderosos soberanos. Ellos además no
+dominan sino lo presente; el término de su vida ha de ser el término de
+su imperio. Yo hasta cierto punto domino también en el porvenir. Mi
+dominio es de dos modos: uno por el conocer; en los casos humanos hay
+una parte que indefectiblemente se cumple en virtud de leyes eternas y
+de plan divino. La marcha de los sucesos es como el curso de los astros:
+no hay potencia humana que los desvíe de la senda que tienen trazada
+desde la eternidad, en el tiempo y en el espacio, en la tierra y en el
+cielo. Pero al comprender yo la ley que siguen, mi inteligencia se
+enseñorea de la ley como si la impusiera, porque mi voluntad coincide en
+tan elevado punto con la inteligencia y con ella se identifica. Dentro
+de esta ley, dentro de la amplia senda que siguen los sucesos, se mueve
+con holgura el libre albedrío del hombre, y caben determinaciones y
+hechos, que nosotros podemos modificar o producir.
+
+En esta parte secundaria puedo yo valerte. Acudiré a una comparación a
+fin de que mejor lo entiendas. Figúrate que la historia de nuestro
+linaje es como drama maravilloso, compuesto por un divino poeta, el cual
+ni consiente ni puede consentir que se altere, ni se cambie ni una
+sílaba, ni un tilde de lo que ha compuesto. El drama ha de representarse
+sin modificación, sin supresión y sin añadidura: tal como lo escribió el
+poeta: pero tal vez el sabio empresario, tal vez el director de escena
+pueda repartir a su gusto los papeles. La sabiduría eterna, que todo lo
+prevé, previó también esta repartición, pero no la dispuso. Dejó que la
+libertad humana la dispusiera. Ahora bien, yo creo, o mejor dicho, yo
+doy por seguro que, en virtud de mi ciencia y por los poderes que mi
+ciencia me otorga, puedo conceder o dar un papel brillante a quien mejor
+me parezca, aunque no ciegamente, sino después de ciertas pruebas y
+examen que justifiquen mi elección y que me demuestren a las claras ser
+digno de ella el elegido. Las pruebas son terribles. ¿Querrás tú, podrás
+tú someterte a esas pruebas?
+
+En el rostro de Fray Miguel, al escuchar con atención el anterior
+discurso, se pintaban muy diversos sentimientos que ya se sucedían, ya
+coexistían, combatiendo unos contra otros por la posesión de su alma.
+Interrogado por el Padre Ambrosio, le contestó de esta manera:
+
+--Me deleita y me pasma lo que dices, pero he de confesarte que entiendo
+algo de ello de un modo confuso, que hay algo que no entiendo de ningún
+modo, y que sin dudar de tu buena fe, dudo del poder de tu ciencia y
+recelo que el amor propio te lleve a dilatar fantásticamente sus límites
+mucho más allá de donde en realidad llega su imperio. No negaré yo que
+tú has leído en mi alma como en un libro abierto y sabes cuanto en ella
+hay. No admiro, sin embargo, tu penetración. Antes de que años ha te
+fueses a Roma, ganaste mi confianza y lograste que te descubriera yo
+entonces parte de las pasiones que me agitaban. No lo has olvidado.
+Después ha sido fácil y es poco pasmoso, aunque yo nada te he dicho, que
+hayas adivinado que mi mal, en vez de remediarse, ha ido en aumento. De
+lo que yo dudo ahora es de que esté en tu mano dar a mi mal remedio. Ni
+mi mal le tiene ni tú se le buscas ya por medio de la religión. Lo
+repugna mi espíritu cada vez más pervertido y agriado. Cuando abandoné
+el siglo y el mundo y vine a refugiarme en el claustro, me impulsaban y
+halagaban ambiciosas esperanzas que también al fin se han desvanecido.
+En la tierra no había logrado yo, o por caprichos de la adversa fortuna,
+o por mengua de mi entendimiento, o de mi voluntad, elevarme entre los
+demás hombres por fama, poder o riqueza, pero confiaba en que con las
+energías de mi anhelo podría yo conquistar el reino de Dios y alcanzar
+en él bienes superiores a todo el poder que en la tierra despliegan los
+hombres, a toda la riqueza de que gozan y a toda la fama y crédito que
+conceden. En el día de hoy estoy ya desesperado. Reconozco que todo fue
+vana ilusión de mi orgullo. Ignoro si es culpa mía o de mis hados
+adversos. Bien puede ser que mi entendimiento carezca de alas para
+elevarse a ciertas alturas, que no haya impulso en él para penetrar en
+el abismo de lo sobrenatural, ni que mi alma acierte a hundirse en él
+valerosamente por un arranque de abnegación y por la irresistible fuerza
+del amor divino. Ello es que yo, y perdóneme Dios el concepto grosero
+que formo de su reino, ello es, repito, que aun suponiendo que,
+acrisolado y purificado por mil tormentos, que hacen un purgatorio de mi
+vida, logre entrar en el cielo, haré en él tan insignificante, vil y
+desairado papel como el que en la tierra he hecho. ¿Qué seré yo al lado
+de los santos gloriosos, de los heroicos mártires, de los que asombraron
+al mundo con sus penitencias, de los que difundieron por cuantos son sus
+climas y, regiones la hermosa doctrina del Cordero inmaculado? En el
+cielo, pues, será delirio de mi imaginación perversa, pero aun cuando yo
+me ponga, me pongo entre la más baja plebe. Y mi envidia, y mis celos, y
+mi rabia, en intensidad y en duración, toman las colosales proporciones
+de la vida eterna, y me burlan y me convierten el cielo en infierno. A
+extremo tan horrible ha venido a parar mi fe religiosa, que hasta
+imaginándome salvado, soy precito. Mi ser íntimo está formado de suerte,
+que nunca en mi sentir, ni en otra vida mejor, como nunca no atine yo a
+ganarlas en esta, podrá hallar satisfacción, paz y ventura. El desengaño
+amargo, el conocimiento de mi impotencia, el recuerdo ponzoñoso de mis
+derrotas, subirán conmigo a la gloria, aunque yo suba a la gloria, y me
+la trocarán en espantoso infierno. Sí, Padre, el infierno está en mi
+alma; en lo más profundo de ella he querido esconderle, pero no he
+podido engañar a Dios; Dios lo ha visto y no me llevará a su cielo
+cuando el infierno está en mí. Yo me explico la abnegación, yo me siento
+capaz de todo sacrificio, yo desdeñaría honras, poder y deleites, y lo
+dejaría todo, y haría vida penitente y me abrasaría entonces en amor
+divino; pero necesito antes tener esas honras, alcanzar ese poder, tener
+en mi mano cuantos deleites y venturas hay en la tierra, para poder
+luego desdeñarlos y sacrificarlos. Pero no teniéndolos ¿qué desdeño ni
+qué sacrifico? Yo me he metido fraile creyendo que no servía sino para
+fraile. Luego he descubierto con horror y asco de mí mismo que ni para
+fraile sirvo. Ahora quisiera yo desgarrar y tirar mis hábitos, volver al
+mundo y acometer y llevar a cabo empresas tales que justificasen mi
+ambición, que la justificasen a mis propios ojos y que anonadasen el
+desprecio con que a mí mismo me miro y con que al mirame me mato, pero
+con muerte que no tiene fin y cuya horrible eternidad está en mi
+conciencia.
+
+--Singular extravío de tu espíritu--interpuso con calma el Padre
+Ambrosio--fue el que te trajo al claustro, confundiendo y tomando el
+despecho por verdadera y santa vocación. Pero tú eres tan valiente como
+ambicioso, si nada te asusta ni te arredra, yo podré, no remediar tu
+mal, pero ponerte en situación de que tú mismo le remedies, de que
+satisfagas tus ambiciosos propósitos, de que apartes de ti la duda que
+puedes o de que no puedes, y de que realices los esfuerzos de tu
+voluntad, haciéndolos fecundos. Mi ciencia, por ti, puede hacer un
+milagro. Te advierto, no obstante, que no puede hacerle ni le hará mi
+ciencia sin tu auxilio. En la producción del milagro, por tanto o por
+más que mi ciencia han de entrar y han de ser parte tu fe, tu plena
+confianza en mí, tu firme decisión y tu brío. He de poner a prueba tu
+valor. Veremos si desfalleces.
+
+
+
+
+-VIII-
+
+
+El Padre Ambrosio, en pago de la confianza que a Fray Miguel infundía,
+quiso mostrarse no menos confiado.
+
+--Yo no puedo revelarte--le dijo--mi oculto saber. Se oponen a ello por
+sentencia unánime los iniciados y maestros. En el estado que hoy tiene
+la sociedad humana, divulgar mis secretos sería causa de una
+perturbación espantosa. El gran Raimundo Lulio amenaza con la
+condenación eterna a quien los divulgue. La doctrina debe permanecer
+oculta y sólo transmitirse entre los iniciados por medio de misteriosos
+símbolos y para el vulgo indescifrables figuras. La llave del tesoro ha
+de confiarse sólo a quien sea capaz de custodiarla. La ciencia no es un
+sueño vano. Todo está escrito desde hace más de sesenta siglos, pero son
+pocos, muy pocos los que entienden lo escrito y lo interpretan. Hermes,
+tres veces grande, con un buril de diamante hecho ascua grabó todo lo
+sustancial de la ciencia en una lámina de esmeralda y dejó escondida la
+lámina en la mayor de las pirámides de Egipto, en recóndito y estrecho
+aposento, a donde no podía llegarse sino por un revuelto e inextricable
+laberinto, o bien por la violencia de un héroe conquistador de
+sobrehumanas facultades. Alejandro de Macedonia halló la lámina de
+esmeraldas, pero no la comprendió. Ni Aristóteles ni ninguno de los
+sabios que después ha habido, la han interpretado y comentado como se
+debe. Yo me lisonjeo de entender todo su sentido, pero no quiero ni
+puedo explicártele ni me entenderías aunque te le explicase. El que le
+entiende, la lámina misma lo declara, tendrá toda la gloria del mundo y
+de en torno suyo se apartarán las tinieblas. Yo no puedo darte la
+ciencia. La ciencia que poseo es intransmisible, pero puedo y quiero
+darte los bienes que de la ciencia dimanan, que yo desdeño porque soy
+superior a ellos, pero que sujeto a mis órdenes. Sígueme si tienes
+valor; sube conmigo a mi laboratorio y allí verás cómo se agitan los
+misteriosos poderes y cómo las energías ocultas realizan
+transformaciones y van más allá, y trasmutan las sustancias, y de lo
+sólido y duro sacan el oro, y en lo aéreo y difuso hallan el movimiento
+y la fuerza y los medios de renovar y de reconstituir la vida. Si tienes
+valor, si presencias sin temblar y sin desmayarte mis tremendas
+operaciones y te sometes a ellas, yo te prometo que te devolveré el
+vigor de la mocedad y los medios de ponerte a prueba por segunda vez, y
+sin perder tiempo ver de un modo definitivo si vales o no vales.
+
+Dicho esto, el Padre Ambrosio, tomando en la mano la lámpara que ardía
+sobre la mesa y sirviendo de guía, hizo entrar a Fray Miguel en la
+mezquina alcoba donde tenía su cama. Allí había en el ángulo formado por
+las paredes del fondo y lado derecho una estrechísima escalera de
+caracol, por donde ambos frailes subieron más de treinta escalones. Al
+extremo de ellos había una compuerta que el Padre Ambrosio levantó con
+facilidad. Ambos se encontraron entonces en un espacioso camaranchón,
+lleno de extraños objetos que provocaron la admiración y el asombro y
+despertaron la curiosidad de Fray Miguel de Zuheros. En varios anaqueles
+multitud de vasijas de barro, ampolletas de vidrio, redomas y pomos, que
+contenían sin duda extrañas drogas; arrimados a la pared o suspendidos
+de ella dos esqueletos humanos y pájaros y reptiles disecados; en
+diversos poyos, en mesas, en hornillas y en anafes, retortas, embudos y
+vasos de metal y de arcilla; en la gran chimenea de campana, que estaba
+en la pared opuesta al sitio por donde habían entrado, ardía un poco de
+leña en medio de rescoldo y ceniza. En el centro de la estancia una
+lámpara de bronce, pendiente del techo por una cadena, derramaba luz más
+viva, clara e intensa que la producida por la combustión de la cera y
+del aceite. Casi debajo de la lámpara había un atril y en el atril un
+gran libro manuscrito en pergamino. El Padre Ambrosio se acercó al libro
+y dijo:
+
+--Esta es la Alegoría de Merlín.
+
+Luego leyó, extractando e interpretando en nuestra lengua vernácula el
+contenido de las páginas por donde el libro estaba abierto:
+
+«Él quiso beber del agua que le agradaba. Se la trajeron y bebió. Se
+puso muy pálido. Sintió grandes dolores como si le arrancasen con
+tenazas pedazos de su cuerpo. Invadieron su ser la pesadez y la fatiga.
+Cayó por último en profundo letargo. Ha muerto, decía la gente. El
+médico que le dio el agua le ha envenenado. Menester será enterrarle o
+quemarle antes de que se pudra e inficione toda la tierra. Pero el sabio
+médico no consintió que le enterrasen. Le puso en una caja de hierro en
+forma de cruz, ungiéndole antes con raros linimentos y olorosos
+bálsamos. Cercó de fuego y de llamas el féretro metálico, y pronto, muy
+pronto volvió a la vida el que parecía muerto, y volvió tan lleno de
+hermosura y de fuerza, que todos le amaban y los reyes y los poderosos
+de cuantas naciones hay en el mundo le honraban y le temían».
+
+El Padre Ambrosio cerró entonces el libro y continuó hablando de esta
+suerte:
+
+--Algo semejante al procedimiento alegórico del sabio puedo yo hacer
+contigo. De tu confianza en mí y de tu valor depende el logro de tu
+deseo. Un extracto, una quinta esencia de la piedra filosofal es
+ardiente líquido que puede y debe dar, ya que no la inmortalidad,
+juventud, fuerza y plena duración de vida. Si te sometes, me atrevo a
+hacer en ti la peligrosa experiencia. Hay quien afirma que mi maestro
+Lulio consiguió remozarse, que Alán de la Isla vivió cerca de dos
+siglos, que Nicolás Flamel vivió cuatro, y que frisó en la edad de mil
+años el sabio Artefio. Algo de esto entiendo yo que podré hacer contigo
+si tú te prestas y si Dios me ayuda.
+
+Fray Miguel de Zuheros permaneció en silencio por no saber qué
+contestar, lleno de dudas y recelos. Era naturalmente incrédulo y
+desconfiado, y su corta ventura y los muchos y tristes años que había
+vivido, habían arraigado en su alma y acrecentado más cada día la
+incredulidad y la desconfianza. Ora dudaba del saber del Padre Ambrosio
+atribuyendo a jactancia sus ofrecimientos, ora recelaba de un modo
+confuso que el Padre Ambrosio intentaba hacerle juguete de una burla
+cruel para reprimir y humillar su ambición impotente e inveterada.
+
+Notando el Padre Ambrosio que la vacilación, que el recelo causaba el
+silencio de Fray Miguel, habló de nuevo y dijo:
+
+--Te callas y vacilas y no lo extraño ni lo censuro. Para que yo haga
+contigo lo que puedo hacer, se necesita que te fíes de mí por completo,
+que me rindas todas las potencias de tu alma, que seas entre mis manos,
+mientras duren mis operaciones mágicas, como masa inerte, sin voluntad,
+sin entendimiento y sin sentido. No bastaría que yo por fuerza o por
+astucia te despojase de todo. Se requiere que tú mismo te despojes y te
+sometas a mi poder con abnegación sin límites. Y no quiero ni exijo yo
+que esto sea de repente y como por sorpresa. Te concedo tres días para
+que lo pienses y lo decidas. Al cabo de ellos, ven por aquí, a la misma
+hora en que has venido esta noche, a decirme la determinación que hayas
+tomado. Ahora vete a tu celda.
+
+Respondiendo sólo con una profunda inclinación de cabeza, obedeció Fray
+Miguel; bajó del camaranchón antes que el Padre Ambrosio, y
+despidiéndose de él atravesó los oscuros claustros, levemente iluminados
+por la luz de las estrellas y por una lamparilla que ardía ante un
+crucifijo pendiente del muro, y se retiró a su celda, todo conmovido por
+los mil encontrados pensamientos, deseos y temores que combatían por la
+posesión de su alma.
+
+
+
+
+-IX-
+
+
+Desde que se retiró a su celda Fray Miguel de Zuheros, hasta que pasaron
+los tres días y se cumplió el plazo señalado por el Padre Ambrosio, la
+agitación del ánimo de Fray Miguel fue grandísima y apenas le dejó pocos
+instantes de reposo. Su sueño fue breve y lleno de extrañas visiones. La
+destemplanza de su sangre y la excitación de sus nervios ya le hacían
+tiritar con intenso frío, ya sofocarse hasta sudar con el calor de la
+calentura. Motivo y no pretexto tuvo para no asistir por enfermo ni al
+coro ni al refectorio. Acudió, no obstante, aunque sin comer apenas y
+casi sin desplegar los labios sino para murmurar sus rezos.
+
+Fray Miguel no habló con nadie, pero habló mucho consigo mismo, en
+aquella conversación interior y profunda, cuyas palabras y frases no es
+menester que suenen o en la que tal vez se dice y se representa todo de
+un modo más directo y más vivo, sin acudir a los signos arbitrarios de
+las frases y de las palabras.
+
+Punto menos que imposible, es reproducir aquí lo que Fray Miguel pensó y
+se dijo. En todo discurso, si se enuncia por el lenguaje humano, las
+imágenes, las pasiones y los pensamientos van tomando forma,
+sucediéndose y mostrándose con cierto orden y gradación, unos en pos de
+otros. En Fray Miguel no era así: en silencio exterior estaba él, sin
+voz y sin acento que pudiesen percibir los sentidos; pero allá en los
+abismos de su alma se levantaba tempestad espantosa. Recuerdos,
+esperanzas, dudas y desengaños, todo acudía en tumulto y asaltaba y
+atormentaba su mente. Fray Miguel por involuntario impulso hacía un raro
+examen de conciencia. El bien y el mal de cuanto había hecho se le
+aparecían como presente y no como desvanecido y pasado, y al mismo
+tiempo hacían irrupción en su espíritu, en tropel contradictorio y
+confuso, triunfos y derrotas, crímenes y virtudes, gloria y oprobio y
+mil portentosos lances y sucesos, que flotaban sin encadenamiento que
+los ligase, en un porvenir nebuloso.
+
+Arduo sería penetrar en el espíritu de Fray Miguel y descubrir cuanto en
+aquel momento le agitaba; pero aún es arduo el empeño de distinguir lo
+que bullía en aquel caos y darlo a conocer por medio de la palabra
+escrita. Haré, no obstante, un esfuerzo, a fin de que se sepa algo de lo
+que entonces Fray Miguel sentía y pensaba. Lo que en su mente era
+simultáneo no podrá menos de sucederse en el soliloquio, pero lo que él
+interiormente se hablaba, carecía de conclusión y de principio y se
+manifestaba todo a la vez.
+
+Desesperado de lograr en el mundo la fortuna que buscaba, Fray Miguel a
+los treinta y cinco años de su edad se había refugiado en el claustro.
+Su última derrota había sido en la batalla de Toro, donde militó en
+defensa de doña Juana, en las huestes portuguesas.
+
+Ya en el claustro, pensó que la paz le bastaría. Se propuso no aspirar
+sino a la paz, pero conoció pronto que la paz no le bastaba. Su ambición
+y su codicia de riquezas, bienes, poder y deleites materiales, le
+alejaron del mundo, mas no para hundirse y perecer, sino para buscar su
+satisfacción más allá del mundo: en algo tan sublime y tan luminoso que
+todas las excelsitudes y resplandores del mundo fuesen, en su
+comparación, ruindad, misericordia y sombra. En la fertilidad y verdura
+de los campos, en las umbrías solitarias, durante las horas meridianas,
+cuando vierte el sol a torrentes sus rayos esplendorosos, en el augusto
+silencio de la noche, en la amplitud del cielo lleno de estrellas, en el
+movimiento y en la vida de los seres, en la yerbecilla que pisaban sus
+pies, en la flor silvestre que deshojaban sus dedos y en el astro remoto
+que sus ojos apenas distinguían, en lo más cercano y en lo más distante,
+Fray Miguel buscó la clave del misterio, quiso hallar la cifra de un
+nombre incomunicable, pugnó porque se le apareciese y se le revelase lo
+sobrenatural y lo sobrehumano. Sin duda era el orgullo y no el amor
+quien impulsaba a Fray Miguel; Fray Miguel no consiguió nada.
+
+Entonces apartó el sentido y distrajo la atención de todo lo creado, de
+cuanto se muestra en lo exterior a nuestros ojos o resuena en nuestros
+oídos. Como buzo que baja en busca de coral y de perlas al fondo de los
+mares, hundió su mente en la íntima contemplación de su propio ser,
+buscando allí la raíz por donde estaba asido y como pendiente de lo
+infinito. Tampoco así halló nada, sino obscuridad vacía y lúgubre.
+
+Volvió el pensamiento de Fray Miguel al mundo exterior. Desechando la
+idea de estar poseído, concibió la esperanza de poder estar obseso. ¿Era
+él tan vil y tan indigno que no lograse ponerse en comunicación con
+seres inteligentes que no formen parte del linaje humano? El universo
+está lleno de tales seres. ¿Por qué eran tan groseros sus sentidos que
+no los percibían? ¿No podría él evocarlos, formar pacto y alianza con
+ellos y adquirir virtudes, poder y fuerzas superiores a cuanto posee la
+generalidad de los mortales de su misma especie?
+
+Cuando se paraba Fray Miguel en esta impía imaginación, solía caer en el
+más hondo abatimiento, y tal vez exclamaba:
+
+--Sin duda no me ha faltado ni la intención, ni el propósito, ni el
+valor de darme al diablo; pero el diablo no me quiere y me desdeña. Yo
+no consigo lo que consigue cualquiera vieja ignorante y estúpida. Las
+puertas que defienden la mansión del milagro, ya celestial, ya infernal,
+están cerradas para mí. Llamo a ellas y nadie me responde.
+
+La reacción del orgullo venía luego a levantar su espíritu y a elevarle
+al extremo contrario: al mayor grado de soberbia:
+
+--Ningún demonio viene y me ayuda--decía--porque son inferiores a mí,
+porque no pueden darme lo que me falta, porque yo valgo más que ellos.
+En balde me humillo pidiéndoles que me socorran. Lo que me conviene es
+buscar el camino del lugar hasta donde mi aptitud y mi predestinación
+pueden conducirme, y, desde allí, llamarlos y sujetarlos a mi mandado,
+no tomándolos como protectores sino como siervos sumisos.
+
+En estas y en otras cavilaciones, que entonces se presentaban juntas en
+la mente de Fray Miguel, habían pasado muchos años de su vida claustral.
+Su orgullo no había consentido que fuese un santo, pero también su
+orgullo se había opuesto a que ningún poder infernal viniese a dominar
+su alma, ocupada y dominada toda por su orgullo mismo.
+
+En el espíritu de Fray Miguel había además poco briosas facultades que
+le habilitasen para conquistar y dominar nada por medio del pensamiento,
+Era distraído, poco insistente, ambicioso de ciencia como de todo, pero
+sin la paciente perseverancia que se requiere para adquirirla. Fray
+Miguel, si era algo, si algo valía, era como hombre de acción, aunque su
+poca fortuna o su mucha torpeza le habían extraviado en el camino,
+encontrando sólo, cuando se cansó y se hartó de andar por él, el
+desengaño más negro. Aborrecía la vida, pero tenía miedo de la muerte.
+Así por la época de fe en que vivía como por la natural condición de su
+espíritu, en la cabeza de Fray Miguel no cabía imaginar que fuera la
+muerte la aniquilación del individuo, la desaparición de la persona, el
+olvido de todo. Él veía en el término de su vida mortal, no sueño
+eterno, sino tránsito a vida nueva. Y no le asustaba tanto el temor de
+ser condenado y no salvado, cuanto el humillante recelo de ser tan
+insignificante en la vida futura como en la vida presente, y de que así
+en el cielo, como en el infierno, se le hiciese poquísimo caso: se le
+tratase con el mismo desdén con que en este mundo sublunar sus
+semejantes le habían tratado.
+
+La monotonía y la uniformidad de la vida habían hecho que el tiempo
+pareciese que pasaba con inaguantable lentitud, según iba pasando; pero,
+pasado ya, transcurridos los cuarenta años de convento, Fray Miguel
+volvía la vista atrás y no veía el larguísimo camino que había seguido y
+la enorme distancia que del punto de partida le separaba. Como no tenía
+variedad de sucesos con qué llenar, diversificar y distinguir aquella
+larga serie de años, toda ella le parecía soplo, relámpago fugitivo,
+desmayo y letargo que al disiparse se lo había llevado todo consigo,
+esperanzas y proyectos y hasta la posibilidad de forjarlos de nuevo. La
+horrible vejez había caído sobre él sin sentir. Su cabeza se había
+cubierto de canas y su rostro de arrugas. Cascada y temblona estaba su
+voz, sin brío sus brazos, flojas y vacilantes sus piernas. La luz hería
+y lastimaba sus ojos, sin dejarle ver con distinción, claridad y deleite
+las formas y los colores. Y aun esta amarga luz, que le ofendía más que
+le iluminaba, estaba amenazándole con abandonarle para siempre y sumirle
+en tinieblas. Y ya sabía él por sus experiencias y por sus frustrados
+conatos anteriores, que por mucho que penetrase y ahondase en estas
+tinieblas, no lograría romper su duro y tupido velo y bañar su espíritu
+en el infinito y luminoso mar donde le habían dicho que se bañan las
+almas, si se reconcentran en ellas mismas y se desprenden de lo terrenal
+y caduco.
+
+Su vida iba tocando a su fin: hasta entonces había sido lastimosa y
+estéril, y, sin embargo, él daba inmenso precio a la vida. En esta baja
+tierra, encerrado nuestro espíritu en este cuerpo mortal y flaco, y
+asistido y servido por sus órganos durante breve tiempo, que huye para
+nunca volver, Fray Miguel entendía que era menester conquistar el
+respeto, la nombradía y el valor y el mérito que por toda una eternidad
+hemos de poseer, siendo por ello remunerados o castigados, glorificados
+o despreciados. Tan alta era la importancia que Fray Miguel daba a
+nuestra existencia efímera y transitoria en este planeta. De mucho
+dudaba Fray Miguel, en mucho no creía; pero, como roca, cuyo cimiento y
+raíz se hunde tanto en el seno de la tierra que no hay impetuoso
+torrente que la derribe y la arrastre, así su firme creencia en el valer
+de la vida humana, en este mundo, para preparación y prueba y para
+conquista de otra más alta vida, se conservaba firme y arraigada en su
+espíritu contra todas las tempestades y contra todas las avenidas de
+dudas y pasiones que habían pugnado y que pugnaban aún por arrancarla de
+allí y por sepultarla en la vana región de los sueños.
+
+Cuán enorme no sería el pesar de Fray Miguel, que tamaña importancia
+atribuía a la vida, al ver que la suya iba ya a consumirse, tocaba a su
+fin, sin que persistiese más en ella que la energía de atormentarse y de
+desesperarse.
+
+Si el Padre Ambrosio no se burlaba de él, si no se jactaba en vano, si
+por medio de sus artes mágicas podía volverle la mocedad, Fray Miguel
+estaba seguro de que sabría aprovecharla y no perderla sin fruto como
+había perdido la mocedad pasada. Ahora tenía él más claro concepto del
+valor de la vida y de los fines a que podía y debía aspirar en el mundo.
+La ociosa y larga meditación de sus cuarenta años de vida claustral, las
+estupendas novedades y sucesos cuya resonancia había llegado a
+conmoverle y alborotarle en su retiro, la explicación que el Padre
+Ambrosio hacía de todo y de que él se había penetrado con pasmo oyendo
+sus discursos, todo le persuadía de que se mostraba ante sus ojos el
+blanco a donde le importaba dirigir la mira, el digno empleo de su
+resucitada actividad, la misión que le tocaba cumplir secundando el
+propósito y cooperando al plan de la Providencia.
+
+Con lógica inconsecuencia, Fray Miguel estaba lleno de dudas, y por
+momentos de negaciones, cuando en lo interior de su propio ser buscaba
+la verdad; pero, no bien su pensamiento salía fuera de sí y se extendía
+sobre la faz de la tierra, todo era en Fray Miguel fe y esperanza en los
+sublimes destinos del humano linaje y en el papel principal y brillante
+que le tocaba hacer a su pueblo. La fe del Padre Ambrosio había sido
+como llama voraz que había incendiado su alma haciéndola de luz y de
+fuego. El entusiasmo le poseía, pero hasta entonces la envidia, nacida a
+par del entusiasmo, le había desgarrado el pecho y le había devorado las
+entrañas. Vivir y morir en la obscuridad y en la inercia cuando tan
+grandes cosas realizaba el esfuerzo de los hombres, para Fray Miguel era
+insufrible. Resolvió, pues, someterse a todas las pruebas y a todas las
+operaciones mágicas de que el Padre Ambrosio había hablado a fin de
+remozarse y de lanzarse de nuevo en la palestra y tomar parte en la
+lucha. La agitación y el estruendo de esta lucha penetraba en el
+claustro, rompían su silencio, llamaba a la puerta de su celda y le
+excitaba y le convidaba a armarse y a ir al combate. Se le antojaba a
+veces que resonaba en sus oídos como la trompeta del día del juicio y
+que le resucitaba de entre los muertos.
+
+El portentoso poema épico que el Padre Ambrosio fantaseaba en sus
+discursos iba verificándose y desarrollándose en la consistente realidad
+de la historia, y Fray Miguel no se contentaba con ser oyente o lector
+del poema, sino que anhelaba ser uno de sus héroes. Y ora fuese por
+severidad de juicio, ora porque Fray Miguel no quería que ningún
+individuo descollase mucho sobre él, Fray Miguel ponía como héroe
+principal del poema a todo su pueblo, mirándole como pueblo elegido,
+como nuevo pueblo de Dios que había de vencer a todos los enemigos de su
+ley, que había de arrostrar todos los peligros y que había de dar cima a
+mil inauditas empresas.
+
+Fray Miguel no veía ni se forjaba en la mente un campeón que todo lo
+dirigiese y que se llevase la palma. Por bajo del pueblo estaban o
+surgían todos los campeones. Alborotados los reinos de Castilla y
+Valencia por las comunidades y germanías, allá en su pensar sigiloso
+Fray Miguel no estimaba mucho al joven, extranjero y ausente Emperador.
+Sospechaba que había de heredar algo de la extravagante locura materna y
+de la ligera futilidad de su padre, y que una inquietud sin propósito
+había de tejer la tela de su vida. Pero el pueblo español era grande, y
+de su seno surgirían adalides que venciesen y dominasen. Ellos
+derrotarían al turco, que amenazaba la cristiandad; ellos, con armas
+temporales y espirituales, lograrían sofocar la herejía que estaba
+naciendo en Alemania y que, barbarie mental, ansiaba derrocar el imperio
+de Roma en los espíritus, como los antiguos bárbaros habían destruido el
+imperio material de Roma. España, con sus héroes y con sus santos, había
+de sostener y conservar la unidad divina que informa y da vigor a la
+civilización europea. Y esta civilización poderosa y benéfica había de
+continuar difundiéndose por todos los climas y regiones, tierras y mares
+del mundo que habitamos.
+
+Fray Miguel había ya oído hablar con horror y sabía las audacias del
+fraile Martín Lutero y sus propósitos infernales; pero, en el fervoroso
+espíritu de Fray Miguel, estaba ya la convicción profunda de que Dios
+había suscitado en España un gigantesco contrario al sajón heresiarca
+para arrebatarle sus conquistas. Entre tanto seguían extendiéndose
+magnificándose las de nuestra fe y nuestras armas en los más apartados y
+hasta entonces inexplorados países y entre gentes infieles y selváticas,
+alucinadas por el demonio y entregadas a crueles supersticiones y a
+monstruosos y nefandos ritos. A esta difusión de la luz y de la verdad,
+aunque más por medio de las armas que por medio de vanos discursos, se
+consideraba llamado y predestinado Fray Miguel, en cuanto el Padre
+Ambrosio realizase en él el prometido milagro de remozarle.
+
+Fray Miguel acudió, pues, a la celda del Padre Ambrosio, resuelto a
+todo, y en la noche y en la hora convenidas.
+
+
+
+
+-X-
+
+
+El Padre Ambrosio estaba aguardándole. Saludó a Fray Miguel con una leve
+inclinación de cabeza, y sin decir palabra, le indicó que le siguiese.
+Ambos subieron por la escalera de caracol a la ancha cámara que ya
+conocemos.
+
+Todo estaba en ella como lo hemos descrito antes. Sólo había tres
+objetos que por su novedad llamaron en seguida la atención de Fray
+Miguel. En la chimenea, en vez de no haber más que rescoldo y cenizas,
+ardía bastante leña que levantaba llamas, en cuyo centro, sobre unas
+trébedes se veía una retorta de cobre donde empezaba a hervir un
+líquido. El tubo encorvado, con que terminaba la cobertera de aquel
+pequeño alambique, iba a parar a una urna de vidrio suspendida en la
+pared y llena de agua clara. Dentro de la urna o refriante se veían las
+roscas de la culebra de metal. La cabeza de la culebra aparecía fuera de
+la urna en su parte baja.
+
+No lejos de la chimenea estaba por el suelo un féretro abierto y vacío.
+Y por último, ocupado en mullir y arreglar los almohadones, donde había
+de reposar la cabeza la persona que en el féretro se encerrase, estaba
+el hermano Tiburcio, predilecto y aprovechado discípulo del Padre
+Ambrosio.
+
+Encarándose este con Fray Miguel, apenas dejó caer la compuerta por
+donde había entrado, le dijo con gravedad solemne:
+
+--Si fuera lícito valerse de palabras sagradas, aplicándolas a lo
+profano, con el único propósito de hacerse entender mejor, yo me
+atrevería a decirte, a fin de inspirarte denuedo y a fin de infundirte
+omnímoda confianza en mí, que yo soy resurrección y vida, y que si crees
+en mí, vivirás, cuando mueras.
+
+--A todo estoy dispuesto. Mátame, si es necesario o conveniente a
+nuestros fines.
+
+--A decir verdad y desechando toda jactancia, la muerte que yo te dé ha
+de ser aparente y no real. La virtud de volver a la vida a quien la
+pierde no es dada aún, ni acaso sea dada nunca, a la ciencia meramente
+natural y humana. Y yo, conviene que así lo entiendas, no acudo ni
+quiero ni puedo acudir a medios sobrenaturales para obrar mis prodigios.
+Mi magia es toda natural y lícita, aunque es de dos maneras: la que se
+funda en el conocimiento de hierbas, de drogas y de otros recursos
+enteramente materiales, en la cual está instruido el hermano Tiburcio,
+que como ves ha venido a ayudarme, y la magia superior, incomunicable y
+pura, cuyo poder estriba en el centro del espíritu, en el ápice de la
+mente, en la raíz misma por donde nuestro limitado pensamiento, no sólo
+toca, sino está asido a lo infinito. De esta más elevada ciencia, aunque
+todavía natural y nada más que humana, el hermano Tiburcio tiene pocas
+nociones. Yo sólo soy aquí quien la posee. De ella depende el éxito de
+mi empresa. Y no debo ocultarte que si bien tengo yo el éxito por
+seguro, reconozco modestamente que puede engañarme el amor propio. Si
+así fuese, si el amor propio me engañase, yo te mataría sin querer, pero
+te mataría. Ya ves a lo que me aventuro. ¿Quieres tú también
+aventurarte?
+
+--Quiero--contestó sin arrogancia y con tranquilidad Fray Miguel.
+
+--Para el rejuvenecimiento--continuó el Padre Ambrosio--que ha de
+verificarse en ti, se requiere algo parecido a la muerte, aunque no sea
+muerte. ¿Te sometes a ello?
+
+--Me someto.
+
+--Pues bien, dentro de poco te sumiré en letargo profundísimo; el
+hermano Tiburcio y yo te ungiremos las sienes y la frente con un
+precioso bálsamo, te tenderemos y te encerraremos en ese féretro que
+miras abierto en el suelo; y al cabo de poco, si no son falsas mis
+teorías, aunque nunca corroboradas aún por la experiencia, así como la
+crisálida rompe la tela que la envuelve y sale convertida en mariposa,
+aparecerás tú, mozo robusto y capaz, si tienes brío en el alma, de
+acometer y de dar cima a las empresas más arriesgadas y espantables. Veo
+con satisfacción que estás muy animado. Ya no dudo de tus bríos
+espirituales. Pero, aunque el espíritu sea fuerte, la carne flaquea, y
+es menester que se fortalezca tu mísera carne. Así, antes de remozarte,
+a par que sientas el deseo en el alma sentirás en tu cuerpo debilitado
+ya por los años el prurito de que se remoce. Para ello has a tomar una
+poción preparatoria, sabiamente compuesta de substancias eficacísimas,
+con tal habilidad y tino combinadas y templadas que no se neutralizan
+sus encontrados efectos, sino que se armonizan y conspiran todos al
+mismo fin.
+
+Dirigiose entonces el Padre Ambrosio, hacia un ángulo de la estancia
+donde había un pequeño velador y sobre él una bandeja, un jarro y una
+ancha copa de plata. Llenó luego la copa del líquido que el jarro
+contenía, y llamando a Fray Miguel y dándosela para que bebiese le dijo:
+
+--Con esto se fortalecerá tu cuerpo y se hará apto para las operaciones
+ulteriores. Es un elixir exquisito, en cuya composición entran el
+_nepenthes_ que dio Elena a Telémaco para disipar su melancolía; la flor
+del cáñamo de la India; el _soma_ o licor divino de los antiguos
+brahmanes; el hongo de Siberia que infunde furor bélico, y el zumo de
+las mandrágoras, con que Lía amó y deseó con mayor vehemencia a Jacob y
+se hizo de él amada y deseada.
+
+Fray Miguel tomó la copa, y, casi de un solo trago, apuró todo el licor
+que contenía.
+
+El hermano Tiburcio que lo presenciaba y miraba todo en silencio,
+aproximó un taburete e indicó por señas a Fray Miguel, que en él se
+sentase. En seguida tomó en los dedos cierto linimento oloroso, que
+había en un pomito de vidrio, y ungió con él lo más alto de la cabeza,
+la frente y las sienes del fraile.
+
+Mientras se verificaba la untura, el Padre Ambrosio, recitó no corta
+serie de palabras y frases, al parecer de un lenguaje exótico y punto
+menos que inaudito. Al extraño son de aquellas palabras, o acaso por
+obra del linimento, Fray Miguel imaginó que todo brincaba y giraba en
+torno suyo con rapidez vertiginosa; que los muros y el suelo se
+estremecían y amenazaban derrumbarse, y que el edificio no estaba parado
+y fijo sobre su cimiento, sino que iba lanzado por el espacio sin
+límites.
+
+Por dicha, cesó pronto en el cerebro de Fray Miguel, aquel a modo de
+mareo. Y, terminada también la serie de conjuros ininteligibles, oyó que
+el Padre Ambrosio le decía:
+
+--No es todo alucinación mental lo que acabas de experimentar ahora. En
+gran parte, es efecto de las palabras mágicas que he pronunciado. Nada
+sin embargo más natural. No receles artes ni prestigios diabólicos. Las
+palabras que he pronunciado ignoro yo lo que significan, pero me consta
+que nada hay en ellas de pecaminoso. Se han ido conservando por
+tradición oral entre varones piadosos aficionados a la magia lícita, y
+son palabras del idioma primitivo que se hablaba mucho antes de Abraham,
+en Ur de los caldeos, y aun antes, en el imperio que fundó Nemrod en el
+centro del Asia. La clave de este idioma se perdió siglos ha, y acaso no
+vuelva nunca a encontrarse. Yo he oído referir que un antiguo rey de
+Nínive, llamado Asurbanipal, siete siglos antes de nuestra era, formó
+una biblioteca de libros escritos en esta lengua, que era ya una lengua
+muerta, como el latín hoy entre nosotros. Pero los libros reunidos por
+Asurbanipal, sepultados hoy entre las ruinas y escombros de antiquísima
+ciudad y regio alcázar, eran ya de una época de gran decadencia, cuando
+el mencionado primitivo idioma estaba corrompidísimo, y la alta
+filosofía que le había informado viciada y cuajada de supersticiones. En
+cambio, las palabras que yo he dicho son del idioma primitivo y puro, y
+no son signos arbitrarios, sino que tienen relación íntima y substancial
+con los objetos que expresan o designan. De aquí el alboroto, la
+agitación y el tumulto de todas las cosas creadas cuando tales palabras
+se pronuncian. Juzgo de mi deber explicarte todo esto para que no te des
+a sospechar que soy brujo, que me valgo de prestigios o que ando en
+tratos con el diablo. Aunque peque yo de sobrado llano y pedestre, diré
+para mayor claridad, que juego limpio.
+
+Fray Miguel estaba tan impaciente y tan ansioso ya de rejuvenecerse, que
+las explicaciones del Padre Ambrosio le parecían inútiles y le cansaban.
+Por el debido respeto, sin embargo, no se atrevió a dar la menor señal
+de impaciencia.
+
+El Padre Ambrosio se complacía en perorar y prosiguió de esta suerte:
+
+--Ten calma y espera. La destilación del maravilloso filtro, que va a
+remozarte, se está verificando en ese pequeño alambique. Apenas empiece
+a salir por la boca de la culebra la refinada quinta esencia, acudiré a
+recogerla en la misma copa en que bebiste la poción preparatoria, y tú
+la beberás sin vacilar.
+
+--La beberé con ansia--contestó Fray Miguel--para apagar la sed de vida
+y de juventud que me devora.
+
+--Todavía me incumbe decirte--interpuso el Padre--que no quiero, cuando
+te remoces, dejarte ir solo por esos mundos de Dios. Deseo que lleves en
+tu compañía a alguien de toda mi confianza, que sabrá, sin duda,
+conquistar la tuya y que vendrá a ser como tu criado, paje, escudero y
+secretario todo en una pieza.
+
+--¿Y quién va a ser ese acompañante que me designas?
+
+--El hermano Tiburcio que está presente--contestó el Padre Ambrosio--.
+Más gana tiene él de correr mundo que de estar metido en su celda. Con
+todo, no es esta la razón que me induce a que el hermano Tiburcio te
+acompañe. Los caballeros que salen en busca de aventuras llevan siempre
+escuderos y tú no has de infringir esta ley o esta costumbre. En cuantas
+historias conozco de hombres que para medrar o para divertirse y
+holgarse se han dado al diablo, el diablo figura después constantemente
+al lado de ellos como ayudante o espolique, y tú no has de ser menos
+aunque distes muchísimo de haberte dado al diablo. Tendrás, pues,
+escudero, aunque natural y humano. El hermano Tiburcio, si bien es un
+mozuelo barbilampiño, sabe más que el diablo y te valdrá de mucho. Por
+otra parte, yo he observado que tú eres sobrado serio y esta seriedad
+continua a la larga a ti mismo te aburriría. Importa, pues, que la
+temple y modere un sujeto algo cómico y jocoso, como lo será el
+mencionado hermano. Jovial será él, si tú saturnino, y juntos recibiréis
+combinado el influjo mirífico de los dos más poderosos planetas. He
+pensado además que necesito tener con frecuencia noticias tuyas,
+satisfacer mi curiosidad y ver cómo va saliendo esta experiencia que
+ahora hago. En las venideras edades sé yo que inventarán los hombres
+medios ingeniosos para ponerse en comunicación con la rapidez del rayo y
+dirigirse la palabra desde un extremo a otro de la tierra. Pero tales
+inventos distan mucho aún de verse realizados y de ser vulgares. Sólo
+los iniciados en mi ciencia oculta se entienden ya y se hablan desde muy
+lejos, sin aparato alguno físico ni mecánico, sino por el arte y la
+fuerza del alma. El hermano Tiburcio, irá pues contigo también, para que
+se entienda conmigo y me informe de todo. Y por último, si tú acometes
+altas empresas, las llevas a cabo y vences y triunfas, no quiero yo que
+todo esto se ignore, se sepa mal o se olvide, y el hermano Tiburcio, que
+es un buen letrado, te acompañará para ponerlo por escrito con el mayor
+esmero y legarlo a la posteridad más remota. Será para ti, válgame como
+ejemplo, lo que para Don Pedro Niño, valeroso y galante Conde de Buelna,
+fue Gutierre Díez de Games, su alférez.
+
+A este punto de su algo prolija disertación llegó el Padre Ambrosio,
+cuando empezó a manar por la piquera del alambique, el líquido
+destilado. Sin darse un instante de vagar, tomó el Padre la copa de
+plata, se acercó a la piquera, la llenó del líquido y se le dio a beber
+a Fray Miguel sin decir más palabra.
+
+En silencio también, sin susto y con ansia, Fray Miguel se llevó la copa
+a los labios y bebió el licor que había en ella.
+
+El efecto fue rápido y terrible. A Fray Miguel se le trabó la lengua y
+no pudo exhalar ni queja ni suspiro. Palidez mortal cubrió su rostro. A
+los pocos instantes cayó como herido del rayo. Y sin duda hubiera dado
+en tierra de golpe, si el Padre Ambrosio y el hermano Tiburcio,
+apercibidos ya para el caso, no le hubiesen sostenido.
+
+Todo el cuerpo de Fray Miguel, adquirió de súbito una rigidez más que
+cadavérica. No parecía ya de carne sino de madera o de barro.
+
+El Padre Ambrosio, no obstante, tuvo a tiempo la precaución de cruzar a
+Fray Miguel las manos sobre el pecho.
+
+El hermano Tiburcio tomó por la espalda a Fray Miguel. Por los pies le
+levantó el Padre Ambrosio. Ambos le llevaron al féretro y allí le
+dejaron tendido.
+
+_Juan Valera_
+
+
+
+
+Las aventuras
+
+
+
+
+-I-
+
+
+En el año 1521 era Lisboa la más espléndida, animada, pintoresca y
+original ciudad de Europa. Fundada sobre varias colinas, se extendía ya
+por la margen derecha del Tajo, siguiendo su curso hacia el mar. Los
+palacios y jardines de dicha margen hacían delicioso el camino que iba y
+va hasta el sitio donde el rey D. Manuel el Dichoso había erigido
+graciosa y elegante torre, en conmemoración de que allí se embarcó Vasco
+de Gama para ir por vez primera a la India, y no lejos el magnífico
+templo y claustro de Belén, obra de singular y bellísima arquitectura.
+Frente del más populoso centro de la ciudad, en la opuesta orilla del
+río, se alzaba la villa de Almada, sobre enriscado promontorio. Y desde
+allí, mirando en dirección contraria a la que trae el agua, esta se
+extiende y la orilla se aleja, formando una extensa y grandiosa bahía,
+capaz de contener entonces todos los barcos de guerra y de comercio que
+surcaban los mares.
+
+Aquella bahía estaba concurridísima. En ella había naves inglesas y
+francesas, de Holanda y de las ciudades anseáticas, de Aragón y de
+Castilla, de Génova y de Venecia y de otras Repúblicas y principados de
+Italia. Todas acudían allí para traer telas, alhajas, primores y otros
+objetos de arte producto de la industria europea, conque satisfacer el
+amor al fausto de los portugueses, y para llevar, en cambio clavo y
+pimienta, perfumes de Arabia, canela de Ceilán, sedas y porcelanas del
+Catay, marfil de Guinea, alfombras de Persia, chales y albornoces de
+Cachemira, perlas, diamantes y rubíes de las montañas y de los golfos de
+la India, bambúes y cañas y tejidos de algodón y de nipa de Bengala,
+monos, papagayos y otras aves de vistosas plumas, y mil exóticas
+curiosidades del extremo Oriente.
+
+La muchedumbre de hombres y mujeres que hervía en los muelles y paseos,
+calles y plazas de Lisboa, tenía extraño y pasmoso aspecto por la
+variedad de sus rostros, de sus trajes y de los idiomas que iban
+hablando. Por donde quiera se notaban movimiento y bullicio, pero más
+que en ninguna parte en la Calle Nueva y Plaza del Rocío, donde estaban
+las tiendas de los más ricos mercaderes, y a lo largo de la orilla, casi
+hasta Belén, donde a la par de las quintas y de los parques había
+grandes almacenes o depósitos para las mercancías que se embarcaban o
+desembarcaban. Millares de esclavos negros, empleados en las faenas del
+puerto y en otros trabajos, discurrían solícitos por donde quiera.
+Marineros, soldados y hombres y mujeres del pueblo, paseaban o formaban
+grupos para charlar y reír, tratar de amores o promover pendencias.
+Entonadas hidalgas, ya caminasen a pie ya a las ancas de una mula que
+montaba y dirigía respetable escudero, ya en soberbios y dorados
+palanquines, solían llevar lucido séquito de dueñas, lacayos y pajes
+para mayor autoridad y decoro. Los magnates y señores ricos se mostraban
+cabalgando en hermosos caballos con ricos jaeces y con numerosa comitiva
+de criados y familiares de sus casas. Y el Señor Rey, que gustaba como
+nadie de la pompa y del aparato, salía con frecuencia en público
+formando con su lujoso y raro acompañamiento una procesión admirable. No
+semejaba el monarca portugués, príncipe de Europa, sino déspota
+oriental, soberano de cuentos de hadas o de _Las mil y una noches_,
+merced al brillo y al lujo que le circundaban. Le precedían a veces
+elefantes y rinocerontes, domadores que llevaban serpientes y tigres
+domesticados, y el rey iba a caballo, en medio de los más brillantes
+señores de la corte, sus favoritos y validos, todos con muy elegantes y
+vistosas ropas y con airosas y blancas plumas en los birretes. Don
+Manuel, que era regocijado y festivo, también se hacía acompañar a
+menudo de juglares y bufones, que le divertían con sus chistes y burlas,
+y casi nunca prescindía de los músicos, que iban tocando sonoros
+instrumentos, anunciando así que el rey venía y alegrando los sitios por
+donde transitaba.
+
+Todo era animación y movimiento, todo alborozado y estruendoso júbilo en
+Lisboa, en la hermosa mañana del día del Corpus de aquel año de 1521, en
+que el rey Don Manuel cumplía los cincuenta y dos de su edad, celebrando
+con gran pompa su natalicio.
+
+Terminada además la soberbia fábrica del templo de Belén, el monarca
+lusitano le abría y le mostraba por vez primera a su pueblo haciendo
+cantar en él un solemne _Te Deum_.
+
+Su alteza, acompañado de su tercera mujer, la reina Doña Leonor, hermana
+del César Carlos V, con más ricas y pomposas galas que nunca y
+circundado de brillante y vistosa comitiva, había acudido a la iglesia
+para presenciar la ceremonia religiosa y darle mayor lustre.
+
+Aunque el templo es espacioso, sólo se había permitido entrar en él a
+los convidados; porque si hubiera tenido franca entrada la muchedumbre,
+no pocos se hubieran maltratado allí dentro, a causa de los miles y
+miles de personas que habían venido a la fiesta, no sólo de Lisboa, sino
+de otras ciudades y villas de Portugal y aun de reinos extraños.
+
+La muchedumbre, pues, se agitaba y bullía fuera del templo,
+extendiéndose a un lado y a otro hasta la misma orilla del Tajo como
+enorme mosaico de cabezas humanas.
+
+La mayor parte de la gente estaba a pie, si bien a trechos descollaban
+no pocas personas montadas en caballos y en mulas o levantadas en sillas
+de manos por esclavos o sirvientes.
+
+A la puerta del santuario, en el atrio y también a la puerta del
+convento, guardaban los caballos de los reyes y de su séquito,
+custodiados por pajes y lacayos y por buen golpe de lanceros de la
+guardia del Rey.
+
+A pesar de los mil murmullos y gritos de tan gran número de gentes, que
+reían, chillaban, hablaban o disputaban, el majestuoso sonido del órgano
+y el canto sagrado de los frailes, repercutiendo en las altas bóvedas
+del templo, salía a veces de él y se difundía en ráfagas sonoras sobre
+los asistentes que se hallaban más cerca.
+
+Apenas estaría mediada aquella fiesta, que parecía absorber enteramente
+la atención del pueblo, cuando sobrevino algo que distrajo dicha
+atención, excitando la curiosidad general.
+
+Por el camino de Lisboa, y abriéndose paso por entre el apiñado gentío,
+aparecieron en sendos y magníficos caballos, ricamente enjaezados, dos
+muy lozanos caballeros, bizarramente vestidos de gala.
+
+Parecía uno de ellos hombre de veinticinco años de edad, de barba y ojos
+negros, airoso talle, anchas espaldas, robustos hombros y rostro
+hermosísimo. En todo él había además algo de noble, raro y peregrino,
+como procedente de tierras extrañas, y en el gesto y en los ademanes un
+no sé qué de soberbio e imperativo que infundía involuntariamente
+respeto.
+
+Era el otro jinete mozo barbilampiño. Su blanco y sonrosado rostro, sus
+ojos azules y los rubios cabellos que coronaban su cabeza, cubierta de
+un lindo birrete de velludo blanco, por bajo del cual caían dichos
+cabellos en rizadas ondas de oro, casi hubieran dado al gentil
+extranjero la apariencia de una disfrazada andante damisela, si no
+hubieran mostrado que era muy hombre, la energía insolente de su mirar,
+su briosa apostura y el desahogo y la destreza conque manejaba y
+dominaba su fogoso caballo, que retenido por él hacía piernas, se
+encabritaba impaciente y tascaba el freno, cubriéndole de espuma.
+
+Entre la plebe, las personas curiosas se preguntaban unas a otras
+quiénes eran aquellos dos galanes. Y como no faltó allí quien ya los
+hubiera visto, en la gran posada de la Calle Nueva, donde ellos habían
+venido a parar y donde habían declarado su condición y sus nombres,
+pronto pasaron estos de boca en boca, y por donde quiera se oía decir:
+
+--Esos son dos ricos y elegantes aventureros de Castilla; el más granado
+se llama Miguel de Zuheros, por sobrenombre Morsamor; y el jovencito,
+que es su doncel, se llama Tiburcio de Simahonda.
+
+
+
+
+-II-
+
+
+La función de iglesia llegó pronto a su término. Los soldados de la
+guardia empezaron a abrir calle, a fin de que la regia comitiva pudiese
+pasar holgadamente por entre la muchedumbre que a un lado y a otro se
+apiñaba, procurando cada cual ponerse delante para ver y acaso para ser
+visto del Rey, de la Reina o de los señores y damas de la corte y
+alcanzar de alguno de ellos un saludo o una amable sonrisa.
+
+Miguel de Zuheros y Tiburcio no se hallaban por dicha muy lejos de la
+calle que se iba abriendo, y como estaban a caballo bien podían verlo
+todo por cima de las cabezas de los que estaban a pie. Así es que no se
+molestaron ni se movieron para buscar mejor sitio, como si se
+avergonzasen de mostrar curiosidad plebeya.
+
+No salió el Rey por la puerta del templo, sino por la del atrio cercado
+de magnífico claustro, donde habían montado a caballo él y cuantos le
+acompañaban.
+
+Cuando la lucida cabalgata apareció ante el gran público, la admiración
+general dio muestras de sí en murmullos, exclamaciones y vítores.
+Aquello era verdaderamente espléndido: un derroche de sedas, randas,
+plumas, oro y pedrería. Los caballos, magníficos; vistosos, los arreos.
+Los rayos del sol refulgente herían el bruñido acero de las armas, las
+joyas, los metales preciosos y los áureos bordados, deslumbrando todo la
+vista con fúlgidos destellos. El Rey llevaba aquel día el _bonete_ y el
+estoque de honor, que le había regalado el Padre Santo y que sólo sacaba
+en las más solemnes ocasiones. La Reina Doña Leonor, muy bizarra y
+lujosamente vestida y tocada, cabalgaba a la derecha del Rey. Les
+seguían y lo circundaban las principales damas de la corte y muchos
+egregios personajes del reino, ilustres por su nacimiento o por armas y
+letras.
+
+El hermano Tiburcio, convertido en escudero o doncel, era un prodigio
+para enterarse de todo a escape. No sabemos, si sólo por naturaleza o
+por virtud de la magia que había estudiado, gozaba de pasmosa aptitud
+para averiguarlo todo; para reconocer a los sujetos notables, aunque
+nunca los hubiese visto; y para narrar la historia de cada uno hasta en
+sus más insignificantes pormenores. Además de esta habilidad, poseía
+otra más rara aún, que en lo sucesivo valió de mucho a su señor, Miguel
+de Zuheros. Tiburcio de Simahonda era, en aquella edad, aunque en grado
+más eminente, lo que ha sido en la nuestra el célebre Cardenal
+Mezzofanti. Ya fuese empleando un método ingenioso y secreto o caminando
+por ignorados atajos, ya fuese por preciosa capacidad nativa, ello es
+que Tiburcio a los dos o tres días de oír hablar cualquier idioma, se
+penetraba de su organismo, se enseñoreaba de sus formas y leyes
+gramaticales, atesoraba en su feliz memoria cuanto había de esencial y
+de radical en su léxico, y se soltaba a hablarle correcta y lindamente y
+con muy buena pronunciación, como si no hubiera hecho otra cosa en toda
+su vida.
+
+Al notar Miguel de Zuheros lo mucho que sabía su doncel, en apariencia
+con tan poca edad que apenas le apuntaba el bozo, se daba a sospechar si
+sería más viejo que él y si estaría como él remozado o si de cualquiera
+otra suerte habría vivido largas y sospechosas vidas anteriores. Miguel
+de Zuheros, sin embargo, no persistía en cavilar sobre estas cosas
+cuando notaba la sencillez y la naturalidad con que Tiburcio, sin hacer
+gala de su ciencia, la mostraba si era menester, y afirmaba haberla
+adquirido por medios y caminos, no raros y reprobados, si no lícitos y
+vulgares.
+
+En aquella ocasión Tiburcio dio pruebas de lo bien que se enteraba de
+todo, señalando a su señor los más conspicuos caballeros y las más
+garridas damas, que en aquella procesión se parecían, y diciendo sus
+nombres, sus cualidades y su historia.
+
+Nadie llamó tanto la atención de Miguel de Zuheros, como una dama muy
+hermosa y muy joven que iba cerca de la Reina.
+
+--Esa es--dijo Tiburcio--la señora doña Sol de Quiñones, íntima amiga y
+favorita de la Reina, y nieta de aquel famoso y enamorado D. Suero que
+sostuvo el Paso honroso en el puente de Órbigo. Ya ves que es muy bella.
+Su beldad, no obstante, queda eclipsada por su discreción, por su
+talento, por sus virtudes y por la ingenua candidez de su carácter.
+Cuantos la tratan se prendan de ella y se hacen lenguas en su elogio.
+
+Al contemplar tanta pompa y hermosura, Miguel de Zuheros sentía viva
+impaciencia de darse a conocer y de ser presentado en la corte. Pensando
+en cómo lo conseguiría de la manera para él más favorable, vio pasar la
+comitiva toda.
+
+Aún salía mucha más gente del templo, y nuestros dos aventureros
+permanecieron parados para verla salir.
+
+Ya de los últimos, apareció un pequeño grupo que montó a caballo a la
+puerta del templo y que pasó muy cerca de Miguel de Zuheros, excitando
+su curiosidad. Tiburcio la satisfizo diciéndole:
+
+--Esos dos galanes, que van como cautivos al lado de las damas, son
+Pedro Carvallo y Ramón de Acevedo, valientes soldados de fortuna ambos,
+que han vuelto de la India con más oro que pesan. La graciosa morenita,
+que ríe a carcajadas y se zarandea y se mueve come si estuviera hecha de
+rabillos de lagartijas, es la muy ponderada ninfa gaditana, conocida ya
+en gran parte del mundo, con el extraño apodo que su compañera le ha
+dado. La llaman Teletusa la Culebrosa, en conmemoración de la Teletusa
+antigua y clásica, a quien celebra Marcial en uno de sus epigramas por
+lo bien que bailaba, repiqueteaba las castañuelas y hacía otros
+primores. La principal figura del grupo, y por serlo la he dejado para
+lo último, es nada menos que donna Olimpia de Belfiore, una de las más
+artísticas, hermosas, sabias y elocuentes mujeres, que ha producido
+Italia en nuestros días, en que renacen, más allí que en otras regiones,
+la antigua cultura greco-romana y las ciencias y artes de amor, de paz y
+de guerra. Atraída donna Olimpia por la trascendente fama del esplendor
+y de la riqueza de esta capital, ha venido a ella, hará dos semanas, en
+compañía de su amiga y en cierto modo discípula, la de Cádiz, a quien ha
+dado el nombre que ya te he dicho de Teletusa. Porque es de saber, que
+la tal donna Olimpia, lejos de ser una hembra adocenada, tiene
+portentoso ingenio y despunta por su mucha doctrina. En Italia la
+celebran de _mirabilmente colta_. Sabe latín como Nebrija; sabe también
+algo de griego; ha leído los poetas e historiadores antiguos y clásicos
+y los de su patria, y entiende tanto de cuanto hay que entender, que
+pasa por un Pico de la Mirándola o por un Fernando de Córdoba, con
+faldas.
+
+A este punto de su perorata llegaba Tiburcio, cuando donna Olimpia y los
+que le acompañaban pasaron casi tocando con Miguel de Zuheros, el cual
+pudo ver bien y de frente a la dama. Estrella de amor le pereció y de
+primera magnitud y deslumbrante brillo. Sus cabellos relucían como oro
+candente, suponiéndose que se los adobaba y doraba con cierta loción
+cosmética de muy pocos conocida, y usada también por la famosa Lucrecia
+Borgia, Duquesa de Ferrara. Tanto hubo de ser así que no faltó en aquel
+tiempo quien asegurase, que el precioso rizo que tenía Pietro Bembo en
+el principio de su ejemplar de Lucrecio, donde está la invocación a
+Venus, rizo que se conserva aún en la Biblioteca Ambrosiana de Milán, no
+era de la Duquesa de Ferrara, sino de la tal donna Olimpia. Sea de esto
+lo que se quiera, lo que nos importa añadir aquí es que el aspecto,
+ademán y entono de donna Olimpia estaban llenos de reposada majestad. De
+sus años no sabemos qué decir. Como las deidades mitológicas, como los
+seres inmortales, su edad era problemática; era casi un misterio. Se
+diría, no obstante, que aquel astro culminaba entonces en el meridiano
+de su belleza y de su gloria. Sobre la hacanea torda en que iba y
+sentada sobre blandos cojines en elegantísimo sillón o jamugas, semejaba
+una emperatriz en su trono.
+
+Al encararse con Miguel de Zuheros, mirándole de frente, le hizo bajar
+los ojos deslumbrado por la viveza de aquel mirar y por la fuerza
+magnética de aquellos ojos verdes o glaucos como los de Minerva, Medea y
+Circe, y que podrían compararse a dos esmeraldas ardiendo en llamas.
+
+Donna Olimpia era alta y bien formada, pero, más que esbelta, amplia y
+exuberante sin perder la gracia y el hechizo, como las ninfas y diosas
+que pintaba Tiziano Vecelli.
+
+Cuando pasaron los del grupo, Tiburcio prosiguió su arenga diciendo:
+
+--Esta donna Olimpia es un prodigio singular. Se ignora la edad que
+tiene. Quizá sea como la hechicera Arleta, que se disfrazaba de moza y
+enamoraba y seducía a todos los hombres. Su hermosura, sustancial o
+aparente, no se puede negar. Tiziano, no hace mucho tiempo, se complació
+en retratarla en un cuadro delicioso. Ella está figurando a Venus, con
+la ligereza de ropas que tal figuración requiere, pero en su soberbia
+cabeza lleva el morrión penachudo, y a sus pies tiene por tierra la
+truculenta espada de Marte. Por dichas prendas, que le ha entregado el
+Dios de la guerra que está allí contemplándola en éxtasis, le entrega
+ella un travieso amorcito, que tiene cogido por las alas y que ha sacado
+de una jaula, donde quedan aún presos otros varios hermanos suyos.
+Paréceme, señor Miguel, que no os disgustaría que os regalase o vendiese
+donna Olimpia alguno de los mencionados hermanos.
+
+Interpelado así bruscamente, contestó Miguel de Zuheros:
+
+--Déjate de eso ahora. En asuntos más graves debemos ocuparnos y más
+gloriosas empresas nos conviene acometer. Dime, sin embargo, pues no te
+niego que soy curioso, algo más que sepas de donna Olimpia.
+
+--Poco más puedo contarte. Si hemos de creer lo que ella refiere, no ha
+habido, en lo que va de siglo, mujer más victoriosa. A sus pies han
+estado príncipes y duques, guerreros invictos, acaudalados mercaderes y
+laureados poetas como Ludovico Ariosto, Fracastoro, el Aretino,
+Sannazaro y muchos más cuyos nombres no acuden a mi memoria. En cierta
+farsa o representación alegórica, en el palacio de Alejandro VI, hizo
+una vez la figura de la Justicia, con la balanza en su fiel, pesando
+méritos y repartiendo premios según a cada uno le tocaba. Se cuenta, por
+último, que donna Olimpia, allá en su primera mocedad, se lució una vez
+en la academia platónica de Florencia, pronunciando un sublime discurso
+sobre el amor, que oyó Marcilio Ficino, ya viejo, y quedó embelesado de
+oírle.
+
+--Vamos, vamos, no me cuentes más de esa mujer. Basta con lo que has
+dicho para comprender que es la más desvergonzada de las aventureras.
+
+Terminada aquella conversación, Miguel de Zuheros y su doncel soltaron
+las riendas a sus caballos, y a buen trote, y buscando rodeos para no
+tropezar con la muchedumbre que atajaba el paso, se dirigieron a la
+Plaza del Rocío, para ver de nuevo la procesión o pompa regia, que debía
+pasar por allí. En seguida, según estaba anunciado, la procesión subiría
+a iglesia del Carmen, edificada sobre un cerro, que domina dicha plaza,
+y donde se ven y persisten aún sus ruinas, después del terremoto
+horrible que la destruyó en 1755.
+
+En la iglesia del Carmen se venera una imagen de la Virgen de los
+Dolores, de quien era el Rey muy devoto y a quien iba a presentar rica
+ofrenda y a dar fervorosas gracias por los recientes triunfos que las
+armas portuguesas habían alcanzado en Ceilán y en otras islas más
+remotas.
+
+
+
+
+-III-
+
+
+La procesión iba con tanta pausa, que Miguel de Zuheros y Tiburcio no
+tuvieron que apresurarse para llegar a la Plaza del Rocío antes de que
+la procesión llegara.
+
+Poca gente había aún en dicha plaza, en uno de cuyos ángulos se pararon
+nuestros aventureros. Todo en torno estaba sosegado. El escaso público
+hablaba en voz baja y hacía poco ruido, pero de súbito todo cambió de
+aspecto, levantándose allí cerca furioso tumulto. La gente se agolpaba a
+donde el tumulto había empezado: unas personas para tomar parte en él y
+por curiosidad otras. Un anciano de venerable aspecto, de blanca y
+luenga barba, vestido de negro a la italiana, y acompañado sólo de otro
+de menos edad, que parecía ser su familiar o secretario, estaba rodeado
+de hombres y mujeres del pueblo, de esclavos negros y de muchachuelos
+vagabundos, que en ademán hostil le insultaban y amenazaban a gritos,
+llamándole marrano, enemigo de Cristo y perro judío.
+
+Sin provocar más la furia del populacho, y sin tratar tampoco de huir,
+el anciano miraba con serenidad y calma a los que le ofendían,
+manifestando en sus miradas, no indignación, sino dulce y resignada
+tristeza.
+
+Aquel grave modo de sufrir la injuria, así como el valor pasivo de que
+el anciano daba pruebas, contuvieron por algunos momentos la furia del
+populacho. Los gritos no obstante de perro judío y de marrano, que los
+más desaliñados y maleantes no se cansaban de repetir, sobreexcitaron
+las malas pasiones. Todavía quedaba alrededor del denostado, un claro o
+vacío no pequeño; pero el círculo se iba estrechando, y era de temer,
+era casi seguro, que pronto las ofensas de palabra iban a convertirse en
+rudas ofensas de hecho. Ya algunos pilletes y mujercillas habían
+disparado contra el anciano desperdicios de berzas y frutas, y alguien
+también había escupido sobre él, aunque sin tocarle.
+
+Un mulato, el más insolente de la chusma, avanzó hacia el anciano con la
+mano levantada como para darle en el rostro. El anciano permaneció
+impasible e inmóvil, apoyado en la larga bengala que le servía de
+báculo; pero su secretario o familiar, más joven y robusto, perdió
+paciencia, se interpuso, hizo cara al mulato y le sacudió tan fuerte
+puñetazo, que lo derribó por tierra.
+
+La ira popular rompió entonces todo freno. Hombres, mujeres y chiquillos
+cayeron sobre los dos, al parecer forasteros y judíos, y sin duda los
+hubieran despedazado, si no acuden muy a tiempo Miguel de Zuheros y
+Tiburcio, abriéndose paso por entre la alborotada y amontonada
+muchedumbre y sacudiendo golpes sobre ella, con las espadas desnudas,
+aunque procurando que fuese de plano, para no causar heridas ni muertes.
+
+Sorprendida y asustada la turba por aquella súbita e imprevista
+intervención, retrocedió no poco, dejando despejado un largo trecho en
+torno de los forasteros inermes, delante de los cuales se pusieron
+prontos a defenderlos los otros dos forasteros a caballo.
+
+El populacho, no obstante, pasado su primer asombro, arremetió contra
+Miguel de Zuheros y Tiburcio, yendo algunos de los que acometían armados
+de garrotes y de puñales.
+
+Sangrienta hubiera sido aquella pendencia, y tal vez de éxito fatal para
+nuestros dos héroes, si de repente no hubieran recibido el socorro de un
+gallardo mozo, más joven en apariencia que Tiburcio, a caballo también,
+elegante y ricamente vestido, y con el escudo de las armas reales
+bordado en la sobreveste, manifestando así que era mozo fidalgo o menino
+de la cámara del Rey.
+
+Su nombre corrió entonces de boca en boca entre la plebe. Era el
+simpático Damián de Goes, que privaba mucho con el soberano.
+
+Por lo pronto tuvo esto a raya a la multitud, pero no faltó quien la
+irritase, y empezó entre los tres caballeros por una parte, y siete u
+ocho fidalgos que estaban a pie y vinieron a auxiliarlos, y por otra
+parte la desarrapada muchedumbre, una muy reñida escaramuza, que hubiera
+terminado en tragedia, si por dicha no hubiesen amortiguado la cólera de
+todos, parándolos atónitos y respetuosos el resonar de los clarines y el
+estruendo jubiloso de las aclamaciones que anunciaban la entrada en la
+plaza del Rey y de su comitiva.
+
+Aunque la lucha cesó, no cesó tan a tiempo que el Rey no se enterase de
+ella. Y mandados por él, se adelantaron algunos soldados de su guardia,
+rompieron por medio de la apiñada multitud y llegaron al centro mismo
+donde se hallaban los que dieron ocasión al alboroto.
+
+Damián de Goes, haciéndose seguir de Miguel de Zuheros, de Tiburcio y de
+los dos forasteros desconocidos, llegó donde estaba el Rey y le refirió
+todo el suceso.
+
+Dirigiéndose el Rey al anciano desconocido, le preguntó:
+
+--¿Y tú quién eres y de dónde sales, viniendo a perturbar la alegría y
+la paz de Lisboa en ocasión tan solemne?
+
+Con serenidad y desenfado respetuoso y en correcta y elegante lengua
+portuguesa, el anciano contestó al Rey:
+
+--Yo señor, he nacido en Lisboa. Aquí he pasado los mejores años de mi
+vida. Las _saudades_ de mi ciudad natal y (¿por qué he de negárselo a
+Vuestra Alteza?) negocios importantes de mi casa me han hecho volver a
+Portugal, que abandoné muy niño, cuando ya estoy viejo, aunque más
+abrumado por los pesares que por los años. Pensaba yo permanecer en
+Portugal muy poco tiempo, y no recelaba que nadie me reconociese,
+descubriendo y divulgando mi nombre, mi religión y mi casta, tan
+aborrecida hoy en España toda. Por desgracia no ha sido así. Interesados
+enemigos míos me han reconocido, han hecho correr la voz entre el vulgo
+de que soy israelita y han causado el atropello de que yo hubiera sido
+víctima, si estos nobles caballeros no me socorren.
+
+--¿Y cuáles son tu condición y tu nombre?--preguntó el Rey.
+
+Temeroso de que no le diesen crédito, vaciló en declararlos el anciano.
+
+García de Resende, que acompañaba al Rey y no estaba muy lejos, se
+acercó entonces y dijo:
+
+--Bien puede Vuestra Alteza estar satisfecho de que este anciano haya
+quedado libre de toda injuria. No sólo es portugués, sino uno de
+aquellos portugueses que dan más gloria a Portugal en esta nuestra edad
+para Portugal tan gloriosa.
+
+Y dirigiéndose luego al anciano y alargándole la diestra para estrechar
+amistosamente la suya, añadió el ínclito trovador:
+
+--¿Te has olvidado acaso de mí y del amistoso lazo con que nos unimos en
+Roma y de las largas pláticas que allí teníamos, cuando estuve yo como
+Secretario de la pomposa Embajada de Tristán de Acuña?
+
+--¿Cómo había yo de olvidarme de García de Resende?--respondió el
+interrogado--. Yo no podía olvidar a uno de mis mejores amigos, cuyo
+Cancionero además, regalado por él, hace mi delicia y me vale,
+leyéndole, para conservar y perfeccionar en mi alma la lengua
+portuguesa, que fue la primera que hablé.
+
+--Pero a todo esto--exclamó el Rey con impaciencia y encarándose con el
+anciano--tú no acabas de decirme quién eres.
+
+--Perdona mi tardanza, señor.
+
+Y añadió luego, echándose a los pies del Rey:
+
+--Yo soy el hijo de un leal criado de tu heroico antecesor Alfonso V el
+Africano. Yo soy Judas Abravanel, más conocido hoy en el mundo con el
+nombre de León Hebreo.
+
+Apenas Judas Abravanel hubo pronunciado estas palabras, muchos de la
+comitiva, y particularmente las damas, le cercaron para contemplarle y
+aplaudirle. Sus discretísimos _Diálogos de amor_ eran muy admirados en
+la corte. La Reina, la Infanta doña Beatriz y otras muy sabias señoras
+se deleitaban leyendo en italiano aquellas tan sublimes filosofías.
+Todas, pues, se dieron el parabién de que León Hebreo no hubiera sido
+gravemente ofendido.
+
+El Rey, no sin meditar para mejor ocasión algo en desagravio y obsequio
+de León Hebreo, hizo que, por lo pronto, dos de su guardia de a pie le
+acompañasen y le escoltasen hasta su posada.
+
+Aunque Damián de Goes había dicho al Rey los nombres de los dos
+aventureros castellanos que habían tomado la defensa del ilustre
+filósofo israelita, el Rey, por distracción fingida o verdadera, y acaso
+por estar depriesa, no les dirigió la palabra y aparentó no fijar la
+atención en ellos. Conocedor de las más notables alcurnias y casas de la
+nobleza castellana, los apellidos de Zuheros y de Simahonda sonaron mal
+y sordamente en sus oídos.
+
+Harto contrariado se sintió de esto Morsamor. No valía la pena de
+remozarse y de aparecer otra vez en el mundo como resucitando o
+resurgiendo a nueva vida para que le desdeñasen y le hiciesen tan
+poquísimo caso como en la vida antigua. Un reniego, apenas articulado,
+brotó de sus labios. Morsamor, no obstante, se repuso y disimuló su
+enojo, pero Tiburcio no dejó de notarlo y le dijo en voz baja:
+
+--No pierdas paciencia, y ya verás cómo pronto te es propicia la
+fortuna.
+
+En efecto, o por benevolencia, o porque los dos aventureros le eran
+simpáticos, o para mitigar el desdén o descuido del Rey, Damián de Goes
+estuvo afabilísimo con ellos y los movió a seguirle a la iglesia del
+Carmen, en pos de la comitiva del Rey.
+
+Contrariado y triste se mostraba Damián de Goes, que era muy humano y
+benigno, de la feroz conducta que había tenido la plebe lisbonense con
+Judas Abravanel. Esto retrajo a su memoria la horrible matanza de judíos
+que pocos años antes, siendo él todavía muchacho, había hecho la plebe
+de Lisboa, fanatizada y enfurecida por algunos frailes y secundada por
+marineros de diversos países de cuantos barcos estaban anclados en el
+Tajo. Tres días duraron el saqueo y la matanza. Más de quinientos judíos
+murieron quemados, y degollados cerca de dos mil. El hedor de la carne
+chamuscada, de los cadáveres insepultos y de la sangre corrompida
+infectaba el aire. El Rey Don Manuel el Dichoso se hallaba entonces en
+Évora. Cuando volvió a su capital castigó, severamente justo, tan cruel
+infamia, haciendo ahorcar a varios de los amotinados y a dos o tres de
+los frailes instigadores. Los judíos portugueses, y no pocos de los
+expulsados de Castilla que en Portugal se habían refugiado, con mayor
+recelo del rencor de la plebe que confianza en el escarmiento que pudo
+causar el castigo, no osaban desde entonces aparecer en público en días
+de fiesta y solemnidad religiosa. Lamentable imprudencia había sido la
+de León Hebreo.
+
+Pensando casi en alta voz, y según iban subiendo a la iglesia del
+Carmen, el futuro historiador del Rey Don Manuel, más excitado por el
+amor de la humanidad que por el amor de la patria, deploraba y condenaba
+la ferocidad de sus compatriotas contemporáneos así contra los judíos en
+Portugal como allá en la India contra las diversas gentes, musulmanas y
+gentiles, que iban venciendo y sujetando.
+
+Nuestro Tiburcio, que iba al lado de Damián de Goes, procuró consolarle
+diciendo de esta manera:
+
+--No os apesadumbréis tanto, mi buen señor, por lo tremendos y feroces
+que suelen mostrarse en el día los hombres de esta península, engreídos
+por sus triunfos y por su predominio en la tierra. Al cabo, no sin
+piadoso designio, entiendo yo que ha dispuesto la Providencia que sean
+las naciones de Aragón, Portugal y Castilla las que prevalezcan y
+descuellen en esta edad, todavía algo bárbara y de costumbres poco
+suaves. El sentimiento y la creencia de la fraternidad y de la igualdad
+humanas están más hondamente arraigados y grabados en el corazón y en la
+mente de los pueblos del Mediodía de Europa que en el corazón y en la
+mente de los pueblos del Norte. No hay castellano, ni portugués, que se
+juzgue de una raza superior; que deje de tener por hermanos suyos a los
+demás hombres; pero a veces la codicia rompe este lazo fraternal, y por
+robar se mata, y a veces una caridad mal entendida mueve al creyente
+celoso a infligir duras penas temporales con el intento y buen propósito
+de sacar del poder del diablo y de libertar de las penas eternas a los
+que están dados al diablo y son sus esclavos. Confieso que lo dicho
+tiene inconvenientes enormes, pero aún sería incomparablemente peor si
+fuese un pueblo más soberbio quien hoy predominara. Dentro de dos o tres
+siglos, cuando el corazón humano se ablande mucho con la cultura, acaso
+sean los pueblos del Norte los que predominen sin los horrores y
+estragos que hoy causaría su predominio. En el engreimiento del triunfo,
+tendrían por evidente que eran una raza superior y nos exterminarían a
+todos sus prójimos no creyéndonos tales. Dentro de dos o tres siglos,
+según ya he dicho, la culta filantropía no consentirá tan horrible caso.
+Lo más que podrá ocurrir, será que con su desdén orgulloso abatan y
+hundan en la abyección a los pueblos de que se enseñoreen, y que tal
+vez, predicándoles y enseñándoles doctrinas religiosas contrarias a la
+fe católica, sin el esplendor artístico y sin la pompa de sus ritos y
+con un concepto tremendo y duro de la justicia divina, no templada por
+la misericordia, entristezcan y desesperen a sus catecúmenos y los hagan
+morir de aburrimiento. Así presumirán ellos que, sin crueldad, van
+despejando de razas inferiores la superficie de nuestro planeta para que
+se extienda por toda ella, crezca y se multiplique la raza superior a
+que pertenecen.
+
+La extraña teoría de Tiburcio no convenció a Damián de Goes, pero le
+hizo reír; y si no la halló verdadera, la halló chistosa.
+
+Morsamor, distraído y taciturno, no prestó atención a lo que Tiburcio
+decía.
+
+Así llegaron a la puerta de la iglesia del Carmen, y, encomendando sus
+caballos a sendos palafreneros de la Casa Real, que los tuvieron de la
+brida, entraron en la iglesia, donde se hallaban ya el Rey y todo su
+séquito.
+
+
+
+
+-IV-
+
+
+Poco tiempo permaneció Morsamor en la iglesia. Pronto salió de ella
+acompañado de Tiburcio que le seguía como su sombra.
+
+--Yo no podía estar allí--dijo Morsamor--. Aquel ambiente me sofocaba.
+Me consideré reo del sacrilegio más espantoso. Fraile perjuro a sus
+votos imaginé que me arrojaban del santuario aquellos mismos tres
+ángeles poderosos que armados de azotes y montados en fantásticos
+corceles, arrojaron del templo de Jerusalén, para que no le profanase,
+al impío Heliodoro, ministro del rey de Siria.
+
+--Mucho exageras tu pecado y el castigo que merece--contestó Tiburcio--.
+Te atormentas en demasía. Es muy excepcional tu situación. Tú debes ser
+también excepcionalmente juzgado. Tu vida de ahora es vida nueva por
+completo. Tu remozamiento casi es resurrección. Desecha remordimientos
+vanos. No te tengas por la misma persona que hizo sus votos en el
+convento de Sevilla. Cree más bien que eres el hijo de aquel fraile, que
+te engendró antes de entrar en la regla, y hasta que eres el nieto de
+aquel otro aventurero Morsamor que andaba por el mundo en el reinado de
+Enrique IV de Castilla.
+
+Morsamor replicó:
+
+--Quiero suponer que tienes razón en lo que dices. Me serenaré; me
+aquietaré creyéndome otro del que era. Algo hay, no obstante, que me
+amarga y emponzoña esta nueva vida y me persuade de que soy el mismo: el
+desdén, el menosprecio con que todos me miran. Con rapidez ha pasado por
+mi alma, pero dejando en ella doloroso rastro como si fuese metal
+derretido, un abominable pensamiento. Si yo me hubiese lanzado de súbito
+sobre ese rey presuntuoso que me desdeñaba, y le hubiese dado violenta
+muerte, de súbito también hubiera salido yo de la insignificante
+obscuridad en que me veo y las diez mil voces de la Fama hubieran
+llevado mi nombre por el mundo todo.
+
+--Menester es--interpuso Tiburcio--que deseches esa ridícula y constante
+preocupación de que no te hacen caso. El tenerla ha sido hasta hoy causa
+principal de que no te le hagan. Tal preocupación proviene de sobra de
+vanidad y de falta de orgullo. Quien anhela que le hagan caso es quien
+no está seguro de su propio valer. Ora duda de él y quiere que los
+extraños confirmen y acrediten que le tiene; ora en el fondo de su
+atribulada conciencia se ve ruin, necio y para poco, y aspira sin
+embargo, a imponerse, engañando al mundo. Al orgulloso, al que hace alta
+estimación de sí propio, poco o nada le preocupa la estimación de los
+demás. Si no le estiman es porque no le comprenden. Y si le estiman,
+todo el caso que hagan de él no aumentará en un escrúpulo, en un átomo,
+la importancia que él se atribuye. En lo antiguo, entre los gentiles,
+era muy frecuente esa preocupación que tú tienes ahora. Sin duda por el
+afán de lucirse y de inmortalizarse, así como Eróstrato incendió el
+templo de Diana en Efeso, hubo muchos que, sintiéndose ruines, amaron la
+celebridad más que la vida, y no por amor a la libertad y a la patria,
+sino por amor de la vanagloria, dieron muerte a sendos reyes o tiranos.
+El gran satírico de Roma lo consigna en sus versos: _Pocos son los
+tiranos y los reyes que descienden al infierno con muerte sosegada y
+pacífica y sin violencia ni sangre_. La religión de Cristo ha mitigado
+este furor de celebridad. Acaso llegue un día en que las creencias sean
+menos firmes, y entonces movidos los miserables por la sed de nombradía,
+volverán a intentar o a perpetrar crímenes que los levanten sobre los
+demás hombres, aunque sea en el patíbulo. Tiene de bueno la humildad
+cristiana, que es de todo punto contraria a la vanidad aviniéndose con
+el orgullo recto y sano. Después de exclamar, con el muy elocuente
+Obispo de Hipona: _¡Gran cosa es el hombre hecho a imagen y semejanza de
+Dios!_, ¿quién ha de preocuparse de que en esta baja tierra le hagan o
+no le hagan caso? Si ha de consistir nuestra aspiración en _ser
+perfectos como nuestro Padre que está en el cielo_, ¿qué añaden a la
+suma de lo perfectible las vulgares alabanzas y los honores mundanos? El
+buen imitador de Cristo se muestra sin duda muy humilde, pero es con
+relación al Dios que ama y adora. Postrado ante su Dios es despreciable
+pecador, es vil gusano, pero esa misma humillación le encumbra luego. El
+humilde Francisco de Asís sube al cielo, y, si hemos de dar fe a la
+revelación que tuvieron sus hijos espirituales, fue a sentarse en el
+esplendoroso y elevadísimo trono que dejó allí vacante Lucifer después
+de su rebeldía. Y no dilato más mi razonamiento. Básteme concluir
+aconsejándote que no hagas el menor caso de que te hagan o de que no te
+hagan caso. La estimación se la da uno mismo sin necesidad de que se la
+dé nadie. Otras son las mil cosas materiales e inmateriales que están
+fuera de nosotros y que fuera de nosotros es menester buscar y hallar.
+Como ejemplo de las inmateriales pongo el amor. Ya encontrarás tú quien
+te ame. Como ejemplo de las materiales, casi como cifra y compendio de
+todas ellas, pongo el dinero, y ese le tenemos en abundancia, gracias a
+la espléndida munificencia del Padre Ambrosio. Alégrate pues, y ten
+pecho ancho. Ya el Padre Ambrosio, en su previsora sabiduría, habrá
+dispuesto los sucesos de tal manera que pronto te atiendan, no como fin,
+pues basta que te atiendas tú, sino como medio de realizar otros fines.
+
+Aquí llegaba Tiburcio en su singular perorata, cuando salió de la
+iglesia un viejo venerable, ricamente vestido, como muy principal
+hidalgo que era. Y parándose delante de Morsamor y mirándole de hito en
+hito con jubilosa sorpresa, le dijo:
+
+--Sois, señor, el vivo retrato, no sé si de vuestro padre o de vuestro
+abuelo, a quien conocí y traté hará ya medio siglo, pero cuya imagen
+está grabada en mi memoria con rasgos indelebles. Le debí primero
+franca, leal y cariñosa amistad y después, la vida. Yo me llamo Duarte y
+soy hijo del heroico Pedro de Mendaña, quien después de la batalla de
+Toro se mantuvo tanto tiempo en el castillo de Castronuño, contra todo
+el poder de Castilla. Un valeroso aventurero de aquella nación, cuyo
+nombre era como el vuestro Miguel de Zuheros, y cuyo sobrenombre de
+guerra era también Morsamor, fue en aquel castillo mi constante
+compañero de armas. Audaces correrías hicimos a menudo en el país
+enemigo. Talamos sus panes, saqueamos alquerías y granjas y volvimos no
+pocas veces a nuestra fortaleza cargados de botín riquísimo. En una de
+estas excursiones, que no olvidaré nunca, nos cercó gran golpe de
+villanos armados y de gente guerrera a caballo. Allí me derribaron del
+mío, asaz mal herido, y allí hubiera muerto yo, si Morsamor no me
+defiende con extraordinario brío. Él pudo rechazar por algunos instantes
+a los que nos cercaban, ponerme con increíble ligereza a las ancas de su
+corcel, y huir conmigo a todo escape entre un diluvio de flechas y de
+balas. Así pudimos refugiarnos en el castillo de Castronuño. Poco tiempo
+después desalojó mi padre el castillo en virtud de muy honrada y
+ventajosa capitulación. Siete mil florines cobró mi padre del castellano
+por el favor que le hizo de abandonar la fortaleza y de volverse a su
+patria. Entonces nos separamos de Morsamor que se quedó en Castilla.
+Como yo le debo tanto, jamás he podido olvidarle, aunque no volví a
+verle ni a saber de él después. Ya en aquella época era él, sin duda, de
+mayor edad que tú ahora. Precoces arrugas surcaban su rostro, y en sus
+cabellos y en su barba, negros como la endrina, blanqueaban bastantes
+hilos de plata. Morsamor era más joven, pero aparentaba tener más de
+cuarenta años. Tú resplandeces ahora en juventud lozana. Acaso no hayas
+cumplido aún los veinticinco. Entiendo, pues, que no eres el hijo, sino
+el nieto de mi salvador y amigo de tu mismo nombre. Permíteme que
+reanude contigo los lazos de aquella amistad, que te pague la deuda de
+mi gratitud y que estrechamente te abrace.
+
+Morsamor se dejó abrazar y abrazó también con efusión a Duarte de
+Mendaña, recordando el beneficio que le hizo, aunque aceptando que el
+bienhechor no había sido él, sino su abuelo.
+
+--Así es mejor--dijo Tiburcio riendo y por lo bajo--. Así te triplicas y
+de ti mismo te forjas antepasados. Así te asemejas a cierto mercader que
+el Padre Ambrosio conoció en Roma, de quien contaba que se hizo retratar
+en escultura y en pintura, con trajes de todas las edades, hasta de
+aquella en que florecieron los Scipiones y los Favios. Con tan buena
+maña se formó larga serie de progenitores ilustres.
+
+Como quiera que ello fuese, el reconocimiento que Duarte de Mendaña hizo
+de Morsamor, le sirvió de mucho, allanó dificultades, disipó recelos e
+hizo que el Rey le hablase y le recibiese en su corte.
+
+
+
+
+-V-
+
+
+Recibidos ya en la corte Morsamor y su doncel Tiburcio, lograron pronto
+ser estimados y queridos.
+
+Las fiestas de todo género se sucedían entonces sin un momento de
+descanso. El Rey quería celebrar el concertado enlace de su hija la
+Infanta doña Beatriz con el Duque de Saboya, y anhelaba deslumbrar a los
+embajadores de aquel potentado, que iba a ser su yerno, con el lujo, la
+magnificencia y el esplendor de la capital de sus dominios. El tiempo
+volaba sin sentir en medio de tantos deleites. Hubo brillantes saraos,
+festines, cacerías y giras campestres variadas y amenas.
+
+Tiburcio, que era muy alegre y decidor, divertía y regocijaba a las
+damas y tenía con ellas mucho partido. No alcanzaba tanto favor con los
+hombres. Tal vez le envidiaban muchos. Tal vez se dolían otros de la
+insolente suerte con que les ganaba el dinero cuando jugaban a los
+dados.
+
+De todos modos, aunque era muy lucido el papel que Tiburcio hacía,
+Morsamor se adelantaba en lucimiento y obtenía aplausos mayores.
+
+Muy celebrado fue Tiburcio por la serenidad y la destreza con que en una
+montería a caballo, hirió con su rejón un enorme y espumante jabalí,
+dejándole muerto. Pero Morsamor aún fue más aplaudido, porque, en
+cerrado coso, a caballo, y armado también de frágil bastón en cuya
+extremidad había acicalado hierro, lidió y mató bravos toros entre las
+entusiastas aclamaciones de caballeros y de damas.
+
+Sin duda entonces hubo de prendarse de Morsamor doña Sol de Quiñones. Lo
+cierto es que él se prendó de ella, hizo gala de que la servía y vistió
+sus colores.
+
+Cuando se dispuso que hubiese también algo a modo de justas, donde los
+caballeros luciesen su habilidad en varios ejercicios a la jineta,
+corriendo sortijas y tirando bohordos, Morsamor quiso tomar parte en las
+justas y lucir en ellas una empresa significativa de los sentimientos
+amorosos que doña Sol le había inspirado.
+
+Consultado sobre el caso a Tiburcio, que de todo entendía, Tiburcio hubo
+de decirle que no le parecía mal su propósito, con tal de que la empresa
+no fuese sobrado jactanciosa, ni tampoco muy clara ni muy obscura, sino
+dotada de la discreción conveniente y con lema, mote o divisa de notable
+concisión y más bien en latín que en idioma moderno.
+
+Tiburcio añadió luego:
+
+--Esto de las empresas es usanza muy agradable y muy seguida en el día.
+No hay príncipe, ni monarca, ni valiente y enamorado caballero que no
+guste ahora de salir luciendo alguna empresa, ya en su sobreveste, ya en
+su bandera o estandarte, ya en la cimera de su yelmo. Algunas de estas
+empresas han sido y son muy celebradas por el tino y primor con que
+expresan el pensamiento, la intención o el valer de quien las usa. De
+aquí que varones muy doctos no han desdeñado inventarlas, sino que lo
+han tenido a mucha gloria. De Antonio de Nebrija, egregio maestro en
+Castilla de letras humanas, se cuenta que inventó la empresa del Rey D.
+Fernando el Católico, la cual era el nudo gordiano, desbaratado y roto
+por la mano y espada de Alejandro, con un letrero que decía: _Tanto
+monta_, o sea que es lo mismo romper que desatar. Y más tarde el Sr.
+Luis Marliani, Obispo de Tuy y médico y matemático insigne, inventó
+empresa todavía mejor, para el César Carlos V, reemplazando el eslabón
+de Carlos el Atrevido, Duque de Borgoña. Y fue y es la tal empresa la
+representación de las columnas de Hércules, con esta letra: _Plus
+ultra_; breves, elocuentes y sublimes palabras, que evocan en la mente
+de quien las lee la inmensidad del Océano, las islas y los continentes
+incógnitos, el nuevo mundo en suma, descubierto y dominado por la
+tenacidad, la osadía y la ventura de los hijos de Iberia. Empresas
+políticas son estas; pero también los galanes enamorados han solido
+inventar en ocasiones muy graciosas y gentiles empresas. Veamos si a ti
+se te ha ocurrido alguna que merezca elogio y que convenga a tus fines.
+
+Morsamor contestó:
+
+--En verdad, se me ha ocurrido una empresa, que me parece bien. Si peca
+por algo, es por ser sobrado clara. Pongo yo un campo dividido en
+quiñones o suertes, pero que nadie puede cultivar ni gozar porque le
+rodea una salamandra que en torno del campo se enrosca. Y en el centro
+hay un sol de oro cuyos rayos enamoran a la salamandra a par que la
+queman. Y de la boca de la salamandra sale una cinta que va hacia el sol
+y lleva este escrito: _En ti vivo, muero y ardo_.
+
+Tiburcio no pudo menos de hallar la empresa sutil e ingeniosa; pero como
+era muy franco y decía su parecer sin rodeos y aconsejaba con toda
+libertad, habló a Morsamor de esta suerte:
+
+--De perlas encuentro yo todo eso. He de permitirme, no obstante, hacer
+algunas observaciones, y aun de atreverme a aconsejarte y amonestarte,
+pues aunque novicio y más joven que tú, soy como el apoderado y
+representante del sapientísimo Padre Ambrosio, en cuyo nombre hablo.
+Declaro, pues, en su nombre, que estos enamoramientos son un tanto
+cuanto pueriles y pueden ser perjudiciales. ¿Has venido acaso a nueva
+vida por la virtud pasmosa de la ciencia para volver a las andadas e
+incurrir (perdóname que así las califique) en las mismas locuras y
+sandeces de tu vida anterior? Tú te has remozado para acometer grandes
+empresas que honren y glorifiquen a ti y a todo el linaje humano y no
+para enamorarte como un bobo de una damisela entonada y cogotuda que
+acabará por apartarse de sí con melindroso desprecio cuando se satisfaga
+y harte su amor propio de recibir adoraciones. Si yo creyese como
+Pitágoras que las almas transmigran y que van sucesivamente informando
+distintos cuerpos, lo que recelo que pasa en ti, me inclinaría a
+entender que de nada vale la tal transmigración para el adelanto de las
+almas. Aunque tuviésemos siete vidas como los gatos, haríamos en la
+séptima simplezas no menores que en la primera y daríamos idénticos
+tropiezos y caídas. Nada censuraría yo si se limitasen estos amoríos a
+ser un galante y fugaz pasatiempo, pero los hallo muy mal si son serios.
+El inaudito esfuerzo que el Padre Ambrosio hizo para remozarte, no debe
+tener tan mezquino resultado.
+
+--Tu amonestación--contestó Miguel de Zuheros--es infundada y hasta
+perversa. Blasfemas calificando de sandio y de mezquino al amor, germen
+fecundo de virtudes y de grandes acciones. Acuérdate de la divina fábula
+de Esopo. Amor bajó del Olimpo para consolar al linaje humano. En el
+banquete de los dioses faltó la antigua alegría porque Amor estaba
+ausente. Amor volvió entonces al cielo y rara vez y muy de pasada acude
+al mundo, donde sus menores hermanos, hijos de las ninfas, toman su
+apariencia y le imitan hiriendo las almas vulgares. Pero el verdadero y
+celeste Amor hiere las almas escogidas, e hiriéndolas, las habilita y
+dispone para llevar a cabo las más altas hazañas. De este celeste Amor
+imagino y pretendo yo estar herido. ¿En qué contraría, en qué desluce o
+esteriliza semejante enamoramiento el propósito que pudo tener el Padre
+Ambrosio al remozarme?
+
+--Mucho podría yo argumentar en contra--replicó Tiburcio--. Para impulso
+de grandes hazañas, preferiría yo en ti el amor de la gloria, el de la
+patria, el de todo el humano linaje, el de Dios mismo y no el de una
+mujer cualquiera. Tal amor tiene no poco de idolatría. Tú te le finges
+espiritual y alambicado, mas yo sospecho que no lo es. Yo le creo nacido
+del consorcio de tu vanidad mundana con cierto prurito que proviene sin
+duda de que al Padre Ambrosio se le fue la mano cuando compuso la poción
+preparatoria que te propinó antes de remozarte, vertiendo en ella en
+demasía cierto ingrediente: el zumo de las mandrágoras con que Lía
+apartaba a Jacob de Raquel y le atraía a su regazo.
+
+--Inverosímil parece--interpuso Morsamor--que tú, siendo tan mozo, dudes
+de lo verdaderamente poético o más bien lo niegues, entregándote a
+cavilaciones diabólicas.
+
+--¿Quién sabe?--dijo Tiburcio--. Posible es que tenga yo algo de diablo,
+pero, aun así, yo sería siempre un diablo muy puesto en razón y muy
+juicioso.
+
+Sin enojo oyó Morsamor las amonestaciones de Tiburcio, pero no atendió a
+sus consejos y siguió pretendiendo y rindiendo culto a doña Sol de
+Quiñones.
+
+En las justas figuró con brillantez y lució la empresa que él mismo nos
+ha descrito.
+
+Hubo en palacio otra magnífica fiesta. El egregio poeta Gil Vicente
+había compuesto un auto alegórico y mitológico para celebrar la boda de
+la Infanta y desearle toda ventura en su viaje a los Estados de su
+esposo. El auto se representó en palacio con gran lujo y primor en los
+adornos y vestimentas de cuantos farsantes figuraron en él.
+
+Nada menos que la Divina Providencia toma las convenientes medidas y lo
+apercibe todo para que la navegación de la recién desposada sea
+próspera, decorosa y grata. A este fin llama a Júpiter y le encomienda
+el asunto. Júpiter entonces convoca y reúne a las divinidades de los
+mares y de los vientos y con ellas arregla y ordena tan benignamente las
+cosas que la Infanta puede llegar al puerto de Villafranca, sana, salva
+y complacida, como llegó en efecto.
+
+El lindo y candoroso auto de Gil Vicente se titula _Cortes de Júpiter_,
+y fue muy aplaudido por el noble auditorio. Pero, en medio de los
+aplausos, no faltaron cortesanos y damas que en voz baja hablasen de un
+sujeto cuya ausencia no extrañaban aunque hacían sobre ella comentarios,
+tal vez piadosos, tal vez malignos.
+
+Era este sujeto el trovador Bernardín Riveiro, estimado como nuevo
+Macías. Nadie ignoraba su audacia, su fervoroso amor a doña Beatriz. Y
+no pocos creían que ella había correspondido a aquel amor con afecto tan
+puro como vehemente. Por cierta se daba la desesperación de Bernardín
+Riveiro al ver que iba a ausentarse el alto objeto de su adoración y de
+su culto. ¿Dónde habría ido Bernardín Riveiro a ocultar su dolor o más
+bien a darle en la soledad rienda suelta? Esto se preguntaban los
+caballeros y las damas, si bien se lo preguntaban como profundo misterio
+que todos sin embargo sabían. De lo que tal vez se dudaba era de si
+compartía doña Beatriz la pena del trovador, de si engreída con la pompa
+nupcial y con su triunfo, no se cuidaba de aquella pena o de si la
+convertía en su corazón en melancolía suave, en algo a modo de ensueño
+dulce, triste y vago que la brillante realidad iba desvaneciendo como se
+desvanece la pálida luz de las estrellas ante el alegre esplendor de la
+rosada aurora.
+
+Como quiera que fuese, la Infanta doña Beatriz, acompañada de los
+embajadores, de su esposo y de gran comitiva de damas y de señores
+ilustres de la primera nobleza de Portugal, partió al fin de Lisboa para
+Villafranca de Niza. El Rey, su padre, y la señora Reina fueron
+embarcados hasta el convento de Belén para despedirla. Y de allí zarpó
+la magnífica armada de dieciocho bajeles, tan poderosos y bien
+artillados que, como dice Gil Vicente en su auto, no podían menos de
+hacer temblar al turco.
+
+A poco de la partida de la Infanta doña Beatriz, la corte se fue a
+Cintra, deliciosa residencia de verano.
+
+Morsamor, como gran forastero, siguió a la corte, acompañado de su
+doncel Tiburcio.
+
+Aún no hermoseaban a Cintra los espléndidos bosques de camelias que le
+prestan hoy tan singular atractivo. En la más elevada cumbre de sus
+montes no resplandecía aún restaurado el castillo que llaman de la Peña,
+donde el maravilloso ingenio artístico del Rey D. Fernando, consorte de
+doña María de la Gloria, ha mostrado su inspiración y lucido su
+inventiva, labrando la piedra con mil primorosos caprichos y dando ser a
+un extraño monumento arquitectónico que más que de hombres parece
+vivienda de silfos y de hadas.
+
+Cintra, no obstante, era entonces tan encantadora como en el día.
+Aquellos cerros, que estriban en el Atlántico y forman el promontorio
+más occidental de Europa, parecían tener, en edad de tanto predominio y
+triunfo de los portugueses, un simbólico significado; eran el trono de
+flores y de perenne verdura, donde había venido a sentarse el Genio de
+Portugal para derramar luz sobre el Mar Tenebroso, abrir nunca hollados
+caminos y extender su conocimiento y su dominación por los más apartados
+países y entre los más diversos pueblos.
+
+Flora y Pales han prodigado sus tesoros en aquellos sitios. Arroyos de
+agua cristalina fecundan por donde quiera el suelo y dan grata frescura
+al ambiente, embalsamado por la esencia olorosa de una vegetación
+exuberante. Árboles lozanos y gigantescos crecen hasta en los más
+elevados picos, arraigan hasta en las hendiduras de las peñas y forman
+enramadas y verde bóveda sobre los mil senderos y veredas que cruzan los
+valles y que serpentean por la falda de los cerros, dibujándose como
+bordado de oro sobre el florido manto y sobre la mullida alfombra de
+hierba fresca que por todas partes se extiende.
+
+Además del regio alcázar, ya había entonces en Cintra no pocos palacios
+y quintas de particulares ricos y no faltaban hospederías donde los
+extranjeros pudieran albergarse.
+
+
+
+
+-VI-
+
+
+Doña Sol y algunas otras damas de palacio habían acompañado a la Reina a
+Cintra. Natural era que hubiesen acudido allí también los galanes que a
+estas damas servían.
+
+Algo me incumbe decir aquí de que me pesa por dos razones. Es la
+primera, que lo que yo diga como historiador verídico redunda quizá en
+menoscabo, aunque ligero, de la alta opinión que de doña Sol debe
+tenerse. Y es la segunda que no acierto a decirlo, sin grandes rodeos y
+perífrasis, a no valerme de términos o vocablos disonantes por su
+anacronismo.
+
+Nadie ignora en el día lo que significa _coquetear_. Otro verbo novísimo
+se va introduciendo ya en nuestro idioma, verbo que no sé bien si
+expresa la misma acción del coqueteo o si tiene un leve diferente matiz,
+que se opone a la completa sinonimia. _Flirtear_ es el verbo novísimo.
+
+Permítaseme, pues, que, desechando mis escrúpulos morales y
+lingüísticos, me atreva a declarar aquí que doña Sol era muy inclinada a
+coquetear o a _flirtear_ y que con Morsamor había coqueteado o
+_flirteado_ mucho.
+
+El anhelo de ser servidas y adoradas es tan poderoso en las mujeres, aun
+en las más recatadas y honestas, que las mueve a atropellar muchos
+respetos y a ponerse en ocasión de graves dificultades y compromisos.
+
+Sin duda no fue amor lo que Miguel de Zuheros inspiró a aquella dama:
+fue sólo sobrada y muy poética estimación de su gallarda apostura,
+elegancia, bizarría y ameno trato. Pero, al distinguir a Morsamor con
+inocentes favores, al atraerle con blandas sonrisas y con apenas
+perceptibles, fugaces y dulces miradas, y al mostrarse con él más
+conversable y benigna que con los otros hombres, doña Sol hizo que él se
+engriese y se juzgase correspondido. Doña Sol entonces hubo de asustarse
+de su poca prudencia, y deseosa sin duda de cortar las alas a los
+atrevidos pensamientos que ella misma había hecho nacer en el alma de
+Morsamor, apeló a un recurso, empleado con harta frecuencia, aunque por
+demás peligroso. Para que Miguel de Zuheros reconociese que no era amor
+lo que por él sentía, sino gratitud a sus rendimientos y obsequios y
+cierta vaga e indecisa predilección doña Sol atrajo y cautivó, aunque
+con menos marcados favores, con menos blandas sonrisas y con miradas
+menos dulces y más fugaces, a otro caballero de los que en la corte
+asistían.
+
+El remedio fue peor que la enfermedad. El nuevo galán semi-favorecido
+fue Pedro Carvallo, hidalgo poco sufrido y en extremo orgulloso por las
+riquezas y por la fama de valiente soldado que de la India había traído.
+Pedro Carvallo era además infatigable emprendedor en conquistas amorosas
+de todo linaje. Con igual ahínco acometía la más fácil como la más
+difícil empresa, y ya le hemos visto aparecer en esta historia
+acompañando a la célebre aventurera italiana Donna Olimpia de Belfiore.
+
+Con gusto entró Pedro Carvallo en más arduo y noble empeño. Y sobre el
+contento y la satisfacción de amor propio que por enamorar a tan bella e
+ilustre dama se prometía, hubo de prometerse también desbancar y
+humillar a aquel castellano intruso, a quien sin saber porqué, puede ser
+que por envidia, había cobrado odio desde que le vio por vez primera.
+
+Pedro Carvallo, no obstante, distó mucho de conseguir su propósito. Doña
+Sol no le favoreció sino hasta el punto de hacer notar que su afecto
+hacia Morsamor no era exclusivo, y siguió otorgando a Morsamor favores
+más marcados y preferencia más clara.
+
+Así acrecentó y emponzoñó doña Sol en el alma de Pedro Carvallo el enojo
+que Morsamor le Inspiraba. Y como Pedro Carvallo era poco circunspecto y
+muy jactancioso y no sabía refrenar la lengua, habló en varios sitios y
+con no pocas personas, contra el aventurero castellano y hasta llegó a
+decir que le provocaría, le retaría y le daría muerte.
+
+Nadie, por fortuna, llevó a los oídos de Morsamor tales fieros y
+jactancias. Pero la Reina, con la propia condición de mujer, y más aún
+de la que vive retraída y desocupada, se complacía en saber todas las
+intrigas y sucesos, sobrando siempre damas de la servidumbre que se
+empleasen a porfía en averiguarlos y en contárselos luego.
+
+Pronto, pues, supo la Reina la rivalidad de Pedro Carvallo y de
+Morsamor, así como las coqueterías de doña Sol que la habían causado. La
+Reina no tardó entonces en reprender severamente a su dama favorita.
+Doña Sol se arrepintió, lloró y prometió enmendarse. Hizo examen de
+conciencia y creyó sacar en limpio del examen que no amaba aunque
+agradecía; que la habían deleitado y lisonjeado el acatamiento y las
+finuras amorosas de ambos galanes, pero que no estaba prendada de
+ninguno de ellos y que sin pena quería y podía despedir al uno y al
+otro.
+
+Entre tanto, en Cintra no era como en Lisboa. En Cintra no había en
+palacio grandes fiestas, sino íntimas reuniones.
+
+Morsamor y Pedro Carvallo no eran de los íntimos, no iban a palacio y en
+balde procuraban acercarse y hablar a doña Sol, a quien sólo veían rara
+vez y desde lejos.
+
+No por eso desistían ellos de sus pretensiones. Muy pertinaces y tercos
+eran los dos. La Reina acabó por enfadarse de encontrarlos siempre a su
+paso cuando salía del alcázar e iba a cualquiera parte. El temor de que
+sobreviniese un conflicto aumentaba su enfado.
+
+La Reina volvió entonces a reprender a doña Sol y esta alegó que ya no
+tenía culpa. Y al cabo para mostrar mejor que no la tenía y para lograr
+que acabasen aquellos obstinados galanteos, concertó con la Reina el
+medio que le pareció más prudente.
+
+Doña Sol no podía escribir decorosamente a ninguno de los dos galanes ni
+para despedirlos siquiera. El encargado de todo, por la Reina misma, fue
+el anciano Duarte de Mendaña, que tenía empleo en palacio y que había
+sido el que introdujo a Morsamor en la corte, según ya referimos.
+
+Duarte de Mendaña se apresuró a cumplir con su comisión. Visitó primero
+a Pedro Carvallo, le enteró del enfado de la Reina y en nombre de su
+Alteza y con pleno y libre consentimiento de doña Sol, le intimó que
+desistiese de sus pretensiones y persecuciones.
+
+Duarte de Mendaña, más severamente aún y con no menor recato, habló con
+Morsamor, le robó de parte de doña Sol toda esperanza de ser amado de
+ella y le exigió que no siguiese pretendiéndola.
+
+Grandes fueron el pesar y la rabia de Morsamor luego que recibió tan mal
+recado.
+
+Con descompuestos ademanes, el entrecejo fruncido y crispados los puños,
+acudió Morsamor a su confidente Tiburcio para desahogarse hablando del
+caso.
+
+
+
+
+-VII-
+
+
+Con entrecortadas y rápidas frases refirió Morsamor a Tiburcio su
+conversación con Duarte de Mendaña.
+
+Luego añadió Morsamor:
+
+--Ya ves cuán cruel ha sido mi desengaño. Casi me arrepiento de haber
+querido volver a ser joven. Viejo y retirado del mundo, ni yo me
+enamoraba de nadie ni nadie me desdeñaba. ¿Qué puedo yo ser en esta
+nueva vida sino el arrendajo miserable, la mal trazada copia del pobre
+Bernardín Riveiro?
+
+--Cálmate, Miguel, y no imagines que debes ser copia de original tan
+menguado y atribulado. Yo topé con él varias veces y me dio lástima y
+grima el verle. Ya iba cruzando por entre las breñas e internándose en
+lo más esquivo, ya emulando con las cabras monteses, saltaba por esos
+vericuetos. Dos o tres veces pasó cerca de mí y me causó horror. Rota y
+manchada la vestidura y enmarañado el cabello, más parece fiera que
+hombre. Seguro estoy de que en las venideras edades no han de creer y
+han de negar los críticos juiciosos estos ridículos desatinos; pero yo
+los he visto y no puedo negarlos. Bernardín Riveiro, por otro lado,
+tiene algún fundamento para hacer lo que hace. La Infanta había
+correspondido a su pasión; le había querido y había dejado de quererle,
+pues se casó con otro. Tú distas mucho de hallarte en el mismo caso. Ni
+doña Sol es Infanta, ni doña Sol te ha querido nunca, ni inspirado tú
+por doña Sol has de escribir églogas, canciones, romances e historias en
+prosa que te inmortalicen. Dado que le imitases, sólo imitarías a
+Bernardín Riveiro en lo tonto. Serías la víctima candorosa de ciertas
+invenciones poéticas, falsas o exageradas, que deleitan mucho en el día,
+como, por ejemplo, la famosa _Questión de Amor_. Indigno de ti y más que
+ridículo sería que te empeñases en traer a la vida real los ensueños de
+la fantasía y en convertir las flores retóricas en hechos. Bien está que
+se diga:
+
+ El primer día que os vi
+ tan mortal fue mi ferida
+ que en veros quedé sin vida
+ y el vivir se vio sin mí.
+
+Y todavía me parece mejor, más alambicado y más agudo, aquello otro que
+con tintas variantes suele repetirse:
+
+ Morir a vivir prefiero;
+ y de tu beldad cautivo,
+ o no vivo porque vivo
+ o muero porque no muero.
+
+No creas que no me deleitan estas y otras coplas parecidas. Son muy
+ingeniosas. Pero del dicho al hecho, hay gran trecho. Y el Padre
+Ambrosio tendría una desazón enorme si viese frustrado el buen éxito de
+su ciencia pasmosa y que no había valido el remozarte sino para que tú
+hicieses sin razón la parodia de Beltenebros en la Peña pobre. Si es
+verdad lo que se refiere de D. Enrique de Villena, yo me complazco en
+esperar que no salga jamás de la redoma a vivir segunda vida para
+incurrir en las mismas necedades que hizo en la primera. Escarmienta tú
+en el caso del monje Teófilo, cuya historia nos refirió el poeta Berceo,
+y escarmienta en otros casos de algunos sujetos que ya se remozaron con
+el auxilio del demonio y no disparates como ellos disparataron.
+Considera que tú tendrías menos disculpa, porque no te has dado al
+demonio como se dieron ellos y porque esta juventud nueva, que te ha
+caído encima como llovida del cielo, no se debe a Satanás, sino a
+ciencia y arte muy sanas. Indispensable es, por consiguiente, que tú te
+conserves sano también, que mires por tu gloria, que aproveches la
+ocasión que de alcanzarla se te ofrece y que no hagas muchas tonterías.
+Lícito te será, a mi ver, hacer algunas, por distracción y como de
+pasada, pero tu mira principal debe ponerse muy alto.
+
+--Tan conforme estoy contigo en lo esencial--dijo Morsamor--que tu
+sermón es inútil porque predicas a un convertido. Antes que todo y sobre
+todo yo quiero gloria y harto sabes tú cuan dispuesto y apercibido estoy
+a buscarla. Concertado lo tengo todo con los ricos mercaderes genoveses
+Gabriel Adorno y Gaspar Salvago. La gruesa nave que ellos han fletado y
+con real privilegio han cargado de mercancías nos aguarda ya en Cascaes,
+pronta a zarpar para la India. Las direcciones náutica y mercantil están
+encomendadas por dichos mercaderes a un hábil piloto y a un
+administrador inteligente, pero yo he de ser el verdadero capitán de la
+nave y el que gobierne y ordene en ella cuanto importe a la defensa de
+las riquezas que conduce y cuanto sea menester para castigar y arrollar
+a los enemigos de la fe de Cristo, mahometanos o idólatras, que se
+atraviesen en nuestro camino. Iremos con la expedición que manda a
+Oriente el Rey D. Manuel y estaremos a las órdenes de su almirante y de
+su virrey, pero gozaremos de cierta independencia que yo sabré hacer
+mayor cuando conviniere. Acaso mañana mismo nos podremos ya dar a la
+vela. ¿Qué inconveniente hubiera habido en que yo, en vez de salir
+desdeñado, saliese alentado por el favor de una dama, señora de mis
+pensamientos, por sus promesas de ser mía cuando yo volviese triunfante
+y por el anhelo de acometer y dar cima a grandes hazañas para poner a
+sus pies mis laureles y mis trofeos?
+
+--Bello era tu plan--replicó Tiburcio--pero de falsa y vana belleza. Un
+gran propósito se empequeñece cuando se subordina a fin pequeño. Por la
+patria a que perteneces, por la raza de hombres, cuya religión, cultura
+y lenguaje sostienes y defiendes, por amor de todo el humano linaje, por
+el afán de lograr altos fines a que puedes creerte como fadado y
+predestinado, comprendo que no haya empresa a que no te aventures;
+comprendo que todas ellas sean sublimes por la elevación del término que
+tú les busques. Pero, si todo se hace por lisonjear la vanidad de una
+dama, todo será también vanidad y lisonja, y nada serio habrá en ello ni
+digno de varón discreto y prudente. Extraños fueron a los sandios
+enamoramientos que tú fantaseas los héroes sanos de cuerpo y de alma que
+hubo en las antiguas edades. Y si por acaso caía alguno de ellos en
+sandez por el estilo era para su vencimiento y vergonzosa desventura.
+Sírvante de lección la vida y los amores de Marco Antonio y Cleopatra,
+que habrás leído o habrás oído referir a personas doctas.
+
+--Juiciosa es la doctrina que expones--interpuso Miguel de Zuheros--. No
+atino contradecirla ni a disputar contigo. El corazón, no obstante,
+puede más que la cabeza. Y no bastan todas tus reflexiones, que hago
+mías, para que deje yo de lamentar la pérdida de la ilusión que me había
+forjado: que el recuerdo de doña Sol fuese como la estrella que me
+guiase en mis peregrinaciones, y que mi amor y mi esperanza de ser amado
+me prestasen aliento para dar cima a las proezas más altas. Te confieso
+que la pérdida de esta ilusión me tiene harto triste, aunque me esfuerzo
+para no estarlo.
+
+--Bueno será--dijo Tiburcio--que sacudas de ti esa melancolía. El
+abatimiento y la tristeza enervan a los hombres y los incapacitan para
+todo. Menester es que tu ánimo se regocije. No se riegan con lágrimas
+los laureles. La alegría es quien mejor cuida de ellos y hace que
+florezcan lozanos.
+
+
+
+
+-VIII-
+
+
+De acuerdo con lo ya expuesto, el previsor y hábil Tiburcio lo preparó
+todo de la manera más conveniente, para que la partida de Morsamor no
+fuese con lágrimas humillantes y amargas, como nacidas de desdenes, sino
+con alegría, y hasta con cierto estrépito y alborozo según a un héroe y
+futuro conquistador correspondía y cuadraba.
+
+Tiburcio era un hurón para descubrir y acosar su presa, por muy borrado
+que el rastro quedase en la pista y por muy oculta que fuese la
+madriguera.
+
+No acertaremos a explicar con qué arte diabólico Tiburcio había
+averiguado que al anochecer del día anterior dos gentiles damas,
+conocidas suyas, habían llegado a Cintra muy recatadamente, y habían ido
+a instalarse en una hermosa casa de campo que allí poseían los señores
+Adorno y Salvago.
+
+La casa estaba lejos de la población, en lugar retirado y esquivo, más
+allá de la sombría quinta que fue más tarde de D. Juan de Castro, y en
+amenísimo valle, camino de Colares.
+
+Los genoveses, viudo el uno y solterón el otro, aunque eran ambos de
+edad provecta, enemigos del escándalo y muy inclinados a la devoción,
+gustaban de echar de vez en cuando una cana al aire, sin perder su grave
+circunspección y con la debida cautela. En aquellos días, estaban
+afanadísimos con los preparativos y el embarque de víveres y de otros
+bastimentos que por contrata debían hacer y que hacían para la salida de
+la flota.
+
+No bien esta se diese a la vela, se proponían ellos reposar de sus
+fatigas y recrearse y holgarse en su retiro campestre, con un idilio
+delicioso y bien concertado. A este fin, enviaron por delante, para que
+lo tuviesen todo dispuesto y los aguardasen nada menos que a donna
+Olimpia de Belfiore y a su compañera Teletusa. Ambas, se comprometieron
+con gusto y fueron a esta excursión.
+
+Donna Olimpia era muy singular mujer por todos estilos. Se preciaba de
+bien nacida, de leal en sus tratos, de fiel a sus compromisos y de tener
+una conciencia tan escrupulosa y estrecha, cuanto su profesión
+consentía.
+
+Jactábase donna Olimpia de la nobleza de su cuna, procuraba hacer creer
+que era su familia del patriciado de Venecia y que figuraba en el _Libro
+de oro_, y aun llegaba a afirmar en ocasiones que en el Tribunal de los
+Díez se había sentado un tío suyo.
+
+Años atrás, donna Olimpia había figurado con brillo en los saraos de la
+bella Imperia, Aspacia del siglo de León X, como la cortesana de Mileto
+lo había sido del de Pericles. Donna Olimpia, satélite ya de un astro
+tan refulgente, acaso hubiera llegado a igualarse con dicho astro, si su
+desatentada afición a correr mundo y ver tierras extrañas no lo hubiese
+estorbado. Era tal afición, que Pedro Aretino, autor de la preciosa
+historia de _La p... errante_, pensó con insistencia en tomar a donna
+Olimpia por modelo, para dotar su historia de una segunda parte más
+variada y peregrina. Acaso impidió que dicho propósito se realizase la
+repentina muerte de Pedro Aretino, el cual, según aseguran, aunque donna
+Olimpia, que era muy su amiga, lo negaba como calumniosa patraña, murió
+de risa, al oír contar los embustes, embelecos y travesuras de una
+hermana suya, famosa por sus devaneos.
+
+Como quiera que fuese, donna Olimpia, según hemos dicho, tenía la
+conciencia muy estrecha y jamás faltaba a sus compromisos, a no ser
+sorprendida por irrupciones y agresiones inesperadas y violentas.
+
+Había, sin embargo, quien la acusase de que una vieja, llamada la señora
+Claudia, que iba siempre en su compañía como aya o como dueña, solía
+preparar dichas irrupciones y agresiones. A lo que parece, la señora
+Claudia había caído en aquellos días del favor de su ama, suplantándola
+Teletusa que se había apoderado de su voluntad por completo.
+
+Empleado Morsamor en sus rendimientos y obsequios a doña Sol, no había
+vuelto a ver y apenas había recordado a donna Olimpia, desde que la vio
+salir de Belén el día del Rey: pero donna Olimpia, aunque distraída y
+empleada también a su manera, nunca había dejado de recordar a Morsamor
+desde entonces, porque le hizo impresión viva y profunda y porque daba
+por cierto que en toda nuestra península no había ni podía haber galán
+más apuesto y hermoso, ni más gallardo y gentil hombre.
+
+Tiburcio que, libre de amores platónicos, privaba tiempo hacía con
+Teletusa, sabía por ella el buen concepto que donna Olimpia tenía de su
+amigo y la inclinación que hacia él le llevaba.
+
+Aquella tarde vio Tiburcio a Teletusa, y juntos concertaron un plan muy
+alegre y una grata sorpresa para donna Olimpia.
+
+A la hora de ánimas, Miguel y Tiburcio cenaron juntos en su posada, y ya
+solos y de sobremesa, con la regocijada confianza que el haber comido y
+bebido bien inspiran, Tiburcio expuso a Morsamor lo sustancial de su
+plan, venció su repugnancia y logró que le aceptase para desechar
+melancolías y para consolarse de los desdenes y sobreponerse a la
+altivez de la noble amiga de la Reina.
+
+Para no dar tiempo a que Morsamor lo reflexionase y se arrepintiese,
+Tiburcio le condujo enseguida a la casa de campo donde las dos ninfas
+vivían.
+
+A un silbido de Tiburcio, que era la convenida señal, Teletusa, que
+estaba aguardando, abrió sin ruido la puertecilla falsa del jardín, y
+guiándolos por lo más umbrío de la frondosa espesura, los introdujo en
+la casa, subió con ellos la escalera, atravesó corredores y salas, y
+vino a parar a amplio dormitorio escasamente alumbrado por tres velas de
+cera, puestas en un candelabro de plata, sobre una mesa que estaba en el
+centro de la estancia. Teletusa que tenía a Morsamor de la mano, le dijo
+entonces con voz dulce y sumisa:
+
+--Quedaos aquí, señor Morsamor, que pronto vendrá quien os alegre y se
+alegre de veros.
+
+Y dicho esto, sin que hubiese vagar para contestación o pregunta,
+desaparecieron Teletusa y Tiburcio con ella, dejando a Morsamor solo.
+
+Solo ya, recapacitó Morsamor sobre lo que había hecho y casi se
+arrepintió y se afligió de su viciosa ligereza. Indigno del héroe que él
+anhelaba ser, hallaba aquel tan ruin comienzo de altas caballerías:
+entrar con engañoso recato en casa ajena como ladrón astuto, y todo para
+alcanzar los venales y fáciles favores de una cortesana.
+
+Donna Olimpia tardaba en venir, y con la soledad y, con la impaciencia
+crecía en Morsamor el disgusto de haber cedido a los propósitos de su
+doncel, tan juicioso cuando hablaba en contra de las locuras sublimes,
+como ligero y hasta cínico cuando se trataba de otra clase de locuras.
+
+Contrariado Morsamor, se sentó en una silla en el rincón más obscuro de
+la estancia y casi a los pies del lecho con colgadura que había en ella.
+
+En medio de sus cavilaciones, oyó o creyó oír de súbito voces y
+carcajadas que a lo lejos sonaban por el lado derecho del sitio en que
+estaba él. Sin tiempo para pensar en lo que aquello sería, pero movido
+de recelosa curiosidad, intentó Morsamor ir adonde sonaba el ruido a fin
+de enterarse de todo. En pie estaba ya para realizar su intento, cuando
+por el lado contrario, se abrió una puertecilla, penetró por ella un
+bulto y Morsamor oyó una voz varonil que decía:
+
+--¡Voto a los demonios todos del infierno! ¡Olimpia! ¡Olimpia! ¿Estás
+ahí? Al fin, tropezando en la obscuridad y dándome de calabazadas contra
+las paredes creo que he logrado llegar a tu cuarto. Esa maldita vieja
+Claudia me dejó solo, prometiendo volver para guiarme. Tardaba en volver
+y yo me cansé y he venido sin guía. Aquí estoy, Olimpia.
+
+Con pasmosa serenidad y reposo, aunque harto previó las fatales
+consecuencias que podía tener aquel encuentro, Morsamor se adelantó
+hacia el personaje que había entrado y le dijo:
+
+--Mucho lamento, señor Pedro Carvallo, pues la luz de las bujías os da
+de lleno en la cara y os he reconocido, que la casualidad nos reúna aquí
+donde y cuando los dos esperábamos encuentro más grato y suave.
+
+Era Pedro Carvallo, el hombre de más violento carácter y más iracundo
+que hubo en Portugal en aquellas edades. Terrible era además su encono
+contra Morsamor, primero por natural antipatía, y después por su
+rivalidad en amores con doña Sol, de quien Morsamor, en cierto modo
+había sido harto más favorecido.
+
+Pedro Carvallo ardió, pues, en cólera al oír y ver a Morsamor, y le
+replicó de esta suerte:
+
+--Mi encuentro contigo, no será ni quiero que sea suave, pero me será
+grato. Tiempo ha, que me tienta el demonio con el prurito de matarte, y
+ahora me ofrece la ocasión más propicia. ¡Defiéndete, miserable!
+
+Y Pedro Carvallo desenvainó la espada y se puso en guardia adelantándose
+hacia Morsamor.
+
+Este, desdeñando la provocación y el insulto y procurando aún excusar un
+lance que le parecía poco o nada honroso, dijo a Pedro Carvallo:
+
+--Sosegaos, señor, y no llevemos a tan crudo extremo este negocio. Ruin
+fundamento tendrían nuestro duelo y la muerte de cualquiera de nosotros
+dos en esta casa extraña, y que ambos hemos asaltado. Vergonzosa sería
+la victoria del que saliese vivo de aquí, y más vergonzoso el término de
+quien aquí quedase muerto o herido.
+
+--La poca vergüenza--contestó Pedro Carvallo feroz y groseramente--es la
+de esas viles palabras con que tratáis de disimular vuestra cobardía.
+Defendeos o mataros he como a un perro.
+
+Pedro Carvallo se abalanzó entonces con furia contra Morsamor.
+
+Morsamor sacó la espada, le recibió con calma y paró con inaudita
+destreza todas sus cuchilladas y estocadas. Repugnaba Morsamor darle
+muerte. Estaba seguro de su inmensa superioridad. Lo descompuesto y sin
+arte del ataque ponía en su poder a Pedro Carvallo; pero Morsamor, por
+eso mismo, consideraba más odioso dar sangriento término a la lucha con
+aquel energúmeno, ciego por el rencor y la soberbia.
+
+La lucha, no obstante, se iba prolongando demasiado. Pedro Carvallo,
+aunque inhábil, era fuerte y menudeaba sus golpes con tanto brío, que
+los quites de Morsamor tenían que ser también muy violentos. En uno de
+estos quites, Morsamor dio de plano y con tanta fuerza en el brazo de su
+contrario, que le derribó por tierra la espada.
+
+Generosamente se contuvo Morsamor, para que el desarmado volviera a
+armarse. Y ya Pedro Carvallo había recogido la espada; y sin tener en
+cuenta en su furiosa locura la magnanimidad de Morsamor, se disponía de
+nuevo a embestirle, cuando Morsamor se sintió de repente ceñido el
+cuerpo en estrecho abrazo y cubierto el rostro de besos.
+
+Donna Olimpia,
+
+ _In tutto il vezzo, della sua persona,_
+
+le tenía asido y exclamaba con jubiloso entusiasmo:
+
+--_¡O gioja ed orgoglio del mio core! ¡O coraggioso mio drudo!_
+
+
+
+
+-IX-
+
+
+Las tiernas y repentinas caricias de la vaga italiana, fueron
+acompañadas de un diluvio de improperios y de blasfemias, que salían de
+la boca de Pedro Carvallo, haciéndole coro con risotadas alegres
+Teletusa y Tiburcio.
+
+Pedro Carvallo sólo podía herir ya con la lengua. Dos robustos y
+estupendos rufianes le tenían bien cogido entre sus enormes manazas
+fuertes como el hierro, y Teletusa y Tiburcio, sin dejar de reír, le
+ataban de pies y manos con suma destreza y valiéndose de lienzos
+retorcidos a falta de cuerdas que por allí no había.
+
+--¡Matadme o soltadme para que le mate!--gritaba Pedro Carvallo.
+
+Y Tiburcio respondía riendo siempre:
+
+--Tiempo te sobró para matarle cuando estabas suelto. Ahora te atamos
+por caridad y para que no mueras.
+
+Blasfemó, chilló e insultó de nuevo Pedro Carvallo. Teletusa pensó y
+propuso ponerle una mordaza, pero no lo consintió donna Olimpia y con
+voz imperiosa dijo:
+
+--Llevadle al desván con los otros, echad la llave y traédmela. Que
+pasen allí la noche. Ya veremos cómo sin peligro ni escándalo se les da
+suelta cuando sea de día.
+
+Aquellos dos formidables satélites, escuderos de donna Olimpia, y que
+ella traía siempre consigo para imponer respeto y tener a raya a los
+insolentes, sobre todo, cuando eran _spiantati_, oído el mandato de su
+señora, tomaron en volandas a Pedro Carvallo y se le llevaron al desván
+con delicadeza y esmero cuidadoso.
+
+Donna Olimpia así lo recomendaba diciendo:
+
+--Nada de malos tratamientos. No le hagáis el menor daño. Hasta podéis
+desatarle las manos cuando esté en el desván y llevarle de comer y de
+beber y un colchón para que duerma.
+
+Dirigiéndose luego a Miguel de Zuheros, donna Olimpia le dijo:
+
+--Yo os ruego, señor, que me perdonéis el grave disgusto que os ha
+causado el venir a verme. No hubo en ello la menor culpa mía. Toda la
+culpa fue de la vieja Claudia, mi criada. Sin encomendarse más que a su
+propia codicia, y creyendo que podía disponer a su antojo de Teletusa y
+de mí, cuando menos lo recelábamos, cuando ni sabíamos que estuviesen en
+Cintra los señores Carvallo y Acevedo, los introdujo aquí a ambos
+furtivamente. Dejó solo a Carvallo para que aguardase por un momento su
+vuelta y vino con Acevedo a la estancia de Teletusa. Hallábase allí
+vuestro amigo el señor Tiburcio, mancebo prudente y listo a maravilla.
+Buen doncel y consejero tenéis en él. Si la imaginación humana fuese tan
+viva y creadora en nuestros días como lo fue en la antigua Grecia, yo me
+daría a sospechar que la diosa Minerva, así como acompañó y guió a
+Telémaco en sus peregrinaciones, tomando la figura de Mentor, así os
+acompaña y guía al presente bajo la figura de un garzón barbilindo,
+disfraz más adecuado, en mi sentir, que el de un vejestorio barbudo.
+Pero dejando a un lado alabanzas, diré en cifra y resumen, que Acevedo,
+lo mismo que Carvallo, quiso llevarlo todo por la tremenda, y que
+prevenidos a tiempo mis dos escuderos, que andan siempre alerta y ojo
+avizor, aun antes de que Acevedo y Tiburcio desenvainasen las espadas,
+se apoderaron de Acevedo, y con el auxilio de Teletusa y de vuestro
+doncel, le ataron chistosamente abrazado a la vieja Claudia y
+traspusieron con ellos al desván, donde se los encontrará el Sr.
+Carvallo cuando allí llegue. La algazara promovida por estos sucesos que
+atrajo al cuarto de Teletusa en donde ocurrían. Tal ha sido la causa de
+mi tardanza en venir por aquí, donde algún indicio leve tenía yo de que
+tan dulce bien me aguardaba. Por dicha, y merced a vuestra destreza,
+serenidad y generosa sangre fría, todos hemos llegado a tiempo de evitar
+una tragedia.
+
+--Y ya que no la hubo--dijo Teletusa--celebrémoslo bebiendo un trago a
+la salud de los amos de esta casa que no tienen mal provista la
+despensa. No os propongo que cenéis, porque no tendréis gana. Tal vez
+habréis cenado ya. Siempre, no obstante, habrá quedado lugar para un
+bocadillo de algo picante y salado que sea despertador de la sed. Las
+dos criadas de esta casa van a serviros al punto en esta misma mesa.
+
+En efecto, salió Teletusa y a poco volvió, riendo, brincando y bailando,
+con un gran plato levantado en alto en sus manos como si representase a
+Herodias.
+
+--No os asustéis--exclamó--que no os traigo la cabeza de Juan, sino la
+de un jabalí, rellena de verdes alfónsigos y de lengua y lomo con mucha
+sal, pimienta y otros aliños. Estas manos, que se ha de comer la tierra,
+lo han condimentado todo. Estoy orgullosa de mi habilidad culinaria. Ha
+sido mi tarea del día de hoy.
+
+--Bien puedes decir como Tito--interpuso donna Olimpia--que no has
+perdido tu día.
+
+--¿Lo oyes, Tiburcio? Llámame tu Tita que es más breve y más dulce que
+tu Teletusa.
+
+Y diciendo esto, puso sobre la mesa el plato con la cabeza de jabalí.
+
+Las dos criadas, que entraron en pos de ella, colocaron también sobre la
+mesa blanco pan, anchas copas y sendos y grandes jarros.
+
+Señalándolos Teletusa con el dedo, habló así:
+
+--Este es vino rancio y seco de Chipre, néctar exquisito, consagrado a
+Venus, cuya fue aquella isla, allá en las edades felices en que vivieron
+y reinaron las diosas entre los mortales. Este otro es moscatel de
+Siracusa, vino del que se embriagaba el Cíclope para consolarse de los
+desdenes de Galatea, con el que Arquímedes se inspiraba para sus más
+raras invenciones y del que siempre bebía Teócrito antes de componer sus
+idilios. No os pasméis, señores, de mi notable erudición. No en balde
+soy la discípula predilecta de donna Olimpia. De tal palo tal astilla,
+como suele decirse.
+
+Donna Olimpia y Tiburcio aplaudieron a Teletusa. Y Morsamor, algo
+pensativo aún y no muy conforme con que todo aquello se aviniese bien
+con su papel de héroe, empezó a rendirse y a contagiarse del regocijo
+harto profano que allí reinaba. Morsamor se sintió ebrio antes de beber
+el vino.
+
+--Que mis escuderos vuelvan aquí también--dijo donna Olimpia--para que
+coman y beban patriarcalmente con nosotros, que bien lo merecen después
+del primor con que se han conducido.
+
+--Y vaya si lo merecen--dijo Teletusa--. ¡Hola! Asmodeo y Belcebú,
+acudid a beber y a regocijaros. Y vosotros, señores Morsamor y Tiburcio,
+no os maravilléis ni asustéis de los fingidos nombres que damos a estos
+dos galanes (y como ya habían entrado los señalaba), porque sus nombres
+verdaderos se guardan para mayores cosas. Ambos son de noble prosapia y
+aun creo que algo parientes de donna Olimpia.
+
+--No hay duda en ello--interpuso esta--. Nuestro parentesco es evidente
+aunque remoto. Soy prima quinta de Belcebú y sexta de Asmodeo.
+
+--Pues que sea enhorabuena--dijo Morsamor, desechando escrúpulos, echado
+a rodar su formalidad y tomando parte y aun haciendo el papel principal
+en la orgía que hubo de seguirse.
+
+
+
+
+-X-
+
+
+Resbaladizo y difícil sería describir aquí lo que allí ocurrió después.
+La cabeza de jabalí casi desapareció. Los dos enormes jarros quedaron
+vacíos. A las risas, a los brincos y a los cantares, con que se animó la
+cena, sucedió profundo silencio. Tiburcio y Teletusa se fueron por un
+lado. Asmodeo y Belcebú, por otro.
+
+Sólo la tenue luz de una lámpara velada por el vaso de alabastro en que
+ardía iluminó la estancia tranquila, hasta que rayó el alba y sus
+resplandores primeros penetraron por la ventana, entreabierta a causa
+del calor del estío, penetrando también fresco y manso vientecillo,
+impregnado de aromas de mil flores, y el gorjeo de los pájaros que
+cantaban en la enramada y saludaban el día naciente. Poco más tarde, en
+la gran sala de la quinta, aparecieron Morsamor y Tiburcio, donna
+Olimpia y Teletusa y los dos formidables escuderos. Todos se movían y se
+afanaban como en el momento que precede a un largo viaje.
+
+Donna Olimpia y Teletusa estaban hartas de Portugal y habían resuelto
+acompañar a Morsamor y a Tiburcio al extremo Oriente. Los hijos de
+Lusitania no se les habían mostrado pródigos de los tesoros que de allá
+venían y así determinaron ellas ir a buscarlos. El imprevisto lance,
+además, de la noche anterior podría acarrearles no pocas desazones,
+sobre todo cuando las abandonaran sus dos triunfantes amigos.
+
+Donna Olimpia había expresado su resolución del modo más terminante.
+
+--Os seguiremos--había dicho--y os seremos fieles. Unidos,
+conquistaremos el mundo. Si fuese menester, hasta nos convertiremos en
+amazonas. Teletusa será Bradamente y yo la propia Pentesilea. Yo estaré
+contigo, Morsamor, hasta que se harte de mí tu alma. Sólo entonces, y si
+acertamos a dar con el verdadero y legítimo Preste Juan, que tantos han
+buscado en balde hasta ahora, yo le rendiré, le cautivaré, me sentaré en
+su trono y vendré a ser la Papisa Juana del Oriente.
+
+Teletusa, Tiburcio y los dos jaques, holgaron mucho de oír este
+razonamiento; le aplaudieron y le celebraron con risas estrepitosas.
+
+Allá en su interior, todo aquello repugnaba no poco a Miguel de Zuheros;
+pero cierto vehemente atractivo de amor vicioso luchaba con la
+repugnancia y la vencía. Morsamor no quiso o no se atrevió a rechazar
+los propósitos y ofrecimientos de donna Olimpia.
+
+Dichos propósitos se cumplieron.
+
+Apenas despuntó el día, acudieron a la puerta de la quinta dos criados
+de Morsamor y Tiburcio con caballos y bagaje. Donna Olimpia y Teletusa,
+auxiliadas por los dos jaques, empaquetaron y embaularon sus alhajas,
+vestidos y demás prendas.
+
+Todo esto, así como las mismas damas y sus escuderos, habían de viajar
+en mulas que los genoveses tenían en la caballeriza y de las que se
+dispuso como de bienes mostrencos. Y no mucho después, antes de que el
+sol apareciese y dorase con sus rayos la tierra, todos se pusieron en
+marcha, formando alegre caravana y caminando a paso largo hacia Cascaes.
+
+La llave del desván quedó en poder de las sirvientas de los señores
+Adorno y Salvago, para que pusiesen en franquía a la vieja Claudia y a
+los señores Carvallo y Acevedo, a las tres horas de haber salido de la
+quinta Morsamor y su acompañamiento.
+
+La nave que mandaba Morsamor era grande y capaz y él podía tripularla a
+su antojo. Con holgura, pues, instaló en ella a su gente. Y aquel mismo
+día, antes de que el sol rayase en lo más alto del cielo,
+
+ _Yá no largo Oceano navegavam_,
+ _As inquietas ondas apartando_:
+ _Os ventos brandamente respiravam_,
+ _ Das naos as velas concavas inchando_.
+
+
+
+
+-XI-
+
+
+Donna Olimpia y Teletusa no se mareaban. Se hallaban en el mar como
+nacidas: como si fuesen nereidas y no mujeres. Morsamor se sentía
+también más a gusto que en tierra, lleno de esperanzas y forjando en su
+mente los más audaces y ambiciosos planes. En cuanto a Tiburcio eran de
+maravillar sus conocimientos náuticos, su alegre humor y su útil
+actividad a bordo. Por la traza seguía pareciendo mancebo de menos de
+veinte años, mas por las acciones podría suponérsele viejo y
+experimentado navegante. Así se lo decía Lorenzo Fréitas, piloto de la
+nave, que tenía más de sesenta años, que había navegado mucho y que
+había hecho ya otros dos viajes de ida y vuelta a la India.
+
+Pronto Lorenzo Fréitas trabó amistad íntima con Tiburcio y se ganó el
+afecto y la confianza de Morsamor y de las damas aventureras.
+
+Iba asimismo en la nave un piadoso y entusiasta misionero franciscano,
+cuyo nombre era Fray Juan de Santarén. Grandísima gana llevaba este de
+difundir la luz del Evangelio, de convertir idólatras y mahometanos y de
+bautizarlos a centenares. No se oponía todo ello a que Fray Juan,
+reservando la gravedad solemne para sus futuras predicaciones, fuese por
+lo pronto jocoso y alegre como unas sonajas, inclinado a cuidarse y a
+tratarse bien para sufrir más tarde las fatigas del apostolado, y harto
+propenso a contar chascarrillos y a decir chirigotas, que no siempre
+despuntaban por su urbanidad y delicadeza.
+
+Como cielo y mar estaban serenos y el viento era próspero, el viaje iba
+haciéndose con felicidad y prontitud.
+
+Al subir una mañana sobre cubierta, nuestros seis principales personajes
+se extasiaron admirando el azul transparente de las aguas, rizadas
+apenas por el soplo de la brisa, donde se reflejaban el más claro azul
+del cielo y las ligeras nubes, que parecían de nácar, purpura y oro. La
+luz del sol, que se iba levantando, formaba en las ondas rieles
+luminosos y se diría que penetraba por curiosidad en el seno
+transparente del agua para iluminar las grutas y los alcázares
+submarinos que allí se esconden.
+
+La costa europea había quedado lejos. Sólo mar y cielo se hubiera visto,
+sino apareciese ante los ojos encantados de los de la nave, no lejos de
+ella y en medio del piélago azul, algo a modo de ingente y precioso
+canastillo de flores y verdura, que parecía flotar sobre la superficie
+del Atlántico. Mil lozanos y frondosos árboles subían hasta la cima del
+cerro que en el centro de la isla se alzaba, como ramillete en forma de
+piña, en cuya punta, destacándose sobre el limpio fondo del aire,
+resplandecía un blanco santuario de la Virgen, dorado ya por los casi
+horizontales rayos del sol naciente.
+
+--Esa--dijo Lorenzo Fréitas a nuestros cuatro aventureros--es la isla de
+Madera, descubierta por Juan Gonzalves y Tristán Vaz en tiempo del
+glorioso Infante Don Enrique, instigador y fundador de nuestras grandes
+empresas marítimas, hoy tan en auge.
+
+A la vista de la isla de Madera, tomando el fresco sobre cubierta y bajo
+un toldo, se desayunaron aquel día Miguel y Tiburcio, ambas damas, el
+misionero Fray Juan y el viejo piloto.
+
+No hemos de seguir nosotros punto por punto a los viajeros. Pasaremos de
+largo cuando nada les ocurra de singular y memorable. Si ahora nos
+detenemos aquí es por considerar que, durante aquel desayuno, todos
+estuvieron expansivos y casi elocuentes y dijeron cosas muy importantes
+a la narración que vamos haciendo.
+
+Hasta el desayuno que tomaron los seis, sentados en torno de una mesa
+redonda, tenía algo de exótico para los europeos de entonces, porque
+bebieron en hondas tazas, mezclada con leche y azúcar, una infusión de
+cierta hierba olorosa y salubre, que llamaban cha y que ya se traía a
+Portugal de los remotos reinos del Catay, que están mucho más allá del
+Indo y del Ganges.
+
+--Larga y penosa--dijo Miguel de Zuheros--va a ser nuestra navegación
+hasta llegar a las regiones del extremo Oriente. Enorme es el rodeo que
+tenemos que dar, bajando hasta el Cabo de las Tormentas, hoy de Buena
+Esperanza, que Bartolomé Díaz dobló por vez primera. Pasman el esfuerzo
+constante y el secular empeño, primero del Infante Don Enrique y después
+de sus sucesores y de su pueblo para conseguir el triunfo que han
+conseguido.
+
+--Con menos tiempo y trabajo--repuso donna Olimpia--me parece a mí que,
+si mis compatriotas los venecianos se hubiesen puesto de acuerdo con
+árabes y turcos y con el Soldan de Babilonia y con el de Egipto, tal vez
+hubieran podido abrir algún ancho canal por donde sin tantos rodeos
+hubieran pasado sus naves del mar Mediterráneo al mar Rojo,
+encaminándose luego por allí hasta más allá de Trapobana, a Cipango y al
+remoto país de los seras. El pensamiento de abrir ese canal no es cosa
+nueva. Ya le tuvieron algunos Faraones, y sin duda le tuvieron también
+Salomón e Hiran rey de Tiro, cuando unidos en estrecha alianza enviaban
+sus flotas a Ofir, de donde volvían cargadas de riquezas. Si tal
+pensamiento se hubiera realizado no hubieran perdido Venecia y toda
+Italia la supremacía en la navegación y en el comercio, y el poder que
+consigo trae y que hoy tienen los portugueses.
+
+Fray Juan de Santarén tomó parte en la conversación y exclamó:
+
+--Lo que menos importa al bien de la cristiandad y del humano linaje es
+que decaigan Venecia y otros Estados de Italia a causa de los
+descubrimientos y conquistas de los portugueses. Más alto es el fin que
+estos han tenido y han de tener en lo futuro. No van los de mi nación a
+despojar en Oriente a los venecianos: van a que la religión de Cristo
+prevalezca allí sobre la de Mahoma: van a quebrantar allí el poderío de
+turcos, árabes y persas; y van, por último, a despertar del hondo sueño
+de muchos siglos a las dormidas naciones orientales, que aletargadas e
+inertes yacen en el seno letal de la idolatría.
+
+--Todo eso, estará muy bien--interrumpió Tiburcio, riendo como tenía de
+costumbre--. Pero ¿a qué tanto rodeo? ¿A qué ir por tan extraviado
+camino hasta el extremo Sur de África? ¿A qué dejar atrás misterioso e
+inexplorado, este continente enorme, en cuyo centro, que nos fingimos
+abrasado, acaso esté el Paraíso que perdieron nuestros primeros padres?
+¿A qué, en fin, dar tan desaforada vuelta y buscar el bien tan lejos,
+cuando le tenemos cercano?
+
+El piloto Lorenzo Fréitas, aunque sospechaba que Tiburcio no hablaba con
+seriedad, sino para embromarlos, se enojó y no quiso consentir que ni en
+broma se tildara de poco razonable la gloriosa y secular empresa de los
+portugueses, y habló así en su defensa:
+
+--No es sólo la codicia mercantil la que nos ha llevado a la India, no
+es sólo el deseo de sobreponernos a la Señoría del Adriático, ni es sólo
+tampoco el afán de vencer al Islam, buscándole en la fuente misma de su
+mayor riqueza y despojándole de sus ocultos tesoros, lo que movió al
+Infante Don Enrique y ha movido después a sus sucesores a hacer cuanto
+han hecho. Mil veces más elevadas eran y son sus miras. Noble curiosidad
+nos impulsó y nos impulsa. Anhelamos desgarrar el velo en que Naturaleza
+se envuelve aún y se encubre a nuestros ojos mortales. Y hemos aspirado
+y aspiramos todavía a que, así como se nos reveló el misterio del Mar
+Tenebroso, por la persistente violencia que sobre él ejercimos, se nos
+revelen también la magnitud y estructura de la tierra, y después todo el
+artificio y la máquina del Universo, con las leyes de su movimiento y
+vida.
+
+--En verdad--dijo Fray Juan de Santarén--el señor Fréitas tiene razón
+que le sobra. Hay un enigma de la mayor transcendencia, no resuelto aún,
+que trae sin sosiego a cuantos hombres piensan y discurren en el día.
+
+--Años ha, siendo yo muy mozo y reinando Don Juan II--interrumpió
+entonces Lorenzo Fréitas--aportó a Lisboa un genovés muy presumido y
+soberbio que estaba al servicio de Castilla y se llamaba Cristóbal
+Colón. A ser cierto lo que él imaginaba y afirmaba, el enigma se hubiera
+explicado y dejado de serlo. Aquel hombre audaz, fiado en sentencias e
+insinuaciones de antiguos sabios griegos, y singularmente de
+Aristóteles, había ido en busca de la India navegando hacia Occidente, y
+casi creía haberla hallado y se jactaba de ello. Había aportado a
+grandes y fértiles islas, y poco más allá casi daba por seguro que
+debían de estar Cipango y otros países visitados por Marco Polo. Se
+jactó también Colón de haber descubierto extensa costa al parecer de un
+gran continente, y supuso que aquello era el extremo oriental del Asia,
+y que más al Norte estaba el Catay, y la India más al Mediodía. A punto
+estuvo de costarle la vida esta jactancia, porque algunos señores de la
+corte, muy poco sufridos, creyeron lo que aseguraba y recelando que así
+el rey de Castilla iba antes y por camino más corto a llegar a la India,
+donde todavía no habían llegado los portugueses, decidieron provocar a
+Colón, y como era poco sufrido reñir con él y darle muerte, con lo cual
+su descubrimiento quedaría para Portugal y no aprovecharía a los
+castellanos. Por dicha, los mencionados señores expusieron su proyecto
+al Rey Don Juan II, apellidado con razón el Príncipe Perfecto, el cual,
+aunque vehementísimo en su cólera y de ímpetus tan vitandos que mataba a
+puñaladas a quien juzgaba que le ofendía, sin excluir al hermano de su
+mujer, reflexivamente era tan recto, tan temeroso de Dios y tan buen
+Católico, que rechazó el plan, indignado. Colón pudo pues volver a
+Castilla a lucir su descubrimiento y a que los reyes Don Fernando y Doña
+Isabel le aprovechasen. Suscitó esto, no obstante, recelos y diferencias
+entre los soberanos de España; pero pronto se arregló todo por virtud de
+aquella línea, que tiraron idealmente desde un Polo a otro, dividiéndose
+así las tierras y los mares apenas explorados y los que pudieran
+explorarse en lo venidero. El Padre Santo sancionó el convenio con el
+poder y la autoridad de que goza como Vicario de Cristo. Pocos años
+después, enviado por el rey Don Manuel, llegó a Malabar Vasco de Gama,
+Tristán de Acuña, el grande Albuquerque y otros héroes de Lusitania
+dilataron nuestro dominio y nuestra gloria por el Oriente. Y los
+castellanos en tanto llenos de noble emulación, hicieron nuevas
+conquistas y descubrimientos en aquellas tierras occidentales a donde
+Colón había llegado por vez primera y que por su magnitud merecieron
+llamarse Nuevo Mundo. Según las últimas noticias que yo tengo, un
+extremeño, cuyo nombre es Hernán Cortés, ha surcado el mar, ha pasado
+por medio de vastos territorios y ha llegado a la capital populosa de un
+bárbaro y desconocido Imperio, del que está a punto de enseñorearse.
+Todavía pretenden algunos que este Imperio, donde Hernán Cortés ha
+entrado a saco, está al Sur del Catay y al Norte de la India. De aquí
+presumo yo que está aclarado el enigma, que hay antípodas y que es
+evidente la redondez de la tierra.
+
+--Poquito a poco, señor Fréitas--replicó Tiburcio--. Las cosas distan
+mucho de ser tan claras. Yo tengo noticias más recientes que invalidan
+lo que el señor Fréitas dice. Otro castellano, no menos valiente aunque
+menos venturoso que Hernán Cortés, un tal Vasco Núñez de Balboa ha
+cruzado ese continente por una región en que es muy estrecho; ha salvado
+altas montañas y ha descubierto más allá un mar extensísimo que tiene
+toda la traza de dilatarse más que el mar de Atlante. El enigma queda
+por consiguiente en pie en toda su obscuridad misteriosa. Posible será
+que los castellanos, navegando siempre hacia el Occidente por ese mar
+recién descubierto se alejen cada vez más de la India. Y posible será
+que los portugueses yendo siempre en dirección contraria a la que el sol
+sigue, no aporten jamás a las regiones visitadas ya por Colón, Cortés y
+Balboa.
+
+--Ya sabía yo--dijo Morsamor--que ese Balboa de que habla Tiburcio había
+descubierto un gran mar al otro lado del mundo de Colón, entrando en sus
+aguas con la espada desnuda en la diestra y enseñoreándose de él en
+nombre del César Carlos V. Esto complica y retarda la resolución del
+problema, pero no me induce a creer que la resolución sea otra de la que
+yo pensaba. Para mí es evidente la forma esférica o casi esférica de la
+tierra. A la extremidad de ese mar han de estar Cipango, el Catay y la
+India. Lo difícil ahora ha de ser para el que navegue hacia el Occidente
+hallar el término de ese valladar o hallar un canal o estrecho, por
+donde se pase del mar del Atlante a ese otro mar de Balboa. El que esto
+logre y tenga además valor y fortuna para surcar el nuevo mar
+desconocido, aportará sin duda a la India y podrá luego dar la vuelta al
+mundo en que vivimos. Y el que navegue hacia Oriente, como navegaremos
+nosotros cuando salvemos el obstáculo que África nos opone, podrá volver
+también a su patria por opuesto camino si encuentra modo de salvar el
+valladar que el Nuevo Mundo de Colón le ofrece. Yo os confieso, señores,
+que la ambición me induce a señalarme en la India en empresas guerreras,
+pero como no cuento con muchos soldados para eclipsar allí las hazañas
+de Alejandro de Macedonia, preferiría yo sin estrago y sin sangre
+emprender y llevar a cabo un propósito que me daría gloria nueva y sin
+rival entre los seres nacidos de mujer: la gloria de circunnavegar este
+planeta. Así probaría yo experimentalmente que no es enorme disco,
+suspendido en el éter y asido por eje de diamante a las cristalinas
+esferas que giran en torno suyo sobre dicho eje con arrebatada y pasmosa
+armonía. Así aduciría yo razones y pruebas a los que pretenden que
+nuestra tierra no es el centro del Universo, sino astro pequeño y opaco,
+que va rodando en torno del sol, como Venus, Marte, Saturno y otros
+planetas.
+
+--Atrevida es la tal suposición--dijo Fray Juan de Santarén--pero ni en
+Coimbra ni en Salamanca faltan doctores que la tienen por probable y aun
+por casi demostrada, respondiendo a los que tratan de invalidarla por
+mal entendidas sentencias de las Sagradas Escrituras, con aquellas
+célebres frases de Francisco de Villalobos, médico de la Reina Católica:
+los que acuden a la religión en asuntos de ciencias naturales son como
+los delincuentes que buscan en la iglesia un asilo.
+
+--También en Italia--añadió donna Olimpia--anda desde hace años muy
+válida la opinión de que no es la tierra, sino el sol quien está en el
+centro; y ya, en mi primera mocedad, conocí yo y traté en Roma a cierto
+doctor polaco, cuyo nombre era Nicolás Copérnico, que enseñaba dicho
+sistema y andaba muy afanado componiendo un libro, que pensaba dedicar
+al Papa, sobre las revoluciones de los orbes celestes. No sería impío ni
+herético tal sistema cuando con semejante dedicatoria intentaba su autor
+santificar el libro que le defendiese.
+
+--Así podrá ser--dijo Tiburcio--. Nadie, sin embargo, logrará quitarme
+de la cabeza un endiablado razonamiento que agua o mejor diré envenena
+el gozo de esta invención. Por ella resulta degradado y hasta envilecido
+este mundo en que habitamos. No es ya el centro y objeto principal de la
+creación entera para cuya iluminación, regocijo y deleite salieron de la
+nada el sol, la luna y todas las estrellas. Nuestro globo queda reducido
+a un astro opaco, pequeñuelo y hasta deforme que gira como otros muchos
+planetas más grandes y más hermosos que él, perdido en la inmensidad del
+éter. ¿Qué será de nuestra preeminencia sobre las demás criaturas; qué
+de la dignidad humana, si tal suposición llega a demostrarse por
+completo?
+
+Morsamor, que coincidía por lo común con las opiniones de su joven amigo
+y se complacía en aceptar su parecer y su consejo, estaba en aquella
+ocasión tan poseído del parecer contrario y tan lleno de la fe y de la
+esperanza de contribuir a la demostración de su verdad, que encarándose
+con Tiburcio, exclamó con enojo:
+
+--Sin duda tendrías razón si por lo material aspirase el hombre al
+principado y si su valer se midiese por varas o se pesase por arrobas.
+Pero como el gran ser del hombre es por el espíritu, lo mismo importa
+para que le conserve que tenga su vivienda corporal en el centro del
+Universo o en el más ruin y esquivo lugar de las profundidades del éter.
+Donde quiera que mi espíritu se halle, allí estará, allí creará el
+centro de todo; y en la capacidad inmensa de su entender encerrará
+cuantos seres existen y pueden existir, y comprendiendo sus leyes, será
+como si se las impusiera, porque si Dios está en todas partes, más
+esencialmente está en el alma humana. Y así el alma humana, si procura
+estar conforme con Dios y unirse con Dios, sólo será inferior a Dios
+mismo y no a los habitantes de otros mundos, dado que tales habitantes
+haya. Podrán ser más corpulentos, podrán tener sentidos más variados y
+perspicaces, pero la ley moral y los primeros principios absolutos, raíz
+de todo saber, y el amor inextinguible de lo infinito que sólo en lo
+infinito se aquieta, en nadie podrán asistir con mayor energía y virtud
+creadora que en el hombre, hecho a imagen y semejanza de Dios.
+
+Todos aplaudieron el discurso de Morsamor. El propio Fray Juan de
+Santarén, aunque con escrúpulos de que en el calor de la improvisación
+hubiese dejado escapar alguna herejía, aplaudió también a Morsamor, en
+gracia del entusiasmo y de la buena fe con que había hablado.
+Convinieron además en que no hay ni habrá sistema de astrólogos o de
+sabios empíricos que baste a desbaratar ninguna teología ni ninguna
+metafísica bien cimentada. Y decidieron, por último, que Morsamor, sin
+perjuicio de mostrarse en la India, dando allí razón de quién era, debía
+volver a Lisboa, caminando siempre hacia Oriente y circunnavegando el
+mundo en que vivimos, cuya redondez resolvieron todos que era innegable.
+
+
+
+
+-XII-
+
+
+Bien se puede afirmar que el poder de los elementos, sojuzgado y
+hechizado por la confianza magnánima de nuestros navegantes, se
+complació en favorecerlos, haciendo fácil y rápido su viaje. Pronto,
+casi siempre a la vista de la extensísima costa, llegaron al extremo sur
+del continente negro. El terrible gigante Adamastor, domado ya por la
+secular constancia y el valor de los portugueses, estaba sin duda de muy
+buen talante en aquella ocasión, y sin tormentas ni furores dejó que
+entrasen en el mar de la India la nave de Morsamor y otras cuatro naves
+más, que formaban la escuadra en cuya compañía Morsamor navegaba.
+
+La pequeña flota iba como refuerzo de otra mucho mayor y más poderosa,
+que tres meses antes había salido del Tajo, conduciendo a don Duarte de
+Meneses.
+
+Este personaje, que se había señalado mucho por su valor y pericia, como
+Gobernador de Tánger, en la guerra que de continuo sostenían los
+portugueses contra los marroquíes, iba como Virrey de la India con más
+sueldo y más amplias facultades que sus predecesores. Le llevó una
+armada de quince velas, en donde fueron Francisco Pereira Pestana para
+Gobernador de Goa, Juan Silveira, para ejercer el mando en Cananor, y
+para el gobierno de Calecut, Juan de Lima.
+
+Habían ido también, custodiando al nuevo Virrey, cuatro naves a las
+órdenes de Martín Alfonso de Melo, el cual debía después visitar el
+Imperio chino.
+
+La escuadra de que formaba parte la nave de Morsamor, viniendo a ser
+complemento de dicha grande flota, con la misma felicidad que había
+pasado el Cabo, aportó más tarde a Sofala, puerto muy estimado entonces
+de los portugueses por creer que era el antiguo Ofir, de donde Salomón e
+Hiran llevaron a Jerusalén mucho oro. De aquí que los portugueses
+buscasen allí con afán aunque poco dichoso, las antiguas minas que el
+hijo de David había laboreado.
+
+Algo se detuvo en Sofala la pequeña flota, pero no tardó en zarpar para
+Goa.
+
+La nave de Morsamor no pudo seguirla. Tenía antes que ir a Melinda, a
+donde enviaban los señores Adorno y Salvago no pocos artículos de
+comercio. En Melinda debían venderlos o dejarlos en depósito y tomar en
+cambio mercancías de Abexin, Arabia y Egipto y aun algunas de Siria, de
+las islas de la Grecia y de la misma Italia que todavía llegaban hasta
+allí, importadas en Egipto por los venecianos, a pesar del golpe mortal
+que a su comercio habían dado los portugueses.
+
+Durante tan larga navegación el tiempo pasó muy agradablemente para
+Morsamor y Tiburcio, merced a la precaución o a la buena suerte que
+habían tenido de embarcar con ellos a donna Olimpia y a Teletusa. Podía
+considerarse la primera como la personificación de la amenidad serena y
+elevada, y la segunda como la del regocijo y bullicioso trastulo de los
+seres humanos: de tal al menos calificaba donna Olimpia a su compañera.
+Y Tiburcio añadía, en alabanza de ambas, que eran, por estilo profano,
+como Marta y María, representando una de ellas la vida contemplativa y
+la vida activa la otra.
+
+Dulce y modesta era donna Olimpia. Nadie con justicia hubiera podido
+censurarla de marisabidilla y bachillera; pero en su trato íntimo, y
+cuando Morsamor la estimulaba a hablar, mostraba su rara discreción y su
+mucha doctrina con sencillez y sin pedantería ni jactancia. Habían
+traído a bordo los _Diálogos de amor_ de León Hebreo, a quien Morsamor
+quedó muy aficionado desde que logró salvarle de los insultos de la
+plebe.
+
+A veces leían en dichos _Diálogos_ y luego los comentaban. Y eran tan
+atinadas y profundas las ilustraciones de donna Olimpia que, si se
+hubiesen conservado y reunido en un volumen, formarían hoy la Filosofía
+de amor más interesante y sublime.
+
+En otras ocasiones, Morsamor y donna Olimpia ponían por las nubes mil
+invenciones y descubrimientos recientes, que en sentir de ellos hacían
+de la época en que vivían la más fecunda e ilustre de todas. Y como
+sobre este punto no estuviese de acuerdo Teletusa, la ninfa gaditana no
+quería callarse y asentir con su silencio, sino que tomaba la palabra y
+decía de esta manera:
+
+--No he de negar yo lo muy ingeniosas que son las invenciones de nuestra
+edad: el empleo de la pólvora, en arcabuces, bombardas, culebrinas y
+falconetes; la brújula y la imprenta; los instrumentos del famoso
+estrellero y geómetra portugués Pedro Núñez, y el hallazgo y la
+observación de nuevos astros en el cielo, y en la tierra de nuevos
+continentes, islas y mares. Todo esto, no obstante, se explica con
+facilidad por el entendimiento humano. Si Satanás ha intervenido en
+ello, ha sido de tapadillo y sin dar la cara dejando que los inventores
+se jacten de haberlo logrado sin sobrenatural auxilio. En cambio, las
+invenciones primitivas son las que no se pueden explicar humanamente y
+las que tenemos que admirar. ¿Quién inventó el habla? ¿Quién la
+escritura? Estas y otras cosas por el estilo son las que no se
+comprenden ni se explican sin acudir a la enseñanza y a la revelación de
+Dios mismo, de los ángeles o de los genios. Yo doy por seguro que el
+primero que cultivó el trigo y luego sacó de él harina e hizo pan,
+realizó algo más estupendo que cuanto hace un siglo se ha descubierto o
+inventado.
+
+Todos aplaudieron el breve discurso de Teletusa, y animada ella con el
+aplauso, se atrevió a proseguir:
+
+--La pólvora da muerte y la harina es el mejor y más usado sustento de
+la vida. A la harina, pues, me atengo. Quiero que sepáis, señores, que
+una prima mía muy guapa fue la buena amiga y tal vez el oíslo del famoso
+cocinero Ruperto de Nola. De él aprendió a condimentar exquisitos
+guisos, no pocos de los cuales tuvo luego la bondad de enseñarme. Ahora
+bien, yo quiero mostraros mi habilidad y probar al mismo tiempo la
+extraordinaria importancia de la harina. Voy a ser, además, como cierto
+tocador de viola en extremo habilidoso que tocaba en una sola cuerda
+multitud de sonatas. Yo me he apoderado de un barril de harina y de una
+enorme botija llena de aceite, y valiéndome de estas sustancias voy a
+daros, mientras dure nuestra navegación, una fruta de sartén, distinta
+cada día.
+
+Teletusa cumplió su promesa, y sin estropear sus manos, que las tenía
+bonitas y bien cuidadas, amasó y frió de diario los más deliciosos y
+diferentes manjares farináceos que imaginarse pueden. Ya eran buñuelos
+de una clase, ya buñuelos de otra, ya sopaipas, ya empanadillas, ya
+gajarros, ya pestiños, ya hojuelas, ya piñonate.
+
+Aun sobre estas frutas de sartén filosofaba Teletusa con agudeza y con
+gracia exclamando:
+
+--Nadie me quitará de la cabeza, que la materia prima es única, sin que
+sean menester elementos distintos para producir las mil distintas cosas
+que llenan y enriquecen el universo. Cierta fuerza que hay, reside o se
+pone en la materia prima, agita y ordena sus partecillas infinitamente
+sutiles, y de los diversos movimientos y coordinaciones de dichas
+partecillas, que los sabios llaman átomos, resulta la infinita variedad
+de los seres. De fijo la diferencia de ellos está en la forma. Por la
+forma es uno feo y otro bonito, uno triaca y otro veneno, uno soso y
+otro salado, uno amargo y otro dulce, uno huele bien y otro hiede, ¿qué
+no podrá hacer la naturaleza cuando yo flaca mujer, con harina sólo,
+hago cosas tan distintas y de tan diferente sabor sin que sean
+sustancialmente más que harina? Y sin embargo, ¿cuán de otro modo que el
+esponjado buñuelo sabe por ejemplo, el piñonate o la _crocante_
+empanadilla, que con tan grato crujidito se desmorona entre los dientes?
+
+No se limitaba Teletusa a freír masa y a filosofar sobre la fritura. Más
+alegre pasatiempo solía proporcionar casi de diario y particularmente
+cuando el tiempo era muy bueno, a sus dichosos compañeros de navegación.
+Todos formaban corro en torno de ella. Tiburcio tocaba la vihuela o la
+flauta, y Teletusa, repiqueteando las castañuelas bailaba como una
+sílfide.
+
+Teletusa era asimismo egregia cantora, no indigna del siglo y de la
+patria en que la música estaba tan floreciente, merced a Bartolomé Ramos
+de Pareja, a Pedro Ciruelo, a Juan Anchieta, a Juan de la Encina y a
+otros insignes compositores y maestros.
+
+La propia Teletusa, acompañándose con la vihuela, cantaba deliciosos
+villancicos y coplas. Ora cantaba
+
+ Dos ánades madre
+ Que van por aquí.
+
+Ora por lo sentimental y lo tierno, coplas como esta:
+
+ Pues que jamás olvidaro
+ No puede mi corazón
+ Si me falta galardón
+ ¡Ay que mal hice en miraros!
+
+Ora, por último siguiendo el estilo picaresco, aquello de
+
+ Yo me iba, mi madre,
+ Las rosas coger,
+ Hallé mis amores
+ Dentro en el vergel.
+
+Cualquiera pensará que, en medio de tanto deleite, Morsamor estaba
+contento. Mucho distaba, no obstante, de ser así. En cierto modo puede
+bien afirmarse que Morsamor se hallaba cada día más prendado de donna
+Olimpia. El apasionado mirar de sus ojos glaucos le fascinaba; le
+encantaban su discreta conversación y su apacible trato; y de continuo
+prestaba pábulo a la encendida llama de sus afectos la presencia de
+aquella mujer dechado de elegancia y de majestuosa hermosura. Entonces
+se creía ligado a ella para siempre por invencible hechizo. Entonces
+presumía que ella era su bien, que la amaba y que no podía vivir sin
+ella.
+
+En la mente y en el corazón humanos hay un mar tempestuoso de ideas y de
+sentimientos que se combaten. Así eran el corazón y la mente de
+Morsamor. Y cuando no los subyugaba ni los rendía el influjo encantador
+de la aventurera italiana, acudían en tropel a atormentarlos mil amargas
+cavilaciones que le herían y emponzoñaban el alma y sacaban a su rostro
+el color rojo de la vergüenza. ¿Qué héroe de tan ruin condición era él
+cuando tal dama llevaba consigo? Si hubiese robado a doña Sol de
+Quiñones, y a despecho de la Reina y de todo el mundo, la tuviese a
+bordo, el caso, aunque pecaminoso, sería digno de él; pero llevar a
+donna Olimpia, que lo mismo se hubiera ido acaso con otro cualquiera,
+era triunfo tan miserable, que, en vez de lisonjear su amor propio, le
+lastimaba y abatía.
+
+Hasta el indisputable mérito de donna Olimpia, su talento, su belleza y
+la fuerza misteriosa que había en todo su ser para dominar y cautivar a
+cuantos la veían y trataban, si bien complacían a Morsamor cuando
+pensaba que era suyo aquel tesoro, le ofendían más a menudo al
+considerar que su brillo atraía las miradas, la voluntad y la admiración
+de las gentes, y a él le dejaba obscurecido y como eclipsado.
+
+Algunas bromas de Tiburcio, dichas sin duda irreflexivamente y para
+reír, ofendían y herían a Morsamor en lo íntimo de su conciencia y le
+ponían de un humor de todos los diablos. Cuando Morsamor le abría su
+corazón a Tiburcio y le confiaba parte de sus pesares, Tiburcio, con el
+propósito de despojar de gravedad el asunto, le decía burlando:
+
+--En verdad que tiene sus contras el poseer tan gentiles enamoradas y
+tan famosas amigas como la mía y la tuya. Debemos, con todo,
+conformarnos y hasta convertir el inconveniente en estímulo. Voy a
+explicarme mejor. El marido o el amante de una mujer muy bella, sabia o
+ilustre, queda mil veces peor que en la obscuridad si él es un
+cualquiera. En la obscuridad nadie le recordaría ni le nombraría,
+mientras que, en el caso que supongo gozaría, o mejor dicho padecería de
+ridícula e indeleble fama. En todo el mundo sería conocido por su mujer
+o por su amiga y no le llamarían Fulano ni Mengano, sino el de Mengana o
+el de Fulana. No floja contrariedad es esta, pero bien puedes tú
+sobreponerte a la contrariedad, dando razón de quién eres por virtud de
+tus altos hechos, a fin de que seas célebre y ensalzado como Morsamor y
+no meramente conocido y mencionado por amigo de donna Olimpia. Lo propio
+digo de mi persona. Yo quiero hacer de suerte que no me conozcan sólo
+por el amigo de Teletusa, sino que me celebren por mis audaces y
+dichosas empresas como Tiburcio de Simahonda. No he de negarte yo,
+porque quiero ser franco, que nuestro propósito es difícil de realizar.
+Estas dos mujeres (permíteme lo vulgar de la expresión) que nos hemos
+echado a cuestas, son de tal magnitud y valer, que nos abruman con su
+peso. Y es tal el resplandor con que brillan, que ha de costarnos
+muchísimo resplandecer por nuestras acciones por cima del resplandor que
+despiden ellas con sólo manifestarse. No creas tú que Putifar fue un
+personaje insignificante. Yo he leído en antiguas historias y sé de
+buena tinta que se distinguió como hábil capitán, venciendo al Faraón
+del alto Egipto, acérrimo contrario del Faraón pastor a quien él servía,
+y domando en Chipre los filisteos, gente rubia y belicosa que habían
+venido del Norte, que se habían apoderado de aquella isla, y que mucho
+más tarde se repuso, invadió la tierra de Canaan y le dio nuevo nombre,
+aunque hizo en ella grandes estragos. Hay además quien asegura que
+Putifar era muy buen letrado, que poseía casi toda la ciencia de los
+egipcios, y que compuso memorias sobre las inundaciones del Nilo y sobre
+otros puntos no menos importantes. Pero todo esto se ha olvidado y ya
+nadie le recuerda ni le nombra, sino a causa o por culpa de su mujer.
+Sólo se habla de él cuando de ella se habla, llamándola, la mujer de
+Putifar, por donde él es sólo mencionado como marido. Escarmentemos pues
+en cabeza ajena y procuremos que nada semejante nos ocurra.
+
+Este y otros razonamientos por el mismo estilo tenía a Morsamor sobre
+ascuas. Y verdaderamente era poco honroso y nada glorioso ir a la
+conquista de un nombre inmortal en compañía de damas tan desenfadadas y
+alegres, cuyas conquistas era de temer que se realizasen más pronto.
+
+Aunque Morsamor disimulaba su disgusto, que solía rayar a veces en
+repugnancia, donna Olimpia, era muy avisada y no dejó de conocerle; pero
+donna Olimpia era muy soberbia y no se dio por entendida ni formuló la
+menor queja.
+
+
+
+
+-XIII-
+
+
+A bordo toda la tripulación estaba encantada de la bondadosa amenidad de
+donna Olimpia y más aún del regocijo de Teletusa, de sus danzas y
+cantares y hasta de sus frutas de sartén, hechas a veces con tal
+abundancia que había para que todos comieran. Ya hemos visto cómo el
+piloto intimó con Morsamor y formó parte de su corro, y cómo Fray Juan
+se holgaba de estar en él y hasta de reír y charlar con las dos
+aventureras, pues, aunque piadoso, era indulgente, muy conocedor de las
+flaquezas humanas y bastante ejercitado en la virtud de la eutropelia.
+
+Había, no obstante, un personaje que no llevaba bien aquel alboroto,
+sino que estaba escandalizado de la constante huelga, si bien lo
+disimulaba y sufría porque era prudentísimo.
+
+Era este personaje el administrador o comisionista encargado de las
+mercancías y de sus ventas, compras y cambios. Notable por su habilidad
+mercantil y por su experiencia y largas peregrinaciones, poseía además
+el talento de hablar afluentemente la lengua arábiga, lo cual le valía y
+había de valerle para sus tratos y negocios con los mercaderes de
+aquellas regiones.
+
+El tal administrador, holandés o flamenco que en esto no están de
+acuerdo los autores, se llamaba Gastón Vandenpeereboom, nombre y
+apellido en completo desacuerdo con sus prendas personales, como si por
+antífrasis los llevara. En lugar de ser Gastón tenía fama de roñoso y
+por no gastar en nada, no hablaba nunca sino por necesidad o provecho, a
+fin de no gastar saliva. Y su apellido, semejante al resonar del trueno
+o de la artillería, también se concertaba mal con sus lacónicos y
+pausados discursos, pronunciados siempre en voz baja y suave. El señor
+Vandenpeereboom era además tan pequeñuelo y delgado, que parecía un
+duende. Casi no se le oía ni se le veía. Cuando no estaba haciendo
+cuentas estaba rezando sus devociones, por ser muy religioso y devoto.
+Era harto feo de cara, pero en ella, y singularmente en la viveza
+penetrante de sus ojillos, se revelaba su inteligencia y su astucia.
+
+Nadie podía acusarle de que murmurase, pero harto se notaba, a pesar de
+su disimulo, que el señor Vandenpeereboom aguantaba con repugnancia la
+presencia a bordo de las dos aventureras y el jaleo continuo que allí
+armaban. Como quiera que fuese, y sin más novedad ni disgusto, la nave
+de Morsamor llegó al fin al puerto de Melinda.
+
+La ciudad de este nombre era entonces populosa y estaba floreciente y
+rica. Era hijo su rey del que tan cortés y lealmente recibió a Vasco de
+Gama y le proporcionó piloto para llegar a Calecut con menos peligro.
+
+Feridún se llamaba el rey nuevo, joven todavía, gallardo y muy agraciado
+de rostro. Tenía un hermano menor, llamado Rustán, a quien estimaba y
+quería tanto que casi compartía con él su trono. Y no debe extrañarse
+que tuviesen estos príncipes nombres propios de los antiguos persas o
+iranios, porque era más blancos que morenos, y pretendían descender, así
+como la más ilustre nobleza del reino, de gente venida del Irán.
+Asegurábase que la ciudad de Chiraz y el fértil territorio que la rodea
+habían sido la cuna de los antiguos emigrantes. Y asegurábase, por
+último, que estos habían abandonado la madre patria, llegando a la
+remota costa de África y fundando allí una colonia, expulsados por el
+tremendo conquistador Temugín, alias Gengis Khan, emperador de los
+tártaros mongoles.
+
+Causa de la expulsión o más bien de la fuga para sustraerse a una
+tiránica intolerancia, había sido la refinada cultura de aquellos
+persas, y el modo incompleto y libre con que se llamaban mahometanos. La
+antigua religión de la luz increada vivía en sus almas sobrepuesta al
+islamismo. Zoroastro valía para ellos más que Mahoma, como anterior y
+superior en la serie de los profetas. Las tradiciones patrióticas
+sostenían y fomentaban en la mente de ellos la fe en los dogmas del
+_Avesta_ y del _Bundehesch_, libros sagrados que tal vez ya no poseían
+ni conocían. La poesía maravillosa, tan floreciente en el reinado de
+Mahamud de Gazna el Grande, había hecho que resurgiesen aquellas ideas y
+aquellos sentimientos en los espíritus y en los corazones. Dicen las
+historias que aquel rey glorioso tuvo muy regalados y agasajados en su
+corte, para mayor ostentación y brillo, a más de cuatrocientos poetas:
+cosa que aturde y pasma, sobre todo en el día, cuando críticos tan
+juiciosos e ilustrados como Clarín apenas conceden que tengamos en
+España dos y medio. Lo cierto es que entonces se escribieron en Persia
+lindísimos poemas descollando sobre todos el colosal de Firdusi,
+titulado _Libro de los Reyes_. En él renacen y viven idealmente las
+glorias del Irán y sus seculares luchas, en defensa y para difusión de
+la luz, contra los turaníes, propugnadores de las tinieblas. El rey
+Mahamud gustó tanto de la obra de Firdusi que pensó en darle por ella
+todo el oro que pudiese sostener y llevar como carga el más gigantesco y
+poderoso de sus elefantes. No llegó el rey, por malquerencia y chismes
+de sus cortesanos, a premiar tan generosamente al poeta, pero consta que
+le envió a Tus, lugar de su nacimiento, donde él estaba retirado, un
+regalo casi equivalente, si bien fue ya tarde, porque le llevaban a
+enterrar cuando entraron en Tus los que dicho regalo traían.
+
+No fue sólo la epopeya la que pervirtió la ortodoxia muslímica de los
+habitantes de Chiraz y de toda su comarca, sino también los cuentos y
+novelas que después se escribieron, los tratados de filosofía moral
+harto poco severa, y más que nada, la poesía lírica, consagrada a
+ensalzar el vino, los amores y toda clase de deleites. Mal podían
+avenirse con el Corán las sentencias y los versos del _Gulistán_, de
+Sadí y los voluptuosos madrigales de Hafiz que él titulaba _Gacelas_.
+
+Todavía, por último, se corrompieron más las creencias y las costumbres
+con un misticismo que después se puso de moda, merced a muy eminentes
+escritores. Era el tal misticismo todo lo contrario de ascético. En lo
+tocante a indulgencia con pasiones y goces, echaba la zancadilla al de
+nuestro famoso Padre Miguel de Molinos, no siendo menester la
+mortificación y la penitencia para que el alma se uniese con lo
+infinito, sino más bien absolver en ella toda la hermosura, todo el
+deleite y todo el bien de las cosas creadas. El libro titulado _El habla
+de los pájaros_, fue precursor de esta doctrina. Y quien más la propagó
+e ilustró luego fue el admirable poeta y filósofo Chelaledín Rumí, autor
+del poema _Mesnewi_. Así se fundó una secta herética muy dada al
+sibaritismo y una a modo de orden religiosa de derviches, inclinadísimos
+a todo linaje de diversiones, músicas y danzas.
+
+Tales sectarios fugitivos fueron los fundadores de la colonia de
+Melinda, donde se habían dado tan buena maña que habían atraído millares
+y millares de negros, formando un reino importante del que dichos negros
+constituían la numerosa plebe.
+
+Cuando Vasco de Gama aportó allí veinte y tres años antes, el rey
+melindeño, que era muy pacífico, le recibió leal y amistosamente. El
+héroe portugués, ya por sí mismo, ya por medio de su alférez Nicolás
+Coello, había acrecentado tan buenas disposiciones, ponderando la
+grandeza y el poderío de Portugal y de su monarca. Gama y Coello
+trataron de hacer creer a los de Melinda que España era la cabeza de
+Europa y Portugal la cumbre de la cabeza; que el rey portugués era el
+primero de los reyes y que el mismo nombre de Dios era su nombre; que
+con su innumerable caballería imponía respeto y subyugaba a las demás
+naciones; que sus naves, bien artilladas, recorrían el mar a centenares;
+y que las rentas y tributos, que le rendían sus vasallos y los pueblos
+vencidos, eran tan abundantes, que, después de pagados todos los gastos,
+dejaban cada luna un sobrante de doscientos mil cruzados lo menos.
+
+No se sabe hasta qué punto creerían los melindeños tan enormes
+exageraciones; pero, como vieron después que los portugueses enviaron al
+mar de la India poderosas flotas, que eran valientes y terribles, que
+conquistaron muchos puertos y ciudades, que asolaron no pocas provincias
+y que iban enseñoreándose de todo, acabaron por creer lo que al
+principio les habían dicho; a formar de Portugal el más elevado
+concepto, y a considerar como la mejor política la conservación y el
+acrecentamiento de la amistad portuguesa.
+
+Esta era la opinión que prevalecía entre los de Melinda cuando la nave
+de Morsamor entró en su puerto.
+
+
+
+
+-XIV-
+
+
+No bien saltaron en tierra algunas personas de a bordo, visitaron la
+ciudad y hablaron con sus mercaderes y con otros de sus habitantes,
+entre los cuales no faltaba ya quien chapurrease el portugués o el
+italiano, corrió por todas partes la voz de que mandaba la nave recién
+llegada un señor de mucho fuste y campanillas, cuyo nombre era Miguel de
+Zuheros. Se difundió también que venían en la nave dos princesas de lo
+más encopetado de Europa, que iban viajando para su instrucción y
+recreo.
+
+Hubo no pocos curiosos y desocupados que fueron a visitar la nave, donde
+Morsamor los recibió con franca cordialidad y agasajo. Y como allí
+viesen a donna Olimpia y a Teletusa, se maravillaron y embelesaron,
+dándose a propalar entre sus compatricios que en la nave europea había,
+no dos mujeres bonitas, sino dos _péris_ o dos huríes. Donna Olimpia fue
+la que más agradó y sorprendió por su porte majestuoso, y más aún por la
+nítida blancura de su tez y por el áureo fulgor de sus cabellos rubios,
+prendas muy raras en aquella tierra. Así es que la consideraron y
+ponderaron como si fuese criatura sobrehumana y hasta la propia
+Parabanú, emperatriz de las hadas.
+
+Cuando todos estos rumores llegaron a los oídos del rey y de su hermano,
+ambos anhelaron obsequiar a Morsamor, ver a las dos hermosas princesas y
+mostrar a él y a ellas el esplendor de la capital de su reino y la
+fértil amenidad de los huertos y cármenes que a imitación y en
+competencia de Chiraz había en su ruedo y en ambas orillas del Sabaki,
+que desemboca en la mar a corta distancia.
+
+Pronto se concertó y dispuso una fiesta y jira campestre a la que
+Morsamor, Tiburcio, el piloto, Fray Juan de Santarén, las dos princesas
+y el señor Vandenpeereboom fueron convidados.
+
+En bateles del país, empavesados con vistosos gallardetes y flámulas
+multicolores, y defendidos de los ardores del sol por elegantes toldos,
+los convidados fueron a tierra, donde había para las damas dos soberbios
+palanquines llevados por robustos negros; para Morsamor y Tiburcio,
+hermosos caballos árabes ricamente enjaezados; y para el piloto, el
+comisionista y el fraile, sendos pollinos tordos y lustrosos, con
+primorosas albardas, de las que pendían caireles y flecos de seda y con
+las cabezadas y jáquimas de seda también, alegrando los oídos el sonar
+de los cascabeles de plata que había en los pretales, y alegrando la
+vista los relucientes y airosos penachos que descollaban muy por cima de
+las largas y puntiagudas orejas.
+
+Debemos advertir aquí que en Oriente no es el asno, como en nuestros
+países, animal plebeyo y vilipendiado, sino que, por el contrario, goza
+de notable crédito y suele servir de cabalgadura a las personas graves,
+constituidas en dignidad y que conviene que caminen con reposo y pausada
+prosopopeya.
+
+Con muy brillante acompañamiento el rey y su hermano llegaron a recibir
+a sus huéspedes en una gran plaza que estaba cerca del muelle. Varios
+ulemas, magos y astrólogos del Real Consejo privado, venían también en
+burros; monteros y cazadores, de a pie y de a caballo, traían la jauría
+de podencos y lebreles; doce diestros cazadores de altanería, todos a
+caballo, llevaban en el antebrazo izquierdo, asidos a la lúa de becerro
+con las acicaladas garras, ya poderosos neblíes, traídos a mucha costa
+de las montañas de Elburz o de Mazenderán a orillas de mar Caspio, ya
+ágiles alfaneques africanos, retenidos por la pihuela para que no
+echasen a volar, y todos con sus capirotes de grana y con sutiles
+cascabelillos de oro en las nervudas patas.
+
+El rey se presentó en un lujoso carro, tirado por cuatro caballos
+blancos y conducido por su propio hermano Rustán, que se ufanaba de ser
+hábil auriga. Se parecían también en el carro un venerable escudero, que
+sostenía el quitasol de raso amarillo, bordado de oro, dando sombra al
+rey y siendo símbolo e insignia de su poder soberano; y dos pajecillos,
+muy graciosos y compuestos, que oseaban las moscas y movían y
+refrescaban el aire que circundaba a la persona regia, agitando grandes
+abanicos, uno de pintadas plumas de pavo real, y otro de plumas de
+avestruz blancas como la leche.
+
+El rey y su hermano recibieron y saludaron a las damas, a Morsamor y a
+los suyos con gran cortesía y finura, y después de recorrer las
+principales calles de la ciudad y de mostrarles las más interesantes
+curiosidades, los llevaron al campo, donde los cazadores y las bien
+industriadas aves de rapiña lucieron su destreza en la cetrería, arte
+cultivadísimo en Persia desde los tiempos primitivos de Jemshyd,
+fundador del primer imperio.
+
+Todos fueron luego a un parque o coto muy extenso que poseía el rey en
+la margen del río, y donde había mucha caza, especialmente de ciervos.
+Espantados y perseguidos por los ojeadores, los ciervos pasaron en
+manadas por muy cerca de las paranzas donde el rey y los que le
+acompañaban se habían puesto a aguardarlos. Así hicieron en ellos no
+pequeña carnicería, lanzándoles flechas, venablos y azagayas.
+
+El rey Feridún obsequió por último a sus convidados y a los individuos
+de su servidumbre con una exquisita merienda, en la que el guiso que más
+agradó fue uno de ánades silvestres en arroz blanco, condimentado con la
+picante salsa llamada _curry_. Los almíbares de azahar y de rosas fueron
+también muy celebrados. Y los señores principales consumieron en
+abundancia el famoso vino de Chiraz a pesar de Mahoma, mientras que la
+gente menuda se regaló con _arrack_, bebida fermentada de la India,
+harto menos costosa.
+
+Las dos damas fueron muy admiradas y requebradas, rayando en frenesí el
+entusiasmo que excitaron, sobre todo hacia el fin de la merienda.
+
+El rey, el príncipe, su hermano, los ulemas y los astrólogos, todos en
+suma, apenas se atrevieron a dirigirles la palabra en prosa, sino que
+les echaron a porfía mil piropos, ya en versos persas, ya en versos
+arábigos, que los señores Vandenpeereboom y Tiburcio se encargaban de
+traducir. Porque según la costumbre de aquella tierra casi hubiera sido
+desacato o irreverencia hablar en prosa a señoras tan bellas y de tan
+alta guisa. Por fortuna no era difícil a las personas elegantes de por
+allí hablar siempre en verso, porque la menos instruida de todas ellas
+sabia de memoria millares de _kasidas_ y de _gacelas_, apropósito para
+todos los casos, y que podían ensartarse unas en otras, como las perlas
+en un hilo, por medio de la prosa rimada.
+
+En resolución, los viajeros se divirtieron mucho aquel día y todos
+volvieron a bordo muy lisonjeados y satisfechos.
+
+
+
+
+-XV-
+
+
+Después de la jira campestre y contrariando los planes de Morsamor, su
+nave permaneció aún en el puerto de Melinda una semana entera. La carga
+y descarga de artículos de comercio y los tratos y contratos que tuvo
+que hacer el señor Gastón Vandenpeereboom fueron la causa de tales
+estadías.
+
+Llegó al fin el momento de continuar el viaje. Era una hermosa tarde de
+otoño, víspera de la salida. Morsamor, Tiburcio, las damas y toda la
+tripulación estaban a bordo.
+
+Una almadía, conduciendo gente muy bulliciosa y regocijada, se acercó al
+costado de la nave. Uno de los de la almadía pidió permiso para que
+visitasen la nave él y sus compañeros.
+
+Componían estos una tropa o cofradía de los derviches místicos,
+apellidados _mevlevies_, de que fue fundador y patriarca el ya citado
+celebérrimo Chelaledín-Rumí, egregio poeta entre los orientales y
+melodioso _ruiseñor de la vida contemplativa_.
+
+Miguel de Zuheros no estaba de muy buen humor y repugnaba recibir a los
+derviches; pero donna Olimpia y Teletusa, que habían oído hablar de sus
+extravagantes y vertiginosos bailes y del extraño método que empleaban
+para llenarse de furor divino y entrar en la vía unitiva, intercedieron
+por ellos y consiguieron que subiesen sobre cubierta. Hasta veinte
+serían los de aquella tropa, todos vestidos de flotantes y ligeros
+paños, todos contentos y satisfechos como quien priva con la divinidad y
+de los demás seres del mundo no se le importa un prisco.
+
+Al son de una música muy rara entonaron los derviches algunas de las más
+bellas canciones panteísticas de su fundador. Luego tejieron la más
+arrebatada y frenética danza que puede imaginarse. Y, por último, cuatro
+de los derviches, trompeteros de resuello pujante, hicieron resonar las
+_kernas_ de que venían provistos. La danza se precipitó entonces con
+rapidez sobrehumana. Verlos bailar causaba mareo.
+
+Aquel espectáculo asustaba más que divertía, pero tenía tan invencible
+atractivo que todas las miradas quedaban fijas en los derviches sin
+poder apartarse de ellos.
+
+Atronador era el sonido de las _kernas_, trompetas enormes de más de dos
+metros de longitud, en figura de serpientes y enroscadas en giro
+tortuoso.
+
+--Nadie me quitará de la cabeza--dijo Tiburcio a donna Olimpia, que
+estaba a su lado--que si bien la música, como todas las demás artes, ha
+adelantado mucho en estos últimos tiempos, todavía hay en ella secretos
+misteriosos, descubiertos en las edades primitivas y conservados
+ocultamente en los santuarios y en los colegios sacerdotales. Al oír
+estas trompetas se entrevé y se adivina la relación, conocida en lo
+antiguo y desconocida hoy, entre la música y la arquitectura. Al oír
+estas trompetas no parece del todo ponderación, encarecimiento o
+milagro, lo que se cuenta de Anfión erigiendo al son de la música las
+murallas de Tebas, y lo que se cuenta de Josué derribando las murallas
+de Jericó a trompetazos. Tal vez la música del porvenir llegue en
+Europa, dentro de cuatro siglos o antes a tener eficacia parecida, mas
+por ahora distamos mucho de ello.
+
+Donna Olimpia estaba tan absorta oyendo el trompeteo y contemplando la
+danza, que no contestó palabra alguna.
+
+La observación de Tiburcio era, sin embargo, muy atinada aunque
+incompleta.
+
+Sin duda aquella música profunda y sabiamente bárbara no estaba sólo en
+relación con la arquitectura, no era sólo una fuerza motriz material,
+sino que era asimismo un pasmoso vehículo de la fuerza psíquica,
+trasmitiendo con el aliento vital por el retorcido tubo de bronce el
+deseo imperioso del espíritu. Esto que recientemente han inventado los
+hombres y han apellidado magnetismo animal no es más que un leve e
+imperfecto atisbo y un ensayo rudo y embrionario, digámoslo así, del
+empleo de la fuerza psíquica, que en los venideros tiempos ha de
+conocerse mejor y ejercitarse con gran fruto.
+
+Como quiera que ello sea, lo cierto es que aquellos trompeteros o
+sonadores de _kerna_ podían ya, por virtud de la ciencia oculta
+custodiada en Oriente, emplear la fuerza del alma y producir el letargo
+magnético en quien se les antojaba.
+
+No nos maravillemos pues, de que Morsamor, que también veía la danza y
+escuchaba el trompeteo, viniese a caer en hondísimo letargo. No hubo
+modo de despertarle, y permaneció traspuesto cerca de veinticuatro
+horas.
+
+Cuando Morsamor volvió a su acuerdo, la nave estaba en alta mar, lejos
+de Melinda, y navegando con viento favorable hacia las distantes playas
+de Malabar.
+
+Cuán extraordinaria sorpresa y cuán tremenda cólera no serían las de
+Morsamor no bien supo que donna Olimpia y Teletusa, así como sus
+escuderos Asmodeo y Belcebú, habían desaparecido, sin que se hallasen en
+la nave por más que los habían buscado.
+
+Sin duda, en la tremolina y rebullicio que se armó cuando Miguel de
+Zuheros cayó en su hondo letargo, las dos damas y los dos escuderos
+hubieron de escabullirse yéndose con los derviches.
+
+Las órdenes de levar anclas y darse a la vela al amanecer habían sido
+tan terminantes que, a pesar de lo ocurrido, el piloto no quiso
+desobedecerlas. El letargo de Morsamor podía por otra parte terminar en
+muerte, y lo más seguro era salir para la India, por no considerarse
+nadie a bordo con poder bastante para desembarcar y tomar venganza de
+aquel desaguisado, en la suposición de que los derviches o algunas otras
+personas tuviesen la culpa de todo.
+
+Interrogado por Morsamor, Tiburcio le dijo:
+
+--De tu letargo, no sé qué pensar. Yo creo que le produjeron las
+trompetas mágicas, pero tal vez la intención de los derviches no fue en
+tu daño. Y por lo tocante a donna Olimpia y a Teletusa nada tenemos que
+reclamar. No ha habido rapto. Ni la violencia ni la astucia han sido
+parte en su fuga. Ellas nos han abandonado en el pleno uso y ejercicio
+del libre albedrío. De nadie, pues, ni de ellas mismas, podemos
+quejarnos. Lee esta carta que me dejó escrita Teletusa antes de partir.
+
+Morsamor tomó la carta y leyó lo que sigue:
+
+«Mi adorado Tiburcio: La fatalidad lo quiere y lo dispone y es menester
+someterse a ella. En las entretelas de mi corazón llevo yo pintada tu
+imagen con preciosos y vivos colores que nunca han de desteñirse. Estoy
+convencida de que no volveré a hallar jamás hombre tan guapo como tú y
+que me pete tanto, aunque, como el Infante don Pedro de Portugal,
+recorra yo en su busca las siete partidas del mundo. Y, sin embargo,
+tengo que abandonarte. Donna Olimpia lo quiere. Seguirla es para mí
+deber ineludible. Si ella abandona a Morsamor es porque conoce que, si
+bien Morsamor la quiere, Morsamor tiene vergüenza de llevarla en su
+compañía. Harto ha notado ella que cuando Morsamor no está bajo el
+hechizo de su mirada y recobra la calma y el juicio que le roba la
+embriaguez del deleite amoroso, ella, si no es objeto de repugnancia
+para Morsamor, es considerada por él como un estorbo y como un
+escándalo. No queremos estorbar ni escandalizar y por eso nos quedamos
+en Melinda. Hemos celebrado un contrato con el Rey Feridún y con el
+príncipe Rustán, los cuales, bajo palabra de honor, corroborada por
+solemnes juramentos, nos dejan en completa libertad de largarnos donde
+se nos antoje, si dentro de seis meses nos hartamos de ser el adorno y
+el esplendor de su corte. Donna Olimpia ha querido que nuestra
+separación sea súbita y por sorpresa para ahorrarnos a todos el trance
+desgarrador de la despedida. Ella desea que Morsamor alcance grandes
+victorias, triunfos y laureles en la India; entiende que para esto
+perjudicaría a Morsamor si le siguiese y por eso le deja. Si él por un
+lado, ella también separadamente por otro, puede vencer y triunfar sola.
+El continuar juntos, dice ella, sería causa de debilidad y a todos nos
+dañaría. Ella sola tiene también colosales proyectos. Quiere visitar la
+Meca, el reino del Preste Juan, el Egipto, la Tierra Santa y qué sé yo
+cuántas otras regiones. Por Dios no tengáis pesadumbre de que nos
+separemos de vosotros. La pesadumbre de Morsamor sólo podría nacer, si
+la tuviese, de su vanidad ofendida. En el fondo de su alma debe
+alegrarse y de fijo se alegrará de verse libre de nosotras. Lo que es tú
+bien sé yo que me quieres un poquito y que sentirás algo mi ausencia. No
+me olvides. Guarda de mí tan dulce recuerdo como el que yo de ti guardo.
+¿Quién sabe? Ya nos volveremos a encontrar algún día. Entre tanto, quede
+yo en tu memoria tan gentil y enamorada, como tú en la mía quedas, y ten
+por cierto que nunca dejará de amarte tu _Teletusa_».
+
+Leída esta carta, Tiburcio entregó a Morsamor otra que donna Olimpia
+había dejado escrita para él. Era esta carta tan elocuente y tan sentida
+que no me atrevo a recomponerla aquí, pues no teniéndola a mano tal como
+se escribió la falsearía yo y la echaría a perder, recomponiéndola y
+ofreciéndola a mis lectores. Baste, pues, que sepan que donna Olimpia se
+despedía de Morsamor con inmensa ternura, y tratando de justificar la
+separación por ineludible.
+
+Morsamor sintió muy mortificado su amor propio, pero en el fondo de su
+alma tuvo que dar la razón a donna Olimpia, y no halló motivo para
+quejarse de ella ni de nadie. Sospechó, con todo que el mediador que
+había habido entre Feridún y Rustán y las dos aventureras no podía haber
+sido otro que el Sr. Gastón Vandenpeereboom, pero disimiló su enojo por
+vergüenza y no quiso vengarse, al menos por lo pronto.
+
+
+
+
+-XVI-
+
+
+El piloto Lorenzo Fréitas dirigió la nave con habilidad pasmosa,
+aprovechando la monzón favorable del sud-oeste, y, con mayor rapidez que
+la ordinaria, cruzó el Mar de la India hasta hallarse ya, según sus
+cálculos, a cuatro o cinco días de distancia del puerto de Goa. Allí
+estaba sin duda el virrey Don Duarte de Meneses, a quien Morsamor quería
+presentarse, poniéndose a sus órdenes, aunque hubiera preferido que esto
+fuera llevándole algún presente y después de haber dado cima a empresas
+de importancia y de lucimiento.
+
+Para tratar sobre este punto, Morsamor llamó a consejo una mañana al
+piloto Fréitas, al administrador Vandenpeereboom y hasta a Fray Juan de
+Santarén y al amigo Tiburcio, con cuyos pareceres quería asesorarse.
+
+Por noticias que en Sofala y en Melinda le habían llegado, Morsamor
+sabía que los negocios de Portugal en la India andaban harto revueltos.
+Y aunque presentaban mayor peligro que de ordinario, podían también dar
+ocasión a grandes triunfos si la destreza y el brio eran secundados por
+la fortuna. Tiempo hacía ya que el soldán del Cairo no construía
+auxiliado para ello por los venecianos a toda costa en Berenice, puerto
+del Mar Rojo, naves con que salir a combatir a los portugueses en el
+Golfo de Omán y en lo más ancho del Eritreo, pero habían corrido rumores
+de que el régulo de Ormuz se había rebelado, sacudiendo la pleitesía y
+negando el tributo que antes pagaba. Asegurábase además, que el gran
+turco, a quien arrebataban los portugueses en la India el fructuoso
+comercio que hubiera acrecentado y hecho incontrastable su poder, había
+alentado, por medio de emisarios secretos, y tal vez con promesas de
+auxilio, a varios rajaes o príncipes soberanos indostaníes, mahometanos
+unos y gentiles otros, para que contra Portugal se ligasen y armasen.
+Alma de esta liga era un marino audaz y experto, llamado Aga Mahamud, el
+cual tenía gran crédito y alto nombre, y había llegado a reunir bajo su
+mando una poderosa flota de más de cincuenta ligeras y bien artilladas
+fustas, sin contar varias galeras, almadías, _zambucos_ y otros pequeños
+bajeles, cuyos tripulantes, aunque de diversas razas, lenguas y
+creencias, eran todos gente desalmada y fiera, avezada a la mar, sufrida
+en los trabajos y despreciadora de los peligros.
+
+No lejos de Diu, florecía entonces, en el fondo de un estero y a orillas
+de un río caudaloso, la ciudad de Chaul, emporio del comercio que, para
+sustraerse al poder marítimo de Portugal, hacían entonces con la India,
+por tierra, Persia y Arabia. Chaul era singularmente famosa como mercado
+de caballos, y allí iban a surtirse los grandes señores y príncipes
+indianos para remontar su caballería.
+
+Los portugueses habían obtenido del príncipe de Chaul el permiso de
+erigir una gran fortaleza no lejos de la ciudad y al borde del estero,
+adquiriendo así la llave y el dominio de emporio tan importante.
+
+La fortaleza había empezado a construirse, pero Aga Mahamud había
+acudido a estorbarlo con sus fustas, y se decía que se habían dado ya
+algunos combates en que no siempre los portugueses salieron bien
+librados.
+
+Peligroso era ir allí con una nave sola exponiéndose a un encuentro con
+fuerzas superiores enemigas, pero Morsamor, deseoso de señalarse por
+actos heroicos, propuso a sus compañeros de navegación y de armas
+dirigir el rumbo hacia Chaul y acudir en auxilio de la flota portuguesa
+que defendía allí la construcción del castillo y que tal vez en aquellos
+momentos estaba sitiada y vigorosamente combatida. Posible era sucumbir
+allí con gloria, pero si por dicha se vencía, Morsamor gozaba en
+imaginar la brillantez y la pompa de su entrada en Goa ya victorioso y
+llevando de presente a Don Duarte treinta o cuarenta caballos árabes y
+persas rápidos en la carrera, de pura sangre y de hermosísima estampa.
+
+Habló Morsamor con tanto fuego que logró penetrar y encender con él los
+corazones de su pequeño auditorio. El mismo Fray Juan de Santarén hubo
+de entusiasmarse y dijo que, dejando por lo pronto los medios de
+persuasión, hasta que aprendiese él con facilidad alguna de las lenguas
+que por allí se hablaban, empuñaría un arcabuz y transmitiría así sus
+creencias a los infieles por medio de terribles lenguas de fuego.
+
+Había recelado Morsamor hallar oposición en el señor Vandenpeereboom,
+pero se llevó agradable chasco. El señor Vandenpeereboom siempre con la
+fría suavidad y con la lentitud de sus palabras, dijo de esta suerte,
+cuando le llegó el turno de hablar:
+
+--En los peligros grandes el temor es casi siempre mayor que el peligro.
+Mucho aventuramos, pero, ¿quién sabe? Acaso salgamos bien de la empresa,
+y harto se comprende el provecho y la gloria que de ello nos
+resultarían. Si somos vencidos, si las fustas de Aga Mahamud echan a
+pique nuestra nave ¿qué le hemos de hacer? Morir tenemos, como dicen los
+cartujos, y lo mismo es hoy que mañana. Yo aquí, como apoderado
+comercial de los señores Adorno y Salvago, sólo debo mirar por sus
+intereses. Y para disipar escrúpulos diré que aunque esta nave se hunda
+en la mar con toda la riqueza que contiene, si se hunde con gloria y con
+la conveniente y debida resonancia, los señores Adorno y Salvago saldrán
+ganando y no perdiendo. Esto lo calculamos muy bien antes de zarpar de
+Lisboa y por eso se dio el mando militar de la nave a tan atrevido
+sujeto como el señor Miguel de Zuheros que está presente. Si a nosotros
+nos hacen trizas y si descendemos al fondo del mar a que los peces nos
+devoren, los señores Adorno y Salvago se afligirán o supondrán que se
+afligen, pero ya tienen echadas sus cuentas y hechos sus cálculos y
+sabrán poner alto precio a nuestro heroísmo, impetrando de Su Alteza
+Fidelísima honores, mercedes y privilegios muy provechosos. Con que haga
+el señor Miguel de Zuheros lo que mejor le convenga, y atrévase a todo,
+que por nosotros no ha de quedar.
+
+En vista de tan unánime concordancia de pareceres, Morsamor dispuso que
+se navegase hacia Chaul, y así lo hizo Fréitas, con todo el cauteloso
+esmero que convenía para esquivar el encuentro de superiores fuerzas
+contrarias y para acudir en la más oportuna sazón a dar a los amigos
+inesperado socorro.
+
+
+
+
+-XVII-
+
+
+Al amanecer de un día del mes de Septiembre, la nave de Morsamor se
+hallaba a la vista de Chaul, muy cerca de la costa. Densísima niebla
+quitaba su transparencia al aire y extendida sobre la superficie del
+mar, ofuscaba la vista.
+
+Morsamor y los suyos creyeron oír frecuentes estampidos como de disparos
+de bombardas, y hasta imaginaron columbrar el resplandor siniestro que a
+los estampidos precedía. Sin temor, no obstante, aunque sí con
+extraordinarias precauciones, se fueron acercando hacia donde sonaban
+los disparos. No soplaba el viento muy en su favor, pero el piloto
+Fréitas y sus ágiles marineros le dominaban y aprovechaban con diestras
+maniobras.
+
+A pesar de la niebla, descubrieron de repente un esquife que se recataba
+de ellos y procuraba huir. Echaron entonces al agua el de la nave, en el
+que izaron la bandera portuguesa, y a todo remo dieron caza y alcanzaron
+al que huía. Los que le tripulaban, no bien distinguieron la bandera de
+Portugal, trocaron su recelo en alegría y se pusieron al habla con los
+de la nave. Pronto el que mandaba el esquife fugitivo subió a bordo de
+la nave y llegó a la presencia de Morsamor. Interrogado por él el del
+esquife fugitivo habló de este modo:
+
+--Yo, que me llamo Antonio Vaz, y los que vienen conmigo, formábamos
+parte de la tripulación de la galera que mandaba Diego Fernández y que
+había ido a ponerse a la entrada del estero para impedir que las fustas
+de Aga Mahamud penetrasen en él y fuesen a combatir la fortaleza, ya
+desde el agua, disparando bombardas, arcabuces y flechas, ya
+desembarcando gente a fin de tomarla por asalto, con el auxilio de los
+hombres de armas que Hamet, gran enemigo de los portugueses y dominador
+hoy en Chaul, ha enviado contra nosotros. Atacada nuestra galera por
+cinco fustas de Aga Mahamud había perdido mucha gente. Apenas quedaba
+esperanza de salvación. La chusma de forzados, moros y gentiles, que
+estaba al remo empezó a rebelarse, gritando en su lengua a los de las
+fustas que se acercasen sin temor, que ya poca resistencia hallarían y
+que ellos procurarían ayudarlos y salvarse. Entendió el capitán Diego
+Fernández las palabras y el traidor propósito de los forzados y cayendo
+sobre ellos, porque el cómitre había muerto atravesado por una flecha,
+mató con su espada a cinco de los más rebeldes y furiosos. Por desgracia
+una gruesa bala de bombarda vino a chocar contra el hierro del ancla que
+estaba allí cerca suspendida, y saltando de rebote, dio tan tremendo
+golpe en la armadura de acero de Diego Fernández que se la hizo pedazos,
+hundiéndole en el pecho algunos de sus punzantes y afilados picos. Diego
+Fernández perdió la vida en el acto. A reemplazarle en el mando acudió
+oportunamente don Jorge de Meneses. Con él habían venido de refresco
+cerca de cuarenta soldados que estaban antes en otro navío. Para que no
+desmayasen y se acobardasen a la vista del capitán muerto, don Jorge nos
+mandó que le envolviésemos en la manta de un forzado y que le
+escondiésemos en el fondo del buque. Así lo hicimos al punto. La
+fortaleza entre tanto nos pareció asaltada por la gente de la ciudad que
+Hamet había enviado contra ella. Quiso entonces don Jorge dar a la
+fortaleza algún auxilio, me consideró más capaz que nadie para tan
+arriesgada empresa, recibí sus órdenes y lancé al agua el esquife en que
+me habéis visto venir. Dos fustes y algunos pequeños bateles de Aga
+Mahamud me cerraron el paso y me impidieron saltar en tierra. No pude
+tampoco volver a la galera, porque se interpusieron persiguiéndome. De
+ellos venía huyendo cuando me habéis encontrado.
+
+Oída esta relación de Antonio Vaz, Morsamor le animó y le tomó por guía
+para que le llevase hacia donde estaban las dos fustas y los pequeños
+bateles que le habían perseguido.
+
+Con gran rapidez, en silencio, arriada la bandera, y hasta cierto punto
+oculta por la neblina, la nave de Morsamor cayó de repente sobre las dos
+fustas, que se habían apartado del grueso de la flota persiguiendo al
+pequeño esquife, y echó a pique una de ellas con certeros tiros de su
+artillería, que dirigía Tiburcio con tino verdaderamente diabólico.
+Pasmados los de la otra fusta y aterrorizados del imprevisto ataque, no
+acertaron a huir ni a poner resistencia. La nave se acercó a la fusta y
+la gente de Morsamor la entró al abordaje, pasando a cuchillo a cuantos
+había en ella. Tiburcio tomó entonces el mando de la fusta apresada.
+
+Morsamor y Tiburcio se apresuraron luego a llegar donde combatían la
+galera de don Jorge y el grueso de la flota portuguesa contra las fustas
+de Aga Mahamud, en las cuales hizo Morsamor tremendo estrago con la
+artillería y arcabucería de su nave, cooperando eficazmente a la
+victoria una audaz estratagema de Tiburcio, porque desordenó las fustas
+de Aga Mahamud penetrando en sus filas como si su fusta fuese aún una de
+ellas y no hubiese pasado a poder del enemigo.
+
+En suma, las fustas de Aga Mahamud tuvieren que retirarse todas con
+grandísima pérdida y quebranto, y don Jorge, a hora de medio día hizo
+resonar las trompetas y clarines en señal de victoria, si bien no se
+resolvió a perseguir la armada de los infieles.
+
+La situación en que estaba la fortaleza le atraía antes que todo. Era
+menester libertarla de los sitiadores que Hamet había mandado contra
+ella. Y como ya no había que hacer cara a las fustas de Aga Mahamud, los
+más aptos y valerosos de los hombres que tripulaban la flota portuguesa
+desembarcaron no lejos del castillo, que sólo defendían sesenta hombres,
+los cuales, de acuerdo con los desembarcados, a quienes desde las
+almenas y saetías vieron llegar, hicieron a tiempo una salida muy
+vigorosa, cayendo sobre los sitiadores a quienes los desembarcados
+atacaron por el flanco y por la espalda. Al frente de una tropa de más
+de cuarenta, entre los que se distinguían Tiburcio dando cuchilladas y
+Fray Juan de Santarén animando a los combatientes con oraciones
+fervorosas, Morsamor hizo atroz carnicería en los musulmanes y gentiles
+de Chaul, que pronto abandonaron el campo y huyeron despavoridos
+refugiándose en la ciudad.
+
+Para aterrar a Hamet y a los que en la ciudad le obedecían, don Jorge de
+Meneses les envió un presente horrible: cincuenta cabezas de los que
+habían muerto atacando la fortaleza y rechazados por él. Amilanado Hamet
+y temiendo el incendio y saco de la ciudad y muertes innumerables si era
+entrada por asalto, pidió la paz, capituló, y dejó entrar a los
+portugueses que de la ciudad se enseñorearon.
+
+Morsamor, cuyo inesperado auxilio había sido parte tan principal en la
+victoria, gozó del triunfo a par de don Jorge, siendo vitoreado y
+ensalzado por los de la hueste.
+
+El contento de los vencedores llegó a su colmo cuando pudieron
+apoderarse, como tributo, de parte de las riquezas allí reunidas y
+repartírselas entre todos. Morsamor, persistiendo en su propósito, no
+dejó de tomar veinte hermosos caballos ricamente enjaezados, para
+llevárselos de presente a don Duarte, cuando se presentase ante él en
+Goa, como pensaba hacerlo, con la noticia de aquel triunfo.
+
+
+
+
+-XVIII-
+
+
+Pronto llegó al puerto de Goa la nave de Morsamor: este y Tiburcio, muy
+orondos y satisfechos de la gloria militar que habían adquirido; el
+piloto Fréitas no menos pagado del aumento de su crédito como hábil
+navegante, y contento el señor Vandenpeereboom de las compras y ventas
+que iba haciendo y que pensaba hacer, aprovechándose de los triunfos y
+sin perder las buenas ocasiones.
+
+Don Duarte de Meneses recibió con grande aprecio al aventurero
+castellano que tan bien le había servido y aceptó gustoso el rico
+obsequio de los veinte hermosos caballos.
+
+Por aquellos días todo era júbilo en Goa, porque de Ormuz llegaron
+también muy buenas nuevas. Amedrentado el rey rebelde, había entrado en
+tratos con los portugueses para entregarles la plaza, pero su visir, que
+era un _rumí_, o griego renegado, se puso de acuerdo con la princesa
+hija del monarca que había reinado allí en tiempo del grande
+Albuquerque. El _rumí_ la tomó por mujer o por amiga y movido por la
+ambición y excitado por la princesa, asesinó al rey y se apoderó en
+lugar suyo de aquellos Estados. Los portugueses entonces lucharon contra
+el usurpador, lograron vencerle y entraron en Ormuz a saco, apoderándose
+de un botín espléndido.
+
+Poco después de llegar a Goa la nueva de la victoria de Chaul, llegó
+también la nueva de esta victoria.
+
+Goa resplandecía entonces en su mayor auge como centro y capital del
+imperio lusitano en Oriente; imperio que se extendía desde Sofala a
+Malaca, por todas las costas del Océano Índico y del Golfo de Bengala, y
+dilatándose además por muchas islas del mar del Sur, como Ceilán,
+Sumatra, Java y las Molucas, donde el rey de Portugal había levantado
+fortalezas e imponía tributos.
+
+A Goa acudían agentes o enviados de muchos soberanos a negociar alianzas
+y a mendigar el favor y el auxilio del virrey. Los rajaes de Cambaya y
+de Narsinga, el samori, los príncipes y sultanes de Aracan, de Bengala y
+del Pegu, y hasta el propio shah de Persia, anhelaban la amistad de los
+portugueses, les enviaban presentes o les rendían parias.
+
+Los portugueses, sin embargo, no penetraban por punto alguno en lo
+interior de las tierras y sólo de la mar eran señores. Carecían de
+fuerzas suficientes para hacer incursiones y conquistas en lo interior
+de aquellos dilatados países, que seguían para ellos, no sólo
+independentes, sino casi desconocidos. Los príncipes y señores
+orientales, cuando la victoria encumbraba a los portugueses, se
+postraban ante ellos y se les sometían medrosos; pero la sumisión era
+insegura y falsa. De aquí que el imperio portugués en la India fuese más
+brillante que sólido. Era como árbol frondoso, rico en flores y frutos,
+cuyas raíces no penetraban hondo en la tierra y que el ímpetu de los
+vientos podía sacar fácilmente de cuajo. Era como la estatua simbólica,
+que Nabucodonosor vio en sueños, con la cabeza de oro y los pies de
+barro y que una piedrecilla, que de improviso rodó de la montaña,
+desmenuzó y redujo a polvo.
+
+Morsamor aplicaba a veces al imperio portugués la visión de este sueño y
+algo de la interpretación que el profeta Daniel le había dado.
+
+Los portugueses, con terrible heroísmo, habían hecho y seguían haciendo
+_más de lo que prometía fuerza humana_. Espléndidas páginas habían de
+dar aún para su historia virreyes tan ilustres como don Juan de Castro y
+don Luis de Ataide; pero la piedrecilla había de sobrevenir derribando
+por último el coloso y engrandeciéndose luego como ingente montaña que
+sobre firme y arraigado cimiento se erguiría sobre la tierra y la
+dominaría.
+
+Morsamor se desalentaba al pensar así, no veía plan ni concierto en
+todas aquellas bizarrías, ni acertaba a traslucir que pudieran tener fin
+dichoso. Sólo veía horrores, estragos y muertes, y volvía a arrepentirse
+de haberse remozado y de haber huido del convento. Imputaba luego aquel
+arrepentimiento suyo a cansancio y a flaqueza de ánimo. Y entonces
+renacía en él el ansia de señalarse y de probar su valor, volviendo a
+lanzarse en las más peligrosas aventuras.
+
+Las buenas ocasiones no habían de faltarle. La primera que se le ofreció
+fue la de ir a la grande y hermosa isla, donde se crían la canela y el
+clavo y abundan las perlas en el mar que la ciñe. Los antiguos griegos y
+romanos la llamaron Trapobana, Lanca los indios, los árabes Serendib, y
+por último se llamó Ceilán. En sus Costas habían fundado los portugueses
+varios fuertes y factorías, desde donde procuraban dominar toda la isla.
+Reinaba en ella, sobre la raza indómita y guerrera de los singaleses, un
+rey tan valiente como astuto llamado Rayasinga. Lejos del alcance del
+poder portugués estaba la capital y residencia de este rey a donde sólo
+podía llegarse salvando enriscadas montañas a través de peligrosos
+desfiladeros.
+
+Imaginaban los portugueses que aquel reino había sido cristiano en lo
+antiguo, gracias a las predicaciones del apóstol Santo Tomás que hasta
+él había llegado, pero imaginaban también que el cristianismo de los
+singaleses se había pervertido y maleado con el transcurso del tiempo,
+turbando la pureza de su doctrina mil absurdas supersticiones. La verdad
+era que lo que creían los portugueses cristianismo viciado era la
+religión fundada por Sidarta, príncipe de las sakias de Kapilabastu, y
+predicada en Ceilán algunos siglos antes de Cristo. La moral de esta
+religión no podía ser más santa ni más hermosa, pero su metafísica era
+errónea y desconsoladora. En el amor y en la compasión por el infeliz
+linaje humano, sin distinción de castas ni de jerarquías, estribaba
+aquella moral, pero no tenía un Dios misericordioso. Su Dios, si tal
+podía llamarse, era el ser único, infinito e indeterminado en quien todo
+cuanto es y en quien todo cuanto puede ser se contiene. El término de la
+aspiración, la suprema bienaventuranza de religión tan extraña era
+romper el límite que nos separa del todo, y perdiendo tal vez la
+conciencia individual, hundirnos en la inmensidad de la sustancia única,
+acabada ya la serie de transmigraciones del alma y gozando de inefable
+reposo. A tales dogmas, sin embargo, el amor y la compasión prestaban
+como ya hemos dicho, una moral muy pura.
+
+Entre la teoría y la práctica hay a menudo gran contradicción y no era
+pequeña la del caso de que hablamos. El piadoso rey Rayasinga, con la
+aprobación acaso o con la indulgencia al menos del gran sacerdote
+Sumangala, había destronado a un hermano suyo, que andaba forajido, y
+había envenenado a otro de sus hermanos, reinando así en lugar de los
+dos y dando unidad a su reino. Para darle también completa independencia
+y gloria combatía con frecuencia a los portugueses. Estos combates,
+sangrientos y obstinados, eran estériles siempre. Ni Rayasinga lograba
+apoderarse de ningún fuerte de los portugueses, ni estos, salvando las
+montañas y atravesando los desfiladeros, llegaban a asediar la capital
+de Rayasinga.
+
+Poniéndose a las órdenes de Juan Silveira, que mandaba en Cananor,
+Miguel de Zuheros fue a Ceilán a combatir y a escarmentar al mencionado
+rey; en varios encuentros que tuvo con sus huestes alcanzó siempre la
+victoria y contribuyó no poco a que cansados de luchar por una y otra
+parte, se sentasen paces de nuevo.
+
+Morsamor pasó luego a Sumatra y tomó parte en otra expedición guerrera
+contra el monarca de Pacen, que los portugueses consideraban intruso y a
+quien destronaron dando su trono y reino a un sobrino suyo que había
+ganado el favor y auxilio de los portugueses declarándose vasallo del
+rey don Manuel.
+
+Alentado con esta conquista del reino de Pacen, en la que tuvo no
+pequeña parte, Morsamor se puso a las órdenes de Jorge Brito y fue con
+él a una expedición contra el rey de Achin, cuyos súbditos, inquietos y
+belicosos, infestaban con sus piraterías aquellos mares.
+
+En balde reclamó Jorge Brito del rey Achin la entrega de mercancías, de
+armas y hasta de portugueses cautivos, de que se había apoderado por
+sorpresa o aprovechándose del naufragio de dos buques de Portugal en
+aquellas costas. Esto dio motivo o pretexto a Jorge Brito para romper
+las hostilidades, empeñándose imprudentemente en empresa muy peligrosa.
+En dos fustas y con menos de trescientos hombres de desembarco navegó
+contra la corriente del río hacia la capital de los achineses. Casi a la
+mitad del camino tenían estos una fortaleza, donde había bastantes
+arcabuceros y algunas bombardas, cuyos disparos impidieron a las fustas
+seguir adelante y mataron a cuatro de los hombres que las tripulaban.
+
+Ansioso Jorge Brito de tomar venganza desembarcó con sus trescientos
+soldados, entre los cuales había no pocos ilustres y valerosos
+caballeros de la corte del rey don Manuel. Morsamor estaba entre ellos.
+
+Muy reñidos y sangrientos fueron el ataque y la defensa del fuerte de
+los achineses, los cuales hicieron vigorosas salidas. En una de ellas
+estuvieron a punto de desordenar y derrotar por completo la hueste
+lusitana, merced a una inesperada estratagema de que se valieron,
+lanzando contra los portugueses una manada de búfalos que tenían
+acorralados.
+
+Los portugueses, no obstante, iban ya triunfando de todo. Los sitiados,
+casi en fuga, se retiraban al fuerte, y ya Jorge Brito y Morsamor tenían
+la esperanza de tomarle por asalto cuando el propio rey de Achin llegó
+en defensa del fuerte con más de dos mil infantes, con algunos caballos
+y con seis elefantes poderosos adiestrados para la lucha, defendidos por
+muy firmes corazas y dirigidos por cornacas hábiles y denodados. Los
+portugueses estaban todos a pie. Casi envueltos por tan superiores
+fuerzas enemigas, retrocedieron con espanto hacia la orilla del río.
+Sólo reembarcándose podían lograr ya salvar las vidas, mas para
+reembarcarse era menester, no sólo hacer cara al enemigo, sino tenerle a
+cierta distancia durante algún tiempo.
+
+Los valientes caballeros que de esto se encargaron hicieron prodigios
+apenas creíbles. En aquel trance murieron más de cincuenta portugueses,
+no pocos de ilustre familia y entre ellos el mismo Jorge Brito capitán
+de la hueste, y los cinco músicos que siempre llevaban consigo, Porque
+gustaba en extremo de que le exaltasen y animasen en el combate cantando
+y tocando instrumentos sonoros.
+
+La muerte que amedrantó más a los portugueses fue la de Gaspar
+Fernández. El elefante más gigantesco le cogió con la trompa, le tiró
+por el aire, y no bien cayó al suelo, le acabó de matar estrujándole el
+pecho y rompiéndole el cráneo con sus gruesas patas delanteras.
+
+Morsamor quiso vengar a aquel compañero de armas, que tal vez era el que
+más estimaba y quería. Acometió por un lado al elefante y logró derribar
+a su cornac hiriéndole de una estocada. El elefante se revolvió contra
+Morsamor y le asió también con la trompa. La espada se le cayó a
+Morsamor de la diestra; pero, con la rapidez del rayo, y sin dar tiempo
+a que el elefante le lanzase o le ahogase apretando, le agarró con la
+mano izquierda de una oreja, y desenvainando con la otra mano el
+acicalado puñal, que llevaba al cinto, le hundió hasta el puño en la
+cerviz de aquella fiera, con tino tan eficaz que en el acto perdió la
+vida, cayendo con estruendo por tierra su espantosa mole. Morsamor cayó
+también, pero cauto y ligero, no cayó debajo sino encima de su víctima.
+
+Aunque Morsamor se levantó con rapidez, allí hubiera muerto, circundado
+de muchos enemigos, si los de la hueste portuguesa, maravillados y
+reanimados al ver su hazaña, no hubieran acudido en su auxilio. Aquella
+hazaña de Morsamor contuvo el ímpetu de las gentes del rey de Achin y
+prestó bríos y dio tiempo a los portugueses para que se reembarcasen, si
+bien con lamentable pérdida, no completamente derrotados.
+
+
+
+
+-XIX-
+
+
+De vuelta Morsamor a Goa para reposar sobre sus laureles, se complació
+en ver cundir su fama y crecer el número de sus admiradores, convertidos
+muchos de ellos en parciales devotos. La emulación y la envidia hacían
+que también sus enemigos se aumentasen. Y a todo contribuía en gran
+manera Tiburcio de Simahonda que, menos retraído y mucho más expansivo
+que Morsamor, se mostraba por donde quiera y trataba toda clase de
+gente. Tiburcio, como en Lisboa, sabía ganar amigos en la India, pero su
+buena fortuna con las mujeres y en el juego le creaba muchos envidiosos.
+Menester era de toda la prudencia y tino de Morsamor, para evitar riñas
+entre dichos envidiosos y los del bando que sin pretenderlo él querían
+seguirle y cuyo aparente adalid era Tiburcio. Los más desalmados
+aventureros y los menos favorecidos de la suerte, acudían a Tiburcio,
+esperando por su medio ganarse la voluntad de Morsamor y embelesados por
+lo pronto por el alegre carácter, burlas y chistes de aquel doncel
+atrevido.
+
+Francisco Pereira Pestana, gobernador de Goa, recelaba de continuo que
+la rivalidad entre la gente que acaudillaba Tiburcio y los que le
+envidiaban y odiaban originase desórdenes sangrientos. El más vivo deseo
+del gobernador se cifraba en que Miguel de Zuheros y Tiburcio
+abandonasen la ciudad llevando consigo a los más turbulentos aventureros
+y acometiendo alguna arriesgada empresa de la que tal vez sería lo mejor
+que nunca volviesen.
+
+Aunque movido Morsamor de sentimientos contrarios, coincidía con el
+gobernador en hallar difícil y enojosa su posición en Goa, ansiando
+salir de allí en busca de aventuras, con toda independencia de Portugal
+y campando por su respeto.
+
+En tal situación de ánimo y después de aconsejar a Tiburcio que fuese
+circunspecto y sufrido a fin de vivir en paz, Morsamor le manifestó el
+ansia que tenía de salir de Goa y de buscar honra y provecho por nuevos
+y no trillados caminos.
+
+Poco tiempo después de esta confidencia de Morsamor, Tiburcio, que al
+principio se había callado, hubo de hacerle el siguiente razonamiento:
+
+--He meditado sobre lo que te trae caviloso y que días pasados me
+confiaste. He hecho más: he gustado de tu propósito y he empezado a
+abrir el camino para que se logre. Para nosotros siempre será aquí el
+peligro mayor que la gloria. Debemos, pues, salir de aquí. Fuera de aquí
+el peligro podrá ser grandísimo, pero la gloria estará en proporción y
+será también grande. Para que me entiendas bien, te diré el concepto que
+formo yo de la tierra en que ahora estamos y de la gente que la habita.
+Mi trato con ella y mi facilidad para entender su idioma, hacen que yo
+lo comprenda todo con más claridad y exactitud que los portugueses.
+
+Lleno de curiosidad Morsamor, prestó grande atención a Tiburcio que
+continuó diciendo:
+
+--Hay en la India muchas y muy diversas naciones, castas, lenguas y
+tribus, pero desde hace más de tres mil años, existe en la India una
+casta predominante, que se enseñoreó de todo y que supo conservar el
+imperio por fuerza, por astucia y por sabiduría. Mucho antes de que
+floreciesen Atenas y Roma, mucho antes de que Salomón e Hirán enviasen
+sus flotas a Ofir y de que los fenicios fundasen a Cádiz, bajó del
+montañoso centro del Asia a las fértiles llanuras que riegan el Indo y
+el Ganges, un pueblo nobilísimo e inteligente, valientes guerreros los
+más y algunos de ellos inspirados y divinos poetas, que los guiaban y
+entusiasmaban. Este pueblo de superior condición redujo a su obediencia
+y mandado a los otros pueblos que en la India vivían. Y de allí en
+adelante, los guerreros del pueblo conquistador fueron los reyes y los
+nobles de la India, y sus poetas o _richis_, convertidos en sacerdotes,
+sabios y filósofos, no sólo prevalecieron sobre las naciones
+conquistadas, sino también sobre los reyes y los nobles que las habían
+sometido. La primitiva y sencilla religión que los _richis_ habían
+formulado en sus himnos vino a convertirse en complicadísimo sistema y
+en sutil teología, cuyos intérpretes y depositarios fueron los
+descendientes de los _richis_ a quienes en el día llamamos brahmanes.
+Estos han conservado su poder, sobreponiéndose durante siglos a
+interiores rebeldías y a conquistas e invasiones extrañas. Amenazado se
+halla hoy este poder por los portugueses, pero sólo en el litoral. Los
+sectarios de Mahoma son quienes tierra adentro le combaten. ¿Por qué no
+hemos de ir nosotros tierra adentro a promover la rebelión de los
+brahmanes y a darles auxilio contra los muslimes?
+
+--¿Qué ganaría yo con eso, interpuso Morsamor, o para mí, o para la
+nación a que pertenezco, o para la religión que sigo, aunque pecador y
+fraile escapado de su convento?
+
+--Ganarías mucho--replicó Tiburcio--. En primer lugar, combatirías el
+islamismo y quebrantarías por aquí el imperio de turcos y de moros, que
+han sido hasta ahora los mayores enemigos de nuestra católica España. Y
+en segundo lugar, sólo Dios sabe hasta qué extremo de ventura, hasta qué
+dichoso y espantable éxito pudieras llegar con tu audacia. Si
+consiguieses dar aliento y ayuda a los brahmanes, vencer con ellos el
+Islam y restablecer en toda su amplitud el influjo y el imperio de casta
+tan inteligente, no lo dudes, los brahmanes, agradecidos, te
+reconocerían por nuevo y resplandeciente _avatar_ y harían que por tan
+alto carácter, todos los indios te reverenciasen y temiesen. Así acaso
+podrías tú más tarde, con habilidad y prudencia, convertir a la religión
+cristiana a los que fuesen súbditos tuyos y crear el reino del Preste
+Juan, que tal vez no existió nunca sino en la fantasía de los europeos,
+o renovarle con mayor esplendor y gloria, dado que existiese en el
+centro del Asia antes de que Temugin le destruyera, como sienten algunos
+autores. Setenta y dos reyes rendían homenaje, feudo, obediencia y
+tributo al antiguo Preste Juan, real o soñado. ¿Por qué habías tú de ser
+menos y no tener a tu servicio otros setenta y dos reyes?
+
+--Todo eso estaría muy bien--dijo Morsamor--. Aunque parezca fantástico
+e inasequible, yo me siento capaz de todo. Pero, ¿dónde están los
+brahmanes que quieran sublevarse y sacudir el yugo del Islam?
+
+--A eso voy--contestó Tiburcio--. Lo dicho hasta aquí es mero preámbulo
+antes de entrar en materia. Me han hecho proposiciones para ti y vengo a
+comunicártelas. Así como en España, cuando se hundió el Califato de
+Córdoba, surgió de sus ruinas multitud de Estadillos, donde alzaron sus
+trenes no pocos régulos, aquí también se han formado reinos musulmanes
+diversos, que se sostienen aún, a pesar de las sucesivas y pasajeras
+invasiones de los mongoles y a pesar de la malquerencia de los sectarios
+de Brahma que no han sabido sacudir el yugo extraño. Ahora al cabo
+tienen el propósito de sacudirle. En la ciudad santa de la India, foco
+ardiente y luminoso de su religión y centro de su antiquísima cultura,
+abrigan tan gran propósito. Conspiran para lograrle los brahmanes más
+ilustres y algunos _chatrias_ de generoso carácter y de regia extirpe.
+No cuentan bastante con el pueblo, ni confían en él considerándole
+enervado por siglos de esclavitud y porque además el pueblo no
+combatiría para ser libre, sino para sacudir un yugo y someterse a otro
+yugo. Los brahmanes esperan con todo que el pueblo combata en favor de
+ellos, impulsado por el fanatismo religioso que procuran infundirle. Mas
+al principio y para dar el primer golpe, necesitan de un núcleo, aunque
+pequeño muy firme, de varones esforzados, de héroes verdaderos, capaces
+de exponer la vida en los lances más terribles y de realizar prodigios
+de sobrehumana osadía. El núcleo de que hablo sólo puedes formarle tú o
+por mejor decir, le tienes ya formado con más de doscientos aventureros
+que hay en Goa dispuestos a seguirte a donde quiera que los guíes. La
+fama a llevado todo esto hasta la gran ciudad de Benarés. El jefe
+supremo de los brahmanes, el sublime y venerando Balarán, alma de la
+conjuración, sabe lo que vales y solicita misteriosa y recatadamente tu
+auxilio. Para alcanzarle ha venido a Goa en tu busca el sabio brahmán
+Narada, confidente de Balarán, que ha hablado ya conmigo y que pide
+audiencia para hablarte. Narada, que sabe muchísimas cosas, sabe también
+las lenguas latina e italiana y podrá entenderse perfectamente contigo.
+¿Quieres oírle y tratar con él de tan importante negocio?
+
+Exaltada la ambición de Morsamor con lo que Tiburcio acababa de
+revelarle, se prestó a recibir y a oír a Narada y le aguardó con
+impaciencia.
+
+Guiado por Tiburcio e introducido en la estancia de Morsamor, no tardó
+en aparecer ante sus ojos el sabio Narada bajo el desarrapado traje de
+fakir o penitente vagabundo, a través de cuyo desaliño y de cuyos
+miserables harapos, resplandecían la majestad del noble e inteligente
+anciano, la despejada tersura de su frente y la limpia nitidez de su
+blanca y luenga barba.
+
+Lo que dijo Narada a Morsamor merece capítulo aparte.
+
+
+
+
+-XX-
+
+
+--El brillo de tu gloria--dijo Narada--ha llegado hasta nuestra santa
+ciudad y ha penetrado en nuestros corazones cual rayo de esperanza. Yo
+vengo a buscarte para que la esperanza se logre. No; tú no eres para
+nosotros un ser humano inferior y de distinta raza. Sin duda eres puro y
+legítimo descendiente de egregios hermanos nuestros que, en edad remota,
+emigraron hasta las últimas regiones de Occidente desde la verde falda
+del Paropamiso. Tu pensamiento y tu creencia coinciden en el fondo con
+lo que nosotros pensamos y creemos: son radicalmente iguales: flores de
+la misma planta, frutos del mismo árbol. Ideas análogas nacidas en
+espíritus de idéntica condición y alta nobleza. No es nuestro Dios como
+el de los muslimes, déspota caprichoso y cruel, gobernando a los
+hombres, allá en su distante y cerrado cielo, como sultán que se esconde
+a los ojos de la vil muchedumbre de sus esclavos, y desde su encumbrado
+alcázar con vara de hierro los domina. Nuestro Dios está con nosotros y
+en nosotros. Presente por dondequiera, lo llena y lo penetra todo y más
+que todo nuestras almas. El alma enamorada que le busca, le halla y le
+goza en esta vida mortal. Para nosotros el hombre es divino, porque
+nuestro Dios es humano. No pocas veces ha tomado nuestro Dios ser y
+forma de hombre en el seno dichoso de una mujer escogida. Nuestros
+héroes son _avatares_ o encarnaciones de Vishnú. Crishna es el más
+glorioso de ellos y al que más devotamente adoramos. Libertador y
+redentor de las almas, las atrae, las enamora y con su hermosura las
+cautiva. Bello pastor apacienta su rebaño en la fértil orilla de un río
+de aguas limpias y claras y al melodioso son de su flauta danzan en
+torno suyo las _gopies_, las _apsaras_ y hasta Sarasvati y las otras
+diosas inmortales, humanadas y convertidas por él en lindas zagalas. Tal
+es Crishna en la tierra, como genio de paz y de amor, pero el acento
+blando de su flauta se trueca en el medroso resonar del clarín guerrero
+cuando su paciencia se agota, se despierta en su corazón la ira y se
+resuelve a librarnos del tirano Cansia. Terror de muerte invade y hiela
+entonces el ánimo de sus enemigos. Así es Crishna en la tierra, como
+hombre y viviendo vida mortal. En su ilimitada y superior existencia,
+dominador Crishna de los tres mundos, dirige al son de su música el
+eterno giro de las esferas celestes que en arrebatada consonancia
+producen el perpetuo cambio de luz y tinieblas, en día y en noche, de
+alternadas estaciones durante el año, y en ingentes períodos de siglos
+desde el renacer del universo hasta su caída, extinción y reposo en el
+seno de Brahma. Crishna nos protege, Crishna nos anuncia venturoso
+éxito, nos declara que la ocasión es propicia, y nos manda que acudamos
+a ti e impetremos tu auxilio para sacudir el yugo de los muslimes. Dos
+años ha, Babur, emperador de los mongoles, se apoderó de Lahor desde
+donde amenazaba conquistar con rapidez toda la India; pero Babur ha
+tenido que abandonar a Lahor para vencer a los rebeldes que pugnan por
+desbaratar todo su imperio. Bactra, Kiva, Bokara, y hasta su misma
+capital Samarcanda se han levantado contra él. Sus enemigos se conjuran
+en su daño por todas las fronteras de sus extensos dominios: los chinos
+por el Oriente y por el Occidente los turcos, poderosísimos en el día y
+contra los cuales luchan con corta eficacia las naciones europeas,
+enflaquecidas por constantes rivalidades y empeñadas hoy en largas
+guerras religiosas y políticas. Así el turco, aliviado del temor que
+esas naciones debieran inspirarle, puede hacer cara a Babur y a sus
+mongoles. Contra ellos se levantan los persas y los pueblos guerreros
+del Cáucaso, las gentes de Georgia, de Circasia y de Armenia, y más al
+Norte, otro pueblo belicoso recién salido de la barbarie, que vive en
+las regiones boreales, límites entre Asia y Europa, y que después de
+vencer y de humillar la Horda de oro penetra en Asia anhelando
+predominios y conquistas. La ocasión como he dicho es hoy más propicia
+que nunca. Para no perderla anhelamos tu auxilio. ¿Nos le concedes?
+
+--Dime cuál es vuestro plan--respondió Morsamor.
+
+--En Benarés--replicó Narada--reina hoy el tirano musulmán Abdul ben
+Hixen. Si le destronamos y si logramos enseñorearnos de aquella ciudad,
+centro de la cultura y de la religión brahmánicas, no será difícil
+promover la sublevación contra los demás príncipes muslimes y crear un
+Estado independiente y único, en que prevalezcan e imperen los
+adoradores de Vishnú y de Crishna, desde los lagos de Cachemira y las
+nevadas cumbres del Himalaya hasta el Kersoneso de oro y hasta el
+enriscado promontorio donde se levanta el templo de la diosa virgen
+Kumari. Así tal vez podamos fortalecernos y oponer eficaz resistencia a
+Babur, si por desgracia reconstituye su imperio y vuelve sobre la India
+para conquistarla y asolarla como hace más de un siglo hizo su espantoso
+antecesor Tamerlán o Timur.
+
+--Tu proyecto me parece excelente--dijo Morsamor--, pero su realización
+harto difícil.
+
+Narada entró luego en pormenores a fin de exponer y de explicar los
+medios con que contaba y las probabilidades de buen éxito.
+
+El ambicioso Morsamor se dejó convencer al cabo.
+
+Narada y otros importantes personajes que habían venido con él
+disfrazados de fakires, debían servir de guía a Morsamor y a su hueste,
+compuesta de 300 aguerridos y audaces aventureros. Irían estos en la
+expedición, no sólo impulsados por la esperanza de botín riquísimo, sino
+con grandes pagas, de que habían de cobrar por adelantado las de seis
+meses. Para esto, para otros gastos de la expedición y para excitar
+también la codicia y el celo de Morsamor, Narada entregó a este no corta
+cantidad de rupias de oro y además, en un pequeño saco de cuero,
+diamantes de Golconda y perlas rubíes de Ceilán, por cualquiera de los
+cuales había en Goa joyeros que darían considerables sumas.
+
+Tiburcio, bajo la inspección y dirección de Morsamor eligió a la gente
+de leva, hizo el ajuste y enganche y con el mayor secreto lo dispuso
+todo para la partida.
+
+
+
+
+-XXI-
+
+
+Goa era en aquella edad la Síbaris del Oriente, centro de lujo, regalo y
+lascivia, donde los vencedores de Adamastor y de todos los genios del
+Mar Tenebroso recibían el galardón de sus estupendas victorias. En Goa,
+sin duda, hubo más tarde de inspirarse Camoens para imaginar aquella
+deliciosa y encantada isla que Venus hizo surgir del fondo del Océano,
+cubriéndola de amenos jardines, de fragantes selvas y de limpios y
+tranquilos lagos y poblándola de hermosísimas ninfas que, heridas todas
+por las ardientes flechas de un ejército de Amores, brindasen mil
+deleites a los felices héroes de su poema y se rindiesen a su talante y
+deseo. La riqueza y el esplendor de Goa habían atraído a su seno alegres
+y lindas mujeres de diversos y distintos países: almeas de Egipto;
+cortesanas de Bética, Italia y Grecia; odaliscas de Georgia, Armenia y
+Persia, y bayaderas y _devadasis_ de toda la India. Sus variados y
+exóticos cantares alegraban los oídos. Sus lánguidos y livianos bailes y
+la mórbida esbeltez de sus formas eran encanto de los ojos y dulce lazo
+en que los corazones quedaban cautivos.
+
+En medio de tanto deleite, Morsamor se había mostrado impasible,
+silencioso y tétrico. Ninguna mujer había logrado prenderle, ni aun con
+las ligeras y frágiles cadenas en que donna Olimpia le había prendido.
+Al contrario, Morsamor había esquivado cuantos placeres Goa brindaba, y
+había mostrado singular repugnancia y disgusto hacia todas aquellas
+cantoras y bailarinas, como si recobrasen fuerza sus votos y renaciese
+en su espíritu la desatendida severidad del claustro. Las bayaderas de
+la India, sobre todo, le inspiraban horror. No sólo para alcanzar los
+triunfos que se prometía, sino también para dejar de ver a las
+bayaderas, Morsamor anhelaba impaciente salir de Goa. Muy pronto se
+cumplió su anhelo; pero antes, movido por sentimientos que llenaban su
+espíritu, que le atormentaban y que acabaron por desbordarse, hizo a
+Tiburcio, que sobre todo le interrogaba, confidencias que jamás a nadie
+había hecho y que en cifra declararemos aquí.
+
+--Un recuerdo penosísimo--dijo Morsamor--se despierta en mí al ver la
+danza de las bayaderas y evoca un espectro que dormía desde hace medio
+siglo en los abismos de mi memoria, espectro que aparece ante mi
+conciencia, afligiéndola y atormentándola. Fue en mi primera juventud,
+en la magnífica feria de Medina del Campo. Allí vi y conocí a Beatriz: a
+la única mujer que de veras me ha amado.
+
+Tiburcio quiso contradecir a Morsamor en este punto, suponiendo que le
+había amado también donna Olimpia, y hasta que doña Sol había estado a
+punto de amarle y tal vez le hubiera amado a insistir él con firmeza en
+sus pretensiones.
+
+Morsamor no aceptó la lisonja. Harto probaban que lo era el frío desdén
+con que le despidió doña Sol y la traidora fuga de la italiana.
+
+--Sí--prosiguió Miguel de Zuheros--, Beatriz es la única mujer que me ha
+amado. No era como doña Sol ninguna ilustre y orgullosa dama, ni
+siquiera, como donna Olimpia célebre daifa de alto precio; era una
+humilde muchacha, nacida y criada entre gente abyecta, sin patria y sin
+hogar; hija de una raza maldita y vagabunda, que no hacía muchos años se
+había difundido por toda Europa y al fin penetrado en España.
+Ignorábanse su origen y su procedencia. Ahora, cuando contemplo a las
+bayaderas, me explico de dónde aquella raza procede. Fue de seguro un
+pueblo de la India que, huyendo de los estragos que causó Timur, y
+aguijoneado por el miedo, llegó hasta los confines occidentales de
+Europa. A una tribu de este pueblo, a un errante aduar de gitanos,
+pertenecía Beatriz. Era como flor que brota en el cieno. Era como perla
+que se esconde en un muladar. Ella me amó con el fervor y la ternura que
+hubiera yo querido hallar para mí en el corazón de alguna gran señora o
+de alguna princesa. Y yo gocé mal de aquel amor sin llegar a
+comprenderle, y le desprecié y me harté de él después de haberle gozado.
+La plebeya ruindad de mi enamorada trocó mi afecto y mi gratitud en
+vergüenza. Abandonada Beatriz por mí, murió a poco trágica y
+misteriosamente. No falté yo a ninguna promesa, porque nada había
+prometido. Fueron, no obstante, enormes mi pena y mi remordimiento. Y
+más aún, cuando, poco tiempo después, tuve un raro encuentro en Sevilla.
+Pasando un día entre la Catedral y el Alcázar se me acercó una vieja y
+desarrapada gitana y se empeñó tan obstinadamente en decirme la
+buenaventura que no supe negarme a su ruego y le entregué mi mano para
+que la examinase. La vieja gitana me dijo:
+
+--En buena hora naciste, gallardo y gentil caballero, si la ambición
+satisfecha basta para hacerte dichoso. Las rayas de tu mano me revelan
+que ha de favorecerte la fortuna, que has de sobrenadar como el aceite,
+que has de llevarte a la gente de calle, y que has de dominar en el
+mundo. Pero tu amor se trocará en ponzoña y muerte. Tus amorosas miradas
+seguirán aojando y marchitando los corazones como (y aquí bajó la voz la
+vieja gitana haciéndola casi imperceptible), como aojaron y marchitaron
+el de la pobre Beatricica, que buen poso haya. Perdónete Dios la
+desesperación que le ocasionaste y a ella perdone el mal fin que tuvo.
+
+--¡Déjame en paz, maldita bruja!--exclamé yo entonces, retirando mi mano
+de entre sus manos.
+
+--La bruja fue Beatricica, y no yo--replicó la vieja--. En sus últimos
+días se sospecha que fue al aquelarre, donde la mató el diablo, no sin
+prometerle que tú volverías a amarla y a ser suyo, sin ingratitud ni
+mudanza. Tú nada has prometido, pero Satanás ha prometido por ti y
+cumplirá su promesa.
+
+Dicho esto soltó la vieja una carcajada nerviosa y se alejó
+precipitadamente de mi lado. Desde entonces tomé yo el extraño apodo o
+sobrenombre de Morsamor.
+
+En balde procuró Tiburcio serenar el ánimo y disipar las melancólicas
+aprensiones de su amigo.
+
+--No tienes tú la culpa--le dijo--de que el diablo tentase a Beatricica,
+y de que ella se diese al diablo.
+
+--Pero ¿crees tú--dijo Morsamor, en un arranque de escepticismo, porque
+era muy escéptico para su época--, crees tú que ande tan suelto el
+diablo y que Dios permita que nos tiente y seduzca?
+
+--¡Y vaya si lo creo!--contestó el doncel sutil--. En nada se opone eso
+a la bondad divina y a la persistencia del humano libre albedrío. Contra
+toda instigación diabólica el cielo presta al hombre fuerza suficiente o
+por naturaleza o por gracia.
+
+--¿Qué vale ni qué importa entonces el oficio del diablo?--interpuso
+Morsamor con desdeñosa sonrisa.
+
+--Vale e importa--dijo Tiburcio--para que el diablo, aunque no tuerza la
+voluntad del hombre ni destruya la responsabilidad de sus actos,
+encamine estos actos hacia un fin y según un plan predeterminado, al
+cual obedece el diablo muy a pesar suyo y sin el cual no consentiría
+Dios que tentase a nadie. Tal, a mi ver, es la utilidad del oficio
+diabólico. De donde se infiere que hasta el diablo es útil y dista mucho
+de estar de sobra.
+
+A pesar de sus melancolías, Morsamor no pudo menos de reírse de las
+extravagantes opiniones de su doncel.
+
+Algo menos preocupado por sus tristes memorias, renovadas en su espíritu
+con tanto brío, Morsamor acabó por prepararlo todo, y al fin salió
+recatadamente de Goa, acompañado de su tropa y sirviéndole de guía los
+fingidos fakires por las más solitarias veredas.
+
+
+
+
+-XXII-
+
+
+Después de largo y penoso viaje, de noche, desperdigados a fin de no
+infundir sospechas y con recato esmeradísimo, fueron penetrando todos en
+hipogeo enorme. Era un dilatado y obscuro laberinto, excavado en la
+tierra y a trechos en durísimas rocas: admirable labor de la tenacidad,
+de la paciencia y del humano esfuerzo: obra cuya antigüedad se contaba
+por millares de años.
+
+Por medio de estrechos pasadizos se comunicaban las diversas y numerosas
+estancias que allí había. Unas eran cámaras sepulcrales, otras,
+viviendas de las personas consagradas al culto y a la custodia de
+aquellos sitios; y otras, más recónditas y de más difícil acceso,
+escondido depósito y tesoro de preciosos exvotos y de amontonadas
+ofrendas. Ensanchado a veces el subterráneo y elevándose su techo a
+mayor altura formaba amplias salas, donde se parecía, esculpida en
+piedra, la imagen simbólica de alguna de las más veneradas deidades del
+panteón brahmánico. La mayor de estas salas era la del hijo de Dasarata,
+la de Rama el virtuoso, fiel consorte y vengador de Sita, vencedor de
+Ravana y conquistador de Lanka. Pero en medio de aquellas salas y en el
+centro de aquel intrincado laberinto, se erguía el grandioso templo
+erigido en honor de Crishna. En multitud de gruesos pilares, cuyas
+cuadradas bases tenían por pedestal sendas tortugas, se alzaban
+monstruosos elefantes, sosteniendo en sus lomos robustos el arquitrabe y
+el amplio friso sobre el cual se extendía la plana y sólida techumbre.
+En el friso, representados en alto relieve, tosco aunque rico de
+inspiración y de carácter, se veían los principales sucesos de la vida
+heroica y bienhechora del _avatar_. Notábanse allí sus amores con
+innumerable caterva de diosas, ninfas, princesas y zagalas, a cada una
+de las cuales se entregó y se unió todo el Dios, desdoblándose y
+multiplicándose en idéntica forma y substancia y sin dejar de ser nunca
+uno y el mismo, porque toda alma piadosa, encendida en amor divino,
+posee a Crishna por completo, como si Crishna y ella fuesen solos o
+absorbiesen en su unión cuanto es y cuanto puede ser en los tres mundos.
+En el centro de aquel templo fantástico, iluminado por lámparas de
+plata, resplandecía la estatua colosal del hijo de Devaki.
+
+Morsamor, conducido por Narada, había admirado todo aquello.
+
+La tropa de aventureros que le había seguido, prestándole omnímoda
+confianza, sin saber sino confusamente los peligros que tendría que
+arrostrar y los obstáculos que tendría que vencer, para el buen éxito de
+la empresa, cuyo fin apenas presumía, se hallaba acuartelada en dos
+amplios salones del subterráneo y aguardaba impaciente la hora oportuna
+para la acción que debía empeñarse cumpliendo las órdenes de sus
+adalides Morsamor y Tiburcio.
+
+Aunque se hallaban bajo tierra, sin que disipase la obscuridad más luz
+que la de algunas lámparas, harto bien medían todos el tiempo y
+calculaban que era más de media noche. Ningún ruido exterior penetraba
+en el oculto lugar donde todos estaban congregados, lugar en que se oían
+sus animadas conversaciones, porque nadie les había exigido que callasen
+ni que hablasen en voz baja, y donde resonaban, al andar y al moverse
+ellos, el ludir y el chocar de las armas que no habían depuesto y que
+pronto debían emplear aunque sin saber ni prever el instante mismo.
+
+Entre tanto, en la santa ciudad de Benarés, cerca de cuyos muros se
+hallaba el hipogeo, se celebraba, aquella noche, espléndida, alegre y
+ruidosa velada: la fiesta más solemne del culto de Crishna. No era la
+conmemoración de sus triunfos guerreros, cuando daba muerte a tiranos y
+a monstruos, a endriagos y serpientes. Crishna, vencedor y libertador
+ya, aparecía precedido de Kureva y de Lakshmi, númenes de la opulencia,
+y de Karnala y Smara, númenes del amor. Sobre su pecho resplandecía el
+conquistado Samantaka, talismán de todas las venturas. Y Crishna iba
+difundiéndolas a su paso por donde quiera; y no había corazón de mujer,
+mortal o diosa, que al contemplarle no ardiese en amoroso fuego. Los
+Gandarvas descendían del Baikounta o paraíso de Vishnú para cantar sus
+alabanzas y las Apsaras para tejer danzas en torno suyo.
+
+Esta serenata y este baile famosos, apellidados la _rasa_, se
+representaban aquella noche. En anchas plazas bailaban lindas bayaderas.
+La circunstante y bulliciosa muchedumbre gozaba en mirar y aplaudía con
+locura. En la alucinación del entusiasmo, tal vez imaginaba que todos
+los seres inmortales acudían a ver la velada y a honrarla con su
+presencia. Desde el fondo del Océano, desde el ardiente centro de la
+tierra, desde las crestas nevadas del Himalaya y desde las serenas
+profundidades del éter luminoso, acudían Varuna, Agni, cuantas son las
+inteligencias que mueven las esferas celestes y guían a los astros en su
+curso, y el propio Indra, cabalgando en el pájaro Garuda, y no ya con
+rayos en la diestra, sino con aljófares y flores, que así él como las
+otras divinidades derramaban a manos llenas sobre la muchedumbre devota.
+
+En la conjuración se había guardado profundo secreto. Nada sospechaba
+Abdul ben Hixen. La mayoría de su gente de armas, aunque era de
+muslimes, discurría por la ciudad, sin cautela ni reparo y se divertía
+en la fiesta, requebrando a las mozas y retozando también con ellas. El
+sultán, no obstante, se hallaba encastillado en la fortaleza, en cuyo
+centro se levantaba el regio alcázar. Allí vigilaba siempre por su
+autoridad y su dominio lo más aguerrido y selecto de sus guerreros. Su
+guardia se componía de más de mil veteranos fieles, diestros en el
+manejo de las armas.
+
+Dos horas antes de que amaneciese, Morsamor y Tiburcio se pusieron al
+frente de los aventureros que habían traído, los sacaron de aquel a modo
+de encierro en que se hallaban, y guiados por dos jóvenes brahmanes,
+caminaron largo rato por un extenso pasadizo del subterráneo hasta
+llegar a un punto donde había una fortísima compuerta de madera y de
+hierro, horizontalmente colocada en la techumbre, hasta la cual se subía
+por una escalera de piedra. Al empuje de algunos hombres forzudos se
+levantó la compuerta, a pesar de la tierra y las hierbas que la cubrían
+y ocultaban, y se dejó ver el cielo sin luna y sólo débilmente iluminado
+por el pálido fulgor de las estrellas que a trechos entre obscuras nubes
+lucían.
+
+En hondo silencio y procurando no hacer ruido, los aventureros todos
+fueron saliendo del subterráneo, encontrándose en un parque espacioso,
+dentro de los muros de la misma fortaleza y contiguo al alcázar donde el
+sultán habitaba.
+
+La hueste de Morsamor buscó la mayor obscuridad, bajo las copas de
+algunos corpulentos árboles, para recatarse de los que pudieran estar
+vigilando y no ser vista ni sentida hasta que a una señal, que aguardaba
+con impaciencia, pudiese caer sobre los enemigos descuidados.
+
+No llevaba la hueste de Morsamor armas de fuego, poco usadas y nada
+portátiles todavía. Los aventureros vestían coraza o cota de malla e
+iban armados, de espada todos, y unos de flechas, y otros de picas y
+venablos.
+
+A pesar de que en la fortaleza se ignoraba el oculto camino por donde en
+ella se podía penetrar y a pesar del descuido de la guarnición, la
+empresa de Morsamor estuvo a punto de malograrse.
+
+Un viejo jardinero que andaba en vela y que tenía ojos de lince, vio con
+asombro que se abría el seno de la tierra y que surgía gente armada por
+la abertura. Al pronto acudió a dar aviso al capitán de una parte de la
+guarnición que se abrigaba en ancha sala de armas del piso bajo del
+alcázar. En seguida los muslimes se apercibieron a resistir y a acometer
+a los intrusos. El jardinero indicó dónde estaban, y con no menor
+sorpresa y asombro los vieron los muslimes, a pesar de la obscura
+frondosidad en que ellos se encubrían. Sonaron entonces los clarines y
+cundió la alarma por todo el parque y el alcázar. A la entrada de este y
+en algunas de sus ventanas, había mosquetes, puestos sobre firmes
+horquillas y previamente cargados. Los mosqueteros encendieron las
+mechas valiéndose del eslabón y el pedernal que en los esqueros
+llevaban.
+
+Abdul ben Hixen se alzó con sobresalto de su lecho, se vistió, se armó y
+se dispuso al combate.
+
+Por dicha para Morsamor, casi en el mismo punto se oyó la señal que
+esperaba: era el sonido de las trompetas, avisando la sublevación de la
+ciudad, donde la plebe amotinada combatía ya e iba venciendo a los
+musulmanes.
+
+La señal inspiró a Morsamor ánimo y confianza, pero era indispensable
+vencer en la fortaleza para obtener el triunfo. Si el sultán vencía y
+caía con su tropa sobre el pueblo, todo estaba perdido.
+
+Las bombardas y falconetes que guarnecían la muralla, aunque puestos
+sobre rudos encabalgamientos o cureñas, y nada apropósito para que la
+puntería fuese certera, podían barrer la turba de amotinados que se
+arrojase al asalto de la fortaleza, circundada de foso profundo.
+
+El sultán hubiera podido también lanzar contra la ciudad la caballería
+selecta de los guardias de su persona, que eran cerca de doscientos, y
+ocho terribles elefantes para la pelea y dirigidos por hábiles cornacas
+negros.
+
+Esto fue lo primero que logró evitarse merced a un dichoso golpe de
+mano. A las órdenes de Tiburcio, Morsamor destacó cien hombres de los
+más audaces, que con astucia diabólica lograron penetrar en el apartado
+edificio donde se guarecían caballos, elefantes, cornacas y guardias.
+Ningún aviso había llegado hasta allí. Sin sospecha ni recelo, dormían
+todos. Y si bien acudieron a las armas y procuraron defenderse, fue con
+tal aturdimiento y desorden, que les valió de poco. Con escasa pérdida
+de la gente que Tiburcio capitaneaba, muchos de los guardias fueron
+muertos. Otros se rindieron, depusieron las armas y se dejaron encerrar.
+Los caballos y los elefantes cayeron también en poder de la gente de
+Morsamor y quedaron custodiados en los establos, cobertizos y anchos
+corrales en que estaban. Todo esto, no obstante, no le consiguió sin
+prolongada lucha. Tiburcio y su gente no pudieron, pues, acudir en
+auxilio de Morsamor, empeñado en no menos ardua empresa, que las
+circunstancias hicieron harto más difícil.
+
+Aunque eran pocos los mosquetes, que podían dirigirse para dentro del
+parque, por donde no se preveía ataque alguno, y aunque estaban
+manejados por mosqueteros torpes, sin conocimiento práctico de aquellas
+armas, todavía hicieron algunos disparos sobre los guerreros de
+Morsamor, causándole cerca de treinta bajas entre muertos y heridos.
+
+Lejos de arredrarse con esto, el denuedo de Morsamor y de los suyos
+creció con la cólera y con el deseo de venganza.
+
+En una salida que el sultán hizo del alcázar con la gente que tenía
+cerca de sí, el sultán fue rechazado y tuvo que hacer cerrar rápidamente
+la puerta para que los enemigos no penetrasen en pos de él dentro del
+alcázar.
+
+Aprovechó Morsamor aquella retirada y el desaliento que había infundido
+en la guarnición que estaba fuera defendiendo el parque, para caer con
+todos los suyos, en buen orden y con embestida furiosa, sobre la gente
+que defendía la puerta de la fortaleza que daba a la ciudad y en la que
+había alzado un firme y ancho puente levadizo que hacía practicable el
+hondo foso.
+
+Por fortuna, la plebe amotinada de la ciudad, fanatizada por los
+brahmanes y provista de armas, había vencido a los más resistentes de la
+exterior guarnición, mientras que otros, codiciosos y traidores, se
+habían dejado comprar por dinero suministrado por los brahmanes y por
+mercaderes ricos. Parte pues, de la sublevación triunfante, se había
+adelantado hasta el borde del foso en tumultuosa muchedumbre. Sus gritos
+de júbilo llegaban claros a los oídos de Miguel de Zuheros, alentaban su
+valor y corroboraban su confianza. Así, a pesar de la obstinada
+resistencia de los que defendían la puerta, Morsamor y los suyos, no sin
+sacrificar allí muchas vidas, se apoderaron de la puerta al cabo, la
+abrieron y dejaron caer sobre el foso el puente levadizo. La noche en
+esto había pasado ya. La obscuridad se había, disipado. La penumbra del
+crepúsculo matutino se había trocado con rápida transición en claridad
+luminosa, apagándose las estrellas en el éter, matizándose las nubes de
+carmín y de oro y transmitiéndose por el ambiente despejado y limpio el
+movimiento, los colores y las formas de los distintos seres.
+
+Los de la guarnición interior, aturdidos y empeñados en luchar con los
+que estaban dentro, sólo habían hecho cinco disparos de lombardas,
+causando apenas daño en la muchedumbre, aunque sí algún miedo y mucha
+ira.
+
+Al abrirse la puerta y caer el puente levadizo, la plebe retrocedió con
+espanto, temiendo que iban a salir el sultán, y su caballería y sus
+elefantes, y a cargar sobre ella. Pero los dos jóvenes brahmanes, que
+acompañaban a Morsamor y que eran muy decididos, pasaron desde la
+fortaleza al otro lado del foso, y gritando en medio de la turba, le
+quitaron el miedo y la persuadieron de que eran aliados y amigos los que
+abrían el paso y los que reclamaban su apoyo para terminar aquella
+grande obra. La plebe entonces, como desbordado torrente que rompe el
+dique que le retiene y en violentas oleadas lo inunda todo, se precipitó
+por la puerta y llenó en un instante el parque que se extendía en torno
+del alcázar dentro del recinto murado.
+
+
+
+
+-XXIII-
+
+
+El rey, según hemos dicho ya, tuvo que replegarse y encerrarse de nuevo
+en el alcázar después de su vigorosa salida. La causa principal de la
+retirada había quedado oculta. El rey procuró y logró que se ocultase
+para que su gente no desmayara. Un dardo enemigo había atravesado su
+muslo derecho. De la honda herida manaba mucha sangre, y el rey apenas
+podía tenerse en pie.
+
+Encerrado en la ancha cámara, donde estaba el único acceso para penetrar
+en el harén, y asistido sólo por su médico, por su viejo confidente y
+valido el jefe de los eunucos, y por cuatro de sus más fieles e íntimos
+servidores, el rey siguió dando órdenes y excitando a la resistencia.
+Joven y robusto aún, era además fiero y orgulloso, aunque debilitado su
+brío por la vida muelle y deleitosa que había vivido, en paz con los
+extraños y en lo interior hasta entonces, sin rebeliones ni motines.
+
+Cuando vio a las claras que sus soldados habían sido vencidos, que la
+plebe triunfante había invadido la fortaleza y que ya se disponía a
+romper las puertas y a entrar en el alcázar, su desesperación fue
+completa y horrible.
+
+Abdul ben Hixen se jactaba de su nobilísima estirpe. Pretendía
+descender, por una ilustre serie de monarcas guerreros, del propio
+Mohamud de Gazna el Grande. Altísimo era el concepto en que tenía él la
+sagrada dignidad de su persona. ¿Cómo sufrir, pues, el oprobio de caer
+vivo entre las manos inmundas de aquel vil populacho?
+
+Inevitable era la muerte y convenía aceptarla con valor y recibirla
+cuanto antes.
+
+Los clamores de la turba, que oía cerca de sí, se diría que le excitaban
+a tomar la tremenda resolución. No podía ya morir peleando y matando,
+pero podía y debía morir en seguida antes de caer en infamante
+cautiverio.
+
+Abdul ben Hixen ya pidió con ruegos, ya ordenó con furia que le matasen
+a los cuatro soldados fieles que estaban cerca de él, al médico
+impasible y al jefe de los eunucos que le miraba lleno de asombro y
+temblaba como un azogado.
+
+El profundo respeto que el rey infundía no consintió que ninguno de sus
+cuatro guardias cumpliese sus órdenes ni accediese a sus ruegos.
+
+--Carecéis de valor--dijo entonces--para ser misericordiosos conmigo. Yo
+supliré el valor que os falta. Así os daré ejemplo para que os mostréis
+dignos de mí, para que impidáis que caigan vivas mis mujeres en poder de
+esa canalla infame, para que no insulten mi cadáver y para que todo, si
+es posible, sea presa de las llamas.
+
+Sin oír ni aguardar contestación alguna, Abdul ben Hixen desenvainó con
+rapidez el acicalado yatagán de doble filo que de rico talabarte le
+pendía, fijó en el suelo la costosa empuñadura, cuajada de diamantes y
+esmeraldas, y poniéndose en el pecho la agudísima punta, se arrojó
+encima con tal ímpetu que se traspasó y destrozó las entrañas con la
+ancha hoja, quedando muerto en el acto.
+
+El astuto médico, con previsora serenidad y sin ninguna gana de acabar
+también trágicamente, desapareció como por ensalmo, yéndose por el lado
+opuesto al harén y escondiéndose donde pudo. Oportunísima fue la fuga.
+El entusiasmo heroico y destructor de los cuatro eunucos rayó en delirio
+y no tuvo límites al ver muerto y en medio de una charca de sangre a su
+querido y augusto amo.
+
+Se creyeron en la obligación de matar y de incendiar y era menester
+cumplir con ella.
+
+El jefe de los eunucos la facilitó por lo que a él tocaba. El espanto le
+sobrecogió de tal suerte, que, desfigurado su rugoso y pálido rostro por
+horrible mueca, torcida y muy abierta la boca como para exhalar a escape
+el último aliento, desencajados los ojos y dilatadas las pupilas, se
+desplomó sin vida en el suelo.
+
+Los eunucos hacinaron telas, papeles, muebles, cuantos objetos
+consideraron más combustibles, alzándolos en montón contra la pared de
+la espléndida sala, cubierta de sedas del Catay y de chales y tapices de
+Cachemira, y cuya artesonada techumbre era de nácar, concha, sándalo,
+cedro y otras preciosas maderas que en delicados embutidos y en linda
+taracea se combinaban.
+
+Con destiladas quintas esencias, con ungüentos y aceites aromáticos, con
+cuanto pudieron hallar a mano a propósito para que prendiese el fuego y
+se propagase, rociaron los eunucos el montón de objetos, la tapicería de
+la pared y hasta el mismo techo. Encendieron fuego en seguida, le
+aplicaron a papeles y a trapos que había en la base del montón, y muy
+pronto con feroz alegría vieron surgir el humo y las llamas. Luego
+penetraron en el harén dispuestos a destruirlo todo y a dar muerte a las
+mujeres para que no fuesen profanadas y ultrajadas por el vulgo.
+
+Entre tanto, los guardias que custodiaban el alcázar, con el intento de
+vender caras sus vidas, abrieron la ancha puerta y se lanzaron de nuevo
+al combate desesperadamente. La plebe, apiñada delante de la puerta,
+tuvo que lamentar no pocas víctimas de aquel primer ímpetu.
+
+En esto, Morsamor, así como Tiburcio que, vencedor de la caballería,
+estaba ya a su lado, vieron en el extremo del palacio, hacia donde
+estaba el harén y en una gran ventana que acababa de abrirse, una
+extraña figura que los llenó de pasmo. Nunca mujer más bella, elegante y
+majestuosa, había concebido Morsamor en su fantasía de poeta, ni había
+aparecido en sus más radiantes y amorosos ensueños. Brillaban sus negros
+ojos, por entre las largas y sedosas pestañas, como la luz del sol que
+arreboladas nubes mitigan. Era su tez como de leche y rosas. Esbelto su
+talle: elevada su estatura. A pesar de las flotantes y blancas ropas que
+velaban su cuerpo, se presentía y se adivinaba que era todo él
+maravilloso y armónico conjunto de perfecciones casi divinas.
+
+Aunque no cuadraba a la dignidad aristocrática de aquella mujer ni
+mostrar angustia y terror en el semblante, ni pedir socorro a gritos,
+Morsamor, a la vez que sintió en el alma una jamás sentida y amorosa
+admiración y un irresistible impulso que hacia aquella mujer le llevaba,
+sintió también o más bien comprendió, como si un genio o espíritu
+invisible le hablase al oído, que aquella mujer se hallaba en el peligro
+más espantoso, y que él debía a toda costa libertarla y salvarla.
+Alrededor suyo, entretanto, se alzaban centenares de voces diciendo:
+
+--¡Urbási! ¡Urbási! ¡Es ella! ¡Es ella!--la que el tirano había robado.
+
+Sin más reflexionar, y sin ponerse con nadie de acuerdo, Morsamor espada
+en mano corrió hacia la puerta del alcázar, se abrió paso por entre
+cuantos allí peleaban, quedando milagrosamente ileso, y pronto subió a
+saltos la grande escalera que al piso principal conducía. Sintió pasos
+detrás de él, volvió la cara, vio a Tiburcio que le seguía dispuesto a
+ayudarle, y con mirada expresiva se lo agradeció sin pronunciar palabra.
+
+No era menester que la pronunciase; Tiburcio lo había adivinado todo y
+se puso delante de Morsamor, como para servirle de guía.
+
+Así llegaron a la cámara, donde yacía muerto Abdul ben Hixen. El humo
+era sofocante. Las llamas habían subido ya por la pared y habían
+empezado a cebarse en la techumbre que crujía y amenazaba desprenderse a
+pedazos.
+
+Tiburcio pasó impávido por la cámara. En pos de él pasó Miguel de
+Zuheros.
+
+Ambos iban con precipitación, aunque no sin cuidado, para no resbalar en
+la sangre que humedecía y manchaba el pavimento, para no tropezar en
+seres humanos muertos o moribundos y para no ser sorprendidos por los
+vivos aún armados y furiosos que sin duda por aquellos sitios vagaban.
+
+Con certero instinto y con tan ligeros y sordos pasos, que no levantaban
+rumor, como si los que marchaban fuesen sombras, llegaron al extremo del
+palacio, donde estaba la estancia en que Urbási se guarecía. Cerrada la
+firme puerta, resistía aún a los reiterados y furibundos golpes que
+sacudían en ella los cuatro eunucos, ansiosos de derribarla.
+
+Algo de siniestramente sobrehumano parecía traslucirse entonces en el
+gracioso rostro de Tiburcio, casi sin bozo, como de gentil adolescente.
+Acalorada la imaginación de Morsamor, creyó ver que la espada que
+Tiburcio llevaba en la diestra no era inerte acero, sino serpiente viva
+que se hundía en el pecho de los contrarios y mordía y destrozaba los
+corazones. Súbitamente, antes de que le viesen y le hiciesen cara,
+Tiburcio hizo caer por tierra mortalmente heridos a dos de los cuatro
+eunucos. No fue larga la lucha con los otros dos. Morsamor peleó contra
+el uno, Tiburcio peleó contra el otro, y ambos perecieron también.
+
+Sin un leve instante de reposo, Tiburcio tocó en la puerta con el pomo
+de su espada y gritó alto para que le oyese quien estaba dentro:
+
+--¡Urbási! ¡Urbási! Abre. Ten confianza en nosotros. Venimos a salvarte.
+
+La puerta se abrió enseguida y Urbási se mostró bajo el dintel,
+serenamente hermosa, como una aparición del cielo. Desalumbrado,
+extático quedó Morsamor al contemplar de cerca tanta hermosura. Luego se
+repuso haciendo un esfuerzo, y con la mano izquierda, desnuda de la
+manopla que en la escarcela guardaba, asió a Urbási de la diestra, y
+guiado siempre por Tiburcio, buscó por donde había venido la única
+salida del harén.
+
+Al llegar al salón, donde el rey yacía muerto, Morsamor retrocedió
+horrorizado.
+
+En torno del salón no había cundido el incendio porque eran los muros de
+sólida mampostería, revestida de mármoles, que sin arder se calcinaban;
+pero lo interior del salón parecía un infierno: medroso torbellino de
+humo y de llamas.
+
+Inevitable era pasar por allí. Tiburcio dio el ejemplo. Se diría que a
+su paso se apartaban las llamas y el humo como si le conociesen y
+respetasen.
+
+Vergüenza tuvo Morsamor de quedarse atrás, pero temía que, si Urbási
+seguía andando, prendiese el fuego en su larga y flotante vestidura,
+cuya fimbria tocaba y se extendía sobre el pavimento. Morsamor,
+entonces, tomó a Urbási en sus brazos, recogiéndole cuidadosamente la
+falda; atravesó con rapidez y valentía por el salón incendiado; y,
+precedido de Tiburcio llegó sano y salvo hasta el arranque de la grande
+escalera.
+
+Hechizado y orgulloso de su dulce carga, nada le fatigaba su peso, y
+Morsamor no la hubiera soltado a no exigir ella descender la escalera
+por su pie.
+
+Rápidamente la bajaron, asidos de nuevo de la mano Morsamor y Urbási.
+
+Con cariñoso afecto estrechó Morsamor la mano de Urbási, blanca, suave y
+admirablemente formada.
+
+Al llegar al último tramo, ella estrechó también la mano de Morsamor; y
+de su fresca boca, que a él pareció cáliz de perlas y rubíes, colmado
+del aroma y del néctar que aspiran y beben los inmortales, salieron en
+voz baja y suave estas dulces palabras:
+
+--Me has salvado la vida. Tómala si lo deseas. Eres su dueño.
+
+Absorto en su alegría, nada acertaba a contestar Morsamor, cuando se vio
+cercado de multitud de gente, así del pueblo como de los mismos
+aventureros que militaban bajo sus órdenes. Entusiasmados todos por sus
+hazañas, le aclamaban por héroe, casi le adoraban como a un semidiós y
+le levantaban en hombros para llevarle en triunfo.
+
+En aquel bullicio y alborozo Urbási y Morsamor se separaron. Y él estuvo
+largo rato desesperado e inquieto, en medio del aplauso popular y de la
+multitud que le vitoreaba, hasta que vio por dicha que a no mucha
+distancia, Urbási en compañía del viejo brahmán Narada, subía en un
+palanquín e iba a salir fuera del recinto murado. Antes de salir, ella,
+que tenía en él la vista fija, le miró con amor e hizo ondear en su mano
+un blanco cendal, como despidiéndose. Su larga mirada fue elocuentísima
+y decía con toda claridad: hasta que pronto, muy pronto volvamos a
+vernos.
+
+
+
+
+-XXIV-
+
+
+En un extremo de la ciudad y en espacioso edificio, Morsamor con toda su
+gente estaba acuartelado. No llegaban a ciento ochenta, porque más de
+ciento habían perecido en la batalla. Cargados de riquísimo botín,
+consolábanse los vivos de la muerte de sus compañeros de armas. Limitado
+el incendio a la gran cámara, el alcázar dio extraordinarias riquezas a
+los que, después de Morsamor, le entraron a saco. Los caballos y los
+elefantes, de que Tiburcio y los suyos se habían apoderado, cedidos
+luego o vendidos a Balarán, príncipe de los brahmanes, produjeron
+cuantiosa suma de rupias.
+
+La rebelión triunfante, había entronizado a Balarán, invistiéndole de
+omnímodos poderes; concediéndole lo que en Europa llamamos la dictadura.
+
+Era Balarán de nobilísima prosapia, de majestuosa presencia y de bello
+rostro resplandeciente en juventud lozana; era celebrado por su profundo
+conocimiento de los Vedas, de las Leyes de Manú, de los Puranas y demás
+libros sagrados, y de todos los sistemas filosóficos-ortodoxos y
+heterodoxos de la India; y era venerado además por su energía, por su fe
+inquebrantable en los altos destinos de su religión y de su casta, y por
+otras raras virtudes aparentes o verdaderas. Gozaba, por último, de
+pingüe y casi regio patrimonio, parte del cual había consumido,
+comprometiéndole todo en la conjura.
+
+Fundamento tenía su propósito de que fuese seguido el ejemplo que
+acababa de dar; de que la rebelión se propagase a otros Estados y de que
+se extirpase de la India el predominio del Islam. Así quedaría su
+ambición plenamente satisfecha; llevaría él con justo título el nombre
+de Balarán; el mismo nombre del pasmoso hermano de Crishna. Y así
+lograría él ser Brahmatma o jefe supremo de su casta, de su secta y del
+imperio que en ella se fundase.
+
+Repugnaba Morsamor ser mero y dócil instrumento del brahmán ambicioso.
+Harto conocía que era delirio aspirar a más. Lo razonable, pues, era
+retirarse con sus aventureros, volviendo todos a Goa victoriosos y
+opulentos como nababos. Sólo un interés personalísimo retenía a Morsamor
+en Benarés. La bella Urbási había cautivado su alma. Necesitaba volver a
+verla, declararle su amor y pedirle el cumplimiento de lo prometido en
+aquellas dulces palabras que ella pronunció, dejándolas grabadas en el
+centro de su corazón: _Me has salvado la vida. Tómala si lo deseas. Eres
+su dueño_.
+
+Harto presentía Morsamor lo aventurado y peligroso de su nueva empresa.
+No quiso comprometer en ella sino a los que le fuesen completamente
+adictos y estuviesen resueltos a arrostrar el enojo de Balarán y a
+resistir el poder que ellos habían contribuido a poner en sus manos.
+
+Morsamor convocó, pues, a su gente, expuso su determinación de
+permanecer en Benarés con algunos pocos aventureros que quisiesen
+acompañarle y reconociendo que todos habían cumplido ya con el
+compromiso y la obligación que contrajeron, los dejó en libertad de
+volver a Goa, conducidos por buenos guías y con el espléndido botín que
+habían conquistado.
+
+Deplorando o aparentando deplorar la separación, ciento veinte
+abandonaron a Miguel de Zuheros. Con él sólo quedaron sesenta valientes
+de los más devotos a su persona. No hay que decir que el fiel Tiburcio
+quedó también con él.
+
+Después de esto, de noche y con misterioso recato, el anciano Narada
+vino a visitar a Morsamor. Previos muy corteses saludos y sin otro
+preámbulo, Narada, dijo lo siguiente:
+
+--La verdad, sin jactancia, es que yo he fomentado y estimulado la
+ambición de Balarán desde mucho tiempo ha, infundiendo en su alma mi
+ardiente deseo de sacudir el yugo de los muslimes. Nada a pesar de mi
+empeño hubiéramos hecho todavía, si un imprevisto suceso no hubiera
+reanimado el espíritu reacio de Balarán, atizando su ambición con la ira
+y los celos y prestándole actividad y arrojo. La bella Urbási, a quien
+Balarán pretendía y adoraba rendido, desapareció de su magnífica
+vivienda; fue víctima de misterioso rapto. No bastó la habilidad de los
+raptores y no bastó el secreto con que la ejercieron, para que Balarán
+dejase de presumir y aun de tener por seguro que el tirano Abdul ben
+Hixen, ardiendo por Urbási en lascivos amores, era quien la había robado
+y quien en su harén la guardaba cautiva. Entonces Balarán no vaciló un
+instante. Forjó su plan y lo realizó con presteza de acuerdo conmigo. La
+fama de tus bizarrías había llegado hasta nosotros. Consideramos útil tu
+auxilio y yo fui a buscarte. Harto bien sabes lo demás por haber sido
+tan principal actor en todo. Lo que tú ignoras es que Urbási se halla de
+nuevo en grave peligro. Ha desdeñado al rey muslime y se le ha
+resistido, pero no desdeña menos a Balarán, el cual la adora y está
+resuelto a hacerla suya de grado o por fuerza.
+
+--No será, no será mientras yo viva--interrumpió Morsamor con ímpetu
+apasionado--. Yo liberté y salvé a Urbási, y Urbási será mía o pereceré
+en la demanda.
+
+--No sé cómo ponderarte--dijo Narada--la alegría y la confianza que tus
+nobles palabras infunden en mi pecho. Bien puedo ya declarártelo todo
+sin recelo alguno. Urbási, nobilísima doncella, huérfana de padre y
+madre, es venerada por mí como una deidad y amada como el más tierno de
+los padres puede amar a la mejor de sus hijas en quien se mira como en
+un espejo y en quien contempla el limpio dechado de todas las
+excelencias y perfecciones. Por sus venas azules corre la etérea y
+purísima sangre de nuestros antiquísimos _richis_, héroes y monarcas,
+celebrados en leyendas divinas y en inmortales epopeyas. La naturaleza,
+pródiga con Urbási, la adornó de todos sus primores y prestó a su alma y
+a su cuerpo gentileza tal que bien pudiera creerse que cuantos son los
+númenes que pueblan y dirigen los tres mundos, acudieron en la hora del
+nacimiento de ella otorgándole cada uno el don más precioso y la más
+alta virtud de que dispone. Ilustrada luego la mente de Urbási por
+superior inteligencia, ha concebido el ideal completo de la mujer. Y
+Urbási con voluntad firme y constante, ha logrado realizarle en sí
+misma, tanto en lo íntimo del espíritu como en la visible y terrenal
+apariencia. Sabe, sin hacer le ello alarde, las ciencias reveladas y
+ocultas de los brahmanes. Y sin ignorar el conjunto de las sesenta y
+cuatro artes de amor y deleite, que constituyen la _padmini_ o hembra
+humana de mérito supremo, es casta, inocente e inmaculada virgen, así en
+el sentir y en el pensar como de hecho. No; el claro y abundante
+manantial de amorosas venturas, el tesoro de hechizos, el cáliz colmado
+de licor de celestial bienandanza, que con el auxilio de los dioses ella
+ha creado y en sí tiene, no puede ni debe tocar a labios impuros,
+apagando su sed, ni puede ser entregado para que le goce y profane a
+quien no sobresalga entre el vulgo de los mortales con eminencia
+desmedida.
+
+--¿Es posible--interpuso Morsamor, con cierto despecho--que ella, en
+cuyas encarecidas alabanzas te quedas corto, se complazca tanto en su
+propio valer, le tome por objeto de culto y se haga incapaz de amar a
+otro ser humano? Yo que la amo, yo que la adoro, ¿he de perder la
+esperanza de ser correspondido?
+
+--Urge que lo sepas todo--replicó Narada--. No hay vagar para rodeos ni
+disimulos. Urbási, desde que llegó a ser núbil, se sintió atormentada
+por amor sin objeto; pero no sin objeto, sino por objeto a su ver
+imaginario, que columbraba su mente en la vaga penumbra de confusos
+recuerdos, en las casi borradas impresiones que anteriores existencias
+acaso han dejado en el alma. El ser que Urbási fingía, recordaba o
+creaba, (¿por qué no confesártelo, si ella lo confiesa?) se parecía a ti
+¡oh venturoso Miguel de Zuheros! Antes de que te viese, Urbási te amaba.
+Te vio, y tú fuiste su salvador. En el día, Urbási te idolatra. Ella
+cree que los cisnes de alas de oro, fatídicos nuncios del destino,
+vinieron a pronosticar su amor por ti y tu amor por ella, como
+pronosticaron a Damayanti que Nal debía ser su enamorado esposo. Y
+Urbási, no menos enamorada que Damayanti, desdeñaría por ti, no sólo a
+Balarán, sino a Indra, a Varuna y a los demás dioses, que desde el
+Baikounta bajasen a pretenderla. Por ti se siente Urbási capaz de los
+mayores sacrificios. Por seguirte lo abandonaría todo, e imitando a
+Savitri fiel consorte de Satyavat, acosaría sin temor a Yama, dios de la
+muerte, para sacarte de entre sus manos, como tú la sacaste a ella, y
+estrecharte luego apasionadamente en sus hermosos brazos.
+
+Al oír a Narada, el corazón de Morsamor latía y saltaba agitadísimo por
+júbilo inefable. Morsamor se echó a los pies de Narada para mostrar su
+gratitud besándolos. Narada le alzó, le abrazó y se despidió de él,
+designando el momento en que volvería para llevarle donde Urbási estaba.
+
+
+
+
+-XXV-
+
+
+En una quinta, a corta distancia de la ciudad, secretamente estaba todo
+dispuesto para la boda que había de ser clandestina, sin festín para los
+convidados, sin baile y sin música. No por eso dejaba de estar revestido
+de costosos tapices y de otros raros adornos, el salón donde se elevaba
+el _pandal_, estrado o sitio consagrado a la ceremonia.
+
+En compañía de Narada, Morsamor entró allí primero. Llevaba el viejo
+brahmán vestimenta litúrgica de escarlata, sobre cuyo fondo carmesí se
+destacaba la barba blanquísima y luenga. Morsamor, ataviado con esmero y
+elegancia, parecía más joven y más gentil que nunca. De su cinto,
+bordado de oro, pendían la espada, la daga y la primorosa escarcela;
+coleto de finísimo ante, lleno de prolijas labores, cubría su pecho y
+sus espaldas. Las mangas acuchilladas, así como los gregüescos eran de
+blanco raso. La calza muy ceñida, de elástico punto de seda, hacía que
+luciesen las bien modeladas formas de sus ágiles piernas musculosas a
+par que enjutas. Muy lindo gabán colgaba airosamente de sus hombros.
+Tenía la mano derecha libre y desnuda, y en la izquierda los guantes de
+ámbar y la graciosa gorra de Milán con airón de blancas y rizadas
+plumas, prendido a la gorra por una piocha de esmeraldas y rubíes.
+
+Narada, al contemplar a Morsamor a la luz de las muchas lámparas que en
+el estrado había, no pudo menos de decirle que competía con el divino
+Hari, cuando se casó Rukmini en el magnífico palacio de Duarika.
+
+No tardó la bella Urbási en aparecer sobre el estrado. La acompañaban
+cuatro matronas casadas y la seguían sus siervas, y los pocos
+convidados, amigos íntimos o parientes de su familia.
+
+La presencia de Urbási, deslumbradora de hermosura, excitó la admiración
+de todos. En el alma de Morsamor se avivó con violencia el amoroso
+fuego.
+
+El andar de Urbási más parecía de deidad que de criatura humana. Sin
+oprimir su esbelto talle, le ceñía amplia zona de púrpura recamada de
+perlas, sosteniendo las flotantes ropas talares de cándido lino, que
+descendían en artísticos pliegues y dejaban adivinar la armoniosa
+corrección del delicado cuerpo. La doble redondez del firme pecho, sin
+compresión ni arrimo, se estremecía suavemente, al moverse la hermosa,
+entreviéndose por la transparencia de la tela su puro color de rosa y
+nieve. Recogidas con gracia en alto las abundantes crenchas de sus
+negros cabellos, dejaban ver el cuello despejado y cuan bien puesta se
+erguía sobre él la noble cabeza. Verde-obscuras y hondas como la mar,
+eran las pupilas de sus ojos; su brillo como el del sol; y la sonrisa de
+su fresca boca, como presentimiento del Paraíso.
+
+Según el rito, la novia debía acabar de adornarse en el _pandal_, en
+presencia de todos, y las cuatro matronas casadas procedieron a hacerlo.
+De diamantes y perlas eran las joyas con que la adornaron. Pusieron una
+diadema sobre su frente; en sus pequeñas orejas, a guisa de zarcillos,
+dos gruesos solitarios asidos a sendos y sutiles aretes; junto a los
+hombros y en las finas muñecas de los desnudos brazo y en las gargantas
+de los pies ligeros, brazaletes y ajorcas; y varios anillos en los
+afilados dedos de las manos y también en los dos dedos gruesos de ambos
+pies, cuyo admirable dibujo no estragó jamás rudo calzado de cuero, y
+cuya desnudez dejaba ver la nítida blancura de la piel sonrosada y el
+limpio nácar de las pulidas uñas, sobre las elegantes sandalias.
+
+En la cabeza de Urbási las cuatro matronas echaron por último un rojo y
+transparente velo.
+
+Recitando himnos con entonada melopeya, Narada invocó a los lares y a
+los manes, genios protectores del hogar y espíritus de los antepasados.
+
+Dos _purohitas_ o brahmanes que oficiaban asistiendo a Narada, pusieron
+en la mano derecha de Morsamor algunos hilos de azafrán, enlazados por
+larga cinta a otros hilos de azafrán que pusieron en la mano izquierda
+de Urbási.
+
+Narada asió después la diestra de Morsamor y la unió a la diestra de
+Urbási. Sobre ambas manos juntas fueron todos los asistentes vertiendo
+algunas gotas de agua lustral perfumada.
+
+Morsamor enseguida dio a Urbási algunas hojas de betel picante.
+
+Entonces se renovó la invocación, dirigiéndola Narada a los más egregios
+seres divinos, a la propia Trimurti con el complemento femenino de
+Sarasvati, esposa de Brahma; de Laksmi, esposa de Vishnú, y de Uma,
+esposa de Siva.
+
+En amplio canastillo de flexibles entretejidos juncos, de pie y
+abrazándose se colocaron los novios; y cuantos allí asistían derramaron
+sobre sus cabezas puñados de arroz que tomaban de otros canastillos
+menores.
+
+Morsamor asió luego el _táli_, largo cordón de seda y oro en cuyos
+extremos resplandecían dos esmeraldas. Morsamor enredó el _táli_ a la
+garganta de Urbási, dándole tres vueltas y sujetándole con triple
+lazada. La novia miraba hacia el Oriente mientras que el novio así la
+prendía.
+
+Sentados ambos después en blandos cojines, comieron juntos, sobre anchas
+hojas de plátano, butiro fresco extendido en leves y esponjadas tortas
+de flor de harina, y miel de azahar a la postre: manjares simbólicos de
+iniciación en los misterios orientales, para aprender a reprobar lo malo
+y a elegir lo bueno.
+
+En el centro del _pandal_ se levantaba el ara, donde había algunas
+brasas. Los _purohitas_ echaron sobre las brasas canela, sándalo,
+espliego y otras plantas y yerbas secas y fragantes. Se levantó llama y
+Narada la avivó más con libaciones de _soma_ divino.
+
+Narada entonces habló así con Agni, dios del fuego, devorador de la
+ofrecida hostia, conductor alado del holocausto:
+
+--¡Oh, tú que te ocultas en el seno de los seres todos, que sin ti no
+serían, escúchame, Agni, tú que animas el universo. Concede a Urbási la
+lealtad y la firmeza que Satchi consagró a su marido cuando él la
+abandonó, y lleno de remordimientos, huyó a empequeñecerse y a
+esconderse en el tallo hueco de una de las flores de loto que cubrían el
+lago donde tú le hallaste, más allá de los montes de Himabat, en los
+últimos términos de la tierra. Movido tú por las súplicas de Satchi y de
+acuerdo con los dioses, corriste por la tierra, volaste con tus alas de
+llamas por el aire y el éter, y hasta penetraste en el agua, tu temida
+madre, para encontrar a Satacrátu en su penitente y escondido refugio!
+El pecado de Satacrátu vino a recaer entonces y a diluirse en todas las
+criaturas, y recobrando él sus bríos, las hizo dichosas, venció al
+tirano Nahucha y volvió a reinar en los tres mundos. ¡Oh, Agni, haz que
+Urbási sea para Morsamor tan regeneradora y purificante como Dara
+Satacrátu fue Satchi! Oye también y sé testigo, ¡oh Agni, del solemne
+juramento de amor y de fidelidad, que van a pronunciar ambos esposos!
+
+Morsamor y Urbási, en efecto, extendidas las manos sobre el ara y cerca
+del fuego prestaron el juramento debido.
+
+Así terminó el acto religioso.
+
+En aquella misma noche, sin demora ni reposo, a fin de sustraerse a la
+celosa furia, a la venganza y al poder de Balarán, Morsamor y Urbási,
+depuestas las galas y en traje de camino emprendieron un largo viaje.
+
+
+
+
+-XXVI-
+
+
+Muchos días, fugitivo de Balarán, caminó Morsamor con su dulce
+compañera. Dejándose persuadir por Narada, había creído en el
+levantamiento general de toda la India, en favor del predominio
+brahmánico, y no juzgó prudente ni seguro tratar de volver a Goa, ni
+dirigirse a otro lugar que no estuviese fuera de los límites de la
+India.
+
+En grandes barcas que de antemano contrató Narada, Morsamor había pasado
+el Ganges, y había ido hacia el nordeste, esquivando los sitios
+poblados.
+
+Con él iban, todos a caballo, Tiburcio y los sesenta valientes devotos a
+su persona. En ligero palanquín que veinte robustos negros sostenían y
+llevaban turnando, iba la bella Urbási, asistida sólo por su sierva
+favorita Rohini. Completaban la caravana treinta poderosas mulas,
+alquiladas a dos ricos banianes en quienes Narada fiaba mucho y que se
+habían comprometido a ir a donde se les mandase, cuidando y guiando las
+mulas con el auxilio de cinco hábiles naires. Las mulas llevaban a lomo
+el espléndido equipaje de Urbási, abundancia de víveres, cuanto se
+requiere para desplegar tiendas en el campo y otros objetos útiles a la
+comodidad y regalo de los ilustres viajeros y al alivio de sus fatigas.
+
+Harto presentía Morsamor que el Brahmatma, con gran golpe de gente de
+guerra, había salido a perseguirle, aunque no había podido hasta
+entonces darle alcance por la mucha delantera que Morsamor y los suyos
+habían tomado.
+
+Sin tropiezo vi encuentro alguno desagradable, llegaron los que huían a
+una vastísima e intrincada selva, resplandeciente de lozana pompa y
+florida verdura.
+
+La frondosidad era tan densa por algunos puntos, que era menester
+abrirse paso rompiendo y destrozando con la segur los enormes bejucos y
+demás plantas enredaderas que, formando festones y guirnaldas, pendían y
+se entrelazaban de unos árboles en otros. Las alimañas esquivas y
+feroces huían a la aproximación de la hueste, pero no faltaban seres
+animados, más mansos y menos recelosos del hombre, que apenas se
+apartaban al sentirle llegar, y hasta que se adelantaban y mostraban
+como si acudiesen a darle la bienvenida. A veces, con alegre desentono,
+graznaban los pavos reales, desplegando la brillante rueda de sus
+pintadas plumas. Zumbaban las abejas que en los huecos de añosos árboles
+labraban sus panales. Las libélulas y las mariposas de los más nítidos
+colores y variados matices poblaban y esmaltaban el ambiente. La
+abundancia de hojas en lo más alto de las plantas formaba verde toldo,
+por el cual se filtraba tamizada y tenue la lumbre solar, mitigando sus
+ardores y formando caprichosos cambiantes de refulgente claridad y de
+sombra apacible. El _kokila_ y otras aves cantoras entonaban sus trinos
+y gorjeos. Un vientecillo suave que apenas movía los más tiernos tallos
+y renuevos, esparcía con sus alas el grato aroma de las flores,
+trasladaba a larga distancia las aladas semillas y llevaba de unos
+cálices a otros el polen fecundante. Arroyuelos de agua cristalina
+corrían serpenteando y murmurando por el somero cauce que naturalmente
+habían abierto, y en cuyas márgenes crecían violetas, rosas silvestres y
+mil hierbas de olor. No bien empezaba a anochecer discurrían por el aire
+en multitud sin cuento las luciérnagas, como brillantes joyas con que
+bordaba allí su manto la primavera.
+
+Tan amenos eran aquellos lugares que, embelesados Morsamor y los suyos,
+olvidaban casi el peligro que corrían.
+
+Continuaban, no obstante, su peregrinación, aunque a la aventura y sin
+saber a punto fijo en dónde podrían refugiarse para escapar o para
+defenderse de sus perseguidores.
+
+La selva parecía interminable y desierta. Los fugitivos no hallaron en
+ella criatura humana.
+
+Al cabo llegaron a un ancho espacio, casi despejado de árboles, y en
+cuyo centro se alzaba un grande edificio de extraña arquitectura,
+palacio, fortaleza o tal vez abandonado asilo de anacoretas penitentes.
+Los peregrinos le visitaron y reconocieron, hallando que en él no vivía
+nadie.
+
+Morsamor resolvió parar allí, reposar y hacerse fuerte, si por acaso le
+descubrían y sorprendían sus enemigos en aquel misterioso retiro.
+
+Sólo Tiburcio de Simahonda, con cuatro soldados que le escoltasen, todos
+en buenos y ligeros caballos, debía seguir adelante, como explorador,
+para ver si hallaba no muy largo y seguro camino por donde todos
+pudiesen ir a la corte del gran monarca de los mongoles, Babur, si este
+había apaciguado ya sus dominios, si se hallaba en alguna ciudad menos
+distante que la remota Samarcanda, y si concedía su favor y la esperanza
+de una recepción amistosa.
+
+La gente de Morsamor estaba cansadísima. Y Urbási, rendida por la fatiga
+y emociones violentas, necesitaba para reponerse tranquilidad y reposo.
+
+En el desierto edificio había muchas estancias separadas y capaces, pero
+muy pocos y antiguos muebles, rotos o desvencijados. Por dicha, las
+mulas traían de repuesto cuanto era conveniente para hacer agradable
+aquella vivienda.
+
+En el patio del edificio manaba agua abundante y clara de una hermosa
+fuente. Y cerca de ella había en amplio sótano una alberca para bañarse.
+
+En el edificio no había provisiones de boca, pero la caravana distaba
+mucho de haber consumido las que sacó de Benarés, y en la selva además
+abundaban los cocoteros, los plátanos, los mangos, las palmeras, los
+naranjos, los limoneros y otros árboles cargados de fruta. Y todos
+aquellos contornos convidaban con fácil y riquísimo éxito a la caza y a
+la pesca.
+
+Alabando, pues, al cielo, que por lo pronto tan buen refugio le ofrecía,
+Morsamor se instaló con su gente en el abandonado edificio que se alzaba
+en el centro de la intrincada y vastísima selva.
+
+
+
+
+-XXVII-
+
+
+El edificio estaba casi al pie de muy altos montes. La ingente
+cordillera del Himalaya se erguía cerca de él, extendiéndose a un lado y
+a otro. Las cumbres, que se alzaban en el aire a millares de codos,
+estaban cubiertas de hielo perpetuo y de cándida nieve, que heridos por
+los rayos del sol, vertían destellos radiantes y hacían más bella la
+templada y apacible llanura en que se hallaba el palacio, bañándolo
+todo, a la hora del crepúsculo, en mágicos reflejos.
+
+Morsamor había enviado esculcas y puesto atalayas, que debían renovarse
+con frecuencia y vigilar de continuo para avisar la llegada de cualquier
+enemigo y evitar una sorpresa. El terreno quebrado y áspero y los
+intrincados y revueltos desfiladeros estaban tan próximos, que era
+fácil, previo aviso de que llegaban fuerzas muy superiores, escapar a
+toda persecución, refugiándose en las entrañas de la serranía.
+
+Confiado en esto, Morsamor hacía en el palacio larga parada, aguardando
+la vuelta de Tiburcio.
+
+Era alta noche. Morsamor reposaba al lado de Urbási en la repuesta
+alcoba. La tenue luz de una lámpara, que ardía en vaso de diáfana
+porcelana, iluminaba suavemente el hermoso rostro y las gallardas y
+juveniles formas de la mujer dormida.
+
+Morsamor se despertó y se puso a contemplarla extasiado. No acertando a
+reprimir su admiración amorosa, se acercó con lentitud y cuidado, para
+que ella no despertase e imprimió dos tiernos besos sobre los párpados y
+largas pestañas de sus cerrados ojos. Aunque el toque de los labios de
+Morsamor fue delicadísimo, sacudida Urbási como por una conmoción
+eléctrica, volvió en su acuerdo, abrió los ojos, llenos de dulzura, miró
+a su amante esposo y le estrechó afectuosamente en sus desnudos y
+blancos brazos. La felicidad y la vehemencia del amor de ambos, no hubo
+palabra articulada con que pudiera expresarse en aquel punto.
+
+Después, sostenida en el brazo derecho de Morsamor y reclinada en su
+hombro, tras no breve pausa de silencio y reposo, Urbási con lánguida y
+entrecortada voz, dijo a Morsamor casi al oído:
+
+--No; este amor invencible, fuerte, gigante, inmenso, no ha podido nacer
+en mí, ni ha nacido de súbito. Antes de conocerte yo te presentía y te
+amaba. Al verte por vez primera, recordé tu rostro y columbré su
+semejanza en la nebulosa lejanía de tiempos pasados. Reminiscencias
+confusas de una vida anterior se despertaron en mi alma. En tierras muy
+remotas, nacida yo en humilde, en casi vil condición, te había amado y
+había sido tuya. ¡Tú te avergonzabas de mí, cruel! Tú me abandonaste.
+Morir fue mi sino, pero no quise morir desesperada. Entregué mi alma a
+Smara, dios del amor, y él me hizo en pago la promesa de poseerte de
+nuevo: de hacerme renacer, rica, noble y venerada para que no te
+avergonzases de mí y mil veces más hermosa para que me amases mil veces
+más que hasta entonces me habías amado. Dime, Morsamor, ¿no es cierto
+que Smara ha cumplido su promesa?
+
+Al oír Morsamor las palabras de Urbási, retrajo a su memoria la imagen
+de Beatricica y pensó tenerla allí presente y que ella le encadenaba
+entre sus brazos y le besaba y le acariciaba. Como si hiriesen otra vez
+sus oídos, percibió las palabras de la vieja gitana que le dijo en
+Sevilla la buenaventura. Los cabellos de Morsamor se erizaron de
+espanto. A pesar del contacto íntimo y delicioso de su prenda querida, a
+pesar del tibio y grato mador de aquella piel, cuya tersura, suavidad y
+fragancia envidiarían los pétalos de la magnolia y de la flor del loto,
+Morsamor sintió el frío de la calentura y se santiguó maquinalmente.
+Entonces recordó con horror que era católico cristiano, aunque apóstata
+y réprobo.
+
+En aquel momento sonaron fuera de la alcoba voces, precipitados pasos,
+ruido de armas y rechinar de puertas.
+
+Aquella sensación, que avisaba a Miguel de Zuheros un peligro presente y
+real, disipó de su espíritu las sombrías imaginaciones, que sin duda una
+muy natural coincidencia había creado. Natural era que Urbási, bajo el
+influjo de las creencias religiosas, propias de su nación y de su casta,
+se diese a entender que había transmigrado su alma, que en otras vidas
+había amado a Morsamor, y que más tarde había renacido para volver a
+amarle.
+
+Miguel de Zuheros desechó, pues, aquellos vanos pensamientos, se serenó,
+recobró su brío indomable, se arrojó del lecho y se revistió a escape
+las armas.
+
+Tomás Cardoso, teniendo de la pequeña hueste por ausencia de Tiburcio,
+acudió a llamarle desde la puerta de la alcoba. Armado ya Morsamor,
+salió a juntarse con Tomás Cardoso.
+
+Numerosa hueste enemiga había sorprendido y muerto a los descuidados y
+dormidos atalayas, había invadido la selva y había cercado por todas
+partes el edificio.
+
+A la luz del alba naciente, miró Morsamor por las ventanas en varias
+direcciones, y por donde quiera vio guerreros indios capitaneados sin
+duda por Balarán, el Brahmatma. No había medio de huir. Era inevitable
+combatir hasta la muerte o hasta lograr milagrosa victoria.
+
+Los sitiadores dieron sin tardanza un furioso asalto por la fachada de
+la quinta, pugnando por derribar la puerta. Morsamor y los suyos se
+defendían con valor y con tino, causando en los sitiadores grande
+estrago y haciendo repetidas veces que retrocedieran, poseídos de
+terror.
+
+La puerta resistía aún al embate del enemigo; pero, en la previsión de
+que pronto la derribase, Morsamor no vacilaba en defender sin reparo la
+entrada abierta.
+
+A este fin, iba ya a descender al piso bajo del edificio, cuando oyó, en
+el piso principal, angustiosos gritos y clamores. El enemigo había
+entrado por una pequeña puerta, a espaldas del palacio, le había
+invadido, y llenaba ya el piso en que Morsamor se hallaba. Entonces
+acudió Morsamor a la defensa de Urbási, pero ya fue tarde. El mismo
+Balarán, rodeado de sus más audaces satélites, había llegado donde ella
+estaba, la había asido de un brazo e intentaba apartarla de aquel sitio
+para acabar luego con Morsamor y los suyos sin que ella padeciese ni
+peligrase.
+
+No como débil mujer, sino como fiera leona, se resistió Urbási al
+propósito de Balarán, lanzando contra él enérgicas palabras de odio y
+desprecio.
+
+En aquel punto apareció Morsamor donde Urbási pugnaba por que Balarán no
+se la llevase consigo.
+
+--¡Sálvame, Morsamor!--dijo al verle--. ¡Amor mío, libértame de este
+aborrecido tirano!
+
+El corazón del Brahmatma ardió en celosa ira, al ver a su rival y al oír
+las amorosas palabras con que Urbási le llamaba.
+
+En su ciego arrebato, desnudó Balarán la daga que llevaba en el cinto y
+se la hundió a Urbási en el seno, causándole instantánea muerte.
+
+Atónitos, estupefactos quedaron los de uno y otro bando, al ver caer a
+Urbási desplomada en el suelo.
+
+Con ímpetu irresistible se lanzó Morsamor contra Balarán, yendo a su
+lado Tomás Cardoso y otros ocho valientes, que arrollaban o derribaban
+cuanto obstáculo se les oponía. Así llegó Morsamor hasta donde se alzaba
+Balarán con la sangrienta daga en la diestra y tomó rápida venganza,
+atravesándole el cuerpo con su espada.
+
+La gente de Morsamor le defendía a un lado y a otro, rechazando a los
+indios. Morsamor pudo entonces asir de la barba al muerto Brahmatma y
+arrastrarle hasta la ventana principal del edificio. La abrió, sin temer
+el diluvio de flechas que le dispararon; alzó a Balarán en sus brazos
+para que los de su bando le vieran, y en seguida, con titánica fuerza,
+arrojo por el aire el cuerpo inerte, que dio tremendo golpe en el
+despejado o en el claro abierto por la gente de guerra al apartarse
+horrorizada.
+
+En los primeros instantes que a la venganza de Morsamor se siguieron,
+parecía que Morsamor iba a triunfar por raro prodigio de su feroz
+valentía.
+
+Los que habían entrado en el edificio con Balarán huyeron al verle
+muerto. Volvió a cerrarse la puerta por donde habían entrado. La
+posición de Morsamor y de los suyos parecía inexpugnable, merced a su
+desesperada resistencia y a la consternación de unos contrarios sin
+caudillo.
+
+Pronto, no obstante, se rehicieron estos, fiados en su muchedumbre y
+aguijoneados por la vergüenza y por el deseo de que la muerte de Balarán
+no quedase impune.
+
+No era como el alcázar de Benarés el edificio en que Morsamor se
+refugiaba. Apenas se había empleado la piedra para construirle, sino la
+madera, tan abundante en la selva que en torno se extendía. Allí era
+fácil de conseguir el incendio, y el incendio era el medio más seguro de
+vencer sin sacrificar muchas vidas.
+
+Gran número de sitiadores, con actividad diligente, solícita, casi
+frenética, allegó y trajo leña y hojas secas, y, formando con ellas
+enormes montones y altos rimeros, las arrimó a las puertas y a las
+paredes. Los sitiadores más decididos prendieron fuego por varios
+puntos, y, favorable el viento a su intención, estimuló el fuego
+soplando. Rojas llamas se levantaron lamiendo y escalando los muros.
+Negra y espesa humareda envolvió el edificio como en velo enlutado de
+fúnebres crespones.
+
+Nada había advertido Morsamor. Satisfecha en Balarán su venganza, daba
+rienda suelta a su pena, abrazado al cuerpo inerte de Urbási,
+cubriéndole de besos y de lágrimas y anhelando hacerle revivir con su
+aliento.
+
+Tomás Cardoso y los demás aventureros tuvieron que apartarle de allí,
+bajándole casi en volandas hasta la puerta principal del edificio. Era
+menester salir fuera, abrirse paso o morir hiriendo y matando, si no
+querían todos perecer ahogados por el humo o devorados por las llamas.
+
+Morsamor se repuso de su doloroso desfallecimiento, hizo abrir la
+puerta, que ya empezaba a arder, y con heroica furia se abalanzó contra
+los sitiadores.
+
+
+
+
+-XXVIII-
+
+
+Aunque Morsamor parecía invulnerable y aunque los cincuenta hombres que
+permanecían vivos bajo su mando eran diestros y prodigiosamente
+valerosos, todos sin duda iban a perecer allí peleando contra un
+ejército. No peleaban por la victoria. No peleaban por la salvación en
+la fuga. Peleaban sólo para vender caras sus vidas. Caras las vendían,
+en efecto, pero Morsamor notaba con angustia compasiva que sus fieles y
+devotos amigos iban cayendo también.
+
+De súbito el ronco clangor de retorcidas y bárbaras trompetas estremeció
+el ambiente. Mil y mil gritos salieron de las bocas de los indios,
+medrosos y aterrados. Morsamor y los suyos vieron con sorpresa que sus
+contrarios, en confuso desorden, huían a la desbandada, tiraban las
+armas para correr con mayor ligereza y buscaban refugio y escondite en
+lo más intrincado del bosque, ya que no en las entrañas de la tierra.
+
+¿Qué poder misterioso acudía en auxilio de Morsamor? No tardaron en
+aparecer los imprevistos auxiliares. Venían en ligeros caballos. Eran
+guerreros, de fea y terrible catadura, armados de largas lanzas, de
+agudas flechas y de flexibles arcos. En sus rostros, casi imberbes,
+aunque varoniles y fieros, resplandecía, sobre el amarillo obscuro de la
+tez curtida, la exultación alegre del triunfo. Sus pómulos eran
+salientes, gruesos sus labios y la nariz aplastada, oblicuos y pequeños
+sus ojos, y negras las ralas cerdas del largo bigote, y negros los
+cabellos que pendían lacios sin ondas ni rizos. Cubrían sus cabezas
+gorras de hirsutas pieles, envolviendo capacetes de cobre, y sostenidas
+por barbuquejos de lana cuyas extremidades flotaban sobre el pecho.
+
+Extraordinaria fue la sorpresa de Morsamor cuando vio en medio de esta
+tropa, que parecía fantástica legión de demonios, a su doncel sutil
+Tiburcio, que venía como guiándola y capitaneándola, más gallardo y
+gentil que nunca.
+
+Fugados o muertos los indios, Tiburcio llegó donde estaba Morsamor y le
+estrechó en sus brazos. Algunos de los al parecer más importantes
+soldados de su extraña tropa desmontaron de los caballos, lanzaron
+aullidos, en señal de alabanza, admiración y júbilo, alzaron a Morsamor
+en hombros, y se apartaron del palacio que el voraz incendio ya
+consumía. Hicieron luego que Morsamor y los suyos montasen todos a
+caballo, y con profundo acatamiento y pompa triunfal se pusieron en
+marcha.
+
+Tiburcio cabalgaba al lado de Morsamor y se lo explicó todo.
+
+Aquellos hombres eran los mongoles. Babur, su monarca, apaciguados ya
+sus vastos dominios, había caído como el rayo sobre la India. Acababa de
+reconquistar a Lahor y se había apoderado luego de Delhí y de Benarés,
+la ciudad santa, donde le habían dicho que Balarán se había declarado
+Brahmatma. No encontró allí a Balarán y salió en su busca, a fin de
+vencerle y de vencer su ejército. Internado Balarán en la selva, Babur
+hubiera tardado en encontrarle o no le hubiera encontrado, si Tiburcio,
+acertando a presentarse ante él, no se hubiera ofrecido a servirle y no
+le hubiera servido de guía.
+
+Muerto Balarán, y sabiendo ya Babur por sus esculcas las apenas creíbles
+hazañas de Miguel de Zuheros, iba, según anunciaba Tiburcio, a recibirle
+con palmas y laureles.
+
+Cualquiera otro héroe, no atormentado del dolor más acerbo, hubiera
+tenido por altamente dichoso el éxito de aquella jornada y se hubiera
+enorgullecido de las distinciones honrosas de que colmó Babur a Miguel
+de Zuheros cuando este llegó a su presencia.
+
+Babur quiso tomarle a su servicio, pero Morsamor se excusó cortésmente,
+alegando su honda melancolía y afirmando que su destino le llamaba por
+muy distinta senda y que él no podía menos de acudir a su misteriosa
+vocación y de cumplir las órdenes del destino.
+
+Tiburcio de Simahonda, Tomás Cardoso y cuarenta aventureros portugueses,
+que sobrevivieron a la batalla, acompañaron a Morsamor, y cargados de
+presentes y riquezas se separaron de Babur y de sus mongoles.
+
+Babur dio a Miguel de Zuheros una áurea lámina, como la que Kubilai-Kan
+había dado a Marco Polo, para que le sirviese de salvoconducto o
+pasaporte por donde quiera que fuese. En el oro de la lámina estaban
+grabadas, en caracteres mongólicos, las más encarecidas recomendaciones,
+autorizado todo ello por la firma de Babur y por su regia marca.
+
+Como curioso accidente, que no debe omitirse aquí, haremos constar que
+la tropa de Morsamor partió reforzada por seis mongoles que se
+resolvieron a seguirle, movidos de afecto a España y de vivo deseo de
+ver aquella tierra distante. No parecerá el caso inverosímil si decimos
+que dos de los mongoles se apellidaban Pérez, dos Fernández y Jiménez
+otros dos. Aunque confusa y enmarañadamente, los seis presumían de
+buenos cristianos, y todos eran tataranietos de tres elegantes y lindos
+escuderos de Castilla, que habían acompañado a Ruy González de Clavijo
+cuando visitó a Tamerlán como Embajador de Enrique III. Tres señoronas
+de la corte de Samarcanda, tan encopetadas como antojadizas, se habían
+prendado de los escuderos susodichos, se habían casado con ellos,
+reteniéndolos en el centro del Asia, y de tales enlaces procedían los
+Pérez, los Fernández y los Jiménez, de cuyo patriótico atavismo aquí
+damos cuenta.
+
+
+
+
+-XXIX-
+
+
+Transida el alma de dolor por el trágico fin de Urbási y por la
+mortífera lucha que había sostenido, Morsamor huyó de la India, como
+para librarse de los malos espíritus que le acosaban y le atormentaban.
+Como Orestes, perseguido por las Furias, caminaba Morsamor sin saber
+casi hacia dónde caminaba. Confiado en él y en su ventura, le seguía su
+valiente tropa. Tiburcio solía cabalgar junto a él y procuraba
+consolarle y entretenerle con pláticas amenas y con juiciosas
+reflexiones.
+
+--El mal y el bien--dijo una vez--, la próspera o la adversa fortuna
+carecen a menudo de ser real y dependen de nuestro modo de entender las
+cosas. De aquí que yo pueda afirmar razonablemente que tú no debes
+quejarte de tu suerte, sino tenerla por próspera. El problema más
+difícil que hay que resolver, la suerte te le dio resuelto desde el
+principio. En la más penosa e ingrata tarea en que los hombres tienen
+que emplearse no te has empleado tú, pudiendo elevarte así sin estorbo
+hasta una posición donde tanto la felicidad como la infelicidad tienen
+superior magnitud a las del vulgo de los mortales.
+
+--Cada día me convenzo más--interrumpió Morsamor--del fundamento y de la
+justicia, con que te llamo doncel sutil. Tales son en este momento tus
+sutilezas, que no las entiendo.
+
+--Pues préstame atención y óyeme--replicó Tiburcio--y ya verás, cuán
+bien me entiendes y cuán claro me explico. Por la generosidad primero y
+por la alquimia del Padre Ambrosio, y más tarde por lo mucho que hemos
+garbeado en guerras, saqueos y batallas, no somos pobres, sino ricos. A
+lomo de unas cuantas mulas traes contigo un tesoro de despojos; oculta
+en bolsa de cuero, bajo el sayo y pegada a tu carne, llevas gran
+cantidad de piedras preciosas, de tal valor algunas que podrías,
+vendiéndolas, adquirir con su precio la mitad de Castilla, o restaurar
+en todo su esplendor a Medina del Campo, que el ejército fiel a nuestro
+monarca Carlos de Gante, robó y asoló casi en los mismos días en que nos
+escapamos nosotros del convento en busca de aventuras. Te hallas, pues,
+y te has hallado desde que te escapaste en posición muy ventajosa. La
+mayoría de los hombres consumen la vida en ganarse la vida, y, como se
+la ganan perdiéndola y gastándola, no les queda vida de sobra ni para
+amar, ni para deleitarse, ni para trazar heroicos planes y realizarlos
+luego, ni para otros mil asuntos que debemos calificar de lujo y de
+poesía. La gente humilde y trabajadora, los ganapanes y
+destripaterrones, que sudan y se afanan para procurarse el sustento, son
+como las orugas y como los míseros gusanos, que se arrastran con
+lentitud, que se esconden entre el follaje, y que no pueden ejercer otra
+función sino la de nutrirse, mientras que tú y otros como tú, siempre
+bien nutridos y exentos de tan ruin cuidado y de menester tan vil, sois
+como las mariposas, que desplegáis a la luz del sol los nítidos colores
+de vuestras alas, que voláis entre las flores, que libáis el néctar de
+sus cálices y que gozáis de amor y de gloria.
+
+--Algo de verdad hay en lo que afirmas--dijo Morsamor--. No carezco de
+riquezas. Además de las que llevo conmigo, tengo confiadas no pocas al
+fiel y cauto Gastón Vandenpeereboom. Puedo con desahogo aventurarme en
+las más altas empresas. Y sin embargo, me considero tan infeliz que
+preferiría volver a ser un pobre fraile, despreciado, viejo y enfermizo,
+o ser un ruin y hambriento pordiosero.
+
+Ingeniosamente impugnó Tiburcio estas razones, manifestando que el
+pordiosero y el fraile, sobre ser desvalidos y menesterosos, lo cual no
+es chica pena, pueden padecer además tormentos insufribles.
+
+--¿Has olvidado, acaso--concluyó Tiburcio--, cuánto te atormentabas en
+el claustro? No me parecías allí virtuoso penitente, ministro del
+Altísimo, sino energúmeno o criatura poseída de un enjambre de demonios.
+
+Así cuidaba Tiburcio de consolar a Morsamor, no probando que era
+dichoso, sino tratando de probar que otros habían sido más desdichados.
+
+Poco a poco, y aunque algo a la ventura, con el propósito de llegar al
+grande imperio del Catay, nuestros viajeros se internaron por tortuosas
+y revueltas cañadas, que a cada instante se tornaban más ásperas y
+solitarias. Por donde quiera breñas, matorrales y riscos, y con
+frecuencia despeñaderos medrosos, en cuyo borde resbaladizo se
+desenvolvía la apenas trazada senda que iba hollando.
+
+El horror y la esquividad del paisaje crecían a cada paso. Hasta los más
+audaces se asustaban y anhelaban volver atrás. La terca persistencia de
+Morsamor y el respeto que Morsamor infundía los forzaba a seguir
+adelante. Con prudente cautela, y como por milagro, lograban que no
+tropezasen los caballos y las mulas en aquellos vericuetos y que no
+cayesen rodando en hondo precipicio con el jinete o con la carga que
+llevaban. Más propios de cabras monteses que de hombres eran aquellos
+sitios. Podría asegurarse que jamás se había estampado en ellos la
+planta humana. Era terreno desconocido, por donde, si lograban
+atravesarle, llegarían sin duda a no menos desconocida e inexplorada
+comarca.
+
+La vereda daba innumerables rodeos. A veces iba en muy pendiente cuesta
+abajo, pero más a menudo se elevaba en cuesta no menos pendiente. Los
+cerros, a un lado y a otro, parecían ir creciendo. En sus enhiestos
+picos relucía el hielo perpetuo. La amontonada nieve bajaba hasta no muy
+lejos del camino, si era camino el desfiladero, cada vez más angosto,
+por donde marchaban.
+
+Lo terrible de aquella peregrinación estaba por cima de todo
+encarecimiento cuando la noche envolvía en sus tinieblas a los viajeros.
+
+Una noche, por último, fue indescriptible la angustia de todos. A pesar
+de la densa y casi impenetrable obscuridad, sintieron que se hallaban en
+una grande altura; que los cerros, por medio de los cuales habían
+caminado, quedaban atrás; que a un lado y a otro se les abría despejado,
+extenso horizonte; y que, delante de ellos, o descendía la senda, con
+inclinación que la hacía intransitable para hombres y para bestias de
+carga, o se convertía en despeñadero o abismo. Allí se pararon
+aguardando ansiosos el día y acurrucados bajo algunas tiendas de campaña
+que un viento frío e impetuoso amenazaba derribar y que los amedrentaba
+con siniestros silbidos.
+
+Larga como un siglo se les antojó aquella noche, pero el alba perezosa
+vino al cabo a disipar las sombras, a dorar las nubes, a teñir el cielo
+de azul y de púrpura y a impregnar el aire en claridad luminosa.
+
+Extraordinarias fueron la sorpresa y la alegría de los peregrinos cuando
+vieron extenderse a sus pies, desde la elevación en que se hallaban, la
+más amena, fértil y bien cultivada llanura que imaginarse puede. La vega
+deleitosa estaba regada por dos ríos y por muchos arroyos y acequias de
+agua cristalina. Se veían huertos, sembrados, y muy elegantes jardines.
+Bien cuidadas sendas iban de un lugar a otro, entre dos hileras de
+árboles copudos y umbríos. Los frutales más preciosos se ostentaban en
+las huertas. Se distinguían bien los muros, palacios, templos y
+monumentos de una muy hermosa ciudad; y más cerca, casi al pie de la
+sierra, un edificio amplísimo, a modo de suntuoso monasterio, tal por su
+esplendor y grandeza, que nada en la mente de los viajeros se le
+igualaba en España ni en Portugal, ni en la propia Samarcanda, aunque
+ellos magnificasen con el afectuoso recuerdo la esplendidez de lo que
+cada cual había visto y admirado en su patria.
+
+La cuestión ahora era bajar hasta la vega desde la enriscada cumbre o
+viso en que estaban. Harto se afanaron por conseguirlo, pero lo
+consiguieron al fin dando muchas vueltas y describiendo muchas eses,
+para no despeñarse por los tajos de aquella agria ladera.
+
+Ya casi en lo llano, se hallaron en un verde soto, en medio de frondosos
+y gigantescos árboles, y por cuyo centro se precipitaba caudaloso
+arroyo, dando saltos y formando copos de rizada y cándida espuma sobre
+el haz de sus agitados cristales.
+
+Muchas aves había por allí que ya trinaban alegres, ya volaban de rama
+en rama, sin el menor recelo de los hombres. Francolines de vistosas
+plumas corrían en bandadas.
+
+Tomás Cardoso, que era gran cazador, no pudo resistir a su deseo de
+matar el que le pareció más grueso y más cercano. Disparó una flecha, y
+el pájaro cayó herido a poca distancia.
+
+Entonces salió de la espesura un viejo, algo encorvado por la edad, que
+parecía llegar a cien años, y con airado acento censuró la cruel
+conducta de Tomás Cardoso y hasta le amenazó con un castigo. Con burla y
+desprecio respondió el portugués al pobre anciano y dirigió sobre él el
+caballo para asustarle. Mas, ¡oh raro prodigio!, el viejezuelo alzó en
+el aire el báculo en que se apoyaba y dirigió la contera hacia el
+caballo que sobre él venía. El caballo dobló al punto las rodillas y
+bajó la cabeza hasta el suelo, como para besarle con humildad. Aquellos
+movimientos fueron tan rápidos, y fue tanto el descuido de Tomás
+Cardoso, por no preverlos, que el caballo le botó de la silla y le apeó
+por las orejas, excitando el caído la risa de sus compañeros a pesar del
+asombro que el sobrehumano poder del viejo les había causado.
+
+Se adelantó entonces Tiburcio, y, sirviendo de intérprete, en vulgar
+dialecto indostaní, preguntó al viejo quién era él y en qué país se
+hallaban ellos.
+
+El viejo contestó al punto en un idioma de cuyos vocablos no sabían uno
+siquiera ni Tiburcio, ni Morsamor, ni ninguno de los que iban
+acompañándolos.
+
+Pero esto fue lo más raro y maravilloso. Ni Tiburcio, ni Morsamor, ni el
+más rudo de los allí presentes dejó de entender lo que el viejo decía,
+como si a cada uno en su patria lengua le hablase.
+
+El viejo les dijo:
+
+--Os hago saber que yo soy ayuda de cámara, secretario o fámulo del muy
+egregio señor Sankarachária. Gracias a él, y comunicados por él, poseo
+varios importantes dones. Es uno de ellos el de adivinar los
+pensamientos ajenos, y es otro el de sugestionar o infundir los
+pensamientos propios en las ajenas mentes sin valerme del auxilio de la
+palabra y del intermedio de los sentidos corporales. Os he escuchado y
+os he hablado por costumbre y rutina y para no faltar al uso corriente,
+pero sin hablar entiendo y me hago entender y así continuaremos nuestra
+conversación. Os digo con franqueza que no comprendo cómo habéis podido
+llegar hasta aquí. Mi amo me lo explicará todo, porque todo lo sabe.
+Ahora conviene que os lleve a su presencia. Es cortés y benigno;
+perdonará vuestra audacia y os recibirá amistosamente. Seguidme y os
+serviré de guía.
+
+Dicho esto, volvió la espalda, empezó a andar y todos le siguieron.
+
+
+
+
+-XXX-
+
+
+No tardaron mucho en hallarse a la vista de un edificio tan suntuoso,
+grande y de tan florido estilo, que en su comparación, parecía miserable
+choza, la casa más capaz y elegante de Padres Jesuitas, sin exceptuar la
+que tienen en Loyola. Sobre la puerta principal había una inscripción en
+gruesas letras de oro. Como ya estaban todos sugestionados por el
+fámulo, aunque la inscripción estaba en sánscrito, la leyeron y
+entendieron, como si estuviese en portugués o en castellano. La
+inscripción decía: _Cenobio de la jubilación varonil_.
+
+El fámulo aclaró el concepto de esta suerte:
+
+--Los señores que aquí viven, son los señores más sabios que hay en el
+mundo. Con su exquisito régimen higiénico, con su dieta herbívora, y con
+su prudente y morigerada conducta, prolongan mucho la vida. Aquí no
+contamos por decenas sino por docenas. El término natural y ordinario de
+la existencia, es aquí de una gruesa de años o dígase de ciento cuarenta
+y cuatro. Cuando alguien por accidente muere antes, decimos que se
+malogra. Siete son los principios o elementos que en armonioso conjunto
+constituyen el ser humano. El número siete es simbólico y posee no pocas
+virtudes. Según nuestra Constitución social y política, histórica y
+filosófica, interna y externa, la vida de acción acaba en cada individuo
+cuando este cumple siete docenas de años. El día en que los cumple, es
+el día de su jubilación y él se retira a este _Cenobio_ y pasa de la
+vida activa a la vida contemplativa.
+
+Así, el fámulo iba enterando de todo a Morsamor y a su tropa. Y gracias
+a la sugestión, no sólo les daba noticias, sino que también les inspira
+sanos, juiciosos y vehementes deseos. El de bañarse, fregarse y
+escamondarse, fue el primero que les inspiró, y para que le lograsen,
+como le lograron, los introdujo en unas maravillosas termas, donde
+brochas y suaves cepillos automáticos los ungieron con aromático y
+espumoso jabón y les dieron gratas y purificantes fricciones. Recibieron
+luego duchas de agua perfumada, se secaron con finísimas sábanas de lino
+y quedaron como nuevos de puro lustrosos. Todos parecían más guapos y
+más jóvenes que antes. Al revestirse, notaron con agradable pasmo que la
+ropa interior había sido lavada y planchada, (permítaseme lo familiar de
+la expresión) en un periquete, y que asimismo olía muy bien, gracias a
+un exquisito sahumerio. Los coletos, los gregüescos, las calzas y demás
+ropilla exterior todo se había limpiado, quedando muy decente y
+desapareciendo las manchas sin el empleo de la bencina ni de otras
+sustancias apestosas.
+
+El fámulo les dijo que era muy conveniente que ellos se presentasen de
+un modo decoroso ante el señor Sankarachária.
+
+Los llevó enseguida a un bonito y capaz refectorio, donde almorzaron
+sutiles extractos, que paladeaban y saboreaban con raro deleite y que
+eran tan nutritivos y tan poco groseros, que bastaba para alimentar y
+satisfacer a un jayán, lo que cabe en una jícara de chocolate.
+
+A todo esto, Morsamor y los suyos notaban con extrañeza que no aparecía
+nadie y que el _Cenobio_ estaba como desierto. Adivinó el fámulo lo que
+pensaban y aclaró el caso de este modo:
+
+--No quiero que andéis maravillados y suspensos al ver esta mansión
+desierta. En ella no hay en este momento sino otros pocos fámulos como
+yo, retirados sin duda, cada uno en su celda. Los señores han salido
+todos. No volverán hasta tres horas después de mediodía, porque hoy
+tienen _Recordatorio galante_.
+
+Impaciente Morsamor por averiguar lo que aquello significaba,
+interrumpió al viejo preguntándole:
+
+--¿Y qué _recordatorio_ es ese?
+
+--El _Recordatorio galante_--contestó el viejo--consiste en la costumbre
+que tienen los señores de ir una vez por semana al cercano _Cenobio de
+la jubilación femenina_, donde las señoras ancianas, dulces compañeras
+de su mocedad, los reciben de visita, los agasajan con un delicado
+banquete, recuerdan con ellos los juveniles gozos y hasta cantan y
+bailan y huelgan y se entretienen, si bien con la majestad, el entono y
+el sereno juicio que importan en la edad madura.
+
+Paseando por los alrededores del _Cenobio_ y admirando los vergeles que
+le circundaban, estuvieron Morsamor y su gente hasta que pasaron las
+horas del _Recordatorio_ y volvieron al _Cenobio_ los señores ancianos.
+
+Cosa de encanto les pareció el verlos venir. Con pausa solemne venían en
+dos hileras, como dos centenares de venerables viejos, vestidos de
+largas, flotantes y cándidas vestiduras. Todavía eran más cándidos y
+relucientes sus cabellos levemente rizados y sus luengas y bien peinadas
+barbas. Al andar, se apoyaban algunos en dorados báculos. Otros traían y
+tocaban arpas, violines y salterios. Guirnaldas de verdura y de flores
+ceñían las sienes de todos aquellos ancianos.
+
+El fámulo, que para verlos pasar se había echado a un lado con los
+forasteros, dijo a estos cuando llegó frente de donde estaban el viejo
+tal vez de mayor estatura y de más gravedad y belleza de rostro.
+
+--Ese es mi amo, el señor Sankarachária. Trae, como veis, una guirnalda
+de hiedra y de violetas, con que le ha coronado hoy su esposa, para
+simbolizar el púdico, modesto y apretado lazo con que siempre la tuvo
+ceñida y prendida.
+
+Al son de los instrumentos músicos, venían todos cantando, con deliciosa
+melodía, un himno del _Rig-Veda_, del que Morsamor comprendió
+milagrosamente y conservó en la memoria, no sabemos si con entera
+fidelidad, las siguientes estrofas:
+
+ «Áureo germen de luz apareciste al principio. Soberano del mundo
+ llenaste la tierra y el cielo. ¿Eres tú el Dios a quien debemos
+ ofrecer holocausto?».
+
+ «Tú das la vida y la fuerza. Los otros dioses anhelan que los
+ bendigas. La inmortalidad y la muerte son tu sombra. ¿Eres tú el
+ Dios a quien debemos ofrecer holocausto?».
+
+ «Las montañas cubiertas de nieve y las agitadas olas del mar
+ anuncian tu poderío. Tus brazos abarcan la extensión de los cielos.
+ ¿Eres tú el Dios a quien debemos ofrecer holocausto?».
+
+ «Tú iluminas el éter. Tú afirmas la tierra y difundes la claridad
+ por entre las nubes. Cielo y tierra te miran temblando a ti que los
+ criaste. De tu radiante cabeza nace la aurora. Sobre las aguas que
+ engendraron la luz primera y que se precipitan en el abismo,
+ tiendes tú la serena mirada. Sobre todos los númenes te elevas cual
+ Dios único. ¡Oh custodia y faro de la verdad! ¿Eres tú el Dios a
+ quien debemos ofrecer holocausto?».
+
+
+
+
+-XXXI-
+
+
+Como los sabios ancianos venían algo fatigados de la inocente huelga que
+habían tenido, el fámulo dejó que reposasen y durmiesen la siesta un par
+de horas, y luego llevó a Morsamor y a los suyos a la presencia del
+señor Sankarachária, quien los recibió con distinguida afabilidad y
+extremada finura.
+
+Ya sabía Morsamor por el fámulo que el señor Sankarachária era el
+escritor más notable que había entonces en el _Cenobio_ y en toda
+aquella República. Los libros que había compuesto y que componía, eran
+epítomes o brevísimos compendios, en estilo llano, para poner al alcance
+del vulgo los más útiles conocimientos. Por el método, orden y nitidez
+de la exposición, ensalzaba el fámulo, entre dichos libros, los que se
+titulan _Tattva Bodha, Conocimiento de la existencia; Atma Bodha,
+Conocimiento de yo (Dios)_; y _Viveka Chudamani, El Paladión de la
+sabiduría_.
+
+--Aunque estos libros--añadía el fámulo--son sólo rudimentos y
+preparativos para iniciación más alta, nadie consiente por acá que se
+comuniquen a los europeos, cuya inteligencia carece de la sólida madurez
+que para comprenderlos se requiere. Sólo dentro de tres siglos y pico,
+podrán ser y serán traducidos, leídos y semi-comprendidos en Europa por
+algunas pocas almas excepcionalmente superiores.
+
+Ya conjeturará el lector de la singular historia que vamos escribiendo,
+el mar de confusiones en que un espíritu tan escéptico y tan crítico,
+como el de Morsamor, hubo de engolfarse y hasta de anegarse al ver y al
+oír tan estupendas cosas.
+
+--¿Qué diantres de personajes serán estos viejos?--se preguntaba él
+cavilando--. ¿Serán en realidad profundamente sabios, estarán de buena
+fe, llenos de vanidad y de soberbia por la comodidad y el regalo con que
+viven, gracias a sus envidiables inventos o habrá en ellos algo de
+embaucadores y de farsantes?
+
+Así discurría Miguel de Zuheros, pero se callaba y ni al doncel sutil
+confiaba su discurso. De todos modos, Miguel de Zuheros sentía muy
+picada su curiosidad y anhelaba investigar y averiguar más de lo que ya
+sabía por el fámulo. Y como el señor Sankarachária era muy conversable y
+muy fino, procuró charlar con él, lo consiguió fácilmente y le interrogó
+sobre diversos puntos. De las contestaciones que obtuvo el sabio viejo,
+hemos podido recoger aquella parte que por ser menos profunda está más a
+nuestro alcance y vamos a ver si acertamos a transcribirla clara y
+fielmente.
+
+--El _ocultismo_--dijo Morsamor--no acaba de justificarse a mis ojos.
+¿Por qué escondéis avara y egoístamente vuestra ciencia, si vuestra
+ciencia es buena y puede hacer a los hombres, mejores y más dichosos?
+
+--No transmitimos nuestra ciencia--respondió el sabio viejo--porque lo
+esencial de ella es intransmisible. Cada ser humano la crea en sí y para
+sí, sumergiéndose en el abismo de su propia alma, con intuición sólo
+eficaz cuando el alma está ya purificada y educada, exenta de egoísmo,
+libre de pasiones, apetitos y concupiscencias vulgares y apta para
+entrar en el santuario íntimo de la conciencia suprema, donde todo es
+uno, el conocer, el que conoce y lo conocido. Para adquirir esta
+indispensable previa aptitud, jamás basta una sola vida. Sólo puede
+conseguirse después de muchas _reincarnaciones_.
+
+--¿Sabes tú--preguntó Morsamor--por cuántas has pasado ya?
+
+--Mi _clarividencia_, en este punto, no es completa todavía--replicó el
+anciano--; pero entreveo y percibo en la penumbra confusa de mis
+recuerdos _ultranatales_ que he muerto y renacido ya treinta veces en
+esta mansión terrenal. Y todavía sé poco y todavía para seguir
+estudiando tendré que morir y que renacer dos o tres veces más antes de
+alcanzar el _nirvana_.
+
+--¿Y qué es el _nirvana_?--dijo Morsamor.
+
+Declárartelo bien--contestó el viejo--implicaría dos cosas tan difíciles
+que rayan en lo imposible. Es la primera que si lo supiese yo, yo
+estaría ya en el _nirvana_ y sería omnicio o digase conocedor de cuanto
+ha sido, es y será; del sujeto, del objeto y de la síntesis en que se
+enlazan e identifican, siendo todo y uno y disipándose las aparentes
+ilusiones que distinguen, individualizan y separan. Y es la segunda que,
+aun poseyendo yo tan alta bienaventuranza, no hallaría para transmitirte
+su concepto medio alguno de expresión en lenguaje humano, ni tampoco en
+la sugestión directa y pura. Por ahora, reprime tu curiosidad y
+aguántate sin saber lo que es el _nirvana_. Acaso, dentro de algunos
+siglos, cuando subas a vida más alta, trasluzcas o columbres lo que es.
+
+Morsamor se resignó porque no había otro remedio; mas para consolarse
+hizo preguntas menos trascendentes.
+
+--Aunque lo más substancial y elevado de vuestra ciencia sea
+intrasmisible, todavía no me explico y deploro que viváis tan aislados
+en este esquivo rincón del mundo, sin influir en las andanzas del humano
+linaje, y sin enseñar a alguien que no sea de los vuestros, ya que no lo
+más elemental de vuestra ciencia, el método o camino que a ella conduce.
+
+--Tu suposición es infundada--dijo el anciano--. Nosotros distamos mucho
+de vivir aislados. Desde hace miles de años estamos en comunicación y
+tenemos trato con no pocos espíritus selectos, aun de los que han vivido
+y viven más lejos de aquí. Nosotros les hemos comunicado generosamente
+algo de lo que sabemos y podemos comunicar. Sobre todo, hemos sido
+dadivosos, espléndidos, con aquellos que han logrado penetrar hasta aquí
+y hacernos una visita. Uno de los primeros que vino a vernos desde
+Europa fue Pitágoras de Samos, y a nosotros se nos debe no pequeña parte
+de su sistema filosófico. A despecho de nuestra prudencia y de nuestra
+ancianidad, he de confesarte que pecamos por un exceso de galantería, y
+siempre que aparece en nuestra tierra alguna dama extranjera de
+distinción y aficionada a saber, la recibimos con finísimas atenciones y
+hacemos cuanto está a nuestro alcance para ilustrarla. Valgan como
+ejemplo la famosa Sibila Eritrea y más aun la linda hija de un honrado
+_lucumon_ etrusco que vino acompañándola. Ella cautivó de tal suerte con
+su gentil presencia y con su mucha discreción a nuestros antepasados,
+que consiguió la dotasen de pasmosa sabiduría. Cuando volvió a Italia
+con su señor padre, se prendó de cierto reyezuelo de un pequeño Estado,
+tuvo con él frecuentes coloquios y le dio tan sanos consejos y le
+inspiró tan admirables leyes, que su ciudad, única en la historia, se
+enseñoreó de lo mejor del mundo y fundó hasta hoy el más persistente de
+los imperios. Ya comprenderás que hablo de Egeria, la ninfa inspiradora
+de Numa. Otros peregrinos se han presentado por aquí, que se han
+aprovechado muy mal de nuestras generosas lecciones, moviéndonos a
+arrepentirnos de habérselas dado. No se han servido de ellas con el
+desinterés y la abnegación indispensables para que den buen fruto, sino
+con malvado egoísmo, para engañar al prójimo y seducirle. Cuando esto
+ocurre, la magia blanca o _rajah yoga_ que nosotros aprendemos y
+transmitimos, se malea y se tuerce, y convertida en _hatha yoga_ o magia
+negra, suele hacer mil estragos como si fuese obra de los númenes
+infernales. Entre estos peregrinos que nos han dado chasco, te citaré a
+Simón el Mago, a Apolonio de Tiana, a Máximo de Efeso, consejero de
+Juliano el Apóstata, y por último, al encantador Merlín, a quien
+consideran en Europa como hijo del diablo, lo cual no hay para qué decir
+que es absurda mentira.
+
+--¿Pero es menester--preguntó Morsamor--llegar a estos sitios para
+participar de vuestra sabiduría?
+
+--En manera alguna--dijo Sankarachária--. Los más aprovechados e
+iluminados de entre nosotros, poseemos la facultad de entendernos, si
+queremos, con las personas que están más distantes. Nuestro cuerpo
+material y pesado es como la creación de nuestro cuerpo etéreo y
+plasmante, cuya ligereza raya casi en ubicuidad. Nosotros podemos
+desprender del cuerpo material y pesado dicha forma etérea, mal llamada
+cuerpo, recorrer con ella inmensas distancias, filtrarnos o colarnos por
+cualquier resquicio en la más severa clausura y conversar a todo nuestro
+sabor con nuestros amigos y adeptos. Así nos comunicamos y entendimos,
+hace ya sobre poco más o menos veintidós siglos, con el príncipe
+Sidarta, entrando en el hermoso palacio de Kapilavastu, donde su padre
+Sudhodan, rey de los sakias, le tenían encerrado. Con nuestras
+amonestaciones y consejos fomentamos su vocación e ilustramos su
+nobilísimo espíritu. Bien podemos, pues, jactarnos de haber influido en
+que se fundase una religión que en el día profesan más de cuatrocientos
+millones de seres humanos.
+
+--¿Y habéis tratado y seguís tratando de la misma suerte a algunos
+sabios europeos, yendo vosotros de visita donde ellos residen?
+
+--¿Y cómo no?--contestó Sankarachária--. Yo tengo y visito así a varios
+amigos de Europa. Uno de ellos, suizo de nación, médico excelente y
+filósofo de raro y agudísimo ingenio, está avecindado en Basilea, y es
+generalmente conocido con el nombre de Paracelso; otro, no menos
+singular, se llama Cornelio Agripa, natural de Colonia, en las orillas
+del Rhin; otro, que tiene más fama de brujo que los demás, y dicen que
+va siempre acompañado de un diablo en figura de paje, lo cual ya
+comprenderás que es una patraña, se llama el doctor Juan Fausto; y otro,
+por último, con quien estoy yo en más frecuentes y cordiales relaciones,
+vive ahora junto a Sevilla, en un convento en la margen del
+Guadalquivir, y se llama el Reverendo Padre Fray Ambrosio de Utrera.
+
+Suspenso y como turulato se quedó Morsamor al oír en boca de
+Sankarachária el nombre de su benéfico amigo.
+
+--Entonces--exclamó--sabrás quién soy yo. El Padre Ambrosio te lo habrá
+contado todo.
+
+--Y vaya si me lo ha contado. Yo sabía quién tú eras, he influido en que
+vengas por aquí; puedo asegurar que invisiblemente te he guiado para
+llegar adonde no llega nadie sin nuestra venia, y encargando a mi fámulo
+el disimulo, le ordené que te aguardase en el soto, como, en efecto, lo
+hizo.
+
+
+
+
+-XXXII-
+
+
+No fue una sola vez, sino varias, las que tuvo Morsamor diálogos por el
+estilo con el sabio viejo. Así aclaró o creyó aclarar muchas dudas y
+formar idea, aproximada ya que no exacta, del país a que había llegado y
+de la gente que en él vivía.
+
+Pondremos aquí, en resumen, el resultado de sus investigaciones o dígase
+lo que él acertó a comprender y lo que nosotros podemos expresar sin
+trabucarlo ni alterarlo.
+
+Era aquel país el de los llamados _mahatmas_, rodeado de montañas tan
+intransitables, que los profanos no podían llegar a él. Era como unas
+Batuecas, no groseras y rústicas, sino cultas, elegantes y felices.
+Cuatro mil años, sobre poco más o menos, hacía ya que los habitantes de
+aquel país vivían apartados de la mayoría del humano linaje, formando
+una República pacífica y próspera, cuyo único gobierno era el consejo de
+los señores del _Cenobio_ o sea de los _mahatmas_.
+
+Sankarachária explicaba de modo harto singular el origen de aquella
+República. Lo que él contaba dista mucho de parecer verdadero; antes
+bien, lo consideramos como fábula impía y absurda, pero nos parece tan
+curiosa que no podemos resistir a la tentación de ponerla aquí, en
+breves palabras, remitiendo a los lectores que quieran saber más sobre
+ello a un libro escrito no hace mucho tiempo y cuyo título es _Dios y su
+tocayo_.
+
+Prescindamos de la mayor o menor antigüedad de la especie humana.
+Dejemos a la prehistoria, ya fundada en la geología, ya valiéndose del
+estudio comparativo de los idiomas y de otros primitivos documentos,
+conceder muchos miles o pocos miles de años a la existencia del hombre
+en nuestro planeta. Tengamos sólo por cierto, para no disputar con el
+señor Sankarachária, que, antes de que apareciese la raza blanca, hubo
+otras razas que progresaron y se elevaron a no pocos grados de
+civilización. Así la raza negra, la amarilla y la raza de piel roja,
+cuyos individuos se llamaron atlantes y se esparcieron por el mundo
+cuando la Atlántida se hundió. No hablemos aquí de los proto-scitas o
+hiperbóreos, colonia de los atlantes que se estableció más allá de las
+Montañas Rifeas y que fue muy culta y floreciente. A nuestro propósito
+basta saber que más de dos mil y cuatrocientos años antes de la era
+vulgar, había dos poderosos y civilizados imperios: uno en Egipto, de
+atlantes y de negros mezclados, y otro en China, no menos adelantado o
+quizá más adelantado que el de los egipcios. En China reinaba en aquella
+época un Emperador llamado Iao, y hacía muy poco que, por evolución y
+selección, había aparecido sobre el haz de la tierra la raza blanca, que
+es la más perfecta de todas.
+
+Ciertos espíritus, muy pulidos y desbastados ya, después de pasar por
+bastantes _reincarnaciones_, no se avinieron a _reincarnarse_ en chino,
+ni en negro, ni en mulato. Con la fuerza plasmante que tenían en su
+forma etérea se condimentaron o confeccionaron cuerpos sólidos más
+perfectos, y de esta suerte creía el sabio viejo, cuyas ideas
+extractamos, que apareció la raza blanca en el mundo. En una fértil y
+bonita comarca del Tibet, vivió y se propagó, bajo la dependencia del ya
+citado Emperador de la China, a quien sus súbditos llamaban Iao y Padre
+Celeste. Este soberano empezó a temer que aquellos nuevos hombres se
+instruyesen demasiado, se ensoberbeciesen y se rebelasen. Procuró, pues,
+conservarlos en la ignorancia, pero ellos desobedecieron sus mandatos y
+aprendieron muchas cosas buenas y malas. Iao entonces envió un ejército
+contra ellos, que los expulsó del paraíso en que vivían. Y ellos,
+expulsados ya, fueron poco a poco emigrando por diversas regiones y
+dominando y acogotando a las razas inferiores donde quiera que llegaban.
+Algo, no obstante, se pervirtieron, malearon y bastardearon con el trato
+y convivencia de las tales razas, harto inferiores, como ya queda dicho.
+
+Sólo una escasa minoría de la raza blanca se conservó pura y sin mezcla
+y subió como la espuma en virtud y en saber. Para ello, en el momento de
+la expulsión ordenada por Iao, tuvo la cautela de escabullirse en aquel
+valle recóndito, circundado de altísimos montes y de casi impenetrables
+desfiladeros. Tal fue el origen de la República de los _mahatmas_, según
+ellos mismos lo entendían y declaraban.
+
+--¿Y cuándo saldréis de vuestro retraimiento?--preguntó Morsamor a
+Sankarachária.
+
+Y Sankarachária contestó:
+
+--Cuando la Humanidad sea capaz de comprendernos. Cuando nazca a la vida
+colectiva.
+
+--Pues qué, ¿no ha nacido aún?
+
+--Aún dista mucho de nacer. Está en germen caótico: en incubación. No
+nacerá a la vida colectiva hasta dentro de quince mil años.
+
+--¿Y cómo no hacéis nada para que la incubación se apresure?
+
+--Hacemos lo que se puede--dijo Sankarachária--. Ya te he citado a no
+pocas personas que recibieron antiguamente nuestra inspiración y a
+algunas que la reciben hoy en Europa, ávida de saber y con la curiosidad
+científica muy despierta. Así los mencionados Paracelso, Cornelio
+Agripa, Fausto y tu valedor, Fray Ambrosio de Utrera. Pero quien más ha
+de influir en que la incubación siga preparándose sin que salga huero lo
+que se incuba, ha de ser una mujer privilegiada, semi-tudesca,
+semi-moscovita, que el cielo no subcitará en Europa hasta dentro de unos
+tres siglos. Pronosticado está que esta mujer vendrá a visitarnos, nos
+encantusará, se apoderará de muchos de nuestros secretos, los divulgará
+en luminosos tratados y enseñará una ciencia que poco modestamente
+apellidará teosofía. No será lo que enseñe sino los prolegómenos de
+nuestra ciencia verdadera; pero, aun así, se pasmará el mundo de oírla y
+de leerla y se crearán escuelas teosóficas en todas las naciones.
+
+Ya suponemos que el pío lector habrá adivinado que Sankarachária, aunque
+no la nombra, alude a la señora Blavatski.
+
+Todavía Morsamor, no satisfecho con las primeras nociones de aquella
+ciencia nueva, imitó proféticamente lo que hacen los periodistas del día
+en las _interviews_ y siguió preguntando. Para abreviar, sin que nada de
+lo más importante quede obscuro, prescindiremos de consignar las
+preguntas y sólo pondremos aquí tres o cuatro de las más notables
+contestaciones que Morsamor obtuvo. Por ellas empezará a comprender las
+doctrinas teosóficas quien esto lea y a sentir el prurito de estudiarlas
+a fondo en la multitud de libros que sobre el particular han escrito y
+publicado recientemente la citada señora Blavatski, el coronel Olcott,
+Annie Besant, Francisco Hartmann, Sinnett y otros autores, españoles
+algunos de ellos. Entiéndase, con todo, que esta ciencia de la teosofía
+no debe con propiedad llamarse nueva en Europa. Debe llamarse renovada.
+Sus adeptos de hoy le dan ya antiquísimo origen entre nosotros o sea
+fuera de la India. Hermes Trimegisto fue teósofo, y, bastantes siglos
+después, cultivó y propagó la teosofía entre griegos y latinos el
+ilustre Ammonio Sacas, fundador de la escuela de Alejandría.
+
+Pero no divaguemos y vamos a las contestaciones que dio Sankarachária y
+que no conviene queden en el tintero.
+
+El caudal de experiencias y de merecimientos con que el ser humano se va
+afirmando en sus diferentes vidas y haciéndose digno de más altas
+_reincarnaciones_ se llama _Karma_.
+
+El principio que persiste, que no muere y que se _reincarna_, es el
+tercero de los siete que componen nuestro ser, se llama _Manas_, y es
+como la raíz imperecedera de nuestro individuo. Por cima de _Manas_ no
+hay más que _Budhi_ y _Atma_. _Atma_ es el más alto principio de vida,
+el alma del Universo, y _Budhi_ el lazo que a _Atma_ nos une. Por bajo
+de _Manas_ hay otros cuatro principios: el del amor, del odio y demás
+afectos, la fuerza vital, el cuerpo etéreo, y, por último, el cuerpo
+sólido, visible y tangible.
+
+Sankarachária enseñó además a Morsamor que había dos métodos
+científicos: uno, por lo común empleado en Europa, que, valiéndose de
+los sentidos corporales e informándose de lo que se ve, se oye o se
+palpa, investiga las leyes de todo y procura elevarse a la causa
+primera; y otro, que es el indiano o teosófico, que se funda en la
+introinspección y por medio de _Budhi_ logra que _Manas_ se encarame y
+se enlace con _Atma_, y entonces no hay cosa que el hombre no sepa, y
+apenas hay cosa que el hombre no pueda. De aquí la verdadera magia
+blanca, que, según queda dicho, se llama _rajah-yoga_, aunque alguien la
+designa también con el nombre de _lokothra_ o ciencia y poder nacidos de
+nuestro interior desenvolvimiento, en oposición a _laukika_, magia
+blanca también, pero vulgar y rastrera, que se funda en conocimientos
+experimentales y exteriores y en el empleo de drogas, hierbas y otros
+ingredientes.
+
+
+
+
+-XXXIII-
+
+
+Morsamor hablaba a menudo con Tiburcio, que andaba retraído, y le
+comunicaba cuanto iba aprendiendo. Tiburcio le oía, no daba crédito a
+nada y se reía de todo.
+
+--Pero no me negarás--le decía Morsamor--que Sankarachária sabe y puede
+mucho.
+
+--Yo no te lo niego--contestó Tiburcio--. Lo que te niego, es que su
+saber y su poder se funden en lo que él dice.
+
+Y Tiburcio no pasaba nunca más adelante, ni aclaraba mejor su
+pensamiento. Por sus reticencias, con todo, presumía Morsamor que
+Tiburcio atribula las artes y las ciencias de los _mahatmas_ a la
+intervención del diablo.
+
+--¿Crees tú--le decía Morsamor--que el diablo interviene en esto?
+
+Tiburcio no contestaba sí, ni no. Se reía y se callaba.
+
+Entretanto, ni Morsamor, ni Tiburcio, ninguno de la pequeña hueste,
+podía ir a la ciudad de los _mahatmas_ jóvenes o no jubilados, ni mucho
+menos ver a las mujeres. Sin duda era ley inquebrantable aquel
+retraimiento, mil veces más severo que el que hubo más tarde en el
+Paraguay, para evitar que las ciudadanas y los ciudadanos fuesen
+perturbados y contaminados por extrañas visitas.
+
+Todos los forasteros, por consiguiente, aunque estaban muy agasajados en
+el _Cenobio_ y tratados a qué quieres boca, se aburrían de muerte y
+ansiaban salir de allí para gozar de plena libertad aunque tuviesen que
+sufrir trabajos.
+
+El mismo Morsamor empezaba a cansarse. Dispuso su partida, pero antes de
+despedirse de Sankarachária, le hizo una última pregunta y le pidió un
+favor.
+
+--Yo estoy harto--dijo Miguel de Zuheros--de guerras y de amores. En
+extremo me afligen los estragos y las muertes que preceden o suceden a
+cada victoria y a cada triunfo. Aún ansío laureles, pero han de ser
+incruentos y pacíficos. ¿Y qué más pacíficos laureles que los que yo
+alcanzaría, si me embarcase de nuevo, y por mar, navegando siempre hacia
+oriente, volviese a mi patria? Dime si esto es posible.
+
+--Ya sabes--contestó el anciano _mahatma_--que mi ciencia es más de lo
+interior que de lo exterior. Todo eso y más sabré yo cuando llegue a
+enlazarme con _Atma_. Por ahora, ni lo sé, ni me importa saberlo, ni te
+lo diría aunque lo supiese. Y la razón es obvia. Si te dijera que es
+imposible, te quitaría la esperanza, te retraería de la empresa y te
+despojaría del mérito de haberla acometido. Y si te dijera que es
+posible, aún te despojaría más del mérito y de la gloria, porque con la
+seguridad de alcanzar fin tan alto, ¿quién, a no ser muy cobarde no pone
+los medios? No extrañes, pues, que me calle y dame gracias por mi
+silencio.
+
+En el favor que pidió Miguel de Zuheros fue más dichoso que en la
+consulta. Sankarachária se le otorgó a medias. Morsamor quiso ver y
+hablar al Padre Ambrosio. Y el _mahatma_, si bien se excusó de ponerle
+al habla con el Padre para que el Padre no averiguase que él había
+revelado sus ocultas relaciones y tratos, todavía le prometió hacer que
+le viese, y en efecto, cumplió la promesa.
+
+Para ello, exigiendo primero a Morsamor, que no había de chistar, ni
+alborotar, ni moverse, viera lo que viera, le condujo a un obscurísimo
+sótano y le sentó en una silla, donde había de quedar, y quedó como
+clavado.
+
+De repente brotó un punto luminoso en el seno de las tinieblas. El punto
+se desenvolvió luego en multitud de rayos que trazaron un círculo lleno
+de claridad. Morsamor percibió en él con asombro el camaranchón donde el
+Padre Ambrosio tenía su laboratorio. El Padre estaba de pie, delante del
+atril donde leía un libro de magia. La lámpara que ardía sobre el atril,
+colgada del techo, parecía ser el punto o foco de luz, por cuya
+dilatación el círculo se había formado. Otro fraile estaba al lado del
+Padre Ambrosio con la capucha calada y volviendo a Morsamor las
+espaldas. Inesperadamente cambió este fraile de postura y mostró a
+Morsamor la cara. El pasmo de este rayó entonces en delirio. Creyó ver
+su propio rostro como en un espejo, pero no joven y gallardo, sino
+marchito, lleno de arrugas y con la barba blanca como la nieve. Su
+terror casi fue más intenso cuando notó que aquel rostro, que se le
+había aparecido, caía como una máscara o se disipaba como vapor muy
+tenue dejando en la capucha un hueco. La capucha y todo el hábito se
+diría que no encerraban ya sino aire vano: una ilusión, un espectro. El
+sayal vacío continuaba erguido, no obstante, y hasta se movía y
+marchaba, como si le llenase y le animase un espíritu.
+
+Vio después Morsamor que el féretro donde le habían encerrado se hallaba
+en el mismo lugar; que el Padre Ambrosio levantó la tapa, y que dentro
+había un cuerpo humano tendido e inmóvil. No descubrió quién era. Un
+lienzo velaba su cara. El Padre Ambrosio alzó un pico del lienzo, hasta
+descubrir la boca del que allí reposaba, e introduciendo en aquella boca
+el agudo extremo de un pequeño embudo, vertió por él algunas gotas del
+líquido contenido en un pomo que llevaba en la mano.
+
+La visión se disipó enseguida, como las figuras de una linterna mágica o
+de un cinematógrafo.
+
+No acertó Morsamor a explicarse bien todo aquello por ningún estilo,
+pero pensó en su propio ser, se tocó y se reconoció materialmente, y
+tanto en lo exterior como en lo íntimo se declaró a sí mismo que el
+verdadero Morsamor era él y no otro. Encomendó a todos los diablos a
+Sankarachária, a los demás _mahatmas_ y al _Cenobio_ de la jubilación
+varonil, y no bien despuntó la próxima aurora se escapó de allí con
+Tiburcio y los demás de su hueste.
+
+
+
+
+-XXXIV-
+
+
+Los diversos apuntes manuscritos de los que hemos ido extractando y
+compaginando esta historia hasta ahora clarísima, presentan aquí
+contradicciones que conviene resolver y obscuridades que conviene
+disipar por medio de hipótesis.
+
+¿Cómo pudo Morsamor salir del misterioso y fantástico país de los
+_mahatmas_ y hallarse de nuevo en terreno de ser y realidad más
+reconocidos?
+
+Sin el poderoso auxilio de Sankarachária, jamás acaso hubiera logrado
+tal cosa. Nunca Morsamor hubiera salido de allí ni hubiera vuelto al
+mundo real, como volvió el doctor Fausto desde el país de las quimeras.
+Allí se hubiera quedado, no durante años, como se quedó Bompland en el
+Paraguay, sino para siempre: hasta la consumación de los siglos.
+
+Morsamor, pues, y su hueste salieron, según unos, en una barca
+encantada, que se hallaron junto a la orilla de un lago, y que,
+arrastrada por la corriente, los lanzó en un río, por donde el lago se
+desaguaba, y cuyas ondas por rapidísimo declive se abrían cauce en la
+estrecha y tortuosa garganta que formaban tajados peñascos de
+empinadísimos cerros. Aseguran otros que Morsamor y su hueste se fueron
+por el aire, en una máquina o ingenioso artificio que les suministró
+Sankarachária y que sin ser juguete de las corrientes atmosféricas como
+los globos aerostáticos de ahora, se movía en la deseada y prescrita
+dirección, atraído por la fuerza psíquica o magnético-espiritual de un
+gran sabio, amigo de Sankarachária, que vivía en la ciudad de Lasa y era
+nada menos que el Secretario de Estado o ministro principal del
+Dalai-Lama. Si es lícito comparar lo falso con lo verdadero y la mala
+copia o remedo con el original, este Secretario de Estado era, respecto
+al Dalai-Lama, lo que fue Pedro Bembo respecto a León X.
+
+Como quiera que sea, lo cierto es, que Morsamor y su hueste se hallaron
+en Lasa como por encanto.
+
+La lámina de oro o salvoconducto de Babur les valió de mucho. ¿Cómo no
+habían de respetar en el Tibet, las encarecidas recomendaciones del
+sucesor de Tamerlán y de Kubilai-Kan, príncipe que había conquistado la
+China, que había reinado benéfica y gloriosamente en ella, y que por los
+consejos e insinuaciones de su privado Marco Polo, había fundado el
+poder temporal del Dalai-Lama como Constantino y Carlo Magno el de los
+pontífices de Roma?
+
+El aviso además, que al Secretario de Estado dio Sankarachária por los
+medios mágicos de que disponía, y que dicho Secretario trasmitió a
+varios adeptos de los muchos que entonces tenían los _mahatmas_ en el
+Tibet y en China, facilitó el largo y peligroso tránsito de Morsamor por
+todos aquellos países, inexplorados hasta entonces por los europeos.
+
+Taciturno y afligido Morsamor, había hecho voto de no enamorar ya a
+mujer alguna, de no reñir con ningún hombre y de no tomar parte en
+ninguna contienda armada. Y como merced a las recomendaciones de Babur
+por un lado y a las del _mahatma_ por otro, se le facilitaron todos los
+medios de comodidad y de transporte, no se ha de extrañar, que Morsamor,
+por sus pasos contados, con la mayor premura posible, y sin que nada
+memorable le sucediera, llegase a Canton felizmente.
+
+De lo que vio y observó en la China, bien pudiéramos poner aquí
+bastante, ya que en los archivos de Sevilla, privados y públicos, se
+conservan curiosísimas notas de Morsamor y de Tiburcio. Pero nosotros
+juzgamos conveniente pasar por alto todo esto. Nuestros ilustres
+viandantes sólo figuran como meros observadores y las noticias que dan
+no difieren mucho de las consignadas en las relaciones de viajes del
+Reverendo Padre Agustino Fray Juan González de Mendoza, del nunca bien
+ponderado Fernán Méndez Pinto, del Padre Maestro Fray Domingo Fernández
+Navarrete, de la orden de predicadores, y de otros sinólogos, españoles
+y portugueses no pocos de ellos, sin excluir a don Sinibaldo de Más,
+nuestro antiguo amigo.
+
+Lo que aquí nos importa saber es que Morsamor se fue enseguida desde
+Cantón a Macao, pequeña colonia recién fundada por los portugueses.
+
+En la rada de la nueva ciudad, Morsamor halló lo que deseaba y esperaba,
+según lo había concertado con el piloto Lorenzo Fréitas. Su nave, hacía
+dos o tres semanas que estaba allí aguardándole, lo cual no pesaba al
+señor Vandenpeereboom que había traficado con los chinos y hecho muy
+buenos negocios, ni pesaba tampoco a Fray Juan de Santarén, que
+predicaba con gran fruto, aunque valiéndose de intérpretes, y que
+bautizaba chinos a centenares, hallando sus neófitos entre la gente
+pobre y trabajadora que hoy pudiéramos llamar _coolies_.
+
+Ni el comisionista, ni el misionero, gustaron de la nueva empresa que
+Morsamor quería acometer; pero Morsamor poseía grandes riquezas y con
+ellas se allanan dificultades y todo se compone. A Fray Juan le
+proporcionó recursos suficientes para socorrer a sus más desvalidos
+catecúmenos y fundar un asilo piadoso, y al señor Vandenpeereboom, que
+tenía amplios poderes de los señores Adorno y Salvago, le compró la
+nave, pagándola espléndidamente, por una mitad más de su justo precio.
+
+El piloto Lorenzo Fréitas y muchos de la tripulación, decidieron no
+abandonar a Morsamor e ir con él donde quisiera llevarlos.
+
+Bajo la inteligente dirección de dicho piloto, hábiles calafates del
+país, limpiaron los fondos de la nave, que estaban harto sucios, la
+carenaron bien y la pusieron como nueva.
+
+Morsamor y el piloto la proveyeron, por último, de todo género de
+vituallas y bastimentos como para una navegación muy larga.
+
+Más de la mitad de los guerreros portugueses que hasta allí habían
+acompañado a Morsamor, resolvieron quedarse en Macao; pero los otros más
+decididos, así como los antiguos tripulantes, formaban muy completa
+dotación para la nave a la que Morsamor quiso cambiar el nombre que
+antes tenía sin duda, aunque no sabemos cuál fuese, y la confirmó con el
+antiguo, clásico y mitológico nombre de _Argo_.
+
+No pocos días se pasaron en tan importantes asuntos, y si bien Morsamor
+se empleaba en ellos, lejos de mostrarse comunicativo y alegre, andaba
+triste y silencioso, esquivaba el trato y la conversación de todos,
+hasta del fiel Tiburcio, y para reposar de sus afanes gustaba de ir a
+escondese en cierta pintoresca gruta que había entre los peñascos de un
+cerro y desde la cual se oteaba el mar azul y se descubría muy extenso
+horizonte.
+
+Al escribir la historia de Morsamor, nosotros haríamos célebre esta
+gruta, aunque ya no lo fuese, pero nos ahorra el trabajo de darle
+celebridad la que ya tiene desde antiguo por la circunstancia de haber
+imitado a Morsamor, sin saberlo, el glorioso poeta Luís de Camoens, que,
+pocos años después, solía ir allí a meditar y a entregarse a los más
+poéticos soliloquios. Los de Morsamor eran poéticos también, aunque
+todavía más que poéticos eran filosóficos, por lo cual pondremos aquí
+muy en resumen uno de estos soliloquios, a fin de que el sentir y el
+pensar de Morsamor sean entendidos sin que se fatiguen y sin que
+califiquen el soliloquio de _latoso_ los lectores poco inclinados a la
+filosofía.
+
+
+
+
+-XXXV-
+
+
+--Mi segunda mocedad--decía Morsamor--ha sido peor empleada que la
+primera. _¡Vanidad de vanidades!_ Todo es vanidad y singularmente
+nuestros afanes, trabajos y aspiraciones. Pienso a veces que me valiera
+más no haberme remozado; pero, arrastrado por esa corriente de ideas
+negras, voy más lejos aún y exclamo: ¡mejor sería no haber nacido! He
+buscado el amor para gozarle y he hallado vergüenza, desolación y
+muerte. Doña Sol paga mi amor con su desprecio. El desprecio mío mata el
+amor de donna Olimpia. Y cuando no nos despreciamos y nos amamos, la ira
+y los celos dan espantosa muerte al objeto de mis amores. Mi ambición no
+ha sido menos burlada que mi cariño. Salvo una ruin satisfacción de amor
+propio; ¿qué ventaja he sacado, ni para mí ni para mis semejantes, de
+mis triunfos guerreros?
+
+Así discurría Morsamor con profunda tristeza. Luego, para consolarse,
+imaginaba tener una misión y cumplir con ella. Se creía factor poderoso
+en el engrandecimiento de su patria. Pero también de esto dudaba; y
+mirando con inquietud hacia el porvenir, conceptuaba tal
+engrandecimiento caduco y efímero.
+
+Cierta idea, más clara y consistente en nuestra edad que en la suya,
+aparecía después a su espíritu, para justificar su ambición; para que
+sus propósitos no fuesen tenidos por vanos. Morsamor suponía que el
+humano linaje iba subiendo a más altas esferas de bondad y de luz y que
+él contribuía enérgicamente a la ascensión magnífica, predeterminada por
+el cielo. Desconsoladoras reflexiones venían al punto a invalidar o al
+menos a poner muy en duda, el valer de esto último.
+
+--No escatimaré yo mis alabanzas, ni negaré mi admiración--pensaba
+nuestro héroe--a los descubrimientos, invenciones y adelantos que los
+hombres realizan. Se diría que doman la naturaleza material, que
+encadenan con su inteligencia y sujetan a su voluntad las fuerzas del
+universo, y que se valen de ellas para evitar fatigas y crear placeres y
+goces. Laudable es, en este sentido, el fecundo renacimiento en Europa
+de ciencias, artes y letras. Laudable es la activa curiosidad de
+nuestros navegantes que atraviesan nunca surcados mares y penetran en
+las más apartadas e incógnitas regiones. Y si no es más laudable, es mil
+veces más asombroso el mágico saber de los _mahatmas_, que no puedo
+negar, porque de él he sido testigo. ¿Pero en lo fundamental, hay
+progreso acaso o hay mejora en Europa, en la India o en la China? Yo
+sospecho lo contrario. En las antiguas edades los hombres acertaban a
+veces o por estar más cerca de la revelación primitiva, o porque
+alambicaban menos y no se quebraban de puro sutiles, o porque la mente
+de ellos, no abrumaba aún con la pesada carga de lo observado y
+experimentado, levantaba el fácil vuelo a las esferas superiores y era
+capaz de una inspiración inocente y casi divina. Hoy, a fuerza de
+cavilar y de sutilizar, el entendimiento se pervierte y disparata mucho.
+No hay progreso, sino perversión, desde el himno compuesto hace más de
+tres mil años, que venían cantando los _mahatmas_, cuando los vi volver
+al _Cenobio_, hasta las doctrinas que me expuso luego Sankarachária y
+que implican la negación de Dios, el concepto de que el mundo casi es
+ilusión y fantasmagoría, y la mal velada afirmación de que la conciencia
+nace de lo que no tiene conciencia, la voluntad del ciego prurito de los
+átomos, y de sus desordenadas evoluciones el entendimiento y las leyes a
+que el entendimiento sujeta así lo exterior y visible como lo más hondo
+e íntimo del alma. Cuanto he oído en Benarés en boca de los brahmanes y
+cuanto después me ha expuesto Sankarachária en su misterioso retiro son
+la corrupción del mencionado himno del _Rig-Veda_, donde el vate de los
+primeros tiempos busca a Dios, le columbra y le admira en las cosas
+creadas y le reconoce y le adora. En este mismo Imperio en que ahora
+estoy, he conversado con los mandarines y sólo he visto en su saber
+ateísmo materialista y grosero; he conversado con lamas y bonzos y
+despojando sus doctrinas de supersticiones y de símbolos, sólo he visto
+en ellas la confusión de Dios y del mundo y el destino y el fin del alma
+humana fluctuando entre el aniquilamiento y la apoteosis.
+
+Así cavilaba Morsamor y creía sacar en claro de sus cavilaciones la
+verdad real de su ser, del universo y de Dios que lo ha creado todo. Las
+muchas contradicciones que al afirmarlo así surgían en su mente le
+repugnaban mil veces meros que todas las otras contradicciones nacidas
+de cualquier otra metafísica por sutil y profunda que fuese.
+
+--Hará ya más de dos mil años--decía Morsamor--que vivió en este Imperio
+el filósofo Laotse y escribió su doctrina del Tao. Allí está la verdad,
+al menos en germen. Cuanto después han inventado los chinos o han
+importado de la India es perversión o extravío.
+
+De esta suerte, en la misma gruta donde más tarde meditó Camoens,
+Morsamor meditaba y filosofaba, se lisonjeaba de ir por el buen camino,
+y, hasta cierto punto se consideraba desengañado. Morsamor, no obstante,
+no se resignaba a despojarse de toda ambición. Aún quería recobrar el
+tiempo perdido, ganar gloria sobre la tierra, hacer inmortal su memoria
+entre los hombres, cosechar laureles sin verter sangre, revelar arcanos
+y realizar algo de inaudito o de antes no realizado por nadie. ¿Cuál
+sería el término de aquel inmenso mar que ante sus ojos se extendía?
+¿Podría llegar por él hasta el mundo por Colón descubierto, salvar el
+valladar que le opusiera y volver a su patria navegando siempre hacia
+oriente?
+
+Los letrados chinos, a quienes había consultado, nada sabían de todo
+esto. Acaso el extremo de aquel Océano oriental recelaba un obscuro
+abismo, algo de inaccesible para el hombre. Más allá tal vez estaría un
+infinito piélago de color y de luz, de donde al amanecer surgiría la
+aurora vertiendo claridad y oro, zafiros y rubíes por el éter, y
+abriendo paso al resplandeciente carro del sol, que vendría en pos de
+ella. Tal vez eran sueños y delirios las opiniones de antiguos sabios
+griegos sobre la esfericidad de la tierra. Tal vez era fábula cuanto
+había oído contar a los letrados de la primera expedición mística al
+Fusang de los discípulos de Fo en busca de un elixir que los hiciese
+inmortales. Tal vez eran fábulas también otras expediciones ulteriores.
+Los barcos de la flota que Kubilai-Kan envió a la conquista del Japón,
+dispersos e impulsados por una tempestad, pudieron llegar acaso al
+Fusang misterioso; pero de seguro que jamás volvieron de allí trayendo
+nuevas de lo que habían visto. No era el Fusang el mundo de Colón, sino
+un país imaginario donde la fantasía vulgar y materialista de los chinos
+ponía mayor fertilidad, abundancia y riqueza que los europeos pusieron
+más tarde en el Dorado. Lo único cierto era que más al oriente del Japón
+poco o nada conocían los chinos. Sólo presumían la indefinida extensión
+de un Océano mucho más ancho que el que separa a España de las tierras
+por Colón descubiertas. ¿Qué había en el extremo de este Océano? Quién
+sabe. Acaso el extremo de la tierra en que vivimos; el borde del disco;
+los lazos que atan la tierra al firmamento y que la sostienen suspendida
+en el éter. Morsamor veía en todo esto un misterio hasta entonces
+velado; pero le impulsaban a romper el velo su misma oscuridad y la vaga
+esperanza de que fuese cierto lo que habían pensado los sabios antiguos
+de Grecia y lo que Colón había intentado y hasta había creído demostrar
+yendo por Occidente al extremo Oriente.
+
+Decidido, pues, Miguel de Zuheros, y habiendo infundido en los de la
+nave confianza en su decisión, dejó en Macao al señor Vandenpeereboom y
+a Fray Juan de Santarén, haciendo el uno negocios, y haciendo sermones
+el otro, y zarpó con su nave con rumbo hacia la desconocido.
+
+
+
+
+-XXXVI-
+
+
+Mientras más se piensa en ello más axioma parece la sentencia de don
+Hermógenes, declarando que todo es relativo. En el viaje _Desde Toledo a
+Madrid_, del maestro Tirso de Molina, apenas había caminado legua y
+media y llegado a las ventas de Olías, cuando exclama la melindrosa Doña
+Mayor: _nunca imaginé que era tan largo el mundo_. En cambio, el egregio
+poeta Leopardi prorrumpe en amargos lamentos porque el mundo le parece
+muy chico. Y es lo peor para él, que mientras más mundo se descubre más
+el mundo se empequeñece. Leopardi no cabe en el mundo.
+
+Los tripulantes de la nave de Morsamor, de la nueva _Argo_, ya que con
+tal nombre había sido confirmada, se asemejaban más a Doña Mayor que al
+poeta. Todos hallaban y no sin motivo, que el mundo era mayor de lo que
+habían imaginado. En efecto, habían ido más allá de cuanto habían
+surcado con sus quillas los más audaces navegantes, árabes, chinos,
+japoneses y portugueses; más allá de lo hasta entonces explorado y hasta
+soñado. Nadie había llegado jamás adonde ellos estaban, o si había
+llegado nadie había vuelto. Hacía ya no pocas semanas que sólo veían
+cielo y mar. El mar se les antojaba infinito como el cielo. Y no sólo
+era pasmosa la extensión de su superficie, sino que también lo era su
+profundidad insondable. En aquella soledad imponente, sublime terror
+pesaba sobre los espíritus durante la noche; pero rayada la aurora, todo
+se bañaba en luz y en vivos colores, y el sol rutilante y glorioso
+doraba el aire y esmaltaba de púrpura y de líquida plata las ondas
+azules.
+
+El piloto Lorenzo Fréitas y el mismo Morsamor, que en el retiro de su
+convento había estudiado y aprendido no poco de la náutica y de la
+cosmografía, conocidas entonces, no habían dejado de hacer sus
+observaciones y sus cálculos y sabían que habían pasado la línea
+equinoccial, y que iban navegando con viento favorable y con rumbo al
+sureste. Lo que no acertaban a determinar por su ignorancia del tamaño
+de la tierra era si habían llegado o habían pasado ya bajo el
+semicírculo imaginario que, completando el semicírculo que pasa por
+Lisboa y toca en los polos del mundo, le divide en dos partes iguales.
+Si esto hubiesen sabido, hubieran sabido también lo que por experiencia
+trataban de inquirir: la forma y el tamaño de nuestro planeta. El
+intrépido aventurero y el hábil piloto, presumían, no obstante, que
+habían pasado ya el meridiano, o mejor diremos el antimeridiano de
+Lisboa. En la imaginación de ambos, cuando culminaba el sol sobre sus
+cabezas, aquella hermosa ciudad se mostraba envuelta en las densas
+sombras de media noche, merced al imperioso giro del firmamento todo,
+que daba rapidísimas vueltas e iba iluminando alternativamente nuestra
+pobre morada, o merced acaso al rodar de la tierra que en Salamanca, en
+Coimbra y en Sevilla habían presentido y sospechado antes de que Galileo
+lo sintiese y lo asegurase. En Sevilla, Morsamor había oído hablar mucho
+de todo esto a Fray Ambrosio de Utrera y a sus ilustres amigos,
+cosmógrafos y pilotos examinadores de la Casa de Contratación, entre los
+cuales se contaban Alonso de Chaves, Rodrigo Zamorano y el joven y
+magnífico caballero Pedro Mexía. De ellos, y de su propio estudio, había
+aprendido Morsamor, y algo se le alcanzaba del uso del astrolabio, del
+cuadrante, de la brújula y de otros instrumentos y de la manera de
+marcar el punto en que un barco se halla. Y como él y Lorenzo Fréitas
+coincidían en la opinión de que cada grado de la esfera tenía por el
+ecuador o por su anchura máxima quinientos estadios, cuando se creyeron
+en la parte opuesta del meridiano de Lisboa, creyeron también que
+distaban noventa mil estadios de dicha ciudad, y que todavía, sin contar
+los rodeos que tendrían que dar, necesitaban navegar otros noventa mil
+estadios para volver a la patria. Calculando por leguas, aunque es
+medida menos exacta y más variable, y atribuyendo a cada grado veinte
+leguas de longitud, aún tenían que andar tres mil y seiscientas leguas
+para llegar a Lisboa en línea recta y sin ningún tropiezo.
+
+Para no asustar a la gente de a bordo, Morsamor y Fréitas se guardaron
+bien de comunicarles el resultado de sus cálculos.
+
+En la nave, que había salido abundantemente provista de Macao, había
+agua potable y víveres para bastante tiempo. Todos, sin embargo,
+empezaban a tener miedo, aunque lo disimulaban y aunque todavía no se
+había convertido en descontento. Sólo Tiburcio se mostraba impasible y
+alegre, procurando con sus chistes ahuyentar del ánimo de Morsamor los
+malos espíritus que le atormentaban, a pesar de su esperanza de salir
+triunfante de aquel empeño.
+
+Muy raras cavilaciones solían asaltar la mente de Morsamor, y no eran
+las menos raras las que tenía al pensar en Tiburcio. Nunca se atrevía a
+comunicárselo. Procuraba, además, arrojarlo de su propio pensamiento
+como indigna extravagancia; pero recelaba a veces que en Tiburcio había
+algo de sobrehumano o de _extrahumano_; un no sabemos qué de diabólico,
+a pesar de que Tiburcio era tan fiel, tan servicial y para con él tan
+bondadoso y tan divertido, que aun suponiéndole diablo, le calificaba de
+_buen diablo_. Entendía Morsamor, que si Tiburcio se deleitaba en actos
+pecaminosos, era con superior permiso, para sacar bálsamo del veneno y
+para dirigir y levantar la maldad rastrera a fines excelentes, ordenados
+por la Providencia. Y yendo más lejos aún, en esta suposición, que
+desechaba al punto por herética, y de la que nunca dejaba de
+retractarse, fantaseaba que, así como hay diablos en el infierno,
+también debía de haberlos en el purgatorio, para cuidar de las ánimas
+benditas y para atormentarlas, no por mero y cruel castigo, sino a fin
+de que quedasen limpias de toda mácula y capaces ya de perdurable vida.
+Claro está, que si había diablos de esta clase y si Tiburcio contaba
+entre ellos, al cabo llegaría un momento en que Tiburcio cumpliría su
+condena y se encontraría indultado y horro de la esclavitud de la culpa.
+No poco de tan extraña opinión podía apoyarse, según Miguel de Zuheros
+había oído al Padre Ambrosio, en varias sentencias de Orígenes y de San
+Gregorio de Nisa. Entiéndase, a pesar de lo expuesto, que Morsamor no
+perseveraba en tales errores y que abjuraba de ellos por vitandos y
+nefandos.
+
+Como quiera que fuese, esta navegación que iban haciendo ahora era tan
+melancólica y tan tétrica como había sido amena y bulliciosa la que
+Morsamor y Tiburcio, acompañados de donna Olimpia y Teletusa, habían
+hecho desde Lisboa hasta Melinda.
+
+
+
+
+-XXXVII-
+
+
+Siguieron pasando días sin que nada interrumpiese la monotonía de
+aquella larga navegación. La Providencia, el destino, los genios o los
+númenes que gobiernan el viento y las olas, o la misma estrella de
+Morsamor, según cada uno quisiera explicárselo, dispusieron las cosas de
+manera que la nueva _Argo_ no halló en su camino tierra alguna donde
+pararse. Aquellos mares parecían tan hondos, que habían reprimido el
+empuje del fuego central impidiendo que brotasen islas montañosas sobre
+su superficie. El coral y las madréporas no habían levantado arrecifes
+por ninguna parte ni habían formado atolones. Así al menos lo presumían
+Morsamor y los demás tripulantes cuando, cada vez que rayaba el alba,
+tendían la vista hacia los cuatro puntos del horizonte y sólo percibían
+el haz azulada y uniforme del vasto Océano. Tal vez habría islas y hasta
+grandes e ignorados continentes al norte o al Sur de la derrota que
+seguían, pero todo se ocultaba a la vista de ellos.
+
+El terror de los tripulantes se aumentaba con la persistencia de tanta
+soledad. Aunque había abundancia de víveres, arroz, harina de trigo,
+aceite y galleta hasta para años, se temía que faltase el agua potable.
+En la nave no dejaba de haber ya quien encontrase el agua malsana y
+corrompida. El cansancio, lo poco variado y apetitoso de la
+alimentación, el miedo, el mal humor y hasta el aburrimiento trajeron la
+enfermedad a bordo. En pos de ella vino la muerte y empezó a sacrificar
+víctimas. La resignación y la paciencia se fueron agotando. El amor, el
+respeto y la confianza que Morsamor inspiraba se trocaban ya en
+descontento y hasta en odio.
+
+Tiburcio era quien permanecía más entero y confiado en medio de todo.
+Hasta de la no aparición de tierra alguna deducía él faustos pronósticos
+y la consideraba como signo de buen agüero:
+
+--O no hay--decía--, o si hay no quiere el destino que descubramos
+terreno donde fijar el pie para obligarnos así a que lleguemos al fin
+del continente que descubrió Colón; a que le atravesemos por un estrecho
+de mar o a que le rodeemos por su extremidad Sur, como ya rodeamos el
+África por el Cabo de las Tormentas y a que volvamos triunfantes a la
+gran ciudad de Lisboa.
+
+A menudo arengaba Tiburcio a los marineros y a los soldados, pero los
+hechos eran más elocuentes y persuasivos que las palabras. Ora vientos
+contrarios y borrascas que combatían la nave, ora pesadas calmas que la
+detenían en su carrera, vinieron a dar pábulo a la irritación general.
+De temer era que la sublevación estallase de un momento a otro.
+
+Tomás Cardoso, grande amigo, admirador y fiel satélite de Miguel de
+Zuheros, había apaciguado los ánimos durante no poco tiempo y había
+procurado mantener viva en todos la esperanza; pero Tomás Cardoso acabó
+también por perderla y por cambiar su papel de apaciguador en el de
+cabeza de motín.
+
+Era Tomás Cardoso el más a propósito para este oficio. Por su gigantesca
+estatura descollaba sobre los demás hombres. Ágil y fornido, los
+dominaba y acaudillaba.
+
+En su desesperación, no sabiendo a qué arbitrio recurrir, los
+tripulantes decidieron volver atrás con diferente rumbo, o para ver si
+hallaban alguna tierra en que remediarse, o para ver si lograban aportar
+al Japón o volver a la China o a la India.
+
+Con esta embajada fue Tomás Cardoso para imponerse a Morsamor, a quien
+halló solo en la pequeña cámara del buque.
+
+Morsamor se negó a todo, si bien más suplicante que enojado, y alegando
+con suavidad y dulzura que, en el extremo a que habían llegado, era ya
+más peligroso volver atrás que seguir adelante; que la misma razón había
+para suponer tierras intermedias siguiendo hacia el Oriente que
+dirigiéndose hacia cualquier otro punto; y que, si el mar que surcaban
+no era interminable, más cerca debían de estar ya del mundo de Colón que
+del puerto de que habían salido y hasta que de las costas japonesas.
+
+Tomás Cardoso replicó a Morsamor no con razones sino con quejas. La
+conversación se fue agriando y se trocó en disputa. Los dos
+interlocutores estaban solos. Cardoso había echado a rodar todo respeto.
+Tenía muy poca fe en la elocuencia de sus razonamientos y sobrada fe en
+la energía de sus puños. En mal hora quiso intimidar a Morsamor, quiso
+abusar de su fuerza y le echó mano al cuello con violento ultraje. Firme
+y poderosa era la mano de Cardoso. Si hubiera asido bien a Morsamor, le
+hubiera derribado y hasta aplastado; pero Morsamor, antes de que Cardoso
+le agarrase bien, se desprendió y se deslizó de entre sus garras,
+retrocediendo de un brinco hasta la pared de la cámara. Morsamor
+desenvainó entonces la daga que llevaba en el cinto, y,
+exclamando,--¡defiéndete, miserable!--, se arrojó sobre Cardoso, que
+desnudó también su puñal y le aguardó sereno.
+
+El ímpetu y la destreza de Morsamor eran incontrastables. Con el brazo
+izquierdo paró el golpe que Cardoso le asestaba, y con acierto pasmoso
+hundió su daga en el pecho del rebelde hasta la empuñadura. Atravesado
+el corazón, Cardoso cayó con estruendo en el suelo sin poder decir ¡Dios
+me valga! Al ruido abrieron la puerta y entraron en la cámara varios
+parciales de Cardoso. Allí hubieran vengado su muerte con la de
+Morsamor, si no hubiera acudido Tiburcio en su socorro con no pocos que
+permanecían fieles. La lucha fue entonces horrible en toda la nave, y
+Morsamor, que tanto deseaba laureles incruentos, antes de los laureles
+tuvo la sangre. Mucha se vertió, aunque la rebelión fue vencida. Con la
+muerte sofocaron y castigaron Morsamor y Tiburcio aquella rebeldía.
+Quince cuerpos muertos de sus más valientes compañeros fueron arrojados
+al mar y pasto de los peces.
+
+La autoridad de Miguel de Zuheros se restableció y fortaleció en cuantos
+quedaron con vida. Y aterrados unos por el castigo y entusiasmados otros
+por el valor y la serenidad que Morsamor y Tiburcio habían mostrado,
+resolvieron seguirlos sin más dudar ni vacilar, aunque los llevasen al
+mismo infierno.
+
+Honda tristeza abrumó el ánimo de Morsamor después de su triunfo. A par
+que se complacía en él, se afligía de haberle pagado tan caro.
+
+En la melancólica hora del crepúsculo vespertino su preocupación fue más
+intensa y revistieron más negros colores los fantasmas de su imaginación
+atribulada. Parecía que estos fantasmas, saliendo de lo profundo de su
+mente, tomaban cuerpos vaporosos y se proyectaban y se hacían visibles
+en el aire. De esta suerte, con ceño adusto y vertiendo sangre de su
+honda herida, el espectro de Tomás Cardoso se mostraba a los ojos de
+Morsamor siguiendo la nave. En el rumor, que al quebrarse en sus
+costados hacían las olas, Morsamor creía oír por momentos sollozos,
+maldiciones y gritos de venganza, y tal vez se figuraba que surgían de
+la mar las cabezas de los compañeros muertos, que venían nadando y
+pugnando por detener la nave o por hacerla virar hacia el Oeste.
+
+Creció la obscuridad. La noche se venía encima. Miguel de Zuheros tuvo
+entonces una visión extraña de tal consistencia, que le pareció realidad
+y no delirio de la mente. Podría ser espejismo, algo cuya causa él no se
+explicaba, pero algo que estaba fuera de él: que era real y no
+imaginado. A no mucha distancia de su nave, vio Morsamor otra nave que
+navegaba a toda vela con próspero viento y en dirección contraria. Sin
+duda no era falsa la visión, porque Tiburcio y los marinos afirmaban que
+la habían visto, aunque pronto se había perdido en la sombra. El piloto
+Lorenzo Fréitas afirmaba más aún porque su vista era perspicaz como la
+del águila. El piloto afirmaba que también había visto la nave, que en
+el tope de su palo mayor ondeaba la bandera de Castilla y que en su proa
+se figuraba haber leído este nombre simbólico: _Victoria_.
+
+
+
+
+-XXXVIII-
+
+
+Aquella noche caviló mucho Morsamor sobre la aparición, real o
+fantástica, de la nave _Victoria_, y habló del caso con Fréitas y
+Tiburcio. Tiburcio sostenía que todo había sido ilusión óptica, fenómeno
+parecido al de la _fata morgana_. Y por el contrario, Fréitas concedía
+completa realidad a la visión y hasta llegaba a triplicarla, sosteniendo
+que en pos de la nave _Victoria_, aunque a mayor distancia y esfumadas
+en la vaga penumbra, había visto pasar otras dos naves. Más que a la
+opinión de su doncel, se inclinaba Morsamor a la del piloto. Sobre ella
+alzaba un cúmulo de suposiciones. Recordaba que, hacía ya tres o cuatro
+años, dos portugueses, uno de los cuales se llamaba Ruy Falero, habían
+ido a ofrecerse al soberano de España para ir a la India, navegando
+hacia Occidente, salvando el mundo de Colón y surcando juego el ancho
+mar descubierto por Balboa. ¿Llevaría la nave _Victoria_ por capitán al
+mencionado Ruy Falero?
+
+Tiburcio respondía a esto que él también recordaba lo que decía
+Morsamor, pero que recordaba asimismo que Ruy Falero había perdido el
+juicio y, que habían tenido que encerrarle en una casa de locos. Fréitas
+dijo entonces:
+
+--Será cierta la locura de Ruy Falero, mas yo os aseguro que el camarada
+que iba con él, y a quien conozco y trato desde hace años, tiene tan
+bien sentado el juicio que es muy difícil que le pierda, y es tan tenaz
+en sus propósitos y tan brioso y capaz de realizarlos, que no me
+pasmaría yo de que lo consiguiera. Acaso la nave que hemos visto no
+lleva en vano el nombre de _Victoria_. Acaso va mandándola el otro
+portugués de cuyo nombre no os acordáis.
+
+--¿Y cómo se llama ese otro portugués?--preguntó Miguel de Zuheros.
+
+--Ese otro portugués--contestó Fréitas--se llama Fernando de Magallanes.
+
+Rarísimo personaje era Morsamor. Tal vez los que lean esta historia
+calificarán de inverosímil su carácter, pero a menudo parece inverosímil
+lo más verdadero. Morsamor carecía de vanidad y era todo orgullo. La
+envidia y los celos no entraban en su alma. Hasta la misma emulación
+tenía en ella poca cabida. Y su orgullo era tan expansivo, que Morsamor,
+con tal de que él alcanzase y mereciese el triunfo, no se apesadumbraba,
+sino que se alegraba de que alguien pudiera alcanzarle al mismo tiempo
+que él, asegurándole así para la gente de su nación o de su casta.
+
+--Si en la nave que hemos visto o imaginado ver va Fernando de
+Magallanes, yo--dijo Morsamor--me alegro con toda mi alma. Él o yo, o
+ambos, volveremos a la patria, después de haber recorrido toda la
+redondez de la tierra. Segura es ya nuestra gloria, y no será menor
+aunque sea compartida. Él y yo mereceremos que se diga de nosotros que,
+al dar cima a nuestra empresa, ambos levantamos un arco triunfal y
+abrimos una nueva era en la historia del humano linaje; agrandamos por
+experiencia el concepto de las cosas creadas, y empezamos a revelar los
+arcanos del universo visible. Poco me importa que no sea sólo del camino
+que llevo y de la nave en que voy, sitio también de la nave en que él va
+y del camino que él lleva de quien digan los contemporáneos
+entusiasmados: «Fue el camino que esta nao hizo el mayor y más nueva
+cosa que desde que Dios creó el primer hombre y compuso el mundo hasta
+nuestro tiempo se ha visto, y no se ha oído ni escrito cosa más de notar
+en todas las navegaciones después de aquella del Patriarca Noé; ni
+aquella nao o arca en que él se salvó del universal diluvio navegó tanto
+como esta».
+
+Al rayar el alba de la noche en que Morsamor había pensado y hablado
+así, como si Dios quisiese darle premio, aparecieron en lontananza,
+destacándose sobre el fondo de púrpura y nácar del cielo oriental
+iluminado ya por el día, elevadas montañas que parecían dilatarse de
+Norte a Sur en extensión grandísima. La nueva _Argo_ estaba ya cerca del
+continente que buscaba y todos sus tripulantes doblaron las rodillas y
+dieron gracias al cielo.
+
+Harto sabía Morsamor, desde antes de que abandonase su convento, las
+tentativas infructuosas y desgraciadas que, para hallar paso por mar del
+Atlántico al Pacífico, se habían hecho hasta entonces. Recordaba sobre
+todo, por ser más reciente, el viaje de Juan Díaz de Solís, piloto de la
+Casa de Contratación de Sevilla, el cual había navegado por los mares
+del hemisferio austral hasta más allá de los 35 grados de latitud, sin
+hallar término al nuevo continente ni estrecho alguno por donde se
+pudiese salir navegando al mar del Sur descubierto por Balboa. Juan Díaz
+de Solís había llegado hasta una inmensa bahía por donde desembocaba en
+el mar un río muy caudaloso. Luchando allí con ciertos belicosos y
+fieros salvajes, llamados charrúas, Solís había perdido la vida. El
+barco que él mandaba quedó abandonado en aquellas distantes e incógnitas
+playas, pero otros barcos que le habían acompañado en su expedición
+volvieron a Sevilla y dieron cuenta de todo. Morsamor sabía, pues, que
+no hallaría paso al Atlántico sino más al Sur de los 35 grados. Por eso
+había navegado con rumbo al Sudeste y cuando se aproximó a la costa
+occidental del Nuevo Mundo, se hallaba a los 36 grados de latitud
+austral. No sin recelo y con extraordinaria cautela para evitar
+encuentros y combates con gentes desconocidas y bárbaras, Morsamor y los
+suyos saltaron en tierra en busca de agua potable. Fertilísimo era el
+agreste e inculto suelo que pisaron. Majestuosas montañas se levantaban
+no lejos de la costa, y desde los manantiales que brotaban en lo alto,
+por entre las rocas, descendían por la agria pendiente arroyos de agua
+cristalina y hasta caudalosos ríos de rápido curso. Selvas de lozana y
+frondosa vegetación, que en algunos puntos las hacía impenetrables, se
+extendían por donde quiera y venían avanzando hasta la orilla del mar.
+Nuestros viajeros reprimían su curiosidad y no querían explorar nada,
+anhelando sólo hallar el paso que buscaban. Se contentaron, pues, con
+tomar agua potable y llevarla en odres y en pipas al buque y con cazar
+multitud de palomas y de ánades silvestres y algunos a modo de ciervos
+que en grandes manadas vagaban por la espesura de aquellos bosques.
+
+El país era espléndido. Abetos y pinos de airosas y extrañas formas,
+nunca vistas por los europeos, descollaban sobre la pomposa verdura de
+helechos arborescentes, mirtos, laureles y otros árboles hermosos,
+desconocidos y sin nombre hasta aquel día. Pero Morsamor buscaba con
+ansia el estrecho o el fin del continente y nada de aquello le seducía
+ni le convidaba a detenerse.
+
+El viento le fue propicio y avanzó con rapidez hacia el Sur. Aunque
+había llegado el verano de aquellas regiones, el frío empezó a sentirse.
+La costa parecía que no acababa nunca. Lo que iba acabando era la
+paciencia de Morsamor y de sus compañeros.
+
+El estrecho deseado apareció por fin, consolándolos y entusiasmándolos.
+La nave _Argo_ entró por él con valentía. Por intrincado laberinto de
+densos bosques, de tajados riscos y de altos cerros cubiertos de nieve
+iba prolongándose el canal en mil tortuosos rodeos. Ya menguaba su
+anchura como comprimida por los abruptos cantiles que se alzaban en una
+y otra margen alpestre, ya dilatándose el estrecho formaba ingente lago,
+en cuya faz, que apenas rizaba la brisa, se reflejaban la luz del cielo,
+ora nubes obscuras, ora el sol refulgente, y los escarpados cerros que
+parecían circundar el agua formando anfiteatro. La nieve de sus picos,
+como obeliscos y pirámides de bruñida plata, se duplicaba por el
+reflejo, y a par que resplandecía en lo sumo del aire se veía en el
+temeroso fondo del agua, donde, duplicándose también el cielo, hacía que
+imaginase Morsamor que la nueva _Argo_ estaba suspendida entre dos
+abismos.
+
+Los que navegan hoy cómodamente por aquel estrecho, a bordo de un barco
+de vapor, no pueden ver la sublimidad de la escena ni pueden sentir el
+pasmo aterrador de los que por vez primera le cruzaron. No van, como
+Morsamor iba entonces, en frágil barco y a merced del viento, que se
+oponía a su marcha, si era contrario, o si amainaba, casi le dejaba
+inmóvil a pesar de las más hábiles maniobras.
+
+Hoy es corto el tránsito por aquel estrecho. Entonces parecía que duraba
+un siglo. Y la naturaleza circunstante, esquiva hasta entonces al hombre
+civilizado, que nunca fijó en ella sus miradas dominadoras, se alzaba
+soberbia en contra de él, procurando atajarle y sobreexcitando su ánimo
+con la amenaza de mil peligros, ya verdaderos, ya exagerados por la
+fantasía.
+
+Espesa niebla envolvía a veces la nave, y a causa de la niebla, así como
+durante la noche, era menester ir con lentitud y precaución, para no
+tropezar en un escollo o encallar en un bajío. A veces se encapotaba el
+cielo, deslumbraban los relámpagos y resonaba el trueno repercutido por
+los peñascos y multiplicado por los ecos. La tempestad acababa
+desatándose en torrentes de lluvia o en abundantes copos de nieve. Luego
+se serenaba el aire y el sol resplandecía. Tal vez el iris se dilataba
+sobre el estrecho en arco majestuoso, cuyos estribos eran los cerros de
+una y otra margen.
+
+A veces asaltaba a los atrevidos navegantes el recelo de no acertar a
+salir de aquel laberinto y de tener que morir allí. Los peligros, que en
+cierto modo habían sido silenciosos e invisibles en el grande Océano, se
+mostraban allí más a la vista y turbaban los espíritus y molestaban y
+herían los oídos con acentos y voces. Ya aparecían en los peñascos
+voraces lobos marinos, ya se veían revolando y cerniéndose a grande
+altura águilas o buitres de mayor tamaño y pujanza que los de Europa, ya
+seguían o cercaban la nave bandadas de enormes _albatros_, hostigados
+por el hambre y buscando alimento. Lorenzo Fréitas y algunos otros
+marinos que, a falta de catalejo, tenían muy perspicaz la vista,
+aseguraban haber columbrado en la costa de la izquierda vagar hombres
+salvajes y feroces de descomunal corpulencia. No vacilaban en conjeturar
+que el menor de dichos hombres era de tan colosal estatura, que de fijo
+el más alto de cuantos iban en la nave no le llegaría con la cabeza
+debajo del brazo. Para acrecentar más el susto, no bien declinaba la
+tarde salían de sus ocultas madrigueras feos murciélagos, que tenían en
+el hocico como un hierro de lanza y que se suponía que eran vampiros y
+vagaban en torno de la nave y hasta se posaban en los mástiles y en las
+velas. En medio de las tinieblas nocturnas solía oírse el lúgubre
+silbido de las lechuzas y de los búhos.
+
+Como no hay mala ventura que no tenga término, la nave _Argo_ logró casi
+vencer los obstáculos todos y se encontró al final del estrecho y muy
+próxima a lanzarse en la amplitud del Atlántico. Larga y profunda calma
+tuvo, sin embargo, parada la nave e impaciente su tripulación durante
+muchas horas. Pero, no hay mal que por bien no venga. Sin esta forzosa
+detención no hubiera ocurrido el extraño caso de que se dará cuenta en
+el siguiente capítulo.
+
+
+
+
+-XXXIX-
+
+
+Cuán pasmosa no sería la sorpresa de Morsamor, de Tiburcio y de sus
+compañeros, cuando, al llegar la noche del día desde cuya mañana estaban
+detenidos, oyeron lastimeros gritos que se alzaban por el costado
+izquierdo de la nave y que decían en lengua castellana: ¡Socorrednos:
+tened compasión de nosotros! ¡Recibidnos a bordo!
+
+Dirigieron entonces las miradas hacia el punto de donde venían las voces
+y vieron cerca de la orilla a dos hombres vestidos a la europea, si bien
+con trajes desordenados y rotos. Echaron al agua la chalupa, fueron en
+busca de aquellos dos hombres, los trajeron y se los presentaron al
+capitán que, maravillado y compasivo, contemplaba los desencajados
+rostros, la palidez enfermiza y el aspecto abatido y miserable de sus
+huéspedes imprevistos.
+
+--¿Quiénes sois, desventurados?--les preguntó Morsamor.
+
+Uno de ellos, al parecer el más joven y el menos fatigado y enfermo,
+tomó la palabra y dijo:
+
+--Yo, señor, soy Juan de Cartagena y salí de Castilla mandando uno de
+los cinco bajeles que trajo el portugués Fernando de Magallanes para
+lograr su propósito de ir más allá de este continente, de llegar a la
+India, caminando siempre hacia el Oeste. La insufrible soberbia del
+portugués y los malos modos y la aspereza con que me trataba me movieron
+a rebelarme contra él cuando aún estábamos en el Golfo de Guinea.
+Magallanes me venció y me tuvo preso. Fue tanta su crueldad que
+permanecí en el cepo, durante muchas semanas, hasta que llegamos cerca
+de estos lugares. Hartos mis compañeros de sufrir al portugués, a quien
+ya tenían por loco, y recelando que los llevaba a perdición segura, se
+sublevaron contra él en una bahía que no dista mucho de aquí. Tres
+fueron los bajeles sublevados. Las principales cabezas de la sublevación
+fueron Luis de Mendoza y Gaspar de Quesada. Ellos me pusieron en
+libertad, y yo combatí en favor de ellos. Sólo dos bajeles quedaron
+sujetos al portugués. De los otros tres disponíamos nosotros.
+Magallanes, no obstante, pudo vencernos. Entró al abordaje en nuestros
+navíos y Luis de Mendoza murió cosido a puñaladas. Horribles fueron los
+castigos que Magallanes impuso. A Gaspar de Quesada, por mano de su
+propio criado, que sirvió de verdugo, hizo que le cortaran la cabeza. Y
+descuartizados los miembros de Quesada y de Mendoza, fueron suspendidos
+de los mástiles para espantoso escarmiento de todos. No sé por qué
+Magallanes me perdonó la vida y tuvo compasión de mí, si compasión puede
+llamarse. El feroz capitán, al ir a entrar en el Estrecho, me dejó
+abandonado sobre la costa inhospitalaria. Él siguió su viaje con sólo
+tres bajeles, porque de los cinco uno naufragó y otro, el _San Antonio_,
+logró escapar, y yo espero en Dios que a estas horas se hallará de
+vuelta en Sevilla, donde dará cuenta de la ferocidad y de la locura de
+que hemos sido víctimas.
+
+Al oír Morsamor aquel relato, reflexionó melancólicamente que los
+laureles incruentos que él había imaginado acaso eran imposibles en
+aquella edad en que él vivía. Pensó que sin duda era menester regarlos
+con sangre: que el temple de voluntad de quien los cultivase había de
+ser como el del acero y las entrañas como las del tigre. Así se absolvió
+de su pecado, si le hubo, en la muerte de Tomás Cardoso. Así se calificó
+hasta de benigno. No por eso en absolución fue acompañada de alegría,
+sino que sintió pesar más negro en el fondo del alma al imaginar cuán
+difícil era, sin culpa, sin estrago y muerte, conquistar por la acción
+la suspirada gloria.
+
+Sustrayéndose luego a las tristes reflexiones de su harto exagerado
+pesimismo, Morsamor preguntó a Juan de Cartagena:
+
+--¿Y quién es este que Magallanes dejó abandonado en tu compañía?
+
+--Este--respondió Juan de Cartagena--fue quien más nos solevantó y
+alborotó con sus discursos. Es un fraile cordobés, llamado Fray Blas de
+Villabermeja.
+
+Morsamor fijó entonces su atención en el fraile, le reconoció, fue hacia
+él y le echó los brazos al cuello.
+
+--¡Querido Paisano!--le dijo--. Cuánto me alegro de poder servirte y
+valerte en esta ocasión. Tú eres de un lugar que apenas dista un cuarto
+de legua de mi patria, Zuheros.
+
+Morsamor y también Tiburcio reconocieron en el fraile abandonado a un
+antiguo colega del mismo convento en que ellos habían vivido, pero el
+fraile no reconocía a ninguno de los dos por más que maravillado los
+contemplaba. Se lo impedían el mágico remozamiento del uno y la gallarda
+e insolente apostura del otro, tan distinta de la humildad claustral que
+había afectado cuando era novicio. Pero sin que le importase mucho
+reconocerlos o no, Fray Blas de Villabermeja se dejó querer y agasajar y
+dio gracias al cielo que de su abominable destierro le libertaba.
+
+Después de tan raro encuentro, la historia de la navegación de la nueva
+_Argo_ nada notable ofrece ni refiere durante más de cuarenta días. Sólo
+se sabe que Morsamor fue tan venturoso, que navegó con velocidad
+increíble. Al fin vino a hallarse a corta distancia, casi a la vista de
+Sagres, como si la Providencia dispusiese que en el punto que había
+hecho famoso el Infante don Enrique, iniciador de los grandes
+descubrimientos, terminase su viaje el hombre que iba a cerrar el ciclo
+y a dar comienzo a nueva Era.
+
+
+
+
+-XL-
+
+
+No todas las dificultades se habían allanado. Nadie hasta el fin puede
+cantar victoria. A veces el más hábil auriga, al ir a alcanzar la palma
+salvando la meta, suele tocar en ella y dar lastimoso y mortífero
+vuelco.
+
+De repente vieron Morsamor y los de su nave un gravísimo peligro que
+venía sobre ellos, de que ya no podían esquivarse con la fuga y que era
+menester arrostrar con heroica y casi sobrehumana valentía.
+
+Una enorme galera se aproximaba dándoles caza. En su proa y en su popa
+tenía sendas bombardas, y tres falconetes en cada costado. Estrecho era
+el barco de babor a estribor, y la longitud de su eslora hacía que
+hendiese rápidamente las olas a impulso de los treinta remos que llevaba
+en cada banda.
+
+Lorenzo Fréitas no dudó ni un instante de que aquella nave era de
+corsarios argelinos.
+
+--Salvarse huyendo--decía--sería un milagro que no debemos esperar de la
+bondad divina. Nuestra artillería vale poco o nada, y, si la empleamos,
+sólo conseguiremos provocar y enojar al cosario, que con la suya nos
+echará pronto a pique, sobreponiéndose su cólera a la codicia que le
+mueve a apoderarse de la presa. Rica debe de imaginársela. Nuestro barco
+no tiene aspecto guerrero, sino trazas de lo que es: de nave mercante
+que vuelve de la India. En su imaginación verá ya el corsario los ricos
+tesoros de que pronto va a hacerse dueño. Podemos pelear y defendernos,
+pero sin esperanza. Señor Miguel de Zuheros, creo de mi deber deciros mi
+opinión con franqueza.
+
+--Yo la acepto y la estimo--respondió Morsamor--. Y con la misma
+franqueza voy a exponer mi parecer, aunque ya en forma de órdenes
+imperativas e ineludibles, porque no hay tiempo para discusiones ni
+discursos. Espero que todos cumpliréis con vuestro deber, me obedeceréis
+ciegamente y haréis con puntualidad y exactitud lo que yo prescriba.
+
+Soldados y marineros juraron obedecer a su capitán. Morsamor entonces
+dispuso las cosas con arreglo al plan que había concebido y dividió en
+tres partes sus fuerzas: la marinería al mando del piloto; al mando de
+Tiburcio lo mejor de la hueste, contándose en ella Juan de Cartagena y
+Fray Blas de Villabermeja, a quienes excitó para que se luciesen,
+pagando así la franca hospitalidad con que los había acogido. Él guardó
+bajo su inmediato gobierno a veinticuatro de sus más leales, astutos y
+valientes aventureros, en cuyo número figuraban los mestizos
+mongoles-castellanos.
+
+En seguida dio Morsamor sus instrucciones a los jefes y ordenó que
+ocupase su puesto cada uno. La nueva _Argo_ siguió huyendo, pero con
+muestras de desesperación y de miedo, sin desplegar más velas, como si
+pareciese resignada ya a entregarse al enemigo.
+
+El corsario, impaciente, lanzó, no obstante, tres disparos de falconete
+para que la nueva _Argo_ se rindiera. Una de las balas tocó en el casco
+del buque y abrió en él ancho agujero, aunque por fortuna muy sobre la
+línea de flotación, cerca de la popa. Sólo con mar muy alborotado y con
+arfar muy violento podría la nave hacer agua. Nada contestó Morsamor a
+aquel daño y a aquel ultraje. Su nave, inerme, dejó que se le aproxímase
+la galera, que la prendiese con enormes garfios, y que los corsarios,
+armados de hachas, se lanzasen al abordaje, o más bien, confiados en su
+poder incontrastable, a tomar posesión de la nave sin recelar
+resistencia alguna.
+
+Así fue en un principio. Morsamor y los veinticuatro capitaneados por él
+cejaron como amedrentados, aunque sin desordenarse ni separarse. Los
+corsarios, con su capitán al frente, llenaban ya la cubierta. El grupo
+de Morsamor se arrinconó hacia la popa; hacia la proa, Fréitas y sus
+marineros. En el barco no parecía haber más tripulantes. El aspecto de
+ambos grupos inspiraba compasión y fomentaba la confianza y el descuido
+de los corsarios. Sin duda Morsamor y Fréitas querían rendirse anhelando
+sólo las menos duras condiciones. No intentaban hacer uso de las armas,
+aunque las tenían en las manos. A fin de que las entregasen, los
+corsarios se dividieron, dirigiéndose a un grupo y a otro.
+
+En la pequeña cámara de Morsamor, que estaba sobre cubierta, no parecía
+posible que hubiese capacidad bastante para que en ella se ocultasen
+muchos hombres armados. En ella, no obstante, estaban hacinados y
+apretados Tiburcio y su tropa.
+
+De súbito abrieron la puerta de la cámara y salieron con inaudita
+rapidez. Todos corrieron hacia el lado opuesto al en que estaban
+Morsamor y Fréitas y hacia el punto en que la nueva _Argo_ estaba asida
+al barco corsario. Con prodigiosa agilidad y con tal prontitud que no
+dieron tiempo para que se apercibiesen y cerrasen paso, saltaron todos
+en la galera. Y entonces, más listos y expeditos aún, dieron muerte a
+los cómitres, quitaron grillos y cadenas y pusieron en libertad a los
+galeotes, que eran más de sesenta cristianos cautivos. Estos hallaron
+sin dificultad armas de que apoderarse.
+
+Tarde semi-comprendió el capitán corsario la estratagema que le habían
+urdido, mas no desmayó por eso. Antes bien, arremetió impetuoso contra
+el grupo de Morsamor, mientras que otro buen golpe de su gente caía
+sobre Fréitas y sus marineros, los cuales tuvieron por desgracia que
+luchar proporcionalmente contra mayor número de contrarios. Fréitas fue
+uno de los primeros que perdieron la vida, abierta su cabeza de un
+hachazo. Otros ocho de su tropa sucumbieron también, al principio casi
+de la pelea.
+
+Morsamor, entre tanto, parecía invulnerable, pero también sus enemigos
+eran más que los hombres de que él disponía. Acorralados Morsamor y los
+suyos se mantenían a la defensiva.
+
+Todo esto, no obstante, fue obra de pocos minutos. Tiburcio supo darse
+prisa. En la galera corsaria dejó a Juan de Cartagena y a Fray Blas con
+diez hombres más de su fuerza y con veinte galeotes, ya libres y
+armados, y se precipitó en la nueva _Argo_ con todos los demás que le
+seguían y que eran más de sesenta. Ansiosos de combatir se sentían
+todos, y particularmente los ya libres forzados, a quienes aguijoneaba
+el rencor e impulsaba el deseo de curar con la sangre de los corsarios
+las llagas y los verdugones que la penca del cómitre había hecho en sus
+espaldas desnudas.
+
+Atacados los corsarios por todas partes, no pudieron resistir. Aunque
+vendieron caras sus vidas, perecieron los más valientes y el capitán
+argelino, rindiéndose a discreción los otros, que fueron aherrojados y
+convertidos en nueva chusma.
+
+Morsamor pasó en triunfo a la conquistada galera. Resonar de clarines,
+vivas, altos aplausos y el estampido de algunos disparos de los
+falconetes solemnizaron la victoria. Con lamentos y hasta con lágrimas
+se deploró la muerte de Fréitas y de las otras víctimas.
+
+Para escarmiento ejemplar y para dar testimonio del brillante éxito de
+aquella lucha, Morsamor mandó colgar el cadáver del capitán argelino en
+el mástil de la galera, sobre el cual dispuso que se izase la bandera de
+Castilla.
+
+Rodeado de Tiburcio, Cartagena, Fray Blas y otros, se hallaba Morsamor
+presenciando aquella maniobra y recibiendo plácemes, cuando a deshora
+apareció una rubia y majestuosa dama, vestida de luto, y se arrojó en
+los brazos de Morsamor y cubrió su rostro de besos, exclamando
+entusiasmada:
+
+_--¡O givia ed orgoglio del mio core! ¡O coraggioso mio drudo!_
+
+
+
+
+-XLI-
+
+
+Más sorprendido que complacido vio Morsamor la aparición de donna
+Olimpia de Belfiore, pues no era otra la dama enlutada que le saludó con
+tanto entusiasmo y cariño.
+
+Hermosa como siempre estaba donna Olimpia. El tiempo no imprimía la
+destructora huella en su rostro, en el cual se notaba mayor majestad que
+antes y honda tristeza.
+
+Donna Olimpia no había aparecido sola. Teletusa, tan regocijada como de
+costumbre, apareció con ella. Y aparecieron igualmente entre los
+libertados galeotes, siendo de los que mejor pagaron la libertad
+combatiendo a los corsarios, los dos fieles y robustos escuderos a
+quienes llamaban Asmodeo y Belcebú, más por broma que con suficiente
+motivo.
+
+Para satisfacer la curiosidad natural de Morsamor y de Tiburcio, donna
+Olimpia, en presencia de Teletusa y del doncel, no tardó en contar a
+grandes rasgos sus aventuras. Y como donna Olimpia era tan latina y tan
+abastada de erudición clásica, empezó diciendo como el Eneas de
+Virgilio:
+
+ _¡In fandum, Morsamor, jubes renovare dolorem!_
+
+Traía ella consignados en precioso manuscrito todos los peregrinos
+sucesos de que había sido testigo, agente o paciente. Con ellos,
+imitando a César, se proponía dar al público sus comentarios. Es
+indudable que si los hubiese publicado y si no se hubiesen perdido,
+serían casi tan interesantes como los del Dictador romano. Si nosotros
+los poseyésemos o pudiésemos reconstruirlos, compondríamos con ellos una
+historia no menos extensa que la presente, pero aquí deben entrar como
+episodio, y el episodio no debe extenderse más que el principal asunto.
+Para no faltar a esta regla de los preceptistas y cumplir con el _semper
+ad aventum festina_ de Horacio, nos abstendremos de referir las cosas
+con la pausa con que las refirió donna Olimpia, y las referiremos tan en
+resumen, que más parezcan el plan o el índice de la historia que la
+historia misma.
+
+Con la presencia en Melinda de nuestras dos damas, la corte estaba
+brillantísima: las fiestas y diversiones se sucedían sin tregua:
+cacerías, banquetes, cabalgatas, simulacros de batallas, o algo a modo
+de bárbaros torneos, todo se sucedía con grande lujo y no menores
+gastos. El pueblo, negro y tacaño, se hartó de tanta magnificencia y
+halló que le costaba muy cara. Donna Olimpia tuvo indicios de que se
+conspiraba contra ella y contra el rey. Para aquel generoso príncipe
+temió un mal percance y para ella fin no menos trágico que el de la
+famosa Raquel, judía de Toledo, o que el de doña Inés de Castro, tan
+celebrada más tarde por los poetas épicos y dramáticos portugueses.
+
+Donna Olimpia sabía eclipsarse y evadirse a tiempo. En esta ocasión no
+le faltó su habilidad. Con raro disimulo ganó el corazón y hechizó al
+capitán de una nave lusitana que tocó en Melinda de paso para Massauá a
+donde iba a reunirse con la flota, que había llevado a don Rodrigo de
+Lima y que debía volver a la India con dicho señor y con toda su pomposa
+Embajada, después que hubiesen visitado al Preste Juan, o sea al monarca
+de Abisinia o por otro nombre de la alta Etiopía.
+
+No tenemos espacio para describir aquí aquel país desconocido hasta
+entonces de los europeos ni para relatar los peligros y trabajos que
+pasaron y los triunfos que obtuvieron nuestras dos atrevidas viajeras.
+
+La Etiopía alta era y es a modo de inmensa fortaleza natural, de nava
+dilatadísima, que se levanta, sostenida por abruptos cerros, muy sobre
+el nivel de las otras circunstantes tierras africanas. Allí
+encastillado, resistiendo a la creciente inundación del Islamismo,
+vivía, desde muy antiguo, un pueblo cristiano, y había un reino un tanto
+decaído ya, pero en otro tiempo muy poderoso que se extendía por Arabia
+y por otras regiones.
+
+Hacía ya más de treinta años que Pedro de Covillán había sido enviado a
+aquel reino por el príncipe perfecto don Juan II. Aquel varón simpático
+y astuto se había ganado la voluntad de los etíopes y singularmente la
+de la sapientísima reina Elena, quien le tuvo por consejero y muy por su
+privado. Pedro de Covillán se había hecho abisinio, Grande del reino y
+Gobernador o más bien príncipe feudatario de fértiles y dilatadas
+comarcas. Él influyó para que viniese a Lisboa y viviese en la corte de
+don Manuel el ilustre señor Mateo, Embajador del rey David y de la reina
+Elena.
+
+En respuesta a dicha Embajada, había ido a visitar al Preste Juan el ya
+mencionado don Rodrigo de Lima con gran pompa y séquito. En el séquito
+descollaba el Reverendo Padre Fray Francisco Álvarez, elocuente y
+verídico historiador de la Embajada misma, a cuya narración nos
+remitimos, y alma además de las negociaciones diplomáticas, porque el
+tal don Rodrigo era _muito parvo_, si hemos de dar crédito a las
+hablillas y murmuraciones de sus subordinados. Todo esto, no obstante,
+importa tan poco a nuestra historia, que debiéramos pasarlo en silencio.
+Bástenos decir que donna Olimpia se ingenió de tal suerte y se dio tan
+buena maña, que se hizo amiga de Pedro de Covillán, de don Rodrigo, y de
+todo el personal de la Embajada. Por este medio fue presentada en la
+corte que iba siempre vagando de un lugar a otro y habitaba bajo
+hermosas tiendas en campamento vastísimo capaz de contener y que
+contenía más de veinte mil personas, desde el Abuna o Patriarca, la
+clerecía, las princesas de la sangre y los altos dignatarios, hasta los
+soldados y sirvientes.
+
+En fin, y para no cansar a los lectores, consignaremos sin más preámbulo
+que el Preste Juan o soberano de aquella tierra que se llamaba entonces
+David, se enamoró perdidamente de donna Olimpia, y acabó por casarse con
+ella.
+
+David era ya casado, pero esto no era óbice, porque allí el rey podía y
+solía tener dos mujeres legítimas: una se llamaba _cuan-baaltihat_ o
+reina de la mano derecha, y la otra, _gerâ--baaltihat_ o reina de la
+mano zurda. Esta última dignidad fue la que obtuvo donna Olimpia, mas no
+por eso fue menos considerada, y según la etiqueta de la corte, severa y
+minuciosa por todo extremo, donna Olimpia fue tratada, respetada y
+atendida como esposa del _Negus Nagat_, o Rey de reyes y Soberano Señor
+de Aksum, de Homer, de Raydan, de Habaset, de Sabá, de Silhi, de Tiyam,
+de Kas, de Bega y de otros Estados, de la mayor parte de los cuales, ya
+_in partibus infidelium_, sólo quedaba el título.
+
+Algo influyó donna Olimpia en la renaciente cultura de los abisinios, y
+de ello con razón se jactaba. Censuró y condenó las muy frecuentes
+borracheras de onfacomeli, bebida de que se abusaba mucho en Abisinia, y
+de cuya composición, tal como la explica el diccionario de la Real
+Academia Española, tantos donaires y chistes acertó a decir nuestro
+amigo don Manuel Silvela. Con más eficaz energía se opuso aún a que los
+súbditos de su esposo comiesen carne cruda, y sobre todo, a que los
+refinados y sibaríticos la comiesen invirtiendo los trámites, o sea (no
+lo creeríamos si no nos lo contasen autores de grave autoridad y
+respeto), cortando la carne del buey vivo para que, sazonada con sal y
+pimienta, entrase en la boca conservando aún el calor vital inimitable y
+delicioso.
+
+Nuestra heroína logró modificar también el desorden abominable con que
+solían terminar los banquetes, cuando se abusaba del onfacomeli y del
+buey vivo. El desenfreno era tal, que el pudor de donna Olimpia hubo de
+sublevarse, transmitiendo tan honrada sublevación a su esposo. Como en
+aquel país hay muchísimas hienas, que tan cobardes como carniceras
+devoran las bestias de carga y tienen miedo del hombre, aunque rodean e
+invaden a veces el campamento regio, cada personaje de la corte y el
+mismo rey van siempre armados de un látigo para osear y castigar las
+hienas con que tropiezan a su paso. De este látigo se valió, pues, el
+rey David, incitado por donna Olimpia, para infundir recato y compostura
+a sus cortesanos y hasta a las princesas de la real familia en una de
+aquellas orgías endemoniadas.
+
+Un poco atenuó también donna Olimpia lo sobrado servil de algunas
+etiquetas o ceremonias de aquel ambulante palacio, impidiendo que en lo
+sucesivo se pusiesen todos de rodillas, besasen la tierra y
+prorrumpiesen en jaculatorias o breves y fervorosas oraciones, no sólo
+cuando aparecía el _Negus_, sino cuando cualquier rumor, como suspiro,
+tos o estornudo, indicaba su cercanía.
+
+Con tales mejoras, con tan buenos consejos y con el ameno trato de donna
+Olimpia, el rey estaba cada día más prendado de ella. El nacimiento de
+un Principito puso el colmo a la ventura de amantes esposos. Pero el rey
+enfermó y creyó a pies juntillas que era llegada su última hora.
+
+No había que vacilar ni que retardarse. Muerto el rey, le sucedería al
+punto su primogénito, hijo de la reina de la mano derecha, príncipe muy
+apegado a los antiguos usos y muy receloso además. De seguro que no bien
+empuñase el cetro, encerraría a donna Olimpia y a su vástago en cierto
+castillo, levantado a este propósito encima de muy alta y escarpada
+roca, a donde sólo podía subirse por estrecha escalera abierta en los
+duros peñascos y muy bien defendida y custodiada. En aquel retiro, a fin
+de evitar contiendas civiles, eran encerrados cuantos podían tener algún
+derecho a la sucesión de la corona, arrancándoles a menudo los ojos con
+sabia cautela.
+
+Era menester evitar tan ruda catástrofe. El _Negus_ tenía que enviar un
+Embajador al bajá que, derribado ya el poder anárquico de los mamelucos,
+gobernaba en el Cairo. El Abuna, al mismo tiempo, tenía que enviar un
+mensajero y parte del diezmo al Patriarca de Alejandría, de quien era
+sufragáneo. Se aprovechó, pues, aquella excelente ocasión, y con la
+lucida y bien custodiada caravana, se largó de Abisinia donna Olimpia,
+en compañía del Principito, de Teletusa y de sus dos fieles escuderos
+que nunca la abandonaron.
+
+En su tránsito por Egipto, vio y admiró donna Olimpia la esfinge, las
+pirámides y multitud de otros monumentos del tiempo de los Faraones.
+
+Llegada sana y salva a Alejandría, se embarcó con su gente en un barco
+mercante de Venecia, que navegaba con diploma o patente del gran turco
+Solimán, a quien para obtener tales diplomas pagaba un considerable
+tributo anual la Señoría.
+
+A la vista ya de la costa occidental de Italia ocurrió la enorme
+desventura de que el barco veneciano fuese apresado por el corsario o
+más bien por el feroz y desalmado pirata cuya merecida y trágica muerte
+hemos ya narrado. El diploma del gran Sultán de los osmanlíes, aunque
+fue exhibido, estaba escrito en vítela con letras de púrpura y oro y era
+una maravilla caligráfica, no sirvió absolutamente de nada. El pícaro
+corsario supuso que era falso a fin de no darle cumplimiento y se llevó
+a remolque el barco veneciano, transbordando a su galera y hasta a su
+camarote a donna Olimpia y a Teletusa.
+
+
+
+
+-XLII-
+
+
+Terrible situación era esta para una reina, aunque fuese de Abisinia y
+de la mano zurda.
+
+Según los anales etiópicos, allá en tiempo del Rey Salomón, hubo en
+Etiopía una señora llamada Makeda que no fue otra sino la misma reina de
+Sabá, la cual visitó al monarca de Israel, examinó y tomó el pulso a su
+sabiduría poniéndole mil acertijos y enigmas, y le enamoró además, hasta
+el punto de volver ella a su país muy ilustrada y en estado interesante.
+El augusto niño que nació de resultas, se llamó Menilek o Menelik y fue
+antiquísimo y reverendísimo tronco de la dinastía a la sazón reinante,
+en cuya comparación eran frescas, plebeyas de ayer y de mañana todas las
+dinastías de Europa.
+
+Ansiosa estaba donna Olimpia de rivalizar con la señora Makeda y aun de
+obscurecer la gloria de otra reina de Etiopía llamada Candace que se
+hizo cristiana y difundió la verdadera religión entre sus súbditos,
+inducida a ello por su virtuoso valido, aquel eunuco a quien convirtió
+el diácono Felipe, explicándole un texto obscuro de Isaías.
+
+Donna Olimpia proyectaba criar y educar a su Principito con el mayor
+esmero por monjes benedictinos, ya que todavía ni San Ignacio de Loyola,
+ni San José de Calasanz habían fundado escuelas; y luego que estuviese
+bien educado y crecido, enviarle a conquistar la Abisinia y a sacarla de
+la barbarie en que había caído.
+
+El corsario argelino había venido en mal hora a contrariar tan altos
+proyectos.
+
+Durante dos o tres días, sin embargo, renació la esperanza de donna
+Olimpia.
+
+El Mediterráneo se hallaba a la sazón surcado de continuo por muchas
+galeras de los Caballeros de San Juan de Jerusalem, los cuales vagaban
+sin hogar de un punto a otro. Acababan de perder la isla de Rodas que
+era su dominio. Solimán, poderoso monarca de los osmanlíes, había
+dirigido todas sus fuerzas contra aquella isla, la cual, después de
+largo asedio y de una defensa pasmosamente heroica en que perecieron más
+de cien mil turcos, tuvo necesidad de rendirse. Honrosa fue la
+capitulación que firmó el Gran Maestre Felipe de Villiers de Lisle Adan,
+quien salió con armas y banderas desplegadas y con cinco mil personas
+que le siguieron. La noble emulación entre los Caballeros de las ocho
+lenguas, su espíritu militar y su ardiente fe religiosa, dieron aspecto
+de triunfo a aquella pérdida, hermoseándola con palmas y laureles.
+
+Los expulsados Caballeros de Rodas vagaban por el Mediterráneo en sus
+galeras, ansiosos de tomar en los corsarios algún desquite.
+
+Dos galeras de los Caballeros de Rodas avistaron la galera del corsario
+y la persiguieron con ahínco; pero la galera del corsario era ligerísima
+y despiadados sus cómitres. El rebenque, cayendo sobre las espaldas de
+los forzados, acrecentó su fuerza locomotora, y el corsario logró
+escapar de la persecución, aunque sin arribar a Argel, sino llegando en
+su fuga hasta cerca de las costas de Málaga. Desde este puerto,
+divisaron el bajel corsario barcos de guerra de Castilla que salieron a
+darle caza. Acosado el corsario por todas partes, pasó el Estrecho de
+Gibraltar para ponerse en cobro.
+
+En aquellos días de angustia, el corsario, como era natural, estaba muy
+rabioso y se sentía capaz de toda suerte de atrocidades.
+Infortunadamente, el Principito estaba muy empalagoso con los dolores y
+molestias de la dentición. De noche, sobre todo, tomaba estruendosas
+perras, berreaba mucho y no dejaba que ni donna Olimpia, ni Teletusa, ni
+el corsario, pegasen los ojos. El corsario, durante tres noches, lo
+aguantó todo por galantería; pero en la noche cuarta, se puso tan
+nervioso y tan frenético que apenas nos atrevemos a decir lo que hizo,
+tanto es el horror que nos causa. Imitando, o mejor diremos,
+prefigurando al héroe de una novela de Gabriel d'Anunnzio, aunque sin
+premeditación ni alevosía, sin sutilezas psicológicas y sin celos
+retrospectivos, sino en el arrebato y en la excitación del insomnio,
+agarró al Principito y lo arrojó al mar por la ventana del camarote.
+
+Desgarradores fueron los gritos que en aquella ocasión lanzó donna
+Olimpia, al considerar que se ahogaban sus más bellas esperanzas. Donna
+Olimpia tuvo, sin embargo, que callarse, porque el corsario, brutal e
+iracundo, la amenazó con arrojarla también al mar si no se callaba.
+
+De lo que ocurrió al día siguiente ya hemos dado cuenta. Ya sabemos cómo
+el corsario pagó de una vez todos sus delitos.
+
+Cuando Morsamor supo los lastimeros ocasos que acabamos de referir, se
+compadeció de donna Olimpia y procuró consolarla; pero el cuidado de su
+nave le preocupaba más todavía. Y como iba ya acercándose a la costa,
+Fréitas había muerto y no era muy de fiar el contramaestre, Morsamor
+velaba y sólo por breve rato entraba a reposar en la cámara.
+
+
+
+
+-XLIII-
+
+
+Antes de amanecer, se levantó Morsamor y fue sobre cubierta.
+
+Fresco vientecillo de Poniente empujaba la nave hacia la costa. Era de
+esperar que, al rayar el alba llegase la nave a la desembocadura del
+Tajo y penetrando y subiendo por el río, se presentase frente a Lisboa.
+
+En pos de la nave de Morsamor iba el barco del vencido corsario
+argelino, brillante trofeo de la recién alcanzada victoria.
+
+Tiburcio de Simahonda había tomado en él el mando. La bandera de
+Castilla, izada en el mastelero de gavia, continuaba allí en señal de
+posesión, a pesar de la noche. De las entenas pendían, cual horrible
+adorno y para ejemplar escarmiento, los cadáveres del capitán argelino y
+de ocho satélites suyos, cada uno de ellos colgando por el pescuezo con
+un lazo escurridizo.
+
+Densísima niebla lo envolvía todo. En la vaga penumbra del crepúsculo
+sólo se percibía la forma indecisa del bajel apresado, como negro bulto
+que se destacaba sobre un fondo de color de ceniza.
+
+Ni los cercanos montes de la costa, ni las pálidas y moribundas
+estrellas, ni mar ni cielo se percibían con claridad. Si algo se
+vislumbraba era como a través de muy tupido velo.
+
+Morsamor triunfante se engreía y deleitaba en la contemplación de su
+gloria, sólo compartida acaso por Fernando de Magallanes. ¿Habría este
+logrado o iría pronto a lograr su propósito después de pasar el Estrecho
+donde encontró Morsamor el rastro y las muestras de su cruel energía?
+Morsamor se lo preguntaba y no acertaba a responderse. Pero fuera cual
+fuera la respuesta que diese al cabo el destino, la gloria de Morsamor,
+aunque compartida, no menguaba. Él había circunnavegado el planeta,
+obtenido experimental conocimiento de su magnitud y de su forma, y
+cerrado el ciclo de los grandes descubrimientos y navegaciones.
+
+Soberbio, engreído estaba Morsamor por todo ello. Y sin embargo, en vez
+de ensancharse su corazón y de regocijarse, se sentía abrumado en
+aquellos momentos por amarga tristeza. Un enjambre de pensamientos
+desconsoladores acudían a su espíritu y le atormentaban y picaban con
+ponzoñoso estímulo. Y en aquel estímulo ponzoñoso había, como en el
+estro de los poetas, la eficacia de revestir de imágenes lo pensado,
+prestándoles movimiento y vida y poblando y animando con ellas el
+ambiente de nieblas que a Morsamor circundaba.
+
+No, no era arco triunfal el que acababa de erigir y por donde
+gloriosamente se entraba en la edad moderna. Era más bien puerta con que
+él cerraba y terminaba un inmenso periodo histórico, una larga serie de
+más de treinta siglos, durante los cuales los pueblos que habitan en
+torno del Mar Mediterráneo habían sido guías, iniciadores, maestros y
+hierofantes del humano linaje. Egipto, Fenicia, Grecia, Italia y España,
+habían tenido sucesivamente el primado, el cetro y la virtud
+civilizadora.
+
+El mismo orgullo de Morsamor, el superior valer que atribuía a sus
+hechos se revolvía en daño suyo y servía para deprimirle. Acabada por él
+la obra que incumbía a los pueblos meridionales de nuestro continente,
+la fuerza, el imperio y la inteligencia dominadora iban a pasar a otras
+manos.
+
+Al reconocer Morsamor tal como es la tierra en que vivimos, había
+disipado el encanto que nos hizo señores de ella. La abandonaba su fe y
+con su fe la abandonaban los genios, los dioses y los poderes e
+inteligencias sobrenaturales que sucesivamente su fe había creado.
+Esquilmado y seco el suelo, no se prestaba ya, aun herido de nuevo por
+el corcel con alas, a que brotase de él otra Hipocrene. Circe y Calipso
+huían buscando refugio y sin hallar en los mares espacio misterioso y
+esquivo y afortunadas islas donde erigir espléndidos palacios, socavar
+frescas grutas y plantar deleitosos jardines para recibir, agasajar y
+embriagar de amor a los héroes. Venus no surgía ya del seno de las ondas
+salobres, ni las Nereidas, abandonando sus alcázares submarinos, venían
+a consolar a Aquiles por la muerte del amigo, ni aparecían en limpia y
+hermosa desnudez ante los ojos mortales de Jasón y de sus compañeros que
+iban a conquistar el Vellocino. Los oráculos callaban; cesaban los
+milagros. Parados y ocultos los cíclopes, ni en Letnos ni en las
+cavernas del Etna forjaban armaduras lucientes. Apolo y las musas
+sentían el prurito de abandonar a Delos, el Parnaso y el Pindo, de
+salvar las Montañas Rifeas y de instalarse en las regiones hiperbóreas,
+mientras no las visitaba algún viajero curioso y les quitaba todo su
+hechizo. En suma, era tan temeroso y destructor el desencanto que Miguel
+de Zuheros imaginaba haber producido, que hasta los santos y los ángeles
+se iban volando y abandonaban nuestra tierra desengañada. Pero las
+cristalinas esferas se habían desbaratado y roto, no giraban ya en
+arrebatada consonancia y nadie podía oír su musical armonía en los
+arrobamientos del éxtasis. Soledad y fúnebre silencio reinaban en la
+fría y desierta amplitud del éter sin límites. Muy lejos, muy lejos de
+los hombres tenían que subir los coros celestiales para acercarse al
+primer móvil y descubrir el Empíreo.
+
+Así se atormentaba Morsamor con cavilaciones nacidas de vanidad
+atrabiliaria en que muchos después de él han caído y caen. Han creído
+que llevaban en una mano la férula del progreso y la antorcha de la
+razón en la otra, y que iban arrollando con ellas cuantas creencias y
+poesía se les paraban delante, despejando el mundo de visiones y de
+fantasmas para que sólo quedase en él la realidad monda y escueta.
+
+Y sin aquietarse Morsamor y pasando adelante en su cavilar lastimoso,
+supuso, por último, que la ciencia empírica, hija del exterior sentido,
+iba a arrebatarnos el imperio y a dársele a los pueblos del Norte,
+patentizando el jactancioso embuste de las profecías del Padre Ambrosio.
+Morsamor dio entonces forma y vida a este nuevo pensamiento, y vio en
+torno suyo, discurrir entre la niebla diminutas y vaporosas
+semideidades, geniecillos sutiles que apenas eran algo y casi se
+convertían en flores retóricas: gnomos deformes y enanos, que trabajaban
+sin cesar en el centro obscuro de la tierra y sacaban de allí para sus
+naciones favoritas piedras y metales preciosos, raros documentos de los
+archivos subterráneos, y primitivas selvas, alimento del fuego, motor y
+artífice infatigable. En pos venían los silfos y las ondinas. Y luego
+las aladas salamandras extraían del escondido seno de las cosas una
+incomprensible virtud, de mayor ligereza que la luz y el fuego, rápida y
+potente como el rayo, y se la prestaban a los hombres para que
+iluminasen y moviesen con ella los seres inertes y obscuros y
+transmitiesen con instantánea y casi ubicua rapidez el pensar y el
+sentir, la palabra y el sonido.
+
+Salió al fin Morsamor de aquel piélago de tristes meditaciones en que se
+había engolfado.
+
+El sol, que se alzaba sobre los montes, desgarró los velos de niebla que
+los envolvían. Morsamor vio entonces el promontorio que estaba cerca y
+hacia donde dirigía el rumbo su nave. En seguida reconoció que eran los
+cerros de Cintra, cubiertos de feraz y lozana verdura. En la más alta
+cima de la Peña, creyó distinguir con envidia al enamorado Bernardín
+Riveiro, que todavía oteaba la extensión del Atlántico y buscaba con
+lágrimas la estela de la nave que le arrebató a doña Beatriz.
+
+Y vagando por la frondosidad umbría de aquellos valles, apareció también
+a Miguel de Zuheros la virginal figura de doña Sol de Quiñones, que no
+le censuraba, sino que le compadecía de que volviese a verla, olvidado
+de su poético enamoramiento y acompañado y consolado por donna Olimpia.
+La Ínsula Firme se había sumergido también en el Atlántico como otras
+mil fábulas venerandas. En ningún mapa habría ya sitio en que ponerla.
+Ni era menester porque el mágico Apolidón había derribado el Arco de los
+leales amadores, enojado de que ya nadie pasara por él, como pasó Amadís
+fiel a Oriana.
+
+
+
+
+-XLIV-
+
+
+Poco satisfecho estaba Morsamor de sí mismo en aquellos instantes.
+Cuando iba a llegar al término de su peregrinación, un fúnebre
+presentimiento contristaba su alma. La agitaba negra tempestad de
+pasiones.
+
+De súbito se encapotó el cielo con densas nubes. Por breve rato hubo
+calma abrumadora como si algo pesado oprimiese el ambiente. Pero pronto
+se desencadenó la tempestad más furiosa. El viento del Norte sobrevino
+con ímpetu rabioso y sacudió y levantó las aguas del mar en gigantescas
+olas. Chocaron las nubes con estruendo. Intensos relámpagos iluminaron
+siniestramente el aire. Los rayos le surcaban de continuo.
+
+El bajel apresado no tardó en apartarse de la nave de Morsamor. La
+borrasca le llevó lejos de su vista.
+
+Morsamor hizo esfuerzos inauditos para salvar su nave, harto trabajada
+ya por larguísima navegación y por el choque y combate con el bajel
+corsario.
+
+Los marineros todos le ayudaron con celo y con brío en la ruda faena,
+mientras que conservaban esperanzas; pero la nave, impulsada por los
+vientos y por las olas, ya parecía elevarse a las nubes, ya hundirse
+entre dos enormes montañas de agua, y no obedecía al timón, y se ladeaba
+a veces como si fuera a volcarse, y el agua subía por cima de la
+cubierta, la barría con furia y penetraba hasta el fondo.
+
+Muchos tripulantes, en el delirio ya de la desesperación, blasfemaban o
+rezaban y no acudían a la maniobra.
+
+Casi abandonada la nave de dirección y de auxilios humanos, corrió aún
+no poco tiempo con velocidad vertiginosa, a merced del huracán que la
+impelía sobre la líquida faz del Océano, que ya la levantaba en sus
+oleadas, ya la precipitaba en la medrosa hondura que entre dos montes de
+agua a cada momento se abría.
+
+La nave de Morsamor no pudo resistir más. Acaso bastó a destrozarla el
+furor de los vientos y de las olas. Acaso fue a romperse, chocando
+contra oculto bajío. Ello es que la nave, desbaratada la trabazón de sus
+tablas se deshizo en pedazos.
+
+Cada uno de los que la tripulaban luchó por la vida y procuró salvarse
+como pudo.
+
+En aquel momento de angustia, Morsamor cayó en el agua y pensó salvarse
+nadando, pero pronto sintió un peso que le oprimía, que le estorbaba
+nadar y que fatalmente iba a ahogarle. Despavorida donna Olimpia, pálida
+por el miedo de la muerte, frenética de terror y de funesto cariño, se
+había agarrado a Miguel de Zuheros, ciñéndole y estrechándole entre sus
+brazos.
+
+O la falta de brío o la sobra de piedad impidió a Morsamor apartar de sí
+aquel obstáculo que se oponía a su salvación; aquella mujer por quien
+iba a perderse sin que ella se salvara.
+
+Morsamor, en vez de rechazarla, en aquellos instantes, acaso los últimos
+de su vida, la cogió con ternura. Y movida ella por gratitud y por
+amorosa vehemencia, unió su boca a la de Morsamor y la regaló con hondo
+y prolongadísimo beso.
+
+Extrañas fueron las impresiones de Morsamor. Se figuró que donna Olimpia
+absorbía con sus labios toda la mocedad y toda la vida nueva que las
+pociones mágicas del Padre Ambrosio le habían infundido. Volvió la vejez
+a apoderarse de su cuerpo y empezó a sentirse casi decrépito. El frío
+del agua atravesaba su carne, penetraba en sus huesos y le congelaba los
+tuétanos y la sangre descolorida y pobre.
+
+Todavía se sostuvo Morsamor en la superficie del agua a su parecer por
+extraño e imprevisto socorro.
+
+Tiburcio de Simahonda le tenía asido por la cabeza, impidiendo que se
+hundiese; pero de sus hombres brotaron negras alas que velaron a
+Morsamor la horrenda claridad de aquel día.
+
+Por último, una sensación grotesca, a par que espantosa, vino a colmar
+el delirio de aquella en su sentir postrera agonía. Los dos tremendos
+rufianes, Asmodeo y Belcebú, le habían cogido cada uno por una pierna,
+tiraban de él y le arrastraban al fondo de los mares.
+
+Entonces Morsamor perdió el conocimiento y el sentido.
+
+
+
+
+Reconciliación suprema
+
+
+
+
+-I-
+
+
+Después de las portentosas aventuras que acabamos de referir y del
+trágico fin que tuvieron, bien podemos asegurar que no murió Morsamor.
+No nos consta de qué suerte pudo salvarse. En nuestra historia hay aquí
+una tenebrosa laguna. Saltemos por cima de ella y volvamos al convento
+en que el Padre Ambrosio seguía viviendo y ejerciendo sus artes mágicas.
+
+Por su virtud, aunque se ignore de qué manera, nadie en el convento
+había notado la ausencia de Fray Miguel y del hermano Tiburcio.
+
+Acaso el Padre Ambrosio había evocado y atraído a dos espíritus, que
+habían tomado la apariencia del fraile y del lego. Acaso, sin evocar
+espíritu alguno, aquel gran mago había creado dos fantasmas que
+reemplazasen en el claustro a los dos ausentes. Ello es que nadie los
+echó de menos. Por lo demás, según imaginaban los otros frailes, Fray
+Miguel vivía siempre retraído, encerrado en su celda y casi de continuo
+postrado en cama.
+
+Lo que es ahora, bien podemos asegurar también nosotros que Morsamor o
+Fray Miguel, de vuelta ya de sus excursiones, yacía en cama, en muy
+mísero estado. Sin duda su segunda mocedad se había consumido toda en el
+cumplimiento de las grandes empresas a que su voluntad y la ciencia del
+Padre Ambrosio la consagraron. Fray Miguel se hallaba casi ciego, más
+viejo, más acabado, más baldado por los dolores que antes de remozarse y
+de encontrarse apto para la fuga. Se diría que aquel impetuoso
+renacimiento de vitalidad, que aquella fuerza nueva que de la
+profundidad de su ser había surgido, se había derramado como torrente,
+se había volcado como ingente catarata, y se había gastado toda con
+rapidez en inauditas acciones, sin dejar resto alguno, sino llevándose y
+arrastrando en su curso parte de la vida que él conservaba aun antes del
+cambio prodigioso.
+
+Pasaron algunos días en esta situación. Fray Miguel estaba cada vez más
+enfermo y débil. Y sin embargo, lejos de ofuscarse o de anublarse, su
+inteligencia se sentía bañada en luz serena y clara y Fray Miguel creía
+o más bien estaba seguro de que iban disipándose las nieblas o
+rasgándose los velos que le encubrían la verdad, y de que empezaba a ver
+las cosas todas sin alucinación alguna que se las desfigurase y
+trastrocase. Era, no obstante, tan sigiloso y tan reservado que nadie,
+ni el mismo Padre Ambrosio, descubría los cambios que iban realizándose
+en el fondo de aquel alma, aunque el Padre Ambrosio visitaba a menudo a
+Fray Miguel y era perspicaz zahorí de los pensamientos ajenos.
+
+Llegó por fin un momento en que Fray Miguel se encontró menos agobiado
+de sus males, con la mente despejada, con las piernas y los brazos más
+firmes para accionar y moverse y con la voz entera para poder expresar
+sin fatiga ni esfuerzo cuanto sentía y pensaba.
+
+Desvelado, en las altas horas de la noche, se levantó de su mezquino
+lecho, se vistió precipitadamente el sayal, encendió con eslabón, yesca
+y pajuela, una lamparilla de hierro, salió de su celda, atravesó los
+claustros desiertos y sombríos, se dirigió a la puerta de la celda del
+Padre Ambrosio, y llamó golpeando en ella.
+
+Había cierto reposo enérgico en el espíritu de Fray Miguel; mas, aunque
+parezca contradictorio, coexistía con este reposo la impaciente
+decisión, que no daba espera, de hablar al Padre Ambrosio, de
+interrogarle sobre no pocas dudas y de pedirle cuenta y explicaciones
+que las resolviesen.
+
+El Padre Ambrosio se oyó llamar, reconoció la voz de Fray Miguel, no
+pudo resistirse al imperio con que este exigía que le oyese, se vistió
+el hábito y le abrió la puerta refunfuñando.
+
+Entró en la celda Fray Miguel, colocó su lamparilla sobre la mesa, donde
+había papeles y libros, y la misma calavera y el mismo crucifijo que la
+primera vez que allí había entrado. Se sentó Fray Miguel en la silla en
+que también se había sentado la primera vez, y diciendo, tengo que
+hablarte, excitó por señas al Padre Ambrosio a que tomase asiento.
+
+El diálogo que hubo entre ambos, y que Fray Miguel comenzó, requiere
+capítulo aparte.
+
+
+
+
+-II-
+
+
+--¿Qué delirio es el tuyo?--dijo el Padre Ambrosio--. Me pasma que hayas
+venido a verme. Si te he de hablar con franqueza, no creía yo posible
+que pudieses salir de tu celda, débil como estás, baldado por los
+dolores y velados tus ojos de densa nube que desde hace algún tiempo
+apenas te deja ver distintamente las cosas, sino de un modo vago y
+confuso y como al través de una neblina. ¿Qué quieres de mí? ¿Por qué
+has venido hasta aquí, con paso vacilante e incierto, a tientas y sin
+duda apoyándote en las paredes? ¿Qué es lo que de mí pretendes todavía?
+
+Fray Miguel contestó:
+
+--Pretendo que seas conmigo franco y leal, como yo lo he sido contigo.
+Yo abrí para ti los más escondidos senos de mi alma y te mostré todos
+sus arcanos. Nada te oculté ni de mis pensamientos ni de mis pasiones.
+Mi espíritu, lleno de confianza en ti se te rindió por completo. Derecho
+tengo a que tú también seas franco y leal conmigo. Vengo a pedirte
+cuenta de tu conducta y de tus promesas. Dime toda la verdad. ¿Te has
+burlado de mí? ¿Me has hecho víctima de un engaño? ¿Es cierto cuanto me
+ha ocurrido o ha sido todo, como yo recelo, una endiablada
+fantasmagoría? ¿Acaso las pociones mágicas que me administraste,
+hundiéndome en hondo letargo, han suscitado visiones en mi cerebro,
+grabándose en él con el poderoso vigor y con la clara distinción de la
+realidad misma?
+
+Interrogado el Padre Ambrosio tan de improviso y de manera que hacía
+imposible toda respuesta ambigua, permaneció en silencio y como quien
+duda y cavila sobre lo que le incumbe contestar y sobre la forma en que
+la contestación ha de ir expresada, para que implique la justificación o
+la disculpa al menos. Después de larga pausa, contestó al cabo el Padre
+Ambrosio:
+
+--Sean cuales sean los medios que he empleado, ora se consideren
+realidad, ora vano prestigio, no debes tú dudar de la bondad de mis
+intenciones. Yo he querido sanarte a toda costa del peor de los males.
+Recuérdalo bien, de un orgullo satánico despechado que te hacía
+aborrecible hasta la misma bienaventuranza del cielo. Contra enfermedad
+tan horrenda, no hay remedio, por duro que sea, que pueda censurarse.
+Supongamos por un momento que cuanto viste, y cuanto hiciste, desde que
+por virtud de las pociones mágicas imaginaste despertar remozado, todo
+carece de ser real fuera de ti. Aun así, aunque yo haya tenido fuerza
+para crear en tu mente un mundo imaginario y para dártele en espectáculo
+y para hacer de él amplio y pasmoso teatro en que tú fueses el principal
+actor, bien puedes estar seguro de que he carecido de fuerza para
+sujetar a mi propósito tu juicio y para someter tu voluntad a la mía. Yo
+podré haberte ofrecido y presentado todas las ocasiones, todos los
+objetos, todos los premios a que podía aspirar tu codicia, en que podía
+hartarse tu sed de deleites y donde tu ambición y tu orgullo podían
+quedar satisfechos; mas para lo que yo no tuve fuerzas, ni aun
+teniéndolas las hubiera empleado, fue para violentar tu libre albedrío.
+Sueño o no, te considero responsable de todos los actos de tu extraña
+vida de descubridor y navegante. Si me cabe alguna duda es sobre el
+grado mayor o menor, sobre la intensidad de tus méritos y de tus culpas.
+Hay no pocos extremos hasta donde no llega mi ciencia, si bien presumo
+que no es tan sereno y firme el juicio en quien duerme como en quien
+vela, y que tu voluntad, sin ser violentada por mí, pudo ceder más
+fácilmente que en la vigilia a los incentivos que en sueños se le
+presentaron. De todos modos, aunque tu gloria hubiese sido soñada, tú
+has sabido mostrarte capaz de esa gloria, y aunque hayan sido soñados
+tus delitos, también eres responsable de ellos, aunque no en tanto
+grado. En sueños tiene la voluntad menos brío para resistir a la
+tentación que la provoca. Si no resiste y cede, entonces es menor su
+delito; pero esa mayor flaqueza de la voluntad, que atenúa su falta si
+incurre en pecado, tal vez da superior valer a toda acción buena que en
+sueños se realiza, porque si la voluntad, poco briosa, basta a
+realizarla soñando, mayor será su virtud cuando al despertar recobre
+todo su poder y le emplee en darle cima. La diferencia entre el éxito
+dichoso, ya en la realidad ya en el sueño, es que en la realidad depende
+en gran parte de lo que llama el vulgo caprichos de la fortuna, o sea de
+lo que los juiciosos y piadosos califican de inescrutables designios de
+Dios, a fin de que se cumpla el plan maravilloso de la historia y de que
+camine la humanidad hacia su término con dirección invariable y segura.
+Todos nos agitamos y todos contribuimos a que se cumpla dicho plan,
+quedando, no obstante, nuestra libertad en salvo, merced al soberano
+concierto prescrito desde la eternidad por la Providencia.
+
+--Tu discurso--dijo Fray Miguel--se quiebra de puro sutil. En mi sentir
+son alambicados y obscuros tus conceptos. Presumo, pues, o que no
+entiendes o que entiendes lo contrario de lo que dices para mi consuelo,
+y para atenuar la crueldad de la burla que me hiciste. Es falsedad, es
+sofisma lo que sostienes. Si no debo condenarme porque mis crímenes han
+sido soñados, tampoco debo glorificarme si también han sido soñadas mis
+proezas. Convengo en que el mal éxito o el buen éxito final es obra de
+la fortuna o hablando cristianamente, de Dios mismo; pero la acción,
+independientemente del éxito, no vale sino en la vigilia para quien la
+ejecuta. En sueños, el avaro es generoso, y tal vez quien despierto no
+se desprende de un maravedí, para socorrer a un pordiosero, es capaz
+soñando de prodigar todas las riquezas de los Cresos y de los Fúcares.
+El cobarde puede soñar que es valiente. Hasta por lo mismo que despierto
+le humilla y le atormenta su incurable cobardía, en sueños se consuela
+creando y atribuyéndose el denuedo de que carece. En suma, yo infiero,
+de lo que me dices, estas desconsoladoras y amargas verdades; que te has
+burlado de mí; que mi segunda juventud, mis hazañas y mi gloria fueron
+soñadas; que mis delitos también lo fueron; y que siéndolo, quedan en
+duda las energías de mi ser y no merezco ahora, ni más ni menos que
+antes, alabanza o vituperio, galardón o castigo.
+
+--Muy extremada manera es la de tu discurso y a mi ver es falsa, pero no
+quiero que discutamos, porque así no lograríamos convencernos. Baste
+para mi intento de convencerte de la aptitud y del poder que hay en ti,
+tanto para lo bueno como para lo malo, la ilimitada confianza que en mí
+pusiste y la constancia y el valor con que te sujetaste a mis conjuros,
+arrostraste pruebas tremendas y no retrocediste, lleno de terror, ante
+mis mágicas operaciones. Quien fue capaz de todo esto es capaz también
+de todas las hazañas y digno de las victorias y de los triunfos. Sólo de
+la fortuna, sólo de las circunstancias exteriores, y no de la virtud del
+alma, depende que en realidad se logren o que sólo se logren en sueños.
+Eres injusto al afirmar que me he burlado de ti. No; yo no me he
+burlado; yo quise confortarte, puse los medios para conseguirlo, y lo
+hubiera conseguido si no fueses tú tan descontentadizo y caviloso. Antes
+de que mi magia se emplease en ti, tú no habías sido héroe y además
+dudabas de que pudieses serlo. Ahora, aunque puedes dudar de que en
+realidad lo hayas sido, no puedes dudar del poder que para serlo había
+en tu alma.
+
+A estas últimas palabras del Padre Ambrosio, no replicó Fray Miguel para
+contradecirlas ni mucho menos para manifestar que había quedado
+convencido y satisfecho. Su única contestación fue un sonido
+inarticulado que exhaló su pecho y que brotó de sus labios, de tan
+indefinible condición que podía dudarse de si era suspiro o refunfuño,
+bendición o maldición, muestra de gratitud o de queja.
+
+Hubo una larga pausa. Los ojos casi sin vista de Fray Miguel se fijaron
+intensamente en el Padre Ambrosio, como si fuese el alma sin el
+intermedio del material aparato quien por ellos mirase y viese. A pesar
+de su poder mágico, y a pesar de su ánimo brioso, bajó los ojos el padre
+no pudiendo resistir la intensidad y el fuego de aquella mirada. El
+Padre, con todo, estaba sereno y tranquilo. No le remordía la
+conciencia. Su conducta con Fray Miguel había procedido de la intención
+más sana.
+
+Sin duda Fray Miguel pensó lo mismo, después de la larga pausa y de la
+mirada escrutadora.
+
+No quiso, sin embargo, hablar más. Se levantó de la silla, tomó su
+lámpara, pronunció un Dios te guarde, inclinando la cabeza, y se volvió
+a su celda sin más explicaciones, preguntas ni discursos.
+
+
+
+
+-III-
+
+
+Pasaron aún más de cinco semanas después del coloquio nocturno de que
+acabamos de dar cuenta. El esfuerzo violento y el consumo de vitalidad,
+hechos por Fray Miguel, para ir hasta la celda del Padre Ambrosio y para
+hablar con él lo que había hablado, produjeron terrible reacción,
+hundiendo a Fray Miguel en el mayor abatimiento físico. Se diría que
+hasta para hablar, hasta para pronunciar algunas palabras, le faltaban
+ya bríos. Fray Miguel estaba postrado en cama y callado como muerto.
+
+Sólo acudían a visitarle en su celda el Padre Ambrosio, cuya reputación
+de excelente médico era grandísima e indiscutible, y el hermano Tiburcio
+que, ayudante del Padre, cuidaba de Fray Miguel, y le suministraba
+alimentos y medicinas.
+
+En medio, no obstante, de aquella enfermiza inacción de su ser material
+y de aquel desmadejamiento y quebrante de su organismo, el pensamiento
+de Fray Miguel lucía con más viveza dentro de su cerebro, y como si le
+hubieran nacido pujantes alas, se remontaba a luminosas esferas y veía o
+creía ver con mayor claridad y serenidad que nunca, lo pasado, lo
+presente y lo futuro, fijando la mirada de águila en el radiante foco,
+donde lo real y lo ideal se compenetran, se confunden y son una cosa
+misma.
+
+En la mente de Fray Miguel se realizó así saludable mudanza. En virtud
+de ella, depuso todo enojo contra el Padre Ambrosio. Lo que tal vez
+consideraba antes como burla, le pareció lección provechosa, rica en
+beatíficos resultados.
+
+Harto bien conocía Fray Miguel la postración de su cuerpo y la
+proximidad de su muerte; pero, al mismo tiempo, conocía con reposado
+júbilo que nunca había estado su espíritu más sano, más perspicaz, ni
+más sereno que entonces.
+
+En tal disposición, quiso Fray Miguel comunicar a alguien que le
+comprendiese los pensamientos y las ideas que en aquellos momentos
+supremos había en su alma. Y movido por este anhelo, con voz sumisa y
+débil, no en una vez sola, sino en varias veces, en diferentes visitas
+que el Padre Ambrosio le hizo, le fue manifestando en breves discursos
+su pensar y su sentir más íntimos.
+
+Piadosamente recogió el Padre Ambrosio y puso por escrito aquellas
+confidencias, que ahora trasladamos aquí y que son como siguen:
+
+--Veo con claridad, Padre Ambrosio, que la hora de mi muerte se
+aproxima. La veo sin desearla y también sin temerla. Rara vez la duda ha
+entrado en mi espíritu, y menos aún ha entrado en él una negativa
+convicción. Pero, aunque yo estuviese convencido de que la muerte era
+completa, de que para mí no había nada después, ni pena, ni gloria de
+que yo tuviese conciencia, ni siquiera una inconsciente prolongación de
+mi ser en el recuerdo de los demás hombres, la muerte no me aterraría ni
+me afligiría. No es que yo esté resignado. Es algo de más noble y de
+menos pasivo. Es que, dando yo aún inmenso precio a mi vida, la daría,
+la vertería toda en el seno de la naturaleza, en una efusión de amor
+hacia ella y hacia el ser inmenso que lo ha creado todo y que todo lo
+llena. Pero no, yo no dudo de mi inmortalidad individual y consciente.
+Yo creo en ella y ahora, cuando mis ojos, débiles y enfermos, apenas
+perciben la luz material, de la que huyen medrosos, luz clarísima,
+procedente de foco increado, penetra e inunda mi mente, ilustrándola y
+enseñándole la verdad. Yo fui, días ha, a tu celda con el intento de
+interrogarte y de disipar dudas sobre mi última vida pasada. Ahora me
+arrepiento y nada te pregunto porque nada quiero saber. Me es igual, me
+es indiferente que hayan sido realidad mi razonamiento, mis
+peregrinaciones y mis ulteriores crímenes y hazañas, o que todo haya
+sido prestigios, embustes o creaciones fantásticas formadas y sugeridas
+por tus elixires y linimentos y por el pasmoso poder de tus mágicas
+artes. En estos últimos días, desde que volví vi convento o desde que
+creí que había vuelto al convento, desde que me hallé más viejo y
+abatido que antes, casi ciego, baldado y postrado en el lecho, he
+cavilado y meditado mucho y siento que se ha mejorado y casi se ha
+transformado mi alma. Tal vez sin los últimos sucesos de mi vida, ora
+sean imaginarios, ora sean reales, no hubiera sobrevenido en mi ser esta
+transformación, esta conversión, que califico de dichosa. A ti te la
+debo y por ello te doy las gracias. El pensamiento, cuando no se expresa
+y se determina por medio de la palabra, cuando persiste hundido en las
+profundidades de nuestro ser, sin comunicarse y declararse a otro ser
+inteligente, es confuso caos, de cuya verdad o de cuya mentira, de cuya
+bondad o de cuya insignificancia, no estamos seguros. La plena
+conciencia no aparece sino con la palabra emitida y comunicada. Por eso
+es con Dios coeterno su Verbo. Ni el amor inefable y divino hubiera
+brotado nunca en la mente suprema, si de la contemplación del propio
+Verbo desde la eternidad no hubiera nacido. Débil trasunto, pobre
+semejanza de tan altos misterios hay sin duda en el fondo del alma
+humana. Dios, con su palabra, engendró el amor y creó el Universo. Yo,
+con mi palabra, si acierto a expresar con ella lo que agita mi mente de
+un modo confuso, engendraré también mi amor y daré consistencia a la
+todavía vaga creación en que este amor mío ha de satisfacerse y
+aquietarse, cumpliéndose así mi destino. Tales son los motivos que me
+impulsan hoy a dirigirme a ti y a hacerte una confesión sincera y
+amplia, procurando poner orden y concierto en mis ideas y expresarlas
+luego y presentarlas a tu inteligencia, creando yo así mi luz, mi amor y
+mi universo hasta donde alcancen mis limitadas y débiles facultades
+humanas.
+
+
+
+
+-IV-
+
+
+Fray Miguel se fatigaba tanto al hablar, que, en breve, tenía que
+suspender su discurso y dejarle para otro día. Prescindiendo nosotros de
+tales interrupciones, aunque en cierto modo marcándolas e indicándolas,
+pondremos aquí los diversos fragmentos, unos en pos de otros, en el
+orden en que Fray Miguel los pronunció y en el que el Padre Ambrosio los
+conservó por escrito.
+
+--Convencido estoy de que has querido darme una lección de moral,
+parecida en su traza a la que dio don Illán de Toledo, famoso mágico, a
+cierto ambicioso Deán de Santiago. Tú, con todo, no has querido
+demostrar que yo soy ingrato. Tú estabas seguro de mi gratitud. Más alta
+era la moraleja que de mi historia, semejante a la que refirió al Conde
+Lucanor su consejero Patronio, has querido tú sacar ahora. Yo soy buen
+discípulo, aspiro a ayudarte en tu trabajo, y voy a sacar de él
+deducciones tan trascendentales que ya coincidan con las que tú
+esperabas sacar, ya vayan más lejos o suban más alto todavía.
+
+--Alégrate y enorgullécete. Has querido curarme de mi ambición
+desesperada. Duro ha sido el remedio. Como quien con hierro candente
+quema un cáncer, tú has curado el que roía mis entrañas. No sólo te
+perdono, sino que te agradezco la cauterización dolorosa. Mi sed de
+poder y de gloria se aquietó y sació con satisfacciones soñadas. Hoy, al
+reconocer que fueron sueño, reconozco también la vanidad de tales
+satisfacciones, aun cuando sean reales. El sabio lo ha dicho: _que ni la
+carrera es de los ligeros, ni la guerra de los fuertes, ni el pan de los
+sabios, ni las riquezas de los doctos, ni la gracia de los artífices;
+sino el tiempo y la casualidad en todo_. De mis victorias y de mis
+triunfos no debo, pues, jactarme. Si al tiempo y a la casualidad se
+deben, para contentamiento de mi orgullo, lo mismo valen e importan, ora
+hayan sido realidad, ora sueño.
+
+--Tales son las consideraciones que me mueven a desechar primero el
+engreimiento personal y más tarde el engreimiento de nación y de casta.
+Por cima de todo está Dios, y con él y en él la fe y la esperanza de que
+no hay mal que no sea aparente o caduco y que no se ordene a fin dichoso
+y grande. Así, en mi interior meditación vine yo a resignarme y a buscar
+y hallar dulce quietud y algo a modo de bienaventuranza en mi plena
+conformidad con los designios divinos. Me desnudé del estrecho egoísmo y
+arrojé lejos de mí el amor propio sin anhelar ya gozarle complacido y
+sin el temor ya de sufrirle lastimado.
+
+--Conforme hubiera estado desde entonces mi voluntad, con la voluntad
+del Altísimo, si un obstáculo, que me pareció insuperable, no se hubiera
+opuesto. Con este obstáculo he tenido que trabar tremenda lucha. Yo pude
+libertarme de la ambición y de la codicia, pude desdeñar y desdeñé
+gloria, poder y riqueza. El amor de la mujer quedó, no obstante, firme
+en contra mía, atajando el camino por donde ansiaba yo acercarme a la
+reconciliación suprema. Disípense en buena hora como niebla o como humo
+todas las proezas de que me sentí capaz y que realicé o soñé. Lo que yo
+no consentía era que el amor de la mujer también se disipase. Hasta los
+crímenes, hasta las horribles tragedias que este amor produjo, no me
+resignaba yo a que se convirtiese en sueños, convirtiendo en sueños el
+amor mismo. Urbási, la bella Urbási, se me aparecía, como recuerdo vivo
+le algo real, no como sombra fantástica, y me mostraba su admirable y
+hermosa figura y el blanco pecho desnudo, donde yo veía, en el lado del
+corazón, profunda herida brotando hirviente y roja sangre que ansiaba yo
+restañar y represar con mis labios. Pena infernal me causaba esta
+aparición trágica, pero me causaba a la vez tan inefable y sublime
+deleite, que mi alma toda se enfurecía de que fuese aquello ilusorio y
+vano y pugnaba aún por mantenerlo, al menos por recuerdo, como real y
+consistente. No; la causa de nuestro amor a la mujer no reside sólo en
+nuestro miserable cuerpo. Aunque el cuerpo decaiga, envejezca y enferme,
+el alma, inmortal, sigue amándola. El alma inmortal es alma de mujer o
+de hombre, y a veces imaginaba yo que esta diferencia de inmortal
+duración hacía también inmortalmente duradero e invencible el amor que
+una mujer me había inspirado. Y esta mujer, o si se quiere este
+hermosísimo aunque terrible fantasma de mi mente, se interponía entre
+ella y lo infinito en que su raíz estriba, y no me dejaba llegar hasta
+él, reteniéndome cautivo y arrancando a mi espíritu las alas con que
+anhelaba volar tan alto y el ímpetu vigoroso con que pensaba sumirse en
+el abismo del ser y hacerse superior a todo lo creado y contingente al
+penetrar en dicho abismo. No acierto a ponderar el esfuerzo pasmoso de
+mi voluntad para llegar a destruir, después de haber destruido y roto
+los demás ídolos, la imagen seductora de la mujer amada. Esta imagen,
+que llegué a suponer indeleble, lo perturbaba y lo bastardeaba todo en
+mi alma. No había concepto moral ni religioso al que ella no diese
+forma, profanando mi religión y convirtiéndola en idolatría. Ella, su
+imagen, ya se me mostraba representando la ciencia, ya la filosofía, ya
+la caridad, ya cualquiera de las otras virtudes, ya la ninfa pulquérrima
+y predilecta del cielo, esposa o amante de los dioses inmortales y madre
+dichosa de los semi-dioses o héroes salvadores. Yo me explicaba a mi
+modo, porque también los sentía, los encontrados sentimientos que
+inspira la mujer, desde hace muchos siglos. Ora el misticismo amoroso y
+caballeresco la ensalza y la purifica como algo venido del Empíreo, como
+fuente inexhausta de todo noble sentir y de todo arranque generoso, y
+crea la Beatriz y la Laura de los egregios poetas, ora el ascetismo
+adusto la aborrece y la teme, como nido de víboras, como oficina de
+embustes y de pecados, y como el más seguro anzuelo de que se vale
+Satanás para perdernos. Rudo combate y grandísima pena me costó lanzar
+de mi pensamiento la imagen de la mujer, que con tan contrarios aspectos
+se me mostraba y que del efímero enlace o de la mentida concordia,
+producida por la atracción irresistible que nos lleva hacia ella, hacía
+brotar discordias sin término y dualidad irreducible, como si hubiese
+dos eternos creadores y conservadores del mundo y no uno solo. En fin,
+mi empeño fue tan obstinado que logré borrar la imagen de Urbási,
+grabada en mi corazón como sello puesto allí por el demonio en señal de
+que yo era su esclavo. Entonces brotaron de nuevo y más pujantes las
+alas de mi espíritu. Y no por la ciencia, no por el presunto conocer,
+sino con humildad, desprendiéndome de todo afecto pasajero, de toda
+liviana inclinación a las cosas creadas, logré subir hasta el manantial
+inagotable de donde todas manan y en el amor del bien soberano cifrar y
+confundir todos mis otros amores, empezando por el de mí mismo. Hoy no
+hay mal que bien no me parezca, ni desdicha que no me parezca ventura,
+porque lo que Dios quiere no puede menos de ser lo mejor y lo más
+deseable. Aunque para el cumplimiento de su inflexible justicia, y a
+pesar de su infinita misericordia, tuviese yo que padecer las penas
+eternas, al padecerlas yo por su amor, gozaría de tan inefable deleite,
+que se me transformaría el infierno en cielo, de la misma manera que
+antes, dominado yo por el egoísmo, transformaba el cielo en infierno.
+
+
+
+
+
+End of the Project Gutenberg EBook of Morsamor, by Juan Valera
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK MORSAMOR ***
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+Updated editions will replace the previous one--the old editions
+will be renamed.
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+Creating the works from public domain print editions means that no
+one owns a United States copyright in these works, so the Foundation
+(and you!) can copy and distribute it in the United States without
+permission and without paying copyright royalties. Special rules,
+set forth in the General Terms of Use part of this license, apply to
+copying and distributing Project Gutenberg-tm electronic works to
+protect the PROJECT GUTENBERG-tm concept and trademark. Project
+Gutenberg is a registered trademark, and may not be used if you
+charge for the eBooks, unless you receive specific permission. If you
+do not charge anything for copies of this eBook, complying with the
+rules is very easy. You may use this eBook for nearly any purpose
+such as creation of derivative works, reports, performances and
+research. They may be modified and printed and given away--you may do
+practically ANYTHING with public domain eBooks. Redistribution is
+subject to the trademark license, especially commercial
+redistribution.
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+works. See paragraph 1.E below.
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+collection are in the public domain in the United States. If an
+individual work is in the public domain in the United States and you are
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+in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS' WITH NO OTHER
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+WARRANTIES OF MERCHANTIBILITY OR FITNESS FOR ANY PURPOSE.
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+
+Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
+electronic works in formats readable by the widest variety of computers
+including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
+because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
+people in all walks of life.
+
+Volunteers and financial support to provide volunteers with the
+assistance they need, is critical to reaching Project Gutenberg-tm's
+goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
+remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
+and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.
+
+
+Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
+http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
+permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
+
+The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
+Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
+throughout numerous locations. Its business office is located at
+809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
+business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
+information can be found at the Foundation's web site and official
+page at http://pglaf.org
+
+For additional contact information:
+ Dr. Gregory B. Newby
+ Chief Executive and Director
+ gbnewby@pglaf.org
+
+
+Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation
+
+Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
+spread public support and donations to carry out its mission of
+increasing the number of public domain and licensed works that can be
+freely distributed in machine readable form accessible by the widest
+array of equipment including outdated equipment. Many small donations
+($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
+status with the IRS.
+
+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
+charities and charitable donations in all 50 states of the United
+States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
+considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
+with these requirements. We do not solicit donations in locations
+where we have not received written confirmation of compliance. To
+SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
+particular state visit http://pglaf.org
+
+While we cannot and do not solicit contributions from states where we
+have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
+against accepting unsolicited donations from donors in such states who
+approach us with offers to donate.
+
+International donations are gratefully accepted, but we cannot make
+any statements concerning tax treatment of donations received from
+outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
+
+Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
+methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
+ways including including checks, online payments and credit card
+donations. To donate, please visit: http://pglaf.org/donate
+
+
+Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic
+works.
+
+Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm
+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
+Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.
+
+
+Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
+editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
+unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
+keep eBooks in compliance with any particular paper edition.
+
+
+Most people start at our Web site which has the main PG search facility:
+
+ http://www.gutenberg.org
+
+This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
+including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
+Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
+subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.
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+ The Project Gutenberg eBook of Morsamor: Peregrinaciones Heroicas Y Lances De Amor Y Fortuna De Miguel
+ de Zuheros y Tiburcio de Simahonda, por Juan Valera.
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+The Project Gutenberg EBook of Morsamor, by Juan Valera
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+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
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+with this eBook or online at www.gutenberg.org
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+Title: Morsamor
+ peregrinaciones heroicas y lances de amor y fortuna de
+ Miguel de Zuheros y Tiburcio de Simahonda
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+Author: Juan Valera
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+Release Date: December 31, 2005 [EBook #17430]
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+Language: Spanish
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+*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK MORSAMOR ***
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+<h1>Morsamor:<br /> peregrinaciones heroicas y lances de amor y fortuna de Miguel
+de Zuheros y Tiburcio de Simahonda</h1>
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+<h2>Por</h2>
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+<h1>Juan Valera</h1>
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+<h3>Librer&iacute;a de Fernando F&eacute;</h3>
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+
+<h3>1899</h3>
+<hr style="width: 65%;" />
+
+<table summary="capitulos"><tr><td>
+<a href="#Al_Excmo_Sr_Conde_de_Casa_Valencia"><b>Al Excmo. Sr. Conde de Casa Valencia</b></a><br />
+<a href="#En_el_claustro"><b>En el claustro</b></a><br />
+<a href="#Ia"><b>I,</b></a>
+<a href="#IIa"><b>II,</b></a>
+<a href="#IIIa"><b>III,</b></a>
+<a href="#IVa"><b>IV,</b></a>
+<a href="#Va"><b>V,</b></a>
+<a href="#VIa"><b>VI,</b></a>
+<a href="#VIIa"><b>VII,</b></a>
+<a href="#VIIIa"><b>VIII,</b></a>
+<a href="#IXa"><b>IX,</b></a>
+<a href="#Xa"><b>X</b></a><br />
+<a href="#Las_aventuras"><b>Las aventuras</b></a><br />
+<a href="#I"><b>I,</b></a>
+<a href="#II"><b>II,</b></a>
+<a href="#III"><b>III,</b></a>
+<a href="#IV"><b>IV,</b></a>
+<a href="#V"><b>V,</b></a>
+<a href="#VI"><b>VI,</b></a>
+<a href="#VII"><b>VII,</b></a>
+<a href="#VIII"><b>VIII,</b></a>
+<a href="#IX"><b>IX,</b></a>
+<a href="#X"><b>X,</b></a>
+<a href="#XI"><b>XI,</b></a>
+<a href="#XII"><b>XII,</b></a>
+<a href="#XIII"><b>XIII,</b></a>
+<a href="#XIV"><b>XIV,</b></a>
+<a href="#XV"><b>XV,</b></a>
+<a href="#XVI"><b>XVI,</b></a>
+<a href="#XVII"><b>XVII,</b></a>
+<a href="#XVIII"><b>XVIII,</b></a>
+<a href="#XIX"><b>XIX,</b></a>
+<a href="#XX"><b>XX,</b></a>
+<a href="#XXI"><b>XXI,</b></a>
+<a href="#XXII"><b>XXII,</b></a>
+<a href="#XXIII"><b>XXIII,</b></a>
+<a href="#XXIV"><b>XXIV,</b></a>
+<a href="#XXV"><b>XXV,</b></a>
+<a href="#XXVI"><b>XXVI,</b></a>
+<a href="#XXVII"><b>XXVII,</b></a>
+<a href="#XXVIII"><b>XXVIII,</b></a>
+<a href="#XXIX"><b>XXIX,</b></a>
+<a href="#XXX"><b>XXX,</b></a>
+<a href="#XXXI"><b>XXXI,</b></a>
+<a href="#XXXII"><b>XXXII,</b></a>
+<a href="#XXXIII"><b>XXXIII,</b></a>
+<a href="#XXXIV"><b>XXXIV,</b></a>
+<a href="#XXXV"><b>XXXV,</b></a>
+<a href="#XXXVI"><b>XXXVI,</b></a>
+<a href="#XXXVII"><b>XXXVII,</b></a>
+<a href="#XXXVIII"><b>XXXVIII,</b></a>
+<a href="#XXXIX"><b>XXXIX,</b></a>
+<a href="#XL"><b>XL,</b></a>
+<a href="#XLI"><b>XLI,</b></a>
+<a href="#XLII"><b>XLII,</b></a>
+<a href="#XLIII"><b>XLIII,</b></a>
+<a href="#XLIV"><b>XLIV</b></a><br />
+<a href="#Reconciliacion_suprema"><b>Reconciliaci&oacute;n suprema</b></a><br />
+<a href="#Ir"><b>I,</b></a>
+<a href="#IIr"><b>II,</b></a>
+<a href="#IIIr"><b>III,</b></a>
+<a href="#IVr"><b>IV</b></a><br /></td></tr>
+</table>
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="Al_Excmo_Sr_Conde_de_Casa_Valencia" id="Al_Excmo_Sr_Conde_de_Casa_Valencia"></a>Al Excmo. Sr. Conde de Casa Valencia</h2>
+
+
+<p>Mi querido primo: Para distraer mis penas ego&iacute;stas al considerarme tan
+viejo y tan quebrantado de salud, y mis penas patri&oacute;ticas al considerar
+a Espa&ntilde;a tan abatida, he soltado el freno a la imaginaci&oacute;n, que no le
+tuvo nunca muy firme, y la he echado a volar por esos mundos de Dios,
+para escribir la novela que te dedico.</p>
+
+<p>Tomando por lo serio algunos preceptos ir&oacute;nicos de don Leandro Fern&aacute;ndez
+de Morat&iacute;n, en su <i>Lecci&oacute;n po&eacute;tica</i>, he puesto en mi libro cuanto se ha
+presentado a mi memoria de lo que he o&iacute;do o le&iacute;do en alabanza de una
+&eacute;poca muy distinta de la presente, cuando era Espa&ntilde;a la primera naci&oacute;n
+de Europa. As&iacute; he procurado consolarme de que hoy no lo sea, si bien
+escribiendo la m&aacute;s <i>antimoratinesca</i> de mis composiciones literarias.
+Bien puedo asegurar que hay en ella</p>
+
+<p class="noindent">
+<span style="margin-left: 5em;">Cuanto puede hacinar la fantas&iacute;a,</span><br />
+<span style="margin-left: 5em;">en concebir delirios eminente:</span><br />
+<span style="margin-left: 5em;">magia, blas&oacute;n, alquimia, teosof&iacute;a,</span><br />
+<span style="margin-left: 5em;">n&aacute;utica, bellas artes, oratoria,</span><br />
+<span style="margin-left: 5em;">brahm&aacute;nica y gentil mitolog&iacute;a,</span><br />
+<span style="margin-left: 5em;">sacra, profana, universal historia</span><br />
+</p>
+
+<p>Y otras mil curiosidades.</p>
+
+<p>Si a pesar de tanta riqueza de ingredientes el pasto espiritual que doy
+al p&uacute;blico resulta desabrido o empalagoso, no te negar&eacute; que he de
+afligirme, pero me servir&aacute; de consuelo lo inocente de mi trabajo. Nada
+m&aacute;s inocente que componer un libro de entretenimiento aunque no
+entretenga. Con no leerle evitar&aacute; toda persona discreta el mal que
+involuntariamente pudiera yo causarle. Yo no trato de ense&ntilde;ar nada ni de
+probar nada. Si alguien deduce consecuencias o moralejas de la lectura
+de este libro, &eacute;l, y no yo, ser&aacute; responsable de ellas. Yo s&oacute;lo pretendo
+divertir un rato a quien me lea, dejando a los sabios ense&ntilde;ar y
+adoctrinar a sus semejantes, y dejando a nuestros hombres pol&iacute;ticos la
+dif&iacute;cil tarea de regenerarnos y de sacarnos del atolladero en que nos
+hemos metido.</p>
+
+<p>He de confesarte, sin embargo, que a veces tengo yo pensamientos algo
+presuntuosos, porque creo que el mejor modo de obtener la regeneraci&oacute;n
+de que tanto se habla, es entretenerse en los ratos de ocio contando
+cuentos, aunque sean poco divertidos, y no pensar en barcos nuevos, ni
+en fortificaciones, ni en tener sino muy pocos soldados, hasta que
+seamos ricos, indispensable condici&oacute;n en el d&iacute;a para ser fuertes. Ser
+fuertes en el d&iacute;a es cuesti&oacute;n de lujo. Seamos pues d&eacute;biles e inermes
+mientras que no podemos ser lujosos. Imitemos a Don Quijote, cuando
+quiso hacerse pastor despu&eacute;s de vencido por el Caballero de la Blanca
+Luna. Mientras que unos esquilan las ovejas y mientras que otros recogen
+la leche en colodras y hacen requesones y quesos, aumentando as&iacute; la
+riqueza individual, y por consiguiente, la colectiva, nosotros, o al
+menos yo, incapacitados por la vejez para tan &uacute;tiles operaciones,
+emple&eacute;monos en tocar la churumbela, el viol&oacute;n u otro instrumento
+pastoril para que se recreen las ovejas.</p>
+
+<p>
+<span style="margin-left: 5em;">De pacer olvidadas escuchando</span><br />
+</p>
+
+<p>o quiz&aacute;s consol&aacute;ndose de que poco o nada les dejen que pacer los
+rabadanes. A fin de vivir contentos en esta forzosa Arcadia, recordemos
+vuestras pasadas glorias, no superadas a&uacute;n por los pueblos m&aacute;s pujantes
+y engre&iacute;dos que hay ahora en el mundo, y compongamos, con dichos
+recuerdos y con el buen humor que no debe abandonarnos, historias como
+la que yo te ofrezco, la cual, si no es amena, es por su benigna y
+candorosa intenci&oacute;n, digna de todo aplauso. Date t&uacute; el tuyo, defi&eacute;ndeme
+con indulgente habilidad de los que me censuren y cr&eacute;eme siempre tu
+afect&iacute;simo amigo y pariente,</p>
+
+<p class="derecha">Juan Valera</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="En_el_claustro" id="En_el_claustro"></a>En el claustro</h2>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="Ia" id="Ia"></a>-I-</h2>
+
+
+<p>En el primer tercio del siglo XVI, y en un convento de frailes
+franciscanos, situado no lejos de la ciudad de Sevilla, casi en la
+margen del Guadalquivir y en soledad amena, viv&iacute;a un buen religioso
+profeso, llamado Fray Miguel de Zuheros, probablemente porque era
+natural de la enriscada y peque&ntilde;a villa de dicho nombre.</p>
+
+<p>No era el Padre alto ni bajo, ni delgado ni grueso. Y como no se
+distingu&iacute;a tampoco por extremado ascetismo, ni por elocuencia en el
+p&uacute;lpito, ni por saber mucho de teolog&iacute;a y de c&aacute;nones, ni por ninguna
+otra cosa, pasaba sin ser notado entre los treinta y cinco o treinta y
+seis frailes que hab&iacute;a en el convento.</p>
+
+<p>Hac&iacute;a m&aacute;s de cuarenta a&ntilde;os que hab&iacute;a profesado. Y su vida iba
+desliz&aacute;ndose all&iacute; tranquila y silenciosa, sin la menor se&ntilde;al ni indicio
+de que pudiese dejar rastro de s&iacute; en el trillado camino que la llevaba a
+su t&eacute;rmino: a una muerte obscura y no llorada ni lamentada de nadie,
+porque Fray Miguel, aunque no era antip&aacute;tico, no era simp&aacute;tico tampoco,
+se daba poqu&iacute;sima ma&ntilde;a para ganar voluntades y amigos, y, al parecer, ni
+en el convento ni fuera del convento los ten&iacute;a.</p>
+
+<p>En vista de lo expuesto, nadie puede extra&ntilde;ar que hayan ca&iacute;do en el
+olvido m&aacute;s profundo el nombre y la vida de Fray Miguel.</p>
+
+<p>Ya ver&aacute; el curioso lector, si tiene paciencia para leer sin cansarse
+esta historia, las causas que me mueven a sacar del olvido a tan
+insignificante personaje.</p>
+
+<p>Son estas causas de dos clases: unas, particular&iacute;simas, que se sabr&aacute;n
+cuando esta historia termine; y otras tan generales, que bien pueden
+declararse desde el principio y que voy a declarar aqu&iacute;.</p>
+
+<p>Todo ser humano, considerado exterior y someramente, es indigno de
+memoria, si no ha logrado por virtud de sus hechos o de sus palabras,
+habladas o escritas, influir poderosamente en los sucesos de su &eacute;poca,
+haciendo ruido en el mundo. Los que ni por la acci&oacute;n ni por el
+pensamiento, revestido de una forma sensible, logran se&ntilde;alarse, pasan
+como sombras sin dejar rastro ni huella en el sendero de la vida y van a
+hundirse en olvidada sepultura, sin que nadie deplore su muerte y sin
+que nadie, al cabo de pocos a&ntilde;os, y a veces al cabo de pocos d&iacute;as, se
+acuerde de que vivieron.</p>
+
+<p>Y, sin embargo, cuando por cualquier medio o estilo acertamos a penetrar
+en las profundidades del coraz&oacute;n y en los m&aacute;s apartados y obscuros
+aposentos del cerebro del personaje al parecer m&aacute;s insignificante, todo
+suele cambiar de aspecto en la idea que formamos de &eacute;l, ya que
+descubrimos all&iacute; multitud de pensamientos maravillosos y de soberanas
+aspiraciones, y un mar tempestuoso de apasionados sentimientos, que ora
+sean buenos, ora sean malos, si llegan a ser grandes, dan valer e
+importancia a la persona que los concibe e inspiran hacia ella un
+inter&eacute;s acaso mayor del que nos han inspirado los m&aacute;s famosos varones al
+saber sus altas haza&ntilde;as o al leer sus inmortales escritos.</p>
+
+<p>Fray Miguel, al empezar este relato y al presentarle yo a mis lectores,
+no era escritor, ni predicador, ni por nada se distingu&iacute;a. Cualquiera
+otro fraile de su mismo convento era m&aacute;s notable que &eacute;l.</p>
+
+<p>Antes de entrar en la vida religiosa tampoco hab&iacute;a conseguido se&ntilde;alarse.
+Ten&iacute;a ya setenta y cinco a&ntilde;os cumplidos, y, para todos sus semejantes,
+no pasaba de ser una de las innumerables unidades que forman la gran
+suma del linaje humano.</p>
+
+<p>En el convento se sab&iacute;a poco y a nadie le importaba saber de la vida
+pasada de Fray Miguel antes de que fuera fraile.</p>
+
+<p>Como otros muchos hombres, en aquel largo per&iacute;odo de anarqu&iacute;a,
+discordias y guerras civiles, que precedi&oacute; al reinado de los Reyes
+Cat&oacute;licos, hab&iacute;a buscado por diversos caminos la notoriedad, el poder y
+la fortuna, y no hab&iacute;a logrado hallarlos.</p>
+
+<p>Fray Miguel hab&iacute;a sido soldado y poeta, que eran las dos profesiones,
+por las cuales, no siendo cl&eacute;rigo o fraile, pod&iacute;a un hombre del estado
+llano en aquella edad encumbrarse o darse a conocer al menos.</p>
+
+<p>Fray Miguel hab&iacute;a trabajado en balde. No decidiremos aqu&iacute; si fue la
+capacidad o si fue la ventura lo que le falt&oacute; en su empresa. Su ambici&oacute;n
+y sus prop&oacute;sitos no debieron de ser peque&ntilde;os si los calculamos por la
+significaci&oacute;n del nombre que &eacute;l como trovador y aventurero de armas
+tomar hab&iacute;a adoptado.</p>
+
+<p>Fray Miguel se hab&iacute;a llamado Morsamor en el siglo.</p>
+
+<p>Sus versos fueron tan malos o fueron tan infelices que no entraron en
+ning&uacute;n Cancionero, aunque en muchos Cancioneros abundan los detestables,
+tontos o fr&iacute;os. Sus haza&ntilde;as, si las hizo, no le dieron riqueza, ni
+valimiento, ni poder, y no hubo cronista que hablase de ellas en sus
+narraciones, ni &eacute;pico callejero que escribiese un mal romance para
+referirlas y ensalzarlas. Dice el refr&aacute;n que el lobo, harto de carne, se
+mete fraile. Morsamor no fue como el lobo. Morsamor no cogi&oacute; la carne:
+apenas columbr&oacute; la sombra. La desilusi&oacute;n, la esperanza perdida, le trajo
+a la vida mon&aacute;stica.</p>
+
+<p>En ambos reinos, unidos ya bajo el centro de Isabel y Fernando, hab&iacute;a
+cambiado todo y era menester que Morsamor tambi&eacute;n cambiase. La paz y el
+orden con en&eacute;rgica severidad hab&iacute;an venido a sobreponerse a la confusi&oacute;n
+y al alboroto que estimulaban tanto la ambici&oacute;n y la codicia. Los falsos
+antiguos ideales de la Edad Media hab&iacute;an ca&iacute;do por tierra como &iacute;dolos
+quebradizos, desbaratados y rotos bajo los certeros golpes del cetro de
+hierro de los nuevos soberanos. Morsamor no acertaba a descubrir nuevos
+ideales: nuevos objetos, t&eacute;rmino y meta de la ambici&oacute;n humana. A sus
+ojos s&oacute;lo quedaba en pie el venerando e indestructible ideal religioso,
+que se alzaba como elevad&iacute;sima y solitaria torre en medio de un campo
+arrasado y lleno de ruinas. Lo &uacute;nico que quedaba como refugio, consuelo
+y fin de la vida de Morsamor era la religi&oacute;n. H&iacute;zose, pues, religioso
+por no saber qu&eacute; hacerse. Y ya se comprende que esta manera de hacerse
+religioso de poco o de nada pod&iacute;a valerle as&iacute; en la tierra como en el
+cielo.</p>
+
+<p>Harto se comprender&aacute; tambi&eacute;n, se explicar&aacute; y se justificar&aacute; por lo
+dicho, el pobre papel que Fray Miguel de Zuheros hac&iacute;a entre los dem&aacute;s
+frailes.</p>
+
+<p>S&oacute;lo Dios sab&iacute;a lo que guardaba &eacute;l en el centro del alma. En lo exterior
+la figura inconsistente de Fray Miguel, sin color, sin energ&iacute;a y sin
+car&aacute;cter propio, se esfumaba en el espacio e iba lenta y desabridamente
+a desaparecer en el tiempo.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="IIa" id="IIa"></a>-II-</h2>
+
+
+<p>De vez en cuando, creciendo en importancia y en frecuencia e
+interrumpiendo la monoton&iacute;a de la vida claustral, llegaban al convento
+noticias vagas y confusas que revelaban una pasmosa renovaci&oacute;n en la
+vida social de la reci&eacute;n formada naci&oacute;n espa&ntilde;ola. Los ideales, por susto
+de cuya ausencia se hab&iacute;a refugiado Fray Miguel en el claustro, brotaron
+entonces en el suelo fecundo de Espa&ntilde;a, le cubrieron todo y vinieron a
+llamar con estr&eacute;pito en su celda al desenga&ntilde;ado solitario. Mientras que
+Fray Miguel viv&iacute;a vida contemplativa y obscura, una vida fecunda en
+acciones maravillosas se hab&iacute;a desenvuelto en toda nuestra Pen&iacute;nsula,
+salvando sus l&iacute;mites y confines, y derram&aacute;ndose con irresistible
+expansi&oacute;n por el mundo todo. Los reyes unidos de Arag&oacute;n y Castilla
+hab&iacute;an vencido a los portugueses en Toro, vengando la afrenta de
+Aljubarrota; hab&iacute;an conquistado el hermoso reino de Granada; hab&iacute;an
+expulsado de Italia a los franceses, ense&ntilde;ore&aacute;ndose de N&aacute;poles y de
+Sicilia. Un aventurero genov&eacute;s hab&iacute;a ofrecido llegar a Cipango y al
+Catay, atravesando con sus naves el nunca surcado y tenebroso mar de
+Sargaso, y el aventurero hab&iacute;a descubierto extensas y hasta entonces
+inc&oacute;gnitas regiones, donde hab&iacute;a ido a plantar la cruz del Redentor y el
+pend&oacute;n de Castilla, dejando entrever y haciendo augurar que la tierra en
+que vivimos es mayor de lo que se pensaba y que todo lo oculto y
+misterioso que hasta entonces hab&iacute;a habido en ella, iba a revelarse y a
+manifestarse a nuestros ojos y a ser dominado por castellanos y
+aragoneses.</p>
+
+<p>En competencia con ellos y movidos por id&eacute;ntico impulso, los portugueses
+hab&iacute;an persistido en su casi secular empe&ntilde;o de navegar hasta el extremo
+Sur de &Aacute;frica, de ir m&aacute;s all&aacute; navegando, y de llegar a la India y de
+apoderarse all&iacute; del comercio, y de la riqueza de que hasta entonces
+hab&iacute;an gozado &aacute;rabes, persas, venecianos y genoveses.</p>
+
+<p>Iba Fray Miguel enter&aacute;ndose vaga y confusamente de todas estas
+novedades. Como era poco comunicativo no dec&iacute;a a nadie la impresi&oacute;n que
+le hac&iacute;an; pero la impresi&oacute;n era profunda, acrecentando su profundidad y
+su fuerza, la reconcentraci&oacute;n y el sigilo con que en el centro de su
+alma lo escond&iacute;a todo.</p>
+
+<p>Cualquier ser humano, como no sea depravad&iacute;simo, tiene el amor de la
+patria, del pueblo, de la tierra en que ha nacido y de la gente a que
+pertenece. Este sentimiento es tan natural y tan general que no he de
+hacer yo el elogio de Fray Miguel porque le tuviese. Me limito a afirmar
+que le ten&iacute;a. Los triunfos de su naci&oacute;n, el verla trocada de sociedad
+desquiciada y an&aacute;rquica en Potencia temida, influyente y gloriosa,
+lisonjeaban el orgullo de Fray Miguel y le ten&iacute;a muy satisfecho y
+orondo. Por nada del mundo hubiera anhelado &eacute;l que lo que era no fuese;
+que de todas las glorias, grandezas y triunfos su naci&oacute;n, resultasen
+falsedad y sue&ntilde;o vano de la fantas&iacute;a. Su coraz&oacute;n se alegraba de que
+fuesen reales; pero al mismo tiempo, por extra&ntilde;a aunque frecuente
+contradicci&oacute;n de nuestro esp&iacute;ritu, hab&iacute;a en el suyo verg&uuml;enza y
+abatimiento de no haber contribuido a la elevaci&oacute;n nacional de que se
+admiraba y se enorgullec&iacute;a. Ni con sus humildes rezos, ya en el templo
+solitario, ya en su mezquina celda, hab&iacute;a contribuido Fray Miguel a
+ninguna de las altas empresas que se hab&iacute;an llevado a cabo. Su coraz&oacute;n
+falto de fe y de esperanza y su mente inclinada y torcida a no prever
+sino lo peor, no hab&iacute;an podido pedir ni hab&iacute;an pedido al cielo lo
+inasequible, lo absurdo, lo que no hab&iacute;an concebido ni en sue&ntilde;os,
+comprendi&eacute;ndolo s&oacute;lo al verlo en realidad efectiva. Espa&ntilde;a, pobre,
+desgarrada por discordias civiles, sin dominio y sin influjo en lo
+exterior, se hab&iacute;a transformado de repente en la primera naci&oacute;n del
+mundo, y Fray Miguel, que en sus verdes mocedades hab&iacute;a aspirado a
+llenarle de su ama, como trovador y como guerrero, ten&iacute;a entonces que
+confesarse asimismo, en amargo vejamen, que ni como devoto fraile, con
+oraciones y s&uacute;plicas, hab&iacute;a contribuido a tan maravillosa transformaci&oacute;n
+y a tan no prevista ni imaginada grandeza.</p>
+
+<p>Los nombres gloriosos de navegantes intr&eacute;pidos, de dichosos e invictos
+capitanes, de habil&iacute;simos pol&iacute;ticos, de negociadores que sab&iacute;an ganar
+ajenas voluntades e imponer la propia, y de administradores juiciosos y
+atinados que encontraban recursos sin esquilmar a la naci&oacute;n, todo esto,
+a par que halagaba el alma de Fray Miguel en lo que ten&iacute;a de alma
+espa&ntilde;ola y en lo que era como parte del alma superior y colectiva de su
+pueblo y de su casta, lastimaba, her&iacute;a y destrozaba su alma individual,
+colm&aacute;ndola de amargo abatimiento y de ponzo&ntilde;osa envidia.</p>
+
+<p>Durante muchos a&ntilde;os, desde que se retir&oacute; Fray Miguel al claustro hasta
+mucho despu&eacute;s, el completo menosprecio del mundo, o sea del linaje
+humano en general y de su pueblo en particular, hab&iacute;a estado en perfecta
+consonancia con el menosprecio de s&iacute; mismo que Fray Miguel sent&iacute;a, de
+donde resultaba una tranquilidad f&uacute;nebre. Fray Miguel hab&iacute;a estado,
+durante muchos a&ntilde;os, f&uacute;nebremente tranquilo; pero el reciente alto
+concepto que de su patria hab&iacute;a formado y la consideraci&oacute;n del valer, de
+las haza&ntilde;as y de la gloria de los hombres que hab&iacute;an encumbrado su
+patria, se contrapon&iacute;an ahora al menosprecio de s&iacute; mismo que no pod&iacute;a
+menos de seguir sintiendo, y esto levantaba en su alma una tempestad de
+celos y hac&iacute;a reto&ntilde;ar y reverdecer en ella la antigua ambici&oacute;n de su
+mocedad, volviendo a ser ambicioso con m&aacute;s de setenta y cinco a&ntilde;os
+cumplidos. Su coraz&oacute;n lat&iacute;a con violencia lleno de extra&ntilde;as aspiraciones
+bajo el humilde sayal franciscano. Su coraz&oacute;n se agitaba en la vejez
+acaso con m&aacute;s poderosas energ&iacute;as que en la juventud. En su juventud
+hab&iacute;a habido siempre algo de vano en todos sus prop&oacute;sitos ambiciosos:
+hab&iacute;a puesto la mira en fines confusos o ef&iacute;meros y poco elevados: en
+distinguirse en un torneo o en alguna otra empresa caballeresca
+atrayendo la atenci&oacute;n y conquistando el afecto de alguna dama hermosa,
+encumbrada y noble. Ahora los fines que se propon&iacute;an, que buscaban y que
+alcanzaban los hombres de acci&oacute;n, eran m&aacute;s consistentes, eran m&aacute;s altos
+y no por eso menos positivos y sustanciales. El mundo, ignorado antes,
+hab&iacute;a venido a revelarse con una grandeza real hasta entonces no
+percibida y por toda ella iban a extenderse y a triunfar la religi&oacute;n de
+Cristo y la civilizaci&oacute;n de Europa, llevadas par los hijos de Iberia
+hasta las regiones m&aacute;s remotas, ya entre gentes b&aacute;rbaras y selv&aacute;ticas
+que separadas del resto del humano linaje no hab&iacute;an seguido su marcha
+progresiva y hasta hab&iacute;an olvidado la nobleza de su origen com&uacute;n, ya
+entre los pueblos de Oriente donde persist&iacute;an y florec&iacute;an a&uacute;n la poes&iacute;a
+y el saber y el arte de las edades divinas, cuando entend&iacute;an los hombres
+que estaban en comunicaci&oacute;n y trato con los dioses y con los genios; por
+todas partes, entre todas las lenguas, tribus y gentes, as&iacute; entre
+aquellas, que olvidadas de las primitivas aspiraciones y revelaciones,
+se hab&iacute;an hundido en una vida casi selv&aacute;tica, como entre aquellas que,
+combinando y fecundando esas aspiraciones y revelaciones primitivas con
+los ensue&ntilde;os de una exuberante fantas&iacute;a, hab&iacute;an creado una portentosa
+cultura, en cuya ponderaci&oacute;n y admiraci&oacute;n permanec&iacute;an inm&oacute;viles.</p>
+
+<p>Si nos figuramos a todo el humano linaje como inmensa hueste que marcha
+a la conquista de una tierra de promisi&oacute;n, los pueblos selv&aacute;ticos y
+rudos que hacia el Occidente se hab&iacute;an descubierto, eran como parte de
+la hueste que se hab&iacute;a extraviado en el camino y que no s&oacute;lo hab&iacute;a
+desistido de la empresa sino que la hab&iacute;an olvidado. Por el contrario,
+los pueblos que los portugueses hab&iacute;an vuelto a visitar en el Oriente,
+abri&eacute;ndose camino por los mares, se dir&iacute;a que, embelesados en el regalo
+y deleite de encantados jardines y orgullosos de su primitivo saber y
+del rico florecimiento de la antigua cultura, permanec&iacute;an a&uacute;n parados e
+inertes. Misi&oacute;n providencial de los hijos de Iberia era sin duda sacar a
+los unos de la abyecta postraci&oacute;n en que hab&iacute;an ca&iacute;do y despertar a los
+otros del sue&ntilde;o secular, del profund&iacute;simo letargo en que estaban.</p>
+
+<p>Esta parte de la misi&oacute;n parec&iacute;a especialmente confiada a los
+portugueses. Hab&iacute;an, como el gentil caballero del antiguo cuento de
+hadas, venciendo mil obst&aacute;culos y dificultades, penetrado en los
+deliciosos jardines y luego en el encantado palacio donde, desde hac&iacute;a
+muchos siglos, la hermos&iacute;sima princesa estaba dormida.</p>
+
+<p>El modo que los portugueses emplearon para despertarla del sue&ntilde;o, no fue
+a la verdad tan dulce y tan delicado como el del cuento; pero la
+realidad tiene sus impurezas y aquellos tiempos eran m&aacute;s rudos que los
+de ahora. Valga esto para disculpa de los portugueses.</p>
+
+<p>Como quiera que ello sea, ya las noticias de nuestros triunfos en
+Italia, ya las vagas y confusas narraciones de los descubrimientos que
+hacia el Occidente hac&iacute;an los castellanos de grandes y f&eacute;rtiles islas y
+de un dilatado continente, habitado todo por tribus salvajes y deca&iacute;das
+que no hab&iacute;an llegado o que hab&iacute;an retrocedido hasta el extremo de no
+tener animales dom&eacute;sticos, de no ser pastores, de vivir en un estado de
+humanidad m&aacute;s rudimentario que el de los pueblos errantes de Asia y de
+&Aacute;frica, ya las expediciones, victorias y conquistas de Portugal en la
+India, que renovaban o eclipsaban las glorias fabulosas del Dios
+Ditirambo y las haza&ntilde;as y empresas reales del Maced&oacute;n Alejandro y que
+obscurec&iacute;an las leyendas de los siglos medios, todo entusiasmaba y
+solevantaba a Fray Miguel de Zuheros; pero lo que m&aacute;s le seduc&iacute;a, lo que
+ejerc&iacute;a fascinador influjo en su &aacute;nimo y le atra&iacute;a poderosamente, era el
+&eacute;xito de los portugueses en la India.</p>
+
+<p>Acostumbrado Fray Miguel a disimular sus emociones, a no confiarse a
+nadie y a no desahogar confes&aacute;ndolo lo que ten&iacute;a en su pecho, no
+mostraba en lo exterior ni para cuantos le rodeaban alteraci&oacute;n ni
+cambio.</p>
+
+<p>Como adem&aacute;s fijaba poco la atenci&oacute;n y todos le ten&iacute;an por persona menos
+notable de lo que era, nadie advert&iacute;a el cambio imperceptible y lento
+que en &eacute;l se hab&iacute;a realizado. Fray Miguel estaba m&aacute;s retra&iacute;do y
+silencioso que nunca. De sus labios no brotaban sino las indispensables
+palabras que la necesidad o la cortes&iacute;a nos obligan a pronunciar en la
+vida diaria, y no sonaba su voz en m&aacute;s largos discursos que los de las
+devotas oraciones que rezaba en el coro.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="IIIa" id="IIIa"></a>-III-</h2>
+
+
+<p>En contraposici&oacute;n a la insignificancia y obscuridad de Fray Miguel,
+hab&iacute;a en el mismo convento otro fraile cuya fama y alta reputaci&oacute;n de
+sabio se extend&iacute;an por toda la Pen&iacute;nsula y aun trascend&iacute;an a Italia y a
+otras naciones. Se llamaba este fraile el Padre Ambrosio de Utrera. No
+hab&iacute;a disciplina ni facultad en que no se le proclamase maestro. Era
+gran humanista, diestro y sutil en las controversias, te&oacute;logo y
+jurisconsulto, y muy versado en el estudio de los seres que componen el
+mundo visible. Se supon&iacute;a que de magia natural, astrolog&iacute;a y alquimia
+sab&iacute;a cuanto pod&iacute;a saberse en su tiempo, y que &eacute;l adem&aacute;s, a fuerza de
+estudios, meditaciones y experiencias, hab&iacute;a descubierto grandes
+misterios y secretas propiedades y leyes de las cosas creadas, de lo
+cual revelaba algo a sus contempor&aacute;neos y ocultaba mucho, por considerar
+que el humano linaje no alcanzaba a&uacute;n la madurez y la capacidad,
+convenientes para que pudiera confi&aacute;rsele sin profanaci&oacute;n o sin
+grav&iacute;simo peligro la llave de aquellos temerosos arcanos, de los que sin
+embargo, se val&iacute;a &eacute;l para aliviar muchos males, corregir muchos vicios y
+mejorar la condici&oacute;n y la suerte de sus semejantes, los dem&aacute;s hombres.</p>
+
+<p>El Padre Ambrosio hab&iacute;a ido por orden superior y en misi&oacute;n secreta a
+Roma.</p>
+
+<p>No importa a nuestra historia, ni sabr&iacute;amos declarar aqu&iacute;, aunque
+importase, cu&aacute;l hab&iacute;a sido el objeto de la misi&oacute;n del Padre Ambrosio.
+Baste saber que estuvo siete a&ntilde;os en Roma, bajo el pontificado de Le&oacute;n
+X, y que volvi&oacute; a su convento de Sevilla el a&ntilde;o de 1521 en que va a
+empezar la historia que aqu&iacute; referimos.</p>
+
+<p>A pesar de su grande autoridad como hombre de ciencia y a pesar de la
+austeridad de sus costumbres, el Padre Ambrosio era benigno y afable con
+todos los hombres y m&aacute;s a&uacute;n con los desatendidos y desde&ntilde;ados.</p>
+
+<p>De aqu&iacute; que Fray Miguel de Zuheros, si de alguien hab&iacute;a recibido
+muestras de cari&ntilde;osa simpat&iacute;a, hab&iacute;a sido del Padre Ambrosio, y si algo
+los interiores tormentos de su esp&iacute;ritu hab&iacute;a revelado a alguna persona,
+esta persona hab&iacute;a sido el mencionado Padre.</p>
+
+<p>Durante su ausencia, pues, Fray Miguel hab&iacute;a vivido m&aacute;s aislado y mudo
+que nunca.</p>
+
+<p>Con frecuencia, en las horas de recreo y solaz que en el convento hab&iacute;a,
+cuando ni los Padres ni los novicios estudiaban, meditaban o rezaban, en
+el extremo de la huerta donde hab&iacute;a &aacute;rboles de sombra y asientos de
+piedra, el Padre Ambrosio se sentaba rodeado de muchas personas que
+compon&iacute;an un atento auditorio, y con f&aacute;cil palabra les relataba lo que
+llamar&iacute;amos hoy sus impresiones de viaje.</p>
+
+<p>Describ&iacute;a el Padre elocuentemente las magnificencias de la Ciudad
+Eterna: sus palacios, sus templos y sus majestuosas ruinas.</p>
+
+<p>El Padre Ambrosio no consideraba sin embargo a Roma como
+ciudad-relicario, museo de antig&uuml;edades, residuo maravilloso pero inerte
+de poder&iacute;o y grandeza jam&aacute;s igualados antes ni despu&eacute;s en la historia.
+Roma para &eacute;l hab&iacute;a sido siempre, y entonces era m&aacute;s que nunca, porque
+volv&iacute;a deslumbrado y hechizado por el esplendor, la elegancia y el lujo
+de la corte de Le&oacute;n X, Roma era para &eacute;l en realidad la Ciudad Eterna, la
+reina de las ciudades, la capital del mundo. El pensamiento
+profundamente cat&oacute;lico y espa&ntilde;ol del Padre Ambrosio, si no auguraba, si
+no se atrev&iacute;a a profetizar una monarqu&iacute;a universal, la cre&iacute;a posible y
+hasta probable y cre&iacute;a ver en el giro de los sucesos y en el
+desenvolvimiento que iban tomando las cosas humanas, que todo se
+encaminaba la formaci&oacute;n de tan gloriosa monarqu&iacute;a, si monarqu&iacute;a pod&iacute;a
+llamarse, y no deb&iacute;a darse otro nombre a lo que imaginaba el Padre. &Eacute;l
+imaginaba que el sucesor de San Pedro, vicario de Cristo y cabeza
+visible de la iglesia, hab&iacute;a de ser y era menester que fuese el Soberano
+que dominase sobre toda la tierra y gobernase y dirigiese al humano
+linaje como &uacute;nico pastor a una sola grey. Pero el Padre Santo era
+principal ministro de un Dios de paz; en vez de cetro y espada ten&iacute;a
+cayado. No eran sus armas visibles ni capaces de herir el cuerpo sino
+los esp&iacute;ritus: sus armas eran la bendici&oacute;n y el anatema. Determinando
+mejor su concepto, el Padre Ambrosio miraba todos los territorios, donde
+se hab&iacute;a plantado la Cruz redentora, como redil amplio, gobernado por el
+sucesor del pr&iacute;ncipe de los ap&oacute;stoles, pero gobernado por la persuasi&oacute;n
+y por la dulzura y realizando la paz perpetua. Antes sin embargo de
+llegar a t&eacute;rmino tan deseado, era menester el empleo de la fuerza
+material para traer a Cristo las cosas todas, para impeler a entrar en
+el aprisco a las ovejas descarriadas, y para combatir, matar o domar a
+los leones bravos y a los hambrientos lobos que amenazaban el reba&ntilde;o y
+que no le dejaban vivir y pacer tranquilo. El Padre Santo, pues, a pesar
+de su inmenso poder espiritual, necesitaba a&uacute;n, y as&iacute; estaba prescrito y
+decretado en el plan divino de la historia, un poderoso y en&eacute;rgico brazo
+secular que le ayudase en su empresa, que le valiese para la
+pacificaci&oacute;n de la tierra toda y para lograr que Roma, al cabo,
+transfigurada y purificada, en nada se pareciese a la antigua Babilonia,
+sino a la Jerusalem refulgente, que el &Aacute;guila de Patmos vio descender
+del cielo, ricamente ataviada con admirables joyas y con la vestidura
+nupcial y con las regias galas de la esposa de Cristo. Para el Padre
+Ambrosio, en suma, el Padre Santo, en nuestra Ley de Gracia, y en la
+nueva Era, en cuyo principio cre&iacute;a &eacute;l vivir, parec&iacute;a permanente y m&aacute;s
+dichoso Mois&eacute;s, que no hab&iacute;a de ver la tierra prometida desde lo alto
+del monte Nebo y all&aacute; a lo lejos, sino que hab&iacute;a de entrar en ella y
+dominarla para bien de todo nuestro linaje. A este fin, el Mois&eacute;s
+permanente ped&iacute;a al cielo un Josu&eacute; activo y belicoso, cuya espada
+desbaratase y rompiese las huestes enemigas y al son de cuyos clarines
+cayesen derribados con espantoso fragor los muros de las fortalezas
+infieles, cuya poderosa hacha de armas quebrase y derribase todos los
+&iacute;dolos y cuyo brazo infatigable acabase por plantar la Cruz del Redentor
+en todas las latitudes y en todas las alturas, haciendo que las gentes
+fieras y las m&aacute;s remotas y b&aacute;rbaras naciones, desconocidas antes,
+cayesen ante ella postradas de hinojos.</p>
+
+<p>Este brazo secular, este permanente Josu&eacute; con que el Padre Ambrosio
+so&ntilde;aba, era el pueblo espa&ntilde;ol y era su soberano: flamante pueblo de Dios
+y nuevo e inmortal caudillo que la providencia suscitar&iacute;a a fin de que
+se cumpliesen sus altos designios, de todo lo cual la lozan&iacute;a juvenil de
+todo Portugal, Arag&oacute;n y Castilla era como signo precursor, era como
+primavera riqu&iacute;sima en flores, que alegraban el coraz&oacute;n y ya le daban en
+esperanza segura el venturoso y sazonado fruto.</p>
+
+<p>Tales eran en cifra los ensue&ntilde;os y las ideas con que a su vuelta de Roma
+trajo el Padre Ambrosio embargado el esp&iacute;ritu.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="IVa" id="IVa"></a>-IV-</h2>
+
+
+<p>En su trato y relaciones, as&iacute; con la gente seglar y profana como con la
+mayor&iacute;a de sus hermanos los religiosos, el Padre Ambrosio de Utrera, si
+bien mostraba, sin vanidosa ostentaci&oacute;n y cuando conven&iacute;a, la ciencia
+teol&oacute;gica que con sus estudios hab&iacute;a adquirido y que atesoraba su
+inteligencia, todav&iacute;a guardaba, en lo m&aacute;s hondo y arcano de su mente,
+cierta filosof&iacute;a oculta que la prudencia, y tal vez compromisos y
+deberes de secta, le prescrib&iacute;an no revelar por completo a nadie. Algo
+s&oacute;lo pod&iacute;a comunicar a los adeptos e iniciados, seg&uacute;n los grados de la
+iniciaci&oacute;n que tuviesen y seg&uacute;n las pruebas que hubiesen hecho.</p>
+
+<p>Con dificultad hallaba y reconoc&iacute;a el Padre Ambrosio en las personas con
+quien trataba las prendas y requisitos necesarios para la iniciaci&oacute;n.</p>
+
+<p>En el convento s&oacute;lo hab&iacute;a tres frailes con los cuales el Padre Ambrosio
+se entend&iacute;a, uni&eacute;ndolos a &eacute;l por virtud de misterioso lazo y haci&eacute;ndolos
+participantes con profundo sigilo de sus doctrinas esot&eacute;ricas, no del
+todo ni por igual, sino a cada uno seg&uacute;n la aptitud y el vigor de
+entendimiento y de voluntad que en &eacute;l reconoc&iacute;a.</p>
+
+<p>No se presuma, con todo, que el Padre Ambrosio imaginase que su saber
+oculto se opon&iacute;a en lo m&aacute;s m&iacute;nimo a las ortodoxas afirmaciones en que
+por fe cre&iacute;a y que forman la base de la religi&oacute;n de que era ministro y
+sacerdote.</p>
+
+<p>Sencillo y mero narrador de esta historia, no afirmar&eacute; ni negar&eacute; yo, que
+hubiese o no hubiese error en el pensamiento del Padre Ambrosio. S&oacute;lo
+dir&eacute; lo que &eacute;l pensaba, dejando que la responsabilidad sea suya. Verdad
+incontrovertible era para &eacute;l cuanto est&aacute; contenido en las sagradas
+escrituras, interpretadas recta y autorizadamente por los santos Padres,
+por los concilios y por la cabeza visible de la Iglesia; pero, con
+independencia de esta verdad, contra la cual nada pod&iacute;a prevalecer, ve&iacute;a
+el Padre Ambrosio una amplia extensi&oacute;n, un inmenso y casi ilimitado
+campo, por donde la inteligencia, la voluntad ansiosa de descubrir
+misterios y hasta la fantas&iacute;a creadora que forjando hip&oacute;tesis tal vez
+los explica y los aclara, pod&iacute;an volar libremente, sin ofender a Dios,
+antes bien, ensalz&aacute;ndole y glorific&aacute;ndole hasta donde es capaz de ello
+la pobre criatura humana.</p>
+
+<p>Para el Padre Ambrosio la revelaci&oacute;n era de varios modos y no acababa
+nunca. Con frecuencia sal&iacute;an de su boca estas palabras que San Juan, en
+su evangelio, pone en los labios de Cristo: <i>A&uacute;n tengo que deciros
+muchas cosas; mas no las pod&eacute;is llevar ahora</i>. Muchas cosas quedaban a&uacute;n
+por revelar. De algunas de ellas supon&iacute;a el Padre Ambrosio que &eacute;l ten&iacute;a
+conocimiento, pero este conocimiento era incomunicable, al menos para la
+generalidad de los hombres, porque <i>ahora</i>, entonces, en el momento en
+que el Padre Ambrosio hablaba y pensaba, <i>no las pod&iacute;an llevar</i>, esto
+es, no pod&iacute;an comprenderlas.</p>
+
+<p>As&iacute; fundaba el Padre Ambrosio su <i>ocultismo</i> en un texto sagrado.</p>
+
+<p>Y no por eso desconoc&iacute;a los peligros a que se hallaba expuesto,
+penetrando con su esp&iacute;ritu por medio de hondas e inexploradas tinieblas
+en busca de nuevas verdades.</p>
+
+<p>Hasta por prudencia, hasta por caridad repugnaba que le siguieran en tan
+peligroso camino los que no tuviesen valor probado y la serenidad y la
+elevaci&oacute;n de juicio convenientes para no extraviarse, y en vez de hallar
+nueva luz caer en transcendentales errores como en profund&iacute;sima sima.</p>
+
+<p>En la mente del Padre Ambrosio hab&iacute;a adem&aacute;s otro motivo que justificaba
+la no transmisi&oacute;n de mucha parte de su ciencia. La palabra alada no
+pod&iacute;a llevarla materialmente y atravesando el aire desde un cerebro
+humano a otro cerebro humano. No hab&iacute;a frase, ni giro, ni idioma capaz
+de expresar y de formular de modo sensible lo que el Padre supon&iacute;a haber
+aprendido o descubierto all&aacute; en las ra&iacute;ces y abismos de su mente cuando
+tan hondo penetraba. A resurgir de all&iacute; su esp&iacute;ritu se figuraba que
+volv&iacute;a, no ya ba&ntilde;ado, sino impregnado de luz viv&iacute;sima, que s&oacute;lo pod&iacute;a
+pasar inmediatamente a otras almas y no mediatamente por los sentidos
+corporales y groseros. Quien anhelase poseer aquella ciencia y el poder
+que ejerce sobre la naturaleza quien la posee, no pod&iacute;a adquirirla por
+la ense&ntilde;anza oral o escrita de hombre alguno, sino descendiendo en su
+busca hasta los abismos donde quien la tra&iacute;a consigo la hab&iacute;a alcanzado.</p>
+
+<p>En suma, el Padre Ambrosio pod&iacute;a ense&ntilde;ar, y ense&ntilde;aba, toda aquella parte
+m&aacute;s vulgar de su magia, que se fundaba en el conocimiento experimental
+del organismo de los seres animados, de hierbas y de metales, de
+linimentos y pociones; pero la potencia m&aacute;gica de su alma, la fuerza que
+hab&iacute;a tomado el esp&iacute;ritu en la propia ra&iacute;z de su ser y con la que
+avasallaba las substancias materiales y dominaba la naturaleza, esto no
+pod&iacute;a transmitirse. Ni por difusi&oacute;n ni por intensidad cab&iacute;a en esto
+adelanto o mejora en la serie de los siglos. Hermes sab&iacute;a y pod&iacute;a m&aacute;s
+que el Padre Ambrosio. En su ciencia intransmisible no hab&iacute;a habido ni
+pod&iacute;a haber habido progreso. El progreso, la difusi&oacute;n por ense&ntilde;anza era
+dable para los menos iniciados en no peque&ntilde;o conjunto de noticias, de
+secretos raros y de atinada averiguaci&oacute;n de propiedades de los seres.</p>
+
+<p>De los tres adeptos que el Padre Ambrosio ten&iacute;a, el m&aacute;s adelantado era
+el hermano Tiburcio, humilde lego, aunque se&ntilde;alad&iacute;simo y estimad&iacute;simo en
+el convento por su ferviente piedad religiosa.</p>
+
+<p>Esta piedad hab&iacute;a hecho que en un principio mirase el hermano Tiburcio
+con repugnancia y hasta con horror al Padre Ambrosio por la fama que con
+vaguedad le acusaba de hechicero; mas vencida al cabo la repugnancia, la
+doctrina del Padre Ambrosio penetr&oacute; con &iacute;mpetu en el esp&iacute;ritu del
+hermano Tiburcio, arrollando toda contradicci&oacute;n y produciendo all&iacute;
+viv&iacute;sima fe y devoto entusiasmo.</p>
+
+<p>El mayor recelo del hermano Tiburcio se hab&iacute;a disipado. Hab&iacute;a pensado &eacute;l
+que la doctrina ortodoxa deb&iacute;a circundar y encerrar el esp&iacute;ritu como
+fuerte muro flanqueado de eminentes torres; y tem&iacute;a que al salir de &eacute;l
+el esp&iacute;ritu orgulloso le derribase o al menos le quebrantase, apagando
+los faros luminosos que en las torres resplandec&iacute;an, y que el esp&iacute;ritu
+entonces, perdido, sin gu&iacute;a y sin luz en las tinieblas, jam&aacute;s volver&iacute;a a
+encontrar su santo refugio.</p>
+
+<p>A esta objeci&oacute;n, hab&iacute;a contestado el Padre Ambrosio vali&eacute;ndose de un
+s&iacute;mil semejante. As&iacute; hab&iacute;a dominado el temor del hermano Tiburcio.</p>
+
+<p>&mdash;Mi fe religiosa&mdash;le hab&iacute;a dicho el Padre Ambrosio&mdash;es sin duda como
+fortaleza inexpugnable, mas no para que yo me quede encerrado en ella
+cobarde y ocioso, sino para que me valga como apoyo, y como centro de
+mis m&aacute;s atrevidas excursiones y de mis conquistas m&aacute;s gloriosas por las
+inmensas e ignoradas regiones, donde el pensamiento humano ha de erigir
+un d&iacute;a su trono y ha de fundar su imperio. Sin duda con la fe y con el
+amor ayudado de los dones sobrenaturales de la gracia, el alma puede
+llegar hasta Dios mismo y unirse en cierto modo con &eacute;l; pero mi ciencia
+profana, sin contradecir la obra sobrenatural de las divinas virtudes,
+tiene distinto objeto, que agrada tambi&eacute;n a Dios, aunque en muy inferior
+grado. Yo no soy, ni merezco ser, un santo; pero &iquest;por qu&eacute; no he de ser
+un sabio, un conocedor de aquella magia, que sin ofender al cielo, sin
+buscar el auxilio de genios o de &aacute;ngeles r&eacute;probos y vali&eacute;ndose s&oacute;lo de
+medios naturales, acierta a producir prodigios pasmosos? En esta ciencia
+te iniciar&eacute; yo, porque te creo capaz de estudiarla y de alcanzarla. Y
+bien puedes estar seguro de que esta mi ciencia profana no se opone ni a
+la santidad ni a la pureza de la fe, ni a la perfecci&oacute;n asc&eacute;tica y
+m&iacute;stica a que puedas elevarte.</p>
+
+<p>En suma, tantas y tales razones aleg&oacute; el Padre Ambrosio, que el hermano
+Tiburcio hubo de quedar convencido, convirti&eacute;ndose en su m&aacute;s apasionado
+disc&iacute;pulo y en su m&aacute;s constante sat&eacute;lite.</p>
+
+<p>De los otros dos iniciados que ten&iacute;a el Padre Ambrosio, no se fiaba
+tanto, aunque tambi&eacute;n les comunicaba algunos de sus menos hondos
+secretos.</p>
+
+<p>Para los dem&aacute;s frailes y para el resto del humano linaje no iniciado, el
+Padre Ambrosio jam&aacute;s hablaba de su ciencia oculta, pero discurr&iacute;a con
+f&aacute;cil elocuencia sobre todo cuanto del saber paladino o no oculto se
+alcanzaba en su &eacute;poca, y trataba de viajes, de planes pol&iacute;ticos y de
+cuanto presum&iacute;a que hab&iacute;a de suceder en el mundo o que conven&iacute;a que
+sucediese.</p>
+
+<p>Tales eran en cifra los ensue&ntilde;os y las ideas con que, a su vuelta de
+Roma, trajo el Padre Ambrosio embargado el esp&iacute;ritu.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="Va" id="Va"></a>-V-</h2>
+
+
+<p>El Padre Ambrosio era inagotable en las descripciones y pinturas de
+cuanto hab&iacute;a visto en Roma y de los grandes sucesos que all&iacute; hab&iacute;a
+presenciado o que hab&iacute;a all&iacute; comprendido mejor por encontrarse &eacute;l en el
+centro del mundo.</p>
+
+<p>Cada d&iacute;a, en el extremo de la huerta, bajo los &aacute;lamos frondosos, hac&iacute;a
+el Padre Ambrosio un largo discurso que frailes y novicios escuchaban en
+religioso silencio. No siempre comprend&iacute;a la mayor&iacute;a del auditorio todo
+cuanto el padre describ&iacute;a o contaba; pero, hasta lo menos comprendido
+ten&iacute;a un no s&eacute; qu&eacute; de peregrino y po&eacute;tico que deleitaba y cautivaba la
+atenci&oacute;n.</p>
+
+<p>Los discursos del Padre Ambrosio eran como una serie de lecciones en las
+cuales instru&iacute;a a sus oyentes y les mostraba el estado del mundo, en la
+edad aquella, y contemplado todo desde el foco mismo de la civilizaci&oacute;n
+cristiana. A veces pintaba el Padre el florecimiento de las artes, y
+encomiaba las obras pasmosas de Leonardo de Vinci, de Rafael y de Miguel
+&Aacute;ngel, que ven&iacute;an a eclipsar las obras del arte antiguo, o a competir al
+menos con las que resurg&iacute;an y se extra&iacute;an del seno de la tierra, en
+donde hab&iacute;an estado sepultadas durante largos siglos de obscuridad y de
+barbarie. Pugnaba el arte nuevo por imitar el antiguo, pero la misma no
+vencida dificultad de la imitaci&oacute;n daba ser a un arte distinto.</p>
+
+<p>Algo semejante ocurr&iacute;a en ciencias y en letras humanas. Comentando,
+explicando e interpretando los antiguos fil&oacute;sofos, como Plat&oacute;n y
+Arist&oacute;teles, se formaba una nueva filosof&iacute;a, se abr&iacute;an esplendidos y
+dilatados horizontes, y se descubr&iacute;an caminos y t&eacute;rminos con los que
+Arist&oacute;teles y Plat&oacute;n jam&aacute;s hab&iacute;an so&ntilde;ado. Como si la tierra de Italia
+estuviese fecundada por un esp&iacute;ritu nuevo, hasta los pr&oacute;fugos de la
+antigua Bizancio, que hab&iacute;an tra&iacute;do como penates la ciencia y las letras
+de los antiguos, las transformaban, al transmitirlas y ense&ntilde;arlas a los
+italianos, en algo lleno de novedad, de vida y de sugesti&oacute;n poderosa.
+Esos mismos pr&oacute;fugos, que sin dejar huella, mudos e inactivos, hubieran
+acabado en el viejo imperio de Bizancio por disiparse como sombras y por
+hundirse en el olvido, arrojados de su patria y en el nuevo suelo que
+les daba hospitalidad, hab&iacute;an cobrado inesperada energ&iacute;a, y, difundiendo
+su saber, cumpl&iacute;an alta misi&oacute;n civilizadora y dejaban en pos de ellos un
+imperecedero y luminoso rastro. En la magn&iacute;fica puerta de la edad
+moderna, arco triunfal que daba entrada a una nueva Era, esos hombres,
+escapados de las ruinas de un destrozado imperio y como exhumados y
+vueltos a la vida, figuraban y resplandec&iacute;an ahora entre los fundadores
+de nueva y mayor civilizaci&oacute;n, entre los hierofantes de la ciencia del
+porvenir. Bessari&oacute;n, L&aacute;scaris, Teodoro Gaza, Juan Argir&oacute;pulos,
+Chris&oacute;loras, Jemistio Pleton y no pocos otros fueron los iniciadores y
+maestros del saber antiguo y como los paraninfos que procuraron y
+concertaron las fecundas bodas del poderoso genio del renacimiento y de
+la musa hel&eacute;nica.</p>
+
+<p>En otros d&iacute;as pintaba el Padre Ambrosio el esplendor y la magnificencia
+de la corte de Le&oacute;n X, a quien rend&iacute;an tributo todas las naciones y
+prestaban respetuoso homenaje los m&aacute;s altos pr&iacute;ncipes y poderosos
+monarcas. D&aacute;bale esto ocasi&oacute;n para ensalzar al pueblo y a los soberanos
+de Espa&ntilde;a, que pasmosamente cumpl&iacute;an su misi&oacute;n de dilatar por el mundo
+el imperio de la fe cristiana. Entusiasmado con esto el Padre Ambrosio,
+pint&oacute; a los frailes la pompa triunfal con que Trist&aacute;n de Acu&ntilde;a entr&oacute; en
+Roma. Tal vez desde los tiempos en que volvi&oacute; el andaluz Trajano de
+conquistar la Dacia, moviendo por &uacute;ltima vez al dios T&eacute;rmino para que
+ensanchase el imperio de Roma, Roma no hab&iacute;a presenciado espect&aacute;culo m&aacute;s
+grandioso. Esta vez los nuevos romanos, los fuertes hijos de Lusitania,
+hab&iacute;an llevado al dios T&eacute;rmino m&aacute;s all&aacute; de donde le llevaron o so&ntilde;aron
+en llevarle Osiris, el hijo de Semele, y Alejandro de Macedonia. Le
+hab&iacute;an llevado m&aacute;s all&aacute; del Indo y del Ganges. El tremendo conquistador
+Alfonso de Alburquerque hab&iacute;a recorrido victorioso los mares de Oriente
+desde Aden hasta Borneo; hab&iacute;a conquistado y destruido reinos, hab&iacute;a
+hecho tributarias o entrado a saco populosas y ricas ciudades desde
+Ormuz, emporio de Persia, India y Arabia, hasta Malaca, en el extremo
+sur de Siam. Para capital de los nuevos dominios portugueses hab&iacute;a
+tomado dos veces por asalto a Goa, en el vecino reino de Villapor,
+realizando incre&iacute;bles haza&ntilde;as y cometiendo inauditas crueldades. Hab&iacute;a
+visitado a Ceil&aacute;n, tierra encantada de las piedras preciosas, delicia
+del mundo, patria de la canela y de las perlas. El ap&oacute;stol Santiago,
+montado en su caballo blanco, se aparec&iacute;a en las m&aacute;s sangrientas
+batallas de Alburquerque e iba matando moros. Cristo mismo, para dar
+testimonio de la misi&oacute;n divina que a Alburquerque hab&iacute;a confiado, le
+mostr&oacute; en el cielo una gran cruz luminosa, hacia el lado de Arabia,
+convid&aacute;ndole y excit&aacute;ndole a conquistar a Aden, a ir luego a la Meca a
+incendiar y destruir el templo de la Caaba, y a dirigirse por &uacute;ltimo a
+Jerusalem para libertar el Santo Sepulcro. La muerte sorprendi&oacute; a
+Albuquerque en medio de estos &uacute;ltimos colosales proyectos; pero antes de
+morir hab&iacute;a realizado tan grandes cosas, que el rey D. Manuel, su
+augusto y dichoso amo, se complaci&oacute; en darlas a conocer al Papa de un
+modo digno y solemne, y para ello le envi&oacute; como embajador a Trist&aacute;n de
+Acu&ntilde;a, quien hab&iacute;a precedido a Albuquerque en el mando de la India y
+bajo cuyas &oacute;rdenes al principio Albuquerque hab&iacute;a militado.</p>
+
+<p>De esta gloriosa embajada portuguesa, que el Padre Ambrosio presenci&oacute;
+durante su permanencia en Roma, hizo el Padre a los frailes un
+entusiasta relato.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="VIa" id="VIa"></a>-VI-</h2>
+
+
+<p>La fama, dec&iacute;a el Padre Ambrosio, hab&iacute;a anunciado por toda Italia la
+novedad singular de la Embajada portuguesa. Gran multitud de forasteros
+de todas las rep&uacute;blicas y principados de Italia acudieron a Roma.
+Calles, plazas, balcones y azoteas estaban llenas de gente que se
+api&ntilde;aba y empujaba para coger buen sitio y ver pasar la procesi&oacute;n desde
+la puerta del pueblo hasta el punto en que Le&oacute;n X deb&iacute;a recibirla. Era a
+fines de Marzo: una hermosa ma&ntilde;ana de la naciente primavera. Romp&iacute;an la
+marcha varios heraldos a caballo con los estandartes de Portugal.
+Segu&iacute;an luego, a caballo tambi&eacute;n, los trompeteros y los m&uacute;sicos tocando
+clarines y chirim&iacute;as. Trescientos palafreneros, vestidos de seda,
+llevaban de la rienda otras tantas briosas y bell&iacute;simas alfanas,
+ricamente enjaezadas con gualdrapas y paramentos de brocado y caireles
+de oro. Iba en pos vistosa turba de pajes y de escuderos. Luego todos
+los portugueses, eclesi&aacute;sticos y seculares, que entonces resid&iacute;an en
+Roma. Luego los parientes del Embajador, todos en caballos que
+ostentaban ricos jaeces. Eran los jinetes m&aacute;s de sesenta hidalgos, que
+luc&iacute;an sedas y encajes, collares y cadenas de oro y de piedras
+preciosas, y en los sombreros, cubiertos de perlas, airosas y blancas
+plumas. Para mayor decoro y ostentaci&oacute;n de la Embajada, marchaban
+enseguida muchos empleados y gentiles hombres asistentes al solio
+pontificio, y la guardia de honor de Su Santidad, compuesta de arqueros
+suizos y de lanceros griegos y albaneses. Capitaneaba la segunda parte
+de la procesi&oacute;n el caballerizo mayor del rey, Nicol&aacute;s de Far&iacute;a, quien
+montaba un magn&iacute;fico caballo con arreos cubiertos de oro y tachonados de
+perlas.</p>
+
+<p>Inmediatamente marchaban dos elefantes, en cuyas torres iban los
+presentes que el rey don Manuel enviaba al Papa. Con fant&aacute;sticos y
+vistosos trajes, <i>naires</i> de la India, montados en el cuello de aquellos
+gigantescos cuadr&uacute;pedos, los iban dirigiendo. Despu&eacute;s aparec&iacute;a lo m&aacute;s
+espantoso de aquella pompa. Montado en un soberbio alaz&aacute;n de Persia iba
+un domador de Ormuz, que llevaba a las ancas, en el mismo caballo y casi
+abrazado con &eacute;l, un tigre domesticado. En carros, y encerrados en
+jaulas, iban despu&eacute;s leopardos y otras alima&ntilde;as feroces que el rey don
+Manuel regalaba al Papa, adem&aacute;s de las joyas, de la canela, de la
+pimienta, del clavo, de las armas y de los tejidos y bordados del
+Oriente. La Embajada ven&iacute;a en pos de todo esto formando un conjunto
+deslumbrador. Marchaba primero el ilustre poeta Garc&iacute;a de Resende,
+recopilador del Cancionero que lleva su nombre, y Secretario de la
+Embajada, y le segu&iacute;an los reyes de armas de Portugal con sus lucientes
+cotas y los maceros del Papa, que preced&iacute;an al Embajador Trist&aacute;n de
+Acu&ntilde;a. Este, por la riqueza de su traje, por su gentil y noble presencia
+y por la pujanza y hermosura del corcel en que cabalgaba, dejaba
+eclipsados a todos los caballeros y personajes que iban en torno de &eacute;l
+formando comitiva; al Gobernador de Roma, al duque de Bari, a los
+Obispos y a los Arzobispos y a los Embajadores de Alemania, Francia,
+Castilla, Inglaterra, Polonia, Venecia, Mil&aacute;n y otros Estados.</p>
+
+<p>Al ir desfilando esta procesi&oacute;n, la multitud entusiasta lanzaba sonoros
+vivas y altos gritos de admiraci&oacute;n y de aplauso, mientras que
+estremec&iacute;an el aire el estruendo de las salvas de artiller&iacute;a y el
+repique de campanas de todas las iglesias de Roma.</p>
+
+<p>El Padre Santo aguard&oacute; la Embajada y la vio venir desde el balc&oacute;n
+principal de la Mole Adriana o Castillo de Sant&aacute;ngelo, donde se parec&iacute;a
+cercado de cardenales, pr&iacute;ncipes y altos dignatarios. Los elefantes,
+cuando estuvieron a la vista del Papa, metieron las trompas en unas
+calderetas de oro, que para el caso iban preparadas y llenas de
+exquisita agua de olor, y lanzaron luego el l&iacute;quido que en las trompas
+hab&iacute;an absorbido, perfumando a la muchedumbre.</p>
+
+<p>Al referir todo esto, el Padre Ambrosio encumbraba el concepto que de
+Portugal deb&iacute;a tenerse; pero, en su mente, era m&aacute;s alto a&uacute;n el concepto
+que Arag&oacute;n y Castilla le merec&iacute;an. El Papa Alejandro VI hab&iacute;a repartido
+y dividido el mundo entre las dos monarqu&iacute;as de la Pen&iacute;nsula. Por lo
+pronto, Portugal brillaba m&aacute;s, pero la empresa de Arag&oacute;n y Castilla era
+m&aacute;s sublime, gloriosa y dif&iacute;cil, y por lo mismo tardaba m&aacute;s en
+realizarse. Ambos pueblos iban buscando la cuna de las primeras
+civilizaciones; los orientales alc&aacute;zares del Sol, donde le recib&iacute;a en su
+t&aacute;lamo la Aurora; el imperio en que se cr&iacute;a la seda, y la tierra f&eacute;rtil
+de las especias y de los aromas. Los portugueses hab&iacute;an llegado ya,
+caminando hacia Oriente. Los castellanos, caminando hacia el Occidente,
+ansiosos de circunnavegar el planeta, hab&iacute;an hallado un imprevisto
+obst&aacute;culo, un valladar inmenso, un continente extens&iacute;simo que se
+dilataba millares de leguas, casi desde un polo a otro, y que les
+cerraba el camino de Cipango, del Catay y de la India. El mundo
+resultaba mucho mayor de lo que se hab&iacute;an imaginado. En la realidad, o
+m&aacute;s bien en el concepto de los hombres, era ya m&aacute;s que doble. Col&oacute;n,
+creyendo hallar la India y la China, hab&iacute;a hallado un nuevo mundo. A los
+castellanos incumb&iacute;a civilizarle, erigir en &eacute;l la cruz de Cristo,
+edificar en &eacute;l templos y palacios y fundar en &eacute;l ciudades y rep&uacute;blicas.
+La tarea era m&aacute;s ardua, aunque al principio menos lucida. Todo ello, no
+obstante, no se opon&iacute;a, y ya el Padre Ambrosio lo pronosticaba, a que,
+salvado el valladar del enorme continente nuevo, surcasen las quillas
+castellanas m&aacute;s largos y desconocidos mares, diesen la vuelta al mundo y
+encontrasen, caminando siempre hacia el ocaso, a los portugueses en el
+extremo Oriente victorioso.</p>
+
+<p>Agitado por inspiraci&oacute;n prof&eacute;tica, el Padre Ambrosio predec&iacute;a ya como
+muy cercano, como muy pr&oacute;ximo a realizarse este glorioso acontecimiento,
+el mayor y el m&aacute;s trascendente de la historia humana despu&eacute;s de la
+tempestuosa proclamaci&oacute;n de la Ley antigua en la cumbre del Sina&iacute;, y
+despu&eacute;s del tremendo drama del Calvario que redimi&oacute; a los hombres, y que
+con sangre divina lav&oacute; sus pecados y confirm&oacute; la Ley nueva.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="VIIa" id="VIIa"></a>-VII-</h2>
+
+
+<p>Con mayor atenci&oacute;n que nadie, y con avidez reconcentrada y silenciosa,
+o&iacute;a Fray Miguel todos los discursos del Padre Ambrosio, y su alma ard&iacute;a
+cada vez m&aacute;s en el fuego de dos violentas pasiones. Una de ellas, el
+orgullo de naci&oacute;n y de casta, plenamente satisfecho, ensanchaba su
+coraz&oacute;n y tal vez le hac&iacute;a latir, brioso y alegre, como all&aacute; en los a&ntilde;os
+de su juventud primera. La otra pasi&oacute;n era de envidia, de creciente
+abatimiento, de rabia y de menosprecio de s&iacute; mismo, al considerar su
+obscura insignificancia, y sus ocios viles y abyectos, durante mis de
+cuarenta a&ntilde;os, en los cuales se hab&iacute;a renovado el mundo, se hab&iacute;a
+revelado y m&aacute;s que duplicado a los ojos de las asombradas naciones
+europeas, y Espa&ntilde;a hab&iacute;a surgido entre ellas y se hab&iacute;a levantado por
+cima de ellas, triunfante, cubierta de laureles, abriendo ancha entrada
+y largo camino a un porvenir de mayores glorias y conquistas. Este
+segundo sentimiento predominaba en el alma de Fray Miguel y le pon&iacute;a m&aacute;s
+t&eacute;trico y silencioso. Ninguno de los frailes, sus compa&ntilde;eros, notaba ni
+por indicios el tormento infernal que desgarraba el coraz&oacute;n del
+ambicioso Fray Miguel, y que para un observador perspicaz y que sintiese
+por &eacute;l alg&uacute;n afecto, se vislumbraba en su p&aacute;lido y demacrado rostro, en
+las muecas nerviosas y como de r&eacute;probo que involuntariamente hac&iacute;a de
+vez en cuando, y en el brillo calenturiento de sus hundidos negros ojos,
+a los cuales, as&iacute; como a la despejada y blanca frente, daba casi siempre
+sombra la capucha.</p>
+
+<p>El Padre Ambrosio fue el &uacute;nico que entrevi&oacute; el tempestuoso estado del
+&aacute;nimo de Fray Miguel y la ambici&oacute;n y la envidia que le devoraban y que
+el propio Padre Ambrosio, al principio irreflexiva e involuntariamente,
+hab&iacute;a con sus discursos solevantado y exacerbado.</p>
+
+<p>El Padre Ambrosio tuvo compasi&oacute;n de Fray Miguel: pens&oacute; en consolarle y
+hasta en curarle y anhel&oacute; en esta obra de misericordia desplegar todos
+los poderes que su ciencia oculta le hab&iacute;a dado y acudir a los
+misteriosos recursos de la magia, de la alquimia y de otras artes
+adquiridas por &eacute;l a fuerza de estudios y de largas vigilias.</p>
+
+<p>El Padre Ambrosio jam&aacute;s hab&iacute;a ejercido ni querido ejercer cargo en el
+convento. Hubiera podido ser guardi&aacute;n, pero era sencillamente un fraile
+como otro cualquiera. Su extraordinaria reputaci&oacute;n inspiraba, no
+obstante, el respeto m&aacute;s profundo. Y m&aacute;s que el Padre guardi&aacute;n por su
+dignidad y oficio, se hac&iacute;a &eacute;l respetar, obedecer y temer por las
+singulares prendas de su car&aacute;cter, por su inteligencia, por su saber y
+por los poderes sobrenaturales que se le atribu&iacute;an.</p>
+
+<p>Movido a compasi&oacute;n como ya hemos dicho, y excitado tambi&eacute;n por la
+curiosidad y el empe&ntilde;o de penetrar en el fondo obscuro de un coraz&oacute;n
+humano cuya profundidad vislumbraba, el Padre Ambrosio, despu&eacute;s de uno
+de los discursos que sol&iacute;a pronunciar bajo los &aacute;lamos, cit&oacute; a Fray
+Miguel para que fuese a hablar con &eacute;l en su celda.</p>
+
+<p>&mdash;Tengo&mdash;le dijo&mdash;no pocas cosas que confiarle y muchas m&aacute;s que
+preguntarle a las que quiero que en puridad me responda, sin reserva ni
+disimulo.</p>
+
+<p>Fray Miguel acudi&oacute; a la cita a altas horas de la noche, entre completas
+y maitines.</p>
+
+<p>El Padre Ambrosio aguardaba en su celda. Sobre la mesa de nogal ard&iacute;a
+una l&aacute;mpara que iluminaba el rostro del Padre Ambrosio. Era el Padre m&aacute;s
+anciano que Fray Miguel. Su frente calva y su barba luenga y blanqu&iacute;sima
+le daban muy venerable aspecto. Sobre la mesa, adem&aacute;s de la l&aacute;mpara,
+hab&iacute;a recado de escribir, un crucifijo de metal sobre una cruz de &eacute;bano,
+varios libros manuscritos e impresos y una calavera.</p>
+
+<p>Cuando entr&oacute; Fray Miguel, el Padre Ambrosio le indic&oacute; para que se
+sentase un sill&oacute;n de brazos, al otro lado de la mesa y enfrente al que
+&eacute;l ocupaba.</p>
+
+<p>Sentado Fray Miguel y en silencio, el Padre Ambrosio habl&oacute; de esta
+suerte:</p>
+
+<p>&mdash;Hermano, mi vista, que penetra y escudri&ntilde;a los corazones, ha penetrado
+en el tuyo y ha visto que est&aacute; lleno de ambici&oacute;n, de codicia, de sed de
+deleites, honores y poder, y de desesperaci&oacute;n, porque en tu mocedad no
+pudiste alcanzarlos, y hoy, abrumado por la vejez, no te queda ni la m&aacute;s
+leve esperanza. Por despecho, hace ya m&aacute;s de cuarenta a&ntilde;os, abandonaste
+el mundo y la vida activa, crey&eacute;ndote capaz de la vida contemplativa y
+m&iacute;stica. Mas por el pensamiento eres menos capaz de elevarte que por la
+acci&oacute;n, y ahora, al ver cu&aacute;nto han conseguido por la acci&oacute;n los hombres
+de tu edad y de tu pueblo, aunque como espa&ntilde;ol te enorgulleces, te
+acibaran el patri&oacute;tico orgullo y te roen las entra&ntilde;as la envidia de esos
+hombres y la contemplaci&oacute;n de la obscura y est&eacute;ril inercia en que t&uacute; has
+vivido. Si yo creyese que se aproximaba la plenitud de los tiempos y que
+el linaje humano en las v&iacute;as que sigue, trazado por el mismo Dios, se
+hallaba cerca del t&eacute;rmino que deseo y que considero infalible, yo
+condenar&iacute;a esas pasiones que te agitan y te atormentan. Pero como hay
+mucho que combatir y muchos obst&aacute;culos que vencer todav&iacute;a, tal vez
+durante siglos, yo aplaudo los poderosos est&iacute;mulos que en ti hay, y
+aunque renacidos tan tarde y tan fuera de saz&oacute;n, no quiero sofocarlos,
+sino darles p&aacute;bulo y hasta satisfacci&oacute;n en cuanto est&eacute; a mi alcance,
+vali&eacute;ndome para ello de mi ciencia portentosa. Yo, al contrario que t&uacute;,
+he desde&ntilde;ado siempre la acci&oacute;n material; en vez de dominar el mundo, me
+he satisfecho con contemplarle, pero al contemplarle, le he comprendido,
+y comprendi&eacute;ndole, me he ense&ntilde;oreado de &eacute;l con poder m&aacute;s amplio y m&aacute;s
+hondo y seguro que el de los m&aacute;s poderosos soberanos. Ellos adem&aacute;s no
+dominan sino lo presente; el t&eacute;rmino de su vida ha de ser el t&eacute;rmino de
+su imperio. Yo hasta cierto punto domino tambi&eacute;n en el porvenir. Mi
+dominio es de dos modos: uno por el conocer; en los casos humanos hay
+una parte que indefectiblemente se cumple en virtud de leyes eternas y
+de plan divino. La marcha de los sucesos es como el curso de los astros:
+no hay potencia humana que los desv&iacute;e de la senda que tienen trazada
+desde la eternidad, en el tiempo y en el espacio, en la tierra y en el
+cielo. Pero al comprender yo la ley que siguen, mi inteligencia se
+ense&ntilde;orea de la ley como si la impusiera, porque mi voluntad coincide en
+tan elevado punto con la inteligencia y con ella se identifica. Dentro
+de esta ley, dentro de la amplia senda que siguen los sucesos, se mueve
+con holgura el libre albedr&iacute;o del hombre, y caben determinaciones y
+hechos, que nosotros podemos modificar o producir.</p>
+
+<p>En esta parte secundaria puedo yo valerte. Acudir&eacute; a una comparaci&oacute;n a
+fin de que mejor lo entiendas. Fig&uacute;rate que la historia de nuestro
+linaje es como drama maravilloso, compuesto por un divino poeta, el cual
+ni consiente ni puede consentir que se altere, ni se cambie ni una
+s&iacute;laba, ni un tilde de lo que ha compuesto. El drama ha de representarse
+sin modificaci&oacute;n, sin supresi&oacute;n y sin a&ntilde;adidura: tal como lo escribi&oacute; el
+poeta: pero tal vez el sabio empresario, tal vez el director de escena
+pueda repartir a su gusto los papeles. La sabidur&iacute;a eterna, que todo lo
+prev&eacute;, previ&oacute; tambi&eacute;n esta repartici&oacute;n, pero no la dispuso. Dej&oacute; que la
+libertad humana la dispusiera. Ahora bien, yo creo, o mejor dicho, yo
+doy por seguro que, en virtud de mi ciencia y por los poderes que mi
+ciencia me otorga, puedo conceder o dar un papel brillante a quien mejor
+me parezca, aunque no ciegamente, sino despu&eacute;s de ciertas pruebas y
+examen que justifiquen mi elecci&oacute;n y que me demuestren a las claras ser
+digno de ella el elegido. Las pruebas son terribles. &iquest;Querr&aacute;s t&uacute;, podr&aacute;s
+t&uacute; someterte a esas pruebas?</p>
+
+<p>En el rostro de Fray Miguel, al escuchar con atenci&oacute;n el anterior
+discurso, se pintaban muy diversos sentimientos que ya se suced&iacute;an, ya
+coexist&iacute;an, combatiendo unos contra otros por la posesi&oacute;n de su alma.
+Interrogado por el Padre Ambrosio, le contest&oacute; de esta manera:</p>
+
+<p>&mdash;Me deleita y me pasma lo que dices, pero he de confesarte que entiendo
+algo de ello de un modo confuso, que hay algo que no entiendo de ning&uacute;n
+modo, y que sin dudar de tu buena fe, dudo del poder de tu ciencia y
+recelo que el amor propio te lleve a dilatar fant&aacute;sticamente sus l&iacute;mites
+mucho m&aacute;s all&aacute; de donde en realidad llega su imperio. No negar&eacute; yo que
+t&uacute; has le&iacute;do en mi alma como en un libro abierto y sabes cuanto en ella
+hay. No admiro, sin embargo, tu penetraci&oacute;n. Antes de que a&ntilde;os ha te
+fueses a Roma, ganaste mi confianza y lograste que te descubriera yo
+entonces parte de las pasiones que me agitaban. No lo has olvidado.
+Despu&eacute;s ha sido f&aacute;cil y es poco pasmoso, aunque yo nada te he dicho, que
+hayas adivinado que mi mal, en vez de remediarse, ha ido en aumento. De
+lo que yo dudo ahora es de que est&eacute; en tu mano dar a mi mal remedio. Ni
+mi mal le tiene ni t&uacute; se le buscas ya por medio de la religi&oacute;n. Lo
+repugna mi esp&iacute;ritu cada vez m&aacute;s pervertido y agriado. Cuando abandon&eacute;
+el siglo y el mundo y vine a refugiarme en el claustro, me impulsaban y
+halagaban ambiciosas esperanzas que tambi&eacute;n al fin se han desvanecido.
+En la tierra no hab&iacute;a logrado yo, o por caprichos de la adversa fortuna,
+o por mengua de mi entendimiento, o de mi voluntad, elevarme entre los
+dem&aacute;s hombres por fama, poder o riqueza, pero confiaba en que con las
+energ&iacute;as de mi anhelo podr&iacute;a yo conquistar el reino de Dios y alcanzar
+en &eacute;l bienes superiores a todo el poder que en la tierra despliegan los
+hombres, a toda la riqueza de que gozan y a toda la fama y cr&eacute;dito que
+conceden. En el d&iacute;a de hoy estoy ya desesperado. Reconozco que todo fue
+vana ilusi&oacute;n de mi orgullo. Ignoro si es culpa m&iacute;a o de mis hados
+adversos. Bien puede ser que mi entendimiento carezca de alas para
+elevarse a ciertas alturas, que no haya impulso en &eacute;l para penetrar en
+el abismo de lo sobrenatural, ni que mi alma acierte a hundirse en &eacute;l
+valerosamente por un arranque de abnegaci&oacute;n y por la irresistible fuerza
+del amor divino. Ello es que yo, y perd&oacute;neme Dios el concepto grosero
+que formo de su reino, ello es, repito, que aun suponiendo que,
+acrisolado y purificado por mil tormentos, que hacen un purgatorio de mi
+vida, logre entrar en el cielo, har&eacute; en &eacute;l tan insignificante, vil y
+desairado papel como el que en la tierra he hecho. &iquest;Qu&eacute; ser&eacute; yo al lado
+de los santos gloriosos, de los heroicos m&aacute;rtires, de los que asombraron
+al mundo con sus penitencias, de los que difundieron por cuantos son sus
+climas y, regiones la hermosa doctrina del Cordero inmaculado? En el
+cielo, pues, ser&aacute; delirio de mi imaginaci&oacute;n perversa, pero aun cuando yo
+me ponga, me pongo entre la m&aacute;s baja plebe. Y mi envidia, y mis celos, y
+mi rabia, en intensidad y en duraci&oacute;n, toman las colosales proporciones
+de la vida eterna, y me burlan y me convierten el cielo en infierno. A
+extremo tan horrible ha venido a parar mi fe religiosa, que hasta
+imagin&aacute;ndome salvado, soy precito. Mi ser &iacute;ntimo est&aacute; formado de suerte,
+que nunca en mi sentir, ni en otra vida mejor, como nunca no atine yo a
+ganarlas en esta, podr&aacute; hallar satisfacci&oacute;n, paz y ventura. El desenga&ntilde;o
+amargo, el conocimiento de mi impotencia, el recuerdo ponzo&ntilde;oso de mis
+derrotas, subir&aacute;n conmigo a la gloria, aunque yo suba a la gloria, y me
+la trocar&aacute;n en espantoso infierno. S&iacute;, Padre, el infierno est&aacute; en mi
+alma; en lo m&aacute;s profundo de ella he querido esconderle, pero no he
+podido enga&ntilde;ar a Dios; Dios lo ha visto y no me llevar&aacute; a su cielo
+cuando el infierno est&aacute; en m&iacute;. Yo me explico la abnegaci&oacute;n, yo me siento
+capaz de todo sacrificio, yo desde&ntilde;ar&iacute;a honras, poder y deleites, y lo
+dejar&iacute;a todo, y har&iacute;a vida penitente y me abrasar&iacute;a entonces en amor
+divino; pero necesito antes tener esas honras, alcanzar ese poder, tener
+en mi mano cuantos deleites y venturas hay en la tierra, para poder
+luego desde&ntilde;arlos y sacrificarlos. Pero no teni&eacute;ndolos &iquest;qu&eacute; desde&ntilde;o ni
+qu&eacute; sacrifico? Yo me he metido fraile creyendo que no serv&iacute;a sino para
+fraile. Luego he descubierto con horror y asco de m&iacute; mismo que ni para
+fraile sirvo. Ahora quisiera yo desgarrar y tirar mis h&aacute;bitos, volver al
+mundo y acometer y llevar a cabo empresas tales que justificasen mi
+ambici&oacute;n, que la justificasen a mis propios ojos y que anonadasen el
+desprecio con que a m&iacute; mismo me miro y con que al mirame me mato, pero
+con muerte que no tiene fin y cuya horrible eternidad est&aacute; en mi
+conciencia.</p>
+
+<p>&mdash;Singular extrav&iacute;o de tu esp&iacute;ritu&mdash;interpuso con calma el Padre
+Ambrosio&mdash;fue el que te trajo al claustro, confundiendo y tomando el
+despecho por verdadera y santa vocaci&oacute;n. Pero t&uacute; eres tan valiente como
+ambicioso, si nada te asusta ni te arredra, yo podr&eacute;, no remediar tu
+mal, pero ponerte en situaci&oacute;n de que t&uacute; mismo le remedies, de que
+satisfagas tus ambiciosos prop&oacute;sitos, de que apartes de ti la duda que
+puedes o de que no puedes, y de que realices los esfuerzos de tu
+voluntad, haci&eacute;ndolos fecundos. Mi ciencia, por ti, puede hacer un
+milagro. Te advierto, no obstante, que no puede hacerle ni le har&aacute; mi
+ciencia sin tu auxilio. En la producci&oacute;n del milagro, por tanto o por
+m&aacute;s que mi ciencia han de entrar y han de ser parte tu fe, tu plena
+confianza en m&iacute;, tu firme decisi&oacute;n y tu br&iacute;o. He de poner a prueba tu
+valor. Veremos si desfalleces.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="VIIIa" id="VIIIa"></a>-VIII-</h2>
+
+
+<p>El Padre Ambrosio, en pago de la confianza que a Fray Miguel infund&iacute;a,
+quiso mostrarse no menos confiado.</p>
+
+<p>&mdash;Yo no puedo revelarte&mdash;le dijo&mdash;mi oculto saber. Se oponen a ello por
+sentencia un&aacute;nime los iniciados y maestros. En el estado que hoy tiene
+la sociedad humana, divulgar mis secretos ser&iacute;a causa de una
+perturbaci&oacute;n espantosa. El gran Raimundo Lulio amenaza con la
+condenaci&oacute;n eterna a quien los divulgue. La doctrina debe permanecer
+oculta y s&oacute;lo transmitirse entre los iniciados por medio de misteriosos
+s&iacute;mbolos y para el vulgo indescifrables figuras. La llave del tesoro ha
+de confiarse s&oacute;lo a quien sea capaz de custodiarla. La ciencia no es un
+sue&ntilde;o vano. Todo est&aacute; escrito desde hace m&aacute;s de sesenta siglos, pero son
+pocos, muy pocos los que entienden lo escrito y lo interpretan. Hermes,
+tres veces grande, con un buril de diamante hecho ascua grab&oacute; todo lo
+sustancial de la ciencia en una l&aacute;mina de esmeralda y dej&oacute; escondida la
+l&aacute;mina en la mayor de las pir&aacute;mides de Egipto, en rec&oacute;ndito y estrecho
+aposento, a donde no pod&iacute;a llegarse sino por un revuelto e inextricable
+laberinto, o bien por la violencia de un h&eacute;roe conquistador de
+sobrehumanas facultades. Alejandro de Macedonia hall&oacute; la l&aacute;mina de
+esmeraldas, pero no la comprendi&oacute;. Ni Arist&oacute;teles ni ninguno de los
+sabios que despu&eacute;s ha habido, la han interpretado y comentado como se
+debe. Yo me lisonjeo de entender todo su sentido, pero no quiero ni
+puedo explic&aacute;rtele ni me entender&iacute;as aunque te le explicase. El que le
+entiende, la l&aacute;mina misma lo declara, tendr&aacute; toda la gloria del mundo y
+de en torno suyo se apartar&aacute;n las tinieblas. Yo no puedo darte la
+ciencia. La ciencia que poseo es intransmisible, pero puedo y quiero
+darte los bienes que de la ciencia dimanan, que yo desde&ntilde;o porque soy
+superior a ellos, pero que sujeto a mis &oacute;rdenes. S&iacute;gueme si tienes
+valor; sube conmigo a mi laboratorio y all&iacute; ver&aacute;s c&oacute;mo se agitan los
+misteriosos poderes y c&oacute;mo las energ&iacute;as ocultas realizan
+transformaciones y van m&aacute;s all&aacute;, y trasmutan las sustancias, y de lo
+s&oacute;lido y duro sacan el oro, y en lo a&eacute;reo y difuso hallan el movimiento
+y la fuerza y los medios de renovar y de reconstituir la vida. Si tienes
+valor, si presencias sin temblar y sin desmayarte mis tremendas
+operaciones y te sometes a ellas, yo te prometo que te devolver&eacute; el
+vigor de la mocedad y los medios de ponerte a prueba por segunda vez, y
+sin perder tiempo ver de un modo definitivo si vales o no vales.</p>
+
+<p>Dicho esto, el Padre Ambrosio, tomando en la mano la l&aacute;mpara que ard&iacute;a
+sobre la mesa y sirviendo de gu&iacute;a, hizo entrar a Fray Miguel en la
+mezquina alcoba donde ten&iacute;a su cama. All&iacute; hab&iacute;a en el &aacute;ngulo formado por
+las paredes del fondo y lado derecho una estrech&iacute;sima escalera de
+caracol, por donde ambos frailes subieron m&aacute;s de treinta escalones. Al
+extremo de ellos hab&iacute;a una compuerta que el Padre Ambrosio levant&oacute; con
+facilidad. Ambos se encontraron entonces en un espacioso camaranch&oacute;n,
+lleno de extra&ntilde;os objetos que provocaron la admiraci&oacute;n y el asombro y
+despertaron la curiosidad de Fray Miguel de Zuheros. En varios anaqueles
+multitud de vasijas de barro, ampolletas de vidrio, redomas y pomos, que
+conten&iacute;an sin duda extra&ntilde;as drogas; arrimados a la pared o suspendidos
+de ella dos esqueletos humanos y p&aacute;jaros y reptiles disecados; en
+diversos poyos, en mesas, en hornillas y en anafes, retortas, embudos y
+vasos de metal y de arcilla; en la gran chimenea de campana, que estaba
+en la pared opuesta al sitio por donde hab&iacute;an entrado, ard&iacute;a un poco de
+le&ntilde;a en medio de rescoldo y ceniza. En el centro de la estancia una
+l&aacute;mpara de bronce, pendiente del techo por una cadena, derramaba luz m&aacute;s
+viva, clara e intensa que la producida por la combusti&oacute;n de la cera y
+del aceite. Casi debajo de la l&aacute;mpara hab&iacute;a un atril y en el atril un
+gran libro manuscrito en pergamino. El Padre Ambrosio se acerc&oacute; al libro
+y dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Esta es la Alegor&iacute;a de Merl&iacute;n.</p>
+
+<p>Luego ley&oacute;, extractando e interpretando en nuestra lengua vern&aacute;cula el
+contenido de las p&aacute;ginas por donde el libro estaba abierto:</p>
+
+<p>&laquo;&Eacute;l quiso beber del agua que le agradaba. Se la trajeron y bebi&oacute;. Se
+puso muy p&aacute;lido. Sinti&oacute; grandes dolores como si le arrancasen con
+tenazas pedazos de su cuerpo. Invadieron su ser la pesadez y la fatiga.
+Cay&oacute; por &uacute;ltimo en profundo letargo. Ha muerto, dec&iacute;a la gente. El
+m&eacute;dico que le dio el agua le ha envenenado. Menester ser&aacute; enterrarle o
+quemarle antes de que se pudra e inficione toda la tierra. Pero el sabio
+m&eacute;dico no consinti&oacute; que le enterrasen. Le puso en una caja de hierro en
+forma de cruz, ungi&eacute;ndole antes con raros linimentos y olorosos
+b&aacute;lsamos. Cerc&oacute; de fuego y de llamas el f&eacute;retro met&aacute;lico, y pronto, muy
+pronto volvi&oacute; a la vida el que parec&iacute;a muerto, y volvi&oacute; tan lleno de
+hermosura y de fuerza, que todos le amaban y los reyes y los poderosos
+de cuantas naciones hay en el mundo le honraban y le tem&iacute;an&raquo;.</p>
+
+<p>El Padre Ambrosio cerr&oacute; entonces el libro y continu&oacute; hablando de esta
+suerte:</p>
+
+<p>&mdash;Algo semejante al procedimiento aleg&oacute;rico del sabio puedo yo hacer
+contigo. De tu confianza en m&iacute; y de tu valor depende el logro de tu
+deseo. Un extracto, una quinta esencia de la piedra filosofal es
+ardiente l&iacute;quido que puede y debe dar, ya que no la inmortalidad,
+juventud, fuerza y plena duraci&oacute;n de vida. Si te sometes, me atrevo a
+hacer en ti la peligrosa experiencia. Hay quien afirma que mi maestro
+Lulio consigui&oacute; remozarse, que Al&aacute;n de la Isla vivi&oacute; cerca de dos
+siglos, que Nicol&aacute;s Flamel vivi&oacute; cuatro, y que fris&oacute; en la edad de mil
+a&ntilde;os el sabio Artefio. Algo de esto entiendo yo que podr&eacute; hacer contigo
+si t&uacute; te prestas y si Dios me ayuda.</p>
+
+<p>Fray Miguel de Zuheros permaneci&oacute; en silencio por no saber qu&eacute;
+contestar, lleno de dudas y recelos. Era naturalmente incr&eacute;dulo y
+desconfiado, y su corta ventura y los muchos y tristes a&ntilde;os que hab&iacute;a
+vivido, hab&iacute;an arraigado en su alma y acrecentado m&aacute;s cada d&iacute;a la
+incredulidad y la desconfianza. Ora dudaba del saber del Padre Ambrosio
+atribuyendo a jactancia sus ofrecimientos, ora recelaba de un modo
+confuso que el Padre Ambrosio intentaba hacerle juguete de una burla
+cruel para reprimir y humillar su ambici&oacute;n impotente e inveterada.</p>
+
+<p>Notando el Padre Ambrosio que la vacilaci&oacute;n, que el recelo causaba el
+silencio de Fray Miguel, habl&oacute; de nuevo y dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Te callas y vacilas y no lo extra&ntilde;o ni lo censuro. Para que yo haga
+contigo lo que puedo hacer, se necesita que te f&iacute;es de m&iacute; por completo,
+que me rindas todas las potencias de tu alma, que seas entre mis manos,
+mientras duren mis operaciones m&aacute;gicas, como masa inerte, sin voluntad,
+sin entendimiento y sin sentido. No bastar&iacute;a que yo por fuerza o por
+astucia te despojase de todo. Se requiere que t&uacute; mismo te despojes y te
+sometas a mi poder con abnegaci&oacute;n sin l&iacute;mites. Y no quiero ni exijo yo
+que esto sea de repente y como por sorpresa. Te concedo tres d&iacute;as para
+que lo pienses y lo decidas. Al cabo de ellos, ven por aqu&iacute;, a la misma
+hora en que has venido esta noche, a decirme la determinaci&oacute;n que hayas
+tomado. Ahora vete a tu celda.</p>
+
+<p>Respondiendo s&oacute;lo con una profunda inclinaci&oacute;n de cabeza, obedeci&oacute; Fray
+Miguel; baj&oacute; del camaranch&oacute;n antes que el Padre Ambrosio, y
+despidi&eacute;ndose de &eacute;l atraves&oacute; los oscuros claustros, levemente iluminados
+por la luz de las estrellas y por una lamparilla que ard&iacute;a ante un
+crucifijo pendiente del muro, y se retir&oacute; a su celda, todo conmovido por
+los mil encontrados pensamientos, deseos y temores que combat&iacute;an por la
+posesi&oacute;n de su alma.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="IXa" id="IXa"></a>-IX-</h2>
+
+
+<p>Desde que se retir&oacute; a su celda Fray Miguel de Zuheros, hasta que pasaron
+los tres d&iacute;as y se cumpli&oacute; el plazo se&ntilde;alado por el Padre Ambrosio, la
+agitaci&oacute;n del &aacute;nimo de Fray Miguel fue grand&iacute;sima y apenas le dej&oacute; pocos
+instantes de reposo. Su sue&ntilde;o fue breve y lleno de extra&ntilde;as visiones. La
+destemplanza de su sangre y la excitaci&oacute;n de sus nervios ya le hac&iacute;an
+tiritar con intenso fr&iacute;o, ya sofocarse hasta sudar con el calor de la
+calentura. Motivo y no pretexto tuvo para no asistir por enfermo ni al
+coro ni al refectorio. Acudi&oacute;, no obstante, aunque sin comer apenas y
+casi sin desplegar los labios sino para murmurar sus rezos.</p>
+
+<p>Fray Miguel no habl&oacute; con nadie, pero habl&oacute; mucho consigo mismo, en
+aquella conversaci&oacute;n interior y profunda, cuyas palabras y frases no es
+menester que suenen o en la que tal vez se dice y se representa todo de
+un modo m&aacute;s directo y m&aacute;s vivo, sin acudir a los signos arbitrarios de
+las frases y de las palabras.</p>
+
+<p>Punto menos que imposible, es reproducir aqu&iacute; lo que Fray Miguel pens&oacute; y
+se dijo. En todo discurso, si se enuncia por el lenguaje humano, las
+im&aacute;genes, las pasiones y los pensamientos van tomando forma,
+sucedi&eacute;ndose y mostr&aacute;ndose con cierto orden y gradaci&oacute;n, unos en pos de
+otros. En Fray Miguel no era as&iacute;: en silencio exterior estaba &eacute;l, sin
+voz y sin acento que pudiesen percibir los sentidos; pero all&aacute; en los
+abismos de su alma se levantaba tempestad espantosa. Recuerdos,
+esperanzas, dudas y desenga&ntilde;os, todo acud&iacute;a en tumulto y asaltaba y
+atormentaba su mente. Fray Miguel por involuntario impulso hac&iacute;a un raro
+examen de conciencia. El bien y el mal de cuanto hab&iacute;a hecho se le
+aparec&iacute;an como presente y no como desvanecido y pasado, y al mismo
+tiempo hac&iacute;an irrupci&oacute;n en su esp&iacute;ritu, en tropel contradictorio y
+confuso, triunfos y derrotas, cr&iacute;menes y virtudes, gloria y oprobio y
+mil portentosos lances y sucesos, que flotaban sin encadenamiento que
+los ligase, en un porvenir nebuloso.</p>
+
+<p>Arduo ser&iacute;a penetrar en el esp&iacute;ritu de Fray Miguel y descubrir cuanto en
+aquel momento le agitaba; pero a&uacute;n es arduo el empe&ntilde;o de distinguir lo
+que bull&iacute;a en aquel caos y darlo a conocer por medio de la palabra
+escrita. Har&eacute;, no obstante, un esfuerzo, a fin de que se sepa algo de lo
+que entonces Fray Miguel sent&iacute;a y pensaba. Lo que en su mente era
+simult&aacute;neo no podr&aacute; menos de sucederse en el soliloquio, pero lo que &eacute;l
+interiormente se hablaba, carec&iacute;a de conclusi&oacute;n y de principio y se
+manifestaba todo a la vez.</p>
+
+<p>Desesperado de lograr en el mundo la fortuna que buscaba, Fray Miguel a
+los treinta y cinco a&ntilde;os de su edad se hab&iacute;a refugiado en el claustro.
+Su &uacute;ltima derrota hab&iacute;a sido en la batalla de Toro, donde milit&oacute; en
+defensa de do&ntilde;a Juana, en las huestes portuguesas.</p>
+
+<p>Ya en el claustro, pens&oacute; que la paz le bastar&iacute;a. Se propuso no aspirar
+sino a la paz, pero conoci&oacute; pronto que la paz no le bastaba. Su ambici&oacute;n
+y su codicia de riquezas, bienes, poder y deleites materiales, le
+alejaron del mundo, mas no para hundirse y perecer, sino para buscar su
+satisfacci&oacute;n m&aacute;s all&aacute; del mundo: en algo tan sublime y tan luminoso que
+todas las excelsitudes y resplandores del mundo fuesen, en su
+comparaci&oacute;n, ruindad, misericordia y sombra. En la fertilidad y verdura
+de los campos, en las umbr&iacute;as solitarias, durante las horas meridianas,
+cuando vierte el sol a torrentes sus rayos esplendorosos, en el augusto
+silencio de la noche, en la amplitud del cielo lleno de estrellas, en el
+movimiento y en la vida de los seres, en la yerbecilla que pisaban sus
+pies, en la flor silvestre que deshojaban sus dedos y en el astro remoto
+que sus ojos apenas distingu&iacute;an, en lo m&aacute;s cercano y en lo m&aacute;s distante,
+Fray Miguel busc&oacute; la clave del misterio, quiso hallar la cifra de un
+nombre incomunicable, pugn&oacute; porque se le apareciese y se le revelase lo
+sobrenatural y lo sobrehumano. Sin duda era el orgullo y no el amor
+quien impulsaba a Fray Miguel; Fray Miguel no consigui&oacute; nada.</p>
+
+<p>Entonces apart&oacute; el sentido y distrajo la atenci&oacute;n de todo lo creado, de
+cuanto se muestra en lo exterior a nuestros ojos o resuena en nuestros
+o&iacute;dos. Como buzo que baja en busca de coral y de perlas al fondo de los
+mares, hundi&oacute; su mente en la &iacute;ntima contemplaci&oacute;n de su propio ser,
+buscando all&iacute; la ra&iacute;z por donde estaba asido y como pendiente de lo
+infinito. Tampoco as&iacute; hall&oacute; nada, sino obscuridad vac&iacute;a y l&uacute;gubre.</p>
+
+<p>Volvi&oacute; el pensamiento de Fray Miguel al mundo exterior. Desechando la
+idea de estar pose&iacute;do, concibi&oacute; la esperanza de poder estar obseso. &iquest;Era
+&eacute;l tan vil y tan indigno que no lograse ponerse en comunicaci&oacute;n con
+seres inteligentes que no formen parte del linaje humano? El universo
+est&aacute; lleno de tales seres. &iquest;Por qu&eacute; eran tan groseros sus sentidos que
+no los percib&iacute;an? &iquest;No podr&iacute;a &eacute;l evocarlos, formar pacto y alianza con
+ellos y adquirir virtudes, poder y fuerzas superiores a cuanto posee la
+generalidad de los mortales de su misma especie?</p>
+
+<p>Cuando se paraba Fray Miguel en esta imp&iacute;a imaginaci&oacute;n, sol&iacute;a caer en el
+m&aacute;s hondo abatimiento, y tal vez exclamaba:</p>
+
+<p>&mdash;Sin duda no me ha faltado ni la intenci&oacute;n, ni el prop&oacute;sito, ni el
+valor de darme al diablo; pero el diablo no me quiere y me desde&ntilde;a. Yo
+no consigo lo que consigue cualquiera vieja ignorante y est&uacute;pida. Las
+puertas que defienden la mansi&oacute;n del milagro, ya celestial, ya infernal,
+est&aacute;n cerradas para m&iacute;. Llamo a ellas y nadie me responde.</p>
+
+<p>La reacci&oacute;n del orgullo ven&iacute;a luego a levantar su esp&iacute;ritu y a elevarle
+al extremo contrario: al mayor grado de soberbia:</p>
+
+<p>&mdash;Ning&uacute;n demonio viene y me ayuda&mdash;dec&iacute;a&mdash;porque son inferiores a m&iacute;,
+porque no pueden darme lo que me falta, porque yo valgo m&aacute;s que ellos.
+En balde me humillo pidi&eacute;ndoles que me socorran. Lo que me conviene es
+buscar el camino del lugar hasta donde mi aptitud y mi predestinaci&oacute;n
+pueden conducirme, y, desde all&iacute;, llamarlos y sujetarlos a mi mandado,
+no tom&aacute;ndolos como protectores sino como siervos sumisos.</p>
+
+<p>En estas y en otras cavilaciones, que entonces se presentaban juntas en
+la mente de Fray Miguel, hab&iacute;an pasado muchos a&ntilde;os de su vida claustral.
+Su orgullo no hab&iacute;a consentido que fuese un santo, pero tambi&eacute;n su
+orgullo se hab&iacute;a opuesto a que ning&uacute;n poder infernal viniese a dominar
+su alma, ocupada y dominada toda por su orgullo mismo.</p>
+
+<p>En el esp&iacute;ritu de Fray Miguel hab&iacute;a adem&aacute;s poco briosas facultades que
+le habilitasen para conquistar y dominar nada por medio del pensamiento,
+Era distra&iacute;do, poco insistente, ambicioso de ciencia como de todo, pero
+sin la paciente perseverancia que se requiere para adquirirla. Fray
+Miguel, si era algo, si algo val&iacute;a, era como hombre de acci&oacute;n, aunque su
+poca fortuna o su mucha torpeza le hab&iacute;an extraviado en el camino,
+encontrando s&oacute;lo, cuando se cans&oacute; y se hart&oacute; de andar por &eacute;l, el
+desenga&ntilde;o m&aacute;s negro. Aborrec&iacute;a la vida, pero ten&iacute;a miedo de la muerte.
+As&iacute; por la &eacute;poca de fe en que viv&iacute;a como por la natural condici&oacute;n de su
+esp&iacute;ritu, en la cabeza de Fray Miguel no cab&iacute;a imaginar que fuera la
+muerte la aniquilaci&oacute;n del individuo, la desaparici&oacute;n de la persona, el
+olvido de todo. &Eacute;l ve&iacute;a en el t&eacute;rmino de su vida mortal, no sue&ntilde;o
+eterno, sino tr&aacute;nsito a vida nueva. Y no le asustaba tanto el temor de
+ser condenado y no salvado, cuanto el humillante recelo de ser tan
+insignificante en la vida futura como en la vida presente, y de que as&iacute;
+en el cielo, como en el infierno, se le hiciese poqu&iacute;simo caso: se le
+tratase con el mismo desd&eacute;n con que en este mundo sublunar sus
+semejantes le hab&iacute;an tratado.</p>
+
+<p>La monoton&iacute;a y la uniformidad de la vida hab&iacute;an hecho que el tiempo
+pareciese que pasaba con inaguantable lentitud, seg&uacute;n iba pasando; pero,
+pasado ya, transcurridos los cuarenta a&ntilde;os de convento, Fray Miguel
+volv&iacute;a la vista atr&aacute;s y no ve&iacute;a el largu&iacute;simo camino que hab&iacute;a seguido y
+la enorme distancia que del punto de partida le separaba. Como no ten&iacute;a
+variedad de sucesos con qu&eacute; llenar, diversificar y distinguir aquella
+larga serie de a&ntilde;os, toda ella le parec&iacute;a soplo, rel&aacute;mpago fugitivo,
+desmayo y letargo que al disiparse se lo hab&iacute;a llevado todo consigo,
+esperanzas y proyectos y hasta la posibilidad de forjarlos de nuevo. La
+horrible vejez hab&iacute;a ca&iacute;do sobre &eacute;l sin sentir. Su cabeza se hab&iacute;a
+cubierto de canas y su rostro de arrugas. Cascada y temblona estaba su
+voz, sin br&iacute;o sus brazos, flojas y vacilantes sus piernas. La luz her&iacute;a
+y lastimaba sus ojos, sin dejarle ver con distinci&oacute;n, claridad y deleite
+las formas y los colores. Y aun esta amarga luz, que le ofend&iacute;a m&aacute;s que
+le iluminaba, estaba amenaz&aacute;ndole con abandonarle para siempre y sumirle
+en tinieblas. Y ya sab&iacute;a &eacute;l por sus experiencias y por sus frustrados
+conatos anteriores, que por mucho que penetrase y ahondase en estas
+tinieblas, no lograr&iacute;a romper su duro y tupido velo y ba&ntilde;ar su esp&iacute;ritu
+en el infinito y luminoso mar donde le hab&iacute;an dicho que se ba&ntilde;an las
+almas, si se reconcentran en ellas mismas y se desprenden de lo terrenal
+y caduco.</p>
+
+<p>Su vida iba tocando a su fin: hasta entonces hab&iacute;a sido lastimosa y
+est&eacute;ril, y, sin embargo, &eacute;l daba inmenso precio a la vida. En esta baja
+tierra, encerrado nuestro esp&iacute;ritu en este cuerpo mortal y flaco, y
+asistido y servido por sus &oacute;rganos durante breve tiempo, que huye para
+nunca volver, Fray Miguel entend&iacute;a que era menester conquistar el
+respeto, la nombrad&iacute;a y el valor y el m&eacute;rito que por toda una eternidad
+hemos de poseer, siendo por ello remunerados o castigados, glorificados
+o despreciados. Tan alta era la importancia que Fray Miguel daba a
+nuestra existencia ef&iacute;mera y transitoria en este planeta. De mucho
+dudaba Fray Miguel, en mucho no cre&iacute;a; pero, como roca, cuyo cimiento y
+ra&iacute;z se hunde tanto en el seno de la tierra que no hay impetuoso
+torrente que la derribe y la arrastre, as&iacute; su firme creencia en el valer
+de la vida humana, en este mundo, para preparaci&oacute;n y prueba y para
+conquista de otra m&aacute;s alta vida, se conservaba firme y arraigada en su
+esp&iacute;ritu contra todas las tempestades y contra todas las avenidas de
+dudas y pasiones que hab&iacute;an pugnado y que pugnaban a&uacute;n por arrancarla de
+all&iacute; y por sepultarla en la vana regi&oacute;n de los sue&ntilde;os.</p>
+
+<p>Cu&aacute;n enorme no ser&iacute;a el pesar de Fray Miguel, que tama&ntilde;a importancia
+atribu&iacute;a a la vida, al ver que la suya iba ya a consumirse, tocaba a su
+fin, sin que persistiese m&aacute;s en ella que la energ&iacute;a de atormentarse y de
+desesperarse.</p>
+
+<p>Si el Padre Ambrosio no se burlaba de &eacute;l, si no se jactaba en vano, si
+por medio de sus artes m&aacute;gicas pod&iacute;a volverle la mocedad, Fray Miguel
+estaba seguro de que sabr&iacute;a aprovecharla y no perderla sin fruto como
+hab&iacute;a perdido la mocedad pasada. Ahora ten&iacute;a &eacute;l m&aacute;s claro concepto del
+valor de la vida y de los fines a que pod&iacute;a y deb&iacute;a aspirar en el mundo.
+La ociosa y larga meditaci&oacute;n de sus cuarenta a&ntilde;os de vida claustral, las
+estupendas novedades y sucesos cuya resonancia hab&iacute;a llegado a
+conmoverle y alborotarle en su retiro, la explicaci&oacute;n que el Padre
+Ambrosio hac&iacute;a de todo y de que &eacute;l se hab&iacute;a penetrado con pasmo oyendo
+sus discursos, todo le persuad&iacute;a de que se mostraba ante sus ojos el
+blanco a donde le importaba dirigir la mira, el digno empleo de su
+resucitada actividad, la misi&oacute;n que le tocaba cumplir secundando el
+prop&oacute;sito y cooperando al plan de la Providencia.</p>
+
+<p>Con l&oacute;gica inconsecuencia, Fray Miguel estaba lleno de dudas, y por
+momentos de negaciones, cuando en lo interior de su propio ser buscaba
+la verdad; pero, no bien su pensamiento sal&iacute;a fuera de s&iacute; y se extend&iacute;a
+sobre la faz de la tierra, todo era en Fray Miguel fe y esperanza en los
+sublimes destinos del humano linaje y en el papel principal y brillante
+que le tocaba hacer a su pueblo. La fe del Padre Ambrosio hab&iacute;a sido
+como llama voraz que hab&iacute;a incendiado su alma haci&eacute;ndola de luz y de
+fuego. El entusiasmo le pose&iacute;a, pero hasta entonces la envidia, nacida a
+par del entusiasmo, le hab&iacute;a desgarrado el pecho y le hab&iacute;a devorado las
+entra&ntilde;as. Vivir y morir en la obscuridad y en la inercia cuando tan
+grandes cosas realizaba el esfuerzo de los hombres, para Fray Miguel era
+insufrible. Resolvi&oacute;, pues, someterse a todas las pruebas y a todas las
+operaciones m&aacute;gicas de que el Padre Ambrosio hab&iacute;a hablado a fin de
+remozarse y de lanzarse de nuevo en la palestra y tomar parte en la
+lucha. La agitaci&oacute;n y el estruendo de esta lucha penetraba en el
+claustro, romp&iacute;an su silencio, llamaba a la puerta de su celda y le
+excitaba y le convidaba a armarse y a ir al combate. Se le antojaba a
+veces que resonaba en sus o&iacute;dos como la trompeta del d&iacute;a del juicio y
+que le resucitaba de entre los muertos.</p>
+
+<p>El portentoso poema &eacute;pico que el Padre Ambrosio fantaseaba en sus
+discursos iba verific&aacute;ndose y desarroll&aacute;ndose en la consistente realidad
+de la historia, y Fray Miguel no se contentaba con ser oyente o lector
+del poema, sino que anhelaba ser uno de sus h&eacute;roes. Y ora fuese por
+severidad de juicio, ora porque Fray Miguel no quer&iacute;a que ning&uacute;n
+individuo descollase mucho sobre &eacute;l, Fray Miguel pon&iacute;a como h&eacute;roe
+principal del poema a todo su pueblo, mir&aacute;ndole como pueblo elegido,
+como nuevo pueblo de Dios que hab&iacute;a de vencer a todos los enemigos de su
+ley, que hab&iacute;a de arrostrar todos los peligros y que hab&iacute;a de dar cima a
+mil inauditas empresas.</p>
+
+<p>Fray Miguel no ve&iacute;a ni se forjaba en la mente un campe&oacute;n que todo lo
+dirigiese y que se llevase la palma. Por bajo del pueblo estaban o
+surg&iacute;an todos los campeones. Alborotados los reinos de Castilla y
+Valencia por las comunidades y german&iacute;as, all&aacute; en su pensar sigiloso
+Fray Miguel no estimaba mucho al joven, extranjero y ausente Emperador.
+Sospechaba que hab&iacute;a de heredar algo de la extravagante locura materna y
+de la ligera futilidad de su padre, y que una inquietud sin prop&oacute;sito
+hab&iacute;a de tejer la tela de su vida. Pero el pueblo espa&ntilde;ol era grande, y
+de su seno surgir&iacute;an adalides que venciesen y dominasen. Ellos
+derrotar&iacute;an al turco, que amenazaba la cristiandad; ellos, con armas
+temporales y espirituales, lograr&iacute;an sofocar la herej&iacute;a que estaba
+naciendo en Alemania y que, barbarie mental, ansiaba derrocar el imperio
+de Roma en los esp&iacute;ritus, como los antiguos b&aacute;rbaros hab&iacute;an destruido el
+imperio material de Roma. Espa&ntilde;a, con sus h&eacute;roes y con sus santos, hab&iacute;a
+de sostener y conservar la unidad divina que informa y da vigor a la
+civilizaci&oacute;n europea. Y esta civilizaci&oacute;n poderosa y ben&eacute;fica hab&iacute;a de
+continuar difundi&eacute;ndose por todos los climas y regiones, tierras y mares
+del mundo que habitamos.</p>
+
+<p>Fray Miguel hab&iacute;a ya o&iacute;do hablar con horror y sab&iacute;a las audacias del
+fraile Mart&iacute;n Lutero y sus prop&oacute;sitos infernales; pero, en el fervoroso
+esp&iacute;ritu de Fray Miguel, estaba ya la convicci&oacute;n profunda de que Dios
+hab&iacute;a suscitado en Espa&ntilde;a un gigantesco contrario al saj&oacute;n heresiarca
+para arrebatarle sus conquistas. Entre tanto segu&iacute;an extendi&eacute;ndose
+magnific&aacute;ndose las de nuestra fe y nuestras armas en los m&aacute;s apartados y
+hasta entonces inexplorados pa&iacute;ses y entre gentes infieles y selv&aacute;ticas,
+alucinadas por el demonio y entregadas a crueles supersticiones y a
+monstruosos y nefandos ritos. A esta difusi&oacute;n de la luz y de la verdad,
+aunque m&aacute;s por medio de las armas que por medio de vanos discursos, se
+consideraba llamado y predestinado Fray Miguel, en cuanto el Padre
+Ambrosio realizase en &eacute;l el prometido milagro de remozarle.</p>
+
+<p>Fray Miguel acudi&oacute;, pues, a la celda del Padre Ambrosio, resuelto a
+todo, y en la noche y en la hora convenidas.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="Xa" id="Xa"></a>-X-</h2>
+
+
+<p>El Padre Ambrosio estaba aguard&aacute;ndole. Salud&oacute; a Fray Miguel con una leve
+inclinaci&oacute;n de cabeza, y sin decir palabra, le indic&oacute; que le siguiese.
+Ambos subieron por la escalera de caracol a la ancha c&aacute;mara que ya
+conocemos.</p>
+
+<p>Todo estaba en ella como lo hemos descrito antes. S&oacute;lo hab&iacute;a tres
+objetos que por su novedad llamaron en seguida la atenci&oacute;n de Fray
+Miguel. En la chimenea, en vez de no haber m&aacute;s que rescoldo y cenizas,
+ard&iacute;a bastante le&ntilde;a que levantaba llamas, en cuyo centro, sobre unas
+tr&eacute;bedes se ve&iacute;a una retorta de cobre donde empezaba a hervir un
+l&iacute;quido. El tubo encorvado, con que terminaba la cobertera de aquel
+peque&ntilde;o alambique, iba a parar a una urna de vidrio suspendida en la
+pared y llena de agua clara. Dentro de la urna o refriante se ve&iacute;an las
+roscas de la culebra de metal. La cabeza de la culebra aparec&iacute;a fuera de
+la urna en su parte baja.</p>
+
+<p>No lejos de la chimenea estaba por el suelo un f&eacute;retro abierto y vac&iacute;o.
+Y por &uacute;ltimo, ocupado en mullir y arreglar los almohadones, donde hab&iacute;a
+de reposar la cabeza la persona que en el f&eacute;retro se encerrase, estaba
+el hermano Tiburcio, predilecto y aprovechado disc&iacute;pulo del Padre
+Ambrosio.</p>
+
+<p>Encar&aacute;ndose este con Fray Miguel, apenas dej&oacute; caer la compuerta por
+donde hab&iacute;a entrado, le dijo con gravedad solemne:</p>
+
+<p>&mdash;Si fuera l&iacute;cito valerse de palabras sagradas, aplic&aacute;ndolas a lo
+profano, con el &uacute;nico prop&oacute;sito de hacerse entender mejor, yo me
+atrever&iacute;a a decirte, a fin de inspirarte denuedo y a fin de infundirte
+omn&iacute;moda confianza en m&iacute;, que yo soy resurrecci&oacute;n y vida, y que si crees
+en m&iacute;, vivir&aacute;s, cuando mueras.</p>
+
+<p>&mdash;A todo estoy dispuesto. M&aacute;tame, si es necesario o conveniente a
+nuestros fines.</p>
+
+<p>&mdash;A decir verdad y desechando toda jactancia, la muerte que yo te d&eacute; ha
+de ser aparente y no real. La virtud de volver a la vida a quien la
+pierde no es dada a&uacute;n, ni acaso sea dada nunca, a la ciencia meramente
+natural y humana. Y yo, conviene que as&iacute; lo entiendas, no acudo ni
+quiero ni puedo acudir a medios sobrenaturales para obrar mis prodigios.
+Mi magia es toda natural y l&iacute;cita, aunque es de dos maneras: la que se
+funda en el conocimiento de hierbas, de drogas y de otros recursos
+enteramente materiales, en la cual est&aacute; instruido el hermano Tiburcio,
+que como ves ha venido a ayudarme, y la magia superior, incomunicable y
+pura, cuyo poder estriba en el centro del esp&iacute;ritu, en el &aacute;pice de la
+mente, en la ra&iacute;z misma por donde nuestro limitado pensamiento, no s&oacute;lo
+toca, sino est&aacute; asido a lo infinito. De esta m&aacute;s elevada ciencia, aunque
+todav&iacute;a natural y nada m&aacute;s que humana, el hermano Tiburcio tiene pocas
+nociones. Yo s&oacute;lo soy aqu&iacute; quien la posee. De ella depende el &eacute;xito de
+mi empresa. Y no debo ocultarte que si bien tengo yo el &eacute;xito por
+seguro, reconozco modestamente que puede enga&ntilde;arme el amor propio. Si
+as&iacute; fuese, si el amor propio me enga&ntilde;ase, yo te matar&iacute;a sin querer, pero
+te matar&iacute;a. Ya ves a lo que me aventuro. &iquest;Quieres t&uacute; tambi&eacute;n
+aventurarte?</p>
+
+<p>&mdash;Quiero&mdash;contest&oacute; sin arrogancia y con tranquilidad Fray Miguel.</p>
+
+<p>&mdash;Para el rejuvenecimiento&mdash;continu&oacute; el Padre Ambrosio&mdash;que ha de
+verificarse en ti, se requiere algo parecido a la muerte, aunque no sea
+muerte. &iquest;Te sometes a ello?</p>
+
+<p>&mdash;Me someto.</p>
+
+<p>&mdash;Pues bien, dentro de poco te sumir&eacute; en letargo profund&iacute;simo; el
+hermano Tiburcio y yo te ungiremos las sienes y la frente con un
+precioso b&aacute;lsamo, te tenderemos y te encerraremos en ese f&eacute;retro que
+miras abierto en el suelo; y al cabo de poco, si no son falsas mis
+teor&iacute;as, aunque nunca corroboradas a&uacute;n por la experiencia, as&iacute; como la
+cris&aacute;lida rompe la tela que la envuelve y sale convertida en mariposa,
+aparecer&aacute;s t&uacute;, mozo robusto y capaz, si tienes br&iacute;o en el alma, de
+acometer y de dar cima a las empresas m&aacute;s arriesgadas y espantables. Veo
+con satisfacci&oacute;n que est&aacute;s muy animado. Ya no dudo de tus br&iacute;os
+espirituales. Pero, aunque el esp&iacute;ritu sea fuerte, la carne flaquea, y
+es menester que se fortalezca tu m&iacute;sera carne. As&iacute;, antes de remozarte,
+a par que sientas el deseo en el alma sentir&aacute;s en tu cuerpo debilitado
+ya por los a&ntilde;os el prurito de que se remoce. Para ello has a tomar una
+poci&oacute;n preparatoria, sabiamente compuesta de substancias eficac&iacute;simas,
+con tal habilidad y tino combinadas y templadas que no se neutralizan
+sus encontrados efectos, sino que se armonizan y conspiran todos al
+mismo fin.</p>
+
+<p>Dirigiose entonces el Padre Ambrosio, hacia un &aacute;ngulo de la estancia
+donde hab&iacute;a un peque&ntilde;o velador y sobre &eacute;l una bandeja, un jarro y una
+ancha copa de plata. Llen&oacute; luego la copa del l&iacute;quido que el jarro
+conten&iacute;a, y llamando a Fray Miguel y d&aacute;ndosela para que bebiese le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Con esto se fortalecer&aacute; tu cuerpo y se har&aacute; apto para las operaciones
+ulteriores. Es un elixir exquisito, en cuya composici&oacute;n entran el
+<i>nepenthes</i> que dio Elena a Tel&eacute;maco para disipar su melancol&iacute;a; la flor
+del c&aacute;&ntilde;amo de la India; el <i>soma</i> o licor divino de los antiguos
+brahmanes; el hongo de Siberia que infunde furor b&eacute;lico, y el zumo de
+las mandr&aacute;goras, con que L&iacute;a am&oacute; y dese&oacute; con mayor vehemencia a Jacob y
+se hizo de &eacute;l amada y deseada.</p>
+
+<p>Fray Miguel tom&oacute; la copa, y, casi de un solo trago, apur&oacute; todo el licor
+que conten&iacute;a.</p>
+
+<p>El hermano Tiburcio que lo presenciaba y miraba todo en silencio,
+aproxim&oacute; un taburete e indic&oacute; por se&ntilde;as a Fray Miguel, que en &eacute;l se
+sentase. En seguida tom&oacute; en los dedos cierto linimento oloroso, que
+hab&iacute;a en un pomito de vidrio, y ungi&oacute; con &eacute;l lo m&aacute;s alto de la cabeza,
+la frente y las sienes del fraile.</p>
+
+<p>Mientras se verificaba la untura, el Padre Ambrosio, recit&oacute; no corta
+serie de palabras y frases, al parecer de un lenguaje ex&oacute;tico y punto
+menos que inaudito. Al extra&ntilde;o son de aquellas palabras, o acaso por
+obra del linimento, Fray Miguel imagin&oacute; que todo brincaba y giraba en
+torno suyo con rapidez vertiginosa; que los muros y el suelo se
+estremec&iacute;an y amenazaban derrumbarse, y que el edificio no estaba parado
+y fijo sobre su cimiento, sino que iba lanzado por el espacio sin
+l&iacute;mites.</p>
+
+<p>Por dicha, ces&oacute; pronto en el cerebro de Fray Miguel, aquel a modo de
+mareo. Y, terminada tambi&eacute;n la serie de conjuros ininteligibles, oy&oacute; que
+el Padre Ambrosio le dec&iacute;a:</p>
+
+<p>&mdash;No es todo alucinaci&oacute;n mental lo que acabas de experimentar ahora. En
+gran parte, es efecto de las palabras m&aacute;gicas que he pronunciado. Nada
+sin embargo m&aacute;s natural. No receles artes ni prestigios diab&oacute;licos. Las
+palabras que he pronunciado ignoro yo lo que significan, pero me consta
+que nada hay en ellas de pecaminoso. Se han ido conservando por
+tradici&oacute;n oral entre varones piadosos aficionados a la magia l&iacute;cita, y
+son palabras del idioma primitivo que se hablaba mucho antes de Abraham,
+en Ur de los caldeos, y aun antes, en el imperio que fund&oacute; Nemrod en el
+centro del Asia. La clave de este idioma se perdi&oacute; siglos ha, y acaso no
+vuelva nunca a encontrarse. Yo he o&iacute;do referir que un antiguo rey de
+N&iacute;nive, llamado Asurbanipal, siete siglos antes de nuestra era, form&oacute;
+una biblioteca de libros escritos en esta lengua, que era ya una lengua
+muerta, como el lat&iacute;n hoy entre nosotros. Pero los libros reunidos por
+Asurbanipal, sepultados hoy entre las ruinas y escombros de antiqu&iacute;sima
+ciudad y regio alc&aacute;zar, eran ya de una &eacute;poca de gran decadencia, cuando
+el mencionado primitivo idioma estaba corrompid&iacute;simo, y la alta
+filosof&iacute;a que le hab&iacute;a informado viciada y cuajada de supersticiones. En
+cambio, las palabras que yo he dicho son del idioma primitivo y puro, y
+no son signos arbitrarios, sino que tienen relaci&oacute;n &iacute;ntima y substancial
+con los objetos que expresan o designan. De aqu&iacute; el alboroto, la
+agitaci&oacute;n y el tumulto de todas las cosas creadas cuando tales palabras
+se pronuncian. Juzgo de mi deber explicarte todo esto para que no te des
+a sospechar que soy brujo, que me valgo de prestigios o que ando en
+tratos con el diablo. Aunque peque yo de sobrado llano y pedestre, dir&eacute;
+para mayor claridad, que juego limpio.</p>
+
+<p>Fray Miguel estaba tan impaciente y tan ansioso ya de rejuvenecerse, que
+las explicaciones del Padre Ambrosio le parec&iacute;an in&uacute;tiles y le cansaban.
+Por el debido respeto, sin embargo, no se atrevi&oacute; a dar la menor se&ntilde;al
+de impaciencia.</p>
+
+<p>El Padre Ambrosio se complac&iacute;a en perorar y prosigui&oacute; de esta suerte:</p>
+
+<p>&mdash;Ten calma y espera. La destilaci&oacute;n del maravilloso filtro, que va a
+remozarte, se est&aacute; verificando en ese peque&ntilde;o alambique. Apenas empiece
+a salir por la boca de la culebra la refinada quinta esencia, acudir&eacute; a
+recogerla en la misma copa en que bebiste la poci&oacute;n preparatoria, y t&uacute;
+la beber&aacute;s sin vacilar.</p>
+
+<p>&mdash;La beber&eacute; con ansia&mdash;contest&oacute; Fray Miguel&mdash;para apagar la sed de vida
+y de juventud que me devora.</p>
+
+<p>&mdash;Todav&iacute;a me incumbe decirte&mdash;interpuso el Padre&mdash;que no quiero, cuando
+te remoces, dejarte ir solo por esos mundos de Dios. Deseo que lleves en
+tu compa&ntilde;&iacute;a a alguien de toda mi confianza, que sabr&aacute;, sin duda,
+conquistar la tuya y que vendr&aacute; a ser como tu criado, paje, escudero y
+secretario todo en una pieza.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y qui&eacute;n va a ser ese acompa&ntilde;ante que me designas?</p>
+
+<p>&mdash;El hermano Tiburcio que est&aacute; presente&mdash;contest&oacute; el Padre Ambrosio&mdash;.
+M&aacute;s gana tiene &eacute;l de correr mundo que de estar metido en su celda. Con
+todo, no es esta la raz&oacute;n que me induce a que el hermano Tiburcio te
+acompa&ntilde;e. Los caballeros que salen en busca de aventuras llevan siempre
+escuderos y t&uacute; no has de infringir esta ley o esta costumbre. En cuantas
+historias conozco de hombres que para medrar o para divertirse y
+holgarse se han dado al diablo, el diablo figura despu&eacute;s constantemente
+al lado de ellos como ayudante o espolique, y t&uacute; no has de ser menos
+aunque distes much&iacute;simo de haberte dado al diablo. Tendr&aacute;s, pues,
+escudero, aunque natural y humano. El hermano Tiburcio, si bien es un
+mozuelo barbilampi&ntilde;o, sabe m&aacute;s que el diablo y te valdr&aacute; de mucho. Por
+otra parte, yo he observado que t&uacute; eres sobrado serio y esta seriedad
+continua a la larga a ti mismo te aburrir&iacute;a. Importa, pues, que la
+temple y modere un sujeto algo c&oacute;mico y jocoso, como lo ser&aacute; el
+mencionado hermano. Jovial ser&aacute; &eacute;l, si t&uacute; saturnino, y juntos recibir&eacute;is
+combinado el influjo mir&iacute;fico de los dos m&aacute;s poderosos planetas. He
+pensado adem&aacute;s que necesito tener con frecuencia noticias tuyas,
+satisfacer mi curiosidad y ver c&oacute;mo va saliendo esta experiencia que
+ahora hago. En las venideras edades s&eacute; yo que inventar&aacute;n los hombres
+medios ingeniosos para ponerse en comunicaci&oacute;n con la rapidez del rayo y
+dirigirse la palabra desde un extremo a otro de la tierra. Pero tales
+inventos distan mucho a&uacute;n de verse realizados y de ser vulgares. S&oacute;lo
+los iniciados en mi ciencia oculta se entienden ya y se hablan desde muy
+lejos, sin aparato alguno f&iacute;sico ni mec&aacute;nico, sino por el arte y la
+fuerza del alma. El hermano Tiburcio, ir&aacute; pues contigo tambi&eacute;n, para que
+se entienda conmigo y me informe de todo. Y por &uacute;ltimo, si t&uacute; acometes
+altas empresas, las llevas a cabo y vences y triunfas, no quiero yo que
+todo esto se ignore, se sepa mal o se olvide, y el hermano Tiburcio, que
+es un buen letrado, te acompa&ntilde;ar&aacute; para ponerlo por escrito con el mayor
+esmero y legarlo a la posteridad m&aacute;s remota. Ser&aacute; para ti, v&aacute;lgame como
+ejemplo, lo que para Don Pedro Ni&ntilde;o, valeroso y galante Conde de Buelna,
+fue Gutierre D&iacute;ez de Games, su alf&eacute;rez.</p>
+
+<p>A este punto de su algo prolija disertaci&oacute;n lleg&oacute; el Padre Ambrosio,
+cuando empez&oacute; a manar por la piquera del alambique, el l&iacute;quido
+destilado. Sin darse un instante de vagar, tom&oacute; el Padre la copa de
+plata, se acerc&oacute; a la piquera, la llen&oacute; del l&iacute;quido y se le dio a beber
+a Fray Miguel sin decir m&aacute;s palabra.</p>
+
+<p>En silencio tambi&eacute;n, sin susto y con ansia, Fray Miguel se llev&oacute; la copa
+a los labios y bebi&oacute; el licor que hab&iacute;a en ella.</p>
+
+<p>El efecto fue r&aacute;pido y terrible. A Fray Miguel se le trab&oacute; la lengua y
+no pudo exhalar ni queja ni suspiro. Palidez mortal cubri&oacute; su rostro. A
+los pocos instantes cay&oacute; como herido del rayo. Y sin duda hubiera dado
+en tierra de golpe, si el Padre Ambrosio y el hermano Tiburcio,
+apercibidos ya para el caso, no le hubiesen sostenido.</p>
+
+<p>Todo el cuerpo de Fray Miguel, adquiri&oacute; de s&uacute;bito una rigidez m&aacute;s que
+cadav&eacute;rica. No parec&iacute;a ya de carne sino de madera o de barro.</p>
+
+<p>El Padre Ambrosio, no obstante, tuvo a tiempo la precauci&oacute;n de cruzar a
+Fray Miguel las manos sobre el pecho.</p>
+
+<p>El hermano Tiburcio tom&oacute; por la espalda a Fray Miguel. Por los pies le
+levant&oacute; el Padre Ambrosio. Ambos le llevaron al f&eacute;retro y all&iacute; le
+dejaron tendido.</p>
+
+<p class="derecha"><i>Juan Valera</i></p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="Las_aventuras" id="Las_aventuras"></a>Las aventuras</h2>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="I" id="I"></a>-I-</h2>
+
+
+<p>En el a&ntilde;o 1521 era Lisboa la m&aacute;s espl&eacute;ndida, animada, pintoresca y
+original ciudad de Europa. Fundada sobre varias colinas, se extend&iacute;a ya
+por la margen derecha del Tajo, siguiendo su curso hacia el mar. Los
+palacios y jardines de dicha margen hac&iacute;an delicioso el camino que iba y
+va hasta el sitio donde el rey D. Manuel el Dichoso hab&iacute;a erigido
+graciosa y elegante torre, en conmemoraci&oacute;n de que all&iacute; se embarc&oacute; Vasco
+de Gama para ir por vez primera a la India, y no lejos el magn&iacute;fico
+templo y claustro de Bel&eacute;n, obra de singular y bell&iacute;sima arquitectura.
+Frente del m&aacute;s populoso centro de la ciudad, en la opuesta orilla del
+r&iacute;o, se alzaba la villa de Almada, sobre enriscado promontorio. Y desde
+all&iacute;, mirando en direcci&oacute;n contraria a la que trae el agua, esta se
+extiende y la orilla se aleja, formando una extensa y grandiosa bah&iacute;a,
+capaz de contener entonces todos los barcos de guerra y de comercio que
+surcaban los mares.</p>
+
+<p>Aquella bah&iacute;a estaba concurrid&iacute;sima. En ella hab&iacute;a naves inglesas y
+francesas, de Holanda y de las ciudades anse&aacute;ticas, de Arag&oacute;n y de
+Castilla, de G&eacute;nova y de Venecia y de otras Rep&uacute;blicas y principados de
+Italia. Todas acud&iacute;an all&iacute; para traer telas, alhajas, primores y otros
+objetos de arte producto de la industria europea, conque satisfacer el
+amor al fausto de los portugueses, y para llevar, en cambio clavo y
+pimienta, perfumes de Arabia, canela de Ceil&aacute;n, sedas y porcelanas del
+Catay, marfil de Guinea, alfombras de Persia, chales y albornoces de
+Cachemira, perlas, diamantes y rub&iacute;es de las monta&ntilde;as y de los golfos de
+la India, bamb&uacute;es y ca&ntilde;as y tejidos de algod&oacute;n y de nipa de Bengala,
+monos, papagayos y otras aves de vistosas plumas, y mil ex&oacute;ticas
+curiosidades del extremo Oriente.</p>
+
+<p>La muchedumbre de hombres y mujeres que herv&iacute;a en los muelles y paseos,
+calles y plazas de Lisboa, ten&iacute;a extra&ntilde;o y pasmoso aspecto por la
+variedad de sus rostros, de sus trajes y de los idiomas que iban
+hablando. Por donde quiera se notaban movimiento y bullicio, pero m&aacute;s
+que en ninguna parte en la Calle Nueva y Plaza del Roc&iacute;o, donde estaban
+las tiendas de los m&aacute;s ricos mercaderes, y a lo largo de la orilla, casi
+hasta Bel&eacute;n, donde a la par de las quintas y de los parques hab&iacute;a
+grandes almacenes o dep&oacute;sitos para las mercanc&iacute;as que se embarcaban o
+desembarcaban. Millares de esclavos negros, empleados en las faenas del
+puerto y en otros trabajos, discurr&iacute;an sol&iacute;citos por donde quiera.
+Marineros, soldados y hombres y mujeres del pueblo, paseaban o formaban
+grupos para charlar y re&iacute;r, tratar de amores o promover pendencias.
+Entonadas hidalgas, ya caminasen a pie ya a las ancas de una mula que
+montaba y dirig&iacute;a respetable escudero, ya en soberbios y dorados
+palanquines, sol&iacute;an llevar lucido s&eacute;quito de due&ntilde;as, lacayos y pajes
+para mayor autoridad y decoro. Los magnates y se&ntilde;ores ricos se mostraban
+cabalgando en hermosos caballos con ricos jaeces y con numerosa comitiva
+de criados y familiares de sus casas. Y el Se&ntilde;or Rey, que gustaba como
+nadie de la pompa y del aparato, sal&iacute;a con frecuencia en p&uacute;blico
+formando con su lujoso y raro acompa&ntilde;amiento una procesi&oacute;n admirable. No
+semejaba el monarca portugu&eacute;s, pr&iacute;ncipe de Europa, sino d&eacute;spota
+oriental, soberano de cuentos de hadas o de <i>Las mil y una noches</i>,
+merced al brillo y al lujo que le circundaban. Le preced&iacute;an a veces
+elefantes y rinocerontes, domadores que llevaban serpientes y tigres
+domesticados, y el rey iba a caballo, en medio de los m&aacute;s brillantes
+se&ntilde;ores de la corte, sus favoritos y validos, todos con muy elegantes y
+vistosas ropas y con airosas y blancas plumas en los birretes. Don
+Manuel, que era regocijado y festivo, tambi&eacute;n se hac&iacute;a acompa&ntilde;ar a
+menudo de juglares y bufones, que le divert&iacute;an con sus chistes y burlas,
+y casi nunca prescind&iacute;a de los m&uacute;sicos, que iban tocando sonoros
+instrumentos, anunciando as&iacute; que el rey ven&iacute;a y alegrando los sitios por
+donde transitaba.</p>
+
+<p>Todo era animaci&oacute;n y movimiento, todo alborozado y estruendoso j&uacute;bilo en
+Lisboa, en la hermosa ma&ntilde;ana del d&iacute;a del Corpus de aquel a&ntilde;o de 1521, en
+que el rey Don Manuel cumpl&iacute;a los cincuenta y dos de su edad, celebrando
+con gran pompa su natalicio.</p>
+
+<p>Terminada adem&aacute;s la soberbia f&aacute;brica del templo de Bel&eacute;n, el monarca
+lusitano le abr&iacute;a y le mostraba por vez primera a su pueblo haciendo
+cantar en &eacute;l un solemne <i>Te Deum</i>.</p>
+
+<p>Su alteza, acompa&ntilde;ado de su tercera mujer, la reina Do&ntilde;a Leonor, hermana
+del C&eacute;sar Carlos V, con m&aacute;s ricas y pomposas galas que nunca y
+circundado de brillante y vistosa comitiva, hab&iacute;a acudido a la iglesia
+para presenciar la ceremonia religiosa y darle mayor lustre.</p>
+
+<p>Aunque el templo es espacioso, s&oacute;lo se hab&iacute;a permitido entrar en &eacute;l a
+los convidados; porque si hubiera tenido franca entrada la muchedumbre,
+no pocos se hubieran maltratado all&iacute; dentro, a causa de los miles y
+miles de personas que hab&iacute;an venido a la fiesta, no s&oacute;lo de Lisboa, sino
+de otras ciudades y villas de Portugal y aun de reinos extra&ntilde;os.</p>
+
+<p>La muchedumbre, pues, se agitaba y bull&iacute;a fuera del templo,
+extendi&eacute;ndose a un lado y a otro hasta la misma orilla del Tajo como
+enorme mosaico de cabezas humanas.</p>
+
+<p>La mayor parte de la gente estaba a pie, si bien a trechos descollaban
+no pocas personas montadas en caballos y en mulas o levantadas en sillas
+de manos por esclavos o sirvientes.</p>
+
+<p>A la puerta del santuario, en el atrio y tambi&eacute;n a la puerta del
+convento, guardaban los caballos de los reyes y de su s&eacute;quito,
+custodiados por pajes y lacayos y por buen golpe de lanceros de la
+guardia del Rey.</p>
+
+<p>A pesar de los mil murmullos y gritos de tan gran n&uacute;mero de gentes, que
+re&iacute;an, chillaban, hablaban o disputaban, el majestuoso sonido del &oacute;rgano
+y el canto sagrado de los frailes, repercutiendo en las altas b&oacute;vedas
+del templo, sal&iacute;a a veces de &eacute;l y se difund&iacute;a en r&aacute;fagas sonoras sobre
+los asistentes que se hallaban m&aacute;s cerca.</p>
+
+<p>Apenas estar&iacute;a mediada aquella fiesta, que parec&iacute;a absorber enteramente
+la atenci&oacute;n del pueblo, cuando sobrevino algo que distrajo dicha
+atenci&oacute;n, excitando la curiosidad general.</p>
+
+<p>Por el camino de Lisboa, y abri&eacute;ndose paso por entre el api&ntilde;ado gent&iacute;o,
+aparecieron en sendos y magn&iacute;ficos caballos, ricamente enjaezados, dos
+muy lozanos caballeros, bizarramente vestidos de gala.</p>
+
+<p>Parec&iacute;a uno de ellos hombre de veinticinco a&ntilde;os de edad, de barba y ojos
+negros, airoso talle, anchas espaldas, robustos hombros y rostro
+hermos&iacute;simo. En todo &eacute;l hab&iacute;a adem&aacute;s algo de noble, raro y peregrino,
+como procedente de tierras extra&ntilde;as, y en el gesto y en los ademanes un
+no s&eacute; qu&eacute; de soberbio e imperativo que infund&iacute;a involuntariamente
+respeto.</p>
+
+<p>Era el otro jinete mozo barbilampi&ntilde;o. Su blanco y sonrosado rostro, sus
+ojos azules y los rubios cabellos que coronaban su cabeza, cubierta de
+un lindo birrete de velludo blanco, por bajo del cual ca&iacute;an dichos
+cabellos en rizadas ondas de oro, casi hubieran dado al gentil
+extranjero la apariencia de una disfrazada andante damisela, si no
+hubieran mostrado que era muy hombre, la energ&iacute;a insolente de su mirar,
+su briosa apostura y el desahogo y la destreza conque manejaba y
+dominaba su fogoso caballo, que retenido por &eacute;l hac&iacute;a piernas, se
+encabritaba impaciente y tascaba el freno, cubri&eacute;ndole de espuma.</p>
+
+<p>Entre la plebe, las personas curiosas se preguntaban unas a otras
+qui&eacute;nes eran aquellos dos galanes. Y como no falt&oacute; all&iacute; quien ya los
+hubiera visto, en la gran posada de la Calle Nueva, donde ellos hab&iacute;an
+venido a parar y donde hab&iacute;an declarado su condici&oacute;n y sus nombres,
+pronto pasaron estos de boca en boca, y por donde quiera se o&iacute;a decir:</p>
+
+<p>&mdash;Esos son dos ricos y elegantes aventureros de Castilla; el m&aacute;s granado
+se llama Miguel de Zuheros, por sobrenombre Morsamor; y el jovencito,
+que es su doncel, se llama Tiburcio de Simahonda.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="II" id="II"></a>-II-</h2>
+
+
+<p>La funci&oacute;n de iglesia lleg&oacute; pronto a su t&eacute;rmino. Los soldados de la
+guardia empezaron a abrir calle, a fin de que la regia comitiva pudiese
+pasar holgadamente por entre la muchedumbre que a un lado y a otro se
+api&ntilde;aba, procurando cada cual ponerse delante para ver y acaso para ser
+visto del Rey, de la Reina o de los se&ntilde;ores y damas de la corte y
+alcanzar de alguno de ellos un saludo o una amable sonrisa.</p>
+
+<p>Miguel de Zuheros y Tiburcio no se hallaban por dicha muy lejos de la
+calle que se iba abriendo, y como estaban a caballo bien pod&iacute;an verlo
+todo por cima de las cabezas de los que estaban a pie. As&iacute; es que no se
+molestaron ni se movieron para buscar mejor sitio, como si se
+avergonzasen de mostrar curiosidad plebeya.</p>
+
+<p>No sali&oacute; el Rey por la puerta del templo, sino por la del atrio cercado
+de magn&iacute;fico claustro, donde hab&iacute;an montado a caballo &eacute;l y cuantos le
+acompa&ntilde;aban.</p>
+
+<p>Cuando la lucida cabalgata apareci&oacute; ante el gran p&uacute;blico, la admiraci&oacute;n
+general dio muestras de s&iacute; en murmullos, exclamaciones y v&iacute;tores.
+Aquello era verdaderamente espl&eacute;ndido: un derroche de sedas, randas,
+plumas, oro y pedrer&iacute;a. Los caballos, magn&iacute;ficos; vistosos, los arreos.
+Los rayos del sol refulgente her&iacute;an el bru&ntilde;ido acero de las armas, las
+joyas, los metales preciosos y los &aacute;ureos bordados, deslumbrando todo la
+vista con f&uacute;lgidos destellos. El Rey llevaba aquel d&iacute;a el <i>bonete</i> y el
+estoque de honor, que le hab&iacute;a regalado el Padre Santo y que s&oacute;lo sacaba
+en las m&aacute;s solemnes ocasiones. La Reina Do&ntilde;a Leonor, muy bizarra y
+lujosamente vestida y tocada, cabalgaba a la derecha del Rey. Les
+segu&iacute;an y lo circundaban las principales damas de la corte y muchos
+egregios personajes del reino, ilustres por su nacimiento o por armas y
+letras.</p>
+
+<p>El hermano Tiburcio, convertido en escudero o doncel, era un prodigio
+para enterarse de todo a escape. No sabemos, si s&oacute;lo por naturaleza o
+por virtud de la magia que hab&iacute;a estudiado, gozaba de pasmosa aptitud
+para averiguarlo todo; para reconocer a los sujetos notables, aunque
+nunca los hubiese visto; y para narrar la historia de cada uno hasta en
+sus m&aacute;s insignificantes pormenores. Adem&aacute;s de esta habilidad, pose&iacute;a
+otra m&aacute;s rara a&uacute;n, que en lo sucesivo vali&oacute; de mucho a su se&ntilde;or, Miguel
+de Zuheros. Tiburcio de Simahonda era, en aquella edad, aunque en grado
+m&aacute;s eminente, lo que ha sido en la nuestra el c&eacute;lebre Cardenal
+Mezzofanti. Ya fuese empleando un m&eacute;todo ingenioso y secreto o caminando
+por ignorados atajos, ya fuese por preciosa capacidad nativa, ello es
+que Tiburcio a los dos o tres d&iacute;as de o&iacute;r hablar cualquier idioma, se
+penetraba de su organismo, se ense&ntilde;oreaba de sus formas y leyes
+gramaticales, atesoraba en su feliz memoria cuanto hab&iacute;a de esencial y
+de radical en su l&eacute;xico, y se soltaba a hablarle correcta y lindamente y
+con muy buena pronunciaci&oacute;n, como si no hubiera hecho otra cosa en toda
+su vida.</p>
+
+<p>Al notar Miguel de Zuheros lo mucho que sab&iacute;a su doncel, en apariencia
+con tan poca edad que apenas le apuntaba el bozo, se daba a sospechar si
+ser&iacute;a m&aacute;s viejo que &eacute;l y si estar&iacute;a como &eacute;l remozado o si de cualquiera
+otra suerte habr&iacute;a vivido largas y sospechosas vidas anteriores. Miguel
+de Zuheros, sin embargo, no persist&iacute;a en cavilar sobre estas cosas
+cuando notaba la sencillez y la naturalidad con que Tiburcio, sin hacer
+gala de su ciencia, la mostraba si era menester, y afirmaba haberla
+adquirido por medios y caminos, no raros y reprobados, si no l&iacute;citos y
+vulgares.</p>
+
+<p>En aquella ocasi&oacute;n Tiburcio dio pruebas de lo bien que se enteraba de
+todo, se&ntilde;alando a su se&ntilde;or los m&aacute;s conspicuos caballeros y las m&aacute;s
+garridas damas, que en aquella procesi&oacute;n se parec&iacute;an, y diciendo sus
+nombres, sus cualidades y su historia.</p>
+
+<p>Nadie llam&oacute; tanto la atenci&oacute;n de Miguel de Zuheros, como una dama muy
+hermosa y muy joven que iba cerca de la Reina.</p>
+
+<p>&mdash;Esa es&mdash;dijo Tiburcio&mdash;la se&ntilde;ora do&ntilde;a Sol de Qui&ntilde;ones, &iacute;ntima amiga y
+favorita de la Reina, y nieta de aquel famoso y enamorado D. Suero que
+sostuvo el Paso honroso en el puente de &Oacute;rbigo. Ya ves que es muy bella.
+Su beldad, no obstante, queda eclipsada por su discreci&oacute;n, por su
+talento, por sus virtudes y por la ingenua candidez de su car&aacute;cter.
+Cuantos la tratan se prendan de ella y se hacen lenguas en su elogio.</p>
+
+<p>Al contemplar tanta pompa y hermosura, Miguel de Zuheros sent&iacute;a viva
+impaciencia de darse a conocer y de ser presentado en la corte. Pensando
+en c&oacute;mo lo conseguir&iacute;a de la manera para &eacute;l m&aacute;s favorable, vio pasar la
+comitiva toda.</p>
+
+<p>A&uacute;n sal&iacute;a mucha m&aacute;s gente del templo, y nuestros dos aventureros
+permanecieron parados para verla salir.</p>
+
+<p>Ya de los &uacute;ltimos, apareci&oacute; un peque&ntilde;o grupo que mont&oacute; a caballo a la
+puerta del templo y que pas&oacute; muy cerca de Miguel de Zuheros, excitando
+su curiosidad. Tiburcio la satisfizo dici&eacute;ndole:</p>
+
+<p>&mdash;Esos dos galanes, que van como cautivos al lado de las damas, son
+Pedro Carvallo y Ram&oacute;n de Acevedo, valientes soldados de fortuna ambos,
+que han vuelto de la India con m&aacute;s oro que pesan. La graciosa morenita,
+que r&iacute;e a carcajadas y se zarandea y se mueve come si estuviera hecha de
+rabillos de lagartijas, es la muy ponderada ninfa gaditana, conocida ya
+en gran parte del mundo, con el extra&ntilde;o apodo que su compa&ntilde;era le ha
+dado. La llaman Teletusa la Culebrosa, en conmemoraci&oacute;n de la Teletusa
+antigua y cl&aacute;sica, a quien celebra Marcial en uno de sus epigramas por
+lo bien que bailaba, repiqueteaba las casta&ntilde;uelas y hac&iacute;a otros
+primores. La principal figura del grupo, y por serlo la he dejado para
+lo &uacute;ltimo, es nada menos que donna Olimpia de Belfiore, una de las m&aacute;s
+art&iacute;sticas, hermosas, sabias y elocuentes mujeres, que ha producido
+Italia en nuestros d&iacute;as, en que renacen, m&aacute;s all&iacute; que en otras regiones,
+la antigua cultura greco-romana y las ciencias y artes de amor, de paz y
+de guerra. Atra&iacute;da donna Olimpia por la trascendente fama del esplendor
+y de la riqueza de esta capital, ha venido a ella, har&aacute; dos semanas, en
+compa&ntilde;&iacute;a de su amiga y en cierto modo disc&iacute;pula, la de C&aacute;diz, a quien ha
+dado el nombre que ya te he dicho de Teletusa. Porque es de saber, que
+la tal donna Olimpia, lejos de ser una hembra adocenada, tiene
+portentoso ingenio y despunta por su mucha doctrina. En Italia la
+celebran de <i>mirabilmente colta</i>. Sabe lat&iacute;n como Nebrija; sabe tambi&eacute;n
+algo de griego; ha le&iacute;do los poetas e historiadores antiguos y cl&aacute;sicos
+y los de su patria, y entiende tanto de cuanto hay que entender, que
+pasa por un Pico de la Mir&aacute;ndola o por un Fernando de C&oacute;rdoba, con
+faldas.</p>
+
+<p>A este punto de su perorata llegaba Tiburcio, cuando donna Olimpia y los
+que le acompa&ntilde;aban pasaron casi tocando con Miguel de Zuheros, el cual
+pudo ver bien y de frente a la dama. Estrella de amor le pereci&oacute; y de
+primera magnitud y deslumbrante brillo. Sus cabellos reluc&iacute;an como oro
+candente, suponi&eacute;ndose que se los adobaba y doraba con cierta loci&oacute;n
+cosm&eacute;tica de muy pocos conocida, y usada tambi&eacute;n por la famosa Lucrecia
+Borgia, Duquesa de Ferrara. Tanto hubo de ser as&iacute; que no falt&oacute; en aquel
+tiempo quien asegurase, que el precioso rizo que ten&iacute;a Pietro Bembo en
+el principio de su ejemplar de Lucrecio, donde est&aacute; la invocaci&oacute;n a
+Venus, rizo que se conserva a&uacute;n en la Biblioteca Ambrosiana de Mil&aacute;n, no
+era de la Duquesa de Ferrara, sino de la tal donna Olimpia. Sea de esto
+lo que se quiera, lo que nos importa a&ntilde;adir aqu&iacute; es que el aspecto,
+adem&aacute;n y entono de donna Olimpia estaban llenos de reposada majestad. De
+sus a&ntilde;os no sabemos qu&eacute; decir. Como las deidades mitol&oacute;gicas, como los
+seres inmortales, su edad era problem&aacute;tica; era casi un misterio. Se
+dir&iacute;a, no obstante, que aquel astro culminaba entonces en el meridiano
+de su belleza y de su gloria. Sobre la hacanea torda en que iba y
+sentada sobre blandos cojines en elegant&iacute;simo sill&oacute;n o jamugas, semejaba
+una emperatriz en su trono.</p>
+
+<p>Al encararse con Miguel de Zuheros, mir&aacute;ndole de frente, le hizo bajar
+los ojos deslumbrado por la viveza de aquel mirar y por la fuerza
+magn&eacute;tica de aquellos ojos verdes o glaucos como los de Minerva, Medea y
+Circe, y que podr&iacute;an compararse a dos esmeraldas ardiendo en llamas.</p>
+
+<p>Donna Olimpia era alta y bien formada, pero, m&aacute;s que esbelta, amplia y
+exuberante sin perder la gracia y el hechizo, como las ninfas y diosas
+que pintaba Tiziano Vecelli.</p>
+
+<p>Cuando pasaron los del grupo, Tiburcio prosigui&oacute; su arenga diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;Esta donna Olimpia es un prodigio singular. Se ignora la edad que
+tiene. Quiz&aacute; sea como la hechicera Arleta, que se disfrazaba de moza y
+enamoraba y seduc&iacute;a a todos los hombres. Su hermosura, sustancial o
+aparente, no se puede negar. Tiziano, no hace mucho tiempo, se complaci&oacute;
+en retratarla en un cuadro delicioso. Ella est&aacute; figurando a Venus, con
+la ligereza de ropas que tal figuraci&oacute;n requiere, pero en su soberbia
+cabeza lleva el morri&oacute;n penachudo, y a sus pies tiene por tierra la
+truculenta espada de Marte. Por dichas prendas, que le ha entregado el
+Dios de la guerra que est&aacute; all&iacute; contempl&aacute;ndola en &eacute;xtasis, le entrega
+ella un travieso amorcito, que tiene cogido por las alas y que ha sacado
+de una jaula, donde quedan a&uacute;n presos otros varios hermanos suyos.
+Par&eacute;ceme, se&ntilde;or Miguel, que no os disgustar&iacute;a que os regalase o vendiese
+donna Olimpia alguno de los mencionados hermanos.</p>
+
+<p>Interpelado as&iacute; bruscamente, contest&oacute; Miguel de Zuheros:</p>
+
+<p>&mdash;D&eacute;jate de eso ahora. En asuntos m&aacute;s graves debemos ocuparnos y m&aacute;s
+gloriosas empresas nos conviene acometer. Dime, sin embargo, pues no te
+niego que soy curioso, algo m&aacute;s que sepas de donna Olimpia.</p>
+
+<p>&mdash;Poco m&aacute;s puedo contarte. Si hemos de creer lo que ella refiere, no ha
+habido, en lo que va de siglo, mujer m&aacute;s victoriosa. A sus pies han
+estado pr&iacute;ncipes y duques, guerreros invictos, acaudalados mercaderes y
+laureados poetas como Ludovico Ariosto, Fracastoro, el Aretino,
+Sannazaro y muchos m&aacute;s cuyos nombres no acuden a mi memoria. En cierta
+farsa o representaci&oacute;n aleg&oacute;rica, en el palacio de Alejandro VI, hizo
+una vez la figura de la Justicia, con la balanza en su fiel, pesando
+m&eacute;ritos y repartiendo premios seg&uacute;n a cada uno le tocaba. Se cuenta, por
+&uacute;ltimo, que donna Olimpia, all&aacute; en su primera mocedad, se luci&oacute; una vez
+en la academia plat&oacute;nica de Florencia, pronunciando un sublime discurso
+sobre el amor, que oy&oacute; Marcilio Ficino, ya viejo, y qued&oacute; embelesado de
+o&iacute;rle.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, vamos, no me cuentes m&aacute;s de esa mujer. Basta con lo que has
+dicho para comprender que es la m&aacute;s desvergonzada de las aventureras.</p>
+
+<p>Terminada aquella conversaci&oacute;n, Miguel de Zuheros y su doncel soltaron
+las riendas a sus caballos, y a buen trote, y buscando rodeos para no
+tropezar con la muchedumbre que atajaba el paso, se dirigieron a la
+Plaza del Roc&iacute;o, para ver de nuevo la procesi&oacute;n o pompa regia, que deb&iacute;a
+pasar por all&iacute;. En seguida, seg&uacute;n estaba anunciado, la procesi&oacute;n subir&iacute;a
+a iglesia del Carmen, edificada sobre un cerro, que domina dicha plaza,
+y donde se ven y persisten a&uacute;n sus ruinas, despu&eacute;s del terremoto
+horrible que la destruy&oacute; en 1755.</p>
+
+<p>En la iglesia del Carmen se venera una imagen de la Virgen de los
+Dolores, de quien era el Rey muy devoto y a quien iba a presentar rica
+ofrenda y a dar fervorosas gracias por los recientes triunfos que las
+armas portuguesas hab&iacute;an alcanzado en Ceil&aacute;n y en otras islas m&aacute;s
+remotas.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="III" id="III"></a>-III-</h2>
+
+
+<p>La procesi&oacute;n iba con tanta pausa, que Miguel de Zuheros y Tiburcio no
+tuvieron que apresurarse para llegar a la Plaza del Roc&iacute;o antes de que
+la procesi&oacute;n llegara.</p>
+
+<p>Poca gente hab&iacute;a a&uacute;n en dicha plaza, en uno de cuyos &aacute;ngulos se pararon
+nuestros aventureros. Todo en torno estaba sosegado. El escaso p&uacute;blico
+hablaba en voz baja y hac&iacute;a poco ruido, pero de s&uacute;bito todo cambi&oacute; de
+aspecto, levant&aacute;ndose all&iacute; cerca furioso tumulto. La gente se agolpaba a
+donde el tumulto hab&iacute;a empezado: unas personas para tomar parte en &eacute;l y
+por curiosidad otras. Un anciano de venerable aspecto, de blanca y
+luenga barba, vestido de negro a la italiana, y acompa&ntilde;ado s&oacute;lo de otro
+de menos edad, que parec&iacute;a ser su familiar o secretario, estaba rodeado
+de hombres y mujeres del pueblo, de esclavos negros y de muchachuelos
+vagabundos, que en adem&aacute;n hostil le insultaban y amenazaban a gritos,
+llam&aacute;ndole marrano, enemigo de Cristo y perro jud&iacute;o.</p>
+
+<p>Sin provocar m&aacute;s la furia del populacho, y sin tratar tampoco de huir,
+el anciano miraba con serenidad y calma a los que le ofend&iacute;an,
+manifestando en sus miradas, no indignaci&oacute;n, sino dulce y resignada
+tristeza.</p>
+
+<p>Aquel grave modo de sufrir la injuria, as&iacute; como el valor pasivo de que
+el anciano daba pruebas, contuvieron por algunos momentos la furia del
+populacho. Los gritos no obstante de perro jud&iacute;o y de marrano, que los
+m&aacute;s desali&ntilde;ados y maleantes no se cansaban de repetir, sobreexcitaron
+las malas pasiones. Todav&iacute;a quedaba alrededor del denostado, un claro o
+vac&iacute;o no peque&ntilde;o; pero el c&iacute;rculo se iba estrechando, y era de temer,
+era casi seguro, que pronto las ofensas de palabra iban a convertirse en
+rudas ofensas de hecho. Ya algunos pilletes y mujercillas hab&iacute;an
+disparado contra el anciano desperdicios de berzas y frutas, y alguien
+tambi&eacute;n hab&iacute;a escupido sobre &eacute;l, aunque sin tocarle.</p>
+
+<p>Un mulato, el m&aacute;s insolente de la chusma, avanz&oacute; hacia el anciano con la
+mano levantada como para darle en el rostro. El anciano permaneci&oacute;
+impasible e inm&oacute;vil, apoyado en la larga bengala que le serv&iacute;a de
+b&aacute;culo; pero su secretario o familiar, m&aacute;s joven y robusto, perdi&oacute;
+paciencia, se interpuso, hizo cara al mulato y le sacudi&oacute; tan fuerte
+pu&ntilde;etazo, que lo derrib&oacute; por tierra.</p>
+
+<p>La ira popular rompi&oacute; entonces todo freno. Hombres, mujeres y chiquillos
+cayeron sobre los dos, al parecer forasteros y jud&iacute;os, y sin duda los
+hubieran despedazado, si no acuden muy a tiempo Miguel de Zuheros y
+Tiburcio, abri&eacute;ndose paso por entre la alborotada y amontonada
+muchedumbre y sacudiendo golpes sobre ella, con las espadas desnudas,
+aunque procurando que fuese de plano, para no causar heridas ni muertes.</p>
+
+<p>Sorprendida y asustada la turba por aquella s&uacute;bita e imprevista
+intervenci&oacute;n, retrocedi&oacute; no poco, dejando despejado un largo trecho en
+torno de los forasteros inermes, delante de los cuales se pusieron
+prontos a defenderlos los otros dos forasteros a caballo.</p>
+
+<p>El populacho, no obstante, pasado su primer asombro, arremeti&oacute; contra
+Miguel de Zuheros y Tiburcio, yendo algunos de los que acomet&iacute;an armados
+de garrotes y de pu&ntilde;ales.</p>
+
+<p>Sangrienta hubiera sido aquella pendencia, y tal vez de &eacute;xito fatal para
+nuestros dos h&eacute;roes, si de repente no hubieran recibido el socorro de un
+gallardo mozo, m&aacute;s joven en apariencia que Tiburcio, a caballo tambi&eacute;n,
+elegante y ricamente vestido, y con el escudo de las armas reales
+bordado en la sobreveste, manifestando as&iacute; que era mozo fidalgo o menino
+de la c&aacute;mara del Rey.</p>
+
+<p>Su nombre corri&oacute; entonces de boca en boca entre la plebe. Era el
+simp&aacute;tico Dami&aacute;n de Goes, que privaba mucho con el soberano.</p>
+
+<p>Por lo pronto tuvo esto a raya a la multitud, pero no falt&oacute; quien la
+irritase, y empez&oacute; entre los tres caballeros por una parte, y siete u
+ocho fidalgos que estaban a pie y vinieron a auxiliarlos, y por otra
+parte la desarrapada muchedumbre, una muy re&ntilde;ida escaramuza, que hubiera
+terminado en tragedia, si por dicha no hubiesen amortiguado la c&oacute;lera de
+todos, par&aacute;ndolos at&oacute;nitos y respetuosos el resonar de los clarines y el
+estruendo jubiloso de las aclamaciones que anunciaban la entrada en la
+plaza del Rey y de su comitiva.</p>
+
+<p>Aunque la lucha ces&oacute;, no ces&oacute; tan a tiempo que el Rey no se enterase de
+ella. Y mandados por &eacute;l, se adelantaron algunos soldados de su guardia,
+rompieron por medio de la api&ntilde;ada multitud y llegaron al centro mismo
+donde se hallaban los que dieron ocasi&oacute;n al alboroto.</p>
+
+<p>Dami&aacute;n de Goes, haci&eacute;ndose seguir de Miguel de Zuheros, de Tiburcio y de
+los dos forasteros desconocidos, lleg&oacute; donde estaba el Rey y le refiri&oacute;
+todo el suceso.</p>
+
+<p>Dirigi&eacute;ndose el Rey al anciano desconocido, le pregunt&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y t&uacute; qui&eacute;n eres y de d&oacute;nde sales, viniendo a perturbar la alegr&iacute;a y
+la paz de Lisboa en ocasi&oacute;n tan solemne?</p>
+
+<p>Con serenidad y desenfado respetuoso y en correcta y elegante lengua
+portuguesa, el anciano contest&oacute; al Rey:</p>
+
+<p>&mdash;Yo se&ntilde;or, he nacido en Lisboa. Aqu&iacute; he pasado los mejores a&ntilde;os de mi
+vida. Las <i>saudades</i> de mi ciudad natal y (&iquest;por qu&eacute; he de neg&aacute;rselo a
+Vuestra Alteza?) negocios importantes de mi casa me han hecho volver a
+Portugal, que abandon&eacute; muy ni&ntilde;o, cuando ya estoy viejo, aunque m&aacute;s
+abrumado por los pesares que por los a&ntilde;os. Pensaba yo permanecer en
+Portugal muy poco tiempo, y no recelaba que nadie me reconociese,
+descubriendo y divulgando mi nombre, mi religi&oacute;n y mi casta, tan
+aborrecida hoy en Espa&ntilde;a toda. Por desgracia no ha sido as&iacute;. Interesados
+enemigos m&iacute;os me han reconocido, han hecho correr la voz entre el vulgo
+de que soy israelita y han causado el atropello de que yo hubiera sido
+v&iacute;ctima, si estos nobles caballeros no me socorren.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y cu&aacute;les son tu condici&oacute;n y tu nombre?&mdash;pregunt&oacute; el Rey.</p>
+
+<p>Temeroso de que no le diesen cr&eacute;dito, vacil&oacute; en declararlos el anciano.</p>
+
+<p>Garc&iacute;a de Resende, que acompa&ntilde;aba al Rey y no estaba muy lejos, se
+acerc&oacute; entonces y dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Bien puede Vuestra Alteza estar satisfecho de que este anciano haya
+quedado libre de toda injuria. No s&oacute;lo es portugu&eacute;s, sino uno de
+aquellos portugueses que dan m&aacute;s gloria a Portugal en esta nuestra edad
+para Portugal tan gloriosa.</p>
+
+<p>Y dirigi&eacute;ndose luego al anciano y alarg&aacute;ndole la diestra para estrechar
+amistosamente la suya, a&ntilde;adi&oacute; el &iacute;nclito trovador:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Te has olvidado acaso de m&iacute; y del amistoso lazo con que nos unimos en
+Roma y de las largas pl&aacute;ticas que all&iacute; ten&iacute;amos, cuando estuve yo como
+Secretario de la pomposa Embajada de Trist&aacute;n de Acu&ntilde;a?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo hab&iacute;a yo de olvidarme de Garc&iacute;a de Resende?&mdash;respondi&oacute; el
+interrogado&mdash;. Yo no pod&iacute;a olvidar a uno de mis mejores amigos, cuyo
+Cancionero adem&aacute;s, regalado por &eacute;l, hace mi delicia y me vale,
+ley&eacute;ndole, para conservar y perfeccionar en mi alma la lengua
+portuguesa, que fue la primera que habl&eacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Pero a todo esto&mdash;exclam&oacute; el Rey con impaciencia y encar&aacute;ndose con el
+anciano&mdash;t&uacute; no acabas de decirme qui&eacute;n eres.</p>
+
+<p>&mdash;Perdona mi tardanza, se&ntilde;or.</p>
+
+<p>Y a&ntilde;adi&oacute; luego, ech&aacute;ndose a los pies del Rey:</p>
+
+<p>&mdash;Yo soy el hijo de un leal criado de tu heroico antecesor Alfonso V el
+Africano. Yo soy Judas Abravanel, m&aacute;s conocido hoy en el mundo con el
+nombre de Le&oacute;n Hebreo.</p>
+
+<p>Apenas Judas Abravanel hubo pronunciado estas palabras, muchos de la
+comitiva, y particularmente las damas, le cercaron para contemplarle y
+aplaudirle. Sus discret&iacute;simos <i>Di&aacute;logos de amor</i> eran muy admirados en
+la corte. La Reina, la Infanta do&ntilde;a Beatriz y otras muy sabias se&ntilde;oras
+se deleitaban leyendo en italiano aquellas tan sublimes filosof&iacute;as.
+Todas, pues, se dieron el parabi&eacute;n de que Le&oacute;n Hebreo no hubiera sido
+gravemente ofendido.</p>
+
+<p>El Rey, no sin meditar para mejor ocasi&oacute;n algo en desagravio y obsequio
+de Le&oacute;n Hebreo, hizo que, por lo pronto, dos de su guardia de a pie le
+acompa&ntilde;asen y le escoltasen hasta su posada.</p>
+
+<p>Aunque Dami&aacute;n de Goes hab&iacute;a dicho al Rey los nombres de los dos
+aventureros castellanos que hab&iacute;an tomado la defensa del ilustre
+fil&oacute;sofo israelita, el Rey, por distracci&oacute;n fingida o verdadera, y acaso
+por estar depriesa, no les dirigi&oacute; la palabra y aparent&oacute; no fijar la
+atenci&oacute;n en ellos. Conocedor de las m&aacute;s notables alcurnias y casas de la
+nobleza castellana, los apellidos de Zuheros y de Simahonda sonaron mal
+y sordamente en sus o&iacute;dos.</p>
+
+<p>Harto contrariado se sinti&oacute; de esto Morsamor. No val&iacute;a la pena de
+remozarse y de aparecer otra vez en el mundo como resucitando o
+resurgiendo a nueva vida para que le desde&ntilde;asen y le hiciesen tan
+poqu&iacute;simo caso como en la vida antigua. Un reniego, apenas articulado,
+brot&oacute; de sus labios. Morsamor, no obstante, se repuso y disimul&oacute; su
+enojo, pero Tiburcio no dej&oacute; de notarlo y le dijo en voz baja:</p>
+
+<p>&mdash;No pierdas paciencia, y ya ver&aacute;s c&oacute;mo pronto te es propicia la
+fortuna.</p>
+
+<p>En efecto, o por benevolencia, o porque los dos aventureros le eran
+simp&aacute;ticos, o para mitigar el desd&eacute;n o descuido del Rey, Dami&aacute;n de Goes
+estuvo afabil&iacute;simo con ellos y los movi&oacute; a seguirle a la iglesia del
+Carmen, en pos de la comitiva del Rey.</p>
+
+<p>Contrariado y triste se mostraba Dami&aacute;n de Goes, que era muy humano y
+benigno, de la feroz conducta que hab&iacute;a tenido la plebe lisbonense con
+Judas Abravanel. Esto retrajo a su memoria la horrible matanza de jud&iacute;os
+que pocos a&ntilde;os antes, siendo &eacute;l todav&iacute;a muchacho, hab&iacute;a hecho la plebe
+de Lisboa, fanatizada y enfurecida por algunos frailes y secundada por
+marineros de diversos pa&iacute;ses de cuantos barcos estaban anclados en el
+Tajo. Tres d&iacute;as duraron el saqueo y la matanza. M&aacute;s de quinientos jud&iacute;os
+murieron quemados, y degollados cerca de dos mil. El hedor de la carne
+chamuscada, de los cad&aacute;veres insepultos y de la sangre corrompida
+infectaba el aire. El Rey Don Manuel el Dichoso se hallaba entonces en
+&Eacute;vora. Cuando volvi&oacute; a su capital castig&oacute;, severamente justo, tan cruel
+infamia, haciendo ahorcar a varios de los amotinados y a dos o tres de
+los frailes instigadores. Los jud&iacute;os portugueses, y no pocos de los
+expulsados de Castilla que en Portugal se hab&iacute;an refugiado, con mayor
+recelo del rencor de la plebe que confianza en el escarmiento que pudo
+causar el castigo, no osaban desde entonces aparecer en p&uacute;blico en d&iacute;as
+de fiesta y solemnidad religiosa. Lamentable imprudencia hab&iacute;a sido la
+de Le&oacute;n Hebreo.</p>
+
+<p>Pensando casi en alta voz, y seg&uacute;n iban subiendo a la iglesia del
+Carmen, el futuro historiador del Rey Don Manuel, m&aacute;s excitado por el
+amor de la humanidad que por el amor de la patria, deploraba y condenaba
+la ferocidad de sus compatriotas contempor&aacute;neos as&iacute; contra los jud&iacute;os en
+Portugal como all&aacute; en la India contra las diversas gentes, musulmanas y
+gentiles, que iban venciendo y sujetando.</p>
+
+<p>Nuestro Tiburcio, que iba al lado de Dami&aacute;n de Goes, procur&oacute; consolarle
+diciendo de esta manera:</p>
+
+<p>&mdash;No os apesadumbr&eacute;is tanto, mi buen se&ntilde;or, por lo tremendos y feroces
+que suelen mostrarse en el d&iacute;a los hombres de esta pen&iacute;nsula, engre&iacute;dos
+por sus triunfos y por su predominio en la tierra. Al cabo, no sin
+piadoso designio, entiendo yo que ha dispuesto la Providencia que sean
+las naciones de Arag&oacute;n, Portugal y Castilla las que prevalezcan y
+descuellen en esta edad, todav&iacute;a algo b&aacute;rbara y de costumbres poco
+suaves. El sentimiento y la creencia de la fraternidad y de la igualdad
+humanas est&aacute;n m&aacute;s hondamente arraigados y grabados en el coraz&oacute;n y en la
+mente de los pueblos del Mediod&iacute;a de Europa que en el coraz&oacute;n y en la
+mente de los pueblos del Norte. No hay castellano, ni portugu&eacute;s, que se
+juzgue de una raza superior; que deje de tener por hermanos suyos a los
+dem&aacute;s hombres; pero a veces la codicia rompe este lazo fraternal, y por
+robar se mata, y a veces una caridad mal entendida mueve al creyente
+celoso a infligir duras penas temporales con el intento y buen prop&oacute;sito
+de sacar del poder del diablo y de libertar de las penas eternas a los
+que est&aacute;n dados al diablo y son sus esclavos. Confieso que lo dicho
+tiene inconvenientes enormes, pero a&uacute;n ser&iacute;a incomparablemente peor si
+fuese un pueblo m&aacute;s soberbio quien hoy predominara. Dentro de dos o tres
+siglos, cuando el coraz&oacute;n humano se ablande mucho con la cultura, acaso
+sean los pueblos del Norte los que predominen sin los horrores y
+estragos que hoy causar&iacute;a su predominio. En el engreimiento del triunfo,
+tendr&iacute;an por evidente que eran una raza superior y nos exterminar&iacute;an a
+todos sus pr&oacute;jimos no crey&eacute;ndonos tales. Dentro de dos o tres siglos,
+seg&uacute;n ya he dicho, la culta filantrop&iacute;a no consentir&aacute; tan horrible caso.
+Lo m&aacute;s que podr&aacute; ocurrir, ser&aacute; que con su desd&eacute;n orgulloso abatan y
+hundan en la abyecci&oacute;n a los pueblos de que se ense&ntilde;oreen, y que tal
+vez, predic&aacute;ndoles y ense&ntilde;&aacute;ndoles doctrinas religiosas contrarias a la
+fe cat&oacute;lica, sin el esplendor art&iacute;stico y sin la pompa de sus ritos y
+con un concepto tremendo y duro de la justicia divina, no templada por
+la misericordia, entristezcan y desesperen a sus catec&uacute;menos y los hagan
+morir de aburrimiento. As&iacute; presumir&aacute;n ellos que, sin crueldad, van
+despejando de razas inferiores la superficie de nuestro planeta para que
+se extienda por toda ella, crezca y se multiplique la raza superior a
+que pertenecen.</p>
+
+<p>La extra&ntilde;a teor&iacute;a de Tiburcio no convenci&oacute; a Dami&aacute;n de Goes, pero le
+hizo re&iacute;r; y si no la hall&oacute; verdadera, la hall&oacute; chistosa.</p>
+
+<p>Morsamor, distra&iacute;do y taciturno, no prest&oacute; atenci&oacute;n a lo que Tiburcio
+dec&iacute;a.</p>
+
+<p>As&iacute; llegaron a la puerta de la iglesia del Carmen, y, encomendando sus
+caballos a sendos palafreneros de la Casa Real, que los tuvieron de la
+brida, entraron en la iglesia, donde se hallaban ya el Rey y todo su
+s&eacute;quito.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="IV" id="IV"></a>-IV-</h2>
+
+
+<p>Poco tiempo permaneci&oacute; Morsamor en la iglesia. Pronto sali&oacute; de ella
+acompa&ntilde;ado de Tiburcio que le segu&iacute;a como su sombra.</p>
+
+<p>&mdash;Yo no pod&iacute;a estar all&iacute;&mdash;dijo Morsamor&mdash;. Aquel ambiente me sofocaba.
+Me consider&eacute; reo del sacrilegio m&aacute;s espantoso. Fraile perjuro a sus
+votos imagin&eacute; que me arrojaban del santuario aquellos mismos tres
+&aacute;ngeles poderosos que armados de azotes y montados en fant&aacute;sticos
+corceles, arrojaron del templo de Jerusal&eacute;n, para que no le profanase,
+al imp&iacute;o Heliodoro, ministro del rey de Siria.</p>
+
+<p>&mdash;Mucho exageras tu pecado y el castigo que merece&mdash;contest&oacute; Tiburcio&mdash;.
+Te atormentas en demas&iacute;a. Es muy excepcional tu situaci&oacute;n. T&uacute; debes ser
+tambi&eacute;n excepcionalmente juzgado. Tu vida de ahora es vida nueva por
+completo. Tu remozamiento casi es resurrecci&oacute;n. Desecha remordimientos
+vanos. No te tengas por la misma persona que hizo sus votos en el
+convento de Sevilla. Cree m&aacute;s bien que eres el hijo de aquel fraile, que
+te engendr&oacute; antes de entrar en la regla, y hasta que eres el nieto de
+aquel otro aventurero Morsamor que andaba por el mundo en el reinado de
+Enrique IV de Castilla.</p>
+
+<p>Morsamor replic&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Quiero suponer que tienes raz&oacute;n en lo que dices. Me serenar&eacute;; me
+aquietar&eacute; crey&eacute;ndome otro del que era. Algo hay, no obstante, que me
+amarga y emponzo&ntilde;a esta nueva vida y me persuade de que soy el mismo: el
+desd&eacute;n, el menosprecio con que todos me miran. Con rapidez ha pasado por
+mi alma, pero dejando en ella doloroso rastro como si fuese metal
+derretido, un abominable pensamiento. Si yo me hubiese lanzado de s&uacute;bito
+sobre ese rey presuntuoso que me desde&ntilde;aba, y le hubiese dado violenta
+muerte, de s&uacute;bito tambi&eacute;n hubiera salido yo de la insignificante
+obscuridad en que me veo y las diez mil voces de la Fama hubieran
+llevado mi nombre por el mundo todo.</p>
+
+<p>&mdash;Menester es&mdash;interpuso Tiburcio&mdash;que deseches esa rid&iacute;cula y constante
+preocupaci&oacute;n de que no te hacen caso. El tenerla ha sido hasta hoy causa
+principal de que no te le hagan. Tal preocupaci&oacute;n proviene de sobra de
+vanidad y de falta de orgullo. Quien anhela que le hagan caso es quien
+no est&aacute; seguro de su propio valer. Ora duda de &eacute;l y quiere que los
+extra&ntilde;os confirmen y acrediten que le tiene; ora en el fondo de su
+atribulada conciencia se ve ruin, necio y para poco, y aspira sin
+embargo, a imponerse, enga&ntilde;ando al mundo. Al orgulloso, al que hace alta
+estimaci&oacute;n de s&iacute; propio, poco o nada le preocupa la estimaci&oacute;n de los
+dem&aacute;s. Si no le estiman es porque no le comprenden. Y si le estiman,
+todo el caso que hagan de &eacute;l no aumentar&aacute; en un escr&uacute;pulo, en un &aacute;tomo,
+la importancia que &eacute;l se atribuye. En lo antiguo, entre los gentiles,
+era muy frecuente esa preocupaci&oacute;n que t&uacute; tienes ahora. Sin duda por el
+af&aacute;n de lucirse y de inmortalizarse, as&iacute; como Er&oacute;strato incendi&oacute; el
+templo de Diana en Efeso, hubo muchos que, sinti&eacute;ndose ruines, amaron la
+celebridad m&aacute;s que la vida, y no por amor a la libertad y a la patria,
+sino por amor de la vanagloria, dieron muerte a sendos reyes o tiranos.
+El gran sat&iacute;rico de Roma lo consigna en sus versos: <i>Pocos son los
+tiranos y los reyes que descienden al infierno con muerte sosegada y
+pac&iacute;fica y sin violencia ni sangre</i>. La religi&oacute;n de Cristo ha mitigado
+este furor de celebridad. Acaso llegue un d&iacute;a en que las creencias sean
+menos firmes, y entonces movidos los miserables por la sed de nombrad&iacute;a,
+volver&aacute;n a intentar o a perpetrar cr&iacute;menes que los levanten sobre los
+dem&aacute;s hombres, aunque sea en el pat&iacute;bulo. Tiene de bueno la humildad
+cristiana, que es de todo punto contraria a la vanidad avini&eacute;ndose con
+el orgullo recto y sano. Despu&eacute;s de exclamar, con el muy elocuente
+Obispo de Hipona: <i>&iexcl;Gran cosa es el hombre hecho a imagen y semejanza de
+Dios!</i>, &iquest;qui&eacute;n ha de preocuparse de que en esta baja tierra le hagan o
+no le hagan caso? Si ha de consistir nuestra aspiraci&oacute;n en <i>ser
+perfectos como nuestro Padre que est&aacute; en el cielo</i>, &iquest;qu&eacute; a&ntilde;aden a la
+suma de lo perfectible las vulgares alabanzas y los honores mundanos? El
+buen imitador de Cristo se muestra sin duda muy humilde, pero es con
+relaci&oacute;n al Dios que ama y adora. Postrado ante su Dios es despreciable
+pecador, es vil gusano, pero esa misma humillaci&oacute;n le encumbra luego. El
+humilde Francisco de As&iacute;s sube al cielo, y, si hemos de dar fe a la
+revelaci&oacute;n que tuvieron sus hijos espirituales, fue a sentarse en el
+esplendoroso y elevad&iacute;simo trono que dej&oacute; all&iacute; vacante Lucifer despu&eacute;s
+de su rebeld&iacute;a. Y no dilato m&aacute;s mi razonamiento. B&aacute;steme concluir
+aconsej&aacute;ndote que no hagas el menor caso de que te hagan o de que no te
+hagan caso. La estimaci&oacute;n se la da uno mismo sin necesidad de que se la
+d&eacute; nadie. Otras son las mil cosas materiales e inmateriales que est&aacute;n
+fuera de nosotros y que fuera de nosotros es menester buscar y hallar.
+Como ejemplo de las inmateriales pongo el amor. Ya encontrar&aacute;s t&uacute; quien
+te ame. Como ejemplo de las materiales, casi como cifra y compendio de
+todas ellas, pongo el dinero, y ese le tenemos en abundancia, gracias a
+la espl&eacute;ndida munificencia del Padre Ambrosio. Al&eacute;grate pues, y ten
+pecho ancho. Ya el Padre Ambrosio, en su previsora sabidur&iacute;a, habr&aacute;
+dispuesto los sucesos de tal manera que pronto te atiendan, no como fin,
+pues basta que te atiendas t&uacute;, sino como medio de realizar otros fines.</p>
+
+<p>Aqu&iacute; llegaba Tiburcio en su singular perorata, cuando sali&oacute; de la
+iglesia un viejo venerable, ricamente vestido, como muy principal
+hidalgo que era. Y par&aacute;ndose delante de Morsamor y mir&aacute;ndole de hito en
+hito con jubilosa sorpresa, le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Sois, se&ntilde;or, el vivo retrato, no s&eacute; si de vuestro padre o de vuestro
+abuelo, a quien conoc&iacute; y trat&eacute; har&aacute; ya medio siglo, pero cuya imagen
+est&aacute; grabada en mi memoria con rasgos indelebles. Le deb&iacute; primero
+franca, leal y cari&ntilde;osa amistad y despu&eacute;s, la vida. Yo me llamo Duarte y
+soy hijo del heroico Pedro de Menda&ntilde;a, quien despu&eacute;s de la batalla de
+Toro se mantuvo tanto tiempo en el castillo de Castronu&ntilde;o, contra todo
+el poder de Castilla. Un valeroso aventurero de aquella naci&oacute;n, cuyo
+nombre era como el vuestro Miguel de Zuheros, y cuyo sobrenombre de
+guerra era tambi&eacute;n Morsamor, fue en aquel castillo mi constante
+compa&ntilde;ero de armas. Audaces correr&iacute;as hicimos a menudo en el pa&iacute;s
+enemigo. Talamos sus panes, saqueamos alquer&iacute;as y granjas y volvimos no
+pocas veces a nuestra fortaleza cargados de bot&iacute;n riqu&iacute;simo. En una de
+estas excursiones, que no olvidar&eacute; nunca, nos cerc&oacute; gran golpe de
+villanos armados y de gente guerrera a caballo. All&iacute; me derribaron del
+m&iacute;o, asaz mal herido, y all&iacute; hubiera muerto yo, si Morsamor no me
+defiende con extraordinario br&iacute;o. &Eacute;l pudo rechazar por algunos instantes
+a los que nos cercaban, ponerme con incre&iacute;ble ligereza a las ancas de su
+corcel, y huir conmigo a todo escape entre un diluvio de flechas y de
+balas. As&iacute; pudimos refugiarnos en el castillo de Castronu&ntilde;o. Poco tiempo
+despu&eacute;s desaloj&oacute; mi padre el castillo en virtud de muy honrada y
+ventajosa capitulaci&oacute;n. Siete mil florines cobr&oacute; mi padre del castellano
+por el favor que le hizo de abandonar la fortaleza y de volverse a su
+patria. Entonces nos separamos de Morsamor que se qued&oacute; en Castilla.
+Como yo le debo tanto, jam&aacute;s he podido olvidarle, aunque no volv&iacute; a
+verle ni a saber de &eacute;l despu&eacute;s. Ya en aquella &eacute;poca era &eacute;l, sin duda, de
+mayor edad que t&uacute; ahora. Precoces arrugas surcaban su rostro, y en sus
+cabellos y en su barba, negros como la endrina, blanqueaban bastantes
+hilos de plata. Morsamor era m&aacute;s joven, pero aparentaba tener m&aacute;s de
+cuarenta a&ntilde;os. T&uacute; resplandeces ahora en juventud lozana. Acaso no hayas
+cumplido a&uacute;n los veinticinco. Entiendo, pues, que no eres el hijo, sino
+el nieto de mi salvador y amigo de tu mismo nombre. Perm&iacute;teme que
+reanude contigo los lazos de aquella amistad, que te pague la deuda de
+mi gratitud y que estrechamente te abrace.</p>
+
+<p>Morsamor se dej&oacute; abrazar y abraz&oacute; tambi&eacute;n con efusi&oacute;n a Duarte de
+Menda&ntilde;a, recordando el beneficio que le hizo, aunque aceptando que el
+bienhechor no hab&iacute;a sido &eacute;l, sino su abuelo.</p>
+
+<p>&mdash;As&iacute; es mejor&mdash;dijo Tiburcio riendo y por lo bajo&mdash;. As&iacute; te triplicas y
+de ti mismo te forjas antepasados. As&iacute; te asemejas a cierto mercader que
+el Padre Ambrosio conoci&oacute; en Roma, de quien contaba que se hizo retratar
+en escultura y en pintura, con trajes de todas las edades, hasta de
+aquella en que florecieron los Scipiones y los Favios. Con tan buena
+ma&ntilde;a se form&oacute; larga serie de progenitores ilustres.</p>
+
+<p>Como quiera que ello fuese, el reconocimiento que Duarte de Menda&ntilde;a hizo
+de Morsamor, le sirvi&oacute; de mucho, allan&oacute; dificultades, disip&oacute; recelos e
+hizo que el Rey le hablase y le recibiese en su corte.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="V" id="V"></a>-V-</h2>
+
+
+<p>Recibidos ya en la corte Morsamor y su doncel Tiburcio, lograron pronto
+ser estimados y queridos.</p>
+
+<p>Las fiestas de todo g&eacute;nero se suced&iacute;an entonces sin un momento de
+descanso. El Rey quer&iacute;a celebrar el concertado enlace de su hija la
+Infanta do&ntilde;a Beatriz con el Duque de Saboya, y anhelaba deslumbrar a los
+embajadores de aquel potentado, que iba a ser su yerno, con el lujo, la
+magnificencia y el esplendor de la capital de sus dominios. El tiempo
+volaba sin sentir en medio de tantos deleites. Hubo brillantes saraos,
+festines, cacer&iacute;as y giras campestres variadas y amenas.</p>
+
+<p>Tiburcio, que era muy alegre y decidor, divert&iacute;a y regocijaba a las
+damas y ten&iacute;a con ellas mucho partido. No alcanzaba tanto favor con los
+hombres. Tal vez le envidiaban muchos. Tal vez se dol&iacute;an otros de la
+insolente suerte con que les ganaba el dinero cuando jugaban a los
+dados.</p>
+
+<p>De todos modos, aunque era muy lucido el papel que Tiburcio hac&iacute;a,
+Morsamor se adelantaba en lucimiento y obten&iacute;a aplausos mayores.</p>
+
+<p>Muy celebrado fue Tiburcio por la serenidad y la destreza con que en una
+monter&iacute;a a caballo, hiri&oacute; con su rej&oacute;n un enorme y espumante jabal&iacute;,
+dej&aacute;ndole muerto. Pero Morsamor a&uacute;n fue m&aacute;s aplaudido, porque, en
+cerrado coso, a caballo, y armado tambi&eacute;n de fr&aacute;gil bast&oacute;n en cuya
+extremidad hab&iacute;a acicalado hierro, lidi&oacute; y mat&oacute; bravos toros entre las
+entusiastas aclamaciones de caballeros y de damas.</p>
+
+<p>Sin duda entonces hubo de prendarse de Morsamor do&ntilde;a Sol de Qui&ntilde;ones. Lo
+cierto es que &eacute;l se prend&oacute; de ella, hizo gala de que la serv&iacute;a y visti&oacute;
+sus colores.</p>
+
+<p>Cuando se dispuso que hubiese tambi&eacute;n algo a modo de justas, donde los
+caballeros luciesen su habilidad en varios ejercicios a la jineta,
+corriendo sortijas y tirando bohordos, Morsamor quiso tomar parte en las
+justas y lucir en ellas una empresa significativa de los sentimientos
+amorosos que do&ntilde;a Sol le hab&iacute;a inspirado.</p>
+
+<p>Consultado sobre el caso a Tiburcio, que de todo entend&iacute;a, Tiburcio hubo
+de decirle que no le parec&iacute;a mal su prop&oacute;sito, con tal de que la empresa
+no fuese sobrado jactanciosa, ni tampoco muy clara ni muy obscura, sino
+dotada de la discreci&oacute;n conveniente y con lema, mote o divisa de notable
+concisi&oacute;n y m&aacute;s bien en lat&iacute;n que en idioma moderno.</p>
+
+<p>Tiburcio a&ntilde;adi&oacute; luego:</p>
+
+<p>&mdash;Esto de las empresas es usanza muy agradable y muy seguida en el d&iacute;a.
+No hay pr&iacute;ncipe, ni monarca, ni valiente y enamorado caballero que no
+guste ahora de salir luciendo alguna empresa, ya en su sobreveste, ya en
+su bandera o estandarte, ya en la cimera de su yelmo. Algunas de estas
+empresas han sido y son muy celebradas por el tino y primor con que
+expresan el pensamiento, la intenci&oacute;n o el valer de quien las usa. De
+aqu&iacute; que varones muy doctos no han desde&ntilde;ado inventarlas, sino que lo
+han tenido a mucha gloria. De Antonio de Nebrija, egregio maestro en
+Castilla de letras humanas, se cuenta que invent&oacute; la empresa del Rey D.
+Fernando el Cat&oacute;lico, la cual era el nudo gordiano, desbaratado y roto
+por la mano y espada de Alejandro, con un letrero que dec&iacute;a: <i>Tanto
+monta</i>, o sea que es lo mismo romper que desatar. Y m&aacute;s tarde el Sr.
+Luis Marliani, Obispo de Tuy y m&eacute;dico y matem&aacute;tico insigne, invent&oacute;
+empresa todav&iacute;a mejor, para el C&eacute;sar Carlos V, reemplazando el eslab&oacute;n
+de Carlos el Atrevido, Duque de Borgo&ntilde;a. Y fue y es la tal empresa la
+representaci&oacute;n de las columnas de H&eacute;rcules, con esta letra: <i>Plus
+ultra</i>; breves, elocuentes y sublimes palabras, que evocan en la mente
+de quien las lee la inmensidad del Oc&eacute;ano, las islas y los continentes
+inc&oacute;gnitos, el nuevo mundo en suma, descubierto y dominado por la
+tenacidad, la osad&iacute;a y la ventura de los hijos de Iberia. Empresas
+pol&iacute;ticas son estas; pero tambi&eacute;n los galanes enamorados han solido
+inventar en ocasiones muy graciosas y gentiles empresas. Veamos si a ti
+se te ha ocurrido alguna que merezca elogio y que convenga a tus fines.</p>
+
+<p>Morsamor contest&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;En verdad, se me ha ocurrido una empresa, que me parece bien. Si peca
+por algo, es por ser sobrado clara. Pongo yo un campo dividido en
+qui&ntilde;ones o suertes, pero que nadie puede cultivar ni gozar porque le
+rodea una salamandra que en torno del campo se enrosca. Y en el centro
+hay un sol de oro cuyos rayos enamoran a la salamandra a par que la
+queman. Y de la boca de la salamandra sale una cinta que va hacia el sol
+y lleva este escrito: <i>En ti vivo, muero y ardo</i>.</p>
+
+<p>Tiburcio no pudo menos de hallar la empresa sutil e ingeniosa; pero como
+era muy franco y dec&iacute;a su parecer sin rodeos y aconsejaba con toda
+libertad, habl&oacute; a Morsamor de esta suerte:</p>
+
+<p>&mdash;De perlas encuentro yo todo eso. He de permitirme, no obstante, hacer
+algunas observaciones, y aun de atreverme a aconsejarte y amonestarte,
+pues aunque novicio y m&aacute;s joven que t&uacute;, soy como el apoderado y
+representante del sapient&iacute;simo Padre Ambrosio, en cuyo nombre hablo.
+Declaro, pues, en su nombre, que estos enamoramientos son un tanto
+cuanto pueriles y pueden ser perjudiciales. &iquest;Has venido acaso a nueva
+vida por la virtud pasmosa de la ciencia para volver a las andadas e
+incurrir (perd&oacute;name que as&iacute; las califique) en las mismas locuras y
+sandeces de tu vida anterior? T&uacute; te has remozado para acometer grandes
+empresas que honren y glorifiquen a ti y a todo el linaje humano y no
+para enamorarte como un bobo de una damisela entonada y cogotuda que
+acabar&aacute; por apartarse de s&iacute; con melindroso desprecio cuando se satisfaga
+y harte su amor propio de recibir adoraciones. Si yo creyese como
+Pit&aacute;goras que las almas transmigran y que van sucesivamente informando
+distintos cuerpos, lo que recelo que pasa en ti, me inclinar&iacute;a a
+entender que de nada vale la tal transmigraci&oacute;n para el adelanto de las
+almas. Aunque tuvi&eacute;semos siete vidas como los gatos, har&iacute;amos en la
+s&eacute;ptima simplezas no menores que en la primera y dar&iacute;amos id&eacute;nticos
+tropiezos y ca&iacute;das. Nada censurar&iacute;a yo si se limitasen estos amor&iacute;os a
+ser un galante y fugaz pasatiempo, pero los hallo muy mal si son serios.
+El inaudito esfuerzo que el Padre Ambrosio hizo para remozarte, no debe
+tener tan mezquino resultado.</p>
+
+<p>&mdash;Tu amonestaci&oacute;n&mdash;contest&oacute; Miguel de Zuheros&mdash;es infundada y hasta
+perversa. Blasfemas calificando de sandio y de mezquino al amor, germen
+fecundo de virtudes y de grandes acciones. Acu&eacute;rdate de la divina f&aacute;bula
+de Esopo. Amor baj&oacute; del Olimpo para consolar al linaje humano. En el
+banquete de los dioses falt&oacute; la antigua alegr&iacute;a porque Amor estaba
+ausente. Amor volvi&oacute; entonces al cielo y rara vez y muy de pasada acude
+al mundo, donde sus menores hermanos, hijos de las ninfas, toman su
+apariencia y le imitan hiriendo las almas vulgares. Pero el verdadero y
+celeste Amor hiere las almas escogidas, e hiri&eacute;ndolas, las habilita y
+dispone para llevar a cabo las m&aacute;s altas haza&ntilde;as. De este celeste Amor
+imagino y pretendo yo estar herido. &iquest;En qu&eacute; contrar&iacute;a, en qu&eacute; desluce o
+esteriliza semejante enamoramiento el prop&oacute;sito que pudo tener el Padre
+Ambrosio al remozarme?</p>
+
+<p>&mdash;Mucho podr&iacute;a yo argumentar en contra&mdash;replic&oacute; Tiburcio&mdash;. Para impulso
+de grandes haza&ntilde;as, preferir&iacute;a yo en ti el amor de la gloria, el de la
+patria, el de todo el humano linaje, el de Dios mismo y no el de una
+mujer cualquiera. Tal amor tiene no poco de idolatr&iacute;a. T&uacute; te le finges
+espiritual y alambicado, mas yo sospecho que no lo es. Yo le creo nacido
+del consorcio de tu vanidad mundana con cierto prurito que proviene sin
+duda de que al Padre Ambrosio se le fue la mano cuando compuso la poci&oacute;n
+preparatoria que te propin&oacute; antes de remozarte, vertiendo en ella en
+demas&iacute;a cierto ingrediente: el zumo de las mandr&aacute;goras con que L&iacute;a
+apartaba a Jacob de Raquel y le atra&iacute;a a su regazo.</p>
+
+<p>&mdash;Inveros&iacute;mil parece&mdash;interpuso Morsamor&mdash;que t&uacute;, siendo tan mozo, dudes
+de lo verdaderamente po&eacute;tico o m&aacute;s bien lo niegues, entreg&aacute;ndote a
+cavilaciones diab&oacute;licas.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qui&eacute;n sabe?&mdash;dijo Tiburcio&mdash;. Posible es que tenga yo algo de diablo,
+pero, aun as&iacute;, yo ser&iacute;a siempre un diablo muy puesto en raz&oacute;n y muy
+juicioso.</p>
+
+<p>Sin enojo oy&oacute; Morsamor las amonestaciones de Tiburcio, pero no atendi&oacute; a
+sus consejos y sigui&oacute; pretendiendo y rindiendo culto a do&ntilde;a Sol de
+Qui&ntilde;ones.</p>
+
+<p>En las justas figur&oacute; con brillantez y luci&oacute; la empresa que &eacute;l mismo nos
+ha descrito.</p>
+
+<p>Hubo en palacio otra magn&iacute;fica fiesta. El egregio poeta Gil Vicente
+hab&iacute;a compuesto un auto aleg&oacute;rico y mitol&oacute;gico para celebrar la boda de
+la Infanta y desearle toda ventura en su viaje a los Estados de su
+esposo. El auto se represent&oacute; en palacio con gran lujo y primor en los
+adornos y vestimentas de cuantos farsantes figuraron en &eacute;l.</p>
+
+<p>Nada menos que la Divina Providencia toma las convenientes medidas y lo
+apercibe todo para que la navegaci&oacute;n de la reci&eacute;n desposada sea
+pr&oacute;spera, decorosa y grata. A este fin llama a J&uacute;piter y le encomienda
+el asunto. J&uacute;piter entonces convoca y re&uacute;ne a las divinidades de los
+mares y de los vientos y con ellas arregla y ordena tan benignamente las
+cosas que la Infanta puede llegar al puerto de Villafranca, sana, salva
+y complacida, como lleg&oacute; en efecto.</p>
+
+<p>El lindo y candoroso auto de Gil Vicente se titula <i>Cortes de J&uacute;piter</i>,
+y fue muy aplaudido por el noble auditorio. Pero, en medio de los
+aplausos, no faltaron cortesanos y damas que en voz baja hablasen de un
+sujeto cuya ausencia no extra&ntilde;aban aunque hac&iacute;an sobre ella comentarios,
+tal vez piadosos, tal vez malignos.</p>
+
+<p>Era este sujeto el trovador Bernard&iacute;n Riveiro, estimado como nuevo
+Mac&iacute;as. Nadie ignoraba su audacia, su fervoroso amor a do&ntilde;a Beatriz. Y
+no pocos cre&iacute;an que ella hab&iacute;a correspondido a aquel amor con afecto tan
+puro como vehemente. Por cierta se daba la desesperaci&oacute;n de Bernard&iacute;n
+Riveiro al ver que iba a ausentarse el alto objeto de su adoraci&oacute;n y de
+su culto. &iquest;D&oacute;nde habr&iacute;a ido Bernard&iacute;n Riveiro a ocultar su dolor o m&aacute;s
+bien a darle en la soledad rienda suelta? Esto se preguntaban los
+caballeros y las damas, si bien se lo preguntaban como profundo misterio
+que todos sin embargo sab&iacute;an. De lo que tal vez se dudaba era de si
+compart&iacute;a do&ntilde;a Beatriz la pena del trovador, de si engre&iacute;da con la pompa
+nupcial y con su triunfo, no se cuidaba de aquella pena o de si la
+convert&iacute;a en su coraz&oacute;n en melancol&iacute;a suave, en algo a modo de ensue&ntilde;o
+dulce, triste y vago que la brillante realidad iba desvaneciendo como se
+desvanece la p&aacute;lida luz de las estrellas ante el alegre esplendor de la
+rosada aurora.</p>
+
+<p>Como quiera que fuese, la Infanta do&ntilde;a Beatriz, acompa&ntilde;ada de los
+embajadores, de su esposo y de gran comitiva de damas y de se&ntilde;ores
+ilustres de la primera nobleza de Portugal, parti&oacute; al fin de Lisboa para
+Villafranca de Niza. El Rey, su padre, y la se&ntilde;ora Reina fueron
+embarcados hasta el convento de Bel&eacute;n para despedirla. Y de all&iacute; zarp&oacute;
+la magn&iacute;fica armada de dieciocho bajeles, tan poderosos y bien
+artillados que, como dice Gil Vicente en su auto, no pod&iacute;an menos de
+hacer temblar al turco.</p>
+
+<p>A poco de la partida de la Infanta do&ntilde;a Beatriz, la corte se fue a
+Cintra, deliciosa residencia de verano.</p>
+
+<p>Morsamor, como gran forastero, sigui&oacute; a la corte, acompa&ntilde;ado de su
+doncel Tiburcio.</p>
+
+<p>A&uacute;n no hermoseaban a Cintra los espl&eacute;ndidos bosques de camelias que le
+prestan hoy tan singular atractivo. En la m&aacute;s elevada cumbre de sus
+montes no resplandec&iacute;a a&uacute;n restaurado el castillo que llaman de la Pe&ntilde;a,
+donde el maravilloso ingenio art&iacute;stico del Rey D. Fernando, consorte de
+do&ntilde;a Mar&iacute;a de la Gloria, ha mostrado su inspiraci&oacute;n y lucido su
+inventiva, labrando la piedra con mil primorosos caprichos y dando ser a
+un extra&ntilde;o monumento arquitect&oacute;nico que m&aacute;s que de hombres parece
+vivienda de silfos y de hadas.</p>
+
+<p>Cintra, no obstante, era entonces tan encantadora como en el d&iacute;a.
+Aquellos cerros, que estriban en el Atl&aacute;ntico y forman el promontorio
+m&aacute;s occidental de Europa, parec&iacute;an tener, en edad de tanto predominio y
+triunfo de los portugueses, un simb&oacute;lico significado; eran el trono de
+flores y de perenne verdura, donde hab&iacute;a venido a sentarse el Genio de
+Portugal para derramar luz sobre el Mar Tenebroso, abrir nunca hollados
+caminos y extender su conocimiento y su dominaci&oacute;n por los m&aacute;s apartados
+pa&iacute;ses y entre los m&aacute;s diversos pueblos.</p>
+
+<p>Flora y Pales han prodigado sus tesoros en aquellos sitios. Arroyos de
+agua cristalina fecundan por donde quiera el suelo y dan grata frescura
+al ambiente, embalsamado por la esencia olorosa de una vegetaci&oacute;n
+exuberante. &Aacute;rboles lozanos y gigantescos crecen hasta en los m&aacute;s
+elevados picos, arraigan hasta en las hendiduras de las pe&ntilde;as y forman
+enramadas y verde b&oacute;veda sobre los mil senderos y veredas que cruzan los
+valles y que serpentean por la falda de los cerros, dibuj&aacute;ndose como
+bordado de oro sobre el florido manto y sobre la mullida alfombra de
+hierba fresca que por todas partes se extiende.</p>
+
+<p>Adem&aacute;s del regio alc&aacute;zar, ya hab&iacute;a entonces en Cintra no pocos palacios
+y quintas de particulares ricos y no faltaban hospeder&iacute;as donde los
+extranjeros pudieran albergarse.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="VI" id="VI"></a>-VI-</h2>
+
+
+<p>Do&ntilde;a Sol y algunas otras damas de palacio hab&iacute;an acompa&ntilde;ado a la Reina a
+Cintra. Natural era que hubiesen acudido all&iacute; tambi&eacute;n los galanes que a
+estas damas serv&iacute;an.</p>
+
+<p>Algo me incumbe decir aqu&iacute; de que me pesa por dos razones. Es la
+primera, que lo que yo diga como historiador ver&iacute;dico redunda quiz&aacute; en
+menoscabo, aunque ligero, de la alta opini&oacute;n que de do&ntilde;a Sol debe
+tenerse. Y es la segunda que no acierto a decirlo, sin grandes rodeos y
+per&iacute;frasis, a no valerme de t&eacute;rminos o vocablos disonantes por su
+anacronismo.</p>
+
+<p>Nadie ignora en el d&iacute;a lo que significa <i>coquetear</i>. Otro verbo nov&iacute;simo
+se va introduciendo ya en nuestro idioma, verbo que no s&eacute; bien si
+expresa la misma acci&oacute;n del coqueteo o si tiene un leve diferente matiz,
+que se opone a la completa sinonimia. <i>Flirtear</i> es el verbo nov&iacute;simo.</p>
+
+<p>Perm&iacute;taseme, pues, que, desechando mis escr&uacute;pulos morales y
+ling&uuml;&iacute;sticos, me atreva a declarar aqu&iacute; que do&ntilde;a Sol era muy inclinada a
+coquetear o a <i>flirtear</i> y que con Morsamor hab&iacute;a coqueteado o
+<i>flirteado</i> mucho.</p>
+
+<p>El anhelo de ser servidas y adoradas es tan poderoso en las mujeres, aun
+en las m&aacute;s recatadas y honestas, que las mueve a atropellar muchos
+respetos y a ponerse en ocasi&oacute;n de graves dificultades y compromisos.</p>
+
+<p>Sin duda no fue amor lo que Miguel de Zuheros inspir&oacute; a aquella dama:
+fue s&oacute;lo sobrada y muy po&eacute;tica estimaci&oacute;n de su gallarda apostura,
+elegancia, bizarr&iacute;a y ameno trato. Pero, al distinguir a Morsamor con
+inocentes favores, al atraerle con blandas sonrisas y con apenas
+perceptibles, fugaces y dulces miradas, y al mostrarse con &eacute;l m&aacute;s
+conversable y benigna que con los otros hombres, do&ntilde;a Sol hizo que &eacute;l se
+engriese y se juzgase correspondido. Do&ntilde;a Sol entonces hubo de asustarse
+de su poca prudencia, y deseosa sin duda de cortar las alas a los
+atrevidos pensamientos que ella misma hab&iacute;a hecho nacer en el alma de
+Morsamor, apel&oacute; a un recurso, empleado con harta frecuencia, aunque por
+dem&aacute;s peligroso. Para que Miguel de Zuheros reconociese que no era amor
+lo que por &eacute;l sent&iacute;a, sino gratitud a sus rendimientos y obsequios y
+cierta vaga e indecisa predilecci&oacute;n do&ntilde;a Sol atrajo y cautiv&oacute;, aunque
+con menos marcados favores, con menos blandas sonrisas y con miradas
+menos dulces y m&aacute;s fugaces, a otro caballero de los que en la corte
+asist&iacute;an.</p>
+
+<p>El remedio fue peor que la enfermedad. El nuevo gal&aacute;n semi-favorecido
+fue Pedro Carvallo, hidalgo poco sufrido y en extremo orgulloso por las
+riquezas y por la fama de valiente soldado que de la India hab&iacute;a tra&iacute;do.
+Pedro Carvallo era adem&aacute;s infatigable emprendedor en conquistas amorosas
+de todo linaje. Con igual ah&iacute;nco acomet&iacute;a la m&aacute;s f&aacute;cil como la m&aacute;s
+dif&iacute;cil empresa, y ya le hemos visto aparecer en esta historia
+acompa&ntilde;ando a la c&eacute;lebre aventurera italiana Donna Olimpia de Belfiore.</p>
+
+<p>Con gusto entr&oacute; Pedro Carvallo en m&aacute;s arduo y noble empe&ntilde;o. Y sobre el
+contento y la satisfacci&oacute;n de amor propio que por enamorar a tan bella e
+ilustre dama se promet&iacute;a, hubo de prometerse tambi&eacute;n desbancar y
+humillar a aquel castellano intruso, a quien sin saber porqu&eacute;, puede ser
+que por envidia, hab&iacute;a cobrado odio desde que le vio por vez primera.</p>
+
+<p>Pedro Carvallo, no obstante, dist&oacute; mucho de conseguir su prop&oacute;sito. Do&ntilde;a
+Sol no le favoreci&oacute; sino hasta el punto de hacer notar que su afecto
+hacia Morsamor no era exclusivo, y sigui&oacute; otorgando a Morsamor favores
+m&aacute;s marcados y preferencia m&aacute;s clara.</p>
+
+<p>As&iacute; acrecent&oacute; y emponzo&ntilde;&oacute; do&ntilde;a Sol en el alma de Pedro Carvallo el enojo
+que Morsamor le Inspiraba. Y como Pedro Carvallo era poco circunspecto y
+muy jactancioso y no sab&iacute;a refrenar la lengua, habl&oacute; en varios sitios y
+con no pocas personas, contra el aventurero castellano y hasta lleg&oacute; a
+decir que le provocar&iacute;a, le retar&iacute;a y le dar&iacute;a muerte.</p>
+
+<p>Nadie, por fortuna, llev&oacute; a los o&iacute;dos de Morsamor tales fieros y
+jactancias. Pero la Reina, con la propia condici&oacute;n de mujer, y m&aacute;s a&uacute;n
+de la que vive retra&iacute;da y desocupada, se complac&iacute;a en saber todas las
+intrigas y sucesos, sobrando siempre damas de la servidumbre que se
+empleasen a porf&iacute;a en averiguarlos y en cont&aacute;rselos luego.</p>
+
+<p>Pronto, pues, supo la Reina la rivalidad de Pedro Carvallo y de
+Morsamor, as&iacute; como las coqueter&iacute;as de do&ntilde;a Sol que la hab&iacute;an causado. La
+Reina no tard&oacute; entonces en reprender severamente a su dama favorita.
+Do&ntilde;a Sol se arrepinti&oacute;, llor&oacute; y prometi&oacute; enmendarse. Hizo examen de
+conciencia y crey&oacute; sacar en limpio del examen que no amaba aunque
+agradec&iacute;a; que la hab&iacute;an deleitado y lisonjeado el acatamiento y las
+finuras amorosas de ambos galanes, pero que no estaba prendada de
+ninguno de ellos y que sin pena quer&iacute;a y pod&iacute;a despedir al uno y al
+otro.</p>
+
+<p>Entre tanto, en Cintra no era como en Lisboa. En Cintra no hab&iacute;a en
+palacio grandes fiestas, sino &iacute;ntimas reuniones.</p>
+
+<p>Morsamor y Pedro Carvallo no eran de los &iacute;ntimos, no iban a palacio y en
+balde procuraban acercarse y hablar a do&ntilde;a Sol, a quien s&oacute;lo ve&iacute;an rara
+vez y desde lejos.</p>
+
+<p>No por eso desist&iacute;an ellos de sus pretensiones. Muy pertinaces y tercos
+eran los dos. La Reina acab&oacute; por enfadarse de encontrarlos siempre a su
+paso cuando sal&iacute;a del alc&aacute;zar e iba a cualquiera parte. El temor de que
+sobreviniese un conflicto aumentaba su enfado.</p>
+
+<p>La Reina volvi&oacute; entonces a reprender a do&ntilde;a Sol y esta aleg&oacute; que ya no
+ten&iacute;a culpa. Y al cabo para mostrar mejor que no la ten&iacute;a y para lograr
+que acabasen aquellos obstinados galanteos, concert&oacute; con la Reina el
+medio que le pareci&oacute; m&aacute;s prudente.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Sol no pod&iacute;a escribir decorosamente a ninguno de los dos galanes ni
+para despedirlos siquiera. El encargado de todo, por la Reina misma, fue
+el anciano Duarte de Menda&ntilde;a, que ten&iacute;a empleo en palacio y que hab&iacute;a
+sido el que introdujo a Morsamor en la corte, seg&uacute;n ya referimos.</p>
+
+<p>Duarte de Menda&ntilde;a se apresur&oacute; a cumplir con su comisi&oacute;n. Visit&oacute; primero
+a Pedro Carvallo, le enter&oacute; del enfado de la Reina y en nombre de su
+Alteza y con pleno y libre consentimiento de do&ntilde;a Sol, le intim&oacute; que
+desistiese de sus pretensiones y persecuciones.</p>
+
+<p>Duarte de Menda&ntilde;a, m&aacute;s severamente a&uacute;n y con no menor recato, habl&oacute; con
+Morsamor, le rob&oacute; de parte de do&ntilde;a Sol toda esperanza de ser amado de
+ella y le exigi&oacute; que no siguiese pretendi&eacute;ndola.</p>
+
+<p>Grandes fueron el pesar y la rabia de Morsamor luego que recibi&oacute; tan mal
+recado.</p>
+
+<p>Con descompuestos ademanes, el entrecejo fruncido y crispados los pu&ntilde;os,
+acudi&oacute; Morsamor a su confidente Tiburcio para desahogarse hablando del
+caso.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="VII" id="VII"></a>-VII-</h2>
+
+
+<p>Con entrecortadas y r&aacute;pidas frases refiri&oacute; Morsamor a Tiburcio su
+conversaci&oacute;n con Duarte de Menda&ntilde;a.</p>
+
+<p>Luego a&ntilde;adi&oacute; Morsamor:</p>
+
+<p>&mdash;Ya ves cu&aacute;n cruel ha sido mi desenga&ntilde;o. Casi me arrepiento de haber
+querido volver a ser joven. Viejo y retirado del mundo, ni yo me
+enamoraba de nadie ni nadie me desde&ntilde;aba. &iquest;Qu&eacute; puedo yo ser en esta
+nueva vida sino el arrendajo miserable, la mal trazada copia del pobre
+Bernard&iacute;n Riveiro?</p>
+
+<p>&mdash;C&aacute;lmate, Miguel, y no imagines que debes ser copia de original tan
+menguado y atribulado. Yo top&eacute; con &eacute;l varias veces y me dio l&aacute;stima y
+grima el verle. Ya iba cruzando por entre las bre&ntilde;as e intern&aacute;ndose en
+lo m&aacute;s esquivo, ya emulando con las cabras monteses, saltaba por esos
+vericuetos. Dos o tres veces pas&oacute; cerca de m&iacute; y me caus&oacute; horror. Rota y
+manchada la vestidura y enmara&ntilde;ado el cabello, m&aacute;s parece fiera que
+hombre. Seguro estoy de que en las venideras edades no han de creer y
+han de negar los cr&iacute;ticos juiciosos estos rid&iacute;culos desatinos; pero yo
+los he visto y no puedo negarlos. Bernard&iacute;n Riveiro, por otro lado,
+tiene alg&uacute;n fundamento para hacer lo que hace. La Infanta hab&iacute;a
+correspondido a su pasi&oacute;n; le hab&iacute;a querido y hab&iacute;a dejado de quererle,
+pues se cas&oacute; con otro. T&uacute; distas mucho de hallarte en el mismo caso. Ni
+do&ntilde;a Sol es Infanta, ni do&ntilde;a Sol te ha querido nunca, ni inspirado t&uacute;
+por do&ntilde;a Sol has de escribir &eacute;glogas, canciones, romances e historias en
+prosa que te inmortalicen. Dado que le imitases, s&oacute;lo imitar&iacute;as a
+Bernard&iacute;n Riveiro en lo tonto. Ser&iacute;as la v&iacute;ctima candorosa de ciertas
+invenciones po&eacute;ticas, falsas o exageradas, que deleitan mucho en el d&iacute;a,
+como, por ejemplo, la famosa <i>Questi&oacute;n de Amor</i>. Indigno de ti y m&aacute;s que
+rid&iacute;culo ser&iacute;a que te empe&ntilde;ases en traer a la vida real los ensue&ntilde;os de
+la fantas&iacute;a y en convertir las flores ret&oacute;ricas en hechos. Bien est&aacute; que
+se diga:</p>
+
+<p class="noindent">
+<span style="margin-left: 5em;">El primer d&iacute;a que os vi</span><br />
+<span style="margin-left: 5em;">tan mortal fue mi ferida</span><br />
+<span style="margin-left: 5em;">que en veros qued&eacute; sin vida</span><br />
+<span style="margin-left: 5em;">y el vivir se vio sin m&iacute;.</span><br />
+</p>
+
+<p>Y todav&iacute;a me parece mejor, m&aacute;s alambicado y m&aacute;s agudo, aquello otro que
+con tintas variantes suele repetirse:</p>
+
+<p class="noindent">
+<span style="margin-left: 5em;">Morir a vivir prefiero;</span><br />
+<span style="margin-left: 5em;">y de tu beldad cautivo,</span><br />
+<span style="margin-left: 5em;">o no vivo porque vivo</span><br />
+<span style="margin-left: 5em;">o muero porque no muero.</span><br />
+</p>
+
+<p>No creas que no me deleitan estas y otras coplas parecidas. Son muy
+ingeniosas. Pero del dicho al hecho, hay gran trecho. Y el Padre
+Ambrosio tendr&iacute;a una desaz&oacute;n enorme si viese frustrado el buen &eacute;xito de
+su ciencia pasmosa y que no hab&iacute;a valido el remozarte sino para que t&uacute;
+hicieses sin raz&oacute;n la parodia de Beltenebros en la Pe&ntilde;a pobre. Si es
+verdad lo que se refiere de D. Enrique de Villena, yo me complazco en
+esperar que no salga jam&aacute;s de la redoma a vivir segunda vida para
+incurrir en las mismas necedades que hizo en la primera. Escarmienta t&uacute;
+en el caso del monje Te&oacute;filo, cuya historia nos refiri&oacute; el poeta Berceo,
+y escarmienta en otros casos de algunos sujetos que ya se remozaron con
+el auxilio del demonio y no disparates como ellos disparataron.
+Considera que t&uacute; tendr&iacute;as menos disculpa, porque no te has dado al
+demonio como se dieron ellos y porque esta juventud nueva, que te ha
+ca&iacute;do encima como llovida del cielo, no se debe a Satan&aacute;s, sino a
+ciencia y arte muy sanas. Indispensable es, por consiguiente, que t&uacute; te
+conserves sano tambi&eacute;n, que mires por tu gloria, que aproveches la
+ocasi&oacute;n que de alcanzarla se te ofrece y que no hagas muchas tonter&iacute;as.
+L&iacute;cito te ser&aacute;, a mi ver, hacer algunas, por distracci&oacute;n y como de
+pasada, pero tu mira principal debe ponerse muy alto.</p>
+
+<p>&mdash;Tan conforme estoy contigo en lo esencial&mdash;dijo Morsamor&mdash;que tu
+serm&oacute;n es in&uacute;til porque predicas a un convertido. Antes que todo y sobre
+todo yo quiero gloria y harto sabes t&uacute; cuan dispuesto y apercibido estoy
+a buscarla. Concertado lo tengo todo con los ricos mercaderes genoveses
+Gabriel Adorno y Gaspar Salvago. La gruesa nave que ellos han fletado y
+con real privilegio han cargado de mercanc&iacute;as nos aguarda ya en Cascaes,
+pronta a zarpar para la India. Las direcciones n&aacute;utica y mercantil est&aacute;n
+encomendadas por dichos mercaderes a un h&aacute;bil piloto y a un
+administrador inteligente, pero yo he de ser el verdadero capit&aacute;n de la
+nave y el que gobierne y ordene en ella cuanto importe a la defensa de
+las riquezas que conduce y cuanto sea menester para castigar y arrollar
+a los enemigos de la fe de Cristo, mahometanos o id&oacute;latras, que se
+atraviesen en nuestro camino. Iremos con la expedici&oacute;n que manda a
+Oriente el Rey D. Manuel y estaremos a las &oacute;rdenes de su almirante y de
+su virrey, pero gozaremos de cierta independencia que yo sabr&eacute; hacer
+mayor cuando conviniere. Acaso ma&ntilde;ana mismo nos podremos ya dar a la
+vela. &iquest;Qu&eacute; inconveniente hubiera habido en que yo, en vez de salir
+desde&ntilde;ado, saliese alentado por el favor de una dama, se&ntilde;ora de mis
+pensamientos, por sus promesas de ser m&iacute;a cuando yo volviese triunfante
+y por el anhelo de acometer y dar cima a grandes haza&ntilde;as para poner a
+sus pies mis laureles y mis trofeos?</p>
+
+<p>&mdash;Bello era tu plan&mdash;replic&oacute; Tiburcio&mdash;pero de falsa y vana belleza. Un
+gran prop&oacute;sito se empeque&ntilde;ece cuando se subordina a fin peque&ntilde;o. Por la
+patria a que perteneces, por la raza de hombres, cuya religi&oacute;n, cultura
+y lenguaje sostienes y defiendes, por amor de todo el humano linaje, por
+el af&aacute;n de lograr altos fines a que puedes creerte como fadado y
+predestinado, comprendo que no haya empresa a que no te aventures;
+comprendo que todas ellas sean sublimes por la elevaci&oacute;n del t&eacute;rmino que
+t&uacute; les busques. Pero, si todo se hace por lisonjear la vanidad de una
+dama, todo ser&aacute; tambi&eacute;n vanidad y lisonja, y nada serio habr&aacute; en ello ni
+digno de var&oacute;n discreto y prudente. Extra&ntilde;os fueron a los sandios
+enamoramientos que t&uacute; fantaseas los h&eacute;roes sanos de cuerpo y de alma que
+hubo en las antiguas edades. Y si por acaso ca&iacute;a alguno de ellos en
+sandez por el estilo era para su vencimiento y vergonzosa desventura.
+S&iacute;rvante de lecci&oacute;n la vida y los amores de Marco Antonio y Cleopatra,
+que habr&aacute;s le&iacute;do o habr&aacute;s o&iacute;do referir a personas doctas.</p>
+
+<p>&mdash;Juiciosa es la doctrina que expones&mdash;interpuso Miguel de Zuheros&mdash;. No
+atino contradecirla ni a disputar contigo. El coraz&oacute;n, no obstante,
+puede m&aacute;s que la cabeza. Y no bastan todas tus reflexiones, que hago
+m&iacute;as, para que deje yo de lamentar la p&eacute;rdida de la ilusi&oacute;n que me hab&iacute;a
+forjado: que el recuerdo de do&ntilde;a Sol fuese como la estrella que me
+guiase en mis peregrinaciones, y que mi amor y mi esperanza de ser amado
+me prestasen aliento para dar cima a las proezas m&aacute;s altas. Te confieso
+que la p&eacute;rdida de esta ilusi&oacute;n me tiene harto triste, aunque me esfuerzo
+para no estarlo.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno ser&aacute;&mdash;dijo Tiburcio&mdash;que sacudas de ti esa melancol&iacute;a. El
+abatimiento y la tristeza enervan a los hombres y los incapacitan para
+todo. Menester es que tu &aacute;nimo se regocije. No se riegan con l&aacute;grimas
+los laureles. La alegr&iacute;a es quien mejor cuida de ellos y hace que
+florezcan lozanos.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="VIII" id="VIII"></a>-VIII-</h2>
+
+
+<p>De acuerdo con lo ya expuesto, el previsor y h&aacute;bil Tiburcio lo prepar&oacute;
+todo de la manera m&aacute;s conveniente, para que la partida de Morsamor no
+fuese con l&aacute;grimas humillantes y amargas, como nacidas de desdenes, sino
+con alegr&iacute;a, y hasta con cierto estr&eacute;pito y alborozo seg&uacute;n a un h&eacute;roe y
+futuro conquistador correspond&iacute;a y cuadraba.</p>
+
+<p>Tiburcio era un hur&oacute;n para descubrir y acosar su presa, por muy borrado
+que el rastro quedase en la pista y por muy oculta que fuese la
+madriguera.</p>
+
+<p>No acertaremos a explicar con qu&eacute; arte diab&oacute;lico Tiburcio hab&iacute;a
+averiguado que al anochecer del d&iacute;a anterior dos gentiles damas,
+conocidas suyas, hab&iacute;an llegado a Cintra muy recatadamente, y hab&iacute;an ido
+a instalarse en una hermosa casa de campo que all&iacute; pose&iacute;an los se&ntilde;ores
+Adorno y Salvago.</p>
+
+<p>La casa estaba lejos de la poblaci&oacute;n, en lugar retirado y esquivo, m&aacute;s
+all&aacute; de la sombr&iacute;a quinta que fue m&aacute;s tarde de D. Juan de Castro, y en
+amen&iacute;simo valle, camino de Colares.</p>
+
+<p>Los genoveses, viudo el uno y solter&oacute;n el otro, aunque eran ambos de
+edad provecta, enemigos del esc&aacute;ndalo y muy inclinados a la devoci&oacute;n,
+gustaban de echar de vez en cuando una cana al aire, sin perder su grave
+circunspecci&oacute;n y con la debida cautela. En aquellos d&iacute;as, estaban
+afanad&iacute;simos con los preparativos y el embarque de v&iacute;veres y de otros
+bastimentos que por contrata deb&iacute;an hacer y que hac&iacute;an para la salida de
+la flota.</p>
+
+<p>No bien esta se diese a la vela, se propon&iacute;an ellos reposar de sus
+fatigas y recrearse y holgarse en su retiro campestre, con un idilio
+delicioso y bien concertado. A este fin, enviaron por delante, para que
+lo tuviesen todo dispuesto y los aguardasen nada menos que a donna
+Olimpia de Belfiore y a su compa&ntilde;era Teletusa. Ambas, se comprometieron
+con gusto y fueron a esta excursi&oacute;n.</p>
+
+<p>Donna Olimpia era muy singular mujer por todos estilos. Se preciaba de
+bien nacida, de leal en sus tratos, de fiel a sus compromisos y de tener
+una conciencia tan escrupulosa y estrecha, cuanto su profesi&oacute;n
+consent&iacute;a.</p>
+
+<p>Jact&aacute;base donna Olimpia de la nobleza de su cuna, procuraba hacer creer
+que era su familia del patriciado de Venecia y que figuraba en el <i>Libro
+de oro</i>, y aun llegaba a afirmar en ocasiones que en el Tribunal de los
+D&iacute;ez se hab&iacute;a sentado un t&iacute;o suyo.</p>
+
+<p>A&ntilde;os atr&aacute;s, donna Olimpia hab&iacute;a figurado con brillo en los saraos de la
+bella Imperia, Aspacia del siglo de Le&oacute;n X, como la cortesana de Mileto
+lo hab&iacute;a sido del de Pericles. Donna Olimpia, sat&eacute;lite ya de un astro
+tan refulgente, acaso hubiera llegado a igualarse con dicho astro, si su
+desatentada afici&oacute;n a correr mundo y ver tierras extra&ntilde;as no lo hubiese
+estorbado. Era tal afici&oacute;n, que Pedro Aretino, autor de la preciosa
+historia de <i>La p... errante</i>, pens&oacute; con insistencia en tomar a donna
+Olimpia por modelo, para dotar su historia de una segunda parte m&aacute;s
+variada y peregrina. Acaso impidi&oacute; que dicho prop&oacute;sito se realizase la
+repentina muerte de Pedro Aretino, el cual, seg&uacute;n aseguran, aunque donna
+Olimpia, que era muy su amiga, lo negaba como calumniosa patra&ntilde;a, muri&oacute;
+de risa, al o&iacute;r contar los embustes, embelecos y travesuras de una
+hermana suya, famosa por sus devaneos.</p>
+
+<p>Como quiera que fuese, donna Olimpia, seg&uacute;n hemos dicho, ten&iacute;a la
+conciencia muy estrecha y jam&aacute;s faltaba a sus compromisos, a no ser
+sorprendida por irrupciones y agresiones inesperadas y violentas.</p>
+
+<p>Hab&iacute;a, sin embargo, quien la acusase de que una vieja, llamada la se&ntilde;ora
+Claudia, que iba siempre en su compa&ntilde;&iacute;a como aya o como due&ntilde;a, sol&iacute;a
+preparar dichas irrupciones y agresiones. A lo que parece, la se&ntilde;ora
+Claudia hab&iacute;a ca&iacute;do en aquellos d&iacute;as del favor de su ama, suplant&aacute;ndola
+Teletusa que se hab&iacute;a apoderado de su voluntad por completo.</p>
+
+<p>Empleado Morsamor en sus rendimientos y obsequios a do&ntilde;a Sol, no hab&iacute;a
+vuelto a ver y apenas hab&iacute;a recordado a donna Olimpia, desde que la vio
+salir de Bel&eacute;n el d&iacute;a del Rey: pero donna Olimpia, aunque distra&iacute;da y
+empleada tambi&eacute;n a su manera, nunca hab&iacute;a dejado de recordar a Morsamor
+desde entonces, porque le hizo impresi&oacute;n viva y profunda y porque daba
+por cierto que en toda nuestra pen&iacute;nsula no hab&iacute;a ni pod&iacute;a haber gal&aacute;n
+m&aacute;s apuesto y hermoso, ni m&aacute;s gallardo y gentil hombre.</p>
+
+<p>Tiburcio que, libre de amores plat&oacute;nicos, privaba tiempo hac&iacute;a con
+Teletusa, sab&iacute;a por ella el buen concepto que donna Olimpia ten&iacute;a de su
+amigo y la inclinaci&oacute;n que hacia &eacute;l le llevaba.</p>
+
+<p>Aquella tarde vio Tiburcio a Teletusa, y juntos concertaron un plan muy
+alegre y una grata sorpresa para donna Olimpia.</p>
+
+<p>A la hora de &aacute;nimas, Miguel y Tiburcio cenaron juntos en su posada, y ya
+solos y de sobremesa, con la regocijada confianza que el haber comido y
+bebido bien inspiran, Tiburcio expuso a Morsamor lo sustancial de su
+plan, venci&oacute; su repugnancia y logr&oacute; que le aceptase para desechar
+melancol&iacute;as y para consolarse de los desdenes y sobreponerse a la
+altivez de la noble amiga de la Reina.</p>
+
+<p>Para no dar tiempo a que Morsamor lo reflexionase y se arrepintiese,
+Tiburcio le condujo enseguida a la casa de campo donde las dos ninfas
+viv&iacute;an.</p>
+
+<p>A un silbido de Tiburcio, que era la convenida se&ntilde;al, Teletusa, que
+estaba aguardando, abri&oacute; sin ruido la puertecilla falsa del jard&iacute;n, y
+gui&aacute;ndolos por lo m&aacute;s umbr&iacute;o de la frondosa espesura, los introdujo en
+la casa, subi&oacute; con ellos la escalera, atraves&oacute; corredores y salas, y
+vino a parar a amplio dormitorio escasamente alumbrado por tres velas de
+cera, puestas en un candelabro de plata, sobre una mesa que estaba en el
+centro de la estancia. Teletusa que ten&iacute;a a Morsamor de la mano, le dijo
+entonces con voz dulce y sumisa:</p>
+
+<p>&mdash;Quedaos aqu&iacute;, se&ntilde;or Morsamor, que pronto vendr&aacute; quien os alegre y se
+alegre de veros.</p>
+
+<p>Y dicho esto, sin que hubiese vagar para contestaci&oacute;n o pregunta,
+desaparecieron Teletusa y Tiburcio con ella, dejando a Morsamor solo.</p>
+
+<p>Solo ya, recapacit&oacute; Morsamor sobre lo que hab&iacute;a hecho y casi se
+arrepinti&oacute; y se afligi&oacute; de su viciosa ligereza. Indigno del h&eacute;roe que &eacute;l
+anhelaba ser, hallaba aquel tan ruin comienzo de altas caballer&iacute;as:
+entrar con enga&ntilde;oso recato en casa ajena como ladr&oacute;n astuto, y todo para
+alcanzar los venales y f&aacute;ciles favores de una cortesana.</p>
+
+<p>Donna Olimpia tardaba en venir, y con la soledad y, con la impaciencia
+crec&iacute;a en Morsamor el disgusto de haber cedido a los prop&oacute;sitos de su
+doncel, tan juicioso cuando hablaba en contra de las locuras sublimes,
+como ligero y hasta c&iacute;nico cuando se trataba de otra clase de locuras.</p>
+
+<p>Contrariado Morsamor, se sent&oacute; en una silla en el rinc&oacute;n m&aacute;s obscuro de
+la estancia y casi a los pies del lecho con colgadura que hab&iacute;a en ella.</p>
+
+<p>En medio de sus cavilaciones, oy&oacute; o crey&oacute; o&iacute;r de s&uacute;bito voces y
+carcajadas que a lo lejos sonaban por el lado derecho del sitio en que
+estaba &eacute;l. Sin tiempo para pensar en lo que aquello ser&iacute;a, pero movido
+de recelosa curiosidad, intent&oacute; Morsamor ir adonde sonaba el ruido a fin
+de enterarse de todo. En pie estaba ya para realizar su intento, cuando
+por el lado contrario, se abri&oacute; una puertecilla, penetr&oacute; por ella un
+bulto y Morsamor oy&oacute; una voz varonil que dec&iacute;a:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Voto a los demonios todos del infierno! &iexcl;Olimpia! &iexcl;Olimpia! &iquest;Est&aacute;s
+ah&iacute;? Al fin, tropezando en la obscuridad y d&aacute;ndome de calabazadas contra
+las paredes creo que he logrado llegar a tu cuarto. Esa maldita vieja
+Claudia me dej&oacute; solo, prometiendo volver para guiarme. Tardaba en volver
+y yo me cans&eacute; y he venido sin gu&iacute;a. Aqu&iacute; estoy, Olimpia.</p>
+
+<p>Con pasmosa serenidad y reposo, aunque harto previ&oacute; las fatales
+consecuencias que pod&iacute;a tener aquel encuentro, Morsamor se adelant&oacute;
+hacia el personaje que hab&iacute;a entrado y le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Mucho lamento, se&ntilde;or Pedro Carvallo, pues la luz de las buj&iacute;as os da
+de lleno en la cara y os he reconocido, que la casualidad nos re&uacute;na aqu&iacute;
+donde y cuando los dos esper&aacute;bamos encuentro m&aacute;s grato y suave.</p>
+
+<p>Era Pedro Carvallo, el hombre de m&aacute;s violento car&aacute;cter y m&aacute;s iracundo
+que hubo en Portugal en aquellas edades. Terrible era adem&aacute;s su encono
+contra Morsamor, primero por natural antipat&iacute;a, y despu&eacute;s por su
+rivalidad en amores con do&ntilde;a Sol, de quien Morsamor, en cierto modo
+hab&iacute;a sido harto m&aacute;s favorecido.</p>
+
+<p>Pedro Carvallo ardi&oacute;, pues, en c&oacute;lera al o&iacute;r y ver a Morsamor, y le
+replic&oacute; de esta suerte:</p>
+
+<p>&mdash;Mi encuentro contigo, no ser&aacute; ni quiero que sea suave, pero me ser&aacute;
+grato. Tiempo ha, que me tienta el demonio con el prurito de matarte, y
+ahora me ofrece la ocasi&oacute;n m&aacute;s propicia. &iexcl;Defi&eacute;ndete, miserable!</p>
+
+<p>Y Pedro Carvallo desenvain&oacute; la espada y se puso en guardia adelant&aacute;ndose
+hacia Morsamor.</p>
+
+<p>Este, desde&ntilde;ando la provocaci&oacute;n y el insulto y procurando a&uacute;n excusar un
+lance que le parec&iacute;a poco o nada honroso, dijo a Pedro Carvallo:</p>
+
+<p>&mdash;Sosegaos, se&ntilde;or, y no llevemos a tan crudo extremo este negocio. Ruin
+fundamento tendr&iacute;an nuestro duelo y la muerte de cualquiera de nosotros
+dos en esta casa extra&ntilde;a, y que ambos hemos asaltado. Vergonzosa ser&iacute;a
+la victoria del que saliese vivo de aqu&iacute;, y m&aacute;s vergonzoso el t&eacute;rmino de
+quien aqu&iacute; quedase muerto o herido.</p>
+
+<p>&mdash;La poca verg&uuml;enza&mdash;contest&oacute; Pedro Carvallo feroz y groseramente&mdash;es la
+de esas viles palabras con que trat&aacute;is de disimular vuestra cobard&iacute;a.
+Defendeos o mataros he como a un perro.</p>
+
+<p>Pedro Carvallo se abalanz&oacute; entonces con furia contra Morsamor.</p>
+
+<p>Morsamor sac&oacute; la espada, le recibi&oacute; con calma y par&oacute; con inaudita
+destreza todas sus cuchilladas y estocadas. Repugnaba Morsamor darle
+muerte. Estaba seguro de su inmensa superioridad. Lo descompuesto y sin
+arte del ataque pon&iacute;a en su poder a Pedro Carvallo; pero Morsamor, por
+eso mismo, consideraba m&aacute;s odioso dar sangriento t&eacute;rmino a la lucha con
+aquel energ&uacute;meno, ciego por el rencor y la soberbia.</p>
+
+<p>La lucha, no obstante, se iba prolongando demasiado. Pedro Carvallo,
+aunque inh&aacute;bil, era fuerte y menudeaba sus golpes con tanto br&iacute;o, que
+los quites de Morsamor ten&iacute;an que ser tambi&eacute;n muy violentos. En uno de
+estos quites, Morsamor dio de plano y con tanta fuerza en el brazo de su
+contrario, que le derrib&oacute; por tierra la espada.</p>
+
+<p>Generosamente se contuvo Morsamor, para que el desarmado volviera a
+armarse. Y ya Pedro Carvallo hab&iacute;a recogido la espada; y sin tener en
+cuenta en su furiosa locura la magnanimidad de Morsamor, se dispon&iacute;a de
+nuevo a embestirle, cuando Morsamor se sinti&oacute; de repente ce&ntilde;ido el
+cuerpo en estrecho abrazo y cubierto el rostro de besos.</p>
+
+<p>Donna Olimpia,</p>
+
+<p>
+<span style="margin-left: 5em;"><i>In tutto il vezzo, della sua persona,</i></span><br />
+</p>
+
+<p>le ten&iacute;a asido y exclamaba con jubiloso entusiasmo:</p>
+
+<p>&mdash;<i>&iexcl;O gioja ed orgoglio del mio core! &iexcl;O coraggioso mio drudo!</i></p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="IX" id="IX"></a>-IX-</h2>
+
+
+<p>Las tiernas y repentinas caricias de la vaga italiana, fueron
+acompa&ntilde;adas de un diluvio de improperios y de blasfemias, que sal&iacute;an de
+la boca de Pedro Carvallo, haci&eacute;ndole coro con risotadas alegres
+Teletusa y Tiburcio.</p>
+
+<p>Pedro Carvallo s&oacute;lo pod&iacute;a herir ya con la lengua. Dos robustos y
+estupendos rufianes le ten&iacute;an bien cogido entre sus enormes manazas
+fuertes como el hierro, y Teletusa y Tiburcio, sin dejar de re&iacute;r, le
+ataban de pies y manos con suma destreza y vali&eacute;ndose de lienzos
+retorcidos a falta de cuerdas que por all&iacute; no hab&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Matadme o soltadme para que le mate!&mdash;gritaba Pedro Carvallo.</p>
+
+<p>Y Tiburcio respond&iacute;a riendo siempre:</p>
+
+<p>&mdash;Tiempo te sobr&oacute; para matarle cuando estabas suelto. Ahora te atamos
+por caridad y para que no mueras.</p>
+
+<p>Blasfem&oacute;, chill&oacute; e insult&oacute; de nuevo Pedro Carvallo. Teletusa pens&oacute; y
+propuso ponerle una mordaza, pero no lo consinti&oacute; donna Olimpia y con
+voz imperiosa dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Llevadle al desv&aacute;n con los otros, echad la llave y tra&eacute;dmela. Que
+pasen all&iacute; la noche. Ya veremos c&oacute;mo sin peligro ni esc&aacute;ndalo se les da
+suelta cuando sea de d&iacute;a.</p>
+
+<p>Aquellos dos formidables sat&eacute;lites, escuderos de donna Olimpia, y que
+ella tra&iacute;a siempre consigo para imponer respeto y tener a raya a los
+insolentes, sobre todo, cuando eran <i>spiantati</i>, o&iacute;do el mandato de su
+se&ntilde;ora, tomaron en volandas a Pedro Carvallo y se le llevaron al desv&aacute;n
+con delicadeza y esmero cuidadoso.</p>
+
+<p>Donna Olimpia as&iacute; lo recomendaba diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;Nada de malos tratamientos. No le hag&aacute;is el menor da&ntilde;o. Hasta pod&eacute;is
+desatarle las manos cuando est&eacute; en el desv&aacute;n y llevarle de comer y de
+beber y un colch&oacute;n para que duerma.</p>
+
+<p>Dirigi&eacute;ndose luego a Miguel de Zuheros, donna Olimpia le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Yo os ruego, se&ntilde;or, que me perdon&eacute;is el grave disgusto que os ha
+causado el venir a verme. No hubo en ello la menor culpa m&iacute;a. Toda la
+culpa fue de la vieja Claudia, mi criada. Sin encomendarse m&aacute;s que a su
+propia codicia, y creyendo que pod&iacute;a disponer a su antojo de Teletusa y
+de m&iacute;, cuando menos lo recel&aacute;bamos, cuando ni sab&iacute;amos que estuviesen en
+Cintra los se&ntilde;ores Carvallo y Acevedo, los introdujo aqu&iacute; a ambos
+furtivamente. Dej&oacute; solo a Carvallo para que aguardase por un momento su
+vuelta y vino con Acevedo a la estancia de Teletusa. Hall&aacute;base all&iacute;
+vuestro amigo el se&ntilde;or Tiburcio, mancebo prudente y listo a maravilla.
+Buen doncel y consejero ten&eacute;is en &eacute;l. Si la imaginaci&oacute;n humana fuese tan
+viva y creadora en nuestros d&iacute;as como lo fue en la antigua Grecia, yo me
+dar&iacute;a a sospechar que la diosa Minerva, as&iacute; como acompa&ntilde;&oacute; y gui&oacute; a
+Tel&eacute;maco en sus peregrinaciones, tomando la figura de Mentor, as&iacute; os
+acompa&ntilde;a y gu&iacute;a al presente bajo la figura de un garz&oacute;n barbilindo,
+disfraz m&aacute;s adecuado, en mi sentir, que el de un vejestorio barbudo.
+Pero dejando a un lado alabanzas, dir&eacute; en cifra y resumen, que Acevedo,
+lo mismo que Carvallo, quiso llevarlo todo por la tremenda, y que
+prevenidos a tiempo mis dos escuderos, que andan siempre alerta y ojo
+avizor, aun antes de que Acevedo y Tiburcio desenvainasen las espadas,
+se apoderaron de Acevedo, y con el auxilio de Teletusa y de vuestro
+doncel, le ataron chistosamente abrazado a la vieja Claudia y
+traspusieron con ellos al desv&aacute;n, donde se los encontrar&aacute; el Sr.
+Carvallo cuando all&iacute; llegue. La algazara promovida por estos sucesos que
+atrajo al cuarto de Teletusa en donde ocurr&iacute;an. Tal ha sido la causa de
+mi tardanza en venir por aqu&iacute;, donde alg&uacute;n indicio leve ten&iacute;a yo de que
+tan dulce bien me aguardaba. Por dicha, y merced a vuestra destreza,
+serenidad y generosa sangre fr&iacute;a, todos hemos llegado a tiempo de evitar
+una tragedia.</p>
+
+<p>&mdash;Y ya que no la hubo&mdash;dijo Teletusa&mdash;celebr&eacute;moslo bebiendo un trago a
+la salud de los amos de esta casa que no tienen mal provista la
+despensa. No os propongo que cen&eacute;is, porque no tendr&eacute;is gana. Tal vez
+habr&eacute;is cenado ya. Siempre, no obstante, habr&aacute; quedado lugar para un
+bocadillo de algo picante y salado que sea despertador de la sed. Las
+dos criadas de esta casa van a serviros al punto en esta misma mesa.</p>
+
+<p>En efecto, sali&oacute; Teletusa y a poco volvi&oacute;, riendo, brincando y bailando,
+con un gran plato levantado en alto en sus manos como si representase a
+Herodias.</p>
+
+<p>&mdash;No os asust&eacute;is&mdash;exclam&oacute;&mdash;que no os traigo la cabeza de Juan, sino la
+de un jabal&iacute;, rellena de verdes alf&oacute;nsigos y de lengua y lomo con mucha
+sal, pimienta y otros ali&ntilde;os. Estas manos, que se ha de comer la tierra,
+lo han condimentado todo. Estoy orgullosa de mi habilidad culinaria. Ha
+sido mi tarea del d&iacute;a de hoy.</p>
+
+<p>&mdash;Bien puedes decir como Tito&mdash;interpuso donna Olimpia&mdash;que no has
+perdido tu d&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Lo oyes, Tiburcio? Ll&aacute;mame tu Tita que es m&aacute;s breve y m&aacute;s dulce que
+tu Teletusa.</p>
+
+<p>Y diciendo esto, puso sobre la mesa el plato con la cabeza de jabal&iacute;.</p>
+
+<p>Las dos criadas, que entraron en pos de ella, colocaron tambi&eacute;n sobre la
+mesa blanco pan, anchas copas y sendos y grandes jarros.</p>
+
+<p>Se&ntilde;al&aacute;ndolos Teletusa con el dedo, habl&oacute; as&iacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Este es vino rancio y seco de Chipre, n&eacute;ctar exquisito, consagrado a
+Venus, cuya fue aquella isla, all&aacute; en las edades felices en que vivieron
+y reinaron las diosas entre los mortales. Este otro es moscatel de
+Siracusa, vino del que se embriagaba el C&iacute;clope para consolarse de los
+desdenes de Galatea, con el que Arqu&iacute;medes se inspiraba para sus m&aacute;s
+raras invenciones y del que siempre beb&iacute;a Te&oacute;crito antes de componer sus
+idilios. No os pasm&eacute;is, se&ntilde;ores, de mi notable erudici&oacute;n. No en balde
+soy la disc&iacute;pula predilecta de donna Olimpia. De tal palo tal astilla,
+como suele decirse.</p>
+
+<p>Donna Olimpia y Tiburcio aplaudieron a Teletusa. Y Morsamor, algo
+pensativo a&uacute;n y no muy conforme con que todo aquello se aviniese bien
+con su papel de h&eacute;roe, empez&oacute; a rendirse y a contagiarse del regocijo
+harto profano que all&iacute; reinaba. Morsamor se sinti&oacute; ebrio antes de beber
+el vino.</p>
+
+<p>&mdash;Que mis escuderos vuelvan aqu&iacute; tambi&eacute;n&mdash;dijo donna Olimpia&mdash;para que
+coman y beban patriarcalmente con nosotros, que bien lo merecen despu&eacute;s
+del primor con que se han conducido.</p>
+
+<p>&mdash;Y vaya si lo merecen&mdash;dijo Teletusa&mdash;. &iexcl;Hola! Asmodeo y Belceb&uacute;,
+acudid a beber y a regocijaros. Y vosotros, se&ntilde;ores Morsamor y Tiburcio,
+no os maravill&eacute;is ni asust&eacute;is de los fingidos nombres que damos a estos
+dos galanes (y como ya hab&iacute;an entrado los se&ntilde;alaba), porque sus nombres
+verdaderos se guardan para mayores cosas. Ambos son de noble prosapia y
+aun creo que algo parientes de donna Olimpia.</p>
+
+<p>&mdash;No hay duda en ello&mdash;interpuso esta&mdash;. Nuestro parentesco es evidente
+aunque remoto. Soy prima quinta de Belceb&uacute; y sexta de Asmodeo.</p>
+
+<p>&mdash;Pues que sea enhorabuena&mdash;dijo Morsamor, desechando escr&uacute;pulos, echado
+a rodar su formalidad y tomando parte y aun haciendo el papel principal
+en la org&iacute;a que hubo de seguirse.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="X" id="X"></a>-X-</h2>
+
+
+<p>Resbaladizo y dif&iacute;cil ser&iacute;a describir aqu&iacute; lo que all&iacute; ocurri&oacute; despu&eacute;s.
+La cabeza de jabal&iacute; casi desapareci&oacute;. Los dos enormes jarros quedaron
+vac&iacute;os. A las risas, a los brincos y a los cantares, con que se anim&oacute; la
+cena, sucedi&oacute; profundo silencio. Tiburcio y Teletusa se fueron por un
+lado. Asmodeo y Belceb&uacute;, por otro.</p>
+
+<p>S&oacute;lo la tenue luz de una l&aacute;mpara velada por el vaso de alabastro en que
+ard&iacute;a ilumin&oacute; la estancia tranquila, hasta que ray&oacute; el alba y sus
+resplandores primeros penetraron por la ventana, entreabierta a causa
+del calor del est&iacute;o, penetrando tambi&eacute;n fresco y manso vientecillo,
+impregnado de aromas de mil flores, y el gorjeo de los p&aacute;jaros que
+cantaban en la enramada y saludaban el d&iacute;a naciente. Poco m&aacute;s tarde, en
+la gran sala de la quinta, aparecieron Morsamor y Tiburcio, donna
+Olimpia y Teletusa y los dos formidables escuderos. Todos se mov&iacute;an y se
+afanaban como en el momento que precede a un largo viaje.</p>
+
+<p>Donna Olimpia y Teletusa estaban hartas de Portugal y hab&iacute;an resuelto
+acompa&ntilde;ar a Morsamor y a Tiburcio al extremo Oriente. Los hijos de
+Lusitania no se les hab&iacute;an mostrado pr&oacute;digos de los tesoros que de all&aacute;
+ven&iacute;an y as&iacute; determinaron ellas ir a buscarlos. El imprevisto lance,
+adem&aacute;s, de la noche anterior podr&iacute;a acarrearles no pocas desazones,
+sobre todo cuando las abandonaran sus dos triunfantes amigos.</p>
+
+<p>Donna Olimpia hab&iacute;a expresado su resoluci&oacute;n del modo m&aacute;s terminante.</p>
+
+<p>&mdash;Os seguiremos&mdash;hab&iacute;a dicho&mdash;y os seremos fieles. Unidos,
+conquistaremos el mundo. Si fuese menester, hasta nos convertiremos en
+amazonas. Teletusa ser&aacute; Bradamente y yo la propia Pentesilea. Yo estar&eacute;
+contigo, Morsamor, hasta que se harte de m&iacute; tu alma. S&oacute;lo entonces, y si
+acertamos a dar con el verdadero y leg&iacute;timo Preste Juan, que tantos han
+buscado en balde hasta ahora, yo le rendir&eacute;, le cautivar&eacute;, me sentar&eacute; en
+su trono y vendr&eacute; a ser la Papisa Juana del Oriente.</p>
+
+<p>Teletusa, Tiburcio y los dos jaques, holgaron mucho de o&iacute;r este
+razonamiento; le aplaudieron y le celebraron con risas estrepitosas.</p>
+
+<p>All&aacute; en su interior, todo aquello repugnaba no poco a Miguel de Zuheros;
+pero cierto vehemente atractivo de amor vicioso luchaba con la
+repugnancia y la venc&iacute;a. Morsamor no quiso o no se atrevi&oacute; a rechazar
+los prop&oacute;sitos y ofrecimientos de donna Olimpia.</p>
+
+<p>Dichos prop&oacute;sitos se cumplieron.</p>
+
+<p>Apenas despunt&oacute; el d&iacute;a, acudieron a la puerta de la quinta dos criados
+de Morsamor y Tiburcio con caballos y bagaje. Donna Olimpia y Teletusa,
+auxiliadas por los dos jaques, empaquetaron y embaularon sus alhajas,
+vestidos y dem&aacute;s prendas.</p>
+
+<p>Todo esto, as&iacute; como las mismas damas y sus escuderos, hab&iacute;an de viajar
+en mulas que los genoveses ten&iacute;an en la caballeriza y de las que se
+dispuso como de bienes mostrencos. Y no mucho despu&eacute;s, antes de que el
+sol apareciese y dorase con sus rayos la tierra, todos se pusieron en
+marcha, formando alegre caravana y caminando a paso largo hacia Cascaes.</p>
+
+<p>La llave del desv&aacute;n qued&oacute; en poder de las sirvientas de los se&ntilde;ores
+Adorno y Salvago, para que pusiesen en franqu&iacute;a a la vieja Claudia y a
+los se&ntilde;ores Carvallo y Acevedo, a las tres horas de haber salido de la
+quinta Morsamor y su acompa&ntilde;amiento.</p>
+
+<p>La nave que mandaba Morsamor era grande y capaz y &eacute;l pod&iacute;a tripularla a
+su antojo. Con holgura, pues, instal&oacute; en ella a su gente. Y aquel mismo
+d&iacute;a, antes de que el sol rayase en lo m&aacute;s alto del cielo,</p>
+
+<p class="noindent">
+<span style="margin-left: 5em;"><i>Y&aacute; no largo Oceano navegavam</i>,</span><br />
+<span style="margin-left: 5em;"><i>As inquietas ondas apartando</i>:</span><br />
+<span style="margin-left: 5em;"><i>Os ventos brandamente respiravam</i>,</span><br />
+<span style="margin-left: 5em;"><i> Das naos as velas concavas inchando</i>.</span><br />
+</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XI" id="XI"></a>-XI-</h2>
+
+
+<p>Donna Olimpia y Teletusa no se mareaban. Se hallaban en el mar como
+nacidas: como si fuesen nereidas y no mujeres. Morsamor se sent&iacute;a
+tambi&eacute;n m&aacute;s a gusto que en tierra, lleno de esperanzas y forjando en su
+mente los m&aacute;s audaces y ambiciosos planes. En cuanto a Tiburcio eran de
+maravillar sus conocimientos n&aacute;uticos, su alegre humor y su &uacute;til
+actividad a bordo. Por la traza segu&iacute;a pareciendo mancebo de menos de
+veinte a&ntilde;os, mas por las acciones podr&iacute;a supon&eacute;rsele viejo y
+experimentado navegante. As&iacute; se lo dec&iacute;a Lorenzo Fr&eacute;itas, piloto de la
+nave, que ten&iacute;a m&aacute;s de sesenta a&ntilde;os, que hab&iacute;a navegado mucho y que
+hab&iacute;a hecho ya otros dos viajes de ida y vuelta a la India.</p>
+
+<p>Pronto Lorenzo Fr&eacute;itas trab&oacute; amistad &iacute;ntima con Tiburcio y se gan&oacute; el
+afecto y la confianza de Morsamor y de las damas aventureras.</p>
+
+<p>Iba asimismo en la nave un piadoso y entusiasta misionero franciscano,
+cuyo nombre era Fray Juan de Santar&eacute;n. Grand&iacute;sima gana llevaba este de
+difundir la luz del Evangelio, de convertir id&oacute;latras y mahometanos y de
+bautizarlos a centenares. No se opon&iacute;a todo ello a que Fray Juan,
+reservando la gravedad solemne para sus futuras predicaciones, fuese por
+lo pronto jocoso y alegre como unas sonajas, inclinado a cuidarse y a
+tratarse bien para sufrir m&aacute;s tarde las fatigas del apostolado, y harto
+propenso a contar chascarrillos y a decir chirigotas, que no siempre
+despuntaban por su urbanidad y delicadeza.</p>
+
+<p>Como cielo y mar estaban serenos y el viento era pr&oacute;spero, el viaje iba
+haci&eacute;ndose con felicidad y prontitud.</p>
+
+<p>Al subir una ma&ntilde;ana sobre cubierta, nuestros seis principales personajes
+se extasiaron admirando el azul transparente de las aguas, rizadas
+apenas por el soplo de la brisa, donde se reflejaban el m&aacute;s claro azul
+del cielo y las ligeras nubes, que parec&iacute;an de n&aacute;car, purpura y oro. La
+luz del sol, que se iba levantando, formaba en las ondas rieles
+luminosos y se dir&iacute;a que penetraba por curiosidad en el seno
+transparente del agua para iluminar las grutas y los alc&aacute;zares
+submarinos que all&iacute; se esconden.</p>
+
+<p>La costa europea hab&iacute;a quedado lejos. S&oacute;lo mar y cielo se hubiera visto,
+sino apareciese ante los ojos encantados de los de la nave, no lejos de
+ella y en medio del pi&eacute;lago azul, algo a modo de ingente y precioso
+canastillo de flores y verdura, que parec&iacute;a flotar sobre la superficie
+del Atl&aacute;ntico. Mil lozanos y frondosos &aacute;rboles sub&iacute;an hasta la cima del
+cerro que en el centro de la isla se alzaba, como ramillete en forma de
+pi&ntilde;a, en cuya punta, destac&aacute;ndose sobre el limpio fondo del aire,
+resplandec&iacute;a un blanco santuario de la Virgen, dorado ya por los casi
+horizontales rayos del sol naciente.</p>
+
+<p>&mdash;Esa&mdash;dijo Lorenzo Fr&eacute;itas a nuestros cuatro aventureros&mdash;es la isla de
+Madera, descubierta por Juan Gonzalves y Trist&aacute;n Vaz en tiempo del
+glorioso Infante Don Enrique, instigador y fundador de nuestras grandes
+empresas mar&iacute;timas, hoy tan en auge.</p>
+
+<p>A la vista de la isla de Madera, tomando el fresco sobre cubierta y bajo
+un toldo, se desayunaron aquel d&iacute;a Miguel y Tiburcio, ambas damas, el
+misionero Fray Juan y el viejo piloto.</p>
+
+<p>No hemos de seguir nosotros punto por punto a los viajeros. Pasaremos de
+largo cuando nada les ocurra de singular y memorable. Si ahora nos
+detenemos aqu&iacute; es por considerar que, durante aquel desayuno, todos
+estuvieron expansivos y casi elocuentes y dijeron cosas muy importantes
+a la narraci&oacute;n que vamos haciendo.</p>
+
+<p>Hasta el desayuno que tomaron los seis, sentados en torno de una mesa
+redonda, ten&iacute;a algo de ex&oacute;tico para los europeos de entonces, porque
+bebieron en hondas tazas, mezclada con leche y az&uacute;car, una infusi&oacute;n de
+cierta hierba olorosa y salubre, que llamaban cha y que ya se tra&iacute;a a
+Portugal de los remotos reinos del Catay, que est&aacute;n mucho m&aacute;s all&aacute; del
+Indo y del Ganges.</p>
+
+<p>&mdash;Larga y penosa&mdash;dijo Miguel de Zuheros&mdash;va a ser nuestra navegaci&oacute;n
+hasta llegar a las regiones del extremo Oriente. Enorme es el rodeo que
+tenemos que dar, bajando hasta el Cabo de las Tormentas, hoy de Buena
+Esperanza, que Bartolom&eacute; D&iacute;az dobl&oacute; por vez primera. Pasman el esfuerzo
+constante y el secular empe&ntilde;o, primero del Infante Don Enrique y despu&eacute;s
+de sus sucesores y de su pueblo para conseguir el triunfo que han
+conseguido.</p>
+
+<p>&mdash;Con menos tiempo y trabajo&mdash;repuso donna Olimpia&mdash;me parece a m&iacute; que,
+si mis compatriotas los venecianos se hubiesen puesto de acuerdo con
+&aacute;rabes y turcos y con el Soldan de Babilonia y con el de Egipto, tal vez
+hubieran podido abrir alg&uacute;n ancho canal por donde sin tantos rodeos
+hubieran pasado sus naves del mar Mediterr&aacute;neo al mar Rojo,
+encamin&aacute;ndose luego por all&iacute; hasta m&aacute;s all&aacute; de Trapobana, a Cipango y al
+remoto pa&iacute;s de los seras. El pensamiento de abrir ese canal no es cosa
+nueva. Ya le tuvieron algunos Faraones, y sin duda le tuvieron tambi&eacute;n
+Salom&oacute;n e Hiran rey de Tiro, cuando unidos en estrecha alianza enviaban
+sus flotas a Ofir, de donde volv&iacute;an cargadas de riquezas. Si tal
+pensamiento se hubiera realizado no hubieran perdido Venecia y toda
+Italia la supremac&iacute;a en la navegaci&oacute;n y en el comercio, y el poder que
+consigo trae y que hoy tienen los portugueses.</p>
+
+<p>Fray Juan de Santar&eacute;n tom&oacute; parte en la conversaci&oacute;n y exclam&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Lo que menos importa al bien de la cristiandad y del humano linaje es
+que decaigan Venecia y otros Estados de Italia a causa de los
+descubrimientos y conquistas de los portugueses. M&aacute;s alto es el fin que
+estos han tenido y han de tener en lo futuro. No van los de mi naci&oacute;n a
+despojar en Oriente a los venecianos: van a que la religi&oacute;n de Cristo
+prevalezca all&iacute; sobre la de Mahoma: van a quebrantar all&iacute; el poder&iacute;o de
+turcos, &aacute;rabes y persas; y van, por &uacute;ltimo, a despertar del hondo sue&ntilde;o
+de muchos siglos a las dormidas naciones orientales, que aletargadas e
+inertes yacen en el seno letal de la idolatr&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;Todo eso, estar&aacute; muy bien&mdash;interrumpi&oacute; Tiburcio, riendo como ten&iacute;a de
+costumbre&mdash;. Pero &iquest;a qu&eacute; tanto rodeo? &iquest;A qu&eacute; ir por tan extraviado
+camino hasta el extremo Sur de &Aacute;frica? &iquest;A qu&eacute; dejar atr&aacute;s misterioso e
+inexplorado, este continente enorme, en cuyo centro, que nos fingimos
+abrasado, acaso est&eacute; el Para&iacute;so que perdieron nuestros primeros padres?
+&iquest;A qu&eacute;, en fin, dar tan desaforada vuelta y buscar el bien tan lejos,
+cuando le tenemos cercano?</p>
+
+<p>El piloto Lorenzo Fr&eacute;itas, aunque sospechaba que Tiburcio no hablaba con
+seriedad, sino para embromarlos, se enoj&oacute; y no quiso consentir que ni en
+broma se tildara de poco razonable la gloriosa y secular empresa de los
+portugueses, y habl&oacute; as&iacute; en su defensa:</p>
+
+<p>&mdash;No es s&oacute;lo la codicia mercantil la que nos ha llevado a la India, no
+es s&oacute;lo el deseo de sobreponernos a la Se&ntilde;or&iacute;a del Adri&aacute;tico, ni es s&oacute;lo
+tampoco el af&aacute;n de vencer al Islam, busc&aacute;ndole en la fuente misma de su
+mayor riqueza y despoj&aacute;ndole de sus ocultos tesoros, lo que movi&oacute; al
+Infante Don Enrique y ha movido despu&eacute;s a sus sucesores a hacer cuanto
+han hecho. Mil veces m&aacute;s elevadas eran y son sus miras. Noble curiosidad
+nos impuls&oacute; y nos impulsa. Anhelamos desgarrar el velo en que Naturaleza
+se envuelve a&uacute;n y se encubre a nuestros ojos mortales. Y hemos aspirado
+y aspiramos todav&iacute;a a que, as&iacute; como se nos revel&oacute; el misterio del Mar
+Tenebroso, por la persistente violencia que sobre &eacute;l ejercimos, se nos
+revelen tambi&eacute;n la magnitud y estructura de la tierra, y despu&eacute;s todo el
+artificio y la m&aacute;quina del Universo, con las leyes de su movimiento y
+vida.</p>
+
+<p>&mdash;En verdad&mdash;dijo Fray Juan de Santar&eacute;n&mdash;el se&ntilde;or Fr&eacute;itas tiene raz&oacute;n
+que le sobra. Hay un enigma de la mayor transcendencia, no resuelto a&uacute;n,
+que trae sin sosiego a cuantos hombres piensan y discurren en el d&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;A&ntilde;os ha, siendo yo muy mozo y reinando Don Juan II&mdash;interrumpi&oacute;
+entonces Lorenzo Fr&eacute;itas&mdash;aport&oacute; a Lisboa un genov&eacute;s muy presumido y
+soberbio que estaba al servicio de Castilla y se llamaba Crist&oacute;bal
+Col&oacute;n. A ser cierto lo que &eacute;l imaginaba y afirmaba, el enigma se hubiera
+explicado y dejado de serlo. Aquel hombre audaz, fiado en sentencias e
+insinuaciones de antiguos sabios griegos, y singularmente de
+Arist&oacute;teles, hab&iacute;a ido en busca de la India navegando hacia Occidente, y
+casi cre&iacute;a haberla hallado y se jactaba de ello. Hab&iacute;a aportado a
+grandes y f&eacute;rtiles islas, y poco m&aacute;s all&aacute; casi daba por seguro que
+deb&iacute;an de estar Cipango y otros pa&iacute;ses visitados por Marco Polo. Se
+jact&oacute; tambi&eacute;n Col&oacute;n de haber descubierto extensa costa al parecer de un
+gran continente, y supuso que aquello era el extremo oriental del Asia,
+y que m&aacute;s al Norte estaba el Catay, y la India m&aacute;s al Mediod&iacute;a. A punto
+estuvo de costarle la vida esta jactancia, porque algunos se&ntilde;ores de la
+corte, muy poco sufridos, creyeron lo que aseguraba y recelando que as&iacute;
+el rey de Castilla iba antes y por camino m&aacute;s corto a llegar a la India,
+donde todav&iacute;a no hab&iacute;an llegado los portugueses, decidieron provocar a
+Col&oacute;n, y como era poco sufrido re&ntilde;ir con &eacute;l y darle muerte, con lo cual
+su descubrimiento quedar&iacute;a para Portugal y no aprovechar&iacute;a a los
+castellanos. Por dicha, los mencionados se&ntilde;ores expusieron su proyecto
+al Rey Don Juan II, apellidado con raz&oacute;n el Pr&iacute;ncipe Perfecto, el cual,
+aunque vehement&iacute;simo en su c&oacute;lera y de &iacute;mpetus tan vitandos que mataba a
+pu&ntilde;aladas a quien juzgaba que le ofend&iacute;a, sin excluir al hermano de su
+mujer, reflexivamente era tan recto, tan temeroso de Dios y tan buen
+Cat&oacute;lico, que rechaz&oacute; el plan, indignado. Col&oacute;n pudo pues volver a
+Castilla a lucir su descubrimiento y a que los reyes Don Fernando y Do&ntilde;a
+Isabel le aprovechasen. Suscit&oacute; esto, no obstante, recelos y diferencias
+entre los soberanos de Espa&ntilde;a; pero pronto se arregl&oacute; todo por virtud de
+aquella l&iacute;nea, que tiraron idealmente desde un Polo a otro, dividi&eacute;ndose
+as&iacute; las tierras y los mares apenas explorados y los que pudieran
+explorarse en lo venidero. El Padre Santo sancion&oacute; el convenio con el
+poder y la autoridad de que goza como Vicario de Cristo. Pocos a&ntilde;os
+despu&eacute;s, enviado por el rey Don Manuel, lleg&oacute; a Malabar Vasco de Gama,
+Trist&aacute;n de Acu&ntilde;a, el grande Albuquerque y otros h&eacute;roes de Lusitania
+dilataron nuestro dominio y nuestra gloria por el Oriente. Y los
+castellanos en tanto llenos de noble emulaci&oacute;n, hicieron nuevas
+conquistas y descubrimientos en aquellas tierras occidentales a donde
+Col&oacute;n hab&iacute;a llegado por vez primera y que por su magnitud merecieron
+llamarse Nuevo Mundo. Seg&uacute;n las &uacute;ltimas noticias que yo tengo, un
+extreme&ntilde;o, cuyo nombre es Hern&aacute;n Cort&eacute;s, ha surcado el mar, ha pasado
+por medio de vastos territorios y ha llegado a la capital populosa de un
+b&aacute;rbaro y desconocido Imperio, del que est&aacute; a punto de ense&ntilde;orearse.
+Todav&iacute;a pretenden algunos que este Imperio, donde Hern&aacute;n Cort&eacute;s ha
+entrado a saco, est&aacute; al Sur del Catay y al Norte de la India. De aqu&iacute;
+presumo yo que est&aacute; aclarado el enigma, que hay ant&iacute;podas y que es
+evidente la redondez de la tierra.</p>
+
+<p>&mdash;Poquito a poco, se&ntilde;or Fr&eacute;itas&mdash;replic&oacute; Tiburcio&mdash;. Las cosas distan
+mucho de ser tan claras. Yo tengo noticias m&aacute;s recientes que invalidan
+lo que el se&ntilde;or Fr&eacute;itas dice. Otro castellano, no menos valiente aunque
+menos venturoso que Hern&aacute;n Cort&eacute;s, un tal Vasco N&uacute;&ntilde;ez de Balboa ha
+cruzado ese continente por una regi&oacute;n en que es muy estrecho; ha salvado
+altas monta&ntilde;as y ha descubierto m&aacute;s all&aacute; un mar extens&iacute;simo que tiene
+toda la traza de dilatarse m&aacute;s que el mar de Atlante. El enigma queda
+por consiguiente en pie en toda su obscuridad misteriosa. Posible ser&aacute;
+que los castellanos, navegando siempre hacia el Occidente por ese mar
+reci&eacute;n descubierto se alejen cada vez m&aacute;s de la India. Y posible ser&aacute;
+que los portugueses yendo siempre en direcci&oacute;n contraria a la que el sol
+sigue, no aporten jam&aacute;s a las regiones visitadas ya por Col&oacute;n, Cort&eacute;s y
+Balboa.</p>
+
+<p>&mdash;Ya sab&iacute;a yo&mdash;dijo Morsamor&mdash;que ese Balboa de que habla Tiburcio hab&iacute;a
+descubierto un gran mar al otro lado del mundo de Col&oacute;n, entrando en sus
+aguas con la espada desnuda en la diestra y ense&ntilde;ore&aacute;ndose de &eacute;l en
+nombre del C&eacute;sar Carlos V. Esto complica y retarda la resoluci&oacute;n del
+problema, pero no me induce a creer que la resoluci&oacute;n sea otra de la que
+yo pensaba. Para m&iacute; es evidente la forma esf&eacute;rica o casi esf&eacute;rica de la
+tierra. A la extremidad de ese mar han de estar Cipango, el Catay y la
+India. Lo dif&iacute;cil ahora ha de ser para el que navegue hacia el Occidente
+hallar el t&eacute;rmino de ese valladar o hallar un canal o estrecho, por
+donde se pase del mar del Atlante a ese otro mar de Balboa. El que esto
+logre y tenga adem&aacute;s valor y fortuna para surcar el nuevo mar
+desconocido, aportar&aacute; sin duda a la India y podr&aacute; luego dar la vuelta al
+mundo en que vivimos. Y el que navegue hacia Oriente, como navegaremos
+nosotros cuando salvemos el obst&aacute;culo que &Aacute;frica nos opone, podr&aacute; volver
+tambi&eacute;n a su patria por opuesto camino si encuentra modo de salvar el
+valladar que el Nuevo Mundo de Col&oacute;n le ofrece. Yo os confieso, se&ntilde;ores,
+que la ambici&oacute;n me induce a se&ntilde;alarme en la India en empresas guerreras,
+pero como no cuento con muchos soldados para eclipsar all&iacute; las haza&ntilde;as
+de Alejandro de Macedonia, preferir&iacute;a yo sin estrago y sin sangre
+emprender y llevar a cabo un prop&oacute;sito que me dar&iacute;a gloria nueva y sin
+rival entre los seres nacidos de mujer: la gloria de circunnavegar este
+planeta. As&iacute; probar&iacute;a yo experimentalmente que no es enorme disco,
+suspendido en el &eacute;ter y asido por eje de diamante a las cristalinas
+esferas que giran en torno suyo sobre dicho eje con arrebatada y pasmosa
+armon&iacute;a. As&iacute; aducir&iacute;a yo razones y pruebas a los que pretenden que
+nuestra tierra no es el centro del Universo, sino astro peque&ntilde;o y opaco,
+que va rodando en torno del sol, como Venus, Marte, Saturno y otros
+planetas.</p>
+
+<p>&mdash;Atrevida es la tal suposici&oacute;n&mdash;dijo Fray Juan de Santar&eacute;n&mdash;pero ni en
+Coimbra ni en Salamanca faltan doctores que la tienen por probable y aun
+por casi demostrada, respondiendo a los que tratan de invalidarla por
+mal entendidas sentencias de las Sagradas Escrituras, con aquellas
+c&eacute;lebres frases de Francisco de Villalobos, m&eacute;dico de la Reina Cat&oacute;lica:
+los que acuden a la religi&oacute;n en asuntos de ciencias naturales son como
+los delincuentes que buscan en la iglesia un asilo.</p>
+
+<p>&mdash;Tambi&eacute;n en Italia&mdash;a&ntilde;adi&oacute; donna Olimpia&mdash;anda desde hace a&ntilde;os muy
+v&aacute;lida la opini&oacute;n de que no es la tierra, sino el sol quien est&aacute; en el
+centro; y ya, en mi primera mocedad, conoc&iacute; yo y trat&eacute; en Roma a cierto
+doctor polaco, cuyo nombre era Nicol&aacute;s Cop&eacute;rnico, que ense&ntilde;aba dicho
+sistema y andaba muy afanado componiendo un libro, que pensaba dedicar
+al Papa, sobre las revoluciones de los orbes celestes. No ser&iacute;a imp&iacute;o ni
+her&eacute;tico tal sistema cuando con semejante dedicatoria intentaba su autor
+santificar el libro que le defendiese.</p>
+
+<p>&mdash;As&iacute; podr&aacute; ser&mdash;dijo Tiburcio&mdash;. Nadie, sin embargo, lograr&aacute; quitarme
+de la cabeza un endiablado razonamiento que agua o mejor dir&eacute; envenena
+el gozo de esta invenci&oacute;n. Por ella resulta degradado y hasta envilecido
+este mundo en que habitamos. No es ya el centro y objeto principal de la
+creaci&oacute;n entera para cuya iluminaci&oacute;n, regocijo y deleite salieron de la
+nada el sol, la luna y todas las estrellas. Nuestro globo queda reducido
+a un astro opaco, peque&ntilde;uelo y hasta deforme que gira como otros muchos
+planetas m&aacute;s grandes y m&aacute;s hermosos que &eacute;l, perdido en la inmensidad del
+&eacute;ter. &iquest;Qu&eacute; ser&aacute; de nuestra preeminencia sobre las dem&aacute;s criaturas; qu&eacute;
+de la dignidad humana, si tal suposici&oacute;n llega a demostrarse por
+completo?</p>
+
+<p>Morsamor, que coincid&iacute;a por lo com&uacute;n con las opiniones de su joven amigo
+y se complac&iacute;a en aceptar su parecer y su consejo, estaba en aquella
+ocasi&oacute;n tan pose&iacute;do del parecer contrario y tan lleno de la fe y de la
+esperanza de contribuir a la demostraci&oacute;n de su verdad, que encar&aacute;ndose
+con Tiburcio, exclam&oacute; con enojo:</p>
+
+<p>&mdash;Sin duda tendr&iacute;as raz&oacute;n si por lo material aspirase el hombre al
+principado y si su valer se midiese por varas o se pesase por arrobas.
+Pero como el gran ser del hombre es por el esp&iacute;ritu, lo mismo importa
+para que le conserve que tenga su vivienda corporal en el centro del
+Universo o en el m&aacute;s ruin y esquivo lugar de las profundidades del &eacute;ter.
+Donde quiera que mi esp&iacute;ritu se halle, all&iacute; estar&aacute;, all&iacute; crear&aacute; el
+centro de todo; y en la capacidad inmensa de su entender encerrar&aacute;
+cuantos seres existen y pueden existir, y comprendiendo sus leyes, ser&aacute;
+como si se las impusiera, porque si Dios est&aacute; en todas partes, m&aacute;s
+esencialmente est&aacute; en el alma humana. Y as&iacute; el alma humana, si procura
+estar conforme con Dios y unirse con Dios, s&oacute;lo ser&aacute; inferior a Dios
+mismo y no a los habitantes de otros mundos, dado que tales habitantes
+haya. Podr&aacute;n ser m&aacute;s corpulentos, podr&aacute;n tener sentidos m&aacute;s variados y
+perspicaces, pero la ley moral y los primeros principios absolutos, ra&iacute;z
+de todo saber, y el amor inextinguible de lo infinito que s&oacute;lo en lo
+infinito se aquieta, en nadie podr&aacute;n asistir con mayor energ&iacute;a y virtud
+creadora que en el hombre, hecho a imagen y semejanza de Dios.</p>
+
+<p>Todos aplaudieron el discurso de Morsamor. El propio Fray Juan de
+Santar&eacute;n, aunque con escr&uacute;pulos de que en el calor de la improvisaci&oacute;n
+hubiese dejado escapar alguna herej&iacute;a, aplaudi&oacute; tambi&eacute;n a Morsamor, en
+gracia del entusiasmo y de la buena fe con que hab&iacute;a hablado.
+Convinieron adem&aacute;s en que no hay ni habr&aacute; sistema de astr&oacute;logos o de
+sabios emp&iacute;ricos que baste a desbaratar ninguna teolog&iacute;a ni ninguna
+metaf&iacute;sica bien cimentada. Y decidieron, por &uacute;ltimo, que Morsamor, sin
+perjuicio de mostrarse en la India, dando all&iacute; raz&oacute;n de qui&eacute;n era, deb&iacute;a
+volver a Lisboa, caminando siempre hacia Oriente y circunnavegando el
+mundo en que vivimos, cuya redondez resolvieron todos que era innegable.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XII" id="XII"></a>-XII-</h2>
+
+
+<p>Bien se puede afirmar que el poder de los elementos, sojuzgado y
+hechizado por la confianza magn&aacute;nima de nuestros navegantes, se
+complaci&oacute; en favorecerlos, haciendo f&aacute;cil y r&aacute;pido su viaje. Pronto,
+casi siempre a la vista de la extens&iacute;sima costa, llegaron al extremo sur
+del continente negro. El terrible gigante Adamastor, domado ya por la
+secular constancia y el valor de los portugueses, estaba sin duda de muy
+buen talante en aquella ocasi&oacute;n, y sin tormentas ni furores dej&oacute; que
+entrasen en el mar de la India la nave de Morsamor y otras cuatro naves
+m&aacute;s, que formaban la escuadra en cuya compa&ntilde;&iacute;a Morsamor navegaba.</p>
+
+<p>La peque&ntilde;a flota iba como refuerzo de otra mucho mayor y m&aacute;s poderosa,
+que tres meses antes hab&iacute;a salido del Tajo, conduciendo a don Duarte de
+Meneses.</p>
+
+<p>Este personaje, que se hab&iacute;a se&ntilde;alado mucho por su valor y pericia, como
+Gobernador de T&aacute;nger, en la guerra que de continuo sosten&iacute;an los
+portugueses contra los marroqu&iacute;es, iba como Virrey de la India con m&aacute;s
+sueldo y m&aacute;s amplias facultades que sus predecesores. Le llev&oacute; una
+armada de quince velas, en donde fueron Francisco Pereira Pestana para
+Gobernador de Goa, Juan Silveira, para ejercer el mando en Cananor, y
+para el gobierno de Calecut, Juan de Lima.</p>
+
+<p>Hab&iacute;an ido tambi&eacute;n, custodiando al nuevo Virrey, cuatro naves a las
+&oacute;rdenes de Mart&iacute;n Alfonso de Melo, el cual deb&iacute;a despu&eacute;s visitar el
+Imperio chino.</p>
+
+<p>La escuadra de que formaba parte la nave de Morsamor, viniendo a ser
+complemento de dicha grande flota, con la misma felicidad que hab&iacute;a
+pasado el Cabo, aport&oacute; m&aacute;s tarde a Sofala, puerto muy estimado entonces
+de los portugueses por creer que era el antiguo Ofir, de donde Salom&oacute;n e
+Hiran llevaron a Jerusal&eacute;n mucho oro. De aqu&iacute; que los portugueses
+buscasen all&iacute; con af&aacute;n aunque poco dichoso, las antiguas minas que el
+hijo de David hab&iacute;a laboreado.</p>
+
+<p>Algo se detuvo en Sofala la peque&ntilde;a flota, pero no tard&oacute; en zarpar para
+Goa.</p>
+
+<p>La nave de Morsamor no pudo seguirla. Ten&iacute;a antes que ir a Melinda, a
+donde enviaban los se&ntilde;ores Adorno y Salvago no pocos art&iacute;culos de
+comercio. En Melinda deb&iacute;an venderlos o dejarlos en dep&oacute;sito y tomar en
+cambio mercanc&iacute;as de Abexin, Arabia y Egipto y aun algunas de Siria, de
+las islas de la Grecia y de la misma Italia que todav&iacute;a llegaban hasta
+all&iacute;, importadas en Egipto por los venecianos, a pesar del golpe mortal
+que a su comercio hab&iacute;an dado los portugueses.</p>
+
+<p>Durante tan larga navegaci&oacute;n el tiempo pas&oacute; muy agradablemente para
+Morsamor y Tiburcio, merced a la precauci&oacute;n o a la buena suerte que
+hab&iacute;an tenido de embarcar con ellos a donna Olimpia y a Teletusa. Pod&iacute;a
+considerarse la primera como la personificaci&oacute;n de la amenidad serena y
+elevada, y la segunda como la del regocijo y bullicioso trastulo de los
+seres humanos: de tal al menos calificaba donna Olimpia a su compa&ntilde;era.
+Y Tiburcio a&ntilde;ad&iacute;a, en alabanza de ambas, que eran, por estilo profano,
+como Marta y Mar&iacute;a, representando una de ellas la vida contemplativa y
+la vida activa la otra.</p>
+
+<p>Dulce y modesta era donna Olimpia. Nadie con justicia hubiera podido
+censurarla de marisabidilla y bachillera; pero en su trato &iacute;ntimo, y
+cuando Morsamor la estimulaba a hablar, mostraba su rara discreci&oacute;n y su
+mucha doctrina con sencillez y sin pedanter&iacute;a ni jactancia. Hab&iacute;an
+tra&iacute;do a bordo los <i>Di&aacute;logos de amor</i> de Le&oacute;n Hebreo, a quien Morsamor
+qued&oacute; muy aficionado desde que logr&oacute; salvarle de los insultos de la
+plebe.</p>
+
+<p>A veces le&iacute;an en dichos <i>Di&aacute;logos</i> y luego los comentaban. Y eran tan
+atinadas y profundas las ilustraciones de donna Olimpia que, si se
+hubiesen conservado y reunido en un volumen, formar&iacute;an hoy la Filosof&iacute;a
+de amor m&aacute;s interesante y sublime.</p>
+
+<p>En otras ocasiones, Morsamor y donna Olimpia pon&iacute;an por las nubes mil
+invenciones y descubrimientos recientes, que en sentir de ellos hac&iacute;an
+de la &eacute;poca en que viv&iacute;an la m&aacute;s fecunda e ilustre de todas. Y como
+sobre este punto no estuviese de acuerdo Teletusa, la ninfa gaditana no
+quer&iacute;a callarse y asentir con su silencio, sino que tomaba la palabra y
+dec&iacute;a de esta manera:</p>
+
+<p>&mdash;No he de negar yo lo muy ingeniosas que son las invenciones de nuestra
+edad: el empleo de la p&oacute;lvora, en arcabuces, bombardas, culebrinas y
+falconetes; la br&uacute;jula y la imprenta; los instrumentos del famoso
+estrellero y ge&oacute;metra portugu&eacute;s Pedro N&uacute;&ntilde;ez, y el hallazgo y la
+observaci&oacute;n de nuevos astros en el cielo, y en la tierra de nuevos
+continentes, islas y mares. Todo esto, no obstante, se explica con
+facilidad por el entendimiento humano. Si Satan&aacute;s ha intervenido en
+ello, ha sido de tapadillo y sin dar la cara dejando que los inventores
+se jacten de haberlo logrado sin sobrenatural auxilio. En cambio, las
+invenciones primitivas son las que no se pueden explicar humanamente y
+las que tenemos que admirar. &iquest;Qui&eacute;n invent&oacute; el habla? &iquest;Qui&eacute;n la
+escritura? Estas y otras cosas por el estilo son las que no se
+comprenden ni se explican sin acudir a la ense&ntilde;anza y a la revelaci&oacute;n de
+Dios mismo, de los &aacute;ngeles o de los genios. Yo doy por seguro que el
+primero que cultiv&oacute; el trigo y luego sac&oacute; de &eacute;l harina e hizo pan,
+realiz&oacute; algo m&aacute;s estupendo que cuanto hace un siglo se ha descubierto o
+inventado.</p>
+
+<p>Todos aplaudieron el breve discurso de Teletusa, y animada ella con el
+aplauso, se atrevi&oacute; a proseguir:</p>
+
+<p>&mdash;La p&oacute;lvora da muerte y la harina es el mejor y m&aacute;s usado sustento de
+la vida. A la harina, pues, me atengo. Quiero que sep&aacute;is, se&ntilde;ores, que
+una prima m&iacute;a muy guapa fue la buena amiga y tal vez el o&iacute;slo del famoso
+cocinero Ruperto de Nola. De &eacute;l aprendi&oacute; a condimentar exquisitos
+guisos, no pocos de los cuales tuvo luego la bondad de ense&ntilde;arme. Ahora
+bien, yo quiero mostraros mi habilidad y probar al mismo tiempo la
+extraordinaria importancia de la harina. Voy a ser, adem&aacute;s, como cierto
+tocador de viola en extremo habilidoso que tocaba en una sola cuerda
+multitud de sonatas. Yo me he apoderado de un barril de harina y de una
+enorme botija llena de aceite, y vali&eacute;ndome de estas sustancias voy a
+daros, mientras dure nuestra navegaci&oacute;n, una fruta de sart&eacute;n, distinta
+cada d&iacute;a.</p>
+
+<p>Teletusa cumpli&oacute; su promesa, y sin estropear sus manos, que las ten&iacute;a
+bonitas y bien cuidadas, amas&oacute; y fri&oacute; de diario los m&aacute;s deliciosos y
+diferentes manjares farin&aacute;ceos que imaginarse pueden. Ya eran bu&ntilde;uelos
+de una clase, ya bu&ntilde;uelos de otra, ya sopaipas, ya empanadillas, ya
+gajarros, ya pesti&ntilde;os, ya hojuelas, ya pi&ntilde;onate.</p>
+
+<p>Aun sobre estas frutas de sart&eacute;n filosofaba Teletusa con agudeza y con
+gracia exclamando:</p>
+
+<p>&mdash;Nadie me quitar&aacute; de la cabeza, que la materia prima es &uacute;nica, sin que
+sean menester elementos distintos para producir las mil distintas cosas
+que llenan y enriquecen el universo. Cierta fuerza que hay, reside o se
+pone en la materia prima, agita y ordena sus partecillas infinitamente
+sutiles, y de los diversos movimientos y coordinaciones de dichas
+partecillas, que los sabios llaman &aacute;tomos, resulta la infinita variedad
+de los seres. De fijo la diferencia de ellos est&aacute; en la forma. Por la
+forma es uno feo y otro bonito, uno triaca y otro veneno, uno soso y
+otro salado, uno amargo y otro dulce, uno huele bien y otro hiede, &iquest;qu&eacute;
+no podr&aacute; hacer la naturaleza cuando yo flaca mujer, con harina s&oacute;lo,
+hago cosas tan distintas y de tan diferente sabor sin que sean
+sustancialmente m&aacute;s que harina? Y sin embargo, &iquest;cu&aacute;n de otro modo que el
+esponjado bu&ntilde;uelo sabe por ejemplo, el pi&ntilde;onate o la <i>crocante</i>
+empanadilla, que con tan grato crujidito se desmorona entre los dientes?</p>
+
+<p>No se limitaba Teletusa a fre&iacute;r masa y a filosofar sobre la fritura. M&aacute;s
+alegre pasatiempo sol&iacute;a proporcionar casi de diario y particularmente
+cuando el tiempo era muy bueno, a sus dichosos compa&ntilde;eros de navegaci&oacute;n.
+Todos formaban corro en torno de ella. Tiburcio tocaba la vihuela o la
+flauta, y Teletusa, repiqueteando las casta&ntilde;uelas bailaba como una
+s&iacute;lfide.</p>
+
+<p>Teletusa era asimismo egregia cantora, no indigna del siglo y de la
+patria en que la m&uacute;sica estaba tan floreciente, merced a Bartolom&eacute; Ramos
+de Pareja, a Pedro Ciruelo, a Juan Anchieta, a Juan de la Encina y a
+otros insignes compositores y maestros.</p>
+
+<p>La propia Teletusa, acompa&ntilde;&aacute;ndose con la vihuela, cantaba deliciosos
+villancicos y coplas. Ora cantaba</p>
+
+<p class="noindent">
+<span style="margin-left: 5em;">Dos &aacute;nades madre</span><br />
+<span style="margin-left: 5em;">Que van por aqu&iacute;.</span><br />
+</p>
+
+<p>Ora por lo sentimental y lo tierno, coplas como esta:</p>
+
+<p class="noindent">
+<span style="margin-left: 5em;">Pues que jam&aacute;s olvidaro</span><br />
+<span style="margin-left: 5em;">No puede mi coraz&oacute;n</span><br />
+<span style="margin-left: 5em;">Si me falta galard&oacute;n</span><br />
+<span style="margin-left: 5em;">&iexcl;Ay que mal hice en miraros!</span><br />
+</p>
+
+<p>Ora, por &uacute;ltimo siguiendo el estilo picaresco, aquello de</p>
+
+<p class="noindent">
+<span style="margin-left: 5em;">Yo me iba, mi madre,</span><br />
+<span style="margin-left: 5em;">Las rosas coger,</span><br />
+<span style="margin-left: 5em;">Hall&eacute; mis amores</span><br />
+<span style="margin-left: 5em;">Dentro en el vergel.</span><br />
+</p>
+
+<p>Cualquiera pensar&aacute; que, en medio de tanto deleite, Morsamor estaba
+contento. Mucho distaba, no obstante, de ser as&iacute;. En cierto modo puede
+bien afirmarse que Morsamor se hallaba cada d&iacute;a m&aacute;s prendado de donna
+Olimpia. El apasionado mirar de sus ojos glaucos le fascinaba; le
+encantaban su discreta conversaci&oacute;n y su apacible trato; y de continuo
+prestaba p&aacute;bulo a la encendida llama de sus afectos la presencia de
+aquella mujer dechado de elegancia y de majestuosa hermosura. Entonces
+se cre&iacute;a ligado a ella para siempre por invencible hechizo. Entonces
+presum&iacute;a que ella era su bien, que la amaba y que no pod&iacute;a vivir sin
+ella.</p>
+
+<p>En la mente y en el coraz&oacute;n humanos hay un mar tempestuoso de ideas y de
+sentimientos que se combaten. As&iacute; eran el coraz&oacute;n y la mente de
+Morsamor. Y cuando no los subyugaba ni los rend&iacute;a el influjo encantador
+de la aventurera italiana, acud&iacute;an en tropel a atormentarlos mil amargas
+cavilaciones que le her&iacute;an y emponzo&ntilde;aban el alma y sacaban a su rostro
+el color rojo de la verg&uuml;enza. &iquest;Qu&eacute; h&eacute;roe de tan ruin condici&oacute;n era &eacute;l
+cuando tal dama llevaba consigo? Si hubiese robado a do&ntilde;a Sol de
+Qui&ntilde;ones, y a despecho de la Reina y de todo el mundo, la tuviese a
+bordo, el caso, aunque pecaminoso, ser&iacute;a digno de &eacute;l; pero llevar a
+donna Olimpia, que lo mismo se hubiera ido acaso con otro cualquiera,
+era triunfo tan miserable, que, en vez de lisonjear su amor propio, le
+lastimaba y abat&iacute;a.</p>
+
+<p>Hasta el indisputable m&eacute;rito de donna Olimpia, su talento, su belleza y
+la fuerza misteriosa que hab&iacute;a en todo su ser para dominar y cautivar a
+cuantos la ve&iacute;an y trataban, si bien complac&iacute;an a Morsamor cuando
+pensaba que era suyo aquel tesoro, le ofend&iacute;an m&aacute;s a menudo al
+considerar que su brillo atra&iacute;a las miradas, la voluntad y la admiraci&oacute;n
+de las gentes, y a &eacute;l le dejaba obscurecido y como eclipsado.</p>
+
+<p>Algunas bromas de Tiburcio, dichas sin duda irreflexivamente y para
+re&iacute;r, ofend&iacute;an y her&iacute;an a Morsamor en lo &iacute;ntimo de su conciencia y le
+pon&iacute;an de un humor de todos los diablos. Cuando Morsamor le abr&iacute;a su
+coraz&oacute;n a Tiburcio y le confiaba parte de sus pesares, Tiburcio, con el
+prop&oacute;sito de despojar de gravedad el asunto, le dec&iacute;a burlando:</p>
+
+<p>&mdash;En verdad que tiene sus contras el poseer tan gentiles enamoradas y
+tan famosas amigas como la m&iacute;a y la tuya. Debemos, con todo,
+conformarnos y hasta convertir el inconveniente en est&iacute;mulo. Voy a
+explicarme mejor. El marido o el amante de una mujer muy bella, sabia o
+ilustre, queda mil veces peor que en la obscuridad si &eacute;l es un
+cualquiera. En la obscuridad nadie le recordar&iacute;a ni le nombrar&iacute;a,
+mientras que, en el caso que supongo gozar&iacute;a, o mejor dicho padecer&iacute;a de
+rid&iacute;cula e indeleble fama. En todo el mundo ser&iacute;a conocido por su mujer
+o por su amiga y no le llamar&iacute;an Fulano ni Mengano, sino el de Mengana o
+el de Fulana. No floja contrariedad es esta, pero bien puedes t&uacute;
+sobreponerte a la contrariedad, dando raz&oacute;n de qui&eacute;n eres por virtud de
+tus altos hechos, a fin de que seas c&eacute;lebre y ensalzado como Morsamor y
+no meramente conocido y mencionado por amigo de donna Olimpia. Lo propio
+digo de mi persona. Yo quiero hacer de suerte que no me conozcan s&oacute;lo
+por el amigo de Teletusa, sino que me celebren por mis audaces y
+dichosas empresas como Tiburcio de Simahonda. No he de negarte yo,
+porque quiero ser franco, que nuestro prop&oacute;sito es dif&iacute;cil de realizar.
+Estas dos mujeres (perm&iacute;teme lo vulgar de la expresi&oacute;n) que nos hemos
+echado a cuestas, son de tal magnitud y valer, que nos abruman con su
+peso. Y es tal el resplandor con que brillan, que ha de costarnos
+much&iacute;simo resplandecer por nuestras acciones por cima del resplandor que
+despiden ellas con s&oacute;lo manifestarse. No creas t&uacute; que Putifar fue un
+personaje insignificante. Yo he le&iacute;do en antiguas historias y s&eacute; de
+buena tinta que se distingui&oacute; como h&aacute;bil capit&aacute;n, venciendo al Fara&oacute;n
+del alto Egipto, ac&eacute;rrimo contrario del Fara&oacute;n pastor a quien &eacute;l serv&iacute;a,
+y domando en Chipre los filisteos, gente rubia y belicosa que hab&iacute;an
+venido del Norte, que se hab&iacute;an apoderado de aquella isla, y que mucho
+m&aacute;s tarde se repuso, invadi&oacute; la tierra de Canaan y le dio nuevo nombre,
+aunque hizo en ella grandes estragos. Hay adem&aacute;s quien asegura que
+Putifar era muy buen letrado, que pose&iacute;a casi toda la ciencia de los
+egipcios, y que compuso memorias sobre las inundaciones del Nilo y sobre
+otros puntos no menos importantes. Pero todo esto se ha olvidado y ya
+nadie le recuerda ni le nombra, sino a causa o por culpa de su mujer.
+S&oacute;lo se habla de &eacute;l cuando de ella se habla, llam&aacute;ndola, la mujer de
+Putifar, por donde &eacute;l es s&oacute;lo mencionado como marido. Escarmentemos pues
+en cabeza ajena y procuremos que nada semejante nos ocurra.</p>
+
+<p>Este y otros razonamientos por el mismo estilo ten&iacute;a a Morsamor sobre
+ascuas. Y verdaderamente era poco honroso y nada glorioso ir a la
+conquista de un nombre inmortal en compa&ntilde;&iacute;a de damas tan desenfadadas y
+alegres, cuyas conquistas era de temer que se realizasen m&aacute;s pronto.</p>
+
+<p>Aunque Morsamor disimulaba su disgusto, que sol&iacute;a rayar a veces en
+repugnancia, donna Olimpia, era muy avisada y no dej&oacute; de conocerle; pero
+donna Olimpia era muy soberbia y no se dio por entendida ni formul&oacute; la
+menor queja.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XIII" id="XIII"></a>-XIII-</h2>
+
+
+<p>A bordo toda la tripulaci&oacute;n estaba encantada de la bondadosa amenidad de
+donna Olimpia y m&aacute;s a&uacute;n del regocijo de Teletusa, de sus danzas y
+cantares y hasta de sus frutas de sart&eacute;n, hechas a veces con tal
+abundancia que hab&iacute;a para que todos comieran. Ya hemos visto c&oacute;mo el
+piloto intim&oacute; con Morsamor y form&oacute; parte de su corro, y c&oacute;mo Fray Juan
+se holgaba de estar en &eacute;l y hasta de re&iacute;r y charlar con las dos
+aventureras, pues, aunque piadoso, era indulgente, muy conocedor de las
+flaquezas humanas y bastante ejercitado en la virtud de la eutropelia.</p>
+
+<p>Hab&iacute;a, no obstante, un personaje que no llevaba bien aquel alboroto,
+sino que estaba escandalizado de la constante huelga, si bien lo
+disimulaba y sufr&iacute;a porque era prudent&iacute;simo.</p>
+
+<p>Era este personaje el administrador o comisionista encargado de las
+mercanc&iacute;as y de sus ventas, compras y cambios. Notable por su habilidad
+mercantil y por su experiencia y largas peregrinaciones, pose&iacute;a adem&aacute;s
+el talento de hablar afluentemente la lengua ar&aacute;biga, lo cual le val&iacute;a y
+hab&iacute;a de valerle para sus tratos y negocios con los mercaderes de
+aquellas regiones.</p>
+
+<p>El tal administrador, holand&eacute;s o flamenco que en esto no est&aacute;n de
+acuerdo los autores, se llamaba Gast&oacute;n Vandenpeereboom, nombre y
+apellido en completo desacuerdo con sus prendas personales, como si por
+ant&iacute;frasis los llevara. En lugar de ser Gast&oacute;n ten&iacute;a fama de ro&ntilde;oso y
+por no gastar en nada, no hablaba nunca sino por necesidad o provecho, a
+fin de no gastar saliva. Y su apellido, semejante al resonar del trueno
+o de la artiller&iacute;a, tambi&eacute;n se concertaba mal con sus lac&oacute;nicos y
+pausados discursos, pronunciados siempre en voz baja y suave. El se&ntilde;or
+Vandenpeereboom era adem&aacute;s tan peque&ntilde;uelo y delgado, que parec&iacute;a un
+duende. Casi no se le o&iacute;a ni se le ve&iacute;a. Cuando no estaba haciendo
+cuentas estaba rezando sus devociones, por ser muy religioso y devoto.
+Era harto feo de cara, pero en ella, y singularmente en la viveza
+penetrante de sus ojillos, se revelaba su inteligencia y su astucia.</p>
+
+<p>Nadie pod&iacute;a acusarle de que murmurase, pero harto se notaba, a pesar de
+su disimulo, que el se&ntilde;or Vandenpeereboom aguantaba con repugnancia la
+presencia a bordo de las dos aventureras y el jaleo continuo que all&iacute;
+armaban. Como quiera que fuese, y sin m&aacute;s novedad ni disgusto, la nave
+de Morsamor lleg&oacute; al fin al puerto de Melinda.</p>
+
+<p>La ciudad de este nombre era entonces populosa y estaba floreciente y
+rica. Era hijo su rey del que tan cort&eacute;s y lealmente recibi&oacute; a Vasco de
+Gama y le proporcion&oacute; piloto para llegar a Calecut con menos peligro.</p>
+
+<p>Ferid&uacute;n se llamaba el rey nuevo, joven todav&iacute;a, gallardo y muy agraciado
+de rostro. Ten&iacute;a un hermano menor, llamado Rust&aacute;n, a quien estimaba y
+quer&iacute;a tanto que casi compart&iacute;a con &eacute;l su trono. Y no debe extra&ntilde;arse
+que tuviesen estos pr&iacute;ncipes nombres propios de los antiguos persas o
+iranios, porque era m&aacute;s blancos que morenos, y pretend&iacute;an descender, as&iacute;
+como la m&aacute;s ilustre nobleza del reino, de gente venida del Ir&aacute;n.
+Asegur&aacute;base que la ciudad de Chiraz y el f&eacute;rtil territorio que la rodea
+hab&iacute;an sido la cuna de los antiguos emigrantes. Y asegur&aacute;base, por
+&uacute;ltimo, que estos hab&iacute;an abandonado la madre patria, llegando a la
+remota costa de &Aacute;frica y fundando all&iacute; una colonia, expulsados por el
+tremendo conquistador Temug&iacute;n, alias Gengis Khan, emperador de los
+t&aacute;rtaros mongoles.</p>
+
+<p>Causa de la expulsi&oacute;n o m&aacute;s bien de la fuga para sustraerse a una
+tir&aacute;nica intolerancia, hab&iacute;a sido la refinada cultura de aquellos
+persas, y el modo incompleto y libre con que se llamaban mahometanos. La
+antigua religi&oacute;n de la luz increada viv&iacute;a en sus almas sobrepuesta al
+islamismo. Zoroastro val&iacute;a para ellos m&aacute;s que Mahoma, como anterior y
+superior en la serie de los profetas. Las tradiciones patri&oacute;ticas
+sosten&iacute;an y fomentaban en la mente de ellos la fe en los dogmas del
+<i>Avesta</i> y del <i>Bundehesch</i>, libros sagrados que tal vez ya no pose&iacute;an
+ni conoc&iacute;an. La poes&iacute;a maravillosa, tan floreciente en el reinado de
+Mahamud de Gazna el Grande, hab&iacute;a hecho que resurgiesen aquellas ideas y
+aquellos sentimientos en los esp&iacute;ritus y en los corazones. Dicen las
+historias que aquel rey glorioso tuvo muy regalados y agasajados en su
+corte, para mayor ostentaci&oacute;n y brillo, a m&aacute;s de cuatrocientos poetas:
+cosa que aturde y pasma, sobre todo en el d&iacute;a, cuando cr&iacute;ticos tan
+juiciosos e ilustrados como Clar&iacute;n apenas conceden que tengamos en
+Espa&ntilde;a dos y medio. Lo cierto es que entonces se escribieron en Persia
+lind&iacute;simos poemas descollando sobre todos el colosal de Firdusi,
+titulado <i>Libro de los Reyes</i>. En &eacute;l renacen y viven idealmente las
+glorias del Ir&aacute;n y sus seculares luchas, en defensa y para difusi&oacute;n de
+la luz, contra los turan&iacute;es, propugnadores de las tinieblas. El rey
+Mahamud gust&oacute; tanto de la obra de Firdusi que pens&oacute; en darle por ella
+todo el oro que pudiese sostener y llevar como carga el m&aacute;s gigantesco y
+poderoso de sus elefantes. No lleg&oacute; el rey, por malquerencia y chismes
+de sus cortesanos, a premiar tan generosamente al poeta, pero consta que
+le envi&oacute; a Tus, lugar de su nacimiento, donde &eacute;l estaba retirado, un
+regalo casi equivalente, si bien fue ya tarde, porque le llevaban a
+enterrar cuando entraron en Tus los que dicho regalo tra&iacute;an.</p>
+
+<p>No fue s&oacute;lo la epopeya la que pervirti&oacute; la ortodoxia musl&iacute;mica de los
+habitantes de Chiraz y de toda su comarca, sino tambi&eacute;n los cuentos y
+novelas que despu&eacute;s se escribieron, los tratados de filosof&iacute;a moral
+harto poco severa, y m&aacute;s que nada, la poes&iacute;a l&iacute;rica, consagrada a
+ensalzar el vino, los amores y toda clase de deleites. Mal pod&iacute;an
+avenirse con el Cor&aacute;n las sentencias y los versos del <i>Gulist&aacute;n</i>, de
+Sad&iacute; y los voluptuosos madrigales de Hafiz que &eacute;l titulaba <i>Gacelas</i>.</p>
+
+<p>Todav&iacute;a, por &uacute;ltimo, se corrompieron m&aacute;s las creencias y las costumbres
+con un misticismo que despu&eacute;s se puso de moda, merced a muy eminentes
+escritores. Era el tal misticismo todo lo contrario de asc&eacute;tico. En lo
+tocante a indulgencia con pasiones y goces, echaba la zancadilla al de
+nuestro famoso Padre Miguel de Molinos, no siendo menester la
+mortificaci&oacute;n y la penitencia para que el alma se uniese con lo
+infinito, sino m&aacute;s bien absolver en ella toda la hermosura, todo el
+deleite y todo el bien de las cosas creadas. El libro titulado <i>El habla
+de los p&aacute;jaros</i>, fue precursor de esta doctrina. Y quien m&aacute;s la propag&oacute;
+e ilustr&oacute; luego fue el admirable poeta y fil&oacute;sofo Chelaled&iacute;n Rum&iacute;, autor
+del poema <i>Mesnewi</i>. As&iacute; se fund&oacute; una secta her&eacute;tica muy dada al
+sibaritismo y una a modo de orden religiosa de derviches, inclinad&iacute;simos
+a todo linaje de diversiones, m&uacute;sicas y danzas.</p>
+
+<p>Tales sectarios fugitivos fueron los fundadores de la colonia de
+Melinda, donde se hab&iacute;an dado tan buena ma&ntilde;a que hab&iacute;an atra&iacute;do millares
+y millares de negros, formando un reino importante del que dichos negros
+constitu&iacute;an la numerosa plebe.</p>
+
+<p>Cuando Vasco de Gama aport&oacute; all&iacute; veinte y tres a&ntilde;os antes, el rey
+melinde&ntilde;o, que era muy pac&iacute;fico, le recibi&oacute; leal y amistosamente. El
+h&eacute;roe portugu&eacute;s, ya por s&iacute; mismo, ya por medio de su alf&eacute;rez Nicol&aacute;s
+Coello, hab&iacute;a acrecentado tan buenas disposiciones, ponderando la
+grandeza y el poder&iacute;o de Portugal y de su monarca. Gama y Coello
+trataron de hacer creer a los de Melinda que Espa&ntilde;a era la cabeza de
+Europa y Portugal la cumbre de la cabeza; que el rey portugu&eacute;s era el
+primero de los reyes y que el mismo nombre de Dios era su nombre; que
+con su innumerable caballer&iacute;a impon&iacute;a respeto y subyugaba a las dem&aacute;s
+naciones; que sus naves, bien artilladas, recorr&iacute;an el mar a centenares;
+y que las rentas y tributos, que le rend&iacute;an sus vasallos y los pueblos
+vencidos, eran tan abundantes, que, despu&eacute;s de pagados todos los gastos,
+dejaban cada luna un sobrante de doscientos mil cruzados lo menos.</p>
+
+<p>No se sabe hasta qu&eacute; punto creer&iacute;an los melinde&ntilde;os tan enormes
+exageraciones; pero, como vieron despu&eacute;s que los portugueses enviaron al
+mar de la India poderosas flotas, que eran valientes y terribles, que
+conquistaron muchos puertos y ciudades, que asolaron no pocas provincias
+y que iban ense&ntilde;ore&aacute;ndose de todo, acabaron por creer lo que al
+principio les hab&iacute;an dicho; a formar de Portugal el m&aacute;s elevado
+concepto, y a considerar como la mejor pol&iacute;tica la conservaci&oacute;n y el
+acrecentamiento de la amistad portuguesa.</p>
+
+<p>Esta era la opini&oacute;n que prevalec&iacute;a entre los de Melinda cuando la nave
+de Morsamor entr&oacute; en su puerto.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XIV" id="XIV"></a>-XIV-</h2>
+
+
+<p>No bien saltaron en tierra algunas personas de a bordo, visitaron la
+ciudad y hablaron con sus mercaderes y con otros de sus habitantes,
+entre los cuales no faltaba ya quien chapurrease el portugu&eacute;s o el
+italiano, corri&oacute; por todas partes la voz de que mandaba la nave reci&eacute;n
+llegada un se&ntilde;or de mucho fuste y campanillas, cuyo nombre era Miguel de
+Zuheros. Se difundi&oacute; tambi&eacute;n que ven&iacute;an en la nave dos princesas de lo
+m&aacute;s encopetado de Europa, que iban viajando para su instrucci&oacute;n y
+recreo.</p>
+
+<p>Hubo no pocos curiosos y desocupados que fueron a visitar la nave, donde
+Morsamor los recibi&oacute; con franca cordialidad y agasajo. Y como all&iacute;
+viesen a donna Olimpia y a Teletusa, se maravillaron y embelesaron,
+d&aacute;ndose a propalar entre sus compatricios que en la nave europea hab&iacute;a,
+no dos mujeres bonitas, sino dos <i>p&eacute;ris</i> o dos hur&iacute;es. Donna Olimpia fue
+la que m&aacute;s agrad&oacute; y sorprendi&oacute; por su porte majestuoso, y m&aacute;s a&uacute;n por la
+n&iacute;tida blancura de su tez y por el &aacute;ureo fulgor de sus cabellos rubios,
+prendas muy raras en aquella tierra. As&iacute; es que la consideraron y
+ponderaron como si fuese criatura sobrehumana y hasta la propia
+Paraban&uacute;, emperatriz de las hadas.</p>
+
+<p>Cuando todos estos rumores llegaron a los o&iacute;dos del rey y de su hermano,
+ambos anhelaron obsequiar a Morsamor, ver a las dos hermosas princesas y
+mostrar a &eacute;l y a ellas el esplendor de la capital de su reino y la
+f&eacute;rtil amenidad de los huertos y c&aacute;rmenes que a imitaci&oacute;n y en
+competencia de Chiraz hab&iacute;a en su ruedo y en ambas orillas del Sabaki,
+que desemboca en la mar a corta distancia.</p>
+
+<p>Pronto se concert&oacute; y dispuso una fiesta y jira campestre a la que
+Morsamor, Tiburcio, el piloto, Fray Juan de Santar&eacute;n, las dos princesas
+y el se&ntilde;or Vandenpeereboom fueron convidados.</p>
+
+<p>En bateles del pa&iacute;s, empavesados con vistosos gallardetes y fl&aacute;mulas
+multicolores, y defendidos de los ardores del sol por elegantes toldos,
+los convidados fueron a tierra, donde hab&iacute;a para las damas dos soberbios
+palanquines llevados por robustos negros; para Morsamor y Tiburcio,
+hermosos caballos &aacute;rabes ricamente enjaezados; y para el piloto, el
+comisionista y el fraile, sendos pollinos tordos y lustrosos, con
+primorosas albardas, de las que pend&iacute;an caireles y flecos de seda y con
+las cabezadas y j&aacute;quimas de seda tambi&eacute;n, alegrando los o&iacute;dos el sonar
+de los cascabeles de plata que hab&iacute;a en los pretales, y alegrando la
+vista los relucientes y airosos penachos que descollaban muy por cima de
+las largas y puntiagudas orejas.</p>
+
+<p>Debemos advertir aqu&iacute; que en Oriente no es el asno, como en nuestros
+pa&iacute;ses, animal plebeyo y vilipendiado, sino que, por el contrario, goza
+de notable cr&eacute;dito y suele servir de cabalgadura a las personas graves,
+constituidas en dignidad y que conviene que caminen con reposo y pausada
+prosopopeya.</p>
+
+<p>Con muy brillante acompa&ntilde;amiento el rey y su hermano llegaron a recibir
+a sus hu&eacute;spedes en una gran plaza que estaba cerca del muelle. Varios
+ulemas, magos y astr&oacute;logos del Real Consejo privado, ven&iacute;an tambi&eacute;n en
+burros; monteros y cazadores, de a pie y de a caballo, tra&iacute;an la jaur&iacute;a
+de podencos y lebreles; doce diestros cazadores de altaner&iacute;a, todos a
+caballo, llevaban en el antebrazo izquierdo, asidos a la l&uacute;a de becerro
+con las acicaladas garras, ya poderosos nebl&iacute;es, tra&iacute;dos a mucha costa
+de las monta&ntilde;as de Elburz o de Mazender&aacute;n a orillas de mar Caspio, ya
+&aacute;giles alfaneques africanos, retenidos por la pihuela para que no
+echasen a volar, y todos con sus capirotes de grana y con sutiles
+cascabelillos de oro en las nervudas patas.</p>
+
+<p>El rey se present&oacute; en un lujoso carro, tirado por cuatro caballos
+blancos y conducido por su propio hermano Rust&aacute;n, que se ufanaba de ser
+h&aacute;bil auriga. Se parec&iacute;an tambi&eacute;n en el carro un venerable escudero, que
+sosten&iacute;a el quitasol de raso amarillo, bordado de oro, dando sombra al
+rey y siendo s&iacute;mbolo e insignia de su poder soberano; y dos pajecillos,
+muy graciosos y compuestos, que oseaban las moscas y mov&iacute;an y
+refrescaban el aire que circundaba a la persona regia, agitando grandes
+abanicos, uno de pintadas plumas de pavo real, y otro de plumas de
+avestruz blancas como la leche.</p>
+
+<p>El rey y su hermano recibieron y saludaron a las damas, a Morsamor y a
+los suyos con gran cortes&iacute;a y finura, y despu&eacute;s de recorrer las
+principales calles de la ciudad y de mostrarles las m&aacute;s interesantes
+curiosidades, los llevaron al campo, donde los cazadores y las bien
+industriadas aves de rapi&ntilde;a lucieron su destreza en la cetrer&iacute;a, arte
+cultivad&iacute;simo en Persia desde los tiempos primitivos de Jemshyd,
+fundador del primer imperio.</p>
+
+<p>Todos fueron luego a un parque o coto muy extenso que pose&iacute;a el rey en
+la margen del r&iacute;o, y donde hab&iacute;a mucha caza, especialmente de ciervos.
+Espantados y perseguidos por los ojeadores, los ciervos pasaron en
+manadas por muy cerca de las paranzas donde el rey y los que le
+acompa&ntilde;aban se hab&iacute;an puesto a aguardarlos. As&iacute; hicieron en ellos no
+peque&ntilde;a carnicer&iacute;a, lanz&aacute;ndoles flechas, venablos y azagayas.</p>
+
+<p>El rey Ferid&uacute;n obsequi&oacute; por &uacute;ltimo a sus convidados y a los individuos
+de su servidumbre con una exquisita merienda, en la que el guiso que m&aacute;s
+agrad&oacute; fue uno de &aacute;nades silvestres en arroz blanco, condimentado con la
+picante salsa llamada <i>curry</i>. Los alm&iacute;bares de azahar y de rosas fueron
+tambi&eacute;n muy celebrados. Y los se&ntilde;ores principales consumieron en
+abundancia el famoso vino de Chiraz a pesar de Mahoma, mientras que la
+gente menuda se regal&oacute; con <i>arrack</i>, bebida fermentada de la India,
+harto menos costosa.</p>
+
+<p>Las dos damas fueron muy admiradas y requebradas, rayando en frenes&iacute; el
+entusiasmo que excitaron, sobre todo hacia el fin de la merienda.</p>
+
+<p>El rey, el pr&iacute;ncipe, su hermano, los ulemas y los astr&oacute;logos, todos en
+suma, apenas se atrevieron a dirigirles la palabra en prosa, sino que
+les echaron a porf&iacute;a mil piropos, ya en versos persas, ya en versos
+ar&aacute;bigos, que los se&ntilde;ores Vandenpeereboom y Tiburcio se encargaban de
+traducir. Porque seg&uacute;n la costumbre de aquella tierra casi hubiera sido
+desacato o irreverencia hablar en prosa a se&ntilde;oras tan bellas y de tan
+alta guisa. Por fortuna no era dif&iacute;cil a las personas elegantes de por
+all&iacute; hablar siempre en verso, porque la menos instruida de todas ellas
+sabia de memoria millares de <i>kasidas</i> y de <i>gacelas</i>, aprop&oacute;sito para
+todos los casos, y que pod&iacute;an ensartarse unas en otras, como las perlas
+en un hilo, por medio de la prosa rimada.</p>
+
+<p>En resoluci&oacute;n, los viajeros se divirtieron mucho aquel d&iacute;a y todos
+volvieron a bordo muy lisonjeados y satisfechos.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XV" id="XV"></a>-XV-</h2>
+
+
+<p>Despu&eacute;s de la jira campestre y contrariando los planes de Morsamor, su
+nave permaneci&oacute; a&uacute;n en el puerto de Melinda una semana entera. La carga
+y descarga de art&iacute;culos de comercio y los tratos y contratos que tuvo
+que hacer el se&ntilde;or Gast&oacute;n Vandenpeereboom fueron la causa de tales
+estad&iacute;as.</p>
+
+<p>Lleg&oacute; al fin el momento de continuar el viaje. Era una hermosa tarde de
+oto&ntilde;o, v&iacute;spera de la salida. Morsamor, Tiburcio, las damas y toda la
+tripulaci&oacute;n estaban a bordo.</p>
+
+<p>Una almad&iacute;a, conduciendo gente muy bulliciosa y regocijada, se acerc&oacute; al
+costado de la nave. Uno de los de la almad&iacute;a pidi&oacute; permiso para que
+visitasen la nave &eacute;l y sus compa&ntilde;eros.</p>
+
+<p>Compon&iacute;an estos una tropa o cofrad&iacute;a de los derviches m&iacute;sticos,
+apellidados <i>mevlevies</i>, de que fue fundador y patriarca el ya citado
+celeb&eacute;rrimo Chelaled&iacute;n-Rum&iacute;, egregio poeta entre los orientales y
+melodioso <i>ruise&ntilde;or de la vida contemplativa</i>.</p>
+
+<p>Miguel de Zuheros no estaba de muy buen humor y repugnaba recibir a los
+derviches; pero donna Olimpia y Teletusa, que hab&iacute;an o&iacute;do hablar de sus
+extravagantes y vertiginosos bailes y del extra&ntilde;o m&eacute;todo que empleaban
+para llenarse de furor divino y entrar en la v&iacute;a unitiva, intercedieron
+por ellos y consiguieron que subiesen sobre cubierta. Hasta veinte
+ser&iacute;an los de aquella tropa, todos vestidos de flotantes y ligeros
+pa&ntilde;os, todos contentos y satisfechos como quien priva con la divinidad y
+de los dem&aacute;s seres del mundo no se le importa un prisco.</p>
+
+<p>Al son de una m&uacute;sica muy rara entonaron los derviches algunas de las m&aacute;s
+bellas canciones pante&iacute;sticas de su fundador. Luego tejieron la m&aacute;s
+arrebatada y fren&eacute;tica danza que puede imaginarse. Y, por &uacute;ltimo, cuatro
+de los derviches, trompeteros de resuello pujante, hicieron resonar las
+<i>kernas</i> de que ven&iacute;an provistos. La danza se precipit&oacute; entonces con
+rapidez sobrehumana. Verlos bailar causaba mareo.</p>
+
+<p>Aquel espect&aacute;culo asustaba m&aacute;s que divert&iacute;a, pero ten&iacute;a tan invencible
+atractivo que todas las miradas quedaban fijas en los derviches sin
+poder apartarse de ellos.</p>
+
+<p>Atronador era el sonido de las <i>kernas</i>, trompetas enormes de m&aacute;s de dos
+metros de longitud, en figura de serpientes y enroscadas en giro
+tortuoso.</p>
+
+<p>&mdash;Nadie me quitar&aacute; de la cabeza&mdash;dijo Tiburcio a donna Olimpia, que
+estaba a su lado&mdash;que si bien la m&uacute;sica, como todas las dem&aacute;s artes, ha
+adelantado mucho en estos &uacute;ltimos tiempos, todav&iacute;a hay en ella secretos
+misteriosos, descubiertos en las edades primitivas y conservados
+ocultamente en los santuarios y en los colegios sacerdotales. Al o&iacute;r
+estas trompetas se entrev&eacute; y se adivina la relaci&oacute;n, conocida en lo
+antiguo y desconocida hoy, entre la m&uacute;sica y la arquitectura. Al o&iacute;r
+estas trompetas no parece del todo ponderaci&oacute;n, encarecimiento o
+milagro, lo que se cuenta de Anfi&oacute;n erigiendo al son de la m&uacute;sica las
+murallas de Tebas, y lo que se cuenta de Josu&eacute; derribando las murallas
+de Jeric&oacute; a trompetazos. Tal vez la m&uacute;sica del porvenir llegue en
+Europa, dentro de cuatro siglos o antes a tener eficacia parecida, mas
+por ahora distamos mucho de ello.</p>
+
+<p>Donna Olimpia estaba tan absorta oyendo el trompeteo y contemplando la
+danza, que no contest&oacute; palabra alguna.</p>
+
+<p>La observaci&oacute;n de Tiburcio era, sin embargo, muy atinada aunque
+incompleta.</p>
+
+<p>Sin duda aquella m&uacute;sica profunda y sabiamente b&aacute;rbara no estaba s&oacute;lo en
+relaci&oacute;n con la arquitectura, no era s&oacute;lo una fuerza motriz material,
+sino que era asimismo un pasmoso veh&iacute;culo de la fuerza ps&iacute;quica,
+trasmitiendo con el aliento vital por el retorcido tubo de bronce el
+deseo imperioso del esp&iacute;ritu. Esto que recientemente han inventado los
+hombres y han apellidado magnetismo animal no es m&aacute;s que un leve e
+imperfecto atisbo y un ensayo rudo y embrionario, dig&aacute;moslo as&iacute;, del
+empleo de la fuerza ps&iacute;quica, que en los venideros tiempos ha de
+conocerse mejor y ejercitarse con gran fruto.</p>
+
+<p>Como quiera que ello sea, lo cierto es que aquellos trompeteros o
+sonadores de <i>kerna</i> pod&iacute;an ya, por virtud de la ciencia oculta
+custodiada en Oriente, emplear la fuerza del alma y producir el letargo
+magn&eacute;tico en quien se les antojaba.</p>
+
+<p>No nos maravillemos pues, de que Morsamor, que tambi&eacute;n ve&iacute;a la danza y
+escuchaba el trompeteo, viniese a caer en hond&iacute;simo letargo. No hubo
+modo de despertarle, y permaneci&oacute; traspuesto cerca de veinticuatro
+horas.</p>
+
+<p>Cuando Morsamor volvi&oacute; a su acuerdo, la nave estaba en alta mar, lejos
+de Melinda, y navegando con viento favorable hacia las distantes playas
+de Malabar.</p>
+
+<p>Cu&aacute;n extraordinaria sorpresa y cu&aacute;n tremenda c&oacute;lera no ser&iacute;an las de
+Morsamor no bien supo que donna Olimpia y Teletusa, as&iacute; como sus
+escuderos Asmodeo y Belceb&uacute;, hab&iacute;an desaparecido, sin que se hallasen en
+la nave por m&aacute;s que los hab&iacute;an buscado.</p>
+
+<p>Sin duda, en la tremolina y rebullicio que se arm&oacute; cuando Miguel de
+Zuheros cay&oacute; en su hondo letargo, las dos damas y los dos escuderos
+hubieron de escabullirse y&eacute;ndose con los derviches.</p>
+
+<p>Las &oacute;rdenes de levar anclas y darse a la vela al amanecer hab&iacute;an sido
+tan terminantes que, a pesar de lo ocurrido, el piloto no quiso
+desobedecerlas. El letargo de Morsamor pod&iacute;a por otra parte terminar en
+muerte, y lo m&aacute;s seguro era salir para la India, por no considerarse
+nadie a bordo con poder bastante para desembarcar y tomar venganza de
+aquel desaguisado, en la suposici&oacute;n de que los derviches o algunas otras
+personas tuviesen la culpa de todo.</p>
+
+<p>Interrogado por Morsamor, Tiburcio le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;De tu letargo, no s&eacute; qu&eacute; pensar. Yo creo que le produjeron las
+trompetas m&aacute;gicas, pero tal vez la intenci&oacute;n de los derviches no fue en
+tu da&ntilde;o. Y por lo tocante a donna Olimpia y a Teletusa nada tenemos que
+reclamar. No ha habido rapto. Ni la violencia ni la astucia han sido
+parte en su fuga. Ellas nos han abandonado en el pleno uso y ejercicio
+del libre albedr&iacute;o. De nadie, pues, ni de ellas mismas, podemos
+quejarnos. Lee esta carta que me dej&oacute; escrita Teletusa antes de partir.</p>
+
+<p>Morsamor tom&oacute; la carta y ley&oacute; lo que sigue:</p>
+
+<p>&laquo;Mi adorado Tiburcio: La fatalidad lo quiere y lo dispone y es menester
+someterse a ella. En las entretelas de mi coraz&oacute;n llevo yo pintada tu
+imagen con preciosos y vivos colores que nunca han de deste&ntilde;irse. Estoy
+convencida de que no volver&eacute; a hallar jam&aacute;s hombre tan guapo como t&uacute; y
+que me pete tanto, aunque, como el Infante don Pedro de Portugal,
+recorra yo en su busca las siete partidas del mundo. Y, sin embargo,
+tengo que abandonarte. Donna Olimpia lo quiere. Seguirla es para m&iacute;
+deber ineludible. Si ella abandona a Morsamor es porque conoce que, si
+bien Morsamor la quiere, Morsamor tiene verg&uuml;enza de llevarla en su
+compa&ntilde;&iacute;a. Harto ha notado ella que cuando Morsamor no est&aacute; bajo el
+hechizo de su mirada y recobra la calma y el juicio que le roba la
+embriaguez del deleite amoroso, ella, si no es objeto de repugnancia
+para Morsamor, es considerada por &eacute;l como un estorbo y como un
+esc&aacute;ndalo. No queremos estorbar ni escandalizar y por eso nos quedamos
+en Melinda. Hemos celebrado un contrato con el Rey Ferid&uacute;n y con el
+pr&iacute;ncipe Rust&aacute;n, los cuales, bajo palabra de honor, corroborada por
+solemnes juramentos, nos dejan en completa libertad de largarnos donde
+se nos antoje, si dentro de seis meses nos hartamos de ser el adorno y
+el esplendor de su corte. Donna Olimpia ha querido que nuestra
+separaci&oacute;n sea s&uacute;bita y por sorpresa para ahorrarnos a todos el trance
+desgarrador de la despedida. Ella desea que Morsamor alcance grandes
+victorias, triunfos y laureles en la India; entiende que para esto
+perjudicar&iacute;a a Morsamor si le siguiese y por eso le deja. Si &eacute;l por un
+lado, ella tambi&eacute;n separadamente por otro, puede vencer y triunfar sola.
+El continuar juntos, dice ella, ser&iacute;a causa de debilidad y a todos nos
+da&ntilde;ar&iacute;a. Ella sola tiene tambi&eacute;n colosales proyectos. Quiere visitar la
+Meca, el reino del Preste Juan, el Egipto, la Tierra Santa y qu&eacute; s&eacute; yo
+cu&aacute;ntas otras regiones. Por Dios no teng&aacute;is pesadumbre de que nos
+separemos de vosotros. La pesadumbre de Morsamor s&oacute;lo podr&iacute;a nacer, si
+la tuviese, de su vanidad ofendida. En el fondo de su alma debe
+alegrarse y de fijo se alegrar&aacute; de verse libre de nosotras. Lo que es t&uacute;
+bien s&eacute; yo que me quieres un poquito y que sentir&aacute;s algo mi ausencia. No
+me olvides. Guarda de m&iacute; tan dulce recuerdo como el que yo de ti guardo.
+&iquest;Qui&eacute;n sabe? Ya nos volveremos a encontrar alg&uacute;n d&iacute;a. Entre tanto, quede
+yo en tu memoria tan gentil y enamorada, como t&uacute; en la m&iacute;a quedas, y ten
+por cierto que nunca dejar&aacute; de amarte tu <i>Teletusa</i>&raquo;.</p>
+
+<p>Le&iacute;da esta carta, Tiburcio entreg&oacute; a Morsamor otra que donna Olimpia
+hab&iacute;a dejado escrita para &eacute;l. Era esta carta tan elocuente y tan sentida
+que no me atrevo a recomponerla aqu&iacute;, pues no teni&eacute;ndola a mano tal como
+se escribi&oacute; la falsear&iacute;a yo y la echar&iacute;a a perder, recomponi&eacute;ndola y
+ofreci&eacute;ndola a mis lectores. Baste, pues, que sepan que donna Olimpia se
+desped&iacute;a de Morsamor con inmensa ternura, y tratando de justificar la
+separaci&oacute;n por ineludible.</p>
+
+<p>Morsamor sinti&oacute; muy mortificado su amor propio, pero en el fondo de su
+alma tuvo que dar la raz&oacute;n a donna Olimpia, y no hall&oacute; motivo para
+quejarse de ella ni de nadie. Sospech&oacute;, con todo que el mediador que
+hab&iacute;a habido entre Ferid&uacute;n y Rust&aacute;n y las dos aventureras no pod&iacute;a haber
+sido otro que el Sr. Gast&oacute;n Vandenpeereboom, pero disimil&oacute; su enojo por
+verg&uuml;enza y no quiso vengarse, al menos por lo pronto.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XVI" id="XVI"></a>-XVI-</h2>
+
+
+<p>El piloto Lorenzo Fr&eacute;itas dirigi&oacute; la nave con habilidad pasmosa,
+aprovechando la monz&oacute;n favorable del sud-oeste, y, con mayor rapidez que
+la ordinaria, cruz&oacute; el Mar de la India hasta hallarse ya, seg&uacute;n sus
+c&aacute;lculos, a cuatro o cinco d&iacute;as de distancia del puerto de Goa. All&iacute;
+estaba sin duda el virrey Don Duarte de Meneses, a quien Morsamor quer&iacute;a
+presentarse, poni&eacute;ndose a sus &oacute;rdenes, aunque hubiera preferido que esto
+fuera llev&aacute;ndole alg&uacute;n presente y despu&eacute;s de haber dado cima a empresas
+de importancia y de lucimiento.</p>
+
+<p>Para tratar sobre este punto, Morsamor llam&oacute; a consejo una ma&ntilde;ana al
+piloto Fr&eacute;itas, al administrador Vandenpeereboom y hasta a Fray Juan de
+Santar&eacute;n y al amigo Tiburcio, con cuyos pareceres quer&iacute;a asesorarse.</p>
+
+<p>Por noticias que en Sofala y en Melinda le hab&iacute;an llegado, Morsamor
+sab&iacute;a que los negocios de Portugal en la India andaban harto revueltos.
+Y aunque presentaban mayor peligro que de ordinario, pod&iacute;an tambi&eacute;n dar
+ocasi&oacute;n a grandes triunfos si la destreza y el brio eran secundados por
+la fortuna. Tiempo hac&iacute;a ya que el sold&aacute;n del Cairo no constru&iacute;a
+auxiliado para ello por los venecianos a toda costa en Berenice, puerto
+del Mar Rojo, naves con que salir a combatir a los portugueses en el
+Golfo de Om&aacute;n y en lo m&aacute;s ancho del Eritreo, pero hab&iacute;an corrido rumores
+de que el r&eacute;gulo de Ormuz se hab&iacute;a rebelado, sacudiendo la pleites&iacute;a y
+negando el tributo que antes pagaba. Asegur&aacute;base adem&aacute;s, que el gran
+turco, a quien arrebataban los portugueses en la India el fructuoso
+comercio que hubiera acrecentado y hecho incontrastable su poder, hab&iacute;a
+alentado, por medio de emisarios secretos, y tal vez con promesas de
+auxilio, a varios rajaes o pr&iacute;ncipes soberanos indostan&iacute;es, mahometanos
+unos y gentiles otros, para que contra Portugal se ligasen y armasen.
+Alma de esta liga era un marino audaz y experto, llamado Aga Mahamud, el
+cual ten&iacute;a gran cr&eacute;dito y alto nombre, y hab&iacute;a llegado a reunir bajo su
+mando una poderosa flota de m&aacute;s de cincuenta ligeras y bien artilladas
+fustas, sin contar varias galeras, almad&iacute;as, <i>zambucos</i> y otros peque&ntilde;os
+bajeles, cuyos tripulantes, aunque de diversas razas, lenguas y
+creencias, eran todos gente desalmada y fiera, avezada a la mar, sufrida
+en los trabajos y despreciadora de los peligros.</p>
+
+<p>No lejos de Diu, florec&iacute;a entonces, en el fondo de un estero y a orillas
+de un r&iacute;o caudaloso, la ciudad de Chaul, emporio del comercio que, para
+sustraerse al poder mar&iacute;timo de Portugal, hac&iacute;an entonces con la India,
+por tierra, Persia y Arabia. Chaul era singularmente famosa como mercado
+de caballos, y all&iacute; iban a surtirse los grandes se&ntilde;ores y pr&iacute;ncipes
+indianos para remontar su caballer&iacute;a.</p>
+
+<p>Los portugueses hab&iacute;an obtenido del pr&iacute;ncipe de Chaul el permiso de
+erigir una gran fortaleza no lejos de la ciudad y al borde del estero,
+adquiriendo as&iacute; la llave y el dominio de emporio tan importante.</p>
+
+<p>La fortaleza hab&iacute;a empezado a construirse, pero Aga Mahamud hab&iacute;a
+acudido a estorbarlo con sus fustas, y se dec&iacute;a que se hab&iacute;an dado ya
+algunos combates en que no siempre los portugueses salieron bien
+librados.</p>
+
+<p>Peligroso era ir all&iacute; con una nave sola exponi&eacute;ndose a un encuentro con
+fuerzas superiores enemigas, pero Morsamor, deseoso de se&ntilde;alarse por
+actos heroicos, propuso a sus compa&ntilde;eros de navegaci&oacute;n y de armas
+dirigir el rumbo hacia Chaul y acudir en auxilio de la flota portuguesa
+que defend&iacute;a all&iacute; la construcci&oacute;n del castillo y que tal vez en aquellos
+momentos estaba sitiada y vigorosamente combatida. Posible era sucumbir
+all&iacute; con gloria, pero si por dicha se venc&iacute;a, Morsamor gozaba en
+imaginar la brillantez y la pompa de su entrada en Goa ya victorioso y
+llevando de presente a Don Duarte treinta o cuarenta caballos &aacute;rabes y
+persas r&aacute;pidos en la carrera, de pura sangre y de hermos&iacute;sima estampa.</p>
+
+<p>Habl&oacute; Morsamor con tanto fuego que logr&oacute; penetrar y encender con &eacute;l los
+corazones de su peque&ntilde;o auditorio. El mismo Fray Juan de Santar&eacute;n hubo
+de entusiasmarse y dijo que, dejando por lo pronto los medios de
+persuasi&oacute;n, hasta que aprendiese &eacute;l con facilidad alguna de las lenguas
+que por all&iacute; se hablaban, empu&ntilde;ar&iacute;a un arcabuz y transmitir&iacute;a as&iacute; sus
+creencias a los infieles por medio de terribles lenguas de fuego.</p>
+
+<p>Hab&iacute;a recelado Morsamor hallar oposici&oacute;n en el se&ntilde;or Vandenpeereboom,
+pero se llev&oacute; agradable chasco. El se&ntilde;or Vandenpeereboom siempre con la
+fr&iacute;a suavidad y con la lentitud de sus palabras, dijo de esta suerte,
+cuando le lleg&oacute; el turno de hablar:</p>
+
+<p>&mdash;En los peligros grandes el temor es casi siempre mayor que el peligro.
+Mucho aventuramos, pero, &iquest;qui&eacute;n sabe? Acaso salgamos bien de la empresa,
+y harto se comprende el provecho y la gloria que de ello nos
+resultar&iacute;an. Si somos vencidos, si las fustas de Aga Mahamud echan a
+pique nuestra nave &iquest;qu&eacute; le hemos de hacer? Morir tenemos, como dicen los
+cartujos, y lo mismo es hoy que ma&ntilde;ana. Yo aqu&iacute;, como apoderado
+comercial de los se&ntilde;ores Adorno y Salvago, s&oacute;lo debo mirar por sus
+intereses. Y para disipar escr&uacute;pulos dir&eacute; que aunque esta nave se hunda
+en la mar con toda la riqueza que contiene, si se hunde con gloria y con
+la conveniente y debida resonancia, los se&ntilde;ores Adorno y Salvago saldr&aacute;n
+ganando y no perdiendo. Esto lo calculamos muy bien antes de zarpar de
+Lisboa y por eso se dio el mando militar de la nave a tan atrevido
+sujeto como el se&ntilde;or Miguel de Zuheros que est&aacute; presente. Si a nosotros
+nos hacen trizas y si descendemos al fondo del mar a que los peces nos
+devoren, los se&ntilde;ores Adorno y Salvago se afligir&aacute;n o supondr&aacute;n que se
+afligen, pero ya tienen echadas sus cuentas y hechos sus c&aacute;lculos y
+sabr&aacute;n poner alto precio a nuestro hero&iacute;smo, impetrando de Su Alteza
+Fidel&iacute;sima honores, mercedes y privilegios muy provechosos. Con que haga
+el se&ntilde;or Miguel de Zuheros lo que mejor le convenga, y atr&eacute;vase a todo,
+que por nosotros no ha de quedar.</p>
+
+<p>En vista de tan un&aacute;nime concordancia de pareceres, Morsamor dispuso que
+se navegase hacia Chaul, y as&iacute; lo hizo Fr&eacute;itas, con todo el cauteloso
+esmero que conven&iacute;a para esquivar el encuentro de superiores fuerzas
+contrarias y para acudir en la m&aacute;s oportuna saz&oacute;n a dar a los amigos
+inesperado socorro.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XVII" id="XVII"></a>-XVII-</h2>
+
+
+<p>Al amanecer de un d&iacute;a del mes de Septiembre, la nave de Morsamor se
+hallaba a la vista de Chaul, muy cerca de la costa. Dens&iacute;sima niebla
+quitaba su transparencia al aire y extendida sobre la superficie del
+mar, ofuscaba la vista.</p>
+
+<p>Morsamor y los suyos creyeron o&iacute;r frecuentes estampidos como de disparos
+de bombardas, y hasta imaginaron columbrar el resplandor siniestro que a
+los estampidos preced&iacute;a. Sin temor, no obstante, aunque s&iacute; con
+extraordinarias precauciones, se fueron acercando hacia donde sonaban
+los disparos. No soplaba el viento muy en su favor, pero el piloto
+Fr&eacute;itas y sus &aacute;giles marineros le dominaban y aprovechaban con diestras
+maniobras.</p>
+
+<p>A pesar de la niebla, descubrieron de repente un esquife que se recataba
+de ellos y procuraba huir. Echaron entonces al agua el de la nave, en el
+que izaron la bandera portuguesa, y a todo remo dieron caza y alcanzaron
+al que hu&iacute;a. Los que le tripulaban, no bien distinguieron la bandera de
+Portugal, trocaron su recelo en alegr&iacute;a y se pusieron al habla con los
+de la nave. Pronto el que mandaba el esquife fugitivo subi&oacute; a bordo de
+la nave y lleg&oacute; a la presencia de Morsamor. Interrogado por &eacute;l el del
+esquife fugitivo habl&oacute; de este modo:</p>
+
+<p>&mdash;Yo, que me llamo Antonio Vaz, y los que vienen conmigo, form&aacute;bamos
+parte de la tripulaci&oacute;n de la galera que mandaba Diego Fern&aacute;ndez y que
+hab&iacute;a ido a ponerse a la entrada del estero para impedir que las fustas
+de Aga Mahamud penetrasen en &eacute;l y fuesen a combatir la fortaleza, ya
+desde el agua, disparando bombardas, arcabuces y flechas, ya
+desembarcando gente a fin de tomarla por asalto, con el auxilio de los
+hombres de armas que Hamet, gran enemigo de los portugueses y dominador
+hoy en Chaul, ha enviado contra nosotros. Atacada nuestra galera por
+cinco fustas de Aga Mahamud hab&iacute;a perdido mucha gente. Apenas quedaba
+esperanza de salvaci&oacute;n. La chusma de forzados, moros y gentiles, que
+estaba al remo empez&oacute; a rebelarse, gritando en su lengua a los de las
+fustas que se acercasen sin temor, que ya poca resistencia hallar&iacute;an y
+que ellos procurar&iacute;an ayudarlos y salvarse. Entendi&oacute; el capit&aacute;n Diego
+Fern&aacute;ndez las palabras y el traidor prop&oacute;sito de los forzados y cayendo
+sobre ellos, porque el c&oacute;mitre hab&iacute;a muerto atravesado por una flecha,
+mat&oacute; con su espada a cinco de los m&aacute;s rebeldes y furiosos. Por desgracia
+una gruesa bala de bombarda vino a chocar contra el hierro del ancla que
+estaba all&iacute; cerca suspendida, y saltando de rebote, dio tan tremendo
+golpe en la armadura de acero de Diego Fern&aacute;ndez que se la hizo pedazos,
+hundi&eacute;ndole en el pecho algunos de sus punzantes y afilados picos. Diego
+Fern&aacute;ndez perdi&oacute; la vida en el acto. A reemplazarle en el mando acudi&oacute;
+oportunamente don Jorge de Meneses. Con &eacute;l hab&iacute;an venido de refresco
+cerca de cuarenta soldados que estaban antes en otro nav&iacute;o. Para que no
+desmayasen y se acobardasen a la vista del capit&aacute;n muerto, don Jorge nos
+mand&oacute; que le envolvi&eacute;semos en la manta de un forzado y que le
+escondi&eacute;semos en el fondo del buque. As&iacute; lo hicimos al punto. La
+fortaleza entre tanto nos pareci&oacute; asaltada por la gente de la ciudad que
+Hamet hab&iacute;a enviado contra ella. Quiso entonces don Jorge dar a la
+fortaleza alg&uacute;n auxilio, me consider&oacute; m&aacute;s capaz que nadie para tan
+arriesgada empresa, recib&iacute; sus &oacute;rdenes y lanc&eacute; al agua el esquife en que
+me hab&eacute;is visto venir. Dos fustes y algunos peque&ntilde;os bateles de Aga
+Mahamud me cerraron el paso y me impidieron saltar en tierra. No pude
+tampoco volver a la galera, porque se interpusieron persigui&eacute;ndome. De
+ellos ven&iacute;a huyendo cuando me hab&eacute;is encontrado.</p>
+
+<p>O&iacute;da esta relaci&oacute;n de Antonio Vaz, Morsamor le anim&oacute; y le tom&oacute; por gu&iacute;a
+para que le llevase hacia donde estaban las dos fustas y los peque&ntilde;os
+bateles que le hab&iacute;an perseguido.</p>
+
+<p>Con gran rapidez, en silencio, arriada la bandera, y hasta cierto punto
+oculta por la neblina, la nave de Morsamor cay&oacute; de repente sobre las dos
+fustas, que se hab&iacute;an apartado del grueso de la flota persiguiendo al
+peque&ntilde;o esquife, y ech&oacute; a pique una de ellas con certeros tiros de su
+artiller&iacute;a, que dirig&iacute;a Tiburcio con tino verdaderamente diab&oacute;lico.
+Pasmados los de la otra fusta y aterrorizados del imprevisto ataque, no
+acertaron a huir ni a poner resistencia. La nave se acerc&oacute; a la fusta y
+la gente de Morsamor la entr&oacute; al abordaje, pasando a cuchillo a cuantos
+hab&iacute;a en ella. Tiburcio tom&oacute; entonces el mando de la fusta apresada.</p>
+
+<p>Morsamor y Tiburcio se apresuraron luego a llegar donde combat&iacute;an la
+galera de don Jorge y el grueso de la flota portuguesa contra las fustas
+de Aga Mahamud, en las cuales hizo Morsamor tremendo estrago con la
+artiller&iacute;a y arcabucer&iacute;a de su nave, cooperando eficazmente a la
+victoria una audaz estratagema de Tiburcio, porque desorden&oacute; las fustas
+de Aga Mahamud penetrando en sus filas como si su fusta fuese a&uacute;n una de
+ellas y no hubiese pasado a poder del enemigo.</p>
+
+<p>En suma, las fustas de Aga Mahamud tuvieren que retirarse todas con
+grand&iacute;sima p&eacute;rdida y quebranto, y don Jorge, a hora de medio d&iacute;a hizo
+resonar las trompetas y clarines en se&ntilde;al de victoria, si bien no se
+resolvi&oacute; a perseguir la armada de los infieles.</p>
+
+<p>La situaci&oacute;n en que estaba la fortaleza le atra&iacute;a antes que todo. Era
+menester libertarla de los sitiadores que Hamet hab&iacute;a mandado contra
+ella. Y como ya no hab&iacute;a que hacer cara a las fustas de Aga Mahamud, los
+m&aacute;s aptos y valerosos de los hombres que tripulaban la flota portuguesa
+desembarcaron no lejos del castillo, que s&oacute;lo defend&iacute;an sesenta hombres,
+los cuales, de acuerdo con los desembarcados, a quienes desde las
+almenas y saet&iacute;as vieron llegar, hicieron a tiempo una salida muy
+vigorosa, cayendo sobre los sitiadores a quienes los desembarcados
+atacaron por el flanco y por la espalda. Al frente de una tropa de m&aacute;s
+de cuarenta, entre los que se distingu&iacute;an Tiburcio dando cuchilladas y
+Fray Juan de Santar&eacute;n animando a los combatientes con oraciones
+fervorosas, Morsamor hizo atroz carnicer&iacute;a en los musulmanes y gentiles
+de Chaul, que pronto abandonaron el campo y huyeron despavoridos
+refugi&aacute;ndose en la ciudad.</p>
+
+<p>Para aterrar a Hamet y a los que en la ciudad le obedec&iacute;an, don Jorge de
+Meneses les envi&oacute; un presente horrible: cincuenta cabezas de los que
+hab&iacute;an muerto atacando la fortaleza y rechazados por &eacute;l. Amilanado Hamet
+y temiendo el incendio y saco de la ciudad y muertes innumerables si era
+entrada por asalto, pidi&oacute; la paz, capitul&oacute;, y dej&oacute; entrar a los
+portugueses que de la ciudad se ense&ntilde;orearon.</p>
+
+<p>Morsamor, cuyo inesperado auxilio hab&iacute;a sido parte tan principal en la
+victoria, goz&oacute; del triunfo a par de don Jorge, siendo vitoreado y
+ensalzado por los de la hueste.</p>
+
+<p>El contento de los vencedores lleg&oacute; a su colmo cuando pudieron
+apoderarse, como tributo, de parte de las riquezas all&iacute; reunidas y
+repart&iacute;rselas entre todos. Morsamor, persistiendo en su prop&oacute;sito, no
+dej&oacute; de tomar veinte hermosos caballos ricamente enjaezados, para
+llev&aacute;rselos de presente a don Duarte, cuando se presentase ante &eacute;l en
+Goa, como pensaba hacerlo, con la noticia de aquel triunfo.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XVIII" id="XVIII"></a>-XVIII-</h2>
+
+
+<p>Pronto lleg&oacute; al puerto de Goa la nave de Morsamor: este y Tiburcio, muy
+orondos y satisfechos de la gloria militar que hab&iacute;an adquirido; el
+piloto Fr&eacute;itas no menos pagado del aumento de su cr&eacute;dito como h&aacute;bil
+navegante, y contento el se&ntilde;or Vandenpeereboom de las compras y ventas
+que iba haciendo y que pensaba hacer, aprovech&aacute;ndose de los triunfos y
+sin perder las buenas ocasiones.</p>
+
+<p>Don Duarte de Meneses recibi&oacute; con grande aprecio al aventurero
+castellano que tan bien le hab&iacute;a servido y acept&oacute; gustoso el rico
+obsequio de los veinte hermosos caballos.</p>
+
+<p>Por aquellos d&iacute;as todo era j&uacute;bilo en Goa, porque de Ormuz llegaron
+tambi&eacute;n muy buenas nuevas. Amedrentado el rey rebelde, hab&iacute;a entrado en
+tratos con los portugueses para entregarles la plaza, pero su visir, que
+era un <i>rum&iacute;</i>, o griego renegado, se puso de acuerdo con la princesa
+hija del monarca que hab&iacute;a reinado all&iacute; en tiempo del grande
+Albuquerque. El <i>rum&iacute;</i> la tom&oacute; por mujer o por amiga y movido por la
+ambici&oacute;n y excitado por la princesa, asesin&oacute; al rey y se apoder&oacute; en
+lugar suyo de aquellos Estados. Los portugueses entonces lucharon contra
+el usurpador, lograron vencerle y entraron en Ormuz a saco, apoder&aacute;ndose
+de un bot&iacute;n espl&eacute;ndido.</p>
+
+<p>Poco despu&eacute;s de llegar a Goa la nueva de la victoria de Chaul, lleg&oacute;
+tambi&eacute;n la nueva de esta victoria.</p>
+
+<p>Goa resplandec&iacute;a entonces en su mayor auge como centro y capital del
+imperio lusitano en Oriente; imperio que se extend&iacute;a desde Sofala a
+Malaca, por todas las costas del Oc&eacute;ano &Iacute;ndico y del Golfo de Bengala, y
+dilat&aacute;ndose adem&aacute;s por muchas islas del mar del Sur, como Ceil&aacute;n,
+Sumatra, Java y las Molucas, donde el rey de Portugal hab&iacute;a levantado
+fortalezas e impon&iacute;a tributos.</p>
+
+<p>A Goa acud&iacute;an agentes o enviados de muchos soberanos a negociar alianzas
+y a mendigar el favor y el auxilio del virrey. Los rajaes de Cambaya y
+de Narsinga, el samori, los pr&iacute;ncipes y sultanes de Aracan, de Bengala y
+del Pegu, y hasta el propio shah de Persia, anhelaban la amistad de los
+portugueses, les enviaban presentes o les rend&iacute;an parias.</p>
+
+<p>Los portugueses, sin embargo, no penetraban por punto alguno en lo
+interior de las tierras y s&oacute;lo de la mar eran se&ntilde;ores. Carec&iacute;an de
+fuerzas suficientes para hacer incursiones y conquistas en lo interior
+de aquellos dilatados pa&iacute;ses, que segu&iacute;an para ellos, no s&oacute;lo
+independentes, sino casi desconocidos. Los pr&iacute;ncipes y se&ntilde;ores
+orientales, cuando la victoria encumbraba a los portugueses, se
+postraban ante ellos y se les somet&iacute;an medrosos; pero la sumisi&oacute;n era
+insegura y falsa. De aqu&iacute; que el imperio portugu&eacute;s en la India fuese m&aacute;s
+brillante que s&oacute;lido. Era como &aacute;rbol frondoso, rico en flores y frutos,
+cuyas ra&iacute;ces no penetraban hondo en la tierra y que el &iacute;mpetu de los
+vientos pod&iacute;a sacar f&aacute;cilmente de cuajo. Era como la estatua simb&oacute;lica,
+que Nabucodonosor vio en sue&ntilde;os, con la cabeza de oro y los pies de
+barro y que una piedrecilla, que de improviso rod&oacute; de la monta&ntilde;a,
+desmenuz&oacute; y redujo a polvo.</p>
+
+<p>Morsamor aplicaba a veces al imperio portugu&eacute;s la visi&oacute;n de este sue&ntilde;o y
+algo de la interpretaci&oacute;n que el profeta Daniel le hab&iacute;a dado.</p>
+
+<p>Los portugueses, con terrible hero&iacute;smo, hab&iacute;an hecho y segu&iacute;an haciendo
+<i>m&aacute;s de lo que promet&iacute;a fuerza humana</i>. Espl&eacute;ndidas p&aacute;ginas hab&iacute;an de
+dar a&uacute;n para su historia virreyes tan ilustres como don Juan de Castro y
+don Luis de Ataide; pero la piedrecilla hab&iacute;a de sobrevenir derribando
+por &uacute;ltimo el coloso y engrandeci&eacute;ndose luego como ingente monta&ntilde;a que
+sobre firme y arraigado cimiento se erguir&iacute;a sobre la tierra y la
+dominar&iacute;a.</p>
+
+<p>Morsamor se desalentaba al pensar as&iacute;, no ve&iacute;a plan ni concierto en
+todas aquellas bizarr&iacute;as, ni acertaba a traslucir que pudieran tener fin
+dichoso. S&oacute;lo ve&iacute;a horrores, estragos y muertes, y volv&iacute;a a arrepentirse
+de haberse remozado y de haber huido del convento. Imputaba luego aquel
+arrepentimiento suyo a cansancio y a flaqueza de &aacute;nimo. Y entonces
+renac&iacute;a en &eacute;l el ansia de se&ntilde;alarse y de probar su valor, volviendo a
+lanzarse en las m&aacute;s peligrosas aventuras.</p>
+
+<p>Las buenas ocasiones no hab&iacute;an de faltarle. La primera que se le ofreci&oacute;
+fue la de ir a la grande y hermosa isla, donde se cr&iacute;an la canela y el
+clavo y abundan las perlas en el mar que la ci&ntilde;e. Los antiguos griegos y
+romanos la llamaron Trapobana, Lanca los indios, los &aacute;rabes Serendib, y
+por &uacute;ltimo se llam&oacute; Ceil&aacute;n. En sus Costas hab&iacute;an fundado los portugueses
+varios fuertes y factor&iacute;as, desde donde procuraban dominar toda la isla.
+Reinaba en ella, sobre la raza ind&oacute;mita y guerrera de los singaleses, un
+rey tan valiente como astuto llamado Rayasinga. Lejos del alcance del
+poder portugu&eacute;s estaba la capital y residencia de este rey a donde s&oacute;lo
+pod&iacute;a llegarse salvando enriscadas monta&ntilde;as a trav&eacute;s de peligrosos
+desfiladeros.</p>
+
+<p>Imaginaban los portugueses que aquel reino hab&iacute;a sido cristiano en lo
+antiguo, gracias a las predicaciones del ap&oacute;stol Santo Tom&aacute;s que hasta
+&eacute;l hab&iacute;a llegado, pero imaginaban tambi&eacute;n que el cristianismo de los
+singaleses se hab&iacute;a pervertido y maleado con el transcurso del tiempo,
+turbando la pureza de su doctrina mil absurdas supersticiones. La verdad
+era que lo que cre&iacute;an los portugueses cristianismo viciado era la
+religi&oacute;n fundada por Sidarta, pr&iacute;ncipe de las sakias de Kapilabastu, y
+predicada en Ceil&aacute;n algunos siglos antes de Cristo. La moral de esta
+religi&oacute;n no pod&iacute;a ser m&aacute;s santa ni m&aacute;s hermosa, pero su metaf&iacute;sica era
+err&oacute;nea y desconsoladora. En el amor y en la compasi&oacute;n por el infeliz
+linaje humano, sin distinci&oacute;n de castas ni de jerarqu&iacute;as, estribaba
+aquella moral, pero no ten&iacute;a un Dios misericordioso. Su Dios, si tal
+pod&iacute;a llamarse, era el ser &uacute;nico, infinito e indeterminado en quien todo
+cuanto es y en quien todo cuanto puede ser se contiene. El t&eacute;rmino de la
+aspiraci&oacute;n, la suprema bienaventuranza de religi&oacute;n tan extra&ntilde;a era
+romper el l&iacute;mite que nos separa del todo, y perdiendo tal vez la
+conciencia individual, hundirnos en la inmensidad de la sustancia &uacute;nica,
+acabada ya la serie de transmigraciones del alma y gozando de inefable
+reposo. A tales dogmas, sin embargo, el amor y la compasi&oacute;n prestaban
+como ya hemos dicho, una moral muy pura.</p>
+
+<p>Entre la teor&iacute;a y la pr&aacute;ctica hay a menudo gran contradicci&oacute;n y no era
+peque&ntilde;a la del caso de que hablamos. El piadoso rey Rayasinga, con la
+aprobaci&oacute;n acaso o con la indulgencia al menos del gran sacerdote
+Sumangala, hab&iacute;a destronado a un hermano suyo, que andaba forajido, y
+hab&iacute;a envenenado a otro de sus hermanos, reinando as&iacute; en lugar de los
+dos y dando unidad a su reino. Para darle tambi&eacute;n completa independencia
+y gloria combat&iacute;a con frecuencia a los portugueses. Estos combates,
+sangrientos y obstinados, eran est&eacute;riles siempre. Ni Rayasinga lograba
+apoderarse de ning&uacute;n fuerte de los portugueses, ni estos, salvando las
+monta&ntilde;as y atravesando los desfiladeros, llegaban a asediar la capital
+de Rayasinga.</p>
+
+<p>Poni&eacute;ndose a las &oacute;rdenes de Juan Silveira, que mandaba en Cananor,
+Miguel de Zuheros fue a Ceil&aacute;n a combatir y a escarmentar al mencionado
+rey; en varios encuentros que tuvo con sus huestes alcanz&oacute; siempre la
+victoria y contribuy&oacute; no poco a que cansados de luchar por una y otra
+parte, se sentasen paces de nuevo.</p>
+
+<p>Morsamor pas&oacute; luego a Sumatra y tom&oacute; parte en otra expedici&oacute;n guerrera
+contra el monarca de Pacen, que los portugueses consideraban intruso y a
+quien destronaron dando su trono y reino a un sobrino suyo que hab&iacute;a
+ganado el favor y auxilio de los portugueses declar&aacute;ndose vasallo del
+rey don Manuel.</p>
+
+<p>Alentado con esta conquista del reino de Pacen, en la que tuvo no
+peque&ntilde;a parte, Morsamor se puso a las &oacute;rdenes de Jorge Brito y fue con
+&eacute;l a una expedici&oacute;n contra el rey de Achin, cuyos s&uacute;bditos, inquietos y
+belicosos, infestaban con sus pirater&iacute;as aquellos mares.</p>
+
+<p>En balde reclam&oacute; Jorge Brito del rey Achin la entrega de mercanc&iacute;as, de
+armas y hasta de portugueses cautivos, de que se hab&iacute;a apoderado por
+sorpresa o aprovech&aacute;ndose del naufragio de dos buques de Portugal en
+aquellas costas. Esto dio motivo o pretexto a Jorge Brito para romper
+las hostilidades, empe&ntilde;&aacute;ndose imprudentemente en empresa muy peligrosa.
+En dos fustas y con menos de trescientos hombres de desembarco naveg&oacute;
+contra la corriente del r&iacute;o hacia la capital de los achineses. Casi a la
+mitad del camino ten&iacute;an estos una fortaleza, donde hab&iacute;a bastantes
+arcabuceros y algunas bombardas, cuyos disparos impidieron a las fustas
+seguir adelante y mataron a cuatro de los hombres que las tripulaban.</p>
+
+<p>Ansioso Jorge Brito de tomar venganza desembarc&oacute; con sus trescientos
+soldados, entre los cuales hab&iacute;a no pocos ilustres y valerosos
+caballeros de la corte del rey don Manuel. Morsamor estaba entre ellos.</p>
+
+<p>Muy re&ntilde;idos y sangrientos fueron el ataque y la defensa del fuerte de
+los achineses, los cuales hicieron vigorosas salidas. En una de ellas
+estuvieron a punto de desordenar y derrotar por completo la hueste
+lusitana, merced a una inesperada estratagema de que se valieron,
+lanzando contra los portugueses una manada de b&uacute;falos que ten&iacute;an
+acorralados.</p>
+
+<p>Los portugueses, no obstante, iban ya triunfando de todo. Los sitiados,
+casi en fuga, se retiraban al fuerte, y ya Jorge Brito y Morsamor ten&iacute;an
+la esperanza de tomarle por asalto cuando el propio rey de Achin lleg&oacute;
+en defensa del fuerte con m&aacute;s de dos mil infantes, con algunos caballos
+y con seis elefantes poderosos adiestrados para la lucha, defendidos por
+muy firmes corazas y dirigidos por cornacas h&aacute;biles y denodados. Los
+portugueses estaban todos a pie. Casi envueltos por tan superiores
+fuerzas enemigas, retrocedieron con espanto hacia la orilla del r&iacute;o.
+S&oacute;lo reembarc&aacute;ndose pod&iacute;an lograr ya salvar las vidas, mas para
+reembarcarse era menester, no s&oacute;lo hacer cara al enemigo, sino tenerle a
+cierta distancia durante alg&uacute;n tiempo.</p>
+
+<p>Los valientes caballeros que de esto se encargaron hicieron prodigios
+apenas cre&iacute;bles. En aquel trance murieron m&aacute;s de cincuenta portugueses,
+no pocos de ilustre familia y entre ellos el mismo Jorge Brito capit&aacute;n
+de la hueste, y los cinco m&uacute;sicos que siempre llevaban consigo, Porque
+gustaba en extremo de que le exaltasen y animasen en el combate cantando
+y tocando instrumentos sonoros.</p>
+
+<p>La muerte que amedrant&oacute; m&aacute;s a los portugueses fue la de Gaspar
+Fern&aacute;ndez. El elefante m&aacute;s gigantesco le cogi&oacute; con la trompa, le tir&oacute;
+por el aire, y no bien cay&oacute; al suelo, le acab&oacute; de matar estruj&aacute;ndole el
+pecho y rompi&eacute;ndole el cr&aacute;neo con sus gruesas patas delanteras.</p>
+
+<p>Morsamor quiso vengar a aquel compa&ntilde;ero de armas, que tal vez era el que
+m&aacute;s estimaba y quer&iacute;a. Acometi&oacute; por un lado al elefante y logr&oacute; derribar
+a su cornac hiri&eacute;ndole de una estocada. El elefante se revolvi&oacute; contra
+Morsamor y le asi&oacute; tambi&eacute;n con la trompa. La espada se le cay&oacute; a
+Morsamor de la diestra; pero, con la rapidez del rayo, y sin dar tiempo
+a que el elefante le lanzase o le ahogase apretando, le agarr&oacute; con la
+mano izquierda de una oreja, y desenvainando con la otra mano el
+acicalado pu&ntilde;al, que llevaba al cinto, le hundi&oacute; hasta el pu&ntilde;o en la
+cerviz de aquella fiera, con tino tan eficaz que en el acto perdi&oacute; la
+vida, cayendo con estruendo por tierra su espantosa mole. Morsamor cay&oacute;
+tambi&eacute;n, pero cauto y ligero, no cay&oacute; debajo sino encima de su v&iacute;ctima.</p>
+
+<p>Aunque Morsamor se levant&oacute; con rapidez, all&iacute; hubiera muerto, circundado
+de muchos enemigos, si los de la hueste portuguesa, maravillados y
+reanimados al ver su haza&ntilde;a, no hubieran acudido en su auxilio. Aquella
+haza&ntilde;a de Morsamor contuvo el &iacute;mpetu de las gentes del rey de Achin y
+prest&oacute; br&iacute;os y dio tiempo a los portugueses para que se reembarcasen, si
+bien con lamentable p&eacute;rdida, no completamente derrotados.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XIX" id="XIX"></a>-XIX-</h2>
+
+
+<p>De vuelta Morsamor a Goa para reposar sobre sus laureles, se complaci&oacute;
+en ver cundir su fama y crecer el n&uacute;mero de sus admiradores, convertidos
+muchos de ellos en parciales devotos. La emulaci&oacute;n y la envidia hac&iacute;an
+que tambi&eacute;n sus enemigos se aumentasen. Y a todo contribu&iacute;a en gran
+manera Tiburcio de Simahonda que, menos retra&iacute;do y mucho m&aacute;s expansivo
+que Morsamor, se mostraba por donde quiera y trataba toda clase de
+gente. Tiburcio, como en Lisboa, sab&iacute;a ganar amigos en la India, pero su
+buena fortuna con las mujeres y en el juego le creaba muchos envidiosos.
+Menester era de toda la prudencia y tino de Morsamor, para evitar ri&ntilde;as
+entre dichos envidiosos y los del bando que sin pretenderlo &eacute;l quer&iacute;an
+seguirle y cuyo aparente adalid era Tiburcio. Los m&aacute;s desalmados
+aventureros y los menos favorecidos de la suerte, acud&iacute;an a Tiburcio,
+esperando por su medio ganarse la voluntad de Morsamor y embelesados por
+lo pronto por el alegre car&aacute;cter, burlas y chistes de aquel doncel
+atrevido.</p>
+
+<p>Francisco Pereira Pestana, gobernador de Goa, recelaba de continuo que
+la rivalidad entre la gente que acaudillaba Tiburcio y los que le
+envidiaban y odiaban originase des&oacute;rdenes sangrientos. El m&aacute;s vivo deseo
+del gobernador se cifraba en que Miguel de Zuheros y Tiburcio
+abandonasen la ciudad llevando consigo a los m&aacute;s turbulentos aventureros
+y acometiendo alguna arriesgada empresa de la que tal vez ser&iacute;a lo mejor
+que nunca volviesen.</p>
+
+<p>Aunque movido Morsamor de sentimientos contrarios, coincid&iacute;a con el
+gobernador en hallar dif&iacute;cil y enojosa su posici&oacute;n en Goa, ansiando
+salir de all&iacute; en busca de aventuras, con toda independencia de Portugal
+y campando por su respeto.</p>
+
+<p>En tal situaci&oacute;n de &aacute;nimo y despu&eacute;s de aconsejar a Tiburcio que fuese
+circunspecto y sufrido a fin de vivir en paz, Morsamor le manifest&oacute; el
+ansia que ten&iacute;a de salir de Goa y de buscar honra y provecho por nuevos
+y no trillados caminos.</p>
+
+<p>Poco tiempo despu&eacute;s de esta confidencia de Morsamor, Tiburcio, que al
+principio se hab&iacute;a callado, hubo de hacerle el siguiente razonamiento:</p>
+
+<p>&mdash;He meditado sobre lo que te trae caviloso y que d&iacute;as pasados me
+confiaste. He hecho m&aacute;s: he gustado de tu prop&oacute;sito y he empezado a
+abrir el camino para que se logre. Para nosotros siempre ser&aacute; aqu&iacute; el
+peligro mayor que la gloria. Debemos, pues, salir de aqu&iacute;. Fuera de aqu&iacute;
+el peligro podr&aacute; ser grand&iacute;simo, pero la gloria estar&aacute; en proporci&oacute;n y
+ser&aacute; tambi&eacute;n grande. Para que me entiendas bien, te dir&eacute; el concepto que
+formo yo de la tierra en que ahora estamos y de la gente que la habita.
+Mi trato con ella y mi facilidad para entender su idioma, hacen que yo
+lo comprenda todo con m&aacute;s claridad y exactitud que los portugueses.</p>
+
+<p>Lleno de curiosidad Morsamor, prest&oacute; grande atenci&oacute;n a Tiburcio que
+continu&oacute; diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;Hay en la India muchas y muy diversas naciones, castas, lenguas y
+tribus, pero desde hace m&aacute;s de tres mil a&ntilde;os, existe en la India una
+casta predominante, que se ense&ntilde;ore&oacute; de todo y que supo conservar el
+imperio por fuerza, por astucia y por sabidur&iacute;a. Mucho antes de que
+floreciesen Atenas y Roma, mucho antes de que Salom&oacute;n e Hir&aacute;n enviasen
+sus flotas a Ofir y de que los fenicios fundasen a C&aacute;diz, baj&oacute; del
+monta&ntilde;oso centro del Asia a las f&eacute;rtiles llanuras que riegan el Indo y
+el Ganges, un pueblo nobil&iacute;simo e inteligente, valientes guerreros los
+m&aacute;s y algunos de ellos inspirados y divinos poetas, que los guiaban y
+entusiasmaban. Este pueblo de superior condici&oacute;n redujo a su obediencia
+y mandado a los otros pueblos que en la India viv&iacute;an. Y de all&iacute; en
+adelante, los guerreros del pueblo conquistador fueron los reyes y los
+nobles de la India, y sus poetas o <i>richis</i>, convertidos en sacerdotes,
+sabios y fil&oacute;sofos, no s&oacute;lo prevalecieron sobre las naciones
+conquistadas, sino tambi&eacute;n sobre los reyes y los nobles que las hab&iacute;an
+sometido. La primitiva y sencilla religi&oacute;n que los <i>richis</i> hab&iacute;an
+formulado en sus himnos vino a convertirse en complicad&iacute;simo sistema y
+en sutil teolog&iacute;a, cuyos int&eacute;rpretes y depositarios fueron los
+descendientes de los <i>richis</i> a quienes en el d&iacute;a llamamos brahmanes.
+Estos han conservado su poder, sobreponi&eacute;ndose durante siglos a
+interiores rebeld&iacute;as y a conquistas e invasiones extra&ntilde;as. Amenazado se
+halla hoy este poder por los portugueses, pero s&oacute;lo en el litoral. Los
+sectarios de Mahoma son quienes tierra adentro le combaten. &iquest;Por qu&eacute; no
+hemos de ir nosotros tierra adentro a promover la rebeli&oacute;n de los
+brahmanes y a darles auxilio contra los muslimes?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; ganar&iacute;a yo con eso, interpuso Morsamor, o para m&iacute;, o para la
+naci&oacute;n a que pertenezco, o para la religi&oacute;n que sigo, aunque pecador y
+fraile escapado de su convento?</p>
+
+<p>&mdash;Ganar&iacute;as mucho&mdash;replic&oacute; Tiburcio&mdash;. En primer lugar, combatir&iacute;as el
+islamismo y quebrantar&iacute;as por aqu&iacute; el imperio de turcos y de moros, que
+han sido hasta ahora los mayores enemigos de nuestra cat&oacute;lica Espa&ntilde;a. Y
+en segundo lugar, s&oacute;lo Dios sabe hasta qu&eacute; extremo de ventura, hasta qu&eacute;
+dichoso y espantable &eacute;xito pudieras llegar con tu audacia. Si
+consiguieses dar aliento y ayuda a los brahmanes, vencer con ellos el
+Islam y restablecer en toda su amplitud el influjo y el imperio de casta
+tan inteligente, no lo dudes, los brahmanes, agradecidos, te
+reconocer&iacute;an por nuevo y resplandeciente <i>avatar</i> y har&iacute;an que por tan
+alto car&aacute;cter, todos los indios te reverenciasen y temiesen. As&iacute; acaso
+podr&iacute;as t&uacute; m&aacute;s tarde, con habilidad y prudencia, convertir a la religi&oacute;n
+cristiana a los que fuesen s&uacute;bditos tuyos y crear el reino del Preste
+Juan, que tal vez no existi&oacute; nunca sino en la fantas&iacute;a de los europeos,
+o renovarle con mayor esplendor y gloria, dado que existiese en el
+centro del Asia antes de que Temugin le destruyera, como sienten algunos
+autores. Setenta y dos reyes rend&iacute;an homenaje, feudo, obediencia y
+tributo al antiguo Preste Juan, real o so&ntilde;ado. &iquest;Por qu&eacute; hab&iacute;as t&uacute; de ser
+menos y no tener a tu servicio otros setenta y dos reyes?</p>
+
+<p>&mdash;Todo eso estar&iacute;a muy bien&mdash;dijo Morsamor&mdash;. Aunque parezca fant&aacute;stico
+e inasequible, yo me siento capaz de todo. Pero, &iquest;d&oacute;nde est&aacute;n los
+brahmanes que quieran sublevarse y sacudir el yugo del Islam?</p>
+
+<p>&mdash;A eso voy&mdash;contest&oacute; Tiburcio&mdash;. Lo dicho hasta aqu&iacute; es mero pre&aacute;mbulo
+antes de entrar en materia. Me han hecho proposiciones para ti y vengo a
+comunic&aacute;rtelas. As&iacute; como en Espa&ntilde;a, cuando se hundi&oacute; el Califato de
+C&oacute;rdoba, surgi&oacute; de sus ruinas multitud de Estadillos, donde alzaron sus
+trenes no pocos r&eacute;gulos, aqu&iacute; tambi&eacute;n se han formado reinos musulmanes
+diversos, que se sostienen a&uacute;n, a pesar de las sucesivas y pasajeras
+invasiones de los mongoles y a pesar de la malquerencia de los sectarios
+de Brahma que no han sabido sacudir el yugo extra&ntilde;o. Ahora al cabo
+tienen el prop&oacute;sito de sacudirle. En la ciudad santa de la India, foco
+ardiente y luminoso de su religi&oacute;n y centro de su antiqu&iacute;sima cultura,
+abrigan tan gran prop&oacute;sito. Conspiran para lograrle los brahmanes m&aacute;s
+ilustres y algunos <i>chatrias</i> de generoso car&aacute;cter y de regia extirpe.
+No cuentan bastante con el pueblo, ni conf&iacute;an en &eacute;l consider&aacute;ndole
+enervado por siglos de esclavitud y porque adem&aacute;s el pueblo no
+combatir&iacute;a para ser libre, sino para sacudir un yugo y someterse a otro
+yugo. Los brahmanes esperan con todo que el pueblo combata en favor de
+ellos, impulsado por el fanatismo religioso que procuran infundirle. Mas
+al principio y para dar el primer golpe, necesitan de un n&uacute;cleo, aunque
+peque&ntilde;o muy firme, de varones esforzados, de h&eacute;roes verdaderos, capaces
+de exponer la vida en los lances m&aacute;s terribles y de realizar prodigios
+de sobrehumana osad&iacute;a. El n&uacute;cleo de que hablo s&oacute;lo puedes formarle t&uacute; o
+por mejor decir, le tienes ya formado con m&aacute;s de doscientos aventureros
+que hay en Goa dispuestos a seguirte a donde quiera que los gu&iacute;es. La
+fama a llevado todo esto hasta la gran ciudad de Benar&eacute;s. El jefe
+supremo de los brahmanes, el sublime y venerando Balar&aacute;n, alma de la
+conjuraci&oacute;n, sabe lo que vales y solicita misteriosa y recatadamente tu
+auxilio. Para alcanzarle ha venido a Goa en tu busca el sabio brahm&aacute;n
+Narada, confidente de Balar&aacute;n, que ha hablado ya conmigo y que pide
+audiencia para hablarte. Narada, que sabe much&iacute;simas cosas, sabe tambi&eacute;n
+las lenguas latina e italiana y podr&aacute; entenderse perfectamente contigo.
+&iquest;Quieres o&iacute;rle y tratar con &eacute;l de tan importante negocio?</p>
+
+<p>Exaltada la ambici&oacute;n de Morsamor con lo que Tiburcio acababa de
+revelarle, se prest&oacute; a recibir y a o&iacute;r a Narada y le aguard&oacute; con
+impaciencia.</p>
+
+<p>Guiado por Tiburcio e introducido en la estancia de Morsamor, no tard&oacute;
+en aparecer ante sus ojos el sabio Narada bajo el desarrapado traje de
+fakir o penitente vagabundo, a trav&eacute;s de cuyo desali&ntilde;o y de cuyos
+miserables harapos, resplandec&iacute;an la majestad del noble e inteligente
+anciano, la despejada tersura de su frente y la limpia nitidez de su
+blanca y luenga barba.</p>
+
+<p>Lo que dijo Narada a Morsamor merece cap&iacute;tulo aparte.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XX" id="XX"></a>-XX-</h2>
+
+
+<p>&mdash;El brillo de tu gloria&mdash;dijo Narada&mdash;ha llegado hasta nuestra santa
+ciudad y ha penetrado en nuestros corazones cual rayo de esperanza. Yo
+vengo a buscarte para que la esperanza se logre. No; t&uacute; no eres para
+nosotros un ser humano inferior y de distinta raza. Sin duda eres puro y
+leg&iacute;timo descendiente de egregios hermanos nuestros que, en edad remota,
+emigraron hasta las &uacute;ltimas regiones de Occidente desde la verde falda
+del Paropamiso. Tu pensamiento y tu creencia coinciden en el fondo con
+lo que nosotros pensamos y creemos: son radicalmente iguales: flores de
+la misma planta, frutos del mismo &aacute;rbol. Ideas an&aacute;logas nacidas en
+esp&iacute;ritus de id&eacute;ntica condici&oacute;n y alta nobleza. No es nuestro Dios como
+el de los muslimes, d&eacute;spota caprichoso y cruel, gobernando a los
+hombres, all&aacute; en su distante y cerrado cielo, como sult&aacute;n que se esconde
+a los ojos de la vil muchedumbre de sus esclavos, y desde su encumbrado
+alc&aacute;zar con vara de hierro los domina. Nuestro Dios est&aacute; con nosotros y
+en nosotros. Presente por dondequiera, lo llena y lo penetra todo y m&aacute;s
+que todo nuestras almas. El alma enamorada que le busca, le halla y le
+goza en esta vida mortal. Para nosotros el hombre es divino, porque
+nuestro Dios es humano. No pocas veces ha tomado nuestro Dios ser y
+forma de hombre en el seno dichoso de una mujer escogida. Nuestros
+h&eacute;roes son <i>avatares</i> o encarnaciones de Vishn&uacute;. Crishna es el m&aacute;s
+glorioso de ellos y al que m&aacute;s devotamente adoramos. Libertador y
+redentor de las almas, las atrae, las enamora y con su hermosura las
+cautiva. Bello pastor apacienta su reba&ntilde;o en la f&eacute;rtil orilla de un r&iacute;o
+de aguas limpias y claras y al melodioso son de su flauta danzan en
+torno suyo las <i>gopies</i>, las <i>apsaras</i> y hasta Sarasvati y las otras
+diosas inmortales, humanadas y convertidas por &eacute;l en lindas zagalas. Tal
+es Crishna en la tierra, como genio de paz y de amor, pero el acento
+blando de su flauta se trueca en el medroso resonar del clar&iacute;n guerrero
+cuando su paciencia se agota, se despierta en su coraz&oacute;n la ira y se
+resuelve a librarnos del tirano Cansia. Terror de muerte invade y hiela
+entonces el &aacute;nimo de sus enemigos. As&iacute; es Crishna en la tierra, como
+hombre y viviendo vida mortal. En su ilimitada y superior existencia,
+dominador Crishna de los tres mundos, dirige al son de su m&uacute;sica el
+eterno giro de las esferas celestes que en arrebatada consonancia
+producen el perpetuo cambio de luz y tinieblas, en d&iacute;a y en noche, de
+alternadas estaciones durante el a&ntilde;o, y en ingentes per&iacute;odos de siglos
+desde el renacer del universo hasta su ca&iacute;da, extinci&oacute;n y reposo en el
+seno de Brahma. Crishna nos protege, Crishna nos anuncia venturoso
+&eacute;xito, nos declara que la ocasi&oacute;n es propicia, y nos manda que acudamos
+a ti e impetremos tu auxilio para sacudir el yugo de los muslimes. Dos
+a&ntilde;os ha, Babur, emperador de los mongoles, se apoder&oacute; de Lahor desde
+donde amenazaba conquistar con rapidez toda la India; pero Babur ha
+tenido que abandonar a Lahor para vencer a los rebeldes que pugnan por
+desbaratar todo su imperio. Bactra, Kiva, Bokara, y hasta su misma
+capital Samarcanda se han levantado contra &eacute;l. Sus enemigos se conjuran
+en su da&ntilde;o por todas las fronteras de sus extensos dominios: los chinos
+por el Oriente y por el Occidente los turcos, poderos&iacute;simos en el d&iacute;a y
+contra los cuales luchan con corta eficacia las naciones europeas,
+enflaquecidas por constantes rivalidades y empe&ntilde;adas hoy en largas
+guerras religiosas y pol&iacute;ticas. As&iacute; el turco, aliviado del temor que
+esas naciones debieran inspirarle, puede hacer cara a Babur y a sus
+mongoles. Contra ellos se levantan los persas y los pueblos guerreros
+del C&aacute;ucaso, las gentes de Georgia, de Circasia y de Armenia, y m&aacute;s al
+Norte, otro pueblo belicoso reci&eacute;n salido de la barbarie, que vive en
+las regiones boreales, l&iacute;mites entre Asia y Europa, y que despu&eacute;s de
+vencer y de humillar la Horda de oro penetra en Asia anhelando
+predominios y conquistas. La ocasi&oacute;n como he dicho es hoy m&aacute;s propicia
+que nunca. Para no perderla anhelamos tu auxilio. &iquest;Nos le concedes?</p>
+
+<p>&mdash;Dime cu&aacute;l es vuestro plan&mdash;respondi&oacute; Morsamor.</p>
+
+<p>&mdash;En Benar&eacute;s&mdash;replic&oacute; Narada&mdash;reina hoy el tirano musulm&aacute;n Abdul ben
+Hixen. Si le destronamos y si logramos ense&ntilde;orearnos de aquella ciudad,
+centro de la cultura y de la religi&oacute;n brahm&aacute;nicas, no ser&aacute; dif&iacute;cil
+promover la sublevaci&oacute;n contra los dem&aacute;s pr&iacute;ncipes muslimes y crear un
+Estado independiente y &uacute;nico, en que prevalezcan e imperen los
+adoradores de Vishn&uacute; y de Crishna, desde los lagos de Cachemira y las
+nevadas cumbres del Himalaya hasta el Kersoneso de oro y hasta el
+enriscado promontorio donde se levanta el templo de la diosa virgen
+Kumari. As&iacute; tal vez podamos fortalecernos y oponer eficaz resistencia a
+Babur, si por desgracia reconstituye su imperio y vuelve sobre la India
+para conquistarla y asolarla como hace m&aacute;s de un siglo hizo su espantoso
+antecesor Tamerl&aacute;n o Timur.</p>
+
+<p>&mdash;Tu proyecto me parece excelente&mdash;dijo Morsamor&mdash;, pero su realizaci&oacute;n
+harto dif&iacute;cil.</p>
+
+<p>Narada entr&oacute; luego en pormenores a fin de exponer y de explicar los
+medios con que contaba y las probabilidades de buen &eacute;xito.</p>
+
+<p>El ambicioso Morsamor se dej&oacute; convencer al cabo.</p>
+
+<p>Narada y otros importantes personajes que hab&iacute;an venido con &eacute;l
+disfrazados de fakires, deb&iacute;an servir de gu&iacute;a a Morsamor y a su hueste,
+compuesta de 300 aguerridos y audaces aventureros. Ir&iacute;an estos en la
+expedici&oacute;n, no s&oacute;lo impulsados por la esperanza de bot&iacute;n riqu&iacute;simo, sino
+con grandes pagas, de que hab&iacute;an de cobrar por adelantado las de seis
+meses. Para esto, para otros gastos de la expedici&oacute;n y para excitar
+tambi&eacute;n la codicia y el celo de Morsamor, Narada entreg&oacute; a este no corta
+cantidad de rupias de oro y adem&aacute;s, en un peque&ntilde;o saco de cuero,
+diamantes de Golconda y perlas rub&iacute;es de Ceil&aacute;n, por cualquiera de los
+cuales hab&iacute;a en Goa joyeros que dar&iacute;an considerables sumas.</p>
+
+<p>Tiburcio, bajo la inspecci&oacute;n y direcci&oacute;n de Morsamor eligi&oacute; a la gente
+de leva, hizo el ajuste y enganche y con el mayor secreto lo dispuso
+todo para la partida.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XXI" id="XXI"></a>-XXI-</h2>
+
+
+<p>Goa era en aquella edad la S&iacute;baris del Oriente, centro de lujo, regalo y
+lascivia, donde los vencedores de Adamastor y de todos los genios del
+Mar Tenebroso recib&iacute;an el galard&oacute;n de sus estupendas victorias. En Goa,
+sin duda, hubo m&aacute;s tarde de inspirarse Camoens para imaginar aquella
+deliciosa y encantada isla que Venus hizo surgir del fondo del Oc&eacute;ano,
+cubri&eacute;ndola de amenos jardines, de fragantes selvas y de limpios y
+tranquilos lagos y pobl&aacute;ndola de hermos&iacute;simas ninfas que, heridas todas
+por las ardientes flechas de un ej&eacute;rcito de Amores, brindasen mil
+deleites a los felices h&eacute;roes de su poema y se rindiesen a su talante y
+deseo. La riqueza y el esplendor de Goa hab&iacute;an atra&iacute;do a su seno alegres
+y lindas mujeres de diversos y distintos pa&iacute;ses: almeas de Egipto;
+cortesanas de B&eacute;tica, Italia y Grecia; odaliscas de Georgia, Armenia y
+Persia, y bayaderas y <i>devadasis</i> de toda la India. Sus variados y
+ex&oacute;ticos cantares alegraban los o&iacute;dos. Sus l&aacute;nguidos y livianos bailes y
+la m&oacute;rbida esbeltez de sus formas eran encanto de los ojos y dulce lazo
+en que los corazones quedaban cautivos.</p>
+
+<p>En medio de tanto deleite, Morsamor se hab&iacute;a mostrado impasible,
+silencioso y t&eacute;trico. Ninguna mujer hab&iacute;a logrado prenderle, ni aun con
+las ligeras y fr&aacute;giles cadenas en que donna Olimpia le hab&iacute;a prendido.
+Al contrario, Morsamor hab&iacute;a esquivado cuantos placeres Goa brindaba, y
+hab&iacute;a mostrado singular repugnancia y disgusto hacia todas aquellas
+cantoras y bailarinas, como si recobrasen fuerza sus votos y renaciese
+en su esp&iacute;ritu la desatendida severidad del claustro. Las bayaderas de
+la India, sobre todo, le inspiraban horror. No s&oacute;lo para alcanzar los
+triunfos que se promet&iacute;a, sino tambi&eacute;n para dejar de ver a las
+bayaderas, Morsamor anhelaba impaciente salir de Goa. Muy pronto se
+cumpli&oacute; su anhelo; pero antes, movido por sentimientos que llenaban su
+esp&iacute;ritu, que le atormentaban y que acabaron por desbordarse, hizo a
+Tiburcio, que sobre todo le interrogaba, confidencias que jam&aacute;s a nadie
+hab&iacute;a hecho y que en cifra declararemos aqu&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Un recuerdo penos&iacute;simo&mdash;dijo Morsamor&mdash;se despierta en m&iacute; al ver la
+danza de las bayaderas y evoca un espectro que dorm&iacute;a desde hace medio
+siglo en los abismos de mi memoria, espectro que aparece ante mi
+conciencia, afligi&eacute;ndola y atorment&aacute;ndola. Fue en mi primera juventud,
+en la magn&iacute;fica feria de Medina del Campo. All&iacute; vi y conoc&iacute; a Beatriz: a
+la &uacute;nica mujer que de veras me ha amado.</p>
+
+<p>Tiburcio quiso contradecir a Morsamor en este punto, suponiendo que le
+hab&iacute;a amado tambi&eacute;n donna Olimpia, y hasta que do&ntilde;a Sol hab&iacute;a estado a
+punto de amarle y tal vez le hubiera amado a insistir &eacute;l con firmeza en
+sus pretensiones.</p>
+
+<p>Morsamor no acept&oacute; la lisonja. Harto probaban que lo era el fr&iacute;o desd&eacute;n
+con que le despidi&oacute; do&ntilde;a Sol y la traidora fuga de la italiana.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;&mdash;prosigui&oacute; Miguel de Zuheros&mdash;, Beatriz es la &uacute;nica mujer que me ha
+amado. No era como do&ntilde;a Sol ninguna ilustre y orgullosa dama, ni
+siquiera, como donna Olimpia c&eacute;lebre daifa de alto precio; era una
+humilde muchacha, nacida y criada entre gente abyecta, sin patria y sin
+hogar; hija de una raza maldita y vagabunda, que no hac&iacute;a muchos a&ntilde;os se
+hab&iacute;a difundido por toda Europa y al fin penetrado en Espa&ntilde;a.
+Ignor&aacute;banse su origen y su procedencia. Ahora, cuando contemplo a las
+bayaderas, me explico de d&oacute;nde aquella raza procede. Fue de seguro un
+pueblo de la India que, huyendo de los estragos que caus&oacute; Timur, y
+aguijoneado por el miedo, lleg&oacute; hasta los confines occidentales de
+Europa. A una tribu de este pueblo, a un errante aduar de gitanos,
+pertenec&iacute;a Beatriz. Era como flor que brota en el cieno. Era como perla
+que se esconde en un muladar. Ella me am&oacute; con el fervor y la ternura que
+hubiera yo querido hallar para m&iacute; en el coraz&oacute;n de alguna gran se&ntilde;ora o
+de alguna princesa. Y yo goc&eacute; mal de aquel amor sin llegar a
+comprenderle, y le despreci&eacute; y me hart&eacute; de &eacute;l despu&eacute;s de haberle gozado.
+La plebeya ruindad de mi enamorada troc&oacute; mi afecto y mi gratitud en
+verg&uuml;enza. Abandonada Beatriz por m&iacute;, muri&oacute; a poco tr&aacute;gica y
+misteriosamente. No falt&eacute; yo a ninguna promesa, porque nada hab&iacute;a
+prometido. Fueron, no obstante, enormes mi pena y mi remordimiento. Y
+m&aacute;s a&uacute;n, cuando, poco tiempo despu&eacute;s, tuve un raro encuentro en Sevilla.
+Pasando un d&iacute;a entre la Catedral y el Alc&aacute;zar se me acerc&oacute; una vieja y
+desarrapada gitana y se empe&ntilde;&oacute; tan obstinadamente en decirme la
+buenaventura que no supe negarme a su ruego y le entregu&eacute; mi mano para
+que la examinase. La vieja gitana me dijo:</p>
+
+<p>&mdash;En buena hora naciste, gallardo y gentil caballero, si la ambici&oacute;n
+satisfecha basta para hacerte dichoso. Las rayas de tu mano me revelan
+que ha de favorecerte la fortuna, que has de sobrenadar como el aceite,
+que has de llevarte a la gente de calle, y que has de dominar en el
+mundo. Pero tu amor se trocar&aacute; en ponzo&ntilde;a y muerte. Tus amorosas miradas
+seguir&aacute;n aojando y marchitando los corazones como (y aqu&iacute; baj&oacute; la voz la
+vieja gitana haci&eacute;ndola casi imperceptible), como aojaron y marchitaron
+el de la pobre Beatricica, que buen poso haya. Perd&oacute;nete Dios la
+desesperaci&oacute;n que le ocasionaste y a ella perdone el mal fin que tuvo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;D&eacute;jame en paz, maldita bruja!&mdash;exclam&eacute; yo entonces, retirando mi mano
+de entre sus manos.</p>
+
+<p>&mdash;La bruja fue Beatricica, y no yo&mdash;replic&oacute; la vieja&mdash;. En sus &uacute;ltimos
+d&iacute;as se sospecha que fue al aquelarre, donde la mat&oacute; el diablo, no sin
+prometerle que t&uacute; volver&iacute;as a amarla y a ser suyo, sin ingratitud ni
+mudanza. T&uacute; nada has prometido, pero Satan&aacute;s ha prometido por ti y
+cumplir&aacute; su promesa.</p>
+
+<p>Dicho esto solt&oacute; la vieja una carcajada nerviosa y se alej&oacute;
+precipitadamente de mi lado. Desde entonces tom&eacute; yo el extra&ntilde;o apodo o
+sobrenombre de Morsamor.</p>
+
+<p>En balde procur&oacute; Tiburcio serenar el &aacute;nimo y disipar las melanc&oacute;licas
+aprensiones de su amigo.</p>
+
+<p>&mdash;No tienes t&uacute; la culpa&mdash;le dijo&mdash;de que el diablo tentase a Beatricica,
+y de que ella se diese al diablo.</p>
+
+<p>&mdash;Pero &iquest;crees t&uacute;&mdash;dijo Morsamor, en un arranque de escepticismo, porque
+era muy esc&eacute;ptico para su &eacute;poca&mdash;, crees t&uacute; que ande tan suelto el
+diablo y que Dios permita que nos tiente y seduzca?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Y vaya si lo creo!&mdash;contest&oacute; el doncel sutil&mdash;. En nada se opone eso
+a la bondad divina y a la persistencia del humano libre albedr&iacute;o. Contra
+toda instigaci&oacute;n diab&oacute;lica el cielo presta al hombre fuerza suficiente o
+por naturaleza o por gracia.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; vale ni qu&eacute; importa entonces el oficio del diablo?&mdash;interpuso
+Morsamor con desde&ntilde;osa sonrisa.</p>
+
+<p>&mdash;Vale e importa&mdash;dijo Tiburcio&mdash;para que el diablo, aunque no tuerza la
+voluntad del hombre ni destruya la responsabilidad de sus actos,
+encamine estos actos hacia un fin y seg&uacute;n un plan predeterminado, al
+cual obedece el diablo muy a pesar suyo y sin el cual no consentir&iacute;a
+Dios que tentase a nadie. Tal, a mi ver, es la utilidad del oficio
+diab&oacute;lico. De donde se infiere que hasta el diablo es &uacute;til y dista mucho
+de estar de sobra.</p>
+
+<p>A pesar de sus melancol&iacute;as, Morsamor no pudo menos de re&iacute;rse de las
+extravagantes opiniones de su doncel.</p>
+
+<p>Algo menos preocupado por sus tristes memorias, renovadas en su esp&iacute;ritu
+con tanto br&iacute;o, Morsamor acab&oacute; por prepararlo todo, y al fin sali&oacute;
+recatadamente de Goa, acompa&ntilde;ado de su tropa y sirvi&eacute;ndole de gu&iacute;a los
+fingidos fakires por las m&aacute;s solitarias veredas.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XXII" id="XXII"></a>-XXII-</h2>
+
+
+<p>Despu&eacute;s de largo y penoso viaje, de noche, desperdigados a fin de no
+infundir sospechas y con recato esmerad&iacute;simo, fueron penetrando todos en
+hipogeo enorme. Era un dilatado y obscuro laberinto, excavado en la
+tierra y a trechos en dur&iacute;simas rocas: admirable labor de la tenacidad,
+de la paciencia y del humano esfuerzo: obra cuya antig&uuml;edad se contaba
+por millares de a&ntilde;os.</p>
+
+<p>Por medio de estrechos pasadizos se comunicaban las diversas y numerosas
+estancias que all&iacute; hab&iacute;a. Unas eran c&aacute;maras sepulcrales, otras,
+viviendas de las personas consagradas al culto y a la custodia de
+aquellos sitios; y otras, m&aacute;s rec&oacute;nditas y de m&aacute;s dif&iacute;cil acceso,
+escondido dep&oacute;sito y tesoro de preciosos exvotos y de amontonadas
+ofrendas. Ensanchado a veces el subterr&aacute;neo y elev&aacute;ndose su techo a
+mayor altura formaba amplias salas, donde se parec&iacute;a, esculpida en
+piedra, la imagen simb&oacute;lica de alguna de las m&aacute;s veneradas deidades del
+pante&oacute;n brahm&aacute;nico. La mayor de estas salas era la del hijo de Dasarata,
+la de Rama el virtuoso, fiel consorte y vengador de Sita, vencedor de
+Ravana y conquistador de Lanka. Pero en medio de aquellas salas y en el
+centro de aquel intrincado laberinto, se ergu&iacute;a el grandioso templo
+erigido en honor de Crishna. En multitud de gruesos pilares, cuyas
+cuadradas bases ten&iacute;an por pedestal sendas tortugas, se alzaban
+monstruosos elefantes, sosteniendo en sus lomos robustos el arquitrabe y
+el amplio friso sobre el cual se extend&iacute;a la plana y s&oacute;lida techumbre.
+En el friso, representados en alto relieve, tosco aunque rico de
+inspiraci&oacute;n y de car&aacute;cter, se ve&iacute;an los principales sucesos de la vida
+heroica y bienhechora del <i>avatar</i>. Not&aacute;banse all&iacute; sus amores con
+innumerable caterva de diosas, ninfas, princesas y zagalas, a cada una
+de las cuales se entreg&oacute; y se uni&oacute; todo el Dios, desdobl&aacute;ndose y
+multiplic&aacute;ndose en id&eacute;ntica forma y substancia y sin dejar de ser nunca
+uno y el mismo, porque toda alma piadosa, encendida en amor divino,
+posee a Crishna por completo, como si Crishna y ella fuesen solos o
+absorbiesen en su uni&oacute;n cuanto es y cuanto puede ser en los tres mundos.
+En el centro de aquel templo fant&aacute;stico, iluminado por l&aacute;mparas de
+plata, resplandec&iacute;a la estatua colosal del hijo de Devaki.</p>
+
+<p>Morsamor, conducido por Narada, hab&iacute;a admirado todo aquello.</p>
+
+<p>La tropa de aventureros que le hab&iacute;a seguido, prest&aacute;ndole omn&iacute;moda
+confianza, sin saber sino confusamente los peligros que tendr&iacute;a que
+arrostrar y los obst&aacute;culos que tendr&iacute;a que vencer, para el buen &eacute;xito de
+la empresa, cuyo fin apenas presum&iacute;a, se hallaba acuartelada en dos
+amplios salones del subterr&aacute;neo y aguardaba impaciente la hora oportuna
+para la acci&oacute;n que deb&iacute;a empe&ntilde;arse cumpliendo las &oacute;rdenes de sus
+adalides Morsamor y Tiburcio.</p>
+
+<p>Aunque se hallaban bajo tierra, sin que disipase la obscuridad m&aacute;s luz
+que la de algunas l&aacute;mparas, harto bien med&iacute;an todos el tiempo y
+calculaban que era m&aacute;s de media noche. Ning&uacute;n ruido exterior penetraba
+en el oculto lugar donde todos estaban congregados, lugar en que se o&iacute;an
+sus animadas conversaciones, porque nadie les hab&iacute;a exigido que callasen
+ni que hablasen en voz baja, y donde resonaban, al andar y al moverse
+ellos, el ludir y el chocar de las armas que no hab&iacute;an depuesto y que
+pronto deb&iacute;an emplear aunque sin saber ni prever el instante mismo.</p>
+
+<p>Entre tanto, en la santa ciudad de Benar&eacute;s, cerca de cuyos muros se
+hallaba el hipogeo, se celebraba, aquella noche, espl&eacute;ndida, alegre y
+ruidosa velada: la fiesta m&aacute;s solemne del culto de Crishna. No era la
+conmemoraci&oacute;n de sus triunfos guerreros, cuando daba muerte a tiranos y
+a monstruos, a endriagos y serpientes. Crishna, vencedor y libertador
+ya, aparec&iacute;a precedido de Kureva y de Lakshmi, n&uacute;menes de la opulencia,
+y de Karnala y Smara, n&uacute;menes del amor. Sobre su pecho resplandec&iacute;a el
+conquistado Samantaka, talism&aacute;n de todas las venturas. Y Crishna iba
+difundi&eacute;ndolas a su paso por donde quiera; y no hab&iacute;a coraz&oacute;n de mujer,
+mortal o diosa, que al contemplarle no ardiese en amoroso fuego. Los
+Gandarvas descend&iacute;an del Baikounta o para&iacute;so de Vishn&uacute; para cantar sus
+alabanzas y las Apsaras para tejer danzas en torno suyo.</p>
+
+<p>Esta serenata y este baile famosos, apellidados la <i>rasa</i>, se
+representaban aquella noche. En anchas plazas bailaban lindas bayaderas.
+La circunstante y bulliciosa muchedumbre gozaba en mirar y aplaud&iacute;a con
+locura. En la alucinaci&oacute;n del entusiasmo, tal vez imaginaba que todos
+los seres inmortales acud&iacute;an a ver la velada y a honrarla con su
+presencia. Desde el fondo del Oc&eacute;ano, desde el ardiente centro de la
+tierra, desde las crestas nevadas del Himalaya y desde las serenas
+profundidades del &eacute;ter luminoso, acud&iacute;an Varuna, Agni, cuantas son las
+inteligencias que mueven las esferas celestes y gu&iacute;an a los astros en su
+curso, y el propio Indra, cabalgando en el p&aacute;jaro Garuda, y no ya con
+rayos en la diestra, sino con alj&oacute;fares y flores, que as&iacute; &eacute;l como las
+otras divinidades derramaban a manos llenas sobre la muchedumbre devota.</p>
+
+<p>En la conjuraci&oacute;n se hab&iacute;a guardado profundo secreto. Nada sospechaba
+Abdul ben Hixen. La mayor&iacute;a de su gente de armas, aunque era de
+muslimes, discurr&iacute;a por la ciudad, sin cautela ni reparo y se divert&iacute;a
+en la fiesta, requebrando a las mozas y retozando tambi&eacute;n con ellas. El
+sult&aacute;n, no obstante, se hallaba encastillado en la fortaleza, en cuyo
+centro se levantaba el regio alc&aacute;zar. All&iacute; vigilaba siempre por su
+autoridad y su dominio lo m&aacute;s aguerrido y selecto de sus guerreros. Su
+guardia se compon&iacute;a de m&aacute;s de mil veteranos fieles, diestros en el
+manejo de las armas.</p>
+
+<p>Dos horas antes de que amaneciese, Morsamor y Tiburcio se pusieron al
+frente de los aventureros que hab&iacute;an tra&iacute;do, los sacaron de aquel a modo
+de encierro en que se hallaban, y guiados por dos j&oacute;venes brahmanes,
+caminaron largo rato por un extenso pasadizo del subterr&aacute;neo hasta
+llegar a un punto donde hab&iacute;a una fort&iacute;sima compuerta de madera y de
+hierro, horizontalmente colocada en la techumbre, hasta la cual se sub&iacute;a
+por una escalera de piedra. Al empuje de algunos hombres forzudos se
+levant&oacute; la compuerta, a pesar de la tierra y las hierbas que la cubr&iacute;an
+y ocultaban, y se dej&oacute; ver el cielo sin luna y s&oacute;lo d&eacute;bilmente iluminado
+por el p&aacute;lido fulgor de las estrellas que a trechos entre obscuras nubes
+luc&iacute;an.</p>
+
+<p>En hondo silencio y procurando no hacer ruido, los aventureros todos
+fueron saliendo del subterr&aacute;neo, encontr&aacute;ndose en un parque espacioso,
+dentro de los muros de la misma fortaleza y contiguo al alc&aacute;zar donde el
+sult&aacute;n habitaba.</p>
+
+<p>La hueste de Morsamor busc&oacute; la mayor obscuridad, bajo las copas de
+algunos corpulentos &aacute;rboles, para recatarse de los que pudieran estar
+vigilando y no ser vista ni sentida hasta que a una se&ntilde;al, que aguardaba
+con impaciencia, pudiese caer sobre los enemigos descuidados.</p>
+
+<p>No llevaba la hueste de Morsamor armas de fuego, poco usadas y nada
+port&aacute;tiles todav&iacute;a. Los aventureros vest&iacute;an coraza o cota de malla e
+iban armados, de espada todos, y unos de flechas, y otros de picas y
+venablos.</p>
+
+<p>A pesar de que en la fortaleza se ignoraba el oculto camino por donde en
+ella se pod&iacute;a penetrar y a pesar del descuido de la guarnici&oacute;n, la
+empresa de Morsamor estuvo a punto de malograrse.</p>
+
+<p>Un viejo jardinero que andaba en vela y que ten&iacute;a ojos de lince, vio con
+asombro que se abr&iacute;a el seno de la tierra y que surg&iacute;a gente armada por
+la abertura. Al pronto acudi&oacute; a dar aviso al capit&aacute;n de una parte de la
+guarnici&oacute;n que se abrigaba en ancha sala de armas del piso bajo del
+alc&aacute;zar. En seguida los muslimes se apercibieron a resistir y a acometer
+a los intrusos. El jardinero indic&oacute; d&oacute;nde estaban, y con no menor
+sorpresa y asombro los vieron los muslimes, a pesar de la obscura
+frondosidad en que ellos se encubr&iacute;an. Sonaron entonces los clarines y
+cundi&oacute; la alarma por todo el parque y el alc&aacute;zar. A la entrada de este y
+en algunas de sus ventanas, hab&iacute;a mosquetes, puestos sobre firmes
+horquillas y previamente cargados. Los mosqueteros encendieron las
+mechas vali&eacute;ndose del eslab&oacute;n y el pedernal que en los esqueros
+llevaban.</p>
+
+<p>Abdul ben Hixen se alz&oacute; con sobresalto de su lecho, se visti&oacute;, se arm&oacute; y
+se dispuso al combate.</p>
+
+<p>Por dicha para Morsamor, casi en el mismo punto se oy&oacute; la se&ntilde;al que
+esperaba: era el sonido de las trompetas, avisando la sublevaci&oacute;n de la
+ciudad, donde la plebe amotinada combat&iacute;a ya e iba venciendo a los
+musulmanes.</p>
+
+<p>La se&ntilde;al inspir&oacute; a Morsamor &aacute;nimo y confianza, pero era indispensable
+vencer en la fortaleza para obtener el triunfo. Si el sult&aacute;n venc&iacute;a y
+ca&iacute;a con su tropa sobre el pueblo, todo estaba perdido.</p>
+
+<p>Las bombardas y falconetes que guarnec&iacute;an la muralla, aunque puestos
+sobre rudos encabalgamientos o cure&ntilde;as, y nada aprop&oacute;sito para que la
+punter&iacute;a fuese certera, pod&iacute;an barrer la turba de amotinados que se
+arrojase al asalto de la fortaleza, circundada de foso profundo.</p>
+
+<p>El sult&aacute;n hubiera podido tambi&eacute;n lanzar contra la ciudad la caballer&iacute;a
+selecta de los guardias de su persona, que eran cerca de doscientos, y
+ocho terribles elefantes para la pelea y dirigidos por h&aacute;biles cornacas
+negros.</p>
+
+<p>Esto fue lo primero que logr&oacute; evitarse merced a un dichoso golpe de
+mano. A las &oacute;rdenes de Tiburcio, Morsamor destac&oacute; cien hombres de los
+m&aacute;s audaces, que con astucia diab&oacute;lica lograron penetrar en el apartado
+edificio donde se guarec&iacute;an caballos, elefantes, cornacas y guardias.
+Ning&uacute;n aviso hab&iacute;a llegado hasta all&iacute;. Sin sospecha ni recelo, dorm&iacute;an
+todos. Y si bien acudieron a las armas y procuraron defenderse, fue con
+tal aturdimiento y desorden, que les vali&oacute; de poco. Con escasa p&eacute;rdida
+de la gente que Tiburcio capitaneaba, muchos de los guardias fueron
+muertos. Otros se rindieron, depusieron las armas y se dejaron encerrar.
+Los caballos y los elefantes cayeron tambi&eacute;n en poder de la gente de
+Morsamor y quedaron custodiados en los establos, cobertizos y anchos
+corrales en que estaban. Todo esto, no obstante, no le consigui&oacute; sin
+prolongada lucha. Tiburcio y su gente no pudieron, pues, acudir en
+auxilio de Morsamor, empe&ntilde;ado en no menos ardua empresa, que las
+circunstancias hicieron harto m&aacute;s dif&iacute;cil.</p>
+
+<p>Aunque eran pocos los mosquetes, que pod&iacute;an dirigirse para dentro del
+parque, por donde no se preve&iacute;a ataque alguno, y aunque estaban
+manejados por mosqueteros torpes, sin conocimiento pr&aacute;ctico de aquellas
+armas, todav&iacute;a hicieron algunos disparos sobre los guerreros de
+Morsamor, caus&aacute;ndole cerca de treinta bajas entre muertos y heridos.</p>
+
+<p>Lejos de arredrarse con esto, el denuedo de Morsamor y de los suyos
+creci&oacute; con la c&oacute;lera y con el deseo de venganza.</p>
+
+<p>En una salida que el sult&aacute;n hizo del alc&aacute;zar con la gente que ten&iacute;a
+cerca de s&iacute;, el sult&aacute;n fue rechazado y tuvo que hacer cerrar r&aacute;pidamente
+la puerta para que los enemigos no penetrasen en pos de &eacute;l dentro del
+alc&aacute;zar.</p>
+
+<p>Aprovech&oacute; Morsamor aquella retirada y el desaliento que hab&iacute;a infundido
+en la guarnici&oacute;n que estaba fuera defendiendo el parque, para caer con
+todos los suyos, en buen orden y con embestida furiosa, sobre la gente
+que defend&iacute;a la puerta de la fortaleza que daba a la ciudad y en la que
+hab&iacute;a alzado un firme y ancho puente levadizo que hac&iacute;a practicable el
+hondo foso.</p>
+
+<p>Por fortuna, la plebe amotinada de la ciudad, fanatizada por los
+brahmanes y provista de armas, hab&iacute;a vencido a los m&aacute;s resistentes de la
+exterior guarnici&oacute;n, mientras que otros, codiciosos y traidores, se
+hab&iacute;an dejado comprar por dinero suministrado por los brahmanes y por
+mercaderes ricos. Parte pues, de la sublevaci&oacute;n triunfante, se hab&iacute;a
+adelantado hasta el borde del foso en tumultuosa muchedumbre. Sus gritos
+de j&uacute;bilo llegaban claros a los o&iacute;dos de Miguel de Zuheros, alentaban su
+valor y corroboraban su confianza. As&iacute;, a pesar de la obstinada
+resistencia de los que defend&iacute;an la puerta, Morsamor y los suyos, no sin
+sacrificar all&iacute; muchas vidas, se apoderaron de la puerta al cabo, la
+abrieron y dejaron caer sobre el foso el puente levadizo. La noche en
+esto hab&iacute;a pasado ya. La obscuridad se hab&iacute;a, disipado. La penumbra del
+crep&uacute;sculo matutino se hab&iacute;a trocado con r&aacute;pida transici&oacute;n en claridad
+luminosa, apag&aacute;ndose las estrellas en el &eacute;ter, matiz&aacute;ndose las nubes de
+carm&iacute;n y de oro y transmiti&eacute;ndose por el ambiente despejado y limpio el
+movimiento, los colores y las formas de los distintos seres.</p>
+
+<p>Los de la guarnici&oacute;n interior, aturdidos y empe&ntilde;ados en luchar con los
+que estaban dentro, s&oacute;lo hab&iacute;an hecho cinco disparos de lombardas,
+causando apenas da&ntilde;o en la muchedumbre, aunque s&iacute; alg&uacute;n miedo y mucha
+ira.</p>
+
+<p>Al abrirse la puerta y caer el puente levadizo, la plebe retrocedi&oacute; con
+espanto, temiendo que iban a salir el sult&aacute;n, y su caballer&iacute;a y sus
+elefantes, y a cargar sobre ella. Pero los dos j&oacute;venes brahmanes, que
+acompa&ntilde;aban a Morsamor y que eran muy decididos, pasaron desde la
+fortaleza al otro lado del foso, y gritando en medio de la turba, le
+quitaron el miedo y la persuadieron de que eran aliados y amigos los que
+abr&iacute;an el paso y los que reclamaban su apoyo para terminar aquella
+grande obra. La plebe entonces, como desbordado torrente que rompe el
+dique que le retiene y en violentas oleadas lo inunda todo, se precipit&oacute;
+por la puerta y llen&oacute; en un instante el parque que se extend&iacute;a en torno
+del alc&aacute;zar dentro del recinto murado.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XXIII" id="XXIII"></a>-XXIII-</h2>
+
+
+<p>El rey, seg&uacute;n hemos dicho ya, tuvo que replegarse y encerrarse de nuevo
+en el alc&aacute;zar despu&eacute;s de su vigorosa salida. La causa principal de la
+retirada hab&iacute;a quedado oculta. El rey procur&oacute; y logr&oacute; que se ocultase
+para que su gente no desmayara. Un dardo enemigo hab&iacute;a atravesado su
+muslo derecho. De la honda herida manaba mucha sangre, y el rey apenas
+pod&iacute;a tenerse en pie.</p>
+
+<p>Encerrado en la ancha c&aacute;mara, donde estaba el &uacute;nico acceso para penetrar
+en el har&eacute;n, y asistido s&oacute;lo por su m&eacute;dico, por su viejo confidente y
+valido el jefe de los eunucos, y por cuatro de sus m&aacute;s fieles e &iacute;ntimos
+servidores, el rey sigui&oacute; dando &oacute;rdenes y excitando a la resistencia.
+Joven y robusto a&uacute;n, era adem&aacute;s fiero y orgulloso, aunque debilitado su
+br&iacute;o por la vida muelle y deleitosa que hab&iacute;a vivido, en paz con los
+extra&ntilde;os y en lo interior hasta entonces, sin rebeliones ni motines.</p>
+
+<p>Cuando vio a las claras que sus soldados hab&iacute;an sido vencidos, que la
+plebe triunfante hab&iacute;a invadido la fortaleza y que ya se dispon&iacute;a a
+romper las puertas y a entrar en el alc&aacute;zar, su desesperaci&oacute;n fue
+completa y horrible.</p>
+
+<p>Abdul ben Hixen se jactaba de su nobil&iacute;sima estirpe. Pretend&iacute;a
+descender, por una ilustre serie de monarcas guerreros, del propio
+Mohamud de Gazna el Grande. Alt&iacute;simo era el concepto en que ten&iacute;a &eacute;l la
+sagrada dignidad de su persona. &iquest;C&oacute;mo sufrir, pues, el oprobio de caer
+vivo entre las manos inmundas de aquel vil populacho?</p>
+
+<p>Inevitable era la muerte y conven&iacute;a aceptarla con valor y recibirla
+cuanto antes.</p>
+
+<p>Los clamores de la turba, que o&iacute;a cerca de s&iacute;, se dir&iacute;a que le excitaban
+a tomar la tremenda resoluci&oacute;n. No pod&iacute;a ya morir peleando y matando,
+pero pod&iacute;a y deb&iacute;a morir en seguida antes de caer en infamante
+cautiverio.</p>
+
+<p>Abdul ben Hixen ya pidi&oacute; con ruegos, ya orden&oacute; con furia que le matasen
+a los cuatro soldados fieles que estaban cerca de &eacute;l, al m&eacute;dico
+impasible y al jefe de los eunucos que le miraba lleno de asombro y
+temblaba como un azogado.</p>
+
+<p>El profundo respeto que el rey infund&iacute;a no consinti&oacute; que ninguno de sus
+cuatro guardias cumpliese sus &oacute;rdenes ni accediese a sus ruegos.</p>
+
+<p>&mdash;Carec&eacute;is de valor&mdash;dijo entonces&mdash;para ser misericordiosos conmigo. Yo
+suplir&eacute; el valor que os falta. As&iacute; os dar&eacute; ejemplo para que os mostr&eacute;is
+dignos de m&iacute;, para que impid&aacute;is que caigan vivas mis mujeres en poder de
+esa canalla infame, para que no insulten mi cad&aacute;ver y para que todo, si
+es posible, sea presa de las llamas.</p>
+
+<p>Sin o&iacute;r ni aguardar contestaci&oacute;n alguna, Abdul ben Hixen desenvain&oacute; con
+rapidez el acicalado yatag&aacute;n de doble filo que de rico talabarte le
+pend&iacute;a, fij&oacute; en el suelo la costosa empu&ntilde;adura, cuajada de diamantes y
+esmeraldas, y poni&eacute;ndose en el pecho la agud&iacute;sima punta, se arroj&oacute;
+encima con tal &iacute;mpetu que se traspas&oacute; y destroz&oacute; las entra&ntilde;as con la
+ancha hoja, quedando muerto en el acto.</p>
+
+<p>El astuto m&eacute;dico, con previsora serenidad y sin ninguna gana de acabar
+tambi&eacute;n tr&aacute;gicamente, desapareci&oacute; como por ensalmo, y&eacute;ndose por el lado
+opuesto al har&eacute;n y escondi&eacute;ndose donde pudo. Oportun&iacute;sima fue la fuga.
+El entusiasmo heroico y destructor de los cuatro eunucos ray&oacute; en delirio
+y no tuvo l&iacute;mites al ver muerto y en medio de una charca de sangre a su
+querido y augusto amo.</p>
+
+<p>Se creyeron en la obligaci&oacute;n de matar y de incendiar y era menester
+cumplir con ella.</p>
+
+<p>El jefe de los eunucos la facilit&oacute; por lo que a &eacute;l tocaba. El espanto le
+sobrecogi&oacute; de tal suerte, que, desfigurado su rugoso y p&aacute;lido rostro por
+horrible mueca, torcida y muy abierta la boca como para exhalar a escape
+el &uacute;ltimo aliento, desencajados los ojos y dilatadas las pupilas, se
+desplom&oacute; sin vida en el suelo.</p>
+
+<p>Los eunucos hacinaron telas, papeles, muebles, cuantos objetos
+consideraron m&aacute;s combustibles, alz&aacute;ndolos en mont&oacute;n contra la pared de
+la espl&eacute;ndida sala, cubierta de sedas del Catay y de chales y tapices de
+Cachemira, y cuya artesonada techumbre era de n&aacute;car, concha, s&aacute;ndalo,
+cedro y otras preciosas maderas que en delicados embutidos y en linda
+taracea se combinaban.</p>
+
+<p>Con destiladas quintas esencias, con ung&uuml;entos y aceites arom&aacute;ticos, con
+cuanto pudieron hallar a mano a prop&oacute;sito para que prendiese el fuego y
+se propagase, rociaron los eunucos el mont&oacute;n de objetos, la tapicer&iacute;a de
+la pared y hasta el mismo techo. Encendieron fuego en seguida, le
+aplicaron a papeles y a trapos que hab&iacute;a en la base del mont&oacute;n, y muy
+pronto con feroz alegr&iacute;a vieron surgir el humo y las llamas. Luego
+penetraron en el har&eacute;n dispuestos a destruirlo todo y a dar muerte a las
+mujeres para que no fuesen profanadas y ultrajadas por el vulgo.</p>
+
+<p>Entre tanto, los guardias que custodiaban el alc&aacute;zar, con el intento de
+vender caras sus vidas, abrieron la ancha puerta y se lanzaron de nuevo
+al combate desesperadamente. La plebe, api&ntilde;ada delante de la puerta,
+tuvo que lamentar no pocas v&iacute;ctimas de aquel primer &iacute;mpetu.</p>
+
+<p>En esto, Morsamor, as&iacute; como Tiburcio que, vencedor de la caballer&iacute;a,
+estaba ya a su lado, vieron en el extremo del palacio, hacia donde
+estaba el har&eacute;n y en una gran ventana que acababa de abrirse, una
+extra&ntilde;a figura que los llen&oacute; de pasmo. Nunca mujer m&aacute;s bella, elegante y
+majestuosa, hab&iacute;a concebido Morsamor en su fantas&iacute;a de poeta, ni hab&iacute;a
+aparecido en sus m&aacute;s radiantes y amorosos ensue&ntilde;os. Brillaban sus negros
+ojos, por entre las largas y sedosas pesta&ntilde;as, como la luz del sol que
+arreboladas nubes mitigan. Era su tez como de leche y rosas. Esbelto su
+talle: elevada su estatura. A pesar de las flotantes y blancas ropas que
+velaban su cuerpo, se present&iacute;a y se adivinaba que era todo &eacute;l
+maravilloso y arm&oacute;nico conjunto de perfecciones casi divinas.</p>
+
+<p>Aunque no cuadraba a la dignidad aristocr&aacute;tica de aquella mujer ni
+mostrar angustia y terror en el semblante, ni pedir socorro a gritos,
+Morsamor, a la vez que sinti&oacute; en el alma una jam&aacute;s sentida y amorosa
+admiraci&oacute;n y un irresistible impulso que hacia aquella mujer le llevaba,
+sinti&oacute; tambi&eacute;n o m&aacute;s bien comprendi&oacute;, como si un genio o esp&iacute;ritu
+invisible le hablase al o&iacute;do, que aquella mujer se hallaba en el peligro
+m&aacute;s espantoso, y que &eacute;l deb&iacute;a a toda costa libertarla y salvarla.
+Alrededor suyo, entretanto, se alzaban centenares de voces diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Urb&aacute;si! &iexcl;Urb&aacute;si! &iexcl;Es ella! &iexcl;Es ella!&mdash;la que el tirano hab&iacute;a robado.</p>
+
+<p>Sin m&aacute;s reflexionar, y sin ponerse con nadie de acuerdo, Morsamor espada
+en mano corri&oacute; hacia la puerta del alc&aacute;zar, se abri&oacute; paso por entre
+cuantos all&iacute; peleaban, quedando milagrosamente ileso, y pronto subi&oacute; a
+saltos la grande escalera que al piso principal conduc&iacute;a. Sinti&oacute; pasos
+detr&aacute;s de &eacute;l, volvi&oacute; la cara, vio a Tiburcio que le segu&iacute;a dispuesto a
+ayudarle, y con mirada expresiva se lo agradeci&oacute; sin pronunciar palabra.</p>
+
+<p>No era menester que la pronunciase; Tiburcio lo hab&iacute;a adivinado todo y
+se puso delante de Morsamor, como para servirle de gu&iacute;a.</p>
+
+<p>As&iacute; llegaron a la c&aacute;mara, donde yac&iacute;a muerto Abdul ben Hixen. El humo
+era sofocante. Las llamas hab&iacute;an subido ya por la pared y hab&iacute;an
+empezado a cebarse en la techumbre que cruj&iacute;a y amenazaba desprenderse a
+pedazos.</p>
+
+<p>Tiburcio pas&oacute; imp&aacute;vido por la c&aacute;mara. En pos de &eacute;l pas&oacute; Miguel de
+Zuheros.</p>
+
+<p>Ambos iban con precipitaci&oacute;n, aunque no sin cuidado, para no resbalar en
+la sangre que humedec&iacute;a y manchaba el pavimento, para no tropezar en
+seres humanos muertos o moribundos y para no ser sorprendidos por los
+vivos a&uacute;n armados y furiosos que sin duda por aquellos sitios vagaban.</p>
+
+<p>Con certero instinto y con tan ligeros y sordos pasos, que no levantaban
+rumor, como si los que marchaban fuesen sombras, llegaron al extremo del
+palacio, donde estaba la estancia en que Urb&aacute;si se guarec&iacute;a. Cerrada la
+firme puerta, resist&iacute;a a&uacute;n a los reiterados y furibundos golpes que
+sacud&iacute;an en ella los cuatro eunucos, ansiosos de derribarla.</p>
+
+<p>Algo de siniestramente sobrehumano parec&iacute;a traslucirse entonces en el
+gracioso rostro de Tiburcio, casi sin bozo, como de gentil adolescente.
+Acalorada la imaginaci&oacute;n de Morsamor, crey&oacute; ver que la espada que
+Tiburcio llevaba en la diestra no era inerte acero, sino serpiente viva
+que se hund&iacute;a en el pecho de los contrarios y mord&iacute;a y destrozaba los
+corazones. S&uacute;bitamente, antes de que le viesen y le hiciesen cara,
+Tiburcio hizo caer por tierra mortalmente heridos a dos de los cuatro
+eunucos. No fue larga la lucha con los otros dos. Morsamor pele&oacute; contra
+el uno, Tiburcio pele&oacute; contra el otro, y ambos perecieron tambi&eacute;n.</p>
+
+<p>Sin un leve instante de reposo, Tiburcio toc&oacute; en la puerta con el pomo
+de su espada y grit&oacute; alto para que le oyese quien estaba dentro:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Urb&aacute;si! &iexcl;Urb&aacute;si! Abre. Ten confianza en nosotros. Venimos a salvarte.</p>
+
+<p>La puerta se abri&oacute; enseguida y Urb&aacute;si se mostr&oacute; bajo el dintel,
+serenamente hermosa, como una aparici&oacute;n del cielo. Desalumbrado,
+ext&aacute;tico qued&oacute; Morsamor al contemplar de cerca tanta hermosura. Luego se
+repuso haciendo un esfuerzo, y con la mano izquierda, desnuda de la
+manopla que en la escarcela guardaba, asi&oacute; a Urb&aacute;si de la diestra, y
+guiado siempre por Tiburcio, busc&oacute; por donde hab&iacute;a venido la &uacute;nica
+salida del har&eacute;n.</p>
+
+<p>Al llegar al sal&oacute;n, donde el rey yac&iacute;a muerto, Morsamor retrocedi&oacute;
+horrorizado.</p>
+
+<p>En torno del sal&oacute;n no hab&iacute;a cundido el incendio porque eran los muros de
+s&oacute;lida mamposter&iacute;a, revestida de m&aacute;rmoles, que sin arder se calcinaban;
+pero lo interior del sal&oacute;n parec&iacute;a un infierno: medroso torbellino de
+humo y de llamas.</p>
+
+<p>Inevitable era pasar por all&iacute;. Tiburcio dio el ejemplo. Se dir&iacute;a que a
+su paso se apartaban las llamas y el humo como si le conociesen y
+respetasen.</p>
+
+<p>Verg&uuml;enza tuvo Morsamor de quedarse atr&aacute;s, pero tem&iacute;a que, si Urb&aacute;si
+segu&iacute;a andando, prendiese el fuego en su larga y flotante vestidura,
+cuya fimbria tocaba y se extend&iacute;a sobre el pavimento. Morsamor,
+entonces, tom&oacute; a Urb&aacute;si en sus brazos, recogi&eacute;ndole cuidadosamente la
+falda; atraves&oacute; con rapidez y valent&iacute;a por el sal&oacute;n incendiado; y,
+precedido de Tiburcio lleg&oacute; sano y salvo hasta el arranque de la grande
+escalera.</p>
+
+<p>Hechizado y orgulloso de su dulce carga, nada le fatigaba su peso, y
+Morsamor no la hubiera soltado a no exigir ella descender la escalera
+por su pie.</p>
+
+<p>R&aacute;pidamente la bajaron, asidos de nuevo de la mano Morsamor y Urb&aacute;si.</p>
+
+<p>Con cari&ntilde;oso afecto estrech&oacute; Morsamor la mano de Urb&aacute;si, blanca, suave y
+admirablemente formada.</p>
+
+<p>Al llegar al &uacute;ltimo tramo, ella estrech&oacute; tambi&eacute;n la mano de Morsamor; y
+de su fresca boca, que a &eacute;l pareci&oacute; c&aacute;liz de perlas y rub&iacute;es, colmado
+del aroma y del n&eacute;ctar que aspiran y beben los inmortales, salieron en
+voz baja y suave estas dulces palabras:</p>
+
+<p>&mdash;Me has salvado la vida. T&oacute;mala si lo deseas. Eres su due&ntilde;o.</p>
+
+<p>Absorto en su alegr&iacute;a, nada acertaba a contestar Morsamor, cuando se vio
+cercado de multitud de gente, as&iacute; del pueblo como de los mismos
+aventureros que militaban bajo sus &oacute;rdenes. Entusiasmados todos por sus
+haza&ntilde;as, le aclamaban por h&eacute;roe, casi le adoraban como a un semidi&oacute;s y
+le levantaban en hombros para llevarle en triunfo.</p>
+
+<p>En aquel bullicio y alborozo Urb&aacute;si y Morsamor se separaron. Y &eacute;l estuvo
+largo rato desesperado e inquieto, en medio del aplauso popular y de la
+multitud que le vitoreaba, hasta que vio por dicha que a no mucha
+distancia, Urb&aacute;si en compa&ntilde;&iacute;a del viejo brahm&aacute;n Narada, sub&iacute;a en un
+palanqu&iacute;n e iba a salir fuera del recinto murado. Antes de salir, ella,
+que ten&iacute;a en &eacute;l la vista fija, le mir&oacute; con amor e hizo ondear en su mano
+un blanco cendal, como despidi&eacute;ndose. Su larga mirada fue elocuent&iacute;sima
+y dec&iacute;a con toda claridad: hasta que pronto, muy pronto volvamos a
+vernos.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XXIV" id="XXIV"></a>-XXIV-</h2>
+
+
+<p>En un extremo de la ciudad y en espacioso edificio, Morsamor con toda su
+gente estaba acuartelado. No llegaban a ciento ochenta, porque m&aacute;s de
+ciento hab&iacute;an perecido en la batalla. Cargados de riqu&iacute;simo bot&iacute;n,
+consol&aacute;banse los vivos de la muerte de sus compa&ntilde;eros de armas. Limitado
+el incendio a la gran c&aacute;mara, el alc&aacute;zar dio extraordinarias riquezas a
+los que, despu&eacute;s de Morsamor, le entraron a saco. Los caballos y los
+elefantes, de que Tiburcio y los suyos se hab&iacute;an apoderado, cedidos
+luego o vendidos a Balar&aacute;n, pr&iacute;ncipe de los brahmanes, produjeron
+cuantiosa suma de rupias.</p>
+
+<p>La rebeli&oacute;n triunfante, hab&iacute;a entronizado a Balar&aacute;n, invisti&eacute;ndole de
+omn&iacute;modos poderes; concedi&eacute;ndole lo que en Europa llamamos la dictadura.</p>
+
+<p>Era Balar&aacute;n de nobil&iacute;sima prosapia, de majestuosa presencia y de bello
+rostro resplandeciente en juventud lozana; era celebrado por su profundo
+conocimiento de los Vedas, de las Leyes de Man&uacute;, de los Puranas y dem&aacute;s
+libros sagrados, y de todos los sistemas filos&oacute;ficos-ortodoxos y
+heterodoxos de la India; y era venerado adem&aacute;s por su energ&iacute;a, por su fe
+inquebrantable en los altos destinos de su religi&oacute;n y de su casta, y por
+otras raras virtudes aparentes o verdaderas. Gozaba, por &uacute;ltimo, de
+ping&uuml;e y casi regio patrimonio, parte del cual hab&iacute;a consumido,
+comprometi&eacute;ndole todo en la conjura.</p>
+
+<p>Fundamento ten&iacute;a su prop&oacute;sito de que fuese seguido el ejemplo que
+acababa de dar; de que la rebeli&oacute;n se propagase a otros Estados y de que
+se extirpase de la India el predominio del Islam. As&iacute; quedar&iacute;a su
+ambici&oacute;n plenamente satisfecha; llevar&iacute;a &eacute;l con justo t&iacute;tulo el nombre
+de Balar&aacute;n; el mismo nombre del pasmoso hermano de Crishna. Y as&iacute;
+lograr&iacute;a &eacute;l ser Brahmatma o jefe supremo de su casta, de su secta y del
+imperio que en ella se fundase.</p>
+
+<p>Repugnaba Morsamor ser mero y d&oacute;cil instrumento del brahm&aacute;n ambicioso.
+Harto conoc&iacute;a que era delirio aspirar a m&aacute;s. Lo razonable, pues, era
+retirarse con sus aventureros, volviendo todos a Goa victoriosos y
+opulentos como nababos. S&oacute;lo un inter&eacute;s personal&iacute;simo reten&iacute;a a Morsamor
+en Benar&eacute;s. La bella Urb&aacute;si hab&iacute;a cautivado su alma. Necesitaba volver a
+verla, declararle su amor y pedirle el cumplimiento de lo prometido en
+aquellas dulces palabras que ella pronunci&oacute;, dej&aacute;ndolas grabadas en el
+centro de su coraz&oacute;n: <i>Me has salvado la vida. T&oacute;mala si lo deseas. Eres
+su due&ntilde;o</i>.</p>
+
+<p>Harto present&iacute;a Morsamor lo aventurado y peligroso de su nueva empresa.
+No quiso comprometer en ella sino a los que le fuesen completamente
+adictos y estuviesen resueltos a arrostrar el enojo de Balar&aacute;n y a
+resistir el poder que ellos hab&iacute;an contribuido a poner en sus manos.</p>
+
+<p>Morsamor convoc&oacute;, pues, a su gente, expuso su determinaci&oacute;n de
+permanecer en Benar&eacute;s con algunos pocos aventureros que quisiesen
+acompa&ntilde;arle y reconociendo que todos hab&iacute;an cumplido ya con el
+compromiso y la obligaci&oacute;n que contrajeron, los dej&oacute; en libertad de
+volver a Goa, conducidos por buenos gu&iacute;as y con el espl&eacute;ndido bot&iacute;n que
+hab&iacute;an conquistado.</p>
+
+<p>Deplorando o aparentando deplorar la separaci&oacute;n, ciento veinte
+abandonaron a Miguel de Zuheros. Con &eacute;l s&oacute;lo quedaron sesenta valientes
+de los m&aacute;s devotos a su persona. No hay que decir que el fiel Tiburcio
+qued&oacute; tambi&eacute;n con &eacute;l.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s de esto, de noche y con misterioso recato, el anciano Narada
+vino a visitar a Morsamor. Previos muy corteses saludos y sin otro
+pre&aacute;mbulo, Narada, dijo lo siguiente:</p>
+
+<p>&mdash;La verdad, sin jactancia, es que yo he fomentado y estimulado la
+ambici&oacute;n de Balar&aacute;n desde mucho tiempo ha, infundiendo en su alma mi
+ardiente deseo de sacudir el yugo de los muslimes. Nada a pesar de mi
+empe&ntilde;o hubi&eacute;ramos hecho todav&iacute;a, si un imprevisto suceso no hubiera
+reanimado el esp&iacute;ritu reacio de Balar&aacute;n, atizando su ambici&oacute;n con la ira
+y los celos y prest&aacute;ndole actividad y arrojo. La bella Urb&aacute;si, a quien
+Balar&aacute;n pretend&iacute;a y adoraba rendido, desapareci&oacute; de su magn&iacute;fica
+vivienda; fue v&iacute;ctima de misterioso rapto. No bast&oacute; la habilidad de los
+raptores y no bast&oacute; el secreto con que la ejercieron, para que Balar&aacute;n
+dejase de presumir y aun de tener por seguro que el tirano Abdul ben
+Hixen, ardiendo por Urb&aacute;si en lascivos amores, era quien la hab&iacute;a robado
+y quien en su har&eacute;n la guardaba cautiva. Entonces Balar&aacute;n no vacil&oacute; un
+instante. Forj&oacute; su plan y lo realiz&oacute; con presteza de acuerdo conmigo. La
+fama de tus bizarr&iacute;as hab&iacute;a llegado hasta nosotros. Consideramos &uacute;til tu
+auxilio y yo fui a buscarte. Harto bien sabes lo dem&aacute;s por haber sido
+tan principal actor en todo. Lo que t&uacute; ignoras es que Urb&aacute;si se halla de
+nuevo en grave peligro. Ha desde&ntilde;ado al rey muslime y se le ha
+resistido, pero no desde&ntilde;a menos a Balar&aacute;n, el cual la adora y est&aacute;
+resuelto a hacerla suya de grado o por fuerza.</p>
+
+<p>&mdash;No ser&aacute;, no ser&aacute; mientras yo viva&mdash;interrumpi&oacute; Morsamor con &iacute;mpetu
+apasionado&mdash;. Yo libert&eacute; y salv&eacute; a Urb&aacute;si, y Urb&aacute;si ser&aacute; m&iacute;a o perecer&eacute;
+en la demanda.</p>
+
+<p>&mdash;No s&eacute; c&oacute;mo ponderarte&mdash;dijo Narada&mdash;la alegr&iacute;a y la confianza que tus
+nobles palabras infunden en mi pecho. Bien puedo ya declar&aacute;rtelo todo
+sin recelo alguno. Urb&aacute;si, nobil&iacute;sima doncella, hu&eacute;rfana de padre y
+madre, es venerada por m&iacute; como una deidad y amada como el m&aacute;s tierno de
+los padres puede amar a la mejor de sus hijas en quien se mira como en
+un espejo y en quien contempla el limpio dechado de todas las
+excelencias y perfecciones. Por sus venas azules corre la et&eacute;rea y
+pur&iacute;sima sangre de nuestros antiqu&iacute;simos <i>richis</i>, h&eacute;roes y monarcas,
+celebrados en leyendas divinas y en inmortales epopeyas. La naturaleza,
+pr&oacute;diga con Urb&aacute;si, la adorn&oacute; de todos sus primores y prest&oacute; a su alma y
+a su cuerpo gentileza tal que bien pudiera creerse que cuantos son los
+n&uacute;menes que pueblan y dirigen los tres mundos, acudieron en la hora del
+nacimiento de ella otorg&aacute;ndole cada uno el don m&aacute;s precioso y la m&aacute;s
+alta virtud de que dispone. Ilustrada luego la mente de Urb&aacute;si por
+superior inteligencia, ha concebido el ideal completo de la mujer. Y
+Urb&aacute;si con voluntad firme y constante, ha logrado realizarle en s&iacute;
+misma, tanto en lo &iacute;ntimo del esp&iacute;ritu como en la visible y terrenal
+apariencia. Sabe, sin hacer le ello alarde, las ciencias reveladas y
+ocultas de los brahmanes. Y sin ignorar el conjunto de las sesenta y
+cuatro artes de amor y deleite, que constituyen la <i>padmini</i> o hembra
+humana de m&eacute;rito supremo, es casta, inocente e inmaculada virgen, as&iacute; en
+el sentir y en el pensar como de hecho. No; el claro y abundante
+manantial de amorosas venturas, el tesoro de hechizos, el c&aacute;liz colmado
+de licor de celestial bienandanza, que con el auxilio de los dioses ella
+ha creado y en s&iacute; tiene, no puede ni debe tocar a labios impuros,
+apagando su sed, ni puede ser entregado para que le goce y profane a
+quien no sobresalga entre el vulgo de los mortales con eminencia
+desmedida.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Es posible&mdash;interpuso Morsamor, con cierto despecho&mdash;que ella, en
+cuyas encarecidas alabanzas te quedas corto, se complazca tanto en su
+propio valer, le tome por objeto de culto y se haga incapaz de amar a
+otro ser humano? Yo que la amo, yo que la adoro, &iquest;he de perder la
+esperanza de ser correspondido?</p>
+
+<p>&mdash;Urge que lo sepas todo&mdash;replic&oacute; Narada&mdash;. No hay vagar para rodeos ni
+disimulos. Urb&aacute;si, desde que lleg&oacute; a ser n&uacute;bil, se sinti&oacute; atormentada
+por amor sin objeto; pero no sin objeto, sino por objeto a su ver
+imaginario, que columbraba su mente en la vaga penumbra de confusos
+recuerdos, en las casi borradas impresiones que anteriores existencias
+acaso han dejado en el alma. El ser que Urb&aacute;si fing&iacute;a, recordaba o
+creaba, (&iquest;por qu&eacute; no confes&aacute;rtelo, si ella lo confiesa?) se parec&iacute;a a ti
+&iexcl;oh venturoso Miguel de Zuheros! Antes de que te viese, Urb&aacute;si te amaba.
+Te vio, y t&uacute; fuiste su salvador. En el d&iacute;a, Urb&aacute;si te idolatra. Ella
+cree que los cisnes de alas de oro, fat&iacute;dicos nuncios del destino,
+vinieron a pronosticar su amor por ti y tu amor por ella, como
+pronosticaron a Damayanti que Nal deb&iacute;a ser su enamorado esposo. Y
+Urb&aacute;si, no menos enamorada que Damayanti, desde&ntilde;ar&iacute;a por ti, no s&oacute;lo a
+Balar&aacute;n, sino a Indra, a Varuna y a los dem&aacute;s dioses, que desde el
+Baikounta bajasen a pretenderla. Por ti se siente Urb&aacute;si capaz de los
+mayores sacrificios. Por seguirte lo abandonar&iacute;a todo, e imitando a
+Savitri fiel consorte de Satyavat, acosar&iacute;a sin temor a Yama, dios de la
+muerte, para sacarte de entre sus manos, como t&uacute; la sacaste a ella, y
+estrecharte luego apasionadamente en sus hermosos brazos.</p>
+
+<p>Al o&iacute;r a Narada, el coraz&oacute;n de Morsamor lat&iacute;a y saltaba agitad&iacute;simo por
+j&uacute;bilo inefable. Morsamor se ech&oacute; a los pies de Narada para mostrar su
+gratitud bes&aacute;ndolos. Narada le alz&oacute;, le abraz&oacute; y se despidi&oacute; de &eacute;l,
+designando el momento en que volver&iacute;a para llevarle donde Urb&aacute;si estaba.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XXV" id="XXV"></a>-XXV-</h2>
+
+
+<p>En una quinta, a corta distancia de la ciudad, secretamente estaba todo
+dispuesto para la boda que hab&iacute;a de ser clandestina, sin fest&iacute;n para los
+convidados, sin baile y sin m&uacute;sica. No por eso dejaba de estar revestido
+de costosos tapices y de otros raros adornos, el sal&oacute;n donde se elevaba
+el <i>pandal</i>, estrado o sitio consagrado a la ceremonia.</p>
+
+<p>En compa&ntilde;&iacute;a de Narada, Morsamor entr&oacute; all&iacute; primero. Llevaba el viejo
+brahm&aacute;n vestimenta lit&uacute;rgica de escarlata, sobre cuyo fondo carmes&iacute; se
+destacaba la barba blanqu&iacute;sima y luenga. Morsamor, ataviado con esmero y
+elegancia, parec&iacute;a m&aacute;s joven y m&aacute;s gentil que nunca. De su cinto,
+bordado de oro, pend&iacute;an la espada, la daga y la primorosa escarcela;
+coleto de fin&iacute;simo ante, lleno de prolijas labores, cubr&iacute;a su pecho y
+sus espaldas. Las mangas acuchilladas, as&iacute; como los greg&uuml;escos eran de
+blanco raso. La calza muy ce&ntilde;ida, de el&aacute;stico punto de seda, hac&iacute;a que
+luciesen las bien modeladas formas de sus &aacute;giles piernas musculosas a
+par que enjutas. Muy lindo gab&aacute;n colgaba airosamente de sus hombros.
+Ten&iacute;a la mano derecha libre y desnuda, y en la izquierda los guantes de
+&aacute;mbar y la graciosa gorra de Mil&aacute;n con air&oacute;n de blancas y rizadas
+plumas, prendido a la gorra por una piocha de esmeraldas y rub&iacute;es.</p>
+
+<p>Narada, al contemplar a Morsamor a la luz de las muchas l&aacute;mparas que en
+el estrado hab&iacute;a, no pudo menos de decirle que compet&iacute;a con el divino
+Hari, cuando se cas&oacute; Rukmini en el magn&iacute;fico palacio de Duarika.</p>
+
+<p>No tard&oacute; la bella Urb&aacute;si en aparecer sobre el estrado. La acompa&ntilde;aban
+cuatro matronas casadas y la segu&iacute;an sus siervas, y los pocos
+convidados, amigos &iacute;ntimos o parientes de su familia.</p>
+
+<p>La presencia de Urb&aacute;si, deslumbradora de hermosura, excit&oacute; la admiraci&oacute;n
+de todos. En el alma de Morsamor se aviv&oacute; con violencia el amoroso
+fuego.</p>
+
+<p>El andar de Urb&aacute;si m&aacute;s parec&iacute;a de deidad que de criatura humana. Sin
+oprimir su esbelto talle, le ce&ntilde;&iacute;a amplia zona de p&uacute;rpura recamada de
+perlas, sosteniendo las flotantes ropas talares de c&aacute;ndido lino, que
+descend&iacute;an en art&iacute;sticos pliegues y dejaban adivinar la armoniosa
+correcci&oacute;n del delicado cuerpo. La doble redondez del firme pecho, sin
+compresi&oacute;n ni arrimo, se estremec&iacute;a suavemente, al moverse la hermosa,
+entrevi&eacute;ndose por la transparencia de la tela su puro color de rosa y
+nieve. Recogidas con gracia en alto las abundantes crenchas de sus
+negros cabellos, dejaban ver el cuello despejado y cuan bien puesta se
+ergu&iacute;a sobre &eacute;l la noble cabeza. Verde-obscuras y hondas como la mar,
+eran las pupilas de sus ojos; su brillo como el del sol; y la sonrisa de
+su fresca boca, como presentimiento del Para&iacute;so.</p>
+
+<p>Seg&uacute;n el rito, la novia deb&iacute;a acabar de adornarse en el <i>pandal</i>, en
+presencia de todos, y las cuatro matronas casadas procedieron a hacerlo.
+De diamantes y perlas eran las joyas con que la adornaron. Pusieron una
+diadema sobre su frente; en sus peque&ntilde;as orejas, a guisa de zarcillos,
+dos gruesos solitarios asidos a sendos y sutiles aretes; junto a los
+hombros y en las finas mu&ntilde;ecas de los desnudos brazo y en las gargantas
+de los pies ligeros, brazaletes y ajorcas; y varios anillos en los
+afilados dedos de las manos y tambi&eacute;n en los dos dedos gruesos de ambos
+pies, cuyo admirable dibujo no estrag&oacute; jam&aacute;s rudo calzado de cuero, y
+cuya desnudez dejaba ver la n&iacute;tida blancura de la piel sonrosada y el
+limpio n&aacute;car de las pulidas u&ntilde;as, sobre las elegantes sandalias.</p>
+
+<p>En la cabeza de Urb&aacute;si las cuatro matronas echaron por &uacute;ltimo un rojo y
+transparente velo.</p>
+
+<p>Recitando himnos con entonada melopeya, Narada invoc&oacute; a los lares y a
+los manes, genios protectores del hogar y esp&iacute;ritus de los antepasados.</p>
+
+<p>Dos <i>purohitas</i> o brahmanes que oficiaban asistiendo a Narada, pusieron
+en la mano derecha de Morsamor algunos hilos de azafr&aacute;n, enlazados por
+larga cinta a otros hilos de azafr&aacute;n que pusieron en la mano izquierda
+de Urb&aacute;si.</p>
+
+<p>Narada asi&oacute; despu&eacute;s la diestra de Morsamor y la uni&oacute; a la diestra de
+Urb&aacute;si. Sobre ambas manos juntas fueron todos los asistentes vertiendo
+algunas gotas de agua lustral perfumada.</p>
+
+<p>Morsamor enseguida dio a Urb&aacute;si algunas hojas de betel picante.</p>
+
+<p>Entonces se renov&oacute; la invocaci&oacute;n, dirigi&eacute;ndola Narada a los m&aacute;s egregios
+seres divinos, a la propia Trimurti con el complemento femenino de
+Sarasvati, esposa de Brahma; de Laksmi, esposa de Vishn&uacute;, y de Uma,
+esposa de Siva.</p>
+
+<p>En amplio canastillo de flexibles entretejidos juncos, de pie y
+abraz&aacute;ndose se colocaron los novios; y cuantos all&iacute; asist&iacute;an derramaron
+sobre sus cabezas pu&ntilde;ados de arroz que tomaban de otros canastillos
+menores.</p>
+
+<p>Morsamor asi&oacute; luego el <i>t&aacute;li</i>, largo cord&oacute;n de seda y oro en cuyos
+extremos resplandec&iacute;an dos esmeraldas. Morsamor enred&oacute; el <i>t&aacute;li</i> a la
+garganta de Urb&aacute;si, d&aacute;ndole tres vueltas y sujet&aacute;ndole con triple
+lazada. La novia miraba hacia el Oriente mientras que el novio as&iacute; la
+prend&iacute;a.</p>
+
+<p>Sentados ambos despu&eacute;s en blandos cojines, comieron juntos, sobre anchas
+hojas de pl&aacute;tano, butiro fresco extendido en leves y esponjadas tortas
+de flor de harina, y miel de azahar a la postre: manjares simb&oacute;licos de
+iniciaci&oacute;n en los misterios orientales, para aprender a reprobar lo malo
+y a elegir lo bueno.</p>
+
+<p>En el centro del <i>pandal</i> se levantaba el ara, donde hab&iacute;a algunas
+brasas. Los <i>purohitas</i> echaron sobre las brasas canela, s&aacute;ndalo,
+espliego y otras plantas y yerbas secas y fragantes. Se levant&oacute; llama y
+Narada la aviv&oacute; m&aacute;s con libaciones de <i>soma</i> divino.</p>
+
+<p>Narada entonces habl&oacute; as&iacute; con Agni, dios del fuego, devorador de la
+ofrecida hostia, conductor alado del holocausto:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh, t&uacute; que te ocultas en el seno de los seres todos, que sin ti no
+ser&iacute;an, esc&uacute;chame, Agni, t&uacute; que animas el universo. Concede a Urb&aacute;si la
+lealtad y la firmeza que Satchi consagr&oacute; a su marido cuando &eacute;l la
+abandon&oacute;, y lleno de remordimientos, huy&oacute; a empeque&ntilde;ecerse y a
+esconderse en el tallo hueco de una de las flores de loto que cubr&iacute;an el
+lago donde t&uacute; le hallaste, m&aacute;s all&aacute; de los montes de Himabat, en los
+&uacute;ltimos t&eacute;rminos de la tierra. Movido t&uacute; por las s&uacute;plicas de Satchi y de
+acuerdo con los dioses, corriste por la tierra, volaste con tus alas de
+llamas por el aire y el &eacute;ter, y hasta penetraste en el agua, tu temida
+madre, para encontrar a Satacr&aacute;tu en su penitente y escondido refugio!
+El pecado de Satacr&aacute;tu vino a recaer entonces y a diluirse en todas las
+criaturas, y recobrando &eacute;l sus br&iacute;os, las hizo dichosas, venci&oacute; al
+tirano Nahucha y volvi&oacute; a reinar en los tres mundos. &iexcl;Oh, Agni, haz que
+Urb&aacute;si sea para Morsamor tan regeneradora y purificante como Dara
+Satacr&aacute;tu fue Satchi! Oye tambi&eacute;n y s&eacute; testigo, &iexcl;oh Agni, del solemne
+juramento de amor y de fidelidad, que van a pronunciar ambos esposos!</p>
+
+<p>Morsamor y Urb&aacute;si, en efecto, extendidas las manos sobre el ara y cerca
+del fuego prestaron el juramento debido.</p>
+
+<p>As&iacute; termin&oacute; el acto religioso.</p>
+
+<p>En aquella misma noche, sin demora ni reposo, a fin de sustraerse a la
+celosa furia, a la venganza y al poder de Balar&aacute;n, Morsamor y Urb&aacute;si,
+depuestas las galas y en traje de camino emprendieron un largo viaje.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XXVI" id="XXVI"></a>-XXVI-</h2>
+
+
+<p>Muchos d&iacute;as, fugitivo de Balar&aacute;n, camin&oacute; Morsamor con su dulce
+compa&ntilde;era. Dej&aacute;ndose persuadir por Narada, hab&iacute;a cre&iacute;do en el
+levantamiento general de toda la India, en favor del predominio
+brahm&aacute;nico, y no juzg&oacute; prudente ni seguro tratar de volver a Goa, ni
+dirigirse a otro lugar que no estuviese fuera de los l&iacute;mites de la
+India.</p>
+
+<p>En grandes barcas que de antemano contrat&oacute; Narada, Morsamor hab&iacute;a pasado
+el Ganges, y hab&iacute;a ido hacia el nordeste, esquivando los sitios
+poblados.</p>
+
+<p>Con &eacute;l iban, todos a caballo, Tiburcio y los sesenta valientes devotos a
+su persona. En ligero palanqu&iacute;n que veinte robustos negros sosten&iacute;an y
+llevaban turnando, iba la bella Urb&aacute;si, asistida s&oacute;lo por su sierva
+favorita Rohini. Completaban la caravana treinta poderosas mulas,
+alquiladas a dos ricos banianes en quienes Narada fiaba mucho y que se
+hab&iacute;an comprometido a ir a donde se les mandase, cuidando y guiando las
+mulas con el auxilio de cinco h&aacute;biles naires. Las mulas llevaban a lomo
+el espl&eacute;ndido equipaje de Urb&aacute;si, abundancia de v&iacute;veres, cuanto se
+requiere para desplegar tiendas en el campo y otros objetos &uacute;tiles a la
+comodidad y regalo de los ilustres viajeros y al alivio de sus fatigas.</p>
+
+<p>Harto present&iacute;a Morsamor que el Brahmatma, con gran golpe de gente de
+guerra, hab&iacute;a salido a perseguirle, aunque no hab&iacute;a podido hasta
+entonces darle alcance por la mucha delantera que Morsamor y los suyos
+hab&iacute;an tomado.</p>
+
+<p>Sin tropiezo vi encuentro alguno desagradable, llegaron los que hu&iacute;an a
+una vast&iacute;sima e intrincada selva, resplandeciente de lozana pompa y
+florida verdura.</p>
+
+<p>La frondosidad era tan densa por algunos puntos, que era menester
+abrirse paso rompiendo y destrozando con la segur los enormes bejucos y
+dem&aacute;s plantas enredaderas que, formando festones y guirnaldas, pend&iacute;an y
+se entrelazaban de unos &aacute;rboles en otros. Las alima&ntilde;as esquivas y
+feroces hu&iacute;an a la aproximaci&oacute;n de la hueste, pero no faltaban seres
+animados, m&aacute;s mansos y menos recelosos del hombre, que apenas se
+apartaban al sentirle llegar, y hasta que se adelantaban y mostraban
+como si acudiesen a darle la bienvenida. A veces, con alegre desentono,
+graznaban los pavos reales, desplegando la brillante rueda de sus
+pintadas plumas. Zumbaban las abejas que en los huecos de a&ntilde;osos &aacute;rboles
+labraban sus panales. Las lib&eacute;lulas y las mariposas de los m&aacute;s n&iacute;tidos
+colores y variados matices poblaban y esmaltaban el ambiente. La
+abundancia de hojas en lo m&aacute;s alto de las plantas formaba verde toldo,
+por el cual se filtraba tamizada y tenue la lumbre solar, mitigando sus
+ardores y formando caprichosos cambiantes de refulgente claridad y de
+sombra apacible. El <i>kokila</i> y otras aves cantoras entonaban sus trinos
+y gorjeos. Un vientecillo suave que apenas mov&iacute;a los m&aacute;s tiernos tallos
+y renuevos, esparc&iacute;a con sus alas el grato aroma de las flores,
+trasladaba a larga distancia las aladas semillas y llevaba de unos
+c&aacute;lices a otros el polen fecundante. Arroyuelos de agua cristalina
+corr&iacute;an serpenteando y murmurando por el somero cauce que naturalmente
+hab&iacute;an abierto, y en cuyas m&aacute;rgenes crec&iacute;an violetas, rosas silvestres y
+mil hierbas de olor. No bien empezaba a anochecer discurr&iacute;an por el aire
+en multitud sin cuento las luci&eacute;rnagas, como brillantes joyas con que
+bordaba all&iacute; su manto la primavera.</p>
+
+<p>Tan amenos eran aquellos lugares que, embelesados Morsamor y los suyos,
+olvidaban casi el peligro que corr&iacute;an.</p>
+
+<p>Continuaban, no obstante, su peregrinaci&oacute;n, aunque a la aventura y sin
+saber a punto fijo en d&oacute;nde podr&iacute;an refugiarse para escapar o para
+defenderse de sus perseguidores.</p>
+
+<p>La selva parec&iacute;a interminable y desierta. Los fugitivos no hallaron en
+ella criatura humana.</p>
+
+<p>Al cabo llegaron a un ancho espacio, casi despejado de &aacute;rboles, y en
+cuyo centro se alzaba un grande edificio de extra&ntilde;a arquitectura,
+palacio, fortaleza o tal vez abandonado asilo de anacoretas penitentes.
+Los peregrinos le visitaron y reconocieron, hallando que en &eacute;l no viv&iacute;a
+nadie.</p>
+
+<p>Morsamor resolvi&oacute; parar all&iacute;, reposar y hacerse fuerte, si por acaso le
+descubr&iacute;an y sorprend&iacute;an sus enemigos en aquel misterioso retiro.</p>
+
+<p>S&oacute;lo Tiburcio de Simahonda, con cuatro soldados que le escoltasen, todos
+en buenos y ligeros caballos, deb&iacute;a seguir adelante, como explorador,
+para ver si hallaba no muy largo y seguro camino por donde todos
+pudiesen ir a la corte del gran monarca de los mongoles, Babur, si este
+hab&iacute;a apaciguado ya sus dominios, si se hallaba en alguna ciudad menos
+distante que la remota Samarcanda, y si conced&iacute;a su favor y la esperanza
+de una recepci&oacute;n amistosa.</p>
+
+<p>La gente de Morsamor estaba cansad&iacute;sima. Y Urb&aacute;si, rendida por la fatiga
+y emociones violentas, necesitaba para reponerse tranquilidad y reposo.</p>
+
+<p>En el desierto edificio hab&iacute;a muchas estancias separadas y capaces, pero
+muy pocos y antiguos muebles, rotos o desvencijados. Por dicha, las
+mulas tra&iacute;an de repuesto cuanto era conveniente para hacer agradable
+aquella vivienda.</p>
+
+<p>En el patio del edificio manaba agua abundante y clara de una hermosa
+fuente. Y cerca de ella hab&iacute;a en amplio s&oacute;tano una alberca para ba&ntilde;arse.</p>
+
+<p>En el edificio no hab&iacute;a provisiones de boca, pero la caravana distaba
+mucho de haber consumido las que sac&oacute; de Benar&eacute;s, y en la selva adem&aacute;s
+abundaban los cocoteros, los pl&aacute;tanos, los mangos, las palmeras, los
+naranjos, los limoneros y otros &aacute;rboles cargados de fruta. Y todos
+aquellos contornos convidaban con f&aacute;cil y riqu&iacute;simo &eacute;xito a la caza y a
+la pesca.</p>
+
+<p>Alabando, pues, al cielo, que por lo pronto tan buen refugio le ofrec&iacute;a,
+Morsamor se instal&oacute; con su gente en el abandonado edificio que se alzaba
+en el centro de la intrincada y vast&iacute;sima selva.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XXVII" id="XXVII"></a>-XXVII-</h2>
+
+
+<p>El edificio estaba casi al pie de muy altos montes. La ingente
+cordillera del Himalaya se ergu&iacute;a cerca de &eacute;l, extendi&eacute;ndose a un lado y
+a otro. Las cumbres, que se alzaban en el aire a millares de codos,
+estaban cubiertas de hielo perpetuo y de c&aacute;ndida nieve, que heridos por
+los rayos del sol, vert&iacute;an destellos radiantes y hac&iacute;an m&aacute;s bella la
+templada y apacible llanura en que se hallaba el palacio, ba&ntilde;&aacute;ndolo
+todo, a la hora del crep&uacute;sculo, en m&aacute;gicos reflejos.</p>
+
+<p>Morsamor hab&iacute;a enviado esculcas y puesto atalayas, que deb&iacute;an renovarse
+con frecuencia y vigilar de continuo para avisar la llegada de cualquier
+enemigo y evitar una sorpresa. El terreno quebrado y &aacute;spero y los
+intrincados y revueltos desfiladeros estaban tan pr&oacute;ximos, que era
+f&aacute;cil, previo aviso de que llegaban fuerzas muy superiores, escapar a
+toda persecuci&oacute;n, refugi&aacute;ndose en las entra&ntilde;as de la serran&iacute;a.</p>
+
+<p>Confiado en esto, Morsamor hac&iacute;a en el palacio larga parada, aguardando
+la vuelta de Tiburcio.</p>
+
+<p>Era alta noche. Morsamor reposaba al lado de Urb&aacute;si en la repuesta
+alcoba. La tenue luz de una l&aacute;mpara, que ard&iacute;a en vaso de di&aacute;fana
+porcelana, iluminaba suavemente el hermoso rostro y las gallardas y
+juveniles formas de la mujer dormida.</p>
+
+<p>Morsamor se despert&oacute; y se puso a contemplarla extasiado. No acertando a
+reprimir su admiraci&oacute;n amorosa, se acerc&oacute; con lentitud y cuidado, para
+que ella no despertase e imprimi&oacute; dos tiernos besos sobre los p&aacute;rpados y
+largas pesta&ntilde;as de sus cerrados ojos. Aunque el toque de los labios de
+Morsamor fue delicad&iacute;simo, sacudida Urb&aacute;si como por una conmoci&oacute;n
+el&eacute;ctrica, volvi&oacute; en su acuerdo, abri&oacute; los ojos, llenos de dulzura, mir&oacute;
+a su amante esposo y le estrech&oacute; afectuosamente en sus desnudos y
+blancos brazos. La felicidad y la vehemencia del amor de ambos, no hubo
+palabra articulada con que pudiera expresarse en aquel punto.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s, sostenida en el brazo derecho de Morsamor y reclinada en su
+hombro, tras no breve pausa de silencio y reposo, Urb&aacute;si con l&aacute;nguida y
+entrecortada voz, dijo a Morsamor casi al o&iacute;do:</p>
+
+<p>&mdash;No; este amor invencible, fuerte, gigante, inmenso, no ha podido nacer
+en m&iacute;, ni ha nacido de s&uacute;bito. Antes de conocerte yo te present&iacute;a y te
+amaba. Al verte por vez primera, record&eacute; tu rostro y columbr&eacute; su
+semejanza en la nebulosa lejan&iacute;a de tiempos pasados. Reminiscencias
+confusas de una vida anterior se despertaron en mi alma. En tierras muy
+remotas, nacida yo en humilde, en casi vil condici&oacute;n, te hab&iacute;a amado y
+hab&iacute;a sido tuya. &iexcl;T&uacute; te avergonzabas de m&iacute;, cruel! T&uacute; me abandonaste.
+Morir fue mi sino, pero no quise morir desesperada. Entregu&eacute; mi alma a
+Smara, dios del amor, y &eacute;l me hizo en pago la promesa de poseerte de
+nuevo: de hacerme renacer, rica, noble y venerada para que no te
+avergonzases de m&iacute; y mil veces m&aacute;s hermosa para que me amases mil veces
+m&aacute;s que hasta entonces me hab&iacute;as amado. Dime, Morsamor, &iquest;no es cierto
+que Smara ha cumplido su promesa?</p>
+
+<p>Al o&iacute;r Morsamor las palabras de Urb&aacute;si, retrajo a su memoria la imagen
+de Beatricica y pens&oacute; tenerla all&iacute; presente y que ella le encadenaba
+entre sus brazos y le besaba y le acariciaba. Como si hiriesen otra vez
+sus o&iacute;dos, percibi&oacute; las palabras de la vieja gitana que le dijo en
+Sevilla la buenaventura. Los cabellos de Morsamor se erizaron de
+espanto. A pesar del contacto &iacute;ntimo y delicioso de su prenda querida, a
+pesar del tibio y grato mador de aquella piel, cuya tersura, suavidad y
+fragancia envidiar&iacute;an los p&eacute;talos de la magnolia y de la flor del loto,
+Morsamor sinti&oacute; el fr&iacute;o de la calentura y se santigu&oacute; maquinalmente.
+Entonces record&oacute; con horror que era cat&oacute;lico cristiano, aunque ap&oacute;stata
+y r&eacute;probo.</p>
+
+<p>En aquel momento sonaron fuera de la alcoba voces, precipitados pasos,
+ruido de armas y rechinar de puertas.</p>
+
+<p>Aquella sensaci&oacute;n, que avisaba a Miguel de Zuheros un peligro presente y
+real, disip&oacute; de su esp&iacute;ritu las sombr&iacute;as imaginaciones, que sin duda una
+muy natural coincidencia hab&iacute;a creado. Natural era que Urb&aacute;si, bajo el
+influjo de las creencias religiosas, propias de su naci&oacute;n y de su casta,
+se diese a entender que hab&iacute;a transmigrado su alma, que en otras vidas
+hab&iacute;a amado a Morsamor, y que m&aacute;s tarde hab&iacute;a renacido para volver a
+amarle.</p>
+
+<p>Miguel de Zuheros desech&oacute;, pues, aquellos vanos pensamientos, se seren&oacute;,
+recobr&oacute; su br&iacute;o indomable, se arroj&oacute; del lecho y se revisti&oacute; a escape
+las armas.</p>
+
+<p>Tom&aacute;s Cardoso, teniendo de la peque&ntilde;a hueste por ausencia de Tiburcio,
+acudi&oacute; a llamarle desde la puerta de la alcoba. Armado ya Morsamor,
+sali&oacute; a juntarse con Tom&aacute;s Cardoso.</p>
+
+<p>Numerosa hueste enemiga hab&iacute;a sorprendido y muerto a los descuidados y
+dormidos atalayas, hab&iacute;a invadido la selva y hab&iacute;a cercado por todas
+partes el edificio.</p>
+
+<p>A la luz del alba naciente, mir&oacute; Morsamor por las ventanas en varias
+direcciones, y por donde quiera vio guerreros indios capitaneados sin
+duda por Balar&aacute;n, el Brahmatma. No hab&iacute;a medio de huir. Era inevitable
+combatir hasta la muerte o hasta lograr milagrosa victoria.</p>
+
+<p>Los sitiadores dieron sin tardanza un furioso asalto por la fachada de
+la quinta, pugnando por derribar la puerta. Morsamor y los suyos se
+defend&iacute;an con valor y con tino, causando en los sitiadores grande
+estrago y haciendo repetidas veces que retrocedieran, pose&iacute;dos de
+terror.</p>
+
+<p>La puerta resist&iacute;a a&uacute;n al embate del enemigo; pero, en la previsi&oacute;n de
+que pronto la derribase, Morsamor no vacilaba en defender sin reparo la
+entrada abierta.</p>
+
+<p>A este fin, iba ya a descender al piso bajo del edificio, cuando oy&oacute;, en
+el piso principal, angustiosos gritos y clamores. El enemigo hab&iacute;a
+entrado por una peque&ntilde;a puerta, a espaldas del palacio, le hab&iacute;a
+invadido, y llenaba ya el piso en que Morsamor se hallaba. Entonces
+acudi&oacute; Morsamor a la defensa de Urb&aacute;si, pero ya fue tarde. El mismo
+Balar&aacute;n, rodeado de sus m&aacute;s audaces sat&eacute;lites, hab&iacute;a llegado donde ella
+estaba, la hab&iacute;a asido de un brazo e intentaba apartarla de aquel sitio
+para acabar luego con Morsamor y los suyos sin que ella padeciese ni
+peligrase.</p>
+
+<p>No como d&eacute;bil mujer, sino como fiera leona, se resisti&oacute; Urb&aacute;si al
+prop&oacute;sito de Balar&aacute;n, lanzando contra &eacute;l en&eacute;rgicas palabras de odio y
+desprecio.</p>
+
+<p>En aquel punto apareci&oacute; Morsamor donde Urb&aacute;si pugnaba por que Balar&aacute;n no
+se la llevase consigo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;S&aacute;lvame, Morsamor!&mdash;dijo al verle&mdash;. &iexcl;Amor m&iacute;o, lib&eacute;rtame de este
+aborrecido tirano!</p>
+
+<p>El coraz&oacute;n del Brahmatma ardi&oacute; en celosa ira, al ver a su rival y al o&iacute;r
+las amorosas palabras con que Urb&aacute;si le llamaba.</p>
+
+<p>En su ciego arrebato, desnud&oacute; Balar&aacute;n la daga que llevaba en el cinto y
+se la hundi&oacute; a Urb&aacute;si en el seno, caus&aacute;ndole instant&aacute;nea muerte.</p>
+
+<p>At&oacute;nitos, estupefactos quedaron los de uno y otro bando, al ver caer a
+Urb&aacute;si desplomada en el suelo.</p>
+
+<p>Con &iacute;mpetu irresistible se lanz&oacute; Morsamor contra Balar&aacute;n, yendo a su
+lado Tom&aacute;s Cardoso y otros ocho valientes, que arrollaban o derribaban
+cuanto obst&aacute;culo se les opon&iacute;a. As&iacute; lleg&oacute; Morsamor hasta donde se alzaba
+Balar&aacute;n con la sangrienta daga en la diestra y tom&oacute; r&aacute;pida venganza,
+atraves&aacute;ndole el cuerpo con su espada.</p>
+
+<p>La gente de Morsamor le defend&iacute;a a un lado y a otro, rechazando a los
+indios. Morsamor pudo entonces asir de la barba al muerto Brahmatma y
+arrastrarle hasta la ventana principal del edificio. La abri&oacute;, sin temer
+el diluvio de flechas que le dispararon; alz&oacute; a Balar&aacute;n en sus brazos
+para que los de su bando le vieran, y en seguida, con tit&aacute;nica fuerza,
+arrojo por el aire el cuerpo inerte, que dio tremendo golpe en el
+despejado o en el claro abierto por la gente de guerra al apartarse
+horrorizada.</p>
+
+<p>En los primeros instantes que a la venganza de Morsamor se siguieron,
+parec&iacute;a que Morsamor iba a triunfar por raro prodigio de su feroz
+valent&iacute;a.</p>
+
+<p>Los que hab&iacute;an entrado en el edificio con Balar&aacute;n huyeron al verle
+muerto. Volvi&oacute; a cerrarse la puerta por donde hab&iacute;an entrado. La
+posici&oacute;n de Morsamor y de los suyos parec&iacute;a inexpugnable, merced a su
+desesperada resistencia y a la consternaci&oacute;n de unos contrarios sin
+caudillo.</p>
+
+<p>Pronto, no obstante, se rehicieron estos, fiados en su muchedumbre y
+aguijoneados por la verg&uuml;enza y por el deseo de que la muerte de Balar&aacute;n
+no quedase impune.</p>
+
+<p>No era como el alc&aacute;zar de Benar&eacute;s el edificio en que Morsamor se
+refugiaba. Apenas se hab&iacute;a empleado la piedra para construirle, sino la
+madera, tan abundante en la selva que en torno se extend&iacute;a. All&iacute; era
+f&aacute;cil de conseguir el incendio, y el incendio era el medio m&aacute;s seguro de
+vencer sin sacrificar muchas vidas.</p>
+
+<p>Gran n&uacute;mero de sitiadores, con actividad diligente, sol&iacute;cita, casi
+fren&eacute;tica, alleg&oacute; y trajo le&ntilde;a y hojas secas, y, formando con ellas
+enormes montones y altos rimeros, las arrim&oacute; a las puertas y a las
+paredes. Los sitiadores m&aacute;s decididos prendieron fuego por varios
+puntos, y, favorable el viento a su intenci&oacute;n, estimul&oacute; el fuego
+soplando. Rojas llamas se levantaron lamiendo y escalando los muros.
+Negra y espesa humareda envolvi&oacute; el edificio como en velo enlutado de
+f&uacute;nebres crespones.</p>
+
+<p>Nada hab&iacute;a advertido Morsamor. Satisfecha en Balar&aacute;n su venganza, daba
+rienda suelta a su pena, abrazado al cuerpo inerte de Urb&aacute;si,
+cubri&eacute;ndole de besos y de l&aacute;grimas y anhelando hacerle revivir con su
+aliento.</p>
+
+<p>Tom&aacute;s Cardoso y los dem&aacute;s aventureros tuvieron que apartarle de all&iacute;,
+baj&aacute;ndole casi en volandas hasta la puerta principal del edificio. Era
+menester salir fuera, abrirse paso o morir hiriendo y matando, si no
+quer&iacute;an todos perecer ahogados por el humo o devorados por las llamas.</p>
+
+<p>Morsamor se repuso de su doloroso desfallecimiento, hizo abrir la
+puerta, que ya empezaba a arder, y con heroica furia se abalanz&oacute; contra
+los sitiadores.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XXVIII" id="XXVIII"></a>-XXVIII-</h2>
+
+
+<p>Aunque Morsamor parec&iacute;a invulnerable y aunque los cincuenta hombres que
+permanec&iacute;an vivos bajo su mando eran diestros y prodigiosamente
+valerosos, todos sin duda iban a perecer all&iacute; peleando contra un
+ej&eacute;rcito. No peleaban por la victoria. No peleaban por la salvaci&oacute;n en
+la fuga. Peleaban s&oacute;lo para vender caras sus vidas. Caras las vend&iacute;an,
+en efecto, pero Morsamor notaba con angustia compasiva que sus fieles y
+devotos amigos iban cayendo tambi&eacute;n.</p>
+
+<p>De s&uacute;bito el ronco clangor de retorcidas y b&aacute;rbaras trompetas estremeci&oacute;
+el ambiente. Mil y mil gritos salieron de las bocas de los indios,
+medrosos y aterrados. Morsamor y los suyos vieron con sorpresa que sus
+contrarios, en confuso desorden, hu&iacute;an a la desbandada, tiraban las
+armas para correr con mayor ligereza y buscaban refugio y escondite en
+lo m&aacute;s intrincado del bosque, ya que no en las entra&ntilde;as de la tierra.</p>
+
+<p>&iquest;Qu&eacute; poder misterioso acud&iacute;a en auxilio de Morsamor? No tardaron en
+aparecer los imprevistos auxiliares. Ven&iacute;an en ligeros caballos. Eran
+guerreros, de fea y terrible catadura, armados de largas lanzas, de
+agudas flechas y de flexibles arcos. En sus rostros, casi imberbes,
+aunque varoniles y fieros, resplandec&iacute;a, sobre el amarillo obscuro de la
+tez curtida, la exultaci&oacute;n alegre del triunfo. Sus p&oacute;mulos eran
+salientes, gruesos sus labios y la nariz aplastada, oblicuos y peque&ntilde;os
+sus ojos, y negras las ralas cerdas del largo bigote, y negros los
+cabellos que pend&iacute;an lacios sin ondas ni rizos. Cubr&iacute;an sus cabezas
+gorras de hirsutas pieles, envolviendo capacetes de cobre, y sostenidas
+por barbuquejos de lana cuyas extremidades flotaban sobre el pecho.</p>
+
+<p>Extraordinaria fue la sorpresa de Morsamor cuando vio en medio de esta
+tropa, que parec&iacute;a fant&aacute;stica legi&oacute;n de demonios, a su doncel sutil
+Tiburcio, que ven&iacute;a como gui&aacute;ndola y capitane&aacute;ndola, m&aacute;s gallardo y
+gentil que nunca.</p>
+
+<p>Fugados o muertos los indios, Tiburcio lleg&oacute; donde estaba Morsamor y le
+estrech&oacute; en sus brazos. Algunos de los al parecer m&aacute;s importantes
+soldados de su extra&ntilde;a tropa desmontaron de los caballos, lanzaron
+aullidos, en se&ntilde;al de alabanza, admiraci&oacute;n y j&uacute;bilo, alzaron a Morsamor
+en hombros, y se apartaron del palacio que el voraz incendio ya
+consum&iacute;a. Hicieron luego que Morsamor y los suyos montasen todos a
+caballo, y con profundo acatamiento y pompa triunfal se pusieron en
+marcha.</p>
+
+<p>Tiburcio cabalgaba al lado de Morsamor y se lo explic&oacute; todo.</p>
+
+<p>Aquellos hombres eran los mongoles. Babur, su monarca, apaciguados ya
+sus vastos dominios, hab&iacute;a ca&iacute;do como el rayo sobre la India. Acababa de
+reconquistar a Lahor y se hab&iacute;a apoderado luego de Delh&iacute; y de Benar&eacute;s,
+la ciudad santa, donde le hab&iacute;an dicho que Balar&aacute;n se hab&iacute;a declarado
+Brahmatma. No encontr&oacute; all&iacute; a Balar&aacute;n y sali&oacute; en su busca, a fin de
+vencerle y de vencer su ej&eacute;rcito. Internado Balar&aacute;n en la selva, Babur
+hubiera tardado en encontrarle o no le hubiera encontrado, si Tiburcio,
+acertando a presentarse ante &eacute;l, no se hubiera ofrecido a servirle y no
+le hubiera servido de gu&iacute;a.</p>
+
+<p>Muerto Balar&aacute;n, y sabiendo ya Babur por sus esculcas las apenas cre&iacute;bles
+haza&ntilde;as de Miguel de Zuheros, iba, seg&uacute;n anunciaba Tiburcio, a recibirle
+con palmas y laureles.</p>
+
+<p>Cualquiera otro h&eacute;roe, no atormentado del dolor m&aacute;s acerbo, hubiera
+tenido por altamente dichoso el &eacute;xito de aquella jornada y se hubiera
+enorgullecido de las distinciones honrosas de que colm&oacute; Babur a Miguel
+de Zuheros cuando este lleg&oacute; a su presencia.</p>
+
+<p>Babur quiso tomarle a su servicio, pero Morsamor se excus&oacute; cort&eacute;smente,
+alegando su honda melancol&iacute;a y afirmando que su destino le llamaba por
+muy distinta senda y que &eacute;l no pod&iacute;a menos de acudir a su misteriosa
+vocaci&oacute;n y de cumplir las &oacute;rdenes del destino.</p>
+
+<p>Tiburcio de Simahonda, Tom&aacute;s Cardoso y cuarenta aventureros portugueses,
+que sobrevivieron a la batalla, acompa&ntilde;aron a Morsamor, y cargados de
+presentes y riquezas se separaron de Babur y de sus mongoles.</p>
+
+<p>Babur dio a Miguel de Zuheros una &aacute;urea l&aacute;mina, como la que Kubilai-Kan
+hab&iacute;a dado a Marco Polo, para que le sirviese de salvoconducto o
+pasaporte por donde quiera que fuese. En el oro de la l&aacute;mina estaban
+grabadas, en caracteres mong&oacute;licos, las m&aacute;s encarecidas recomendaciones,
+autorizado todo ello por la firma de Babur y por su regia marca.</p>
+
+<p>Como curioso accidente, que no debe omitirse aqu&iacute;, haremos constar que
+la tropa de Morsamor parti&oacute; reforzada por seis mongoles que se
+resolvieron a seguirle, movidos de afecto a Espa&ntilde;a y de vivo deseo de
+ver aquella tierra distante. No parecer&aacute; el caso inveros&iacute;mil si decimos
+que dos de los mongoles se apellidaban P&eacute;rez, dos Fern&aacute;ndez y Jim&eacute;nez
+otros dos. Aunque confusa y enmara&ntilde;adamente, los seis presum&iacute;an de
+buenos cristianos, y todos eran tataranietos de tres elegantes y lindos
+escuderos de Castilla, que hab&iacute;an acompa&ntilde;ado a Ruy Gonz&aacute;lez de Clavijo
+cuando visit&oacute; a Tamerl&aacute;n como Embajador de Enrique III. Tres se&ntilde;oronas
+de la corte de Samarcanda, tan encopetadas como antojadizas, se hab&iacute;an
+prendado de los escuderos susodichos, se hab&iacute;an casado con ellos,
+reteni&eacute;ndolos en el centro del Asia, y de tales enlaces proced&iacute;an los
+P&eacute;rez, los Fern&aacute;ndez y los Jim&eacute;nez, de cuyo patri&oacute;tico atavismo aqu&iacute;
+damos cuenta.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XXIX" id="XXIX"></a>-XXIX-</h2>
+
+
+<p>Transida el alma de dolor por el tr&aacute;gico fin de Urb&aacute;si y por la
+mort&iacute;fera lucha que hab&iacute;a sostenido, Morsamor huy&oacute; de la India, como
+para librarse de los malos esp&iacute;ritus que le acosaban y le atormentaban.
+Como Orestes, perseguido por las Furias, caminaba Morsamor sin saber
+casi hacia d&oacute;nde caminaba. Confiado en &eacute;l y en su ventura, le segu&iacute;a su
+valiente tropa. Tiburcio sol&iacute;a cabalgar junto a &eacute;l y procuraba
+consolarle y entretenerle con pl&aacute;ticas amenas y con juiciosas
+reflexiones.</p>
+
+<p>&mdash;El mal y el bien&mdash;dijo una vez&mdash;, la pr&oacute;spera o la adversa fortuna
+carecen a menudo de ser real y dependen de nuestro modo de entender las
+cosas. De aqu&iacute; que yo pueda afirmar razonablemente que t&uacute; no debes
+quejarte de tu suerte, sino tenerla por pr&oacute;spera. El problema m&aacute;s
+dif&iacute;cil que hay que resolver, la suerte te le dio resuelto desde el
+principio. En la m&aacute;s penosa e ingrata tarea en que los hombres tienen
+que emplearse no te has empleado t&uacute;, pudiendo elevarte as&iacute; sin estorbo
+hasta una posici&oacute;n donde tanto la felicidad como la infelicidad tienen
+superior magnitud a las del vulgo de los mortales.</p>
+
+<p>&mdash;Cada d&iacute;a me convenzo m&aacute;s&mdash;interrumpi&oacute; Morsamor&mdash;del fundamento y de la
+justicia, con que te llamo doncel sutil. Tales son en este momento tus
+sutilezas, que no las entiendo.</p>
+
+<p>&mdash;Pues pr&eacute;stame atenci&oacute;n y &oacute;yeme&mdash;replic&oacute; Tiburcio&mdash;y ya ver&aacute;s, cu&aacute;n
+bien me entiendes y cu&aacute;n claro me explico. Por la generosidad primero y
+por la alquimia del Padre Ambrosio, y m&aacute;s tarde por lo mucho que hemos
+garbeado en guerras, saqueos y batallas, no somos pobres, sino ricos. A
+lomo de unas cuantas mulas traes contigo un tesoro de despojos; oculta
+en bolsa de cuero, bajo el sayo y pegada a tu carne, llevas gran
+cantidad de piedras preciosas, de tal valor algunas que podr&iacute;as,
+vendi&eacute;ndolas, adquirir con su precio la mitad de Castilla, o restaurar
+en todo su esplendor a Medina del Campo, que el ej&eacute;rcito fiel a nuestro
+monarca Carlos de Gante, rob&oacute; y asol&oacute; casi en los mismos d&iacute;as en que nos
+escapamos nosotros del convento en busca de aventuras. Te hallas, pues,
+y te has hallado desde que te escapaste en posici&oacute;n muy ventajosa. La
+mayor&iacute;a de los hombres consumen la vida en ganarse la vida, y, como se
+la ganan perdi&eacute;ndola y gast&aacute;ndola, no les queda vida de sobra ni para
+amar, ni para deleitarse, ni para trazar heroicos planes y realizarlos
+luego, ni para otros mil asuntos que debemos calificar de lujo y de
+poes&iacute;a. La gente humilde y trabajadora, los ganapanes y
+destripaterrones, que sudan y se afanan para procurarse el sustento, son
+como las orugas y como los m&iacute;seros gusanos, que se arrastran con
+lentitud, que se esconden entre el follaje, y que no pueden ejercer otra
+funci&oacute;n sino la de nutrirse, mientras que t&uacute; y otros como t&uacute;, siempre
+bien nutridos y exentos de tan ruin cuidado y de menester tan vil, sois
+como las mariposas, que despleg&aacute;is a la luz del sol los n&iacute;tidos colores
+de vuestras alas, que vol&aacute;is entre las flores, que lib&aacute;is el n&eacute;ctar de
+sus c&aacute;lices y que goz&aacute;is de amor y de gloria.</p>
+
+<p>&mdash;Algo de verdad hay en lo que afirmas&mdash;dijo Morsamor&mdash;. No carezco de
+riquezas. Adem&aacute;s de las que llevo conmigo, tengo confiadas no pocas al
+fiel y cauto Gast&oacute;n Vandenpeereboom. Puedo con desahogo aventurarme en
+las m&aacute;s altas empresas. Y sin embargo, me considero tan infeliz que
+preferir&iacute;a volver a ser un pobre fraile, despreciado, viejo y enfermizo,
+o ser un ruin y hambriento pordiosero.</p>
+
+<p>Ingeniosamente impugn&oacute; Tiburcio estas razones, manifestando que el
+pordiosero y el fraile, sobre ser desvalidos y menesterosos, lo cual no
+es chica pena, pueden padecer adem&aacute;s tormentos insufribles.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Has olvidado, acaso&mdash;concluy&oacute; Tiburcio&mdash;, cu&aacute;nto te atormentabas en
+el claustro? No me parec&iacute;as all&iacute; virtuoso penitente, ministro del
+Alt&iacute;simo, sino energ&uacute;meno o criatura pose&iacute;da de un enjambre de demonios.</p>
+
+<p>As&iacute; cuidaba Tiburcio de consolar a Morsamor, no probando que era
+dichoso, sino tratando de probar que otros hab&iacute;an sido m&aacute;s desdichados.</p>
+
+<p>Poco a poco, y aunque algo a la ventura, con el prop&oacute;sito de llegar al
+grande imperio del Catay, nuestros viajeros se internaron por tortuosas
+y revueltas ca&ntilde;adas, que a cada instante se tornaban m&aacute;s &aacute;speras y
+solitarias. Por donde quiera bre&ntilde;as, matorrales y riscos, y con
+frecuencia despe&ntilde;aderos medrosos, en cuyo borde resbaladizo se
+desenvolv&iacute;a la apenas trazada senda que iba hollando.</p>
+
+<p>El horror y la esquividad del paisaje crec&iacute;an a cada paso. Hasta los m&aacute;s
+audaces se asustaban y anhelaban volver atr&aacute;s. La terca persistencia de
+Morsamor y el respeto que Morsamor infund&iacute;a los forzaba a seguir
+adelante. Con prudente cautela, y como por milagro, lograban que no
+tropezasen los caballos y las mulas en aquellos vericuetos y que no
+cayesen rodando en hondo precipicio con el jinete o con la carga que
+llevaban. M&aacute;s propios de cabras monteses que de hombres eran aquellos
+sitios. Podr&iacute;a asegurarse que jam&aacute;s se hab&iacute;a estampado en ellos la
+planta humana. Era terreno desconocido, por donde, si lograban
+atravesarle, llegar&iacute;an sin duda a no menos desconocida e inexplorada
+comarca.</p>
+
+<p>La vereda daba innumerables rodeos. A veces iba en muy pendiente cuesta
+abajo, pero m&aacute;s a menudo se elevaba en cuesta no menos pendiente. Los
+cerros, a un lado y a otro, parec&iacute;an ir creciendo. En sus enhiestos
+picos reluc&iacute;a el hielo perpetuo. La amontonada nieve bajaba hasta no muy
+lejos del camino, si era camino el desfiladero, cada vez m&aacute;s angosto,
+por donde marchaban.</p>
+
+<p>Lo terrible de aquella peregrinaci&oacute;n estaba por cima de todo
+encarecimiento cuando la noche envolv&iacute;a en sus tinieblas a los viajeros.</p>
+
+<p>Una noche, por &uacute;ltimo, fue indescriptible la angustia de todos. A pesar
+de la densa y casi impenetrable obscuridad, sintieron que se hallaban en
+una grande altura; que los cerros, por medio de los cuales hab&iacute;an
+caminado, quedaban atr&aacute;s; que a un lado y a otro se les abr&iacute;a despejado,
+extenso horizonte; y que, delante de ellos, o descend&iacute;a la senda, con
+inclinaci&oacute;n que la hac&iacute;a intransitable para hombres y para bestias de
+carga, o se convert&iacute;a en despe&ntilde;adero o abismo. All&iacute; se pararon
+aguardando ansiosos el d&iacute;a y acurrucados bajo algunas tiendas de campa&ntilde;a
+que un viento fr&iacute;o e impetuoso amenazaba derribar y que los amedrentaba
+con siniestros silbidos.</p>
+
+<p>Larga como un siglo se les antoj&oacute; aquella noche, pero el alba perezosa
+vino al cabo a disipar las sombras, a dorar las nubes, a te&ntilde;ir el cielo
+de azul y de p&uacute;rpura y a impregnar el aire en claridad luminosa.</p>
+
+<p>Extraordinarias fueron la sorpresa y la alegr&iacute;a de los peregrinos cuando
+vieron extenderse a sus pies, desde la elevaci&oacute;n en que se hallaban, la
+m&aacute;s amena, f&eacute;rtil y bien cultivada llanura que imaginarse puede. La vega
+deleitosa estaba regada por dos r&iacute;os y por muchos arroyos y acequias de
+agua cristalina. Se ve&iacute;an huertos, sembrados, y muy elegantes jardines.
+Bien cuidadas sendas iban de un lugar a otro, entre dos hileras de
+&aacute;rboles copudos y umbr&iacute;os. Los frutales m&aacute;s preciosos se ostentaban en
+las huertas. Se distingu&iacute;an bien los muros, palacios, templos y
+monumentos de una muy hermosa ciudad; y m&aacute;s cerca, casi al pie de la
+sierra, un edificio ampl&iacute;simo, a modo de suntuoso monasterio, tal por su
+esplendor y grandeza, que nada en la mente de los viajeros se le
+igualaba en Espa&ntilde;a ni en Portugal, ni en la propia Samarcanda, aunque
+ellos magnificasen con el afectuoso recuerdo la esplendidez de lo que
+cada cual hab&iacute;a visto y admirado en su patria.</p>
+
+<p>La cuesti&oacute;n ahora era bajar hasta la vega desde la enriscada cumbre o
+viso en que estaban. Harto se afanaron por conseguirlo, pero lo
+consiguieron al fin dando muchas vueltas y describiendo muchas eses,
+para no despe&ntilde;arse por los tajos de aquella agria ladera.</p>
+
+<p>Ya casi en lo llano, se hallaron en un verde soto, en medio de frondosos
+y gigantescos &aacute;rboles, y por cuyo centro se precipitaba caudaloso
+arroyo, dando saltos y formando copos de rizada y c&aacute;ndida espuma sobre
+el haz de sus agitados cristales.</p>
+
+<p>Muchas aves hab&iacute;a por all&iacute; que ya trinaban alegres, ya volaban de rama
+en rama, sin el menor recelo de los hombres. Francolines de vistosas
+plumas corr&iacute;an en bandadas.</p>
+
+<p>Tom&aacute;s Cardoso, que era gran cazador, no pudo resistir a su deseo de
+matar el que le pareci&oacute; m&aacute;s grueso y m&aacute;s cercano. Dispar&oacute; una flecha, y
+el p&aacute;jaro cay&oacute; herido a poca distancia.</p>
+
+<p>Entonces sali&oacute; de la espesura un viejo, algo encorvado por la edad, que
+parec&iacute;a llegar a cien a&ntilde;os, y con airado acento censur&oacute; la cruel
+conducta de Tom&aacute;s Cardoso y hasta le amenaz&oacute; con un castigo. Con burla y
+desprecio respondi&oacute; el portugu&eacute;s al pobre anciano y dirigi&oacute; sobre &eacute;l el
+caballo para asustarle. Mas, &iexcl;oh raro prodigio!, el viejezuelo alz&oacute; en
+el aire el b&aacute;culo en que se apoyaba y dirigi&oacute; la contera hacia el
+caballo que sobre &eacute;l ven&iacute;a. El caballo dobl&oacute; al punto las rodillas y
+baj&oacute; la cabeza hasta el suelo, como para besarle con humildad. Aquellos
+movimientos fueron tan r&aacute;pidos, y fue tanto el descuido de Tom&aacute;s
+Cardoso, por no preverlos, que el caballo le bot&oacute; de la silla y le ape&oacute;
+por las orejas, excitando el ca&iacute;do la risa de sus compa&ntilde;eros a pesar del
+asombro que el sobrehumano poder del viejo les hab&iacute;a causado.</p>
+
+<p>Se adelant&oacute; entonces Tiburcio, y, sirviendo de int&eacute;rprete, en vulgar
+dialecto indostan&iacute;, pregunt&oacute; al viejo qui&eacute;n era &eacute;l y en qu&eacute; pa&iacute;s se
+hallaban ellos.</p>
+
+<p>El viejo contest&oacute; al punto en un idioma de cuyos vocablos no sab&iacute;an uno
+siquiera ni Tiburcio, ni Morsamor, ni ninguno de los que iban
+acompa&ntilde;&aacute;ndolos.</p>
+
+<p>Pero esto fue lo m&aacute;s raro y maravilloso. Ni Tiburcio, ni Morsamor, ni el
+m&aacute;s rudo de los all&iacute; presentes dej&oacute; de entender lo que el viejo dec&iacute;a,
+como si a cada uno en su patria lengua le hablase.</p>
+
+<p>El viejo les dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Os hago saber que yo soy ayuda de c&aacute;mara, secretario o f&aacute;mulo del muy
+egregio se&ntilde;or Sankarach&aacute;ria. Gracias a &eacute;l, y comunicados por &eacute;l, poseo
+varios importantes dones. Es uno de ellos el de adivinar los
+pensamientos ajenos, y es otro el de sugestionar o infundir los
+pensamientos propios en las ajenas mentes sin valerme del auxilio de la
+palabra y del intermedio de los sentidos corporales. Os he escuchado y
+os he hablado por costumbre y rutina y para no faltar al uso corriente,
+pero sin hablar entiendo y me hago entender y as&iacute; continuaremos nuestra
+conversaci&oacute;n. Os digo con franqueza que no comprendo c&oacute;mo hab&eacute;is podido
+llegar hasta aqu&iacute;. Mi amo me lo explicar&aacute; todo, porque todo lo sabe.
+Ahora conviene que os lleve a su presencia. Es cort&eacute;s y benigno;
+perdonar&aacute; vuestra audacia y os recibir&aacute; amistosamente. Seguidme y os
+servir&eacute; de gu&iacute;a.</p>
+
+<p>Dicho esto, volvi&oacute; la espalda, empez&oacute; a andar y todos le siguieron.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XXX" id="XXX"></a>-XXX-</h2>
+
+
+<p>No tardaron mucho en hallarse a la vista de un edificio tan suntuoso,
+grande y de tan florido estilo, que en su comparaci&oacute;n, parec&iacute;a miserable
+choza, la casa m&aacute;s capaz y elegante de Padres Jesuitas, sin exceptuar la
+que tienen en Loyola. Sobre la puerta principal hab&iacute;a una inscripci&oacute;n en
+gruesas letras de oro. Como ya estaban todos sugestionados por el
+f&aacute;mulo, aunque la inscripci&oacute;n estaba en s&aacute;nscrito, la leyeron y
+entendieron, como si estuviese en portugu&eacute;s o en castellano. La
+inscripci&oacute;n dec&iacute;a: <i>Cenobio de la jubilaci&oacute;n varonil</i>.</p>
+
+<p>El f&aacute;mulo aclar&oacute; el concepto de esta suerte:</p>
+
+<p>&mdash;Los se&ntilde;ores que aqu&iacute; viven, son los se&ntilde;ores m&aacute;s sabios que hay en el
+mundo. Con su exquisito r&eacute;gimen higi&eacute;nico, con su dieta herb&iacute;vora, y con
+su prudente y morigerada conducta, prolongan mucho la vida. Aqu&iacute; no
+contamos por decenas sino por docenas. El t&eacute;rmino natural y ordinario de
+la existencia, es aqu&iacute; de una gruesa de a&ntilde;os o d&iacute;gase de ciento cuarenta
+y cuatro. Cuando alguien por accidente muere antes, decimos que se
+malogra. Siete son los principios o elementos que en armonioso conjunto
+constituyen el ser humano. El n&uacute;mero siete es simb&oacute;lico y posee no pocas
+virtudes. Seg&uacute;n nuestra Constituci&oacute;n social y pol&iacute;tica, hist&oacute;rica y
+filos&oacute;fica, interna y externa, la vida de acci&oacute;n acaba en cada individuo
+cuando este cumple siete docenas de a&ntilde;os. El d&iacute;a en que los cumple, es
+el d&iacute;a de su jubilaci&oacute;n y &eacute;l se retira a este <i>Cenobio</i> y pasa de la
+vida activa a la vida contemplativa.</p>
+
+<p>As&iacute;, el f&aacute;mulo iba enterando de todo a Morsamor y a su tropa. Y gracias
+a la sugesti&oacute;n, no s&oacute;lo les daba noticias, sino que tambi&eacute;n les inspira
+sanos, juiciosos y vehementes deseos. El de ba&ntilde;arse, fregarse y
+escamondarse, fue el primero que les inspir&oacute;, y para que le lograsen,
+como le lograron, los introdujo en unas maravillosas termas, donde
+brochas y suaves cepillos autom&aacute;ticos los ungieron con arom&aacute;tico y
+espumoso jab&oacute;n y les dieron gratas y purificantes fricciones. Recibieron
+luego duchas de agua perfumada, se secaron con fin&iacute;simas s&aacute;banas de lino
+y quedaron como nuevos de puro lustrosos. Todos parec&iacute;an m&aacute;s guapos y
+m&aacute;s j&oacute;venes que antes. Al revestirse, notaron con agradable pasmo que la
+ropa interior hab&iacute;a sido lavada y planchada, (perm&iacute;taseme lo familiar de
+la expresi&oacute;n) en un periquete, y que asimismo ol&iacute;a muy bien, gracias a
+un exquisito sahumerio. Los coletos, los greg&uuml;escos, las calzas y dem&aacute;s
+ropilla exterior todo se hab&iacute;a limpiado, quedando muy decente y
+desapareciendo las manchas sin el empleo de la bencina ni de otras
+sustancias apestosas.</p>
+
+<p>El f&aacute;mulo les dijo que era muy conveniente que ellos se presentasen de
+un modo decoroso ante el se&ntilde;or Sankarach&aacute;ria.</p>
+
+<p>Los llev&oacute; enseguida a un bonito y capaz refectorio, donde almorzaron
+sutiles extractos, que paladeaban y saboreaban con raro deleite y que
+eran tan nutritivos y tan poco groseros, que bastaba para alimentar y
+satisfacer a un jay&aacute;n, lo que cabe en una j&iacute;cara de chocolate.</p>
+
+<p>A todo esto, Morsamor y los suyos notaban con extra&ntilde;eza que no aparec&iacute;a
+nadie y que el <i>Cenobio</i> estaba como desierto. Adivin&oacute; el f&aacute;mulo lo que
+pensaban y aclar&oacute; el caso de este modo:</p>
+
+<p>&mdash;No quiero que and&eacute;is maravillados y suspensos al ver esta mansi&oacute;n
+desierta. En ella no hay en este momento sino otros pocos f&aacute;mulos como
+yo, retirados sin duda, cada uno en su celda. Los se&ntilde;ores han salido
+todos. No volver&aacute;n hasta tres horas despu&eacute;s de mediod&iacute;a, porque hoy
+tienen <i>Recordatorio galante</i>.</p>
+
+<p>Impaciente Morsamor por averiguar lo que aquello significaba,
+interrumpi&oacute; al viejo pregunt&aacute;ndole:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y qu&eacute; <i>recordatorio</i> es ese?</p>
+
+<p>&mdash;El <i>Recordatorio galante</i>&mdash;contest&oacute; el viejo&mdash;consiste en la costumbre
+que tienen los se&ntilde;ores de ir una vez por semana al cercano <i>Cenobio de
+la jubilaci&oacute;n femenina</i>, donde las se&ntilde;oras ancianas, dulces compa&ntilde;eras
+de su mocedad, los reciben de visita, los agasajan con un delicado
+banquete, recuerdan con ellos los juveniles gozos y hasta cantan y
+bailan y huelgan y se entretienen, si bien con la majestad, el entono y
+el sereno juicio que importan en la edad madura.</p>
+
+<p>Paseando por los alrededores del <i>Cenobio</i> y admirando los vergeles que
+le circundaban, estuvieron Morsamor y su gente hasta que pasaron las
+horas del <i>Recordatorio</i> y volvieron al <i>Cenobio</i> los se&ntilde;ores ancianos.</p>
+
+<p>Cosa de encanto les pareci&oacute; el verlos venir. Con pausa solemne ven&iacute;an en
+dos hileras, como dos centenares de venerables viejos, vestidos de
+largas, flotantes y c&aacute;ndidas vestiduras. Todav&iacute;a eran m&aacute;s c&aacute;ndidos y
+relucientes sus cabellos levemente rizados y sus luengas y bien peinadas
+barbas. Al andar, se apoyaban algunos en dorados b&aacute;culos. Otros tra&iacute;an y
+tocaban arpas, violines y salterios. Guirnaldas de verdura y de flores
+ce&ntilde;&iacute;an las sienes de todos aquellos ancianos.</p>
+
+<p>El f&aacute;mulo, que para verlos pasar se hab&iacute;a echado a un lado con los
+forasteros, dijo a estos cuando lleg&oacute; frente de donde estaban el viejo
+tal vez de mayor estatura y de m&aacute;s gravedad y belleza de rostro.</p>
+
+<p>&mdash;Ese es mi amo, el se&ntilde;or Sankarach&aacute;ria. Trae, como veis, una guirnalda
+de hiedra y de violetas, con que le ha coronado hoy su esposa, para
+simbolizar el p&uacute;dico, modesto y apretado lazo con que siempre la tuvo
+ce&ntilde;ida y prendida.</p>
+
+<p>Al son de los instrumentos m&uacute;sicos, ven&iacute;an todos cantando, con deliciosa
+melod&iacute;a, un himno del <i>Rig-Veda</i>, del que Morsamor comprendi&oacute;
+milagrosamente y conserv&oacute; en la memoria, no sabemos si con entera
+fidelidad, las siguientes estrofas:</p>
+
+<div class="blockquot"><p>&laquo;&Aacute;ureo germen de luz apareciste al principio. Soberano del mundo
+llenaste la tierra y el cielo. &iquest;Eres t&uacute; el Dios a quien debemos
+ofrecer holocausto?&raquo;.</p>
+
+<p>&laquo;T&uacute; das la vida y la fuerza. Los otros dioses anhelan que los
+bendigas. La inmortalidad y la muerte son tu sombra. &iquest;Eres t&uacute; el
+Dios a quien debemos ofrecer holocausto?&raquo;.</p>
+
+<p>&laquo;Las monta&ntilde;as cubiertas de nieve y las agitadas olas del mar
+anuncian tu poder&iacute;o. Tus brazos abarcan la extensi&oacute;n de los cielos.
+&iquest;Eres t&uacute; el Dios a quien debemos ofrecer holocausto?&raquo;.</p>
+
+<p>&laquo;T&uacute; iluminas el &eacute;ter. T&uacute; afirmas la tierra y difundes la claridad
+por entre las nubes. Cielo y tierra te miran temblando a ti que los
+criaste. De tu radiante cabeza nace la aurora. Sobre las aguas que
+engendraron la luz primera y que se precipitan en el abismo,
+tiendes t&uacute; la serena mirada. Sobre todos los n&uacute;menes te elevas cual
+Dios &uacute;nico. &iexcl;Oh custodia y faro de la verdad! &iquest;Eres t&uacute; el Dios a
+quien debemos ofrecer holocausto?&raquo;.</p></div>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XXXI" id="XXXI"></a>-XXXI-</h2>
+
+
+<p>Como los sabios ancianos ven&iacute;an algo fatigados de la inocente huelga que
+hab&iacute;an tenido, el f&aacute;mulo dej&oacute; que reposasen y durmiesen la siesta un par
+de horas, y luego llev&oacute; a Morsamor y a los suyos a la presencia del
+se&ntilde;or Sankarach&aacute;ria, quien los recibi&oacute; con distinguida afabilidad y
+extremada finura.</p>
+
+<p>Ya sab&iacute;a Morsamor por el f&aacute;mulo que el se&ntilde;or Sankarach&aacute;ria era el
+escritor m&aacute;s notable que hab&iacute;a entonces en el <i>Cenobio</i> y en toda
+aquella Rep&uacute;blica. Los libros que hab&iacute;a compuesto y que compon&iacute;a, eran
+ep&iacute;tomes o brev&iacute;simos compendios, en estilo llano, para poner al alcance
+del vulgo los m&aacute;s &uacute;tiles conocimientos. Por el m&eacute;todo, orden y nitidez
+de la exposici&oacute;n, ensalzaba el f&aacute;mulo, entre dichos libros, los que se
+titulan <i>Tattva Bodha, Conocimiento de la existencia; Atma Bodha,
+Conocimiento de yo (Dios)</i>; y <i>Viveka Chudamani, El Paladi&oacute;n de la
+sabidur&iacute;a</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Aunque estos libros&mdash;a&ntilde;ad&iacute;a el f&aacute;mulo&mdash;son s&oacute;lo rudimentos y
+preparativos para iniciaci&oacute;n m&aacute;s alta, nadie consiente por ac&aacute; que se
+comuniquen a los europeos, cuya inteligencia carece de la s&oacute;lida madurez
+que para comprenderlos se requiere. S&oacute;lo dentro de tres siglos y pico,
+podr&aacute;n ser y ser&aacute;n traducidos, le&iacute;dos y semi-comprendidos en Europa por
+algunas pocas almas excepcionalmente superiores.</p>
+
+<p>Ya conjeturar&aacute; el lector de la singular historia que vamos escribiendo,
+el mar de confusiones en que un esp&iacute;ritu tan esc&eacute;ptico y tan cr&iacute;tico,
+como el de Morsamor, hubo de engolfarse y hasta de anegarse al ver y al
+o&iacute;r tan estupendas cosas.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; diantres de personajes ser&aacute;n estos viejos?&mdash;se preguntaba &eacute;l
+cavilando&mdash;. &iquest;Ser&aacute;n en realidad profundamente sabios, estar&aacute;n de buena
+fe, llenos de vanidad y de soberbia por la comodidad y el regalo con que
+viven, gracias a sus envidiables inventos o habr&aacute; en ellos algo de
+embaucadores y de farsantes?</p>
+
+<p>As&iacute; discurr&iacute;a Miguel de Zuheros, pero se callaba y ni al doncel sutil
+confiaba su discurso. De todos modos, Miguel de Zuheros sent&iacute;a muy
+picada su curiosidad y anhelaba investigar y averiguar m&aacute;s de lo que ya
+sab&iacute;a por el f&aacute;mulo. Y como el se&ntilde;or Sankarach&aacute;ria era muy conversable y
+muy fino, procur&oacute; charlar con &eacute;l, lo consigui&oacute; f&aacute;cilmente y le interrog&oacute;
+sobre diversos puntos. De las contestaciones que obtuvo el sabio viejo,
+hemos podido recoger aquella parte que por ser menos profunda est&aacute; m&aacute;s a
+nuestro alcance y vamos a ver si acertamos a transcribirla clara y
+fielmente.</p>
+
+<p>&mdash;El <i>ocultismo</i>&mdash;dijo Morsamor&mdash;no acaba de justificarse a mis ojos.
+&iquest;Por qu&eacute; escond&eacute;is avara y ego&iacute;stamente vuestra ciencia, si vuestra
+ciencia es buena y puede hacer a los hombres, mejores y m&aacute;s dichosos?</p>
+
+<p>&mdash;No transmitimos nuestra ciencia&mdash;respondi&oacute; el sabio viejo&mdash;porque lo
+esencial de ella es intransmisible. Cada ser humano la crea en s&iacute; y para
+s&iacute;, sumergi&eacute;ndose en el abismo de su propia alma, con intuici&oacute;n s&oacute;lo
+eficaz cuando el alma est&aacute; ya purificada y educada, exenta de ego&iacute;smo,
+libre de pasiones, apetitos y concupiscencias vulgares y apta para
+entrar en el santuario &iacute;ntimo de la conciencia suprema, donde todo es
+uno, el conocer, el que conoce y lo conocido. Para adquirir esta
+indispensable previa aptitud, jam&aacute;s basta una sola vida. S&oacute;lo puede
+conseguirse despu&eacute;s de muchas <i>reincarnaciones</i>.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Sabes t&uacute;&mdash;pregunt&oacute; Morsamor&mdash;por cu&aacute;ntas has pasado ya?</p>
+
+<p>&mdash;Mi <i>clarividencia</i>, en este punto, no es completa todav&iacute;a&mdash;replic&oacute; el
+anciano&mdash;; pero entreveo y percibo en la penumbra confusa de mis
+recuerdos <i>ultranatales</i> que he muerto y renacido ya treinta veces en
+esta mansi&oacute;n terrenal. Y todav&iacute;a s&eacute; poco y todav&iacute;a para seguir
+estudiando tendr&eacute; que morir y que renacer dos o tres veces m&aacute;s antes de
+alcanzar el <i>nirvana</i>.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y qu&eacute; es el <i>nirvana</i>?&mdash;dijo Morsamor.</p>
+
+<p>Decl&aacute;rartelo bien&mdash;contest&oacute; el viejo&mdash;implicar&iacute;a dos cosas tan dif&iacute;ciles
+que rayan en lo imposible. Es la primera que si lo supiese yo, yo
+estar&iacute;a ya en el <i>nirvana</i> y ser&iacute;a omnicio o digase conocedor de cuanto
+ha sido, es y ser&aacute;; del sujeto, del objeto y de la s&iacute;ntesis en que se
+enlazan e identifican, siendo todo y uno y disip&aacute;ndose las aparentes
+ilusiones que distinguen, individualizan y separan. Y es la segunda que,
+aun poseyendo yo tan alta bienaventuranza, no hallar&iacute;a para transmitirte
+su concepto medio alguno de expresi&oacute;n en lenguaje humano, ni tampoco en
+la sugesti&oacute;n directa y pura. Por ahora, reprime tu curiosidad y
+agu&aacute;ntate sin saber lo que es el <i>nirvana</i>. Acaso, dentro de algunos
+siglos, cuando subas a vida m&aacute;s alta, trasluzcas o columbres lo que es.</p>
+
+<p>Morsamor se resign&oacute; porque no hab&iacute;a otro remedio; mas para consolarse
+hizo preguntas menos trascendentes.</p>
+
+<p>&mdash;Aunque lo m&aacute;s substancial y elevado de vuestra ciencia sea
+intrasmisible, todav&iacute;a no me explico y deploro que viv&aacute;is tan aislados
+en este esquivo rinc&oacute;n del mundo, sin influir en las andanzas del humano
+linaje, y sin ense&ntilde;ar a alguien que no sea de los vuestros, ya que no lo
+m&aacute;s elemental de vuestra ciencia, el m&eacute;todo o camino que a ella conduce.</p>
+
+<p>&mdash;Tu suposici&oacute;n es infundada&mdash;dijo el anciano&mdash;. Nosotros distamos mucho
+de vivir aislados. Desde hace miles de a&ntilde;os estamos en comunicaci&oacute;n y
+tenemos trato con no pocos esp&iacute;ritus selectos, aun de los que han vivido
+y viven m&aacute;s lejos de aqu&iacute;. Nosotros les hemos comunicado generosamente
+algo de lo que sabemos y podemos comunicar. Sobre todo, hemos sido
+dadivosos, espl&eacute;ndidos, con aquellos que han logrado penetrar hasta aqu&iacute;
+y hacernos una visita. Uno de los primeros que vino a vernos desde
+Europa fue Pit&aacute;goras de Samos, y a nosotros se nos debe no peque&ntilde;a parte
+de su sistema filos&oacute;fico. A despecho de nuestra prudencia y de nuestra
+ancianidad, he de confesarte que pecamos por un exceso de galanter&iacute;a, y
+siempre que aparece en nuestra tierra alguna dama extranjera de
+distinci&oacute;n y aficionada a saber, la recibimos con fin&iacute;simas atenciones y
+hacemos cuanto est&aacute; a nuestro alcance para ilustrarla. Valgan como
+ejemplo la famosa Sibila Eritrea y m&aacute;s aun la linda hija de un honrado
+<i>lucumon</i> etrusco que vino acompa&ntilde;&aacute;ndola. Ella cautiv&oacute; de tal suerte con
+su gentil presencia y con su mucha discreci&oacute;n a nuestros antepasados,
+que consigui&oacute; la dotasen de pasmosa sabidur&iacute;a. Cuando volvi&oacute; a Italia
+con su se&ntilde;or padre, se prend&oacute; de cierto reyezuelo de un peque&ntilde;o Estado,
+tuvo con &eacute;l frecuentes coloquios y le dio tan sanos consejos y le
+inspir&oacute; tan admirables leyes, que su ciudad, &uacute;nica en la historia, se
+ense&ntilde;ore&oacute; de lo mejor del mundo y fund&oacute; hasta hoy el m&aacute;s persistente de
+los imperios. Ya comprender&aacute;s que hablo de Egeria, la ninfa inspiradora
+de Numa. Otros peregrinos se han presentado por aqu&iacute;, que se han
+aprovechado muy mal de nuestras generosas lecciones, movi&eacute;ndonos a
+arrepentirnos de hab&eacute;rselas dado. No se han servido de ellas con el
+desinter&eacute;s y la abnegaci&oacute;n indispensables para que den buen fruto, sino
+con malvado ego&iacute;smo, para enga&ntilde;ar al pr&oacute;jimo y seducirle. Cuando esto
+ocurre, la magia blanca o <i>rajah yoga</i> que nosotros aprendemos y
+transmitimos, se malea y se tuerce, y convertida en <i>hatha yoga</i> o magia
+negra, suele hacer mil estragos como si fuese obra de los n&uacute;menes
+infernales. Entre estos peregrinos que nos han dado chasco, te citar&eacute; a
+Sim&oacute;n el Mago, a Apolonio de Tiana, a M&aacute;ximo de Efeso, consejero de
+Juliano el Ap&oacute;stata, y por &uacute;ltimo, al encantador Merl&iacute;n, a quien
+consideran en Europa como hijo del diablo, lo cual no hay para qu&eacute; decir
+que es absurda mentira.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero es menester&mdash;pregunt&oacute; Morsamor&mdash;llegar a estos sitios para
+participar de vuestra sabidur&iacute;a?</p>
+
+<p>&mdash;En manera alguna&mdash;dijo Sankarach&aacute;ria&mdash;. Los m&aacute;s aprovechados e
+iluminados de entre nosotros, poseemos la facultad de entendernos, si
+queremos, con las personas que est&aacute;n m&aacute;s distantes. Nuestro cuerpo
+material y pesado es como la creaci&oacute;n de nuestro cuerpo et&eacute;reo y
+plasmante, cuya ligereza raya casi en ubicuidad. Nosotros podemos
+desprender del cuerpo material y pesado dicha forma et&eacute;rea, mal llamada
+cuerpo, recorrer con ella inmensas distancias, filtrarnos o colarnos por
+cualquier resquicio en la m&aacute;s severa clausura y conversar a todo nuestro
+sabor con nuestros amigos y adeptos. As&iacute; nos comunicamos y entendimos,
+hace ya sobre poco m&aacute;s o menos veintid&oacute;s siglos, con el pr&iacute;ncipe
+Sidarta, entrando en el hermoso palacio de Kapilavastu, donde su padre
+Sudhodan, rey de los sakias, le ten&iacute;an encerrado. Con nuestras
+amonestaciones y consejos fomentamos su vocaci&oacute;n e ilustramos su
+nobil&iacute;simo esp&iacute;ritu. Bien podemos, pues, jactarnos de haber influido en
+que se fundase una religi&oacute;n que en el d&iacute;a profesan m&aacute;s de cuatrocientos
+millones de seres humanos.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y hab&eacute;is tratado y segu&iacute;s tratando de la misma suerte a algunos
+sabios europeos, yendo vosotros de visita donde ellos residen?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y c&oacute;mo no?&mdash;contest&oacute; Sankarach&aacute;ria&mdash;. Yo tengo y visito as&iacute; a varios
+amigos de Europa. Uno de ellos, suizo de naci&oacute;n, m&eacute;dico excelente y
+fil&oacute;sofo de raro y agud&iacute;simo ingenio, est&aacute; avecindado en Basilea, y es
+generalmente conocido con el nombre de Paracelso; otro, no menos
+singular, se llama Cornelio Agripa, natural de Colonia, en las orillas
+del Rhin; otro, que tiene m&aacute;s fama de brujo que los dem&aacute;s, y dicen que
+va siempre acompa&ntilde;ado de un diablo en figura de paje, lo cual ya
+comprender&aacute;s que es una patra&ntilde;a, se llama el doctor Juan Fausto; y otro,
+por &uacute;ltimo, con quien estoy yo en m&aacute;s frecuentes y cordiales relaciones,
+vive ahora junto a Sevilla, en un convento en la margen del
+Guadalquivir, y se llama el Reverendo Padre Fray Ambrosio de Utrera.</p>
+
+<p>Suspenso y como turulato se qued&oacute; Morsamor al o&iacute;r en boca de
+Sankarach&aacute;ria el nombre de su ben&eacute;fico amigo.</p>
+
+<p>&mdash;Entonces&mdash;exclam&oacute;&mdash;sabr&aacute;s qui&eacute;n soy yo. El Padre Ambrosio te lo habr&aacute;
+contado todo.</p>
+
+<p>&mdash;Y vaya si me lo ha contado. Yo sab&iacute;a qui&eacute;n t&uacute; eras, he influido en que
+vengas por aqu&iacute;; puedo asegurar que invisiblemente te he guiado para
+llegar adonde no llega nadie sin nuestra venia, y encargando a mi f&aacute;mulo
+el disimulo, le orden&eacute; que te aguardase en el soto, como, en efecto, lo
+hizo.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XXXII" id="XXXII"></a>-XXXII-</h2>
+
+
+<p>No fue una sola vez, sino varias, las que tuvo Morsamor di&aacute;logos por el
+estilo con el sabio viejo. As&iacute; aclar&oacute; o crey&oacute; aclarar muchas dudas y
+formar idea, aproximada ya que no exacta, del pa&iacute;s a que hab&iacute;a llegado y
+de la gente que en &eacute;l viv&iacute;a.</p>
+
+<p>Pondremos aqu&iacute;, en resumen, el resultado de sus investigaciones o d&iacute;gase
+lo que &eacute;l acert&oacute; a comprender y lo que nosotros podemos expresar sin
+trabucarlo ni alterarlo.</p>
+
+<p>Era aquel pa&iacute;s el de los llamados <i>mahatmas</i>, rodeado de monta&ntilde;as tan
+intransitables, que los profanos no pod&iacute;an llegar a &eacute;l. Era como unas
+Batuecas, no groseras y r&uacute;sticas, sino cultas, elegantes y felices.
+Cuatro mil a&ntilde;os, sobre poco m&aacute;s o menos, hac&iacute;a ya que los habitantes de
+aquel pa&iacute;s viv&iacute;an apartados de la mayor&iacute;a del humano linaje, formando
+una Rep&uacute;blica pac&iacute;fica y pr&oacute;spera, cuyo &uacute;nico gobierno era el consejo de
+los se&ntilde;ores del <i>Cenobio</i> o sea de los <i>mahatmas</i>.</p>
+
+<p>Sankarach&aacute;ria explicaba de modo harto singular el origen de aquella
+Rep&uacute;blica. Lo que &eacute;l contaba dista mucho de parecer verdadero; antes
+bien, lo consideramos como f&aacute;bula imp&iacute;a y absurda, pero nos parece tan
+curiosa que no podemos resistir a la tentaci&oacute;n de ponerla aqu&iacute;, en
+breves palabras, remitiendo a los lectores que quieran saber m&aacute;s sobre
+ello a un libro escrito no hace mucho tiempo y cuyo t&iacute;tulo es <i>Dios y su
+tocayo</i>.</p>
+
+<p>Prescindamos de la mayor o menor antig&uuml;edad de la especie humana.
+Dejemos a la prehistoria, ya fundada en la geolog&iacute;a, ya vali&eacute;ndose del
+estudio comparativo de los idiomas y de otros primitivos documentos,
+conceder muchos miles o pocos miles de a&ntilde;os a la existencia del hombre
+en nuestro planeta. Tengamos s&oacute;lo por cierto, para no disputar con el
+se&ntilde;or Sankarach&aacute;ria, que, antes de que apareciese la raza blanca, hubo
+otras razas que progresaron y se elevaron a no pocos grados de
+civilizaci&oacute;n. As&iacute; la raza negra, la amarilla y la raza de piel roja,
+cuyos individuos se llamaron atlantes y se esparcieron por el mundo
+cuando la Atl&aacute;ntida se hundi&oacute;. No hablemos aqu&iacute; de los proto-scitas o
+hiperb&oacute;reos, colonia de los atlantes que se estableci&oacute; m&aacute;s all&aacute; de las
+Monta&ntilde;as Rifeas y que fue muy culta y floreciente. A nuestro prop&oacute;sito
+basta saber que m&aacute;s de dos mil y cuatrocientos a&ntilde;os antes de la era
+vulgar, hab&iacute;a dos poderosos y civilizados imperios: uno en Egipto, de
+atlantes y de negros mezclados, y otro en China, no menos adelantado o
+quiz&aacute; m&aacute;s adelantado que el de los egipcios. En China reinaba en aquella
+&eacute;poca un Emperador llamado Iao, y hac&iacute;a muy poco que, por evoluci&oacute;n y
+selecci&oacute;n, hab&iacute;a aparecido sobre el haz de la tierra la raza blanca, que
+es la m&aacute;s perfecta de todas.</p>
+
+<p>Ciertos esp&iacute;ritus, muy pulidos y desbastados ya, despu&eacute;s de pasar por
+bastantes <i>reincarnaciones</i>, no se avinieron a <i>reincarnarse</i> en chino,
+ni en negro, ni en mulato. Con la fuerza plasmante que ten&iacute;an en su
+forma et&eacute;rea se condimentaron o confeccionaron cuerpos s&oacute;lidos m&aacute;s
+perfectos, y de esta suerte cre&iacute;a el sabio viejo, cuyas ideas
+extractamos, que apareci&oacute; la raza blanca en el mundo. En una f&eacute;rtil y
+bonita comarca del Tibet, vivi&oacute; y se propag&oacute;, bajo la dependencia del ya
+citado Emperador de la China, a quien sus s&uacute;bditos llamaban Iao y Padre
+Celeste. Este soberano empez&oacute; a temer que aquellos nuevos hombres se
+instruyesen demasiado, se ensoberbeciesen y se rebelasen. Procur&oacute;, pues,
+conservarlos en la ignorancia, pero ellos desobedecieron sus mandatos y
+aprendieron muchas cosas buenas y malas. Iao entonces envi&oacute; un ej&eacute;rcito
+contra ellos, que los expuls&oacute; del para&iacute;so en que viv&iacute;an. Y ellos,
+expulsados ya, fueron poco a poco emigrando por diversas regiones y
+dominando y acogotando a las razas inferiores donde quiera que llegaban.
+Algo, no obstante, se pervirtieron, malearon y bastardearon con el trato
+y convivencia de las tales razas, harto inferiores, como ya queda dicho.</p>
+
+<p>S&oacute;lo una escasa minor&iacute;a de la raza blanca se conserv&oacute; pura y sin mezcla
+y subi&oacute; como la espuma en virtud y en saber. Para ello, en el momento de
+la expulsi&oacute;n ordenada por Iao, tuvo la cautela de escabullirse en aquel
+valle rec&oacute;ndito, circundado de alt&iacute;simos montes y de casi impenetrables
+desfiladeros. Tal fue el origen de la Rep&uacute;blica de los <i>mahatmas</i>, seg&uacute;n
+ellos mismos lo entend&iacute;an y declaraban.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y cu&aacute;ndo saldr&eacute;is de vuestro retraimiento?&mdash;pregunt&oacute; Morsamor a
+Sankarach&aacute;ria.</p>
+
+<p>Y Sankarach&aacute;ria contest&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Cuando la Humanidad sea capaz de comprendernos. Cuando nazca a la vida
+colectiva.</p>
+
+<p>&mdash;Pues qu&eacute;, &iquest;no ha nacido a&uacute;n?</p>
+
+<p>&mdash;A&uacute;n dista mucho de nacer. Est&aacute; en germen ca&oacute;tico: en incubaci&oacute;n. No
+nacer&aacute; a la vida colectiva hasta dentro de quince mil a&ntilde;os.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y c&oacute;mo no hac&eacute;is nada para que la incubaci&oacute;n se apresure?</p>
+
+<p>&mdash;Hacemos lo que se puede&mdash;dijo Sankarach&aacute;ria&mdash;. Ya te he citado a no
+pocas personas que recibieron antiguamente nuestra inspiraci&oacute;n y a
+algunas que la reciben hoy en Europa, &aacute;vida de saber y con la curiosidad
+cient&iacute;fica muy despierta. As&iacute; los mencionados Paracelso, Cornelio
+Agripa, Fausto y tu valedor, Fray Ambrosio de Utrera. Pero quien m&aacute;s ha
+de influir en que la incubaci&oacute;n siga prepar&aacute;ndose sin que salga huero lo
+que se incuba, ha de ser una mujer privilegiada, semi-tudesca,
+semi-moscovita, que el cielo no subcitar&aacute; en Europa hasta dentro de unos
+tres siglos. Pronosticado est&aacute; que esta mujer vendr&aacute; a visitarnos, nos
+encantusar&aacute;, se apoderar&aacute; de muchos de nuestros secretos, los divulgar&aacute;
+en luminosos tratados y ense&ntilde;ar&aacute; una ciencia que poco modestamente
+apellidar&aacute; teosof&iacute;a. No ser&aacute; lo que ense&ntilde;e sino los proleg&oacute;menos de
+nuestra ciencia verdadera; pero, aun as&iacute;, se pasmar&aacute; el mundo de o&iacute;rla y
+de leerla y se crear&aacute;n escuelas teos&oacute;ficas en todas las naciones.</p>
+
+<p>Ya suponemos que el p&iacute;o lector habr&aacute; adivinado que Sankarach&aacute;ria, aunque
+no la nombra, alude a la se&ntilde;ora Blavatski.</p>
+
+<p>Todav&iacute;a Morsamor, no satisfecho con las primeras nociones de aquella
+ciencia nueva, imit&oacute; prof&eacute;ticamente lo que hacen los periodistas del d&iacute;a
+en las <i>interviews</i> y sigui&oacute; preguntando. Para abreviar, sin que nada de
+lo m&aacute;s importante quede obscuro, prescindiremos de consignar las
+preguntas y s&oacute;lo pondremos aqu&iacute; tres o cuatro de las m&aacute;s notables
+contestaciones que Morsamor obtuvo. Por ellas empezar&aacute; a comprender las
+doctrinas teos&oacute;ficas quien esto lea y a sentir el prurito de estudiarlas
+a fondo en la multitud de libros que sobre el particular han escrito y
+publicado recientemente la citada se&ntilde;ora Blavatski, el coronel Olcott,
+Annie Besant, Francisco Hartmann, Sinnett y otros autores, espa&ntilde;oles
+algunos de ellos. Enti&eacute;ndase, con todo, que esta ciencia de la teosof&iacute;a
+no debe con propiedad llamarse nueva en Europa. Debe llamarse renovada.
+Sus adeptos de hoy le dan ya antiqu&iacute;simo origen entre nosotros o sea
+fuera de la India. Hermes Trimegisto fue te&oacute;sofo, y, bastantes siglos
+despu&eacute;s, cultiv&oacute; y propag&oacute; la teosof&iacute;a entre griegos y latinos el
+ilustre Ammonio Sacas, fundador de la escuela de Alejandr&iacute;a.</p>
+
+<p>Pero no divaguemos y vamos a las contestaciones que dio Sankarach&aacute;ria y
+que no conviene queden en el tintero.</p>
+
+<p>El caudal de experiencias y de merecimientos con que el ser humano se va
+afirmando en sus diferentes vidas y haci&eacute;ndose digno de m&aacute;s altas
+<i>reincarnaciones</i> se llama <i>Karma</i>.</p>
+
+<p>El principio que persiste, que no muere y que se <i>reincarna</i>, es el
+tercero de los siete que componen nuestro ser, se llama <i>Manas</i>, y es
+como la ra&iacute;z imperecedera de nuestro individuo. Por cima de <i>Manas</i> no
+hay m&aacute;s que <i>Budhi</i> y <i>Atma</i>. <i>Atma</i> es el m&aacute;s alto principio de vida,
+el alma del Universo, y <i>Budhi</i> el lazo que a <i>Atma</i> nos une. Por bajo
+de <i>Manas</i> hay otros cuatro principios: el del amor, del odio y dem&aacute;s
+afectos, la fuerza vital, el cuerpo et&eacute;reo, y, por &uacute;ltimo, el cuerpo
+s&oacute;lido, visible y tangible.</p>
+
+<p>Sankarach&aacute;ria ense&ntilde;&oacute; adem&aacute;s a Morsamor que hab&iacute;a dos m&eacute;todos
+cient&iacute;ficos: uno, por lo com&uacute;n empleado en Europa, que, vali&eacute;ndose de
+los sentidos corporales e inform&aacute;ndose de lo que se ve, se oye o se
+palpa, investiga las leyes de todo y procura elevarse a la causa
+primera; y otro, que es el indiano o teos&oacute;fico, que se funda en la
+introinspecci&oacute;n y por medio de <i>Budhi</i> logra que <i>Manas</i> se encarame y
+se enlace con <i>Atma</i>, y entonces no hay cosa que el hombre no sepa, y
+apenas hay cosa que el hombre no pueda. De aqu&iacute; la verdadera magia
+blanca, que, seg&uacute;n queda dicho, se llama <i>rajah-yoga</i>, aunque alguien la
+designa tambi&eacute;n con el nombre de <i>lokothra</i> o ciencia y poder nacidos de
+nuestro interior desenvolvimiento, en oposici&oacute;n a <i>laukika</i>, magia
+blanca tambi&eacute;n, pero vulgar y rastrera, que se funda en conocimientos
+experimentales y exteriores y en el empleo de drogas, hierbas y otros
+ingredientes.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XXXIII" id="XXXIII"></a>-XXXIII-</h2>
+
+
+<p>Morsamor hablaba a menudo con Tiburcio, que andaba retra&iacute;do, y le
+comunicaba cuanto iba aprendiendo. Tiburcio le o&iacute;a, no daba cr&eacute;dito a
+nada y se re&iacute;a de todo.</p>
+
+<p>&mdash;Pero no me negar&aacute;s&mdash;le dec&iacute;a Morsamor&mdash;que Sankarach&aacute;ria sabe y puede
+mucho.</p>
+
+<p>&mdash;Yo no te lo niego&mdash;contest&oacute; Tiburcio&mdash;. Lo que te niego, es que su
+saber y su poder se funden en lo que &eacute;l dice.</p>
+
+<p>Y Tiburcio no pasaba nunca m&aacute;s adelante, ni aclaraba mejor su
+pensamiento. Por sus reticencias, con todo, presum&iacute;a Morsamor que
+Tiburcio atribula las artes y las ciencias de los <i>mahatmas</i> a la
+intervenci&oacute;n del diablo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Crees t&uacute;&mdash;le dec&iacute;a Morsamor&mdash;que el diablo interviene en esto?</p>
+
+<p>Tiburcio no contestaba s&iacute;, ni no. Se re&iacute;a y se callaba.</p>
+
+<p>Entretanto, ni Morsamor, ni Tiburcio, ninguno de la peque&ntilde;a hueste,
+pod&iacute;a ir a la ciudad de los <i>mahatmas</i> j&oacute;venes o no jubilados, ni mucho
+menos ver a las mujeres. Sin duda era ley inquebrantable aquel
+retraimiento, mil veces m&aacute;s severo que el que hubo m&aacute;s tarde en el
+Paraguay, para evitar que las ciudadanas y los ciudadanos fuesen
+perturbados y contaminados por extra&ntilde;as visitas.</p>
+
+<p>Todos los forasteros, por consiguiente, aunque estaban muy agasajados en
+el <i>Cenobio</i> y tratados a qu&eacute; quieres boca, se aburr&iacute;an de muerte y
+ansiaban salir de all&iacute; para gozar de plena libertad aunque tuviesen que
+sufrir trabajos.</p>
+
+<p>El mismo Morsamor empezaba a cansarse. Dispuso su partida, pero antes de
+despedirse de Sankarach&aacute;ria, le hizo una &uacute;ltima pregunta y le pidi&oacute; un
+favor.</p>
+
+<p>&mdash;Yo estoy harto&mdash;dijo Miguel de Zuheros&mdash;de guerras y de amores. En
+extremo me afligen los estragos y las muertes que preceden o suceden a
+cada victoria y a cada triunfo. A&uacute;n ans&iacute;o laureles, pero han de ser
+incruentos y pac&iacute;ficos. &iquest;Y qu&eacute; m&aacute;s pac&iacute;ficos laureles que los que yo
+alcanzar&iacute;a, si me embarcase de nuevo, y por mar, navegando siempre hacia
+oriente, volviese a mi patria? Dime si esto es posible.</p>
+
+<p>&mdash;Ya sabes&mdash;contest&oacute; el anciano <i>mahatma</i>&mdash;que mi ciencia es m&aacute;s de lo
+interior que de lo exterior. Todo eso y m&aacute;s sabr&eacute; yo cuando llegue a
+enlazarme con <i>Atma</i>. Por ahora, ni lo s&eacute;, ni me importa saberlo, ni te
+lo dir&iacute;a aunque lo supiese. Y la raz&oacute;n es obvia. Si te dijera que es
+imposible, te quitar&iacute;a la esperanza, te retraer&iacute;a de la empresa y te
+despojar&iacute;a del m&eacute;rito de haberla acometido. Y si te dijera que es
+posible, a&uacute;n te despojar&iacute;a m&aacute;s del m&eacute;rito y de la gloria, porque con la
+seguridad de alcanzar fin tan alto, &iquest;qui&eacute;n, a no ser muy cobarde no pone
+los medios? No extra&ntilde;es, pues, que me calle y dame gracias por mi
+silencio.</p>
+
+<p>En el favor que pidi&oacute; Miguel de Zuheros fue m&aacute;s dichoso que en la
+consulta. Sankarach&aacute;ria se le otorg&oacute; a medias. Morsamor quiso ver y
+hablar al Padre Ambrosio. Y el <i>mahatma</i>, si bien se excus&oacute; de ponerle
+al habla con el Padre para que el Padre no averiguase que &eacute;l hab&iacute;a
+revelado sus ocultas relaciones y tratos, todav&iacute;a le prometi&oacute; hacer que
+le viese, y en efecto, cumpli&oacute; la promesa.</p>
+
+<p>Para ello, exigiendo primero a Morsamor, que no hab&iacute;a de chistar, ni
+alborotar, ni moverse, viera lo que viera, le condujo a un obscur&iacute;simo
+s&oacute;tano y le sent&oacute; en una silla, donde hab&iacute;a de quedar, y qued&oacute; como
+clavado.</p>
+
+<p>De repente brot&oacute; un punto luminoso en el seno de las tinieblas. El punto
+se desenvolvi&oacute; luego en multitud de rayos que trazaron un c&iacute;rculo lleno
+de claridad. Morsamor percibi&oacute; en &eacute;l con asombro el camaranch&oacute;n donde el
+Padre Ambrosio ten&iacute;a su laboratorio. El Padre estaba de pie, delante del
+atril donde le&iacute;a un libro de magia. La l&aacute;mpara que ard&iacute;a sobre el atril,
+colgada del techo, parec&iacute;a ser el punto o foco de luz, por cuya
+dilataci&oacute;n el c&iacute;rculo se hab&iacute;a formado. Otro fraile estaba al lado del
+Padre Ambrosio con la capucha calada y volviendo a Morsamor las
+espaldas. Inesperadamente cambi&oacute; este fraile de postura y mostr&oacute; a
+Morsamor la cara. El pasmo de este ray&oacute; entonces en delirio. Crey&oacute; ver
+su propio rostro como en un espejo, pero no joven y gallardo, sino
+marchito, lleno de arrugas y con la barba blanca como la nieve. Su
+terror casi fue m&aacute;s intenso cuando not&oacute; que aquel rostro, que se le
+hab&iacute;a aparecido, ca&iacute;a como una m&aacute;scara o se disipaba como vapor muy
+tenue dejando en la capucha un hueco. La capucha y todo el h&aacute;bito se
+dir&iacute;a que no encerraban ya sino aire vano: una ilusi&oacute;n, un espectro. El
+sayal vac&iacute;o continuaba erguido, no obstante, y hasta se mov&iacute;a y
+marchaba, como si le llenase y le animase un esp&iacute;ritu.</p>
+
+<p>Vio despu&eacute;s Morsamor que el f&eacute;retro donde le hab&iacute;an encerrado se hallaba
+en el mismo lugar; que el Padre Ambrosio levant&oacute; la tapa, y que dentro
+hab&iacute;a un cuerpo humano tendido e inm&oacute;vil. No descubri&oacute; qui&eacute;n era. Un
+lienzo velaba su cara. El Padre Ambrosio alz&oacute; un pico del lienzo, hasta
+descubrir la boca del que all&iacute; reposaba, e introduciendo en aquella boca
+el agudo extremo de un peque&ntilde;o embudo, verti&oacute; por &eacute;l algunas gotas del
+l&iacute;quido contenido en un pomo que llevaba en la mano.</p>
+
+<p>La visi&oacute;n se disip&oacute; enseguida, como las figuras de una linterna m&aacute;gica o
+de un cinemat&oacute;grafo.</p>
+
+<p>No acert&oacute; Morsamor a explicarse bien todo aquello por ning&uacute;n estilo,
+pero pens&oacute; en su propio ser, se toc&oacute; y se reconoci&oacute; materialmente, y
+tanto en lo exterior como en lo &iacute;ntimo se declar&oacute; a s&iacute; mismo que el
+verdadero Morsamor era &eacute;l y no otro. Encomend&oacute; a todos los diablos a
+Sankarach&aacute;ria, a los dem&aacute;s <i>mahatmas</i> y al <i>Cenobio</i> de la jubilaci&oacute;n
+varonil, y no bien despunt&oacute; la pr&oacute;xima aurora se escap&oacute; de all&iacute; con
+Tiburcio y los dem&aacute;s de su hueste.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XXXIV" id="XXXIV"></a>-XXXIV-</h2>
+
+
+<p>Los diversos apuntes manuscritos de los que hemos ido extractando y
+compaginando esta historia hasta ahora clar&iacute;sima, presentan aqu&iacute;
+contradicciones que conviene resolver y obscuridades que conviene
+disipar por medio de hip&oacute;tesis.</p>
+
+<p>&iquest;C&oacute;mo pudo Morsamor salir del misterioso y fant&aacute;stico pa&iacute;s de los
+<i>mahatmas</i> y hallarse de nuevo en terreno de ser y realidad m&aacute;s
+reconocidos?</p>
+
+<p>Sin el poderoso auxilio de Sankarach&aacute;ria, jam&aacute;s acaso hubiera logrado
+tal cosa. Nunca Morsamor hubiera salido de all&iacute; ni hubiera vuelto al
+mundo real, como volvi&oacute; el doctor Fausto desde el pa&iacute;s de las quimeras.
+All&iacute; se hubiera quedado, no durante a&ntilde;os, como se qued&oacute; Bompland en el
+Paraguay, sino para siempre: hasta la consumaci&oacute;n de los siglos.</p>
+
+<p>Morsamor, pues, y su hueste salieron, seg&uacute;n unos, en una barca
+encantada, que se hallaron junto a la orilla de un lago, y que,
+arrastrada por la corriente, los lanz&oacute; en un r&iacute;o, por donde el lago se
+desaguaba, y cuyas ondas por rapid&iacute;simo declive se abr&iacute;an cauce en la
+estrecha y tortuosa garganta que formaban tajados pe&ntilde;ascos de
+empinad&iacute;simos cerros. Aseguran otros que Morsamor y su hueste se fueron
+por el aire, en una m&aacute;quina o ingenioso artificio que les suministr&oacute;
+Sankarach&aacute;ria y que sin ser juguete de las corrientes atmosf&eacute;ricas como
+los globos aerost&aacute;ticos de ahora, se mov&iacute;a en la deseada y prescrita
+direcci&oacute;n, atra&iacute;do por la fuerza ps&iacute;quica o magn&eacute;tico-espiritual de un
+gran sabio, amigo de Sankarach&aacute;ria, que viv&iacute;a en la ciudad de Lasa y era
+nada menos que el Secretario de Estado o ministro principal del
+Dalai-Lama. Si es l&iacute;cito comparar lo falso con lo verdadero y la mala
+copia o remedo con el original, este Secretario de Estado era, respecto
+al Dalai-Lama, lo que fue Pedro Bembo respecto a Le&oacute;n X.</p>
+
+<p>Como quiera que sea, lo cierto es, que Morsamor y su hueste se hallaron
+en Lasa como por encanto.</p>
+
+<p>La l&aacute;mina de oro o salvoconducto de Babur les vali&oacute; de mucho. &iquest;C&oacute;mo no
+hab&iacute;an de respetar en el Tibet, las encarecidas recomendaciones del
+sucesor de Tamerl&aacute;n y de Kubilai-Kan, pr&iacute;ncipe que hab&iacute;a conquistado la
+China, que hab&iacute;a reinado ben&eacute;fica y gloriosamente en ella, y que por los
+consejos e insinuaciones de su privado Marco Polo, hab&iacute;a fundado el
+poder temporal del Dalai-Lama como Constantino y Carlo Magno el de los
+pont&iacute;fices de Roma?</p>
+
+<p>El aviso adem&aacute;s, que al Secretario de Estado dio Sankarach&aacute;ria por los
+medios m&aacute;gicos de que dispon&iacute;a, y que dicho Secretario trasmiti&oacute; a
+varios adeptos de los muchos que entonces ten&iacute;an los <i>mahatmas</i> en el
+Tibet y en China, facilit&oacute; el largo y peligroso tr&aacute;nsito de Morsamor por
+todos aquellos pa&iacute;ses, inexplorados hasta entonces por los europeos.</p>
+
+<p>Taciturno y afligido Morsamor, hab&iacute;a hecho voto de no enamorar ya a
+mujer alguna, de no re&ntilde;ir con ning&uacute;n hombre y de no tomar parte en
+ninguna contienda armada. Y como merced a las recomendaciones de Babur
+por un lado y a las del <i>mahatma</i> por otro, se le facilitaron todos los
+medios de comodidad y de transporte, no se ha de extra&ntilde;ar, que Morsamor,
+por sus pasos contados, con la mayor premura posible, y sin que nada
+memorable le sucediera, llegase a Canton felizmente.</p>
+
+<p>De lo que vio y observ&oacute; en la China, bien pudi&eacute;ramos poner aqu&iacute;
+bastante, ya que en los archivos de Sevilla, privados y p&uacute;blicos, se
+conservan curios&iacute;simas notas de Morsamor y de Tiburcio. Pero nosotros
+juzgamos conveniente pasar por alto todo esto. Nuestros ilustres
+viandantes s&oacute;lo figuran como meros observadores y las noticias que dan
+no difieren mucho de las consignadas en las relaciones de viajes del
+Reverendo Padre Agustino Fray Juan Gonz&aacute;lez de Mendoza, del nunca bien
+ponderado Fern&aacute;n M&eacute;ndez Pinto, del Padre Maestro Fray Domingo Fern&aacute;ndez
+Navarrete, de la orden de predicadores, y de otros sin&oacute;logos, espa&ntilde;oles
+y portugueses no pocos de ellos, sin excluir a don Sinibaldo de M&aacute;s,
+nuestro antiguo amigo.</p>
+
+<p>Lo que aqu&iacute; nos importa saber es que Morsamor se fue enseguida desde
+Cant&oacute;n a Macao, peque&ntilde;a colonia reci&eacute;n fundada por los portugueses.</p>
+
+<p>En la rada de la nueva ciudad, Morsamor hall&oacute; lo que deseaba y esperaba,
+seg&uacute;n lo hab&iacute;a concertado con el piloto Lorenzo Fr&eacute;itas. Su nave, hac&iacute;a
+dos o tres semanas que estaba all&iacute; aguard&aacute;ndole, lo cual no pesaba al
+se&ntilde;or Vandenpeereboom que hab&iacute;a traficado con los chinos y hecho muy
+buenos negocios, ni pesaba tampoco a Fray Juan de Santar&eacute;n, que
+predicaba con gran fruto, aunque vali&eacute;ndose de int&eacute;rpretes, y que
+bautizaba chinos a centenares, hallando sus ne&oacute;fitos entre la gente
+pobre y trabajadora que hoy pudi&eacute;ramos llamar <i>coolies</i>.</p>
+
+<p>Ni el comisionista, ni el misionero, gustaron de la nueva empresa que
+Morsamor quer&iacute;a acometer; pero Morsamor pose&iacute;a grandes riquezas y con
+ellas se allanan dificultades y todo se compone. A Fray Juan le
+proporcion&oacute; recursos suficientes para socorrer a sus m&aacute;s desvalidos
+catec&uacute;menos y fundar un asilo piadoso, y al se&ntilde;or Vandenpeereboom, que
+ten&iacute;a amplios poderes de los se&ntilde;ores Adorno y Salvago, le compr&oacute; la
+nave, pag&aacute;ndola espl&eacute;ndidamente, por una mitad m&aacute;s de su justo precio.</p>
+
+<p>El piloto Lorenzo Fr&eacute;itas y muchos de la tripulaci&oacute;n, decidieron no
+abandonar a Morsamor e ir con &eacute;l donde quisiera llevarlos.</p>
+
+<p>Bajo la inteligente direcci&oacute;n de dicho piloto, h&aacute;biles calafates del
+pa&iacute;s, limpiaron los fondos de la nave, que estaban harto sucios, la
+carenaron bien y la pusieron como nueva.</p>
+
+<p>Morsamor y el piloto la proveyeron, por &uacute;ltimo, de todo g&eacute;nero de
+vituallas y bastimentos como para una navegaci&oacute;n muy larga.</p>
+
+<p>M&aacute;s de la mitad de los guerreros portugueses que hasta all&iacute; hab&iacute;an
+acompa&ntilde;ado a Morsamor, resolvieron quedarse en Macao; pero los otros m&aacute;s
+decididos, as&iacute; como los antiguos tripulantes, formaban muy completa
+dotaci&oacute;n para la nave a la que Morsamor quiso cambiar el nombre que
+antes ten&iacute;a sin duda, aunque no sabemos cu&aacute;l fuese, y la confirm&oacute; con el
+antiguo, cl&aacute;sico y mitol&oacute;gico nombre de <i>Argo</i>.</p>
+
+<p>No pocos d&iacute;as se pasaron en tan importantes asuntos, y si bien Morsamor
+se empleaba en ellos, lejos de mostrarse comunicativo y alegre, andaba
+triste y silencioso, esquivaba el trato y la conversaci&oacute;n de todos,
+hasta del fiel Tiburcio, y para reposar de sus afanes gustaba de ir a
+escondese en cierta pintoresca gruta que hab&iacute;a entre los pe&ntilde;ascos de un
+cerro y desde la cual se oteaba el mar azul y se descubr&iacute;a muy extenso
+horizonte.</p>
+
+<p>Al escribir la historia de Morsamor, nosotros har&iacute;amos c&eacute;lebre esta
+gruta, aunque ya no lo fuese, pero nos ahorra el trabajo de darle
+celebridad la que ya tiene desde antiguo por la circunstancia de haber
+imitado a Morsamor, sin saberlo, el glorioso poeta Lu&iacute;s de Camoens, que,
+pocos a&ntilde;os despu&eacute;s, sol&iacute;a ir all&iacute; a meditar y a entregarse a los m&aacute;s
+po&eacute;ticos soliloquios. Los de Morsamor eran po&eacute;ticos tambi&eacute;n, aunque
+todav&iacute;a m&aacute;s que po&eacute;ticos eran filos&oacute;ficos, por lo cual pondremos aqu&iacute;
+muy en resumen uno de estos soliloquios, a fin de que el sentir y el
+pensar de Morsamor sean entendidos sin que se fatiguen y sin que
+califiquen el soliloquio de <i>latoso</i> los lectores poco inclinados a la
+filosof&iacute;a.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XXXV" id="XXXV"></a>-XXXV-</h2>
+
+
+<p>&mdash;Mi segunda mocedad&mdash;dec&iacute;a Morsamor&mdash;ha sido peor empleada que la
+primera. <i>&iexcl;Vanidad de vanidades!</i> Todo es vanidad y singularmente
+nuestros afanes, trabajos y aspiraciones. Pienso a veces que me valiera
+m&aacute;s no haberme remozado; pero, arrastrado por esa corriente de ideas
+negras, voy m&aacute;s lejos a&uacute;n y exclamo: &iexcl;mejor ser&iacute;a no haber nacido! He
+buscado el amor para gozarle y he hallado verg&uuml;enza, desolaci&oacute;n y
+muerte. Do&ntilde;a Sol paga mi amor con su desprecio. El desprecio m&iacute;o mata el
+amor de donna Olimpia. Y cuando no nos despreciamos y nos amamos, la ira
+y los celos dan espantosa muerte al objeto de mis amores. Mi ambici&oacute;n no
+ha sido menos burlada que mi cari&ntilde;o. Salvo una ruin satisfacci&oacute;n de amor
+propio; &iquest;qu&eacute; ventaja he sacado, ni para m&iacute; ni para mis semejantes, de
+mis triunfos guerreros?</p>
+
+<p>As&iacute; discurr&iacute;a Morsamor con profunda tristeza. Luego, para consolarse,
+imaginaba tener una misi&oacute;n y cumplir con ella. Se cre&iacute;a factor poderoso
+en el engrandecimiento de su patria. Pero tambi&eacute;n de esto dudaba; y
+mirando con inquietud hacia el porvenir, conceptuaba tal
+engrandecimiento caduco y ef&iacute;mero.</p>
+
+<p>Cierta idea, m&aacute;s clara y consistente en nuestra edad que en la suya,
+aparec&iacute;a despu&eacute;s a su esp&iacute;ritu, para justificar su ambici&oacute;n; para que
+sus prop&oacute;sitos no fuesen tenidos por vanos. Morsamor supon&iacute;a que el
+humano linaje iba subiendo a m&aacute;s altas esferas de bondad y de luz y que
+&eacute;l contribu&iacute;a en&eacute;rgicamente a la ascensi&oacute;n magn&iacute;fica, predeterminada por
+el cielo. Desconsoladoras reflexiones ven&iacute;an al punto a invalidar o al
+menos a poner muy en duda, el valer de esto &uacute;ltimo.</p>
+
+<p>&mdash;No escatimar&eacute; yo mis alabanzas, ni negar&eacute; mi admiraci&oacute;n&mdash;pensaba
+nuestro h&eacute;roe&mdash;a los descubrimientos, invenciones y adelantos que los
+hombres realizan. Se dir&iacute;a que doman la naturaleza material, que
+encadenan con su inteligencia y sujetan a su voluntad las fuerzas del
+universo, y que se valen de ellas para evitar fatigas y crear placeres y
+goces. Laudable es, en este sentido, el fecundo renacimiento en Europa
+de ciencias, artes y letras. Laudable es la activa curiosidad de
+nuestros navegantes que atraviesan nunca surcados mares y penetran en
+las m&aacute;s apartadas e inc&oacute;gnitas regiones. Y si no es m&aacute;s laudable, es mil
+veces m&aacute;s asombroso el m&aacute;gico saber de los <i>mahatmas</i>, que no puedo
+negar, porque de &eacute;l he sido testigo. &iquest;Pero en lo fundamental, hay
+progreso acaso o hay mejora en Europa, en la India o en la China? Yo
+sospecho lo contrario. En las antiguas edades los hombres acertaban a
+veces o por estar m&aacute;s cerca de la revelaci&oacute;n primitiva, o porque
+alambicaban menos y no se quebraban de puro sutiles, o porque la mente
+de ellos, no abrumaba a&uacute;n con la pesada carga de lo observado y
+experimentado, levantaba el f&aacute;cil vuelo a las esferas superiores y era
+capaz de una inspiraci&oacute;n inocente y casi divina. Hoy, a fuerza de
+cavilar y de sutilizar, el entendimiento se pervierte y disparata mucho.
+No hay progreso, sino perversi&oacute;n, desde el himno compuesto hace m&aacute;s de
+tres mil a&ntilde;os, que ven&iacute;an cantando los <i>mahatmas</i>, cuando los vi volver
+al <i>Cenobio</i>, hasta las doctrinas que me expuso luego Sankarach&aacute;ria y
+que implican la negaci&oacute;n de Dios, el concepto de que el mundo casi es
+ilusi&oacute;n y fantasmagor&iacute;a, y la mal velada afirmaci&oacute;n de que la conciencia
+nace de lo que no tiene conciencia, la voluntad del ciego prurito de los
+&aacute;tomos, y de sus desordenadas evoluciones el entendimiento y las leyes a
+que el entendimiento sujeta as&iacute; lo exterior y visible como lo m&aacute;s hondo
+e &iacute;ntimo del alma. Cuanto he o&iacute;do en Benar&eacute;s en boca de los brahmanes y
+cuanto despu&eacute;s me ha expuesto Sankarach&aacute;ria en su misterioso retiro son
+la corrupci&oacute;n del mencionado himno del <i>Rig-Veda</i>, donde el vate de los
+primeros tiempos busca a Dios, le columbra y le admira en las cosas
+creadas y le reconoce y le adora. En este mismo Imperio en que ahora
+estoy, he conversado con los mandarines y s&oacute;lo he visto en su saber
+ate&iacute;smo materialista y grosero; he conversado con lamas y bonzos y
+despojando sus doctrinas de supersticiones y de s&iacute;mbolos, s&oacute;lo he visto
+en ellas la confusi&oacute;n de Dios y del mundo y el destino y el fin del alma
+humana fluctuando entre el aniquilamiento y la apoteosis.</p>
+
+<p>As&iacute; cavilaba Morsamor y cre&iacute;a sacar en claro de sus cavilaciones la
+verdad real de su ser, del universo y de Dios que lo ha creado todo. Las
+muchas contradicciones que al afirmarlo as&iacute; surg&iacute;an en su mente le
+repugnaban mil veces meros que todas las otras contradicciones nacidas
+de cualquier otra metaf&iacute;sica por sutil y profunda que fuese.</p>
+
+<p>&mdash;Har&aacute; ya m&aacute;s de dos mil a&ntilde;os&mdash;dec&iacute;a Morsamor&mdash;que vivi&oacute; en este Imperio
+el fil&oacute;sofo Laotse y escribi&oacute; su doctrina del Tao. All&iacute; est&aacute; la verdad,
+al menos en germen. Cuanto despu&eacute;s han inventado los chinos o han
+importado de la India es perversi&oacute;n o extrav&iacute;o.</p>
+
+<p>De esta suerte, en la misma gruta donde m&aacute;s tarde medit&oacute; Camoens,
+Morsamor meditaba y filosofaba, se lisonjeaba de ir por el buen camino,
+y, hasta cierto punto se consideraba desenga&ntilde;ado. Morsamor, no obstante,
+no se resignaba a despojarse de toda ambici&oacute;n. A&uacute;n quer&iacute;a recobrar el
+tiempo perdido, ganar gloria sobre la tierra, hacer inmortal su memoria
+entre los hombres, cosechar laureles sin verter sangre, revelar arcanos
+y realizar algo de inaudito o de antes no realizado por nadie. &iquest;Cu&aacute;l
+ser&iacute;a el t&eacute;rmino de aquel inmenso mar que ante sus ojos se extend&iacute;a?
+&iquest;Podr&iacute;a llegar por &eacute;l hasta el mundo por Col&oacute;n descubierto, salvar el
+valladar que le opusiera y volver a su patria navegando siempre hacia
+oriente?</p>
+
+<p>Los letrados chinos, a quienes hab&iacute;a consultado, nada sab&iacute;an de todo
+esto. Acaso el extremo de aquel Oc&eacute;ano oriental recelaba un obscuro
+abismo, algo de inaccesible para el hombre. M&aacute;s all&aacute; tal vez estar&iacute;a un
+infinito pi&eacute;lago de color y de luz, de donde al amanecer surgir&iacute;a la
+aurora vertiendo claridad y oro, zafiros y rub&iacute;es por el &eacute;ter, y
+abriendo paso al resplandeciente carro del sol, que vendr&iacute;a en pos de
+ella. Tal vez eran sue&ntilde;os y delirios las opiniones de antiguos sabios
+griegos sobre la esfericidad de la tierra. Tal vez era f&aacute;bula cuanto
+hab&iacute;a o&iacute;do contar a los letrados de la primera expedici&oacute;n m&iacute;stica al
+Fusang de los disc&iacute;pulos de Fo en busca de un elixir que los hiciese
+inmortales. Tal vez eran f&aacute;bulas tambi&eacute;n otras expediciones ulteriores.
+Los barcos de la flota que Kubilai-Kan envi&oacute; a la conquista del Jap&oacute;n,
+dispersos e impulsados por una tempestad, pudieron llegar acaso al
+Fusang misterioso; pero de seguro que jam&aacute;s volvieron de all&iacute; trayendo
+nuevas de lo que hab&iacute;an visto. No era el Fusang el mundo de Col&oacute;n, sino
+un pa&iacute;s imaginario donde la fantas&iacute;a vulgar y materialista de los chinos
+pon&iacute;a mayor fertilidad, abundancia y riqueza que los europeos pusieron
+m&aacute;s tarde en el Dorado. Lo &uacute;nico cierto era que m&aacute;s al oriente del Jap&oacute;n
+poco o nada conoc&iacute;an los chinos. S&oacute;lo presum&iacute;an la indefinida extensi&oacute;n
+de un Oc&eacute;ano mucho m&aacute;s ancho que el que separa a Espa&ntilde;a de las tierras
+por Col&oacute;n descubiertas. &iquest;Qu&eacute; hab&iacute;a en el extremo de este Oc&eacute;ano? Qui&eacute;n
+sabe. Acaso el extremo de la tierra en que vivimos; el borde del disco;
+los lazos que atan la tierra al firmamento y que la sostienen suspendida
+en el &eacute;ter. Morsamor ve&iacute;a en todo esto un misterio hasta entonces
+velado; pero le impulsaban a romper el velo su misma oscuridad y la vaga
+esperanza de que fuese cierto lo que hab&iacute;an pensado los sabios antiguos
+de Grecia y lo que Col&oacute;n hab&iacute;a intentado y hasta hab&iacute;a cre&iacute;do demostrar
+yendo por Occidente al extremo Oriente.</p>
+
+<p>Decidido, pues, Miguel de Zuheros, y habiendo infundido en los de la
+nave confianza en su decisi&oacute;n, dej&oacute; en Macao al se&ntilde;or Vandenpeereboom y
+a Fray Juan de Santar&eacute;n, haciendo el uno negocios, y haciendo sermones
+el otro, y zarp&oacute; con su nave con rumbo hacia la desconocido.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XXXVI" id="XXXVI"></a>-XXXVI-</h2>
+
+
+<p>Mientras m&aacute;s se piensa en ello m&aacute;s axioma parece la sentencia de don
+Herm&oacute;genes, declarando que todo es relativo. En el viaje <i>Desde Toledo a
+Madrid</i>, del maestro Tirso de Molina, apenas hab&iacute;a caminado legua y
+media y llegado a las ventas de Ol&iacute;as, cuando exclama la melindrosa Do&ntilde;a
+Mayor: <i>nunca imagin&eacute; que era tan largo el mundo</i>. En cambio, el egregio
+poeta Leopardi prorrumpe en amargos lamentos porque el mundo le parece
+muy chico. Y es lo peor para &eacute;l, que mientras m&aacute;s mundo se descubre m&aacute;s
+el mundo se empeque&ntilde;ece. Leopardi no cabe en el mundo.</p>
+
+<p>Los tripulantes de la nave de Morsamor, de la nueva <i>Argo</i>, ya que con
+tal nombre hab&iacute;a sido confirmada, se asemejaban m&aacute;s a Do&ntilde;a Mayor que al
+poeta. Todos hallaban y no sin motivo, que el mundo era mayor de lo que
+hab&iacute;an imaginado. En efecto, hab&iacute;an ido m&aacute;s all&aacute; de cuanto hab&iacute;an
+surcado con sus quillas los m&aacute;s audaces navegantes, &aacute;rabes, chinos,
+japoneses y portugueses; m&aacute;s all&aacute; de lo hasta entonces explorado y hasta
+so&ntilde;ado. Nadie hab&iacute;a llegado jam&aacute;s adonde ellos estaban, o si hab&iacute;a
+llegado nadie hab&iacute;a vuelto. Hac&iacute;a ya no pocas semanas que s&oacute;lo ve&iacute;an
+cielo y mar. El mar se les antojaba infinito como el cielo. Y no s&oacute;lo
+era pasmosa la extensi&oacute;n de su superficie, sino que tambi&eacute;n lo era su
+profundidad insondable. En aquella soledad imponente, sublime terror
+pesaba sobre los esp&iacute;ritus durante la noche; pero rayada la aurora, todo
+se ba&ntilde;aba en luz y en vivos colores, y el sol rutilante y glorioso
+doraba el aire y esmaltaba de p&uacute;rpura y de l&iacute;quida plata las ondas
+azules.</p>
+
+<p>El piloto Lorenzo Fr&eacute;itas y el mismo Morsamor, que en el retiro de su
+convento hab&iacute;a estudiado y aprendido no poco de la n&aacute;utica y de la
+cosmograf&iacute;a, conocidas entonces, no hab&iacute;an dejado de hacer sus
+observaciones y sus c&aacute;lculos y sab&iacute;an que hab&iacute;an pasado la l&iacute;nea
+equinoccial, y que iban navegando con viento favorable y con rumbo al
+sureste. Lo que no acertaban a determinar por su ignorancia del tama&ntilde;o
+de la tierra era si hab&iacute;an llegado o hab&iacute;an pasado ya bajo el
+semic&iacute;rculo imaginario que, completando el semic&iacute;rculo que pasa por
+Lisboa y toca en los polos del mundo, le divide en dos partes iguales.
+Si esto hubiesen sabido, hubieran sabido tambi&eacute;n lo que por experiencia
+trataban de inquirir: la forma y el tama&ntilde;o de nuestro planeta. El
+intr&eacute;pido aventurero y el h&aacute;bil piloto, presum&iacute;an, no obstante, que
+hab&iacute;an pasado ya el meridiano, o mejor diremos el antimeridiano de
+Lisboa. En la imaginaci&oacute;n de ambos, cuando culminaba el sol sobre sus
+cabezas, aquella hermosa ciudad se mostraba envuelta en las densas
+sombras de media noche, merced al imperioso giro del firmamento todo,
+que daba rapid&iacute;simas vueltas e iba iluminando alternativamente nuestra
+pobre morada, o merced acaso al rodar de la tierra que en Salamanca, en
+Coimbra y en Sevilla hab&iacute;an presentido y sospechado antes de que Galileo
+lo sintiese y lo asegurase. En Sevilla, Morsamor hab&iacute;a o&iacute;do hablar mucho
+de todo esto a Fray Ambrosio de Utrera y a sus ilustres amigos,
+cosm&oacute;grafos y pilotos examinadores de la Casa de Contrataci&oacute;n, entre los
+cuales se contaban Alonso de Chaves, Rodrigo Zamorano y el joven y
+magn&iacute;fico caballero Pedro Mex&iacute;a. De ellos, y de su propio estudio, hab&iacute;a
+aprendido Morsamor, y algo se le alcanzaba del uso del astrolabio, del
+cuadrante, de la br&uacute;jula y de otros instrumentos y de la manera de
+marcar el punto en que un barco se halla. Y como &eacute;l y Lorenzo Fr&eacute;itas
+coincid&iacute;an en la opini&oacute;n de que cada grado de la esfera ten&iacute;a por el
+ecuador o por su anchura m&aacute;xima quinientos estadios, cuando se creyeron
+en la parte opuesta del meridiano de Lisboa, creyeron tambi&eacute;n que
+distaban noventa mil estadios de dicha ciudad, y que todav&iacute;a, sin contar
+los rodeos que tendr&iacute;an que dar, necesitaban navegar otros noventa mil
+estadios para volver a la patria. Calculando por leguas, aunque es
+medida menos exacta y m&aacute;s variable, y atribuyendo a cada grado veinte
+leguas de longitud, a&uacute;n ten&iacute;an que andar tres mil y seiscientas leguas
+para llegar a Lisboa en l&iacute;nea recta y sin ning&uacute;n tropiezo.</p>
+
+<p>Para no asustar a la gente de a bordo, Morsamor y Fr&eacute;itas se guardaron
+bien de comunicarles el resultado de sus c&aacute;lculos.</p>
+
+<p>En la nave, que hab&iacute;a salido abundantemente provista de Macao, hab&iacute;a
+agua potable y v&iacute;veres para bastante tiempo. Todos, sin embargo,
+empezaban a tener miedo, aunque lo disimulaban y aunque todav&iacute;a no se
+hab&iacute;a convertido en descontento. S&oacute;lo Tiburcio se mostraba impasible y
+alegre, procurando con sus chistes ahuyentar del &aacute;nimo de Morsamor los
+malos esp&iacute;ritus que le atormentaban, a pesar de su esperanza de salir
+triunfante de aquel empe&ntilde;o.</p>
+
+<p>Muy raras cavilaciones sol&iacute;an asaltar la mente de Morsamor, y no eran
+las menos raras las que ten&iacute;a al pensar en Tiburcio. Nunca se atrev&iacute;a a
+comunic&aacute;rselo. Procuraba, adem&aacute;s, arrojarlo de su propio pensamiento
+como indigna extravagancia; pero recelaba a veces que en Tiburcio hab&iacute;a
+algo de sobrehumano o de <i>extrahumano</i>; un no sabemos qu&eacute; de diab&oacute;lico,
+a pesar de que Tiburcio era tan fiel, tan servicial y para con &eacute;l tan
+bondadoso y tan divertido, que aun suponi&eacute;ndole diablo, le calificaba de
+<i>buen diablo</i>. Entend&iacute;a Morsamor, que si Tiburcio se deleitaba en actos
+pecaminosos, era con superior permiso, para sacar b&aacute;lsamo del veneno y
+para dirigir y levantar la maldad rastrera a fines excelentes, ordenados
+por la Providencia. Y yendo m&aacute;s lejos a&uacute;n, en esta suposici&oacute;n, que
+desechaba al punto por her&eacute;tica, y de la que nunca dejaba de
+retractarse, fantaseaba que, as&iacute; como hay diablos en el infierno,
+tambi&eacute;n deb&iacute;a de haberlos en el purgatorio, para cuidar de las &aacute;nimas
+benditas y para atormentarlas, no por mero y cruel castigo, sino a fin
+de que quedasen limpias de toda m&aacute;cula y capaces ya de perdurable vida.
+Claro est&aacute;, que si hab&iacute;a diablos de esta clase y si Tiburcio contaba
+entre ellos, al cabo llegar&iacute;a un momento en que Tiburcio cumplir&iacute;a su
+condena y se encontrar&iacute;a indultado y horro de la esclavitud de la culpa.
+No poco de tan extra&ntilde;a opini&oacute;n pod&iacute;a apoyarse, seg&uacute;n Miguel de Zuheros
+hab&iacute;a o&iacute;do al Padre Ambrosio, en varias sentencias de Or&iacute;genes y de San
+Gregorio de Nisa. Enti&eacute;ndase, a pesar de lo expuesto, que Morsamor no
+perseveraba en tales errores y que abjuraba de ellos por vitandos y
+nefandos.</p>
+
+<p>Como quiera que fuese, esta navegaci&oacute;n que iban haciendo ahora era tan
+melanc&oacute;lica y tan t&eacute;trica como hab&iacute;a sido amena y bulliciosa la que
+Morsamor y Tiburcio, acompa&ntilde;ados de donna Olimpia y Teletusa, hab&iacute;an
+hecho desde Lisboa hasta Melinda.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XXXVII" id="XXXVII"></a>-XXXVII-</h2>
+
+
+<p>Siguieron pasando d&iacute;as sin que nada interrumpiese la monoton&iacute;a de
+aquella larga navegaci&oacute;n. La Providencia, el destino, los genios o los
+n&uacute;menes que gobiernan el viento y las olas, o la misma estrella de
+Morsamor, seg&uacute;n cada uno quisiera explic&aacute;rselo, dispusieron las cosas de
+manera que la nueva <i>Argo</i> no hall&oacute; en su camino tierra alguna donde
+pararse. Aquellos mares parec&iacute;an tan hondos, que hab&iacute;an reprimido el
+empuje del fuego central impidiendo que brotasen islas monta&ntilde;osas sobre
+su superficie. El coral y las madr&eacute;poras no hab&iacute;an levantado arrecifes
+por ninguna parte ni hab&iacute;an formado atolones. As&iacute; al menos lo presum&iacute;an
+Morsamor y los dem&aacute;s tripulantes cuando, cada vez que rayaba el alba,
+tend&iacute;an la vista hacia los cuatro puntos del horizonte y s&oacute;lo percib&iacute;an
+el haz azulada y uniforme del vasto Oc&eacute;ano. Tal vez habr&iacute;a islas y hasta
+grandes e ignorados continentes al norte o al Sur de la derrota que
+segu&iacute;an, pero todo se ocultaba a la vista de ellos.</p>
+
+<p>El terror de los tripulantes se aumentaba con la persistencia de tanta
+soledad. Aunque hab&iacute;a abundancia de v&iacute;veres, arroz, harina de trigo,
+aceite y galleta hasta para a&ntilde;os, se tem&iacute;a que faltase el agua potable.
+En la nave no dejaba de haber ya quien encontrase el agua malsana y
+corrompida. El cansancio, lo poco variado y apetitoso de la
+alimentaci&oacute;n, el miedo, el mal humor y hasta el aburrimiento trajeron la
+enfermedad a bordo. En pos de ella vino la muerte y empez&oacute; a sacrificar
+v&iacute;ctimas. La resignaci&oacute;n y la paciencia se fueron agotando. El amor, el
+respeto y la confianza que Morsamor inspiraba se trocaban ya en
+descontento y hasta en odio.</p>
+
+<p>Tiburcio era quien permanec&iacute;a m&aacute;s entero y confiado en medio de todo.
+Hasta de la no aparici&oacute;n de tierra alguna deduc&iacute;a &eacute;l faustos pron&oacute;sticos
+y la consideraba como signo de buen ag&uuml;ero:</p>
+
+<p>&mdash;O no hay&mdash;dec&iacute;a&mdash;, o si hay no quiere el destino que descubramos
+terreno donde fijar el pie para obligarnos as&iacute; a que lleguemos al fin
+del continente que descubri&oacute; Col&oacute;n; a que le atravesemos por un estrecho
+de mar o a que le rodeemos por su extremidad Sur, como ya rodeamos el
+&Aacute;frica por el Cabo de las Tormentas y a que volvamos triunfantes a la
+gran ciudad de Lisboa.</p>
+
+<p>A menudo arengaba Tiburcio a los marineros y a los soldados, pero los
+hechos eran m&aacute;s elocuentes y persuasivos que las palabras. Ora vientos
+contrarios y borrascas que combat&iacute;an la nave, ora pesadas calmas que la
+deten&iacute;an en su carrera, vinieron a dar p&aacute;bulo a la irritaci&oacute;n general.
+De temer era que la sublevaci&oacute;n estallase de un momento a otro.</p>
+
+<p>Tom&aacute;s Cardoso, grande amigo, admirador y fiel sat&eacute;lite de Miguel de
+Zuheros, hab&iacute;a apaciguado los &aacute;nimos durante no poco tiempo y hab&iacute;a
+procurado mantener viva en todos la esperanza; pero Tom&aacute;s Cardoso acab&oacute;
+tambi&eacute;n por perderla y por cambiar su papel de apaciguador en el de
+cabeza de mot&iacute;n.</p>
+
+<p>Era Tom&aacute;s Cardoso el m&aacute;s a prop&oacute;sito para este oficio. Por su gigantesca
+estatura descollaba sobre los dem&aacute;s hombres. &Aacute;gil y fornido, los
+dominaba y acaudillaba.</p>
+
+<p>En su desesperaci&oacute;n, no sabiendo a qu&eacute; arbitrio recurrir, los
+tripulantes decidieron volver atr&aacute;s con diferente rumbo, o para ver si
+hallaban alguna tierra en que remediarse, o para ver si lograban aportar
+al Jap&oacute;n o volver a la China o a la India.</p>
+
+<p>Con esta embajada fue Tom&aacute;s Cardoso para imponerse a Morsamor, a quien
+hall&oacute; solo en la peque&ntilde;a c&aacute;mara del buque.</p>
+
+<p>Morsamor se neg&oacute; a todo, si bien m&aacute;s suplicante que enojado, y alegando
+con suavidad y dulzura que, en el extremo a que hab&iacute;an llegado, era ya
+m&aacute;s peligroso volver atr&aacute;s que seguir adelante; que la misma raz&oacute;n hab&iacute;a
+para suponer tierras intermedias siguiendo hacia el Oriente que
+dirigi&eacute;ndose hacia cualquier otro punto; y que, si el mar que surcaban
+no era interminable, m&aacute;s cerca deb&iacute;an de estar ya del mundo de Col&oacute;n que
+del puerto de que hab&iacute;an salido y hasta que de las costas japonesas.</p>
+
+<p>Tom&aacute;s Cardoso replic&oacute; a Morsamor no con razones sino con quejas. La
+conversaci&oacute;n se fue agriando y se troc&oacute; en disputa. Los dos
+interlocutores estaban solos. Cardoso hab&iacute;a echado a rodar todo respeto.
+Ten&iacute;a muy poca fe en la elocuencia de sus razonamientos y sobrada fe en
+la energ&iacute;a de sus pu&ntilde;os. En mal hora quiso intimidar a Morsamor, quiso
+abusar de su fuerza y le ech&oacute; mano al cuello con violento ultraje. Firme
+y poderosa era la mano de Cardoso. Si hubiera asido bien a Morsamor, le
+hubiera derribado y hasta aplastado; pero Morsamor, antes de que Cardoso
+le agarrase bien, se desprendi&oacute; y se desliz&oacute; de entre sus garras,
+retrocediendo de un brinco hasta la pared de la c&aacute;mara. Morsamor
+desenvain&oacute; entonces la daga que llevaba en el cinto, y,
+exclamando,&mdash;&iexcl;defi&eacute;ndete, miserable!&mdash;, se arroj&oacute; sobre Cardoso, que
+desnud&oacute; tambi&eacute;n su pu&ntilde;al y le aguard&oacute; sereno.</p>
+
+<p>El &iacute;mpetu y la destreza de Morsamor eran incontrastables. Con el brazo
+izquierdo par&oacute; el golpe que Cardoso le asestaba, y con acierto pasmoso
+hundi&oacute; su daga en el pecho del rebelde hasta la empu&ntilde;adura. Atravesado
+el coraz&oacute;n, Cardoso cay&oacute; con estruendo en el suelo sin poder decir &iexcl;Dios
+me valga! Al ruido abrieron la puerta y entraron en la c&aacute;mara varios
+parciales de Cardoso. All&iacute; hubieran vengado su muerte con la de
+Morsamor, si no hubiera acudido Tiburcio en su socorro con no pocos que
+permanec&iacute;an fieles. La lucha fue entonces horrible en toda la nave, y
+Morsamor, que tanto deseaba laureles incruentos, antes de los laureles
+tuvo la sangre. Mucha se verti&oacute;, aunque la rebeli&oacute;n fue vencida. Con la
+muerte sofocaron y castigaron Morsamor y Tiburcio aquella rebeld&iacute;a.
+Quince cuerpos muertos de sus m&aacute;s valientes compa&ntilde;eros fueron arrojados
+al mar y pasto de los peces.</p>
+
+<p>La autoridad de Miguel de Zuheros se restableci&oacute; y fortaleci&oacute; en cuantos
+quedaron con vida. Y aterrados unos por el castigo y entusiasmados otros
+por el valor y la serenidad que Morsamor y Tiburcio hab&iacute;an mostrado,
+resolvieron seguirlos sin m&aacute;s dudar ni vacilar, aunque los llevasen al
+mismo infierno.</p>
+
+<p>Honda tristeza abrum&oacute; el &aacute;nimo de Morsamor despu&eacute;s de su triunfo. A par
+que se complac&iacute;a en &eacute;l, se aflig&iacute;a de haberle pagado tan caro.</p>
+
+<p>En la melanc&oacute;lica hora del crep&uacute;sculo vespertino su preocupaci&oacute;n fue m&aacute;s
+intensa y revistieron m&aacute;s negros colores los fantasmas de su imaginaci&oacute;n
+atribulada. Parec&iacute;a que estos fantasmas, saliendo de lo profundo de su
+mente, tomaban cuerpos vaporosos y se proyectaban y se hac&iacute;an visibles
+en el aire. De esta suerte, con ce&ntilde;o adusto y vertiendo sangre de su
+honda herida, el espectro de Tom&aacute;s Cardoso se mostraba a los ojos de
+Morsamor siguiendo la nave. En el rumor, que al quebrarse en sus
+costados hac&iacute;an las olas, Morsamor cre&iacute;a o&iacute;r por momentos sollozos,
+maldiciones y gritos de venganza, y tal vez se figuraba que surg&iacute;an de
+la mar las cabezas de los compa&ntilde;eros muertos, que ven&iacute;an nadando y
+pugnando por detener la nave o por hacerla virar hacia el Oeste.</p>
+
+<p>Creci&oacute; la obscuridad. La noche se ven&iacute;a encima. Miguel de Zuheros tuvo
+entonces una visi&oacute;n extra&ntilde;a de tal consistencia, que le pareci&oacute; realidad
+y no delirio de la mente. Podr&iacute;a ser espejismo, algo cuya causa &eacute;l no se
+explicaba, pero algo que estaba fuera de &eacute;l: que era real y no
+imaginado. A no mucha distancia de su nave, vio Morsamor otra nave que
+navegaba a toda vela con pr&oacute;spero viento y en direcci&oacute;n contraria. Sin
+duda no era falsa la visi&oacute;n, porque Tiburcio y los marinos afirmaban que
+la hab&iacute;an visto, aunque pronto se hab&iacute;a perdido en la sombra. El piloto
+Lorenzo Fr&eacute;itas afirmaba m&aacute;s a&uacute;n porque su vista era perspicaz como la
+del &aacute;guila. El piloto afirmaba que tambi&eacute;n hab&iacute;a visto la nave, que en
+el tope de su palo mayor ondeaba la bandera de Castilla y que en su proa
+se figuraba haber le&iacute;do este nombre simb&oacute;lico: <i>Victoria</i>.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XXXVIII" id="XXXVIII"></a>-XXXVIII-</h2>
+
+
+<p>Aquella noche cavil&oacute; mucho Morsamor sobre la aparici&oacute;n, real o
+fant&aacute;stica, de la nave <i>Victoria</i>, y habl&oacute; del caso con Fr&eacute;itas y
+Tiburcio. Tiburcio sosten&iacute;a que todo hab&iacute;a sido ilusi&oacute;n &oacute;ptica, fen&oacute;meno
+parecido al de la <i>fata morgana</i>. Y por el contrario, Fr&eacute;itas conced&iacute;a
+completa realidad a la visi&oacute;n y hasta llegaba a triplicarla, sosteniendo
+que en pos de la nave <i>Victoria</i>, aunque a mayor distancia y esfumadas
+en la vaga penumbra, hab&iacute;a visto pasar otras dos naves. M&aacute;s que a la
+opini&oacute;n de su doncel, se inclinaba Morsamor a la del piloto. Sobre ella
+alzaba un c&uacute;mulo de suposiciones. Recordaba que, hac&iacute;a ya tres o cuatro
+a&ntilde;os, dos portugueses, uno de los cuales se llamaba Ruy Falero, hab&iacute;an
+ido a ofrecerse al soberano de Espa&ntilde;a para ir a la India, navegando
+hacia Occidente, salvando el mundo de Col&oacute;n y surcando juego el ancho
+mar descubierto por Balboa. &iquest;Llevar&iacute;a la nave <i>Victoria</i> por capit&aacute;n al
+mencionado Ruy Falero?</p>
+
+<p>Tiburcio respond&iacute;a a esto que &eacute;l tambi&eacute;n recordaba lo que dec&iacute;a
+Morsamor, pero que recordaba asimismo que Ruy Falero hab&iacute;a perdido el
+juicio y, que hab&iacute;an tenido que encerrarle en una casa de locos. Fr&eacute;itas
+dijo entonces:</p>
+
+<p>&mdash;Ser&aacute; cierta la locura de Ruy Falero, mas yo os aseguro que el camarada
+que iba con &eacute;l, y a quien conozco y trato desde hace a&ntilde;os, tiene tan
+bien sentado el juicio que es muy dif&iacute;cil que le pierda, y es tan tenaz
+en sus prop&oacute;sitos y tan brioso y capaz de realizarlos, que no me
+pasmar&iacute;a yo de que lo consiguiera. Acaso la nave que hemos visto no
+lleva en vano el nombre de <i>Victoria</i>. Acaso va mand&aacute;ndola el otro
+portugu&eacute;s de cuyo nombre no os acord&aacute;is.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y c&oacute;mo se llama ese otro portugu&eacute;s?&mdash;pregunt&oacute; Miguel de Zuheros.</p>
+
+<p>&mdash;Ese otro portugu&eacute;s&mdash;contest&oacute; Fr&eacute;itas&mdash;se llama Fernando de Magallanes.</p>
+
+<p>Rar&iacute;simo personaje era Morsamor. Tal vez los que lean esta historia
+calificar&aacute;n de inveros&iacute;mil su car&aacute;cter, pero a menudo parece inveros&iacute;mil
+lo m&aacute;s verdadero. Morsamor carec&iacute;a de vanidad y era todo orgullo. La
+envidia y los celos no entraban en su alma. Hasta la misma emulaci&oacute;n
+ten&iacute;a en ella poca cabida. Y su orgullo era tan expansivo, que Morsamor,
+con tal de que &eacute;l alcanzase y mereciese el triunfo, no se apesadumbraba,
+sino que se alegraba de que alguien pudiera alcanzarle al mismo tiempo
+que &eacute;l, asegur&aacute;ndole as&iacute; para la gente de su naci&oacute;n o de su casta.</p>
+
+<p>&mdash;Si en la nave que hemos visto o imaginado ver va Fernando de
+Magallanes, yo&mdash;dijo Morsamor&mdash;me alegro con toda mi alma. &Eacute;l o yo, o
+ambos, volveremos a la patria, despu&eacute;s de haber recorrido toda la
+redondez de la tierra. Segura es ya nuestra gloria, y no ser&aacute; menor
+aunque sea compartida. &Eacute;l y yo mereceremos que se diga de nosotros que,
+al dar cima a nuestra empresa, ambos levantamos un arco triunfal y
+abrimos una nueva era en la historia del humano linaje; agrandamos por
+experiencia el concepto de las cosas creadas, y empezamos a revelar los
+arcanos del universo visible. Poco me importa que no sea s&oacute;lo del camino
+que llevo y de la nave en que voy, sitio tambi&eacute;n de la nave en que &eacute;l va
+y del camino que &eacute;l lleva de quien digan los contempor&aacute;neos
+entusiasmados: &laquo;Fue el camino que esta nao hizo el mayor y m&aacute;s nueva
+cosa que desde que Dios cre&oacute; el primer hombre y compuso el mundo hasta
+nuestro tiempo se ha visto, y no se ha o&iacute;do ni escrito cosa m&aacute;s de notar
+en todas las navegaciones despu&eacute;s de aquella del Patriarca No&eacute;; ni
+aquella nao o arca en que &eacute;l se salv&oacute; del universal diluvio naveg&oacute; tanto
+como esta&raquo;.</p>
+
+<p>Al rayar el alba de la noche en que Morsamor hab&iacute;a pensado y hablado
+as&iacute;, como si Dios quisiese darle premio, aparecieron en lontananza,
+destac&aacute;ndose sobre el fondo de p&uacute;rpura y n&aacute;car del cielo oriental
+iluminado ya por el d&iacute;a, elevadas monta&ntilde;as que parec&iacute;an dilatarse de
+Norte a Sur en extensi&oacute;n grand&iacute;sima. La nueva <i>Argo</i> estaba ya cerca del
+continente que buscaba y todos sus tripulantes doblaron las rodillas y
+dieron gracias al cielo.</p>
+
+<p>Harto sab&iacute;a Morsamor, desde antes de que abandonase su convento, las
+tentativas infructuosas y desgraciadas que, para hallar paso por mar del
+Atl&aacute;ntico al Pac&iacute;fico, se hab&iacute;an hecho hasta entonces. Recordaba sobre
+todo, por ser m&aacute;s reciente, el viaje de Juan D&iacute;az de Sol&iacute;s, piloto de la
+Casa de Contrataci&oacute;n de Sevilla, el cual hab&iacute;a navegado por los mares
+del hemisferio austral hasta m&aacute;s all&aacute; de los 35 grados de latitud, sin
+hallar t&eacute;rmino al nuevo continente ni estrecho alguno por donde se
+pudiese salir navegando al mar del Sur descubierto por Balboa. Juan D&iacute;az
+de Sol&iacute;s hab&iacute;a llegado hasta una inmensa bah&iacute;a por donde desembocaba en
+el mar un r&iacute;o muy caudaloso. Luchando all&iacute; con ciertos belicosos y
+fieros salvajes, llamados charr&uacute;as, Sol&iacute;s hab&iacute;a perdido la vida. El
+barco que &eacute;l mandaba qued&oacute; abandonado en aquellas distantes e inc&oacute;gnitas
+playas, pero otros barcos que le hab&iacute;an acompa&ntilde;ado en su expedici&oacute;n
+volvieron a Sevilla y dieron cuenta de todo. Morsamor sab&iacute;a, pues, que
+no hallar&iacute;a paso al Atl&aacute;ntico sino m&aacute;s al Sur de los 35 grados. Por eso
+hab&iacute;a navegado con rumbo al Sudeste y cuando se aproxim&oacute; a la costa
+occidental del Nuevo Mundo, se hallaba a los 36 grados de latitud
+austral. No sin recelo y con extraordinaria cautela para evitar
+encuentros y combates con gentes desconocidas y b&aacute;rbaras, Morsamor y los
+suyos saltaron en tierra en busca de agua potable. Fertil&iacute;simo era el
+agreste e inculto suelo que pisaron. Majestuosas monta&ntilde;as se levantaban
+no lejos de la costa, y desde los manantiales que brotaban en lo alto,
+por entre las rocas, descend&iacute;an por la agria pendiente arroyos de agua
+cristalina y hasta caudalosos r&iacute;os de r&aacute;pido curso. Selvas de lozana y
+frondosa vegetaci&oacute;n, que en algunos puntos las hac&iacute;a impenetrables, se
+extend&iacute;an por donde quiera y ven&iacute;an avanzando hasta la orilla del mar.
+Nuestros viajeros reprim&iacute;an su curiosidad y no quer&iacute;an explorar nada,
+anhelando s&oacute;lo hallar el paso que buscaban. Se contentaron, pues, con
+tomar agua potable y llevarla en odres y en pipas al buque y con cazar
+multitud de palomas y de &aacute;nades silvestres y algunos a modo de ciervos
+que en grandes manadas vagaban por la espesura de aquellos bosques.</p>
+
+<p>El pa&iacute;s era espl&eacute;ndido. Abetos y pinos de airosas y extra&ntilde;as formas,
+nunca vistas por los europeos, descollaban sobre la pomposa verdura de
+helechos arborescentes, mirtos, laureles y otros &aacute;rboles hermosos,
+desconocidos y sin nombre hasta aquel d&iacute;a. Pero Morsamor buscaba con
+ansia el estrecho o el fin del continente y nada de aquello le seduc&iacute;a
+ni le convidaba a detenerse.</p>
+
+<p>El viento le fue propicio y avanz&oacute; con rapidez hacia el Sur. Aunque
+hab&iacute;a llegado el verano de aquellas regiones, el fr&iacute;o empez&oacute; a sentirse.
+La costa parec&iacute;a que no acababa nunca. Lo que iba acabando era la
+paciencia de Morsamor y de sus compa&ntilde;eros.</p>
+
+<p>El estrecho deseado apareci&oacute; por fin, consol&aacute;ndolos y entusiasm&aacute;ndolos.
+La nave <i>Argo</i> entr&oacute; por &eacute;l con valent&iacute;a. Por intrincado laberinto de
+densos bosques, de tajados riscos y de altos cerros cubiertos de nieve
+iba prolong&aacute;ndose el canal en mil tortuosos rodeos. Ya menguaba su
+anchura como comprimida por los abruptos cantiles que se alzaban en una
+y otra margen alpestre, ya dilat&aacute;ndose el estrecho formaba ingente lago,
+en cuya faz, que apenas rizaba la brisa, se reflejaban la luz del cielo,
+ora nubes obscuras, ora el sol refulgente, y los escarpados cerros que
+parec&iacute;an circundar el agua formando anfiteatro. La nieve de sus picos,
+como obeliscos y pir&aacute;mides de bru&ntilde;ida plata, se duplicaba por el
+reflejo, y a par que resplandec&iacute;a en lo sumo del aire se ve&iacute;a en el
+temeroso fondo del agua, donde, duplic&aacute;ndose tambi&eacute;n el cielo, hac&iacute;a que
+imaginase Morsamor que la nueva <i>Argo</i> estaba suspendida entre dos
+abismos.</p>
+
+<p>Los que navegan hoy c&oacute;modamente por aquel estrecho, a bordo de un barco
+de vapor, no pueden ver la sublimidad de la escena ni pueden sentir el
+pasmo aterrador de los que por vez primera le cruzaron. No van, como
+Morsamor iba entonces, en fr&aacute;gil barco y a merced del viento, que se
+opon&iacute;a a su marcha, si era contrario, o si amainaba, casi le dejaba
+inm&oacute;vil a pesar de las m&aacute;s h&aacute;biles maniobras.</p>
+
+<p>Hoy es corto el tr&aacute;nsito por aquel estrecho. Entonces parec&iacute;a que duraba
+un siglo. Y la naturaleza circunstante, esquiva hasta entonces al hombre
+civilizado, que nunca fij&oacute; en ella sus miradas dominadoras, se alzaba
+soberbia en contra de &eacute;l, procurando atajarle y sobreexcitando su &aacute;nimo
+con la amenaza de mil peligros, ya verdaderos, ya exagerados por la
+fantas&iacute;a.</p>
+
+<p>Espesa niebla envolv&iacute;a a veces la nave, y a causa de la niebla, as&iacute; como
+durante la noche, era menester ir con lentitud y precauci&oacute;n, para no
+tropezar en un escollo o encallar en un baj&iacute;o. A veces se encapotaba el
+cielo, deslumbraban los rel&aacute;mpagos y resonaba el trueno repercutido por
+los pe&ntilde;ascos y multiplicado por los ecos. La tempestad acababa
+desat&aacute;ndose en torrentes de lluvia o en abundantes copos de nieve. Luego
+se serenaba el aire y el sol resplandec&iacute;a. Tal vez el iris se dilataba
+sobre el estrecho en arco majestuoso, cuyos estribos eran los cerros de
+una y otra margen.</p>
+
+<p>A veces asaltaba a los atrevidos navegantes el recelo de no acertar a
+salir de aquel laberinto y de tener que morir all&iacute;. Los peligros, que en
+cierto modo hab&iacute;an sido silenciosos e invisibles en el grande Oc&eacute;ano, se
+mostraban all&iacute; m&aacute;s a la vista y turbaban los esp&iacute;ritus y molestaban y
+her&iacute;an los o&iacute;dos con acentos y voces. Ya aparec&iacute;an en los pe&ntilde;ascos
+voraces lobos marinos, ya se ve&iacute;an revolando y cerni&eacute;ndose a grande
+altura &aacute;guilas o buitres de mayor tama&ntilde;o y pujanza que los de Europa, ya
+segu&iacute;an o cercaban la nave bandadas de enormes <i>albatros</i>, hostigados
+por el hambre y buscando alimento. Lorenzo Fr&eacute;itas y algunos otros
+marinos que, a falta de catalejo, ten&iacute;an muy perspicaz la vista,
+aseguraban haber columbrado en la costa de la izquierda vagar hombres
+salvajes y feroces de descomunal corpulencia. No vacilaban en conjeturar
+que el menor de dichos hombres era de tan colosal estatura, que de fijo
+el m&aacute;s alto de cuantos iban en la nave no le llegar&iacute;a con la cabeza
+debajo del brazo. Para acrecentar m&aacute;s el susto, no bien declinaba la
+tarde sal&iacute;an de sus ocultas madrigueras feos murci&eacute;lagos, que ten&iacute;an en
+el hocico como un hierro de lanza y que se supon&iacute;a que eran vampiros y
+vagaban en torno de la nave y hasta se posaban en los m&aacute;stiles y en las
+velas. En medio de las tinieblas nocturnas sol&iacute;a o&iacute;rse el l&uacute;gubre
+silbido de las lechuzas y de los b&uacute;hos.</p>
+
+<p>Como no hay mala ventura que no tenga t&eacute;rmino, la nave <i>Argo</i> logr&oacute; casi
+vencer los obst&aacute;culos todos y se encontr&oacute; al final del estrecho y muy
+pr&oacute;xima a lanzarse en la amplitud del Atl&aacute;ntico. Larga y profunda calma
+tuvo, sin embargo, parada la nave e impaciente su tripulaci&oacute;n durante
+muchas horas. Pero, no hay mal que por bien no venga. Sin esta forzosa
+detenci&oacute;n no hubiera ocurrido el extra&ntilde;o caso de que se dar&aacute; cuenta en
+el siguiente cap&iacute;tulo.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XXXIX" id="XXXIX"></a>-XXXIX-</h2>
+
+
+<p>Cu&aacute;n pasmosa no ser&iacute;a la sorpresa de Morsamor, de Tiburcio y de sus
+compa&ntilde;eros, cuando, al llegar la noche del d&iacute;a desde cuya ma&ntilde;ana estaban
+detenidos, oyeron lastimeros gritos que se alzaban por el costado
+izquierdo de la nave y que dec&iacute;an en lengua castellana: &iexcl;Socorrednos:
+tened compasi&oacute;n de nosotros! &iexcl;Recibidnos a bordo!</p>
+
+<p>Dirigieron entonces las miradas hacia el punto de donde ven&iacute;an las voces
+y vieron cerca de la orilla a dos hombres vestidos a la europea, si bien
+con trajes desordenados y rotos. Echaron al agua la chalupa, fueron en
+busca de aquellos dos hombres, los trajeron y se los presentaron al
+capit&aacute;n que, maravillado y compasivo, contemplaba los desencajados
+rostros, la palidez enfermiza y el aspecto abatido y miserable de sus
+hu&eacute;spedes imprevistos.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qui&eacute;nes sois, desventurados?&mdash;les pregunt&oacute; Morsamor.</p>
+
+<p>Uno de ellos, al parecer el m&aacute;s joven y el menos fatigado y enfermo,
+tom&oacute; la palabra y dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Yo, se&ntilde;or, soy Juan de Cartagena y sal&iacute; de Castilla mandando uno de
+los cinco bajeles que trajo el portugu&eacute;s Fernando de Magallanes para
+lograr su prop&oacute;sito de ir m&aacute;s all&aacute; de este continente, de llegar a la
+India, caminando siempre hacia el Oeste. La insufrible soberbia del
+portugu&eacute;s y los malos modos y la aspereza con que me trataba me movieron
+a rebelarme contra &eacute;l cuando a&uacute;n est&aacute;bamos en el Golfo de Guinea.
+Magallanes me venci&oacute; y me tuvo preso. Fue tanta su crueldad que
+permanec&iacute; en el cepo, durante muchas semanas, hasta que llegamos cerca
+de estos lugares. Hartos mis compa&ntilde;eros de sufrir al portugu&eacute;s, a quien
+ya ten&iacute;an por loco, y recelando que los llevaba a perdici&oacute;n segura, se
+sublevaron contra &eacute;l en una bah&iacute;a que no dista mucho de aqu&iacute;. Tres
+fueron los bajeles sublevados. Las principales cabezas de la sublevaci&oacute;n
+fueron Luis de Mendoza y Gaspar de Quesada. Ellos me pusieron en
+libertad, y yo combat&iacute; en favor de ellos. S&oacute;lo dos bajeles quedaron
+sujetos al portugu&eacute;s. De los otros tres dispon&iacute;amos nosotros.
+Magallanes, no obstante, pudo vencernos. Entr&oacute; al abordaje en nuestros
+nav&iacute;os y Luis de Mendoza muri&oacute; cosido a pu&ntilde;aladas. Horribles fueron los
+castigos que Magallanes impuso. A Gaspar de Quesada, por mano de su
+propio criado, que sirvi&oacute; de verdugo, hizo que le cortaran la cabeza. Y
+descuartizados los miembros de Quesada y de Mendoza, fueron suspendidos
+de los m&aacute;stiles para espantoso escarmiento de todos. No s&eacute; por qu&eacute;
+Magallanes me perdon&oacute; la vida y tuvo compasi&oacute;n de m&iacute;, si compasi&oacute;n puede
+llamarse. El feroz capit&aacute;n, al ir a entrar en el Estrecho, me dej&oacute;
+abandonado sobre la costa inhospitalaria. &Eacute;l sigui&oacute; su viaje con s&oacute;lo
+tres bajeles, porque de los cinco uno naufrag&oacute; y otro, el <i>San Antonio</i>,
+logr&oacute; escapar, y yo espero en Dios que a estas horas se hallar&aacute; de
+vuelta en Sevilla, donde dar&aacute; cuenta de la ferocidad y de la locura de
+que hemos sido v&iacute;ctimas.</p>
+
+<p>Al o&iacute;r Morsamor aquel relato, reflexion&oacute; melanc&oacute;licamente que los
+laureles incruentos que &eacute;l hab&iacute;a imaginado acaso eran imposibles en
+aquella edad en que &eacute;l viv&iacute;a. Pens&oacute; que sin duda era menester regarlos
+con sangre: que el temple de voluntad de quien los cultivase hab&iacute;a de
+ser como el del acero y las entra&ntilde;as como las del tigre. As&iacute; se absolvi&oacute;
+de su pecado, si le hubo, en la muerte de Tom&aacute;s Cardoso. As&iacute; se calific&oacute;
+hasta de benigno. No por eso en absoluci&oacute;n fue acompa&ntilde;ada de alegr&iacute;a,
+sino que sinti&oacute; pesar m&aacute;s negro en el fondo del alma al imaginar cu&aacute;n
+dif&iacute;cil era, sin culpa, sin estrago y muerte, conquistar por la acci&oacute;n
+la suspirada gloria.</p>
+
+<p>Sustray&eacute;ndose luego a las tristes reflexiones de su harto exagerado
+pesimismo, Morsamor pregunt&oacute; a Juan de Cartagena:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y qui&eacute;n es este que Magallanes dej&oacute; abandonado en tu compa&ntilde;&iacute;a?</p>
+
+<p>&mdash;Este&mdash;respondi&oacute; Juan de Cartagena&mdash;fue quien m&aacute;s nos solevant&oacute; y
+alborot&oacute; con sus discursos. Es un fraile cordob&eacute;s, llamado Fray Blas de
+Villabermeja.</p>
+
+<p>Morsamor fij&oacute; entonces su atenci&oacute;n en el fraile, le reconoci&oacute;, fue hacia
+&eacute;l y le ech&oacute; los brazos al cuello.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Querido Paisano!&mdash;le dijo&mdash;. Cu&aacute;nto me alegro de poder servirte y
+valerte en esta ocasi&oacute;n. T&uacute; eres de un lugar que apenas dista un cuarto
+de legua de mi patria, Zuheros.</p>
+
+<p>Morsamor y tambi&eacute;n Tiburcio reconocieron en el fraile abandonado a un
+antiguo colega del mismo convento en que ellos hab&iacute;an vivido, pero el
+fraile no reconoc&iacute;a a ninguno de los dos por m&aacute;s que maravillado los
+contemplaba. Se lo imped&iacute;an el m&aacute;gico remozamiento del uno y la gallarda
+e insolente apostura del otro, tan distinta de la humildad claustral que
+hab&iacute;a afectado cuando era novicio. Pero sin que le importase mucho
+reconocerlos o no, Fray Blas de Villabermeja se dej&oacute; querer y agasajar y
+dio gracias al cielo que de su abominable destierro le libertaba.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s de tan raro encuentro, la historia de la navegaci&oacute;n de la nueva
+<i>Argo</i> nada notable ofrece ni refiere durante m&aacute;s de cuarenta d&iacute;as. S&oacute;lo
+se sabe que Morsamor fue tan venturoso, que naveg&oacute; con velocidad
+incre&iacute;ble. Al fin vino a hallarse a corta distancia, casi a la vista de
+Sagres, como si la Providencia dispusiese que en el punto que hab&iacute;a
+hecho famoso el Infante don Enrique, iniciador de los grandes
+descubrimientos, terminase su viaje el hombre que iba a cerrar el ciclo
+y a dar comienzo a nueva Era.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XL" id="XL"></a>-XL-</h2>
+
+
+<p>No todas las dificultades se hab&iacute;an allanado. Nadie hasta el fin puede
+cantar victoria. A veces el m&aacute;s h&aacute;bil auriga, al ir a alcanzar la palma
+salvando la meta, suele tocar en ella y dar lastimoso y mort&iacute;fero
+vuelco.</p>
+
+<p>De repente vieron Morsamor y los de su nave un grav&iacute;simo peligro que
+ven&iacute;a sobre ellos, de que ya no pod&iacute;an esquivarse con la fuga y que era
+menester arrostrar con heroica y casi sobrehumana valent&iacute;a.</p>
+
+<p>Una enorme galera se aproximaba d&aacute;ndoles caza. En su proa y en su popa
+ten&iacute;a sendas bombardas, y tres falconetes en cada costado. Estrecho era
+el barco de babor a estribor, y la longitud de su eslora hac&iacute;a que
+hendiese r&aacute;pidamente las olas a impulso de los treinta remos que llevaba
+en cada banda.</p>
+
+<p>Lorenzo Fr&eacute;itas no dud&oacute; ni un instante de que aquella nave era de
+corsarios argelinos.</p>
+
+<p>&mdash;Salvarse huyendo&mdash;dec&iacute;a&mdash;ser&iacute;a un milagro que no debemos esperar de la
+bondad divina. Nuestra artiller&iacute;a vale poco o nada, y, si la empleamos,
+s&oacute;lo conseguiremos provocar y enojar al cosario, que con la suya nos
+echar&aacute; pronto a pique, sobreponi&eacute;ndose su c&oacute;lera a la codicia que le
+mueve a apoderarse de la presa. Rica debe de imagin&aacute;rsela. Nuestro barco
+no tiene aspecto guerrero, sino trazas de lo que es: de nave mercante
+que vuelve de la India. En su imaginaci&oacute;n ver&aacute; ya el corsario los ricos
+tesoros de que pronto va a hacerse due&ntilde;o. Podemos pelear y defendernos,
+pero sin esperanza. Se&ntilde;or Miguel de Zuheros, creo de mi deber deciros mi
+opini&oacute;n con franqueza.</p>
+
+<p>&mdash;Yo la acepto y la estimo&mdash;respondi&oacute; Morsamor&mdash;. Y con la misma
+franqueza voy a exponer mi parecer, aunque ya en forma de &oacute;rdenes
+imperativas e ineludibles, porque no hay tiempo para discusiones ni
+discursos. Espero que todos cumplir&eacute;is con vuestro deber, me obedecer&eacute;is
+ciegamente y har&eacute;is con puntualidad y exactitud lo que yo prescriba.</p>
+
+<p>Soldados y marineros juraron obedecer a su capit&aacute;n. Morsamor entonces
+dispuso las cosas con arreglo al plan que hab&iacute;a concebido y dividi&oacute; en
+tres partes sus fuerzas: la mariner&iacute;a al mando del piloto; al mando de
+Tiburcio lo mejor de la hueste, cont&aacute;ndose en ella Juan de Cartagena y
+Fray Blas de Villabermeja, a quienes excit&oacute; para que se luciesen,
+pagando as&iacute; la franca hospitalidad con que los hab&iacute;a acogido. &Eacute;l guard&oacute;
+bajo su inmediato gobierno a veinticuatro de sus m&aacute;s leales, astutos y
+valientes aventureros, en cuyo n&uacute;mero figuraban los mestizos
+mongoles-castellanos.</p>
+
+<p>En seguida dio Morsamor sus instrucciones a los jefes y orden&oacute; que
+ocupase su puesto cada uno. La nueva <i>Argo</i> sigui&oacute; huyendo, pero con
+muestras de desesperaci&oacute;n y de miedo, sin desplegar m&aacute;s velas, como si
+pareciese resignada ya a entregarse al enemigo.</p>
+
+<p>El corsario, impaciente, lanz&oacute;, no obstante, tres disparos de falconete
+para que la nueva <i>Argo</i> se rindiera. Una de las balas toc&oacute; en el casco
+del buque y abri&oacute; en &eacute;l ancho agujero, aunque por fortuna muy sobre la
+l&iacute;nea de flotaci&oacute;n, cerca de la popa. S&oacute;lo con mar muy alborotado y con
+arfar muy violento podr&iacute;a la nave hacer agua. Nada contest&oacute; Morsamor a
+aquel da&ntilde;o y a aquel ultraje. Su nave, inerme, dej&oacute; que se le aprox&iacute;mase
+la galera, que la prendiese con enormes garfios, y que los corsarios,
+armados de hachas, se lanzasen al abordaje, o m&aacute;s bien, confiados en su
+poder incontrastable, a tomar posesi&oacute;n de la nave sin recelar
+resistencia alguna.</p>
+
+<p>As&iacute; fue en un principio. Morsamor y los veinticuatro capitaneados por &eacute;l
+cejaron como amedrentados, aunque sin desordenarse ni separarse. Los
+corsarios, con su capit&aacute;n al frente, llenaban ya la cubierta. El grupo
+de Morsamor se arrincon&oacute; hacia la popa; hacia la proa, Fr&eacute;itas y sus
+marineros. En el barco no parec&iacute;a haber m&aacute;s tripulantes. El aspecto de
+ambos grupos inspiraba compasi&oacute;n y fomentaba la confianza y el descuido
+de los corsarios. Sin duda Morsamor y Fr&eacute;itas quer&iacute;an rendirse anhelando
+s&oacute;lo las menos duras condiciones. No intentaban hacer uso de las armas,
+aunque las ten&iacute;an en las manos. A fin de que las entregasen, los
+corsarios se dividieron, dirigi&eacute;ndose a un grupo y a otro.</p>
+
+<p>En la peque&ntilde;a c&aacute;mara de Morsamor, que estaba sobre cubierta, no parec&iacute;a
+posible que hubiese capacidad bastante para que en ella se ocultasen
+muchos hombres armados. En ella, no obstante, estaban hacinados y
+apretados Tiburcio y su tropa.</p>
+
+<p>De s&uacute;bito abrieron la puerta de la c&aacute;mara y salieron con inaudita
+rapidez. Todos corrieron hacia el lado opuesto al en que estaban
+Morsamor y Fr&eacute;itas y hacia el punto en que la nueva <i>Argo</i> estaba asida
+al barco corsario. Con prodigiosa agilidad y con tal prontitud que no
+dieron tiempo para que se apercibiesen y cerrasen paso, saltaron todos
+en la galera. Y entonces, m&aacute;s listos y expeditos a&uacute;n, dieron muerte a
+los c&oacute;mitres, quitaron grillos y cadenas y pusieron en libertad a los
+galeotes, que eran m&aacute;s de sesenta cristianos cautivos. Estos hallaron
+sin dificultad armas de que apoderarse.</p>
+
+<p>Tarde semi-comprendi&oacute; el capit&aacute;n corsario la estratagema que le hab&iacute;an
+urdido, mas no desmay&oacute; por eso. Antes bien, arremeti&oacute; impetuoso contra
+el grupo de Morsamor, mientras que otro buen golpe de su gente ca&iacute;a
+sobre Fr&eacute;itas y sus marineros, los cuales tuvieron por desgracia que
+luchar proporcionalmente contra mayor n&uacute;mero de contrarios. Fr&eacute;itas fue
+uno de los primeros que perdieron la vida, abierta su cabeza de un
+hachazo. Otros ocho de su tropa sucumbieron tambi&eacute;n, al principio casi
+de la pelea.</p>
+
+<p>Morsamor, entre tanto, parec&iacute;a invulnerable, pero tambi&eacute;n sus enemigos
+eran m&aacute;s que los hombres de que &eacute;l dispon&iacute;a. Acorralados Morsamor y los
+suyos se manten&iacute;an a la defensiva.</p>
+
+<p>Todo esto, no obstante, fue obra de pocos minutos. Tiburcio supo darse
+prisa. En la galera corsaria dej&oacute; a Juan de Cartagena y a Fray Blas con
+diez hombres m&aacute;s de su fuerza y con veinte galeotes, ya libres y
+armados, y se precipit&oacute; en la nueva <i>Argo</i> con todos los dem&aacute;s que le
+segu&iacute;an y que eran m&aacute;s de sesenta. Ansiosos de combatir se sent&iacute;an
+todos, y particularmente los ya libres forzados, a quienes aguijoneaba
+el rencor e impulsaba el deseo de curar con la sangre de los corsarios
+las llagas y los verdugones que la penca del c&oacute;mitre hab&iacute;a hecho en sus
+espaldas desnudas.</p>
+
+<p>Atacados los corsarios por todas partes, no pudieron resistir. Aunque
+vendieron caras sus vidas, perecieron los m&aacute;s valientes y el capit&aacute;n
+argelino, rindi&eacute;ndose a discreci&oacute;n los otros, que fueron aherrojados y
+convertidos en nueva chusma.</p>
+
+<p>Morsamor pas&oacute; en triunfo a la conquistada galera. Resonar de clarines,
+vivas, altos aplausos y el estampido de algunos disparos de los
+falconetes solemnizaron la victoria. Con lamentos y hasta con l&aacute;grimas
+se deplor&oacute; la muerte de Fr&eacute;itas y de las otras v&iacute;ctimas.</p>
+
+<p>Para escarmiento ejemplar y para dar testimonio del brillante &eacute;xito de
+aquella lucha, Morsamor mand&oacute; colgar el cad&aacute;ver del capit&aacute;n argelino en
+el m&aacute;stil de la galera, sobre el cual dispuso que se izase la bandera de
+Castilla.</p>
+
+<p>Rodeado de Tiburcio, Cartagena, Fray Blas y otros, se hallaba Morsamor
+presenciando aquella maniobra y recibiendo pl&aacute;cemes, cuando a deshora
+apareci&oacute; una rubia y majestuosa dama, vestida de luto, y se arroj&oacute; en
+los brazos de Morsamor y cubri&oacute; su rostro de besos, exclamando
+entusiasmada:</p>
+
+<p><i>&mdash;&iexcl;O givia ed orgoglio del mio core! &iexcl;O coraggioso mio drudo!</i></p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XLI" id="XLI"></a>-XLI-</h2>
+
+
+<p>M&aacute;s sorprendido que complacido vio Morsamor la aparici&oacute;n de donna
+Olimpia de Belfiore, pues no era otra la dama enlutada que le salud&oacute; con
+tanto entusiasmo y cari&ntilde;o.</p>
+
+<p>Hermosa como siempre estaba donna Olimpia. El tiempo no imprim&iacute;a la
+destructora huella en su rostro, en el cual se notaba mayor majestad que
+antes y honda tristeza.</p>
+
+<p>Donna Olimpia no hab&iacute;a aparecido sola. Teletusa, tan regocijada como de
+costumbre, apareci&oacute; con ella. Y aparecieron igualmente entre los
+libertados galeotes, siendo de los que mejor pagaron la libertad
+combatiendo a los corsarios, los dos fieles y robustos escuderos a
+quienes llamaban Asmodeo y Belceb&uacute;, m&aacute;s por broma que con suficiente
+motivo.</p>
+
+<p>Para satisfacer la curiosidad natural de Morsamor y de Tiburcio, donna
+Olimpia, en presencia de Teletusa y del doncel, no tard&oacute; en contar a
+grandes rasgos sus aventuras. Y como donna Olimpia era tan latina y tan
+abastada de erudici&oacute;n cl&aacute;sica, empez&oacute; diciendo como el Eneas de
+Virgilio:</p>
+
+<p>
+<span style="margin-left: 5em;"><i>&iexcl;In fandum, Morsamor, jubes renovare dolorem!</i></span><br />
+</p>
+
+<p>Tra&iacute;a ella consignados en precioso manuscrito todos los peregrinos
+sucesos de que hab&iacute;a sido testigo, agente o paciente. Con ellos,
+imitando a C&eacute;sar, se propon&iacute;a dar al p&uacute;blico sus comentarios. Es
+indudable que si los hubiese publicado y si no se hubiesen perdido,
+ser&iacute;an casi tan interesantes como los del Dictador romano. Si nosotros
+los posey&eacute;semos o pudi&eacute;semos reconstruirlos, compondr&iacute;amos con ellos una
+historia no menos extensa que la presente, pero aqu&iacute; deben entrar como
+episodio, y el episodio no debe extenderse m&aacute;s que el principal asunto.
+Para no faltar a esta regla de los preceptistas y cumplir con el <i>semper
+ad aventum festina</i> de Horacio, nos abstendremos de referir las cosas
+con la pausa con que las refiri&oacute; donna Olimpia, y las referiremos tan en
+resumen, que m&aacute;s parezcan el plan o el &iacute;ndice de la historia que la
+historia misma.</p>
+
+<p>Con la presencia en Melinda de nuestras dos damas, la corte estaba
+brillant&iacute;sima: las fiestas y diversiones se suced&iacute;an sin tregua:
+cacer&iacute;as, banquetes, cabalgatas, simulacros de batallas, o algo a modo
+de b&aacute;rbaros torneos, todo se suced&iacute;a con grande lujo y no menores
+gastos. El pueblo, negro y taca&ntilde;o, se hart&oacute; de tanta magnificencia y
+hall&oacute; que le costaba muy cara. Donna Olimpia tuvo indicios de que se
+conspiraba contra ella y contra el rey. Para aquel generoso pr&iacute;ncipe
+temi&oacute; un mal percance y para ella fin no menos tr&aacute;gico que el de la
+famosa Raquel, jud&iacute;a de Toledo, o que el de do&ntilde;a In&eacute;s de Castro, tan
+celebrada m&aacute;s tarde por los poetas &eacute;picos y dram&aacute;ticos portugueses.</p>
+
+<p>Donna Olimpia sab&iacute;a eclipsarse y evadirse a tiempo. En esta ocasi&oacute;n no
+le falt&oacute; su habilidad. Con raro disimulo gan&oacute; el coraz&oacute;n y hechiz&oacute; al
+capit&aacute;n de una nave lusitana que toc&oacute; en Melinda de paso para Massau&aacute; a
+donde iba a reunirse con la flota, que hab&iacute;a llevado a don Rodrigo de
+Lima y que deb&iacute;a volver a la India con dicho se&ntilde;or y con toda su pomposa
+Embajada, despu&eacute;s que hubiesen visitado al Preste Juan, o sea al monarca
+de Abisinia o por otro nombre de la alta Etiop&iacute;a.</p>
+
+<p>No tenemos espacio para describir aqu&iacute; aquel pa&iacute;s desconocido hasta
+entonces de los europeos ni para relatar los peligros y trabajos que
+pasaron y los triunfos que obtuvieron nuestras dos atrevidas viajeras.</p>
+
+<p>La Etiop&iacute;a alta era y es a modo de inmensa fortaleza natural, de nava
+dilatad&iacute;sima, que se levanta, sostenida por abruptos cerros, muy sobre
+el nivel de las otras circunstantes tierras africanas. All&iacute;
+encastillado, resistiendo a la creciente inundaci&oacute;n del Islamismo,
+viv&iacute;a, desde muy antiguo, un pueblo cristiano, y hab&iacute;a un reino un tanto
+deca&iacute;do ya, pero en otro tiempo muy poderoso que se extend&iacute;a por Arabia
+y por otras regiones.</p>
+
+<p>Hac&iacute;a ya m&aacute;s de treinta a&ntilde;os que Pedro de Covill&aacute;n hab&iacute;a sido enviado a
+aquel reino por el pr&iacute;ncipe perfecto don Juan II. Aquel var&oacute;n simp&aacute;tico
+y astuto se hab&iacute;a ganado la voluntad de los et&iacute;opes y singularmente la
+de la sapient&iacute;sima reina Elena, quien le tuvo por consejero y muy por su
+privado. Pedro de Covill&aacute;n se hab&iacute;a hecho abisinio, Grande del reino y
+Gobernador o m&aacute;s bien pr&iacute;ncipe feudatario de f&eacute;rtiles y dilatadas
+comarcas. &Eacute;l influy&oacute; para que viniese a Lisboa y viviese en la corte de
+don Manuel el ilustre se&ntilde;or Mateo, Embajador del rey David y de la reina
+Elena.</p>
+
+<p>En respuesta a dicha Embajada, hab&iacute;a ido a visitar al Preste Juan el ya
+mencionado don Rodrigo de Lima con gran pompa y s&eacute;quito. En el s&eacute;quito
+descollaba el Reverendo Padre Fray Francisco &Aacute;lvarez, elocuente y
+ver&iacute;dico historiador de la Embajada misma, a cuya narraci&oacute;n nos
+remitimos, y alma adem&aacute;s de las negociaciones diplom&aacute;ticas, porque el
+tal don Rodrigo era <i>muito parvo</i>, si hemos de dar cr&eacute;dito a las
+hablillas y murmuraciones de sus subordinados. Todo esto, no obstante,
+importa tan poco a nuestra historia, que debi&eacute;ramos pasarlo en silencio.
+B&aacute;stenos decir que donna Olimpia se ingeni&oacute; de tal suerte y se dio tan
+buena ma&ntilde;a, que se hizo amiga de Pedro de Covill&aacute;n, de don Rodrigo, y de
+todo el personal de la Embajada. Por este medio fue presentada en la
+corte que iba siempre vagando de un lugar a otro y habitaba bajo
+hermosas tiendas en campamento vast&iacute;simo capaz de contener y que
+conten&iacute;a m&aacute;s de veinte mil personas, desde el Abuna o Patriarca, la
+clerec&iacute;a, las princesas de la sangre y los altos dignatarios, hasta los
+soldados y sirvientes.</p>
+
+<p>En fin, y para no cansar a los lectores, consignaremos sin m&aacute;s pre&aacute;mbulo
+que el Preste Juan o soberano de aquella tierra que se llamaba entonces
+David, se enamor&oacute; perdidamente de donna Olimpia, y acab&oacute; por casarse con
+ella.</p>
+
+<p>David era ya casado, pero esto no era &oacute;bice, porque all&iacute; el rey pod&iacute;a y
+sol&iacute;a tener dos mujeres leg&iacute;timas: una se llamaba <i>cuan-baaltihat</i> o
+reina de la mano derecha, y la otra, <i>ger&acirc;&mdash;baaltihat</i> o reina de la
+mano zurda. Esta &uacute;ltima dignidad fue la que obtuvo donna Olimpia, mas no
+por eso fue menos considerada, y seg&uacute;n la etiqueta de la corte, severa y
+minuciosa por todo extremo, donna Olimpia fue tratada, respetada y
+atendida como esposa del <i>Negus Nagat</i>, o Rey de reyes y Soberano Se&ntilde;or
+de Aksum, de Homer, de Raydan, de Habaset, de Sab&aacute;, de Silhi, de Tiyam,
+de Kas, de Bega y de otros Estados, de la mayor parte de los cuales, ya
+<i>in partibus infidelium</i>, s&oacute;lo quedaba el t&iacute;tulo.</p>
+
+<p>Algo influy&oacute; donna Olimpia en la renaciente cultura de los abisinios, y
+de ello con raz&oacute;n se jactaba. Censur&oacute; y conden&oacute; las muy frecuentes
+borracheras de onfacomeli, bebida de que se abusaba mucho en Abisinia, y
+de cuya composici&oacute;n, tal como la explica el diccionario de la Real
+Academia Espa&ntilde;ola, tantos donaires y chistes acert&oacute; a decir nuestro
+amigo don Manuel Silvela. Con m&aacute;s eficaz energ&iacute;a se opuso a&uacute;n a que los
+s&uacute;bditos de su esposo comiesen carne cruda, y sobre todo, a que los
+refinados y sibar&iacute;ticos la comiesen invirtiendo los tr&aacute;mites, o sea (no
+lo creer&iacute;amos si no nos lo contasen autores de grave autoridad y
+respeto), cortando la carne del buey vivo para que, sazonada con sal y
+pimienta, entrase en la boca conservando a&uacute;n el calor vital inimitable y
+delicioso.</p>
+
+<p>Nuestra hero&iacute;na logr&oacute; modificar tambi&eacute;n el desorden abominable con que
+sol&iacute;an terminar los banquetes, cuando se abusaba del onfacomeli y del
+buey vivo. El desenfreno era tal, que el pudor de donna Olimpia hubo de
+sublevarse, transmitiendo tan honrada sublevaci&oacute;n a su esposo. Como en
+aquel pa&iacute;s hay much&iacute;simas hienas, que tan cobardes como carniceras
+devoran las bestias de carga y tienen miedo del hombre, aunque rodean e
+invaden a veces el campamento regio, cada personaje de la corte y el
+mismo rey van siempre armados de un l&aacute;tigo para osear y castigar las
+hienas con que tropiezan a su paso. De este l&aacute;tigo se vali&oacute;, pues, el
+rey David, incitado por donna Olimpia, para infundir recato y compostura
+a sus cortesanos y hasta a las princesas de la real familia en una de
+aquellas org&iacute;as endemoniadas.</p>
+
+<p>Un poco atenu&oacute; tambi&eacute;n donna Olimpia lo sobrado servil de algunas
+etiquetas o ceremonias de aquel ambulante palacio, impidiendo que en lo
+sucesivo se pusiesen todos de rodillas, besasen la tierra y
+prorrumpiesen en jaculatorias o breves y fervorosas oraciones, no s&oacute;lo
+cuando aparec&iacute;a el <i>Negus</i>, sino cuando cualquier rumor, como suspiro,
+tos o estornudo, indicaba su cercan&iacute;a.</p>
+
+<p>Con tales mejoras, con tan buenos consejos y con el ameno trato de donna
+Olimpia, el rey estaba cada d&iacute;a m&aacute;s prendado de ella. El nacimiento de
+un Principito puso el colmo a la ventura de amantes esposos. Pero el rey
+enferm&oacute; y crey&oacute; a pies juntillas que era llegada su &uacute;ltima hora.</p>
+
+<p>No hab&iacute;a que vacilar ni que retardarse. Muerto el rey, le suceder&iacute;a al
+punto su primog&eacute;nito, hijo de la reina de la mano derecha, pr&iacute;ncipe muy
+apegado a los antiguos usos y muy receloso adem&aacute;s. De seguro que no bien
+empu&ntilde;ase el cetro, encerrar&iacute;a a donna Olimpia y a su v&aacute;stago en cierto
+castillo, levantado a este prop&oacute;sito encima de muy alta y escarpada
+roca, a donde s&oacute;lo pod&iacute;a subirse por estrecha escalera abierta en los
+duros pe&ntilde;ascos y muy bien defendida y custodiada. En aquel retiro, a fin
+de evitar contiendas civiles, eran encerrados cuantos pod&iacute;an tener alg&uacute;n
+derecho a la sucesi&oacute;n de la corona, arranc&aacute;ndoles a menudo los ojos con
+sabia cautela.</p>
+
+<p>Era menester evitar tan ruda cat&aacute;strofe. El <i>Negus</i> ten&iacute;a que enviar un
+Embajador al baj&aacute; que, derribado ya el poder an&aacute;rquico de los mamelucos,
+gobernaba en el Cairo. El Abuna, al mismo tiempo, ten&iacute;a que enviar un
+mensajero y parte del diezmo al Patriarca de Alejandr&iacute;a, de quien era
+sufrag&aacute;neo. Se aprovech&oacute;, pues, aquella excelente ocasi&oacute;n, y con la
+lucida y bien custodiada caravana, se larg&oacute; de Abisinia donna Olimpia,
+en compa&ntilde;&iacute;a del Principito, de Teletusa y de sus dos fieles escuderos
+que nunca la abandonaron.</p>
+
+<p>En su tr&aacute;nsito por Egipto, vio y admir&oacute; donna Olimpia la esfinge, las
+pir&aacute;mides y multitud de otros monumentos del tiempo de los Faraones.</p>
+
+<p>Llegada sana y salva a Alejandr&iacute;a, se embarc&oacute; con su gente en un barco
+mercante de Venecia, que navegaba con diploma o patente del gran turco
+Solim&aacute;n, a quien para obtener tales diplomas pagaba un considerable
+tributo anual la Se&ntilde;or&iacute;a.</p>
+
+<p>A la vista ya de la costa occidental de Italia ocurri&oacute; la enorme
+desventura de que el barco veneciano fuese apresado por el corsario o
+m&aacute;s bien por el feroz y desalmado pirata cuya merecida y tr&aacute;gica muerte
+hemos ya narrado. El diploma del gran Sult&aacute;n de los osmanl&iacute;es, aunque
+fue exhibido, estaba escrito en v&iacute;tela con letras de p&uacute;rpura y oro y era
+una maravilla caligr&aacute;fica, no sirvi&oacute; absolutamente de nada. El p&iacute;caro
+corsario supuso que era falso a fin de no darle cumplimiento y se llev&oacute;
+a remolque el barco veneciano, transbordando a su galera y hasta a su
+camarote a donna Olimpia y a Teletusa.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XLII" id="XLII"></a>-XLII-</h2>
+
+
+<p>Terrible situaci&oacute;n era esta para una reina, aunque fuese de Abisinia y
+de la mano zurda.</p>
+
+<p>Seg&uacute;n los anales eti&oacute;picos, all&aacute; en tiempo del Rey Salom&oacute;n, hubo en
+Etiop&iacute;a una se&ntilde;ora llamada Makeda que no fue otra sino la misma reina de
+Sab&aacute;, la cual visit&oacute; al monarca de Israel, examin&oacute; y tom&oacute; el pulso a su
+sabidur&iacute;a poni&eacute;ndole mil acertijos y enigmas, y le enamor&oacute; adem&aacute;s, hasta
+el punto de volver ella a su pa&iacute;s muy ilustrada y en estado interesante.
+El augusto ni&ntilde;o que naci&oacute; de resultas, se llam&oacute; Menilek o Menelik y fue
+antiqu&iacute;simo y reverend&iacute;simo tronco de la dinast&iacute;a a la saz&oacute;n reinante,
+en cuya comparaci&oacute;n eran frescas, plebeyas de ayer y de ma&ntilde;ana todas las
+dinast&iacute;as de Europa.</p>
+
+<p>Ansiosa estaba donna Olimpia de rivalizar con la se&ntilde;ora Makeda y aun de
+obscurecer la gloria de otra reina de Etiop&iacute;a llamada Candace que se
+hizo cristiana y difundi&oacute; la verdadera religi&oacute;n entre sus s&uacute;bditos,
+inducida a ello por su virtuoso valido, aquel eunuco a quien convirti&oacute;
+el di&aacute;cono Felipe, explic&aacute;ndole un texto obscuro de Isa&iacute;as.</p>
+
+<p>Donna Olimpia proyectaba criar y educar a su Principito con el mayor
+esmero por monjes benedictinos, ya que todav&iacute;a ni San Ignacio de Loyola,
+ni San Jos&eacute; de Calasanz hab&iacute;an fundado escuelas; y luego que estuviese
+bien educado y crecido, enviarle a conquistar la Abisinia y a sacarla de
+la barbarie en que hab&iacute;a ca&iacute;do.</p>
+
+<p>El corsario argelino hab&iacute;a venido en mal hora a contrariar tan altos
+proyectos.</p>
+
+<p>Durante dos o tres d&iacute;as, sin embargo, renaci&oacute; la esperanza de donna
+Olimpia.</p>
+
+<p>El Mediterr&aacute;neo se hallaba a la saz&oacute;n surcado de continuo por muchas
+galeras de los Caballeros de San Juan de Jerusalem, los cuales vagaban
+sin hogar de un punto a otro. Acababan de perder la isla de Rodas que
+era su dominio. Solim&aacute;n, poderoso monarca de los osmanl&iacute;es, hab&iacute;a
+dirigido todas sus fuerzas contra aquella isla, la cual, despu&eacute;s de
+largo asedio y de una defensa pasmosamente heroica en que perecieron m&aacute;s
+de cien mil turcos, tuvo necesidad de rendirse. Honrosa fue la
+capitulaci&oacute;n que firm&oacute; el Gran Maestre Felipe de Villiers de Lisle Adan,
+quien sali&oacute; con armas y banderas desplegadas y con cinco mil personas
+que le siguieron. La noble emulaci&oacute;n entre los Caballeros de las ocho
+lenguas, su esp&iacute;ritu militar y su ardiente fe religiosa, dieron aspecto
+de triunfo a aquella p&eacute;rdida, hermose&aacute;ndola con palmas y laureles.</p>
+
+<p>Los expulsados Caballeros de Rodas vagaban por el Mediterr&aacute;neo en sus
+galeras, ansiosos de tomar en los corsarios alg&uacute;n desquite.</p>
+
+<p>Dos galeras de los Caballeros de Rodas avistaron la galera del corsario
+y la persiguieron con ah&iacute;nco; pero la galera del corsario era liger&iacute;sima
+y despiadados sus c&oacute;mitres. El rebenque, cayendo sobre las espaldas de
+los forzados, acrecent&oacute; su fuerza locomotora, y el corsario logr&oacute;
+escapar de la persecuci&oacute;n, aunque sin arribar a Argel, sino llegando en
+su fuga hasta cerca de las costas de M&aacute;laga. Desde este puerto,
+divisaron el bajel corsario barcos de guerra de Castilla que salieron a
+darle caza. Acosado el corsario por todas partes, pas&oacute; el Estrecho de
+Gibraltar para ponerse en cobro.</p>
+
+<p>En aquellos d&iacute;as de angustia, el corsario, como era natural, estaba muy
+rabioso y se sent&iacute;a capaz de toda suerte de atrocidades.
+Infortunadamente, el Principito estaba muy empalagoso con los dolores y
+molestias de la dentici&oacute;n. De noche, sobre todo, tomaba estruendosas
+perras, berreaba mucho y no dejaba que ni donna Olimpia, ni Teletusa, ni
+el corsario, pegasen los ojos. El corsario, durante tres noches, lo
+aguant&oacute; todo por galanter&iacute;a; pero en la noche cuarta, se puso tan
+nervioso y tan fren&eacute;tico que apenas nos atrevemos a decir lo que hizo,
+tanto es el horror que nos causa. Imitando, o mejor diremos,
+prefigurando al h&eacute;roe de una novela de Gabriel d'Anunnzio, aunque sin
+premeditaci&oacute;n ni alevos&iacute;a, sin sutilezas psicol&oacute;gicas y sin celos
+retrospectivos, sino en el arrebato y en la excitaci&oacute;n del insomnio,
+agarr&oacute; al Principito y lo arroj&oacute; al mar por la ventana del camarote.</p>
+
+<p>Desgarradores fueron los gritos que en aquella ocasi&oacute;n lanz&oacute; donna
+Olimpia, al considerar que se ahogaban sus m&aacute;s bellas esperanzas. Donna
+Olimpia tuvo, sin embargo, que callarse, porque el corsario, brutal e
+iracundo, la amenaz&oacute; con arrojarla tambi&eacute;n al mar si no se callaba.</p>
+
+<p>De lo que ocurri&oacute; al d&iacute;a siguiente ya hemos dado cuenta. Ya sabemos c&oacute;mo
+el corsario pag&oacute; de una vez todos sus delitos.</p>
+
+<p>Cuando Morsamor supo los lastimeros ocasos que acabamos de referir, se
+compadeci&oacute; de donna Olimpia y procur&oacute; consolarla; pero el cuidado de su
+nave le preocupaba m&aacute;s todav&iacute;a. Y como iba ya acerc&aacute;ndose a la costa,
+Fr&eacute;itas hab&iacute;a muerto y no era muy de fiar el contramaestre, Morsamor
+velaba y s&oacute;lo por breve rato entraba a reposar en la c&aacute;mara.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XLIII" id="XLIII"></a>-XLIII-</h2>
+
+
+<p>Antes de amanecer, se levant&oacute; Morsamor y fue sobre cubierta.</p>
+
+<p>Fresco vientecillo de Poniente empujaba la nave hacia la costa. Era de
+esperar que, al rayar el alba llegase la nave a la desembocadura del
+Tajo y penetrando y subiendo por el r&iacute;o, se presentase frente a Lisboa.</p>
+
+<p>En pos de la nave de Morsamor iba el barco del vencido corsario
+argelino, brillante trofeo de la reci&eacute;n alcanzada victoria.</p>
+
+<p>Tiburcio de Simahonda hab&iacute;a tomado en &eacute;l el mando. La bandera de
+Castilla, izada en el mastelero de gavia, continuaba all&iacute; en se&ntilde;al de
+posesi&oacute;n, a pesar de la noche. De las entenas pend&iacute;an, cual horrible
+adorno y para ejemplar escarmiento, los cad&aacute;veres del capit&aacute;n argelino y
+de ocho sat&eacute;lites suyos, cada uno de ellos colgando por el pescuezo con
+un lazo escurridizo.</p>
+
+<p>Dens&iacute;sima niebla lo envolv&iacute;a todo. En la vaga penumbra del crep&uacute;sculo
+s&oacute;lo se percib&iacute;a la forma indecisa del bajel apresado, como negro bulto
+que se destacaba sobre un fondo de color de ceniza.</p>
+
+<p>Ni los cercanos montes de la costa, ni las p&aacute;lidas y moribundas
+estrellas, ni mar ni cielo se percib&iacute;an con claridad. Si algo se
+vislumbraba era como a trav&eacute;s de muy tupido velo.</p>
+
+<p>Morsamor triunfante se engre&iacute;a y deleitaba en la contemplaci&oacute;n de su
+gloria, s&oacute;lo compartida acaso por Fernando de Magallanes. &iquest;Habr&iacute;a este
+logrado o ir&iacute;a pronto a lograr su prop&oacute;sito despu&eacute;s de pasar el Estrecho
+donde encontr&oacute; Morsamor el rastro y las muestras de su cruel energ&iacute;a?
+Morsamor se lo preguntaba y no acertaba a responderse. Pero fuera cual
+fuera la respuesta que diese al cabo el destino, la gloria de Morsamor,
+aunque compartida, no menguaba. &Eacute;l hab&iacute;a circunnavegado el planeta,
+obtenido experimental conocimiento de su magnitud y de su forma, y
+cerrado el ciclo de los grandes descubrimientos y navegaciones.</p>
+
+<p>Soberbio, engre&iacute;do estaba Morsamor por todo ello. Y sin embargo, en vez
+de ensancharse su coraz&oacute;n y de regocijarse, se sent&iacute;a abrumado en
+aquellos momentos por amarga tristeza. Un enjambre de pensamientos
+desconsoladores acud&iacute;an a su esp&iacute;ritu y le atormentaban y picaban con
+ponzo&ntilde;oso est&iacute;mulo. Y en aquel est&iacute;mulo ponzo&ntilde;oso hab&iacute;a, como en el
+estro de los poetas, la eficacia de revestir de im&aacute;genes lo pensado,
+prest&aacute;ndoles movimiento y vida y poblando y animando con ellas el
+ambiente de nieblas que a Morsamor circundaba.</p>
+
+<p>No, no era arco triunfal el que acababa de erigir y por donde
+gloriosamente se entraba en la edad moderna. Era m&aacute;s bien puerta con que
+&eacute;l cerraba y terminaba un inmenso periodo hist&oacute;rico, una larga serie de
+m&aacute;s de treinta siglos, durante los cuales los pueblos que habitan en
+torno del Mar Mediterr&aacute;neo hab&iacute;an sido gu&iacute;as, iniciadores, maestros y
+hierofantes del humano linaje. Egipto, Fenicia, Grecia, Italia y Espa&ntilde;a,
+hab&iacute;an tenido sucesivamente el primado, el cetro y la virtud
+civilizadora.</p>
+
+<p>El mismo orgullo de Morsamor, el superior valer que atribu&iacute;a a sus
+hechos se revolv&iacute;a en da&ntilde;o suyo y serv&iacute;a para deprimirle. Acabada por &eacute;l
+la obra que incumb&iacute;a a los pueblos meridionales de nuestro continente,
+la fuerza, el imperio y la inteligencia dominadora iban a pasar a otras
+manos.</p>
+
+<p>Al reconocer Morsamor tal como es la tierra en que vivimos, hab&iacute;a
+disipado el encanto que nos hizo se&ntilde;ores de ella. La abandonaba su fe y
+con su fe la abandonaban los genios, los dioses y los poderes e
+inteligencias sobrenaturales que sucesivamente su fe hab&iacute;a creado.
+Esquilmado y seco el suelo, no se prestaba ya, aun herido de nuevo por
+el corcel con alas, a que brotase de &eacute;l otra Hipocrene. Circe y Calipso
+hu&iacute;an buscando refugio y sin hallar en los mares espacio misterioso y
+esquivo y afortunadas islas donde erigir espl&eacute;ndidos palacios, socavar
+frescas grutas y plantar deleitosos jardines para recibir, agasajar y
+embriagar de amor a los h&eacute;roes. Venus no surg&iacute;a ya del seno de las ondas
+salobres, ni las Nereidas, abandonando sus alc&aacute;zares submarinos, ven&iacute;an
+a consolar a Aquiles por la muerte del amigo, ni aparec&iacute;an en limpia y
+hermosa desnudez ante los ojos mortales de Jas&oacute;n y de sus compa&ntilde;eros que
+iban a conquistar el Vellocino. Los or&aacute;culos callaban; cesaban los
+milagros. Parados y ocultos los c&iacute;clopes, ni en Letnos ni en las
+cavernas del Etna forjaban armaduras lucientes. Apolo y las musas
+sent&iacute;an el prurito de abandonar a Delos, el Parnaso y el Pindo, de
+salvar las Monta&ntilde;as Rifeas y de instalarse en las regiones hiperb&oacute;reas,
+mientras no las visitaba alg&uacute;n viajero curioso y les quitaba todo su
+hechizo. En suma, era tan temeroso y destructor el desencanto que Miguel
+de Zuheros imaginaba haber producido, que hasta los santos y los &aacute;ngeles
+se iban volando y abandonaban nuestra tierra desenga&ntilde;ada. Pero las
+cristalinas esferas se hab&iacute;an desbaratado y roto, no giraban ya en
+arrebatada consonancia y nadie pod&iacute;a o&iacute;r su musical armon&iacute;a en los
+arrobamientos del &eacute;xtasis. Soledad y f&uacute;nebre silencio reinaban en la
+fr&iacute;a y desierta amplitud del &eacute;ter sin l&iacute;mites. Muy lejos, muy lejos de
+los hombres ten&iacute;an que subir los coros celestiales para acercarse al
+primer m&oacute;vil y descubrir el Emp&iacute;reo.</p>
+
+<p>As&iacute; se atormentaba Morsamor con cavilaciones nacidas de vanidad
+atrabiliaria en que muchos despu&eacute;s de &eacute;l han ca&iacute;do y caen. Han cre&iacute;do
+que llevaban en una mano la f&eacute;rula del progreso y la antorcha de la
+raz&oacute;n en la otra, y que iban arrollando con ellas cuantas creencias y
+poes&iacute;a se les paraban delante, despejando el mundo de visiones y de
+fantasmas para que s&oacute;lo quedase en &eacute;l la realidad monda y escueta.</p>
+
+<p>Y sin aquietarse Morsamor y pasando adelante en su cavilar lastimoso,
+supuso, por &uacute;ltimo, que la ciencia emp&iacute;rica, hija del exterior sentido,
+iba a arrebatarnos el imperio y a d&aacute;rsele a los pueblos del Norte,
+patentizando el jactancioso embuste de las profec&iacute;as del Padre Ambrosio.
+Morsamor dio entonces forma y vida a este nuevo pensamiento, y vio en
+torno suyo, discurrir entre la niebla diminutas y vaporosas
+semideidades, geniecillos sutiles que apenas eran algo y casi se
+convert&iacute;an en flores ret&oacute;ricas: gnomos deformes y enanos, que trabajaban
+sin cesar en el centro obscuro de la tierra y sacaban de all&iacute; para sus
+naciones favoritas piedras y metales preciosos, raros documentos de los
+archivos subterr&aacute;neos, y primitivas selvas, alimento del fuego, motor y
+art&iacute;fice infatigable. En pos ven&iacute;an los silfos y las ondinas. Y luego
+las aladas salamandras extra&iacute;an del escondido seno de las cosas una
+incomprensible virtud, de mayor ligereza que la luz y el fuego, r&aacute;pida y
+potente como el rayo, y se la prestaban a los hombres para que
+iluminasen y moviesen con ella los seres inertes y obscuros y
+transmitiesen con instant&aacute;nea y casi ubicua rapidez el pensar y el
+sentir, la palabra y el sonido.</p>
+
+<p>Sali&oacute; al fin Morsamor de aquel pi&eacute;lago de tristes meditaciones en que se
+hab&iacute;a engolfado.</p>
+
+<p>El sol, que se alzaba sobre los montes, desgarr&oacute; los velos de niebla que
+los envolv&iacute;an. Morsamor vio entonces el promontorio que estaba cerca y
+hacia donde dirig&iacute;a el rumbo su nave. En seguida reconoci&oacute; que eran los
+cerros de Cintra, cubiertos de feraz y lozana verdura. En la m&aacute;s alta
+cima de la Pe&ntilde;a, crey&oacute; distinguir con envidia al enamorado Bernard&iacute;n
+Riveiro, que todav&iacute;a oteaba la extensi&oacute;n del Atl&aacute;ntico y buscaba con
+l&aacute;grimas la estela de la nave que le arrebat&oacute; a do&ntilde;a Beatriz.</p>
+
+<p>Y vagando por la frondosidad umbr&iacute;a de aquellos valles, apareci&oacute; tambi&eacute;n
+a Miguel de Zuheros la virginal figura de do&ntilde;a Sol de Qui&ntilde;ones, que no
+le censuraba, sino que le compadec&iacute;a de que volviese a verla, olvidado
+de su po&eacute;tico enamoramiento y acompa&ntilde;ado y consolado por donna Olimpia.
+La &Iacute;nsula Firme se hab&iacute;a sumergido tambi&eacute;n en el Atl&aacute;ntico como otras
+mil f&aacute;bulas venerandas. En ning&uacute;n mapa habr&iacute;a ya sitio en que ponerla.
+Ni era menester porque el m&aacute;gico Apolid&oacute;n hab&iacute;a derribado el Arco de los
+leales amadores, enojado de que ya nadie pasara por &eacute;l, como pas&oacute; Amad&iacute;s
+fiel a Oriana.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XLIV" id="XLIV"></a>-XLIV-</h2>
+
+
+<p>Poco satisfecho estaba Morsamor de s&iacute; mismo en aquellos instantes.
+Cuando iba a llegar al t&eacute;rmino de su peregrinaci&oacute;n, un f&uacute;nebre
+presentimiento contristaba su alma. La agitaba negra tempestad de
+pasiones.</p>
+
+<p>De s&uacute;bito se encapot&oacute; el cielo con densas nubes. Por breve rato hubo
+calma abrumadora como si algo pesado oprimiese el ambiente. Pero pronto
+se desencaden&oacute; la tempestad m&aacute;s furiosa. El viento del Norte sobrevino
+con &iacute;mpetu rabioso y sacudi&oacute; y levant&oacute; las aguas del mar en gigantescas
+olas. Chocaron las nubes con estruendo. Intensos rel&aacute;mpagos iluminaron
+siniestramente el aire. Los rayos le surcaban de continuo.</p>
+
+<p>El bajel apresado no tard&oacute; en apartarse de la nave de Morsamor. La
+borrasca le llev&oacute; lejos de su vista.</p>
+
+<p>Morsamor hizo esfuerzos inauditos para salvar su nave, harto trabajada
+ya por largu&iacute;sima navegaci&oacute;n y por el choque y combate con el bajel
+corsario.</p>
+
+<p>Los marineros todos le ayudaron con celo y con br&iacute;o en la ruda faena,
+mientras que conservaban esperanzas; pero la nave, impulsada por los
+vientos y por las olas, ya parec&iacute;a elevarse a las nubes, ya hundirse
+entre dos enormes monta&ntilde;as de agua, y no obedec&iacute;a al tim&oacute;n, y se ladeaba
+a veces como si fuera a volcarse, y el agua sub&iacute;a por cima de la
+cubierta, la barr&iacute;a con furia y penetraba hasta el fondo.</p>
+
+<p>Muchos tripulantes, en el delirio ya de la desesperaci&oacute;n, blasfemaban o
+rezaban y no acud&iacute;an a la maniobra.</p>
+
+<p>Casi abandonada la nave de direcci&oacute;n y de auxilios humanos, corri&oacute; a&uacute;n
+no poco tiempo con velocidad vertiginosa, a merced del hurac&aacute;n que la
+impel&iacute;a sobre la l&iacute;quida faz del Oc&eacute;ano, que ya la levantaba en sus
+oleadas, ya la precipitaba en la medrosa hondura que entre dos montes de
+agua a cada momento se abr&iacute;a.</p>
+
+<p>La nave de Morsamor no pudo resistir m&aacute;s. Acaso bast&oacute; a destrozarla el
+furor de los vientos y de las olas. Acaso fue a romperse, chocando
+contra oculto baj&iacute;o. Ello es que la nave, desbaratada la trabaz&oacute;n de sus
+tablas se deshizo en pedazos.</p>
+
+<p>Cada uno de los que la tripulaban luch&oacute; por la vida y procur&oacute; salvarse
+como pudo.</p>
+
+<p>En aquel momento de angustia, Morsamor cay&oacute; en el agua y pens&oacute; salvarse
+nadando, pero pronto sinti&oacute; un peso que le oprim&iacute;a, que le estorbaba
+nadar y que fatalmente iba a ahogarle. Despavorida donna Olimpia, p&aacute;lida
+por el miedo de la muerte, fren&eacute;tica de terror y de funesto cari&ntilde;o, se
+hab&iacute;a agarrado a Miguel de Zuheros, ci&ntilde;&eacute;ndole y estrech&aacute;ndole entre sus
+brazos.</p>
+
+<p>O la falta de br&iacute;o o la sobra de piedad impidi&oacute; a Morsamor apartar de s&iacute;
+aquel obst&aacute;culo que se opon&iacute;a a su salvaci&oacute;n; aquella mujer por quien
+iba a perderse sin que ella se salvara.</p>
+
+<p>Morsamor, en vez de rechazarla, en aquellos instantes, acaso los &uacute;ltimos
+de su vida, la cogi&oacute; con ternura. Y movida ella por gratitud y por
+amorosa vehemencia, uni&oacute; su boca a la de Morsamor y la regal&oacute; con hondo
+y prolongad&iacute;simo beso.</p>
+
+<p>Extra&ntilde;as fueron las impresiones de Morsamor. Se figur&oacute; que donna Olimpia
+absorb&iacute;a con sus labios toda la mocedad y toda la vida nueva que las
+pociones m&aacute;gicas del Padre Ambrosio le hab&iacute;an infundido. Volvi&oacute; la vejez
+a apoderarse de su cuerpo y empez&oacute; a sentirse casi decr&eacute;pito. El fr&iacute;o
+del agua atravesaba su carne, penetraba en sus huesos y le congelaba los
+tu&eacute;tanos y la sangre descolorida y pobre.</p>
+
+<p>Todav&iacute;a se sostuvo Morsamor en la superficie del agua a su parecer por
+extra&ntilde;o e imprevisto socorro.</p>
+
+<p>Tiburcio de Simahonda le ten&iacute;a asido por la cabeza, impidiendo que se
+hundiese; pero de sus hombres brotaron negras alas que velaron a
+Morsamor la horrenda claridad de aquel d&iacute;a.</p>
+
+<p>Por &uacute;ltimo, una sensaci&oacute;n grotesca, a par que espantosa, vino a colmar
+el delirio de aquella en su sentir postrera agon&iacute;a. Los dos tremendos
+rufianes, Asmodeo y Belceb&uacute;, le hab&iacute;an cogido cada uno por una pierna,
+tiraban de &eacute;l y le arrastraban al fondo de los mares.</p>
+
+<p>Entonces Morsamor perdi&oacute; el conocimiento y el sentido.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="Reconciliacion_suprema" id="Reconciliacion_suprema"></a>Reconciliaci&oacute;n suprema</h2>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="Ir" id="Ir"></a>-I-</h2>
+
+
+<p>Despu&eacute;s de las portentosas aventuras que acabamos de referir y del
+tr&aacute;gico fin que tuvieron, bien podemos asegurar que no muri&oacute; Morsamor.
+No nos consta de qu&eacute; suerte pudo salvarse. En nuestra historia hay aqu&iacute;
+una tenebrosa laguna. Saltemos por cima de ella y volvamos al convento
+en que el Padre Ambrosio segu&iacute;a viviendo y ejerciendo sus artes m&aacute;gicas.</p>
+
+<p>Por su virtud, aunque se ignore de qu&eacute; manera, nadie en el convento
+hab&iacute;a notado la ausencia de Fray Miguel y del hermano Tiburcio.</p>
+
+<p>Acaso el Padre Ambrosio hab&iacute;a evocado y atra&iacute;do a dos esp&iacute;ritus, que
+hab&iacute;an tomado la apariencia del fraile y del lego. Acaso, sin evocar
+esp&iacute;ritu alguno, aquel gran mago hab&iacute;a creado dos fantasmas que
+reemplazasen en el claustro a los dos ausentes. Ello es que nadie los
+ech&oacute; de menos. Por lo dem&aacute;s, seg&uacute;n imaginaban los otros frailes, Fray
+Miguel viv&iacute;a siempre retra&iacute;do, encerrado en su celda y casi de continuo
+postrado en cama.</p>
+
+<p>Lo que es ahora, bien podemos asegurar tambi&eacute;n nosotros que Morsamor o
+Fray Miguel, de vuelta ya de sus excursiones, yac&iacute;a en cama, en muy
+m&iacute;sero estado. Sin duda su segunda mocedad se hab&iacute;a consumido toda en el
+cumplimiento de las grandes empresas a que su voluntad y la ciencia del
+Padre Ambrosio la consagraron. Fray Miguel se hallaba casi ciego, m&aacute;s
+viejo, m&aacute;s acabado, m&aacute;s baldado por los dolores que antes de remozarse y
+de encontrarse apto para la fuga. Se dir&iacute;a que aquel impetuoso
+renacimiento de vitalidad, que aquella fuerza nueva que de la
+profundidad de su ser hab&iacute;a surgido, se hab&iacute;a derramado como torrente,
+se hab&iacute;a volcado como ingente catarata, y se hab&iacute;a gastado toda con
+rapidez en inauditas acciones, sin dejar resto alguno, sino llev&aacute;ndose y
+arrastrando en su curso parte de la vida que &eacute;l conservaba aun antes del
+cambio prodigioso.</p>
+
+<p>Pasaron algunos d&iacute;as en esta situaci&oacute;n. Fray Miguel estaba cada vez m&aacute;s
+enfermo y d&eacute;bil. Y sin embargo, lejos de ofuscarse o de anublarse, su
+inteligencia se sent&iacute;a ba&ntilde;ada en luz serena y clara y Fray Miguel cre&iacute;a
+o m&aacute;s bien estaba seguro de que iban disip&aacute;ndose las nieblas o
+rasg&aacute;ndose los velos que le encubr&iacute;an la verdad, y de que empezaba a ver
+las cosas todas sin alucinaci&oacute;n alguna que se las desfigurase y
+trastrocase. Era, no obstante, tan sigiloso y tan reservado que nadie,
+ni el mismo Padre Ambrosio, descubr&iacute;a los cambios que iban realiz&aacute;ndose
+en el fondo de aquel alma, aunque el Padre Ambrosio visitaba a menudo a
+Fray Miguel y era perspicaz zahor&iacute; de los pensamientos ajenos.</p>
+
+<p>Lleg&oacute; por fin un momento en que Fray Miguel se encontr&oacute; menos agobiado
+de sus males, con la mente despejada, con las piernas y los brazos m&aacute;s
+firmes para accionar y moverse y con la voz entera para poder expresar
+sin fatiga ni esfuerzo cuanto sent&iacute;a y pensaba.</p>
+
+<p>Desvelado, en las altas horas de la noche, se levant&oacute; de su mezquino
+lecho, se visti&oacute; precipitadamente el sayal, encendi&oacute; con eslab&oacute;n, yesca
+y pajuela, una lamparilla de hierro, sali&oacute; de su celda, atraves&oacute; los
+claustros desiertos y sombr&iacute;os, se dirigi&oacute; a la puerta de la celda del
+Padre Ambrosio, y llam&oacute; golpeando en ella.</p>
+
+<p>Hab&iacute;a cierto reposo en&eacute;rgico en el esp&iacute;ritu de Fray Miguel; mas, aunque
+parezca contradictorio, coexist&iacute;a con este reposo la impaciente
+decisi&oacute;n, que no daba espera, de hablar al Padre Ambrosio, de
+interrogarle sobre no pocas dudas y de pedirle cuenta y explicaciones
+que las resolviesen.</p>
+
+<p>El Padre Ambrosio se oy&oacute; llamar, reconoci&oacute; la voz de Fray Miguel, no
+pudo resistirse al imperio con que este exig&iacute;a que le oyese, se visti&oacute;
+el h&aacute;bito y le abri&oacute; la puerta refunfu&ntilde;ando.</p>
+
+<p>Entr&oacute; en la celda Fray Miguel, coloc&oacute; su lamparilla sobre la mesa, donde
+hab&iacute;a papeles y libros, y la misma calavera y el mismo crucifijo que la
+primera vez que all&iacute; hab&iacute;a entrado. Se sent&oacute; Fray Miguel en la silla en
+que tambi&eacute;n se hab&iacute;a sentado la primera vez, y diciendo, tengo que
+hablarte, excit&oacute; por se&ntilde;as al Padre Ambrosio a que tomase asiento.</p>
+
+<p>El di&aacute;logo que hubo entre ambos, y que Fray Miguel comenz&oacute;, requiere
+cap&iacute;tulo aparte.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="IIr" id="IIr"></a>-II-</h2>
+
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; delirio es el tuyo?&mdash;dijo el Padre Ambrosio&mdash;. Me pasma que hayas
+venido a verme. Si te he de hablar con franqueza, no cre&iacute;a yo posible
+que pudieses salir de tu celda, d&eacute;bil como est&aacute;s, baldado por los
+dolores y velados tus ojos de densa nube que desde hace alg&uacute;n tiempo
+apenas te deja ver distintamente las cosas, sino de un modo vago y
+confuso y como al trav&eacute;s de una neblina. &iquest;Qu&eacute; quieres de m&iacute;? &iquest;Por qu&eacute;
+has venido hasta aqu&iacute;, con paso vacilante e incierto, a tientas y sin
+duda apoy&aacute;ndote en las paredes? &iquest;Qu&eacute; es lo que de m&iacute; pretendes todav&iacute;a?</p>
+
+<p>Fray Miguel contest&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Pretendo que seas conmigo franco y leal, como yo lo he sido contigo.
+Yo abr&iacute; para ti los m&aacute;s escondidos senos de mi alma y te mostr&eacute; todos
+sus arcanos. Nada te ocult&eacute; ni de mis pensamientos ni de mis pasiones.
+Mi esp&iacute;ritu, lleno de confianza en ti se te rindi&oacute; por completo. Derecho
+tengo a que t&uacute; tambi&eacute;n seas franco y leal conmigo. Vengo a pedirte
+cuenta de tu conducta y de tus promesas. Dime toda la verdad. &iquest;Te has
+burlado de m&iacute;? &iquest;Me has hecho v&iacute;ctima de un enga&ntilde;o? &iquest;Es cierto cuanto me
+ha ocurrido o ha sido todo, como yo recelo, una endiablada
+fantasmagor&iacute;a? &iquest;Acaso las pociones m&aacute;gicas que me administraste,
+hundi&eacute;ndome en hondo letargo, han suscitado visiones en mi cerebro,
+grab&aacute;ndose en &eacute;l con el poderoso vigor y con la clara distinci&oacute;n de la
+realidad misma?</p>
+
+<p>Interrogado el Padre Ambrosio tan de improviso y de manera que hac&iacute;a
+imposible toda respuesta ambigua, permaneci&oacute; en silencio y como quien
+duda y cavila sobre lo que le incumbe contestar y sobre la forma en que
+la contestaci&oacute;n ha de ir expresada, para que implique la justificaci&oacute;n o
+la disculpa al menos. Despu&eacute;s de larga pausa, contest&oacute; al cabo el Padre
+Ambrosio:</p>
+
+<p>&mdash;Sean cuales sean los medios que he empleado, ora se consideren
+realidad, ora vano prestigio, no debes t&uacute; dudar de la bondad de mis
+intenciones. Yo he querido sanarte a toda costa del peor de los males.
+Recu&eacute;rdalo bien, de un orgullo sat&aacute;nico despechado que te hac&iacute;a
+aborrecible hasta la misma bienaventuranza del cielo. Contra enfermedad
+tan horrenda, no hay remedio, por duro que sea, que pueda censurarse.
+Supongamos por un momento que cuanto viste, y cuanto hiciste, desde que
+por virtud de las pociones m&aacute;gicas imaginaste despertar remozado, todo
+carece de ser real fuera de ti. Aun as&iacute;, aunque yo haya tenido fuerza
+para crear en tu mente un mundo imaginario y para d&aacute;rtele en espect&aacute;culo
+y para hacer de &eacute;l amplio y pasmoso teatro en que t&uacute; fueses el principal
+actor, bien puedes estar seguro de que he carecido de fuerza para
+sujetar a mi prop&oacute;sito tu juicio y para someter tu voluntad a la m&iacute;a. Yo
+podr&eacute; haberte ofrecido y presentado todas las ocasiones, todos los
+objetos, todos los premios a que pod&iacute;a aspirar tu codicia, en que pod&iacute;a
+hartarse tu sed de deleites y donde tu ambici&oacute;n y tu orgullo pod&iacute;an
+quedar satisfechos; mas para lo que yo no tuve fuerzas, ni aun
+teni&eacute;ndolas las hubiera empleado, fue para violentar tu libre albedr&iacute;o.
+Sue&ntilde;o o no, te considero responsable de todos los actos de tu extra&ntilde;a
+vida de descubridor y navegante. Si me cabe alguna duda es sobre el
+grado mayor o menor, sobre la intensidad de tus m&eacute;ritos y de tus culpas.
+Hay no pocos extremos hasta donde no llega mi ciencia, si bien presumo
+que no es tan sereno y firme el juicio en quien duerme como en quien
+vela, y que tu voluntad, sin ser violentada por m&iacute;, pudo ceder m&aacute;s
+f&aacute;cilmente que en la vigilia a los incentivos que en sue&ntilde;os se le
+presentaron. De todos modos, aunque tu gloria hubiese sido so&ntilde;ada, t&uacute;
+has sabido mostrarte capaz de esa gloria, y aunque hayan sido so&ntilde;ados
+tus delitos, tambi&eacute;n eres responsable de ellos, aunque no en tanto
+grado. En sue&ntilde;os tiene la voluntad menos br&iacute;o para resistir a la
+tentaci&oacute;n que la provoca. Si no resiste y cede, entonces es menor su
+delito; pero esa mayor flaqueza de la voluntad, que aten&uacute;a su falta si
+incurre en pecado, tal vez da superior valer a toda acci&oacute;n buena que en
+sue&ntilde;os se realiza, porque si la voluntad, poco briosa, basta a
+realizarla so&ntilde;ando, mayor ser&aacute; su virtud cuando al despertar recobre
+todo su poder y le emplee en darle cima. La diferencia entre el &eacute;xito
+dichoso, ya en la realidad ya en el sue&ntilde;o, es que en la realidad depende
+en gran parte de lo que llama el vulgo caprichos de la fortuna, o sea de
+lo que los juiciosos y piadosos califican de inescrutables designios de
+Dios, a fin de que se cumpla el plan maravilloso de la historia y de que
+camine la humanidad hacia su t&eacute;rmino con direcci&oacute;n invariable y segura.
+Todos nos agitamos y todos contribuimos a que se cumpla dicho plan,
+quedando, no obstante, nuestra libertad en salvo, merced al soberano
+concierto prescrito desde la eternidad por la Providencia.</p>
+
+<p>&mdash;Tu discurso&mdash;dijo Fray Miguel&mdash;se quiebra de puro sutil. En mi sentir
+son alambicados y obscuros tus conceptos. Presumo, pues, o que no
+entiendes o que entiendes lo contrario de lo que dices para mi consuelo,
+y para atenuar la crueldad de la burla que me hiciste. Es falsedad, es
+sofisma lo que sostienes. Si no debo condenarme porque mis cr&iacute;menes han
+sido so&ntilde;ados, tampoco debo glorificarme si tambi&eacute;n han sido so&ntilde;adas mis
+proezas. Convengo en que el mal &eacute;xito o el buen &eacute;xito final es obra de
+la fortuna o hablando cristianamente, de Dios mismo; pero la acci&oacute;n,
+independientemente del &eacute;xito, no vale sino en la vigilia para quien la
+ejecuta. En sue&ntilde;os, el avaro es generoso, y tal vez quien despierto no
+se desprende de un maraved&iacute;, para socorrer a un pordiosero, es capaz
+so&ntilde;ando de prodigar todas las riquezas de los Cresos y de los F&uacute;cares.
+El cobarde puede so&ntilde;ar que es valiente. Hasta por lo mismo que despierto
+le humilla y le atormenta su incurable cobard&iacute;a, en sue&ntilde;os se consuela
+creando y atribuy&eacute;ndose el denuedo de que carece. En suma, yo infiero,
+de lo que me dices, estas desconsoladoras y amargas verdades; que te has
+burlado de m&iacute;; que mi segunda juventud, mis haza&ntilde;as y mi gloria fueron
+so&ntilde;adas; que mis delitos tambi&eacute;n lo fueron; y que si&eacute;ndolo, quedan en
+duda las energ&iacute;as de mi ser y no merezco ahora, ni m&aacute;s ni menos que
+antes, alabanza o vituperio, galard&oacute;n o castigo.</p>
+
+<p>&mdash;Muy extremada manera es la de tu discurso y a mi ver es falsa, pero no
+quiero que discutamos, porque as&iacute; no lograr&iacute;amos convencernos. Baste
+para mi intento de convencerte de la aptitud y del poder que hay en ti,
+tanto para lo bueno como para lo malo, la ilimitada confianza que en m&iacute;
+pusiste y la constancia y el valor con que te sujetaste a mis conjuros,
+arrostraste pruebas tremendas y no retrocediste, lleno de terror, ante
+mis m&aacute;gicas operaciones. Quien fue capaz de todo esto es capaz tambi&eacute;n
+de todas las haza&ntilde;as y digno de las victorias y de los triunfos. S&oacute;lo de
+la fortuna, s&oacute;lo de las circunstancias exteriores, y no de la virtud del
+alma, depende que en realidad se logren o que s&oacute;lo se logren en sue&ntilde;os.
+Eres injusto al afirmar que me he burlado de ti. No; yo no me he
+burlado; yo quise confortarte, puse los medios para conseguirlo, y lo
+hubiera conseguido si no fueses t&uacute; tan descontentadizo y caviloso. Antes
+de que mi magia se emplease en ti, t&uacute; no hab&iacute;as sido h&eacute;roe y adem&aacute;s
+dudabas de que pudieses serlo. Ahora, aunque puedes dudar de que en
+realidad lo hayas sido, no puedes dudar del poder que para serlo hab&iacute;a
+en tu alma.</p>
+
+<p>A estas &uacute;ltimas palabras del Padre Ambrosio, no replic&oacute; Fray Miguel para
+contradecirlas ni mucho menos para manifestar que hab&iacute;a quedado
+convencido y satisfecho. Su &uacute;nica contestaci&oacute;n fue un sonido
+inarticulado que exhal&oacute; su pecho y que brot&oacute; de sus labios, de tan
+indefinible condici&oacute;n que pod&iacute;a dudarse de si era suspiro o refunfu&ntilde;o,
+bendici&oacute;n o maldici&oacute;n, muestra de gratitud o de queja.</p>
+
+<p>Hubo una larga pausa. Los ojos casi sin vista de Fray Miguel se fijaron
+intensamente en el Padre Ambrosio, como si fuese el alma sin el
+intermedio del material aparato quien por ellos mirase y viese. A pesar
+de su poder m&aacute;gico, y a pesar de su &aacute;nimo brioso, baj&oacute; los ojos el padre
+no pudiendo resistir la intensidad y el fuego de aquella mirada. El
+Padre, con todo, estaba sereno y tranquilo. No le remord&iacute;a la
+conciencia. Su conducta con Fray Miguel hab&iacute;a procedido de la intenci&oacute;n
+m&aacute;s sana.</p>
+
+<p>Sin duda Fray Miguel pens&oacute; lo mismo, despu&eacute;s de la larga pausa y de la
+mirada escrutadora.</p>
+
+<p>No quiso, sin embargo, hablar m&aacute;s. Se levant&oacute; de la silla, tom&oacute; su
+l&aacute;mpara, pronunci&oacute; un Dios te guarde, inclinando la cabeza, y se volvi&oacute;
+a su celda sin m&aacute;s explicaciones, preguntas ni discursos.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="IIIr" id="IIIr"></a>-III-</h2>
+
+
+<p>Pasaron a&uacute;n m&aacute;s de cinco semanas despu&eacute;s del coloquio nocturno de que
+acabamos de dar cuenta. El esfuerzo violento y el consumo de vitalidad,
+hechos por Fray Miguel, para ir hasta la celda del Padre Ambrosio y para
+hablar con &eacute;l lo que hab&iacute;a hablado, produjeron terrible reacci&oacute;n,
+hundiendo a Fray Miguel en el mayor abatimiento f&iacute;sico. Se dir&iacute;a que
+hasta para hablar, hasta para pronunciar algunas palabras, le faltaban
+ya br&iacute;os. Fray Miguel estaba postrado en cama y callado como muerto.</p>
+
+<p>S&oacute;lo acud&iacute;an a visitarle en su celda el Padre Ambrosio, cuya reputaci&oacute;n
+de excelente m&eacute;dico era grand&iacute;sima e indiscutible, y el hermano Tiburcio
+que, ayudante del Padre, cuidaba de Fray Miguel, y le suministraba
+alimentos y medicinas.</p>
+
+<p>En medio, no obstante, de aquella enfermiza inacci&oacute;n de su ser material
+y de aquel desmadejamiento y quebrante de su organismo, el pensamiento
+de Fray Miguel luc&iacute;a con m&aacute;s viveza dentro de su cerebro, y como si le
+hubieran nacido pujantes alas, se remontaba a luminosas esferas y ve&iacute;a o
+cre&iacute;a ver con mayor claridad y serenidad que nunca, lo pasado, lo
+presente y lo futuro, fijando la mirada de &aacute;guila en el radiante foco,
+donde lo real y lo ideal se compenetran, se confunden y son una cosa
+misma.</p>
+
+<p>En la mente de Fray Miguel se realiz&oacute; as&iacute; saludable mudanza. En virtud
+de ella, depuso todo enojo contra el Padre Ambrosio. Lo que tal vez
+consideraba antes como burla, le pareci&oacute; lecci&oacute;n provechosa, rica en
+beat&iacute;ficos resultados.</p>
+
+<p>Harto bien conoc&iacute;a Fray Miguel la postraci&oacute;n de su cuerpo y la
+proximidad de su muerte; pero, al mismo tiempo, conoc&iacute;a con reposado
+j&uacute;bilo que nunca hab&iacute;a estado su esp&iacute;ritu m&aacute;s sano, m&aacute;s perspicaz, ni
+m&aacute;s sereno que entonces.</p>
+
+<p>En tal disposici&oacute;n, quiso Fray Miguel comunicar a alguien que le
+comprendiese los pensamientos y las ideas que en aquellos momentos
+supremos hab&iacute;a en su alma. Y movido por este anhelo, con voz sumisa y
+d&eacute;bil, no en una vez sola, sino en varias veces, en diferentes visitas
+que el Padre Ambrosio le hizo, le fue manifestando en breves discursos
+su pensar y su sentir m&aacute;s &iacute;ntimos.</p>
+
+<p>Piadosamente recogi&oacute; el Padre Ambrosio y puso por escrito aquellas
+confidencias, que ahora trasladamos aqu&iacute; y que son como siguen:</p>
+
+<p>&mdash;Veo con claridad, Padre Ambrosio, que la hora de mi muerte se
+aproxima. La veo sin desearla y tambi&eacute;n sin temerla. Rara vez la duda ha
+entrado en mi esp&iacute;ritu, y menos a&uacute;n ha entrado en &eacute;l una negativa
+convicci&oacute;n. Pero, aunque yo estuviese convencido de que la muerte era
+completa, de que para m&iacute; no hab&iacute;a nada despu&eacute;s, ni pena, ni gloria de
+que yo tuviese conciencia, ni siquiera una inconsciente prolongaci&oacute;n de
+mi ser en el recuerdo de los dem&aacute;s hombres, la muerte no me aterrar&iacute;a ni
+me afligir&iacute;a. No es que yo est&eacute; resignado. Es algo de m&aacute;s noble y de
+menos pasivo. Es que, dando yo a&uacute;n inmenso precio a mi vida, la dar&iacute;a,
+la verter&iacute;a toda en el seno de la naturaleza, en una efusi&oacute;n de amor
+hacia ella y hacia el ser inmenso que lo ha creado todo y que todo lo
+llena. Pero no, yo no dudo de mi inmortalidad individual y consciente.
+Yo creo en ella y ahora, cuando mis ojos, d&eacute;biles y enfermos, apenas
+perciben la luz material, de la que huyen medrosos, luz clar&iacute;sima,
+procedente de foco increado, penetra e inunda mi mente, ilustr&aacute;ndola y
+ense&ntilde;&aacute;ndole la verdad. Yo fui, d&iacute;as ha, a tu celda con el intento de
+interrogarte y de disipar dudas sobre mi &uacute;ltima vida pasada. Ahora me
+arrepiento y nada te pregunto porque nada quiero saber. Me es igual, me
+es indiferente que hayan sido realidad mi razonamiento, mis
+peregrinaciones y mis ulteriores cr&iacute;menes y haza&ntilde;as, o que todo haya
+sido prestigios, embustes o creaciones fant&aacute;sticas formadas y sugeridas
+por tus elixires y linimentos y por el pasmoso poder de tus m&aacute;gicas
+artes. En estos &uacute;ltimos d&iacute;as, desde que volv&iacute; vi convento o desde que
+cre&iacute; que hab&iacute;a vuelto al convento, desde que me hall&eacute; m&aacute;s viejo y
+abatido que antes, casi ciego, baldado y postrado en el lecho, he
+cavilado y meditado mucho y siento que se ha mejorado y casi se ha
+transformado mi alma. Tal vez sin los &uacute;ltimos sucesos de mi vida, ora
+sean imaginarios, ora sean reales, no hubiera sobrevenido en mi ser esta
+transformaci&oacute;n, esta conversi&oacute;n, que califico de dichosa. A ti te la
+debo y por ello te doy las gracias. El pensamiento, cuando no se expresa
+y se determina por medio de la palabra, cuando persiste hundido en las
+profundidades de nuestro ser, sin comunicarse y declararse a otro ser
+inteligente, es confuso caos, de cuya verdad o de cuya mentira, de cuya
+bondad o de cuya insignificancia, no estamos seguros. La plena
+conciencia no aparece sino con la palabra emitida y comunicada. Por eso
+es con Dios coeterno su Verbo. Ni el amor inefable y divino hubiera
+brotado nunca en la mente suprema, si de la contemplaci&oacute;n del propio
+Verbo desde la eternidad no hubiera nacido. D&eacute;bil trasunto, pobre
+semejanza de tan altos misterios hay sin duda en el fondo del alma
+humana. Dios, con su palabra, engendr&oacute; el amor y cre&oacute; el Universo. Yo,
+con mi palabra, si acierto a expresar con ella lo que agita mi mente de
+un modo confuso, engendrar&eacute; tambi&eacute;n mi amor y dar&eacute; consistencia a la
+todav&iacute;a vaga creaci&oacute;n en que este amor m&iacute;o ha de satisfacerse y
+aquietarse, cumpli&eacute;ndose as&iacute; mi destino. Tales son los motivos que me
+impulsan hoy a dirigirme a ti y a hacerte una confesi&oacute;n sincera y
+amplia, procurando poner orden y concierto en mis ideas y expresarlas
+luego y presentarlas a tu inteligencia, creando yo as&iacute; mi luz, mi amor y
+mi universo hasta donde alcancen mis limitadas y d&eacute;biles facultades
+humanas.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="IVr" id="IVr"></a>-IV-</h2>
+
+
+<p>Fray Miguel se fatigaba tanto al hablar, que, en breve, ten&iacute;a que
+suspender su discurso y dejarle para otro d&iacute;a. Prescindiendo nosotros de
+tales interrupciones, aunque en cierto modo marc&aacute;ndolas e indic&aacute;ndolas,
+pondremos aqu&iacute; los diversos fragmentos, unos en pos de otros, en el
+orden en que Fray Miguel los pronunci&oacute; y en el que el Padre Ambrosio los
+conserv&oacute; por escrito.</p>
+
+<p>&mdash;Convencido estoy de que has querido darme una lecci&oacute;n de moral,
+parecida en su traza a la que dio don Ill&aacute;n de Toledo, famoso m&aacute;gico, a
+cierto ambicioso De&aacute;n de Santiago. T&uacute;, con todo, no has querido
+demostrar que yo soy ingrato. T&uacute; estabas seguro de mi gratitud. M&aacute;s alta
+era la moraleja que de mi historia, semejante a la que refiri&oacute; al Conde
+Lucanor su consejero Patronio, has querido t&uacute; sacar ahora. Yo soy buen
+disc&iacute;pulo, aspiro a ayudarte en tu trabajo, y voy a sacar de &eacute;l
+deducciones tan trascendentales que ya coincidan con las que t&uacute;
+esperabas sacar, ya vayan m&aacute;s lejos o suban m&aacute;s alto todav&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;Al&eacute;grate y enorgull&eacute;cete. Has querido curarme de mi ambici&oacute;n
+desesperada. Duro ha sido el remedio. Como quien con hierro candente
+quema un c&aacute;ncer, t&uacute; has curado el que ro&iacute;a mis entra&ntilde;as. No s&oacute;lo te
+perdono, sino que te agradezco la cauterizaci&oacute;n dolorosa. Mi sed de
+poder y de gloria se aquiet&oacute; y saci&oacute; con satisfacciones so&ntilde;adas. Hoy, al
+reconocer que fueron sue&ntilde;o, reconozco tambi&eacute;n la vanidad de tales
+satisfacciones, aun cuando sean reales. El sabio lo ha dicho: <i>que ni la
+carrera es de los ligeros, ni la guerra de los fuertes, ni el pan de los
+sabios, ni las riquezas de los doctos, ni la gracia de los art&iacute;fices;
+sino el tiempo y la casualidad en todo</i>. De mis victorias y de mis
+triunfos no debo, pues, jactarme. Si al tiempo y a la casualidad se
+deben, para contentamiento de mi orgullo, lo mismo valen e importan, ora
+hayan sido realidad, ora sue&ntilde;o.</p>
+
+<p>&mdash;Tales son las consideraciones que me mueven a desechar primero el
+engreimiento personal y m&aacute;s tarde el engreimiento de naci&oacute;n y de casta.
+Por cima de todo est&aacute; Dios, y con &eacute;l y en &eacute;l la fe y la esperanza de que
+no hay mal que no sea aparente o caduco y que no se ordene a fin dichoso
+y grande. As&iacute;, en mi interior meditaci&oacute;n vine yo a resignarme y a buscar
+y hallar dulce quietud y algo a modo de bienaventuranza en mi plena
+conformidad con los designios divinos. Me desnud&eacute; del estrecho ego&iacute;smo y
+arroj&eacute; lejos de m&iacute; el amor propio sin anhelar ya gozarle complacido y
+sin el temor ya de sufrirle lastimado.</p>
+
+<p>&mdash;Conforme hubiera estado desde entonces mi voluntad, con la voluntad
+del Alt&iacute;simo, si un obst&aacute;culo, que me pareci&oacute; insuperable, no se hubiera
+opuesto. Con este obst&aacute;culo he tenido que trabar tremenda lucha. Yo pude
+libertarme de la ambici&oacute;n y de la codicia, pude desde&ntilde;ar y desde&ntilde;&eacute;
+gloria, poder y riqueza. El amor de la mujer qued&oacute;, no obstante, firme
+en contra m&iacute;a, atajando el camino por donde ansiaba yo acercarme a la
+reconciliaci&oacute;n suprema. Dis&iacute;pense en buena hora como niebla o como humo
+todas las proezas de que me sent&iacute; capaz y que realic&eacute; o so&ntilde;&eacute;. Lo que yo
+no consent&iacute;a era que el amor de la mujer tambi&eacute;n se disipase. Hasta los
+cr&iacute;menes, hasta las horribles tragedias que este amor produjo, no me
+resignaba yo a que se convirtiese en sue&ntilde;os, convirtiendo en sue&ntilde;os el
+amor mismo. Urb&aacute;si, la bella Urb&aacute;si, se me aparec&iacute;a, como recuerdo vivo
+le algo real, no como sombra fant&aacute;stica, y me mostraba su admirable y
+hermosa figura y el blanco pecho desnudo, donde yo ve&iacute;a, en el lado del
+coraz&oacute;n, profunda herida brotando hirviente y roja sangre que ansiaba yo
+resta&ntilde;ar y represar con mis labios. Pena infernal me causaba esta
+aparici&oacute;n tr&aacute;gica, pero me causaba a la vez tan inefable y sublime
+deleite, que mi alma toda se enfurec&iacute;a de que fuese aquello ilusorio y
+vano y pugnaba a&uacute;n por mantenerlo, al menos por recuerdo, como real y
+consistente. No; la causa de nuestro amor a la mujer no reside s&oacute;lo en
+nuestro miserable cuerpo. Aunque el cuerpo decaiga, envejezca y enferme,
+el alma, inmortal, sigue am&aacute;ndola. El alma inmortal es alma de mujer o
+de hombre, y a veces imaginaba yo que esta diferencia de inmortal
+duraci&oacute;n hac&iacute;a tambi&eacute;n inmortalmente duradero e invencible el amor que
+una mujer me hab&iacute;a inspirado. Y esta mujer, o si se quiere este
+hermos&iacute;simo aunque terrible fantasma de mi mente, se interpon&iacute;a entre
+ella y lo infinito en que su ra&iacute;z estriba, y no me dejaba llegar hasta
+&eacute;l, reteni&eacute;ndome cautivo y arrancando a mi esp&iacute;ritu las alas con que
+anhelaba volar tan alto y el &iacute;mpetu vigoroso con que pensaba sumirse en
+el abismo del ser y hacerse superior a todo lo creado y contingente al
+penetrar en dicho abismo. No acierto a ponderar el esfuerzo pasmoso de
+mi voluntad para llegar a destruir, despu&eacute;s de haber destruido y roto
+los dem&aacute;s &iacute;dolos, la imagen seductora de la mujer amada. Esta imagen,
+que llegu&eacute; a suponer indeleble, lo perturbaba y lo bastardeaba todo en
+mi alma. No hab&iacute;a concepto moral ni religioso al que ella no diese
+forma, profanando mi religi&oacute;n y convirti&eacute;ndola en idolatr&iacute;a. Ella, su
+imagen, ya se me mostraba representando la ciencia, ya la filosof&iacute;a, ya
+la caridad, ya cualquiera de las otras virtudes, ya la ninfa pulqu&eacute;rrima
+y predilecta del cielo, esposa o amante de los dioses inmortales y madre
+dichosa de los semi-dioses o h&eacute;roes salvadores. Yo me explicaba a mi
+modo, porque tambi&eacute;n los sent&iacute;a, los encontrados sentimientos que
+inspira la mujer, desde hace muchos siglos. Ora el misticismo amoroso y
+caballeresco la ensalza y la purifica como algo venido del Emp&iacute;reo, como
+fuente inexhausta de todo noble sentir y de todo arranque generoso, y
+crea la Beatriz y la Laura de los egregios poetas, ora el ascetismo
+adusto la aborrece y la teme, como nido de v&iacute;boras, como oficina de
+embustes y de pecados, y como el m&aacute;s seguro anzuelo de que se vale
+Satan&aacute;s para perdernos. Rudo combate y grand&iacute;sima pena me cost&oacute; lanzar
+de mi pensamiento la imagen de la mujer, que con tan contrarios aspectos
+se me mostraba y que del ef&iacute;mero enlace o de la mentida concordia,
+producida por la atracci&oacute;n irresistible que nos lleva hacia ella, hac&iacute;a
+brotar discordias sin t&eacute;rmino y dualidad irreducible, como si hubiese
+dos eternos creadores y conservadores del mundo y no uno solo. En fin,
+mi empe&ntilde;o fue tan obstinado que logr&eacute; borrar la imagen de Urb&aacute;si,
+grabada en mi coraz&oacute;n como sello puesto all&iacute; por el demonio en se&ntilde;al de
+que yo era su esclavo. Entonces brotaron de nuevo y m&aacute;s pujantes las
+alas de mi esp&iacute;ritu. Y no por la ciencia, no por el presunto conocer,
+sino con humildad, desprendi&eacute;ndome de todo afecto pasajero, de toda
+liviana inclinaci&oacute;n a las cosas creadas, logr&eacute; subir hasta el manantial
+inagotable de donde todas manan y en el amor del bien soberano cifrar y
+confundir todos mis otros amores, empezando por el de m&iacute; mismo. Hoy no
+hay mal que bien no me parezca, ni desdicha que no me parezca ventura,
+porque lo que Dios quiere no puede menos de ser lo mejor y lo m&aacute;s
+deseable. Aunque para el cumplimiento de su inflexible justicia, y a
+pesar de su infinita misericordia, tuviese yo que padecer las penas
+eternas, al padecerlas yo por su amor, gozar&iacute;a de tan inefable deleite,
+que se me transformar&iacute;a el infierno en cielo, de la misma manera que
+antes, dominado yo por el ego&iacute;smo, transformaba el cielo en infierno.</p>
+<hr style="width: 65%;" />
+
+
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+
+
+
+
+<pre>
+
+
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+
+End of the Project Gutenberg EBook of Morsamor, by Juan Valera
+
+*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK MORSAMOR ***
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+including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
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+
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+assistance they need, is critical to reaching Project Gutenberg-tm's
+goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
+remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
+and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.
+
+
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+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541. Its 501(c)(3) letter is posted at
+http://pglaf.org/fundraising. Contributions to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
+permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
+
+The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
+Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
+throughout numerous locations. Its business office is located at
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+business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
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+methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
+ways including including checks, online payments and credit card
+donations. To donate, please visit: http://pglaf.org/donate
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+works.
+
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+concept of a library of electronic works that could be freely shared
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+
+Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
+editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
+unless a copyright notice is included. Thus, we do not necessarily
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+Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
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