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+The Project Gutenberg eBook, Su único hijo, by Leopoldo Alas
+
+
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at www.gutenberg.org
+
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+
+Title: Su único hijo
+
+
+Author: Leopoldo Alas
+
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+
+Release Date: December 17, 2005 [eBook #17341]
+
+Language: Spanish
+
+Character set encoding: ISO-8859-1
+
+
+***START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK SU úNICO HIJO***
+
+
+E-text prepared by Chuck Greif
+
+
+
+Su único hijo
+
+Por
+
+Leopoldo Alas, «Clarín»
+
+Librería de Fernando Fé, Madrid
+
+1890
+
+
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+
+
+-I-
+
+
+Emma Valcárcel fue una hija única mimada. A los quince años se enamoró
+del _escribiente_ de su padre, abogado. El escribiente, llamado Bonifacio
+Reyes, pertenecía a una honrada familia, _distinguida_ un siglo atrás,
+pero, hacía dos o tres generaciones, pobre y desgraciada. Bonifacio era
+un hombre pacífico, suave, moroso, muy sentimental, muy tierno de
+corazón, maniático de la música y de las historias maravillosas, buen
+parroquiano del gabinete de lectura de alquiler que había en el pueblo.
+Era guapo a lo romántico, de estatura regular, rostro _ovalado_ pálido, de
+hermosa cabellera castaña, fina y con bucles, pie pequeño, buena pierna,
+esbelto, delgado, y vestía bien, sin afectación, su ropa humilde, no del
+todo mal cortada. No servía para ninguna clase de trabajo serio y
+constante; tenía preciosa letra, muy delicada en los perfiles, pero
+tardaba mucho en llenar una hoja de papel, y su ortografía era
+extremadamente caprichosa y fantástica; es decir, no era ortografía.
+Escribía con mayúscula las palabras a que él daba mucha importancia,
+como eran: amor, caridad, dulzura, perdón, época, otoño, erudito, suave,
+música, novia, apetito y otras varias. El mismo día en que al padre de
+Emma, don Diego Valcárcel, de noble linaje y abogado famoso, se le
+ocurrió despedir al pobre Reyes, porque «_en suma_ no sabía escribir y le
+ponía en ridículo ante el Juzgado y la Audiencia», se le ocurrió a la
+niña escapar de casa con su novio. En vano Bonifacio, que se había
+dejado querer, no quiso dejarse robar; Emma le arrastró a la fuerza, a
+la fuerza del amor, y la Guardia civil, que empezaba a ser benemérita,
+sorprendió a los fugitivos en su primera etapa. Emma fue encerrada en un
+convento y el escribiente desapareció del pueblo, que era una
+melancólica y aburrida capital de tercer orden, sin que se supiera de él
+en mucho tiempo. Emma estuvo en su cárcel religiosa algunos años, y
+volvió al mundo, como si nada hubiera pasado, a la muerte de su padre;
+rica, arrogante, en poder de un curador, su tío, que era como un
+mayordomo. Segura ella de su pureza material, todo el empeño de su
+orgullo era mostrarse inmaculada y obligar a tener fe en su inocencia al
+mundo entero. Quería casarse o morir; casarse para demostrar la pureza
+de su honor. Pero los pretendientes aceptables no parecían. La de
+Valcárcel seguía enamorada, con la imaginación, de su escribiente de los
+quince años; pero no procuró averiguar su paradero, ni aunque hubiese
+venido le hubiera entregado su mano, porque esto sería dar la razón a la
+maledicencia. Quería _antes_ otro marido. Sí, Emma pensaba así, sin darse
+cuenta de lo que hacía: «_Antes_ otro marido». El _después_ que vagamente
+esperaba y que entreveía, no era el adulterio, era... tal vez la muerte
+del primer esposo, una segunda boda a que se creía con derecho. El
+primer marido pareció a los dos años de vivir libre Emma. Fue un
+americano nada joven, tosco, enfermizo, taciturno, beato. Se casó con
+Emma por egoísmo, por tener unas blandas manos que le cuidasen en sus
+achaques. Emma fue una enfermera excelente; se figuraba a sí misma
+convertida en una monja de la Caridad. El marido duró un año. Al
+siguiente, la de Valcárcel dejó el luto, y su tío, el curador-mayordomo,
+y una multitud de primos, todos Valcárcel, enamorados los más en secreto
+de Emma, tuvieron por ocupación, en virtud de un _ukase_ de la tirana de
+la familia, buscar por mar y tierra al fugitivo, al pobre Bonifacio
+Reyes. Pareció en Méjico, en Puebla. Había ido a buscar fortuna; no la
+había encontrado. Vivía de administrar mal un periódico, que llamaba
+chapucero y guanajo a todo el mundo. Vivía triste y pobre, pero callado,
+tranquilo, resignado con su suerte, mejor, sin pensar en ella. Por un
+corresponsal de un comerciante amigo de los Valcárcel, se pusieron estos
+en comunicación con Bonifacio. ¿Cómo traerle? ¿De qué modo decente se
+podía abordar la cuestión? Se le ofreció un destino en un pueblo de la
+provincia, a tres leguas de la capital, un destino humilde, pero mejor
+que la administración del periódico mejicano. Bonifacio aceptó, se
+volvió a su tierra; quiso saber a quién debía tal favor y se le condujo
+a presencia de un primo de Emma, rival algún día de Reyes. A la semana
+siguiente Emma y Bonifacio se vieron, y a los tres meses se casaron. A
+los ocho días la de Valcárcel comprendió que no era aquel el Bonifacio
+que ella había soñado. Era, aunque muy pacífico, más molesto que el
+curador-mayordomo, y menos poético que el primo Sebastián, que la había
+amado sin esperanza desde los veinte años hasta la mayor edad.
+
+A los dos meses de matrimonio Emma sintió que en ella se despertaba un
+intenso, poderosísimo cariño a todos los de su raza, vivos y muertos; se
+rodeó de parientes, hizo restaurar, por un dineral, multitud de cuadros
+viejos, retratos de sus antepasados; y, sin decirlo a nadie, se enamoró,
+a su vez, en secreto y también sin esperanza, del insigne D. Antonio
+Diego Valcárcel Merás, fundador de la casa de Valcárcel, famoso guerrero
+que hizo y deshizo en la guerra de las Alpujarras. Armado de punta en
+blanco, avellanado y cejijunto, de mirada penetrante, y brillando como
+un sol, gracias al barniz reciente, el misterioso personaje del lienzo
+se ofrecía a los ojos soñadores de Emma como el tipo ideal de grandezas
+muertas, irreemplazables. Estar enamorada de un su abuelo, que era el
+símbolo de toda la vida caballeresca que ella se figuraba a su modo, era
+digna pasión de una mujer que ponía todos sus conatos en distinguirse de
+las demás. Este afán de separarse de la corriente, de romper toda regla,
+de desafiar murmuraciones y vencer imposibles y provocar escándalos, no
+era en ella alarde frío, pedantesca vanidad de mujer extraviada por
+lecturas disparatadas; era espontánea perversión del espíritu, prurito
+de enferma. Mucho perdió el primo Sebastián con aquella restauración de
+la iconoteca familiar. Si Emma había estado a tres dedos del abismo, que
+no se sabe, su enamoramiento secreto y puramente ideal la libró de todo
+peligro positivo; entre Sebastián y su prima se había atravesado un
+pedazo de lienzo viejo. Una tarde, casi a oscuras, paseaban juntos por
+el salón de los retratos, y cuando Sebastián preparaba una frase que en
+pocas palabras explicase los grandes méritos que había adquirido amando
+tantos años sin decir palabra ni esperar cosa de provecho, Emma se le
+puso delante, le mandó encender una luz y acercarla al retrato del
+ilustre abuelo.--Sí, os parecéis algo--dijo ella--; pero se ve claramente
+que nuestra raza ha degenerado. Era él mucho más guapo y más robusto que
+tú. Ahora los Valcárcel sois todos de alfeñique; si a ti te cargaran con
+esa armadura, estarías gracioso.
+
+Sebastián continuó amando en secreto y sin esperanza. El guerrero de las
+Alpujarras siguió velando por el honor de su raza.
+
+Bonifacio no sospechaba nada ni del primo ni del abuelo. En cuanto su
+mujer dio por terminada la luna de miel, que fue bien pronto, como se
+encontrase él demasiado libre de ocupaciones, porque el tío mayordomo
+seguía corriendo con todo por expreso mandato de Emma, se dio a buscar
+un _ser a quien amar_, _algo que le llenase la vida_. Es de notar que
+Bonifacio, hombre sencillo en el lenguaje y en el trato, frío en
+apariencia, oscuro y prosaico en gestos, acciones y palabras, a pesar de
+su belleza plástica, _por dentro_, como él se decía, era un soñador, un
+soñador soñoliento, y hablándose a sí mismo, usaba un estilo elevado y
+sentimental de que ni él se daba cuenta. Buscando, pues, algo que le
+llenara la vida, encontró una flauta. Era una flauta de ébano con llaves
+de plata, que pareció entre los papeles de su suegro. El abogado del
+ilustre Colegio, a sus solas, era romántico también, aunque algo viejo,
+y tocaba la flauta con mucho sentimiento, pero jamás en público. Emma,
+después de pensarlo, no tuvo inconveniente en que la flauta de su padre
+pasara a manos de su marido. El cual, después de untarla bien con
+aceite, y dejarla, merced a ciertas composturas, como nueva, se consagró
+a la música, su afición favorita, en cuerpo y alma. Se reconoció
+aptitudes algo más que medianas, una regular embocadura y mucho
+sentimiento, sobre todo. El timbre dulzón, _nasal_ podría decirse,
+monótono y manso del melancólico instrumento, que olía a aceite de
+almendras como la cabeza del músico, estaba en armonía con el carácter
+de Bonifacio Reyes; hasta la inclinación de cabeza a que le obligaba el
+tañer, inclinación que Reyes exageraba, contribuía a darle cierto
+parecido con un bienaventurado. Reyes, tocando la flauta, recordaba un
+santo músico de un pintor pre-rafaelista. Sobre el agujero negro, entre
+el bigote de seda de un castaño claro, se veía de vez en cuando la punta
+de la lengua, limpia y sana; los ojos, azules claros, grandes y dulces,
+buscaban, como los de un místico, lo más alto de su órbita; pero no por
+esto miraban al cielo, sino a la pared de enfrente, porque Reyes tenía
+la cabeza gacha como si fuera a embestir. Solía marcar el compás con la
+punta de un pie, azotando el suelo, y en los pasajes de mucha expresión,
+con suaves ondulaciones de todo el cuerpo, tomando por quicio la
+cintura. En los _allegros_ se sacudía con fuerza y animación, extraña en
+hombre al parecer tan apático; los ojos, antes sin vida y atentos nada
+más a la música, como si fueran parte integrante de la flauta o
+dependiesen de ella por oculto resorte, cobraban ánimo, y tomaban calor
+y brillo, y mostraban apuros indecibles, como los de un animal
+inteligente que pide socorro. Bonifacio, en tales trances, parecía un
+náufrago ahogándose y que en vano busca una tabla de salvación; la
+tirantez de los músculos del rostro, el rojo que encendía las mejillas y
+aquel afán de la mirada, creía Reyes que expresarían la intensidad de
+sus impresiones, su grandísimo amor a la melodía; pero más parecían
+signos de una irremediable asfixia; hacían pensar en la apoplejía, en
+cualquier terrible crisis fisiológica, pero no en el hermoso corazón del
+melómano, sencillo como una paloma.
+
+Por no molestar a nadie, ni gastar dinero de su mujer, puesto que propio
+no lo tenía, en comprar papeles de música, pedía prestadas las polkas y
+las partituras enteras de ópera italiana que eran su encanto, y él mismo
+copiaba todos aquellos _torrentes de armonía y melodía_, representados por
+los amados signos del pentagrama. Emma no le pedía cuenta de estas
+aficiones ni del tiempo que le ocupaban, que era la mayor parte del día.
+Sólo le exigía estar siempre vestido, y bien vestido, a las horas
+señaladas para salir a paseo o a visitas. Su Bonifacio no era más que
+una figura de adorno para ella; por dentro no tenía nada, era un alma de
+cántaro; pero la figura se podía presentar y dar con ella envidia a
+muchas señoronas del pueblo. Lucía a su marido, a quien compraba buena
+ropa, que él vestía bien, y se reservaba el derecho de tenerle por _un
+alma de Dios_. Él parecía, en los primeros tiempos, contento con su
+suerte. No entraba ni salía en los negocios de la casa; no gastaba más
+que un pobre estudiante en el regalo de su persona, pues aquello de la
+ropa lujosa no era en rigor gasto propio, sino de la vanidad de su
+mujer; a él le agradaba parecer bien, pero hubiera prescindido de este
+lujo indumentario sin un solo suspiro; además, creía ocioso y gasto
+inútil aquello de encargar los pantalones y las levitas a Madrid, exceso
+de _dandysmo_, entonces inaudito en el pueblo. Conocía él un sastre
+modesto, flautista también, que por poco dinero era capaz de cortar no
+peor que los empecatados _artistas_ de la corte. Esto lo pensaba, pero no
+lo decía. Se dejaba vestir. Su resolución era pesar lo menos posible
+sobre la casa de los Valcárcel, y callar a todo.
+
+
+
+
+-II-
+
+
+Emma era el jefe de la familia; era más, según ya se ha dicho, su
+tirano. Tíos, primos y sobrinos acataban sus órdenes, respetaban sus
+caprichos. Este dominio sobre las almas no se explicaba de modo
+suficiente por motivos económicos, pero sin duda estos influían
+bastante. Todos los Valcárcel eran pobres. La fecundidad de la raza era
+famosa en la provincia; las hembras de los Valcárcel parían mucho, y no
+les iban en zaga las que los varones hacían ingresar en la familia,
+mediante legítimo matrimonio. Procrear mucho y no querer trabajar, este
+parecía ser el lema de aquella estirpe. Entre todos los Valcárcel no
+había habido más hombre trabajador en todo el siglo que el padre de
+Emma, el abogado, que también había sido, dentro del matrimonio, menos
+prolífico que sus parientes. Ya se ha dicho que Emma era hija única, y,
+por tanto, heredera universal del abogado romántico y flautista. Pero
+los ahorros del aprovechado jurisconsulto llegaron a su hija un tanto
+mermados. Parece ser que la castidad de D. Diego Valcárcel no era tan
+extremada como se creía; su verdadera virtud había consistido siempre en
+la prudencia y en el sigilo; sabía que el mal ejemplo y el escándalo son
+los más formidables enemigos de las sociedades bien organizadas, y él,
+visto que no le era posible conservarse en casta viudez, entre seducir a
+las criadas de casa y a las doncellas de su hija, y, tal vez, como la
+tentación le había apuntado varias veces a la oreja, a las respetables
+clientes, desamparadas señoras que acudían a su despacho en demanda de
+luces jurídico-morales, como él decía; entre esto y reglamentar el
+vicio, las inevitables expansiones de la carne flaca, optó por lo
+último, organizando con sabia distribución y prudentísimo secreto el
+servicio de Afrodita, como decía él también. Y allí, fuera del pueblo,
+en las aldeas vecinas adonde le llevaban a menudo los cuidados de la
+hacienda propia y negocios ajenos, llegó a ser, valga la verdad, el
+Abraham--_Pater Orchamus_--irresponsable de un gran pueblo de hijos
+naturales, muchos adulterinos. Ni su conciencia, ni la del cura que le
+confesó, que en vida le había ayudado a veces a evitar escándalos, ni
+ciertas amenazas de bochornosas confesiones por parte de algunas
+pecadoras, le consintieron, a la hora un tanto apurada de hacer
+testamento, dejar en completo olvido ciertas obligaciones de la sangre;
+y como se pudo, guardando los disimulos formales que fueron del caso, se
+dejaron mandas aquí y allá, que disminuyeron en todo lo que la ley
+consentía la herencia de Emma. No fue esto lo peor, sino que, previa
+consulta del mismo director espiritual, D. Diego había hecho antes
+subrepticiamente muchas enajenaciones _inter vivos_, a que, muy a su
+pesar, le obligó el miedo al escándalo, que era su gran virtud, según se
+ha dicho. _En suma_, Emma se vio con bastante menos caudal que su padre,
+pero ella apenas lo supo casi, porque la daban jaqueca los papeles,
+síncopes los números y grima la letra de los curiales. _Allá el tío_,
+decía siempre que se trataba de intereses. Ella no entendía de nada más
+que de gastar. Bien hubiera querido D. Juan Nepomuceno, antes curador de
+Emma y actual mayordomo, sacudir todas las moscas que en forma de
+parientes zumbaban alrededor del mermado panal de la herencia; mas no
+era esto hacedero, porque el entrañable cariño que a los Valcárcel
+pretéritos y presentes y futuros había cobrado la sobrina, exigía que la
+hospitalidad más generosa acogiera a todos los suyos. D. Juan tuvo que
+contentarse con ser el único administrador de aquella prodigalidad
+gentílica, pero no llegó su influencia a evitar el despilfarro, ni
+siquiera a conseguir que redundara sólo en provecho propio la
+generosidad excesiva de su antigua pupila.
+
+Emma, que tuvo un mal parto, salió de una crisis de la vida lisiada de
+las entrañas, con el estómago muy débil, y perdió carnes y ocultó
+prematuras arrugas. Mas no podía esconder un brillo frío y siniestro de
+la mirada, antipático como él solo; en aquel brillo y en la expresión
+repulsiva que le acompañaba, se había convertido el _misterioso fulgor_ de
+aquellos ojos que habían cantado, a la guitarra, varios parientes de la
+enfermucha mujer, nerviosa, irascible. De aquellos parientes, enamorados
+los más en secreto tiempo atrás, cada cual según su temperamento, hizo
+su corte Emma, que cada día despreciaba más a su marido, a quien sólo
+estimaba como _físico_, y sentía más vivo el cariño por los de su raza.
+
+Reyes comprendía bien que, sin culpa suya, se iba convirtiendo en el
+enemigo de sus afines, enemigo vencido y humillado gracias a que su
+mujer le entregaba indefenso, atado de pies y manos, a cuantos parientes
+quisieran hacer de él un pandero.
+
+Los Valcárcel, oriundos de la montaña, habían bajado a las villas de las
+vegas y de la llanura a procurarse vida más holgada y muelle, y por todo
+recurso acudían al expediente de buscar matrimonios de ventaja,
+seduciendo a los ricachos de pueblo con pergaminos y escudos de piedra
+labrada, allá en los caserones de los vericuetos, y a las tiernas
+doncellas con las buenas figuras de arrogante vigor y señoril gentileza
+que abundaban en la familia. Casi todos los Valcárcel eran buenos mozos,
+aunque no tanto como el abuelo heroico, esbeltos; pero de palabra tarda,
+ceño adusto, voz ronca, trato oscuro y orgullosos sin disimulo;
+distinguíanse también por su apego exagerado a la capa, cuyo uso era
+excusado la mayor parte del año en los poblachones bajos, templados y
+húmedos, donde solían buscar novias. Algunos llevaron su audacia, sin
+dejar la capa, a extender sus correrías de caballeros pobres hasta las
+puertas de la misma capital de la provincia, y por fin, D. Diego, el
+padre de Emma, el genio superior de la familia sin duda alguna, entró en
+la ciudad sin miedo, fue estudiante emprendedor y calavera, y al llegar
+a la mayor edad y tomar el grado, cambió de carácter, de repente, se
+hizo serio como un colchón, abrió cuarto de estudio, acaparó la
+clientela de la montaña, aduló a los señores del margen, magistrados
+serios también y amigos de las fórmulas más exquisitas, hizo buena boda,
+salió de pobre, brilló en estrados con fulgor de faro de primera clase,
+y, sin perjuicio de ser romántico en el fuero interno, y hasta de
+escribir octavillas en el seno del hogar, y dejar válvulas de seguridad
+a los vapores del sentimentalismo en las llaves de la flauta, en que
+soplaba con lágrimas en los ojos, fue con todo el más rígido amador de
+la letra y enemigo del espíritu y de toda interpretación arriesgada e
+irreverente de la ley sacrosanta. Y no se cuenta que una sola vez
+tuviera la Sala que dirigirle el más comedido apercibimiento; ni de la
+pulcritud de su lenguaje en estrados se hizo la magistratura sino
+lenguas, llegando en este punto a caer D. Diego, valga la verdad, en
+cierto culteranismo, disculpable, eso sí, porque mediante él procuraba
+que su elocuencia saliese como el armiño de las cenagosas aguas de la
+_podredumbre privada_, adonde le arrastraban, en ocasiones, las
+necesidades del foro. Alguna vez tuvo que acusar, mal de su grado, a un
+sacerdote indigno, de delitos contra la honestidad; y si bien en el
+fondo procuró estar fuerte, terrible, implacable, no hubo modo de que su
+lengua usase epítetos duros, ni siquiera enérgicos ni aun pintorescos,
+llegando en el mayor calor del ataque a llamar a su contrario «el mal
+aconsejado presbítero, si se le permitía calificarle así». «Mal
+aconsejado--decía después D. Diego explicando el adjetivo--; esto es, que
+yo supongo que el presbítero no hubiese caído en tales liviandades a no
+ser por consejo de alguien, del diablo probablemente». Tenía el abogado
+Valcárcel que luchar en sus discursos forenses con el lenguaje ramplón y
+sobrado confianzudo que se usaba en su tierra, y que aun en estrados
+pretendía imponérsele; mas él, triunfante, sabía encontrar equivalentes
+cultos de los términos más vulgares y chabacanos; y así, en una ocasión,
+teniendo que hablar de los pies de un hórreo o de una _panera_, que en el
+país se llaman _pegollos_, antes de manchar sus labios con semejante
+palabrota, prefirió decir «los sustentáculos del artefacto, señor
+excelentísimo». A estas cualidades, que le habían conquistado las
+simpatías y el respeto de toda la magistratura, unía el don no
+despreciable de una felicísima memoria para recordar fechas con
+exactitud infalible, y así, había más números en su mollera que en una
+tabla de logaritmos. Llegó, sí, llegó el apellido de los Valcárcel,
+gracias a D. Diego, a un grado de esplendor que no había tenido desde
+los siglos remotos en que había brillado por las armas. Honra y provecho
+había ganado el ilustre jurisconsulto, y, de una y otra ventaja, querían
+gozar los parientes, que, por culpa de la fecundidad de sus hembras y de
+las afines, incurrían en un doloroso proletariado que amenazaba llenar
+de Valcárceles el mundo. No había matrimonios ventajosos que bastasen,
+con esta desmedida facultad prolífica, a sacar a la raza del temor muy
+racional de dar al fin en la miseria. Aquel movimiento de expansión en
+busca de la prosperidad, que se había señalado en la dirección del
+_vendamont_, bajando de la montaña al valle, ya volvía a indicarse en una
+reacción proporcionada en sentido de _vendaval_, echando otra vez al
+monte, a los caserones de los vericuetos, a las proles numerosas de los
+Valcárcel, multiplicadas sin ton ni son, incapaces de trabajar; porque
+no se puede llamar propiamente trabajo, a lo menos en el sentido
+económico, los mil apuros que en redor de los tapetes verdes pasaban los
+parientes de Emma, casi todos jugadores, y muchos de ellos víctimas de
+su pasión, que estalló en forma de aneurisma. Muerto D. Diego, los
+Valcárcel perdieron su único apoyo, y el movimiento de retroceso en
+busca de la montaña se aceleró en toda la familia. Cuando bajaban al
+llano venían cada vez más montaraces, más orgullosos; su odio a la
+cortesía, a las fórmulas complicadas de la buena sociedad de provincia,
+se acentuaba. Cuanto más pobres se iban quedando, más vanidad solariega
+tenían y más despreciaban la vida en poblado y en tierra llana. En la
+ribera, como llamaban allá arriba a las regiones bajas, sólo una cosa
+respetable reconocían los Valcárcel del monte: el tapete verde. Se iba a
+las ferias a jugar, a perder, a empeñarse... y a casa.
+
+Por el camino de retroceso que llevaba aquella raza se volvía a la
+horda; era aquel el atavismo de todo un linaje. Por algún tiempo contuvo
+en gran parte tan alarmante tendencia el espíritu exaltado de Emma. El
+cariño gentilicio que en ella despertó con tan exagerada vehemencia,
+sirvió para reconciliar a muchos de sus parientes con la civilización y
+la tierra llana. Las visitas a la capital fueron más frecuentes, tal vez
+porque eran más baratas y más cómodas. Ya se sabía que la casa del
+famoso y ya difunto abogado D. Diego Valcárcel, era, como él la hubiera
+llamado si viviese, _jenodokia_, jenones, o sea, en cristiano, albergue de
+forasteros. Emma, que en algún tiempo había desdeñado, no sin
+coquetería, la adoración de sus primos y tíos--pues también tenía tíos
+apasionados--ahora, es decir, después de haber perdido la flor de la
+hermosura, sobre todo la lozanía, por culpa del mal parto, gozábase en
+recordar los antiguos despreciados triunfos del amor, y quería rumiar
+las impresiones deliciosas de aquella adoración pretérita. Rodeábase con
+voluptuosa delicia, como de una atmósfera tibia y perfumada, de la
+presencia de aquellos Valcárcel que algún día se hubieran tirado de
+cabeza al río por gozar una sonrisa suya.
+
+El amor aquel en algunos de ellos tenía que haber pasado por fuerza, so
+pena de ser ridículo; los años y la grasa, y la terrible prosa de la
+existencia pobre y montaraz de allá arriba, habían quitado todo carácter
+de verosimilitud a cualquier tentativa de constancia amorosa; pero no
+importaba: Emma se complacía en ver a su lado a los que todavía
+recordaban con respeto y cariño el amor muerto, y consagraban al objeto
+de tal culto todos los obsequios compatibles con el natural huraño y
+brusco de la raza montés. Aquellos cortesanos del amor pretérito, tal
+vez al rendir sus homenajes, pensaban sobre todo en la munificencia
+actual de la heredera de D. Diego, única persona que aún tenía cuatro
+cuartos en toda la familia; pero ella, la caprichosa cónyuge del infeliz
+Bonifacio, no se detenía a escudriñar los recónditos motivos por que era
+acatada su indiscutible soberanía sobre los suyos. Es muy probable que
+ya ninguno de los parientes viese en su prima la belleza que, en efecto,
+había volado; pero algunos fingían, con mucha delicadeza en el disimulo,
+ocultar todavía una hoguera del corazón bajo las cenizas que el deber y
+las buenas costumbres echaban por encima. Emma gozaba también, sin darse
+cuenta clara de ello, creyéndolo vagamente; saboreaba aquel holocausto
+de amor problemático con la incertidumbre de una música lejana que ya
+suena, no se sabe si en la aprensión o en el oído. Lo que era un dogma
+familiar, que tenía su fórmula invariable, era esto: que por Emma no
+pasaban días, que lo del estómago no era nada, y que después de parir,
+de mala manera, estaba más fresca y lozana que nunca. Nadie creía tal
+cosa, porque saltaba a la vista que no era así; pero lo aseguraban
+todos. Los cortesanos de aquella sultana caprichosa y de carácter
+violento y variable, se vengaban de su humillación ineludible
+despreciando a Bonifacio Reyes sin ningún género de disimulo. Emma llegó
+a sentir por su esposo un afecto análogo en cierto modo al que hubiera
+podido inspirar al Emperador romano su caballo senador. Otro dogma de la
+familia, pero éste secreto, era que «_la niña_ había _labrado_ su desgracia
+uniéndose a aquel hombre». El primo Sebastián confesaba entre suspiros
+que el único acto de su vida de que estaba arrepentido (y era hombre que
+se había jugado la hijuela materna a una carta), se remontaba a la época
+de su pasión loca por Emma, pasión que le había hecho caer en la
+debilidad de consentir en dar todos los pasos necesarios para buscar,
+encontrar, emplear y casar al estúpido escribiente de D. Diego. Aquella
+debilidad, aquella ceguera de la pasión, no se la perdonaría nunca. Y
+suspiraba Sebastián, y suspiraban los demás parientes, y suspiraba Emma
+también a veces, gozando melancólicamente con aquella afectación de
+víctima resignada que sufre por toda una vida las consecuencias
+desastrosas de una locura juvenil.
+
+
+
+
+-III-
+
+
+El buen esposo durante mucho tiempo no paró mientes en tales injurias.
+En el fondo del alma, y a pesar de los elegantes trajes de paño inglés
+que se le había hecho vestir, continuaba considerándose el antiguo
+escribiente de D. Diego, a quien había pagado sus favores con la más
+negra ingratitud.
+
+Todos los Valcárcel eran para él los _señoritos_. En vano, allá en los
+rápidos días, ya remotos, de aquella luna de miel que Emma había
+decretado que fuese tan breve, en vano la enamorada esposa le había
+exigido más dignidad y tesón en el trato con los primos y tíos; él,
+Bonifacio, no podía menos de estimarlos siempre muy superiores a él por
+la sangre, por los privilegios de raza en que confusamente creía. D.
+Juan Nepomuceno le aterraba con sus grandes patillas cenicientas, sus
+ojos fríos de color de chocolate claro y su doble papada afeitada con
+esmero cancilleresco; le aterraba sobre todo con sus cuentas
+embrolladas, que él miraba como la esencia de la sabiduría. Siempre que
+D. Juan daba noticia somera de las mermas de la hacienda a su aturdida
+sobrina, exigía que Bonifacio estuviese delante; era inútil que Emma y
+el mismo Reyes quisiesen excusar esta ceremonia.--De ningún modo--gritaba
+el tío--; quiero que lo presenciéis todo, para que el día de mañana no
+diga ese (Bonifacio) que os he arruinado por inepto o por otra cosa
+peor. El _todo_ que había de presenciar por fuerza _ese_, no era nada; allí
+no se podía ver cosa clara, y aunque se pudiera, no la vería Reyes, que
+ni siquiera miraba. Si era una escena molesta, irritante para Emma la de
+asistir a _las cuentas del tío_, sin atender, sin sacar en limpio más que
+«aquello iba muy mal», para el marido era el tormento más insoportable.
+En vez de pensar en los números, pensaba en lo que le querrían decir
+aquellos ojos del administrador pariente. Le querían decir, en su
+opinión, «¿quién eres tú para pedirme cuentas, para fiscalizar mi
+administración? ¿Por qué estás tú metido en la familia, plebeyo
+miserable?». Sí, plebeyo, pensaba el infeliz; porque si bien sabía, con
+gran oscuridad en los pormenores, que sus ascendientes habían sido de
+_buena familia_, casi lo tenía olvidado, y comprendía que los demás, los
+Valcárcel especialmente, no querrían recordar, ni casi casi creer,
+semejante cosa.
+
+Tan fuerte llegó a ser el disgusto que le causaban aquellas inútiles
+entrevistas, que, por primera vez en su vida, se decidió a cumplir en
+algo su propia voluntad, y se _cuadró_, como él dijo, y no quiso
+presenciar más la insoportable escena. Con gran extrañeza y mayor placer
+se vio victorioso en este punto sin gran resistencia por parte del tío.
+En cuanto a Emma, tampoco insistió mucho en contrariar el deseo de su
+esposo. Y fue porque se le ocurrió que detrás de la emancipación del
+otro vendría la suya. En efecto, a los tres meses de haber prescindido
+de la presencia de Bonifacio, Emma consiguió que se prescindiera también
+de la suya. Y el tío, sin que lo supiera nadie más que él y la sobrina,
+dejó de rendir cuentas de gastos y de ingresos a bicho viviente. Cada
+cual firmaba lo que tenía que firmar, sin leer un renglón ni una cifra,
+y no se hablaba del asunto.
+
+Dos preocupaciones cayeron después sobre el ánimo encogido de Bonifacio:
+la una era una gran tristeza, la otra una molestia constante. Del mal
+parto de su mujer nacían ambas. La tristeza consistía en el desencanto
+de no tener un hijo; la molestia perpetua, invasora, dominante, provenía
+de los achaques de su mujer. Emma había perdido el estómago, y Bonifacio
+la tranquilidad, su musa. El carácter caprichoso, versátil de la hija de
+D. Diego, adquirió determinadas líneas, una fijeza de elementos que
+hasta entonces en vano se pretendía buscar en él; ya no fue mudable
+aquel ánimo, no iba y venía aquella voluntad avasalladora, pero
+insegura, de cien en cien propósitos. Emma, con una seriedad extraña en
+ella, se decidió a ser de por vida una mujer insoportable, el tormento
+de su marido. Si para el mundo entero fue en adelante seca, huraña, la
+flor de sus enojos la reservó para la intimidad de la alcoba. Molestaba
+a su esposo como quien cumple una sentencia de lo Alto. En aquella
+persecución incesante había algo del celo religioso. Todo lo que le
+sucedía a ella, aquel perder las carnes y la esbeltez, aquellas arrugas,
+aquel abultar de los pómulos que la horrorizaba haciéndola pensar en la
+calavera que llevaba debajo del pellejo pálido y empañado, aquel desgano
+tenaz, aquellos insomnios, aquellos mareos, aquellas irregularidades
+aterradoras de los fenómenos periódicos de su sexo, eran otros tantos
+crímenes que debían atormentar con feroces remordimientos la conciencia
+del mísero Bonifacio. «¿No lo comprendía él así?». No. Su imaginación no
+llegaba tan lejos como quería su mujer. Él no pasaba de confesar que
+había sido un ingrato para con D. Diego dejándose robar por su hija. De
+todo lo demás no tenía él la culpa, sino Emma o el diablo, que se
+complacía en que él no tuviese hijos, ni su mujer las necesarias
+condiciones para ser como todas las hembras. En cuanto se quedaban solos
+en la habitación de la enferma, ella cerraba la puerta con estrépito, y
+acto continuo se oía la voz chillona, estridente, que gastaba las pocas
+fuerzas de la anémica en una catilinaria de cuya elocuencia y facundia
+no era posible dudar. La disputa, si a estas verrinas se les podía dar
+tal nombre, solía comenzar por una consulta médica.
+
+--Me sucede esto--decía ella--, y hablaba de sus irregularidades íntimas;
+¿qué te parece que será? ¿Qué debo hacer? ¿Continuaré con tal
+medicamento o tendré que suspenderlo?
+
+Bonifacio palidecía, la saliva se le convertía en cola de pegar... ¿Qué
+sabía él? Compadecía a su esposa (por supuesto, mucho menos que a sí
+mismo), pero no sabía ni podía saber lo que la convenía; es más, ni
+siquiera tenía una idea exacta de los males de que ella se quejaba;
+estaba seguro de que tenían cierta gravedad y de que eran origen de la
+propia desesperación, porque le cerraban la esperanza de ser padre, de
+tener hijos legítimos; pero de medicamentos y pronósticos ¿qué podía
+decir él? Nada; y se echaba a temblar pensando en los oscuros fenómenos
+patológicos de que ella le hablaba, y barruntando la tormenta que traía
+aparejada su ignorancia del caso.
+
+--Mujer, yo no puedo decirte... yo no entiendo... llamaremos al médico....
+
+--¡Eso es, al médico! ¡Para estas cosas al médico! Ya que tú no tienes
+pudor, déjame a mí tenerlo. Estas son intimidades del matrimonio: al
+médico no se debe recurrir sino en el último apuro.... Tú debieras saber,
+tú debieras afanarte por averiguar lo que me conviene; aunque no fuera
+por cariño, por pudor, por vergüenza; y si no tienes vergüenza, por
+remordimientos, por....
+
+Ya se ha indicado que la facundia de Emma, llegados estos momentos, no
+tenía límites.
+
+Un día, en que a ella se le antojó que tenía una inflamación del
+hígado... en el bazo, fue en busca de su esposo y le encontró en su
+alcoba tocando la flauta. Su indignación no encontró palabras; allí no
+había elocuencia posible, a no ser la del silencio... y la de los
+hechos. «Ella muriendo de un _ataque al hígado_ y él... ¡tocando la
+flauta!». Aquello merecía testigos, y los tuvo. Acudieron a la citación
+de Emma D. Juan Nepomuceno, Sebastián y otros dos primos. La indignación
+cundió por todos los presentes. El delito era flagrante: la flauta
+estaba allí, sobre la mesa, y el hígado de Emma en su sitio, pero hecho
+una laceria. Bonifacio, que a pesar de todo quería a su mujer más que
+todos los tíos y primos, olvidando el propio crimen, quiso enterarse del
+mal que padecía la víctima; a duras penas pudo conseguir que Emma,
+tendida en un sofá y ahogando los sollozos, señalase con una mano en el
+lado izquierdo la región del bazo.
+
+--Pero, hija... se atrevió a decir, si eso... no es el hígado. El hígado
+está al otro lado.
+
+--¡Miserable!--gritó la esposa--. ¿Todavía te atreves a hablar? ¿No dices
+que tú no eres médico? ¿Que tú no entiendes de eso? Y ahora por
+contradecirme....
+
+D. Juan Nepomuceno, amante de toda verdad, como no fuera del orden
+aritmético, en el cual prefería las lucubraciones de la fantasía,
+declaró, con la mano sobre la conciencia, que en aquella ocasión ¡_rara
+avis_! (dijo) Bonifacio tenía de su parte la razón; que el hígado estaba
+al otro lado, en efecto.
+
+--No importa--dijo Sebastián--; puede ser un dolor reflejo.
+
+--¿Y qué es eso?
+
+--No lo sé; pero me consta que los hay.
+
+No era tal cosa; era un dolorcillo reumático ambulante; pocos momentos
+después lo sintió Emma en la espalda. Resultó, en fin, que no era nada;
+pero siempre sería cierta una cosa: que Bonifacio estaba tocando la
+flauta en el instante en que su esposa se creía a las puertas del
+sepulcro.
+
+No dormían juntos, sino en habitaciones muy distantes; pero el marido,
+en cuanto se levantaba, que no era tarde, tenía la obligación de correr
+a la alcoba de su mujer a cuidarla, a preparárselo todo, porque la
+criada tenía irremediable torpeza en las manos; y en esta parte Emma
+hacía a su Bonifacio la justicia de reconocerle buena maña y dedos de
+cera. Rompía mucha loza y cristal, y buenas reprimendas le costaba; pero
+tenía dotes de enfermero y de ayuda de cámara. Y también reconocía ella
+de buen grado, y pensando a veces en pasadas ilusiones, que a pesar de
+ser tan hábil en aquellos manejos, su marido no era afeminado de figura
+ni de gestos; era suave, algo felino, podría decirse untuoso, pero todo
+en forma varonil. Aquel plegarse a todos los oficios íntimos de alcoba,
+a todas las complicaciones del capricho de la enferma, de las
+voluptuosidades tristes y tiernas de la convalecencia, parecían en
+Bonifacio, por lo que toca al aspecto material, no las aptitudes
+naturales de un hermafrodita beato o cominero, sino la romántica
+exageración de un amor quijotesco, aplicado a las menudencias de la
+intimidad conyugal.
+
+Emma seguía sintiéndose orgullosa del _físico_ de su Bonis, como llamaba a
+Reyes; y al verle ir y venir por la alcoba, siempre de agradable y noble
+catadura a pesar de los oficios humildes en que allí se empleaba,
+experimentaba la alegría íntima de la vanidad satisfecha. Mas antes la
+harían pedazos que dejase traslucir semejantes afectos, y cuanto más
+guapo, más esclavo quería al mísero escribiente de D. Diego, más
+humillado cuanto más airoso en su humillación. Reñir a Bonifacio llegó a
+ser su único consuelo; no pudo prescindir ni de sus cuidados ni de
+pagárselos con chillerías y malos modos. ¿Qué duda cabía que su Bonis
+había nacido para sufrirla y para cuidarla?
+
+Sus pocos momentos de buen humor relativo los gastaba Emma en cultivar
+los resabios de sus pretéritas coqueterías; todavía pretendía parecer
+bien a los parientes a quienes un día desdeñara; un poco de romanticismo
+puramente fantástico, alambicado, enfermizo, era lo único que, en
+presencia de los Valcárcel, y sólo entonces, revelaba la existencia de
+un espíritu dentro de aquella flaca criatura pálida y arrugada: lo demás
+del tiempo, casi todo el día, parecía un animal rabiando, con el
+instinto de ir a morder siempre en el mismo sitio, en el ánimo apocado y
+calmoso del suave cónyuge.
+
+Bonifacio no era cobarde; pero amaba la paz sobre todo; lo que le daba
+mayor tormento en las injustas lucubraciones bilioso-nerviosas de su
+mujer, era el ruido.
+
+«Si todo eso me lo dijera por escrito, como hacía D. Diego cuando
+insultaba a la parte contraria o al inferior en papel sellado, yo mismo
+lo firmaría sin inconveniente». Las voces, los gritos, eran los que le
+llegaban al alma, no los _conceptos_, como él decía.
+
+Había temporadas en que, después de los ordinarios servicios de la
+alcoba, para los que era irreemplazable el marido, Emma declaraba que no
+podía verlo delante, que el mayor favor que podía hacerla era marcharse,
+y no volver hasta la hora de tal o cual faena de la incumbencia
+exclusiva de Bonifacio. Entonces él veía el cielo abierto, tomando la
+puerta de la calle.
+
+
+
+
+-IV-
+
+
+Se iba a una tienda. Tenía tres o cuatro tertulias favoritas alrededor
+de sendos mostradores. Repartía el tiempo libre entre la botica de la
+Plaza, la librería Nueva, que alquilaba libros, y el comercio de paños
+de los Porches, propiedad de la viuda de Cascos. En este último
+establecimiento era donde encontraba su espíritu más eficaz consuelo; un
+verdadero bálsamo en forma de silencio perezoso y de recuerdos tiernos.
+Por la tienda de Cascos había pasado todo el romanticismo provinciano
+del año cuarenta al cincuenta. Es de notar que en el pueblo de
+Bonifacio, como en otros muchos de los de su orden, se entendía por
+romanticismo leer muchas novelas, fuesen de quien fuesen, recitar versos
+de Zorrilla y del duque de Rivas, de Larrañaga y de D. Heriberto García
+de Quevedo (salvo error), y representar _El Trovador_ y _El Paje_,
+_Zoraida_ y otros dramas donde solía aparecer el moro entregado a un
+lirismo llorón, desenvuelto en endecasílabos del más lacrimoso efecto:
+
+ ¿Es verdad, Almanzor, mis tiernos brazos te vuelven a estrechar?
+ ¡Pluguiera al cielo!, etc.
+
+decía Bonifacio y decían todos los de su tiempo con una melopea pegajosa
+y simpática, algo parecida a canto de nodriza. Y decían también, esto
+con más energía:
+
+ ¡Boabdil, Boabdil, levántate y despierta!... etc.
+
+Esta era la mejor y más sana parte de lo que se entendía por
+romanticismo. Su complemento consistía en aplicar a las costumbres algo
+de lo que se leía, y, sobre todo, en tener pasiones fuertes, capaces de
+llevar a cabo los más extremados proyectos. Todas aquellas pasiones
+venían a parar en una sola, el amor; porque las otras, tales como la
+ambición desmedida, la aspiración a algo desconocido, la profunda
+misantropía, o eran cosa vaga y aburrida a la larga, o tenían escaso
+campo para su aplicación en el pueblo; de modo que el romanticismo
+práctico venía a resolverse en amor con acompañamiento de guitarra y de
+periódicos manuscritos que corrían de mano en mano, llenos de versos
+sentimentales. ¡Lástima grande que este lirismo sincero fuera las más
+veces acompañado de sátiras ruines en que unos poetas a otros se
+enmendaban el vocablo, dejando ver que la envidia es compatible con el
+idealismo más exagerado! En cuanto al amor romántico, si bien comenzaba
+en la forma más pura y conceptuosa, solía degenerar en afecto clásico;
+porque, a decir la verdad, la imaginación de aquellos soñadores era
+mucho menos fuerte y constante que la natural robustez de los
+temperamentos, ricos de sangre por lo común; y el ciego rapaz, que nunca
+fue romántico, hacía de las suyas como en los tiempos del Renacimiento y
+del mismo clasicismo, y como en todos los tiempos; y, _en suma_, según
+confesión de todos los tertulios de la tienda de Cascos, la moralidad
+pública jamás había dejado tanto que desear como en los benditos años
+románticos; los adulterios menudeaban entonces; los Tenorios, un tanto
+averiados, que quedaban en la ciudad, en aquella época habían hecho su
+agosto; y en cuanto a jóvenes solteras y _de buena familia_, se sabía de
+muchas que se habían escapado por un balcón, o por la puerta, con un
+amante; o sin escaparse se habían encontrado encinta sin que mediara
+ningún sacramento. La tertulia de Cascos y la tienda de los Porches
+habían sido, respectivamente, ocasión y teatro de muchas de aquellas
+aventuras, que se envolvían en un picante misterio y después venían a
+ser pasto de una murmuración misteriosa también y no menos picante.
+Aunque en nombre de la religión y de la moral se condenasen tales
+excesos, no cabe negar que en los mismos que murmuraban y censuraban
+(tal vez cómplices, por amor al arte, de tales extremos) se adivinaba
+una recóndita admiración, algo parecida a la que inspiraban los poetas
+en boga, o los buenos cómicos, o los cantantes italianos--buenos o
+malos--o los guitarristas excelentes. Aquel romanticismo representado en
+la sociedad (entonces todavía no se había inventado eso de hablar tanto
+de la realidad) era como un grado superior en la común creencia
+estética. En cambio, si los antiguos partidarios del _clair de lune_ de la
+tienda de paños tenían que declarar la inferioridad moral--relativamente
+al sexto mandamiento no más--de aquellos tiempos, recababan para ellos el
+mérito de las buenas formas, del eufemismo en el lenguaje; y así, todo
+se decía con rodeos, con frases opacas; y al hablar de amores de
+ilegales consecuencias se decía: «Fulano obsequia a Fulana», v. gr. De
+todas suertes, la vida era mucho más divertida entonces, la juventud más
+fogosa, las mujeres más sensibles. Y al pensar en esto suspiraban los de
+la tienda de Cascos; de Cascos, que había muerto dejando a la viuda la
+herencia de los paños, de la clientela y de los tertulios ex románticos,
+ya todos demasiado entrados en años y en cuidados, y muchos en grasa,
+para pensar en sensiblerías trascendentales. Pero no importaba; se
+seguía suspirando, y muchos de aquellos silencios prolongados que
+solemnizaban la ya imponente oscuridad de la tienda con aspecto de
+cueva; muchos de aquellos silencios que tanto agradaban a Reyes, estaban
+consagrados a los recuerdos del año cuarenta y tantos. La viuda, señora
+respetable de cincuenta noviembres, tal vez había amado y se había
+dejado amar por uno de aquellos asiduos tertulios, un D. Críspulo
+Crespo, relator, funcionario probo y activo e inteligente, de muy mal
+genio; sí, se habían amado, aunque sin ofensa mayor de Cascos; y en
+opinión de los amigos, seguían amándose; pero todos respetaban aquella
+pasión recóndita e inveterada; rara vez se aludía a ella, y se la tenía
+por único recuerdo vivo de tiempos mejores; y el respeto a tal documento
+póstumo del muerto romanticismo se mostraba tan sólo en dejar
+invariablemente un puesto privilegiado, dentro del mostrador, para D.
+Críspulo.
+
+Bonifacio, que había sido uno de los más distinguidos epígonos de aquel
+romanticismo al pormenor, ya moribundo, se sentía bien quisto en la
+tertulia y se acogía a su seno, tibio como el de una madre.
+
+Una tarde que Emma le arrojó de su alcoba por haber confundido los
+ingredientes de una cataplasma--¡caso raro!--, Bonifacio entró en la
+tienda de paños más predispuesto que nunca a la voluptuosidad de los
+recuerdos. Don Críspulo estaba en su asiento privilegiado. La viuda
+hacía calceta enfrente del relator. Ambos callaban. Los demás ex
+románticos, entre toses y largos intervalos de silencio que parecían
+parte del ceremonial de un rito misterioso, soñoliento, hablaban en la
+semioscuridad gris, fuera del mostrador, y repasaban sus comunes
+recuerdos. ¿Quién vivía en aquella plaza que tenían delante, el año
+cuarenta? El habilitado del clero, allí presente, hombre de prodigiosa
+memoria, recordaba uno por uno los inquilinos de todos aquellos
+edificios tristes y sucios, grandes caserones de dos pisos. «Las de
+Gumía habían muerto en la Habana, donde era el año cuarenta y seis
+magistrado el marido de la mayor; en el piso segundo de la casa grande
+de Gumía habitaba el secretario del Gobierno civil, que se llamaba
+Escandón, era gallego, muy buen poeta, y se había suicidado en Zamora
+años después, porque siendo tesorero se le había hecho responsable de un
+desfalco debido al contador. En el número cinco vivían los de Castrillo,
+cinco hermanos y cinco hermanas, que tenían tertulia y comedias caseras;
+la casa de Castrillo era uno de los focos del romanticismo del pueblo;
+allí se escribía el periódico anónimo y clandestino, que después se
+metía por debajo de las puertas. Perico Castrillo había sido un
+talentazo, sólo que entre las mujeres y la bebida le perdieron, y murió
+loco en el hospital de Valladolid. Antonio Castrillo había sido el mejor
+jugador de tresillo de la provincia, después se había ido a jugar a
+Madrid, y allí se agenció de modo, siempre jugando al tresillo, que se
+hizo un nombre en la política y fue subsecretario en tiempo de Istúriz.
+Pero este y los demás Castrillos habían muerto tísicos. En cuanto a
+ellas, se habían dispersado, mal casadas tres, monja una y perdida la
+otra por un seductor del provincial de Logroño, el capitán Suero».
+
+Al llegar a la casa número nueve el habilitado del clero suspiró con
+gran aparato.
+
+--Ahí... todos ustedes recuerdan quién vivía el año cuarenta....
+
+--La _Tiplona_, dijeron unos.
+
+--La _Merlatti_, exclamaron otros.
+
+La _Tiplona_, la _Merlatti_ había sido el microcosmos del romanticismo
+músico del pueblo. Era una tiple italiana que aquellos provincianos
+hubieran echado a reñir con la Grissi, con la Malibrán, sin necesidad de
+haber oído a estas. No concedían aquellos señores formales que en este
+mundo se hubiera oído cosa mejor que la Merlatti... ¡Y qué carnes! ¡Y
+qué trato! Era más alta que cualquiera de los presentes, blanca como la
+nieve, suave como la manteca y de una musculatura tan exuberante como
+bien contorneada; montaba a la inglesa, tiraba la pistola, y había
+abofeteado en medio del paseo a la _Tiplona_, su rival la Volpucci, que
+también tenía sus aficionados. Esta era delgada, flexible como un mimbre
+y lucía más que la _Tiplona_ en las _fioriture_; pero como voz y como
+carnes y buena presencia, no había comparación. La _Tiplona_ había
+vencido, y había vuelto a la ciudad en varias temporadas, y por último se
+había casado con un coronel retirado, dueño de aquella casa de la plaza
+del teatro, el coronel Cerecedo; y allí había vivido años y años dando
+conciertos caseros y admirada y querida del pueblo filarmónico,
+agradecido y enamorado de los encantos, cada vez más ostentosos, de la
+ex tiple. Y ¡quién lo dijera!, también había muerto tísica, después de
+un mal parto. ¡La _Tiplona_! El que más y el que menos de aquellos señores
+la había amado en secreto o paladinamente, y el mismo Bonifacio, muy
+joven entonces, tenía que confesarse que su afición a la ópera seria
+había crecido escuchando a aquella real moza, que enseñaba aquella
+blanquísima pechuga, un pie pequeño, primorosamente calzado, y unos
+dientes de perlas.
+
+El habilitado del clero siguió pasando revista a los inquilinos del año
+cuarenta; de aquella enumeración melancólica de muertos y ausentes salía
+un tufillo de ruina y de cementerio; oyéndole parecía que se mascaba el
+polvo de un derribo y que se revolvían los huesos de la fosa común, todo
+a un tiempo. Suicidios, tisis, quiebras, fugas, enterramientos en vida,
+pasaban como por una rueda de tormento por aquellos dientes podridos y
+separados, que tocaban a muerto con una indiferencia sacristanesca que
+daba espanto. El vejete terminó su historia al por menor con los ojos
+encendidos de orgullo. ¡Qué memoria la suya!, pensaba él. ¡Qué mundo
+este!, pensaban los demás.
+
+A Bonifacio aquella narración le había hecho recordar el espectáculo
+tristísimo de las ruinas de la casa donde él había nacido; sí, él había
+visto desprenderse las paredes pintadas de amarillo y otras cubiertas de
+papel de ramos verdes; él había visto como en un plano vertical la
+chimenea despedazada, al amor de cuya lumbre su madre le había dormido
+con maravillosos cuentos; allá arriba, en un tercer piso... sin piso,
+quedaba de todo aquel calor del hogar el hueco de una hornilla en una
+medianería agrietada, sucia y polvorienta. ¡Al aire libre, siempre
+expuesta a las miradas indiferentes del público, estaba la alcoba en que
+había muerto su padre! Sí; él había visto en lo alto los restos
+miserables, la pared manchada por las expectoraciones del enfermo, las
+señales del hierro de la cama humilde en la grasa de aquella pared....
+¿Qué quedaba de toda aquella vivienda, de aquella familia pobre, pero
+feliz por el cariño? Quedaba él, un aficionado a la flauta, en poder de
+su Emma, una furia, sí, una furia, no había para qué negárselo a sí
+mismo. La casa había desaparecido; aquellas ruinas de su hogar habían
+estado siendo el escándalo de la gacetilla urbana. «¿Pero cuándo se
+derriba la inmunda fachada de la esquina asquerosa de la calle del
+Mercado?». Esto había gritado la prensa local meses y meses, y al fin el
+Municipio había aplicado la piqueta de _doña Urbana_, como decía el
+periódico, a los últimos restos de tantos recuerdos sagrados. ¿Y él
+mismo, pensaba Bonifacio, qué era más que un esquinazo, una ruina
+asquerosa que estaba molestando a toda una familia linajuda con su
+insistencia en vivir, y ser, por una aberración lamentable, el marido de
+su mujer? Todas aquellas ideas tristes y humillantes las había
+despertado en su espíritu el diablo del habilitado con aquella _ojeada
+retrospectiva_ al año cuarenta. ¡La historia! ¡Oh!, la historia en las
+óperas era una cosa muy divertida... _Semíramis_, _Nabucodonosor_, _Las
+Cruzadas_, _Atila_... magnífico todo... pero las de Gumía, las de
+Castrillo... tanta muerte, tanta vergüenza, tanta dispersión y
+podredumbre... esto _encogía el ánimo_. Por fortuna la conversación volvió
+a la _Tiplona_, y con motivo de esto se recordó las óperas que se
+cantaban entonces y las que se cantaban ahora en comparación con
+aquellas. La verdad era que ahora no se cantaban óperas en el pueblo,
+pues casi hacía ocho años que no parecía por allí un mal cuarteto.
+Entonces el habilitado, que tanto había entristecido al concurso, se
+dignó dar una noticia de actualidad, contra su costumbre. Su costumbre
+era despreciar _altamente_ todos los sucesos próximos, pasados o futuros,
+que no exigían, para ser referidos o inducidos, gran retentiva, como él
+llamaba a la memoria. Con aire displicente dijo el buen hombre:
+
+--Pues ópera la van ustedes a tener ahora, y buena; porque me ha dicho el
+alcalde que han pedido el teatro desde León el famoso Mochi y la
+Gorgheggi.
+
+--¡La Gorgheggi!--gritaron a una los presentes.
+
+Y hasta el relator hizo un movimiento de sorpresa en su silla, metido en
+la sombra, y la viuda de Cascos le miró y suspiró discretamente.
+
+Ocho días después estaban en el pueblo el tenor Mochi, famoso en todos
+los teatros de provincia del reino, y su protegida y discípula la
+Gorgheggi. Cantaron _La Extranjera_ la primera noche, y aunque el diario
+más filarmónico de la capital «no se atrevió a emitir juicio por una
+sola audición», el público, menos circunspecto (verdad es también que
+con menos responsabilidad ante la historia del arte), se entusiasmó
+desde luego y juró en masa que «desde la _Tiplona_ acá no se había oído
+prodigio por el estilo. La Gorgheggi era un ruiseñor; y además, ¡qué
+guapa, qué amable, qué atenta con el público, qué agradecida a los
+aplausos!». Sí que era guapa; era una inglesa traducida por su amigo
+Mochi al italiano, dulce y de movimientos suaves, de ojos claros y
+serenos, blanca y fuerte; tenía una frente de puras líneas, que lucía
+modestamente, con un peinado original, en que el cabello, de castaño
+claro y en ondas, servía de marco sencillo a aquella blancura pálida, en
+que, hasta de día, como pensaba Bonifacio, parecía haber reflejos de la
+luna. Bonifacio vio dos actos de _La Extranjera_ la noche del estreno, y
+con un supremo esfuerzo de la voluntad se arrancó de las garras de la
+tentación y volvió al lado de su esposa, de su Emma, que, amarillenta y
+desencajada y toda la cabeza en greñas, daba gritos en su alcoba porque
+su esposo la abandonaba, acudiendo tarde, muy tarde, media hora después
+de la señalada, a darle unas friegas sin las cuales pensaba ella que se
+moría en pocos minutos. Llegó Reyes, dio las friegas con gran ahínco, en
+silencio, oyendo resignado los gritos, mezclados de improperios, de su
+mujer, y pensando en la frente y en la voz de la Gorgheggi y en el final
+de _La Extranjera_, que estarían entonces cantando.
+
+Y se acostó Bonifacio, discurriendo: «¡Sí, es muy hermosa, pero lo mejor
+que tiene es la frente; no sé lo que dice a mi corazón aquella curva
+suave, aquella onda dulce!... Y la voz es una voz... maternal; canta con
+la coquetería que podría emplear una madre para dormir a su hijo en sus
+brazos: parece que nos arrulla a todos, que nos adormece... es... aunque
+parezca un disparate, una voz honrada, una voz de ama de su casa que
+canta muy bien: aquella _pastosidad_, como dice el relator, debe de ser la
+que a mí me parece timbre de bondad; así debieran cantar las mujeres
+hacendosas mientras cosen la ropa o cuidan a un convaleciente... ¡qué sé
+yo!, aquella voz me recuerda la de mi madre... que no cantaba nunca.
+¡Qué disparates! Sí, disparates para dichos, pero no para pensados.... En
+fin, ¿qué tengo yo que ver con ella? Nada. Probablemente Emma no me
+dejará volver al teatro...». Y se durmió pensando en la frente y en la
+voz de la Gorgheggi.
+
+Al día siguiente, a las doce de la mañana había ensayo, y allí estaba
+Bonifacio, más muerto que vivo, barruntando la escena que le preparaba,
+de fijo, su mujer, a la vuelta. Se había escapado de casa. Y tenía que
+confesarse que el placer de estar allí era mayor, por lo mismo que era
+un acto de rebeldía su presencia en tal sitio.
+
+Los ensayos siempre habían sido el encanto de Reyes. No se explicaba él
+bien por qué los prefería a las funciones más solemnes y magníficas. A
+su manera, venía a pensar esto: «El teatro verdadero, el teatro por
+dentro, era el del ensayo; a Reyes no le gustaba la ficción en nada, ni
+en el arte; decía él que los tenores y tiples no debían cantar delante
+de las candilejas, entre árboles de lienzo y vestidos de percal ante un
+público distraído y en una sala estrecha donde el aire era veneno; los
+tenores y tiples debían andar, como los ruiseñores o las sirenas,
+esparcidos por los bosques repuestos y escondidos, o por las islas
+misteriosas, y soltar al aire sus trinos y gorjeos en la clara noche de
+luna, al compás de las melancólicas olas que batían en la playa, y de
+las ramas de la selva que mecía la brisa...». Bueno; pero ya que esto no
+podía ser, Bonifacio prefería oír a los cantantes en el ensayo. Porque
+allí veía al _artista_ tal como era, no como tenía que fingir que era. Por
+un instinto de buen gusto, de que él no podía darse cuenta, lo que
+aborrecía en las representaciones públicas era la mala escuela de
+declamación, la falsedad de actitudes, trajes, gestos, etc., etc., de
+los cómicos que iban por aquel pobre teatro de provincia. En el ensayo
+no veía un Nabucodonosor que parecía el rey de bastos, ni un _Atila_
+semejante a un cabrero, sino un caballero particular que cantaba bien y
+estaba preocupado de veras con sus cosas, verbigracia, la mala paga, el
+mal tiempo que le tomaba la voz, o el correo que le traía malas
+noticias. Bonifacio amaba el arte por el artista, admiraba a aquella
+gente que recorría el mundo sin estar jamás seguros del pan de mañana,
+preocupados con los propios y los ajenos gorgoritos.--¡Cómo hay
+valiente--pensaba él--, que se decida a fiar su existencia del fagot, o
+del cornetín o del violoncello, verbigracia, o de una voz de bajo
+segundo, con veinte reales diarios, que es lo más bajo que se puede
+cantar! Yo, por ejemplo, sería un flauta pasable, pero ¡por cuanto hay
+no me atrevería a escaparme de casa y a ir por esos mundos hasta Rusia,
+tapando huecos en una orquesta! Acaso a mi dignidad y a mi independencia
+les estuviera mejor emprender esa carrera; pero ¡antes me tiro al agua!
+El azar... lo imprevisto... el pan dudoso, ¡qué miedo! Y por lo mismo
+que él se creía incapaz de ser _artista_, en el sentido de echar a correr
+sin más que la flauta, por lo mismo admiraba más y más a aquellos
+hombres, que eran indudablemente de otra madera.
+
+Ya la cualidad de extranjero, y aun la menos extraordinaria de
+forastero, era para Bonifacio muy recomendable; no ser de su pueblo, de
+aquel pueblo mezquino donde habían nacido él y su mujer, constituía una
+ventaja; ser de muy lejos era una maravilla.... El mundo... el resto del
+mundo ¡debía de ser tan hermoso! Lo que él conocía era tan feo, tan poca
+cosa, que las bellezas que había soñado y de que hablaban los versos y
+los libros de aventuras, deberían de estar, de fijo, en todos esos
+lugares desconocidos.... En Méjico había visto poco bueno; pero al fin
+Méjico había sido colonia española, y se le había pegado la pequeñez de
+por acá. El verdadero _extranjero_ era otro. Y de este venían los
+artistas, los cantantes.... Ser italiano, ser artista... ser músico, esto
+era miel sobre hojuelas y néctar sobre la miel. Y cuando el extranjero,
+el artista, el músico... era hembra, entonces el respeto y admiración de
+Bonifacio llegaban a ser religión, idolatría.... Por todo lo cual, y por
+lo antes apuntado, prefería con mucho ver a los cómicos tal como eran, a
+verlos pintados de reyes o de sacerdotisas respectivamente. En el
+ensayo, en el ensayo era donde se conocía al artista....
+
+Entró en el palco proscenio, a que estaban abonados desde tiempo
+inmemorial sus amigos de la tienda de Cascos; era el más bajo de los
+_claros_, que así se llamaba entonces a los que después se denominó
+plateas, y tenía, por ser de proscenio y estar medio escondido por una
+pared maestra, el apodo vulgar de faltriquera (años adelante bolsa). No
+había nadie en el palco. Reyes abrió la puerta, procurando evitar el
+menor ruido. Para él era el teatro el templo del arte, y la música una
+religión. Se sentó con movimientos de gato silencioso y cachazudo; apoyó
+los codos en el antepecho y procuró distinguir los bultos que como
+sombras en la penumbra cruzaban por el oscuro escenario. No había
+entonces baterías de gas y no podía llevarse la luz por delgados tubos,
+como años adelante se vio allí mismo, a una altura discrecional; las
+humildes candilejas alumbraban lo poco que podían, desde el tablado,
+como estrellas... de aceite, caídas. A la derecha del actor (así pensaba
+Reyes), alrededor de una mesa alumbrada apenas por un quinqué de luz
+triste, había un grupo de sombras que poco a poco fue distinguiendo.
+Eran el director de escena, el apuntador, un traspunte y un hombre gordo
+y pequeño, de panza extraordinaria, vestido con suma corrección, muy
+blanco, muy _distinguido en sus modales_; era el _signor_ Mochi, empresario
+y tenor primero... y último de la Compañía. Otros grupos taciturnos
+vagaban por el foro, eran los coristas: el cuerpo de _señoras_ estaba
+sentado en corro a la izquierda. Donde quiera que se juntaban aquellas
+damas pálidas y mal vestidas tendían, por la fuerza de la costumbre, a
+formar arcos de círculo, semicírculos y círculos según las
+circunstancias.
+
+Reyes había leído la _Odisea_ en castellano y recordaba la interesante
+visita de Ulises a los infiernos; aquella vida opaca, subterránea del
+Erebo, donde opinaba él que tanto debían de aburrirse las almas de los
+que fueron, se le representaba ahora al ver a los tristes cómicos,
+silenciosos y vagabundos, cruzar el escenario oscuro, como espectros. Ya
+sabía él que otras veces reinaba allí la alegría, que aquello iría
+animándose; pero había siempre en los ensayos cuartos de hora tristes.
+Cuando al _artista_ no le anima esa especie de alcohol espiritual del
+entusiasmo estético, se le ve caer en un marasmo parecido al que abruma
+a los desventurados esclavos del hachís y del opio.... Reyes había hecho
+a su modo un profundo estudio psicológico de los pobres tenores ex
+notables que venían a su pueblo averiados, como barcos viejos que buscan
+una orilla donde morir tranquilos, acostados sobre la arena; también
+sabía mucho de tiples de tercer orden que pretendían pasar por
+estrellas: aunque era muy joven todavía cuando había tenido ocasión de
+hacer observaciones, la reflexión serena le había ayudado no poco.
+Observaba compadeciendo, y compadecía admirando, de modo que el análisis
+llegaba verdaderamente al alma de las cosas. Lo que él no veía era el
+lado malo de los artistas. Todo lo poetizaba en ellos. Los contrastes
+fuertes y picantes de sus ensueños de gloria y de su vida de bastidores
+con la mezquina prosa de una existencia difícil, llena de los roces
+ásperos con la necesidad y la miseria, le parecían a Reyes motivos de
+poética piedad y daban una aureola de martirio a sus ídolos.
+
+Aquel día procuró, como siempre, atraer hacia sí la atención de _las
+partes_ (el tenor, la tiple, el barítono, el bajo y la contralto), y esto
+solía conseguirlo sonriendo discretamente cuando algún cantante le
+miraba por casualidad después de _atacar con valentía_ una nota, o de
+hacer cualquier primor de garganta, o también después de decir un
+chiste.
+
+Mochi, el tenor bajo y gordo, era como una ardilla y hablaba más que un
+sacamuelas, pero en italiano cerrado, y con suma elegancia en los
+modales. Hablaba con el maestro director que se reía siempre, y Reyes,
+que no entendía a Mochi, pero que creía adivinarle, sonreía también.
+Como no había nadie más que él en calidad de mero espectador del ensayo,
+el tenor no tardó en notar su presencia y sus sonrisas, y al poco rato
+ya le consagraba a él, a Reyes, todos sus _concetti_. Tanto se lo
+agradeció Bonifacio, que al tiempo de levantarse para salir del palco
+deliberó consigo mismo si debía saludar al tenor con una ligera
+inclinación de cabeza. Miró Mochi a Reyes... y Reyes, poniéndose muy
+colorado, sacudió su hermosa cabellera con movimientos de maniquí, y se
+fue a su casa... impregnado del ideal.
+
+
+
+
+-V-
+
+
+Por la noche Emma le echó del seno del hogar por algunas horas, y
+Bonifacio volvió al ensayo. Ahora no estaba sólo en calidad de público;
+en todas las _faltriqueras_ había abonados, y en la de los tertulios de
+Cascos se destacaba la respetable personalidad del Gobernador militar,
+que honraba a aquellos señores aceptando un asiento en lo oscuro. Reyes
+se sentó en primera fila, y en cuanto Mochi miró hacia el palco, le
+saludó con el sombrero. No contestó el tenor por lo pronto, lo cual
+desconcertó al buen aficionado, principalmente por lo que pensarían sus
+amigos; mas ¡oh gloria inmortal, oh momento inolvidable!, al lado de
+Mochi, frente a la cáscara del apuntador, había una mujer, una señora,
+con capota de terciopelo, debajo de la cual asomaban olas de cabello
+castaño claro y fino; y aquella mujer, aquella señora que había notado
+el saludo de Reyes, tocó familiarmente con una mano enguantada en un
+hombro del tenor, y le debió de decir:
+
+--En aquel palco te han saludado.
+
+Ello fue que Mochi se volvió con rapidísimo gesto, vio a Reyes y se
+deshizo en cortesías....
+
+En el palco todos envidiaron aquello, hasta el _brigadier_ Gobernador
+militar de la provincia; y más envidiaron la sonrisa con que la dama de
+la capota se atrevió a acompañar el saludo de Mochi, muy satisfecha, al
+parecer, de haberle advertido su distracción.
+
+Reyes encontró en sus ojos la mirada de la Gorgheggi--que no era otra la
+dama--y muchas veces, muchas, pensando después en aquel momento solemne
+de su vida, tuvo que confesarse que impresión más dulce ni tan fuerte no
+la había experimentado en toda su juventud, tan romántica _por dentro_.
+
+«Una mirada así--se dijo en aquel instante--, sólo puede tenerla una
+extranjera que sea además artista. ¡Qué modestia en el atrevimiento, qué
+castidad en la osadía! ¡Qué inocente descaro, qué cándida
+coquetería!...».
+
+De las sonrisas y los saludos poco se tardó en pasar a las buenas
+palabras: Bonifacio y otros señores de su palco reían discretamente los
+chistes con que Mochi se burlaba con disimulo de la orquesta, que era
+indígena y desafinaba como ella sola; un lechuguino, que tenía fama de
+hacer grandes y muy valiosas conquistas entre bastidores, se atrevió a
+servir de intérprete, a su modo, entre el tenor y _un_ trompa a quien el
+artista dirigió una cortés reprimenda en italiano. No era que el
+lechuguino supiera mucho de la lengua del Dante, pero sí lo suficiente
+para comprender que al hablar de _missure_, Mochi se refería a los
+compases; mas los conocimientos lingüísticos del trompa no llegaban
+allí. Poco después Bonifacio se arriesgó, poniéndose muy colorado, a
+traducir otra observación humilde--esta de la Gorgheggi--al idioma del
+trompa pertinaz, un hombre de tan mal genio como oído; la tiple había
+hablado en español, había dicho «compás» como, de hablar, podría decirlo
+un canario; pero el hombre del bronce no había querido entender tampoco;
+la traducción de Bonifacio consistió en repetir a gritos las palabras de
+la cantante, inclinándose desde el palco sobre la cabeza calva del
+músico.
+
+--¡Mil gracias... oh... mil gracias!, había dicho la artista,
+despidiendo, entre miradas y sonrisas, chispas de gloria para el corazón
+de Reyes, que estuvo viendo candelillas un cuarto de hora. Le zumbaban
+los oídos, y pensaba que si en aquel momento aquella mujer le proponía
+escaparse juntos al fin del mundo, echaba a correr sin equipaje ni nada,
+sin llevar siquiera las zapatillas; y eso que no concebía cómo hombre
+nacido podía echarse por la mañana de la cama y calzarse las botas de
+buenas a primeras. Siempre que leía aventuras de viajes lejanos, grandes
+penalidades de náufragos, misioneros, conquistadores, etc., etc., lo que
+más compadecía era la ausencia probable de las babuchas.
+
+Sin faltar a un solo ensayo, y yendo también al teatro todas las noches
+de función en que podía robar algunas horas a sus quehaceres domésticos,
+llegó Bonifacio a intimar con las partes, como él decía, de tal manera,
+que los amigos de la tertulia de Cascos llegaron a suponerle en
+relaciones amorosas con la Gorgheggi.
+
+--Yo les digo a ustedes que la obsequia--aseguraba el relator.
+
+--Yo sostengo que no la obsequia--decía el lechuguino, envidioso.
+
+La verdad era que la simpatía, y a los pocos días la más cordial
+amistad, habían llegado a tal punto entre Mochi y Bonifacio, que el
+tenor, después de tomar juntos café una tarde, no había vacilado en
+pedir al _suo nuovo magià carissimo amico_, _duecento lire_, o sean
+cuarenta duros en el lenguaje que entendía Reyes. Pidió el italiano con
+tal sencillez y desenfado aquellos ochocientos reales, acto continuo de
+haber contado una aventura napolitana que le había costado cerca de dos
+mil duros, que Bonifacio tuvo que decirse: «Para este hombre cuarenta
+duros son como para mí un cigarrillo de papel; me ha pedido esos cuartos
+como quien pide lumbre para el cigarro; lo que le sobra a él, de fijo,
+es dinero; pero no lo tiene aquí, en este momento; lo malo es que
+tampoco lo tengo yo. Pero hay que buscarlo corriendo, no hay más
+remedio. Si se lo doy, no me lo agradecerá, aunque bien sabe Dios que no
+sé de dónde sacarlo; pero a él ¿qué? ¿Qué son ochocientos reales para
+este hombre? En cambio, si no se los busco inmediatamente me
+despreciará, me tendrá por un miserable... ¡Antes la muerte!».
+
+Colorado como un pimiento declaró el español que, por una casualidad que
+lamentaba, no traía consigo aquella insignificante cantidad; pero que en
+un periquete corría a su casa... que estaba muy cerca, y volvía con los
+cuartos.
+
+Y echó a correr sin oír las palabras de Mochi que, por no molestarle,
+renunciaba al préstamo.
+
+En efecto, la casa de Emma no estaba lejos; pero llegar a ella, entrar,
+era más fácil que volver al teatro, al cuarto del tenor, con los
+cuarenta duros. ¿De dónde iba a sacarlos el infeliz esclavo de su mujer?
+¡Ay! ¡Con qué amargura contempló entonces, por la primera vez, su triste
+dependencia, su pobreza absoluta! No era dueño ni de los pantalones que
+tenía puestos, y eso que parecía que habían _nacido_ ajustados a sus
+piernas; ¡tan bien le sentaban! No tenía dos reales que pudiera decir
+que eran suyos. ¿Qué hacer? ¿Renunciar para siempre al ideal? Mochi le
+aguardaba con aquellos ojos punzantes, risueños y maliciosos: sin el
+dinero no se podía volver: detrás de Mochi estaba la Gorgheggi, su
+discípula, su pupila. Bien; puesto que no tenía aquellos cuarenta duros
+ni de donde sacarlos, como no robase los candelabros de plata que tenía
+delante de los ojos, sobre la mesa del despacho (el despacho de D.
+Diego, que seguía siendo _despacho_ sin adjudicación singular: el de don
+Juan Nepomuceno, el de Emma, el de todos); como no tenía cuarenta duros
+ni de donde le vinieran, renunciaría a su felicidad; no volvería a
+presentarse ante los queridos amigos italianos, ante los artistas
+sublimes, se sacrificaría en silencio; cualquier cosa menos volver allá
+con las manos vacías....
+
+En aquel momento D. Juan Nepomuceno se presentó en el despacho con un
+saquito de dinero entre las manos; saludó a Reyes con solemnidad, y se
+puso a contar pesos fuertes sobre la mesa; se trataba de la renta de la
+Comuña, una casería que entregaba limpios todos los años cuatro mil
+reales. Mientras don Juan, sin hacer caso del importuno, iba haciendo
+pilas de pesos en correcta formación hasta el punto de recordar al pobre
+_dilettante_ de todas las artes las ruinas de un templo griego, Reyes
+pensaba:
+
+--Esas columnas argentinas debía formarlas yo: ¡yo debía ser el
+administrador de los bienes de mi mujer!
+
+Una ola de dignidad retrospectiva le subió al rostro y le dio valor
+suficiente para decir:
+
+--D. Juan, necesito mil reales.
+
+Años después, recordando aquel golpe de audacia, para el cual sólo el
+amor podía haberle dado fuerzas, lo que más admiraba en su temeraria
+empresa era el piquillo de su pretensión, los doscientos reales en que
+su demanda había excedido a su necesidad. «¿Por qué pedí mil reales en
+vez de ochocientos?». No se lo explicó nunca.
+
+D. Juan Nepomuceno miró, sin contestar, a su afín. ¡Mil reales! Aquel
+mentecato se había vuelto loco.
+
+--Sí, señor, mil reales; y no hace falta que mi mujer sepa nada; yo se
+los devolveré a usted mañana mismo; se trata de sacar de un apuro a un
+amigo de la infancia... paga segura....
+
+--Amigo de la infancia... paga segura.... No lo entiendo.
+
+Esto fue todo lo que dijo el tío administrador. ¿Cómo un amigo de la
+infancia de aquel pelagatos podía ser paga segura? Esto quería dar a
+entender, y Bonifacio, comprendiéndolo, rectificó:
+
+--De la infancia... precisamente... no... es uno de los amigos de la
+viuda de Cascos....
+
+Y se puso otra vez muy colorado.
+
+D. Juan clavó una mirada puntiaguda en los ojos claros... y turbados de
+su afín; adivinó algo, echó sus cuentas en un segundo, y, tomando dos
+montones de plata, se los puso entre los dedos al pasmado Reyes, sin
+decir más que:
+
+--Tome usted; son mil justos.
+
+--Bueno, gracias. Mañana mismo....
+
+--Eso... allá usted.
+
+--Y que Emma no sepa....
+
+--Por ahora no hace falta que sepa nada.
+
+--¿Cómo por ahora?
+
+--Y si usted reintegra a la caja (así hablaba el tío) esa cantidad en
+breve, no sabrá nada nunca.
+
+--Bien, bien; mañana mismo.
+
+Ni mañana, ni pasado, ni al otro. Mochi recibió sus doscientas liras,
+como él las llamaba, con más expresivas muestras de agradecimiento que
+esperaba su _nuovo amico_; pero de devolución no dijo nada. ¡Cuáles serían
+las emociones que se amontonaron en el pecho del pobre flautista en
+aquellos días, que durante algunos, ni siquiera pensó en la deuda ni en
+la promesa de reintegrar a la caja aquellos cuartos, ni en el peligro de
+que se enterase Emma de todo, ni siquiera en la existencia de
+Nepomuceno!
+
+Con la generosidad de Reyes coincidió (pura coincidencia) la mayor
+amabilidad de Serafina Gorgheggi. Por un privilegio, de que gozaban muy
+pocos, a Bonifacio le consentía el empresario permanecer entre
+bastidores durante la función. Solía colocarse el buen flautista muy
+oportunamente, pero como al descuido, en las entradas y salidas por
+donde él sabía, gracias a los ensayos y al traspunte, que tenía que
+pasar la tiple. Serafina siempre se inmutaba al entrar en escena; él la
+animaba con una sonrisa que ella parecía agradecerle con los ojos,
+cariñosos, _maternales_, como pensaba el marido de Emma. Cuando salía de
+la escena entre aplausos, por pocos que fueran, veía a Reyes que batía
+palmas entusiasmado; entonces sonreía ella, inclinaba la cabeza
+saludando y pasaba discretamente cerca del infeliz enamorado. ¡Qué
+perfume el que dejaba tras de sí aquella mujer! Era un perfume
+espiritual, según él; no se olía con las groseras narices, sino con el
+alma.
+
+Aquella noche, la correspondiente al día del préstamo, Serafina tuvo una
+ovación en el segundo acto, y salió de la escena por la puerta lateral
+de una decoración cerrada de modo que los bastidores dejaban en una
+especie de vestíbulo, cerrado también por todos lados, a Bonifacio, que
+aguardaba allí como solía; para salir de aquella garita de lienzo, había
+que levantar un cortinón pesado, que se usaba para el foro en otras
+decoraciones. La Gorgheggi y su adorador se vieron un momento solos en
+aquel escondite; ella, después de saludar y sonreír al galán como solía,
+radiante ahora de justa satisfacción por los aplausos que aún resonaban
+allá afuera, se turbó un punto, buscando con torpe mano el éxito de
+aquella especie de trampa; y no lo encontró, como si anduviera ciega.
+
+No era Bonifacio hombre capaz de aprovechar ocasiones; pero como si lo
+fuese y la hubiese aprovechado y se hubiera arrepentido de la demasía,
+se echó a temblar también; y se puso a buscar la puerta y tampoco supo
+levantar el tapiz pesado al primer intento. En estas maniobras,
+tropezaron los dedos de uno y otro; pero como él no sabía qué decir y
+ella lo comprendió así, la tiple, por hablar algo, dijo:
+
+--_Il Mochi m'ha detto_... Ah! siete un _galantuomo_...
+
+Y aludió vagamente, con delicadeza, al préstamo.
+
+Serafina, inglesa, hablaba italiano en los momentos solemnes, cuando
+quería dar expresión de seriedad a sus palabras; ordinariamente
+chapurraba español con disparates deliciosos. En inglés no hablaba más
+que con Mochi.
+
+--Señorita... eso... no vale nada.... Entre amigos.... Ha estado usted
+sublime... como siempre.... Es usted un ángel, Serafina.
+
+Sus palabras le enternecieron, le sonaron a una declaración; además, se
+acordó de su mujer y del mal trato que le daba; ello fue que dos
+lágrimas como puños, muy transparentes y tardas en resbalar, le saltaron
+de los hermosos ojos claros; se quedó muy pálido y daba diente con
+diente.
+
+--_Oh amico caro_!--dijo ella con dulcísima voz temblona--; _come siete
+buono_...
+
+Y le cogió la mano que andaba tropezando en la cortina, y se la apretó
+con franca cordialidad.
+
+--Serafina... yo no sé... lo que me hago... usted creerá...
+
+Ella no le contestó, encontró la salida, levantó el cortinón, y con una
+mirada intensa, llena de caridad y protección, le dijo que la siguiera.
+Pero Bonis no se atrevió a traducir la mirada, y no siguió a la tiple.
+En cuanto quedó solo en aquel escondite, sintió que las piernas se le
+hacían ajenas, cayó sentado sobre las tablas, casi perdió el sentido, y,
+como entre sueños, oyó un silbido y voces y blasfemias que sonaban en lo
+alto; cayó un telón a una cuarta de su cabeza, desaparecieron algunos
+bastidores arrastrados, y Reyes se vio entre un corro de tramoyistas y
+señoritas que gritaban: ¡Un herido... un herido!... ¡Un telón ha
+derribado a un caballero!
+
+--¡Ah, el Sr. Reyes!...
+
+--¡Reyes herido!...
+
+--¡Una desgracia!...
+
+Antes que él pudiera desmentir la noticia, había llegado al cuarto de
+Mochi y al de la Gorgheggi.
+
+Ambos acudieron a todo correr, asustados. Serafina se puso en primera
+fila; y como Reyes, con el susto que le habían dado los que le rodearon,
+y las emociones anteriores, y la vergüenza de confesar la verdad, no
+acababa de hablar, por contuso se le tuvo, se le supuso víctima de un
+vahído, pues tan pálido estaba, y las monísimas manos cuyo contacto de
+poco antes aún sentía en la piel, las de la Gorgheggi, le aplicaron
+esencias a las narices y le humedecieron las sienes. Un minuto después
+se vio sentado en el confidente de raso azul que había en el tocador de
+la tiple. Reyes se dejó compadecer, cuidar, mimar podría decirse, y no
+tuvo valor para negar el accidente. ¿Cómo decir que se había caído al
+suelo de gusto, de amor, no derribado por aquella decoración de monte
+espeso?
+
+Serafina parecía adivinar la verdad en los ojos de su apasionado. Los
+curiosos los dejaron solos a poco; Mochi no más entraba y salía,
+felicitándose de que no hubiera habido una desgracia; y por fin se
+marchó porque le llamaba el traspunte. La doncella de la Gorgheggi, que
+era partiquina, tuvo que presentarse también en escena; la tiple no
+cantaba hasta el final del acto.
+
+Para hacerle la operación peligrosa de la _declaración_, a lo que la
+ardiente inglesa estaba resuelta, tuvo que cloroformizarle con miradas
+eléctricas y emanaciones de su cuerpo, muy próximo al del paciente.
+Reyes, en efecto, allá entre sueños, se dejó abrir el pecho, y habló sin
+saber lo que decía, aturdido y hecho un mar de lágrimas. La Gorgheggi,
+si hubiera sido más observadora, hubiera podido aprender en aquella
+confesión de su adorador lo que eran los Valcárcel y adónde conducían
+los matrimonios desiguales. Bonifacio en aquel estado no era responsable
+de sus dichos ni de sus hechos; y así, no se le pudo llamar traidor al
+pan que comía, aunque habló de Emma, la llamó por su nombre y tuvo que
+quejarse de la vida que semejante mujer le daba; y aun aturdido y todo,
+medio loco, no maltrató a su cónyuge; refirió los hechos tal como eran,
+pero los comentarios fueron favorables a Emma; Serafina pudo oír que
+aquella señora tenía gran talento, imaginación, un carácter enérgico de
+hombre superior; hubiera sido un gran caudillo, un dictador; pero la
+suerte quiso que no tuviese a quien dictar nada, a no ser a él, al pobre
+escribiente de D. Diego Valcárcel.
+
+Ocho días pasaron sin que Mochi volviera a pedir dinero a Reyes. Durante
+una semana se juzgó este el hombre más feliz del mundo, a pesar de que
+jamás había experimentado hasta entonces tantos y tan graves apuros,
+acompañados de insufribles remordimientos a ciertas horas. Fue en uno de
+aquellos tormentosos días cuando pensó por vez primera en su vida que
+una pasión fuerte todo lo avasalla, como había leído y oído mil veces
+sin entenderlo. Se creía a veces un miserable, el más miserable de todos
+los maridos ordinariamente dóciles; y, a ratos, se tenía por un héroe,
+por un hombre digno de figurar en una novela en calidad de protagonista.
+
+De los cuarenta duros no había vuelto a acordarse Mochi, ni Reyes se
+atrevió a pedírselos; mas todas las noches, pasados pocos días, los de
+ceguedad completa para todo lo que no fuese el amor de la inglesa, al
+volver a casa temblando por varios motivos, iba pensando en los mil
+reales de la renta de la Comuña.
+
+«¿Pero cómo reclamar aquel dinero por cuyo préstamo su _ídolo_ le había
+llamado galantuomo?». Por cierto que, cuando podía discurrir con alguna
+tranquilidad, Bonifacio extrañaba un poco dos cosas: primera, pensaba
+que Serafina estuviese enterada del favorcillo hecho a Mochi, a Julio,
+se decía él; segunda, que ella hubiera dado a un servicio tan
+insignificante tanto valor. «¿Habrá sido un pretexto para provocar mi
+declaración? Eso debe de haber sido». Las cavilaciones de Reyes en este
+punto no pasaron de ahí.
+
+A los ocho días de la _declaración_, cuando Julio se atrevió a pedirle
+dinero otra vez a Bonifacio, los amores de este con la Gorgheggi no
+habían pasado de los deliciosos preliminares que, por culpa del carácter
+del varón que en ellos tenía interés, amenazaban prolongarse
+indefinidamente.
+
+En cuanto al segundo préstamo, Bonifacio tuvo que confesarse a sí
+mismo que lo había tomado por un escopetazo, y que este era el apelativo
+que le había aplicado en sus adentros.
+
+Julio pidió cinco mil reales para pagar a un bajo profundo que estaba
+mal con el público, porque aplaudían más al bajo cantante que a él, y
+dejaba la Compañía por tesón... y, dicho fuera en secreto, por
+exigencias de los abonados. No llegaba a cinco mil reales, ni con mucho,
+lo que había que darle al bajo que se iba, pero... había que adelantarle
+parte del sueldo a la _notabilidad_ que venía a sustituirle... en fin,
+ello eran cinco mil reales: la Empresa no los tenía en aquel momento....
+pero la renovación del abono daría un resultado seguro y... eran habas
+contadas. Y _él_, Mochi, sonreía con la tranquilidad comunicativa con que
+sonríe el titiritero sano y forzudo que hace trabajar en lo alto de una
+percha a un pobre niño dislocado, que en el programa se llama su hijo.
+«Esa sonrisa--pensaba Reyes--, equivale a una hipoteca... pero no es
+confianza lo que me falta a mí, sino dinero».
+
+No se le ocurrió pensar que negar aquel nuevo préstamo al tenor no era
+desairar a la tiple: un secreto escozor, de que no quería hacer caso, le
+decía siempre que entre los intereses de la Gorgheggi y los de su
+maestro había una solidaridad misteriosa. «Negarle ese dinero a él era
+negárselo a ella», se decía sin poder remediarlo. «Y yo a ella... en
+estas circunstancias, no puedo negarle nada, ni siquiera lo que no
+tengo».
+
+Pensó en D. Juan Nepomuceno, y hasta entró en casa una noche con el
+propósito de pedirle cinco mil reales. «Sí, no cabía duda, hubiera sido
+el colmo del heroísmo. Yo le he prometido a usted devolverle mil reales
+a las veinticuatro horas de recibidos, ¿eh? ¿No es eso? Pues bien; aquí
+me presento, a los ocho días, no a entregar esos cincuenta duros, sino a
+pedir cinco veces otro tanto». ¡Absurdo! El colmo del heroísmo, sí; pero
+absurdo.
+
+Y se acostó y apagó la luz, entregándose a sus remordimientos, que ya
+iban siendo una costumbre casi necesaria para conciliar el sueño. Antes
+de dormirse resolvió esto: que, sucediera lo que sucediera, él,
+Bonifacio Reyes, no pediría ni un cuarto más al tío de su mujer. Pero
+como había prometido llevar al teatro al día siguiente los cinco mil
+reales, y lo había ofrecido con una petulancia que nunca se perdonaría,
+sin titubear, como si lo que a él le sobrara fueran miles de reales;
+como había que buscarlos, no decía encontrarlos, buscarlos sin falta, se
+levantó temprano y se dirigió... a la plaza de la Constitución, lugar de
+cita de todos los mozos de cuerda del pueblo.
+
+--¿Qué hago yo aquí?--se dijo--. No parece sino que uno de estos gallegos
+me va a prestar cinco mil reales por mi cara bonita--. Los barrenderos
+levantaban nubes de polvo que un sol anaranjado teñía del mismo color de
+la niebla que se arrastraba sobre los tejados.
+
+--Pues lo que es uno de estos señores de escoba tampoco creo yo que me dé
+lo que necesito. ¿Qué hago yo aquí?
+
+Y entonces vio que por una calle estrecha, la de Santiago, subía D.
+Benito el Mayor, escribano, hombre delgado y muy pequeño, que venía
+soplándose las manos y traía un rollo de papel debajo del brazo
+izquierdo. Le llamaban D. Benito el Mayor para distinguirle de don
+Benito el Menor, otro escribano, éste muy buen mozo, que se apellidaba
+como el Mayor, García y García. Al pequeño le llamaban el Mayor porque
+era el más antiguo o porque era el más rico. Prestaba dinero a las
+personas distinguidas, no era muy tirano en materia de réditos y plazos,
+y su discreción y sigilo eran proverbiales en la provincia.
+
+En cuanto Bonifacio reconoció al _Mayor_ sintió la súbita alegría que le
+proporcionaba siempre la conciencia de una resolución irrevocable, en él
+cosa rara. «Este es mi hombre--se dijo--; la Providencia me ha hecho
+madrugar hoy; por algo yo he venido a la plaza».
+
+Media hora después, Reyes recibía trescientos duros en oro, de manos de
+D. Benito, en el despacho de este, sin más testigos que los libros del
+protocolo, que siempre habían inspirado a Bonifacio una especie de
+terror supersticioso.
+
+D. Benito el Mayor tenía la costumbre de coger por las orejas a sus
+parroquianos y clientes a poca confianza que tuviera con ellos.
+
+--Vamos a ver--dijo, tentándole el pulpejo de la oreja izquierda a
+Bonifacio--; ahora que ya tiene usted esos cuartos, sin más garantía que
+un simple recibo... ahora que no puede usted sospechar que hable por
+negarle este insignificante favorcillo, ¿me permite usted que, sin ánimo
+de ofenderle, me atreva a hacerme cruces, un millón de cruces, viendo al
+jefe de la casa Valcárcel venir a pedirme prestados seis mil reales?...
+
+--Yo no soy jefe de la casa Valcárcel.
+
+--Usted es el marido de la única heredera de Valcárcel... y no hace
+cuatro días que yo he otorgado la escritura de venta del famoso molino
+de Valdiniello; y usted lo sabe, pues usted ha firmado, como era
+necesario, todos los documentos que ha traído aquí D. Juan, su tío de
+usted....
+
+--Ni D. Juan es mi tío....
+
+--Bien, de su señora de usted; de usted por afinidad....
+
+Ni yo he firmado nada, iba a añadir Bonifacio; pero se contuvo
+recordando que sí había firmado tal; pero había firmado sin leer, sin
+enterarse, como sucedía siempre, y esta humillación no se la podía
+confesar al escribano.
+
+Sin acabar la frase, y sin dar otras explicaciones, salió de allí
+avergonzado, aturdido, como si acabara de robarle aquel dinero a don
+Benito; y se fue derecho al teatro.
+
+El notario, al verle salir así, y _pensando mejor_, se arrepintió de haber
+entregado aquellos cuartos a semejante mamarracho. Algo sabía D. Benito,
+y aún algos, del _pito que tocaba_ Reyes en su casa; pero lo que acababa
+de oír y lo que sospechaba le hacía ver con claridad del mediodía: y de
+resultas de esta clarividencia empezó a temer por su dinero. Pero le
+tranquilizó enseguida el propósito de exigir serias garantías al tío D.
+Juan, que, por las señas, era el que mandaba en casa.
+
+A Bonifacio aquel día con las glorias se le fueron las memorias; entregó
+cinco mil reales a Mochi, guardó los mil restantes con el presentimiento
+de no sabía qué gastos extraordinarios que tendrían que sobrevenir, y se
+dejó asfixiar moralmente, como él decía luego, por el incienso con que
+el tenor le pagó, por lo pronto, su generosidad caballeresca.
+
+Por la noche se cantaba el _D. Juan_, cosido a tijeretazos, y todavía a
+las doce, después de recibir una ovación, le duraba el agradecimiento y
+el entusiasmo al tenor, que se encerró en su cuarto con su carísimo
+Reyes, y en mangas de camisa y con un calzón de punto, de seda color
+lila, muy ceñido, y en calcetines, apretaba contra su corazón a su
+_salvador_, y le llenaba la cara y el pelo de polvos de arroz, sin que ni
+uno ni otro se fijaran en estos pormenores.
+
+A las doce y media, a la luz de la luna, en mitad de la plaza del
+Teatro, hablaban con el tono de las confidencias misteriosas, íntimas e
+interesantes, Serafina, Julio y Bonifacio. Julio juraba que Reyes tenía
+el alma de artista, que si _le vicende_ hubieran sido otras, sin duda se
+hubiera aventurado a vivir del arte y sería a estas horas un músico
+ilustre, un compositor, un gran instrumentista, Dios sabía....
+
+--_Non è vero_, _mia figlia_?, con quel cuore ch'a questo' uomo... chi
+sacosa sarebbe diventato!...
+
+La Gorgheggi decía con entusiasmo contenido:
+
+--_Ma si babbo_, _ma si_!...
+
+Y pisaba con fuerza un pie de Bonifacio que tenía debajo del suyo.
+
+--«_Babbo_, _figlia_!» pensaba el flautista; sí, en efecto, el trato de
+esta mujer y de este hombre es el filial, es el amor de hija y padre.... El
+arte, por modo espiritual, los ha hecho padre e hija.... Y ya estimaba a
+Mochi como una especie de suegro artístico... y ¡adulterino!
+
+¡Aquello era felicidad! Él, un pobre provinciano, ex escribiente, un
+trapo de fregar en casa de su mujer; el último ciudadano del pueblo más
+atrasado del mundo, estaba allí, a las altas horas de la noche,
+hablando, en el seno de la mayor intimidad, de las grandes emociones de
+la vida artística, con dos estrellas de la escena, con dos personas que
+acababan de recibir sendas ovaciones en las tablas... y ella, la _diva_,
+le amaba; sí, se lo había dado a entender de mil modos; y él, el tenor,
+le admiraba y le juraba eterno agradecimiento.
+
+A Mochi se le antojó de repente volverse a contaduría, donde había
+dejado algún dinero, y como no se fiaba de la cerradura... «Id andando»,
+dijo, y echó a correr. La posada de la Gorgheggi y de Mochi, que era la
+misma, estaba lejos; había que seguir a lo largo todo el paseo de los
+Álamos para llegar a la tal fonda. Serafina y Bonifacio echaron a andar.
+A los tres pasos, en la sombra de una torre, ella se cogió del brazo de
+su amigo sin decir palabra. Él se dejó agarrar, como cuando Emma se
+escapó con él de casa. La Gorgheggi hablaba de Italia, de la felicidad
+que sería vivir con un hombre amado y espiritual, capaz de comprender el
+alma de una artista, allá, en un rincón de verdura de Lombardía, que
+ella conocía y amaba....
+
+Hubo un momento de silencio. Estaban en mitad del paseo de los Álamos,
+desierto a tales horas. La luna corría, detrás de las nubes tenues que
+el viento empujaba.
+
+--Serafina--dijo Bonifacio con voz temblona, pero de un timbre metálico,
+de energía, en él completamente nuevo--; Serafina, usted debe de tenerme
+por tonto.
+
+--¿Por qué, Bonifacio?
+
+--Por mil razones.... Pues bien... todo esto... es respeto... es amor. Yo
+estoy casado, usted lo sabe... y cada vez que me acerco a usted para
+pedirle que... que me corresponda... temo ofenderla, temo que usted no
+me entienda. Yo no sé hablar; no he sabido nunca; pero estoy loco por
+usted; sí, loco de verdad... y no quisiera ofenderla. Lo que yo he hecho
+por usted... no creí nunca poder atreverme a hacerlo.... Usted no sabe lo
+que es, no ha de saberlo nunca, porque me da vergüenza decirlo.... Yo soy
+muy desgraciado; nadie me ha querido nunca, y yo no le encuentro
+sustancia, verdadera sustancia, a nada de este mundo más que al
+cariño.... Si me gusta la música tanto es por eso, porque es suave,
+porque me acaricia el alma; y ya le he dicho a usted que su voz de usted
+no es como las demás voces; yo no he oído nunca--y va de nuncas--una voz
+así; las habrá mejores, pero no se meterán por el alma mía como esa;
+otros dicen que es pastosa... yo no entiendo de pastas de voces; pero
+eso de lo pastoso debe de ser lo que yo llamo voz de madre, voz que me
+arrulla, que me consuela, que me da esperanza, que me anima, que me
+habla de mis recuerdos de la cuna... ¡qué sé yo!, ¡qué sé yo,
+Serafina!... Yo siempre he sido muy aficionado a los recuerdos, a los
+más lejanos, a los de niño; en mis penas, que son muchas, me distraigo
+recordando mis primeros años, y me pongo muy triste; pero mejor, eso
+quiero yo; esta tristeza es dulce; yo me acuerdo de cuando me vacunaron;
+dirá usted que qué tiene eso que ver.... Es verdad; pero ya le he dicho
+que yo no sé hablar.... En fin, Serafina, yo la adoro a usted, porque,
+casado y todo... no debía estarlo. No, juro a Dios que no; nunca me he
+rebelado contra la suerte hasta ahora; pero tiene usted la culpa, porque
+ha tenido lástima de mí y me ha mirado así... y me ha sonreído así... y
+me _ha cantado_ así... ¡Ay, si usted viera lo que yo tengo aquí dentro! Yo
+había oído hablar de pasiones; ¡esto es, esto es una pasión... cosa
+terrible!, ¿qué será de mí en marchándose usted? Pero, no importa; la
+pasión me asusta, me aterra; pero, con todo, no hubiera querido morirme
+sin sentir esto, suceda después lo que quiera. ¡Ay, Serafina de mi alma,
+quiérame usted por Dios, porque estoy muy solo y muy despreciado en el
+mundo y me muero por usted...!
+
+Y no pudo continuar porque las lágrimas y los sollozos le ahogaban.
+Estaban casi sin sentido, en pie, en mitad del paseo; deliraba; la luna
+y la tiple se le antojaban en aquel momento una misma cosa; por lo
+menos, dos cosas íntimamente unidas.... Volvió a creer, como la noche del
+primer préstamo, que le faltaban las piernas; _en suma_, se sentía muy
+mal, necesitaba amparo, mucho cariño, un regazo, seguridades
+facultativas de que no estaba muriéndose. «Iba a ahogarse de
+enternecimiento; esa era la fija», pensaba él.
+
+La Gorgheggi miró en rededor, se aseguró de que no había testigos, le
+brillaron los ojos con el fuego de una lujuria espiritual, alambicada,
+y, cogiendo entre sus manos finas y muy blancas la cabeza hermosa de
+aquel Apolo bonachón y romántico, algo envejecido por los dolores de una
+vida prosaica, de tormentos humillantes, le hizo apoyar la frente sobre
+el propio seno, contra el cual apretó con vehemencia al pobre enamorado;
+después, le buscó los labios con los suyos temblorosos....
+
+--_Un baccio_, _un baccio_--murmuraba ella _gritando_ con voz baja,
+apasionada. Y entre los sueños de una voluptuosidad ciega y loca, la veía
+Bonifacio casi desvanecido; después no oyó ni sintió nada, porque cayó
+redondo, entre convulsiones.
+
+Cuando volvió en sí se encontró tendido en un banco de madera, a su lado
+había tres sombras, tres fantasmas, y del vientre de uno de ellos
+brotaba la luz de un sol que le cegaba con sus llamaradas rojizas. El
+sol era la linterna del sereno; las dos sombras restantes la Gorgheggi y
+Mochi que rociaban el rostro de su amigo con agua del pilón de la fuente
+vecina....
+
+
+
+
+-VI-
+
+
+A la mañana siguiente, a las ocho, despertaron a Bonifacio diciéndole
+que deseaba verle un señor sacerdote.
+
+--¡Un sacerdote a mí! Que entre.
+
+Saltó de la cama y pasó al gabinete contiguo a su alcoba; no puede
+decirse a su gabinete, pues era de uso común a todos los de casa.
+Atándose los cordones de la bata saludó a un viejecillo que entraba
+haciendo reverencias con un sombrero de copa alta muy grande y muy
+grasiento. Era un pobre cura de aldea, de la montaña, de aspecto humilde
+y aun miserable.
+
+Miraba a un lado y a otro; y, después de los saludos de ordenanza, pues
+en tal materia no mostraban gran originalidad ninguno de los
+interlocutores, el clérigo accedió a la invitación de sentarse,
+apoyándose en el borde de una butaca.
+
+--Pues--dijo--, siendo usted efectivamente el legítimo esposo de doña Emma
+Valcárcel, heredera única y universal de D. Diego, que en paz descanse,
+no cabe duda que es usted la persona que debe oír... lo que, en el
+secreto de la confesión... se me ha encargado decirle.... Sí, señor, a
+ella o a su marido, se me ha dicho... y yo... la verdad... prefiero
+siempre entenderme con... mis semejantes... masculinos, digámoslo así. A
+falta de usted no hubiera vacilado, créame, señor mío, en abocarme, si a
+mano viene, con la misma doña Emma Valcárcel, heredera universal y única
+de....
+
+--Pero vamos, señor cura, sepamos de qué se trata--dijo con alguna
+impaciencia Bonifacio, que lleno de remordimientos aquella mañana,
+sentía exacerbada su costumbre supersticiosa de temer siempre malas
+noticias en las inesperadas y que se anunciaban con misterio.
+
+--Yo exijo... es decir... deseo... no por mí, sino por el secreto de la
+confesión... lo delicado del mensaje....
+
+El cura no sabía cómo concluir; pero miraba a la puerta, que había
+quedado de par en par.
+
+Como su mujer dormía a tales horas, Bonifacio no tuvo inconveniente en
+levantarse y cerrar la puerta de la estancia, pues no siendo Emma, nadie
+se atrevería a pedirle cuenta de aquellos tapujos.
+
+--Lo que usted quería era esto, ¿verdad?--dijo con aire de triunfo, y como
+hombre que manda en su casa y que puede a su antojo tener las puertas de
+_su_ gabinete abiertas o cerradas.
+
+--Perfectamente, sí, señor, eso; secreto, mucho secreto. De usted para mí
+nada más.... Después usted dará cuenta de lo sucedido a su señora
+esposa... o no se la dará; eso allá usted... porque yo no me meto en
+interioridades.... Al fin usted será, naturalmente, el administrador de
+los bienes de su señora... y aunque yo no sé si estos son parafernales o
+no... porque no entiendo... y... sobre todo no me importa, y, al fin, el
+marido suele administrarlo todo... eso es; tal entiendo que es la
+costumbre... y como la ley no se opone....
+
+--Pero, señor cura, repare usted que yo no comprendo una palabra de lo
+que usted me dice.... Comience usted por el principio....
+
+Sonrió el clérigo y dijo:
+
+--Paciencia, señor mío, paciencia. El principio viene después. Todo esto
+lo digo para tranquilidad de mi conciencia. He consultado al chico de
+Bernueces, que es boticario y abogado... sin precisar el caso, por
+supuesto... y, la verdad, me decido a entregarle a usted los cuartos sin
+escrúpulos de conciencia.... Sí, usted, el marido, es la persona legal y
+moralmente determinada, eso es, para recibir esta cantidad....
+
+--¡Una cantidad!
+
+--Sí, señor, siete mil reales.
+
+Y el cura metió una mano en el bolsillo interior de su larga y mugrienta
+levita de alpaca, y sacó de aquella cueva que olía a tabaco, entre migas
+de pan y colillas de cigarros, un cucurucho que debía de contener onzas
+de oro.
+
+Bonifacio se puso en pie, y sin darse cuenta de lo que hacía, alargó la
+mano hacia el cucurucho.
+
+El cura se sonrió y entregó el paquete sin extrañar aquel movimiento
+involuntario del marido de la doña Emma, que recibía onzas de oro sin
+saber por qué se le daban.
+
+Mas Bonifacio volvió en sí y exclamó:
+
+--Pero ¿a santo de qué me trae usted... esto?...
+
+--Son siete mil reales....
+
+--¿Pero de qué? Yo no soy... quien....
+
+Iba a decir que el que allí corría con las cuentas de todo era D. Juan
+Nepomuceno; pero se contuvo, porque solía darle vergüenza que los
+extraños conocieran esta abdicación de sus derechos.
+
+--¿Esto será alguna deuda antigua?--dijo por fin.
+
+--No señor... y sí señor. Me explicaré...
+
+--Sí, hombre, acabemos.
+
+--Estos siete mil reales... proceden... de una restitución... sí, señor;
+una restitución hecha en el secreto de la confesión... _in articulo
+mortis_... La persona que devuelve esos siete mil reales a los herederos,
+a la única y universal heredera de D. Diego Valcárcel, esa persona ¿me
+comprende usted?, no quiso irse al otro mundo con el cargo de conciencia
+de esa cantidad... que debía... y que no debía... es decir... yo... no
+puedo tampoco hablar más claro... porque... la confesión, ya ve usted,
+es una cosa muy delicada....
+
+--Sí que es--exclamó Bonifacio, que se había puesto muy pálido y estaba
+pensando en lo que el cura de la montaña ni remotamente podía sospechar.
+
+--Sin embargo, yo... no debo... así, en absoluto... omitir las
+circunstancias que explican, en cierto modo, la cosa. Esto, me dije yo a
+mí mismo, es indispensable para que los herederos, o la heredera, o
+quien haga sus veces, admitan sin reparo esta cantidad, con la
+conciencia tranquila de quien toma lo que es suyo. Pues, sí, señores, de
+ustedes es... ya lo creo.... Verá usted; es el caso que... aquí hay que
+omitir determinadas indicaciones que no favorecen la memoria de....
+
+--Del difunto.
+
+--¿De qué difunto?
+
+--Del que restituye....
+
+--No señor; del difunto... de otro difunto. No me tire usted de la
+lengua, eso no está bien.
+
+--No, si yo no tiro... ¡Dios me libre! Ello será que la casa Valcárcel
+prestó este dinero sin garantías... y ahora....
+
+El cura estaba diciendo que no con la cabeza desde que Bonifacio había
+dicho _casa_.
+
+--No, señor; no fue préstamo, fue donación _inter vivos_.
+
+--¿Y entonces?
+
+--Entonces... no me tire usted de la lengua. He dicho ya que la cosa no
+era favorable a la memoria del difunto.... X, llamémosle X, que en paz
+descanse. Bueno, pues no me he explicado bien: es favorable y no es
+favorable, porque en rigor... él es inocente, en este caso concreto a lo
+menos; y además, aunque no lo fuera... el que rompe paga... y él quería
+pagar... sólo que no había roto... ¿Me explico?
+
+--No, señor; pero no importa. No se moleste usted.
+
+Al cura empezaba a parecerle un majadero el marido de la doña Emma
+Valcárcel.
+
+--¿Usted conoció... trató al difunto.... Don Diego?
+
+--Sí, señor; como que era mi suegro... quiero decir, mi principal.
+
+--¿Si estará loco, o será tonto este señorito?--pensó el clérigo.
+
+De repente se le ocurrió una idea feliz.
+
+--Oiga usted--exclamó--. Ahora se me ocurre explicárselo a usted todo
+mediante un símil... y de este modo... ¿eh?, se lo digo... y no se lo
+digo, ¿me entiende usted?
+
+--Vamos a ver--dijo Bonifacio, que apenas oía, porque estaba manteniendo
+una lucha terrible con su conciencia.
+
+--Figurémonos que usted es cazador... y va y pasa por una heredad mía;
+supongamos que soy yo el otro; bueno, pues usted ve dentro de mi heredad
+un ciervo, un jabalí... lo que usted quiera, una liebre....
+
+--Una liebre--dijo Reyes maquinalmente.
+
+--Va, y ¡pum!...
+
+El fogonazo, remedado con mucha propiedad por el cura, hizo dar un salto
+a Bonis, que estaba muy nervioso.
+
+--Dispara usted su escopeta y me...; no, no conviene que sea liebre; es
+mejor caza mayor para mi caso; y cae lo que usted cree robezo o
+ciervo...; pero no hay tal ciervo ni robezo, sino que ha matado usted
+una vaca mía que pastaba tranquilamente en el prado. ¿Qué hace usted? En
+mi ejemplo, en mi caso, pagarme la vaca por medio de una donación inter
+vivos... importante siete mil reales. Yo me guardo los siete mil reales
+y el chico, digo, la vaca. Pero ahora viene lo mejor, y es que usted no
+ha sido el matador. El tiro no dio en el blanco, el tiro de usted se fue
+allá, por las nubes.... Sólo que antes que usted, mucho antes, otro
+cazador, escondido, había disparado también... y ese fue el que mató la
+res, y se quedó con ella y con los siete mil reales de usted. Pasa
+tiempo, muere usted, es un decir, y muere también el otro; pero antes de
+morir se arrepiente de la trampa, y quiere devolver a los herederos de
+usted el dinero que, en rigor, no es suyo, aunque usted se lo ha dado....
+_inter vivos_. (El cura daba gran importancia a este latín, sin el cual no
+creía bien explicada la idea de la donación.) ¿Eh, qué tal, me ha
+comprendido usted?
+
+Ni palabra. Bonifacio no comprendió que se trataba de uno de aquellos
+agujeros de honor que D. Diego había tapado con dinero. En este caso
+concreto, como decía el cura, la lesión de honra no existía, o, por lo
+menos, no era D. Diego el causante, y se le había hecho pagar lo que no
+debía. La persona que había lucrado, gracias a la asustadiza conciencia
+del jurisconsulto, siempre temeroso del escándalo, restituía a la hora
+de la muerte, por miedo del infierno probablemente.
+
+El cura creyó suficientes sus explicaciones; y, muy satisfecho del
+símil, cuya exposición le había hecho sudar, se limpiaba el cogote con
+su pañuelo verde con rayas blancas, sin cuidarse ya de que aquel
+caballero, que parecía tonto, hubiese comprendido o no.... El secreto de
+la confesión y la buena memoria de D. Diego no le permitían a él ser más
+largo ni más explícito.
+
+Habló más, pero sin nueva sustancia; insistió mucho en que aquello debía
+quedar allí, y arrancó a Bonifacio la palabra de honor de que sólo él y
+su señora, si él lo creía decente, debían enterarse de lo sucedido.
+
+--Nadie más. Ya ve usted, es delicado... y los maliciosos, sobre todo
+allá en el pueblo, si saben que yo vine... y entregué... enseguida caen
+en la cuenta. Mucho sigilo pues. Además, la misma señorita... quiero
+decir, la señora de usted, debe saber lo menos posible; podría
+cavilar... y las mujeres, sobre todo las casadas, las cazan al vuelo, y
+podría comprenderlo todo. «Mejor que tú, por lo que veo»; añadió para
+sí.
+
+Y salió el señor cura de la montaña satisfecho de sí mismo, confiado en
+la palabra de honor de aquel señor soso y casi tonto, que, a pesar de
+todo, tenía cara de honrado y de persona formal.
+
+--Se puede ser fiel a la palabra y tener pocos alcances, se decía el
+clérigo bajando la escalera.
+
+A Bonifacio se le había ocurrido, ante todo, ver en aquello que él
+llamaba casualidad la mano de la Providencia. Pero acto continuo añadió
+para sí: «La mano de la providencia... del diablo». Porque lo primero
+que pensó hacer de aquel dinero que le venía llovido del... infierno,
+fue llevárselo a D. Benito el Mayor, para tapar aquel antro horrible de
+la deuda, aquel agujero negro, por donde se escapaban las furias del
+Averno (estilo Bonifacio), gritándole: «Infame, adúltero, ¿qué has hecho
+de la fortuna de tu mujer?». En vano la razón decía: «Ni tú has sido
+adúltero hasta la fecha, a no ser por palabra de presente, ni la fortuna
+de tu mujer está comprometida por ese préstamo de seis mil reales, aun
+suponiendo que los pagase ella». No importaba; los remordimientos, o,
+más bien el miedo que tenía a Emma y a D. Juan Nepomuceno, no le habían
+dejado dormir aquella noche. Lo que él llamaba ser adúltero quedaba en
+segundo lugar; alambicando mucho, a fuerza de sofismas, tal vez
+encontraría medio de disculpar a sus propios ojos aquel amor
+ilegítimo... pero lo del dinero no admitía excusas; él había pedido seis
+mil reales a un prestamista, abusando del crédito de su mujer. Esto era
+inicuo... y lo que era peor, muy expuesto a una tragedia doméstica. La
+imaginación, _la loca de la casa_, le ponía delante el cuadro aterrador:
+«Emma saltaba de la cama con su gorro de dormir, pálida, huesuda,
+echando fuego por los ojos y avanzaba en silencio hacia él, estrujando
+en la mano temblorosa un recibo que D. Juan Nepomuceno acababa de
+entregarle, impasible, como siempre, envuelto en la dignidad de sus
+patillas. ¡Lo sabía todo! Lo de los cincuenta duros, lo de los seis mil
+reales y lo del paseo por la noche... ¡Entre el sereno y Nepomuceno la
+habían puesto al cabo de la calle! ¡Qué horror! ¡Adónde puede llegar la
+fantasía!», pensaba Bonifacio temblando de pies a cabeza. Por fortuna
+aquello no era más que un cuadro imaginado.... Pero la realidad podría
+llegar a parecérsele. Y aquel señor cura se le presentaba con siete mil
+reales, que él, Bonifacio, podría gastar en lo que quisiera, sin que
+persona nacida lo estorbase ni lo supiese. Es más, el secreto era allí
+lo principal. Y ¿cómo guardar el secreto haciendo ingresar aquellos
+miles en lo que llamaba D. Juan Nepomuceno la _caja_? Ni el cura ni el que
+restituía, honrado penitente, sabían que él, Bonis, allí no tocaba pito,
+ni administraba, a pesar de lo que disponían ciertas leyes recopiladas,
+según le habían asegurado; él, pese a todas las leyes del mundo, no
+disponía de un cuarto, y sólo servía para firmar como en un barbecho
+cuantos papeles le presentaba el de las patillas. Pues bien; siendo así,
+¿cómo incorporar aquel dinero al caudal de su mujer sin que nadie se
+enterase? Imposible. Por este lado la conciencia le decía: «Haz de tu
+capa un sayo». Pero emplear aquellos cuartos en su provecho, ¿no era
+robar a su mujer? Sí y no. No, porque con ellos iba a tapar una brecha
+abierta al crédito de la casa Valcárcel. Ya se sabía que él no tenía un
+cuarto, ni de dónde le viniera, y que D. Benito el Mayor había prestado
+fiándose del capital de Emma; más era; el mismo Bonifacio reconocía que
+en su fuero interno siempre había pensado en pagar con dinero de su
+mujer, aunque le asustaba pensar en el cómo y cuándo. Por este lado no
+era robar lo que quería hacer. Por otra parte, sí era robar; porque....
+porque aquello era... un robo, un fraude o como se dijera, pero ello era
+robar.
+
+Satisfecho de sí mismo hasta cierto punto, en medio de aquella
+desolación moral, contemplaba la rectitud de su alma, que rechazaba
+sofismas vanos y gritaba: «¡_robar, robar_!». Lo cual no impidió que Bonis
+se lavase y vistiera lo más de prisa que pudo y saliese de casa sin ser
+visto ni oído, con ánimo de estar de vuelta antes que Emma despertase.
+
+«Estas cosas hay que hacerlas así, iba pensando por la calle. Si vacilo,
+si me estoy días y días dándome jaqueca con la idea de que esto es un
+crimen... a lo mejor viene el trueno gordo, D. Benito se cansa de
+esperar, Nepomuceno se entera del caso y... primero morir; cien veces la
+muerte y el infierno. A pagar, a pagar. ¿No quería secreto el señor
+cura? Pues ya verá qué secreto. Y soy un ladrón, no cabe duda, un
+ladrón.... Sí, pero ladrón por amor». Esta _frase interior_ también le
+satisfizo y tranquilizó un poco. «¡Ladrón por amor!». Estaba muy bien
+pensado. Llegó al portal de la casa del escribano. «¿Subiría? Sí; en
+último caso, si lo que iba a hacer era un verdadero delito, su honradez
+heredada, la fuerza de la sangre, limpia de todo crimen, el instinto del
+bien obrar, _en suma_, le impedirían llevar a cabo lo que intentaba. Se le
+trabaría la lengua o se le doblarían las piernas, como en recientes
+aventuras de otra índole; si nada de esto le sucedía, no debía de haber
+tal crimen ni tales alforjas».
+
+D. Benito estaba en pie en medio de su despacho oscuro, de techo bajo;
+estaba rodeado de escribientes que trabajaban en vetustos escritorios
+forrados de muletón verde. Los libros del protocolo, macizos y graves,
+de lomo pardo, estaban allí, con la solemnidad misteriosa que tal pavor
+supersticioso infundía en el alma romántica y nada jurisperita de Bonis.
+
+El notario se acercó a su amigo el Sr. Reyes y le frotó las orejas con
+ambas manos como para entrar en calor. Fingimiento inverosímil, pues
+estaba la atmósfera que ardía, según el otro.
+
+--¿Qué hay, perillán? ¿A qué viene usted aquí? ¿A robarme tiempo, eh?
+Pues me lo pagará usted en dinero, porque el tiempo es oro. Y se reía D.
+Benito, encantado con su propia gracia.
+
+--Sr. García, quisiera hablar con usted dos palabras....
+
+Bonifacio hizo un gesto que pedía una entrevista a solas.
+
+D. Benito, cogiendo al deudor por las solapas del gabán, le llevó tras
+de sí a un gabinete contiguo, cuyas paredes estaban ocultas también por
+estantes, continuación del protocolo. Allí estaban los libros de siglos
+pasados. «¡Dios mío, pensaba sin querer Bonis, bien antiguos son estos
+líos del papel sellado y las triquiñuelas de los escribanos!». Sin saber
+por qué, se acordó de haber oído describir las bodegas de Jerez y las
+soleras de fecha remota, que ostentaban en la panza su antigüedad
+sagrada. «¡Qué diferencia, pensó, entre aquello y esto!».
+
+D. Benito le volvió a la realidad.
+
+--Vamos a ver, señor mío, desembuche usted....
+
+ «Solos estamos los dos,
+ solos delante del cielo...».
+
+¡Je, je!...
+
+El notario, después de declamar aquellos dos versos de una comedia de
+aficionados, muchas veces representada en el pueblo porque era de
+_hombres solos_, dio una palmadita en el vientre a Reyes; y de pronto se
+quedó muy serio, muy serio, sin decir palabra, como dando a entender:
+«Soy todo oídos; basta de chistes; aquí tiene usted al representante de
+la fe pública, o al prestamista sin entrañas, lo que usted quiera».
+
+--Sr. García, vengo a pagar a usted aquel piquillo....
+
+--¿Qué piquillo?
+
+--Los seis mil reales que usted tuvo la amabilidad....
+
+--¿Qué amabilidad?, quiero decir, ¿qué seis mil reales?... Usted no me
+debe nada.
+
+--¡Qué bromista es usted!--dijo Bonis, que más estaba para recibir los
+Santos Sacramentos que para chistes.
+
+Y se dejó caer en una silla y empezó a contar onzas sobre una mesa.
+
+Aquel dinero le quemaba los dedos, pensaba él, o debía quemárselos. La
+verdad era que la operación material de contar el dinero la hizo con
+bastante tranquilidad, muy atento sólo a no equivocarse, como solía;
+porque el reducir aquello a miles de reales, le parecía cálculo superior
+a sus fuerzas ordinarias.
+
+D. Benito le dejaba hacer, estupefacto, o tal vez por el gusto de
+_amateur_. Era indudable que el espectáculo del oro le quitaba siempre la
+gana de bromear. Fuese por lo que fuese, la presencia del dinero siempre
+era cosa muy seria.
+
+--Aquí están los seis mil; cámbieme usted esta....
+
+--Pero...--a D. Benito se le atragantó algo muy serio también--; pero....
+¿qué está usted haciendo ahí, criatura?... ¿No le digo... a usted que....
+ya no me debe nada?
+
+--Sr. García... celebraría estar de buen humor para poder seguírselo a
+usted....
+
+--¡Señor diablo!, le digo a usted que ayer mismo _me he reintegrado_ de esa
+cantidad insignificante.
+
+--¿Ayer?... usted... ¿quién?...
+
+Lo que tenía atravesado en la garganta el escribano había saltado sin
+duda al gaznate de Reyes, porque el infeliz se atragantó también.
+
+--A ver, D. Benito, explíquese usted... ¡por los clavos de Cristo!...
+
+--Muy sencillo, amigo mío. Ayer de tarde, en el Casino, D. Juan
+Nepomuceno, su tío de usted....
+
+--No es mi tío....
+
+--Bueno... su....
+
+--Bien, adelante; el tío... ¿qué?
+
+--Pero hijo, ¿qué le pasa a usted? Está usted palidísimo, le va a dar
+algo, ¿será el calor? Abriré aquí...
+
+--No abra usted... hable, hable; el tío... ¿qué?
+
+--Pues nada; que hablando de negocios, vinimos a parar en las
+probabilidades del resultado de esa industria que van a montar ustedes
+con el dinero de las últimas enajenaciones.
+
+--¿Una industria? Que vamos a montar... ¿nosotros?...
+
+--Sí, hombre, la fábrica de productos químicos.
+
+--¡Ah!, sí, bien; ¿y qué?
+
+Bonifacio había oído en casa, a los parientes de su mujer, algo de
+productos químicos, pero no sabía nada concreto.
+
+--¡Al grano!--dijo más muerto que vivo.
+
+--Yo... con la mayor inocencia del mundo, le pregunté a su señor....
+pariente si el dinero que usted acababa de tomar, honrándome con su
+confianza, era para los gastos primeros... para algún ensayo; para
+muestras de... qué sé yo...; en fin, que se me había metido en la cabeza
+que era para la fábrica. D. Juan... me miró con aquellos ojazos que
+usted sabe que tiene. Tardó en contestarme; noté eso, que tardaba en
+hablar. En fin, encogiendo los hombros, me dijo: «Sí, efectivamente,
+para gastos preliminares, de preparación... pero tengo orden, ahora que
+me acuerdo, de pagar a usted inmediatamente ese dinero». Yo, la verdad,
+extrañaba que haciendo tan pocas horas que usted había recogido los
+cuartos... pero a mí, ¿quién me metía en averiguaciones?, ¿no es eso? En
+fin, que nos citamos para esta su casa a las diez de la noche, y a las
+diez y cuarto estaba aquí D. Juan Nepomuceno con seis mil reales en
+plata. Esta es la historia.
+
+¡Aquella era la historia!, pensó Reyes desde el abismo de su postración.
+Estaba aturdido, se sentía aniquilado. El tío lo sabía todo... y ¡había
+pagado! ¿Y Emma? Al acordarse de su mujer experimentó aquella ausencia
+de las piernas, sensación insoportable que nunca faltaba en los grandes
+apuros.
+
+Callaban los dos. El notario comprendió que allí había gato encerrado;
+«algún misterio de familia», pensaba él. Pero como había cobrado su
+dinero, de lo que estaba muy contento, como se había _reintegrado_, sabía
+contener su curiosidad, que dejaba paso a la más exquisita prudencia.
+Allá ellos, se decía, y seguía callando.
+
+Rompió el silencio Bonis, diciendo con voz sepulcral:
+
+--Si usted hiciera el favor de mandar que me sirvieran un vaso de agua.
+
+--Con mil amores.
+
+Una maritornes sucia y muy gorda presentó el agua con un panal de azúcar
+cruzado sobre el vaso.
+
+--Gracias; sin azúcar. Nunca tomo azúcar en el agua. Gracias.
+
+Esto lo decía Bonis con los ojos estúpidos clavados en el rostro risueño
+y soez de la moza; lo decía con una voz y un tono como los que emplean
+los cómicos al despedirse del pícaro mundo al final de un tercer acto,
+cuando están con el alma en la boca y un puñal en las entrañas.
+
+El agua le calmó y dio cierta fuerza. Pudo levantarse y despedirse. No
+pensó en dar explicaciones ni disculpas. Su silencio era muy ridículo,
+es claro. ¿Qué estaría pensando aquel señor? Lo menos, que él estaba
+loco. Bien, ¿y qué? Valiente cosa le importaba en aquel momento a Bonis
+que se riera de él el mundo entero. ¡Nepomuceno había pagado los seis
+mil reales! Esto, esto era lo terrible. ¿Volvería a casa? ¿Se escaparía?
+
+Viéndole tan conmovido, D. Benito, el Mayor, no quiso hablar una palabra
+más sobre el asunto misterioso; sin tirarle de las orejas ni andarse con
+cuchufletas, le despidió muy serio, con rostro compungido como
+acompañándole en una desgracia tan respetable cuanto desconocida para
+él; y después de conducirle hasta el primer tramo de la escalera, se
+volvió a su despacho. Sólo entonces se le ocurrió esta diabólica idea:
+
+--Aquí hay gato, es claro; a mí no me importa; pero si... es una
+hipótesis, si hubiera podido haber un medio... así... verosímil....
+legal... de... de cobrar yo mis seis mil reales, al tío primero, y
+después otros seis mil al sobrino.... Disparate, absurdo; corriente; pero
+hubiera tenido gracia.
+
+Y dando un patético suspiro, se frotó las manos; y renunciando al ideal
+de cobrar dos veces, no pensó más en aquello y volvió a sus negocios.
+
+En cuanto a Reyes, al llegar al portal, donde trabajaba y comía un
+zapatero de viejo, tuvo varias ideas y un desmayo. Las ideas fueron las
+siguientes: «Ese farsante de ahí arriba me ha engañado, he debido tener
+valor para acogotarle, o, por lo menos, para decirle cuántas son cinco.
+Miente como un bellaco; el tío Nepomuceno ha pagado porque este traidor
+no se fiaba de mí; me conoció en la cara que yo no podía sacar de
+ninguna parte seis mil reales y se fue al otro... y cantó... Verdad es
+que yo no le había encargado el secreto. Pero se suponía que lo
+necesitaba; debía de conocérseme en la cara; y a él acudí por su fama de
+discreto, de hombre de mucho sigilo.... Voy a volver arriba a matarle,
+exprofeso...».
+
+Y cuando pensaba en esto, fue cuando sintió absoluta necesidad de
+dejarse caer. Cayó sentado en el portal y se le fue la cabeza. El
+zapatero acudió en su auxilio. Cuando volvió en sí Reyes, sintió, como
+la noche anterior, que le regaban la cara con agua fresca. Y medio
+delirando, dijo:
+
+--Gracias... sola, sin azúcar.
+
+
+
+
+-VII-
+
+
+Dio expresivas muestras de gratitud al zapatero, que se ofreció a
+acompañarle a su casa y salió, sacando fuerzas de flaqueza, a paso
+largo, sin saber adónde iba. «Yo debía tirarme al río», se dijo. Pero
+enseguida reflexionó que ni por aquella ciudad pasaba río alguno, ni él
+tenía vocación de suicida. Pasó junto al café de la Oliva, donde solía
+tomar Jerez con bizcochos algunos domingos, al volver de misa mayor, y
+el deseo de un albergue amigo le penetró el alma. Entró, subió al primer
+piso, que era donde se servía a los parroquianos. Se sentó en un rincón
+oscuro. No había consumidores. El mozo de aquella sala, que estaba
+afinando una guitarra, dejó el instrumento, limpió la mesa de Reyes y le
+preguntó si quería el Jerez y los bizcochos.
+
+--¡Qué bizcochos!, no, amigo mío. _Botillería_, eso tomaría yo de buena
+gana. Tengo el gaznate hecho brasas....
+
+El mozo sonrió compadeciendo la ignorancia del señorito. ¡_Botillería_ a
+aquellas horas!
+
+--Ya ve usted... _botillería_ a estas horas....
+
+--Es verdad... es un... anacronismo. Además, el helado por la mañana hace
+daño. Tráeme un vaso de agua... y échale un poco de zarzaparrilla.
+
+Debe advertirse que Bonifacio y el mozo, al hablar de _botillería_,
+estaban pensando en el helado de fresa que allí, en el café de la Oliva,
+se hacía mejor que en el cielo, en opinión de todo el pueblo.
+
+Servido Reyes, el mozo volvió a su guitarra, y después de templarla a su
+gusto, la emprendió con la marcha fúnebre de Luis XVI.
+
+Al principio Bonis saboreaba la zarzaparrilla inocente sin oír siquiera
+la música. Pero la vocación es la vocación. Al poco rato «su espíritu se
+fue identificando con la guitarra». La guitarra, para Bonis, era a los
+instrumentos de música lo que el gato a los animales domésticos.... El
+gato era el amigo más discreto, más dulce, más perezosamente mimoso....
+la guitarra le acariciaba el alma con la suavidad de la piel de gato,
+que se deja rascar el lomo.
+
+Las trompetas y tambores que imitaban las cuerdas, ya tirantes, ya
+flojas, le hicieron a Reyes _ponerse en el caso_ del rey mártir; y se
+acordó de la frase del confesor: «Nieto de San Luis, sube al cielo». Lo
+había leído en Thiers en la traducción de Miñano. Muy a su placer se
+sintió enternecido. Sabía él que sólo el sentimentalismo podía darle la
+energía suficiente, o poco menos, para afrontar su «terrible» situación
+cara a cara con _todos los suyos_, o, mejor dicho, _todos los de su mujer_.
+
+Sí, era preciso armarse de valor, ir al suplicio con el espíritu firme
+del desgraciado rey mártir. Para él era el suplicio la presencia de Emma
+y de Nepomuceno.
+
+El guitarrista dejó a Luis XVI en el panteón, y saltó a la jota
+aragonesa.
+
+Se lo agradeció Bonis, porque aquello edificaba; era el himno del valor
+patrio. Pues bien, lo tendría, no patrio, sino cívico... o familiar... o
+como fuese; tendría valor. ¿Por qué no? Es más, pensó que su pasión, su
+gran pasión, era tan respetable y digna de defensa como la independencia
+de los pueblos. Moriría al pie del cañón, a los pies de su tiple, sobre
+los escombros de su pasión, de su Zaragoza....
+
+--No disparatemos, seamos positivos--se dijo.
+
+Y se llevó las manos a los bolsillos con gesto de impaciente
+incertidumbre... ¿Si habría dejado aquellas onzas en casa del infame?...
+No... estaban allí, en el bolsillo interior del gabán... ¡lo que era el
+instinto! No recordaba cómo ni cuándo las había recogido y envuelto otra
+vez en su cucurucho.
+
+Después que palpó su tesoro, empezó a sentirlo por el peso, peso que le
+oprimía dulcemente el pecho. Daba el dinero, aunque pareciera mentira a
+un ser tan romántico, daba cierto calorcillo suave. «¡Siete mil reales!»
+se decía; y experimentaba consuelo en sus tribulaciones; y sobre todo le
+animaba la conciencia de un _valor cívico_ que nacía de la presión de
+aquellas onzas... ¡Oh! Es indudable lo que dice el catedrático de
+economía y geografía mercantil en la tienda de Cascos: «La riqueza es
+una garantía de la independencia de las naciones». Si estos siete mil
+reales fueran míos, yo afrontaría con menos miedo mi terrible situación.
+Huiría al extranjero; sí, señor, me escaparía... ¡Y si ella me
+acompañaba! ¡Oh!... ¡Qué felicidad!... Juntos... en aquel rincón de
+Toscana o de Lombardía que ella conoce. Pero ¡ay!, siete mil reales eran
+muy pequeña cantidad para compartirla con una dulce compañera. En
+realidad, ¡qué pobre había sido él toda la vida! Había vivido de
+limosna... y quería ser amante de una gran artista llena de necesidades
+de lujo y de fantasía... ¡Miserable!... Se puso colorado recordando
+ciertas reticencias maliciosas y alusiones tan embozadas como venenosas
+de sus amigos envidiosos. El día anterior, el lechuguino, que en vano
+había querido conquistar a la Gorgheggi, había dicho en la tienda de
+Cascos:
+
+--Estos señores creen que usted se entiende con la tiple, Sr. Reyes; pero
+yo defiendo la virtud de usted... y le ayudo en su campaña para desarmar
+la calumnia. Y mi argumento es este: «El Sr. Reyes sabe que una mujer de
+estas es muy cara, y él no ha de querer arruinarse y arruinar a su mujer
+por una cómica. Y sin regalos, y de los caros, es ridículo obsequiar a
+una artista de tales pretensiones. Es usted demasiado discreto».
+
+La verdad era que si hasta la fecha no había necesitado más dinero que
+el prestado a Mochi, en adelante, si aquellas _relaciones se
+formalizaban_... Sí, era indispensable disponer de cuatro cuartos. Por
+muy desinteresada que se quisiera suponer a Serafina, y él la suponía
+todo lo desinteresada que puede ser la mujer ideal (el _bello ideal_), era
+indudable que si seguían tratándose y crecía la intimidad, llegarían
+ocasiones en que alguno de los dos tendría que pagar algo, hacer algunos
+gastos... y el ideal no llegaba al punto de exigir que pagase la mujer.
+No, tendría que pagar él. Pero ¿con qué? «Con el dinero que tenía en el
+bolsillo». Esto le dijo la _voz de la tentación_, pero la voz de la
+honradez, antipática por cierto, contestó: «¡Ese dinero no es tuyo!». La
+guitarra, que seguía hablando al alma de Bonis, se inclinaba al partido
+de la tentación. La música le daba energía y la energía le sugería ideas
+de rebelión, deseo ardiente de emanciparse... ¿De qué? ¿De quién? De
+todo, de todos; de su mujer, de Nepomuceno, de la _moral corriente_, sí,
+de cuanto pudiera ser obstáculo a su pasión. Él tenía una pasión, esto
+era evidente. Luego no era rana, por lo menos _tan rana_ como años
+seguidos había pensado.
+
+Salió del café en un arranque de actividad que le sugirió también la
+energía reciente, y tomó el camino de su casa dispuesto a afrontar la
+situación y a no soltar los cuartos por lo pronto. Es claro que él
+acabaría por hacer ingresar aquellos siete mil reales _en caja_; pero,
+¿cuándo? No corría prisa.
+
+Como en la calle ya no oía la guitarra del mozo del café, se le empezó a
+aflojar el ánimo, y sin darse clara cuenta de sus pasos, en vez de
+entrar en su casa se encontró en el vestíbulo del teatro. Era hora de
+ensayo. Allí estaría Serafina de fijo. Tampoco le desagradó aquel cambio
+instintivo de rumbo. Era otra prueba de que estaba muy enamorado.
+Siempre había leído que los buenos amantes, en casos análogos, hacían lo
+que él, seguir el misterioso imán del amor. ¡Oh!, y lo que él necesitaba
+era estar bien seguro de que experimentaba una pasión _fatal_, invencible.
+Averiguado esto, todas las consecuencias, fatales también, las reputaba
+legítimas.
+
+Ocho días después Bonis no se conocía a sí mismo, y se alegraba: es más,
+ni pensaba en conocerse.
+
+Serafina era suya, y él, por supuesto, era de Serafina, hasta donde
+podía serlo aquel mísero esclavo de su mujer. Caricias como las de la
+italiana-inglesa, Reyes ni las había soñado. «¡Nunca creí que el _placer
+físico_ pudiera llegar tan allá!», se decía saboreando a solas, rumiando,
+las delicias inauditas de aquellos amores de _artista_. Sí, ella se lo
+había asegurado, el amor de los artistas era así, extremoso, loco en la
+voluptuosidad; pasaba por una dulcísima pendiente del arrobamiento
+ideal, cuasi místico, a la sensualidad desenfrenada....
+
+En fin, él veía visiones; pero ¡qué hermosas, qué sabrosas! Tenía que
+confesar que «la parte _animal_, la bestia, el bruto, estaba en él mucho
+más desarrollado de lo que había creído». No pensaría Bonis que el
+inofensivo flautista que olía a aceite de almendras, tenía dentro de sí
+aquel turcazo voluptuoso que se dejaba querer al estilo
+artístico-oriental tan ricamente. Y, sin embargo, el alma, el espíritu
+puro, velaba, ¡sí, velaba!, y Serafina era la primera en mantener aquel
+fuego sagrado de la poesía. «¡Besos con música! El que no sabe lo que es
+esto no sabe lo que es bueno. Niego que haya moralista con derecho a
+reprenderme por mi pasión, si el tal nunca ha gustado esta delicia,
+¡besos con música!...». Pero el mayor encanto, el éxtasis de la dicha,
+estaba en otra parte; en la íntima alegría del orgullo satisfecho.
+
+--Serafina me ama, me ama; estoy seguro; llora de placer en mis brazos,
+no hay fingimiento, no; en la escena no sabe hacerlo tan bien; me quiere
+de veras, le gusto, le gusto como _físico_ y como moral, digámoslo así.
+
+¿Y dónde cabría mayor gloria que gustarle a ella, a la mujer _soñada_, a
+la que él amaba como amante y madre y musa en una pieza?
+
+Lo cierto era que la Gorgheggi, corrompida en muy temprana juventud por
+Mochi, su maestro y protector, se vengaba de su tirano y de la pícara
+suerte, y no sabía de quién más, arrojándose a la mayor torpeza, al
+desenfreno loco en los amores temporeros que su infame corruptor y
+amante insinuaba, favorecía y explotaba.
+
+Mochi había seducido a su discípula para dominarla; mucho tiempo creyó
+tener en ella una gloria futura y una renta de muchos miles de liras,
+que pronto se empezarían a cobrar. La corrompió para unirla a su suerte;
+después, cuando el desencanto llegó, las frías lecciones de la realidad
+le hicieron ver que se había equivocado, que a su hermosa discípula la
+faltaba algo y la faltaría siempre para llegar a verdadera estrella....
+le faltaba la voz y la flexibilidad suficiente de garganta. Tenía mucho
+gusto, sentía infinito, en el timbre había una extraña pastosidad
+voluptuosa, que era lo que llamaba Bonis voz de madre; sí, hablaba aquel
+timbre de salud, de honradez, de discreción femenina, de dulzura
+doméstica; pero... era poca voz para los grandes teatros. Y, además, se
+movía poco la garganta: como una virgen demasiado gruesa se parece a una
+matrona, la voz de la Gorgheggi tenía, siendo ella aún muy joven, un
+_enbonpoint_, decía Mochi, que la quitaba la agilidad, la esbeltez.... En
+fin, ello era que, a pesar de estar él seguro de que allí había un
+corazón y un talento de gran artista y un timbre originalísimo,
+seductor... no teníamos verdadera estrella de primera magnitud. Esta
+convicción que adquirió antes Mochi, llegó al cabo a la conciencia de
+Serafina; mas fue el secreto mutuo, si vale decirlo así, de que jamás se
+hablaba. Fue la tristeza común quien los unió más que su trato amoroso y
+sus intereses; pero fue también el origen y causa permanente de ocultos
+rencores, de humillaciones viles. Mochi, por amor propio, por vanidad de
+hombre de negocios, no quiso dar su brazo a torcer, confesarse que se
+había equivocado uniéndose a Serafina para explotarla. ¿No era una gran
+artista? Pues era mediana, y era además una mujer muy hermosa, y, más
+que hermosa, seductora. Pensando, como en una prueba de habilidad, en
+que no se había casado con ella, en que podía separarse de su _negocio_ en
+cuanto fuese gravoso, se atrevió a comerciar con su hermosura y él mismo
+le puso delante la tentación. Serafina, la primera vez que cayó en ella,
+cayó, como tantas otras, seducida por la vanidad, por la lujuria
+exaltada de la mujer de teatro, por el interés: su primer amante, a
+quien quiso un poco, de quien estuvo muy orgullosa, fue un General
+francés, Duque, millonario. La venganza que Mochi se reservó para hacer
+pagar a su discípula la infidelidad espontánea, que él mismo había
+provocado, pero que le dolía, fue dejarla ver que él lo sabía todo y que
+el Duque era su mejor amigo y protector. Los regalos que Serafina
+ocultaba no eran la mitad del provecho que de tales relaciones había
+sacado la compañía. Siempre sereno, siempre risueño, feroz y cruel en el
+fondo, Mochi hizo comprender a su amiga que aquella tolerancia del
+maestro continuaría, y que era indispensable para tener nivelados los
+presupuestos de la sociedad. Lo que no hacía falta era explicarse
+directamente; lo que allí hubiera sido repugnante, según el tenor, era
+un pacto explícito; no hacía falta. Además, él continuaba siendo amante
+de su discípula, y por rachas le entraba un verdadero amor a que ella
+debía corresponder, o fingirlo a lo menos. Pero lo principal era lo
+principal, y cuando se presentaba un partido, Mochi se reducía al papel
+de marido que no sabe nada; esto ante Serafina; ante el nuevo galán no
+era ni más ni menos que para el público, el maestro, _il babbo_ adoptivo.
+
+El segundo devaneo de Serafina, en Milán, ya no fue espontáneo. Aceptó
+como aceptaba una contrata en un teatro, porque lo exigía el _otro_,
+Mochi. También ella creía de _buen gusto_ guardar las formas; hacía como
+que engañaba a su amante y director artístico. Y algo le engañaba,
+porque, vengándose a su vez de aquel miserable comercio a que se la
+condenaba, daba a entender a Mochi que sólo por interés y obediencia
+aceptaba los galanteos provechosos, y que en el fondo sólo a su maestro
+quería.
+
+Mochi creía algo de esto. «Sí, ella me quiere ya; y me quiere a mí sólo:
+si no fuera así, se escaparía; con los demás finge por interés y por
+obedecerme».
+
+Lo cierto era que la Gorgheggi no amaba a su tirano y le había sido
+infiel de todo corazón desde la primera vez; pero al verse vendida, le
+dolió el orgullo; creía que Mochi estaba loco por ella, y cuando
+advirtió que era cómplice de sus extravíos, lo cual demostraba que no
+había tal pasión por parte del tenor, se sintió más sola en el mundo,
+más desgraciada, y experimentó el despecho de la mujer coqueta que, sin
+querer ella, desea que la adoren. Aquel comercio infame la dolía más que
+la repugnaba; en su vida de teatro, en la que entró ya seducida,
+enamorada del vicio, no había tenido ocasión de adquirir nociones de
+dignidad ni de amor puro; aquella mezcla del amor y el interés le
+parecía sólo producto de su oficio; que la hermosura tenía que ser el
+complemento del arte para ganar la vida, lo admitía, sobre todo desde
+que ella misma estuvo convencida de que jamás llegaría a ser _prima donna
+assolutissima_ en los grandes teatros.
+
+Pero lo que lastimaba lo que llamaba ella su corazón, era la complicidad
+de Mochi. «Yo hubiera hecho lo mismo sola y él hubiera conservado mi
+respeto y mi amistad y mis caricias cuando las quisiera, y el provecho
+de estas infidelidades mías también se habría repartido. ¿Qué falta
+hacía que él se mezclase en esto? No me dice nada, pero me empuja, me
+echa en brazos de los que debiera considerar como rivales...».
+
+Y esto era lo que ella quería que él pagase. ¿Cómo? Suponía la Gorgheggi
+que aunque él no estuviera ya enamorado, se creía querido todavía; y
+engañarle, arrojarse con ardor al vicio, al amor lucrativo; remachar los
+besos que vendía, era su venganza.
+
+Eso hacía, sin darse cuenta de que tomaba parte en aquellos furores de
+lubricidad con aires de pasión, la lascivia, la corrupción de su
+temperamento fuerte, extremoso y de un vigor insano en los extravíos
+voluptuosos. Se entregaba a sus amantes con una desfachatez ardiente
+que, después, pronto, se transformaba en iniciativa de bacanal, es más,
+en un furor infernal que inventaba delirios de fiebre, sueños del hachís
+realizados entre las brumas caliginosas de las horribles horas de
+arrebato enfermizo, casi epiléptico.
+
+Cuando su cuerpo macizo y bien torneado, suave y palpitante, cayó en los
+brazos de Bonifacio Reyes, ya estaba ella un poco cansada de aquella
+campaña terrible de _su venganza_, pero todavía sus arrebatos eróticos
+eran manjar muy superior al estómago empobrecido por tibias aguas
+cocidas del mísero escribiente de D. Diego.
+
+Él estaba pasmado, además de vivir en perpetua embriaguez, casi en
+alucinación constante. Creía sentir aquellas caricias sin nombre (él a
+lo menos no sabía cómo llamarlas), a todas horas, en todas partes; se le
+figuraba estar bañándose todo el día en los besos de Serafina; la veía,
+la oía, la olía, la palpaba en todas partes, hasta en el cuarto de Emma,
+entre las medicinas y mal olientes intimidades de la esposa enferma y
+poco limpia. Le extrañaba a veces que su mujer no conociese que la otra
+estaba allí, entre los dos, más cerca de él que ella misma.
+
+«¡Qué mujer!--pensaba el infeliz a cualquier hora, en cualquier parte--.
+¡Quién había de imaginar que había mujeres así! ¡Oh!... todo esto es el
+arte... sólo una artista puede querer en esta forma tan....
+deliciosamente exagerada».
+
+Lo que más picante le parecía, lo que venía a remachar el clavo de la
+felicidad, era el contraste de Serafina, quieta, cansada y meditabunda,
+con Serafina en el éxtasis amoroso: esta mujer, toda fuego, que asustaba
+con sus gritos y sus gestos de furiosa de amor; que hablaba, mientras
+acariciaba, con una voz ronca, gutural, que parecía salir de la faringe
+sin pasar por la boca, y que decía cosas tan extrañas, palabras que,
+aunque pareciera mentira, aún eran excitantes en medio de los hechos más
+extremosos de la pasión; esta mujer, diablo de amor, cuando el cansancio
+material irremediable sobrevenía y llegaban los momentos de calma
+silenciosa, de reposo inerte, tomaba aire, contornos, posturas, gestos,
+hasta ambiente de dulce madre joven que se duerme al lado de la cuna de
+un hijo. Las últimas caricias de aquellas horas de transportes báquicos,
+las caricias que ella hacía soñolienta, parecían arrullos inocentes del
+cariño santo, suave, que une al que engendra con el engendrado. Entonces
+_la diabla_ se convertía en la mujer de la voz de _madre_, y las lágrimas
+de voluptuosidad de Bonis dejaban la corriente a otras de enternecimiento
+anafrodítico; se le llenaba el espíritu de recuerdos de la niñez, de
+nostalgias del regazo materno.
+
+Cuando, al separarse, ella recomponía su tocado, con ademán tranquilo,
+familiar, echaba a la cabeza, en posturas de estatua, sus brazos de
+Juno, sonreía con reposada placidez, dejando los rizos de la sonrisa
+rodar en su boca y sus mejillas, como la onda amplia de curva suave y
+graciosa del mar que se encalma; pensaba, mirando el rostro pálido del
+aturdido amante, más muerto que vivo a fuerza de emociones, pensaba en
+Mochi y se decía:
+
+--¡Si le dijeran a ese miserable lo dichoso que acaba de ser este pobre
+diablo! Todo, todo por venganza. ¡Él cree que este infeliz tiene que
+contentarse con desabridas caricias; no sospecha que le estoy matando de
+placer y que va a morir entre delicias!
+
+Bonis también creía que aquella vida no era para llegar a viejo; pero, a
+pesar de cierto vago temor a ponerse tísico, estaba muy satisfecho de
+sus hazañas. Se comparaba con los héroes de las novelas que leía al
+acostarse, y en el cuarto de su mujer, mientras velaba; y veía con gran
+orgullo que ya podía hombrearse con los autores que inventaban aquellas
+maravillas. Siempre había envidiado a los seres _privilegiados_ que, amén
+de tener una ardiente imaginación, como él la tenía, saben expresar _sus
+ideas_, trasladar al papel todos aquellos sueños en palabras propias,
+pintorescas y en intrigas bien hilvanadas e interesantes. Pues ahora, ya
+que no sabía escribir novelas, sabía hacerlas, y su existencia era tan
+novelesca como la primera. Y buenos sudores le costaba, porque había
+ratos en que su apurada situación económica, sus remordimientos y sus
+miedos sobre todo, le ponían al borde de lo que él creía ser la locura.
+No importaba; la mayor parte del tiempo estaba satisfecho de sí mismo.
+Aquella ausencia de facultades expresivas, que según él era lo único que
+le faltaba para ser un artista, estaba compensada ahora por la _realidad
+de los hechos_; se sentía héroe de novela; no había sabido nunca dar
+expresión a lo que era capaz de sentir; mas ahora él mismo, todos sus
+actos y aventuras, eran la viva encarnación de las más recónditas y
+atrevidas imaginaciones. Y si no, se decía, no había más que repasar su
+existencia, fijarse en los contrastes que ofrecía, en los riesgos a que
+le arrastraba su pasión y en la calidad y cantidad de esta. Emma, cada
+día más aprensiva y más irascible, exigente y caprichosa, había llegado
+a complicar el tratamiento de sus enfermedades reales e imaginarias
+hasta el punto de que, el mismo Bonifacio, a pesar de su gran retentiva
+y experiencia, había necesitado recurrir a un libro de memorias en que
+apuntaba las medicinas, cantidades de las tomas y horas de
+administrarlas, con otros muchos pormenores de su incumbencia. Como la
+enferma no estaba muy segura de padecer todos los males de que se
+quejaba, temerosa muchas veces de que las pócimas recetadas no fuesen
+necesarias dentro del estómago y acaso sí perjudiciales, prefería por
+regla general el _uso externo_, con lo cual se aumentaban las fatigas del
+cónyuge curandero, porque todo se volvía untar y frotar el cuerpo
+delgaducho y quebradizo, quejumbroso y desvencijado, de su media naranja
+o medio limón, como él la llamaba para sus adentros; porque los
+desahogos de Bonis eran de uso interno, al contrario de lo que sucedía
+con las medicinas de su mujer. Pulgada a pulgada creía conocer el
+antiguo escribiente la superficie de aquel asendereado cuerpo de su
+mujer, donde él daba friegas con fuerza y con delicadeza a un tiempo,
+según lo exigía la paciente, esparcía ungüento con justicia
+distributiva, amoroso tacto, pulcritud y suavidad; así como en la región
+del pecho, y en la espalda y sobre el hígado había pasado un pincel
+impregnado de yodo. Antojábasele aquel mísero conjunto de huesos y
+pellejo y de importunas turgencias, edificio ruinoso que el dueño
+defiende contra la piqueta municipal a fuerza de revoques de cal y manos
+de pintura y recomposición de tejas. «¡Ay!, en vano la retejo, y la
+unto, y la froto, y la pinto; esta mujer mía hace agua por todas partes,
+y el viento de la ira entra en ella por mil agujeros; esta destartalada
+máquina, inútil para mí, en cuanto legítimo esposo, sirve sólo, y
+servirá tal vez muchos años, para albergue del espíritu sutil de la
+discordia y de la contradicción: poca materia necesita el ángel malo
+para encaramarse en ella como un buitre en una horca, un búho en un
+torreón escueto y abandonado, y desde su miserable guarida hacerme cruda
+guerra».
+
+Lo cierto era que Bonis exageraba, lo mismo que en el lenguaje, en los
+achaques de su mujer. Emma, que había estado en peligro de muerte meses
+antes, poco a poco se reponía, y la nueva energía que iba adquiriendo
+empleábala en inventar más exigencias, más achaques y en procurarse
+unturas que no la comprometían a estar enferma de verdad, y en cambio
+habían llegado a ser para ella una segunda naturaleza; no se sentía bien
+sin grasa alrededor del cuerpo, sin algodón en rama aplicado a cualquier
+miembro; y en cuanto al resquemillo del yodo y a las cosquillas del
+pincel, habían llegado a ser uno de sus mejores entretenimientos. Todo
+ello servía para multiplicar los trabajos de Reyes, su responsabilidad y
+alarde de paciencia. Aquella resignación de su marido llegó a ser tan
+extremada, que a Emma acabó por parecerle cosa sobrenatural y diole mala
+espina. No sabía por qué le olía mal aquella sumisión absoluta; tiempo
+atrás, antes de sufrir las últimas humillaciones, protestaba tímidamente
+por medio de observaciones respetuosas; pero ahora, ni eso: callaba y
+untaba. A un insulto, a una provocación, respondía con una obra de
+caridad de las que inmortalizaban a un santo; allí hacía falta, no sólo
+el sacrificio del corazón, sino el del estómago, pues todo se
+sacrificaba. Bonis no tenía ni amor propio ni náuseas; el olfato parecía
+haber desaparecido con el sentimiento de la propia dignidad. ¿Qué era
+aquello? Lo que antes era para la esposa autocrática la única gracia de
+su marido, ahora comenzaba a convertirse en motivo de sospechas, de
+cavilaciones. ¿Por qué calla tanto? ¿Por qué obedece tan ciegamente? ¿Es
+que me desprecia? ¿Es que encuentra compensación en otra parte a estos
+malos ratos? Un día Emma, a gatas sobre su lecho, se recreaba sintiendo
+pasar la mano suave y solícita de su marido sobre la espalda untada y
+frotada, como si se tratase de restaurar aquel torso miserable sacándole
+barniz. «¡Más, más!», gritaba ella, frunciendo las cejas y apretando los
+labios, gozando, aunque fingía dolores, una extraña voluptuosidad que
+ella sola podía comprender.
+
+Bonis, sudando gotas como puños, frotaba, frotaba incansable, con una
+sonrisa poco menos que seráfica clavada en el apacible rostro: sus ojos,
+azules y claros, muy abiertos, sonreían también a dulces imágenes y a
+deleitosos recuerdos. En vano Emma refunfuñaba, se quejaba, le increpaba
+y con palabras crueles le ofendía; no la oía siquiera; cumplía su deber
+y andando.
+
+Volvió ella la cabeza hacia arriba, y al ver la expresión de beatitud de
+aquella cara, quedose pasmada ante semejante alarde de paciencia y
+humildad absoluta.
+
+--A este algo le pasa, algo muy raro.... Parece más tonto que de
+costumbre, y al mismo tiempo en esa cara hay una expresión que yo no he
+visto nunca.
+
+--¿Sabes que andas distraído, joven?
+
+Aquel joven era la tremenda ironía de la mujer que, viéndose mustia y
+enfermiza, recordaba al tierno esposo que él envejecía, gracias, no sólo
+a los años, sino también a los disgustos de aquella servidumbre
+conyugal.
+
+El joven no contestaba cosa de sustancia y entonces ella le miraba de
+hito en hito, y daba vueltas alrededor de él, para ver si por algún lado
+estaba abierto y se le veía el secreto que debía de tener entre pecho y
+espalda. Después le olfateaba. Le daba el corazón que por el olfato
+habían de empezar los descubrimientos... ¿A qué olía aquel hombre? Olía
+a ella, a los ungüentos con que la frotaba, al espliego y alcanfor de su
+jurisdicción ordinaria. «Habrá que olerle cuando venga de fuera, de la
+calle». Y le despachó, como casi siempre, con cajas destempladas.
+
+Emma dormía mucho, y aun despierta tenía necesidad de estar
+completamente sola muchas horas, porque además de las intimidades a que
+podía y debía asistir Bonifacio, había otras más recónditas que no podía
+presenciar ni el marido; eran unas las del tocador, secreto de secretos,
+y otras misteriosas manías de cuya existencia no quería ella que supiese
+nadie. Añádase a esto que había conservado la mala costumbre de soñar
+despierta horas y horas en su lecho, antes de levantarse, y en tales
+deliquios de la pereza, así como en las frecuentes rachas de murria,
+Emma no toleraba la presencia de ningún semejante. Por todo lo cual,
+Bonis, a pesar de la estricta sujeción de sus tareas de marido
+enfermero, tenía por suyo mucho tiempo; el caso era ser exacto a las
+horas de servicio; de las demás no pedía cuentas el tirano. Todas las
+que, tiempo atrás, vivía Reyes olvidado por el mundo entero, sin tener
+que dar noticia de su empleo a nadie, a fuerza de ser él persona
+insignificante, ahora las dedicaba, siempre que había modo, a su amor.
+Veía a Serafina en el teatro, en la posada y en los largos paseos que
+daban juntos por parajes muy retirados o lejos de la ciudad.
+
+Aquel día, después de lavarse bien con esponjas grandes y finas, género
+de limpieza que había aprendido observando a la Gorgheggi en su tocador,
+salió saltando las escaleras de dos en dos.
+
+Y se decía: «¿Qué me importa ser aquí esclavo y oler a botica que
+apesto, si en otra parte soy dueño del más hermoso imperio, árbitro de
+la voluntad más digna de ser rendida, y me aguarda lecho de rosas y de
+aromas, que no sé si serán orientales, pero que enloquecen?».
+
+Seguro estaba Bonis de que era aquel vivir suyo un rodar al abismo; que
+no podía parar en bien todo aquello era claro; pero ya... preso por
+uno... y además, en los libros románticos, a que era más aficionado cada
+día, había aprendido que a «bragas enjutas no se pescan truchas»; que un
+hombre de grandes pasiones, como él estaba siendo sin duda, y metido en
+aventuras extraordinarias, tenía que parar en el infierno, o, por lo
+menos, en las garras de su mujer y en un corte de cuentas de D. Juan
+Nepomuceno. Al pensar en D. Juan tembló de frío, porque se acordó de que
+los siete mil reales de la restitución providencial habían ido
+evaporándose, hasta quedar reducidos, en el día de la fecha, a dos mil.
+Lo demás había parado en manos de Serafina, ya en forma de regalos, ya
+en dinero, pues cierta clase de gastos indispensables no había tenido
+valor para hacerlos por sí mismo, temiendo que el secreto de sus amores
+pudiera ser conocido y divulgado por los comerciantes. ¿Con qué cara iba
+él a pedir en una tienda de su pueblo polvos de arroz de los más finos,
+ligas de seda, medias bordadas y pantalones de mujer con el jaretón por
+aquí o por allá?
+
+En cuanto a Mochi, no se había vuelto a acordar para nada de dinero, ni
+para pedirlo, ni para pagar lo que debía. «En la cuestión de cantidades»
+no quería pensar Reyes; se figuraba que toda la deuda del Estado era
+cosa suya, la debía él. ¡Primero mil reales, después seis mil, ahora los
+siete mil de la restitución... el mundo, el mundo entero en forma de
+guarismos! No, no contaba él así; no se representaba las cantidades
+fijas, ni menos la suma de todas; él recordaba que primero había
+prestado lo que no tenía; después muchísimo más, y, por último, que
+había cometido el gran sacrilegio de profanar una cantidad sagrada,
+producto del secreto del confesonario, empleándola en un corsé regente,
+en unos búcaros con chinos pintados, en sortijas, flores y pantalones de
+señora... ¡Horror! «Sí, horror, pero ¿y qué se le iba a hacer? Preso por
+uno.... Aquella misma atrocidad de haber gastado tanto dinero que no era
+suyo demostraba la intensidad, la fuerza irresistible de su pasión. Pues
+adelante». Cierto era que quedaba el rabo por desollar. D. Juan
+Nepomuceno le tenía cogido por las narices, y podía hacer de él lo que
+le viniese en voluntad.
+
+Poco a poco la figura de Nepomuceno, del odiado y odioso Nepomuceno,
+había ido creciendo a los ojos de la imaginación espantada de Bonis;
+sobre todo, las patillas cenicientas, en que el desgraciado veía el
+símbolo de todas las matemáticas aplicadas a la hacienda, el símbolo de
+los aborrecibles intereses materiales, del negocio, de la previsión y
+del ahorro... y la trampa si a mano viene; aquellas patillas habían
+subido, tocado las nubes, y en el inmenso abismo hundían los lacios
+hilos grises de sus puntas. ¡Rayo en ellas! Bonis, que amaba las letras,
+aborrecía los guarismos, y en punto a aritmética, decía él que todo lo
+entendía menos la división; aquello de calcular a cuántos cabían tantos
+entre tantos, siempre había sido superior a sus fuerzas; al llegar a lo
+de tantos entre tantos no caben (o no cogen, como él solía decir),
+sudaba y se volvía estúpido y sentía náuseas; pues bien, Nepomuceno,
+sólo con su presencia, hasta en idea, le producía el mismo efecto que
+una división en que sobraba algo; no le cogía el tal Nepomuceno.
+
+Y eso que el muy taimado callaba como un bellaco. Ni una palabra le
+había dicho después de haber descubierto y pagado el préstamo famoso de
+D. Benito. Es claro que tampoco Bonis había abordado la cuestión; en
+este particular estaba el escribiente como el condenado a muerte que,
+con los ojos tapados, aguarda el golpe del verdugo, y con gran sorpresa,
+pero sin perder el miedo, siente que el tiempo pasa y el golpe no llega.
+De otra manera también se figuraba su situación Reyes, fecundo siempre
+en alegorías y toda clase de representaciones fantásticas; se figuraba
+que a sus pies había una gran mina, que él estaba seguro de que el fuego
+había prendido en la mecha... ¿Por qué no venía el estallido? ¿Se había
+mojado la pólvora? ¿Se había mojado la mecha? No; él estaba convencido
+de que Nepomuceno estaba seco y bien seco; sería que la mecha era más
+larga que él había pensado; el fuego iba dando rodeos, pero el estallido
+vendría, ¡no podía faltar! Aun así, daba gracias a Dios por aquel plazo,
+que le permitía entregarse a su gran pasión sin complicaciones
+económicas, que todo lo hubieran aguado.
+
+Llegó Bonis al ensayo oliendo a agua de colonia, risueño y arrogante
+hasta el punto que él podía serlo. Gran algazara había en el escenario.
+Aquel día era de los de sol allí dentro, a pesar de que poca luz podía
+entrar hasta la escena y la sala por las puertas de los palcos y los
+ventiladores del techo; el sol que vio allí Reyes era un sol moral
+(quería decirse que todos estaban contentos); Mochi había pagado y las
+rencillas habían concluido, o, por lo menos, quedaban escondidas; el
+barítono embromaba a la contralto, el director de orquesta al bajo,
+Mochi a una señora del coro, y la Gorgheggi iba y venía repartiendo
+sonrisas y saludos con voz de pájaro; para todos tenía inocentes
+coqueterías, agasajos de voz y de gesto: para los de la escena, para los
+señores de las bolsas o faltriqueras, y hasta para tal o cual músico que
+había desafinado o perdido el tiempo. Serafina, radiante, se lo
+perdonaba con una interjección o una inclinación de cabeza, y cargaba
+con la responsabilidad. Tal vez el director decía: «¡Cristo!» y miraba
+con fingido enojo al trompa, y entonces ella encogía los hombros y
+mordía la punta de la lengua con picardía de colegiala, para decir
+enseguida, llena de abnegación:
+
+--Maestro, maestro... senti, non e'colpevole, questo signore, sono io.
+
+¡Qué música de voz! ¡Qué corazón!, pensaba Bonis, que entraba en el
+palco de sus amigos.
+
+
+
+
+-VIII-
+
+
+En el café de la Oliva se dispuso cierta noche una cena para doce
+personas, en el comedor de arriba; un cuarto oscuro que a los calaveras
+del pueblo y al amo del establecimiento les parecía muy reservado, y muy
+misterioso, y muy a propósito para orgías, como decían ellos.
+
+El camarero de la guitarra y otros dos colegas se esmeraban en el
+servicio de la mesa, porque eran los de la ópera los que venían a cenar;
+y... ¡colmo de la expectación!, se aguardaba también a las cómicas;
+vendrían la tiple, la contralto, una hermana de esta y la doncella de
+Serafina, que en los carteles figuraba con la categoría dudosa de otra
+tiple.
+
+El único profano a quien se invitó fue Bonifacio; él, lleno de orgullo
+artístico, pero recordando que la hora señalada para la tal cena era de
+las que su esposa le tenía embargadas para las últimas friegas, ofreció
+ir a los postres y al café, reservándose el cuidado de echar a correr a
+su tiempo debido. No sabía que a lo que él iba era a pagar. Esto lo supo
+después, cuando, ebrio de amor y un poco de benedictino non sancto,
+había caído en el panteísmo alalo a que le llevaban todos los
+entusiasmos de su organismo, más empobrecido de lo que prometían las
+buenas apariencias de su persona.
+
+Llegó cuando los músicos y cantantes saboreaban el ponche a la romana
+que Mochi había incluido en la lista de la cena. Fue recibido con una
+aclamación, en que tomaron parte las señoras. Sin saber cómo, y cuando
+la emoción producida por tal recibimiento aún le tenía medio aturdido,
+se vio Reyes al lado de su ídolo, Serafina, que había comido mucho y
+bebido proporcionadamente. Estaba muy colorada y de los ojos le saltaban
+chispas. En cuanto tuvo junto a sí a Bonis, le plantó un pie encima, un
+pie sin zapato, calzado con media de seda.
+
+--¡Nene--dijo acercándole la cara al oído--, apestas a colonia!
+
+Y le azotó un tobillo, por encima del pantalón, con el pie descalzo.
+Bonis se ruborizó no por lo del pie, sino por lo de la colonia; aquel
+olor era el rastro de su esclavitud doméstica.
+
+«Si yo no oliese a colonia, ¡a qué olería!» pensó. Pero olvidó enseguida
+su vergüenza al oír a Serafina que, quedándose muy seria, con la voz
+algo ronca con que le hablaba siempre en la intimidad de su pasión, le
+dijo, otra vez, al oído casi:
+
+--Acércate más, aquí nadie ve nada... ya todos están borrachos.
+
+Y sin esperar respuesta, y antes que Bonis se moviese, ella,
+bruscamente, sin levantarse, hizo que su silla chocara con la del
+amante, y ambos cuerpos quedaron en apretado contacto. El olor a colonia
+desapareció, como deslumbrado por el más picante y complejo, que era una
+atmósfera casi espiritual de Serafina; aquel olor a perfumes fuertes,
+pero finos, mezclado con el aroma natural de la cantante, era lo que
+determinaba siempre en Bonis las más violentas crisis amorosas. Perdió
+el miedo, aturdido por aquella proximidad ardiente y olorosa de su
+amada, y como si esto fuera escasa borrachera, se dejó seducir por las
+tretas de Mochi, que le invitaban sin cesar a beber de todo. Bebió Reyes
+ponche, champaña, benedictino después, y ya, sin conciencia despierta
+para reprobar las demasías que se permitían el barítono y la contralto y
+alguna otra pareja, consintió en brindar, por último, cuando de todas
+partes salían exclamaciones que le invitaban a desahogar su corazón en
+el seno de aquella amistad artística, «no por nueva, pensaba él, menos
+firme y honda».
+
+Borracho del todo nunca lo había estado Bonifacio; un poco más que
+alegre, sí, aunque no muchas veces; y en tales trances era cuando se le
+soltaba la lengua un poco, y decía aproximadamente algo parecido a lo
+mucho que le bullía en el pecho.
+
+Consultó con los candorosos ojos a su amada si haría bien o mal en
+brindar; la Gorgheggi aprobó el brindis con un apretón de manos
+subrepticio, y el flautista frustrado se levantó entre aplausos.
+
+--Señoras y señores--dijo con una copa de agua en la mano--, es tanto mi
+agradecimiento, es tal la emoción que me embarga, que... lo digo yo y no
+me arrepiento, yo, Bonifacio Reyes, pago todo el gasto... eso es, toda
+la comida y toda la bebida... _botillería_ inclusive.... Benito (a un
+camarero), ya lo oyes, todo esto es cuenta mía. (Bravos y exclamaciones.
+Mochi sonreía satisfecho, como pudiera estarlo un profeta que ve
+cumplida su profecía.) Yo lo pago todo, y no hay que preguntarme de
+dónde salen las misas. Preso por uno, preso por ciento, y uno... eso
+es.... Nadie me toque a la vida privada. ¡Ahí le duele!... La vida
+privada de la vida ajena es un sagrado, arca santa, arca sanctorum....
+
+--Sancta Sanctorum!--interrumpió un apuntador que había sido seminarista.
+(Voces de: ¡silencio!, ¡fuera!)
+
+--Bueno; sanctorum omnium. Señores, yo no puedo... yo no sé decir, ni
+debo, ni puedo ni quiero, todo lo que para mí significa vuestro
+cariño.... Yo amo el arte... pero no lo sé expresar; me falta la forma,
+pero mi corazón es artístico; el arte y el amor son dos aspectos de una
+misma cosa, el anverso y el reverso de la medalla de la belleza,
+digámoslo así. (Bravos; asombro en los cómicos.) Yo he leído algo... yo
+comprendo que la vida perra que he llevado siempre en este pueblo
+maldito es mezquina, miserable... la aborrezco. Aquí todos me
+desprecian, me tienen en la misma estimación que a un perro inútil,
+viejo y desdentado... y todo porque soy de carácter suave y desprecio
+los bienes puramente materiales, el oro vil, y sobre todo la industria y
+el comercio.... No sé negociar, no sé intrigar, no sé producirme en
+sociedad... luego soy un bicho, ¡absurdo!, yo comprendo, yo siento... yo
+sé que aquí dentro hay algo.... Pues bien, vosotros, artistas, a quien
+también tienen en poco estos mercachifles sedentarios, estas lapas,
+estas ostras de provincia, me comprendéis, me toleráis, me agasajáis, me
+aplaudís, admitís mi compañía y....
+
+Bonis estaba pálido, se le atragantaban las palabras, hacía pucheros, y
+su emoción, de apariencia ridícula, no les pareció tal por algunos
+momentos a los presentes, que sin gritar ni moverse siquiera, escuchaban
+al pobre hombre con interés, serios, pasmados de oír a un infeliz, a un
+botarate, algo que les llegaba muy adentro, que les halagaba y
+enternecía. Al orador no le faltaban palabras, pero las lágrimas le
+salían al camino y querían pasar primero; además, las malditas piernas
+se le desplomaban, según costumbre, y así, se le veía ir doblándose, y
+casi tocaba con la barba en el mantel, cuando siguió diciendo:
+
+--¡Ah, amigos míos! Mochi amigo, Gaetano carísimo (el barítono), vosotros
+no podéis saber cuánto me halaga que al pobre Reyes abandonado,
+despreciado, humillado, le comprendan y quieran los artistas. Si yo me
+atreviera huiría con vosotros, sería el último, pero artista,
+independiente, libre, sin miedo al porvenir, sin pensar en él, pensando
+en la música... ¿Creéis que no os comprendo? ¡Cuántas veces leo en
+vuestro rostro las preocupaciones que os afligen, los cuidados del
+mañana incierto! Pero poco a poco el arte os devuelve a vuestra
+tranquilidad, a vuestra descuidada existencia; un aplauso os sirve de
+opio, el puro amor del canto os embelesa y saca de la miserable vida
+real.... Y el último de vosotros, Cornelio, que no tiene más que un traje
+de verano para invierno, olvida o desprecia esta miseria, y se
+entusiasma al gritar, lleno de inspiración artística, en su papel
+modesto de corista distinguido, aquello de la Lucrezia: Vivva il Madera!
+(Bravos y aplausos interrumpen al orador. El corista aludido, que está
+presente y, en efecto, luce un traje digno de los trópicos y muy usado,
+abraza a Reyes, que le besa entre lágrimas.)
+
+Quiso continuar, pero no pudo; cayó sobre su silla como un saco, y
+Serafina, orgullosa de aquella oratoria inesperada y de la discreción
+con que su amante se abstuvo de aludirla, le felicita con un apretón de
+manos y otro de pies más enérgico.
+
+Mochi se aproxima al héroe, le abraza y le dice al oído, rozándose los
+rostros:
+
+--Bonifacio, lo que te debo, lo que vales, nunca lo olvidará este pobre
+artista desconocido y postergado.
+
+Las lágrimas de Mochi, mezcladas con los polvos de arroz que no ha
+limpiado bien aquella noche, caen sobre las mejillas del improvisado
+anfitrión.
+
+Al cual apenas le quedan fuerzas para pensar.... Mas de repente da un
+brinco, lívido, y con el brazo en tensión, señala con el índice a la
+esfera del reloj que tiene enfrente.
+
+--¡La hora!--grita aterrado, y procura separarse de la mesa y echar a
+correr....
+
+--¿Qué hora?--preguntan todos.
+
+--La hora de.... Bonis miró a Serafina con ojos que imploraban compasión y
+ser adivinados.
+
+Serafina comprendió; sabía algo, aunque no lo más humillante, de aquella
+esclavitud doméstica.
+
+--Dejadle, dejadle salir, tiene que hacer a estas horas, sin falta... no
+sé qué, pero es cosa grave; dejadle salir.
+
+Bonis besó con la melancólica y pegajosa mirada a su ídolo, ya que no
+podía de otro modo, y enternecido por el agradecimiento, tomó la
+escalera....
+
+Los cómicos le dejaron ir, pero miraron a Mochi como preguntándole algo
+que él debía adivinar.
+
+Mochi, risueño, tranquilo, retorciéndose el afilado bigote, adivinó en
+efecto, y dijo:
+
+--¡Oh, señores, no hay cuidado! Palabra de rey; aquí le conocen y saben
+que no hay dinero más seguro que el del Sr. Reyes. Si no ha pagado ahora
+mismo, habrá sido por olvido... o por no ofendernos.
+
+--Claro--dijo el barítono--; eso sería limitar el gasto....
+
+--Sí, se conoce que es un caballero.
+
+Todos convinieron en que Bonis pagaría todo el gasto que se hiciera
+aquella noche.
+
+En cuanto a Bonifacio, comprendía, muy a su placer, que por el camino se
+le iba aliviando la borrachera. Estaba seguro de que aquella buena
+acción que había comenzado el fresco de la noche, la llevaría a remate
+el miedo que le daba su mujer.
+
+--Sí, estoy tranquilo, debo estar tranquilo; cuando entre en su cuarto,
+el instinto de la conservación, llamémoslo así, me hará recuperar el uso
+de todas mis facultades, y Emma no conocerá nada. Además, puede que se
+haya dormido, y en tal caso hasta mañana no habrá riña por mi tardanza;
+y lo que es mañana, ya estaré yo tan limpio de vino como el Corán.
+
+Llegó a casa, abrió con su llavín, encendió una luz, subió de puntillas
+y entró en las habitaciones de su mujer. Una triste lamparilla,
+escondida entre cristales mates de un blanco rosa, alumbraba desde un
+rincón del gabinete; en la alcoba en que dormía Emma, las tinieblas
+estaban en mayoría; la poca luz que allí alcanzaba servía sólo para dar
+formas disparatadas y formidables a los más inocentes objetos.
+
+Bonis se acercó al lecho a tientas, estirando el cuello, abriendo mucho
+los ojos y pisando de un modo particular que él había descubierto para
+conseguir que las botas no chillasen, como solían. Esta era una de las
+fatalidades a que se creía sujeto por ley de adverso destino; siempre
+las suelas de su calzado eran estrepitosas.
+
+Al acercarse a su mujer se le ocurrió recordar al moro de Venecia, de
+cuya historia sabía por la ópera de Rossini; sí, él era Otello y su
+mujer Desdémona... sólo que al revés, es decir, él venía a ser un
+Desdémono y su esposa podía muy bien ser una Otela, que genio para ello
+no le faltaba.
+
+Lo principal, por lo pronto, era averiguar si dormía.
+
+Él se lo pidió al Hacedor Supremo con todas las veras de su corazón.
+Había pasado un cuarto de hora de la señalada para las últimas friegas
+de la noche.
+
+--Por lo menos calla--pensó, cuando ya estaba quieto, porque sus pies
+habían tropezado con los de la cama.
+
+Por desgracia, el silencio no era prueba del sueño; es más, aunque
+tuviese los ojos cerrados no había prueba; porque muchas veces, por
+mortificarle, por castigarle, callaba, así, con los ojos cerrados, y no
+respondía aunque la llamase; no respondía a no ser ¡terrible era
+pensarlo!, pero ¿cómo negárselo a sí mismo?, a no ser con una bofetada y
+un
+
+--¡Toma! ¡Vete a asustar a tu abuela!... ¡Infame, traidor, mal marido,
+mal hombre! etcétera, etc.
+
+Todo esto era histórico; ya sabía Bonis que si algún día se le ocurría
+escribir sus Memorias, que no las escribiría, ¿para qué?, habría que
+omitir lo de las bofetadas, porque en el arte no podían entrar ciertas
+tristezas de la realidad excesivamente miserables, y lo que es sus
+Memorias, o no serían, o serían artísticas; pero omitiéralas o no, las
+bofetadas eran históricas. No habían sido muchas, pero habían sido. Y
+más tenía que confesarse, que en rigor, en rigor, no le ofendían mucho;
+más quería un cachete, si a mano viene, que una chillería; el ruido lo
+último de todo. Además, Emma cuando le insultaba, se repetía; sí, se
+repetía cien y cien veces, y aquello le llegaba a marear. Verdad era que
+cuando le pegaba se repetía también; bueno, pero no tanto.
+
+Emma tenía los ojos cerrados. Su esposo no se fiaba y le acercó un oído
+a la boca. Su respiración tenía el ritmo regular del sueño. Podía ser
+fingido. No se sabía si dormía o no. En cuanto a llamarla, hacía tiempo
+que había renunciado a semejante prueba. Prefería estar allí, con la
+cabeza inclinada sobre el rostro de la supuesta enferma, porque, en todo
+caso, constaría que él, Bonis, había cumplido con su deber procurando
+indagar si el sueño de su esposa era real o fingido. Si pasaban tres o
+cuatro minutos, declaraba a Emma en rebeldía y se retiraba satisfecho
+por haber cumplido con su deber. Podía al día siguiente echarle en cara
+su abandono, el olvido en que la tenía, etcétera, etc.; pero él estaba
+seguro de que se quejaba sin razón, porque se decía: «Si estaba
+despierta, demasiado sabe que no falté de mi puesto; si dormía, ¿para
+qué necesitó de mí?».
+
+Pasaron los cuatro minutos de espera y Bonis quiso, por lo excepcional
+de las circunstancias, prolongar la experiencia.
+
+A los cinco minutos Emma abrió los ojos desmesuradamente, y con una
+tranquilidad fría y perezosa, dijo, en una voz apagada que horrorizaba
+siempre a Bonis:
+
+--Hueles a polvos de arroz.
+
+En las novelas románticas de aquel tiempo usaban los autores muy a
+menudo, en las circunstancias críticas, esta frase expresiva: «¡Un rayo
+que hubiera caído a sus pies no le hubiera causado mayor espanto!».
+
+Sin querer, Bonis se dijo a sí mismo muy para sus adentros el
+sustancioso símil «un rayo que hubiera caído a mis pies, etc.», y por
+una asociación de ideas, añadió por cuenta propia: «¡Mal rayo me parta!
+¡Maldita sea mi suerte!».
+
+--Hueles a polvos de arroz--repitió Emma.
+
+Tampoco ahora contestó Bonis en voz alta. Pensó lo siguiente: «En todo
+soy desgraciado, hasta la Providencia es injusta conmigo; me castiga
+cuando no lo merezco: cien veces habré olido a polvos de arroz, y
+nada... y hoy... hoy que no hay de qué... hoy que no lo he...». De
+repente, se acordó de Mochi, de su abrazo y de que, en efecto, las
+lágrimas de borracho con que le había mojado, le olían a polvos de
+arroz. «¡Malditísimo marica!--pensó--; fue él, el sobón del tenor Mochi....
+y ahora, ¡qué conflicto!, ¡qué tormenta! Porque ¿quién le dice a esta....
+'Mira, sí, huelo a polvos de arroz, pero es porque... me abrazó y me
+besó... ¡el tenor de la Compañía italiana!'?».
+
+--Hueles a polvos de arroz--dijo por tercera vez la esposa desvelada.
+
+Y con gran sorpresa del marido, un brazo que salió de entre la ropa del
+lecho no se alargó en ademán agresivo, sino que suavemente rodeó la
+cabeza de Bonis y la oprimió sin ira. Emma entonces olfateó muy de cerca
+sobre el cuello de Reyes, y este llegó a creer que ya no le olía con la
+nariz, sino con los dientes. Temió una traición de aquella gata; temió,
+así Dios le salvase, un tremendo mordisco sobre la yugular, una sangría
+suelta... pero al retroceder con un ligero esfuerzo, sintió sobre la
+nuca el peso de dos brazos que le apretaban con tal especie de ahínco,
+que no podía confundirse con la violencia ni el dolo malo; y acabó de
+entender, con gran sorpresa, de qué se trataba, cuando oyó un gemido
+ronco y mimoso, de voluptuosidad soñolienta, imperativa en medio del
+abandono, gemido que él conocía perfectamente y cuyo significado no
+podía confundirse con nada. Significaba todo aquello el renacimiento de
+una iniciativa conyugal largo tiempo abandonada. En la intimidad de las
+intimidades no tenía Bonis mando superior al que le había sido conferido
+en los demás quehaceres domésticos; de su espontaneidad no se esperaba
+ni se admitía cosa alguna. Un rayo que hubiera caído a sus pies... y de
+repente se hubiese convertido en lluvia de flores, no hubiera causado
+mayor sorpresa al amante de Serafina, que la actitud de su mujer
+soñolienta y caprichosa; pero sin andarse en averiguaciones de causas
+próximas o remotas, echó sus cuentas Bonifacio, y se dijo en el fuero
+interno, sin pararse a examinar la exactitud de la frase, «lo echaremos
+todo a barato»; y a la invitación de su hembra hecha por señas
+infalibles, que levantaban en el alma nubes melancólicas de recuerdos
+que se deslizaban delante de una luna de miel muy hundida en el
+firmamento oscuro, contestó con otras señas que fueron estimadas en lo
+que valían.
+
+«Esto no es infidelidad--pensaba Bonis--, esto es un 'sálvese el que
+pueda'». Su conciencia de amante, la falsa conciencia del romántico
+apasionado por principios, le acusaba, le decía que los recientes
+vapores de la orgía le prestaban un fuego que no era fingido; fuese
+resto de borrachera, agradecimiento, nostalgia de la luna de miel o lo
+que fuese, ello era que aquel panteísta de la hora de los brindis no
+sentía repugnancia ni mucho menos al cumplir aquella noche sus más
+rudimentarios deberes de esposo; a la sorpresa que le causó la extraña
+actitud de Emma, sucedieron pronto muchas sorpresas de un orden
+inenarrable, llámese así, sorpresas que le enseñaron allá entre sueños,
+que el que más cree saber no sabe nada, que las apariencias engañan, que
+la aprensión hace ver lo que no hay, y viceversa; en fin, ello era que,
+o los dedos se le antojaban huéspedes, o veía visiones, o su mujer no
+estaba tan en los últimos como ella decía, ni las gallinas y chuletas
+que juraba no digerir, ni los vinos exquisitos que aseguraba ella que la
+envenenaban, dejaban de surtir sus efectos en aquella «naturaleza»; que
+las unturas y el algodón en rama habían producido una... palingenesia....
+algo así como una vegetación de la oscuridad, pálida, pero no mezquina.
+La torcida y dañada conciencia del fiel amante y del marido infiel, se
+quejaba, no admitía sofismas, allá en los adentros más nublados del
+turbado Bonis, que entre el sueño y la vigilia se entregaba, mitad por
+miedo, por desorientarla, como él se decía, mitad por una especie de
+voluptuosidad nueva y que juzgaba monstruosa, se entregaba a los
+arrebatos del amor físico, no con gran originalidad por cierto, pero sí
+con una espontaneidad que era lo que más le remordía en la citada
+conciencia de amante. Originalidad no la había, no; frases, gritos
+ahogados, actitudes, novedades íntimas del placer, que Emma recibía con
+tibias protestas y acababa por saborear con delicia epiléptica, y por
+aprender con la infalibilidad del instinto pecaminoso; todo esto era una
+copia de la otra pasión, todo revelaba el estilo de la Gorgheggi. Sin
+pasar de aquella misma noche, Bonis oyó a su mujer en el delirio del
+amor, que él siempre llamaba para sus adentros físico (por distinguirle
+de otro), oyó a Emma interjecciones y vocativos del diccionario amoroso
+de su querida; y vio en ella especies de caricias serafinescas; todo
+ello era un contagio; le había pegado a su mujer, a su esposa ante Dios
+y los hombres, el amor de la italiana, como una lepra; y de esto, la
+conciencia que protestaba era la del marido, la del padre de familia....
+virtual que había en él, en Bonifacio Reyes. «Esto es manchar el tálamo
+con una especie de enfermedad secreta... moral... se decía, y esto es
+además faltar a mis deberes... de fiel amante romántico y artístico».
+Pero todos estos remordimientos mezclados y confusos se revolvían allá
+en el fondo del pobre cerebro, entre vapores de la borrachera que había
+creído desvanecida y que sólo se había descompuesto: por un lado era
+plomo que se le agolpaba a la cabeza, por otro lado lujuria exaltada,
+enfermiza, que amenazaba derretirle. Entre los brazos de Emma, Bonis oía
+de cuando en cuando gritos que le estallaban dentro del cráneo.
+«¡Bonifacio! ¡Reyes! ¡Bonifacio!» le decían aquellos tremendos
+estallidos, y reconocía la voz del barítono, y la del bajo, y la del que
+cantaba en Lucrezia: Vivva il Madera!
+
+Vino el día y se durmió la triste pareja. A las diez despertó Emma, se
+acordó de todo, sonrió como una gata lo haría si pudiera, y dio a su
+marido un puntapié en la espinilla, diciendo:
+
+--Bonis, levántate, que va a venir Eufemia.
+
+Eufemia era la doncella que debía traerla el chocolate a Emma a las diez
+y cuarto en punto. No quería que la chica se enterase de que el
+matrimonio había dormido de aquella manera.
+
+Cuando Bonis abrió los ojos a la realidad, como se dijo a sí mismo a los
+pocos segundos de despierto, lo primero que hizo fue bostezar, pero lo
+segundo... fue sentir una sed abrasadora de idealidad, de infinito, de
+regeneración por el amor, y además sed material no menos intensa, y
+grandísimos deseos de seguir durmiendo. Por lo demás, no quería pensar
+en su situación; le horrorizaba, por varios conceptos. Sideo, se le
+ocurrió decir acordándose de una de las siete palabras del Mártir de
+Gólgota, como él llamaba a Nuestro Señor Jesucristo; pero como Emma
+repitiese el puntapié con el pie desnudo en el hueso de la pierna
+derecha, Bonis tradujo su exclamación, diciendo: «Tengo mucha sed....
+¡algo líquido, por Dios!... ¡aunque sea jarabe!...».
+
+--¡Oye, tú!; ¿sabes lo que te digo? Que te levantes antes que venga la
+chica... si tú no tienes vergüenza, la tengo yo....
+
+Y con aquella actividad y energía que caracterizaban a Emma y que habían
+hecho pensar mil veces a Bonis que su mujer hubiera sido un magnífico
+hombre de acción, un político, un capitán, digo que usando de estas
+cualidades, la esposa arrojó al esposo del tálamo a patada limpia. No
+tuvo más remedio Reyes que vestirse provisionalmente deprisa y
+corriendo, y salir del cuarto de su media naranja sin más explicaciones:
+medio desnudo, descalzo, pues llevaba las botas en las manos (¿cómo
+calzar botas y no zapatillas al levantarse de la cama?), fue tropezando
+con todo por los pasillos, atravesó el comedor, bebió en un vaso de agua
+olvidado allí la noche anterior, llegó a su cuarto, se desnudó deprisa y
+mal, rompiendo botones; y en cuanto se vio en su lecho, en aquel que él
+tenía por propiamente suyo, pensó en entregarse a la reflexión y a los
+remordimientos de varias clases y harto contradictorios que le
+asediaban; pero la parte física pudo más; y la dulce frescura de la cama
+tersa, la suavidad del colchón bien mullido, le arrojaron, como sirenas
+vencedoras, en lo más hondo del mar del sueño, haciendo rodar sobre su
+cabeza olas de reposo y olvido.
+
+
+
+
+-IX-
+
+
+Durmió como un muerto, pero no mucho. Como un resucitado volvió a la
+vida haciendo guiños a la luz cruda de un rayo del sol del mediodía, que
+por un resquicio de la ventana mal cerrada, se colaba hasta la punta de
+sus narices, hiriéndole además entre ceja y ceja.
+
+Aquel rayo de luz le recordaba los rayos místicos de las estampas de los
+libros piadosos; él había visto en pintura que a los santos reducidos a
+prisión, y aun en medio del campo, les solían caer sobre la cabeza rayos
+de sol por el estilo del que le estaba molestando. Si él fuese idólatra
+(que no lo era), vería en aquello la mano de la Providencia. No era
+idólatra, pero creía en el Hacedor Supremo y en su justicia, que tenía
+por principal alguacil la conciencia. Indudablemente su situación, la de
+Bonis, se había complicado desde la noche anterior. «Hueles a polvos de
+arroz», había dicho la engañada esposa, tres veces lo había dicho, y en
+vez de irritarse... de envenenarle o ahorcarle... ¡cosa más rara!...
+
+Y al llegar aquí se le pusieron delante de la imaginación las carnes de
+su mujer tales como de soslayo y a escape las había vislumbrado por la
+mañana, al salir del lecho conyugal. No era lo mismo lo que había creído
+ver en el delirio o exaltación de la borrachera y la realidad que se le
+había presentado por la mañana; pero aun esta realidad excedía con mucho
+al estado que verosímilmente se hubiera podido atribuir a lo que él
+denominaba encantos velados y probablemente marchitos de su mujer. Sí,
+él mismo, a pesar de que, con motivo de las unturas y otros menesteres
+análogos, veía cotidianamente gran parte del desnudo de su Emma, no
+podía observar jamás, porque ella lo prohibía con sus melindres,
+aquellas regiones que, en la topografía anatómica y poética de Bonis,
+correspondían a las varias zonas de los encantos velados. En estas zonas
+era donde él había visto sorpresas, inesperados florecimientos, una
+especie de otoñada de atractivos musculares con que no hubiera soñado el
+más optimista. ¿Cómo era aquello? Bonis no se lo explicaba; porque
+aunque filósofo como él solo, amigo de reflexionar despacio y por sus
+pasos contados, sobre todos los sucesos de la vida, importáranle o no,
+era de esos pensadores que tanto abundan, que no hacen más que dar
+vueltas a ideas conocidas, alambicándolas; pero no descubría, no
+penetraba en regiones nuevas, y, _en suma_, en punto a sagacidad para
+encontrar el por qué de fenómenos naturales o sociológicos, era tan romo
+como tantos y tantos filósofos célebres que, en resumidas cuentas, no
+han venido a sonsacarle a la realidad burlona ninguno de sus utilísimos
+secretos. Mucho discurrió Bonifacio, pero no logró dar en el quid de que
+su mujer, dándose por medio difunta, tuviera aquellas reconditeces nada
+despreciables, aunque pálidas y de una suavidad que, al acercar la piel
+a la condición del raso, la separaba de ciertas cualidades de la materia
+viva. Parecía así como si entre el algodón en rama, los ungüentos y el
+tibio ambiente de las sábanas perfumadas, hubiesen producido una
+artificial robustez... carne falsa.... En fin, Bonis se perdía en
+conjeturas y en disparates, y acababa por rechazar todas estas
+hipótesis, contra las cuales protestaban todas las letras de segunda
+enseñanza que él había leído de algunos años a aquella parte, con el
+propósito (que le inspiró un periódico, hablando del progreso y de la
+sabiduría de la clase media) de hacerse digno hijo de su siglo y
+regenerarse por la ciencia. No, no podía ser; todas las leyes
+físico-matemáticas se oponían a que el algodón en rama fuera asimilable
+y se convirtiera en fibrina y demás ingredientes de la pícara carne
+humana.
+
+No hay para qué seguir a Bonis en sus demás conjeturas, sino irse a lo
+cierto directamente. Cierto era, muy cierto, que Emma había amenazado
+ruina, que sus carnes se habían derretido entre desarreglos originados
+de sus malandanzas de madre frustrada, influencias nerviosas,
+aprensiones, seudohigiénicas medidas y cavilaciones, rabietas y falta de
+luz y de aire libre; pero también era verdad que no faltaba fibra al
+cuerpo eléctrico de aquella Euménide, que sus nervios se agarraban
+furiosos a la vida, enroscándose en ella, y que al cabo el estómago,
+llegando a asimilar las buenas carnes, y los buenos tragos produciendo
+sano influjo, habían dado eficacia al renaciente apetito, y la salud
+volvía a borbotones inundando aquel organismo intacto a pesar de tantas
+lacerías.
+
+Pensaba Emma, al verse renacer en aquellos pálidos verdores, que era
+ella una delicada planta de invernadero, y que el bestia de su marido y
+todos los demás bestias de la casa, querrían sacarla de su estufa y
+transplantarla al aire libre, en cuanto tuvieran noticia de tal
+renacimiento. Su manía principal, pues otras tenía, era esta ahora: que
+tenía aquella nueva vida de que tan voluptuosamente gozaba, a condición
+de seguir en su estufa, haciéndose tratar como enferma, aunque, en
+resumidas cuentas, ya no lo estuviera. Además, con las nuevas fuerzas
+habían venido nuevos deseos de una voluptuosidad recóndita y retorcida,
+enfermiza, extraviada, que procuraba satisfacerse en seres inanimados,
+en contactos, olores y sabores que, lejos de todo bicho viviente, podían
+ofrecerle, como adecuado objeto, las sábanas de batista, la cama
+caliente, la pluma, el aire encerrado en fuelles de seda, el suelo
+mullido, las rendijas de las puertas herméticamente cerradas, el heno,
+las manzanas y cidrones metidos entre la ropa, el alcanfor y los cien
+olores de que sabía ya Celestina.
+
+Como un descubrimiento saboreaba Emma la delicia de gozar con los tres
+sentidos a que en otro tiempo daba menos importancia, como fuentes de
+placer. En su encierro voluntario ni la vista ni el oído podían
+disfrutar grandes deleites; pero en cambio gozaba las sensaciones nuevas
+del refinamiento del gusto y del olfato, y aun del contacto de todo su
+cuerpo de gata mimosa con las suavidades de su ropa blanca, dentro de la
+cual se revolvía como un tornillo de carne.
+
+En los días en que sus aprensiones, mezcladas con su positiva enfermedad
+nerviosa, la habían puesto en verdadero peligro, camino de la muerte,
+por la debilidad no combatida, había llegado a sentir una soledad
+terrible, la de todo egoísta que presiente el fin de su vida; todas las
+cosas y todos los hombres la dejaban morirse sola, irse con Dios; y con
+doble vista de enferma adivinaba el fondo de la indiferencia general, la
+proximidad del peligro.
+
+«¡Se muere uno solo, completamente solo, los demás se quedan muy
+satisfechos en el mundo; ni por cumplido se ofrecen a morirse también!».
+Bonifacio, Sebastián, que tanto la había querido, según él decía, el tío
+Nepomuceno, todos se quedaban por acá, nadie hacía nada para ayudarla a
+no morir, nadie decía: «Pues ea, yo te acompaño».
+
+Emma era una atea perfecta. Jamás había pensado en Dios, ni para
+negarlo; no creía ni dejaba de creer en la religión; cumplía con la
+Iglesia malamente, y eso por máquina. En su tiempo no se solía discutir
+asuntos religiosos en su tierra; los que no eran devotos gozaban de una
+tolerancia completa; como tampoco eran descreídos, ni faltaban a las
+costumbres piadosas y guardaban las principales apariencias, por nadie
+eran molestados.
+
+«Yo no soy beata», decía Emma: y no pensaba más en estas cosas. La
+Iglesia, los curas, bien; todo estaba bien; ella no era aficionada a las
+novenas; pero todo ello estaba en el orden, como el haber reyes, y
+contribución, y Guardia civil. Sobre todo, no se pensaba en nada de eso,
+no se hablaba de ello, ¿para qué? «Yo no soy beata». Y era atea
+perfecta, porque vivía en perpetuo pensamiento de lo relativo. Jamás
+había meditado acerca de negocios de ultratumba; el infierno se lo
+figuraba como un horno probable; pero a ella ¿qué? Al infierno iban los
+grandes pícaros que mataban a su padre o a su madre o a un sacerdote, o
+que pisaban la hostia o no se querían confesar.... Además, no se sabía
+nada de seguro. Pero el morirse era horroroso, no por el infierno, por
+el dolor de morir y por la pena de acabarse.
+
+Sí, de acabarse; sin pensar en la contradicción de su conciencia íntima
+con el dogma del cielo y el infierno, Emma veía con toda seriedad, con
+íntima convicción, con la conciencia de su propio espanto, el
+aniquilamiento doloroso en la tumba; y, poco amiga de discernir, no se
+paraba a separar lo racional de lo imaginado; y así, algo también sentía
+la muerte por las paletadas de cal, y por la tierra húmeda, y la caja
+cerrada, y el cementerio solo, y la eternidad oscura.
+
+Sin ver esta otra contradicción, padecía con la idea del aniquilamiento
+y la imagen de la sepultura. Pensaba en la muerte con ideas de vida, y
+de vida ordinaria, usual, la de todos los días de su vulgar existencia,
+y el horror del contraste crecía con esto.
+
+Ni una vez sola se le ocurrió encomendarse a ningún santo, ni ofreció
+nada a la Virgen ni a Jesús por si sanaba; la primera energía que tuvo
+al convalecer, la empleó en sonreír, con terrible sonrisa de resucitada,
+a un propósito firme y endiablado: su tremendo egoísmo de convaleciente,
+mundano, prosaico y rastrero, se agarró a la resolución inconmovible de
+vengarse de los miserables parientes que la iban a dejar morirse sola.
+
+Emma, como la mayor parte de las criaturas del siglo, no tenía vigor
+intelectual ni voluntario más que para los intereses inmediatos y
+mezquinos de la prosa ordinaria de la vida; llamaba poesía a todo lo
+demás, y sólo tenía por serio en resumidas cuentas lo bajo, el egoísmo
+diario, y sólo para esto sabía querer y pensar con alguna fuerza. Tal
+espíritu, era más compatible con aquel romanticismo falso y aquellas
+extravagancias fantásticas de su juventud, de lo que ella misma hubiera
+podido figurarse, a ser capaz de comparar el fondo de su alma mezquina
+con el fondo de los ensueños de sus días de primavera.
+
+El renacimiento de su carne lo guardaba como un secreto; era una
+hipócrita de la salud; seguía fingiendo achaques corporales como si
+fuese virtud el tenerlos. Eufemia, su doncella, era confidente parcial
+de sus engaños: como una trampa que hiciera a todos los suyos, Emma
+saboreaba a solas con su criada los pormenores de aquel fingimiento. La
+hija de Valcárcel se robaba a sí misma por mano de Eufemia que, de
+tapadillo, traía de tiendas y plazas los mejores bocados y las
+chucherías más caras de la moda en materia de ropa interior, perfumes y
+manjares. En todos los comercios y puestos de comestibles principales,
+llegó a tener Emma cuentas enormes. «Ni el tío Nepomuceno, ni Bonis, ni
+Sebastián, sospechaban que existiera aquel agujero que ella iba haciendo
+con las uñas en el fortunón que ellos tal vez habían creído heredar de
+un día a otro».
+
+Así lo pensaba ella, y gozaba como de una voluptuosidad de las sorpresas
+futuras que reservaba a sus deudos. Saborear la mejor perdiz y la mejor
+lamprea de la plaza y usar con codos y rodillas la mejor batista, y
+enredar los dedos entre los mejores encajes, y derramar por sábanas,
+camisas, corsés, medias y pantalones, las esencias más caras, con
+profusión, causando el asombro de Eufemia, era género de delicia que se
+aumentaba con la idea de la mala pasada que les estaba jugando a todos
+aquellos parientes, en particular a Bonis y a su tío.
+
+--D. Nepo--se decía ella a solas, sonriendo con malicia--, róbeme usted,
+róbeme, que yo tampoco me descuido.
+
+Aunque entregada por completo a la vida material, no tenía el menor
+instinto de conservación de la fortuna, no había pensado jamás en el
+origen de su dinero; creía vagamente que el capital de que gozaba era
+una fuente inagotable que estaba en algún paraje misterioso, que no
+había para qué indagar ociosamente: allí, entre los papeles del tío,
+estaba la mina; él se quedaría con gran parte del filón; pero ¿qué
+importaba?, no valía la pena de echar cuentas, desconfiar, administrar
+por sí misma; ¡absurdo!, por lo visto había para todo; él robaba, ella
+también; le engañaba, y el mejor día vendrían a casa unas cuentas que le
+dejarían patidifuso al buen D. Nepo, pues es claro que tenía que
+pagarlas.
+
+Las cuentas ya habían venido y algunas se habían pagado. D. Juan
+Nepomuceno seguía con Emma la misma conducta que con Bonis desde que
+cada cual por su lado se habían entregado a la prodigalidad, como él se
+decía. La de Emma sí era prodigalidad verdadera, aunque no lo parecía.
+Para ella era como la sensación de un lujo enorme extravagante la pereza
+que sentía de echar cuentas y atar corto a Nepomuceno: comprendía que él
+hacía su Agosto con el caudal de su sobrina, que iba pasando a poder del
+administrador gran parte del capital administrado, pues bien claro
+estaba que todos los días D. Juan hablaba de sus propias rentas, que por
+milagros de la suerte o por bondad de la Providencia, prosperaban, y
+todos los días también hablaba de desventuras sin cuento que caían sobre
+los predios de la Valcárcel y la parte de su capital colocada en manos
+industriosas de España y del extranjero.
+
+Las minas de hierro y de carbón que empezaban a explotarse en aquella
+provincia por entonces, daban mil chascos a cada momento, y no pocos de
+ellos redundaron en perjuicio de las acciones de Emma que Nepomuceno
+había comprado, siempre diligente en el cuidado de la hacienda de su
+antigua pupila.
+
+Pero ¡oh casualidad portentosa y fijeza de los hados!, las minas en que
+tenía el mismo D. Juan sus miserables ahorrillos, no quebraban, dejaban
+un rédito sano y constante. En montón comprendía Emma que todo aquello
+significaba que la robaba el tío.... Y aquí estaba lo que ella entendía
+por lujo refinado.... No la importaba; y le dejaba hacer, le dejaba
+robar, prefiriendo no calentarse los cascos, calculando lo caro que le
+salía este placer de no meterse a pedir cuentas ni a reñir por cuestión
+de ochavos, ella que improvisaba una verrina a grito pelado sobre
+motivos de un caldo demasiado caliente.
+
+Mas notaba Emma, con una extraña delicia y cierta vanidad por lo que
+ella creía su espíritu singular, único, notaba una complacencia, como la
+de sentir cosquillas inaguantables capaces de ponerla enferma, en
+tolerar y hasta hurgar las flaquezas del prójimo, siquiera en algo la
+perjudicasen. El descubrimiento de la maldad ajena la embelesaba, la
+enorgullecía y la animaba a abandonarse a sus perversiones caprichosas.
+Además, tenía los sentidos y el gusto muy afinados para saborear y
+discernir la belleza que hay en la energía y en la habilidad del mal; un
+pícaro gracioso, redomado, hábil y suelto para sus picardías, le parecía
+un héroe: Luis Candelas, según se lo presentaban librotes de imaginación
+muy populares, era un héroe con quien hasta soñaba. Leía con avidez las
+causas célebres y reservaba toda su compasión para los criminales en
+capilla. Para los delitos de amor su lenidad era infinita; y si bien en
+los días en que la debilidad la tuvo tan postrada que sintió como la
+conciencia física de un agotamiento de deseos y facultades sexuales,
+miraba con desprecio y repugnancia, y hasta ira, todo lo que se
+refiriese a respetar, consagrar y propagar el amor, cuando se vio
+renacer dentro de su pálido pellejo, suave y fofo, volvió a su ánimo
+aquella piedad sin límites por las flaquezas amorosas y la admiración
+para todos los grandes atrevimientos y extravagancias de este orden,
+especialmente si eran hembras las que llevaban a cabo tales osadías.
+
+De su tío Nepomuceno sabía, por murmuraciones del primo Sebastián y de
+Eufemia, que tenía una pasión de viejo por una alemana, hija de un
+ingeniero industrial, M. Körner, químico notable que había venido a
+ciertos trabajos metalúrgicos.
+
+--Sin duda el tío quiere hacerse rico a todo trance, y pronto, para
+seducir con su fortuna, ya que no puede con sus patillas cenicientas, a
+la hija de ese alemán.
+
+Y Emma gustaba con delicia, casi material, casi del paladar, como la de
+una lectura picante, figurándose al buen señor, con sus cincuenta y
+pico, enamorado como un cadete y picado de veras y en lo vivo por el
+demonio del amor.
+
+Largos ratos se dedicaba ella a pensar en las contingencias de aquellos
+graciosos amores, y llegaba, imaginando, al día de la boda, y pensaba en
+la verosimilitud de una cencerrada, pues el tío era viudo, cencerrada en
+que ella colaboraría a cencerros tapados, sin perjuicio de haberle
+regalado antes a la novia un magnífico aderezo.
+
+Y después serían muy amigas, y a paseo irían juntas, y llegarían a
+burlarse juntas del ridículo señor de las patillas, su deudor y esposo
+respectivamente... y hasta llegaba a pensar en los cuernos que su señora
+tía acabaría por ponerle al infiel administrador, ¿con quién?, con el
+primo Sebastián, por ejemplo.... Y hasta enredaba la madeja en su
+fantasía de modo que resultaba que ella, Emma, tenía alguna culpa en la
+desgracia de su tío... y ¿qué?, mejor. ¿No la había él engañado a ella?
+¿No la había robado? Pues entonces, las pagaba todas juntas.
+
+Porque además Emma se reservaba el derecho de vengarse de los antiguos
+despojos que había tolerado antes, sacándole a relucir sus trampas a D.
+Nepo, justamente en aquellos días de sus desgracias conyugales... ¡Qué
+risa! ¡Qué oportunidad para ponerle en un apuro! En esta como en todas
+las demás flaquezas ajenas que a ella podían mortificarla, y que por lo
+pronto toleraba, por amor al arte de las picardías, la mujer de Bonis se
+reservaba vagamente el derecho de vengarse del modo más refinadamente
+cruel, allá más adelante, no sabía cómo ni cuándo, pero algún día; y
+sentía una alegría y excitación semejantes a las que produce la
+esperanza de ser feliz, con la conciencia de estos aplazados desquites,
+de estos castigos y tormentos vengadores, representados y proyectados
+entre las brumas de la voluntad y del pensamiento.
+
+Para explicar su conducta con el tío y con Bonis, hay que añadir a este
+examen de sus pervertidos sentimientos, su comezón de lo raro, original
+e inesperado. La irritaba que nadie pudiera prever sus enfados y
+rabietas, odios y venganzas; prefería incomodarse y enfurecerse por
+motivos de los que nadie esperase tales resultados, y desorientar al más
+experto observador quedándose fría, tranquila, impasible, ante injurias
+y daños que los demás podrían creer que la iban a sacar de sus casillas.
+
+Con Eufemia, su confidente, ejercitaba este prurito a menudo, ya en sus
+mutuas relaciones, ya en lo que se refería a un tercero.
+
+Nada de lo que el tío ni de lo que Bonis pudieran hacer en contra de
+ella podía darle causa para más rencores que aquello de haberla dejado
+estar a las puertas de la muerte... sin acompañarla al otro mundo; esto,
+esto era lo que no perdonaría... y, sin embargo, ya se veía cómo
+disimulaba. ¡Oh! ¡Pero qué chasco les iba a dar! ¡Qué gracia, cuando el
+tío se encontrase con que ella también gastaba a todo gastar, y que el
+caudal que él tenía de reserva, para robar más adelante (para cuando su
+mujer, la alemana, por ejemplo, le diese chiquitines de Sebastián, era
+un decir) había pasado, según la ley, a manos de los acreedores, al
+tendero de la esquina, al comerciante de los Porches, etcétera, etc.!
+
+Sí, la vida todavía guardaba para ella un porvenir sustancioso; ahora
+caía en la cuenta de que no había sido antes bastante egoísta.
+Mortificar a los demás y divertirse ella, de mil maneras desconocidas,
+todo lo posible, estas eran las dos fuentes de placer que quería agotar
+a grandes tragos; dos fuentes que venían a ser una misma.
+
+Con la salud nueva sentía Emma esperanzas locas de no sabía qué
+deleites; y a tanto llegó esta fuerza expansiva, que aquellos mismos
+placeres secretos de su retiro voluntario, llegaron a parecerla
+insuficientes, no saciaban su sed de emociones extrañas; y, entonces,
+rompiendo la crisálida de su encerrona, determinó salir al mundo, no sin
+cautela, no sin disimulos, en busca de aventuras de que no había de dar
+cuenta a los parientes, procuradas entre misterios que las había de
+hacer más sabrosas.
+
+Una noche dormitaba Eufemia en el gabinete de su ama, dando cabezadas
+contra la pared, cuando tuvo que despertar sobresaltada por un golpe que
+sintió en un hombro; era la mano de Emma, que la llamaba; estaba la
+señorita en camisa, pálida como nunca, su respiración era anhelante, las
+narices se la ponían hinchadas, abriéndose como fuelles.
+
+--¿Qué hora es?--preguntó con voz ronca.
+
+--Serán las diez, señorita.
+
+--Y llueve.
+
+Eufemia atendió al ruido de la calle.
+
+--Sí, llueve.
+
+--Vamos a salir.
+
+--¡A salir!
+
+--Sí, tú calla. Anda, tráeme un vestido tuyo, de percal, y un mantón tuyo
+y un pañuelo... vamos las dos de artesanas. Vamos al teatro, a la
+cazuela. Hoy hacen la... no me acuerdo cómo se llama; es una ópera
+nueva, muy buena, lo leí en el cartel al volver de misa, en la esquina
+del Ayuntamiento. Corre, vete por eso; oye, tráeme aquel alfiler del
+pelo, el de cabeza de dublé, que te costó dos reales. Ninguno de esos
+tipos está en casa.... Vamos a correrla todos.... Conque... ¡andando!
+
+
+
+
+-X-
+
+
+Una mañana, muy temprano, Eufemia entró en la alcoba de Reyes, y le
+despertó diciendo:
+
+--La señorita llama, quiere que el señorito vaya a buscar a D. Basilio.
+
+--¿Al médico?--gritó Bonis, sentándose de un brinco en la cama y
+restregándose los ojos hinchados por el sueño--. ¡Al médico, tan
+temprano! ¿Qué hay, qué ocurre?
+
+No se le pasó por las mientes que se pudiera necesitar al médico para
+curar algún mal; la experiencia le había hecho escéptico en este punto;
+ya suponía él que su mujer no estaba enferma; pero Dios sabía qué
+capricho era aquel, para qué se quería al médico a tales horas y cuál
+sería el daño, casi seguro, que a él, a Reyes, le había de caer encima a
+consecuencia de la nueva e improvisada y matutina diablura de su mujer.
+
+--¿Qué tiene? ¿Qué pide?--preguntaba con voz de angustia, como implorando
+luces y auxilio y fortaleza en el preguntar; mientras, a tientas,
+buscaba debajo del colchón los calcetines.
+
+Eufemia se encogió de hombros, y, acordándose del pudor, salió de la
+alcoba para que se vistiera el señorito.
+
+El cual, a los dos minutos, se acercaba al lecho de su mujer,
+arrastrando las babuchas de fingida piel de tigre, y abrochándose hasta
+la barba un gabán de medio tiempo, gris, muy usado, que le servía de
+batín en las estaciones templadas. Temblaba Bonis, más que por el fresco
+de la madrugada, por la incertidumbre y el miedo. No había en el mundo
+cosa que más temblón le pusiera que la zozobra de la incertidumbre ante
+un mal próximo, de repente anunciado y ni remotamente temido poco antes,
+sobre todo si estas impresiones le cogían mal abrigado, a deshora,
+cortándole el sueño, la digestión o el placer de oír música, o de
+divagar imaginando: «Como este diablo de fantasía de liebre todos los
+peligros me abulta, pensaba, prefiero un mal como ocho conocido
+exactamente, a un mal como cuatro barruntado, pero que yo me figuro como
+cuarenta».
+
+Tiempo hacía que sus relaciones con Emma y con el tío eran para él
+constante ocasión de sobresaltos. De ambos esperaba y temía terribles
+descubrimientos, quejas, acusaciones concretas, crueles recriminaciones,
+singularmente de su mujer. ¿Qué sabía? ¿Qué no sabía? ¿Qué _tregua del
+diablo_, que no de Dios, era aquella que le estaba dando, y por qué se la
+daba y hasta dónde llegaría?
+
+¿Por qué, si le había cogido en flagrante olor de polvos de arroz
+(aunque, en aquel trance, inocente), no había sacado todavía la
+consecuencia de su maldita observación? ¡La que le estaría preparando!
+Le horrorizaba el momento de una _explicación_, como él se complacía en
+llamar a la escena que preveía; pero la prefería, o tal se le figuraba,
+al estado de susto perpetuo, de excitación _leporina_ en que vivía de día
+y de noche. En cuanto Emma le hablaba, o le miraba, o le mandaba a
+llamar, creía llegado el momento.
+
+--¿Qué pasa, hija mía?--preguntó a su cónyuge con la suavidad del mundo, y
+dando diente con diente, inclinado sobre la cabecera del lecho
+matrimonial.
+
+--Quiero que vayas tú mismo a buscar a D. Basilio, ahora, enseguida,
+antes que salga a la visita; quiero verle inmediatamente.
+
+--Pero, ¿te sientes mal? ¡Tú, que estabas ahora tan buena!...
+
+--Por lo mismo, yo me entiendo. Anda, anda; tú, corre y tráeme a D.
+Basilio.
+
+Bonis no discutió. Peor era meneallo; podían salir los polvos de arroz
+por cualquier lado. Se volvió a su cuarto; se lavó y vistió de prisa y
+se echó a la calle, ya un poco más valiente, gracias al chorro de agua
+fría con que se había regado el cogote. Tenía notado que el agua fría
+vertida por la nuca le daba mucho valor y le reconciliaba con la vida;
+le repugnaba esta dependencia del espíritu con respecto de la materia,
+pero tenía que reconocerla.
+
+Por fortuna, la casa del médico no estaba lejos y no pudieron ser muchas
+las hipótesis dolorosas del miedo, tocante a la relación que pudiera
+tener la visita de D. Basilio con el _drama conyugal_ de su casa, cuyo
+enredo llegaba a su mayor complicación, o poco entendía Bonis de teatro
+casero y de las mañas de su mujer. ¿Qué papel representaba allí aquel
+personaje _inopinado_ y que tan tarde aparecía, D. Basilio? No podía
+sospecharlo.
+
+El _inopinado_ personaje era un hombre como de cuarenta años, que
+procuraba disimular más de diez; más bajo que alto, delgado, a su modo
+esbelto, de largo levitón-gabán, muy ceñido y de color manteca, sombrero
+de copa de anchas alas; su rostro era blanco, anémico; los ojos azules
+oscuros, vivarachos, y, al quedarse quietos, penetrantes; usaba gafas de
+oro, largas patillas, tal vez untadas de negro; tenía labio fino y mano
+pulida, pie pequeño y bien calzado; era homeópata, y muy sentimental; a
+pesar de la homeopatía, que profesaba acaso por moda y para el vulgo de
+las damas, era especialista en partos y en enfermedades de la matriz y
+de la mala educación de las señoritas y señoras que las hacía
+aprensivas, antojadizas, caprichosas. Reconocía ante las damas la
+eficacia terapéutica de la fe y de los cuarterones de aceite ardiendo en
+los altares; pero en cambio exigía que se diese crédito a los misterios
+de sus glóbulos. Creía, o decía creer mucho, en la influencia de lo
+_moral sobre lo orgánico_, y tenía una sonrisa singular, melancólica, de
+resignación e inteligencia, para comunicar con las señoras guapas esta
+su creencia.
+
+D. Basilio Aguado dividía a los parroquianos o clientes en dos razas;
+los que le llamaban D. Basilio y los que le llamaban Aguado. Estos
+últimos le comprendían; los otros eran, o tontos o malvados. Emma tenía
+la habilidad de no equivocarse nunca; le llamaba siempre por el
+apellido. Bonis, siempre D. Basilio; a pesar de sus esfuerzos, le vencía
+la costumbre, que era en todo el pueblo llamar al médico don Basilio, en
+su ausencia. Lo de D. Basilio era símbolo de su mal sino, de las culpas
+de su padre, de la prosa miserable que le ataba a su oficio de médico
+provinciano, oscurecido: el Aguado representaba sus sueños de ambición,
+sus instintos de delicadeza, sus triunfos entre las damas, la homeopatía
+y otra porción de cosas ideales y bonitas que no son del momento.
+
+Era el homeópata madrugador y comenzaba muy temprano sus visitas. Bonis
+le encontró vestido y acicalado, como para ir a pagar la visita a un
+embajador, que así era como él siempre se vestía para acercarse a la
+cabecera de sus enfermos.
+
+Mientras se abrochaba los guantes, oía a Bonis su tartajosa explicación,
+dando grande importancia, a fuerza de cabezadas de inteligencia y
+asentimiento, a todo lo que decía. La verdad era que Reyes no tenía nada
+que explicar en rigor, pero no importaba; de todas suertes, aquello le
+parecía interesante al médico, que, serio en medio de sus sonrisas
+corteses, siguió al esposo atribulado por la calle. Disputaron con
+ademanes y pasos atrás acerca de quién dejaba a quién la acera; venció
+al fin Bonis, que insistió más, y cuya humildad era muchísimo más cierta
+que la del médico. Por el camino éste siguió enterándose, por que lo
+creyó de su deber, y Bonis siguió diciendo nada entre dos platos. Por lo
+demás, Aguado se sabía de memoria a doña Emma Valcárcel. Era su médico
+predilecto, a temporadas, porque ella, fijo y único, no lo quería.
+Cambiaba de médico como pudiera cambiar de favorito si fuese una
+Cristina de Suecia o una Catalina de Rusia, y siempre tenía en
+movimiento un ministerio de doctores. Aguado era de los que más tiempo
+ocupaban el poder, por ser especialista en enfermedades de la matriz, y
+en histérico, flato y aprensiones, total flato.
+
+Bonis admiraba en general la ciencia, a pesar de la repugnancia
+instintiva que le inspiraban las exactas y las físicas, que _sólo hablan
+a la materia_; creía en la medicina, no por nada, sino porque en los
+apuros de la salud, si no se recurría a los médicos, ¿a quién se iba a
+recurrir? Había que tener fe en algo; su débil espíritu no le consentía
+en ninguna tribulación quedarse sin ninguna esperanza, sin una tabla a
+que agarrarse. Recordaba que en las enfermedades de sus padres y de sus
+hermanos, todos ya muertos, siempre había tomado al médico por
+Providencia; en vano era que en los tiempos de salud en casa participase
+del general escepticismo de que los mismos doctores solían hacer alarde;
+caía un _ser querido_ en cama, y ya estaba Bonifacio creyendo en la
+medicina. Algo había leído de lo que somos por dentro, y pensaba leer
+mucho más si llegaba a tener familia, para criar bien a su hijo, y
+aunque no la tuviese, que ya no la tendría con aquella matriz estropeada
+de su mujer, para hacerse filósofo cuando tronase con Serafina y se
+fuera sintiendo viejo (era su plan para la vejez solitaria, hacerse
+filósofo). Pero a pesar de todas estas lecturas pasadas y futuras, se
+figuraba el organismo humano con una especie de conciencia en cada dedo
+y en cada víscera y en cada humor; y lo de _agradecer el estómago_, por
+ejemplo, las medicinas, lo tomaba al pie de la letra. Además, la
+relación de los medicamentos a las enfermedades era toda una magia para
+Bonis, y la idea del veneno y del elixir completa mitología milagrosa e
+infinitesimal; quiere decirse, que por gota de más o de menos del
+líquido más anodino, podía, según él, reventar el paciente o ponerse
+sano en un periquete. Esto lo había aprendido de su mujer, que por gota
+de más o de menos, vertida por él con pulso trémulo, en una cucharilla
+de café, le había puesto como un trapo en infinitas ocasiones.
+
+_En suma_, respetaba en el Sr. Aguado la ciencia oculta, al favorito de su
+_mujer, al homeópata y al partero que él había soñado cuando había
+acariciado la esperanza_ de tener un chiquillo.
+
+Llegaron juntos a la alcoba de Emma. Don Basilio, con sus labios
+estrechos, sonreía, apretándolos.
+
+Así como, si a Sagasta o a Cánovas, caídos los llamase la Reina al
+amanecer, poco más para formar Ministerio, a ellos no se les ocurriría
+preguntarle por qué tanto madrugar, sino formar ministerio cuanto antes:
+así, D. Basilio, de quien hacía meses que su doña Emma estaba olvidada,
+se abstuvo de inquirir por qué tal apuro en llamarle, y entró de lleno
+en el fondo de la cuestión desde el primer momento. Antes de todo,
+quería datos, antecedentes.
+
+A ver qué había pasado desde tal tiempo a aquella parte (la fecha justa
+de su última visita). D. Venancio el alópata, además alcalde y también
+especialista en partos, había andado allí. ¿Para qué? Para nada; pero
+había andado. Había recomendado la dieta. ¡Malo! D. Venancio era un
+grandísimo tragaldabas, que tenía indigestiones como podría tenerlas un
+cañón cargado hasta la boca, y las curaba con dietas dignas de la
+Tebaida. Sin más razones, recetaba también dietas absolutas a todos sus
+clientes como el mejor _específico_ del mundo. Aguado, que tenía el
+estómago perdido sin necesidad de comer, era enemigo de la dieta
+tratándose de personas delicadas como doña Emma. Pues bien, de todo el
+mal de que aquella señora no se había quejado todavía, tenía la culpa la
+falta de alimento, la dieta del _otro_. Emma calló a esto; no se atrevió a
+decir lo bien y mucho que venía comiendo aquella temporada.
+
+Por fin Aguado la dejó explicarse, y ella se quejó de lo siguiente:
+
+«No le dolía nada, lo que se llama doler, pero tenía grandes insomnios,
+y a ratos grandes tristezas, y de repente ansias infinitas, no sabía de
+qué, y la angustia de un ahogo; la habitación en que estaba, la casa
+entera le parecían estrechas, como tumbas, como cuevas de grillos, y
+anhelaba salir volando por los balcones y escapar muy lejos, beber mucho
+aire y empaparse en mucha luz. Su melancolía a veces parecía fundarse en
+la pena de vivir siempre en el mismo pueblo, de ver siempre el mismo
+horizonte; y decía sentir nostalgia, que ella no llamaba así, por
+supuesto, de países que jamás había visto ni siquiera imaginado con
+forma determinada. Este prurito extravagante llegaba a veces al absurdo
+de desear vivamente estar en muchas partes a un tiempo, en muchos
+pueblos, junto al mar y muy tierra adentro, en lo claro y en lo oscuro,
+en un país como en aquel suyo, donde había muchos prados verdes, pero
+también en una región seca, de cielo diáfano, sin nubes, sin lluvias.
+Pero, sobre todo, lo que necesitaba era no ahogarse, no estar oprimida
+por techos y paredes, etc., etc».
+
+Para Bonis nada de esto ofrecía novedad, a no ser en la forma, pues su
+mujer se había pasado la vida pidiéndole la luna. Sólo cuando oyó
+aquello de anhelar salir volando por el balcón, pensó, sin querer, en
+las brujas que van los sábados a Sevilla por los aires, montadas en
+escobas; y tuvo cierto miedo supersticioso de esta inclinación, que
+ofrecía relativa y sospechosa novedad. Se puso colorado, avergonzándose
+de su mal pensar. Ni en idea se atrevía a ofender a Emma, por temor de
+que le adivinase el pensamiento.
+
+D. Basilio interrumpió a la dama, extendiendo la mano y pidiéndole el
+pulso por señas. Sonrió con gesto de inteligencia, como diciendo que
+todo lo que aquella señora había expuesto lo había previsto su sabiduría
+y era cosa que andaba escrita en libros que tenía él en casa. Después,
+como solía en lances tales, hizo caso omiso de la variedad de fenómenos
+relatados por la enferma, para fijarse en la _causa una_, y dijo:
+
+--El histerismo es un Proteo.
+
+--¿Quién?--preguntó Emma.
+
+--Uno--advirtió Bonis, luciendo sus conocimientos clásicos--, que robó el
+fuego a los dioses.
+
+--Eso es--afirmó el médico, que no conocía de la biografía de Proteo más
+datos que los conducentes a su cita--. El histerismo--añadió--, como
+Proteo, toma infinidad de formas.
+
+--¡Ah, sí!--interrumpió con ingenuidad Bonis--. Dispense usted, D. Basilio;
+el que robó el fuego a los dioses fue otro, fue Prometeo.... Me había
+equivocado.
+
+El doctor se puso un poco encendido y disimuló con un ziszás entre ceja
+y ceja su enojo, doble por lo de haberle llamado D. Basilio y haberle
+hecho enseñar la punta de la oreja de su descuidada educación en materia
+de antigüedades.
+
+«¡Qué animal es este calzonazos!» pensó, y siguió:
+
+--Es necesario que vayamos a la raíz del mal. El mal está dentro, en lo
+que llamamos el espíritu, porque advierto a ustedes (y esto lo dijo
+volviéndose a Bonis, para deslumbrarle y vengarse) que soy vitalista, y
+no sólo vitalista, sino espiritualista, aunque no es esa la moda
+reinante.
+
+No le cogía a Reyes tan de nuevas la cuestión como creía el otro.
+Justamente él, en los ratos que dejaba la flauta y no podía ver a
+Serafina, y su mujer no le necesitaba, y, sobre todo, en la cama, antes
+de dormirse, consagraba no poco tiempo a meditar sobre el gran problema
+de lo que seremos por dentro, por dentro del todo; y tenía acerca de la
+realidad del alma ideas muy arriesgadas y que creía muy originales.
+También era él espiritualista, ¡ya lo creo!, ¡a buena parte!...
+
+--El mal está en el espíritu, y el espíritu no se cura con
+pócimas--prosiguió D. Basilio.
+
+--¿Pero no dice usted que esto es histérico?--pregunto Emma sonriendo.
+
+--Sí, señora; pero hay relaciones misteriosas entre el alma y el cuerpo,
+y yo no soy de los que dicen (volviéndose otra vez a Bonis) _post hoc_,
+_ergo propter hoc_.
+
+Decididamente quería deslumbrarle y hacerle pagar caro lo de Proteo y
+Prometeo; porque D. Basilio no acostumbraba a hacer alardes de
+erudición, y a la cabecera de los enfermos más parecía un moralista del
+género de los elegantes y atildados, que un doctor de borla amarilla.
+
+Bonis se puso a traducir para sus adentros el latín, y no tropezó más
+que en el _propter_, cuyo significado no recordaba; ya lo buscaría en el
+Diccionario. Ello era una preposición. Bonifacio Reyes había cursado en
+el Instituto provincial los primeros años de _filosofía_, pero sin llegar
+a bachiller; mas su ciencia no provenía de ahí, sino de lo que ya va
+dicho, de un gran prurito que, ya de viejo, le había entrado de
+_instruirse_, y no sólo por _completar_ su educación, sino porque como
+antes había soñado con ser padre, la gran dignidad que atribuía a este
+_sacerdocio_ le había parecido merecer un plan, todo un plan de estudios
+_serios_ y _profundos_, que pudieran servir en su día de alimento
+espiritual al hijo de sus entrañas y de las entrañas de su mujer.
+
+Como Emma, que nada entendía del trivio ni del cuadrivio, se
+impacientase un poco viendo que Aguado no acababa de recetarle lo que
+ella necesitaba, el médico, que comprendió la impaciencia, _resumió_,
+diciendo que no hacían allí falta alguna los jaropes del _otro_, que
+bastaban unas tomas de aquellos glóbulos que él guardaba en aquella caja
+tan mona; y, sobre todo, mucho paseo, mucho ejercicio, distracción,
+diversiones, aire libre y mucha carne a la inglesa. Con este motivo de
+la carne, Aguado disertó sobre un tema que en el pueblo era por aquel
+tiempo casi inaudito, de gran novedad por lo menos; abominó del cocido;
+achacó la falta de vigor nacional a la carne cocida y a la poca carne
+frita que se come en esta pobre España, etc., etc.
+
+Dicho y hecho. Hubo una revolución en aquella casa. Todos los Valcárcel
+de la provincia, hasta los del más lejano rincón de la montaña, supieron
+que por prescripción facultativa Emma había cambiado de vida; se había
+resuelto, venciendo su gran repugnancia, a salir mucho, frecuentar los
+paseos, las romerías y hasta las funciones solemnes de iglesia, y podía
+ser que el teatro.
+
+D. Juan Nepomuceno dejaba hacer, dejaba pasar.
+
+Emma le presentaba las cuentas de la modista, que subían a buenos picos,
+y él pagaba sin chistar. También hubo que hacerle ropa nueva a Bonis,
+pues su mujer sólo en este punto tenía buena idea de la dignidad de un
+marido. Él era el que la había de acompañar ordinariamente, y en vano
+ella luciría las mejores telas y los sombreros más caros si su esposo
+descomponía el cuadro con malos géneros y prendas cortadas a sierra por
+un sastre indígena. Se volvió al paño inglés y a los _artistas_ famosos de
+Madrid. Ahora Bonifacio se dejaba vestir bien con mayor agrado, pues
+Serafina notó el cambio y le encontró muy de su gusto. Pero ¡ay!, que
+sus _relaciones ilícitas_ tropezaban con mayores dificultades que hasta
+allí, pues el tiempo libre escaseaba, y había que disimular en paseos y
+demás sitios públicos, donde desde lejos se veían los amantes en
+presencia de la esposa, al parecer descuidada, pero Dios sabía....
+
+Bonis, con la espalda abierta, como él decía, temía a todas horas que
+llegase el momento de una explicación; pero Emma nunca volvía sobre el
+asunto de los polvos de arroz. Tampoco aludía jamás a lo que aquella
+noche extraña había sucedido, ni había vuelto a tener iniciativas de
+aquel género. Lo que sí hacía era hablar mucho del teatro, y preguntarle
+si conocía al tenor, y al barítono, y a la tiple; y pedía señas de su
+vida y milagros, ya que él confesaba saber algo de todo esto, aunque es
+claro que por referencias lejanas....
+
+Una tarde, después de comer a la _francesa_, gran novedad en el pueblo,
+donde el _clásico puchero_ se servía en casi todas las casas de doce a
+dos, Emma, que bebía a los postres una copa de Jerez superior auténtico,
+traído directamente, por encargo de la señora, de las bodegas jerezanas,
+se quedó mirando a su marido fijamente, con ojos que preguntaban y se
+reían, burlándose al mismo tiempo; mientras sus labios y el paladar
+saboreaban un buche del vino andaluz que ella zarandeaba con la lengua
+voluptuosamente. Separó un poco la silla de la mesa, se puso sesgada en
+su asiento, estiró una pierna, enseñó el pie, primorosamente calzado, y
+en verdad gracioso y pequeño, y como si se enjuagara con el Jerez y no
+pudiera hablar por esto, por señas empezó a interrogar a su marido,
+señalándole el pie que enseñaba, y después indicando con un dedo
+levantado en alto, que movía al compás de la cabeza, algún lugar lejano.
+
+Comían solos el matrimonio y D. Juan Nepomuceno, pues por raro accidente
+no había huésped pariente en casa por aquellos días; D. Juan es claro
+que vivía con los sobrinos. Bonis al principio no comprendió nada de las
+señas de su mujer ni les atribuyó gravedad alguna.
+
+--¿Qué dices, chica? Explícate.
+
+--¡Mmm, mmm!--murmuró ella, y siguió con la misma pantomima, cada vez más
+acentuada en los gestos. Nepomuceno bebía también su copita de Jerez
+llena de migas de rosquilla de yema, y callaba; como si no estuviera en
+sus atribuciones fijarse en las tonterías de su sobrina, que, desde que
+había vuelto _a darse de alta_, hacía la loquilla y la muchacha y se
+permitía unas bromitas y unas alusiones alarmantes, de que él no quería
+hacerse cargo _por ahora_.
+
+--Pero habla, mujer, no entiendo eso... del pie...--repitió Reyes.
+
+Emma tragó el buche de Jerez; pero en vez de hablar, volvió a llenar la
+boca y a renovar la pantomima con mayores aspavientos.
+
+Bonis se fijó bien; primero señalaba al pie, bueno; y después, con el
+dedo y la cabeza, quería indicar algo que no estaba presente....
+
+No comprendía.... Pero de repente, el corazón le dio dos latigazos, y un
+sudor frío comenzó a correrle por la espalda: las piernas, cometiendo la
+bellaquería que solían en los casos apurados, se le declararon en
+huelga, como si huyeran solas del apuro. El _físico_, la _parte material_,
+le anunciaba un peligro de que su oscuro entendimiento no se daba cuenta
+todavía. Allí había algo serio; ¿pero qué?
+
+Bonis miró angustiado a Nepomuceno por ver si sorprendía connivencia
+entre el tío y la sobrina. Nada; D. Juan, como si no estuviera allí.
+
+--Pero, hija mía, ¡por los clavos de Cristo!...
+
+Emma arrojó el buche de Jerez al suelo, y alargando más el pie hacia su
+esposo y enseñando parte de la pantorrilla, gritó como si hablara a un
+sordo:
+
+--Quiero decir, por los clavos de una puerta, entiéndelo, que bien claro
+está... quiero decir que... qué te parece de ese pie que te enseño,
+mastuerzo.
+
+--Primoroso, hija mía.
+
+--No hablo del pie, borrico; el pie ya sé yo lo que vale; hablo de las
+botas.... Te pregunto si sabes quién tiene otras iguales.
+
+--¿Yo?, cómo he de saber....
+
+--Pues no hay más que estas y otras vendidas; me lo ha dicho Fuejos, el
+mismísimo zapatero, tu amigo Fuejos. No ha vendido más que estas y las
+de la tiple. Y por eso te preguntaba yo... alcornoque. Tienes una
+memoria como un madero. Y ahora ¿te acuerdas? ¿Son o no son como las de
+la tiple? Iguales, hombre, iguales. ¡Mira, mira, míralas bien!...
+
+Y Emma levantaba el pie hasta colocarlo sobre las rodillas de su marido.
+El tío estaba del otro lado de la mesa y no podía ver el pie levantado,
+ni tampoco lo intentaba.
+
+Bonis buscó, por instinto, un vaso de agua sobre la mesa, metió en la
+boca el cristal, y así se estuvo, primero bebiendo, y después haciendo
+que bebía.
+
+Y pensó, sin querer, en medio de sus angustias, que no podemos
+figurarnos ni describir los que no pasamos por ellas: «Esto es lo que en
+las tragedias se llama la catástrofe». Y más pensó, a pesar de lo
+apurado de la situación: «En las óperas podemos decir que también hay
+catástrofes»; y se acordó de la _Norma_, que era su mujer; y de _Adalgisa_,
+que era la tiple; y de Polión, que era él; y del sacerdote, que era
+Nepomuceno, encargado sin duda de degollarle a él, a Polión.
+
+--Pero, vamos, calabacín, di algo; ¿son o no son estas lo mismo que las
+de la tiple? ¿Me engañó aquel tío o no?
+
+Sacando fuerzas, nunca supo de dónde, Reyes dijo al fin, hablando como
+un ventrílocuo, tan de adentro le salía la poca voz de que podía
+disponer:
+
+--Pero Emma, ¿cómo quieres que yo conozca... las botas de esa señorita?
+
+Entonces fue D. Juan Nepomuceno el que habló; pero antes se puso en pie,
+clavó también los ojos en su sobrino por afinidad, y cuando éste casi
+creía que iba a sacar el cuchillo para herirle, exclamó con gran
+cachaza:
+
+--Tiene razón Bonifacio; ¿cómo quieres que él sepa cómo son las botas que
+compra la tiple? No ha de ser él quien las pague.
+
+--Eso es una... bobada, tío, y usted dispense; el que paga las botas a
+esas señoritas no suele conocérselas, como dice este; si la Gorgheggi
+tiene querido que le pague las botas, ese... le conocerá otra cosa, pero
+las botas no, y menos estas que yo digo, que las compró esta mañana.
+Pero este papanatas sí las ha visto, y por eso yo le preguntaba; sólo
+que tiene una cabeza como un marmolillo y todo lo olvida. Vamos a ver;
+¿no estabas tú en la tienda de Fuejos cuando entró esta mañana a las
+doce la tiple, y anduvo escogiendo botas y pidió la última novedad, y
+Fuejos le enseñó unas como estas? ¿Y no te preguntó la tiple a ti tu
+opinión, y no dijiste que eran preciosas... y no se las calzó allí
+delante de vosotros, delante de ti y del hipotecario Salomón el Cojo?
+¡Pues hombre, si todo esto me lo contó el zapatero, y por eso yo le
+compré estas; porque no había vendido más que otras, y esas a la tiple,
+que viste muy bien!
+
+--Toda esa relación, en lo que se refiere a mi persona, es absolutamente
+falsa--dijo con voz bastante repuesta Bonis, que también se levantó para
+medirse con el tío--. Yo no he entrado hoy en la zapatería de Fuejos, y
+puedo probar la coartada; a las doce estaba yo... en otra parte.
+
+«En efecto; a las doce estaba él en casa de Serafina; todo aquello era
+mentira; ni la tiple había comprado unas botas como aquellas, ni nada de
+lo dicho. Todo ello era una miserable especulación de Fuejos el
+zapatero para tentar a su mujer; pero ¿cómo siendo Fuejos su amigo, de
+Bonis, y excelente persona, se había permitido aquella calumnia? ¿No
+sabía Fuejos que se murmuraba en el pueblo si él, Reyes, tenía o no
+tenía que ver con la tiple?... Y sabido esto, que debía saberlo, ¿iba a
+decirle a su mujer, a la de Bonifacio, que?... ¡Imposible!». «No, la
+mentira no era del zapatero; era de Emma; ¡pero entonces la gravedad del
+caso volvía a ser tanta como se lo habían anunciado los sudores! Emma
+preparaba alguna gran venganza, y en el ínterin se divertía con él como
+el gato con el ratoncillo. Tal vez le despreciaba tanto, pensaba el
+infeliz, que ni siquiera quería concederle el honor de sentir celos;
+pero aunque no estuviese celosa, lo que es de vengarse no dejaría».
+
+A pesar de estas reflexiones, la perplejidad del marido infiel no
+desaparecía; se agarraba como a una esperanza a la idea de que hubiera
+sido Fuejos el embustero. En cuanto tomemos el café, pensó, me voy a la
+zapatería a ver lo que ha habido.
+
+Pero Bonis proponía y Emma disponía. En cuanto tomaron el café, Emma,
+que estaba de muy buen humor, se levantó y dijo con solemnidad cómica:
+
+--Ahora esperen ustedes aquí sentados; les preparo una gran sorpresa.
+¿Qué hora es?
+
+--Las ocho--dijo el tío, que, a pesar de sus bromitas, que horrorizaban a
+Bonifacio, tampoco las tenía todas consigo.
+
+--¿Las ocho? Magnífico. Esperen ustedes un cuarto de hora.
+
+Desapareció Emma, y tío y sobrino, por afinidad, callaron como mudos.
+Entre el tío y él había para Bonis un abismo... mejor, un _océano_ de
+monedas de plata y oro, que bien subirían a.... Dios sabe cuántos miles
+de reales. Había llegado a tal extremo el terror de Reyes respecto a lo
+que debía a _los Valcárcel_, que nunca se tomaba el trabajo de sumar las
+cantidades que no había _reintegrado_ a la caja; contando los siete mil
+reales del cura de la montaña, le parecía aquello un dineral. Tanto que,
+a veces, leyendo en los periódicos lamentaciones acerca de la deuda del
+Estado, se turbaba un poco acordándose de la suya. Parecida sensación
+experimentaba cuando oía hablar o leía algo de grandes desfalcos, de
+tesoreros que huían con una caja y cosas por el estilo.
+
+Volvió Emma al cuarto de hora, en efecto, y sus comensales dijeron a un
+tiempo:
+
+--¡Qué es esto! Y ambos se pusieron en pie, estupefactos, porque el caso
+no era para menos. Emma venía vestida con un magnífico traje, que
+ninguno de ellos le conocía; traía la cara llena de polvos de arroz; el
+peinado de mano de peinadora, cosa en ella nueva por completo, pues
+nunca había consentido que le tocasen la cabeza manos ajenas, y lucía
+una pulsera de diamantes y collar y pendientes de la misma traza, todo
+muy caro y todo nuevo para el esposo y para el administrador.
+
+--Esto es... esto--dijo ella. Y puso delante de los ojos de su marido un
+papelito amarillo, que decía: _Teatro principal_.--_Palco principal, núm.
+7_. Esto es que vamos al teatro, al palco del Gobernador militar que, como
+no tiene familia, casi nunca lo ocupa. Conque, hala, tío, a ponerse de
+tiros largos; y tú, Bonis, ven acá, te visto en un periquete.
+
+Emma no dejó tiempo a sus subordinados para seguir asombrándose de
+aquella inaudita resolución. Ella, que tantos caprichos había tenido
+toda la vida, jamás se había mostrado aficionada al teatro, y menos a la
+música; desde su malparto a la fecha, y ya había llovido después, no
+había estado en el _coliseo_ cuatro veces: la Compañía actual no la había
+visto siquiera, y ya estaban acabando el tercer abono... y de repente
+¡zas!, sin avisar a nadie, tomaba un palco, y a la ópera todo el mundo.
+Así pensaba Bonis, equivocándose en algún pormenor, como se verá luego,
+y algo parecido pensaba el tío. Pero este, como acostumbraba, hizo
+pronto lo que él llamaba para sus adentros «su composición de lugar»; es
+decir, el plan conducente a sacar de todas aquellas novedades extrañas
+el mejor partido posible para sus intereses; y sin decir oxte ni moxte,
+sonriente, salió del comedor y volvió a poco, vestido de levita negra,
+con un sobretodo que le sentaba de perlas.
+
+--También era presentable el tío mayordomo--pensó Emma--; pero esto no
+quita que las pague todas juntas, como todos.
+
+El tocado de Bonis fue obra más complicada, y dirigida, en efecto, por
+su mujer, que le hizo afeitarse en un decir Jesús, sin más contingencias
+que tres leves heridas, que ella misma tapó con papel de goma. Se le
+hizo estrenar un traje oscuro, de última moda, de paño inglés, por
+supuesto. A Reyes a ratos se le figuraba que le estaban vistiendo para
+ir al palo, y se le antojaba hopa, de género inglés, aquel elegantísimo
+terno que iba sacando del cajón remitido por el _artista_ de Madrid.
+
+Eufemia, que por lo visto tenía orden también de no admirarse de nada,
+los alumbró hasta el portal, donde no había farol, y los vio salir de
+casa, Emma del brazo de Bonis, D. Juan detrás, como si todas las noches
+sucediera lo mismo.
+
+La doncella, en verdad, tenía sus motivos para no asombrarse tanto como
+los otros; primero, porque las locuras de la señorita eran para ella el
+pan nuestro de cada día, y locuras algunas de un género íntimo, secreto,
+que los demás no conocían; y además, se asombraba menos, porque conocía
+ciertos antecedentes. Juntas habían ido al teatro noches atrás, a la
+_cazuela_, vestidas las dos de _artesanas_.
+
+Esto era lo que ignoraba Bonis; esto, y lo que había visto, oído y
+sentido su mujer en aquella noche de la escapatoria, y lo que después
+había imaginado, y deseado, y proyectado.
+
+Llegaron al teatro, y la entrada de Emma en su palco produjo mucho más
+efecto del que ella pudo haberse figurado. Es más, ella no había pensado
+en esto. No iba allí a lucirse, aunque después le supo a mieles, y
+añadió una corrupción más a su espíritu, el placer de despertar la
+envidia, por su ropa, de las damas menos majas. Por una aberración,
+mejor, distracción, no se fijó antes de llegar en que era distinto
+entrar en un palco principal, el del brigadier, vestida con tanto lujo,
+ella que nunca iba al teatro, y entrar en el paraíso, disfrazada,
+escondiéndose del público, que no soñaba con su presencia, ni de ella
+supo aquella noche.
+
+Ella iba dispuesta a gozar mucho; pero no era del público precisamente
+de quien esperaba estas emociones fuertes, a que se preparaba; su
+propósito iba a dar al escenario, y estaba complicado con los asuntos
+domésticos; pero a estos complejos y estrambóticos atractivos se
+agregaba de repente un agudísimo placer, con que Emma no contaba, y que
+le reveló un mundo nuevo de delicias intensas, en que no se le había
+ocurrido pensar, pero que vio bien claro, sintió con fuerza, desde el
+momento en que al penetrar ella en su palco, y dejar el abrigo al tío, y
+dar una vuelta en redondo antes de sentarse, notó fijas en su persona
+las miradas, y en los palcos cercanos oyó el murmullo del comentario, y
+en el aire, puede decirse, cogió el efecto general de su presencia.
+Después de sentada, y cuando ella se iba haciendo cargo de lo que tenía
+delante, la admiración persistía; en vano los coristas, que estaban
+solos en escena, como los gallegos del cuento, mal presididos por un
+partiquino, que sólo se distinguía por unas botas de fingida gamuza y
+por desafinar más que todos juntos, en vano gritaban como energúmenos;
+el público _distinguido_ de butacas y palcos atendía el espectáculo civil
+que le ofrecía Emma; los abonados de las faltriqueras, que no veían la
+sala sin echar el cuerpo fuera del antepecho, se asomaban por grupos
+para ver a la de Reyes, y los de la faltriquera de la tertulia de Cascos
+saludaron a Bonis y a su señora; el brigadier comandante general de la
+provincia estaba entre ellos, y también inclinó la cabeza. Emma salía de
+su soledad voluntaria como de un encierro; las emociones de los paseos y
+romerías no eran como aquélla; aquélla sabía a gloria; ¡lo que se iba a
+divertir, contando con todo! Porque con las glorias no se le iban las
+memorias. Su plan era su plan, y todo se andaría.
+
+Bien comprendía la hija del abogado Valcárcel que no era su hermosura lo
+que tanto llamaba la atención; que era, principalmente, su aderezo, y
+mucho también su vestido, y un poco la novedad de verla en el teatro.
+
+--Vamos, esta se lanza al mundo otra vez--pensó ella que debían de estar
+pensando muchas de aquellas damas, que se la estaban comiendo con los
+ojos desde butacas y palcos.
+
+--Sí que me lanzo; ¡ya lo creo!, de cabeza--se decía a sí misma; muy
+satisfecha, contentísima por haber descubierto aquel venero de placeres
+que tanto iban a contrariar los planes del tío, que consistían, por lo
+visto, en ir robándola todo lo que ella y sólo ella tenía.
+
+Para muchas de las señoras y señoritas presentes, que, o no eran del
+país o eran muy jóvenes, la aparición de Emma en el _mundo_, si aquello
+era _mundo_, ofrecía una novedad absoluta, porque no podían recordar, como
+otras pocas, que años atrás aquella mujer, vestida con tanto lujo, de
+facciones ajadas, de una tirantez nerviosa y avinagrada en el gesto,
+había sido la comidilla de la población por sus caprichos y locuras de
+joven mimada y rica y extravagante como ella sola.
+
+Todo esto lo comprendía Emma, y no se hacía ilusiones respecto de los
+motivos de tanta curiosidad, y casi casi estupefacción; pero el
+resultado era que se la miraba y contemplaba, y se comentaba su
+presencia mucho; que nadie se acordaba del escenario por verla, y esto
+le producía, fuese por lo que fuese, una de las sensaciones más intensas
+y profundas que podía experimentar una mujer de su calaña. Sobre todo,
+lo que ella más saboreaba, y lo que tenía por más seguro, era la
+envidia. La envidiaban, no sólo las pobres, las que no podían permitirse
+el gasto que significaban aquellos diamantes y aquel vestido, sino
+también las dos o tres ricachonas presentes, que hubieran podido, sin
+hacer un disparate, presentarse aquella misma noche con algo tan bueno y
+todavía mejor. A pesar de esto, la envidiaban también, porque esta clase
+de gente se parece mucho a los animales, en no vivir más que de la
+sensación presente; y el hecho era que allí, en el teatro, en aquel
+momento, la más ricamente vestida y _alhajada_ era ella, Emma; y el
+público no se había de meter a discurrir y calcular quién podía y quién
+no lucir otro tanto. Además, que «obras son amores». Tal vez la que más
+envidiaba a la de Valcárcel era la mujer del americano Sariegos, el más
+rico de la provincia, que podría aturdir a todos los Valcárcel del mundo
+envolviéndolos en papel del Estado y en acciones del Banco y otras mil
+grandezas; pero Sariegos no permitía tales despilfarros, que en él no lo
+serían, y su señora tenía que contentarse con un lujo muy mediano. Por
+eso rabiaba ella. En cuanto a Sariegos, que estaba presente, detrás de
+su mujer, también se puso a aborrecer de pronto a Emma, porque tenía la
+culpa de lo que en aquel momento su esposa estaría maldiciéndole y
+detestándole a él por avaro; y además, aunque parezca raro, también
+miraba con envidia el aderezo de la _abogaducha_. Mas luego se hizo
+superior a sentimientos tan humillantes para él, y, elevándose, mediante
+su filosofía crematística o plutónica, a más altas esferas, pensó, y
+acabó por decir, a media voz, desde la cúspide de su desprecio sincero:
+
+--Esa muchacha va a quedarse sin camisa en muy pocos años.
+
+Bien sabía, porque bien se veía además, que Emma ya no era una muchacha;
+pero no importaba; así creía él significar mejor su desprecio: esa
+muchacha... la _abogaducha_.
+
+Pero estos comentarios y desahogos, y otros por el estilo, no los oía
+Emma; ella veía a la envidia, no la oía; veía sus ojos brillantes, sus
+sonrisas tristes, sus éxtasis sinceros y melancólicos en la cara de las
+incautas, que no sabían disimular siquiera, y se quedaban como Santas
+Teresas arrobadas en la meditación y el amor del pesar del bien ajeno.
+
+Algunas muchachas, estas de verdad, que minutos antes coqueteaban
+alegres, muy satisfechas, con los cuatro trapacos que tenían encima,
+ahora languidecían, olvidaban a sus adoradores de las butacas; y como
+que se trataba de cosa mucho más seria, con rostro del que había
+desaparecido toda gracia, toda poesía, toda idealidad, se consagraban al
+culto envidioso del lujo ajeno, con gran veneración para las joyas y la
+seda, con gran rencor disimulado a la sacerdotisa, que tenía el
+privilegio de ostentar sobre su cuerpo los resplandores del dios
+idolatrado.
+
+Un ruido de faldas almidonadas que vino de la escena llamó la atención
+de Emma, sacándola de aquel deliquio de amor propio satisfecho.
+
+Por la puerta del foro entraba una elegantísima señora a paso ligero,
+barriendo las tablas con una cola muy larga y despidiendo chispas de
+todo su cuerpo, vestido de brocado de comedia y cubierto de joyas
+falsas, diadema inclusive.
+
+--¿Quién es esa?--preguntó la mujer de Reyes.
+
+Bonifacio, viendo que Nepomuceno no se daba por interrogado, dijo, no
+sin tragar antes saliva:
+
+--Es la Reina, que viene desaladamente al saber que el Infante....
+
+--No; si no pregunto eso--interrumpió su mujer, volviéndose a mirar a
+Bonis, que estaba detrás de ella en la penumbra--. Digo si es esa la
+tiple.
+
+--Creo... que sí. Sí, justo, la protagonista....
+
+--La de las botas. ¿Las traerá puestas?
+
+Bonis calló.
+
+--Di, hombre, ¿crees tú que las traerá puestas?
+
+--Sería... un anacronismo.
+
+--Calla, calla; ahora se sube al trono... ¿a ver?... No, no se le han
+visto los pies. Acaso cuando se baje....
+
+Emma asestó los gemelos a los bajos de la tiple; y como esta no acababa
+de levantarse de su trono, subió la mirada hasta el rostro de Serafina.
+
+--Vaya si es guapa--dijo--. Ya he visto yo esa cara. ¿Cómo se llama esa?,
+¿la cuántos?...
+
+--Serafina Gorgheggi, creo....
+
+--¡Crees!... Pero ¿no lo sabes de seguro?
+
+--Puede que la confunda con la contralto.
+
+--Puede.
+
+--Pero... no; sí, es la tiple; justo, la Gorgheggi.
+
+--Ahora estás seguro, ¿eh?
+
+--Sí, seguro.
+
+Bonis se admiraba a sí mismo. ¡Aquello era crecerse ante el peligro!
+Allí estaban los polvos de arroz.... Ahora lo comprendía todo; su mujer
+se estaba burlando de él. Sabía de sus amores, y aquella ida _inopinada_
+al teatro era un careo... sí, un careo de los criminales. Porque él era
+un criminal, claro. No importaba; sucediera lo que sucediera, había que
+defenderse como gato panza arriba. Tuvo que sentarse, detrás de su
+mujer, porque las piernas le temblaban, según costumbre en casos tales
+(si era que jamás se había visto en caso parecido); pero estaba
+dispuesto a disimular, a mentir _como un héroe_, si era preciso, ya que el
+Señor se dignaba concederle aquel don del fingimiento, de que no se
+hubiera creído capaz a no verlo. ¡Lo que puede el instinto de
+conservación!, pensaba.
+
+--¡Ah!--gritó, ahogando el grito antes de salir de los labios, Emma, que
+acababa de ver un pie de la Gorgheggi, al descender la tiple
+_majestuosamente_ de su trono de madera pintada de colorines. Fuera un
+anacronismo o no, las botas de S. A. eran idénticas a las que había
+comprado ella por la tarde. Fuejos no había mentido.
+
+--Lo mismo que las mías. Ese Fuejos es persona de verdad decir. ¿Lo ves,
+Bonifacio? El otro par lo trae esa señora; lo que me dijo el zapatero.
+¿Por qué le levantas falsos testimonios? ¿Por qué has negado que le
+viste el pie a esa damisela esta mañana? ¿Qué tiene eso de particular?
+¿Crees que voy a celarme, marido infiel?
+
+Bonis calló. Por mucho valor que él tuviera, y estaba seguro de que lo
+tenía, aquello no podía durar. ¿Adónde iba a parar su mujer?
+
+--¿Sabes tú si tiene querido esa doña Serafina? Si lo tiene, ese habrá
+pagado las botas.
+
+Esta libertad de lenguaje no le extrañaba a Nepomuceno, que en cuanto
+veía a su sobrina con un poco de carne y regular color, ya esperaba de
+ella cualquier locura de dicho o de hecho.
+
+En cuanto al marido, no veía en tamaña desfachatez más que el sarcasmo
+terrible de la esposa ultrajada. Le parecía muy natural que el cónyuge
+engañado se entretuviera en aquellos pródromos de ironía antes de tomar
+terrible venganza. Así sucedía en las tragedias, y hasta en las óperas.
+
+Ensimismado en su terror, vuelta la cara hacia el fondo del palco, Bonis
+no pudo notar por qué Emma no insistía en sus cuchufletas, si lo eran
+aquellas preguntas al parecer capciosas. Si él se había puesto antes
+encendido, y enseguida muy pálido, al salir a las tablas Serafina, ahora
+Emma era la que tomaba el color de una cereza; y clavaba los gemelos en
+un personaje que acababa de llegar de tierra de moros, vencedor como él
+solo, y que se encontraba con que la Reina le había casado a la novia
+con un rey de Francia para no tener rival a la vista. El vencedor de los
+infieles era el barítono Minghetti, que lucía dos espuelas como dos
+soles, y tenía un vozarrón tremendo, no mal timbrado y lleno de energía.
+En vano la Reina le pedía perdón, colgándosele del cuello, previo el
+despejo de la sala, cubierta de coristas, todos ellos viles cortesanos.
+El barítono no transigía; huía de los brazos de la Reina y llamaba a
+gritos a la otra.
+
+--Está muy guapo así--pensaba Emma--; pero me gustaba más con el traje de
+barbero.
+
+Cuando el caudillo no pudo gritar más, o reventaba, la tiple empezó a
+quejarse de su suerte y a pintarle su pasión con multitud de gorjeos,
+que acompañaba el flauta, jorobado. Como suelen hacer en tales casos los
+amantes desdeñosos, en vez de escuchar las lamentaciones y las quejas de
+la reina, el barítono aprovechó el descanso para toser y escupir
+disimuladamente, y después se puso a revisar con gran descaro los
+palcos, donde lucían su belleza las señoras más encopetadas. Llegó su
+mirada al palco de Emma, que sintió los ojos azules y dulcísimos de
+Minghetti metérsele por los tubos de los gemelos y sonreírle, a ella,
+como si la conociera de toda la vida y hubiera algo entre ellos. Emma,
+sin pensarlo, sonrió también, y el barítono, que tenía mirada de águila,
+notó la sonrisa, y sonrió a su vez, no ya con los ojos sino con toda la
+cara. La emoción de la Valcárcel fue más intensa que la experimentada
+poco antes al notar la admiración que su lujosa presencia producía en el
+concurso. Para sus adentros se dijo: Esto es más serio, es un placer más
+hondo que satisface más ansias, que tiene más sustancia... y que tiene
+más que ver con mis planes. Los planes eran burlarse de una manera feroz
+de su tío y de su marido, jugar con ellos como el gato con el ratón,
+descubrir medios de engañarlos y _perderlos_, que fuesen para ella muy
+divertidos. Contra el tío ya sabía de tiempo atrás qué armas emplear;
+echar la casa por la ventana, gastar mucho en el regalo de su propia
+personilla. En cuanto a Bonis... ni en rigor le quería tan mal como al
+otro, ni había pensado concretamente hasta entonces en un gran castigo
+para él; sólo se le había ocurrido tenerle siempre en un potro, tratarle
+como a un esclavo a quien amenazase un tormento que él no acababa de
+conocer; mas la mirada y la sonrisa de Minghetti aclararon como un
+relámpago la conciencia de Emma, que vio de repente en qué podía
+consistir el castigo de su infiel esposo. Porque, en efecto, le suponía
+infiel mucho tiempo hacía; sin contar con que Emma, en las meditaciones
+de sus soledades de alcoba, con el histérico por Sibila, había llegado a
+concebir al hombre, a todos los hombres, como el animal egoísta y de
+instintos crueles y groseros por excelencia, no creía en el marido
+rigurosamente fiel a su esposa; más era, tal ente _de razón_ la parecía
+ridículo, y se confesaba que ella, en el caso de cualquier hombre
+casado, no se contentaría con su mujer. En cuanto a las mujeres, no les
+reconocía el derecho de adulterio en circunstancias normales, porque
+_parecía_ feo y porque la mujer es otra cosa; pero en caso de infidelidad
+conyugal descubierta, ya era distinto; también había el derecho de
+represalia, y lo mismo podía decirse por analogía, cuando el esposo era
+tan bruto que daba a la esposa trato de cuerda... «Si Bonis me pegase
+como yo le pego a él, se la pegaba». Esto era evidente. «Y si él me la
+pega... si de seguro me la pega...». Aquí Emma vacilaba y recurría al
+tercer caso de infidelidad femenina disculpable. «Si me la pegase, yo le
+engañaría también... si alguien me inspirase una gran pasión». Aunque
+los extravíos morales de Emma nada tenían que ver con el romanticismo
+literario, decadente, de su época y pueblo, porque ella era original por
+su temperamento y no leía apenas versos y novelas, algunas frases y
+preocupaciones de sus convecinos se le habían contagiado, y esta idea
+vaga y pérfida de la gran pasión que todo lo santifica, era una de esas
+pestes. Por lo demás, ella sola se bastaba para hacer tabla rasa de cien
+decálogos y prescindir, según su capricho, de reglas de conducta que la
+contrariasen. Pero si en la pura región de las ideas, como hubiera
+pensado Bonis, esto era corriente, el sentido íntimo le decía a Emma que
+del dicho al hecho hay mucho trecho; que ella no llegaría a faltar a su
+Bonis, como no se la apurase mucho, como no fuera en un momento de
+locura, suscitado por un príncipe ruso u otro personaje de mérito
+excepcional; y que, aun así, tenía ella que convertirse en otra,
+violentarse mucho. Lo cierto era que su carne estaba tranquila, que sus
+gustos la llevaban a extravíos sensuales nada eróticos, y que al fin y
+al cabo, Bonis, lo que es como buen mozo era buen mozo, y estaba
+satisfecha de su físico.... Pero la mirada y la sonrisa del barítono,
+eran ya harina de otro costal. Por lo pronto, Emma se olvidó de todo
+para pensar en el placer de tropezarse dentro de los gemelos con
+aquellas pupilas y con aquella boca sonriente bajo el bigote castaño
+oscuro. Cada vez que Minghetti volvía a la escena, la de Reyes ensayaba
+la repetición del lance que tan bien le había sabido, y las más veces
+con buen éxito; pues, fuera casualidad, o que el cantante tuviera la
+costumbre de mirar mucho a los palcos y fijarse en quien le admiraba, y
+coquetear en toda clase de papeles y circunstancias escénicas, ello fue
+que el placer solicitado por los gemelos de Emma se renovó en varios
+trances de los más serios y apurados de la ópera; y eso que el barítono
+no cesaba de regañar con la Reina, siempre desesperado por la huida a
+Francia de la otra.
+
+Bonis no volvía de su asombro al notar, muy a su placer, que Emma no
+hablaba ya de la tiple ni de las botas, verdadero anacronismo, como él
+decía muy bien, ni de cosa alguna que remotamente pudiera referirse a lo
+que él llamaba «lo de los polvos de arroz».
+
+Terminada la ópera, volviéronse a su hogar los Valcárcel, o si se quiere
+los Reyes, aunque más propio es decir los Valcárcel por lo poco amo de
+su casa que era Bonifacio; despidiose del matrimonio Nepomuceno, que se
+acostó madurando sus planes para el porvenir, que, o él veía mal, o
+tenía barruntos de un cambiazo no exento de peligros. Y cuando Reyes iba
+a pedir permiso a su mujer para retirarse también a su cuarto, a Emma se
+la ocurrió hacer uso... de lo que en las relaciones de aquel matrimonio
+podía llamarse la regia prerrogativa.
+
+--Mira, Bonis, yo no tengo sueño; el ruido de la música me ha puesto la
+cabeza como un bombo... voy a estar desvelada; y sola y despierta y
+nerviosa, tendré miedo.
+
+Hubo un momento de silencio, y después prosiguió:
+
+--Quédate tú.
+
+Estaban en el gabinete de la dama. Ella se despojaba de sus joyas frente
+al espejo de su tocador, alumbrado por dos bujías de color de rosa. El
+marido la veía retratada por el cristal de fondo misterioso y de sombras
+movedizas. Sin que él se diese cuenta del cómo y el por qué, aquel
+«quédate tú» le hizo mirar de repente a su esposa con ojos de juez de la
+hermosura. ¡Cosa extraña! Hasta aquel instante no había reparado que
+Emma se había quitado muchos años de encima aquella noche, sobre todo en
+aquel momento; no le parecía una mujer bella y fresca, no había allí ni
+perfección de facciones ni lozanía; pero había mucha expresión; el mismo
+cansancio de la fisonomía; cierta especie de elegía que canta el rostro
+de una mujer nerviosa y apasionada que pierde la tersura de la piel y
+que parece llorar a solas el peso de los años; la complicada historia
+sentimental que revelan los nacientes surcos de las sienes y los que
+empiezan a dibujarse bajo los ojos; la intensidad de intención seria,
+profunda y dolorosa de la mirada, que contrasta con la tirantez de
+ciertas facciones, con la inercia de los labios y la sequedad de las
+mejillas: estos y otros signos le parecieron a Bonis atractivos
+románticos de su esposa en aquel momento, y el imperativo quédate tú le
+halagó el amor propio y los sentidos, después del mucho tiempo que había
+pasado sin que Emma hiciera uso de la regia prerrogativa.
+
+Por segunda vez el amante de Serafina tuvo remordimientos por su
+infidelidad en el pecado. Su gran pasión disculpaba a los ojos de Bonis
+aquellas relaciones ilícitas con la cómica; pero desde el momento en que
+él faltaba a Serafina, dejándose interesar endiabladamente por los
+encantos marchitos, pero expresivos y melancólicos, llenos de fuego
+reconcentrado, de su legítima esposa, quedaba probado que la gran pasión
+pretendida no era tan grande, y, en otro tanto, era menos disculpable.
+Fuese como fuese, sucedió que Bonis empezó a despojarse de su terno
+inglés en el gabinete de su mujer; se quedó sin levita ni chaleco,
+luciendo los tirantes de seda y la pechera de la camisa blanca y tersa,
+con tres botones de coral; y en este prosaico, pero familiar atavío, se
+volvió sonriente hacia Emma, que lamía los labios secos, echaba chispas
+por los ojos, y seria y callada miraba el cuello robusto y de color de
+leche de su marido. Bonis se sintió apetecido; se explicó, como a la luz
+de un relámpago, la escena de aquella noche de los polvos de arroz; leyó
+en el rostro de su mujer una debilidad periódica, una flaqueza femenina,
+como sumisión pasajera de la hembra al macho, además una misteriosa y
+extraña corrupción sin nombre: todo esto lo cogió al vuelo,
+confusamente; tuvo la conciencia súbita de cierta superioridad interina,
+fugaz; y enardecido por su propio capricho, por las excitaciones que
+aquel ocaso interesante de hermosura, o, mejor, de deseo, con que se
+iluminaba Emma, producía en él, se arrojó a un atrevimiento inaudito; y
+fue que, de repente, se dejó caer de rodillas delante de su mujer, se le
+abrazó a las almidonadas blancuras, que crujieron contra su pecho, y con
+voz balbuciente por la emoción, entrecortada y sorda, dijo mil locuras
+de pasión habladora, que se desborda primero por las palabras; palabras
+de lascivia en jerga amorosa, en diminutivos, tal como él las había
+aprendido de todo corazón en su trato con la Gorgheggi.
+
+Emma, en vez de levantar a su marido de la postrada actitud, después de
+dar un grito, como los que daba al entrar en su baño de agua tibia, fue
+doblándose, doblándose, hasta quedar con la boca al nivel de la boca de
+Bonis; con ambas manos le agarró las barbas, le echó hacia atrás la
+cabeza, y, como si los labios del otro fuesen oído, arrimando a ellos
+los dientes, dijo como quien hablando bajo quisiera dar voces:
+
+--¡Júrame que no me la pegas!
+
+--Te lo juro, Mina de mi alma, rica mía, mi Mina; te lo juro y te lo
+rejuro.... Mírame a los ojos; así, a los ojos de adentro, a los de más
+adentro del alma... te juro, te retejuro que te adoro, con eso, con eso,
+con eso que ves aquí tan abajo, tan abajo.... Pero, mira, me vas a
+desnucar, se me rompe el cogote.
+
+--Qué más da, qué más da... deja... deja... así, más, que te duela, que
+te duela con gusto.
+
+Hubo un silencio que no se empleó más que en mirarse los ojos a los
+ojos, y en gozar ambos del dolor del cuello de Bonis doblado hacia
+atrás. Emma le soltó para decir, poniéndose en pie:
+
+--Mira, mira, yo soy la Gorgheggi o la Gorgoritos, esa que cantaba hace
+poco, la reina Micomicona; sí, hombre, esa que a ti te gusta tanto; y
+para hacerte la ilusión, mírame aquí, aquí, aquí tontín; granuja, aquí
+te digo... las botas lo mismo que las de ella; cógele un pie a la
+Gorgoritos, anda, cógeselo; las medias no serán del mismo color, pero
+estas son bien bonitas; anda, ahora canta, dila que sí, que la quieres,
+que olvidas a la de Francia y que te casas con ella.... Tú te llamas,
+¿cómo te llamas tú?... Sí, hombre, el barítono te digo.
+
+--¿Minghetti?
+
+--Eso, Minghetti, tú eres Minghetti y yo la Gorgoritos.... Minghetti de mi
+alma, aquí tienes a tu reina de tu corazón, a tu reinecita; toma, toma,
+quiérela, mímala; Minghetti de mi vida, Bonis, Minghetti de mis
+entrañas....
+
+«Pero, oiga usted, señor matamoros; si usted quiere que sea suya para
+siempre su señora reina de las botas nuevas, apague esas luces del
+tocador y véngase de puntillas, que puede oírle Eufemia, que ahora
+duerme ahí al lado».
+
+
+
+
+-XI-
+
+
+Bonifacio Reyes era admirador del arte en todas sus manifestaciones,
+según él se decía; y aunque la música era la manifestación predilecta,
+porque le llegaba más al alma, con una vaguedad que le encantaba y que
+no le exigía a él previo estudio de multitud de ideas concretas que
+debían de andar por los libros de facultad mayor; y aunque la susodicha
+música era el arte que él mejor poseía, merced a sus estudios de solfeo
+y de flauta, no había dejado de ejercitarse en una u otra época de su
+vida, sin pretensiones, por supuesto, en cuanto mero aficionado, en
+otros medios humanos de expresar lo bello. La poesía le parecía muy
+respetable, y sabía de memoria muchos versos; pero las dificultades del
+consonante siempre le habían retraído del cultivo de las musas;
+despreciaba, porque su sinceridad de hombre de sentimiento y de
+convicciones no le permitían otra cosa, despreciaba los ripios y hasta
+los consonantes fáciles; y así, las pocas veces que había ensayado la
+gaya ciencia, se había ido derecho al peligro, a la rima difícil; y
+hasta recordaba que la última vez que había arrojado la pluma con el
+propósito de no insistir en versificar, había sido con motivo de querer
+escribir un soneto a un señor Menéndez, que había fundado una obra pía.
+
+La palabra principal, se decía Bonis mordiéndose las uñas, es, según las
+retóricas y poéticas que yo he leído, la que debe terminar el verso;
+aquí lo más importante, sin duda, es el apellido del fundador y la obra
+pía: pues bien; para pía hay millares de consonantes, pero a Menéndez yo
+no se lo encuentro. Y antes que relegar a Menéndez a un lugar del verso
+indigno de su filantropía, prefirió renunciar al soneto.
+
+Esta falta de inspiración poética y de consonantes en éndez, no le
+desanimó ni ajó su orgullo de artista, que al fin no era muy grande;
+después de todo, si bien se miraba, la poesía está como reconcentrada en
+la música.
+
+Otra cosa eran las artes del dibujo, y en este punto el atildado
+pendolista no vacilaba en sostener que con la pluma hacía, si no
+prodigios, arabescos muy agradables; el arabesco era su dibujo favorito,
+porque se enlazaba con sus facultades de escribiente, y además también
+tenía cierto parecido con la música por su vaguedad e indeterminación.
+El arabesco tocaba con la alegoría y el dibujo natural fantástico por un
+lado, y por el otro con el arte de Iturzaeta.
+
+En cosas así pensaba Reyes una tarde, cerca del crepúsculo, en el cuarto
+no muy lujoso ni ancho que Serafina Gorgheggi ocupaba en la fonda
+dependiente del café de la Oliva, piso tercero de la casa. Mochi y su
+protegida habían mudado de posada, lo cual en aquel pueblo sólo era
+mudar de dolor; pero en el hotel Principal, allá al extremo de la
+Alameda Vieja, les habían llegado a perder el respeto por las
+intermitencias en el pago del pupilaje; la Compañía de ópera seria
+acababa de disolverse por motivos económicos e incompatibilidades de
+caracteres, y el empresario, la tiple y Minghetti, el barítono, se
+habían quedado en la ciudad, según unos, porque no tenían por lo pronto
+contrata ni lugar adonde ir, porque más valieran allá; según otros,
+porque querían servir de núcleo a una nueva Compañía, para constituir la
+cual andaba Mochi en tratos. Pero entretanto había que hacer economías,
+y si Minghetti permaneció en el hotel Principal, aunque tampoco pagaba
+bien, por privilegio misterioso tolerado, Serafina y Julio tuvieron que
+reducirse a instalar sus personas y baúles en la mediana hospedería que,
+con el nombre de Fonda de la Oliva, sustentaba, con grandes apuros, el
+dueño del vetusto café del mismo nombre.
+
+Reyes aquella tarde velaba el sueño de Serafina, que yacía allí cerca,
+en la alcoba, víctima de un agudísimo dolor de muelas que, al aplacarse
+a ratos, la dejaba sumirse en tranquilo sopor, aunque algo febril, no
+desagradable.
+
+Reyes velaba. Había ido allí a muy otra cosa, pero los suspiros de su
+inglesa-italiana y el olor a medicinas antiespasmódicas, más el declinar
+del día, le habían cambiado de repente el ánimo, inclinándole a la
+melancolía poética y reflexiva, a la abnegación espiritual y piadosa.
+
+Como el velar el sueño del ser amado no es ocupación que dé empleo a las
+manos, Bonis, arrimado al velador de incrustaciones de no sabía él qué
+pasta, que imitaban una escena veneciana azul y rosa con manchas de café
+y huellas de nitrato de plata, dibujaba con pluma de ave sobre un pedazo
+de papel de barbas. Dibujaba, como siempre, caprichos caligráficos con
+remates de la fauna y la flora del arabesco más fantástico. Sentía el
+alma, después del cambiazo que a sus deseos acababan de dar las
+circunstancias, llena de música; no le cantaban los oídos, le cantaba el
+corazón.
+
+A tener allí la flauta y no estar dormida Serafina, hubiera acompañado
+con el dulce instrumento aquellas melodías interiores, lánguidas,
+vaporosas, llenas de una tristeza suave, crepuscular, mitad resignación,
+mitad esperanzas ultratelúricas y que no puede conocer la juventud;
+tristeza peculiar de la edad madura que aún siente en los labios el dejo
+de las ilusiones y como que saborea su recuerdo.
+
+Pero ya que no la flauta, tenía la pluma: la pluma, que no hacía ruido,
+sino muy leve, al rasguear sobre el papel con aquellos perfiles y trazos
+gruesos, enérgicos, en claro-oscuro sugestivo, equivalente al timbre de
+una puerta o de una placa.
+
+Sí, poco a poco fue sintiendo Bonis que la música del alma se le bajaba
+a los dedos; las curvas de su arabesco se hacían más graciosas, sus
+complicaciones y adornos simétricos más elegantes y expresivos, y la
+indeterminada tracería se fue cuajando en formas concretas,
+representativas; y al fin brotó, como si naciera de la cópula de lo
+blanco y de lo negro, brotó en un cielo gris la imagen de la luna, en
+cuarto menguante, rodeada de nubes, siniestras, mitad diablos o brujas
+montados en escobas, mitad colmenas de formas fantásticas, pero colmenas
+bien claras, de las que salían multitud de bichos, puntos unidos a otros
+puntos que tenían cuerpos de abejas, con patas, rabos y uñas de furias
+infernales. Aquellas abejas o avispas del diablo, volaban en torno de la
+luna, y algunas llenaban su rostro, el cual era, visto de perfil, el del
+mismísimo Satanás, que tenía las cejas en ángulo y echaba fuego de ojos
+y boca. Por encima de esta confusión de formas disparatadas, Bonis
+dibujó rayas simétricas que imitaban muy bien la superficie del mar en
+calma, y sobre la línea más alta, la del horizonte, volvió a trazar una
+imagen de la noche, pero de noche serena, en mitad de cuyo cielo,
+atravesando cinco hileras de neblina tenue, las líneas del pentagrama,
+se elevaba suave, majestuosa y poética, la dulce luna llena: en su
+disco, elegantes curvas sinuosas decían: Serafina.
+
+Media hora larga le costó al soñador su composición simbólica; mas fue
+premio de la inspiración y del esfuerzo un noble orgullo de artista
+satisfecho; sensación que se mezcló enseguida con un enternecimiento
+austero y en su austeridad voluptuoso, que le hizo inclinar la cabeza,
+apoyar la frente en las manos y meditar sollozando y con lágrimas en los
+ojos.
+
+--¡Qué vida extraña! ¡Qué cosas pueden pasarle por el alma a un pobre
+diablo!--pensaba Bonis.
+
+La alegoría, que le había salido sin querer de la pluma, estaba bien
+clara, era la síntesis de su vida presente. En el cielo de sus amores,
+en la región serena, sobre el océano de sus pasiones en calma, brillaba
+la luna llena, el amor satisfecho, poético, ideal, de su Serafina. Ya no
+eran aquellos los días de las borrascas sensuales, en que el amor
+físico, mezclándose al platónico, se entregaba al arabesco de la pasión
+disparatada y caótica; el alma ya se había sobrepuesto y daba el tono al
+cariño, que, al arraigarse y convertirse en costumbre, se había hecho
+espiritual. Y de repente, de poco tiempo a aquella parte, debajo del
+océano, en las regiones misteriosas del abismo en las que habitaba el
+enemigo, de las que venían voces subterráneas de amenaza y castigo,
+aparecía como un reflejo infiel, otro cielo con otra luna, un cielo
+borrascoso con espíritus infernales vestidos de nubarrones, con el
+mismísimo demonio disfrazado de cuarto menguante... de la luna de miel
+satánica, de Valpurgis, que su mujer, Emma Valcárcel, había decretado
+que brillara en las profundidades de aquellas noches de amores
+inauditos, inesperados y como desesperados.
+
+Bonis se levantó, y contempló a la Gorgheggi dormida:
+
+--Esa mujer adorada no sabe que yo la soy infiel. Que hay horas de la
+noche en que me dan un filtro hecho de terrores, de fuerza mayor, de
+recuerdos, de costumbres del cuerpo, de sabores de antiguos placeres, de
+olores de hojas de rosas marchitas, de lástima... y hasta de
+filosofías... negras....
+
+Esta mujer no sabe que yo me dejo besar... y beso... como quien da
+limosna a la muerte; a la muerte enferma, loca; que doy besos que son
+como mordiscos con que quiero detener al tiempo que corre, que corre,
+pasándome por la boca.... Sí, sí, Serafina; en esas horas tengo lástima
+de mi mujer, de quien soy esclavo; sus caricias disparatadas, que son
+reflejos de otras mías que yo aprendí de tus primeros arranques de amor
+frenético y desvergonzado; sus caricias, que son en ella inocentes, para
+mí crímenes, se me contagian y me llevan consigo al aquelarre tenebroso,
+donde entre sueños y ayes de amor que acaban por suspiros de vejez, por
+chirridos del cuerpo que se desmorona, vivo de no sé qué negras locuras
+sabrosas y sofocantes, llenas de pavor y de atractivo. Yo soy el amante
+de una loca lasciva... de una enferma que tiene derecho a mis caricias;
+pero un derecho que no es como el tuyo; como el tuyo, que no reconocen
+los hombres, pero que a mí me parece el más fuerte, aunque sutil,
+invisible. Tu derecho... y el mío. El de mi alma cansada.
+
+Y vuelta a llorar, después de haber pensado así, aunque con otras
+palabras interiores, y en parte aun sin palabras; porque algunas de las
+que ha habido que emplear Bonis ni siquiera las conocía. Por ejemplo,
+aquello que se dijo antes de ultratelúrico. ¿Qué sabía Bonis lo que
+significa ultratelúrico? Pero, con todo, siempre estaba pensando en
+ello, y lo mezclaba con todas sus cavilaciones y con todos los apuros de
+su miserable y atragantada existencia. En tiempo de Bonis, en esta época
+de su vida, no se hablaba como ahora, y menos en su pueblo, donde para
+los efectos fuertes y enrevesados, dominaba el estilo de Larrañaga y de
+D. Heriberto García de Quevedo. Sin contar con que Bonifacio, menos
+instruido todavía que su historiador, ni de propósito hubiera podido dar
+con ciertas frases que aquí suelen usarse para interpretar
+aproximadamente las tribulaciones de su espíritu.
+
+Fuera como fuera, la Gorgheggi no despertó con todo aquel ruido....
+psicológico de su querido. El cual, por lo demás, andaba de puntillas,
+sin tropezar en nada; y hasta consiguió taparla, sin que ella lo
+sintiera, un poco de la espalda blanquísima, por donde estaba cogiendo
+frío. Era en casa de su Serafina el mismo galán fino, pulcro, suave y
+mañoso que cuidaba a su mujer, a su tirano, como las manecitas negras de
+los palacios encantados.
+
+Conocía todos los rincones de la habitación de su amiga... y también los
+del cuarto de Mochi. Él era quien les había buscado y ajustado el nuevo
+albergue; él quien procuraba introducir el espíritu y la práctica del
+orden y la economía en la vida doméstica de aquellos artistas,
+llevándoles un poco de la saludable influencia de su hogar, que al fin
+hogar era, aunque no pudiese servir de modelo; menos cada día. Se le
+figuraba a Reyes tener dos casas, la de su mujer y la de su querida; y
+así como él mismo, sin pensarlo ni quererlo, había introducido en el
+caserón de los Valcárcel aires de libertinaje, semilla de corrupciones
+que tan bien preparado tenían el terreno en el alma de Emma; del propio
+modo irreflexivo, por instinto, había ido poco a poco sembrando gérmenes
+de costumbres sedentarias, de orden provinciano, de disciplina
+doméstica, en la intimidad de su trato con los cantantes. Tal vez a este
+influjo contribuían, más que los ejemplos de su propia casa, las
+reminiscencias, de muy antiguos tiempos, de los hábitos de paz familiar
+y humildad económica que conservaba todavía el escribiente de Valcárcel,
+que no en balde había pasado su niñez y el principio de su juventud al
+lado de sus padres honrados, pobres, humildes, resignados. El ideal de
+Bonis era soñar mucho y tener grandes pasiones; pero todo ello sin
+perjuicio de las buenas costumbres domésticas. Amaba el orden en el
+hogar; mirando las estampas de los libros, se quedaba embelesado ante
+una vieja pulcra y grave que hacía calceta al amor de la lumbre,
+mientras a sus pies, un gato, sobre mullida piel, jugaba sin ruido con
+el ovillo de lana fuerte, tupida, símbolo de la defensa del burgués
+contra el invierno. Envidiaba el valor, la despreocupación de los
+artistas que no tienen casa, que acampan satisfechos en las cinco partes
+del mundo; pero esta admiración nacía del contraste con los propios
+gustos, con la invencible afición a la vida material tranquila,
+sedentaria, ordenada. Hasta para ser romántico de altos vuelos, con la
+imaginación completamente libre, le parecía indispensable, a lo menos
+para él, tener bien arreglada la satisfacción de las necesidades
+físicas, que tantas y tan complicadas son. El símbolo de estos
+sentimientos eran, como va indicado más atrás, las zapatillas. Cuando en
+sus ensueños juveniles había ideado un castillo roquero, una hermosa
+nazarena asomada a la ojival ventana, una escala de seda, un laúd y un
+galán, que era él, que robaba a la virgen del castillo, siempre había
+tropezado con la inverosimilitud de huir a lejanos climas sin las
+babuchas. Y era claro que las babuchas eran incompatibles con el laúd.
+Además, no todo eran las zapatillas; había algo más en su cariño al
+hogar templado, dulce, sereno... la familia. ¡Oh, la familia honrada,
+sin adulteraciones, sin disturbios ni mezclas, era también su encanto!
+¿Sería la familia incompatible con la pasión, como las babuchas con el
+laúd? Tal vez no. Pero él no había encontrado la conjunción de estos dos
+bellos ideales. La familia no era familia de verdad para él; Dios no lo
+había querido. Su mujer era su tirano, y en sus veleidades de amor
+embrujado, carnal y enfermizo, corrompida por él mismo, sin saberlo, era
+una concubina, una odalisca loca; y, lo que era peor que todo: faltaba
+el hijo. Y en casa de Serafina, en casa de la pasión... no había la
+santidad del hogar, ni siquiera la esperanza de una larga unión de las
+almas. Los cantantes tendrían que marcharse el mejor día. Eran judíos
+errantes; ya era un milagro que entre abonos empalmados, truenos de
+compañías, semanas de huelga, prórrogas de esperanzas, ayudas del
+préstamo, acomodos del mal pagar y abusos del crédito, hubieran podido
+permanecer Mochi y la Gorgheggi meses y meses en el pueblo. El día menos
+pensado Bonis se encontraría en el cuarto de Serafina con las maletas
+hechas. «La de vámonos», diría Mochi, y él no tendría derecho para
+oponerse. No tenía un cuarto, no podía ofrecerles medios materiales para
+continuar en el pueblo; el arte y la necesidad soplaban como el viento,
+y se llevaban allá, por el mundo adelante, su pasión, el único refugio
+de su alma dolorida, necesitada de cariño, de caricias castas (como
+habían acabado por ser las de Serafina), de dignidad personal, que le
+faltaba al lado de su Emma; la cual sólo se humillaba por momentos en su
+calidad de bestia hembra, para ser enseguida, aun en el amor, el déspota
+de siempre, que sazonaba las caricias con absurdos, que eran
+remordimientos para el atolondrado marido. ¡Solo, solo se volvería a
+quedar en poder de Emma, en poder de las miradas frías, incisivas de
+Nepomuceno, el de las cuentas, en poder de Sebastián, el primo, y de
+todos los demás Valcárcel que quisieron hacer de él jigote a fuerza de
+desprecios!
+
+Despertó la Gorgheggi sonriente, sin dolor de muelas; agradeció a su
+Bonis que velara su sueño como el de un niño; y la dulzura de sentirse
+bien, con la boca fresca, harta de dormir, la puso tierna, sentimental,
+y al fin la llevó a las caricias. Mas fueron suaves; mezcladas de
+diálogos largos, razonables; no se parecían a las ardientes prisiones en
+que se convertían sus abrazos en otro tiempo. «Así, pensaba Reyes,
+debieran ser las caricias de mi esposa». Serafina se había acostumbrado
+a su inocente Reyes y a la vida provinciana de burguesa sedentaria a que
+él la inclinaba, y a que daban ocasión su larga permanencia en aquella
+pobre ciudad y la huelga prolongada. Se iban desvaneciendo las últimas
+esperanzas de brillar en el arte, y Serafina pensaba en otra clase de
+felicidad. La falta de ensayos y funciones, la ausencia del teatro, le
+sabía a emancipación, casi casi a regeneración moral: como las
+cortesanas que llegan a cierta edad y se hacen ricas aspiran a la
+honradez como a un último lujo, Serafina también soñaba con la
+independencia, con huir del público, con olvidar la solfa y meterse en
+un pueblo pequeño a vegetar y ser dama influyente, respetada y de viso.
+Ya iba conociendo la vida de aquella ciudad, que despreciaba al
+principio; ya le interesaban las comidillas de la murmuración; hacía
+alarde de conocer la vida y milagros de ésta y la otra señora, y un día
+tuvo un gran disgusto porque Bonis no consiguió que se la invitara el
+Jueves Santo a sentarse en cualquier parroquia en la mesa de petitorio.
+Cantó una noche, con Mochi y Minghetti, en la Catedral, y sintió orgullo
+inmenso. Le andaba por la cabeza un proyecto de gran concierto a
+beneficio del Hospital o del Hospicio. A Mochi no le cayó en saco roto
+la idea; pero le torció el rumbo. Un gran concierto, sí, pero no a
+beneficio de los pobres, sino a beneficio de los cantantes, restos del
+naufragio de la compañía. Se dio a Minghetti, el barítono, noticia del
+proyecto, y le pareció magnífico. Él sugirió al tenor la ocurrencia de
+aprovechar aquel concierto para reanimar el instinto filarmónico de los
+vecinos: se habían cansado de ópera, bueno; pero ya hacía una temporada
+que se había cerrado el teatro; la Gorgheggi, apareciendo en traje de
+etiqueta en los salones de una sociedad, y cantando, sin accionar y sin
+dar paseos por la escena, pedazos de música escogida, volvería a
+despertar el apetito musical de los muchos aficionados; esto facilitaría
+la idea de abrir un abono condicional sobre la base del terceto; tenían
+tenor, tiple y barítono; se traería contralto, bajo y coros, y se podía
+arreglar otra campaña que bastase para pagar trampas, y esperar con
+menos prisa y afán alguna contrata en otra parte. Para poner por obra el
+proyecto, había que contar con algún indígena que tomara la iniciativa.
+Nadie como Bonis. Serafina se encargó de rogarle que lo tomase por su
+cuenta. Dicho y hecho. Aquella tarde, entre las caricias de un amor
+apacible y de intimidad serena, la Gorgheggi suplicó a su amante que
+apadrinase con celo y entusiasmo su idea, que se encargara de preparar
+el concierto, venciendo los obstáculos que pudieran surgir. ¿Qué menos
+podía hacer Bonifacio por aquella mujer, a quien no podía dar ya dinero,
+y eso que tanto lo necesitaba? Propuso el proyecto de los cómicos a la
+Junta del Casino, que formaba como una Sociedad agregada a la empresa
+del café de la Oliva; en el piso principal estaban el salón de baile y
+las salas de juego y de lectura de aquel círculo de recreo, algunas
+veces de envite y azar. La Junta directiva, que tenía la conciencia de
+sus deberes, prometió estudiar la cuestión. Hubo deliberaciones
+repetidas, se votó, y, por una exigua mayoría, se aprobó el proyecto del
+concierto, que terminaría en baile, pero sin ambigú.
+
+Bonifacio ocultaba a su mujer que andaba en aquellos tratos, que era el
+alma de la proyectada fiesta; pero ella supo que el concierto se
+preparaba, y que su Bonis era factor del holgorio, que iba a ser cosa
+rica. Si de otras cosas que sabía también, y tiempo hacía, no le había
+hablado, sino con indirectas y sin insistir, ahora le convenía darse por
+enterada claramente; y así, le dijo un día a la mesa, a los postres, en
+presencia de Nepomuceno:
+
+--Vamos a ver, hombre, ¿por qué me tienes tan callado lo que me preparas?
+¿Es que quieres sorprenderme?
+
+--¿Lo que te preparo?
+
+--Sí, señor; lo del concierto: ya sé que tú y otros queréis echar un
+guante disimuladamente en favor de esos pobres cómicos que han quedado
+en el pueblo y no deben de pasarlo bien. Perfectamente; muy bien hecho.
+Es una gran idea y una obra de caridad. Haremos una limosna y nos
+divertiremos. Magnífico. ¿Verdad, tío, que es una idea excelente?
+
+--Excelente--asintió Nepomuceno, limpiándose los labios con la servilleta
+y bajando la cabeza.
+
+--Cuenta conmigo y con la señorita Marta, con Marta Körner, la del
+ingeniero, ya sabes, mi amiguita, que irá conmigo. El tío me acompañará,
+¿verdad? Y acaso el primo Sebastián, que vendrá a las ferias. Tú tendrás
+que arreglar por allá cosas; si ya lo sabemos, hombre, no te hagas el
+chiquitín, ya sabemos que eres el director de la fiesta. ¿Y qué? Mejor.
+Gracias a Dios que haces algo de provecho. Lo que me enfada es que nunca
+me hayas dicho que eras amigo de los cómicos, tan amigo. ¿Creías que iba
+a disgustarme? ¿Por qué? Yo no soy orgullosa, yo no creo que mi apellido
+se desdore porque mi esposo trate a unos artistas; al contrario; si yo
+fuera hombre haría lo mismo. ¿No se casó la famosa _Tiplona_ con un
+caballero de aquí? ¿Verdad, tío, que no nos ha parecido mal saber que
+Bonis trata a los cómicos mucho, muchísimo? Lo supimos por la señorita
+de Körner, ¿verdad, tío? Y yo hasta me puse hueca. Para que veas.
+
+Bonifacio miraba a su mujer con los ojos fijos, combatido por dos
+opuestas corrientes: un instinto ciego le decía: ¡Guarda, Pablo! ¡No te
+fíes, no cantes, hay trampa! Otra tendencia poderosa le hacía ver el
+cielo abierto y le empujaba el enternecimiento. ¿Si su mujer sería capaz
+de comprenderle, de comprender su amor al arte y a los artistas? No
+llegaba él hasta esperar que disculpara sus amores con Serafina; era,
+por el contrario, indispensable, que no supiera de ellos; pero todo lo
+demás, ¿por qué no? Es decir, lo de las deudas y el dinero prestado,
+tampoco. Miraba a Emma; después miró al tío: o no había honradez y
+franqueza y lealtad en el mundo, o estaban pintadas en la cara, y
+especialmente en los ojos de tío y sobrina.
+
+Confesó todo lo que creyó oportuno confesar. Se le agradeció la
+franqueza, y tío y sobrina manifestaron verdadera admiración
+contemplando la perspectiva de ideal y horas de jarana y alegría honesta
+que Bonis les puso ante la fantasía con elocuencia conmovedora. Aunque
+Nepomuceno y Emma iban con segunda, cada cual por diferente motivo, en
+parte eran sinceros su entusiasmo y adhesión a los proyectos de Reyes.
+En cuanto a disculpar las aficiones artísticas del marido y su trato con
+los cantantes, nada más fácil. ¿No era él músico también? ¿Y qué tenía
+de particular que, en saliendo de casa, empleara sus ocios en cultivar
+la amistad de aquellos excelentes señores que sabían tanta música, eran
+de tan fino trato y no se parecían a los envidiosos del pueblo,
+espíritus limitados, estrechísimos, monótonos, inaguantables?
+
+Nepomuceno habló más que solía; él también era pintor, esto es, músico;
+sí: en la Sociedad Económica había coadyuvado a la creación de la clase
+de solfeo y piano.
+
+--¡Bah, la música!, ya lo creo, es una gran cosa. Domestica las fieras.
+
+--Ciertamente--dijo Bonis encantado.
+
+Y refirió a su modo la fábula de Orfeo, que a Emma la cogía de nuevas
+completamente, y le pareció muy interesante.
+
+--A propósito de piano... aunque ya está viejo el alcacer para zampoñas,
+yo quisiera saber teclear, así... un poco... aunque no fuera más que
+tocar con un dedo las óperas esas que tú tocas en la flauta.
+
+A Bonis le pareció muy laudable el propósito. Volvió a pensar, aunque
+sin esperanza, en lo de «la música las fieras domestica», y dijo:
+
+--Pues mira, si te decides, Minghetti, el barítono, es un excelente
+profesor....
+
+Emma, encendida, no pudo menos de ponerse en pie, y sin pensar en
+contenerse, comenzó a batir palmas.
+
+--¡Oh, sí, sí; sublime, sublime; qué idea!, el barítono... y le pagaremos
+bien; será una obra de caridad. Pero ¡qué lástima! ¿Se marchará pronto?
+
+--¡Oh!, eso... según las circunstancias... si renuevan el abono, si
+recomponen el cuarteto... si se les ayuda....
+
+--¡Vaya si se les ayudará! ¿Verdad, tío?
+
+El tío volvió a inclinar la cabeza. ¡La de planes que tenía dentro de
+ella! Los ojos le brillaban, fijos en el mantel, hablando con su fijeza
+de cien ideas que no explicaban, pero que revelaban como presentes.
+
+Llegó la noche del concierto. Se abrieron los salones del Casino,
+sucursal del café de la Oliva; hasta hubo su poquito de buffet, a pesar
+del acuerdo de la Junta, y lo mejor de la población acudió a tomar
+sorbetes y a contemplar de cerca, y vestidos en traje de sociedad, a los
+cantantes ilustres que tantas veces había aplaudido viéndolos en las
+tablas, llenos de abalorios y galones dorados.
+
+¡Noche solemne para Bonis! ¡Noche solemne para Emma! ¡Noche solemne para
+Nepomuceno!
+
+
+
+
+-XII-
+
+
+Ardían en las arañas de cristal muchas docenas de bujías de esperma;
+allá, al extremo del salón, sobre una plataforma improvisada, la
+respetable orquesta de los músicos sedentarios, de los profesores
+indígenas, inauguraba la fiesta con una sinfonía de su vetusto
+repertorio: allí estaba el trompa, refractario al italiano y a la
+afinación; allí el espiritual violinista Secades, que había soñado con
+ser un segundo Paganini, que había pasado noches y noches, días y días,
+buscando en las cuerdas, acariciadas por el arco, ora lamentos de amor
+sublime, ora imitaciones exactas de los ruidos naturales; v. gr.: los
+rebuznos de un jumento. ¡Sarcasmo de la suerte! El rebuzno lo había
+dominado; su arco había llegado a hablar como la burra de Balaam; pero
+la inefable cantinela del amor, los ayes de la pasión sublime, los
+reservaban aquellas cuerdas para otro arco amante, no para el de
+Secades. El cual, ya maduro y desengañado, iba prefiriendo su otro
+oficio de zurupeto, y más atendía ya a la banca y sus gajes que al arte
+que meciera sus sueños infantiles. Tocaba ya por ganar la pitanza, medio
+dormido, como sus compañeros, sin fe, sin emulación, apenas conservando
+un poco de cariño melancólico y de respeto supersticioso a la buena
+música, a la antigua, despreciando las novedades que traían las
+compañías de algunos años a aquella parte. Allí estaba también el
+antiguo figle, don Romualdo, calvo, digno, de gran panza; en la catedral
+chirimía, en todo lo profano figle; casi una gloria provincial. Todo el
+pueblo, hasta los sordos, reconocía que era maravilloso lo que hacía con
+su extraño instrumento aquel hombre; le hacía llorar, reír, hasta casi
+casi toser. Pues a pesar de tanta fama, la fuerza del tiempo, el
+desgaste de la admiración, habían echado sobre la celebridad de don
+Romualdo una capa espesa de indiferencia pública; bien conocía él que
+sus paisanos, sin poner un momento en duda su grandeza, se habían
+cansado de admirarle; sobrellevaba estas contrariedades ineludibles con
+una melancolía filosófica y taciturna; seguía tocando con el esmero de
+siempre, aunque ya en vano. En resumidas cuentas, estaba triste,
+desengañado, ni más ni menos que su compañero Secades; él, sin
+ilusiones, de vuelta ya de la gloria, yacía en el mismo surco de
+resignación fría y amarga en que se había acostado Secades, camino de la
+celebridad. Todo era igual: no haber subido al templo de la Fama y estar
+de vuelta. A pesar de contarse entre aquellos respetables profesores
+estas y otras notabilidades, la orquesta sonaba como los tornillos de
+una máquina sin aceite; los instrumentos de cuerda estaban asmáticos,
+sonaban a la madera, como sabe la sidra al barril; los de bronce eran
+estridentes sin compasión; bastaba uno de aquellos serpentones para
+derribar todas las fortificaciones de cinco Jericós. Afortunadamente el
+público filarmónico oía la orquesta como quien oye llover.
+
+Emma entró en el salón después de ejecutado el primer número del
+programa; atrajo la atención por dos cosas; por su vestido carísimo y
+llamativo, y por venir colgada del brazo del alemán, del ingeniero
+Körner, un hombre gordo, alto, encarnado, de ojos de niño llorón,
+azules, claros, muy hundidos. Parecía un gran cerdo muy bien criado,
+bueno para la matanza, y era un hombre muy espiritual, enamorado de
+Mozart y de los destinos de Prusia. Hablaba español como si estuviera
+inventando una lengua con palabras cuasi castellanas y giros cuasi
+alemanes. Era un soñador, pero capaz de llevar una fábrica en la punta
+de cada dedo, y como contable, como él decía, nadie le ponía el pie
+delante. Sabía de todo, despreciaba a los españoles disimulándolo,
+idolatraba a su hija Marta, y venía a hacerse rico.
+
+Detrás de esta pareja entraron, también del brazo, Marta Körner y Bonis;
+les seguía de cerca, solo, D. Juan Nepomuceno, que parecía haberse
+azogado las patillas, que semejaban pura plata. Marta Körner era una
+rubia de veintiocho años, muy fresca, llena de grasa barnizada de
+morbidez y suavidad; su principal mérito físico eran sus carnes; pero
+ella buscaba ante todo la gracia de la expresión y la profundidad y
+distinción de las ideas y sentimientos. Hablaba siempre del corazón,
+llevándose la mano, que era un prodigio, al palpitante seno, que era
+toda una obra de fábrica del nácar más puro. Atribuía al subsuelo de
+aquella accidentada naturaleza los verdaderos tesoros de su persona;
+pero los inteligentes, Nepomuceno entre ellos, estimaban en más el
+derecho de superficie.
+
+Marta disentía de su padre en sus amores musicales; estaba por
+Beethoven; en lo que estaban de acuerdo era en la necesidad
+imprescindible de hacer una fortuna, o media, a más no poder. Körner
+había venido directamente de Sajonia a dirigir una fábrica de fundición,
+establecida por un industrial al pie de unas minas de hierro, en la
+región más montañosa de la provincia; allá, hacia donde tenían sus
+guaridas los Valcárcel pobres y huraños. El primo Sebastián, algo más
+comunicativo, que iba y venía de la ciudad a la montaña, fue quien
+presentó al Sr. Körner a Nepomuceno. Al principio, el alemán y su hija
+vivieron en los vericuetos, sin pensar en que a pocas leguas había una
+ciudad que podía recordarles, remotamente, la civilización y cultura que
+dejaban en su tierra. Aunque rodeados, como decía Sebastián, de todas
+las comodidades que podían ser arrastradas casi con grúa, hasta las
+alturas en que moraban, los alemanes vivían a lo aldeano, por lo que
+toca a sus relaciones sociales. Empezaron a aprender español en el
+dialecto del país, oscuro y corrompido; todo su espiritualismo se iba
+embotando, y por más que procuraban mantener el fuego sagrado de la
+idealidad a fuerza de sonatas clásicas, tocadas por Marta en un piano de
+cola, y a fuerza de libros y periódicos ilustrados que su padre hacía
+traer de Alemania, ello era que el medio ambiente les invadía y
+transformaba; el desdén con que al principio miraron y trataron a la
+gente tosca, en medio de la que tenían que vivir, se fue cambiando
+insensiblemente en curiosidad; llegó a ser interés, imitación,
+emulación, y el orgullo ya no consistió en despreciar, sino en
+deslumbrar. Körner quiso lucirse entre montañeses rudos, y como allí no
+le valían sus habilidades de dilettante de varias artes y lector
+sentimental, tuvo que aprovechar otras cualidades, más apreciables en
+aquella tierra, como, v. gr., la gran fortaleza y capacidad de su
+estómago. No se le comenzó a tener en tanto como él quería, hasta que
+corrió por uno y otro concejo montañés la noticia, verdadera, de que en
+una apuesta con un capataz de las minas le había dejado el alemán al
+español en la docena y media de huevos fritos, mientras él, Körner,
+llegaba a tragarse las dos docenas muy holgadamente, y ponía remate a la
+hazaña engulléndose dos besugos. Esto era otra cosa; y los que habían
+permanecido indiferentes ante las guerras gloriosas del Gran Federico,
+de que Körner se envanecía como si fuera nieto del ilustre Monarca; los
+que oían hablar de Goëthe, y de Heine, y de Hegel, como quien oye
+llover, llegaron a reconocer el glorioso porvenir de la raza que criaba
+tan buenos estómagos. Añádase a esto que el ingeniero jugaba a los bolos
+con singular destreza y con una fuerza de muchos caballos, o por lo
+menos, de dos o tres aldeanos de aquellos. Con esta y otras análogas
+cualidades, consiguió ganar las simpatías y hasta la admiración por que
+había llegado a suspirar de veras. Pero este género de gloria acabó por
+cansarle, y sobre todo le repugnó al cabo, por el peligro, que vio al
+fin patente, de convertirse en un oso metafísico y filarmónico, pero
+oso, en un Ata Troll de carne y hueso. Engordaba demasiado, olvidaba sus
+meditaciones trascendentales..., y sus gustos sencillos, fácilmente
+satisfechos con la vida montañesa, le apartaban de los complicados
+planes de medro y vida regalada que había traído de su país. Además, en
+la fábrica de la montaña, aunque bien pagado, considerado y satisfecho
+en punto a comodidades materiales, pues tenía buena casa, gajes y
+atenciones, al fin no prosperaba, no podía hacerse rico. Ensayó el
+proyecto de convertirse en socio industrial, pero cedió ante las
+dificultades que el propietario a solapo le fue poniendo. Con esto se le
+agrió el humor, y comenzó a desear con mucha fuerza salir de aquella
+vida troglodítica, hacerse valer más, y poner al alcance de la demanda
+la honesta oferta de los encantos, cada vez más exuberantes, de su hija
+Marta, por la cual iban también pasando los años, pero inútilmente, allá
+en los montes. Sin dejar la fábrica, con pretexto de su servicio, Körner
+menudeó sus visitas a la capital, a caza de algún negocio que le
+pareciera de más porvenir que el de allá arriba; y en uno de estos
+viajes fue cuando el primo Sebastián le hizo trabar conocimiento con
+Nepomuceno. El alemán, que era sagaz y hombre de mundo, comprendió
+pronto cuál era el papel del hacendista en casa de su sobrina: vio
+claramente que allí había dinero, y que este dinero se iba por la posta,
+y que la dirección de la corriente de aquel río de plata era, o él no
+entendía de corrientes, camino del bolsillo de Nepomuceno, aunque con
+grandes pérdidas y derivaciones, en una delta de despilfarros, que iban
+a enriquecer el caudal de modistas, comerciantes de telas, sombreros,
+joyas, sin contar con las tiendas de ultramarinos, confiterías, mercados
+de caza y pesca, etc., etc. Körner comenzó a marear a Nepomuceno
+persuadiéndole primero de que él, Nepomuceno, tenía un verdadero talento
+de contable, era un Necker... oscurecido, ocioso; con otro horizonte,
+brillaría como estrella de primera magnitud en el cielo de la
+Administración y de la Hacienda. En conciencia, según Körner, estaba
+Nepomuceno obligado a dar a tales facultades un empleo más digno de
+ellas que la simple mayordomía a que, _en suma_, estaba limitado. Más era:
+en interés de la ruinosa casa Valcárcel, que por lo visto iba a menos
+por culpa de los despilfarros de Emma y los gastos secretos de su
+marido, debía Nepomuceno poner aquel todavía sano capital a parir, a
+producir algo más que el irrisorio tanto por ciento de la renta
+territorial. Tanto foro, tanta casería atómica, eran cosa ridícula.
+¡Sursum corda! ¡All right! ¡Desenmoheceos! Venga ese stock a la
+industria, y hablaremos. A esta clase de argumentos se añadían, por vía
+de adorno, aperitivo y complemento, otros de carácter general; v. gr.:
+lo atrasada que estaba España, a pesar de la riqueza del suelo y el
+subsuelo; en concepto de Körner, tenían la culpa la Inquisición y los
+Borbones, y después el mal ejercicio del régimen constitucional, que ya
+de por sí no era bueno. Con este motivo, se lamentaba de la general
+decadencia española, y hasta llegaba a hablarle a Nepomuceno del
+probable renacimiento del teatro nacional, si todos hacían lo que a él
+le aconsejaba: poner en movimiento los capitales, sacar partido de los
+tesoros de la tierra. No sabía Körner que Nepomuceno ignoraba que
+hubiéramos tenido en otros siglos un teatro tan admirable; y así, por
+este lado, poco habría sacado de él. Pero lo que no hizo en su ánimo la
+idea patriótica de contribuir al renacimiento del espíritu nacional,
+mediante el movimiento industrial bien dirigido, lo hicieron los ojos, y
+más eficazmente las carnes de Marta, que poseían una virtud magnética
+sobre los sentidos de Nepomuceno. La primera vez que la vio, en la
+primera visita que hizo a Körner, con motivo de enseñarle este ciertos
+planos y un presupuesto de una fábrica de productos químicos, gran
+proyecto del alemán; la primera vez que la vio, se quedó con la boca
+abierta, pasmado, sintiendo en la garganta hormigueos, y en todo su
+cuerpo una súbita juventud que no había tenido, propiamente hablando, en
+toda su vida. ¡Aquellas eran las carnes que él había soñado!
+
+Estaban en la escalera (porque Marta le había abierto la puerta), ella
+muy mal vestida, desaliñada, pero aún más llamativa y seductora cuantos
+menos trapos discretos la cubrían. Nepomuceno la tomó por criada. Subió,
+saludó a Körner, y a los pocos minutos, sintiendo absoluta necesidad de
+volver a ver a aquella chica, dijo:
+
+--Si me hiciera usted el favor de mandar servirme un poco de agua....
+
+El plan de Nepomuceno fue quitarle aquella doméstica a Körner y ponerle
+casa...; y aunque fuera casarse con ella. Tenía que ser suya. ¡Qué ojos,
+qué carnes!
+
+Se relamía pensando que iba a verla otra vez, que iba a entrar con un
+vaso de agua.
+
+Pero el agua la trajo una verdadera fregona. Hasta el día siguiente no
+supo Nepomuceno que su dulce tormento era Marta en persona; le dio a
+Sebastián señas de la divinidad, y... era Marta.
+
+Una semana después la hija de Körner cantaba al piano una sentimental
+canción, un _lieder_ titulado _Vergiesmeinicht_, «no me olvides», que no
+era el de Goëthe, sino mucho más meloso; y al dedicárselo, con la mirada
+expresiva y los gestos lánguidos, al administrador de las plateadas
+patillas, le dejaba para siempre rendido a sus encantos y le hacía
+copartícipe de aquellos sentimientos de _sensucht_, que él, Nepomuceno,
+no sospechaba que existieran. Por aquellos días tuvo D. Juan ocasión de
+enterarse de quién era Fausto, y del pacto que había hecho con el
+demonio; y adquirió la noción de Margarita, rubia, pobremente vestida,
+con los ojos humillados y con un cántaro debajo del brazo, camino de la
+fuente. Margarita era su Marta, aquella señorita tan gruesa, tan blanca,
+tan fina de cutis y tan espiritual, que le había revelado en pocas horas
+un mundo nuevo: el de los amores reconcentrados y poéticos. Él quería
+ser Fausto para rejuvenecerse, sin vender el alma al diablo, no por
+nada, sino porque el diablo no aceptaría el contrato. Tampoco pensó en
+teñirse las patillas, sino en sobredorarlas, es decir, en dejar adivinar
+a los Körner que no en vano ni de balde se era ministro de Hacienda en
+casa de los Valcárcel años y más años. Tardó poco tiempo el alemán en
+comprender el efecto que había producido su hija en el árbitro de las
+rentas de Emma; y de una en otra conferencia acerca de la proyectada
+fábrica de productos químicos, le fue metiendo en casa. Nepomuceno ya no
+podía pasar el día sin su correspondiente sesión de planos y
+presupuestos. Körner colocaba en su despacho (pues aunque vivían
+interinamente en la ciudad, tenían casa puesta, pero casa que era de la
+Empresa de la Montaña); colocaba sobre la mesa de trabajo, hecha de un
+gran tablero, unos libros enormes de comercio, llenos de cálculos y
+partidas imaginarias, de una especie de novela de contabilidad que él
+había imaginado. Nepomuceno, a pesar de sus conocimientos y experiencia
+en cuentas complicadas y oscuras, se quedaba sin entender palabra. Al
+lado de aquellos libros, que parecían los del coro del Escorial,
+extendía Körner sus planos pintados primorosamente en papel tela. Allí
+ya tenía algo que admirar Nepomuceno espontáneamente, pues supo que la
+misma Marta ayudaba a su padre a trazar aquellas rayas gordas que
+parecían el arco iris. Muchas veces la señorita de la casa asistía a las
+conferencias de su padre, como en calidad de ayudante, y arrollaba y
+desarrollaba planos, y ponía los finísimos dedos sobre los puntos en que
+había que estudiar; y con estos y otros motivos, pasaba y repasaba cien
+veces junto a Nepomuceno, y le rozaba con sus vestidos, y hasta le hacía
+sentir, en ocasiones, por descuido, el peso dulcísimo, pero abrumador,
+de su cuerpo: en fin, le mareaba, le enloquecía, y el tío de Emma no
+podía vivir ya sin aquellas confidencias económico-técnicas acerca de la
+fábrica de productos químicos. Llegó a creerse enamorado del proyecto;
+no podía menos de producir montones de oro aquella fábrica, que, sin
+salir de los planos, ya le tenía a él la _química orgánica_ en revolución,
+y le convertía en minutos las breves horas de aquellas interesantes
+explicaciones. Quedaron el alemán y el español en que no faltaba más que
+dinero para que el proyecto colosal se pusiera en práctica y marchara
+como una seda. Faltaba dinero... pero ya parecería. Entretanto,
+Nepomuceno insinuó en el ánimo de padre e hija la necesidad de acoger
+con benevolencia la debilidad de corazón que él dejaba entrever
+discretamente. Marta, en vez de repugnar la confesión implícita de
+aquella pasión, que no sería ella quien la calificase de senil, en vez
+de rechazar las veladas galanterías del nuevo amigo de su padre, le daba
+a entender con sonatas de música filosófica, reposada y trascendental,
+que ella, a pesar de las apariencias, daba poca importancia a lo físico,
+despreciaba la acción del tiempo sobre los organismos, y atendía
+directamente al elemento eterno del amor, del amor, que nunca es
+machucho. En fin, que lo que faltaba era dinero; la fábrica y la pasión
+marcharían en perfecta armonía y con toda prosperidad, en cuanto
+pareciese el capital que era necesario para su movimiento. A medias
+palabras, y hasta por señas, comprendieron los Körner la conveniencia de
+tratar, y tratar con la mayor amabilidad posible, a Emma Valcárcel. No
+fue ardua empresa la del tío, que se propuso conseguir estas relaciones
+justamente en la época en que Emma decretó echarse al mundo y gozar de
+su riqueza mermada y de cuanto estuviese en sus manos, sin límites ni
+remordimientos. Así, el conocimiento superficial, de mero cumplido, que
+ya había de tiempos atrás, por intermedio del primo Sebastián, entre la
+Valcárcel y los alemanes, se convirtió fácilmente en amistad asiduamente
+cultivada, en una amistad casi íntima, que se iba estrechando,
+estrechando, según Emma entraba más y más por los anchos y suaves
+senderos de su nueva vida. La Valcárcel, como ya se ha dicho, tenía en
+sus planes de venganza respecto del _ladrón de su tío_, la idea de
+corromper a Marta, después de casada con Nepomuceno. Le encontraba ella
+muchísima gracia a la ocurrencia. Por eso se prestó gustosa a estrechar
+relaciones con los Körner; lo que no podía calcular era que Marta le iba
+a entrar por el ojo derecho, y a conquistar su afecto extremoso con la
+seducción singularísima de su intimidad mujeril, nerviosa, llena de
+novedades, picantes y pegajosas, para la pobre Emma, cuya depravación
+natural no había tenido hasta entonces ningún aspecto literario ni
+_romántico-tudesco_. Marta, virgen, era una bacante de pensamiento, y las
+mismas lecturas disparatadas y descosidas que le habían enseñado los
+recursos y los pintorescos horizontes de la lascivia letrada, le habían
+dado un criterio moral de una ductilidad corrompida, caprichosa,
+alambicada, y, en el fondo, cínica. Un hombre, por estrechas que fuesen
+sus relaciones con la señorita Körner, jamás podría saber el fondo de su
+pensamiento y de sus vicios, porque del pudor no le quedaba a ella más
+que el instinto del fingimiento y la sinceridad de la defensa material,
+hipócrita, contra los ataques del macho; Marta podría acompañar al varón
+en los extravíos lúbricos a que él la arrojase, pero siempre le
+ocultaría otra clase de corrupciones morales, de depravación ideal que
+llevaba ella dentro de sí, y que sólo podría confiar a otra mujer en que
+encontrase simpatías de temperamento y de desvaríos sentimentales. Emma
+y Marta se entendieron pronto, y a las pocas semanas de tratarse con
+frecuencia y confianza, ya se las oía, allá, a lo lejos, en el gabinete
+de la Valcárcel, reír a carcajadas, con risas histéricas; y cuando se
+presentaban a los hombres, a Nepomuceno, Körner y Bonis, después de
+estas alegres confidencias, llenas de secretos y malicias, sonreían con
+sonrisas que eran señas y burlas mal disimuladas de los santos varones
+que eran incapaces de penetrar los misterios de la amistad retozona y
+llena de cuchicheos de la española y la tudesca. Marta hacía alarde de
+tener un carácter complicado, que el vulgo no podía comprender; hablaba
+mucho de la moral vulgar, por supuesto cuando trataba con personas que
+ella creía capaces de entenderla. Su alegría, su afán de jugar, saltar,
+levantarse de noche en camisa para dar sustos a las criadas, correr por
+la casa y volverse al calor del lecho, palpitante de emoción y
+voluptuosidad jaranera, eran un contraste, una _antítesis_, decía ella, de
+su exquisita sensibilidad, del _clair de lune_ que llevaba en el alma.
+Bueno, «peor para los necios que no eran capaces de entender estas
+contradicciones». Era católica, como su padre, y afectaba haber escogido
+la _manera_ devota de las españolas como la fórmula que ella había soñado,
+como si su alma hubiese sido española en religión antes de aparecer en
+Alemania. Una nota nueva, sin embargo, tenía en su opinión su
+religiosidad, la nota _artística_ que no encontraba en la dama española.
+Marta, entusiasta de _El Genio del Cristianismo_, lo entendía a su modo,
+lo mezclaba con el romanticismo gótico de sus poetas y novelistas
+alemanes, y después, todo junto, lo barnizaba con los cien colorines de
+sus aficiones a las artes decorativas y del prurito pictórico. Aunque
+enamorada de la música, amaba el color por el color, y daba suma
+importancia al azul de la Concepción y al castaño oscuro de Nuestra
+Señora del Carmen; hablaba ya de _la capilla Sixtina_, conversación
+inaudita en la España de entonces, y de las maravillas que había ella
+visto en Florencia y otras ciudades de Italia, por donde había viajado
+con su padre. Lo que no confesaba Marta era que su afición más sincera,
+más intensa, consistía en el placer de que le hicieran cosquillas, en
+las plantas de los pies particularmente. Debajo de los brazos, en la
+espalda, en la garganta, se las habían hecho muchas personas, hombres
+inclusive; pero, en cuanto a las plantas de los pies, es claro que sólo
+de tarde en tarde conseguía encontrar quien la proporcionase ocasión de
+gozar de aquellas delicias: alguna criada con quien había intimado,
+alguna amiga aldeana... y ahora Emma, de quien a los dos meses de trato
+había conseguido este favor sibarítico, que la Valcárcel, muerta de
+risa, otorgó gustosa. Ella también quiso probar aquel extraño placer que
+tanto apasionaba a su amiga; pero no le encontró gracia, y además no
+podía resistir ni medio segundo la sensación, que la excitaba en balde.
+En el alma fue donde se dejó hacer cosquillas Emma por las sutilezas
+psicológicas y literarias de su amiga. ¡Qué cosas supo por aquella
+mujer! Había en el mundo, sin que lo sospechara Emma, dos clases de
+seres, los escogidos y los no escogidos, las almas superiores y las
+vulgares. El toque estaba en ser alma escogida, superior; en siéndolo,
+¡ancha Castilla!, ya no había _moral corriente_, vínculos sociales ni
+nada; bastaba con guardar las apariencias, evitar el escándalo. El amor
+y el arte eran soberanos del mundo espiritual, y el privilegio de la
+mujer ideal, superior, consistía en sacar partido del arte para el amor.
+La mujer hermosa, sentimental, poética y _dilettante_, era el premio del
+artista, y el placer de premiar al genio el más sublime que Dios había
+concedido a sus criaturas. Marta, aún muy joven, había sido novia, en
+Sajonia, de un gran músico, un especialista en el órgano; y a un pintor
+que imitaba a Rembrandt le había otorgado favores de índole íntima,
+familiar, aunque es claro que sin menoscabo de la virginidad _material_,
+que tenía que estar reservada para el _filestin_, así decía, con quien no
+tendría inconveniente en casarse. Porque era necesario ser rica; no por
+nada, sino por poder satisfacer las necesidades estéticas, que cuestan
+caras, toda vez que en la estética entraría el _confort_, los muebles de
+lujo, de arte, el palco en la ópera, si la hay, etc., etc. Su ideal era
+casarse con un hombre ordinario muy rico, y proteger con el dinero de
+aquel ser vulgar a los grandes artistas, reservando su amor para uno o
+más de estos, porque también era una vulgaridad la constancia
+_unipersonal_. Como Marta leía muchos libros de literatura española
+antigua, cosa de moda entre los literatos de su tierra, ponía por modelo
+de su teoría a la mujer del _Celoso extremeño_, que sin cometer, lo que se
+llama cometer, adulterio, había dormido abrazada al gallardo Loaisa, sin
+pecar sino con el pensamiento. El _Celoso extremeño_ había sido tan noble,
+que se había muerto dejando a su esposa toda su fortuna y el encargo de
+casarse con su amante; pero como los maridos modernos y de la impura
+realidad no eran tan generosos como Carrizales, lo que debía hacer la
+mujer superior era sacarle el jugo crematístico al esposo lo más pronto
+que pudiese. Todo esto, dicho de muy diferente manera, pero en forma
+pedantesca siempre, se iba metiendo por el deseo de Emma, la cual, por
+cierto cansancio del organismo y depravación moral, sutil y retorcida,
+que era el fondo de su alma, hallaba un sabor superior a toda delicia en
+las aventuras en que superaban la malicia y el engaño al placer material
+conseguido como resultado de las artimañas. Engañar por engañar era lo
+mejor. Sin embargo, reconocía que debía de ser manjar de los dioses el
+tener _relaciones_ con un hombre superior, con un artista, por ejemplo,
+con un barítono tan guapo y _famoso_ como el celebrado Minghetti. No se lo
+negó Marta, quien, confidencia por confidencia, recibió con gusto y con
+amplio criterio de benevolencia el secreto de Emma relativo a sus
+coqueterías con el barítono de la compañía tronada. En el fondo, la
+alemana compadeció a su amiga, pues si bien había ella misma contemplado
+sin enojo una y otra vez el buen talle y el calzón ajustado del rey--no
+importa cuál--en tal o cual ópera, del rey Minghetti, no veía por dónde
+se podía clasificar a tan bien formado cantante en la categoría de los
+hombres superiores y verdaderamente artistas. Pero no había que ser
+exigente. Ella, es claro que estaba por encima de tales aficiones. Su
+prurito, aparte el de las cosquillas, era escribir cartas entusiásticas
+y confidenciales a sus autores predilectos; unos le contestaban, otros
+no; pero solía mandar su retrato con sus confesiones epistolares, y más
+de un escritor se animó, en consideración, a la buena moza que envolvía
+aquel espíritu repugnante, a entablar correspondencia; y así tuvo ella
+más de dos amores ideales y _platónicos_... por escrito. Poseía, además,
+un álbum de _intimidades_, ilustrado por muchas firmas desconocidas y
+algunas notables, en que se contestaba a las consabidas preguntillas:
+¿Cuál es vuestro color predilecto? ¿Y la virtud predilecta? ¿Qué autor
+preferís?, etc., etc. A una mujer que sabía, por ejemplo, que a Litz le
+gustaban las trufas, y había _llorado_ confidencialmente con las penas
+ocultas de un poeta de la _Joven Alemania_, tenía que parecerle poco
+hombre, aunque bien formado, el barítono de la compañía de Mochi.
+
+El cual, acompañado de Serafina y del barítono, entraba en el salón
+cuando acababa de cantar una romanza italiana un aficionado de la
+localidad, de oficio relojero, y tenor suprasensible, como le llamaban
+los chuscos, porque cuando tenía que subir a las notas más altas
+desaparecía su voz, como si la llevasen en globo al quinto cielo, y no
+se le oía por más que gesticulaba; parecía estar hablando desde muy
+lejos, desde donde podía ser visto, pero no oído. Aún se reía el público
+disimuladamente del tenor suprasensible, cuando la atención general tuvo
+que volverse a contemplar la hermosura de Serafina, que con la mirada
+humilde, exhalando modestia, además de muy buenos y delicados olores,
+llegaba, vestida de negro, con gran cola, enseñando los blanquísimos
+hombros y las primorosas curvas del seno, al pie de la plataforma, donde
+el presidente del Casino la aguardaba para darle el brazo, subir con
+ella las dos gradas que la separaban del piano, y dejarla, previa una
+gran inclinación de cabeza, junto a Minghetti, que, de frac y corbata de
+etiqueta, paseaba los blancos dedos, de uñas sonrosadas, por el
+amarillento teclado, haciendo prodigios de elegante habilidad por
+aquellas octavas adelante.
+
+Bonis había desaparecido; poco después hablaba con Mochi en un gabinete
+cercano. Nepomuceno y Körner acompañaban a Emma y a Marta, todos
+sentados en una de las primeras filas, que siempre quedaban, en casos
+tales, para las señoras que venían tarde; porque las que, para su
+vergüenza, llegaban temprano, se iban colocando en lo más escondido y
+apartado, huyendo, como del diablo, de la proximidad del espectáculo,
+como si fuese tomar en él parte el tenerlo muy cerca. No faltaba señora
+que confundía a los cantantes con los prestidigitadores que en el mismo
+Casino había visto maniobrar, y no quería que le quemasen el pañuelo, ni
+aun en broma, ni que le adivinasen la carta que tenía en el pensamiento.
+
+Emma no había visto nunca tan de cerca a la Gorgheggi, en la que pensaba
+tanto de algún tiempo a aquella parte. La admiraba, como a su pesar; la
+tenía por una perdida a la alta escuela... y esto mismo la atraía, a
+pesar de ciertos asomos de envidia con que iba mezclada la admiración.
+Ahora que la tenía a cuatro pasos, y le podía ver los brazos desnudos, y
+el talle apretado, y la pechuga, entre velas de esperma, todo al aire;
+ahora que podía apreciar sus facciones y sus gestos, y hasta algo oía de
+su voz, que parecía que aun hablando cantaba, ahora Emma, con el
+pensamiento, la desnudaba más todavía, y le medía el cuerpo, y le
+escudriñaba el alma; quería apreciar por la proporción cómo tendría de
+gruesas y bien formadas las extremidades invisibles y otras partes de su
+cuerpo. Por lo que veía, era muy blanca, y debía de seguir siéndolo; no,
+no eran polvos de arroz; era blancura sana, cutis inglés, una verdadera
+frescura y una hermosura a prueba de tijeras. Decían que la voz decaía,
+pero lo que es la lozanía del cuerpo era bien briosa y bien sólida; no
+había allí asomos de decadencia. «¡Lo que habría gozado aquella mujer!
+¿Qué les diría a sus queridos?». Emma se acordó del secreto de sus
+extrañas expansiones matrimoniales de aquellos últimos tiempos, de aquel
+secreto amor material, que le tenía a ratos, allá de noche, entre sueños
+y pesadillas, a su bobalicón de Bonis (vergüenza que ni a Marta se
+atrevía a confesarle). ¿Les diría a los amantes aquella guapísima
+picarona lo que ella le decía a Bonis? Emma se acordó--por primera vez
+pensó en ello--, de que tales frases disparatadas ella no las sabía
+tiempo atrás, de que era Bonis mismo el que se las había hecho aprender
+en aquellas locuras de que jamás hablaban los dos después que amanecía.
+¿Sería aquello mismo lo que les decía la cómica a sus queridos? ¿Sería
+Bonis uno de tantos? ¿Sería verdad lo que había llegado a sus oídos y lo
+que ella había sacado por conjeturas? ¡Parecía imposible! Siendo Bonis
+tan majadero, y no disponiendo de un cuarto, ¿cómo le habría querido, ni
+siquiera por broma, aquella señorona, quiere decirse, aquella pájara tan
+señorona, que parecía una reina? Y sin embargo... podía ser. Había
+indicios. Y ¡cosa rara!, ella no sentía celos; sentía un orgullo raro,
+pero muy grande, así como si a su marido le hubieran mandado un gran
+cordón azul o verde del emperador de la China; o como si Bonis fuese
+hermano suyo y se hubiera casado con una princesa rusa... no, no era
+así; era otra cosa... muy especial. De repente se acordó de las teorías
+de la alemana que tenía al lado, de aquello de que el matrimonio era
+convencional y los celos y el honor convencionales, cosas que habían
+inventado los hombres para organizar lo que ellos llamaban la sociedad y
+el Estado. Si quería ser una mujer superior, y sí quería, porque era muy
+divertido, tenía que renunciar a las vulgaridades de las damas de su
+pueblo. En Madrid, en París, en Berlín, las grandes señoras sabían que
+sus maridos respectivos tenían queridas y no les tiraban los platos a la
+cabeza por eso; lo que hacían era tener queridos también. Pero Bonis, el
+bobalicón de Bonis, ¿se había atrevido, _sin su permiso_... y saliendo de
+casa a deshora por lo visto, y?... no, lo que es esto, es claro que
+había de pagarlo, es claro, fuese verdad o no; eso era harina de otro
+costal, y no había alma superior que valiera; Bonis no era alma
+superior, y tenía que salirle al pellejo la picardía... y eso que tenía
+gracia. No, y bien mirado, ¿por qué no había de querer aquella perdida a
+Bonis... en cuanto buen mozo, y rendido, y sano, y servicial? ¿No le
+había querido ella también? ¿Sería más una cómica que ella... que iba
+haciéndose una mujer superior? Sí, y bien superior: mirándolo bien, lo
+había sido toda la vida; lo era sin saberlo; antes de que Marta hubiese
+parecido por su casa, ya ella tenía el prurito de no enfadarse por lo
+que se enfadan los demás, y había discurrido aquello de no alborotar ni
+enfurecerse cuando los demás quisieran ni por lo que los demás lo
+esperasen; y ya había discurrido la graciosísima idea de vengarse del
+ladrón de Nepomuceno y del tonto de su marido poco a poco, y a su
+manera, y a su gusto y dándoles el gran chasco. ¡Vaya si había sido
+siempre una mujer especial, superior!
+
+Serafina, por disposición de Mochi, que quiso halagar los sentimientos
+religiosos del concurso, cantó una plegaria a la _Virgen_, de un maestro
+italiano. El público, en cuanto cayó en la cuenta de que se trataba de
+ponerse en relación con la Divinidad, dejó de hacer ruido con las sillas
+y los cuchicheos, se recogió todo lo que pudo y oyó en silencio, como
+dando a entender que él no sólo comprendía la sublimidad de los
+misterios dogmáticos, sino también la misteriosa relación de la música
+con lo suprasensible. Serafina, que tanto hubiera dado semanas atrás por
+haber sido invitada a pedir para los pobres a la puerta de la iglesia,
+aprovechaba aquella ocasión para dar prueba de su acendrada
+religiosidad, deshaciendo así los rumores que habían corrido de que era
+protestante. La verdad es que estaba muy hermosa con aquel aire de
+modestia y de piedad recatada, con aquella frente purísima, algo grande,
+algo convexa... y, sin embargo, llena de expresión familiar, dulce, y en
+aquel momento religiosa; las ondas del cabello claro, sirviendo de marco
+vaporoso a la curva suave de aquella frente pura y blanca, eran símbolo
+de una idealidad que se perdía en el ensueño poético.
+
+Bonis, en cuanto oyó la voz de Serafina elevarse en el silencio del
+salón, sin pensar en lo que hacía, sin poder remediarlo ni querer
+remediarlo, como atraído por un imán, se aproximó al umbral de la puerta
+más lejana para escuchar desde allí. La plegaria italiana, sin ser cosa
+notable ni muy original, era música buena para aficionados, música de
+_sentimiento_, lenta, suave, nada complicada, de un _patos_ muy tolerable y
+sugestivo. «¡Ay--pensó Bonis--, la paz del alma! En otro tiempo, no hace
+mucho, yo amaba la pasión, que sólo conocía por los libros. Pero la
+paz... la paz del alma, también tiene su poesía. ¡Quién me la diera!,
+¡ay, sí!, ¡quién me la diera! Así era, como aquella música: dulce,
+tranquila, sentimiento serio, fuerte a su modo, pero mesurado, suave,
+amigo de la conciencia satisfecha, amando el amor dentro del orden de la
+vida; como se suceden las estaciones sin rebelarse, como corren la noche
+y el día uno tras otro, como todo en el mundo obedece a su ley, sin
+perder su encanto, su vigor; así amar, siempre amar, bajo la sonrisa de
+Dios invisible, que sonríe con el pabellón de los cielos, con el rozarse
+de las nubes y el titilar de las estrellas!». «Mi Serafina, mi mujer
+según el espíritu, recuerdo de mi madre según la voz; porque tu canto,
+sin decir nada de eso, me habla a mí de un hogar tranquilo, ordenado,
+que yo no tengo, de una cuna que yo no tengo, a cuyos pies no velo, de
+un regazo que perdí, de una niñez que se disipó. ¡Yo no tengo en el
+mundo, en rigor, más _parientes_ que esa voz!». ¡Cosa más particular!
+Cuando pensaba así, o por el estilo, Bonis, de repente, creyó entender
+que el canto religioso de Serafina llegaba a narrar el misterio de la
+Anunciación: «Y el ángel del Señor anunció a María...». ¡Disparate
+mayor! ¡Pues no se le antojaba a él, a Bonis, que aquella voz le
+anunciaba a él, por extraordinaria profecía, que iba a ser... madre; así
+como suena, madre, no padre, no; ¡más que eso... madre! La verdad era
+que las entrañas se le abrían; que el sentimiento de ternura ideal,
+puro, suave, pacífico que le inundaba, se convertía casi en sensación,
+que le bajaba camino del estómago, por medio del cuerpo. «¡Esto debe de
+ser--pensaba--, en eso que llaman el gran simpático! ¡Y tan _simpático_!
+Dios mío, ¡qué delicias; pero qué extrañas! Estas parecen las delicias
+de la concepción. ¡Oh, la música así, como esa, con esa voz, me vuelve
+casi loco! Sí, sí, disparatado era todo aquel pensar; pero, ¡cómo
+llenaba el alma! Más que el amor mismo, con otra clase de amor nuevo....
+menos egoísta, nada egoísta... ¡qué sabía él!». Tuvo que apoyar la
+cabeza en la madera fría del quicio y volverla hacia el gabinete, porque
+los ojos se le oscurecían, llenos de lágrimas, y no quería que nadie le
+viese llorar. «Bueno sería--pensó mientras se iba serenando--, que ahora
+me preguntase Emma, por ejemplo:--¿Por qué lloras, badulaque?--Pues lloro
+de amor... nuevo; porque la voz de esa mujer, de mi querida, me anuncia
+que voy a ser una especie de virgen madre... es decir, un padre....
+madre; que voy a tener un hijo, legítimo por supuesto, que aunque me le
+paras tú, _materialmente_ va a ser _todo_ cosa mía». No, no pensaba él que
+el hijo fuese de la querida, eso no; que Serafina perdonase, pero eso
+no; de la mujer, de la mujer... pero de cierta manera, sin que la
+impureza de las entrañas de Emma manchase al que había de nacer; todo
+suyo, de Bonis, de su raza, de los suyos... un hijo suyo y de la _voz_,
+aunque _para el mundo_ le pariese la Valcárcel, como estaba en el orden.
+Bonis tenía miedo de ponerse malo con tanto desbarrar, y, sobre todo,
+porque se le empezaban a aflojar las piernas, síntoma fatal de todos sus
+desfallecimientos. Cesó la música, calló la _voz_, estallaron los
+aplausos, y Bonis cambió de súbito de ideas y sensaciones y de
+sentimientos. Volvió a la realidad, y se vio cogido del brazo por
+Mochi, que se le llevó, salón adelante, hacia el piano.
+
+Körner se había puesto en pie, y sus manos, aplaudiendo, sonaban como
+batanes; Marta aplaudía también, con gran asombro de las damas
+indígenas, que creían privilegio de su sexo la impasibilidad ante el
+arte, y hubieran reputado, por unanimidad, indigno de una señora
+recatada batir palmas ante una cómica; ni más ni menos que creían una
+abdicación del sexo levantarse en visita para saludar o despedir a un
+caballero. Emma acabó también por aplaudir, y la Gorgheggi no tardó en
+fijar la atención en aquellas dos señoras que tenía tan cerca, y que,
+por excepción, unían sus aplausos a los del sexo fuerte. Para Marta y
+Körner, la inglesa, por extranjera, tenía algo de compatriota; por
+artista la consideraban más digna de respeto y atenciones que las cursis
+damas del pueblo, a pesar de todas sus pretensiones y preocupaciones
+seculares. Körner se acercó al piano y habló en inglés con Serafina; en
+aquella sazón llegaban Mochi y Bonis del brazo junto a la plataforma, y
+gracias al carácter expansivo de Minghetti, que medió en el diálogo, y
+al reconocimiento de Mochi con respecto a Bonis y todos los suyos, y a
+la habilidad políglota de Körner, pronto hablaron todos juntos, con
+entusiasmo, mezclándose el inglés, el alemán, el italiano y el español;
+y Marta estrechó la mano de la cantante, y esta, con una audacia y una
+gentileza que pasmaron a Bonis, oprimió con fuerza y efusión los dedos
+flacos de Emma. Bonifacio, al ver unidas por las manos a su mujer y a su
+querida, volvió a pensar en los milagros del diablo; y en su cerebro
+estalló lo de _tigribus agnis_, que tantas veces había leído en los
+periódicos y en alguna retórica. Indudablemente el tigre era su mujer.
+La cual estaba radiante. Para aquella clase de emociones y sucesos había
+nacido ella. Sentía un orgullo loco al verse entre aquella gente,
+saludada por una mujer tan guapa y tan elegante, con tales muestras de
+respeto y deferencia. Serafina la había deslumbrado. Algunas veces había
+pensado que había ciertas mujeres, pocas, que tenían un no sé qué,
+merced al cual ella sentía así como una disparatada envidia de los
+hombres que podían enamorarse de ellas; esas mujeres que ella concebía
+que fuesen queridas por los hombres, no eran como la mayor parte, que,
+guapas y todo, no comprendía qué encontraban en ellas los varones para
+enamorarse. La Gorgheggi era mucho más alta que Emma, y esta, a su lado,
+sentía como una protección varonil que la encantaba; además, aquello de
+ver de cerca, tan de cerca, lo que estaba hecho para que todo el pueblo
+lo mirase y lo admirase de lejos, la envanecía, y satisfacía una extraña
+curiosidad; la envanecía más el pensar que a ella sola, a Emma, se
+consagraban ahora aquellas sonrisas, aquellas miradas, aquellas
+palabras, que eran ordinariamente del dominio público. Por otra parte,
+seducción, tal vez mayor para ella, era en Serafina la mujer de vida
+irregular, la _mujer perdida_... pero perdida en grande. La curiosidad
+pecaminosa con que ella había mirado siempre a las vulgares mozas del
+partido, que se hacía enseñar, aquí se multiplicaba y como que se
+ennoblecía; y Emma quería adivinar olfateando, tocando, viendo, oyendo
+de cerca la historia íntima de los placeres y aventuras de la mujer
+galante y artista. De repente vio, casi con imágenes plásticas, las
+ideas de orden, de moral _casera_, ordinaria, sumidas en una triste y
+pálida y desabrida región del espíritu; oscurecidas, arrinconadas,
+avergonzadas; las vio, como el guardarropa anticuado y pobre de una dama
+de aldea, ridículas; eran como vestidos mal hechos, de colores ajados;
+ella misma se los había vestido y sentía vergüenza retrospectiva; sí,
+ella, a pesar de su prurito de originalidad, participaba de tantas y
+tantas preocupaciones, estaba sumida en la _moral casera_ de aquellas
+señoras de pueblo que no aplaudían a los cantantes ni solían tener
+queridos. Se le pasó por las mientes la idea de que la Gorgheggi fuera
+un gran capitán, un caudillo de _amazonas_ de la moral, de mujeres de
+rompe y rasga; y ella iría a su lado como corneta de órdenes, como
+abanderado, fiel a sus insignias. Cuando observó la Valcárcel que las
+damas del pueblo miraban con extrañeza, casi con espanto, la íntima
+conferencia a que se habían entregado ella y su amiga con los cómicos,
+se redobló el placer que gozaba. ¡Qué gusto, hacer entre todo el señorío
+cursi del pueblo una que era sonada, algo del todo nuevo, inaudito,
+asombroso y de todo punto irregular y subversivo!
+
+Marta, aunque afectando cierta recóndita superioridad al principio,
+también estaba encantada, llena de orgullo, sin quererlo, al hablar con
+Serafina; pero pronto se sintió deslumbrada y vencida, y sintió en la
+actriz una superioridad real que, si no era del género suprasensible de
+la que ella, Marta, se atribuía, era mucho más efectiva y susceptible de
+ser reconocida. Marta, que hacía alarde de sus conocimientos
+lingüísticos hablando inglés, francés, italiano, acabó por seguir a la
+Gorgheggi en su empeño de hablar español, para que la entendiese Emma. A
+esta consagraba la cómica principalmente su amabilidad, la gracia
+irresistible de sus gestos, gorjeos _hablados_, de su modesta actitud; y
+la miraba con ojos muy abiertos, muy brillantes, que chisporroteaban
+simpatía, naciente cariño. Y Emma acabó de perder el juicio cuando
+Serafina, poniéndose el abanico en la frente, exclamó:
+
+--¡Ah! ¡Sí, sí! ¡Finalmente!... ¡_Eccola qui_!... Yo me decía: esta
+señora... esta señora de Reyes... yo... la he visto, la he visto, vamos,
+de otro modo, en otros días... muy lejos.... Y de repente, ahora, un
+gesto, ese gesto de _le_... _sopraciglie_... me la pone delante. ¡Oh, sí,
+absolutamente la misma! Más que su retrato, ella, ella misma....
+
+Emma abría la boca sin comprender; Marta, adivinando, ya sentía envidia;
+ello iba a ser que Emma se parecía a alguna mujer ilustre....
+
+Pero la Gorgheggi no acababa de explicarse... y añadió:
+
+--¡Ah! ¡Mochi y Minghetti!... Venid... venid.... A ver, decidme a quién se
+parece esta señora... ¿Quién es... quién es... precisamente lo mismo que
+ella?...
+
+Mochi sonreía, mirando por cumplido a Emma, sin tratar de adivinar el
+parecido, como si estuviera en el teatro fingiendo en un diálogo
+curiosidad e interés.
+
+Minghetti dio más solemnidad al caso. Acercó su cara morena y larga, de
+levantino, de ojos grandes, azules, húmedos, apasionados y rientes, de
+bigote brillante y barba puntiaguda y algo rizada, fina, sedosa, al
+rostro de Emma, encendido, casi asustado; fijó la mirada desfachatada y
+alegre en los ojos de la dama, y hasta se permitió, para ver mejor,
+mover un poco un candelabro del piano, de modo que la luz llenase las
+facciones que examinaba como absorto.
+
+Mochi se dio pronto por vencido. No acertaba. Minghetti decía:
+
+--Espera, espera; como con la esperanza de evocar una imagen. Emma se
+sentía fascinada; por el pronto, Minghetti, así, tan cerca, le olía a
+_hombre nuevo_, y sus ojos, clavados en ella, eran todo una borrachera de
+delicias que al tragarse se mascaban.
+
+Cuando Minghetti se declaró también torpe de memoria, Serafina dijo:
+
+--¡Oh, qué hombres estos! No recordáis... ¡Ma... la Parini... la
+Parini!...
+
+--¡Oh, sí! ¡La trágica, la gran trágica de _Firenze_! ¡Exacto, exacto; un
+espejo!
+
+Así exclamó Mochi, que se guardó de decir que no encontraba la
+semejanza.
+
+Minghetti, que jamás había visto a la Parini, gritó:
+
+--¡Oh, sí, en efecto! La expresión... el gesto... la viveza de la
+mirada... y el fuego....
+
+Y añadió, sonriendo a la Gorgheggi, como diciéndoselo en secreto:
+
+--Mas... las facciones son _aquí_ más perfectas....
+
+--¡Ah, sí; eso sí! Más perfectas...--dijo la tiple, que continuó
+explicando que era la Parini una ilustre artista florentina, sin rival
+entre las trágicas de su tiempo. Aunque Emma no podía dar a la semejanza
+que se le encontraba todo el valor que le atribuía la envidia de Marta,
+sintió el orgullo en la garganta, se vio cubierta de gloria, y pensó
+enseguida:
+
+«Parece mentira que en este poblachón de mi naturaleza se pueda gozar
+tanto como yo gozo en este momento, mirándome en los ojos de este hombre
+y oyendo estas cosas que me dicen».
+
+Interrumpida a poco la conversación para cantar Serafina de nuevo, ahora
+un terceto con Mochi y Minghetti, después de la ovación que siguió al
+canto, volvió la sabrosa plática, más animada cada vez, aunque en ella
+se mezclaron ya algunos señoritos del pueblo de los más audaces y
+despreocupados. Emma y Serafina hablaron algunos minutos solas entre las
+colgaduras de un balcón, sonriéndose, como acariciándose con ojos y
+sonrisas; las vio de lejos Bonis, pasó cerca de ellas, y ni una ni otra
+notaron su presencia; volvió a alejarse y a contemplar su obra desde un
+rincón.
+
+¡Juntas! ¡Estaban juntas! ¡Se hablaban, se sonreían, parecían
+entenderse!... Se le antojaban un símbolo, el símbolo del pacto absurdo
+entre el deber y el pecado, entre la virtud austera y la pasión
+seductora... ¡Qué barbaridades pienso esta noche!--se decía Bonis--; y se
+puso a figurarse que aquellas mujeres que hablaban como cotorras, y
+parecían de acuerdo, y se sonreían, y se entusiasmaban con su diálogo,
+se estaban diciendo, ¡qué atrocidad!, cosas por el estilo:
+
+--«Sí, señora, sí--decía Emma en la _hipótesis_ absurda de su marido--;
+puede usted quererle todo lo que guste; comprendo que usted se haya
+enamorado de él, y él de usted. Eso no está mal: en Turquía las gastan así,
+y pueden ser tan honradas como nosotras las turcas; todo es cuestión de
+costumbres, como dice la de Körner: todo es convencional».
+
+--«Pues sí, señora; le quiero, ¿para qué negarlo?, y él a mí. Pero a
+usted también se la estima, a pesar de ese geniazo que dicen que usted
+tiene. Se la estima y se la respeta. Ya verá usted qué buenas amigas
+hacemos. ¿Por qué no? Usted no sabe lo que son artistas, lo que es vivir
+para el arte, y despreciando las pequeñeces de la vida de pueblo y de la
+_moral corriente_. ¡Valiente moral! Todos deben querer a todos: usted a
+mí, yo a usted, su marido a las dos, las dos a su marido.... El mundo, la
+triste vida _finita_, no debe ser más que amor, amor con música; todo lo
+demás es perder el tiempo...».
+
+«Aquel diálogo hipotético--se quedó pensando Bonis--, era un disparate,
+sí... y con todo... con todo... ¿Por qué no había de ser así? Él había
+leído que los antiguos patriarcas tenían varias mujeres, Abraham, _sin ir
+más lejos_...». La idea de Abraham le trajo la de Sara la estéril... su
+mujer... «¡Isaac!», le dijo una voz como un estallido en el cerebro....
+Emma era Sara...; Serafina, Agar.... Faltaban Ismael, que era
+inverosímil, dadas las costumbres de Serafina, e Isaac... ¡Isaac! ¿Quién
+sabía? ¿Por qué le decía el corazón... acuérdate de Sara, ten esperanza?
+Dos veces en aquella noche, que él debería consagrar a emociones tan
+diferentes, se le llenaba el alma del amor de su Isaac... de su hijo....
+Tenía fiebre no sabía dónde; tal vez estaba volviéndose loco; primero se
+comparaba con la Virgen; ahora con Abraham...; y a pesar de tanto
+dislate, una esperanza íntima, supersticiosa, se apoderaba de él, le
+dominaba.
+
+Y al volver a mirar el grupo de su mujer y la cómica, a las cuales se
+habían agregado ahora Mochi, Marta, Minghetti y Nepomuceno, sintió
+Reyes una especie de repugnancia; aquella paz moral que a ratos se
+apoderaba de su espíritu, y hasta pudiera decirse de sus entrañas, se le
+alarmó en el pecho, en la conciencia; le entró vivísimo deseo de apartar
+a su mujer de toda aquella gente; y sin poder dominarse, se acercó al
+grupo, y con gesto serio, que contrastaba con la alegría de todos, con
+el ambiente de vaga concupiscencia que envolvía al grupo, dijo Bonis con
+una energía en el acento que sorprendió a Emma, la única que se hizo
+cargo de ello por la novedad de la voz:
+
+--Señores... y señoras... basta de charla; el público se impacienta, y lo
+mejor que pueden hacer estas damas y estos caballeros es comenzar la
+segunda parte del programa.... Vale más la música que toda esa
+algarabía....
+
+Todos le miraron entonces. Hablaba en broma seguramente, y, sin embargo,
+su gesto y el tono de su voz eran serios, como imponentes.
+
+Minghetti, inclinándose cómicamente, exclamó:
+
+--Quien manda, manda.... Obediencia al tirano... al futuro empresario
+_forse_....
+
+Serafina, dando la espalda a los otros, en un momento que pudo
+aprovechar, miró fijamente a su querido, abrió mucho los ojos con
+expresión de burla cariñosa, que acabó con una mirada de fuego.
+
+Bonis tembló un poco por dentro al recibir la mirada, pero se hizo el
+desentendido y no sonrió siquiera.
+
+--¡A cantar, a cantar!--dijo, fingiendo seguir la broma de su papel de
+déspota.
+
+Mochi se inclinó también, y Minghetti, después de una gran reverencia,
+se sentó al piano para acompañar el dúo de tenor y tiple con que
+empezaba la segunda parte.
+
+Nepomuceno se sentó junto a Marta, y Bonis muy cerca de su mujer, que
+respiraba con fuerza, absorbiendo dicha por boca y narices.
+
+Y mientras ella, sin pensar en que le tenía allí, devoraba con los ojos
+a la tiple y al barítono, Bonis paseaba la mirada triste, seria y
+tiernamente curiosa, del rostro pálido, ajado de su esposa, al vientre
+que una vez había engañado sus esperanzas; y oyendo, sin comprenderla en
+aquel momento, la música romántica del dúo, se dijo entre dientes:
+
+--No importa...; más vieja era Sara.
+
+
+
+
+-XIII-
+
+
+Terminó el concierto a la una de la madrugada, y como era costumbre en
+el pueblo, en vez de disolverse la reunión, se pusieron a bailar los
+jóvenes con el mayor ahínco, muy a placer de las señoritas, que sólo
+toleraban dos o tres horas de música con la esperanza de estar bailando
+otras dos o tres horas. Emma no pensó en retirarse mientras quedase allí
+alma viviente. En cuanto a Marta Körner, estaba demasiado ocupada para
+pensar en el tiempo. ¡Íbale tanto en perseguir las fieras, es decir, en
+la caza mayor a que se había entregado en cuerpo y alma, que ya ni veía
+ni oía lo que estaba delante; para ella no había en el mundo más que su
+D. Juan Nepomuceno, con sus grandes patillas! Desde antes de terminar el
+concierto habían hecho rancho aparte, en un rincón de la sala; y allí
+estaba la alemana enseñándole el alma, y un poco, bastante, de la
+blanquísima pechuga, al acaramelado mayordomo, futuro administrador de
+la fábrica de productos químicos. Körner, aunque muy metido en
+conversación con Mochi primero y después con el Gobernador militar y el
+Ingeniero jefe de caminos, vigilaba desde lejos, muy satisfecho de la
+conducta de su hija. Muy de corazón aplaudió la habilidad y delicadeza
+que demostró su digno vástago cuando uno, y dos y tres jóvenes de lo más
+distinguido de la sociedad, se acercaron a ella solicitando el favor de
+un vals o cosa parecida, y fueron cortés y fríamente despedidos por la
+robusta alemana, que no bailaba porque... aquí una disculpa torpemente
+zurcida, pero mal compuesta con toda intención. A Nepomuceno había que
+ponerle las cosas muy claras; y Marta, aun a riesgo de molestar a los
+bailarines, tal vez contenta con molestarlos, porque aquello venía a ser
+un anuncio, dejaba ver con gran transparencia el verdadero motivo de los
+desaires que se veía obligada a dar; a saber: que era más importante
+para ella hablar con Nepomuceno que andar por allí dando saltos y
+despertando, el diablo sabría qué apetitos, en aquella juventud lucida y
+generalmente colorada, gracias a la mucha sangre.
+
+Nepomuceno, que a la segunda negativa de Marta, acompañada de una mirada
+y una sonrisa de inteligencia para él, acabó de comprender, agradeció
+con todas sus entrañas el _sacrificio_ que en su favor se hacía; y se
+hubiera derretido de gusto, a no estarlo ya, gracias a la proximidad
+_vertiginosa_ de la alemana y a las cosas espirituales y no espirituales
+que ella le estaba diciendo; y, sobre todo, gracias a ciertos tropezones
+que de vez en cuando, bastante a menudo, daban las rodillas con las
+rodillas.
+
+«¡Qué elocuencia... y qué _calor natural despedía_ aquella mujer!» pensaba
+don Juan, aplicando el mismo verbo al calor y a la elocuencia.
+
+Marta hablaba del ideal, de todos los ideales; pero se las arreglaba de
+manera que en su disertación se mezclaban, por vía de incidentes,
+descripciones autobiográficas que se referían casi siempre al acto
+solemne de mudarse ella de ropa, o a estar en su lecho, medio dormida....
+desvelada.... Ello es que Nepomuceno supo aquella noche, v. gr., que
+aquella señorita había leído una cosa que se llamaba la _Dramaturgia de
+Hamburgo_, de Lessing, y que, tanto como el autor del Laoconte, le
+gustaban a ella las medias muy ceñidas, atadas sobre las rodillas y de
+color gris perla. Lo más tierno fue la historia de las queridas de
+Goëthe, tema que tenía muy preocupada a la de Körner desde muchos años
+atrás. El noble orgullo de Federica Brion, que no quiso casarse nunca,
+porque nadie era digno de la que había sido amada por Wolfgang, lo
+pintaba Marta con un calor sólo comparable al que despedían sus propias
+rodillas. Nepomuceno, confundiendo las cosas, y hasta las facultades del
+alma, se llegó a figurar que los _genios_ alemanes eran unos sátrapas que
+se pasaban la vida despreciando a los seres vulgares y manoseando los
+mejores bocados del eterno femenino. Cuando llegó lo de _las madres_ del
+tantas veces citado Goëthe, Nepo no podía menos de figurarse las tales
+_madres_ como unas ubérrimas amas de cría. De todas suertes, y fuera lo
+que fuera de Heine y de la _Joven Alemania_, él estaba que ardía... y a
+tanta ciencia y poesía y contacto de piernas, sólo se le ocurría
+contestar lo que, sin saberlo él, Nepomuceno, contestaba aquel personaje
+de la comedia titulada: «De fuera vendrá...». Quiere decirse, que al tío
+mayordomo no se le venía a la boca más que la solemne promesa de futuro,
+pero muy próximo matrimonio.
+
+Emma, siguiendo el ejemplo de algunas otras casadas, que bailaban
+también, aceptó unos _lanceros_ a que la invitó el presidente del Casino,
+y poco después bailó con Minghetti una polca íntima, género de
+desfachatez tolerada que empezaba entonces a _hacer furor_ y no pocos
+estragos morales.
+
+La polca íntima de Minghetti fue para ella una revelación. El barítono,
+que no había perdido la pista a la afición que le había demostrado
+aquella señora en paseo, en misa, en la calle, por medio de miradas
+incendiarias, aquella noche acabó de comprenderlo todo, y formó un plan
+de seducción, que le convenía desde muchos puntos de vista. Empezó a
+marearla con miradas y lisonjas allí, junto al piano, durante el
+concierto; y al atreverse a invitarla nada menos que para bailar una
+polca de aquellas condiciones coreográficas, jugó el todo por el todo.
+Aceptada la polca, ya sabía él lo que le tocaba hacer; y mientras las
+rodillas hablaban el lenguaje de las de Marta Körner, aunque sin
+colaboración de los clásicos alemanes, él, allá en sus adentros, se
+entregaba a proyectos y cálculos en que había hasta números. Medio en
+serio, medio en broma, _se declaró_ a Emma mientras daban vueltas por el
+salón; y ella, muerta de risa, muy contenta, nada escandalizada, le
+llamaba loco, y se dejaba apretar, como si no lo sintiera, como si su
+honra estuviese por encima de toda sospecha y no debiera parar mientes
+en aquellos estrujones fortuitos. Le llamaba loco, y embustero, y
+bromista; pero cuando, después de la polca, se sentaron juntos, en vez
+de incomodarse por la insistencia del cantante, se quedó un poco seria,
+suspiró dos o tres veces, como una doncella de labor no comprendida, y
+acabó por ofrecer a Minghetti una amistad desinteresada; pura amistad,
+pero leal y firme. Entonces el barítono, que no echaba nada en saco
+roto, sin dejar el tema de su pasión incandescente, mezcló en las
+variaciones del mismo una discretísima narración de los apuros de su
+vida económica y la de sus compañeros. A Minghetti, que era un _bohemio_,
+sin saber de tal epíteto, no le daba vergüenza hablar de su pobreza, ni
+de las trazas picarescas a que había recurrido muchas veces para salir
+de atrancos. Comprendía él que parte del encanto de su persona,
+irresistible para muchas mujeres, consistía en su misma vida
+desarreglada, de aventurero simpático, generoso, alegre, casi infantil,
+pero poco escrupuloso, como no fuera en puntos de galanteo y de
+valentía. Enseguida noto que en Emma este elemento de seducción era de
+los que producían más efecto; ella misma le confesó que había comenzado
+a fijarse en él, y a encontrarle _ángel_, como dicen los andaluces, la
+noche aquella famosa en que había cantado el _Barbero_... a la fuerza....
+
+--¡Ah, sí--exclamó él sonriendo--; cuando me cazó la Guardia civil!...
+
+Y de este incidente, que tanto había dado que hablar en el pueblo meses
+atrás, tomó pie para contar su historia y sus penas y apuros a su
+manera, como burlándose de sus propios males. Callaba muchas cosas que
+juzgaba poco a propósito para hacerle aparecer interesante; pero no
+ocultó ciertas maniobras no muy decentes, y osó referirlas, no por amor
+a la verdad, sino porque su sentido moral no le decía que era aquello
+repugnante e indigno; por fortuna, tampoco Emma sentía delicadezas de
+este orden, y en toda treta victoriosa admiraba el arte y olvidaba al
+engañado, o sea al tonto.
+
+La mujer de Bonis escuchaba encantada aquella narración del género
+picaresco, en que las picardías venían a estar explicadas y disculpadas
+por la viveza de las pasiones y los golpes repetidos de una adversa
+fortuna.
+
+Lo cierto era que la historia del barítono, desfigurada por él en su
+narración cuando le convino, podía resumirse en lo siguiente:
+
+Cayetano Domínguez era natural de Valencia; había asistido en su
+infancia a los azares de la miseria, que aspira a convertir en industria
+la holganza y no lo consigue, sino con intervalos de negras prisiones y
+en perpetua lucha con el Código penal y los agentes de su eficacia. La
+cárcel, residencia frecuente de su señor padre, le había enseñado, como
+por ensayos repetidos, la triste vida de la orfandad; y cuando al fin el
+autor de sus días salió de casa para no volver, porque en una ocasión,
+al recobrar la libertad, en vez del hogar, encontró la muerte en una
+misteriosa aventura, allá en la Huerta, el pobre Minguillo, que así le
+llamaban los demás pillastres de su barrio, al quedarse en el mundo
+solo, pues su madre había muerto al darle a luz, tenía un aprendizaje
+anulado que le sirvió no poco, de mala suerte, apuros, desvalimiento; y
+venía a ser a los doce años todo un hombre, y casi casi todo un pícaro,
+por los recursos de su ingenio, el ahínco de su trabajo, cuando tocaban
+a trabajar honradamente, y las tretas de su industria, la fuerza de
+cinismo, el vigor de los músculos y el desprecio de todas las leyes y
+cortapisas morales y jurídicas, que, en su opinión, se habían hecho para
+los ricos; porque los pobres no podían con ellas, bajo pena de matarse
+de hambre, que era el mayor crimen.
+
+De las manos de un pariente lejano, que le molía a palos y le llamaba
+hijo de tal y de cual, pasó al servicio de la Iglesia con carácter de
+monaguillo, y hasta llegó a cantar en el coro de la catedral en
+funciones de tiple; y esta época fue, según él, la más santa de su vida,
+sin ser perfecta. No hacía él las picardías por hacerlas, sino por el
+lucro; de modo que mientras su voz sirvió para el coro, cantó en calidad
+de ángel en la catedral, sin hacerse jamás reprender por su pereza o
+impericia, pues en el trabajo era asiduo, y su destreza en todo oficio
+que emprendía, extremada. Volvió a la calle porque la voz se le mudaba,
+que era para el caso como perderla; y con la edad de comenzar las
+pasiones a abrir sus yemas, coincidió la mayor pobreza de su vida, por
+lo que no fue extraño, o a él no se lo pareció, que por aquellos días
+sus expedientes para procurarse el sustento y lo demás que necesita un
+mozo suelto y sin escrúpulos, fuesen del todo incompatibles con los
+rigores de la ley civil y criminal; sin que esto quisiera decir que
+llegase a robar, al menos con violencia; sino que, recordando
+tradiciones familiares, inventó industrias alegres y vistosas, como
+juegos de feria, con moderada trampa, inocentes chascos, justo castigo
+de tontos avarientos y confiados necios, en que el provecho que a él, a
+Mingo, le quedaba entre las uñas, era apenas la necesaria retribución de
+su trabajo, que hubiera sido exigua cotejada con el riesgo y con el
+primor y gracia de las trazas inventadas. De su voz ¡voz traidora!, no
+se había vuelto a acordar en mucho tiempo, a no ser para cantar en
+tabernas y paseos nocturnos, para solaz de los compañeros del hampa, o
+seducción de alguna mozuela, que además habría de pedir otra paga.
+
+Sus relaciones con la gente de sotana, interrumpidas, pero no rotas, le
+presentaron ocasión de ingresar en el seminario en calidad de fámulo,
+ocultando, por supuesto, gran parte de sus antecedentes; y como tenía
+temporadas, si no de arrepentimiento--pues él no creía que había de
+qué--de cansancio, de cierto como relativo _misticismo_ que le pedía a él
+la soledad de la vida recogida y largas horas de tiesura hierática, con
+un cirio en la mano, o en las oscuridades del coro, y ausencia de malas
+compañías, y pan seguro ganado sin industrias prohibidas; por todo ello
+se acogió a la _soledad_ del _claustro_, y fue el más airoso, servicial y
+despabilado fámulo de colegio sacerdotal, donde no sabía él que había de
+llegar a ser colaborador de verdaderos horrores. Muchos años después,
+cuando, ya libre y artista, se creía por sus actos y representación en
+el caso de ser muy _avanzado_, _librepensador_ y cosas por el estilo,
+aprovechaba sus recuerdos del seminario como argumento contra las
+instituciones religiosas. «¡Lo que son los curitas, díganmelo ustedes a
+mí!», solía exclamar; y como no hubiera damas delante, su narración,
+probablemente exagerada, ponía espanto verdaderamente, por lo que toca a
+determinadas violaciones del orden natural de los instintos.
+
+De esta clase de aventuras es claro que no le habló a Emma aquella
+noche; fue más adelante, cuando su trato llegó a ser más íntimo, cuando
+ella supo de esta clase de tormentas porque también había pasado la
+juventud pintoresca de su amigo.
+
+Del seminario salió por una ventana, con un trabuco, pues nada menos
+exigían la prisa y el peligro con que acudió a defender la _causa del
+pueblo_ en una intentona revolucionaria en que se vio comprometido,
+familiar y todo, por culpa de amistades heteróclitas, adquiridas en las
+escapatorias frecuentes que de noche emprendía con otros compañeros y
+algún seminarista amigo de ir al teatro y a lugares de corrupción más
+inmediata. Anduvo por los campos en calidad de sublevado días y días,
+hasta que se le rompieron los zapatos y emigró con otra porción de
+ilusos, como los llamaba en una alocución el Capitán general de
+Valencia. Y tanto corrió, que no paró hasta Italia. Vivió en Turín, en
+Roma, en Nápoles, Dios sabe cómo; y ello fue que a España volvió de
+corista en una compañía de ópera, hablando italiano, con mucho mundo, y
+persuadido de que su vocación era la música y su fuerte la seducción de
+mujeres fáciles, y el tentar a todas, fáciles o difíciles.
+
+En Barcelona llamó su voz la atención de un maestro; se podía sacar
+partido de ella enseñándole música, lo que se llama música; se aplicó de
+veras al estudio, dejó por algunos años el teatro, vivió de no se sabe
+qué recursos, tal vez a costa del amor chocho; y se le vio de posada en
+posada, de fonda en fonda, despertando a los huéspedes con _gárgaras_ de
+barítono que ensaya la voz y no deja dormir los músculos de una poderosa
+garganta. Aquellos gorgoritos de pavo alborotado se los hacía perdonar
+siempre a fuerza de gracia, amabilidad y chiste. Era un Tenorio aniñado,
+un niño mozo, pueril hasta para enamorarse: se hacía mimar enseguida, y
+las mujeres, al quererle, ponían algo de las caricias de madre que todas
+ellas tienen dentro.
+
+A sus queridas les cantaba al oído las óperas enteras, como dándoles
+besos con el aliento, que parecía salir perfumado por la melodía. Una
+novia suya lo dijo: aquel hombre de tan buen color, tan buenas carnes,
+de cutis fresco y esbelto como él solo, esparcía así como un olor, que
+seducía, a música italiana. Desde su primera contrata, en Barcelona, se
+llamó ya Minghetti, y Gaetano; y cuando volvió de su segundo viaje a
+Italia, que duró dos años, casi él mismo se tenía ya por extranjero. En
+cuanto a los instintos de tramposo, que en el nuevo oficio no tenían
+aplicación inmediata, buscaban expansiones naturales en los tratos y
+contratos con los cantantes, sus mujeres, los empresarios y los
+huéspedes de las posadas. El lance a que Emma había aludido se refería a
+una de estas picardías, de que hubo de ser víctima el buen Mochi.
+Habían reñido Julio y Gaetano por cuestión de ochavos, sobre si el
+valenciano había cobrado o no, y negaba un recibo; Minghetti escapó de
+noche, a pie; Julio se quejó a la autoridad porque el barítono se le iba
+con la paga adelantada y le dejaba la Compañía en el aire; la benemérita
+se encargó de recomponer el cuarteto; y, en efecto, Minghetti,
+resignado, sonriente, como si se hubiera tratado de una broma, se
+presentó de nuevo al público, cantando el _Barbero_ con gran malicia; lo
+cual le valió una ovación tributada a su graciosa picardía, a su
+desenfado simpático y alegre. Aquella noche le conoció Emma, desde el
+paraíso, donde oyó la historia de la fuga, comentada con entusiasmo por
+el público, siempre dispuesto a perdonar a los tramposos guapos y
+graciosos.
+
+Pocos días después de oír las aventuras del barítono en aquella noche
+solemne del baile, Emma ya le había tenido muy cerca, cantándole al
+oído, pero sólo en calidad de amigo íntimo, la mayor parte del
+repertorio. Lo del piano se llevó a efecto; Minghetti fue maestro de la
+Valcárcel, pero es claro que las lecciones se convirtieron a poco en
+pura fórmula, un pretexto para que el profesor cantase romanzas,
+acompañándose él mismo, mientras la discípula, sentada junto a él,
+admirándole, pasaba las hojas, cuando el cantante lo indicaba con la
+cabeza. Llegó, sin embargo, Emma a destrozar polcas y chapurrar un vals
+que la entusiasmaba. Bonis nada podía oponer, porque las lecciones se
+daban con su beneplácito, y además podía observar que su mujer pasaba
+algunas horas cada día estudiando solfeo y machacando teclas.
+
+Lo que iba viento en popa era lo de la fábrica de _Productos Químicos_ y
+la reconstitución de la Compañía de ópera con la base del terceto; a
+saber: la Gorgheggi, Mochi y Minghetti.
+
+En la cabeza de Reyes se mezclaban ambas empresas, porque los
+interesados en una y otra comían juntos muy a menudo en casa de Emma y
+se reunían todas las noches en sus _salones_, que así quería ella que se
+llamasen en adelante, previo el arreglo del mobiliario, derribo de
+tabiques y otras composturas, que subieron a una cantidad respetable,
+pero no respetada por Nepomuceno, que hizo con ella maravillas de
+prestidigitación. Además, había otra cosa, la principal, que enlazaba la
+empresa teatral con la fabril, a saber: el capitalista, que, en
+resumidas cuentas, venía a ser uno mismo: Emma. En lo del teatro se
+admitieron acciones de algunos aficionados de la ciudad; pero estas eran
+insignificantes comparadas con las de Emma; de modo que ella venía a ser
+el verdadero capitalista, representada, es claro, por Nepomuceno en todo
+lo que se refería a la parte económica del negocio, y por Bonis en lo
+tocante a entenderse con músicos y cantantes. Bonis a su vez delegaba en
+Mochi la dirección _técnica_, y en rigor cuanto entraba en sus
+atribuciones; de suerte que el empresario y director de la Compañía
+tronada venía a ser en la nueva Compañía lo mismo que antes había sido,
+sin más diferencia que la de no exponerse a perder un cuarto y estar
+sólo a las ganancias, si las había, por pocas que hubiera; que a eso
+estaba él. Desde la Tiplona acá no se había visto jamás que unos _cómicos_
+permanecieran, por fas o por nefas, tanto tiempo en el pueblo. Casi se
+les tomaba por vecinos, y Julio y Gaetano ya discutían en el Casino,
+aunque con cierta discreción y medida, todas las candentes cuestiones de
+interés local. En cuanto a Serafina, era la gala de los paseos, y los
+vecinos la mostraban a los forasteros como una de las maravillas
+indígenas.
+
+También tendía a aclimatarse, y aun con raíces más hondas, la familia
+Körner, que quería _fincar_ en aquella ciudad, uniendo su nombre a la
+causa de la industria que con tanto calor defendían los periódicos de
+intereses morales y materiales de la localidad. Körner hizo un viaje a
+Alemania por cuenta de la nueva Sociedad de _Productos Químicos_, para
+traer todas las noticias y encargar todo el material necesario para la
+fábrica, cuya construcción y explotación debía de dirigir él mismo. En
+cuanto a pagar todos estos gastos, ya se sabía: el mermado caudal de la
+abogada Valcárcel corría con todos los desembolsos, o con casi todos;
+pues, por disimular, también en este negocio se ofrecieron acciones a
+unos cuantos amigos y parientes. Ello fue que el capital de Emma se vio
+tan seriamente comprometido en las aventuras químico-industriales, como
+diría Körner, que Nepomuceno, autor de semejante desafuero, se creyó
+obligado en conciencia, en la poca y mala conciencia que le quedaba, a
+exponer a su sobrina con toda claridad, o poco menos, la situación, el
+riesgo que se corría.
+
+--De esta salimos ricos, según todas las probabilidades; mas no he de
+ocultarte, amada sobrina, que nuestro dinero, es decir, tu dinero, se
+expone a grandes quebrantos, que no son de esperar..., pero que caben en
+lo posible.
+
+Cuando el tío mayordomo hablaba así, Emma estaba medio loca, sin sentido
+para nada que no fuesen sus pasiones, sus alegrías, aquella vida
+desordenada y de bullicio en que se había metido como en un baño de
+delicias. Era tan feliz en aquella corrupción, que le parecía haber
+sujetado la rueda de la fortuna; además, Körner, que se había hecho muy
+amigo suyo, la había convencido, a fuerza de hablarle de cosas que ella
+no podía entender, de que aquel _pequeño anticipo_ de miles de duros daría
+por resultado una riqueza verdadera, digna de los grandes señores de
+otras tierras, que no contaban, como los de allí, los millones por
+reales, sino por pesos fuertes y otras monedas análogas. Ella también
+quería ser millonaria de duros, y el corazón y Körner y Minghetti le
+decían que lo iba a ser. Ello era una especie de milagro de la ciencia y
+la habilidad. «Pero si los alemanes no hicieran milagros de sabiduría,
+¿quién los iba a hacer?». Se trataba sencillamente de sacarles a las
+algas, que el mar arrojaba a las costas de la provincia en tanta
+abundancia, un demonio de materia que tenía mucha utilidad para
+infinitas industrias. Mentira le parecía a ella que de cosa tan
+repugnante y mal oliente como era el ocle (las algas), que hasta a las
+caballerías las hacía espantarse, pudiese salir tanto dinero como se le
+prometía; pero, en fin, ya que lo decían los sabios... y Minghetti,
+verdad sería. Adelante. Además, a Roma por todo. Si la arruinaban, ¿qué?
+Tendría gracia. Ella no estaba segura de no escaparse con el barítono
+cualquier día.
+
+También la parecía imposible, como lo de las algas, que Minghetti
+estuviera tan enamorado como le juraba; porque aunque estaba persuadida
+de que ella había mejorado mucho, y de que su _otoño_ era muy interesante,
+y su _jamón_ suculento y en dulce, al fin él era mucho más joven, y
+ella... ella estaba, indudablemente, algo _fatigada_.
+
+Entre alemanes e italianos... verdaderos y falsos, se había establecido
+una especie de pacto, tácito al principio, después muy explícito, para
+protegerse mutuamente. Los de la fábrica, Körner e hija, ayudaban a los
+del teatro; los del teatro, Mochi, Minghetti y Gorgheggi, ayudaban a los
+de la fábrica. Nepomuceno, interesado en favor de los alemanes, animaba
+a Emma a gastar en la empresa de la ópera, porque Marta y su padre se lo
+pedían; la Gorgheggi y Mochi trabajaban en el espíritu de Bonis para que
+este no quitase a su mujer de la cabeza las fantásticas lontananzas de
+opulencia, debidas a la química industrial, que iban metiéndole en el
+cerebro el alemán y el tío.
+
+Y a unos y a otros los seducía, los corrompía, y los juntaba en una
+especie de solidaridad del vicio la vida que hacían, _poniéndose el mundo
+por montera_, según la frase predilecta de Emma, y viviendo alegres,
+siempre mezclados en conciertos, en jiras campestres, en banquetes a
+puerta cerrada. En la casa de la Valcárcel, donde un día habían sido
+parásitos los taciturnos parientes de la montaña, de capa y hongo,
+ahora, espantadas tales alimañas, vivaqueaban aquellos extranjeros,
+aquella sociedad heteróclita, que con pasmo y aun envidia de parte de la
+ciudad, vivía como no se solía vivir en aquel pueblo aburrido, con esa
+alegría desfachatada, pero atractiva, que los demás miraban desde lejos
+murmurando, pero deseándola. Muchos jóvenes de las _mejores familias_, que
+al principio habían cortado sayos a Emma, a Bonis y Marta, ahora
+callaban y hasta llegaban a defender a los de Reyes y a sus amigos,
+porque algunas sonrisas de la Gorgheggi, insinuaciones provocativas,
+aunque _espirituales_ de Marta, y, especialmente, invitaciones para saraos
+y banquetes de Emma, los habían convertido. Hubo más; para hacer callar
+a muchos, y también instigada por Bonis, que empezaba a hacerse
+insoportable con sus moralidades y miedos al qué dirán, Emma se dio arte
+para agregar a algunas de sus fiestas, si no a las más íntimas, a dos o
+tres familias de lo más distinguido de la capital. Una de ellas era la
+de un magistrado andaluz, que tenía dos hijas como dos acuarelas de
+pandereta; el padre era unas castañuelas de la sala de lo civil, y sus
+retoños, sin madre, se pasaban la vida, inocentes en el fondo, _jaleando_
+la alegría de su papá. Se aburrían mucho en aquel pueblo sucio, frío,
+húmedo, y vieron el cielo abierto con la amistad de Emma y compañía. El
+magistrado, que era, además, muy embustero, y hablaba de riquezas que él
+tenía allá, en la tierra, se embarcó en lo de la fábrica de Productos
+Químicos, aunque de tapadillo, y vino a interesarse en unos diez mil
+reales, que él multiplicaba añadiendo una porción de ceros a la derecha
+cuando hablaba a sus colegas y amigos de su parte en el negocio. Pero no
+fue la de Ferraz y sus hijas la adquisición mejor para Emma. Por
+mediación de las andaluzas, la Valcárcel tuvo ocasión, y la aprovechó,
+de ofrecer un verdadero servicio a las de Silva, tres muchachas llenas
+de pergaminos, deudas y figurines. Las deudas y los pergaminos eran
+cosas de su papá, pero los figurines, de ellas; no había chicas más
+elegantes en el pueblo; eran tres, y cuando paseaban juntas, en posturas
+académicas, constante grupo escultórico, recordaban las estampas grandes
+de los periódicos de modas. Hacían de un vestido siete, y era un
+prodigio el verlas volverlo de arriba abajo, y estirar y encoger
+sombreros, y aprovechar para cinco o seis cosechas de la moda las mismas
+espigas y los mismos pepinillos y otros vegetales contrahechos, de
+prendidos y sombreros. Fuera como fuera, ellas ponían la moda en el
+pueblo, y por su nobleza y las arrogantes figuras que ostentaban,
+disponían de los novios efímeros por manadas. Mientras el padre bebía
+los vientos por fijar la rueda de la fortuna en la sala de juego de la
+Oliva, las niñas se multiplicaban, verdaderas buhoneras de sí mismas,
+siempre con la mercancía de su hermosura a cuestas por plazas, iglesias,
+paseos, bailes y teatro. Pero llegó un luto, y aquí fue ella. Iba a
+abrirse el _antiguo coliseo_ con la Compañía de ópera remendada, y las de
+Oliva no podrían ir los jueves y domingos a lucir sus gracias, enhiestas
+en sus sillones con almohadón, a la orilla del antepecho de su palco,
+como grullas tiesas y melancólicas a la margen del mar. El pariente
+difunto era un _tío segundo_; pero era marqués. Si hubiera sido un
+cualquiera, las de Silva seguirían vestidas de colorado y tan _ubicuas_
+como siempre; pero el luto de un marqués no podía preterirse sin
+profanarse. No había palco posible. Entonces fue cuando Emma pudo ganar
+la amistad de aquellas elegantes aristócratas haciéndoles un favor y
+matando dos pájaros de un tiro. Como ella venía a ser la _empresaria_, y
+los cantantes eran sus íntimos amigos y personas muy decentes, no habría
+inconveniente en presenciar las funciones de ópera entre bastidores. Las
+de Ferraz propusieron el expediente a las de Silva, que sin consultarlo
+con el papá, con quien no consultaban nada, aceptaron locas de alegría.
+No podrían lucirse tanto de telón adentro; pero se divertirían de fijo;
+verían cosas muy agradables, muy nuevas, y hasta podrían coquetear con
+los cantantes, algunos de los cuales, como Minghetti, eran muy guapos y
+simpáticos. Emma se creyó en el deber de no dejar ir solas a aquellas
+señoritas al escenario y sus oscuros alrededores, y desde la primera
+noche, sin consultarlo tampoco con nadie, las acompañó, y las presentó a
+la Gorgheggi, que las ofreció su cuarto para pasar el rato en amable
+tertulia durante los entreactos. Marta y las de Ferraz también
+asistieron alguna vez al espectáculo, de tapadillo, corriendo y
+jugueteando por aquellos pasillos y corredores estrechos y sucios, entre
+telones y trampas; pero en general preferían lucirse en el palco de la
+Empresa, de Emma, que estaba al lado de la presidencia.
+
+Es claro que en cuanto se supo que las de Silva iban con la de Reyes a
+ver las óperas entre bastidores, se murmuró mucho, y se las compadeció
+porque venían a ser huérfanas por completo, teniendo aquel padre que
+tenían. ¡Pobrecitas, no han tenido madre cuando más falta les hacía! Y
+después de este acto de caridad, se las despedazaba. Pero ellas no
+hacían caso. La sociedad de la Gorgheggi las enorgullecía, como a la
+Valcárcel, y el respeto con que todos las trataban en el escenario y en
+el cuarto de la cantante, también las halagaba mucho. Serafina estaba en
+sus glorias, viéndose admirada y considerada por aquellas jóvenes de la
+aristocracia, cuyos finos modales y hasta el luto que vestían daban
+dignidad y nobleza a su tertulia de los entreactos.
+
+--¡Soy feliz, Bonifacio, muy feliz... y todo te lo debo a ti! Así decía
+la tiple, cogiendo por las muñecas a su amante, atrayéndole a su seno y
+besándole con un entusiasmo de agradecimiento, que Reyes estimaba en lo
+que valía.
+
+«Sí, ella era feliz, pensaba; más valía así». También Emma vivía muy
+contenta y le trataba a él mejor que antes, y a veces le daba a entender
+que le agradecía también la iniciación en aquella nueva vida... _del
+arte_, como llamaban en casa a los trotes en que se habían metido. Todos
+eran felices, menos él... a ratos. No estaba satisfecho de los demás, ni
+de sí mismo, ni de nadie. Debía serse bueno, y nadie lo era. En el mundo
+ya no había gente completamente honrada, y era una lástima. No había con
+quién tratar, ni consigo mismo. Se huía; le espantaban, le repugnaban
+aquellos soliloquios concienzudos de que en otro tiempo estaba orgulloso
+y en que se complacía, hasta el punto de quedarse dormido de gusto al
+hacer examen de conciencia. Ahora veía con claridad que, en resumidas
+cuentas, él era una mala persona. Pero ¿de qué le valía aquella
+severidad con que se trataba a sí mismo a la hora de despertar, con
+bilis en el gaznate, si después que se levantaba, y se lavaba, y se
+echaba mucha agua en el cogote, resucitaba en él, con el vigor de la
+vida, con la fuerza de su otoño viril, sano y fuerte, la concupiscencia
+invencible, el afán de gozar, la pereza del pecado convertido en hábito?
+Aquello iba mal, muy mal; su casa, la de su mujer, antes era aburrida,
+inaguantable, un calabozo, una tiranía; pero ya era peor que todo esto,
+era un... _burdel_, sí, burdel; y se decía a sí mismo: «Aquí todos vienen
+a divertirse y a arruinarnos; todos parecemos cómicos y aventureros,
+herejes y _amontonados_». Este _amontonados_ tenía un significado terrible
+en los soliloquios de Bonis. Amontonados era... una mezcla de amores
+incompatibles, de complacencias escandalosas, de confusiones
+abominables. A veces se le figuraba que aquella familiaridad exagerada
+de los alemanes, los cómicos, y su mujer, era algo parecida a la _cama
+redonda_ de la miseria; podía no haber allí ningún crimen de lesa
+honestidad..., pero el peligro existía y las apariencias condenaban a
+todos. Marta, que iba a casarse con el tío Nepomuceno, admitía galanteos
+subrepticios del primo Sebastián, un cincuentón verde y bien conservado,
+que de romántico se había convertido en cínico, por creer que en esto
+consistía el progreso. Sebastián, antes tan idealista y poético, ahora
+no podía ver una cocinera sin darle un pellizco, y esto lo atribuía a
+que estábamos en un _siglo positivo_. Él, Bonifacio, había tenido que
+consentir en que su querida entrase en casa de su mujer, y fueran amigas
+y comieran juntas.... Emma, aunque indudablemente honrada, dejaba a
+Minghetti acercarse demasiado y hablarle en voz baja. Él no
+desconfiaba...; pero, ¿por qué? Tal vez porque su conciencia de culpable
+le cerraba los ojos, porque no se atrevía a acusar a nadie...; porque
+había perdido el _tacto espiritual_; porque ya no sabía, entre tanta
+falsedad, torpeza y desorden, lo que era bueno y malo; decoro, honor,
+delicadeza...; en otro tiempo, cuando él esquilmaba la hacienda de los
+Valcárcel, en competencia con D. Nepo; cuando él manchaba el honor de su
+casa con un adulterio del género masculino, pero adulterio, en medio de
+sus remordimientos encontraba disculpas relativas para su conducta: el
+amor y el arte, la pasión sincera, lo explicaban todo. ¡Pero ahora! Una
+larga temporada había estado siendo _infiel_ a su pasión; entregado noches
+y noches a un absurdo amor extraviado, todo liviandad, amor de los
+sentidos locos, que era más repugnante por tener el _itálamo nupcial_ por
+teatro de sus extravagantes aventuras; y esto le había abierto los ojos,
+y le hacía comprender la miseria espiritual que llevaba dentro de sí, y
+que su pasión no era tan grande como había creído, y que, por
+consiguiente, no era legítima. Además... y ¡oh dolor!, el arte mismo
+tenía sus más y sus menos, y allí no era arte todo lo que relucía. No,
+no; no había que engañarse más tiempo a sí mismo; aquello era un burdel,
+y él uno de tantos perdidos. Allí no había nada bueno más que aquella
+ternura pacífica, suave, seria, callada, que se le despertaba de vez en
+cuando, que le hacía aborrecible cuanto le rodeaba y le llevaba a desear
+ardientemente, no morirse, porque a la muerte la tenía mucho miedo por
+el dolor y la incertidumbre de ultratumba, sino transformarse,
+regenerarse. Pensaba en algo así como un injerto de hombre nuevo en el
+ya gastado tronco que arrastraba por el mundo tanto tiempo hacía. Aún no
+era viejo, y le parecía haber vivido siglos; desde los recuerdos de la
+infancia, que se referían a los años de ensueño en que había salido del
+limbo de la vida inconsciente, al día de la fecha, ¡qué distancia!
+¡Cuánto había sentido! ¡Qué de vueltas había dado a las mismas ideas!
+
+Y el pobre Bonis se frotaba la frente y toda la cabeza con las manos,
+compadecido de aquel cerebro que bullía, que crujía, que pedía reposo,
+paz... y la ayuda de fuerzas nuevas.
+
+Un día encontró Bonis en un libro la palabra _avatar_ y su explicación, y
+se dijo:--¡Una cosa así me vendría a mí perfectamente! Otra alma que
+entrara en mi cuerpo; una vida nueva, sin los compromisos de la antigua.
+
+No esperaba milagros. No le gustaban siquiera. El milagro era un
+absurdo, algo contra la fría razón, y él quería método, orden, una ley
+en todo, ley constante, sin excepción. El milagro era romántico,
+revolucionario, violento, y él no estaba ya por el romanticismo, ni por
+la violencia, ni por lo extraordinario, ni por la pasión. Sí; había amor
+que valía más que el apasionado. Más era: había amor sublime que no era
+el amor sensual, por alambicado y platónico que éste quisiera
+considerarse.... Amar a la mujer... siempre era amar a la mujer. No, otra
+cosa.... Amor de varón a varón, de padre a hijo. ¡Un hijo, un hijo de mi
+alma! Ese es el _avatar_ que yo necesito. ¡Un ser que sea yo mismo, pero
+empezando de nuevo, fuera de mí, con sangre de mi sangre!
+
+Y Bonis, llorando al pensar esto, se decía, arrimando la cabeza contra
+una pared:
+
+--Sí, sí; lo de siempre; el anhelo de toda mi vida desde que pude
+tenerlo: ¡el hijo!
+
+Por su espíritu pasó como el halago de una mano de luz que le curaba,
+sólo con su contacto, las llagas del corazón. Sintió una emoción de
+legítimo contento de sí mismo ante la conciencia clara, evidente, de que
+en el fondo de todos sus errores, y dominándolos casi siempre, había
+estado latente, pero real, vigoroso, aquel anhelo del hijo, aquel amor
+sin mezcla de concupiscencia. En él lo más serio, lo más profundo, más
+que el amor al arte, más que el anhelo de la pasión por la pasión,
+siempre había sido el amor paternal... frustrado.
+
+Y siempre lo había deseado lo mismo; su deseo tenía la forma plástica,
+constante, fija, de un recuerdo intenso. Siempre era _el hijo_; varón y
+uno solo; su único hijo.
+
+Una mujer... no podía continuarle a él; él no se concebía femenino en el
+ser que heredara su sangre, su espíritu. Tenía que ser hombre. Y uno
+solo; porque aquel amor que había de consagrar al hijo tenía que ser
+absoluto, sin rival. Amar a varios hijos le parecía a Bonis una
+infidelidad respecto del primero. Sin saber lo que hacía, comparaba el
+cariño a mucha prole con el politeísmo. _Muchos hijos_ era como _muchos
+dioses_. No, uno solo...; aquel, aquel de que le hablaban las entrañas,
+aquel que casi casi le presentaba ante los ojos, en el aire, la
+alucinación de sus noches sin sueño.
+
+¿Y de dónde había de salir su único hijo?... No cabía duda; la ley era
+la ley, el orden el orden; no cabían sofismas del pecado: había de salir
+del vientre de Emma.
+
+Pero ¡ay, que él no merecía el hijo! No, no vendría.
+
+Después de aquella noche del baile, origen de aquel amontonamiento
+_social_ en que vivían cómicos, alemanes y gente de su casa, su Emma, el
+tío, él mismo; después de aquella noche en que él, si no fuera enemigo
+de admitir intervención directa, en sus asuntos, de lo sobrenatural,
+hubiera visto la mano de la Providencia, la revelación del destino,
+¿había estado a la altura ideal de las grandes cosas que había soñado?
+No, de ningún modo. Había vuelto a claudicar; se había dejado arrastrar
+con todos los demás a la vida fácil, perezosa, del vicio, y había
+llegado a ver con embeleso a su querida en la casa, a la mesa de su
+esposa, y había llegado a figurarse legítimas tales abominaciones con
+aquella filosofía de los semiborrachos de sobremesa, que en otro tiempo
+le parecían inspiraciones poéticas, moral artística, excepcional,
+privilegiada. ¡Y él era el mismo que había sentido, oyendo cantar a
+Serafina una canción a la Virgen, que en sus entrañas encarnaba un amor
+divino! ¡Él, con un misticismo estrambótico, falso, se había comparado,
+disparatada pero sinceramente, con la Virgen Madre!
+
+Y cuántas veces, después, había visto las cosas de otra manera, y había
+llegado a pensar: «¡Todo es cuestión de geografía! Si yo fuese turco,
+todo esto sería legítimo; pues figurémonos que estamos en otras
+_latitudes_... y longitudes». Más era: en aquel instante en que hacía tan
+tristes reflexiones, ¿estaba arrepentido? No. Estaba seguro, porque se
+lo decía la conciencia, de que pocas horas más tarde, cuando el cuerpo
+estuviese repleto y la fantasía excitada por el vino y el café, y acaso
+por la música de Minghetti y Emma, de nuevo sería él aquel Bonifacio
+corrompido, complaciente, bien hallado con la especie de amor libre que
+se le había metido en casa. Vendría Serafina, y mientras Minghetti y
+Emma continuaban sus lecciones interminables, ellos dos, Serafina y él,
+en el cenador de la huerta, ¡oh miseria!, ¡oh vergonzoso oprobio!,
+serían, como siempre, amantes; amantes de costumbre, sin la disculpa,
+aunque de poca fuerza, disculpa al fin, de la ceguedad de la pasión;
+amantes por el hábito, por la facilidad, por el pecado mismo....
+
+¡No, no tendría el hijo! ¡Miserable! ¡No lo merecía! Renunciaba a la
+ventura.
+
+Pero si no la felicidad, podría tener el arrepentimiento verdadero.
+
+¿Por qué no aspirar a la perfección moral y llegar en este camino adonde
+se pudiera?
+
+Entre todas las grandes cosas que se le habían ocurrido ser en este
+mundo, gran escritor, gran capitán (esto pocas veces, sólo de niño),
+gran músico, gran artista sobre todo, jamás sus ensueños le habían
+conducido del lado de la santidad. Si en otro tiempo se había dicho: ya
+que no puedo inventar grandes pasiones, dramas y novelas, hagamos todo
+esto, sea yo mismo el _héroe_, ¿por qué no había de aspirar ahora a un
+heroísmo de otro género? ¿No podía ser santo?
+
+Para artista, para escritor, le faltaba talento, habilidad. Para ser
+santo no se necesitaba esto.
+
+Y el pobre Bonis, que a ratos andaba loco por casa, por calles y paseos
+solitarios, buscó la _Leyenda de oro_ en la librería de su suegro, y vio
+que, en efecto, había habido muchos santos cortos de alcances, y no por
+eso menos visitados por la gracia.
+
+Sí, eso era; se podía ser un santo sencillo, hasta un santo simple....
+
+_Dejarlo todo_, ya que no tenía hijo, y seguir... ¿Seguir a quién? ¡Si él
+no tenía bastante fe, ni mucho menos! ¡Si dudaba, dudaba mucho, y con un
+desorden de ideas que le hacía imposible aclarar sus dudas y volver a
+creer a macha-martillo! Aquellos libracos, que había leído con avidez
+para hacerse todo lo sabio posible, a fin de preparar la educación del
+hijo, le habían producido, _en suma_, una indigestión intelectual de
+negaciones. No era creyente... ni dejaba de serlo. Había cosas en la
+Biblia que no se podían tragar. Un día que oyó que los seis días del
+Génesis no eran días, sino épocas, aun en pura ortodoxia, sintió un gran
+consuelo, como si se le quitara un peso de encima, como si hubiera sido
+él quien hubiera inventado lo del mundo hecho en seis días. Pero quedaba
+lo del Arca con todas las especies de animales; quedaba la torre de
+Babel; quedaba el pecado, que pasaba de padres a hijos, y quedaba Josué
+parando el sol..., en vez de parar la tierra. No, no podía ser: él no
+podía coger su cruz, porque no era un _simple_ como los de la Edad Media,
+sino un simple _ilustrado_, un simple de café, un simple moderno... ¡Ah,
+pero lo que no le faltaba era el sincero anhelo de sacrificio, de
+abnegación y caridad!... Hacer disparates para la mayor gloria... de lo
+que hubiese allá arriba, le parecía muy puesto en razón, algo como una
+música interior. Una noche leyó en la cama un libro que hablaba de un
+místico medio loco, italiano, de la Edad Media, a quien llamaban el
+juglar de Dios; parecía el payaso de la gloria: lleno del amor de Jesús,
+se reía de la Iglesia y daba por hecho que él se condenaría, pero
+llevando al infierno su pasión divina, que nadie podía arrancarle: y el
+tal Jacopone de Todi, que así le llamaba el vulgo, que se reía de él y
+le admiraba, hacía atrocidades ridículas para que su penitencia no fuese
+ensalzada, sino objeto de burla; y salía andando con las manos, cabeza
+abajo y los pies al aire; y se untaba de aceite todo el cuerpo, desnudo,
+y se echaba a rodar sobre un montón de plumas, que se le pegaban al
+cuerpo; y de esta facha salía por las calles para que los chiquillos le
+corrieran....
+
+Bonis lloraba de ternura leyendo estas hazañas del clown místico, del
+autor de los Laudes, después inmortalizados. Él, Bonis, no era poeta,
+pero con la flauta creía poder decir muchas cosas, y hasta convertir
+infieles.... Pero el toque estaba en el _arranque_. Irse por el mundo,
+echar a correr, dejarlo todo, y ya que no tenía un hijo, ser un santo de
+pueblo, un santo loco, estaba muy puesto en razón; mas ¡ay!, la
+conciencia le decía que no se atrevería jamás, no ya a dejarlo todo,
+hasta las zapatillas, y tomar su cruz; ni siquiera a dejar a su mujer....
+ni aun a su querida.
+
+
+
+
+-XIV-
+
+
+Grandes acontecimientos vinieron a sacar a Reyes de estas intermitentes
+veleidades místicas, que él mismo, en sus horas de sensualismo
+racionalista y moderado, calificaba de enfermizas. El infeliz Bonis no
+pudo menos de recordar un pasaje muy conocido de _La Sonámbula_; aquel de:
+
+ _ah, del tutto ancor non sei_
+ _cancellata dal mio cuor_,
+
+(según él lo cantaba), cuando llegó la hora de despedirse de Serafina
+Gorgheggi; la cual, deshecha otra vez la compañía, iba con Mochi
+contratada al teatro de la Coruña. Aquella separación había sido una
+amenaza continua, la gota amarga de la felicidad en los días y meses de
+ciega pasión; después un dolor necesario, y hasta merecido y saludable,
+según pensaba el amante, lleno de remordimientos y de planes morales.
+Pero al llegar el momento, Bonis sintió que se trataba de toda una
+señora operación practicada en carne viva. Con toda franqueza, y
+explicándolo todo satisfactoriamente por medio de una intrincada madeja
+de sofismas, Reyes reconoció que los afectos naturales, puramente
+_humanos_, eran los más fuertes, los verdaderos, y que él era un místico
+de pega, y un romántico y un _apasionado_ de verdad. ¡Ay!, separarse de
+Serafina, a pesar de aquella tibieza con que su espíritu la trataba de
+algún tiempo a aquella parte, era un dolor verdadero, de aquellos que a
+él le horrorizaban, de los que le _daban la pereza_ de _padecer_. ¡Era tan
+molesto tener el ánimo en tensión, necesitar sacar fuerzas de flaqueza
+para aguantar los dolores, los reales! Y no había más remedio. Pensar en
+tener compañía de ópera más tiempo, era absurdo. Ya todos los
+expedientes inventados para retener en el pueblo a Mochi y su discípula
+estaban agotados, no podían dar más de sí. Nunca se había visto, ni en
+tiempo de la _Tiplona_, mientras esta fue cantante, que _las partes_ de una
+compañía permanecieran un año seguido, y algo más, en la ciudad, fuera
+trabajando o en huelga. Lo que se había visto era tal cual corista que
+se quedaba allí, casada con uno del pueblo, o ejerciendo un oficio; un
+director de orquesta se había hecho vecino para dirigir una banda
+municipal...; pero tiples y tenores, nunca habían parado tantos meses:
+concluido el trigo, volaban. El fenómeno que ofrecían Serafina, Julio y
+Gaetano, era tan admirable como si las golondrinas se hubieran quedado a
+pasar un invierno entre nieve. Sólo que de las golondrinas no se hubiera
+hecho comidilla para decir que las alimentaban los gorriones, por
+ejemplo. Y de la larga estancia de los cómicos, contratados unas
+temporadas, otras no, se decían horrores. No por hacer callar a la
+maledicencia, de la que nadie se acordaba, a no ser Bonis, sino porque
+no había manera decorosa, ni aun medio decorosa, de continuar cubriendo
+las apariencias, ni tampoco recursos para seguir manteniendo los grandes
+gastos que causaban aquellos restos de la compañía disuelta, se
+comprendió la necesidad de que terminase aquel _estado de cosas_, como le
+llamaba Reyes. La empresa había perdido bastante, y sobre la empresa, es
+decir, sobre el caudal mermadísimo del abogado Valcárcel, continuaban
+cargando, más o menos directamente, las principales _partes_, a saber:
+Mochi, Serafina y Minghetti. Se presentó la ocasión de ganar la vida con
+el trabajo, y hubo que aprovecharla, por más que doliera a unos y a
+otros la despedida. Quien no transigió fue Emma. Tuvo una encerrona con
+su tío y mayordomo, que había sido nombrado vicepresidente de la
+Academia de Bellas Artes, agregada a la Sociedad Económica de Amigos del
+País, y de aquella conferencia resultó el acuerdo, porque allí todo eran
+panes prestados, de que Minghetti continuaría en el pueblo en calidad de
+director de la Sección de música en la citada Academia. El sueldo que
+pudieron ofrecer los señores socios al barítono no era gran cosa; pero
+él se dio por satisfecho, porque además pensaba dar lecciones de piano y
+de canto, y con esto y lo otro (y lo otro, así decía la malicia, entre
+paréntesis, por lo bajo) podía ir tirando, hasta que se cansara de
+aquella vida sedentaria, y se decidiera a admitir una de las muchas
+contratas que, según él, se le ofrecían desde el extranjero.
+
+Serafina dejaba con pena el pueblo, en que había llegado casi a olvidar
+que era una actriz y una aventurera, para creerse una dama honrada que
+tenía buenas relaciones con la mejor sociedad de una capital de
+provincia, y un amante fiel, dulce, manso y guapo. A Bonis le había
+llegado a querer de veras, con un cariño que tenía algo de fraternal,
+que era a ratos lujuria y que se convertía en pasión de celosa cuando
+sospechaba que el tonto de Reyes podía cansarse de ella y querer a otra.
+Tiempo hacía que notaba en su queridísimo bobalicón despego disimulado,
+distracciones, cierta tendencia a huir de sus intimidades. Al principio
+sospechó algo de las extrañas noches de valpurgis matrimonial que tan
+preocupado trajeron una temporada a Reyes; después, siguiendo la pista a
+los desvíos y distracciones del amante, llegó a comprender que no se
+trataba de _otros amores_, sino de _ideas_ que a él le daban; tal vez iba a
+volvérsele definitivamente bobo, y no dejaba de sentir cierto
+remordimiento.
+
+«A este se le ablanda la mollera por culpa mía».
+
+Más de una vez, en sus ligeras reyertas de amantes antiguos, pacíficos y
+fieles, pero cansados, oyó a Bonis hablar de la _moral_ como un obstáculo
+a la felicidad de entrambos. Lo que nunca pudo sospechar Serafina fue la
+principal _idea_ de Bonis, la del _hijo_; y esto era lo que en realidad le
+apartaba de su querida, del pecado.
+
+Pero en la noche en que, al arrancar la diligencia de Galicia, Bonis,
+subiéndose de un brinco al estribo de la berlina, pudo, a hurtadillas,
+dar el último beso a la Gorgheggi, sintió que su pasión no había sido
+una mentira _artística_, porque con aquel beso se despedía de un género de
+delicias intensas, inefables, que no podrían volver; con aquel beso se
+despedía del último vestigio de la juventud.
+
+Entre la muchedumbre que había acudido a despedir a los cantantes, se
+sintió Bonis, después que desapareció el coche en la oscuridad, muy
+solo, abandonado, sumido otra vez en su insignificancia, en el antiguo
+menosprecio.
+
+Delante de él, que volvía solo por la calle sombría adelante, solo entre
+la muchedumbre de sus amigos y amigas, distinguió dos bultos que
+caminaban muy juntos, cogidos del brazo, según era permitido en aquella
+época a las señoritas y a los galanes; eran Marta Körner y Nepomuceno,
+que se habían adelantado, huyendo la vigilancia del alemán, que no
+gustaba de tales confianzas. La escena de la despedida los había
+enternecido y animado; la oscuridad de las calles, alumbradas con
+aceite, les daba un incentivo en su misterio, y en el cuchicheo de su
+diálogo se sentía el soplo de la pasión... de la pasión carnal de Nepo y
+de la pasión de... marido de Marta. Iban absortos en su conversación,
+olvidados de los que venían detrás, creyéndose a cien leguas de la
+gente, sin pensar en ella; levantaban a veces la voz, Marta
+singularmente; y Bonis, sin querer al principio, queriéndolo muy de
+veras después, oyó cosas interesantes.
+
+«Había que hablar cuanto antes a Emma; había que decirle el gran secreto
+de aquella pareja: que iban a casarse antes de un mes. Y había que
+ajustar cuentas, separar los respectivos capitales, sin perjuicio de
+seguir administrando el tío el de la sobrina, hasta que ya no hubiera
+cosa digna de mención que administrarle». Estaba perdida; no había hecho
+más que ir gastando, derrochando, sin enterarse jamás de que corría a la
+ruina completa. Hablarle a ella de hipotecas, era hablarle en griego.
+«Pues hipoteque usted», decía, sin más idea de la hipoteca que la de ser
+un modo de sacar ella el dinero necesario para sus locuras, cuanto
+antes.
+
+--Mire usted--decía el tío a Marta (pues el _tú_ lo dejaba para después de
+la boda)--; es una mujer que no tiene idea clara de lo que significa el
+tanto por ciento, y cuando le hablan de un interés muy subido, le suena
+lo mismo que si le hablan de un interés despreciable; para ella no hay
+más que el dinero que le den por lo pronto; parece así... como que se
+figura que roba a los usureros, a quienes toma dinero al sabe Dios
+cuántos. Para aliviar estos males, he llegado yo mismo a ser el único
+_judío_ para mi sobrina; yo soy, yo, quien, sin saberlo ella, porque ni lo
+pregunta, le facilito cantidades a un módico interés.
+
+Marta oía a Nepo con más placer que si le fuera recitando la _primavera
+temprana_ de Goëthe.
+
+--¿De modo... que ellos van a arruinarse?
+
+--Sí; ya no tiene remedio.
+
+--La culpa es suya.
+
+--Suya.... Empezó él... siguió ella... después los dos...; después todo el
+mundo.... Usted lo ha visto: aquella casa es un hospicio; los cómicos nos
+han comido un mayorazgo..., y como la fábrica va mal....
+
+--¡Oh!, pero eso no hay que decirlo por ahí...
+
+--No; es claro....
+
+--Papá espera levantar el negocio; sus corresponsales le ofrecen mercados
+nuevos, salidas seguras....
+
+--Sí, sí; es claro..., pero ya será tarde para los de Reyes; nuestro
+esfuerzo, el que haremos con nuestro propio capital.... Marta, con el
+nuestro, ¿entiende usted?, sacará la fábrica a flote...; pero ya será
+tarde para ellos. Nuestro porvenir está en la pólvora....
+
+Marta apretó el brazo de Nepo, y lo que siguieron hablando ya no pudo
+oírlo Bonis.
+
+Se quedó atrás; entró el último en su casa, adonde volvieron muchos de
+los que habían ido a despedir a la Gorgheggi y a Mochi, pues de allí
+había partido la comitiva. Serafina había ido al coche desde la casa de
+Emma, porque ésta no podía salir aquella noche; se sentía mal, y se
+habían despedido en el gabinete de la Valcárcel.
+
+Bonis se detuvo en el portal, cuando ya todos estaban arriba. ¡Qué
+ruido! ¡Qué algazara! ¡Lo de siempre! Ya nadie se acordaba de los que se
+alejaban carretera arriba; como si tal cosa. Arrastraban sillas, sonaba
+el piano y después el taconeo de los danzantes. Bailaban.
+
+«¡Y todo esto lo he traído yo! ¡Y bailan sobre las _ruinas_! ¡_Los Reyes_
+se arruinan; la casa Valcárcel truena... y el último ochavo lo gastan
+alegremente entre todos estos pillos y viciosos que he metido yo en
+casa!».
+
+«¡Empezó él!, decía ese tunante. ¡Y tiene razón! Yo empecé, y aún debo,
+aún debo... lo robado. Y todo lo demás que vino después, la empresa
+teatral..., la fábrica..., los banquetes, las jiras, los saraos..., los
+préstamos a esos hambrientos y chupones..., por culpa mía, por mi
+pasión..., que ya se extinguía, por miedo a echar cuentas, por miedo de
+que se descubriese mi _adulterio_; sí, adulterio, así se llama... yo lo
+toleré... lo procuré todo.... Todo es culpa mía, y l peor es lo que dice
+el tío: Empezó él».
+
+Y Bonis, sin pasar del portal, mal alumbrado por un farol de aceite, se
+cogía la cabeza con las manos.
+
+No se determinaba a subir. Le daba asco su casa con aquella chusma
+dentro.
+
+«¡Si fuera para barrerlos! Y a mí con ellos... a todos..., a todos....
+
+»¿Cómo seguir con aquella vida, ahora sobre todo, que ni el placer, ni
+el pecado, le arrastraba a ella?
+
+»¡Egoísta! Como se fue tu pareja, _moralizas_ contra los demás.
+
+»Pero, ¿y la ruina? Cuando ese la anuncia, segura será... ¡Seremos
+pobres! Por mí... casi me alegro...; pero es horrible... porque es por
+culpa mía».
+
+Cesó de repente el ruido del baile, que sonaba sordo y continuo sobre su
+cabeza; después se oyeron muchos pasos precipitados en una misma
+dirección..., hacia el gabinete de Emma.
+
+--¿Qué pasa?--se dijo asustado Bonis. Pensó de repente, como antaño--: Emma
+se ha puesto mala, y me va a echar la culpa. Se dirigió hacia la
+escalera, cuya puerta abrieron con estrépito desde dentro; bajando de
+dos en dos los peldaños, venían dos bultos: el primo Sebastián y
+Minghetti, que atropellaron a Bonis.
+
+--¿Qué hay? ¿Qué sucede?--gritó, recogiendo del suelo el sombrero, el que
+debía ser amo de la casa.
+
+--¡Arriba, hombre, arriba! ¡Siempre en Babia! Emma así..., y tú fuera....
+
+Esta frase del primo Sebastián le supo a Bonis a todo un tratado de
+arqueología; era del repertorio de las antigüedades clásicas de su
+servidumbre doméstica.
+
+--Pero... ¿qué hay? ¿Qué tiene Emma?
+
+--Está mala..., un síncope..., jaqueca fuerte...--dijo Minghetti--.
+Vamos corriendo a buscar a D. Basilio; le llama a gritos.
+
+--Sube, hombre; corre; te llama a ti también; nunca la vi así... Esto es
+grave.... Sube, sube....
+
+Y se lanzaron a la calle los dos emisarios, rivalizando en premura y
+celo.
+
+--Usted, al Casino; yo, a su casa--dijo Sebastián--; y cada cual echó a
+correr: uno, calle arriba; otro, calle abajo.
+
+Bonis entró temblando, como en otro tiempo. «¿Qué sería? ¿Volverían los
+días horrorosos de la fiera enferma? ¡Comparados con ellos los
+presentes, de _relajamiento moral_, le parecían ahora flores! Y en
+adelante, ¿qué armas tendría para la lucha? Ya no creía en la pasión,
+aunque tanto le estaban doliendo aquella noche sus últimas raíces; ya no
+creía apenas en el ideal, en el arte...; todo era un engaño, tentación
+del pecado.... Sí: volvía su esclavitud, su afrenta, aquella vida de
+perro atado al pie de la cama de una loca; él ya no tendría fuerza para
+resistir; con un _ideal_, con una _pasión_, lo sufría todo; sin eso...
+nada. Se moriría.... La enfermedad otra vez... y ahora, con la pobreza,
+acaso, de seguro... ¡Qué horror!... ¡Oh! No; escaparía».
+
+Entró, pasillo adelante; todo era confusión en la casa. Las de Ferraz y
+una de las de Silva corrían de un lado a otro, daban órdenes
+contradictorias a los criados; en el gabinete de Emma, Marta y Körner
+junto al lecho, parecían estatuas de mausoleo.
+
+--¡Duerme!--dijo con solemnidad el padre.
+
+--¡Silencio!--exclamó la hija, con un dedo sobre los labios.
+
+--Pero, ¿qué ha sido?
+
+--¡Pchs! Silencio.
+
+--Pero (más bajo y acercándose); pero... yo quiero saber... ¿y el tío?
+¿Dónde está el tío?
+
+--Se está mudando--contestó Marta en voz baja, de esas que son silbidos,
+más molestos que los gritos.
+
+Reyes notó el olor de un antiespasmódico; olor de tormenta para los
+recuerdos de sus sentidos. También había cierto hedor nauseabundo.
+
+Se aproximó más a la cama; a los pies estaba amontonada ropa blanca, de
+que se había despojado Emma después de metida entre sábanas, según su
+costumbre. También ahora los recuerdos de los sentidos le hablaron a
+Bonis de tristezas, y tras rápida reflexión, se sintió alarmado.
+
+--Pero, ¿qué ha sido?--preguntó sin bajar la voz lo suficiente,
+olvidándose del sueño de su esposa, pensando cosas muy extrañas.
+
+--No grite usted, hombre--dijo la alemana muy severamente.
+
+Bonis acercó el rostro al de su mujer.
+
+--Duerme--dijo Körner.
+
+--¡Dios lo sabe!--pensó Bonis.
+
+Emma, pálida, desencajada, desgreñada, con diez años, de los que había
+sabido quitarse de encima, otra vez sobre las fatigadas facciones, abrió
+los ojos, y lo primero que hizo con ellos fue lanzar un rayo de odio y
+otro de espanto sobre el atribulado esposo.
+
+--¿Qué ha sido, hija mía, qué ha sido?
+
+Quiso hablar la enferma, y, al parecer, hasta pronunciar un discurso,
+porque procuró incorporarse, y extendió los brazos; pero el esfuerzo le
+produjo náuseas, y Bonis, sin tiempo para retirarse un poco, corrió la
+misma borrasca de que se estaba secando el tío.
+
+Körner, discretamente, retrocedió un paso. Marta se colgó de la
+campanilla en son de pedir socorro, porque no era ella hembra que
+descendiese a ciertos pormenores al lado de los enfermos. El estómago,
+decía ella, no es nuestro esclavo; antes bien, nos esclaviza.
+
+Acudieron las de Ferraz, y luego Eufemia con agua, arena, toalla y
+cuanto fue del caso. A Bonis se le hizo comprender que apestaba, y
+corrió a mudarse.
+
+Cuando volvió al cuarto de su mujer, vio en la sala al tío, a Körner, a
+Marta, a las de Ferraz, a la de Silva, a Minghetti y a Sebastián.
+
+--¿Está mejor, está sola?
+
+Sebastián respondió casi de limosna:
+
+--No: está con ella D. Basilio.
+
+Antes de decidirse a entrar en el gabinete, Bonis consultó con la mirada
+al concurso. Vio algo extraño en ellos: parecían menos alarmados y como
+llenos de curiosidad maliciosa. Había allí sorpresa, incertidumbre, no
+susto ni temor a un peligro.
+
+--¿Pasa algo? ¿Qué pasa?--preguntó anhelante, con la cara de lástima que
+ponía cuando acudía en vano a implorar sentimientos tiernos, de caridad,
+en sus semejantes.
+
+--Hombre, usted puede entrar--dijo Körner--; al fin es el marido.
+
+Bonis entró. D. Basilio, correcto en el vestir, como siempre, de color
+de manteca el gabán entallado; sonriente; de expresión espiritual boca y
+mirada, dejaba pasar una tormenta de espanto y rebeldía contra los
+designios de la naturaleza a que se entregaba Emma, que se apretaba la
+cabeza desgreñada con las manos crispadas, y llamaba a Dios de tú y con
+un tono que parecía de injuria.
+
+--¡Dios mío! ¿Qué es esto?--preguntó Bonis espantado, con las manos en
+cruz, frente al médico.
+
+--Pues, nada; que su mujer de usted... está nerviosísima, y ha tomado a
+mal una noticia que yo creí que la llenaría de satisfacción y legítimo
+orgullo....
+
+--¡Calle usted, Aguado! ¡No se burle de mí! ¡No estoy para bromas! ¡Dios
+mío! ¡Qué va a ser de mí! ¡Qué atrocidad! ¡Qué barbaridad! ¡Qué va a ser
+de mí!... ¡Dios de Dios! Y a estas horas... yo me voy a morir... de
+fijo... de fijo... me lo da el corazón. ¡Yo no paro, no paro, no
+paro!...
+
+--¿Delira?--gritó Bonis con horror.
+
+--¿Por qué?
+
+--Como dice... que no para... no para....
+
+--No; no dice eso--y D. Basilio se interrumpió para reír con toda
+sinceridad--. Lo que dice es que no pare, no pare.... Pero ya verá usted
+cómo en su día, aún lejano, damos a luz un robusto infante.
+
+--¡Alma mía!--exclamó Reyes comprendiendo de repente, más que por las
+señas que tenía delante, por una _voz de la conciencia_ que le gritó en el
+cerebro: «Se fue _ella_, y viene _él_; no quería venir hasta hallar solo tu
+corazón para ocuparlo entero. Se fue la _pasión_ y viene el _hijo_».
+
+Se lanzó a estrechar en sus brazos la cabeza de su esposa; pero esta le
+recibió con los puños, que, rechazándole con fuerza, le hicieron perder
+el equilibrio y casi caer sobre don Basilio.
+
+--¡Nerviosa, nerviosísima!--dijo el médico, disimulando el dolor de un
+callo que le había pisado aquel calzonazos.
+
+Empezaron las explicaciones.
+
+Emma, con verdadero pánico, se agarraba, como un náufrago a una tabla, a
+la esperanza de que aquello era imposible.
+
+Aguado, con estadísticas que no necesitaba ir a buscar fuera de su
+clientela, demostraba que _imposibles_ de aquella clase le habían hecho
+pasar a él muchas noches en claro. Y sin ir más lejos, citaba a la de
+Fulano y a la de Mengano, que se habían descolgado con una criatura
+después de años y años de esterilidad, en rigor aparente. «¡Oh, los
+misterios de la naturaleza!».
+
+«Pero, ¿no la habían asegurado a ella, tantos años hacía, cuando el mal
+parto, cuando quedó medio muerta, con las entrañas hechas una lástima,
+que ya no pariría nunca, que aquello se había acabado, que no sé qué de
+la matriz?».
+
+--Sí habrán dicho, señora; pero _in illo tempore_ yo no tenía el honor de
+contar a usted en el número de mis clientes. Hay quien es un gran
+comadrón y un grandísimo ignorante en obstetricia y tocología, y toda
+clase de _logías_... divinas y humanas.
+
+Mientras Emma proseguía en sus lamentos, gritos y protestas, jurando y
+perjurando que estaba dispuesta a no parir, que aquello era una
+sentencia de muerte disfrazada, que a buena hora mangas verdes, y cosas
+por el estilo, Aguado se volvió a Bonis para explicarle lo que había
+pasado allí.
+
+En cuanto se había acercado a la enferma había visto síntomas extraños
+que nada tenían que ver con sus habituales crisis nerviosas; se había
+enterado de pormenores íntimos, aunque con gran dificultad por el horror
+que tenía Emma a todos los cálculos, previsiones y recuerdos
+aritméticos, no sólo a las cuentas del tío; y entre estas noticias y lo
+que tenía presente, y ciertas inspecciones y contactos, había sacado en
+consecuencia que aquella señora, como tantas otras, al cabo de los años
+mil volvía por los fueros de la maternidad, abandonados mucho tiempo.
+Habló mucho de matrices y de placentas, pero mucho más de la misteriosa
+marcha de la Naturaleza _a través_, y permítaseme el galicismo--dijo
+Aguado, que era purista en lo que se le alcanzaba--, a través de los
+fenómenos fisiológicos de todos órdenes. Indudablemente, y no lo decía
+por alabarse, él no había esperado menos del régimen homeopático e
+higiénico a que había sometido a su cliente: sin aquellos glóbulos, y
+más particularmente sin la influencia físico-moral de los buenos
+alimentos, de los paseos y, sobre todo, de las distracciones, aquel
+organismo hubiera continuado viviendo una vida valetudinaria, sin
+esperanza, ni remota, de tener fuerzas sobrantes suficientes para sacar
+de ellas una nueva vida, un _alter ego_. No cabía duda que Aguado insistía
+en querer deslumbrar a Bonis, pues no solía el médico de las damas ser
+tan pedantescamente redicho.
+
+De todas suertes, Reyes tenía que contenerse para no abrazar al doctor;
+creía disparatadamente que el estar su mujer embarazada o no dependía de
+aquella discusión entre el médico y Emma; si Emma quedaba encima en la
+disputa, ¡adiós hijo!; si el médico decía la última palabra, parto
+seguro.
+
+Como no había por qué ocultar la cosa, no se ocultó; los de la sala
+supieron enseguida el pronóstico, nada reservado, de D. Basilio. Hubo
+gritos de alegría, de sorpresa sobre todo, algunos de malicia; bromas,
+jarana y pretexto para seguir divirtiéndose y alborotando: Emma
+continuaba protestando; se sentía mejor, era verdad, después de haber
+desahogado por completo, pero el susto, al cambiar de especie, había
+empeorado; no estaba enferma, como había temido, pero estaba en _estado
+interesante_, y esto era horroroso. Y como no le hacían caso, y se reían
+de ella y hasta la dejaban sola, para correr por la casa y refrescar y
+tocar el piano y cantar, toda vez que ella misma confesaba que no le
+dolía nada, se tiraba la dama encinta de los pelos, insultaba medio en
+broma, medio en veras, a sus amigas y amigos llamándolos verdugos, y
+proponiéndoles que pariesen por ella y que verían.
+
+Seguía negando su estado, como si fuese asunto de honor, como pudiera
+negarlo Marta si se viera en una por el estilo; pero negaba no por
+convicción, sino por engañarse a sí misma. Por lo demás, bien comprendía
+ahora, después de oír a D. Basilio y de contestar a sus sabias
+preguntas, que había estado ciega, que ella misma debía haber
+comprendido mucho tiempo hacía de qué se trataba al notar cosas extrañas
+en su vida íntima.
+
+Bonis, que había procurado quedarse con su mujer mientras los demás,
+despedido D. Basilio, corrían al comedor, donde les aguardaba el
+refresco, tuvo que dejarla sola porque le echó de su presencia a cajas
+destempladas. Desapareció Reyes, y los convidados quedaron por dueños de
+la casa, pues D. Juan Nepomuceno había salido también cuando el médico.
+
+En el comedor se acentuó el carácter burlesco de las bromas con que se
+recibió el inesperado suceso. Se hacían cálculos respecto de la mayor o
+menor proximidad del alumbramiento, suponiendo que las cosas fueran por
+sus pasos contados a un feliz desenlace. Las hipótesis respecto de las
+causas probables de tamaño lance abundaban, se entrelazaban, se
+mezclaban, llegaban al absurdo y siempre acababan apoyándose en ejemplos
+de casos semejantes y de otros mucho más extremados. Körner demostró
+gran erudición en el particular; pero se preferían como mejor
+testimonio, más digno de crédito, las cosas más recientes y de la
+localidad. No le hubiera hecho gracia a Emma oír que se la comparaba con
+damas parturientas de sesenta años, y que se citaba, como ejemplo de
+belleza conservada milagrosamente, a Ninon de Lenclos, de quien nunca
+había oído ni el nombre la señorita de Silva. ¡Lo que sabía aquella
+Marta, que fue la que llevó la conversación de la tocología a la
+estética, para poder ella lucir sus conocimientos sin menoscabo de su
+decoro y prerrogativas de virgen pudorosa e ignorante en obstetricia!
+Ella, tan avispada, en esto de fingir inocencia tenía tan mal tacto, que
+llegaba a ridículas exageraciones; y así fue que aquella noche, por
+rivalizar con el candor de las de Ferraz, a las primeras noticias del
+feliz suceso que se preparaba estuvo inclinada a dar a entender que, a
+su juicio, los recién nacidos venían de París; pero la de Silva, la
+menor, con verdadera inocencia, dejó comprender todo lo que ella sabía
+respecto del asunto, que era bastante; y Marta tuvo tiempo para recoger
+velas y abstenerse de ridículas leyendas filogénicas y ontogénicas, como
+hubiera dicho ella si no estuviera mal visto.
+
+En lo que estaban todos conformes era en lo que ya había afirmado el
+médico, a saber: que la principal causa de aquella restauración de las
+entrañas de Emma y de sus facultades de madre se debían a la nueva vida
+que llevaba de algún tiempo a aquella parte, a las distracciones, a las
+expansiones. Consultado Minghetti sobre el particular, daba señales de
+asentimiento con la cabeza, y seguía comiendo pasteles. Los comensales
+le miraban a hurtadillas, y los más perspicaces notaban en él un aire
+que Körner, hablando bajo con Sebastián, llamó en francés _gené_; con lo
+cual Sebastián se quedó a oscuras.
+
+Volvió Nepomuceno cuando se levantaban de la mesa; se despidieron todos
+de Emma, repitiendo las bromas, recomendándole tales y cuales
+precauciones Körner, y aun Sebastián, que tenía una experiencia que no
+se explicaban las chicas de Ferraz en un solterón; y todas las vírgenes,
+Marta inclusive, se ofrecieron de allí para en adelante a servir a la
+amiga enferma, de enfermedad conocida, en todo lo que fuera compatible
+con el estado a que todas ellas todavía pertenecían.
+
+Emma rabiaba, azotaba el aire; y aumentaba su cólera porque no podía
+explicar a las muchachas, decorosamente, los argumentos con que todavía
+seguía oponiéndose a la sentencia facultativa. Bajando por la escalera,
+unas opinaban que el furor de la Valcárcel era fingido, que bien
+satisfecha estaba con el descubrimiento; otras pensaban, más en lo
+cierto, que si algo halagaba esta potencialidad a Emma, no le daban
+lugar a satisfacciones el terror del parto, el asco y la repugnancia a
+los menesteres de la maternidad después del alumbramiento.
+
+--Y además--decía una de Ferraz a la de Silva--, ¿no ha visto usted qué
+cara se le ha puesto sólo con los preparativos esos y con el susto?
+
+--Sí, parecía un cadáver....
+
+--Lo que parecía era una cincuentona.
+
+--Poco le falta.
+
+--No, mujer, no exageres. Lo que era que... como se le había caído la
+pintura....
+
+--Diez años más se le echaron encima.
+
+--Eso sí.
+
+Y todas ellas callaron de repente, ya en la calle, pensando por
+unanimidad en Minghetti y en la cara de pocos amigos que había puesto en
+el cuarto de la otra. Sebastián fue a acompañar a los de Körner hasta su
+casa. Nepomuceno había tenido que quedarse porque el alemán era muy
+delicado, ahora que se aproximaba la boda, en materias del qué dirán, y
+no gustaba de que a tales horas pudieran encontrar por las calles
+oscuras a su hija acompañada de su prometido, aunque Körner fuera con
+ellos. Aseguraba que para Alemania era buena la costumbre de dejar a los
+novios andar juntos y solos por cualquier parte, pero que en países
+meridionales toda precaución era poca. Por lo visto, temía los ardores
+del buen Nepomuceno.
+
+Pero ¿y Reyes?, preguntaban los amigos de la casa al separarse. ¿Dónde
+se habrá metido? En el cuarto de Emma no quedaba.
+
+Bonis se había encerrado en su alcoba, ya que su mujer rechazaba
+enérgicamente las expansiones del futuro padre, que hubiera deseado
+vivamente saborear en santo amor y compaña de su esposa las delicias de
+la inesperada y bien venida noticia que acababa de darles D. Basilio.
+
+A falta de su mujer, Bonis se contentó con su humilde lecho de _soltero_,
+en aquella alcoba suya, testigo de tantos pensamientos, de tantos
+sueños, de tantos remordimientos, de tantas penas y humillaciones
+devoradas entre sollozos. Su cama era su confidente, su mejor amigo; no
+el tálamo nupcial, el del cuarto de su mujer, no; aquellas pobres tablas
+de nogal, aquellas sábanas sin encajes (porque los encajes y puntillas
+le daban grima), aquella colcha de flores azules, que le decían tantas
+cosas poéticas y tristes, dulces, suaves, tan conformes con el fondo de
+su propio carácter. Parecíale que a fuerza de haber mirado años y años
+aquellas flores, mientras su pensamiento vagaba por los mundos
+encantados de sus ilusiones, de sus penas, se le había pegado a la
+colcha como un barniz de idealidad, una especie de musgo azul de sus
+ensueños.... En fin, aquella colcha, y otra del mismo dibujo, pero de
+color de rosa, eran algo así como amigas íntimas, confidentes que a él
+le faltaban en el _mundo_ de los vivos.
+
+Muchas veces pensaba en esto: él no tenía, en rigor, amigos entre los
+hombres; ni amigos de la infancia, verdaderos, capaces de comprenderle y
+capaces de abnegación; ni amigos de la edad viril...; _il suo caro
+Mochi_... ¡bah!, le había engañado una temporada. Era un vividor a quien
+Dios perdonara. Sus amigos eran las cosas. La montaña del horizonte, la
+luna, el campanario de la parroquia, ciertos muebles... la ropa de
+color, usada, de andar por casa... las zapatillas gastadas... el lecho
+de _soltero_ sobre todo. Estos seres inanimados, de la industria, a los
+cuales dudaba Platón si correspondía una idea, eran para Bonis como
+almas paralíticas, que oían, sentían, entendían..., pero no podían
+contestar ni por señas.
+
+Y, sin embargo, aquella noche solemne, al contemplar la colcha de flores
+azules, el doblez humilde y corto de las sábanas limpias, las almohadas
+angostas y blandas, le pareció que todo aquello le sonreía con su
+frescura y con su aspecto de íntima familiaridad, mientras él se quitaba
+las botas y calzaba las babuchas. No había felicidad completa si los
+pies no descansaban en la suavidad del paño flojo de las zapatillas.
+
+--¡Ajajá!--exclamó al sentirse a su gusto. Y apoyando ambas manos en la
+cama, dejó que una dulcísima sonrisa le inundara el rostro con un
+reflejo de la alegría del corazón.
+
+¡Ahora a meditar! ¡A soñar! ¡Noche solemne! No había milagros: en eso
+estaba. No estaría bien que los hubiera. El milagro y el verdadero Dios
+eran incompatibles. Pero... ¡había Providencia!, un plan del mundo, en
+armonía preestablecida (él no usaba estas palabras; no pensaba esto con
+palabras) con las leyes naturales. Había coincidencias providenciales,
+que al hombre piadoso debían servirle de advertencias saludables,
+emanadas de Dios, traídas por la naturaleza. No era un milagro que se
+hubiesen equivocado los médicos que antaño le habían condenado para
+siempre a la esterilidad de su mujer; no era un milagro que Emma pariese
+ya cerca de los cuarenta años. Tampoco era milagrosa..., aunque sí
+admirable, la coincidencia de anunciarse la _venida del hijo_ la misma
+noche en que se marchaba la pasión. Se iba Serafina y venía _Isaac_. El
+que debía llamarse Isaac, por lo que él sabía, pero que se llamaría,
+Dios sabía cómo, probablemente Diego, Antonio o Sebastián, a gusto de la
+madre, tirana de todos. ¡Isaac! Lo más extraño, lo más admirable era
+aquello... sus visiones de la noche memorable del concierto, de aquel
+concierto en que nacieron gran parte de las desdichas de su casa, la
+corrupción al por mayor metida en ella. De aquel concierto también había
+nacido su anhelo creciente de paz, de amor puro, tranquilo... y aquella
+vaga esperanza, rechazada y rediviva a cada momento, de tener al fin un
+hijo, un hijo legítimo, único. Lo más admirable, sí, aunque no
+milagroso, era el cumplimiento de lo que él disparatadamente llamaba,
+para sus adentros, «la Anunciación».
+
+Tan exaltado se sintió, todo por dentro, tan lleno de ternura, que se
+tuvo un poco de miedo.
+
+«¡Oh! ¡Si esto es estar loco, bien venida sea la locura!».
+
+¡Estaba tan contento, tan orgulloso! No cabía duda. La Providencia y él
+se entendían. Había sido aquello como un contrato: «Que se marche ella,
+y vendrá él».
+
+Pero ella... ¿se habrá marchado del todo?
+
+--Sí--dijo Bonis en voz alta, poniéndose en pie y dando una leve patada en
+el suelo.
+
+«Sí; aquí no queda más que el padre de familia. Aquí, en este corazón,
+ya no hay sitio más que para el amor del hijo».
+
+Una voz secreta le decía que su nuevo amor era un poco abstracto, algo
+metafísico; pero ya cambiaría; cuando el chico estuviese allí, sería
+otra cosa. «Algo contribuía, pensaba Bonis, a la falta de _cariño humano_
+a su nene de sus entrañas, de que ahora se resentía, el no saber cómo
+llamarle. ¡Isaac! No; no sería Isaac. Además, Isaac no había sido _único
+hijo_ de su padre. Aunque pareciera irreverencia, en rigor..., en
+rigor..., lo que correspondía era llamar a la criatura Manolín... o
+Jesús. ¡No que él se comparase con Dios Padre, ni siquiera con San
+José!...».
+
+La idea de San José le hizo incorporarse en la cama, donde ya se había
+tendido, sin desnudarse. Como Bonis no era creyente, en el sentido
+rigoroso de la palabra, y sus dudas le habían llevado muchas veces a las
+cuestiones exegéticas, según él podía entenderlas, pensó en la
+posibilidad de que a San José le hubiese hecho la historia un flaco
+servicio, con la mejor intención, pero muy flaco. Sintió una lástima
+inmensa por San José. «Supongamos, se decía, que él, y nadie más que él,
+fuera el padre de su hijo putativo; que fuese el padre..., sin perjuicio
+de todas las relaciones misteriosas, sublimes, extranaturales, pero no
+milagrosas, que podía haber entre la Divinidad y el Hijo del hombre...;
+supongamos esto por un momento. ¡Qué horror! ¡Arrancarle a San José la
+gloria..., el amor... de su hijo!... ¡Todo para la madre! ¿Y el padre?
+¿Y el padre?». Pensando estos disparates, se le llenaron los ojos de
+lágrimas. ¿Si estaría loco efectivamente? ¡Pues no se le ocurría, cuando
+debía estar tan contento, echarse a llorar, lleno de una lástima
+infinita del patriarca San José! Pero la verdad, ¡la historia!, ¡la
+historia! La historia no sabía lo que era ser padre.
+
+«Ni yo tampoco. Cuando tenga al muchacho junto a mí, en una cuna, no
+estaré pensando en San José ni en todas esas teologías...».
+
+En aquel instante se le ocurrió esto: «El niño debiera llamarse Pedro,
+como mi padre».
+
+--¡Padre del alma! ¡Madre mía!--sollozó, ocultando el rostro en las
+almohadas, que empapó en llanto.
+
+Aquella era la fuente; allí estaba el manantial de las verdaderas
+ternuras... ¡La cadena de los padres y los hijos!... Cadena que,
+remontándose por sus eslabones hacia el pasado, sería toda amor,
+abnegación, la unidad sincera, real, caritativa, de la pobre raza
+humana; pero la cadena venía de lo pasado a lo presente, a lo futuro...,
+y era cadena que la muerte rompía en cada eslabón; era el olvido, la
+indiferencia. Le parecía estar solo en el mundo, sin lazo de amor con
+algo que fuese un amparo..., y comprendía, sin embargo, que él era el
+producto de la abnegación ajena, del sacrificio amoroso en indefinida
+serie. ¡Oh infinito consuelo! El origen debía de ser también acto de
+amor; no había motivo racional para suponer un momento en que los
+ascendientes amaran menos al hijo que este al suyo.... Bonifacio se había
+vuelto un poco hacia la pared; la luz, colocada en la mesilla de noche,
+pintaba el perfil de su rostro en la sombra sobre el estuco blanco. Su
+sombra, ya lo había notado otras veces con melancólico consuelo, se
+parecía a la de su padre, tal como la veía en los recuerdos lejanos.
+Pero aquella noche era mucho más clara y más acentuada la semejanza.
+«¡Cosa extraña! Yo no me parecía apenas nada a mi padre, y nuestras
+sombras sí, muchísimo: este bigote, este movimiento de la boca, esta
+línea de la frente... y esta manera de levantar el pecho al dar este
+suspiro..., todo ello es como lo vi mil veces, en el lecho de mi padre,
+de noche también, mientras él leía o meditaba, y acurrucado junto a él
+yo soñaba despierto, contento, con voluptuosidad infantil, de aquella
+protección que tenía a mi lado, que me cobijaba con alas de amor, amparo
+que yo creía de valor absoluto.--¡Padre del alma! ¡Cuánto me habrás
+querido!»--se gritó por dentro....
+
+Bonis no se acordaba de que no había cenado todavía, y dejaba que la
+debilidad se apoderara de él. Empezaba a sentirse mal sin darse cuenta
+de ello. Le temblaban las piernas, y los recuerdos de la infancia se
+amontonaban en su cerebro, y adquirían una fuerza plástica, un vigor de
+líneas que tocaban en la alucinación; se sentía desfallecer, y como
+disuelto, en una especie de plano _geológico_ de toda su existencia, tenía
+la contemplación simultánea de varias épocas de su primera vida; se veía
+en los brazos de su padre, en los de su madre; sentía en el paladar
+_sabores_ que había gustado en la niñez; renovaba olores que le habían
+impresionado, como una poesía, en la edad más remota.... Llegó a tener
+miedo; saltó de la cama, y de puntillas se dirigió a la alcoba de Emma.
+La Valcárcel dormía. Dormía de veras, con la boca un poco entreabierta.
+Dormía con fatiga; la antigua arruga de la frente había vuelto a
+acentuarse amenazadora. Bonis se tuvo lástima en nombre de todos los
+suyos. Sintió, con orgullo de raza, una voz de lucha, de resistencia, de
+apellido a apellido: lo que jamás le había pasado en largos años de
+resignada cautividad doméstica. _Los Reyes_ se sublevaban en él contra _los
+Valcárcel_. ¡Oh! Cuánto daría en aquel momento por haber visto, por haber
+leído aquel libro de blasones familiares, de que, más que su padre, le
+hablaba su madre, muy orgullosa con la prosapia de su marido. Ella lo
+había visto: los Reyes eran de muy buena familia, oriundos de un
+pueblecillo de la costa que se llamaba _Raíces_. Bonis había pasado una
+vez por allí, en coche, sin acordarse de sus antepasados. ¿Quién se
+habrá llevado el libro? Un pariente, un tío.... Su padre, D. Pedro Reyes,
+procurador de la Audiencia, con mala suerte y poca habilidad, no hablaba
+apenas de las antiguas grandezas, más o menos exageradas por su esposa,
+de la familia de los Reyes; era un hombre sencillo, triste, trabajador,
+pero sin ambición; de una honradez sin tacha, que se había puesto a
+prueba cien veces, pero sin lucimiento, por lo modesto que era el D.
+Pedro hasta para ser heroicamente incorruptible. Con los demás era tan
+tolerante, que hasta podía sospecharse de su criterio moral por lo ancha
+que tenía la manga para perdonar extravíos ajenos. Amaba el silencio,
+amaba la paz, y le amaba a él, a Bonis, y a sus hermanos, todos ya
+muertos. Sí; ahora veía con extraordinaria clarividencia, con un talento
+de observación que no había sospechado que él tenía dentro, los
+recónditos méritos del carácter de su padre. Su romanticismo, sus
+lecturas dislocadas, falsas, no le habían dejado admirar aquella noble
+figura, evocada por la sombra propia en la pared de su cuarto. Bonis,
+junto al lecho de Emma dormida, adoró, como un chino, la santidad
+religiosa de los manes paternos. ¡Oh, qué claramente lo veía ahora; cómo
+tomaban un sentido hechos y hechos de la vida de su padre que a él le
+habían parecido insignificantes! Hasta, alguna vez, se había sorprendido
+pensando: «Yo soy un cualquiera; no soy un hombre de genio; seré como mi
+padre: un bendito, un ser vulgar». Y ahora le gritaba el alma: «¡Un ser
+vulgar!». ¿Por qué no? ¡Imbécil, imita la vulgaridad de tu padre!
+Acuérdate, acuérdate: ¿qué anhelaba aquel hombre? Huir de los negocios,
+del tráfico y de las mentiras del mundo; encerrarse con sus hijos, no
+para recordar noblezas de los abuelos, sino para amar tranquila,
+sosegadamente, a sus retoños. Era un anacoreta, poco dramático..., de la
+familia. Su desierto era su hogar. Al mundo iba a la fuerza. Su casa le
+hablaba, en silencio, con la dulzura de la paz doméstica, de toda la
+idealidad de que era capaz su espíritu cariñoso, humilde. La sonrisa de
+su padre al hablar con los extraños, tratando asuntos de la calle, era
+de una tristeza profunda y disimulada; se conocía que no esperaba nada
+de puertas afuera; no creía en los amigos; temía la maldad, muy
+generalizada; hablaba mucho a los hijos mayores de la necesidad de
+pertrecharse contra los amaños del mundo, un enemigo indudablemente. Sí;
+su padre hablaba a los de casa de lo que aguardaba fuera, como podía el
+hombre prehistórico hablar en su guarida, preparada contra los asaltos
+de las fieras, a las demás personas de la familia, aleccionándolas para
+las lides con las alimañas que habían de encontrar en saliendo. Más
+recordaba Bonis: que su padre, aunque ocultándolo, dejaba ver a su pesar
+que era un vencido, que tenía miedo a la terrible lucha de la
+existencia; era pusilánime; y, resignado con su pobreza, con la
+impotencia de su honradez arrinconada por la traición, el pecado, la
+crueldad y la tiranía del mundo, buscaba en el hogar un refugio, una
+isla de amor, por completo separada del resto del universo, con el que
+no tenía nada que ver. Para estas conjeturas de lo que su padre había
+sido y había pensado, Bonis se servía de multitud de recuerdos ahora
+acumulados y llenos de sentido; pero a lo que no llegaba con ellos era a
+vislumbrar en sus hipótesis históricas, en su recomposición de
+sociología familiar, la lucha que el padre debía de haber mantenido
+entre su desencanto, su miedo al mundo, su horror a las luchas de fuera
+y la necesidad de amparar a sus hijos, de armarlos contra la guerra, a
+que la vida, muerto él, los condenaba. D. Pedro había muerto sin dejar a
+ningún hijo colocado. Había muerto cuando la familia había tenido que
+renunciar, por miseria, a los últimos restos de forma mesocrática en el
+trato social y doméstico; cuando la pobreza había dado aspecto de
+plebeyo al decaído linaje de los Reyes. Y la madre, a quien esto habría
+llegado al alma, había muerto poco después: a los dos años.
+
+«Y ahora venía otro Reyes. Es decir, algo del espíritu y de la sangre de
+su padre». Bonis tenía la preocupación de que los hijos, más que a los
+padres, se parecen a los abuelos. La palabra _metempsicosis_ le estalló en
+los oídos, por dentro. La estimaba mucho, de tiempo atrás, por lo
+exótica, y ahora le halagaba su significado.--No será precisamente
+metempsicosis...--pensó--; pero puede haber algo de eso... de otra manera.
+¿Quién sabe si la inmortalidad del alma es una cosa así, se explica por
+esta especie de renacimiento? Sí, el corazón me lo dice, y me lo dice la
+_intuición_; mi hijo será algo de mi padre. Y ahora _los Reyes_ nacen
+ricos; vuelven al esplendor antiguo...».
+
+Al pensar esto, un sudor frío le subió por la espina dorsal.... Recordó,
+en síntesis de dos o tres frases, el diálogo que aquella misma noche
+había sorprendido: el de Nepomuceno con Marta. ¡Oh! ¿Sería sino de los
+Reyes? ¡Nacía uno más... y... nacía en la ruina! ¡Estaban arruinados, o
+iban a estarlo muy pronto; eso había dicho el tío, que sabía a qué
+atenerse!
+
+Bonis tuvo que sentarse en una silla, porque en la cama de su mujer no
+se atrevió a hacerlo.
+
+--¡Dios mío, en el mundo no hay felicidad posible! Esta noche, que yo
+pensé que iba a ser de imágenes alegres, de dicha _interior_ toda ella....
+¡qué horrible tormento me ofrece! ¡Arruinado mi hijo! ¡Y arruinado por
+culpa mía! Sí, sí, yo comencé la obra.... Y además, mi ineptitud, mi
+ignorancia de las cosas más importantes de la vida... los números... el
+dinero... las cuentas... ¡prosa, decía yo! ¡El arte, la pasión! eso era
+la poesía... ¡Y ahora el hijo me nace arruinado!
+
+Emma se movió un poco y suspiró, como refunfuñando.
+
+Bonis estuvo un momento decidido a despertarla. Aquello corría prisa.
+Quería revelarle el terrible secreto cuanto antes, aquella misma noche.
+No había que perder ni un día; desde la mañana siguiente tenían los dos
+que cambiar de vida, había que poner puntales a la casa, y esto no
+admitía espera....
+
+«En adelante, menos cavilaciones y más acción. Se trata de mi hijo. Seré
+el amo, seré el administrador de nuestros bienes. ¿Y la fábrica, esa
+fábrica en que ni siquiera sé a punto fijo lo que hacen? Allá veremos.
+¡Oh, señor don Juan, mi querido Nepomuceno, habrá _escena_, ya lo sé, pero
+estoy resuelto! Venga la escena. Pero todo eso, mañana. Ahora, lo
+inmediato; el _acto varonil_, digno de un _padre_, que correspondía a
+aquella noche, era... despertar a Emma, enterarla de todo».
+
+Pero Emma despertó sin que nadie se lo rogase, y Bonis no tuvo tiempo
+para atreverse a abordar la cuestión del secreto descubierto: su mujer
+le insultó, como en los tiempos clásicos de su servidumbre, porque
+estaba allí papando moscas. Le arrojó de la alcoba a gritos, le hizo
+llamar a Eufemia y le dio, por mano de la doncella, con la puerta en las
+narices.
+
+«También aquello tenía que concluir, pero... después del alumbramiento.
+Había que evitar el aborto; nada de disgustarla.... En pariendo... y en
+criando... si criaba ella, como él deseaba, se hablaría de todo; se
+vería si un Reyes podía ni debía ser esclavo de una Valcárcel.
+
+»Sin embargo, debo volver a entrar, con los mejores modos, para
+anunciarle el peligro...».
+
+Levantó el picaporte de la puerta que se le acababa de cerrar..., pero
+volvió a dejarle caer.
+
+Se sentía muy débil. No había cenado. Veía chispitas rojas en el aire.
+Había que tomar algún alimento y dejarlo todo para mañana. Ya era, así
+como así, muy tarde. Lo malo estaba en que no tenía apetito, aquel
+apetito que él perdía difícilmente.
+
+Tomó dos huevos pasados por agua, y acabó por acostarse. Tardó mucho en
+dormirse; y soñó, llorando, con Serafina, que se había muerto y le
+llamaba desde el seno de la tierra, con un frasco entre los brazos. El
+frasco contenía un feto humano en espíritu de vino.
+
+
+
+
+-XV-
+
+
+Emma defendió su esperanza de que el médico se equivocara, todo el
+tiempo que pudo, y con multitud de recursos de ingenio. En el asunto de
+la probanza que se sacaba de intimidades que ella tenía que confesar,
+intimidades que, por regla general, eran prueba plena, alegaba como
+excepción su extraña naturaleza, enemiga de todo ritmo en los fenómenos
+fisiológicos más corrientes. Pero su gran argumento consistía en
+presentarse de perfil:
+
+--¿Ven ustedes? Nada. Y se apretaba el corsé más y más cada día, sin
+miedo, despreciando consejos de la prudencia y de la higiene. Se portaba
+como una pobre doncella para quien dejar de serlo fuera una gran
+vergüenza, y que quisiera esconder la prueba de su ignominia.
+
+La murmuración de sus amigas se equivocaba al ver un fingimiento en esta
+oposición terca de la Valcárcel a la fatalidad de las cosas; no, no la
+halagaba ser madre a tales horas; el terror del peligro, que le parecía
+supremo, no le dejaba lugar para vanidades de ningún género. La
+enfermedad, la muerte..., eso, eso veía ella. «Yo no podré parir; me lo
+da el corazón. Yo no paro», pensaba, con escalofríos, cuando a solas
+comenzaba a rendirse a la evidencia. «¡A mi edad! ¡Primeriza a mi edad!
+¡Qué horror! ¡Qué horror!... ¡Los huesos tan duros!...».
+
+Emma se encerraba en su alcoba; se miraba en el espejo de cuerpo entero,
+en ropas menores, hasta sin ropa..., se examinaba detenidamente, se
+medía, se comparaba con otras, sacaba proporciones de ancho y de largo
+de su torso y de cuantas partes de su cuerpo creía ella, en sus vagas
+nociones de tocología instintiva, que eran capitales para el arduo paso.
+Y arrojándose desnuda, sin miedo al frío, en una butaca, rompía a
+llorar, furiosa; a llorar sin lágrimas, como los niños mimados, y
+gritaba: «¡Yo no quiero! ¡Yo no puedo! ¡Yo no sirvo!».
+
+La muerte era probable, la enfermedad segura, los dolores terribles,
+insoportables..., _matemáticos_; por bien que librara, los dolores tenían
+que venir. ¡No! ¡No! ¡Jamás! ¿Para qué? ¡Otra vez la cama, otra vez el
+cuerpo flaco, el color pálido, la _calavera_ estallando debajo del pellejo
+amarillento; la debilidad, los nervios, la bilis..., y el tremendo
+abandono de los demás, de Bonis, del tío, de Minghetti! ¡Oh, sí!
+Minghetti, como todos, la dejaría morir, la dejaría padecer, sin padecer
+ni morir con ella... ¡El parto! Crueldad inútil, peligro inmenso... para
+nada: ¡qué estupidez! Las mujeres felices, las mujeres entregadas a la
+alegría, al arte..., a... los barítonos..., las mujeres superiores, no
+parían, o parían cuando les convenía, y nada más. ¡Parir! ¡Qué necedad!
+¿Cómo no había previsto el caso? Se había dejado sorprender.... Pero,
+¿quién hubiera temido?... Y su cólera, como siempre, iba a estrellarse
+contra Bonis. El cual tuvo que desistir de sus ensayos de
+enternecimiento a dúo con motivo del próximo y feliz suceso, porque
+Emma, ni en broma, toleraba que se hablase del peligro que corría como
+de acontecimiento próspero.
+
+Por fin llegó a ser una afectación inútil, ridícula, el negar la próxima
+_catástrofe_, pues por tal la tenía ella. Emma dejó de apretarse el corsé,
+dejó de defenderse; si en los primeros meses había sido poco ostensible
+el embarazo, al acercarse el trance saltaba a la vista. No era _una
+exageración_, decía Marta, pero era; allí estaba el _parvenu_, como le
+llamaba ella en francés, riéndose con malicia, segura de que sólo
+Minghetti podía entenderla. Sebastián le llamaba, también con risitas y
+en sus coloquios maliciosos con Marta, el _inopinado_.
+
+La Valcárcel, los primeros días de su derrota, cogía el cielo con las
+manos; no podía ya negar, pero protestaba. Mas aquella situación empezó
+a ser tolerable; se fue acostumbrando a la idea del mal necesario, se
+gastó el miedo, y por algún tiempo se quejó por rutina con un vago temor
+todavía, pero como si el día de la _crisis_ se alejara en vez de
+acercarse. La primera vanidad que tuvo no fue la de ser madre, sino la
+de su volumen. Ya que _era_, que _fuera_ dignamente. Y ostentaba al fin,
+sin trabas, con alardes de su estado, lo que quería ocultar al principio.
+Además, notaba que su rostro no empeoraba; aquellos diez años que el día
+del susto se le habían vuelto a la cara, ya no estaban allí; estaba
+mejor de carnes; la tirantez de las facciones y el color tomado no la
+sentaban mal, se veía lo que era, pero hasta parecía bien.
+«Efectivamente, como ser, el estado era _interesante_».
+
+Pero estos consuelos eran insuficientes. De todas maneras, aquello era
+una atrocidad preñada de peligros, de inconvenientes, de futuros
+males... y de males presentes.
+
+Con Minghetti jamás hablaba de lo que se le venía encima. Era un tema de
+que huían los dos en sus conversaciones. El barítono estaba contrariado,
+sin duda alguna. Sentía despecho, que le hacía sonreír con cínica
+amargura; se sentía metido en una atmósfera de ridículo. Si no fuera
+porque no había tales contratas, porque _el mundo del arte_ le había
+olvidado, acaso hubiera preferido dejar aquella vida regalada, sus
+emolumentos de director de la Academia de Bellas Artes, _los gastos de
+secretaría_, como le decía Mochi, antes de marchar... todo. Los amigos de
+la casa, hasta Marta y hasta las de Ferraz, cada cual según su género,
+hablaban con Gaetano del incidente de Emma con frases maliciosas, con
+sonrisas medio dibujadas; y Minghetti disimulaba mal la molestia que le
+causaba la conversación. «¡Qué discreto!», decían todos. «Así hacen
+siempre los Tenorios verdaderos, los afortunados de veras». Nadie había
+podido sorprender en Minghetti el menor gesto, siquiera, de jactancia.
+Hasta se notó que miraba a Bonifacio con mayor respeto que nunca. En
+efecto; se le había sorprendido muchas veces contemplando al marido de
+Emma con extraña curiosidad, con una expresión singular, en que nadie
+podría adivinar ni una ráfaga de burla. Era, en fin, decían todos, la
+suma discreción.
+
+La única vez que Minghetti y Emma hablaron del embarazo, sirvió para
+tormento de Bonis y del Sr. Aguado. Emma se empeño en que debía dar
+baños de mar; era la época, y aquello todavía esperaría un poco; había
+tiempo de ir y volver. Por aquel tiempo los baños de mar todavía no eran
+cosa tan corriente como en el día. En el pueblo de Emma, aunque a pocas
+leguas de la costa, era escaso el número de familias que buscaban el mar
+por el verano.
+
+Emma, por lo mismo que la cosa era de _distinción_, se empeñó en ella.
+
+El médico no negaba que el baño de ola sería por lo menos inofensivo;
+pero, según y conforme: la cosa podía estar más cerca de lo que se
+creía, y en tal caso, sería una temeridad.... Pero lo peor no era eso...,
+lo peor, lo verdaderamente peligroso, temerario, era el traqueo del
+coche... viaje de ida y vuelta... por aquellos vericuetos, con aquellos
+baches. ¡Absurdo!
+
+--Pero Minghetti ha dicho....
+
+--Señora, Minghetti que cante sus arias y sus romanzas, pero que no se
+meta en la Renta del Excusado.
+
+--Minghetti ha viajado....
+
+--Sí; pero no en estado interesante.
+
+--No es eso. Digo que ha viajado, que ha visto mucho, y asegura que....
+
+--Que las señoras _comm'il faut_ no deben parir. Sí; ya conozco la teoría.
+
+Contra los consejos de Aguado, los de Reyes fueron a baños.
+
+Bonis estuvo tentado a oponerse, a inaugurar aquella energía que estaba
+decidido a poner en práctica en adelante, pues estaba asegurada, o poco
+menos, la descendencia. Mas era tal la cólera que se pintaba en el
+rostro de Emma en cuanto su esposo indicaba siquiera el deseo de que se
+pesaran con detenimiento las razones del médico, que el infeliz Reyes
+continuó aplazando su resolución de _tomar el mando de la casa_ y ser _el
+marido de su mujer_ para después del parto.
+
+«No; no perdamos lo más por lo menos. No la irritemos; un malparto sería
+una catástrofe horrorosa; la catástrofe de mis esperanzas, de mi vida
+entera. Después del parto, ya hablaremos».
+
+«Pero Nepomuceno, Körner, el primo Sebastián, Marta, las de Ferraz,
+Minghetti, no iban a parir; ¿por qué no se atrevía con ellos? ¿Por qué
+no echaba de casa a los parásitos? ¿Por qué no ponía orden en los
+gastos, y orden en las costumbres de su hogar, inundado por aquel
+holgorio perpetuo?... Sobre todo, ¿por qué no se encerraba con
+Nepomuceno y le decía:--¡Eh, eh, amiguito; hasta aquí hemos llegado! A
+ver, por lo menos explíqueme usted eso de la ruina inminente...».
+
+«¿Por qué no se atrevía con el tío y con los amigos de la casa?». El
+viaje a la costa vino a darle una tregua, que era todo un sofisma de la
+voluntad.
+
+«Ahora nos vamos y no puedo yo ponerme al frente de todo eso. A la
+vuelta, ¡oh!, lo que es a la vuelta, tendré una explicación con el tío».
+
+Lo único que había osado Bonis antes de irse a baños, había sido
+olfatear un poco en los negocios de la familia. Tímidamente se atrevió a
+proponer a Körner y al tío que le llevaran consigo a ver la fábrica, que
+estaba a una legua de la ciudad, una legua de carretera llena de baches.
+Nadie sospechó que el viaje fuera malicioso, un espionaje. La ineptitud
+de Bonis para toda clase de negocio serio, industrial, económico, era
+tal, que oía hablar al tío y al alemán como si fuera griego todo lo que
+decían. Hablaban en su presencia del mal estado del _negocio antiguo_ sin
+que comprendiera palabra. El negocio nuevo era otra cosa. Pero en ese no
+tocaban pito los fondos Valcárcel, como los llamaba el ingeniero,
+despreciándolos ya completamente. La fábrica de productos químicos
+languidecía; lo de sacarles a las algas sustancia se había abandonado
+casi por completo; _en teoría_, el negocio era infalible; en la _práctica_,
+una calamidad. No se abandonaba por completo por tesón. El material
+adquirido, a costa de grandes e improductivos sacrificios, de los _fondos
+Valcárcel_, se empleaba en otras aplicaciones de tanteos aventurados,
+locos, desde el punto de vista económico; en pruebas que le servían a
+Körner para ensayar las novedades que veía en los periódicos técnicos,
+pero que en el comercio, en el triste comercio español, sobre todo en
+aquel rincón de España, sin comunicaciones apenas, sin ferrocarril
+todavía, resultaban desastrosas, una locura. En estas aventuras de
+romanticismo químico se empleaba poco dinero... porque ya no lo había;
+no lo había del caudal que hasta entonces había provisto a todo. Pero la
+industria nueva era otra cosa. Nada de vaguedades, nada de variedad de
+ensayos sin contar con las salidas probables; esto otro era... una
+fábrica de pólvora, la primera y única por entonces en la provincia.
+Körner la dirigía como ingeniero, y Nepomuceno estaba al frente de la
+Sociedad comanditaria que le daba el jugo crematístico. A los Valcárcel,
+agotados, les habían dejado algo, muy poco, y sin saberlo ellos apenas.
+
+La fábrica de pólvora estaba implantada en los terrenos de la vieja,
+como llamaban ya a la fábrica primitiva. No se sabía por qué para la
+antigua industria se habían comprado tantas hectáreas; pero ello había
+sido una fortuna... para la industria nueva, que, a bajo precio, había
+podido adquirir lo que la fábrica de pólvora necesitaba y lo que a la
+otra no le servía para nada. Aquel tejemaneje industrial y
+administrativo en que por fas o por nefas siempre figuraban Körner y
+Nepomuceno manejándolo todo, les había costado no pocas reyertas, y no
+pocas componendas... y no pocos cuartos, por la necesidad de vencer
+escrúpulos de la ley y de la Administración pública, representada por el
+personal respectivo; pero hoy una comilona, mañana otra, regalitos,
+palmadas en el hombro, recomendaciones y otros expedientes, habían ido
+allanándolo todo.
+
+Bonis, en la visita a las fábricas, no sacó nada en limpio más que el
+miedo invencible, que le tuvo ocupado el ánimo todo el tiempo que
+permanecieron cerca de la pólvora. La idea de volar, mucho más verosímil
+allí que a una legua lejos, no le dejó un momento. En cuanto a la
+fábrica vieja, la de _productos químicos_--así, vagamente, en general--, no
+le pareció tan en los últimos como creía. Pensaba ver una ruina
+material, las paredes cuarteadas, la maquinaria podrida, las chimeneas
+sin humo. No había tal cosa; todo estaba entero, casi nuevo, con vida,
+había ruido, había calor, había, aunque pocos, operarios... ¿Dónde
+estaba la ruina? No se atrevió a preguntar por ella, porque no quería
+que los otros sospechasen que él sabía algo del estado del negocio.
+
+«Cuando volvamos de los baños y yo le pida cuentas al tío, averiguaré si
+esto nos produce algo o nos arruina en efecto».
+
+Volvió, dando saltos como una codorniz, dentro del coche, y entró en la
+ciudad, decidido a no plantear nunca por propia cuenta una industria tan
+peligrosa como la de la pólvora.
+
+Körner y el primo Sebastián, de quien ahora estaba enamorado el tío
+Nepomuceno, que le metió en sus negocios de muy buen grado, y haciéndole
+que se interesara en ellos por motivos de lucro, notaron a un mismo
+tiempo, y se comunicaron la observación, que hacía algunas semanas
+Bonifacio oía muy atento sus conversaciones acerca de las fábricas, y
+hasta rondaba las mesas del escritorio y miraba de soslayo los papeles
+que traían y llevaban.
+
+--Ese imbécil parece que quiere enterarse--dijo Körner.
+
+--Sí, eso he notado. Pero, ¿no ve usted qué cara de estúpido pone? No
+entiende una palabra.
+
+--Sí; pero... no me fío. Tiene miradas... así, como de espía. Hay que
+espiarle a él también.
+
+Un día el tío, oyéndoles insistir en comentar la curiosidad inútil de
+Reyes, se quedó pensativo.
+
+No dijo nada, pero se dedicó a observar también al sobrino por afinidad.
+En la mesilla de noche de su alcoba vio unos libros que le dieron que
+pensar.
+
+No eran versos, ni novelas, ni _psicologías lógicas y éticas_, que era lo
+que solía leer Bonis. Allí estaba un tomo de _Los cien tratados_,
+enciclopedia popular, que junto a un curso abreviado de la cría de
+gallinas y otras aves de corral, mostraba un compendio de Derecho civil.
+Sobre este tomo vio otro que decía: Laspra, _Práctica forense_, y otro con
+el rótulo: _Código mercantil comentado_.
+
+¿Qué significaba aquello?
+
+Al día siguiente Ferraz, el magistrado alegre, encontró a Nepomuceno en
+la calle, y le dijo:
+
+--¿Van ustedes a tener algún pleito?
+
+--¿Cómo pleito? ¿Con quién?
+
+--Lo digo porque todas las tardes veo a Bonifacio echar grandes párrafos
+en La Oliva con el Papiniano de la quintana, con Cernuda el joven.
+
+--¡Hola! ¿Con que esas tenemos?--pensó don Nepo; pero se guardó de
+decirlo. Y en voz alta, echando a broma el aviso, que en realidad le
+había alarmado, dijo:
+
+--Pensará hacerse abogado y estará dando lección con Cernuda. Amigo,
+ahora que va a ser padre, quiere ser un sabio; estudia mucho.
+
+Los dos rieron la gracia, y sobre todo la malicia. Pero a don Nepo otra
+le quedaba. Lo de Cernuda era grave. Había que vivir prevenido.
+
+Körner, Marta, Sebastián y el tío aconsejaron a Emma que cuanto antes se
+echase al agua. Minghetti vencía. Se buscó una carretela de buenos
+muelles, se encargó que fuera al paso, y el matrimonio y Eufemia se
+fueron a la orilla del mar.
+
+Emma quería sentir algo extraño con el movimiento del coche; esperaba de
+aquel viaje imprudente una especie de milagro... natural. Que el hijo se
+le deshiciera en las entrañas sin culpa de ella. Gaetano había dicho que
+el viaje podría hacer fracasar el temido parto. La Valcárcel deseaba
+abortar, sin ningún remordimiento. No era ella; era el traqueo, el
+vaivén, las leyes de la naturaleza, de que tanto hablaba Bonis.
+
+El cual iba aburriendo al cochero con sus precauciones, con sus avisos
+continuos.
+
+--¡Cuidado! ¿Eh? ¿Qué es eso? ¿Un bache? ¡Maldito brinco! Despacio..., al
+paso, al paso..., no hay prisa... ¿Cómo te sientes, hija? ¡Estos
+ingenieros de caminos! ¡Qué carreteras! ¡Qué país!
+
+Y Emma, ignorante del peligro, pensaba: «Sí, sí; el país, los
+ingenieros; ríete de cuentos; las leyes, las leyes de la naturaleza, que
+a ti te parecen inalterables y muy divertidas, esas, esas son las que te
+van a dar un chasco...».
+
+Se quedó adormecida, y medio soñando, medio imaginando voluntariamente,
+sentía que una criatura deforme, ridícula, un vejete arrugadillo, que
+parecía un niño Jesús, lleno de pellejos flojos, con pelusa de melocotón
+invernizo, se la desprendía de las entrañas, iba cayendo poco a poco en
+un abismo de una niebla húmeda, brumosa, y se despedía haciendo muecas,
+diciendo adiós con una mano, que era lo único hermoso que tenía; una
+mano de nácar, torneadita, una monada.... Y ella le cogía aquella mano, y
+le daba un beso en ella; y decía, decía a la mano que se agarraba a las
+suyas: «Adiós... adiós...; no puede ser... no puede ser...; no sirvo yo
+para eso. Adiós... adiós...; mira, las leyes de la naturaleza son las
+que te hacen caer, desprenderte de mi seno.... Adiós, hija mía, manecita
+mía; adiós... adiós.... Hasta la eternidad». Y la figurilla, que por lo
+visto era de cera, se desvanecía, se derretía en aquella bruma
+caliginosa, que envolvía a la criaturita y a ella también, a Emma, y la
+sofocaba, la asfixiaba.... Abrió los párpados con sobresalto, y vio a
+Bonis que, con la mirada de _Agnus Dei_, como ella decía, enternecida,
+clavaba sus ojos claros en el vientre en que iba su esperanza.
+
+Llegaron sin novedad a la costa. Emma se bañó al día siguiente, con los
+cuidados que el médico del pueblo, consultado por Bonis, aconsejó. Por
+aquel doctor supo la Valcárcel, horrorizada, cuando se trató de dar la
+vuelta a la ciudad, que lo que ella creía aborto, en aquellas
+circunstancias podía ser mucho más peligroso que el parto en su día...,
+porque ya sería otra cosa: un verdadero parto antes de la cuenta, pero
+no aborto en rigor. Un sietemesino de vida precaria, y gran peligro y
+grandes pérdidas de la madre... eso era lo que podía producir el viaje a
+la ciudad si no se tomaban grandes precauciones. Emma chilló, cogió el
+cielo con las manos, insultó a Bonis, y a Minghetti, y a D. Basilio,
+ausentes. ¡Ella que creía engañar a la naturaleza! ¡Huía de un peligro y
+buscaba otro mayor! Pero, ¿por qué no me lo han dicho en casa?
+
+--Pero, mujer, ¿no te advertimos Aguado y yo?...
+
+--Aguado hablaba de perder la criatura, no de perderme yo. ¡Dios mío! Yo
+no me muevo; pariré aquí, en esta aldea... me moriré aquí... Yo no doy
+un paso más....
+
+Costó gran trabajo meterla en el coche. El médico del pueblo tuvo que
+asegurarle bajo palabra de honor que él respondía de que no habría
+novedad si se tomaban las medidas de precaución que él señalara.... Se
+hizo todo al pie de la letra. Se pidió prestado su mejor coche a una
+condesa de las cercanías; el cochero tuvo que jurar que los caballos no
+darían un paso más largo que otro; el carruaje se llenó de almohadones.
+Emma iba casi suspendida. Tuvo que confesar que no sentía el movimiento
+apenas. Durante el viaje, que duró tres horas más que el de ida, se
+durmió también, y se quedó con las manos apretadas sobre el vientre.
+Cuando despertó, vio a Bonis con la mirada grave, de expresión intensa,
+fija sobre el mismo sagrado bulto que oprimían los dedos de ella. Se lo
+agradeció; sonrió al esposo que la ayudaba a no soltar antes de tiempo
+la carga de sus entrañas, y le mostró, avergonzada de la caricia, como
+siempre que tenía estas debilidades, le mostró su gratitud dándole un
+suave puntapié en la espinilla. Y Bonis, que sentía lágrimas cerca de
+los párpados, pensó: «Lo mejor sería amar al hijo... y amar a la madre».
+
+Al bajar del coche, junto al portal de su casa, Emma exigió que la
+ayudasen dos, que habían de ser Bonis y Minghetti; se dejó caer sobre
+ellos con todo su cuerpo, segura de no ser abandonada a su pesadumbre.
+Después, mientras Bonis y D. Nepo y los demás que habían acudido a
+recibirla daban órdenes para subir a casa el equipaje, ella emprendió la
+marcha escalera arriba, colgada del brazo de Gaetano. En el primer
+descanso se detuvo, respiró con dificultad, miró al barítono con fijeza,
+y acabó por decir:
+
+--¿Y si me hubiera muerto en el camino... por culpa tuya?
+
+--¡Bah!
+
+--¡Sí, bah! Podía desangrarme; son habas contadas.
+
+--No, hija mía, no. Parirás sin dolor, y tendrás un robusto infante.
+
+Emma se puso muy encarnada. Minghetti, como distraído, le soltó el
+brazo, y siguió subiendo, delante, sin más cortesía, con las manos en
+los bolsillos del pantalón, silbando una cavatina con un silbido de
+culebra, que era una de sus habilidades. La Valcárcel acabó de subir
+sola, agarrada al pasamanos, y sujetando el vientre, como si temiera
+parir en la escalera.
+
+Se acostó, e hizo venir a D. Basilio. Exigió un reconocimiento, del cual
+resultó que no había novedad y que el tremendo trance de Lucina llegaría
+por sus pasos contados, o no contados en aquella ocasión, a su debido
+tiempo.
+
+Los de allá, como llamaban a Mochi y a la Gorgheggi, todos los de la
+alegre compañía, escribieron preguntando con gran interés por la salud
+de Emma.
+
+Minghetti era el encargado de aquella correspondencia por parte de los
+de acá. A La Coruña iban pocas cartas; pero de La Coruña venían con
+abundancia. Los ausentes sentían nostalgia de la _vita bona_ que habían
+dejado. Serafina era la que más abusaba de la escritura. En una
+hermosísima letra inglesa, escribía pliegos y pliegos de literatura
+políglota; inglés, a veces, para las cosas más difíciles de decir, y que
+se quedaban sin entender si no acudían Körner o Marta a traducirlas;
+italiano a menudo, y por lo común español. Aun en castellano había
+parrafillos que no comprendían los corresponsales de acá, no por las
+palabras, sino por los conceptos. Eran alusiones disimuladas y de mucho
+artificio que iban derechas al corazón y a los recuerdos de Bonis. Este,
+a pesar de sus remordimientos, escribía de tarde en tarde a Serafina,
+que se lo había exigido. Tenía la cantante una pasión verdadera por las
+expansiones epistolares, y era muy capaz de mantener la constancia de
+una llama amorosa, más o menos mortecina, a fuerza de acumular paquetes
+de pleguezuelos perfumados llenos de letra menuda, cruzada como un
+tejido sutil. Pero si Bonis había consentido en _continuar sus relaciones_
+por escrito, se había opuesto en absoluto a que la cómica le escribiese
+a él directamente. Aunque era seguro que Emma había llegado a saber que
+su esposo era o había sido amante de su amiga la Gorgheggi, y hacía la
+vista gorda, al fin no había que estirar la cuerda; tal vez si se
+desafiaba su dignidad de esposa burlada, pensaba y decía a su cómplice
+Bonifacio, tal vez estallase la cuerda y hubiese una de _pópulo bárbaro_.
+A esto había contestado Serafina con extraña sonrisa: «Pero si tu mujer
+vive a lo gran señora, despreocupada, y sabe lo que es el mundo...».
+
+Esta idea de la tolerancia perversa de su mujer sublevaba los
+sentimientos morales de Bonis; no admitía la hipótesis. «No; su mujer no
+podía despreciarle ni despreciarse hasta ese punto». En fin, no
+transigió. A él no se le podía escribir cartas de amor, que de fijo
+caerían en poder de Nepomuceno y de Emma, porque de seguro no se le
+respetaría la correspondencia, como no se le respetaban los demás
+derechos individuales. La Gorgheggi tuvo que resignarse, y se contentaba
+con escribir no sólo a Minghetti, en su nombre y el de Mochi, sino a
+Emma, su carísima amiga; y hasta en las cartas a esta había
+contestaciones veladas, intercaladas con un disimulo que revelaba
+grandísimo arte, a los más esenciales conceptos de las escasas cartas de
+Bonis. Cuando el futuro padre vio aquellos pliegos en que se aludía al
+próximo alumbramiento de su mujer, y se aludía con misteriosas
+oscuridades, que no eran contestación a nada de lo que él había escrito,
+y más parecían malicias inextricables, sintió hasta repugnancia moral, y
+cortó por lo sano. Dejó de escribir a Serafina. «Así como así, todo
+aquello tenía que concluir pronto. En cuanto naciese el hijo». Más hubo.
+Reyes se hizo supersticioso a su manera; y si bien desechó por absurda,
+aunque simpática y bella, la idea de hacer una promesa a la Virgen del
+Cueto, imagen milagrosa de las cercanías, decidió _sacrificar_ al buen
+éxito del parto todos sus vicios, todos sus pecados. «La estricta
+moralidad, pensó, será para mí, como si dijéramos, Nuestra Señora del
+Buen Parto». Hizo examen de conciencia, y no encontró más pecado gordo
+que el de las cartas adúlteras. Suprimió las cartas. Serafina, a las
+pocas semanas, se quejó con el esoterismo epistolar de costumbre; pero
+Bonis no se dio por enterado, y acabó por no leer siquiera las cartas
+que venían de la Coruña primero, y después de Santander. Así es que
+supo, porque la misma Emma se lo dijo, y se lo dijo después Minghetti,
+que Serafina estaba en situación poca halagüeña, pues trueno tras de
+trueno, Mochi, aburrido, se había marchado a Italia sin un cuarto, pero
+lleno de deudas; y ella, su amiga y discípula, quedaba en Santander sin
+contrata, sin dinero y con fundados temores de que su maestro y babbo
+espiritual no volviera a buscarla, aunque se lo había prometido.
+
+Minghetti y Emma, que con el miedo a morirse a plazo fijo se sentía muy
+caritativa y compadecía mucho las desgracias ajenas a ratos perdidos,
+trataron en conferencia cómo se podía proteger a Serafina de modo
+compatible con la dignidad de la cantante. Se consultó con el tío
+también, y este no ocultó la frialdad con que acogía aquel interés que
+se tomaba su sobrina por la protegida de Mochi. Dijo, secamente, que no
+se podía hacer nada por ella, ni con dignidad, ni sin dignidad, puesto
+que de todas suertes había de ser sin dinero.
+
+A Bonis no se le habló de estos proyectos de socorro; primero, por la
+inveterada costumbre de no contar con él para nada; y después, porque
+tanto a Minghetti como a Emma se les ocurrió, sin comunicárselo, que era
+demasiada desfachatez y falta de aprensión tratar con Bonifacio de
+semejante negocio.
+
+Un día, cuando según los cálculos más probables, ya se aproximaba la
+_catástrofe_ que horrorizaba a la Valcárcel, y en opinión de don Basilio
+se debía estar preparado a tenerla encima de un momento a otro, Reyes se
+encontró en el portal de su casa, al salir, con el cartero. No traía más
+que una carta.
+
+--Para usted es, señorito--dijo el hombre con voz solemne, como dando gran
+importancia a lo extraordinario del caso.
+
+--¡Para mí!--Bonis se apoderó del papel como de una presa, como si se lo
+disputaran; miró azorado a la escalera y hacia la calle temiendo que
+aparecieran testigos; y cuando ya el cartero tomaba la puerta, le dijo
+asustado, temblando ante el temor de que no se le hubiera ocurrido
+llamarle:
+
+--Oiga usted, cartero.... El cuarto, el cuarto, hombre.
+
+--No, señorito; no es puñalada de pícaro; otro día cobraré.
+
+--No, no; si tengo yo. Tome usted. Las cuentas claras. Tome usted.--Y le
+entregó una pieza de dos cuartos.
+
+--Sobra uno, señorito; queda en cuenta, ¿eh?, para mañana. Ya que usted
+es tan puntual, yo también....
+
+--¡No, no!, de ninguna manera. Quédese usted con el otro o delo a un
+pobre.
+
+El cartero se fue riendo.
+
+--Riéndose va de mí--pensó Bonis--; ¡creerá que he querido comprar su
+silencio con dos maravedís!
+
+No había leído el sobre de la carta, que guardó azorado en el bolsillo.
+Pero no necesitaba leer nada. Estaba seguro; era de Serafina. En efecto;
+en el café de la Oliva leyó aquel pliego, en que la Gorgheggi se le
+quejaba como una Dido muy versada en el estilo epistolar. ¡Qué
+elocuencia en los reproches! Toda aquella prosa le llegó al alma. Se
+quejaba de su largo silencio; sabía, por las cartas de Emma, que él,
+Bonis, ya no leía las suyas, las de su _querida_ Serafina. Por eso sin
+duda no la había ofrecido ni un consuelo en la terrible situación a que
+había llegado. Tal vez él no creía en tal penuria; tal vez, como un
+miserable, pensaba que ella podía entregarse a cierta clase de
+aventuras, que le facilitarían suficientes medios para vivir en la
+abundancia. Pues, no, no. Creyéralo o no, ella no podía dejar de volver
+los ojos a la vida tranquila, serena, que él la había enseñado a
+preferir, penetrando sus verdaderos goces.
+
+Venía a decirle, a su modo, con muchas frases románticas, pero con
+sinceridad, por lo que al presente se refería, que aquel tiempo pasado
+en el pueblo de Bonis la había transformado, y no podía lanzarse a la
+vida alegre en que su hermosura la prometía triunfos y provecho.
+Ocultaba, como siempre, las aventuras antiguas, pero no mentía en cuanto
+a la actualidad.
+
+En la Coruña, en Santander, había resistido a todas las seducciones del
+dinero, únicas que, en verdad, se le habían presentado. Pudo tener
+amantes ricos, y no quiso.
+
+Era fiel a Bonis como una buena casada que no ama a su esposo, pero le
+respeta, le estima, y estima y respeta, sobre todo, la honradez. A
+Serafina le había sabido a gloria la vida de señora de pueblo que había
+hecho junto a Reyes; de una señora con unas relaciones prohibidas, eso
+sí, pero sólo aquellas.
+
+«El maestro, seguía diciendo la carta, ha prometido volver a buscarme en
+cuanto haya una contrata aceptable; pero el tiempo vuela, yo me
+desespero. Mochi no viene, y estoy delicada, nerviosa, muy triste... y
+muy pobre. La voz, además, se me va a escape; el teatro empieza a darme
+miedo; he recibido ciertos desaires, disimulados, del público, que me
+han sabido al hambre futura, al hospital en lontananza. No te pido un
+asilo; no te pido una limosna. Pero me voy cerca de ti. Quiero ser
+_burguesa_. En tu casa, a tu lado, aprendí a serlo, a mi manera. Aquella
+paz del alma de que me hablabas tantas veces la necesito yo también. Eso
+y un poco de pan... y un poco de patria, aunque sea prestada. Le he
+tomado cariño a ese rincón tuyo, como se lo tuve en otro tiempo a aquel
+otro rincón verde de Lombardía de que te hablaba yo, cuando tú me
+adorabas como a la _madonna_. Ya sé que el amor no es eterno. No te pido
+amor, te pido amistad, cierto cariño que no niegan los esposos menos
+fieles a su mujer. Y tampoco les niegan un asilo. Yo no puedo vivir en
+tu casa; pero puedo vivir en tu pueblo. A lo menos por algún tiempo:
+déjame ir. Ahora necesito descansar. Estoy enferma por dentro, por muy
+adentro. Desquiciada. Necesito ver caras amigas. Tú no sabes qué pena es
+no tener patria verdadera cuando el cuerpo se fatiga, quiere descanso y
+el alma pide paz y vivir de recuerdos. Yo antes no pensaba así. Pero tú,
+tus manías de moral estrecha, hasta tu caserón vetusto con sus aires
+tradicionales, señoriles, todo eso se me ha metido por el alma. Algunas
+veces te oí decir que nosotros, los pobres cómicos, os habíamos pegado a
+ti y a los tuyos nuestras costumbres alegres, despreocupadas. Todo se
+pega. También a mí me habéis pegado vosotros, tú, tú, Bonis, sobre todo,
+vuestras preocupaciones y vuestro temor de la vida incierta, peregrina.
+Esto de que le lleve a uno el viento de un lado a otro, es terrible. Voy
+a verte. Además, esto, Bonis, _voy a verte_. A ti ya no te importa. Pero a
+mí... todavía sí. Yo no soy tu mujer; pero tú eres mi marido. No tengo
+otro. Si yo hubiera sido la hija mimada del abogado Valcárcel, la
+bendición que santificó tus amores con otra hubiera caído sobre mí. No
+des al azar más importancia que tiene. Ya sabes cómo soy; el mejor día
+estoy contigo. ¿Me cerrarás tu puerta? ¿Manda eso la moral que usas
+ahora? A ti te quiere todavía mucho, Bonifacio Reyes, te quiere,
+SERAFINA».
+
+Bonifacio no dudó un momento de la sinceridad de tanta prosa. Sintió
+lástima infinita, amor retrospectivo; la voluptuosidad antigua, evocada
+por los recuerdos, se purificaba. Se vio desorientado dentro de la
+conciencia, la brújula del deber le daba vueltas en la cabeza como una
+loca. Él debía algo también a Serafina. Si ella le había corrompido el
+corazón, el tálamo, él le había pegado a ella aquellos instintos de vida
+ordenada, pacífica, honrada. Y además... le pedía pan la que le había
+hecho feliz.
+
+«¡Sofismas, sofismas!--le gritaba de repente el _hombre nuevo_, como él se
+decía--. Voy a ser padre, y en la casa en que nazca mi hijo no pueden
+entrar queridas de su padre. Se acabaron las queridas... y, sobre todo,
+se acabó el dinero. Yo no gastaré ya un cuarto en cosa que no le importa
+a mi hijo. Todo por él, todo por él. Y se acabó. No hay que darle
+vueltas. Esto es ser cruel. Esto es ser egoísta. Bueno. Egoísta por mi
+hijo. No me repugna. Por él, cualquier cosa. Me agarro a lo absoluto. El
+deber de padre, el amor de padre, es para mí lo absoluto».
+
+Estas frases y otras por el estilo no imperaban siempre en el alma de
+Reyes. Desde que llegó la carta de Serafina fue la existencia de Bonis
+de lucha continua consigo mismo; una batalla perenne, como tantas otras
+que se había dado a sí propio, siempre derrotado.
+
+Serafina llegó; se presentó en el caserón de los Valcárcel, fue bien
+recibida por Emma, por Nepo, por Sebastián, por Marta, por todos, y
+Bonis no tuvo valor para mostrarse esquivo. Lo que no hizo fue oficiar
+de amante, ni Serafina mostró deseos de reanudar las relaciones, por lo
+pronto. Él, sin embargo, se acordaba de lo que decía la carta sobre el
+particular. Los ojos de la Gorgheggi parecían recitar con sus miradas el
+final de la epístola; pero los labios no decían nada de tales ternezas.
+Tampoco le tocó la cuestión espinosa y delicada de los _alimentos_, que
+parecía reclamar la antigua querida.
+
+La cantante dijo que venía a esperar a Mochi, que le había ofrecido
+volver a su lado para llevarla contratada a América. No pidió nada a
+nadie. Vivía modestamente en su antiguo cuarto de la Oliva. La visitaban
+Minghetti, Körner, Sebastián y otros amigos antiguos. Bonis no la veía
+más que en su propia casa, es decir, en casa de su mujer. Ella no se
+quejaba de esta conducta. No hacía más que mirarle con ojos amantes en
+cuanto había ocasión de verse solos.
+
+Reyes estaba satisfecho de su entereza. Había sentido mucho, mucho, al
+ver en su presencia a la tiple.... Pero se había contenido pensando en su
+futuro _sacerdocio_ de padre. Aquella lucha en que esta vez iba
+venciéndose a sí mismo, le parecía una iniciación en la vida de virtud,
+de sacrificio, a que se sentía llamado. Con la energía empleada en esta
+violencia hecha a la pasión antigua, daba por gastada toda la fuerza de
+su pobre voluntad, y se perdonaba, con pocos escrúpulos, los
+aplazamientos y prórrogas que iba dando a lo de las cuentas del tío. Sí,
+pensaba explicarse; pensaba plantear la cuestión... pero pasaban los
+días y no hacía nada. Nada entre dos platos. Leía Derecho civil, leía un
+Código de comercio que tenía por apéndice un tratado de teneduría de
+libros; consultaba con Cernuda el joven, elocuente abogado y... nada
+más. El tío se preparaba sin duda. Esperaba una acometida. ¡Oh! ¡Bien
+sabía Bonis que Nepo tendría armas con que defenderse! Por eso tomaba
+vuelo; por eso daba largas al asunto... por eso, valga la verdad, le
+temblaban las piernas cada vez que se decía: «Hoy mismo llamo aparte al
+tío y le digo...».
+
+¡Pero si no sabía lo que había de decirle siquiera! Una tarde llegó el
+cartero con dos cartas del correo interior. Una era de Serafina, que no
+había parecido por casa de Emma hacía tres o cuatro días; escribía esta
+vez a Bonis, sin acordarse de lo tratado, que era no escribirle a él, y
+le decía que se sentía mal y con disgustos repugnantes por causa de una
+letra de Mochi, que no había llegado. Le pedía consuelo, una visita y....
+algunos duros adelantados. Lo sentía infinito, pero el fondista de la
+Oliva le había herido el amor propio, la había ofendido, y quería pagar
+para tener derecho de dejar aquella posada, y decirle al grosero que no
+sabía tratar con una dama, sola, sin un hombre que la defendiera.
+
+Ante esta misiva, los primeros impulsos de Bonis fueron dignos de un
+Bayardo y de un Creso, en una pieza. Por un momento se olvidó de su
+_sacerdocio_ y se vio en el _terreno_ atravesando al huésped de la Oliva de
+una estocada, y arrojándole a los pies un bolsillo de malla, como los
+que usaba Mochi en las óperas.... Pero la letra contrahecha de la otra
+carta le llamó la atención: rompió el sobre y leyó de un golpe, ¡y qué
+golpe!, el contenido del anónimo, pues lo era. No decía más que esto:
+«¡Ladrón! ¡Sacrílego! ¿Dónde están los siete mil reales devueltos en el
+confesonario por un pecador arrepentido?».
+
+Bonis, que estaba en su alcoba, se dejó caer sentado sobre la colcha de
+flores azules de su humilde lecho. Sintió un sudor frío, la garganta
+apretada.
+
+«¡Me estoy poniendo malo!» se dijo. Pero de repente olvidó su mal, el
+anónimo, todo, porque Eufemia entró gritando, corriendo; tropezó con las
+rodillas de Bonis, y exclamó:
+
+--¡Señorito, señorito!... La señorita está con los dolores.
+
+Bonis saltó como un tigre, corrió por salas y pasillos, con una bota y
+una zapatilla, tal como le habían sorprendido las cartas malhadadas, y
+llegó al gabinete de su esposa en pocos brincos.
+
+Horrorizada, con cara de condenado del infierno, Emma se retorcía
+agarrada con uñas de hierro a los hombros y al cuello de Minghetti, que
+no había tenido tiempo para levantarse de la banqueta del piano. Estaba
+él cantando y acompañándose, según costumbre, cuando su discípula lanzó
+un chillido de espanto, sorprendida y horrorizada por el primer dolor
+del parto próximo. Se había agarrado al maestro y amigo, no sólo con el
+instinto de toda mujer en trances tales, sino como dispuesta a no morir
+sola, si de aquello se moría; decidida a no soltar la presa esta vez y
+llevarse consigo al otro mundo al primero que cogiera a mano.
+
+Al presentarse Bonis, hubo en los tres un movimiento que pareció
+obedecer al impulso de un mismo mandato de la conciencia; Emma soltó el
+cuello y el hombro de Gaetano; este dio un brinco, separándose de Emma,
+y Reyes avanzó resuelto, con ademán de reivindicación, a ocupar el sitio
+de Minghetti. Emma se agarró con más ansia, con más confianza al robusto
+cuello y al pecho de su marido, que sintió en el contacto de las uñas y
+en el apretón fortísimo, nervioso, una extraña delicia nueva, la
+presencia indirectamente revelada del ser que esperaba con tanto deseo.
+Aquello era él, sí, él, el hijo que estaba allí, que se anunciaba con el
+dolor de la madre, con esa solemnidad triste y misteriosa, grave,
+sublime en su incertidumbre, de todos los grandes momentos de la vida
+natural.
+
+En el apretar desesperado de Emma a cada nuevo dolor, Bonis sentía,
+además de los efectos naturales de la debilidad femenina en tal apuro,
+además de _meros fenómenos fisiológicos_, el carácter de la esposa; veía
+el egoísmo, la tiranía, la crueldad de siempre. Un tanto por ciento de
+aquel daño que Emma le hacía al apoyarse en él, y como procurando
+transmitirle por el contacto parte del dolor, para repartirlo, lo
+atribuía Bonis al deseo de molestarle, de hacerle sufrir por gusto.
+
+--¡Que me muero, Bonis, que me muero!--gritaba ella, encaramada en su
+marido.
+
+El peso le parecía a él dulce, y la voz amante. Buscó el rostro de Emma,
+que tenía apoyado en su pecho, y encontró una expresión como la de
+Melpómene en las portadas de la _Galería dramática_. Los ojos espantados,
+con cierto extravío, de la parturiente, no expresaban ternura de ningún
+género; de fijo ella no pensaba en el hijo; pensaba en que sufría nada
+más, y en que se podía morir, y en que era una atrocidad morirse ella y
+quedar acá los demás. Padecía y estaba furiosa; tomaba el lance, en la
+suprema hora, como un condenado a muerte, inocente, pero no resignado y
+apegado a la vida. Hubo un momento en que Bonis creyó sentir los
+afilados dientes de su mujer en la carne del cuello.
+
+Minghetti había desaparecido del gabinete con pretexto de ir a avisar a
+más señores.
+
+En efecto; poco después se presentaba el primo Sebastián, pálido; y a
+los cinco minutos Marta, muy contrariada, porque aquello podía retrasar
+algunos días su _próximo enlace_, y tal vez el bautizo eclipsara la boda.
+Se creería, por su modo de mirar la escena, que se habían dado garantías
+de que Emma no pariría hasta después de casarse ella. Por fin se
+presentó Nepomuceno, acompañado del médico antiguo, del partero insigne;
+porque, con perdón de D. Basilio, Emma le tenía guardada aquella
+felonía; hasta el día del trance, Aguado; pero en el momento crítico, si
+la cosa no venía muy torcida, el otro. Quería parir con el milagroso
+comadrón popular, a quien jamás se le moría ninguna cliente. Damas y
+mujeres del pueblo tenían más fe en aquel hombre que en San Ramón. Las
+que morían, morían siempre en poder de los tocólogos sin prestigio
+sobrenatural. El comadrón insigne sabía llamar a tiempo a sus colegas. A
+falta de ciencia, tenía conciencia, y de camino ayudaba a la leyenda que
+le hacía infalible.
+
+Bonis, que siempre había defendido a los tocólogos de la ciudad y
+atacaba con dureza la fama milagrosa del gran comadrón, al ver entrar a
+este se sintió contaminado de la fe general. Que perdonaran la ciencia y
+el señor Aguado... pero él también se sentía lleno de confianza en
+presencia de aquel ignorante tan práctico, por más que un día lejano le
+había condenado a él falsamente a la esterilidad de su mujer. Aquel era
+el falso profeta que le había arrancado la esperanza de ser padre, a
+llegar a la dignidad que le parecía más alta. Fuera como quiera, don
+Venancio entró, como siempre, dando gritos; riñendo, declarando que no
+respondía de nada porque se le llamaba tarde. No saludó a nadie; separó
+a Reyes de un empujón del lado de su esposa; a esta la hizo tenderse
+sobre el lecho, y en las mismas narices del pasmado Bonis, le pidió tal
+clase de utensilios, que a él, el padre futuro, se le figuró que lo que
+el ilustre comadrón exigía eran materiales para fabricar un cordel con
+que ahogarle al hijo.
+
+Sebastián, escéptico en todo desde que había dejado el romanticismo y
+engordado, se sonreía, asegurando en voz baja que la cosa no era para
+tan pronto.
+
+D. Venancio se apresuraba, tomando medidas con ademanes de bombero en
+caso de incendio. Siempre hacía lo mismo. Sebastián le había visto en
+muchas ocasiones, que no eran para referirlas.
+
+Marta creyó que en el papel de niña inocente que la había tocado en
+aquella comedia, había esta acotación: Vase. Y se retiró al comedor,
+donde encontró a Minghetti, que mojaba bizcochos en Málaga. No estaba
+alegre como solía.
+
+Desde allí se oían, de tarde en tarde, los gritos de Emma como si los
+diera con sordina.
+
+Marta miraba al italiano con curiosidad maliciosa. «¡Cosas del mundo!»
+pensaba la alemana, que en el fondo, para sus puras soledades, era más
+escéptica que Sebastián. «¡Este aquí como si nada le importara, y el
+otro infeliz!...». Minghetti seguía mojando bizcochos y bebiendo Málaga.
+Acabó por fijarse en la mirada insistente y expresiva de Marta. Tomó el
+rábano por las hojas, y acercándose a la rozagante alemana, cuando ella
+creía que le iba a revelar un secreto, a hacer alguna íntima
+confidencia..., la cogió por el talle y le selló la boca con un beso
+estrepitoso.
+
+El grito de Marta se confundió con otro de los lejanos que lanzaba la
+parturienta.
+
+
+
+
+-XVI-
+
+
+«¡Iba a ser padre!» A tal idea, en su cerebro estallaban las frases
+hechas como estampidos de pólvora en fuegos de artificio. Con gran
+remordimiento notaba Reyes que su corazón tomaba en el solemne suceso
+menos parte que la cabeza... y la retórica. Aquella _dignidad nueva_, la
+primera, en rigor, de su vida, a que _era llamado_, ¿por qué le dejaba, en
+el fondo, un poco frío? Sobre todo, ¿por qué no amaba todavía al hijo de
+sus entrañas, en cuanto hijo, no en cuanto _concepto_?... «¿Hijo o hija?
+Misterio--pensó Bonis, que en aquel instante dudaba de la sanción que la
+realidad presta a las corazonadas--. Tal vez hija; aunque, ¡Dios no lo
+quiera! Misterio».
+
+Y levantó el embozo de la cama, y se metió entre sábanas.
+
+Aquello de acostarse, siquiera fuese por pocas horas, le parecía algo
+como una _abdicación_. «Era el papel de esposo, llegado el trance del
+alumbramiento, demasiado pasivo, desairado». Bonis tenía comezón de
+hacer algo, de intervenir directa y eficazmente en aquel negocio, que
+era para él de tan grave importancia.
+
+Más era: aunque la razón le decía que en casos tales todos los maridos
+del mundo tenían muy poco que hacer, y que todo era ya cosa de la madre
+y del médico, se le antojaba que él estaba siendo allí todavía más
+inútil que los demás padres en igual situación; que se le arrinconaba
+demasiado, que se prescindía demasiado de él.
+
+Sin embargo, lo que le había dicho D. Venancio no tenía vuelta de hoja.
+
+--Usted, amigo Bonifacio, a la cama; a la cama unas cuantas horas, porque
+esto puede ser largo, y vamos a necesitar las fuerzas de todos; y si no
+descansa usted ahora, no podrá servir como tropa de refresco cuando se
+necesite.
+
+«Bien; esto era racional». Por eso se acostaba, porque él siempre se
+rendía a la razón y a la evidencia, y pensaba rendirse aún más, si
+cabía, ahora que iba a ser padre y tenía que dar ejemplo. Pero lo que no
+tenía razón de ser era el despego de todos los demás, Emma inclusive, y
+las miradas y gestos de extrañeza con que recibían sus alardes de
+solicitud paternal y marital todos los que andaban alrededor de su
+mujer. Doña Celestina, la matrona matriculada, que había venido por
+consejo de D. Venancio; el marido de la partera, D. Alberto, que también
+andaba por allí; Nepomuceno, Marta, Sebastián y hasta el campechano
+Minghetti, si bien este le miraba a ratos con ojos que parecían revelar
+cierto respeto y algo de pasmo.
+
+Recapacitando y atando cabos, Bonis llegó a recordar que Serafina misma
+le había querido dar a entender, de tiempo atrás ya, que el nacimiento
+de su hijo, el de Bonis, era cosa que no debía tomarse con calor; el
+mismísimo Julio Mochi, en cierta carta escrita meses antes desde la
+Coruña, le hablaba del asunto y de su entusiasmo paternal con una
+displicencia singular, con palabras detrás de las cuales a él se le
+antojaba ver sonrisas de compasión y hasta burlonas. Pero, en fin, lo de
+Serafina y lo de Mochi podían ser celos y temor de perder su amistad y
+protección. Serafina veía, de fijo, en _lo que_ iba a venir un rival, que
+acabaría por robarla del todo el corazón de su ex amante, de su buen
+amigo... «¡Pobre Serafina!». No, no había que temer. Él tenía corazón
+para todos. La caridad, la fraternidad, eran compatibles con la moral
+más estricta. Sin contar con que... francamente, aquello del amor
+paternal no era cosa tan intensa, tan fuerte, como él había creído al
+verlo de lejos. ¡Ca! No se parecía a las grandes pasiones ni con cien
+leguas. ¿Dónde estaba aquella íntima satisfacción egoísta que acompaña a
+los placeres del amor y de la vanidad halagada? ¿Dónde aquel sonreír de
+la vida, que era como el cuadro que encerraba la dicha en los momentos
+sublimes de la pasión?
+
+Esto era otra cosa; un sentimiento austero, algo frío, poético, eso sí,
+por el misterio que le acompañaba; pero más tenía de solemnidad que de
+nada. Era algo como una investidura, como hacerse obispo; en fin, no era
+una alegría ni una _pasión_.
+
+Y daba vueltas Bonis en su lecho, impaciente, como en un potro,
+conteniéndose tan sólo por cumplir el racional precepto de D. Venancio.
+
+«Claro, hay que descansar; puede parir esta noche, o no parir hasta
+mañana... o hasta pasado. Pueden ser todos estos gritos falsa alarma.
+¡Buena es ella! Si no fuera porque don Venancio ha tocado la criatura....
+todavía me escamaba yo. Pero, de todas suertes, Emma es capaz de
+quejarse de los dolores un mes antes de lo necesario. Sí, durmamos.
+Puede esto ir para largo y tener que velar mucho.... Si me dejan esos
+intrusos. Lo que extraño es que Emma, que siempre me ha tenido por
+enfermero, y casi casi por mesilla de noche, no me llame ahora a su
+lado. ¡Mujer más rara! Y ahora que yo la ayudaría con tanto gusto».
+
+El calorcillo de las sábanas, que empezaba a sonsacarle el sueño,
+inclinándole a las visiones vagas, a la contemplación soporífera de
+imágenes y recuerdos halagüeños, le hizo pensar, suspirando:
+
+--¡Si hubiese sido mi mujer Serafina, y este hijo suyo, y yo algo más
+joven!
+
+Como si el pensar y el desear así hubiera sido una navajada, allá en sus
+adentros, no sabía dónde, Bonis sintió un dolor espiritual, como una
+protesta, y en los oídos se le antojó haber sentido como unas
+burbujillas de ruido muy lejano, hacia el cuarto de su mujer; una cosa
+así como el lamento primero de una criaturilla.
+
+--¡Dios mío, si será!...--Sin querer confesárselo, sintió un remordimiento
+por lo que acababa de pensar, y la superstición le hizo creer que su
+hijo nacía en el mismo instante en que el padre renegaba en cierto modo
+de él y de su madre.
+
+--¡Alma de mi alma!--gritó Bonis, echándose de un salto al suelo--; ¡sería
+eso como nacer huérfano de padre! ¡Hijo mío! ¡Emma, Emma, mujercita mía!
+
+Se abrió la puerta de la alcoba, y antes que nada, Bonifacio oyó
+distinto, claro, el quejido sibilítico de un recién nacido. «¡Su propia
+carne volvía a nacer llorando!».
+
+--¡Un niño, tiene usted un niño, señor!--gritaba Eufemia, que entraba como
+un torbellino y llegaba hasta tocar al pasmado Bonis, sin reparar en que
+estaba el señorito en camisa en mitad de la alcoba. Ni ella ni él veían
+esto; la criada estaba entusiasmada, enternecida; Bonis se lo agradecía
+en el alma, mientras se ponía los pantalones al revés y tenía que
+deshacer la equivocación, temblando, anhelante, dudando si romper una
+vez más con lo _convencional_ y echar a correr en calzoncillos por la casa
+adelante. Pero no; se vistió a medias, y tropezando con paredes, y
+puertas, y muebles, y personas, llegó al pie del lecho de su esposa.
+
+En el regazo de doña Celestina vio una masa amoratada que hacía
+movimientos de rana; algo como un animal troglodítico, que se veía
+sorprendido en su madriguera y a la fuerza sacado a la luz y a los
+peligros de la vida; Bonis, en una fracción de segundo, se acordó de
+haber leído que algunos pobres animalejos del mar, huyendo de sus
+enemigos más poderosos, se resignaban a vivir escondidos bajo la arena,
+renunciando a la luz por salvar la vida: en prisión eterna por miedo del
+mundo. Su hijo le pareció así. ¡Había tardado tanto! Se le figuró que
+nacía a la fuerza, que se le hacía violencia abriéndole las puertas de
+la vida....
+
+--¡Coronado, Bonis, coronado!--decía una voz débil y mimosa, excitada,
+desde la cama.
+
+Bonis, sin entender, se acercó a Emma y le dio un abrazo, llorando.
+
+Emma lloraba también, nerviosa, muy débil, demacrada, convertida en una
+anciana de repente. Se apretó al cuello de su marido con la fuerza con
+que ella se agarraba a la vida, y como quejándose, pero sin la voz agria
+de otras veces, siguió diciendo:
+
+--¡Coronado, Bonis, coronado, ¿sabes?, estuvo coronado!
+
+--¡Claro, como que nació de cabeza!--gritó D. Venancio, que estaba al otro
+lado del lecho, con los brazos remangados, con algunas manchas de sangre
+en la camisa y en el levitón, sudando, muy semejante a un funcionario
+del Matadero.
+
+--¡Pero estuvo mucho tiempo coronado..., Bonis!
+
+--Sí, siglos--dijo el médico.
+
+--A ti no se te dijo; se te hizo marchar; pero hubo peligro, ¿verdad, D.
+Venancio?
+
+--Pero, hija mía, si acababa de acostarme....
+
+--Sí; pero hace mucho tiempo que la cosa estaba próxima... estaba
+coronado... y no se te decía por no asustarte... ¡hubo peligro!...
+
+Y Emma lloraba, con algún rencor todavía contra el peligro pasado, pero
+más enternecida por el placer de vivir, de haberse salvado, con el alma
+llena de un sentimiento que debía ser de gratitud a Dios y no lo era,
+porque ella no pensaba en Dios; pensaba en sí misma.
+
+--Vaya, vaya, menos charla--gritó D. Venancio; y escondió con el embozo
+los hombros de Emma.
+
+--Y ahora, ¡cuidado con dormirse!
+
+--No, hija mía, dormir, no; eso sí que sería peligroso--exclamó Bonis con
+un escalofrío. La idea de la muerte de su mujer se le pasó por la
+imaginación como un espanto. ¡Morir ella! ¡Quedar él sin madre! Y se
+volvió a su hijo, que lloraba como un profeta.
+
+¡Oh portento! En aquel instante vio en el rostro del recién nacido,
+arrugado, sin gracia, lamentable, la viva imagen de su propio rostro,
+según él lo había visto a veces en un espejo, de noche, cuando lloraba a
+solas su humillación, su desventura. Se acordó de la noche que había
+muerto su madre; él, al acostarse, desolado, se había visto en el espejo
+de afeitarse, distraído, por hábito, para observar si tenía ojeras y la
+lengua sucia, y había notado aquella expresión tragicómica, aquella cara
+de mono asfixiándose, que era tan diferente de la que él _creía poner_ al
+sentir tanto, de modo tan puro y poético. Aunque era de facciones
+correctas, llorando se _ponía_ muy feo, muy ridículo, con un gesto
+parecido al que daba a su cara la música más sentimental, interpretada
+en la flauta de Valcárcel. Su hijo, su pobre hijo, lloraba así: feísimo,
+risible y lamentable también. Pero... ¡era su retrato! Sí, lo era con
+aquella expresión de asfixia. Después, al serenarse un poco, gracias a
+un trago de agua azucarada, que debió de parecerle una inundación
+agradable, hizo una mueca con boca y narices, que llevó a Bonis al
+recuerdo del abuelo. «¡Oh, como mi padre! ¡Como yo en la sombra!».
+
+Y al mismo tiempo que sentía como un descanso espiritual, y un orgullo
+animal, de macho, el remordimiento de haber engendrado le punzaba con
+los primeros dolores de la paternidad, que van formando, por aglomerados
+de sobresaltos, penas extrañas, que lastiman como propias, la santa
+caridad del amor a los hijos.
+
+La conciencia le decía a Bonis: «Ya no volveré a estar alegre, sin
+cuidados; pero ya no seré jamás infeliz del todo... si me vive el hijo».
+El mundo adquiría de repente a sus ojos un sentido sólido, positivo; se
+hacía él más de la tierra, menos de lo ideal, de los ensueños, de las
+nostalgias celestiales; pero también la vida se hacía más seria; seria
+de una manera nueva.
+
+El niño seguía llorando, a pesar de que ya tenía un abrigo, unas
+mantillas bordadas y muy limpias, que a Bonis le parecían impropias de
+la solemnidad del momento y muy incómodas. «¡Oh, sí; se parecía a él
+en... el gesto, en el modo de quejarse de la vida! Podrían no ver los
+demás aquella semejanza; pero él estaba seguro de ella, como de una
+contraseña. Era el hijo de sus entrañas, tal vez también de sus
+cavilaciones y de sus _sensiblerías_, no sospechadas por el mundo, ni aun,
+en rigor, por Serafina».
+
+Algunas horas después, cuando había desaparecido de allí D. Venancio y
+todo el aspecto de matanza, o por lo menos de cosa sucia que tenían
+aquellos grandes lances vistos de cerca, Bonis consintió que Emma
+volviera a hablar largo y tendido, y hasta intervinieron en la
+conversación los parientes y amigos.
+
+¡Qué de recuerdos evocaba la de Valcárcel! Pero todos eran de la línea
+materna. Resucitaba en ella la antigua manía patronímica y gentilicia.
+
+--¡Tío, tío! ¡Sebastián, Sebastián! A ver: ¿a quién se parece Antonio?
+
+--¿Quién es Antonio?--preguntó Marta.
+
+--Pues, hija, el amo de la casa: mi hijo. Se llama Antonio, para mis
+adentros, desde el momento en que yo tuve cabeza para pensar en algo que
+no fuese el peligro y el dolor.
+
+--Pues se parece--dijo Sebastián--, al héroe de las Alpujarras... a su
+tocayo don Antonio Diego Valcárcel y Merás, fundador de la noble casa de
+los Valcárcel.
+
+--Y que no lo digas en broma. Que traigan el retrato y se verá.--Y no hubo
+más remedio. Entre dos criados y Sebastián descolgaron al ilustre abuelo
+restaurado, y se le cotejó con el hijo de Bonis, que la madre sacó del
+calor de su lecho. Unos encontraron el parecido, aunque remoto; otros lo
+negaron entre carcajadas. Antonio lloraba, y Bonis le seguía viendo la
+semejanza consigo mismo, según se había visto al espejo la noche en que
+murió su madre; pero lo que a su juicio se acentuaba por horas era el
+parecido con Reyes abuelo, con don Pedro Reyes, sobre todo en una arruga
+de la frente, en las líneas de la nariz y en la mueca característica de
+los labios.
+
+Marta, sin motivo legítimo, estaba contrariada, y había puesto el gesto
+de vinagre que a veces se le asomaba al rostro sin saberlo ella, y la
+hacía más vieja y más fea; gesto que particularmente se le descubría
+cuando envidiaba algo, cuando se sentía deslumbrada. Veía en el bautizo
+el eclipse de su boda.
+
+--A mí--dijo--, Antoñito no me recuerda ni el tipo Valcárcel, ni el tipo
+Reyes. Parece extranjero. Chica, tú has soñado con algún príncipe ruso.
+
+Las de Ferraz, que ya estaban allí, rieron la gracia, fingiendo no
+encontrarle malicia.
+
+Los demás callaron, sorprendidos ante la audacia.
+
+Emma no vio el epigrama; Bonis tampoco.
+
+Bonis vio que se seguía hablando de los Valcárcel, de si el niño se
+parecería a su abuelo, si sería abogado, si sería jugador, como tantos
+otros de su familia; se amontonaban los recuerdos del linaje, buenos y
+malos. Nadie se acordaba de los Reyes pretéritos para nada.
+
+Antonio seguía llorando, y a Bonifacio le faltaba poco.
+
+«¡Su padre! ¡Su madre! ¡Si vivieran! ¡Si estuvieran allí!».
+
+Bonis, en cuanto pudo, huyó del ruido. Dejó a los demás, ya que les
+divertían, todas las solemnidades y quehaceres propios del caso.
+Mientras el niño dormía y no se le permitía verle, y Emma, ya menos
+nerviosa, pero más fatigada, con un poco de calentura, volvía a su
+antiguo despego y lo echaba de su presencia en no necesitándole,
+Bonifacio se recogía a la soledad de su alcoba, y en idea contemplaba al
+hijo.
+
+--¡Sí, hijo, sí!--se decía con el rostro hundido en la almohada--. Hijo
+tenía que ser. Me lo decía la voz de Dios. Hijo. Mi único hijo....
+
+Emma, durante todo el primer día, estuvo sentimental, excitada; su
+marido creyó que la maternidad iba a transformarla, pero a la mañana
+siguiente despertó con bastante calentura y nada tierna; cuando la
+postración se lo consentía, rabiaba en la medida de sus fuerzas. Le
+hablaron del puerperio, de sus peligros, y sintió nuevo terror. Se
+llegaba a olvidar del chiquillo que tenía entre las sábanas, y no quería
+enseñarlo a nadie, ni a su padre, por no revolverse ella y coger frío.
+Bonis no podía ver a su hijo sino en las ocasiones solemnes de mudarlo
+doña Celestina. De hora en hora lo cambiaba. Según se iba pareciendo más
+a cualquier recién nacido, perdía aquella semejanza que consigo mismo le
+había encontrado Bonis en el primer momento. Empezaba Reyes a
+desorientarse. Además, tuvo que renunciar a llamarle Bonifacio o Pedro,
+porque Emma desde luego empezó a exigir que se le llamara Antonio, aun
+antes de bautizarle. Se le llamaría Antonio Diego Sebastián, porque
+Sebastián iba a ser el padrino. Por todo pasó Bonifacio. No quería
+disturbios todavía; podía hacerle daño a Emma cualquier disgusto. No,
+ahora no. Todo lo aplazaba. ¿No estaba él decidido a ser muy enérgico?
+¿No estaba decidido a salvar, si era tiempo, los intereses de su hijo, y
+a darle el ejemplo de la propia dignidad? Pues no había para qué
+precipitar las cosas. Tampoco quiso, por lo pronto, tener explicaciones
+con Nepomuceno. Tiempo había. Sin embargo, las circunstancias le
+obligaron a anticipar en este respecto su actitud enérgica. Ello fue que
+de Cabruñana, concejo de la marina donde los Valcárcel tenían algunas
+_caserías_, procedentes de bienes nacionales, llegaron malas noticias
+respecto de cierto mayordomo de segundo orden, que allí hacía mangas y
+capirotes de las rentas de Emma, perdonando anualidades atrasadas, o por
+lo menos aplazando el cobro indefinidamente, colocando por su cuenta a
+réditos el dinero cobrado; _en suma_, explotando en provecho propio los
+bienes de sus amos. Nepomuceno no quería dar importancia a la denuncia.
+Se trató el asunto a la hora de cenar, y cuando don Juan y el primo
+convinieron en que se hiciera la vista gorda, con gran sorpresa de todos
+los presentes, que eran aquellos Valcárcel y los Körner, Bonifacio, con
+voz temblorosa, pero firme, aguda, chillona, pálido, y dando golpecitos
+enérgicos, aunque contenidos, con el mango de un cuchillo sobre la mesa,
+dijo:
+
+--Pues yo veo la cosa de otra manera, y mañana mismo, ya que el bautizo
+se retarda, porque no quiere Emma que el niño se constipe con este mal
+tiempo, mañana mismo, aunque lo siento, tomo yo el coche de Cabruñana y
+me voy a Pozas y a Sariego, y le ajusto las cuentas al señor de Lobato.
+No quiero que se nos robe más tiempo.
+
+Hubo un silencio solemne. Bonis no vaciló en compararlo al que precede a
+la tempestad. Por de pronto, era el que trae consigo lo sorprendente, lo
+inaudito. Comprendía Reyes que estaba allí solo, que los Valcárcel y sus
+futuros afines los Körner se lo comerían de buen grado. No era que él no
+estuviera azorado, casi espantado de su audacia; lo estaba. Pero ya se
+sabía que un diligente padre de familia tiene que ser un héroe.
+Empezaban los sacrificios, y bien que dolían; pero adelante. La seriedad
+de la nueva lucha se conocía en eso, en el dolor.
+
+Todos miraron a Bonis, y después a don Nepo, que era el llamado a
+contestar.
+
+Don Juan, que era sumamente moroso y tranquilo, había cambiado mucho con
+las enseñanzas y excitaciones de Marta. Además, fiaba mucho de la
+debilidad y de la ignorancia del enemigo. No se anduvo por las ramas. Se
+fue derecho al bulto. Nada de eufemismos. Sólo en el tono de la voz,
+sereno, reposado, había cierta lenidad.
+
+--¿Eso de robaros, supongo que no lo dirás por mí?
+
+Si las palabras de Bonis eran un guante, quedaba recogido con toda
+arrogancia. Antes que contestara Reyes, don Nepo miró satisfecho a su
+novia, que aprobó su valentía con la mirada.
+
+En aquel momento Bonis, que no esperaba una batalla decisiva, un duelo a
+muerte como aquel, se acordó con terror del anónimo de dos días antes,
+que había olvidado en absoluto, por la gravedad de los acontecimientos.
+
+--El purgatorio es esto--pensó--. Yo he pecado. Yo he dilapidado, yo he
+_robado_ el caudal de mi hijo, y ahora estoy en el purgatorio, que es así,
+hecho de lógica y ética, nada más que de lógica y ética.
+
+--¡Por Dios, tío!--dijo pausadamente y procurando que en su voz hubiese
+mesura y entereza--. ¡Por Dios, tío, cómo lo he de decir por usted! Lo
+digo por Lobato, que es un gran ladrón.
+
+--Un ladrón consentido por mí años y años, si hemos de creer lo que dice
+Pepe de Pepa José, el denunciante quejoso.... Por lo visto, Lobato y yo
+estamos de acuerdo para arruinaros a vosotros, para acabar con los
+bienes de Cabruñana.
+
+--Nadie dice eso, tío; nadie dice....
+
+--Lo que yo digo, señor Reyes--y el señor don Juan Nepomuceno dio un
+puñetazo, no muy fuerte, sobre la mesa--, es que tú no eres un hombre
+práctico, y que te sienta mal el papel que quieres inaugurar al
+estrenarte de padre de familia.
+
+Una carcajada de Marta, seca, estridente, que quería ser una serie de
+bofetadas, resonó en el comedor, con pasmo de sus mismos aliados. Todos
+se miraron sorprendidos. Marta, con el rostro de culebra que se infla,
+repitió la carcajada, mirando con cinismo a Bonis.
+
+El cual miró también a su buena amiga sin comprender palabra de aquella
+risa inoportuna.
+
+Y prosiguió don Nepo:
+
+--Un hombre práctico, de experiencia en los negocios, no exagera el celo
+ni el recelo, ni cree en habladurías. Bueno sería que yo, v. gr., fuera
+a creer lo que me decía un anónimo que recibí hace días, asegurándome
+que tú habías cobrado dos mil duros de una restitución hecha bajo
+secreto de confesión a la herencia de tu suegro.
+
+--¡Todo lo que yo cobrase sería mío!--exclamó con voz clara, alta,
+positivamente enérgica, el amo de la casa, poniéndose en pie, pero sin
+dar puñadas sobre la mesa.
+
+En pie se pusieron todos.
+
+--¡Tuyo no es nada!--contestó el primo Sebastián, que adelantó un paso
+hacia Bonis, ofreciendo a la consideración de los presentes su fornida
+musculatura, su corpachón que parecía una fortaleza. Marta, sin pensar
+en lo que hacía, le apoyó una mano sobre el hombro, como animándole al
+combate. Se conoce que confiaba más en la pujanza del primo que en la
+del tío, su futuro.
+
+Bonis se veía metido en la _escena_ que había querido aplazar, antes de
+tiempo, fuera de razón, torpemente.
+
+--Señores, no hagamos ruido, que no hay para qué. Lo que yo no consiento
+a nadie, y juro a Dios que no lo consentiré, es que se alborote ahora.
+Lo primero es mi mujer, y si ella se entera de esto... puede haber una
+desgracia... ¡y pobre del que la provocara!
+
+Todos se sintieron sobrecogidos. Bonis parecía otro.
+
+El mismo Sebastián, que era positivamente bravo y fuerte, y muy capaz de
+arrojar por el balcón al _escribiente de su tío_, se achicó un tanto por
+lo que él calificó de fuerza _moral_ de aquellas palabras, y de aquel
+gesto y de aquel tono.
+
+Todos comprendieron que el pobre Bonis estaba dispuesto a morder y
+arañar para impedir que la salud de Emma peligrase.
+
+--Sin ruido, sin ruido se puede discutir todo--dijo don Nepo, que quería
+hacer hablar al _imbécil_ para ver por dónde desembuchaba y qué leyes le
+había metido en la cabeza el abogadillo flamante.
+
+--Sin ruido y sin apasionamiento--se atrevió a apuntar el respetable y
+mofletudo Körner, que se creía en el caso de intervenir en sentido
+conciliador.
+
+--Es verdad--dijo Bonis--. La pasión no conduce a nada nunca, nunca....
+
+--Justamente--prosiguió el alemán--. Y fácil les será a ustedes ver que
+aquí, en rigor, no hay nada.... Ni Bonifacio desconfía del tío, ni el tío
+de Bonifacio, ni nadie pone en tela de juicio su legítimo derecho.
+
+--Cada cual tiene los suyos--objetó Nepo.
+
+--Ciertamente; y no hay para qué hablar de eso ahora, cuando en último
+caso no había de faltar quien nos dijera a cada cual el papel que le
+tocaba representar.
+
+Bonis volvió a crecerse.
+
+La alusión a la justicia era clara. Don Nepo sintió una ola de cólera
+subirle al rostro. Y recurrió a su venganza suprema. A contenerse y
+jurarse que se la pagaría el miserable. Le azotó el rostro con la
+intención, y ya desahogada la ira, que se gozaba con las futuras
+crueldades de la venganza, pudo decir sereno y sonriente:
+
+--En fin, Bonis, tienes razón; ya se ajustarán cuentas cuando Emma sane,
+y se pueda ver con números, que tú has de procurar entender, ¿estamos?,
+lo que habéis gastado vosotros, lo que he ahorrado yo..., y quién debe a
+quién. Lo que te anuncio es que si seguís gastando como hasta aquí, la
+quiebra es segura.... Estáis puede decirse que arruinados. Emma ha
+gastado como una loca, y tú, tú no me lo negarás... le diste el
+ejemplo... tú la arrastraste a esa vida imposible. Y todos sabemos por
+qué.
+
+--Todos--exclamó con solemnidad Sebastián, que había perseguido en vano a
+la Gorgheggi, y todavía la solicitaba.
+
+Bonis, que tenía aquella noche energía para luchar con los hombres, no
+la tuvo para resistir a los hechos; los hechos eran terribles:
+¡arruinados!, y ¡había empezado él!, y ¡hasta de lo que hubiera robado
+el tío tenía él la culpa por haberle dejado! ¡Y su robo, sus robos, para
+pagar trampas de una querida!
+
+Tuvo que sentarse, pálido, sin contar con las piernas. El tío vio allí
+de repente al Bonis de siempre, y se creció, pero sin arrogancia,
+falsamente conciliador.
+
+--¿Quieres ir a ver lo que hay en Cabruñana? Corriente; marcha mañana a
+las ocho, que es la hora del coche. Ven a mi cuarto, y verás los libros
+y las escrituras de allá... Todo, todo lo verás. Llevarás lo que
+necesites, y procurarás enterarte, ¿estamos? Porque no has de
+presentarte a Lobato llamándole ladrón y sin saber por qué se lo llamas.
+
+Bonis, sin fuerzas ya para nada, siguió al tío maquinalmente, y detrás
+de ellos se fue Körner. Marta y Sebastián quedaron solos en el comedor.
+
+Körner, siempre fiel a su papel de rey Sobrino, iba como de asesor.
+¡Buena falta le hacía a Bonis! Pasó en el cuarto del tío la vergüenza
+que ya esperaba. Nepo, con redomada astucia, con intención felina, le
+iba explicando todos los asuntos correspondientes a los bienes de
+Cabruñana, con los términos del más riguroso tecnicismo del derecho
+consuetudinario.
+
+Bonis no tenía noción clara del contrato de arrendamiento. La palabra
+foro le sonaba a griego; aparcería..., laudemio..., retracto..., y
+después otras cien palabras del Derecho civil, más las propias del
+_dialecto_ jurídico de aquella tierra, pasaron por sus oídos como sonidos
+vanos. No se enteraba de nada. Comprendía vagamente que se le engañaba y
+se le quería aturdir y humillar. Caía en mil contradicciones, en errores
+sin cuento, al querer explicarse lo que le explicaban y al pretender
+opinar algo por cuenta propia; Körner le ayudaba para poner más de
+relieve su torpeza y su ignorancia.
+
+--Pero, hombre, ¡yo que soy un extranjero..., y ya sé mejor que usted
+todas estas costumbres del país... y las leyes de España!...
+
+Al llegar a los números, Körner se escandalizó sinceramente. Bonis no
+sabía dividir, y apenas multiplicar.
+
+Para huir de aquel atolladero, humillado, corrido, lleno de vergüenza y
+de remordimiento, Bonis quiso tratar cuestiones más importantes que no
+fueran de aquel horrible pormenor oscuro, inextricable para él, pobre
+flautista..., y llevó, por los cabellos, la discusión al asunto de las
+fábricas.
+
+Estaba excitado, su amor propio ofendido, y olvidando la prudencia,
+abordó la delicada cuestión de las dos industrias, sin estar preparado,
+a deshora. Eran las tres de la madrugada cuando Körner y Nepo, _heridos
+en lo más hondo_, le exigieron que oyera la _historia completa_ de aquella
+desastrosa especulación; necesitaban sincerarse, y pues él provocaba la
+cuestión, allí estaban ellos para responder....
+
+Y quieras que no quieras, Bonis tuvo que oír, y ver y palpar. Se le
+pusieron delante libros de actas, presupuestos, pólizas, planos,
+expedientes, una _selva oscura_ que le hizo perder la noción del tiempo y
+la del espacio.... Se creía en el aire, en un aquelarre. Le zumbaban los
+oídos. Mientras los otros le explicaban, gesticulando, lo que a él le
+sonaba a griego, el sueño, la ira, el remordimiento le llenaban de
+avisperos el cerebro.... Hubiera mordido, pateado y llorado de buena
+gana. Se le cerraban los ojos, le ardían las orejas, se le doblaban las
+piernas... «Había caído en un lazo por débil, por imbécil. Había entrado
+allí solo, debiendo entrar con juez, escribano, abogado, peritos y una
+pareja de la Guardia civil».
+
+Después de dos horas de aturdimiento, de verdadera agonía, sólo tuvo
+valor para tomar la puerta, seguido de los dos monstruos, que
+continuaban explicándole por _a_ más _b_ la ruina de los Valcárcel en la
+fábrica, la ruina de Antonio Reyes, de su único hijo. En el comedor, y
+ya iban a dar las cinco, estaban todavía _esperándolos_ Marta y Sebastián,
+medio dormidos, bostezando. Unieron sus argumentos uno y otro, como
+queriendo ocupar la atención de Nepo y Körner, a los argumentos de
+Körner y Nepo; y perseguido por aquella tremenda pesadilla, Bonifacio,
+muerto de sueño, ebrio de cólera, de fiebre y cansancio, se declaró en
+franca y acelerada fuga y se encerró en su cuarto, bien decidido, eso
+sí, a salir para Cabruñana al ser de día, acompañado de los papeles que
+el tío le había metido por los ojos. Marcharía sin despedirse de Emma,
+sin ver a su hijo, para que no le faltase valor ni su mujer tuviera
+tiempo de torcer aquella resolución irrevocable. «Yo no sé una palabra
+de foros, ni de caserías a medias, ni de aparcerías, ni de números, ni
+de fábricas; pero he de tener voluntad en adelante; y he dicho que iría
+mañana, y primero falta el sol. Iré. La calentura de Emma no es
+extraordinaria; ya cede; Antonio queda sin novedad; voy a Cabruñana, le
+pongo las peras a cuarto a Lobato..., y me vuelvo pasado mañana con dos
+o tres nodrizas, a escoger, que por ahí las hay buenas. Emma no querrá,
+y en rigor no puede criar. Le criaremos nosotros, el ama y yo. Así como
+así, cuanto menos sangre de Valcárcel, mejor».
+
+Bonis no pudo dormir; estuvo mezclando, con mil visiones de pesadilla,
+despierto y todo, sus remordimientos de antaño, sus iras y vergüenzas de
+ahora, sus propósitos de energía futura y sus esperanzas de padre. La
+actividad era cosa terrible; era mucho más agradable pensar, imaginar....
+Pero un padre tenía que ser diligente, práctico, positivo... y él lo
+sería; por Antonio, por su Antonio.... Pero por lo pronto, la bilis, la
+vergüenza de su ignorancia de las cosas que sabían todos en casa, menos
+él, todo aquel barullo de pasiones bajas, vulgares, pedestres, le
+quitaban el gusto a su dicha presente, a la felicidad de ser padre.
+
+Cuando todos dormían y el sol llevaba andada alguna parte de su carrera,
+Reyes salió de casa, con sus papeles en un saco de noche; tomó la
+diligencia de Cabruñana, y antes del medio día ya estaba disputando con
+Lobato en medio de un prado, frente a unos robles que el mayordomo había
+consentido derribar a un casero, porque, según malas lenguas, los dos
+iban ganando. Lobato, un ex cabecilla carlista, era un lobo mestizo de
+zorro; hablaba con dificultad, leía deletreando y escribía de modo que,
+en caso de convenirle, podía negar que aquello fueran letras... y él era
+dueño de la comarca por la política, por la usura y por las trampas a
+que obligaba a los jueces de paz y a los pedáneos su influencia
+personal. Nepomuceno le había escogido porque con media palabra se
+habían entendido, y también porque sólo un hombre como Lobato, que era
+el terror del concejo, podía cobrar las rentas de aquellos _caseros_, que
+solían recibir a pedradas y a tiros a los comisionados de apremios, a
+los alguaciles y a los mayordomos. Lobato, si viajaba de noche, cruzaba
+a escape ciertos parajes frondosos y oscuros, en que estaba seguro de
+encontrar asechanzas de aquellos aldeanos, que a la luz del sol
+temblaban en su presencia. En una ocasión, después de cobrar en juicio a
+un casero que debía tres años, recibió, al atravesar un bosque, tal
+pedrada, que llegó a su casa sin sentido, agarrado a la crin del
+caballo. ¡Y a un hombre así venía a pedirle cuartos un mequetrefe, aquel
+señorito bobo, de que nunca le había hablado más que con desprecio el
+Sr. D. Juan Nepomuceno! Con fingida humildad, Lobato se burló de su amo;
+haciéndose el tonto, el ignorante, le hizo ver que él, Bonis, era el que
+no sabía lo que traía entre manos. Los caseros se reían también del amo,
+con sorna que no podía tachar de irrespetuosa. Se rascaban la cabeza,
+sonreían y se aferraban a la idea de no pagar mejor que hasta la fecha.
+
+Bonis, desesperado, abandonó aquellos hermosos valles de eterna verdura,
+de frescas sombras y matices infinitos en la variedad de los accidentes
+de colinas y vegas, en que serpenteaban claros ríos... «¡Divino!
+¡Divino!... ¡Pero qué pillo es Lobato, y qué ladrones son todos estos
+pastores!... En otra situación, sin estos cuidados y preocupaciones,
+¡qué buenos días hubiera pasado yo en esta espesura, en que se mezcla el
+rumor de las copas de los pinos con el del mar, del que parece un eco!».
+Cabruñana era región ribereña, y parecían sus valles estrechos y de mil
+figuras, de verde jugoso y oscuro en las laderas y en las planicies
+pantanosas, cauces de antiguos ríos, abandonados por las aguas. Todos
+aquellos cuetos y vericuetos, lomas y llanuras, por sus formas
+violentas, por ejemplo, por los cortes de las laderas aterciopeladas,
+semejantes en su caída a los acantilados de la costa, hacían pensar en
+el fondo misterioso de los mares.
+
+Terminada su inútil faena, sin más provecho que dejar sembradas
+amenazas, de que nadie hizo caso, Reyes decidió a media tarde montar a
+caballo para ir a pernoctar en la capital del concejo y del partido, a
+dos leguas, por la carretera. Antes del anochecer, se proponía llegar a
+Raíces, que estaba al paso, y detenerse media hora; ¿para qué? No sabía.
+Para soñar, para sentir, para imaginarse tiempos remotos, a su manera;
+para pensar a sus anchas, en la soledad, libre de Lobato, y Nepo y
+Sebastián, en los Reyes que habían sido, y en los que eran, y en los que
+habían de ser.
+
+Raíces consistía en un lugar de veinte a treinta casas, diseminadas en
+las frondosidades de una península abandonada por el agua, en las
+marismas; cerca estaban las dunas, cuyos amarillos lomos de arena tenían
+figura semejante a los vericuetos que rodeaban a Raíces; pero estos,
+desde siglos y siglos, ostentaban el terciopelo de verde oscuro de sus
+musgos y su césped, y las flores de los prados, iguales a las que se
+encontraban tierra adentro, lejos de las brisas del mar. Era Raíces un
+misterioso escondite verde, que inspiraba melancolía, austeridad, un
+olvido del mundo, poético, resignado. Una colina cortada a pico, muy
+alta, cuya ladera, casi vertical, mostraba, como si fuera la yedra de
+una muralla ciclópea, pinos, castaños y robles, que trepaban cuesta
+arriba cual si escalaran una fortaleza, escondía y humillaba a Raíces
+por el Sur; el mar y las dunas le dejaban abierto a los vientos del
+Norte y del Noroeste, y restos de un bosque le rodeaban por Oriente y
+Occidente. Las viviendas, escasas y esparcidas por la espesura, eran,
+las más, cabañas humildes, otras vetustos caserones de piedra oscura,
+con armas sobre la puerta algunos.
+
+Bonis llegó una hora antes del ocaso a una plazoleta que servía de
+_quintana_ a varias casas de las más viejas, pero también de las de
+aspecto más noble; carretas apoyadas sobre el pértigo, como dormidas,
+entorpecían el paso; niños medio desnudos, sucios y andrajosos, sin nada
+en su cuerpo donde pudiera ponerse un beso, más que los ojos de algunos
+y las rubias guedejas de muy pocos, saltaban y corrían por aquella
+corralada común, que era sin duda para ellos el universo mundo. Más
+serios y a su negocio, hozaban algunos cerdos en el estiércol, que
+escarbaban y picoteaban gallos y gallinas, mientras dos perros
+dormitaban, acosados por miles de mosquitos.
+
+--De aquí salieron los Reyes--pensó Bonifacio, que desde una calleja
+vecina contemplaba el cuadro de paz suave y melancólica de aquella
+miseria, aislada de las vanas grandezas del mundo--. Un grupo de castaños
+y una pared de una huerta, le ocultaban a la vista de los chiquillos y
+los perros, que, de notar su presencia, se hubieran alarmado. Echó pie a
+tierra, ató el caballo al tronco de un castaño, y se sentó sobre el
+césped para meditar a sus anchas.
+
+Se acordó de Ulises volviendo a Ítaca... pero él no era Ulises, sino un
+pobre retoño de remota generación.... El Ulises de Raíces, el Reyes que
+había emigrado, no había vuelto... a él no podían reconocerle en el
+lugar de que era oriundo. Y como había leído muchas veces la _Odisea_, y
+recordaba sus episodios y los nombres de sus personajes, pensó Bonis:
+«Los cerdos y los perros que encontró Ulises al volver a Ítaca, en la
+mansión de Eumaios, allí estaban; pero Eumaios, el que guardaba los
+cerdos de Ulises, no estaba; no le había. Como a Ulises, aquellos perros
+le atacarían si le vieran; pero Eumaios, el fiel servidor, no acudiría
+en su auxilio... ¡Qué habría sido de Ulises--Reyes! ¿Por qué habría
+salido de allí? ¡Quién sabe! Tal vez esos chiquillos, que parecen hijos
+del estiércol, como lombrices de tierra, son _parientes_ míos.... Son de mi
+tribu acaso».
+
+De pronto se dio una palmada en la frente. Los recuerdos clásicos le
+habían hecho pensar en el pasaje en que Ulises es reconocido por
+Eurycleia, su nodriza. Él no había tenido más Eurycleia que su madre,
+que había muerto; pero Antonio, su hijo, necesitaba nodriza, y él había
+olvidado que había venido a Cabruñana a buscarla. «¡Mejor aquí! Sí; no
+me iré de Raíces sin buscar ama de cría para mi hijo. ¡Es una
+inspiración! ¡Quién sabe! Tal vez se nutra con leche de su propia raza,
+con sangre de su sangre...».
+
+Y como había resuelto ser cada día más activo y menos soñador; hombre
+práctico como los demás, como los que ganan dinero, para ganarlo también
+por amor de su Antonio, dejó sus cavilaciones, se levantó, montó a
+caballo, y por aquellas quintanas y callejas adelante, de puerta en
+puerta, fue buscando lo que necesitaba, nodriza para casa de los padres,
+y natural de Raíces, de donde eran oriundos los Reyes. Era aquella, por
+fortuna, tierra clásica de amas de cría, de las más afamadas de la
+provincia; y en tan pequeño vecindario, sin más que extender un poco sus
+pesquisas por aquellos contornos, encontró Bonis dos buenas vacas de
+leche de aspecto humano, porque en aquella región venía a ser una
+especie de industria inmoral y de exportación el servicio que él
+solicitaba. Quedó convenido que a la mañana siguiente, muy temprano,
+Rosa y Pepa, que así se llamaban las que presentaban su candidatura al
+honor de criar a Antonio Reyes, estarían en la capital del concejo,
+dispuestas a montar en el coche en que las llevaría Bonifacio a la
+ciudad, para que fueran registradas por el médico, y la de mejores
+condiciones recibiera el _exequatur_ facultativo y el nombramiento oficial
+de Emma.
+
+Satisfecho de la diligencia y fortuna con que dejaba orillado este
+negocio, Bonis se detuvo, al salir del lugar, en un recodo del camino
+solitario, junto a un puente de madera que atravesaba el Raíces,
+riachuelo poético, sinuoso, que a la sombra de árboles infinitos corría
+al próximo Océano, sin gran prisa, seguro de llegar antes de la noche; y
+eso que el sol ya se había escondido tras de las olas que bramaban a lo
+lejos. Reyes, volviendo grupas, seguro de su soledad, inmóvil en medio
+del camino, permaneció contemplando el rincón melancólico de que se
+alejaba, como si allí dejara algo.
+
+Nada concreto, nada plástico le hablaba ni podía hablarle de la relación
+de su raza con aquel pacífico, humilde y poético lugar; y, sin embargo,
+se veía atado a él por sutiles cadenas espirituales, de esas que se
+hacen invisibles para el alma misma, desde el momento en que se quiere
+probar su firmeza.
+
+«Ni yo sé en qué siglo salieron los Reyes de aquí, ni lo que eran aquí,
+ni cómo ni dónde vivían; ni siquiera de mi tatarabuelo, sin ir más
+lejos, tengo noticias, a no ser muy vagas. Sólo sé que éramos nobles,
+hace mucho, y que salimos de Raíces. ¡Oh! ¡Si yo conservase el libro
+aquel de blasones de que tanto me hablaba mi madre, y que mi padre, al
+parecer, despreciaba!... Como soy tan aprensivo... se me figura sentir
+cierta simpatía por estos parajes.... Esta calma, este silencio, esta
+verdura, esta pobreza resignada y tolerable... hasta la música del mar,
+que ruge detrás de esos montes de arena... todo esto me parece algo mío,
+semejante a mi corazón, a mi pensamiento, y semejante al carácter de mi
+padre. Los Reyes... no debieron salir de aquí... no servían para el
+mundo; bien se vio.... Yo, el último, ¿qué soy? Un miserable, un
+ignorante, que no ha ganado en su vida una peseta, que sólo sabe gastar
+las ajenas. Un soñador... que creyó algún día llegar a ser algo de
+provecho a fuerza de sentir con fuerza cosas raras y de las que ni
+siquiera se pueden explicar. ¡A esto vino a parar la raza!».
+
+Cesó en su soliloquio, como para oír lo que el silencio de Raíces, a la
+luz del crepúsculo, le decía.
+
+Una campana, muy lejos, comenzó a tocar la oración de la tarde.
+
+Bonis, a pesar de su dudosa ortodoxia, se quitó el sombrero. Y recordó
+las palabras con que su madre empezaba el rezo vespertino: «El ángel del
+Señor anunció a María...».
+
+¡Oh! ¡También a él, el ángel del Señor sin duda, le había anunciado que
+sería padre; también sus entrañas estaban llenas del amor de aquel hijo,
+de aquel Antonio, en que él estaba ya pensando como se piensa en el amor
+ausente, mandando miradas y deseos de volar del lado del horizonte tras
+que se esconde lo que amamos! Una ternura infinita le invadió el alma.
+Hasta el caballo, meditabundo, inmóvil, le pareció que comprendía y
+respetaba su emoción. ¡Raíces! ¡Su hijo! ¡La fe! Su fe de ahora era su
+hijo.
+
+Lo pasado, muerte, corrupción, abdicación, errores... olvido. ¿Qué había
+sido su propia existencia? Un fiasco, una bancarrota, cosa inútil; pero
+todo lo que él no había sido podía serlo el hijo... lo que en él había
+sido aspiración, virtualidad puramente sentimental, sería en el hijo
+facultad efectiva, energía, hechos consumados.
+
+¡Oh!, se lo decía el corazón.... Antonio sería algo bueno, la gloria de
+los Reyes.... Y acaso, acaso, cuando se hiciera rico, ya conquistando una
+gran posición política o escribiendo dramas, lo cual le halagaba más, o,
+lo que sería el colmo de la dicha, como gran compositor de sinfonías y
+de óperas, como un Mozart, como un Meyerbeer, él, su padre, ya viejo,
+chocho, chocho por su hijo... le metería en la cabeza que _restaurase_ en
+Raíces la casa de los Reyes...; y él, Bonis, vendría a morir allí... en
+aquella paz, en aquella dulzura de aquel crepúsculo, entre ramas
+rumorosas de árboles seculares, mecidas por una brisa musical y olorosa,
+que se destacaban sobre el fondo violeta del cielo del horizonte, donde
+el último aliento del día perezoso se disolvía en la noche.
+
+«¡Oh! ¡En definitiva, en el mundo, no había nada serio más que la
+poesía!...--pensó Bonis--. Pero eso para mi Antonio. Él será el poeta, el
+músico, el gran hombre, el genio.... Yo, su padre. Yo a lo práctico, a lo
+positivo, a ganar dinero, a evitar la ruina de los Varcárcel y a
+restaurar la de los Reyes. Y ¡adiós, Raíces, hasta la vuelta! Me voy con
+mi hijo; tal vez volvamos juntos».
+
+Bonifacio, sacudiendo la cabeza, recobrando las riendas para sacar al
+rocinante soñador de su letargo, siguió a trote su camino, sin volver
+los ojos atrás, temeroso de sus ensueños, de sus locuras...; dispuesto
+cada vez con más ahínco a sacrificar al porvenir de su hijo su
+temperamento de bobalicón caviloso y sentimental.
+
+Durmió en la villa cabeza del partido, y al ser de día montó en el coche
+diario que iba a la capital de la provincia, en compañía de las dos
+Eurycleias que había buscado en Raíces.
+
+Al llegar a sus lares, se encontró la casa llena de gente, criados y
+amigos en movimiento.
+
+Doña Celestina, con vestido de raso negro y mantilla de casco fina,
+estaba en medio de la sala con un bulto en los brazos, un montón de tela
+blanca, bordada, de encajes y de cintas azules.
+
+--¿Qué es esto?--dijo Bonis, que entraba con las nodrizas electas a
+derecha e izquierda.
+
+--Esto es--respondió la partera--que vamos a hacer cristiano a este judiazo
+de su hijo de usted.
+
+En efecto; Emma lo había decretado así. Cierto era que ella misma el día
+anterior había dicho que no se le hablase de bautizo hasta que al
+chiquillo le pasara la fluxión de los ojos; pero al despertar aquella
+mañana y saber que Bonis, sin su permiso, dejándola con la calentura, se
+había marchado a la aldea a enderezar entuertos, que nunca se le había
+ocurrido enderezar, se había irritado, y por venganza y considerando que
+el tiempo estaba templado, había dispuesto, en un decir Jesús, desde la
+cama, dando órdenes como ella sabía, que el niño se bautizara aquella
+misma tarde, para que el padre se lo encontrara todo hecho y rabiara un
+poco.
+
+Bonis no rabió. La solemnidad del momento no consentía malas pasiones.
+Lo que hizo fue abrazar a su esposa, consiguiéndolo a duras penas.
+
+Emma tenía poca calentura: estaba muy despejada; y ya sin miedo al
+peligro del puerperio, aunque no había pasado, había decidido
+engalanarse y engalanar su lecho.
+
+Sacó el fondo de su armario de ropa blanca, que era un tesoro, y sus
+amigas pudieron contemplar un mar de espuma, de nieve y crema, de hilo
+fino espiritualizado de encajes de los más delicados. En medio de
+aquella espuma aparecía, como un náufrago, el rostro demacrado,
+amarillento, de Emma, que definitivamente había vuelto a desmoronarse en
+ruina que no admitía ya restauraciones.
+
+«Es una vieja», pensó Bonis resignado, sin amargura; pero triste por
+amor de su hijo.
+
+La Valcárcel aprobó el concurso de nodrizas ideado por su marido; el
+cual no comprendió por qué Nepo, los Körner, Sebastián, las de Ferraz,
+las de Silva, y otras amigas y amigos reían, a carcajadas unos, con
+menos violencia otros, la ocurrencia de haber traído él consigo a Pepa y
+Rosa, las robustas aldeanas de Raíces.
+
+Sebastián y Marta, cada vez que recordaban la entrada triunfal de Bonis
+en medio de las dos aldeanas de ubres ostentosas, se desternillaban de
+risa.
+
+Según Marta, aquello era demasiado, y ya no cabía disimulo. Había que
+reír a mandíbula batiente.
+
+Y se reían.
+
+Bonifacio no comprendía; ni lo intentó apenas. ¿Qué le importaban a él
+las risas necias de aquella gentuza, que le habían comido el pan de su
+hijo, y que estaba dispuesto a arrojar de su casa?
+
+La comitiva se puso en movimiento. Emma había decretado, y no había más
+remedio que callar, que Sebastián fuese padrino y Marta madrina.
+
+Se habían dado órdenes para que la ceremonia fuese de primera clase. El
+baptisterio de la iglesia parroquial estaba cubierto de colgaduras de
+raso carmesí con flecos dorados; la pila brillaba como un ascua de oro,
+iluminada por grandes cirios.
+
+Bonis, que había caminado solo, detrás de doña Celestina, cuidando de
+que el pañuelo que cubría el rostro de Antonio, dormido, no se deslizara
+al suelo, no había tenido tiempo, mientras iba por las calles, para
+sentir la ternura grave y poética propia del caso; más bien recordaba
+después haber experimentado así como un poco de sonrojo ante las miradas
+curiosas y frías, casi insolentes y como algo burlonas, del público
+indiferente y distraído. Pero al atravesar el umbral de la casa de Dios,
+y detenerse entre la puerta y el cancel, y ver allá dentro, enfrente,
+las luces del baptisterio, una emoción religiosa, dulcísima, empapada de
+un misterio no exento de cierto terror vago, esfumada, ante la
+incertidumbre del porvenir, le había dominado hasta hacerle olvidarse de
+todos aquellos miserables que le rodeaban. Sólo veía a Dios y a su hijo.
+Otras veces, viendo bautizar hijos ajenos, había pensado que era
+ridículo aquello de echar los demonios del cuerpo, o cosa por el estilo,
+a los inocentes angelillos que iban a recibir las aguas del bautismo.
+Ahora no veía en nada de aquello lado alguno ridículo. ¡Oh, la Iglesia
+era sabia! ¡Conocía el corazón humano y cuáles eran los momentos grandes
+de la vida! ¡Era tan solemne el nacer, el tomar un nombre en la comedia
+azarosa de la vida! ¡El bautizo hacía pensar en el porvenir, en una
+síntesis misteriosa, de punzante curiosidad, de anhelante y temerosa
+comezón de penetrar el porvenir! Aunque él, Bonis, no creía en varios
+dogmas, ni menos en los prodigios de la Biblia, reconocía que la Iglesia
+en aquellos trances parecía efectivamente una madre....
+
+Sin repugnancia, y sin perjuicio de las reservas mentales necesarias, él
+colocaba sobre el regazo de la Iglesia al hijo de sus entrañas. ¡Su
+hijo, su Antonio; allí le tenía, carne de su carne, dormido, perdido
+entre encajes; una mancha colorada destacándose en la blancura...!
+
+A él ya no se parecería; pero a su padre, al procurador Reyes, sí; el
+gesto de pena, la mueca de los labios, el entrecejo... todo aquello era
+de su padre. ¡Ay! ¡Cómo se le metía por el alma, a borbotones, como
+lágrimas de ternura que en vez de salir entrasen, el amor de aquel hijo,
+de aquel ser débil, abandonado por los ángeles entre los hombres!, pero
+ya no amor abstracto, metafísico; amor sin frases, amor nada retórico....
+amor inefable, pero que satisfacía la conciencia y daba sanción absoluta
+al juramento de constante y callado sacrificio. Vivir por él, para él.
+«Yo nací para esto; para padre». Bonis sentía a la puerta de la iglesia,
+esperando al capellán que iba a hacerle cristiano a Antonio, sentía la
+gracia que Dios le enviaba en forma de vocación, clara, distinta, de
+vocación de padre. «Sí--pensaba--; ya soy algo».
+
+Después vio llegar a un cura rollizo, sonriente, cubierto de oro, como
+el altar del baptisterio, con todo el aparato sagrado de acólitos,
+cirios y cruces que reconoció que eran del caso. No se oponía él a nada,
+todo estaba bien. Por más que estaba seguro de que su Antonio, aquel
+inocente niño con cara triste, no tenía en el cuerpo diablo de ninguna
+especie ni resentimiento personal alguno con la Iglesia, Bonis reconocía
+el derecho de esta a tomar precauciones antes de admitir en su seno al
+recién nacido. Hasta lo de no poder entrar en el templo su hijo antes de
+cumplir los requisitos sacramentales, le parecía racional, si bien pensó
+que el clero debía tener más cuidado con los _catecúmenos_, o lo que
+fueran, de cierta edad, porque un aire colado, entre puertas, podía ser
+fatal y matar un cristiano en flor.
+
+--Doña Celestina--dijo Reyes con voz melosa, humilde, apenas perceptible,
+con ánimo de que el señor cura y su acompañamiento no dieran una
+interpretación heterodoxa a sus palabras--; doña Celestina, haga usted el
+favor de arrimarse a este rincón, porque ahí está usted en la corriente.
+
+--Déjeme usted a mí, D. Bonifacio.
+
+El delegado del párroco empezó sus latines, que Bonifacio entendía a
+medias.
+
+Entendió que su hijo se llamaría decididamente Antonio, no recordaba qué
+otra cosa, y Sebastián. Sebastián... ¿para qué? En fin, poco importaba.
+
+Las de Ferraz miraban al niño y al cura con la boca abierta, y como
+quien asiste a una farsa muy chusca; eran creyentes como cada cual, pero
+en el mundo, para aquellas señoritas como panderetas, todo era una
+_guasa_, asunto de broma y de castañuelas.
+
+Allí no valía reírse, pero buenas ganas se les pasaba. Marta, madrina,
+presenciaba la escena con cara de judío: pensaba en la superioridad de
+sus ideas personales sobre la vulgar manera de entender la ceremonia que
+presenciaban aquellas frívolas amiguitas.
+
+De pronto, las palabras que rezaba el clérigo con un tono discreto,
+suave, de un ritmo eclesiástico simpático, sugestivo, adquirieron
+verdadero valor musical, como un recitado; porque allá dentro alguien le
+soltaba los caños de sonidos al órgano, que llenó la solitaria iglesia
+de resonancias, de chorros de notas juguetonas, frescas.
+
+El nuevo cristiano atravesó el cancel, penetró en la iglesia precedido
+del sacerdote, en brazos de Sebastián majestuoso. Llegó la comitiva al
+baptisterio. Los amigos rodeaban a los padrinos; viejas, pobres y
+chiquillos formaban corro, curioseando y en espera de la calderilla del
+bateo. Para Bonis, que siguió a su hijo hasta la margen del Jordán de
+mármol, todo tomó nueva vida, más intenso, armónico y poético sentido.
+Era que la música le ayudaba a entender, a penetrar el significado hondo
+de las cosas. El órgano, el órgano, le decía lo que él no acababa de
+explicarse.
+
+«Pues es claro; la Iglesia es un lince; ve largo; sabe ser madre».
+
+Las notas del órgano, bajando a hacer cosquillas al recién nacido, al
+que venía de los cielos del misterio, metiéndosele por las carnecitas
+que dejaban al aire los dedos discretos y expertos de doña Celestina, al
+descubrir la espalda de la criatura; las notas aladas y revoltosas, eran
+angelillos que retozaban con su compañero humano, menos feliz que ellos,
+pero no menos puro, no menos inocente.
+
+Bonis sintió que el rostro de los más indiferentes, hasta el de los
+pilluelos que esperaban la calderilla, tomaba expresión de interés, de
+cierto enternecimiento. Las luces parecían cantar también al oscilar con
+ritmo; brillaban más rojas; los dorados del cura y del baptisterio se
+hicieron más intensos, más señoriles; los monaguillos, tiesos, solemnes,
+daban indudable respetabilidad al acto. El órgano era el que se permitía
+seguir riendo, jugueteando, pero legítimamente, porque representaba la
+alegría celestial, la gracia de la inocencia.... Mas en el fondo de las
+bromas poéticas y sagradas de aquella música de la iglesia, a Bonis, de
+pronto, se le antojó ver una especie de desafío burlón un tanto irónico.
+Vamos a ver, decía el órgano: ¿Qué guarda el porvenir? ¿Qué va a ser de
+tu hijo? ¿Qué es la vida? ¿Importa vivir, o no importa? ¿Es todo juego?
+¿Es todo un sueño? ¿Hay algo más que la apariencia?... Y la música, de
+repente, la tomaba por otra parte sin lógica, sin formalidad; empezaba a
+decir una cosa y acababa indicando otra.... Hasta que por fin Reyes notó
+que el organista estaba tocando variaciones sobre la _Traviata_, ópera
+entonces de moda. Bonifacio se acordó de la _Dama de las Camelias_, que
+había leído, y de aquel Armando, que había amado hasta olvidar al suo
+_vecchio_ genitor, como dicen en la ópera, y, en efecto, el órgano lo
+estaba recordando:
+
+ «_Tu non sai quanto soffrì_!»
+
+--¡Pobre de mí!--pensó Bonis--. El hijo puede ser un ingrato. Amará a una
+mujer más que a mí ciertamente. Yo nací para que no me amen como yo
+quisiera.... Pero no importa, no importa; esta es la ley. Nosotros a
+ellos; ellos a los suyos o a las vanidades del mundo. ¡Cosa rara! ¿Por
+qué no sonaría mal _La Traviata_ en la iglesia? Aquello debía ser una
+profanación... y no lo era. Era que en _La Traviata_, bien o mal, había
+amor y dolor, amor y muerte; es decir, toda la religión y toda la
+vida... ¡Oh, cómo hablaba el órgano de los misterios del destino!...
+Vuelta a la burla, vuelta a las preguntas irónicas: «¿Qué será de él?
+¿Qué será de ti? ¿Qué será de todo?...».
+
+--¿Quién toca el órgano?--preguntó Marta por lo bajo a Sebastián.
+
+--Minghetti.
+
+Padrino y madrina sonrieron, mirándose.
+
+--¡Capricho de hombre!--dijo la alemana, consagrando al barítono un
+recuerdo.
+
+Bonis había oído la pregunta y la respuesta.
+
+--«Tocaba Minghetti: ¡oh, bien se conocía que andaba allí arriba un
+artista! Había sido una atención delicada.... Los artistas al fin son
+poetas... ¡lástima que suelan ser además unos pillos! Él, Bonis, entre
+la moral y el arte, en caso de incompatibilidad, se quedaría en adelante
+con la moral. Por su hijo».
+
+Ya era cristiano Antonio Diego Sebastián; doña Celestina le había tomado
+de brazos del tío padrino, y sentada en la tarima de un confesionario,
+junto a una capilla, rodeada de aquellos amigos y curiosos, se entendía
+hábilmente con cintas y encajes para volver a sepultar bajo tanto
+fárrago de lino el cuerpo débil, flaco, de la criatura.
+
+Bonifacio se separó del grupo, y por el templo adelante se dirigió a la
+sacristía, en pos del sacerdote y sus acólitos. También aquello era
+solemne. Iba a dictar la inscripción del libro bautismal, a sentar la
+base del estado civil de su hijo. Mientras Minghetti, por divertirse,
+continuaba haciendo prodigios en el órgano, iba pensando Bonis por medio
+del templo: «¡Quién sabe! Tal vez algún día sabios, eruditos, curiosos,
+vengan en peregrinación a contemplar con cariño y respeto la página de
+este libro de la parroquia en que yo voy a dictar ahora el nombre de mi
+hijo, el de sus padres y abuelos, lugar de su naturaleza, etc.,
+etcétera. ¡Abuelos! Mi pobre Antonio no tiene abuelos vivos; le faltará
+ese amor, pero el mío los suplirá todos».
+
+Al entrar en la sacristía, en una capilla lateral, sumida en la sombra,
+vio una mujer sentada sobre la tarima, con la cabeza apoyada en el altar
+de relieve churrigueresco.
+
+--¡Serafina!
+
+--¡Bonifacio!
+
+--¿Qué haces aquí?
+
+--¿Qué he de hacer? Rezar. Y tú, ¿a qué vienes?
+
+--Vengo a inscribir a mi hijo, que acaba de bautizarse, en el libro
+bautismal.
+
+Serafina se puso en pie. Sonrió de un modo que asustó a Bonis, porque
+nunca había visto en su amiga el gesto de crueldad, de malicia fría, que
+acompañó a tal sonrisa.
+
+--Conque... ¿tu hijo?... ¡Bah!
+
+--¿Qué tienes, Serafina? ¿Cómo estás aquí?
+
+--Estoy aquí... por no estar en casa; por huir del amo de la posada.
+Estoy aquí... porque me voy haciendo beata. No es broma. O rezar, o....
+una caja de fósforos. ¿Sabes? Mochi no vuelve. ¿Sabes? ¡He perdido la
+voz! Sí; perdida por completo. El día que te escribí...; y que no me
+contestaste; ya sabes, cuando te pedía aquellos reales para pagar la
+fonda.... Bueno; pues aquel día... aquella noche... como había ofrecido
+pagar, y no pagué... porque no contestaste..., tuve una batalla de
+improperios con D. Carlos... ¡el infame!...
+
+La Gorgheggi calló un momento, porque la ahogaba la emoción; ira, pena,
+vergüenza.... Dos lágrimas, que debían de saber a vinagre, se le asomaron
+a los ojos.
+
+--El infame tuvo el valor de insultarme como a una mujer perdida...; me
+amenazó con la justicia, con plantarme en el arroyo.... Yo eché a correr;
+salí a la calle, como estaba, sin sombrero.... Pero volví. Porque lo
+dejaba allí todo.... Mi equipaje, lo único que tengo en el mundo. No sé
+qué cogí aquella noche, al relente, furiosa, por la calle húmeda... ¡Oh!
+En fin, la voz, que ya andaba muy mal, se fue de repente.... Desde
+aquella noche canto... como tu mujer. No salgo de la fonda... porque no
+puedo pagar. D. Carlos me insulta unas veces... y otras me requiebra. Yo
+no quiero amantes ni altos ni bajos..., porque no quiero..., porque todo
+eso me da asco. Mochi no vuelve.... A mis últimas cartas ya no ha
+contestado. Como tú. Sois unos caballeros. Se os pide cuatro cuartos
+para no recibir insultos de un miserable..., y no contestáis.... No sé
+dónde ir; en casa me espía mi acreedor, que quiere ser mi amante; en la
+calle me persiguen necios, me aburre la curiosidad estúpida de la
+gente.... No tengo dinero ni para escapar... ¿Para escapar adónde? Me
+meto en la iglesia. Esto es mío, como de todos. Tú me enseñaste a sentir
+así, a querer paz..., a soñar..., a desear imposibles.... Aquí estoy
+tranquila..., y rezo a mi modo. No tengo fe, lo que se llama fe.... Pero
+quisiera tenerla. Los santos, todos esos, aquel San Roque, este San
+Sebastián con sus banderillas por todo el cuerpo..., aquel señor
+obispo..., San Isidoro..., todos me van entendiendo. No tengo verdadera
+religión..., pero por lo pronto... los amantes me dan asco... no quiero
+amantes...; esperaré a ver si vuelve la voz..., o si vuelves tú. Mochi
+es un mal hombre, un traidor, un miserable...; ya lo sabía, siempre lo
+supe. Pero tú..., no creí que lo fueras también. Bonis, no me
+abandones.... Yo... te quiero todavía..., más que antes, mucho más de
+veras. Debo de estar enferma.... Me asusta el mundo..., el teatro me
+horroriza..., el galanteo me espanta.... Quiero paz..., quiero sueño...,
+quiero honradez...; no vivir de farsa... y tener pan que no deba a mi
+cuerpo alquilado a un desconocido..., a no sé ahora quién. Tuya, sí. De
+los demás, no. ¿Quieres?
+
+Bonis, aunque poco formalista en materias religiosas, y a pesar de que
+las palabras, y el tono, y las dos lágrimas de Serafina le habían
+enternecido hasta lo inefable, pensó, ante todo, que estaban en la
+iglesia y que no era el lugar nada a propósito para tal clase de tratos
+y contratos.
+
+Antes de contestar, miró hacia atrás, hacia el baptisterio, para ver si
+alguien había reparado su encuentro con la cantante. La comitiva del
+bautizo había desaparecido. Ni siquiera habían parado mientes en la
+ausencia de Reyes. Tan insignificante era para todos. Minghetti, sin
+embargo, seguía embelesado con sus travesuras armónicas en el órgano.
+Tenía aquella manía: la de hacerse pesado, por broma, cuando se ponía a
+tocar.
+
+Bonis, con repugnancia por hablar de tales asuntos allí, en el templo,
+pero compadecido hasta el fondo del alma, y, por otra parte, dispuesto a
+no abdicar de su dignidad de padre de familia sin mancha, tapujos ni
+relajamientos de costumbres, dijo con voz que procuró hacer cariñosa al
+par que firme, y que le salió temblona, balbuciente y débil:
+
+--Serafina..., yo a ti te debo toda la verdad.... Yo, en adelante, quiero
+vivir para mi hijo.... Nuestros amores... eran ilícitos.... Debo a Dios un
+gran bien, una gracia...: el tener un hijo.... Ofrecí el sacrificio de
+mis pasiones por la felicidad de Antonio.... Además, estoy arruinado....
+En el terreno de los intereses materiales... haré por ti... lo que
+pueda...; ¡ya se ve!... Con ese D. Carlos, que es un judío... ya me
+entenderé yo.... Pero estoy arruinado.... La voz..., tu voz... volverá...
+
+Y aquí, al recordar la _voz_ que él había adorado, Bonis estuvo a punto de
+llorar también.
+
+Mas el rostro de Serafina volvió a asustarle. Aquella mujer tan hermosa,
+que era la belleza con cara de bondad para Bonis... le pareció de
+repente una culebra.... La vio mirarle con ojos de acero, con miradas
+puntiagudas; le vio arrugar las comisuras de la boca de un modo que era
+símbolo de crueldad infinita; le vio pasar por los labios rojos la punta
+finísima de una lengua jugosa y muy aguda... y con el presentimiento de
+una herida envenenada, esperó las palabras pausadas de la mujer que le
+había hecho feliz hasta la locura.
+
+La Gorgheggi dijo:
+
+--Bonis, siempre fuiste un imbécil. Tu hijo... no es tu hijo.
+
+--¡Serafina!
+
+Y no pudo decir más el pobre Bonis. También él perdía la voz. Lo que
+hizo fue apoyarse en el altar de la capilla oscura, para no caerse.
+
+Como él no hablaba, Serafina tuvo valor para añadir:
+
+--Pero, hombre; todo el mundo lo sabe... ¿No sabes tú de quién es tu
+hijo?
+
+--¡Mi hijo!... ¿De quién es mi hijo?
+
+La Gorgheggi extendió un brazo y señaló a lo alto, hacia el coro:
+
+--Del organista.
+
+--¡Ah!--exclamó Bonis, como si hubiera sentido a su amada envenenarle la
+boca al darle un beso....
+
+Se separó del altar; se afirmó bien sobre los pies; sonrió como estaba
+sonriendo San Sebastián, allí cerca, acribillado de flechas.
+
+--Serafina..., te lo perdono..., porque a ti debo perdonártelo todo.... Mi
+hijo es mi hijo. Eso que tú no tienes y buscas, lo tengo yo: tengo fe,
+tengo fe en mi hijo. Sin esa fe no podría vivir. Estoy seguro, Serafina;
+mi hijo... es mi hijo. ¡Oh, sí! ¡Dios mío! ¡Es mi hijo!... Pero... ¡como
+puñalada, es buena! Si me lo dijera otro... ni lo creería, ni lo
+sentiría. Me lo has dicho tú... y tampoco lo creo.... Yo no he tenido
+tiempo de explicarte lo que ahora pasa por mí; lo que es esto de ser
+padre.... Te perdono, pero me has hecho mucho daño. Cuando mañana te
+arrepientas de tus palabras, acuérdate de esto que te digo: Bonifacio
+Reyes cree firmemente que Antonio Reyes y Valcárcel es hijo suyo. Es su
+único hijo. ¿Lo entiendes? ¡Su único hijo!
+
+
+
+FIN
+
+
+
+***END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK SU úNICO HIJO***
+
+
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+
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+or cause to occur: (a) distribution of this or any Project Gutenberg-tm
+work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any
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+Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
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+including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
+because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
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+
+Volunteers and financial support to provide volunteers with the
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+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
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+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at https://www.gutenberg.org/fundraising/pglaf.
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+
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+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
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+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
+permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
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+809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
+business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
+information can be found at the Foundation's web site and official
+page at https://www.gutenberg.org/about/contact
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+ Chief Executive and Director
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+array of equipment including outdated equipment. Many small donations
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+status with the IRS.
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+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
+charities and charitable donations in all 50 states of the United
+States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
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+<title>The Project Gutenberg eBook of Su único hijo, by Leopoldo Alas</title>
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+<h1>The Project Gutenberg eBook, Su único hijo, by Leopoldo Alas</h1>
+<pre>
+This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
+almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or
+re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
+with this eBook or online at <a href = "https://www.gutenberg.org">www.gutenberg.org</a></pre>
+<p>Title: Su único hijo</p>
+<p>Author: Leopoldo Alas</p>
+<p>Release Date: December 17, 2005 [eBook #17341]</p>
+<p>Language: Spanish</p>
+<p>Character set encoding: ISO-8859-1</p>
+<p>***START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK SU úNICO HIJO***</p>
+<p>&nbsp;</p>
+<h3>E-text prepared by Chuck Greif</h3>
+<p>&nbsp;</p>
+<hr class="full" />
+<p>&nbsp;</p>
+<p>&nbsp;</p>
+
+<h1><big>Su &uacute;nico hijo</big></h1>
+
+<h2>Por</h2>
+
+<h1>Leopoldo Alas, &laquo;Clar&iacute;n&raquo;</h1>
+
+<h3>Librer&iacute;a de Fernando F&eacute;, Madrid</h3>
+
+<h3>1890</h3>
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+
+<h3>Capítulos:</h3>
+<table summary="capitulos"><tr><td>
+<a href="#I"><b>-I-,</b></a>
+<a href="#II"><b>-II-,</b></a>
+<a href="#III"><b>-III-,</b></a>
+<a href="#IV"><b>-IV-,</b></a>
+<a href="#V"><b>-V-,</b></a>
+<a href="#VI"><b>-VI-,</b></a>
+<a href="#VII"><b>-VII-,</b></a>
+<a href="#VIII"><b>-VIII-,</b></a>
+<a href="#IX"><b>-IX-,</b></a>
+<a href="#X"><b>-X-,</b></a>
+<a href="#XI"><b>-XI-,</b></a>
+<a href="#XII"><b>-XII-,</b></a>
+<a href="#XIII"><b>-XIII-,</b></a>
+<a href="#XIV"><b>-XIV-,</b></a>
+<a href="#XV"><b>-XV-,</b></a>
+<a href="#XVI"><b>-XVI-</b></a></td></tr>
+</table>
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="I" id="I"></a>-I-</h2>
+
+
+<p>Emma Valc&aacute;rcel fue una hija &uacute;nica mimada. A los quince a&ntilde;os se enamor&oacute;
+del <i>escribiente</i> de su padre, abogado. El escribiente, llamado Bonifacio
+Reyes, pertenec&iacute;a a una honrada familia, <i>distinguida</i> un siglo atr&aacute;s,
+pero, hac&iacute;a dos o tres generaciones, pobre y desgraciada. Bonifacio era
+un hombre pac&iacute;fico, suave, moroso, muy sentimental, muy tierno de
+coraz&oacute;n, mani&aacute;tico de la m&uacute;sica y de las historias maravillosas, buen
+parroquiano del gabinete de lectura de alquiler que hab&iacute;a en el pueblo.
+Era guapo a lo rom&aacute;ntico, de estatura regular, rostro <i>ovalado</i> p&aacute;lido, de
+hermosa cabellera casta&ntilde;a, fina y con bucles, pie peque&ntilde;o, buena pierna,
+esbelto, delgado, y vest&iacute;a bien, sin afectaci&oacute;n, su ropa humilde, no del
+todo mal cortada. No serv&iacute;a para ninguna clase de trabajo serio y
+constante; ten&iacute;a preciosa letra, muy delicada en los perfiles, pero
+tardaba mucho en llenar una hoja de papel, y su ortograf&iacute;a era
+extremadamente caprichosa y fant&aacute;stica; es decir, no era ortograf&iacute;a.
+Escrib&iacute;a con may&uacute;scula las palabras a que &eacute;l daba mucha importancia,
+como eran: amor, caridad, dulzura, perd&oacute;n, &eacute;poca, oto&ntilde;o, erudito, suave,
+m&uacute;sica, novia, apetito y otras varias. El mismo d&iacute;a en que al padre de
+Emma, don Diego Valc&aacute;rcel, de noble linaje y abogado famoso, se le
+ocurri&oacute; despedir al pobre Reyes, porque &laquo;<i>en suma</i> no sab&iacute;a escribir y le
+pon&iacute;a en rid&iacute;culo ante el Juzgado y la Audiencia&raquo;, se le ocurri&oacute; a la
+ni&ntilde;a escapar de casa con su novio. En vano Bonifacio, que se hab&iacute;a
+dejado querer, no quiso dejarse robar; Emma le arrastr&oacute; a la fuerza, a
+la fuerza del amor, y la Guardia civil, que empezaba a ser benem&eacute;rita,
+sorprendi&oacute; a los fugitivos en su primera etapa. Emma fue encerrada en un
+convento y el escribiente desapareci&oacute; del pueblo, que era una
+melanc&oacute;lica y aburrida capital de tercer orden, sin que se supiera de &eacute;l
+en mucho tiempo. Emma estuvo en su c&aacute;rcel religiosa algunos a&ntilde;os, y
+volvi&oacute; al mundo, como si nada hubiera pasado, a la muerte de su padre;
+rica, arrogante, en poder de un curador, su t&iacute;o, que era como un
+mayordomo. Segura ella de su pureza material, todo el empe&ntilde;o de su
+orgullo era mostrarse inmaculada y obligar a tener fe en su inocencia al
+mundo entero. Quer&iacute;a casarse o morir; casarse para demostrar la pureza
+de su honor. Pero los pretendientes aceptables no parec&iacute;an. La de
+Valc&aacute;rcel segu&iacute;a enamorada, con la imaginaci&oacute;n, de su escribiente de los
+quince a&ntilde;os; pero no procur&oacute; averiguar su paradero, ni aunque hubiese
+venido le hubiera entregado su mano, porque esto ser&iacute;a dar la raz&oacute;n a la
+maledicencia. Quer&iacute;a <i>antes</i> otro marido. S&iacute;, Emma pensaba as&iacute;, sin darse
+cuenta de lo que hac&iacute;a: &laquo;<i>Antes</i> otro marido&raquo;. El <i>despu&eacute;s</i> que vagamente
+esperaba y que entreve&iacute;a, no era el adulterio, era... tal vez la muerte
+del primer esposo, una segunda boda a que se cre&iacute;a con derecho. El
+primer marido pareci&oacute; a los dos a&ntilde;os de vivir libre Emma. Fue un
+americano nada joven, tosco, enfermizo, taciturno, beato. Se cas&oacute; con
+Emma por ego&iacute;smo, por tener unas blandas manos que le cuidasen en sus
+achaques. Emma fue una enfermera excelente; se figuraba a s&iacute; misma
+convertida en una monja de la Caridad. El marido dur&oacute; un a&ntilde;o. Al
+siguiente, la de Valc&aacute;rcel dej&oacute; el luto, y su t&iacute;o, el curador-mayordomo,
+y una multitud de primos, todos Valc&aacute;rcel, enamorados los m&aacute;s en secreto
+de Emma, tuvieron por ocupaci&oacute;n, en virtud de un <i>ukase</i> de la tirana de
+la familia, buscar por mar y tierra al fugitivo, al pobre Bonifacio
+Reyes. Pareci&oacute; en M&eacute;jico, en Puebla. Hab&iacute;a ido a buscar fortuna; no la
+hab&iacute;a encontrado. Viv&iacute;a de administrar mal un peri&oacute;dico, que llamaba
+chapucero y guanajo a todo el mundo. Viv&iacute;a triste y pobre, pero callado,
+tranquilo, resignado con su suerte, mejor, sin pensar en ella. Por un
+corresponsal de un comerciante amigo de los Valc&aacute;rcel, se pusieron estos
+en comunicaci&oacute;n con Bonifacio. &iquest;C&oacute;mo traerle? &iquest;De qu&eacute; modo decente se
+pod&iacute;a abordar la cuesti&oacute;n? Se le ofreci&oacute; un destino en un pueblo de la
+provincia, a tres leguas de la capital, un destino humilde, pero mejor
+que la administraci&oacute;n del peri&oacute;dico mejicano. Bonifacio acept&oacute;, se
+volvi&oacute; a su tierra; quiso saber a qui&eacute;n deb&iacute;a tal favor y se le condujo
+a presencia de un primo de Emma, rival alg&uacute;n d&iacute;a de Reyes. A la semana
+siguiente Emma y Bonifacio se vieron, y a los tres meses se casaron. A
+los ocho d&iacute;as la de Valc&aacute;rcel comprendi&oacute; que no era aquel el Bonifacio
+que ella hab&iacute;a so&ntilde;ado. Era, aunque muy pac&iacute;fico, m&aacute;s molesto que el
+curador-mayordomo, y menos po&eacute;tico que el primo Sebasti&aacute;n, que la hab&iacute;a
+amado sin esperanza desde los veinte a&ntilde;os hasta la mayor edad.</p>
+
+<p>A los dos meses de matrimonio Emma sinti&oacute; que en ella se despertaba un
+intenso, poderos&iacute;simo cari&ntilde;o a todos los de su raza, vivos y muertos; se
+rode&oacute; de parientes, hizo restaurar, por un dineral, multitud de cuadros
+viejos, retratos de sus antepasados; y, sin decirlo a nadie, se enamor&oacute;,
+a su vez, en secreto y tambi&eacute;n sin esperanza, del insigne D. Antonio
+Diego Valc&aacute;rcel Mer&aacute;s, fundador de la casa de Valc&aacute;rcel, famoso guerrero
+que hizo y deshizo en la guerra de las Alpujarras. Armado de punta en
+blanco, avellanado y cejijunto, de mirada penetrante, y brillando como
+un sol, gracias al barniz reciente, el misterioso personaje del lienzo
+se ofrec&iacute;a a los ojos so&ntilde;adores de Emma como el tipo ideal de grandezas
+muertas, irreemplazables. Estar enamorada de un su abuelo, que era el
+s&iacute;mbolo de toda la vida caballeresca que ella se figuraba a su modo, era
+digna pasi&oacute;n de una mujer que pon&iacute;a todos sus conatos en distinguirse de
+las dem&aacute;s. Este af&aacute;n de separarse de la corriente, de romper toda regla,
+de desafiar murmuraciones y vencer imposibles y provocar esc&aacute;ndalos, no
+era en ella alarde fr&iacute;o, pedantesca vanidad de mujer extraviada por
+lecturas disparatadas; era espont&aacute;nea perversi&oacute;n del esp&iacute;ritu, prurito
+de enferma. Mucho perdi&oacute; el primo Sebasti&aacute;n con aquella restauraci&oacute;n de
+la iconoteca familiar. Si Emma hab&iacute;a estado a tres dedos del abismo, que
+no se sabe, su enamoramiento secreto y puramente ideal la libr&oacute; de todo
+peligro positivo; entre Sebasti&aacute;n y su prima se hab&iacute;a atravesado un
+pedazo de lienzo viejo. Una tarde, casi a oscuras, paseaban juntos por
+el sal&oacute;n de los retratos, y cuando Sebasti&aacute;n preparaba una frase que en
+pocas palabras explicase los grandes m&eacute;ritos que hab&iacute;a adquirido amando
+tantos a&ntilde;os sin decir palabra ni esperar cosa de provecho, Emma se le
+puso delante, le mand&oacute; encender una luz y acercarla al retrato del
+ilustre abuelo.&mdash;S&iacute;, os parec&eacute;is algo&mdash;dijo ella&mdash;; pero se ve claramente
+que nuestra raza ha degenerado. Era &eacute;l mucho m&aacute;s guapo y m&aacute;s robusto que
+t&uacute;. Ahora los Valc&aacute;rcel sois todos de alfe&ntilde;ique; si a ti te cargaran con
+esa armadura, estar&iacute;as gracioso.</p>
+
+<p>Sebasti&aacute;n continu&oacute; amando en secreto y sin esperanza. El guerrero de las
+Alpujarras sigui&oacute; velando por el honor de su raza.</p>
+
+<p>Bonifacio no sospechaba nada ni del primo ni del abuelo. En cuanto su
+mujer dio por terminada la luna de miel, que fue bien pronto, como se
+encontrase &eacute;l demasiado libre de ocupaciones, porque el t&iacute;o mayordomo
+segu&iacute;a corriendo con todo por expreso mandato de Emma, se dio a buscar
+un <i>ser a quien amar</i>, <i>algo que le llenase la vida</i>. Es de notar que
+Bonifacio, hombre sencillo en el lenguaje y en el trato, fr&iacute;o en
+apariencia, oscuro y prosaico en gestos, acciones y palabras, a pesar de
+su belleza pl&aacute;stica, <i>por dentro</i>, como &eacute;l se dec&iacute;a, era un so&ntilde;ador, un
+so&ntilde;ador so&ntilde;oliento, y habl&aacute;ndose a s&iacute; mismo, usaba un estilo elevado y
+sentimental de que ni &eacute;l se daba cuenta. Buscando, pues, algo que le
+llenara la vida, encontr&oacute; una flauta. Era una flauta de &eacute;bano con llaves
+de plata, que pareci&oacute; entre los papeles de su suegro. El abogado del
+ilustre Colegio, a sus solas, era rom&aacute;ntico tambi&eacute;n, aunque algo viejo,
+y tocaba la flauta con mucho sentimiento, pero jam&aacute;s en p&uacute;blico. Emma,
+despu&eacute;s de pensarlo, no tuvo inconveniente en que la flauta de su padre
+pasara a manos de su marido. El cual, despu&eacute;s de untarla bien con
+aceite, y dejarla, merced a ciertas composturas, como nueva, se consagr&oacute;
+a la m&uacute;sica, su afici&oacute;n favorita, en cuerpo y alma. Se reconoci&oacute;
+aptitudes algo m&aacute;s que medianas, una regular embocadura y mucho
+sentimiento, sobre todo. El timbre dulz&oacute;n, <i>nasal</i> podr&iacute;a decirse,
+mon&oacute;tono y manso del melanc&oacute;lico instrumento, que ol&iacute;a a aceite de
+almendras como la cabeza del m&uacute;sico, estaba en armon&iacute;a con el car&aacute;cter
+de Bonifacio Reyes; hasta la inclinaci&oacute;n de cabeza a que le obligaba el
+ta&ntilde;er, inclinaci&oacute;n que Reyes exageraba, contribu&iacute;a a darle cierto
+parecido con un bienaventurado. Reyes, tocando la flauta, recordaba un
+santo m&uacute;sico de un pintor pre-rafaelista. Sobre el agujero negro, entre
+el bigote de seda de un casta&ntilde;o claro, se ve&iacute;a de vez en cuando la punta
+de la lengua, limpia y sana; los ojos, azules claros, grandes y dulces,
+buscaban, como los de un m&iacute;stico, lo m&aacute;s alto de su &oacute;rbita; pero no por
+esto miraban al cielo, sino a la pared de enfrente, porque Reyes ten&iacute;a
+la cabeza gacha como si fuera a embestir. Sol&iacute;a marcar el comp&aacute;s con la
+punta de un pie, azotando el suelo, y en los pasajes de mucha expresi&oacute;n,
+con suaves ondulaciones de todo el cuerpo, tomando por quicio la
+cintura. En los <i>allegros</i> se sacud&iacute;a con fuerza y animaci&oacute;n, extra&ntilde;a en
+hombre al parecer tan ap&aacute;tico; los ojos, antes sin vida y atentos nada
+m&aacute;s a la m&uacute;sica, como si fueran parte integrante de la flauta o
+dependiesen de ella por oculto resorte, cobraban &aacute;nimo, y tomaban calor
+y brillo, y mostraban apuros indecibles, como los de un animal
+inteligente que pide socorro. Bonifacio, en tales trances, parec&iacute;a un
+n&aacute;ufrago ahog&aacute;ndose y que en vano busca una tabla de salvaci&oacute;n; la
+tirantez de los m&uacute;sculos del rostro, el rojo que encend&iacute;a las mejillas y
+aquel af&aacute;n de la mirada, cre&iacute;a Reyes que expresar&iacute;an la intensidad de
+sus impresiones, su grand&iacute;simo amor a la melod&iacute;a; pero m&aacute;s parec&iacute;an
+signos de una irremediable asfixia; hac&iacute;an pensar en la apoplej&iacute;a, en
+cualquier terrible crisis fisiol&oacute;gica, pero no en el hermoso coraz&oacute;n del
+mel&oacute;mano, sencillo como una paloma.</p>
+
+<p>Por no molestar a nadie, ni gastar dinero de su mujer, puesto que propio
+no lo ten&iacute;a, en comprar papeles de m&uacute;sica, ped&iacute;a prestadas las polkas y
+las partituras enteras de &oacute;pera italiana que eran su encanto, y &eacute;l mismo
+copiaba todos aquellos <i>torrentes de armon&iacute;a y melod&iacute;a</i>, representados por
+los amados signos del pentagrama. Emma no le ped&iacute;a cuenta de estas
+aficiones ni del tiempo que le ocupaban, que era la mayor parte del d&iacute;a.
+S&oacute;lo le exig&iacute;a estar siempre vestido, y bien vestido, a las horas
+se&ntilde;aladas para salir a paseo o a visitas. Su Bonifacio no era m&aacute;s que
+una figura de adorno para ella; por dentro no ten&iacute;a nada, era un alma de
+c&aacute;ntaro; pero la figura se pod&iacute;a presentar y dar con ella envidia a
+muchas se&ntilde;oronas del pueblo. Luc&iacute;a a su marido, a quien compraba buena
+ropa, que &eacute;l vest&iacute;a bien, y se reservaba el derecho de tenerle por <i>un
+alma de Dios</i>. &Eacute;l parec&iacute;a, en los primeros tiempos, contento con su
+suerte. No entraba ni sal&iacute;a en los negocios de la casa; no gastaba m&aacute;s
+que un pobre estudiante en el regalo de su persona, pues aquello de la
+ropa lujosa no era en rigor gasto propio, sino de la vanidad de su
+mujer; a &eacute;l le agradaba parecer bien, pero hubiera prescindido de este
+lujo indumentario sin un solo suspiro; adem&aacute;s, cre&iacute;a ocioso y gasto
+in&uacute;til aquello de encargar los pantalones y las levitas a Madrid, exceso
+de <i>dandysmo</i>, entonces inaudito en el pueblo. Conoc&iacute;a &eacute;l un sastre
+modesto, flautista tambi&eacute;n, que por poco dinero era capaz de cortar no
+peor que los empecatados <i>artistas</i> de la corte. Esto lo pensaba, pero no
+lo dec&iacute;a. Se dejaba vestir. Su resoluci&oacute;n era pesar lo menos posible
+sobre la casa de los Valc&aacute;rcel, y callar a todo.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="II" id="II"></a>-II-</h2>
+
+
+<p>Emma era el jefe de la familia; era m&aacute;s, seg&uacute;n ya se ha dicho, su
+tirano. T&iacute;os, primos y sobrinos acataban sus &oacute;rdenes, respetaban sus
+caprichos. Este dominio sobre las almas no se explicaba de modo
+suficiente por motivos econ&oacute;micos, pero sin duda estos influ&iacute;an
+bastante. Todos los Valc&aacute;rcel eran pobres. La fecundidad de la raza era
+famosa en la provincia; las hembras de los Valc&aacute;rcel par&iacute;an mucho, y no
+les iban en zaga las que los varones hac&iacute;an ingresar en la familia,
+mediante leg&iacute;timo matrimonio. Procrear mucho y no querer trabajar, este
+parec&iacute;a ser el lema de aquella estirpe. Entre todos los Valc&aacute;rcel no
+hab&iacute;a habido m&aacute;s hombre trabajador en todo el siglo que el padre de
+Emma, el abogado, que tambi&eacute;n hab&iacute;a sido, dentro del matrimonio, menos
+prol&iacute;fico que sus parientes. Ya se ha dicho que Emma era hija &uacute;nica, y,
+por tanto, heredera universal del abogado rom&aacute;ntico y flautista. Pero
+los ahorros del aprovechado jurisconsulto llegaron a su hija un tanto
+mermados. Parece ser que la castidad de D. Diego Valc&aacute;rcel no era tan
+extremada como se cre&iacute;a; su verdadera virtud hab&iacute;a consistido siempre en
+la prudencia y en el sigilo; sab&iacute;a que el mal ejemplo y el esc&aacute;ndalo son
+los m&aacute;s formidables enemigos de las sociedades bien organizadas, y &eacute;l,
+visto que no le era posible conservarse en casta viudez, entre seducir a
+las criadas de casa y a las doncellas de su hija, y, tal vez, como la
+tentaci&oacute;n le hab&iacute;a apuntado varias veces a la oreja, a las respetables
+clientes, desamparadas se&ntilde;oras que acud&iacute;an a su despacho en demanda de
+luces jur&iacute;dico-morales, como &eacute;l dec&iacute;a; entre esto y reglamentar el
+vicio, las inevitables expansiones de la carne flaca, opt&oacute; por lo
+&uacute;ltimo, organizando con sabia distribuci&oacute;n y prudent&iacute;simo secreto el
+servicio de Afrodita, como dec&iacute;a &eacute;l tambi&eacute;n. Y all&iacute;, fuera del pueblo,
+en las aldeas vecinas adonde le llevaban a menudo los cuidados de la
+hacienda propia y negocios ajenos, lleg&oacute; a ser, valga la verdad, el
+Abraham&mdash;<i>Pater Orchamus</i>&mdash;irresponsable de un gran pueblo de hijos
+naturales, muchos adulterinos. Ni su conciencia, ni la del cura que le
+confes&oacute;, que en vida le hab&iacute;a ayudado a veces a evitar esc&aacute;ndalos, ni
+ciertas amenazas de bochornosas confesiones por parte de algunas
+pecadoras, le consintieron, a la hora un tanto apurada de hacer
+testamento, dejar en completo olvido ciertas obligaciones de la sangre;
+y como se pudo, guardando los disimulos formales que fueron del caso, se
+dejaron mandas aqu&iacute; y all&aacute;, que disminuyeron en todo lo que la ley
+consent&iacute;a la herencia de Emma. No fue esto lo peor, sino que, previa
+consulta del mismo director espiritual, D. Diego hab&iacute;a hecho antes
+subrepticiamente muchas enajenaciones <i>inter vivos</i>, a que, muy a su
+pesar, le oblig&oacute; el miedo al esc&aacute;ndalo, que era su gran virtud, seg&uacute;n se
+ha dicho. <i>En suma</i>, Emma se vio con bastante menos caudal que su padre,
+pero ella apenas lo supo casi, porque la daban jaqueca los papeles,
+s&iacute;ncopes los n&uacute;meros y grima la letra de los curiales. <i>All&aacute; el t&iacute;o</i>,
+dec&iacute;a siempre que se trataba de intereses. Ella no entend&iacute;a de nada m&aacute;s
+que de gastar. Bien hubiera querido D. Juan Nepomuceno, antes curador de
+Emma y actual mayordomo, sacudir todas las moscas que en forma de
+parientes zumbaban alrededor del mermado panal de la herencia; mas no
+era esto hacedero, porque el entra&ntilde;able cari&ntilde;o que a los Valc&aacute;rcel
+pret&eacute;ritos y presentes y futuros hab&iacute;a cobrado la sobrina, exig&iacute;a que la
+hospitalidad m&aacute;s generosa acogiera a todos los suyos. D. Juan tuvo que
+contentarse con ser el &uacute;nico administrador de aquella prodigalidad
+gent&iacute;lica, pero no lleg&oacute; su influencia a evitar el despilfarro, ni
+siquiera a conseguir que redundara s&oacute;lo en provecho propio la
+generosidad excesiva de su antigua pupila.</p>
+
+<p>Emma, que tuvo un mal parto, sali&oacute; de una crisis de la vida lisiada de
+las entra&ntilde;as, con el est&oacute;mago muy d&eacute;bil, y perdi&oacute; carnes y ocult&oacute;
+prematuras arrugas. Mas no pod&iacute;a esconder un brillo fr&iacute;o y siniestro de
+la mirada, antip&aacute;tico como &eacute;l solo; en aquel brillo y en la expresi&oacute;n
+repulsiva que le acompa&ntilde;aba, se hab&iacute;a convertido el <i>misterioso fulgor</i> de
+aquellos ojos que hab&iacute;an cantado, a la guitarra, varios parientes de la
+enfermucha mujer, nerviosa, irascible. De aquellos parientes, enamorados
+los m&aacute;s en secreto tiempo atr&aacute;s, cada cual seg&uacute;n su temperamento, hizo
+su corte Emma, que cada d&iacute;a despreciaba m&aacute;s a su marido, a quien s&oacute;lo
+estimaba como <i>f&iacute;sico</i>, y sent&iacute;a m&aacute;s vivo el cari&ntilde;o por los de su raza.</p>
+
+<p>Reyes comprend&iacute;a bien que, sin culpa suya, se iba convirtiendo en el
+enemigo de sus afines, enemigo vencido y humillado gracias a que su
+mujer le entregaba indefenso, atado de pies y manos, a cuantos parientes
+quisieran hacer de &eacute;l un pandero.</p>
+
+<p>Los Valc&aacute;rcel, oriundos de la monta&ntilde;a, hab&iacute;an bajado a las villas de las
+vegas y de la llanura a procurarse vida m&aacute;s holgada y muelle, y por todo
+recurso acud&iacute;an al expediente de buscar matrimonios de ventaja,
+seduciendo a los ricachos de pueblo con pergaminos y escudos de piedra
+labrada, all&aacute; en los caserones de los vericuetos, y a las tiernas
+doncellas con las buenas figuras de arrogante vigor y se&ntilde;oril gentileza
+que abundaban en la familia. Casi todos los Valc&aacute;rcel eran buenos mozos,
+aunque no tanto como el abuelo heroico, esbeltos; pero de palabra tarda,
+ce&ntilde;o adusto, voz ronca, trato oscuro y orgullosos sin disimulo;
+distingu&iacute;anse tambi&eacute;n por su apego exagerado a la capa, cuyo uso era
+excusado la mayor parte del a&ntilde;o en los poblachones bajos, templados y
+h&uacute;medos, donde sol&iacute;an buscar novias. Algunos llevaron su audacia, sin
+dejar la capa, a extender sus correr&iacute;as de caballeros pobres hasta las
+puertas de la misma capital de la provincia, y por fin, D. Diego, el
+padre de Emma, el genio superior de la familia sin duda alguna, entr&oacute; en
+la ciudad sin miedo, fue estudiante emprendedor y calavera, y al llegar
+a la mayor edad y tomar el grado, cambi&oacute; de car&aacute;cter, de repente, se
+hizo serio como un colch&oacute;n, abri&oacute; cuarto de estudio, acapar&oacute; la
+clientela de la monta&ntilde;a, adul&oacute; a los se&ntilde;ores del margen, magistrados
+serios tambi&eacute;n y amigos de las f&oacute;rmulas m&aacute;s exquisitas, hizo buena boda,
+sali&oacute; de pobre, brill&oacute; en estrados con fulgor de faro de primera clase,
+y, sin perjuicio de ser rom&aacute;ntico en el fuero interno, y hasta de
+escribir octavillas en el seno del hogar, y dejar v&aacute;lvulas de seguridad
+a los vapores del sentimentalismo en las llaves de la flauta, en que
+soplaba con l&aacute;grimas en los ojos, fue con todo el m&aacute;s r&iacute;gido amador de
+la letra y enemigo del esp&iacute;ritu y de toda interpretaci&oacute;n arriesgada e
+irreverente de la ley sacrosanta. Y no se cuenta que una sola vez
+tuviera la Sala que dirigirle el m&aacute;s comedido apercibimiento; ni de la
+pulcritud de su lenguaje en estrados se hizo la magistratura sino
+lenguas, llegando en este punto a caer D. Diego, valga la verdad, en
+cierto culteranismo, disculpable, eso s&iacute;, porque mediante &eacute;l procuraba
+que su elocuencia saliese como el armi&ntilde;o de las cenagosas aguas de la
+<i>podredumbre privada</i>, adonde le arrastraban, en ocasiones, las
+necesidades del foro. Alguna vez tuvo que acusar, mal de su grado, a un
+sacerdote indigno, de delitos contra la honestidad; y si bien en el
+fondo procur&oacute; estar fuerte, terrible, implacable, no hubo modo de que su
+lengua usase ep&iacute;tetos duros, ni siquiera en&eacute;rgicos ni aun pintorescos,
+llegando en el mayor calor del ataque a llamar a su contrario &laquo;el mal
+aconsejado presb&iacute;tero, si se le permit&iacute;a calificarle as&iacute;&raquo;. &laquo;Mal
+aconsejado&mdash;dec&iacute;a despu&eacute;s D. Diego explicando el adjetivo&mdash;; esto es, que
+yo supongo que el presb&iacute;tero no hubiese ca&iacute;do en tales liviandades a no
+ser por consejo de alguien, del diablo probablemente&raquo;. Ten&iacute;a el abogado
+Valc&aacute;rcel que luchar en sus discursos forenses con el lenguaje rampl&oacute;n y
+sobrado confianzudo que se usaba en su tierra, y que aun en estrados
+pretend&iacute;a impon&eacute;rsele; mas &eacute;l, triunfante, sab&iacute;a encontrar equivalentes
+cultos de los t&eacute;rminos m&aacute;s vulgares y chabacanos; y as&iacute;, en una ocasi&oacute;n,
+teniendo que hablar de los pies de un h&oacute;rreo o de una <i>panera</i>, que en el
+pa&iacute;s se llaman <i>pegollos</i>, antes de manchar sus labios con semejante
+palabrota, prefiri&oacute; decir &laquo;los sustent&aacute;culos del artefacto, se&ntilde;or
+excelent&iacute;simo&raquo;. A estas cualidades, que le hab&iacute;an conquistado las
+simpat&iacute;as y el respeto de toda la magistratura, un&iacute;a el don no
+despreciable de una felic&iacute;sima memoria para recordar fechas con
+exactitud infalible, y as&iacute;, hab&iacute;a m&aacute;s n&uacute;meros en su mollera que en una
+tabla de logaritmos. Lleg&oacute;, s&iacute;, lleg&oacute; el apellido de los Valc&aacute;rcel,
+gracias a D. Diego, a un grado de esplendor que no hab&iacute;a tenido desde
+los siglos remotos en que hab&iacute;a brillado por las armas. Honra y provecho
+hab&iacute;a ganado el ilustre jurisconsulto, y, de una y otra ventaja, quer&iacute;an
+gozar los parientes, que, por culpa de la fecundidad de sus hembras y de
+las afines, incurr&iacute;an en un doloroso proletariado que amenazaba llenar
+de Valc&aacute;rceles el mundo. No hab&iacute;a matrimonios ventajosos que bastasen,
+con esta desmedida facultad prol&iacute;fica, a sacar a la raza del temor muy
+racional de dar al fin en la miseria. Aquel movimiento de expansi&oacute;n en
+busca de la prosperidad, que se hab&iacute;a se&ntilde;alado en la direcci&oacute;n del
+<i>vendamont</i>, bajando de la monta&ntilde;a al valle, ya volv&iacute;a a indicarse en una
+reacci&oacute;n proporcionada en sentido de <i>vendaval</i>, echando otra vez al
+monte, a los caserones de los vericuetos, a las proles numerosas de los
+Valc&aacute;rcel, multiplicadas sin ton ni son, incapaces de trabajar; porque
+no se puede llamar propiamente trabajo, a lo menos en el sentido
+econ&oacute;mico, los mil apuros que en redor de los tapetes verdes pasaban los
+parientes de Emma, casi todos jugadores, y muchos de ellos v&iacute;ctimas de
+su pasi&oacute;n, que estall&oacute; en forma de aneurisma. Muerto D. Diego, los
+Valc&aacute;rcel perdieron su &uacute;nico apoyo, y el movimiento de retroceso en
+busca de la monta&ntilde;a se aceler&oacute; en toda la familia. Cuando bajaban al
+llano ven&iacute;an cada vez m&aacute;s montaraces, m&aacute;s orgullosos; su odio a la
+cortes&iacute;a, a las f&oacute;rmulas complicadas de la buena sociedad de provincia,
+se acentuaba. Cuanto m&aacute;s pobres se iban quedando, m&aacute;s vanidad solariega
+ten&iacute;an y m&aacute;s despreciaban la vida en poblado y en tierra llana. En la
+ribera, como llamaban all&aacute; arriba a las regiones bajas, s&oacute;lo una cosa
+respetable reconoc&iacute;an los Valc&aacute;rcel del monte: el tapete verde. Se iba a
+las ferias a jugar, a perder, a empe&ntilde;arse... y a casa.</p>
+
+<p>Por el camino de retroceso que llevaba aquella raza se volv&iacute;a a la
+horda; era aquel el atavismo de todo un linaje. Por alg&uacute;n tiempo contuvo
+en gran parte tan alarmante tendencia el esp&iacute;ritu exaltado de Emma. El
+cari&ntilde;o gentilicio que en ella despert&oacute; con tan exagerada vehemencia,
+sirvi&oacute; para reconciliar a muchos de sus parientes con la civilizaci&oacute;n y
+la tierra llana. Las visitas a la capital fueron m&aacute;s frecuentes, tal vez
+porque eran m&aacute;s baratas y m&aacute;s c&oacute;modas. Ya se sab&iacute;a que la casa del
+famoso y ya difunto abogado D. Diego Valc&aacute;rcel, era, como &eacute;l la hubiera
+llamado si viviese, <i>jenodokia</i>, jenones, o sea, en cristiano, albergue de
+forasteros. Emma, que en alg&uacute;n tiempo hab&iacute;a desde&ntilde;ado, no sin
+coqueter&iacute;a, la adoraci&oacute;n de sus primos y t&iacute;os&mdash;pues tambi&eacute;n ten&iacute;a t&iacute;os
+apasionados&mdash;ahora, es decir, despu&eacute;s de haber perdido la flor de la
+hermosura, sobre todo la lozan&iacute;a, por culpa del mal parto, goz&aacute;base en
+recordar los antiguos despreciados triunfos del amor, y quer&iacute;a rumiar
+las impresiones deliciosas de aquella adoraci&oacute;n pret&eacute;rita. Rode&aacute;base con
+voluptuosa delicia, como de una atm&oacute;sfera tibia y perfumada, de la
+presencia de aquellos Valc&aacute;rcel que alg&uacute;n d&iacute;a se hubieran tirado de
+cabeza al r&iacute;o por gozar una sonrisa suya.</p>
+
+<p>El amor aquel en algunos de ellos ten&iacute;a que haber pasado por fuerza, so
+pena de ser rid&iacute;culo; los a&ntilde;os y la grasa, y la terrible prosa de la
+existencia pobre y montaraz de all&aacute; arriba, hab&iacute;an quitado todo car&aacute;cter
+de verosimilitud a cualquier tentativa de constancia amorosa; pero no
+importaba: Emma se complac&iacute;a en ver a su lado a los que todav&iacute;a
+recordaban con respeto y cari&ntilde;o el amor muerto, y consagraban al objeto
+de tal culto todos los obsequios compatibles con el natural hura&ntilde;o y
+brusco de la raza mont&eacute;s. Aquellos cortesanos del amor pret&eacute;rito, tal
+vez al rendir sus homenajes, pensaban sobre todo en la munificencia
+actual de la heredera de D. Diego, &uacute;nica persona que a&uacute;n ten&iacute;a cuatro
+cuartos en toda la familia; pero ella, la caprichosa c&oacute;nyuge del infeliz
+Bonifacio, no se deten&iacute;a a escudri&ntilde;ar los rec&oacute;nditos motivos por que era
+acatada su indiscutible soberan&iacute;a sobre los suyos. Es muy probable que
+ya ninguno de los parientes viese en su prima la belleza que, en efecto,
+hab&iacute;a volado; pero algunos fing&iacute;an, con mucha delicadeza en el disimulo,
+ocultar todav&iacute;a una hoguera del coraz&oacute;n bajo las cenizas que el deber y
+las buenas costumbres echaban por encima. Emma gozaba tambi&eacute;n, sin darse
+cuenta clara de ello, crey&eacute;ndolo vagamente; saboreaba aquel holocausto
+de amor problem&aacute;tico con la incertidumbre de una m&uacute;sica lejana que ya
+suena, no se sabe si en la aprensi&oacute;n o en el o&iacute;do. Lo que era un dogma
+familiar, que ten&iacute;a su f&oacute;rmula invariable, era esto: que por Emma no
+pasaban d&iacute;as, que lo del est&oacute;mago no era nada, y que despu&eacute;s de parir,
+de mala manera, estaba m&aacute;s fresca y lozana que nunca. Nadie cre&iacute;a tal
+cosa, porque saltaba a la vista que no era as&iacute;; pero lo aseguraban
+todos. Los cortesanos de aquella sultana caprichosa y de car&aacute;cter
+violento y variable, se vengaban de su humillaci&oacute;n ineludible
+despreciando a Bonifacio Reyes sin ning&uacute;n g&eacute;nero de disimulo. Emma lleg&oacute;
+a sentir por su esposo un afecto an&aacute;logo en cierto modo al que hubiera
+podido inspirar al Emperador romano su caballo senador. Otro dogma de la
+familia, pero &eacute;ste secreto, era que &laquo;<i>la ni&ntilde;a</i> hab&iacute;a <i>labrado</i> su desgracia
+uni&eacute;ndose a aquel hombre&raquo;. El primo Sebasti&aacute;n confesaba entre suspiros
+que el &uacute;nico acto de su vida de que estaba arrepentido (y era hombre que
+se hab&iacute;a jugado la hijuela materna a una carta), se remontaba a la &eacute;poca
+de su pasi&oacute;n loca por Emma, pasi&oacute;n que le hab&iacute;a hecho caer en la
+debilidad de consentir en dar todos los pasos necesarios para buscar,
+encontrar, emplear y casar al est&uacute;pido escribiente de D. Diego. Aquella
+debilidad, aquella ceguera de la pasi&oacute;n, no se la perdonar&iacute;a nunca. Y
+suspiraba Sebasti&aacute;n, y suspiraban los dem&aacute;s parientes, y suspiraba Emma
+tambi&eacute;n a veces, gozando melanc&oacute;licamente con aquella afectaci&oacute;n de
+v&iacute;ctima resignada que sufre por toda una vida las consecuencias
+desastrosas de una locura juvenil.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="III" id="III"></a>-III-</h2>
+
+
+<p>El buen esposo durante mucho tiempo no par&oacute; mientes en tales injurias.
+En el fondo del alma, y a pesar de los elegantes trajes de pa&ntilde;o ingl&eacute;s
+que se le hab&iacute;a hecho vestir, continuaba consider&aacute;ndose el antiguo
+escribiente de D. Diego, a quien hab&iacute;a pagado sus favores con la m&aacute;s
+negra ingratitud.</p>
+
+<p>Todos los Valc&aacute;rcel eran para &eacute;l los <i>se&ntilde;oritos</i>. En vano, all&aacute; en los
+r&aacute;pidos d&iacute;as, ya remotos, de aquella luna de miel que Emma hab&iacute;a
+decretado que fuese tan breve, en vano la enamorada esposa le hab&iacute;a
+exigido m&aacute;s dignidad y tes&oacute;n en el trato con los primos y t&iacute;os; &eacute;l,
+Bonifacio, no pod&iacute;a menos de estimarlos siempre muy superiores a &eacute;l por
+la sangre, por los privilegios de raza en que confusamente cre&iacute;a. D.
+Juan Nepomuceno le aterraba con sus grandes patillas cenicientas, sus
+ojos fr&iacute;os de color de chocolate claro y su doble papada afeitada con
+esmero cancilleresco; le aterraba sobre todo con sus cuentas
+embrolladas, que &eacute;l miraba como la esencia de la sabidur&iacute;a. Siempre que
+D. Juan daba noticia somera de las mermas de la hacienda a su aturdida
+sobrina, exig&iacute;a que Bonifacio estuviese delante; era in&uacute;til que Emma y
+el mismo Reyes quisiesen excusar esta ceremonia.&mdash;De ning&uacute;n modo&mdash;gritaba
+el t&iacute;o&mdash;; quiero que lo presenci&eacute;is todo, para que el d&iacute;a de ma&ntilde;ana no
+diga ese (Bonifacio) que os he arruinado por inepto o por otra cosa
+peor. El <i>todo</i> que hab&iacute;a de presenciar por fuerza <i>ese</i>, no era nada; all&iacute;
+no se pod&iacute;a ver cosa clara, y aunque se pudiera, no la ver&iacute;a Reyes, que
+ni siquiera miraba. Si era una escena molesta, irritante para Emma la de
+asistir a <i>las cuentas del t&iacute;o</i>, sin atender, sin sacar en limpio m&aacute;s que
+&laquo;aquello iba muy mal&raquo;, para el marido era el tormento m&aacute;s insoportable.
+En vez de pensar en los n&uacute;meros, pensaba en lo que le querr&iacute;an decir
+aquellos ojos del administrador pariente. Le quer&iacute;an decir, en su
+opini&oacute;n, &laquo;&iquest;qui&eacute;n eres t&uacute; para pedirme cuentas, para fiscalizar mi
+administraci&oacute;n? &iquest;Por qu&eacute; est&aacute;s t&uacute; metido en la familia, plebeyo
+miserable?&raquo;. S&iacute;, plebeyo, pensaba el infeliz; porque si bien sab&iacute;a, con
+gran oscuridad en los pormenores, que sus ascendientes hab&iacute;an sido de
+<i>buena familia</i>, casi lo ten&iacute;a olvidado, y comprend&iacute;a que los dem&aacute;s, los
+Valc&aacute;rcel especialmente, no querr&iacute;an recordar, ni casi casi creer,
+semejante cosa.</p>
+
+<p>Tan fuerte lleg&oacute; a ser el disgusto que le causaban aquellas in&uacute;tiles
+entrevistas, que, por primera vez en su vida, se decidi&oacute; a cumplir en
+algo su propia voluntad, y se <i>cuadr&oacute;</i>, como &eacute;l dijo, y no quiso
+presenciar m&aacute;s la insoportable escena. Con gran extra&ntilde;eza y mayor placer
+se vio victorioso en este punto sin gran resistencia por parte del t&iacute;o.
+En cuanto a Emma, tampoco insisti&oacute; mucho en contrariar el deseo de su
+esposo. Y fue porque se le ocurri&oacute; que detr&aacute;s de la emancipaci&oacute;n del
+otro vendr&iacute;a la suya. En efecto, a los tres meses de haber prescindido
+de la presencia de Bonifacio, Emma consigui&oacute; que se prescindiera tambi&eacute;n
+de la suya. Y el t&iacute;o, sin que lo supiera nadie m&aacute;s que &eacute;l y la sobrina,
+dej&oacute; de rendir cuentas de gastos y de ingresos a bicho viviente. Cada
+cual firmaba lo que ten&iacute;a que firmar, sin leer un rengl&oacute;n ni una cifra,
+y no se hablaba del asunto.</p>
+
+<p>Dos preocupaciones cayeron despu&eacute;s sobre el &aacute;nimo encogido de Bonifacio:
+la una era una gran tristeza, la otra una molestia constante. Del mal
+parto de su mujer nac&iacute;an ambas. La tristeza consist&iacute;a en el desencanto
+de no tener un hijo; la molestia perpetua, invasora, dominante, proven&iacute;a
+de los achaques de su mujer. Emma hab&iacute;a perdido el est&oacute;mago, y Bonifacio
+la tranquilidad, su musa. El car&aacute;cter caprichoso, vers&aacute;til de la hija de
+D. Diego, adquiri&oacute; determinadas l&iacute;neas, una fijeza de elementos que
+hasta entonces en vano se pretend&iacute;a buscar en &eacute;l; ya no fue mudable
+aquel &aacute;nimo, no iba y ven&iacute;a aquella voluntad avasalladora, pero
+insegura, de cien en cien prop&oacute;sitos. Emma, con una seriedad extra&ntilde;a en
+ella, se decidi&oacute; a ser de por vida una mujer insoportable, el tormento
+de su marido. Si para el mundo entero fue en adelante seca, hura&ntilde;a, la
+flor de sus enojos la reserv&oacute; para la intimidad de la alcoba. Molestaba
+a su esposo como quien cumple una sentencia de lo Alto. En aquella
+persecuci&oacute;n incesante hab&iacute;a algo del celo religioso. Todo lo que le
+suced&iacute;a a ella, aquel perder las carnes y la esbeltez, aquellas arrugas,
+aquel abultar de los p&oacute;mulos que la horrorizaba haci&eacute;ndola pensar en la
+calavera que llevaba debajo del pellejo p&aacute;lido y empa&ntilde;ado, aquel desgano
+tenaz, aquellos insomnios, aquellos mareos, aquellas irregularidades
+aterradoras de los fen&oacute;menos peri&oacute;dicos de su sexo, eran otros tantos
+cr&iacute;menes que deb&iacute;an atormentar con feroces remordimientos la conciencia
+del m&iacute;sero Bonifacio. &laquo;&iquest;No lo comprend&iacute;a &eacute;l as&iacute;?&raquo;. No. Su imaginaci&oacute;n no
+llegaba tan lejos como quer&iacute;a su mujer. &Eacute;l no pasaba de confesar que
+hab&iacute;a sido un ingrato para con D. Diego dej&aacute;ndose robar por su hija. De
+todo lo dem&aacute;s no ten&iacute;a &eacute;l la culpa, sino Emma o el diablo, que se
+complac&iacute;a en que &eacute;l no tuviese hijos, ni su mujer las necesarias
+condiciones para ser como todas las hembras. En cuanto se quedaban solos
+en la habitaci&oacute;n de la enferma, ella cerraba la puerta con estr&eacute;pito, y
+acto continuo se o&iacute;a la voz chillona, estridente, que gastaba las pocas
+fuerzas de la an&eacute;mica en una catilinaria de cuya elocuencia y facundia
+no era posible dudar. La disputa, si a estas verrinas se les pod&iacute;a dar
+tal nombre, sol&iacute;a comenzar por una consulta m&eacute;dica.</p>
+
+<p>&mdash;Me sucede esto&mdash;dec&iacute;a ella&mdash;, y hablaba de sus irregularidades &iacute;ntimas;
+&iquest;qu&eacute; te parece que ser&aacute;? &iquest;Qu&eacute; debo hacer? &iquest;Continuar&eacute; con tal
+medicamento o tendr&eacute; que suspenderlo?</p>
+
+<p>Bonifacio palidec&iacute;a, la saliva se le convert&iacute;a en cola de pegar... &iquest;Qu&eacute;
+sab&iacute;a &eacute;l? Compadec&iacute;a a su esposa (por supuesto, mucho menos que a s&iacute;
+mismo), pero no sab&iacute;a ni pod&iacute;a saber lo que la conven&iacute;a; es m&aacute;s, ni
+siquiera ten&iacute;a una idea exacta de los males de que ella se quejaba;
+estaba seguro de que ten&iacute;an cierta gravedad y de que eran origen de la
+propia desesperaci&oacute;n, porque le cerraban la esperanza de ser padre, de
+tener hijos leg&iacute;timos; pero de medicamentos y pron&oacute;sticos &iquest;qu&eacute; pod&iacute;a
+decir &eacute;l? Nada; y se echaba a temblar pensando en los oscuros fen&oacute;menos
+patol&oacute;gicos de que ella le hablaba, y barruntando la tormenta que tra&iacute;a
+aparejada su ignorancia del caso.</p>
+
+<p>&mdash;Mujer, yo no puedo decirte... yo no entiendo... llamaremos al m&eacute;dico....</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Eso es, al m&eacute;dico! &iexcl;Para estas cosas al m&eacute;dico! Ya que t&uacute; no tienes
+pudor, d&eacute;jame a m&iacute; tenerlo. Estas son intimidades del matrimonio: al
+m&eacute;dico no se debe recurrir sino en el &uacute;ltimo apuro.... T&uacute; debieras saber,
+t&uacute; debieras afanarte por averiguar lo que me conviene; aunque no fuera
+por cari&ntilde;o, por pudor, por verg&uuml;enza; y si no tienes verg&uuml;enza, por
+remordimientos, por....</p>
+
+<p>Ya se ha indicado que la facundia de Emma, llegados estos momentos, no
+ten&iacute;a l&iacute;mites.</p>
+
+<p>Un d&iacute;a, en que a ella se le antoj&oacute; que ten&iacute;a una inflamaci&oacute;n del
+h&iacute;gado... en el bazo, fue en busca de su esposo y le encontr&oacute; en su
+alcoba tocando la flauta. Su indignaci&oacute;n no encontr&oacute; palabras; all&iacute; no
+hab&iacute;a elocuencia posible, a no ser la del silencio... y la de los
+hechos. &laquo;Ella muriendo de un <i>ataque al h&iacute;gado</i> y &eacute;l... &iexcl;tocando la
+flauta!&raquo;. Aquello merec&iacute;a testigos, y los tuvo. Acudieron a la citaci&oacute;n
+de Emma D. Juan Nepomuceno, Sebasti&aacute;n y otros dos primos. La indignaci&oacute;n
+cundi&oacute; por todos los presentes. El delito era flagrante: la flauta
+estaba all&iacute;, sobre la mesa, y el h&iacute;gado de Emma en su sitio, pero hecho
+una laceria. Bonifacio, que a pesar de todo quer&iacute;a a su mujer m&aacute;s que
+todos los t&iacute;os y primos, olvidando el propio crimen, quiso enterarse del
+mal que padec&iacute;a la v&iacute;ctima; a duras penas pudo conseguir que Emma,
+tendida en un sof&aacute; y ahogando los sollozos, se&ntilde;alase con una mano en el
+lado izquierdo la regi&oacute;n del bazo.</p>
+
+<p>&mdash;Pero, hija... se atrevi&oacute; a decir, si eso... no es el h&iacute;gado. El h&iacute;gado
+est&aacute; al otro lado.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Miserable!&mdash;grit&oacute; la esposa&mdash;. &iquest;Todav&iacute;a te atreves a hablar? &iquest;No dices
+que t&uacute; no eres m&eacute;dico? &iquest;Que t&uacute; no entiendes de eso? Y ahora por
+contradecirme....</p>
+
+<p>D. Juan Nepomuceno, amante de toda verdad, como no fuera del orden
+aritm&eacute;tico, en el cual prefer&iacute;a las lucubraciones de la fantas&iacute;a,
+declar&oacute;, con la mano sobre la conciencia, que en aquella ocasi&oacute;n &iexcl;<i>rara
+avis</i>! (dijo) Bonifacio ten&iacute;a de su parte la raz&oacute;n; que el h&iacute;gado estaba
+al otro lado, en efecto.</p>
+
+<p>&mdash;No importa&mdash;dijo Sebasti&aacute;n&mdash;; puede ser un dolor reflejo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y qu&eacute; es eso?</p>
+
+<p>&mdash;No lo s&eacute;; pero me consta que los hay.</p>
+
+<p>No era tal cosa; era un dolorcillo reum&aacute;tico ambulante; pocos momentos
+despu&eacute;s lo sinti&oacute; Emma en la espalda. Result&oacute;, en fin, que no era nada;
+pero siempre ser&iacute;a cierta una cosa: que Bonifacio estaba tocando la
+flauta en el instante en que su esposa se cre&iacute;a a las puertas del
+sepulcro.</p>
+
+<p>No dorm&iacute;an juntos, sino en habitaciones muy distantes; pero el marido,
+en cuanto se levantaba, que no era tarde, ten&iacute;a la obligaci&oacute;n de correr
+a la alcoba de su mujer a cuidarla, a prepar&aacute;rselo todo, porque la
+criada ten&iacute;a irremediable torpeza en las manos; y en esta parte Emma
+hac&iacute;a a su Bonifacio la justicia de reconocerle buena ma&ntilde;a y dedos de
+cera. Romp&iacute;a mucha loza y cristal, y buenas reprimendas le costaba; pero
+ten&iacute;a dotes de enfermero y de ayuda de c&aacute;mara. Y tambi&eacute;n reconoc&iacute;a ella
+de buen grado, y pensando a veces en pasadas ilusiones, que a pesar de
+ser tan h&aacute;bil en aquellos manejos, su marido no era afeminado de figura
+ni de gestos; era suave, algo felino, podr&iacute;a decirse untuoso, pero todo
+en forma varonil. Aquel plegarse a todos los oficios &iacute;ntimos de alcoba,
+a todas las complicaciones del capricho de la enferma, de las
+voluptuosidades tristes y tiernas de la convalecencia, parec&iacute;an en
+Bonifacio, por lo que toca al aspecto material, no las aptitudes
+naturales de un hermafrodita beato o cominero, sino la rom&aacute;ntica
+exageraci&oacute;n de un amor quijotesco, aplicado a las menudencias de la
+intimidad conyugal.</p>
+
+<p>Emma segu&iacute;a sinti&eacute;ndose orgullosa del <i>f&iacute;sico</i> de su Bonis, como llamaba a
+Reyes; y al verle ir y venir por la alcoba, siempre de agradable y noble
+catadura a pesar de los oficios humildes en que all&iacute; se empleaba,
+experimentaba la alegr&iacute;a &iacute;ntima de la vanidad satisfecha. Mas antes la
+har&iacute;an pedazos que dejase traslucir semejantes afectos, y cuanto m&aacute;s
+guapo, m&aacute;s esclavo quer&iacute;a al m&iacute;sero escribiente de D. Diego, m&aacute;s
+humillado cuanto m&aacute;s airoso en su humillaci&oacute;n. Re&ntilde;ir a Bonifacio lleg&oacute; a
+ser su &uacute;nico consuelo; no pudo prescindir ni de sus cuidados ni de
+pag&aacute;rselos con chiller&iacute;as y malos modos. &iquest;Qu&eacute; duda cab&iacute;a que su Bonis
+hab&iacute;a nacido para sufrirla y para cuidarla?</p>
+
+<p>Sus pocos momentos de buen humor relativo los gastaba Emma en cultivar
+los resabios de sus pret&eacute;ritas coqueter&iacute;as; todav&iacute;a pretend&iacute;a parecer
+bien a los parientes a quienes un d&iacute;a desde&ntilde;ara; un poco de romanticismo
+puramente fant&aacute;stico, alambicado, enfermizo, era lo &uacute;nico que, en
+presencia de los Valc&aacute;rcel, y s&oacute;lo entonces, revelaba la existencia de
+un esp&iacute;ritu dentro de aquella flaca criatura p&aacute;lida y arrugada: lo dem&aacute;s
+del tiempo, casi todo el d&iacute;a, parec&iacute;a un animal rabiando, con el
+instinto de ir a morder siempre en el mismo sitio, en el &aacute;nimo apocado y
+calmoso del suave c&oacute;nyuge.</p>
+
+<p>Bonifacio no era cobarde; pero amaba la paz sobre todo; lo que le daba
+mayor tormento en las injustas lucubraciones bilioso-nerviosas de su
+mujer, era el ruido.</p>
+
+<p>&laquo;Si todo eso me lo dijera por escrito, como hac&iacute;a D. Diego cuando
+insultaba a la parte contraria o al inferior en papel sellado, yo mismo
+lo firmar&iacute;a sin inconveniente&raquo;. Las voces, los gritos, eran los que le
+llegaban al alma, no los <i>conceptos</i>, como &eacute;l dec&iacute;a.</p>
+
+<p>Hab&iacute;a temporadas en que, despu&eacute;s de los ordinarios servicios de la
+alcoba, para los que era irreemplazable el marido, Emma declaraba que no
+pod&iacute;a verlo delante, que el mayor favor que pod&iacute;a hacerla era marcharse,
+y no volver hasta la hora de tal o cual faena de la incumbencia
+exclusiva de Bonifacio. Entonces &eacute;l ve&iacute;a el cielo abierto, tomando la
+puerta de la calle.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="IV" id="IV"></a>-IV-</h2>
+
+
+<p>Se iba a una tienda. Ten&iacute;a tres o cuatro tertulias favoritas alrededor
+de sendos mostradores. Repart&iacute;a el tiempo libre entre la botica de la
+Plaza, la librer&iacute;a Nueva, que alquilaba libros, y el comercio de pa&ntilde;os
+de los Porches, propiedad de la viuda de Cascos. En este &uacute;ltimo
+establecimiento era donde encontraba su esp&iacute;ritu m&aacute;s eficaz consuelo; un
+verdadero b&aacute;lsamo en forma de silencio perezoso y de recuerdos tiernos.
+Por la tienda de Cascos hab&iacute;a pasado todo el romanticismo provinciano
+del a&ntilde;o cuarenta al cincuenta. Es de notar que en el pueblo de
+Bonifacio, como en otros muchos de los de su orden, se entend&iacute;a por
+romanticismo leer muchas novelas, fuesen de quien fuesen, recitar versos
+de Zorrilla y del duque de Rivas, de Larra&ntilde;aga y de D. Heriberto Garc&iacute;a
+de Quevedo (salvo error), y representar <i>El Trovador</i> y <i>El Paje</i>, <i>Zoraida</i> y
+otros dramas donde sol&iacute;a aparecer el moro entregado a un lirismo llor&oacute;n,
+desenvuelto en endecas&iacute;labos del m&aacute;s lacrimoso efecto:</p>
+
+<p>
+<span style="margin-left: 2.5em;">&iquest;Es verdad, Almanzor, mis tiernos brazos te vuelven a estrechar?</span><br />
+<span style="margin-left: 2.5em;">&iexcl;Pluguiera al cielo!, etc.</span><br />
+</p>
+
+<p>dec&iacute;a Bonifacio y dec&iacute;an todos los de su tiempo con una melopea pegajosa
+y simp&aacute;tica, algo parecida a canto de nodriza. Y dec&iacute;an tambi&eacute;n, esto
+con m&aacute;s energ&iacute;a:</p>
+
+<p>
+<span style="margin-left: 2.5em;">&iexcl;Boabdil, Boabdil, lev&aacute;ntate y despierta!... etc.</span><br />
+</p>
+
+<p>Esta era la mejor y m&aacute;s sana parte de lo que se entend&iacute;a por
+romanticismo. Su complemento consist&iacute;a en aplicar a las costumbres algo
+de lo que se le&iacute;a, y, sobre todo, en tener pasiones fuertes, capaces de
+llevar a cabo los m&aacute;s extremados proyectos. Todas aquellas pasiones
+ven&iacute;an a parar en una sola, el amor; porque las otras, tales como la
+ambici&oacute;n desmedida, la aspiraci&oacute;n a algo desconocido, la profunda
+misantrop&iacute;a, o eran cosa vaga y aburrida a la larga, o ten&iacute;an escaso
+campo para su aplicaci&oacute;n en el pueblo; de modo que el romanticismo
+pr&aacute;ctico ven&iacute;a a resolverse en amor con acompa&ntilde;amiento de guitarra y de
+peri&oacute;dicos manuscritos que corr&iacute;an de mano en mano, llenos de versos
+sentimentales. &iexcl;L&aacute;stima grande que este lirismo sincero fuera las m&aacute;s
+veces acompa&ntilde;ado de s&aacute;tiras ruines en que unos poetas a otros se
+enmendaban el vocablo, dejando ver que la envidia es compatible con el
+idealismo m&aacute;s exagerado! En cuanto al amor rom&aacute;ntico, si bien comenzaba
+en la forma m&aacute;s pura y conceptuosa, sol&iacute;a degenerar en afecto cl&aacute;sico;
+porque, a decir la verdad, la imaginaci&oacute;n de aquellos so&ntilde;adores era
+mucho menos fuerte y constante que la natural robustez de los
+temperamentos, ricos de sangre por lo com&uacute;n; y el ciego rapaz, que nunca
+fue rom&aacute;ntico, hac&iacute;a de las suyas como en los tiempos del Renacimiento y
+del mismo clasicismo, y como en todos los tiempos; y, <i>en suma</i>, seg&uacute;n
+confesi&oacute;n de todos los tertulios de la tienda de Cascos, la moralidad
+p&uacute;blica jam&aacute;s hab&iacute;a dejado tanto que desear como en los benditos a&ntilde;os
+rom&aacute;nticos; los adulterios menudeaban entonces; los Tenorios, un tanto
+averiados, que quedaban en la ciudad, en aquella &eacute;poca hab&iacute;an hecho su
+agosto; y en cuanto a j&oacute;venes solteras y <i>de buena familia</i>, se sab&iacute;a de
+muchas que se hab&iacute;an escapado por un balc&oacute;n, o por la puerta, con un
+amante; o sin escaparse se hab&iacute;an encontrado encinta sin que mediara
+ning&uacute;n sacramento. La tertulia de Cascos y la tienda de los Porches
+hab&iacute;an sido, respectivamente, ocasi&oacute;n y teatro de muchas de aquellas
+aventuras, que se envolv&iacute;an en un picante misterio y despu&eacute;s ven&iacute;an a
+ser pasto de una murmuraci&oacute;n misteriosa tambi&eacute;n y no menos picante.
+Aunque en nombre de la religi&oacute;n y de la moral se condenasen tales
+excesos, no cabe negar que en los mismos que murmuraban y censuraban
+(tal vez c&oacute;mplices, por amor al arte, de tales extremos) se adivinaba
+una rec&oacute;ndita admiraci&oacute;n, algo parecida a la que inspiraban los poetas
+en boga, o los buenos c&oacute;micos, o los cantantes italianos&mdash;buenos o
+malos&mdash;o los guitarristas excelentes. Aquel romanticismo representado en
+la sociedad (entonces todav&iacute;a no se hab&iacute;a inventado eso de hablar tanto
+de la realidad) era como un grado superior en la com&uacute;n creencia
+est&eacute;tica. En cambio, si los antiguos partidarios del <i>clair de lune</i> de la
+tienda de pa&ntilde;os ten&iacute;an que declarar la inferioridad moral&mdash;relativamente
+al sexto mandamiento no m&aacute;s&mdash;de aquellos tiempos, recababan para ellos el
+m&eacute;rito de las buenas formas, del eufemismo en el lenguaje; y as&iacute;, todo
+se dec&iacute;a con rodeos, con frases opacas; y al hablar de amores de
+ilegales consecuencias se dec&iacute;a: &laquo;Fulano obsequia a Fulana&raquo;, v. gr. De
+todas suertes, la vida era mucho m&aacute;s divertida entonces, la juventud m&aacute;s
+fogosa, las mujeres m&aacute;s sensibles. Y al pensar en esto suspiraban los de
+la tienda de Cascos; de Cascos, que hab&iacute;a muerto dejando a la viuda la
+herencia de los pa&ntilde;os, de la clientela y de los tertulios ex rom&aacute;nticos,
+ya todos demasiado entrados en a&ntilde;os y en cuidados, y muchos en grasa,
+para pensar en sensibler&iacute;as trascendentales. Pero no importaba; se
+segu&iacute;a suspirando, y muchos de aquellos silencios prolongados que
+solemnizaban la ya imponente oscuridad de la tienda con aspecto de
+cueva; muchos de aquellos silencios que tanto agradaban a Reyes, estaban
+consagrados a los recuerdos del a&ntilde;o cuarenta y tantos. La viuda, se&ntilde;ora
+respetable de cincuenta noviembres, tal vez hab&iacute;a amado y se hab&iacute;a
+dejado amar por uno de aquellos asiduos tertulios, un D. Cr&iacute;spulo
+Crespo, relator, funcionario probo y activo e inteligente, de muy mal
+genio; s&iacute;, se hab&iacute;an amado, aunque sin ofensa mayor de Cascos; y en
+opini&oacute;n de los amigos, segu&iacute;an am&aacute;ndose; pero todos respetaban aquella
+pasi&oacute;n rec&oacute;ndita e inveterada; rara vez se alud&iacute;a a ella, y se la ten&iacute;a
+por &uacute;nico recuerdo vivo de tiempos mejores; y el respeto a tal documento
+p&oacute;stumo del muerto romanticismo se mostraba tan s&oacute;lo en dejar
+invariablemente un puesto privilegiado, dentro del mostrador, para D.
+Cr&iacute;spulo.</p>
+
+<p>Bonifacio, que hab&iacute;a sido uno de los m&aacute;s distinguidos ep&iacute;gonos de aquel
+romanticismo al pormenor, ya moribundo, se sent&iacute;a bien quisto en la
+tertulia y se acog&iacute;a a su seno, tibio como el de una madre.</p>
+
+<p>Una tarde que Emma le arroj&oacute; de su alcoba por haber confundido los
+ingredientes de una cataplasma&mdash;&iexcl;caso raro!&mdash;, Bonifacio entr&oacute; en la
+tienda de pa&ntilde;os m&aacute;s predispuesto que nunca a la voluptuosidad de los
+recuerdos. Don Cr&iacute;spulo estaba en su asiento privilegiado. La viuda
+hac&iacute;a calceta enfrente del relator. Ambos callaban. Los dem&aacute;s ex
+rom&aacute;nticos, entre toses y largos intervalos de silencio que parec&iacute;an
+parte del ceremonial de un rito misterioso, so&ntilde;oliento, hablaban en la
+semioscuridad gris, fuera del mostrador, y repasaban sus comunes
+recuerdos. &iquest;Qui&eacute;n viv&iacute;a en aquella plaza que ten&iacute;an delante, el a&ntilde;o
+cuarenta? El habilitado del clero, all&iacute; presente, hombre de prodigiosa
+memoria, recordaba uno por uno los inquilinos de todos aquellos
+edificios tristes y sucios, grandes caserones de dos pisos. &laquo;Las de
+Gum&iacute;a hab&iacute;an muerto en la Habana, donde era el a&ntilde;o cuarenta y seis
+magistrado el marido de la mayor; en el piso segundo de la casa grande
+de Gum&iacute;a habitaba el secretario del Gobierno civil, que se llamaba
+Escand&oacute;n, era gallego, muy buen poeta, y se hab&iacute;a suicidado en Zamora
+a&ntilde;os despu&eacute;s, porque siendo tesorero se le hab&iacute;a hecho responsable de un
+desfalco debido al contador. En el n&uacute;mero cinco viv&iacute;an los de Castrillo,
+cinco hermanos y cinco hermanas, que ten&iacute;an tertulia y comedias caseras;
+la casa de Castrillo era uno de los focos del romanticismo del pueblo;
+all&iacute; se escrib&iacute;a el peri&oacute;dico an&oacute;nimo y clandestino, que despu&eacute;s se
+met&iacute;a por debajo de las puertas. Perico Castrillo hab&iacute;a sido un
+talentazo, s&oacute;lo que entre las mujeres y la bebida le perdieron, y muri&oacute;
+loco en el hospital de Valladolid. Antonio Castrillo hab&iacute;a sido el mejor
+jugador de tresillo de la provincia, despu&eacute;s se hab&iacute;a ido a jugar a
+Madrid, y all&iacute; se agenci&oacute; de modo, siempre jugando al tresillo, que se
+hizo un nombre en la pol&iacute;tica y fue subsecretario en tiempo de Ist&uacute;riz.
+Pero este y los dem&aacute;s Castrillos hab&iacute;an muerto t&iacute;sicos. En cuanto a
+ellas, se hab&iacute;an dispersado, mal casadas tres, monja una y perdida la
+otra por un seductor del provincial de Logro&ntilde;o, el capit&aacute;n Suero&raquo;.</p>
+
+<p>Al llegar a la casa n&uacute;mero nueve el habilitado del clero suspir&oacute; con
+gran aparato.</p>
+
+<p>&mdash;Ah&iacute;... todos ustedes recuerdan qui&eacute;n viv&iacute;a el a&ntilde;o cuarenta....</p>
+
+<p>&mdash;La <i>Tiplona</i>, dijeron unos.</p>
+
+<p>&mdash;La <i>Merlatti</i>, exclamaron otros.</p>
+
+<p>La <i>Tiplona</i>, la <i>Merlatti</i> hab&iacute;a sido el microcosmos del romanticismo
+m&uacute;sico del pueblo. Era una tiple italiana que aquellos provincianos
+hubieran echado a re&ntilde;ir con la Grissi, con la Malibr&aacute;n, sin necesidad de
+haber o&iacute;do a estas. No conced&iacute;an aquellos se&ntilde;ores formales que en este
+mundo se hubiera o&iacute;do cosa mejor que la Merlatti... &iexcl;Y qu&eacute; carnes! &iexcl;Y
+qu&eacute; trato! Era m&aacute;s alta que cualquiera de los presentes, blanca como la
+nieve, suave como la manteca y de una musculatura tan exuberante como
+bien contorneada; montaba a la inglesa, tiraba la pistola, y hab&iacute;a
+abofeteado en medio del paseo a la <i>Tiplona</i>, su rival la Volpucci, que
+tambi&eacute;n ten&iacute;a sus aficionados. Esta era delgada, flexible como un mimbre
+y luc&iacute;a m&aacute;s que la <i>Tiplona</i> en las <i>fioriture</i>; pero como voz y como carnes
+y buena presencia, no hab&iacute;a comparaci&oacute;n. La <i>Tiplona</i> hab&iacute;a vencido, y
+hab&iacute;a vuelto a la ciudad en varias temporadas, y por &uacute;ltimo se hab&iacute;a
+casado con un coronel retirado, due&ntilde;o de aquella casa de la plaza del
+teatro, el coronel Cerecedo; y all&iacute; hab&iacute;a vivido a&ntilde;os y a&ntilde;os dando
+conciertos caseros y admirada y querida del pueblo filarm&oacute;nico,
+agradecido y enamorado de los encantos, cada vez m&aacute;s ostentosos, de la
+ex tiple. Y &iexcl;qui&eacute;n lo dijera!, tambi&eacute;n hab&iacute;a muerto t&iacute;sica, despu&eacute;s de
+un mal parto. &iexcl;La <i>Tiplona</i>! El que m&aacute;s y el que menos de aquellos se&ntilde;ores
+la hab&iacute;a amado en secreto o paladinamente, y el mismo Bonifacio, muy
+joven entonces, ten&iacute;a que confesarse que su afici&oacute;n a la &oacute;pera seria
+hab&iacute;a crecido escuchando a aquella real moza, que ense&ntilde;aba aquella
+blanqu&iacute;sima pechuga, un pie peque&ntilde;o, primorosamente calzado, y unos
+dientes de perlas.</p>
+
+<p>El habilitado del clero sigui&oacute; pasando revista a los inquilinos del a&ntilde;o
+cuarenta; de aquella enumeraci&oacute;n melanc&oacute;lica de muertos y ausentes sal&iacute;a
+un tufillo de ruina y de cementerio; oy&eacute;ndole parec&iacute;a que se mascaba el
+polvo de un derribo y que se revolv&iacute;an los huesos de la fosa com&uacute;n, todo
+a un tiempo. Suicidios, tisis, quiebras, fugas, enterramientos en vida,
+pasaban como por una rueda de tormento por aquellos dientes podridos y
+separados, que tocaban a muerto con una indiferencia sacristanesca que
+daba espanto. El vejete termin&oacute; su historia al por menor con los ojos
+encendidos de orgullo. &iexcl;Qu&eacute; memoria la suya!, pensaba &eacute;l. &iexcl;Qu&eacute; mundo
+este!, pensaban los dem&aacute;s.</p>
+
+<p>A Bonifacio aquella narraci&oacute;n le hab&iacute;a hecho recordar el espect&aacute;culo
+trist&iacute;simo de las ruinas de la casa donde &eacute;l hab&iacute;a nacido; s&iacute;, &eacute;l hab&iacute;a
+visto desprenderse las paredes pintadas de amarillo y otras cubiertas de
+papel de ramos verdes; &eacute;l hab&iacute;a visto como en un plano vertical la
+chimenea despedazada, al amor de cuya lumbre su madre le hab&iacute;a dormido
+con maravillosos cuentos; all&aacute; arriba, en un tercer piso... sin piso,
+quedaba de todo aquel calor del hogar el hueco de una hornilla en una
+medianer&iacute;a agrietada, sucia y polvorienta. &iexcl;Al aire libre, siempre
+expuesta a las miradas indiferentes del p&uacute;blico, estaba la alcoba en que
+hab&iacute;a muerto su padre! S&iacute;; &eacute;l hab&iacute;a visto en lo alto los restos
+miserables, la pared manchada por las expectoraciones del enfermo, las
+se&ntilde;ales del hierro de la cama humilde en la grasa de aquella pared....
+&iquest;Qu&eacute; quedaba de toda aquella vivienda, de aquella familia pobre, pero
+feliz por el cari&ntilde;o? Quedaba &eacute;l, un aficionado a la flauta, en poder de
+su Emma, una furia, s&iacute;, una furia, no hab&iacute;a para qu&eacute; neg&aacute;rselo a s&iacute;
+mismo. La casa hab&iacute;a desaparecido; aquellas ruinas de su hogar hab&iacute;an
+estado siendo el esc&aacute;ndalo de la gacetilla urbana. &laquo;&iquest;Pero cu&aacute;ndo se
+derriba la inmunda fachada de la esquina asquerosa de la calle del
+Mercado?&raquo;. Esto hab&iacute;a gritado la prensa local meses y meses, y al fin el
+Municipio hab&iacute;a aplicado la piqueta de <i>do&ntilde;a Urbana</i>, como dec&iacute;a el
+peri&oacute;dico, a los &uacute;ltimos restos de tantos recuerdos sagrados. &iquest;Y &eacute;l
+mismo, pensaba Bonifacio, qu&eacute; era m&aacute;s que un esquinazo, una ruina
+asquerosa que estaba molestando a toda una familia linajuda con su
+insistencia en vivir, y ser, por una aberraci&oacute;n lamentable, el marido de
+su mujer? Todas aquellas ideas tristes y humillantes las hab&iacute;a
+despertado en su esp&iacute;ritu el diablo del habilitado con aquella <i>ojeada
+retrospectiva</i> al a&ntilde;o cuarenta. &iexcl;La historia! &iexcl;Oh!, la historia en las
+&oacute;peras era una cosa muy divertida... <i>Sem&iacute;ramis</i>, <i>Nabucodonosor</i>, <i>Las
+Cruzadas</i>, <i>Atila</i>... magn&iacute;fico todo... pero las de Gum&iacute;a, las de
+Castrillo... tanta muerte, tanta verg&uuml;enza, tanta dispersi&oacute;n y
+podredumbre... esto <i>encog&iacute;a el &aacute;nimo</i>. Por fortuna la conversaci&oacute;n volvi&oacute;
+a la <i>Tiplona</i>, y con motivo de esto se record&oacute; las &oacute;peras que se
+cantaban entonces y las que se cantaban ahora en comparaci&oacute;n con
+aquellas. La verdad era que ahora no se cantaban &oacute;peras en el pueblo,
+pues casi hac&iacute;a ocho a&ntilde;os que no parec&iacute;a por all&iacute; un mal cuarteto.
+Entonces el habilitado, que tanto hab&iacute;a entristecido al concurso, se
+dign&oacute; dar una noticia de actualidad, contra su costumbre. Su costumbre
+era despreciar <i>altamente</i> todos los sucesos pr&oacute;ximos, pasados o futuros,
+que no exig&iacute;an, para ser referidos o inducidos, gran retentiva, como &eacute;l
+llamaba a la memoria. Con aire displicente dijo el buen hombre:</p>
+
+<p>&mdash;Pues &oacute;pera la van ustedes a tener ahora, y buena; porque me ha dicho el
+alcalde que han pedido el teatro desde Le&oacute;n el famoso Mochi y la
+Gorgheggi.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;La Gorgheggi!&mdash;gritaron a una los presentes.</p>
+
+<p>Y hasta el relator hizo un movimiento de sorpresa en su silla, metido en
+la sombra, y la viuda de Cascos le mir&oacute; y suspir&oacute; discretamente.</p>
+
+<p>Ocho d&iacute;as despu&eacute;s estaban en el pueblo el tenor Mochi, famoso en todos
+los teatros de provincia del reino, y su protegida y disc&iacute;pula la
+Gorgheggi. Cantaron <i>La Extranjera</i> la primera noche, y aunque el diario
+m&aacute;s filarm&oacute;nico de la capital &laquo;no se atrevi&oacute; a emitir juicio por una
+sola audici&oacute;n&raquo;, el p&uacute;blico, menos circunspecto (verdad es tambi&eacute;n que
+con menos responsabilidad ante la historia del arte), se entusiasm&oacute;
+desde luego y jur&oacute; en masa que &laquo;desde la <i>Tiplona</i> ac&aacute; no se hab&iacute;a o&iacute;do
+prodigio por el estilo. La Gorgheggi era un ruise&ntilde;or; y adem&aacute;s, &iexcl;qu&eacute;
+guapa, qu&eacute; amable, qu&eacute; atenta con el p&uacute;blico, qu&eacute; agradecida a los
+aplausos!&raquo;. S&iacute; que era guapa; era una inglesa traducida por su amigo
+Mochi al italiano, dulce y de movimientos suaves, de ojos claros y
+serenos, blanca y fuerte; ten&iacute;a una frente de puras l&iacute;neas, que luc&iacute;a
+modestamente, con un peinado original, en que el cabello, de casta&ntilde;o
+claro y en ondas, serv&iacute;a de marco sencillo a aquella blancura p&aacute;lida, en
+que, hasta de d&iacute;a, como pensaba Bonifacio, parec&iacute;a haber reflejos de la
+luna. Bonifacio vio dos actos de <i>La Extranjera</i> la noche del estreno, y
+con un supremo esfuerzo de la voluntad se arranc&oacute; de las garras de la
+tentaci&oacute;n y volvi&oacute; al lado de su esposa, de su Emma, que, amarillenta y
+desencajada y toda la cabeza en gre&ntilde;as, daba gritos en su alcoba porque
+su esposo la abandonaba, acudiendo tarde, muy tarde, media hora despu&eacute;s
+de la se&ntilde;alada, a darle unas friegas sin las cuales pensaba ella que se
+mor&iacute;a en pocos minutos. Lleg&oacute; Reyes, dio las friegas con gran ah&iacute;nco, en
+silencio, oyendo resignado los gritos, mezclados de improperios, de su
+mujer, y pensando en la frente y en la voz de la Gorgheggi y en el final
+de <i>La Extranjera</i>, que estar&iacute;an entonces cantando.</p>
+
+<p>Y se acost&oacute; Bonifacio, discurriendo: &laquo;&iexcl;S&iacute;, es muy hermosa, pero lo mejor
+que tiene es la frente; no s&eacute; lo que dice a mi coraz&oacute;n aquella curva
+suave, aquella onda dulce!... Y la voz es una voz... maternal; canta con
+la coqueter&iacute;a que podr&iacute;a emplear una madre para dormir a su hijo en sus
+brazos: parece que nos arrulla a todos, que nos adormece... es... aunque
+parezca un disparate, una voz honrada, una voz de ama de su casa que
+canta muy bien: aquella <i>pastosidad</i>, como dice el relator, debe de ser la
+que a m&iacute; me parece timbre de bondad; as&iacute; debieran cantar las mujeres
+hacendosas mientras cosen la ropa o cuidan a un convaleciente... &iexcl;qu&eacute; s&eacute;
+yo!, aquella voz me recuerda la de mi madre... que no cantaba nunca.
+&iexcl;Qu&eacute; disparates! S&iacute;, disparates para dichos, pero no para pensados.... En
+fin, &iquest;qu&eacute; tengo yo que ver con ella? Nada. Probablemente Emma no me
+dejar&aacute; volver al teatro...&raquo;. Y se durmi&oacute; pensando en la frente y en la
+voz de la Gorgheggi.</p>
+
+<p>Al d&iacute;a siguiente, a las doce de la ma&ntilde;ana hab&iacute;a ensayo, y all&iacute; estaba
+Bonifacio, m&aacute;s muerto que vivo, barruntando la escena que le preparaba,
+de fijo, su mujer, a la vuelta. Se hab&iacute;a escapado de casa. Y ten&iacute;a que
+confesarse que el placer de estar all&iacute; era mayor, por lo mismo que era
+un acto de rebeld&iacute;a su presencia en tal sitio.</p>
+
+<p>Los ensayos siempre hab&iacute;an sido el encanto de Reyes. No se explicaba &eacute;l
+bien por qu&eacute; los prefer&iacute;a a las funciones m&aacute;s solemnes y magn&iacute;ficas. A
+su manera, ven&iacute;a a pensar esto: &laquo;El teatro verdadero, el teatro por
+dentro, era el del ensayo; a Reyes no le gustaba la ficci&oacute;n en nada, ni
+en el arte; dec&iacute;a &eacute;l que los tenores y tiples no deb&iacute;an cantar delante
+de las candilejas, entre &aacute;rboles de lienzo y vestidos de percal ante un
+p&uacute;blico distra&iacute;do y en una sala estrecha donde el aire era veneno; los
+tenores y tiples deb&iacute;an andar, como los ruise&ntilde;ores o las sirenas,
+esparcidos por los bosques repuestos y escondidos, o por las islas
+misteriosas, y soltar al aire sus trinos y gorjeos en la clara noche de
+luna, al comp&aacute;s de las melanc&oacute;licas olas que bat&iacute;an en la playa, y de
+las ramas de la selva que mec&iacute;a la brisa...&raquo;. Bueno; pero ya que esto no
+pod&iacute;a ser, Bonifacio prefer&iacute;a o&iacute;r a los cantantes en el ensayo. Porque
+all&iacute; ve&iacute;a al <i>artista</i> tal como era, no como ten&iacute;a que fingir que era. Por
+un instinto de buen gusto, de que &eacute;l no pod&iacute;a darse cuenta, lo que
+aborrec&iacute;a en las representaciones p&uacute;blicas era la mala escuela de
+declamaci&oacute;n, la falsedad de actitudes, trajes, gestos, etc., etc., de
+los c&oacute;micos que iban por aquel pobre teatro de provincia. En el ensayo
+no ve&iacute;a un Nabucodonosor que parec&iacute;a el rey de bastos, ni un <i>Atila</i>
+semejante a un cabrero, sino un caballero particular que cantaba bien y
+estaba preocupado de veras con sus cosas, verbigracia, la mala paga, el
+mal tiempo que le tomaba la voz, o el correo que le tra&iacute;a malas
+noticias. Bonifacio amaba el arte por el artista, admiraba a aquella
+gente que recorr&iacute;a el mundo sin estar jam&aacute;s seguros del pan de ma&ntilde;ana,
+preocupados con los propios y los ajenos gorgoritos.&mdash;&iexcl;C&oacute;mo hay
+valiente&mdash;pensaba &eacute;l&mdash;, que se decida a fiar su existencia del fagot, o
+del cornet&iacute;n o del violoncello, verbigracia, o de una voz de bajo
+segundo, con veinte reales diarios, que es lo m&aacute;s bajo que se puede
+cantar! Yo, por ejemplo, ser&iacute;a un flauta pasable, pero &iexcl;por cuanto hay
+no me atrever&iacute;a a escaparme de casa y a ir por esos mundos hasta Rusia,
+tapando huecos en una orquesta! Acaso a mi dignidad y a mi independencia
+les estuviera mejor emprender esa carrera; pero &iexcl;antes me tiro al agua!
+El azar... lo imprevisto... el pan dudoso, &iexcl;qu&eacute; miedo! Y por lo mismo
+que &eacute;l se cre&iacute;a incapaz de ser <i>artista</i>, en el sentido de echar a correr
+sin m&aacute;s que la flauta, por lo mismo admiraba m&aacute;s y m&aacute;s a aquellos
+hombres, que eran indudablemente de otra madera.</p>
+
+<p>Ya la cualidad de extranjero, y aun la menos extraordinaria de
+forastero, era para Bonifacio muy recomendable; no ser de su pueblo, de
+aquel pueblo mezquino donde hab&iacute;an nacido &eacute;l y su mujer, constitu&iacute;a una
+ventaja; ser de muy lejos era una maravilla.... El mundo... el resto del
+mundo &iexcl;deb&iacute;a de ser tan hermoso! Lo que &eacute;l conoc&iacute;a era tan feo, tan poca
+cosa, que las bellezas que hab&iacute;a so&ntilde;ado y de que hablaban los versos y
+los libros de aventuras, deber&iacute;an de estar, de fijo, en todos esos
+lugares desconocidos.... En M&eacute;jico hab&iacute;a visto poco bueno; pero al fin
+M&eacute;jico hab&iacute;a sido colonia espa&ntilde;ola, y se le hab&iacute;a pegado la peque&ntilde;ez de
+por ac&aacute;. El verdadero <i>extranjero</i> era otro. Y de este ven&iacute;an los
+artistas, los cantantes.... Ser italiano, ser artista... ser m&uacute;sico, esto
+era miel sobre hojuelas y n&eacute;ctar sobre la miel. Y cuando el extranjero,
+el artista, el m&uacute;sico... era hembra, entonces el respeto y admiraci&oacute;n de
+Bonifacio llegaban a ser religi&oacute;n, idolatr&iacute;a.... Por todo lo cual, y por
+lo antes apuntado, prefer&iacute;a con mucho ver a los c&oacute;micos tal como eran, a
+verlos pintados de reyes o de sacerdotisas respectivamente. En el
+ensayo, en el ensayo era donde se conoc&iacute;a al artista....</p>
+
+<p>Entr&oacute; en el palco proscenio, a que estaban abonados desde tiempo
+inmemorial sus amigos de la tienda de Cascos; era el m&aacute;s bajo de los
+<i>claros</i>, que as&iacute; se llamaba entonces a los que despu&eacute;s se denomin&oacute;
+plateas, y ten&iacute;a, por ser de proscenio y estar medio escondido por una
+pared maestra, el apodo vulgar de faltriquera (a&ntilde;os adelante bolsa). No
+hab&iacute;a nadie en el palco. Reyes abri&oacute; la puerta, procurando evitar el
+menor ruido. Para &eacute;l era el teatro el templo del arte, y la m&uacute;sica una
+religi&oacute;n. Se sent&oacute; con movimientos de gato silencioso y cachazudo; apoy&oacute;
+los codos en el antepecho y procur&oacute; distinguir los bultos que como
+sombras en la penumbra cruzaban por el oscuro escenario. No hab&iacute;a
+entonces bater&iacute;as de gas y no pod&iacute;a llevarse la luz por delgados tubos,
+como a&ntilde;os adelante se vio all&iacute; mismo, a una altura discrecional; las
+humildes candilejas alumbraban lo poco que pod&iacute;an, desde el tablado,
+como estrellas... de aceite, ca&iacute;das. A la derecha del actor (as&iacute; pensaba
+Reyes), alrededor de una mesa alumbrada apenas por un quinqu&eacute; de luz
+triste, hab&iacute;a un grupo de sombras que poco a poco fue distinguiendo.
+Eran el director de escena, el apuntador, un traspunte y un hombre gordo
+y peque&ntilde;o, de panza extraordinaria, vestido con suma correcci&oacute;n, muy
+blanco, muy <i>distinguido en sus modales</i>; era el <i>signor</i> Mochi, empresario
+y tenor primero... y &uacute;ltimo de la Compa&ntilde;&iacute;a. Otros grupos taciturnos
+vagaban por el foro, eran los coristas: el cuerpo de <i>se&ntilde;oras</i> estaba
+sentado en corro a la izquierda. Donde quiera que se juntaban aquellas
+damas p&aacute;lidas y mal vestidas tend&iacute;an, por la fuerza de la costumbre, a
+formar arcos de c&iacute;rculo, semic&iacute;rculos y c&iacute;rculos seg&uacute;n las
+circunstancias.</p>
+
+<p>Reyes hab&iacute;a le&iacute;do la <i>Odisea</i> en castellano y recordaba la interesante
+visita de Ulises a los infiernos; aquella vida opaca, subterr&aacute;nea del
+Erebo, donde opinaba &eacute;l que tanto deb&iacute;an de aburrirse las almas de los
+que fueron, se le representaba ahora al ver a los tristes c&oacute;micos,
+silenciosos y vagabundos, cruzar el escenario oscuro, como espectros. Ya
+sab&iacute;a &eacute;l que otras veces reinaba all&iacute; la alegr&iacute;a, que aquello ir&iacute;a
+anim&aacute;ndose; pero hab&iacute;a siempre en los ensayos cuartos de hora tristes.
+Cuando al <i>artista</i> no le anima esa especie de alcohol espiritual del
+entusiasmo est&eacute;tico, se le ve caer en un marasmo parecido al que abruma
+a los desventurados esclavos del hach&iacute;s y del opio.... Reyes hab&iacute;a hecho
+a su modo un profundo estudio psicol&oacute;gico de los pobres tenores ex
+notables que ven&iacute;an a su pueblo averiados, como barcos viejos que buscan
+una orilla donde morir tranquilos, acostados sobre la arena; tambi&eacute;n
+sab&iacute;a mucho de tiples de tercer orden que pretend&iacute;an pasar por
+estrellas: aunque era muy joven todav&iacute;a cuando hab&iacute;a tenido ocasi&oacute;n de
+hacer observaciones, la reflexi&oacute;n serena le hab&iacute;a ayudado no poco.
+Observaba compadeciendo, y compadec&iacute;a admirando, de modo que el an&aacute;lisis
+llegaba verdaderamente al alma de las cosas. Lo que &eacute;l no ve&iacute;a era el
+lado malo de los artistas. Todo lo poetizaba en ellos. Los contrastes
+fuertes y picantes de sus ensue&ntilde;os de gloria y de su vida de bastidores
+con la mezquina prosa de una existencia dif&iacute;cil, llena de los roces
+&aacute;speros con la necesidad y la miseria, le parec&iacute;an a Reyes motivos de
+po&eacute;tica piedad y daban una aureola de martirio a sus &iacute;dolos.</p>
+
+<p>Aquel d&iacute;a procur&oacute;, como siempre, atraer hacia s&iacute; la atenci&oacute;n de <i>las
+partes</i> (el tenor, la tiple, el bar&iacute;tono, el bajo y la contralto), y esto
+sol&iacute;a conseguirlo sonriendo discretamente cuando alg&uacute;n cantante le
+miraba por casualidad despu&eacute;s de <i>atacar con valent&iacute;a</i> una nota, o de
+hacer cualquier primor de garganta, o tambi&eacute;n despu&eacute;s de decir un
+chiste.</p>
+
+<p>Mochi, el tenor bajo y gordo, era como una ardilla y hablaba m&aacute;s que un
+sacamuelas, pero en italiano cerrado, y con suma elegancia en los
+modales. Hablaba con el maestro director que se re&iacute;a siempre, y Reyes,
+que no entend&iacute;a a Mochi, pero que cre&iacute;a adivinarle, sonre&iacute;a tambi&eacute;n.
+Como no hab&iacute;a nadie m&aacute;s que &eacute;l en calidad de mero espectador del ensayo,
+el tenor no tard&oacute; en notar su presencia y sus sonrisas, y al poco rato
+ya le consagraba a &eacute;l, a Reyes, todos sus <i>concetti</i>. Tanto se lo
+agradeci&oacute; Bonifacio, que al tiempo de levantarse para salir del palco
+deliber&oacute; consigo mismo si deb&iacute;a saludar al tenor con una ligera
+inclinaci&oacute;n de cabeza. Mir&oacute; Mochi a Reyes... y Reyes, poni&eacute;ndose muy
+colorado, sacudi&oacute; su hermosa cabellera con movimientos de maniqu&iacute;, y se
+fue a su casa... impregnado del ideal.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="V" id="V"></a>-V-</h2>
+
+
+<p>Por la noche Emma le ech&oacute; del seno del hogar por algunas horas, y
+Bonifacio volvi&oacute; al ensayo. Ahora no estaba s&oacute;lo en calidad de p&uacute;blico;
+en todas las <i>faltriqueras</i> hab&iacute;a abonados, y en la de los tertulios de
+Cascos se destacaba la respetable personalidad del Gobernador militar,
+que honraba a aquellos se&ntilde;ores aceptando un asiento en lo oscuro. Reyes
+se sent&oacute; en primera fila, y en cuanto Mochi mir&oacute; hacia el palco, le
+salud&oacute; con el sombrero. No contest&oacute; el tenor por lo pronto, lo cual
+desconcert&oacute; al buen aficionado, principalmente por lo que pensar&iacute;an sus
+amigos; mas &iexcl;oh gloria inmortal, oh momento inolvidable!, al lado de
+Mochi, frente a la c&aacute;scara del apuntador, hab&iacute;a una mujer, una se&ntilde;ora,
+con capota de terciopelo, debajo de la cual asomaban olas de cabello
+casta&ntilde;o claro y fino; y aquella mujer, aquella se&ntilde;ora que hab&iacute;a notado
+el saludo de Reyes, toc&oacute; familiarmente con una mano enguantada en un
+hombro del tenor, y le debi&oacute; de decir:</p>
+
+<p>&mdash;En aquel palco te han saludado.</p>
+
+<p>Ello fue que Mochi se volvi&oacute; con rapid&iacute;simo gesto, vio a Reyes y se
+deshizo en cortes&iacute;as....</p>
+
+<p>En el palco todos envidiaron aquello, hasta el <i>brigadier</i> Gobernador
+militar de la provincia; y m&aacute;s envidiaron la sonrisa con que la dama de
+la capota se atrevi&oacute; a acompa&ntilde;ar el saludo de Mochi, muy satisfecha, al
+parecer, de haberle advertido su distracci&oacute;n.</p>
+
+<p>Reyes encontr&oacute; en sus ojos la mirada de la Gorgheggi&mdash;que no era otra la
+dama&mdash;y muchas veces, muchas, pensando despu&eacute;s en aquel momento solemne
+de su vida, tuvo que confesarse que impresi&oacute;n m&aacute;s dulce ni tan fuerte no
+la hab&iacute;a experimentado en toda su juventud, tan rom&aacute;ntica <i>por dentro</i>.</p>
+
+<p>&laquo;Una mirada as&iacute;&mdash;se dijo en aquel instante&mdash;, s&oacute;lo puede tenerla una
+extranjera que sea adem&aacute;s artista. &iexcl;Qu&eacute; modestia en el atrevimiento, qu&eacute;
+castidad en la osad&iacute;a! &iexcl;Qu&eacute; inocente descaro, qu&eacute; c&aacute;ndida
+coqueter&iacute;a!...&raquo;.</p>
+
+<p>De las sonrisas y los saludos poco se tard&oacute; en pasar a las buenas
+palabras: Bonifacio y otros se&ntilde;ores de su palco re&iacute;an discretamente los
+chistes con que Mochi se burlaba con disimulo de la orquesta, que era
+ind&iacute;gena y desafinaba como ella sola; un lechuguino, que ten&iacute;a fama de
+hacer grandes y muy valiosas conquistas entre bastidores, se atrevi&oacute; a
+servir de int&eacute;rprete, a su modo, entre el tenor y <i>un</i> trompa a quien el
+artista dirigi&oacute; una cort&eacute;s reprimenda en italiano. No era que el
+lechuguino supiera mucho de la lengua del Dante, pero s&iacute; lo suficiente
+para comprender que al hablar de <i>missure</i>, Mochi se refer&iacute;a a los
+compases; mas los conocimientos ling&uuml;&iacute;sticos del trompa no llegaban
+all&iacute;. Poco despu&eacute;s Bonifacio se arriesg&oacute;, poni&eacute;ndose muy colorado, a
+traducir otra observaci&oacute;n humilde&mdash;esta de la Gorgheggi&mdash;al idioma del
+trompa pertinaz, un hombre de tan mal genio como o&iacute;do; la tiple hab&iacute;a
+hablado en espa&ntilde;ol, hab&iacute;a dicho &laquo;comp&aacute;s&raquo; como, de hablar, podr&iacute;a decirlo
+un canario; pero el hombre del bronce no hab&iacute;a querido entender tampoco;
+la traducci&oacute;n de Bonifacio consisti&oacute; en repetir a gritos las palabras de
+la cantante, inclin&aacute;ndose desde el palco sobre la cabeza calva del
+m&uacute;sico.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Mil gracias... oh... mil gracias!, hab&iacute;a dicho la artista,
+despidiendo, entre miradas y sonrisas, chispas de gloria para el coraz&oacute;n
+de Reyes, que estuvo viendo candelillas un cuarto de hora. Le zumbaban
+los o&iacute;dos, y pensaba que si en aquel momento aquella mujer le propon&iacute;a
+escaparse juntos al fin del mundo, echaba a correr sin equipaje ni nada,
+sin llevar siquiera las zapatillas; y eso que no conceb&iacute;a c&oacute;mo hombre
+nacido pod&iacute;a echarse por la ma&ntilde;ana de la cama y calzarse las botas de
+buenas a primeras. Siempre que le&iacute;a aventuras de viajes lejanos, grandes
+penalidades de n&aacute;ufragos, misioneros, conquistadores, etc., etc., lo que
+m&aacute;s compadec&iacute;a era la ausencia probable de las babuchas.</p>
+
+<p>Sin faltar a un solo ensayo, y yendo tambi&eacute;n al teatro todas las noches
+de funci&oacute;n en que pod&iacute;a robar algunas horas a sus quehaceres dom&eacute;sticos,
+lleg&oacute; Bonifacio a intimar con las partes, como &eacute;l dec&iacute;a, de tal manera,
+que los amigos de la tertulia de Cascos llegaron a suponerle en
+relaciones amorosas con la Gorgheggi.</p>
+
+<p>&mdash;Yo les digo a ustedes que la obsequia&mdash;aseguraba el relator.</p>
+
+<p>&mdash;Yo sostengo que no la obsequia&mdash;dec&iacute;a el lechuguino, envidioso.</p>
+
+<p>La verdad era que la simpat&iacute;a, y a los pocos d&iacute;as la m&aacute;s cordial
+amistad, hab&iacute;an llegado a tal punto entre Mochi y Bonifacio, que el
+tenor, despu&eacute;s de tomar juntos caf&eacute; una tarde, no hab&iacute;a vacilado en
+pedir al <i>suo nuovo magi&agrave; carissimo amico</i>, <i>duecento lire</i>, o sean
+cuarenta duros en el lenguaje que entend&iacute;a Reyes. Pidi&oacute; el italiano con
+tal sencillez y desenfado aquellos ochocientos reales, acto continuo de
+haber contado una aventura napolitana que le hab&iacute;a costado cerca de dos
+mil duros, que Bonifacio tuvo que decirse: &laquo;Para este hombre cuarenta
+duros son como para m&iacute; un cigarrillo de papel; me ha pedido esos cuartos
+como quien pide lumbre para el cigarro; lo que le sobra a &eacute;l, de fijo,
+es dinero; pero no lo tiene aqu&iacute;, en este momento; lo malo es que
+tampoco lo tengo yo. Pero hay que buscarlo corriendo, no hay m&aacute;s
+remedio. Si se lo doy, no me lo agradecer&aacute;, aunque bien sabe Dios que no
+s&eacute; de d&oacute;nde sacarlo; pero a &eacute;l &iquest;qu&eacute;? &iquest;Qu&eacute; son ochocientos reales para
+este hombre? En cambio, si no se los busco inmediatamente me
+despreciar&aacute;, me tendr&aacute; por un miserable... &iexcl;Antes la muerte!&raquo;.</p>
+
+<p>Colorado como un pimiento declar&oacute; el espa&ntilde;ol que, por una casualidad que
+lamentaba, no tra&iacute;a consigo aquella insignificante cantidad; pero que en
+un periquete corr&iacute;a a su casa... que estaba muy cerca, y volv&iacute;a con los
+cuartos.</p>
+
+<p>Y ech&oacute; a correr sin o&iacute;r las palabras de Mochi que, por no molestarle,
+renunciaba al pr&eacute;stamo.</p>
+
+<p>En efecto, la casa de Emma no estaba lejos; pero llegar a ella, entrar,
+era m&aacute;s f&aacute;cil que volver al teatro, al cuarto del tenor, con los
+cuarenta duros. &iquest;De d&oacute;nde iba a sacarlos el infeliz esclavo de su mujer?
+&iexcl;Ay! &iexcl;Con qu&eacute; amargura contempl&oacute; entonces, por la primera vez, su triste
+dependencia, su pobreza absoluta! No era due&ntilde;o ni de los pantalones que
+ten&iacute;a puestos, y eso que parec&iacute;a que hab&iacute;an <i>nacido</i> ajustados a sus
+piernas; &iexcl;tan bien le sentaban! No ten&iacute;a dos reales que pudiera decir
+que eran suyos. &iquest;Qu&eacute; hacer? &iquest;Renunciar para siempre al ideal? Mochi le
+aguardaba con aquellos ojos punzantes, risue&ntilde;os y maliciosos: sin el
+dinero no se pod&iacute;a volver: detr&aacute;s de Mochi estaba la Gorgheggi, su
+disc&iacute;pula, su pupila. Bien; puesto que no ten&iacute;a aquellos cuarenta duros
+ni de donde sacarlos, como no robase los candelabros de plata que ten&iacute;a
+delante de los ojos, sobre la mesa del despacho (el despacho de D.
+Diego, que segu&iacute;a siendo <i>despacho</i> sin adjudicaci&oacute;n singular: el de don
+Juan Nepomuceno, el de Emma, el de todos); como no ten&iacute;a cuarenta duros
+ni de donde le vinieran, renunciar&iacute;a a su felicidad; no volver&iacute;a a
+presentarse ante los queridos amigos italianos, ante los artistas
+sublimes, se sacrificar&iacute;a en silencio; cualquier cosa menos volver all&aacute;
+con las manos vac&iacute;as....</p>
+
+<p>En aquel momento D. Juan Nepomuceno se present&oacute; en el despacho con un
+saquito de dinero entre las manos; salud&oacute; a Reyes con solemnidad, y se
+puso a contar pesos fuertes sobre la mesa; se trataba de la renta de la
+Comu&ntilde;a, una caser&iacute;a que entregaba limpios todos los a&ntilde;os cuatro mil
+reales. Mientras don Juan, sin hacer caso del importuno, iba haciendo
+pilas de pesos en correcta formaci&oacute;n hasta el punto de recordar al pobre
+<i>dilettante</i> de todas las artes las ruinas de un templo griego, Reyes
+pensaba:</p>
+
+<p>&mdash;Esas columnas argentinas deb&iacute;a formarlas yo: &iexcl;yo deb&iacute;a ser el
+administrador de los bienes de mi mujer!</p>
+
+<p>Una ola de dignidad retrospectiva le subi&oacute; al rostro y le dio valor
+suficiente para decir:</p>
+
+<p>&mdash;D. Juan, necesito mil reales.</p>
+
+<p>A&ntilde;os despu&eacute;s, recordando aquel golpe de audacia, para el cual s&oacute;lo el
+amor pod&iacute;a haberle dado fuerzas, lo que m&aacute;s admiraba en su temeraria
+empresa era el piquillo de su pretensi&oacute;n, los doscientos reales en que
+su demanda hab&iacute;a excedido a su necesidad. &laquo;&iquest;Por qu&eacute; ped&iacute; mil reales en
+vez de ochocientos?&raquo;. No se lo explic&oacute; nunca.</p>
+
+<p>D. Juan Nepomuceno mir&oacute;, sin contestar, a su af&iacute;n. &iexcl;Mil reales! Aquel
+mentecato se hab&iacute;a vuelto loco.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, se&ntilde;or, mil reales; y no hace falta que mi mujer sepa nada; yo se
+los devolver&eacute; a usted ma&ntilde;ana mismo; se trata de sacar de un apuro a un
+amigo de la infancia... paga segura....</p>
+
+<p>&mdash;Amigo de la infancia... paga segura.... No lo entiendo.</p>
+
+<p>Esto fue todo lo que dijo el t&iacute;o administrador. &iquest;C&oacute;mo un amigo de la
+infancia de aquel pelagatos pod&iacute;a ser paga segura? Esto quer&iacute;a dar a
+entender, y Bonifacio, comprendi&eacute;ndolo, rectific&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;De la infancia... precisamente... no... es uno de los amigos de la
+viuda de Cascos....</p>
+
+<p>Y se puso otra vez muy colorado.</p>
+
+<p>D. Juan clav&oacute; una mirada puntiaguda en los ojos claros... y turbados de
+su af&iacute;n; adivin&oacute; algo, ech&oacute; sus cuentas en un segundo, y, tomando dos
+montones de plata, se los puso entre los dedos al pasmado Reyes, sin
+decir m&aacute;s que:</p>
+
+<p>&mdash;Tome usted; son mil justos.</p>
+
+<p>&mdash;Bueno, gracias. Ma&ntilde;ana mismo....</p>
+
+<p>&mdash;Eso... all&aacute; usted.</p>
+
+<p>&mdash;Y que Emma no sepa....</p>
+
+<p>&mdash;Por ahora no hace falta que sepa nada.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo por ahora?</p>
+
+<p>&mdash;Y si usted reintegra a la caja (as&iacute; hablaba el t&iacute;o) esa cantidad en
+breve, no sabr&aacute; nada nunca.</p>
+
+<p>&mdash;Bien, bien; ma&ntilde;ana mismo.</p>
+
+<p>Ni ma&ntilde;ana, ni pasado, ni al otro. Mochi recibi&oacute; sus doscientas liras,
+como &eacute;l las llamaba, con m&aacute;s expresivas muestras de agradecimiento que
+esperaba su <i>nuovo amico</i>; pero de devoluci&oacute;n no dijo nada. &iexcl;Cu&aacute;les ser&iacute;an
+las emociones que se amontonaron en el pecho del pobre flautista en
+aquellos d&iacute;as, que durante algunos, ni siquiera pens&oacute; en la deuda ni en
+la promesa de reintegrar a la caja aquellos cuartos, ni en el peligro de
+que se enterase Emma de todo, ni siquiera en la existencia de
+Nepomuceno!</p>
+
+<p>Con la generosidad de Reyes coincidi&oacute; (pura coincidencia) la mayor
+amabilidad de Serafina Gorgheggi. Por un privilegio, de que gozaban muy
+pocos, a Bonifacio le consent&iacute;a el empresario permanecer entre
+bastidores durante la funci&oacute;n. Sol&iacute;a colocarse el buen flautista muy
+oportunamente, pero como al descuido, en las entradas y salidas por
+donde &eacute;l sab&iacute;a, gracias a los ensayos y al traspunte, que ten&iacute;a que
+pasar la tiple. Serafina siempre se inmutaba al entrar en escena; &eacute;l la
+animaba con una sonrisa que ella parec&iacute;a agradecerle con los ojos,
+cari&ntilde;osos, <i>maternales</i>, como pensaba el marido de Emma. Cuando sal&iacute;a de
+la escena entre aplausos, por pocos que fueran, ve&iacute;a a Reyes que bat&iacute;a
+palmas entusiasmado; entonces sonre&iacute;a ella, inclinaba la cabeza
+saludando y pasaba discretamente cerca del infeliz enamorado. &iexcl;Qu&eacute;
+perfume el que dejaba tras de s&iacute; aquella mujer! Era un perfume
+espiritual, seg&uacute;n &eacute;l; no se ol&iacute;a con las groseras narices, sino con el
+alma.</p>
+
+<p>Aquella noche, la correspondiente al d&iacute;a del pr&eacute;stamo, Serafina tuvo una
+ovaci&oacute;n en el segundo acto, y sali&oacute; de la escena por la puerta lateral
+de una decoraci&oacute;n cerrada de modo que los bastidores dejaban en una
+especie de vest&iacute;bulo, cerrado tambi&eacute;n por todos lados, a Bonifacio, que
+aguardaba all&iacute; como sol&iacute;a; para salir de aquella garita de lienzo, hab&iacute;a
+que levantar un cortin&oacute;n pesado, que se usaba para el foro en otras
+decoraciones. La Gorgheggi y su adorador se vieron un momento solos en
+aquel escondite; ella, despu&eacute;s de saludar y sonre&iacute;r al gal&aacute;n como sol&iacute;a,
+radiante ahora de justa satisfacci&oacute;n por los aplausos que a&uacute;n resonaban
+all&aacute; afuera, se turb&oacute; un punto, buscando con torpe mano el &eacute;xito de
+aquella especie de trampa; y no lo encontr&oacute;, como si anduviera ciega.</p>
+
+<p>No era Bonifacio hombre capaz de aprovechar ocasiones; pero como si lo
+fuese y la hubiese aprovechado y se hubiera arrepentido de la demas&iacute;a,
+se ech&oacute; a temblar tambi&eacute;n; y se puso a buscar la puerta y tampoco supo
+levantar el tapiz pesado al primer intento. En estas maniobras,
+tropezaron los dedos de uno y otro; pero como &eacute;l no sab&iacute;a qu&eacute; decir y
+ella lo comprendi&oacute; as&iacute;, la tiple, por hablar algo, dijo:</p>
+
+<p>&mdash;<i>Il Mochi m'ha detto</i>... Ah! siete un <i>galantuomo</i>...</p>
+
+<p>Y aludi&oacute; vagamente, con delicadeza, al pr&eacute;stamo.</p>
+
+<p>Serafina, inglesa, hablaba italiano en los momentos solemnes, cuando
+quer&iacute;a dar expresi&oacute;n de seriedad a sus palabras; ordinariamente
+chapurraba espa&ntilde;ol con disparates deliciosos. En ingl&eacute;s no hablaba m&aacute;s
+que con Mochi.</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;orita... eso... no vale nada.... Entre amigos.... Ha estado usted
+sublime... como siempre.... Es usted un &aacute;ngel, Serafina.</p>
+
+<p>Sus palabras le enternecieron, le sonaron a una declaraci&oacute;n; adem&aacute;s, se
+acord&oacute; de su mujer y del mal trato que le daba; ello fue que dos
+l&aacute;grimas como pu&ntilde;os, muy transparentes y tardas en resbalar, le saltaron
+de los hermosos ojos claros; se qued&oacute; muy p&aacute;lido y daba diente con
+diente.</p>
+
+<p>&mdash;<i>Oh amico caro</i>!&mdash;dijo ella con dulc&iacute;sima voz temblona&mdash;; <i>come siete
+buono</i>...</p>
+
+<p>Y le cogi&oacute; la mano que andaba tropezando en la cortina, y se la apret&oacute;
+con franca cordialidad.</p>
+
+<p>&mdash;Serafina... yo no s&eacute;... lo que me hago... usted creer&aacute;...</p>
+
+<p>Ella no le contest&oacute;, encontr&oacute; la salida, levant&oacute; el cortin&oacute;n, y con una
+mirada intensa, llena de caridad y protecci&oacute;n, le dijo que la siguiera.
+Pero Bonis no se atrevi&oacute; a traducir la mirada, y no sigui&oacute; a la tiple.
+En cuanto qued&oacute; solo en aquel escondite, sinti&oacute; que las piernas se le
+hac&iacute;an ajenas, cay&oacute; sentado sobre las tablas, casi perdi&oacute; el sentido, y,
+como entre sue&ntilde;os, oy&oacute; un silbido y voces y blasfemias que sonaban en lo
+alto; cay&oacute; un tel&oacute;n a una cuarta de su cabeza, desaparecieron algunos
+bastidores arrastrados, y Reyes se vio entre un corro de tramoyistas y
+se&ntilde;oritas que gritaban: &iexcl;Un herido... un herido!... &iexcl;Un tel&oacute;n ha
+derribado a un caballero!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah, el Sr. Reyes!...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Reyes herido!...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Una desgracia!...</p>
+
+<p>Antes que &eacute;l pudiera desmentir la noticia, hab&iacute;a llegado al cuarto de
+Mochi y al de la Gorgheggi.</p>
+
+<p>Ambos acudieron a todo correr, asustados. Serafina se puso en primera
+fila; y como Reyes, con el susto que le hab&iacute;an dado los que le rodearon,
+y las emociones anteriores, y la verg&uuml;enza de confesar la verdad, no
+acababa de hablar, por contuso se le tuvo, se le supuso v&iacute;ctima de un
+vah&iacute;do, pues tan p&aacute;lido estaba, y las mon&iacute;simas manos cuyo contacto de
+poco antes a&uacute;n sent&iacute;a en la piel, las de la Gorgheggi, le aplicaron
+esencias a las narices y le humedecieron las sienes. Un minuto despu&eacute;s
+se vio sentado en el confidente de raso azul que hab&iacute;a en el tocador de
+la tiple. Reyes se dej&oacute; compadecer, cuidar, mimar podr&iacute;a decirse, y no
+tuvo valor para negar el accidente. &iquest;C&oacute;mo decir que se hab&iacute;a ca&iacute;do al
+suelo de gusto, de amor, no derribado por aquella decoraci&oacute;n de monte
+espeso?</p>
+
+<p>Serafina parec&iacute;a adivinar la verdad en los ojos de su apasionado. Los
+curiosos los dejaron solos a poco; Mochi no m&aacute;s entraba y sal&iacute;a,
+felicit&aacute;ndose de que no hubiera habido una desgracia; y por fin se
+march&oacute; porque le llamaba el traspunte. La doncella de la Gorgheggi, que
+era partiquina, tuvo que presentarse tambi&eacute;n en escena; la tiple no
+cantaba hasta el final del acto.</p>
+
+<p>Para hacerle la operaci&oacute;n peligrosa de la <i>declaraci&oacute;n</i>, a lo que la
+ardiente inglesa estaba resuelta, tuvo que cloroformizarle con miradas
+el&eacute;ctricas y emanaciones de su cuerpo, muy pr&oacute;ximo al del paciente.
+Reyes, en efecto, all&aacute; entre sue&ntilde;os, se dej&oacute; abrir el pecho, y habl&oacute; sin
+saber lo que dec&iacute;a, aturdido y hecho un mar de l&aacute;grimas. La Gorgheggi,
+si hubiera sido m&aacute;s observadora, hubiera podido aprender en aquella
+confesi&oacute;n de su adorador lo que eran los Valc&aacute;rcel y ad&oacute;nde conduc&iacute;an
+los matrimonios desiguales. Bonifacio en aquel estado no era responsable
+de sus dichos ni de sus hechos; y as&iacute;, no se le pudo llamar traidor al
+pan que com&iacute;a, aunque habl&oacute; de Emma, la llam&oacute; por su nombre y tuvo que
+quejarse de la vida que semejante mujer le daba; y aun aturdido y todo,
+medio loco, no maltrat&oacute; a su c&oacute;nyuge; refiri&oacute; los hechos tal como eran,
+pero los comentarios fueron favorables a Emma; Serafina pudo o&iacute;r que
+aquella se&ntilde;ora ten&iacute;a gran talento, imaginaci&oacute;n, un car&aacute;cter en&eacute;rgico de
+hombre superior; hubiera sido un gran caudillo, un dictador; pero la
+suerte quiso que no tuviese a quien dictar nada, a no ser a &eacute;l, al pobre
+escribiente de D. Diego Valc&aacute;rcel.</p>
+
+<p>Ocho d&iacute;as pasaron sin que Mochi volviera a pedir dinero a Reyes. Durante
+una semana se juzg&oacute; este el hombre m&aacute;s feliz del mundo, a pesar de que
+jam&aacute;s hab&iacute;a experimentado hasta entonces tantos y tan graves apuros,
+acompa&ntilde;ados de insufribles remordimientos a ciertas horas. Fue en uno de
+aquellos tormentosos d&iacute;as cuando pens&oacute; por vez primera en su vida que
+una pasi&oacute;n fuerte todo lo avasalla, como hab&iacute;a le&iacute;do y o&iacute;do mil veces
+sin entenderlo. Se cre&iacute;a a veces un miserable, el m&aacute;s miserable de todos
+los maridos ordinariamente d&oacute;ciles; y, a ratos, se ten&iacute;a por un h&eacute;roe,
+por un hombre digno de figurar en una novela en calidad de protagonista.</p>
+
+<p>De los cuarenta duros no hab&iacute;a vuelto a acordarse Mochi, ni Reyes se
+atrevi&oacute; a ped&iacute;rselos; mas todas las noches, pasados pocos d&iacute;as, los de
+ceguedad completa para todo lo que no fuese el amor de la inglesa, al
+volver a casa temblando por varios motivos, iba pensando en los mil
+reales de la renta de la Comu&ntilde;a.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Pero c&oacute;mo reclamar aquel dinero por cuyo pr&eacute;stamo su <i>&iacute;dolo</i> le hab&iacute;a
+llamado galantuomo?&raquo;. Por cierto que, cuando pod&iacute;a discurrir con alguna
+tranquilidad, Bonifacio extra&ntilde;aba un poco dos cosas: primera, pensaba
+que Serafina estuviese enterada del favorcillo hecho a Mochi, a Julio,
+se dec&iacute;a &eacute;l; segunda, que ella hubiera dado a un servicio tan
+insignificante tanto valor. &laquo;&iquest;Habr&aacute; sido un pretexto para provocar mi
+declaraci&oacute;n? Eso debe de haber sido&raquo;. Las cavilaciones de Reyes en este
+punto no pasaron de ah&iacute;.</p>
+
+<p>A los ocho d&iacute;as de la <i>declaraci&oacute;n</i>, cuando Julio se atrevi&oacute; a pedirle
+dinero otra vez a Bonifacio, los amores de este con la Gorgheggi no
+hab&iacute;an pasado de los deliciosos preliminares que, por culpa del car&aacute;cter
+del var&oacute;n que en ellos ten&iacute;a inter&eacute;s, amenazaban prolongarse
+indefinidamente.</p>
+
+<p>En cuanto al segundo pr&eacute;stamo, Bonifacio tuvo que confesarse a s&iacute;
+mismo que lo hab&iacute;a tomado por un escopetazo, y que este era el apelativo
+que le hab&iacute;a aplicado en sus adentros.</p>
+
+<p>Julio pidi&oacute; cinco mil reales para pagar a un bajo profundo que estaba
+mal con el p&uacute;blico, porque aplaud&iacute;an m&aacute;s al bajo cantante que a &eacute;l, y
+dejaba la Compa&ntilde;&iacute;a por tes&oacute;n... y, dicho fuera en secreto, por
+exigencias de los abonados. No llegaba a cinco mil reales, ni con mucho,
+lo que hab&iacute;a que darle al bajo que se iba, pero... hab&iacute;a que adelantarle
+parte del sueldo a la <i>notabilidad</i> que ven&iacute;a a sustituirle... en fin,
+ello eran cinco mil reales: la Empresa no los ten&iacute;a en aquel momento....
+pero la renovaci&oacute;n del abono dar&iacute;a un resultado seguro y... eran habas
+contadas. Y <i>&eacute;l</i>, Mochi, sonre&iacute;a con la tranquilidad comunicativa con que
+sonr&iacute;e el titiritero sano y forzudo que hace trabajar en lo alto de una
+percha a un pobre ni&ntilde;o dislocado, que en el programa se llama su hijo.
+&laquo;Esa sonrisa&mdash;pensaba Reyes&mdash;, equivale a una hipoteca... pero no es
+confianza lo que me falta a m&iacute;, sino dinero&raquo;.</p>
+
+<p>No se le ocurri&oacute; pensar que negar aquel nuevo pr&eacute;stamo al tenor no era
+desairar a la tiple: un secreto escozor, de que no quer&iacute;a hacer caso, le
+dec&iacute;a siempre que entre los intereses de la Gorgheggi y los de su
+maestro hab&iacute;a una solidaridad misteriosa. &laquo;Negarle ese dinero a &eacute;l era
+neg&aacute;rselo a ella&raquo;, se dec&iacute;a sin poder remediarlo. &laquo;Y yo a ella... en
+estas circunstancias, no puedo negarle nada, ni siquiera lo que no
+tengo&raquo;.</p>
+
+<p>Pens&oacute; en D. Juan Nepomuceno, y hasta entr&oacute; en casa una noche con el
+prop&oacute;sito de pedirle cinco mil reales. &laquo;S&iacute;, no cab&iacute;a duda, hubiera sido
+el colmo del hero&iacute;smo. Yo le he prometido a usted devolverle mil reales
+a las veinticuatro horas de recibidos, &iquest;eh? &iquest;No es eso? Pues bien; aqu&iacute;
+me presento, a los ocho d&iacute;as, no a entregar esos cincuenta duros, sino a
+pedir cinco veces otro tanto&raquo;. &iexcl;Absurdo! El colmo del hero&iacute;smo, s&iacute;; pero
+absurdo.</p>
+
+<p>Y se acost&oacute; y apag&oacute; la luz, entreg&aacute;ndose a sus remordimientos, que ya
+iban siendo una costumbre casi necesaria para conciliar el sue&ntilde;o. Antes
+de dormirse resolvi&oacute; esto: que, sucediera lo que sucediera, &eacute;l,
+Bonifacio Reyes, no pedir&iacute;a ni un cuarto m&aacute;s al t&iacute;o de su mujer. Pero
+como hab&iacute;a prometido llevar al teatro al d&iacute;a siguiente los cinco mil
+reales, y lo hab&iacute;a ofrecido con una petulancia que nunca se perdonar&iacute;a,
+sin titubear, como si lo que a &eacute;l le sobrara fueran miles de reales;
+como hab&iacute;a que buscarlos, no dec&iacute;a encontrarlos, buscarlos sin falta, se
+levant&oacute; temprano y se dirigi&oacute;... a la plaza de la Constituci&oacute;n, lugar de
+cita de todos los mozos de cuerda del pueblo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; hago yo aqu&iacute;?&mdash;se dijo&mdash;. No parece sino que uno de estos gallegos
+me va a prestar cinco mil reales por mi cara bonita&mdash;. Los barrenderos
+levantaban nubes de polvo que un sol anaranjado te&ntilde;&iacute;a del mismo color de
+la niebla que se arrastraba sobre los tejados.</p>
+
+<p>&mdash;Pues lo que es uno de estos se&ntilde;ores de escoba tampoco creo yo que me d&eacute;
+lo que necesito. &iquest;Qu&eacute; hago yo aqu&iacute;?</p>
+
+<p>Y entonces vio que por una calle estrecha, la de Santiago, sub&iacute;a D.
+Benito el Mayor, escribano, hombre delgado y muy peque&ntilde;o, que ven&iacute;a
+sopl&aacute;ndose las manos y tra&iacute;a un rollo de papel debajo del brazo
+izquierdo. Le llamaban D. Benito el Mayor para distinguirle de don
+Benito el Menor, otro escribano, &eacute;ste muy buen mozo, que se apellidaba
+como el Mayor, Garc&iacute;a y Garc&iacute;a. Al peque&ntilde;o le llamaban el Mayor porque
+era el m&aacute;s antiguo o porque era el m&aacute;s rico. Prestaba dinero a las
+personas distinguidas, no era muy tirano en materia de r&eacute;ditos y plazos,
+y su discreci&oacute;n y sigilo eran proverbiales en la provincia.</p>
+
+<p>En cuanto Bonifacio reconoci&oacute; al <i>Mayor</i> sinti&oacute; la s&uacute;bita alegr&iacute;a que le
+proporcionaba siempre la conciencia de una resoluci&oacute;n irrevocable, en &eacute;l
+cosa rara. &laquo;Este es mi hombre&mdash;se dijo&mdash;; la Providencia me ha hecho
+madrugar hoy; por algo yo he venido a la plaza&raquo;.</p>
+
+<p>Media hora despu&eacute;s, Reyes recib&iacute;a trescientos duros en oro, de manos de
+D. Benito, en el despacho de este, sin m&aacute;s testigos que los libros del
+protocolo, que siempre hab&iacute;an inspirado a Bonifacio una especie de
+terror supersticioso.</p>
+
+<p>D. Benito el Mayor ten&iacute;a la costumbre de coger por las orejas a sus
+parroquianos y clientes a poca confianza que tuviera con ellos.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos a ver&mdash;dijo, tent&aacute;ndole el pulpejo de la oreja izquierda a
+Bonifacio&mdash;; ahora que ya tiene usted esos cuartos, sin m&aacute;s garant&iacute;a que
+un simple recibo... ahora que no puede usted sospechar que hable por
+negarle este insignificante favorcillo, &iquest;me permite usted que, sin &aacute;nimo
+de ofenderle, me atreva a hacerme cruces, un mill&oacute;n de cruces, viendo al
+jefe de la casa Valc&aacute;rcel venir a pedirme prestados seis mil reales?...</p>
+
+<p>&mdash;Yo no soy jefe de la casa Valc&aacute;rcel.</p>
+
+<p>&mdash;Usted es el marido de la &uacute;nica heredera de Valc&aacute;rcel... y no hace
+cuatro d&iacute;as que yo he otorgado la escritura de venta del famoso molino
+de Valdiniello; y usted lo sabe, pues usted ha firmado, como era
+necesario, todos los documentos que ha tra&iacute;do aqu&iacute; D. Juan, su t&iacute;o de
+usted....</p>
+
+<p>&mdash;Ni D. Juan es mi t&iacute;o....</p>
+
+<p>&mdash;Bien, de su se&ntilde;ora de usted; de usted por afinidad....</p>
+
+<p>Ni yo he firmado nada, iba a a&ntilde;adir Bonifacio; pero se contuvo
+recordando que s&iacute; hab&iacute;a firmado tal; pero hab&iacute;a firmado sin leer, sin
+enterarse, como suced&iacute;a siempre, y esta humillaci&oacute;n no se la pod&iacute;a
+confesar al escribano.</p>
+
+<p>Sin acabar la frase, y sin dar otras explicaciones, sali&oacute; de all&iacute;
+avergonzado, aturdido, como si acabara de robarle aquel dinero a don
+Benito; y se fue derecho al teatro.</p>
+
+<p>El notario, al verle salir as&iacute;, y <i>pensando mejor</i>, se arrepinti&oacute; de haber
+entregado aquellos cuartos a semejante mamarracho. Algo sab&iacute;a D. Benito,
+y a&uacute;n algos, del <i>pito que tocaba</i> Reyes en su casa; pero lo que acababa
+de o&iacute;r y lo que sospechaba le hac&iacute;a ver con claridad del mediod&iacute;a: y de
+resultas de esta clarividencia empez&oacute; a temer por su dinero. Pero le
+tranquiliz&oacute; enseguida el prop&oacute;sito de exigir serias garant&iacute;as al t&iacute;o D.
+Juan, que, por las se&ntilde;as, era el que mandaba en casa.</p>
+
+<p>A Bonifacio aquel d&iacute;a con las glorias se le fueron las memorias; entreg&oacute;
+cinco mil reales a Mochi, guard&oacute; los mil restantes con el presentimiento
+de no sab&iacute;a qu&eacute; gastos extraordinarios que tendr&iacute;an que sobrevenir, y se
+dej&oacute; asfixiar moralmente, como &eacute;l dec&iacute;a luego, por el incienso con que
+el tenor le pag&oacute;, por lo pronto, su generosidad caballeresca.</p>
+
+<p>Por la noche se cantaba el <i>D. Juan</i>, cosido a tijeretazos, y todav&iacute;a a
+las doce, despu&eacute;s de recibir una ovaci&oacute;n, le duraba el agradecimiento y
+el entusiasmo al tenor, que se encerr&oacute; en su cuarto con su car&iacute;simo
+Reyes, y en mangas de camisa y con un calz&oacute;n de punto, de seda color
+lila, muy ce&ntilde;ido, y en calcetines, apretaba contra su coraz&oacute;n a su
+<i>salvador</i>, y le llenaba la cara y el pelo de polvos de arroz, sin que ni
+uno ni otro se fijaran en estos pormenores.</p>
+
+<p>A las doce y media, a la luz de la luna, en mitad de la plaza del
+Teatro, hablaban con el tono de las confidencias misteriosas, &iacute;ntimas e
+interesantes, Serafina, Julio y Bonifacio. Julio juraba que Reyes ten&iacute;a
+el alma de artista, que si <i>le vicende</i> hubieran sido otras, sin duda se
+hubiera aventurado a vivir del arte y ser&iacute;a a estas horas un m&uacute;sico
+ilustre, un compositor, un gran instrumentista, Dios sab&iacute;a....</p>
+
+<p>&mdash;<i>Non &egrave; vero</i>, <i>mia figlia</i>?, con quel cuore ch'a questo' uomo... chi sacosa
+sarebbe diventato!...</p>
+
+<p>La Gorgheggi dec&iacute;a con entusiasmo contenido:</p>
+
+<p>&mdash;<i>Ma si babbo</i>, <i>ma si</i>!...</p>
+
+<p>Y pisaba con fuerza un pie de Bonifacio que ten&iacute;a debajo del suyo.</p>
+
+<p>&mdash;&laquo;<i>Babbo</i>, <i>figlia</i>!&raquo; pensaba el flautista; s&iacute;, en efecto, el trato de esta
+mujer y de este hombre es el filial, es el amor de hija y padre.... El
+arte, por modo espiritual, los ha hecho padre e hija.... Y ya estimaba a
+Mochi como una especie de suegro art&iacute;stico... y &iexcl;adulterino!</p>
+
+<p>&iexcl;Aquello era felicidad! &Eacute;l, un pobre provinciano, ex escribiente, un
+trapo de fregar en casa de su mujer; el &uacute;ltimo ciudadano del pueblo m&aacute;s
+atrasado del mundo, estaba all&iacute;, a las altas horas de la noche,
+hablando, en el seno de la mayor intimidad, de las grandes emociones de
+la vida art&iacute;stica, con dos estrellas de la escena, con dos personas que
+acababan de recibir sendas ovaciones en las tablas... y ella, la <i>diva</i>,
+le amaba; s&iacute;, se lo hab&iacute;a dado a entender de mil modos; y &eacute;l, el tenor,
+le admiraba y le juraba eterno agradecimiento.</p>
+
+<p>A Mochi se le antoj&oacute; de repente volverse a contadur&iacute;a, donde hab&iacute;a
+dejado alg&uacute;n dinero, y como no se fiaba de la cerradura... &laquo;Id andando&raquo;,
+dijo, y ech&oacute; a correr. La posada de la Gorgheggi y de Mochi, que era la
+misma, estaba lejos; hab&iacute;a que seguir a lo largo todo el paseo de los
+&Aacute;lamos para llegar a la tal fonda. Serafina y Bonifacio echaron a andar.
+A los tres pasos, en la sombra de una torre, ella se cogi&oacute; del brazo de
+su amigo sin decir palabra. &Eacute;l se dej&oacute; agarrar, como cuando Emma se
+escap&oacute; con &eacute;l de casa. La Gorgheggi hablaba de Italia, de la felicidad
+que ser&iacute;a vivir con un hombre amado y espiritual, capaz de comprender el
+alma de una artista, all&aacute;, en un rinc&oacute;n de verdura de Lombard&iacute;a, que
+ella conoc&iacute;a y amaba....</p>
+
+<p>Hubo un momento de silencio. Estaban en mitad del paseo de los &Aacute;lamos,
+desierto a tales horas. La luna corr&iacute;a, detr&aacute;s de las nubes tenues que
+el viento empujaba.</p>
+
+<p>&mdash;Serafina&mdash;dijo Bonifacio con voz temblona, pero de un timbre met&aacute;lico,
+de energ&iacute;a, en &eacute;l completamente nuevo&mdash;; Serafina, usted debe de tenerme
+por tonto.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute;, Bonifacio?</p>
+
+<p>&mdash;Por mil razones.... Pues bien... todo esto... es respeto... es amor. Yo
+estoy casado, usted lo sabe... y cada vez que me acerco a usted para
+pedirle que... que me corresponda... temo ofenderla, temo que usted no
+me entienda. Yo no s&eacute; hablar; no he sabido nunca; pero estoy loco por
+usted; s&iacute;, loco de verdad... y no quisiera ofenderla. Lo que yo he hecho
+por usted... no cre&iacute; nunca poder atreverme a hacerlo.... Usted no sabe lo
+que es, no ha de saberlo nunca, porque me da verg&uuml;enza decirlo.... Yo soy
+muy desgraciado; nadie me ha querido nunca, y yo no le encuentro
+sustancia, verdadera sustancia, a nada de este mundo m&aacute;s que al
+cari&ntilde;o.... Si me gusta la m&uacute;sica tanto es por eso, porque es suave,
+porque me acaricia el alma; y ya le he dicho a usted que su voz de usted
+no es como las dem&aacute;s voces; yo no he o&iacute;do nunca&mdash;y va de nuncas&mdash;una voz
+as&iacute;; las habr&aacute; mejores, pero no se meter&aacute;n por el alma m&iacute;a como esa;
+otros dicen que es pastosa... yo no entiendo de pastas de voces; pero
+eso de lo pastoso debe de ser lo que yo llamo voz de madre, voz que me
+arrulla, que me consuela, que me da esperanza, que me anima, que me
+habla de mis recuerdos de la cuna... &iexcl;qu&eacute; s&eacute; yo!, &iexcl;qu&eacute; s&eacute; yo,
+Serafina!... Yo siempre he sido muy aficionado a los recuerdos, a los
+m&aacute;s lejanos, a los de ni&ntilde;o; en mis penas, que son muchas, me distraigo
+recordando mis primeros a&ntilde;os, y me pongo muy triste; pero mejor, eso
+quiero yo; esta tristeza es dulce; yo me acuerdo de cuando me vacunaron;
+dir&aacute; usted que qu&eacute; tiene eso que ver.... Es verdad; pero ya le he dicho
+que yo no s&eacute; hablar.... En fin, Serafina, yo la adoro a usted, porque,
+casado y todo... no deb&iacute;a estarlo. No, juro a Dios que no; nunca me he
+rebelado contra la suerte hasta ahora; pero tiene usted la culpa, porque
+ha tenido l&aacute;stima de m&iacute; y me ha mirado as&iacute;... y me ha sonre&iacute;do as&iacute;... y
+me <i>ha cantado</i> as&iacute;... &iexcl;Ay, si usted viera lo que yo tengo aqu&iacute; dentro! Yo
+hab&iacute;a o&iacute;do hablar de pasiones; &iexcl;esto es, esto es una pasi&oacute;n... cosa
+terrible!, &iquest;qu&eacute; ser&aacute; de m&iacute; en march&aacute;ndose usted? Pero, no importa; la
+pasi&oacute;n me asusta, me aterra; pero, con todo, no hubiera querido morirme
+sin sentir esto, suceda despu&eacute;s lo que quiera. &iexcl;Ay, Serafina de mi alma,
+qui&eacute;rame usted por Dios, porque estoy muy solo y muy despreciado en el
+mundo y me muero por usted...!</p>
+
+<p>Y no pudo continuar porque las l&aacute;grimas y los sollozos le ahogaban.
+Estaban casi sin sentido, en pie, en mitad del paseo; deliraba; la luna
+y la tiple se le antojaban en aquel momento una misma cosa; por lo
+menos, dos cosas &iacute;ntimamente unidas.... Volvi&oacute; a creer, como la noche del
+primer pr&eacute;stamo, que le faltaban las piernas; <i>en suma</i>, se sent&iacute;a muy
+mal, necesitaba amparo, mucho cari&ntilde;o, un regazo, seguridades
+facultativas de que no estaba muri&eacute;ndose. &laquo;Iba a ahogarse de
+enternecimiento; esa era la fija&raquo;, pensaba &eacute;l.</p>
+
+<p>La Gorgheggi mir&oacute; en rededor, se asegur&oacute; de que no hab&iacute;a testigos, le
+brillaron los ojos con el fuego de una lujuria espiritual, alambicada,
+y, cogiendo entre sus manos finas y muy blancas la cabeza hermosa de
+aquel Apolo bonach&oacute;n y rom&aacute;ntico, algo envejecido por los dolores de una
+vida prosaica, de tormentos humillantes, le hizo apoyar la frente sobre
+el propio seno, contra el cual apret&oacute; con vehemencia al pobre enamorado;
+despu&eacute;s, le busc&oacute; los labios con los suyos temblorosos....</p>
+
+<p>&mdash;<i>Un baccio</i>, <i>un baccio</i>&mdash;murmuraba ella <i>gritando</i> con voz baja, apasionada.
+Y entre los sue&ntilde;os de una voluptuosidad ciega y loca, la ve&iacute;a Bonifacio
+casi desvanecido; despu&eacute;s no oy&oacute; ni sinti&oacute; nada, porque cay&oacute; redondo,
+entre convulsiones.</p>
+
+<p>Cuando volvi&oacute; en s&iacute; se encontr&oacute; tendido en un banco de madera, a su lado
+hab&iacute;a tres sombras, tres fantasmas, y del vientre de uno de ellos
+brotaba la luz de un sol que le cegaba con sus llamaradas rojizas. El
+sol era la linterna del sereno; las dos sombras restantes la Gorgheggi y
+Mochi que rociaban el rostro de su amigo con agua del pil&oacute;n de la fuente
+vecina....</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="VI" id="VI"></a>-VI-</h2>
+
+
+<p>A la ma&ntilde;ana siguiente, a las ocho, despertaron a Bonifacio dici&eacute;ndole
+que deseaba verle un se&ntilde;or sacerdote.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Un sacerdote a m&iacute;! Que entre.</p>
+
+<p>Salt&oacute; de la cama y pas&oacute; al gabinete contiguo a su alcoba; no puede
+decirse a su gabinete, pues era de uso com&uacute;n a todos los de casa.
+At&aacute;ndose los cordones de la bata salud&oacute; a un viejecillo que entraba
+haciendo reverencias con un sombrero de copa alta muy grande y muy
+grasiento. Era un pobre cura de aldea, de la monta&ntilde;a, de aspecto humilde
+y aun miserable.</p>
+
+<p>Miraba a un lado y a otro; y, despu&eacute;s de los saludos de ordenanza, pues
+en tal materia no mostraban gran originalidad ninguno de los
+interlocutores, el cl&eacute;rigo accedi&oacute; a la invitaci&oacute;n de sentarse,
+apoy&aacute;ndose en el borde de una butaca.</p>
+
+<p>&mdash;Pues&mdash;dijo&mdash;, siendo usted efectivamente el leg&iacute;timo esposo de do&ntilde;a Emma
+Valc&aacute;rcel, heredera &uacute;nica y universal de D. Diego, que en paz descanse,
+no cabe duda que es usted la persona que debe o&iacute;r... lo que, en el
+secreto de la confesi&oacute;n... se me ha encargado decirle.... S&iacute;, se&ntilde;or, a
+ella o a su marido, se me ha dicho... y yo... la verdad... prefiero
+siempre entenderme con... mis semejantes... masculinos, dig&aacute;moslo as&iacute;. A
+falta de usted no hubiera vacilado, cr&eacute;ame, se&ntilde;or m&iacute;o, en abocarme, si a
+mano viene, con la misma do&ntilde;a Emma Valc&aacute;rcel, heredera universal y &uacute;nica
+de....</p>
+
+<p>&mdash;Pero vamos, se&ntilde;or cura, sepamos de qu&eacute; se trata&mdash;dijo con alguna
+impaciencia Bonifacio, que lleno de remordimientos aquella ma&ntilde;ana,
+sent&iacute;a exacerbada su costumbre supersticiosa de temer siempre malas
+noticias en las inesperadas y que se anunciaban con misterio.</p>
+
+<p>&mdash;Yo exijo... es decir... deseo... no por m&iacute;, sino por el secreto de la
+confesi&oacute;n... lo delicado del mensaje....</p>
+
+<p>El cura no sab&iacute;a c&oacute;mo concluir; pero miraba a la puerta, que hab&iacute;a
+quedado de par en par.</p>
+
+<p>Como su mujer dorm&iacute;a a tales horas, Bonifacio no tuvo inconveniente en
+levantarse y cerrar la puerta de la estancia, pues no siendo Emma, nadie
+se atrever&iacute;a a pedirle cuenta de aquellos tapujos.</p>
+
+<p>&mdash;Lo que usted quer&iacute;a era esto, &iquest;verdad?&mdash;dijo con aire de triunfo, y como
+hombre que manda en su casa y que puede a su antojo tener las puertas de
+<i>su</i> gabinete abiertas o cerradas.</p>
+
+<p>&mdash;Perfectamente, s&iacute;, se&ntilde;or, eso; secreto, mucho secreto. De usted para m&iacute;
+nada m&aacute;s.... Despu&eacute;s usted dar&aacute; cuenta de lo sucedido a su se&ntilde;ora
+esposa... o no se la dar&aacute;; eso all&aacute; usted... porque yo no me meto en
+interioridades.... Al fin usted ser&aacute;, naturalmente, el administrador de
+los bienes de su se&ntilde;ora... y aunque yo no s&eacute; si estos son parafernales o
+no... porque no entiendo... y... sobre todo no me importa, y, al fin, el
+marido suele administrarlo todo... eso es; tal entiendo que es la
+costumbre... y como la ley no se opone....</p>
+
+<p>&mdash;Pero, se&ntilde;or cura, repare usted que yo no comprendo una palabra de lo
+que usted me dice.... Comience usted por el principio....</p>
+
+<p>Sonri&oacute; el cl&eacute;rigo y dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Paciencia, se&ntilde;or m&iacute;o, paciencia. El principio viene despu&eacute;s. Todo esto
+lo digo para tranquilidad de mi conciencia. He consultado al chico de
+Bernueces, que es boticario y abogado... sin precisar el caso, por
+supuesto... y, la verdad, me decido a entregarle a usted los cuartos sin
+escr&uacute;pulos de conciencia.... S&iacute;, usted, el marido, es la persona legal y
+moralmente determinada, eso es, para recibir esta cantidad....</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Una cantidad!</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, se&ntilde;or, siete mil reales.</p>
+
+<p>Y el cura meti&oacute; una mano en el bolsillo interior de su larga y mugrienta
+levita de alpaca, y sac&oacute; de aquella cueva que ol&iacute;a a tabaco, entre migas
+de pan y colillas de cigarros, un cucurucho que deb&iacute;a de contener onzas
+de oro.</p>
+
+<p>Bonifacio se puso en pie, y sin darse cuenta de lo que hac&iacute;a, alarg&oacute; la
+mano hacia el cucurucho.</p>
+
+<p>El cura se sonri&oacute; y entreg&oacute; el paquete sin extra&ntilde;ar aquel movimiento
+involuntario del marido de la do&ntilde;a Emma, que recib&iacute;a onzas de oro sin
+saber por qu&eacute; se le daban.</p>
+
+<p>Mas Bonifacio volvi&oacute; en s&iacute; y exclam&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Pero &iquest;a santo de qu&eacute; me trae usted... esto?...</p>
+
+<p>&mdash;Son siete mil reales....</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero de qu&eacute;? Yo no soy... quien....</p>
+
+<p>Iba a decir que el que all&iacute; corr&iacute;a con las cuentas de todo era D. Juan
+Nepomuceno; pero se contuvo, porque sol&iacute;a darle verg&uuml;enza que los
+extra&ntilde;os conocieran esta abdicaci&oacute;n de sus derechos.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Esto ser&aacute; alguna deuda antigua?&mdash;dijo por fin.</p>
+
+<p>&mdash;No se&ntilde;or... y s&iacute; se&ntilde;or. Me explicar&eacute;...</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, hombre, acabemos.</p>
+
+<p>&mdash;Estos siete mil reales... proceden... de una restituci&oacute;n... s&iacute;, se&ntilde;or;
+una restituci&oacute;n hecha en el secreto de la confesi&oacute;n... <i>in articulo
+mortis</i>... La persona que devuelve esos siete mil reales a los herederos,
+a la &uacute;nica y universal heredera de D. Diego Valc&aacute;rcel, esa persona &iquest;me
+comprende usted?, no quiso irse al otro mundo con el cargo de conciencia
+de esa cantidad... que deb&iacute;a... y que no deb&iacute;a... es decir... yo... no
+puedo tampoco hablar m&aacute;s claro... porque... la confesi&oacute;n, ya ve usted,
+es una cosa muy delicada....</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute; que es&mdash;exclam&oacute; Bonifacio, que se hab&iacute;a puesto muy p&aacute;lido y estaba
+pensando en lo que el cura de la monta&ntilde;a ni remotamente pod&iacute;a sospechar.</p>
+
+<p>&mdash;Sin embargo, yo... no debo... as&iacute;, en absoluto... omitir las
+circunstancias que explican, en cierto modo, la cosa. Esto, me dije yo a
+m&iacute; mismo, es indispensable para que los herederos, o la heredera, o
+quien haga sus veces, admitan sin reparo esta cantidad, con la
+conciencia tranquila de quien toma lo que es suyo. Pues, s&iacute;, se&ntilde;ores, de
+ustedes es... ya lo creo.... Ver&aacute; usted; es el caso que... aqu&iacute; hay que
+omitir determinadas indicaciones que no favorecen la memoria de....</p>
+
+<p>&mdash;Del difunto.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;De qu&eacute; difunto?</p>
+
+<p>&mdash;Del que restituye....</p>
+
+<p>&mdash;No se&ntilde;or; del difunto... de otro difunto. No me tire usted de la
+lengua, eso no est&aacute; bien.</p>
+
+<p>&mdash;No, si yo no tiro... &iexcl;Dios me libre! Ello ser&aacute; que la casa Valc&aacute;rcel
+prest&oacute; este dinero sin garant&iacute;as... y ahora....</p>
+
+<p>El cura estaba diciendo que no con la cabeza desde que Bonifacio hab&iacute;a
+dicho <i>casa</i>.</p>
+
+<p>&mdash;No, se&ntilde;or; no fue pr&eacute;stamo, fue donaci&oacute;n <i>inter vivos</i>.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y entonces?</p>
+
+<p>&mdash;Entonces... no me tire usted de la lengua. He dicho ya que la cosa no
+era favorable a la memoria del difunto.... X, llam&eacute;mosle X, que en paz
+descanse. Bueno, pues no me he explicado bien: es favorable y no es
+favorable, porque en rigor... &eacute;l es inocente, en este caso concreto a lo
+menos; y adem&aacute;s, aunque no lo fuera... el que rompe paga... y &eacute;l quer&iacute;a
+pagar... s&oacute;lo que no hab&iacute;a roto... &iquest;Me explico?</p>
+
+<p>&mdash;No, se&ntilde;or; pero no importa. No se moleste usted.</p>
+
+<p>Al cura empezaba a parecerle un majadero el marido de la do&ntilde;a Emma
+Valc&aacute;rcel.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Usted conoci&oacute;... trat&oacute; al difunto.... Don Diego?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, se&ntilde;or; como que era mi suegro... quiero decir, mi principal.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Si estar&aacute; loco, o ser&aacute; tonto este se&ntilde;orito?&mdash;pens&oacute; el cl&eacute;rigo.</p>
+
+<p>De repente se le ocurri&oacute; una idea feliz.</p>
+
+<p>&mdash;Oiga usted&mdash;exclam&oacute;&mdash;. Ahora se me ocurre explic&aacute;rselo a usted todo
+mediante un s&iacute;mil... y de este modo... &iquest;eh?, se lo digo... y no se lo
+digo, &iquest;me entiende usted?</p>
+
+<p>&mdash;Vamos a ver&mdash;dijo Bonifacio, que apenas o&iacute;a, porque estaba manteniendo
+una lucha terrible con su conciencia.</p>
+
+<p>&mdash;Figur&eacute;monos que usted es cazador... y va y pasa por una heredad m&iacute;a;
+supongamos que soy yo el otro; bueno, pues usted ve dentro de mi heredad
+un ciervo, un jabal&iacute;... lo que usted quiera, una liebre....</p>
+
+<p>&mdash;Una liebre&mdash;dijo Reyes maquinalmente.</p>
+
+<p>&mdash;Va, y &iexcl;pum!...</p>
+
+<p>El fogonazo, remedado con mucha propiedad por el cura, hizo dar un salto
+a Bonis, que estaba muy nervioso.</p>
+
+<p>&mdash;Dispara usted su escopeta y me...; no, no conviene que sea liebre; es
+mejor caza mayor para mi caso; y cae lo que usted cree robezo o
+ciervo...; pero no hay tal ciervo ni robezo, sino que ha matado usted
+una vaca m&iacute;a que pastaba tranquilamente en el prado. &iquest;Qu&eacute; hace usted? En
+mi ejemplo, en mi caso, pagarme la vaca por medio de una donaci&oacute;n inter
+vivos... importante siete mil reales. Yo me guardo los siete mil reales
+y el chico, digo, la vaca. Pero ahora viene lo mejor, y es que usted no
+ha sido el matador. El tiro no dio en el blanco, el tiro de usted se fue
+all&aacute;, por las nubes.... S&oacute;lo que antes que usted, mucho antes, otro
+cazador, escondido, hab&iacute;a disparado tambi&eacute;n... y ese fue el que mat&oacute; la
+res, y se qued&oacute; con ella y con los siete mil reales de usted. Pasa
+tiempo, muere usted, es un decir, y muere tambi&eacute;n el otro; pero antes de
+morir se arrepiente de la trampa, y quiere devolver a los herederos de
+usted el dinero que, en rigor, no es suyo, aunque usted se lo ha dado....
+<i>inter vivos</i>. (El cura daba gran importancia a este lat&iacute;n, sin el cual no
+cre&iacute;a bien explicada la idea de la donaci&oacute;n.) &iquest;Eh, qu&eacute; tal, me ha
+comprendido usted?</p>
+
+<p>Ni palabra. Bonifacio no comprendi&oacute; que se trataba de uno de aquellos
+agujeros de honor que D. Diego hab&iacute;a tapado con dinero. En este caso
+concreto, como dec&iacute;a el cura, la lesi&oacute;n de honra no exist&iacute;a, o, por lo
+menos, no era D. Diego el causante, y se le hab&iacute;a hecho pagar lo que no
+deb&iacute;a. La persona que hab&iacute;a lucrado, gracias a la asustadiza conciencia
+del jurisconsulto, siempre temeroso del esc&aacute;ndalo, restitu&iacute;a a la hora
+de la muerte, por miedo del infierno probablemente.</p>
+
+<p>El cura crey&oacute; suficientes sus explicaciones; y, muy satisfecho del
+s&iacute;mil, cuya exposici&oacute;n le hab&iacute;a hecho sudar, se limpiaba el cogote con
+su pa&ntilde;uelo verde con rayas blancas, sin cuidarse ya de que aquel
+caballero, que parec&iacute;a tonto, hubiese comprendido o no.... El secreto de
+la confesi&oacute;n y la buena memoria de D. Diego no le permit&iacute;an a &eacute;l ser m&aacute;s
+largo ni m&aacute;s expl&iacute;cito.</p>
+
+<p>Habl&oacute; m&aacute;s, pero sin nueva sustancia; insisti&oacute; mucho en que aquello deb&iacute;a
+quedar all&iacute;, y arranc&oacute; a Bonifacio la palabra de honor de que s&oacute;lo &eacute;l y
+su se&ntilde;ora, si &eacute;l lo cre&iacute;a decente, deb&iacute;an enterarse de lo sucedido.</p>
+
+<p>&mdash;Nadie m&aacute;s. Ya ve usted, es delicado... y los maliciosos, sobre todo
+all&aacute; en el pueblo, si saben que yo vine... y entregu&eacute;... enseguida caen
+en la cuenta. Mucho sigilo pues. Adem&aacute;s, la misma se&ntilde;orita... quiero
+decir, la se&ntilde;ora de usted, debe saber lo menos posible; podr&iacute;a
+cavilar... y las mujeres, sobre todo las casadas, las cazan al vuelo, y
+podr&iacute;a comprenderlo todo. &laquo;Mejor que t&uacute;, por lo que veo&raquo;; a&ntilde;adi&oacute; para
+s&iacute;.</p>
+
+<p>Y sali&oacute; el se&ntilde;or cura de la monta&ntilde;a satisfecho de s&iacute; mismo, confiado en
+la palabra de honor de aquel se&ntilde;or soso y casi tonto, que, a pesar de
+todo, ten&iacute;a cara de honrado y de persona formal.</p>
+
+<p>&mdash;Se puede ser fiel a la palabra y tener pocos alcances, se dec&iacute;a el
+cl&eacute;rigo bajando la escalera.</p>
+
+<p>A Bonifacio se le hab&iacute;a ocurrido, ante todo, ver en aquello que &eacute;l
+llamaba casualidad la mano de la Providencia. Pero acto continuo a&ntilde;adi&oacute;
+para s&iacute;: &laquo;La mano de la providencia... del diablo&raquo;. Porque lo primero
+que pens&oacute; hacer de aquel dinero que le ven&iacute;a llovido del... infierno,
+fue llev&aacute;rselo a D. Benito el Mayor, para tapar aquel antro horrible de
+la deuda, aquel agujero negro, por donde se escapaban las furias del
+Averno (estilo Bonifacio), grit&aacute;ndole: &laquo;Infame, ad&uacute;ltero, &iquest;qu&eacute; has hecho
+de la fortuna de tu mujer?&raquo;. En vano la raz&oacute;n dec&iacute;a: &laquo;Ni t&uacute; has sido
+ad&uacute;ltero hasta la fecha, a no ser por palabra de presente, ni la fortuna
+de tu mujer est&aacute; comprometida por ese pr&eacute;stamo de seis mil reales, aun
+suponiendo que los pagase ella&raquo;. No importaba; los remordimientos, o,
+m&aacute;s bien el miedo que ten&iacute;a a Emma y a D. Juan Nepomuceno, no le hab&iacute;an
+dejado dormir aquella noche. Lo que &eacute;l llamaba ser ad&uacute;ltero quedaba en
+segundo lugar; alambicando mucho, a fuerza de sofismas, tal vez
+encontrar&iacute;a medio de disculpar a sus propios ojos aquel amor
+ileg&iacute;timo... pero lo del dinero no admit&iacute;a excusas; &eacute;l hab&iacute;a pedido seis
+mil reales a un prestamista, abusando del cr&eacute;dito de su mujer. Esto era
+inicuo... y lo que era peor, muy expuesto a una tragedia dom&eacute;stica. La
+imaginaci&oacute;n, <i>la loca de la casa</i>, le pon&iacute;a delante el cuadro aterrador:
+&laquo;Emma saltaba de la cama con su gorro de dormir, p&aacute;lida, huesuda,
+echando fuego por los ojos y avanzaba en silencio hacia &eacute;l, estrujando
+en la mano temblorosa un recibo que D. Juan Nepomuceno acababa de
+entregarle, impasible, como siempre, envuelto en la dignidad de sus
+patillas. &iexcl;Lo sab&iacute;a todo! Lo de los cincuenta duros, lo de los seis mil
+reales y lo del paseo por la noche... &iexcl;Entre el sereno y Nepomuceno la
+hab&iacute;an puesto al cabo de la calle! &iexcl;Qu&eacute; horror! &iexcl;Ad&oacute;nde puede llegar la
+fantas&iacute;a!&raquo;, pensaba Bonifacio temblando de pies a cabeza. Por fortuna
+aquello no era m&aacute;s que un cuadro imaginado.... Pero la realidad podr&iacute;a
+llegar a parec&eacute;rsele. Y aquel se&ntilde;or cura se le presentaba con siete mil
+reales, que &eacute;l, Bonifacio, podr&iacute;a gastar en lo que quisiera, sin que
+persona nacida lo estorbase ni lo supiese. Es m&aacute;s, el secreto era all&iacute;
+lo principal. Y &iquest;c&oacute;mo guardar el secreto haciendo ingresar aquellos
+miles en lo que llamaba D. Juan Nepomuceno la <i>caja</i>? Ni el cura ni el que
+restitu&iacute;a, honrado penitente, sab&iacute;an que &eacute;l, Bonis, all&iacute; no tocaba pito,
+ni administraba, a pesar de lo que dispon&iacute;an ciertas leyes recopiladas,
+seg&uacute;n le hab&iacute;an asegurado; &eacute;l, pese a todas las leyes del mundo, no
+dispon&iacute;a de un cuarto, y s&oacute;lo serv&iacute;a para firmar como en un barbecho
+cuantos papeles le presentaba el de las patillas. Pues bien; siendo as&iacute;,
+&iquest;c&oacute;mo incorporar aquel dinero al caudal de su mujer sin que nadie se
+enterase? Imposible. Por este lado la conciencia le dec&iacute;a: &laquo;Haz de tu
+capa un sayo&raquo;. Pero emplear aquellos cuartos en su provecho, &iquest;no era
+robar a su mujer? S&iacute; y no. No, porque con ellos iba a tapar una brecha
+abierta al cr&eacute;dito de la casa Valc&aacute;rcel. Ya se sab&iacute;a que &eacute;l no ten&iacute;a un
+cuarto, ni de d&oacute;nde le viniera, y que D. Benito el Mayor hab&iacute;a prestado
+fi&aacute;ndose del capital de Emma; m&aacute;s era; el mismo Bonifacio reconoc&iacute;a que
+en su fuero interno siempre hab&iacute;a pensado en pagar con dinero de su
+mujer, aunque le asustaba pensar en el c&oacute;mo y cu&aacute;ndo. Por este lado no
+era robar lo que quer&iacute;a hacer. Por otra parte, s&iacute; era robar; porque....
+porque aquello era... un robo, un fraude o como se dijera, pero ello era
+robar.</p>
+
+<p>Satisfecho de s&iacute; mismo hasta cierto punto, en medio de aquella
+desolaci&oacute;n moral, contemplaba la rectitud de su alma, que rechazaba
+sofismas vanos y gritaba: &laquo;&iexcl;<i>robar, robar</i>!&raquo;. Lo cual no impidi&oacute; que Bonis
+se lavase y vistiera lo m&aacute;s de prisa que pudo y saliese de casa sin ser
+visto ni o&iacute;do, con &aacute;nimo de estar de vuelta antes que Emma despertase.</p>
+
+<p>&laquo;Estas cosas hay que hacerlas as&iacute;, iba pensando por la calle. Si vacilo,
+si me estoy d&iacute;as y d&iacute;as d&aacute;ndome jaqueca con la idea de que esto es un
+crimen... a lo mejor viene el trueno gordo, D. Benito se cansa de
+esperar, Nepomuceno se entera del caso y... primero morir; cien veces la
+muerte y el infierno. A pagar, a pagar. &iquest;No quer&iacute;a secreto el se&ntilde;or
+cura? Pues ya ver&aacute; qu&eacute; secreto. Y soy un ladr&oacute;n, no cabe duda, un
+ladr&oacute;n.... S&iacute;, pero ladr&oacute;n por amor&raquo;. Esta <i>frase interior</i> tambi&eacute;n le
+satisfizo y tranquiliz&oacute; un poco. &laquo;&iexcl;Ladr&oacute;n por amor!&raquo;. Estaba muy bien
+pensado. Lleg&oacute; al portal de la casa del escribano. &laquo;&iquest;Subir&iacute;a? S&iacute;; en
+&uacute;ltimo caso, si lo que iba a hacer era un verdadero delito, su honradez
+heredada, la fuerza de la sangre, limpia de todo crimen, el instinto del
+bien obrar, <i>en suma</i>, le impedir&iacute;an llevar a cabo lo que intentaba. Se le
+trabar&iacute;a la lengua o se le doblar&iacute;an las piernas, como en recientes
+aventuras de otra &iacute;ndole; si nada de esto le suced&iacute;a, no deb&iacute;a de haber
+tal crimen ni tales alforjas&raquo;.</p>
+
+<p>D. Benito estaba en pie en medio de su despacho oscuro, de techo bajo;
+estaba rodeado de escribientes que trabajaban en vetustos escritorios
+forrados de mulet&oacute;n verde. Los libros del protocolo, macizos y graves,
+de lomo pardo, estaban all&iacute;, con la solemnidad misteriosa que tal pavor
+supersticioso infund&iacute;a en el alma rom&aacute;ntica y nada jurisperita de Bonis.</p>
+
+<p>El notario se acerc&oacute; a su amigo el Sr. Reyes y le frot&oacute; las orejas con
+ambas manos como para entrar en calor. Fingimiento inveros&iacute;mil, pues
+estaba la atm&oacute;sfera que ard&iacute;a, seg&uacute;n el otro.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; hay, perill&aacute;n? &iquest;A qu&eacute; viene usted aqu&iacute;? &iquest;A robarme tiempo, eh?
+Pues me lo pagar&aacute; usted en dinero, porque el tiempo es oro. Y se re&iacute;a D.
+Benito, encantado con su propia gracia.</p>
+
+<p>&mdash;Sr. Garc&iacute;a, quisiera hablar con usted dos palabras....</p>
+
+<p>Bonifacio hizo un gesto que ped&iacute;a una entrevista a solas.</p>
+
+<p>D. Benito, cogiendo al deudor por las solapas del gab&aacute;n, le llev&oacute; tras
+de s&iacute; a un gabinete contiguo, cuyas paredes estaban ocultas tambi&eacute;n por
+estantes, continuaci&oacute;n del protocolo. All&iacute; estaban los libros de siglos
+pasados. &laquo;&iexcl;Dios m&iacute;o, pensaba sin querer Bonis, bien antiguos son estos
+l&iacute;os del papel sellado y las triqui&ntilde;uelas de los escribanos!&raquo;. Sin saber
+por qu&eacute;, se acord&oacute; de haber o&iacute;do describir las bodegas de Jerez y las
+soleras de fecha remota, que ostentaban en la panza su antig&uuml;edad
+sagrada. &laquo;&iexcl;Qu&eacute; diferencia, pens&oacute;, entre aquello y esto!&raquo;.</p>
+
+<p>D. Benito le volvi&oacute; a la realidad.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos a ver, se&ntilde;or m&iacute;o, desembuche usted....</p>
+
+<p>
+<span style="margin-left: 2.5em;">&laquo;Solos estamos los dos,</span><br />
+<span style="margin-left: 3em;">solos delante del cielo...&raquo;.</span><br />
+</p>
+
+<p>&iexcl;Je, je!...</p>
+
+<p>El notario, despu&eacute;s de declamar aquellos dos versos de una comedia de
+aficionados, muchas veces representada en el pueblo porque era de
+<i>hombres solos</i>, dio una palmadita en el vientre a Reyes; y de pronto se
+qued&oacute; muy serio, muy serio, sin decir palabra, como dando a entender:
+&laquo;Soy todo o&iacute;dos; basta de chistes; aqu&iacute; tiene usted al representante de
+la fe p&uacute;blica, o al prestamista sin entra&ntilde;as, lo que usted quiera&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Sr. Garc&iacute;a, vengo a pagar a usted aquel piquillo....</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; piquillo?</p>
+
+<p>&mdash;Los seis mil reales que usted tuvo la amabilidad....</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; amabilidad?, quiero decir, &iquest;qu&eacute; seis mil reales?... Usted no me
+debe nada.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; bromista es usted!&mdash;dijo Bonis, que m&aacute;s estaba para recibir los
+Santos Sacramentos que para chistes.</p>
+
+<p>Y se dej&oacute; caer en una silla y empez&oacute; a contar onzas sobre una mesa.</p>
+
+<p>Aquel dinero le quemaba los dedos, pensaba &eacute;l, o deb&iacute;a quem&aacute;rselos. La
+verdad era que la operaci&oacute;n material de contar el dinero la hizo con
+bastante tranquilidad, muy atento s&oacute;lo a no equivocarse, como sol&iacute;a;
+porque el reducir aquello a miles de reales, le parec&iacute;a c&aacute;lculo superior
+a sus fuerzas ordinarias.</p>
+
+<p>D. Benito le dejaba hacer, estupefacto, o tal vez por el gusto de
+<i>amateur</i>. Era indudable que el espect&aacute;culo del oro le quitaba siempre la
+gana de bromear. Fuese por lo que fuese, la presencia del dinero siempre
+era cosa muy seria.</p>
+
+<p>&mdash;Aqu&iacute; est&aacute;n los seis mil; c&aacute;mbieme usted esta....</p>
+
+<p>&mdash;Pero...&mdash;a D. Benito se le atragant&oacute; algo muy serio tambi&eacute;n&mdash;; pero....
+&iquest;qu&eacute; est&aacute; usted haciendo ah&iacute;, criatura?... &iquest;No le digo... a usted que....
+ya no me debe nada?</p>
+
+<p>&mdash;Sr. Garc&iacute;a... celebrar&iacute;a estar de buen humor para poder segu&iacute;rselo a
+usted....</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Se&ntilde;or diablo!, le digo a usted que ayer mismo <i>me he reintegrado</i> de esa
+cantidad insignificante.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Ayer?... usted... &iquest;qui&eacute;n?...</p>
+
+<p>Lo que ten&iacute;a atravesado en la garganta el escribano hab&iacute;a saltado sin
+duda al gaznate de Reyes, porque el infeliz se atragant&oacute; tambi&eacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;A ver, D. Benito, expl&iacute;quese usted... &iexcl;por los clavos de Cristo!...</p>
+
+<p>&mdash;Muy sencillo, amigo m&iacute;o. Ayer de tarde, en el Casino, D. Juan
+Nepomuceno, su t&iacute;o de usted....</p>
+
+<p>&mdash;No es mi t&iacute;o....</p>
+
+<p>&mdash;Bueno... su....</p>
+
+<p>&mdash;Bien, adelante; el t&iacute;o... &iquest;qu&eacute;?</p>
+
+<p>&mdash;Pero hijo, &iquest;qu&eacute; le pasa a usted? Est&aacute; usted palid&iacute;simo, le va a dar
+algo, &iquest;ser&aacute; el calor? Abrir&eacute; aqu&iacute;...</p>
+
+<p>&mdash;No abra usted... hable, hable; el t&iacute;o... &iquest;qu&eacute;?</p>
+
+<p>&mdash;Pues nada; que hablando de negocios, vinimos a parar en las
+probabilidades del resultado de esa industria que van a montar ustedes
+con el dinero de las &uacute;ltimas enajenaciones.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Una industria? Que vamos a montar... &iquest;nosotros?...</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, hombre, la f&aacute;brica de productos qu&iacute;micos.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah!, s&iacute;, bien; &iquest;y qu&eacute;?</p>
+
+<p>Bonifacio hab&iacute;a o&iacute;do en casa, a los parientes de su mujer, algo de
+productos qu&iacute;micos, pero no sab&iacute;a nada concreto.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Al grano!&mdash;dijo m&aacute;s muerto que vivo.</p>
+
+<p>&mdash;Yo... con la mayor inocencia del mundo, le pregunt&eacute; a su se&ntilde;or....
+pariente si el dinero que usted acababa de tomar, honr&aacute;ndome con su
+confianza, era para los gastos primeros... para alg&uacute;n ensayo; para
+muestras de... qu&eacute; s&eacute; yo...; en fin, que se me hab&iacute;a metido en la cabeza
+que era para la f&aacute;brica. D. Juan... me mir&oacute; con aquellos ojazos que
+usted sabe que tiene. Tard&oacute; en contestarme; not&eacute; eso, que tardaba en
+hablar. En fin, encogiendo los hombros, me dijo: &laquo;S&iacute;, efectivamente,
+para gastos preliminares, de preparaci&oacute;n... pero tengo orden, ahora que
+me acuerdo, de pagar a usted inmediatamente ese dinero&raquo;. Yo, la verdad,
+extra&ntilde;aba que haciendo tan pocas horas que usted hab&iacute;a recogido los
+cuartos... pero a m&iacute;, &iquest;qui&eacute;n me met&iacute;a en averiguaciones?, &iquest;no es eso? En
+fin, que nos citamos para esta su casa a las diez de la noche, y a las
+diez y cuarto estaba aqu&iacute; D. Juan Nepomuceno con seis mil reales en
+plata. Esta es la historia.</p>
+
+<p>&iexcl;Aquella era la historia!, pens&oacute; Reyes desde el abismo de su postraci&oacute;n.
+Estaba aturdido, se sent&iacute;a aniquilado. El t&iacute;o lo sab&iacute;a todo... y &iexcl;hab&iacute;a
+pagado! &iquest;Y Emma? Al acordarse de su mujer experiment&oacute; aquella ausencia
+de las piernas, sensaci&oacute;n insoportable que nunca faltaba en los grandes
+apuros.</p>
+
+<p>Callaban los dos. El notario comprendi&oacute; que all&iacute; hab&iacute;a gato encerrado;
+&laquo;alg&uacute;n misterio de familia&raquo;, pensaba &eacute;l. Pero como hab&iacute;a cobrado su
+dinero, de lo que estaba muy contento, como se hab&iacute;a <i>reintegrado</i>, sab&iacute;a
+contener su curiosidad, que dejaba paso a la m&aacute;s exquisita prudencia.
+All&aacute; ellos, se dec&iacute;a, y segu&iacute;a callando.</p>
+
+<p>Rompi&oacute; el silencio Bonis, diciendo con voz sepulcral:</p>
+
+<p>&mdash;Si usted hiciera el favor de mandar que me sirvieran un vaso de agua.</p>
+
+<p>&mdash;Con mil amores.</p>
+
+<p>Una maritornes sucia y muy gorda present&oacute; el agua con un panal de az&uacute;car
+cruzado sobre el vaso.</p>
+
+<p>&mdash;Gracias; sin az&uacute;car. Nunca tomo az&uacute;car en el agua. Gracias.</p>
+
+<p>Esto lo dec&iacute;a Bonis con los ojos est&uacute;pidos clavados en el rostro risue&ntilde;o
+y soez de la moza; lo dec&iacute;a con una voz y un tono como los que emplean
+los c&oacute;micos al despedirse del p&iacute;caro mundo al final de un tercer acto,
+cuando est&aacute;n con el alma en la boca y un pu&ntilde;al en las entra&ntilde;as.</p>
+
+<p>El agua le calm&oacute; y dio cierta fuerza. Pudo levantarse y despedirse. No
+pens&oacute; en dar explicaciones ni disculpas. Su silencio era muy rid&iacute;culo,
+es claro. &iquest;Qu&eacute; estar&iacute;a pensando aquel se&ntilde;or? Lo menos, que &eacute;l estaba
+loco. Bien, &iquest;y qu&eacute;? Valiente cosa le importaba en aquel momento a Bonis
+que se riera de &eacute;l el mundo entero. &iexcl;Nepomuceno hab&iacute;a pagado los seis
+mil reales! Esto, esto era lo terrible. &iquest;Volver&iacute;a a casa? &iquest;Se escapar&iacute;a?</p>
+
+<p>Vi&eacute;ndole tan conmovido, D. Benito, el Mayor, no quiso hablar una palabra
+m&aacute;s sobre el asunto misterioso; sin tirarle de las orejas ni andarse con
+cuchufletas, le despidi&oacute; muy serio, con rostro compungido como
+acompa&ntilde;&aacute;ndole en una desgracia tan respetable cuanto desconocida para
+&eacute;l; y despu&eacute;s de conducirle hasta el primer tramo de la escalera, se
+volvi&oacute; a su despacho. S&oacute;lo entonces se le ocurri&oacute; esta diab&oacute;lica idea:</p>
+
+<p>&mdash;Aqu&iacute; hay gato, es claro; a m&iacute; no me importa; pero si... es una
+hip&oacute;tesis, si hubiera podido haber un medio... as&iacute;... veros&iacute;mil....
+legal... de... de cobrar yo mis seis mil reales, al t&iacute;o primero, y
+despu&eacute;s otros seis mil al sobrino.... Disparate, absurdo; corriente; pero
+hubiera tenido gracia.</p>
+
+<p>Y dando un pat&eacute;tico suspiro, se frot&oacute; las manos; y renunciando al ideal
+de cobrar dos veces, no pens&oacute; m&aacute;s en aquello y volvi&oacute; a sus negocios.</p>
+
+<p>En cuanto a Reyes, al llegar al portal, donde trabajaba y com&iacute;a un
+zapatero de viejo, tuvo varias ideas y un desmayo. Las ideas fueron las
+siguientes: &laquo;Ese farsante de ah&iacute; arriba me ha enga&ntilde;ado, he debido tener
+valor para acogotarle, o, por lo menos, para decirle cu&aacute;ntas son cinco.
+Miente como un bellaco; el t&iacute;o Nepomuceno ha pagado porque este traidor
+no se fiaba de m&iacute;; me conoci&oacute; en la cara que yo no pod&iacute;a sacar de
+ninguna parte seis mil reales y se fue al otro... y cant&oacute;... Verdad es
+que yo no le hab&iacute;a encargado el secreto. Pero se supon&iacute;a que lo
+necesitaba; deb&iacute;a de conoc&eacute;rseme en la cara; y a &eacute;l acud&iacute; por su fama de
+discreto, de hombre de mucho sigilo.... Voy a volver arriba a matarle,
+exprofeso...&raquo;.</p>
+
+<p>Y cuando pensaba en esto, fue cuando sinti&oacute; absoluta necesidad de
+dejarse caer. Cay&oacute; sentado en el portal y se le fue la cabeza. El
+zapatero acudi&oacute; en su auxilio. Cuando volvi&oacute; en s&iacute; Reyes, sinti&oacute;, como
+la noche anterior, que le regaban la cara con agua fresca. Y medio
+delirando, dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Gracias... sola, sin az&uacute;car.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="VII" id="VII"></a>-VII-</h2>
+
+
+<p>Dio expresivas muestras de gratitud al zapatero, que se ofreci&oacute; a
+acompa&ntilde;arle a su casa y sali&oacute;, sacando fuerzas de flaqueza, a paso
+largo, sin saber ad&oacute;nde iba. &laquo;Yo deb&iacute;a tirarme al r&iacute;o&raquo;, se dijo. Pero
+enseguida reflexion&oacute; que ni por aquella ciudad pasaba r&iacute;o alguno, ni &eacute;l
+ten&iacute;a vocaci&oacute;n de suicida. Pas&oacute; junto al caf&eacute; de la Oliva, donde sol&iacute;a
+tomar Jerez con bizcochos algunos domingos, al volver de misa mayor, y
+el deseo de un albergue amigo le penetr&oacute; el alma. Entr&oacute;, subi&oacute; al primer
+piso, que era donde se serv&iacute;a a los parroquianos. Se sent&oacute; en un rinc&oacute;n
+oscuro. No hab&iacute;a consumidores. El mozo de aquella sala, que estaba
+afinando una guitarra, dej&oacute; el instrumento, limpi&oacute; la mesa de Reyes y le
+pregunt&oacute; si quer&iacute;a el Jerez y los bizcochos.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; bizcochos!, no, amigo m&iacute;o. <i>Botiller&iacute;a</i>, eso tomar&iacute;a yo de buena
+gana. Tengo el gaznate hecho brasas....</p>
+
+<p>El mozo sonri&oacute; compadeciendo la ignorancia del se&ntilde;orito. &iexcl;<i>Botiller&iacute;a</i> a
+aquellas horas!</p>
+
+<p>&mdash;Ya ve usted... <i>botiller&iacute;a</i> a estas horas....</p>
+
+<p>&mdash;Es verdad... es un... anacronismo. Adem&aacute;s, el helado por la ma&ntilde;ana hace
+da&ntilde;o. Tr&aacute;eme un vaso de agua... y &eacute;chale un poco de zarzaparrilla.</p>
+
+<p>Debe advertirse que Bonifacio y el mozo, al hablar de <i>botiller&iacute;a</i>,
+estaban pensando en el helado de fresa que all&iacute;, en el caf&eacute; de la Oliva,
+se hac&iacute;a mejor que en el cielo, en opini&oacute;n de todo el pueblo.</p>
+
+<p>Servido Reyes, el mozo volvi&oacute; a su guitarra, y despu&eacute;s de templarla a su
+gusto, la emprendi&oacute; con la marcha f&uacute;nebre de Luis XVI.</p>
+
+<p>Al principio Bonis saboreaba la zarzaparrilla inocente sin o&iacute;r siquiera
+la m&uacute;sica. Pero la vocaci&oacute;n es la vocaci&oacute;n. Al poco rato &laquo;su esp&iacute;ritu se
+fue identificando con la guitarra&raquo;. La guitarra, para Bonis, era a los
+instrumentos de m&uacute;sica lo que el gato a los animales dom&eacute;sticos.... El
+gato era el amigo m&aacute;s discreto, m&aacute;s dulce, m&aacute;s perezosamente mimoso....
+la guitarra le acariciaba el alma con la suavidad de la piel de gato,
+que se deja rascar el lomo.</p>
+
+<p>Las trompetas y tambores que imitaban las cuerdas, ya tirantes, ya
+flojas, le hicieron a Reyes <i>ponerse en el caso</i> del rey m&aacute;rtir; y se
+acord&oacute; de la frase del confesor: &laquo;Nieto de San Luis, sube al cielo&raquo;. Lo
+hab&iacute;a le&iacute;do en Thiers en la traducci&oacute;n de Mi&ntilde;ano. Muy a su placer se
+sinti&oacute; enternecido. Sab&iacute;a &eacute;l que s&oacute;lo el sentimentalismo pod&iacute;a darle la
+energ&iacute;a suficiente, o poco menos, para afrontar su &laquo;terrible&raquo; situaci&oacute;n
+cara a cara con <i>todos los suyos</i>, o, mejor dicho, <i>todos los de su mujer</i>.</p>
+
+<p>S&iacute;, era preciso armarse de valor, ir al suplicio con el esp&iacute;ritu firme
+del desgraciado rey m&aacute;rtir. Para &eacute;l era el suplicio la presencia de Emma
+y de Nepomuceno.</p>
+
+<p>El guitarrista dej&oacute; a Luis XVI en el pante&oacute;n, y salt&oacute; a la jota
+aragonesa.</p>
+
+<p>Se lo agradeci&oacute; Bonis, porque aquello edificaba; era el himno del valor
+patrio. Pues bien, lo tendr&iacute;a, no patrio, sino c&iacute;vico... o familiar... o
+como fuese; tendr&iacute;a valor. &iquest;Por qu&eacute; no? Es m&aacute;s, pens&oacute; que su pasi&oacute;n, su
+gran pasi&oacute;n, era tan respetable y digna de defensa como la independencia
+de los pueblos. Morir&iacute;a al pie del ca&ntilde;&oacute;n, a los pies de su tiple, sobre
+los escombros de su pasi&oacute;n, de su Zaragoza....</p>
+
+<p>&mdash;No disparatemos, seamos positivos&mdash;se dijo.</p>
+
+<p>Y se llev&oacute; las manos a los bolsillos con gesto de impaciente
+incertidumbre... &iquest;Si habr&iacute;a dejado aquellas onzas en casa del infame?...
+No... estaban all&iacute;, en el bolsillo interior del gab&aacute;n... &iexcl;lo que era el
+instinto! No recordaba c&oacute;mo ni cu&aacute;ndo las hab&iacute;a recogido y envuelto otra
+vez en su cucurucho.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s que palp&oacute; su tesoro, empez&oacute; a sentirlo por el peso, peso que le
+oprim&iacute;a dulcemente el pecho. Daba el dinero, aunque pareciera mentira a
+un ser tan rom&aacute;ntico, daba cierto calorcillo suave. &laquo;&iexcl;Siete mil reales!&raquo;
+se dec&iacute;a; y experimentaba consuelo en sus tribulaciones; y sobre todo le
+animaba la conciencia de un <i>valor c&iacute;vico</i> que nac&iacute;a de la presi&oacute;n de
+aquellas onzas... &iexcl;Oh! Es indudable lo que dice el catedr&aacute;tico de
+econom&iacute;a y geograf&iacute;a mercantil en la tienda de Cascos: &laquo;La riqueza es
+una garant&iacute;a de la independencia de las naciones&raquo;. Si estos siete mil
+reales fueran m&iacute;os, yo afrontar&iacute;a con menos miedo mi terrible situaci&oacute;n.
+Huir&iacute;a al extranjero; s&iacute;, se&ntilde;or, me escapar&iacute;a... &iexcl;Y si ella me
+acompa&ntilde;aba! &iexcl;Oh!... &iexcl;Qu&eacute; felicidad!... Juntos... en aquel rinc&oacute;n de
+Toscana o de Lombard&iacute;a que ella conoce. Pero &iexcl;ay!, siete mil reales eran
+muy peque&ntilde;a cantidad para compartirla con una dulce compa&ntilde;era. En
+realidad, &iexcl;qu&eacute; pobre hab&iacute;a sido &eacute;l toda la vida! Hab&iacute;a vivido de
+limosna... y quer&iacute;a ser amante de una gran artista llena de necesidades
+de lujo y de fantas&iacute;a... &iexcl;Miserable!... Se puso colorado recordando
+ciertas reticencias maliciosas y alusiones tan embozadas como venenosas
+de sus amigos envidiosos. El d&iacute;a anterior, el lechuguino, que en vano
+hab&iacute;a querido conquistar a la Gorgheggi, hab&iacute;a dicho en la tienda de
+Cascos:</p>
+
+<p>&mdash;Estos se&ntilde;ores creen que usted se entiende con la tiple, Sr. Reyes; pero
+yo defiendo la virtud de usted... y le ayudo en su campa&ntilde;a para desarmar
+la calumnia. Y mi argumento es este: &laquo;El Sr. Reyes sabe que una mujer de
+estas es muy cara, y &eacute;l no ha de querer arruinarse y arruinar a su mujer
+por una c&oacute;mica. Y sin regalos, y de los caros, es rid&iacute;culo obsequiar a
+una artista de tales pretensiones. Es usted demasiado discreto&raquo;.</p>
+
+<p>La verdad era que si hasta la fecha no hab&iacute;a necesitado m&aacute;s dinero que
+el prestado a Mochi, en adelante, si aquellas <i>relaciones se
+formalizaban</i>... S&iacute;, era indispensable disponer de cuatro cuartos. Por
+muy desinteresada que se quisiera suponer a Serafina, y &eacute;l la supon&iacute;a
+todo lo desinteresada que puede ser la mujer ideal (el <i>bello ideal</i>), era
+indudable que si segu&iacute;an trat&aacute;ndose y crec&iacute;a la intimidad, llegar&iacute;an
+ocasiones en que alguno de los dos tendr&iacute;a que pagar algo, hacer algunos
+gastos... y el ideal no llegaba al punto de exigir que pagase la mujer.
+No, tendr&iacute;a que pagar &eacute;l. Pero &iquest;con qu&eacute;? &laquo;Con el dinero que ten&iacute;a en el
+bolsillo&raquo;. Esto le dijo la <i>voz de la tentaci&oacute;n</i>, pero la voz de la
+honradez, antip&aacute;tica por cierto, contest&oacute;: &laquo;&iexcl;Ese dinero no es tuyo!&raquo;. La
+guitarra, que segu&iacute;a hablando al alma de Bonis, se inclinaba al partido
+de la tentaci&oacute;n. La m&uacute;sica le daba energ&iacute;a y la energ&iacute;a le suger&iacute;a ideas
+de rebeli&oacute;n, deseo ardiente de emanciparse... &iquest;De qu&eacute;? &iquest;De qui&eacute;n? De
+todo, de todos; de su mujer, de Nepomuceno, de la <i>moral corriente</i>, s&iacute;,
+de cuanto pudiera ser obst&aacute;culo a su pasi&oacute;n. &Eacute;l ten&iacute;a una pasi&oacute;n, esto
+era evidente. Luego no era rana, por lo menos <i>tan rana</i> como a&ntilde;os
+seguidos hab&iacute;a pensado.</p>
+
+<p>Sali&oacute; del caf&eacute; en un arranque de actividad que le sugiri&oacute; tambi&eacute;n la
+energ&iacute;a reciente, y tom&oacute; el camino de su casa dispuesto a afrontar la
+situaci&oacute;n y a no soltar los cuartos por lo pronto. Es claro que &eacute;l
+acabar&iacute;a por hacer ingresar aquellos siete mil reales <i>en caja</i>; pero,
+&iquest;cu&aacute;ndo? No corr&iacute;a prisa.</p>
+
+<p>Como en la calle ya no o&iacute;a la guitarra del mozo del caf&eacute;, se le empez&oacute; a
+aflojar el &aacute;nimo, y sin darse clara cuenta de sus pasos, en vez de
+entrar en su casa se encontr&oacute; en el vest&iacute;bulo del teatro. Era hora de
+ensayo. All&iacute; estar&iacute;a Serafina de fijo. Tampoco le desagrad&oacute; aquel cambio
+instintivo de rumbo. Era otra prueba de que estaba muy enamorado.
+Siempre hab&iacute;a le&iacute;do que los buenos amantes, en casos an&aacute;logos, hac&iacute;an lo
+que &eacute;l, seguir el misterioso im&aacute;n del amor. &iexcl;Oh!, y lo que &eacute;l necesitaba
+era estar bien seguro de que experimentaba una pasi&oacute;n <i>fatal</i>, invencible.
+Averiguado esto, todas las consecuencias, fatales tambi&eacute;n, las reputaba
+leg&iacute;timas.</p>
+
+<p>Ocho d&iacute;as despu&eacute;s Bonis no se conoc&iacute;a a s&iacute; mismo, y se alegraba: es m&aacute;s,
+ni pensaba en conocerse.</p>
+
+<p>Serafina era suya, y &eacute;l, por supuesto, era de Serafina, hasta donde
+pod&iacute;a serlo aquel m&iacute;sero esclavo de su mujer. Caricias como las de la
+italiana-inglesa, Reyes ni las hab&iacute;a so&ntilde;ado. &laquo;&iexcl;Nunca cre&iacute; que el <i>placer
+f&iacute;sico</i> pudiera llegar tan all&aacute;!&raquo;, se dec&iacute;a saboreando a solas, rumiando,
+las delicias inauditas de aquellos amores de <i>artista</i>. S&iacute;, ella se lo
+hab&iacute;a asegurado, el amor de los artistas era as&iacute;, extremoso, loco en la
+voluptuosidad; pasaba por una dulc&iacute;sima pendiente del arrobamiento
+ideal, cuasi m&iacute;stico, a la sensualidad desenfrenada....</p>
+
+<p>En fin, &eacute;l ve&iacute;a visiones; pero &iexcl;qu&eacute; hermosas, qu&eacute; sabrosas! Ten&iacute;a que
+confesar que &laquo;la parte <i>animal</i>, la bestia, el bruto, estaba en &eacute;l mucho
+m&aacute;s desarrollado de lo que hab&iacute;a cre&iacute;do&raquo;. No pensar&iacute;a Bonis que el
+inofensivo flautista que ol&iacute;a a aceite de almendras, ten&iacute;a dentro de s&iacute;
+aquel turcazo voluptuoso que se dejaba querer al estilo
+art&iacute;stico-oriental tan ricamente. Y, sin embargo, el alma, el esp&iacute;ritu
+puro, velaba, &iexcl;s&iacute;, velaba!, y Serafina era la primera en mantener aquel
+fuego sagrado de la poes&iacute;a. &laquo;&iexcl;Besos con m&uacute;sica! El que no sabe lo que es
+esto no sabe lo que es bueno. Niego que haya moralista con derecho a
+reprenderme por mi pasi&oacute;n, si el tal nunca ha gustado esta delicia,
+&iexcl;besos con m&uacute;sica!...&raquo;. Pero el mayor encanto, el &eacute;xtasis de la dicha,
+estaba en otra parte; en la &iacute;ntima alegr&iacute;a del orgullo satisfecho.</p>
+
+<p>&mdash;Serafina me ama, me ama; estoy seguro; llora de placer en mis brazos,
+no hay fingimiento, no; en la escena no sabe hacerlo tan bien; me quiere
+de veras, le gusto, le gusto como <i>f&iacute;sico</i> y como moral, dig&aacute;moslo as&iacute;.</p>
+
+<p>&iquest;Y d&oacute;nde cabr&iacute;a mayor gloria que gustarle a ella, a la mujer <i>so&ntilde;ada</i>, a
+la que &eacute;l amaba como amante y madre y musa en una pieza?</p>
+
+<p>Lo cierto era que la Gorgheggi, corrompida en muy temprana juventud por
+Mochi, su maestro y protector, se vengaba de su tirano y de la p&iacute;cara
+suerte, y no sab&iacute;a de qui&eacute;n m&aacute;s, arroj&aacute;ndose a la mayor torpeza, al
+desenfreno loco en los amores temporeros que su infame corruptor y
+amante insinuaba, favorec&iacute;a y explotaba.</p>
+
+<p>Mochi hab&iacute;a seducido a su disc&iacute;pula para dominarla; mucho tiempo crey&oacute;
+tener en ella una gloria futura y una renta de muchos miles de liras,
+que pronto se empezar&iacute;an a cobrar. La corrompi&oacute; para unirla a su suerte;
+despu&eacute;s, cuando el desencanto lleg&oacute;, las fr&iacute;as lecciones de la realidad
+le hicieron ver que se hab&iacute;a equivocado, que a su hermosa disc&iacute;pula la
+faltaba algo y la faltar&iacute;a siempre para llegar a verdadera estrella....
+le faltaba la voz y la flexibilidad suficiente de garganta. Ten&iacute;a mucho
+gusto, sent&iacute;a infinito, en el timbre hab&iacute;a una extra&ntilde;a pastosidad
+voluptuosa, que era lo que llamaba Bonis voz de madre; s&iacute;, hablaba aquel
+timbre de salud, de honradez, de discreci&oacute;n femenina, de dulzura
+dom&eacute;stica; pero... era poca voz para los grandes teatros. Y, adem&aacute;s, se
+mov&iacute;a poco la garganta: como una virgen demasiado gruesa se parece a una
+matrona, la voz de la Gorgheggi ten&iacute;a, siendo ella a&uacute;n muy joven, un
+<i>enbonpoint</i>, dec&iacute;a Mochi, que la quitaba la agilidad, la esbeltez.... En
+fin, ello era que, a pesar de estar &eacute;l seguro de que all&iacute; hab&iacute;a un
+coraz&oacute;n y un talento de gran artista y un timbre original&iacute;simo,
+seductor... no ten&iacute;amos verdadera estrella de primera magnitud. Esta
+convicci&oacute;n que adquiri&oacute; antes Mochi, lleg&oacute; al cabo a la conciencia de
+Serafina; mas fue el secreto mutuo, si vale decirlo as&iacute;, de que jam&aacute;s se
+hablaba. Fue la tristeza com&uacute;n quien los uni&oacute; m&aacute;s que su trato amoroso y
+sus intereses; pero fue tambi&eacute;n el origen y causa permanente de ocultos
+rencores, de humillaciones viles. Mochi, por amor propio, por vanidad de
+hombre de negocios, no quiso dar su brazo a torcer, confesarse que se
+hab&iacute;a equivocado uni&eacute;ndose a Serafina para explotarla. &iquest;No era una gran
+artista? Pues era mediana, y era adem&aacute;s una mujer muy hermosa, y, m&aacute;s
+que hermosa, seductora. Pensando, como en una prueba de habilidad, en
+que no se hab&iacute;a casado con ella, en que pod&iacute;a separarse de su <i>negocio</i> en
+cuanto fuese gravoso, se atrevi&oacute; a comerciar con su hermosura y &eacute;l mismo
+le puso delante la tentaci&oacute;n. Serafina, la primera vez que cay&oacute; en ella,
+cay&oacute;, como tantas otras, seducida por la vanidad, por la lujuria
+exaltada de la mujer de teatro, por el inter&eacute;s: su primer amante, a
+quien quiso un poco, de quien estuvo muy orgullosa, fue un General
+franc&eacute;s, Duque, millonario. La venganza que Mochi se reserv&oacute; para hacer
+pagar a su disc&iacute;pula la infidelidad espont&aacute;nea, que &eacute;l mismo hab&iacute;a
+provocado, pero que le dol&iacute;a, fue dejarla ver que &eacute;l lo sab&iacute;a todo y que
+el Duque era su mejor amigo y protector. Los regalos que Serafina
+ocultaba no eran la mitad del provecho que de tales relaciones hab&iacute;a
+sacado la compa&ntilde;&iacute;a. Siempre sereno, siempre risue&ntilde;o, feroz y cruel en el
+fondo, Mochi hizo comprender a su amiga que aquella tolerancia del
+maestro continuar&iacute;a, y que era indispensable para tener nivelados los
+presupuestos de la sociedad. Lo que no hac&iacute;a falta era explicarse
+directamente; lo que all&iacute; hubiera sido repugnante, seg&uacute;n el tenor, era
+un pacto expl&iacute;cito; no hac&iacute;a falta. Adem&aacute;s, &eacute;l continuaba siendo amante
+de su disc&iacute;pula, y por rachas le entraba un verdadero amor a que ella
+deb&iacute;a corresponder, o fingirlo a lo menos. Pero lo principal era lo
+principal, y cuando se presentaba un partido, Mochi se reduc&iacute;a al papel
+de marido que no sabe nada; esto ante Serafina; ante el nuevo gal&aacute;n no
+era ni m&aacute;s ni menos que para el p&uacute;blico, el maestro, <i>il babbo</i> adoptivo.</p>
+
+<p>El segundo devaneo de Serafina, en Mil&aacute;n, ya no fue espont&aacute;neo. Acept&oacute;
+como aceptaba una contrata en un teatro, porque lo exig&iacute;a el <i>otro</i>,
+Mochi. Tambi&eacute;n ella cre&iacute;a de <i>buen gusto</i> guardar las formas; hac&iacute;a como
+que enga&ntilde;aba a su amante y director art&iacute;stico. Y algo le enga&ntilde;aba,
+porque, veng&aacute;ndose a su vez de aquel miserable comercio a que se la
+condenaba, daba a entender a Mochi que s&oacute;lo por inter&eacute;s y obediencia
+aceptaba los galanteos provechosos, y que en el fondo s&oacute;lo a su maestro
+quer&iacute;a.</p>
+
+<p>Mochi cre&iacute;a algo de esto. &laquo;S&iacute;, ella me quiere ya; y me quiere a m&iacute; s&oacute;lo:
+si no fuera as&iacute;, se escapar&iacute;a; con los dem&aacute;s finge por inter&eacute;s y por
+obedecerme&raquo;.</p>
+
+<p>Lo cierto era que la Gorgheggi no amaba a su tirano y le hab&iacute;a sido
+infiel de todo coraz&oacute;n desde la primera vez; pero al verse vendida, le
+doli&oacute; el orgullo; cre&iacute;a que Mochi estaba loco por ella, y cuando
+advirti&oacute; que era c&oacute;mplice de sus extrav&iacute;os, lo cual demostraba que no
+hab&iacute;a tal pasi&oacute;n por parte del tenor, se sinti&oacute; m&aacute;s sola en el mundo,
+m&aacute;s desgraciada, y experiment&oacute; el despecho de la mujer coqueta que, sin
+querer ella, desea que la adoren. Aquel comercio infame la dol&iacute;a m&aacute;s que
+la repugnaba; en su vida de teatro, en la que entr&oacute; ya seducida,
+enamorada del vicio, no hab&iacute;a tenido ocasi&oacute;n de adquirir nociones de
+dignidad ni de amor puro; aquella mezcla del amor y el inter&eacute;s le
+parec&iacute;a s&oacute;lo producto de su oficio; que la hermosura ten&iacute;a que ser el
+complemento del arte para ganar la vida, lo admit&iacute;a, sobre todo desde
+que ella misma estuvo convencida de que jam&aacute;s llegar&iacute;a a ser <i>prima donna
+assolutissima</i> en los grandes teatros.</p>
+
+<p>Pero lo que lastimaba lo que llamaba ella su coraz&oacute;n, era la complicidad
+de Mochi. &laquo;Yo hubiera hecho lo mismo sola y &eacute;l hubiera conservado mi
+respeto y mi amistad y mis caricias cuando las quisiera, y el provecho
+de estas infidelidades m&iacute;as tambi&eacute;n se habr&iacute;a repartido. &iquest;Qu&eacute; falta
+hac&iacute;a que &eacute;l se mezclase en esto? No me dice nada, pero me empuja, me
+echa en brazos de los que debiera considerar como rivales...&raquo;.</p>
+
+<p>Y esto era lo que ella quer&iacute;a que &eacute;l pagase. &iquest;C&oacute;mo? Supon&iacute;a la Gorgheggi
+que aunque &eacute;l no estuviera ya enamorado, se cre&iacute;a querido todav&iacute;a; y
+enga&ntilde;arle, arrojarse con ardor al vicio, al amor lucrativo; remachar los
+besos que vend&iacute;a, era su venganza.</p>
+
+<p>Eso hac&iacute;a, sin darse cuenta de que tomaba parte en aquellos furores de
+lubricidad con aires de pasi&oacute;n, la lascivia, la corrupci&oacute;n de su
+temperamento fuerte, extremoso y de un vigor insano en los extrav&iacute;os
+voluptuosos. Se entregaba a sus amantes con una desfachatez ardiente
+que, despu&eacute;s, pronto, se transformaba en iniciativa de bacanal, es m&aacute;s,
+en un furor infernal que inventaba delirios de fiebre, sue&ntilde;os del hach&iacute;s
+realizados entre las brumas caliginosas de las horribles horas de
+arrebato enfermizo, casi epil&eacute;ptico.</p>
+
+<p>Cuando su cuerpo macizo y bien torneado, suave y palpitante, cay&oacute; en los
+brazos de Bonifacio Reyes, ya estaba ella un poco cansada de aquella
+campa&ntilde;a terrible de <i>su venganza</i>, pero todav&iacute;a sus arrebatos er&oacute;ticos
+eran manjar muy superior al est&oacute;mago empobrecido por tibias aguas
+cocidas del m&iacute;sero escribiente de D. Diego.</p>
+
+<p>&Eacute;l estaba pasmado, adem&aacute;s de vivir en perpetua embriaguez, casi en
+alucinaci&oacute;n constante. Cre&iacute;a sentir aquellas caricias sin nombre (&eacute;l a
+lo menos no sab&iacute;a c&oacute;mo llamarlas), a todas horas, en todas partes; se le
+figuraba estar ba&ntilde;&aacute;ndose todo el d&iacute;a en los besos de Serafina; la ve&iacute;a,
+la o&iacute;a, la ol&iacute;a, la palpaba en todas partes, hasta en el cuarto de Emma,
+entre las medicinas y mal olientes intimidades de la esposa enferma y
+poco limpia. Le extra&ntilde;aba a veces que su mujer no conociese que la otra
+estaba all&iacute;, entre los dos, m&aacute;s cerca de &eacute;l que ella misma.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Qu&eacute; mujer!&mdash;pensaba el infeliz a cualquier hora, en cualquier parte&mdash;.
+&iexcl;Qui&eacute;n hab&iacute;a de imaginar que hab&iacute;a mujeres as&iacute;! &iexcl;Oh!... todo esto es el
+arte... s&oacute;lo una artista puede querer en esta forma tan....
+deliciosamente exagerada&raquo;.</p>
+
+<p>Lo que m&aacute;s picante le parec&iacute;a, lo que ven&iacute;a a remachar el clavo de la
+felicidad, era el contraste de Serafina, quieta, cansada y meditabunda,
+con Serafina en el &eacute;xtasis amoroso: esta mujer, toda fuego, que asustaba
+con sus gritos y sus gestos de furiosa de amor; que hablaba, mientras
+acariciaba, con una voz ronca, gutural, que parec&iacute;a salir de la faringe
+sin pasar por la boca, y que dec&iacute;a cosas tan extra&ntilde;as, palabras que,
+aunque pareciera mentira, a&uacute;n eran excitantes en medio de los hechos m&aacute;s
+extremosos de la pasi&oacute;n; esta mujer, diablo de amor, cuando el cansancio
+material irremediable sobreven&iacute;a y llegaban los momentos de calma
+silenciosa, de reposo inerte, tomaba aire, contornos, posturas, gestos,
+hasta ambiente de dulce madre joven que se duerme al lado de la cuna de
+un hijo. Las &uacute;ltimas caricias de aquellas horas de transportes b&aacute;quicos,
+las caricias que ella hac&iacute;a so&ntilde;olienta, parec&iacute;an arrullos inocentes del
+cari&ntilde;o santo, suave, que une al que engendra con el engendrado. Entonces
+<i>la diabla</i> se convert&iacute;a en la mujer de la voz de <i>madre</i>, y las l&aacute;grimas de
+voluptuosidad de Bonis dejaban la corriente a otras de enternecimiento
+anafrod&iacute;tico; se le llenaba el esp&iacute;ritu de recuerdos de la ni&ntilde;ez, de
+nostalgias del regazo materno.</p>
+
+<p>Cuando, al separarse, ella recompon&iacute;a su tocado, con adem&aacute;n tranquilo,
+familiar, echaba a la cabeza, en posturas de estatua, sus brazos de
+Juno, sonre&iacute;a con reposada placidez, dejando los rizos de la sonrisa
+rodar en su boca y sus mejillas, como la onda amplia de curva suave y
+graciosa del mar que se encalma; pensaba, mirando el rostro p&aacute;lido del
+aturdido amante, m&aacute;s muerto que vivo a fuerza de emociones, pensaba en
+Mochi y se dec&iacute;a:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Si le dijeran a ese miserable lo dichoso que acaba de ser este pobre
+diablo! Todo, todo por venganza. &iexcl;&Eacute;l cree que este infeliz tiene que
+contentarse con desabridas caricias; no sospecha que le estoy matando de
+placer y que va a morir entre delicias!</p>
+
+<p>Bonis tambi&eacute;n cre&iacute;a que aquella vida no era para llegar a viejo; pero, a
+pesar de cierto vago temor a ponerse t&iacute;sico, estaba muy satisfecho de
+sus haza&ntilde;as. Se comparaba con los h&eacute;roes de las novelas que le&iacute;a al
+acostarse, y en el cuarto de su mujer, mientras velaba; y ve&iacute;a con gran
+orgullo que ya pod&iacute;a hombrearse con los autores que inventaban aquellas
+maravillas. Siempre hab&iacute;a envidiado a los seres <i>privilegiados</i> que, am&eacute;n
+de tener una ardiente imaginaci&oacute;n, como &eacute;l la ten&iacute;a, saben expresar <i>sus
+ideas</i>, trasladar al papel todos aquellos sue&ntilde;os en palabras propias,
+pintorescas y en intrigas bien hilvanadas e interesantes. Pues ahora, ya
+que no sab&iacute;a escribir novelas, sab&iacute;a hacerlas, y su existencia era tan
+novelesca como la primera. Y buenos sudores le costaba, porque hab&iacute;a
+ratos en que su apurada situaci&oacute;n econ&oacute;mica, sus remordimientos y sus
+miedos sobre todo, le pon&iacute;an al borde de lo que &eacute;l cre&iacute;a ser la locura.
+No importaba; la mayor parte del tiempo estaba satisfecho de s&iacute; mismo.
+Aquella ausencia de facultades expresivas, que seg&uacute;n &eacute;l era lo &uacute;nico que
+le faltaba para ser un artista, estaba compensada ahora por la <i>realidad
+de los hechos</i>; se sent&iacute;a h&eacute;roe de novela; no hab&iacute;a sabido nunca dar
+expresi&oacute;n a lo que era capaz de sentir; mas ahora &eacute;l mismo, todos sus
+actos y aventuras, eran la viva encarnaci&oacute;n de las m&aacute;s rec&oacute;nditas y
+atrevidas imaginaciones. Y si no, se dec&iacute;a, no hab&iacute;a m&aacute;s que repasar su
+existencia, fijarse en los contrastes que ofrec&iacute;a, en los riesgos a que
+le arrastraba su pasi&oacute;n y en la calidad y cantidad de esta. Emma, cada
+d&iacute;a m&aacute;s aprensiva y m&aacute;s irascible, exigente y caprichosa, hab&iacute;a llegado
+a complicar el tratamiento de sus enfermedades reales e imaginarias
+hasta el punto de que, el mismo Bonifacio, a pesar de su gran retentiva
+y experiencia, hab&iacute;a necesitado recurrir a un libro de memorias en que
+apuntaba las medicinas, cantidades de las tomas y horas de
+administrarlas, con otros muchos pormenores de su incumbencia. Como la
+enferma no estaba muy segura de padecer todos los males de que se
+quejaba, temerosa muchas veces de que las p&oacute;cimas recetadas no fuesen
+necesarias dentro del est&oacute;mago y acaso s&iacute; perjudiciales, prefer&iacute;a por
+regla general el <i>uso externo</i>, con lo cual se aumentaban las fatigas del
+c&oacute;nyuge curandero, porque todo se volv&iacute;a untar y frotar el cuerpo
+delgaducho y quebradizo, quejumbroso y desvencijado, de su media naranja
+o medio lim&oacute;n, como &eacute;l la llamaba para sus adentros; porque los
+desahogos de Bonis eran de uso interno, al contrario de lo que suced&iacute;a
+con las medicinas de su mujer. Pulgada a pulgada cre&iacute;a conocer el
+antiguo escribiente la superficie de aquel asendereado cuerpo de su
+mujer, donde &eacute;l daba friegas con fuerza y con delicadeza a un tiempo,
+seg&uacute;n lo exig&iacute;a la paciente, esparc&iacute;a ung&uuml;ento con justicia
+distributiva, amoroso tacto, pulcritud y suavidad; as&iacute; como en la regi&oacute;n
+del pecho, y en la espalda y sobre el h&iacute;gado hab&iacute;a pasado un pincel
+impregnado de yodo. Antoj&aacute;basele aquel m&iacute;sero conjunto de huesos y
+pellejo y de importunas turgencias, edificio ruinoso que el due&ntilde;o
+defiende contra la piqueta municipal a fuerza de revoques de cal y manos
+de pintura y recomposici&oacute;n de tejas. &laquo;&iexcl;Ay!, en vano la retejo, y la
+unto, y la froto, y la pinto; esta mujer m&iacute;a hace agua por todas partes,
+y el viento de la ira entra en ella por mil agujeros; esta destartalada
+m&aacute;quina, in&uacute;til para m&iacute;, en cuanto leg&iacute;timo esposo, sirve s&oacute;lo, y
+servir&aacute; tal vez muchos a&ntilde;os, para albergue del esp&iacute;ritu sutil de la
+discordia y de la contradicci&oacute;n: poca materia necesita el &aacute;ngel malo
+para encaramarse en ella como un buitre en una horca, un b&uacute;ho en un
+torre&oacute;n escueto y abandonado, y desde su miserable guarida hacerme cruda
+guerra&raquo;.</p>
+
+<p>Lo cierto era que Bonis exageraba, lo mismo que en el lenguaje, en los
+achaques de su mujer. Emma, que hab&iacute;a estado en peligro de muerte meses
+antes, poco a poco se repon&iacute;a, y la nueva energ&iacute;a que iba adquiriendo
+emple&aacute;bala en inventar m&aacute;s exigencias, m&aacute;s achaques y en procurarse
+unturas que no la compromet&iacute;an a estar enferma de verdad, y en cambio
+hab&iacute;an llegado a ser para ella una segunda naturaleza; no se sent&iacute;a bien
+sin grasa alrededor del cuerpo, sin algod&oacute;n en rama aplicado a cualquier
+miembro; y en cuanto al resquemillo del yodo y a las cosquillas del
+pincel, hab&iacute;an llegado a ser uno de sus mejores entretenimientos. Todo
+ello serv&iacute;a para multiplicar los trabajos de Reyes, su responsabilidad y
+alarde de paciencia. Aquella resignaci&oacute;n de su marido lleg&oacute; a ser tan
+extremada, que a Emma acab&oacute; por parecerle cosa sobrenatural y diole mala
+espina. No sab&iacute;a por qu&eacute; le ol&iacute;a mal aquella sumisi&oacute;n absoluta; tiempo
+atr&aacute;s, antes de sufrir las &uacute;ltimas humillaciones, protestaba t&iacute;midamente
+por medio de observaciones respetuosas; pero ahora, ni eso: callaba y
+untaba. A un insulto, a una provocaci&oacute;n, respond&iacute;a con una obra de
+caridad de las que inmortalizaban a un santo; all&iacute; hac&iacute;a falta, no s&oacute;lo
+el sacrificio del coraz&oacute;n, sino el del est&oacute;mago, pues todo se
+sacrificaba. Bonis no ten&iacute;a ni amor propio ni n&aacute;useas; el olfato parec&iacute;a
+haber desaparecido con el sentimiento de la propia dignidad. &iquest;Qu&eacute; era
+aquello? Lo que antes era para la esposa autocr&aacute;tica la &uacute;nica gracia de
+su marido, ahora comenzaba a convertirse en motivo de sospechas, de
+cavilaciones. &iquest;Por qu&eacute; calla tanto? &iquest;Por qu&eacute; obedece tan ciegamente? &iquest;Es
+que me desprecia? &iquest;Es que encuentra compensaci&oacute;n en otra parte a estos
+malos ratos? Un d&iacute;a Emma, a gatas sobre su lecho, se recreaba sintiendo
+pasar la mano suave y sol&iacute;cita de su marido sobre la espalda untada y
+frotada, como si se tratase de restaurar aquel torso miserable sac&aacute;ndole
+barniz. &laquo;&iexcl;M&aacute;s, m&aacute;s!&raquo;, gritaba ella, frunciendo las cejas y apretando los
+labios, gozando, aunque fing&iacute;a dolores, una extra&ntilde;a voluptuosidad que
+ella sola pod&iacute;a comprender.</p>
+
+<p>Bonis, sudando gotas como pu&ntilde;os, frotaba, frotaba incansable, con una
+sonrisa poco menos que ser&aacute;fica clavada en el apacible rostro: sus ojos,
+azules y claros, muy abiertos, sonre&iacute;an tambi&eacute;n a dulces im&aacute;genes y a
+deleitosos recuerdos. En vano Emma refunfu&ntilde;aba, se quejaba, le increpaba
+y con palabras crueles le ofend&iacute;a; no la o&iacute;a siquiera; cumpl&iacute;a su deber
+y andando.</p>
+
+<p>Volvi&oacute; ella la cabeza hacia arriba, y al ver la expresi&oacute;n de beatitud de
+aquella cara, quedose pasmada ante semejante alarde de paciencia y
+humildad absoluta.</p>
+
+<p>&mdash;A este algo le pasa, algo muy raro.... Parece m&aacute;s tonto que de
+costumbre, y al mismo tiempo en esa cara hay una expresi&oacute;n que yo no he
+visto nunca.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Sabes que andas distra&iacute;do, joven?</p>
+
+<p>Aquel joven era la tremenda iron&iacute;a de la mujer que, vi&eacute;ndose mustia y
+enfermiza, recordaba al tierno esposo que &eacute;l envejec&iacute;a, gracias, no s&oacute;lo
+a los a&ntilde;os, sino tambi&eacute;n a los disgustos de aquella servidumbre
+conyugal.</p>
+
+<p>El joven no contestaba cosa de sustancia y entonces ella le miraba de
+hito en hito, y daba vueltas alrededor de &eacute;l, para ver si por alg&uacute;n lado
+estaba abierto y se le ve&iacute;a el secreto que deb&iacute;a de tener entre pecho y
+espalda. Despu&eacute;s le olfateaba. Le daba el coraz&oacute;n que por el olfato
+hab&iacute;an de empezar los descubrimientos... &iquest;A qu&eacute; ol&iacute;a aquel hombre? Ol&iacute;a
+a ella, a los ung&uuml;entos con que la frotaba, al espliego y alcanfor de su
+jurisdicci&oacute;n ordinaria. &laquo;Habr&aacute; que olerle cuando venga de fuera, de la
+calle&raquo;. Y le despach&oacute;, como casi siempre, con cajas destempladas.</p>
+
+<p>Emma dorm&iacute;a mucho, y aun despierta ten&iacute;a necesidad de estar
+completamente sola muchas horas, porque adem&aacute;s de las intimidades a que
+pod&iacute;a y deb&iacute;a asistir Bonifacio, hab&iacute;a otras m&aacute;s rec&oacute;nditas que no pod&iacute;a
+presenciar ni el marido; eran unas las del tocador, secreto de secretos,
+y otras misteriosas man&iacute;as de cuya existencia no quer&iacute;a ella que supiese
+nadie. A&ntilde;&aacute;dase a esto que hab&iacute;a conservado la mala costumbre de so&ntilde;ar
+despierta horas y horas en su lecho, antes de levantarse, y en tales
+deliquios de la pereza, as&iacute; como en las frecuentes rachas de murria,
+Emma no toleraba la presencia de ning&uacute;n semejante. Por todo lo cual,
+Bonis, a pesar de la estricta sujeci&oacute;n de sus tareas de marido
+enfermero, ten&iacute;a por suyo mucho tiempo; el caso era ser exacto a las
+horas de servicio; de las dem&aacute;s no ped&iacute;a cuentas el tirano. Todas las
+que, tiempo atr&aacute;s, viv&iacute;a Reyes olvidado por el mundo entero, sin tener
+que dar noticia de su empleo a nadie, a fuerza de ser &eacute;l persona
+insignificante, ahora las dedicaba, siempre que hab&iacute;a modo, a su amor.
+Ve&iacute;a a Serafina en el teatro, en la posada y en los largos paseos que
+daban juntos por parajes muy retirados o lejos de la ciudad.</p>
+
+<p>Aquel d&iacute;a, despu&eacute;s de lavarse bien con esponjas grandes y finas, g&eacute;nero
+de limpieza que hab&iacute;a aprendido observando a la Gorgheggi en su tocador,
+sali&oacute; saltando las escaleras de dos en dos.</p>
+
+<p>Y se dec&iacute;a: &laquo;&iquest;Qu&eacute; me importa ser aqu&iacute; esclavo y oler a botica que
+apesto, si en otra parte soy due&ntilde;o del m&aacute;s hermoso imperio, &aacute;rbitro de
+la voluntad m&aacute;s digna de ser rendida, y me aguarda lecho de rosas y de
+aromas, que no s&eacute; si ser&aacute;n orientales, pero que enloquecen?&raquo;.</p>
+
+<p>Seguro estaba Bonis de que era aquel vivir suyo un rodar al abismo; que
+no pod&iacute;a parar en bien todo aquello era claro; pero ya... preso por
+uno... y adem&aacute;s, en los libros rom&aacute;nticos, a que era m&aacute;s aficionado cada
+d&iacute;a, hab&iacute;a aprendido que a &laquo;bragas enjutas no se pescan truchas&raquo;; que un
+hombre de grandes pasiones, como &eacute;l estaba siendo sin duda, y metido en
+aventuras extraordinarias, ten&iacute;a que parar en el infierno, o, por lo
+menos, en las garras de su mujer y en un corte de cuentas de D. Juan
+Nepomuceno. Al pensar en D. Juan tembl&oacute; de fr&iacute;o, porque se acord&oacute; de que
+los siete mil reales de la restituci&oacute;n providencial hab&iacute;an ido
+evapor&aacute;ndose, hasta quedar reducidos, en el d&iacute;a de la fecha, a dos mil.
+Lo dem&aacute;s hab&iacute;a parado en manos de Serafina, ya en forma de regalos, ya
+en dinero, pues cierta clase de gastos indispensables no hab&iacute;a tenido
+valor para hacerlos por s&iacute; mismo, temiendo que el secreto de sus amores
+pudiera ser conocido y divulgado por los comerciantes. &iquest;Con qu&eacute; cara iba
+&eacute;l a pedir en una tienda de su pueblo polvos de arroz de los m&aacute;s finos,
+ligas de seda, medias bordadas y pantalones de mujer con el jaret&oacute;n por
+aqu&iacute; o por all&aacute;?</p>
+
+<p>En cuanto a Mochi, no se hab&iacute;a vuelto a acordar para nada de dinero, ni
+para pedirlo, ni para pagar lo que deb&iacute;a. &laquo;En la cuesti&oacute;n de cantidades&raquo;
+no quer&iacute;a pensar Reyes; se figuraba que toda la deuda del Estado era
+cosa suya, la deb&iacute;a &eacute;l. &iexcl;Primero mil reales, despu&eacute;s seis mil, ahora los
+siete mil de la restituci&oacute;n... el mundo, el mundo entero en forma de
+guarismos! No, no contaba &eacute;l as&iacute;; no se representaba las cantidades
+fijas, ni menos la suma de todas; &eacute;l recordaba que primero hab&iacute;a
+prestado lo que no ten&iacute;a; despu&eacute;s much&iacute;simo m&aacute;s, y, por &uacute;ltimo, que
+hab&iacute;a cometido el gran sacrilegio de profanar una cantidad sagrada,
+producto del secreto del confesonario, emple&aacute;ndola en un cors&eacute; regente,
+en unos b&uacute;caros con chinos pintados, en sortijas, flores y pantalones de
+se&ntilde;ora... &iexcl;Horror! &laquo;S&iacute;, horror, pero &iquest;y qu&eacute; se le iba a hacer? Preso por
+uno.... Aquella misma atrocidad de haber gastado tanto dinero que no era
+suyo demostraba la intensidad, la fuerza irresistible de su pasi&oacute;n. Pues
+adelante&raquo;. Cierto era que quedaba el rabo por desollar. D. Juan
+Nepomuceno le ten&iacute;a cogido por las narices, y pod&iacute;a hacer de &eacute;l lo que
+le viniese en voluntad.</p>
+
+<p>Poco a poco la figura de Nepomuceno, del odiado y odioso Nepomuceno,
+hab&iacute;a ido creciendo a los ojos de la imaginaci&oacute;n espantada de Bonis;
+sobre todo, las patillas cenicientas, en que el desgraciado ve&iacute;a el
+s&iacute;mbolo de todas las matem&aacute;ticas aplicadas a la hacienda, el s&iacute;mbolo de
+los aborrecibles intereses materiales, del negocio, de la previsi&oacute;n y
+del ahorro... y la trampa si a mano viene; aquellas patillas hab&iacute;an
+subido, tocado las nubes, y en el inmenso abismo hund&iacute;an los lacios
+hilos grises de sus puntas. &iexcl;Rayo en ellas! Bonis, que amaba las letras,
+aborrec&iacute;a los guarismos, y en punto a aritm&eacute;tica, dec&iacute;a &eacute;l que todo lo
+entend&iacute;a menos la divisi&oacute;n; aquello de calcular a cu&aacute;ntos cab&iacute;an tantos
+entre tantos, siempre hab&iacute;a sido superior a sus fuerzas; al llegar a lo
+de tantos entre tantos no caben (o no cogen, como &eacute;l sol&iacute;a decir),
+sudaba y se volv&iacute;a est&uacute;pido y sent&iacute;a n&aacute;useas; pues bien, Nepomuceno,
+s&oacute;lo con su presencia, hasta en idea, le produc&iacute;a el mismo efecto que
+una divisi&oacute;n en que sobraba algo; no le cog&iacute;a el tal Nepomuceno.</p>
+
+<p>Y eso que el muy taimado callaba como un bellaco. Ni una palabra le
+hab&iacute;a dicho despu&eacute;s de haber descubierto y pagado el pr&eacute;stamo famoso de
+D. Benito. Es claro que tampoco Bonis hab&iacute;a abordado la cuesti&oacute;n; en
+este particular estaba el escribiente como el condenado a muerte que,
+con los ojos tapados, aguarda el golpe del verdugo, y con gran sorpresa,
+pero sin perder el miedo, siente que el tiempo pasa y el golpe no llega.
+De otra manera tambi&eacute;n se figuraba su situaci&oacute;n Reyes, fecundo siempre
+en alegor&iacute;as y toda clase de representaciones fant&aacute;sticas; se figuraba
+que a sus pies hab&iacute;a una gran mina, que &eacute;l estaba seguro de que el fuego
+hab&iacute;a prendido en la mecha... &iquest;Por qu&eacute; no ven&iacute;a el estallido? &iquest;Se hab&iacute;a
+mojado la p&oacute;lvora? &iquest;Se hab&iacute;a mojado la mecha? No; &eacute;l estaba convencido
+de que Nepomuceno estaba seco y bien seco; ser&iacute;a que la mecha era m&aacute;s
+larga que &eacute;l hab&iacute;a pensado; el fuego iba dando rodeos, pero el estallido
+vendr&iacute;a, &iexcl;no pod&iacute;a faltar! Aun as&iacute;, daba gracias a Dios por aquel plazo,
+que le permit&iacute;a entregarse a su gran pasi&oacute;n sin complicaciones
+econ&oacute;micas, que todo lo hubieran aguado.</p>
+
+<p>Lleg&oacute; Bonis al ensayo oliendo a agua de colonia, risue&ntilde;o y arrogante
+hasta el punto que &eacute;l pod&iacute;a serlo. Gran algazara hab&iacute;a en el escenario.
+Aquel d&iacute;a era de los de sol all&iacute; dentro, a pesar de que poca luz pod&iacute;a
+entrar hasta la escena y la sala por las puertas de los palcos y los
+ventiladores del techo; el sol que vio all&iacute; Reyes era un sol moral
+(quer&iacute;a decirse que todos estaban contentos); Mochi hab&iacute;a pagado y las
+rencillas hab&iacute;an concluido, o, por lo menos, quedaban escondidas; el
+bar&iacute;tono embromaba a la contralto, el director de orquesta al bajo,
+Mochi a una se&ntilde;ora del coro, y la Gorgheggi iba y ven&iacute;a repartiendo
+sonrisas y saludos con voz de p&aacute;jaro; para todos ten&iacute;a inocentes
+coqueter&iacute;as, agasajos de voz y de gesto: para los de la escena, para los
+se&ntilde;ores de las bolsas o faltriqueras, y hasta para tal o cual m&uacute;sico que
+hab&iacute;a desafinado o perdido el tiempo. Serafina, radiante, se lo
+perdonaba con una interjecci&oacute;n o una inclinaci&oacute;n de cabeza, y cargaba
+con la responsabilidad. Tal vez el director dec&iacute;a: &laquo;&iexcl;Cristo!&raquo; y miraba
+con fingido enojo al trompa, y entonces ella encog&iacute;a los hombros y
+mord&iacute;a la punta de la lengua con picard&iacute;a de colegiala, para decir
+enseguida, llena de abnegaci&oacute;n:</p>
+
+<p>&mdash;Maestro, maestro... senti, non e'colpevole, questo signore, sono io.</p>
+
+<p>&iexcl;Qu&eacute; m&uacute;sica de voz! &iexcl;Qu&eacute; coraz&oacute;n!, pensaba Bonis, que entraba en el
+palco de sus amigos.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="VIII" id="VIII"></a>-VIII-</h2>
+
+
+<p>En el caf&eacute; de la Oliva se dispuso cierta noche una cena para doce
+personas, en el comedor de arriba; un cuarto oscuro que a los calaveras
+del pueblo y al amo del establecimiento les parec&iacute;a muy reservado, y muy
+misterioso, y muy a prop&oacute;sito para org&iacute;as, como dec&iacute;an ellos.</p>
+
+<p>El camarero de la guitarra y otros dos colegas se esmeraban en el
+servicio de la mesa, porque eran los de la &oacute;pera los que ven&iacute;an a cenar;
+y... &iexcl;colmo de la expectaci&oacute;n!, se aguardaba tambi&eacute;n a las c&oacute;micas;
+vendr&iacute;an la tiple, la contralto, una hermana de esta y la doncella de
+Serafina, que en los carteles figuraba con la categor&iacute;a dudosa de otra
+tiple.</p>
+
+<p>El &uacute;nico profano a quien se invit&oacute; fue Bonifacio; &eacute;l, lleno de orgullo
+art&iacute;stico, pero recordando que la hora se&ntilde;alada para la tal cena era de
+las que su esposa le ten&iacute;a embargadas para las &uacute;ltimas friegas, ofreci&oacute;
+ir a los postres y al caf&eacute;, reserv&aacute;ndose el cuidado de echar a correr a
+su tiempo debido. No sab&iacute;a que a lo que &eacute;l iba era a pagar. Esto lo supo
+despu&eacute;s, cuando, ebrio de amor y un poco de benedictino non sancto,
+hab&iacute;a ca&iacute;do en el pante&iacute;smo alalo a que le llevaban todos los
+entusiasmos de su organismo, m&aacute;s empobrecido de lo que promet&iacute;an las
+buenas apariencias de su persona.</p>
+
+<p>Lleg&oacute; cuando los m&uacute;sicos y cantantes saboreaban el ponche a la romana
+que Mochi hab&iacute;a incluido en la lista de la cena. Fue recibido con una
+aclamaci&oacute;n, en que tomaron parte las se&ntilde;oras. Sin saber c&oacute;mo, y cuando
+la emoci&oacute;n producida por tal recibimiento a&uacute;n le ten&iacute;a medio aturdido,
+se vio Reyes al lado de su &iacute;dolo, Serafina, que hab&iacute;a comido mucho y
+bebido proporcionadamente. Estaba muy colorada y de los ojos le saltaban
+chispas. En cuanto tuvo junto a s&iacute; a Bonis, le plant&oacute; un pie encima, un
+pie sin zapato, calzado con media de seda.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Nene&mdash;dijo acerc&aacute;ndole la cara al o&iacute;do&mdash;, apestas a colonia!</p>
+
+<p>Y le azot&oacute; un tobillo, por encima del pantal&oacute;n, con el pie descalzo.
+Bonis se ruboriz&oacute; no por lo del pie, sino por lo de la colonia; aquel
+olor era el rastro de su esclavitud dom&eacute;stica.</p>
+
+<p>&laquo;Si yo no oliese a colonia, &iexcl;a qu&eacute; oler&iacute;a!&raquo; pens&oacute;. Pero olvid&oacute; enseguida
+su verg&uuml;enza al o&iacute;r a Serafina que, qued&aacute;ndose muy seria, con la voz
+algo ronca con que le hablaba siempre en la intimidad de su pasi&oacute;n, le
+dijo, otra vez, al o&iacute;do casi:</p>
+
+<p>&mdash;Ac&eacute;rcate m&aacute;s, aqu&iacute; nadie ve nada... ya todos est&aacute;n borrachos.</p>
+
+<p>Y sin esperar respuesta, y antes que Bonis se moviese, ella,
+bruscamente, sin levantarse, hizo que su silla chocara con la del
+amante, y ambos cuerpos quedaron en apretado contacto. El olor a colonia
+desapareci&oacute;, como deslumbrado por el m&aacute;s picante y complejo, que era una
+atm&oacute;sfera casi espiritual de Serafina; aquel olor a perfumes fuertes,
+pero finos, mezclado con el aroma natural de la cantante, era lo que
+determinaba siempre en Bonis las m&aacute;s violentas crisis amorosas. Perdi&oacute;
+el miedo, aturdido por aquella proximidad ardiente y olorosa de su
+amada, y como si esto fuera escasa borrachera, se dej&oacute; seducir por las
+tretas de Mochi, que le invitaban sin cesar a beber de todo. Bebi&oacute; Reyes
+ponche, champa&ntilde;a, benedictino despu&eacute;s, y ya, sin conciencia despierta
+para reprobar las demas&iacute;as que se permit&iacute;an el bar&iacute;tono y la contralto y
+alguna otra pareja, consinti&oacute; en brindar, por &uacute;ltimo, cuando de todas
+partes sal&iacute;an exclamaciones que le invitaban a desahogar su coraz&oacute;n en
+el seno de aquella amistad art&iacute;stica, &laquo;no por nueva, pensaba &eacute;l, menos
+firme y honda&raquo;.</p>
+
+<p>Borracho del todo nunca lo hab&iacute;a estado Bonifacio; un poco m&aacute;s que
+alegre, s&iacute;, aunque no muchas veces; y en tales trances era cuando se le
+soltaba la lengua un poco, y dec&iacute;a aproximadamente algo parecido a lo
+mucho que le bull&iacute;a en el pecho.</p>
+
+<p>Consult&oacute; con los candorosos ojos a su amada si har&iacute;a bien o mal en
+brindar; la Gorgheggi aprob&oacute; el brindis con un apret&oacute;n de manos
+subrepticio, y el flautista frustrado se levant&oacute; entre aplausos.</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;oras y se&ntilde;ores&mdash;dijo con una copa de agua en la mano&mdash;, es tanto mi
+agradecimiento, es tal la emoci&oacute;n que me embarga, que... lo digo yo y no
+me arrepiento, yo, Bonifacio Reyes, pago todo el gasto... eso es, toda
+la comida y toda la bebida... <i>botiller&iacute;a</i> inclusive.... Benito (a un
+camarero), ya lo oyes, todo esto es cuenta m&iacute;a. (Bravos y exclamaciones.
+Mochi sonre&iacute;a satisfecho, como pudiera estarlo un profeta que ve
+cumplida su profec&iacute;a.) Yo lo pago todo, y no hay que preguntarme de
+d&oacute;nde salen las misas. Preso por uno, preso por ciento, y uno... eso
+es.... Nadie me toque a la vida privada. &iexcl;Ah&iacute; le duele!... La vida
+privada de la vida ajena es un sagrado, arca santa, arca sanctorum....</p>
+
+<p>&mdash;Sancta Sanctorum!&mdash;interrumpi&oacute; un apuntador que hab&iacute;a sido seminarista.
+(Voces de: &iexcl;silencio!, &iexcl;fuera!)</p>
+
+<p>&mdash;Bueno; sanctorum omnium. Se&ntilde;ores, yo no puedo... yo no s&eacute; decir, ni
+debo, ni puedo ni quiero, todo lo que para m&iacute; significa vuestro
+cari&ntilde;o.... Yo amo el arte... pero no lo s&eacute; expresar; me falta la forma,
+pero mi coraz&oacute;n es art&iacute;stico; el arte y el amor son dos aspectos de una
+misma cosa, el anverso y el reverso de la medalla de la belleza,
+dig&aacute;moslo as&iacute;. (Bravos; asombro en los c&oacute;micos.) Yo he le&iacute;do algo... yo
+comprendo que la vida perra que he llevado siempre en este pueblo
+maldito es mezquina, miserable... la aborrezco. Aqu&iacute; todos me
+desprecian, me tienen en la misma estimaci&oacute;n que a un perro in&uacute;til,
+viejo y desdentado... y todo porque soy de car&aacute;cter suave y desprecio
+los bienes puramente materiales, el oro vil, y sobre todo la industria y
+el comercio.... No s&eacute; negociar, no s&eacute; intrigar, no s&eacute; producirme en
+sociedad... luego soy un bicho, &iexcl;absurdo!, yo comprendo, yo siento... yo
+s&eacute; que aqu&iacute; dentro hay algo.... Pues bien, vosotros, artistas, a quien
+tambi&eacute;n tienen en poco estos mercachifles sedentarios, estas lapas,
+estas ostras de provincia, me comprend&eacute;is, me toler&aacute;is, me agasaj&aacute;is, me
+aplaud&iacute;s, admit&iacute;s mi compa&ntilde;&iacute;a y....</p>
+
+<p>Bonis estaba p&aacute;lido, se le atragantaban las palabras, hac&iacute;a pucheros, y
+su emoci&oacute;n, de apariencia rid&iacute;cula, no les pareci&oacute; tal por algunos
+momentos a los presentes, que sin gritar ni moverse siquiera, escuchaban
+al pobre hombre con inter&eacute;s, serios, pasmados de o&iacute;r a un infeliz, a un
+botarate, algo que les llegaba muy adentro, que les halagaba y
+enternec&iacute;a. Al orador no le faltaban palabras, pero las l&aacute;grimas le
+sal&iacute;an al camino y quer&iacute;an pasar primero; adem&aacute;s, las malditas piernas
+se le desplomaban, seg&uacute;n costumbre, y as&iacute;, se le ve&iacute;a ir dobl&aacute;ndose, y
+casi tocaba con la barba en el mantel, cuando sigui&oacute; diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah, amigos m&iacute;os! Mochi amigo, Gaetano car&iacute;simo (el bar&iacute;tono), vosotros
+no pod&eacute;is saber cu&aacute;nto me halaga que al pobre Reyes abandonado,
+despreciado, humillado, le comprendan y quieran los artistas. Si yo me
+atreviera huir&iacute;a con vosotros, ser&iacute;a el &uacute;ltimo, pero artista,
+independiente, libre, sin miedo al porvenir, sin pensar en &eacute;l, pensando
+en la m&uacute;sica... &iquest;Cre&eacute;is que no os comprendo? &iexcl;Cu&aacute;ntas veces leo en
+vuestro rostro las preocupaciones que os afligen, los cuidados del
+ma&ntilde;ana incierto! Pero poco a poco el arte os devuelve a vuestra
+tranquilidad, a vuestra descuidada existencia; un aplauso os sirve de
+opio, el puro amor del canto os embelesa y saca de la miserable vida
+real.... Y el &uacute;ltimo de vosotros, Cornelio, que no tiene m&aacute;s que un traje
+de verano para invierno, olvida o desprecia esta miseria, y se
+entusiasma al gritar, lleno de inspiraci&oacute;n art&iacute;stica, en su papel
+modesto de corista distinguido, aquello de la Lucrezia: Vivva il Madera!
+(Bravos y aplausos interrumpen al orador. El corista aludido, que est&aacute;
+presente y, en efecto, luce un traje digno de los tr&oacute;picos y muy usado,
+abraza a Reyes, que le besa entre l&aacute;grimas.)</p>
+
+<p>Quiso continuar, pero no pudo; cay&oacute; sobre su silla como un saco, y
+Serafina, orgullosa de aquella oratoria inesperada y de la discreci&oacute;n
+con que su amante se abstuvo de aludirla, le felicita con un apret&oacute;n de
+manos y otro de pies m&aacute;s en&eacute;rgico.</p>
+
+<p>Mochi se aproxima al h&eacute;roe, le abraza y le dice al o&iacute;do, roz&aacute;ndose los
+rostros:</p>
+
+<p>&mdash;Bonifacio, lo que te debo, lo que vales, nunca lo olvidar&aacute; este pobre
+artista desconocido y postergado.</p>
+
+<p>Las l&aacute;grimas de Mochi, mezcladas con los polvos de arroz que no ha
+limpiado bien aquella noche, caen sobre las mejillas del improvisado
+anfitri&oacute;n.</p>
+
+<p>Al cual apenas le quedan fuerzas para pensar.... Mas de repente da un
+brinco, l&iacute;vido, y con el brazo en tensi&oacute;n, se&ntilde;ala con el &iacute;ndice a la
+esfera del reloj que tiene enfrente.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;La hora!&mdash;grita aterrado, y procura separarse de la mesa y echar a
+correr....</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; hora?&mdash;preguntan todos.</p>
+
+<p>&mdash;La hora de.... Bonis mir&oacute; a Serafina con ojos que imploraban compasi&oacute;n y
+ser adivinados.</p>
+
+<p>Serafina comprendi&oacute;; sab&iacute;a algo, aunque no lo m&aacute;s humillante, de aquella
+esclavitud dom&eacute;stica.</p>
+
+<p>&mdash;Dejadle, dejadle salir, tiene que hacer a estas horas, sin falta... no
+s&eacute; qu&eacute;, pero es cosa grave; dejadle salir.</p>
+
+<p>Bonis bes&oacute; con la melanc&oacute;lica y pegajosa mirada a su &iacute;dolo, ya que no
+pod&iacute;a de otro modo, y enternecido por el agradecimiento, tom&oacute; la
+escalera....</p>
+
+<p>Los c&oacute;micos le dejaron ir, pero miraron a Mochi como pregunt&aacute;ndole algo
+que &eacute;l deb&iacute;a adivinar.</p>
+
+<p>Mochi, risue&ntilde;o, tranquilo, retorci&eacute;ndose el afilado bigote, adivin&oacute; en
+efecto, y dijo:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh, se&ntilde;ores, no hay cuidado! Palabra de rey; aqu&iacute; le conocen y saben
+que no hay dinero m&aacute;s seguro que el del Sr. Reyes. Si no ha pagado ahora
+mismo, habr&aacute; sido por olvido... o por no ofendernos.</p>
+
+<p>&mdash;Claro&mdash;dijo el bar&iacute;tono&mdash;; eso ser&iacute;a limitar el gasto....</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, se conoce que es un caballero.</p>
+
+<p>Todos convinieron en que Bonis pagar&iacute;a todo el gasto que se hiciera
+aquella noche.</p>
+
+<p>En cuanto a Bonifacio, comprend&iacute;a, muy a su placer, que por el camino se
+le iba aliviando la borrachera. Estaba seguro de que aquella buena
+acci&oacute;n que hab&iacute;a comenzado el fresco de la noche, la llevar&iacute;a a remate
+el miedo que le daba su mujer.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, estoy tranquilo, debo estar tranquilo; cuando entre en su cuarto,
+el instinto de la conservaci&oacute;n, llam&eacute;moslo as&iacute;, me har&aacute; recuperar el uso
+de todas mis facultades, y Emma no conocer&aacute; nada. Adem&aacute;s, puede que se
+haya dormido, y en tal caso hasta ma&ntilde;ana no habr&aacute; ri&ntilde;a por mi tardanza;
+y lo que es ma&ntilde;ana, ya estar&eacute; yo tan limpio de vino como el Cor&aacute;n.</p>
+
+<p>Lleg&oacute; a casa, abri&oacute; con su llav&iacute;n, encendi&oacute; una luz, subi&oacute; de puntillas
+y entr&oacute; en las habitaciones de su mujer. Una triste lamparilla,
+escondida entre cristales mates de un blanco rosa, alumbraba desde un
+rinc&oacute;n del gabinete; en la alcoba en que dorm&iacute;a Emma, las tinieblas
+estaban en mayor&iacute;a; la poca luz que all&iacute; alcanzaba serv&iacute;a s&oacute;lo para dar
+formas disparatadas y formidables a los m&aacute;s inocentes objetos.</p>
+
+<p>Bonis se acerc&oacute; al lecho a tientas, estirando el cuello, abriendo mucho
+los ojos y pisando de un modo particular que &eacute;l hab&iacute;a descubierto para
+conseguir que las botas no chillasen, como sol&iacute;an. Esta era una de las
+fatalidades a que se cre&iacute;a sujeto por ley de adverso destino; siempre
+las suelas de su calzado eran estrepitosas.</p>
+
+<p>Al acercarse a su mujer se le ocurri&oacute; recordar al moro de Venecia, de
+cuya historia sab&iacute;a por la &oacute;pera de Rossini; s&iacute;, &eacute;l era Otello y su
+mujer Desd&eacute;mona... s&oacute;lo que al rev&eacute;s, es decir, &eacute;l ven&iacute;a a ser un
+Desd&eacute;mono y su esposa pod&iacute;a muy bien ser una Otela, que genio para ello
+no le faltaba.</p>
+
+<p>Lo principal, por lo pronto, era averiguar si dorm&iacute;a.</p>
+
+<p>&Eacute;l se lo pidi&oacute; al Hacedor Supremo con todas las veras de su coraz&oacute;n.
+Hab&iacute;a pasado un cuarto de hora de la se&ntilde;alada para las &uacute;ltimas friegas
+de la noche.</p>
+
+<p>&mdash;Por lo menos calla&mdash;pens&oacute;, cuando ya estaba quieto, porque sus pies
+hab&iacute;an tropezado con los de la cama.</p>
+
+<p>Por desgracia, el silencio no era prueba del sue&ntilde;o; es m&aacute;s, aunque
+tuviese los ojos cerrados no hab&iacute;a prueba; porque muchas veces, por
+mortificarle, por castigarle, callaba, as&iacute;, con los ojos cerrados, y no
+respond&iacute;a aunque la llamase; no respond&iacute;a a no ser &iexcl;terrible era
+pensarlo!, pero &iquest;c&oacute;mo neg&aacute;rselo a s&iacute; mismo?, a no ser con una bofetada y
+un</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Toma! &iexcl;Vete a asustar a tu abuela!... &iexcl;Infame, traidor, mal marido,
+mal hombre! etc&eacute;tera, etc.</p>
+
+<p>Todo esto era hist&oacute;rico; ya sab&iacute;a Bonis que si alg&uacute;n d&iacute;a se le ocurr&iacute;a
+escribir sus Memorias, que no las escribir&iacute;a, &iquest;para qu&eacute;?, habr&iacute;a que
+omitir lo de las bofetadas, porque en el arte no pod&iacute;an entrar ciertas
+tristezas de la realidad excesivamente miserables, y lo que es sus
+Memorias, o no ser&iacute;an, o ser&iacute;an art&iacute;sticas; pero omiti&eacute;ralas o no, las
+bofetadas eran hist&oacute;ricas. No hab&iacute;an sido muchas, pero hab&iacute;an sido. Y
+m&aacute;s ten&iacute;a que confesarse, que en rigor, en rigor, no le ofend&iacute;an mucho;
+m&aacute;s quer&iacute;a un cachete, si a mano viene, que una chiller&iacute;a; el ruido lo
+&uacute;ltimo de todo. Adem&aacute;s, Emma cuando le insultaba, se repet&iacute;a; s&iacute;, se
+repet&iacute;a cien y cien veces, y aquello le llegaba a marear. Verdad era que
+cuando le pegaba se repet&iacute;a tambi&eacute;n; bueno, pero no tanto.</p>
+
+<p>Emma ten&iacute;a los ojos cerrados. Su esposo no se fiaba y le acerc&oacute; un o&iacute;do
+a la boca. Su respiraci&oacute;n ten&iacute;a el ritmo regular del sue&ntilde;o. Pod&iacute;a ser
+fingido. No se sab&iacute;a si dorm&iacute;a o no. En cuanto a llamarla, hac&iacute;a tiempo
+que hab&iacute;a renunciado a semejante prueba. Prefer&iacute;a estar all&iacute;, con la
+cabeza inclinada sobre el rostro de la supuesta enferma, porque, en todo
+caso, constar&iacute;a que &eacute;l, Bonis, hab&iacute;a cumplido con su deber procurando
+indagar si el sue&ntilde;o de su esposa era real o fingido. Si pasaban tres o
+cuatro minutos, declaraba a Emma en rebeld&iacute;a y se retiraba satisfecho
+por haber cumplido con su deber. Pod&iacute;a al d&iacute;a siguiente echarle en cara
+su abandono, el olvido en que la ten&iacute;a, etc&eacute;tera, etc.; pero &eacute;l estaba
+seguro de que se quejaba sin raz&oacute;n, porque se dec&iacute;a: &laquo;Si estaba
+despierta, demasiado sabe que no falt&eacute; de mi puesto; si dorm&iacute;a, &iquest;para
+qu&eacute; necesit&oacute; de m&iacute;?&raquo;.</p>
+
+<p>Pasaron los cuatro minutos de espera y Bonis quiso, por lo excepcional
+de las circunstancias, prolongar la experiencia.</p>
+
+<p>A los cinco minutos Emma abri&oacute; los ojos desmesuradamente, y con una
+tranquilidad fr&iacute;a y perezosa, dijo, en una voz apagada que horrorizaba
+siempre a Bonis:</p>
+
+<p>&mdash;Hueles a polvos de arroz.</p>
+
+<p>En las novelas rom&aacute;nticas de aquel tiempo usaban los autores muy a
+menudo, en las circunstancias cr&iacute;ticas, esta frase expresiva: &laquo;&iexcl;Un rayo
+que hubiera ca&iacute;do a sus pies no le hubiera causado mayor espanto!&raquo;.</p>
+
+<p>Sin querer, Bonis se dijo a s&iacute; mismo muy para sus adentros el
+sustancioso s&iacute;mil &laquo;un rayo que hubiera ca&iacute;do a mis pies, etc.&raquo;, y por
+una asociaci&oacute;n de ideas, a&ntilde;adi&oacute; por cuenta propia: &laquo;&iexcl;Mal rayo me parta!
+&iexcl;Maldita sea mi suerte!&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Hueles a polvos de arroz&mdash;repiti&oacute; Emma.</p>
+
+<p>Tampoco ahora contest&oacute; Bonis en voz alta. Pens&oacute; lo siguiente: &laquo;En todo
+soy desgraciado, hasta la Providencia es injusta conmigo; me castiga
+cuando no lo merezco: cien veces habr&eacute; olido a polvos de arroz, y
+nada... y hoy... hoy que no hay de qu&eacute;... hoy que no lo he...&raquo;. De
+repente, se acord&oacute; de Mochi, de su abrazo y de que, en efecto, las
+l&aacute;grimas de borracho con que le hab&iacute;a mojado, le ol&iacute;an a polvos de
+arroz. &laquo;&iexcl;Maldit&iacute;simo marica!&mdash;pens&oacute;&mdash;; fue &eacute;l, el sob&oacute;n del tenor Mochi....
+y ahora, &iexcl;qu&eacute; conflicto!, &iexcl;qu&eacute; tormenta! Porque &iquest;qui&eacute;n le dice a esta....
+'Mira, s&iacute;, huelo a polvos de arroz, pero es porque... me abraz&oacute; y me
+bes&oacute;... &iexcl;el tenor de la Compa&ntilde;&iacute;a italiana!'?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;Hueles a polvos de arroz&mdash;dijo por tercera vez la esposa desvelada.</p>
+
+<p>Y con gran sorpresa del marido, un brazo que sali&oacute; de entre la ropa del
+lecho no se alarg&oacute; en adem&aacute;n agresivo, sino que suavemente rode&oacute; la
+cabeza de Bonis y la oprimi&oacute; sin ira. Emma entonces olfate&oacute; muy de cerca
+sobre el cuello de Reyes, y este lleg&oacute; a creer que ya no le ol&iacute;a con la
+nariz, sino con los dientes. Temi&oacute; una traici&oacute;n de aquella gata; temi&oacute;,
+as&iacute; Dios le salvase, un tremendo mordisco sobre la yugular, una sangr&iacute;a
+suelta... pero al retroceder con un ligero esfuerzo, sinti&oacute; sobre la
+nuca el peso de dos brazos que le apretaban con tal especie de ah&iacute;nco,
+que no pod&iacute;a confundirse con la violencia ni el dolo malo; y acab&oacute; de
+entender, con gran sorpresa, de qu&eacute; se trataba, cuando oy&oacute; un gemido
+ronco y mimoso, de voluptuosidad so&ntilde;olienta, imperativa en medio del
+abandono, gemido que &eacute;l conoc&iacute;a perfectamente y cuyo significado no
+pod&iacute;a confundirse con nada. Significaba todo aquello el renacimiento de
+una iniciativa conyugal largo tiempo abandonada. En la intimidad de las
+intimidades no ten&iacute;a Bonis mando superior al que le hab&iacute;a sido conferido
+en los dem&aacute;s quehaceres dom&eacute;sticos; de su espontaneidad no se esperaba
+ni se admit&iacute;a cosa alguna. Un rayo que hubiera ca&iacute;do a sus pies... y de
+repente se hubiese convertido en lluvia de flores, no hubiera causado
+mayor sorpresa al amante de Serafina, que la actitud de su mujer
+so&ntilde;olienta y caprichosa; pero sin andarse en averiguaciones de causas
+pr&oacute;ximas o remotas, ech&oacute; sus cuentas Bonifacio, y se dijo en el fuero
+interno, sin pararse a examinar la exactitud de la frase, &laquo;lo echaremos
+todo a barato&raquo;; y a la invitaci&oacute;n de su hembra hecha por se&ntilde;as
+infalibles, que levantaban en el alma nubes melanc&oacute;licas de recuerdos
+que se deslizaban delante de una luna de miel muy hundida en el
+firmamento oscuro, contest&oacute; con otras se&ntilde;as que fueron estimadas en lo
+que val&iacute;an.</p>
+
+<p>&laquo;Esto no es infidelidad&mdash;pensaba Bonis&mdash;, esto es un 's&aacute;lvese el que
+pueda'&raquo;. Su conciencia de amante, la falsa conciencia del rom&aacute;ntico
+apasionado por principios, le acusaba, le dec&iacute;a que los recientes
+vapores de la org&iacute;a le prestaban un fuego que no era fingido; fuese
+resto de borrachera, agradecimiento, nostalgia de la luna de miel o lo
+que fuese, ello era que aquel pante&iacute;sta de la hora de los brindis no
+sent&iacute;a repugnancia ni mucho menos al cumplir aquella noche sus m&aacute;s
+rudimentarios deberes de esposo; a la sorpresa que le caus&oacute; la extra&ntilde;a
+actitud de Emma, sucedieron pronto muchas sorpresas de un orden
+inenarrable, ll&aacute;mese as&iacute;, sorpresas que le ense&ntilde;aron all&aacute; entre sue&ntilde;os,
+que el que m&aacute;s cree saber no sabe nada, que las apariencias enga&ntilde;an, que
+la aprensi&oacute;n hace ver lo que no hay, y viceversa; en fin, ello era que,
+o los dedos se le antojaban hu&eacute;spedes, o ve&iacute;a visiones, o su mujer no
+estaba tan en los &uacute;ltimos como ella dec&iacute;a, ni las gallinas y chuletas
+que juraba no digerir, ni los vinos exquisitos que aseguraba ella que la
+envenenaban, dejaban de surtir sus efectos en aquella &laquo;naturaleza&raquo;; que
+las unturas y el algod&oacute;n en rama hab&iacute;an producido una... palingenesia....
+algo as&iacute; como una vegetaci&oacute;n de la oscuridad, p&aacute;lida, pero no mezquina.
+La torcida y da&ntilde;ada conciencia del fiel amante y del marido infiel, se
+quejaba, no admit&iacute;a sofismas, all&aacute; en los adentros m&aacute;s nublados del
+turbado Bonis, que entre el sue&ntilde;o y la vigilia se entregaba, mitad por
+miedo, por desorientarla, como &eacute;l se dec&iacute;a, mitad por una especie de
+voluptuosidad nueva y que juzgaba monstruosa, se entregaba a los
+arrebatos del amor f&iacute;sico, no con gran originalidad por cierto, pero s&iacute;
+con una espontaneidad que era lo que m&aacute;s le remord&iacute;a en la citada
+conciencia de amante. Originalidad no la hab&iacute;a, no; frases, gritos
+ahogados, actitudes, novedades &iacute;ntimas del placer, que Emma recib&iacute;a con
+tibias protestas y acababa por saborear con delicia epil&eacute;ptica, y por
+aprender con la infalibilidad del instinto pecaminoso; todo esto era una
+copia de la otra pasi&oacute;n, todo revelaba el estilo de la Gorgheggi. Sin
+pasar de aquella misma noche, Bonis oy&oacute; a su mujer en el delirio del
+amor, que &eacute;l siempre llamaba para sus adentros f&iacute;sico (por distinguirle
+de otro), oy&oacute; a Emma interjecciones y vocativos del diccionario amoroso
+de su querida; y vio en ella especies de caricias serafinescas; todo
+ello era un contagio; le hab&iacute;a pegado a su mujer, a su esposa ante Dios
+y los hombres, el amor de la italiana, como una lepra; y de esto, la
+conciencia que protestaba era la del marido, la del padre de familia....
+virtual que hab&iacute;a en &eacute;l, en Bonifacio Reyes. &laquo;Esto es manchar el t&aacute;lamo
+con una especie de enfermedad secreta... moral... se dec&iacute;a, y esto es
+adem&aacute;s faltar a mis deberes... de fiel amante rom&aacute;ntico y art&iacute;stico&raquo;.
+Pero todos estos remordimientos mezclados y confusos se revolv&iacute;an all&aacute;
+en el fondo del pobre cerebro, entre vapores de la borrachera que hab&iacute;a
+cre&iacute;do desvanecida y que s&oacute;lo se hab&iacute;a descompuesto: por un lado era
+plomo que se le agolpaba a la cabeza, por otro lado lujuria exaltada,
+enfermiza, que amenazaba derretirle. Entre los brazos de Emma, Bonis o&iacute;a
+de cuando en cuando gritos que le estallaban dentro del cr&aacute;neo.
+&laquo;&iexcl;Bonifacio! &iexcl;Reyes! &iexcl;Bonifacio!&raquo; le dec&iacute;an aquellos tremendos
+estallidos, y reconoc&iacute;a la voz del bar&iacute;tono, y la del bajo, y la del que
+cantaba en Lucrezia: Vivva il Madera!</p>
+
+<p>Vino el d&iacute;a y se durmi&oacute; la triste pareja. A las diez despert&oacute; Emma, se
+acord&oacute; de todo, sonri&oacute; como una gata lo har&iacute;a si pudiera, y dio a su
+marido un puntapi&eacute; en la espinilla, diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;Bonis, lev&aacute;ntate, que va a venir Eufemia.</p>
+
+<p>Eufemia era la doncella que deb&iacute;a traerla el chocolate a Emma a las diez
+y cuarto en punto. No quer&iacute;a que la chica se enterase de que el
+matrimonio hab&iacute;a dormido de aquella manera.</p>
+
+<p>Cuando Bonis abri&oacute; los ojos a la realidad, como se dijo a s&iacute; mismo a los
+pocos segundos de despierto, lo primero que hizo fue bostezar, pero lo
+segundo... fue sentir una sed abrasadora de idealidad, de infinito, de
+regeneraci&oacute;n por el amor, y adem&aacute;s sed material no menos intensa, y
+grand&iacute;simos deseos de seguir durmiendo. Por lo dem&aacute;s, no quer&iacute;a pensar
+en su situaci&oacute;n; le horrorizaba, por varios conceptos. Sideo, se le
+ocurri&oacute; decir acord&aacute;ndose de una de las siete palabras del M&aacute;rtir de
+G&oacute;lgota, como &eacute;l llamaba a Nuestro Se&ntilde;or Jesucristo; pero como Emma
+repitiese el puntapi&eacute; con el pie desnudo en el hueso de la pierna
+derecha, Bonis tradujo su exclamaci&oacute;n, diciendo: &laquo;Tengo mucha sed....
+&iexcl;algo l&iacute;quido, por Dios!... &iexcl;aunque sea jarabe!...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oye, t&uacute;!; &iquest;sabes lo que te digo? Que te levantes antes que venga la
+chica... si t&uacute; no tienes verg&uuml;enza, la tengo yo....</p>
+
+<p>Y con aquella actividad y energ&iacute;a que caracterizaban a Emma y que hab&iacute;an
+hecho pensar mil veces a Bonis que su mujer hubiera sido un magn&iacute;fico
+hombre de acci&oacute;n, un pol&iacute;tico, un capit&aacute;n, digo que usando de estas
+cualidades, la esposa arroj&oacute; al esposo del t&aacute;lamo a patada limpia. No
+tuvo m&aacute;s remedio Reyes que vestirse provisionalmente deprisa y
+corriendo, y salir del cuarto de su media naranja sin m&aacute;s explicaciones:
+medio desnudo, descalzo, pues llevaba las botas en las manos (&iquest;c&oacute;mo
+calzar botas y no zapatillas al levantarse de la cama?), fue tropezando
+con todo por los pasillos, atraves&oacute; el comedor, bebi&oacute; en un vaso de agua
+olvidado all&iacute; la noche anterior, lleg&oacute; a su cuarto, se desnud&oacute; deprisa y
+mal, rompiendo botones; y en cuanto se vio en su lecho, en aquel que &eacute;l
+ten&iacute;a por propiamente suyo, pens&oacute; en entregarse a la reflexi&oacute;n y a los
+remordimientos de varias clases y harto contradictorios que le
+asediaban; pero la parte f&iacute;sica pudo m&aacute;s; y la dulce frescura de la cama
+tersa, la suavidad del colch&oacute;n bien mullido, le arrojaron, como sirenas
+vencedoras, en lo m&aacute;s hondo del mar del sue&ntilde;o, haciendo rodar sobre su
+cabeza olas de reposo y olvido.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="IX" id="IX"></a>-IX-</h2>
+
+
+<p>Durmi&oacute; como un muerto, pero no mucho. Como un resucitado volvi&oacute; a la
+vida haciendo gui&ntilde;os a la luz cruda de un rayo del sol del mediod&iacute;a, que
+por un resquicio de la ventana mal cerrada, se colaba hasta la punta de
+sus narices, hiri&eacute;ndole adem&aacute;s entre ceja y ceja.</p>
+
+<p>Aquel rayo de luz le recordaba los rayos m&iacute;sticos de las estampas de los
+libros piadosos; &eacute;l hab&iacute;a visto en pintura que a los santos reducidos a
+prisi&oacute;n, y aun en medio del campo, les sol&iacute;an caer sobre la cabeza rayos
+de sol por el estilo del que le estaba molestando. Si &eacute;l fuese id&oacute;latra
+(que no lo era), ver&iacute;a en aquello la mano de la Providencia. No era
+id&oacute;latra, pero cre&iacute;a en el Hacedor Supremo y en su justicia, que ten&iacute;a
+por principal alguacil la conciencia. Indudablemente su situaci&oacute;n, la de
+Bonis, se hab&iacute;a complicado desde la noche anterior. &laquo;Hueles a polvos de
+arroz&raquo;, hab&iacute;a dicho la enga&ntilde;ada esposa, tres veces lo hab&iacute;a dicho, y en
+vez de irritarse... de envenenarle o ahorcarle... &iexcl;cosa m&aacute;s rara!...</p>
+
+<p>Y al llegar aqu&iacute; se le pusieron delante de la imaginaci&oacute;n las carnes de
+su mujer tales como de soslayo y a escape las hab&iacute;a vislumbrado por la
+ma&ntilde;ana, al salir del lecho conyugal. No era lo mismo lo que hab&iacute;a cre&iacute;do
+ver en el delirio o exaltaci&oacute;n de la borrachera y la realidad que se le
+hab&iacute;a presentado por la ma&ntilde;ana; pero aun esta realidad exced&iacute;a con mucho
+al estado que veros&iacute;milmente se hubiera podido atribuir a lo que &eacute;l
+denominaba encantos velados y probablemente marchitos de su mujer. S&iacute;,
+&eacute;l mismo, a pesar de que, con motivo de las unturas y otros menesteres
+an&aacute;logos, ve&iacute;a cotidianamente gran parte del desnudo de su Emma, no
+pod&iacute;a observar jam&aacute;s, porque ella lo prohib&iacute;a con sus melindres,
+aquellas regiones que, en la topograf&iacute;a anat&oacute;mica y po&eacute;tica de Bonis,
+correspond&iacute;an a las varias zonas de los encantos velados. En estas zonas
+era donde &eacute;l hab&iacute;a visto sorpresas, inesperados florecimientos, una
+especie de oto&ntilde;ada de atractivos musculares con que no hubiera so&ntilde;ado el
+m&aacute;s optimista. &iquest;C&oacute;mo era aquello? Bonis no se lo explicaba; porque
+aunque fil&oacute;sofo como &eacute;l solo, amigo de reflexionar despacio y por sus
+pasos contados, sobre todos los sucesos de la vida, import&aacute;ranle o no,
+era de esos pensadores que tanto abundan, que no hacen m&aacute;s que dar
+vueltas a ideas conocidas, alambic&aacute;ndolas; pero no descubr&iacute;a, no
+penetraba en regiones nuevas, y, <i>en suma</i>, en punto a sagacidad para
+encontrar el por qu&eacute; de fen&oacute;menos naturales o sociol&oacute;gicos, era tan romo
+como tantos y tantos fil&oacute;sofos c&eacute;lebres que, en resumidas cuentas, no
+han venido a sonsacarle a la realidad burlona ninguno de sus util&iacute;simos
+secretos. Mucho discurri&oacute; Bonifacio, pero no logr&oacute; dar en el quid de que
+su mujer, d&aacute;ndose por medio difunta, tuviera aquellas reconditeces nada
+despreciables, aunque p&aacute;lidas y de una suavidad que, al acercar la piel
+a la condici&oacute;n del raso, la separaba de ciertas cualidades de la materia
+viva. Parec&iacute;a as&iacute; como si entre el algod&oacute;n en rama, los ung&uuml;entos y el
+tibio ambiente de las s&aacute;banas perfumadas, hubiesen producido una
+artificial robustez... carne falsa.... En fin, Bonis se perd&iacute;a en
+conjeturas y en disparates, y acababa por rechazar todas estas
+hip&oacute;tesis, contra las cuales protestaban todas las letras de segunda
+ense&ntilde;anza que &eacute;l hab&iacute;a le&iacute;do de algunos a&ntilde;os a aquella parte, con el
+prop&oacute;sito (que le inspir&oacute; un peri&oacute;dico, hablando del progreso y de la
+sabidur&iacute;a de la clase media) de hacerse digno hijo de su siglo y
+regenerarse por la ciencia. No, no pod&iacute;a ser; todas las leyes
+f&iacute;sico-matem&aacute;ticas se opon&iacute;an a que el algod&oacute;n en rama fuera asimilable
+y se convirtiera en fibrina y dem&aacute;s ingredientes de la p&iacute;cara carne
+humana.</p>
+
+<p>No hay para qu&eacute; seguir a Bonis en sus dem&aacute;s conjeturas, sino irse a lo
+cierto directamente. Cierto era, muy cierto, que Emma hab&iacute;a amenazado
+ruina, que sus carnes se hab&iacute;an derretido entre desarreglos originados
+de sus malandanzas de madre frustrada, influencias nerviosas,
+aprensiones, seudohigi&eacute;nicas medidas y cavilaciones, rabietas y falta de
+luz y de aire libre; pero tambi&eacute;n era verdad que no faltaba fibra al
+cuerpo el&eacute;ctrico de aquella Eum&eacute;nide, que sus nervios se agarraban
+furiosos a la vida, enrosc&aacute;ndose en ella, y que al cabo el est&oacute;mago,
+llegando a asimilar las buenas carnes, y los buenos tragos produciendo
+sano influjo, hab&iacute;an dado eficacia al renaciente apetito, y la salud
+volv&iacute;a a borbotones inundando aquel organismo intacto a pesar de tantas
+lacer&iacute;as.</p>
+
+<p>Pensaba Emma, al verse renacer en aquellos p&aacute;lidos verdores, que era
+ella una delicada planta de invernadero, y que el bestia de su marido y
+todos los dem&aacute;s bestias de la casa, querr&iacute;an sacarla de su estufa y
+transplantarla al aire libre, en cuanto tuvieran noticia de tal
+renacimiento. Su man&iacute;a principal, pues otras ten&iacute;a, era esta ahora: que
+ten&iacute;a aquella nueva vida de que tan voluptuosamente gozaba, a condici&oacute;n
+de seguir en su estufa, haci&eacute;ndose tratar como enferma, aunque, en
+resumidas cuentas, ya no lo estuviera. Adem&aacute;s, con las nuevas fuerzas
+hab&iacute;an venido nuevos deseos de una voluptuosidad rec&oacute;ndita y retorcida,
+enfermiza, extraviada, que procuraba satisfacerse en seres inanimados,
+en contactos, olores y sabores que, lejos de todo bicho viviente, pod&iacute;an
+ofrecerle, como adecuado objeto, las s&aacute;banas de batista, la cama
+caliente, la pluma, el aire encerrado en fuelles de seda, el suelo
+mullido, las rendijas de las puertas herm&eacute;ticamente cerradas, el heno,
+las manzanas y cidrones metidos entre la ropa, el alcanfor y los cien
+olores de que sab&iacute;a ya Celestina.</p>
+
+<p>Como un descubrimiento saboreaba Emma la delicia de gozar con los tres
+sentidos a que en otro tiempo daba menos importancia, como fuentes de
+placer. En su encierro voluntario ni la vista ni el o&iacute;do pod&iacute;an
+disfrutar grandes deleites; pero en cambio gozaba las sensaciones nuevas
+del refinamiento del gusto y del olfato, y aun del contacto de todo su
+cuerpo de gata mimosa con las suavidades de su ropa blanca, dentro de la
+cual se revolv&iacute;a como un tornillo de carne.</p>
+
+<p>En los d&iacute;as en que sus aprensiones, mezcladas con su positiva enfermedad
+nerviosa, la hab&iacute;an puesto en verdadero peligro, camino de la muerte,
+por la debilidad no combatida, hab&iacute;a llegado a sentir una soledad
+terrible, la de todo ego&iacute;sta que presiente el fin de su vida; todas las
+cosas y todos los hombres la dejaban morirse sola, irse con Dios; y con
+doble vista de enferma adivinaba el fondo de la indiferencia general, la
+proximidad del peligro.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Se muere uno solo, completamente solo, los dem&aacute;s se quedan muy
+satisfechos en el mundo; ni por cumplido se ofrecen a morirse tambi&eacute;n!&raquo;.
+Bonifacio, Sebasti&aacute;n, que tanto la hab&iacute;a querido, seg&uacute;n &eacute;l dec&iacute;a, el t&iacute;o
+Nepomuceno, todos se quedaban por ac&aacute;, nadie hac&iacute;a nada para ayudarla a
+no morir, nadie dec&iacute;a: &laquo;Pues ea, yo te acompa&ntilde;o&raquo;.</p>
+
+<p>Emma era una atea perfecta. Jam&aacute;s hab&iacute;a pensado en Dios, ni para
+negarlo; no cre&iacute;a ni dejaba de creer en la religi&oacute;n; cumpl&iacute;a con la
+Iglesia malamente, y eso por m&aacute;quina. En su tiempo no se sol&iacute;a discutir
+asuntos religiosos en su tierra; los que no eran devotos gozaban de una
+tolerancia completa; como tampoco eran descre&iacute;dos, ni faltaban a las
+costumbres piadosas y guardaban las principales apariencias, por nadie
+eran molestados.</p>
+
+<p>&laquo;Yo no soy beata&raquo;, dec&iacute;a Emma: y no pensaba m&aacute;s en estas cosas. La
+Iglesia, los curas, bien; todo estaba bien; ella no era aficionada a las
+novenas; pero todo ello estaba en el orden, como el haber reyes, y
+contribuci&oacute;n, y Guardia civil. Sobre todo, no se pensaba en nada de eso,
+no se hablaba de ello, &iquest;para qu&eacute;? &laquo;Yo no soy beata&raquo;. Y era atea
+perfecta, porque viv&iacute;a en perpetuo pensamiento de lo relativo. Jam&aacute;s
+hab&iacute;a meditado acerca de negocios de ultratumba; el infierno se lo
+figuraba como un horno probable; pero a ella &iquest;qu&eacute;? Al infierno iban los
+grandes p&iacute;caros que mataban a su padre o a su madre o a un sacerdote, o
+que pisaban la hostia o no se quer&iacute;an confesar.... Adem&aacute;s, no se sab&iacute;a
+nada de seguro. Pero el morirse era horroroso, no por el infierno, por
+el dolor de morir y por la pena de acabarse.</p>
+
+<p>S&iacute;, de acabarse; sin pensar en la contradicci&oacute;n de su conciencia &iacute;ntima
+con el dogma del cielo y el infierno, Emma ve&iacute;a con toda seriedad, con
+&iacute;ntima convicci&oacute;n, con la conciencia de su propio espanto, el
+aniquilamiento doloroso en la tumba; y, poco amiga de discernir, no se
+paraba a separar lo racional de lo imaginado; y as&iacute;, algo tambi&eacute;n sent&iacute;a
+la muerte por las paletadas de cal, y por la tierra h&uacute;meda, y la caja
+cerrada, y el cementerio solo, y la eternidad oscura.</p>
+
+<p>Sin ver esta otra contradicci&oacute;n, padec&iacute;a con la idea del aniquilamiento
+y la imagen de la sepultura. Pensaba en la muerte con ideas de vida, y
+de vida ordinaria, usual, la de todos los d&iacute;as de su vulgar existencia,
+y el horror del contraste crec&iacute;a con esto.</p>
+
+<p>Ni una vez sola se le ocurri&oacute; encomendarse a ning&uacute;n santo, ni ofreci&oacute;
+nada a la Virgen ni a Jes&uacute;s por si sanaba; la primera energ&iacute;a que tuvo
+al convalecer, la emple&oacute; en sonre&iacute;r, con terrible sonrisa de resucitada,
+a un prop&oacute;sito firme y endiablado: su tremendo ego&iacute;smo de convaleciente,
+mundano, prosaico y rastrero, se agarr&oacute; a la resoluci&oacute;n inconmovible de
+vengarse de los miserables parientes que la iban a dejar morirse sola.</p>
+
+<p>Emma, como la mayor parte de las criaturas del siglo, no ten&iacute;a vigor
+intelectual ni voluntario m&aacute;s que para los intereses inmediatos y
+mezquinos de la prosa ordinaria de la vida; llamaba poes&iacute;a a todo lo
+dem&aacute;s, y s&oacute;lo ten&iacute;a por serio en resumidas cuentas lo bajo, el ego&iacute;smo
+diario, y s&oacute;lo para esto sab&iacute;a querer y pensar con alguna fuerza. Tal
+esp&iacute;ritu, era m&aacute;s compatible con aquel romanticismo falso y aquellas
+extravagancias fant&aacute;sticas de su juventud, de lo que ella misma hubiera
+podido figurarse, a ser capaz de comparar el fondo de su alma mezquina
+con el fondo de los ensue&ntilde;os de sus d&iacute;as de primavera.</p>
+
+<p>El renacimiento de su carne lo guardaba como un secreto; era una
+hip&oacute;crita de la salud; segu&iacute;a fingiendo achaques corporales como si
+fuese virtud el tenerlos. Eufemia, su doncella, era confidente parcial
+de sus enga&ntilde;os: como una trampa que hiciera a todos los suyos, Emma
+saboreaba a solas con su criada los pormenores de aquel fingimiento. La
+hija de Valc&aacute;rcel se robaba a s&iacute; misma por mano de Eufemia que, de
+tapadillo, tra&iacute;a de tiendas y plazas los mejores bocados y las
+chucher&iacute;as m&aacute;s caras de la moda en materia de ropa interior, perfumes y
+manjares. En todos los comercios y puestos de comestibles principales,
+lleg&oacute; a tener Emma cuentas enormes. &laquo;Ni el t&iacute;o Nepomuceno, ni Bonis, ni
+Sebasti&aacute;n, sospechaban que existiera aquel agujero que ella iba haciendo
+con las u&ntilde;as en el fortun&oacute;n que ellos tal vez hab&iacute;an cre&iacute;do heredar de
+un d&iacute;a a otro&raquo;.</p>
+
+<p>As&iacute; lo pensaba ella, y gozaba como de una voluptuosidad de las sorpresas
+futuras que reservaba a sus deudos. Saborear la mejor perdiz y la mejor
+lamprea de la plaza y usar con codos y rodillas la mejor batista, y
+enredar los dedos entre los mejores encajes, y derramar por s&aacute;banas,
+camisas, cors&eacute;s, medias y pantalones, las esencias m&aacute;s caras, con
+profusi&oacute;n, causando el asombro de Eufemia, era g&eacute;nero de delicia que se
+aumentaba con la idea de la mala pasada que les estaba jugando a todos
+aquellos parientes, en particular a Bonis y a su t&iacute;o.</p>
+
+<p>&mdash;D. Nepo&mdash;se dec&iacute;a ella a solas, sonriendo con malicia&mdash;, r&oacute;beme usted,
+r&oacute;beme, que yo tampoco me descuido.</p>
+
+<p>Aunque entregada por completo a la vida material, no ten&iacute;a el menor
+instinto de conservaci&oacute;n de la fortuna, no hab&iacute;a pensado jam&aacute;s en el
+origen de su dinero; cre&iacute;a vagamente que el capital de que gozaba era
+una fuente inagotable que estaba en alg&uacute;n paraje misterioso, que no
+hab&iacute;a para qu&eacute; indagar ociosamente: all&iacute;, entre los papeles del t&iacute;o,
+estaba la mina; &eacute;l se quedar&iacute;a con gran parte del fil&oacute;n; pero &iquest;qu&eacute;
+importaba?, no val&iacute;a la pena de echar cuentas, desconfiar, administrar
+por s&iacute; misma; &iexcl;absurdo!, por lo visto hab&iacute;a para todo; &eacute;l robaba, ella
+tambi&eacute;n; le enga&ntilde;aba, y el mejor d&iacute;a vendr&iacute;an a casa unas cuentas que le
+dejar&iacute;an patidifuso al buen D. Nepo, pues es claro que ten&iacute;a que
+pagarlas.</p>
+
+<p>Las cuentas ya hab&iacute;an venido y algunas se hab&iacute;an pagado. D. Juan
+Nepomuceno segu&iacute;a con Emma la misma conducta que con Bonis desde que
+cada cual por su lado se hab&iacute;an entregado a la prodigalidad, como &eacute;l se
+dec&iacute;a. La de Emma s&iacute; era prodigalidad verdadera, aunque no lo parec&iacute;a.
+Para ella era como la sensaci&oacute;n de un lujo enorme extravagante la pereza
+que sent&iacute;a de echar cuentas y atar corto a Nepomuceno: comprend&iacute;a que &eacute;l
+hac&iacute;a su Agosto con el caudal de su sobrina, que iba pasando a poder del
+administrador gran parte del capital administrado, pues bien claro
+estaba que todos los d&iacute;as D. Juan hablaba de sus propias rentas, que por
+milagros de la suerte o por bondad de la Providencia, prosperaban, y
+todos los d&iacute;as tambi&eacute;n hablaba de desventuras sin cuento que ca&iacute;an sobre
+los predios de la Valc&aacute;rcel y la parte de su capital colocada en manos
+industriosas de Espa&ntilde;a y del extranjero.</p>
+
+<p>Las minas de hierro y de carb&oacute;n que empezaban a explotarse en aquella
+provincia por entonces, daban mil chascos a cada momento, y no pocos de
+ellos redundaron en perjuicio de las acciones de Emma que Nepomuceno
+hab&iacute;a comprado, siempre diligente en el cuidado de la hacienda de su
+antigua pupila.</p>
+
+<p>Pero &iexcl;oh casualidad portentosa y fijeza de los hados!, las minas en que
+ten&iacute;a el mismo D. Juan sus miserables ahorrillos, no quebraban, dejaban
+un r&eacute;dito sano y constante. En mont&oacute;n comprend&iacute;a Emma que todo aquello
+significaba que la robaba el t&iacute;o.... Y aqu&iacute; estaba lo que ella entend&iacute;a
+por lujo refinado.... No la importaba; y le dejaba hacer, le dejaba
+robar, prefiriendo no calentarse los cascos, calculando lo caro que le
+sal&iacute;a este placer de no meterse a pedir cuentas ni a re&ntilde;ir por cuesti&oacute;n
+de ochavos, ella que improvisaba una verrina a grito pelado sobre
+motivos de un caldo demasiado caliente.</p>
+
+<p>Mas notaba Emma, con una extra&ntilde;a delicia y cierta vanidad por lo que
+ella cre&iacute;a su esp&iacute;ritu singular, &uacute;nico, notaba una complacencia, como la
+de sentir cosquillas inaguantables capaces de ponerla enferma, en
+tolerar y hasta hurgar las flaquezas del pr&oacute;jimo, siquiera en algo la
+perjudicasen. El descubrimiento de la maldad ajena la embelesaba, la
+enorgullec&iacute;a y la animaba a abandonarse a sus perversiones caprichosas.
+Adem&aacute;s, ten&iacute;a los sentidos y el gusto muy afinados para saborear y
+discernir la belleza que hay en la energ&iacute;a y en la habilidad del mal; un
+p&iacute;caro gracioso, redomado, h&aacute;bil y suelto para sus picard&iacute;as, le parec&iacute;a
+un h&eacute;roe: Luis Candelas, seg&uacute;n se lo presentaban librotes de imaginaci&oacute;n
+muy populares, era un h&eacute;roe con quien hasta so&ntilde;aba. Le&iacute;a con avidez las
+causas c&eacute;lebres y reservaba toda su compasi&oacute;n para los criminales en
+capilla. Para los delitos de amor su lenidad era infinita; y si bien en
+los d&iacute;as en que la debilidad la tuvo tan postrada que sinti&oacute; como la
+conciencia f&iacute;sica de un agotamiento de deseos y facultades sexuales,
+miraba con desprecio y repugnancia, y hasta ira, todo lo que se
+refiriese a respetar, consagrar y propagar el amor, cuando se vio
+renacer dentro de su p&aacute;lido pellejo, suave y fofo, volvi&oacute; a su &aacute;nimo
+aquella piedad sin l&iacute;mites por las flaquezas amorosas y la admiraci&oacute;n
+para todos los grandes atrevimientos y extravagancias de este orden,
+especialmente si eran hembras las que llevaban a cabo tales osad&iacute;as.</p>
+
+<p>De su t&iacute;o Nepomuceno sab&iacute;a, por murmuraciones del primo Sebasti&aacute;n y de
+Eufemia, que ten&iacute;a una pasi&oacute;n de viejo por una alemana, hija de un
+ingeniero industrial, M. K&ouml;rner, qu&iacute;mico notable que hab&iacute;a venido a
+ciertos trabajos metal&uacute;rgicos.</p>
+
+<p>&mdash;Sin duda el t&iacute;o quiere hacerse rico a todo trance, y pronto, para
+seducir con su fortuna, ya que no puede con sus patillas cenicientas, a
+la hija de ese alem&aacute;n.</p>
+
+<p>Y Emma gustaba con delicia, casi material, casi del paladar, como la de
+una lectura picante, figur&aacute;ndose al buen se&ntilde;or, con sus cincuenta y
+pico, enamorado como un cadete y picado de veras y en lo vivo por el
+demonio del amor.</p>
+
+<p>Largos ratos se dedicaba ella a pensar en las contingencias de aquellos
+graciosos amores, y llegaba, imaginando, al d&iacute;a de la boda, y pensaba en
+la verosimilitud de una cencerrada, pues el t&iacute;o era viudo, cencerrada en
+que ella colaborar&iacute;a a cencerros tapados, sin perjuicio de haberle
+regalado antes a la novia un magn&iacute;fico aderezo.</p>
+
+<p>Y despu&eacute;s ser&iacute;an muy amigas, y a paseo ir&iacute;an juntas, y llegar&iacute;an a
+burlarse juntas del rid&iacute;culo se&ntilde;or de las patillas, su deudor y esposo
+respectivamente... y hasta llegaba a pensar en los cuernos que su se&ntilde;ora
+t&iacute;a acabar&iacute;a por ponerle al infiel administrador, &iquest;con qui&eacute;n?, con el
+primo Sebasti&aacute;n, por ejemplo.... Y hasta enredaba la madeja en su
+fantas&iacute;a de modo que resultaba que ella, Emma, ten&iacute;a alguna culpa en la
+desgracia de su t&iacute;o... y &iquest;qu&eacute;?, mejor. &iquest;No la hab&iacute;a &eacute;l enga&ntilde;ado a ella?
+&iquest;No la hab&iacute;a robado? Pues entonces, las pagaba todas juntas.</p>
+
+<p>Porque adem&aacute;s Emma se reservaba el derecho de vengarse de los antiguos
+despojos que hab&iacute;a tolerado antes, sac&aacute;ndole a relucir sus trampas a D.
+Nepo, justamente en aquellos d&iacute;as de sus desgracias conyugales... &iexcl;Qu&eacute;
+risa! &iexcl;Qu&eacute; oportunidad para ponerle en un apuro! En esta como en todas
+las dem&aacute;s flaquezas ajenas que a ella pod&iacute;an mortificarla, y que por lo
+pronto toleraba, por amor al arte de las picard&iacute;as, la mujer de Bonis se
+reservaba vagamente el derecho de vengarse del modo m&aacute;s refinadamente
+cruel, all&aacute; m&aacute;s adelante, no sab&iacute;a c&oacute;mo ni cu&aacute;ndo, pero alg&uacute;n d&iacute;a; y
+sent&iacute;a una alegr&iacute;a y excitaci&oacute;n semejantes a las que produce la
+esperanza de ser feliz, con la conciencia de estos aplazados desquites,
+de estos castigos y tormentos vengadores, representados y proyectados
+entre las brumas de la voluntad y del pensamiento.</p>
+
+<p>Para explicar su conducta con el t&iacute;o y con Bonis, hay que a&ntilde;adir a este
+examen de sus pervertidos sentimientos, su comez&oacute;n de lo raro, original
+e inesperado. La irritaba que nadie pudiera prever sus enfados y
+rabietas, odios y venganzas; prefer&iacute;a incomodarse y enfurecerse por
+motivos de los que nadie esperase tales resultados, y desorientar al m&aacute;s
+experto observador qued&aacute;ndose fr&iacute;a, tranquila, impasible, ante injurias
+y da&ntilde;os que los dem&aacute;s podr&iacute;an creer que la iban a sacar de sus casillas.</p>
+
+<p>Con Eufemia, su confidente, ejercitaba este prurito a menudo, ya en sus
+mutuas relaciones, ya en lo que se refer&iacute;a a un tercero.</p>
+
+<p>Nada de lo que el t&iacute;o ni de lo que Bonis pudieran hacer en contra de
+ella pod&iacute;a darle causa para m&aacute;s rencores que aquello de haberla dejado
+estar a las puertas de la muerte... sin acompa&ntilde;arla al otro mundo; esto,
+esto era lo que no perdonar&iacute;a... y, sin embargo, ya se ve&iacute;a c&oacute;mo
+disimulaba. &iexcl;Oh! &iexcl;Pero qu&eacute; chasco les iba a dar! &iexcl;Qu&eacute; gracia, cuando el
+t&iacute;o se encontrase con que ella tambi&eacute;n gastaba a todo gastar, y que el
+caudal que &eacute;l ten&iacute;a de reserva, para robar m&aacute;s adelante (para cuando su
+mujer, la alemana, por ejemplo, le diese chiquitines de Sebasti&aacute;n, era
+un decir) hab&iacute;a pasado, seg&uacute;n la ley, a manos de los acreedores, al
+tendero de la esquina, al comerciante de los Porches, etc&eacute;tera, etc.!</p>
+
+<p>S&iacute;, la vida todav&iacute;a guardaba para ella un porvenir sustancioso; ahora
+ca&iacute;a en la cuenta de que no hab&iacute;a sido antes bastante ego&iacute;sta.
+Mortificar a los dem&aacute;s y divertirse ella, de mil maneras desconocidas,
+todo lo posible, estas eran las dos fuentes de placer que quer&iacute;a agotar
+a grandes tragos; dos fuentes que ven&iacute;an a ser una misma.</p>
+
+<p>Con la salud nueva sent&iacute;a Emma esperanzas locas de no sab&iacute;a qu&eacute;
+deleites; y a tanto lleg&oacute; esta fuerza expansiva, que aquellos mismos
+placeres secretos de su retiro voluntario, llegaron a parecerla
+insuficientes, no saciaban su sed de emociones extra&ntilde;as; y, entonces,
+rompiendo la cris&aacute;lida de su encerrona, determin&oacute; salir al mundo, no sin
+cautela, no sin disimulos, en busca de aventuras de que no hab&iacute;a de dar
+cuenta a los parientes, procuradas entre misterios que las hab&iacute;a de
+hacer m&aacute;s sabrosas.</p>
+
+<p>Una noche dormitaba Eufemia en el gabinete de su ama, dando cabezadas
+contra la pared, cuando tuvo que despertar sobresaltada por un golpe que
+sinti&oacute; en un hombro; era la mano de Emma, que la llamaba; estaba la
+se&ntilde;orita en camisa, p&aacute;lida como nunca, su respiraci&oacute;n era anhelante, las
+narices se la pon&iacute;an hinchadas, abri&eacute;ndose como fuelles.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; hora es?&mdash;pregunt&oacute; con voz ronca.</p>
+
+<p>&mdash;Ser&aacute;n las diez, se&ntilde;orita.</p>
+
+<p>&mdash;Y llueve.</p>
+
+<p>Eufemia atendi&oacute; al ruido de la calle.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, llueve.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos a salir.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;A salir!</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, t&uacute; calla. Anda, tr&aacute;eme un vestido tuyo, de percal, y un mant&oacute;n tuyo
+y un pa&ntilde;uelo... vamos las dos de artesanas. Vamos al teatro, a la
+cazuela. Hoy hacen la... no me acuerdo c&oacute;mo se llama; es una &oacute;pera
+nueva, muy buena, lo le&iacute; en el cartel al volver de misa, en la esquina
+del Ayuntamiento. Corre, vete por eso; oye, tr&aacute;eme aquel alfiler del
+pelo, el de cabeza de dubl&eacute;, que te cost&oacute; dos reales. Ninguno de esos
+tipos est&aacute; en casa.... Vamos a correrla todos.... Conque... &iexcl;andando!</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="X" id="X"></a>-X-</h2>
+
+
+<p>Una ma&ntilde;ana, muy temprano, Eufemia entr&oacute; en la alcoba de Reyes, y le
+despert&oacute; diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;La se&ntilde;orita llama, quiere que el se&ntilde;orito vaya a buscar a D. Basilio.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Al m&eacute;dico?&mdash;grit&oacute; Bonis, sent&aacute;ndose de un brinco en la cama y
+restreg&aacute;ndose los ojos hinchados por el sue&ntilde;o&mdash;. &iexcl;Al m&eacute;dico, tan
+temprano! &iquest;Qu&eacute; hay, qu&eacute; ocurre?</p>
+
+<p>No se le pas&oacute; por las mientes que se pudiera necesitar al m&eacute;dico para
+curar alg&uacute;n mal; la experiencia le hab&iacute;a hecho esc&eacute;ptico en este punto;
+ya supon&iacute;a &eacute;l que su mujer no estaba enferma; pero Dios sab&iacute;a qu&eacute;
+capricho era aquel, para qu&eacute; se quer&iacute;a al m&eacute;dico a tales horas y cu&aacute;l
+ser&iacute;a el da&ntilde;o, casi seguro, que a &eacute;l, a Reyes, le hab&iacute;a de caer encima a
+consecuencia de la nueva e improvisada y matutina diablura de su mujer.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; tiene? &iquest;Qu&eacute; pide?&mdash;preguntaba con voz de angustia, como implorando
+luces y auxilio y fortaleza en el preguntar; mientras, a tientas,
+buscaba debajo del colch&oacute;n los calcetines.</p>
+
+<p>Eufemia se encogi&oacute; de hombros, y, acord&aacute;ndose del pudor, sali&oacute; de la
+alcoba para que se vistiera el se&ntilde;orito.</p>
+
+<p>El cual, a los dos minutos, se acercaba al lecho de su mujer,
+arrastrando las babuchas de fingida piel de tigre, y abroch&aacute;ndose hasta
+la barba un gab&aacute;n de medio tiempo, gris, muy usado, que le serv&iacute;a de
+bat&iacute;n en las estaciones templadas. Temblaba Bonis, m&aacute;s que por el fresco
+de la madrugada, por la incertidumbre y el miedo. No hab&iacute;a en el mundo
+cosa que m&aacute;s tembl&oacute;n le pusiera que la zozobra de la incertidumbre ante
+un mal pr&oacute;ximo, de repente anunciado y ni remotamente temido poco antes,
+sobre todo si estas impresiones le cog&iacute;an mal abrigado, a deshora,
+cort&aacute;ndole el sue&ntilde;o, la digesti&oacute;n o el placer de o&iacute;r m&uacute;sica, o de
+divagar imaginando: &laquo;Como este diablo de fantas&iacute;a de liebre todos los
+peligros me abulta, pensaba, prefiero un mal como ocho conocido
+exactamente, a un mal como cuatro barruntado, pero que yo me figuro como
+cuarenta&raquo;.</p>
+
+<p>Tiempo hac&iacute;a que sus relaciones con Emma y con el t&iacute;o eran para &eacute;l
+constante ocasi&oacute;n de sobresaltos. De ambos esperaba y tem&iacute;a terribles
+descubrimientos, quejas, acusaciones concretas, crueles recriminaciones,
+singularmente de su mujer. &iquest;Qu&eacute; sab&iacute;a? &iquest;Qu&eacute; no sab&iacute;a? &iquest;Qu&eacute; <i>tregua del
+diablo</i>, que no de Dios, era aquella que le estaba dando, y por qu&eacute; se la
+daba y hasta d&oacute;nde llegar&iacute;a?</p>
+
+<p>&iquest;Por qu&eacute;, si le hab&iacute;a cogido en flagrante olor de polvos de arroz
+(aunque, en aquel trance, inocente), no hab&iacute;a sacado todav&iacute;a la
+consecuencia de su maldita observaci&oacute;n? &iexcl;La que le estar&iacute;a preparando!
+Le horrorizaba el momento de una <i>explicaci&oacute;n</i>, como &eacute;l se complac&iacute;a en
+llamar a la escena que preve&iacute;a; pero la prefer&iacute;a, o tal se le figuraba,
+al estado de susto perpetuo, de excitaci&oacute;n <i>leporina</i> en que viv&iacute;a de d&iacute;a
+y de noche. En cuanto Emma le hablaba, o le miraba, o le mandaba a
+llamar, cre&iacute;a llegado el momento.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; pasa, hija m&iacute;a?&mdash;pregunt&oacute; a su c&oacute;nyuge con la suavidad del mundo, y
+dando diente con diente, inclinado sobre la cabecera del lecho
+matrimonial.</p>
+
+<p>&mdash;Quiero que vayas t&uacute; mismo a buscar a D. Basilio, ahora, enseguida,
+antes que salga a la visita; quiero verle inmediatamente.</p>
+
+<p>&mdash;Pero, &iquest;te sientes mal? &iexcl;T&uacute;, que estabas ahora tan buena!...</p>
+
+<p>&mdash;Por lo mismo, yo me entiendo. Anda, anda; t&uacute;, corre y tr&aacute;eme a D.
+Basilio.</p>
+
+<p>Bonis no discuti&oacute;. Peor era meneallo; pod&iacute;an salir los polvos de arroz
+por cualquier lado. Se volvi&oacute; a su cuarto; se lav&oacute; y visti&oacute; de prisa y
+se ech&oacute; a la calle, ya un poco m&aacute;s valiente, gracias al chorro de agua
+fr&iacute;a con que se hab&iacute;a regado el cogote. Ten&iacute;a notado que el agua fr&iacute;a
+vertida por la nuca le daba mucho valor y le reconciliaba con la vida;
+le repugnaba esta dependencia del esp&iacute;ritu con respecto de la materia,
+pero ten&iacute;a que reconocerla.</p>
+
+<p>Por fortuna, la casa del m&eacute;dico no estaba lejos y no pudieron ser muchas
+las hip&oacute;tesis dolorosas del miedo, tocante a la relaci&oacute;n que pudiera
+tener la visita de D. Basilio con el <i>drama conyugal</i> de su casa, cuyo
+enredo llegaba a su mayor complicaci&oacute;n, o poco entend&iacute;a Bonis de teatro
+casero y de las ma&ntilde;as de su mujer. &iquest;Qu&eacute; papel representaba all&iacute; aquel
+personaje <i>inopinado</i> y que tan tarde aparec&iacute;a, D. Basilio? No pod&iacute;a
+sospecharlo.</p>
+
+<p>El <i>inopinado</i> personaje era un hombre como de cuarenta a&ntilde;os, que
+procuraba disimular m&aacute;s de diez; m&aacute;s bajo que alto, delgado, a su modo
+esbelto, de largo levit&oacute;n-gab&aacute;n, muy ce&ntilde;ido y de color manteca, sombrero
+de copa de anchas alas; su rostro era blanco, an&eacute;mico; los ojos azules
+oscuros, vivarachos, y, al quedarse quietos, penetrantes; usaba gafas de
+oro, largas patillas, tal vez untadas de negro; ten&iacute;a labio fino y mano
+pulida, pie peque&ntilde;o y bien calzado; era home&oacute;pata, y muy sentimental; a
+pesar de la homeopat&iacute;a, que profesaba acaso por moda y para el vulgo de
+las damas, era especialista en partos y en enfermedades de la matriz y
+de la mala educaci&oacute;n de las se&ntilde;oritas y se&ntilde;oras que las hac&iacute;a
+aprensivas, antojadizas, caprichosas. Reconoc&iacute;a ante las damas la
+eficacia terap&eacute;utica de la fe y de los cuarterones de aceite ardiendo en
+los altares; pero en cambio exig&iacute;a que se diese cr&eacute;dito a los misterios
+de sus gl&oacute;bulos. Cre&iacute;a, o dec&iacute;a creer mucho, en la influencia de lo
+<i>moral sobre lo org&aacute;nico</i>, y ten&iacute;a una sonrisa singular, melanc&oacute;lica, de
+resignaci&oacute;n e inteligencia, para comunicar con las se&ntilde;oras guapas esta
+su creencia.</p>
+
+<p>D. Basilio Aguado divid&iacute;a a los parroquianos o clientes en dos razas;
+los que le llamaban D. Basilio y los que le llamaban Aguado. Estos
+&uacute;ltimos le comprend&iacute;an; los otros eran, o tontos o malvados. Emma ten&iacute;a
+la habilidad de no equivocarse nunca; le llamaba siempre por el
+apellido. Bonis, siempre D. Basilio; a pesar de sus esfuerzos, le venc&iacute;a
+la costumbre, que era en todo el pueblo llamar al m&eacute;dico don Basilio, en
+su ausencia. Lo de D. Basilio era s&iacute;mbolo de su mal sino, de las culpas
+de su padre, de la prosa miserable que le ataba a su oficio de m&eacute;dico
+provinciano, oscurecido: el Aguado representaba sus sue&ntilde;os de ambici&oacute;n,
+sus instintos de delicadeza, sus triunfos entre las damas, la homeopat&iacute;a
+y otra porci&oacute;n de cosas ideales y bonitas que no son del momento.</p>
+
+<p>Era el home&oacute;pata madrugador y comenzaba muy temprano sus visitas. Bonis
+le encontr&oacute; vestido y acicalado, como para ir a pagar la visita a un
+embajador, que as&iacute; era como &eacute;l siempre se vest&iacute;a para acercarse a la
+cabecera de sus enfermos.</p>
+
+<p>Mientras se abrochaba los guantes, o&iacute;a a Bonis su tartajosa explicaci&oacute;n,
+dando grande importancia, a fuerza de cabezadas de inteligencia y
+asentimiento, a todo lo que dec&iacute;a. La verdad era que Reyes no ten&iacute;a nada
+que explicar en rigor, pero no importaba; de todas suertes, aquello le
+parec&iacute;a interesante al m&eacute;dico, que, serio en medio de sus sonrisas
+corteses, sigui&oacute; al esposo atribulado por la calle. Disputaron con
+ademanes y pasos atr&aacute;s acerca de qui&eacute;n dejaba a qui&eacute;n la acera; venci&oacute;
+al fin Bonis, que insisti&oacute; m&aacute;s, y cuya humildad era much&iacute;simo m&aacute;s cierta
+que la del m&eacute;dico. Por el camino &eacute;ste sigui&oacute; enter&aacute;ndose, por que lo
+crey&oacute; de su deber, y Bonis sigui&oacute; diciendo nada entre dos platos. Por lo
+dem&aacute;s, Aguado se sab&iacute;a de memoria a do&ntilde;a Emma Valc&aacute;rcel. Era su m&eacute;dico
+predilecto, a temporadas, porque ella, fijo y &uacute;nico, no lo quer&iacute;a.
+Cambiaba de m&eacute;dico como pudiera cambiar de favorito si fuese una
+Cristina de Suecia o una Catalina de Rusia, y siempre ten&iacute;a en
+movimiento un ministerio de doctores. Aguado era de los que m&aacute;s tiempo
+ocupaban el poder, por ser especialista en enfermedades de la matriz, y
+en hist&eacute;rico, flato y aprensiones, total flato.</p>
+
+<p>Bonis admiraba en general la ciencia, a pesar de la repugnancia
+instintiva que le inspiraban las exactas y las f&iacute;sicas, que <i>s&oacute;lo hablan
+a la materia</i>; cre&iacute;a en la medicina, no por nada, sino porque en los
+apuros de la salud, si no se recurr&iacute;a a los m&eacute;dicos, &iquest;a qui&eacute;n se iba a
+recurrir? Hab&iacute;a que tener fe en algo; su d&eacute;bil esp&iacute;ritu no le consent&iacute;a
+en ninguna tribulaci&oacute;n quedarse sin ninguna esperanza, sin una tabla a
+que agarrarse. Recordaba que en las enfermedades de sus padres y de sus
+hermanos, todos ya muertos, siempre hab&iacute;a tomado al m&eacute;dico por
+Providencia; en vano era que en los tiempos de salud en casa participase
+del general escepticismo de que los mismos doctores sol&iacute;an hacer alarde;
+ca&iacute;a un <i>ser querido</i> en cama, y ya estaba Bonifacio creyendo en la
+medicina. Algo hab&iacute;a le&iacute;do de lo que somos por dentro, y pensaba leer
+mucho m&aacute;s si llegaba a tener familia, para criar bien a su hijo, y
+aunque no la tuviese, que ya no la tendr&iacute;a con aquella matriz estropeada
+de su mujer, para hacerse fil&oacute;sofo cuando tronase con Serafina y se
+fuera sintiendo viejo (era su plan para la vejez solitaria, hacerse
+fil&oacute;sofo). Pero a pesar de todas estas lecturas pasadas y futuras, se
+figuraba el organismo humano con una especie de conciencia en cada dedo
+y en cada v&iacute;scera y en cada humor; y lo de <i>agradecer el est&oacute;mago</i>, por
+ejemplo, las medicinas, lo tomaba al pie de la letra. Adem&aacute;s, la
+relaci&oacute;n de los medicamentos a las enfermedades era toda una magia para
+Bonis, y la idea del veneno y del elixir completa mitolog&iacute;a milagrosa e
+infinitesimal; quiere decirse, que por gota de m&aacute;s o de menos del
+l&iacute;quido m&aacute;s anodino, pod&iacute;a, seg&uacute;n &eacute;l, reventar el paciente o ponerse
+sano en un periquete. Esto lo hab&iacute;a aprendido de su mujer, que por gota
+de m&aacute;s o de menos, vertida por &eacute;l con pulso tr&eacute;mulo, en una cucharilla
+de caf&eacute;, le hab&iacute;a puesto como un trapo en infinitas ocasiones.</p>
+
+<p><i>En suma</i>, respetaba en el Sr. Aguado la ciencia oculta, al favorito de su
+<i>mujer, al home&oacute;pata y al partero que &eacute;l hab&iacute;a so&ntilde;ado cuando hab&iacute;a
+acariciado la esperanza</i> de tener un chiquillo.</p>
+
+<p>Llegaron juntos a la alcoba de Emma. Don Basilio, con sus labios
+estrechos, sonre&iacute;a, apret&aacute;ndolos.</p>
+
+<p>As&iacute; como, si a Sagasta o a C&aacute;novas, ca&iacute;dos los llamase la Reina al
+amanecer, poco m&aacute;s para formar Ministerio, a ellos no se les ocurrir&iacute;a
+preguntarle por qu&eacute; tanto madrugar, sino formar ministerio cuanto antes:
+as&iacute;, D. Basilio, de quien hac&iacute;a meses que su do&ntilde;a Emma estaba olvidada,
+se abstuvo de inquirir por qu&eacute; tal apuro en llamarle, y entr&oacute; de lleno
+en el fondo de la cuesti&oacute;n desde el primer momento. Antes de todo,
+quer&iacute;a datos, antecedentes.</p>
+
+<p>A ver qu&eacute; hab&iacute;a pasado desde tal tiempo a aquella parte (la fecha justa
+de su &uacute;ltima visita). D. Venancio el al&oacute;pata, adem&aacute;s alcalde y tambi&eacute;n
+especialista en partos, hab&iacute;a andado all&iacute;. &iquest;Para qu&eacute;? Para nada; pero
+hab&iacute;a andado. Hab&iacute;a recomendado la dieta. &iexcl;Malo! D. Venancio era un
+grand&iacute;simo tragaldabas, que ten&iacute;a indigestiones como podr&iacute;a tenerlas un
+ca&ntilde;&oacute;n cargado hasta la boca, y las curaba con dietas dignas de la
+Tebaida. Sin m&aacute;s razones, recetaba tambi&eacute;n dietas absolutas a todos sus
+clientes como el mejor <i>espec&iacute;fico</i> del mundo. Aguado, que ten&iacute;a el
+est&oacute;mago perdido sin necesidad de comer, era enemigo de la dieta
+trat&aacute;ndose de personas delicadas como do&ntilde;a Emma. Pues bien, de todo el
+mal de que aquella se&ntilde;ora no se hab&iacute;a quejado todav&iacute;a, ten&iacute;a la culpa la
+falta de alimento, la dieta del <i>otro</i>. Emma call&oacute; a esto; no se atrevi&oacute; a
+decir lo bien y mucho que ven&iacute;a comiendo aquella temporada.</p>
+
+<p>Por fin Aguado la dej&oacute; explicarse, y ella se quej&oacute; de lo siguiente:</p>
+
+<p>&laquo;No le dol&iacute;a nada, lo que se llama doler, pero ten&iacute;a grandes insomnios,
+y a ratos grandes tristezas, y de repente ansias infinitas, no sab&iacute;a de
+qu&eacute;, y la angustia de un ahogo; la habitaci&oacute;n en que estaba, la casa
+entera le parec&iacute;an estrechas, como tumbas, como cuevas de grillos, y
+anhelaba salir volando por los balcones y escapar muy lejos, beber mucho
+aire y empaparse en mucha luz. Su melancol&iacute;a a veces parec&iacute;a fundarse en
+la pena de vivir siempre en el mismo pueblo, de ver siempre el mismo
+horizonte; y dec&iacute;a sentir nostalgia, que ella no llamaba as&iacute;, por
+supuesto, de pa&iacute;ses que jam&aacute;s hab&iacute;a visto ni siquiera imaginado con
+forma determinada. Este prurito extravagante llegaba a veces al absurdo
+de desear vivamente estar en muchas partes a un tiempo, en muchos
+pueblos, junto al mar y muy tierra adentro, en lo claro y en lo oscuro,
+en un pa&iacute;s como en aquel suyo, donde hab&iacute;a muchos prados verdes, pero
+tambi&eacute;n en una regi&oacute;n seca, de cielo di&aacute;fano, sin nubes, sin lluvias.
+Pero, sobre todo, lo que necesitaba era no ahogarse, no estar oprimida
+por techos y paredes, etc., etc&raquo;.</p>
+
+<p>Para Bonis nada de esto ofrec&iacute;a novedad, a no ser en la forma, pues su
+mujer se hab&iacute;a pasado la vida pidi&eacute;ndole la luna. S&oacute;lo cuando oy&oacute;
+aquello de anhelar salir volando por el balc&oacute;n, pens&oacute;, sin querer, en
+las brujas que van los s&aacute;bados a Sevilla por los aires, montadas en
+escobas; y tuvo cierto miedo supersticioso de esta inclinaci&oacute;n, que
+ofrec&iacute;a relativa y sospechosa novedad. Se puso colorado, avergonz&aacute;ndose
+de su mal pensar. Ni en idea se atrev&iacute;a a ofender a Emma, por temor de
+que le adivinase el pensamiento.</p>
+
+<p>D. Basilio interrumpi&oacute; a la dama, extendiendo la mano y pidi&eacute;ndole el
+pulso por se&ntilde;as. Sonri&oacute; con gesto de inteligencia, como diciendo que
+todo lo que aquella se&ntilde;ora hab&iacute;a expuesto lo hab&iacute;a previsto su sabidur&iacute;a
+y era cosa que andaba escrita en libros que ten&iacute;a &eacute;l en casa. Despu&eacute;s,
+como sol&iacute;a en lances tales, hizo caso omiso de la variedad de fen&oacute;menos
+relatados por la enferma, para fijarse en la <i>causa una</i>, y dijo:</p>
+
+<p>&mdash;El histerismo es un Proteo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qui&eacute;n?&mdash;pregunt&oacute; Emma.</p>
+
+<p>&mdash;Uno&mdash;advirti&oacute; Bonis, luciendo sus conocimientos cl&aacute;sicos&mdash;, que rob&oacute; el
+fuego a los dioses.</p>
+
+<p>&mdash;Eso es&mdash;afirm&oacute; el m&eacute;dico, que no conoc&iacute;a de la biograf&iacute;a de Proteo m&aacute;s
+datos que los conducentes a su cita&mdash;. El histerismo&mdash;a&ntilde;adi&oacute;&mdash;, como
+Proteo, toma infinidad de formas.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah, s&iacute;!&mdash;interrumpi&oacute; con ingenuidad Bonis&mdash;. Dispense usted, D. Basilio;
+el que rob&oacute; el fuego a los dioses fue otro, fue Prometeo.... Me hab&iacute;a
+equivocado.</p>
+
+<p>El doctor se puso un poco encendido y disimul&oacute; con un zisz&aacute;s entre ceja
+y ceja su enojo, doble por lo de haberle llamado D. Basilio y haberle
+hecho ense&ntilde;ar la punta de la oreja de su descuidada educaci&oacute;n en materia
+de antig&uuml;edades.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Qu&eacute; animal es este calzonazos!&raquo; pens&oacute;, y sigui&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Es necesario que vayamos a la ra&iacute;z del mal. El mal est&aacute; dentro, en lo
+que llamamos el esp&iacute;ritu, porque advierto a ustedes (y esto lo dijo
+volvi&eacute;ndose a Bonis, para deslumbrarle y vengarse) que soy vitalista, y
+no s&oacute;lo vitalista, sino espiritualista, aunque no es esa la moda
+reinante.</p>
+
+<p>No le cog&iacute;a a Reyes tan de nuevas la cuesti&oacute;n como cre&iacute;a el otro.
+Justamente &eacute;l, en los ratos que dejaba la flauta y no pod&iacute;a ver a
+Serafina, y su mujer no le necesitaba, y, sobre todo, en la cama, antes
+de dormirse, consagraba no poco tiempo a meditar sobre el gran problema
+de lo que seremos por dentro, por dentro del todo; y ten&iacute;a acerca de la
+realidad del alma ideas muy arriesgadas y que cre&iacute;a muy originales.
+Tambi&eacute;n era &eacute;l espiritualista, &iexcl;ya lo creo!, &iexcl;a buena parte!...</p>
+
+<p>&mdash;El mal est&aacute; en el esp&iacute;ritu, y el esp&iacute;ritu no se cura con
+p&oacute;cimas&mdash;prosigui&oacute; D. Basilio.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pero no dice usted que esto es hist&eacute;rico?&mdash;pregunto Emma sonriendo.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, se&ntilde;ora; pero hay relaciones misteriosas entre el alma y el cuerpo,
+y yo no soy de los que dicen (volvi&eacute;ndose otra vez a Bonis) <i>post hoc</i>,
+<i>ergo propter hoc</i>.</p>
+
+<p>Decididamente quer&iacute;a deslumbrarle y hacerle pagar caro lo de Proteo y
+Prometeo; porque D. Basilio no acostumbraba a hacer alardes de
+erudici&oacute;n, y a la cabecera de los enfermos m&aacute;s parec&iacute;a un moralista del
+g&eacute;nero de los elegantes y atildados, que un doctor de borla amarilla.</p>
+
+<p>Bonis se puso a traducir para sus adentros el lat&iacute;n, y no tropez&oacute; m&aacute;s
+que en el <i>propter</i>, cuyo significado no recordaba; ya lo buscar&iacute;a en el
+Diccionario. Ello era una preposici&oacute;n. Bonifacio Reyes hab&iacute;a cursado en
+el Instituto provincial los primeros a&ntilde;os de <i>filosof&iacute;a</i>, pero sin llegar
+a bachiller; mas su ciencia no proven&iacute;a de ah&iacute;, sino de lo que ya va
+dicho, de un gran prurito que, ya de viejo, le hab&iacute;a entrado de
+<i>instruirse</i>, y no s&oacute;lo por <i>completar</i> su educaci&oacute;n, sino porque como antes
+hab&iacute;a so&ntilde;ado con ser padre, la gran dignidad que atribu&iacute;a a este
+<i>sacerdocio</i> le hab&iacute;a parecido merecer un plan, todo un plan de estudios
+<i>serios</i> y <i>profundos</i>, que pudieran servir en su d&iacute;a de alimento espiritual
+al hijo de sus entra&ntilde;as y de las entra&ntilde;as de su mujer.</p>
+
+<p>Como Emma, que nada entend&iacute;a del trivio ni del cuadrivio, se
+impacientase un poco viendo que Aguado no acababa de recetarle lo que
+ella necesitaba, el m&eacute;dico, que comprendi&oacute; la impaciencia, <i>resumi&oacute;</i>,
+diciendo que no hac&iacute;an all&iacute; falta alguna los jaropes del <i>otro</i>, que
+bastaban unas tomas de aquellos gl&oacute;bulos que &eacute;l guardaba en aquella caja
+tan mona; y, sobre todo, mucho paseo, mucho ejercicio, distracci&oacute;n,
+diversiones, aire libre y mucha carne a la inglesa. Con este motivo de
+la carne, Aguado disert&oacute; sobre un tema que en el pueblo era por aquel
+tiempo casi inaudito, de gran novedad por lo menos; abomin&oacute; del cocido;
+achac&oacute; la falta de vigor nacional a la carne cocida y a la poca carne
+frita que se come en esta pobre Espa&ntilde;a, etc., etc.</p>
+
+<p>Dicho y hecho. Hubo una revoluci&oacute;n en aquella casa. Todos los Valc&aacute;rcel
+de la provincia, hasta los del m&aacute;s lejano rinc&oacute;n de la monta&ntilde;a, supieron
+que por prescripci&oacute;n facultativa Emma hab&iacute;a cambiado de vida; se hab&iacute;a
+resuelto, venciendo su gran repugnancia, a salir mucho, frecuentar los
+paseos, las romer&iacute;as y hasta las funciones solemnes de iglesia, y pod&iacute;a
+ser que el teatro.</p>
+
+<p>D. Juan Nepomuceno dejaba hacer, dejaba pasar.</p>
+
+<p>Emma le presentaba las cuentas de la modista, que sub&iacute;an a buenos picos,
+y &eacute;l pagaba sin chistar. Tambi&eacute;n hubo que hacerle ropa nueva a Bonis,
+pues su mujer s&oacute;lo en este punto ten&iacute;a buena idea de la dignidad de un
+marido. &Eacute;l era el que la hab&iacute;a de acompa&ntilde;ar ordinariamente, y en vano
+ella lucir&iacute;a las mejores telas y los sombreros m&aacute;s caros si su esposo
+descompon&iacute;a el cuadro con malos g&eacute;neros y prendas cortadas a sierra por
+un sastre ind&iacute;gena. Se volvi&oacute; al pa&ntilde;o ingl&eacute;s y a los <i>artistas</i> famosos de
+Madrid. Ahora Bonifacio se dejaba vestir bien con mayor agrado, pues
+Serafina not&oacute; el cambio y le encontr&oacute; muy de su gusto. Pero &iexcl;ay!, que
+sus <i>relaciones il&iacute;citas</i> tropezaban con mayores dificultades que hasta
+all&iacute;, pues el tiempo libre escaseaba, y hab&iacute;a que disimular en paseos y
+dem&aacute;s sitios p&uacute;blicos, donde desde lejos se ve&iacute;an los amantes en
+presencia de la esposa, al parecer descuidada, pero Dios sab&iacute;a....</p>
+
+<p>Bonis, con la espalda abierta, como &eacute;l dec&iacute;a, tem&iacute;a a todas horas que
+llegase el momento de una explicaci&oacute;n; pero Emma nunca volv&iacute;a sobre el
+asunto de los polvos de arroz. Tampoco alud&iacute;a jam&aacute;s a lo que aquella
+noche extra&ntilde;a hab&iacute;a sucedido, ni hab&iacute;a vuelto a tener iniciativas de
+aquel g&eacute;nero. Lo que s&iacute; hac&iacute;a era hablar mucho del teatro, y preguntarle
+si conoc&iacute;a al tenor, y al bar&iacute;tono, y a la tiple; y ped&iacute;a se&ntilde;as de su
+vida y milagros, ya que &eacute;l confesaba saber algo de todo esto, aunque es
+claro que por referencias lejanas....</p>
+
+<p>Una tarde, despu&eacute;s de comer a la <i>francesa</i>, gran novedad en el pueblo,
+donde el <i>cl&aacute;sico puchero</i> se serv&iacute;a en casi todas las casas de doce a
+dos, Emma, que beb&iacute;a a los postres una copa de Jerez superior aut&eacute;ntico,
+tra&iacute;do directamente, por encargo de la se&ntilde;ora, de las bodegas jerezanas,
+se qued&oacute; mirando a su marido fijamente, con ojos que preguntaban y se
+re&iacute;an, burl&aacute;ndose al mismo tiempo; mientras sus labios y el paladar
+saboreaban un buche del vino andaluz que ella zarandeaba con la lengua
+voluptuosamente. Separ&oacute; un poco la silla de la mesa, se puso sesgada en
+su asiento, estir&oacute; una pierna, ense&ntilde;&oacute; el pie, primorosamente calzado, y
+en verdad gracioso y peque&ntilde;o, y como si se enjuagara con el Jerez y no
+pudiera hablar por esto, por se&ntilde;as empez&oacute; a interrogar a su marido,
+se&ntilde;al&aacute;ndole el pie que ense&ntilde;aba, y despu&eacute;s indicando con un dedo
+levantado en alto, que mov&iacute;a al comp&aacute;s de la cabeza, alg&uacute;n lugar lejano.</p>
+
+<p>Com&iacute;an solos el matrimonio y D. Juan Nepomuceno, pues por raro accidente
+no hab&iacute;a hu&eacute;sped pariente en casa por aquellos d&iacute;as; D. Juan es claro
+que viv&iacute;a con los sobrinos. Bonis al principio no comprendi&oacute; nada de las
+se&ntilde;as de su mujer ni les atribuy&oacute; gravedad alguna.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; dices, chica? Expl&iacute;cate.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Mmm, mmm!&mdash;murmur&oacute; ella, y sigui&oacute; con la misma pantomima, cada vez m&aacute;s
+acentuada en los gestos. Nepomuceno beb&iacute;a tambi&eacute;n su copita de Jerez
+llena de migas de rosquilla de yema, y callaba; como si no estuviera en
+sus atribuciones fijarse en las tonter&iacute;as de su sobrina, que, desde que
+hab&iacute;a vuelto <i>a darse de alta</i>, hac&iacute;a la loquilla y la muchacha y se
+permit&iacute;a unas bromitas y unas alusiones alarmantes, de que &eacute;l no quer&iacute;a
+hacerse cargo <i>por ahora</i>.</p>
+
+<p>&mdash;Pero habla, mujer, no entiendo eso... del pie...&mdash;repiti&oacute; Reyes.</p>
+
+<p>Emma trag&oacute; el buche de Jerez; pero en vez de hablar, volvi&oacute; a llenar la
+boca y a renovar la pantomima con mayores aspavientos.</p>
+
+<p>Bonis se fij&oacute; bien; primero se&ntilde;alaba al pie, bueno; y despu&eacute;s, con el
+dedo y la cabeza, quer&iacute;a indicar algo que no estaba presente....</p>
+
+<p>No comprend&iacute;a.... Pero de repente, el coraz&oacute;n le dio dos latigazos, y un
+sudor fr&iacute;o comenz&oacute; a correrle por la espalda: las piernas, cometiendo la
+bellaquer&iacute;a que sol&iacute;an en los casos apurados, se le declararon en
+huelga, como si huyeran solas del apuro. El <i>f&iacute;sico</i>, la <i>parte material</i>,
+le anunciaba un peligro de que su oscuro entendimiento no se daba cuenta
+todav&iacute;a. All&iacute; hab&iacute;a algo serio; &iquest;pero qu&eacute;?</p>
+
+<p>Bonis mir&oacute; angustiado a Nepomuceno por ver si sorprend&iacute;a connivencia
+entre el t&iacute;o y la sobrina. Nada; D. Juan, como si no estuviera all&iacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Pero, hija m&iacute;a, &iexcl;por los clavos de Cristo!...</p>
+
+<p>Emma arroj&oacute; el buche de Jerez al suelo, y alargando m&aacute;s el pie hacia su
+esposo y ense&ntilde;ando parte de la pantorrilla, grit&oacute; como si hablara a un
+sordo:</p>
+
+<p>&mdash;Quiero decir, por los clavos de una puerta, enti&eacute;ndelo, que bien claro
+est&aacute;... quiero decir que... qu&eacute; te parece de ese pie que te ense&ntilde;o,
+mastuerzo.</p>
+
+<p>&mdash;Primoroso, hija m&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;No hablo del pie, borrico; el pie ya s&eacute; yo lo que vale; hablo de las
+botas.... Te pregunto si sabes qui&eacute;n tiene otras iguales.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Yo?, c&oacute;mo he de saber....</p>
+
+<p>&mdash;Pues no hay m&aacute;s que estas y otras vendidas; me lo ha dicho Fuejos, el
+mism&iacute;simo zapatero, tu amigo Fuejos. No ha vendido m&aacute;s que estas y las
+de la tiple. Y por eso te preguntaba yo... alcornoque. Tienes una
+memoria como un madero. Y ahora &iquest;te acuerdas? &iquest;Son o no son como las de
+la tiple? Iguales, hombre, iguales. &iexcl;Mira, mira, m&iacute;ralas bien!...</p>
+
+<p>Y Emma levantaba el pie hasta colocarlo sobre las rodillas de su marido.
+El t&iacute;o estaba del otro lado de la mesa y no pod&iacute;a ver el pie levantado,
+ni tampoco lo intentaba.</p>
+
+<p>Bonis busc&oacute;, por instinto, un vaso de agua sobre la mesa, meti&oacute; en la
+boca el cristal, y as&iacute; se estuvo, primero bebiendo, y despu&eacute;s haciendo
+que beb&iacute;a.</p>
+
+<p>Y pens&oacute;, sin querer, en medio de sus angustias, que no podemos
+figurarnos ni describir los que no pasamos por ellas: &laquo;Esto es lo que en
+las tragedias se llama la cat&aacute;strofe&raquo;. Y m&aacute;s pens&oacute;, a pesar de lo
+apurado de la situaci&oacute;n: &laquo;En las &oacute;peras podemos decir que tambi&eacute;n hay
+cat&aacute;strofes&raquo;; y se acord&oacute; de la <i>Norma</i>, que era su mujer; y de <i>Adalgisa</i>,
+que era la tiple; y de Poli&oacute;n, que era &eacute;l; y del sacerdote, que era
+Nepomuceno, encargado sin duda de degollarle a &eacute;l, a Poli&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Pero, vamos, calabac&iacute;n, di algo; &iquest;son o no son estas lo mismo que las
+de la tiple? &iquest;Me enga&ntilde;&oacute; aquel t&iacute;o o no?</p>
+
+<p>Sacando fuerzas, nunca supo de d&oacute;nde, Reyes dijo al fin, hablando como
+un ventr&iacute;locuo, tan de adentro le sal&iacute;a la poca voz de que pod&iacute;a
+disponer:</p>
+
+<p>&mdash;Pero Emma, &iquest;c&oacute;mo quieres que yo conozca... las botas de esa se&ntilde;orita?</p>
+
+<p>Entonces fue D. Juan Nepomuceno el que habl&oacute;; pero antes se puso en pie,
+clav&oacute; tambi&eacute;n los ojos en su sobrino por afinidad, y cuando &eacute;ste casi
+cre&iacute;a que iba a sacar el cuchillo para herirle, exclam&oacute; con gran
+cachaza:</p>
+
+<p>&mdash;Tiene raz&oacute;n Bonifacio; &iquest;c&oacute;mo quieres que &eacute;l sepa c&oacute;mo son las botas que
+compra la tiple? No ha de ser &eacute;l quien las pague.</p>
+
+<p>&mdash;Eso es una... bobada, t&iacute;o, y usted dispense; el que paga las botas a
+esas se&ntilde;oritas no suele conoc&eacute;rselas, como dice este; si la Gorgheggi
+tiene querido que le pague las botas, ese... le conocer&aacute; otra cosa, pero
+las botas no, y menos estas que yo digo, que las compr&oacute; esta ma&ntilde;ana.
+Pero este papanatas s&iacute; las ha visto, y por eso yo le preguntaba; s&oacute;lo
+que tiene una cabeza como un marmolillo y todo lo olvida. Vamos a ver;
+&iquest;no estabas t&uacute; en la tienda de Fuejos cuando entr&oacute; esta ma&ntilde;ana a las
+doce la tiple, y anduvo escogiendo botas y pidi&oacute; la &uacute;ltima novedad, y
+Fuejos le ense&ntilde;&oacute; unas como estas? &iquest;Y no te pregunt&oacute; la tiple a ti tu
+opini&oacute;n, y no dijiste que eran preciosas... y no se las calz&oacute; all&iacute;
+delante de vosotros, delante de ti y del hipotecario Salom&oacute;n el Cojo?
+&iexcl;Pues hombre, si todo esto me lo cont&oacute; el zapatero, y por eso yo le
+compr&eacute; estas; porque no hab&iacute;a vendido m&aacute;s que otras, y esas a la tiple,
+que viste muy bien!</p>
+
+<p>&mdash;Toda esa relaci&oacute;n, en lo que se refiere a mi persona, es absolutamente
+falsa&mdash;dijo con voz bastante repuesta Bonis, que tambi&eacute;n se levant&oacute; para
+medirse con el t&iacute;o&mdash;. Yo no he entrado hoy en la zapater&iacute;a de Fuejos, y
+puedo probar la coartada; a las doce estaba yo... en otra parte.</p>
+
+<p>&laquo;En efecto; a las doce estaba &eacute;l en casa de Serafina; todo aquello era
+mentira; ni la tiple hab&iacute;a comprado unas botas como aquellas, ni nada de
+lo dicho. Todo ello era una miserable especulaci&oacute;n de Fuejos el
+zapatero para tentar a su mujer; pero &iquest;c&oacute;mo siendo Fuejos su amigo, de
+Bonis, y excelente persona, se hab&iacute;a permitido aquella calumnia? &iquest;No
+sab&iacute;a Fuejos que se murmuraba en el pueblo si &eacute;l, Reyes, ten&iacute;a o no
+ten&iacute;a que ver con la tiple?... Y sabido esto, que deb&iacute;a saberlo, &iquest;iba a
+decirle a su mujer, a la de Bonifacio, que?... &iexcl;Imposible!&raquo;. &laquo;No, la
+mentira no era del zapatero; era de Emma; &iexcl;pero entonces la gravedad del
+caso volv&iacute;a a ser tanta como se lo hab&iacute;an anunciado los sudores! Emma
+preparaba alguna gran venganza, y en el &iacute;nterin se divert&iacute;a con &eacute;l como
+el gato con el ratoncillo. Tal vez le despreciaba tanto, pensaba el
+infeliz, que ni siquiera quer&iacute;a concederle el honor de sentir celos;
+pero aunque no estuviese celosa, lo que es de vengarse no dejar&iacute;a&raquo;.</p>
+
+<p>A pesar de estas reflexiones, la perplejidad del marido infiel no
+desaparec&iacute;a; se agarraba como a una esperanza a la idea de que hubiera
+sido Fuejos el embustero. En cuanto tomemos el caf&eacute;, pens&oacute;, me voy a la
+zapater&iacute;a a ver lo que ha habido.</p>
+
+<p>Pero Bonis propon&iacute;a y Emma dispon&iacute;a. En cuanto tomaron el caf&eacute;, Emma,
+que estaba de muy buen humor, se levant&oacute; y dijo con solemnidad c&oacute;mica:</p>
+
+<p>&mdash;Ahora esperen ustedes aqu&iacute; sentados; les preparo una gran sorpresa.
+&iquest;Qu&eacute; hora es?</p>
+
+<p>&mdash;Las ocho&mdash;dijo el t&iacute;o, que, a pesar de sus bromitas, que horrorizaban a
+Bonifacio, tampoco las ten&iacute;a todas consigo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Las ocho? Magn&iacute;fico. Esperen ustedes un cuarto de hora.</p>
+
+<p>Desapareci&oacute; Emma, y t&iacute;o y sobrino, por afinidad, callaron como mudos.
+Entre el t&iacute;o y &eacute;l hab&iacute;a para Bonis un abismo... mejor, un <i>oc&eacute;ano</i> de
+monedas de plata y oro, que bien subir&iacute;an a.... Dios sabe cu&aacute;ntos miles
+de reales. Hab&iacute;a llegado a tal extremo el terror de Reyes respecto a lo
+que deb&iacute;a a <i>los Valc&aacute;rcel</i>, que nunca se tomaba el trabajo de sumar las
+cantidades que no hab&iacute;a <i>reintegrado</i> a la caja; contando los siete mil
+reales del cura de la monta&ntilde;a, le parec&iacute;a aquello un dineral. Tanto que,
+a veces, leyendo en los peri&oacute;dicos lamentaciones acerca de la deuda del
+Estado, se turbaba un poco acord&aacute;ndose de la suya. Parecida sensaci&oacute;n
+experimentaba cuando o&iacute;a hablar o le&iacute;a algo de grandes desfalcos, de
+tesoreros que hu&iacute;an con una caja y cosas por el estilo.</p>
+
+<p>Volvi&oacute; Emma al cuarto de hora, en efecto, y sus comensales dijeron a un
+tiempo:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; es esto! Y ambos se pusieron en pie, estupefactos, porque el caso
+no era para menos. Emma ven&iacute;a vestida con un magn&iacute;fico traje, que
+ninguno de ellos le conoc&iacute;a; tra&iacute;a la cara llena de polvos de arroz; el
+peinado de mano de peinadora, cosa en ella nueva por completo, pues
+nunca hab&iacute;a consentido que le tocasen la cabeza manos ajenas, y luc&iacute;a
+una pulsera de diamantes y collar y pendientes de la misma traza, todo
+muy caro y todo nuevo para el esposo y para el administrador.</p>
+
+<p>&mdash;Esto es... esto&mdash;dijo ella. Y puso delante de los ojos de su marido un
+papelito amarillo, que dec&iacute;a: <i>Teatro principal</i>.&mdash;<i>Palco principal, n&uacute;m. 7</i>.
+Esto es que vamos al teatro, al palco del Gobernador militar que, como
+no tiene familia, casi nunca lo ocupa. Conque, hala, t&iacute;o, a ponerse de
+tiros largos; y t&uacute;, Bonis, ven ac&aacute;, te visto en un periquete.</p>
+
+<p>Emma no dej&oacute; tiempo a sus subordinados para seguir asombr&aacute;ndose de
+aquella inaudita resoluci&oacute;n. Ella, que tantos caprichos hab&iacute;a tenido
+toda la vida, jam&aacute;s se hab&iacute;a mostrado aficionada al teatro, y menos a la
+m&uacute;sica; desde su malparto a la fecha, y ya hab&iacute;a llovido despu&eacute;s, no
+hab&iacute;a estado en el <i>coliseo</i> cuatro veces: la Compa&ntilde;&iacute;a actual no la hab&iacute;a
+visto siquiera, y ya estaban acabando el tercer abono... y de repente
+&iexcl;zas!, sin avisar a nadie, tomaba un palco, y a la &oacute;pera todo el mundo.
+As&iacute; pensaba Bonis, equivoc&aacute;ndose en alg&uacute;n pormenor, como se ver&aacute; luego,
+y algo parecido pensaba el t&iacute;o. Pero este, como acostumbraba, hizo
+pronto lo que &eacute;l llamaba para sus adentros &laquo;su composici&oacute;n de lugar&raquo;; es
+decir, el plan conducente a sacar de todas aquellas novedades extra&ntilde;as
+el mejor partido posible para sus intereses; y sin decir oxte ni moxte,
+sonriente, sali&oacute; del comedor y volvi&oacute; a poco, vestido de levita negra,
+con un sobretodo que le sentaba de perlas.</p>
+
+<p>&mdash;Tambi&eacute;n era presentable el t&iacute;o mayordomo&mdash;pens&oacute; Emma&mdash;; pero esto no
+quita que las pague todas juntas, como todos.</p>
+
+<p>El tocado de Bonis fue obra m&aacute;s complicada, y dirigida, en efecto, por
+su mujer, que le hizo afeitarse en un decir Jes&uacute;s, sin m&aacute;s contingencias
+que tres leves heridas, que ella misma tap&oacute; con papel de goma. Se le
+hizo estrenar un traje oscuro, de &uacute;ltima moda, de pa&ntilde;o ingl&eacute;s, por
+supuesto. A Reyes a ratos se le figuraba que le estaban vistiendo para
+ir al palo, y se le antojaba hopa, de g&eacute;nero ingl&eacute;s, aquel elegant&iacute;simo
+terno que iba sacando del caj&oacute;n remitido por el <i>artista</i> de Madrid.</p>
+
+<p>Eufemia, que por lo visto ten&iacute;a orden tambi&eacute;n de no admirarse de nada,
+los alumbr&oacute; hasta el portal, donde no hab&iacute;a farol, y los vio salir de
+casa, Emma del brazo de Bonis, D. Juan detr&aacute;s, como si todas las noches
+sucediera lo mismo.</p>
+
+<p>La doncella, en verdad, ten&iacute;a sus motivos para no asombrarse tanto como
+los otros; primero, porque las locuras de la se&ntilde;orita eran para ella el
+pan nuestro de cada d&iacute;a, y locuras algunas de un g&eacute;nero &iacute;ntimo, secreto,
+que los dem&aacute;s no conoc&iacute;an; y adem&aacute;s, se asombraba menos, porque conoc&iacute;a
+ciertos antecedentes. Juntas hab&iacute;an ido al teatro noches atr&aacute;s, a la
+<i>cazuela</i>, vestidas las dos de <i>artesanas</i>.</p>
+
+<p>Esto era lo que ignoraba Bonis; esto, y lo que hab&iacute;a visto, o&iacute;do y
+sentido su mujer en aquella noche de la escapatoria, y lo que despu&eacute;s
+hab&iacute;a imaginado, y deseado, y proyectado.</p>
+
+<p>Llegaron al teatro, y la entrada de Emma en su palco produjo mucho m&aacute;s
+efecto del que ella pudo haberse figurado. Es m&aacute;s, ella no hab&iacute;a pensado
+en esto. No iba all&iacute; a lucirse, aunque despu&eacute;s le supo a mieles, y
+a&ntilde;adi&oacute; una corrupci&oacute;n m&aacute;s a su esp&iacute;ritu, el placer de despertar la
+envidia, por su ropa, de las damas menos majas. Por una aberraci&oacute;n,
+mejor, distracci&oacute;n, no se fij&oacute; antes de llegar en que era distinto
+entrar en un palco principal, el del brigadier, vestida con tanto lujo,
+ella que nunca iba al teatro, y entrar en el para&iacute;so, disfrazada,
+escondi&eacute;ndose del p&uacute;blico, que no so&ntilde;aba con su presencia, ni de ella
+supo aquella noche.</p>
+
+<p>Ella iba dispuesta a gozar mucho; pero no era del p&uacute;blico precisamente
+de quien esperaba estas emociones fuertes, a que se preparaba; su
+prop&oacute;sito iba a dar al escenario, y estaba complicado con los asuntos
+dom&eacute;sticos; pero a estos complejos y estramb&oacute;ticos atractivos se
+agregaba de repente un agud&iacute;simo placer, con que Emma no contaba, y que
+le revel&oacute; un mundo nuevo de delicias intensas, en que no se le hab&iacute;a
+ocurrido pensar, pero que vio bien claro, sinti&oacute; con fuerza, desde el
+momento en que al penetrar ella en su palco, y dejar el abrigo al t&iacute;o, y
+dar una vuelta en redondo antes de sentarse, not&oacute; fijas en su persona
+las miradas, y en los palcos cercanos oy&oacute; el murmullo del comentario, y
+en el aire, puede decirse, cogi&oacute; el efecto general de su presencia.
+Despu&eacute;s de sentada, y cuando ella se iba haciendo cargo de lo que ten&iacute;a
+delante, la admiraci&oacute;n persist&iacute;a; en vano los coristas, que estaban
+solos en escena, como los gallegos del cuento, mal presididos por un
+partiquino, que s&oacute;lo se distingu&iacute;a por unas botas de fingida gamuza y
+por desafinar m&aacute;s que todos juntos, en vano gritaban como energ&uacute;menos;
+el p&uacute;blico <i>distinguido</i> de butacas y palcos atend&iacute;a el espect&aacute;culo civil
+que le ofrec&iacute;a Emma; los abonados de las faltriqueras, que no ve&iacute;an la
+sala sin echar el cuerpo fuera del antepecho, se asomaban por grupos
+para ver a la de Reyes, y los de la faltriquera de la tertulia de Cascos
+saludaron a Bonis y a su se&ntilde;ora; el brigadier comandante general de la
+provincia estaba entre ellos, y tambi&eacute;n inclin&oacute; la cabeza. Emma sal&iacute;a de
+su soledad voluntaria como de un encierro; las emociones de los paseos y
+romer&iacute;as no eran como aqu&eacute;lla; aqu&eacute;lla sab&iacute;a a gloria; &iexcl;lo que se iba a
+divertir, contando con todo! Porque con las glorias no se le iban las
+memorias. Su plan era su plan, y todo se andar&iacute;a.</p>
+
+<p>Bien comprend&iacute;a la hija del abogado Valc&aacute;rcel que no era su hermosura lo
+que tanto llamaba la atenci&oacute;n; que era, principalmente, su aderezo, y
+mucho tambi&eacute;n su vestido, y un poco la novedad de verla en el teatro.</p>
+
+<p>&mdash;Vamos, esta se lanza al mundo otra vez&mdash;pens&oacute; ella que deb&iacute;an de estar
+pensando muchas de aquellas damas, que se la estaban comiendo con los
+ojos desde butacas y palcos.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute; que me lanzo; &iexcl;ya lo creo!, de cabeza&mdash;se dec&iacute;a a s&iacute; misma; muy
+satisfecha, content&iacute;sima por haber descubierto aquel venero de placeres
+que tanto iban a contrariar los planes del t&iacute;o, que consist&iacute;an, por lo
+visto, en ir rob&aacute;ndola todo lo que ella y s&oacute;lo ella ten&iacute;a.</p>
+
+<p>Para muchas de las se&ntilde;oras y se&ntilde;oritas presentes, que, o no eran del
+pa&iacute;s o eran muy j&oacute;venes, la aparici&oacute;n de Emma en el <i>mundo</i>, si aquello
+era <i>mundo</i>, ofrec&iacute;a una novedad absoluta, porque no pod&iacute;an recordar, como
+otras pocas, que a&ntilde;os atr&aacute;s aquella mujer, vestida con tanto lujo, de
+facciones ajadas, de una tirantez nerviosa y avinagrada en el gesto,
+hab&iacute;a sido la comidilla de la poblaci&oacute;n por sus caprichos y locuras de
+joven mimada y rica y extravagante como ella sola.</p>
+
+<p>Todo esto lo comprend&iacute;a Emma, y no se hac&iacute;a ilusiones respecto de los
+motivos de tanta curiosidad, y casi casi estupefacci&oacute;n; pero el
+resultado era que se la miraba y contemplaba, y se comentaba su
+presencia mucho; que nadie se acordaba del escenario por verla, y esto
+le produc&iacute;a, fuese por lo que fuese, una de las sensaciones m&aacute;s intensas
+y profundas que pod&iacute;a experimentar una mujer de su cala&ntilde;a. Sobre todo,
+lo que ella m&aacute;s saboreaba, y lo que ten&iacute;a por m&aacute;s seguro, era la
+envidia. La envidiaban, no s&oacute;lo las pobres, las que no pod&iacute;an permitirse
+el gasto que significaban aquellos diamantes y aquel vestido, sino
+tambi&eacute;n las dos o tres ricachonas presentes, que hubieran podido, sin
+hacer un disparate, presentarse aquella misma noche con algo tan bueno y
+todav&iacute;a mejor. A pesar de esto, la envidiaban tambi&eacute;n, porque esta clase
+de gente se parece mucho a los animales, en no vivir m&aacute;s que de la
+sensaci&oacute;n presente; y el hecho era que all&iacute;, en el teatro, en aquel
+momento, la m&aacute;s ricamente vestida y <i>alhajada</i> era ella, Emma; y el
+p&uacute;blico no se hab&iacute;a de meter a discurrir y calcular qui&eacute;n pod&iacute;a y qui&eacute;n
+no lucir otro tanto. Adem&aacute;s, que &laquo;obras son amores&raquo;. Tal vez la que m&aacute;s
+envidiaba a la de Valc&aacute;rcel era la mujer del americano Sariegos, el m&aacute;s
+rico de la provincia, que podr&iacute;a aturdir a todos los Valc&aacute;rcel del mundo
+envolvi&eacute;ndolos en papel del Estado y en acciones del Banco y otras mil
+grandezas; pero Sariegos no permit&iacute;a tales despilfarros, que en &eacute;l no lo
+ser&iacute;an, y su se&ntilde;ora ten&iacute;a que contentarse con un lujo muy mediano. Por
+eso rabiaba ella. En cuanto a Sariegos, que estaba presente, detr&aacute;s de
+su mujer, tambi&eacute;n se puso a aborrecer de pronto a Emma, porque ten&iacute;a la
+culpa de lo que en aquel momento su esposa estar&iacute;a maldici&eacute;ndole y
+detest&aacute;ndole a &eacute;l por avaro; y adem&aacute;s, aunque parezca raro, tambi&eacute;n
+miraba con envidia el aderezo de la <i>abogaducha</i>. Mas luego se hizo
+superior a sentimientos tan humillantes para &eacute;l, y, elev&aacute;ndose, mediante
+su filosof&iacute;a cremat&iacute;stica o plut&oacute;nica, a m&aacute;s altas esferas, pens&oacute;, y
+acab&oacute; por decir, a media voz, desde la c&uacute;spide de su desprecio sincero:</p>
+
+<p>&mdash;Esa muchacha va a quedarse sin camisa en muy pocos a&ntilde;os.</p>
+
+<p>Bien sab&iacute;a, porque bien se ve&iacute;a adem&aacute;s, que Emma ya no era una muchacha;
+pero no importaba; as&iacute; cre&iacute;a &eacute;l significar mejor su desprecio: esa
+muchacha... la <i>abogaducha</i>.</p>
+
+<p>Pero estos comentarios y desahogos, y otros por el estilo, no los o&iacute;a
+Emma; ella ve&iacute;a a la envidia, no la o&iacute;a; ve&iacute;a sus ojos brillantes, sus
+sonrisas tristes, sus &eacute;xtasis sinceros y melanc&oacute;licos en la cara de las
+incautas, que no sab&iacute;an disimular siquiera, y se quedaban como Santas
+Teresas arrobadas en la meditaci&oacute;n y el amor del pesar del bien ajeno.</p>
+
+<p>Algunas muchachas, estas de verdad, que minutos antes coqueteaban
+alegres, muy satisfechas, con los cuatro trapacos que ten&iacute;an encima,
+ahora languidec&iacute;an, olvidaban a sus adoradores de las butacas; y como
+que se trataba de cosa mucho m&aacute;s seria, con rostro del que hab&iacute;a
+desaparecido toda gracia, toda poes&iacute;a, toda idealidad, se consagraban al
+culto envidioso del lujo ajeno, con gran veneraci&oacute;n para las joyas y la
+seda, con gran rencor disimulado a la sacerdotisa, que ten&iacute;a el
+privilegio de ostentar sobre su cuerpo los resplandores del dios
+idolatrado.</p>
+
+<p>Un ruido de faldas almidonadas que vino de la escena llam&oacute; la atenci&oacute;n
+de Emma, sac&aacute;ndola de aquel deliquio de amor propio satisfecho.</p>
+
+<p>Por la puerta del foro entraba una elegant&iacute;sima se&ntilde;ora a paso ligero,
+barriendo las tablas con una cola muy larga y despidiendo chispas de
+todo su cuerpo, vestido de brocado de comedia y cubierto de joyas
+falsas, diadema inclusive.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qui&eacute;n es esa?&mdash;pregunt&oacute; la mujer de Reyes.</p>
+
+<p>Bonifacio, viendo que Nepomuceno no se daba por interrogado, dijo, no
+sin tragar antes saliva:</p>
+
+<p>&mdash;Es la Reina, que viene desaladamente al saber que el Infante....</p>
+
+<p>&mdash;No; si no pregunto eso&mdash;interrumpi&oacute; su mujer, volvi&eacute;ndose a mirar a
+Bonis, que estaba detr&aacute;s de ella en la penumbra&mdash;. Digo si es esa la
+tiple.</p>
+
+<p>&mdash;Creo... que s&iacute;. S&iacute;, justo, la protagonista....</p>
+
+<p>&mdash;La de las botas. &iquest;Las traer&aacute; puestas?</p>
+
+<p>Bonis call&oacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Di, hombre, &iquest;crees t&uacute; que las traer&aacute; puestas?</p>
+
+<p>&mdash;Ser&iacute;a... un anacronismo.</p>
+
+<p>&mdash;Calla, calla; ahora se sube al trono... &iquest;a ver?... No, no se le han
+visto los pies. Acaso cuando se baje....</p>
+
+<p>Emma asest&oacute; los gemelos a los bajos de la tiple; y como esta no acababa
+de levantarse de su trono, subi&oacute; la mirada hasta el rostro de Serafina.</p>
+
+<p>&mdash;Vaya si es guapa&mdash;dijo&mdash;. Ya he visto yo esa cara. &iquest;C&oacute;mo se llama esa?,
+&iquest;la cu&aacute;ntos?...</p>
+
+<p>&mdash;Serafina Gorgheggi, creo....</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Crees!... Pero &iquest;no lo sabes de seguro?</p>
+
+<p>&mdash;Puede que la confunda con la contralto.</p>
+
+<p>&mdash;Puede.</p>
+
+<p>&mdash;Pero... no; s&iacute;, es la tiple; justo, la Gorgheggi.</p>
+
+<p>&mdash;Ahora est&aacute;s seguro, &iquest;eh?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, seguro.</p>
+
+<p>Bonis se admiraba a s&iacute; mismo. &iexcl;Aquello era crecerse ante el peligro!
+All&iacute; estaban los polvos de arroz.... Ahora lo comprend&iacute;a todo; su mujer
+se estaba burlando de &eacute;l. Sab&iacute;a de sus amores, y aquella ida <i>inopinada</i>
+al teatro era un careo... s&iacute;, un careo de los criminales. Porque &eacute;l era
+un criminal, claro. No importaba; sucediera lo que sucediera, hab&iacute;a que
+defenderse como gato panza arriba. Tuvo que sentarse, detr&aacute;s de su
+mujer, porque las piernas le temblaban, seg&uacute;n costumbre en casos tales
+(si era que jam&aacute;s se hab&iacute;a visto en caso parecido); pero estaba
+dispuesto a disimular, a mentir <i>como un h&eacute;roe</i>, si era preciso, ya que el
+Se&ntilde;or se dignaba concederle aquel don del fingimiento, de que no se
+hubiera cre&iacute;do capaz a no verlo. &iexcl;Lo que puede el instinto de
+conservaci&oacute;n!, pensaba.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah!&mdash;grit&oacute;, ahogando el grito antes de salir de los labios, Emma, que
+acababa de ver un pie de la Gorgheggi, al descender la tiple
+<i>majestuosamente</i> de su trono de madera pintada de colorines. Fuera un
+anacronismo o no, las botas de S. A. eran id&eacute;nticas a las que hab&iacute;a
+comprado ella por la tarde. Fuejos no hab&iacute;a mentido.</p>
+
+<p>&mdash;Lo mismo que las m&iacute;as. Ese Fuejos es persona de verdad decir. &iquest;Lo ves,
+Bonifacio? El otro par lo trae esa se&ntilde;ora; lo que me dijo el zapatero.
+&iquest;Por qu&eacute; le levantas falsos testimonios? &iquest;Por qu&eacute; has negado que le
+viste el pie a esa damisela esta ma&ntilde;ana? &iquest;Qu&eacute; tiene eso de particular?
+&iquest;Crees que voy a celarme, marido infiel?</p>
+
+<p>Bonis call&oacute;. Por mucho valor que &eacute;l tuviera, y estaba seguro de que lo
+ten&iacute;a, aquello no pod&iacute;a durar. &iquest;Ad&oacute;nde iba a parar su mujer?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Sabes t&uacute; si tiene querido esa do&ntilde;a Serafina? Si lo tiene, ese habr&aacute;
+pagado las botas.</p>
+
+<p>Esta libertad de lenguaje no le extra&ntilde;aba a Nepomuceno, que en cuanto
+ve&iacute;a a su sobrina con un poco de carne y regular color, ya esperaba de
+ella cualquier locura de dicho o de hecho.</p>
+
+<p>En cuanto al marido, no ve&iacute;a en tama&ntilde;a desfachatez m&aacute;s que el sarcasmo
+terrible de la esposa ultrajada. Le parec&iacute;a muy natural que el c&oacute;nyuge
+enga&ntilde;ado se entretuviera en aquellos pr&oacute;dromos de iron&iacute;a antes de tomar
+terrible venganza. As&iacute; suced&iacute;a en las tragedias, y hasta en las &oacute;peras.</p>
+
+<p>Ensimismado en su terror, vuelta la cara hacia el fondo del palco, Bonis
+no pudo notar por qu&eacute; Emma no insist&iacute;a en sus cuchufletas, si lo eran
+aquellas preguntas al parecer capciosas. Si &eacute;l se hab&iacute;a puesto antes
+encendido, y enseguida muy p&aacute;lido, al salir a las tablas Serafina, ahora
+Emma era la que tomaba el color de una cereza; y clavaba los gemelos en
+un personaje que acababa de llegar de tierra de moros, vencedor como &eacute;l
+solo, y que se encontraba con que la Reina le hab&iacute;a casado a la novia
+con un rey de Francia para no tener rival a la vista. El vencedor de los
+infieles era el bar&iacute;tono Minghetti, que luc&iacute;a dos espuelas como dos
+soles, y ten&iacute;a un vozarr&oacute;n tremendo, no mal timbrado y lleno de energ&iacute;a.
+En vano la Reina le ped&iacute;a perd&oacute;n, colg&aacute;ndosele del cuello, previo el
+despejo de la sala, cubierta de coristas, todos ellos viles cortesanos.
+El bar&iacute;tono no transig&iacute;a; hu&iacute;a de los brazos de la Reina y llamaba a
+gritos a la otra.</p>
+
+<p>&mdash;Est&aacute; muy guapo as&iacute;&mdash;pensaba Emma&mdash;; pero me gustaba m&aacute;s con el traje de
+barbero.</p>
+
+<p>Cuando el caudillo no pudo gritar m&aacute;s, o reventaba, la tiple empez&oacute; a
+quejarse de su suerte y a pintarle su pasi&oacute;n con multitud de gorjeos,
+que acompa&ntilde;aba el flauta, jorobado. Como suelen hacer en tales casos los
+amantes desde&ntilde;osos, en vez de escuchar las lamentaciones y las quejas de
+la reina, el bar&iacute;tono aprovech&oacute; el descanso para toser y escupir
+disimuladamente, y despu&eacute;s se puso a revisar con gran descaro los
+palcos, donde luc&iacute;an su belleza las se&ntilde;oras m&aacute;s encopetadas. Lleg&oacute; su
+mirada al palco de Emma, que sinti&oacute; los ojos azules y dulc&iacute;simos de
+Minghetti met&eacute;rsele por los tubos de los gemelos y sonre&iacute;rle, a ella,
+como si la conociera de toda la vida y hubiera algo entre ellos. Emma,
+sin pensarlo, sonri&oacute; tambi&eacute;n, y el bar&iacute;tono, que ten&iacute;a mirada de &aacute;guila,
+not&oacute; la sonrisa, y sonri&oacute; a su vez, no ya con los ojos sino con toda la
+cara. La emoci&oacute;n de la Valc&aacute;rcel fue m&aacute;s intensa que la experimentada
+poco antes al notar la admiraci&oacute;n que su lujosa presencia produc&iacute;a en el
+concurso. Para sus adentros se dijo: Esto es m&aacute;s serio, es un placer m&aacute;s
+hondo que satisface m&aacute;s ansias, que tiene m&aacute;s sustancia... y que tiene
+m&aacute;s que ver con mis planes. Los planes eran burlarse de una manera feroz
+de su t&iacute;o y de su marido, jugar con ellos como el gato con el rat&oacute;n,
+descubrir medios de enga&ntilde;arlos y <i>perderlos</i>, que fuesen para ella muy
+divertidos. Contra el t&iacute;o ya sab&iacute;a de tiempo atr&aacute;s qu&eacute; armas emplear;
+echar la casa por la ventana, gastar mucho en el regalo de su propia
+personilla. En cuanto a Bonis... ni en rigor le quer&iacute;a tan mal como al
+otro, ni hab&iacute;a pensado concretamente hasta entonces en un gran castigo
+para &eacute;l; s&oacute;lo se le hab&iacute;a ocurrido tenerle siempre en un potro, tratarle
+como a un esclavo a quien amenazase un tormento que &eacute;l no acababa de
+conocer; mas la mirada y la sonrisa de Minghetti aclararon como un
+rel&aacute;mpago la conciencia de Emma, que vio de repente en qu&eacute; pod&iacute;a
+consistir el castigo de su infiel esposo. Porque, en efecto, le supon&iacute;a
+infiel mucho tiempo hac&iacute;a; sin contar con que Emma, en las meditaciones
+de sus soledades de alcoba, con el hist&eacute;rico por Sibila, hab&iacute;a llegado a
+concebir al hombre, a todos los hombres, como el animal ego&iacute;sta y de
+instintos crueles y groseros por excelencia, no cre&iacute;a en el marido
+rigurosamente fiel a su esposa; m&aacute;s era, tal ente <i>de raz&oacute;n</i> la parec&iacute;a
+rid&iacute;culo, y se confesaba que ella, en el caso de cualquier hombre
+casado, no se contentar&iacute;a con su mujer. En cuanto a las mujeres, no les
+reconoc&iacute;a el derecho de adulterio en circunstancias normales, porque
+<i>parec&iacute;a</i> feo y porque la mujer es otra cosa; pero en caso de infidelidad
+conyugal descubierta, ya era distinto; tambi&eacute;n hab&iacute;a el derecho de
+represalia, y lo mismo pod&iacute;a decirse por analog&iacute;a, cuando el esposo era
+tan bruto que daba a la esposa trato de cuerda... &laquo;Si Bonis me pegase
+como yo le pego a &eacute;l, se la pegaba&raquo;. Esto era evidente. &laquo;Y si &eacute;l me la
+pega... si de seguro me la pega...&raquo;. Aqu&iacute; Emma vacilaba y recurr&iacute;a al
+tercer caso de infidelidad femenina disculpable. &laquo;Si me la pegase, yo le
+enga&ntilde;ar&iacute;a tambi&eacute;n... si alguien me inspirase una gran pasi&oacute;n&raquo;. Aunque
+los extrav&iacute;os morales de Emma nada ten&iacute;an que ver con el romanticismo
+literario, decadente, de su &eacute;poca y pueblo, porque ella era original por
+su temperamento y no le&iacute;a apenas versos y novelas, algunas frases y
+preocupaciones de sus convecinos se le hab&iacute;an contagiado, y esta idea
+vaga y p&eacute;rfida de la gran pasi&oacute;n que todo lo santifica, era una de esas
+pestes. Por lo dem&aacute;s, ella sola se bastaba para hacer tabla rasa de cien
+dec&aacute;logos y prescindir, seg&uacute;n su capricho, de reglas de conducta que la
+contrariasen. Pero si en la pura regi&oacute;n de las ideas, como hubiera
+pensado Bonis, esto era corriente, el sentido &iacute;ntimo le dec&iacute;a a Emma que
+del dicho al hecho hay mucho trecho; que ella no llegar&iacute;a a faltar a su
+Bonis, como no se la apurase mucho, como no fuera en un momento de
+locura, suscitado por un pr&iacute;ncipe ruso u otro personaje de m&eacute;rito
+excepcional; y que, aun as&iacute;, ten&iacute;a ella que convertirse en otra,
+violentarse mucho. Lo cierto era que su carne estaba tranquila, que sus
+gustos la llevaban a extrav&iacute;os sensuales nada er&oacute;ticos, y que al fin y
+al cabo, Bonis, lo que es como buen mozo era buen mozo, y estaba
+satisfecha de su f&iacute;sico.... Pero la mirada y la sonrisa del bar&iacute;tono,
+eran ya harina de otro costal. Por lo pronto, Emma se olvid&oacute; de todo
+para pensar en el placer de tropezarse dentro de los gemelos con
+aquellas pupilas y con aquella boca sonriente bajo el bigote casta&ntilde;o
+oscuro. Cada vez que Minghetti volv&iacute;a a la escena, la de Reyes ensayaba
+la repetici&oacute;n del lance que tan bien le hab&iacute;a sabido, y las m&aacute;s veces
+con buen &eacute;xito; pues, fuera casualidad, o que el cantante tuviera la
+costumbre de mirar mucho a los palcos y fijarse en quien le admiraba, y
+coquetear en toda clase de papeles y circunstancias esc&eacute;nicas, ello fue
+que el placer solicitado por los gemelos de Emma se renov&oacute; en varios
+trances de los m&aacute;s serios y apurados de la &oacute;pera; y eso que el bar&iacute;tono
+no cesaba de rega&ntilde;ar con la Reina, siempre desesperado por la huida a
+Francia de la otra.</p>
+
+<p>Bonis no volv&iacute;a de su asombro al notar, muy a su placer, que Emma no
+hablaba ya de la tiple ni de las botas, verdadero anacronismo, como &eacute;l
+dec&iacute;a muy bien, ni de cosa alguna que remotamente pudiera referirse a lo
+que &eacute;l llamaba &laquo;lo de los polvos de arroz&raquo;.</p>
+
+<p>Terminada la &oacute;pera, volvi&eacute;ronse a su hogar los Valc&aacute;rcel, o si se quiere
+los Reyes, aunque m&aacute;s propio es decir los Valc&aacute;rcel por lo poco amo de
+su casa que era Bonifacio; despidiose del matrimonio Nepomuceno, que se
+acost&oacute; madurando sus planes para el porvenir, que, o &eacute;l ve&iacute;a mal, o
+ten&iacute;a barruntos de un cambiazo no exento de peligros. Y cuando Reyes iba
+a pedir permiso a su mujer para retirarse tambi&eacute;n a su cuarto, a Emma se
+la ocurri&oacute; hacer uso... de lo que en las relaciones de aquel matrimonio
+pod&iacute;a llamarse la regia prerrogativa.</p>
+
+<p>&mdash;Mira, Bonis, yo no tengo sue&ntilde;o; el ruido de la m&uacute;sica me ha puesto la
+cabeza como un bombo... voy a estar desvelada; y sola y despierta y
+nerviosa, tendr&eacute; miedo.</p>
+
+<p>Hubo un momento de silencio, y despu&eacute;s prosigui&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Qu&eacute;date t&uacute;.</p>
+
+<p>Estaban en el gabinete de la dama. Ella se despojaba de sus joyas frente
+al espejo de su tocador, alumbrado por dos buj&iacute;as de color de rosa. El
+marido la ve&iacute;a retratada por el cristal de fondo misterioso y de sombras
+movedizas. Sin que &eacute;l se diese cuenta del c&oacute;mo y el por qu&eacute;, aquel
+&laquo;qu&eacute;date t&uacute;&raquo; le hizo mirar de repente a su esposa con ojos de juez de la
+hermosura. &iexcl;Cosa extra&ntilde;a! Hasta aquel instante no hab&iacute;a reparado que
+Emma se hab&iacute;a quitado muchos a&ntilde;os de encima aquella noche, sobre todo en
+aquel momento; no le parec&iacute;a una mujer bella y fresca, no hab&iacute;a all&iacute; ni
+perfecci&oacute;n de facciones ni lozan&iacute;a; pero hab&iacute;a mucha expresi&oacute;n; el mismo
+cansancio de la fisonom&iacute;a; cierta especie de eleg&iacute;a que canta el rostro
+de una mujer nerviosa y apasionada que pierde la tersura de la piel y
+que parece llorar a solas el peso de los a&ntilde;os; la complicada historia
+sentimental que revelan los nacientes surcos de las sienes y los que
+empiezan a dibujarse bajo los ojos; la intensidad de intenci&oacute;n seria,
+profunda y dolorosa de la mirada, que contrasta con la tirantez de
+ciertas facciones, con la inercia de los labios y la sequedad de las
+mejillas: estos y otros signos le parecieron a Bonis atractivos
+rom&aacute;nticos de su esposa en aquel momento, y el imperativo qu&eacute;date t&uacute; le
+halag&oacute; el amor propio y los sentidos, despu&eacute;s del mucho tiempo que hab&iacute;a
+pasado sin que Emma hiciera uso de la regia prerrogativa.</p>
+
+<p>Por segunda vez el amante de Serafina tuvo remordimientos por su
+infidelidad en el pecado. Su gran pasi&oacute;n disculpaba a los ojos de Bonis
+aquellas relaciones il&iacute;citas con la c&oacute;mica; pero desde el momento en que
+&eacute;l faltaba a Serafina, dej&aacute;ndose interesar endiabladamente por los
+encantos marchitos, pero expresivos y melanc&oacute;licos, llenos de fuego
+reconcentrado, de su leg&iacute;tima esposa, quedaba probado que la gran pasi&oacute;n
+pretendida no era tan grande, y, en otro tanto, era menos disculpable.
+Fuese como fuese, sucedi&oacute; que Bonis empez&oacute; a despojarse de su terno
+ingl&eacute;s en el gabinete de su mujer; se qued&oacute; sin levita ni chaleco,
+luciendo los tirantes de seda y la pechera de la camisa blanca y tersa,
+con tres botones de coral; y en este prosaico, pero familiar atav&iacute;o, se
+volvi&oacute; sonriente hacia Emma, que lam&iacute;a los labios secos, echaba chispas
+por los ojos, y seria y callada miraba el cuello robusto y de color de
+leche de su marido. Bonis se sinti&oacute; apetecido; se explic&oacute;, como a la luz
+de un rel&aacute;mpago, la escena de aquella noche de los polvos de arroz; ley&oacute;
+en el rostro de su mujer una debilidad peri&oacute;dica, una flaqueza femenina,
+como sumisi&oacute;n pasajera de la hembra al macho, adem&aacute;s una misteriosa y
+extra&ntilde;a corrupci&oacute;n sin nombre: todo esto lo cogi&oacute; al vuelo,
+confusamente; tuvo la conciencia s&uacute;bita de cierta superioridad interina,
+fugaz; y enardecido por su propio capricho, por las excitaciones que
+aquel ocaso interesante de hermosura, o, mejor, de deseo, con que se
+iluminaba Emma, produc&iacute;a en &eacute;l, se arroj&oacute; a un atrevimiento inaudito; y
+fue que, de repente, se dej&oacute; caer de rodillas delante de su mujer, se le
+abraz&oacute; a las almidonadas blancuras, que crujieron contra su pecho, y con
+voz balbuciente por la emoci&oacute;n, entrecortada y sorda, dijo mil locuras
+de pasi&oacute;n habladora, que se desborda primero por las palabras; palabras
+de lascivia en jerga amorosa, en diminutivos, tal como &eacute;l las hab&iacute;a
+aprendido de todo coraz&oacute;n en su trato con la Gorgheggi.</p>
+
+<p>Emma, en vez de levantar a su marido de la postrada actitud, despu&eacute;s de
+dar un grito, como los que daba al entrar en su ba&ntilde;o de agua tibia, fue
+dobl&aacute;ndose, dobl&aacute;ndose, hasta quedar con la boca al nivel de la boca de
+Bonis; con ambas manos le agarr&oacute; las barbas, le ech&oacute; hacia atr&aacute;s la
+cabeza, y, como si los labios del otro fuesen o&iacute;do, arrimando a ellos
+los dientes, dijo como quien hablando bajo quisiera dar voces:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;J&uacute;rame que no me la pegas!</p>
+
+<p>&mdash;Te lo juro, Mina de mi alma, rica m&iacute;a, mi Mina; te lo juro y te lo
+rejuro.... M&iacute;rame a los ojos; as&iacute;, a los ojos de adentro, a los de m&aacute;s
+adentro del alma... te juro, te retejuro que te adoro, con eso, con eso,
+con eso que ves aqu&iacute; tan abajo, tan abajo.... Pero, mira, me vas a
+desnucar, se me rompe el cogote.</p>
+
+<p>&mdash;Qu&eacute; m&aacute;s da, qu&eacute; m&aacute;s da... deja... deja... as&iacute;, m&aacute;s, que te duela, que
+te duela con gusto.</p>
+
+<p>Hubo un silencio que no se emple&oacute; m&aacute;s que en mirarse los ojos a los
+ojos, y en gozar ambos del dolor del cuello de Bonis doblado hacia
+atr&aacute;s. Emma le solt&oacute; para decir, poni&eacute;ndose en pie:</p>
+
+<p>&mdash;Mira, mira, yo soy la Gorgheggi o la Gorgoritos, esa que cantaba hace
+poco, la reina Micomicona; s&iacute;, hombre, esa que a ti te gusta tanto; y
+para hacerte la ilusi&oacute;n, m&iacute;rame aqu&iacute;, aqu&iacute;, aqu&iacute; tont&iacute;n; granuja, aqu&iacute;
+te digo... las botas lo mismo que las de ella; c&oacute;gele un pie a la
+Gorgoritos, anda, c&oacute;geselo; las medias no ser&aacute;n del mismo color, pero
+estas son bien bonitas; anda, ahora canta, dila que s&iacute;, que la quieres,
+que olvidas a la de Francia y que te casas con ella.... T&uacute; te llamas,
+&iquest;c&oacute;mo te llamas t&uacute;?... S&iacute;, hombre, el bar&iacute;tono te digo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Minghetti?</p>
+
+<p>&mdash;Eso, Minghetti, t&uacute; eres Minghetti y yo la Gorgoritos.... Minghetti de mi
+alma, aqu&iacute; tienes a tu reina de tu coraz&oacute;n, a tu reinecita; toma, toma,
+qui&eacute;rela, m&iacute;mala; Minghetti de mi vida, Bonis, Minghetti de mis
+entra&ntilde;as....</p>
+
+<p>&laquo;Pero, oiga usted, se&ntilde;or matamoros; si usted quiere que sea suya para
+siempre su se&ntilde;ora reina de las botas nuevas, apague esas luces del
+tocador y v&eacute;ngase de puntillas, que puede o&iacute;rle Eufemia, que ahora
+duerme ah&iacute; al lado&raquo;.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XI" id="XI"></a>-XI-</h2>
+
+
+<p>Bonifacio Reyes era admirador del arte en todas sus manifestaciones,
+seg&uacute;n &eacute;l se dec&iacute;a; y aunque la m&uacute;sica era la manifestaci&oacute;n predilecta,
+porque le llegaba m&aacute;s al alma, con una vaguedad que le encantaba y que
+no le exig&iacute;a a &eacute;l previo estudio de multitud de ideas concretas que
+deb&iacute;an de andar por los libros de facultad mayor; y aunque la susodicha
+m&uacute;sica era el arte que &eacute;l mejor pose&iacute;a, merced a sus estudios de solfeo
+y de flauta, no hab&iacute;a dejado de ejercitarse en una u otra &eacute;poca de su
+vida, sin pretensiones, por supuesto, en cuanto mero aficionado, en
+otros medios humanos de expresar lo bello. La poes&iacute;a le parec&iacute;a muy
+respetable, y sab&iacute;a de memoria muchos versos; pero las dificultades del
+consonante siempre le hab&iacute;an retra&iacute;do del cultivo de las musas;
+despreciaba, porque su sinceridad de hombre de sentimiento y de
+convicciones no le permit&iacute;an otra cosa, despreciaba los ripios y hasta
+los consonantes f&aacute;ciles; y as&iacute;, las pocas veces que hab&iacute;a ensayado la
+gaya ciencia, se hab&iacute;a ido derecho al peligro, a la rima dif&iacute;cil; y
+hasta recordaba que la &uacute;ltima vez que hab&iacute;a arrojado la pluma con el
+prop&oacute;sito de no insistir en versificar, hab&iacute;a sido con motivo de querer
+escribir un soneto a un se&ntilde;or Men&eacute;ndez, que hab&iacute;a fundado una obra p&iacute;a.</p>
+
+<p>La palabra principal, se dec&iacute;a Bonis mordi&eacute;ndose las u&ntilde;as, es, seg&uacute;n las
+ret&oacute;ricas y po&eacute;ticas que yo he le&iacute;do, la que debe terminar el verso;
+aqu&iacute; lo m&aacute;s importante, sin duda, es el apellido del fundador y la obra
+p&iacute;a: pues bien; para p&iacute;a hay millares de consonantes, pero a Men&eacute;ndez yo
+no se lo encuentro. Y antes que relegar a Men&eacute;ndez a un lugar del verso
+indigno de su filantrop&iacute;a, prefiri&oacute; renunciar al soneto.</p>
+
+<p>Esta falta de inspiraci&oacute;n po&eacute;tica y de consonantes en &eacute;ndez, no le
+desanim&oacute; ni aj&oacute; su orgullo de artista, que al fin no era muy grande;
+despu&eacute;s de todo, si bien se miraba, la poes&iacute;a est&aacute; como reconcentrada en
+la m&uacute;sica.</p>
+
+<p>Otra cosa eran las artes del dibujo, y en este punto el atildado
+pendolista no vacilaba en sostener que con la pluma hac&iacute;a, si no
+prodigios, arabescos muy agradables; el arabesco era su dibujo favorito,
+porque se enlazaba con sus facultades de escribiente, y adem&aacute;s tambi&eacute;n
+ten&iacute;a cierto parecido con la m&uacute;sica por su vaguedad e indeterminaci&oacute;n.
+El arabesco tocaba con la alegor&iacute;a y el dibujo natural fant&aacute;stico por un
+lado, y por el otro con el arte de Iturzaeta.</p>
+
+<p>En cosas as&iacute; pensaba Reyes una tarde, cerca del crep&uacute;sculo, en el cuarto
+no muy lujoso ni ancho que Serafina Gorgheggi ocupaba en la fonda
+dependiente del caf&eacute; de la Oliva, piso tercero de la casa. Mochi y su
+protegida hab&iacute;an mudado de posada, lo cual en aquel pueblo s&oacute;lo era
+mudar de dolor; pero en el hotel Principal, all&aacute; al extremo de la
+Alameda Vieja, les hab&iacute;an llegado a perder el respeto por las
+intermitencias en el pago del pupilaje; la Compa&ntilde;&iacute;a de &oacute;pera seria
+acababa de disolverse por motivos econ&oacute;micos e incompatibilidades de
+caracteres, y el empresario, la tiple y Minghetti, el bar&iacute;tono, se
+hab&iacute;an quedado en la ciudad, seg&uacute;n unos, porque no ten&iacute;an por lo pronto
+contrata ni lugar adonde ir, porque m&aacute;s valieran all&aacute;; seg&uacute;n otros,
+porque quer&iacute;an servir de n&uacute;cleo a una nueva Compa&ntilde;&iacute;a, para constituir la
+cual andaba Mochi en tratos. Pero entretanto hab&iacute;a que hacer econom&iacute;as,
+y si Minghetti permaneci&oacute; en el hotel Principal, aunque tampoco pagaba
+bien, por privilegio misterioso tolerado, Serafina y Julio tuvieron que
+reducirse a instalar sus personas y ba&uacute;les en la mediana hospeder&iacute;a que,
+con el nombre de Fonda de la Oliva, sustentaba, con grandes apuros, el
+due&ntilde;o del vetusto caf&eacute; del mismo nombre.</p>
+
+<p>Reyes aquella tarde velaba el sue&ntilde;o de Serafina, que yac&iacute;a all&iacute; cerca,
+en la alcoba, v&iacute;ctima de un agud&iacute;simo dolor de muelas que, al aplacarse
+a ratos, la dejaba sumirse en tranquilo sopor, aunque algo febril, no
+desagradable.</p>
+
+<p>Reyes velaba. Hab&iacute;a ido all&iacute; a muy otra cosa, pero los suspiros de su
+inglesa-italiana y el olor a medicinas antiespasm&oacute;dicas, m&aacute;s el declinar
+del d&iacute;a, le hab&iacute;an cambiado de repente el &aacute;nimo, inclin&aacute;ndole a la
+melancol&iacute;a po&eacute;tica y reflexiva, a la abnegaci&oacute;n espiritual y piadosa.</p>
+
+<p>Como el velar el sue&ntilde;o del ser amado no es ocupaci&oacute;n que d&eacute; empleo a las
+manos, Bonis, arrimado al velador de incrustaciones de no sab&iacute;a &eacute;l qu&eacute;
+pasta, que imitaban una escena veneciana azul y rosa con manchas de caf&eacute;
+y huellas de nitrato de plata, dibujaba con pluma de ave sobre un pedazo
+de papel de barbas. Dibujaba, como siempre, caprichos caligr&aacute;ficos con
+remates de la fauna y la flora del arabesco m&aacute;s fant&aacute;stico. Sent&iacute;a el
+alma, despu&eacute;s del cambiazo que a sus deseos acababan de dar las
+circunstancias, llena de m&uacute;sica; no le cantaban los o&iacute;dos, le cantaba el
+coraz&oacute;n.</p>
+
+<p>A tener all&iacute; la flauta y no estar dormida Serafina, hubiera acompa&ntilde;ado
+con el dulce instrumento aquellas melod&iacute;as interiores, l&aacute;nguidas,
+vaporosas, llenas de una tristeza suave, crepuscular, mitad resignaci&oacute;n,
+mitad esperanzas ultratel&uacute;ricas y que no puede conocer la juventud;
+tristeza peculiar de la edad madura que a&uacute;n siente en los labios el dejo
+de las ilusiones y como que saborea su recuerdo.</p>
+
+<p>Pero ya que no la flauta, ten&iacute;a la pluma: la pluma, que no hac&iacute;a ruido,
+sino muy leve, al rasguear sobre el papel con aquellos perfiles y trazos
+gruesos, en&eacute;rgicos, en claro-oscuro sugestivo, equivalente al timbre de
+una puerta o de una placa.</p>
+
+<p>S&iacute;, poco a poco fue sintiendo Bonis que la m&uacute;sica del alma se le bajaba
+a los dedos; las curvas de su arabesco se hac&iacute;an m&aacute;s graciosas, sus
+complicaciones y adornos sim&eacute;tricos m&aacute;s elegantes y expresivos, y la
+indeterminada tracer&iacute;a se fue cuajando en formas concretas,
+representativas; y al fin brot&oacute;, como si naciera de la c&oacute;pula de lo
+blanco y de lo negro, brot&oacute; en un cielo gris la imagen de la luna, en
+cuarto menguante, rodeada de nubes, siniestras, mitad diablos o brujas
+montados en escobas, mitad colmenas de formas fant&aacute;sticas, pero colmenas
+bien claras, de las que sal&iacute;an multitud de bichos, puntos unidos a otros
+puntos que ten&iacute;an cuerpos de abejas, con patas, rabos y u&ntilde;as de furias
+infernales. Aquellas abejas o avispas del diablo, volaban en torno de la
+luna, y algunas llenaban su rostro, el cual era, visto de perfil, el del
+mism&iacute;simo Satan&aacute;s, que ten&iacute;a las cejas en &aacute;ngulo y echaba fuego de ojos
+y boca. Por encima de esta confusi&oacute;n de formas disparatadas, Bonis
+dibuj&oacute; rayas sim&eacute;tricas que imitaban muy bien la superficie del mar en
+calma, y sobre la l&iacute;nea m&aacute;s alta, la del horizonte, volvi&oacute; a trazar una
+imagen de la noche, pero de noche serena, en mitad de cuyo cielo,
+atravesando cinco hileras de neblina tenue, las l&iacute;neas del pentagrama,
+se elevaba suave, majestuosa y po&eacute;tica, la dulce luna llena: en su
+disco, elegantes curvas sinuosas dec&iacute;an: Serafina.</p>
+
+<p>Media hora larga le cost&oacute; al so&ntilde;ador su composici&oacute;n simb&oacute;lica; mas fue
+premio de la inspiraci&oacute;n y del esfuerzo un noble orgullo de artista
+satisfecho; sensaci&oacute;n que se mezcl&oacute; enseguida con un enternecimiento
+austero y en su austeridad voluptuoso, que le hizo inclinar la cabeza,
+apoyar la frente en las manos y meditar sollozando y con l&aacute;grimas en los
+ojos.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Qu&eacute; vida extra&ntilde;a! &iexcl;Qu&eacute; cosas pueden pasarle por el alma a un pobre
+diablo!&mdash;pensaba Bonis.</p>
+
+<p>La alegor&iacute;a, que le hab&iacute;a salido sin querer de la pluma, estaba bien
+clara, era la s&iacute;ntesis de su vida presente. En el cielo de sus amores,
+en la regi&oacute;n serena, sobre el oc&eacute;ano de sus pasiones en calma, brillaba
+la luna llena, el amor satisfecho, po&eacute;tico, ideal, de su Serafina. Ya no
+eran aquellos los d&iacute;as de las borrascas sensuales, en que el amor
+f&iacute;sico, mezcl&aacute;ndose al plat&oacute;nico, se entregaba al arabesco de la pasi&oacute;n
+disparatada y ca&oacute;tica; el alma ya se hab&iacute;a sobrepuesto y daba el tono al
+cari&ntilde;o, que, al arraigarse y convertirse en costumbre, se hab&iacute;a hecho
+espiritual. Y de repente, de poco tiempo a aquella parte, debajo del
+oc&eacute;ano, en las regiones misteriosas del abismo en las que habitaba el
+enemigo, de las que ven&iacute;an voces subterr&aacute;neas de amenaza y castigo,
+aparec&iacute;a como un reflejo infiel, otro cielo con otra luna, un cielo
+borrascoso con esp&iacute;ritus infernales vestidos de nubarrones, con el
+mism&iacute;simo demonio disfrazado de cuarto menguante... de la luna de miel
+sat&aacute;nica, de Valpurgis, que su mujer, Emma Valc&aacute;rcel, hab&iacute;a decretado
+que brillara en las profundidades de aquellas noches de amores
+inauditos, inesperados y como desesperados.</p>
+
+<p>Bonis se levant&oacute;, y contempl&oacute; a la Gorgheggi dormida:</p>
+
+<p>&mdash;Esa mujer adorada no sabe que yo la soy infiel. Que hay horas de la
+noche en que me dan un filtro hecho de terrores, de fuerza mayor, de
+recuerdos, de costumbres del cuerpo, de sabores de antiguos placeres, de
+olores de hojas de rosas marchitas, de l&aacute;stima... y hasta de
+filosof&iacute;as... negras....</p>
+
+<p>Esta mujer no sabe que yo me dejo besar... y beso... como quien da
+limosna a la muerte; a la muerte enferma, loca; que doy besos que son
+como mordiscos con que quiero detener al tiempo que corre, que corre,
+pas&aacute;ndome por la boca.... S&iacute;, s&iacute;, Serafina; en esas horas tengo l&aacute;stima
+de mi mujer, de quien soy esclavo; sus caricias disparatadas, que son
+reflejos de otras m&iacute;as que yo aprend&iacute; de tus primeros arranques de amor
+fren&eacute;tico y desvergonzado; sus caricias, que son en ella inocentes, para
+m&iacute; cr&iacute;menes, se me contagian y me llevan consigo al aquelarre tenebroso,
+donde entre sue&ntilde;os y ayes de amor que acaban por suspiros de vejez, por
+chirridos del cuerpo que se desmorona, vivo de no s&eacute; qu&eacute; negras locuras
+sabrosas y sofocantes, llenas de pavor y de atractivo. Yo soy el amante
+de una loca lasciva... de una enferma que tiene derecho a mis caricias;
+pero un derecho que no es como el tuyo; como el tuyo, que no reconocen
+los hombres, pero que a m&iacute; me parece el m&aacute;s fuerte, aunque sutil,
+invisible. Tu derecho... y el m&iacute;o. El de mi alma cansada.</p>
+
+<p>Y vuelta a llorar, despu&eacute;s de haber pensado as&iacute;, aunque con otras
+palabras interiores, y en parte aun sin palabras; porque algunas de las
+que ha habido que emplear Bonis ni siquiera las conoc&iacute;a. Por ejemplo,
+aquello que se dijo antes de ultratel&uacute;rico. &iquest;Qu&eacute; sab&iacute;a Bonis lo que
+significa ultratel&uacute;rico? Pero, con todo, siempre estaba pensando en
+ello, y lo mezclaba con todas sus cavilaciones y con todos los apuros de
+su miserable y atragantada existencia. En tiempo de Bonis, en esta &eacute;poca
+de su vida, no se hablaba como ahora, y menos en su pueblo, donde para
+los efectos fuertes y enrevesados, dominaba el estilo de Larra&ntilde;aga y de
+D. Heriberto Garc&iacute;a de Quevedo. Sin contar con que Bonifacio, menos
+instruido todav&iacute;a que su historiador, ni de prop&oacute;sito hubiera podido dar
+con ciertas frases que aqu&iacute; suelen usarse para interpretar
+aproximadamente las tribulaciones de su esp&iacute;ritu.</p>
+
+<p>Fuera como fuera, la Gorgheggi no despert&oacute; con todo aquel ruido....
+psicol&oacute;gico de su querido. El cual, por lo dem&aacute;s, andaba de puntillas,
+sin tropezar en nada; y hasta consigui&oacute; taparla, sin que ella lo
+sintiera, un poco de la espalda blanqu&iacute;sima, por donde estaba cogiendo
+fr&iacute;o. Era en casa de su Serafina el mismo gal&aacute;n fino, pulcro, suave y
+ma&ntilde;oso que cuidaba a su mujer, a su tirano, como las manecitas negras de
+los palacios encantados.</p>
+
+<p>Conoc&iacute;a todos los rincones de la habitaci&oacute;n de su amiga... y tambi&eacute;n los
+del cuarto de Mochi. &Eacute;l era quien les hab&iacute;a buscado y ajustado el nuevo
+albergue; &eacute;l quien procuraba introducir el esp&iacute;ritu y la pr&aacute;ctica del
+orden y la econom&iacute;a en la vida dom&eacute;stica de aquellos artistas,
+llev&aacute;ndoles un poco de la saludable influencia de su hogar, que al fin
+hogar era, aunque no pudiese servir de modelo; menos cada d&iacute;a. Se le
+figuraba a Reyes tener dos casas, la de su mujer y la de su querida; y
+as&iacute; como &eacute;l mismo, sin pensarlo ni quererlo, hab&iacute;a introducido en el
+caser&oacute;n de los Valc&aacute;rcel aires de libertinaje, semilla de corrupciones
+que tan bien preparado ten&iacute;an el terreno en el alma de Emma; del propio
+modo irreflexivo, por instinto, hab&iacute;a ido poco a poco sembrando g&eacute;rmenes
+de costumbres sedentarias, de orden provinciano, de disciplina
+dom&eacute;stica, en la intimidad de su trato con los cantantes. Tal vez a este
+influjo contribu&iacute;an, m&aacute;s que los ejemplos de su propia casa, las
+reminiscencias, de muy antiguos tiempos, de los h&aacute;bitos de paz familiar
+y humildad econ&oacute;mica que conservaba todav&iacute;a el escribiente de Valc&aacute;rcel,
+que no en balde hab&iacute;a pasado su ni&ntilde;ez y el principio de su juventud al
+lado de sus padres honrados, pobres, humildes, resignados. El ideal de
+Bonis era so&ntilde;ar mucho y tener grandes pasiones; pero todo ello sin
+perjuicio de las buenas costumbres dom&eacute;sticas. Amaba el orden en el
+hogar; mirando las estampas de los libros, se quedaba embelesado ante
+una vieja pulcra y grave que hac&iacute;a calceta al amor de la lumbre,
+mientras a sus pies, un gato, sobre mullida piel, jugaba sin ruido con
+el ovillo de lana fuerte, tupida, s&iacute;mbolo de la defensa del burgu&eacute;s
+contra el invierno. Envidiaba el valor, la despreocupaci&oacute;n de los
+artistas que no tienen casa, que acampan satisfechos en las cinco partes
+del mundo; pero esta admiraci&oacute;n nac&iacute;a del contraste con los propios
+gustos, con la invencible afici&oacute;n a la vida material tranquila,
+sedentaria, ordenada. Hasta para ser rom&aacute;ntico de altos vuelos, con la
+imaginaci&oacute;n completamente libre, le parec&iacute;a indispensable, a lo menos
+para &eacute;l, tener bien arreglada la satisfacci&oacute;n de las necesidades
+f&iacute;sicas, que tantas y tan complicadas son. El s&iacute;mbolo de estos
+sentimientos eran, como va indicado m&aacute;s atr&aacute;s, las zapatillas. Cuando en
+sus ensue&ntilde;os juveniles hab&iacute;a ideado un castillo roquero, una hermosa
+nazarena asomada a la ojival ventana, una escala de seda, un la&uacute;d y un
+gal&aacute;n, que era &eacute;l, que robaba a la virgen del castillo, siempre hab&iacute;a
+tropezado con la inverosimilitud de huir a lejanos climas sin las
+babuchas. Y era claro que las babuchas eran incompatibles con el la&uacute;d.
+Adem&aacute;s, no todo eran las zapatillas; hab&iacute;a algo m&aacute;s en su cari&ntilde;o al
+hogar templado, dulce, sereno... la familia. &iexcl;Oh, la familia honrada,
+sin adulteraciones, sin disturbios ni mezclas, era tambi&eacute;n su encanto!
+&iquest;Ser&iacute;a la familia incompatible con la pasi&oacute;n, como las babuchas con el
+la&uacute;d? Tal vez no. Pero &eacute;l no hab&iacute;a encontrado la conjunci&oacute;n de estos dos
+bellos ideales. La familia no era familia de verdad para &eacute;l; Dios no lo
+hab&iacute;a querido. Su mujer era su tirano, y en sus veleidades de amor
+embrujado, carnal y enfermizo, corrompida por &eacute;l mismo, sin saberlo, era
+una concubina, una odalisca loca; y, lo que era peor que todo: faltaba
+el hijo. Y en casa de Serafina, en casa de la pasi&oacute;n... no hab&iacute;a la
+santidad del hogar, ni siquiera la esperanza de una larga uni&oacute;n de las
+almas. Los cantantes tendr&iacute;an que marcharse el mejor d&iacute;a. Eran jud&iacute;os
+errantes; ya era un milagro que entre abonos empalmados, truenos de
+compa&ntilde;&iacute;as, semanas de huelga, pr&oacute;rrogas de esperanzas, ayudas del
+pr&eacute;stamo, acomodos del mal pagar y abusos del cr&eacute;dito, hubieran podido
+permanecer Mochi y la Gorgheggi meses y meses en el pueblo. El d&iacute;a menos
+pensado Bonis se encontrar&iacute;a en el cuarto de Serafina con las maletas
+hechas. &laquo;La de v&aacute;monos&raquo;, dir&iacute;a Mochi, y &eacute;l no tendr&iacute;a derecho para
+oponerse. No ten&iacute;a un cuarto, no pod&iacute;a ofrecerles medios materiales para
+continuar en el pueblo; el arte y la necesidad soplaban como el viento,
+y se llevaban all&aacute;, por el mundo adelante, su pasi&oacute;n, el &uacute;nico refugio
+de su alma dolorida, necesitada de cari&ntilde;o, de caricias castas (como
+hab&iacute;an acabado por ser las de Serafina), de dignidad personal, que le
+faltaba al lado de su Emma; la cual s&oacute;lo se humillaba por momentos en su
+calidad de bestia hembra, para ser enseguida, aun en el amor, el d&eacute;spota
+de siempre, que sazonaba las caricias con absurdos, que eran
+remordimientos para el atolondrado marido. &iexcl;Solo, solo se volver&iacute;a a
+quedar en poder de Emma, en poder de las miradas fr&iacute;as, incisivas de
+Nepomuceno, el de las cuentas, en poder de Sebasti&aacute;n, el primo, y de
+todos los dem&aacute;s Valc&aacute;rcel que quisieron hacer de &eacute;l jigote a fuerza de
+desprecios!</p>
+
+<p>Despert&oacute; la Gorgheggi sonriente, sin dolor de muelas; agradeci&oacute; a su
+Bonis que velara su sue&ntilde;o como el de un ni&ntilde;o; y la dulzura de sentirse
+bien, con la boca fresca, harta de dormir, la puso tierna, sentimental,
+y al fin la llev&oacute; a las caricias. Mas fueron suaves; mezcladas de
+di&aacute;logos largos, razonables; no se parec&iacute;an a las ardientes prisiones en
+que se convert&iacute;an sus abrazos en otro tiempo. &laquo;As&iacute;, pensaba Reyes,
+debieran ser las caricias de mi esposa&raquo;. Serafina se hab&iacute;a acostumbrado
+a su inocente Reyes y a la vida provinciana de burguesa sedentaria a que
+&eacute;l la inclinaba, y a que daban ocasi&oacute;n su larga permanencia en aquella
+pobre ciudad y la huelga prolongada. Se iban desvaneciendo las &uacute;ltimas
+esperanzas de brillar en el arte, y Serafina pensaba en otra clase de
+felicidad. La falta de ensayos y funciones, la ausencia del teatro, le
+sab&iacute;a a emancipaci&oacute;n, casi casi a regeneraci&oacute;n moral: como las
+cortesanas que llegan a cierta edad y se hacen ricas aspiran a la
+honradez como a un &uacute;ltimo lujo, Serafina tambi&eacute;n so&ntilde;aba con la
+independencia, con huir del p&uacute;blico, con olvidar la solfa y meterse en
+un pueblo peque&ntilde;o a vegetar y ser dama influyente, respetada y de viso.
+Ya iba conociendo la vida de aquella ciudad, que despreciaba al
+principio; ya le interesaban las comidillas de la murmuraci&oacute;n; hac&iacute;a
+alarde de conocer la vida y milagros de &eacute;sta y la otra se&ntilde;ora, y un d&iacute;a
+tuvo un gran disgusto porque Bonis no consigui&oacute; que se la invitara el
+Jueves Santo a sentarse en cualquier parroquia en la mesa de petitorio.
+Cant&oacute; una noche, con Mochi y Minghetti, en la Catedral, y sinti&oacute; orgullo
+inmenso. Le andaba por la cabeza un proyecto de gran concierto a
+beneficio del Hospital o del Hospicio. A Mochi no le cay&oacute; en saco roto
+la idea; pero le torci&oacute; el rumbo. Un gran concierto, s&iacute;, pero no a
+beneficio de los pobres, sino a beneficio de los cantantes, restos del
+naufragio de la compa&ntilde;&iacute;a. Se dio a Minghetti, el bar&iacute;tono, noticia del
+proyecto, y le pareci&oacute; magn&iacute;fico. &Eacute;l sugiri&oacute; al tenor la ocurrencia de
+aprovechar aquel concierto para reanimar el instinto filarm&oacute;nico de los
+vecinos: se hab&iacute;an cansado de &oacute;pera, bueno; pero ya hac&iacute;a una temporada
+que se hab&iacute;a cerrado el teatro; la Gorgheggi, apareciendo en traje de
+etiqueta en los salones de una sociedad, y cantando, sin accionar y sin
+dar paseos por la escena, pedazos de m&uacute;sica escogida, volver&iacute;a a
+despertar el apetito musical de los muchos aficionados; esto facilitar&iacute;a
+la idea de abrir un abono condicional sobre la base del terceto; ten&iacute;an
+tenor, tiple y bar&iacute;tono; se traer&iacute;a contralto, bajo y coros, y se pod&iacute;a
+arreglar otra campa&ntilde;a que bastase para pagar trampas, y esperar con
+menos prisa y af&aacute;n alguna contrata en otra parte. Para poner por obra el
+proyecto, hab&iacute;a que contar con alg&uacute;n ind&iacute;gena que tomara la iniciativa.
+Nadie como Bonis. Serafina se encarg&oacute; de rogarle que lo tomase por su
+cuenta. Dicho y hecho. Aquella tarde, entre las caricias de un amor
+apacible y de intimidad serena, la Gorgheggi suplic&oacute; a su amante que
+apadrinase con celo y entusiasmo su idea, que se encargara de preparar
+el concierto, venciendo los obst&aacute;culos que pudieran surgir. &iquest;Qu&eacute; menos
+pod&iacute;a hacer Bonifacio por aquella mujer, a quien no pod&iacute;a dar ya dinero,
+y eso que tanto lo necesitaba? Propuso el proyecto de los c&oacute;micos a la
+Junta del Casino, que formaba como una Sociedad agregada a la empresa
+del caf&eacute; de la Oliva; en el piso principal estaban el sal&oacute;n de baile y
+las salas de juego y de lectura de aquel c&iacute;rculo de recreo, algunas
+veces de envite y azar. La Junta directiva, que ten&iacute;a la conciencia de
+sus deberes, prometi&oacute; estudiar la cuesti&oacute;n. Hubo deliberaciones
+repetidas, se vot&oacute;, y, por una exigua mayor&iacute;a, se aprob&oacute; el proyecto del
+concierto, que terminar&iacute;a en baile, pero sin ambig&uacute;.</p>
+
+<p>Bonifacio ocultaba a su mujer que andaba en aquellos tratos, que era el
+alma de la proyectada fiesta; pero ella supo que el concierto se
+preparaba, y que su Bonis era factor del holgorio, que iba a ser cosa
+rica. Si de otras cosas que sab&iacute;a tambi&eacute;n, y tiempo hac&iacute;a, no le hab&iacute;a
+hablado, sino con indirectas y sin insistir, ahora le conven&iacute;a darse por
+enterada claramente; y as&iacute;, le dijo un d&iacute;a a la mesa, a los postres, en
+presencia de Nepomuceno:</p>
+
+<p>&mdash;Vamos a ver, hombre, &iquest;por qu&eacute; me tienes tan callado lo que me preparas?
+&iquest;Es que quieres sorprenderme?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Lo que te preparo?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, se&ntilde;or; lo del concierto: ya s&eacute; que t&uacute; y otros quer&eacute;is echar un
+guante disimuladamente en favor de esos pobres c&oacute;micos que han quedado
+en el pueblo y no deben de pasarlo bien. Perfectamente; muy bien hecho.
+Es una gran idea y una obra de caridad. Haremos una limosna y nos
+divertiremos. Magn&iacute;fico. &iquest;Verdad, t&iacute;o, que es una idea excelente?</p>
+
+<p>&mdash;Excelente&mdash;asinti&oacute; Nepomuceno, limpi&aacute;ndose los labios con la servilleta
+y bajando la cabeza.</p>
+
+<p>&mdash;Cuenta conmigo y con la se&ntilde;orita Marta, con Marta K&ouml;rner, la del
+ingeniero, ya sabes, mi amiguita, que ir&aacute; conmigo. El t&iacute;o me acompa&ntilde;ar&aacute;,
+&iquest;verdad? Y acaso el primo Sebasti&aacute;n, que vendr&aacute; a las ferias. T&uacute; tendr&aacute;s
+que arreglar por all&aacute; cosas; si ya lo sabemos, hombre, no te hagas el
+chiquit&iacute;n, ya sabemos que eres el director de la fiesta. &iquest;Y qu&eacute;? Mejor.
+Gracias a Dios que haces algo de provecho. Lo que me enfada es que nunca
+me hayas dicho que eras amigo de los c&oacute;micos, tan amigo. &iquest;Cre&iacute;as que iba
+a disgustarme? &iquest;Por qu&eacute;? Yo no soy orgullosa, yo no creo que mi apellido
+se desdore porque mi esposo trate a unos artistas; al contrario; si yo
+fuera hombre har&iacute;a lo mismo. &iquest;No se cas&oacute; la famosa <i>Tiplona</i> con un
+caballero de aqu&iacute;? &iquest;Verdad, t&iacute;o, que no nos ha parecido mal saber que
+Bonis trata a los c&oacute;micos mucho, much&iacute;simo? Lo supimos por la se&ntilde;orita
+de K&ouml;rner, &iquest;verdad, t&iacute;o? Y yo hasta me puse hueca. Para que veas.</p>
+
+<p>Bonifacio miraba a su mujer con los ojos fijos, combatido por dos
+opuestas corrientes: un instinto ciego le dec&iacute;a: &iexcl;Guarda, Pablo! &iexcl;No te
+f&iacute;es, no cantes, hay trampa! Otra tendencia poderosa le hac&iacute;a ver el
+cielo abierto y le empujaba el enternecimiento. &iquest;Si su mujer ser&iacute;a capaz
+de comprenderle, de comprender su amor al arte y a los artistas? No
+llegaba &eacute;l hasta esperar que disculpara sus amores con Serafina; era,
+por el contrario, indispensable, que no supiera de ellos; pero todo lo
+dem&aacute;s, &iquest;por qu&eacute; no? Es decir, lo de las deudas y el dinero prestado,
+tampoco. Miraba a Emma; despu&eacute;s mir&oacute; al t&iacute;o: o no hab&iacute;a honradez y
+franqueza y lealtad en el mundo, o estaban pintadas en la cara, y
+especialmente en los ojos de t&iacute;o y sobrina.</p>
+
+<p>Confes&oacute; todo lo que crey&oacute; oportuno confesar. Se le agradeci&oacute; la
+franqueza, y t&iacute;o y sobrina manifestaron verdadera admiraci&oacute;n
+contemplando la perspectiva de ideal y horas de jarana y alegr&iacute;a honesta
+que Bonis les puso ante la fantas&iacute;a con elocuencia conmovedora. Aunque
+Nepomuceno y Emma iban con segunda, cada cual por diferente motivo, en
+parte eran sinceros su entusiasmo y adhesi&oacute;n a los proyectos de Reyes.
+En cuanto a disculpar las aficiones art&iacute;sticas del marido y su trato con
+los cantantes, nada m&aacute;s f&aacute;cil. &iquest;No era &eacute;l m&uacute;sico tambi&eacute;n? &iquest;Y qu&eacute; ten&iacute;a
+de particular que, en saliendo de casa, empleara sus ocios en cultivar
+la amistad de aquellos excelentes se&ntilde;ores que sab&iacute;an tanta m&uacute;sica, eran
+de tan fino trato y no se parec&iacute;an a los envidiosos del pueblo,
+esp&iacute;ritus limitados, estrech&iacute;simos, mon&oacute;tonos, inaguantables?</p>
+
+<p>Nepomuceno habl&oacute; m&aacute;s que sol&iacute;a; &eacute;l tambi&eacute;n era pintor, esto es, m&uacute;sico;
+s&iacute;: en la Sociedad Econ&oacute;mica hab&iacute;a coadyuvado a la creaci&oacute;n de la clase
+de solfeo y piano.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bah, la m&uacute;sica!, ya lo creo, es una gran cosa. Domestica las fieras.</p>
+
+<p>&mdash;Ciertamente&mdash;dijo Bonis encantado.</p>
+
+<p>Y refiri&oacute; a su modo la f&aacute;bula de Orfeo, que a Emma la cog&iacute;a de nuevas
+completamente, y le pareci&oacute; muy interesante.</p>
+
+<p>&mdash;A prop&oacute;sito de piano... aunque ya est&aacute; viejo el alcacer para zampo&ntilde;as,
+yo quisiera saber teclear, as&iacute;... un poco... aunque no fuera m&aacute;s que
+tocar con un dedo las &oacute;peras esas que t&uacute; tocas en la flauta.</p>
+
+<p>A Bonis le pareci&oacute; muy laudable el prop&oacute;sito. Volvi&oacute; a pensar, aunque
+sin esperanza, en lo de &laquo;la m&uacute;sica las fieras domestica&raquo;, y dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Pues mira, si te decides, Minghetti, el bar&iacute;tono, es un excelente
+profesor....</p>
+
+<p>Emma, encendida, no pudo menos de ponerse en pie, y sin pensar en
+contenerse, comenz&oacute; a batir palmas.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh, s&iacute;, s&iacute;; sublime, sublime; qu&eacute; idea!, el bar&iacute;tono... y le pagaremos
+bien; ser&aacute; una obra de caridad. Pero &iexcl;qu&eacute; l&aacute;stima! &iquest;Se marchar&aacute; pronto?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh!, eso... seg&uacute;n las circunstancias... si renuevan el abono, si
+recomponen el cuarteto... si se les ayuda....</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Vaya si se les ayudar&aacute;! &iquest;Verdad, t&iacute;o?</p>
+
+<p>El t&iacute;o volvi&oacute; a inclinar la cabeza. &iexcl;La de planes que ten&iacute;a dentro de
+ella! Los ojos le brillaban, fijos en el mantel, hablando con su fijeza
+de cien ideas que no explicaban, pero que revelaban como presentes.</p>
+
+<p>Lleg&oacute; la noche del concierto. Se abrieron los salones del Casino,
+sucursal del caf&eacute; de la Oliva; hasta hubo su poquito de buffet, a pesar
+del acuerdo de la Junta, y lo mejor de la poblaci&oacute;n acudi&oacute; a tomar
+sorbetes y a contemplar de cerca, y vestidos en traje de sociedad, a los
+cantantes ilustres que tantas veces hab&iacute;a aplaudido vi&eacute;ndolos en las
+tablas, llenos de abalorios y galones dorados.</p>
+
+<p>&iexcl;Noche solemne para Bonis! &iexcl;Noche solemne para Emma! &iexcl;Noche solemne para
+Nepomuceno!</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XII" id="XII"></a>-XII-</h2>
+
+
+<p>Ard&iacute;an en las ara&ntilde;as de cristal muchas docenas de buj&iacute;as de esperma;
+all&aacute;, al extremo del sal&oacute;n, sobre una plataforma improvisada, la
+respetable orquesta de los m&uacute;sicos sedentarios, de los profesores
+ind&iacute;genas, inauguraba la fiesta con una sinfon&iacute;a de su vetusto
+repertorio: all&iacute; estaba el trompa, refractario al italiano y a la
+afinaci&oacute;n; all&iacute; el espiritual violinista Secades, que hab&iacute;a so&ntilde;ado con
+ser un segundo Paganini, que hab&iacute;a pasado noches y noches, d&iacute;as y d&iacute;as,
+buscando en las cuerdas, acariciadas por el arco, ora lamentos de amor
+sublime, ora imitaciones exactas de los ruidos naturales; v. gr.: los
+rebuznos de un jumento. &iexcl;Sarcasmo de la suerte! El rebuzno lo hab&iacute;a
+dominado; su arco hab&iacute;a llegado a hablar como la burra de Balaam; pero
+la inefable cantinela del amor, los ayes de la pasi&oacute;n sublime, los
+reservaban aquellas cuerdas para otro arco amante, no para el de
+Secades. El cual, ya maduro y desenga&ntilde;ado, iba prefiriendo su otro
+oficio de zurupeto, y m&aacute;s atend&iacute;a ya a la banca y sus gajes que al arte
+que meciera sus sue&ntilde;os infantiles. Tocaba ya por ganar la pitanza, medio
+dormido, como sus compa&ntilde;eros, sin fe, sin emulaci&oacute;n, apenas conservando
+un poco de cari&ntilde;o melanc&oacute;lico y de respeto supersticioso a la buena
+m&uacute;sica, a la antigua, despreciando las novedades que tra&iacute;an las
+compa&ntilde;&iacute;as de algunos a&ntilde;os a aquella parte. All&iacute; estaba tambi&eacute;n el
+antiguo figle, don Romualdo, calvo, digno, de gran panza; en la catedral
+chirim&iacute;a, en todo lo profano figle; casi una gloria provincial. Todo el
+pueblo, hasta los sordos, reconoc&iacute;a que era maravilloso lo que hac&iacute;a con
+su extra&ntilde;o instrumento aquel hombre; le hac&iacute;a llorar, re&iacute;r, hasta casi
+casi toser. Pues a pesar de tanta fama, la fuerza del tiempo, el
+desgaste de la admiraci&oacute;n, hab&iacute;an echado sobre la celebridad de don
+Romualdo una capa espesa de indiferencia p&uacute;blica; bien conoc&iacute;a &eacute;l que
+sus paisanos, sin poner un momento en duda su grandeza, se hab&iacute;an
+cansado de admirarle; sobrellevaba estas contrariedades ineludibles con
+una melancol&iacute;a filos&oacute;fica y taciturna; segu&iacute;a tocando con el esmero de
+siempre, aunque ya en vano. En resumidas cuentas, estaba triste,
+desenga&ntilde;ado, ni m&aacute;s ni menos que su compa&ntilde;ero Secades; &eacute;l, sin
+ilusiones, de vuelta ya de la gloria, yac&iacute;a en el mismo surco de
+resignaci&oacute;n fr&iacute;a y amarga en que se hab&iacute;a acostado Secades, camino de la
+celebridad. Todo era igual: no haber subido al templo de la Fama y estar
+de vuelta. A pesar de contarse entre aquellos respetables profesores
+estas y otras notabilidades, la orquesta sonaba como los tornillos de
+una m&aacute;quina sin aceite; los instrumentos de cuerda estaban asm&aacute;ticos,
+sonaban a la madera, como sabe la sidra al barril; los de bronce eran
+estridentes sin compasi&oacute;n; bastaba uno de aquellos serpentones para
+derribar todas las fortificaciones de cinco Jeric&oacute;s. Afortunadamente el
+p&uacute;blico filarm&oacute;nico o&iacute;a la orquesta como quien oye llover.</p>
+
+<p>Emma entr&oacute; en el sal&oacute;n despu&eacute;s de ejecutado el primer n&uacute;mero del
+programa; atrajo la atenci&oacute;n por dos cosas; por su vestido car&iacute;simo y
+llamativo, y por venir colgada del brazo del alem&aacute;n, del ingeniero
+K&ouml;rner, un hombre gordo, alto, encarnado, de ojos de ni&ntilde;o llor&oacute;n,
+azules, claros, muy hundidos. Parec&iacute;a un gran cerdo muy bien criado,
+bueno para la matanza, y era un hombre muy espiritual, enamorado de
+Mozart y de los destinos de Prusia. Hablaba espa&ntilde;ol como si estuviera
+inventando una lengua con palabras cuasi castellanas y giros cuasi
+alemanes. Era un so&ntilde;ador, pero capaz de llevar una f&aacute;brica en la punta
+de cada dedo, y como contable, como &eacute;l dec&iacute;a, nadie le pon&iacute;a el pie
+delante. Sab&iacute;a de todo, despreciaba a los espa&ntilde;oles disimul&aacute;ndolo,
+idolatraba a su hija Marta, y ven&iacute;a a hacerse rico.</p>
+
+<p>Detr&aacute;s de esta pareja entraron, tambi&eacute;n del brazo, Marta K&ouml;rner y Bonis;
+les segu&iacute;a de cerca, solo, D. Juan Nepomuceno, que parec&iacute;a haberse
+azogado las patillas, que semejaban pura plata. Marta K&ouml;rner era una
+rubia de veintiocho a&ntilde;os, muy fresca, llena de grasa barnizada de
+morbidez y suavidad; su principal m&eacute;rito f&iacute;sico eran sus carnes; pero
+ella buscaba ante todo la gracia de la expresi&oacute;n y la profundidad y
+distinci&oacute;n de las ideas y sentimientos. Hablaba siempre del coraz&oacute;n,
+llev&aacute;ndose la mano, que era un prodigio, al palpitante seno, que era
+toda una obra de f&aacute;brica del n&aacute;car m&aacute;s puro. Atribu&iacute;a al subsuelo de
+aquella accidentada naturaleza los verdaderos tesoros de su persona;
+pero los inteligentes, Nepomuceno entre ellos, estimaban en m&aacute;s el
+derecho de superficie.</p>
+
+<p>Marta disent&iacute;a de su padre en sus amores musicales; estaba por
+Beethoven; en lo que estaban de acuerdo era en la necesidad
+imprescindible de hacer una fortuna, o media, a m&aacute;s no poder. K&ouml;rner
+hab&iacute;a venido directamente de Sajonia a dirigir una f&aacute;brica de fundici&oacute;n,
+establecida por un industrial al pie de unas minas de hierro, en la
+regi&oacute;n m&aacute;s monta&ntilde;osa de la provincia; all&aacute;, hacia donde ten&iacute;an sus
+guaridas los Valc&aacute;rcel pobres y hura&ntilde;os. El primo Sebasti&aacute;n, algo m&aacute;s
+comunicativo, que iba y ven&iacute;a de la ciudad a la monta&ntilde;a, fue quien
+present&oacute; al Sr. K&ouml;rner a Nepomuceno. Al principio, el alem&aacute;n y su hija
+vivieron en los vericuetos, sin pensar en que a pocas leguas hab&iacute;a una
+ciudad que pod&iacute;a recordarles, remotamente, la civilizaci&oacute;n y cultura que
+dejaban en su tierra. Aunque rodeados, como dec&iacute;a Sebasti&aacute;n, de todas
+las comodidades que pod&iacute;an ser arrastradas casi con gr&uacute;a, hasta las
+alturas en que moraban, los alemanes viv&iacute;an a lo aldeano, por lo que
+toca a sus relaciones sociales. Empezaron a aprender espa&ntilde;ol en el
+dialecto del pa&iacute;s, oscuro y corrompido; todo su espiritualismo se iba
+embotando, y por m&aacute;s que procuraban mantener el fuego sagrado de la
+idealidad a fuerza de sonatas cl&aacute;sicas, tocadas por Marta en un piano de
+cola, y a fuerza de libros y peri&oacute;dicos ilustrados que su padre hac&iacute;a
+traer de Alemania, ello era que el medio ambiente les invad&iacute;a y
+transformaba; el desd&eacute;n con que al principio miraron y trataron a la
+gente tosca, en medio de la que ten&iacute;an que vivir, se fue cambiando
+insensiblemente en curiosidad; lleg&oacute; a ser inter&eacute;s, imitaci&oacute;n,
+emulaci&oacute;n, y el orgullo ya no consisti&oacute; en despreciar, sino en
+deslumbrar. K&ouml;rner quiso lucirse entre monta&ntilde;eses rudos, y como all&iacute; no
+le val&iacute;an sus habilidades de dilettante de varias artes y lector
+sentimental, tuvo que aprovechar otras cualidades, m&aacute;s apreciables en
+aquella tierra, como, v. gr., la gran fortaleza y capacidad de su
+est&oacute;mago. No se le comenz&oacute; a tener en tanto como &eacute;l quer&iacute;a, hasta que
+corri&oacute; por uno y otro concejo monta&ntilde;&eacute;s la noticia, verdadera, de que en
+una apuesta con un capataz de las minas le hab&iacute;a dejado el alem&aacute;n al
+espa&ntilde;ol en la docena y media de huevos fritos, mientras &eacute;l, K&ouml;rner,
+llegaba a tragarse las dos docenas muy holgadamente, y pon&iacute;a remate a la
+haza&ntilde;a engull&eacute;ndose dos besugos. Esto era otra cosa; y los que hab&iacute;an
+permanecido indiferentes ante las guerras gloriosas del Gran Federico,
+de que K&ouml;rner se envanec&iacute;a como si fuera nieto del ilustre Monarca; los
+que o&iacute;an hablar de Go&euml;the, y de Heine, y de Hegel, como quien oye
+llover, llegaron a reconocer el glorioso porvenir de la raza que criaba
+tan buenos est&oacute;magos. A&ntilde;&aacute;dase a esto que el ingeniero jugaba a los bolos
+con singular destreza y con una fuerza de muchos caballos, o por lo
+menos, de dos o tres aldeanos de aquellos. Con esta y otras an&aacute;logas
+cualidades, consigui&oacute; ganar las simpat&iacute;as y hasta la admiraci&oacute;n por que
+hab&iacute;a llegado a suspirar de veras. Pero este g&eacute;nero de gloria acab&oacute; por
+cansarle, y sobre todo le repugn&oacute; al cabo, por el peligro, que vio al
+fin patente, de convertirse en un oso metaf&iacute;sico y filarm&oacute;nico, pero
+oso, en un Ata Troll de carne y hueso. Engordaba demasiado, olvidaba sus
+meditaciones trascendentales..., y sus gustos sencillos, f&aacute;cilmente
+satisfechos con la vida monta&ntilde;esa, le apartaban de los complicados
+planes de medro y vida regalada que hab&iacute;a tra&iacute;do de su pa&iacute;s. Adem&aacute;s, en
+la f&aacute;brica de la monta&ntilde;a, aunque bien pagado, considerado y satisfecho
+en punto a comodidades materiales, pues ten&iacute;a buena casa, gajes y
+atenciones, al fin no prosperaba, no pod&iacute;a hacerse rico. Ensay&oacute; el
+proyecto de convertirse en socio industrial, pero cedi&oacute; ante las
+dificultades que el propietario a solapo le fue poniendo. Con esto se le
+agri&oacute; el humor, y comenz&oacute; a desear con mucha fuerza salir de aquella
+vida troglod&iacute;tica, hacerse valer m&aacute;s, y poner al alcance de la demanda
+la honesta oferta de los encantos, cada vez m&aacute;s exuberantes, de su hija
+Marta, por la cual iban tambi&eacute;n pasando los a&ntilde;os, pero in&uacute;tilmente, all&aacute;
+en los montes. Sin dejar la f&aacute;brica, con pretexto de su servicio, K&ouml;rner
+menude&oacute; sus visitas a la capital, a caza de alg&uacute;n negocio que le
+pareciera de m&aacute;s porvenir que el de all&aacute; arriba; y en uno de estos
+viajes fue cuando el primo Sebasti&aacute;n le hizo trabar conocimiento con
+Nepomuceno. El alem&aacute;n, que era sagaz y hombre de mundo, comprendi&oacute;
+pronto cu&aacute;l era el papel del hacendista en casa de su sobrina: vio
+claramente que all&iacute; hab&iacute;a dinero, y que este dinero se iba por la posta,
+y que la direcci&oacute;n de la corriente de aquel r&iacute;o de plata era, o &eacute;l no
+entend&iacute;a de corrientes, camino del bolsillo de Nepomuceno, aunque con
+grandes p&eacute;rdidas y derivaciones, en una delta de despilfarros, que iban
+a enriquecer el caudal de modistas, comerciantes de telas, sombreros,
+joyas, sin contar con las tiendas de ultramarinos, confiter&iacute;as, mercados
+de caza y pesca, etc., etc. K&ouml;rner comenz&oacute; a marear a Nepomuceno
+persuadi&eacute;ndole primero de que &eacute;l, Nepomuceno, ten&iacute;a un verdadero talento
+de contable, era un Necker... oscurecido, ocioso; con otro horizonte,
+brillar&iacute;a como estrella de primera magnitud en el cielo de la
+Administraci&oacute;n y de la Hacienda. En conciencia, seg&uacute;n K&ouml;rner, estaba
+Nepomuceno obligado a dar a tales facultades un empleo m&aacute;s digno de
+ellas que la simple mayordom&iacute;a a que, <i>en suma</i>, estaba limitado. M&aacute;s era:
+en inter&eacute;s de la ruinosa casa Valc&aacute;rcel, que por lo visto iba a menos
+por culpa de los despilfarros de Emma y los gastos secretos de su
+marido, deb&iacute;a Nepomuceno poner aquel todav&iacute;a sano capital a parir, a
+producir algo m&aacute;s que el irrisorio tanto por ciento de la renta
+territorial. Tanto foro, tanta caser&iacute;a at&oacute;mica, eran cosa rid&iacute;cula.
+&iexcl;Sursum corda! &iexcl;All right! &iexcl;Desenmoheceos! Venga ese stock a la
+industria, y hablaremos. A esta clase de argumentos se a&ntilde;ad&iacute;an, por v&iacute;a
+de adorno, aperitivo y complemento, otros de car&aacute;cter general; v. gr.:
+lo atrasada que estaba Espa&ntilde;a, a pesar de la riqueza del suelo y el
+subsuelo; en concepto de K&ouml;rner, ten&iacute;an la culpa la Inquisici&oacute;n y los
+Borbones, y despu&eacute;s el mal ejercicio del r&eacute;gimen constitucional, que ya
+de por s&iacute; no era bueno. Con este motivo, se lamentaba de la general
+decadencia espa&ntilde;ola, y hasta llegaba a hablarle a Nepomuceno del
+probable renacimiento del teatro nacional, si todos hac&iacute;an lo que a &eacute;l
+le aconsejaba: poner en movimiento los capitales, sacar partido de los
+tesoros de la tierra. No sab&iacute;a K&ouml;rner que Nepomuceno ignoraba que
+hubi&eacute;ramos tenido en otros siglos un teatro tan admirable; y as&iacute;, por
+este lado, poco habr&iacute;a sacado de &eacute;l. Pero lo que no hizo en su &aacute;nimo la
+idea patri&oacute;tica de contribuir al renacimiento del esp&iacute;ritu nacional,
+mediante el movimiento industrial bien dirigido, lo hicieron los ojos, y
+m&aacute;s eficazmente las carnes de Marta, que pose&iacute;an una virtud magn&eacute;tica
+sobre los sentidos de Nepomuceno. La primera vez que la vio, en la
+primera visita que hizo a K&ouml;rner, con motivo de ense&ntilde;arle este ciertos
+planos y un presupuesto de una f&aacute;brica de productos qu&iacute;micos, gran
+proyecto del alem&aacute;n; la primera vez que la vio, se qued&oacute; con la boca
+abierta, pasmado, sintiendo en la garganta hormigueos, y en todo su
+cuerpo una s&uacute;bita juventud que no hab&iacute;a tenido, propiamente hablando, en
+toda su vida. &iexcl;Aquellas eran las carnes que &eacute;l hab&iacute;a so&ntilde;ado!</p>
+
+<p>Estaban en la escalera (porque Marta le hab&iacute;a abierto la puerta), ella
+muy mal vestida, desali&ntilde;ada, pero a&uacute;n m&aacute;s llamativa y seductora cuantos
+menos trapos discretos la cubr&iacute;an. Nepomuceno la tom&oacute; por criada. Subi&oacute;,
+salud&oacute; a K&ouml;rner, y a los pocos minutos, sintiendo absoluta necesidad de
+volver a ver a aquella chica, dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Si me hiciera usted el favor de mandar servirme un poco de agua....</p>
+
+<p>El plan de Nepomuceno fue quitarle aquella dom&eacute;stica a K&ouml;rner y ponerle
+casa...; y aunque fuera casarse con ella. Ten&iacute;a que ser suya. &iexcl;Qu&eacute; ojos,
+qu&eacute; carnes!</p>
+
+<p>Se relam&iacute;a pensando que iba a verla otra vez, que iba a entrar con un
+vaso de agua.</p>
+
+<p>Pero el agua la trajo una verdadera fregona. Hasta el d&iacute;a siguiente no
+supo Nepomuceno que su dulce tormento era Marta en persona; le dio a
+Sebasti&aacute;n se&ntilde;as de la divinidad, y... era Marta.</p>
+
+<p>Una semana despu&eacute;s la hija de K&ouml;rner cantaba al piano una sentimental
+canci&oacute;n, un <i>lieder</i> titulado <i>Vergiesmeinicht</i>, &laquo;no me olvides&raquo;, que no era
+el de Go&euml;the, sino mucho m&aacute;s meloso; y al dedic&aacute;rselo, con la mirada
+expresiva y los gestos l&aacute;nguidos, al administrador de las plateadas
+patillas, le dejaba para siempre rendido a sus encantos y le hac&iacute;a
+copart&iacute;cipe de aquellos sentimientos de <i>sensucht</i>, que &eacute;l, Nepomuceno, no
+sospechaba que existieran. Por aquellos d&iacute;as tuvo D. Juan ocasi&oacute;n de
+enterarse de qui&eacute;n era Fausto, y del pacto que hab&iacute;a hecho con el
+demonio; y adquiri&oacute; la noci&oacute;n de Margarita, rubia, pobremente vestida,
+con los ojos humillados y con un c&aacute;ntaro debajo del brazo, camino de la
+fuente. Margarita era su Marta, aquella se&ntilde;orita tan gruesa, tan blanca,
+tan fina de cutis y tan espiritual, que le hab&iacute;a revelado en pocas horas
+un mundo nuevo: el de los amores reconcentrados y po&eacute;ticos. &Eacute;l quer&iacute;a
+ser Fausto para rejuvenecerse, sin vender el alma al diablo, no por
+nada, sino porque el diablo no aceptar&iacute;a el contrato. Tampoco pens&oacute; en
+te&ntilde;irse las patillas, sino en sobredorarlas, es decir, en dejar adivinar
+a los K&ouml;rner que no en vano ni de balde se era ministro de Hacienda en
+casa de los Valc&aacute;rcel a&ntilde;os y m&aacute;s a&ntilde;os. Tard&oacute; poco tiempo el alem&aacute;n en
+comprender el efecto que hab&iacute;a producido su hija en el &aacute;rbitro de las
+rentas de Emma; y de una en otra conferencia acerca de la proyectada
+f&aacute;brica de productos qu&iacute;micos, le fue metiendo en casa. Nepomuceno ya no
+pod&iacute;a pasar el d&iacute;a sin su correspondiente sesi&oacute;n de planos y
+presupuestos. K&ouml;rner colocaba en su despacho (pues aunque viv&iacute;an
+interinamente en la ciudad, ten&iacute;an casa puesta, pero casa que era de la
+Empresa de la Monta&ntilde;a); colocaba sobre la mesa de trabajo, hecha de un
+gran tablero, unos libros enormes de comercio, llenos de c&aacute;lculos y
+partidas imaginarias, de una especie de novela de contabilidad que &eacute;l
+hab&iacute;a imaginado. Nepomuceno, a pesar de sus conocimientos y experiencia
+en cuentas complicadas y oscuras, se quedaba sin entender palabra. Al
+lado de aquellos libros, que parec&iacute;an los del coro del Escorial,
+extend&iacute;a K&ouml;rner sus planos pintados primorosamente en papel tela. All&iacute;
+ya ten&iacute;a algo que admirar Nepomuceno espont&aacute;neamente, pues supo que la
+misma Marta ayudaba a su padre a trazar aquellas rayas gordas que
+parec&iacute;an el arco iris. Muchas veces la se&ntilde;orita de la casa asist&iacute;a a las
+conferencias de su padre, como en calidad de ayudante, y arrollaba y
+desarrollaba planos, y pon&iacute;a los fin&iacute;simos dedos sobre los puntos en que
+hab&iacute;a que estudiar; y con estos y otros motivos, pasaba y repasaba cien
+veces junto a Nepomuceno, y le rozaba con sus vestidos, y hasta le hac&iacute;a
+sentir, en ocasiones, por descuido, el peso dulc&iacute;simo, pero abrumador,
+de su cuerpo: en fin, le mareaba, le enloquec&iacute;a, y el t&iacute;o de Emma no
+pod&iacute;a vivir ya sin aquellas confidencias econ&oacute;mico-t&eacute;cnicas acerca de la
+f&aacute;brica de productos qu&iacute;micos. Lleg&oacute; a creerse enamorado del proyecto;
+no pod&iacute;a menos de producir montones de oro aquella f&aacute;brica, que, sin
+salir de los planos, ya le ten&iacute;a a &eacute;l la <i>qu&iacute;mica org&aacute;nica</i> en revoluci&oacute;n,
+y le convert&iacute;a en minutos las breves horas de aquellas interesantes
+explicaciones. Quedaron el alem&aacute;n y el espa&ntilde;ol en que no faltaba m&aacute;s que
+dinero para que el proyecto colosal se pusiera en pr&aacute;ctica y marchara
+como una seda. Faltaba dinero... pero ya parecer&iacute;a. Entretanto,
+Nepomuceno insinu&oacute; en el &aacute;nimo de padre e hija la necesidad de acoger
+con benevolencia la debilidad de coraz&oacute;n que &eacute;l dejaba entrever
+discretamente. Marta, en vez de repugnar la confesi&oacute;n impl&iacute;cita de
+aquella pasi&oacute;n, que no ser&iacute;a ella quien la calificase de senil, en vez
+de rechazar las veladas galanter&iacute;as del nuevo amigo de su padre, le daba
+a entender con sonatas de m&uacute;sica filos&oacute;fica, reposada y trascendental,
+que ella, a pesar de las apariencias, daba poca importancia a lo f&iacute;sico,
+despreciaba la acci&oacute;n del tiempo sobre los organismos, y atend&iacute;a
+directamente al elemento eterno del amor, del amor, que nunca es
+machucho. En fin, que lo que faltaba era dinero; la f&aacute;brica y la pasi&oacute;n
+marchar&iacute;an en perfecta armon&iacute;a y con toda prosperidad, en cuanto
+pareciese el capital que era necesario para su movimiento. A medias
+palabras, y hasta por se&ntilde;as, comprendieron los K&ouml;rner la conveniencia de
+tratar, y tratar con la mayor amabilidad posible, a Emma Valc&aacute;rcel. No
+fue ardua empresa la del t&iacute;o, que se propuso conseguir estas relaciones
+justamente en la &eacute;poca en que Emma decret&oacute; echarse al mundo y gozar de
+su riqueza mermada y de cuanto estuviese en sus manos, sin l&iacute;mites ni
+remordimientos. As&iacute;, el conocimiento superficial, de mero cumplido, que
+ya hab&iacute;a de tiempos atr&aacute;s, por intermedio del primo Sebasti&aacute;n, entre la
+Valc&aacute;rcel y los alemanes, se convirti&oacute; f&aacute;cilmente en amistad asiduamente
+cultivada, en una amistad casi &iacute;ntima, que se iba estrechando,
+estrechando, seg&uacute;n Emma entraba m&aacute;s y m&aacute;s por los anchos y suaves
+senderos de su nueva vida. La Valc&aacute;rcel, como ya se ha dicho, ten&iacute;a en
+sus planes de venganza respecto del <i>ladr&oacute;n de su t&iacute;o</i>, la idea de
+corromper a Marta, despu&eacute;s de casada con Nepomuceno. Le encontraba ella
+much&iacute;sima gracia a la ocurrencia. Por eso se prest&oacute; gustosa a estrechar
+relaciones con los K&ouml;rner; lo que no pod&iacute;a calcular era que Marta le iba
+a entrar por el ojo derecho, y a conquistar su afecto extremoso con la
+seducci&oacute;n singular&iacute;sima de su intimidad mujeril, nerviosa, llena de
+novedades, picantes y pegajosas, para la pobre Emma, cuya depravaci&oacute;n
+natural no hab&iacute;a tenido hasta entonces ning&uacute;n aspecto literario ni
+<i>rom&aacute;ntico-tudesco</i>. Marta, virgen, era una bacante de pensamiento, y las
+mismas lecturas disparatadas y descosidas que le hab&iacute;an ense&ntilde;ado los
+recursos y los pintorescos horizontes de la lascivia letrada, le hab&iacute;an
+dado un criterio moral de una ductilidad corrompida, caprichosa,
+alambicada, y, en el fondo, c&iacute;nica. Un hombre, por estrechas que fuesen
+sus relaciones con la se&ntilde;orita K&ouml;rner, jam&aacute;s podr&iacute;a saber el fondo de su
+pensamiento y de sus vicios, porque del pudor no le quedaba a ella m&aacute;s
+que el instinto del fingimiento y la sinceridad de la defensa material,
+hip&oacute;crita, contra los ataques del macho; Marta podr&iacute;a acompa&ntilde;ar al var&oacute;n
+en los extrav&iacute;os l&uacute;bricos a que &eacute;l la arrojase, pero siempre le
+ocultar&iacute;a otra clase de corrupciones morales, de depravaci&oacute;n ideal que
+llevaba ella dentro de s&iacute;, y que s&oacute;lo podr&iacute;a confiar a otra mujer en que
+encontrase simpat&iacute;as de temperamento y de desvar&iacute;os sentimentales. Emma
+y Marta se entendieron pronto, y a las pocas semanas de tratarse con
+frecuencia y confianza, ya se las o&iacute;a, all&aacute;, a lo lejos, en el gabinete
+de la Valc&aacute;rcel, re&iacute;r a carcajadas, con risas hist&eacute;ricas; y cuando se
+presentaban a los hombres, a Nepomuceno, K&ouml;rner y Bonis, despu&eacute;s de
+estas alegres confidencias, llenas de secretos y malicias, sonre&iacute;an con
+sonrisas que eran se&ntilde;as y burlas mal disimuladas de los santos varones
+que eran incapaces de penetrar los misterios de la amistad retozona y
+llena de cuchicheos de la espa&ntilde;ola y la tudesca. Marta hac&iacute;a alarde de
+tener un car&aacute;cter complicado, que el vulgo no pod&iacute;a comprender; hablaba
+mucho de la moral vulgar, por supuesto cuando trataba con personas que
+ella cre&iacute;a capaces de entenderla. Su alegr&iacute;a, su af&aacute;n de jugar, saltar,
+levantarse de noche en camisa para dar sustos a las criadas, correr por
+la casa y volverse al calor del lecho, palpitante de emoci&oacute;n y
+voluptuosidad jaranera, eran un contraste, una <i>ant&iacute;tesis</i>, dec&iacute;a ella, de
+su exquisita sensibilidad, del <i>clair de lune</i> que llevaba en el alma.
+Bueno, &laquo;peor para los necios que no eran capaces de entender estas
+contradicciones&raquo;. Era cat&oacute;lica, como su padre, y afectaba haber escogido
+la <i>manera</i> devota de las espa&ntilde;olas como la f&oacute;rmula que ella hab&iacute;a so&ntilde;ado,
+como si su alma hubiese sido espa&ntilde;ola en religi&oacute;n antes de aparecer en
+Alemania. Una nota nueva, sin embargo, ten&iacute;a en su opini&oacute;n su
+religiosidad, la nota <i>art&iacute;stica</i> que no encontraba en la dama espa&ntilde;ola.
+Marta, entusiasta de <i>El Genio del Cristianismo</i>, lo entend&iacute;a a su modo,
+lo mezclaba con el romanticismo g&oacute;tico de sus poetas y novelistas
+alemanes, y despu&eacute;s, todo junto, lo barnizaba con los cien colorines de
+sus aficiones a las artes decorativas y del prurito pict&oacute;rico. Aunque
+enamorada de la m&uacute;sica, amaba el color por el color, y daba suma
+importancia al azul de la Concepci&oacute;n y al casta&ntilde;o oscuro de Nuestra
+Se&ntilde;ora del Carmen; hablaba ya de <i>la capilla Sixtina</i>, conversaci&oacute;n
+inaudita en la Espa&ntilde;a de entonces, y de las maravillas que hab&iacute;a ella
+visto en Florencia y otras ciudades de Italia, por donde hab&iacute;a viajado
+con su padre. Lo que no confesaba Marta era que su afici&oacute;n m&aacute;s sincera,
+m&aacute;s intensa, consist&iacute;a en el placer de que le hicieran cosquillas, en
+las plantas de los pies particularmente. Debajo de los brazos, en la
+espalda, en la garganta, se las hab&iacute;an hecho muchas personas, hombres
+inclusive; pero, en cuanto a las plantas de los pies, es claro que s&oacute;lo
+de tarde en tarde consegu&iacute;a encontrar quien la proporcionase ocasi&oacute;n de
+gozar de aquellas delicias: alguna criada con quien hab&iacute;a intimado,
+alguna amiga aldeana... y ahora Emma, de quien a los dos meses de trato
+hab&iacute;a conseguido este favor sibar&iacute;tico, que la Valc&aacute;rcel, muerta de
+risa, otorg&oacute; gustosa. Ella tambi&eacute;n quiso probar aquel extra&ntilde;o placer que
+tanto apasionaba a su amiga; pero no le encontr&oacute; gracia, y adem&aacute;s no
+pod&iacute;a resistir ni medio segundo la sensaci&oacute;n, que la excitaba en balde.
+En el alma fue donde se dej&oacute; hacer cosquillas Emma por las sutilezas
+psicol&oacute;gicas y literarias de su amiga. &iexcl;Qu&eacute; cosas supo por aquella
+mujer! Hab&iacute;a en el mundo, sin que lo sospechara Emma, dos clases de
+seres, los escogidos y los no escogidos, las almas superiores y las
+vulgares. El toque estaba en ser alma escogida, superior; en si&eacute;ndolo,
+&iexcl;ancha Castilla!, ya no hab&iacute;a <i>moral corriente</i>, v&iacute;nculos sociales ni
+nada; bastaba con guardar las apariencias, evitar el esc&aacute;ndalo. El amor
+y el arte eran soberanos del mundo espiritual, y el privilegio de la
+mujer ideal, superior, consist&iacute;a en sacar partido del arte para el amor.
+La mujer hermosa, sentimental, po&eacute;tica y <i>dilettante</i>, era el premio del
+artista, y el placer de premiar al genio el m&aacute;s sublime que Dios hab&iacute;a
+concedido a sus criaturas. Marta, a&uacute;n muy joven, hab&iacute;a sido novia, en
+Sajonia, de un gran m&uacute;sico, un especialista en el &oacute;rgano; y a un pintor
+que imitaba a Rembrandt le hab&iacute;a otorgado favores de &iacute;ndole &iacute;ntima,
+familiar, aunque es claro que sin menoscabo de la virginidad <i>material</i>,
+que ten&iacute;a que estar reservada para el <i>filestin</i>, as&iacute; dec&iacute;a, con quien no
+tendr&iacute;a inconveniente en casarse. Porque era necesario ser rica; no por
+nada, sino por poder satisfacer las necesidades est&eacute;ticas, que cuestan
+caras, toda vez que en la est&eacute;tica entrar&iacute;a el <i>confort</i>, los muebles de
+lujo, de arte, el palco en la &oacute;pera, si la hay, etc., etc. Su ideal era
+casarse con un hombre ordinario muy rico, y proteger con el dinero de
+aquel ser vulgar a los grandes artistas, reservando su amor para uno o
+m&aacute;s de estos, porque tambi&eacute;n era una vulgaridad la constancia
+<i>unipersonal</i>. Como Marta le&iacute;a muchos libros de literatura espa&ntilde;ola
+antigua, cosa de moda entre los literatos de su tierra, pon&iacute;a por modelo
+de su teor&iacute;a a la mujer del <i>Celoso extreme&ntilde;o</i>, que sin cometer, lo que se
+llama cometer, adulterio, hab&iacute;a dormido abrazada al gallardo Loaisa, sin
+pecar sino con el pensamiento. El <i>Celoso extreme&ntilde;o</i> hab&iacute;a sido tan noble,
+que se hab&iacute;a muerto dejando a su esposa toda su fortuna y el encargo de
+casarse con su amante; pero como los maridos modernos y de la impura
+realidad no eran tan generosos como Carrizales, lo que deb&iacute;a hacer la
+mujer superior era sacarle el jugo cremat&iacute;stico al esposo lo m&aacute;s pronto
+que pudiese. Todo esto, dicho de muy diferente manera, pero en forma
+pedantesca siempre, se iba metiendo por el deseo de Emma, la cual, por
+cierto cansancio del organismo y depravaci&oacute;n moral, sutil y retorcida,
+que era el fondo de su alma, hallaba un sabor superior a toda delicia en
+las aventuras en que superaban la malicia y el enga&ntilde;o al placer material
+conseguido como resultado de las artima&ntilde;as. Enga&ntilde;ar por enga&ntilde;ar era lo
+mejor. Sin embargo, reconoc&iacute;a que deb&iacute;a de ser manjar de los dioses el
+tener <i>relaciones</i> con un hombre superior, con un artista, por ejemplo,
+con un bar&iacute;tono tan guapo y <i>famoso</i> como el celebrado Minghetti. No se lo
+neg&oacute; Marta, quien, confidencia por confidencia, recibi&oacute; con gusto y con
+amplio criterio de benevolencia el secreto de Emma relativo a sus
+coqueter&iacute;as con el bar&iacute;tono de la compa&ntilde;&iacute;a tronada. En el fondo, la
+alemana compadeci&oacute; a su amiga, pues si bien hab&iacute;a ella misma contemplado
+sin enojo una y otra vez el buen talle y el calz&oacute;n ajustado del rey&mdash;no
+importa cu&aacute;l&mdash;en tal o cual &oacute;pera, del rey Minghetti, no ve&iacute;a por d&oacute;nde
+se pod&iacute;a clasificar a tan bien formado cantante en la categor&iacute;a de los
+hombres superiores y verdaderamente artistas. Pero no hab&iacute;a que ser
+exigente. Ella, es claro que estaba por encima de tales aficiones. Su
+prurito, aparte el de las cosquillas, era escribir cartas entusi&aacute;sticas
+y confidenciales a sus autores predilectos; unos le contestaban, otros
+no; pero sol&iacute;a mandar su retrato con sus confesiones epistolares, y m&aacute;s
+de un escritor se anim&oacute;, en consideraci&oacute;n, a la buena moza que envolv&iacute;a
+aquel esp&iacute;ritu repugnante, a entablar correspondencia; y as&iacute; tuvo ella
+m&aacute;s de dos amores ideales y <i>plat&oacute;nicos</i>... por escrito. Pose&iacute;a, adem&aacute;s,
+un &aacute;lbum de <i>intimidades</i>, ilustrado por muchas firmas desconocidas y
+algunas notables, en que se contestaba a las consabidas preguntillas:
+&iquest;Cu&aacute;l es vuestro color predilecto? &iquest;Y la virtud predilecta? &iquest;Qu&eacute; autor
+prefer&iacute;s?, etc., etc. A una mujer que sab&iacute;a, por ejemplo, que a Litz le
+gustaban las trufas, y hab&iacute;a <i>llorado</i> confidencialmente con las penas
+ocultas de un poeta de la <i>Joven Alemania</i>, ten&iacute;a que parecerle poco
+hombre, aunque bien formado, el bar&iacute;tono de la compa&ntilde;&iacute;a de Mochi.</p>
+
+<p>El cual, acompa&ntilde;ado de Serafina y del bar&iacute;tono, entraba en el sal&oacute;n
+cuando acababa de cantar una romanza italiana un aficionado de la
+localidad, de oficio relojero, y tenor suprasensible, como le llamaban
+los chuscos, porque cuando ten&iacute;a que subir a las notas m&aacute;s altas
+desaparec&iacute;a su voz, como si la llevasen en globo al quinto cielo, y no
+se le o&iacute;a por m&aacute;s que gesticulaba; parec&iacute;a estar hablando desde muy
+lejos, desde donde pod&iacute;a ser visto, pero no o&iacute;do. A&uacute;n se re&iacute;a el p&uacute;blico
+disimuladamente del tenor suprasensible, cuando la atenci&oacute;n general tuvo
+que volverse a contemplar la hermosura de Serafina, que con la mirada
+humilde, exhalando modestia, adem&aacute;s de muy buenos y delicados olores,
+llegaba, vestida de negro, con gran cola, ense&ntilde;ando los blanqu&iacute;simos
+hombros y las primorosas curvas del seno, al pie de la plataforma, donde
+el presidente del Casino la aguardaba para darle el brazo, subir con
+ella las dos gradas que la separaban del piano, y dejarla, previa una
+gran inclinaci&oacute;n de cabeza, junto a Minghetti, que, de frac y corbata de
+etiqueta, paseaba los blancos dedos, de u&ntilde;as sonrosadas, por el
+amarillento teclado, haciendo prodigios de elegante habilidad por
+aquellas octavas adelante.</p>
+
+<p>Bonis hab&iacute;a desaparecido; poco despu&eacute;s hablaba con Mochi en un gabinete
+cercano. Nepomuceno y K&ouml;rner acompa&ntilde;aban a Emma y a Marta, todos
+sentados en una de las primeras filas, que siempre quedaban, en casos
+tales, para las se&ntilde;oras que ven&iacute;an tarde; porque las que, para su
+verg&uuml;enza, llegaban temprano, se iban colocando en lo m&aacute;s escondido y
+apartado, huyendo, como del diablo, de la proximidad del espect&aacute;culo,
+como si fuese tomar en &eacute;l parte el tenerlo muy cerca. No faltaba se&ntilde;ora
+que confund&iacute;a a los cantantes con los prestidigitadores que en el mismo
+Casino hab&iacute;a visto maniobrar, y no quer&iacute;a que le quemasen el pa&ntilde;uelo, ni
+aun en broma, ni que le adivinasen la carta que ten&iacute;a en el pensamiento.</p>
+
+<p>Emma no hab&iacute;a visto nunca tan de cerca a la Gorgheggi, en la que pensaba
+tanto de alg&uacute;n tiempo a aquella parte. La admiraba, como a su pesar; la
+ten&iacute;a por una perdida a la alta escuela... y esto mismo la atra&iacute;a, a
+pesar de ciertos asomos de envidia con que iba mezclada la admiraci&oacute;n.
+Ahora que la ten&iacute;a a cuatro pasos, y le pod&iacute;a ver los brazos desnudos, y
+el talle apretado, y la pechuga, entre velas de esperma, todo al aire;
+ahora que pod&iacute;a apreciar sus facciones y sus gestos, y hasta algo o&iacute;a de
+su voz, que parec&iacute;a que aun hablando cantaba, ahora Emma, con el
+pensamiento, la desnudaba m&aacute;s todav&iacute;a, y le med&iacute;a el cuerpo, y le
+escudri&ntilde;aba el alma; quer&iacute;a apreciar por la proporci&oacute;n c&oacute;mo tendr&iacute;a de
+gruesas y bien formadas las extremidades invisibles y otras partes de su
+cuerpo. Por lo que ve&iacute;a, era muy blanca, y deb&iacute;a de seguir si&eacute;ndolo; no,
+no eran polvos de arroz; era blancura sana, cutis ingl&eacute;s, una verdadera
+frescura y una hermosura a prueba de tijeras. Dec&iacute;an que la voz deca&iacute;a,
+pero lo que es la lozan&iacute;a del cuerpo era bien briosa y bien s&oacute;lida; no
+hab&iacute;a all&iacute; asomos de decadencia. &laquo;&iexcl;Lo que habr&iacute;a gozado aquella mujer!
+&iquest;Qu&eacute; les dir&iacute;a a sus queridos?&raquo;. Emma se acord&oacute; del secreto de sus
+extra&ntilde;as expansiones matrimoniales de aquellos &uacute;ltimos tiempos, de aquel
+secreto amor material, que le ten&iacute;a a ratos, all&aacute; de noche, entre sue&ntilde;os
+y pesadillas, a su bobalic&oacute;n de Bonis (verg&uuml;enza que ni a Marta se
+atrev&iacute;a a confesarle). &iquest;Les dir&iacute;a a los amantes aquella guap&iacute;sima
+picarona lo que ella le dec&iacute;a a Bonis? Emma se acord&oacute;&mdash;por primera vez
+pens&oacute; en ello&mdash;, de que tales frases disparatadas ella no las sab&iacute;a
+tiempo atr&aacute;s, de que era Bonis mismo el que se las hab&iacute;a hecho aprender
+en aquellas locuras de que jam&aacute;s hablaban los dos despu&eacute;s que amanec&iacute;a.
+&iquest;Ser&iacute;a aquello mismo lo que les dec&iacute;a la c&oacute;mica a sus queridos? &iquest;Ser&iacute;a
+Bonis uno de tantos? &iquest;Ser&iacute;a verdad lo que hab&iacute;a llegado a sus o&iacute;dos y lo
+que ella hab&iacute;a sacado por conjeturas? &iexcl;Parec&iacute;a imposible! Siendo Bonis
+tan majadero, y no disponiendo de un cuarto, &iquest;c&oacute;mo le habr&iacute;a querido, ni
+siquiera por broma, aquella se&ntilde;orona, quiere decirse, aquella p&aacute;jara tan
+se&ntilde;orona, que parec&iacute;a una reina? Y sin embargo... pod&iacute;a ser. Hab&iacute;a
+indicios. Y &iexcl;cosa rara!, ella no sent&iacute;a celos; sent&iacute;a un orgullo raro,
+pero muy grande, as&iacute; como si a su marido le hubieran mandado un gran
+cord&oacute;n azul o verde del emperador de la China; o como si Bonis fuese
+hermano suyo y se hubiera casado con una princesa rusa... no, no era
+as&iacute;; era otra cosa... muy especial. De repente se acord&oacute; de las teor&iacute;as
+de la alemana que ten&iacute;a al lado, de aquello de que el matrimonio era
+convencional y los celos y el honor convencionales, cosas que hab&iacute;an
+inventado los hombres para organizar lo que ellos llamaban la sociedad y
+el Estado. Si quer&iacute;a ser una mujer superior, y s&iacute; quer&iacute;a, porque era muy
+divertido, ten&iacute;a que renunciar a las vulgaridades de las damas de su
+pueblo. En Madrid, en Par&iacute;s, en Berl&iacute;n, las grandes se&ntilde;oras sab&iacute;an que
+sus maridos respectivos ten&iacute;an queridas y no les tiraban los platos a la
+cabeza por eso; lo que hac&iacute;an era tener queridos tambi&eacute;n. Pero Bonis, el
+bobalic&oacute;n de Bonis, &iquest;se hab&iacute;a atrevido, <i>sin su permiso</i>... y saliendo de
+casa a deshora por lo visto, y?... no, lo que es esto, es claro que
+hab&iacute;a de pagarlo, es claro, fuese verdad o no; eso era harina de otro
+costal, y no hab&iacute;a alma superior que valiera; Bonis no era alma
+superior, y ten&iacute;a que salirle al pellejo la picard&iacute;a... y eso que ten&iacute;a
+gracia. No, y bien mirado, &iquest;por qu&eacute; no hab&iacute;a de querer aquella perdida a
+Bonis... en cuanto buen mozo, y rendido, y sano, y servicial? &iquest;No le
+hab&iacute;a querido ella tambi&eacute;n? &iquest;Ser&iacute;a m&aacute;s una c&oacute;mica que ella... que iba
+haci&eacute;ndose una mujer superior? S&iacute;, y bien superior: mir&aacute;ndolo bien, lo
+hab&iacute;a sido toda la vida; lo era sin saberlo; antes de que Marta hubiese
+parecido por su casa, ya ella ten&iacute;a el prurito de no enfadarse por lo
+que se enfadan los dem&aacute;s, y hab&iacute;a discurrido aquello de no alborotar ni
+enfurecerse cuando los dem&aacute;s quisieran ni por lo que los dem&aacute;s lo
+esperasen; y ya hab&iacute;a discurrido la gracios&iacute;sima idea de vengarse del
+ladr&oacute;n de Nepomuceno y del tonto de su marido poco a poco, y a su
+manera, y a su gusto y d&aacute;ndoles el gran chasco. &iexcl;Vaya si hab&iacute;a sido
+siempre una mujer especial, superior!</p>
+
+<p>Serafina, por disposici&oacute;n de Mochi, que quiso halagar los sentimientos
+religiosos del concurso, cant&oacute; una plegaria a la <i>Virgen</i>, de un maestro
+italiano. El p&uacute;blico, en cuanto cay&oacute; en la cuenta de que se trataba de
+ponerse en relaci&oacute;n con la Divinidad, dej&oacute; de hacer ruido con las sillas
+y los cuchicheos, se recogi&oacute; todo lo que pudo y oy&oacute; en silencio, como
+dando a entender que &eacute;l no s&oacute;lo comprend&iacute;a la sublimidad de los
+misterios dogm&aacute;ticos, sino tambi&eacute;n la misteriosa relaci&oacute;n de la m&uacute;sica
+con lo suprasensible. Serafina, que tanto hubiera dado semanas atr&aacute;s por
+haber sido invitada a pedir para los pobres a la puerta de la iglesia,
+aprovechaba aquella ocasi&oacute;n para dar prueba de su acendrada
+religiosidad, deshaciendo as&iacute; los rumores que hab&iacute;an corrido de que era
+protestante. La verdad es que estaba muy hermosa con aquel aire de
+modestia y de piedad recatada, con aquella frente pur&iacute;sima, algo grande,
+algo convexa... y, sin embargo, llena de expresi&oacute;n familiar, dulce, y en
+aquel momento religiosa; las ondas del cabello claro, sirviendo de marco
+vaporoso a la curva suave de aquella frente pura y blanca, eran s&iacute;mbolo
+de una idealidad que se perd&iacute;a en el ensue&ntilde;o po&eacute;tico.</p>
+
+<p>Bonis, en cuanto oy&oacute; la voz de Serafina elevarse en el silencio del
+sal&oacute;n, sin pensar en lo que hac&iacute;a, sin poder remediarlo ni querer
+remediarlo, como atra&iacute;do por un im&aacute;n, se aproxim&oacute; al umbral de la puerta
+m&aacute;s lejana para escuchar desde all&iacute;. La plegaria italiana, sin ser cosa
+notable ni muy original, era m&uacute;sica buena para aficionados, m&uacute;sica de
+<i>sentimiento</i>, lenta, suave, nada complicada, de un <i>patos</i> muy tolerable y
+sugestivo. &laquo;&iexcl;Ay&mdash;pens&oacute; Bonis&mdash;, la paz del alma! En otro tiempo, no hace
+mucho, yo amaba la pasi&oacute;n, que s&oacute;lo conoc&iacute;a por los libros. Pero la
+paz... la paz del alma, tambi&eacute;n tiene su poes&iacute;a. &iexcl;Qui&eacute;n me la diera!,
+&iexcl;ay, s&iacute;!, &iexcl;qui&eacute;n me la diera! As&iacute; era, como aquella m&uacute;sica: dulce,
+tranquila, sentimiento serio, fuerte a su modo, pero mesurado, suave,
+amigo de la conciencia satisfecha, amando el amor dentro del orden de la
+vida; como se suceden las estaciones sin rebelarse, como corren la noche
+y el d&iacute;a uno tras otro, como todo en el mundo obedece a su ley, sin
+perder su encanto, su vigor; as&iacute; amar, siempre amar, bajo la sonrisa de
+Dios invisible, que sonr&iacute;e con el pabell&oacute;n de los cielos, con el rozarse
+de las nubes y el titilar de las estrellas!&raquo;. &laquo;Mi Serafina, mi mujer
+seg&uacute;n el esp&iacute;ritu, recuerdo de mi madre seg&uacute;n la voz; porque tu canto,
+sin decir nada de eso, me habla a m&iacute; de un hogar tranquilo, ordenado,
+que yo no tengo, de una cuna que yo no tengo, a cuyos pies no velo, de
+un regazo que perd&iacute;, de una ni&ntilde;ez que se disip&oacute;. &iexcl;Yo no tengo en el
+mundo, en rigor, m&aacute;s <i>parientes</i> que esa voz!&raquo;. &iexcl;Cosa m&aacute;s particular!
+Cuando pensaba as&iacute;, o por el estilo, Bonis, de repente, crey&oacute; entender
+que el canto religioso de Serafina llegaba a narrar el misterio de la
+Anunciaci&oacute;n: &laquo;Y el &aacute;ngel del Se&ntilde;or anunci&oacute; a Mar&iacute;a...&raquo;. &iexcl;Disparate
+mayor! &iexcl;Pues no se le antojaba a &eacute;l, a Bonis, que aquella voz le
+anunciaba a &eacute;l, por extraordinaria profec&iacute;a, que iba a ser... madre; as&iacute;
+como suena, madre, no padre, no; &iexcl;m&aacute;s que eso... madre! La verdad era
+que las entra&ntilde;as se le abr&iacute;an; que el sentimiento de ternura ideal,
+puro, suave, pac&iacute;fico que le inundaba, se convert&iacute;a casi en sensaci&oacute;n,
+que le bajaba camino del est&oacute;mago, por medio del cuerpo. &laquo;&iexcl;Esto debe de
+ser&mdash;pensaba&mdash;, en eso que llaman el gran simp&aacute;tico! &iexcl;Y tan <i>simp&aacute;tico</i>!
+Dios m&iacute;o, &iexcl;qu&eacute; delicias; pero qu&eacute; extra&ntilde;as! Estas parecen las delicias
+de la concepci&oacute;n. &iexcl;Oh, la m&uacute;sica as&iacute;, como esa, con esa voz, me vuelve
+casi loco! S&iacute;, s&iacute;, disparatado era todo aquel pensar; pero, &iexcl;c&oacute;mo
+llenaba el alma! M&aacute;s que el amor mismo, con otra clase de amor nuevo....
+menos ego&iacute;sta, nada ego&iacute;sta... &iexcl;qu&eacute; sab&iacute;a &eacute;l!&raquo;. Tuvo que apoyar la
+cabeza en la madera fr&iacute;a del quicio y volverla hacia el gabinete, porque
+los ojos se le oscurec&iacute;an, llenos de l&aacute;grimas, y no quer&iacute;a que nadie le
+viese llorar. &laquo;Bueno ser&iacute;a&mdash;pens&oacute; mientras se iba serenando&mdash;, que ahora
+me preguntase Emma, por ejemplo:&mdash;&iquest;Por qu&eacute; lloras, badulaque?&mdash;Pues lloro
+de amor... nuevo; porque la voz de esa mujer, de mi querida, me anuncia
+que voy a ser una especie de virgen madre... es decir, un padre....
+madre; que voy a tener un hijo, leg&iacute;timo por supuesto, que aunque me le
+paras t&uacute;, <i>materialmente</i> va a ser <i>todo</i> cosa m&iacute;a&raquo;. No, no pensaba &eacute;l que
+el hijo fuese de la querida, eso no; que Serafina perdonase, pero eso
+no; de la mujer, de la mujer... pero de cierta manera, sin que la
+impureza de las entra&ntilde;as de Emma manchase al que hab&iacute;a de nacer; todo
+suyo, de Bonis, de su raza, de los suyos... un hijo suyo y de la <i>voz</i>,
+aunque <i>para el mundo</i> le pariese la Valc&aacute;rcel, como estaba en el orden.
+Bonis ten&iacute;a miedo de ponerse malo con tanto desbarrar, y, sobre todo,
+porque se le empezaban a aflojar las piernas, s&iacute;ntoma fatal de todos sus
+desfallecimientos. Ces&oacute; la m&uacute;sica, call&oacute; la <i>voz</i>, estallaron los
+aplausos, y Bonis cambi&oacute; de s&uacute;bito de ideas y sensaciones y de
+sentimientos. Volvi&oacute; a la realidad, y se vio cogido del brazo por
+Mochi, que se le llev&oacute;, sal&oacute;n adelante, hacia el piano.</p>
+
+<p>K&ouml;rner se hab&iacute;a puesto en pie, y sus manos, aplaudiendo, sonaban como
+batanes; Marta aplaud&iacute;a tambi&eacute;n, con gran asombro de las damas
+ind&iacute;genas, que cre&iacute;an privilegio de su sexo la impasibilidad ante el
+arte, y hubieran reputado, por unanimidad, indigno de una se&ntilde;ora
+recatada batir palmas ante una c&oacute;mica; ni m&aacute;s ni menos que cre&iacute;an una
+abdicaci&oacute;n del sexo levantarse en visita para saludar o despedir a un
+caballero. Emma acab&oacute; tambi&eacute;n por aplaudir, y la Gorgheggi no tard&oacute; en
+fijar la atenci&oacute;n en aquellas dos se&ntilde;oras que ten&iacute;a tan cerca, y que,
+por excepci&oacute;n, un&iacute;an sus aplausos a los del sexo fuerte. Para Marta y
+K&ouml;rner, la inglesa, por extranjera, ten&iacute;a algo de compatriota; por
+artista la consideraban m&aacute;s digna de respeto y atenciones que las cursis
+damas del pueblo, a pesar de todas sus pretensiones y preocupaciones
+seculares. K&ouml;rner se acerc&oacute; al piano y habl&oacute; en ingl&eacute;s con Serafina; en
+aquella saz&oacute;n llegaban Mochi y Bonis del brazo junto a la plataforma, y
+gracias al car&aacute;cter expansivo de Minghetti, que medi&oacute; en el di&aacute;logo, y
+al reconocimiento de Mochi con respecto a Bonis y todos los suyos, y a
+la habilidad pol&iacute;glota de K&ouml;rner, pronto hablaron todos juntos, con
+entusiasmo, mezcl&aacute;ndose el ingl&eacute;s, el alem&aacute;n, el italiano y el espa&ntilde;ol;
+y Marta estrech&oacute; la mano de la cantante, y esta, con una audacia y una
+gentileza que pasmaron a Bonis, oprimi&oacute; con fuerza y efusi&oacute;n los dedos
+flacos de Emma. Bonifacio, al ver unidas por las manos a su mujer y a su
+querida, volvi&oacute; a pensar en los milagros del diablo; y en su cerebro
+estall&oacute; lo de <i>tigribus agnis</i>, que tantas veces hab&iacute;a le&iacute;do en los
+peri&oacute;dicos y en alguna ret&oacute;rica. Indudablemente el tigre era su mujer.
+La cual estaba radiante. Para aquella clase de emociones y sucesos hab&iacute;a
+nacido ella. Sent&iacute;a un orgullo loco al verse entre aquella gente,
+saludada por una mujer tan guapa y tan elegante, con tales muestras de
+respeto y deferencia. Serafina la hab&iacute;a deslumbrado. Algunas veces hab&iacute;a
+pensado que hab&iacute;a ciertas mujeres, pocas, que ten&iacute;an un no s&eacute; qu&eacute;,
+merced al cual ella sent&iacute;a as&iacute; como una disparatada envidia de los
+hombres que pod&iacute;an enamorarse de ellas; esas mujeres que ella conceb&iacute;a
+que fuesen queridas por los hombres, no eran como la mayor parte, que,
+guapas y todo, no comprend&iacute;a qu&eacute; encontraban en ellas los varones para
+enamorarse. La Gorgheggi era mucho m&aacute;s alta que Emma, y esta, a su lado,
+sent&iacute;a como una protecci&oacute;n varonil que la encantaba; adem&aacute;s, aquello de
+ver de cerca, tan de cerca, lo que estaba hecho para que todo el pueblo
+lo mirase y lo admirase de lejos, la envanec&iacute;a, y satisfac&iacute;a una extra&ntilde;a
+curiosidad; la envanec&iacute;a m&aacute;s el pensar que a ella sola, a Emma, se
+consagraban ahora aquellas sonrisas, aquellas miradas, aquellas
+palabras, que eran ordinariamente del dominio p&uacute;blico. Por otra parte,
+seducci&oacute;n, tal vez mayor para ella, era en Serafina la mujer de vida
+irregular, la <i>mujer perdida</i>... pero perdida en grande. La curiosidad
+pecaminosa con que ella hab&iacute;a mirado siempre a las vulgares mozas del
+partido, que se hac&iacute;a ense&ntilde;ar, aqu&iacute; se multiplicaba y como que se
+ennoblec&iacute;a; y Emma quer&iacute;a adivinar olfateando, tocando, viendo, oyendo
+de cerca la historia &iacute;ntima de los placeres y aventuras de la mujer
+galante y artista. De repente vio, casi con im&aacute;genes pl&aacute;sticas, las
+ideas de orden, de moral <i>casera</i>, ordinaria, sumidas en una triste y
+p&aacute;lida y desabrida regi&oacute;n del esp&iacute;ritu; oscurecidas, arrinconadas,
+avergonzadas; las vio, como el guardarropa anticuado y pobre de una dama
+de aldea, rid&iacute;culas; eran como vestidos mal hechos, de colores ajados;
+ella misma se los hab&iacute;a vestido y sent&iacute;a verg&uuml;enza retrospectiva; s&iacute;,
+ella, a pesar de su prurito de originalidad, participaba de tantas y
+tantas preocupaciones, estaba sumida en la <i>moral casera</i> de aquellas
+se&ntilde;oras de pueblo que no aplaud&iacute;an a los cantantes ni sol&iacute;an tener
+queridos. Se le pas&oacute; por las mientes la idea de que la Gorgheggi fuera
+un gran capit&aacute;n, un caudillo de <i>amazonas</i> de la moral, de mujeres de
+rompe y rasga; y ella ir&iacute;a a su lado como corneta de &oacute;rdenes, como
+abanderado, fiel a sus insignias. Cuando observ&oacute; la Valc&aacute;rcel que las
+damas del pueblo miraban con extra&ntilde;eza, casi con espanto, la &iacute;ntima
+conferencia a que se hab&iacute;an entregado ella y su amiga con los c&oacute;micos,
+se redobl&oacute; el placer que gozaba. &iexcl;Qu&eacute; gusto, hacer entre todo el se&ntilde;or&iacute;o
+cursi del pueblo una que era sonada, algo del todo nuevo, inaudito,
+asombroso y de todo punto irregular y subversivo!</p>
+
+<p>Marta, aunque afectando cierta rec&oacute;ndita superioridad al principio,
+tambi&eacute;n estaba encantada, llena de orgullo, sin quererlo, al hablar con
+Serafina; pero pronto se sinti&oacute; deslumbrada y vencida, y sinti&oacute; en la
+actriz una superioridad real que, si no era del g&eacute;nero suprasensible de
+la que ella, Marta, se atribu&iacute;a, era mucho m&aacute;s efectiva y susceptible de
+ser reconocida. Marta, que hac&iacute;a alarde de sus conocimientos
+ling&uuml;&iacute;sticos hablando ingl&eacute;s, franc&eacute;s, italiano, acab&oacute; por seguir a la
+Gorgheggi en su empe&ntilde;o de hablar espa&ntilde;ol, para que la entendiese Emma. A
+esta consagraba la c&oacute;mica principalmente su amabilidad, la gracia
+irresistible de sus gestos, gorjeos <i>hablados</i>, de su modesta actitud; y
+la miraba con ojos muy abiertos, muy brillantes, que chisporroteaban
+simpat&iacute;a, naciente cari&ntilde;o. Y Emma acab&oacute; de perder el juicio cuando
+Serafina, poni&eacute;ndose el abanico en la frente, exclam&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah! &iexcl;S&iacute;, s&iacute;! &iexcl;Finalmente!... &iexcl;<i>Eccola qui</i>!... Yo me dec&iacute;a: esta
+se&ntilde;ora... esta se&ntilde;ora de Reyes... yo... la he visto, la he visto, vamos,
+de otro modo, en otros d&iacute;as... muy lejos.... Y de repente, ahora, un
+gesto, ese gesto de <i>le</i>... <i>sopraciglie</i>... me la pone delante. &iexcl;Oh, s&iacute;,
+absolutamente la misma! M&aacute;s que su retrato, ella, ella misma....</p>
+
+<p>Emma abr&iacute;a la boca sin comprender; Marta, adivinando, ya sent&iacute;a envidia;
+ello iba a ser que Emma se parec&iacute;a a alguna mujer ilustre....</p>
+
+<p>Pero la Gorgheggi no acababa de explicarse... y a&ntilde;adi&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah! &iexcl;Mochi y Minghetti!... Venid... venid.... A ver, decidme a qui&eacute;n se
+parece esta se&ntilde;ora... &iquest;Qui&eacute;n es... qui&eacute;n es... precisamente lo mismo que
+ella?...</p>
+
+<p>Mochi sonre&iacute;a, mirando por cumplido a Emma, sin tratar de adivinar el
+parecido, como si estuviera en el teatro fingiendo en un di&aacute;logo
+curiosidad e inter&eacute;s.</p>
+
+<p>Minghetti dio m&aacute;s solemnidad al caso. Acerc&oacute; su cara morena y larga, de
+levantino, de ojos grandes, azules, h&uacute;medos, apasionados y rientes, de
+bigote brillante y barba puntiaguda y algo rizada, fina, sedosa, al
+rostro de Emma, encendido, casi asustado; fij&oacute; la mirada desfachatada y
+alegre en los ojos de la dama, y hasta se permiti&oacute;, para ver mejor,
+mover un poco un candelabro del piano, de modo que la luz llenase las
+facciones que examinaba como absorto.</p>
+
+<p>Mochi se dio pronto por vencido. No acertaba. Minghetti dec&iacute;a:</p>
+
+<p>&mdash;Espera, espera; como con la esperanza de evocar una imagen. Emma se
+sent&iacute;a fascinada; por el pronto, Minghetti, as&iacute;, tan cerca, le ol&iacute;a a
+<i>hombre nuevo</i>, y sus ojos, clavados en ella, eran todo una borrachera de
+delicias que al tragarse se mascaban.</p>
+
+<p>Cuando Minghetti se declar&oacute; tambi&eacute;n torpe de memoria, Serafina dijo:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh, qu&eacute; hombres estos! No record&aacute;is... &iexcl;Ma... la Parini... la
+Parini!...</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh, s&iacute;! &iexcl;La tr&aacute;gica, la gran tr&aacute;gica de <i>Firenze</i>! &iexcl;Exacto, exacto; un
+espejo!</p>
+
+<p>As&iacute; exclam&oacute; Mochi, que se guard&oacute; de decir que no encontraba la
+semejanza.</p>
+
+<p>Minghetti, que jam&aacute;s hab&iacute;a visto a la Parini, grit&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh, s&iacute;, en efecto! La expresi&oacute;n... el gesto... la viveza de la
+mirada... y el fuego....</p>
+
+<p>Y a&ntilde;adi&oacute;, sonriendo a la Gorgheggi, como dici&eacute;ndoselo en secreto:</p>
+
+<p>&mdash;Mas... las facciones son <i>aqu&iacute;</i> m&aacute;s perfectas....</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah, s&iacute;; eso s&iacute;! M&aacute;s perfectas...&mdash;dijo la tiple, que continu&oacute;
+explicando que era la Parini una ilustre artista florentina, sin rival
+entre las tr&aacute;gicas de su tiempo. Aunque Emma no pod&iacute;a dar a la semejanza
+que se le encontraba todo el valor que le atribu&iacute;a la envidia de Marta,
+sinti&oacute; el orgullo en la garganta, se vio cubierta de gloria, y pens&oacute;
+enseguida:</p>
+
+<p>&laquo;Parece mentira que en este poblach&oacute;n de mi naturaleza se pueda gozar
+tanto como yo gozo en este momento, mir&aacute;ndome en los ojos de este hombre
+y oyendo estas cosas que me dicen&raquo;.</p>
+
+<p>Interrumpida a poco la conversaci&oacute;n para cantar Serafina de nuevo, ahora
+un terceto con Mochi y Minghetti, despu&eacute;s de la ovaci&oacute;n que sigui&oacute; al
+canto, volvi&oacute; la sabrosa pl&aacute;tica, m&aacute;s animada cada vez, aunque en ella
+se mezclaron ya algunos se&ntilde;oritos del pueblo de los m&aacute;s audaces y
+despreocupados. Emma y Serafina hablaron algunos minutos solas entre las
+colgaduras de un balc&oacute;n, sonri&eacute;ndose, como acarici&aacute;ndose con ojos y
+sonrisas; las vio de lejos Bonis, pas&oacute; cerca de ellas, y ni una ni otra
+notaron su presencia; volvi&oacute; a alejarse y a contemplar su obra desde un
+rinc&oacute;n.</p>
+
+<p>&iexcl;Juntas! &iexcl;Estaban juntas! &iexcl;Se hablaban, se sonre&iacute;an, parec&iacute;an
+entenderse!... Se le antojaban un s&iacute;mbolo, el s&iacute;mbolo del pacto absurdo
+entre el deber y el pecado, entre la virtud austera y la pasi&oacute;n
+seductora... &iexcl;Qu&eacute; barbaridades pienso esta noche!&mdash;se dec&iacute;a Bonis&mdash;; y se
+puso a figurarse que aquellas mujeres que hablaban como cotorras, y
+parec&iacute;an de acuerdo, y se sonre&iacute;an, y se entusiasmaban con su di&aacute;logo,
+se estaban diciendo, &iexcl;qu&eacute; atrocidad!, cosas por el estilo:</p>
+
+<p>&mdash;&laquo;S&iacute;, se&ntilde;ora, s&iacute;&mdash;dec&iacute;a Emma en la <i>hip&oacute;tesis</i> absurda de su marido&mdash;; puede
+usted quererle todo lo que guste; comprendo que usted se haya enamorado
+de &eacute;l, y &eacute;l de usted. Eso no est&aacute; mal: en Turqu&iacute;a las gastan as&iacute;, y
+pueden ser tan honradas como nosotras las turcas; todo es cuesti&oacute;n de
+costumbres, como dice la de K&ouml;rner: todo es convencional&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&laquo;Pues s&iacute;, se&ntilde;ora; le quiero, &iquest;para qu&eacute; negarlo?, y &eacute;l a m&iacute;. Pero a
+usted tambi&eacute;n se la estima, a pesar de ese geniazo que dicen que usted
+tiene. Se la estima y se la respeta. Ya ver&aacute; usted qu&eacute; buenas amigas
+hacemos. &iquest;Por qu&eacute; no? Usted no sabe lo que son artistas, lo que es vivir
+para el arte, y despreciando las peque&ntilde;eces de la vida de pueblo y de la
+<i>moral corriente</i>. &iexcl;Valiente moral! Todos deben querer a todos: usted a
+m&iacute;, yo a usted, su marido a las dos, las dos a su marido.... El mundo, la
+triste vida <i>finita</i>, no debe ser m&aacute;s que amor, amor con m&uacute;sica; todo lo
+dem&aacute;s es perder el tiempo...&raquo;.</p>
+
+<p>&laquo;Aquel di&aacute;logo hipot&eacute;tico&mdash;se qued&oacute; pensando Bonis&mdash;, era un disparate,
+s&iacute;... y con todo... con todo... &iquest;Por qu&eacute; no hab&iacute;a de ser as&iacute;? &Eacute;l hab&iacute;a
+le&iacute;do que los antiguos patriarcas ten&iacute;an varias mujeres, Abraham, <i>sin ir
+m&aacute;s lejos</i>...&raquo;. La idea de Abraham le trajo la de Sara la est&eacute;ril... su
+mujer... &laquo;&iexcl;Isaac!&raquo;, le dijo una voz como un estallido en el cerebro....
+Emma era Sara...; Serafina, Agar.... Faltaban Ismael, que era
+inveros&iacute;mil, dadas las costumbres de Serafina, e Isaac... &iexcl;Isaac! &iquest;Qui&eacute;n
+sab&iacute;a? &iquest;Por qu&eacute; le dec&iacute;a el coraz&oacute;n... acu&eacute;rdate de Sara, ten esperanza?
+Dos veces en aquella noche, que &eacute;l deber&iacute;a consagrar a emociones tan
+diferentes, se le llenaba el alma del amor de su Isaac... de su hijo....
+Ten&iacute;a fiebre no sab&iacute;a d&oacute;nde; tal vez estaba volvi&eacute;ndose loco; primero se
+comparaba con la Virgen; ahora con Abraham...; y a pesar de tanto
+dislate, una esperanza &iacute;ntima, supersticiosa, se apoderaba de &eacute;l, le
+dominaba.</p>
+
+<p>Y al volver a mirar el grupo de su mujer y la c&oacute;mica, a las cuales se
+hab&iacute;an agregado ahora Mochi, Marta, Minghetti y Nepomuceno, sinti&oacute;
+Reyes una especie de repugnancia; aquella paz moral que a ratos se
+apoderaba de su esp&iacute;ritu, y hasta pudiera decirse de sus entra&ntilde;as, se le
+alarm&oacute; en el pecho, en la conciencia; le entr&oacute; viv&iacute;simo deseo de apartar
+a su mujer de toda aquella gente; y sin poder dominarse, se acerc&oacute; al
+grupo, y con gesto serio, que contrastaba con la alegr&iacute;a de todos, con
+el ambiente de vaga concupiscencia que envolv&iacute;a al grupo, dijo Bonis con
+una energ&iacute;a en el acento que sorprendi&oacute; a Emma, la &uacute;nica que se hizo
+cargo de ello por la novedad de la voz:</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;ores... y se&ntilde;oras... basta de charla; el p&uacute;blico se impacienta, y lo
+mejor que pueden hacer estas damas y estos caballeros es comenzar la
+segunda parte del programa.... Vale m&aacute;s la m&uacute;sica que toda esa
+algarab&iacute;a....</p>
+
+<p>Todos le miraron entonces. Hablaba en broma seguramente, y, sin embargo,
+su gesto y el tono de su voz eran serios, como imponentes.</p>
+
+<p>Minghetti, inclin&aacute;ndose c&oacute;micamente, exclam&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;Quien manda, manda.... Obediencia al tirano... al futuro empresario
+<i>forse</i>....</p>
+
+<p>Serafina, dando la espalda a los otros, en un momento que pudo
+aprovechar, mir&oacute; fijamente a su querido, abri&oacute; mucho los ojos con
+expresi&oacute;n de burla cari&ntilde;osa, que acab&oacute; con una mirada de fuego.</p>
+
+<p>Bonis tembl&oacute; un poco por dentro al recibir la mirada, pero se hizo el
+desentendido y no sonri&oacute; siquiera.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;A cantar, a cantar!&mdash;dijo, fingiendo seguir la broma de su papel de
+d&eacute;spota.</p>
+
+<p>Mochi se inclin&oacute; tambi&eacute;n, y Minghetti, despu&eacute;s de una gran reverencia,
+se sent&oacute; al piano para acompa&ntilde;ar el d&uacute;o de tenor y tiple con que
+empezaba la segunda parte.</p>
+
+<p>Nepomuceno se sent&oacute; junto a Marta, y Bonis muy cerca de su mujer, que
+respiraba con fuerza, absorbiendo dicha por boca y narices.</p>
+
+<p>Y mientras ella, sin pensar en que le ten&iacute;a all&iacute;, devoraba con los ojos
+a la tiple y al bar&iacute;tono, Bonis paseaba la mirada triste, seria y
+tiernamente curiosa, del rostro p&aacute;lido, ajado de su esposa, al vientre
+que una vez hab&iacute;a enga&ntilde;ado sus esperanzas; y oyendo, sin comprenderla en
+aquel momento, la m&uacute;sica rom&aacute;ntica del d&uacute;o, se dijo entre dientes:</p>
+
+<p>&mdash;No importa...; m&aacute;s vieja era Sara.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XIII" id="XIII"></a>-XIII-</h2>
+
+
+<p>Termin&oacute; el concierto a la una de la madrugada, y como era costumbre en
+el pueblo, en vez de disolverse la reuni&oacute;n, se pusieron a bailar los
+j&oacute;venes con el mayor ah&iacute;nco, muy a placer de las se&ntilde;oritas, que s&oacute;lo
+toleraban dos o tres horas de m&uacute;sica con la esperanza de estar bailando
+otras dos o tres horas. Emma no pens&oacute; en retirarse mientras quedase all&iacute;
+alma viviente. En cuanto a Marta K&ouml;rner, estaba demasiado ocupada para
+pensar en el tiempo. &iexcl;&Iacute;bale tanto en perseguir las fieras, es decir, en
+la caza mayor a que se hab&iacute;a entregado en cuerpo y alma, que ya ni ve&iacute;a
+ni o&iacute;a lo que estaba delante; para ella no hab&iacute;a en el mundo m&aacute;s que su
+D. Juan Nepomuceno, con sus grandes patillas! Desde antes de terminar el
+concierto hab&iacute;an hecho rancho aparte, en un rinc&oacute;n de la sala; y all&iacute;
+estaba la alemana ense&ntilde;&aacute;ndole el alma, y un poco, bastante, de la
+blanqu&iacute;sima pechuga, al acaramelado mayordomo, futuro administrador de
+la f&aacute;brica de productos qu&iacute;micos. K&ouml;rner, aunque muy metido en
+conversaci&oacute;n con Mochi primero y despu&eacute;s con el Gobernador militar y el
+Ingeniero jefe de caminos, vigilaba desde lejos, muy satisfecho de la
+conducta de su hija. Muy de coraz&oacute;n aplaudi&oacute; la habilidad y delicadeza
+que demostr&oacute; su digno v&aacute;stago cuando uno, y dos y tres j&oacute;venes de lo m&aacute;s
+distinguido de la sociedad, se acercaron a ella solicitando el favor de
+un vals o cosa parecida, y fueron cort&eacute;s y fr&iacute;amente despedidos por la
+robusta alemana, que no bailaba porque... aqu&iacute; una disculpa torpemente
+zurcida, pero mal compuesta con toda intenci&oacute;n. A Nepomuceno hab&iacute;a que
+ponerle las cosas muy claras; y Marta, aun a riesgo de molestar a los
+bailarines, tal vez contenta con molestarlos, porque aquello ven&iacute;a a ser
+un anuncio, dejaba ver con gran transparencia el verdadero motivo de los
+desaires que se ve&iacute;a obligada a dar; a saber: que era m&aacute;s importante
+para ella hablar con Nepomuceno que andar por all&iacute; dando saltos y
+despertando, el diablo sabr&iacute;a qu&eacute; apetitos, en aquella juventud lucida y
+generalmente colorada, gracias a la mucha sangre.</p>
+
+<p>Nepomuceno, que a la segunda negativa de Marta, acompa&ntilde;ada de una mirada
+y una sonrisa de inteligencia para &eacute;l, acab&oacute; de comprender, agradeci&oacute;
+con todas sus entra&ntilde;as el <i>sacrificio</i> que en su favor se hac&iacute;a; y se
+hubiera derretido de gusto, a no estarlo ya, gracias a la proximidad
+<i>vertiginosa</i> de la alemana y a las cosas espirituales y no espirituales
+que ella le estaba diciendo; y, sobre todo, gracias a ciertos tropezones
+que de vez en cuando, bastante a menudo, daban las rodillas con las
+rodillas.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Qu&eacute; elocuencia... y qu&eacute; <i>calor natural desped&iacute;a</i> aquella mujer!&raquo; pensaba
+don Juan, aplicando el mismo verbo al calor y a la elocuencia.</p>
+
+<p>Marta hablaba del ideal, de todos los ideales; pero se las arreglaba de
+manera que en su disertaci&oacute;n se mezclaban, por v&iacute;a de incidentes,
+descripciones autobiogr&aacute;ficas que se refer&iacute;an casi siempre al acto
+solemne de mudarse ella de ropa, o a estar en su lecho, medio dormida....
+desvelada.... Ello es que Nepomuceno supo aquella noche, v. gr., que
+aquella se&ntilde;orita hab&iacute;a le&iacute;do una cosa que se llamaba la <i>Dramaturgia de
+Hamburgo</i>, de Lessing, y que, tanto como el autor del Laoconte, le
+gustaban a ella las medias muy ce&ntilde;idas, atadas sobre las rodillas y de
+color gris perla. Lo m&aacute;s tierno fue la historia de las queridas de
+Go&euml;the, tema que ten&iacute;a muy preocupada a la de K&ouml;rner desde muchos a&ntilde;os
+atr&aacute;s. El noble orgullo de Federica Brion, que no quiso casarse nunca,
+porque nadie era digno de la que hab&iacute;a sido amada por Wolfgang, lo
+pintaba Marta con un calor s&oacute;lo comparable al que desped&iacute;an sus propias
+rodillas. Nepomuceno, confundiendo las cosas, y hasta las facultades del
+alma, se lleg&oacute; a figurar que los <i>genios</i> alemanes eran unos s&aacute;trapas que
+se pasaban la vida despreciando a los seres vulgares y manoseando los
+mejores bocados del eterno femenino. Cuando lleg&oacute; lo de <i>las madres</i> del
+tantas veces citado Go&euml;the, Nepo no pod&iacute;a menos de figurarse las tales
+<i>madres</i> como unas ub&eacute;rrimas amas de cr&iacute;a. De todas suertes, y fuera lo
+que fuera de Heine y de la <i>Joven Alemania</i>, &eacute;l estaba que ard&iacute;a... y a
+tanta ciencia y poes&iacute;a y contacto de piernas, s&oacute;lo se le ocurr&iacute;a
+contestar lo que, sin saberlo &eacute;l, Nepomuceno, contestaba aquel personaje
+de la comedia titulada: &laquo;De fuera vendr&aacute;...&raquo;. Quiere decirse, que al t&iacute;o
+mayordomo no se le ven&iacute;a a la boca m&aacute;s que la solemne promesa de futuro,
+pero muy pr&oacute;ximo matrimonio.</p>
+
+<p>Emma, siguiendo el ejemplo de algunas otras casadas, que bailaban
+tambi&eacute;n, acept&oacute; unos <i>lanceros</i> a que la invit&oacute; el presidente del Casino,
+y poco despu&eacute;s bail&oacute; con Minghetti una polca &iacute;ntima, g&eacute;nero de
+desfachatez tolerada que empezaba entonces a <i>hacer furor</i> y no pocos
+estragos morales.</p>
+
+<p>La polca &iacute;ntima de Minghetti fue para ella una revelaci&oacute;n. El bar&iacute;tono,
+que no hab&iacute;a perdido la pista a la afici&oacute;n que le hab&iacute;a demostrado
+aquella se&ntilde;ora en paseo, en misa, en la calle, por medio de miradas
+incendiarias, aquella noche acab&oacute; de comprenderlo todo, y form&oacute; un plan
+de seducci&oacute;n, que le conven&iacute;a desde muchos puntos de vista. Empez&oacute; a
+marearla con miradas y lisonjas all&iacute;, junto al piano, durante el
+concierto; y al atreverse a invitarla nada menos que para bailar una
+polca de aquellas condiciones coreogr&aacute;ficas, jug&oacute; el todo por el todo.
+Aceptada la polca, ya sab&iacute;a &eacute;l lo que le tocaba hacer; y mientras las
+rodillas hablaban el lenguaje de las de Marta K&ouml;rner, aunque sin
+colaboraci&oacute;n de los cl&aacute;sicos alemanes, &eacute;l, all&aacute; en sus adentros, se
+entregaba a proyectos y c&aacute;lculos en que hab&iacute;a hasta n&uacute;meros. Medio en
+serio, medio en broma, <i>se declar&oacute;</i> a Emma mientras daban vueltas por el
+sal&oacute;n; y ella, muerta de risa, muy contenta, nada escandalizada, le
+llamaba loco, y se dejaba apretar, como si no lo sintiera, como si su
+honra estuviese por encima de toda sospecha y no debiera parar mientes
+en aquellos estrujones fortuitos. Le llamaba loco, y embustero, y
+bromista; pero cuando, despu&eacute;s de la polca, se sentaron juntos, en vez
+de incomodarse por la insistencia del cantante, se qued&oacute; un poco seria,
+suspir&oacute; dos o tres veces, como una doncella de labor no comprendida, y
+acab&oacute; por ofrecer a Minghetti una amistad desinteresada; pura amistad,
+pero leal y firme. Entonces el bar&iacute;tono, que no echaba nada en saco
+roto, sin dejar el tema de su pasi&oacute;n incandescente, mezcl&oacute; en las
+variaciones del mismo una discret&iacute;sima narraci&oacute;n de los apuros de su
+vida econ&oacute;mica y la de sus compa&ntilde;eros. A Minghetti, que era un <i>bohemio</i>,
+sin saber de tal ep&iacute;teto, no le daba verg&uuml;enza hablar de su pobreza, ni
+de las trazas picarescas a que hab&iacute;a recurrido muchas veces para salir
+de atrancos. Comprend&iacute;a &eacute;l que parte del encanto de su persona,
+irresistible para muchas mujeres, consist&iacute;a en su misma vida
+desarreglada, de aventurero simp&aacute;tico, generoso, alegre, casi infantil,
+pero poco escrupuloso, como no fuera en puntos de galanteo y de
+valent&iacute;a. Enseguida noto que en Emma este elemento de seducci&oacute;n era de
+los que produc&iacute;an m&aacute;s efecto; ella misma le confes&oacute; que hab&iacute;a comenzado
+a fijarse en &eacute;l, y a encontrarle <i>&aacute;ngel</i>, como dicen los andaluces, la
+noche aquella famosa en que hab&iacute;a cantado el <i>Barbero</i>... a la fuerza....</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah, s&iacute;&mdash;exclam&oacute; &eacute;l sonriendo&mdash;; cuando me caz&oacute; la Guardia civil!...</p>
+
+<p>Y de este incidente, que tanto hab&iacute;a dado que hablar en el pueblo meses
+atr&aacute;s, tom&oacute; pie para contar su historia y sus penas y apuros a su
+manera, como burl&aacute;ndose de sus propios males. Callaba muchas cosas que
+juzgaba poco a prop&oacute;sito para hacerle aparecer interesante; pero no
+ocult&oacute; ciertas maniobras no muy decentes, y os&oacute; referirlas, no por amor
+a la verdad, sino porque su sentido moral no le dec&iacute;a que era aquello
+repugnante e indigno; por fortuna, tampoco Emma sent&iacute;a delicadezas de
+este orden, y en toda treta victoriosa admiraba el arte y olvidaba al
+enga&ntilde;ado, o sea al tonto.</p>
+
+<p>La mujer de Bonis escuchaba encantada aquella narraci&oacute;n del g&eacute;nero
+picaresco, en que las picard&iacute;as ven&iacute;an a estar explicadas y disculpadas
+por la viveza de las pasiones y los golpes repetidos de una adversa
+fortuna.</p>
+
+<p>Lo cierto era que la historia del bar&iacute;tono, desfigurada por &eacute;l en su
+narraci&oacute;n cuando le convino, pod&iacute;a resumirse en lo siguiente:</p>
+
+<p>Cayetano Dom&iacute;nguez era natural de Valencia; hab&iacute;a asistido en su
+infancia a los azares de la miseria, que aspira a convertir en industria
+la holganza y no lo consigue, sino con intervalos de negras prisiones y
+en perpetua lucha con el C&oacute;digo penal y los agentes de su eficacia. La
+c&aacute;rcel, residencia frecuente de su se&ntilde;or padre, le hab&iacute;a ense&ntilde;ado, como
+por ensayos repetidos, la triste vida de la orfandad; y cuando al fin el
+autor de sus d&iacute;as sali&oacute; de casa para no volver, porque en una ocasi&oacute;n,
+al recobrar la libertad, en vez del hogar, encontr&oacute; la muerte en una
+misteriosa aventura, all&aacute; en la Huerta, el pobre Minguillo, que as&iacute; le
+llamaban los dem&aacute;s pillastres de su barrio, al quedarse en el mundo
+solo, pues su madre hab&iacute;a muerto al darle a luz, ten&iacute;a un aprendizaje
+anulado que le sirvi&oacute; no poco, de mala suerte, apuros, desvalimiento; y
+ven&iacute;a a ser a los doce a&ntilde;os todo un hombre, y casi casi todo un p&iacute;caro,
+por los recursos de su ingenio, el ah&iacute;nco de su trabajo, cuando tocaban
+a trabajar honradamente, y las tretas de su industria, la fuerza de
+cinismo, el vigor de los m&uacute;sculos y el desprecio de todas las leyes y
+cortapisas morales y jur&iacute;dicas, que, en su opini&oacute;n, se hab&iacute;an hecho para
+los ricos; porque los pobres no pod&iacute;an con ellas, bajo pena de matarse
+de hambre, que era el mayor crimen.</p>
+
+<p>De las manos de un pariente lejano, que le mol&iacute;a a palos y le llamaba
+hijo de tal y de cual, pas&oacute; al servicio de la Iglesia con car&aacute;cter de
+monaguillo, y hasta lleg&oacute; a cantar en el coro de la catedral en
+funciones de tiple; y esta &eacute;poca fue, seg&uacute;n &eacute;l, la m&aacute;s santa de su vida,
+sin ser perfecta. No hac&iacute;a &eacute;l las picard&iacute;as por hacerlas, sino por el
+lucro; de modo que mientras su voz sirvi&oacute; para el coro, cant&oacute; en calidad
+de &aacute;ngel en la catedral, sin hacerse jam&aacute;s reprender por su pereza o
+impericia, pues en el trabajo era asiduo, y su destreza en todo oficio
+que emprend&iacute;a, extremada. Volvi&oacute; a la calle porque la voz se le mudaba,
+que era para el caso como perderla; y con la edad de comenzar las
+pasiones a abrir sus yemas, coincidi&oacute; la mayor pobreza de su vida, por
+lo que no fue extra&ntilde;o, o a &eacute;l no se lo pareci&oacute;, que por aquellos d&iacute;as
+sus expedientes para procurarse el sustento y lo dem&aacute;s que necesita un
+mozo suelto y sin escr&uacute;pulos, fuesen del todo incompatibles con los
+rigores de la ley civil y criminal; sin que esto quisiera decir que
+llegase a robar, al menos con violencia; sino que, recordando
+tradiciones familiares, invent&oacute; industrias alegres y vistosas, como
+juegos de feria, con moderada trampa, inocentes chascos, justo castigo
+de tontos avarientos y confiados necios, en que el provecho que a &eacute;l, a
+Mingo, le quedaba entre las u&ntilde;as, era apenas la necesaria retribuci&oacute;n de
+su trabajo, que hubiera sido exigua cotejada con el riesgo y con el
+primor y gracia de las trazas inventadas. De su voz &iexcl;voz traidora!, no
+se hab&iacute;a vuelto a acordar en mucho tiempo, a no ser para cantar en
+tabernas y paseos nocturnos, para solaz de los compa&ntilde;eros del hampa, o
+seducci&oacute;n de alguna mozuela, que adem&aacute;s habr&iacute;a de pedir otra paga.</p>
+
+<p>Sus relaciones con la gente de sotana, interrumpidas, pero no rotas, le
+presentaron ocasi&oacute;n de ingresar en el seminario en calidad de f&aacute;mulo,
+ocultando, por supuesto, gran parte de sus antecedentes; y como ten&iacute;a
+temporadas, si no de arrepentimiento&mdash;pues &eacute;l no cre&iacute;a que hab&iacute;a de
+qu&eacute;&mdash;de cansancio, de cierto como relativo <i>misticismo</i> que le ped&iacute;a a &eacute;l
+la soledad de la vida recogida y largas horas de tiesura hier&aacute;tica, con
+un cirio en la mano, o en las oscuridades del coro, y ausencia de malas
+compa&ntilde;&iacute;as, y pan seguro ganado sin industrias prohibidas; por todo ello
+se acogi&oacute; a la <i>soledad</i> del <i>claustro</i>, y fue el m&aacute;s airoso, servicial y
+despabilado f&aacute;mulo de colegio sacerdotal, donde no sab&iacute;a &eacute;l que hab&iacute;a de
+llegar a ser colaborador de verdaderos horrores. Muchos a&ntilde;os despu&eacute;s,
+cuando, ya libre y artista, se cre&iacute;a por sus actos y representaci&oacute;n en
+el caso de ser muy <i>avanzado</i>, <i>librepensador</i> y cosas por el estilo,
+aprovechaba sus recuerdos del seminario como argumento contra las
+instituciones religiosas. &laquo;&iexcl;Lo que son los curitas, d&iacute;ganmelo ustedes a
+m&iacute;!&raquo;, sol&iacute;a exclamar; y como no hubiera damas delante, su narraci&oacute;n,
+probablemente exagerada, pon&iacute;a espanto verdaderamente, por lo que toca a
+determinadas violaciones del orden natural de los instintos.</p>
+
+<p>De esta clase de aventuras es claro que no le habl&oacute; a Emma aquella
+noche; fue m&aacute;s adelante, cuando su trato lleg&oacute; a ser m&aacute;s &iacute;ntimo, cuando
+ella supo de esta clase de tormentas porque tambi&eacute;n hab&iacute;a pasado la
+juventud pintoresca de su amigo.</p>
+
+<p>Del seminario sali&oacute; por una ventana, con un trabuco, pues nada menos
+exig&iacute;an la prisa y el peligro con que acudi&oacute; a defender la <i>causa del
+pueblo</i> en una intentona revolucionaria en que se vio comprometido,
+familiar y todo, por culpa de amistades heter&oacute;clitas, adquiridas en las
+escapatorias frecuentes que de noche emprend&iacute;a con otros compa&ntilde;eros y
+alg&uacute;n seminarista amigo de ir al teatro y a lugares de corrupci&oacute;n m&aacute;s
+inmediata. Anduvo por los campos en calidad de sublevado d&iacute;as y d&iacute;as,
+hasta que se le rompieron los zapatos y emigr&oacute; con otra porci&oacute;n de
+ilusos, como los llamaba en una alocuci&oacute;n el Capit&aacute;n general de
+Valencia. Y tanto corri&oacute;, que no par&oacute; hasta Italia. Vivi&oacute; en Tur&iacute;n, en
+Roma, en N&aacute;poles, Dios sabe c&oacute;mo; y ello fue que a Espa&ntilde;a volvi&oacute; de
+corista en una compa&ntilde;&iacute;a de &oacute;pera, hablando italiano, con mucho mundo, y
+persuadido de que su vocaci&oacute;n era la m&uacute;sica y su fuerte la seducci&oacute;n de
+mujeres f&aacute;ciles, y el tentar a todas, f&aacute;ciles o dif&iacute;ciles.</p>
+
+<p>En Barcelona llam&oacute; su voz la atenci&oacute;n de un maestro; se pod&iacute;a sacar
+partido de ella ense&ntilde;&aacute;ndole m&uacute;sica, lo que se llama m&uacute;sica; se aplic&oacute; de
+veras al estudio, dej&oacute; por algunos a&ntilde;os el teatro, vivi&oacute; de no se sabe
+qu&eacute; recursos, tal vez a costa del amor chocho; y se le vio de posada en
+posada, de fonda en fonda, despertando a los hu&eacute;spedes con <i>g&aacute;rgaras</i> de
+bar&iacute;tono que ensaya la voz y no deja dormir los m&uacute;sculos de una poderosa
+garganta. Aquellos gorgoritos de pavo alborotado se los hac&iacute;a perdonar
+siempre a fuerza de gracia, amabilidad y chiste. Era un Tenorio ani&ntilde;ado,
+un ni&ntilde;o mozo, pueril hasta para enamorarse: se hac&iacute;a mimar enseguida, y
+las mujeres, al quererle, pon&iacute;an algo de las caricias de madre que todas
+ellas tienen dentro.</p>
+
+<p>A sus queridas les cantaba al o&iacute;do las &oacute;peras enteras, como d&aacute;ndoles
+besos con el aliento, que parec&iacute;a salir perfumado por la melod&iacute;a. Una
+novia suya lo dijo: aquel hombre de tan buen color, tan buenas carnes,
+de cutis fresco y esbelto como &eacute;l solo, esparc&iacute;a as&iacute; como un olor, que
+seduc&iacute;a, a m&uacute;sica italiana. Desde su primera contrata, en Barcelona, se
+llam&oacute; ya Minghetti, y Gaetano; y cuando volvi&oacute; de su segundo viaje a
+Italia, que dur&oacute; dos a&ntilde;os, casi &eacute;l mismo se ten&iacute;a ya por extranjero. En
+cuanto a los instintos de tramposo, que en el nuevo oficio no ten&iacute;an
+aplicaci&oacute;n inmediata, buscaban expansiones naturales en los tratos y
+contratos con los cantantes, sus mujeres, los empresarios y los
+hu&eacute;spedes de las posadas. El lance a que Emma hab&iacute;a aludido se refer&iacute;a a
+una de estas picard&iacute;as, de que hubo de ser v&iacute;ctima el buen Mochi.
+Hab&iacute;an re&ntilde;ido Julio y Gaetano por cuesti&oacute;n de ochavos, sobre si el
+valenciano hab&iacute;a cobrado o no, y negaba un recibo; Minghetti escap&oacute; de
+noche, a pie; Julio se quej&oacute; a la autoridad porque el bar&iacute;tono se le iba
+con la paga adelantada y le dejaba la Compa&ntilde;&iacute;a en el aire; la benem&eacute;rita
+se encarg&oacute; de recomponer el cuarteto; y, en efecto, Minghetti,
+resignado, sonriente, como si se hubiera tratado de una broma, se
+present&oacute; de nuevo al p&uacute;blico, cantando el <i>Barbero</i> con gran malicia; lo
+cual le vali&oacute; una ovaci&oacute;n tributada a su graciosa picard&iacute;a, a su
+desenfado simp&aacute;tico y alegre. Aquella noche le conoci&oacute; Emma, desde el
+para&iacute;so, donde oy&oacute; la historia de la fuga, comentada con entusiasmo por
+el p&uacute;blico, siempre dispuesto a perdonar a los tramposos guapos y
+graciosos.</p>
+
+<p>Pocos d&iacute;as despu&eacute;s de o&iacute;r las aventuras del bar&iacute;tono en aquella noche
+solemne del baile, Emma ya le hab&iacute;a tenido muy cerca, cant&aacute;ndole al
+o&iacute;do, pero s&oacute;lo en calidad de amigo &iacute;ntimo, la mayor parte del
+repertorio. Lo del piano se llev&oacute; a efecto; Minghetti fue maestro de la
+Valc&aacute;rcel, pero es claro que las lecciones se convirtieron a poco en
+pura f&oacute;rmula, un pretexto para que el profesor cantase romanzas,
+acompa&ntilde;&aacute;ndose &eacute;l mismo, mientras la disc&iacute;pula, sentada junto a &eacute;l,
+admir&aacute;ndole, pasaba las hojas, cuando el cantante lo indicaba con la
+cabeza. Lleg&oacute;, sin embargo, Emma a destrozar polcas y chapurrar un vals
+que la entusiasmaba. Bonis nada pod&iacute;a oponer, porque las lecciones se
+daban con su benepl&aacute;cito, y adem&aacute;s pod&iacute;a observar que su mujer pasaba
+algunas horas cada d&iacute;a estudiando solfeo y machacando teclas.</p>
+
+<p>Lo que iba viento en popa era lo de la f&aacute;brica de <i>Productos Qu&iacute;micos</i> y
+la reconstituci&oacute;n de la Compa&ntilde;&iacute;a de &oacute;pera con la base del terceto; a
+saber: la Gorgheggi, Mochi y Minghetti.</p>
+
+<p>En la cabeza de Reyes se mezclaban ambas empresas, porque los
+interesados en una y otra com&iacute;an juntos muy a menudo en casa de Emma y
+se reun&iacute;an todas las noches en sus <i>salones</i>, que as&iacute; quer&iacute;a ella que se
+llamasen en adelante, previo el arreglo del mobiliario, derribo de
+tabiques y otras composturas, que subieron a una cantidad respetable,
+pero no respetada por Nepomuceno, que hizo con ella maravillas de
+prestidigitaci&oacute;n. Adem&aacute;s, hab&iacute;a otra cosa, la principal, que enlazaba la
+empresa teatral con la fabril, a saber: el capitalista, que, en
+resumidas cuentas, ven&iacute;a a ser uno mismo: Emma. En lo del teatro se
+admitieron acciones de algunos aficionados de la ciudad; pero estas eran
+insignificantes comparadas con las de Emma; de modo que ella ven&iacute;a a ser
+el verdadero capitalista, representada, es claro, por Nepomuceno en todo
+lo que se refer&iacute;a a la parte econ&oacute;mica del negocio, y por Bonis en lo
+tocante a entenderse con m&uacute;sicos y cantantes. Bonis a su vez delegaba en
+Mochi la direcci&oacute;n <i>t&eacute;cnica</i>, y en rigor cuanto entraba en sus
+atribuciones; de suerte que el empresario y director de la Compa&ntilde;&iacute;a
+tronada ven&iacute;a a ser en la nueva Compa&ntilde;&iacute;a lo mismo que antes hab&iacute;a sido,
+sin m&aacute;s diferencia que la de no exponerse a perder un cuarto y estar
+s&oacute;lo a las ganancias, si las hab&iacute;a, por pocas que hubiera; que a eso
+estaba &eacute;l. Desde la Tiplona ac&aacute; no se hab&iacute;a visto jam&aacute;s que unos <i>c&oacute;micos</i>
+permanecieran, por fas o por nefas, tanto tiempo en el pueblo. Casi se
+les tomaba por vecinos, y Julio y Gaetano ya discut&iacute;an en el Casino,
+aunque con cierta discreci&oacute;n y medida, todas las candentes cuestiones de
+inter&eacute;s local. En cuanto a Serafina, era la gala de los paseos, y los
+vecinos la mostraban a los forasteros como una de las maravillas
+ind&iacute;genas.</p>
+
+<p>Tambi&eacute;n tend&iacute;a a aclimatarse, y aun con ra&iacute;ces m&aacute;s hondas, la familia
+K&ouml;rner, que quer&iacute;a <i>fincar</i> en aquella ciudad, uniendo su nombre a la
+causa de la industria que con tanto calor defend&iacute;an los peri&oacute;dicos de
+intereses morales y materiales de la localidad. K&ouml;rner hizo un viaje a
+Alemania por cuenta de la nueva Sociedad de <i>Productos Qu&iacute;micos</i>, para
+traer todas las noticias y encargar todo el material necesario para la
+f&aacute;brica, cuya construcci&oacute;n y explotaci&oacute;n deb&iacute;a de dirigir &eacute;l mismo. En
+cuanto a pagar todos estos gastos, ya se sab&iacute;a: el mermado caudal de la
+abogada Valc&aacute;rcel corr&iacute;a con todos los desembolsos, o con casi todos;
+pues, por disimular, tambi&eacute;n en este negocio se ofrecieron acciones a
+unos cuantos amigos y parientes. Ello fue que el capital de Emma se vio
+tan seriamente comprometido en las aventuras qu&iacute;mico-industriales, como
+dir&iacute;a K&ouml;rner, que Nepomuceno, autor de semejante desafuero, se crey&oacute;
+obligado en conciencia, en la poca y mala conciencia que le quedaba, a
+exponer a su sobrina con toda claridad, o poco menos, la situaci&oacute;n, el
+riesgo que se corr&iacute;a.</p>
+
+<p>&mdash;De esta salimos ricos, seg&uacute;n todas las probabilidades; mas no he de
+ocultarte, amada sobrina, que nuestro dinero, es decir, tu dinero, se
+expone a grandes quebrantos, que no son de esperar..., pero que caben en
+lo posible.</p>
+
+<p>Cuando el t&iacute;o mayordomo hablaba as&iacute;, Emma estaba medio loca, sin sentido
+para nada que no fuesen sus pasiones, sus alegr&iacute;as, aquella vida
+desordenada y de bullicio en que se hab&iacute;a metido como en un ba&ntilde;o de
+delicias. Era tan feliz en aquella corrupci&oacute;n, que le parec&iacute;a haber
+sujetado la rueda de la fortuna; adem&aacute;s, K&ouml;rner, que se hab&iacute;a hecho muy
+amigo suyo, la hab&iacute;a convencido, a fuerza de hablarle de cosas que ella
+no pod&iacute;a entender, de que aquel <i>peque&ntilde;o anticipo</i> de miles de duros dar&iacute;a
+por resultado una riqueza verdadera, digna de los grandes se&ntilde;ores de
+otras tierras, que no contaban, como los de all&iacute;, los millones por
+reales, sino por pesos fuertes y otras monedas an&aacute;logas. Ella tambi&eacute;n
+quer&iacute;a ser millonaria de duros, y el coraz&oacute;n y K&ouml;rner y Minghetti le
+dec&iacute;an que lo iba a ser. Ello era una especie de milagro de la ciencia y
+la habilidad. &laquo;Pero si los alemanes no hicieran milagros de sabidur&iacute;a,
+&iquest;qui&eacute;n los iba a hacer?&raquo;. Se trataba sencillamente de sacarles a las
+algas, que el mar arrojaba a las costas de la provincia en tanta
+abundancia, un demonio de materia que ten&iacute;a mucha utilidad para
+infinitas industrias. Mentira le parec&iacute;a a ella que de cosa tan
+repugnante y mal oliente como era el ocle (las algas), que hasta a las
+caballer&iacute;as las hac&iacute;a espantarse, pudiese salir tanto dinero como se le
+promet&iacute;a; pero, en fin, ya que lo dec&iacute;an los sabios... y Minghetti,
+verdad ser&iacute;a. Adelante. Adem&aacute;s, a Roma por todo. Si la arruinaban, &iquest;qu&eacute;?
+Tendr&iacute;a gracia. Ella no estaba segura de no escaparse con el bar&iacute;tono
+cualquier d&iacute;a.</p>
+
+<p>Tambi&eacute;n la parec&iacute;a imposible, como lo de las algas, que Minghetti
+estuviera tan enamorado como le juraba; porque aunque estaba persuadida
+de que ella hab&iacute;a mejorado mucho, y de que su <i>oto&ntilde;o</i> era muy interesante,
+y su <i>jam&oacute;n</i> suculento y en dulce, al fin &eacute;l era mucho m&aacute;s joven, y
+ella... ella estaba, indudablemente, algo <i>fatigada</i>.</p>
+
+<p>Entre alemanes e italianos... verdaderos y falsos, se hab&iacute;a establecido
+una especie de pacto, t&aacute;cito al principio, despu&eacute;s muy expl&iacute;cito, para
+protegerse mutuamente. Los de la f&aacute;brica, K&ouml;rner e hija, ayudaban a los
+del teatro; los del teatro, Mochi, Minghetti y Gorgheggi, ayudaban a los
+de la f&aacute;brica. Nepomuceno, interesado en favor de los alemanes, animaba
+a Emma a gastar en la empresa de la &oacute;pera, porque Marta y su padre se lo
+ped&iacute;an; la Gorgheggi y Mochi trabajaban en el esp&iacute;ritu de Bonis para que
+este no quitase a su mujer de la cabeza las fant&aacute;sticas lontananzas de
+opulencia, debidas a la qu&iacute;mica industrial, que iban meti&eacute;ndole en el
+cerebro el alem&aacute;n y el t&iacute;o.</p>
+
+<p>Y a unos y a otros los seduc&iacute;a, los corromp&iacute;a, y los juntaba en una
+especie de solidaridad del vicio la vida que hac&iacute;an, <i>poni&eacute;ndose el mundo
+por montera</i>, seg&uacute;n la frase predilecta de Emma, y viviendo alegres,
+siempre mezclados en conciertos, en jiras campestres, en banquetes a
+puerta cerrada. En la casa de la Valc&aacute;rcel, donde un d&iacute;a hab&iacute;an sido
+par&aacute;sitos los taciturnos parientes de la monta&ntilde;a, de capa y hongo,
+ahora, espantadas tales alima&ntilde;as, vivaqueaban aquellos extranjeros,
+aquella sociedad heter&oacute;clita, que con pasmo y aun envidia de parte de la
+ciudad, viv&iacute;a como no se sol&iacute;a vivir en aquel pueblo aburrido, con esa
+alegr&iacute;a desfachatada, pero atractiva, que los dem&aacute;s miraban desde lejos
+murmurando, pero dese&aacute;ndola. Muchos j&oacute;venes de las <i>mejores familias</i>, que
+al principio hab&iacute;an cortado sayos a Emma, a Bonis y Marta, ahora
+callaban y hasta llegaban a defender a los de Reyes y a sus amigos,
+porque algunas sonrisas de la Gorgheggi, insinuaciones provocativas,
+aunque <i>espirituales</i> de Marta, y, especialmente, invitaciones para saraos
+y banquetes de Emma, los hab&iacute;an convertido. Hubo m&aacute;s; para hacer callar
+a muchos, y tambi&eacute;n instigada por Bonis, que empezaba a hacerse
+insoportable con sus moralidades y miedos al qu&eacute; dir&aacute;n, Emma se dio arte
+para agregar a algunas de sus fiestas, si no a las m&aacute;s &iacute;ntimas, a dos o
+tres familias de lo m&aacute;s distinguido de la capital. Una de ellas era la
+de un magistrado andaluz, que ten&iacute;a dos hijas como dos acuarelas de
+pandereta; el padre era unas casta&ntilde;uelas de la sala de lo civil, y sus
+reto&ntilde;os, sin madre, se pasaban la vida, inocentes en el fondo, <i>jaleando</i>
+la alegr&iacute;a de su pap&aacute;. Se aburr&iacute;an mucho en aquel pueblo sucio, fr&iacute;o,
+h&uacute;medo, y vieron el cielo abierto con la amistad de Emma y compa&ntilde;&iacute;a. El
+magistrado, que era, adem&aacute;s, muy embustero, y hablaba de riquezas que &eacute;l
+ten&iacute;a all&aacute;, en la tierra, se embarc&oacute; en lo de la f&aacute;brica de Productos
+Qu&iacute;micos, aunque de tapadillo, y vino a interesarse en unos diez mil
+reales, que &eacute;l multiplicaba a&ntilde;adiendo una porci&oacute;n de ceros a la derecha
+cuando hablaba a sus colegas y amigos de su parte en el negocio. Pero no
+fue la de Ferraz y sus hijas la adquisici&oacute;n mejor para Emma. Por
+mediaci&oacute;n de las andaluzas, la Valc&aacute;rcel tuvo ocasi&oacute;n, y la aprovech&oacute;,
+de ofrecer un verdadero servicio a las de Silva, tres muchachas llenas
+de pergaminos, deudas y figurines. Las deudas y los pergaminos eran
+cosas de su pap&aacute;, pero los figurines, de ellas; no hab&iacute;a chicas m&aacute;s
+elegantes en el pueblo; eran tres, y cuando paseaban juntas, en posturas
+acad&eacute;micas, constante grupo escult&oacute;rico, recordaban las estampas grandes
+de los peri&oacute;dicos de modas. Hac&iacute;an de un vestido siete, y era un
+prodigio el verlas volverlo de arriba abajo, y estirar y encoger
+sombreros, y aprovechar para cinco o seis cosechas de la moda las mismas
+espigas y los mismos pepinillos y otros vegetales contrahechos, de
+prendidos y sombreros. Fuera como fuera, ellas pon&iacute;an la moda en el
+pueblo, y por su nobleza y las arrogantes figuras que ostentaban,
+dispon&iacute;an de los novios ef&iacute;meros por manadas. Mientras el padre beb&iacute;a
+los vientos por fijar la rueda de la fortuna en la sala de juego de la
+Oliva, las ni&ntilde;as se multiplicaban, verdaderas buhoneras de s&iacute; mismas,
+siempre con la mercanc&iacute;a de su hermosura a cuestas por plazas, iglesias,
+paseos, bailes y teatro. Pero lleg&oacute; un luto, y aqu&iacute; fue ella. Iba a
+abrirse el <i>antiguo coliseo</i> con la Compa&ntilde;&iacute;a de &oacute;pera remendada, y las de
+Oliva no podr&iacute;an ir los jueves y domingos a lucir sus gracias, enhiestas
+en sus sillones con almohad&oacute;n, a la orilla del antepecho de su palco,
+como grullas tiesas y melanc&oacute;licas a la margen del mar. El pariente
+difunto era un <i>t&iacute;o segundo</i>; pero era marqu&eacute;s. Si hubiera sido un
+cualquiera, las de Silva seguir&iacute;an vestidas de colorado y tan <i>ubicuas</i>
+como siempre; pero el luto de un marqu&eacute;s no pod&iacute;a preterirse sin
+profanarse. No hab&iacute;a palco posible. Entonces fue cuando Emma pudo ganar
+la amistad de aquellas elegantes arist&oacute;cratas haci&eacute;ndoles un favor y
+matando dos p&aacute;jaros de un tiro. Como ella ven&iacute;a a ser la <i>empresaria</i>, y
+los cantantes eran sus &iacute;ntimos amigos y personas muy decentes, no habr&iacute;a
+inconveniente en presenciar las funciones de &oacute;pera entre bastidores. Las
+de Ferraz propusieron el expediente a las de Silva, que sin consultarlo
+con el pap&aacute;, con quien no consultaban nada, aceptaron locas de alegr&iacute;a.
+No podr&iacute;an lucirse tanto de tel&oacute;n adentro; pero se divertir&iacute;an de fijo;
+ver&iacute;an cosas muy agradables, muy nuevas, y hasta podr&iacute;an coquetear con
+los cantantes, algunos de los cuales, como Minghetti, eran muy guapos y
+simp&aacute;ticos. Emma se crey&oacute; en el deber de no dejar ir solas a aquellas
+se&ntilde;oritas al escenario y sus oscuros alrededores, y desde la primera
+noche, sin consultarlo tampoco con nadie, las acompa&ntilde;&oacute;, y las present&oacute; a
+la Gorgheggi, que las ofreci&oacute; su cuarto para pasar el rato en amable
+tertulia durante los entreactos. Marta y las de Ferraz tambi&eacute;n
+asistieron alguna vez al espect&aacute;culo, de tapadillo, corriendo y
+jugueteando por aquellos pasillos y corredores estrechos y sucios, entre
+telones y trampas; pero en general prefer&iacute;an lucirse en el palco de la
+Empresa, de Emma, que estaba al lado de la presidencia.</p>
+
+<p>Es claro que en cuanto se supo que las de Silva iban con la de Reyes a
+ver las &oacute;peras entre bastidores, se murmur&oacute; mucho, y se las compadeci&oacute;
+porque ven&iacute;an a ser hu&eacute;rfanas por completo, teniendo aquel padre que
+ten&iacute;an. &iexcl;Pobrecitas, no han tenido madre cuando m&aacute;s falta les hac&iacute;a! Y
+despu&eacute;s de este acto de caridad, se las despedazaba. Pero ellas no
+hac&iacute;an caso. La sociedad de la Gorgheggi las enorgullec&iacute;a, como a la
+Valc&aacute;rcel, y el respeto con que todos las trataban en el escenario y en
+el cuarto de la cantante, tambi&eacute;n las halagaba mucho. Serafina estaba en
+sus glorias, vi&eacute;ndose admirada y considerada por aquellas j&oacute;venes de la
+aristocracia, cuyos finos modales y hasta el luto que vest&iacute;an daban
+dignidad y nobleza a su tertulia de los entreactos.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Soy feliz, Bonifacio, muy feliz... y todo te lo debo a ti! As&iacute; dec&iacute;a
+la tiple, cogiendo por las mu&ntilde;ecas a su amante, atray&eacute;ndole a su seno y
+bes&aacute;ndole con un entusiasmo de agradecimiento, que Reyes estimaba en lo
+que val&iacute;a.</p>
+
+<p>&laquo;S&iacute;, ella era feliz, pensaba; m&aacute;s val&iacute;a as&iacute;&raquo;. Tambi&eacute;n Emma viv&iacute;a muy
+contenta y le trataba a &eacute;l mejor que antes, y a veces le daba a entender
+que le agradec&iacute;a tambi&eacute;n la iniciaci&oacute;n en aquella nueva vida... <i>del
+arte</i>, como llamaban en casa a los trotes en que se hab&iacute;an metido. Todos
+eran felices, menos &eacute;l... a ratos. No estaba satisfecho de los dem&aacute;s, ni
+de s&iacute; mismo, ni de nadie. Deb&iacute;a serse bueno, y nadie lo era. En el mundo
+ya no hab&iacute;a gente completamente honrada, y era una l&aacute;stima. No hab&iacute;a con
+qui&eacute;n tratar, ni consigo mismo. Se hu&iacute;a; le espantaban, le repugnaban
+aquellos soliloquios concienzudos de que en otro tiempo estaba orgulloso
+y en que se complac&iacute;a, hasta el punto de quedarse dormido de gusto al
+hacer examen de conciencia. Ahora ve&iacute;a con claridad que, en resumidas
+cuentas, &eacute;l era una mala persona. Pero &iquest;de qu&eacute; le val&iacute;a aquella
+severidad con que se trataba a s&iacute; mismo a la hora de despertar, con
+bilis en el gaznate, si despu&eacute;s que se levantaba, y se lavaba, y se
+echaba mucha agua en el cogote, resucitaba en &eacute;l, con el vigor de la
+vida, con la fuerza de su oto&ntilde;o viril, sano y fuerte, la concupiscencia
+invencible, el af&aacute;n de gozar, la pereza del pecado convertido en h&aacute;bito?
+Aquello iba mal, muy mal; su casa, la de su mujer, antes era aburrida,
+inaguantable, un calabozo, una tiran&iacute;a; pero ya era peor que todo esto,
+era un... <i>burdel</i>, s&iacute;, burdel; y se dec&iacute;a a s&iacute; mismo: &laquo;Aqu&iacute; todos vienen
+a divertirse y a arruinarnos; todos parecemos c&oacute;micos y aventureros,
+herejes y <i>amontonados</i>&raquo;. Este <i>amontonados</i> ten&iacute;a un significado terrible
+en los soliloquios de Bonis. Amontonados era... una mezcla de amores
+incompatibles, de complacencias escandalosas, de confusiones
+abominables. A veces se le figuraba que aquella familiaridad exagerada
+de los alemanes, los c&oacute;micos, y su mujer, era algo parecida a la <i>cama
+redonda</i> de la miseria; pod&iacute;a no haber all&iacute; ning&uacute;n crimen de lesa
+honestidad..., pero el peligro exist&iacute;a y las apariencias condenaban a
+todos. Marta, que iba a casarse con el t&iacute;o Nepomuceno, admit&iacute;a galanteos
+subrepticios del primo Sebasti&aacute;n, un cincuent&oacute;n verde y bien conservado,
+que de rom&aacute;ntico se hab&iacute;a convertido en c&iacute;nico, por creer que en esto
+consist&iacute;a el progreso. Sebasti&aacute;n, antes tan idealista y po&eacute;tico, ahora
+no pod&iacute;a ver una cocinera sin darle un pellizco, y esto lo atribu&iacute;a a
+que est&aacute;bamos en un <i>siglo positivo</i>. &Eacute;l, Bonifacio, hab&iacute;a tenido que
+consentir en que su querida entrase en casa de su mujer, y fueran amigas
+y comieran juntas.... Emma, aunque indudablemente honrada, dejaba a
+Minghetti acercarse demasiado y hablarle en voz baja. &Eacute;l no
+desconfiaba...; pero, &iquest;por qu&eacute;? Tal vez porque su conciencia de culpable
+le cerraba los ojos, porque no se atrev&iacute;a a acusar a nadie...; porque
+hab&iacute;a perdido el <i>tacto espiritual</i>; porque ya no sab&iacute;a, entre tanta
+falsedad, torpeza y desorden, lo que era bueno y malo; decoro, honor,
+delicadeza...; en otro tiempo, cuando &eacute;l esquilmaba la hacienda de los
+Valc&aacute;rcel, en competencia con D. Nepo; cuando &eacute;l manchaba el honor de su
+casa con un adulterio del g&eacute;nero masculino, pero adulterio, en medio de
+sus remordimientos encontraba disculpas relativas para su conducta: el
+amor y el arte, la pasi&oacute;n sincera, lo explicaban todo. &iexcl;Pero ahora! Una
+larga temporada hab&iacute;a estado siendo <i>infiel</i> a su pasi&oacute;n; entregado noches
+y noches a un absurdo amor extraviado, todo liviandad, amor de los
+sentidos locos, que era m&aacute;s repugnante por tener el <i>it&aacute;lamo nupcial</i> por
+teatro de sus extravagantes aventuras; y esto le hab&iacute;a abierto los ojos,
+y le hac&iacute;a comprender la miseria espiritual que llevaba dentro de s&iacute;, y
+que su pasi&oacute;n no era tan grande como hab&iacute;a cre&iacute;do, y que, por
+consiguiente, no era leg&iacute;tima. Adem&aacute;s... y &iexcl;oh dolor!, el arte mismo
+ten&iacute;a sus m&aacute;s y sus menos, y all&iacute; no era arte todo lo que reluc&iacute;a. No,
+no; no hab&iacute;a que enga&ntilde;arse m&aacute;s tiempo a s&iacute; mismo; aquello era un burdel,
+y &eacute;l uno de tantos perdidos. All&iacute; no hab&iacute;a nada bueno m&aacute;s que aquella
+ternura pac&iacute;fica, suave, seria, callada, que se le despertaba de vez en
+cuando, que le hac&iacute;a aborrecible cuanto le rodeaba y le llevaba a desear
+ardientemente, no morirse, porque a la muerte la ten&iacute;a mucho miedo por
+el dolor y la incertidumbre de ultratumba, sino transformarse,
+regenerarse. Pensaba en algo as&iacute; como un injerto de hombre nuevo en el
+ya gastado tronco que arrastraba por el mundo tanto tiempo hac&iacute;a. A&uacute;n no
+era viejo, y le parec&iacute;a haber vivido siglos; desde los recuerdos de la
+infancia, que se refer&iacute;an a los a&ntilde;os de ensue&ntilde;o en que hab&iacute;a salido del
+limbo de la vida inconsciente, al d&iacute;a de la fecha, &iexcl;qu&eacute; distancia!
+&iexcl;Cu&aacute;nto hab&iacute;a sentido! &iexcl;Qu&eacute; de vueltas hab&iacute;a dado a las mismas ideas!</p>
+
+<p>Y el pobre Bonis se frotaba la frente y toda la cabeza con las manos,
+compadecido de aquel cerebro que bull&iacute;a, que cruj&iacute;a, que ped&iacute;a reposo,
+paz... y la ayuda de fuerzas nuevas.</p>
+
+<p>Un d&iacute;a encontr&oacute; Bonis en un libro la palabra <i>avatar</i> y su explicaci&oacute;n, y
+se dijo:&mdash;&iexcl;Una cosa as&iacute; me vendr&iacute;a a m&iacute; perfectamente! Otra alma que
+entrara en mi cuerpo; una vida nueva, sin los compromisos de la antigua.</p>
+
+<p>No esperaba milagros. No le gustaban siquiera. El milagro era un
+absurdo, algo contra la fr&iacute;a raz&oacute;n, y &eacute;l quer&iacute;a m&eacute;todo, orden, una ley
+en todo, ley constante, sin excepci&oacute;n. El milagro era rom&aacute;ntico,
+revolucionario, violento, y &eacute;l no estaba ya por el romanticismo, ni por
+la violencia, ni por lo extraordinario, ni por la pasi&oacute;n. S&iacute;; hab&iacute;a amor
+que val&iacute;a m&aacute;s que el apasionado. M&aacute;s era: hab&iacute;a amor sublime que no era
+el amor sensual, por alambicado y plat&oacute;nico que &eacute;ste quisiera
+considerarse.... Amar a la mujer... siempre era amar a la mujer. No, otra
+cosa.... Amor de var&oacute;n a var&oacute;n, de padre a hijo. &iexcl;Un hijo, un hijo de mi
+alma! Ese es el <i>avatar</i> que yo necesito. &iexcl;Un ser que sea yo mismo, pero
+empezando de nuevo, fuera de m&iacute;, con sangre de mi sangre!</p>
+
+<p>Y Bonis, llorando al pensar esto, se dec&iacute;a, arrimando la cabeza contra
+una pared:</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, s&iacute;; lo de siempre; el anhelo de toda mi vida desde que pude
+tenerlo: &iexcl;el hijo!</p>
+
+<p>Por su esp&iacute;ritu pas&oacute; como el halago de una mano de luz que le curaba,
+s&oacute;lo con su contacto, las llagas del coraz&oacute;n. Sinti&oacute; una emoci&oacute;n de
+leg&iacute;timo contento de s&iacute; mismo ante la conciencia clara, evidente, de que
+en el fondo de todos sus errores, y domin&aacute;ndolos casi siempre, hab&iacute;a
+estado latente, pero real, vigoroso, aquel anhelo del hijo, aquel amor
+sin mezcla de concupiscencia. En &eacute;l lo m&aacute;s serio, lo m&aacute;s profundo, m&aacute;s
+que el amor al arte, m&aacute;s que el anhelo de la pasi&oacute;n por la pasi&oacute;n,
+siempre hab&iacute;a sido el amor paternal... frustrado.</p>
+
+<p>Y siempre lo hab&iacute;a deseado lo mismo; su deseo ten&iacute;a la forma pl&aacute;stica,
+constante, fija, de un recuerdo intenso. Siempre era <i>el hijo</i>; var&oacute;n y
+uno solo; su &uacute;nico hijo.</p>
+
+<p>Una mujer... no pod&iacute;a continuarle a &eacute;l; &eacute;l no se conceb&iacute;a femenino en el
+ser que heredara su sangre, su esp&iacute;ritu. Ten&iacute;a que ser hombre. Y uno
+solo; porque aquel amor que hab&iacute;a de consagrar al hijo ten&iacute;a que ser
+absoluto, sin rival. Amar a varios hijos le parec&iacute;a a Bonis una
+infidelidad respecto del primero. Sin saber lo que hac&iacute;a, comparaba el
+cari&ntilde;o a mucha prole con el polite&iacute;smo. <i>Muchos hijos</i> era como <i>muchos
+dioses</i>. No, uno solo...; aquel, aquel de que le hablaban las entra&ntilde;as,
+aquel que casi casi le presentaba ante los ojos, en el aire, la
+alucinaci&oacute;n de sus noches sin sue&ntilde;o.</p>
+
+<p>&iquest;Y de d&oacute;nde hab&iacute;a de salir su &uacute;nico hijo?... No cab&iacute;a duda; la ley era
+la ley, el orden el orden; no cab&iacute;an sofismas del pecado: hab&iacute;a de salir
+del vientre de Emma.</p>
+
+<p>Pero &iexcl;ay, que &eacute;l no merec&iacute;a el hijo! No, no vendr&iacute;a.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s de aquella noche del baile, origen de aquel amontonamiento
+<i>social</i> en que viv&iacute;an c&oacute;micos, alemanes y gente de su casa, su Emma, el
+t&iacute;o, &eacute;l mismo; despu&eacute;s de aquella noche en que &eacute;l, si no fuera enemigo
+de admitir intervenci&oacute;n directa, en sus asuntos, de lo sobrenatural,
+hubiera visto la mano de la Providencia, la revelaci&oacute;n del destino,
+&iquest;hab&iacute;a estado a la altura ideal de las grandes cosas que hab&iacute;a so&ntilde;ado?
+No, de ning&uacute;n modo. Hab&iacute;a vuelto a claudicar; se hab&iacute;a dejado arrastrar
+con todos los dem&aacute;s a la vida f&aacute;cil, perezosa, del vicio, y hab&iacute;a
+llegado a ver con embeleso a su querida en la casa, a la mesa de su
+esposa, y hab&iacute;a llegado a figurarse leg&iacute;timas tales abominaciones con
+aquella filosof&iacute;a de los semiborrachos de sobremesa, que en otro tiempo
+le parec&iacute;an inspiraciones po&eacute;ticas, moral art&iacute;stica, excepcional,
+privilegiada. &iexcl;Y &eacute;l era el mismo que hab&iacute;a sentido, oyendo cantar a
+Serafina una canci&oacute;n a la Virgen, que en sus entra&ntilde;as encarnaba un amor
+divino! &iexcl;&Eacute;l, con un misticismo estramb&oacute;tico, falso, se hab&iacute;a comparado,
+disparatada pero sinceramente, con la Virgen Madre!</p>
+
+<p>Y cu&aacute;ntas veces, despu&eacute;s, hab&iacute;a visto las cosas de otra manera, y hab&iacute;a
+llegado a pensar: &laquo;&iexcl;Todo es cuesti&oacute;n de geograf&iacute;a! Si yo fuese turco,
+todo esto ser&iacute;a leg&iacute;timo; pues figur&eacute;monos que estamos en otras
+<i>latitudes</i>... y longitudes&raquo;. M&aacute;s era: en aquel instante en que hac&iacute;a tan
+tristes reflexiones, &iquest;estaba arrepentido? No. Estaba seguro, porque se
+lo dec&iacute;a la conciencia, de que pocas horas m&aacute;s tarde, cuando el cuerpo
+estuviese repleto y la fantas&iacute;a excitada por el vino y el caf&eacute;, y acaso
+por la m&uacute;sica de Minghetti y Emma, de nuevo ser&iacute;a &eacute;l aquel Bonifacio
+corrompido, complaciente, bien hallado con la especie de amor libre que
+se le hab&iacute;a metido en casa. Vendr&iacute;a Serafina, y mientras Minghetti y
+Emma continuaban sus lecciones interminables, ellos dos, Serafina y &eacute;l,
+en el cenador de la huerta, &iexcl;oh miseria!, &iexcl;oh vergonzoso oprobio!,
+ser&iacute;an, como siempre, amantes; amantes de costumbre, sin la disculpa,
+aunque de poca fuerza, disculpa al fin, de la ceguedad de la pasi&oacute;n;
+amantes por el h&aacute;bito, por la facilidad, por el pecado mismo....</p>
+
+<p>&iexcl;No, no tendr&iacute;a el hijo! &iexcl;Miserable! &iexcl;No lo merec&iacute;a! Renunciaba a la
+ventura.</p>
+
+<p>Pero si no la felicidad, podr&iacute;a tener el arrepentimiento verdadero.</p>
+
+<p>&iquest;Por qu&eacute; no aspirar a la perfecci&oacute;n moral y llegar en este camino adonde
+se pudiera?</p>
+
+<p>Entre todas las grandes cosas que se le hab&iacute;an ocurrido ser en este
+mundo, gran escritor, gran capit&aacute;n (esto pocas veces, s&oacute;lo de ni&ntilde;o),
+gran m&uacute;sico, gran artista sobre todo, jam&aacute;s sus ensue&ntilde;os le hab&iacute;an
+conducido del lado de la santidad. Si en otro tiempo se hab&iacute;a dicho: ya
+que no puedo inventar grandes pasiones, dramas y novelas, hagamos todo
+esto, sea yo mismo el <i>h&eacute;roe</i>, &iquest;por qu&eacute; no hab&iacute;a de aspirar ahora a un
+hero&iacute;smo de otro g&eacute;nero? &iquest;No pod&iacute;a ser santo?</p>
+
+<p>Para artista, para escritor, le faltaba talento, habilidad. Para ser
+santo no se necesitaba esto.</p>
+
+<p>Y el pobre Bonis, que a ratos andaba loco por casa, por calles y paseos
+solitarios, busc&oacute; la <i>Leyenda de oro</i> en la librer&iacute;a de su suegro, y vio
+que, en efecto, hab&iacute;a habido muchos santos cortos de alcances, y no por
+eso menos visitados por la gracia.</p>
+
+<p>S&iacute;, eso era; se pod&iacute;a ser un santo sencillo, hasta un santo simple....</p>
+
+<p><i>Dejarlo todo</i>, ya que no ten&iacute;a hijo, y seguir... &iquest;Seguir a qui&eacute;n? &iexcl;Si &eacute;l
+no ten&iacute;a bastante fe, ni mucho menos! &iexcl;Si dudaba, dudaba mucho, y con un
+desorden de ideas que le hac&iacute;a imposible aclarar sus dudas y volver a
+creer a macha-martillo! Aquellos libracos, que hab&iacute;a le&iacute;do con avidez
+para hacerse todo lo sabio posible, a fin de preparar la educaci&oacute;n del
+hijo, le hab&iacute;an producido, <i>en suma</i>, una indigesti&oacute;n intelectual de
+negaciones. No era creyente... ni dejaba de serlo. Hab&iacute;a cosas en la
+Biblia que no se pod&iacute;an tragar. Un d&iacute;a que oy&oacute; que los seis d&iacute;as del
+G&eacute;nesis no eran d&iacute;as, sino &eacute;pocas, aun en pura ortodoxia, sinti&oacute; un gran
+consuelo, como si se le quitara un peso de encima, como si hubiera sido
+&eacute;l quien hubiera inventado lo del mundo hecho en seis d&iacute;as. Pero quedaba
+lo del Arca con todas las especies de animales; quedaba la torre de
+Babel; quedaba el pecado, que pasaba de padres a hijos, y quedaba Josu&eacute;
+parando el sol..., en vez de parar la tierra. No, no pod&iacute;a ser: &eacute;l no
+pod&iacute;a coger su cruz, porque no era un <i>simple</i> como los de la Edad Media,
+sino un simple <i>ilustrado</i>, un simple de caf&eacute;, un simple moderno... &iexcl;Ah,
+pero lo que no le faltaba era el sincero anhelo de sacrificio, de
+abnegaci&oacute;n y caridad!... Hacer disparates para la mayor gloria... de lo
+que hubiese all&aacute; arriba, le parec&iacute;a muy puesto en raz&oacute;n, algo como una
+m&uacute;sica interior. Una noche ley&oacute; en la cama un libro que hablaba de un
+m&iacute;stico medio loco, italiano, de la Edad Media, a quien llamaban el
+juglar de Dios; parec&iacute;a el payaso de la gloria: lleno del amor de Jes&uacute;s,
+se re&iacute;a de la Iglesia y daba por hecho que &eacute;l se condenar&iacute;a, pero
+llevando al infierno su pasi&oacute;n divina, que nadie pod&iacute;a arrancarle: y el
+tal Jacopone de Todi, que as&iacute; le llamaba el vulgo, que se re&iacute;a de &eacute;l y
+le admiraba, hac&iacute;a atrocidades rid&iacute;culas para que su penitencia no fuese
+ensalzada, sino objeto de burla; y sal&iacute;a andando con las manos, cabeza
+abajo y los pies al aire; y se untaba de aceite todo el cuerpo, desnudo,
+y se echaba a rodar sobre un mont&oacute;n de plumas, que se le pegaban al
+cuerpo; y de esta facha sal&iacute;a por las calles para que los chiquillos le
+corrieran....</p>
+
+<p>Bonis lloraba de ternura leyendo estas haza&ntilde;as del clown m&iacute;stico, del
+autor de los Laudes, despu&eacute;s inmortalizados. &Eacute;l, Bonis, no era poeta,
+pero con la flauta cre&iacute;a poder decir muchas cosas, y hasta convertir
+infieles.... Pero el toque estaba en el <i>arranque</i>. Irse por el mundo,
+echar a correr, dejarlo todo, y ya que no ten&iacute;a un hijo, ser un santo de
+pueblo, un santo loco, estaba muy puesto en raz&oacute;n; mas &iexcl;ay!, la
+conciencia le dec&iacute;a que no se atrever&iacute;a jam&aacute;s, no ya a dejarlo todo,
+hasta las zapatillas, y tomar su cruz; ni siquiera a dejar a su mujer....
+ni aun a su querida.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XIV" id="XIV"></a>-XIV-</h2>
+
+
+<p>Grandes acontecimientos vinieron a sacar a Reyes de estas intermitentes
+veleidades m&iacute;sticas, que &eacute;l mismo, en sus horas de sensualismo
+racionalista y moderado, calificaba de enfermizas. El infeliz Bonis no
+pudo menos de recordar un pasaje muy conocido de <i>La Son&aacute;mbula</i>; aquel de:</p>
+
+<p>
+<span style="margin-left: 2.5em;"><i>ah, del tutto ancor non sei</i></span><br />
+<span style="margin-left: 2.5em;"><i>cancellata dal mio cuor</i>,</span><br />
+</p>
+
+<p>(seg&uacute;n &eacute;l lo cantaba), cuando lleg&oacute; la hora de despedirse de Serafina
+Gorgheggi; la cual, deshecha otra vez la compa&ntilde;&iacute;a, iba con Mochi
+contratada al teatro de la Coru&ntilde;a. Aquella separaci&oacute;n hab&iacute;a sido una
+amenaza continua, la gota amarga de la felicidad en los d&iacute;as y meses de
+ciega pasi&oacute;n; despu&eacute;s un dolor necesario, y hasta merecido y saludable,
+seg&uacute;n pensaba el amante, lleno de remordimientos y de planes morales.
+Pero al llegar el momento, Bonis sinti&oacute; que se trataba de toda una
+se&ntilde;ora operaci&oacute;n practicada en carne viva. Con toda franqueza, y
+explic&aacute;ndolo todo satisfactoriamente por medio de una intrincada madeja
+de sofismas, Reyes reconoci&oacute; que los afectos naturales, puramente
+<i>humanos</i>, eran los m&aacute;s fuertes, los verdaderos, y que &eacute;l era un m&iacute;stico
+de pega, y un rom&aacute;ntico y un <i>apasionado</i> de verdad. &iexcl;Ay!, separarse de
+Serafina, a pesar de aquella tibieza con que su esp&iacute;ritu la trataba de
+alg&uacute;n tiempo a aquella parte, era un dolor verdadero, de aquellos que a
+&eacute;l le horrorizaban, de los que le <i>daban la pereza</i> de <i>padecer</i>. &iexcl;Era tan
+molesto tener el &aacute;nimo en tensi&oacute;n, necesitar sacar fuerzas de flaqueza
+para aguantar los dolores, los reales! Y no hab&iacute;a m&aacute;s remedio. Pensar en
+tener compa&ntilde;&iacute;a de &oacute;pera m&aacute;s tiempo, era absurdo. Ya todos los
+expedientes inventados para retener en el pueblo a Mochi y su disc&iacute;pula
+estaban agotados, no pod&iacute;an dar m&aacute;s de s&iacute;. Nunca se hab&iacute;a visto, ni en
+tiempo de la <i>Tiplona</i>, mientras esta fue cantante, que <i>las partes</i> de una
+compa&ntilde;&iacute;a permanecieran un a&ntilde;o seguido, y algo m&aacute;s, en la ciudad, fuera
+trabajando o en huelga. Lo que se hab&iacute;a visto era tal cual corista que
+se quedaba all&iacute;, casada con uno del pueblo, o ejerciendo un oficio; un
+director de orquesta se hab&iacute;a hecho vecino para dirigir una banda
+municipal...; pero tiples y tenores, nunca hab&iacute;an parado tantos meses:
+concluido el trigo, volaban. El fen&oacute;meno que ofrec&iacute;an Serafina, Julio y
+Gaetano, era tan admirable como si las golondrinas se hubieran quedado a
+pasar un invierno entre nieve. S&oacute;lo que de las golondrinas no se hubiera
+hecho comidilla para decir que las alimentaban los gorriones, por
+ejemplo. Y de la larga estancia de los c&oacute;micos, contratados unas
+temporadas, otras no, se dec&iacute;an horrores. No por hacer callar a la
+maledicencia, de la que nadie se acordaba, a no ser Bonis, sino porque
+no hab&iacute;a manera decorosa, ni aun medio decorosa, de continuar cubriendo
+las apariencias, ni tampoco recursos para seguir manteniendo los grandes
+gastos que causaban aquellos restos de la compa&ntilde;&iacute;a disuelta, se
+comprendi&oacute; la necesidad de que terminase aquel <i>estado de cosas</i>, como le
+llamaba Reyes. La empresa hab&iacute;a perdido bastante, y sobre la empresa, es
+decir, sobre el caudal mermad&iacute;simo del abogado Valc&aacute;rcel, continuaban
+cargando, m&aacute;s o menos directamente, las principales <i>partes</i>, a saber:
+Mochi, Serafina y Minghetti. Se present&oacute; la ocasi&oacute;n de ganar la vida con
+el trabajo, y hubo que aprovecharla, por m&aacute;s que doliera a unos y a
+otros la despedida. Quien no transigi&oacute; fue Emma. Tuvo una encerrona con
+su t&iacute;o y mayordomo, que hab&iacute;a sido nombrado vicepresidente de la
+Academia de Bellas Artes, agregada a la Sociedad Econ&oacute;mica de Amigos del
+Pa&iacute;s, y de aquella conferencia result&oacute; el acuerdo, porque all&iacute; todo eran
+panes prestados, de que Minghetti continuar&iacute;a en el pueblo en calidad de
+director de la Secci&oacute;n de m&uacute;sica en la citada Academia. El sueldo que
+pudieron ofrecer los se&ntilde;ores socios al bar&iacute;tono no era gran cosa; pero
+&eacute;l se dio por satisfecho, porque adem&aacute;s pensaba dar lecciones de piano y
+de canto, y con esto y lo otro (y lo otro, as&iacute; dec&iacute;a la malicia, entre
+par&eacute;ntesis, por lo bajo) pod&iacute;a ir tirando, hasta que se cansara de
+aquella vida sedentaria, y se decidiera a admitir una de las muchas
+contratas que, seg&uacute;n &eacute;l, se le ofrec&iacute;an desde el extranjero.</p>
+
+<p>Serafina dejaba con pena el pueblo, en que hab&iacute;a llegado casi a olvidar
+que era una actriz y una aventurera, para creerse una dama honrada que
+ten&iacute;a buenas relaciones con la mejor sociedad de una capital de
+provincia, y un amante fiel, dulce, manso y guapo. A Bonis le hab&iacute;a
+llegado a querer de veras, con un cari&ntilde;o que ten&iacute;a algo de fraternal,
+que era a ratos lujuria y que se convert&iacute;a en pasi&oacute;n de celosa cuando
+sospechaba que el tonto de Reyes pod&iacute;a cansarse de ella y querer a otra.
+Tiempo hac&iacute;a que notaba en su querid&iacute;simo bobalic&oacute;n despego disimulado,
+distracciones, cierta tendencia a huir de sus intimidades. Al principio
+sospech&oacute; algo de las extra&ntilde;as noches de valpurgis matrimonial que tan
+preocupado trajeron una temporada a Reyes; despu&eacute;s, siguiendo la pista a
+los desv&iacute;os y distracciones del amante, lleg&oacute; a comprender que no se
+trataba de <i>otros amores</i>, sino de <i>ideas</i> que a &eacute;l le daban; tal vez iba a
+volv&eacute;rsele definitivamente bobo, y no dejaba de sentir cierto
+remordimiento.</p>
+
+<p>&laquo;A este se le ablanda la mollera por culpa m&iacute;a&raquo;.</p>
+
+<p>M&aacute;s de una vez, en sus ligeras reyertas de amantes antiguos, pac&iacute;ficos y
+fieles, pero cansados, oy&oacute; a Bonis hablar de la <i>moral</i> como un obst&aacute;culo
+a la felicidad de entrambos. Lo que nunca pudo sospechar Serafina fue la
+principal <i>idea</i> de Bonis, la del <i>hijo</i>; y esto era lo que en realidad le
+apartaba de su querida, del pecado.</p>
+
+<p>Pero en la noche en que, al arrancar la diligencia de Galicia, Bonis,
+subi&eacute;ndose de un brinco al estribo de la berlina, pudo, a hurtadillas,
+dar el &uacute;ltimo beso a la Gorgheggi, sinti&oacute; que su pasi&oacute;n no hab&iacute;a sido
+una mentira <i>art&iacute;stica</i>, porque con aquel beso se desped&iacute;a de un g&eacute;nero de
+delicias intensas, inefables, que no podr&iacute;an volver; con aquel beso se
+desped&iacute;a del &uacute;ltimo vestigio de la juventud.</p>
+
+<p>Entre la muchedumbre que hab&iacute;a acudido a despedir a los cantantes, se
+sinti&oacute; Bonis, despu&eacute;s que desapareci&oacute; el coche en la oscuridad, muy
+solo, abandonado, sumido otra vez en su insignificancia, en el antiguo
+menosprecio.</p>
+
+<p>Delante de &eacute;l, que volv&iacute;a solo por la calle sombr&iacute;a adelante, solo entre
+la muchedumbre de sus amigos y amigas, distingui&oacute; dos bultos que
+caminaban muy juntos, cogidos del brazo, seg&uacute;n era permitido en aquella
+&eacute;poca a las se&ntilde;oritas y a los galanes; eran Marta K&ouml;rner y Nepomuceno,
+que se hab&iacute;an adelantado, huyendo la vigilancia del alem&aacute;n, que no
+gustaba de tales confianzas. La escena de la despedida los hab&iacute;a
+enternecido y animado; la oscuridad de las calles, alumbradas con
+aceite, les daba un incentivo en su misterio, y en el cuchicheo de su
+di&aacute;logo se sent&iacute;a el soplo de la pasi&oacute;n... de la pasi&oacute;n carnal de Nepo y
+de la pasi&oacute;n de... marido de Marta. Iban absortos en su conversaci&oacute;n,
+olvidados de los que ven&iacute;an detr&aacute;s, crey&eacute;ndose a cien leguas de la
+gente, sin pensar en ella; levantaban a veces la voz, Marta
+singularmente; y Bonis, sin querer al principio, queri&eacute;ndolo muy de
+veras despu&eacute;s, oy&oacute; cosas interesantes.</p>
+
+<p>&laquo;Hab&iacute;a que hablar cuanto antes a Emma; hab&iacute;a que decirle el gran secreto
+de aquella pareja: que iban a casarse antes de un mes. Y hab&iacute;a que
+ajustar cuentas, separar los respectivos capitales, sin perjuicio de
+seguir administrando el t&iacute;o el de la sobrina, hasta que ya no hubiera
+cosa digna de menci&oacute;n que administrarle&raquo;. Estaba perdida; no hab&iacute;a hecho
+m&aacute;s que ir gastando, derrochando, sin enterarse jam&aacute;s de que corr&iacute;a a la
+ruina completa. Hablarle a ella de hipotecas, era hablarle en griego.
+&laquo;Pues hipoteque usted&raquo;, dec&iacute;a, sin m&aacute;s idea de la hipoteca que la de ser
+un modo de sacar ella el dinero necesario para sus locuras, cuanto
+antes.</p>
+
+<p>&mdash;Mire usted&mdash;dec&iacute;a el t&iacute;o a Marta (pues el <i>t&uacute;</i> lo dejaba para despu&eacute;s de
+la boda)&mdash;; es una mujer que no tiene idea clara de lo que significa el
+tanto por ciento, y cuando le hablan de un inter&eacute;s muy subido, le suena
+lo mismo que si le hablan de un inter&eacute;s despreciable; para ella no hay
+m&aacute;s que el dinero que le den por lo pronto; parece as&iacute;... como que se
+figura que roba a los usureros, a quienes toma dinero al sabe Dios
+cu&aacute;ntos. Para aliviar estos males, he llegado yo mismo a ser el &uacute;nico
+<i>jud&iacute;o</i> para mi sobrina; yo soy, yo, quien, sin saberlo ella, porque ni lo
+pregunta, le facilito cantidades a un m&oacute;dico inter&eacute;s.</p>
+
+<p>Marta o&iacute;a a Nepo con m&aacute;s placer que si le fuera recitando la <i>primavera
+temprana</i> de Go&euml;the.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;De modo... que ellos van a arruinarse?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;; ya no tiene remedio.</p>
+
+<p>&mdash;La culpa es suya.</p>
+
+<p>&mdash;Suya.... Empez&oacute; &eacute;l... sigui&oacute; ella... despu&eacute;s los dos...; despu&eacute;s todo el
+mundo.... Usted lo ha visto: aquella casa es un hospicio; los c&oacute;micos nos
+han comido un mayorazgo..., y como la f&aacute;brica va mal....</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Oh!, pero eso no hay que decirlo por ah&iacute;...</p>
+
+<p>&mdash;No; es claro....</p>
+
+<p>&mdash;Pap&aacute; espera levantar el negocio; sus corresponsales le ofrecen mercados
+nuevos, salidas seguras....</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, s&iacute;; es claro..., pero ya ser&aacute; tarde para los de Reyes; nuestro
+esfuerzo, el que haremos con nuestro propio capital.... Marta, con el
+nuestro, &iquest;entiende usted?, sacar&aacute; la f&aacute;brica a flote...; pero ya ser&aacute;
+tarde para ellos. Nuestro porvenir est&aacute; en la p&oacute;lvora....</p>
+
+<p>Marta apret&oacute; el brazo de Nepo, y lo que siguieron hablando ya no pudo
+o&iacute;rlo Bonis.</p>
+
+<p>Se qued&oacute; atr&aacute;s; entr&oacute; el &uacute;ltimo en su casa, adonde volvieron muchos de
+los que hab&iacute;an ido a despedir a la Gorgheggi y a Mochi, pues de all&iacute;
+hab&iacute;a partido la comitiva. Serafina hab&iacute;a ido al coche desde la casa de
+Emma, porque &eacute;sta no pod&iacute;a salir aquella noche; se sent&iacute;a mal, y se
+hab&iacute;an despedido en el gabinete de la Valc&aacute;rcel.</p>
+
+<p>Bonis se detuvo en el portal, cuando ya todos estaban arriba. &iexcl;Qu&eacute;
+ruido! &iexcl;Qu&eacute; algazara! &iexcl;Lo de siempre! Ya nadie se acordaba de los que se
+alejaban carretera arriba; como si tal cosa. Arrastraban sillas, sonaba
+el piano y despu&eacute;s el taconeo de los danzantes. Bailaban.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Y todo esto lo he tra&iacute;do yo! &iexcl;Y bailan sobre las <i>ruinas</i>! &iexcl;<i>Los Reyes</i> se
+arruinan; la casa Valc&aacute;rcel truena... y el &uacute;ltimo ochavo lo gastan
+alegremente entre todos estos pillos y viciosos que he metido yo en
+casa!&raquo;.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Empez&oacute; &eacute;l!, dec&iacute;a ese tunante. &iexcl;Y tiene raz&oacute;n! Yo empec&eacute;, y a&uacute;n debo,
+a&uacute;n debo... lo robado. Y todo lo dem&aacute;s que vino despu&eacute;s, la empresa
+teatral..., la f&aacute;brica..., los banquetes, las jiras, los saraos..., los
+pr&eacute;stamos a esos hambrientos y chupones..., por culpa m&iacute;a, por mi
+pasi&oacute;n..., que ya se extingu&iacute;a, por miedo a echar cuentas, por miedo de
+que se descubriese mi <i>adulterio</i>; s&iacute;, adulterio, as&iacute; se llama... yo lo
+toler&eacute;... lo procur&eacute; todo.... Todo es culpa m&iacute;a, y l peor es lo que dice
+el t&iacute;o: Empez&oacute; &eacute;l&raquo;.</p>
+
+<p>Y Bonis, sin pasar del portal, mal alumbrado por un farol de aceite, se
+cog&iacute;a la cabeza con las manos.</p>
+
+<p>No se determinaba a subir. Le daba asco su casa con aquella chusma
+dentro.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Si fuera para barrerlos! Y a m&iacute; con ellos... a todos..., a todos....</p>
+
+<p>&raquo;&iquest;C&oacute;mo seguir con aquella vida, ahora sobre todo, que ni el placer, ni
+el pecado, le arrastraba a ella?</p>
+
+<p>&raquo;&iexcl;Ego&iacute;sta! Como se fue tu pareja, <i>moralizas</i> contra los dem&aacute;s.</p>
+
+<p>&raquo;Pero, &iquest;y la ruina? Cuando ese la anuncia, segura ser&aacute;... &iexcl;Seremos
+pobres! Por m&iacute;... casi me alegro...; pero es horrible... porque es por
+culpa m&iacute;a&raquo;.</p>
+
+<p>Ces&oacute; de repente el ruido del baile, que sonaba sordo y continuo sobre su
+cabeza; despu&eacute;s se oyeron muchos pasos precipitados en una misma
+direcci&oacute;n..., hacia el gabinete de Emma.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; pasa?&mdash;se dijo asustado Bonis. Pens&oacute; de repente, como anta&ntilde;o&mdash;: Emma
+se ha puesto mala, y me va a echar la culpa. Se dirigi&oacute; hacia la
+escalera, cuya puerta abrieron con estr&eacute;pito desde dentro; bajando de
+dos en dos los pelda&ntilde;os, ven&iacute;an dos bultos: el primo Sebasti&aacute;n y
+Minghetti, que atropellaron a Bonis.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; hay? &iquest;Qu&eacute; sucede?&mdash;grit&oacute;, recogiendo del suelo el sombrero, el que
+deb&iacute;a ser amo de la casa.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Arriba, hombre, arriba! &iexcl;Siempre en Babia! Emma as&iacute;..., y t&uacute; fuera....</p>
+
+<p>Esta frase del primo Sebasti&aacute;n le supo a Bonis a todo un tratado de
+arqueolog&iacute;a; era del repertorio de las antig&uuml;edades cl&aacute;sicas de su
+servidumbre dom&eacute;stica.</p>
+
+<p>&mdash;Pero... &iquest;qu&eacute; hay? &iquest;Qu&eacute; tiene Emma?</p>
+
+<p>&mdash;Est&aacute; mala..., un s&iacute;ncope..., jaqueca fuerte...&mdash;dijo Minghetti&mdash;. Vamos
+corriendo a buscar a D. Basilio; le llama a gritos.</p>
+
+<p>&mdash;Sube, hombre; corre; te llama a ti tambi&eacute;n; nunca la vi as&iacute;... Esto es
+grave.... Sube, sube....</p>
+
+<p>Y se lanzaron a la calle los dos emisarios, rivalizando en premura y
+celo.</p>
+
+<p>&mdash;Usted, al Casino; yo, a su casa&mdash;dijo Sebasti&aacute;n&mdash;; y cada cual ech&oacute; a
+correr: uno, calle arriba; otro, calle abajo.</p>
+
+<p>Bonis entr&oacute; temblando, como en otro tiempo. &laquo;&iquest;Qu&eacute; ser&iacute;a? &iquest;Volver&iacute;an los
+d&iacute;as horrorosos de la fiera enferma? &iexcl;Comparados con ellos los
+presentes, de <i>relajamiento moral</i>, le parec&iacute;an ahora flores! Y en
+adelante, &iquest;qu&eacute; armas tendr&iacute;a para la lucha? Ya no cre&iacute;a en la pasi&oacute;n,
+aunque tanto le estaban doliendo aquella noche sus &uacute;ltimas ra&iacute;ces; ya no
+cre&iacute;a apenas en el ideal, en el arte...; todo era un enga&ntilde;o, tentaci&oacute;n
+del pecado.... S&iacute;: volv&iacute;a su esclavitud, su afrenta, aquella vida de
+perro atado al pie de la cama de una loca; &eacute;l ya no tendr&iacute;a fuerza para
+resistir; con un <i>ideal</i>, con una <i>pasi&oacute;n</i>, lo sufr&iacute;a todo; sin eso... nada.
+Se morir&iacute;a.... La enfermedad otra vez... y ahora, con la pobreza, acaso,
+de seguro... &iexcl;Qu&eacute; horror!... &iexcl;Oh! No; escapar&iacute;a&raquo;.</p>
+
+<p>Entr&oacute;, pasillo adelante; todo era confusi&oacute;n en la casa. Las de Ferraz y
+una de las de Silva corr&iacute;an de un lado a otro, daban &oacute;rdenes
+contradictorias a los criados; en el gabinete de Emma, Marta y K&ouml;rner
+junto al lecho, parec&iacute;an estatuas de mausoleo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Duerme!&mdash;dijo con solemnidad el padre.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Silencio!&mdash;exclam&oacute; la hija, con un dedo sobre los labios.</p>
+
+<p>&mdash;Pero, &iquest;qu&eacute; ha sido?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pchs! Silencio.</p>
+
+<p>&mdash;Pero (m&aacute;s bajo y acerc&aacute;ndose); pero... yo quiero saber... &iquest;y el t&iacute;o?
+&iquest;D&oacute;nde est&aacute; el t&iacute;o?</p>
+
+<p>&mdash;Se est&aacute; mudando&mdash;contest&oacute; Marta en voz baja, de esas que son silbidos,
+m&aacute;s molestos que los gritos.</p>
+
+<p>Reyes not&oacute; el olor de un antiespasm&oacute;dico; olor de tormenta para los
+recuerdos de sus sentidos. Tambi&eacute;n hab&iacute;a cierto hedor nauseabundo.</p>
+
+<p>Se aproxim&oacute; m&aacute;s a la cama; a los pies estaba amontonada ropa blanca, de
+que se hab&iacute;a despojado Emma despu&eacute;s de metida entre s&aacute;banas, seg&uacute;n su
+costumbre. Tambi&eacute;n ahora los recuerdos de los sentidos le hablaron a
+Bonis de tristezas, y tras r&aacute;pida reflexi&oacute;n, se sinti&oacute; alarmado.</p>
+
+<p>&mdash;Pero, &iquest;qu&eacute; ha sido?&mdash;pregunt&oacute; sin bajar la voz lo suficiente,
+olvid&aacute;ndose del sue&ntilde;o de su esposa, pensando cosas muy extra&ntilde;as.</p>
+
+<p>&mdash;No grite usted, hombre&mdash;dijo la alemana muy severamente.</p>
+
+<p>Bonis acerc&oacute; el rostro al de su mujer.</p>
+
+<p>&mdash;Duerme&mdash;dijo K&ouml;rner.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Dios lo sabe!&mdash;pens&oacute; Bonis.</p>
+
+<p>Emma, p&aacute;lida, desencajada, desgre&ntilde;ada, con diez a&ntilde;os, de los que hab&iacute;a
+sabido quitarse de encima, otra vez sobre las fatigadas facciones, abri&oacute;
+los ojos, y lo primero que hizo con ellos fue lanzar un rayo de odio y
+otro de espanto sobre el atribulado esposo.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; ha sido, hija m&iacute;a, qu&eacute; ha sido?</p>
+
+<p>Quiso hablar la enferma, y, al parecer, hasta pronunciar un discurso,
+porque procur&oacute; incorporarse, y extendi&oacute; los brazos; pero el esfuerzo le
+produjo n&aacute;useas, y Bonis, sin tiempo para retirarse un poco, corri&oacute; la
+misma borrasca de que se estaba secando el t&iacute;o.</p>
+
+<p>K&ouml;rner, discretamente, retrocedi&oacute; un paso. Marta se colg&oacute; de la
+campanilla en son de pedir socorro, porque no era ella hembra que
+descendiese a ciertos pormenores al lado de los enfermos. El est&oacute;mago,
+dec&iacute;a ella, no es nuestro esclavo; antes bien, nos esclaviza.</p>
+
+<p>Acudieron las de Ferraz, y luego Eufemia con agua, arena, toalla y
+cuanto fue del caso. A Bonis se le hizo comprender que apestaba, y
+corri&oacute; a mudarse.</p>
+
+<p>Cuando volvi&oacute; al cuarto de su mujer, vio en la sala al t&iacute;o, a K&ouml;rner, a
+Marta, a las de Ferraz, a la de Silva, a Minghetti y a Sebasti&aacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Est&aacute; mejor, est&aacute; sola?</p>
+
+<p>Sebasti&aacute;n respondi&oacute; casi de limosna:</p>
+
+<p>&mdash;No: est&aacute; con ella D. Basilio.</p>
+
+<p>Antes de decidirse a entrar en el gabinete, Bonis consult&oacute; con la mirada
+al concurso. Vio algo extra&ntilde;o en ellos: parec&iacute;an menos alarmados y como
+llenos de curiosidad maliciosa. Hab&iacute;a all&iacute; sorpresa, incertidumbre, no
+susto ni temor a un peligro.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Pasa algo? &iquest;Qu&eacute; pasa?&mdash;pregunt&oacute; anhelante, con la cara de l&aacute;stima que
+pon&iacute;a cuando acud&iacute;a en vano a implorar sentimientos tiernos, de caridad,
+en sus semejantes.</p>
+
+<p>&mdash;Hombre, usted puede entrar&mdash;dijo K&ouml;rner&mdash;; al fin es el marido.</p>
+
+<p>Bonis entr&oacute;. D. Basilio, correcto en el vestir, como siempre, de color
+de manteca el gab&aacute;n entallado; sonriente; de expresi&oacute;n espiritual boca y
+mirada, dejaba pasar una tormenta de espanto y rebeld&iacute;a contra los
+designios de la naturaleza a que se entregaba Emma, que se apretaba la
+cabeza desgre&ntilde;ada con las manos crispadas, y llamaba a Dios de t&uacute; y con
+un tono que parec&iacute;a de injuria.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Dios m&iacute;o! &iquest;Qu&eacute; es esto?&mdash;pregunt&oacute; Bonis espantado, con las manos en
+cruz, frente al m&eacute;dico.</p>
+
+<p>&mdash;Pues, nada; que su mujer de usted... est&aacute; nervios&iacute;sima, y ha tomado a
+mal una noticia que yo cre&iacute; que la llenar&iacute;a de satisfacci&oacute;n y leg&iacute;timo
+orgullo....</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Calle usted, Aguado! &iexcl;No se burle de m&iacute;! &iexcl;No estoy para bromas! &iexcl;Dios
+m&iacute;o! &iexcl;Qu&eacute; va a ser de m&iacute;! &iexcl;Qu&eacute; atrocidad! &iexcl;Qu&eacute; barbaridad! &iexcl;Qu&eacute; va a ser
+de m&iacute;!... &iexcl;Dios de Dios! Y a estas horas... yo me voy a morir... de
+fijo... de fijo... me lo da el coraz&oacute;n. &iexcl;Yo no paro, no paro, no
+paro!...</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Delira?&mdash;grit&oacute; Bonis con horror.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Por qu&eacute;?</p>
+
+<p>&mdash;Como dice... que no para... no para....</p>
+
+<p>&mdash;No; no dice eso&mdash;y D. Basilio se interrumpi&oacute; para re&iacute;r con toda
+sinceridad&mdash;. Lo que dice es que no pare, no pare.... Pero ya ver&aacute; usted
+c&oacute;mo en su d&iacute;a, a&uacute;n lejano, damos a luz un robusto infante.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Alma m&iacute;a!&mdash;exclam&oacute; Reyes comprendiendo de repente, m&aacute;s que por las
+se&ntilde;as que ten&iacute;a delante, por una <i>voz de la conciencia</i> que le grit&oacute; en el
+cerebro: &laquo;Se fue <i>ella</i>, y viene <i>&eacute;l</i>; no quer&iacute;a venir hasta hallar solo tu
+coraz&oacute;n para ocuparlo entero. Se fue la <i>pasi&oacute;n</i> y viene el <i>hijo</i>&raquo;.</p>
+
+<p>Se lanz&oacute; a estrechar en sus brazos la cabeza de su esposa; pero esta le
+recibi&oacute; con los pu&ntilde;os, que, rechaz&aacute;ndole con fuerza, le hicieron perder
+el equilibrio y casi caer sobre don Basilio.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Nerviosa, nervios&iacute;sima!&mdash;dijo el m&eacute;dico, disimulando el dolor de un
+callo que le hab&iacute;a pisado aquel calzonazos.</p>
+
+<p>Empezaron las explicaciones.</p>
+
+<p>Emma, con verdadero p&aacute;nico, se agarraba, como un n&aacute;ufrago a una tabla, a
+la esperanza de que aquello era imposible.</p>
+
+<p>Aguado, con estad&iacute;sticas que no necesitaba ir a buscar fuera de su
+clientela, demostraba que <i>imposibles</i> de aquella clase le hab&iacute;an hecho
+pasar a &eacute;l muchas noches en claro. Y sin ir m&aacute;s lejos, citaba a la de
+Fulano y a la de Mengano, que se hab&iacute;an descolgado con una criatura
+despu&eacute;s de a&ntilde;os y a&ntilde;os de esterilidad, en rigor aparente. &laquo;&iexcl;Oh, los
+misterios de la naturaleza!&raquo;.</p>
+
+<p>&laquo;Pero, &iquest;no la hab&iacute;an asegurado a ella, tantos a&ntilde;os hac&iacute;a, cuando el mal
+parto, cuando qued&oacute; medio muerta, con las entra&ntilde;as hechas una l&aacute;stima,
+que ya no parir&iacute;a nunca, que aquello se hab&iacute;a acabado, que no s&eacute; qu&eacute; de
+la matriz?&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute; habr&aacute;n dicho, se&ntilde;ora; pero <i>in illo tempore</i> yo no ten&iacute;a el honor de
+contar a usted en el n&uacute;mero de mis clientes. Hay quien es un gran
+comadr&oacute;n y un grand&iacute;simo ignorante en obstetricia y tocolog&iacute;a, y toda
+clase de <i>log&iacute;as</i>... divinas y humanas.</p>
+
+<p>Mientras Emma prosegu&iacute;a en sus lamentos, gritos y protestas, jurando y
+perjurando que estaba dispuesta a no parir, que aquello era una
+sentencia de muerte disfrazada, que a buena hora mangas verdes, y cosas
+por el estilo, Aguado se volvi&oacute; a Bonis para explicarle lo que hab&iacute;a
+pasado all&iacute;.</p>
+
+<p>En cuanto se hab&iacute;a acercado a la enferma hab&iacute;a visto s&iacute;ntomas extra&ntilde;os
+que nada ten&iacute;an que ver con sus habituales crisis nerviosas; se hab&iacute;a
+enterado de pormenores &iacute;ntimos, aunque con gran dificultad por el horror
+que ten&iacute;a Emma a todos los c&aacute;lculos, previsiones y recuerdos
+aritm&eacute;ticos, no s&oacute;lo a las cuentas del t&iacute;o; y entre estas noticias y lo
+que ten&iacute;a presente, y ciertas inspecciones y contactos, hab&iacute;a sacado en
+consecuencia que aquella se&ntilde;ora, como tantas otras, al cabo de los a&ntilde;os
+mil volv&iacute;a por los fueros de la maternidad, abandonados mucho tiempo.
+Habl&oacute; mucho de matrices y de placentas, pero mucho m&aacute;s de la misteriosa
+marcha de la Naturaleza <i>a trav&eacute;s</i>, y perm&iacute;taseme el galicismo&mdash;dijo
+Aguado, que era purista en lo que se le alcanzaba&mdash;, a trav&eacute;s de los
+fen&oacute;menos fisiol&oacute;gicos de todos &oacute;rdenes. Indudablemente, y no lo dec&iacute;a
+por alabarse, &eacute;l no hab&iacute;a esperado menos del r&eacute;gimen homeop&aacute;tico e
+higi&eacute;nico a que hab&iacute;a sometido a su cliente: sin aquellos gl&oacute;bulos, y
+m&aacute;s particularmente sin la influencia f&iacute;sico-moral de los buenos
+alimentos, de los paseos y, sobre todo, de las distracciones, aquel
+organismo hubiera continuado viviendo una vida valetudinaria, sin
+esperanza, ni remota, de tener fuerzas sobrantes suficientes para sacar
+de ellas una nueva vida, un <i>alter ego</i>. No cab&iacute;a duda que Aguado insist&iacute;a
+en querer deslumbrar a Bonis, pues no sol&iacute;a el m&eacute;dico de las damas ser
+tan pedantescamente redicho.</p>
+
+<p>De todas suertes, Reyes ten&iacute;a que contenerse para no abrazar al doctor;
+cre&iacute;a disparatadamente que el estar su mujer embarazada o no depend&iacute;a de
+aquella discusi&oacute;n entre el m&eacute;dico y Emma; si Emma quedaba encima en la
+disputa, &iexcl;adi&oacute;s hijo!; si el m&eacute;dico dec&iacute;a la &uacute;ltima palabra, parto
+seguro.</p>
+
+<p>Como no hab&iacute;a por qu&eacute; ocultar la cosa, no se ocult&oacute;; los de la sala
+supieron enseguida el pron&oacute;stico, nada reservado, de D. Basilio. Hubo
+gritos de alegr&iacute;a, de sorpresa sobre todo, algunos de malicia; bromas,
+jarana y pretexto para seguir divirti&eacute;ndose y alborotando: Emma
+continuaba protestando; se sent&iacute;a mejor, era verdad, despu&eacute;s de haber
+desahogado por completo, pero el susto, al cambiar de especie, hab&iacute;a
+empeorado; no estaba enferma, como hab&iacute;a temido, pero estaba en <i>estado
+interesante</i>, y esto era horroroso. Y como no le hac&iacute;an caso, y se re&iacute;an
+de ella y hasta la dejaban sola, para correr por la casa y refrescar y
+tocar el piano y cantar, toda vez que ella misma confesaba que no le
+dol&iacute;a nada, se tiraba la dama encinta de los pelos, insultaba medio en
+broma, medio en veras, a sus amigas y amigos llam&aacute;ndolos verdugos, y
+proponi&eacute;ndoles que pariesen por ella y que ver&iacute;an.</p>
+
+<p>Segu&iacute;a negando su estado, como si fuese asunto de honor, como pudiera
+negarlo Marta si se viera en una por el estilo; pero negaba no por
+convicci&oacute;n, sino por enga&ntilde;arse a s&iacute; misma. Por lo dem&aacute;s, bien comprend&iacute;a
+ahora, despu&eacute;s de o&iacute;r a D. Basilio y de contestar a sus sabias
+preguntas, que hab&iacute;a estado ciega, que ella misma deb&iacute;a haber
+comprendido mucho tiempo hac&iacute;a de qu&eacute; se trataba al notar cosas extra&ntilde;as
+en su vida &iacute;ntima.</p>
+
+<p>Bonis, que hab&iacute;a procurado quedarse con su mujer mientras los dem&aacute;s,
+despedido D. Basilio, corr&iacute;an al comedor, donde les aguardaba el
+refresco, tuvo que dejarla sola porque le ech&oacute; de su presencia a cajas
+destempladas. Desapareci&oacute; Reyes, y los convidados quedaron por due&ntilde;os de
+la casa, pues D. Juan Nepomuceno hab&iacute;a salido tambi&eacute;n cuando el m&eacute;dico.</p>
+
+<p>En el comedor se acentu&oacute; el car&aacute;cter burlesco de las bromas con que se
+recibi&oacute; el inesperado suceso. Se hac&iacute;an c&aacute;lculos respecto de la mayor o
+menor proximidad del alumbramiento, suponiendo que las cosas fueran por
+sus pasos contados a un feliz desenlace. Las hip&oacute;tesis respecto de las
+causas probables de tama&ntilde;o lance abundaban, se entrelazaban, se
+mezclaban, llegaban al absurdo y siempre acababan apoy&aacute;ndose en ejemplos
+de casos semejantes y de otros mucho m&aacute;s extremados. K&ouml;rner demostr&oacute;
+gran erudici&oacute;n en el particular; pero se prefer&iacute;an como mejor
+testimonio, m&aacute;s digno de cr&eacute;dito, las cosas m&aacute;s recientes y de la
+localidad. No le hubiera hecho gracia a Emma o&iacute;r que se la comparaba con
+damas parturientas de sesenta a&ntilde;os, y que se citaba, como ejemplo de
+belleza conservada milagrosamente, a Ninon de Lenclos, de quien nunca
+hab&iacute;a o&iacute;do ni el nombre la se&ntilde;orita de Silva. &iexcl;Lo que sab&iacute;a aquella
+Marta, que fue la que llev&oacute; la conversaci&oacute;n de la tocolog&iacute;a a la
+est&eacute;tica, para poder ella lucir sus conocimientos sin menoscabo de su
+decoro y prerrogativas de virgen pudorosa e ignorante en obstetricia!
+Ella, tan avispada, en esto de fingir inocencia ten&iacute;a tan mal tacto, que
+llegaba a rid&iacute;culas exageraciones; y as&iacute; fue que aquella noche, por
+rivalizar con el candor de las de Ferraz, a las primeras noticias del
+feliz suceso que se preparaba estuvo inclinada a dar a entender que, a
+su juicio, los reci&eacute;n nacidos ven&iacute;an de Par&iacute;s; pero la de Silva, la
+menor, con verdadera inocencia, dej&oacute; comprender todo lo que ella sab&iacute;a
+respecto del asunto, que era bastante; y Marta tuvo tiempo para recoger
+velas y abstenerse de rid&iacute;culas leyendas filog&eacute;nicas y ontog&eacute;nicas, como
+hubiera dicho ella si no estuviera mal visto.</p>
+
+<p>En lo que estaban todos conformes era en lo que ya hab&iacute;a afirmado el
+m&eacute;dico, a saber: que la principal causa de aquella restauraci&oacute;n de las
+entra&ntilde;as de Emma y de sus facultades de madre se deb&iacute;an a la nueva vida
+que llevaba de alg&uacute;n tiempo a aquella parte, a las distracciones, a las
+expansiones. Consultado Minghetti sobre el particular, daba se&ntilde;ales de
+asentimiento con la cabeza, y segu&iacute;a comiendo pasteles. Los comensales
+le miraban a hurtadillas, y los m&aacute;s perspicaces notaban en &eacute;l un aire
+que K&ouml;rner, hablando bajo con Sebasti&aacute;n, llam&oacute; en franc&eacute;s <i>gen&eacute;</i>; con lo
+cual Sebasti&aacute;n se qued&oacute; a oscuras.</p>
+
+<p>Volvi&oacute; Nepomuceno cuando se levantaban de la mesa; se despidieron todos
+de Emma, repitiendo las bromas, recomend&aacute;ndole tales y cuales
+precauciones K&ouml;rner, y aun Sebasti&aacute;n, que ten&iacute;a una experiencia que no
+se explicaban las chicas de Ferraz en un solter&oacute;n; y todas las v&iacute;rgenes,
+Marta inclusive, se ofrecieron de all&iacute; para en adelante a servir a la
+amiga enferma, de enfermedad conocida, en todo lo que fuera compatible
+con el estado a que todas ellas todav&iacute;a pertenec&iacute;an.</p>
+
+<p>Emma rabiaba, azotaba el aire; y aumentaba su c&oacute;lera porque no pod&iacute;a
+explicar a las muchachas, decorosamente, los argumentos con que todav&iacute;a
+segu&iacute;a oponi&eacute;ndose a la sentencia facultativa. Bajando por la escalera,
+unas opinaban que el furor de la Valc&aacute;rcel era fingido, que bien
+satisfecha estaba con el descubrimiento; otras pensaban, m&aacute;s en lo
+cierto, que si algo halagaba esta potencialidad a Emma, no le daban
+lugar a satisfacciones el terror del parto, el asco y la repugnancia a
+los menesteres de la maternidad despu&eacute;s del alumbramiento.</p>
+
+<p>&mdash;Y adem&aacute;s&mdash;dec&iacute;a una de Ferraz a la de Silva&mdash;, &iquest;no ha visto usted qu&eacute;
+cara se le ha puesto s&oacute;lo con los preparativos esos y con el susto?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, parec&iacute;a un cad&aacute;ver....</p>
+
+<p>&mdash;Lo que parec&iacute;a era una cincuentona.</p>
+
+<p>&mdash;Poco le falta.</p>
+
+<p>&mdash;No, mujer, no exageres. Lo que era que... como se le hab&iacute;a ca&iacute;do la
+pintura....</p>
+
+<p>&mdash;Diez a&ntilde;os m&aacute;s se le echaron encima.</p>
+
+<p>&mdash;Eso s&iacute;.</p>
+
+<p>Y todas ellas callaron de repente, ya en la calle, pensando por
+unanimidad en Minghetti y en la cara de pocos amigos que hab&iacute;a puesto en
+el cuarto de la otra. Sebasti&aacute;n fue a acompa&ntilde;ar a los de K&ouml;rner hasta su
+casa. Nepomuceno hab&iacute;a tenido que quedarse porque el alem&aacute;n era muy
+delicado, ahora que se aproximaba la boda, en materias del qu&eacute; dir&aacute;n, y
+no gustaba de que a tales horas pudieran encontrar por las calles
+oscuras a su hija acompa&ntilde;ada de su prometido, aunque K&ouml;rner fuera con
+ellos. Aseguraba que para Alemania era buena la costumbre de dejar a los
+novios andar juntos y solos por cualquier parte, pero que en pa&iacute;ses
+meridionales toda precauci&oacute;n era poca. Por lo visto, tem&iacute;a los ardores
+del buen Nepomuceno.</p>
+
+<p>Pero &iquest;y Reyes?, preguntaban los amigos de la casa al separarse. &iquest;D&oacute;nde
+se habr&aacute; metido? En el cuarto de Emma no quedaba.</p>
+
+<p>Bonis se hab&iacute;a encerrado en su alcoba, ya que su mujer rechazaba
+en&eacute;rgicamente las expansiones del futuro padre, que hubiera deseado
+vivamente saborear en santo amor y compa&ntilde;a de su esposa las delicias de
+la inesperada y bien venida noticia que acababa de darles D. Basilio.</p>
+
+<p>A falta de su mujer, Bonis se content&oacute; con su humilde lecho de <i>soltero</i>,
+en aquella alcoba suya, testigo de tantos pensamientos, de tantos
+sue&ntilde;os, de tantos remordimientos, de tantas penas y humillaciones
+devoradas entre sollozos. Su cama era su confidente, su mejor amigo; no
+el t&aacute;lamo nupcial, el del cuarto de su mujer, no; aquellas pobres tablas
+de nogal, aquellas s&aacute;banas sin encajes (porque los encajes y puntillas
+le daban grima), aquella colcha de flores azules, que le dec&iacute;an tantas
+cosas po&eacute;ticas y tristes, dulces, suaves, tan conformes con el fondo de
+su propio car&aacute;cter. Parec&iacute;ale que a fuerza de haber mirado a&ntilde;os y a&ntilde;os
+aquellas flores, mientras su pensamiento vagaba por los mundos
+encantados de sus ilusiones, de sus penas, se le hab&iacute;a pegado a la
+colcha como un barniz de idealidad, una especie de musgo azul de sus
+ensue&ntilde;os.... En fin, aquella colcha, y otra del mismo dibujo, pero de
+color de rosa, eran algo as&iacute; como amigas &iacute;ntimas, confidentes que a &eacute;l
+le faltaban en el <i>mundo</i> de los vivos.</p>
+
+<p>Muchas veces pensaba en esto: &eacute;l no ten&iacute;a, en rigor, amigos entre los
+hombres; ni amigos de la infancia, verdaderos, capaces de comprenderle y
+capaces de abnegaci&oacute;n; ni amigos de la edad viril...; <i>il suo caro
+Mochi</i>... &iexcl;bah!, le hab&iacute;a enga&ntilde;ado una temporada. Era un vividor a quien
+Dios perdonara. Sus amigos eran las cosas. La monta&ntilde;a del horizonte, la
+luna, el campanario de la parroquia, ciertos muebles... la ropa de
+color, usada, de andar por casa... las zapatillas gastadas... el lecho
+de <i>soltero</i> sobre todo. Estos seres inanimados, de la industria, a los
+cuales dudaba Plat&oacute;n si correspond&iacute;a una idea, eran para Bonis como
+almas paral&iacute;ticas, que o&iacute;an, sent&iacute;an, entend&iacute;an..., pero no pod&iacute;an
+contestar ni por se&ntilde;as.</p>
+
+<p>Y, sin embargo, aquella noche solemne, al contemplar la colcha de flores
+azules, el doblez humilde y corto de las s&aacute;banas limpias, las almohadas
+angostas y blandas, le pareci&oacute; que todo aquello le sonre&iacute;a con su
+frescura y con su aspecto de &iacute;ntima familiaridad, mientras &eacute;l se quitaba
+las botas y calzaba las babuchas. No hab&iacute;a felicidad completa si los
+pies no descansaban en la suavidad del pa&ntilde;o flojo de las zapatillas.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ajaj&aacute;!&mdash;exclam&oacute; al sentirse a su gusto. Y apoyando ambas manos en la
+cama, dej&oacute; que una dulc&iacute;sima sonrisa le inundara el rostro con un
+reflejo de la alegr&iacute;a del coraz&oacute;n.</p>
+
+<p>&iexcl;Ahora a meditar! &iexcl;A so&ntilde;ar! &iexcl;Noche solemne! No hab&iacute;a milagros: en eso
+estaba. No estar&iacute;a bien que los hubiera. El milagro y el verdadero Dios
+eran incompatibles. Pero... &iexcl;hab&iacute;a Providencia!, un plan del mundo, en
+armon&iacute;a preestablecida (&eacute;l no usaba estas palabras; no pensaba esto con
+palabras) con las leyes naturales. Hab&iacute;a coincidencias providenciales,
+que al hombre piadoso deb&iacute;an servirle de advertencias saludables,
+emanadas de Dios, tra&iacute;das por la naturaleza. No era un milagro que se
+hubiesen equivocado los m&eacute;dicos que anta&ntilde;o le hab&iacute;an condenado para
+siempre a la esterilidad de su mujer; no era un milagro que Emma pariese
+ya cerca de los cuarenta a&ntilde;os. Tampoco era milagrosa..., aunque s&iacute;
+admirable, la coincidencia de anunciarse la <i>venida del hijo</i> la misma
+noche en que se marchaba la pasi&oacute;n. Se iba Serafina y ven&iacute;a <i>Isaac</i>. El
+que deb&iacute;a llamarse Isaac, por lo que &eacute;l sab&iacute;a, pero que se llamar&iacute;a,
+Dios sab&iacute;a c&oacute;mo, probablemente Diego, Antonio o Sebasti&aacute;n, a gusto de la
+madre, tirana de todos. &iexcl;Isaac! Lo m&aacute;s extra&ntilde;o, lo m&aacute;s admirable era
+aquello... sus visiones de la noche memorable del concierto, de aquel
+concierto en que nacieron gran parte de las desdichas de su casa, la
+corrupci&oacute;n al por mayor metida en ella. De aquel concierto tambi&eacute;n hab&iacute;a
+nacido su anhelo creciente de paz, de amor puro, tranquilo... y aquella
+vaga esperanza, rechazada y rediviva a cada momento, de tener al fin un
+hijo, un hijo leg&iacute;timo, &uacute;nico. Lo m&aacute;s admirable, s&iacute;, aunque no
+milagroso, era el cumplimiento de lo que &eacute;l disparatadamente llamaba,
+para sus adentros, &laquo;la Anunciaci&oacute;n&raquo;.</p>
+
+<p>Tan exaltado se sinti&oacute;, todo por dentro, tan lleno de ternura, que se
+tuvo un poco de miedo.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Oh! &iexcl;Si esto es estar loco, bien venida sea la locura!&raquo;.</p>
+
+<p>&iexcl;Estaba tan contento, tan orgulloso! No cab&iacute;a duda. La Providencia y &eacute;l
+se entend&iacute;an. Hab&iacute;a sido aquello como un contrato: &laquo;Que se marche ella,
+y vendr&aacute; &eacute;l&raquo;.</p>
+
+<p>Pero ella... &iquest;se habr&aacute; marchado del todo?</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;&mdash;dijo Bonis en voz alta, poni&eacute;ndose en pie y dando una leve patada en
+el suelo.</p>
+
+<p>&laquo;S&iacute;; aqu&iacute; no queda m&aacute;s que el padre de familia. Aqu&iacute;, en este coraz&oacute;n,
+ya no hay sitio m&aacute;s que para el amor del hijo&raquo;.</p>
+
+<p>Una voz secreta le dec&iacute;a que su nuevo amor era un poco abstracto, algo
+metaf&iacute;sico; pero ya cambiar&iacute;a; cuando el chico estuviese all&iacute;, ser&iacute;a
+otra cosa. &laquo;Algo contribu&iacute;a, pensaba Bonis, a la falta de <i>cari&ntilde;o humano</i>
+a su nene de sus entra&ntilde;as, de que ahora se resent&iacute;a, el no saber c&oacute;mo
+llamarle. &iexcl;Isaac! No; no ser&iacute;a Isaac. Adem&aacute;s, Isaac no hab&iacute;a sido <i>&uacute;nico
+hijo</i> de su padre. Aunque pareciera irreverencia, en rigor..., en
+rigor..., lo que correspond&iacute;a era llamar a la criatura Manol&iacute;n... o
+Jes&uacute;s. &iexcl;No que &eacute;l se comparase con Dios Padre, ni siquiera con San
+Jos&eacute;!...&raquo;.</p>
+
+<p>La idea de San Jos&eacute; le hizo incorporarse en la cama, donde ya se hab&iacute;a
+tendido, sin desnudarse. Como Bonis no era creyente, en el sentido
+rigoroso de la palabra, y sus dudas le hab&iacute;an llevado muchas veces a las
+cuestiones exeg&eacute;ticas, seg&uacute;n &eacute;l pod&iacute;a entenderlas, pens&oacute; en la
+posibilidad de que a San Jos&eacute; le hubiese hecho la historia un flaco
+servicio, con la mejor intenci&oacute;n, pero muy flaco. Sinti&oacute; una l&aacute;stima
+inmensa por San Jos&eacute;. &laquo;Supongamos, se dec&iacute;a, que &eacute;l, y nadie m&aacute;s que &eacute;l,
+fuera el padre de su hijo putativo; que fuese el padre..., sin perjuicio
+de todas las relaciones misteriosas, sublimes, extranaturales, pero no
+milagrosas, que pod&iacute;a haber entre la Divinidad y el Hijo del hombre...;
+supongamos esto por un momento. &iexcl;Qu&eacute; horror! &iexcl;Arrancarle a San Jos&eacute; la
+gloria..., el amor... de su hijo!... &iexcl;Todo para la madre! &iquest;Y el padre?
+&iquest;Y el padre?&raquo;. Pensando estos disparates, se le llenaron los ojos de
+l&aacute;grimas. &iquest;Si estar&iacute;a loco efectivamente? &iexcl;Pues no se le ocurr&iacute;a, cuando
+deb&iacute;a estar tan contento, echarse a llorar, lleno de una l&aacute;stima
+infinita del patriarca San Jos&eacute;! Pero la verdad, &iexcl;la historia!, &iexcl;la
+historia! La historia no sab&iacute;a lo que era ser padre.</p>
+
+<p>&laquo;Ni yo tampoco. Cuando tenga al muchacho junto a m&iacute;, en una cuna, no
+estar&eacute; pensando en San Jos&eacute; ni en todas esas teolog&iacute;as...&raquo;.</p>
+
+<p>En aquel instante se le ocurri&oacute; esto: &laquo;El ni&ntilde;o debiera llamarse Pedro,
+como mi padre&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Padre del alma! &iexcl;Madre m&iacute;a!&mdash;solloz&oacute;, ocultando el rostro en las
+almohadas, que empap&oacute; en llanto.</p>
+
+<p>Aquella era la fuente; all&iacute; estaba el manantial de las verdaderas
+ternuras... &iexcl;La cadena de los padres y los hijos!... Cadena que,
+remont&aacute;ndose por sus eslabones hacia el pasado, ser&iacute;a toda amor,
+abnegaci&oacute;n, la unidad sincera, real, caritativa, de la pobre raza
+humana; pero la cadena ven&iacute;a de lo pasado a lo presente, a lo futuro...,
+y era cadena que la muerte romp&iacute;a en cada eslab&oacute;n; era el olvido, la
+indiferencia. Le parec&iacute;a estar solo en el mundo, sin lazo de amor con
+algo que fuese un amparo..., y comprend&iacute;a, sin embargo, que &eacute;l era el
+producto de la abnegaci&oacute;n ajena, del sacrificio amoroso en indefinida
+serie. &iexcl;Oh infinito consuelo! El origen deb&iacute;a de ser tambi&eacute;n acto de
+amor; no hab&iacute;a motivo racional para suponer un momento en que los
+ascendientes amaran menos al hijo que este al suyo.... Bonifacio se hab&iacute;a
+vuelto un poco hacia la pared; la luz, colocada en la mesilla de noche,
+pintaba el perfil de su rostro en la sombra sobre el estuco blanco. Su
+sombra, ya lo hab&iacute;a notado otras veces con melanc&oacute;lico consuelo, se
+parec&iacute;a a la de su padre, tal como la ve&iacute;a en los recuerdos lejanos.
+Pero aquella noche era mucho m&aacute;s clara y m&aacute;s acentuada la semejanza.
+&laquo;&iexcl;Cosa extra&ntilde;a! Yo no me parec&iacute;a apenas nada a mi padre, y nuestras
+sombras s&iacute;, much&iacute;simo: este bigote, este movimiento de la boca, esta
+l&iacute;nea de la frente... y esta manera de levantar el pecho al dar este
+suspiro..., todo ello es como lo vi mil veces, en el lecho de mi padre,
+de noche tambi&eacute;n, mientras &eacute;l le&iacute;a o meditaba, y acurrucado junto a &eacute;l
+yo so&ntilde;aba despierto, contento, con voluptuosidad infantil, de aquella
+protecci&oacute;n que ten&iacute;a a mi lado, que me cobijaba con alas de amor, amparo
+que yo cre&iacute;a de valor absoluto.&mdash;&iexcl;Padre del alma! &iexcl;Cu&aacute;nto me habr&aacute;s
+querido!&raquo;&mdash;se grit&oacute; por dentro....</p>
+
+<p>Bonis no se acordaba de que no hab&iacute;a cenado todav&iacute;a, y dejaba que la
+debilidad se apoderara de &eacute;l. Empezaba a sentirse mal sin darse cuenta
+de ello. Le temblaban las piernas, y los recuerdos de la infancia se
+amontonaban en su cerebro, y adquir&iacute;an una fuerza pl&aacute;stica, un vigor de
+l&iacute;neas que tocaban en la alucinaci&oacute;n; se sent&iacute;a desfallecer, y como
+disuelto, en una especie de plano <i>geol&oacute;gico</i> de toda su existencia, ten&iacute;a
+la contemplaci&oacute;n simult&aacute;nea de varias &eacute;pocas de su primera vida; se ve&iacute;a
+en los brazos de su padre, en los de su madre; sent&iacute;a en el paladar
+<i>sabores</i> que hab&iacute;a gustado en la ni&ntilde;ez; renovaba olores que le hab&iacute;an
+impresionado, como una poes&iacute;a, en la edad m&aacute;s remota.... Lleg&oacute; a tener
+miedo; salt&oacute; de la cama, y de puntillas se dirigi&oacute; a la alcoba de Emma.
+La Valc&aacute;rcel dorm&iacute;a. Dorm&iacute;a de veras, con la boca un poco entreabierta.
+Dorm&iacute;a con fatiga; la antigua arruga de la frente hab&iacute;a vuelto a
+acentuarse amenazadora. Bonis se tuvo l&aacute;stima en nombre de todos los
+suyos. Sinti&oacute;, con orgullo de raza, una voz de lucha, de resistencia, de
+apellido a apellido: lo que jam&aacute;s le hab&iacute;a pasado en largos a&ntilde;os de
+resignada cautividad dom&eacute;stica. <i>Los Reyes</i> se sublevaban en &eacute;l contra <i>los
+Valc&aacute;rcel</i>. &iexcl;Oh! Cu&aacute;nto dar&iacute;a en aquel momento por haber visto, por haber
+le&iacute;do aquel libro de blasones familiares, de que, m&aacute;s que su padre, le
+hablaba su madre, muy orgullosa con la prosapia de su marido. Ella lo
+hab&iacute;a visto: los Reyes eran de muy buena familia, oriundos de un
+pueblecillo de la costa que se llamaba <i>Ra&iacute;ces</i>. Bonis hab&iacute;a pasado una
+vez por all&iacute;, en coche, sin acordarse de sus antepasados. &iquest;Qui&eacute;n se
+habr&aacute; llevado el libro? Un pariente, un t&iacute;o.... Su padre, D. Pedro Reyes,
+procurador de la Audiencia, con mala suerte y poca habilidad, no hablaba
+apenas de las antiguas grandezas, m&aacute;s o menos exageradas por su esposa,
+de la familia de los Reyes; era un hombre sencillo, triste, trabajador,
+pero sin ambici&oacute;n; de una honradez sin tacha, que se hab&iacute;a puesto a
+prueba cien veces, pero sin lucimiento, por lo modesto que era el D.
+Pedro hasta para ser heroicamente incorruptible. Con los dem&aacute;s era tan
+tolerante, que hasta pod&iacute;a sospecharse de su criterio moral por lo ancha
+que ten&iacute;a la manga para perdonar extrav&iacute;os ajenos. Amaba el silencio,
+amaba la paz, y le amaba a &eacute;l, a Bonis, y a sus hermanos, todos ya
+muertos. S&iacute;; ahora ve&iacute;a con extraordinaria clarividencia, con un talento
+de observaci&oacute;n que no hab&iacute;a sospechado que &eacute;l ten&iacute;a dentro, los
+rec&oacute;nditos m&eacute;ritos del car&aacute;cter de su padre. Su romanticismo, sus
+lecturas dislocadas, falsas, no le hab&iacute;an dejado admirar aquella noble
+figura, evocada por la sombra propia en la pared de su cuarto. Bonis,
+junto al lecho de Emma dormida, ador&oacute;, como un chino, la santidad
+religiosa de los manes paternos. &iexcl;Oh, qu&eacute; claramente lo ve&iacute;a ahora; c&oacute;mo
+tomaban un sentido hechos y hechos de la vida de su padre que a &eacute;l le
+hab&iacute;an parecido insignificantes! Hasta, alguna vez, se hab&iacute;a sorprendido
+pensando: &laquo;Yo soy un cualquiera; no soy un hombre de genio; ser&eacute; como mi
+padre: un bendito, un ser vulgar&raquo;. Y ahora le gritaba el alma: &laquo;&iexcl;Un ser
+vulgar!&raquo;. &iquest;Por qu&eacute; no? &iexcl;Imb&eacute;cil, imita la vulgaridad de tu padre!
+Acu&eacute;rdate, acu&eacute;rdate: &iquest;qu&eacute; anhelaba aquel hombre? Huir de los negocios,
+del tr&aacute;fico y de las mentiras del mundo; encerrarse con sus hijos, no
+para recordar noblezas de los abuelos, sino para amar tranquila,
+sosegadamente, a sus reto&ntilde;os. Era un anacoreta, poco dram&aacute;tico..., de la
+familia. Su desierto era su hogar. Al mundo iba a la fuerza. Su casa le
+hablaba, en silencio, con la dulzura de la paz dom&eacute;stica, de toda la
+idealidad de que era capaz su esp&iacute;ritu cari&ntilde;oso, humilde. La sonrisa de
+su padre al hablar con los extra&ntilde;os, tratando asuntos de la calle, era
+de una tristeza profunda y disimulada; se conoc&iacute;a que no esperaba nada
+de puertas afuera; no cre&iacute;a en los amigos; tem&iacute;a la maldad, muy
+generalizada; hablaba mucho a los hijos mayores de la necesidad de
+pertrecharse contra los ama&ntilde;os del mundo, un enemigo indudablemente. S&iacute;;
+su padre hablaba a los de casa de lo que aguardaba fuera, como pod&iacute;a el
+hombre prehist&oacute;rico hablar en su guarida, preparada contra los asaltos
+de las fieras, a las dem&aacute;s personas de la familia, aleccion&aacute;ndolas para
+las lides con las alima&ntilde;as que hab&iacute;an de encontrar en saliendo. M&aacute;s
+recordaba Bonis: que su padre, aunque ocult&aacute;ndolo, dejaba ver a su pesar
+que era un vencido, que ten&iacute;a miedo a la terrible lucha de la
+existencia; era pusil&aacute;nime; y, resignado con su pobreza, con la
+impotencia de su honradez arrinconada por la traici&oacute;n, el pecado, la
+crueldad y la tiran&iacute;a del mundo, buscaba en el hogar un refugio, una
+isla de amor, por completo separada del resto del universo, con el que
+no ten&iacute;a nada que ver. Para estas conjeturas de lo que su padre hab&iacute;a
+sido y hab&iacute;a pensado, Bonis se serv&iacute;a de multitud de recuerdos ahora
+acumulados y llenos de sentido; pero a lo que no llegaba con ellos era a
+vislumbrar en sus hip&oacute;tesis hist&oacute;ricas, en su recomposici&oacute;n de
+sociolog&iacute;a familiar, la lucha que el padre deb&iacute;a de haber mantenido
+entre su desencanto, su miedo al mundo, su horror a las luchas de fuera
+y la necesidad de amparar a sus hijos, de armarlos contra la guerra, a
+que la vida, muerto &eacute;l, los condenaba. D. Pedro hab&iacute;a muerto sin dejar a
+ning&uacute;n hijo colocado. Hab&iacute;a muerto cuando la familia hab&iacute;a tenido que
+renunciar, por miseria, a los &uacute;ltimos restos de forma mesocr&aacute;tica en el
+trato social y dom&eacute;stico; cuando la pobreza hab&iacute;a dado aspecto de
+plebeyo al deca&iacute;do linaje de los Reyes. Y la madre, a quien esto habr&iacute;a
+llegado al alma, hab&iacute;a muerto poco despu&eacute;s: a los dos a&ntilde;os.</p>
+
+<p>&laquo;Y ahora ven&iacute;a otro Reyes. Es decir, algo del esp&iacute;ritu y de la sangre de
+su padre&raquo;. Bonis ten&iacute;a la preocupaci&oacute;n de que los hijos, m&aacute;s que a los
+padres, se parecen a los abuelos. La palabra <i>metempsicosis</i> le estall&oacute; en
+los o&iacute;dos, por dentro. La estimaba mucho, de tiempo atr&aacute;s, por lo
+ex&oacute;tica, y ahora le halagaba su significado.&mdash;No ser&aacute; precisamente
+metempsicosis...&mdash;pens&oacute;&mdash;; pero puede haber algo de eso... de otra manera.
+&iquest;Qui&eacute;n sabe si la inmortalidad del alma es una cosa as&iacute;, se explica por
+esta especie de renacimiento? S&iacute;, el coraz&oacute;n me lo dice, y me lo dice la
+<i>intuici&oacute;n</i>; mi hijo ser&aacute; algo de mi padre. Y ahora <i>los Reyes</i> nacen ricos;
+vuelven al esplendor antiguo...&raquo;.</p>
+
+<p>Al pensar esto, un sudor fr&iacute;o le subi&oacute; por la espina dorsal.... Record&oacute;,
+en s&iacute;ntesis de dos o tres frases, el di&aacute;logo que aquella misma noche
+hab&iacute;a sorprendido: el de Nepomuceno con Marta. &iexcl;Oh! &iquest;Ser&iacute;a sino de los
+Reyes? &iexcl;Nac&iacute;a uno m&aacute;s... y... nac&iacute;a en la ruina! &iexcl;Estaban arruinados, o
+iban a estarlo muy pronto; eso hab&iacute;a dicho el t&iacute;o, que sab&iacute;a a qu&eacute;
+atenerse!</p>
+
+<p>Bonis tuvo que sentarse en una silla, porque en la cama de su mujer no
+se atrevi&oacute; a hacerlo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Dios m&iacute;o, en el mundo no hay felicidad posible! Esta noche, que yo
+pens&eacute; que iba a ser de im&aacute;genes alegres, de dicha <i>interior</i> toda ella....
+&iexcl;qu&eacute; horrible tormento me ofrece! &iexcl;Arruinado mi hijo! &iexcl;Y arruinado por
+culpa m&iacute;a! S&iacute;, s&iacute;, yo comenc&eacute; la obra.... Y adem&aacute;s, mi ineptitud, mi
+ignorancia de las cosas m&aacute;s importantes de la vida... los n&uacute;meros... el
+dinero... las cuentas... &iexcl;prosa, dec&iacute;a yo! &iexcl;El arte, la pasi&oacute;n! eso era
+la poes&iacute;a... &iexcl;Y ahora el hijo me nace arruinado!</p>
+
+<p>Emma se movi&oacute; un poco y suspir&oacute;, como refunfu&ntilde;ando.</p>
+
+<p>Bonis estuvo un momento decidido a despertarla. Aquello corr&iacute;a prisa.
+Quer&iacute;a revelarle el terrible secreto cuanto antes, aquella misma noche.
+No hab&iacute;a que perder ni un d&iacute;a; desde la ma&ntilde;ana siguiente ten&iacute;an los dos
+que cambiar de vida, hab&iacute;a que poner puntales a la casa, y esto no
+admit&iacute;a espera....</p>
+
+<p>&laquo;En adelante, menos cavilaciones y m&aacute;s acci&oacute;n. Se trata de mi hijo. Ser&eacute;
+el amo, ser&eacute; el administrador de nuestros bienes. &iquest;Y la f&aacute;brica, esa
+f&aacute;brica en que ni siquiera s&eacute; a punto fijo lo que hacen? All&aacute; veremos.
+&iexcl;Oh, se&ntilde;or don Juan, mi querido Nepomuceno, habr&aacute; <i>escena</i>, ya lo s&eacute;, pero
+estoy resuelto! Venga la escena. Pero todo eso, ma&ntilde;ana. Ahora, lo
+inmediato; el <i>acto varonil</i>, digno de un <i>padre</i>, que correspond&iacute;a a
+aquella noche, era... despertar a Emma, enterarla de todo&raquo;.</p>
+
+<p>Pero Emma despert&oacute; sin que nadie se lo rogase, y Bonis no tuvo tiempo
+para atreverse a abordar la cuesti&oacute;n del secreto descubierto: su mujer
+le insult&oacute;, como en los tiempos cl&aacute;sicos de su servidumbre, porque
+estaba all&iacute; papando moscas. Le arroj&oacute; de la alcoba a gritos, le hizo
+llamar a Eufemia y le dio, por mano de la doncella, con la puerta en las
+narices.</p>
+
+<p>&laquo;Tambi&eacute;n aquello ten&iacute;a que concluir, pero... despu&eacute;s del alumbramiento.
+Hab&iacute;a que evitar el aborto; nada de disgustarla.... En pariendo... y en
+criando... si criaba ella, como &eacute;l deseaba, se hablar&iacute;a de todo; se
+ver&iacute;a si un Reyes pod&iacute;a ni deb&iacute;a ser esclavo de una Valc&aacute;rcel.</p>
+
+<p>&raquo;Sin embargo, debo volver a entrar, con los mejores modos, para
+anunciarle el peligro...&raquo;.</p>
+
+<p>Levant&oacute; el picaporte de la puerta que se le acababa de cerrar..., pero
+volvi&oacute; a dejarle caer.</p>
+
+<p>Se sent&iacute;a muy d&eacute;bil. No hab&iacute;a cenado. Ve&iacute;a chispitas rojas en el aire.
+Hab&iacute;a que tomar alg&uacute;n alimento y dejarlo todo para ma&ntilde;ana. Ya era, as&iacute;
+como as&iacute;, muy tarde. Lo malo estaba en que no ten&iacute;a apetito, aquel
+apetito que &eacute;l perd&iacute;a dif&iacute;cilmente.</p>
+
+<p>Tom&oacute; dos huevos pasados por agua, y acab&oacute; por acostarse. Tard&oacute; mucho en
+dormirse; y so&ntilde;&oacute;, llorando, con Serafina, que se hab&iacute;a muerto y le
+llamaba desde el seno de la tierra, con un frasco entre los brazos. El
+frasco conten&iacute;a un feto humano en esp&iacute;ritu de vino.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XV" id="XV"></a>-XV-</h2>
+
+
+<p>Emma defendi&oacute; su esperanza de que el m&eacute;dico se equivocara, todo el
+tiempo que pudo, y con multitud de recursos de ingenio. En el asunto de
+la probanza que se sacaba de intimidades que ella ten&iacute;a que confesar,
+intimidades que, por regla general, eran prueba plena, alegaba como
+excepci&oacute;n su extra&ntilde;a naturaleza, enemiga de todo ritmo en los fen&oacute;menos
+fisiol&oacute;gicos m&aacute;s corrientes. Pero su gran argumento consist&iacute;a en
+presentarse de perfil:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Ven ustedes? Nada. Y se apretaba el cors&eacute; m&aacute;s y m&aacute;s cada d&iacute;a, sin
+miedo, despreciando consejos de la prudencia y de la higiene. Se portaba
+como una pobre doncella para quien dejar de serlo fuera una gran
+verg&uuml;enza, y que quisiera esconder la prueba de su ignominia.</p>
+
+<p>La murmuraci&oacute;n de sus amigas se equivocaba al ver un fingimiento en esta
+oposici&oacute;n terca de la Valc&aacute;rcel a la fatalidad de las cosas; no, no la
+halagaba ser madre a tales horas; el terror del peligro, que le parec&iacute;a
+supremo, no le dejaba lugar para vanidades de ning&uacute;n g&eacute;nero. La
+enfermedad, la muerte..., eso, eso ve&iacute;a ella. &laquo;Yo no podr&eacute; parir; me lo
+da el coraz&oacute;n. Yo no paro&raquo;, pensaba, con escalofr&iacute;os, cuando a solas
+comenzaba a rendirse a la evidencia. &laquo;&iexcl;A mi edad! &iexcl;Primeriza a mi edad!
+&iexcl;Qu&eacute; horror! &iexcl;Qu&eacute; horror!... &iexcl;Los huesos tan duros!...&raquo;.</p>
+
+<p>Emma se encerraba en su alcoba; se miraba en el espejo de cuerpo entero,
+en ropas menores, hasta sin ropa..., se examinaba detenidamente, se
+med&iacute;a, se comparaba con otras, sacaba proporciones de ancho y de largo
+de su torso y de cuantas partes de su cuerpo cre&iacute;a ella, en sus vagas
+nociones de tocolog&iacute;a instintiva, que eran capitales para el arduo paso.
+Y arroj&aacute;ndose desnuda, sin miedo al fr&iacute;o, en una butaca, romp&iacute;a a
+llorar, furiosa; a llorar sin l&aacute;grimas, como los ni&ntilde;os mimados, y
+gritaba: &laquo;&iexcl;Yo no quiero! &iexcl;Yo no puedo! &iexcl;Yo no sirvo!&raquo;.</p>
+
+<p>La muerte era probable, la enfermedad segura, los dolores terribles,
+insoportables..., <i>matem&aacute;ticos</i>; por bien que librara, los dolores ten&iacute;an
+que venir. &iexcl;No! &iexcl;No! &iexcl;Jam&aacute;s! &iquest;Para qu&eacute;? &iexcl;Otra vez la cama, otra vez el
+cuerpo flaco, el color p&aacute;lido, la <i>calavera</i> estallando debajo del pellejo
+amarillento; la debilidad, los nervios, la bilis..., y el tremendo
+abandono de los dem&aacute;s, de Bonis, del t&iacute;o, de Minghetti! &iexcl;Oh, s&iacute;!
+Minghetti, como todos, la dejar&iacute;a morir, la dejar&iacute;a padecer, sin padecer
+ni morir con ella... &iexcl;El parto! Crueldad in&uacute;til, peligro inmenso... para
+nada: &iexcl;qu&eacute; estupidez! Las mujeres felices, las mujeres entregadas a la
+alegr&iacute;a, al arte..., a... los bar&iacute;tonos..., las mujeres superiores, no
+par&iacute;an, o par&iacute;an cuando les conven&iacute;a, y nada m&aacute;s. &iexcl;Parir! &iexcl;Qu&eacute; necedad!
+&iquest;C&oacute;mo no hab&iacute;a previsto el caso? Se hab&iacute;a dejado sorprender.... Pero,
+&iquest;qui&eacute;n hubiera temido?... Y su c&oacute;lera, como siempre, iba a estrellarse
+contra Bonis. El cual tuvo que desistir de sus ensayos de
+enternecimiento a d&uacute;o con motivo del pr&oacute;ximo y feliz suceso, porque
+Emma, ni en broma, toleraba que se hablase del peligro que corr&iacute;a como
+de acontecimiento pr&oacute;spero.</p>
+
+<p>Por fin lleg&oacute; a ser una afectaci&oacute;n in&uacute;til, rid&iacute;cula, el negar la pr&oacute;xima
+<i>cat&aacute;strofe</i>, pues por tal la ten&iacute;a ella. Emma dej&oacute; de apretarse el cors&eacute;,
+dej&oacute; de defenderse; si en los primeros meses hab&iacute;a sido poco ostensible
+el embarazo, al acercarse el trance saltaba a la vista. No era <i>una
+exageraci&oacute;n</i>, dec&iacute;a Marta, pero era; all&iacute; estaba el <i>parvenu</i>, como le
+llamaba ella en franc&eacute;s, ri&eacute;ndose con malicia, segura de que s&oacute;lo
+Minghetti pod&iacute;a entenderla. Sebasti&aacute;n le llamaba, tambi&eacute;n con risitas y
+en sus coloquios maliciosos con Marta, el <i>inopinado</i>.</p>
+
+<p>La Valc&aacute;rcel, los primeros d&iacute;as de su derrota, cog&iacute;a el cielo con las
+manos; no pod&iacute;a ya negar, pero protestaba. Mas aquella situaci&oacute;n empez&oacute;
+a ser tolerable; se fue acostumbrando a la idea del mal necesario, se
+gast&oacute; el miedo, y por alg&uacute;n tiempo se quej&oacute; por rutina con un vago temor
+todav&iacute;a, pero como si el d&iacute;a de la <i>crisis</i> se alejara en vez de
+acercarse. La primera vanidad que tuvo no fue la de ser madre, sino la
+de su volumen. Ya que <i>era</i>, que <i>fuera</i> dignamente. Y ostentaba al fin, sin
+trabas, con alardes de su estado, lo que quer&iacute;a ocultar al principio.
+Adem&aacute;s, notaba que su rostro no empeoraba; aquellos diez a&ntilde;os que el d&iacute;a
+del susto se le hab&iacute;an vuelto a la cara, ya no estaban all&iacute;; estaba
+mejor de carnes; la tirantez de las facciones y el color tomado no la
+sentaban mal, se ve&iacute;a lo que era, pero hasta parec&iacute;a bien.
+&laquo;Efectivamente, como ser, el estado era <i>interesante</i>&raquo;.</p>
+
+<p>Pero estos consuelos eran insuficientes. De todas maneras, aquello era
+una atrocidad pre&ntilde;ada de peligros, de inconvenientes, de futuros
+males... y de males presentes.</p>
+
+<p>Con Minghetti jam&aacute;s hablaba de lo que se le ven&iacute;a encima. Era un tema de
+que hu&iacute;an los dos en sus conversaciones. El bar&iacute;tono estaba contrariado,
+sin duda alguna. Sent&iacute;a despecho, que le hac&iacute;a sonre&iacute;r con c&iacute;nica
+amargura; se sent&iacute;a metido en una atm&oacute;sfera de rid&iacute;culo. Si no fuera
+porque no hab&iacute;a tales contratas, porque <i>el mundo del arte</i> le hab&iacute;a
+olvidado, acaso hubiera preferido dejar aquella vida regalada, sus
+emolumentos de director de la Academia de Bellas Artes, <i>los gastos de
+secretar&iacute;a</i>, como le dec&iacute;a Mochi, antes de marchar... todo. Los amigos de
+la casa, hasta Marta y hasta las de Ferraz, cada cual seg&uacute;n su g&eacute;nero,
+hablaban con Gaetano del incidente de Emma con frases maliciosas, con
+sonrisas medio dibujadas; y Minghetti disimulaba mal la molestia que le
+causaba la conversaci&oacute;n. &laquo;&iexcl;Qu&eacute; discreto!&raquo;, dec&iacute;an todos. &laquo;As&iacute; hacen
+siempre los Tenorios verdaderos, los afortunados de veras&raquo;. Nadie hab&iacute;a
+podido sorprender en Minghetti el menor gesto, siquiera, de jactancia.
+Hasta se not&oacute; que miraba a Bonifacio con mayor respeto que nunca. En
+efecto; se le hab&iacute;a sorprendido muchas veces contemplando al marido de
+Emma con extra&ntilde;a curiosidad, con una expresi&oacute;n singular, en que nadie
+podr&iacute;a adivinar ni una r&aacute;faga de burla. Era, en fin, dec&iacute;an todos, la
+suma discreci&oacute;n.</p>
+
+<p>La &uacute;nica vez que Minghetti y Emma hablaron del embarazo, sirvi&oacute; para
+tormento de Bonis y del Sr. Aguado. Emma se empe&ntilde;o en que deb&iacute;a dar
+ba&ntilde;os de mar; era la &eacute;poca, y aquello todav&iacute;a esperar&iacute;a un poco; hab&iacute;a
+tiempo de ir y volver. Por aquel tiempo los ba&ntilde;os de mar todav&iacute;a no eran
+cosa tan corriente como en el d&iacute;a. En el pueblo de Emma, aunque a pocas
+leguas de la costa, era escaso el n&uacute;mero de familias que buscaban el mar
+por el verano.</p>
+
+<p>Emma, por lo mismo que la cosa era de <i>distinci&oacute;n</i>, se empe&ntilde;&oacute; en ella.</p>
+
+<p>El m&eacute;dico no negaba que el ba&ntilde;o de ola ser&iacute;a por lo menos inofensivo;
+pero, seg&uacute;n y conforme: la cosa pod&iacute;a estar m&aacute;s cerca de lo que se
+cre&iacute;a, y en tal caso, ser&iacute;a una temeridad.... Pero lo peor no era eso...,
+lo peor, lo verdaderamente peligroso, temerario, era el traqueo del
+coche... viaje de ida y vuelta... por aquellos vericuetos, con aquellos
+baches. &iexcl;Absurdo!</p>
+
+<p>&mdash;Pero Minghetti ha dicho....</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;ora, Minghetti que cante sus arias y sus romanzas, pero que no se
+meta en la Renta del Excusado.</p>
+
+<p>&mdash;Minghetti ha viajado....</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;; pero no en estado interesante.</p>
+
+<p>&mdash;No es eso. Digo que ha viajado, que ha visto mucho, y asegura que....</p>
+
+<p>&mdash;Que las se&ntilde;oras <i>comm'il faut</i> no deben parir. S&iacute;; ya conozco la teor&iacute;a.</p>
+
+<p>Contra los consejos de Aguado, los de Reyes fueron a ba&ntilde;os.</p>
+
+<p>Bonis estuvo tentado a oponerse, a inaugurar aquella energ&iacute;a que estaba
+decidido a poner en pr&aacute;ctica en adelante, pues estaba asegurada, o poco
+menos, la descendencia. Mas era tal la c&oacute;lera que se pintaba en el
+rostro de Emma en cuanto su esposo indicaba siquiera el deseo de que se
+pesaran con detenimiento las razones del m&eacute;dico, que el infeliz Reyes
+continu&oacute; aplazando su resoluci&oacute;n de <i>tomar el mando de la casa</i> y ser <i>el
+marido de su mujer</i> para despu&eacute;s del parto.</p>
+
+<p>&laquo;No; no perdamos lo m&aacute;s por lo menos. No la irritemos; un malparto ser&iacute;a
+una cat&aacute;strofe horrorosa; la cat&aacute;strofe de mis esperanzas, de mi vida
+entera. Despu&eacute;s del parto, ya hablaremos&raquo;.</p>
+
+<p>&laquo;Pero Nepomuceno, K&ouml;rner, el primo Sebasti&aacute;n, Marta, las de Ferraz,
+Minghetti, no iban a parir; &iquest;por qu&eacute; no se atrev&iacute;a con ellos? &iquest;Por qu&eacute;
+no echaba de casa a los par&aacute;sitos? &iquest;Por qu&eacute; no pon&iacute;a orden en los
+gastos, y orden en las costumbres de su hogar, inundado por aquel
+holgorio perpetuo?... Sobre todo, &iquest;por qu&eacute; no se encerraba con
+Nepomuceno y le dec&iacute;a:&mdash;&iexcl;Eh, eh, amiguito; hasta aqu&iacute; hemos llegado! A
+ver, por lo menos expl&iacute;queme usted eso de la ruina inminente...&raquo;.</p>
+
+<p>&laquo;&iquest;Por qu&eacute; no se atrev&iacute;a con el t&iacute;o y con los amigos de la casa?&raquo;. El
+viaje a la costa vino a darle una tregua, que era todo un sofisma de la
+voluntad.</p>
+
+<p>&laquo;Ahora nos vamos y no puedo yo ponerme al frente de todo eso. A la
+vuelta, &iexcl;oh!, lo que es a la vuelta, tendr&eacute; una explicaci&oacute;n con el t&iacute;o&raquo;.</p>
+
+<p>Lo &uacute;nico que hab&iacute;a osado Bonis antes de irse a ba&ntilde;os, hab&iacute;a sido
+olfatear un poco en los negocios de la familia. T&iacute;midamente se atrevi&oacute; a
+proponer a K&ouml;rner y al t&iacute;o que le llevaran consigo a ver la f&aacute;brica, que
+estaba a una legua de la ciudad, una legua de carretera llena de baches.
+Nadie sospech&oacute; que el viaje fuera malicioso, un espionaje. La ineptitud
+de Bonis para toda clase de negocio serio, industrial, econ&oacute;mico, era
+tal, que o&iacute;a hablar al t&iacute;o y al alem&aacute;n como si fuera griego todo lo que
+dec&iacute;an. Hablaban en su presencia del mal estado del <i>negocio antiguo</i> sin
+que comprendiera palabra. El negocio nuevo era otra cosa. Pero en ese no
+tocaban pito los fondos Valc&aacute;rcel, como los llamaba el ingeniero,
+despreci&aacute;ndolos ya completamente. La f&aacute;brica de productos qu&iacute;micos
+languidec&iacute;a; lo de sacarles a las algas sustancia se hab&iacute;a abandonado
+casi por completo; <i>en teor&iacute;a</i>, el negocio era infalible; en la <i>pr&aacute;ctica</i>,
+una calamidad. No se abandonaba por completo por tes&oacute;n. El material
+adquirido, a costa de grandes e improductivos sacrificios, de los <i>fondos
+Valc&aacute;rcel</i>, se empleaba en otras aplicaciones de tanteos aventurados,
+locos, desde el punto de vista econ&oacute;mico; en pruebas que le serv&iacute;an a
+K&ouml;rner para ensayar las novedades que ve&iacute;a en los peri&oacute;dicos t&eacute;cnicos,
+pero que en el comercio, en el triste comercio espa&ntilde;ol, sobre todo en
+aquel rinc&oacute;n de Espa&ntilde;a, sin comunicaciones apenas, sin ferrocarril
+todav&iacute;a, resultaban desastrosas, una locura. En estas aventuras de
+romanticismo qu&iacute;mico se empleaba poco dinero... porque ya no lo hab&iacute;a;
+no lo hab&iacute;a del caudal que hasta entonces hab&iacute;a provisto a todo. Pero la
+industria nueva era otra cosa. Nada de vaguedades, nada de variedad de
+ensayos sin contar con las salidas probables; esto otro era... una
+f&aacute;brica de p&oacute;lvora, la primera y &uacute;nica por entonces en la provincia.
+K&ouml;rner la dirig&iacute;a como ingeniero, y Nepomuceno estaba al frente de la
+Sociedad comanditaria que le daba el jugo cremat&iacute;stico. A los Valc&aacute;rcel,
+agotados, les hab&iacute;an dejado algo, muy poco, y sin saberlo ellos apenas.</p>
+
+<p>La f&aacute;brica de p&oacute;lvora estaba implantada en los terrenos de la vieja,
+como llamaban ya a la f&aacute;brica primitiva. No se sab&iacute;a por qu&eacute; para la
+antigua industria se hab&iacute;an comprado tantas hect&aacute;reas; pero ello hab&iacute;a
+sido una fortuna... para la industria nueva, que, a bajo precio, hab&iacute;a
+podido adquirir lo que la f&aacute;brica de p&oacute;lvora necesitaba y lo que a la
+otra no le serv&iacute;a para nada. Aquel tejemaneje industrial y
+administrativo en que por fas o por nefas siempre figuraban K&ouml;rner y
+Nepomuceno manej&aacute;ndolo todo, les hab&iacute;a costado no pocas reyertas, y no
+pocas componendas... y no pocos cuartos, por la necesidad de vencer
+escr&uacute;pulos de la ley y de la Administraci&oacute;n p&uacute;blica, representada por el
+personal respectivo; pero hoy una comilona, ma&ntilde;ana otra, regalitos,
+palmadas en el hombro, recomendaciones y otros expedientes, hab&iacute;an ido
+allan&aacute;ndolo todo.</p>
+
+<p>Bonis, en la visita a las f&aacute;bricas, no sac&oacute; nada en limpio m&aacute;s que el
+miedo invencible, que le tuvo ocupado el &aacute;nimo todo el tiempo que
+permanecieron cerca de la p&oacute;lvora. La idea de volar, mucho m&aacute;s veros&iacute;mil
+all&iacute; que a una legua lejos, no le dej&oacute; un momento. En cuanto a la
+f&aacute;brica vieja, la de <i>productos qu&iacute;micos</i>&mdash;as&iacute;, vagamente, en general&mdash;, no
+le pareci&oacute; tan en los &uacute;ltimos como cre&iacute;a. Pensaba ver una ruina
+material, las paredes cuarteadas, la maquinaria podrida, las chimeneas
+sin humo. No hab&iacute;a tal cosa; todo estaba entero, casi nuevo, con vida,
+hab&iacute;a ruido, hab&iacute;a calor, hab&iacute;a, aunque pocos, operarios... &iquest;D&oacute;nde
+estaba la ruina? No se atrevi&oacute; a preguntar por ella, porque no quer&iacute;a
+que los otros sospechasen que &eacute;l sab&iacute;a algo del estado del negocio.</p>
+
+<p>&laquo;Cuando volvamos de los ba&ntilde;os y yo le pida cuentas al t&iacute;o, averiguar&eacute; si
+esto nos produce algo o nos arruina en efecto&raquo;.</p>
+
+<p>Volvi&oacute;, dando saltos como una codorniz, dentro del coche, y entr&oacute; en la
+ciudad, decidido a no plantear nunca por propia cuenta una industria tan
+peligrosa como la de la p&oacute;lvora.</p>
+
+<p>K&ouml;rner y el primo Sebasti&aacute;n, de quien ahora estaba enamorado el t&iacute;o
+Nepomuceno, que le meti&oacute; en sus negocios de muy buen grado, y haci&eacute;ndole
+que se interesara en ellos por motivos de lucro, notaron a un mismo
+tiempo, y se comunicaron la observaci&oacute;n, que hac&iacute;a algunas semanas
+Bonifacio o&iacute;a muy atento sus conversaciones acerca de las f&aacute;bricas, y
+hasta rondaba las mesas del escritorio y miraba de soslayo los papeles
+que tra&iacute;an y llevaban.</p>
+
+<p>&mdash;Ese imb&eacute;cil parece que quiere enterarse&mdash;dijo K&ouml;rner.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, eso he notado. Pero, &iquest;no ve usted qu&eacute; cara de est&uacute;pido pone? No
+entiende una palabra.</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;; pero... no me f&iacute;o. Tiene miradas... as&iacute;, como de esp&iacute;a. Hay que
+espiarle a &eacute;l tambi&eacute;n.</p>
+
+<p>Un d&iacute;a el t&iacute;o, oy&eacute;ndoles insistir en comentar la curiosidad in&uacute;til de
+Reyes, se qued&oacute; pensativo.</p>
+
+<p>No dijo nada, pero se dedic&oacute; a observar tambi&eacute;n al sobrino por afinidad.
+En la mesilla de noche de su alcoba vio unos libros que le dieron que
+pensar.</p>
+
+<p>No eran versos, ni novelas, ni <i>psicolog&iacute;as l&oacute;gicas y &eacute;ticas</i>, que era lo
+que sol&iacute;a leer Bonis. All&iacute; estaba un tomo de <i>Los cien tratados</i>,
+enciclopedia popular, que junto a un curso abreviado de la cr&iacute;a de
+gallinas y otras aves de corral, mostraba un compendio de Derecho civil.
+Sobre este tomo vio otro que dec&iacute;a: Laspra, <i>Pr&aacute;ctica forense</i>, y otro con
+el r&oacute;tulo: <i>C&oacute;digo mercantil comentado</i>.</p>
+
+<p>&iquest;Qu&eacute; significaba aquello?</p>
+
+<p>Al d&iacute;a siguiente Ferraz, el magistrado alegre, encontr&oacute; a Nepomuceno en
+la calle, y le dijo:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Van ustedes a tener alg&uacute;n pleito?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;C&oacute;mo pleito? &iquest;Con qui&eacute;n?</p>
+
+<p>&mdash;Lo digo porque todas las tardes veo a Bonifacio echar grandes p&aacute;rrafos
+en La Oliva con el Papiniano de la quintana, con Cernuda el joven.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Hola! &iquest;Con que esas tenemos?&mdash;pens&oacute; don Nepo; pero se guard&oacute; de
+decirlo. Y en voz alta, echando a broma el aviso, que en realidad le
+hab&iacute;a alarmado, dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Pensar&aacute; hacerse abogado y estar&aacute; dando lecci&oacute;n con Cernuda. Amigo,
+ahora que va a ser padre, quiere ser un sabio; estudia mucho.</p>
+
+<p>Los dos rieron la gracia, y sobre todo la malicia. Pero a don Nepo otra
+le quedaba. Lo de Cernuda era grave. Hab&iacute;a que vivir prevenido.</p>
+
+<p>K&ouml;rner, Marta, Sebasti&aacute;n y el t&iacute;o aconsejaron a Emma que cuanto antes se
+echase al agua. Minghetti venc&iacute;a. Se busc&oacute; una carretela de buenos
+muelles, se encarg&oacute; que fuera al paso, y el matrimonio y Eufemia se
+fueron a la orilla del mar.</p>
+
+<p>Emma quer&iacute;a sentir algo extra&ntilde;o con el movimiento del coche; esperaba de
+aquel viaje imprudente una especie de milagro... natural. Que el hijo se
+le deshiciera en las entra&ntilde;as sin culpa de ella. Gaetano hab&iacute;a dicho que
+el viaje podr&iacute;a hacer fracasar el temido parto. La Valc&aacute;rcel deseaba
+abortar, sin ning&uacute;n remordimiento. No era ella; era el traqueo, el
+vaiv&eacute;n, las leyes de la naturaleza, de que tanto hablaba Bonis.</p>
+
+<p>El cual iba aburriendo al cochero con sus precauciones, con sus avisos
+continuos.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Cuidado! &iquest;Eh? &iquest;Qu&eacute; es eso? &iquest;Un bache? &iexcl;Maldito brinco! Despacio..., al
+paso, al paso..., no hay prisa... &iquest;C&oacute;mo te sientes, hija? &iexcl;Estos
+ingenieros de caminos! &iexcl;Qu&eacute; carreteras! &iexcl;Qu&eacute; pa&iacute;s!</p>
+
+<p>Y Emma, ignorante del peligro, pensaba: &laquo;S&iacute;, s&iacute;; el pa&iacute;s, los
+ingenieros; r&iacute;ete de cuentos; las leyes, las leyes de la naturaleza, que
+a ti te parecen inalterables y muy divertidas, esas, esas son las que te
+van a dar un chasco...&raquo;.</p>
+
+<p>Se qued&oacute; adormecida, y medio so&ntilde;ando, medio imaginando voluntariamente,
+sent&iacute;a que una criatura deforme, rid&iacute;cula, un vejete arrugadillo, que
+parec&iacute;a un ni&ntilde;o Jes&uacute;s, lleno de pellejos flojos, con pelusa de melocot&oacute;n
+invernizo, se la desprend&iacute;a de las entra&ntilde;as, iba cayendo poco a poco en
+un abismo de una niebla h&uacute;meda, brumosa, y se desped&iacute;a haciendo muecas,
+diciendo adi&oacute;s con una mano, que era lo &uacute;nico hermoso que ten&iacute;a; una
+mano de n&aacute;car, torneadita, una monada.... Y ella le cog&iacute;a aquella mano, y
+le daba un beso en ella; y dec&iacute;a, dec&iacute;a a la mano que se agarraba a las
+suyas: &laquo;Adi&oacute;s... adi&oacute;s...; no puede ser... no puede ser...; no sirvo yo
+para eso. Adi&oacute;s... adi&oacute;s...; mira, las leyes de la naturaleza son las
+que te hacen caer, desprenderte de mi seno.... Adi&oacute;s, hija m&iacute;a, manecita
+m&iacute;a; adi&oacute;s... adi&oacute;s.... Hasta la eternidad&raquo;. Y la figurilla, que por lo
+visto era de cera, se desvanec&iacute;a, se derret&iacute;a en aquella bruma
+caliginosa, que envolv&iacute;a a la criaturita y a ella tambi&eacute;n, a Emma, y la
+sofocaba, la asfixiaba.... Abri&oacute; los p&aacute;rpados con sobresalto, y vio a
+Bonis que, con la mirada de <i>Agnus Dei</i>, como ella dec&iacute;a, enternecida,
+clavaba sus ojos claros en el vientre en que iba su esperanza.</p>
+
+<p>Llegaron sin novedad a la costa. Emma se ba&ntilde;&oacute; al d&iacute;a siguiente, con los
+cuidados que el m&eacute;dico del pueblo, consultado por Bonis, aconsej&oacute;. Por
+aquel doctor supo la Valc&aacute;rcel, horrorizada, cuando se trat&oacute; de dar la
+vuelta a la ciudad, que lo que ella cre&iacute;a aborto, en aquellas
+circunstancias pod&iacute;a ser mucho m&aacute;s peligroso que el parto en su d&iacute;a...,
+porque ya ser&iacute;a otra cosa: un verdadero parto antes de la cuenta, pero
+no aborto en rigor. Un sietemesino de vida precaria, y gran peligro y
+grandes p&eacute;rdidas de la madre... eso era lo que pod&iacute;a producir el viaje a
+la ciudad si no se tomaban grandes precauciones. Emma chill&oacute;, cogi&oacute; el
+cielo con las manos, insult&oacute; a Bonis, y a Minghetti, y a D. Basilio,
+ausentes. &iexcl;Ella que cre&iacute;a enga&ntilde;ar a la naturaleza! &iexcl;Hu&iacute;a de un peligro y
+buscaba otro mayor! Pero, &iquest;por qu&eacute; no me lo han dicho en casa?</p>
+
+<p>&mdash;Pero, mujer, &iquest;no te advertimos Aguado y yo?...</p>
+
+<p>&mdash;Aguado hablaba de perder la criatura, no de perderme yo. &iexcl;Dios m&iacute;o! Yo
+no me muevo; parir&eacute; aqu&iacute;, en esta aldea... me morir&eacute; aqu&iacute;... Yo no doy
+un paso m&aacute;s....</p>
+
+<p>Cost&oacute; gran trabajo meterla en el coche. El m&eacute;dico del pueblo tuvo que
+asegurarle bajo palabra de honor que &eacute;l respond&iacute;a de que no habr&iacute;a
+novedad si se tomaban las medidas de precauci&oacute;n que &eacute;l se&ntilde;alara.... Se
+hizo todo al pie de la letra. Se pidi&oacute; prestado su mejor coche a una
+condesa de las cercan&iacute;as; el cochero tuvo que jurar que los caballos no
+dar&iacute;an un paso m&aacute;s largo que otro; el carruaje se llen&oacute; de almohadones.
+Emma iba casi suspendida. Tuvo que confesar que no sent&iacute;a el movimiento
+apenas. Durante el viaje, que dur&oacute; tres horas m&aacute;s que el de ida, se
+durmi&oacute; tambi&eacute;n, y se qued&oacute; con las manos apretadas sobre el vientre.
+Cuando despert&oacute;, vio a Bonis con la mirada grave, de expresi&oacute;n intensa,
+fija sobre el mismo sagrado bulto que oprim&iacute;an los dedos de ella. Se lo
+agradeci&oacute;; sonri&oacute; al esposo que la ayudaba a no soltar antes de tiempo
+la carga de sus entra&ntilde;as, y le mostr&oacute;, avergonzada de la caricia, como
+siempre que ten&iacute;a estas debilidades, le mostr&oacute; su gratitud d&aacute;ndole un
+suave puntapi&eacute; en la espinilla. Y Bonis, que sent&iacute;a l&aacute;grimas cerca de
+los p&aacute;rpados, pens&oacute;: &laquo;Lo mejor ser&iacute;a amar al hijo... y amar a la madre&raquo;.</p>
+
+<p>Al bajar del coche, junto al portal de su casa, Emma exigi&oacute; que la
+ayudasen dos, que hab&iacute;an de ser Bonis y Minghetti; se dej&oacute; caer sobre
+ellos con todo su cuerpo, segura de no ser abandonada a su pesadumbre.
+Despu&eacute;s, mientras Bonis y D. Nepo y los dem&aacute;s que hab&iacute;an acudido a
+recibirla daban &oacute;rdenes para subir a casa el equipaje, ella emprendi&oacute; la
+marcha escalera arriba, colgada del brazo de Gaetano. En el primer
+descanso se detuvo, respir&oacute; con dificultad, mir&oacute; al bar&iacute;tono con fijeza,
+y acab&oacute; por decir:</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Y si me hubiera muerto en el camino... por culpa tuya?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bah!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;S&iacute;, bah! Pod&iacute;a desangrarme; son habas contadas.</p>
+
+<p>&mdash;No, hija m&iacute;a, no. Parir&aacute;s sin dolor, y tendr&aacute;s un robusto infante.</p>
+
+<p>Emma se puso muy encarnada. Minghetti, como distra&iacute;do, le solt&oacute; el
+brazo, y sigui&oacute; subiendo, delante, sin m&aacute;s cortes&iacute;a, con las manos en
+los bolsillos del pantal&oacute;n, silbando una cavatina con un silbido de
+culebra, que era una de sus habilidades. La Valc&aacute;rcel acab&oacute; de subir
+sola, agarrada al pasamanos, y sujetando el vientre, como si temiera
+parir en la escalera.</p>
+
+<p>Se acost&oacute;, e hizo venir a D. Basilio. Exigi&oacute; un reconocimiento, del cual
+result&oacute; que no hab&iacute;a novedad y que el tremendo trance de Lucina llegar&iacute;a
+por sus pasos contados, o no contados en aquella ocasi&oacute;n, a su debido
+tiempo.</p>
+
+<p>Los de all&aacute;, como llamaban a Mochi y a la Gorgheggi, todos los de la
+alegre compa&ntilde;&iacute;a, escribieron preguntando con gran inter&eacute;s por la salud
+de Emma.</p>
+
+<p>Minghetti era el encargado de aquella correspondencia por parte de los
+de ac&aacute;. A La Coru&ntilde;a iban pocas cartas; pero de La Coru&ntilde;a ven&iacute;an con
+abundancia. Los ausentes sent&iacute;an nostalgia de la <i>vita bona</i> que hab&iacute;an
+dejado. Serafina era la que m&aacute;s abusaba de la escritura. En una
+hermos&iacute;sima letra inglesa, escrib&iacute;a pliegos y pliegos de literatura
+pol&iacute;glota; ingl&eacute;s, a veces, para las cosas m&aacute;s dif&iacute;ciles de decir, y que
+se quedaban sin entender si no acud&iacute;an K&ouml;rner o Marta a traducirlas;
+italiano a menudo, y por lo com&uacute;n espa&ntilde;ol. Aun en castellano hab&iacute;a
+parrafillos que no comprend&iacute;an los corresponsales de ac&aacute;, no por las
+palabras, sino por los conceptos. Eran alusiones disimuladas y de mucho
+artificio que iban derechas al coraz&oacute;n y a los recuerdos de Bonis. Este,
+a pesar de sus remordimientos, escrib&iacute;a de tarde en tarde a Serafina,
+que se lo hab&iacute;a exigido. Ten&iacute;a la cantante una pasi&oacute;n verdadera por las
+expansiones epistolares, y era muy capaz de mantener la constancia de
+una llama amorosa, m&aacute;s o menos mortecina, a fuerza de acumular paquetes
+de pleguezuelos perfumados llenos de letra menuda, cruzada como un
+tejido sutil. Pero si Bonis hab&iacute;a consentido en <i>continuar sus relaciones</i>
+por escrito, se hab&iacute;a opuesto en absoluto a que la c&oacute;mica le escribiese
+a &eacute;l directamente. Aunque era seguro que Emma hab&iacute;a llegado a saber que
+su esposo era o hab&iacute;a sido amante de su amiga la Gorgheggi, y hac&iacute;a la
+vista gorda, al fin no hab&iacute;a que estirar la cuerda; tal vez si se
+desafiaba su dignidad de esposa burlada, pensaba y dec&iacute;a a su c&oacute;mplice
+Bonifacio, tal vez estallase la cuerda y hubiese una de <i>p&oacute;pulo b&aacute;rbaro</i>.
+A esto hab&iacute;a contestado Serafina con extra&ntilde;a sonrisa: &laquo;Pero si tu mujer
+vive a lo gran se&ntilde;ora, despreocupada, y sabe lo que es el mundo...&raquo;.</p>
+
+<p>Esta idea de la tolerancia perversa de su mujer sublevaba los
+sentimientos morales de Bonis; no admit&iacute;a la hip&oacute;tesis. &laquo;No; su mujer no
+pod&iacute;a despreciarle ni despreciarse hasta ese punto&raquo;. En fin, no
+transigi&oacute;. A &eacute;l no se le pod&iacute;a escribir cartas de amor, que de fijo
+caer&iacute;an en poder de Nepomuceno y de Emma, porque de seguro no se le
+respetar&iacute;a la correspondencia, como no se le respetaban los dem&aacute;s
+derechos individuales. La Gorgheggi tuvo que resignarse, y se contentaba
+con escribir no s&oacute;lo a Minghetti, en su nombre y el de Mochi, sino a
+Emma, su car&iacute;sima amiga; y hasta en las cartas a esta hab&iacute;a
+contestaciones veladas, intercaladas con un disimulo que revelaba
+grand&iacute;simo arte, a los m&aacute;s esenciales conceptos de las escasas cartas de
+Bonis. Cuando el futuro padre vio aquellos pliegos en que se alud&iacute;a al
+pr&oacute;ximo alumbramiento de su mujer, y se alud&iacute;a con misteriosas
+oscuridades, que no eran contestaci&oacute;n a nada de lo que &eacute;l hab&iacute;a escrito,
+y m&aacute;s parec&iacute;an malicias inextricables, sinti&oacute; hasta repugnancia moral, y
+cort&oacute; por lo sano. Dej&oacute; de escribir a Serafina. &laquo;As&iacute; como as&iacute;, todo
+aquello ten&iacute;a que concluir pronto. En cuanto naciese el hijo&raquo;. M&aacute;s hubo.
+Reyes se hizo supersticioso a su manera; y si bien desech&oacute; por absurda,
+aunque simp&aacute;tica y bella, la idea de hacer una promesa a la Virgen del
+Cueto, imagen milagrosa de las cercan&iacute;as, decidi&oacute; <i>sacrificar</i> al buen
+&eacute;xito del parto todos sus vicios, todos sus pecados. &laquo;La estricta
+moralidad, pens&oacute;, ser&aacute; para m&iacute;, como si dij&eacute;ramos, Nuestra Se&ntilde;ora del
+Buen Parto&raquo;. Hizo examen de conciencia, y no encontr&oacute; m&aacute;s pecado gordo
+que el de las cartas ad&uacute;lteras. Suprimi&oacute; las cartas. Serafina, a las
+pocas semanas, se quej&oacute; con el esoterismo epistolar de costumbre; pero
+Bonis no se dio por enterado, y acab&oacute; por no leer siquiera las cartas
+que ven&iacute;an de la Coru&ntilde;a primero, y despu&eacute;s de Santander. As&iacute; es que
+supo, porque la misma Emma se lo dijo, y se lo dijo despu&eacute;s Minghetti,
+que Serafina estaba en situaci&oacute;n poca halag&uuml;e&ntilde;a, pues trueno tras de
+trueno, Mochi, aburrido, se hab&iacute;a marchado a Italia sin un cuarto, pero
+lleno de deudas; y ella, su amiga y disc&iacute;pula, quedaba en Santander sin
+contrata, sin dinero y con fundados temores de que su maestro y babbo
+espiritual no volviera a buscarla, aunque se lo hab&iacute;a prometido.</p>
+
+<p>Minghetti y Emma, que con el miedo a morirse a plazo fijo se sent&iacute;a muy
+caritativa y compadec&iacute;a mucho las desgracias ajenas a ratos perdidos,
+trataron en conferencia c&oacute;mo se pod&iacute;a proteger a Serafina de modo
+compatible con la dignidad de la cantante. Se consult&oacute; con el t&iacute;o
+tambi&eacute;n, y este no ocult&oacute; la frialdad con que acog&iacute;a aquel inter&eacute;s que
+se tomaba su sobrina por la protegida de Mochi. Dijo, secamente, que no
+se pod&iacute;a hacer nada por ella, ni con dignidad, ni sin dignidad, puesto
+que de todas suertes hab&iacute;a de ser sin dinero.</p>
+
+<p>A Bonis no se le habl&oacute; de estos proyectos de socorro; primero, por la
+inveterada costumbre de no contar con &eacute;l para nada; y despu&eacute;s, porque
+tanto a Minghetti como a Emma se les ocurri&oacute;, sin comunic&aacute;rselo, que era
+demasiada desfachatez y falta de aprensi&oacute;n tratar con Bonifacio de
+semejante negocio.</p>
+
+<p>Un d&iacute;a, cuando seg&uacute;n los c&aacute;lculos m&aacute;s probables, ya se aproximaba la
+<i>cat&aacute;strofe</i> que horrorizaba a la Valc&aacute;rcel, y en opini&oacute;n de don Basilio
+se deb&iacute;a estar preparado a tenerla encima de un momento a otro, Reyes se
+encontr&oacute; en el portal de su casa, al salir, con el cartero. No tra&iacute;a m&aacute;s
+que una carta.</p>
+
+<p>&mdash;Para usted es, se&ntilde;orito&mdash;dijo el hombre con voz solemne, como dando gran
+importancia a lo extraordinario del caso.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Para m&iacute;!&mdash;Bonis se apoder&oacute; del papel como de una presa, como si se lo
+disputaran; mir&oacute; azorado a la escalera y hacia la calle temiendo que
+aparecieran testigos; y cuando ya el cartero tomaba la puerta, le dijo
+asustado, temblando ante el temor de que no se le hubiera ocurrido
+llamarle:</p>
+
+<p>&mdash;Oiga usted, cartero.... El cuarto, el cuarto, hombre.</p>
+
+<p>&mdash;No, se&ntilde;orito; no es pu&ntilde;alada de p&iacute;caro; otro d&iacute;a cobrar&eacute;.</p>
+
+<p>&mdash;No, no; si tengo yo. Tome usted. Las cuentas claras. Tome usted.&mdash;Y le
+entreg&oacute; una pieza de dos cuartos.</p>
+
+<p>&mdash;Sobra uno, se&ntilde;orito; queda en cuenta, &iquest;eh?, para ma&ntilde;ana. Ya que usted
+es tan puntual, yo tambi&eacute;n....</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;No, no!, de ninguna manera. Qu&eacute;dese usted con el otro o delo a un
+pobre.</p>
+
+<p>El cartero se fue riendo.</p>
+
+<p>&mdash;Ri&eacute;ndose va de m&iacute;&mdash;pens&oacute; Bonis&mdash;; &iexcl;creer&aacute; que he querido comprar su
+silencio con dos maraved&iacute;s!</p>
+
+<p>No hab&iacute;a le&iacute;do el sobre de la carta, que guard&oacute; azorado en el bolsillo.
+Pero no necesitaba leer nada. Estaba seguro; era de Serafina. En efecto;
+en el caf&eacute; de la Oliva ley&oacute; aquel pliego, en que la Gorgheggi se le
+quejaba como una Dido muy versada en el estilo epistolar. &iexcl;Qu&eacute;
+elocuencia en los reproches! Toda aquella prosa le lleg&oacute; al alma. Se
+quejaba de su largo silencio; sab&iacute;a, por las cartas de Emma, que &eacute;l,
+Bonis, ya no le&iacute;a las suyas, las de su <i>querida</i> Serafina. Por eso sin
+duda no la hab&iacute;a ofrecido ni un consuelo en la terrible situaci&oacute;n a que
+hab&iacute;a llegado. Tal vez &eacute;l no cre&iacute;a en tal penuria; tal vez, como un
+miserable, pensaba que ella pod&iacute;a entregarse a cierta clase de
+aventuras, que le facilitar&iacute;an suficientes medios para vivir en la
+abundancia. Pues, no, no. Crey&eacute;ralo o no, ella no pod&iacute;a dejar de volver
+los ojos a la vida tranquila, serena, que &eacute;l la hab&iacute;a ense&ntilde;ado a
+preferir, penetrando sus verdaderos goces.</p>
+
+<p>Ven&iacute;a a decirle, a su modo, con muchas frases rom&aacute;nticas, pero con
+sinceridad, por lo que al presente se refer&iacute;a, que aquel tiempo pasado
+en el pueblo de Bonis la hab&iacute;a transformado, y no pod&iacute;a lanzarse a la
+vida alegre en que su hermosura la promet&iacute;a triunfos y provecho.
+Ocultaba, como siempre, las aventuras antiguas, pero no ment&iacute;a en cuanto
+a la actualidad.</p>
+
+<p>En la Coru&ntilde;a, en Santander, hab&iacute;a resistido a todas las seducciones del
+dinero, &uacute;nicas que, en verdad, se le hab&iacute;an presentado. Pudo tener
+amantes ricos, y no quiso.</p>
+
+<p>Era fiel a Bonis como una buena casada que no ama a su esposo, pero le
+respeta, le estima, y estima y respeta, sobre todo, la honradez. A
+Serafina le hab&iacute;a sabido a gloria la vida de se&ntilde;ora de pueblo que hab&iacute;a
+hecho junto a Reyes; de una se&ntilde;ora con unas relaciones prohibidas, eso
+s&iacute;, pero s&oacute;lo aquellas.</p>
+
+<p>&laquo;El maestro, segu&iacute;a diciendo la carta, ha prometido volver a buscarme en
+cuanto haya una contrata aceptable; pero el tiempo vuela, yo me
+desespero. Mochi no viene, y estoy delicada, nerviosa, muy triste... y
+muy pobre. La voz, adem&aacute;s, se me va a escape; el teatro empieza a darme
+miedo; he recibido ciertos desaires, disimulados, del p&uacute;blico, que me
+han sabido al hambre futura, al hospital en lontananza. No te pido un
+asilo; no te pido una limosna. Pero me voy cerca de ti. Quiero ser
+<i>burguesa</i>. En tu casa, a tu lado, aprend&iacute; a serlo, a mi manera. Aquella
+paz del alma de que me hablabas tantas veces la necesito yo tambi&eacute;n. Eso
+y un poco de pan... y un poco de patria, aunque sea prestada. Le he
+tomado cari&ntilde;o a ese rinc&oacute;n tuyo, como se lo tuve en otro tiempo a aquel
+otro rinc&oacute;n verde de Lombard&iacute;a de que te hablaba yo, cuando t&uacute; me
+adorabas como a la <i>madonna</i>. Ya s&eacute; que el amor no es eterno. No te pido
+amor, te pido amistad, cierto cari&ntilde;o que no niegan los esposos menos
+fieles a su mujer. Y tampoco les niegan un asilo. Yo no puedo vivir en
+tu casa; pero puedo vivir en tu pueblo. A lo menos por alg&uacute;n tiempo:
+d&eacute;jame ir. Ahora necesito descansar. Estoy enferma por dentro, por muy
+adentro. Desquiciada. Necesito ver caras amigas. T&uacute; no sabes qu&eacute; pena es
+no tener patria verdadera cuando el cuerpo se fatiga, quiere descanso y
+el alma pide paz y vivir de recuerdos. Yo antes no pensaba as&iacute;. Pero t&uacute;,
+tus man&iacute;as de moral estrecha, hasta tu caser&oacute;n vetusto con sus aires
+tradicionales, se&ntilde;oriles, todo eso se me ha metido por el alma. Algunas
+veces te o&iacute; decir que nosotros, los pobres c&oacute;micos, os hab&iacute;amos pegado a
+ti y a los tuyos nuestras costumbres alegres, despreocupadas. Todo se
+pega. Tambi&eacute;n a m&iacute; me hab&eacute;is pegado vosotros, t&uacute;, t&uacute;, Bonis, sobre todo,
+vuestras preocupaciones y vuestro temor de la vida incierta, peregrina.
+Esto de que le lleve a uno el viento de un lado a otro, es terrible. Voy
+a verte. Adem&aacute;s, esto, Bonis, <i>voy a verte</i>. A ti ya no te importa. Pero a
+m&iacute;... todav&iacute;a s&iacute;. Yo no soy tu mujer; pero t&uacute; eres mi marido. No tengo
+otro. Si yo hubiera sido la hija mimada del abogado Valc&aacute;rcel, la
+bendici&oacute;n que santific&oacute; tus amores con otra hubiera ca&iacute;do sobre m&iacute;. No
+des al azar m&aacute;s importancia que tiene. Ya sabes c&oacute;mo soy; el mejor d&iacute;a
+estoy contigo. &iquest;Me cerrar&aacute;s tu puerta? &iquest;Manda eso la moral que usas
+ahora? A ti te quiere todav&iacute;a mucho, Bonifacio Reyes, te quiere,
+SERAFINA&raquo;.</p>
+
+<p>Bonifacio no dud&oacute; un momento de la sinceridad de tanta prosa. Sinti&oacute;
+l&aacute;stima infinita, amor retrospectivo; la voluptuosidad antigua, evocada
+por los recuerdos, se purificaba. Se vio desorientado dentro de la
+conciencia, la br&uacute;jula del deber le daba vueltas en la cabeza como una
+loca. &Eacute;l deb&iacute;a algo tambi&eacute;n a Serafina. Si ella le hab&iacute;a corrompido el
+coraz&oacute;n, el t&aacute;lamo, &eacute;l le hab&iacute;a pegado a ella aquellos instintos de vida
+ordenada, pac&iacute;fica, honrada. Y adem&aacute;s... le ped&iacute;a pan la que le hab&iacute;a
+hecho feliz.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Sofismas, sofismas!&mdash;le gritaba de repente el <i>hombre nuevo</i>, como &eacute;l se
+dec&iacute;a&mdash;. Voy a ser padre, y en la casa en que nazca mi hijo no pueden
+entrar queridas de su padre. Se acabaron las queridas... y, sobre todo,
+se acab&oacute; el dinero. Yo no gastar&eacute; ya un cuarto en cosa que no le importa
+a mi hijo. Todo por &eacute;l, todo por &eacute;l. Y se acab&oacute;. No hay que darle
+vueltas. Esto es ser cruel. Esto es ser ego&iacute;sta. Bueno. Ego&iacute;sta por mi
+hijo. No me repugna. Por &eacute;l, cualquier cosa. Me agarro a lo absoluto. El
+deber de padre, el amor de padre, es para m&iacute; lo absoluto&raquo;.</p>
+
+<p>Estas frases y otras por el estilo no imperaban siempre en el alma de
+Reyes. Desde que lleg&oacute; la carta de Serafina fue la existencia de Bonis
+de lucha continua consigo mismo; una batalla perenne, como tantas otras
+que se hab&iacute;a dado a s&iacute; propio, siempre derrotado.</p>
+
+<p>Serafina lleg&oacute;; se present&oacute; en el caser&oacute;n de los Valc&aacute;rcel, fue bien
+recibida por Emma, por Nepo, por Sebasti&aacute;n, por Marta, por todos, y
+Bonis no tuvo valor para mostrarse esquivo. Lo que no hizo fue oficiar
+de amante, ni Serafina mostr&oacute; deseos de reanudar las relaciones, por lo
+pronto. &Eacute;l, sin embargo, se acordaba de lo que dec&iacute;a la carta sobre el
+particular. Los ojos de la Gorgheggi parec&iacute;an recitar con sus miradas el
+final de la ep&iacute;stola; pero los labios no dec&iacute;an nada de tales ternezas.
+Tampoco le toc&oacute; la cuesti&oacute;n espinosa y delicada de los <i>alimentos</i>, que
+parec&iacute;a reclamar la antigua querida.</p>
+
+<p>La cantante dijo que ven&iacute;a a esperar a Mochi, que le hab&iacute;a ofrecido
+volver a su lado para llevarla contratada a Am&eacute;rica. No pidi&oacute; nada a
+nadie. Viv&iacute;a modestamente en su antiguo cuarto de la Oliva. La visitaban
+Minghetti, K&ouml;rner, Sebasti&aacute;n y otros amigos antiguos. Bonis no la ve&iacute;a
+m&aacute;s que en su propia casa, es decir, en casa de su mujer. Ella no se
+quejaba de esta conducta. No hac&iacute;a m&aacute;s que mirarle con ojos amantes en
+cuanto hab&iacute;a ocasi&oacute;n de verse solos.</p>
+
+<p>Reyes estaba satisfecho de su entereza. Hab&iacute;a sentido mucho, mucho, al
+ver en su presencia a la tiple.... Pero se hab&iacute;a contenido pensando en su
+futuro <i>sacerdocio</i> de padre. Aquella lucha en que esta vez iba
+venci&eacute;ndose a s&iacute; mismo, le parec&iacute;a una iniciaci&oacute;n en la vida de virtud,
+de sacrificio, a que se sent&iacute;a llamado. Con la energ&iacute;a empleada en esta
+violencia hecha a la pasi&oacute;n antigua, daba por gastada toda la fuerza de
+su pobre voluntad, y se perdonaba, con pocos escr&uacute;pulos, los
+aplazamientos y pr&oacute;rrogas que iba dando a lo de las cuentas del t&iacute;o. S&iacute;,
+pensaba explicarse; pensaba plantear la cuesti&oacute;n... pero pasaban los
+d&iacute;as y no hac&iacute;a nada. Nada entre dos platos. Le&iacute;a Derecho civil, le&iacute;a un
+C&oacute;digo de comercio que ten&iacute;a por ap&eacute;ndice un tratado de tenedur&iacute;a de
+libros; consultaba con Cernuda el joven, elocuente abogado y... nada
+m&aacute;s. El t&iacute;o se preparaba sin duda. Esperaba una acometida. &iexcl;Oh! &iexcl;Bien
+sab&iacute;a Bonis que Nepo tendr&iacute;a armas con que defenderse! Por eso tomaba
+vuelo; por eso daba largas al asunto... por eso, valga la verdad, le
+temblaban las piernas cada vez que se dec&iacute;a: &laquo;Hoy mismo llamo aparte al
+t&iacute;o y le digo...&raquo;.</p>
+
+<p>&iexcl;Pero si no sab&iacute;a lo que hab&iacute;a de decirle siquiera! Una tarde lleg&oacute; el
+cartero con dos cartas del correo interior. Una era de Serafina, que no
+hab&iacute;a parecido por casa de Emma hac&iacute;a tres o cuatro d&iacute;as; escrib&iacute;a esta
+vez a Bonis, sin acordarse de lo tratado, que era no escribirle a &eacute;l, y
+le dec&iacute;a que se sent&iacute;a mal y con disgustos repugnantes por causa de una
+letra de Mochi, que no hab&iacute;a llegado. Le ped&iacute;a consuelo, una visita y....
+algunos duros adelantados. Lo sent&iacute;a infinito, pero el fondista de la
+Oliva le hab&iacute;a herido el amor propio, la hab&iacute;a ofendido, y quer&iacute;a pagar
+para tener derecho de dejar aquella posada, y decirle al grosero que no
+sab&iacute;a tratar con una dama, sola, sin un hombre que la defendiera.</p>
+
+<p>Ante esta misiva, los primeros impulsos de Bonis fueron dignos de un
+Bayardo y de un Creso, en una pieza. Por un momento se olvid&oacute; de su
+<i>sacerdocio</i> y se vio en el <i>terreno</i> atravesando al hu&eacute;sped de la Oliva de
+una estocada, y arroj&aacute;ndole a los pies un bolsillo de malla, como los
+que usaba Mochi en las &oacute;peras.... Pero la letra contrahecha de la otra
+carta le llam&oacute; la atenci&oacute;n: rompi&oacute; el sobre y ley&oacute; de un golpe, &iexcl;y qu&eacute;
+golpe!, el contenido del an&oacute;nimo, pues lo era. No dec&iacute;a m&aacute;s que esto:
+&laquo;&iexcl;Ladr&oacute;n! &iexcl;Sacr&iacute;lego! &iquest;D&oacute;nde est&aacute;n los siete mil reales devueltos en el
+confesonario por un pecador arrepentido?&raquo;.</p>
+
+<p>Bonis, que estaba en su alcoba, se dej&oacute; caer sentado sobre la colcha de
+flores azules de su humilde lecho. Sinti&oacute; un sudor fr&iacute;o, la garganta
+apretada.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Me estoy poniendo malo!&raquo; se dijo. Pero de repente olvid&oacute; su mal, el
+an&oacute;nimo, todo, porque Eufemia entr&oacute; gritando, corriendo; tropez&oacute; con las
+rodillas de Bonis, y exclam&oacute;:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Se&ntilde;orito, se&ntilde;orito!... La se&ntilde;orita est&aacute; con los dolores.</p>
+
+<p>Bonis salt&oacute; como un tigre, corri&oacute; por salas y pasillos, con una bota y
+una zapatilla, tal como le hab&iacute;an sorprendido las cartas malhadadas, y
+lleg&oacute; al gabinete de su esposa en pocos brincos.</p>
+
+<p>Horrorizada, con cara de condenado del infierno, Emma se retorc&iacute;a
+agarrada con u&ntilde;as de hierro a los hombros y al cuello de Minghetti, que
+no hab&iacute;a tenido tiempo para levantarse de la banqueta del piano. Estaba
+&eacute;l cantando y acompa&ntilde;&aacute;ndose, seg&uacute;n costumbre, cuando su disc&iacute;pula lanz&oacute;
+un chillido de espanto, sorprendida y horrorizada por el primer dolor
+del parto pr&oacute;ximo. Se hab&iacute;a agarrado al maestro y amigo, no s&oacute;lo con el
+instinto de toda mujer en trances tales, sino como dispuesta a no morir
+sola, si de aquello se mor&iacute;a; decidida a no soltar la presa esta vez y
+llevarse consigo al otro mundo al primero que cogiera a mano.</p>
+
+<p>Al presentarse Bonis, hubo en los tres un movimiento que pareci&oacute;
+obedecer al impulso de un mismo mandato de la conciencia; Emma solt&oacute; el
+cuello y el hombro de Gaetano; este dio un brinco, separ&aacute;ndose de Emma,
+y Reyes avanz&oacute; resuelto, con adem&aacute;n de reivindicaci&oacute;n, a ocupar el sitio
+de Minghetti. Emma se agarr&oacute; con m&aacute;s ansia, con m&aacute;s confianza al robusto
+cuello y al pecho de su marido, que sinti&oacute; en el contacto de las u&ntilde;as y
+en el apret&oacute;n fort&iacute;simo, nervioso, una extra&ntilde;a delicia nueva, la
+presencia indirectamente revelada del ser que esperaba con tanto deseo.
+Aquello era &eacute;l, s&iacute;, &eacute;l, el hijo que estaba all&iacute;, que se anunciaba con el
+dolor de la madre, con esa solemnidad triste y misteriosa, grave,
+sublime en su incertidumbre, de todos los grandes momentos de la vida
+natural.</p>
+
+<p>En el apretar desesperado de Emma a cada nuevo dolor, Bonis sent&iacute;a,
+adem&aacute;s de los efectos naturales de la debilidad femenina en tal apuro,
+adem&aacute;s de <i>meros fen&oacute;menos fisiol&oacute;gicos</i>, el car&aacute;cter de la esposa; ve&iacute;a
+el ego&iacute;smo, la tiran&iacute;a, la crueldad de siempre. Un tanto por ciento de
+aquel da&ntilde;o que Emma le hac&iacute;a al apoyarse en &eacute;l, y como procurando
+transmitirle por el contacto parte del dolor, para repartirlo, lo
+atribu&iacute;a Bonis al deseo de molestarle, de hacerle sufrir por gusto.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Que me muero, Bonis, que me muero!&mdash;gritaba ella, encaramada en su
+marido.</p>
+
+<p>El peso le parec&iacute;a a &eacute;l dulce, y la voz amante. Busc&oacute; el rostro de Emma,
+que ten&iacute;a apoyado en su pecho, y encontr&oacute; una expresi&oacute;n como la de
+Melp&oacute;mene en las portadas de la <i>Galer&iacute;a dram&aacute;tica</i>. Los ojos espantados,
+con cierto extrav&iacute;o, de la parturiente, no expresaban ternura de ning&uacute;n
+g&eacute;nero; de fijo ella no pensaba en el hijo; pensaba en que sufr&iacute;a nada
+m&aacute;s, y en que se pod&iacute;a morir, y en que era una atrocidad morirse ella y
+quedar ac&aacute; los dem&aacute;s. Padec&iacute;a y estaba furiosa; tomaba el lance, en la
+suprema hora, como un condenado a muerte, inocente, pero no resignado y
+apegado a la vida. Hubo un momento en que Bonis crey&oacute; sentir los
+afilados dientes de su mujer en la carne del cuello.</p>
+
+<p>Minghetti hab&iacute;a desaparecido del gabinete con pretexto de ir a avisar a
+m&aacute;s se&ntilde;ores.</p>
+
+<p>En efecto; poco despu&eacute;s se presentaba el primo Sebasti&aacute;n, p&aacute;lido; y a
+los cinco minutos Marta, muy contrariada, porque aquello pod&iacute;a retrasar
+algunos d&iacute;as su <i>pr&oacute;ximo enlace</i>, y tal vez el bautizo eclipsara la boda.
+Se creer&iacute;a, por su modo de mirar la escena, que se hab&iacute;an dado garant&iacute;as
+de que Emma no parir&iacute;a hasta despu&eacute;s de casarse ella. Por fin se
+present&oacute; Nepomuceno, acompa&ntilde;ado del m&eacute;dico antiguo, del partero insigne;
+porque, con perd&oacute;n de D. Basilio, Emma le ten&iacute;a guardada aquella
+felon&iacute;a; hasta el d&iacute;a del trance, Aguado; pero en el momento cr&iacute;tico, si
+la cosa no ven&iacute;a muy torcida, el otro. Quer&iacute;a parir con el milagroso
+comadr&oacute;n popular, a quien jam&aacute;s se le mor&iacute;a ninguna cliente. Damas y
+mujeres del pueblo ten&iacute;an m&aacute;s fe en aquel hombre que en San Ram&oacute;n. Las
+que mor&iacute;an, mor&iacute;an siempre en poder de los toc&oacute;logos sin prestigio
+sobrenatural. El comadr&oacute;n insigne sab&iacute;a llamar a tiempo a sus colegas. A
+falta de ciencia, ten&iacute;a conciencia, y de camino ayudaba a la leyenda que
+le hac&iacute;a infalible.</p>
+
+<p>Bonis, que siempre hab&iacute;a defendido a los toc&oacute;logos de la ciudad y
+atacaba con dureza la fama milagrosa del gran comadr&oacute;n, al ver entrar a
+este se sinti&oacute; contaminado de la fe general. Que perdonaran la ciencia y
+el se&ntilde;or Aguado... pero &eacute;l tambi&eacute;n se sent&iacute;a lleno de confianza en
+presencia de aquel ignorante tan pr&aacute;ctico, por m&aacute;s que un d&iacute;a lejano le
+hab&iacute;a condenado a &eacute;l falsamente a la esterilidad de su mujer. Aquel era
+el falso profeta que le hab&iacute;a arrancado la esperanza de ser padre, a
+llegar a la dignidad que le parec&iacute;a m&aacute;s alta. Fuera como quiera, don
+Venancio entr&oacute;, como siempre, dando gritos; ri&ntilde;endo, declarando que no
+respond&iacute;a de nada porque se le llamaba tarde. No salud&oacute; a nadie; separ&oacute;
+a Reyes de un empuj&oacute;n del lado de su esposa; a esta la hizo tenderse
+sobre el lecho, y en las mismas narices del pasmado Bonis, le pidi&oacute; tal
+clase de utensilios, que a &eacute;l, el padre futuro, se le figur&oacute; que lo que
+el ilustre comadr&oacute;n exig&iacute;a eran materiales para fabricar un cordel con
+que ahogarle al hijo.</p>
+
+<p>Sebasti&aacute;n, esc&eacute;ptico en todo desde que hab&iacute;a dejado el romanticismo y
+engordado, se sonre&iacute;a, asegurando en voz baja que la cosa no era para
+tan pronto.</p>
+
+<p>D. Venancio se apresuraba, tomando medidas con ademanes de bombero en
+caso de incendio. Siempre hac&iacute;a lo mismo. Sebasti&aacute;n le hab&iacute;a visto en
+muchas ocasiones, que no eran para referirlas.</p>
+
+<p>Marta crey&oacute; que en el papel de ni&ntilde;a inocente que la hab&iacute;a tocado en
+aquella comedia, hab&iacute;a esta acotaci&oacute;n: Vase. Y se retir&oacute; al comedor,
+donde encontr&oacute; a Minghetti, que mojaba bizcochos en M&aacute;laga. No estaba
+alegre como sol&iacute;a.</p>
+
+<p>Desde all&iacute; se o&iacute;an, de tarde en tarde, los gritos de Emma como si los
+diera con sordina.</p>
+
+<p>Marta miraba al italiano con curiosidad maliciosa. &laquo;&iexcl;Cosas del mundo!&raquo;
+pensaba la alemana, que en el fondo, para sus puras soledades, era m&aacute;s
+esc&eacute;ptica que Sebasti&aacute;n. &laquo;&iexcl;Este aqu&iacute; como si nada le importara, y el
+otro infeliz!...&raquo;. Minghetti segu&iacute;a mojando bizcochos y bebiendo M&aacute;laga.
+Acab&oacute; por fijarse en la mirada insistente y expresiva de Marta. Tom&oacute; el
+r&aacute;bano por las hojas, y acerc&aacute;ndose a la rozagante alemana, cuando ella
+cre&iacute;a que le iba a revelar un secreto, a hacer alguna &iacute;ntima
+confidencia..., la cogi&oacute; por el talle y le sell&oacute; la boca con un beso
+estrepitoso.</p>
+
+<p>El grito de Marta se confundi&oacute; con otro de los lejanos que lanzaba la
+parturienta.</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2><a name="XVI" id="XVI"></a>-XVI-</h2>
+
+
+<p>&laquo;&iexcl;Iba a ser padre!&raquo; A tal idea, en su cerebro estallaban las frases
+hechas como estampidos de p&oacute;lvora en fuegos de artificio. Con gran
+remordimiento notaba Reyes que su coraz&oacute;n tomaba en el solemne suceso
+menos parte que la cabeza... y la ret&oacute;rica. Aquella <i>dignidad nueva</i>, la
+primera, en rigor, de su vida, a que <i>era llamado</i>, &iquest;por qu&eacute; le dejaba, en
+el fondo, un poco fr&iacute;o? Sobre todo, &iquest;por qu&eacute; no amaba todav&iacute;a al hijo de
+sus entra&ntilde;as, en cuanto hijo, no en cuanto <i>concepto</i>?... &laquo;&iquest;Hijo o hija?
+Misterio&mdash;pens&oacute; Bonis, que en aquel instante dudaba de la sanci&oacute;n que la
+realidad presta a las corazonadas&mdash;. Tal vez hija; aunque, &iexcl;Dios no lo
+quiera! Misterio&raquo;.</p>
+
+<p>Y levant&oacute; el embozo de la cama, y se meti&oacute; entre s&aacute;banas.</p>
+
+<p>Aquello de acostarse, siquiera fuese por pocas horas, le parec&iacute;a algo
+como una <i>abdicaci&oacute;n</i>. &laquo;Era el papel de esposo, llegado el trance del
+alumbramiento, demasiado pasivo, desairado&raquo;. Bonis ten&iacute;a comez&oacute;n de
+hacer algo, de intervenir directa y eficazmente en aquel negocio, que
+era para &eacute;l de tan grave importancia.</p>
+
+<p>M&aacute;s era: aunque la raz&oacute;n le dec&iacute;a que en casos tales todos los maridos
+del mundo ten&iacute;an muy poco que hacer, y que todo era ya cosa de la madre
+y del m&eacute;dico, se le antojaba que &eacute;l estaba siendo all&iacute; todav&iacute;a m&aacute;s
+in&uacute;til que los dem&aacute;s padres en igual situaci&oacute;n; que se le arrinconaba
+demasiado, que se prescind&iacute;a demasiado de &eacute;l.</p>
+
+<p>Sin embargo, lo que le hab&iacute;a dicho D. Venancio no ten&iacute;a vuelta de hoja.</p>
+
+<p>&mdash;Usted, amigo Bonifacio, a la cama; a la cama unas cuantas horas, porque
+esto puede ser largo, y vamos a necesitar las fuerzas de todos; y si no
+descansa usted ahora, no podr&aacute; servir como tropa de refresco cuando se
+necesite.</p>
+
+<p>&laquo;Bien; esto era racional&raquo;. Por eso se acostaba, porque &eacute;l siempre se
+rend&iacute;a a la raz&oacute;n y a la evidencia, y pensaba rendirse a&uacute;n m&aacute;s, si
+cab&iacute;a, ahora que iba a ser padre y ten&iacute;a que dar ejemplo. Pero lo que no
+ten&iacute;a raz&oacute;n de ser era el despego de todos los dem&aacute;s, Emma inclusive, y
+las miradas y gestos de extra&ntilde;eza con que recib&iacute;an sus alardes de
+solicitud paternal y marital todos los que andaban alrededor de su
+mujer. Do&ntilde;a Celestina, la matrona matriculada, que hab&iacute;a venido por
+consejo de D. Venancio; el marido de la partera, D. Alberto, que tambi&eacute;n
+andaba por all&iacute;; Nepomuceno, Marta, Sebasti&aacute;n y hasta el campechano
+Minghetti, si bien este le miraba a ratos con ojos que parec&iacute;an revelar
+cierto respeto y algo de pasmo.</p>
+
+<p>Recapacitando y atando cabos, Bonis lleg&oacute; a recordar que Serafina misma
+le hab&iacute;a querido dar a entender, de tiempo atr&aacute;s ya, que el nacimiento
+de su hijo, el de Bonis, era cosa que no deb&iacute;a tomarse con calor; el
+mism&iacute;simo Julio Mochi, en cierta carta escrita meses antes desde la
+Coru&ntilde;a, le hablaba del asunto y de su entusiasmo paternal con una
+displicencia singular, con palabras detr&aacute;s de las cuales a &eacute;l se le
+antojaba ver sonrisas de compasi&oacute;n y hasta burlonas. Pero, en fin, lo de
+Serafina y lo de Mochi pod&iacute;an ser celos y temor de perder su amistad y
+protecci&oacute;n. Serafina ve&iacute;a, de fijo, en <i>lo que</i> iba a venir un rival, que
+acabar&iacute;a por robarla del todo el coraz&oacute;n de su ex amante, de su buen
+amigo... &laquo;&iexcl;Pobre Serafina!&raquo;. No, no hab&iacute;a que temer. &Eacute;l ten&iacute;a coraz&oacute;n
+para todos. La caridad, la fraternidad, eran compatibles con la moral
+m&aacute;s estricta. Sin contar con que... francamente, aquello del amor
+paternal no era cosa tan intensa, tan fuerte, como &eacute;l hab&iacute;a cre&iacute;do al
+verlo de lejos. &iexcl;Ca! No se parec&iacute;a a las grandes pasiones ni con cien
+leguas. &iquest;D&oacute;nde estaba aquella &iacute;ntima satisfacci&oacute;n ego&iacute;sta que acompa&ntilde;a a
+los placeres del amor y de la vanidad halagada? &iquest;D&oacute;nde aquel sonre&iacute;r de
+la vida, que era como el cuadro que encerraba la dicha en los momentos
+sublimes de la pasi&oacute;n?</p>
+
+<p>Esto era otra cosa; un sentimiento austero, algo fr&iacute;o, po&eacute;tico, eso s&iacute;,
+por el misterio que le acompa&ntilde;aba; pero m&aacute;s ten&iacute;a de solemnidad que de
+nada. Era algo como una investidura, como hacerse obispo; en fin, no era
+una alegr&iacute;a ni una <i>pasi&oacute;n</i>.</p>
+
+<p>Y daba vueltas Bonis en su lecho, impaciente, como en un potro,
+conteni&eacute;ndose tan s&oacute;lo por cumplir el racional precepto de D. Venancio.</p>
+
+<p>&laquo;Claro, hay que descansar; puede parir esta noche, o no parir hasta
+ma&ntilde;ana... o hasta pasado. Pueden ser todos estos gritos falsa alarma.
+&iexcl;Buena es ella! Si no fuera porque don Venancio ha tocado la criatura....
+todav&iacute;a me escamaba yo. Pero, de todas suertes, Emma es capaz de
+quejarse de los dolores un mes antes de lo necesario. S&iacute;, durmamos.
+Puede esto ir para largo y tener que velar mucho.... Si me dejan esos
+intrusos. Lo que extra&ntilde;o es que Emma, que siempre me ha tenido por
+enfermero, y casi casi por mesilla de noche, no me llame ahora a su
+lado. &iexcl;Mujer m&aacute;s rara! Y ahora que yo la ayudar&iacute;a con tanto gusto&raquo;.</p>
+
+<p>El calorcillo de las s&aacute;banas, que empezaba a sonsacarle el sue&ntilde;o,
+inclin&aacute;ndole a las visiones vagas, a la contemplaci&oacute;n sopor&iacute;fera de
+im&aacute;genes y recuerdos halag&uuml;e&ntilde;os, le hizo pensar, suspirando:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Si hubiese sido mi mujer Serafina, y este hijo suyo, y yo algo m&aacute;s
+joven!</p>
+
+<p>Como si el pensar y el desear as&iacute; hubiera sido una navajada, all&aacute; en sus
+adentros, no sab&iacute;a d&oacute;nde, Bonis sinti&oacute; un dolor espiritual, como una
+protesta, y en los o&iacute;dos se le antoj&oacute; haber sentido como unas
+burbujillas de ruido muy lejano, hacia el cuarto de su mujer; una cosa
+as&iacute; como el lamento primero de una criaturilla.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Dios m&iacute;o, si ser&aacute;!...&mdash;Sin querer confes&aacute;rselo, sinti&oacute; un remordimiento
+por lo que acababa de pensar, y la superstici&oacute;n le hizo creer que su
+hijo nac&iacute;a en el mismo instante en que el padre renegaba en cierto modo
+de &eacute;l y de su madre.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Alma de mi alma!&mdash;grit&oacute; Bonis, ech&aacute;ndose de un salto al suelo&mdash;; &iexcl;ser&iacute;a
+eso como nacer hu&eacute;rfano de padre! &iexcl;Hijo m&iacute;o! &iexcl;Emma, Emma, mujercita m&iacute;a!</p>
+
+<p>Se abri&oacute; la puerta de la alcoba, y antes que nada, Bonifacio oy&oacute;
+distinto, claro, el quejido sibil&iacute;tico de un reci&eacute;n nacido. &laquo;&iexcl;Su propia
+carne volv&iacute;a a nacer llorando!&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Un ni&ntilde;o, tiene usted un ni&ntilde;o, se&ntilde;or!&mdash;gritaba Eufemia, que entraba como
+un torbellino y llegaba hasta tocar al pasmado Bonis, sin reparar en que
+estaba el se&ntilde;orito en camisa en mitad de la alcoba. Ni ella ni &eacute;l ve&iacute;an
+esto; la criada estaba entusiasmada, enternecida; Bonis se lo agradec&iacute;a
+en el alma, mientras se pon&iacute;a los pantalones al rev&eacute;s y ten&iacute;a que
+deshacer la equivocaci&oacute;n, temblando, anhelante, dudando si romper una
+vez m&aacute;s con lo <i>convencional</i> y echar a correr en calzoncillos por la casa
+adelante. Pero no; se visti&oacute; a medias, y tropezando con paredes, y
+puertas, y muebles, y personas, lleg&oacute; al pie del lecho de su esposa.</p>
+
+<p>En el regazo de do&ntilde;a Celestina vio una masa amoratada que hac&iacute;a
+movimientos de rana; algo como un animal troglod&iacute;tico, que se ve&iacute;a
+sorprendido en su madriguera y a la fuerza sacado a la luz y a los
+peligros de la vida; Bonis, en una fracci&oacute;n de segundo, se acord&oacute; de
+haber le&iacute;do que algunos pobres animalejos del mar, huyendo de sus
+enemigos m&aacute;s poderosos, se resignaban a vivir escondidos bajo la arena,
+renunciando a la luz por salvar la vida: en prisi&oacute;n eterna por miedo del
+mundo. Su hijo le pareci&oacute; as&iacute;. &iexcl;Hab&iacute;a tardado tanto! Se le figur&oacute; que
+nac&iacute;a a la fuerza, que se le hac&iacute;a violencia abri&eacute;ndole las puertas de
+la vida....</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Coronado, Bonis, coronado!&mdash;dec&iacute;a una voz d&eacute;bil y mimosa, excitada,
+desde la cama.</p>
+
+<p>Bonis, sin entender, se acerc&oacute; a Emma y le dio un abrazo, llorando.</p>
+
+<p>Emma lloraba tambi&eacute;n, nerviosa, muy d&eacute;bil, demacrada, convertida en una
+anciana de repente. Se apret&oacute; al cuello de su marido con la fuerza con
+que ella se agarraba a la vida, y como quej&aacute;ndose, pero sin la voz agria
+de otras veces, sigui&oacute; diciendo:</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Coronado, Bonis, coronado, &iquest;sabes?, estuvo coronado!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Claro, como que naci&oacute; de cabeza!&mdash;grit&oacute; D. Venancio, que estaba al otro
+lado del lecho, con los brazos remangados, con algunas manchas de sangre
+en la camisa y en el levit&oacute;n, sudando, muy semejante a un funcionario
+del Matadero.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pero estuvo mucho tiempo coronado..., Bonis!</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;, siglos&mdash;dijo el m&eacute;dico.</p>
+
+<p>&mdash;A ti no se te dijo; se te hizo marchar; pero hubo peligro, &iquest;verdad, D.
+Venancio?</p>
+
+<p>&mdash;Pero, hija m&iacute;a, si acababa de acostarme....</p>
+
+<p>&mdash;S&iacute;; pero hace mucho tiempo que la cosa estaba pr&oacute;xima... estaba
+coronado... y no se te dec&iacute;a por no asustarte... &iexcl;hubo peligro!...</p>
+
+<p>Y Emma lloraba, con alg&uacute;n rencor todav&iacute;a contra el peligro pasado, pero
+m&aacute;s enternecida por el placer de vivir, de haberse salvado, con el alma
+llena de un sentimiento que deb&iacute;a ser de gratitud a Dios y no lo era,
+porque ella no pensaba en Dios; pensaba en s&iacute; misma.</p>
+
+<p>&mdash;Vaya, vaya, menos charla&mdash;grit&oacute; D. Venancio; y escondi&oacute; con el embozo
+los hombros de Emma.</p>
+
+<p>&mdash;Y ahora, &iexcl;cuidado con dormirse!</p>
+
+<p>&mdash;No, hija m&iacute;a, dormir, no; eso s&iacute; que ser&iacute;a peligroso&mdash;exclam&oacute; Bonis con
+un escalofr&iacute;o. La idea de la muerte de su mujer se le pas&oacute; por la
+imaginaci&oacute;n como un espanto. &iexcl;Morir ella! &iexcl;Quedar &eacute;l sin madre! Y se
+volvi&oacute; a su hijo, que lloraba como un profeta.</p>
+
+<p>&iexcl;Oh portento! En aquel instante vio en el rostro del reci&eacute;n nacido,
+arrugado, sin gracia, lamentable, la viva imagen de su propio rostro,
+seg&uacute;n &eacute;l lo hab&iacute;a visto a veces en un espejo, de noche, cuando lloraba a
+solas su humillaci&oacute;n, su desventura. Se acord&oacute; de la noche que hab&iacute;a
+muerto su madre; &eacute;l, al acostarse, desolado, se hab&iacute;a visto en el espejo
+de afeitarse, distra&iacute;do, por h&aacute;bito, para observar si ten&iacute;a ojeras y la
+lengua sucia, y hab&iacute;a notado aquella expresi&oacute;n tragic&oacute;mica, aquella cara
+de mono asfixi&aacute;ndose, que era tan diferente de la que &eacute;l <i>cre&iacute;a poner</i> al
+sentir tanto, de modo tan puro y po&eacute;tico. Aunque era de facciones
+correctas, llorando se <i>pon&iacute;a</i> muy feo, muy rid&iacute;culo, con un gesto
+parecido al que daba a su cara la m&uacute;sica m&aacute;s sentimental, interpretada
+en la flauta de Valc&aacute;rcel. Su hijo, su pobre hijo, lloraba as&iacute;: fe&iacute;simo,
+risible y lamentable tambi&eacute;n. Pero... &iexcl;era su retrato! S&iacute;, lo era con
+aquella expresi&oacute;n de asfixia. Despu&eacute;s, al serenarse un poco, gracias a
+un trago de agua azucarada, que debi&oacute; de parecerle una inundaci&oacute;n
+agradable, hizo una mueca con boca y narices, que llev&oacute; a Bonis al
+recuerdo del abuelo. &laquo;&iexcl;Oh, como mi padre! &iexcl;Como yo en la sombra!&raquo;.</p>
+
+<p>Y al mismo tiempo que sent&iacute;a como un descanso espiritual, y un orgullo
+animal, de macho, el remordimiento de haber engendrado le punzaba con
+los primeros dolores de la paternidad, que van formando, por aglomerados
+de sobresaltos, penas extra&ntilde;as, que lastiman como propias, la santa
+caridad del amor a los hijos.</p>
+
+<p>La conciencia le dec&iacute;a a Bonis: &laquo;Ya no volver&eacute; a estar alegre, sin
+cuidados; pero ya no ser&eacute; jam&aacute;s infeliz del todo... si me vive el hijo&raquo;.
+El mundo adquir&iacute;a de repente a sus ojos un sentido s&oacute;lido, positivo; se
+hac&iacute;a &eacute;l m&aacute;s de la tierra, menos de lo ideal, de los ensue&ntilde;os, de las
+nostalgias celestiales; pero tambi&eacute;n la vida se hac&iacute;a m&aacute;s seria; seria
+de una manera nueva.</p>
+
+<p>El ni&ntilde;o segu&iacute;a llorando, a pesar de que ya ten&iacute;a un abrigo, unas
+mantillas bordadas y muy limpias, que a Bonis le parec&iacute;an impropias de
+la solemnidad del momento y muy inc&oacute;modas. &laquo;&iexcl;Oh, s&iacute;; se parec&iacute;a a &eacute;l
+en... el gesto, en el modo de quejarse de la vida! Podr&iacute;an no ver los
+dem&aacute;s aquella semejanza; pero &eacute;l estaba seguro de ella, como de una
+contrase&ntilde;a. Era el hijo de sus entra&ntilde;as, tal vez tambi&eacute;n de sus
+cavilaciones y de sus <i>sensibler&iacute;as</i>, no sospechadas por el mundo, ni aun,
+en rigor, por Serafina&raquo;.</p>
+
+<p>Algunas horas despu&eacute;s, cuando hab&iacute;a desaparecido de all&iacute; D. Venancio y
+todo el aspecto de matanza, o por lo menos de cosa sucia que ten&iacute;an
+aquellos grandes lances vistos de cerca, Bonis consinti&oacute; que Emma
+volviera a hablar largo y tendido, y hasta intervinieron en la
+conversaci&oacute;n los parientes y amigos.</p>
+
+<p>&iexcl;Qu&eacute; de recuerdos evocaba la de Valc&aacute;rcel! Pero todos eran de la l&iacute;nea
+materna. Resucitaba en ella la antigua man&iacute;a patron&iacute;mica y gentilicia.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;T&iacute;o, t&iacute;o! &iexcl;Sebasti&aacute;n, Sebasti&aacute;n! A ver: &iquest;a qui&eacute;n se parece Antonio?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qui&eacute;n es Antonio?&mdash;pregunt&oacute; Marta.</p>
+
+<p>&mdash;Pues, hija, el amo de la casa: mi hijo. Se llama Antonio, para mis
+adentros, desde el momento en que yo tuve cabeza para pensar en algo que
+no fuese el peligro y el dolor.</p>
+
+<p>&mdash;Pues se parece&mdash;dijo Sebasti&aacute;n&mdash;, al h&eacute;roe de las Alpujarras... a su
+tocayo don Antonio Diego Valc&aacute;rcel y Mer&aacute;s, fundador de la noble casa de
+los Valc&aacute;rcel.</p>
+
+<p>&mdash;Y que no lo digas en broma. Que traigan el retrato y se ver&aacute;.&mdash;Y no hubo
+m&aacute;s remedio. Entre dos criados y Sebasti&aacute;n descolgaron al ilustre abuelo
+restaurado, y se le cotej&oacute; con el hijo de Bonis, que la madre sac&oacute; del
+calor de su lecho. Unos encontraron el parecido, aunque remoto; otros lo
+negaron entre carcajadas. Antonio lloraba, y Bonis le segu&iacute;a viendo la
+semejanza consigo mismo, seg&uacute;n se hab&iacute;a visto al espejo la noche en que
+muri&oacute; su madre; pero lo que a su juicio se acentuaba por horas era el
+parecido con Reyes abuelo, con don Pedro Reyes, sobre todo en una arruga
+de la frente, en las l&iacute;neas de la nariz y en la mueca caracter&iacute;stica de
+los labios.</p>
+
+<p>Marta, sin motivo leg&iacute;timo, estaba contrariada, y hab&iacute;a puesto el gesto
+de vinagre que a veces se le asomaba al rostro sin saberlo ella, y la
+hac&iacute;a m&aacute;s vieja y m&aacute;s fea; gesto que particularmente se le descubr&iacute;a
+cuando envidiaba algo, cuando se sent&iacute;a deslumbrada. Ve&iacute;a en el bautizo
+el eclipse de su boda.</p>
+
+<p>&mdash;A m&iacute;&mdash;dijo&mdash;, Anto&ntilde;ito no me recuerda ni el tipo Valc&aacute;rcel, ni el tipo
+Reyes. Parece extranjero. Chica, t&uacute; has so&ntilde;ado con alg&uacute;n pr&iacute;ncipe ruso.</p>
+
+<p>Las de Ferraz, que ya estaban all&iacute;, rieron la gracia, fingiendo no
+encontrarle malicia.</p>
+
+<p>Los dem&aacute;s callaron, sorprendidos ante la audacia.</p>
+
+<p>Emma no vio el epigrama; Bonis tampoco.</p>
+
+<p>Bonis vio que se segu&iacute;a hablando de los Valc&aacute;rcel, de si el ni&ntilde;o se
+parecer&iacute;a a su abuelo, si ser&iacute;a abogado, si ser&iacute;a jugador, como tantos
+otros de su familia; se amontonaban los recuerdos del linaje, buenos y
+malos. Nadie se acordaba de los Reyes pret&eacute;ritos para nada.</p>
+
+<p>Antonio segu&iacute;a llorando, y a Bonifacio le faltaba poco.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Su padre! &iexcl;Su madre! &iexcl;Si vivieran! &iexcl;Si estuvieran all&iacute;!&raquo;.</p>
+
+<p>Bonis, en cuanto pudo, huy&oacute; del ruido. Dej&oacute; a los dem&aacute;s, ya que les
+divert&iacute;an, todas las solemnidades y quehaceres propios del caso.
+Mientras el ni&ntilde;o dorm&iacute;a y no se le permit&iacute;a verle, y Emma, ya menos
+nerviosa, pero m&aacute;s fatigada, con un poco de calentura, volv&iacute;a a su
+antiguo despego y lo echaba de su presencia en no necesit&aacute;ndole,
+Bonifacio se recog&iacute;a a la soledad de su alcoba, y en idea contemplaba al
+hijo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;S&iacute;, hijo, s&iacute;!&mdash;se dec&iacute;a con el rostro hundido en la almohada&mdash;. Hijo
+ten&iacute;a que ser. Me lo dec&iacute;a la voz de Dios. Hijo. Mi &uacute;nico hijo....</p>
+
+<p>Emma, durante todo el primer d&iacute;a, estuvo sentimental, excitada; su
+marido crey&oacute; que la maternidad iba a transformarla, pero a la ma&ntilde;ana
+siguiente despert&oacute; con bastante calentura y nada tierna; cuando la
+postraci&oacute;n se lo consent&iacute;a, rabiaba en la medida de sus fuerzas. Le
+hablaron del puerperio, de sus peligros, y sinti&oacute; nuevo terror. Se
+llegaba a olvidar del chiquillo que ten&iacute;a entre las s&aacute;banas, y no quer&iacute;a
+ense&ntilde;arlo a nadie, ni a su padre, por no revolverse ella y coger fr&iacute;o.
+Bonis no pod&iacute;a ver a su hijo sino en las ocasiones solemnes de mudarlo
+do&ntilde;a Celestina. De hora en hora lo cambiaba. Seg&uacute;n se iba pareciendo m&aacute;s
+a cualquier reci&eacute;n nacido, perd&iacute;a aquella semejanza que consigo mismo le
+hab&iacute;a encontrado Bonis en el primer momento. Empezaba Reyes a
+desorientarse. Adem&aacute;s, tuvo que renunciar a llamarle Bonifacio o Pedro,
+porque Emma desde luego empez&oacute; a exigir que se le llamara Antonio, aun
+antes de bautizarle. Se le llamar&iacute;a Antonio Diego Sebasti&aacute;n, porque
+Sebasti&aacute;n iba a ser el padrino. Por todo pas&oacute; Bonifacio. No quer&iacute;a
+disturbios todav&iacute;a; pod&iacute;a hacerle da&ntilde;o a Emma cualquier disgusto. No,
+ahora no. Todo lo aplazaba. &iquest;No estaba &eacute;l decidido a ser muy en&eacute;rgico?
+&iquest;No estaba decidido a salvar, si era tiempo, los intereses de su hijo, y
+a darle el ejemplo de la propia dignidad? Pues no hab&iacute;a para qu&eacute;
+precipitar las cosas. Tampoco quiso, por lo pronto, tener explicaciones
+con Nepomuceno. Tiempo hab&iacute;a. Sin embargo, las circunstancias le
+obligaron a anticipar en este respecto su actitud en&eacute;rgica. Ello fue que
+de Cabru&ntilde;ana, concejo de la marina donde los Valc&aacute;rcel ten&iacute;an algunas
+<i>caser&iacute;as</i>, procedentes de bienes nacionales, llegaron malas noticias
+respecto de cierto mayordomo de segundo orden, que all&iacute; hac&iacute;a mangas y
+capirotes de las rentas de Emma, perdonando anualidades atrasadas, o por
+lo menos aplazando el cobro indefinidamente, colocando por su cuenta a
+r&eacute;ditos el dinero cobrado; <i>en suma</i>, explotando en provecho propio los
+bienes de sus amos. Nepomuceno no quer&iacute;a dar importancia a la denuncia.
+Se trat&oacute; el asunto a la hora de cenar, y cuando don Juan y el primo
+convinieron en que se hiciera la vista gorda, con gran sorpresa de todos
+los presentes, que eran aquellos Valc&aacute;rcel y los K&ouml;rner, Bonifacio, con
+voz temblorosa, pero firme, aguda, chillona, p&aacute;lido, y dando golpecitos
+en&eacute;rgicos, aunque contenidos, con el mango de un cuchillo sobre la mesa,
+dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Pues yo veo la cosa de otra manera, y ma&ntilde;ana mismo, ya que el bautizo
+se retarda, porque no quiere Emma que el ni&ntilde;o se constipe con este mal
+tiempo, ma&ntilde;ana mismo, aunque lo siento, tomo yo el coche de Cabru&ntilde;ana y
+me voy a Pozas y a Sariego, y le ajusto las cuentas al se&ntilde;or de Lobato.
+No quiero que se nos robe m&aacute;s tiempo.</p>
+
+<p>Hubo un silencio solemne. Bonis no vacil&oacute; en compararlo al que precede a
+la tempestad. Por de pronto, era el que trae consigo lo sorprendente, lo
+inaudito. Comprend&iacute;a Reyes que estaba all&iacute; solo, que los Valc&aacute;rcel y sus
+futuros afines los K&ouml;rner se lo comer&iacute;an de buen grado. No era que &eacute;l no
+estuviera azorado, casi espantado de su audacia; lo estaba. Pero ya se
+sab&iacute;a que un diligente padre de familia tiene que ser un h&eacute;roe.
+Empezaban los sacrificios, y bien que dol&iacute;an; pero adelante. La seriedad
+de la nueva lucha se conoc&iacute;a en eso, en el dolor.</p>
+
+<p>Todos miraron a Bonis, y despu&eacute;s a don Nepo, que era el llamado a
+contestar.</p>
+
+<p>Don Juan, que era sumamente moroso y tranquilo, hab&iacute;a cambiado mucho con
+las ense&ntilde;anzas y excitaciones de Marta. Adem&aacute;s, fiaba mucho de la
+debilidad y de la ignorancia del enemigo. No se anduvo por las ramas. Se
+fue derecho al bulto. Nada de eufemismos. S&oacute;lo en el tono de la voz,
+sereno, reposado, hab&iacute;a cierta lenidad.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Eso de robaros, supongo que no lo dir&aacute;s por m&iacute;?</p>
+
+<p>Si las palabras de Bonis eran un guante, quedaba recogido con toda
+arrogancia. Antes que contestara Reyes, don Nepo mir&oacute; satisfecho a su
+novia, que aprob&oacute; su valent&iacute;a con la mirada.</p>
+
+<p>En aquel momento Bonis, que no esperaba una batalla decisiva, un duelo a
+muerte como aquel, se acord&oacute; con terror del an&oacute;nimo de dos d&iacute;as antes,
+que hab&iacute;a olvidado en absoluto, por la gravedad de los acontecimientos.</p>
+
+<p>&mdash;El purgatorio es esto&mdash;pens&oacute;&mdash;. Yo he pecado. Yo he dilapidado, yo he
+<i>robado</i> el caudal de mi hijo, y ahora estoy en el purgatorio, que es as&iacute;,
+hecho de l&oacute;gica y &eacute;tica, nada m&aacute;s que de l&oacute;gica y &eacute;tica.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Por Dios, t&iacute;o!&mdash;dijo pausadamente y procurando que en su voz hubiese
+mesura y entereza&mdash;. &iexcl;Por Dios, t&iacute;o, c&oacute;mo lo he de decir por usted! Lo
+digo por Lobato, que es un gran ladr&oacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Un ladr&oacute;n consentido por m&iacute; a&ntilde;os y a&ntilde;os, si hemos de creer lo que dice
+Pepe de Pepa Jos&eacute;, el denunciante quejoso.... Por lo visto, Lobato y yo
+estamos de acuerdo para arruinaros a vosotros, para acabar con los
+bienes de Cabru&ntilde;ana.</p>
+
+<p>&mdash;Nadie dice eso, t&iacute;o; nadie dice....</p>
+
+<p>&mdash;Lo que yo digo, se&ntilde;or Reyes&mdash;y el se&ntilde;or don Juan Nepomuceno dio un
+pu&ntilde;etazo, no muy fuerte, sobre la mesa&mdash;, es que t&uacute; no eres un hombre
+pr&aacute;ctico, y que te sienta mal el papel que quieres inaugurar al
+estrenarte de padre de familia.</p>
+
+<p>Una carcajada de Marta, seca, estridente, que quer&iacute;a ser una serie de
+bofetadas, reson&oacute; en el comedor, con pasmo de sus mismos aliados. Todos
+se miraron sorprendidos. Marta, con el rostro de culebra que se infla,
+repiti&oacute; la carcajada, mirando con cinismo a Bonis.</p>
+
+<p>El cual mir&oacute; tambi&eacute;n a su buena amiga sin comprender palabra de aquella
+risa inoportuna.</p>
+
+<p>Y prosigui&oacute; don Nepo:</p>
+
+<p>&mdash;Un hombre pr&aacute;ctico, de experiencia en los negocios, no exagera el celo
+ni el recelo, ni cree en habladur&iacute;as. Bueno ser&iacute;a que yo, v. gr., fuera
+a creer lo que me dec&iacute;a un an&oacute;nimo que recib&iacute; hace d&iacute;as, asegur&aacute;ndome
+que t&uacute; hab&iacute;as cobrado dos mil duros de una restituci&oacute;n hecha bajo
+secreto de confesi&oacute;n a la herencia de tu suegro.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Todo lo que yo cobrase ser&iacute;a m&iacute;o!&mdash;exclam&oacute; con voz clara, alta,
+positivamente en&eacute;rgica, el amo de la casa, poni&eacute;ndose en pie, pero sin
+dar pu&ntilde;adas sobre la mesa.</p>
+
+<p>En pie se pusieron todos.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Tuyo no es nada!&mdash;contest&oacute; el primo Sebasti&aacute;n, que adelant&oacute; un paso
+hacia Bonis, ofreciendo a la consideraci&oacute;n de los presentes su fornida
+musculatura, su corpach&oacute;n que parec&iacute;a una fortaleza. Marta, sin pensar
+en lo que hac&iacute;a, le apoy&oacute; una mano sobre el hombro, como anim&aacute;ndole al
+combate. Se conoce que confiaba m&aacute;s en la pujanza del primo que en la
+del t&iacute;o, su futuro.</p>
+
+<p>Bonis se ve&iacute;a metido en la <i>escena</i> que hab&iacute;a querido aplazar, antes de
+tiempo, fuera de raz&oacute;n, torpemente.</p>
+
+<p>&mdash;Se&ntilde;ores, no hagamos ruido, que no hay para qu&eacute;. Lo que yo no consiento
+a nadie, y juro a Dios que no lo consentir&eacute;, es que se alborote ahora.
+Lo primero es mi mujer, y si ella se entera de esto... puede haber una
+desgracia... &iexcl;y pobre del que la provocara!</p>
+
+<p>Todos se sintieron sobrecogidos. Bonis parec&iacute;a otro.</p>
+
+<p>El mismo Sebasti&aacute;n, que era positivamente bravo y fuerte, y muy capaz de
+arrojar por el balc&oacute;n al <i>escribiente de su t&iacute;o</i>, se achic&oacute; un tanto por
+lo que &eacute;l calific&oacute; de fuerza <i>moral</i> de aquellas palabras, y de aquel
+gesto y de aquel tono.</p>
+
+<p>Todos comprendieron que el pobre Bonis estaba dispuesto a morder y
+ara&ntilde;ar para impedir que la salud de Emma peligrase.</p>
+
+<p>&mdash;Sin ruido, sin ruido se puede discutir todo&mdash;dijo don Nepo, que quer&iacute;a
+hacer hablar al <i>imb&eacute;cil</i> para ver por d&oacute;nde desembuchaba y qu&eacute; leyes le
+hab&iacute;a metido en la cabeza el abogadillo flamante.</p>
+
+<p>&mdash;Sin ruido y sin apasionamiento&mdash;se atrevi&oacute; a apuntar el respetable y
+mofletudo K&ouml;rner, que se cre&iacute;a en el caso de intervenir en sentido
+conciliador.</p>
+
+<p>&mdash;Es verdad&mdash;dijo Bonis&mdash;. La pasi&oacute;n no conduce a nada nunca, nunca....</p>
+
+<p>&mdash;Justamente&mdash;prosigui&oacute; el alem&aacute;n&mdash;. Y f&aacute;cil les ser&aacute; a ustedes ver que
+aqu&iacute;, en rigor, no hay nada.... Ni Bonifacio desconf&iacute;a del t&iacute;o, ni el t&iacute;o
+de Bonifacio, ni nadie pone en tela de juicio su leg&iacute;timo derecho.</p>
+
+<p>&mdash;Cada cual tiene los suyos&mdash;objet&oacute; Nepo.</p>
+
+<p>&mdash;Ciertamente; y no hay para qu&eacute; hablar de eso ahora, cuando en &uacute;ltimo
+caso no hab&iacute;a de faltar quien nos dijera a cada cual el papel que le
+tocaba representar.</p>
+
+<p>Bonis volvi&oacute; a crecerse.</p>
+
+<p>La alusi&oacute;n a la justicia era clara. Don Nepo sinti&oacute; una ola de c&oacute;lera
+subirle al rostro. Y recurri&oacute; a su venganza suprema. A contenerse y
+jurarse que se la pagar&iacute;a el miserable. Le azot&oacute; el rostro con la
+intenci&oacute;n, y ya desahogada la ira, que se gozaba con las futuras
+crueldades de la venganza, pudo decir sereno y sonriente:</p>
+
+<p>&mdash;En fin, Bonis, tienes raz&oacute;n; ya se ajustar&aacute;n cuentas cuando Emma sane,
+y se pueda ver con n&uacute;meros, que t&uacute; has de procurar entender, &iquest;estamos?,
+lo que hab&eacute;is gastado vosotros, lo que he ahorrado yo..., y qui&eacute;n debe a
+qui&eacute;n. Lo que te anuncio es que si segu&iacute;s gastando como hasta aqu&iacute;, la
+quiebra es segura.... Est&aacute;is puede decirse que arruinados. Emma ha
+gastado como una loca, y t&uacute;, t&uacute; no me lo negar&aacute;s... le diste el
+ejemplo... t&uacute; la arrastraste a esa vida imposible. Y todos sabemos por
+qu&eacute;.</p>
+
+<p>&mdash;Todos&mdash;exclam&oacute; con solemnidad Sebasti&aacute;n, que hab&iacute;a perseguido en vano a
+la Gorgheggi, y todav&iacute;a la solicitaba.</p>
+
+<p>Bonis, que ten&iacute;a aquella noche energ&iacute;a para luchar con los hombres, no
+la tuvo para resistir a los hechos; los hechos eran terribles:
+&iexcl;arruinados!, y &iexcl;hab&iacute;a empezado &eacute;l!, y &iexcl;hasta de lo que hubiera robado
+el t&iacute;o ten&iacute;a &eacute;l la culpa por haberle dejado! &iexcl;Y su robo, sus robos, para
+pagar trampas de una querida!</p>
+
+<p>Tuvo que sentarse, p&aacute;lido, sin contar con las piernas. El t&iacute;o vio all&iacute;
+de repente al Bonis de siempre, y se creci&oacute;, pero sin arrogancia,
+falsamente conciliador.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Quieres ir a ver lo que hay en Cabru&ntilde;ana? Corriente; marcha ma&ntilde;ana a
+las ocho, que es la hora del coche. Ven a mi cuarto, y ver&aacute;s los libros
+y las escrituras de all&aacute;... Todo, todo lo ver&aacute;s. Llevar&aacute;s lo que
+necesites, y procurar&aacute;s enterarte, &iquest;estamos? Porque no has de
+presentarte a Lobato llam&aacute;ndole ladr&oacute;n y sin saber por qu&eacute; se lo llamas.</p>
+
+<p>Bonis, sin fuerzas ya para nada, sigui&oacute; al t&iacute;o maquinalmente, y detr&aacute;s
+de ellos se fue K&ouml;rner. Marta y Sebasti&aacute;n quedaron solos en el comedor.</p>
+
+<p>K&ouml;rner, siempre fiel a su papel de rey Sobrino, iba como de asesor.
+&iexcl;Buena falta le hac&iacute;a a Bonis! Pas&oacute; en el cuarto del t&iacute;o la verg&uuml;enza
+que ya esperaba. Nepo, con redomada astucia, con intenci&oacute;n felina, le
+iba explicando todos los asuntos correspondientes a los bienes de
+Cabru&ntilde;ana, con los t&eacute;rminos del m&aacute;s riguroso tecnicismo del derecho
+consuetudinario.</p>
+
+<p>Bonis no ten&iacute;a noci&oacute;n clara del contrato de arrendamiento. La palabra
+foro le sonaba a griego; aparcer&iacute;a..., laudemio..., retracto..., y
+despu&eacute;s otras cien palabras del Derecho civil, m&aacute;s las propias del
+<i>dialecto</i> jur&iacute;dico de aquella tierra, pasaron por sus o&iacute;dos como sonidos
+vanos. No se enteraba de nada. Comprend&iacute;a vagamente que se le enga&ntilde;aba y
+se le quer&iacute;a aturdir y humillar. Ca&iacute;a en mil contradicciones, en errores
+sin cuento, al querer explicarse lo que le explicaban y al pretender
+opinar algo por cuenta propia; K&ouml;rner le ayudaba para poner m&aacute;s de
+relieve su torpeza y su ignorancia.</p>
+
+<p>&mdash;Pero, hombre, &iexcl;yo que soy un extranjero..., y ya s&eacute; mejor que usted
+todas estas costumbres del pa&iacute;s... y las leyes de Espa&ntilde;a!...</p>
+
+<p>Al llegar a los n&uacute;meros, K&ouml;rner se escandaliz&oacute; sinceramente. Bonis no
+sab&iacute;a dividir, y apenas multiplicar.</p>
+
+<p>Para huir de aquel atolladero, humillado, corrido, lleno de verg&uuml;enza y
+de remordimiento, Bonis quiso tratar cuestiones m&aacute;s importantes que no
+fueran de aquel horrible pormenor oscuro, inextricable para &eacute;l, pobre
+flautista..., y llev&oacute;, por los cabellos, la discusi&oacute;n al asunto de las
+f&aacute;bricas.</p>
+
+<p>Estaba excitado, su amor propio ofendido, y olvidando la prudencia,
+abord&oacute; la delicada cuesti&oacute;n de las dos industrias, sin estar preparado,
+a deshora. Eran las tres de la madrugada cuando K&ouml;rner y Nepo, <i>heridos
+en lo m&aacute;s hondo</i>, le exigieron que oyera la <i>historia completa</i> de aquella
+desastrosa especulaci&oacute;n; necesitaban sincerarse, y pues &eacute;l provocaba la
+cuesti&oacute;n, all&iacute; estaban ellos para responder....</p>
+
+<p>Y quieras que no quieras, Bonis tuvo que o&iacute;r, y ver y palpar. Se le
+pusieron delante libros de actas, presupuestos, p&oacute;lizas, planos,
+expedientes, una <i>selva oscura</i> que le hizo perder la noci&oacute;n del tiempo y
+la del espacio.... Se cre&iacute;a en el aire, en un aquelarre. Le zumbaban los
+o&iacute;dos. Mientras los otros le explicaban, gesticulando, lo que a &eacute;l le
+sonaba a griego, el sue&ntilde;o, la ira, el remordimiento le llenaban de
+avisperos el cerebro.... Hubiera mordido, pateado y llorado de buena
+gana. Se le cerraban los ojos, le ard&iacute;an las orejas, se le doblaban las
+piernas... &laquo;Hab&iacute;a ca&iacute;do en un lazo por d&eacute;bil, por imb&eacute;cil. Hab&iacute;a entrado
+all&iacute; solo, debiendo entrar con juez, escribano, abogado, peritos y una
+pareja de la Guardia civil&raquo;.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s de dos horas de aturdimiento, de verdadera agon&iacute;a, s&oacute;lo tuvo
+valor para tomar la puerta, seguido de los dos monstruos, que
+continuaban explic&aacute;ndole por <i>a</i> m&aacute;s <i>b</i> la ruina de los Valc&aacute;rcel en la
+f&aacute;brica, la ruina de Antonio Reyes, de su &uacute;nico hijo. En el comedor, y
+ya iban a dar las cinco, estaban todav&iacute;a <i>esper&aacute;ndolos</i> Marta y Sebasti&aacute;n,
+medio dormidos, bostezando. Unieron sus argumentos uno y otro, como
+queriendo ocupar la atenci&oacute;n de Nepo y K&ouml;rner, a los argumentos de
+K&ouml;rner y Nepo; y perseguido por aquella tremenda pesadilla, Bonifacio,
+muerto de sue&ntilde;o, ebrio de c&oacute;lera, de fiebre y cansancio, se declar&oacute; en
+franca y acelerada fuga y se encerr&oacute; en su cuarto, bien decidido, eso
+s&iacute;, a salir para Cabru&ntilde;ana al ser de d&iacute;a, acompa&ntilde;ado de los papeles que
+el t&iacute;o le hab&iacute;a metido por los ojos. Marchar&iacute;a sin despedirse de Emma,
+sin ver a su hijo, para que no le faltase valor ni su mujer tuviera
+tiempo de torcer aquella resoluci&oacute;n irrevocable. &laquo;Yo no s&eacute; una palabra
+de foros, ni de caser&iacute;as a medias, ni de aparcer&iacute;as, ni de n&uacute;meros, ni
+de f&aacute;bricas; pero he de tener voluntad en adelante; y he dicho que ir&iacute;a
+ma&ntilde;ana, y primero falta el sol. Ir&eacute;. La calentura de Emma no es
+extraordinaria; ya cede; Antonio queda sin novedad; voy a Cabru&ntilde;ana, le
+pongo las peras a cuarto a Lobato..., y me vuelvo pasado ma&ntilde;ana con dos
+o tres nodrizas, a escoger, que por ah&iacute; las hay buenas. Emma no querr&aacute;,
+y en rigor no puede criar. Le criaremos nosotros, el ama y yo. As&iacute; como
+as&iacute;, cuanto menos sangre de Valc&aacute;rcel, mejor&raquo;.</p>
+
+<p>Bonis no pudo dormir; estuvo mezclando, con mil visiones de pesadilla,
+despierto y todo, sus remordimientos de anta&ntilde;o, sus iras y verg&uuml;enzas de
+ahora, sus prop&oacute;sitos de energ&iacute;a futura y sus esperanzas de padre. La
+actividad era cosa terrible; era mucho m&aacute;s agradable pensar, imaginar....
+Pero un padre ten&iacute;a que ser diligente, pr&aacute;ctico, positivo... y &eacute;l lo
+ser&iacute;a; por Antonio, por su Antonio.... Pero por lo pronto, la bilis, la
+verg&uuml;enza de su ignorancia de las cosas que sab&iacute;an todos en casa, menos
+&eacute;l, todo aquel barullo de pasiones bajas, vulgares, pedestres, le
+quitaban el gusto a su dicha presente, a la felicidad de ser padre.</p>
+
+<p>Cuando todos dorm&iacute;an y el sol llevaba andada alguna parte de su carrera,
+Reyes sali&oacute; de casa, con sus papeles en un saco de noche; tom&oacute; la
+diligencia de Cabru&ntilde;ana, y antes del medio d&iacute;a ya estaba disputando con
+Lobato en medio de un prado, frente a unos robles que el mayordomo hab&iacute;a
+consentido derribar a un casero, porque, seg&uacute;n malas lenguas, los dos
+iban ganando. Lobato, un ex cabecilla carlista, era un lobo mestizo de
+zorro; hablaba con dificultad, le&iacute;a deletreando y escrib&iacute;a de modo que,
+en caso de convenirle, pod&iacute;a negar que aquello fueran letras... y &eacute;l era
+due&ntilde;o de la comarca por la pol&iacute;tica, por la usura y por las trampas a
+que obligaba a los jueces de paz y a los ped&aacute;neos su influencia
+personal. Nepomuceno le hab&iacute;a escogido porque con media palabra se
+hab&iacute;an entendido, y tambi&eacute;n porque s&oacute;lo un hombre como Lobato, que era
+el terror del concejo, pod&iacute;a cobrar las rentas de aquellos <i>caseros</i>, que
+sol&iacute;an recibir a pedradas y a tiros a los comisionados de apremios, a
+los alguaciles y a los mayordomos. Lobato, si viajaba de noche, cruzaba
+a escape ciertos parajes frondosos y oscuros, en que estaba seguro de
+encontrar asechanzas de aquellos aldeanos, que a la luz del sol
+temblaban en su presencia. En una ocasi&oacute;n, despu&eacute;s de cobrar en juicio a
+un casero que deb&iacute;a tres a&ntilde;os, recibi&oacute;, al atravesar un bosque, tal
+pedrada, que lleg&oacute; a su casa sin sentido, agarrado a la crin del
+caballo. &iexcl;Y a un hombre as&iacute; ven&iacute;a a pedirle cuartos un mequetrefe, aquel
+se&ntilde;orito bobo, de que nunca le hab&iacute;a hablado m&aacute;s que con desprecio el
+Sr. D. Juan Nepomuceno! Con fingida humildad, Lobato se burl&oacute; de su amo;
+haci&eacute;ndose el tonto, el ignorante, le hizo ver que &eacute;l, Bonis, era el que
+no sab&iacute;a lo que tra&iacute;a entre manos. Los caseros se re&iacute;an tambi&eacute;n del amo,
+con sorna que no pod&iacute;a tachar de irrespetuosa. Se rascaban la cabeza,
+sonre&iacute;an y se aferraban a la idea de no pagar mejor que hasta la fecha.</p>
+
+<p>Bonis, desesperado, abandon&oacute; aquellos hermosos valles de eterna verdura,
+de frescas sombras y matices infinitos en la variedad de los accidentes
+de colinas y vegas, en que serpenteaban claros r&iacute;os... &laquo;&iexcl;Divino!
+&iexcl;Divino!... &iexcl;Pero qu&eacute; pillo es Lobato, y qu&eacute; ladrones son todos estos
+pastores!... En otra situaci&oacute;n, sin estos cuidados y preocupaciones,
+&iexcl;qu&eacute; buenos d&iacute;as hubiera pasado yo en esta espesura, en que se mezcla el
+rumor de las copas de los pinos con el del mar, del que parece un eco!&raquo;.
+Cabru&ntilde;ana era regi&oacute;n ribere&ntilde;a, y parec&iacute;an sus valles estrechos y de mil
+figuras, de verde jugoso y oscuro en las laderas y en las planicies
+pantanosas, cauces de antiguos r&iacute;os, abandonados por las aguas. Todos
+aquellos cuetos y vericuetos, lomas y llanuras, por sus formas
+violentas, por ejemplo, por los cortes de las laderas aterciopeladas,
+semejantes en su ca&iacute;da a los acantilados de la costa, hac&iacute;an pensar en
+el fondo misterioso de los mares.</p>
+
+<p>Terminada su in&uacute;til faena, sin m&aacute;s provecho que dejar sembradas
+amenazas, de que nadie hizo caso, Reyes decidi&oacute; a media tarde montar a
+caballo para ir a pernoctar en la capital del concejo y del partido, a
+dos leguas, por la carretera. Antes del anochecer, se propon&iacute;a llegar a
+Ra&iacute;ces, que estaba al paso, y detenerse media hora; &iquest;para qu&eacute;? No sab&iacute;a.
+Para so&ntilde;ar, para sentir, para imaginarse tiempos remotos, a su manera;
+para pensar a sus anchas, en la soledad, libre de Lobato, y Nepo y
+Sebasti&aacute;n, en los Reyes que hab&iacute;an sido, y en los que eran, y en los que
+hab&iacute;an de ser.</p>
+
+<p>Ra&iacute;ces consist&iacute;a en un lugar de veinte a treinta casas, diseminadas en
+las frondosidades de una pen&iacute;nsula abandonada por el agua, en las
+marismas; cerca estaban las dunas, cuyos amarillos lomos de arena ten&iacute;an
+figura semejante a los vericuetos que rodeaban a Ra&iacute;ces; pero estos,
+desde siglos y siglos, ostentaban el terciopelo de verde oscuro de sus
+musgos y su c&eacute;sped, y las flores de los prados, iguales a las que se
+encontraban tierra adentro, lejos de las brisas del mar. Era Ra&iacute;ces un
+misterioso escondite verde, que inspiraba melancol&iacute;a, austeridad, un
+olvido del mundo, po&eacute;tico, resignado. Una colina cortada a pico, muy
+alta, cuya ladera, casi vertical, mostraba, como si fuera la yedra de
+una muralla cicl&oacute;pea, pinos, casta&ntilde;os y robles, que trepaban cuesta
+arriba cual si escalaran una fortaleza, escond&iacute;a y humillaba a Ra&iacute;ces
+por el Sur; el mar y las dunas le dejaban abierto a los vientos del
+Norte y del Noroeste, y restos de un bosque le rodeaban por Oriente y
+Occidente. Las viviendas, escasas y esparcidas por la espesura, eran,
+las m&aacute;s, caba&ntilde;as humildes, otras vetustos caserones de piedra oscura,
+con armas sobre la puerta algunos.</p>
+
+<p>Bonis lleg&oacute; una hora antes del ocaso a una plazoleta que serv&iacute;a de
+<i>quintana</i> a varias casas de las m&aacute;s viejas, pero tambi&eacute;n de las de
+aspecto m&aacute;s noble; carretas apoyadas sobre el p&eacute;rtigo, como dormidas,
+entorpec&iacute;an el paso; ni&ntilde;os medio desnudos, sucios y andrajosos, sin nada
+en su cuerpo donde pudiera ponerse un beso, m&aacute;s que los ojos de algunos
+y las rubias guedejas de muy pocos, saltaban y corr&iacute;an por aquella
+corralada com&uacute;n, que era sin duda para ellos el universo mundo. M&aacute;s
+serios y a su negocio, hozaban algunos cerdos en el esti&eacute;rcol, que
+escarbaban y picoteaban gallos y gallinas, mientras dos perros
+dormitaban, acosados por miles de mosquitos.</p>
+
+<p>&mdash;De aqu&iacute; salieron los Reyes&mdash;pens&oacute; Bonifacio, que desde una calleja
+vecina contemplaba el cuadro de paz suave y melanc&oacute;lica de aquella
+miseria, aislada de las vanas grandezas del mundo&mdash;. Un grupo de casta&ntilde;os
+y una pared de una huerta, le ocultaban a la vista de los chiquillos y
+los perros, que, de notar su presencia, se hubieran alarmado. Ech&oacute; pie a
+tierra, at&oacute; el caballo al tronco de un casta&ntilde;o, y se sent&oacute; sobre el
+c&eacute;sped para meditar a sus anchas.</p>
+
+<p>Se acord&oacute; de Ulises volviendo a &Iacute;taca... pero &eacute;l no era Ulises, sino un
+pobre reto&ntilde;o de remota generaci&oacute;n.... El Ulises de Ra&iacute;ces, el Reyes que
+hab&iacute;a emigrado, no hab&iacute;a vuelto... a &eacute;l no pod&iacute;an reconocerle en el
+lugar de que era oriundo. Y como hab&iacute;a le&iacute;do muchas veces la <i>Odisea</i>, y
+recordaba sus episodios y los nombres de sus personajes, pens&oacute; Bonis:
+&laquo;Los cerdos y los perros que encontr&oacute; Ulises al volver a &Iacute;taca, en la
+mansi&oacute;n de Eumaios, all&iacute; estaban; pero Eumaios, el que guardaba los
+cerdos de Ulises, no estaba; no le hab&iacute;a. Como a Ulises, aquellos perros
+le atacar&iacute;an si le vieran; pero Eumaios, el fiel servidor, no acudir&iacute;a
+en su auxilio... &iexcl;Qu&eacute; habr&iacute;a sido de Ulises&mdash;Reyes! &iquest;Por qu&eacute; habr&iacute;a
+salido de all&iacute;? &iexcl;Qui&eacute;n sabe! Tal vez esos chiquillos, que parecen hijos
+del esti&eacute;rcol, como lombrices de tierra, son <i>parientes</i> m&iacute;os.... Son de mi
+tribu acaso&raquo;.</p>
+
+<p>De pronto se dio una palmada en la frente. Los recuerdos cl&aacute;sicos le
+hab&iacute;an hecho pensar en el pasaje en que Ulises es reconocido por
+Eurycleia, su nodriza. &Eacute;l no hab&iacute;a tenido m&aacute;s Eurycleia que su madre,
+que hab&iacute;a muerto; pero Antonio, su hijo, necesitaba nodriza, y &eacute;l hab&iacute;a
+olvidado que hab&iacute;a venido a Cabru&ntilde;ana a buscarla. &laquo;&iexcl;Mejor aqu&iacute;! S&iacute;; no
+me ir&eacute; de Ra&iacute;ces sin buscar ama de cr&iacute;a para mi hijo. &iexcl;Es una
+inspiraci&oacute;n! &iexcl;Qui&eacute;n sabe! Tal vez se nutra con leche de su propia raza,
+con sangre de su sangre...&raquo;.</p>
+
+<p>Y como hab&iacute;a resuelto ser cada d&iacute;a m&aacute;s activo y menos so&ntilde;ador; hombre
+pr&aacute;ctico como los dem&aacute;s, como los que ganan dinero, para ganarlo tambi&eacute;n
+por amor de su Antonio, dej&oacute; sus cavilaciones, se levant&oacute;, mont&oacute; a
+caballo, y por aquellas quintanas y callejas adelante, de puerta en
+puerta, fue buscando lo que necesitaba, nodriza para casa de los padres,
+y natural de Ra&iacute;ces, de donde eran oriundos los Reyes. Era aquella, por
+fortuna, tierra cl&aacute;sica de amas de cr&iacute;a, de las m&aacute;s afamadas de la
+provincia; y en tan peque&ntilde;o vecindario, sin m&aacute;s que extender un poco sus
+pesquisas por aquellos contornos, encontr&oacute; Bonis dos buenas vacas de
+leche de aspecto humano, porque en aquella regi&oacute;n ven&iacute;a a ser una
+especie de industria inmoral y de exportaci&oacute;n el servicio que &eacute;l
+solicitaba. Qued&oacute; convenido que a la ma&ntilde;ana siguiente, muy temprano,
+Rosa y Pepa, que as&iacute; se llamaban las que presentaban su candidatura al
+honor de criar a Antonio Reyes, estar&iacute;an en la capital del concejo,
+dispuestas a montar en el coche en que las llevar&iacute;a Bonifacio a la
+ciudad, para que fueran registradas por el m&eacute;dico, y la de mejores
+condiciones recibiera el <i>exequatur</i> facultativo y el nombramiento oficial
+de Emma.</p>
+
+<p>Satisfecho de la diligencia y fortuna con que dejaba orillado este
+negocio, Bonis se detuvo, al salir del lugar, en un recodo del camino
+solitario, junto a un puente de madera que atravesaba el Ra&iacute;ces,
+riachuelo po&eacute;tico, sinuoso, que a la sombra de &aacute;rboles infinitos corr&iacute;a
+al pr&oacute;ximo Oc&eacute;ano, sin gran prisa, seguro de llegar antes de la noche; y
+eso que el sol ya se hab&iacute;a escondido tras de las olas que bramaban a lo
+lejos. Reyes, volviendo grupas, seguro de su soledad, inm&oacute;vil en medio
+del camino, permaneci&oacute; contemplando el rinc&oacute;n melanc&oacute;lico de que se
+alejaba, como si all&iacute; dejara algo.</p>
+
+<p>Nada concreto, nada pl&aacute;stico le hablaba ni pod&iacute;a hablarle de la relaci&oacute;n
+de su raza con aquel pac&iacute;fico, humilde y po&eacute;tico lugar; y, sin embargo,
+se ve&iacute;a atado a &eacute;l por sutiles cadenas espirituales, de esas que se
+hacen invisibles para el alma misma, desde el momento en que se quiere
+probar su firmeza.</p>
+
+<p>&laquo;Ni yo s&eacute; en qu&eacute; siglo salieron los Reyes de aqu&iacute;, ni lo que eran aqu&iacute;,
+ni c&oacute;mo ni d&oacute;nde viv&iacute;an; ni siquiera de mi tatarabuelo, sin ir m&aacute;s
+lejos, tengo noticias, a no ser muy vagas. S&oacute;lo s&eacute; que &eacute;ramos nobles,
+hace mucho, y que salimos de Ra&iacute;ces. &iexcl;Oh! &iexcl;Si yo conservase el libro
+aquel de blasones de que tanto me hablaba mi madre, y que mi padre, al
+parecer, despreciaba!... Como soy tan aprensivo... se me figura sentir
+cierta simpat&iacute;a por estos parajes.... Esta calma, este silencio, esta
+verdura, esta pobreza resignada y tolerable... hasta la m&uacute;sica del mar,
+que ruge detr&aacute;s de esos montes de arena... todo esto me parece algo m&iacute;o,
+semejante a mi coraz&oacute;n, a mi pensamiento, y semejante al car&aacute;cter de mi
+padre. Los Reyes... no debieron salir de aqu&iacute;... no serv&iacute;an para el
+mundo; bien se vio.... Yo, el &uacute;ltimo, &iquest;qu&eacute; soy? Un miserable, un
+ignorante, que no ha ganado en su vida una peseta, que s&oacute;lo sabe gastar
+las ajenas. Un so&ntilde;ador... que crey&oacute; alg&uacute;n d&iacute;a llegar a ser algo de
+provecho a fuerza de sentir con fuerza cosas raras y de las que ni
+siquiera se pueden explicar. &iexcl;A esto vino a parar la raza!&raquo;.</p>
+
+<p>Ces&oacute; en su soliloquio, como para o&iacute;r lo que el silencio de Ra&iacute;ces, a la
+luz del crep&uacute;sculo, le dec&iacute;a.</p>
+
+<p>Una campana, muy lejos, comenz&oacute; a tocar la oraci&oacute;n de la tarde.</p>
+
+<p>Bonis, a pesar de su dudosa ortodoxia, se quit&oacute; el sombrero. Y record&oacute;
+las palabras con que su madre empezaba el rezo vespertino: &laquo;El &aacute;ngel del
+Se&ntilde;or anunci&oacute; a Mar&iacute;a...&raquo;.</p>
+
+<p>&iexcl;Oh! &iexcl;Tambi&eacute;n a &eacute;l, el &aacute;ngel del Se&ntilde;or sin duda, le hab&iacute;a anunciado que
+ser&iacute;a padre; tambi&eacute;n sus entra&ntilde;as estaban llenas del amor de aquel hijo,
+de aquel Antonio, en que &eacute;l estaba ya pensando como se piensa en el amor
+ausente, mandando miradas y deseos de volar del lado del horizonte tras
+que se esconde lo que amamos! Una ternura infinita le invadi&oacute; el alma.
+Hasta el caballo, meditabundo, inm&oacute;vil, le pareci&oacute; que comprend&iacute;a y
+respetaba su emoci&oacute;n. &iexcl;Ra&iacute;ces! &iexcl;Su hijo! &iexcl;La fe! Su fe de ahora era su
+hijo.</p>
+
+<p>Lo pasado, muerte, corrupci&oacute;n, abdicaci&oacute;n, errores... olvido. &iquest;Qu&eacute; hab&iacute;a
+sido su propia existencia? Un fiasco, una bancarrota, cosa in&uacute;til; pero
+todo lo que &eacute;l no hab&iacute;a sido pod&iacute;a serlo el hijo... lo que en &eacute;l hab&iacute;a
+sido aspiraci&oacute;n, virtualidad puramente sentimental, ser&iacute;a en el hijo
+facultad efectiva, energ&iacute;a, hechos consumados.</p>
+
+<p>&iexcl;Oh!, se lo dec&iacute;a el coraz&oacute;n.... Antonio ser&iacute;a algo bueno, la gloria de
+los Reyes.... Y acaso, acaso, cuando se hiciera rico, ya conquistando una
+gran posici&oacute;n pol&iacute;tica o escribiendo dramas, lo cual le halagaba m&aacute;s, o,
+lo que ser&iacute;a el colmo de la dicha, como gran compositor de sinfon&iacute;as y
+de &oacute;peras, como un Mozart, como un Meyerbeer, &eacute;l, su padre, ya viejo,
+chocho, chocho por su hijo... le meter&iacute;a en la cabeza que <i>restaurase</i> en
+Ra&iacute;ces la casa de los Reyes...; y &eacute;l, Bonis, vendr&iacute;a a morir all&iacute;... en
+aquella paz, en aquella dulzura de aquel crep&uacute;sculo, entre ramas
+rumorosas de &aacute;rboles seculares, mecidas por una brisa musical y olorosa,
+que se destacaban sobre el fondo violeta del cielo del horizonte, donde
+el &uacute;ltimo aliento del d&iacute;a perezoso se disolv&iacute;a en la noche.</p>
+
+<p>&laquo;&iexcl;Oh! &iexcl;En definitiva, en el mundo, no hab&iacute;a nada serio m&aacute;s que la
+poes&iacute;a!...&mdash;pens&oacute; Bonis&mdash;. Pero eso para mi Antonio. &Eacute;l ser&aacute; el poeta, el
+m&uacute;sico, el gran hombre, el genio.... Yo, su padre. Yo a lo pr&aacute;ctico, a lo
+positivo, a ganar dinero, a evitar la ruina de los Varc&aacute;rcel y a
+restaurar la de los Reyes. Y &iexcl;adi&oacute;s, Ra&iacute;ces, hasta la vuelta! Me voy con
+mi hijo; tal vez volvamos juntos&raquo;.</p>
+
+<p>Bonifacio, sacudiendo la cabeza, recobrando las riendas para sacar al
+rocinante so&ntilde;ador de su letargo, sigui&oacute; a trote su camino, sin volver
+los ojos atr&aacute;s, temeroso de sus ensue&ntilde;os, de sus locuras...; dispuesto
+cada vez con m&aacute;s ah&iacute;nco a sacrificar al porvenir de su hijo su
+temperamento de bobalic&oacute;n caviloso y sentimental.</p>
+
+<p>Durmi&oacute; en la villa cabeza del partido, y al ser de d&iacute;a mont&oacute; en el coche
+diario que iba a la capital de la provincia, en compa&ntilde;&iacute;a de las dos
+Eurycleias que hab&iacute;a buscado en Ra&iacute;ces.</p>
+
+<p>Al llegar a sus lares, se encontr&oacute; la casa llena de gente, criados y
+amigos en movimiento.</p>
+
+<p>Do&ntilde;a Celestina, con vestido de raso negro y mantilla de casco fina,
+estaba en medio de la sala con un bulto en los brazos, un mont&oacute;n de tela
+blanca, bordada, de encajes y de cintas azules.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; es esto?&mdash;dijo Bonis, que entraba con las nodrizas electas a
+derecha e izquierda.</p>
+
+<p>&mdash;Esto es&mdash;respondi&oacute; la partera&mdash;que vamos a hacer cristiano a este judiazo
+de su hijo de usted.</p>
+
+<p>En efecto; Emma lo hab&iacute;a decretado as&iacute;. Cierto era que ella misma el d&iacute;a
+anterior hab&iacute;a dicho que no se le hablase de bautizo hasta que al
+chiquillo le pasara la fluxi&oacute;n de los ojos; pero al despertar aquella
+ma&ntilde;ana y saber que Bonis, sin su permiso, dej&aacute;ndola con la calentura, se
+hab&iacute;a marchado a la aldea a enderezar entuertos, que nunca se le hab&iacute;a
+ocurrido enderezar, se hab&iacute;a irritado, y por venganza y considerando que
+el tiempo estaba templado, hab&iacute;a dispuesto, en un decir Jes&uacute;s, desde la
+cama, dando &oacute;rdenes como ella sab&iacute;a, que el ni&ntilde;o se bautizara aquella
+misma tarde, para que el padre se lo encontrara todo hecho y rabiara un
+poco.</p>
+
+<p>Bonis no rabi&oacute;. La solemnidad del momento no consent&iacute;a malas pasiones.
+Lo que hizo fue abrazar a su esposa, consigui&eacute;ndolo a duras penas.</p>
+
+<p>Emma ten&iacute;a poca calentura: estaba muy despejada; y ya sin miedo al
+peligro del puerperio, aunque no hab&iacute;a pasado, hab&iacute;a decidido
+engalanarse y engalanar su lecho.</p>
+
+<p>Sac&oacute; el fondo de su armario de ropa blanca, que era un tesoro, y sus
+amigas pudieron contemplar un mar de espuma, de nieve y crema, de hilo
+fino espiritualizado de encajes de los m&aacute;s delicados. En medio de
+aquella espuma aparec&iacute;a, como un n&aacute;ufrago, el rostro demacrado,
+amarillento, de Emma, que definitivamente hab&iacute;a vuelto a desmoronarse en
+ruina que no admit&iacute;a ya restauraciones.</p>
+
+<p>&laquo;Es una vieja&raquo;, pens&oacute; Bonis resignado, sin amargura; pero triste por
+amor de su hijo.</p>
+
+<p>La Valc&aacute;rcel aprob&oacute; el concurso de nodrizas ideado por su marido; el
+cual no comprendi&oacute; por qu&eacute; Nepo, los K&ouml;rner, Sebasti&aacute;n, las de Ferraz,
+las de Silva, y otras amigas y amigos re&iacute;an, a carcajadas unos, con
+menos violencia otros, la ocurrencia de haber tra&iacute;do &eacute;l consigo a Pepa y
+Rosa, las robustas aldeanas de Ra&iacute;ces.</p>
+
+<p>Sebasti&aacute;n y Marta, cada vez que recordaban la entrada triunfal de Bonis
+en medio de las dos aldeanas de ubres ostentosas, se desternillaban de
+risa.</p>
+
+<p>Seg&uacute;n Marta, aquello era demasiado, y ya no cab&iacute;a disimulo. Hab&iacute;a que
+re&iacute;r a mand&iacute;bula batiente.</p>
+
+<p>Y se re&iacute;an.</p>
+
+<p>Bonifacio no comprend&iacute;a; ni lo intent&oacute; apenas. &iquest;Qu&eacute; le importaban a &eacute;l
+las risas necias de aquella gentuza, que le hab&iacute;an comido el pan de su
+hijo, y que estaba dispuesto a arrojar de su casa?</p>
+
+<p>La comitiva se puso en movimiento. Emma hab&iacute;a decretado, y no hab&iacute;a m&aacute;s
+remedio que callar, que Sebasti&aacute;n fuese padrino y Marta madrina.</p>
+
+<p>Se hab&iacute;an dado &oacute;rdenes para que la ceremonia fuese de primera clase. El
+baptisterio de la iglesia parroquial estaba cubierto de colgaduras de
+raso carmes&iacute; con flecos dorados; la pila brillaba como un ascua de oro,
+iluminada por grandes cirios.</p>
+
+<p>Bonis, que hab&iacute;a caminado solo, detr&aacute;s de do&ntilde;a Celestina, cuidando de
+que el pa&ntilde;uelo que cubr&iacute;a el rostro de Antonio, dormido, no se deslizara
+al suelo, no hab&iacute;a tenido tiempo, mientras iba por las calles, para
+sentir la ternura grave y po&eacute;tica propia del caso; m&aacute;s bien recordaba
+despu&eacute;s haber experimentado as&iacute; como un poco de sonrojo ante las miradas
+curiosas y fr&iacute;as, casi insolentes y como algo burlonas, del p&uacute;blico
+indiferente y distra&iacute;do. Pero al atravesar el umbral de la casa de Dios,
+y detenerse entre la puerta y el cancel, y ver all&aacute; dentro, enfrente,
+las luces del baptisterio, una emoci&oacute;n religiosa, dulc&iacute;sima, empapada de
+un misterio no exento de cierto terror vago, esfumada, ante la
+incertidumbre del porvenir, le hab&iacute;a dominado hasta hacerle olvidarse de
+todos aquellos miserables que le rodeaban. S&oacute;lo ve&iacute;a a Dios y a su hijo.
+Otras veces, viendo bautizar hijos ajenos, hab&iacute;a pensado que era
+rid&iacute;culo aquello de echar los demonios del cuerpo, o cosa por el estilo,
+a los inocentes angelillos que iban a recibir las aguas del bautismo.
+Ahora no ve&iacute;a en nada de aquello lado alguno rid&iacute;culo. &iexcl;Oh, la Iglesia
+era sabia! &iexcl;Conoc&iacute;a el coraz&oacute;n humano y cu&aacute;les eran los momentos grandes
+de la vida! &iexcl;Era tan solemne el nacer, el tomar un nombre en la comedia
+azarosa de la vida! &iexcl;El bautizo hac&iacute;a pensar en el porvenir, en una
+s&iacute;ntesis misteriosa, de punzante curiosidad, de anhelante y temerosa
+comez&oacute;n de penetrar el porvenir! Aunque &eacute;l, Bonis, no cre&iacute;a en varios
+dogmas, ni menos en los prodigios de la Biblia, reconoc&iacute;a que la Iglesia
+en aquellos trances parec&iacute;a efectivamente una madre....</p>
+
+<p>Sin repugnancia, y sin perjuicio de las reservas mentales necesarias, &eacute;l
+colocaba sobre el regazo de la Iglesia al hijo de sus entra&ntilde;as. &iexcl;Su
+hijo, su Antonio; all&iacute; le ten&iacute;a, carne de su carne, dormido, perdido
+entre encajes; una mancha colorada destac&aacute;ndose en la blancura...!</p>
+
+<p>A &eacute;l ya no se parecer&iacute;a; pero a su padre, al procurador Reyes, s&iacute;; el
+gesto de pena, la mueca de los labios, el entrecejo... todo aquello era
+de su padre. &iexcl;Ay! &iexcl;C&oacute;mo se le met&iacute;a por el alma, a borbotones, como
+l&aacute;grimas de ternura que en vez de salir entrasen, el amor de aquel hijo,
+de aquel ser d&eacute;bil, abandonado por los &aacute;ngeles entre los hombres!, pero
+ya no amor abstracto, metaf&iacute;sico; amor sin frases, amor nada ret&oacute;rico....
+amor inefable, pero que satisfac&iacute;a la conciencia y daba sanci&oacute;n absoluta
+al juramento de constante y callado sacrificio. Vivir por &eacute;l, para &eacute;l.
+&laquo;Yo nac&iacute; para esto; para padre&raquo;. Bonis sent&iacute;a a la puerta de la iglesia,
+esperando al capell&aacute;n que iba a hacerle cristiano a Antonio, sent&iacute;a la
+gracia que Dios le enviaba en forma de vocaci&oacute;n, clara, distinta, de
+vocaci&oacute;n de padre. &laquo;S&iacute;&mdash;pensaba&mdash;; ya soy algo&raquo;.</p>
+
+<p>Despu&eacute;s vio llegar a un cura rollizo, sonriente, cubierto de oro, como
+el altar del baptisterio, con todo el aparato sagrado de ac&oacute;litos,
+cirios y cruces que reconoci&oacute; que eran del caso. No se opon&iacute;a &eacute;l a nada,
+todo estaba bien. Por m&aacute;s que estaba seguro de que su Antonio, aquel
+inocente ni&ntilde;o con cara triste, no ten&iacute;a en el cuerpo diablo de ninguna
+especie ni resentimiento personal alguno con la Iglesia, Bonis reconoc&iacute;a
+el derecho de esta a tomar precauciones antes de admitir en su seno al
+reci&eacute;n nacido. Hasta lo de no poder entrar en el templo su hijo antes de
+cumplir los requisitos sacramentales, le parec&iacute;a racional, si bien pens&oacute;
+que el clero deb&iacute;a tener m&aacute;s cuidado con los <i>catec&uacute;menos</i>, o lo que
+fueran, de cierta edad, porque un aire colado, entre puertas, pod&iacute;a ser
+fatal y matar un cristiano en flor.</p>
+
+<p>&mdash;Do&ntilde;a Celestina&mdash;dijo Reyes con voz melosa, humilde, apenas perceptible,
+con &aacute;nimo de que el se&ntilde;or cura y su acompa&ntilde;amiento no dieran una
+interpretaci&oacute;n heterodoxa a sus palabras&mdash;; do&ntilde;a Celestina, haga usted el
+favor de arrimarse a este rinc&oacute;n, porque ah&iacute; est&aacute; usted en la corriente.</p>
+
+<p>&mdash;D&eacute;jeme usted a m&iacute;, D. Bonifacio.</p>
+
+<p>El delegado del p&aacute;rroco empez&oacute; sus latines, que Bonifacio entend&iacute;a a
+medias.</p>
+
+<p>Entendi&oacute; que su hijo se llamar&iacute;a decididamente Antonio, no recordaba qu&eacute;
+otra cosa, y Sebasti&aacute;n. Sebasti&aacute;n... &iquest;para qu&eacute;? En fin, poco importaba.</p>
+
+<p>Las de Ferraz miraban al ni&ntilde;o y al cura con la boca abierta, y como
+quien asiste a una farsa muy chusca; eran creyentes como cada cual, pero
+en el mundo, para aquellas se&ntilde;oritas como panderetas, todo era una
+<i>guasa</i>, asunto de broma y de casta&ntilde;uelas.</p>
+
+<p>All&iacute; no val&iacute;a re&iacute;rse, pero buenas ganas se les pasaba. Marta, madrina,
+presenciaba la escena con cara de jud&iacute;o: pensaba en la superioridad de
+sus ideas personales sobre la vulgar manera de entender la ceremonia que
+presenciaban aquellas fr&iacute;volas amiguitas.</p>
+
+<p>De pronto, las palabras que rezaba el cl&eacute;rigo con un tono discreto,
+suave, de un ritmo eclesi&aacute;stico simp&aacute;tico, sugestivo, adquirieron
+verdadero valor musical, como un recitado; porque all&aacute; dentro alguien le
+soltaba los ca&ntilde;os de sonidos al &oacute;rgano, que llen&oacute; la solitaria iglesia
+de resonancias, de chorros de notas juguetonas, frescas.</p>
+
+<p>El nuevo cristiano atraves&oacute; el cancel, penetr&oacute; en la iglesia precedido
+del sacerdote, en brazos de Sebasti&aacute;n majestuoso. Lleg&oacute; la comitiva al
+baptisterio. Los amigos rodeaban a los padrinos; viejas, pobres y
+chiquillos formaban corro, curioseando y en espera de la calderilla del
+bateo. Para Bonis, que sigui&oacute; a su hijo hasta la margen del Jord&aacute;n de
+m&aacute;rmol, todo tom&oacute; nueva vida, m&aacute;s intenso, arm&oacute;nico y po&eacute;tico sentido.
+Era que la m&uacute;sica le ayudaba a entender, a penetrar el significado hondo
+de las cosas. El &oacute;rgano, el &oacute;rgano, le dec&iacute;a lo que &eacute;l no acababa de
+explicarse.</p>
+
+<p>&laquo;Pues es claro; la Iglesia es un lince; ve largo; sabe ser madre&raquo;.</p>
+
+<p>Las notas del &oacute;rgano, bajando a hacer cosquillas al reci&eacute;n nacido, al
+que ven&iacute;a de los cielos del misterio, meti&eacute;ndosele por las carnecitas
+que dejaban al aire los dedos discretos y expertos de do&ntilde;a Celestina, al
+descubrir la espalda de la criatura; las notas aladas y revoltosas, eran
+angelillos que retozaban con su compa&ntilde;ero humano, menos feliz que ellos,
+pero no menos puro, no menos inocente.</p>
+
+<p>Bonis sinti&oacute; que el rostro de los m&aacute;s indiferentes, hasta el de los
+pilluelos que esperaban la calderilla, tomaba expresi&oacute;n de inter&eacute;s, de
+cierto enternecimiento. Las luces parec&iacute;an cantar tambi&eacute;n al oscilar con
+ritmo; brillaban m&aacute;s rojas; los dorados del cura y del baptisterio se
+hicieron m&aacute;s intensos, m&aacute;s se&ntilde;oriles; los monaguillos, tiesos, solemnes,
+daban indudable respetabilidad al acto. El &oacute;rgano era el que se permit&iacute;a
+seguir riendo, jugueteando, pero leg&iacute;timamente, porque representaba la
+alegr&iacute;a celestial, la gracia de la inocencia.... Mas en el fondo de las
+bromas po&eacute;ticas y sagradas de aquella m&uacute;sica de la iglesia, a Bonis, de
+pronto, se le antoj&oacute; ver una especie de desaf&iacute;o burl&oacute;n un tanto ir&oacute;nico.
+Vamos a ver, dec&iacute;a el &oacute;rgano: &iquest;Qu&eacute; guarda el porvenir? &iquest;Qu&eacute; va a ser de
+tu hijo? &iquest;Qu&eacute; es la vida? &iquest;Importa vivir, o no importa? &iquest;Es todo juego?
+&iquest;Es todo un sue&ntilde;o? &iquest;Hay algo m&aacute;s que la apariencia?... Y la m&uacute;sica, de
+repente, la tomaba por otra parte sin l&oacute;gica, sin formalidad; empezaba a
+decir una cosa y acababa indicando otra.... Hasta que por fin Reyes not&oacute;
+que el organista estaba tocando variaciones sobre la <i>Traviata</i>, &oacute;pera
+entonces de moda. Bonifacio se acord&oacute; de la <i>Dama de las Camelias</i>, que
+hab&iacute;a le&iacute;do, y de aquel Armando, que hab&iacute;a amado hasta olvidar al suo
+<i>vecchio</i> genitor, como dicen en la &oacute;pera, y, en efecto, el &oacute;rgano lo
+estaba recordando:</p>
+
+<p>
+<span style="margin-left: 2.5em;">&laquo;<i>Tu non sai quanto soffr&igrave;</i>!&raquo;</span><br />
+</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Pobre de m&iacute;!&mdash;pens&oacute; Bonis&mdash;. El hijo puede ser un ingrato. Amar&aacute; a una
+mujer m&aacute;s que a m&iacute; ciertamente. Yo nac&iacute; para que no me amen como yo
+quisiera.... Pero no importa, no importa; esta es la ley. Nosotros a
+ellos; ellos a los suyos o a las vanidades del mundo. &iexcl;Cosa rara! &iquest;Por
+qu&eacute; no sonar&iacute;a mal <i>La Traviata</i> en la iglesia? Aquello deb&iacute;a ser una
+profanaci&oacute;n... y no lo era. Era que en <i>La Traviata</i>, bien o mal, hab&iacute;a
+amor y dolor, amor y muerte; es decir, toda la religi&oacute;n y toda la
+vida... &iexcl;Oh, c&oacute;mo hablaba el &oacute;rgano de los misterios del destino!...
+Vuelta a la burla, vuelta a las preguntas ir&oacute;nicas: &laquo;&iquest;Qu&eacute; ser&aacute; de &eacute;l?
+&iquest;Qu&eacute; ser&aacute; de ti? &iquest;Qu&eacute; ser&aacute; de todo?...&raquo;.</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qui&eacute;n toca el &oacute;rgano?&mdash;pregunt&oacute; Marta por lo bajo a Sebasti&aacute;n.</p>
+
+<p>&mdash;Minghetti.</p>
+
+<p>Padrino y madrina sonrieron, mir&aacute;ndose.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Capricho de hombre!&mdash;dijo la alemana, consagrando al bar&iacute;tono un
+recuerdo.</p>
+
+<p>Bonis hab&iacute;a o&iacute;do la pregunta y la respuesta.</p>
+
+<p>&mdash;&laquo;Tocaba Minghetti: &iexcl;oh, bien se conoc&iacute;a que andaba all&iacute; arriba un
+artista! Hab&iacute;a sido una atenci&oacute;n delicada.... Los artistas al fin son
+poetas... &iexcl;l&aacute;stima que suelan ser adem&aacute;s unos pillos! &Eacute;l, Bonis, entre
+la moral y el arte, en caso de incompatibilidad, se quedar&iacute;a en adelante
+con la moral. Por su hijo&raquo;.</p>
+
+<p>Ya era cristiano Antonio Diego Sebasti&aacute;n; do&ntilde;a Celestina le hab&iacute;a tomado
+de brazos del t&iacute;o padrino, y sentada en la tarima de un confesionario,
+junto a una capilla, rodeada de aquellos amigos y curiosos, se entend&iacute;a
+h&aacute;bilmente con cintas y encajes para volver a sepultar bajo tanto
+f&aacute;rrago de lino el cuerpo d&eacute;bil, flaco, de la criatura.</p>
+
+<p>Bonifacio se separ&oacute; del grupo, y por el templo adelante se dirigi&oacute; a la
+sacrist&iacute;a, en pos del sacerdote y sus ac&oacute;litos. Tambi&eacute;n aquello era
+solemne. Iba a dictar la inscripci&oacute;n del libro bautismal, a sentar la
+base del estado civil de su hijo. Mientras Minghetti, por divertirse,
+continuaba haciendo prodigios en el &oacute;rgano, iba pensando Bonis por medio
+del templo: &laquo;&iexcl;Qui&eacute;n sabe! Tal vez alg&uacute;n d&iacute;a sabios, eruditos, curiosos,
+vengan en peregrinaci&oacute;n a contemplar con cari&ntilde;o y respeto la p&aacute;gina de
+este libro de la parroquia en que yo voy a dictar ahora el nombre de mi
+hijo, el de sus padres y abuelos, lugar de su naturaleza, etc.,
+etc&eacute;tera. &iexcl;Abuelos! Mi pobre Antonio no tiene abuelos vivos; le faltar&aacute;
+ese amor, pero el m&iacute;o los suplir&aacute; todos&raquo;.</p>
+
+<p>Al entrar en la sacrist&iacute;a, en una capilla lateral, sumida en la sombra,
+vio una mujer sentada sobre la tarima, con la cabeza apoyada en el altar
+de relieve churrigueresco.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Serafina!</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Bonifacio!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; haces aqu&iacute;?</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; he de hacer? Rezar. Y t&uacute;, &iquest;a qu&eacute; vienes?</p>
+
+<p>&mdash;Vengo a inscribir a mi hijo, que acaba de bautizarse, en el libro
+bautismal.</p>
+
+<p>Serafina se puso en pie. Sonri&oacute; de un modo que asust&oacute; a Bonis, porque
+nunca hab&iacute;a visto en su amiga el gesto de crueldad, de malicia fr&iacute;a, que
+acompa&ntilde;&oacute; a tal sonrisa.</p>
+
+<p>&mdash;Conque... &iquest;tu hijo?... &iexcl;Bah!</p>
+
+<p>&mdash;&iquest;Qu&eacute; tienes, Serafina? &iquest;C&oacute;mo est&aacute;s aqu&iacute;?</p>
+
+<p>&mdash;Estoy aqu&iacute;... por no estar en casa; por huir del amo de la posada.
+Estoy aqu&iacute;... porque me voy haciendo beata. No es broma. O rezar, o....
+una caja de f&oacute;sforos. &iquest;Sabes? Mochi no vuelve. &iquest;Sabes? &iexcl;He perdido la
+voz! S&iacute;; perdida por completo. El d&iacute;a que te escrib&iacute;...; y que no me
+contestaste; ya sabes, cuando te ped&iacute;a aquellos reales para pagar la
+fonda.... Bueno; pues aquel d&iacute;a... aquella noche... como hab&iacute;a ofrecido
+pagar, y no pagu&eacute;... porque no contestaste..., tuve una batalla de
+improperios con D. Carlos... &iexcl;el infame!...</p>
+
+<p>La Gorgheggi call&oacute; un momento, porque la ahogaba la emoci&oacute;n; ira, pena,
+verg&uuml;enza.... Dos l&aacute;grimas, que deb&iacute;an de saber a vinagre, se le asomaron
+a los ojos.</p>
+
+<p>&mdash;El infame tuvo el valor de insultarme como a una mujer perdida...; me
+amenaz&oacute; con la justicia, con plantarme en el arroyo.... Yo ech&eacute; a correr;
+sal&iacute; a la calle, como estaba, sin sombrero.... Pero volv&iacute;. Porque lo
+dejaba all&iacute; todo.... Mi equipaje, lo &uacute;nico que tengo en el mundo. No s&eacute;
+qu&eacute; cog&iacute; aquella noche, al relente, furiosa, por la calle h&uacute;meda... &iexcl;Oh!
+En fin, la voz, que ya andaba muy mal, se fue de repente.... Desde
+aquella noche canto... como tu mujer. No salgo de la fonda... porque no
+puedo pagar. D. Carlos me insulta unas veces... y otras me requiebra. Yo
+no quiero amantes ni altos ni bajos..., porque no quiero..., porque todo
+eso me da asco. Mochi no vuelve.... A mis &uacute;ltimas cartas ya no ha
+contestado. Como t&uacute;. Sois unos caballeros. Se os pide cuatro cuartos
+para no recibir insultos de un miserable..., y no contest&aacute;is.... No s&eacute;
+d&oacute;nde ir; en casa me esp&iacute;a mi acreedor, que quiere ser mi amante; en la
+calle me persiguen necios, me aburre la curiosidad est&uacute;pida de la
+gente.... No tengo dinero ni para escapar... &iquest;Para escapar ad&oacute;nde? Me
+meto en la iglesia. Esto es m&iacute;o, como de todos. T&uacute; me ense&ntilde;aste a sentir
+as&iacute;, a querer paz..., a so&ntilde;ar..., a desear imposibles.... Aqu&iacute; estoy
+tranquila..., y rezo a mi modo. No tengo fe, lo que se llama fe.... Pero
+quisiera tenerla. Los santos, todos esos, aquel San Roque, este San
+Sebasti&aacute;n con sus banderillas por todo el cuerpo..., aquel se&ntilde;or
+obispo..., San Isidoro..., todos me van entendiendo. No tengo verdadera
+religi&oacute;n..., pero por lo pronto... los amantes me dan asco... no quiero
+amantes...; esperar&eacute; a ver si vuelve la voz..., o si vuelves t&uacute;. Mochi
+es un mal hombre, un traidor, un miserable...; ya lo sab&iacute;a, siempre lo
+supe. Pero t&uacute;..., no cre&iacute; que lo fueras tambi&eacute;n. Bonis, no me
+abandones.... Yo... te quiero todav&iacute;a..., m&aacute;s que antes, mucho m&aacute;s de
+veras. Debo de estar enferma.... Me asusta el mundo..., el teatro me
+horroriza..., el galanteo me espanta.... Quiero paz..., quiero sue&ntilde;o...,
+quiero honradez...; no vivir de farsa... y tener pan que no deba a mi
+cuerpo alquilado a un desconocido..., a no s&eacute; ahora qui&eacute;n. Tuya, s&iacute;. De
+los dem&aacute;s, no. &iquest;Quieres?</p>
+
+<p>Bonis, aunque poco formalista en materias religiosas, y a pesar de que
+las palabras, y el tono, y las dos l&aacute;grimas de Serafina le hab&iacute;an
+enternecido hasta lo inefable, pens&oacute;, ante todo, que estaban en la
+iglesia y que no era el lugar nada a prop&oacute;sito para tal clase de tratos
+y contratos.</p>
+
+<p>Antes de contestar, mir&oacute; hacia atr&aacute;s, hacia el baptisterio, para ver si
+alguien hab&iacute;a reparado su encuentro con la cantante. La comitiva del
+bautizo hab&iacute;a desaparecido. Ni siquiera hab&iacute;an parado mientes en la
+ausencia de Reyes. Tan insignificante era para todos. Minghetti, sin
+embargo, segu&iacute;a embelesado con sus travesuras arm&oacute;nicas en el &oacute;rgano.
+Ten&iacute;a aquella man&iacute;a: la de hacerse pesado, por broma, cuando se pon&iacute;a a
+tocar.</p>
+
+<p>Bonis, con repugnancia por hablar de tales asuntos all&iacute;, en el templo,
+pero compadecido hasta el fondo del alma, y, por otra parte, dispuesto a
+no abdicar de su dignidad de padre de familia sin mancha, tapujos ni
+relajamientos de costumbres, dijo con voz que procur&oacute; hacer cari&ntilde;osa al
+par que firme, y que le sali&oacute; temblona, balbuciente y d&eacute;bil:</p>
+
+<p>&mdash;Serafina..., yo a ti te debo toda la verdad.... Yo, en adelante, quiero
+vivir para mi hijo.... Nuestros amores... eran il&iacute;citos.... Debo a Dios un
+gran bien, una gracia...: el tener un hijo.... Ofrec&iacute; el sacrificio de
+mis pasiones por la felicidad de Antonio.... Adem&aacute;s, estoy arruinado....
+En el terreno de los intereses materiales... har&eacute; por ti... lo que
+pueda...; &iexcl;ya se ve!... Con ese D. Carlos, que es un jud&iacute;o... ya me
+entender&eacute; yo.... Pero estoy arruinado.... La voz..., tu voz... volver&aacute;...</p>
+
+<p>Y aqu&iacute;, al recordar la <i>voz</i> que &eacute;l hab&iacute;a adorado, Bonis estuvo a punto de
+llorar tambi&eacute;n.</p>
+
+<p>Mas el rostro de Serafina volvi&oacute; a asustarle. Aquella mujer tan hermosa,
+que era la belleza con cara de bondad para Bonis... le pareci&oacute; de
+repente una culebra.... La vio mirarle con ojos de acero, con miradas
+puntiagudas; le vio arrugar las comisuras de la boca de un modo que era
+s&iacute;mbolo de crueldad infinita; le vio pasar por los labios rojos la punta
+fin&iacute;sima de una lengua jugosa y muy aguda... y con el presentimiento de
+una herida envenenada, esper&oacute; las palabras pausadas de la mujer que le
+hab&iacute;a hecho feliz hasta la locura.</p>
+
+<p>La Gorgheggi dijo:</p>
+
+<p>&mdash;Bonis, siempre fuiste un imb&eacute;cil. Tu hijo... no es tu hijo.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Serafina!</p>
+
+<p>Y no pudo decir m&aacute;s el pobre Bonis. Tambi&eacute;n &eacute;l perd&iacute;a la voz. Lo que
+hizo fue apoyarse en el altar de la capilla oscura, para no caerse.</p>
+
+<p>Como &eacute;l no hablaba, Serafina tuvo valor para a&ntilde;adir:</p>
+
+<p>&mdash;Pero, hombre; todo el mundo lo sabe... &iquest;No sabes t&uacute; de qui&eacute;n es tu
+hijo?</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Mi hijo!... &iquest;De qui&eacute;n es mi hijo?</p>
+
+<p>La Gorgheggi extendi&oacute; un brazo y se&ntilde;al&oacute; a lo alto, hacia el coro:</p>
+
+<p>&mdash;Del organista.</p>
+
+<p>&mdash;&iexcl;Ah!&mdash;exclam&oacute; Bonis, como si hubiera sentido a su amada envenenarle la
+boca al darle un beso....</p>
+
+<p>Se separ&oacute; del altar; se afirm&oacute; bien sobre los pies; sonri&oacute; como estaba
+sonriendo San Sebasti&aacute;n, all&iacute; cerca, acribillado de flechas.</p>
+
+<p>&mdash;Serafina..., te lo perdono..., porque a ti debo perdon&aacute;rtelo todo.... Mi
+hijo es mi hijo. Eso que t&uacute; no tienes y buscas, lo tengo yo: tengo fe,
+tengo fe en mi hijo. Sin esa fe no podr&iacute;a vivir. Estoy seguro, Serafina;
+mi hijo... es mi hijo. &iexcl;Oh, s&iacute;! &iexcl;Dios m&iacute;o! &iexcl;Es mi hijo!... Pero... &iexcl;como
+pu&ntilde;alada, es buena! Si me lo dijera otro... ni lo creer&iacute;a, ni lo
+sentir&iacute;a. Me lo has dicho t&uacute;... y tampoco lo creo.... Yo no he tenido
+tiempo de explicarte lo que ahora pasa por m&iacute;; lo que es esto de ser
+padre.... Te perdono, pero me has hecho mucho da&ntilde;o. Cuando ma&ntilde;ana te
+arrepientas de tus palabras, acu&eacute;rdate de esto que te digo: Bonifacio
+Reyes cree firmemente que Antonio Reyes y Valc&aacute;rcel es hijo suyo. Es su
+&uacute;nico hijo. &iquest;Lo entiendes? &iexcl;Su &uacute;nico hijo!</p>
+
+
+
+<hr style="width: 65%;" />
+<h2>FIN</h2>
+
+<p>&nbsp;</p>
+<p>&nbsp;</p>
+<hr class="full" />
+<p>***END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK SU úNICO HIJO***</p>
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+
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+
+Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
+electronic works in formats readable by the widest variety of computers
+including obsolete, old, middle-aged and new computers. It exists
+because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
+people in all walks of life.
+
+Volunteers and financial support to provide volunteers with the
+assistance they need, is critical to reaching Project Gutenberg-tm's
+goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
+remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
+Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
+and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
+To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
+and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
+and the Foundation web page at https://www.gutenberg.org/fundraising/pglaf.
+
+
+Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive
+Foundation
+
+The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
+501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
+state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
+Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
+number is 64-6221541. Contributions to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
+permitted by U.S. federal laws and your state's laws.
+
+The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
+Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
+throughout numerous locations. Its business office is located at
+809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
+business@pglaf.org. Email contact links and up to date contact
+information can be found at the Foundation's web site and official
+page at https://www.gutenberg.org/about/contact
+
+For additional contact information:
+ Dr. Gregory B. Newby
+ Chief Executive and Director
+ gbnewby@pglaf.org
+
+Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
+Literary Archive Foundation
+
+Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
+spread public support and donations to carry out its mission of
+increasing the number of public domain and licensed works that can be
+freely distributed in machine readable form accessible by the widest
+array of equipment including outdated equipment. Many small donations
+($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
+status with the IRS.
+
+The Foundation is committed to complying with the laws regulating
+charities and charitable donations in all 50 states of the United
+States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
+considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
+with these requirements. We do not solicit donations in locations
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+particular state visit https://www.gutenberg.org/fundraising/pglaf
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+While we cannot and do not solicit contributions from states where we
+have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
+against accepting unsolicited donations from donors in such states who
+approach us with offers to donate.
+
+International donations are gratefully accepted, but we cannot make
+any statements concerning tax treatment of donations received from
+outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.
+
+Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
+methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
+ways including including checks, online payments and credit card
+donations. To donate, please visit:
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+
+
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+works.
+
+Professor Michael S. Hart was the originator of the Project Gutenberg-tm
+concept of a library of electronic works that could be freely shared
+with anyone. For thirty years, he produced and distributed Project
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+
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